LA LLAMADA

                            DE LA FRATERNIDAD

                                DE LA ROSACRUZ

 

 

 

                                                                                     LOS SECRETOS

DE LA FRATERNIDAD

DE LA ROSACRUZ

 

 

 

 

ANALISIS ESOTERICO DEL TESTAMENTO ESPIRITUAL

DE LA ORDEN DE LA ROSACRUZ

 

 

 

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

I               La llamada de la Fraternidad de la Rosacruz

                (Fama Fraternitatis R.C.)

 

II             La confesión de la Fraternidad de la Rosacruz

                (Confessio Fraternitatis R.C.)

 

III            Las bodas alquímicas de Cristián Rosacruz

                (Chymische Hochzeit Christiani Rosenkreutz Anno 1459)

 

 

 

 

 

 

 

LA LLAMADA

DE LA FRATERNIDAD

DE LA ROSACRUZ

 

 

 

 

ANALISIS ESOTERICO DE LA FAMA FRATERNITATIS R.C.

 

 

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

                                               S U B   U M B R A   A L A R U M   T U A R U M   J E H O V A

 

 

 

 

 

 

 

 

Indice

 

 

Prólogo del autor para la primera edición (1939)

 

Prólogo del autor para la segunda edición (1965)

 

FAMA FRATERNITATIS R.C

 

Al lector que puede comprender la sabiduría

 

Fama Fraternitatis R.C. o llamada de la Fraternidad

de la muy elogiable Orden de la Rosacruz

 

ANALISIS ESOTERICO DE LA FAMA FRATERNITATIS R.C.

 

 

Introducción

1              La mitad desconocida del mundo

2              La ilusión de la ciencia

3              El libro M

4              A través del Sinus Arabicus hacia Egipto

5              Los secretos de Fez

6              El viaje a España

7              El triángulo de fuego

8              Theophrastus

9              Regreso a Alemania

10           La moderna reforma en Europa

11           El lenguaje secreto del diccionario

de la revolución de Acuario

12           El nuevo edificio del Espíritu Santo

13           Los incuestionables axiomas fundamentales

de los rosacruces

14           El convenio séxtuple

15           El método de trabajo mágico

de los Hermanos de la Rosacruz

16           El conde de Norfolk

17           Los tres escalones

18           El clavo misterioso

19           El secreto de la rota

20           El altar circular

21           Las tres partes de la tumba de R.C.

22           El diccionario, el itinerario y la biografía de Paracelso

23           El Libro T

 

24           El elogio del Libro T

25           El misterio de Gaza

26           Minutus Mundus

27           La reforma general

28           La religión de los rosacruces

29           Los dos sacramentos de los rosacruces

30           La confesión política de los rosacruces

31           La ayuda secreta de los rosacruces

32           Jesus ex omni parte

33           La fabricación de oro a lo largo de los siglos

34           El index prohibido

35           Un encuentro con los Hermanos Mayores de la Rosacruz

36           El edificio invisible

 

 

 

 

Prólogo del autor para la primera edición

 

 

Con gran alegría y agradecimiento interior cumplo aquí mi misión de publicar mis comentarios sobre la Fama Fraternitatis R.C. de Johannes Valentinus Andreae antes de finalizar el primer semestre del año 1939. Ha llegado el tiempo de abrir este velado Testamento Espiritual de la Fraternidad de la Rosacruz y de traer a la luz del día los valores que contiene.  A lo largo de los siglos la obra de los Hermanos de la Rosacruz ha sido comprendida de forma completamente errónea, y muchos esotéricos, influidos por la magia oriental, han causado incalculables daños con publicaciones en las que han oscurecido la luz de la Rosacruz con enseñanzas extrañas. En muchas de estas obras reconocemos al clásico Enemigo Negro, que está ocupado en ahogar la semilla en la tierra.

Pero la gran obra de la preparación siguió hacia adelante, y ahora que la humanidad se acerca a un cambio mundial, en el que se manifestará claramente lo Blanco y lo Negro, y la falsedad será alcanzada por el juicio, se abren los sellos del libro de los misterios para poder ofrecer la eterna verdad inmaculada a quienes son dignos de ella, y esto en una época, en la que la luz puede ser vivenciada como fuerza.

Según la exigencia de la Rosacruz se ha empleado la máxima sencillez posible y elegido la forma de alocución, para que el «hacerles entrar» no encuentre obstáculos.

Esperando y pidiendo que las serias debilidades del autor sean redimidas por la fuerza de Cristo, de modo que su imperfección no bloquee el objetivo de su misión, él dedica este libro a todos los que quieren cargar con la cruz del Cristo.

 

Haarlem, 1939        John Twine

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                               Prólogo del autor para la segunda edición

 

 

Exactamente veintiséis años después de la aparición de la primera edición cabalísticamente el número 8, el número de Saturno, en un sentido espiritual superior el guardián de la puerta de la vida liberadora se nos ha permitido publicar la Fama Fraternitatis R.C., la Llamada de la Fraternidad de la Rosacruz en una nueva versión, que forma parte de la edición revisada del primer tomo de Los secretos de la Fraternidad de la Rosacruz, los comentarios del Testamento Espiritual de la Orden de la Rosacruz.

Mucho de lo que se anunciaba o se insinuaba en la primera impresión ya se ha cumplido, y por la influencia de Acuario ha aumentado en su efectividad y sigue creciendo en fuerza. Más que en ningún momento anterior, la Fama Fraternitatis R.C. es una urgente llamada de la Fraternidad de la Luz del Otro Reino, dirigida a todos los que comprenden las señales de los tiempos y que se dan cuenta de que vivimos en los días del final, del final del ciclo actual de existencia.

Por sus fuerzas, que impregnan toda la atmósfera, que tocan a todos los hombres sin excepción, Acuario capacita a todos los que lo deseen para poder recorrer ahora todavía el camino de la liberación y entrar en el nuevo estado de vida liberador, para el que querían preparar a la humanidad los misterios crísticos contenidos en el Nuevo Testamento.

Por eso la siempre nueva y actual Fama Fraternitatis R.C. deja resonar de nuevo el mensaje de salvación: «A todos los que Le aceptan, El les posibilita para volver a ser hijos de Dios.»

Quien tenga oídos para oír, reconocerá en la Fama Fraternitatis R.C. y en los comentarios la verdad liberadora que, más que nunca hasta ahora, puede ser percibida como fuerza en esta época de Acuario.

Nuestra plegaria interior es que, en estos tiempos de decadencia, muchos tomen la mano de Cristo, que se está ofreciendo a la humanidad a través de las corrientes de Acuario, para que la cosecha pueda ser grande, muy grande.

 

 

Haarlem, 1965                                                                                                                                      Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Reproducción de la portada de la Fama Fraternitatis R.C.)

 

traducción:

 

FAMA FRATERNITATIS R.C.

 

Este es un comunicado de la FRATERNIDAD de la muy elogiable ORDEN DE LA ROSACRUZ, dirigido a todos los ilustrados y gobernantes de Europa, así como una

 

CONFESSIO

 

editada en latín, que nunca ha sido publicada anteriormente, pero que ahora se comunica y se lleva a la imprenta junto con la traducción alemana, por la petición de muchos y para su ayuda, dirigida a todas las almas honestas y de buen corazón.

 

De un amante de la magia, que suspira por la LUZ, la VERDAD y la PAZ, que tanto ama.

 

Impreso en Kassel, por Wilhelm Wessel, en el año 1615.

 

    

 

Portada de la primera edición completa de la Fama en alemán y de la Confessio Fraternitatis R.C. en latín, Kassel, 1615.

 

 

 

 

FAMA FRATERNITATIS R.C.

 

 

O

 

 

LLAMADA DE LA FRATERNIDAD DE LA MUY ELOGIABLE

 

ORDEN DE LA ROSACRUZ,

 

DIRIGIDA A TODOS LOS ILUSTRADOS Y GOBERNANTES DE EUROPA

 

 

 

 

(Reproducción del sello de W. Wessel)

 

 

Sello distintivo de Wilhelm Wessel, editor de la primera edición de la Fama Fraternitatis R.C., Kassel, 1614.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al lector que puede comprender la sabiduría

 

 

Salomón dice que la sabiduría es un infinito tesoro para el hombre, pues ella es el aliento de la fuerza divina y un rayo de la gloria del Todopoderoso. Ella es el resplandor de la luz eterna, un inmaculado espejo del poder de Dios y una imagen de su bondad. Ella enseña a los hombres disciplina, comprensión, justicia y fuerza. Ella penetra en las palabras veladas y sabe desvelar los misterios. Ella conoce las señales y los milagros con anterioridad y sabe lo que traerá el futuro.

Antes de la caída, este tesoro pertenecía a nuestro primer padre Adán, Esto quedó patente en el hecho de que, después de que el Señor colocase ante él a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, él fue capaz de darle a cada uno su propio nombre, según le correspondía por su naturaleza.

A pesar de que esta maravillosa joya de la sabiduría se perdió, como consecuencia de la fatal caída en el pecado, y en el mundo apareció la oscuridad y la incomprensión, Dios el Señor ha permitido que esta sabiduría despierte y se manifieste en algunos de sus amigos. Así atestigua el sabio rey Salomón de sí mismo, que recibió de Dios, por su permanente ruego y anhelo, una sabiduría tan grande, que le fue dado saber cómo estaba formado el mundo, comprendía la fuerza de los elementos y el inicio, la mitad y el final de los tiempos; sabía cómo se hacían los días más largos y más cortos, cómo cambiaban las estaciones, cómo sucedía la rotación del año y la situación de las estrellas; conocía la naturaleza de los animales mansos y de los salvajes; sabía cómo se transformaba el viento en tormenta y lo que traman los hombres; obtuvo conocimiento sobre todo tipo de plantas, sobre la fuerza que yace en sus raíces y muchas cosas más.

No creo que se pueda encontrar a alguien que no anhele y desee de corazón volverse partícipe de este noble tesoro. Pero como esto no le sucede a nadie sin que Dios mismo le entregue su sabiduría y Espíritu Santo desde lo alto, hemos llevado estos escritos a la imprenta, o sea, la Fama y la Confessio de la elogiable Fraternidad de la Rosacruz, para que todo el mundo tenga acceso a ellos, pues en ellos se anuncia y se desvela claramente lo que le espera en el futuro a este mundo caído.

Aunque estas cosas les parecerán a algunos algo extrañas, y otros supongan que lo que se publica y edita de la Fraternidad de la Rosacruz es sólo una imagen filosófica y ciega de una historia irreal, en la Confessio quedará demostrado suficientemente que detrás de todo se esconde más de lo que se puede suponer. Quien no sea un ignorante, puede saber y comprender con facilidad lo que se pretende con ello en nuestros días y durante nuestro tiempo.

Los que son auténticos discípulos de la sabiduría y verdaderos practicantes del arte espagírico (*), sabrán atender y discernir mejor estas cosas y podrán llegar a un juicio diferente del que emitieron algunas personalidades. En especial nos referimos a Adán Hazelmayer, notario de su alteza real el archiduque Maximiliano, que también hizo un extracto de los escritos teológicos de Teofrasto. También escribió un tratado intitulado Jesuitas, en el que expresa el deseo de que todo cristiano debería ser un verdadero jesuita, o sea: caminar, vivir, ser y permanecer en Jesús. Como en su respuesta a la Fama llamó a los miembros de la Fraternidad de la Rosacruz «muy iluminados hombres e innegables jesuitas», los jesuitas no pudieron soportarlo, y como agradecimiento le apresaron y le mandaron a galeras, por lo que con toda seguridad recibirán su recompensa.

Ahora, después de la oscura noche de Saturno, aparecerá la bienaventurada aurora, que diluirá totalmente con su brillo el resplandor de la Luna y las débiles chispas de la sabiduría celestial que todavía existen en los hombres. Es el presagio del Sol radiante de amor, que con sus

 

rayos puros y ardientemente radiantes dará nacimiento al bienaventurado día que muchos corazones piadosos buscan con anhelo. En la luz de este día se verán y se reconocerán en verdad todos los tesoros celestiales de la sabiduría divina, así como todas las cosas invisibles ocultas en el misterio del mundo, en concordancia con la enseñanza de los primeros Padres y de los antiguos Sabios.

Este será el verdadero rubí real, un carbunclo de noble resplandor, del que se dice que emite un brillo de fuego y una radiante luz en la oscuridad, que es una perfecta medicina para todos los cuerpos, que puede transformar metales innobles en oro puro, y que es capaz de suprimir todas las enfermedades, los temores, miserias y tribulaciones de los hombres.

Que el lector benévolo pueda encontrar en esto un estímulo para pedir conmigo a Dios, que abra los corazones y los oídos de los sordos y les dé su bendición, para que, contemplando la naturaleza llenos de admiración, puedan reconocerle totalmente en su omnipotencia, para su alabanza, su gloria y su premio, para que den al prójimo su amor, su ayuda, su consuelo y su fuerza y a todos los enfermos para su curación. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

FAMA FRATERNITATIS R.C.

 

o llamada de la Fraternidad de la muy elogiable

Orden de la Rosacruz

 

A todos los dirigentes, gobiernos e ilustrados de Europa.

 

Nosotros, Hermanos de la Fraternidad de la Rosacruz, ofrecemos nuestro saludo, nuestro amor y nuestra oración a todos y cada uno de los que lean esta nuestra Fama con una convicción cristiana.

 

Dado que Dios, único sabio y misericordioso, ha derramado tan ampliamente en estos tiempos su bendición y su bondad sobre la humanidad, permitiendo el perfeccionamiento tanto del conocimiento de su Hijo como de la naturaleza, podemos hablar con razón de tiempos felices, en los que El no sólo nos ha permitido descubrir la mitad del mundo hasta ahora desconocida y oculta, y nos la ha revelado, mostrándonos también muchas obras y criaturas de la naturaleza desconocidas hasta ahora, sino que además ha hecho aparecer hombres iluminados y con nobleza de espíritu que han restablecido en parte las artes corrompidas e imperfectas, de modo que el hombre comprenda por fin su nobleza y su gloria y conciba la razón por la cual es llamado microcosmos y hasta donde se extiende su conocimiento de la naturaleza.

El mundo desconsiderado no encontrará ciertamente en esto ninguna ventaja, y la calumnia, la risa y la burla aumentarán. Además, el orgullo y la presunción de los ilustrados son tan grandes, que les será imposible hacer en unidad, con todo lo que Dios nos ha dado tan ampliamente en nuestros días, un librum naturae, es decir, un compendio de todas las artes, por el contrario, se ofrecen mutuamente resistencia y oposición. Así todavía se permanece en la antigua enseñanza y tienen que servir Paus, Aristóteles, Galeno, en fin, todo lo que se parezca a una ley (código), como la clara luz oficial, aunque si viviesen ahora, sin duda se corregirían ellos mismos con gran alegría. Pero aquí hay mucha debilidad para semejante tarea. Y aunque en la teología, en la física y en las matemáticas, la verdad se opone a ello, el viejo enemigo muestra plenamente su astucia y su rencor, intentando impedir, a través de los inútiles que odian la paz, un desarrollo tan bello de las cosas.

Llevar a cabo tal Reforma General, fue también durante mucho tiempo la intención y el acentuado esfuerzo del muy creyente, espiritualmente muy iluminado Padre y Hermano C.R., un alemán, cabeza y fundador de nuestra Fraternidad.

Después de haber sido acogido en un monasterio con cinco años de edad en un convento, debido a la pobreza de sus padres (a pesar de ser nobles), y de haber aprendido bastante bien los dos idiomas griego y latín, fue encomendado por sus permanentes ruegos y súplicas, todavía en la flor de su juventud, al hermano P.A.L., que tenía el propósito de emprender un viaje al Santo Sepulcro.

Aunque este hermano murió en Chipre y no llegó a ver Jerusalén, nuestro Hermano C.R. no regresó, sino que embarcó hacia Damasco, con el propósito de visitar desde allí Jerusalén.

Pero al tener que permanecer allí por dificultades corporales y al ganarse las simpatías de los turcos por sus grandes conocimientos de la medicina, oyó hablar casualmente de los sabios de Damkar, en Arabia, de los milagros que obraban y de que la naturaleza estaba desvelada para ellos. Esto despertó la naturaleza noble y elevada del Hermano C.R.C., con lo que su interés se centro en Damkar y ya no en Jerusalén. Pronto no pudo resistir más a su anhelo y, por una determinada cantidad, llegó a un acuerdo con marineros árabes para que le llevaran hacia Damkar.

Cuando llegó sólo tenía dieciséis años, pero tenía una fuerte constitución germánica. Como él mismo atestigua, los sabios no le recibieron como a un extraño, sino como a alguien a quien se estaba esperando desde hace tiempo. También le llamaron por su nombre y le enseñaron otros misterios de su monasterio, algo que le sorprendió grandemente. Allí conoció más a fondo el idioma árabe, por lo que al año siguiente pudo traducir el Libro M al latín y llevárselo consigo. Allí adquirió también sus conocimientos sobre física y matemáticas, por los que el mundo podría alegrarse con razón, si hubiese más amor y menos envidia.

Después de tres años regresó de mutuo acuerdo y atravesó el Sinus Arabicus (el Golfo Arábigo) hacia Egipto, donde no se entretuvo mucho tiempo, dedicando ahora su atención más a las plantas y a las criaturas. Desde aquí viajó por todo el Mediterráneo hasta Fez, como le habían indicado los árabes.

Es verdaderamente vergonzoso para nosotros saber, que sabios que viven a tan gran distancia entre sí, no sólo están en unanimidad y son contrarios a toda polémica, sino que también plenamente dispuestos a desvelar sus secretos con total confianza.

Cada año se reúnen los árabes y los africanos para consultarse mutuamente sobre su arte y para averiguar si quizás se ha descubierto algo mejor, o si sus experiencias han debilitado sus conceptos.

De esta forma, cada año surge algo con lo que se pueden mejorar las matemáticas, la física y la magia (pues en Fez se está muy avanzado en ella). A Europa no le faltarían ilustrados, magos, cabalistas, médicos ni filósofos si hubiese una mutua buena voluntad y la mayoría no quisiera monopolizar el conocimiento.

En Fez entabló amistad con los que se suelen llamar «aborígenes», que le desvelaron muchos de sus secretos; igual que nosotros, los europeos, podríamos aportar mucho de lo nuestro, si reinase entre nosotros la misma unidad y se la buscase y desease seriamente.

A menudo mencionó que la magia de estos habitantes de Fez no era del todo limpia, y que su cábala estaba mancillada por su religión. Pero a pesar de todo, supo sacarle utilidad a esta magia y encontró una mejor base para su fe, la cual estaba ahora en concordancia con toda la armonía cósmica y se encarnaba de forma maravillosa en todos los períodos de los siglos.

De todo esto surgió el bello acuerdo, de que, igual que cada semilla contiene en sí misma un árbol completo o un fruto completo, también el mundo entero está presente en un pequeño hombre, cuya religión, política, salud, miembros, naturaleza, lenguaje, palabras y obras estén en el mismo sonido y en la misma melodía, en armonía con Dios, con el cielo y con la tierra.

Todo lo que contiende con ésto es error, engaño y del demonio; este último en sí mismo es el camino y la causa última de todas las discordias mundiales, de todo ofuscamiento y de toda necedad.

Si por lo tanto alguien quisiera probar a todos los hombres de la tierra, comprobaría que lo bueno y seguro siempre está en armonía consigo mismo, mientras que todo lo demás está manchado con miles de opiniones erróneas.

++Después de dos años, el Hermano C.R.C. abandonó la ciudad de Fez y viajó con muchos valiosos tesoros a España. Como para él su viaje le había dado tan buenos resultados, albergaba la esperanza de que los ilustrados en Europa se alegrarían con él y ahora edificarían todos sus estudios sobre las mismas bases sólidas. Con este fin habló con los ilustrados en España, sobre lo que les falta a nuestras ciencias y cómo se podrían corregir. Les habló sobre los motivos, por los que determinados indicios de los tiempos venideros aumentarán en fuerza y en qué sentido estos deberán coincidir con las señales de los tiempos pasados. Además señaló las carencias de la Ekklesia (comunidades eclesiásticas) y como se debería mejorar toda la filosofía moral. El les mostró nuevas plantas, nuevos frutos y animales, sobre los que no encontraban explicación alguna según la filosofía antigua, y les aportó nuevos axiomas, con cuya ayuda podría solucionarse todo por completo.

Pero a sus ojos todo resultaba ridículo, y como además era nuevo, temían que sus encumbrados nombres sufrieran daño al tener que volver a aprender y al reconocer su error de tantos años. Pues se habían acostumbrado por completo a su error y además este les proporcionaba suficientes ingresos.

***

Ellos por su parte decían, que quien piense que el alboroto es útil, reforme tranquilamente. Lo mismo le dijeron en otros países. Esto le afectó muchísimo, sobre todo porque no lo había previsto en absoluto y porque estaba dispuesto, precisamente ahora, a comunicar su arte a todos los ilustrados abiertamente, con la condición, de que estuvieran dispuestos a constatar verdaderos e inefables axiomas de todas las facultades, ciencias, artes y de toda la naturaleza. De estos axiomas sabía con seguridad, que se dirigían como en una esfera hacia el único punto central y que, como era usual entre los árabes, sólo servirían de guía para los sabios; para que en Europa hubiese también una comunidad que dispusiera de suficiente oro y piedras preciosas para poderlo comunicar a los reyes para los fines adecuados. En esa comunidad deberían ser educados los gobernantes, que deberían saber todo lo que Dios les ha concedido y a quienes se podría pedir consejo en casos de necesidad (como en los oráculos de los paganos).

 

Verdaderamente debemos reconocer, que ya por entonces el mundo esta embarazado de una gran agitación, abriendose paso arduamente al nacimiento y creando así héroes infatigables y meritorios, que atravesaban con toda fuerza la oscuridad y el barbarismo dejándonos a nosotros, los débiles, la elección de seguirles. Seguramente fueron la punta del triángulo igneo, cuyas llamas lucen cada vez con más claridad y que, sin lugar a dudas, encenderán para el mundo la última luz.

 

Tal hombre fue también, según su vocación, Teofrasto, que a pesar de no pertenecer a nuestra Fraternidad, había leido el libro M. con mucho énfasis e inflamado en él su claro discernimiento innato. Pero la arrogancia de los ilustrados y seudoilustrados entorpeció tan fuertemente su labor, que jamás pudo tratar con otros de forma pacífica sus discernimientos sobre la naturaleza. Por eso en sus escritos se burlaba de estos engreidos en lugar de expresar del todo sus intenciones.

 

Pero, esencialmente, se puede encontrar en él la mencionada armonía y sin lugar a dudas se la hubiese transmitido a los ilustrados, si se hubiesen mostrado dignos de tan elevado arte, en lugar de cometer mezquinas torturas. Debido a esto, gastó su tiempo en una vida libre y abandonada, dejando al mundo sus estúpidas diversiones.

 

 

Pero no vamos a olvidar a nuestro amado Padre, Hermano C.R., que después de muchos viajes agotadores y enseñanzas valiosas, predicadas en vano, ha vuelto de nuevo a Europa Central, a la que (en relación con los cambios que se esperan en breve e inexplicables dísputas peligrosas) amaba de todo corazón.

A pesar de que por su arte y especialmente el de la transmutación de los metales, podría haber brillado mucho, prefirió preocuparse del cielo y de sus habitantes, los hombres, antes que de la magnificencia.

 

El se construyó una vivienda iluminada apropiada, en la que meditaba sobre sus viajes y su filosofía y los registraba en su memoria. En esta casa debio dedicar mucho tiempo a las matemáticas y creó muchos bonitos instrumentos en todos los campos de su arte. Pero, como veremos más adelante, ha prevalecido poco de todo esto.

 

Despues de cinco años le vino de nuevo a la memoria la idea de la reforma. Como no esperaba ninguna ayuda ni apoyo de los demás, pero por otra parte con respecto a si mismo estaba lleno de ímpetu, diligencia y perseverancia, se propuso realizar esta tarea sólo con pocos ayudantes y colaboradores. Con este fin, de su primer monasterio (por el que sentía gran amor), solicitó a tres de sus hermanos, al Hermano G.V., al Hermano I.A. y al Hermano I.O., que veían en su conocimiento más de lo que por entonces generalmente sucedía. A estos tres los comprometió a la mayor fidelidad hacia él, a ser diligentes y a una absoluta discreción y también a tomar nota, con el mayor celo, de todo lo que les comunicara, para que aquellos que viniesen después de ellos, si en el futuro debían ser admitidos en el futuro en la Orden por una revelación particular, no se extraviaran ni siquiera por una sóla letra o palabra.

 

Asi comenzo la Orden de la Rosacruz con solo cuatro personas. Ellos equiparon el lenguaje mágico y la escritura mágica con un detallado glosario que todavía utilizamos hoy en día para el honor y la gloria de Dios y en la que encontramos gran sabiduría. Ellos también escribieron la primera parte del libro M. Pero como el trabajo se hizo muy pesado para ellos y la increible afluencia de enfermos les obstaculizaba bastante, y además ya estaba concluido el nuevo edificio, llamado Sanctus Spiritus, decidieron incorporar todavía a algunos más en su Comunidad y Fraternidad.

 

Para ello fueron elegidos: Hermano R.C., el hijo del hermano de su difunto Padre; Hermano B., un buen pintor; G.G. y P.D., sus escribientes, todos ellos europeos, inclusive I.A. En total ahora eran ocho, todos no casados y por voto comprometidos a la castidad. Ellos recopilaron una obra sobre todo lo que el hombre debe desear, anhelar y esperar.

 

Aunque ahora queremos cofesar que el mundo ha mejorado considerablemente en los ultimos cien años, estamos convencidos de que nuestros axiomas permanecerán inalterados hasta el día final. Incluso en su última y mas avanzada edad, el mundo no podrá ver nada que sea mas intangible que estos axiomas. Pues nuestras rotas comenzaron el dia en que Dios pronunció su «Fiat» (hágase) y finalizarán cuando pronuncie su «Pereat» (perezca). Sin embargo el reloj de Dios señala cada minuto, mientras que el nuestro apenas indica las horas enteras.

 

Nosotros creemos, por lo tanto, con certeza, que si nuestros queridos padres y hermanos hubierán vivido en nuestra clara luz actual, hubiesen tratado al Papa, a Mahoma, a los escribas, a los artistas y a los sofistas con mas severidad y habrían demostrado su espíritu servicial mas con el acto que con lamentos y deseos de perfección.

 

 

Cuando estos ocho hermanos resolvieron todo en unanimidad y lo ordenaron todo, de tal forma, que no se necesitaba ningún trabajo especial y que cada uno podía enseñar perfectamente la filosofía oculta y la pública, no quisieron permanecer juntos por más tiempo, sino que (tal como se había acordado desde el principio) se dispersaron por todos los paises. Así los axiomas podrían ser analizados profundamente en secreto por los ilustrados y además podrían informarse los unos a los otros, si constataban algún error en tal o cual país.

 

Su acuerdo era el siguiente:

Primero: Ninguno de ellos debe ejercer otro oficio que curar enfermos, y esto gratis.

Segundo: Ninguno de ellos debe verse obligado, por parte de la Fraternidad, a llevar una vestimenta determinada, sino que han de adaptarse a las costumbres del país.

Tercero: Cada año, en el dia C., cada Hermano debe aparecer en Sanctus Spiritus o comunicar la causa de su ausencia.

Cuarto: Cada
Hermano deberá buscar una persona digna que pueda ser su sucesor después de su muerte.

Quinto: La palabra R.C. será su sello, su contraseña y su ser más interior.

Sexto: La Fraternidad deberá permanecer oculta durante cien años.

 

 

Por medio de estos seis articulos se unieron los unos con los otros. Los cinco hermanos se pusieron en camino, y solo los Hermanos B. y D. permanecieron un año con Padre C. Cuando también estos se pusieron en camino, se quedaron con él su sobrino e I.O., de forma que, durante sus días de vida, siempre permanecieron con él dos de sus hermanos.

 

Y aunque la Iglesia todavía no había sido limpiada, sabemos lo que pensaban de ella y lo que estaban esperando llenos de anhelo. Todos los años se reunían rebosantes de alegría y presentaban un informe detallado de lo que habían hecho. Seguramente sería realmente agradable, poder escuchar los milagros que Dios ha esparcido en el mundo, ateniendose a la verdad y sin ninguna ficción. También podemos suponer, que hombres como estos, reunidos por Dios y toda la actividad celestial y elegidos entre los hombres más sabios que habían vivido durante muchos siglos, vivían en la mas elevada unidad, la máxima discreción y la mas bella vida de actos unos frente a otros y frente a los demás.

 

En tal laudable conducta transcurría su vida, y a pesar de que sus cuerpos estaban libres de toda enfermedad y dolor, sus almas no podían sobrepasar determinados puntos de desprendimiento.

 

El primero que falleció de esta Fraternidad fue I.O. (en Inglaterra), tal como les habia predicho el hermano C. con mucha anterioridad. El estaba muy versado en la cábala y era muy erudito, como lo demuestra su libro H. En Inglaterra se habla mucho de él, en especial, que curó de lepra a un joven conde de Norfolk.

 

Ellos habían acordado que sus tumbas deberian permanecer ocultas. Incluso hoy en día no sabemos donde permanecieron algunos de ellos. Sin embargo el lugar de cada uno de ellos ha sido ocupado por un sucesor adecuado. Pero esto tenemos que confesar públicamente en honor a Dios, que – a pesar de los secretos que podemos haber percibido del libro M. (aunque podriamos tener ante nuestros ojos la imagen y la fuerza opuesta de todo el mundo) – no conocemos nuestra adversidad ni nuestra hora de la muerte, porque esto se lo reserva Dios queriendonos encontrar siempre dispuestos.

 

Sobre esto trataremos más detalladamente en nuestra Confessio, en la que mencionamos treinta y siete motivos, por los que damos a conocer ahora nuestra Fraternidad y ofrecemos tales misterios elevados voluntariamente, sin ninguna coacción ni recompensa; también prometemos más oro del que puede reunir el rey de España de las dos Indias. Pues Europa esta encinta y dará a luz a un niño fuerte, que necesitará un buen regalo de sus padrinos.

 

Tras la muerte de O., el Hermano C. no descansó, sino que llamó en cuanto pudo a los demás, y estamos casi seguros de que fue por entonces cuando se erigió su tumba.

 

Nosotros, los jóvenes, no sabiamos en absoluto hasta ese momento, cuando había muerto nuestro amado Padre R.C. y sólo sabiamos los nombres de los fundadores y de todos sus sucesores hasta nosotros. Pero todavía supimos recordar un secreto, que A., el sucesor de D. (que había vivido junto con muchos de nosotros como último de las otras líneas de sucesores) nos había contado confidencialmente a nosotros, que perteneciamos a la tercera línea de los sucesores, sobre los ciento veinte años.

 

Además debemos confesar, que tras la muerte de A., ninguno de nosotros sabía lo mas mínimo de R.C. ni de sus primeros hermanos, excepto lo que existia de él en nuestra biblioteca filosófica; de ello nosotros considerabamos los axiomas como lo más importante, los Rotae Mundi como lo más artístico y Proteus como lo más útil.

 

Tampoco sabemos con seguridad si los que pertenecieron a la segunda línea de los sucesores poseían la misma sabiduría que los de la primera y si tenían permiso de acceso a todo. Pero queremos recordar de nuevo al lector dispuesto, que todo lo que hemos llegado a saber sobre la tumba del Hermano C. y que ahora publicamos aquí, ha sido previsto, otorgado y permitido por Dios. Nosotros, que cumplimos sus mandatos con absoluta fidelidad, no dudaremos en dar a conocer de forma impresa, nuestros nombres y apellidos, nuestros encuentros y todo lo que se nos pidiera, si se regresa de nuevo a nosotros en humildad y conocimiento cristiano.

Este es el verdadero informe original sobre el descubrimiento del muy iluminado hombre de Dios, Hermano C.R.C.:

 

Despues de la muerte de A. en Gallia Narbonensis (el Narbone gálico) le sucedió en su lugar nuestro querido Hermano N.N. Este nos contó confidencialmente, después de unirse a nosotros y haber prestado el solemne juramento de fidelidad y discreción, que A. le había asegurado, que esta fraternidad pronto ya no estaría tan oculta, sino que sería una ayuda, una necesidad y una gloria para la patria común del pueblo de Europa y por lo que en su estado no debería avergonzarse en absoluto.

 

Al siguiente año, cuando ya habia finalizado su alumnado y en una oportunidad que se le ofreció, quiso  salir de viaje con un considerable viático, o bolsa de Fortuna, decidió como buen arquitecto, cambiar algo en este edificio y decorarlo más apropiadamente.

 

Durante estos trabajos de renovación encontró la placa conmemorativa; estaba fundida en bronce y contenía los nombres de todos los que pertenecían a la Fraternidad así como otras cosas.

 

El quiso llevar esta placa conmemorativa a otro lugar más apropiado, pues los Mayores ocultaban cuando y donde había muerto el Hermano C. y el país en el que posiblemente estaba enterrado, por lo que también era desconocido para nosotros. En esta placa conmemorativa sobresalía bastante un clavo grande. Al extraerlo con gran fuerza y al arrancar así un trozo bastante grande del delgado muro o de la cubierta que cubría el muro, inexperadamente quedó liberada la puerta. Con alegría y anhelo rompimos el resto del muro y limpiamos la puerta, en la que arriba del todo había una inscripción con letras grandes:

 

DESPUÉS DE CIENTO VEINTE AÑOS ME ABRIRÉ

y debajo se encontraba la antígua fecha.

 

Dimos gracias a Dios por este hallazgo. En esta noche dejamos todo tal como estaba porque queriamos consultar primero nuestra rota.

 

De nuevo, ya por tercera vez, dirigimos su atención a la Confessio, porque lo que aquí manifestamos sucede para los que son dignos de ello; pero a los indignos, si Dios quiere, no les servirá de nada. Pues igual que se abrió nuestra puerta de forma maravillosa despues de tantos años, tambien se abrirá para Europa una puerta, en cuanto desaparezcan los muros. Esta puerta ya empieza a manifestarse  y muchos la esperan con gran nostalgia.

Por la mañana abrimos la puerta, detrás de la cual se encontraba una bóveda con siete lados y siete esquinas; cada lado medía cinco piés de ancho y ocho piés de alto. A pesar de que esta bóveda jamás había recibido los rayos del sol, estaba claramente iluminada por otro sol, que había aprendido esta capacidad del sol y se encontraba arriba en el centro del techo. En el centro se encontraba, en lugar de una lápida, un altar circular con una placa de bronce con la siguiente inscripción:

 

A. C.R.C. ESTE RESUMEN DE TODO EL UNIVERSO LO HE CONVERTIDO, EN VIDA, PARA MI EN UNA TUMBA.

Alrededor del primer círculo se leía:

JESUS MIHI OMNIA (Jesús es todo para mí).

 

En el centro había cuatro figuras, cada una de ellas encerrada en un círculo. Alrededor de ellas estaba escrito:

1. NO HAY ABSOLUTAMENTE NINGUN ESPACIO VACIO

2. EL YUGO DE LA LEY

3. LA LIBERTAD DEL EVANGELIO

4. LA GLORIA DE DIOS ES INTANGIBLE

 

Todo esto es claro y preciso, igual que el significado del séptimo lado y el de los dos triángulos que se manifiestan séptuplemente.

 

Así nos arrodillamos todos juntos y dimos gracias al únicamente sabio, únicamente poderoso y únicamente eterno Dios, quien nos ha enseñado más de lo que toda la razón humana podría pensar; ¡alabado sea su Santo Nombre!

Esta bóveda la dividimos en tres partes:

la parte superior o el cielo;

las paredes o laterales;

y el suelo o base.

 

Sobre el cielo por ahora sólo os diremos que estaba repartido en triángulos desde el centro radiante hacia los siete lados. Pero lo que había dentro lo vereis, vosotros, que estais a la espera de la salvación, si Dios quiere, mucho antes con vuestros propios ojos. Cada lateral esta dividido en diez espacios cuadrados, cada uno de ellos con sus propias figuras e inscripciones, que se han añadido en nuestro libro lo más leal y cuidadosamente posible en forma resumida.

 

El suelo también esta dividido en el triángulo, pero como ahí se encuentra una descripción de la fuerza y el poder de los gobernantes inferiores, no se puede entregar al mal uso que harían de ello el mundo impío e inmodesto.

 

Pero quien esté en armonía con la lengua celestial, pisará la cabeza de la vieja y malvada serpiente sin temor ni perjuicio, algo, para lo que nuestros tiempos son muy adecuados.

 

Cada lateral tiene una puerta que deja libre el acceso a un armario, en el que se encontraban muchas cosas; entre ellas todos nuestros libros, que ya poseiamos y tambien el vocabulario de Teofrasto Paracelso de Hohenheim con todas sus obras, de las que, con lealtad, informamos a los demás diariamente. Aqui dentro también encontramos su guia de viaje y biografía, del cual han sido tomadas la mayoría de estas informaciones.

 

En otro armario había espejos con muchas propiedades, mientras que en otro lugar había campanitas, lámparas encendidas y también algunas maravillosas y artísticas canciones. En general estaba todo preparado de tal manera, que aunque la Orden de la Fraternidad sucumbiera después de cientos de años, ésta podría ser reconstruida por medio de esta bóveda.

 

Todavía no habiamos visto el cuerpo muerto de nuestro tan cuidadoso y sabio Padre. Por eso movimos el altar; entonces  pudimos levantar una pesada placa de bronce, debajo de la cual se encontraba un cuerpo noble y bello, impecable y sin la mas mínima señal de disolución, tal como aquí, describiéndolo lo más exactamente posible, se podía apreciar en toda su hermosura y con todas sus facultades.

 

En la mano sostenía un libro, escrito con letras doradas sobre pergamino, llamado T. Este es ahora, junto con la Biblia, nuestro mas grande tesoro y que, por supuesto, no debe ser sometido deliberadamente al juicio del mundo.

 

Al final de este libro se encuentra el siguiente elogio:

 

UNA SEMILLA SEMBRADA EN EL CORAZON DE JESUS

Cristián Rosacruz nació de una noble y muy estimada familia Rosacruz alemana, noble y muy estimada, un hombre de su siglo,

llamado para manifestaciones divinas,

equipado con una capacidad de imaginación muy receptiva y una inagotable fuerza vital,

y admitido en los misterios celestes y humanos.

 

Su más que real e imperial tesoro,

que habia reunido en sus viajes por Arabia y Africa,

pero para el que su tiempo aún no estaba maduro,

y que tiene que ser desenterrado por la posteridad,

lo dejó en depósito

e hizo a sus más fieles y mejores amigos herederos de su conocimiento y de su nombre.

 

 

Después de haber creado un pequeño mundo,

cuyas rotaciones estaban en armonía con aquél Gran Mundo,

y de convertir este pequeño mundo en un resumen de las cosas pasadas, presentes y futuras,

y más como consecuencia de sus 100 años que debido a alguna enfermedad,

(que él jamás había conocido en su cuerpo y a la que nunca    hubiera permitido que preocupase a los demás),

más bien llamado por el Espíritu de Dios,

había devuelto su alma iluminada a su Creador (entre los abrazos y últimos besos de sus hermanos),

permanecería él, C.R.C., nuestro muy estimado padre,

nuestro más amado hermano,

nuestro más fiel ejemplo,

nuestro más honrado amigo,

aquí oculto por los suyos durante 120 años.

 

 

Debajo habían escrito sus nombres:

1. Padre A., Hermano R.C., cabeza de la Fraternidad por elección;

2. Hermano G.V.M.P.G.;

3. Hermano R.C., el más joven, heredero del Espíritu Santo;

4. Hermano F.B.M.P.A., pintor y arquitecto;

5. Hermano G.G.M.P.I., cabalista;

 

 

y del segundo círculo:

1. Hermano P.A., sucesor del hermano I.O., matemático;

2. Hermano A., sucesor del hermano P.D.;

3. Hermano R., sucesor del Padre C.R.C. que superó con Cristo.

 

 

Al final estaba escrito:

De Dios nacemos;

En Jesús morimos;

por el Espíritu Santo renacemos.

 

 

Por esa época ya habían muerto el Hermano I.O. y el Hermano D. ¿Donde se encontrará la tumba de estos? Sin embargo no dudamos en absoluto de que nuestro hermano decano fue enterrado de una forma especial, o quizás esto también se oculte. También esperamos que nuestro ejemplo sirva de estímulo a otros para que indagen con mayor diligencia los nombres, que hemos mencionado con este propósito, y así encontrar los lugares donde están enterrados. Pues, por lo general, todavía se les conoce y tienen renombre entre las personas ancianas debido a sus conocimientos médicos. De esta manera aumentaría nuestra Gaza o al menos quedaría mejor iluminada.

 

En lo referente al minutus mundus (pequeño mundo, microcosmos) lo encontramos en un pequeño altar; era mas bello de lo que una persona, con conocimientos sobre el tema, podría imaginar. Pero no vamos a representarlo hasta que no se haya contestado en confianza a nuestra sincera Fama (llamada).

 

Así colocamos otra vez la placa encima de la tumba y sobre ésta el altar. Cerramos de nuevo la puerta y la sellamos con todos nuestros sellos. Además hemos dado a conocer algunos libros, por indicación y bajo la responsabilidad de nuestra rota, entre ellos el libro M. (que habia sido versificado por el afectuoso M.P., que habia desatendido por ellos muchas obligaciones domésticas). Finalmente, y según nuestra costumbre, nos separamos de nuevo y dejamos a los herederos naturales en posesión de nuestras joyas. Ahora esperamos la respuesta y el juicio o la sentencia, que recibiremos sobre esto, de los ilustrados y de los no ilustrados.

 

A pesar de que ahora ya sabemos, que todavía no ha llegado el tiempo en el que se realice, según nuestro deseo o nuestra esperanza, una reforma general en toda su envergadura, tanto de lo divino como de lo humano, es evidente, que antes de salir el sol, éste trae al cielo una luz clara o oscura. Entretanto se reunirán algunos pocos, que se darán a conocer, para ampliar nuestra fraternidad y realizar de esta manera un feliz comienzo, con la cantidad y el prestigio de los canones (directrices) filosóficos deseados y prescritos por el Padre C. Ellos deberán disfrutar con nosotros de nuestros tesoros (que jamás nos faltarán) con amor y humildad, deberán aliviar la carga de este mundo y con absoluta seguridad no caminarán como ciegos en las maravillosas obras de Dios.

 

 

Y para que cada cristiano sepa qué fe y qué religión profesamos, confesamos conocer a Cristo, tal como es difundido en estos últimos tiempos con claridad especialmente en Europa, y todavía hoy en día es recibido, adquirido y anunciado (a excepción de todos los exaltados, herejes y falsos profetas) en determinados paises, conocidos por su nombre.

 

También utilizamos dos sacramentos, tal como los establece la primera iglesia reformada con todos los ritos y ceremonias. Respecto a la política, reconocemos al reino romano, pero la Quarta Monarchia (el cuarto reino) como cabeza nuestra y de los cristianos.

 

A pesar de que ahora conocemos suficientemente los cambios que nos esperan y queremos comunicarselos de todo corazón a otros instruidos por Dios, tenemos esta seguridad en nuestras manos: que sin el Dios todopoderoso, ningún hombre, sea quien sea, puede condenarnos y entregarnos a los indignos. Sin embargo nosotros prestaremos ayuda a escondidas por la buena causa, tal como Dios nos lo conceda o prohiba. Pues nuestro Dios no es ciego como la Fortuna de los paganos, sino el ornamento de Su iglesia y la gloria de Su templo.

 

Nuestra filosofía no es nueva, sino la misma que recibió Adán despues de su caida y la que aplicaron Moises y Salomón. Por ello no hay que ponerla en duda o refutar otras opiniones, pues como la verdad es única, precisa y siempre igual a sí misma (sobre todo en completa concordancia con Jesús y sus miembros, así como El es el a imagen y semejanza del Padre), no debe decir:

 

 

«Esto es verdadero para la filosofía, pero falso para la teología»; porque todo lo que Platón, Aristóteles, Pitágoras y otros reconocieron como verdadero y lo constataron Henoch, Abraham, Moisés y Salomón, llevan a lo mismo, además coinciden con el gran libro milagroso, la Biblia:

 

forman una esfera o una bola donde todo se encuentra a la misma distancia del punto central. Sobre esto se hablará más y con más detalle en los tratados cristianos.

 

 

En relación con la impía y maldita producción de oro, ésta ha aumentado, especialmente en nuestros tiempos, de tal manera, que sobre todo muchos poseidos degenerados, maduros para la horca, han cometido con ello grandes canalladas, aprovechandose así de la curiosidad y credulidad de muchos. Incluso personas humildes piensan que la transformación de los metales es la cumbre y la coronación de la filosofía, y que aquél, que sea capaz de producir grandes cantidades de oro y de pepitas de oro sería especialmente agradable ante Dios. Mientras que además esperan convencer al omnisciente Dios con imprudentes súplicas y mostrando un conmovedor rostro enfadado y serio.

 

Así atestiguamos aquí oficialmente, que esto no es correcto, siendo la producción de oro para los verdaderos filósofos algo insignificante y de poca importancia. ¡En comparación con esto tienen algunas miles de cosas más importantes que hacer!

 

Nosotros decimos con nuestro querido Padre C.R.C.:

 

«¡Fuera con el oro, si no es el oro ilimitado! Pues aquél, a quien se le revela toda la naturaleza, no se alegra por saber «hacer sol», o como dice Cristo «que le obedezcan los demonios», sino que se alegra porque ve abrirse los cielos y a los ángeles de Dios subir y bajar y porque su nombre está escrito en el Libro de la Vida.

 

También declaramos que bajo el nombre de «alquimia» aparecen libros y dibujos que son un insulto para la gloria de Dios. Nosotros los nombraremos en su momento y les daremos un resumen a los puros de corazón. Rogamos a todos los ilustrados que estén cuidadosamente atentos ante libros de esta índole, pues el enemigo nunca deja de sembrar su maleza, hasta que alguien que sea más fuerte que él lo impida.

 

 

Ahora solicitamos – según la intención de nuestro Padre C.R.C. – nosotros, sus hermanos, por segunda vez a todos los ilustrados en Europa, que cuando lean ésta nuestra Fama (que hemos publicado en cinco idiomas) y también la Confessio en latín, reflexionen con espíritu precavido sobre nuestra oferta, examinen sus artes de la forma mas cuidadosa y exacta posible, observen el tiempo presente con mucho afán y nos comuniquen sus pensamientos por escrito e impreso, bién después de una común resolución o cada uno por sí mismo. Pues aunque ni nosotros ni nuestra comunidad fijamos el tiempo para ello, recibiremos con toda seguridad el juicio de cada uno (en cualquier idoma).

 

Además quien nos dé a conocer su nombre, puede estar completamente seguro que tomará contacto con alguno de nosoros, bién sea verbalmente, o si tiene algo que objetar, por escrito. Pero con insistencia decimos que aquél que camine con nosotros con seriedad y de todo corazón, disfrutará de los frutos de ello según sus bienes, su cuerpo y su alma. Pero aquél que venga con el corazón falso o que sólo busque dinero, no nos podrá dañar de ninguna manera, sino que se precipitará en la mayor y mas profunda de las desgracias.

 

Por ello, aunque cientos de miles de personas lo han visto de cerca, nuestro edificio permanecerá eternamente indestructible, invisible y completamente oculto para el mundo impío.

 

                                                                  Bajo la sombra de tus alas, oh Jehova.

 

 

 

[reproducción]

 

 

ANALISIS ESOTERICO DE LA FAMA

 

FRATERNITATIS R.C.

 

 

 

 

Introducción

 

Los hombres

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Dado que Dios, único sabio y misericordioso, ha derramado tan ampliamente en estos tiempos su bendición y su bondad sobre la humanidad, permitiendo el perfeccionamiento tanto del conocimiento de su Hijo como de la naturaleza, podemos hablar con razón de tiempos felices, en los que El no sólo nos ha permitido descubrir la mitad del mundo hasta ahora desconocida y oculta, y nos la ha revelado, mostrándonos también muchas obras y criaturas de la naturaleza desconocidas hasta ahora, sino que además ha hecho aparecer hombres iluminados y con nobleza de espíritu que han restablecido en parte las artes corrompidas e imperfectas, de modo que el hombre comprenda por fin su nobleza y su gloria y conciba la razón por la cual es llamado microcosmos y hasta donde se extiende su conocimiento de la naturaleza.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

La mitad desconocida del mundo

 

 

La Fama Fraternitatis de la noble Orden de la Rosacruz, no debería entenderse solamente como un dar a conocer la existencia de esta Fraternidad, como un resumen muy velado de su historia, destinada a ser utilizada por un número muy selecto de hombres, sino como una poderosa fórmula mágica, una composición de líneas de fuerza, a lo largo de las cuales, y con su ayuda, se realiza el desarrollo del mundo y de la humanidad.

El texto auténtico de esta Fama se ha conservado para nosotros a través de los siglos, a excepción de algunas mutilaciones relativamente pequeñas, y parece que ha llegado el tiempo, o que está más o menos maduro, para dar más ampliamente a conocer este grandioso Testamento Espiritual de la Fraternidad de la Rosacruz, revelar sus maravillosas profundidades y actuar con estas fuerzas mágicas, con el fin de preparar a los pioneros de la humanidad para una nueva misión.

 

Si en nuestros tiempos quisiéramos presentar las palabras citadas como introducción a este capítulo como una apremiante llamada y quisiéramos transmitirles este toque de trompeta, que resuena lleno de alegría, como muy apropiado para nuestros días, posiblemente usted movería la cabeza, expresando su sorpresa o enfado y protestaría enérgicamente. A pesar de ello nos atrevemos a transmitirle estas palabras, como un suprarrealismo, con todas las consecuencias resultantes de ello. Consecuencias que quizás podrían provocar que los grupos de pioneros en lugar de aumentar, se redujesen considerablemente.

¿Pues quién se atrevería a afirmar que, en estos tiempos infernales de degeneración y de decadencia generalizada, el único Dios, sabio y misericordioso, ha derramado en estos últimos tiempos su bendición y su bondad sobre la humanidad? ¿No es esta opinión un puro disparate, y no es el autor, que se atreve a manifestar esta opinión, un completo demente? ¡Burla y desprecio para quien escriba tales cosas!

Y además, ¡qué manifiesta falta de amor! ¿Quién se atreve a sentir júbilo ante el pensamiento de las bases de bombas nucleares, con las que se mantiene en este mundo la pretendida «paz»? ¿Quién se atreve a sentir alegría ante la corrupción de la juventud, que en el vacío y la desesperación de sus corazones, y debido a la falta de cualquier impulso que dé calor al corazón, no encuentra ninguna meta de vida concreta? ¿Quién se atreve a alegrarse ante el torrente cada vez mayor de delitos y homicidios que se vierten sin parar sobre el mundo? ¿Quién tiene corazón para sentir, en esta noche profundamente oscura, que existe todavía la luz?

¡Tal persona no tiene corazón! Es algo corriente que a un alumno de la Rosacruz se le reproche falta de amor y falta de corazón. Es el pan que siempre ha recibido a lo largo de la historia.

Pues bien, semejante persona escribe sobre la gracia y la bondad que Dios ha derramado, precisamente en este tiempo, tan abundantemente sobre el mundo y la humanidad. El le anuncia el agradable año del Señor.

Esta rica corriente de bendición y bondad no se refiere al alimento para los impulsos naturales de los hombres ni a la reconstrucción de las murallas de nuestro orden cultural, que se están derrumbando, sino al hecho de que, por un completamente nuevo derramamiento de fuerza divina, podemos acercarnos cada vez más al completo conocimiento de Cristo Jesús y de la naturaleza.

Los alumnos que desde 1934 han observado de cerca el desarrollo de la Escuela Espiritual Gnóstica, saben que a través de diversos colaboradores de la Rosacruz se ha contribuido considerablemente a la formación de una teología completamente nueva, de una cristología completamente nueva, que es ofrecida en múltiples formas al hombre buscador de nuestro tiempo. Todo el conocimiento esotérico liberador ha renacido y un gran número de nuevas concepciones y hechos en relación con el camino de liberación de la humanidad, han colmado y purificado los pilares fundamentales existentes de la enseñanza interior. Donde antes se pensaba encontrarse ante revelaciones completas, éstas también han perdido su antiguo brillo, porque ahora se ven en otra perspectiva más amplia.

Esta radiante corriente de renovación despierta, en la fase inicial de su impulso, una gran inquietud en las personas buscadoras, en los alumnos principiantes. Tampoco ellos quieren abandonar lo que hasta ahora consideraban una posesión suya; pero las amplias claridades que se abren ante ellos les empujan hacia su destino. Ellos se dirigen hacia donde el espíritu les indica que vayan.

Pero no piense nunca que en esta corriente de fuerza, que se descarga impetuosamente, se desarrolla una anarquía o piratería espiritual, en la que diversas enseñanzas irreflexivas se pueden disfrazar simplemente con la etiqueta de gnosticismo. Esta corriente de fuerza, aunque fluye con ímpetu y lleva consigo a todos los que se confían a sus corrientes, permanece no obstante en su lecho consagrado, tiene una fuente de la que emana y una meta hacia la que fluye. Se trata aquí de una ola de fuerzas de una determinada calidad y de una determinada vibración. Sólo quienes participan en esta calidad y en esta vibración, o sea, que se mueven en la misma dirección, se polarizan con ella.

El origen y la meta de estas manifestaciones renovadoras, tienen como base la luz del mundo, Cristo Jesús, así como la manifestación del plan de Dios para el mundo y la humanidad, la naturaleza perfecta. Por lo tanto, cada enseñanza gnóstica es completamente demostrable por los fenómenos del universo, por las leyes de la lógica, por la realidad de la vida y, sobre todo, por la palabra de Dios: la Biblia.

Además estas nuevas enseñanzas se confirman por las experiencias y publicaciones de muchos trabajadores, que viven en muy diversos lugares del mundo y desconocen por completo su mutua existencia en la esfera química del mundo material. Detrás de estas nuevas enseñanzas se encuentra una poderosa dinámica, un convencimiento radiante, un poder destructor, que muchos enemigos del camino han podido ya experimentar en su perjuicio.

Le podemos asegurar que escribimos en la certeza de nuestro conocimiento y de nuestra fe: nosotros sabemos de qué hablamos. No escribimos en virtud de la majestad del conocimiento, sino para conducirle a esta corriente de la Comunidad de Dios, que emana de Jesucristo, nuestro Señor, y que fluye hacia la única y absoluta meta: la realización del plan de Dios con el mundo y la humanidad, la construcción de la maravillosa Nueva Jerusalén, que debe surgir de las cabezas, los corazones y las manos de los hombres purificados en Cristo, y es un éxtasis inexpresable poder penetrar cada vez más en este conocimiento absoluto.

 

Es necesario darle algunas aclaraciones sobre la índole de este conocimiento absoluto. Debe tener en cuenta que los Rosacruces nunca hacen o han hecho un intento de describir este conocimiento. Las palabras de la Fama «penetrar cada vez más en este conocimiento» demuestran que se trata de un proceso de desarrollo eterno, y que es completamente imposible decir durante una determinada fase de este desarrollo: «Eso está aquí y esto es así».

Por eso los Rosacruces nunca han hecho otra cosa que indicar determinadas cualidades de este conocimiento absoluto y enseñar lo que se puede hacer con las fuerzas de estas cualidades.

Muchos autores en las ciencias esotéricas han cometido con frecuencia el error de cristalizar determinados aspectos de la sabiduría universal, de tal forma que había que considerar sus enseñanzas como si fuesen axiomas. Estudiantes de los misterios han sido una y otra vez víctimas de ello.

Donde se volvía o se vuelve necesario añadir un comentario a una determinada enseñanza, se sigue el método del encubrimiento, y se lleva a cabo de tal forma, que los profanos no entiendan la intención esencial y no puedan aferrarse a una cristalización del pensamiento. La Biblia es una sublime ejemplo de este método.

Ustedes objetarán que aquí y allá se hace un uso muy negativo de la Biblia. Nuestra contestación al respecto es que sólo se hace mal uso de la Biblia, ahí donde su enorme exigencia es considerada como demasiado drástica. Cada persona seria, ya sea ortodoxa o esotérica, que toma la Biblia en virtud de su más o menos desarrollada nobleza interior, lo hace para poner su comportamiento de vida en armonía con el lenguaje de este libro y para poder escuchar de él la palabra de la salvación.

Tampoco se encuentran exposiciones esotérico científicas en toda la Fama Fraternitatis, pero sí líneas de fuerza, que, si usted se pone en concordancia con ellas por una vida verdadera, le ponen en contacto con el conocimiento absoluto. Este conocimiento es entonces completamente individual y uno no es capaz de transmitirlo a otros que no tengan una comunión sanguínea espiritual con nosotros. Los que se encuentran en el mismo orden de sangre que el «que ve» se pueden ayudar mutuamente a ordenar y a comprobar lo que aparece ante su conciencia. Y saciados con estos tesoros pueden ir a su trabajo en todos los campos de la vida. Por eso nunca se vanagloriarán de sus tesoros; tampoco tendría sentido y además sería muy peligroso. Pues el enemigo sigue sembrando malezas entre el trigo y todavía se buscan objetos de los que se puedan obtener ganancias.

En unos tiempos como los actuales, en los que diversas mistificaciones se abren paso hasta la humanidad, el verdadero buscador es unido, por la bondad de Dios, más fuertemente que nunca con la fuente de la verdad divina, para que, frente a la degradación y la muerte, pueda aumentar también la luz y la fuerza de la luz. Por ello damos testimonio con estas palabras de nuestra radiante felicidad, «que Dios no sólo nos ha permitido descubrir la mitad del mundo hasta ahora desconocida y oculta, y nos la ha revelado, mostrándonos también muchas obras y criaturas de la naturaleza desconocidas hasta ahora, sino que además ha hecho aparecer hombres iluminados y con nobleza de espíritu que han restablecido en parte las artes corrompidas e imperfectas, de modo que el hombre comprenda por fin su nobleza y su gloria y conciba la razón por la cual es llamado microcosmos y hasta donde se extiende su conocimiento de la naturaleza».

Por eso atestiguamos que por la fuerza de esta revelación, que es transferida al hombre según la posibilidad de su desarrollo personal, se puede resistir al enemigo en la futura crisis. Por eso atestiguamos, que entre nosotros se levantaran hombres que trabajarán fervorosamente y con fuerza para los grandes procesos de renovación.

¿Por qué? ¿Para proporcionarle a la humanidad un «bocadillo» mejor? ¿Para asegurar la libertad personal de poder disfrutar de la vida de los instintos naturales? No, esta gran obra es emprendida para hacer comprender a cada hombre su realeza y su magnificencia y para hacerle ver los motivos por los que es llamado microcosmos, reflejo del Padre, quien dijo una vez: «Hagamos hombres según nuestra imagen y semejanza.»

Esta gran obra es puesta en marcha para poder demostrar a cada hombre, hasta dónde se extienden en la naturaleza su arte, su poder interior, lo que es capaz de realizar por las fuerzas plantadas por Dios en él. ¿Se da usted cuenta cómo las tendencias sociales, políticas y económicas, por las que tanto se esfuerza el hombre, son suprimidas como aspectos de su desgarrada realidad de vida? El alumno de la Rosacruz no quiere tratar con estas cosas, no participa en ello, aunque se encuentra y quiere encontrarse entre los hombres como uno que sirve.

«La mitad del mundo hasta ahora desconocida y oculta.» ¿Por qué este conocimiento se vuelve parte de usted cuando se acerca a Cristo Jesús? Porque este Dios de Dios le ordena que le siga, le empuja al camino que El le indica. Si escucha esta llamada divina, entonces también se le equipará para el viaje. Entonces se abre para usted el conocimiento absoluto, como la luz del sol que alborea y usted penetra en el transfondo, en el polo opuesto de este mundo de las apariencias, para que pueda conocer, en esta luz original, las causas del dolor y la terrible degeneración de este lado del mundo.

«Muchas obras y criaturas de la naturaleza desconocidas hasta ahora.» ¿Por qué este conocimiento se vuelve parte suya cuando se acerca a Cristo Jesús? Para que pueda conocer el plan de Dios, que irradia como una fuente de luz con una forma de pensamiento divino en la mitad desconocida del mundo y sus causas; para que no sólo conozca las deficiencias de esta mitad del mundo, sino que además comprenda, con toda claridad, cómo y con qué deben ser compensados esas deficiencias y de qué forma hay que suprimir sus pérfidas causas.

Así resultará, que surgirán hombres muy iluminados y de espíritu elevado, agraciados con esta sabiduría nacida en Cristo, para renovar nuestro mundo según la exigencia de Dios, según el lenguaje que se habla en la mitad desconocida del mundo. Y esta es ahora nuestra alegría, sabernos fuertes en este nuevo acontecimiento. Nosotros anunciamos el agradable año del Señor:

 

«Los desiertos y los lugares áridos se alegrarán de ello, las regiones despobladas estarán contentas y florecerán como una rosa. Entonces se abrirán los ojos ciegos y los oídos sordos       podrán oír. Entonces la alegría exultará, pues en este desierto brotarán aguas y en las regiones desiertas arroyos.»

 

Pero no vea este devenir como un proceso que se realiza como algo ajeno a usted. Cada hombre participará, deberá tomar parte activa en las grandes cosas que van a suceder. El estado de su sangre, la esencia vital de su alma, en la que se puede encontrar todas las cualidades de su ser, le empuja hacia una determinación activa de su postura. Y sobre la base de su determinación del lugar que ocupa, esta sangre deberá ser derramada, para realizar las cosas que pronto deben ocurrir.

El hombre animal que celebra sus orgías en los sangrientos bunker de un campo de concentración; el volcán de la pasión que se divierte en el instinto del amor; el comerciante que se enriquece de las imperfecciones de nuestra cultura; las damas y caballeros tan humanos y tremendamente buenos, sentados en sus sillones junto a la chimenea; todos ellos acelerarán el gran proceso por su comportamiento de vida, por su instinto sanguíneo. Su caída significará la resurrección de la luz.

Incluso los pueblos más primitivos del planeta activarán el desarrollo de las cosas, por el simple hecho de ser seres humanos, por el hecho de su unión con la sangre del Padre. Un inconcebible dolor, una espantosa y penosa súplica por la liberación estallará como una tempestad. Pero todos deben seguir inevitablemente la disposición de su sangre.

Y nosotros, ¡nosotros predicamos el agradable año del Señor! ¡Por Dios, qué desvarío! Nosotros predicamos este desvarío porque por su amor por la comodidad, por su cobardía, por su vida de pequeño burgués, no sabe nada de su elevada nobleza, de sus grandes valores. Otros trabajan en una nueva comunidad de vida, tan maravillosa, que no sabrían expresar sus primeros sonidos. Pero esta actividad exige otro derramamiento de sangre, otro trabajo, un sacrificio diario. ¡Y todos los que pertenecen a la nueva comunidad sanguínea construyen el futuro de usted!

Pues ahí donde pronto resonará el grito de la muerte como un trueno y la tierra quedará embebida de lágrimas, ahí resuena a pesar de todo el alegre júbilo de los nuevos constructores, ya que Dios, único sabio y misericordioso, ha derramado tan ampliamente en estos tiempos su bendición y su bondad sobre la humanidad, permitiendo el perfeccionamiento tanto del conocimiento de su Hijo como de la naturaleza. Y por ello predicamos el agradable año del Señor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mundo desconsiderado no encontrará ciertamente en esto ninguna ventaja, y la calumnia, la risa y la burla aumentarán. Además, el orgullo y la presunción de los ilustrados son tan grandes, que les será imposible hacer en unidad, con todo lo que Dios nos ha dado tan ampliamente en nuestros días, un librum naturae, es decir, un compendio de todas las artes, por el contrario, se ofrecen mutuamente resistencia y oposición. Así todavía se permanece en la antigua enseñanza y tienen que servir Paus, Aristóteles, Galeno, en fin, todo lo que se parezca a una ley (código), como la clara luz oficial, aunque si viviesen ahora, sin duda se corregirían ellos mismos con gran alegría. Pero aquí hay mucha debilidad para semejante tarea. Y aunque en la teología, en la física y en las matemáticas, la verdad se opone a ello, el viejo enemigo muestra plenamente su astucia y su rencor, intentando impedir, a través de los inútiles que odian la paz, un desarrollo tan bello de las cosas.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

II

 

La ilusión de la ciencia

 

 

Existe un conocimiento absoluto, tan claro, tan sublime, tan majestuoso, tan ilimitado, que sobrepasa toda capacidad de descripción. En el capítulo anterior se hizo referencia a este radiante saber, y hemos visto que esta corriente de luz emana del eterno manantial de todas las cosas. Hemos visto que en este mundo han surgido hombres para confiar a esta corriente de Dios a quien lo desee y tenga la capacidad elemental para ello, con el fin de permitirles navegar hacia el océano de la verdadera vida.

Hay un tiempo en la fase de desarrollo del joven hermano de la Rosacruz, en el que piensa que el mundo recibirá este mensaje con gran entusiasmo. Como él se ha podido sumergir, por primera vez, en el Agua Viva del saber universal, es lo suficientemente ingenuo como para suponer que a su llamada al despertar le seguirán con gran alegría. Entonces es cuando comprende la verdad de las palabras de la Fama:

 

«El mundo desconsiderado no encontrará ciertamente en esto ninguna ventaja, y la calumnia, la risa y la burla aumentarán.»

 

Risas, calumnia y burla son la recompensa del servidor de Dios cuando se atreve a dar testimonio y a hablar de este saber universal.

¿Cuál es la causa de esto? La causa es doble. Primero es necesario cambiar el comportamiento de vida para entrar en unión con este nuevo saber; segundo, la humanidad está encerrada en la locura de la ciencia. Queremos hablar muy especialmente sobre esta ilusión, pues es la causa por la que, en general, se está tan poco dispuesto a atreverse a modificar el comportamiento de vida.

En algunos círculos se tiene por costumbre echarle la culpa a la Iglesia por la degeneración de nuestra cultura. Según ellos, la Iglesia tiene la culpa de todo y se la responsabiliza de todo. Aunque no pretendemos, en absoluto, ignorar la pesada culpa de la Iglesia, consideramos que a la ciencia también le corresponde una culpa no menos pesada.

Muchos millones de personas ya se han liberado de la ilusión de la Iglesia, que dice aportar a Cristo efectiva y verdaderamente, que pretende ser la portadora y el pilar  de la santa palabra de Dios. Pero de la ilusión de la ciencia, la cual pretende avanzar hacia la alborada del conocimiento universal, todavía se encuentran atrapados, casi sin excepción, la mayoría de los hombres. Las más absurdas hipótesis de los científicos se repiten hoy en día como máximas sagradas. Se vive según sus sugestiones y miles se confían, sin reflexionar, a sus experimentos.

El lugar que ocupaba la Iglesia en la Edad Media lo ocupa ahora la ciencia. Por lo general, en el ámbito intelectual existe interés por la Rosacruz, y por eso es un deber para nosotros abrir una brecha en su seguridad intelectual. Sucede que en la ciencia todos los valores auténticos, toda bondad y pureza demostrable son valores robados, bondad prestada, pues todo esto ya ha sido anunciado por los esotéricos hace más o menos tiempo. Y todo lo demás es necedad, un gran engaño y un terrible peligro. Piensen al respecto en la gran seriedad, la inmensa obstinación y el gran sacrificio con el que muchos científicos publican sus descubrimientos. Por ello los esotéricos, ante el método de la burla y de las risas, no pagarán con la misma moneda, sino que proseguirán su combate con gran seriedad y con un amor intenso.

Personajes heroicos en la ciencia como la señora Curie y su esposo, deberían hacer desaparecer en nosotros la burla. Qué espíritu de sacrificio se encuentra en sus experimentos científicos, y a pesar de todo, ¡qué terrible falta de conocimiento! La forma intrínseca de las materias radioactivas es para estos inconfundibles héroes como un libro cerrado. Lo que se podría realizar con el elemento radio, ha pasado desapercibido a su espíritu atrevido, porque no se dejaron o no pudieron instruirse en la universidad de Dios, en el saber universal de Dios.

¡Cuántos no habrán afrontado los sacrificios más increíbles, para poder comprender el idioma de Dios en el texto básico de los libros sagrados! ¿No hubo o hay matemáticos geniales que se han acercado a lo cuatridimensional por admirables esfuerzos, a partir de las hipótesis de la física, y que ahora ellos, por su punto de partida, se pierden en la relatividad, la referenciación y la inversión de todos los valores? Nosotros respetamos a estos abnegados trabajadores, pero no estamos dispuestos a calificar sus experimentos como ciencia seria. Más bien consideramos su trabajo como deporte, deporte mental, y somos lo suficientemente deportivos como para admirar sus resultados hasta cierto punto.

La organización extremadamente sutil de nuestros cuerpos nos capacita para muchas cosas y el apremio de nuestra razón  nos puede impulsar a una gran laboriosidad. Pero para liberar al mundo y a la humanidad, para conducirles a una realidad de vida mas elevada, para hacer de nuestro infierno una vida en común, para eso se necesita otra cosa. Por ello debemos enterrar, cada vez más profundamente en nuestra conciencia, que la pseudociencia de nuestro tiempo no es liberadora en absoluto. Si quieren juzgar con toda sinceridad y sin prejuicios, seguramente llegarán a esta conclusión.

La parte de la ciencia, que se ha vendido al Enemigo Negro por la codicia del dinero no la vamos a considerar aquí en absoluto. Dirigimos su atención ahora a la parte de la ciencia que actúa a conciencia y le preguntamos: ¿Es ésta en alguna medida liberadora? ¿Se ha vuelto la humanidad más feliz por el avance de la técnica? No, existe un angustioso temor en los hombres ante el tenebroso hechizo de la técnica, que amenaza con destrozar todo con sus garras de acero y sus fauces que vomitan fuego.

¿Hay mucho diferencia entre pasar por encima del agua sobre el tronco de un árbol caído o sobre un puente de hierro? ¿Existe para usted una diferencia esencial si bebe de un vaso que ha sido creado por un hombre, que por algún dinero destroza sus pulmones soplando en un taller de cristalería, con el torso descubierto debido al extremado calor, o si toma su bebida del cráneo de un pariente fallecido como lo hacían nuestros antepasados? Usted objetará que la técnica moderna ha inventado máquinas para trabajar el cristal, de manera que el trabajo del soplador de cristal se ha vuelto innecesario. Pero la técnica moderna no lo ha hecho para ayudar al pobre soplador de cristal, sino para producir de forma más barata. Por el mismo motivo, nuestros antepasados utilizaban recipientes de barro para su bebida, porque no siempre había suficientes cráneos disponibles. Además estropeaban demasiados cráneos en su «producción».

Muchas personas afirman que la ciencia médica, sobre todo ayudados por la química, ha hecho muchísimo por la salud de la población, de manera que hoy las personas viven más años y la mortalidad de los niños ha disminuido considerablemente en comparación con los tiempos pasados. Nosotros decimos que la ciencia médica todavía no ha hecho nada por la verdadera salud de la población, y que los aparentes éxitos, confirmados por las estadísticas, no compensan las terribles consecuencias de la intoxicación masiva de la sangre por los medicamentos patentados. Por eso se recurre en nuestro tiempo a los antiguos métodos de curación, al naturismo y a la terapia a base de plantas, aunque no se nos puede liberar del caos creado por la negación de la vida, ni con una lechuga, ni con una bolsita de hierbas.

Alguna vez percibirá hasta en las fibras más profundas de su existencia que estas palabras se basan en la verdad. Pero por ahora todavía sucede, tal como dice la Fama, que incluso una apariencia de erudición tiene para la masa más valor que la luz clara y manifestada y que la verdad.

 

«Y aunque en la teología, en la física y en las matemáticas, la verdad se opone a ello, el viejo enemigo muestra plenamente su astucia y su rencor, intentando impedir, a través de los inútiles que odian la paz, un desarrollo tan bello de las cosas.»

 

De esta manera, un determinado grupo, que persigue oscuros intereses, sabe imponerse con la pseudociencia, la cual produce división en todos los campos. Pero en esta pseudociencia, seguramente entran también en juego el orgullo y la obstinación, que impiden la nueva orientación. Por eso atestigua la Fama:

 

«Así todavía se permanece en la antigua enseñanza y tienen que servir Paus, Aristóteles, Galeno, en fin, todo lo que se parezca a una ley (código), como la clara luz oficial, aunque si viviesen ahora, sin duda se corregirían ellos mismos con gran alegría.»

 

Aristóteles es el brillante personaje que ha dominado siglos de pensamiento occidental y que ha imprimido sus huellas en la ciencia de nuestros días; fue el hombre que pensó poder explicar la religión por el pensamiento del hombre. Galeno fue uno de los famosos médicos de la antigüedad, que, a pesar de ser extraordinariamente versado y erudito, no tuvo en cuenta que el organismo es gobernado por espíritu absoluto, la chispa divina.

De esta manera, siguiendo a los antiguos en ciega obediencia, no se podía hablar de un nuevo conocimiento que tuviese en cuenta las imperecederas normas cristianas. Estos personajes de la ciencia del famoso período cultural grecolatino tuvieron una vocación completamente diferente a la nuestra. Su tarea consistió en comunicar a la humanidad la síntesis de todo lo anterior, para que una nueva era, que se apoyase en su sabiduría, pudiese avanzar hacia posibilidades más elevadas por el impulso de una nueva manifestación espiritual. Pero, lamentablemente, hasta el presente este proceso de renovación todavía no se ha impuesto, y nos encontramos en medio de los pedazos de la realidad rota, hasta que la muerte se produzca.

Y junto a nosotros veremos los perfiles de una nueva realidad, sobre los escombros de lo que va a quedar atrás. Se acerca una nueva posibilidad. Sobre la esperanza derrumbada y la destrozada seguridad en sí mismo del público altamente intelectual ya está naciendo un nuevo anhelo. La burla, las risas y las calumnias desaparecerán entonces de los rostros, y entonces se escuchará a los esotéricos, sí, por fin se les escuchará.

Entonces los hijos de los profetas le hablarán de la sabiduría divina omnipresente, que está más cerca que las manos y los pies. Ellos le dirán cómo se puede alcanzar esta sabiduría. Ellos le impulsarán hacia una nueva actitud de vida, un comportamiento de vida que renueva la sangre, nacido de la fuerza de amor de Jesucristo.

Entonces descubrirán que en su ser se manifiesta una flor blanca y pura, el lirio místico, el loto del vidente oriental. Es la entrada en las salas sagradas del pensamiento abstracto, donde la sabiduría de Dios, el saber universal, puede ser absorbido como fuerza. Es un caminar en la luz, como El está en la luz.

De esta forma se abre ante el alumno un inmenso conocimiento de Dios, una filosofía divina, la filosofía del saber mágico. Sobre esta base, en esta puerta que se dirige hacia la eternidad, deberán ser reunidos todos los que son llamados al neo-intelectualismo, todos los amantes de la verdadera sabiduría. Y allí estarán los pensadores, poetas y constructores, llamados para todas las tareas de la ciencia, del arte y de la religión; y saciados por esa fuente de la sabiduría original, unidos entre sí como hermanos y hermanas que forman en una cadena, partirán hacia su trabajo, al sublime despliegue de sus talentos. En la luz de Dios sus talentos florecerán como una rosa y, tomados de la mano, escribirán con sus radiantes actos el librum naturae, el gran Libro de la Naturaleza, como una verdad que unirá las eternidades.

Toda falsedad está condenada a morir; todo lo que ha nacido del eterno corazón solar del Padre está llamado a la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llevar a cabo tal Reforma General, fue también durante mucho tiempo la intención y el acentuado esfuerzo del muy creyente, espiritualmente muy iluminado Padre y Hermano C.R., un alemán, cabeza y fundador de nuestra Fraternidad.

Después de haber sido acogido en un monasterio con cinco años de edad en un convento, debido a la pobreza de sus padres (a pesar de ser nobles), y de haber aprendido bastante bien los dos idiomas griego y latín, fue encomendado por sus permanentes ruegos y súplicas, todavía en la flor de su juventud, al hermano P.A.L., que tenía el propósito de emprender un viaje al Santo Sepulcro.

Aunque este hermano murió en Chipre y no llegó a ver Jerusalén, nuestro Hermano C.R. no regresó, sino que embarcó hacia Damasco, con el propósito de visitar desde allí Jerusalén.

Pero al tener que permanecer allí por dificultades corporales y al ganarse las simpatías de los turcos por sus grandes conocimientos de la medicina, oyó hablar casualmente de los sabios de Damkar, en Arabia, de los milagros que obraban y de que la naturaleza estaba desvelada para ellos. Esto despertó la naturaleza noble y elevada del Hermano C.R.C., con lo que su interés se centro en Damkar y ya no en Jerusalén. Pronto no pudo resistir más a su anhelo y, por una determinada cantidad, llegó a un acuerdo con marineros árabes para que le llevaran hacia Damkar.

Cuando llegó sólo tenía dieciséis años, pero tenía una fuerte constitución germánica. Como él mismo atestigua, los sabios no le recibieron como a un extraño, sino como a alguien a quien se estaba esperando desde hace tiempo. También le llamaron por su nombre y le enseñaron otros misterios de su monasterio, algo que le sorprendió grandemente. Allí conoció más a fondo el idioma árabe, por lo que al año siguiente pudo traducir el Libro M. al latín y llevárselo consigo. Allí adquirió también sus conocimientos sobre física y matemáticas, por los que el mundo podría alegrarse con razón, si hubiese más amor y menos envidia.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

III

 

El Libro M

 

 

De las nieblas del pasado se eleva ante nosotros una de las antiquísimas historias de la Orden de la Rosacruz. Para el lector superficial es un detalle muy simple, la parte cronológica de un mito históricamente dudoso, cuyo origen es puesto seriamente en duda por muchos. Pero el alumno buscador, que está más o menos introducido en el método de los antiguos iniciados para velar sus mensajes ante los profanos, ve, a través de su envoltura, brillar la luz que alumbra el camino. Y puesto que es nuestro más profundo anhelo como buscadores de la bondad, verdad y justicia, es mostrar el camino de la humanidad, la ineludible marcha de las cosas, el impulso cósmico de lo absoluto, y crear las condiciones para su realización, queremos atravesar los velos, para que podamos escuchar la Fama Fraternitatis, la Llamada de la Fraternidad de la Luz, y así podamos leer las primeras páginas del Libro M.

Muchos esotéricos orientados negativamente han buscado este misterioso Libro M, del que se habla en la antigua literatura Rosacruz. Muchos nos han preguntado dónde se puede adquirir este libro y si existe una buena traducción. Ya poseían libros de muchos autores, se encontraban junto con muchas otras obras de tipo esotérico en la pesada estantería, pero el Libro M faltaba. Quizás podríamos venderlo. Ciertamente el mercado sería favorable y seguro que se venderían a buen precio.

Hemos tenido que decepcionar a todos los interesados en ello, alguno de los cuales venían con las manos llenas de billetes. Y a pesar de todo tenemos que decir que conocemos el tan misterioso Libro M, lo hemos visto, hemos podido echar una mirada en su interior. Hemos podido estudiar e investigar algunas páginas y hemos podido asimilar valores, en la medida que estábamos capacitados para ello. Y ahora, siguiendo la ley de que ningún gnóstico debe quedarse con los valores que ha adquirido, encontramos en este libro la ocasión para cumplir esta ley.

Las páginas del Libro M están llenas de maravillosos caracteres, con letras muy singulares. Es como si viviesen. Ellas llaman y hacen señas, ellas despiertan presentimientos y temores indefinidos. A veces despliegan cosas alegres y un júbilo incontenible. En interminables hileras pasan ante usted las corrientes de las palabras vivas del Libro M. Su ojo queda cautivado por las olas impetuosas y por el suave balanceo, pero a la vez poderoso, de sus profundidades infinitas. Son horizontes que nadie puede localizar. Sí, el Libro M habla un lenguaje mágico. Cuando los sellos se abren y se pronuncian las fórmulas, entonces viene el éxtasis de los sentidos, se produce entonces desprendimiento de la materia para elevarse a la sutil amplitud de la vida etérica hasta lo jamás visto.

Pero déjenos por ahora volver a los hechos de la Fama Fraternitatis, que a simple vista parecen tan sencillos, pues debe comprenderlos con nosotros para poder hablar del Libro M. No podemos aclararles las primeras fórmulas del Libro M, sin antes haber dado los primeros pasos necesarios.

En nuestro relato se habla del supremo dirigente de la Orden de la Rosacruz, del muy iluminado Padre y Hermano C.R.C., que es al mismo tiempo preste atención a ello origen de nuestra Fraternidad.

 

«Después de haber sido acogido en un monasterio con cinco años de edad en un convento, debido a la pobreza de sus padres (a pesar de ser nobles), y de haber aprendido bastante bien los dos idiomas griego y latín, fue encomendado por sus permanentes ruegos y súplicas, todavía en la flor de su juventud, al hermano P.A.L., que tenía el propósito de emprender un viaje al Santo Sepulcro.»

 

Algunos que han intentado analizar la Fama, lo primero que han preguntado es: «¿Ha existido realmente el hombre C.R.C.? ¿Quién era? ¿Existen hombres de su época que le vieron? ¿Existe literatura de su tiempo que hable de él? Y así sucesivamente.

Usted conoce seguramente la investigación histórica normal, el indagar durante años para hacerse con diversos datos, los lentos progresos; hasta que un nuevo hallazgo destruye el resultado del trabajo de media vida, por lo que hay que comenzar otra vez de nuevo. Nosotros no seguiremos este método, aunque tenemos que decirles que C.R.C. ha existido, que sabemos de hombres que han sido sus contemporáneos, que le han visto y han vivido directamente a su lado. Hay personas que están estrechamente unidas a él.

Pero nosotros vamos a dejar de lado la investigación histórica y sólo vamos a hablar de «un hombre». Vamos a suponer que ahora vive un hombre que se llama C.R.C., que todos le conocemos y que observamos su combate. Si ha vivido antes o no, para nosotros no es relevante. Por lo tanto, evocamos para usted a un hombre, una suposición, y juntos animamos a esta imagen mística hasta que viva para nosotros. Llamamos a este hombre Cristián Rosacruz, que, todavía no se lo habíamos mencionado, es de origen alemán. Esto significa, que es cien por cien europeo, es un occidental.

Pues bien, este occidental quiso seguir el camino de los occidentales, es decir, el camino indicado por Cristo, vivido anteriormente por Cristo. Por eso le llamamos Cristián.

Este occidental quiere desarrollar todas las capacidades latentes, que se encuentran adormecidas en el ser de cada hombre, que hacen del hombre un hijo de Dios, una criatura de Dios, un Dios en devenir, y por ello se esfuerza plenamente decidido. Además, por ello, está dispuesto a recorrer el camino de la total ofrenda de sí mismo. Por eso llamamos a nuestro héroe a su vez Rosacruz.

Y como este personaje místico vive ahora completamente para nosotros, como somos admiradores apasionados de su combate heroico, decimos con ardiente anhelo: «Mi querido Hermano, que la Rosa blanca de Cristo pueda brillar desde tu cruz.»

Comprenderá que este hombre occidental, que este Hermano C.R.C., debe proceder de una familia noble. Esto significa, que se tiene que haber alcanzado un determinado grado de refinamiento, de profundización interior, para comenzar una obra tan grande.

Aquí hablamos de calidad de carácter, de calidad de alma, que engalana a quien la posee y ennoblece su sangre. Si alguien ha sido más o menos ennoblecido de esta manera por la vida, surge en él un hambre insaciable de sabiduría. «No sólo con el corazón debéis servir a Dios, sino también con la razón.» Si se quiere caminar por el sendero de la humanidad hasta el final, entonces también se debe conocer el camino, se debe sondear la voluntad de Dios.

Por eso nuestro Hermano C.R.C., a la edad de cinco años, entra en un monasterio. Nosotros lo entendemos como una indicación sobre la razón de las cosas. La razón iluminada, la sabiduría de Mercurio, representada cabalísticamente por el número cinco. El monasterio representa aquí el símbolo de la concentración.

¿Ha intentado alguna vez adquirir sabiduría verdadera? ¿Se acuerda quizás todavía de sus primeros pasos? ¿Se acuerda aún del laberinto, el espejismo, o de la absoluta desesperación que le sobrecogía? Usted aprendió sólo parcialmente su griego y latín, las síntesis simbólicas de la razón superior, y por eso aparece en el Hermano C.R.C. un desesperante anhelo. El quiere ir a la Tierra Santa, quiere abrirse camino hasta la perfección, quiere viajar a la tierra sagrada de la razón superior. El quiere alcanzar la meta final, su meta final, y por eso solicita emprender el viaje.

Vemos aparecer en sus labios la oración expresada por palabras, las imágenes pensamiento, llenas de anhelo, llegan hasta nosotros: «¡Dejadme también a mí emprender el viaje hacia la meta final!»

¡No hay nada que le retenga, amigo! Póngase en marcha, enseguida, si así lo desea. Pero sepa que todos los que salen así «de viaje» descubren muy pronto lo tremendamente difícil que es, aunque sea absolutamente realizable. Es precisamente por lo difícil, y a la vez realizable, por lo que descendemos con usted, en esta obra, a la profundidad.

Al emprender el viaje, viajamos con nuestro Hermano P.A.L., alusión a los misterios de las leyes naturales, y estas nos llevan hasta Chipre. Nuestro relato se vuelve ahora extraordinariamente profundo. Chipre significa en el lenguaje de los misterios «Venus», y en el de los evangelios «refrenamiento de la baja naturaleza de los deseos y la implantación del realismo crístico». Sólo a través de las fuerzas purificadas de Venus puede alcanzar los misterios. Formulado astrosóficamente: Venus es el camino hacia Urano, el Cristo interior.

Ahora le es transmitida la llamada de Urano. El único camino que conduce hacia allí es el realismo del cristianismo, con todas sus amargas y desconcertantes consecuencias. Por eso le conducimos continuamente a Chipre, tal como lo hizo el Hermano P.A.L.. Esto es inevitable: trabajar en las minas de cobre de Chipre. Quien tenga oídos para oír, oirá sin lugar a dudas.

 

Nuestro Hermano C.R.C. no regresó desde Chipre. El siguió a través del acto hacia Damasco y después hasta Damkar. Cuando el hombre realiza el trabajo en Chipre en la forma correcta, surge el crecimiento del alma, entonces se construye la armadura de oro, con cuya ayuda la forma inferior, el torbellino infernal de los bajos deseos, puede ser vencido. Sólo entonces puede uno acercarse al milagro de Damkar. Muchos han buscado Damkar, pero no han encontrado la ciudad. Muchos han viajado siguiendo a Cristián Rosacruz según las indicaciones de la Fama, pero Damkar, que en los antiguos escritos aparece siempre estrechamente unida a Damasco, no fue localizada geográficamente.

Sin embargo Damkar, Damkar en Arabia, existe realmente. Usted puede confiar plenamente en encontrar esta ciudad de ensueño sólo si viaja a Chipre. Damkar es el espíritu, en el que el alumno abraza al mundo, con el amplio e indecible anhelo de edificar los muros de una nueva ciudadela de la verdad. Damkar es la mas elevada justicia de Dios, que llama y pide ser realizada.  Damkar es el corazón de nuestro Espíritu Planetario, el criterio del devenir de los mundos. Y Arabia se debe comprender aquí como la ciudad, la morada del león.

Damkar, la idea, la liberación, debe surgir de la morada del león, el León de Judá, Cristo, el gran realizador del universo, el iniciador por excelencia, el león Leo la señal de iniciación de Acuario. Allí, en esta fuente de los misterios crísticos, permaneció nuestro Padre C.R.C. durante tres años y allí tradujo el Libro M.

Pero vamos a seguir de nuevo la cronología de nuestro relato. Cuando nuestro mítico héroe ha celebrado el acto absoluto del realismo crístico, y se ha entregado a sí mismo en abnegado servicio, con otras palabras, cuando ha fundido con toda su vida la enseñanza de la bondad, la verdad y la justicia, y se ha colocado como una llameante luz de Cristo en la oscuridad de su tiempo, no teniendo en cuenta ni el odio ni la resistencia ni la persecución él se acerca, aunque sea en un estado de agotamiento, a la esencia de las cosas.

El llega a Damasco el atrio de Damkar, desde donde quiere proseguir mas adelante su viaje hacia Jerusalén. Ahí, en Damasco, él muestra su gran capacidad en la física, en la ciencia. Esto significa que los velos que cubren la esencia de las cosas empiezan a caer para él. La esencia de la naturaleza comienza a revelársele. Su anhelo de conocimiento superior, su deseo de una comprensión de Cristo, su profundo anhelo por las bodas alquímicas, la unión con el Cristo, empieza aquí a satisfacerse. El griego y el latín de los misterios, que antes sólo comprendía parcialmente, los domina completamente por el acto.

Y así entra en contacto, como por necesidad natural, con los sabios de Damkar, con los iniciadores en los misterios crísticos.

 

«Esto despertó la naturaleza noble y elevada del Hermano C.R.C., con lo que su interés se centro en Damkar y ya no en Jerusalén. Pronto no pudo resistir más a su anhelo y, por una determinada cantidad, llegó a un acuerdo con marineros árabes para que le llevaran hacia Damkar.»

 

Este relato debemos comprenderlo de la siguiente manera: todo aquel que se encuentra en la oscuridad y que busca la luz con todo su ser, todo aquél que busca con anhelo la luz de Cristo, llega al descubrimiento que él ya no necesita buscar más la luz, si ha realizado el acto de Chipre, porque la luz corre a su encuentro. Está más cerca de él que las manos y los pies. «Cuando el hijo pródigo regresa, el Padre va a su encuentro», dice la parábola. Y ahora quizás comprenda también lo que quiere decir el autor de los Hechos de los Apóstoles, cuando dice que Saulo encontró a Cristo en el Camino de Damasco.

Así le sucedió a C.R.C., así le sucedió a nuestro héroe mítico, y así puede sucederle también a usted. Jerusalén se acerca a usted, si se acerca a ella siguiendo normas determinadas. Ahora conoce las condiciones; estas son la cantidad determinada que tuvo que pagar C.R.C. para que le llevaran a Damkar. Allí se le recibe como a un conocido, allí se celebra la fiesta de la unificación, allí se abren los capullos de rosa en toda su plenitud; el hombre nuevo ha nacido a través del nadir del acto: él se ha construido una morada en Damkar como un auténtico constructor libre.

Formulado mágico-astrosóficamente: como consecuencia del acto de Chipre que renueva el corazón, el alumno irrumpe hasta Urano, Damkar-Cristo. Allí, el peregrino de Jerusalén encuentra a su Señor. Allí nace la comunidad de vida con El, que es amor y alegría, con El, que dice:

 

«Esto os lo he dicho a vosotros,

para que mi alegría este también en vosotros

y vuestra alegría sea absoluta.

Este es mi mandamiento:

que os améis los unos a los otros,

como yo os he amado.

Nadie tiene mayor amor que aquel,

que entrega su vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos,

si hacéis lo que os pido.

Ya no os llamo siervos,

pues un siervo no sabe lo que hace su señor;

pero yo os he llamado amigos,

porque os he dicho todo

lo que he escuchado de mi Padre.

 

Esto os lo he dicho,

para que no seáis seducidos a la infidelidad.

Ellos os echarán de la sinagoga;

sí, llegará la hora en la que quien os mate pensará

que está realizando un servicio bendecido por Dios.

Y esto lo harán porque no conocen al Padre

ni me conocen a mí.

Pero esto os lo he dicho a vosotros,

para que cuando llegue la hora

os acordéis de que yo os lo había dicho.

 

En este mundo padecéis tribulación,

pero permaneced con buen ánimo:

Yo he vencido al mundo.»

 

Así, en esta santa fiesta de la comunidad de vida con el Cristo, aprende usted el árabe mejor que nunca hasta ahora. La física se hunde ahora en la nada ante la gloria sobrecogedora del Libro M. La lengua viva con maravillosos caracteres le rodean, ella baila sus santas danzas y usted se postra de rodillas en adoración ante su gloria.

Si ha podido seguir en su imaginación el camino de devenir descrito y quiere verdaderamente seguir su ejemplo, entonces podrá leer en este misterioso Libro M. ¿Qué clase de libro es? ¿Dónde está? ¿Cómo es?

El Libro M es el libro de la humanidad, la cosmología completa de la memoria de la naturaleza. El Libro M es el libro de la magia gnóstica absoluta, el libro del fuego. El Libro M es el libro de Manes, la síntesis de toda sabiduría, desde la creación del mundo hasta ahora. El Libro M es el conocimiento abstracto de todo lo que fue, lo que es y lo que vendrá, un conocimiento que no puede ser obstaculizado ni mancillado por ninguna persona del mundo. El Libro M es el amor de Dios, que se nos manifiesta a través de Cristo. El Libro M es Neptuno, que por Urano, el Cristo, obtiene la plenitud. El Libro M es un inmenso poder que sobrepasa todos los límites, con su ayuda puede usted atravesar el Sinus Arabicus (el Golfo Arábigo).

Leo, el símbolo de iniciación de Acuario, saluda a cada alumno de la Rosacruz: Siga las huellas de la cabeza y origen de nuestra Fraternidad, y tenga en cuenta que el misterio del éxito se encuentra en las «minas de cobre de Chipre».

 

 

 

Mapa del atlas mundial de Gerard Mercator (1512-1594), donde se aprecia el Sinus Arabicus, Damasco al norte y Damkar al sur de Arabia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de tres años regresó de mutuo acuerdo y atravesó el Sinus Arabicus (el Golfo Arábigo) hacia Egipto, donde no se entretuvo mucho tiempo, dedicando ahora su atención más a las plantas y a las criaturas.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

IV

 

A través del Sinus Arabicus hacia Egipto

 

 

Como pueden saber los alumnos que están más introducidos en los misterios, la tierra es el planeta en el que la ola de vida humana lleva su lucha dramática, un organismo maravilloso y complicado.

 

Si en la filosofía esotérica hablamos de los mundos que nos rodean, no debemos ver el término «mundo» como una unidad limitada, sino como parte del gran organismo, unido indisolublemente con otras partes, que confluyen y en el que cada parte se mantiene a través de la otra.

 

Se nos proporciona mucho conocimiento sobre estos mundos, y de innumerables formas, el pensamiento investigador intenta aumentar su conocimiento sobre esto miseriosamente cercano. Pero es un hecho, que seguramente la mayor parte de este conocimiento está demasiado coloreado por nuestra forma inferior, por el  romanticismo y por el temor. Como consecuencia de nuestra propia imperfección, vemos apariciones supranormales, que sólo se pueden explicar como reflejos de nuestro propio depósito de malas formas de pensamiento, que son vivificadas de tiempo en tiempo y en orden consecutivo por medio de vibraciones planetarias.

 

Por nuestra disposición romántica (todo romanticismo surge como nostalgia por algo que no poseemos), descubrimos en el más allá tensiones y relaciones, que son la consecuencia de nuestra naturaleza lunática de los sueños, cosas, que fuera de nosotros mismos, no tienen ninguna realidad.

 

Así una persona de creencia ortodoxa, se sueña con un señor sentado en un trono y una incontable multitud que saluda con ramos de palma y que toca la trompeta; y así un infectado por el ocultismo, sueña con un maestro con mirada penetrante, que le instruye en cosas importantes y le concede una serie de iniciaciones.

 

Por nuestro miedo aparecen las situaciones infernales, los remolinos negros, las negras «impresiones monstruosas», el ocultismo fantasmagórico de los antiguos lemures, que siguen viviendo en las tribus de los hombres negros y que se reproduce en los hombres blancos, con terror lemúrico, como una especie de complejo del subconsciente.

 

Pero si fuésemos capaces de despedirnos de toda esta negatividad, que sólo sirve para perturbarnos o para llevarnos por caminos erróneos, o para complicar la vida a los demás o estropear situaciones; si fuésemos capaces de romper con esto viejo y volvernos también en estas cosas hombres nuevos, entonces conoceríamos los mundos invisibles de una forma completamente diferente y podríamos avanzar por el camino con mucha más rapidez, el camino que nos muestra el gnosticismo de occidente, la Joven Fraternidad Gnóstica de la Rosacruz de Oro.

 

Es un hecho, que penetra cada vez más en nuestra conciencia, que nadie puede comprender ni lo más mínimo del verdadero esoterismo, si no está completamente dispuesto a ser un hombre nuevo, y esto en el más amplio sentido de la palabra.

 

Si en el prólogo del Evangelio de Juan se dice: «La luz brilla en la oscuridad, pero la oscuridad no la ha comprendido», esta realidad no sólo es válida para las personas que viven y mueren como animales, sino también para nosotros.

 

Si no destruímos el caparazón de nuestra naturaleza de los deseos inferiores, si no nos apartamos del camino del ocultismo romántico, si no nos ponemos a salvo de nuestro miedo – del viejo monstruo vodú – no aprenderemos jamás a indagar los misterios crísticos, no conoceremos a Cristo, no pondremos el pie en el sendero de la liberación.

 

Si, nosotros llamaremos a la puerta de los misterios, llamaremos diariamente, porque nuestro miedo nos presiona y nos inquieta; porque nos sobresaltamos por la garra de Saturno; porque somos atormentados por la corrosiva nostalgia.

 

Y ustedes saben «a quien llama se le abrirá». Esto es una ley cósmica. Pero aquellos que llamen sin estar preparados, encontrarán detrás de la puerta abierta, la terrible severidad del juicio y se les echará de nuevo a la vida real, donde debe ser realizado el primero de todos los actos.

 

Nosotros llamamos a la puerta de los misterios, porque queremos huir del mundo y de las tormentas infernales producidas por nosotros mismos. Llamamos a la puerta del edificio invisible, en el que vive nuestro querido Señor, el que ha dicho: «Llamad y se os abrirá».

 

Y nosotros llamamos, llamamos todos los días, mientras que nuestro trabajo todavía no está acabado; ¡y tocamos de tal manera los tambores de la vida real con el sofocante ritmo de nuestra magia de los negros, que la puerta se abre de golpe! Ella se abre y aparece el juicio. Nuestro querido Señor aparece como el juicio, mientras que El carga bajo inconmensurables dolores con nuestra suciedad, que dejamos atrás en nuestra negatividad, teniendo incluso el satánico descaro, de exigir un lugar seguro detrás de las puertas cerradas.

 

¿Porqué nos declaramos en contra del pacifismo actual? No porque no seamos pacifistas, no porque amemos la violencia; no somos locos peligrosos, sino porque queremos dar a conocer el cristianismo gnóstico-científico de los Rosacruces, con toda la fuerza que existe en nosotros. Si no pueden aceptar esto, entonces intentaremos hacer el trabajo también por ustedes, ustedes con su magia de los negros, y nosotros intentamos cargar, junto con Cristo, también con su indignidad, pues nosotros queremos cargar con la cruz, como el único camino de la liberación.

 

¿Qué es el pacifismo actual, sino la llamada monótona en la puerta de una consecución superior? ¿Escuchan los pasos de nuestras mujeres, que van a la manifestación por la paz? Y la puerta se abre de golpe, se abre estrepitosamente. Y vemos una llameante cueva, una corriente de lava hirviendo, una infernal fabricación de armas, como jamás ha visto el mundo. Una cacofonía de lamentos sin límites. ¿Y lo quieren aún más grave? Pues entonces prosigan con su pacifismo esotérico, pues el juicio va a la par con su negación de realizar el trabajo.

 

¿Pero qué es entonces necesario? Una reflexión, una reflexión de Acuario.

 

Debemos preguntarnos, porqué se está destruyendo el mundo y cual es la causa de ello.  Y si conocemos la causa, entonces «bajamos hacia la cloaca», como se decía por entonces en la obra de teatro «El criado en casa» y limpiamos el canal; cumplimos nuestra tarea de Virgo. Nosotros metemos nuestras quizas tan limpias manos en la suciedad, ante la que se retrocede de espanto. Nosotros metemos nuestros brazos en la suciedad, que es arrojada al semblante inocente de Cristo, y de esta manera, cumplimos por nuestro sacrificio el juicio que se ha vuelto necesario. Este es el pacifismo gnóstico en el sentido liberador del cristianismo vivo.

 

De la misma manera que la religión ortodoxa conduce a la humanidad a la petrificación, así el pacifismo exotérico agrava el juicio, porque aquí se aplica una magia de los negros; la puerta se abre de golpe y sobre nosotros cae el juicio, que se ha vuelto pesado como el plomo, porque negamos la obra, negamos el trabajo. ¡Sin lucha no hay victoria!

 

Y por ello esto otro, este bajar a las cloacas, este romper las ataduras. Este es nuestro pacifismo. Y este pacifismo se lo traerá la Rosacruz de Oro, porque es su amigo, porque les ama.

 

La tarea que nos impone el orden de las cosas es ardua, y nuestro camino como trabajadores de la Rosacruz Viva es extremadamente peligroso. Porque todos nosotros llamamos a la puerta y sabemos que por nuestra llamada se abrirá la puerta.

 

En las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz se describe este problema a la perfección. Cuando Cristián Rosacruz recibe la carta que contiene la respuesta a sus repetidas llamadas y es invitado a participar en las bodas, él dice:

 

«Cuando leí esta carta, me sentí como desfallecido, se me erizaron todos los cabellos y un sudor frío brotaba de todos mis poros, pues, aunque sabía que esta era la respuesta a mi llamada y que esta debía venir, nunca antes había imaginado que esto sucediese bajo condiciones tan difíciles y peligrosas. Antes pensaba, que solo tenia que aparecer en la boda y que sería un invitado bienvenido, pero ahora se me remitía a la justicia divina, al juicio divino, del que jamás había estado seguro hasta este tiempo».

 

 

Por supuesto. No estamos seguros con respecto al juicio divino y su justicia. Lo evocamos con nuestros mantrams y estamos tan poco tranquilos y seguros en relación con sus consecuencias como lo estaba Cristián Rosacruz.

 

Y por eso, por medio de nuestro sacrificio, manos a la obra, a la obra con todas nuestras fuerzas para suavizar el juicio venidero, que está escrito según ley en las estrellas, en Serpentario y Cisne. Si realizamos nuestra obra de la forma correcta, construiremos a la vez en el templo que no se hace con manos y penetraremos en la realidad de las cosas invisibles.

 

Y para ello nos ajustaremos a los caminos que están indicados en los libros antiguos, los antiguos testamentos de la Orden de la Rosacruz:

 

La Confessio Fraternitatis nos da el programa, la confesión de fe.

En la Fama Fraternitatis el alumno se dispone a realizar el programa.

 

En las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz, se describe el desarrollo completo en el sendero de la iniciación crística, después de haber realizado la intención, la llamada, la Fama, en una tarea individual.

 

 

 

En el primer capítulo hemos visto, como Cristián Rosacruz atraviesa su naturaleza de los deseos inferiores por un acto de vida correctamente enfocado; él viaja desde Chipre a Damasco y desde allí a Damkar en Arabia, donde escribe el Libro M. y se instruye en la física y en las matemáticas. Hemos analizado lo esotérico de estas insinuaciones y hemos comprendido sus intenciones; y ahora prosigue la Fama:

 

«Después de tres años regresó de mutuo acuerdo y atravesó el Sinus Arabicus (el Golfo Arábigo) hacia Egipto, donde no se entretuvo mucho tiempo, dedicando ahora su atención más a las plantas y a las criaturas».

 

Cuando el alumno ha estudiado la elevada y perfecta sabiduría en la Ciudad del León, en Damkar de Arabia, o dicho de otra forma, cuando se sumerge en la realidad del misterio de Cristo en su totalidad, ya no con la palabra sino con el acto, recibe, después de tres años, el permiso para atravesar el Sinus Arabicus y viajar a Egipto.

 

El candidato que está introducido en los misterios crísticos, entiende en esto, que cuando ha acabado de realizar el proceso de asimilación pleno de actividad, en la medida de las fuerzas de que dispone – es decir del proceso de Júpiter, cabalísticamente representado por el número 3 – él puede entrar en los mundos invisibles sin ser víctima de diversos engaños y lamentables dificultades, que le han sido descritas anteriormente. Nosotros afirmamos, que nadie puede saber algo positivo, algo real, algo valioso del nuevo estado de conciencia, si no ha estado por completo en la vida real y ha cumplido ahí su tarea como criado en la casa, bajo todas estas difíciles circunstancias, que son la consecuencia de los pecados acumulados de la humanidad.

 

Todo conocimiento que proceda de otras fuentes, que haya sido creado de otro modo, es prácticamente en su totalidad engañoso y es más terrible en sus consecuencias que el pacifismo esotérico, porque es una burla de lo más sagrado. Es el juicio que actuará como un fuego devorador.

 

Obviamente, las zonas invisibles están abiertas para Cristián Rosacruz. El pasa por el Sinus Arabicus, el arco del Señor, la puerta del Señor, desarrollada en la positiva luz de Cristo, y guiado por esta luz, él entra en los mundos que nos rodean para estudiar allí las plantas y las criaturas más detalladamente. Y desde ese instante, las cosas se le manifiestan de manera diferente y muestran cualidades diferentes de lo que antes, como observador negativo, pudo sospechar.

 

Dado que el temor se ha desprendido de él, puesto que su naturaleza de los deseos esta purificada y su romántico sentimiento de nostalgia se ha transformado, él ve las cosas en su forma verdadera y se puede hablar de un estudio verdadero, porque él comprende.

También nosotros queremos esforzarnos en prepararnos para este verdadero y positivo ver en el cielo y en la tierra, porque sólo entonces avanzaremos en la Escuela de los Misterios de occidente.

 

El poder percibir los mundos invisibles con objetividad es extremadamente valioso. La tierra sobre la que vivimos, el planeta en el que nos manifestamos, es desde el núcleo central hasta el mundo del espíritu divino, un complejo de campos de desarrollo para una inmensa cantidad de jerarquías de seres, que en parte colaboran en nuestro desarrollo y dependen de nosotros. Por eso se debe considerar como necesario que tengamos conocimiento de esta gran multiplicidad de fuerzas y entidades, y esto de una forma objetiva, para poder así colaborar en el plan de Dios en la forma correcta.

 

En nuestra ignorancia hemos aprendido a ver las esferas más inferiores del mundo de los deseos y la esfera etérica del mundo material como un torbellino infernal, y realmente muestran esas cualidades, pero sólo y exclusivamente como reflejos de nuestros actos erróneos en el mundo material.

 

Si lográsemos por nuestro pacifismo esotérico, que nuestra convivencia humana volviese a ser pacífica de la única forma posible, entonces estas esferas de vida volverían a ser y a desarrollarse según para lo que están previstas, es decir, campos de desarrollo armoniosos de una vida muy interesante y poderosa.

 

El infierno se mantiene en virtud de su negación de la verdadera vida. Una gran cantidad de apariciones horribles, vistas en la luz verdadera, se crean por el hecho de que ustedes rechazan lo único necesario.

 

Y por eso apelamos constantemente a su corazón y a su conciencia. ¡En monótona regularidad repetimos esta llamada!

 

Si, por supuesto, sin lugar a dudas se abre la puerta de su ser. Y cuando se abren las puertas vienen hacia nosotros los resultados en centenares de formas diferentes: recibimos odio y envidia y falta de comprensión y maldición. Recibimos indiferencia e inconsciencia. Recibimos lo más grave que se le puede hacer a un cristiano y lo que se hizo también a Cristo, que es: culparle de ser un servidor del demonio y de apartarse de lo bello y de lo verdadero.

 

Pero nosotros y todos los que luchan con nosotros seguimos cargando con la cruz de Cristo, la cruz del alma del mundo. Seguimos bajando a la alcantarilla y metemos nuestros brazos en el barro de nuestra convivencia.

 

Nosotros seguiremos llamando, siempre llamando, con el martillo del acto, hasta que de los corazones nos venga como respuesta, el comprensivo y compasivo amor y nosotros atravesemos como una multitud de pioneros las corrientes de la muerte, de forma que todo lo negativo y no verdadero podrá escuchar los pasos de estas poderosas legiones, que se dirigen hacia el Sinus Arabicus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde aquí viajó por todo el Mediterráneo hasta Fez, como le habían indicado los árabes.

Es verdaderamente vergonzoso para nosotros saber, que sabios que viven a tan gran distancia entre sí, no sólo están en unanimidad y son contrarios a toda polémica, sino que también plenamente dispuestos a desvelar sus secretos con total confianza.

Cada año se reúnen los árabes y los africanos para consultarse mutuamente sobre su arte y para averiguar si quizás se ha descubierto algo mejor, o si sus experiencias han debilitado sus conceptos.

De esta forma, cada año surge algo con lo que se pueden mejorar las matemáticas, la física y la magia (pues en Fez se está muy avanzado en ella). A Europa no le faltarían ilustrados, magos, cabalistas, médicos ni filósofos si hubiese una mutua buena voluntad y la mayoría no quisiera monopolizar el conocimiento.

En Fez entabló amistad con los que se suelen llamar «aborígenes», que le desvelaron muchos de sus secretos; igual que nosotros, los europeos, podríamos aportar mucho de lo nuestro, si reinase entre nosotros la misma unidad y se la buscase y desease seriamente.

A menudo mencionó que la magia de estos habitantes de Fez no era del todo limpia, y que su cábala estaba mancillada por su religión. Pero a pesar de todo, supo sacarle utilidad a esta magia y encontró una mejor base para su fe, la cual estaba ahora en concordancia con toda la armonía cósmica y se encarnaba de forma maravillosa en todos los períodos de los siglos.

De todo esto surgió el bello acuerdo, de que, igual que cada semilla contiene en sí misma un árbol completo o un fruto completo, también el mundo entero está presente en un pequeño hombre, cuya religión, política, salud, miembros, naturaleza, lenguaje, palabras y obras estén en el mismo sonido y en la misma melodía, en armonía con Dios, con el cielo y con la tierra.

Todo lo que contiende con ésto es error, engaño y del demonio; este último en sí mismo es el camino y la causa última de todas las discordias mundiales, de todo ofuscamiento y de toda necedad.

Si por lo tanto alguien quisiera probar a todos los hombres de la tierra, comprobaría que lo bueno y seguro siempre está en armonía consigo mismo, mientras que todo lo demás está manchado con miles de opiniones erróneas.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

 

V

 

Los secretos de Fez

 

 

Muchos estudiantes de los libros clásicos de los Rosacruces han podido observar ya en varias ocasiones, qué estas obras no sólo se refieren a acontecimientos antiguos más o menos legendarios, a las hazañas y los sufrimientos de los primeros hermanos de la Rosacruz, sino que estos primeros representantes de la manifestación de la sabiduría de occidente, hablan en una profunda y casi inapreciable lengua a todos los que quieren recorrer el camino del cumplimiento occidental. Además hay que constatar, que estas obras guardan relación con el poderoso devenir humano y desarrollar una progresiva historia del mundo, por lo que posiblemente no les asombre si declaramos, que consideramos estas obras como el Evangelium Magnum del estudiante esotérico, el eco gnóstico de los cuatro Evangelios.

 

Así como la palabra de Dios no puede ser erradicada, así como la luz se derrama en la oscuridad en un amor que se sacrifica a sí mismo, así también estos libros sagrados se dirigen a nosotros en un extremo intento por despertar la chispa divina, que puede ser percibida en nuestro ser como una estrella de cinco puntas de tenue brillo, y avivarla hasta convertirla en una llama.

 

Y por eso nos liberamos de las interpretaciones banales y de las críticas de estos testamentos de la antigua Orden de la Rosacruz y nos colocamos sobre el suelo sagrado del conocimiento crístico-esotérico de la Fama Fraternitatis, viajando con el prototipo de nuestro yo más elevado, Cristián Rosacruz, hacia los antiguos habitantes de Fez.

 

Ya hemos podido participar en una parte del viaje de Cristián Rosacruz. Nos es descrito como es acogido en un monasterio con cinco años de edad, en el que aprende más o menos los idiomas griego y latín.

 

Sobre esta insinuación todavía queda mucho por decir. Esta edad de cinco años guarda relación, entre otras cosas, con las diferentes fases del alumnado, en las que tenemos la oportunidad de elevar la estrella de cinco puntas de nuestro cuerpo del alma, a través del acto verdadero, a una mayor intensidad de luz.

 

Si hemos alcanzado por lo tanto en la forma correcta la edad de cinco años, comienza el tiempo del discipulado, que en la Fama se compara con la incorporación en el monasterio. Ahí el alumno prosigue su trabajo. Ha comenzado un tiempo de una intensa lucha. Por todos los lados se sabe rodeado de murallas, de obstáculos, y la sangre acuciante en su ser, que por su vida y por sus actos ha alcanzado una vibración completamente diferente, ya no le deja tranquilo.

 

Voces extrañas le llaman. El se sabe tomado por poderosos impulsos. Su intuición se vuelve más aguda. Su conocimiento investiga profundos misterios y él habla sobre ello. Pero las murallas le retienen. El ve brillar en un arrobamiento a la nueva Jerusalén del mundo en irradiante belleza. Como Hijo del Fuego el quiere construir la ciudad de la paz. El quiere hacer irrumpir un mundo de Acuario como una fiesta de luz, pero las murallas le ofrecen resistencia y él se hiere por su pétrea inmovilidad.

Así él lucha durante su tiempo como discípulo, hasta que finalmente se abren las puertas: Cristián Rosacruz es entregado a un grupo que viaja a la Tierra Santa.

 

Por la intervención de su maestro, denominado en la Fama el Hermano P.A.L., se libera de las ataduras de la materia tosca. Por su vida y por sus actos, por su intensa lucha con sus dramáticas tensiones, la estrella de cinco puntas ha alcanzado tal grado de desarrollo, que se puede dar por finalizado el discipulado, pudiendo ser acogido como lego. Una vuelta más elevada de la espiral es escalada.

 

Guiado por el maestro, el viaje se dirige primero a las minas de cobre de Chipre, donde se puede celebrar una despedida definitiva del aspecto inferior. Aquí, en Chipre, el maestro abandona al alumno. Después de recibir algunas ayudas necesarias, el nuevo hermano lego comienza de nuevo, apoyandose ahora en sus propias fuerzas, a recorrer el sendero de la realización. Ahora prosigue el viaje hacia su destino sin ser ya retenido por las murallas, que antes fueron tan necesarias.

 

¿Cual es su destino? ¡La comunidad de vida con el alma de la nueva Jerusalén, con el Cristo, el portador y constructor de los misterios de occidente! El añora la unión permanente con ese realizador de la vida. Desde el comienzo de sus intentos, él ha percibido el toque de Cristo como el Santo Aliento que colmaba su ser.

 

Y como ahora han sido apartados diversos obstáculos, que pretenían poseerle permanentemente, él corre en su hermandad de legos hacia la luz para abrazarla, para elevarse en esta fuerza al verdadero acto humano.

 

Y mirad, cuando el alumno viaja así hacia la luz, se realiza el gran milagro. Con mucha más rapidez que aquella, con la que viajamos, viene la luz hacia nosotros. Cuando creemos estar en la mitad del camino, le encontramos a El, tal como les sucedió a muchos antes de nosotros en el camino hacia Damasco y El nos muestra el camino hacia Damkar, Damkar en Arabia, a saber, la ciudad del león, del León de Judá, Cristo, el poderoso e universal impulsor de la realización de Acuario.

 

Se nos dice, que Cristián Rosacruz tenía solo dieciseis años cuando llegó a Damkar. Y nosotros comprendemos: es el sendero de la gloria y del vencimiento para el justo. Ay de aquél, que intente penetrar en el camino décimosexto siendo impuro y con mancha. Existe un símbolo oculto del número dieciseis: vemos la torre que ha sido alcanzada por el rayo y vemos caer de ella a un hombre.

 

Nadie puede realizar el viaje a Damkar, si no quiere seguir la preparación y el método de Cristián Rosacruz.

 

Ahí, en Damkar, acontece el encuentro con los hierofantes de los misterios de occidente. Ellos le enseñan algunos misterios de su monasterio. Dicho con otras palabras: ellos le muestran algunas fuerzas clave de su cuerpo material, de su manifestación material. Con esta nueva sabiduría, él estará capacitado para construir más adelante un nuevo método de curación.

 

Según dice la Fama, él aprende de día en día a comprender mejor la lengua árabe. El penetra cada vez más profundamente en la esencia de las cosas, por lo que adquiere la aptitud para escribir el libro M., el Libro de la Humanidad, el Evangelium Magnum de los Rosacruces, el Evangelio gnóstico.

 

A su vez asimila aquí la síntesis de las otras ciencias, por lo que el mundo, más adelante, tendrá muchos motivos de alegría.

 

Y cuando ya se haya recreado lo suficiente en esta fuente del inagotable conocimiento de Cristo, el alumno prosigue su viaje. Pues antes de que pueda comenzar el viaje propiamente dicho como hermano de los misterios, él debe poseer las experiencias suficientes de todas las fuerzas y cosas que se encuentran y se expresan en los diferentes lugares de la materia y del espíritu.

 

Así él comienza entonces primero con el tan peligroso viaje sobre el Sinus Arabicus hacia Egipto, para seguir promoviendo sus estudios, su preparación. Egipto representa aquí el símbolo de los lugares espirituales, en los que solo se puede penetrar, cuando uno se siente interiormente absolutamente fuerte y completamente equipado. Por ello viaja a Egipto por el Sinus Arabicus, esto significa, equipado con todas las armas, todas las armas de luz de la magia gnóstica, que han sido extraídas de la fuente de Cristo misma. Equipado de esta manera ya no existen más obstáculos para el alumno.

 

El avanza hasta Egipto, realiza allí su trabajo, como ya hemos visto, para proseguir enseguida su viaje hacia Fez en el norte de Africa, donde le habían aconsejado ir en Damkar.

 

Todos los que estudian la Fama habrán advertido, que el viaje de Cristián Rosacruz describe un círculo completo alrededor del viejo mar del mundo. El parte desde el monasterio en Alemania, pasa a través de Chipre hacia Damasco y de ahí a Arabia. Después viaja a Egipto y desde ahí a Marruecos, a Fez. Después de su visita a Fez, viaja a España, para regresar al final a Europa central. En el capítulo siguiente, en el que queremos contemplar la estancia de Cristián Rosacruz en España, intentaremos al mismo tiempo explicar el significado esotérico-científico de esta línea de fuerza geográfica que hemos seguido.

 

Esta laguna en nuestra explicación la llenaremos por lo tanto más adelante.

 

Concentrémonos ahora en la estancia en Fez.

 

 

«En Fez hizo amistad con los que se suelen llamar habitantes aborígenes, que le desvelaron muchos de sus secretos; igual que nosotros, los europeos, podríamos aportar mucho de lo nuestro, si gobernase entre nosotros la misma unidad y se buscase y desease ésta seriamente.

 

A menudo mencionó, que la magia de estos habitantes de Fez no era muy limpia y que su cábala estaba mancillada por su religión. Pero a pesar de todo, supo sacarle utilidad a esta magia y encontró una mejor base para su fe, que ahora estaba en concordancia con toda la armonía cósmica y que se incorporaba de forma maravillosa en todos los períodos de los siglos.»

 

Posiblemente hemos escuchado qué existen siete misterios, siete sistemas, siete canales, por los que el alumno puede alcanzar un conocimiento superior. Estas siete escuelas son las «siete cuerdas», que son arrojadas en la cueva oscura de la vida real para realizar aquí su trabajo liberador.

 

Todos los que posean o desarrollen la fuerza, la capacidad para trepar hacia arriba por estas cuerdas, serán utilizados inmediatamente después de su logro para subir las cuerdas de las que cuelgan los buscadores de los misterios, llenos de agitación y cargados de cadenas. Escribimos aquí completamente en el lenguaje simbólico de las Bodas Alquímicas.

 

Una escuela de los misterios es por lo tanto una comunidad de trabajo, una comunidad de trabajo mágico de personas avanzadas al servicio de la humanidad. Una escuela de los misterios es por ello una manifestación de fuerza, que depende de la cantidad de alumnos adecuados que se inscriben para tal enseñanza y tienen éxito en ella. ¡Cuanto más fuerza, mas poder! Esta ley también es válida en las cosas espirituales.

 

Las siete escuelas de los misterios, las siete comunidades de trabajo mágico, se encuentran ahora repartidas por todo el mundo y se adaptan en cada lugar a la religión, las tradiciones y costumbres de cada raza donde se encuentran. Ellas confluyen en cuanto una raza determinada se eleva hacia una vuelta más elevada de la espiral.

 

La séptima escuela de los misterios es la más elevada, la más poderosa y la más sublime en manifestación, porque ha sido construída para la raza más desarrollada, que es la occidental, y porque se apoya sobre la religión más avanzada, que es el cristianismo.

 

El sistema de los misterios de occidente es realmente la coronación de los antiguos o antiquísimos misterios. Y como ahora recibimos en la Fama la historia del desarrollo de esta séptima escuela de los misterios, Cristián Rosacruz se pone aquí en contacto con la sexta escuela de los misterios, que tiene simbólicamente su domicilio en Fez, en el norte de Africa, para instruirse allí sobre sus artes mágicas.

 

El alumno, el nuevo hermano, al que le ha sido encomendada tal inmensa tarea, la de encender en Europa la luz de la Gnosis, estudia, antes de iniciar su trabajo, un instrumento de trabajo que ya ha sido probado en el combate.

 

No existe rivalidad entre las diferentes escuelas de los misterios, sino una entrañable colaboración, pues su labor es el servicio a la humanidad, y sus artes mágicas están puestas en concordancia con ello, aunque por la naturaleza de las cosas, sus sistemas difieren mucho entre si.

 

Por ello Cristián Rosacruz informa con gran agradecimiento sobre su estancia en Fez, aunque observa, que la magia de allí no era pura en comparación con su conocimiento superior y que también la enseñanza secreta, como es comprensible, se encontraba entremezclada con una religión anterior a la cristiana.

 

Pero él supo sacarle utilidad a la sabiduría que se aplicaba en Fez y encontró una base todavía mejor para su fe.

 

 

Podría suceder, que en estas explicaciones ustedes encuentren de nuevo un impulso para llegar a un estudio religioso comparativo. Realmente en tal estudio se encuentra mucho de valor, pero al mismo tiempo también algo muy peligroso, como nos demuestra a diario la práctica. Si quieren aprovechar el valor de un estudio religioso comparativo de una forma correcta, entonces deberán hacerlo a través del único método del que disponen, o sea de aquel que les es mostrado en la Fama Fraternitatis, el método de Cristián Rosacruz, y por supuesto, no a través del denominado método teosófico. Existe una ley cósmica que enseña, que tenemos que llegar primeramente a la conciencia de uno mismo (Aries) antes de que nos podamos acercar al sacrificio de uno mismo (Piscis). La conciencia de uno mismo de occidente hace necesario adecuarnos primero (liberandonos de la mancha de la iglesia completamente corrompida) ** durch und durch verfallen ** total y completamente a la religión de occidente, revelada por los Señores del Destino, es decir, al cristianismo puro original.

 

Sólo cuando hemos apreciado así la causa del conocimiento crístico, somos capaces de penetrar en las cámaras del tesoro del conocimiento universal de los Mayores y de encontrar allí la sabiduría que necesitamos, para poder realizar nuestra tarea en occidente de la forma correcta.

 

Sólo entonces seremos capaces de descifrar la intención de los sistemas antiguos o de otros sistemas y no nos perderemos en el laberinto de valores no comprendidos, encadenados a una espiral inferior.

 

Con mucha razón dice la Fama, qué si seguimos los métodos erróneos, seremos manchados con miles de opiniones incorrectas, que son el origen de todas las disonancias del mundo, de toda ofuscación y toda necedad y qué así no seremos capaces de realizar ni el más mínimo trabajo concreto. Sólo para aquellos, que saben avanzar hasta Damkar, la Ciudad del León, todas las cosas actúan para el bien. Sólo ellos son capaces de extraer las síntesis correctas de lo que se les manifiesta y de lo que ellos investigan.

 

«Ellos encuentran cada vez mejores motivos para su fe, que están en concordancia con toda la armonía cósmica y se encuentran representadas en todos los períodos de los siglos.»

 

Si ustedes tienen algo de esto, entonces cada día, si, cada hora, se vuelven más positivos. Ustedes viven como en una continua serie de revelaciones, que son maravillosas en su brillante manifestación. Ustedes siguen adelante, paso a paso, sobre el puente luminoso que se tiende desde el tiempo hasta la eternidad, desde el microcosmos hasta el macrocosmos. Este desarrollo es como música de las esferas; es la canción mágica de la Rosacruz de Oro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de dos años, el Hermano C.R.C. abandonó la ciudad de Fez y viajó con muchos valiosos tesoros a España. Como para él su viaje le había dado tan buenos resultados, albergaba la esperanza de que los ilustrados en Europa se alegrarían con él y ahora todos construirían sus estudios sobre las mismas bases sólidas. Con este fin, habló con los ilustrados en España, sobre lo que les falta a nuestras ciencias y como se podría corregir. Les habló sobre los motivos, por los que determinadas señales de los tiempos venideros aumentarán en fuerza y en que sentido estos deberán coincidir con las señales de los tiempos pasados. Además señaló las carencias de la Ekklesia (comunidades eclesiásticas) y como se debería mejorar toda la filosofía moral. El les mostró nuevas plantas, nuevos frutos y animales, sobre los que no encontraban explicación alguna según la filosofía antigua y colocó en sus manos nuevos axiomas, con cuya ayuda podría solucionarse todo por completo.

 

Pero a sus ojos todo resultaba ridículo, y como además era nuevo, temían que su nombre sufriera daño al tener que volver a aprender y al reconocer su error de tantos años. Pues se habían acostumbrado por completo a su error y además este les proporcionaba suficientes ingresos.

 

Ellos por su parte decían, que quien piense que el alboroto es útil, reforme tranquilamente. Lo mismo le dijeron en otros países. Esto le afectó muchísimo, sobre todo porque no lo había previsto en absoluto y porque estaba dispuesto, precisamente ahora, a comunicar su arte a todos los ilustrados abiertamente, con la condición, de que estuvieran dispuestos a constatar verdaderos e inefables axiomas de todas las facultades, ciencias, artes y de toda la naturaleza. De estos axiomas sabía con seguridad, que se dirigían como en una esfera hacia el único punto central y que, como era usual entre los árabes, sólo servirían de guía para los sabios; para que en Europa hubiese también una comunidad que dispusiera de suficiente oro y piedras preciosas para poderlo comunicar a los reyes para los fines adecuados. En esa comunidad deberían ser educados los gobernantes, que deberían saber todo lo que Dios les ha concedido y a quienes se podría pedir consejo en casos de necesidad (como en los oraculos de los paganos).

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

VI

 

El viaje a España

 

 

 

La obra de Acuario, que cada vez disfruta de una mayor popularidad, es extraordinariamente antigua. Algunos llegaron a pensar, o a afirmar, que esta obra debería haber sido creada en las cabezas y en los corazones de algunos colaboradores de la Rosacruz con orientación política (¡como si la Rosacruz y la política no se excluyesen mutuamente por completo!).

 

Este pensamiento es muy antiguo, si, incluso bastante arcaico, aunque se adapta en su forma por completo a la situación del momento.

 

En efecto, la obra de Acuario, su proceder y su represión ya son extraordinariamente antiguas, tan antiguas, que realmente debemos sorprendernos, que aquellos, que conocen y estudian la Rosacruz no lo descubrieran. Y por lo demás, que buenos y honestos ciudadanos y ciudadanas se dejen utilizar, para entorpecer nuestro trabajo con sus sospechas, sólo se debe exclusivamente a su considerable ignorancia en relación con la forma y la esencia de la Rosacruz.

 

Si se puede comprender la situación por completo, se descubrirá que la Rosacruz llega mucho más allá de la actividad normal del hombre y que su represión radica efectivamente en el  negro mal, que intenta por todos los medios detener y destruir el trabajo liberador gnóstico.

 

Pero como con todas las cosas, así sucede también aquí. El arma dirigida hacia nosotros, resultó ser inútil para los agresores y útil para nosotros, pues desde los días de la opresión, nuestra obra ha crecido interior y exteriormente.

 

Para todos los que nos atacan tenemos un amor compasivo y por supuesto no hay odio. Nosotros lo consideramos como un privilegio el ser atacados como heraldos de Cristo en un tiempo como este. Nos parece maravilloso encontrarnos como una roca en el rompiente de la vida, por Cristo y sus sublimes servidores.

 

La Rosacruz ha sido perseguida y difamada en todos los tiempos, dañada por el enemigo clásico, la magia negra. A través de todos los siglos, este monstruo negro ha levantado la cabeza para devorar la obra de los hermanos mayores; y el hecho, de que estos ataques clásicos, que son tan conocidos en la historia de la sabiduría de occidente, vuelvan a ocurrir de nuevo, nos colma, aparte de una preocupación diaria, de una entrañable alegría.

Puesto que estos ataques nos confirman, que nos encontramo en el buen camino.

 

Nosotros no nos hemos adaptado al hábito de las cosas. Nosotros no somos Rosacruces por afición; ¡nosotros queremos seguir las huellas de nuestro Padre, el Hermano Cristián Rosacruz! No queremos tener nada que ver con el alboroto político o con el combate de las diversas comunidades exotéricas. Nuestro trabajo está por encima del caos de las pasiones de nuestros tiempos. Y tampoco nos queremos dejar arrastrar, ni por la derecha, ni por la izquierda.

 

 

Para que nos comprendan bien:

Cuando afirmamos estar por encima de las cosas, queremos decir con ello, que nuestro trabajo se basa en una fuerza, que no es de este mundo, y que por este hecho, podemos trabajar mucho mejor en el mundo, podemos ver y propagar la verdad mucho mejor.

 

No decimos, basándonos en un conocimiento superior: «La nueva realidad liberadora viene, vamos a esperarla.» Pues el como y el cuando esta realidad liberadora se manifiesta aquí en el hombre no nos deja impasibles. Nosotros trabajamos para la manifestación de la nueva humanidad por los caminos de la resistencia mínima e intentamos evitar el máximo dolor posible a nuestros hermanos y hermanas.

 

Por eso ardemos como vivas llamas abrasadoras, para abrir paso a la luz de Cristo en la forma clásica de los hermanos mayores y por el momento obtenemos, aunque sólo parcialmente, las mismas experiencias que los mayores.

 

La Comunidad Rosacruz, el Lectorium Rosicrucianum y todos los aspectos más internos de la Joven Fraternidad Gnóstica, como aparato de trabajo de los hermanos mayores en este mundo, actúan y son de la vieja fuerza de aquella época y forman un instrumento apropiado para la bondad, la verdad y la justicia, en el antiquísimo sentido de la Gnosis Universal.

 

Y aquellos, que quieran saber exactamente lo que pretende nuestra obra, harán bien en investigar los antiguos escritos de la Orden: Ellos hablan ya durante siglos su lenguaje mágico y nosotros no queremos apartarnos ni un solo paso hacia la derecha o hacia la izquierda de este camino.

 

Estamos de acuerdo con cualquier gobierno, mientras camina por los senderos de Dios. Si no lo hace, no hacemos nada para su hundimiento, sino que sabemos, que será barrido por la violencia cósmica en cuanto haya llegado el momento psicológico para ello. Queremos traer a los hombres la bondad, la verdad y la justicia en sentido gnóstico, tal como son y sin rodeos, hablando sin considerar a la persona, para que la luz pueda otener poder sobre nosotros y pueda vivir entre nosotros. Un gobierno, un partido político, una comunidad exotérica, no son para esto factores de valor permanente, así como tampoco lo fueron anteriormente.

 

Por eso la obra de Acuario es ya tan antigua como el mundo y ha permanecido inmutable igual a sí misma. La prueba de ello la encontramos en la Fama Fraternitatis. Esta Fama se dirige, como dice su título, «a todos los ilustrados y dirigentes de Europa.» La Fama del cristianismo gnóstico vivo, no quiere permanecer al margen, ni de la ciencia, ni de la religión, ni de la política; pues la intención del Logos es que las tres expresiones de la humanidad verdadera, el arte, la ciencia y la religión se unan realmente y se fusionen entre sí en la comunidad popular de la vida verdadera, para que ésta se desarrolle hasta llegar a ser un campo de formación para la fuerza realizadora de la liberación.

 

Pues los apóstoles de este campo para la construcción del cristianismo verdadero en el mundo material son desde siempre los Hermanos de la Rosacruz.

 

Ellos no se han adaptado, ellos no buscan un compromiso; ellos exigen, ellos advierten, ellos llaman día a día, sin interrupción.

 

Ellos no trabajan alocadamente, como si de repente se cargarán de entusiasmo y dieran expresión a las fuerzas que revolotean en su interior. No, ellos trabajan según un sistema determinado y bien meditado, que se basa en los misterios cristianos. Cada colaborador en este sistema es preparado totalmente para este trabajo. Y la forma de esta preparación se describe en el viaje de Cristián Rosacruz. Este viaje ha sido descrito ya en los capítulos anteriores de dos formas diferentes. Nosotros queremos describirlo también en una tercera forma.

 

Este viaje tiene en su gran profundidad también relación,  con el desarrollo de las siete rosas en la cruz de la realización. La estancia de Cristián Rosacruz en el monasterio, su profundo y poderoso anhelo de Jerusalén y su avance hacia allí lo denominamos el realismo crístico, la síntesis de Júpiter, las fuerzas que nos capacitan por medio de la secreción de las dos glándulas suprarrenales, para pasar al acto en la materia.

 

Su estancia en Chipre, el foco de la adoración de Venus, simboliza la transformación de la naturaleza de los deseos inferiores, que realiza a través de la secreción del timo un cambio tan importante en nuestro cuerpo.

 

Su llegada y su estancia en Damasco expresan el poderoso metal mercurio, el conocimiento superior, que depende en su desarrollo de la secreción de la tiroides.

 

Entonces él prosigue su viaje hacia Damkar, la Ciudad del León: el-Cristo-en-él despierta. Se liberan las poderosas fuerzas de Urano, que colaboran con la hipófisis.

 

Cuando Cristián Rosacruz ha obtenido así el poder sobre sí mismo, continua el viaje a través del Sinus Arabicus y Egipto, que aluden al guardián del umbral, hasta Fez. Allí se apropia de todos los misterios existentes hasta el momento y finaliza realmente su preparación y su desarrollo. Todos los valores espirituales, que se encuentran en la glándula pineal, en la séptima rosa en el camino de la realización, están a disposición del alumno.

 

Y entonces, después de esta armoniosa preparación, él emprende después de dos años, esto significa, cuando los tiempos han madurado para ello, su viaje a España. Podemos comparar aquí a España con el espíritu humano, el aspecto de Plutón, con el espíritu humano, que es liberado como el silencioso guardián de la cámara del rey, para comenzar su gran tarea como iniciado y protector de los misterios para el mundo y para la humanidad.

 

Así leemos entonces en la Fama, que está dirigida a todos los ilustrados en general y a los gobernantes de Europa en particular, en esta tan antigua acta de la Orden de la Rosacruz, el programa de Acuario, del heraldo de la bondad, verdad y  justicia:

 

 

» Después de dos años, el Hermano C.R.C. abandonó la ciudad de Fez y viajó con muchos valiosos tesoros a España. Como para él su viaje le había dado tan buenos resultados, albergaba la esperanza de que los ilustrados en Europa se alegrarían con él y ahora todos construirían sus estudios sobre las mismas bases sólidas. Con este fin, habló con los ilustrados en España, sobre lo que les falta a nuestras ciencias y como se podría corregir. Les habló sobre los motivos, por los que determinadas señales de los tiempos venideros aumentarán en fuerza y en que sentido estos deberán coincidir con las señales de los tiempos pasados. Además señaló las carencias de la Ekklesia (comunidades eclesiásticas) y como se debería mejorar toda la filosofía moral. El les mostró nuevas plantas, nuevos frutos y animales, sobre los que no encontraban explicación alguna según la filosofía antigua y colocó en sus manos nuevos axiomas, con cuya ayuda podría solucionarse todo por completo.

 

Pero a sus ojos todo resultaba ridículo, y como además era nuevo, temían que su nombre sufriera daño al tener que volver a aprender y al reconocer su error de tantos años. Pues se habían acostumbrado por completo a su error y además este les proporcionaba suficientes ingresos.

 

Ellos por su parte decían, que quien piense que el alboroto es útil, reforme tranquilamente. Lo mismo le dijeron en otros países.»

 

 

Así podemos ver, que lo más elevado y lo mejor que los misterios y el cristianismo pueden ofrecernos a nosotros y al mundo, es ofrecido a diario. Existe, se nos impone, pero no se le quiere. Cristo dice: «Mirad, yo estoy más cerca que las manos y los pies. Yo estaré con vosotros hata el fin del mundo»; pero no se le quiere.

 

Se obtienen tantos beneficios del estado actual.

 

Y muchos tienen un gran nombre como eruditos o como teólogos bendecidos por Dios, o como grandes filántropos.

 

¡Imagínense, que en la clara luz de la verdad, uno estuviese obligado a entregar todo, todo lo que se posee o se expresa en calidad de opinión propia, como ilusión y error! Por ello, debido a su autoafirmación en el mundo material, se aferran preferentemente a la oscuridad que a la luz. Y por este motivo, sólo hay también dos posibilidades, o aceptar la luz o perecer en ella.

 

La historia de la Rosacruz de Oro insiste aquí de hecho y en una forma muy dramática: La luz es ofrecida, es entregada gratis. Pero en autoafirmación se la pisotea, se lucha contra ella como si fuera un peligro. El salvador del mundo camina en medio de sus seres amados, pero ellos le escupen, le arrancan las vestiduras de su cuerpo y se esconden detrás de su devoción para ocultar así su propia desnudez.

 

Pero comprendan, sin embargo, que la absoluta pasividad del Santo sólo es una apariencia. Quien atenta contra la luz, se hunde en la oscuridad. Así es protegido el elevado elemento y se hace necesaria una escuela de los misterios para poner a salvo lo elevado. Así surge el arma de la magia gnóstica, con el que la Fraternidad Universal Gnóstica – tal como se describe en la Fama Fraternitatis – se dirige siempre de nuevo a todos los que quieren oir.

 

No queremos otra cosa, que enseñar y ofrecer al mundo y a la humanidad los grandes tesoros, que etán ahí para todos.

 

No queremos otra cosa, que avisar al mundo y a la humanidad sobre los grandes peligros que se desatan, si se permanece en la descarada negación y en el rechazo.

 

No queremos otra cosa, que proteger y realizar la gran obra que nos ha sido encomendada, a través de la cloaca de la oscuridad.

 

Pero el concepto España tiene también otro significado, que el cual queremos indicar aquí brevemente. España y algunos otros países en Europa son puertas de entrada, por las que penetran en Europa egos reencarnados de otras razas. Y así como en el pasado existió una cultura española muy avanzada, muy fuertemente unida con la antigua cultura mora, así florecerá en el futuro una nueva cultura española. Y la horrible lucha que empezó en España, poco antes del comienzo de la segunda guerra mundial, en la que se derramó la sangre de decenas de miles de personas, fué, por desgracia, el inevitable precio para lo nuevo venidero, mientras que al mismo tiempo surgió el peligro, de que por los poderes de la oscuridad, este devenir pudiera ser todavía retenido en el tiempo. como ya anunciamos por entonces, la guerra civil española no fué un acontecimiento aislado, como muchos creyeron, sino que fue significativa para toda Europa, como pudimos saber poco después.

 

Así, siguiendo las líneas de fuerza cósmica, una nueva idea aspira a apoderarse de Europa. Entró a través de España, igual que Cristián Rosacruz vino a España con su filosofía crística, para dirigirse después de su rechazo a Europa central.

 

Este es el motivo, por lo que muchos acontecimientos importantes en Europa central ya habían sido esperados mucho antes por los esotéricos, una expectación que también se ha cumplido.

 

Pues bien, nuestro trabajo prosigue al servicio de la bondad, verdad y justicia, para transmitir también ahora el antiguo Evangelio a un mundo destrozado y confundido.

 

Nosotros avanzamos en un amplio frente, para entregar a todos los que nos quieran escuchar, las indicaciones correctas así como los valores y acontecimientos correctos de los tiempos venideros. Nosotros ponemos el dedo en alguna llaga, y queremos, impulsados por la luz que se apodera de nosotros, enseñar a los hombres la forma en que deben vivir, al servicio de El, del gran protector y realizador de la vida, de Cristo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Verdaderamente debemos reconocer, que ya por entonces el mundo esta embarazado de una gran agitación, abriéndose paso arduamente al nacimiento y creando así héroes infatigables y meritorios, que atravesaban con toda fuerza la oscuridad y el barbarismo dejándonos a nosotros, los débiles, la elección de seguirles. Seguramente fueron la punta del triángulo ígneo, cuyas llamas lucen cada vez con más claridad y que, sin lugar a dudas, encenderán para el mundo la última luz.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

VII

 

El triángulo de fuego

 

 

En la Fama Fraternitatis se habla del Trigonum igneum, del triángulo ígneo.

 

Cuando Cristián Rosacruz llega a Europa, a España, después de su maravilloso viaje, él ofrece, a todos los que quieran escuchar por un momento, todos sus tesoros, toda la sabiduría que se encuentra almacenada en él; pero la respuesta es un rudo rechazo.

 

Con una perspicacia lunática, la alta sociedad de la política, de la ciencia, de los amantes del arte y de la religión comprendió rápidamente, que lo que les ofrecía Cristián Rosacruz se encontraba diametralmente opuesto a sus propias opiniones primitivas.

 

Si hubieran aceptado las dádivas divinas libremente ofrecidas, entonces, según describe la Fama, esto hubiese dañado su gran nombre; entonces se hubiera demostrado, que ellos no sabían nada, entonces hubieran tenido que comenzar de nuevo a aprender, entonces hubiesen tenido que reconocer sus errores cometidos durante muchos años y entonces se hubiese secado la fuente de sus ingresos y su monedero hubiese menguado.

 

Pues bien, después de esta amarga experiencia, que quizas nos sea mas o menos conocida, la Fama prosigue, antes de continuar con el relato del viaje de Cristián Rosacruz, con una muy profunda contemplación esotérica-filosófica, para mostrar claramente a aquellos que la estudian, el agudo contraste que existe entre la luz que se ofrece ininterrumpidamente y la negativa oscuridad.

 

Ella describe la terrible lucha de la Fraternidad de la Luz, por hacer surgir de esta oscuridad y de este barbarismo, a personas que sean lo suficientemente dignas, para allanar el camino al resto de la ola de vida humana, hacia la brillante claridad de una vuelta superior en la espiral del desarrollo.

Haciendo referencia a esta multitud de héroes, dice la Fama: » Con seguidad fueron la punta del triángulo ígneo, cuyas llamas brillan cada vez con más claridad y que, sin lugar a dudas, encenderán para el mundo la última luz.» Si pensamos sobre estas cosas, nuestra admiración, nuestra profunda veneración y nuestro profundo agradecimiento se dirige hacia todos aquellos, que han construido la Fraternidad de la Luz en occidente, a todos aquellos nobles de espíritu, que se han levantado del remolino infernal de lo inferior; no para participar ellos mismos en la liberación, sino para allanar un camino, un camino para nosotros que venimos después de ellos.

 

Una ola de amor fluye hacia nosotros. Vemos a un pequeño grupo de brillantes personajes alrededor de Aquél, alrededor de Cristo. Ellos quieren cargar con la cruz con El y para El.

 

Ellos son la punta del triángulo ígneo y llameante. Sobre este brillante símbolo mágico queremos reflexionar en este capítulo.

 

De hecho, ustedes deberán tomar estas palabras como una confesión, como una declaración. Ustedes escuchará quienes somos, lo que realmente pretendemos, a qué trabajo nos dedicamos y hasta que punto estamos vinculados con este triángulo ígneo.

 

Son muchos los aspectos del triángulo mágico. Eso lo descubrimos enseguida, si contemplamos los triángulos geométricos. Podemos ver el triángulo como una superficie que esta encerrada por tres líneas, pero también se puede mostrar como un triángulo equilátero, obtuso o agudo y también hay triángulos esféricos.

 

En la francmasonería mística el triángulo es el principio básico y la meta final de cada construcción.

 

En el cristianismo esotérico y gnóstico se representa el triángulo por las tres cruces en la colina Gólgota.

 

En la filosofía Rosacruz se simboliza por los tres aspectos del ego: el espíritu divino, el espíritu vital y el espíritu humano.

 

En la astrosofía mágica vemos marcado el triángulo de fuego por aries, leo y sagitario.

 

En el planetario gnóstico vemos brillar el triángulo como Urano, Neptuno y Plutón, las tres poderosas señales en Serpentario y Cisne.

 

Conocemos el triángulo cósmico como los aspectos de Padre, Hijo y Espíritu Santo y el triángulo supracósmico como los tres aspectos del Logos.

 

Y en el trabajo de la Escuela Espiritual Moderna de la Rosacruz de Oro, que por entonces era la continuación directa de la francmasonería mística, vemos aparecer el mismo triángulo en la exigencia de Acuario de bondad, verdad y justicia.

 

Sobre todos estos aspectos del triángulo y muchos más se podría escribir seguramente un libro entero; por eso tenemos que limitarnos considerablemente ante tan inmensa abundancia. Por eso vamos a seguir sólo a una línea del pensamiento mágico, para no perdernos en la diversidad de las irrandiantes llamas.

 

¡Pues bien! Suponiendo la clara comprensión de esto, el triángulo es el símbolo de la armonía absoluta, un símbolo de la triple unidad. Tres es el producto de la unidad absoluta, el número de la perfección. Esta idea de lo absoluto, de la construcción completa, aparece desde el aspecto más elevado del Logos a través de todos los lugares cósmicos hasta abajo, como una llama ardiente.

 

Esta llama de fuego de Dios enciende en todos los lugares donde aparece la cósmica independencia raíz y el caos se manifiesta: un movimiento poderoso, agitador, que se mueve hacia arriba y hacia abajo, un impulso al devenir.

 

La llama de fuego de Dios penetra más hacia abajo en este poderoso impulso de amor, precipitandose hacia abajo sobre la oscura tierra como la luz que irradia en la oscuridad; como la luz que provoca el caos, el movimiento, la crisis y el juicio.

 

La llameante y afiladísima punta del triángulo divino invertido hacia abajo irrumpe en este mundo como una espada. Es el espíritu de Cristo, que no ha venido para traer la paz sino la espada.

 

Y el alumno que sondea el cielo en la vigilia nocturna de su vida para descubrir la luz de Dios, ve como las llamas de fuego se precipitan hacia abajo y tocan su vida. La trinidad, el triángulo ígneo de su ser microcósmico, es tocado por el triángulo divino. La trinidad humana se representa por los tres aspectos del espíritu, y estos se pueden ver en la cabeza como núcleos luminosos, tres estrellas de tenue brillo: las radiaciones de la hipófisis, de la glándula pineal y del lugar detrás del hueso frontal, que se encuentra entre las dos cejas.

 

En cuanto se celebra este encuentro divino, en cuanto las dos puntas de los triángulos se tocan, empieza un conflicto tremendamente grande, una muerte de lo inferior y una resurrección; los dos triángulos se mezclan entre sí y así surge la imagen de dos triángulos que se interpenetran, la estrella de seis puntas, el hexagrama. Esta expresión mágica del número seis fué descrita por los antiguos cabalistas como símbolo de la perfección. Y ahora todos los que estudian las bodas alquímicas de Cristián Rosacruz comprenden, porqué Cristián Rosacruz subió de la fosa con la sexta cuerda.

 

Solo el iniciado, el unido con Dios, el que posee este sello de Salomón, puede desarrollar su triángulo ígneo hasta convertirlo en una poderosa llama de fuego. Esta llama se hará cada vez más clara y sin lugar a dudas regalará al mundo la última luz.

 

 

Es evidente, que ahora tenemos que investigar cómo se debe desarrollar este proceso. Esto solo se puede llevar a cabo de una única manera, a saber, por el camino de la bondad, la verdad y la justicia. Estas tres alusiones son las palabras clave de Urano, Neptuno y Plutón; son las alusiones para las tres cualidades liberadoras de la hipófisis, de la glándula pineal y del guardián silencioso, la glándula tiroides; son los tres aspectos del ego.

 

Esto significa el completo sacrificio de sí mismo en un servicio de amor para los demás, el cristianismo absoluto, la francmasonería incondicional.

 

Son las tres cruces en el santuario de la cabeza, donde se derrama la sangre de la reconciliación como un rescate para muchos.

 

Para resumirlo, aquí se trata del acto absoluto de cabezas, corazones y manos de hombres. Es el trabajo de Acuario, la tarea mágica de la Fraternidad de la Rosacruz en nuestro tiempo. Como base del triángulo vemos el término de la bondad y sobre esta base se elevan por un lado la verdad y por el otro la justicia, y ahí donde se encuentran las dos fuerzas ascendentes, surge la iniciación, la llama que se vuelve cada vez más clara.

 

¿Que significa bondad? ¿Que intención tiene el principio de Urano? El principio de Urano tiene relación con la más elevada forma de amor verdadero, el aspecto crístico de las cosas. ¿Que han hecho los hombres con el amor? Un algo blando y pastoso; un vagar sobre el sentimiento descontrolado. Una cima de pasiones y amplio amor propio; un aferrarse con las dos manos al romanticismo exotérico; un medio para llenar el propio vacío e impotencia. Si yo mismo no lo puedo lograr, entonces quiero intentarlo con la ayuda de los demás. Este amor es una imagen de la negatividad. El es limitado, él es finito.

 

La base del triángulo nos empuja en una dirección completamente diferente. Ella enseña el completo sacrificio de sí mismo, la entrega impersonal para la humanidad, la absoluta compasión por aquellos que caminan en la oscuridad. Sólo si conocen algo de esto, algo de esta inmensa agitación ante el cruel destino de aquellos, que hurgan en la oscura fosa del mundo en un dolor anónimo, sólo entonces puede ser usted un amigo de Acuario o una amiga de Acuario.

 

Sólo cuando conozcan ese dolor del amor, pueden ustedes llamarse una criatura de aquello que carga con los sufrimientos del mundo. Entonces ustedes están dispuestos a abandonar a su padre y a su madre, si, a abandonarlo todo, para servir a Dios, al mundo y al hombre. Entonces irán como Cristián Rosacruz, el prototipo de su ser superior, a España para ofrecer todos sus tesoros. Entonces también ustedes recibirán rechazo, sospecha y persecución; entonces también ustedes escucharán: ¡crucificarle!

 

Y lentamente se eleva la cruz de su sacrificio en el santuario de la cabeza y los esbirros se encuentran blasfemando alrededor de su corazón sangrante, ellos echan a suertes su posesión espiritual, demostrada por el acto, como si fuera un artículo de consumo.

 

Así se desliza su sangre gota a gota por su cuerpo; es su amor el que nutre el mundo; ella empapa la tierra para que algún día salgan de su regazo otros frutos.

 

De esta forma colocamos el principio básico del amor verdadero, del sacrificio de sí mismo en Cristo y de ahí se elevan, como dijimos, dos otras fuerzas.

 

De la bondad se eleva primero la verdad.

 

Si no han comprendido la verdadera bondad del corazón en su significado esotérico, entonces tampoco pueden ver la verdad; este principio de Neptuno, esta razón superior, nace de la bondad. Aquí tienen el secreto de todo verdadero discernimiento. La bondad es como la vara simbólica de Moisés. Ustedes golpean con ella en la roca del conocimiento universal y el agua de la vida emana, saliendo embravecida de ella. Ustedes son revestidos con la verdad que libera. Su mirar se agudiza, ustedes ven la agitación en la oscura fosa del mundo; ustedes ven las directrices de la liberación y además de su amor y a través de él ustedes traen su sabiduría.

 

Pero de nuevo, el supremo de este mundo intenta matarles y así es erigida la segunda cruz en el santuario de la cabeza. El, que quiere ser el asesino de la vida inferior, es crucificado en la cruz como asesino.

 

Así cuelgan allí juntos la cabeza y el corazón en un dolor anónimo; y las gotas de sangre se multiplican y caen en la arena del desierto.

Y mirad, de la bondad también irrumpe la justicia.

 

Si irradian así con un corazón lleno de amor verdadero y han empezado a taladrar las fuentes de la verdad eterna, entonces se eleva la vida en absoluta positividad y exige justicia. El grito de Acuario resuena sobre el mundo:

 

¡Justicia! Ustedes miran al rostro velado por la culpa de la horda negra; ustedes se interponen en su camino. Y aunque vistiese un manto real o vestiduras sagradas, como disfraz de la muerte, ustedes harán retumbar en sus oídos su exigencia de justicia, la exigencia de Plutón, del humanitarismo absoluto. Pues su exigencia del triángulo es la exigencia de Dios, la exigencia del Logos de la llama de fuego eterna que se sumerge en el tiempo.

 

Así se erige la tercera cruz en el santuario de la cabeza; el segundo asesino, el espíritu humano, se deja clavar en la cruz en absoluto sacrificio de sí mismo. Así el espíritu humano sucumbe en lo inferior, pero mirad, el gran corazón del mundo le habla a él: «En verdad te digo, que hoy todavía estarás conmigo en el paraíso.»

 

La muerte se convierte aquí en una victoria.

 

Se ha alcanzado la punta extrema del trigonum igneum. Como un rayo irrumpe la luz a través de este mundo, la luz que deslumbra a la humanidad; y como un gran júbilo retumba el trueno, la llamada de la libertad de los iniciados:»¡Consumatum est! Esta consumado.»

 

El sello de Salomón de los dos triángulos entrelazados ha nacido en la sangre.

 

 

Vean ustedes, aquí tienen ahora la obra de Acuario, el único camino que conduce a la liberación del mundo y de la humanidad. El triángulo ígneo de bondad, verdad y justicia se sitúa en medio de ustedes y les pregunta, si quieren ser sus compañeros en esta grandiosa construcción de Dios. No piensen que esta enseñanza del triángulo sólo se impone exclusivamente a los alumnos de la Rosacruz de Oro: también es válida para el resto de la humanidad.

 

Vemos como algunos intentan reaccionar a ello; pero como no comprenden la filosofía de occidente, sólo reaccionan a medias y originan por ello la intensa lucha en el campo del mundo. Sólo cuando se corresponde a los tres aspectos, puede uno liberarse de sus cadenas.

 

Nosotros vemos en el mundo a muchos que intentan corresponder a la exigencia del amor, que se sacrifica a sí mismo, pero no están en posesión de la verdad, de la verdad cósmica, y por ello enseñan una justicia falsa y desfigurada. No se conoce el camino para transformar las lanzas en hoces, según la palabra de Jesaja. Y así se busca y se lucha en el humanitarismo, pero sin ningún resultado. Los gritos se elevan de la oscura cueva, pero todo permanece como estaba.

 

Otros, por su parte, y estos son los pseudo-esotéricos, los negativos pedantes, buscan la verdad. Ellos buscan conocimiento oculto, ellos estudian cosmología y se hacen fabricantes de horóscopos. Pero ellos no tienen bondad, no tienen amor, no tienen un impulso hacia el sacrificio de sí mismos. Su amor es el de la idea, es el de la habladuría indefinida e insignificante, es la apariencia. Una fuerte conmoción por el sufrimiento de la humanidad no está presente. Y por eso no quieren saber nada en absoluto de la justicia. Ellos tampoco son capaces de ejercer la justicia porque les falta la fuerza básica, el amor que se sacrifica a sí mismo.

 

Por eso ellos no participan en la justicia; esto es asunto de Dios, de eso hay que mantenerse al margen. «En esto no tenemos que participar.» Ellos sólo tienen que predicar el evangelio, pero el segundo mandamiento de Cristo, es decir, el de curar a los enfermos, (esto significa: curar a la humanidad errante y ciega de la ignorancia con respecto al camino de la liberación, del que atestigua el evangelio, y ayudarles realmente a través de un comportamiento de vida adecuado para posibilitarlos a recorrer verdaderamente el camino), este segundo mandamiento llama inutilmente a su puerta. No se quiere a Cristián Rosacruz. ¡Falta el conocimiento, falta el discernimiento; ellos mismos todavía pertenecen a los enfermos que necesitan de la curación!

 

También existen aquellos, que sólo buscan la justicia, pero sin amor y sin verdad. La consecuencia de ello es un horrible y sanguinario altercado, golpes irrazonables, quemar y asesinar, así como prácticas revolucionarias. Y además también hay grupos que representan dos aspectos del triángulo.

 

Vemos a los hombres que conocen la bondad y la verdad, pero que son muy cobardes para la justicia y por ello ineficaces. Vemos a personas que conocen la bondad y la justicia, pero que no pueden asimilar la verdad cósmica, tomando un horrible desvío y empeorando el sufrimiento de la humanidad. Y finalmente vemos a hombres que aman la verdad y la justicia, pero a los que les falta la bondad; pero también estos están sin fuerza, pues sin Cristo todo devenir debe considerarse imposible.

 

Así dejamos que este libro misterioso, la Fama Fraternitatis, hable por nosotros; así nos empujamos mutuamente en la dirección del triángulo ígneo y colocandonos ante el símbolo santo nos preguntamos, con cuales de estos aspectos nos sentimos vinculados y qué valores rechazamos conscientemente por cobardía, por falta de amor o por ignorancia.

 

Ahora saben ustedes lo que pretende la ola de Acuario, a saber, realizar la obra más sagrada, pero también la más peligrosa de la Fraternidad de la Rosacruz, en un tiempo tan degenerado como el nuestro.

 

¿Quien de ustedes tiene el valor de incorporarse a las filas de los héroes del mundo, que han hecho posible la Fraternidad de la Luz?

 

Llegará un tiempo, en el que ustedes dirán: «Porqué no habré correspondido a la voz de llamada de la Rosacruz.» Será en el tiempo, cuando sea despertada la luz en la gloria de la victoria. Pero entonces, usted ya no podrá ser un portador de luz.

 

Una ola de amor se acerca a nosotros. Nosotros vemos un pequeño grupo de personajes radiantes alrededor de Aquél, de Cristo, con quien y para quien quieren cargar con la cruz, la triple cruz, el triángulo ígneo, llameante. Y la canción de las esferas vibra sobre la oscura tierra:

 

Romped vuestras cadenas

venid a la luz.

Arrancad la máscara

de vuestro rostro.

 

Penetrad por la puerta,

apresuraos en conseguirlo,

y tomad la antorcha,

el fuego sagrado.

Salid hacia afuera,

abandonad entonces la casa.

Aceptad la vocación,

cargad sobre vosotros la cruz.

 

Llamad a los hombres,

que caminan con dificultad,

que se encuentran llorando

ante su camino del dolor:

¡Dejad ahora de soñar!

¡Levantaos! ¡Despertad!

¡Cumplid ahora la misión,

que os ha sido encomendada!

 

Levantaos en bondad,

en la lucha por la verdad.

¡Buscad con los héroes

la justicia!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tal hombre fué también, según su vocación, Teofrasto, que a pesar de no pertenecer a nuestra Fraternidad, había leído el libro M. con mucho énfasis e inflamado en él su claro discernimiento innato. Pero la arrogancia de los ilustrados y pseudoilustrados entorpeció tan fuertemente su labor, que jamás pudo tratar con otros de forma pacífica sus discernimientos sobre la naturaleza. Por eso en sus escritos se burlaba de estos engreídos en lugar de expresar del todo sus intenciones.

 

Pero, esencialmente, se puede encontrar en él la mencionada armonía y sin lugar a dudas se la hubiese transmitido a los ilustrados, si se hubiesen mostrado dignos de tan elevado arte, en lugar de cometer mezquinas torturas. Debido a esto, gastó su tiempo en una vida libre y abandonada, dejando al mundo sus estúpidas diversiones.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

VIII

 

Theophrastus

 

 

Guiados por la Fama Fraternitatis les introducimos ahora en la tragedia del pasado y les colocamos ante un personaje que la Fama llama Teofrasto. Teofrasto, el que explica a Dios, o quizas le conozcan mejor como Paracelso, eso significa: el sublime.

 

La Fama habla sobre este hombre en relación con el triángulo ígneo. En el mundo existe un grupo de pioneros que utiliza el triángulo ígneo como un signo llameante, como un signo de francmasonería verdadera y mística, el signo de la bondad, la verdad y la justicia. A este grupo de servidores del mundo perteneció por sus actos y en verdad Paracelso. Ustedes saben posiblemente como le fue a este hombre. El era un médico extraordinariamente hábil, que se encontraba en todos los aspectos por encima de sus contemporáneos. Además era un estudioso de la magia superior y disponía de un conocimiento, tan completo y tan sublime, que sus envidiosos contemporáneos envidioso no podian seguir del todo sus sabios tratados. Por toda Europa circulaba un gran rumor sobre él; las curaciones que él llevaba a cabo le parecían al sorprendido público inmensos milagros. Rompió con toda la estructura de la ciencia médica y aportó drásticas  innovaciones en todos los sectores correspondientes. Si se hubiese hecho caso a Paracelso, entonces hubieran transcurrido  algunas líneas singulares de la historia mundial de diferente manera, y sólo para mencionar algo, no hubiese sido necesario que nosotros nos abriesemos paso a través de la horrible degeneración actual y el conflicto entre los diferentes grupos.

 

Las enseñanzas de Paracelso hubiesen conducido a una revolución mundial de impredecible importancia y no es sin razón por lo que se habla de él en la Fama. Pero también este hombre fué impedido por la masa de los sabios y pseudoeruditos, por lo que nunca fué capaz de hablar con otros de forma pacífica sobre la noción y el conocimiento que tenía de la naturaleza de las cosas. Se le odiaba y se le evadía porque sabía y hacía más que los demás, los que por sus propias convicciones y según la opinión pública, tenían que saber y hacer más, pero que se abstenían desesperadamente a aportar pruebas de ello.

 

El desenmascaramiento aplastante fue por lo tanto la causa, de que se comenzara a usar con empeño el arma de la calumnia. En los tiempos de Paracelso se practicaba igual de bien que ahora. No hay nada a lo que la masa necia reaccione con más agrado que a la pérfida arma de la calumnia. Si no se está de acuerdo con una idea determinada o con un pretendido comportamiento, bien, pues entonces se siembra un poco de calumnia. Si se lucha con toda franqueza en este mundo y esta acción se vuelve algo difícil para los enemigos con sus bajas intenciones, entonces se hace uso de la calumnia.

 

Si ustedes son todavía demasiado inconscientes, demasiado negativos, para poder diferenciar la luz de la oscuridad, si todavía no pueden ver como brilla la verdad y ustedes sienten a pesar de todo los dolores de un erróneo sistema de vida, entonces reaccionarán inmediatamente a la calumnia, pues en su miseria ustedes anhelan un enfrentamiento cara a cara con el causante, y así la calumnia les proporciona el chivo expiatorio.

La historia no nos cuenta cuanta pureza, cuanto anhelo puro, cuanto verdaderamente importante ha sido destruído por la calumnia, pero se lo pueden imaginar. El «hosanna» se invierte debido a la calumnia en «crucificadle».

 

Si quieren incorporarse a las filas de los pioneros, que luchan por un orden mundial diferente y mejor, si levantan el estandarte de la bondad, la verdad y la justicia, entonces ustedes serán alcanzados por esta humillación.

 

El grupo de los pioneros de la Rosacruz se compone sólo de un número reducido de personas. Se podría cuestionar: ¿Cómo es posible, que hombres que poseen otro conjunto de ideas que nosotros, nos honren todavía con algo de atención?, y a pesar de todo, ¡qué calumnia es vertida por las personas importantes sobre nuestro trabajo! ¿Sería posible que en los círculos de los grandes exista la preocupación por una posible repetición del clásico escándalo de David y Goliat? De todas las maneras, a nosotros no nos sucederá como al entonces ministro francés Salengro, que se suicidó cuando se vertieron sobre él las negras cubetas de la calumnia. Los alumnos de la Rosacruz no cometen suicidio y tampoco temen las consecuencias de sus palabras y de sus actos, porque sus palabras y su actos se encuentran en concordancia con El, a quien llamamos el Señor de toda Vida, con el Cristo, que realiza todo en todas las cosas.

 

Los alumnos de la Rosacruz sólo siguen una política, la política del reino de Dios. Y nosotros no hablamos sobre este reino de Dios y su política en una terminología abstracta, por lo que con frecuencia se suelen enfadar con nosotros. Nosotros no especulamos sobre una futura patria celeste, sino que se trata de la urgente exigencia de fundar el reino de Dios y sus tendencias aquí, en el mundo de las apariencias, y esto a través de una verdadera construcción por medio de cabezas, corazones y manos, que estén sintonizadas con el cristianismo esotérico.

 

Por eso la calumnia resbala ante nosotros, ella no nos inmuta; y nosotros lanzaremos nuestra piedra de David en la dirección de los poderes negros «claramente visibles» (Goliat significa: claramente visible), en la certeza de la victoria.

 

¿No es presuntuoso hablar de una victoria? No, cuando Cristián Rosacruz, el prototipo de nuestro verdadero ser, es invitado a venir a la fiesta de la consumación, entonces esta invitación está provista del signo de la cruz, con la transcripción: «En este signo vencerás.» Sin lugar a dudas comprenderán este simbolismo.

 

 

Pues bien, también Paracelso fué alcanzado así por la calumnia, pero esto a él no le conmovió. Le sucedió lo mismo que a algún otro apóstol de la bondad, la verdad y la justicia; fué asesinado, pero por ello él no fué destruído. Su conocimiento, su amor, la armonía encontrada por él, deberían y van a conquistar el mundo.

 

El fuego del espíritu de Dios, de Teofrasto, el que explica a Dios, el fuego del llameante triángulo, triunfará.

 

Vemos que la gran tragedia en la vida de Paracelso fue el no ser capaz de demostrar quien era verdaderamente. El no fue capaz de trabajar como hubiese querido hacerlo. Su vida fue una única lucha por autoafirmación espiritual ante sus difamadores y por poder hacer al menos algo por el bien de la sufriente humanidad.

 

El mantuvo una guerra permanente contra los enemigos de la humanidad y en sus obras introducía conscientemente mutilaciones, para evitar un mal uso. De esta manera pasó el tiempo sin que le fuera dado ser el constructor que le hubiese gustado ser. El abandonó la vida sin haber hecho del todo lo que podría haber hecho.

 

Posiblemente aquellos que han leído algo de Paracelso

afirmen – y lo han hecho – que Paracelso ha cometido grandes errores, y que por ello su vida siguió un rumbo y un final tan trágico. Nosotros negamos esta crítica, porque la Fama Fraternitatis nos aporta la prueba de que esto es erróneo. De todos modos, el testamento de la Orden de la Rosacruz nos comunica que «Teofrasto había estudiado diligentemente el Libro M. y que, por lo tanto, pertenecía por vocación y por inspiración a la cumbre del triángulo ígneo.»

 

Nosotros sabemos lo que se entiende por este Libro M. Aquél que quiera estudiar el Libro M. tiene que avanzar hasta la misteriosa ciudad de Damkar en Arabia, la ciudad de la belleza, la sabiduría y el amor, que se encuentra en el país del león, el país de Cristo, del León de Judá. Todos los que conocen el Libro M. pertenecen a los iniciados de los misterios de occidente, a los grandes guías espirituales de la humanidad.

 

Todos los que desean conocer el Libro M. tienen que seguir el camino que se describe en el testamento de la Orden, el camino de Cristián Rosacruz, el sendero del sacrificio de sí mismo, el sendero del aniquilamiento de sí mismo, el camino de la bondad, la verdad y la justicia, el camino del acto.

 

Paracelso fué por lo tanto, según nuestro conocimiento y nuestro sentir, uno de los grandes, y vemos en él un brillante ejemplo para el auténtico alumno Rosacruz. La tragedia en la vida de Paracelso es también nuestra tragedia, su trabajo es el nuestro, su lucha es la nuestra. Y por eso queremos ajustarnos aquí a la esencia de esta lucha. Queremos hacer vivir para nosotros a este héroe, a Teofrasto, para que podamos abarcar en su realidad y en su sacrificio nuestra realidad y podamos determinar las líneas de orientación y la vocación del trabajo Rosacruz en nuestro tiempo.

 

Para ello nos apoyamos en la expresión de la Fama «que los ilustrados y pseudoilustrados entorpecieron tan fuertemente la labor de Paracelso, que jamás pudo tratar con otros de forma pacífica sus discernimientos sobre la naturaleza. Por eso en sus escritos se burlaba de estos engreídos en lugar de expresar del todo sus intenciones.»

 

Supongamos que hemos estudiado el Libro M., que hemos avanzado hasta Damkar, Damkar en Arabia. Nosotros podríamos comprender entonces toda la envergadura de la exigencia crística en el mundo de las apariencias; nuestro ser ardería de amor por la humanidad y además podríamos percibir con toda claridad todo lo que se opone a la realización de la ley de Cristo en este mundo. También nosotros nos consumiríamos de dolor y pena por el horrible sufrimiento, por la falta de comprensión y los actos erróneos de la humanidad; pero finalmente nos pondríamos a trabajar para realizar todo lo que se debe hacer para ayudar a triunfar a la luz verdadera.

Hay estudiosos de las ciencias espirituales, que sólo se dedican a examinar la meta del camino. Ellos meditan y se concentran sobre el reino de Cristo. Ellos dibujan los contornos de la Nueva Jerusalén, y ellos versifican, escriben y hablan sobre el amor de Dios que se manifiesta en Cristo. «El amor exige amor a los hombres, el amor es felicidad y bienaventuranza, el amor es paz y equilibrio, el amor es el murmullo del agitar de las palmas y el resonar del trombón. El amor es amabilidad y el abstenerse de juicios, pues en cada ser hay una chispa divina y cada ser es por lo tanto un Dios en crecimiento. El amor es la no violencia.» Así resuenan en nuestros oídos los dulces sonidos de la poesía de amor. Y nosotros vemos los tulipanes blancos y las procesiones silenciosas con farolillos blancos, las marchas por la paz de las mujeres y tardes de iglesia-y-paz, y escuchamos protestas, protestas en contra de la violencia. Y se opina, que el alumno Rosacruz tiene un trabajo tan exquisito en esta negatividad; esta tan bien y tan astutamente concebido. El no tiene otra cosa que hacer, que ser una luz en el mundo, una luz potente, y hablar algo de filosofía Rosacruz; por supuesto también sobre el amor, pero en tal caso de forma esotérica, ¿lo comprenden, verdad? El tiene que estar por encima del ajetreo de los tiempos, el tiene que tener cuidado de no quemarse los dedos en el infierno hirviente de la vida. El está afuera, afuera a una gran distancia, afuera a salvo, muy por encima, muy elevado. Con una sonrisa mira a todos, con una comprensiva sonrisa de amor, él es una lámpara de arco con la fuerza luminosa de quince velas. Si le da la mano a uno, también se la da al otro, pues Dios deja salir el sol tanto para los buenos como para los malos; ¡Cristo también se dá para todos! ¿Pensaban ustedes quizas, que este hombre desea hacer menos que esto?

 

 

Así dan una mano a lo blanco y un fuerte apretón de manos a lo negro, y así se hacen cargo de que ambos no se escapen; de este modo, por el amor mal entendido del Cristo mal entendido, uno es impulsado a mantener lo negro y a aumentar el sufrimiento en este mundo.

 

Tal interpretación del amor es uno de los más grandes peligros de la humanidad. Mantiene al hombre apartado de la realidad y del acto verdadero, mantiene el equilibrio entre blanco y negro; muestra una falta de carácter, es negativa.

 

Comprendan bien lo que queremos decir. Si hablamos de falta de carácter, no lo decimos en el sentido de maldad, sino en el sentido de necedad, de ignorancia. La maldad, los actos malos, pueden ser la consecuencia de la estupidez y la ignorancia. Un carácter se forma en concordancia con la medida de crecimiento del alma que poseemos.

 

Aquellos que pueden estudiar el Libro M. han avanzado hasta Damkar a través del acto. Su triple alma se ha abierto, y guiados por la luz de la estrella de Belén avanzan hacia El, que carga con el universo, ellos penetran hasta la gruta del nacimiento de este mundo, y ellos sacrifican su oro del alma. Si han sido acogidos así por José, el carpintero, quieren ser también constructores, se incorporan en las filas de los verdaderos masones.

 

Entonces comprenderán lo que significa el amor. Entonces sentirán la fuerza imponente del amor, el secreto del amor verdadero.

 

No es sólo una tensión meditativa, un emitir pensamientos amorosos sin más. Eso posiblemente sea valioso, pero es sólo una tercera parte de la panacea curativa. El amor verdadero rompe con los dogmas, él es constantemente inteligente, él cumple con la exigencia del momento. El amor se dirige, igual que la verdad, hacia lo injusto. El es como un rayo que alcanza la oscuridad. El amor es en realidad protector y animador, explicativo y desenmascarador. Miles y miles de personas en este mundo están vendidas y son apartadas de lo esencialmente crístico por su ignorancia y por su comportamiento negativo. Cuando los apaleados levantan la cabeza, lanzan su grito de dolor y buscan al culpable, entonces son guiados por un camino erróneo, y en su necia locura nutren a la serpiente en sus corazones destrozados.

 

Y ellos se vuelven en contra de sus amigos y servidores; ellos sisean como serpientes al Cristo: «¡Crucificadle!»

 

Por eso la obligación del amor verdadero es mostrar lo blanco y lo negro. El hombre es incitado a luchar contra sus hermanos.

 

Por eso decimos: «Ahí acecha la traición. ¡Es él!»

 

Cuando nos alcanzan los gemidos del dolor de los hombres decimos: «¡Ahí está vuestro asesino!»

 

Cuando se inventan diversas maniobras religiosas como  distracción, y las ovejas sin pastor preguntan con su alma llena de temor, donde se encuentra la traición, entonces decimos: «¡Ahí están! ¡Ellos embadurnan textos bíblicos sobre la sangre del corazón de la pobre y desesperada criatura humana!»

 

Esta es la verdad, y la ley del amor nos exige expresarla.

 

 

Nosotros escribimos sobre estas cosas, porque ante nosotros se encuentra el brillante personaje de Teofrasto Paracelso. El fué un hombre que amó la verdad por encima de todo y el dirigió esta verdad, esta luminosa y bondadosa verdad, hacia sus arrogantes contemporáneos. No era él el que odiaba, sino ellos, los que se atrofiaban en la sumamente maravillosa luz de su inevitable amor y los que finalmente le alcanzaron mortalmente.

 

Escribimos sobre estas cosas porque queremos decir, que la fuerza de la Rosacruz es irresistible. Escribimos sobre estas cosas porque les queremos decir, que los Hermanos Mayores han construido en medio de este mundo una fortaleza inexpugnable. Y nosotros llamamos a esta fortaleza la Escuela de los Misterios.

 

Cristián Rosacruz continuó su viaje. El vino a España y ofreció sus tesoros a todos los sabios y gobernantes de Europa. Pero ellos le despreciaron, no le querían, le echaron de allí.

 

Su extraordinariamente maravilloso obsequio era para todos, pero no fué aceptado. El triángulo ígneo de belleza, sabiduría y amor se encontraba radiante en este mundo, pero el mundo no lo ha aceptado.

 

Teofrasto vino con sus obsequios: ¡fueron rechazados!

 

Teofrasto vino con su trabajo: ¡Fué impedido y difamado!

Teofrasto vino con su verdad, su protesta, su desenmascaramiento: ¡fué asesinado!

 

El mundo no quiso saber nada de las maravillosas amplitudes del Libro M.

 

¿ Y entonces?

 

Entonces se elevó la Escuela de los Misterios, la fortaleza inexpugnable, la Escuela de los Misterios de occidente. Y nosotros, la Joven Fraternidad Gnóstica, somos la vanguardia, el grupo de pioneros, los enviados, para hablarles de esta maravillosa magnificencia, de la victoria, que ya está fijada de antemano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero no vamos a olvidar a nuestro amado Padre, Hermano C.R., que después de muchos viajes agotadores y enseñanzas valiosas, predicadas en vano, ha vuelto de nuevo a Europa Central, a la que (en relación con los cambios que se esperan en breve e inexplicables disputas peligrosas) amaba de todo corazón.

A pesar de que por medio de su arte y especialmente el de la transmutación de los metales, podría haber brillado mucho, prefirió preocuparse del cielo y de sus habitantes, los hombres, antes que de la magnificencia.

 

El se construyó una vivienda iluminada apropiada, en la que meditaba sobre sus viajes y su filosofía y los registraba en su libro de registro. En esta casa debió dedicar mucho tiempo a las matemáticas y creó muchos bonitos instrumentos en todos los campos de su arte. Pero, como veremos más adelante, ha prevalecido poco de todo esto.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

IX

 

Regreso a Alemania

 

 

Conocemos las consecuencias de una piedra que rueda hacia el agua. En cuanto la piedra toca la superficie del agua se desarrolla una onda circular, que se multiplica en cada vez más círculos, hasta que finalmente se diluye imperceptiblemente. Este movimiento, que conocemos tan bien, se apoya en una ley cósmica. Si dos objetos se tocan mutuamente, la fuerza desatada por ello se multiplica en círculos. En todos los lugares de la materia y del espíritu encontramos el mismo fenómeno. En relación con la luz, con el sonido, con las vibraciones etéricas, las ondas de fuerza del pensamiento, etc., comprobamos que la multiplicación de la manifestación se realiza en forma circular. En concordancia con esta ley, en los círculos esotéricos se habla de círculos de fuerza. La fuerza es derramada y ella se extiende cada vez más, hasta que se disuelve en el universo. De ello debemos aprender, que el derramamiento de fuerza que hizo surgir el movimiento, se tiene que repetir constantemente, si se desea obtener un resultado permanente. Como pueden ver, hacemos referencia a una nueva y diferente ley cósmica, que es la ley de la repetición.

 

Imagínense, que un grupo de personas debe aprender a reaccionar a una determinada vibración. Se produce la vibración o composición de sonidos y esta se diluye después de unos instantes  fuera de la capacidad de asimilación. Es necesario otro sonido en la misma frecuencia, repetido constantemente, hasta que finalmente el grupo de personas muestra la prueba de la reacción, del cumplimiento.

 

En cuanto el resultado puede ser comprobado, se necesita otra composición diferente para iniciar un nuevo paso en la pretendida dirección. La composición tiene que ser ajustada constantemente en tiempo, capacidad mental y costumbres. Los trabajadores en la Viña del Señor tienen que ser, como habrán podido comprobar algunos con razón, constantemente inteligentes. El método de trabajo tiene que adaptarse continuamente a las circunstancias. El colaborador, que siempre se dedica sólo a repetir y a revivir lo que pertenece a un círculo de fuerza ya transcurrido, no es capaz de escuchar las nuevas composiciones de los absolutamente inteligentes y diligentes Hermanos Mayores de la Rosacruz.

 

No piensen jamás, que la ola de vida humana es estática. Una multitud de potentes fuerzas influyen sobre ella y cada impulso esta ajustado a la necesidad del momento.

 

Esta seguridad nos conduce a consecuencias significativas. Piensen en la Iglesia. La Iglesia como fenómeno social muestra dos aspectos. Nosotros la conocemos primero en sus expresiones humanitarias con todas las correspondientes consecuencias dudosas. Estos son los motivos, por los que la Rosacruz moderna rechaza a la Iglesia. Pero la Iglesia también se muestra en antiguos valores místicos, que han sido tomados de círculos ya transcurridos. Y el alumno de la Rosacruz actual lamenta aun más estas cualidades de la Iglesia. ¿Porqué? Bien, una Iglesia uniforme mundial despierta la crisis con más rapidez, acelera el nuevo devenir, la explosión, mientras que la Iglesia, que se refleja en valores pasados, demuestra por su negatividad que su tiempo ha pasado.

 

En el Libro Sagrado se dice: «Hay alegría en el cielo sobre un solo pecador que se arrepiente.» Hay un entrañable regocijo en el corazón del esotérico, cuando descubre que una persona fuerte, que hasta ahora había utilizado su energía dinámica de forma inadecuada, actúa ahora de la manera correcta. El sabe que un colaborador fuerte es añadido al grupo de pioneros.

 

¿Pero que podríamos decir de aquellos, que se consideran a sí mismos como extraordinariamente religiosos, tan absolutamente armonizados con El, que carga con el universo, mientras que por su actitud negativa, por aferrarse a los valores antiguos, están, sin saberlo, escupiendo a Cristo en la cara a diario con sus oraciones, con sus salmos y con su falso misticismo? Estas personas no pueden ser llevadas a otra comprensión. Para ellos sólo queda el silencio; un caso así no tiene esperanzas.

 

Imagínense, que las fuerzas que animan la Rosacruz viniesen mañana con una entrañable y urgente invitación hacia usted, para que sirva a la obra de una forma determinada. Que viniesen a su vez con un anhelante ruego para suplicarle: «Ven, pues, ayúdanos» y que usted se negara apoyandose en la máxima de un esotérico, sobre la base de un pedazo de texto, o de una enseñanza.

 

Posiblemente puedan imaginarse, que se puede rechazar a Cristo como consecuencia de una expresión del mismo Cristo. El permanente miedo de los trabajadores de la viña del Señor es que no se perciba el pulso de los tiempos y las necesidades correspondientes que resultan de ello; que no se puedan comprender los rítmicos y ondeantes impulsos de fuerza, aferrandose por ello a lo pasado; que no quieran seguir más caminando con nosotros por el camino de la construcción del mundo; que rechacen los sonidos celestiales de » bondad, verdad y justicia» y que apaguen las llamas del Trigonum Igneum.

 

Esta es la inseguridad permanente en la que nos encontramos. Cuando llegue el momento que siempre retorna, igual a aquél en el jardín de Gethsemaní: «¿No podéis velar conmigo ni una sola hora?» Que os durmais, que os quedeis dormidos en vuestros engaños bendecidos por Dios, que rechaceis la llamada, mientras el corazón del mundo sangra, este es el santo temor, el santo temor de amor de todos los servidores de Cristo.

 

«Cuando era un niño, hablaba como un niño, pensaba como un niño y actuaba como un niño; pero ahora que me he vuelto un hombre, he depuesto todo lo que era de niños», y yo veo la dura y gris realidad de estos tiempos. Y mientras extiendo mis manos llenos de espanto, suplicando por la salvación del mundo, escucho la voz del Salvador: «Mira, yo estoy en la puerta y llamo.»

 

Y pronto percibo la primera llamada, percibo el primer impulso del círculo de fuerza mágica. Yo veo el brillante evangelio, la imagen del futuro, el prototipo de mi verdadero ser, la comunidad del futuro, la humanidad del futuro, la necesidad del futuro. Percibo lo que el amor divino quiere expresar, y mientras me regocijo en este divino resplandor de luz, brama a mi alrededor la onda sonora de la segunda llamada en las cámaras de mi corazón:

 

«Trabajad para vuestra bienaventuranza con temor y temblor.» Y yo me pongo en camino; tomo en la mano mi bordón y me ciño con mi manto. Viajo al país de los sueños dorados a través de la cloaca del mal.

Pero como un trueno cae el tercer golpe en las ventanas de mi alma:

 

«¡Amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos!» ¡Regalaos a todos en un servicio de amor que se sacrifica a sí mismo! El pastor no duerme y no se va, hasta no haber encontrado aquella oveja que está perdida.

 

Y por eso no viajo al país de los sueños dorados. Yo trabajo aquí en la vida real. Yo veo, que mis hermanos y hermanas son destrozados bajo la violencia infernal del monstruo negro. Y asimismo, tal y como entonces escribimos durante la segunda guerra mundial: «Yo ya no soy capaz de dormir, porque ahí, en la calle de una ciudad alcanzada por las bombas, hay un niño con las piernas arrancadas, sollozando por su madre. ¿Han escuchado alguna vez estos sollozos? Escuchan este martilleo sobre las cámaras de su corazón, sobre todo su ser?»

 

¿Han escuchado los sollozos de los miles que fueron torturados durante la guerra en las cámaras de tortura?

 

¿Pueden dormir, si piensan en la absoluta degeneración que existe en todas partes, que ha agarrado en primer lugar a una gran parte de la juventud, pero que seguramente también a una cantidad no menos grande de adultos, y que les arrastra con una velocidad vertiginosa hacia abajo, de nuevo al punto del comienzo lemuriano? ¿Encuentran sosiego, si piensan en la absoluta desesperación que la humanidad misma ha generado? ¿En sus temores, en la desesperación de muchos, en la terrible amenaza de violencia que forma el estado oscilante de equilibrio, sobre el que se apoya toda la construcción humana?

 

Por todo esto, el verdadero francmasón construye aquí, en medio de nosotros, desde abajo, una inexpugnable fortaleza de la verdad. Y por eso nos dirigimos en el presente a todos los pisoteados en este mundo, para buscar lo que está perdido. A estos les damos el consuelo de nuestro acto, de nuestra nueva realidad.

 

Este es el camino y no hay otro. Todos los que trabajan así quieren escuchar las composiciones de sonidos divinos, en las que se transmite el método de la realización.

 

¿Y los que se niegan? Estos verán y sentirán como la llamada del Señor se transforma en un puñetazo, de forma que se derrumbarán en su destrozada realidad. Su Dios Querido se transforma en la Justicia Divina, porque se afrenta la base de la bondad y se niega la verdad.

 

Hhablando en el idioma de la Fama, » Pero no vamos a olvidar a nuestro amado Padre, Hermano C.R., que después de muchos viajes agotadores y enseñanzas valiosas, predicadas en vano, ha vuelto de nuevo a Europa Central, a la que (en relación con los cambios que se esperan en breve e inexplicables disputas peligrosas) amaba de todo corazón.

A pesar de que por su arte y especialmente el de la transmutación de los metales, podría haber brillado mucho, prefirió preocuparse del cielo y de sus habitantes, los hombres, antes que de la magnificencia.»

 

 

En nuestro tratado sobre la Fama hemos visto ahora el resultado de un único círculo de fuerza. El círculo comenzó en Alemania y se cerró en Alemania. Hemos ido viajando alrededor de todo el círculo y hemos constatado la forma en la que entró la filosofía de occidente hacia Europa, cómo fue trasmitido a la humanidad el cristianismo esotérico y cómo se reaccionó ante ello.

 

Cristián Rosacruz vino con sus tesoros hacia todos, pero se le rechazó debido a la autoafirmación inferior. Se había dado el primer golpe en la puerta. El círculo se desvaneció sin haber conmovido los corazones ni las cabezas. El primer golpe de martillo sobre el duro caparazón se efectuó sin ningún éxito perceptible. Y la exigencia de tiempo, capacidad mental y  hábito exige ahora un segundo golpe de martillo.

 

Ustedes deben tener en cuenta, que al principio no estaba previsto fundar una Escuela de los Misterios en occidente. La estructura del cristianismo, la meta del cristianismo exige que lo más elevado, lo absoluto, se comunique a la humanidad de forma directa. Dios mismo se manifiesta en el cristianismo. El mismo se hunde en nuestro nadir para entregarse a nosotros. Personas intermedias, fases intermedias entre El y nosotros, deben ser rechazados en principio por motivos crístico-esotéricos.

 

Para cada uno de nosotros es posible apropiarse de los valores de la filosofía de occidente. La Fama Fraternitatis lo constata con gran énfasis. Y nosotros constatamos,  que los factores absolutamente liberadores están presentes en todos los sitios, más cerca que las manos y los pies. Aquellos que los han encontrado nos lo señalan, pero ellos son rechazados. Pero aquellos que han encontrado, los que han comprendido la llamada, no se apartan de nosotros; ellos no se rinden, ellos no cesan en sus intentos, y esto debido a su amor enmudecedor y maravilloso amor, que se sacrifica a sí mismo.

 

Y ellos no insisten en un método que haya sido tomado del primer impulso, que ahora ya esta disuelto. Ellos son muy inteligentes. Ellos comprenden, que el gobernante de este mundo tiene que ser sentenciado ahora de una forma diferente. Por eso construyen una fortaleza en medio del país enemigo – la Escuela de los Misterios, la sede de la francmasonería mística. Ellos emprenden la lucha contra la horda negra; en una forma muy meditada, ellos dirigen repetidamente sus golpes de fuerza sobre la vida real, para que las ondas de fuerza que irradian a gran distancia muestren finalmente el efecto requerido.

 

La fortaleza de los Hermanos es inexpugnable, y desde ahí parten los compañeros al campo de batalla de este mundo, para crear las condiciones para la construcción.

 

¡Contemplemos el campo de batalla! Vemos un poderoso grupo del arte, de la ciencia y de la Iglesia, que se ha puesto completamente al servicio del monstruo negro. El gran rebaño, el hombre de la masa, confía todavía en sus dirigentes. El arte, la ciencia y la Iglesia guían a la masa con una orden hacia aquellos lugares, donde el poder oculto pueda abusar mejor de ella. La masa es mantenida en la necedad, guiada por caminos erróneos y la protesta que surge es desviada hacia las organizaciones humanitarias. Los lemas y movimientos humanitarios son las prostitutas, que apartan a la humanidad que anhela la luz, de las verdaderas bodas alquímicas, de la bondad, de la verdad y de la justicia.

 

Imagínense, que los gobernantes superiores de este mundo pudieran ser conducidas a una comprensión superior, entonces se podría obtener un control sobre la masa a través de ellas. Entonces el evangelio del amor podría ser erigido como una fuerte construcción.

 

Cristián Rosacruz lo intentó – se burlaron de él. Además  se ganaba demasiado con el estado existente. Teofrasto, el espíritu liberal, lo intentó. El fué apedreado.

 

A pesar de todo, la luz debe triunfar. Cristo debe nacer en las cabezas y en los corazones de las  hombres.

 

Por eso se sigue ahora el camino, el camino del renacimiento de lo pisoteado y lo afrentado de este mundo. Todos los que padecen miserias, reciben la semilla de la renovación. La magia del fuego sigue actuando irresistiblemente en secreto, hasta que la ardiente llama de luz suba hasta el cielo. La influencia espiritual hacia el acto lo demuestra.

 

Así Cristián Rosacruz regresó y regresa de nuevo a Europa, para fundar la Escuela de los Misterios de occidente.

 

¡De vuelta a Europa! Y desde entonces, esta parte del mundo ha sido un bastión del nuevo pensamiento sobre la nueva vida venidera. Diversos espíritus fueron influenciados de diferentes formas. Una nueva filosofía se abrió camino; poetas y pensadores llamaron, inspirados por la Orden, a la conciencia del mundo. En Europa se llevó a cabo la gran reforma dirigida por Lutero, la colosal revolución eclesiástica que abarcó al mundo. Marx puso en marcha la reforma social, también para todo el mundo. Una casi incalculable sucesión de compañeros partieron de Europa central hacia todas las partes del mundo, los combatientes activos de la bondad, verdad y justicia.

 

Pero, naturalmente, también la reacción fué más fuerte que en cualquier otro lugar, en ningún otro sitio el puño de hierro embistió tan desastrosamente. La garra del nacionalsocialismo y del facismo fué el último intento de la reacción por ahogar los crecientes coros de la canción de la libertad.

 

En la fortaleza de la libertad se llevó y se lleva a cabo, delante de nuestros ojos, una lucha titánica, se padecieron horribles y espantosos sufrimientos, se movilizaron hermanos contra hermanos. Ante los ojos de la masa ignorante, el vampiro tuvo en sus manos el timón; pero aquellos que escuchaban con atención, podían y pueden escuchar la nueva y sin embargo tan antigua canción, la canción de la liberación. Nació y nace de la miseria y del sufrimiento.

 

Cristián Rosacruz ha regresado a Europa.

 

Dejemos de presumir con nuestros talentos y de malgastarlos. Ante todo, debemos ocuparnos del cielo y sus habitantes, los hombres. Seamos compañeros al servicio de aquello, que carga con el universo. Pensemos en aquellos que nunca se rinden y que están permanentemente activos a favor del mundo y de la humanidad.

 

Perciban con nosotros los sonidos de la sublime composición de Dios:

Cristián Rosacruz ha regresado a Europa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de cinco años le vino de nuevo a la memoria la idea de la reforma. Como no esperaba ninguna ayuda ni apoyo de los demás, pero por otra parte, con respecto a si mismo estaba lleno de ímpetu, diligencia y perseverancia, se propuso realizar esta tarea sólo con pocos ayudantes y colaboradores. Con este fin, de su primer monasterio (por el que sentía gran amor), solicitó a tres de sus hermanos, al Hermano G.V., al Hermano I.A. y al Hermano I.O., que veían en su conocimiento más de lo que por entonces generalmente sucedía. A estos tres los comprometió a la mayor fidelidad hacia él, a ser diligentes y a una absoluta discreción y también a tomar nota, con el mayor celo, de todo lo que les comunicara, para que aquellos que viniesen después de ellos, si en el futuro debían ser admitidos en el futuro en la Orden por una revelación particular, no se extraviaran ni siquiera por una sola letra o palabra.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

X

 

La moderna reforma en Europa

 

 

Queremos intentar, penetrarnos mutuamente de una grande y silenciosa alegría; queremos abrasarnos mutuamente con la alegría del saber. Cuando la oración de los Rosacruces dice: «Señor, regalanos la alegría del saber», entonces se encuentra en este párrafo de la oración un significado profundo y secreto. Aquí no nos referimos a un placer intelectual. Nuestra atención no es dirigida hacia las muy preciosas riquezas que se encuentran en el arte, en la ciencia o en los ejercicios místicos, sino que la oración de los Rosacruces nos lleva aquí a la torre del conocimiento mágico.

 

Un espíritu sensible sabe disfrutar de una buena obra literaria, él se embriaga con las más elevadas revelaciones del arte poético. Un espíritu introducido conoce las bellezas de la filosofía Rosacruz, pero aun no conoce las inconmensurablemente grandes y profundas alegrías del conocimiento mágico.

 

¿Cómo es, entonces, la alegría del saber?

 

Significa conocer algo tan positivo, tan irresistible, percibir conscientemente algo tan absoluto, que nada ni nadie, ningún cielo y ningún infierno, ningún dolor ni prueba, si, incluso la más horrible, una cárcel nazi, en la que se haya introducido la noche más negra de todos los tiempos, nos puede apartar de la divina claridad de este conocimiento.

 

Esto quiere decir, conocer algo tan intocable, algo tan inmenso, algo tan poderoso, que cuesta trabajo reprimir una sonrisa de júbilo en la más repugnante noche terráquea, en la que todos los demonios parecen celebrar su sabatt infernal.

 

Este conocimiento despierta tal alegría, que a un público sorprendido le parece locura. Es un saber, que forma a los héroes, de los que hablan las historias simbólicas de los antiguos profetas, de las batallas de las legiones celestiales, de las inconmensurables fuerzas que son desatadas por este conocimiento superior. Este conocimiento es aquél que canta Pablo el Iniciado: «Ni las alturas ni las profundidades nos pueden separar del amor de Cristo.» Este saber es como una roca que se eleva en medio del rompiente de la vida, una roca, en la que se estrellan todas las agitaciones.

 

Bien, pues algo de este conocimiento ha entrado en nosotros y queremos dar testimonio aquí de este conocimiento. Con entrañable y silenciosa alegría queremos informarles sobre la reforma moderna en Europa, una reforma, que se impone con fuerza; es un hecho, que diversas formaciones del monstruo negro están tomando conciencia del gran peligro que se les acerca, un peligro, que se encuentra en el trabajo de la Fraternidad Universal Gnóstica, la Fraternidad de la Luz. Un peligro completamente inatacable como esperamos poder demostrar. Lo inatacable es insinuado y descrito básicamente por el texto y la ley de la Biblia: » Yo puedo todas las cosas por Cristo, que me da fuerza.»

 

La Fraternidad de la Luz, la Fraternidad de la Rosacruz, no es antisocial, no es antinacionalista, no es comunista, no es anarquista, no está en contra de una u otra monarquía, no se opone a ningún partido gubernamental, y aunque tiene mucho que temer de las tendencias fascistas, declaramos aquí, que la actuación del fascismo en Europa fué inevitable.

 

Pues esta actuación del fascismo aceleró el proceso del suicidio de las cosas que debían pasar. El fascismo hizo tomar conciencia a la humanidad a través del sufrimiento. Pues el mal siempre perece por sí mismo; bondad, verdad y justicia no pueden ser detenidas y las fuerzas del bien no pueden ser prohibidas, no pueden ser encarceladas y no pueden ser expulsadas.

 

Por eso sentimos una profunda alegría por habernos sido permitido hablar sobre esta reforma moderna, que por Cristo adquiere poder sobre la humanidad.

 

¡Pero vamos a centrarnos en lo esencial! En un capítulo anterior hemos hablado sobre el regreso de Cristián Rosacruz a «Alemania», esto significa, a Europa central, a todo el conjunto de sus tristes experiencias. Después de ofrecer libremente su amor, sus tesoros y su sabiduría, él se estrelló contra el bloque de la cultura egoísta, autoafirmativa, capitalista y de magia negra.

 

Este hecho dió el impulso para un trabajo completamente nuevo, la edificación, la organización de una falange de héroes luchadores. Este hecho dió el impulso a un método de trabajo absolutamente nuevo. Ustedes deben diferenciar claramente este método de trabajo del primer método de trabajo de Cristián Rosacruz que vino a España.

 

El primer método estaba más ajustado al primer mandamiento de Cristo: «Predicad el Evangelio», en la ingenua creencia, de que el segundo mandamiento: «Curad a los enfermos» debería despertar de forma automática y armoniosa por el cumplimiento del primer mandamiento. Naturalmente en la teoría esto es absolutamente posible, pero en la práctica las cosas son completamente diferentes.

 

Hay que tener esto muy en cuenta. La barrera de la cultura negra no se puede romper con el primer mandamiento de Cristo: «Predicad el Evangelio.» Si al primer mandamiento no le sigue un auténtico: ¡Curad a los enfermos!» todo trabajo es absurdo, tortura para el espíritu y habladurías negativas. Por eso los Rosacruces siempre están en oposición contra los movimientos predicadores. En estas comunidades se encuentran sin duda miles de personas agradables y bienintencionadas, que observan con el corazón sangrante las consecuencias de nuestra cultura. Todos ellos dirigen miles y casi siempre conmovedoras llamadas al cristianismo, o sea, a aquella parte del cristianismo, que ellos comprenden. Es un «Predicad el Evangelio» en infinitos matices con la clásica consecuencia de un desvergonzado rechazo, de una desviación, de un compromiso. El Evangelio es metido en un traje de bufón con cascabeles. Los cascabeles suenan en las iglesias y en las tardes de testimonio, resumiendo: en todo el funcionamiento pseudocristiano de nuestros días. El bloque de la cultura negativa no puede ser derrumbado sin más.

 

Por ello los Rosacruces han comenzado desde hace tiempo con el nuevo método, y pedimos a todos urgentemente, que, si no pueden comprender este nuevo método o no lo quieren aplicar, no nos intenten retener, pues nosotros queremos ser verdaderos compañeros de nuestro Padre Cristián Rosacruz.

 

Nosotros sabemos que el «Predicad el Evangelio» esta indisolublemente unido con el «Curad a los enfermos.» Esta exigencia del cumplimiento: «Curad a los enfermos» es de una gran amplitud. Algunos en nuestros círculos han pensado, que la obra de restablecimiento Rosacruz se dedica exclusivamente a la curación de dolencias corporales. Aquellos que conozcan algo sobre las alegrías del saber, han descubierto, sin embargo,  que la obra de restablecimiento de los Rosacruces, actúa sobre todos los aspectos de la materia y del espíritu, que hace desaparecer males corporales, pero que está dirigida principalmente a la curación del hundimiento humano como consecuencia de la ignorancia humana. Por esto precisamente, la exigencia primaria de los Rosacruces es la reanimación del alma, la que posee «el conocimiento que es del Padre y está en el Padre», la Gnosis. Cuando el alma vuelve a tomar una posición dominante en la vida humana, desaparecen todas las «enfermedades», todo el hundimiento humano y comienza la completa regeneración del hombre; sólo entonces se puede hablar de un regreso a la casa del Padre: entonces comienza el regreso a casa.

 

De esta forma entienden los Rosacruces el mandato divino: «¡Curad a los enfermos!» Si este proceso de curación se realiza en la humanidad en una escala mayor, entonces, como consecuencia se curarán también enfermedades sociales, perturbaciones en los acontecimientos del género humano. Es una curación con consecuencias inimaginables.

 

Cuando Max Heindel apareció en el año 1909, todavía no había llegado el tiempo para manifestar estas cosas por completo. Durante siglos los hermanos de la Rosacruz supieron ocultar sus intenciones y también Max Heindel tuvo que atenerse al respecto a una misión, aunque fué él quien inició el gran movimiento de los Rosacruces modernos. Que él sabía de la gran vocación de la Fraternidad para el siglo veinte, lo muestra su ley básica: Una mente lúcida, un corazón bondadoso y un cuerpo sano. Una mente lúcida – verdad; un corazón bondadoso – bondad; un cuerpo sano – justicia.

 

Es parte de nuestra gran alegría, que, siguiendo nuestra vocación y sobre las bases que implantó en su día Max Heindel, podamos seguir construyendo y podamos impulsar el trabajo Rosacruz a una manifestación cada vez más grande. ¡La gran obra aparece ante nosotros en una brillante claridad, en una gloria antes jamás imaginada!

 

Los Hermanos Mayores necesitan para su actual obra mundial actual una gran cantidad de colaboradores, compañeros instruídos, que estén filosóficamente y gnóstico-científicamente completamente al día. Si se hubiese anunciado anticipadamente el propósito del trabajo Rosacruz, entonces la obra comenzada sería destruída muy pronto por los conocidos ataques de las hordas negras. Se ha pensado ahora en un movimiento inofensivo, un movimiento «Predicad el Evangelio», un movimiento del método antiguo. Un grupo así cuadra muy bien en el marco de la antigua cultura; pues el mantiene así a miles de personas tranquilas y silenciosas; un delicioso movimiento de distracción: «Dejarles que jueguen tranquilamente a los Rosacrucitos, esto no importa, y el bloque negro se hace por ello aun más fuerte.»

 

Pero por la magnífica obra de la Rosacruz han despertado miles de personas. Heindel tocó a muchos en el corazón y en la cabeza y algunos han sido elegidos aquí y allá para una influencia especial. Ellos fueron enseñados y probados durante años, ellos tuvieron muchas dificultades, y en el momento, en el que el bloque negro empezó a barruntar la desgracia y sus vasallos se extendieron por todos los lugares, para socavar la obra, que amenazaba con volverse peligrosa, se elevó de la ceniza del sacrificio de Heindel, del amor de Heindel, la Rosacruz renacida, un nuevo instrumento para la Fraternidad de la Luz.

 

Y ahora, en el momento psicológico, en el que la sombra negra se ha declarado  y se encuentra convulsiva en una impotente cólera, les hablamos de la gran reforma, de la nueva reforma, de un nuevo amanecer de los tiempos. Rojo como la sangre se levanta el sol de Acuario sobre el horizonte. Como una esfera dorada, el símbolo  de la gloria de Cristo, ella proseguirá su camino hacia el cenit.

 

Por entonces, en el año 1909, los Hermanos ya conocían el gran acontecimiento mundial, que nosotros denominamos las dos guerras mundiales; por entonces ya se tenía noción del monstruo fascista que abriría sus fauces para devorar las masas ingenuas. Por eso vino Max Heindel, para educar con sus publicaciones a una multitud de héroes, maduros para el momento propicio; aptos en el momento propicio; dispuestos para ser utilizados. Y esta es ahora nuestra alegría, que este grupo básico, entretanto claramente fortalecido y ampliado por la Rosacruz resucitada en una nueva forma, participa en la mecánica de la nueva manifestación y que podemos desempeñar nuestro modesto papel en ella; que podemos darles testimonio de este nuevo devenir mundial y de la gloria de la victoria; que podemos invitarles a caminar con nosotros hacia este nuevo país.

 

La clave de este nuevo devenir mundial se encuentra en Alemania (significa: Europa). Cuando Cristián Rosacruz regresa a Alemania, construye, como nos cuenta la Fama, «una vivienda iluminada apropiada, en la que meditaba sobre sus viajes y su filosofía y en la que creó muchos bonitos instrumentos.»

 

Quizas comprendan lo que se quiere decir con esto.

 

Aquí se está preparando el impulso para el nuevo método «Curad a los enfermos», de la realización mágica del Evangelio.

 

Después de transcurrir cinco años, la reforma exigida vino a sus pensamientos. Aun estando él mismo lleno de preocupaciones, enérgico e incansable, se aventuró en probarlo con algunos que estaban con él, aunque dudaba de la ayuda y del apoyo de los demás. Con este fin solicitó de su primer monasterio a tres de sus hermanos. A estos tres los comprometió a la mayor fidelidad hacia él, a ser diligentes y a una absoluta discreción. De esta manera, la Fraternidad de la Rosacruz comenzó con sólo cuatro personas.

 

 

Imagínense la situación, de que ustedes fuesen un verdadero servidor de Dios; entonces ustedes pensarían con el corazón lleno de amor en el dolor de la humanidad; entonces, cuando su forma de amor se hubiese desplegado por completo, ustedes sentirían en el momento psicológico adecuado el deseo, el intenso impulso de ayudar a la humanidad que sufre y a empujarla hacia el renacimiento. Después de cinco años (la indicación cabalística de este despliegue absoluto, del acontecimiento de Pentecostés, de la fiesta de Pentecostés, de la fiesta del pentágono de oro, del pentagrama de oro), después del transcurso de estos cinco años, se elevaría en sus pensamientos la exigida reforma y entonces ustedes osarían el intento de derrumbar las murallas de la cultura negra de otra forma que unicamente a través de la predicación.

Entonces ustedes liberarían y activarían del convento de su desarrollo interior las triples cualidades del alma y así emprenderían la gran obra con sus tres hermanos.

 

¡Bien! Hemos visto, que el ejercito de la Orden no fué ni será una idea descabellada, sino que desde Europa central siempre se abren camino nuevas fuerzas, nuevas fuerzas reformadoras. Otra vez de nuevo queremos dirigir su atención sobre la gran reforma eclesiástica de Lutero, que se estableció bajo la influencia de la Rosacruz. Lutero dió el primer golpe de puntilla a la rígida preponderancia papal y abrió así el paso a una libre investigación espiritual.

 

A través de Marx se levantaron las barricadas del camino de la renovación social. Y el próximo futuro nos enseñará, que los hechos del pasado se mostrarán también en el futuro como verdaderos.

 

El realismo crístico impulsará al espíritu que movió a la acción a Marx y a Lutero hacia una nueva manifestación en un nivel mucho más elevado. Bajo la dirección de la cadena de la Fraternidad Universal de la Luz se intervendrá irresistiblemente en la estructura del mundo. Para que ante la amenaza del completo hundimiento de la humanidad, que ella misma ha evocado por el propio comportamiento ofuscado de los hombres, la reforma ordenada por Dios pueda volverse un hecho y ofrecer a innumerables, que, ahora todavía siguen a sus autoridades, presos de la locura, la oportunidad de encontrar y emprender el camino de la regeneración, el camino de regreso al estado de vida original de la humanidad.

 

Al comenzar la segunda guerra mundial, los movimientos que servían a los poderes negros, desmantelaron los grupos esotéricos en su forma exterior, en cuanto se hicieron con el poder, entre ellos a los Rosacruces. El verdadero movimiento Rosacruz, sin embargo, es inatacable como el aire, y los Hermanos de la Luz trabajaron y trabajan con gran fuerza. Nada ni nadie puede parar el triunfante desfile, nada ni nadie puede parar la reforma.

 

En medio de las fuerzas de disolución, que se extienden en Europa y en todo el mundo, se prepara la victoria. Las olas de la reforma, las fuerzas irresistibles del cuerpo etérico de Cristián Rosacruz, se elevan con una divina majestad y abarcan y penetran todo nuestro campo vital. Y sólo el bloque de la cultura negra tiene que temer a este poder de la revolución de Acuario.

 

¿Qué misión tiene la Fraternidad de la Rosacruz en los acontecimientos de la humanidad? Es una misión crística, una construcción crística en este mundo: hacia un cambio liberador en el dramático camino de la humanidad, según la exigencia del Logos.

 

¿Quien podría resistirsenos?

 

Ni las alturas ni las profundidades nos pueden separar del amor de Cristo, que sólo puede obtener poder sobre nosotros por medio de cabezas humanas, corazones humanos y manos humanas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así comenzó la Orden de la Rosacruz con sólo cuatro personas. Ellos equiparon el lenguaje mágico y la escritura mágica con un detallado glosario, que todavía utilizamos hoy en día para el honor y la gloria de Dios y en el que encontramos gran sabiduría.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XI

 

El lenguaje secreto del diccionario

de la revolución de Acuario

 

 

Llega un momento en la vida del alumno diligente de la Rosacruz, en el que descubre, cómo la Orden de la Rosacruz, la Escuela de los Misterios de occidente, ha surgido de los opuestos y se desarrolla de la dura realidad.

 

Cuando el hijo de la luz, el hijo del fuego, se acerca con su sabiduría, que renueva la vida, a lo oscuro y destruido de este mundo, y esto oscuro y negativo le rechaza en autoafirmación, entonces él cambia su táctica. Y si ustedes quieren comprender el fondo espiritual de la revolución de Acuario, entonces deben  reconocer por completo esta táctica y su construcción.

 

Ya al principio tocamos aquí de inmediato el problema esencial de este tratado. Cuando el hombre buscador entra en contacto por primera vez con la filosofía Rosacruz de occidente y queda fascinado por su mágica claridad, sentirá el impulso interior – tal como lo hizo Cristián Rosacruz  cuando llegó a España – de comunicar la sabiduría, que él recibió con tanto afecto y tan desinteresadamente, al resto de la humanidad. Por ello comienza con la difusión de la enseñanza del cristianismo gnóstico. Y como es natural, recibe la lección como la recibió Cristián Rosacruz: él percibe el duro y despiadado rechazo. Lo que desciende hacia él es odio; él es envuelto con la red de lo inferior; se intenta prensarle en el hábito de las cosas.

 

Cuando el alumno ha alcanzado este punto del camino, los Hermanos Mayores observan con gran interés su posterior desarrollo. Esta es una fase extremadamente crítica. ¿Resurgirá de esta crisis como el pájaro de fuego renacido? ¿Aparecerá de nuevo la exigida reforma en sus pensamientos después del transcurso de los cinco años?

 

¿O se quedará parado en la frontera?

 

En el último caso estaría perdido para la Escuela de los Misterios. El ya no puede ser un constructor libre. El ha quedado enzarzado entre los opuestos o no tiene la fuerza suficiente para superar los opuestos. El permanece entonces en el estado de un efesio, como habitante de la frontera, y de esta manera, nunca entrará en el estado del alma viva.

 

Existe una inconmensurable diferencia entre el humanista cristiano y el cristiano en el sentido de la Escuela Espiritual Gnóstica. El humanista cristiano es el predicador, en muchos casos es el bienintencionado y cuando entra en acción es el protestante, el defensor de las súplicas; él intenta curar las heridas con diversas formas de amor humano, con una labor humana, pero él no es una persona que cura. En el aspecto más elevado, es el hombre que lanza la protesta con llameantes palabras a la faz de la decadencia, el impetuoso predicador de penitencia.

 

Pero mirad, el cristiano gnóstico ya no es un predicador de penitencia; nosotros no somos oradores que hablamos palabras cortantes.

 

¡Nosotros somos mucho más peligrosos! Nosotros realizamos la revolución de Acuario con la ayuda de Dios y estamos sujetos a otra táctica y estamos unidos a ella con manos y pies. ¿Quieren un ejemplo bíblico para ello?

 

Entonces piensen en el hombre en el desierto con su manto de pelo de camello, en Juan el Bautista, el precursor de Cristo.

 

El se encuentra en el desierto de este mundo y dice: «¡Enderezad los caminos del Señor, enderezad los caminos para nuestro Dios!»

 

Juan bautiza con el agua del Jordán, el agua de la realidad, él azota con la realidad y despierta a los oyentes, para que se preparen interiormente a la llegada de Cristo por un comportamiento de vida consecuente.

 

¿Están ustedes ya bautizados con la realidad?

 

¿Conocen el infierno en el que viven, o solamente están bautizados en una iglesia?

 

En cuanto ustedes se sumergen en la realidad, en cuanto la realidad de su existencia les oprime hasta asfixiarles y están dispuestos a dejar sucumbir la realidad del yo aislado, para que la luz de Cristo se pueda manifestar en ustedes, entonces están ustedes bautizados con el agua del Jordán;

 

pero entonces también comprenden las palabras de Juan el Bautista:

 

«El, el que viene detrás de mí, estaba antes que yo. Yo no soy digno de desatarle los cordones de las sandalias.»

 

Entonces ustedes saben de un nuevo cielo y de una nueva tierra, una nueva realidad. Entonces ustedes saben de uno que no quiere bautizar con agua sino con fuego, que destruirá la realidad infernal con fuego.

 

Si comprenden esto, si luchando se han abierto paso en estos cinco años (cinco: el aspecto cabalistico de la razón superior, del alma nueva), entonces viene la nueva reforma a su pensamiento. ¡Pero entonces ya no predican más en el desierto junto al Jordán!

 

Entonces viene él, el Hombre-Jesús, el verdadero Hombre-Alma.

 

El viene al Jordán.

 

El se sumerge en el agua. El quiere ser bautizado en nuestra realidad. El se sumerge por completo en la sombría miseria de esta existencia hasta casi asfixiarse. Pero El acepta esta miseria absolutamente y en su totalidad; todos los dolores de los hombres han penetrado en El. «El tiene que crecer y yo tengo que menguar», dice Juan.

 

¡Y no podía ser de otra manera!

 

Al elevarse Jesús de este agua, vemos descender el espíritu de Dios sobre su cabeza como una paloma.

 

Entonces El se va. El atraviesa el desierto. El rompe la envoltura de Saturno: ¡y el sol se eleva!

 

El labra a través del barro de esta existencia: ¡Y el sol se eleva!

 

El predica el Evangelio, por supuesto, pero a su vez cura a los enfermos. ¡Y el sol se eleva!

 

El se sacrifica total y absolutamente. El elige la cruz: ¡Y el sol se eleva!

 

Y en la mañana de la resurrección el sol irradia sobre un nuevo mundo.

 

¿Entienden esta llamada solar, esta llamada de Cristo?

 

 

Ahora saben que la Escuela de los Misterios nace de la dura realidad. Ahora saben que la Escuela de los Misterios no puede ser la escuela del agua, sino la escuela del fuego. Y quizás comprendan ahora también las consecuencias de esto. Estas consecuencias se describen en la Fama como el lenguaje secreto o el escrito o el gran diccionario.

 

¿Cuales son estas consecuencias?

 

Los hombres que todavía sólo escuchan boquiabiertos, llenos de interés o llenos de mal humor a Juan el Bautista, todavía no pueden comprender estas cosas. Ellos tienen que comprender todavía el sentido de la vida y reconocer la realidad. Por eso la filosofía de occidente se dirige a nosotros para que podamos asimilar nuestra realidad en esta sabiduría. ¡La realidad es horrible! Por eso proseguimos con la filosofía de occidente y llamamos con ella: «¡Allanad los caminos para el Señor!»

 

Pero la horda negra, que mantiene prisionero al mundo y a la humanidad, se niega. Una aceptación significaría su fin. Voluntariamente no aceptará este destino. Por eso el alumno que prosigue en el camino de la realización se deja bautizar, igual que Jesús, en el agua del Jordán, y ahora sabemos lo que debemos entender por esto.

 

Después de su bautizo él cambia inmediatamente su táctica.

 

Pues después de este bautizo él es admitido en la Orden.

 

 

Para nosotros es un especial privilegio, poderles transmitir algo del lenguaje secreto. Posiblemente ahora presientan algo del sendero por el que caminamos. Posiblemente comprendan ahora algo del trabajo de Acuario.

 

¿Por qué atacamos a la horda negra con tanta vehemencia; porqué les alentamos a que vengan con nosotros; porque describimos para ustedes la realidad en una forma tan exacta? ¿No lo comprenden? Porque queremos impulsarles a la acción. ¿A que acción? ¡A que se sumerjan con nosotros en el agua del Jordán, por completo! Si hacen esto, si tienen el coraje para ello, si toman a su cargo este acto heroico, entonces colocan su pie en el sendero que conduce al nuevo estado del alma.

 

La Escuela de los Misterios experimenta una gran expansión en los últimos tiempos. Es la preparación para un sublime y decisivo trabajo. Por eso nosotros somos perturbados; por ello en esta perturbación el oro es probado y purificado; por ello, son escogidos de esta manera los aptos para la nueva obra. Muchos han tomado esta posibilidad. Por el testimonio del acto de amor, el amor ha venido sobre ellos. Cuanto más se desprendan del yo, más crecimiento del alma recibirán.

 

 

Cuando el joven hermano entra en la Orden, creada por necesidad, él comienza a estudiar la sabiduría del gran diccionario. El recibe lecciones sobre la táctica de la Orden; como base de su nuevo trabajo aprende a comprender: ¡la luz no se deja apartar, ella quiere vencer! Si no puede vencer con el agradable brillo de la radiación solar liberadora, que expulsa a la oscuridad, entonces actuará como un rayo.

 

Si comprenden la magia de la luz, entonces saben, cómo la luz dirige las cosas naturales en el mundo en una infinita variedad de niveles y en una multitud de formas. La astrosofía nos explica las radiaciones de las fuerzas cósmicas y nosotros conocemos también los fuertes efectos de las radiaciones invisibles de los elementos.

 

Existe algo así como una divina ilegalidad: invisible para el hombre natural, la materia densa es vaciada hasta que se derrumba. El proceso, que mantiene a la horda negra, es aplicado en contra de ella. Esta perece por su propia esencia inferior, debido a la actividad revolucionaria y mágica de la luz, del fuego.

 

Según dice la Fama, el Hermano R.C. va a utilizar a diario el gran diccionario de esta revolución de la luz para gloria y honor de Dios y encontrará en él gran sabiduría. El aprende de este libro la gran diferencia entre dogmas y su realización. Los dogmas en sí no son liberadores, sino que sólo su realización aporta la solución de los problemas. Ustedes pueden comparar los dogmas con el elemento agua, la realización de los dogmas con el elemento fuego.

 

En la vida natural estos dos elementos son enemigos entre sí. Por eso también se recela tanto ante la tarea del cristianismo. La religión de occidente es enterrada así bajo el dogmatismo y así permanece sin más. Pero el alumno de la Rosacruz anhela la unidad entre el agua y el fuego y por eso coloca la revolución de Acuario en este mundo, la revuelta que tiene que aportar esta unidad.

 

Nos encontramos mutuamente en el Jordán. Ahí vemos la imagen del Bautista que nos sumerge en la destrozada realidad, destruida por la naturaleza inferior. Después de nuestro bautizo vamos con El, el Señor de toda Vida, a través del desierto hacia el Caná de la Renovación; allí avanzamos hacia la nueva boda, donde centellea en la copa la sangre del Señor, el nuevo vino; allí construimos la nueva patria para la ola de vida humana.

 

Ved, debemos aprender este lenguaje secreto: que la Escuela de los Misterios no pretende una elevación de lo inferior, una liberación de la aflicción y de la degeneración, sino que nos empuja duramente hacia lo inferior, hacia la realidad, al Jordán. El espíritu de Cristo también se hunde en las aguas del Jordán y nos precede hacia el Caná de la Renovación. Y por eso debemos liberarnos mutuamente del engaño, de que debe existir algo así como una «liberación» de esta realidad infernal. No, nosotros mismos tenemos que apagar este ardor infernal con el fuego de nuestro acto, hasta que finalmente veamos aparecer el nuevo sol en el cenit.

 

Si tenemos el coraje para este trabajo, si aceptamos esta tarea, si comprendemos este lenguaje secreto del diccionario de la revolución de Acuario, entonces «todas las cosas son entregadas en nuestras manos.»

 

 

«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora para ir desde este mundo al Padre y amando El a los suyos, que estaban en este mundo, los amo así hasta el final. Y después de la cena (cuando el demonio ya había introducido en el corazón de Judas Iscariote, el hijo de Simón, el traicionarle), y aun sabiendo, que el Padre le había entregado todas las cosas en sus manos y que El vino de Dios y regresaba a Dios, se levantó de la mesa, se quitó sus vestiduras, tomo un lienzo de lino y se lo ciño. Entonces vertió agua en un recipiente y se dispuso a lavar los pies a sus discípulos y a secarlos con el lienzo de lino con el que se había ceñido. Así llegó hasta Simón Pedro. Pero Pedro le dijo: ¿Señor, tu quieres lavarme los pies? Jesús contestó y le dijo: Lo que hago ahora todavía no lo entiendes, pero mas tarde lo entenderás.»

 

 

Sin lugar a dudas hay lectores que tampoco comprenden este simbolismo sagrado de una verdad grandiosa. Para ellos esto que dice el Evangelio de Juan es un lenguaje secreto. Ellos piensan en un ritual, que es imitado como una caricatura horripilante por el Papa en Roma en su anual lavatorio de pies. Para incontables personas, todo el cristianismo es un lenguaje misterioso y una confusa caricatura.

 

Pero este lenguaje secreto lo comprenderán ustedes después, cuando la dura realidad les haya asido y haya expulsado de ustedes por medio de sus golpes hasta el último resto de egoísmo; cuando esto se haya convertido en un infierno tan horrible, que cada paso sea para ustedes como un infinito dolor. Entonces a través del dolor se les abrirán los ojos, entonces brillará ante ustedes el lenguaje secreto del diccionario de la Fraternidad Rosacruz; entonces también comprenderán el secreto del lavado de pies.

 

Entonces ven subir de las aguas del Jordán al Inconmensurablemente Hermoso en una inexpresable majestad. El está ceñido con un limpio lienzo de lino, el símbolo del servicio de amor impersonal. El viene como un servidor; y el se inclina en este desolado desierto, cargando con su cruz en absoluta negación de si mismo para el hombre y la comunidad . Este es el milagro del lavado de pies, el símbolo de los peces, la señal de la cruz.

 

Y lo enérgico y dinámico en nosotros dice: «¿Porque tu, Señor? ¿No tiene que ser ofrecido este sacrificio por cabezas de hombres, corazones de hombres y manos de hombres?»

 

Pero el Dios en la carne dice: «Lo que hago ahora no lo entiendes, pero lo entenderás mas adelante.»

 

Cuando la vida arde, cuando ha llegado el momento psicológico de la lucha, entonces esta ahí la cruz, y sólo en esta señal vencerá el hombre dinámico. Entonces todas las cosas son entregadas en nuestras manos.

 

Sin el sacrificio de Cristo todo trabajo es inútil.

 

Sin nuestro sacrificio todo trabajo de liberación es una locura.

 

Y por eso: comprendan con nosotros el lenguaje secreto del diccionario de la revolución de Acuario, el lenguaje secreto de la Fama Fraternitatis. Si todavía no lo comprenden, entonces lo comprenderán después, que sólo hay una señal, sólo un símbolo de la revolución de Acuario: la cruz de Cristo.

 

Derribada en la realidad: construyan en la victoria de la cruz, en la realidad, a través del desierto, por el acto de amor que se sacrifica a sí mismo.

 

Esto es Acuario, esto es el Rosacrucianismo. ¡Esta es nuestra táctica!     ¿Quien podría resistirsenos?

 

 

 

 

 

Ellos también escribieron la primera parte del libro M. Pero como el trabajo se hizo muy pesado para ellos y la increíble afluencia de enfermos les obstaculizaba bastante, y además ya estaba concluido el nuevo edificio, llamado Sancti Spiritus, decidieron incorporar todavía a algunos más en su Comunidad y Fraternidad.

 

Para ello fueron elegidos: Hermano R.C., el hijo del hermano de su difunto Padre; Hermano B., un buen pintor; G.G. y P.D., sus escribientes, todos ellos europeos, inclusive I.A. En total ahora eran ocho, todos no casados y por voto comprometidos a la castidad. Ellos recopilaron una obra sobre todo lo que el hombre debe desear, anhelar y esperar.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XII

 

El nuevo edificio del Espíritu Santo

 

 

Cuando el alumno en la Escuela de los Misterios de la Rosacruz sigue su penoso camino para cumplir su tarea hasta el final, entonces él encuentra la fuerza para ello, porque se sabe llevado por la ley fundamental de los misterios de occidente, de la ley que encuentra su expresión en la inscripción que fue hallada en el sepulcro simbólico de Cristián Rosacruz, con las siguientes palabras:

 

«Ex Deo nascimur, in Christo morimur, per Spiritum Sanctum reviviscimus», esto significa: «de Dios hemos nacido, en Cristo morimos, por el Espíritu Santo renacemos.»

 

Pero esta frase no es una expresión edificante, no son flecos que cuelgan de un vestido místico, sino que esta expresión tiene un sentido profundamente gnóstico. Es el prismático átomo-semilla de la filosofía de occidente, y cuando el alumno de la Rosacruz se declara uno con esta confesión de fe, entonces sabe lo que dice; entonces sabe lo que hace; entonces conoce la fuerza maravillosa que se encuentra en ella.

 

Todo aquel que esté admitido en un círculo mágico de los misterios tiene que preguntarse: ¿Sé realmente lo que digo; sé realmente lo que hago; conozco algo de la maravillosa fuerza cuando repito esta ley fundamental de los misterios de occidente: de Dios he nacido, en Cristo muero, por el Espíritu Santo resucito?»

 

Si poseen  algo de este saber, entonces también comprenden la Fama Fraternitatis cuando habla de la Fraternidad de los Rosacruces que comenzó con cuatro personas.

 

Nosotros leemos en la Fama: «Ellos también escribieron la primera parte del libro M. Pero como el trabajo se hizo muy pesado para ellos y la increíble afluencia de enfermos les obstaculizaba bastante, y además ya estaba concluido el nuevo edificio, llamado Sancti Spiritus, decidieron incorporar todavía a algunos más en su Comunidad y Fraternidad. Para ello fueron elegidos: Hermano R.C., el hijo del hermano de su difunto Padre; Hermano B., un buen pintor; G.G. y P.D., sus escribientes, todos ellos europeos, inclusive I.A. En total ahora eran ocho, todos no casados y por voto comprometidos a la castidad. Ellos recopilaron una obra sobre todo lo que el hombre debe desear, anhelar y esperar.»

 

Cuando el predicador de una comunidad eclesiástica extiende sus brazos sobre su parroquia en bendición y expresa su voto: «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», entonces sería cuestionable, si el hombre sabe lo que hace, porque en sus propias enseñanzas y en su propio comportamiento de vida con frecuencia no se atiene a vivir según el orden del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Si hiciese esto seguramente no podría soportar más la permanencia en su gremio eclesiástico.

 

Después del voto, a estos referidos señores espirituales le siguen muchas veces las tan sombreadas contradicciones, que se expresan en la oración y en la predicación y sobre todo en el bloqueo de la realidad.

 

«De Dios he nacido.» ¿Que significa esto? Es la expresión del hombre que conoce a Dios, que sondea algo de lo divino y esto según la cabeza y el corazón. Es la expresión del hombre que siente en el universo una voluntad, una sabiduría, una fuerza, que carga con el universo. Ya no es sólo la fe en una elevada e inexpresable dirección, que puede ser percibida de diferentes maneras. Ya no es más el miserable balbuceó del hombre primitivo, que dice: «Si, tiene que haber algo», sino que es el conocimiento absoluto, el conocimiento superior del investigador esotérico.

 

Es lo cósmicamente metódico, la grandiosa organización universal del universo. Ahí se apresuran los millones de sistemas solares a través del inconmensurable espacio del séptimo plano cósmico; las infinitas familias de estrellas muestran la maravillosa gloria de esta fuerza, que tiene que dirigir todo esto. Y así como un objeto produce un sonido en el espacio por una resistencia que tiene que vencer, así todas estas miríadas de esferas, tan diferentes entre sí en velocidad, diámetro y en su composición, aportan cada una un sonido propio en su camino dirigido a través de la cósmica independencia esencial. Y estos sonidos forman juntos el gran coro de los representantes de Dios.

 

¿Han percibido alguna vez algo de este mar de sonidos? ¿Conocen algo de astrosofía? No nos referimos a las empobrecidas interpretaciones del horóscopo sobre diversas banalidades, sino al lenguaje de Dios, que viene a nosotros a través de estos sublimes servidores. Entonces han percibido la sagrada conmoción al descubrir que por orden Suya todas las fuerzas cósmicas se preocupan de nosotros, que el salmista no sólo dice algo al azar cuando canta: «Mirad, El los conoce a todos por su nombre.»

 

Entonces, con las manos unidas en oración y con lágrimas en los ojos, usted ha percibido un conocimiento maravilloso y sublime, una prueba clara de algo inexpresablemente bello, o sea, que se nos conoce a nosotros, que somos microorganismos infinitamente pequeños en comparación con estos titanes majestuosos; qué también nosotros somos propulsados en un proceso de evolución; qué no hemos sido lanzados como núcleos de conciencia casuales en una de las esferas celestes más pequeñas para que finalmente seamos destruidos en una catástrofe estelar, sino que estamos incluidos en un plan, en un plan divino; que formamos parte como algo imprescindible con todos los grandes, que tienen una misión, cuya meta final esta mucho más allá de nuestra actual capacidad de percepción.

 

¡De Dios he nacido! Muy positivamente lo repite el alumno. Pues él sabe que por su oración que todo lo abarca ha asido lo poderoso.

 

Y ahí donde el hombre de la masa balbucea: «Tiene que haber algo,» conmovido en forma negativa por el gran misterio, ahí el alumno eleva su cabeza lleno de agradecimiento y de amor hacia El, que pensó los cielos y fueron.

 

El se sabe uno con El, él sabe que se encuentra al principio de un sublime camino y el pide: «Señor, enséñame a dominar el miedo» cuando percibe la voz que llama: «Sed perfectos como vuestro Padre en el cielo es perfecto.»

¿Pero quien ha dicho esto? ¿Quien habla de esta perfección que nosotros podemos alcanzar?

 

Es la gran voz de la llamada de Cristo,

del Cristo, que nos explica el método santo.

«De Dios he nacido», de la matriz del universo he sido enviado hacia el tiempo, para elevarme desde este orden con su multiplicidad de aspectos como entidad perfecta en el orden superior y renacer por el Espíritu Santo, para ello tengo que morir en Cristo.

 

Todo cumplimiento es dudoso y un absoluto disparate, si no comprendemos el método santo, si no estamos dispuestos a morir en Cristo.

 

No contemplen este escrito como una predicación; no queremos sincronizar su capacidad mental con la actual humillación ortodoxa de Cristo, con la caricatura cristiana de la Iglesia A, B o C. Nosotros, los Rosacruces, tenemos una actitud realista. Y por eso queremos recordar antes de repetir «en Cristo morimos», que hemos nacido de Dios, que somos de su linaje.

 

Y cuando con razón estemos penetrados de un legítimo orgullo, por pertenecer a esta gran jerarquía de seres y por que hemos recibido un lugar en la manifestación del universo, vemos al mismo tiempo el horrible fantasma de la realidad. Vemos el mundo como un llameante infierno, vemos las más detestables contradicciones y sabemos, que nos hemos precipitado hasta aquí abajo en el orden inferior, donde los poderes de lo inferior sujetan a la humanidad con un fuerte puño.

 

Vemos la llameante traición, el lamentable encarcelamiento del monstruo negro. Vemos a las masas en una danza en corro demoníaco; la tierra esta empapada de lágrimas; muchos son nuestros lamentamos y nuestro corazón está fatigado.

 

Y el alumno que canta con tanta alegría: «De Dios he nacido» ve en profunda desesperación, que la masa no conoce su origen, que la luz irradia en una oscuridad mortecina, que no puede asimilar la luz.

 

Por eso resuena su voz con una firme decisión: «En Cristo muero.»

 

¿Que significa esto?

 

Esto no es habladuría dogmática para el alumno, no es romanticismo a la hora de la muerte, ni ningún murmullo agradable. Para el alumno esto no tiene nada que ver con una beatería embadurnada de terminología pomposa.

 

Es un terrible salto hacia la realidad; es el serio ataque a los fantasmas negros; es un salto hacia la realidad infernal, para comenzar la gran lucha contra todas las fuerzas negras; para liberar a la humanidad, que ha nacido de Dios y que, a pesar de todo, amenaza con asfixiarse bajo el puño de hierro de toda clase de prácticas.

 

Es un hundirse en la vida cruel, en la que millones languidecen en la miseria y pocos gozan en la opulencia.

Es el reconocimiento de las honestas mentiras de los sepulcros pintados de blanco.

 

Es el desenmascaramiento de la engañosa esperanza de salvación horizontal.

 

Y es dolor, con frecuencia un indecible dolor para los verdaderos héroes de Dios.

 

Es y fue en el transcurso de todos los tiempos: cárcel y campo de concentración, persecución y exilio y tortura por medio del terror infernal.

 

Es el percibir los golpes del martillo neumático en las fábricas de armamento.

 

Es el ver las humaredas de los barcos de guerra envueltos en vapor y de los submarinos atómicos.

 

Es el mar de sangre.

 

Y… es el despertar de los apaleados y pisoteados, el enderezar de los caídos para elevarlos a la luz, para que algún día también puedan lanzar gritos de júbilo en el gran coro de los conscientes: «¡De Dios hemos nacido!»

 

Es la construcción de una nueva casa, no como una imagen esquemática y difusa, creada de la contemplación crística, sino una construcción concreta, con cabezas, corazones y manos, una nueva casa Sancti Spiritus en Europa.

 

Es la auténtica francmasonería.

 

Esto es morir en Cristo.

 

«De Dios hemos nacido. En Cristo morimos.»

 

El camino, el único camino de la liberación es la aceptación de la cruz, es estar completamente dispuesto a una ofrenda en este mundo. Esto demuestra un amor humano puro, en el que ha desaparecido todo egoísmo crístico, todo paganismo crístico. Esto no es un jugar al escondite detrás del amor de Cristo. Esto significa aceptarle como él quiere ser aceptado: siguiéndole al Calvario.

 

Sólo si nos sumergimos por completo en la vida real, si nos hundimos en el orden inferior de la realidad infernal, podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.

 

Deben prestar atención a lo que dice Cristo: «Muchos de los últimos serán los primeros», y estas palabras las vemos confirmadas a diario. Nosotros, los Rosacruces, tenemos por ello el máximo interés por la multitud cada vez mayor de hombres y mujeres, que, aunque no conocen a Cristo, se abren paso hacia El por su autosacrificio y por su lucha, que no respeta a su propio yo. Estos serán los primeros, pues por su gran amor humano eximen la gran ley, la ley de Cristo. El camino, el único camino de la liberación es la aceptación de la cruz: «De Dios he nacido, en Cristo muero, por el Espíritu Santo resucitaré.»

 

Y así viene luego el vencimiento y el nuevo edificio Sancti Spiritus. Desde la profundidad de la negra tierra se eleva una planta nueva y fuerte:

la semilla es según el plan de Dios;

en Cristo la semilla ha caído en la tierra y ha muerto;

por el Espíritu Santo es desatada la fuerza latente e irrumpe hacia la luz para dar frutos.

 

 

Ahora comprenderemos la Fama Fraternitatis.

 

Ahí están los tres hermanos de la Rosacruz.

 

En Cristián Rosacruz hemos visto el amanecer de la nueva era y en estos cuatro hermanos debemos ver, según el simbolismo gnóstico, el mediodía. Este sol espiritual – Cristo – irradia y ha encontrado un foco en las cabezas y en los corazones de los hombres. La luz ha traspasado la oscuridad, pronto irrumpirán las llamas.

 

Y así se escribe la primera parte del Libro M. Iluminado interiormente de un irradiante amor humano, Cristián Rosacruz y los suyos se abren paso hacia la realidad; cargan con la cruz, pues sólo así se puede reconocer a Cristo.

 

Cuanto  más nos ajustemos así a la vida, más enfermos vendrán a nosotros para que les curemos y a los que nosotros podremos ayudar. Los que padecen, pasan ante nosotros en inmensas filas y extienden sus brazos clamando la salvación. Pero, ay, nosotros sentimos nuestra debilidad. ¿Qué podemos hacer en este mar de sufrimiento humano?

 

Pero entonces sucede el milagro.

 

Por nuestro sacrificio se abre la semilla en la tierra oscura. Las fuerzas ocultas son liberadas y el nuevo edificio Santi Spiritus, la casa del Espíritu Santo, se eleva hacia arriba como un joven dios. Y mirad, ahí encuentran los cuatro hermanos de la Rosacruz sus cuatro componentes y a partir de ese momento ellos aparecen como la Fraternidad de los ocho. Duplicados en número forman la fórmula de transmutación mágica de Saturno:

 

De Dios hemos nacido – Espíritu.

 

En Cristo morimos – en la materia.

 

Por el Espíritu Santo renacemos en espíritu, en el sendero de la espiritualización.

 

Este es el extremadamente maravilloso proceso de transmutación, el proceso de la transfiguración ante el que nos coloca el cristianismo y que se lleva a cabo por la Fraternidad de la Rosacruz.

 

Así vemos nosotros el giro de fuerza en materia y de materia en fuerza.

 

Así nace el reino que no es de este mundo. Se eleva de un proceso de transmutación religioso, científico y artístico, realizado por cabezas, corazones y manos humanas. Este es el cambio que pretendemos.

 

Bienaventurado aquél que entienda algo de esto.

 

Bienaventurado aquél que se incorpora en las filas de aquellos que han construido el nuevo edificio en Europa.

 

El recibe todo lo que un hombre puede anhelar, desear y esperar:

 

 

Ex Deo nascimur,

In Christo morimur,

Per Spiritum Sanctum reviviscimus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque ahora queremos confesar que el mundo ha mejorado considerablemente en los últimos cien años, estamos convencidos de que nuestros axiomas permanecerán inalterados hasta el día final. Incluso en su última y mas avanzada edad, el mundo no podrá ver nada que sea mas intangible que estos axiomas. Pues nuestras rotas comenzaron el día en que Dios pronunció su «Fíat» (hágase) y finalizarán cuando pronuncie su «Pereat» (perezca). Sin embargo el reloj de Dios señala cada minuto, mientras que el nuestro apenas indica las horas enteras.

 

Nosotros creemos, por lo tanto, con certeza, que si nuestros queridos padres y hermanos hubierán vivido en nuestra clara luz actual, hubiesen tratado al Papa, a Mahoma, a los escribas, a los artistas y a los sofistas con mas severidad y habrían demostrado su espíritu servicial más con el acto que con lamentos y deseos de perfección.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XIII

 

Los incuestionables axiomas fundamentales de los rosacruces

 

 

¡Un anhelante suspiro se eleva de incontables millones de personas! ¿Cuando vendrá la liberación de la garra de los poderes demoniacos, que atan a la humanidad con pesadas cadenas? Las manos se extienden hacia el cielo, y si queremos escuchar en silencio, entonces escuchamos la indecible aflicción que atraviesa la tierra como una ola de marea.

 

Si, el dolor de la humanidad es como un mar, imprevisible, infinitamente profundo, agitado por las tormentas. Y aquí se encuentra la perturbación y allá vemos la desesperación y más allá la sofocante sumisión y los muertos vivientes. Ahí luchan por su vida los que se están ahogando y lanzas sus gritos de muerte: ¡Queremos vivir!

 

Mirad, en la orilla hay algunos que representan a los salvadores. Y ellos simbolizan los gritos de liberación de los negativos. Las ideas de la liberación vienen y van como luces que pasan delante de lo oscuro. Ellas lanzan su luz y son tragadas por la oscuridad.

 

Las ideas de la liberación vienen como imágenes desfiguradas de la abstracción de Dios. Ellas no puede ser proyectadas de forma inmaculada en el pensamiento concreto, porque la vida del hombre está rota y el estado ileso ha desaparecido. ¡Todo es caricatura!

 

Es el juego de la muerte y la danza macabra en un traje de bufón con cascabeles.

 

La baja pasión acecha y nos mantiene a todos prisioneros con sus innumerables tentáculos de pulpo. Como un calamar nos escupe con su negra saliva infernal.

 

Las ideas de la liberación vienen como poesías en forma agradable y cuando las queremos asir se convierten en fantasmas que se retuercen en risas convulsivas y gozos infernales. Las ideas de la liberación se acercan, pero no dan sustento. Son formaciones ruinosas, no están en condiciones para navegar. Ellas se deshacen con el tiempo y se transforman.

 

Por eso hay risas y maldición. Ninguna risa de alegría, sino una risa que nace del lamento, esa risa infeliz, exenta de alegría, que les rompe el corazón. No es una maldición del odio, sino una maldición que surge del dolor, que nos hace apretar los puños, que nos hace encorvar la espalda en una concentración de energía, y que si no encuentra salida, irrumpe en un grito que rompe los cielos.

 

Por eso, nosotros nos reimos de estas viejas e impotentes ideas, de estas ideas de liberación que no son capaces de venir hacia la realidad. Nosotros maldecimos los valores quebradizos, detrás de los que la humanidad es arrastrada en largas e interminables cadenas. Ya no fijamos nuestra mirada en espejismos que aumentan el dolor. Ya no tomamos las hipótesis de una ciencia corrompida, por la que especulan los traidores y los demagogos.

 

¿No son los términos de bondad, verdad y justicia como un juego, como un espantoso juego con un trasfondo de una realidad de vida de sangre y lágrimas?

 

«No queremos otra cosa que vivir, vivir realmente!» Como un grito agudo se eleva esta llamada sobre el mundo. Y el hombre que busca una salida, coloca de nuevo enérgicamente su pie en el camino del dolor. Y de nuevo se eleva el sollozante anhelo de un fin, de una liberación de las garras de los poderes demoniacos, que mantienen a la humanidad con pesadas cadenas.

 

 

Aquí ven el ciclo de las cosas: la descomposición de aquella vuelta determina la más dificultosa descomposición de la siguiente.

 

¿Donde está la espiral del desarrollo?

 

¿Existe quizás algo así como progreso?

 

¿O es todo un satánico engaño?

 

¿Es la ola de vida humana quizás una intencionada mistificación en el orden cósmico de las cosas?

 

 

¡Si la humanidad pudiera liberarse alguna vez del mundo de los fantasmas de la imaginación, liberarse del engaño, y pudiese realmente tomar las normas verdaderas, las ideas cósmicas que poseen valor eterno!

 

¡Si pudiésemos reconocer algo de la finalidad misma!

 

¡Si pudiéramos reconocer algo del orden divino de las cosas!

 

Algo de El, quien, según se dice en la Biblia: «permanece El mismo de eternidad en eternidad.»

 

¡Si pudiéramos liberarnos de la filosofía de mentiras, de los poetas y pensadores pagados, de los pagados que desvirtúan la santidad de Dios, si pudiéramos desgarrar todo el entorno de apariencia y ficción, para que pudiéramos ver cómo irradia la verdad, la verdad eterna e imperecedera, en la oscuridad de este mundo!

 

¡Podemos hacerlo!

 

Las eternas e innegables tesis fundamentales de la verdad existen. ¡Nosotros las poseemos! Ellas pueden ser vistas y reconocidas. Ellas se manifiestan en los axiomas de la sabiduría gnóstica de occidente.

 

Un axioma es una innegable tesis fundamental, que no puede ser destruída por el tiempo y que cubre a la eternidad. Y son esas ideas básicas, estas tesis fundamentales, con las que se pretende unirles en la Escuela de la Rosacruz de Oro.

Estos no son «barcos que navegan por la noche oscura», que, estandonos ahogando, nos dejan atrás sin salvación. Lo que Cristián Rosacruz nos trajo no es engaño. La Fama dice sobre esto:

 

 

«Aunque ahora queremos confesar que el mundo ha mejorado considerablemente en los últimos cien años, estamos convencidos de que nuestros axiomas permanecerán inalterados hasta el día final. Incluso en su última y mas avanzada edad, el mundo no podrá ver nada que sea mas intangible que estos axiomas. Pues nuestras rotas comenzaron el día en que Dios pronunció su «Fíat» (hágase) y finalizarán cuando pronuncie su «Pereat» (perezca).»

 

 

Existe una sabiduría universal eterna que puede ser reconocida por todos los que luchan y deambulan en el nadir de la materia. No piensen al respecto en libros, no piensen en palabras, piensen en una fuerza, que se manifiesta a aquellos, que se han elevado del dolor hacia el acto, según el orden de Jesucristo.

 

Si ustedes conociesen estas tesis fundamentales, entonces ganarían en lo positivo y se apartarían de lo negativo. Entonces ya no se enfrentarían a las cosas con angustia, sino que verían a través de ellas, las atravesarían. Y entonces actuarían con más rigor ante los poderes demoniacos que atan al mundo.

 

La Fama dice también en sus revelaciones:

 

 

«Nosotros creemos, por lo tanto, con certeza, que si nuestros queridos padres y hermanos hubierán vivido en nuestra clara luz actual, hubiesen tratado al Papa, a Mahoma, a los escribas, a los artistas y a los sofistas con más severidad y habrían demostrado su espíritu servicial más con el acto que con lamentos y deseos de perfección.»

 

 

Así comprobamos que el conocimiento de esta verdad luminosa e imperecedera cambia por completo nuestra vida.

 

 

Queremos hacer algunas consideraciones en relación con el alumno que comienza. Existen tantas almas, posiblemente refinadas, afectivas, que sólo se muestran serviciales con el suspiro y el anhelo por el fin y la destrucción de los valores infernales, que tienen encadenados a nuestro mundo y a la humanidad. Este suspirar y anhelar se unen en la esperanza, de que una fuerza externa intervendrá finalmente, de que un maestro o hermano mayor les tomará algún día de la mano, de que Cristo se manifestará. Es la sumisión a Dios, si, la adoración de las enseñanzas crísticas, las que, al ser aceptadas, deberán traer finalmente la regeneración.

 

Y hay servicios de templo en los que practican meditaciones. Pero ustedes todavía no conocen nada de la clara y luminosa luz de las innegables tesis fundamentales. Pues en cuanto se conoce algo de ellas, uno actúa con más severidad. En el lugar de su anhelante suspiro se coloca la positividad. ¡Ustedes levantan el estandarte de la bondad, la verdad y la justicia!

 

Ustedes escuchan la voz de Cristo que les habla: «Sed perfectos como vuestro Padre en el cielo es perfecto.» Recibirán estrías del latigazo divino: «Obrad vuestra bienaventuranza en temor y temblor»; y ustedes no colocan estas palabras en el marco de la conciencia-yo, sino en la conciencia-nosotros, la del servicio de amor que se sacrifica a sí mismo para los demás.

 

Nos despedimos de la ominosa debilidad del «qué podemos hacer por nuestra propia fuerza», porque sabemos que la fuerza divina se realiza en la flaqueza humana.

 

Ustedes pueden hacerlo, si reconocen las directrices cósmicas.

 

Ustedes lo hacen cuando las han contemplado.

 

Por eso el hombre de Acuario, el francmasón positivo, es una persona tan inconcebible para muchos de los que todavía se encuentran ante la puerta.

 

¿Qué cualidades caracterizan al hombre que ha adquirido algo de esta clara luz de las innegables tesis fundamentales?

 

«El actúa con más severidad contra el Papa.» ¿Que significa esto? El Papa es en la Fama Fraternitatis el símbolo de la denominada cristiandad negativa, la que toma piedras en lugar de panes, el símbolo de la Iglesia manchada de culpa y sangre, que bendice cañones, submarinos y otros instrumentos homicidas, el símbolo de la multitud de sacerdotes de túnicas negras, que han vendido a la masa al monstruo negro.

 

El alumno de la Gnosis actúa con gran determinación contra esta horrible caricatura de la eterna verdad. El llama a las armas con fuerte voz contra el peligro. El desenmascara las mentiras crísticas y coloca al verdadero cristianismo expresamente ante este disfraz de la muerte.

 

El no gorgojea dulces tonos negativos de amor negativas sobre el anhelante deseo de conversión y supresión, sino que está en este mundo como una fuerza, como una roca, en la que las mentiras se golpean y se muestran en su forma verdadera. El es severo por Dios, por el más elevado amor, por la humanidad que sufre tan horriblemente.

 

El masón gnóstico que comprende, también actúa con gran rigor contra «Mahoma». ¿Qué significa esto en el lenguaje de la Fama? Esto significa, que el servidor de la Escuela de los Misterios, el servidor de la filosofía de occidente, el servidor de Jesucristo, actuará con gran severidad contra cualquier corriente negativa en el sentido de una orientación de occidente. Aquellos que conocen algo del cristianismo y de la tarea del occidental, rechazan toda filosofía anticrística, toda corriente espiritual sin Cristo, toda concepción dispar del mundo como un gran peligro.

 

El hombre de Acuario tiene un gran respeto por cada pensamiento puro, por cada sistema de pensamiento, pero él remite cada pensamiento y cada sistema a la esfera a la que pertenecen. Una religión oriental será necesaria sin lugar a dudas para millones de orientales y cumplirá su misión; pero para el occidental tienen validez otras directrices. Y su rechazo o perturbación significa mayor sufrimiento, dolores más profundos, factores obstructores, mayor degeneración. Por eso el hombre que posea el verdadero amor positivo debe actuar con severidad y vehemencia contra este perderse en trivialidades.

 

El alumno Rosacruz que comprende, también actúa como dice la Fama, contra los «escribas.»

 

Estos son los innumerables que envenenan los espíritus con lo negativo, con lo antinatural, y ustedes saben que también aquí el candidato sigue el camino de la severidad.

 

Después vienen los «artistas», estos son los magos negros y los parásitos, todos los que son llamados iniciados y charlatanes. Ustedes saben, que cuando nos encontramos con estos artistas les ajustamos las cuentas sin piedad.

 

Y así vienen al final los «sofistas», la seudociencia, que se ha vendido al dirigente de este mundo. Estos son los estafadores del pueblo.

 

Mirad, contra todos estos grupos el hombre positivo tiene que actuar con severidad.

 

¿Por qué? ¿Es odio lo que le impulsa? ¿Es mezquindad, mezquindad sectaria? ¿Por qué golpea con fuerza contra la muralla de lo negativo? ¿Por qué golpea con la maza de la bondad, la verdad y la justicia?

 

Porque él ha aprendido a investigar las innegables tesis fundamentales del universo, porque él sabe que sólo por estos caminos podrá celebrarse la victoria; porque se ha despedido del sollozante anhelo negativo; porque exclusivamente por el acto de cabezas, corazones y manos humanas, aunque sea en flaqueza, se puede realizar la fuerza de Dios; y porque él ha nacido al acto por el servicio de amor que se sacrifica a sí mismo.

 

¡El se vuelve servicial!

 

No como una persona que da propinas después de haber tomado primero, sino realmente servicial, positivamente servicial en la realización del gran plan de Dios con este mundo, que tiene que ser realizado por hombres. Para eso estamos aquí.

 

El Profesor Keller dijo una vez: «¿Qué puedo hacer por mi propia fuerza?»

 

Nosotros decimos: «Les invitamos a tomar conciencia de las innegables tesis fundamentales de la filosofía gnóstica de occidente, pues estamos convencidos de que en su clara luz ustedes podrán celebrar su cambio fundamental, y que, con la severidad y la inflexibilidad que surgen del conocimiento y del amor, lucharán con nosotros en el ejército cada vez mayor de los servidores de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando estos ocho hermanos resolvieron todo en unanimidad y lo ordenaron todo, de tal forma, que no se necesitaba ningún trabajo especial y que cada uno podía enseñar perfectamente la filosofía oculta y la pública, no quisieron permanecer juntos por más tiempo, sino que (tal como se había acordado desde el principio) se dispersaron por todos los países. Así los axiomas podrían ser analizados profundamente en secreto por los ilustrados y además podrían informarse los unos a los otros, si constataban algún error en tal o cual país.

 

Su acuerdo era el siguiente:

Primero: Ninguno de ellos debe ejercer otro oficio que curar enfermos, y esto gratis.

Segundo: Ninguno de ellos debe verse obligado, por parte de la Fraternidad, a llevar una vestimenta determinada, sino que han de adaptarse a las costumbres del país.

Tercero: Cada año, en el día C., cada Hermano debe aparecer en Sancti Spiritus o comunicar la causa de su ausencia.

Cuarto: Cada Hermano deberá buscar una persona digna que pueda ser su sucesor después de su muerte.

Quinto: La palabra R.C. será su sello, su contraseña y su ser más interior.

Sexto: La Fraternidad deberá permanecer oculta durante cien años.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XIV

 

El convenio séxtuple

 

 

Cuando el alumno en la Escuela de los Misterios de occidente ha asimilado en sí los valores más principales y destacados según su disposición y su carácter; cuando él puede, según dice la Fama: «enseñar perfectamente la filosofía oculta y la pública», entonces él es enviado como uno de los profetas, de los heraldos, de la gran obra.

 

Así como Jesús envía a sus discípulos a la gran viña, así también los trabajadores de la Rosacruz se encuentran en todos los países de la tierra para realizar allí sus servicios en todas las maneras posibles en la gran patria de la ola humana.

 

Y ahora vamos a analizar las leyes con las que se realiza este trabajo.

 

Los Hermanos de la Rosacruz están vinculados a un séxtuple voto libremente aceptado. El séxtuple acuerdo según la Fama Fraternitatis es el siguiente:

 

 

1. Ninguno de ellos debe ejercer otro oficio que curar enfermos, y esto gratis.

2. Ninguno de ellos debe verse obligado, por parte de la Fraternidad, a llevar una vestimenta determinada, sino que han de adaptarse a las costumbres del país.

3. Cada año, en el día C., cada Hermano debe aparecer en Sancti Spiritus o comunicar la causa de su ausencia.

4. Cada Hermano deberá buscar una persona digna que pueda ser su sucesor después de su muerte.

5. La palabra R.C. será su sello, su contraseña y su ser más interior.

6. La Fraternidad deberá permanecer oculta durante cien años.

 

 

A primera vista este acuerdo es muy simple, si, incluso más o menos insignificante, al menos seriamente decepcionante. Y realmente hay quien se burla con frecuencia de esta séxtuple ley y esta ley ha sido utilizada esta ley como ocasión para reprochar al autor de la Fama Fraternitatis, Juan Valentin Andreae, que él hubiese pretendido escribir una sátira, que él había pretendido  ridiculizar a la Fraternidad de la Rosacruz. Si se contempla de forma superficial, de hecho se encuentran motivos para ello. Cuando se deben hacer restricciones en relación con el trabajo gratuito para dominar la posible codicia; cuando se preocupa uno tanto por si se deben llevar vestiduras de la Orden o no, y cuando se considera necesario confeccionar un sello determinado, entonces tiene que haber algún desbarajuste en relación con el estado espiritual de la Orden.

 

Pero más de una persona se ha desviado por falta de conocimiento y comprensión, y también aquí tenemos que defraudar a todos los críticos. El sextúple acuerdo no ha surgido de una fuerte discusión sobre los colores del club o sobre las ventajas o desventajas de una moda determinada o algo similar.

 

No, el sextúple acuerdo da testimonio de un nivel más elevado, de una concepción más perfecta de lo que sospechan los superficiales, y nosotros queremos intentar colocarlo en la debida luz.

 

Así nos colocamos ante la primera ley, «que ninguno de ellos debe ejercer otro oficio que el de curar enfermos, y esto gratis.»

 

Sabemos que los Hermanos de la Rosacruz realizan en la vida la gran ley de Cristo o sea, predicar el Evangelio y curar a los enfermos, y que esta ley sólo exige: decir y hacer. En este sentido no puede existir ninguna separación, aunque según el método de la (¿conversión en iglesia? Verkirchlichung), es decir -el Evangelio- tiene que preceder al acto -la curación.

 

Vemos suceder también esto en la esencia de los Misterios. Cristián Rosacruz como predicador emite su llamada y como no obtiene éxito con ello (pues el recibe en todos los sitios un enérgico rechazo), él construye, después de su regreso a Europa, una fortaleza de la verdad, para que la luz de la verdad pueda obtener una victoria impetuosa. En otras palabras: el desenfunda la espada de la Fraternidad Universal para atacar a las fuerzas negras. Si él hubiese proseguido predicando el Evangelio, en predicaciones de la verdad sin más, tal como tiene por costumbre cada persona negativa en nuestros tiempos, hubiese sido completamente inofensivo para las fuerzas negras.

 

Entonces se le hubiese honrado con mucho agrado, se le hubiese festejado, se le hubiese colocado un monumento con una rúbrica conmovedora: «Aquí se encuentra el grande, pero lamentablemente incomprendido reformista del mundo», pero pensando a su vez: «¡Quiera que permanezca incomprendido por mucho tiempo!»

 

Pero Cristián Rosacruz no cayó en esta trampa. El quiere ser un hacedor de la palabra y por esto comprendemos aquí, que cuando los Rosacruces clásicos hablan de «no ejercer otro oficio que el de curar enfermos», se alude aquí al combate y a la lucha por la bondad, la verdad y la justicia. Entonces descubrimos que aquí se habla de los Caballeros de la Rosacruz, que parten como héroes dispuestos a la lucha para curar las enfermedades de la humanidad. Ningún dolor de cabeza o un trastorno en el intestino grueso, que aparecen cuando se han traspasado las normas más elementales de la nutrición. Por supuesto, también se trata de un trabajo de curación corporal, pero esto sólo constituye una pequeña parte de esta gran obra de reconstitución, que incluye a toda la humanidad, que quiere expulsar al cáncer de esta sociedad, que quiere levantar a los perdidos de este mundo, que quiere hacer comprender a la humanidad su vocación y su humanidad; ¡esta es la curación de los enfermos por los Hermanos de la Orden de la Rosacruz!

 

Y esto lo hacen gratis.

 

Esto no lo hacen por dinero ni por bienes, esta gran obra no la hacen por gloria ni honor, no la hacen para que la gente les vea; tampoco lo hacen para conseguir diversas liberaciones espirituales. Se trata de la humanidad, la humanidad que tiene que ser liberada; la humanidad que tiene que ser empujada hacia arriba, hacia la luz; la humanidad que tiene que ser arrancada de la garra del monstruo negro.

 

Este es el trabajo gratuito de los Hermanos de la Rosacruz.

 

Gratis, realmente, es una mentira. ¿Saben ustedes lo que se gana? Calumnia y odio, la suciedad de malas murmuraciones y mentiras, perturbaciones de tipo pequeño burgues en todos los sentidos, escenificadas por el Moloc negro. Esta es la recompensa en su aspecto material.

 

Gratis, de hecho es una incorrección, porque los que se entregan así en un servicio impersonal para la humanidad y cargan sobre sí la afrenta de la cruz, se vuelven tan increiblemente ricos, que no hay una medida que guarde relación con ello, ricos en fuerza y amor, que es irradiada por la luz misma.

 

Esta es una fuerza, que da una inconmensurable fortaleza y que hace brillar la victoria aun con más seguridad.

 

 

La segunda ley dice: «que ninguno de los hermanos se verá obligado a llevar una vestidura determinada, sino que se deberá adaptar a las costumbres del país.»

 

En esta ley se trata del método, de la táctica, de la conveniencia de la gran obra. Con la vestimenta se hace aquí referencia al método, a la táctica, a la conveniencia. Cada colaborador, cada grupo de colaboradores, tiene absoluta libertad de acción. Los trabajadores de la Rosacruz no tienen que amoldarse a un determinado cliché de trabajo, sino que cada puesto avanzado tiene que actuar según lo requieran las circunstancias. No existe un método autoritario que deba realizarse internacionalmente, sino que cada país debe adaptarse a sus costumbres. Cada divergencia en este sentido debe ser corregida de nuevo constantemente, para que cada instrumento pueda trabajar lo más elásticamente posible en la realización del gran ideal.

 

«Ninguno de los hermanos de la Rosacruz debe llevar una vestimenta determinada.» No se unen en o dentro de determinados gremios o asociaciones, ellos están por encima o al margen de cada partido para poder realizar mejor su labor.

 

Pero esto tenemos que comprenderlo bien. Es obvio, que como en el universo todo es sistema y orden, también aparece un trabajo organizativo, una auténtica construcción metódica, donde esto sea necesario y útil, pero la estructura de esta construcción impedirá desde el principio cada intento de cristalización.

 

Por ello debemos comprender que por esta ley la Orden de la Rosacruz se vuelve inexpugnable en su múltiple trabajo. Un grupo que se manifiesta en la materia como unidad puede ser atacado, pero una inconcebible multitud en aspectos y métodos es tan invulnerable como la luz misma. En una radiación inmensa la luz se derrama sobre el mundo y la humanidad y penetra los lugares más oscuros; y donde aparece esta luz, la oscuridad tiene que apartarse.

 

El método de trabajo de la Fraternidad de la Rosacruz puede ser imitado pero no superado. Y ésta es la alegría del mago gnóstico, que, aunque el mago negro imita su método, éste nunca vencerá por la suciedad de sus motivos.

 

Así, posiblemente también comprendamos lo que se pretende decir con la tercera ley:

 

«Cada año, en el día C, cada hermano deberá aparecer en Sancti Spiritus o indicar la causa de su ausencia.»

 

Aunque el núcleo del grupo de los pioneros espirituales se encuentra repartido por todo el mundo, existe a pesar de todo un contacto diario entre ellos. Existe una permanente comunidad de vida que arrasa las fronteras y cubre los continentes.

 

El día C., este es el Dies Crucis, es el día de la cruz, significa el día de Cristo; es cada día que Dios nos da; cada día vivimos en la mano del Señor: de El, por El y para El son todas las cosas.

 

Aquí no se piensa en una asamblea en condiciones de la materia densa, sino en una reunión en la casa Sancti Spiritus, en el edificio del Espíritu Santo. Esta casa la puede encontrar cualquiera que haya adquirido calidad de alma, que haya tejido algo del vestido nupcial de oro. Allí, en este vestido de Júpiter, la estancia es agradable y maravillosa; es la vestidura mágica de los hermanos, es la espiritualización, es el jardín milagroso del edificio Sancti Spiritus.

 

Y aquellos, que no pueden aparecer, cuando se percibe la llamada en el Dies Crucis, aquellos que están atados al trabajo, cuando se celebra la comunidad de las almas en una bienaventurada alegría y se colman mutuamente con la fuerza de amor, que sobrepasa toda comprensión, escriben una carta en la que indican las causas de sus impedimentos. ¿Esto que significa?

 

Significa, que nadie puede abandonar una construcción en la que está trabajando; que nadie puede abandonar su puesto hasta que la obra esté acabada. Con la sangre de su corazón, con su sangre del alma, el colaborador escribe su carta de impedimento. La diaria e ininterrumpida unión en el alma de los Hermanos de la Rosacruz no es ningún sueño ni un arrobamiento místico, mientras el mundo se desangra en la miseria. Su acto concreto, su perpetuo sacrificio, es su carta, escrita con los caracteres del amor.

 

«Cada hermano deberá buscar una persona digna que pueda ser su sucesor después de su muerte.» Esta es la cuarta ley.

 

Ustedes comprenden, que la obra no debe ser finalizada jamás, pero que tampoco debe sufrir nunca cualquier retraso. Conocemos quizas los círculos mágicos de fuerza que parten de un punto central para difuminarse en el amplio espacio de la manifestación de la vida. Siempre se necesita un nuevo impulso para despertar un nuevo círculo de fuerza. Y así sucede, que los Hermanos de la Rosacruz se preocupan permanentemente de que sus sucesores estén dispuestos. En cuanto se ha comenzado una obra determinada, los jóvenes trabajadores ya están dispuestos para cuando la mano de construcción de los mayores se debilite.  Muchas veces sucede que los trabajos exotéricos desaparecen con sus creadores. Sin embargo, en la Escuela de los Misterios, en actitud previsora, se busca y se encuentra el sucesor. Prepárense para ser admitidos en un nuevo círculo.

 

Y es evidente, que, tal como dice la quinta ley, «la palabra R.C., la palabra Rosacruz, será su sello, su contraseña y su ser más interior»:

 

La cruz, símbolo de nuestro cuerpo, en el que tienen que desarrollarse las capacidades ocultas;

la cruz, símbolo de nuestra personalidad, que se tiene que sacrificar en la bondad, la verdad y la justicia;

la cruz de Cristo, que nos abrió el camino de occidente;

la cruz del dolor, llevada por una inmensa fila de héroes y heroínas, que trabajan para la liberación de sus hermanos y hermanas, y esto según el cuerpo, el alma y el espíritu.

 

¿Y el símbolo de la rosa?

 

¿Por qué todos estos sufrimientos y este escarnio? ¿Por qué todos estos esfuerzos y este tormento del espíritu? ¿Por qué todos estos sacrificios y esta fatiga? ¿Por qué este largo camino del autosacrificio?

 

¡Por un amor hacia los hombres profundamente sentido y purificado con fuego!

 

Este es el olor de la rosa. Esta es la sinfonía del amor, cantada por los Hermanos de la Rosacruz.

 

 

Y finalmente aparece la sexta ley del acuerdo mágico, siendo éste en su genial encubrimiento, el más conmovedor: «que la Fraternidad debe permanecer oculta durante 100 años.»

 

¿Porqué será, han preguntado los críticos con curiosidad?         ¿Que sentido tiene? ¿Porqué no 125 ó 200 años?

 

Porque aquí no se trata de «100» años en sentido literal, sino del término «creación perfecta».

 

Se dice que «el número 100 está construido por doce escaleras. Y estas doce escaleras nos abren inconmensurables perspectivas. Ellas nos hablan de la elevación del hombre de la miseria material, de la degeneración de su baja existencia; de las personas que vuelven a encontrar el eslabón de unión entre lo inconmensurable y lo mensurable, entre lo invisible y lo visible, entre ser y contenido, entre Dios y el hombre. Ellas nos hablan de la actividad espiritual y de la comprensión de los mundos materiales, del paso a través de la materia y de la victoria sobre el moloc negro.

 

Es el sol que lanza sus rayos, mezclados con gotas de oro líquido, sobre lo positivo y sobre lo negativo, sobre lo que reza, lo devoto, y sobre lo que ejecuta, el principio del acto.

 

Es lo puro, lo receptivo, sentado sobre un caballo blanco como la nieve y llevando el estandarte rojo, el estandarte rojo del derramamiento de sangre, del sacrificio del alma para los hermanos y hermanas.»

Este es el secreto de la Fraternidad de los Rosacruces, que no dice golpeándose el pecho: «Mirad, aquí estoy yo» antes de estar concluída la obra.

 

Pero la Orden de la Rosacruz quiere ser impersonal, desconocida según su ser más profundo y realizar su obra hasta que esta quede coronada por una creación completa. Lo que advierten ustedes de la Orden son actos, son actos de amor, es el derrumbamiento de las murallas que nos rodean.

 

¡Estos son los misteriosos 100 años!

 

Quiera Dios que ustedes puedan comprenderlo y puedan introducir algo de ello en sus vidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por medio de estos seis artículos se unieron los unos con los otros. Los cinco hermanos se pusieron en camino, y sólo los Hermanos B. y D. permanecieron un año con Padre C. Cuando también estos se pusieron en camino, se quedaron con él su sobrino e I.O., de forma que, durante sus días de vida, siempre permanecieron con él dos de sus hermanos.

 

Y aunque la Iglesia todavía no había sido limpiada, sabemos lo que pensaban de ella y lo que estaban esperando llenos de anhelo. Todos los años se reunían rebosantes de alegría y presentaban un informe detallado de lo que habían hecho. Seguramente sería realmente agradable, poder escuchar los milagros que Dios ha esparcido en el mundo, ateniendose a la verdad y sin ninguna ficción. También podemos suponer, que hombres como estos, reunidos por Dios y toda la actuación celestial y elegidos entre los hombres más sabios que habían vivido durante muchos siglos, vivían en la mas elevada unidad, la máxima discreción y la mas bella vida de actos unos frente a otros y frente a los demás.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XV

 

El método de trabajo mágico de los Hermanos de la Rosacruz

 

 

Alguna vez posiblemente se hayan sorprendido al ver que un determinado trabajo en este mundo tiene éxito y otro no; porqué lo aparentemente fuerte es barrido y lo débil despliega insospechadas fuerzas; porqué lo que se ha comenzado con mucho ímpetu no funciona y lo diminuto, lo despreciado, obtiene con frecuencia el éxito; en resumidas cuentas, porqué las cosas no se desarrollan como nosotros esperamos.

 

Ante los sorprendidos ojos de la multitud espectadora tiene que mostrarse ininterrumpidamente, cómo la piedra que ha sido desechada por los constructores, se convierte en una piedra angular.

 

Como en una secuencia casi monótona descubrimos que habíamos fijado nuestras esperanzas incorrectamente, que nuestras acciones se convierten en su opuesto.

 

El alumno serio habrá comprendido hace tiempo, que todas estas decepciones, todos estos derroches de energía, tienen una causa más profunda. El sabrá que debe existir algo así como una ley cósmica, una ley natural, que es desconocida para la mayor parte de la humanidad, una ley, con la que tiene que armonizar todo  trabajo si se pretende obtener éxito.

 

Naturalmente, el candidato descubre esta ley; el cava y busca hasta que la ha encontrado, para poder armonizar con ella todo su trabajo, todas las manifestaciones de su anhelante deseo de bondad, verdad y justicia y tener así el éxito asegurado de antemano.

 

Tenemos que decirles que nosotros hemos encontrado esta ley y que intentamos entrar en armonía con ella en todos nuestros actos y propósitos; y sin lugar a dudas gran parte de la expansión del trabajo de la Rosacruz se debe a la comprensión que hemos ido adquiriendo poco a poco de esta ley.

 

Si ustedes conociesen esta ley, obtendrían con ello una fuerte ayuda para su capacidad de discernimiento. Ustedes podrían medir por ella las cosas y los fenómenos a su alrededor en lo que concierne a su importancia, decidirían su comportamiento y eligirían el camino correcto en la tempestuosa y caótica agitación de nuestro tiempo.

 

Observemos el asunto todavía con más detalle. Consideramos que es una urgente necesidad informarse sobre esta ley para aquel que realmente quiera ser un francmasón, un fuerte colaborador en la nueva comunidad de vida, la cual esta en armonía con las exigencias del cristianismo gnóstico.

 

Un alumnado gnóstico es imposible, es como una locura, si no se posee al menos un conocimiento básico de esta gran ley de construcción.

 

Nuestra intención es ahora el hablar con ustedes sobre esta ley en la medida que la podemos percibir. Pero no busquen detrás de estas palabras más de lo que contienen. Nosotros sólo podemos ayudarles a encontrar lo que ya se encuentra desde hace tiempo a su disposición, pues la estructura de este orden cósmico la encuentran ustedes en la Fama Fraternitatis. Ella se encuentra a su alcance, rodeada por un encubrimiento, que por su pura simplicidad se puede considerar como magistral.

 

 

Ustedes conocen el séxtuple acuerdo de los hermanos de la Orden de la Rosacruz. Inmediatamente detrás del término de este acuerdo encontramos en la Fama la ley cósmica de la construcción.

Nosotros leemos:

 

 

«Los cinco hermanos se pusieron en camino, y solo los Hermanos B. y D. permanecieron un año con Padre C. Cuando también estos se pusieron en camino, se quedaron con él su sobrino e I.O., de forma que, durante sus días de vida, siempre permanecieron con él dos de sus hermanos.»

 

 

Aquí tienen ustedes toda la ley cósmica de la construcción, con la que cuenta constantemente el verdadero trabajo en el reino de Dios. Y todo trabajo, que esté consciente o inconscientemente en armonía con esta ley, que se mantenga en armonía con esta ley, tiene que lograrse inevitablemente.

 

Y ustedes seguramente comprenden, que el hombre de Acuario, el compañero de la bondad, verdad y justicia, tiene que conocer esta ley.

 

La ley de la construcción desemboca en los números uno, dos y cinco. Se habla del Padre Cristián Rosacruz, del punto central, del uno. El está rodeado, acompañado diariamente por dos hermanos. Y los demás cinco hermanos de la Orden de ocho salen de viaje para realizar su trabajo.

 

Los dos hermanos que están con el Padre son sustituidos cada año por otros dos hermanos que están de viaje.

 

Y así se desarrolla una permanente interacción entre los términos uno, dos y cinco.

 

Los cinco trabajadores en el extranjero están continuamente en contacto con los tres en el edificio de la Orden Sancti Spiritus y nosotros queremos averiguar lo que significa todo esto.

 

Para ello tenemos que consultar en la cábala, en la enseñanza esotérica de los números, pues sin esta antigua enseñanza secreta no podemos resolver nuestro enigma.

 

Queremos mostrarles por orden los términos cabalísticos uno, dos y cinco; primero desde un punto de vista individual y luego desde un punto de vista colectivo, para poder asimilar después la esencia de la ley cósmica de construcción.

 

El Uno en nuestro ser es lo poderoso desconocido, la chispa divina, de la que todo surge, de donde todo estalla en una abrasadora llama de fuego.

 

Es aquello que estaba al principio, es el prólogo de cada construcción, es la esencia de la creación-en-nosotros, el gran depósito del sosegado secreto de Dios, con el que El se da a conocer al hombre.

 

Es la luz, el espíritu oculto, que inflama nuestro ser. Es el número del sol, del portador de vida, de la fuente de todos los misterios, de donde emana todo lo imperecedero en una indecible gloria.

 

Sin este Uno, sin esta fuente de todas las cosas, sin esta chispa-divina-en-nosotros todo devenir es una quimera, todo lo humano es una locura, es nuestra vida una intensa crueldad, una funesta broma. Sin este Uno, esto inmortal, que se establece en nosotros para poder celebrar algún día la resurrección, el Logos creativo es un engaño, un fantasma, que nos perturba de día y de noche.

 

Este principio cabalístico del uno es el principio de la vida y de la muerte. ¿Porqué vivimos? ¿Qué anhelamos? ¿Para qué morimos? ¿Cual es la misteriosa fuerza que nos impulsa a través de la vida? ¿Qué es ese deseo anhelante en nosotros? ¿De donde viene ese pensamiento de la realeza que atraviesa nuestro ser? ¿Porqué resistimos cuando el monstruo negro nos salta a la nuca? ¿Porqué? Porque somos dioses durmientes. ¡Porque soñamos nuestros sueños! Porque esperamos a que vengan tiempos mejores en un comportamiento negativo. Como perezosos animales obesos colgamos de la cruz de este mundo, como obesos soñadores.

 

Pues también ustedes cuelgan como un gigante obeso de la cruz de este mundo y duermen, se echan una siestecita, mientras que su comportamiento de vida les explota de todas las maneras posibles.

 

Ustedes sueñan con ese Uno, que fué desde el principio, ustedes son un titan en fuerza. De un sólo tirón se podrían liberar del horror y del engaño. Pero ustedes lo soportan porque inconscientemente saben que son un rey, un gobernante. Y por el momento todavía se conforman con un sueño.

 

Los hombres han pensado que en la cruz de nuestra contemplación mística debería colgar un asceta consumido, un hombre espiritualizado y extenuado por el sufrimiento, con el brillo de rasgos dolorosos sobrenaturales.

 

Pero esto, amigos, sería una mentira. Queremos romper con ello. Su sufrimiento, su posiblemente inexpresable dolor, su hambre espiritual se desarrolla porque no quieren comprender que son gigantes, titanes en fuerza, porque no quieren utilizar la majestuosa fuerza de este Uno, la fuerza-del-principio.

 

Rechazamos la clásica glorificación del dolor. El dolor es representado en las iglesias ortodoxo-cristianas como un honor primario. En el misticismo, el consumido, el herido a muerte, el desangrado, el apedreado, es el que logra el cielo.

 

Nosotros sin embargo tenemos otros valores. Sabemos que cada hombre es un llamado, de género divino, que el Uno, lo universal está plantado en nosotros, que lo divino se dirige a nosotros, se sacrifica para nosotros, para evolucionar con y en nosotros.

 

Y por eso, el «Uno» es el Padre de los números, tal como lo dice la ciencia cabalística. Y por eso del término «Uno» tiene que surgir el término «Dos». En el Dos se manifiesta el Uno, lo universal. En el dos se manifiesta, de lo que no tiene forma, la semilla de la forma. En este valor cabalístico el gigante se desprende de la cruz de lo negativo. El responde a la llamada del principio. El acepta la esencia de su vocación y de su lucha y quizás vuelva a ser clavado más adelante de nuevo en la cruz; pero ésta será entonces una cruz del sacrificio, ésta es la cruz de la superación, como la cruz de Cristo.

 

Así el gigante entra en la puerta del templo sagrado con un grito guerrero. El proceso de fecundación ha comenzado.

 

 

El número dos es la referencia mágica de las bodas alquímicas, de la boda del gigante, que antes estaba dormido, con Cristo, el novio celeste; las bodas alquímicas,  de las que resultan grandes fuerzas, del principio latente de Dios, que por la esencia del acto es transformado en fuerza para una victoria venidera.

 

En todos los lugares donde se unen hombres para realizar el plan divino de creación por el acto de cabezas, corazones y manos, ahí se celebra el comienzo de las Bodas Alquímicas con el Cristo cósmico. Así como el Uno es denominado el padre de los números, así el Dos es denominado la madre de los números. El principio eternamente creativo se desarrolla del acto en Cristo, para que alguna vez se encuentre ante nosotros radiante el niño recién nacido en el número «cinco».

 

 

El número Cinco es el pentagrama, la estrella de cinco puntas que brilla detrás de la Rosacruz, el símbolo del alma avanzada y desarrollada. El número cinco es el Pentecostés que llamea sobre las cabezas de los discípulos en el día de Pentecostés. Es el símbolo del Espíritu Santo, del completamente desarrollado eterno principio creativo.

 

El hombre que posee esta calidad de alma es una persona rica. La enseñanza de los números dice, que para él es un talismán de protección y de salud. Es una gran fuerza mágica, pues significa la definitiva liberación de la cruz. Es la completa puesta en servicio de lo material, de la realidad, ante este único principio creativo que es fecundado en el número madre dos. Es la fuerza completamente equipada, que ya posee en sí misma la liberación.

 

 

Si unimos ahora estos aspectos cabalísticos con la Orden de la Rosacruz, nos acercamos a la esencia de la ley de la construcción.

 

El superior de la Fraternidad es acompañada por dos hermanos, mientras que cinco hermanos trabajan con todas sus fuerzas en la gran obra.

 

Ahora comprendemos la intención de esta información. Desde los focos de fuerza espiritual en este mundo se emite una permanente quíntuple corriente de fuerza. Y esta fuerza es dinamizada, es impulsada a la fructificación, porque antes de ser enviada, es fecundada en la realidad del número madre dos, esto significa, que se sumerge en la síntesis de Cristo.

 

Así la humanidad tiene que subir en un mar de lágrimas por la escalera de Mercurio al desarrollo de la estrella de cinco puntas. La masa tiene que volverse consciente de su origen divino, tiene que reconocer en una única amplia mirada su vocación, su futuro, su desarrollo, tal como esto se muestra en el prototipo de nuestro más elevado ser, en Cristo. Siguiendo el camino de Cristo y cumpliendo la exigencia del cristianismo esotérico, el hombre construirá algún día la nueva tierra, la nueva comunidad de vida como una realidad concreta.

 

Ante nosotros se presenta la Orden de la Rosacruz a través de la Fama Fraternitatis. Vemos como Cristián Rosacruz construye la Escuela de los Misterios ante el rechazo y la resistencia que proviene de lo negro.

 

Allí, en la Escuela de los Misterios, el hombre es consciente de su vocación divina, allí se conoce la ley universal del amor al prójimo, allí aquél eterno principio se vuelve positivo en Cristo, allí se celebra la gloria de las Bodas Alquímicas.

 

Así los hermanos parten hacia países lejanos, así caminan como cargados con fuerza dinámica por el vasto mundo, para desplegarse en el acto de amor, en el servicio de amor, en bondad, verdad y justicia.

 

Nunca están agotados, jamás son superados, pues en quíntuple sentido son atraidas constantemente nuevas olas de fuerza en grandes corrientes. Sin descanso resuenan los himnos de la victoria. Los hermanos francmasones juntan sus piedras en una poderosa construcción que se eleva hasta el cielo.

 

Si la humanidad -que ahora se puede ver como un gigante que duerme en la cruz, como un negativo titán en fuerza- comprendiese esta obra, entonces podría liberarse de un sólo tirón de la esclavitud y caminaría con fuerza hacia el País Prometido, al que todos somos llamados por Dios.

 

El método de trabajo ahora secreto de los Hermanos de la Rosacruz tendrá que ser algún día el método de trabajo de toda la humanidad. Y este método de trabajo secreto es la aplicación de la ley cósmica de construcción. Esta ley exige de ustedes que comprendan su origen divino y la meta de su vocación como espíritu humano. Que lleguen a comprender lo que les dice el libro Sagrado: «Vosotros sois de género divino.»

 

Esta ley les exige que no sigan soñando en la conciencia de poseer una chispa divina, sino que enciendan esta chispa divina en el prototipo de su ser más elevado, en Cristo, el Hijo de Dios y el hijo del hombre:

 

que sigan a Cristo en el camino que les es mostrado,

 

y sobre todo que no decaigan en la contemplación crística.

 

La ley de la construcción exige de ustedes que salgan para cumplir su tarea; y entonces descubrirán que son insuperables, que luchan con la luz, ante la que tiene que apartarse la oscuridad.

 

La ley cabalística del uno, del dos y del cinco es la ley de la manifestación de Dios tres-en-uno. Tal como actúa el Logos, el macrocosmos, así deberemos trabajar también nosotros como microcosmos:

 

Cristián Rosacruz – de Dios he nacido.

 

Los dos hermanos que le acompañan – en Cristo morimos.

 

Los cinco hermanos que salen – por el Espíritu Santo renacemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En tal laudable conducta transcurría su vida, y a pesar de que sus cuerpos estaban libres de toda enfermedad y dolor, sus almas no podían sobrepasar determinados puntos de desprendimiento.

 

El primero que falleció de esta Fraternidad fué I.O. (en Inglaterra), tal como les había predicho el hermano C. con mucha anterioridad. El estaba muy versado en la cábala y era muy erudito, como lo demuestra su libro H. En Inglaterra se habla mucho de él, en especial, que curó de lepra a un joven conde de Norfolk.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XIV

 

El conde de Norfolk

 

 

La lepra es una de las más espantosas enfermedades que pueden afligir al cuerpo material. Es un mal tan cruel y horrible, que sólo el pensar en tal aflicción puede llenar de miedo al hombre. Y a través de los siglos la lepra ha impregnado la fantasía de la humanidad como el horrible símbolo de la destrucción más infernal y se ha buscado un remedio con un anhelo devocional, pero no se ha encontrado hasta el día de hoy.

 

La lepra es una de las más antiguas enfermedades que se conocen; esto es de hecho un dudoso honor. Se sabe que esta plaga de la humanidad existía en Egipto siglos antes del nacimiento de Cristo y que en la Edad Media, Europa fué acosada por la lepra como una enfermedad popular, tal como lo fué la tuberculosis en su día y como se está convirtiendo ahora en cáncer.

 

En el siglo trece había en Europa 30.000 hospitales para leprosos, y también en nuestro país(*) había casas para leprosos, en las que los enfermos se aislaban y se trataban como parias, como muertos vivientes. A los enfermos de lepra les ponían sonajeros en las manos para poder percibir su presencia ya desde lejos. Y ante este ruido, las personas huían por el latente peligro de contagio, pues la más pequeña herida, un ligero rasguño, era suficiente para coger la enfermedad.

 

Existen diferentes tipos de lepra, pero todas acaban en una degeneración, extremadamente lenta, en una corrosión de las diferentes partes del cuerpo, lo que está unido a horribles dolores.

 

Se desarrolla un abceso de pus que estalla y sigue abriéndose paso en su corrosión. La destrucción de los tejidos se expande, desprendiendose por ejemplo los dedos de las manos y de los pies. Así avanza el proceso y después de años de torturas sin límites, en las que está excluída la curación, por fin los enfermos son liberados por la muerte.

 

Ustedes comprenden, que esta proliferación maligna, esta destrucción infernal, es sobre todo tan horrible por transcurrir con extremada lentitud (desde la afectación y la erupción de la enfermedad se dice que transcurren diez años). Comprenderán que esta enfermedad, esta plaga de la humanidad, es apropiada como un símbolo de todos los demás procesos de destrucción en la vida individual, la vida comunitaria o social.

 

La lepra es la consecuencia de un serio pecar contra las leyes elementales de la vida en una vida anterior; sobre todo el pecado contra la fuerza creadora santa, contra el Espíritu Santo, que nos impulsa a una concreta y pura construcción en la vida real, tiene como consecuencia esta enfermedad.

 

Por eso es evidente que la lepra puede ser utilizada como advertencia ante muchas cosas, porque el destino del leproso, del leproso en este mundo, tiene que conmovernos en nuestro posiblemente erróneo desarrollo de vida y hacernos reflexionar sobre el verdadero sentido de la vida, tal como se nos manifiesta a través del cristianismo.

En el esoterismo, la lepra también se utiliza con frecuencia como símbolo o advertencia.

 

Piensen al respecto por ejemplo en la curación del leproso que se nos describe en el Evangelio de San Marcos:

 

 

«Entonces vino hacia El un leproso, cayó de rodillas ante El y le suplicó con las palabras: Si tu quieres, puedes limpiarme. Jesús se compadeció de él, extendió su mano, le tocó y dijo: Yo quiero: ¡vuélvete limpio! Enseguida desapareció la lepra de él y quedó limpio. Pero Jesús le dio una severa advertencia, le mandó que se marchara inmediatamente y le dijo: ¡guárdate de decírselo a alguien! Ve sin embargo a que te vea el sacerdote y ofrece por tu limpieza el sacrificio que ordenó Moisés, como testimonio para ellos.

 

Pero cuando este hombre se marchó, empezó a contarlo y dió a conocer lo sucedido en todos los lugares, de forma que Jesús ya no pudo entrar más libremente en una ciudad, teniendo que permanecer afuera en lugares solitarios; y a pesar de ello venían a verle personas de todos los lugares.»

 

 

No es posible analizar aquí esotéricamente en detalle esta parte de la Biblia tan extraordinariamente importante. Sólo pretendemos mencionarla para subrayar nuestros razonamientos. En el análisis se manifestaría, que todo el trabajo de Acuario brilla en esta parte de la Biblia y encuentra una base en ella.

 

Esta narración tiene lugar en o cerca de Cafarnaún, esto significa en el pueblo de las consolaciones. Si la sociedad horriblemente leprosa en la que vivimos se uniese conscientemente con las leyes fundamentales de la vida, tal como se manifiestan en el cristianismo, la limpieza definitiva, la curación, sería absoluta y perfecta. Esta es la consolación positiva que ofrece el cristianismo; con sus valores podemos curar estas heridas, rápida e inmediatamente.

 

Con la ayuda del método santo la humanidad podría ser salvada con rapidez. Las fuerzas negras saben esto y por eso hacen todo lo posible para trabajar en contra de su realización. Por eso se utiliza la caricatura del método santo para crucificar diariamente a Cristo. Ustedes pueden combatir lo bueno con lo denominado bueno. Ustedes pueden destruir a Cristo con una predicación, sobre todo con una predicación ortodoxa. Ustedes pueden molestar mortalmente al Rosicrucismo con la filosofía Rosacruz.

 

El cristianismo aplicado consciente y positivamente es un peligro mortal para las fuerzas negras, como posiblemente saben o al menos sospechan. Por eso los verdaderos francmasones, los verdaderos Rosacruces, desde hace tiempo ya no utilizan sólo el método de la predicación, sino el del acto, el de la construcción, eventualmente en el silencio.

 

Hablar demasiado sobre una fuerza, sobre una posibilidad desatada, debilita su realización, deja espacio para ataques de las fuerzas negras. Por eso Cristo aconseja a los curados que no hablen, sino que actúen, que intervengan en la esencia falsa de las cosas y cumpliendo en este sentido la ley de Moisés. No se hace caso del consejo y la consecuencia es que la luz liberadora es desplazada a las afueras de la ciudad, a los lugares áridos, a los lugares secretos.

El cristianismo, es decir, el cristianismo absoluto aplicado, es para el gobernante de este mundo alta traición, un crimen. Pensemos al respecto en el nacionalsocialismo, que presentódeclaró en su día al paganismo oficialmente como religión nacional, declarando que, si la pretensión nazi de gobernar el mundo por medio de la guerra y la destrucción tuviese éxito, el cristianismo debería ser destruído.

 

Una confesión más abierta, una prueba más clara de la veracidad de lo tratado en el Evangelio de San Marcos, no es posible. El cristianismo aplicado es capaz de curar la lepra. Nuestra salvación está más cerca que las manos y los pies; la luz brilla e irradia en este mundo sin cesar.

 

Pero por la unión de lo maligno todavía es empujada hacia atrás hasta los lugares desérticos. La Rosacruz lucha en una situación difícil bajo un conjunto de sospechas. Todavía no es posible ofrecer la copa de la consolación de una humanidad probada en la ciudad misma. Paso a paso tendremos que conquistar nuestra posición.

 

Según lo dicho y demostrado a través de este pasaje de la Biblia, la lepra es un símbolo concreto en el esoterismo.

 

 

Vamos a dirigir ahora otra vez nuestra atención a la Fama Fraternitatis.

 

Allí se habla de uno de los hermanos activos de la Rosacruz, que realizó su sacrificio en Inglaterra donde murió. Según dice la Fama, en Inglaterra se habla mucho de él, y sobre todo porque curó a un joven Conde de Norfolk de la lepra.

 

Ya hemos escrito sobre la Escuela de los Misterios en creación, en desarrollo. Aquí, en este párrafo de la Fama, se nos habla de la construcción de la enseñanza de sabiduría occidental en la raza anglosajona.

 

Por eso se habla de Inglaterra, donde un hermano realizó hasta el final su bienaventurada misión, una misión, que tuvo su punto culminante en la curación del Conde de Norfolk.

 

¿Cómo debemos comprender esto?

 

En el esoterismo siempre se utilizan indicaciones nobles para hacer referencia al florecimiento de una nación, a la esencia espiritual de algo, a lo positivo, al elemento ya  desarrollado de un hombre.

 

Por eso se habla aquí de un conde, de un joven conde, de una persona que por su juventud tiene todavía muchas posibilidades de desarrollo, cuya tarea, cuya vocación, no está ni mucho menos finalizada ni cumplida.

 

El es llamado el Conde de Norfolk.

 

Norfolk es desde siempre una patria de elevado desarrollo. Norfolk es uno de los focos de fuerza espiritual de la raza anglosajona, así como cada raza los tiene.

Pero también pueden utilizar el término de Norfolk de otra manera para comprender la intención esotérica. Un Norfolk es ya desde tiempos remotos una determinada vestimenta, un revestimiento.

 

Y quizás puedan captar ahora la idea de la que aquí se trata.

 

La raza anglosajona se revestía con valores espirituales que pertenecían a una antigua vuelta de la espiral de desarrollo.  Por eso aparecen dificultades cuando uno se sigue aferrando a aquello que esta anticuado, que ya ha pasado.

 

Aquí se hace referencia a los valores que se encontraban en los antiguos misterios de Edda, los de los antiguos druídas, los de los antiguos cultos germanos, que por naturaleza tenían que ser desplazados por los del cristianismo, si el hombre de occidente quería cumplir completamente su tarea.

 

Ahora nuestros lectores posiblemente puedan comprender las intenciones de magia negra de las figuras fascistas de primer orden, que querían introducir de nuevo los antiguos misterios de Edda, la cultura druída y los cultos germánicos para detener el impulso de una positiva vivificación crística.

 

De hecho, hay que constatar que el fascismo fué mil veces peor que la lepra más horrible; fué el ataque más espantoso que jamás se ha manifestado en el mundo.

 

 

Bien, ustedes entienden y sienten lo que se quiere decir con la lepra del joven conde de Norfolk.

 

Y con gran alegría observarán el progreso de la Escuela de los Misterios y descubrirán la exactitud del método que siguió nuestro Padre Cristián Rosacruz: «Después de traer el Evangelio, la curación de los enfermos.»

 

¿Qué significa ahora esto?

 

Cristián Rosacruz vino con sus dádivas a España. No le quisieron. El puso su sabiduría y sus fuerzas a su disposición, pero fué rechazado. Después de esto, él cambió su táctica. Ante el hecho, de que le demostraban que no querían su Evangelio liberador, decidió «curar a los enfermos, curar al mundo enfermo»; el trabajo se colocó bajo el signo de la lucha, en el signo de la francmasonería gnóstica; la Escuela de los Misterios se construyó en el centro de Europa.

 

La curación del Conde de Norfolk se nos describe como uno de los más importantes actos de la obra comenzada, la fijación de los nuevos misterios en la raza anglosajona. Lo que no se logró en España con la primera táctica, se logró en Inglaterra con la segunda. Y desde entonces, también en Inglaterra se desarrolla una obra extremadamente importante al servicio de la gran Fraternidad de la Luz en occidente.

 

Si algo debe llamarnos la atención, seguro que es esto. Sobre todo porque tenemos la seguridad de que la Fama es más que una descripción histórica velada del devenir de la Rosacruz. La fuerza profética de la Fama es extraordinariamente grande. España, Alemania e Inglaterra jugarán un importante papel en los sucesos venideros.

 

Nuestra exposición no sería completa sin una aplicación gnóstico-científica. A continuación queremos comenzar con ella.

 

Cuanto más profundamente penetra el alumno de la Gnosis en la esencia de las cosas, volviéndose capaz de mirar detrás del telón de la agitación del mundo, él podrá diferenciar con más claridad y más positivamente la lucha y los combatientes entre las diversas fuerzas.

 

Ustedes saben, que el gnóstico elige en su desarrollo personal un método acelerado, pero también tienen que comprender, que él a su vez también aplica un método acelerado en la agitación del mundo, en el desarrollo del proceso de inversión en el camino de la humanidad.

 

Estos dos desarrollos, el individual y el colectivo, están unidos herméticamente entre si. Uno es impensable sin el otro, surgen el uno del otro.

 

Hay muchos, sobre todo los que no entienden nada de la verdadera francmasonería, que se esfuerzan por un desarrollo acelerado en lo individual, considerando sin embargo el desarrollo, la renovación de la humanidad, como un proceso que actúa muy lentamente y por este motivo lo rechazan. Ellos no quieren comprender, que estos dos desarrollos son inseparables. Tal actitud puede tener su origen en una gran carencia de amor humano, pero también en una comprensión mística completamente errónea. Esta confusa comprensión mística equivale a una explotación del Espíritu de Cristo, que sufre horriblemente hasta el día de hoy.

 

El Rosacruz se propone en todo su trabajo liberar al Espíritu de Cristo lo antes posible, el cual consiente, sufre y carga con todo por nosotros. Y como él conoce la clase de los combatientes y sabe arrancar las máscaras de los rostros, actúa conjuntamente con todos y con todo lo que pretende el proceso acelerado de la renovación de la humanidad, siguiendo los pasos de las líneas de fuerza del cristianismo aplicado. El influye a estos espíritus, él se encuentra también en primera línea de toda evolución del mundo, porque ama, ama concretamente, ama en autosacrificio. El clava el puñal en la herida, porque ama, porque sabe que el proceso acelerado traerá más rápidamente la liberación del hombre y del Señor de Toda Vida.

 

Existe una gran diferencia entre el místico exotérico con su a veces inconfundible religiosidad y el gnóstico con su a veces aparente dureza, que no es dureza, sino que significa estar de forma objetiva y afectuosa en medio de la agitación de las cosas, inconcebible para el hombre que no comprende.

 

Las fuerzas negras en este mundo comprueban llenos de ira, que en todos los cambios mundiales los verdaderos francmasones se encontraban en primera fila. A nosotros nos colma de alegría.

 

Lo incurable, lo lento, el mal que se propaga lentamente, la lepra, puede ser limpiada, puede acabar de repente, como por un aparente milagro, por el proceso acelerado.

 

Nosotros podemos hacerlo, si, sabiendonos llevados por el saber superior de los misterios, por un indecible amor, por un amor que no puede esperar ni un segundo más para comenzar su tarea de liberación, decimos con el Señor de Toda Vida, con el Cristo: «Yo quiero, vuélvete limpio.»

 

(*) el autor es holandés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ellos habían acordado que sus tumbas deberían permanecer ocultas. Incluso hoy en día no sabemos donde permanecieron algunos de ellos. Sin embargo el lugar de cada uno de ellos ha sido ocupado por un sucesor adecuado. Pero esto tenemos que confesar públicamente en honor a Dios, que – a pesar de los secretos que podemos haber percibido del libro M. (aunque podríamos tener ante nuestros ojos la imagen y la fuerza opuesta de todo el mundo) – no conocemos nuestra adversidad ni nuestra hora de la muerte, porque esto se lo reserva Dios queriendonos encontrar siempre dispuestos.

 

Sobre esto trataremos más detalladamente en nuestra Confessio, en la que mencionamos treinta y siete motivos, por los que damos a conocer ahora nuestra Fraternidad y ofrecemos tales misterios elevados voluntariamente, sin ninguna coacción ni recompensa; también prometemos más oro del que puede reunir el rey de España de las dos Indias. Pues Europa esta encinta y dará a luz a un niño fuerte, que necesitará un buen regalo de sus padrinos.

 

Tras la muerte de O., el Hermano C. no descansó, sino que llamó en cuanto pudo a los demás, y estamos casi seguros de que fué por entonces cuando se erigió su tumba.

 

Nosotros, los jóvenes, no sabíamos en absoluto hasta ese momento, cuando había muerto nuestro amado Padre R.C. y sólo sabíamos los nombres de los fundadores y de todos sus sucesores hasta nosotros. Pero todavía supimos recordar un secreto, que A., el sucesor de D. (que había vivido junto con muchos de nosotros como último de las otras líneas de sucesores) nos había contado confidencialmente a nosotros, que perteneciamos a la tercera línea de los sucesores, sobre los ciento veinte años.

 

Además debemos confesar, que tras la muerte de A., ninguno de nosotros sabía lo mas mínimo de R.C. ni de sus primeros hermanos, excepto lo que existía de él en nuestra biblioteca filosófica; de ello nosotros considerábamos los axiomas como lo más importante, los Rotae Mundi como lo más artístico y Proteus como lo más útil.

 

Tampoco sabemos con seguridad si los que pertenecieron a la segunda línea de los sucesores poseían la misma sabiduría que los de la primera y si tenían permiso de acceso a todo. Pero queremos recordar de nuevo al lector dispuesto, que todo lo que hemos llegado a saber sobre la tumba del Hermano C. y que ahora publicamos aquí, ha sido previsto, otorgado y permitido por Dios. Nosotros, que cumplimos sus mandatos con absoluta fidelidad, no dudaremos en dar a conocer de forma impresa, nuestros nombres y apellidos, nuestros encuentros y todo lo que se nos pidiera, si se regresa de nuevo a nosotros en humildad y conocimiento cristiano.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XVII

 

Los tres escalones

 

 

En la Fama Fraternitatis se habla de los tres escalones, las tres escaleras o los tres círculos que hay que diferenciar en la Orden de la Rosacruz. El investigador superficial de los antiguos libros de la Orden toma un camino erróneo al intentar comprender el sentido de estos tres escalones, pues factores, que en apariencia se contradicen entre sí, también le hacen pasar aquí de largo ante de la esencia de las cosas y le hacen leer como en un libro con siete sellos.

 

El alumno sabe, sin embargo, sabe que los antiguos libros de la Orden son escritos herméticos, que tienen que ser leídos de una forma determinada y que cuando consiga avanzar hasta estas llaves herméticas, él comprenderá el idioma y el contexto.

 

Las lúcidas indicaciones empiezan a vivir para él como una suntuosa primavera; él abre una fuente que es inagotable, tan desconcertantemente rica, tan impresionante, que reconoce por completo la exactitud de las palabras de Juan Valentin Andreae:  «Se manifestará, y no puede manifestarse otra cosa, que aquello que se encuentra registrado en la Fama Fraternitatis.»

 

El testamento espiritual de la Orden de la Rosacruz es un tan incomparable regalo porque los Hermanos Mayores se lo ofrecen gratis, un regalo de amor verdadero, tan grande, que casi no pueden sostenerlo. El contenido les proporciona todo lo que necesitan, y nosotros intentamos ayudarnos mutuamente en la lectura de este maravilloso lenguaje, para que en esta sabiduría podamos enderezar nuestra realidad de vida.

 

Así nos colocamos ahora, impulsados por el anhelo interior de comprender, ante las tres escaleras de la Rosacruz.

 

Ellas se elevan ante nosotros en una insondable altura. Queremos subirlas como en un arrobamiento.

 

 

El primer escalón se llama: Fama o Mercurio;

el segundo escalón se llama: Confessio o Júpiter;

el tercer escalón se llama: Bodas Alquímicas y de nuevo Mercurio.

 

 

La primera escalera o el primer círculo tiene cinco escalones o cinco segmentos de círculo;

la segunda escalera o el segundo círculo tiene tres escalones o segmentos de círculo;

la tercera escalera o el tercer círculo tiene otra vez cinco escalones o segmentos de círculo.

 

El primer círculo es de cristal puro;

el segundo círculo brilla como un carbúnculo o una turquesa;

el tercer círculo es de aguamarina.

 

 

¡Aquí tienen la llave hermética del significado de las tres escaleras, que se citan en la Fama Fraternitatis! Si este libro lo leyeran sólo alumnos avanzados, sería suficiente con esto, tal como el maestro habla en símbolos para la conciencia formativa.

 

Un símbolo es para el alumno lo que sería para otro un libro grueso. Pero en una publicación general, que tiene que dirigirse siempre a tres grupos de hombres, el tema a tratar tiene que ser expuesto siempre de tres formas, si pretende ser más o menos completo y cumplir con la exigencia de la Fraternidad.

 

Nosotros debemos escribir en el lenguaje de los misterios, hay que dar una interpretación esotérica y hay que hablar en el idioma de Acuario.

 

¿Por qué? ¿Por qué seguimos este método? ¿Es al menos deseable hacerlo?

 

 

Cuando se escribe en el lenguaje de los misterios se desatan fuerzas, se liberan fuerzas, que son necesarias para la obra a realizar, que son constructivas y fortificantes.

 

 

En la interpretación esotérica, esta fuerza es ofrecida a todos los alumnos, que, sin importar en que grado se encuentren, reconocen el gran valor de ello y quieren tomarla en una necesidad interior.

 

En el idioma de Acuario, la luz de los misterios es transmitida a la humanidad que camina en la oscuridad. En el idioma de Acuario lo más elevado, lo más poderoso, la exigencia absoluta, el Cristo de las escrituras, se da a conocer a todos, por lo que ningún hijo de hombre podrá decir: «Mira, yo no te he conocido.»

 

En el idioma de Acuario Cristo brilla como el lleno de amor, el que quiere ofrecer el bálsamo de la ayuda y de la consolación. El es también el portador de la espada, el que ofrece resistencia a la injusticia y a la falta de veracidad con su poder divino.

 

Acuario ofrece la mano a aquello que está perdido, para que lo más inferior, lo más degenerado y lo más pisoteado se pueda elevar hasta lo supremo. La Rosacruz se dirige así a un público lector completamente diferente, y así sucede, que en esta palabra dicha o escrita metódicamente, se descubre una gran variedad de idiomas como en las lenguas de Pentecostés: «Y cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma.»

 

Por ello nos llaman demasiado ortodoxos, demasiado crísticamente ortodoxos, apartándose de nosotros.

En los ojos de muchos estamos ébrios, como Pedro en el día de Pentecostés.

 

Y se dice que somos demasiado intelectuales, demasiado científicos y se apartan de nosotros. En los ojos de muchos estamos ébrios, como Pedro en el día de Pentecostés.

 

Por eso también se nos llama negadores de Dios y se huye. En los ojos de muchos estamos ébrios, como Pedro en el día de Pentecostés.

 

¡Y también por eso el Rosacruz, tanto en los tiempos antiguos como en los modernos, a veces es colocado «entre los malhechores», y se marchan! En sus ojos estamos peligrosamente ébrios, como Pedro en el día de Pentecostés.

 

Y por eso muchos intentan matar esta obra. Y por eso la obra es rodeada con una ola de calumnia.

 

Y por eso le eleva una muralla de furia impotente, porque actuamos con este método santo, con estas fuerzas invencibles, que desenmasacaran lo negro y perturban a todos y los despiertan del siniestro sueño del egoísmo.

 

¡Existen tres escalones, tres escaleras, tres círculos!

 

Tendrán que subir por todas, tendrán que entrar en todos.

 

 

El primer escalón con su quíntuple aspecto lo vamos a denominar sabiduría o humanidad.

 

¿Que es lo que eleva al hombre sobre los reinos de la naturaleza de la tierra, en que se diferencia de todos los demás seres vivientes en nuestro mundo?

 

¡Es su capacidad de pensamiento! El tesoro más maravilloso y embelesador que nos ha sido dado a todos.

 

Con la ayuda del pensamiento nos elevamos por encima del animal. Por el pensamiento nos volvemos seres razonables que pueden percibir las obras y los milagros de Dios. Con el pensamiento podemos comprender algo del inagotable amor que se nos manifiesta en el Espíritu de Cristo.

 

Con la ayuda del pensamiento abrimos el Mysterium Magnum, comprobamos lo que nos enseña nuestra intuición.

 

Con la ayuda del pensamiento comienza la historia de la cultura, construye el hombre, experimenta el hombre.

 

Con la ayuda del pensamiento apreciamos nuestro origen divino, vemos las leyes de la realización y nos apresuramos hacia arriba al pie de la segunda escalera.

 

Y con muchas dudas, el alumno coloca su pie en este segundo círculo que ofrece tres aspectos.

 

Se trata de la aplicación de leyes conocidas, del verdadero desarrollo de conocidos valores ocultos; se trata de hacer posible el nacimiento del Cristo interior. Aquí se trata de la superación de los opuestos, la superación de lo negativo por lo positivo; se trata de dar un golpe a la magia negra; se trata de un sacrificio completo en el camino del servicio, de una absoluta negación de sí mismo, de la construcción del cuerpo del alma, de la confirmación de la eternidad en el tiempo.

 

El hombre verdadero entrará en este segundo círculo con júbilo para ascender después a la tercera escalera.

 

Después de haber penetrado en la puerta cristalina de la sabiduría, el neófito ve el brillante carbúnculo y la centelleante turquesa, que simbolizan como dos gotas de sangre la renovación, la exigencia de Júpiter, el realismo crístico, el calvario hacia la colina Gólgota, donde corre la sangre del sacrificio como un rescate para muchos.

 

 

Entonces, si, entonces se encuentra allí, incrustada en la roca de la realización, la escalera de Jacob de aguamarina, la escalera de Mercurio, el camino de la realización. Después de que el ángel ha dislocado nuestra cadera, la cadera sagitario (¡presten atención a esto!) en nuestra lucha por el camino del servicio, subimos por la escalera que llega hasta el cielo y escuchamos la voz, como en un murmullo de muchas aguas: «Entra en las alegrías de tu Señor, buen y fiel servidor.»

 

 

El primer escalón, la Fama, es el discernimiento del camino del servicio.

 

El segundo escalón, la Confessio, es la confesión de fe; confesar la fe, este conocimiento, este saber, significa realizarlo.

 

Ahora saben a su vez lo que un alumno de la Rosacruz entiende por una confesión de fe. El sufre por ello, él se sacrifica por ello. El no habla, él actúa.

 

El tercer escalón es el de las Bodas Alquímicas, la unión con el únicamente sabio, con el únicamente bueno, con Cristo: la realización.

 

El primer escalón es el reconocimiento de la Fraternidad de la Rosacruz, de las enseñanzas de sabiduría de occidente.

 

El segundo escalón es el cumplimiento, la realización de sus normas hasta en los más pequeños detalles.

 

Y si han recorrido así este segundo camino, entonces pueden decir con el autor de la Fama, Juan Valentin Andreae: «Yo pertenezco a la tercera fila.» Entonces encontrarán la tumba de Cristián Rosacruz, en la que se encuentra la construcción de su verdadero ser en una radiante magnificencia, con todos los ornamentos, sosteniendo en las manos el Libro T.

 

Muchos han buscado la tumba de Cristián Rosacruz y han escrito gruesos tomos sobre esta maravillosa construcción, que se describe en la Fama, del verdadero Templo de la Rosacruz.

 

Investigadores nos han dicho: «Este templo se encuentra en Berlín.» Un amigo alemán nos aseguró hace algunos años, que tendría que encontrarse en el sur de Alemania.

 

Y durante la guerra no nos hubiese sorprendido, si hubiese venido un alemán sincronizado, contandonos, que el templo se encuentra en Berchtesgaden (pequeña ciudad en Alemania).

 

 

No les crean, no crean a ninguno de los que dañan de esta forma a la verdad. El templo de la Rosacruz y la tumba de la resurrección de Cristián Rosacruz son omnipresentes, se encuentran dentro de nosotros mismos.

 

El templo funerario  se construye en la medida que realizamos los dos primeros pasos. Abrirán la tumba cuando la obra esté acabada.

 

En la Fama el primer escalón se llama también axiomas, el segundo rotae mundi y el tercero Proteo.

 

Los axiomas son las innegables tesis fundamentales de la vida universal que tienen que ser comprendidas; la rotae mundi es la rueda de la humanidad, que tiene que moverse en concordancia con ello en la dirección correcta; y Proteo, el dios del mar, Neptuno, nos conduce de la humanidad a la sobrehumanidad, de la sobrehumanidad a la perfección divina según la exigencia de Cristo: «Sed perfectos, como vuestro Padre en el cielo es perfecto.»

 

 

Y de todas estas indicaciones se eleva ahora el trabajo de la Rosacruz.

 

La humanidad ya coloca su pie desde tiempos inimaginablemente largos en el camino de la humanización y ella recibió además el pensar, la capacidad de pensamiento como un signo luminoso, como una luz en el camino de la autoconversión.

 

Así comienza la lucha de los titanes en el primer escalón:

 

Despertar de la imperfección a la perfección, lograr salir del conjunto de actos erróneos y llegar a la renovación de la vida.

 

¿Quien va a realizar este acto heroico, quien alcanzará esta superhumanidad? Es un tema para imágenes de sueños, un tema para componer canciones llenas de anhelo.

 

Pero la realidad nos hace ver todo lo contrario. Cuando los hombres se liberaron en el remoto pasado de las autoridades, cuando se escaparon de la vinculación para seguir a la luz de Mercurio, apareció en lugar de la vinculación cósmica (el estado del paraíso) las ascuas del infierno de la autovinculación. Así como el niño se escapa de la mirada vigilante de la madre, precipitandose hacia el peligro, así el antiguo hombre-niño saltó de la antigua ley y se colocó bajo la nueva.

 

Y al llegar al país desconocido, los peligros se precipitan sobre él: las fuerzas negras y los profetas de la mentira, todas las conocidas ataduras del hombre que busca la liberación.

 

¿Cómo puede superar la humanidad esta crisis?

 

¿Cómo saldrá la humanidad de toda esta miseria?

 

Sólo existe un único camino. ¡Penetrar en el segundo escalón!

 

¿Que significa esto?

 

Comprendanlo bien: se trata de conversión, de autoliberación, para alcanzar nuestro destino como humanidad, para llegar a la piedra aguamarina.

 

Siempre se les ha dicho: «Conversión».

 

Nosotros decimos, que, aunque este término en principio es correcto, en la práctica de los hombres se ha vuelto incorrecto y anticristiano.

 

Nosotros decimos: perderse a sí mismo en el servicio por todos, entregar su «yo» al servicio de la humanidad.

 

Los hombres andan todos por ahí con su «yoecito» encima de un altar y exigen adoración, ayuda, consuelo, consuelo celestial, la mano extendida de Dios, ayuda, una ayuda cosmológica y astrológica para el rey «yo».

 

Los hombres que no hablan sobre sí mismos, que no piden nada para sí mismos, son extremadamente raros.

 

Nosotros no decimos ni enseñamos: abandonar la conciencia-yo, como lo hace el oriental, que puede estar sentado en medio del mayor desorden soñando en el vacío.

 

El cristianismo enseña: ¡abandonarse a sí mismo en el servicio para todos!

 

«Quien pierda su vida por mí, la conservará.»

 

Este es el gran secreto de los misterios de occidente, el gran misterio del cristianismo, el secreto del segundo escalón.

Si desean un cuerpo puro, entonces no es suficiente la pureza en la alimentación y en el aseo, y tampoco la pureza de los pensamientos es suficiente. Todo esto ha sido enseñado por las antiguas religiones. El cristianismo avanza un paso más. El occidente enseña: ustedes sólo podrán estar puros cuando su entorno sea puro, cuando su país sea puro, cuando su mundo sea puro.

 

Comprendan la vinculación de lo individual con lo colectivo, de un hombre con todos los hombres.

 

Cada avance, cada comprensión de lo celestial es imposible y un criminal engaño si no tenemos esto en cuenta.

 

Cada progreso es imposible sin una renovación mundial, sin una liberación mundial por medio de hombres para hombres.

 

Este es el segundo escalón, el amor que se sacrifica a si mismo y que renueva la sangre, por medio del cual salvamos al mundo y a la humanidad siguiendo el ejemplo de Cristo, quien dijo: «Seguidme.»

 

Y así nos vamos acercando al tercer escalón, a la revelación, al cumplimiento:

 

¡Un nuevo cielo y una nueva tierra!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este es el verdadero informe original sobre el descubrimiento del muy iluminado hombre de Dios, Hermano C.R.C.:

 

Después de la muerte de A. en Gallia Narbonensis (el Narbone gálico) le sucedió en su lugar nuestro querido Hermano N.N. Este nos contó confidencialmente, después de unirse a nosotros y haber prestado el solemne juramento de fidelidad y discreción, que A. le había asegurado, que esta fraternidad pronto ya no estaría tan oculta, sino que sería una ayuda, una necesidad y una gloria para la patria común del pueblo de Europa y por lo que en su estado no debería avergonzarse en absoluto.

 

Al siguiente año, cuando ya había finalizado su alumnado y en una oportunidad que se le ofreció, quiso  salir de viaje con un considerable viático, o bolsa de Fortuna, decidió como buen arquitecto, cambiar algo en este edificio y decorarlo más apropiadamente.

 

Durante estos trabajos de renovación encontró la placa conmemorativa; estaba fundida en bronce y contenía los nombres de todos los que pertenecían a la Fraternidad así como otras cosas.

 

El quiso llevar esta placa conmemorativa a otro lugar más apropiado, pues los Mayores ocultaban cuando y donde había muerto el Hermano C. y el país en el que posiblemente estaba enterrado, por lo que también era desconocido para nosotros. En esta placa conmemorativa sobresalía bastante un clavo grande. Al extraerlo con gran fuerza y al arrancar así un trozo bastante grande del delgado muro o de la cubierta que cubría el muro, inesperadamente quedó liberada la puerta. Con alegría y anhelo rompimos el resto del muro y limpiamos la puerta, en la que arriba del todo había una inscripción con letras grandes:

 

DESPUES DE CIENTO VEINTE AÑOS ME ABRIRE

 

y debajo se encontraba la antigua fecha.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XVIII

 

El clavo misterioso

 

 

La Fama habla detalladamente del romántico descubrimiento del templo funerario de Cristián Rosacruz, sobre lo que se encontró dentro de este templo funerario y también sobre otras particularidades que guardan una estrecha relación con todo esto. El tema es demasiado extenso para poder tratar todo en un capítulo y por eso queremos dirigir ahora su atención a la historia preliminar que inicia este descubrimiento.

 

Aquí el informe:

Uno de los hermanos, que es llamado Hermano A., el sucesor designado, muere en Gallia Narbonensis. Antes de morir, elige un sucesor que aparece anónimo como N.N.

 

Este hermano presta el juramento de fidelidad y discreción y entonces cuenta a sus hermanos, que el Hermano A. le había dicho antes de su muerte, que la Fraternidad no actuaría por mucho tiempo a escondidas, sino que sería para la patria común del pueblo de Europa una ayuda, una necesidad y una gloria, y que en su estado, él no tendría que avergonzarse en lo más mínimo.

 

El nuevo hermano realiza su tiempo de alumnado y después proyecta salir de viaje, porque no le faltan los medios para ello. Pero como era arquitecto, antes de realizar su propósito decide cambiar algo en las habitaciones que él habitaba en la casa de la Fraternidad.

 

En esto encontró una placa conmemorativa de bronce, en la que estaban grabados los nombres de todos los hermanos. El quiso quitar esta placa, que se encontraba en la pared, para llevarla a otro lugar.

 

Para ello tiró de un clavo grande con el que estaba sujeta la placa a la pared. Debido a la fuerza con la que tiró, arrancó con la placa un trozo de la pared, y ante su gran sorpresa apareció una puerta detrás de la pared. El llamó a sus hermanos que estaban en el edificio y llenos de alegría por el descubrimiento derribaron juntos toda la pared, dejando la puerta al descubierto. En esta puerta se encontraba la inscripción: DESPUÉS DE CIENTO VEINTE AÑOS ME ABRIRÉ.

 

 

En apariencia, esta historia es sencilla y no necesita una explicación más detallada. Cuantas veces se encuentran una sere de cosas interesantes de tiempos pasados al cambiar algo en edificios antiguos. ¿No son los museos de antigüedades, que se van llenando poco a poco, pruebas convincentes de ello? Tal como sucede ahora, también debió ocurrir en el pasado, y es natural, que hermanos de la Rosacruz de generaciones posteriores, encontrasen en las antiguas viviendas cosas y objetos que antes desconocían.

 

Por lo tanto vamos a dejar esta historia preambular, clasificandola como algo que no viene al caso, junto con las peculiaridades históricas que poseemos de las actividades de la Orden, y vamos a continuar con la parte más importante que le sigue.

 

Como mucho podriamos detenernos por un momento, si así lo deseamos, en los aspectos románticos del caso, dirigiendo la atención hacia el clavo misterioso, del que tanto dependió;

hacia el fisgonear en las antiguas bóvedas y el inesperado hallazgo de esta antigua placa conmemorativa, de este recuerdo del pasado y de la devoción, con la que los hermanos la querían llevar a un lugar más apropiado. Posiblemente existiría un dibujante o pintor que supiese representar esto con un poco de fantasía y de una forma sugestiva, lo que resultaría muy satisfactorio para un investigador superficial.

 

Pero dejennos descubrir ahora lo que estaba escondido detrás de esta puerta que encontraron.

 

 

¡No, no lo vamos a hacer! – Porque esta historia preambular tiene un significado tan extraordinario, que sin una correcta comprensión seguramente comprenderiamos el resto de una forma errónea e irreal. Tenemos que conocer completamente todo el entorno antes de que podamos penetrar en la esencia del asunto. Tenemos que explorar completamente el camino y limpiarlo de todo aquello, por lo que podríamos tropezar más adelante.

 

Queremos preguntarles: ¿Qué se sabe realmente de Cristián Rosacruz? ¿Es él un personaje conocido en la historia?

 

El primero que dice algo concreto sobre él y de él es Juan Valentin Andreae, quien comunica en la Fama, que jamás le vió personalmente.

 

La forma en la que se habla sobre la elevada Cabeza de la Fraternidad en los auténticos libros antiguos de los Rosacruces, demuestra muy claramente, que allí se utilizaba el nombre del hombre Cristián Rosacruz en forma simbólica, y esto lo hacían como alusión de la Escuela de los Misterios de occidente; o sea como nombre simbólico, con el que se indicaba la esencia de la filosofía crística.

 

Pero la figura de Cristián Rosacruz no se vuelve por eso menos real para nosotros. Reconocemos completamente a la poderosa entidad que apareció hace muchos siglos bajo este nombre de la Fraternidad Universal de Cristo (ver El Apocalipsis de los tiempos modernos – 1964 de Catharose de Petri y J. van Rijckenborgh).

 

Como tal, él es para nosotros, sin embargo, al mismo tiempo, como autorealizador de la enseñanza de la liberación de Cristo, manifestada de nuevo por él, el prototipo de nuestro verdadero ser más profundo, el hombre alma-espíritu, el verdadero hombre de Acuario.

 

Como tal, Cristián Rosacruz es el espíritu aun no nacido en nosotros, el espíritu que tiene que desarrollarse completamente, según la finalidad de cada desarrollo; el espíritu, que debe despertar como una entidad autocreadora según las palabras de Cristo: «Sed perfectos, como vuestro Padre en el cielo es perfecto.»

Por lo tanto, si, ante la pregunta: qué sabemos realmente de Cristián Rosacruz como personaje histórico, tenemos que conformarnos con lo anteriormente expuesto, resulta evidente, que si explicamos la imagen esotérica de Cristián Rosacruz, daremos otra respuesta.

 

 

Existe un misterioso propósito detrás de nuestra existencia, una gigantesca meta, tan maravillosa, tan gloriosa, tan poderosa, que con el actual estado de desarrollo de nuestro pensar no lo podemos abarcar.

 

A esta meta no la llamamos cielo como los cristianos ortodoxos. No ha existido jamás un teólogo ortodoxo, al que no se le hubiese podido comparar con el más grande especulador de bolsa. El teólogo especula con un cielo, del que jamás ha obtenido conocimiento de primera mano. No existe ningún cielo en sentido teológico. Su cielo se encuentra aquí, y por ahora hemos conseguido convertirlo en un infierno.

 

Como aquí hemos formado las cosas tan desconsoladoramente, nuestros teólogos especulan hacia un mundo celestial, donde no se nos pueda devorar, a donde podamos huir de nuestro infierno autocreado.

 

Todavía no hemos tomado conciencia de la situación, no somos lo suficientemente conscientes; no somos conscientes de la misteriosa y grandiosa meta de nuestra existencia. Si fuésemos conscientes, si fuésemos lo suficientemente conscientes, acabaríamos con la teología humana que se adapta a nuestras circunstancias sociales.

 

Marx tiene toda la razón al decir: «La conciencia de los hombres se crea por sus circunstancias sociales. La forma de producción de la vida material decide, por lo general, sobre la vida social, política y espiritual (tal como lo entiende el hombre dialéctico moderno).»

 

En muchos círculos esta expresión marxista causó irritación, sin embargo es completamente crística, es científicamente correcta. La bondad y la verdad, discernimiento y comprensión, sólo pueden surgir de la verdadera justicia. En lo material, en la lucha en la materia, el espíritu tiene que liberarse de sus limitaciones, tenemos que liberar a Cristián Rosacruz de su tumba.

 

Bien, si por un momento nos liberamos de todo prejuicio, vemos ante nosotros una meta radiante: nosotros llamamos esta meta Cristián Rosacruz.

 

¿Qué sabemos de él?

 

¡Todo! Como estudiantes esotéricos sabemos todo lo que de alguna manera se puede asimilar.

 

El nos llama para que vivamos acercandonos a él, para que luchemos acercandonos a él, para que construyamos nuestro edificio, para hacernos dignos de él.

 

El nos ofrece los medios para ello, los Señores de la Sabiduría nos los proporcionan:

 

En primer lugar tenemos nuestros axiomas, como ya hemos expuesto, nuestras tesis fundamentales innegables y demostrables con conocimiento de primera mano; un axioma es una roca del saber, una roca, que se mantiene firme a través de las eternidades. Tenemos nuestra filosofía esotérica, que se desarrolla del cristianismo positivo, del libro santo, la Biblia. También tenemos nuestras enseñanzas cosmológicas, el conocimiento sobre el camino, sobre el hombre verdadero y sobre todo lo que se agrupa alrededor de ello.

 

Además disponemos, tal como lo expresa la Fama, de la Rotae Mundi, esto significa, nuestras ciencias de los astros, nuestra sagrada ciencia astrosófica, que no tiene nada, pero absolutamente nada que ver con el elucubrar astrológico, ni con las chapuzas del supuesto esotérico. Analizaremos este punto más detenidamente, pues antes de entrar los hermanos en la cripta de Cristián Rosacruz, consultan primero en su Rota, esto significa, que primero analizan sus propias circunstancias astrosóficas. Es necesario que se sepa cómo un hermano de la Rosacruz utiliza la astrología y cómo no la utiliza.

 

Como tercer obsequio en el camino la Fama nombra a Proteo, que ya hemos comentado con ustedes, o sea el principio neptuniano, que señala hacia las cualidades autocreadoras del espíritu humano, hacia el camino neptuniano de la autoiniciación.

 

La Fama denomina los axiomas como lo más importante; de cualquier modo la filosofía es la base de toda ciencia, de todo arte y de toda religión. Si tienen una insuficiente habilidad filosófica, el verdadero arte, la verdadera ciencia y religión seguirán siendo para ustedes valores ocultos. La Fama llama a la Rotae Mundi, la ciencia de los astros, la que tiene mayor arte, pues esta ciencia es de origen divino; es el Arte Real, con cuya ayuda orientamos nuestros axiomas, con la que aplicamos los valores obtenidos por nosotros en el momento psicológico correcto; es el secreto de toda habilidad organizativa. Para aprender este Arte Real se necesita otra cosa muy diferente que el parloteo de nuestro tiempo sobre los horóscopos y los aspectos.

 

¿Cómo se ha de aprender este arte, que es el punto crucial de cada realización esotérica? Pueden aprenderlo buscando el tercer elemento de la Fama. La Fama llama al tercer elemento, a Proteo, el más curativo.

 

¿De qué les sirven los axiomas y el Arte Real si no recorren el camino con todo lo que está con y en ustedes en un servicio de autonegación por los demás? ¿Si no elevan en su vida el acto verdadero, adquiriendo de esta manera su verdadera y eterna salvación?

 

Todos los que siguen a Proteo, el dios del mar, al servidor de Neptuno, profundizan cada vez más profundamente en los axiomas y en los Rotae Mundi, en el Arte Real.

 

 

Y aquí tenemos el auténtico informe original del descubrimiento del muy iluminado hombre de Dios, el Hermano Cristián Rosacruz:

 

Había un alumno que estaba lo suficientemente introducido en los misterios como para comprender lo que se esperaba de él. Como disponía de la suficiente calidad de alma, que había conquistado a través del servicio de amor, decidió seguir al camino que le había indicado Proteo, el servidor de Neptuno. El abandona su casa para adquirir la verdadera salvación; el sale de viaje al servicio de la bondad, la verdad y la justicia.

 

Y enseguida aparecen las pruebas, las duras pruebas. El tiene  que aprender a perderse a sí mismo, a entregarse completamente a sí mismo sobre el altar del servicio. El debe transformar así su ser inferior totalmente, purificandose en la fuerza de Cristo, su Señor. El debe aprender que esta purificación en Cristo no es una autoridad dogmática, a la que se sigue con un devoto semblante, sino un heroico soportar, un horrendo riesgo, un enorme dolor, un morir de lo inferior, un morir según la naturaleza. El debe aprender, que este perecimiento sólo lo es en apariencia, una muerte aparente, como dice Cristo sobre Lázaro: «Esta enfermedad no conduce a la muerte, sino a la vida», para que Dios, el Dios interior, el verdadero ser, Neptuno, Cristián Rosacruz, sea glorificado por ella, sea despertado a la vida.

 

Lo mismo vemos suceder también en nuestra narración.

 

El alumno – vamos a llamarlo Hermano A. – de oficio sucesor, esto es, heredero de la salvación, de la verdadera salvación en Jesucristo, muere, él se hunde por completo, el perece en Gallia Narbonensis, esto significa, en el país de las duras pruebas.

 

Y de él, de esta tumba de lo inferior, se eleva su sucesor, un hombre nuevo. Tal como Lázaro, significa: «Hombre sin ayuda», así podríamos llamar a este hombre, «el hombre sin nombre». Este hombre ya no quiere ser más un «yo», aunque nadie tiene una personalidad más fuerte que él. El es, él sólo quiere ser un servidor, un servidor de la humanidad.

 

Este Hermano N.N., el impersonal, el renacido según el espíritu, ha obedecido a la advertencia de Cristo: «Quien no quiera dar su vida, su comprensión, por mí, no puede ser mi discípulo.»

 

Este es el sistema del progreso en el camino, que ayudará al mundo entero en su miseria y les elevará a la vida.

 

Así el hermano renacido llega a la Orden y después de haber pasado su alumnado decide salir de viaje.

 

Cuando hemos renacido así, resucitado de lo inferior, liberados del egoísmo por nuestra muerte en Gallia Narbonensis, es cuando estamos realmente en condiciones para salir de viaje, llevar en Evangelio y curar a los enfermos; entonces también hemos avanzado hasta un nuevo oficio; entonces somos llamados arquitecto, esto significa constructor, francmasón.

 

Y todos, los que posiblemente se llaman francmasones, deben saber lo siguiente: el verdadero francmasón es aquél que ha muerto según su ser inferior en Gallia Narbonensis.

 

Sólo aquellos que sacrifican voluntariamente su yo según la exigencia del Evangelio, pueden ser de utilidad para los hombres.

 

Ahora también podemos comprender, que sólo el alumno, que ha avanzado hasta aquí puede seguir caminando.

Sin haberse sometido a este proceso según leyes naturales, la iniciación es una locura criminal. Tenemos miles de estos iniciados en nuestro mundo; ellos aparecen como profetas y seres muy avanzados, pero su realidad de vida es contraria a la exigencia de la construcción.

 

Todos estos iniciados especulan mucho con la mistica y el dogmatismo y parlotean sobre el amor, Dios y Cristo.

 

Quizas comprendan ahora nuestra santa indignación, nuestras ardientes protestas y que desenmascaremos con toda vehemencia a estos traidores de la bondad, la verdad y la justicia.

 

Alguien, que quiera ayudar al mundo, tiene que ser arquitecto, tiene que ser un constructor libre, tiene que volverse un francmasón según el método descrito en la Fama. El tiene que morir, sucumbir en Gallia Narbonensis según la exigencia del cristianismo evangélico.

 

 

El sendero de la iniciación se encuentra ahora abierto para el héroe simbólico de nuestro relato. Como autofrancmasón, como autorrealizador, él se encuentra muy ocupado con la modificación en su propio edificio, para acondicionarlo cada vez mejor para el servicio que tiene que realizar.

 

Estando ocupado con esta tarea de renovación interior, él encuentra la placa conmemorativa, que estaba fundida en bronce y que contenía todos los nombres de los hermanos, mencionando también algunas otras cosas.

 

Bronce es una aleación de los metales cobre y estaño. Bronce es también en sentido esotérico el metal espiritual, la posesión espiritual, que se desarrolla de los valores de Venus y Júpiter, del alma sensorial y consciente, de la transformación de nuestra forma de amar por medio del servicio de amor para la humanidad en autonegación, a través del realismo crístico.

 

Esta transformación, esta aleación, purifica nuestro poder del pensamiento y compone la placa conmemorativa, una placa conmemorativa que es capaz de asimilar cada vez mejor los axiomas y el Arte Real.

 

Si nosotros como nuestro héroe estamos ocupados con la construcción impersonal de uno mismo, descubrimos de repente la placa conmemorativa de bronce; nuestro poder del pensamiento se encuentra al instante capacitado para ver y asimilar las omnipresentes abstracciones divinas y nuestro ser es colmado con un conocimiento que sobrepasa toda humana comprensión.

 

Este santo conocimiento que colma al alumno con una inexpresable alegría, este regalo divino, lo toma para llevarlo a un lugar más apropiado. El quiere llevar esta sabiduría a su corazón, con lágrimas de agradecimiento la quiere colocar en su corazón como un altar, en oración por el incomprensible amor de Dios, que se comunica a él y que quiere grabar su secreto en la placa conmemorativa de bronce.

 

Y entonces, entonces acontece lo maravilloso.

 

Cuando el renacido festeja en Gallia Narbonensis su unión con el pensamiento abstracto, que se le manifiesta y que él toma para una renovación del corazón, entonces este extraño punto – que aquí se denomina clavo – es vitalizado y arrancado.

 

En el esoterismo este punto es denominado también el sexto clavo o la sexta cuerda, con cuya ayuda Cristián Rosacruz es elevado de la fosa en las Bodas Alquímicas. Los otros cinco puntos se pueden identificar con los cinco puntos del pentagrama, con los cinco puntos de nuestro cuerpo del alma.

 

Así se abre la puerta del templo funerario de Cristián Rosacruz, del templo funerario del Cristo interior; las paredes son derrumbadas con gritos de júbilo y se cumple el «llamad y se os abrirá».

 

Y en la puerta se encuentra inscrito con letras grandes:

 

DESPUÉES DE CIENTO VEINTE AÑOS ME ABRIRÉ.

 

Ciento veinte es el número de Proteo, del servidor de Neptuno, el número de la verdadera salvación, que es liberada si seguimos las huellas de Cristo.

 

Entremos pues ahora en el templo funerario de nuestro Padre, el Hermano Cristián Rosacruz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dimos gracias a Dios por este hallazgo. En esta noche dejamos todo tal como estaba porque queríamos consultar primero nuestra rota.

 

De nuevo, ya por tercera vez, dirigimos su atención a la Confessio, porque lo que aquí manifestamos, sucede para los que son dignos de ello; pero a los indignos, si Dios quiere, no les servirá de nada. Pues igual que se abrió nuestra puerta de forma maravillosa después de tantos años, también se abrirá para Europa una puerta, en cuanto desaparezcan los muros. Esta puerta ya empieza a manifestarse  y muchos la esperan con gran nostalgia.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XIX

 

El secreto de la rota

 

 

 

Ya hemos comenzado con la apertura del misterioso templo funerario de Cristián Rosacruz. Y ahora continuamos con el análisis de esta maravillosa narración, que pertenece, como quedará demostrado, a los más incomparables regalos que nos han ofrecido los Hermanos Mayores de la Rosacruz.

 

Podrá comprender, que en la Fama los comunicados en relación con esto se pueden indicar con el término «revelación». Una revelación, que, si la comprende correctamente, puede ser de una inmensa importancia para su desarrollo personal y para el despliegue de su trabajo.

 

Si algunos pensaran que la apertura de esta revelación podría traer consigo peligros, queremos remitirles a la  observación que hace al respecto el autor de la Fama:

 

«Nosotros declaramos, que aquello que aquí manifestamos sucede para ayudar a todos los que son dignos de ello; pero a los indignos, si Dios quiere, no les servirá de nada. Pues igual que fue abierta nuestra puerta de forma maravillosa después de tantos años, también se abrirá para Europa una puerta, en cuanto desaparezcan los muros. Esta puerta ya empieza a manifestarse  y muchos la esperan con gran nostalgia.»

 

 

Y nosotros añadimos a esto: el velamiento del informe de la Fama, que es eliminado por nosotros hasta un grado determinado (porque la puerta de los misterios, gracias a la unánime voluntad y actividad de los pioneros de occidente, se ha vuelto visible y pronto podrá ser abierta), seguirá siendo siempre el motivo, por el cual los ilícitos, los indignos no puedan sobrepasar el umbral de la elevada realización.

 

Por eso escribimos exclusivamente para aquellos que tienen oídos para oir y ojos para ver y que pueden comprender el propósito del Evangelio esotérico.

 

El resto de nuestros lectores opinará que nuestras exposiciones o bien son ridículas o totalmente incomprensibles, aunque también puede haber otros, que, sin entender en absoluto el idioma de los misterios, sean asidos por un interés tan intenso, que ya no les soltará. A estos últimos les remitimos al resto de nuestra literatura y a nuestros cursos, que son accesibles para todos.

 

Cuando el alumno en la Escuela de los Misterios ha alcanzado la meta principal, la misión más importante y difícil del Evangelio esotérico, es decir sacrificar su yo, su personalidad, su naturaleza autoafirmativa al servicio de aquello, que está más cerca que las manos y los pies, cuando ha muerto en Gallia Narbonensis, en el país de las duras pruebas, según su ser inferior, entonces él se vuelve de oficio arquitecto, constructor, francmasón.

 

En este instante él ha pagado en su desarrollo una parte considerable de la culpa del pasado y ahora se prepara para la construcción.

 

Para que esta construcción se pueda realizar con el mayor éxito posible, se dispone primero a efectuar algunos cambios en el edificio que habita.

 

El alumno se ha vuelto un discípulo de la Escuela de los Misterios.

 

El discípulo tiene que efectuar algunos cambios en los cuerpos que habita; pues él debe dinamizar los valores del alma desarrollados, el cuerpo del alma, y dotarlo de conciencia.

 

Aquí tenemos ocasión de mostrar la decisiva diferencia entre el místico y el gnóstico. Los dos construyen un cuerpo del alma, los dos extraen de su comportamiento de vida la esencia que impulsa al desarrollo de los éteres superiores. Cuando este cuerpo del alma ha adquirido un valor integral, entonces los dos poseen una gran capacidad intuitiva, entonces existe una conexión completa con el mundo del Espíritu de Vida, con el campo de  fuerza de Cristo. Continuamente fluyen grandes fuerzas, que capacitan a la persona en cuestión para adquirir una madurez de vida, a tener una amplia visión de todas las cosas de la vida, a una unión diaria con valores santos, que están muy por encima de la mente del hombre corriente.

 

Pero donde el místico se conforma con este estado de suprahumanidad, ahí el gnóstico sigue adelante.

 

La causa de esto todavía no se puede indicar con seguridad, al menos por el momento. Existe la suposición, que el gnóstico dispone de más amor humano que el místico.

 

Sin embargo, se puede asegurar, que el amor humano del gnóstico es más dinámico que el del místico. Donde el místico al final se conforma, produciendo fuerza de amor, entregándola a favor de las fuerzas directrices, ahí el gnóstico quiere servir con las fuerzas directrices, ahí él quiere reforzar el orden mágico del servicio, ahí quiere preparar las llamas de su amor conscientemente, para que sus fuerzas puedan ser empleadas lo más útilmente posible. Hay algo en su ser que le impulsa a ello, y para poderlo hacer, él debe, él quiere penetrar hasta el misterio de su existencia, de nuestra existencia y él busca la Gnosis de las cosas detrás del velo. Y por eso debe percibir conscientemente en los campos invisibles, para poder así descubrir el origen de las cosas y poder trabajar como ciudadano de dos mundos al servicio de Dios para el mundo y la humanidad.

 

La diferencia de valores entre el místico y el gnóstico en relación con la gran obra de la humanidad resulta, por lo tanto, evidente.

 

Ahí, donde el místico une sus manos en oración, rezando por la paz, ahí, donde el místico, por su capacidad intuitiva, muestra muy correctamente los errores en la convivencia enferma, llamando a los hombres a la reflexión, ahí el gnóstico se pone a trabajar; ahí, él emplea sus fuerzas dinámicamente para derrotar definitivamente al enemigo, ahí pone su pie en el campo de batalla para la actividad inmediata; y esto lo hace desde todos los campos del espíritu y de la vida, según el orden del Evangelio.

 

Pues bien, para poder adquirir este conocimiento de primera mano, para que esta conciencia pueda participar en los campos elevados (y ahora conocen el objetivo de  ello), es necesario liberar el cuerpo del alma, que tiene que ser desarrollado por nosotros mismos, de la limitación material, pues el cuerpo del alma es la base de nuestra conciencia en el mundo del espíritu, y la calidad de este cuerpo del alma, de este portador etérico, determina la clase de nuestras experiencias sobrenaturales.

 

Existen diversos métodos negativos y de magia negra para volverse más o menos consciente en los campos del más allá sin que esté presente el cuerpo del alma; pero si alcanzamos tal estado de posibilidades indeseables, entonces nuestras experiencias están en completa concordancia con ello, como es conocido por muchos de entre nosotros.

 

Durante el discipulado, en el que el alumno comienza su oficio como arquitecto, él aprende a surtir este cuerpo del alma con líneas de fuerza. El cuerpo del alma está hundido en algunos puntos del organismo material, y uno de estos puntos, como saben, es denominado en el idioma de la Fama el «clavo».

 

En nuestra historia, el clavo se encuentra en una placa de bronce, el símbolo de un centro de las fuerzas del alma; y este centro de fuerzas se puede percibir en el alumno por clarividencia en uno de los puntos, donde el cuerpo del alma se encuentra unido con el resto del organismo.

 

Cuando después de un esfuerzo propio en el momento psicológico como consecuencia de la autoofrenda y del nuevo comportamiento de vida según el sermón de la montaña, se puede sacar el clavo, el cuerpo del alma se desprende también de los demás puntos y comienza la liberación espiritual. Ésta es descrita por los esotéricos clásicos de diversas maneras y también se nos representa muy detalladamente en las narraciones iniciaticas evangélicas. Evocamos en su memoria la historia de la resurrección de Lázaro, del hombre «sin ayuda», que se eleva como alumno de la Escuela de los Misterios por la fuerza del Cristo interior de la tumba del nacimiento. Al contemplar esta narración, observará inmediatamente la similitud con la historia del templo funerario Cristián Rosacruz, el templo funerario de nuestro elevado ser, el templo funerario del Cristo interior, que es liberado por el arquitecto que efectuó los cambios necesarios en su edificio para poder cumplir su vocación como alumno.

 

Así se arranca entonces el clavo y el alumno encuentra la puerta que conduce al templo funerario. Pero antes de entrar en el templo funerario, la Fama dice:

 

 

«En esa noche dejamos todo como estaba, porque queríamos consultar primero nuestra Rota.»

 

 

Antes que el discípulo pueda dar el paso decisivo, tiene que estar completamente al corriente sobre su estado astrosófico en este sublime momento y tiene que comportarse en concordancia con ello.

 

No se le ocurra pensar, que el consultar la Rota pudiese tener alguna relación con el común elucubrar astrológico del chapucero en las cosas ocultas. Es un elevado y santo trabajo, con el que el discípulo está ocupado la noche anterior a su despertar espiritual. Es un experimento mágico, tan inmenso, tan soberano, que no pueden imaginar siquiera algo parecido. Es un ejercicio neptuniano mágico-astrosófico de la Rota, al que sólo se puede uno acercar con conocimiento de primera mano.

 

Queremos intentar explicar este acto santo.

 

Después posiblemente se apartará de las astro-banalidades, del juego con esta ciencia divina, con este Arte Real.

 

Usted conoce la célebre frase de la Biblia:

 

«Dios es Luz» – «El universo anuncia la gloria de Dios» – «El firmamento es obra de sus manos» – y nosotros sabemos, que estas expresiones no son creaciones poéticas, sino que son absolutamente correctas.

 

El universo anuncia un orden supercósmico, una relación sobrehumana; los sistemas planetarios y estelares están vinculados los unos con los otros de tal forma, que sería muy primitivo, no ver en ello un conjunto de intenciones y leyes elevadas, sobre las que tenemos que estar informados para aprender las exigencias del arquitecto divino. Por medio de la astrosofía recibimos la llave del lenguaje de Dios, que está escrito en el firmamento.

 

La cosmología nos da a entender, que no existe nada que sea materia muerta. Todo el universo es un solo mar de fuerza viviente, donde se expresan todas las chispas divinas en una innumerable variedad de niveles.

 

Todas estas fuerzas dependen las unas de las otras, ellas presentan mutuos efectos contrarios, ellas se impulsan mutuamente a la realización.

 

Y así resulta lógico y científicamente demostrable, que todas estas fuerzas cósmicas también influyen en la ola de vida humana y actúan en este sentido conjuntamente con el plan de Dios.

 

Usted sabe, que la ciencia astrológica está basada sobre estos hechos, y ahora existen dos formas de ejercer esta ciencia para aprender el lenguaje de Dios en nuestra vida.

 

Queremos referirnos a estos dos métodos como el material y el espiritual. Del método material, el cual es un método parcial, que aporta al alumno sólo una satisfacción temporal, ya conoce algo. El método espiritual se describe en la Fama como el consultar la Rota, un método del que queremos contarle a usted algo ahora.

 

El alumno que ha elegido el oficio de arquitecto y ha penetrado así en el discipulado espiritual, sabe que tiene una especial polaridad con determinadas fuerzas que también se expresan en nuestro zodíaco. Y él conoce un ejercicio espiritual con cuya ayuda se puede poner en la misma vibración que estas fuerzas. Este acto santo, que ustedes deberían comparar con un acto de oración, pero que de hecho es mucho más que esto, capacita al alumno para percibir las diferentes relaciones y tensiones, las corrientes positivas y negativas, en la medida que guarden relación con su propia vida, según su tipo y su esencia.

Esta astrología espiritual es mucho más sublime que la común astrociencia esotérica. Poder ejercer esta auténtica ciencia espiritual es la meta del verdadero alumno de la Rosacruz.

 

Cuando él lo quiere, (y sólo lo quiere, si está justificado por su santo trabajo al servicio de la humanidad) la Rota gira, la rueda del nacimiento y de la muerte, la rueda de las cosas, ante su cuádruple capacidad de percepción, para poder adaptarse en este sentido totalmente a las necesidades de la vida cósmica, que él tiene que aprender a vivir.

 

Este es el secreto de la Rota, que el alumno investiga cuando el tiempo ha madurado para ello y él esta dispuesto a seguir por el camino de la realización superior.

 

 

¿Por qué escribimos sobre estas cosas? Lo hacemos para que usted sepa, que el espíritu de la Rosacruz es otro, que el espíritu que les ha hablado a ustedes en otros lugares. Escribimos así para que comprenda, que posee el privilegio de poder adquirir en el templo de la Rosacruz la sabiduría que es para todos.

 

Sabemos que toda la humanidad, sin excepción, tendrá que seguir el camino de la verdad, el camino que ha indicado la Fama Fraternitatis; el camino, en el que se encontrarán con la exigencia de la vida verdadera, la exigencia de la bondad, verdad y justicia.

 

Cada criatura humana tendrá que empezar a reconocer la fuerza de Cristo en su multitud de aspectos, porque ella también tiene que liberar al Cristo interior, al verdadero ser, de la tumba de la dependencia.

 

En la puerta de esta tumba se encuentra escrito: «Después de ciento veinte años me abriré.» El número 120 es la expresión cabalística del signo de Júpiter, el signo de la obra de Cristo realizada en este mundo, que celebra su elevación al número del perfeccionamiento, al número 3 (120).

 

Como el arquitecto divino, que nos dió el ejemplo, habló Cristo, refiriéndose a su propio ser: «Mirad, voy a derrumbar este templo y lo voy a reconstruir en tres días.» Y nosotros sabemos de su resurrección al tercer día.

 

Así posiblemente comprenderemos el idioma de la Fama. El camino se convierte para nosotros en una fosa de luz:

 

«Después de ciento veinte años me abriré; al tercer día resucitaré de la tumba de la dependencia y celebraré la liberación.»

 

El discípulo, el arquitecto, conoce la verdad de esto, y por ello, impulsado por el realismo crístico, realiza los cambios tan necesarios en su edificio: «Mirad, voy a derrumbar este templo y lo voy a reconstruir en tres días.»

 

El ve brillar ante sí la meta, la puerta queda al descubierto. Pero antes de abrir la puerta sale en la noche para consultar su Rota.

 

Y sobre él se extiende el gran éxtasis de la existencia cósmica:

 

«El firmamento anuncia la obra de Sus manos.»

 

«¡Hijo mío, penetra en las alegrías de tu Señor!»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por la mañana abrimos la puerta, detrás de la cual se encontraba una bóveda con siete lados y siete esquinas; cada lado medía cinco pies de ancho y ocho pies de alto. A pesar de que esta bóveda jamás había recibido los rayos del sol, estaba claramente iluminada por otro sol, que había aprendido esta capacidad del sol y se encontraba arriba en el centro del techo. En el centro se encontraba, en lugar de una lápida, un altar circular con una placa de bronce con la siguiente inscripción:

 

A.C.R.C. ESTE RESUMEN DE TODO EL UNIVERSO LO HE CONVERTIDO, EN VIDA, PARA MI EN UNA TUMBA.

Alrededor del primer círculo se leía:

JESUS MIHI OMNIA (Jesús es todo para mí).

En el centro había cuatro figuras, cada una de ellas encerrada en un círculo. Alrededor de ellas estaba escrito:

1. NO HAY ABSOLUTAMENTE NINGUN ESPACIO VACIO

2. EL YUGO DE LA LEY

3. LA LIBERTAD DEL EVANGELIO

4. LA GLORIA DE DIOS ES INTANGIBLE

 

Fama Fraternitatis

 

 

 

 

XX

 

EL ALTAR CIRCULAR

 

 

De nuevo nos dirigimos a la cripta de Cristián Rosacruz para continuar con nuestras investigaciones siguiendo las indicaciones que nos dieron en la Fama.

 

Repetimos como orientación, que con este templo funerario se hace referencia al misterio de nuestra existencia individual y al ensamblaje de fuerzas y posibilidades maravillosas, que en su conjunto forman al microcosmos como un reflejo exacto del macrocosmos, confirmando las palabras: «Mirad, todos nosotros hemos sido creados según la imagen de Dios y a su semejanza.»

 

La enseñanza hermética de los Rosacruces quiere desvelar ahora el misterio de este microcosmos; ella nos quiere enseñar de qué forma podemos despertar al prototipo de nuestro ser superior, o sea a Cristián Rosacruz, como vida de la vida, de la tumba de la dependencia material, para avanzar después hacia una posibilidad más elevada.

 

Y de nuevo se nos presenta el misterioso lenguaje de los escritos herméticos, para que todos aquellos que puedan ver y tengan oídos para escuchar, puedan reflexionar sobre su vocación como criaturas de Dios, sobre su tarea en la gran jerarquía de las entidades humanas.

 

Por ello penetramos de nuevo en el templo funerario, en este lugar del nuevo nacimiento, juntando las manos en oración y expulsando toda curiosidad burguesa en nuestro anhelo de luz y verdad.

 

A pesar de la multitud de ideas que penetran en nosotros, nos limitamos y nos colocamos ante el altar circular.

 

 

«En el centro se encontraba, en lugar de una lápida, un altar circular con una placa de bronce con la siguiente inscripción:

 

A.C.R.C. ESTE RESUMEN DE TODO EL UNIVERSO LO HE CONVERTIDO, EN VIDA, PARA MI EN UNA TUMBA.

Alrededor del primer círculo se leía:

JESUS MIHI OMNIA (Jesús es todo para mí).

 

En el centro había cuatro figuras, cada una de ellas encerrada en un círculo. Alrededor de ellas estaba escrito:

1. NO HAY ABSOLUTAMENTE NINGUN ESPACIO VACIO

2. EL YUGO DE LA LEY

3. LA LIBERTAD DEL EVANGELIO

4. LA GLORIA DE DIOS ES INTANGIBLE

 

Todo esto es claro y preciso, igual que el significado del séptimo lado y el de los dos triángulos que se manifiestan séptuplemente.

 

Así nos arrodillamos todos juntos y dimos gracias al únicamente sabio, únicamente poderoso y únicamente eterno Dios, quien nos ha enseñado más de lo que toda la razón humana podría pensar; ¡alabado sea su Santo Nombre!»

 

 

Antes de que nosotros podamos pronunciar también esta acción de gracias y saborear la inconmensurable felicidad, que impulsa a los alumnos a proseguir su camino con alegría, también nosotros tenemos saber, también nosotros tenemos que comprender.

 

¿Por qué no sabe nada, por qué no comprende nada?

 

¿Por qué no se ha visto en esta tumba nada más que un sepulcro de cadáveres, decorado con algún simbolismo francmasón?

 

 

Porque uno todavía se encuentra lejos del círculo o margen exterior; porque no se conoce el perpetuum mobile, el impulso dinámico que perdura eternamente del «Jesús mihi omnia»; porque no se sabe nada del Principio-Cristo, que se sumerge hasta el punto culminante de la realización humana: el Maestro Jesús.

 

Si, la expresión «Jesús es todo para mí» es conocida. Es pintarreada sobre las paredes y pegada sobre los muros de las iglesias; y esta santa palabra es utilizada en un funesto sentido profano.

 

La masa piensa ante esta expresión en el buen Jesús, que nos libera del infierno terrenal y nos guía hacia la eternidad.

 

Ante el término «todo», el hombre egoísta ve garras que lo acaparan todo para sí. La máxima realización es poseerlo todo, asirlo todo, por encima de la sangre y de la muerte. El término todo es el dios del egocentrismo y Jesús es en ello la etiqueta cultural de buen nombre. Este Jesús nos da todo; y así muere el mundo ortodoxo y liberal, luchando hasta el último instante por la presa, por el supuesto todo, en un auténtico viaje infernal.

 

Nosotros vivimos en un mundo de la muerte que nos acecha en todas las esquinas. En todos los reinos de la naturaleza la muerte tiene la última palabra. Durante la muerte cae el telón. Nuestra vida es agarrada por todos todas partes por los tentáculos del pulpo negro.

 

«¡Comamos y bebamos y estemos alegres, pues mañana moriremos!»

 

Y a pesar de todo, cada ser humano posee por un conocimiento inconsciente la convicción, que la muerte es algo antinatural, que en este orden de cosas se encuentra algo extraño, algo imposible.

 

Y de forma indefinida, las promesas divinas se abren paso hacia nosotros, las indicaciones sobre un período en el que la muerte ha de ser absorbida, en el que lo temporal se disolverá en lo eterno.

 

Este saber inconsciente es apagado por los teólogos al colocar ante la muerte terrenal un futuro cielo:

aquí la muerte, el horrible martirio, las danzas demoniacas, allá el cielo con su paz eterna.

 

Otros, sin embargo, saben que esto es un engaño, que, si aceptamos la muerte aquí en todos los aspectos, la conciencia de la personalidad tampoco puede ser manipulada en el más allá.

 

Y por ello la Luz tiene que penetrar en este mundo.

 

Por ello habló una vez el Profesor De Hartog sobre la eternidad que debe penetrar en el tiempo.

 

Por ello abrasa, llamea y arde Acuario con su triángulo ígneo, para que Dios pueda nacer entre los hombres y la muerte pueda ser vencida.

 

Por ello viene el Santo de Dios, por eso desciende Cristo en nuestra muerte, para enseñarnos la inmortalidad.

 

Por ello nos imaginamos la tumba de nuestro propio ser ante el espíritu y llamamos: «Levántate, sal de tu tumba y deja que Cristo irradie sobre tí.»

 

«¡Jesús mihi omnia!» El alumno acoge esta llamada como la suya propia: ¡porque él sabe! Porque él sabe que Cristo, que tomó forma en nuestra muerte terrenal en el hombre Jesús, nos devuelve las fuerzas perdidas, para, por su aplicación, poder percibir la eternidad en el tiempo.

 

Por ello «Jesús es todo para mí» no es una habladuría edificante y ningún parloteo devoto en terminología Rosacruz, sino que significa, aceptar el plan de salvación de Dios con alegría y jovialidad.

 

Aquí rige una ley y todos ustedes tendrán que aprender a vivir de acuerdo con ella.

 

Por eso dice el Cristo: «¡Sin mí nada podéis!»

 

Si su vida de actos, sea cual sea y en el lugar que sea, no se encuentra en armonía con El, con el Señor de Toda Vida, su intento fracasará desde el principio.

 

Existe en ustedes un profundo, cultivado y humano suplicar por la paz. Esta paz es imposible, si como alumnos no sobrepasan el primer círculo de las cosas, aceptando a Cristo Jesús según su exigencia.

 

«Si», dirán, «pero la obra de paz en este mundo está sin embargo en completa armonía con las sentencias de Cristo.»

 

Por supuesto, con chispitas de verdad se intenta realizar cualquier tipo de trabajo, pero esto es un trabajo de Sísifo, esto es un juego para niños, aunque aquí o allá resulte realmente encantador.

 

¡Los hombres exigen paz conservandolo todo! Naturalmente, en su «todo» también les gustaría tener paz. Este es su instinto natural de estar a solas con su presa sin ser molestados. Pero también hay hombres que todavía no tienen ni mucho menos todo, que quieren tener más. Y existen millones, que no tienen absolutamente nada de los bienes de la naturaleza, que son de todos. Millones que viven y mueren en la mayor pobreza y privación. ¿Piensan ustedes, que estos se conformarían con la paz bajo estas condiciones? El instinto y la exigencia de la naturaleza no conocen límite en ninguna criatura humana, a no ser que renazca en Cristo Jesús.

 

Entonces se vivirá realmente, se anhelará y se actuará según la exigencia de su ley liberadora. Entonces se verán las causas de la discordia y se atacarán estas causas.

 

 

En el centro del altar circular había cuatro figuras, encerradas en círculos y alrededor se encontraba escrito:

 

¡No hay espacio vacío!

 

¿Qué significa esto? – Significa, que debemos despedirnos de los engaños, de los engaños de la conciencia de la personalidad, de los obstáculos de la existencia separada, que hemos colocado nosotros mismos.

 

Tal como tan bien nos explica Paracelso, cada hombre tiene una conciencia universal y una conciencia de la personalidad, el yo.

 

El yo, la conciencia de la personalidad, es la manifestación visible de la conciencia universal, así como el sol material es la manifestación visible del sol espiritual.

 

Según la conciencia de la personalidad somos entidades separadas, los egos, los focos, con cuya ayuda debe crecer la conciencia universal.

 

Según la conciencia de la personalidad soy el solitario caminante, el peregrino, el fatigado y el pobre necio en este mundo. Según la conciencia universal soy partícipe en la gran totalidad de la manifestación universal.

 

Según la conciencia de la personalidad, nuestro planeta se encuentra perdido en el espacio inconmensurable, según la conciencia universal vemos como todos los mundos se interpenetran en una unidad extremadamente bella. ¡No hay espacio vacío!

 

Según la conciencia de la personalidad, en su todavía imperfecto estado, somos envidiosos, egoistas y odiamos, y nos sentimos fuertemente deprimidos, en un estado absolutamente lamentable, cuando otro nos ha adelantado en el camino del desarrollo. Y por eso Cristo desciende en nuestra corrupción para mostrarnos las posibilidades que nos podrían ayudar a armonizar nuestra conciencia de la personalidad con las exigencias de la conciencia universal, a la que todos pertenecemos.

 

Y por ello, como dice la Biblia » hay alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente.» Aquí tampoco se trata de habladuría mística, sino de algo tan imprescindible, como el pan que tienen que comer para mantener su cuerpo.

 

 

¡El yugo de la ley!

 

Todo lo tratado hasta ahora explica el yugo de la dura ley, bajo la que sollozamos, explica nuestro estado de esclavitud, explica todas las tensiones en el nadir de la materialidad. ¿Cuando podremos quitarnos el yugo? Lo podremos hacer, dice Pablo el Iniciado, cuando nosotros mismos seamos una ley, cuando hayamos cumplido la ley y hayamos desarrollado nuestra conciencia de la personalidad según la exigencia.

 

Entonces seremos liberados de la rotación de las cosas, de la monótona y dolorosa secuencia de las cosas, que ha sido cantada por los poetas; entonces podremos apartar el altar circular para que el ser superior, nuestro verdadero ser, nuestra conciencia universal, se pueda elevar a una inconmensurable gloria.

 

¿Cómo vamos a comenzar esta gran obra? ¿En que forma debemos cumplir la ley y seguir a Cristo en el camino que El nos muestra?

 

Tampoco en este sentido se nos deja permanecer en la confusión, pues aquí brilla para nosotros la libertad del Evangelio; aqui se encuentra el libro de los libros como la tercera imagen en la placa de bronce de la realización de la vida. Desde el Evangelio, como un consuelo de un mundo superior, brilla para nosotros la consumación, la inmortalidad, cuyas llamas atraviesan todos los lugares del espíritu y de la materia, haciendo resonar ante nosotros la canción: «Muerte, donde está tu aguijón? ¿Infierno, donde está tu victoria?»

 

En el templo funerario de Cristián Rosacruz, en nuestro ser más profundo, despojamos al Evangelio de su traje de bufón, con el que estaba cubierto, y aceptamos esta poderosa ayuda de Dios según nuestro más profundo conocimiento esotérico.

 

A primera vista, este Evangelio es como una pesada carga, presiona como una pesa de una tonelada, pues según su exigencia nos destruye por completo; como una espada divide nuestra naturaleza inferior; comienza a combatir, nos quema con el fuego de su amor, hasta que no podamos ofrecer ya más resistencia, hasta que perecemos en el país de las pruebas inferiores.

 

 

Y entonces, entonces viene la victoria. Como con la violencia de un huracán, cantan los coros:

 

«Dei Gloria Intacta», la gloria de Dios es intangible. Se encuentra, como una eterna seguridad, por encima del tiempo y del espacio, de todo lo inferior y del campo de batalla de nuestro devenir: La gloria de Dios, el plan de Dios con el mundo y con la humanidad es intangible.

Ni las alturas, ni las profundidades, ni las distancias nos pueden separar de El, que nos da la victoria, que ha plantado la fuerza de la victoria en nosotros como semilla, como una oculta posibilidad creadora.

 

El séptimo lado y los dos heptágonos comienzan ahora a grabar sus valores con toda claridad en nuestra conciencia.

 

¿Qué es el séptimo lado de nuestro ser? Es la fuerza del Espíritu Santo, la fuente del plexus sacralis acumulada en nosotros, la fuerza de creación latente en la naturaleza. Ahí están los dos heptágonos, la doble fuerza del Espíritu Santo, la espada de doble filo, que divide nuestra vida inferior para dejarnos finalmente festejar la fiesta de Pentecostés, la fiesta de la coronación del alma, con la que superamos la muerte de la conciencia de la personalidad.

 

Mirad, para aquellos que tienen oídos para oir, todo esto es claro y preciso.

 

Aquellos que tienen oídos para percibir esta voz y ojos para ver la luz que se manifiesta en la oscuridad, se arrodillan para dar las gracias al único-poderoso y único-eterno Dios por su inexpresable amor.

 

¡Dei Gloria Intacta!

 

Y con una entrega profunda, basada en el conocimiento gnóstico, rezamos la antigua oración de los Rosacruces:

«Toda bendición y toda misericordia irradian de Tu ser.

Tu has escrito con Tu dedo los signos de la naturaleza y nadie puede leerlos sin haber aprendido en Tu escuela.

Por eso nosotros, que vemos todo en tus manos divinas,  elevamos nuestros ojos hacia Ti, que nos quieres sostener.

Señor, nuestro Dios, no vamos a alabarte, no vamos a  ensalzarte, o Rey del Honor: Pues todo viene de Ti y Te pertenece,  todo regresa a Tí y se vuelve a abrir por Tu amor y por Tu fuerza.                                     Nada puedes olvidar. Todo debe servir para Tu honor y Tu magnificiencia.    Sólo Tu eres Dios y nadie más.

Tu haces lo que quieres con Tu brazo poderoso.

 

                Nadie se Te puede olvidar.                Oh, Tu todo en todo; Tu por encima de todo maravilloso creador del algo de la nada;            Vive Tu en mí, para que yo viva en Ti. Amén.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo esto es claro y preciso, igual que el significado del séptimo lado y el de los dos triángulos que se manifiestan séptuplemente.

 

Así nos arrodillamos todos juntos y dimos gracias al únicamente sabio, únicamente poderoso y únicamente eterno Dios, quien nos ha enseñado más de lo que podría pensar toda la razón humana; ¡alabado sea su Santo Nombre!

 

 

Este sepulcro lo dividimos en tres partes:

 

 

la parte superior o el cielo;

las paredes o laterales;

y el suelo o base.

 

 

Sobre el cielo sólo les diremos por ahora, que estaba repartido en los triángulos desde el radiante centro hacia los siete lados. Pero lo que había dentro lo veréis, vosotros, que estáis a la espera de la salvación, si Dios quiere, mucho antes con vuestros propios ojos. Cada lado está dividido en diez espacios cuadrados, cada uno de ellos con sus propias figuras e inscripciones, que se han añadido en nuestro libro, de forma resumida, lo más leal y cuidadosamente posible.

 

El suelo también está dividido en el triángulo, pero como ahí se encuentra una descripción de la fuerza y el poder de los gobernantes inferiores, no se puede entregar al mal uso que haría de ello el mundo impío e inmodesto.

 

Pero quien esté en armonía con la lengua celestial, pisará la cabeza de la vieja y malvada serpiente sin temor ni perjuicio, algo para lo que nuestros tiempos son muy adecuados.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXI

 

Las tres partes de la tumba de R.C.

 

 

Hemos acompañado al alumno en su intento por encontrar la entrada del misterio de la tumba y nos hemos colocado ante el altar circular para comprender el significado de las extrañas expresiones que se encuentran inscritas en él.

 

Y ahora la Fama nos invita a una contemplación más detallada, a una investigación más minuciosa de esta entidad de nuestro ser más profundo, para que podamos desvelar el misterio de nuestra existencia y caminemos como criaturas de Dios, según nuestra vocación, por los caminos del Padre.

 

 

» Este sepulcro la dividimos en tres partes:

la parte superior o el cielo;

la pared o los laterales;

y el suelo o base.

 

Sobre el cielo sólo les diremos por ahora que estaba repartido en triángulos desde el radiante centro hacia los siete lados. Pero lo que había dentro lo veréis, vosotros, que estáis a la espera de la salvación, si Dios quiere, mucho antes con vuestros propios ojos. Cada lado está dividido en diez espacios cuadrados, cada uno de ellos con sus propias figuras e inscripciones, que se han añadido en nuestro libro, de forma resumida, lo más leal y cuidadosamente posible.

 

El suelo también está dividido en el triángulo, pero como ahí se encuentra una descripción de la fuerza y el poder de los gobernantes inferiores, no se puede entregar al mal uso que haría de ello el mundo impío e inmodesto.

 

Pero quien esté en armonía con la lengua celestial, pisará la cabeza de la vieja y malvada serpiente sin temor ni perjuicio, algo, para lo que nuestros tiempos son muy adecuados.»

 

 

Aquí tiene las indicaciones de la Fama, que nos son ofrecidas para la contemplación, y le rogamos que comience con nosotros a descifrar este aparente lenguaje de oráculo.

 

Nos colocamos ante la parte superior o el cielo, desde el punto de vista macrocósmico como los campos superiores, el triple Logos Solar: Padre, Hijo y Espíritu; y microcósmicamente como nuestro triple ego: el espíritu humano, el espíritu vital y el espíritu divino y sus vínculos con nuestro cuerpo material.

 

Nos colocamos ante el muro o los lados, es decir, la estructura cósmica del plan de desarrollo, dentro del cual se realiza nuestra evolución, y ante el ser de nuestra personalidad como el aspecto individual de ello: el modus operandi de nuestro ego en la realización universal.

 

Nos colocamos sobre la base o suelo, la vida real en la limitación de la materia densa, como humanidad y como hombre.

 

 

Ahora concentrémonos primero en la parte superior.

 

Vamos a comenzar con una pregunta: ¿Qué sabe de los mundos que nos rodean, qué sabe del gran misterio cósmico?

 

Una infinita cantidad de manos impuras se extienden hacia este misterio.

 

Los teólogos le hablan a usted con maestría universitaria sobre Dios y Cristo, sobre fuerzas más elevadas y sobre el cielo y el infierno, sin ningún conocimiento de primera mano; el sacerdote pretende unirle con un mundo del que no sabe nada.

 

Los espiritistas y visionarios se encuentran a gusto en el vaho negro de los atados-a-la-tierra, y estos vapores enferman al cuerpo y al espíritu.

 

Y también tenemos a los parapsicólogos, las personas que pretenden hacer de lo sobrenatural una ciencia académica, con cátedras, catedráticos sin sueldo y doctorados; las personas que pretenden investigar el plan de Dios, la esencia de Dios con la capacidad intelectual.

 

Tenemos a los astrólogos, que, debido a su unión con la cultura perso-caldea en vidas anteriores, lo ven todo en aspectos, planetas y lunaciones.

 

Tenemos a los investigadores de las pirámides, que intentan explicar la esencia de Dios por medio de la piedra, sin ninguna renovación interior.

 

Tenemos a los innumerables que buscan y buscan y que extienden sus manos para asir el impenetrable misterio sin ningún resultado.

 

¡ Y a pesar de todo, estas cosas tienen que ser comprendidas! Está decidico en la intención de las cosas, de que alguna vez tienen que comprender la razón oculta.

 

Pero sólo hay un camino para ello:

 

» Lo que se encuentra en el luminoso centro, lo verán

ustedes, que esperan la salvación, si Dios quiere, mucho

antes con sus propios ojos.»

 

El vacío entre nosotros y el misterio insondable es como un finísimo velo; la esencia de las cosas está más cerca que las manos y los pies, porque vive en nosotros, porque el plan de Dios se encuentra también profundamente escondido en nosotros.

 

Y a pesar de todo, no hay nada que se encuentre más lejos de nosotros, si no queremos ajustar nuestra vida a la exigencia de las cosas.

 

El aspirante de la vida superior, que entiende algo de esta exigencia y la aplica como francmasón consciente, percibe algo de esta parte superior de este sepulcro cósmica y algo del propio sepulcro como reflejo del gran mundo.

 

Mundos se abren para él, paso a paso penetra hasta detrás de los velos.

 

El vé y comprende, con un conocimiento de primera mano, la realidad del triángulo iluminado en el centro, y él dice: «¡Nacido de Dios, perecido en Cristo, renacido por el Espíritu Santo!»

 

El se sabe introducido por el Hijo en la esencia del Padre, para que el fuego del Espíritu emane de él.

 

El vé cómo este triángulo iluminado, esta triple manifestación de Dios, irradia de forma séptuple hacia todos los lados. El conoce los siete sellos de Dios, las siete fuerzas de la realización universal, que se a él revelan en la forma de Gabriel, la fuerza séptuple que está ante Dios, cuando él, como Zacarias, el sacerdote, ofrece el sacrificio de humo de sus fuerzas del alma realizadas para el mundo y la humanidad.

 

Y el alumno llega a conocer el milagro de la propia triple luz del espíritu, la cual es inflamada por la luz de Dios. El «¡sésamo ábrete!» debe ser expresado aquí por el espíritu humano que envuelve al átomo semilla de la capacidad del pensamiento en la cámara del rey.

 

Este espíritu humano es la rosa blanca, es la figura de Juan, del precursor de Cristo en nosotros.

 

Cuando el espejo de la capacidad del pensamiento, el átomo semilla, se vuelve poco a poco más claro a través del acto armonioso en el desierto de la vida real, en un momento psicológico, el espíritu humano tiene acceso al mundo de los pensamientos abstractos, donde el plan de Dios brilla plenamente como un triángulo iluminado que se manifiesta séptuplemente. Se forma una relación consciente e ininterrumpida del ego con el mundo de los pensamientos abstractos; el niño Juan pronto podrá nacer. Isabel, a saber, la seguridad en nosotros, de que Dios el Padre ha prestado un juramento de no abandonar la obra de sus manos, anuncia en su avanzada edad (pues la lucha ha sido larga y dura) este nacimiento a María, a la revolución interior, a la perturbación, que es la consecuencia que surge cuando Cristo nos toca.

 

Y leemos sobre María, que ella se siente llena de alegría cuando escucha esto y que la criatura brinca alegremente en su regazo. Es la proxima liberación absoluta del espíritu vital, que, nacido del Padre, del espíritu divino, actuará como gobernante en la personalidad.

 

Sin lugar a dudas, estas cosas son difíciles de comprender. Es el lenguaje de la parte superior del sepulcro, es la filosofía de los Rosacruces.

 

Aquí se trata de la construcción de Dios en este mundo. Y si usted quiere colaborar en esta construcción, entonces tendrá que esforzarse para comprender esta palabra de Dios.

 

El lenguaje de esta parte superior del sepulcro y la tarea que debe realizar el espíritu humano en el gran proceso, para comprender este lenguaje, es importante para cualquier progreso en la Escuela de los Misterios de los Rosacruces. Por eso, todos los poderes negros se esfuerzan constantemente al máximo por aislar este centro de nuestro conocimiento, por encubrirlo y atarlo a la naturaleza de los deseos.

 

Así como en su tiempo, en la Atlántida, las fuerzas negras aislaron al cuerpo material del cuerpo vital, así intentan ahora aislar a toda la personalidad junto con el eslabón de la capacidad del pensamiento, del ego, del triple espíritu.

 

El plan de este ataque es muy sencillo y el ataque podría ser vencido con gran facilidad si existiese suficiente conocimiento sobre estas cosas.

 

Pero no interpreten este conocimiento como una comprensión intelectual, pues lo que se busca es la satisfacción intelectual. La comprensión a la que aui se alude, es una percepción espiritual, un crecimiento espiritual hacia ello a través de la vida real. De este conocimiento se trata, y por eso se lamenta Cristo:

 

«Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento.»

 

El alumno, sin embargo, que por los caminos de Dios sabe unir al espíritu humano con el mundo del pensamiento abstracto, alcanza el conocimiento universal, el conocimiento absoluto que todo lo abarca, frente al cual la capacidad intelectual es una caricatura.

 

Y este manantial del saber, que ha sido indicado ahora por nosotros, nos capacita para entender el significado del muro o de los lados del sepulcro.

 

Un investigador exotérico del lenguaje de la Fama ha dicho: «Si las medidas indicadas de cinco pies de ancho y ocho pies de altura para cada una de estas paredes se consideran correctas, es imposible poder dividir cada una de ellas en diez cuadrados. Aquí nos encontramos ante el dilema, de que, o bien la indicación de las medidas no es correcta o el reparto de esta superficie en diez cuadrados se ha escrito con una determinada intención.»

 

Efectivamente, esta intención existe. Si el alumno logra penetrar conscientemente en el mundo de los pensamientos abstractos, entonces descubre que no sólo se habla de un plan de Dios, sino a su vez de una fuerza de Dios.

 

En el aspirante que ha alcanzado este punto en su desarrollo, tiene lugar una afluencia de fuerzas cósmicas, que penetran hasta en las más pequeñas fibras de su personalidad y le envuelven por completo con una nueva vida, con una eternidad en el tiempo.

 

Estas fuerzas son de aspectos diferentes, ellas pueden ser empleadas de innumerables formas; con ellas pueden construirse diferentes figuras y pueden decirse diferentes expresiones de fuerza, figuras y expresiones, que son mencionadas con lealtad en las publicaciones de la Orden.

 

La séptuple luz del triángulo del sepulcro irradia en las siete paredes y se manifiesta en siete por diez cuadrados.

 

En primer lugar, se nos enseña en la indicación cabalística-filosófica el termino «totalidad»; es una ininterrumpida afluencia de fuerzas cósmicas, y esto sucede por el hecho de liberarnos de obstáculos. Estas fuerzas se indican bajo el término cabalístico «diez», refiriendose a la afluencia de energía de Vulcano, que proviene de la base mágica de la pirámide, el cuadrado.

 

Esta opinión es puramente evangélica. Pensamos que fué Rudolf Steiner quien dirigió la atención de sus alumnos hacia el Evangelio de Juan, que, cuando hace referencia a la décima hora, siempre esta esto relacionado con la afluencia de fuerzas cósmicas. Cuando el Cristo encuentra a sus primeros discípulos, está escrito: » Y era la décima hora.»

 

Y los siete por diez cuadrados, las setenta fuerzas, las encontramos también en los evangelios como la llamada dispersión de los setenta discípulos, que debían pasar su prueba.

 

Esta elevación, este perfeccionamiento de nuestra personalidad, es la consecuencia del milagro mágico que ocasiona el alumno; los setenta cuadrados, los setenta discípulos, las setenta fuerzas, le impulsan hacia la tercera parte del sepulcro, para erigir con estas figuras y expresiones su propia construcción, guiado por el triángulo iluminado, que irradia séptuplemente.

 

 

» El suelo también está dividido en el triángulo, pero como ahí se encuentra una descripción de la fuerza y el poder de los gobernantes inferiores, no puede entregarse al mal uso que harían de ello el mundo impío e inmodesto.»

 

 

Así, finalmente, se nos coloca sobre el suelo de la vida real, con los pies firmemente apoyados en este lugar de muerte y destrucción.

 

La luz del triángulo se refleja en este mundo: «Tal como es  arriba, así es abajo.» Con ayuda de esta Luz estaremos capacitados para transformar el «así es abajo» en «como es arriba.»

 

El iniciado ejecuta este trabajo con la ayuda de las setenta grandes fuerzas, que han surgido en él y según un sistema de trabajo, que está completamente adaptado a la realidad de las cosas.

 

¿A qué realidad? Esta realidad, de que la base sobre la que se tiene que erigir nuestra construcción, está completamente dominada por los gobernantes inferiores, por las fuerzas del abismo, por los valores negativos, que por su naturaleza actúan en contra de todo devenir.

 

Este método santo es inviolable, altamente dinámico y con seguridad todo lo supera.

 

Poder utilizar y aplicar este método es una tarea de héroes.

 

Es la tarea para cabezas, manos y corazones, es la lucha con el fuego de la bondad, la verdad y la justicia, con las siete llamas del triángulo.

 

Con ayuda de esta contemplación les colocamos ante la gran obra, el trabajo del amor. Nosotros oramos para que usted pueda entrar alguna vez así en el sepulcro de Cristián Rosacruz y contemple las tres partes radiantes.

 

Más cerca que las manos y los pies se encuentra la fuerza que va hacia usted, llena de anhelo, como el antídoto celeste, con cuya ayuda, puede pisar usted sin temor ni miedo la cabeza de la antigua y malvada serpiente.

 

Así puede unir su voz en los coros de los vulcanoss en el drama de Perseo:

 

» Gloria, gloria in excesis Deo. En El se encuentra la armonía de las millones de cosas.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada lado tenía una puerta que daba acceso a un armario en el que se encontraban diversas cosas; entre ellas todos nuestros libros, que no obstante ya poseíamos, y también el vocabulario de Teofrasto Paracelso de Hohenheim con todas sus obras, de las que, diariamente, con lealtad, informamos a otros. Aquí dentro también encontramos su guía de viaje y la biografía, de la cual han sido tomadas la mayoría de estas informaciones.

 

En otro armario había espejos con muchas propiedades, mientras que en otro lugar había campanitas, lámparas encendidas y también algunas maravillosas y artísticas canciones. En general estaba todo preparado de tal manera, que aunque toda la Orden de la Fraternidad sucumbiera después de cientos de años, ésta podría ser reconstruida por medio de esta cripta.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXII

 

El diccionario, el itinerario y la biografía de Paracelsus

 

 

Después de habernos explicado en la Fama Fraternitatis las tres partes del templo funerario de Cristián Rosacruz, nuestra atención es dirigida, por la comunicación de muchos detalles, hacia las misteriosas siete paredes o lados de la cripta:

 

 

» Cada lado tenía una puerta que daba acceso a un armario en el que se encontraban diversas cosas; entre ellas todos nuestros libros, que no obstante ya poseíamos, y también el vocabulario de Teofrasto Paracelso de Hohenheim con todas sus obras, de las que, diariamente, con lealtad, informamos a otros. Aquí dentro también encontramos su guía de viaje y la biografía, de la cual han sido tomadas la mayoría de estas informaciones.

 

En otro armario había espejos con muchas propiedades, mientras que en otro lugar había campanitas, lámparas encendidas y también algunas maravillosas y artísticas canciones. En general estaba todo preparado de tal manera, que aunque la Orden de la Fraternidad sucumbiera después de cientos de años, ésta podría ser reconstruida por medio de esta cripta».

 

 

Le será conocido, que el velo del templo de Jerusalén se desgarró, que quedó dividido en dos, cuando el Cristo realizó su sacrificio en el santuario de la cabeza para el mundo y la humanidad.

 

Suponemos que ustedes conocen el profundo significado esotérico de este acto. En el instante, en que el ser de Cristo se unió con el de todos nosotros por su sacrificio de sangre, y la palabra, pronunciada después por Pablo, obtuvo poder, es decir, «en El nos movemos y somos», fué destruída la posición exclusiva del sacerdocio levita.

 

Ya no debía pasar solamente el sumo sacerdote a través del velo hacia el Santo de los Santos, sino que por el acto de Cristo se abrió este Santo de los Santos para cada criatura humana que quiera entrar en el templo de la realización.

 

Ya no se debía hablar por más tiempo de un grupo sacerdotal especialmente agraciado como vínculo entre lo invisible y lo visible, como factor de conexión entre Dios y el hombre, sino que desde entonces la iniciación, la liberación, la filiación divina se hizo posible para toda criatura humana que quiera perecer en Cristo.

 

Con este acto de Dios el sacerdocio del antiguo testamento fué destronado definitivamente, a todos nosotros nos fue dado el alto rango y el coraje de los reyes, y el sacerdocio individual se convirtió en un hecho.

 

El velo fué dividido en dos como alcanzado por un rayo, y de nuevo nos encontramos a nosotros mismos en el desierto de la vida real y escuchamos la voz de Cristo: «Sin mí nada podéis.»

Este es el lenguaje del cristianismo.

 

El hombre que no conoce a Cristo, que no comprende el cristianismo, busca un ídolo. Ellos llaman a este ídolo, según su gusto, la iglesia, su partido, su club de bridge, su deporte o su criatura, o su comunidad Rosacruz, o cualquier otra cosa que quede por ahí. Y nuestro ídolo nos hace mentir, hace que nos engañemos a nosotros mismos y a los demás. Jugamos a ser hombres, pero somos animales.

 

Muchos nos han reprochado a lo largo de los años, que nos hemos apartado del camino de la Rosacruz, que nuestro gnosticismo es un invento propio y que en los puntos importantes se encuentra en oposición con lo que se enseña en otros lugares.

 

De hecho, muchos han hablado y escrito sobre la Rosacruz, pero no deberían haberlo hecho. Lo mismo que muchos hablan del cristianismo, haciendo de ello, sin embargo, una caricatura que deshonra a Dios.

 

Si ustedes quieren acercarse a la Fama Fraternitatis, entonces tienen derecho a escuchar la verdad.

 

Y por eso siempre hemos sentido esta vocación como un latigazo y nunca hemos cesado de decirles, que la filosofía Rosacruz no fué otra cosa y no pretende ser otra cosa que el cristianismo de la realidad, que – tal como lo dice tan bellamente la Fama – no es otra cosa que: «Una semilla, dispensada del corazón de Jesucristo.»

 

La misión, el método de trabajo y la meta de la Escuela de los Misterios ha cambiado por completo desde los días de Juan el Bautista.

 

La Escuela de los Misterios no desea colocarse entre ustedes y el misterio divino como intermediaria; tampoco sería capaz de hacerlo. Todo lo que se les diga sobre esto es necedad y falta de conocimiento elemental del cristianismo.

 

En el siguiente párrafo de la Fama encuentran la prueba de que no pretendemos otra cosa que ofrecerles la intención original y las divinas claridades de la sabiduría original de los Rosacruces.

 

 

» En general estaba todo preparado de tal manera, que aunque toda la Orden de la Fraternidad sucumbiera después de cientos de años, ésta podría ser reconstruida por medio de esta cripta.»

 

 

Si toda sabiduría esotérica desapareciese, sin importar qué acontecimiento lo desencadenase, ésta podría renacer de nuestro propio ser.

 

Y la Rosacruz no pretende otra cosa que ayudarle, ayudarle en un infinito amor, a que aprenda a verse y a conocerse a sí mismo como criatura de Dios.

 

La sabiduría de Dios se expresa en su creación. La humanidad habla mucho sobre la sabiduría divina, pero nadie ha comprendido jamás algo de ella hasta que Cristo irradia en la vida y nosotros experimentamos su palabra: » Debes amar al Señor, tu Dios, amarlo con todo tu corazón (amor), con toda tu alma (acto) y con toda tu razón (conocimiento superior).»

 

» Nadie ha visto jamás a Dios, pero el Hijo que está en el eterno corazón del Padre, nos Lo ha explicado.»

 

En el Hijo podemos experimentar al Padre.

 

Así, la sabiduría de la rosa y de la cruz, como síntesis de Cristo, nunca se puede contemplar ni comprender, aunque estudiasen toda la literatura, hasta que llegue la regeneración.

 

La realidad, por lo tanto, es que para usted ha desaparecido toda sabiduría. No ha quedado para usted ni rastro de la Fraternidad de la Luz, y a pesar de ello se encuentra enterrada en su ser más profundo.

 

La Fama quiere mostrarle este tesoro. Ella no se lo puede explicar, ella se lo quiere mostrar, para que, mientras comprende su maravillosa riqueza ponga manos a la obra y comience a trabajar, para que desee tomar las armas y conquistar el «reino-en-vosotros».

 

Siguiendo las indicaciones de la Fama, queremos esbozar ahora más detalladamente para usted este tesoro escondido en nosotros.

 

Si usted puede hasta tal punto conseguir de la forma descrita, qué el triángulo iluminado en su ser, es decir, lo «consciente del Padre», comenzara a manifestarse en usted como bondad, verdad y justicia en el punto culminante del sepulcro, es decir, en el punto culminante del misterio de su ser más profundo, entonces recibirían una maravillosa iluminación. Las luces del triángulo se manifestarían séptuplemente; ustedes verían irradiar su ser como un candelabro séptuple en el santuario de Dios.

 

La luz de Dios en usted pasaría a lo largo de los siete lados del sepulcro y abriría su naturaleza séptuple como un libro.

 

Usted descubriría que cada uno de sus siete cuerpos tiene una llave y que con esta llave podría sondear cada secreto de estos cuerpos.

 

 

» Cada lado tenía una puerta que daba acceso a un armario en el que se encontraban diversas cosas; entre ellas todos nuestros libros, que no obstante ya poseíamos, y también el vocabulario de Teofrasto Paracelso de Hohenheim con todas sus obras, de las que, diariamente, con lealtad, informamos a otros. Aquí dentro ambién encontramos su guía de viaje y la biografía, de la cual han sido tomadas la mayoría de estas informaciones.»

 

 

Si estudiamos la composición maravillosa del hombre a través de la filosofía esotérica llegamos al descubrimiento, de que poseemos un tesoro de conocimiento sobre estas cosas. A lo largo de los tiempos nos han sido reveladas muchas cosas, y muchos todavía se acordarán de la emoción que se apoderó de ellos, cuando tomaron conocimiento por primera vez de estas perlas de la sabiduría.

 

El alumno ha recibido una comprensión muy valiosa sobre su composición séptuple, y cuanto más profundiza en ello, más podrá percibir del poderoso misterio de Dios que se encuentra depositado en su creación y en su criatura, según la medida de la luz que pueda desarrollar en su triángulo y sea capaz de enviar hacia abajo a lo largo de los siete lados.

 

Nosotros poseemos, en efecto, muchas revelaciones del espíritu en las que podemos leer y también las descubrimos en otros como posesión positiva.

 

Y sin embargo, aunque nos alegramos mucho por ello, a nuestra posesión le falta algo esencial, lo más importante, a saber, el Vocabularium (el diccionario), el Itinerarium (la guía) y la Vita (la biografía) de Teofrasto Paracelso de Hohenheim.

 

El diccionario, la guía y la biografía. Es el tesoro más grande que descubrieron los hermanos de la Rosacruz en el templo funerario de C.R.C. Es el tesoro del que tomaban conocimiento todos los días con ánimo puro y del que han sido extraídos todos los comunicados del verdadero Hermano R.C.

 

Sin duda, ya habrán descubierto lo que contienen este diccionario, esta guía y esta biografía, pues en realidad es asombrosamente fácil.

 

La llave de esta sabiduría se encuentra guardada en el nombre simbólico Teofrasto Paracelso de Hohenheim.

 

El diccionario lo recibimos de Teofrasto, que significa: el que explica a Dios.

 

La guía la recibimos de Paracelso, que significa: el sublime.

 

La vida verdadera nos es descrita a través de Hohenheim, del hombre que vive en la casa sublime, en el castillo Mont Salvat.

 

Si vivimos la «vida» en concordancia con la exigencia que nos es dada por Dios; si caminamos por el camino de Aquél que nos dice: «¡Seguidme!», entonces crece en nosotros un nuevo ser: Teofrasto Paracelso de Hohenheim.

 

El es el que explica a Dios, el que percibe la «voluntad de Dios», el que llega después de finalizar su peregrinaje a Hohenheim, la ciudad en la montaña.

 

Este diccionario no lo pueden comprar o descubrir en bibliotecas antiguas.

 

La guía no la pueden leer con sus ojos materiales.

 

Y este sublime lugar en el monte Salvat no lo pueden alcanzar con un medio de transporte moderno.

Es la triple manifestación de Dios, que empieza a vivir en ustedes como el lenguaje verdadero de los siete lados de la cripta:

 

El plan de Dios, enterrado en nosotros: Teofrasto.

 

Paracelso: emprender el viaje – perecer en Cristo.

 

La regeneración por el fuego sagrado en la montaña: Hohenheim.

 

 

Mirad, el secrear de los misteriosos investigadores de libros desaparece ahora. Dios mismo penetra en el ser del cansado peregrino para conducirle a la eterna luz del sol.

 

Los iniciados modernos irradian algo de esta luz del sol en la oscuridad de la tierra; es la luz del sacerdocio alcanzado por ellos, es Teofrasto Paracelso de Hohenheim.

 

Este hombre, a quien un día pueden hacer hablar desde su propio ser, no es ninguna persona intermedia, no es ningún sacerdote según el viejo orden, que conduce al laíco hacia el cielo.

 

El es el portador de luz en el desierto de este mundo, que da testimonio de la luz, de la luz de Dios.

 

Así se despliega el milagro ante nuestros ojos.

 

Las puertas desaparecen en los muros y nosotros vemos los espejos relucientes de las virtudes. En otros lugares escuchamos los nobles sonidos de las campanas de plata de la belleza del alma. Vemos las lámparas ardientes de la Virgo Lucifera, que rodean el camino de la realización y leemos los maravillosos versos artísticos, que nos explican las cosas eternas.

 

Ahí se elevan las siete puertas del microcósmico misterio de Dios como un candelabro de siete brazos en el templo de Dios.

 

A través de la primera puerta somos unidos con la realidad de la materia densa, con el lugar donde nuestra construcción debe obtener su fundamento.

 

A través de la segunda puerta vemos lo esencial que es este trabajo para el camino de la espiritualización y cómo se manifiesta el principio del fruto.

 

A través de la tercera puerta vemos las fuentes rebosantes de las fuerzas dinámicas.

 

A través de la cuarta puerta el camino nos conduce hacia la vida de Paracelso, a la grande y plena experiencia de la vida.

 

La quinta puerta: el diccionario, la razón superior, nos ilumina.

 

La sexta puerta: La guía. Nos volvemos profetas en la casa de Dios.

La séptima puerta: La vida misma es alcanzada: «¡Espíritu Santo, ven sobre nosotros!»

 

 

Y cuando el largo viaje ha acabado y el «Consumatum est» ha sido pronunciado, entonces con el retumbar de un trueno se rompe el velo y en la tumba de C.R.C. irradia el templo de Dios; y el arca de su eterna alianza con sus criaturas se vuelve visible como un libro abierto: Teofrasto Paracelso de Hohenheim.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todavía no habíamos visto el cuerpo muerto de nuestro tan cuidadoso y sabio Padre. Por eso movimos el altar; entonces  pudimos levantar una pesada placa de bronce, debajo de la cual se encontraba un cuerpo noble y bello, impecable y sin la mas mínima señal de disolución, tal como aquí, describiéndolo lo más exactamente posible, se podía apreciar en toda su hermosura y con todas sus facultades.

 

En la mano sostenía un libro, escrito con letras doradas sobre pergamino, llamado T. Este es ahora, junto con la Biblia, nuestro mas grande tesoro y que, por supuesto, no debe ser sometido deliberadamente al juicio del mundo.

 

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXIII

 

El Libro T

 

 

Vamos a centrar ahora nuestra atención sobre el Libro T. La Fama dice sobre ello:

 

 

» Todavía no habíamos visto el cuerpo muerto de nuestro tan cuidadoso y sabio Padre. Por eso movimos el altar; entonces  pudimos levantar una pesada placa de bronce, debajo de la cual se encontraba un cuerpo noble y bello, impecable y sin la mas mínima señal de disolución, tal como aquí, describiéndolo lo más exactamente posible, se podía apreciar en toda su hermosura y con todas sus facultades.

 

En la mano sostenía un libro, escrito con letras doradas sobre pergamino, llamado T. Este es ahora, junto con la Biblia, nuestro mas grande tesoro y que, por supuesto, no debe ser sometido deliberadamente al juicio del mundo.»

 

 

Hay cosas en la vida, hay valores en los mundos materiales e inmateriales, que no pueden ni deben ser expuestos a la crítica de hombres imperfectos.

 

Existen formas de crítica, que son más mortíferas que el más venenoso de los venenos y más pesadas, que ruedas de molino. Así como la tierna flor de primavera nos despliega su belleza en un puro y alegre impulso de manifestación, exponiéndose por ello a la amenaza mortal de la temperatura inconstante de los primeros meses primaverales, así la crítica puede destruir los himnos de la verdad por sus fuertes disonancias, que rompen la vibración del alma y frenan el desarrollo de la conciencia del alma en formación.

 

Los constructores del mundo con sus aprendices y oficiales, los trabajadores en la forja de este mundo, todos estos guardianes de las tiernas llamas de la luz de la sabiduría nuevamente manifestada, saben cómo la humeante crítica puede ahogar la vida en formación y paralizar la energía. Y por eso el camino del pionero es un camino de héroes y su lucha una lucha heroica.

 

Un trabajo al servicio del reino de la luz es atacado ya en sus comienzos por los lobos de la crítica, la crítica de la ignorancia, la crítica de los celosos, la crítica de los que odian y de los arrogantes; todos se presentan en amplia variedad para ahogar la nueva manifestación.

 

Los colaboradores antiguos saben de esta lucha en su propio círculo contra los «hacedores de la lapis spitalauficum», como se les llama en las Bodas Alquímicas, contra los hombres que se introducen en la Escuela Espiritual con una cantidad de intenciones secundarias, sin estar impulsados por lo único esencial: la búsqueda de la luz y el afán interior de liberar de la oscuridad con esta luz a la humanidad.

 

Cuando el Cristo, el Dios en la carne, comienza su trabajo, habla la voz de la alta sociedad, encogiendo los hombros con una sonrisa maliciosa: «¿Puede venir algo bueno de Nazaret?»

 

Por ello, si entiende algo de este heroico padecer y de estos peligros, comprenderá que la manifestación de la luz en este mundo no debe ser derramada sólo en un impulso de amor negativo, de manera que los hacedores del lapis spitalauficum se limpien con ello sus zapatos, sino que aquí se debe considerar un plan de campaña de la Fraternidad del Amor, aquí se trata de una estrategia que se expresa también en las tan conocidas palabras: «Los molinos de Dios muelen despacio, pero extremadamente fino – Dios no abandona las obras de sus manos.»

 

Usted debe comprender, que en realidad se trata de un cercamiento de esta humanidad por los hierofantes de Cristo y que según el orden cósmico, estas fuerzas se emplean para ganar.

 

Cuando la verdad se manifiesta a la humanidad, lo hace de una forma determinada. No se vierte del todo, aunque es omnipresente; siempre ilumina sólo una parte del camino para la multitud, aunque el camino puede ser conocido por completo.

 

Cristo dice: » Mirad, estoy más cerca que las manos y los pies.» Y las escrituras añaden a esto: » En El vivimos, nos movemos y somos.»

 

¿Sabe usted algo de esto? ¿Ve algo de este Cristo y de su fuerza? ¿Es usted consciente de estar en El?

 

Usted no sabe nada de ello ni lo ve, hasta que se eleve a esta verdad, hasta que avance hasta allí y perciba algo de ello.

 

Esta vivencia es entonces una realidad para ustedes, y el resto está velado para ustedes, de ello deben apartarse. Si recibiesen algo de ello sin estar ennoblecidos para ello, les perjudicaría, les quemaría. Por eso se les dice, si lo piden a pesar de todo: «¡Lo comprenderán después de esto!»

 

Ahora debe considerar, que las personas no se encuentran todas en el mismo punto de desarrollo espiritual. Uno ha aprovechado más sus oportunidades en el pasado que otro, y por eso el avanzado está capacitado para percibir el «comprender después de esto» antes que los que vienen detrás de él.

 

Así existe una sabiduría que es entendida por algunos.

 

Así existe una luz que es vista por algunos.

 

Así existe una vida que es reconocida por algunos.

 

Y todos los que se encuentran afuera, ven el maravilloso progreso de estos pocos, una vida, que no puede ser vivida por ellos.

 

Y todos los que se encuentran afuera, ven un acto en la vida de estos pocos, un acto, al que ellos no pueden aspirar.

 

Y a muchos de ellos ésto les saca de quicio, les vuelve venenosos, y ellos atacan con su crítica y con sus otros métodos de combate.

 

Y entonces debe mostrarse, si el pionero es lo suficientemente fuerte, si no es un hacedor del lapis spitalauficum, si no es un presumido; se tiene que demostrar si soporta la prueba, si puede permanecer fuerte en la tormenta de la violencia que se desencadena sobre él.

 

Una parte de la verdad universal ha sido revelada a la humanidad, y esta verdad es violentada. Las fuerzas negras la han aprehendido, le han puesto un traje de bufón y la han colocado en su carro para encubrir la negra mercancía. Puesto que ella no puede expandirse en su cautiverio, la verdad se ha vuelto un medio para amordazar a la masa en un poder de la ignorancia. Y a pesar de todo, esta estrategia, este sacrificio de la verdad, este entregarse en prisión incluso al monstruo negro, es la victoria, pues la verdad misma no puede hacer otra cosa que decir y vivir la verdad y por ello vencer.

 

Por ello le anunciamos una gran alegría que colmará algún día a todos los pueblos:

 

Todos aquellos, que cumplen la verdad ya manifestada, tal como ésta brilla en la palabra de Dios, todos los que dejan hablar a través de ellos al evangelio de la bondad, verdad y justicia, no sólo con la boca, sino a su vez con la cabeza, el corazón y las manos, como golpes de martillo en la forja de este mundo, son conducidos a una nueva manifestación.

 

» Mirad, les anunciamos una gran alegría que acontecerá a todos los pueblos, que hoy os ha nacido (pues lo eterno esta más cerca que las manos y los pies) el que da la bienaventuranza, Cristo, el Señor. Y le envolvieron en pañales y le pusieron en un pesebre, en la gruta del nacimiento, para que este Dios-de-Dios nos conduzca desde lo profundo de la tierra hasta la cima de Salvat.»

 

Este Cristo se nos manifiesta en muchas formas de indecible magnificencia. Según una de sus expresiones, se encuentra como un héroe marcial en este mundo con su llameante palabra de Perseo: «Vais a ser destruidos por mí»; según otra expresión, es para el alumno el tierno niño, envuelto en pañales, que se encuentra en el pesebre, protegido por los brazos amorosos de su madre ante los ataques desastrosos de la crítica. Y el alumno que de verdad quiere ser un pastor del pobre, maltratado y pisoteado rebaño, junta sus manos en una oración sin palabras y escucha el canto de los ángeles: «Honor a Dios en los más elevados cielos y paz en la tierra a los hombres de su agrado.»

 

¿Comprende usted, que esto es algo completamente diferente que las habladurías del solsticio de invierno? ¿Que de esta manera pueden celebrar diariamente su fiesta de Navidad con El, que es la vida y el alma de todo?

 

¿Comprende, que ahora han leído algo del Libro T, del Libro de Theo, del Libro de Dios, que se ha convertido para nosotros después de la Biblia, de la verdad manifestada, en nuestro mayor secreto?

¿Y comprende usted, que esta posesión tan individual, que esta unidad, no puede ser expuesta a la crítica del mundo?

 

 

» En la mano sostenía un libro, escrito con letras doradas sobre pergamino, llamado T. Este es ahora, junto con la Biblia, nuestro mas grande tesoro y que, por supuesto, no debe ser sometido deliberadamente al juicio del mundo.»

 

 

¿Quien es el hombre que sostiene este pergamino en la mano? Es el prototipo simbólico de la más elevada realización humana, que sabe consumar la obra en el templo funerario de la vida en el nadir.

 

Existe una muerte, que no contiene espanto; existe una muerte que brilla como una maravillosa claridad; existe una muerte, que hace irrumpir en júbilo; existe una muerte llena de majestad de renacimiento.

 

Podemos celebrar esta muerte, que es la victoria misma, cuando seamos capaces de apartar la verdadera placa de bronce, la pesada placa, fundida de una mezcla de cobre y estaño, creada por una síntesis de Venus y Júpiter. Y no comprenda esto ahora en un sentido esotérico-científico, pues usted sabe ya tanto de Venus y Júpiter. Usted ve brillar estas dos claras luces de nuestro sistema solar en toda su magnificencia en el cielo estrellado de la noche y piensa en sus problemas astrológicos. Pero lo que realmente debe vivenciar de estas dos fuerzas en su propio ser le pasa desapercibido.

 

Estas dos fuerzas, que juntas forman la pesada placa de bronce, son las fuerzas que simbolizan y dominan nuestra sangre.

 

Su sangre es su vida; su sangre es su instinto natural; su sangre es su autoafirmación; su sangre es el rojo hechizo. Su sangre es la base de su existencia, la sede del alma. Es todo su ser, su manifestación en el nadir, su conciencia individual.

 

Debe saber apartar esta pesada placa de la autoafirmación, este valioso jugo, debe atreverse a sacrificarlo gota a gota por el mundo y la humanidad. Debe estar dispuesto a dar todo lo que posee. Y quien no quiera morir esta muerte diaria, «quien no quiera perder su vida por Mi, no puede ser Mi discípulo» dice Cristo.

 

Para poder apartar esta pesada placa debe apartar primero el altar redondo, cumplir su misión, adaptarse a su sabiduría.

 

Una de las expresiones del altar era, como pudimos ver: «Jesús mihi omnia.»

 

Debemos estar dispuestos a seguir a este Cristo divino, que se manifestó como hombre en Jesús, en su camino, que El nos quiere indicar.

 

¡Jesús mihi omnia!

 

¿Qué es el camino? ¡El camino de la cruz! El sacrificio diario en la lucha de la bondad, verdad y justicia!

 

Y este camino nos conduce a la verdadera placa de bronce; nos arrastramos de rodillas a través del fango de esta existencia, nosotros escalamos la colina de Gólgota. Los golpes de martillo acompañan al sacrificio de sangre como un canto lúgubre. La sangre del corazón gotea sin cesar sobre la árida colina.

 

¡Y, oh Dios, la placa se aparta! La muerte se convierte aquí en una jubilosa canción de radiante éxtasis. La luz de la resurrección brilla como un sol » y nosotros encontramos un cuerpo noble y hermoso, inmaculado y bien conservado en toda su belleza y con todas sus capacidades.»

 

Inflamados por el espíritu de Dios, perecidos en Jesús, se encuentra aquí ante nosotros el verdadero Ser Superior, imagen de su imagen, con el Libro T. en su mano derecha, renacido por el Espíritu Santo. Una semilla como un tesoro de oro, eximido del corazón de Jesús.

 

 

Les acabamos de explicar la más profunda vivencia de los hermanos de la Rosacruz; les hemos confrontado con las realidades de la salvación, que están escritas con letras doradas en el Libro T., el Libro de Theo, del microcosmos nuevamente vivificado.

 

Escuchamos los alegres sonidos del canto de los ángeles y los dramáticos coros de la colina de Gólgota; pero nosotros mezclamos estos cantos con los coros sublimes de la mañana de resurrección: «¡El Señor en verdad ha resucitado!»

 

 

Pero todavía no hemos alcanzado ese punto.

 

En un arrobamiento de los sentidos les hemos mostrado el futuro, pero el templo funerario de C.R.C. permanece para ustedes todavía herméticamente cerrado.

 

Y en sus puertas se encuentra grabado: » Después de ciento veinte años me abriré.»

 

¿Quée significaba esto? Significa, que antes de poder entrar deben celebrar la fiesta de Pentecostés, la fiesta de Júpiter, o sea, que deben introducir en este mundo el fuego creador como un acto concreto en bondad, verdad y justicia.

 

Por eso escuchamos aquí el grito de Salutaris de la obra de Perseo, que resuena en los oídos de la humanidad:

 

» ¡Vais a ser destruídos por mí!»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA SEMILLA SEMBRADA EN EL CORAZON DE JESUS

 

 

 

Cristián Rosacruz nació de una noble y muy estimada familia Rosacruz alemana,

un hombre de su siglo,

llamado para manifestaciones divinas,

equipado con una capacidad de imaginación muy receptiva y   una inagotable fuerza vital,

y admitido en los misterios celestes y humanos.

 

 

Su más que real e imperial tesoro,

que había reunido en sus viajes por Arabia y Africa,

pero para el que su tiempo aún no estaba maduro,

y que tiene que ser desenterrado por la posteridad,

lo dejó en depósito

e hizo a sus más fieles y mejores amigos herederos de su conocimiento y de su nombre.

 

 

Después de haber creado un pequeño mundo,

cuyas rotaciones estaban en armonía con aquél Gran Mundo,

y de convertir este pequeño mundo en un resumen de las cosas pasadas, presentes y futuras,

y más como consecuencia de sus 100 años que debido a alguna enfermedad,

(que él jamás había conocido en su cuerpo y a la que nunca hubiera permitido que preocupase a los demás),

 

 

más bien llamado por el Espíritu de Dios,

había devuelto su alma iluminada a su Creador (entre los abrazos y últimos besos de sus hermanos),

permanecería él, C.R.C., nuestro muy estimado padre,

nuestro más amado hermano,

nuestro más fiel ejemplo,

nuestro más honrado amigo,

aquí oculto por los suyos durante 120 años.

 

 

Debajo habían escrito sus nombres:

1. Padre A., Hermano R.C., cabeza de la Fraternidad por elección;

2. Hermano G.V.M.P.G.;

3. Hermano R.C., el más joven, heredero del Espíritu Santo;

4. Hermano F.B.M.P.A., pintor y arquitecto;

5. Hermano G.G.M.P.I., cabalista;

 

y del segundo círculo:

1. Hermano P.A., sucesor del hermano I.O., matemático;

2. Hermano A., sucesor del hermano P.D.;

3. Hermano R., sucesor del Padre C.R.C., que superó con Cristo.

 

 

Al final estaba escrito:

De Dios nacemos;

En Jesús morimos;

por el Espíritu Santo renacemos.

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

XXIV

 

El elogio del Libro T

 

 

 

El Libro T. acaba con un elogio y la Fama Fraternitatis nos da el texto completo en latín, cuya traducción les acabamos de exponer.

 

 

El templo del atrio de la Rosacruz guarda dentro de sus paredes una sociedad de una variedad muy especial. Si pudiésemos agrupar al público interesado según sus confesiones, sus convicciones, formas de pensar e inclinaciones políticas, descibriríamos una increíble variedad; estaríamos sorprendidos por las mentalidades tan divergentes que se forman aquí en un círculo.

 

Si en algún momento les surgió la pregunta, si de la Rosacruz emana una influencia sobre la gran masa, y si la Rosacruz puede llevar a las personas a desprenderse más o menos de sus costumbres materiales e intelectuales, encuentran aquí una prueba de ello.

 

El atrio de la Rosacruz es un círculo, tan increiblemente variado en su composición, como no se encuentra en ningún otro grupo, iglesia o comunidad. Desde el punto de vista religioso, intelectual, social y político, se encuentran representados casi todos los grupos y subdivisiones que conocemos en la vida moderna.

 

Y después de alguna reflexión se podrá comprobar, que aquí no se trata de una extraña y casual coincidencia de circunstancias, sino de una influencia muy consciente e intencionadamente creada.

 

La magia de los Rosacruces ha penetrado en todos los sectores de la gran vida social para efectuar su trabajo reorganizador, y sin saberlo, entrarán varias veces en su vida en contacto con este trabajo, participarán en él, si, incluso servirán a esta magia.

 

Todas estas cosas colaboran aquí para el buen fin. No piensen al respecto en una poderosa organización ilegal, pues no hay ningún movimiento que actúe tan públicamente como la Rosacruz; y cuando se encuentran hermanos de la Rosacruz que actúan en diferentes campos y se reconocen, ellos se sorprenden siempre de nuevo sobre la simplicidad e inteligencia de la magia de occidente.

 

Y por todo esto, aquí nos dirigimos a personas que son muy diversas según su tipo y sus necesidades espirituales, pero que a pesar de todo forman un círculo, con cuya ayuda realizamos una gran obra, una obra para el desarrollo de fuerzas que conducen o bien a su caída o a su resurrección. Y nos alegramos mucho de que ustedes son conmovidos continuamente por la magia de la Rosacruz.

 

No piense que nosotros aquí sólo afirmamos algo para hacer propaganda con algo de secreteo. Estamos en contra de cualquier secreteo, pues nosotros sólo tenemos que anunciarles una sola cosa, y esto es: Jesús en su forma verdadera.

 

¡Les conocemos, les conocemos a todos!

 

¡Amigos, interesados y enemigos, les conocemos!

 

Les conocemos, hermanos y hermanas reformados, en los que la teología esotérica se fermenta como una comida indigerible; amigos reformados, que han muerto espiritualmente en los hábitos de sus iglesias.

 

Conocemos a los amigos católicos romanos, que, libres de los engaños del incienso, a través del dispendio de los ritos y de la  vestimenta sacerdotal, empiezan a ver el marco enmohecido de su única-beatificante madre iglesia.

 

Conocemos a todos, a ustedes, que ya están libres de sus iglesias y que sienten roer en sus almas la soledad y la insatisfacción.

 

Conocemos a todos, también a ustedes, que quieren confesar y vivenciar a Cristo y que buscan un grupo en el que puedan derramar su amor por El.

 

Les conocemos, humanistas de corrientes diversas, ustedes, que a pesar de su pureza, de su amor al prójimo y de su naturaleza dispuesta al sacrificio, tienen la sensación de tambalearse por el mundo como ébrios, sin sustento ni positividad.

 

Conocemos a todos nuestros enemigos. Los teólogos, que leen esto con aversión, porque leen con consternación sobre una teología laica que la Rosacruz está desarrollando, un conocimiento de Dios, una Gnosis, en la que no participan, en la que jamás podrán doctorarse cum laude, porque aquí se trata de un conocimiento y de una fuerza que son para todos.

 

Les conocemos, ortodoxos, que todavía presumen de estar tan unidos a sus iglesias, mientras que desean comprobar nuestras palabras, para averiguar si concuerdan con sus interpretaciones.

 

Así, en este orden de gradaciones y calidades están ustedes unidos a nosotros y nosotros les llamamos amigos. Les rodeamos con la magia de la Rosacruz y les llevamos nuestro mensaje y cumplimos en ustedes nuestra misión.

 

Les traemos un Cristo que ustedes no conocen, que en todo caso no quieren.

 

Les traemos a este Santo de Dios, que fue apresado por los poderosos de este mundo y colocado ante la ley terrenal, que está en completa concordancia con la mentalidad de la horda sanguinaria; y ustedes gritan con esta horda: «Su sangre venga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»

 

Esto es precisamente la magia de la Rosacruz, dejarles pronunciar este mantram, dejarles que lo griten o que lo siseen: «Su sangre venga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»

 

Millones de nuestros prójimos siguen su camino en ignorancia. Ellos están tan hundidos en el nadir, que nuestra cultura de la ofuscación es aceptada por ellos como algo natural. Ellos no conocen a Cristo en su forma verdadera, ellos no Le conocen, tal como El se sumerge en el ser del hombre Jesús.

 

Su ser y Su enseñanza les son presentadas de forma falsificada; los grupos que se denominan Su iglesia Le han traicionado.

 

Y por eso ahora acude al templo de la Rosacruz una multitud de millares de todos los lugares y esferas de la vida, para ser colocados ante Su inmensa exigencia y Su realidad.

 

Sólo pueden reaccionar de dos formas ante ello: o aceptándole según Su exigencia y Su realidad, con todas las consecuencias inherentes, o gritando: ¡crucificadle!

 

Y si intentan permanecer neutral al respecto, entonces serán arrastrados por los acontecimientos. Sea como sea, hacia una caída o una resurrección.

 

«Su sangre venga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.» Y ahora sólo se trata de unirle conscientemente con esta seguridad.

 

El esoterismo nos muestra claramente, cuando y de qué forma el espíritu de Cristo se unió a nosotros. Su sangre atraviesa a toda la humanidad, lo mismo si reaccionan ante ello con una maldición o con una agradecida aceptación, en una completa ignorancia o con repelente cobardía.

 

Aquí son conducidos a una vivencia dinámica de la realidad: de esta realidad, qué sólo existe una única posibilidad para la salvación del mundo y de la humanidad: a saber, el camino de la purificación de la sangre y de la renovación de la sangre en Cristo, o expresado de forma gnóstico-científica: por las Bodas Alquímicas de C.R.C., por la alquimia de los Rosacruces, por el fuego del triángulo, por la séptuple fuerza que se encuentra en el centro iluminado. ¿Todo el Rosacrucismo se despliega por lo tanto en el cristianismo conscientemente aplicado?

 

¡Si!

 

¿Todo el Rosacrucismo no desea saber nada más que Jesucristo, y Éste crucificado?

 

 

¡Si!

 

¿Por lo tanto, se considera el movimiento Rosacruz como una especie de cuerpo eclesiástico, desarrollado y purificado de determinadas manchas?

 

¡No, mil veces no!

 

                La filosofía Rosacruz declara con énfasis, que la vivencia, es decir, que el confesar a Cristo en toda su amplitud de la exigencia divina, sólo es posible si conocemos la Gnosis de la manifestación humana, si investigamos el plan divino para el mundo y la humanidad.

 

Este conocimiento se une en el lenguaje del Evangelio con el hombre Pedro; con Pedro, el conocedor del plan. Y por eso Cristo dice de él: » Sobre esta Petra, sobre esta roca, edificaré mi comunidad.»

 

Con esta ayuda de Dios, el hombre sacerdotal y real hablará algún día sobre las grandes obras de Dios.

 

Este conocimiento del plan no es por lo tanto una meta, sino un medio para ejecutar el mandato de Dios: » Sed perfectos, como vuestro Padre en el cielo es perfecto» y » Sed mis seguidores.»

 

No es culpa nuestra, que en el mundo se propague tanta pretendida filosofía Rosacruz vacia de fuerza.

 

Si regresamos a la fuente de los misterios de la Rosacruz, al testamento espiritual de la Fraternidad de la Rosacruz, encontramos la verdad.

 

Y gracias a Dios, este testamento nos ha llegado en forma velada, velado con gran sabiduría para impedir que las fuerzas negras falsifiquen este lenguaje o para que no pierda su fuerza por la práctica de los teólogos.

 

 

Nos colocamos ahora ante el elogio del Libro T. con su final: «De Dios nacemos, en Jesús morimos, por el Espíritu Santo renacemos» y ante su principio, que todo lo explica: «Una semilla, sembrada en el corazón de Jesús».

 

Cuando el alumno de la Rosacruz ha profundizado en el plan divino y ha edificado en sí algo de este irresistible saber como una roca, como una Petra, entonces él sabe, no sólo por una comprensión intelectual, por un conocimiento confirmado por un diploma, por el resultado de un examen, sino con un saber interior, un saber universal en su sangre y por su sangre: ¡De Dios hemos nacido! ¡De El, por El y hacia El son todas las cosas!

 

Aquí no se trata sólo de una refinada confesión sumisa:  «Dios es grande», sino que es Aquél poderoso, inexpresable, que a su vez se manifiesta para el alumno en la gloria majestuosa, en la sublime sabiduría, en el juego de colores de su plan de creación. Esto significa, percibir el amor divino de forma impersonal, con el alma, con el corazón y con la razón.

 

Cuando el alumno de la Rosacruz expresa el mantram: De Dios hemos nacido, entonces él sabe, que el plan de Dios, del que puede comprender algo, le da una misión; que el plan de Dios debe expresarse a través de él; que debe crecer y madurar en él.

 

Y por eso sabe que debe seguir a Jesús, en quien se manifestó el Cristo. Por eso sabe que debe perecer en Jesús, que tiene que seguirle, a El, que vino en la forma del hombre y que fue obediente hasta la muerte, si, hasta la muerte en la cruz:

 

«para que en el nombre de Jesucristo, algún día se doblen todas las rodillas de aquellos que están en el cielo, en la tierra o debajo de la tierra, y para que cada lengua confiese: Cristo Jesús es Señor para la glorificación de Dios el Padre.»

 

Así el alumno se une con su camino de cruz en la noche de los tiempos para anclar la luz de Dios, porque él sabe, que sólo de esta forma, por este sacrificio, se puede manifestar la regeneración, el renacimiento por el Espíritu Santo, en la vida del hombre y en la comunidad.

 

De esto resulta, que el hombre es una semilla, un principio de una vida maravillosa, sin principio ni fin.

 

Nosotros percibimos las fuerzas que están ocultas en esta semilla, sentimos a su creador divino, su vocación y su divinidad. Es una semilla, la cual después de su manifestación es capaz de alimentar a los hambrientos. Pues bien, nosotros sembramos esta semilla en la sangre del corazón de Jesucristo, y el gran milagro de manifestación comienza.

 

Cristián Rosacruz, el sucesor de Cristo, desarrolla sus capacidades dinámicas – las rosas – por su camino de cruz al servicio de la bondad, la verdad y la justicia; Cristián Rosacruz, nacido del noble y serenísimo linaje de Dios; por su infatigable trabajo y revelación divina, admitido al más que real e imperial tesoro, que había coleccionado en sus viajes a través de la vida real y que nos ha traspasado a nosotros, sus herederos; él, teniendo más de cien años, ha realizado el hundimiento de su sacrificio, y, llamado por el espíritu de Dios, se encuentra aquí oculto por ciento veinte años y ha ofrecido su sangre del alma para todos, dirigida a todos.

 

La filosofía Rosacruz: una semilla, sembrada en el corazón de Jesús; una fuerza del alma, relevada del plan de Dios, perecida en Cristo Jesús, convertida en una fuerza dinámica, una herencia para todos nosotros, en la regeneración del Espíritu Santo.

 

¡Esta sangre venga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por esa época ya habían muerto el Hermano I.O. y el Hermano D. ¿Donde se encuentra su tumba? Sin embargo no dudamos en absoluto de que nuestro hermano decano fué enterrado de una forma especial, o quizás esto también se oculte. También esperamos, que nuestro ejemplo sirva de estímulo a otros para que indaguen con mayor diligencia los nombres, que hemos mencionado con este propósito, y para que encuentren los lugares donde están enterrados. Pues, por lo general, todavía se les conoce y tienen renombre entre las personas ancianas debido a sus conocimientos médicos. De esta manera posiblemente aumentará nuestra Gaza o al menos quedará mejor iluminada.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXV

 

El misterio de Gaza

 

 

Existe una historia antigua y de significado muy profundo, la historia de Simsón del Libro de los Jueces en el Antiguo Testamento. Si leemos esta historia con ojos más o menos

iluminados por el conocimiento esotérico, entonces se despliega ante nosotros la historia de la humanidad, la historia de la humanidad con todas sus tensiones, su oscuridad y su claridad y con toda su tragedia.

 

Queremos a enlazar algo de esta narración con sus almas, para envolverles de nuevo con las bellezas de la Fama Fraternitatis.

 

Bien, pues ahí está Samsón, Samsón, que era nazareno, esto significa, un agraciado, uno que ha sido elevado de la masa; el hombre, cuya maravillosa fuerza se encontraba oculta en sus cabellos. El tenía siete rizos: ellos representan la séptuple fuerza del Espíritu Santo, la fuerza creadora absoluta, la fuerza de la epígenesis, que le envolvía como un manto.

 

Y este hombre agraciado parte hacia la ciudad de Gaza, la ciudad de los filisteos.

 

Todos nosotros conocemos de sobra la ciudad Gaza; conocemos este lugar. Es la ciudad en la que todos vivimos, el mundo, en el que nos encontramos sumergidos en la oscuridad. Es la ciudad de las fuerzas ocultas, la ciudad en la que algún día se edificará una enorme fortaleza, cuando hayamos descubierto las fuerzas que se encuentran ocultas en Gaza y las utilicemos de la forma correcta.

 

Si, los secretos de Gaza son muy grandes y muy profundos, son extremadamente difíciles de desvelar. Encontrarán una gran cantidad de obstáculos si se dirigen a Gaza como un agraciado, como un Samsón, para, como juez, administrar justicia a los filisteos.

 

Usted se hundiría igual que él, mientras que a pesar de todo, por medio de los secretos de Gaza, en su hundimiento celebraría su elevación.

 

Gaza es una ciudad en el país de los filisteos. Usted conoce el país de los filisteos. Usted lo conoce muy bien. Es el país de la negra oscuridad, el país del cautiverio inferior, de la vida degenerada.

 

Son las fuerzas negras las que se han apoderado de Gaza y por ello no pueden ser descubiertos sus secretos, a no ser por un heroico soportar de un nazareno, de un agraciado por Dios.

 

Y mirad, ahí va Samsón, colmado de fuerza de Cristo, engalanada en su dorada cabellera; el llega a Gaza.

 

El, que es temido por los filisteos como una víbora, él, que se ha enfurecido contra ellos como un poderoso, él se enfrenta a ellos en su plaza más fuerte.

 

Pues usted debe tener en cuenta (y que quien lo lea, pueda comprenderlo), que lo más bello, lo más puro, el secreto más profundo, es lo primero que las hordas negras toman prisionero, lo que más es empujado de un lado a otro, sobre lo que recae la máxima violencia.

 

La ciudad de Gaza, la cuidad llena de misterios de Dios, donde han nacido y se conservan los más maravillosos bienes espirituales, ahí gobiernan los filisteos como en sus más fuertes plazas.

 

Y el nazareno de Dios parte hacia Gaza… y vemos que en él se inflama un gran amor hacia los filisteos, hacia todos estos hombres, que con ojos llameantes por el impulso de la sangre intentan matarle llenos de odio.

 

«Y Samsón fue a Gaza y allí vio una mujer y entró donde ella.»

 

Por favor, no vean en esta historia una perversa novela de amor en forma de serial. Este Fuerte de Dios busca el principio eternamente creativo en estos hombres-niños hundidos en la corrupción; él entra donde ellos para purificarlos con el amor de Cristo.

 

El no quiere hablar desde arriba como consagrado de Dios para azotarles con su fuerza. El se une con ellos como uno de los suyos.

 

«Y vemos que cuando Samsón vierte así su amor, los guardianes están en la puerta de la ciudad para matarle. Pero él destruye con sus fuerzas las puertas de la ciudad y sale ileso.»

 

Su declaración de amor ha sido todavía inútil.

 

Con gran inteligencia comienza un segundo intento.

 

«Después se enamoró de una mujer en el arroyo Sorek que se llamaba Dalila.»

 

Dalila significa la débil, la suave. Samsón busca aquí de nuevo en un heroico intento, los más significativos, los más delicados aspectos de lo atado-a-la-tierra, y con todo su amor y toda su inteligencia intenta, en el arroyo Sorek, la realización de su misión en lo brazos, en los tentáculos, de esta Dalila.

 

Pero la naturaleza receptiva de esta suave era como una negra cloaca; el aliento de la muerte henchió su pecho y la traición brillo desde el turbio espejo de su capacidad de pensamiento.

 

Los príncipes de los filisteos vinieron a ella y le dijeron: «Descubre donde se oculta su gran fuerza, para que podamos someterle; si lo logras, recibirás de cada uno de nosotros mil cien monedas de plata.»

 

«Y Dalila buscó su fuerza para entregarle.»

Tres veces intenta entregarle y tres veces Samsón bebe de la amarga copa de la traición.

 

Pero su amor es más fuerte que su prevención. Como no puede obtener su amor puro de otra forma, se decide por el sacrificio.

 

Y repetimos: no vea en esto una barata novela histérica, no vea aquí al hombre que se prodiga a lo indigno.

 

Vea aquí el sacrificio puro del Santo de Dios en el amor de Jesucristo.

 

«Y Samsón le abrió todo su corazón y dijo: Jamás una tijera ha tocado mi cabeza; si me cortaran el pelo, entonces mi fuerza se apartaría de miy sería tan débil como todos los demás hombres.»

 

«Y Dalila vió que le había entregado todo su corazón. Y ella le dejo dormir sobre su regazo y dejó que le cortasen los siete rizos, y la fuerza se aparto de él.»

 

Así el Santo de Dios, el servidor agraciado de lo más elevado, sacrifica toda su fuerza creadora, toda su fuerza espiritual por el mundo y la humanidad.

 

El se entrega a los indignos para que este sacrificio de amor algún día pueda desvelar los secretos de Gaza.

 

Pero con esto no termina la historia. En realidad es cuando empieza a desarrollarse:

 

«Pero los filisteos le tomaron, le sacaron los ojos y le condujeron abajo hacia Gaza, atándole con dos cadenas de bronce y obligandole en la cárcel a moler sujeto a una rueda.»

 

Resuenan las risas de burla y el dinero se vierte en el regazo de Dalila, la débil. El Fuerte de Dios esta mutilado, la clara visión de la victoria le ha sido tomada; y atado al cobre de Venus de los instintos inferiores, se le empuja al tráfago de la cárcel de este mundo, a Gaza, al centro del gran misterio. La bondad, la verdad y la justicia sujetas a los torbellinos infernales de la horda negra.

 

Pero tampoco con esto acaba la historia. En realidad es aquí donde nos muestra su esencia:

 

«Pero el pelo de su cabeza comenzó a crecer de nuevo como antes de ser cortado.»

 

Ahora Samsón planea de nuevo un sacrificio, el sacrificio más grande que un hombre puede realizar. El ya no ofrecerá un sacrificio de amor que exija una respuesta de amor; él ya no malgastará más su sacrificio de amor en la perversa manifestación Dalila, ahora estallará ahora en el acto de amor, el acto de amor que sabe destruir lo impuro.

 

 

«Como el corazón de los filisteos estaba ahora de buen ánimo, dijeron: Haced venir a Samsón para que toque ante nosotros. Entonces sacaron a Samsón de la cárcel y él tocó ante ellos en su templo en Gaza y ellos le colocaron entre las columnas.

 

Pero Samsón dijo al niño que le llevaba de la mano: Déjame que toque las columnas de este templo.

 

La casa estaba llena de hombres y mujeres. También estaban todos los príncipes de los filisteos. Y en el tejado había unos tres mil hombres y mujeres que miraban como tocaba Samsón.

 

Samsón suplicó: Señor, apiádate de mi y dame fuerzas, oh Dios, sólo esta vez.

 

Y Samsón asió las dos columnas centrales, sobre las que se asentaba la casa y sobre las que se mantenía, una con la mano derecha y otra con la izquierda.

El dijo: ¡Que mi alma muera con los filisteos! y se inclinó con fuerza. Entonces la casa cayó sobre los príncipes y sobre todo el pueblo que se encontraba dentro, siendo más los muertos que murieron con su muerte, que los que él había matado en su vida.»

 

 

Quiera Dios que ustedes comprendan esta historia. El Santo de Dios, el hombre tomado por Dios, que vierte su sangre del alma por todos en el último acto de amor; el hombre que entra en el templo de la magia negra de Gaza, el que sabe como asir las dos columnas centrales, y que con la mano derecha llena de dinámica firmeza, y con la mano izquierda llena de ardiente amor, se inclina con fuerza como un gigante de Dios por el mundo y la humanidad.

 

El resultado de este sacrificio sobrepasa todo lo que hizo hasta entonces; la casa de la falsedad cae sobre los príncipes de la negrura de espeso humo y sobre todos sus servidores.

 

Y cuando las nubes de polvo se han retirado y los gritos de muerte de los predicadores de la mentira han enmudecido, se eleva de la tumba de la expiación el secreto de Gaza, la panacea para los enfermos y desfallecidos constructores del mundo: Jesucristo, el Señor de nuestra vida, sin el que nada podemos.

 

 

 

Con esto hemos vuelto a colocarle en la esfera de la Fama Fraternitatis, hacia la llamada de la Fraternidad de la Luz.

 

Cuando el elogio del Libro T. se ha desvanecido y la magia del: Ex Deo nascimur, in Christo morimur, per Spiritum Sanctum reviviscimus, ha realizado su trabajo, la Fama prosigue:

 

 

«Por esa época ya habían muerto el Hermano I.O. y el Hermano D. ¿Donde se encuentra su tumba? Sin embargo no dudamos en absoluto de que nuestro hermano decano fué enterrado de una forma especial, o quizás esto también se oculte. También esperamos que nuestro ejemplo sirva de estímulo a otros para que indaguen con mayor diligencia los nombres, que hemos mencionado con este propósito, y así encontrar los lugares donde están enterrados. Pues, por lo general, todavía se les conoce y tienen renombre entre las personas ancianas debido a sus conocimientos médicos. De esta manera posiblemente aumentará nuestra Gaza o al menos quedará mejor iluminada.»

 

 

Nosotros queremos, que usted llegue a comprender este lenguaje.

 

¡Elevaos hacia el esoterismo de la narración de Samsón y ved!

 

Ved a los radiantes representantes de la humanidad trabajar a escondidas y en público, trabajan como genios renovadores del mundo o como simples trabajadores dinámicos en la viña.

 

Ved como todos amaron a la humanidad.

 

Ved como se han consumido para entregarnos las dávidas de su amor.

 

Ved como se entregaron por completo y como encontraron en un esfuerzo extremo a Dalila en el arroyo Sorek.

 

Ved como fueron golpeados y pisados, apresados y mutilados.

 

Y ved como finalmente tomaron las columnas del templo de la falsedad, una con la mano derecha y otra con la izquierda, y cómo se derrumbó el edificio de la horda negra con un estrépito atronador.

 

Ved como dieron todos su sangre del alma por el mundo y la humanidad, por usted y por nosotros.

 

Y nosotros le pedimos a usted que busque sus tumbas, al ser de sus sacrificios, y que desentierre sus testamentos espirituales.

 

Su oficio es conocido, su oficio era juez de la humanidad.

 

Su exterior es conocido, la imagen externa del alma iluminada, que ama en el acto y en verdad.

 

Su gloria es justificada. El brilla como su prototipo en estos antiguos anales de la Biblia.

 

Nosotros le pedimos a usted que indague estos sacrificios, que abra estos templos funerarios dorados para que el secreto de Gaza se descubra, para que se forme como una fosa de luz en este oscuro mundo: la panacea para el más profundo dolor de la humanidad, el «sésamo ábrete» para todo lo que fue, es y será.

 

El misterio de Gaza: Cristo Jesús nacido entre nosotros, inflamando a sus hijos hacia el acto, al acto de bondad, verdad y justicia.

 

Y Samsón dijo: «Mi alma muera con los filisteos» y él se inclinó con fuerza.

 

«Y en los últimos días sucederá» dice Dios, » que derramaré mi Espíritu sobre toda carne.»

 

Sucederá, que los trabajadores modernos de la Rosacruz partirán hacia la casa de este mundo buscando llenos de amor a los atados-a-la-tierra.

 

Ellos intentan ayudarles, unen su vida con los pecadores y con lo indigno para elevarlo, lo mismo que Jesús fue hacia las prostitutas y los pecadores.

 

Y serán apresados y perseguidos, golpeados y escupidos.

 

¡Pero ellos seguirán sacrificándose!

 

Buscarán los aspectos más tiernos y receptivos de la naturaleza humana para influirlas hacia el bien.

 

Pero serán apresados y sus ojos oscurecidos e irán hacia el tráfago bajo las risas burlonas de los que odian.

 

Pero algún día, en un momento crucial de los tiempos, se celebrará el sacrificio más grande, para que sea declarado el misterio de Gaza.

 

Y cuando usted se sacrifique, dirá: «Nuestra alma muera con los filisteos», y sus manos buscarán a tientas las columnas del templo de la casa de este mundo y usted se inclinará con gran fuerza.

 

 

De este modo deberá multiplicarse nuestra Gaza o al menos quedará mejor iluminada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En lo referente al minutus mundus (pequeño mundo, microcosmos) lo encontramos depositado en un pequeño altar; era mas bello de lo que un hombre, con conocimientos sobre el tema, podría imaginar. Pero no vamos a representarlo antes de que se haya contestado en confianza a nuestra sincera Fama (llamada).

 

                Así colocamos otra vez la placa sobre de la tumba y sobre ésta el altar. Cerramos de nuevo la puerta y la sellamos con todos nuestros sellos. Además hemos dado a conocer algunos libros, por indicación y bajo la responsabilidad de nuestra rota, entre ellos el libro M (que había sido versificado por el afectuoso M.P., que había desasistido por ello muchas obligaciones domésticas). Finalmente, y según nuestra costumbre, nos separamos de nuevo y dejamos a los herederos naturales en posesión de nuestras joyas. Ahora esperamos la respuesta y el juicio o la sentencia, que recibiremos sobre esto, de los ilustrados y de los no ilustrados.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXVI

 

Minutus Mundus

 

 

En la primera Epístola a los Corintios habla Pablo de un gran secreto, que algún día será buscado, conocido y vivido por la humanidad, de un secreto, que algún día convertirá la palabra en realidad: «La muerte ha sido absorbida por la victoria», por lo que la humanidad gritará jubilosa: » ¿Muerte, donde esta tu aguijón? ¿Infierno, donde esta tu victoria?»

 

Este secreto se refiere a un cambio que se apoderará de los hombres, una fuerza que debe desarrollarse en nosotros.

 

Esta secreto se impondrá enseguida, en un instante, al toque de la última trompeta. Los muertos resucitarán entonces incorruptibles y nosotros seremos transformados.

 

En este famoso cambio de los tiempos «lo corruptible atraerá a lo incorruptible y lo mortal a lo inmortal.»

 

 

Es posible que conozca estas palabras de la Epístola a los Corintios, y que hayan meditado y hablado en varias ocasiones sobre ellas; si se acercaron a estas cosas sin conocimiento esotérico, seguramente habrán denegado con la cabeza sobre las cosas incomprensibles relacionadas con ello.

 

El Iniciado Pablo sí habla sobre un misterio, pero él no lo desvela.

 

El lo hace con toda intención, pues estas cosas no pueden ser reconocidas por medio de un análisis racional, con una comprensión intelectual. Aquí sólo se puede vivenciar, no existe otro camino.

 

Muchos de ustedes creen poseer sabiduría, pero su posesión es todavía muy pobre. Sólo poseen algunas directrices; el resto tiene que ser aprendido por ustedes a través de la vivencia.

 

No es cierto que se le da una sabiduría absoluta con la misión: » Lee esto, ocúpate de ello y luego pasa al acto.»

 

Usted sólo pueden comprender la sabiduría, la sabiduría universal, cuando se haya ennoblecido interiormente para ello, y el resto se les muestra a usted como un oscuro encubrimiento. Si usted quisiera tomarla sin nobleza interior, entonces llega al disparate o al rechazo.

 

El secreto de Pablo se llama en la filosofía Rosacruz, en la Fama, Minutus Mundus.

 

La Fama dice sobre ello: » En lo referente al minutus mundus (pequeño mundo, microcosmos) lo encontramos depositado en un pequeño altar; era más bello de lo que un hombre, con conocimientos sobre el tema, podría imaginar. Pero no vamos a representarlo antes de que se haya contestado en confianza a nuestra sincera Fama.»

 

 

Ustedes saben, que la nobleza interior es la consecuencia de una auténtica vida al servicio de Cristo: sin El nada podemos.

 

Además deben saber lo que nosotros entendemos por vida auténtica. La vida auténtica debe fundarse sobre un principio triple: sobre la bondad, verdad y justicia, realizado hasta en las más diminutas fibras de nuestra existencia. Vivir verdaderamente significa querer ser impersonal, no querer imponerse, conocer la autonegación.

 

La autoafirmación desarrolla por ejemplo el gran pecado de la envidia.

 

Una persona envidiosa es una persona que ve en peligro su autoafirmación. Otro se le cruza en su camino hacia la fama y el honor. Otro se encuentra en el lugar, en el que nos hubiese gustado estar a nosotros.

 

Y tal como el zorro enseña a los gansos, así venimos nosotros con nuestras expresiones devotas, con palabras rebuscadas y con ojos enternecidos, y si lo logramos, también con algunas lágrimas, para ejecutar nuestros atentados, para imponernos.

 

Ustedes no pueden servir a Cristo en autoafirmación. La autoafirmación nos vuelve descarados y audaces, ella conduce en esta vida a la insolencia. La primera frase que les dice una persona envidiosa es: «¡No piensen que soy envidioso!»

 

El alumno al instante se pone entonces en guardia, pues desde ese momento peligra la obra que él quiere realizar de forma impersonal.

 

Los engaños saldrán pronto a relucir.

 

Aunque usted conociese de memoria la filosofía Rosacruz que le ha sido revelada, aunque conociese la Biblia como una tabla cronológica, aunque se hubieran doctorado cum laude en cualquier ciencia, esto no tiene ni el más mínimo significado, si no quiere destruir su autoafirmación.

 

Por eso en el atrio de la Escuela de los Misterios, en el Lectorium Rosicrucianum, se hace todo lo posible para expulsar de ustedes la autoafirmación.

 

Si quieren reflexionar con sinceridad, comprobarán, que casi todo en ustedes es autoafirmación.

 

Usted se peinan, se tiñe y se pinta y dan a su cara diversos gestos, todo por autoafirmación. Usted compra y ordena su corbata y su ropa debido a su autoafirmación.

 

Pero aquellos que les conocen ven a través de ustedes.

 

Otros hacen exactamente lo contrario. Están todo lo  descuidados y repugnantes que pueden. ¡Autoafirmación! » ¿Ven ustedes, cómo he luchado por mi libertad?» Estas personas han huido hacia la reacción.

 

Reacción ante la clase superior, que hace lo mismo, pero de un modo diferente; pero el método Upper-ten cuesta dinero y la mayoría no lo tiene.

 

Si no se puede sobresalir por medio de ser cuidadoso, entonces hay que lograrlo de otra forma.

 

Mire, después de esta pequeña visión sobre toda la vida en la que participamos, una vida, que para entidades avanzadas apesta de falsedad, comprenderá, que la nobleza interior no es fácil de conquistar.

 

Usted comprenderá, que deben suceder bastantes cosas en nuestra vida antes de que estemos dispuestos a renunciar a la autoafirmación; que antes tenemos que caminar por un mar de miseria, antes de que podamos comprender algo del secreto del que habla Pablo.

 

» Vida auténtica es la condición de todo devenir.»

 

Existe una secreto, Minutus Mundus, tan bello, tan embelesador, más hermoso de lo que alguien pueda imaginarse, pero esta belleza no les puede ser entregada antes de haber recibido de usted una contestación a nuestra Fama, a la llamada de la Fraternidad de la Luz, para alcanzar la vida verdadera.

 

Todo su conocimiento, toda su religiosidad, todo su arte, no significan nada, si no pueden olvidar su yo.

 

Los rostros exhalan autocomplacencia.

 

Por este comportamiento de vida nos rodeamos mutuamente de mentiras y traición; estamos atrapados en la tela de araña.

 

Todo es afectación, falso, vida de apariencias.

 

Todo es temor, lucha y métodos vampirescos; por ello viene a nosotros la palabra:

 

«Id, vended todo lo que tenéis y seguidme.»

 

» Quien no quiera perder su vida por mí, no puede ser mi discípulo.»

 

Sobre esta base de vida planteada por el Cristo, se abre para nosotros la nueva vida y realizamos el seguir caminando de fuerza en fuerza, hasta que la muerte sea absorbida por la victoria.

 

El secreto del Iniciado Pablo y «Minutus Mundus» se refieren a la nueva vida, que surgirá de nosotros y a través de nosotros.

 

 

Déjennos investigar ésto más de cerca por medio de los dos aspectos de la Epístola a los Corintios y de la Fama Fraternitatis.

 

En el hombre se encuentra sumergido un conjunto de fuerzas secretas que llevan en sí la posibilidad de una creación perfecta. Esta composición de fuerzas maravillosas, sus propiedades en relación con el hombre en manifestación, es denominada Minutus Mundus o pequeño mundo, el microcosmos. Si por una vida verdadera hemos puesto en desarrollo estas propiedades, estas fuerzas, surge un gran cambio en los cuerpos del hombre, lo que en nuestra filosofía indicamos como ensalzamiento o espiritualización.

 

Los eruditos como Einstein se acercan a estos conceptos de una forma diferente cuando muestran científicamente los grandes cambios en el macrocosmos, en el gran mundo.

 

Usted comprenderá, que un cambio en el pequeño mundo, en el Minutus Mundus, por su naturaleza tiene que ir a la par con un cambio en el gran mundo.

 

Y cuando estos dos procesos, sintonizados el uno con el otro, han alcanzado un punto determinado de desarrollo, en un instante, en un momento psicológico, con la última trompeta (pues la trompeta resonará), los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.

 

Si usted pertenece a aquellos, que han padecido en sus propios huesos las torturas de la exégesis ortodoxa, entonces no podrá evitar estremecerse al oír hablar de una trompeta.

 

La poesía bíblica sobre las trompetas de muchos de nuestros hermanos y hermanas ortodoxos está llena de una horrible tristeza.

 

Las trompetas y las palmas son para ellos nuestros atributos celestes, con los que todos serán provistos cuando disfruten del extraordinario privilegio de ir al cielo.

 

En estas trompetas tendremos que soplar eternamente y con estas palmas abanicaremos sin cesar, siempre gritando paz, paz y aleluya. Y ésto es más de lo que muchos de nosotros podemos soportar.

 

Si, así son ridiculizadas las cosas del espíritu, y en nuestra juventud hemos cavilado muchas veces sobre la beatitud que podría encontrarse en estos trompetazos y sobre la capacidad de recaudar de aquel que está sentado en el trono. Este aburrimiento celestial y esta disonancia son los resultados y las vergonzosas consecuencias al querer aprehender los misterios de Dios con manos impuras.

 

 

Cuando los desarrollos del macrocosmos y del microcosmos, que siguen un proceso y están sintonizados el uno con el otro, han llegado a una determinada crisis, la vibración de nuestro campo de desarrollo producirá un sonido completamente diferente.

 

Imagínese por un instante, que con un objeto pesado presiona hacia abajo una tecla de un órgano y que entonces, lentamente, muy lentamente, pone el fuelle en movimiento. En un momento determinado, cuando la presión del aire lo permita, la tecla presionada se elevará y el sonido aumentará a un fortissimo. Sin ser apenas percibido al principio, el sonido penetrará finalmente en nuestra conciencia y tocará nuestro ser.

 

Esta es la esencia de los toques de trompeta celestiales.

 

Si las fuerzas del bien se alinean con todas sus potencias regeneradoras, crearán un sonido en el espacio, a saber, una vibración espiritualizadora y revolucionaria.

 

Al principio imperceptibles, sin que los inclinados-en-la-materia los puedan notar, pero, repetidos e intensificados por la liberación de cada vez más fuerzas nuevas, son finalmente percibidos los sonidos de la última trompeta.

 

Y la consecuencia será una regeneración de los diferentes campos de la materia y del espíritu; las fronteras entre lo cuatrodimensional y lo tridimensional, entre el aquí y el allá, serán suprimidas, pues la muerte – lo tridimensional – será absorbida en su totalidad por las fuerzas perceptibles cuatrodimensionales, que han sido desarrolladas en Cristo.

 

Así la palma de la verdadera paz, que sobrepasa toda comprensión, es ofrecida a todos los que son dignos de ella.

 

Ustedes comprenderán, que esta supresión de las fronteras entre la tercera y la cuarta dimensión cambiará nuestra vida por completo. La muerte, tal como la tenemos que soportar ahora, ya no se conocerá. La materia ya no será por más tiempo la base de nuestra conciencia, sino que será transformada por la influencia de éteres puros en una substancia etérica refinada.

 

En el momento, en que se impongan estas cosas (Pablo dice que sucederá en un instante, en un momento), los que se encuentran en el reino de los muertos podrán comunicarse libremente con aquellos que se encuentren encarnados en las antiguas condiciones materiales. Se trata por lo tanto un estado transitorio.

 

Para todos los que vivan en lo tridimensional, los muertos serán resucitados incorruptibles, esto significa, que el cambio de vibración se apoderará de ellos. Lo corruptible, lo tridimensional, debe atraer a lo incorruptible, lo cuatrodimensional, como consecuencia del toque de la última trompeta, de la elevación perceptible de la vibración en nuestro campo de desarrollo, que es creada por los que conocen la vida verdadera. Pero al mismo tiempo comprenderán, que en estas cosas también está contenido un juicio, pues este nuevo estado será al mismo tiempo extremadamente catastrófico. Sólo podrán adaptarse aquellos que posean la suficiente calidad de alma, nobleza de alma, es decir, los que hayan desarrollado suficientemente el vestido inmortal del alma.

 

El mundo de las apariencias se manifestará como un fuego en una radiante claridad, igual que la aurora boreal de la vibración de Cristo, que, a uno le perturba en la noche, mientras que otro recibe esta señal del toque de trompeta venidero en una alegre expectación.

 

Y ahora la filosofía Rosacruz, la Escuela de los Misterios, se coloca ante usted, para proponerle, que colabore plenamente consciente en este proceso.

 

Ella quiere comunicarles los secretos del Minutus Mundus cuando haya dado una respuesta a la llamada de la Fraternidad para llegar a la vida verdadera, al acto en bondad, verdad y justicia.

 

Estos secretos están guardados para ustedes y por ello dice la Fama:

 

 

» Así colocamos otra vez la placa sobre de la tumba y sobre ésta el altar. Cerramos de nuevo la puerta y la sellamos con todos nuestros sellos.

 

Ahora esperamos la respuesta y el juicio o la sentencia, que recibiremos sobre esto, de los ilustrados y de los no ilustrados.»

 

 

 

Puede ocurrir, que por una vida verdadera ya vibre el último toque de trompeta para el alumno en el campo celeste de su Minutus Mundus. Desde ese instante es elevado hacia una nueva posibilidad de vida. En principio, él ha vencido a la muerte, aunque su inmortalidad tiene que esperar hasta que los procesos científicos del gran mundo hayan avanzado tanto, que también, en general, el toque de la trompeta se eleve como un huracán.

 

El alumno ha construido un puente, un puente dorado sobre las cosas todavía no consumadas; él se coloca con todos sus parientes según el alma, en las filas de los que actúan en todas las esferas en el gran proceso alquímico de la regeneración, en Cristo nuestro Señor.

 

Ahí, en las amplias salas de lo invisible, componen el credo magistral: ¿Muerte, donde está tu aguijón? ¿ Infierno, donde esta tu victoria?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de que ahora ya sabemos, que todavía no ha llegado ni mucho menos el tiempo en el que se realice, según nuestro deseo u otra expectativa, una reforma general en toda su envergadura, tanto de lo divino como de lo humano, es evidente, que antes de salir el sol, éste trae al cielo una luz clara u oscura. Entretanto se reunirán algunos pocos, que se darán a conocer, para ampliar nuestra fraternidad y de esta manera realizar un feliz comienzo, con la cantidad y el prestigio de los cánones (directrices) filosóficos deseados y prescritos por el Padre C. Ellos disfrutarán con nosotros con amor y humildad de nuestros tesoros (que jamás nos faltarán), aliviarán la carga de este mundo y con absoluta seguridad no caminarán como ciegos en las maravillosas obras de Dios.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXVII

 

La reforma general

 

 

La Escuela de la Rosacruz se ha colocado al servicio de una obra divina, que en lo sucesivo es denominada en la Fama la Reforma General.

 

Esta reforma o revuelta, o para decirlo con más énfasis: esta revolución de Acuario, será extraordinariamente drástica. No sólo se refiere a las cosas y estados humanas, sino que, unido indisolublemente con ello, también a las cosas y estados divinas o celestes.

 

La Reforma de Acuario es un impulso cósmico, un acontecimiento universal, que reviste todos los campos de la materia y del espíritu.

 

Hará referencia a una manifestación de fuerzas, que se encuentran por encima, muy por encima de los primitivos instintos naturales de la masa.

 

Esto es algo que deberán tener muy en cuenta a la hora de emitir un juicio sobre la Obra de Acuario de la Rosacruz moderna.

La Reforma de Acuario es una imposición divina de nuevas condiciones en todas las dimensiones del macrocosmos, y por su naturaleza el Minutus Mundus, el pequeño mundo, comprendido aquí como nuestra comunidad humana, tendrá que adaptarse a ello. Y consideramos nuestra obligación el advertirles sobre este cambio, advertirles de que siguen aferrandose a valores y estados que se encuentran en oposición con esta actividad cósmica.

 

Esta advertencia, que es dirigida a la humanidad con gran fuerza dinámica, con una santa pasión, sólo ha sido comprendida hasta el momento por unos pocos y es rechazada por la mayor parte con fuerza y odio.

 

Nosotros no especulamos sobre ningún tipo de rebelión humana, no queremos apartarnos ni un paso del camino que conduce a las cosas que son del Padre.

 

Y a pesar de que expresamos la verdad abiertamente, sin importar cómo sea recibida, incluimos no obstante a toda la humanidad en nuestra advertencia, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha.

 

Pues sabemos «que todavía no ha llegado ni mucho menos el tiempo en el que se realice, según nuestro deseo u otra expectativa, una reforma general en toda su envergadura, tanto de lo divino como de lo humano».

 

 

Una reforma, que no es anunciada por esta o aquella Internacional, sino una, que es exigida e impuesta por Jesucristo. Y ahora, después de nuestra advertencia, que era gnóstico-científicamente necesaria, estamos esperando, como lo expresa la Fama, la respuesta y el juicio de los eruditos y de los no eruditos.

Invariablemente a través de toda la historia mundial, el mundo que se encuentra en la muerte ha rechazado la vida verdadera y los portadores de la bondad, la verdad y la justicia han sido clavados a la cruz.

 

A través de los siglos se ha intentado utilizar a los portadores de luz para diversas pérfidas acciones. Se pretendió  ponerles al servicio, por ejemplo, de tendencias nacionalistas:      «¿Señor, vienes tu para levantar de nuevo el reino de Israel?» Pero el Señor busca un reino que no es de este mundo. Por lo tanto: ¡ Fuera con el, crucificadle!

 

Este es el rumbo de las cosas.: el mensaje de Acuario es injuriado.

 

¿Por qué las fuerzas que quieren servir a Cristo toman siempre este rumbo? Porque este camino es el camino de la victoria, el camino del sacrificio: «La piedra, que fue desechada por los constructores, se ha vuelto la piedra angular principal» contra la que se estrellará toda falsedad.

 

Ahora ya no advertimos más, porque por medio del trabajo de los pioneros, el ser de ellos se ha unido al suyo.

 

Por el salto hacia abajo fue abierto el camino hacia arriba.

 

Por la sangre que fue derramada en el Gólgota, por el último suspiro, exhalado en el sacrificio de amor por la humanidad, se eleva de la negra tierra un rayo de luz: la escalera hacia el templo blanco.

 

«Si, este sacrificio es realmente bello, este camino de héroes muestra valor y fuerza», se lamentan los afligidos, «pero de qué sirve que las escaleras de mármol blanco desciendan hasta la muerte, si nadie va a subir arriba. ¿Para qué sirve entonces el sacrificio?» La epopeya de Jesucristo y sus servidores es un arrobamiento, una imagen indefinida de un sueño. Mirad, ahí se difuminan los contornos de la imagen y nos despertamos con un grito. Y escuchamos los gritos de muerte y los jactanciosos  discursos de los dictadores. ¡Dios mío, que demencia!

 

«Pero permaneced valientes, aunque el corazón sangre.» Nosotros sabemos, que después del transcurso del tiempo se efectuará una reforma general, tanto de las cosas divinas como de las humanas, completamente en concordancia con nuestro anhelo y con la esperanza de otros.

 

 

¿Posee también usted algo de este conocimiento? ¿Posee usted algo de este saber irresistiblemente liberador de la Reforma de Acuario?

 

¡Nosotros sabemos!

 

¿Por qué no sabe nada de esta claridad divina? Porque mide la materia con su autoafirmación y porque es demasiado cobarde para levantar la cabeza inclinada, que mira obstinada hacia los negras terrones.

 

Si quisiera enderezarse y sacudir algo del polvo, descubriría algo maravilloso.

 

Pues es correcto lo que dice la Fama, que antes de que salga el sol, éste muestra en el cielo una luz clara u oscura.

 

¡Y esta luz ha aparecido!

 

Aurora, la diosa del amanecer.

Aurora, la luz matinal.

 

Aurora, la promesa de la luz que alborea.

 

¿Conoce usted a esta Aurora como vivencia mágica?

 

¿Han tocado los labios de esta diosa su frente con un beso santo? ¿Se ha encontrado en la Cámara del Rey?

 

¿Ha cantado quizás la canción de Hiawatha a esta diosa, una canción que resuena como el cantar de los cantares:  «¡Mira, que bella eres, amiga mía!»

 

Mirad, ahí se rompen las nieblas descoloridas y se colorean en un vestido maravilloso, el vestido de la Aurora.

 

¿Conoce usted este éxtasis, que por primera vez les toque la luz de una nueva aurora, haciendo vibrar su ser con una indecible emoción?

 

Entonces usted, como Hiawatha, extienden sus manos hacia esta diosa, esta mensajera de Helios, del dios del sol, y ustedes balbucean: «¡Oh, Dios de Dios, de quien, por quien y hacia quien son todas las cosas, nosotros alabamos y ensalzamos Tu nombre!»

 

¿Conoce usted esta vivencia, cuando llega la alborada de los pensamientos abstractos para iluminar su oscuridad?

 

Entonces sabe, que la oscuridad tiene que huir detrás de usted.

 

Entonces sabe, que el viento se levanta. Y a veces es sólo un único movimiento del árbol y de la hoja. Es el beso de Aurora, la diosa del amanecer, la mensajera de Helios, del dios del Sol.

 

«Sabemos que se realizará una reforma general de las cosas divinas y humanas y sabemos que antes de que salga este sol aparecerá Aurora, la diosa del amanecer.»

 

¡ Y Aurora ha aparecido!

 

Usted la puede ver si decide levantar su cabeza.

 

Usted percibe el temblor de la oscuridad al contemplar su hermosa figura.

 

Usted percibe la última garra de la horda negra que huye, que le quiere arrastrar con ella en las insondables profundidades.

 

Usted percibe el terror de aquellos que odian la luz.

 

Y este es el gran drama de nuestro tiempo. ¿Quien puede resistirse a la luz? ¿Quien puede impedir la salida del sol?

 

¡Mirad, ahí está la diosa de la aurora, mirad su luminoso vestido!

 

¿No es absurdo, suponer que se puede rechazar este amanecer?

 

Y cuantas más nubes apilemos en este horizonte de la liberación de la humanidad, más profunda y llameante es la aurora, con más intensidad alcanza la luz que se acerca a la oscuridad. Y esta luz está unida y enlaxzada con todos los que en la tierra, en el lento camino de los tiempos, ofrecieron el sacrificio del nacimiento de la luz, derramando su sangre del alma en los lugares más oscuros.

 

Y de esta forma, la oscuridad está unida a nosotros. Por el hecho de tomarla, por el sacrificio del alma, la atamos a la luz, que se acerca como juicio de Dios; pues donde aparece la luz, la oscuridad es devorada.

 

Le colocamos ante este amanecer, que anuncia la aproximación de la luz.

 

Y ahora sólo puede hacer dos cosas, o bien odiar a la diosa o amarla. Indiferencia o ignorancia, un caminar con la cabeza agachada, les empuja sin remedio al campo negro.

 

Si ama a Aurora, al amanecer de la victoriosa luz de Cristo, entonces le llamamos a un acto, que exige toda su energía, toda su inteligencia, todo el sacrificio de sí mismo.

 

 

Impulsados por el beso de Aurora, según dice la Fama «se reunirán algunos pocos, que se darán a conocer, para ampliar nuestra Fraternidad y realizar de esta manera un feliz comienzo, con la cantidad y el prestigio de los cánones (directrices) filosóficos deseados y prescritos por el Padre C. Ellos disfrutarán con nosotros con amor y humildad de nuestros tesoros (que jamás nos faltarán), aliviarán la carga de este mundo y con absoluta seguridad no caminarán como ciegos en las maravillosas obras de Dios.»

 

 

Consideramos, que es algo de gran importancia y un privilegio divino, que podamos unirle con esta Fraternidad y que le podamos capacitar para subir las escaleras del Templo Blanco; que podamos ofrecerle algo de los cánones filosóficos, algo de los tesoros del neo-gnosticismo, algo de estos tesoros, que no tienen nada que ver con sabiduría transmitida, sino que brillan y centellean como diamantes en una belleza cada vez más intensa.

 

No piensen, que estos valores le serán ofrecidos con gran laboriosidad y mucha pompa, con estrepitosa importancia y en fórmulas matemáticas.

La característica de este trabajo es sencillez y humildad.

 

El verdadero alumno Rosacruz puede ser reconocido por ello. El sigue su camino en sencillez  y humildad. El no quiere imponerse. El da con gran amor sus tesoros, que se abrieron para él por el beso de Aurora y él busca caminos de gran sencillez para regalar estos dones a quien los quiera.

 

Así construímos el grupo de pioneros, que ha despertado «en el amanecer, cuando comenzó a clarear»; y así existen muchos que ven desvanecerse todas estas dificultades habituales, que les habían aterrorizado mortalmente.

 

Y así existen muchos entre nosotros que están maravillosamente iluminados.

 

Y así hay muchos que, afligidos mortalmente por sus complejos, han renacido en Cristo y elevan su cabeza con la alegre sonrisa que presiente la victoria.

 

Si, entre nosotros hay muchos que se han convertido en hombres nuevos y ya no andan a ciegas en su camino. Ellos han comprendido el lenguaje de Aurora, que murmura como el viento matinal a través de árboles y arbustos: «¡Despertad, mirad, ved, vuestra salvación viene!»

 

Y existen muchos entre nosotros que caminan como embriagados de éxtasis en el conocimiento de las maravillosas obras de Dios y que investigan el plan de Dios para el mundo y la humanidad.

 

 

De esta manera colocamos ante ustedes al grupo de pioneros de la aurora, y les preguntamos: ¿Quieren caminar con nosotros hacia la luz que se eleva? ¿Quieren preparar con nosotros su llegada y su victoria? ¿Quieren despertar con nosotros a todos aquellos que quieren levantar la cabeza, para entrar en la alegría del conocimiento?

 

A nosotros nos colma una gran alegría, el conocimiento, de que se realizará una reforma general, tanto de las cosas divinas como humanas, en completa armonía con nuestros anhelos más sagrados y las comunicaciones de Cristo Jesús, nuestro Señor.

 

Nosotros hemos sentido el ardiente beso de Aurora en nuestras frentes; nos ha sido dado en la Cámara del Rey, en la fiesta de Pentecostés interior. Y nosotros balbuceamos: «¡Mira que bella eres, amiga mía!»

 

¡Oh, Dios de Dios, de quien, por quien y hacia quien son todas las cosas, nosotros alabamos y ensalzamos Tu nombre!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No obstante, para que cada cristiano sepa, qué fe y qué religión profesamos, confesamos conocer a Cristo, tal como es difundido con claridad en estos últimos tiempos, especialmente en Europa, y todavía hoy en día es recibido, adquirido y anunciado (a excepción de todos los exaltados, herejes y falsos profetas) en determinados países, conocidos por su nombre.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXVIII

 

La religión de los rosacruces

 

 

 

En la primera Epístola a los Corintios leemos en el primer capítulo:

 

 

«Yo os ruego, hermanos, en el nombre de Jesucristo nuestro Señor, que seáis todos unánimes en vuestra confesión y que no exista división alguna entre vosotros; formad por contrario una unidad fuertemente vinculada, siendo de un mismo sentir y de una misma opinión.

 

¿Acaso Cristo está dividido en fragmentos? Cristo no me ha enviado para perseguir una meta aislada, sino para anunciar el Evangelio; y ésto no con sabiduría de palabras, para que la cruz de Cristo no sea frustrada y no sea privada de su fuerza.

 

Pues, aunque la palabra de la cruz es locura para aquellos que siguen su camino perdidos y sin comprensión, para nosotros, que sabemos y nos seguimos manteniendo, es una fuerza de Dios. Pues a Dios le agradó dar la bienaventuranza por medio de una predicación insensata a quienes crean en ella. Pues, mientras los judíos exigen señales y los griegos preguntan por la sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado».

 

 

 

Y a continuación leemos en la Fama Fraternitatis, después de que en este testamento de la Fraternidad Rosacruz se dirigió la atención hacia Aurora, la radiante diosa del amanecer de la nueva manifestación espiritual, para que cada cual contemple a esta mensajera de Helios, el dios del sol, y se acerque al templo blanco para recibir también los ricos tesoros de la Fraternidad:

 

 

«No obstante, para que cada cristiano sepa, qué fe y qué religión profesamos, confesamos conocer a Cristo, tal como es difundido con claridad en estos últimos tiempos, especialmente en Europa, y todavía hoy en día es recibido, adquirido y anunciado (a excepción de todos los exaltados, herejes y falsos profetas) en determinados países, conocidos por su nombre.»

 

 

Al escuchar esta confesión tan breve, solemos estar demasiado inclinados a tomar este mensaje como una noticia y a proseguir en nuestra investigación de las profundidades mágicas, en las enseñanzas de los antiguos Rosacruces; si, nosotros ya conocemos el cristianismo.

 

Si preguntasemos a un noventa por ciento de nuestra población mundial de raza blanca: ¿Conocen el cristianismo?, la contestación sería la siguiente: «Pero señor mío, como puede preguntar semejante cosa? ¡Cuéntenos algo nuevo! ¿No se le ocurre otra cosa?»

 

Y los muchos millones que están ubicados en las diferentes iglesias A, B y C estarían muy indignados ante nuestra pregunta. ¡Qué ridículo, ustedes y no conocer el cristianismo! ¡Qué poca vergüenza!

 

Y los señores teólogos, aquellos, que afirman haber recibido el doctorado en la manifestación de la salvación cristiana, nos mirarán con asombro y dirán: «Hermano, seguro que viene de muy lejos, de un país pagano. Pues todas las personas que están y caminan y viven aquí tienen sus conocimientos cristianos gracias a nosotros.»

 

Imagínese que pudiésemos preguntar a todos nuestros lectores: ¿Conoce ustedes el cristianismo? No para obtener datos para una estadística, sino como una pregunta con toda su acaparadora fuerza dinámica.

 

Suponemos que todos contestarían: «Si, nosotros conocemos el cristianismo.»

 

Pues bien, nosotros tenemos la brutalidad de afirmar, que usted no sabe nada de ello, al menos respecto a su manifestación sumamente magnífica y sus muy grandiosas claridades. Nosotros declaramos, que usted sólo parlotea sobre el cristianismo y que la esencia de esta manifestación de sabiduría es uno de los más profundos misterios de su ser.

 

Sin lugar a dudas, muchos se sentirán ofendidos. ¿No existen quizás muchos, que piensan haberse untado más que abundantemente con la pomada cristiana y de estar inmunizados contra la suciedad ajena?

 

Realmente la pomada es suficientemente grasienta, pero ella cubre mucha falta de veracidad.

 

Su pomada es externa, los blancos lienzos de las tumbas; pero se trata del estado interior de sus almas. Cristianismo es cultura interior, reforma interior, revolución interior, la posesión de una luz interior.

 

Por eso debe lavar su barniz, su pomada, y acercarse al Santo en un no-saber, en un no-poseer. Tal como dice Cristián Rosacruz en la Bodas Alquímicas, incluso en el Templo de la Realización: «La suma de todo saber, es que no sabemos nada».

 

 

Si se puede situar en este estado de espíritu, entonces, a pesar de las distancias, nuestros seres se unen en una comunidad espiritual. Todo el supuesto conocimiento y esta cultura del yo desaparecen.

 

 

Ahora existe la posibilidad de que escuchemos el silencioso murmullo de Aurora, la diosa del amanecer. Ella nos promete el tesoro dorado de la luz que viene después de ella. Una luz, que no se regala, sino que tiene que ser conquistada. Una luz que sólo puede descender en corazones preparados, en hombres que están completamente vacíos en su no-saber y su no-poseer, que han tirado todo lastre por la borda.

 

Este estado de espíritu no es una euforia, sino un cortante estar dejado de la mano de Dios. Este estado es miedo.

 

¿Conoce la magia del miedo?

 

Nosotros conocemos la magia del miedo y rogamos a Dios para que también usted quieran conocerla.

 

Este es el estado que intentamos describirles, el estado del no-saber y no-poseer.

 

¿Se trata del torbellino del miedo de las ilusiones que sucumben y de los ideales derrumbados?

 

¿Es el miedo ante miserias y tensiones venideras?

 

No, esta magia del miedo es el temor, el torturante miedo del Hombre-Jesús, que encuentra, en la absoluta soledad del Jardín de Getsemaní, a sus compañeros de armas dormidos como animales agotados. Es el estado del Alma Viva, que, estando en su Patmos del aislamiento, con un suspiro que desgarra los cielos, llama en máxima urgencia a su Dios, al espíritu, que ella está esperando. Es el fuego de la regeneración, es el valle de las sombras de la muerte, en el que tiene que sumergirse completamente solo, mientras que sus mejores amigos están tumbados y duermen, donde sus palabras son desgarradas como en pedazos incoherentes, donde el abandono de Dios le agarra y el cielo es broncíneo.

 

Esta magia del miedo, que todos ustedes llegarán a conocer, es la locura de la cruz.

 

Y cuando haya vivido esta locura, cuando se haya arrastrado así por el Jardín de Getsemaní, completamente consciente, después de una decisión madura, sólo entonces puede hablar de cristianismo, sólo entonces comprenderá algo del cristianismo de los Rosacruces.

 

Mientras todavía no haya aprehendido esta locura, su cristianismo es un «pasatiempos», un probar, un escarbar humanista, paganismo cristiano. Y ahora ya no puede pasar de largo sin interés ante las palabras de la Fama: «No obstante, para que cada cristiano sepa, qué fe y qué religión profesamos, confesamos conocer a Cristo, tal como es difundido con claridad en estos últimos tiempos».

 

En el Templo de la Luz reina al respecto unanimidad de confesión, nacida de la magia del miedo y dispensada después por la locura de la cruz.

 

Allí existe un todo fuertemente unido, una unidad del sentir y de la opinión. Pues Cristo no está dividido en fragmentos.

 

Los valores cristianos no pueden desarrollarse aquí y allá como unidades independientes; la enseñanza de la sabiduría de occidente extrae su fuerza de su firme unión, de su concentración en los sentidos y en las opiniones, de su dinámica inquebrantabilidad, de su fuerza destructiva.

 

Cuando no existe esta unidad sumamente maravillosa, fundada en bondad, verdad y justicia y dispensada de la locura de la cruz conscientemente deseada, entonces se desarrolla una desunión en la multitud tocada por el cristianismo; entonces los hombres se pierden «en la diversidad de ideas» como dice el ritual de los Rosacruces; entonces la verdad se rompe en pedazos y sólo valoramos fragmentos, que, cultivados por manos humanas, salen a la superficie aquí o allá.

 

Y no piense, que reconocemos los fragmentos de esta copa del Grial rota; ¡nosotros queremos confesar a Jesucristo en su totalidad!

 

Por eso les pedimos en nombre de Jesucristo, nuestro Señor, que sean unánimes en su confesión y que no existan divisiones entre ustedes; formen, por el contrario, una totalidad firmemente unida, siendo de un mismo sentir y de una misma opinión.

 

El cristianismo no puede ser dividido en pedazos. Cristo no les ha enviado a ustedes ni a nosotros, para perseguir una meta aislada en cualquier intento humano por equipar con algunas comodidades el infierno en el que vivimos. Cristo les ha enviado a usted y a nosotros para anunciar el Evangelio, no con palabras suntuosas, sino como una vivencia, para que la cruz de Cristo no sea frustrada ni privada de su fuerza.

 

La cruz es la perfección del verdadero sacrificio, la completa negación del ser y la autonegación, el no-saber y no-querer. Para aquellos que siguen su camino sin comprender, esta palabra es una locura, económicamente inasumible, demasiado fanática, no lo suficientemente flexible; pero para todos los que saben, esta palabra es una fuerza, un mantram.

 

Y ahora vamos a investigar el sentido científico de nuestro discurso, el sentido esotérico-científico (pues el término científico normal de la opinión pública considera nuestra predicación como locura):

 

 

«Ha agradado a Dios dar la bienaventuranza por medio de una predicación insensata a quienes crean en ella.»

 

 

Existen quienes exigen señales, pruebas, conocimiento de primera mano, antes de que se pueda hablar de una regeneración individual.

 

Existen quienes, impulsados por un deseo inferior, exigen señales, porque quieren mantener su yo en el Más Allá.

 

Existen quienes exigen señales en un experimento espiritista, porque son empujados por temor a la vida.

 

Existen quienes buscan sabiduría, ciencia, explicaciones científico-ocultas, sobre todo nada místico, sino muy intelectual.

 

Existen quienes que dicen: Yo sigo el camino de la razón, la línea de la razón es la mía, después quizás elegiré la del corazón.

 

«Pero nosotros, nosotros predicamos a un Cristo que está crucificado» dice Pablo con gran énfasis.

 

«Y nosotros», dicen los Hermanos de la Rosacruz, «nosotros confesamos conocer a Cristo, tal como es difundido con claridad en estos últimos tiempos, especialmente en Europa, y todavía hoy en día es recibido, adquirido y anunciado (a excepción de todos los exaltados, herejes y falsos profetas) en determinados países, conocidos por su nombre.»

 

Por lo tanto también nosotros, nosotros predicamos un Cristo que está crucificado, a través de la gruta del miedo de Getsemaní y del «Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado».

 

¿Donde está aquí el sentido mágico? ¿Qué gran significado gnóstico-científico tiene este comportamiento de vida, que no mueve el acento?

 

¿Donde encontramos aquí a la Escuela de los Misterios de la Rosacruz con sus elevadas enseñanzas mágicas y su dinámica aspiración?

 

Este sentido gnóstico-científico sólo puede ser entendido por aquellos, que conocen la magia del miedo, los que la han conocido o desean conocerla alguna vez.

 

Estos saben, que, si empleamos toda nuestra fuerza en una predicación, en una predicación vivida, es decir, en el auténtico irradiar de un Cristo crucificado en nosotros, romperemos y destruiremos el mundo tridimensional según su forma inferior y que, de esta forma, impulsamos al mundo material hacia la regeneración, hacia la espiritualización.

 

Allí se encuentra entonces el grupo de pioneros, que según la palabra de Pablo, ejerce la santa magia.

 

Ella irradia la luz en esta oscura noche.

 

 

Y aquí y allá se captan fragmentos de esta luz y los hombres juegan con ellos; ellos juegan con ello a las iglesias y a la universidad. Los salmos resuenan por el aire y las oraciones son enviadas hacia lo alto.

 

Pero cuando se juega con fragmentos, con harapos de luz, entonces surge la desunión, la no-veracidad, la carencia de coraje y valentía.

 

Y el rebaño es dispersado, empujado por los que no tienen escrúpulos, los que han otorgado la divinidad al oro de la tierra, y por las fuerzas negras, que temen a la cruz liberadora como a la peste.

 

Y atravesando los salmos y la música gregoriana, atravesando las oraciones y las sollozantes predicaciones, resuenan todavía desde hace una infinidad de tiempo los gritos de los moribundos y heridos, que son afligidos por las bombas de las hordas negras. Es el resultado de la desunión, que se transforma en bestialidad, pero que, sin embargo, es causada en primer grado por el pánico ante la locura de la cruz y el odio ante ella.

 

En cuanto la luz irradia en la oscuridad, se unen la falta de veracidad y el misticismo fragmentado. Ellos tropiezan sobre la verdad y cometen suicidio. Así la falsedad perece por sí misma, y ésto debido a la firmeza férrea con la que se impone dinámicamente la luz de la cruz.

 

Vea usted, nosotros le anunciamos, en el nombre de la Escuela de los Misterios de la Rosacruz, a Jesucristo, y a éste crucificado. Por este santo de Dios, usted debe ser destruido, para que algún día llegue a conocer el miedo del abandono de Dios, porque usted quiere salvar en radiante amor a la humanidad, que esta ocupada en suicidarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También utilizamos dos sacramentos, tal como los establece la primera iglesia reformada con todos los ritos y ceremonias.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXIX

 

Los dos sacramentos de los rosacruces

 

 

 

En la Fama se comunica, que los Hermanos de la Rosacruz utilizan dos sacramentos, tal como estos – con todos los ritos y ceremonias – fueron empleados por la primera iglesia reformada. Si queremos analizar, de qué sacramentos se trata, descubrimos, que son el Bautismo y la Santa Cena, que son tenidos en alta estima por la Escuela de los Misterios de Occidente.

 

Queremos ahora verificar, sobre qué valores gnóstico-científicos, sobre qué fuerzas y sobre qué magia se basan estos dos sacramentos, pues se comprenderá, que también aquí la ciencia gnóstica ve y abarca más que las opiniones teológicas, que son el origen de los hábitos de la Iglesia frecuentemente incomprendidos y vacíos de fuerza.

 

Si nos preguntamos: que son sacramentos, entonces la respuesta debe ser la siguiente: un sacramento es un medio de la gracia, un medio, con cuya ayuda una fuerza santa es introducida en nuestro ser.

 

En el Catecismo de Heidelberg, una obra esotérica, se dice: «Los sacramentos son santos y visibles signos y sellos, empleados por Dios, para que, si los utilizamos, El pueda hacernos comprender y sellar en nosotros mucho mejor la promesa del Evangelio.»

 

Con otras palabras: aquí se trata de un método, con cuya ayuda se comunica al hombre una determinada fuerza, creando en él duraderas y selladas consecuencias.

 

Para el alumno, estas cosas no le suenan extrañas en absoluto, pues sabe por sus estudios, que la enseñanza de los mantrams, la enseñanza de las fórmulas de fuerza, se apoya sobre la misma base.

 

Pero no debemos caer jamás en el error y pensar, que un mantram simple, o bien, complicado tiene el mismo valor que un sacramento.

 

Ya solo el hecho de que estos dos sacramentos, a saber, el Bautizo y la Santa Cena, fueron instituidos por Cristo, dice aquí para nosotros más que suficiente.

 

La enseñanza de los mantrams está, en su práctica, completamente entrelazada con nuestra vida cotidiana. Determinados sonidos, determinadas palabras, nos tocan y producen resultados, si vienen a nosotros en determinadas circunstancias. Sobre esta base se ha fundado la enseñanza de los mantrams, y es posible, que, si han descifrado la clave vibratoria y de polaridad de un hombre, puedan construir alrededor de él un sistema completo de mantrams. De esto también se ha servido la magia en todos los tiempos.

 

Los auxiliadores invisibles hacen uso de ello en el proceso de curación y también las fuerzas negras y destructoras hacen lo mismo para alcanzar sus oscuras intenciones.

El alumno debe comprender que existen dos corrientes cósmicas: una que conduce hacia abajo, la corriente de la involución, el Bautizo; y una segunda corriente que conduce hacia arriba, la corriente de la evolución, la Santa Cena.

 

El Bautizo es por lo tanto el sacramento, el medio de gracia, la magia, que nos conduce hacia dentro; la Santa Cena es el sacramento, el medio de gracia, la magia, que nos conduce hacia fuera, después de que el proceso de introducción ha alcanzado su objetivo.

 

El Bautizo del niño debe aceptarse por ello como algo muy comprensible, muy lógico y muy necesario, cuando es dispensado con la completa colaboración de los padres.

 

Cuando la doble unidad cósmica hombre-mujer despierta al niño, cuando el acto de amor ha adquirido aquí una forma, entonces los padres saben que su niño, al principio completamente inconsciente de la vida verdadera, tendrá que irrumpir algún día a través de la vida real, tendrá que aceptar su misión y cumplir su trabajo.

 

Los padres, que entienden el sentido de la vida, que comprenden la misión del hombre, es decir, construir un nuevo mundo en bondad, verdad y justicia por medio de la fuerza de cabezas, corazones y manos, pueden hacer que por medio de la fuerza mantrámica del Bautizo, se establezca una unión con la esencia descendente de Cristo, para que su hijo, sellado con esta fuerza, pueda crecer como un héroe o una heroína hacia su misión.

 

Y así descubrirá, hasta qué punto en los círculos eclesiásticos, el sentido del bautizo es interpretado erróneamente y cómo se abusa en los círculos ortodoxos de este sacramento santo.

 

Cuando el niño había sido bautizado, el primitivo corazón de los padres y el del sacerdote se calma. Ellos dan por hecho, que su niño está a salvo por este milagro sacramental. Pero su niño se ha vuelto muy inseguro; una gran disonancia, un intenso desgarramiento interior conduce al niño hacia el caos de las imperfecciones.

 

¿Por qué? Bien, por la magia del bautismo el niño es tomado por la esencia involucionaria de Cristo, con el fin de hacerle comprender – tal como nos enseña el Catecismo de Heidelberg – la promesa y la exigencia del Evangelio y sellarla en él.

 

El Bautismo, por lo tanto, nos une con una misión que está fijada en el Evangelio. Pero mirad, los hijos son educados para un comportamiento de vida, para una actitud de vida, que está en oposición con las exigencias del Evangelio.

 

Y también aquí las cosas se convierten en su opuesto: la magia del bautismo, que pretende ser un permanente manantial de fuerzas para el verdadero acto de cabezas, corazones y manos, se convierte de esta forma en un gran poder destructivo.

 

La corriente descendente provoca aquí un cortocircuito; el fuego estalla en todas las direcciones, a pesar y precisamente debido a los salmos y cantos resonantes y al abuso sacramental.

 

Este es el suicidio paulatino de la iglesia.

Además también hay que señalar aquí, que el sacramento del Bautismo se dispensa con agua.

 

El agua tiene una gran fuerza cristalizadora. Así como los continentes arios se elevaron del caudal del agua, así también el simbólico agua viva de Cristo tiene una influencia cristalizadora. Con esta agua viva tenemos que construir, a saber, un mundo verdadero, un orden en nuestro caos, la cuidad con las puertas de cristal. La realidad destruida, el orden de la naturaleza destruido, debe ser restablecido aquí por la fuerza de Cristo, según la intención de la corriente descendiente de la involución.

 

Si negamos ahora esta misión, entonces aparece otro proceso de cristalización, a saber, la petrificación de todos los valores culturales; el arte, la ciencia y la religión entran en un callejón sin salida.

 

Así pues nos elevamos en las sabias palabras que fueron pronunciadas por el Iniciado Pablo: » Primero viene lo natural, después lo espiritual.»

 

Primero viene lo natural, la reconstrucción de la realidad destrozada en el hombre y en la sociedad por medio de la fuerza de Cristo, por la magia del Bautismo, tomados por la esencia de vida divina que desciende en nuestra muerte, y después … después lo espiritual, la formación del Cristo-en-mí, por la magia de la Santa Cena, por medio de la cual me vuelvo partícipe de su ser y de su sangre y soy admitido en la corriente en desarrollo de las fuerzas cósmicas, que espiritualizan la manifestación universal a través de la transmutación.

 

 

Imagínese al hombre, que tomado por el verdadero Bautismo, continua trabajando en la fuerza de Cristo arriesgando su vida, es decir, un verdadero constructor del mundo, un francmasón, que va aportando penosamente piedra sobre piedra, colocándolas en el muro de la nueva fortaleza de la verdad.

 

Por la magia del Bautismo, él transforma, por lo tanto, el caos en la razón de Teo (del plan de Dios), y, cuando ha acabado una de sus obras, puede entonces, poco a poco, espiritualizar su obra por medio de la Santa Cena.

 

Podrá imaginarse fácilmente las consecuencias, cuando uno se conecta de forma indigna con la magia de la Santa Cena. El caos de la petrificación, el resultado del bautismo falso, es además otra vez atravesado por la magia de la Santa Cena, que debe espiritualizar aquí valores no existentes.

 

Aquí encontramos, según el concepto gnóstico, el origen de todas las enfermedades cancerigenas, que tan frecuentemente atacan, sobre todo, los órganos genitales, porque el hombre utiliza su fuerza creativa de forma errónea.

 

Usted debe tener en cuenta, que el vino de la Santa Cena, como aspecto de la sangre, representa la espiritualización, la purificación de la sangre y la transformación de esta sangre en sangre del alma o eter-fuego-alma, mientras que el pan como aspecto del cuerpo de Cristo simboliza la transformación y espiritualización de la estructura atómica de nuestra personalidad.

Por ello es científicamente cierto, que alguien que come indignamente de este cuerpo y bebe de esta sangre, quien por lo tanto, llama indignamente la magia de este sacramento, bien consciente o inconscientemente, provoca una fermentación de la sangre, un envenenamiento de la sangre así como una enfermedad metabólica.

 

Por ello advierte Pablo a los corintios, al hablar sobre estos peligros «que no se reúnan para un juicio.»

 

Pues bien, la Escuela de los Misterios de Occidente, la Fraternidad de la Rosacruz, utiliza estos dos sacramentos según indica la Fama Fraternitatis, pero es necesario que usted comprenda el sentido de esta indicación.

 

Toda la magia, que es utilizada por la Fraternidad de la Luz, se une a los dos sacramentos. Existe una magia que tiene el propósito de impulsar al hombre y al mundo a un acto, y existe una magia, la cual pretende permitir al mundo y a la humanidad, después de este acto, cosechar los frutos del mismo por medio de la esencia de la espiritualización.

 

La magia negra es la imagen deformada de este orden de las cosas.

 

Las fuerzas negras emplean el primer sacramento de forma negativa para cristalizar a la humanidad de forma más duradera, estabilizando así su reino; y también conocen su magia de la Santa Cena, para asimismo ampliar su radio de acción también en los lugares invisibles, y ésto a través de la degeneración de las causas de muerte como consecuencia de la espiritualización sin valores espirituales.

 

No se puede hablar, por lo tanto, de una forma de distribución sacerdotal, aunque por determinados motivos, grupos de alumnos de la Rosacruz se reúnen aquí o allá para determinados ritos sacramentales.

 

Según los preceptos de Jesucristo nuestro Señor, cada hombre tiene que ser su propio sacerdote y también la doble unidad cósmica hombre-mujer tiene que asumir aquí la responsabilidad sobre su propia unión.

 

El Bautismo de la Rosacruz es un bautizo impersonal en la realidad de las cosas, para que de este modo, inflamados por el espíritu de Dios, lleguen a sumergirse en Cristo.

 

La Santa Cena de la Rosacruz es una distribución impersonal, es una llamada a la transmutación por medio de la unión alquímica con el Señor de Toda Vida, para que del descender-en-Cristo pueda celebrarse el renacimiento por el Espíritu Santo.

 

Cada auténtico impulso sacramental tiene que impulsarnos, en primer lugar, hacia la realidad de este infierno terrenal, para realizar allí el ardiente acto en bondad, verdad y justicia, para que, desenterrado de esta noche, pueda desplegarse un día la flor de la pasión) del amor verdadero en un nuevo y feliz mundo.

 

Y por ello, el Agua Viva de Cristo gotea en nuestro mundo, que está en la muerte, para que, bautizandonos en ella, podamos construir la puerta de cristal; y por ello existe también la carne y la sangre de El, quien está más cerca que las manos y los pies, para que, saciandonos con ello, atravesemos la puerta de cristal hacia la liberación.

 

Y sólo entonces se elevará el canto de los Iniciados:

 

» Esta es la puerta, la puerta del Señor, que atravesará el pueblo liberado.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Respecto a la política, reconocemos al reino romano, pero a la Quarta Monarchia (el cuarto reino) como cabeza nuestra y de los cristianos.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXX

 

La confesión política de los rosacruces

 

 

En la Fama leemos también la confesión política de los Rosacruces, una confesión, de la que, ni antes ni después, se ha apartado nunca un alumno serio de la Rosacruz y si Dios quiere tampoco lo hará jamás.

 

No es algo carente de sentido, que en nuestros tratados de la Fama, según el ejemplo de la Orden, concretemos nuestras directrices políticas, según el ejemplo de la Orden, pues en nuestros tiempos violentamente agitados, en medio de las actuales tensiones reinantes, es bueno tener determinado su punto de vista y pronunciar su confesión.

 

Lo hacemos aun con más gusto, porque en los diversos sectores, donde la actividad de la Rosacruz podría causar alguna inquietud, se pronuncian muchas opiniones erróneas en relación con esta confesión.

 

Pues bien, en la Fama leemos:

 

 

» Respecto a la política, reconocemos al reino romano, pero a la Quarta Monarchia (el cuarto reino) como cabeza nuestra y de los cristianos.»

 

 

Aquí tiene la confesión política de la Rosacruz, la dirección política de la Escuela de los Misterios de oCoccidente.

 

La brevedad de este artículo de los Rosacruces causará sin lugar a dudas una impresión benéfica y seguramente despertará la sospecha, de que detrás de esta expresión, similar a una esfinge, se esconde un profundo sentido, que aquí se trata de una fórmula, cuya revelación podría resultar importante.

 

En este capítulo vamos a ocuparnos de esta revelación.

 

 

» Respecto a la política, reconocemos al reino romano, pero a la  Quarta Monarchia (el cuarto reino) como cabeza nuestra y de los cristianos.»

 

 

Para tener una base de apoyo, vamos a colocar, al lado de esta oscura expresión, el artículo político de Jesucristo, la expresión que todos conocen: «Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.»

 

En algunos círculos esta expresión de Cristo se interpreta como una evasión magistral ante el intento de involucrarle en acontecimientos políticos de su tiempo. Pero nosotros les decimos, que aquí no se trata en absoluto de evasión, sino de una indicación directa sobre la única actitud política posible que puede adoptar un cristiano.

 

«¡Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios!»

 

El alumno en los misterios crísticos reconoce con ello un estado real, que se ha convertido en ley natural y que concuerda lógicamente con el grado de desarrollo espiritual y material de un pueblo o de una raza determinada.

 

Negar este estado real, no reconocerlo en sí como útil y necesario, sería una falta de comprensión esotérico-científica. Además como alumnos de la Rosacruz sabemos por nuestro análisis esotérico, que en el devenir de las cosas se advierte una lógica, y que cada pueblo en el pasado más remoto implantó las causas para la elevación o la caída en el presente, que tanto el camino de sufrimiento del individuo como el del colectivo tienen un antecedente, por el que se puede explicar la manifestación del estado de enfermedad.

 

Cuando estamos enfermos podemos odiar nuestra enfermedad o maldecirla, pero a pesar de todo esta ahí y debemos contar con el hecho.

 

El alumno debe resignarse también aquí, no como un fatalista, sino como Job, que junto a lo bueno acepta también la tribulación, porque reconoce esta tribulación como científicamente correcta.

 

«¡Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios!»

 

Pues bien, basandonos sobre esta realidad, no podemos dejar de manifestar un sentimiento de agradecimiento, agradecimiento por el hecho de pertenecer a un pueblo libre.

 

Comprendalo bien, no nos referimos aquí a una autoglorificación nacionalista, sino que constatamos claramente un hecho, el hecho, de que hemos nacido en un pueblo tal.

 

Si usted coloca su pie fuera de los límites de su zona lingüística, comprenderá lo que queremos decir.

 

Si estudia la mente inglesa y se pierden por las ciudades francesas, si observan el talento organizativo alemán, la terrible pobreza del pueblo polaco, que les contempla con risa irónica en todos los rincones y usted percibe en «su carne» el grado de civilización de la masa rusa, entonces, aparte de lo mucho que merece una profunda admiración y valoración, estará contento de vivir en Holanda. (** ¿nota a pie de página)?)

 

Si luego sigue descubriendo, que muchos pueblos de Europa son desgarrados por divergencias, y cómo en otro lugar se desencadena con furia el terror y la libertad es ahogada en sangre, entonces valorá su propio país como una isla en la rompiente de la vida.

 

Y dando al Cesar lo que es del Cesar, sin embriaguez nacionalista, expresamos nuestra alegría, porque al margen de nuestro estado verdadero, como comunidad lingüística del pueblo holandés, tenemos una dinastía gubernamental que ama la libertad:

«¡Dad al Cesar lo que es del Cesar!»

 

 

Pero ahora viene la inquietud que nos penetra hasta en la médula, pues no queremos engañarnos mutuamente. No queremos entonar un canto nacionalista estrecho de
miras.

 

Aunque reconozcamos la realidad de las cosas, aunque aceptemos el discurrir de las cosas en sus procesos naturales de crecimiento y nos guiemos por las leyes inequívocas (tal como la Biblia enseña la santidad del matrimonio como ley cósmica y sin  embargo da leyes de divorcio; oralmente por Moisés en el Antiguo Testamento y por Pablo en el Nuevo Testamento), ninguna criatura humana, sin embargo, tendrá calma; el mundo y la humanidad sufrirán una catástrofe tras otra, si no se consigue armonizar el estado que se ha vuelto ley natural, con la exigencia divina, y ésto por medio de cabezas, manos y corazones de hombres.

 

Por eso en la declaración política de Jesucristo, la frase «Dad al Cesar lo que es del Cesar» es atravesada con las llameantes palabras » y a Dios lo que es de Dios.»

 

Ninguna división de nuestra atención en » algo para uno y algo para el otro», no un servir a dos señores, a Dios y a Mamón, no vivir seis días según nuestros instintos naturales y el domingo una misa o una visita a la iglesia, ningún pasar o jugar entre la exigencia divina y nuestras concupiscencias, sino un verdadero traspasar de nuestro auténtico estado real con la espada del espíritu.

 

Es un ataque de la exigencia divina a la caricatura de la convivencia humana, un claro y abierto expresar de aquello que esta mal, falso e incorrectamente desarrollado, una clara y abierta expresión de bondad, verdad y justicia en el sentido de la manifestación divina, en el sentido del plan divino con el mundo y la humanidad, que nos es explicado por el Hijo, el Cristo.

 

Y así se desarrolla entonces una lucha entre nuestro orden natural y el orden espiritual de Cristo Jesús, para que a través de este juego y contrajuego de fuerzas, pueda despertarse la nueva vida en el tiempo.

 

Por eso hay inquietud en los hombres y profunda aversión y gran miedo. La horda salta sobre los tiovivos con sus sonoros cascabeles, las salas de baile se llenan con las parejas que bailan hot y twist, y los columpios levantan su carga hacia el cielo para bajar luego de nuevo hasta el polvo. Las orgías sexuales llamean y rugen como el monstruo del abismo del plexo sacro.

 

La humanidad gime como un animal herido e intenta ocultar el dolor ante el impulso de la chispa divina que yace en ellos.

 

 

Su dolor se oculta tras de la máscara de las alegrías de oropeles y la penosa realidad de las cosas las reprime detrás de una brutalidad sin límites. «Máscaras nos sonríen irónicamente» dijo alguien, y máscaras cantan aquí sus canciones nacionalistas, para hundirse también aquí, consciente o inconscientemente; la espada de Jesucristo es clavada en el vientre de las naciones, inflamado de injusticia y sacudido por la fiebre, a pesar de la denominada asistencia social, en la que se hunde una gran parte de la humanidad.

 

El Logos no nos deja en paz ni un segundo. Nuestros nervios son destrozados, el cáncer se va aproximando furtivamente y la nostalgia pone su garra estranguladora sobre nuestra garganta.

 

Si, todavía hay suficientes personas que se sacian de las ollas de carne de las cosas inferiores, y también sus máscaras nos sonríen irónicamente con una obesa sonrisa, hasta que su risa se convierte en un grito.

 

¿Sabe usted algo de los dolores de esta tierra en todas sus grises formas?

 

¿Saben ustedes algo del indecible dolor de los espíritus unidos a la tierra, que exclaman su sufrimiento con un grito que desgarra los cielos, que por una furia impotente atacan todo lo que entra en su ámbito?

 

Si conoce algo de esta insondable aflicción, si percibe algo del verdadero estado de las cosas, entonces puede comprender la llamada: ¡Dad a Dios lo que es de Dios!

 

Y entonces verán claramente ante sus ojos la confesión política de los Rosacruces:

 

 

«Respecto a la política, reconocemos al reino romano, pero a la Quarta Monarchia (el cuarto reino) como cabeza nuestra y de los cristianos.»

 

 

Pues esta confesión se ha tomado de la expresión de Cristo: » Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.»

 

Los Rosacruces reconocen aquí el estado real de que prácticamente todo el mundo esta tomado por un orden cultural romano, que se ha desarrollado a través de los siglos; un orden cultural, que, aunque fue atacado por la reforma, en la que los Rosacruces participaron al principio, sigue siendo todavía extraordinariamente poderoso.

 

Este reino romano, esta jerarquía romana, que hace sentir su triunfante poder, incluso en los países más puritanos, con diversas expresiones culturales y que ha desarrollado una civilización, que, o bien se aparta del camino que debe ser recorrido por la humanidad según el orden cósmico, o se encuentra parcialmente en oposición con él, es ahora atravesado por los Rosacruces con la Quarta Monarchia, con la cuarta monarquía o el cuarto reino.

 

¿Qué es la Quarta Monarchia?

 

Es la insinuación cabalística del Reino de Jesucristo.

 

Quarta Monarchia es el símbolo de la integridad y la manifestación de la luz, que según el prólogo del Evangelio de Juan, irradia en este mundo, mientras que la oscuridad no sabe reconocerla como tal.

 

Quarta Monarchia significa la completa separación entre el ser de la luz y el de la oscuridad. Ella es simbolizada en la magia por medio de una corona, por medio de un emperador que sostiene en su mano izquierda la bola terráquea, en la que está representada una cruz, y en su mano derecha el tridente como cetro, mientras que en su pecho se encuentran los signos del sol y de la luna.

 

Usted comprenderá este simbolismo. Es el segundo aspecto del Logos, del espíritu de Cristo, que por la fuerza de la generación, la fuerza del Espíritu Santo, representa al tridente de Neptuno de la perfecta manifestación espiritual en este mundo y que gobierna como rey.

 

Y usted, estudiantes astrológicos, sabe, que la fuerza cuádruple, el cuadrado, reprensenta la presión de la materia y el desgarramiento interior de nuestro orden natural. Es la espada, Quarta Monarchia de Jesucristo, la que comienza la lucha contra el mundo y la humanidad.

 

De forma que nosotros – y presten atención a ésto – según la exigencia del orden cósmico, no hablamos en un éxtasis místico y blando sobre nuestro querido Señor, que es tan dulce y suave, sino sobre la fuerza de Cristo, que nos ataca de día y de noche y divide nuestra falsedad como una espada, que, como una fuerza cuádruple, nos conduce hacia tensiones, que sólo pueden ser disueltas de dos formas: o bien por un hundimiento o por una regeneración.

 

Pues bien, esta es nuestra política, nuestra confesión política, que, reconociendo la realidad, tocamos esta realidad, la atacamos con la misión evangélica y que medimos toda aparición en la santa ley de Jesucristo:

 

 

«Respecto a la política, reconocemos al reino romano, pero a la Quarta Monarchia (el cuarto reino) como cabeza nuestra y de los cristianos.»

 

 

Con toda la fuerza que hay en nosotros decimos, que sólo existe un camino, un método para conducir nuestra realidad hacia una vuelta más elevada de la espiral, a saber, Quarta Monarchia, el Hombre-Dios, que dijo:

 

«No he venido para traer la paz, sino la espada.»

 

Esta palabra se la decimos a todos aquellos que, llenos de anhelo por la salvación de la humanidad, siguen un camino experimental, bien con tendencias humanitarias o revolucionarias.

 

Sólo existe una única solución: ¡Quarta Monarchia!

 

De esta forma los Rosacruces atraviesan al mundo y a la humanidad, para que algún día se despliegen las rosas de la bondad, verdad y justicia por medio del verdadero acto de cabezas, corazones y manos, inflamados en el fuego de Pentecostés de la generación.

O como dice Salutarios en nuestra obra «Perseo»:

 

«El mundo navega en un óceano de sangre derramada con desenfreno, que seguirá fluyendo hasta que los últimos comprendan el crimen de sus manos.»

 

 

La paz no la aportan los políticos matemáticos , si éstos no son impulsados por el poderoso aliento de la Trinidad Divina:

 

la bondad del Padre,

la obediencia del Hijo lleno de amor

y del saludo de la pureza del Espíritu Santo,

por medio de Quarta Monarchia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de que ahora conocemos suficientemente los cambios que nos esperan y queremos comunicarselos de todo corazón a otros instruidos por Dios, tenemos esta seguridad en nuestras manos: que sin el único Dios, ningún hombre, sea quien sea, puede condenarnos y entregarnos a los indignos. Sin embargo nosotros prestaremos ayuda a escondidas por la buena causa, tal como Dios nos lo permita o prohíba, pues nuestro Dios no es ciego como Fortuna de los paganos, sino el ornamento de Su iglesia y la gloria de Su templo.

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXXI

 

La ayuda secreta de los rosacruces

 

 

«A pesar de que ahora conocemos suficientemente los cambios que nos esperan y queremos comunicarselos de todo corazón a otros instruidos por Dios, tenemos esta seguridad en nuestras manos: que sin el único Dios, ningún hombre, sea quien sea, puede condenarnos y entregarnos a los indignos. Sin embargo nosotros prestaremos ayuda a escondidas por la buena causa, tal como Dios nos lo permita o prohiba, pues nuestro Dios no es ciego como Fortuna de los paganos, sino el ornamento de Su iglesia y la gloria de Su templo.»

 

 

En la confesión política de los Rosacruces hemos reseñado, que en este mundo reconocemos invariablemente el verdadero estado, tal como éste se ha convertido según la ley de la naturaleza. Aunque este estado real se encuentre diametralmente opuesto a la voluntad y a la ley de Dios, el Rosacruz también lo aceptará, porque él reconoce este estado como el producto según la ley natural del pueblo del cual ha surgido, del país en el que vive.

 

El acepta con valor los resultados de los pecados colectivos, que se expresan en el pueblo, él se adapta por completo a las leyes de su país y muestra un respeto adecuado al gobierno legítimo, sin caer por ello en una exagerada veneración del espíritu racial.

 

El alumno Rosacruz, por lo tanto, nunca es bajo ninguna circunstancia un revolucionario en el sentido social, político o científico de la palabra.

 

Pero no piense, que nosotros, reconociendo el estado real como algo que se ha vuelto ley natural, nos estancamos ahora en la rutina y en la negatividad, que nos sumergimos en la vida de nuestro pueblo, compartiendo sus dolores, sus pecados y sus carencias, sin manifestar un anhelo y un acto para cambiar el orden natural, al que todos pertenecemos.

 

También le hemos dicho, que reconocemos Quarta Monarchia como cabeza nuestra y de los cristianos.

 

Le hemos dicho, que la significación cabalistica guarda relación con la esencia de Cristo y que nosotros atravesamos el orden natural de las cosas con el orden espiritual de Jesucristo como una espada, no como charlatanes, sino como hacedores de la palabra.

 

Así toda la magia de la Rosacruz, la magia de occidente, está sintonizada para realizar este orden espiritual de Cristo.

 

Con ello atacamos el estado real, de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Y la gran obra se puede realizar completamente en concordancia con las leyes vigentes del país y con las leyes que vendrán.

 

Este trabajo es tan directo e inmediato, tan dinámico y tan liberador, abrazando al mundo entero en un amor que todo lo destruye, que, si usted sabe algo de ello, como buscador serio de la bondad, verdad y justicia, ya no se ocupará más, con diligencia, de sus tendencias políticas u otras ambiciones políticas, que usted posiblemente todavía posea.

 

Existe una ayuda secreta, que la Rosacruz regala a todo lo que es favorable para la gran meta, una ayuda para todos los que pueden ser considerados como los verdaderos trabajadores en la Viña del Señor.

 

Nuestra intención es la de informarle en este capítulo sobre esta ayuda secreta.

 

Como alumnos de la Rosacruz sabemos, que las exigencias de Cristo sólo pueden ser aplicadas y realizadas por el mundo, si puede encontrarse una suficiente cantidad de hombres que realicen estas exigencias en sí mismos y las transmuten con el alma, con el corazón y con la mente. Si pudiesen ser hallados una suficiente cantidad de hombres dispuestos a analizar de una forma totalmente altruista las intenciones del macrocosmos con el microcosmos, el plan de Dios con el mundo y la humanidad, y que además estén dispuestos a abrirse paso en este camino hacia lo esencial de la enseñanza universal, que abarca las eternidades, entonces se desarrollará en ellos una nueva fuerza, una fuerza, que está capacitada para una nueva creación, simplemente por su poder irradiante y destructivo.

 

Bien, pues esta fuerza es denominada en los antiguos anales de los Rosacruces «la ayuda secreta.»

 

 

Existe una fuerza divina, que penetra en nosotros de hora en hora y de segundo en segundo en nosotros, que quiere establecerse entre nosotros, con el fin de dejar participar armoniosamente a la tierra y a sus habitantes en la armonía de las esferas y de elevarlos e impulsarlos por completo hacia su vocación como criaturas del Padre.

 

Esta fuerza divina no puede llevar las cosas a su realización sin nuestra intervención.

 

Ella debe abrirse paso a través de nosotros y debe despertarnos a ser miembros participantes conscientes de la creación del universo. Por eso dijo alguien antaño: «La creación de Dios se encuentra sumergida en el hombre. Nosotros somos partes de Su creación, ruedecillas en la gran realización del universo; por eso Su devenir, la coronación de Su creación depende de la colaboración consciente, de la entrega consciente de cabezas humanas, corazones humanos y manos humanas.

 

Este Ser divino, que tiene el poder de destruirnos a todos en una fracción de segundo y de expulsarnos de la manifestación de las cosas, nos impulsa a través de un insondable amor a ser desde el principio colaboradores en la ejecución de su plan.

 

Pero un colaborador sólo tiene entonces valor, sólo puede entonces construir una pieza correcta, si construye en libre amor recíproco y como trabajador inteligente que reconoce el plan.

 

Por ello Dios se esfuerza desde la alborada de los tiempos en dar entrada en nosotros a Su voluntad y a Su sabiduría, y ésto sobre la base de una decisión libre y personal.

 

Por ello dice el Libro Santo, que el Padre nos ha mostrado un Amor tan grande, que nos ha enviado a Su hijo, para que ninguno se pierda, sino que cada uno tenga la vida eterna.

 

Pues bien, lo mejor, lo más santo y lo más sublime que Dios puede darnos viene a nosotros en Cristo, para despertarnos a nuestra vocación real: «¡Realizad vuestra bienaventuranza con temor y temblor!»

 

 

Esta misión debemos verlo en sentido universal más estrecho y más amplio.

 

Todos dependemos unos de otros. La jerarquía de la ola de vida humana es un único cuerpo. «Sin mí nada podéis», dice Cristo como uno de los nuestros; y en sentido figurado, nosotros les decimos a usted, y usted nos dicen a nosotros: » Sin mí nada podéis.»

 

Si usted, como parte consciente de este gran cuerpo, se niega a aceptar su vocación real, entonces Cristo tiene que apartarse por un tiempo de nuestro centro, pues, como consecuencia de nuestra negación – de nuevo según el Libro Sagrado – El ya no puede emplear su fuerza en estos lugares.

 

 

Imagínese ahora al hombre, que recorriendo el camino – el camino de la iniciación en la Escuela de los Misterios de Occidente – se pone en contacto conscientemente y de forma inteligente con la ya antes mencionada fuerza divina, que sólo puede obrar su fuerza en estos lugares a través del foco de Dios, el hombre, y que por medio del hombre inflama al mundo y a la humanidad en un llameante fuego.

 

La fuerza divina, que es triple en su aspecto, irrumpe en él hacia abajo como una espada de fuego, desde la cabeza hasta el plexo sacro a través del canal del fuego de la serpiente, la espina dorsal.

 

Desde ese instante es despertado en este hombre un órgano de percepción interior, lo que es representado en las «Bodas Alquímicas» simbólicamente como la virgen que toca a C.R.C. en la espalda cuando él esta tomado por la tormenta del espíritu. Por medio de este órgano de percepción interior al alumno se le muestra la intención, desde donde se manifestaba en él la fuerza divina; a él se le muestra, igual que a Juan en Patmos, aquello que pronto tiene que suceder, y de qué manera el alumno puede colaborar en la coronación de la vocación real de la humanidad, un trabajo, por el que Cristo sufre hasta el día de hoy con inexpresables suspiros.

 

Por lo tanto, aquí no se trata de una conmoción por un místico e ilimitado éxtasis, cuyo resultado se encuentra encerrado en oscuridad, sino que es un encuentro con El en la casa sobre la montaña, donde el vasto país se extiende como un panorama ante los pies del alumno, y él investiga, con una clara visión, las amplitudes, las amplitudes de aquello, que pronto tiene que suceder.

Cuando, de este modo, el triple fuego de Dios, como un rayo,  ha tocado al plexo sacro, emana de esta fuente hacia arriba la reacción humana como respuesta a la llamada del Padre y él dice, como lo hacían antiguamente los profetas: «Si, Señor, tu siervo escucha.»

 

Entonces brama con violencia el Agua Viva, el fuego del Espíritu Santo, hacia arriba y parte desde el alumno hacia el mundo, para dar la triple respuesta.

 

El timo sangra como una herida abierta, de la que fluye la síntesis del alma en los corazones de todos ustedes; desde la elevada torre de la cámara del rey se propaga como la luz celestial el fuego de Saturno de la justicia fustigadora en la oscuridad de este mundo, y, creado por la laringe espiritualizada, se manifiesta el sonido mágico y el fíat creador resuena como un toque de trompeta.

 

Esta triple fuerza, inflamada por la triple luz divina, es la ayuda secreta que los Rosacruces regalan a todos aquellos que han sido encontrados dignos de ello.

 

Con esta ayuda secreta los Rosacruces luchan su combate en medio del ajetreo de los pueblos, de hora en hora y de segundo en segundo.

 

Con esta fuerza atacan todo lo que no se adapte a la exigencia de las cosas.

 

Así dice la Fama Fraternitatis: «Nosotros sabemos qué cambios se van a producir.» Y nosotros les repetimos a usted: «Nosotros sabemos qué cambios se van a producir.» Y anhelamos de todo corazón, hacer llegar nuestro mensaje a otros, a otros instruidos por Dios, para que todos nosotros podamos colaborar lo más conscientemente posible en el devenir de aquello, que pronto debe suceder.

 

El lenguaje que nosotros hablamos, sólo lo entienden aquellos, que en virtud de su ser, están ennoblecidos para ello; nadie podrá hacer de ello una propiedad comunitaria y ni un indigno está capacitado para robarnoslo.

 

Con esto hacemos referencia a las prácticas de las fuerzas negras, que, aunque siguiendo el mismo proceso, pero inflamado a través del plexo solar, deben prescindir del órgano para la mirada interior del alumno «despertado en Dios», pero que quisieran poseer este sublime mirar, para llevar a cabo sus pérfidas intenciones.

 

De este modo, con la fuerza secreta de los Rosacruces, que no se puede transferir a terceros y no puede ser robada, los hijos de la luz influirán sobre todo trabajo positivo en este mundo, destruirán lo impuro e impulsarán lo indigno hacia la regeneración.

 

No en un proceso revolucionario humano tridimensional, sino «tal como los impulsos divinos, que iluminan sin cesar al alumno en el camino, permitan que suceda o lo impidan. Pues nuestro Dios no es ciego como Fortuna de los paganos, sino que El es la gloria de Su Iglesia y el honor de Su Templo.»

 

La Fortuna pagana es el elemento especulativo, con el que el hombre, que está atado a su instinto natural, quisiera aventurarse. Fortuna es la diosa ciega que se encuentra sobre un globo terráqueo, sosteniendo en su brazo el cuerno de la abundancia de la tierra, de la que saben tomar aquellos, que en un astuto egocentrismo extienden sus toscas y acaparadoras manos, rechazando los intereses de todos los demás.

 

Pero nuestro Dios «que pensó los cielos y fueron», El es la gloria de su Iglesia y el honor de Su Templo. El es el principio rector central de la Comunidad de los Santos y el principio gubernamental del propio templo interior de la personalidad consagrada a Dios.

 

Y esta fuerza de fuerza, este Dios de Dios, este Todopoderoso Creador, que amó tanto al mundo y a la humanidad, que nos envió a Su Hijo primogénito para que avanzáramos hasta la gloria imperecedera de lo sobrehumano, no tiene ningún interés en conducirnos como ciegos por el camino del negativo perfeccionamiento automático, sino que El nos inflama como conscientes portadores de antorcha de Su sabiduría, Su voluntad y Su efectividad, para ofrecer Su amor, que está transformado en sus criaturas, como una fuerza de vida para todos aquellos, que están instruidos por Dios, para todos los que anhelan el espíritu.

 

 

¡ Lo que fue desde el principio,

lo que hemos escuchado y hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y hemos sentido con nuestras manos de la Palabra de la Vida, –

si, la Vida se ha manifestado!

Y nosotros hemos visto y les atestiguamos y anunciamos la verdadera Vida, que está en el Padre y se ha manifestado a nosotros; lo que hemos visto y oído, eso también se lo anunciamos a ustedes, para que puedan estar en comunión con nosotros.

Y nuestra comunidad está con el Padre,

y con Jesucristo, Su Hijo,

en la comunidad con la llama ígnea del Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra filosofía no es nueva, sino la misma que recibió Adán después de su caída y la que aplicaron Moisés y Salomón. Por ello no hay que ponerla en duda o refutar otras opiniones, pues como la verdad es única, precisa y siempre igual a sí misma (sobre todo en completa concordancia con Jesús y sus miembros, así como El es a imagen y semejanza del Padre), no debe decir:

 

 

                «Esto es verdadero para la filosofía, pero falso para la teología»; porque todo lo que Platón, Aristóteles, Pitágoras y otros han reconocido como verdadero y han constatado Enoc, Abrahán, Moisés y Salomón, conducen a lo mismo, coincidiendo además con el gran libro milagroso, la Biblia: crea una esfera o una globo donde todo se encuentra a la misma distancia del punto central. Sobre ésto se hablará más y con más detalle en los tratados cristianos.

 

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXXII

 

Jesus ex omni parte

 

 

«Nuestra filosofía no es nueva, sino la misma que recibió Adán después de su caída y la que aplicaron Moisés y Salomón. Por ello no hay que ponerla en duda o refutar otras opiniones, pues como la verdad es única, precisa y siempre igual a sí misma (sobre todo en completa concordancia con Jesús y sus miembros, así como El es a imagen y semejanza del Padre), no debe decir:

 

 

«Esto es verdadero para la filosofía, pero falso para la teología»; porque todo lo que Platón, Aristóteles, Pitágoras y otros han reconocido como verdadero y han constatado Enoc, Abrahán, Moisés y Salomón, conducen a lo mismo, además coinciden con el gran libro milagroso, la Biblia: crea una esfera o una globo donde todo se encuentra a la misma distancia del punto central. Sobre esto se hablará más y con más detalle en los tratados cristianos.»

 

 

Cuando el alumno de la Rosacruz ha penetrado tras una laboriosa aspiración, en cierto modo, en la esencia de la filosofía Rosacruz, entonces se vuelve profundamente consciente de las palabras del predicador sabio, en apariencia tan fatalistas y pesimistas: «Lo que ha sido, volverá a ser y lo que está hecho, volverá a hacerse, de manera que no existe nada nuevo bajo el sol. ¿Existe quizás alguna cosa de la que se pudiera decir: ¿mira esto, es nuevo? Ya ha existido en los tiempos que nos han precedido.»

 

Y si entonces el predicador se arrastra con sus espectadores invisibles a través de la realidad, de la realidad gris, entonces llega al descubrimiento de que sólo existe una cosa, una realidad, un principio y un fin, que es el Logos, Dios; que todo circula y se mueve en espiral dentro de aquella exigencia: devenir en Dios en el cielo y en la tierra.

 

Y el alumno de la Escuela de los Misterios de Occidente, que empieza a percibir algo de la luz de la magia en los horizontes de los campos del renacimiento espiritual, verifica, que la verdad es una e indivisible, siempre igual a si misma y que con sus brazos amorosos abraza al engaño de los tiempos hasta en la eternidad.

 

Cuando entonces la Rosacruz se da a conocer, cuando hace resonar su sonido, cuando eleva su trompeta en una amplia y clara llamada, para despertarle a la luz y sacarle de su vida desgarrada, entonces ésto no sucede sobre la base de algo nuevo: «¡ Mira esto, ven, es nuevo!», sino que entonces se trata de lo grandioso de unirle con la verdad que cubre las eternidades.

 

Entonces se trata de la verdad, de la que han dado testimonio los pioneros desde la fundación del mundo, por la que derramaron su sangre, de la que han hablado, iluminado y cantado los profetas de todas las religiones según su vocación.

 

Entonces se trata de una exigencia, la exigencia divina, que en su férrea firmeza ha permanecido siempre igual a si misma: la realización del plan de Dios a través de cabezas, corazones y manos humanas.

 

Esta exigencia divina se encuentra como una muralla alrededor de nosotros y hay una inconmensurable tristeza ante esta muralla, la tristeza causada por la ignorancia y el rechazo. Y esta muralla de la voluntad, la sabiduría y la efectividad de Dios se ha convertido en un muro de las lamentaciones, el muro de las lamentaciones de Jerusalén, donde los cantores judíos exclaman sus pasionales lamentos en rítmicos sonidos, para ablandar a Dios a que levantara su exigencia.

 

¿Comprende usted, que el predicador sabio no ataca a la verdad universal, sino a nosotros? El no dice: «Ay, abandonad ya la búsqueda y el tantear,» sino que él se enfurece contra nuestro «jugueteo» con pretendidas cosas nuevas y sistemas nuevos, que saben agarrarnos en el momento, porque nosotros tenemos que tener nuestro tiempo ocupado; que él ataca nuestra obra fragmentaria; que él comprueba, que sólo existe una posibilidad para desprendernos de esta tristeza, una única posibilidad de liberarnos de este inconmensurable dolor, este indecible sufrimiento de Dios y la humanidad, a saber: ¡percibir la verdad y cumplirla, la verdad universal, que se libera de los velos del pasado y se pierde en los lejanos horizontes de lo futuro!

 

Aquí todo se enfurece y se revuelve, hay una turbia y gris fatiga, y a nuestro alrededor de nosotros se elevan los muros de la exigencia divina.

 

Y ahora, ahora que la humanidad ha realizado miles de experimentos, que la sangre de incontables personas es derramada y seguirá siendo derramada, ahora viene a ustedes la Rosacruz y le dice:

 

» Nuestra filosofía no es ningún invento nuevo, no ha surgido de la cabeza de éste o aquél artesano filosófico.»

 

Cuando hablamos de «nuestra» filosofía, no ponemos un énfasis especial en la palabra nuestra, pues no hay nada nuestro. No existe nada que usted pueda definir como una posesión personal, aunque usted piense así, usted con sus muebles y sus monedas.

 

A usted se les presenta una enseñanza, un sistema del devenir en Dios, completamente en concordancia con las enseñanzas «que ha recibido Adán después de su caída.»

 

Esto naturalmente no le dirá nada. Adán es para usted un sonido, del que Vondel habla en rimas, o usted lo ve como se lo imaginaron los antiguos pintores.

 

Una vez tiempo vimos un cuadro de Adán en Londres. El estaba representado como un hombre primitivo, como un rudo hombre vulgar ante el que King Kong saldría corriendo. Y Eva era inexpresablemente horrible.

 

Parece ser, que el pintor los había visto aun en su estado de divinidad-hombre, pues los dos todavía estaban desnudos; el vestido de hojas de parra todavía no les era necesario.

 

El autor de la Fama Fraternitatis no tuvo este cuadro ante sus ojos, cuando habló sobre las enseñanzas que recibió Adán después de su caída. El ve a Adán, según la intención de la Biblia, como la humanidad, que es unida por medio del inexpresable amor del segundo aspecto del Logos – el amor eternamente mediador y esclarecedor de Cristo – con la exigencia divina; unida de tal forma, que está capacitada a unirse con esta exigencia en virtud de su ser, de penetrarla, de iluminarla con su mente exploradora, para que ella – la humanidad – comprendiendo esta exigencia, la realice por la fuerza del Espíritu Santo.

 

Por lo tanto, no es necesario que busque en una librería las enseñanzas de Adán, pues Adán es usted mismo; las enseñanzas están con usted y alrededor de usted. Y usted la puede aplicar, igual que las aplicaron Moisés y Salomón: Moisés, el hacedor, la fuerza de la realización, Salomón, el sabio, el refinado vidente de las cosas por saber.

 

Esta sabiduría, que no es humana sino divina, no puede ser cuestionada ni tampoco discutida.

 

Si, por supuesto se intenta, las enseñanzas se cuestionan y se discuten porque son contrarias al instinto natural, a la autoafirmación. Esta sabiduría es como una espada con la que uno es atravesado. Y contra ésto se lucha.

 

Cuando el alumno de la Rosacruz se coloca con esta exigencia de Dios ante el hombre, éste muestra un montón de reparos.

 

La exigencia no es lo suficientemente intelectual o mística, no es satisfactoria o demasiado radical; nosotros no contamos  suficientemente con la convicción personal, nosotros violamos casitas sagradas, y entonces uno comienza a defender su piel.

 

Al principio sus reparos son expuestos de forma educada y correcta.

 

Pero la Sabiduría Universal, que la Rosacruz debe aportar en virtud de su vocación, no puede ser transferida según estos deseos. Ella debe ser permutada según la exigencia de esta sabiduría.

 

Y entonces uno se vuelve descarado. Se intenta matar al Salvador de nuestras almas y si es necesario, se le vende por 30 monedas de plata.

 

Pero la sabiduría no puede ser matada. Después de cada atraco, brilla con más belleza que la faz de una visión irreal.

 

 

La Rosacruz es indestructible.

 

Bien, pues esta verdad, que permanece siempre igual a sí misma, se encuentra en completa armonía con «Jesus ex omniparte». Quisiéramos traducir estas palabras, o mejor dicho, transcribirlas con «Jesucristo según su completa manifestación».

 

Una antigua traducción holandesa de la Fama del siglo diecisiete dice: ¡Jezus, gans en claer! (¡Jesús, íntegro y claro!).

 

La filosofía de la Rosacruz está en completa concordancia con «¡Jezus, gans en claer!» (¡Jesús, íntegro y claro!)

 

Y siendo este Dios en la carne la fiel imagen de su Padre, no es posible decir que ésto es cierto, según la filosofía, según la ciencia, es cierto, pero que no está en concordancia con la religión, con la teología.

 

No vea este término de teología tal como hoy en día es interpretado, sino como la verdadera comprensión de Dios, la explicación de Dios, que se encuentra aquí unida armoniosamente con la verdadera ciencia.

 

¿Pero como puede hallarse la demostración de esta enseñanza de la Fama?

 

¿Como se puede reflexionar sobre ella, como puede ser investigada? ¿Como se puede tener un apoyo en esta explicación?

 

¿Como podría demostrarse, en el marco de la dependencia tridimensional, la unidad de la religión y la ciencia, la absoluta interdependencia de estos pilares de todo devenir humano?

 

¿Existe esta posibilidad?

 

¡Existe!

 

Lo que los filósofos verdaderamente iluminados como Platón, Aristóteles, Pitágoras y otros habían comprendido como correcto y donde destacados personajes de la historia de la religión de la humanidad como Enoc, Abraham, Moisés y Salomón se distinguieron, allí hay concordancia, una imponente concordancia con este libro maravilloso, la Biblia.

 

La Biblia nos ha sido dada por los Señores del Destino, que están por encima de todo error. Todo lo que necesitamos para nuestro desarrollo espiritual podemos encontrarlo allí. Y en este sorprendente libro encontramos también la unidad entre religión y ciencia.

 

En conformidad con ello, la Rosacruz hace también todo lo posible por hacer comprender este libro según su verdadera esencia, liberarlo de toda deformación y disparate exotérico y ofrecerlo a las almas anhelantes.

 

Bien, pues todo esto actúa conjuntamente y forma una esfera o un globo, en la que todas las partes se encuentran a la misma distancia del centro.

 

 

En las Bodas Alquímicas de C.R.C. los candidatos, los caballeros del Toisón de Oro (todos previstos de un poder interior, llamado paje), son enviados a la fortaleza de la iniciación para la libre investigación.

 

En su vía de investigación C.R.C. alcanza también una esfera, un gran globo terráqueo. Con gran asombro descubre, que en este globo se encuentran inscritos todos los lugares de residencia de los caballeros del Toisón de Oro, y que este globo, esta esfera dorada, también se puede abrir y se puede penetrar hasta su núcleo.

 

Y C.R.C. entra dentro, él penetra hasta el corazón de la esfera y él se ve como trasladado a un sublime planetario.

 

El ve cómo los cuerpos celestes trazan sus trayectorias por el espacio; para él se esclarece la sublime composición del plan de Dios; él ve en un arrobamiento la unidad del universo.

 

Todas las cosas que nosotros y otros trataremos o hayamos tratado en consideraciones cristianas en el pasado, en el presente y en el futuro, todas las cosas que usted mismo posiblemente pueda leer algún día en el Gran Libro de la Vida, forman una esfera, una forma universal.

 

 

Y ahora le invitamos a seguir con nosotros los pasos de C.R.C. y a penetrar en el corazón de esta esfera.

 

Ahí vemos la Luz del Mundo que abriga y purifica, Jesus ex omniparte, «Jezus gans en claer» (¡Jesús integro y claro!), Jesucristo, el Señor de Toda Vida.

 

Y nosotros, en nuestros lugares de trabajo en este mundo, construyendo como verdaderos francmasones una fortaleza, en la que la verdad vivirá entre nosotros, sabemos: nosotros y todos nuestros hermanos y hermanas de la ola de vida humana estamos todos a la misma distancia de este núcleo brillante, luminoso y lleno de amor, el cual envía hacia nosotros un conocimiento universal y un mensaje lleno de gracia, que toma forma en el Evangelio.

 

Y mientras nos arrimamos cariñosamente a este dorado corazón solar del Padre, vemos como las estrellas trazan su rumbo y los planetas marcan sus órbitas a través de la independencia original cósmica. El universo anuncia la obra de Sus manos.

 

Por supuesto, nuestra filosofía no es ningún invento nuevo.

 

Es la voz de Dios, que nos impulsa a recorrer el camino que El nos quiere mostrar.

 

Por lo tanto, dejemos de colocarnos ante los muros de las lamentaciones, construidos por nosotros mismos, para gritar hacia afuera nuestro sufrimiento y nuestro anhelo.

 

Pongámonos a trabajar en el santo saber, de que nosotros, sin importar cómo ni dónde estemos, nos encontramos a la misma distancia del irradiante centro divino.

 

Cuando entonces la Rosacruz se dirige también a usted, haciendo resonar su voz y elevando su trompeta para una clara y amplia llamada, para despertarle a la luz y sacarle de su vida desgarrada, entonces no sucede haciendo referencia a algo nuevo: «Mira esto, ven aquí, esto es nuevo», sino que entonces se trata de lo grandioso de unirle con la verdad, que cubre eternidades.

 

«¡Pues avanza sin temor, aunque el corazón se lamente!

A pesar de tus tormentos e incontables sufrimientos,

Cristo atraviesa las nubes más oscuras,

en Su amor nos saluda la libertad.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En relación con la impía y maldita producción de oro, ésta ha aumentado, especialmente en nuestros tiempos, de tal manera, que sobre todo muchos poseídos degenerados, maduros para la horca, han cometido con ello grandes canalladas, aprovechándose así de la curiosidad y credulidad de muchos. Incluso personas humildes piensan que la transformación de los metales es la cumbre y la coronación de la filosofía, y que aquél, que sea capaz de producir grandes cantidades de oro y de pepitas de oro sería especialmente agradable ante Dios. Mientras que además esperan también convencer al omnisciente Dios con imprudentes súplicas y mostrando un conmovedor rostro enfadado y serio.

 

                Así atestiguamos aquí oficialmente, que ésto no es correcto, siendo la producción de oro para los verdaderos filósofos algo insignificante y de poca importancia. ¡En comparación con ésto tienen algunas miles de cosas más importantes!

 

                Nosotros decimos con nuestro querido Padre C.R.C.:

 

                «¡Fuera con el oro, si no es el oro ilimitado! Pues aquél, a quien se le revela toda la naturaleza, no se alegra por saber «hacer sol», o como dice Cristo «que le obedezcan los demonios», sino que se alegra porque ve abrirse los cielos y a los ángeles de Dios subir y bajar y porque su nombre está escrito en el Libro de la Vida.

 

 

                                                                                                                                Fama Fraternitatis

 

 

 

 

XXXIII

 

La fabricación de oro a lo largo de los siglos

 

 

Los alumnos de la Rosacruz, posiblemente, habrán encontrado en sus estudios sobre la filosofía de occidente algunas publicaciones sobre la alquimia de los Rosacruces, sobre la extremadamente misteriosa obra artesanal del esoterismo de la edad media: sobre la fabricación de oro a partir de metales innobles. Seguramente conoce usted las imágenes de los libros antiguos, donde hombres honorables, envueltos con un hábito, se encuentran inclinados sobre sus retortas y crisoles, mientras que extraños vapores intentan abrirse paso hacia las bocas de las chimeneas, que parecen estar emitiendo un oscuro bostezo. Según estas historias, los alquimistas suelen ejercer su oficio sobre todo de noche, cuando el peligro de ser descubiertos es el mínimo posible, porque los hombres duermen.

 

De hecho, los laboratorios de los alquimistas de la edad media han atraído la atención de miles de personas y una incontable multitud ha investigado diligentemente sus libros para descubrir los métodos.

 

Por iniciativa de la Fama Fraternitatis vamos a dirigir ahora su atención a la fabricación de oro, este arte mágico tan anhelado, y esperamos y rezamos a fin de que nos sea concedido encontrar el método para exponer el camino hacia inconmensurables riquezas. Pues bien, esto queremos decirles de antemano: los antiguos alquimistas no se escondían de noche detrás de puertas de hierro y fuertes cerrojos, sino que trabajaban y padecían para el provecho de usted; ellos querían hacerle rico a usted, tan rico, que este mundo no podría abarcar sus tesoros.

 

 

Existen tres formas de fabricación de oro:

1. la fabricación de oro de la conciencia del yo;

2. la fabricación de oro de la conciencia del alma; y

3. la fabricación de oro de la conciencia del espíritu.

 

 

El oro del yo se caracteriza por las rojas ascuas de la fuerza de las codicias; el oro del alma es la fuerza de la misericordia; y el oro del espíritu aparece en el brillo deslumbrante de una nueva creación.

 

¿Quien de nosotros no conoce las rojas llamas de la codicia?  ¿Quien de nosotros no se encuentra casi en cada hora en este fuego devorador? ¿Quien de nosotros no conoce el horrible dolor de la codicia? Nosotros somos arrastrados en una codicia mundial.

 

Nuestros ojos otean hacia la lejanía y medimos las distancias entre lo momentáneo y lo realizable. Nuestros músculos se tensan y nuestro nerviosismo nos hace temblar ante el frío del mundo. Nosotros anhelamos calor y no lo hay. Nosotros anhelamos amor y no lo hay. Nosotros anhelamos calma, calma al fin, y por Dios, no la hay.

 

Nosotros vemos sus pensamientos de asombro y de protesta, pues algunos de ustedes opinan haber encontrado su país mágico al lado de una persona a la que aman, o en cualquier otro lugar, o quizás en alguna posesión material, que mordisquean como un perro.

 

Allí han encontrado calma y una tranquila paz se ha posado sobre su agitación. Sus ojos miran en los de su prójimo o abrazan con una amplia sonrisa su pedazo de lo bueno de esta tierra, tal como ustedes lo suelen llamar.

 

Pero ustedes son como niños grandes. Enseguida las llamas rojas arden con más fuerza y las jerarquías de Marte les tocan con más vehemencia que jamás antes.

 

Ustedes son expulsados a palos de su país mágico. La vida misma les agarra. Aquellos a los que estaba unida su felicidad mueren, ellos desaparecen detrás de los velos del más allá, no con la armonía de la magnificencia de las estrellas a través de la rueda del tiempo que gira, sino que nos son arrebatados con un grito de muerte.

 

En su corazón queda un sofocante dolor y un nuevo anhelo, un anhelo hacia la reunificación se apodera de usted con gran fuerza.

 

Nuestros hijos contrarían nuestro deseo por su verdadera felicidad. Hacen añicos nuestra locura. La esperanza decepcionada ofende nuestro corazón.

 

Como una tormenta se levanta el deseo, hasta que al final, cansados de luchar, nosotros mismos nos hundamos en este mar rojo de las codicias insatisfechas y destruidas.

 

 

¿Pero, qué es esta codicia, este insaciable deseo de todos los tiempos? ¿Qué es este violento impulso en nuestra sangre, que en un momento nos hace jadear de fatiga y después nos corta el aliento, como si quisiéramos comprender su explicación?

 

¿De donde vienen estos torbellinos rojos, que nunca llegan a calmarse?

 

La contestación que dan los antiguos alquimistas es sorprendente:

 

El deseo es una fuerza, que les es enviada por los hierofantes de Cristo; es el Señor de nuestra vida, que se dirige aquí hacia usted en el camino de la humanidad.

 

Y un gran espanto invade a las multitudes.

 

¿Pero como puede ser ésto? ¿No fueron los místicos, los que nos advirtieron sobre las abrasadoras llamas de los deseos? ¿No son los gnósticos, los que nos señalan la ausencia de deseo, los que intentan despertarla en nosotros?

 

¿No hemos hablado también nosotros anteriormente sobre el estar libre del torbellino del deseo?

 

¿Y ahora qué? ¿Nos van a hablar ahora los hermanos de la Rosacruz de una dádiva de Cristo, que a través de las jerarquías de Marte nos sumerge en el mar rojo, que separa continentes?

 

Si, pero el nuevo conocimiento esotérico ha descubierto aquí la verdad en medio de estos aparentes opuestos, la verdad liberadora, que puede despertar la bondad y la justicia en este mundo.

 

Con el oro rojo del deseo podemos comprar la entrada a este camino. Es científicamente seguro, que la fuerza del deseo está inextingiblemente anclada en el hombre. Todos nosotros estamos inflamados desde el principio de los tiempos en un deseo desenfrenado, no para perecer en este ardiente deseo, sino para poder triunfar finalmente con este oro.

 

En tiempos inmemorables, los hierofantes de Cristo nos sumergieron en el nadir por medio del deseo. Y cuanto más profundo en el nadir, más violenta es su garra y su fuerza absorbente.

 

El deseo es la fermentación férrea y dura como el acero en nuestra sangre, la energía dinámica, la dádiva divina, con cuya ayuda, sin parar, somos azotados, inquietados, impulsados a avanzar hacia una nueva aurora.

 

Es la fuerza con la que nosotros intentamos afirmarnos, para dejar triunfar a nuestro yo. Pero nosotros descubrimos, que esta fuerza se extiende más allá de nuestra conciencia del yo y que rompe nuestra autoafirmación. Los muros que erigimos a nuestro alrededor se derrumban y nuestros seres queridos mueren y nuestra posesión material es atacada constantemente.

 

El deseo despierta en nosotros un hambre, que no puede ser saciada, aunque nadásemos en millones.

 

Por el deseo nos buscamos dificultades y trabas, lo buscamos en las cosas materiales. Y en nuestra locura, caemos en el fango del pecado. Pero tampoco allí se puede saciar el hambre del deseo inferior, hasta que descubrimos la intención de este impulso divino. Tiene el objetivo de conducirnos con toda nuestra fuerza, llevados por la dinámica de nuestro deseo de salvación, a la decisión de buscar la patria prometida.

 

Entonces, en cuanto huimos de las cosas en las que buscábamos ahogar nuestro deseo, las llamas rojas se apartan para dejarnos pasar. Entramos en el desierto de un nuevo continente, donde nos espera una nueva lucha, marcada a fuego en nosotros de nuevo por los hierofantes de Cristo como un proceso natural.

 

Aparte del oro de la conciencia del yo, el deseo, hay que desenterrar ahora el oro del alma de la arena del desierto de este mundo.

 

Y en el nuevo país escuchamos, en la sinfonía eterna entre luz y oscuridad, «de nuevo el mismo cantar de cosas pasadas hace siglos»: el oro del yo nos empuja ahora a una autonegación consciente, para que se despierte el oro del alma.

 

La nueva fuerza de Cristo, que nos inquieta, nos empuja constantemente contra la roca de nuestra autoafirmación y en gran dolor caminamos por el desierto los simbólicos 40 años.

 

En las retortas y crisoles del propio laboratorio interior empieza a desprenderse ahora el oro del alma, el oro del verdadero amor humano, del amor al prójimo, de la misericordia.

 

Pero al igual que la lucha contra los deseos inferiores hace despertar otro deseo a través de fuerzas atormentadoras, así también el oro de la misericordia aumentará nuestro dolor.

 

En la medida en que se encuentre en nosotros el deseo de salvación y se desarrolle el amor al prójimo, la autoafirmación abrirá abismos en el propio ser, en el hombre y en la sociedad, ante los que retorcemos nuestras manos llenos de desesperación.

 

Y nosotros intentamos tender puentes y cerrar compromisos e intentamos embriagarnos con el arte, la ciencia y la

religión; buscamos una refinada belleza del alma.

 

Creamos bellas canciones y las esparcimos en el desierto.

 

Cantamos y pronunciamos cánticos llenos de ritmo arrollador.

 

Sabemos conmovernos mutuamente con nuestras predicaciones y nuestro romanticismo.

 

Pero nosotros somos los más grandes simuladores.

 

Nosotros queremos neutralizar el impulso divino por medio de la falsedad.

 

Y envolvemos nuestras fuerzas del alma alrededor del cadáver de nuestra cultura en el desierto de este mundo. En los muros de nuestra noche pegamos textos de la Biblia y soluciones humanitarias.

 

Pero con ésto, usted no pueden hacer desaparecer su dolor.

 

Y quedan las llamas profundamente rojas de su deseo y la asfixiante aprehensión de sus almas.

 

 

Por ello aquí hay que dar un tercer paso en el camino, para que se abra paso el oro del espíritu.

 

El paso del cumplimiento.

 

Pero los hombres, que quieren dar este paso, deben hacerlo en una profunda seriedad y con gran fuerza.

 

Por eso alguien, con quien nos sentimos muy unidos, dijo: aquí se requieren héroes y heroínas.

 

Solamente aquí uno se vuelve verdaderamente un cristiano, esto significa, que se vivencian verdaderamente las exigencias del cristianismo. Aquí uno vierte su deseo y su fuerza de alma en la fuerza del Espíritu Santo. Aquí se permite al destino humano desembocar en veracidad. Aquí uno se vuelve un constructor, un constructor libre.

 

Aquí ya no hay más búsqueda y ningún obstinado experimentar, sino una refinada sintonización hacia la exigencia de aquello, que es el alma de todo.

 

Aquí se encuentra el alquimista, el mago, que, estando inclinado sobre sus retortas mágicas, extrae de ello en absoluta autonegación el oro puro del espíritu, para una creación completamente nueva.

 

 

Aquí ven ustedes el misterio de la triple fabricación de oro a lo largo de los siglos, invariablemente igual a si misma.

 

El oro triple se indica de esta manera, porque esta trinidad se exime del eterno corazón solar de Jesús, del factor intermediario entre el plan de Dios y la creación según el Espíritu Santo.

 

Esta fuerza de Dios para la bienaventuranza se nos acerca, primero a través de las jerarquías de Marte, para que por la aprehensión del deseo se despierte el deseo de salvación, y para desarrollar este deseo de salvación y dejar que se refleje en él la exigencia de Dios, se coloca en el Antiguo Testamento junto a esta dádiva divina, la ley, que dice con respecto a lo inferior: ¡No codiciarás!

 

Después de ésto, los Señores de Venus nos entregan el impulso de Cristo: el factor mediador mismo desciende a nuestro núcleo como uno de los nuestros, para que, caminando en su luz, desarrollemos nosotros mismos el segundo oro, el oro del alma.

 

Pero ahora que existe la actividad motora del deseo y el oro inmaterial del alma nos ha sido dado, en forma de una nueva dádiva, como posibilidad de triunfar en Cristo sobre la muerte y la vida, ahora vienen las jerarquías de Urano como tercer impulso de Cristo, para incitarnos hacia la decisión personal de utilizar las dádivas, que hemos recibido en las llenas retortas de nuestro ser más profundo, para una nueva creación, para un nuevo nacimiento, que cubre todos los lugares de la materia y del espíritu.

 

 

Coloque ahora junto a ésto el lamento de la Fama Fraternitatis, qué el intento de los hermanos de la Rosacruz por enseñar a todos el método de Cristo, de forma mágica, es interpretado y utilizado por el vulgo (pueblo), para obtener una ganancia inferior y que, bajo la máscara de la Rosacruz, «muchos poseídos, depravados, maduros para la horca, cometen grandes canalladas con ésto y abusan de la curiosidad y de la credulidad de muchos.»

 

Coloque ahora, junto a la magia triple de la Fraternidad de la Rosacruz, el intento de una incontable multitud de abusar de la magia santa para una infinidad de cosas, para satisfacer la curiosidad, para enriquecerse a si mismos o para que les sirva como sustento, dado que nadie quiere aceptar el reto de las llameantes palabras: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura.»

 

Si, debe resonar un «¡a las armas!», pues los gusanos roen sin cesar en la semilla de oro; a las armas para guardar la pureza de nuestros motivos, al servicio de los Hermanos Antiguos de la Rosacruz.

 

Por todo esto nosotros decimos, siguiendo las palabras de la Fama, con nuestro querido Padre C.R.C.: «Fuera con todo oro, si no es el oro ilimitado»; pero él siente alegría por ver los cielos abiertos y subir y bajar a los ángeles de Dios y porque su nombre está inscrito e el Libro de la Vida.

 

Y presten atención a las palabras de la Epístola de los Corintios:

 

«Se siembra en corruptibilidad,

se resucita en incorruptibilidad;

se siembra en deshonor,

se resucita en magnificencia;

se siembra en flaqueza,

se resucita en fuerza;

se siembra un cuerpo del alma, en la manifestación

personal de Cristo,

se resucita un cuerpo espiritual.»

«Lo mismo que existe un cuerpo del alma,

así existe también un cuerpo del espíritu.»

 

 

Y en este sentido también está escrito:

 

«El primer hombre Adán devino en un ser del alma viviente, y así el último Adán será un ser del espíritu creador de vida» … por medio de la triple fabricación de oro.

 

Quien tenga oídos para oír, oiga.

 

Nosotros esperamos y rogamos para que usted llegue a comprender este lenguaje.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«También declaramos que bajo el nombre de «alquimia» aparecen libros y dibujos que son un insulto para la gloria de Dios. Nosotros los nombraremos en su momento y les daremos un resumen a los puros de corazón. Rogamos a todos los ilustrados que estén cuidadosamente atentos ante libros de esta índole, pues el enemigo nunca deja de sembrar su maleza, hasta que alguien que sea más fuerte que él lo impida.»

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXXIV

 

El index prohibido

 

 

En este mundo se lleva a cabo una inmensa lucha, una contienda entre los poderes del bien y los del mal, una contienda entre dos desarrollos de conciencia: la conciencia de Saturno en concordancia con el plan de Dios, un estado de conciencia que nace en el deseo de salvación, en Cristo, y la conciencia de Saturno, que nació del rechazo del plan divino, del satanismo que comienza y se va imponiendo.

 

El hombre actual es una mezcla de estos dos estados de conciencia; el intenso conflicto fuera de nosotros también se desencadena con furia en nuestro propio ser.

 

La energía dinámica, la base de toda actividad autocreadora del espíritu humano, la fuerza majestuosa, que nos fue entregada en nuestro sistema de desarrollo por los hierofantes de Cristo, desarrolla la conciencia humana por su interacción con la forma, que nosotros habitamos, verificando así las palabras de Cristo: «Yo he venido para una caída o para una resurrección de muchos.»

 

Para comprender el devenir de las cosas debemos tener en cuenta, que todas las manifestaciones en este mundo provienen de una sola fuerza. Tanto la conciencia de Dios en sus inicios como el satanismo proceden de la misma fuente. El Agua Viva, nacida del manantial de todas las cosas, puede usarla el hombre de dos formas en virtud del libre plan de desarrollo, que sirve como base para la ola de vida humana, o bien para una caída o para una resurrección.

 

Este es el orden natural, que se demuestra en todos los lugares de la materia y del espíritu. Con la lengua se puede alabar y ensalzar a Dios, y con el mismo órgano se le puede maldecir. Yo puedo emitir mediante la laringe sonidos articulados, palabras de compasión y de amor, pero también palabras llenas de fogoso y destelleante odio.

 

Yo puedo ayudar con la mano y ejecutar las exigencias de Dios; y con la misma mano puedo actuar desastrosamente y determinar la dirección de una bomba.

 

Si usted lo quiere percibir, observará, que con cada órgano puede realizar o apoyar obras honestas y deshonestas, empujado por el impulso del dinámico deseo.

 

El resultado de ambos actos, que emanan de esta misma fuente, es sin embargo completamente diferente.

 

Las dos acciones tienen como consecuencia una ampliación de la conciencia, aportan abundante experiencia; pero el hombre que elige la parte buena, crece en dirección hacia la luz; aquellos que eligen la parte mala, crecen en dirección hacia la oscuridad.

 

Tanto en el pasado como en el presente hemos elegido incontables veces la parte mala y por eso nuestra manifestación actual es un juego dramático entre la luz y la oscuridad, con mucha oscuridad y muy poca luz.

 

 

Alumnos, que sean lo suficientemente hábiles en filosofía, encontrarán sin lugar a dudas una laguna en esta argumentación.

 

Pues tiene que haber una causa, por la que yo en lugar del bien elijo el mal o lo elegí antaño y ahora mi conciencia está perturbada como consecuencia de ello.

 

¿Es posible averiguar esta primera causa?

 

Por supuesto que si, esta primera causa puede ser reconocida en la esencia y en las cualidades del mundo material, en el que se realiza actualmente nuestro peregrinaje.

 

Este orden mundial del nadir sólo puede mantenerse por medio del ser de la muerte, lo que se demuestra, entre otras cosas, por el hecho, de que un reino natural sólo puede mantenerse a sí mismo matando y devorando al otro.

 

El día en que penetramos en el nadir de la materialidad por la caída, tuvimos que padecer la muerte para poder desarrollar la conciencia del yo.

 

Y al respecto, la Fama Fraternitatis comenta, que a Adán – es decir la humanidad – le fueron dadas en su caída enseñanzas universales, para que al tratar con ellas, llegara a saber cómo y de qué forma tenía que realizar su peregrinaje en el país de la muerte y cómo poder vencer lo antes posible al ser de la muerte.

 

Pero el hombre sólo puede aplicar estas enseñanzas, esta sabiduría universal, cuando ha reunido suficiente experiencia, cuando ha alcanzado suficiente madurez de vida. Y así descubrimos  aquí un gran peligro.

 

En la fase experimental, el hombre construye una conciencia que se aparta de Dios siguiendo el camino de la menor resistencia y bajo la presión de su naturaleza autoafirmativa; el satanismo ya se desarrolla en él muy fuertemente, antes de que él mismo lo descubra.

 

¿Existe también una laguna en esta argumentación?

 

Por supuesto.

 

El hombre peca muchas, muchísimas veces, antes de comprender que peca. El elige la oscuridad a veces con las mejores intenciones. ¿Es lógico, es decir, está en armonía con la perfección del Logos, que un hombre sea sacrificado antes de ser consciente de ser una víctima?

 

¿Es ésto amor divino? ¿Orden de Dios? ¿No descubren aquí un estado que el plan divino no ha previsto, un punto negro en la perfección divina?

 

¡No juzguen tan deprisa!

 

Pues en el momento en el que las consecuencias de estos peligros amenazaron tan seriamente el libre desarrollo del mundo y de la humanidad, de tal forma que se podía hablar de un final, Dios mismo vino a la humanidad.

 

El camino a través del nadir, tan horriblemente temido, se convirtió por la caída en una necesidad, pero en la mayor aflicción, Dios mismo vino a la humanidad. Y nosotros hablamos en el lenguaje del Libro Sagrado: «Tanto amó Dios al mundo, que  entregó a Su Hijo Unigénito, para que quien crea en El, el que siga caminando en Su fuerza, no se pierda, sino que obtenga la vida eterna.

 

Y este Santo de Dios, esta fuerza de fuerza, expresa sobre ustedes que pecan en ignorancia, el mantram liberador: «Padre, perdónales, pues no saben lo que hacen.»

 

 

De esta forma les hemos querido mostrar con una argumentación filosófica, que usted han alcanzado una situación de vida, una crisis estructural y espiritual, en la que, si quiere entrar en el camino de la conservación, no puede caminar ni un paso, ni un sólo milímetro sin Cristo, quien inflama nuestro orden natural con su orden espiritual para salvarnos; y que las palabras que El dijo: «Sin mí nada podéis» son esotérico-científicamente absolutamente correctas.

 

Les hemos querido indicar de nuevo, por qué los Rosacruces eligen la cruz de Cristo como la única solución posible para el dolor más profundo de la humanidad, para que las rosas del cumplimiento definitivo puedan algún día finalmente florecer.

 

Este Cristo se coloca en el camino de cada criatura humana y llama: «Venid todos hacia mí, vosotros que estáis afligidos y cargados, yo os daré la calma»; afligidos por nuestra lucha en contra del satanismo y cargados con el satanismo, crecido en nosotros a lo largo de los tiempos, nuestra naturaleza inferior de los deseos.

 

Si fuésemos teólogos, seguiriamos tratando este texto por unos momentos con expresiones desfasadas, pero a la luz de la Rosacruz no nos dejaremos mutuamente marchar, antes de haberles unido con su misión. Cristo quiere ser para nosotros un salvador del callejón sin salida de las tensiones creadas en nuestro orden de emergencia; pero a pesar de todo tendremos que cumplir la misión de Dios en este mundo, por medio de la fuerza de cabezas, corazones y manos, en bondad, verdad y justicia.

 

Cristo no nos salva de nuestra misión sin cumplir, de la realidad destrozada. El nos salva para el cumplimiento de esta misión, para la reconstrucción de la realidad destrozada y ésto a través de la liberación de las fuerzas divinas latentes en nosotros.

 

Esta interpretación es posiblemente la diferencia más significativa entre la Gnosis de los Rosacruces y la teología ortodoxa.

 

Por eso queremos unirle ahora con estas palabras de la Gnosis:

 

«También declaramos que bajo el nombre de «alquimia» aparecen libros y dibujos que son un insulto para la gloria de Dios. Nosotros los nombraremos en su momento y les daremos un resumen a los puros de corazón. Rogamos a todos los ilustrados que estén cuidadosamente atentos ante libros de esta índole, pues el enemigo nunca deja de sembrar su maleza, hasta que alguien que sea más fuerte que él lo impida.»

 

 

 

En este mundo se está llevando a cabo una inmensa lucha, una contienda entre los poderes del bien y los del mal.

 

Cuando el hombre vuelve a encontrarse en este mundo como entidad creadora consciente, se sabe en posesión de la ya mencionada energía dinámica y de la enseñanza universal, que se le manifestó en completa concordancia con su nivel de desarrollo en una multitud de formas.

 

El hombre siguió el camino de la experiencia en medio de la muerte y en relación con lo todavía no experimentado se desarrolló por la actividad de lo terrenal, la conciencia apartada de Dios, el satanismo.

 

Este hombre está ahora capacitado, en cuanto se vuelva consciente de la miseria de esta forma inferior, de renacer en Cristo hacia su verdadera misión humana.

 

Pero usted también puede rechazar esta mano salvadora de Dios, porque no quiere aceptar la exigencia del cristianismo, la exigencia de la autonegación; porque ve la reforma de vida, que será la consecuencia de la realización en Cristo, como una antítesis en relación con su camino por el nadir, negándose así a realizar el sacrificio, por medio del cual pueden escalar la montaña de la purificación.

 

Si usted pertenece a este tipo de hombre, entonces le podemos predecir su futuro:

 

 

Cristo, que quiere su resurrección, se convierte entonces en una fuerza, que se manifiesta en la naturaleza para su caída.

 

La energía dinámica, la voz del devenir, en interacción con la composición de sus portadores, que ustedes habitan, fortifica de día en día su conciencia apartada de Dios.

 

Deben tener en cuenta, que tal conciencia crece con mucha más rapidez que la conciencia del hombre que busca la liberación en Dios.

 

Y así podrán comprobar, que su conciencia satánica se vuelve mucho más fuerte que la conciencia de otras personas.

 

Con gran rapidez obtendrán gran poder sobre muchos por sus gestos, por su mirada, sus palabras, por su gran capacidad intelectual.

 

Su amplia conciencia les pone en contacto, por ley natural, con fuerzas ocultas en la naturaleza y usted entra en contacto con hombres, que le han precedido en este camino. Cuando han alcanzado este punto, se les coloca por última vez ante la elección: regresar o seguir por el camino emprendido.

 

Si usted quiere proseguir, entonces es acogido en las filas de los hermanos negros y el regreso ya no es posible.

 

Su conciencia apartada de Dios es arrancada desde ese instante del plan de Dios. Y esta horrible caída sólo puede tener una única solución: destrucción definitiva, ser arrojado a la más extrema oscuridad.

 

 

Y este es el conflicto.

 

Es la lucha de estas fuerzas que atentan contra el plan de Dios, pues, al conocer su hundimiento, se encuentran en una desesperada lucha contra las fuerzas que poseen la conciencia de Dios.

 

No es una lucha directa, pues en un enfrentamiento directo, el combate se decidiría inmediatamente a favor de los Hermanos de la Luz.

 

No, este combate es una lucha muy complicada y vertiginosa por conseguir un grande y pesado botín, a saber, por la masa, el hombre como animal de rebaño.

 

Las fuerzas oscuras luchan a vida o muerte, invirtiendo todos sus poderes para la autoconservación; y esta autoconservación depende del poder sobre la masa, de la necedad de la masa, del desarrollo cohibido de la masa, de la autodestrucción del libre individuo en desarrollo.

 

El mal en usted sólo puede afirmarse, si le dan cobijo, si le dejan entrar. Si lo destierra o lo expulsa en Cristo, el reino oscuro en usted ha acabado.

 

Así pueden comprender, que el mal en este mundo, que el reino negro puede mantenerse si encuentra cobijo en este mundo, en esta sociedad, y si este cobijo no se le ofrece de forma voluntaria, lo tomará a través de manifestaciones de fuerza autoritarias y totalitarias:

 

¡a través de la represión! ¡a través de la esclavitud!

 

Pero estas expresiones son sólo expresiones burdas, nacidas del miedo, nacidas de la autoconservación de lo negro maldito.

 

La lucha que se lleva a cabo es extremadamente refinada, por el empleo de un intelecto muy altamente desarrollado. El espíritu humano en manifestación es conducido al laberinto de las cosas, atado a la diversidad de ideas, por medio de la esclavizada ciencia materialista, por el arte degenerado, con la ayuda de la religiosidad de nuestros días que maldice el devenir en Dios.

 

Nosotros declaramos, que bajo una infinidad de nombres químicos, es decir, de pretendidas calificaciones regeneradoras, se encuentran infinidad de engaños en los sectores del arte, la ciencia y la religión, que se colocan en primer plano, porfiando la magnificencia de Dios, en beneficio del grupo del orden sombrío que se retuerce en un miedo infernal.

 

Y la Joven Fraternidad Gnóstica, que se ha colocado al servicio de Jesucristo, no puede seguir los mismos métodos. No tiene ningún sentido obligarle a usted a tomar su lugar en los ejércitos de la luz. Las fuerzas de la luz no pueden actuar de forma autoritaria, ni siquiera si se lo pidiésemos en nuestra nostalgia. Los rayos de luz no pueden iluminar el cielo, si el sol mismo no ha aparecido sobre el horizonte.

 

 

Por ello nos dirigimos ahora con una urgente llamada a lo elevado en usted, a lo realizado en usted por Cristo, para reunirle en nuestras filas al servicio de la bondad, verdad y justicia.

 

Nosotros sólo podemos vencer por medio de la luz, con el método de la luz. Y el hombre que se decida por este camino, será muy bien instruído como alumno, para poder demostrar en su momento su acto de la forma correcta.

 

Al alumno de corazón puro le es revelado por completo «el índice prohibido», el muy inmoral y negro método del maldito negro, para que después, como un apóstol llamado pueda atacar con nosotros al enemigo y exterminar la maleza.

 

Rogamos a todos los instruídos por el amor de Dios, que estén cuidadosamente atentos ante esta clase de libros, ante esta clase de maleza, pues el enemigo nunca descansa.

 

Nosotros les llamamos al trabajo de cabezas, corazones y manos, unidos con el Señor del Amor, hacia una llameante señal en este oscuro mundo.

 

La faz de aquello, que algún día vencerá, nosotros la hemos visto en éxtasis: Es su faz en una manifestación divinizada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora solicitamos -según la intención de nuestro Padre C.R.C.- nosotros, sus hermanos, por segunda vez a todos los ilustrados en Europa, que cuando lean ésta nuestra Fama (que hemos publicado en cinco idiomas) y también la Confessio en latín, reflexionen con espíritu precavido sobre nuestra oferta, examinen sus artes de la forma más cuidadosa y exacta posible, observen el tiempo presente con mucho afán y nos comuniquen sus pensamientos por escrito o impreso, bien después de una común resolución o cada uno por sí mismo. Pues, aunque ni nosotros ni nuestra comunidad fijamos el tiempo para ello, recibiremos con toda seguridad el juicio de cada uno (en cualquier idioma).

 

                Además, quien nos dé a conocer su nombre, puede estar completamente seguro que tomará contacto con alguno de nosotros, bien sea verbalmente, o si tiene algo que objetar, por escrito.

 

 

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

XXXV

 

El encuentro con los Hermanos Mayores de la Rosacruz

 

 

 

Los hierofantes de los misterios de la Rosacruz hablan a los alumnos de una forma muy impersonal en cinco idiomas. Toda su sabiduría, toda su dinámica voluntad, toda su actividad está determinada en estos idiomas. El alumno es estimulado a ejercer esta ciencia de las lenguas, y con el fin de indicarles las condiciones elementales para ello, la Fama Fraternitatis de la Rosacruz ha instalado su morada entre nosotros.

 

El primer lenguaje que hablan los hierofantes de los misterios de occidente es el lenguaje de Jesucristo, nuestro Señor.

 

Las características de este lenguaje no se nos muestran en los desgastados caminos de la teología actual y tampoco existe ninguna editorial esotérica (Traktakgesellschaft), pues las bellas imágenes de este lenguaje sólo pueden ser leídas y comprendidas por los instruidos en Dios, los instruidos-por-Dios.

 

Este primer lenguaje es muy vivo y de importancia primordial.

 

Aquí no se reúnen términos incongruentes y locas ideas para componer frases, sino que aquí se trata de una gran magia, que brilla en una resplandeciente belleza. Leer este lenguaje, poder leerlo, significa vivirlo, percibir su magia.

 

Usted no puede pasar de largo ante este lenguaje; usted tiene que aprenderlo.

 

Existen muchos, muchísimos, a los que les parece demasiado difícil, tan difícil de comprender. La gramática es tan complicada, tan refinadamente difícil. Las exigencias lingüísticas son tan forzadas y tan antinaturales.

 

¿No es una de estas exigencias: «¡Quien ama a su padre y a su madre más que a mí, no es digno de mí!» ? ¿No dice otra regla: «¡Id, vended todo lo que poseáis y seguidme!» o : «¡Realizad vuestra propia bienaventuranza en temor y temblor!»?

 

¿Quien puede aprender ahora este lenguaje? ¿Quien sería tan insensato de introducirles en la creativa utilización del lenguaje?

 

¿Pero ésto no puede ser así según el desarrollo de las cosas, con las que estamos tan familiarizados?

 

Y por ello se ha creado para nosotros, para usted y para mí, un idioma auxiliar con muchas facilidades y muchas simplificaciones. Se han cerrado muchos compromisos y la esencia del lenguaje se ha falseado por ello irremediablemente, la belleza del lenguaje se ha vuelto una caricatura.

Pero nadie puede pasar de largo ante este primer lenguaje, el lenguaje de Jesucristo.

 

Muchos buscadores lo han intentado e incontables son los que pretenden hacerlo. Pero en vano, todos ellos hurgarán en el caos de los valores inferiores, inquietados por la sinfonía infernal del satanismo.

 

Hasta que el alumno, el pionero, esté dispuesto a estudiar las letras del maravilloso lenguaje de Cristo con todas las consecuencias resultantes de ello.

 

Entonces él es conducido al segundo lenguaje de los hierofantes de Cristo. El entra aquí en una fase más elevada del camino.

 

Mientras que, en primera instancia, se había colocado ante la inmensa exigencia del Evangelio, con la completa disposición a aceptar esta exigencia, sin importar a donde le condujera el camino, ahora es conducido a las salas de la capacidad creadora. Cuando los últimos días de nuestra autoafirmación primaria tocan a su fin y nosotros corremos hacia Cristo con un suspiro, se vierte sobre nosotros el Espíritu de Dios, y nosotros, según las palabras de los Hechos de los Apóstoles, como hombres jóvenes, renovados según el espíritu, tendremos visiones, visiones de nuevas posibilidades, de nuevas manifestaciones, de auténtica vida humana, libres de la fuerza de los sentidos inferiores, desprendidos hacia un nuevo orden mundial. Nosotros somos inflamados por un nuevo idealismo, del que hablamos y atestiguamos, en ocasiones rompiendo y atacando, como un rayo de fuego, lo impuro y decaído en nuestros prójimos para regenerarlos en portadores de antorcha.

 

Pero pronto esta juvenil efervescencia y este chispear se transforma en el alumno en una madurez y serenidad de la edad, en una madurez de la reflexión, y él es conducido al tercer lenguaje de la Rosacruz.

 

El soñará sueños, como es propio en las personas mayores. Las filas coloridas del idealismo, contempladas en arrobamiento de los sentidos, son ahora examinadas y pesadas en concordancia con las exigencias primarias del Evangelio. Aquí se trata de un proceso alquímico. Aquí se desarrolla el sueño del cumplimiento, creado, reflexionado y sentido hasta en el más mínimo detalle.

 

Nosotros percibimos en los ojos de los hermanos y hermanas, que han alcanzado este desarrollo, una profunda luz, una maravillosa claridad, una nostalgia muy fuerte. Pues sus ojos han contemplado el misterio, que ellos mismos han reconstruido según las indicaciones de los hierofantes.

 

Ellos no le pueden decir lo que han visto en sus sueños de vigilia.

 

No pueden cantarle sobre ello, ni pueden componerle versos. Usted no lo comprendería.

 

 

Ustedes debe construir, deben volverse constructores libres,  ustedes tienen que presentar su lenguaje de los sueños como construcción, por la dinámica de sus cabezas, corazones y manos.

 

Y este es ahora el cuarto lenguaje del alumno Rosacruz.

 

La dinámica de la construcción, el esculpir los flamígeros y llameantes caracteres del Evangelio por medio de actos, capacitados para ello por El, que es por toda la eternidad.

 

Pues mirad, así se eleva entonces el quinto escalón en el camino del pentagrama. El Templo Blanco irradia y brilla como un atrio de todo lo que fue, lo que es y lo que será un día,

 

ya no más como una exigencia evangélica, que viene para inquietarnos,

 

ya no más como un ideal, encendido como un reclamo luminoso,

 

ya no más como una visión consumada de un alumno sumergido en la contemplación,

 

ya no más como una construcción en devenir, de un constructor que maneja su herramienta con énfasis en el puesto de trabajo de este mundo, sino la maravillosa prueba del objeto acabado.

 

 

¡El Templo Blanco! ¿Qué es ésto?

 

Ay, resulta difícil escribir sobre ello. ¿Es el alcanzar el Templo Blanco o su construcción una satisfacción personal para el buscador que ha encontrado, o se trata de un ser relevado de la realidad infernal de la muerte?

 

No, el Templo Blanco es una fuerza, construida, desarrollada por los hierofantes de los misterios de Cristo, capacitados para ello por el amor de Dios.

 

Y cada alumno, que se abre paso de la forma que les hemos descrito hacia esta fuerza, la fortalece, la vuelve más dinámica y mágica. Y cuanto más alumnos fortifiquen esta fuerza, tanto más se sumerge en los lugares de la muerte, cada vez más profundamente, más luminosa, hasta en los reinos del infierno, para destruir lo impuro.

 

El Templo Blanco está construido con la argamasa del amor; y sus piedras son de material vivo, creadas en sacrificio de sí mismo y autonegación por manos humanas, cabezas humanas y corazones humanos, que han descubierto, que pueden todas las cosas en Cristo, que les da fuerza.

 

De esta fuerza del templo se testifica, que según la medida de su volumen y de su posibilidad «deberá acortar el sufrimiento de este tiempo actual», pues donde aparece la luz, la oscuridad tiene que huir.

 

Esta es la intención esencial de la magia de la Rosacruz, a la que les invitamos muy cordialmente a través de estas palabras.

 

Pues bien, si desea meditar cuidadosamente esta oferta, esta invitación, y quiere indagar e investigar con mucha precisión todo arte mágico, que esta unido a ello, percibirá la profundidad y el éxtasis de este gran trabajo.

 

Y percibir algo de este trabajo significa desear ser un colaborador, un co-realizador de la gran obra.

 

Por eso parte de la Fama Fraternitatis una llamada hacia todos los instruidos-por-Dios, para entusiasmarles por este trabajo, y para que por medio de una prueba visible de la capacidad de trabajo, den a conocer su opinión, bien por un trabajo comunitario, o bien de forma impresa.

 

Pues sólo por el esfuerzo práctico al servicio de la gran obra es posible penetrar hacia una experiencia personal, hacia un encuentro personal con los hierofantes de la Rosacruz.

 

Ellos nos dicen en la Fama:

 

 

» Pues aunque ni nosotros ni nuestra comunidad fijamos el tiempo para ello, recibiremos con toda seguridad el juicio de cada uno (en cualquier idioma).

 

Además, quien nos dé a conocer su nombre, puede estar completamente seguro que tomará contacto con alguno de nosotros, bien sea verbalmente, o si tiene algo que objetar, por escrito.»

 

 

De este comunicado extraemos los siguientes aspectos:

 

 

1. El valor esencial de cada uno será reconocido completamente

por los hermanos de la Rosacruz;

 

2. este valor esencial, a saber, nuestro principio racional-

moral, de cuya fuerza vivimos, es condición para entrar en

contacto con ellos;

 

3. esta unión puede ser verbal, cara a cara,

 

4. o por escrito.

 

 

Ahora vamos a dedicarnos a desglosar estos cuatro aspectos.

 

El discípulo de la Rosacruz sabe que los hierofantes de los misterios se envuelven en un anonimato absoluto. Todo engaño del yo está excluido desde el principio. Los principios del cristianismo, es decir, el sacrificio de sí mismo y la autonegación exigen un completo abandono del yo, la entrega absoluta de una afirmación de la personalidad: «Quien quiera perder su vida por Mi», dice Cristo, «la conservará.»

 

Una conciencia de sí mismo completamente nueva aparece entonces en el lugar de la antigua; una conciencia de sí mismo que no tiene que prevalecer en medio de la muerte, que no necesita luchar por un lugar bajo el sol, sino que es una conciencia de sí mismo que ha vencido, que ha renacido en el Espíritu Santo y que es claramente consciente de su misión creativa, y ésto en todos los lugares de la materia y del espíritu; una conciencia que no viene para tomar, sino para levantar a todos los que han caído y para conservar lo que está perdido.

 

Pero comprendanlo bien: este anonimato no es coquetería, nunca es una autoelevación espiritual, sino que es algo evidente.

 

Las personas dan a conocer su nombre, para conocerse mutuamente, para poder trabajar juntos en un orden normal de la sociedad.

 

Pero aquellos que poseen la conciencia de sí mismos renovada en Cristo dan a conocer su fuerza, su amor, su entendimiento. Y ellos saben demasiado bien, que esta fuerza sería dañada y que no sería admitida, si pudiese ser relacionada con un hombre determinado del mundo de las apariencias.

 

Además el satanismo mancharía muy rápidamente a tal hombre conocido con las más negras calumnias.

 

El anonimato no es, por consiguiente, una extremada humildad, sino un método, para poder trabajar de la forma correcta.

 

Cuando en alguna etapa del trabajo hay que prescindir del anonimato, el trabajador de la Rosacruz se encuentra con resistencias duplicadas.

 

Por este motivo él debe seguir los caminos de la resistencia mínima.

 

Nosotros una vez publicamos algunas pequeñas obras bajo un seudónimo. Y ahora sabemos, que muchos de los que nos odian (un alumno de la Rosacruz es odiado mucho por desgracia), al no conocer al autor, leen y vuelven a leer nuestras obras literarias con mucho gusto y las pasan a otros. Así superamos su odio por nuestro amor impersonal.

 

Si entienden algo de magia, saben lo que ésto significa.

 

 

Por eso los hierofantes no dan a conocer su nombre, aunque sí visitan las reuniones de los hombres.

 

No se inquieten: por el cumplimiento de este método, se reconoce, sin embargo, la unidad en la pluralidad.

 

Cada alumno se da a conocer por su valor esencial, por su principio racional-moral del alma. Lo semejante siempre atrae a lo semejante, y entonces se crea una unión inmediata y entrañable con los hierofantes, cuando este valor esencial se ha desarrollado hasta una intensidad suficiente.

 

¿Como es reconocido este valor esencial espiritual, esta unidad en la pluralidad?

 

¡Por la luz! Igual que reconocemos a Dios y Su magnificencia en todos los campos de la materia y del espíritu por la luz, así también el hombre será reconocido por la luz que ha desarrollado en su universo microcósmico. Su calidad de alma que ha tomado cuerpo emite un color, un sonido, que al ser de multidimensional, contiene en sí todos los factores para ser reconocido.

 

En este contexto deben tener en cuenta, que el alumno, que se ha abierto paso hacia este estado de vida, encuentra su mayor felicidad en su trabajo. El ser reconocido por el hierofante no es para él un deseo primario, y menos aún, porque como entidad autocreadora, como perfecto principio de Dios, él no puede ser detenido en su trabajo. Al igual que Dios, que es la luz misma, ordena y está hecho, así el alumno que está inflamado en esta luz de Dios, puede realizar su trabajo independientemente de cualquier hierofante. El valor del encuentro con los Hermanos Mayores tiene otras causas completamente diferentes, como podremos ver.

 

El alumno adquiere entonces también una gran calma. El ya no tiene ningún deseo que le inquieta y le empuja al discernimiento, pues él sostiene la magia del discernimiento en sus propias manos. El sabe que todo depende del devenir del principio del alma racional-moral en él. Pero ésto no lo regala nadie, sino que debe ser desarrollado en el propio ser. Todos los hombres que persiguen de esta forma el reconocimiento de su grandeza, deberían reflexionar sobre ello.

 

El óbolo (¿¿Scherflein??) de la viuda tuvo como acto un significado infinitamente grande, pero no exigía ningún reconocimiento. Ella se avergonzaba entre todos los pretendidos grandes; pero el Cristo la descubrió en su tan honesta candidez.

 

 

Y así, en el momento psicológico correcto, acontece el contacto con los hierofantes de los misterios.

 

¿Esto que es? ¿Un experimento oculto y horrendo, con guardianes en el umbral y ejercicios respiratorios?

 

Es lo que el Catecismo de Heidelberg, los místicos y los gnósticos denominaban la «Comunidad de los Santos»; el contacto diario ininterrumpido con los santificados en la Vida y por la Vida, la unión diaria con la fuerza del Templo Blanco.

 

Y todos los que viven en esta Comunidad de los Santos nos hablan del gran éxtasis de ser elevados a la «Comunidad de los Santos.»

 

Es como la eternidad en el tiempo, saberse conscientemente en unidad con todas estas rosas blancas, que son nutridas en la sangre del corazón de Jesucristo.

Es la gran alianza fraternal de los servidores de Dios, que sólo piden, como única condición para la afiliación, el mencionado valor esencial, que se ha desplegado en el trabajo de la bondad, verdad y justicia.

 

¿Puede usted imaginarse la inexpresable alegría de aquellos, que pueden pasar por primera vez por la puerta de cristal de esta comunidad de Dios?

 

Esta unión con los hierofantes se realiza verbalmente, o por escrito si existiera algún impedimento.

 

Existen dos expresiones y desarrollos del conocimiento de primera mano, que aquí en la Fama son denominados la verbal o la escrita, en caso de que existiera algún impedimento.

 

La unión verbal guarda relación con el conocimiento personal, la capacidad esotérica de percepción espiritual-orgánica; la unión por escrito se refiere al encuentro con el hierofante a través del fuego espiritual espinal.

 

El último método se sigue, cuando el alumno está tan unido a su trabajo como constructor libre en este mundo, que no puede emplear los métodos para poner su cuerpo en el estado necesario, que posibilite un contacto verbal, sin desatender su trabajo.

 

Seguramente ustedes comprenderán, que él aquí no tiene elección. El trabajo está en primer lugar, a través de este trabajo se desarrolla la santificación en concordancia con las posibilidades que hemos construido en vidas anteriores.

 

Así ahora, nos es permitido llamarles a esta Comunidad de los Santos, en conformidad con el Catecismo de Heidelberg:

 

 

«Creo en Dios el Padre, el creador todopoderoso del cielo y de la tierra, de Quien, por Quien y hacia Quien son todas las cosas.

 

Creo en Jesucristo, su hijo primogénito, que ha abierto paso hacia la humanidad para inflamar la luz de Dios en el hombre;

 

que fue concebido por el Espíritu Santo, la fuerza de la realización;

 

nacido de la virgen María, el principio humano en concordancia con ello;

 

que padeció bajo Poncio Pilato, la ley terrenal del dividido orden natural tridimensional;

 

muerto y sepultado, que descendió hasta el infierno, llenando la esfera etérica del mundo material, consumando así su sacrificio de amor y reconstruyendo el orden natural destrozado;

 

resucitado de los muertos al tercer día, ascendido al cielo, sentado a la diestra de Dios, del Padre todopoderoso,

 

glorificado en todos los lugares del espíritu y de la materia;

 

de donde vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos;

 

desde donde prenderá fuego al mal a través de la fuerza de todos sus hijos para la regeneración.

 

Por ello creo en el Espíritu Santo de la generación de la idea de Dios.

 

Por eso creo en una Santa Iglesia Cristiana Universal, que será el resultado de la verdad, bondad y justicia, y que me conducirá a la Comunidad de los Santos, a la comunidad con los hierofantes de los misterios;

 

en el perdón de los pecados, la conversión de los valores inferiores en un valor esencial del espíritu;

 

en la resurrección de la carne, en la superación de la ley de la muerte y por ello en una auténtica vida eterna.»

 

«Corro hacia ello para alcanzarlo, para ello he sido tomado por Cristo.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«Pero con insistencia decimos, que aquél que camine con nosotros con seriedad y de todo corazón, disfrutará de los frutos de ello según sus bienes, su cuerpo y su alma. Pero aquél que venga con el corazón falso o que sólo busque dinero, no nos podrá dañar de ninguna manera, sino que se precipitará en la mayor y mas profunda de las desgracias.

 

                Por ello, aunque cientos de miles de personas lo han visto de cerca, nuestro edificio permanecerá eternamente indestructible, invisible y completamente oculto para el mundo impío.

 

¡BAJO LA SOMBRA DE TUS ALAS,

OH JEHOVA!

 

 

 

                                                                                                                                                                      Fama Fraternitatis

 

 

 

XXXVI

 

El edificio invisible

 

 

 

«Inflamados por el espíritu de Dios;

morimos en Cristo el Señor;

renacemos por el fuego del Espíritu Santo.»

 

 

Usted conoce ahora esta llamada mágica de la Rosacruz; son las palabras finales del Libro T., que fue encontrado en el templo funerario de C.R.C.:

 

Ex Deo nascimur, in Christo morimur, per Spiritum Sanctum reviviscimus.

 

Usted ha escuchado estas palabras en varias ocasiones o las ha pronunciado probablemente repetidas veces, pero no las comprende.

 

Usted posiblemente las ha tocado o las ha reverenciado en silencio, pero su fuerza mágica todavía no la ha comprendido.

 

En el caso contrario ya lo hubiésemos percibido sin lugar a dudas, pues detrás de estas palabras se oculta un poderoso misterio.

 

De ello resulta que usted oye, pero no comprende; que usted ve pero no profundiza; que usted siente, pero no experimenta.

 

Existen bienes espirituales, que nos importunan a diario: nos son ofrecidos gratuitamente y podrían hacernos muy ricos.

 

Existen fuerzas que caminan junto a nosotros por el sendero, con las manos extendidas, por así decir; ellas podrían dinamizarnos considerablemente.

 

Pero todo ésto pasa por delante de nosotros sin que lo percibamos:

 

«Inflamados por el espíritu de Dios; morimos en Cristo el Señor; renacemos por el fuego del Espíritu Santo.»

 

 

Detrás de esta magia brilla el edificio invisible.

 

Los hierofantes de Cristo irradian en este mundo una triple manifestación, y en el neo-gnosticismo expresamos este triple rayo de Cristo como deseo, sacrificio y creación, o como  conciencia de sí mismo, renovación de la sangre y conciencia espiritual.

 

El deseo despierta en nosotros el impulso de vivir, el impulso hacia la manifestación. Es la fuerza primaria que impulsa a todos los reinos de la naturaleza hacia la realización, al apareamiento, a la preservación y al devenir.

 

El fogoso y ardiente deseo ilumina la oscuridad en esta tierra, y conducidos por este fuego de rojas llamas, nos descubrimos a nosotros mismos y a nuestro prójimo.

 

Nos despertamos en el desierto de este mundo. Nosotros, el Adán, el aliento de Dios, inflamados en Su espíritu en un fuego que no puede ser apagado, damos nombres a nuestro entorno, nos orientamos en el paraíso de nuestros primeros días. Y existe un inmenso anhelo, un anhelo desenfrenado, una indecible necesidad de realización, despertada por este ardiente torbellino del deseo en un retumbante volcán. Y existe una nostalgia por la meta, una persecución para alcanzarla.

 

Pero: ¿dónde está la meta y cómo es?

 

 

Nosotros somos empujados a través de un desierto, sin que el deseo nos deje en paz ni un sólo momento, el cual implora por la realización.

 

De este fuego rojo se eleva la conciencia. Nosotros percibimos mejor y vemos cómo de los ojos de nuestros prójimos emanan los mismos instintos, cómo también a ellos les ha prendido el fuego con una llameante incandescencia.

 

Toda la humanidad se encuentra en este crisol y de hora en hora debe crecer la conciencia en este vehemente proceso de purificación.

 

Pero así se desarrolla al mismo tiempo el odio, que nace de los miedos de la autoafirmación.

 

Y nuestra conciencia de nosotros mismos se convierte de esta manera en un armamento, con el cual nos enfrentamos a nuestros enemigos de la naturaleza con una penetrante mirada de alerta.

 

Y el ardiente deseo nos impulsa a la lucha, a la lucha de la autoafirmación.

 

Y colocamos nuestro pie sobre la nuca de nuestros prójimos.

 

Los pies más fuertes son los que vencen, pues pisan con más fuerza.

 

Por eso decimos con respeto en nuestras voces: ¡El ha logrado mucho!

 

Si, pero todos los que han logrado mucho, no están tranquilos, no están satisfechos.

 

¡El deseo les empuja hacia adelante, siempre adelante! La lucha aumenta y el intelecto adquiere formas inmensas. Si ya no podemos pisar o golpear con la ruda pezuña o la garra de Daah, el hombre primitivo, entonces lo hacemos con instrumentos de guerra modernos, que fueron ideados por los cerebros más agudos.

 

Después vienen astucia y traición y cánticos de salmos y el devocionario.

 

Pero no existe nadie que esté saciado. ¡El deseo sigue cazando sobre cadáveres y ciudades, adelante, siempre adelante!

 

Sólo los ancianos, que están cansados de asesinar, que casi ya no pueden arrastrar su inerte y pesado botín, se quedan parados sobre su estercolero, consumidos por el deseo, hasta que viene la muerte y los libera.

 

Hay otros que preguntan ahora: ¿De dónde viene pues este deseo, esta pasión roja que me contagia?

 

Y la respuesta que se dan a sí mismos es la siguiente: el deseo es el impulso sexual. Ustedes buscan al otro, que les contempla como un reflejo cósmico con polarización de sexo inversa, para mortificar su deseo.

 

¡Pero el deseo no puede ser mortificado! Después de la embriaguez de la locura, sus llamas se elevan con mucha más violencia que nunca antes, como el dragón de mil cabezas de la mitología.

 

El deseo es una fuerza que no es de este mundo, y esta fuerza sólo puede ser realizada en un reino que no es de este mundo.

 

Por ello, usted es un alma esclava si sigue jugando el antiguo juego, que debe conducir una y otra vez al mismo resultado.

 

Como una banda de enfurecidos lucha la humanidad en este nadir.

 

Los puños martillean sobre el edificio invisible, y todos los que penetran por medio del método negativo son expulsados con un sorbo de olvido y se vuelven a encontrar en la cloaca del fuego del deseo:

                «¡Inflamados por el espíritu de Dios!»

 

 

Si, ésto no es un texto informativo, sino un fuego, una fuerza que colma nuestra sangre, que nos inquieta de día y de noche, para que nos matemos corriendo, para que, realmente, dentro de nosotros mismos, total y absolutamente, nos matemos corriendo.

 

Y entonces, entonces buscamos el misterio de la salvación.

 

Entonces buscamos una solución. Usted la ha buscado y lo seguirá haciendo.

 

Su deseo le ha conducido al país de nadie, y entonces usted pregunta por el estimulante correcto para el deseo humano, ya que en todos los experimentos anteriores la muerte sonreía irónicamente y la pena se volvía más grande.

 

 

Nos volvemos muy humanos y les decimos a los sanguinarios: «Por favor, sangre no, eso no es bueno;» y al estrangulador: «No aprietes tan fuerte, que hace mucho daño;» y a los vándalos: «No hagan tanto ruido, eso no son buenos modales.» Y creamos asociaciones y órdenes y sociedades. Y escribimos libros, muy bellos y muy edificantes.

 

Pero el llameante fuego de las cuevas del deseo, toma los libros y asociaciones y órdenes y sociedades, y todos bailan en este ardor infernal. De la trinidad de llamas salen salamandras ígneas, nos arrastran a esta danza de muerte, hasta que con risas o con suspiros, con arrebatos de desesperación o de ira, resuena el grito de la muerte.

 

Hasta que el buscador descubre finalmente las palabras:

 

                in Christo morimur, en Cristo el Señor morimos.

 

Pues sólo existe una única posibilidad para comprender la finalidad del deseo y no quemarse en el ardor incandescente. Esta única posibilidad es Jesucristo, Jesucristo, la esencia del autosacrificio y de la autonegación manifestada en El.

 

Ahí, donde según el fluir de las cosas, el fuego del deseo despierta a la muerte, ahí habla el Cristo: «Quien quiera perder su vida por mí, la conservará.» – «Venid todos a mí, vosotros que estáis afligidos y cargados y Yo os daré la calma.»

 

Estas cosas no son como pretenden hacernos creer los teólogos:

 

Cuando esté cansado de las orgías del deseo y haya quedado como un montoncito de harapos, entonces transfiere el resto a nuestro Querido Señor, y El le dará la paz.

 

O sea, una especie de pensión para la vejez.

 

Usted debe comprenderlo de la siguiente manera:

 

Por Cristo le es indicado el camino y se le da la fuerza, para emplear la dinámica del deseo de la forma correcta, para que este deseo ya no les conduzca hacia su caída sino para que les conduzca hacia un renacimiento sobrenatural.

 

Y si penetrase en esta razón divina, cuando ya hayan estropeado tanto en su vida, que de hecho se pueda hablar de un montoncito de harapos, entonces usted volverá a encontrar en el amor de Cristo la posibilidad de un posterior proseguir en el camino, que usted tiene que seguir ineludiblemente.

 

Aquí, por lo tanto, no se trata en absoluto de una pensión de vejez espiritual, sino de una nueva misión, de un misterio divino, que le es encomendado y que transforma su deseo en el deseo de salvación.

 

Usted debe seguir entonces el camino de la cruz, el camino de Gólgota, el sendero del servicio de amor en sacrificio de sí mismo, para que en el punto donde se encuentran la línea horizontal y la vertical, pueda desplegarse el corazón espiritual en una rosa blanca.

 

Sólo cuando ha recibido esta rosa blanca, escucha la música mágica del bosque de la realización, los coros del edificio invisible:

                per Spiritum Sanctum reviviscimus – por el Espíritu Santo renacidos.

 

Existe un plan de Dios con el mundo y la humanidad. Este plan debe ser realizado por manos humanas, cabezas humanas y corazones humanos.

 

Si el alumno de la Rosacruz está capacitado y dispuesto a mortificar el deseo primario, pereciendo en Cristo, se realiza un milagro mágico en cuanto este proceso esté lo suficientemente avanzado.

 

El renace entonces por el Espíritu Santo, en el Espíritu Santo, esto significa: el plan de Dios se ha realizado en él y dentro de él y él se ha vuelto en este mundo el edificio invisible, mientras que el compedio de lo realizado por todos los que han sido glorificados en el Espíritu Santo, irradia de una forma maravillosa como el Templo Blanco.

 

Así debe considerar, que el Templo Blanco no es ninguna imagen ilusoria, ninguna promesa mística para luchadores agotados. Este Templo Blanco, esta magnífica catedral invisible, puede medirse con todas las medidas: pues su fuerza, su belleza, su dinámica inquebrantabilidad vive en entidades humanas y se demuestra por ellas.

 

El Templo Blanco es una de las manifestaciones de la Comunidad de los Santos.

 

El es una fuerza, invisible, pero no obstante una fuerza;

 

un edificio, invisible, pero no obstante indestructible;

 

una fuerza, que es introducida en nuestro mundo infernal, irresistible;

 

la fuerza de la Rosacruz, con la que los hierofantes de los misterios atacan al mundo.

 

Cuanto más alumnos quieran seguir el camino descrito, más inmenso y magnífico es el Templo Blanco, para que en este fuego huya la oscuridad.

 

                Este es el método de los hierofantes de Cristo.

 

Este método no es espectacular, pero forma una fortaleza inexpugnable.

Por ello la Fama Fraternitatis finaliza así:

 

«Por ello, aunque cientos de miles de personas lo han visto de cerca, nuestro edificio permanecerá eternamente indestructible, invisible y completamente oculto para el mundo impío.

 

¡BAJO LA SOMBRA DE TUS ALAS,

OH JEHOVA!

 

 

Esta es nuestra alegría:

 

«La gloria de Dios es intangible

Mirad, El nos envía sus ángeles:

Inflamados por el Espíritu de Dios,

perecidos en Cristo el Señor,

renacidos por el fuego del Espíritu Santo.»

Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GNOSIS EGIPCIA TOMO 4

 

 

 

DECIMOTERCER LIBRO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hermes Trismegisto a Taht:

 

El Nous Universal o el Espíritu Santificante

 

 

Hermes:    El Nous oh Taht procede del ser mismo de Dios en tanto que se pueda hablar del ser de Dios;              sea como sea el Nous se conoce así mismo íntegramente.

 

Por ello el Nous no es distinto del ser de Dios; emana de esta fuente como la luz emana del sol.

 

El Nous de los hombres es bueno. Por ello algunos hombres son dioses; su estado humano está muy próximo al estado divino. El buen Demonio ha nombrado a los dioses hombres inmortales y a los hombres dioses mortales.

 

En los seres desprovistos de razón el Nous es la naturaleza. Allí donde hay un alma hay un Nous al igual que por todas partes donde hay vida hay un alma. Pero las almas de los seres desprovistos de razón son solamente vida sin Nous. Sin embargo el Nous es el bienhechor de las almas humanas las trabaja y las forma en pro del bien.

 

En los seres desprovistos de razón el Nous actúa de acuerdo con el carácter natural; en las almas de los hombres sin embargo actúa en oposición.

 

Sufrimiento y deseo atormentan al alma desde su entrada en el cuerpo;   efectivamente sufrimiento y  deseo se expanden en el cuerpo densificado como un fuego o ensombrece al alma, la sumerge.

 

Si el Nous puede tomar la dirección del alma proyecta su luz sobre ella y se opone así a sus  tendencias naturales. Al igual que un buen médico cauteriza o corta del cuerpo lo que está enfermo así el Nous hace sufrir al alma extirpando la codicia causa de su estado mórbido.

 

La gran enfermedad del alma proviene de que reniega de Dios de hay su pensamiento erróneo que hace nacer el mal sin suscitar nada bueno.

 

Por ello combatiendo esta enfermedad el Nous devuelve el bien al alma como el médico devuelve la salud al cuerpo.

 

Las almas humanas que no son guiadas por el Nous están en la misma situación que los animales desprovistos de razón. En efecto el Nous actúa de acuerdo con ellas y deja en libertad a sus deseos cuya violencia les arrastra y les mantiene desprovistas de razón.

 

Así como los seres desprovistos de razón no cesan en abandonarse a sus pasiones y a sus deseos desaforados, no están jamás saciadas de sus pecados; sin embargo los efectos sin razón de las pasiones y los deseos son un mal inconmensurable.

 

Dios ha colocado ha estas almas bajo el implacable rigor de la ley con el fin de que se vuelvan conscientes de su maldad.

 

Taht:    Todo esto padre no esta en contradicción con lo que tú me has dicho ya del destino. Si un hombre está predestinado a cometer adulterio sacrilegio u otro crimen ¿será pues castigado teniendo en cuenta que actúa bajo la imperiosa coacción de la fatalidad?.

 

Hermes:   todo hijo mío es la obra del destino y nada de lo que concierne a las cosas materiales ni bien ni mal ocurre fuera de él. Es igualmente por el destino que quien quiera que realice lo bello y el bien sufra las consecuencias; por eso cada uno actúa y adquiere la experiencia según la naturaleza de sus actos.

 

Pero dejemos el pecado y el destino, de los cuales ya hemos hablado. Hablemos ahora del Nous de la forma en que opera diferentemente en los hombres y en los seres desprovistos de razón en quienes sus efectos benefactores no pueden manifestarse en tanto que él apaga las pasiones y los deseos de los hombres. Entre estos últimos  hay que distinguir a los que poseen el Nous y a los que no están unidos a él.

 

 

 

Todos los hombres están sometidos al destino al nacimiento y al cambio.

Todos los hombres soportan pues los imperativos de su destino pero los que siguen a la razón les guía el Nous y no lo soportan de la misma manera; como se han desligado de lo que es malo no lo perciben como un mal.

 

Taht:     ¿qué quiere decir padre? : ¿aquel que comete el adulterio no es malo, el asesino no es malo y todos los demás no son malos?.

 

Hermes:  Hijo mío aquel que tiene la razón como guía conocerá el sufrimiento unido al adulterio y a la muerte como el adultero y el asesino aunque no cometan ni adulterio ni asesinato. Es imposible escapar al cambio como no se puede hacer al nacimiento pero quien posee el Nous  puede liberarse del mal.

 

Por eso hijo mío he escuchado en todo momento la palabra del buen demonio. Si la hubiese escrito hubiese rendido un gran servicio al genero humano. Ya que solo él hijo mío  penetrando todas las cosas como hijo único de Dios ha pronunciado palabras verdaderamente divinas.

 

Así le oí decir una vez que todo lo creado es uno, en particular los seres descarnados dotados de inteligencia y que vivimos de una fuerza potencial de una fuerza activa y de un principio de eternidad. Por esto el Nous es bueno al igual que el alma que emana de él.

 

En consecuencia las cosas del Espíritu no están divididas y el Nous que es el alma de Dios  reina sobre todas las cosas puede realizar lo que él quiere.

 

Reflexiona sobre esto y lleva lo que acabo de decir a la pregunta que me has dicho anteriormente  sobre el destino y el Nous. Si renuncias a la vana polémica comprenderás hijo mío que el Nous el alma de Dios reina en verdad sobre todo: sobre el destino sobre la ley, sobre el resto y que nada le es imposible; él puede sustraer al alma humana del destino como someterla sí ella falta a su deber. Tales son las excelentes palabras que ha pronunciado el buen demonio.

 

Taht:    Son palabras divinas verdaderas y luminosas Padre. Pero aclárame aún de lo que sigue: has dicho que el Nous de seres desprovistos de razón actúan según su naturaleza y en concordancia con sus instintos. Pienso que el instinto de los seres desprovistos de razón es pasión (Pathos). Si el Nous opera en concordancia con los instintos y que  aquí son pasiones el Nous  ¿no se vuelve también pasión porque está afectado por Taht Pathos? .

 

Hermes:   Muy bien hijo mío tu pregunta es sutil y es justo que te responda.

 

Todo lo que en el cuerpo es inmaterial esta sometido al Pathos (sufrimiento) y es en sentido estricto él mismo pasión (Pathos). Todo lo que engendra el movimiento es inmaterial. Todo lo que se mueve es cuerpo. Lo inmaterial es el mismo movido por el Nous. Y ese movimiento es pasión (Pathos).

 

Los dos están pues sometidos al sufrimiento (Pathos) tanto lo que engendra el movimiento como lo que está moviéndose, el primero porque impone el movimiento el segundo porque está sometido al impulso del movimiento.

 

Cuando el  Nous se desata del cuerpo se desata también del sufrimiento (Pathos, pasión). Tal vez es mejor decir hijo mío que nada está sin Pathos (sufrimiento) que todo está sometido a ello. El termino «Pathos» (sufrimiento) no corresponde en nada a «sufrimiento soportado». El primer concepto es activo el segundo pasivo.

 

Los cuerpos tienen también una actividad propia. O están sin movimiento,  o están moviéndose. En los dos casos hay «Pathos» (sufrimiento).

 

Lo inmaterial empujado siempre a la acción está en consecuencia, sometido al sufrimiento. Pero no te dejes equivocar por esas palabras: La fuerza activa y «Pathos» (sufrimiento) son una sola y misma cosa, pero nada impide de emplear el término más exacto y el mas apropiado.

 

Taht:    Padre tu explicación es muy clara.

 

 

 

 

Hermes:    Piensa a continuación hijo mío que es tan solo al hombre entre los seres mortales que Dios ha dado un doble don: El Nous y la palabra las cuales equivalen a la inmortalidad. Si el hombre emplea esos dos dones de la manera justa no se diferenciará en nada de los inmortales. Mejor dicho se liberará del cuerpo y será por sus dones admitido en el rango de los dioses y de los bienaventurados.-

 

Taht:    No hay otros seres vivientes que utilicen la palabra Padre.

 

Hermes:   disponen solamente del sonido, de la voz. La palabra, el lenguaje difiere mucho de la voz ya que todos los hombres tienen en común la palabra pero cada ser viviente tiene su propia voz, su sonido.

 

Taht:     Pero la lengua de los hombres no difiere según los pueblos.

 

Hermes:    Las lenguas difieren en efecto hijo mío pero la humanidad es una. La palabra también es una. Cuando está traducida de una lengua a otra permanece la misma tanto en Egipto, en Asia o en Grecia.

 

Me parece hijo mío que no comprendes aún la poderosa y maravillosa significación de la palabra. El Dios bienaventurado el buen demonio ha dicho que el alma está en el cuerpo, que el Nous está en el alma que la palabra está en el Nous y que Dios es el padre de todo. La palabra es pues la imagen y el Nous de Dios. El cuerpo es la imagen de la idea y la idea es la imagen del alma.

 

Así como la materia lo que tiene de más sutil es el aire (el éter) lo que el aire tiene de más sutil es el alma lo que el alma tiene de más sutil es el Nous y lo que el Nous tiene de más sutil es Dios.

 

Dios envuelve y penetra todo el Nous envuelve al alma, el alma envuelve al aire (éter) el aire envuelve la materia.

 

El destino la providencia y la naturaleza son instrumentos del orden cósmico y del ordenamiento de la materia. Todo lo que está dotado de espíritu es principio y el principio de toda cosa es idéntico. Sin embargo cada uno de los cuerpos que compone el universo es múltiple por naturaleza: la característica de los cuerpos compuestos es conservar invariablemente su esencia en tanto que pasan de una forma a otra.

 

Además los cuerpos compuestos tienen un número que les es propio. Sin ese número nada podría estar constituido ni unido ni desasociado; las unidades engendran el número que vuelve a esos cuerpos en múltiples y cuando los números se descomponen absorben las partes constituyentes en tanto que las materias permanecen simples y una.

 

Pues bien todo este mundo esta gran divinidad a imagen de aquel que es aún más grande que no hace mas que uno con él y que guarda el orden y la voluntad del Padre es la plenitud de la vida. No hay nada en él bien sea en su totalidad o en una sola de sus partículas que no tenga la vida y eso a todo lo largo de la marcha de la vuelta secular que el Padre ha ordenado. En el mundo no hubo jamás no hay y no podrá haber una cosa como la muerte.

 

¿Cómo sería posible hijo mío que exista en Dios, en él que es la imagen del universo, en él que es la plenitud de la vida, una cosa como la muerte? Ya que la muerte es descomposición y la descomposición aniquilamiento. ¿Cómo pensar que una parte de lo que es incorruptible pueda descomponerse, o que cualquier cosa de Dios pueda aniquilarse?.

 

Taht:    Padre ¿los seres vivos que están en Él y una parte de Él no mueren?.

 

Hermes:    No te expreses así hijo mío ya que sería entender mal los hechos. Los seres vivos no mueren pero sus cuerpos que están compuestos se disocian. Esta disociación no es la muerte sino el fin de una cohesión. En realidad esta descomposición no significa destrucción sino posibilidad de un devenir nuevo de una renovación.

 

¿Ya que cual es la fuerza activa de la vida no es el movimiento y que hay que no tenga movimiento sobre la tierra?. Nada hijo mío.

 

Taht:    pero entonces ¿no consideras la tierra sin movimiento Padre?.

 

Hermes:    no, hijo mío; ella sola es a la vez múltiple en su movimiento y no obstante duradera. ¿No sería jocoso suponer que la madre que nutre al universo que hace nacer toda cosa este sin movimiento? Ya que sin movimiento nada puede nacer. Es insensato preguntar como lo haces tú si la cuarta parte del mundo está inactiva ya que un cuerpo sin movimiento no significa otra cosa que un cuerpo inactivo.

 

Sabe pues hijo mío que todo lo que está en este mundo, absolutamente todo, se mueve bien para crecer o para decrecer. Lo que está en movimiento vive y la santa ley quiere que todo lo que vive permanezca semejante a él mismo, así pues permanezca incambiable. Ya que visto en su totalidad el mundo está sin movimiento pero todas sus creaciones cambian sin perecer o sin ser aniquiladas; son las palabras los nombres que lanzan al hombre en la confusión y la inquietud.

 

Ya que la vida no es nacimiento sino conciencia y el cambio no es muerte sino olvido.

 

Considerado así todo es inmortal: La materia, la vida, el soplo, el alma, el Espíritu, la inteligencia, el instinto, todo lo que constituye el ser viviente.

 

En ese sentido cada ser viviente es inmortal pero más que otros aquel que está en estado de recibir a Dios y de unirse a Él.

 

Ya que es el único de entre los seres vivos con el cual la Divinidad comercia. La predice el porvenir en diferentes formas por la noche mediante los sueños y por el día por los signos: Por los pájaros, el aire, el roble de forma que le es dado al hombre conocer el pasado el presente y el futuro.

 

Permanece atento también hijo mío a los hechos que cada ser vivo permanece tan solo en una parte del mundo: Los habitantes del agua en el agua, los habitantes de la tierra sobre la tierra firme, las bestias haladas en el aire. El hombre sin embargo tiene comercio con todos los elementos: La tierra, el aire, el agua, el fuego e incluso el cielo. Entra en contacto con él y lo percibe con un conocimiento y una comprensión crecientes.

 

Dios envuelve y penetra todo, ya que Él mismo es también tanto la fuerza activa como la pasiva del universo. Por eso no es nada difícil comprenderle.

 

Si deseas aproximarte a Dios en pensamiento entonces contempla el orden del mundo y su belleza. Contempla la necesidad de todo lo que percibes y la Providencia que reina sobre el pasado y el presente. Ve como la materia esta llena de vida y como el movimiento de esta divinidad inefable obra en todo lo que es bueno y bello: Dios es demonios, hombres.

 

Taht:    ¡Pero esos son los efectos de una fuerza Padre!.

 

Hermes:    Si son solamente los efectos de una fuerza querido hijo entonces quien la pone en movimiento.

 

¿Una divinidad cualquiera?.

 

No ves que al igual que el cielo, la tierra, el agua y el aire son partes del mundo la vida y la inmortalidad, la sangre, el destino, la providencia, la naturaleza, el alma y el espíritu son aspectos de Dios y que la perennidad de todo esto esta nombrado bien. No hay pues nada ni en el presente ni en el pasado en donde Dios no esté presente.

 

Taht:    ¿Dios está en la materia Padre?.

 

Hermes:    Si la materia existiera fuera de Dios ¿Qué lugar quisieras t darle? Ya que en tanto no esté puesta en actividad ¿qué sería de ella sino una masa confusa? Y si debe de ser puesta en actividad ¿por quien lo sería?.

 

Ya que hemos dichos que las fuerzas activas son las creaciones de Dios. ¿De quien reciben la vida todos los seres vivos, a quien los inmortales deben su inmortalidad, quien provoca el cambio de todo lo que es cambiante?.

 

Que hables de la materia, o del cuerpo, o del principio de las cosas sabe que son efectos de la fuerza de Dios; el efecto de la fuerza en la materia forma la materialidad; el efecto de la forma en los cuerpos forma lo corporal; el efecto de la fuerza en el principio determina la esencia. Todo esto es Dios el Universo.

 

No hay nada en el Universo que no sea Dios.

 

 

Por ellos los conceptos de grandeza, de lugar, de propiedad, de forma o de tiempo no permiten describir a Dios; ya que Dios es el Universo y por consiguiente él es todo y lo encierra todo.

 

Adora esta palabra hijo mío y venérala: Solo hay una religión una sola forma de servir y honrar a Dios es no hacer el mal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 2

 

 

 

 

 

 

 

EL CORAZÓN Y LA EMOTIVIDAD

 

El tercer libro de Hermes Trismegisto está consagrado a los misterios del Nous. Nosotros hemos hablado a menudo tan bien de este misterio pero debemos ahora examinarlo con mas precisión. Cuando pensamos en la emotividad, en las emociones humanas es siempre el estado del corazón del hombre en el que pensamos.

 

El corazón del hombre es un órgano maravilloso de naturaleza séptuple tanto como la cabeza y el plexo solar. Se puede comparar las siete cavidades cerebrales aun candelero de siete brazos al igual que el corazón y el plexo solar.

 

El candelabro de siete brazos del corazón ejerce pues una función central en el sistema vital y hace invariablemente una llamada a la plena conciencia del alumno a todo lo largo de su vida. Por el bulbo raquídeo de una parte todas las influencias de su conciencia se dirigen del santuario de la cabeza al santuario del corazón que las recibe; por otra parte el candelabro del plexo solar situado bajo el estómago entre el hígado y el bazo hace igualmente subir numerosas fuerzas hasta el corazón. Así por el hígado y el bazo el estado etérico y astral del hombre se transmite al Santuario del Corazón.

 

Vean pues claramente la situación: los tres candelabros, el de la cabeza, del corazón y del plexo solar colaboran y el candelabro del corazón ocupa el lugar central. Está nutrido a la vez por los santuarios de la cabeza y del bazo.

 

Es, en efecto, el santuario de la cabeza quien transmite los fluidos de consciencia del presente en tanto que el santuario del bazo transmite todas las influencias astrales y etéricas del Microcosmos habiendo tenido un papel importante en el pasado. Además el corazón recibe también por lo menos en numerosos casos rayos que emanan directamente del corazón central del Microcosmos, el dominio de la Rosa.

 

El corazón ocupa pues una posición central en el sistema del hombre, influencias impulsos y radiaciones numerosas se reencuentran se mezclan y son transmutadas constituyendo el estado emocional fundamental el cual posee a su vez un poder radiante.

 

Esa corriente emotiva se mezcla en la sangre al fluido nervioso y al fuego de la serpiente, se eleva acto seguido hacia el santuario de la cabeza para ocupar todos los órganos. Se puede pues concluir que la caridad, la naturaleza y las particularidades del estado emocional provienen de este reactor nuclear humano que es el corazón y determinan el estado de vida, el curso de la vida.

 

El hombre no puede hacer otra cosa que seguir el estado de su corazón. Y cuando en un momento dado su estado emocional, así pues la radiación del santuario del corazón, está determinada de cierta forma, él soporta obligatoriamente las influencias y sigue las orientaciones. Todas sus posibilidades, todas sus certezas intelectuales u otras, son pues sin excepción, tributarias de su emotividad, de su calidad y de su esfera de influencia y le son subordinadas. Supongamos como es el caso generalmente, que ustedes hayan recibido una excelente educación, que hayan frecuentado las mejores escuelas; tienen que estar reconocidos porque esto les debería ser útil en la vida social por ejemplo. Pero si su emotividad ha permanecido retirada de su educación es decir, si su corazón no ha recibido desde la juventud una verdadera formación liberadora síquicamente esta excelente educación se volverá pronto un peligro mortal para sus contemporáneos, lo que es claramente demostrable. Solo se puede hablar de un cambio vital verdaderamente liberador si ese cambio empieza por el corazón, en el corazón y con el corazón.

 

Por ello el Santuario del Corazón deber estar sometido el primero a la transfiguración.

 

La importancia del estado del corazón es mencionada innumerables veces en los textos sagrados de todos los tiempos. La emotividad del hombre puede hacer de él un asesino, un poseído o un simulador, suscitar en él un sufrimiento inconmensurable o precipitarlo en el abismo. Pero las palabras del Sermón de la Montaña resuenan: «Bienaventurados los puros de corazón ya que ellos verán a Dios» y en el prólogo del decimotercer libro Hermes habla así de los que tienen el corazón puro:

 

«El Nous oh Taht procede del ser mismo de Dios en tanto que se pueda hablar de ser de Dios; sea como sea tan solo el Nous se conoce a así mismo íntegramente. Por ello el Nous no es distinto del ser de Dios; emana de esa fuente como la luz emana del sol.

 

En el hombre ese Nous es bueno: por ello algunos hombres son dioses; su estado humano es muy próximo al estado divino. El buen demonio ha nombrado pues a los dioses los hombres inmortales y a los hombres dioses mortales.

 

En los seres desprovistos de razón el Nous es la naturaleza. Pero ahí donde hay un alma, está también el Nous al igual que en todas partes donde hay vida hay un alma. Sin embargo el alma de los seres desprovistos de razón es tan solo vida sin Nous. Sin embargo el Nous es el bienhechor de las almas humanas, él las trabaja y las forma en vista del bien».

 

Vista superficialmente esta conclusión hermética es un poco desconcertante pero si la comprobamos a la luz de los hechos la veremos invariablemente confirmada.

 

Cuando consideramos los tres Candelabros que están en nosotros: el candelabro de siete brazos del Santuario de la Cabeza, el del Plexo Solar y el del Corazón y de que nos damos cuenta que las tres veces siete luces se confunden precisamente en el Santuario del Corazón en un mismo estado emotivo, no hay que creer que el estado que resulta de ello deba automáticamente imponerse a nosotros como si se tratase de un proceso totalmente ineludible. No hay nada de todo eso. No tan solo el inconsciente, la voz del pasado lejano, juega un papel en el corazón, sino también la conciencia de vigilia del presente esta séptuple luz del Santuario de la Cabeza el fluido de conciencia que llena las siete cavidades cerebrales.

 

Pueden ustedes comparar esas siete cavidades cerebrales con espejos mediante los cuales todas las fuerzas que colaboran con la conciencia de vigilia se reflejan directamente en el corazón. Así pues cuando hablamos del estado emocional que se forma en el Santuario del Corazón debe decirse igualmente que la conciencia del momento presente juega un papel extremadamente importante. Dicho de otra forma están ustedes mismos concernidos. Reciben pues en su Santuario del Corazón todas las influencias, todas las radiaciones, todos los impulsos que operan en ustedes en uno u otro aspecto de su ser. Son todas las voces que hablan en ustedes. Además se manifiesta igualmente por lo menos si son alumnos serios de la Joven Gnosis, el toque fundamental, la voz del Corazón Central, la voz de la Rosa.

 

Así de segundo en segundo afluyen en su conciencia de vigilia ordinaria las influencia que por todos los lados convergen hacia el corazón. La voz de la Rosa les habla igualmente ella puede ser determinante y reveladora de ciertos valores. Es posible también examinar todo lo que viene a ustedes tomando interiormente la Rosa como criterio. Es lo que llamamos la Voz de la Conciencia.

 

Así consideren pues su corazón como una obra en la que pueden ejercer conscientemente una influencia y realizar un trabajo extremadamente importante. Efectúen pues ese trabajo antes que las influencias fuerzas y luces activas no constituyan en ustedes un estado emocional irreparable; ya que este una vez formado tendrán que conformarse con él.

 

¿Han oído hablar del combate del corazón, de sus luchas, de la tristeza y de la alegría del corazón, de su dureza saben ustedes que el combate más importante el que da acceso al verdadero aprendizaje, debe ser llevado en el corazón y que la sustancia alquímica realmente salvadora necesaria a la realización de las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz debe ser preparada en el corazón?. ¿Y que la sustancia alquímica realmente salvadora necesaria a la realización de las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz, deben ser preparadas en el corazón?.

 

No hubo jamás en la historia del mundo ninguna escuela gnóstica que se dejara prender en la civilización burguesa.

 

La verdadera nobleza es la nobleza del corazón, por eso se dice que Dios, el Espíritu sondea el corazón. Así pues no sirve de nada hablar del bien o de componer su actitud para hacer creer que se es el Señor mismo ya que el Espíritu sondea el corazón. Lo que es decisivo es el estado emocional que emana  de ese corazón y envuelve todo el ser.

 

Insistimos porque la mayor parte de los alumnos no conocen aún de hecho el combate del corazón. Conocen el corazón mas o menos como el órgano del sentimiento.

 

Ustedes dicen: yo siento esto o lo otro. Pero es demasiado tarde es ya el estado emocional el que comprueban. El corazón es aún para ustedes un órgano totalmente automático y soportan las emociones que están en él. No pueden hacer otra cosa. Y cuando comprueban las consecuencias de ese estado emocional y se oponen como lo hacen a menudo, luchan contra una corriente emotiva que ha suscitado en ustedes muchos males, lágrimas y resistencias.

 

Sin embargo esta lucha es una lucha desesperada. No serán ustedes jamás vencedores. Y se preguntan «el santuario de la cabeza, no el corazón»: ¿qué debo hacer o no hacer, que debo hacer para vencer?. Estas son preguntas que combaten en su cabeza hasta el agotamiento. Y es sin embargo demasiado tarde. Hay que desplazar la lucha hasta el santuario del corazón, en el lugar donde el estado emocional se elabora de segundo en segundo. Si lo hacen triunfan se adelantas a los hechos y a los eventos. Y determinan ustedes mismos el curso de su destino. Ya que todo lo que llega en su vida está dirigido y sostenido por su estado emocional; así pues si logran modificarlo toman en sus manos su destino y determinan ustedes mismos el curso de su vida. Pueden verdaderamente invertir el curso de su destino.

 

Esto es el nacimiento del alma. La verdadera regeneración del alma no son vagas consideraciones sentimentales: yo siento esto como esto o como aquello; esos vagos sentimientos que conocemos todos por momentos no son otra cosa que un estado emotivo que hemos formado nosotros mismos.

 

Por ello repetimos: acepten el combate en el Santuario del Corazón expulsen todas las fuerzas y tensiones que obstruyen el camino y dejen afluir en ustedes las fuerzas de socorro y constructivas. Forman así ustedes mismos su estado emocional y realizan el nacimiento del alma.

 

Ese estado que de segundo en segundo les anima es el de su Alma. Pero no es un valor estático  que hay que aceptar sin más. No,  puede modificarlo fundamentalmente. Cuando oímos decir: si, yo soy así es mi tipo, mi carácter sabemos ya de lo que se trata. Ya que si son ustedes verdaderamente alumnos de la Gnosis y todo va bien cambian de día en día. Cambian de tipo y de carácter.

 

Desde su nacimiento su alma sigue en ustedes un cierto proceso esta dotada de una cierta naturaleza es de una cierta calidad. Ustedes lo descubren en el transcurso de los años pero no se resignan. Pueden cambiarla profundamente por la rendición de sí mismos.

 

Eso significa que deben ustedes descender, con su conciencia, desde las fuerzas del Candelabro del Santuario de la Cabeza hacia el Santuario del Corazón.

 

Su estado emocional, el estado de su alma esta sujeto a toda clase de variaciones. Pueden ustedes volverlo cada vez peor y más funesto. Pueden aceptarlo como automático. Pero pueden también prepararlo conscientemente y volverlo apto para recibir el Espíritu mismo.

 

La mayor parte de los hombres aceptan sin mas el estado de su alma. Y pronto se forma en el transcurso de los años la naturaleza el carácter el tipo: y todos los procesos metabólicos concurren a ello. Se alcanza así una cristalización que vuelve absolutamente refractario todo cambio.

 

Si se quiere aceptar la Gnosis además como una suerte de consolación. Algunos de entre ustedes adoptan ese punto de vista. La Gnosis les ayuda a vivir. ¡Pero no es el objetivo de la Gnosis!. Ella desea liberarles de su miserable estado. Y para ello hay que descender en el Santuario de su Corazón y aceptar la lucha contra su emotividad.

 

Existen también hombres que no aceptan las condiciones de la vida de la masa. Esos seres buscan poder, honor, celebridad, gloria. Sin embargo en la naturaleza de la muerte sólo se pueden alcanzar esas cosas por una afirmación de sí mismo llevada al extremo, eventualmente andando sobre el cadáver de los demás o mediante de toda clase de subterfugios. De ello resulta siempre un estado emocional por debajo de la media.

 

 

 

 

 

Se oye decir por ejemplo: Sí, antes yo tenía en cuenta las consideraciones éticas pero siempre me volvía la primera víctima. Por eso he endurecido el corazón. Conoce sin duda a tales personas.

 

Vean ahora claramente a los que no son simplemente el juego de su emotividad que no quieren ni cerrar ni endurecer su corazón, si no que aceptan la lucha interior pueden modificar su estado emocional, así pues, cambiar el curso de su vida. El Nous les renueva. Adquieren otra emotividad, otra alma, en donde la Rosa puede desplegarse plenamente, de forma que el Espíritu, Dios mismo, tiene la posibilidad de morar en el Santuario de su corazón. Y se puede decir con Hermes: «El Nous, oh Tat, procede del Ser mismo de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  TRES

 

 

 

 

 

 

EL CAMBIO DE LA EMOTIVIDAD

 

El hombre que desea conscientemente elevar su estado emocional a un estado superior y que penetra en el Santuario del Corazón aceptando el combate, debe saber que un cambio así del alma, o renacimiento, es estructural y fundamentalmente posible. Debe también comprender la orientación y la fuerza en las cuales ese desarrollo debe realizarse.

 

El objetivo es regenerar la naturaleza microcósmica entera, de volverla a su esencia, a su destino original: la unión con Dios, con el Espíritu. Examinemos primero de que fuerzas dispone el candidato desde el inicio de su trabajo. Dispone en primer lugar de la razón, de su saber razonable, de la enseñanza racional de la salvación. Pero para poder hablarnos, la razón debe encontrar acceso en nosotros; si no es aún el caso, es para nosotros a quien se dirige la palabra: «Tienen oídos pero no pueden oír». Sin embargo solo es posible entender, oír, una doctrina razonable, la enseñanza de la  Gnosis si hay la experiencia suficiente de lo que está desprovisto de razón, experiencia que el hombre adquiere en la miseria y en la muerte, sobre el camino de lágrimas bebiendo el cáliz de amargura. Tan solo entonces la razón habla al candidato en la medida que observa si tiene en el interior un deseo de liberación suficiente para aceptarla y seguirla.

 

Permanezcan atentos sobre el hecho de que la razón positiva exige siempre una  cierta gestión, un acto, conlleva un comportamiento. Numerosos son los que no lo comprenden y reciben el mensaje de la razón puramente intelectual, creyendo que la asimilación intelectual basta para estar en posesión de la razón.

 

¡Que error! La asimilación de la razón implica un comportamiento correspondiente, un comportamiento que eventualmente va radicalmente al encuentro del estado emocional existente. El alumno que acepta con razón lo que recibe debe al instante aceptar, también, luchar contra su estado emotivo, en contradicción probable con la razón. El resultado probará que la razón se manifiesta claramente y de forma liberadora. Cuando no es el caso, o la razón tan solo es un sofismo, o el candidato no ha descendido aún en el Santuario del Corazón.

 

Por eso hablamos de una aceptación razonable y moral de la salvación de la Gnosis; lo razonable hace una llamada a la inteligencia y la aceptación moral concierne al comportamiento correspondiente.

 

Así debemos descender en el Candelabro del Corazón y poner la razón en práctica. Y repitámoslo, quienes no ponen en práctica la Enseñanza Gnóstica solo conocen la razón en teoría. Deberán de sufrir mucho antes que un esfuerzo realmente serio sea realizado; recibir el mensaje de la razón es, en efecto, otra cosa diferente a una comprensión intelectual, es una puesta en práctica. Para aprender esta lección hace falta, a veces, haber bebido mucho de la copa de la amargura.

 

Ustedes saben, se protesta a menudo contra el sufrimiento, y el mundo hace lo imposible para neutralizarlo y suprimirlo.

 

Sin embargo en la mayor parte de los casos es el único método para llevar la conciencia nacida de la naturaleza que domina y colorea una emotividad caótica o pueril, a la comprensión de sus fallos. En efecto, como lo decíamos, el estado emotivo domina a la personalidad, a todo el ser.

 

El ser humano que hace el camino de la experiencia (es el caso del conjunto de los hombres en la naturaleza de la muerte) llega tarde o temprano a convertirse en un buscador. En cuanto empieza su búsqueda debe acertar el combate contra la emoción, el estado emocional de su corazón. Haciéndolo innumerables voces se elevan en él, son las reacciones a todas las radiaciones e influencias que, hasta entonces, jugaban un papel en el Santuario de su Corazón y son del mismo nivel que su estado emocional.

 

 

Todas esas voces, al principio, conducen al candidato a hacer innumerables experiencias de carácter social, político, privado, ético o religioso que ofrece el mundo, experiencias destinadas a enseñarle finalmente el sin sentido de todas las tentativas dialécticas.

 

Así ocurre que un hombre después de diez años, mil años, o un año estelar completo adquiere suficiente madurez para una orientación nueva. Llega el momento en que la razón Gnóstica llega ha hablarle. Le muestra, en principio, la única orientación capaz de conducir a la solución de toda problemática, es decir, a la que concierne al estado emocional, el estado psíquico del corazón. Es ahí cuando la conciencia nacida de la naturaleza debe ahora descender. Debe evitar que el estado emotivo y sus consecuencias se vuelvan un proceso totalmente automático, ya que la conciencia yo, debe atacar ese estado.

Seres nacidos de la naturaleza, poseemos, un «yo» muy poderoso. Somos muy egocéntricos y sabemos perfectamente lo que queremos. Somos muy conscientes de nosotros mismos y tenemos, sobre todo en la Escuela Espiritual Gnóstica, fuertes personalidades. ¡Realizan tantas cosas con su yo!. Pues bien, empléenlo ahora en atacar su estado emocional. Empiecen desde hoy ese combate singular; al instante mismo comprobarán los resultados y toda su vida cambia. Decimos que se vuelve, no más calmada y equilibrada, sino absolutamente otra. ¿Bajo que punto de vista?. Pues bien, la naturaleza de sus lágrimas, de su sufrimiento y de sus dificultades cambia. Otra copa diferente de amargura le es presentada. No se trata de un sufrimiento inútil y estúpido del curso monótono de las cosas, sino del que proviene del ataque del corazón por el yo mismo.

 

No se trata de atacar a los demás –en lo que somos expertos- sino de atacar nuestro propio yo. Este comportamiento hace sufrir mucho pero es finalmente extremadamente instructivo y purificador. Este sufrimiento es, sin duda, muy violento y más dolorosa que antaño, pero es absolutamente purificador; la purificación conduce al alumno sobre el camino de la liberación, lo hace entrar en el proceso de la entrega.

 

El dolor del fuego purificador es a veces tan violento que, a menudo, el alumno principiante retrocede para caer en su antiguo estado de ser, a fin de escapar a las resistencias crecientes, ya que el fuego del candelabro de la conciencia toca el núcleo del corazón, pues se producen numerosas confluencias. Sabemos que ese reencuentro en el corazón de toda clase de fuerzas, radiaciones y de influencias que formal el conjunto del estado emocional. Por ello quien ataca a su propio estado emocional causa de tantos males, está confrontado en el Santuario del Corazón a las fuerzas e influencias que entran diariamente en el campo de respiración y que él mismo ha desencadenado. Ustedes mismos han acumulado toda esa impureza el transcurso de los años. Numerosas imágenes mentales y deseos quiméricos se cruzan en perfecta salud. Si atacan a su propio corazón, a su estado emotivo, encontrarán todas las fuerzas e influencias del karma, del subconsciente y naturalmente la de los eones. Quien penetra así en su corazón desencadena literalmente una tempestad. Piense en los diferentes escritos evangélicos que hablan de ello; por ejemplo en Mateos 8,24-27, y Marcos 6,48-51. La tempestad se eleva violentamente y dura hasta que Jesús despierta de su sueño y apacigua el viento. Lo que significa: hasta que, perseverando en el combate la «Simiente Jesús» el corazón del microcosmos se abre y la fuerza de la Rosa, la Luz de la Rosa, irradia y calma, un poco, el estado emocional. Entonces el estado emocional, el estado del alma, empieza a modificarse y ese cambio gana todo el ser, todo el antiguo yo que vivía desde tan largo tiempo según el viejo orden de las cosas.

 

En resumen, repetimos: ataquen a su estado emocional con su yo nacido de la naturaleza. Al principio esto provocará toda una serie de dificultades, de contrariedades tal vez incluso de tensiones indeseables. Pero la Rosa se abrirá, su luz actuará, su perfume se expandirá y en esa fuerza de radiación cambiarán radicalmente.

Cuando ese proceso empieza, el renacimiento del alma o cambio del estado emocional se realiza, la naturaleza de la luz del «candelabro que está en el medio», el candelabro de siete brazos del corazón se transforma totalmente. Un nuevo estado emotivo nace y con este hecho, la luz del Candelabro de la Conciencia que se mantiene en el Santuario de la Cabeza, cambia de naturaleza y de esencia.

Cuando la emotividad cambia la orientación del todo el ser cambia. Si logran modificar el estado del corazón con su yo, por la rendición del yo, entonces, el Santuario de la Cabeza, la conciencia ordinaria, da testimonio por un comportamiento diferente. Piensen en lo que hemos dicho tan a menudo: cuando la sangre del Santuario del Corazón cambia, la pequeña circulación (la circulación encefálica) propulsa esta sangre transformada a través del Santuario de la Cabeza, y eso modifica el estado de todos los órganos de ese Santuario. El cambio del estado emocional conlleva un cambio total del estado de vida.

Concluimos con toda certeza que si este nuevo estado no se manifiesta, es que todavía no ha llevado la lucha que conduce a la rendición de sí mismo. Han aceptado la razón que les ha sido dada como enseñanza e indicación práctica para su aprendizaje de forma intelectual solamente, sin más. El deseo de una vida liberadora no esta aún en ustedes y la vida tosca deberá vapulearles largo tiempo aún hasta que aprendan y tomen finalmente la dirección requerida la de su rendición al proceso interior que lleva al cambio total de su ser.

¿Porqué hay en la Escuela alumnos que son siempre los mismos después de su entrada a pesar de los años?. No han llevado el combate, no han aceptado la lucha. ¡Sin embargo cuantas molestias han tenido durante este periodo!. ¡Hubieran hecho mejor en emplear todo ese tiempo!. Suficientemente purificados por el sufrimiento estarían ya en el Nuevo Estado de Vida.

Sabemos que muchos recorren ese camino a pesar de las dificultades y que el cambio se realiza en ellos a su ritmo y según su estado individual. Adquieren, desarrollan, como lo hemos dicho, nuevas cualidades de alma que se revelan mediante actos de muchas maneras. Ese nuevo comportamiento les abre en particular perceptivas insospechadas y les da mas calma, confianza y bondad. Pero de ahí nace también, presten atención, un cierto sentimiento de superioridad. Es uno de los fenómenos inherentes a la bondad. El hombre bueno siente y conoce una especie de sentimiento de superioridad incluso si ello va a la par con cierta humildad. Tiene más o menos la impresión de haber llegado. Este fenómeno es para los que han llegado al límite un nuevo peligro, un gran peligro. Ya que ¿para qué adquirir un nuevo estado emocional, un alma de una nueva calidad, cual es el objetivo del proceso de renacimiento del alma, no sea la de llevar todo nuestro ser a un estado tal que pueda volver a encontrar y recibir a Dios, el Espíritu mismo, esto a fin de volverse un Hombre Verdadero?.

Vean bien esta situación. Juan el precursor lucha para la transformación del estado emocional y debe terminar por desaparecer totalmente en esta Endura.

La victoria a la cual lleva esta primera transformación es la manifestación de Jesús en el Alma nueva. La luz del candelabro que está en el medio cambia. En fin el Espíritu desciende sobre él como una paloma. El Hijo de Dios el Hombre Verdadero ha nacido: «este es mi hijo bien amado en el que he puesto todo mi afecto».

Por eso el trabajo solo se termina cuando el Espíritu entra en el Santuario del Corazón y celebra su reencuentro con el alma unificando así el Espíritu, el alma y la personalidad. Entonces se comprende la  palabra de Hermes al inicio del libro decimotercero:

«El Nous oh Taht procede del ser mismo de Dios. Tan solo el Nous se conoce a sí mismo íntegramente».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO   4

 

 

 

 

 

LA CONCIENCIA NACIDA DE LA NATURALEZA

 

 

«El Nous procede del ser mismo de Dios».

Este axioma del que hemos hablado abundantemente concierne al retorno del hombre al estado humano del origen, el restablecimiento de la unión del Espíritu, del alma y del cuerpo afín de que el hombre, criatura de Dios, hijo de Dios, se manifieste y realice el plan Divino único concebido para el mundo y la humanidad.

Y Hermes continua así: «solo el Nous se conoce así mismo íntegramente».

¡Que significa esta exclamación!. Conocerse a sí mismo es primero un estado de conciencia. Si se quiere conocer algo debe haber conciencia. Poseemos todos una conciencia, somos seres conscientes. Sin embargo se trata en el mejor de los casos de una conciencia natural, de una conciencia nacida de la naturaleza.

Pero ¿sabían que se trata aquí de una de las formas de conciencia, las más inferiores que un ser vivo podía poseer?. Es la conciencia de todos los animales. Ella nos hace actuar a ciertas percepciones sensoriales en tanto que nuestro estado emotivo, nuestro corazón nos dirige. Por ello la Enseñanza Universal dice que el centro de nuestra naturaleza, el foco de nuestra conciencia se sitúa en el corazón. ¿Por qué entonces somos tan conscientes por el Santuario de la Cabeza, porqué decimos que la conciencia reside en el Santuario de la Cabeza?. Porque todos nuestros sentidos moran en nuestra cabeza, lugar en el que se encuentra todo nuestro sistema cerebral. Ciertas especies animales están aún desprovistos de sistema cerebral en tanto que este se desarrolla en otros. El sistema cerebral del hombre de esta naturaleza esta el también en devenir; le permite una cierta actividad mental.

El hombre de esta naturaleza es una especie animal sin mas como lo señala Hermes en muchos sitios. La conciencia natural no es otra cosa que el resultado de un proceso atómico elemental. Se puede decir incluyendo en lo que concierne al hombre de la naturaleza que todos los animales se crean y se mantienen en vida recíprocamente. Esto significa que toda vida animal está automáticamente dotada de un instinto de conservación que se manifiesta por diferentes formas o expresiones de vida animal. La lucha por la existencia, por ejemplo, no es más que la elaboración y la aplicación de medios que permiten procurarse un lugar mas seguro en la naturaleza de muerte y protegerse de peligros mortales. Los procesos vitales que conocemos muy bien desarrollan ciertas radiaciones de los órganos vitales de naturaleza etérica y astral.

 

Esas radiaciones formadoras de nuevos elementos hacen nacer otras especies como los diversos microorganismos, bacilos y virus variados así como la armada de los insectos quienes a su vez suscitan otras especies animales.

Por eso decimos que los animales se crean y se mantienen en vida mutuamente fuera del proceso ordinario de conservación de las especies. Es para atraer su atención una vez mas aún sobre el tipo de conciencia del que hacemos uso habitualmente y al cual nos referimos, que abordamos este tema. Tal conciencia deriva de lo que en un momento dado hemos entrado corporalmente en este mundo. Solo la naturaleza ordinaria y algunos factores hereditarios se expresan en nuestra conciencia, nada mas como es el caso para cada especie animal.

Y que sea por la cultura o por la selección natural a lo largo de los siglos a través del desarrollo de formas animales inferiores que nos hemos convertido en lo que ahora somos – animales dotados de una conciencia natural y de un cierto poder mental en el cual nos paramos – o bien que se trate de una degeneración o de una caída importa poco saber como esto se ha producido. Lo esencial es lo que somos en el presente.

Lo que llamamos la Teología no encontrará jamás respuesta a estas eternas preguntas ya que se parará en su búsqueda en la conciencia natural y en sus hipótesis de base.

Es también el hombre de conciencia natural quien en la ilusión de su superioridad ha desarrollado en el transcurso de los siglos las ciencias ocultas a las cuales mucha gente se adhiere.  ¿Cuáles son los resultados?. En el mejor de los casos una extensión de la conciencia natural y de sus poderes sensoriales lo que no añade ni corta absolutamente nada del carácter animal de la conciencia.

Y si el concepto de «Conciencia animal» empleado a veces por Hermes les molesta, utilicemos entonces la expresión de la filosofía india: la conciencia «Kama Manásica» por ejemplo.

Escuchen  lo que Madame Blabasky dice: «La conciencia Kama Manásica designa los grados inferiores de la conciencia instintiva de los animales y de ciertas personas. Esta conciencia pertenece al mundo de la perfección en el cual permanece encerrada. Esta zona de conciencia se ha vuelto en el hombre mas o menos razonable».

Madame Blabasky da algunos ejemplos. Dice entre otros: «Un perro encerrado en una habitación buscará instintivamente salir de ella, pero no podrá porque su instinto no está suficientemente dotado de razón para permitirle emplear los medios necesarios. En cuanto al hombre comprende la situación y sale de la habitación conscientemente».

Ella termina con estas palabras: «La masa de la humanidad ocupa la marcha superior, la séptima marcha de la conciencia Kama Manásica». Dicho de otra forma el hombre dotado de una conciencia natural es y permanece un animal.

Podríamos añadir que todos conocemos perros capaces de abrir una puerta para salir de una habitación. Hasta cierto punto la conciencia animal evalúa grados.

He aquí otro ejemplo: pueden ustedes ejercitar su ojo en captar vibraciones superiores o inferiores y ver así mas que los demás. Pero esto no añade nada a la calidad de su conciencia. Ocurre lo mismo con todos los sentidos. Muchas especies animales conocen estas extensiones animales.

El ocultista entrenado se envanece de ser clarividente o clariaudiente, de conocer el método de división de la personalidad, de poder moverse con plena conciencia en la esfera reflectora… pero es el lote de bastantes especies animales, como las arañas por ejemplo. Esos insectos evolucionan tan bien en la esfera material como en la esfera etérica. No hay diferencia para ellos. Respondamos al ocultista que se enorgullece de la misma practica: «¡Pero hace usted como las arañas!».

Los pájaros perciben igualmente las fuerzas etéricas que los dirige. Cuando ustedes ven el vuelo de un pájaro en el espacio se preguntan a veces como pueden permanecer así en grupo. Un espíritu grupo les une, una fuerza etérica, una cierta vibración, una fuerza luminosa que ellos pueden percibir perfectamente y que les conduce hacia los dominios en que la vida les es posible. El invierno aquí, el verano allí… La mayor parte de los gatos tienen una vida astral; y los perros como la mayoría de los animales salvajes un olfato muy desarrollado.

Podemos concluir que una extensión de los sentidos cualquiera que sea su naturaleza no eleva al hombre por encima de la vida animal natural. Si ustedes llevan una vida muy sobria o que observen cualquier otra forma de abstinencia, o si pasados los años sufren el proceso natural de la muerte puede ser que se vuelvan más sensibles, que puedan percibir mas cómodamente las vibraciones etéricas y astrales, y esto deberán tenerlo en cuenta. Pero esto no significa absolutamente un cambio liberador de su estado de conciencia. Todo lo que se dice a ese propósito  no es mas que engaño, error, ilusión respecto de sí mismo y nada tiene que ver con el nacimiento de otro estado de conciencia, de un estado de conciencia diferente.

Cuando la Gnosis habla de un cambio sensorial (y el desarrollo gnóstico opera efectivamente modificaciones sensoriales muy curiosas) ella considera otra cosa diferente y conduce a otro resultado que un simple embelesamiento de la conciencia natural.

¡Al contrario!. Si, el desarrollo Gnóstico persiste ¡la conciencia natural disminuye de muchas maneras y se sitúa detrás del plan!.

Nos preguntaremos ahora si el hombre natural posee además de su conciencia natural otra forma de conciencia que lo elevaría por encima de la conciencia animal. Pensemos, por ejemplo, en el subconsciente que influye el fuego del plexo solar y nos une a la totalidad del pasado de todas las existencias que nos han precedido en los microcosmos.

El pasado grabado en el ser Aural, ejerce una poderosa influencia sobre el hombre nacido de la naturaleza. Si podemos gracias a la apertura total del subconsciente remontar ese pasado hasta la causa primera (lo que es en principio posible) esto no cambiaría en nada el estado de la conciencia natural. Piense en ese sentido en la primera Epístola de Pablo a los Corintios cap. 13: «Si lo tuviese todo, conociese todo, poseyese todo a excepción de lo único, de lo esencial, yo no sería nada ni tendría nada».

Ven ustedes amigos no es profundizando exhaustivamente en la naturaleza ni experimentando sus diferentes fuerzas que se la transforma como no sea en el sentido de una degradación. Ya que si se perturban las leyes toda la vida se degenera. Que nuestra conciencia nacida de la naturaleza no ha podido aún elevarse por encima del nivel normal de la conciencia animal natural prueba que jamás hemos podido en el pasado irradiar nada que pudiera elevarnos. En la naturaleza siempre es el subconsciente  el que domina al consciente.

Queda por examinar el estado del corazón. ¿Cómo está el Santuario de su corazón, está presente la conciencia?. No simplemente una vida emotiva ciertamente no una conciencia en el pleno sentido del término.

Volvamos ahora a nuestro punto de partida. En conclusión no poseemos mas que una conciencia yo natural correspondiente al santuario de la cabeza y que es
imposible decir de esta conciencia «que se conoce a sí misma íntegramente» en el sentido que lo entiende Hermes en el decimotercer libro. Pretender esto sería una completa ilusión. Nuestro Santuario del Corazón, en cuanto a él, está totalmente dirigido totalmente por nuestra emotividad. En este reactor central de nuestro ser, todos los rayos, todas las influencias y todas las fuerzas que juegan un papel en nosotros se reencuentran.

Este examen incita a decir que el ser nacido de la naturaleza se encuentra siempre con las manos vacías. La Conciencia Divina tal como la considera Hermes cuando habla del Nous debe ser asociada al Nous, al estado emocional transformado, al corazón purificado. Una vez más constatemos que en el Santuario del Corazón que corresponde al alma, un estado de conciencia totalmente nuevo debe nacer, una conciencia con la visión tan clara y totalmente positiva que tendrá el conocimiento íntegro de su pasado primordial del alma, de ella misma y de Dios.

¿Pero como se forma semejante conciencia?.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  5

 

 

 

 

VE Y NO PEQUES MÁS

 

Esperamos haber demostrado claramente que la conciencia que eleva al hombre por encima del animal y hace de él un verdadero hijo de Dios nada tiene que ver con cualquier prolongación de la conciencia nacida de la naturaleza la cuál no es otra cosa que una conciencia sensorial, una conciencia de la percepción, el conjunto sensorial completo constituyendo el órgano complejo de la percepción. Cada ser viviente cada animal incluso el más elaborado posee tal órgano bajo una forma u otra. Y el hecho de que en el hombre con tal órgano de percepción se acompaña de un intelecto no lo eleva forzosamente por encima del animal.

Los que están versados aunque sea poco en el esoterismo saben en general que el centro de la percepción se encuentra en la epífisis o glándula pineal. Es como sabemos un maravilloso y muy curioso órgano. Se encuentra bajo la bóveda craneal y posee un campo de radiación llamado a veces, el áurea de la pineal. Este sobrepasa la cabeza alrededor de unos veinte centímetros. Este poderoso campo de radiación se sitúa alrededor de la cabeza y más especialmente por encima.

Hablamos de un campo de radiación porque es luminoso, pero es en realidad extrañamente, magnético y atrayente. Es de naturaleza séptuple. Se puede distinguir siete colores, siete matices luminosos. En cuanto es tocado, y lo es continuamente de segundo en segundo, se puede percibir un juego de colores y de radiaciones cambiantes; efectivamente, esta parte del cerebro que constituye la pineal es el instrumento de la percepción, una especie de antena del animal humano. Todo el Santuario de la Cabeza con el conjunto de sus órganos reacciona entonces.

En el momento que la pineal es tocada la fuerza de toque, la luz, se precipita hacia el corazón. En una fracción de segundo, lo que alcanza al campo de radiación de la pineal, alcanza al Santuario del Corazón. El corazón posee, igualmente, un campo de radiación. Pensemos por un momento en el esternón. Además el corazón tiene siete aspectos, siete cavidades. Cuando el campo de la pineal es tocado las siete cavidades cerebrales reaccionan, a menudo, inmediatamente. Se puede comparar al cerebro con un espejo, recibe las impresiones y las refleja inmediatamente en las siete cavidades del corazón. El Candelabro del Corazón irradia instantáneamente en concordancia con lo que impresiona a la pineal. Además: todo lo que es irradiado en la conciencia sensorial afecta igualmente al Fuego de la Serpiente y a todo el sistema nervioso.

Lo repetimos a fin de que ustedes lo vean claramente y no lo olviden mas: los siete espejos del Santuario de la Cabeza reciben y proyectan en el corazón lo que impresiona el campo de radiación de la pineal. Simultáneamente el Santuario de la Cabeza irradia sus fuerzas en el Santuario del Fuego de la Serpiente y a través de él en todo el sistema nervioso. Lo que en un momento dado penetra en el Santuario de la Cabeza es transmitido inmediatamente hasta la punta de los dedos. Nuestro sistema físico está equipado de tal manera que en el mismo segundo que una impresión toca la pineal en el cerebro, esta misma radiación se propaga hasta el extremo de nuestro sistema nervioso. Comprendemos que si el hombre dispone de una conciencia de percepción positiva y que solo opera en el Santuario de la Cabeza, la conciencia nacida de la naturaleza que solo determina la actividad automática de la conciencia astral del corazón el estado emocional y su esfera de influencia no podrán ser tocados; que provocará lo que llamamos un debilitamiento, la enfermedad y la muerte.

Comprendan bien esto: no controlan lo que tal vez al instante penetra en el Santuario de su Cabeza. No controla lo que traspasa en un momento todo su sistema nervioso. Eso provoca en ustedes a menudo grandes tensiones. ¿Cómo reaccionar a estas tensiones, que ocurre?. Si no se produce ninguna reacción positiva, si no conocen ningún medio para eliminar lo que les perturba y provoca en ustedes tensiones pueden imaginar que muy rápidamente su corazón se debilitará y serán presa de toda clase de perturbaciones fisiológicas.

Continuamente de segundo en segundo innumerables impresiones alcanzan el corazón y el sistema nervioso por mediación del campo de la pineal. Si ninguna reacción positiva, ni ningún acto autónomo del sistema nervioso central y de la conciencia central tiene lugar, todo el sistema sometido a tantas tensiones se gasta rápidamente. No puede ser de otra forma. Por eso envejecemos porque en un momento dado nos debilitamos y ustedes saben lo que es el fin en la naturaleza de la muerte.

Existe una antigua terapia aplicada ya en China en la época de Lao Tse que se basa en el método conocido de la curación por el magnetismo, método rechazado por la Escuela Espiritual actual. Para los alumnos este método en aún peor que los medios de curación occidentales porque actúa mas directamente sobre el sistema y sobre todo porque va a menudo a la par con la hipnosis.

El antiguo método chino ha llegado a Europa y no hace demasiado tiempo a Austria, Alemania y Holanda y numerosos médicos la aplican hoy buscando desesperadamente la cadena que falta en la terapia occidental conocida. La medicina clásica la homeopatía, así como la naturoterapia aparecen a menudo poco eficaces para quitar el flujo de la miseria física humana. Los herboristas en diferentes revistas nos enseñan que muchos buscan desesperadamente aliviar la humanidad enferma. Es evidente, comprensible y humano intentar ayudar a los demás. La Escuela debe vigilar para que las posibilidades de una vivencia práctica del alumnado, no sean consumadas con pesquisas e intrigas. (1)

Desde cierto punto de vista puede ser considerada peligrosa para los hombres de las demás razas. ¿Por qué? En verdad para comprenderlo hay que darse cuenta que los hijos de Dios y los hijos de la naturaleza tienen intereses muy divergentes. Los hijos de Dios, puesto que se encuentran aprisionados, buscan huir de este mundo. Los hijos de la naturaleza buscan este mundo y quieren afianzarse. Sus aspiraciones son diametralmente opuestas. Utilizamos aquí la palabra mundo en el sentido estrecho de campo de vida engendrado por esta naturaleza que tenemos por costumbre llamar mundo.

Si se les diera a los Hijos de Dios la dirección de la Tierra resultaría de ello un cambio total de las condiciones astrales del campo de vida. El campo astral de la naturaleza de la muerte se volvería perfectamente semejante al campo astral gnóstico, un campo lleno de serenidad y de la más alta pureza. La esfera reflectora sería vaciada. Todas las actividades de la esfera reflectora con motivo de conservarse a sí misma se volverían para siempre imposibles. Todas las condiciones vitales de nuestro campo de vida se transformarían. El campo de devenir terrestre no procuraría ya ninguna posibilidad de existencia a las entidades dotadas de la única Chispa de Vida. Los millones de entidades con Chispa de Vida que pueblan la tierra no podrían simplemente existir y morirían. El fratricidio clásico, el drama secular de Caín y Abel se repetiría.

Otra posibilidad sería que las entidades de Chispa de Vida por una regeneración de sus microcosmos se transformaran en Hijos de Dios. Si alguien de entre nosotros no tuviese el clásico átomo original del espíritu en el microcosmos sería posible por una regeneración del campo microcósmico que lleva el espíritu introducir lo que no estaba.

Toda criatura proviene de la naturaleza fundamental. Y el núcleo original de toda criatura proviene de la idea creadora que esta en la base de esta criatura. Si esta idea y este núcleo no provienen del espíritu la formación de un hijo de Dios es imposible. Pero si esta idea proviene de Dios, se desarrolla un hijo de Dios.

El Hijo de Dios es una criatura obligada a conducirse en armonía perfecta con la idea fundamental que es la base de su ser. Apartarse de ella, de esta idea, debe volver a esta idea original a través de numerosas dificultades y procesos de combustión. La idea si ha salido de otra cosmocracia, entonces aparece una criatura diferente teniendo un principio diferente, una idea diferente y un objetivo diferente.

Repetimos que la idea del Espíritu Universal puede regenerar entidades unidas a los eones de la naturaleza en el momento de partida.

La primera condición es expandir en todo el mundo la Enseñanza Universal del Espíritu. La segunda es la creación y la realización de una verdadera Ekklesia del Espíritu.

La tercera es la adaptación absoluta del campo de vida, del campo de evolución de la humanidad a las exigencias del Espíritu, a continuación de lo cual todo lo creado se conformaría con el Espíritu.

De esta forma las entidades que no eran originalmente hijos de Dios desde el comienzo se volverían por la regeneración del microcosmos. Usted sabe que es la triple alianza de la Luz: Grial, Cátaros y Rosacruz, que hace lo necesario en el poderoso esfuerzo de regenerar las entidades unidas a los eones. La Enseñanza Universal se hace nuevamente oír mediante la voz de la Rosacruz. La nueva iglesia del Espíritu, la Fraternidad de los Cátaros esta establecida. La gran transformación del campo de vida una vez mas está comprometida ha empezar por el campo astral según las exigencias del Espíritu; y la Fraternidad del Santo Grial se ha manifestado de nuevo.

Todo esto forma parte de las poderosas actividades de los hijos del fuego. Por esto han venido ya y vuelven los Hijos del Fuego Liberados. Por el mismo modo que también vuelven los discípulos y servidores para desplegar una intensa actividad.

¿Porqué?. Con el fin de transformar los hijos de Abel en hijos del fuego. Con el fin de levantar a todos los hijos de Caín caídos y aprisionados y restablecerlos en la comunidad de Dios. Todos los verdaderos Textos Sagrados, toda la Enseñanza Universal testimonia de esta inmensa y sublime tentativa que no cesa de repetirse en la historia del mundo. Debemos decir nuevamente que no existe Enseñanza Universal asociada a los Eones. Les explicaremos más adelante porque.

En el transcurso de numerosos períodos de la historia de la humanidad son siempre creadas las condiciones necesarias para realizar este inmenso y sublime trabajo del Espíritu. La Iglesia verdadera la única Iglesia del Espíritu ha aparecido mas de una vez sobre la tierra. Citemos por ejemplo la Iglesia de los Cátaros mencionada tan a menudo; piense en Apolonio de Tiana, en las Iglesias Gnósticas que han existido sobre los antiguos países ribereños del Mediterráneo, en Egipto, en Asia Menor, en Grecia, en el conjunto de los Balcanes y en el resto del África del Norte. Podemos afirmar con una gran alegría que durante esos períodos un gran número de entidades han entrado en la vida liberadora. Hay en verdad una multitud que nadie puede contar venida de todos los pueblos y de todas las razas de la tierra.

Y ahora volvamos a la leyenda de Caín y Abel.

Realizada en parecida circunstancia la ofrenda de Caín será siempre rechazada ya que las condiciones astrales del campo de vida de la naturaleza de la muerte no sirven para su trabajo; por ello primero hay que transformarlas. Caín el hombre Espíritu del origen lo ve bien. Pero en su vana espontaneidad el se fija primero en el error fundamental de Abel. Entonces intenta forzar las condiciones astrales de Abel. El supuesto fratricidio repetido desde entonces tantas veces no es otra que una tentativa para violentar astralmente al hombre del tipo Abel.

Imagine que se encuentra entre nosotros alguien que no comprende nada de lo que hablamos, esto no tendría ningún sentido forzarlo. Habría que dejar la Escuela volver a su vida ordinaria, llevar su existencia de cada día hasta el día en que la hora sonará para él. No es posible forzar a nadie astralmente y no debe hacerse. Si lo hace perturba las funciones nerviosas. El equilibrio de las funciones cerebrales es violentado y usted hace ensombrecer a la persona y la conduce a la demencia. Por esta razón los que han entrado en la Escuela bajo la influencia de otros terminan siempre volviéndose violentamente contra ella. Ese método de coacción astral acompañado con un poco de cultura es un método oculto conocido para hacer de alguien un simple esclavo de los eones de la naturaleza. De esta manera decimos que hay que rechazar el clásico fratricidio astral. No es bueno forzar a un hombre a la unión con el Espíritu, a la vida del Espíritu. Es preciso que sea un nacimiento.

¿Cómo?. Gracias a su ejemplo personal.

Imagine que hay en su casa un gran descontento; que hay una gran tensión en su familia por su inclinación hacia la escuela. ¿Cómo se puede llevar esto?. Modificando completamente su comportamiento. Irradiando el amor de la aurora en el crepúsculo y de ahí al alba. De forma que las personas de su entorno se pregunten llenas de extrañeza: ¿qué ocurre, como es posible, como se puede perseverar de esta forma?. Abrirá de este modo algo en ellos. Y si continúa usted en esta dirección vencerá. La Iglesia del Espíritu, la Triple Alianza de la Luz no cometerá jamás el error de coaccionar a quien proceda astralmente. La Iglesia del Espíritu no emprenderá jamás la lucha con entidades diferentes.

Ella se sumerge a menudo en la lucha. Pero siempre es una lucha llevada contra ella. Se trata siempre de una persecución; persecución que continua hasta nuestros días. El Espíritu no precisa de coacción. Ya que en principio la Iglesia del Espíritu se apoya en la certeza de que vencerá algún día. Y segundo ella sabe que es indestructible. Ella no puede sin embargo encontrar un sitio ni una morada hacia abajo en el campo de existencia dialéctico. He aquí lo que llamamos visto desde aquí abajo la maldición de Caín. Según el relato si se persigue a Caín, si se busca matarlo el Espíritu Séptuple interviene para protegerlo. Es por ello que la Iglesia del Espíritu es indestructible.

Pero como no puede estar permanentemente sobre la tierra para dar a todas las criaturas de los eones la ocasión de girarse sobre sí mismas y porque el fratricidio de Caín no debe tener lugar la Iglesia del Espíritu viene sobre la tierra periódicamente para retirarse acto seguido durante un tiempo.

Hay momentos en los que la Iglesia del Espíritu renace. Y entonces es un hecho establecido que siguiendo las leyes del Espíritu ella hace entrar invariablemente su cosecha.

Abordemos ahora nuestro asunto de búsqueda por el lado opuesto desde el punto de vista de los seres nacidos de la naturaleza y de los que no son hijos del fuego pero que podrían volver ha serlo.

Existe en este mundo centenares de millones de entidades que no han salido del Espíritu sino de los eones, así pues, concebidos por las fuerzas de l naturaleza. Y como un creador está unido siempre a su criatura y en razón de la ley natural no pueden dejar perecer la obra de sus manos las fuerzas de la naturaleza actúan poderosamente en el deseo de llegar a conservar totalmente su creación, sus criaturas y el campo en el que se desarrollan.

Encontrará esto escrito en detalle en el Evangelio Gnóstico de la Pistis Sophía.

Los eones no cesan en conservar el estado de su criatura. No pueden hacer otra cosa. Están de esta manera a su propio servicio. Ya que si su creación desapareciera lo sería también su existencia.

Por ello mantienen en este mundo un clero organizado por jerarquías como se revela en el Evangelio Gnóstico. Un clero que solo tiene un objetivo, una sola tarea: mantener en un estado dialéctico el campo de formación, el campo de vida de las entidades nacidas de los Eones. Este mundo debe permanecer como está, ese es su objetivo. Las entidades que pueblan este mundo deben conformarse. La gran tropa de los esclavos de los Eones realiza su fin, su giro de la rueda a través de la esfera material y la esfera reflectora.

Así es como un pretendido cielo es mantenido temporalmente en la esfera reflectora; usted sabe lo que hay que pensar de todo ello. Los Eones se esfuerzan en protegerse y en proteger sus criaturas. Por ello han creado y vivifican continuamente un pretendido culto sagrado.  Además deben aplicar un método oculto perfecto hasta en los más mínimos detalles. Así pues la iglesia de la naturaleza se opone a la iglesia del Espíritu.

Sin embargo, «cuidado», la naturaleza obliga a traicionar y a asesinar el Espíritu así como a perseguir al Hombre Espíritu por toda la tierra. La iglesia de los eones no posee doctrina universal; si ella revelara y protegiera la única verdad que es la base de su existencia debería de reconocer que hay por encima de ella es Espíritu y el Hombre Espíritu. Debería entonces simplemente subordinar su enseñanza a la enseñanza del Espíritu lo que significaría su declive su muerte y su disgregación. Por su esencia misma no puede aceptar la muerte espontánea de Abel es decir una muerte provocada por la creación de nuevas condiciones astrales vivificadas por la iglesia del Espíritu.

Por esta voluntad de existir el Espíritu es traicionado y la Iglesia del Espíritu destruida por todas partes en donde aparece; el Hombre Espíritu del origen es perseguido y asesinado por toda la tierra.

¿Cómo se traiciona al Espíritu?. Mutilando, por ejemplo, la enseñanza del Espíritu por mediación de la Teología; presentando el orden de Dios con un objetivo y una necesidad puramente naturales. En conclusión persiguiendo objetivos puramente terrestres bajo el amparo de una enseñanza espiritual, robada y mutilada. Ya que una vez que el Espíritu está deteriorado y mutilado, es más fácil atacar y perseguir a la Iglesia del Espíritu y al Hombre Espíritu. Piense en la famosa traición al respecto de la Iglesia de los Cátaros así como a la persecución de la Rosa Cruz a través de los siglos bajo el pretexto de una intervención con motivo de proteger al Espíritu y a la Gloria de Dios.

Si las fuerzas dictatoriales de derechas o de izquierdas se hicieran cargo de la dirección de la Europa occidental, inmediatamente la Iglesia de la Gnosis, la Iglesia del Espíritu sería una vez mas perseguida.

 

 

A través de búsquedas y experiencias la posibilidad de practicar el aprendizaje permanezca, ya que es por esto, que ustedes se han vuelto alumnos de la joven Gnosis. También cuando se presentan sobre su camino factores susceptibles de trabar su desarrollo la dirección de la Escuela tiene el deber de decirles:

 

«Hermano, hermana esto no es bueno, no debe hacerlo».

Y si ustedes dicen: «deseo conservar plenamente mi libertad; lo hago ha pesar de todo». Es asunto suyo. Pero toman totalmente la responsabilidad y debemos romper el contacto con ustedes como alumnos de la Escuela. Es lógico, la Escuela tiene un plan, un método, un camino; les aclara con precisión el camino, la vía nueva y el método que conduce a ello. Si no desean ese método son ustedes libres pero entonces su aprendizaje no tiene ningún sentido.

 

 

 

 

 

 

A lo largo de los años desde 1.924 inicio de la Joven Escuela Espiritual Gnóstica hemos conservado este punto de vista y hemos apartado a innumerables candidatos que tenían muchas posibilidades. Pero si hubiésemos tolerado que los alumnos se dejen manipular por magnetizadores, quiromantes, charlatanes, etc.. Toda clase de fuerzas negativas hubieran tenido acceso a la Escuela alcanzando nuestro trabajo y volviéndolo totalmente imposible.

Es bello y magnífico intentar servir a la humanidad pero los métodos y los medios deben ser aceptables. Desde hace poco tiempo se ha encontrado en Suecia un nuevo método que se ha experimentado sobre millares de animales. Ni tan solo uno ha sobrevivido. Han muerto porque se quería curar a los hombres con la ayuda de rayos protónicos derivados de la fisión del átomo. Esos rayos proyectados violentamente a través del cuerpo humano harían desaparecer, pensamos, algunos males o perturbaciones. No se dice con que serían remplazados estos últimos. Generalmente es demasiado tarde cuando se descubre.

Vamos a vigilar en la Escuela Espiritual a que en medio de las experimentaciones permanezca la posibilidad de vivir prácticamente el aprendizaje. El núcleo de la Escuela con todos los que se adhieren se esfuerza por conducir el aprendizaje a buen fin. Por eso debemos estar al servicio los unos de los otros y colaborar plenamente.

Consideramos la acupuntura como un peligro grave y amenazante. Este método consiste en pinchar diversos centros nerviosos con una aguja de oro en el lugar donde se sienten los dolores. Hemos dicho que los dolores neurálgicos están en unión estrecha con el campo de la pineal ya que todas las impresiones recibidas en esta glándula son transmitidas por el sistema nervioso hasta en la parte más ínfima del cuerpo. Supongan que uno de sus órganos se vuelva doloroso, sensible o enfermo porque no puede eliminar de forma positiva las tensiones que despiertan ciertas radiaciones.

Se quejan de mal de cabeza o de tener mal en el brazo, o en la pierna, a continuación se toma una larga aguja de oro; se tiene firmemente cogida esta aguja con los dedos y se pincha la parte dolorida del cuerpo. El fluido magnético del médico que hace esto es transmitido directa y positivamente al cuerpo. Se reacciona, a menudo, como si se hubiera recibido un sock eléctrico. El fluido magnético conducido por esta aguja penetra mucho más poderosa y directamente en el cuerpo que con el procedimiento occidental de los pases magnéticos. Por esta aguja magnética el médico introduce en su cuerpo, así pues en su vida, su fluido, su magnetismo personal que irradia continuamente en la punta de los dedos. El proceso vital que es el de ustedes no les pertenece entonces, ya que el médico lo bloquea con su propio estado de ser.

Además su dolor físico les hubiese sido tal vez extremadamente útil en el gran proceso del devenir consciente superior. Por ello en una Escuela Espiritual verdadera el elemento personal esta siempre excluido, por lo menos en la medida que sea posible. El fluido magnético de uno directamente transmitido al sistema nervioso de otro puede bajo ciertos aspectos ser extremadamente peligroso para los interesados, tanto para el que emite como para el que recibe.

Este aspecto estaba igualmente tomado en consideración en las prácticas terapéuticas de la antigua China después de muchas y dolorosas experiencias. Por ello en general el médico no actuaba personalmente. Tenía cerca de él una lámina representando el cuerpo humano sobre la cual estaban indicados todos los puntos nerviosos. Se hacía ayudar por una joven virgen que podríamos considerar como su enfermera. Le mostraba el lugar donde ella debía pinchar y acto seguido ejecutaba la tarea. Efectivamente ella transmitía al sujeto las directivas mentales del médico. De ahí nacía a menudo, esto es comprensible, una especie de contacto hipnótico. Todo esto para decir que la acupuntura por la cual se ha hecho tanta propaganda no es compatible con el aprendizaje de nuestra Escuela Espiritual, de la misma manera que las manipulaciones de los magnetizadores.

Nos oponemos, repitamos de nuevo, a todo método que se revele perjudicial a nuestros alumnos en el proceso del despertar de la nueva conciencia.

Esta corta exposición puede ser útil para mostrar claramente lo actualizadas y dignas de interés son nuestras Enseñanzas.

 

Admitamos que desde hace tiempo se hayan dedicado a la tarea de la total transmutación en el sentido liberador de su estado emocional por su conciencia nacida de la naturaleza. Por su sistema sensorial y especialmente por la pineal han establecido un contacto magnético entre la pineal y el Santuario del Corazón. Admitamos que por ese combate intimo y personal hayan efectivamente logrado elevar el estado de su alma de forma que la vida liberadora del alma comience a manifestarse en el santuario de su corazón. Se desarrolla entonces una calidad de alma totalmente nueva; otro estado emocional empieza a revelarse en ustedes. Cuando esto se manifiesta la pineal, el amante de su sistema sensorial, atrae inmediatamente una fuerza de radiación correspondiente a su nuevo estado de ser: Otro tipo de llamas en entonces perceptible por encima del Santuario de la Cabeza. Y una nueva fuerza se une al Santuario del Corazón. Esta fuerza de radiación correspondiente al nuevo estado de ser tendrá siempre una esencia y una calidad espiritual: es la fuerza real del Espíritu Séptuple. ¿Es imaginable?.

La conciencia del yo empieza el combate en el Santuario del Corazón, hemos dicho. Perseverarán a través y en contra de todo. El Santuario del Corazón cambia su estado emocional se modifica y simultáneamente una parte del cerebro la pineal se abre al Espíritu Séptuple.

Si han asistido hace unos años a las conferencias del foco Christian Rosacruz a Calw, en donde hemos hablado de las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz se acordaran sin duda que los candidatos a la vida superior suben por la escalera en espiral hacia el Santuario de la Cabeza y allí contemplan al Rey y la Reina acompañados de sesenta vírgenes; en efecto, la parte del cerebro que constituye la pineal tiene sesenta aspectos; es un loto con sesenta pétalos. Después de esta celebración el cortejo desciende hacia el Santuario del Corazón.

Este pequeño resumen sacado del cuarto día de las Bodas Alquímicas describe exactamente lo que intentamos exponerles ahora.

Si han aceptado el combate contra su estado emocional y alcanzado algún éxito, la esfera de actividad de la pineal cambia inmediatamente y el Espíritu, los siete rayos del Espíritu descienden. En cuanto la fuerza del Espíritu Séptuple se une al Candelabro del Corazón purificado un nuevo estado de conciencia se desarrolla en el Santuario del Corazón. Inmediatamente este órgano antiguo órgano sensorial se convierte en un órgano de conciencia. Por eso se dice en el Sermón de la Montaña: «Bienaventurados los que tienen el corazón puro, porque ellos verán a Dios». Ellos reencuentran al Espíritu, se volverán conscientes del Espíritu. Desde entonces se puede decir: «El Nous oh Taht procede del ser mismo de Dios».

¿Y cual es su naturaleza¿?

«Se conoce así mismo íntegramente».

Desde ese momento el Nous ya no está separado del ser de Dios; por el contrario está unido a él como la luz al Sol. Si, el Nous hace del hombre un Dios.

«Por ello ciertos hombres son dioses, su estado humano está muy próximo al estado Divino».

Así habla Hermes en los primeros versículos del decimotercer libro.

 

Es a partir de este hecho esencial que trabaja el servicio de curación del Rozenhof cuya ayuda saludable, ustedes lo saben, es accesible a cada alumno confesional verdadero, es decir, a los alumnos que atacan verdaderamente su propio estado emocional en el sentido descrito.

Cuando hay efusión del Espíritu hay un nacimiento de la Nueva Conciencia. Es un estado imposible de describir y del cual no se puede hablar. Cualquier estado de la supuestamente conciencia propia de la naturaleza de la muerte pierde toda su luz ante él. , como la luz del candelabro en la poderosa luz del Sol.

El Espíritu ha entrado en el Cuerpo Vivo de la Escuela. El cuerpo viviente, la antigua Barca Celeste, es partícipe de la Cadena Gnóstica Universal y todo lo que representa la Cadena Universal, todo lo que ella posee es ofrecido a disposición de la joven Gnosis.

La Cadena Universal es el inmenso y poderoso grupo de entidades humanas divinizadas que por mediación de la Joven Gnosis toca a la tierra y a la humanidad viva en la naturaleza de la muerte. El Gran Misterio de salvación toca a la humanidad en la naturaleza de la muerte por mediación de la Joven Gnosis. Por ello que se aproximan a la Escuela Espiritual se encuentran literal y corporalmente muy cerca de la divinidad.

Ya que hermanos y hermanas una plenitud de radiaciones, un poderoso campo de radiación que mana del Nous de la Gnosis Universal nos toca y se coloca a nuestra disposición. ¿Y que otra fuerza le es comparable, que otro socorro?. Cuando el grupo es consciente y acepta el proceso, toda enfermedad que no signifique el fin del viaje terrestre puede ser total y directamente curada. El Rosenhof tiene ya concretamente numerosas pruebas.

Pero aún sería infinitamente mejor si el grupo colaborara con nosotros de la única y justa manera. ¿No encuentran trágico que se pueda buscar a veces la ayuda en toda clase de formas negativas e incluso indeseables cuando se rechaza la única ayuda?.

No piensen que deseamos minimizar la acción de nuestros hermanos médicos que se sienten perfectamente en su lugar en la escuela. Al contrario además de sus obligaciones médicas habituales tienen la posibilidad y el deber de tener un lugar extremadamente importante en el magnifico y grandioso trabajo en devenir. Sin embargo declaramos en el presente que una curación real por el Espíritu se vuelve posible para una humanidad abatida y enferma.

Desde la Segunda Guerra Mundial se relata casi a diario las experiencias de curación supuestamente por el Espíritu Santo y ustedes conocen el papel de la esfera reflectora en semejante caso. Ahora que la agitación suscitada se ha apaciguado un poco y que la humanidad esta próxima a la desesperación, que en América, por ejemplo, se hace cola ante las farmacias para comprar productos neurológicos a fin de escapar a las tensiones, al miedo, a la angustia y a la influencia de un campo radiactivo muy cargado que se encuentra por encima de los Estados Unidos, declaramos en medio de ese caos, de esa miseria que la verdadera curación por el Espíritu se vuelve posible para la humanidad abatida y enferma.

Pero es con una sola condición la que expresa las palabras bien conocidas: «Ve y no peques más».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  6

 

 

 

 

 

EL ESPÍRITU SANTIFICANTE

En el tercer versículo de ese texto poderoso de decimotercer libro de Hermes Trismegisto se dice:

«El buen Demonio ha nombrado los dioses hombres inmortales y a los hombres dioses mortales».

Les hemos mostrado anteriormente con detalle que la conciencia central del hombre se sitúa en el Santuario del Corazón y que está continuamente en estrecho contacto con el Santuario del Bazo, dicho de otra manera, con el subconsciente y con la conciencia nacida de la naturaleza, es decir la conciencia yo cuya sede se encuentra en el Santuario de la Cabeza.

Estas tres conciencias colaboran en unidad generalmente no son estáticas. Mas bien al contrario, en la mayor parte de los hombres la conciencia está siempre agitada fenómeno que prevalece sobre todo en el corazón sede de la conciencia central. Todos conocemos la agitación del corazón; la inquietud, la angustia, el temor y el miedo que aparecen entonces ocupan constantemente nuestro pensamiento y mantienen  fuertes tensiones en nuestro sistema nervioso.

Si esta incesante lucha fuese el hecho de un estado emocional paralizado e imposible de modificar el interesado estaría afligido con lo que la Sagrada Escritura llama dureza del corazón. Sien embargo ese estado la mayor parte de las veces irremediable significa la perdición total.

Debemos deducir por ello que las fluctuaciones de la conciencia que provocan a veces tan violentas y tan dolorosas reacciones así como las continuas variaciones de nuestro estado emocional demuestran que el objetivo no a sido aún alcanzado. En tanto que no se haya alcanzado el estado emocional del hombre permanecerá perturbado. Por eso Hermes dice en el tercer versículo:

«El Nous es el benefactor de las almas humanas; las trabaja y las forma con vistas al bien».

El hombre tiene una vocación incluso en el estado mas cristalizado del cuerpo racial actual y tanto tiempo como esta no ha sido realizada es mantenido en una continua agitación.

¿De que vocación se trata?.

«El hombre de nuestra especie de nuestra naturaleza es un dios mortal». Esto significa que es llamado y destinado para la realeza del Espíritu para el cual ha sido concebido. Tanto tiempo como esta realeza no ha sido alcanzada el estado emocional del foco del corazón no conoce ningún equilibrio. El reposo del pueblo de Dios tiene al hijo de Dios, cuando ha Dios mismo el Espíritu se manifiesta en él. Dios designa el Espíritu infinito, perfecto. Mientras este Espíritu no pueda manifestarse y permanecer en el hombre este no es aún verdaderamente un hombre. Esta perseguido sobre los caminos de la vida en donde todo le puede acontecer: perderse, cristalización, petrificación total acompañado de los fenómenos de la enfermedad y de la muerte que estos comportamientos arrastran. La enfermedad y la muerte a sí como los incidentes que le sobrevienen en la vida son, insistimos, debidos exclusivamente al hecho de que el objeto de la vida no ha sido alcanzado.

Hemos demostrado ya que es el fluido nervioso lo que se llama el éter nervioso y los demás fluidos del alma correspondientes que inflaman el estado emocional y empujan a los actos.

El éter nervioso no es otra cosa que la radiación del fuego astral que irradia en el cuerpo físico, radiación recibida e inhalada por el poderoso órgano de la pineal. A través de este órgano, y siguiendo su calidad, el fuego inhalado es irradiado en toda la personalidad. La glándula pineal y lo que depende de ella es el elemento más importante de todo el organismo humano. En el nacimiento ella ya está en el estado correspondiente a la raza, a la familia y al pasado microcósmico.

La pineal tiene también un campo de radiación que llamamos el aura de la pineal. Esta aura tiene alrededor de cincuenta centímetros de diámetro. Este campo de radiación siguiendo su calidad (determinada por el foco del aura) lleva nuestro éter nervioso a un cierto estado de ser.

Lo que no esta en armonía con la naturaleza y la calidad del aura de la pineal simplemente no entra en el sistema y no puede ser asimilado por esa glándula. La calidad del éter nervioso del momento llamado Arsaeus por Paracelso determina en particular  su estado de salud, su fuerza o debilidad eventuales, su estado o tendencias mórbidas así como la naturaleza y calidad de su emotividad y calidad de sus agitaciones.

En lo que concierne a la liberación del hombre ¿No es plenamente benéfico, y es por ello que Hermes dice que Nous es el benefactor del alma, que en tanto que la calidad de su Arsaeus permanezca por debajo de cierta norma todas sus dificultades de la naturaleza que sea subsistan?. En tanto que no hayan resuelto el gran enigma de su vida sus dificultades persisten y su estado emocional es pues perturbado hasta que comprenden las razones o las causas de sus sufrimientos y las ataquen de raíz.

El centro de la pineal, es con este fin con el que es concebido, debe ser el punto de toque del Espíritu, el lugar en donde el Espíritu desciende, en donde el Espíritu permanece. Tal es la epopeya de las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz, y ahora acosados por sus emociones y puestos así en condición deben hacer la ofrenda total de su ser, una rendición absoluta e incondicional. Esto hará nacer un nuevo estado emocional, en consecuencia de lo cual el Espíritu de Dios mismo les tocará y expandirá en el Arsaeus.

Cuando ese Espíritu encuentra su ser en un primer toque es en ese momento el Espíritu Santo: El Espíritu curador, el médico divino mismo. Efectivamente al grito del alma nueva el Espíritu nos toca y encuentra la pineal, el aura de la pineal, así como el Arsaeus en un estado determinado. Esto provoca inmediatamente un violento dolor un gran sufrimiento, una tensión extrema. Tal es el fuego que consume el Espíritu santificante, que abraza nuestros miembros con sus llamas purificadoras. Quien acepta este fuego y sabe aprovecharse de los efectos, encuentra después al Espíritu Santificante, el Consolador, el toque del Espíritu en su aspecto superior. Pero antes que el Consolador pueda penetrar en ustedes su sistema debe ser purificado. Por esto el Espíritu Santificante precede a la maravillosa gracia del Consolador.

Comprendemos ahora que no son los medicamentos, ni las diversas sicoterapias quienes resolverán nuestros problemas físicos; creer esto sería una estupidez por parte del alumno gnóstico. Efectivamente es posible con ayuda de tranquilizantes apaciguar el sistema nervioso, de esta manera aligerar la naturaleza del Archaeus. Pero haciendo esto desplazan sus dificultades, desplazan la naturaleza de sus tensiones hacia otra parte de su vestido de luz, como por ejemplo la sangre, las secreciones internas, e incluso el fuego de la serpiente; y también lo que es mas grave hacia los siete espejos del Santuario de la Cabeza, hacia los siete pesos en la región de las siete cavidades cerebrales, o en el interior. Cuando el sistema nervioso se ha apaciguado de esta manera puede ocurrir que en ese momento el corazón también se calme.

¡Y toman nuevamente aliento!

¿Sin embargo quienes le reprocharían que tomen aliento?. No obstante amigos, es un falso reposo, una paz equivocada que significa a veces que los siete espejos, los siete candelabros están por un momento apartados de su lugar según la expresión del Apocalipsis. Todas las fuerzas que entran en la pineal son proyectadas en su sistema por los siete espejos, por las siete cavidades cerebrales. Si ocurriera que estos dejan de funcionar en un corto espacio de tiempo se empañan y no reflejan ya nada. En esos momentos es posible que sientan un falso reposo, los candelabros están momentáneamente desplazados de su lugar.

Admitamos que este no es el caso. Que el Espíritu Santificante permanece en su sistema y continúe operando. Entonces este Espíritu Santificante curador prosigue su obra purificadora sus dificultades persisten o lo que es frecuente empeoran. Pero aquel que sobre la base del nuevo estado del alma en la alegría y con plena compresión acepta el Fuego Purificador y su propio sufrimiento tan necesario, los sobrellevará en el menor tiempo posible y de la forma mas positiva.

Un médico que pase el mismo por ese proceso podrá dar muy buenos consejos que conciernen por cierto al alimento u otras costumbres corporales y nos alegramos de que hay médicos capaces de sostener los órganos deficientes, lo que representa un gran interés. Es por todo esto que, estamos contentos de que

 

 

algunos médicos se dirijan hacia la Escuela en diferentes países porque el proceso vivido en la Escuela les atrae a ellos también.

Pero tenemos ahora el deber de indicarles el camino a seguir para suscitar la ayuda del Espíritu Santo en tanto que alumnos. De tal ayuda todos los hombres tienen necesidad; sin esta ayuda nada somos nada podemos y el sufrimiento subsiste. ¿No sería verdaderamente lastimoso que el Espíritu Santificante obre en ustedes, que la espada del Espíritu esté plantada también en ustedes ostensiblemente (lo que a Dios gracias ocurrirá para muchos de ustedes muy pronto) se resistan a este proceso por la angustia, el temor y el miedo?.

Cuando el Espíritu les ha santificado o está realizando esta obra bendita la paz se instala en el Archaeus, así pues el estado emocional encuentra su equilibrio. Por ello por muy difícil que esto sea comprendan que su estado emocional es el gran benefactor del alma humana. Ya que el buen demonio, es decir la naturaleza creadora original tal como se manifiesta en el alma humana verdadera tiene por designio hacer de todos los hombres unos transfigurados, unos inmortales, hombres dioses.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  7

 

 

 

 

 

 

LA CURACIÓN POR EL ESPÍRITU SÉPTUPLE SANTIFICANTE

 

He aquí la introducción como continuación de nuestra charla sobre el decimotercer libro del Corpus Herméticum los versículos 4 a 8:

«En los seres desprovistos de razón el Nous actúa en concordancia con los caracteres naturales; en las almas de los hombres, sin embargo, él actúa en oposición.

Sufrimiento y deseo atormentan al alma desde su entrada al cuerpo; en efecto, sufrimiento y deseo se expanden en el cuerpo densificado como un fuego en donde el alma se ensombrece, se sumerge.

Si el Nous no puede tomar la dirección del alma, proyecta sobre ella y se opone así a sus inclinaciones naturales. Al igual que un buen médico cauteriza o corta del cuerpo lo que está enfermo el Nous hace sufrir al alma extirpando el deseo causa de su estado mórbido.

Sin embargo la gran enfermedad del alma proviene de que reniega de Dios de donde resulta su pensamiento erróneo del cual hace nacer el mal sin suscitar nada del bien.

Por ello combatiendo esta enfermedad el Nous devuelve el bien al alma como el médico devuelve la salud al cuerpo.

Las almas humanas que no son guiadas por el Nous están en la misma situación que los animales, desprovistos de razón».

El tercer versículo afirma con fuerza: «En los seres desprovistos de razón el Nous es la naturaleza».

El estado emocional de los seres desprovistos de razón se explica totalmente por la naturaleza. De este modo la criatura animal tan solo puede ser perfectamente una con la naturaleza en total armonía y totalmente en paz con ella; ese es su destino. La naturaleza y la naturaleza animal están totalmente en equilibrio.

¿Pero cuantos hombres están así, subordinados a la naturaleza en total acuerdo con ella?. La toman constantemente como referencia y se elige este comportamiento como una especie de religión. Piensen en los múltiples adoradores de la naturaleza, en los naturalistas y otras personas de las cuales la Escuela ha hablado a menudo. Piensen también en todos esos individuos más groseros que se inclinan únicamente orientados sobre la materia y la satisfacción de los sentidos.

Para la enseñanza universal la naturaleza cambia sin cesar. No es una realidad, ya que cuando intentamos mantenerla sobreviene el juego de los contrarios. La naturaleza tal como la conocemos es irreal, dialéctica.

 

Y todo lo que le está unido y se une a ella es también irreal.

La naturaleza es, o por lo menos debería ser, el espejo puro de la imaginación. Ella ofrece representaciones variadas de la bondad, de la belleza y del amor. Pero pronto la imagen se borra y se transforma en su opuesto conforme a esas leyes. La Escuela ha atraído innumerables veces su atención sobre este hecho; no para variar la orientación del hombre que está unido con la naturaleza, sería una tentativa sin esperanza, «ya que en los seres desprovistos de razón el Nous está en total armonía con la naturaleza». Si no, porque en la naturaleza real original y fundamental de los humanos, o por lo menos de muchos, existe un elemento poderoso absolutamente distinto de la naturaleza. Y par despertar y fortificar este elemento la filosofía universal insiste sobre el carácter cambiante de la naturaleza dialéctica y muestra lo insensato que es unirse a ella.

 

 

Cuando los hombres persiguen la ilusión y descubren inalcanzable la Escuela les habla de dialéctica.

Es absolutamente imposible ignorar la naturaleza y su ilusión; en efecto, el hombre material, nuestra personalidad nacida de la naturaleza participa de los contrarios. Proviene de ella se nutre y en su tiempo morirá en ella. Pero los seres humanos, por lo menos una parte de la humanidad, poseen un alma que no puede ser explicada por esta naturaleza. En el centro del microcosmos de tales entidades hay un núcleo: Hablamos aquí del corazón central del microcosmos. Y este núcleo, el corazón de la rosa, está en cierta medida unido al corazón nacido de la naturaleza y le habla. Cuando el corazón del microcosmos habla en nosotros por nuestro estado emocional nos elevamos contra el carácter cambiante del universo. Es un estado del corazón que se opone desesperadamente a la ilusión e incita al hombre a toda clase de conductas desacostumbradas.

En el transcurso de los tiempos muchos se han sorprendido de que un hombre pueda tener por una parte un alma que se escapa de la naturaleza, el alma que nosotros conocemos como la rosa del corazón, o átomo original, y por otra parte el mismo hombre permanezca unido tan fuertemente a la naturaleza.

Hermes nos explica la causa:

«Sufrimiento y deseo atormentan al alma desde su entrada en el cuerpo, desde que es hecha prisionera por la personalidad nacida de la naturaleza. Ya que el sufrimiento y el deseo se expanden en el cuerpo densificado como un fuego en donde se ensombrece al alma, la sumerge».

Con este propósito una antigua traducción del Corpus Herméticum del holandés antiguo que data de algunos centenares de años menciona de forma sorprendente: «El alma se ahoga totalmente en los humores vitales».

Todo esto está unido a ciertos misterios.

El ideal para el cuerpo físico del hombre debería ser el vehículo perfecto del alma viviente que lo habita. Pero el cuerpo en la forma cristalizada que conocemos no es apto. Desde el punto de vista del alma hemos recibido esta forma natural de nuestro padre y madre. Por ello la forma corporal tiene propiedades poderosas que destruyen al alma, o por lo menos, la mantiene prisionera.

Las propiedades que destruyen al alma se encuentran en particular en las corrientes vitales unidas a la naturaleza corporal, el éter nervioso, el Archaeus, o según la expresión de Jacob Bohem «El Saliniter corrompido». En esta esencia vital, en esas corrientes vitales el alma se ahoga. Y ningún tratamiento médico podría neutralizar las consecuencias del Archaeus. ¡Ah si fuese posible!. No se puede tampoco eliminar esos fluidos vitales por la cirugía u otra cualesquiera forma. El Archaeus o «saliniter corrompido» debe ser neutralizado desde el interior hay pues que aceptar esta lucha en nuestra vida.

Para realizar ese proceso es naturalmente necesario primero poseer un alma, un alma que se revela contra esas miserias y esas pruebas. No se trata de una rebeldía negativa contra el mundo, la humanidad, la sociedad o el prójimo. Deben oponerse a la maldad en su propio sistema, es decir, al sufrimiento y al deseo que son de la misma esencia que el «saliniter corrompido» en ustedes.

El sufrimiento lo conocen. Cada hombre lo soporta en sus múltiples aspectos. En lo que concierne al deseo deben tener en cuenta que esta palabra no ha sido hasta el presente empleada en un sentido verdaderamente prerrogativa. En el sentido hermético he aquí la mejor definición que podríamos darles: un estado en el cual la actividad de todos los sentidos está orientada sobre la naturaleza con todo lo que resulta de ello.

Cuando el alma se rebela contra todo esto, porque la medida de sus experiencias está llena, aparece el Átomo Original, el Corazón Celeste Central del microcosmos comienza ha ejercer una fuerte influencia sobre la conciencia central cuya sede se encuentra en el Santuario del Corazón.

Tal es, sobretodo, el caso de traspasar una dura prueba. La reacción emotiva es violenta en semejante situación. Y de tal fuego del alma nace, dice Hermes, un relámpago, una luz, una radiación.

 

 

Esta radiación del alma no es natural; es imposible explicarla por la naturaleza ordinaria. Efectivamente emana del Corazón Central del microcosmos. Pues bien, dice Hermes, es ese rayo, esa radiación, ese influjo que viene a oponerse en nosotros a la maldad. Decimos: el alma entra así, por lo menos esto es posible, en un nuevo estado de vida en un estado susceptible de hacer cambiar totalmente de llevarla a un renacimiento completo. Este rayo del alma ataca directamente y sin dudar el «saliniter corrompido» el éter nervioso y opera como un gran cirujano que corta y expulsa del cuerpo lo que está enfermo. ¿Conque objeto?. Con vistas a la salud del alma y también del cuerpo. No se trata de la salud dialéctica, sino de la verdadera salud en el sentido de la Gnosis Universal, la salud santificante, una progresión sobre el camino de la realización del objetivo de la vida.

¿Porqué tiene un cuerpo?. ¿Para arrastrarlo durante años a través de toda clase de miserias, para ejercer tal o cual profesión, para intentar nadar y mantenerse y acto seguido morir y durante estos años estar completamente dominado por el éter nervioso, por la maldad, siempre discutiendo y luchando, es ese el objetivo de su vida?.

¿Porqué tiene un cuerpo?. El cuerpo dice Hermes es un instrumento, un atributo del alma: debe ponerse al servicio del alma, actuar al servicio del alma.

Hay pues un estado emocional totalmente tributario de la naturaleza y que funciona en perfecta unión con el éter nervioso; pero hay también un estado emocional que empuja al alma original del hombre, al alma pura, a rebelarse contra la dictadura y la dominación que el cuerpo ejerce sobre ella.

Imagínense ustedes que un niño naciera dotado de un alma original. Cuando este alma se une al cuerpo encuentra la maldad inherente a la naturaleza dialéctica. Lo que importa ahora es saber si cuando este niño vaya creciendo y desarrollándose, luchará interiormente contra ella o bien la aceptará sin mas abandonándose a la vía de la mínima resistencia.

En tanto que entidades almas soportamos todos la dictadura del hombre físico, lo que amenaza en matar al alma, de ahogarla ya que, dice la Biblia: «El alma que peca debe morir». Hermes designa por Nous al alma que por una disposición muy particular osa emprender el combate contra la naturaleza. Hablamos de un nuevo estado de alma cuya luz, radiación, actúa como un remedio sobre el fluido nervioso y provoca un dolor muy vivo por su fuego purificador. El hombre recibe al Nous, ese estado emocional particular, como una ayuda. Y si ustedes conocen ese estado entonces están continuamente señalados por el dolor de este tratamiento. Cada día añade algo al gran combate del alma. No tienen un segundo de reposo. Cada instante ofrece la ocasión de ser quemado y transformado por el fuego purificador hasta que el alma descubre que su gran enfermedad es su ignorancia y su negación de Dios.

A menudo nos mantenemos en un nivel muy inferior en ese combate y luchamos contra el dolor que sentimos en el cuerpo físico. Hasta el momento en que, como hemos dicho, el alma descubre que el gran pecado, su gran enfermedad es la renuncia de Dios así como el pensamiento equivocado que resulta de ello.

Si el alma en su cotidiano combate con su sanitel corrompido se deja exclusivamente fascinar por él, saldrá de ello pronto agotada. Por el contrario es preciso que aspire al Espíritu con un gran deseo de salvación, como se dice en diferentes ocasiones en la Lengua Sagrada. Piense, por ejemplo, en las palabras del autor de los Salmos:

«¡Cómo un cordero suspira cerca de las corrientes de agua, así también mi alma suspira cerca de Ti, oh Dios!».

En tanto no haya efusión del Espíritu el cuerpo físico destinado a ser el instrumento, el vehículo, el atributo del Alma Espíritu, como dice Hermes, permanece prisionera de su estado natural a despecho de las llamadas vehementes del alma.

En lo que le antecede les hemos preparado sobre el sujeto de la más alta importancia dándoles continuamente explicaciones sobre el centro de la pineal. El hombre físico, el hombre unido a la naturaleza permanece prisionero de esta en tanto que el Espíritu no desciende en la pineal.

Podrían entonces preguntar en la ausencia del Espíritu ¿de qué sirve el rayo del alma, la fuerza del alma, la luz del alma así como las llamadas vehementes de esta porque está prisionera?.

El rayo del alma, amigos míos, tiene una doble función. En principio actúa sobre el salitiner corrompido aunque el alma que no está unida al Espíritu debe morir con el cuerpo; e impide que todo el sistema degenere aún mas y caiga en la oscuridad de un descender progresivo. Ya que nunca hay parada solo elevación o caída cada vez mas profunda. Sin embargo el rayo del alma permite frenar algo a veces durante un tiempo la caída del hombre material. En ese sentido es como una boya a la cual el hombre permanece algún tiempo cogido en el mar de la vida. El renacimiento del alma previene una caída posterior más profunda.

Esto es un punto muy importante del que debemos tener seriamente en cuenta en el cuerpo séptuple de la Escuela Espiritual. Ya que en el campo de vida  que llamamos la Cabeza de Oro es posible a menudo mantener después de su muerte a los que fueron «retenidos» por el rayo de su alma y de allí intentar conducirlos hasta la vida liberadora. Pero la interrupción de la caída por la fuerza del alma es algo muy diferente de la liberación la elevación verdadera hasta el verdadero destino humano.

El renacimiento del alma no es aún la Transfiguración. Sin embargo la Transfiguración es el objetivo de la Escuela Espiritual actual. La Escuela Espiritual de la Triple Alianza de la Luz se orienta hacia la Transfiguración y al devenir de un tipo de hombre absolutamente nuevo. ¡Puedan ver claramente que ustedes alumnos de esta escuela no deben permanecer en esa primera etapa en el nuevo estado del alma, en esta boya que les permite mantenerse aún algún tiempo, ya que el alma nueva posee otro poder!.

El alma en la fase del renacimiento del nuevo estado emocional es capaz de provocar y de obtener el descenso del Espíritu en la pineal:

«Como un cordero suspira ante las corrientes de agua, así mi alma suspira cerca de Ti o Dios y tiene sed del Dios vivo».

Cuando el alma se eleva el Espíritu desciende en el centro preparado de la pineal.

Entonces el Espíritu Séptuple mismo, perfecto liberador, ataca el estado nervioso con su fuerza santificante.

En nuestra Escuela aspiramos a este Espíritu; y es ese Espíritu quien nos acoge totalmente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  8

 

 

 

 

 

LA DOBLE PANACEA

 

Vemos de esta manera como el Logos da a cada uno de los que han obtenido el Nous, dos remedios con la ayuda de los cuales curar todos los males del cuerpo. Estos dos remedios son el Rayo del Alma y el Espíritu Santificante.

Esta doble panacea, sin embargo, actúa plena y perfectamente cuando el hombre la libera en sí mismo, por él mismo. Dicho de otro modo, se trata aquí de un proceso de autocuración. Todos los demás métodos de curación que el mundo conoce y practica son siempre parciales incluso las curaciones y santificaciones operadas por Jesús el Señor o por otras grandes del Espíritu. Este hecho resalta inmediatamente de las palabras de Jesús después de cada curación: «Ve y no peques más». En el momento que el interesado cae nuevamente en el antiguo comportamiento, en el antiguo estado de vida las dificultades reaparecen. La santificación tan solo es perfecta sí los tres: Espíritu, Alma y cuerpo, están unidos en sentido absoluto. Es ha esta realización a la que el candidato a los misterios gnósticos debe aspirar a conseguir. Teniendo en cuenta la naturaleza y el estado actual del hombre físico reina la más grande confusión sobre este punto y los antagonismos se multiplican. El hombre físico está muy cristalizado. Cólera y avidez irracionales le dominan y está totalmente orientado hacia la naturaleza. Las radiaciones de los eones de la naturaleza dialéctica determinan totalmente su estado. Desde esta óptica examinemos los siete grandes chakras del hombre independientemente de los otros más pequeños que también posee.

No se puede decir que estos siete chakras sean específicamente materiales ya que juegan un papel tan importante en toda la personalidad. Sobre el plan material está en un estado gaseoso; pero tienen también una naturaleza etérica; en fin, intervienen igualmente en el cuerpo astral. Pero la pineal es una excepción. Es un órgano extraordinario. Se trata de una glándula de secreción interna que puede ser puesta en evidencia sobre el plan físico ya que es un órgano del Santuario de la Cabeza, pero corresponde también al chakra del cráneo y de ahí su poderosa radiación.

Estos chakras que a veces se describen como ruedas y que tienen cada uno su función, están continuamente en movimiento. Visto desde el interior giran en sentido de las agujas de un reloj, es decir, de izquierda a derecha y atraen según el estado interior de la persona diferentes fuerzas astrales que el movimiento de rotación transforma en éteres, que el cuerpo etérico transmite en ese estado al cuerpo físico.

Además de esos siete grandes chakras hay aún cuarenta y dos más pequeños que forman juntos una red de siete veces siete centros de fuerza.

Comprendan pues que el cuerpo astral etérico y físico están muy estrechamente unidos, de esta manera el estado astral se vuelve en una fracción de segundo, en estado etérico, y el estado etérico en físico en la misma fracción de tiempo.

¿De que manera se realiza esto?. Principalmente mediante el intermediario del mundo y del campo de vida exterior al hombre. Les hemos explicado ya que la pineal, el chakra del cráneo hace también la función del centro de respiración. Diferentes fuerzas poderosas penetran primero en el centro de la pineal bajo un aspecto positivo y negativo y de ahí se reparten por todos los chakras, grandes y pequeños. Dicho de otro modo: todas esas fuerzas se están introduciendo continuamente y repartiendo a través de todo el sistema. Radiaciones, fuerzas, prana de la naturaleza dialéctica determinan totalmente el estado de vida del hombre físico.

Esas corrientes de fuerzas provocan ciertos estados en el cuerpo astral; esas fuerzas astrales son transformadas en éteres por todas esas ruedas que giran a velocidades diferentes siguiendo su función y son, acto seguido, introducidas en el cuerpo físico.

De esta forma la naturaleza dialéctica es mantenida en el hombre físico. Así pues, si es él el que domina el sistema y, es el caso en el noventa y nueve por ciento de las veces, arrastra al microcosmos en una caída sin fin en la rotación de subir brillar y descender, en una muerte continua. Y el alma introducida en el nacimiento en este extraño sistema y introducida de nuevo regularmente se ahoga en los fluidos vitales del hombre físico.

La mejor prueba de ello es que el hombre físico tiene dos aspectos: posee una conciencia de vigilia y una conciencia de sueño. En la conciencia de sueño el cuerpo físico esta en reposo mientras el cuerpo etérico y el doble astral, aunque siempre unidos al cuerpo físico, se apartan y vagabundean en la esfera reflectora. Cuando en ese estado de sueño la parte sutil de la personalidad se aleja lo hace casi siempre por el chackra que corresponde, mas o menos, al bazo. El estado de sueño solo es total cuando el doble etérico está totalmente expulsado del bazo. Cuándo se ve el doble etérico del hombre ordinario, ¡Da miedo! Ya que es posible arreglar y mejorar el cuerpo físico y darle un barniz de civilización y de cultura ¿Pero han oído hablar de la cultura del doble etérico?

¡El hombre no es aún capaz! Existen muchos sistemas que buscan cultivarlo de una cierta forma pero el hombre ordinario no conoce esos métodos afortunadamente. El doble etérico da en general la verdadera imagen del hombre físico.

¡Da miedo, hemos dicho! ¿Por qué?. Porque en la imagen del hombre etérico aparece claramente de degradación, la división, el caos del hombre nacido de la naturaleza. Pero después de esta visión de horror se es encogido por una inmensa piedad porque este hombre podría ser totalmente diferente.

Sin embargo es preciso primero que el hombre alma nazca en el cuerpo físico; que el alma nueva se despierte. Ya que de este hombre alma del estado emocional nuevo, emana un rayo, una luz, una radiación. Este rayo del alma influencia todos los chackras los siete grandes y los cuarenta y dos pequeños.

El rayo del alma nueva ataca de este modo al hombre físico, entabla la lucha contra su cólera, su avidez y todas sus tendencias. Combate igualmente (consideren esto como un proceso científico) los humores y los fluidos vitales que circulan en él y lo determinan. Así el primer remedio empieza a actuar.

Vean claramente una vez más, como todos esos chackras, grandes y pequeños, giran en el hombre físico siguiendo un proceso determinado; como todas esas clases de fuerzas y de corrientes son introducidas y liberadas en la personalidad; como el hombre es empujado hacia delante sobre el camino de la vida.

Y ahora se manifiesta el alma en su rayo. Esta radiación, esta luz del alma ataca todos los procesos que tienen al hombre prisionero y lo vuelven enfermo. El remedio empieza verdaderamente a actuar.

He ahí porqué Hermes nos dice con voz que proviene del fondo de las edades: cuando el rayo del alma empieza a irradiar en el hombre material provoca un intenso dolor.

¿Podría ser de otra forma? Desde que apuestan por el alma hacen nacer en ustedes un gran sufrimiento. Sin embargo hemos visto como ese remedio detenía la caída del hombre físico de forma fundamental. La actividad de todos sus chackras y la presión de todas sus fuerzas, esas fuerzas naturales en todo su sistema, le conducen a la muerte. Pero en el momento en el que irradia el rayo del alma todos esos procesos se detienen.

Vean como el hombre se precipita regularmente con la rapidez de una flecha en el fango, en la nada. Y como gracias al toque del alma ese proceso es ralentizado sino también, lo que parece imposible, parado en su curso negativo hacia la muerte. Esto unido con el extraño cambio del movimiento de los chackras.

Giran, hemos dicho, en el sentido de las agujas de un reloj, de izquierda a derecha.

 

Pues bien el rayo del alma tiene la posibilidad de ralentizar esta rotación hasta pararlo totalmente y colocarlo acto seguido en movimiento en el sentido contrario.

 

Comprenderán que cuando esto se produce toda la imagen del mundo y la del ser interior se modifica. Como continuación del cambio del movimiento de los chackras entran en un nuevo mundo se convierten en otros hombres.

Inmediatamente que los diferentes procesos de los chackras comienzan a ralentizar y que el rayo del alma actúa de forma un poco positiva el hombre alma coge al hombre físico y le muestra que el mayor pecado, así pues la gran carencia, es de vivir en la negación de Dios;  que los dos, el alma y el cuerpo, deben orientarse hacia la entrada en ellos del Espíritu; y que con este fin deben hacerle un sitio de forma que los dos se vuelvan tres.

¿Porqué es preciso que los dos se vuelvan tres? ¿Porqué el hombre físico tiene una función tan importante en el proceso, porqué razón?

A causa de la pineal. Esta, hemos dicho, es un órgano, no solamente etérico y astral, sino también físico. La pineal es físicamente observable y anatómicamente definida.

Pues bien cuando el proceso del alma progresa, cuando el perfume del alma, el rayo del alma se vuelve perceptible en el sistema, que este es pues atacado por el primer remedio, la pineal debe empezar por abrirse de una forma nueva. Ya que es preciso que el candidato inhale un prana diferente. Sin esto no puede avanzar.

Es preciso que una nueva respiración se desarrolle, que la pineal se abra a la radiación del Espíritu Séptuple, que los siete rayos la penetren y sostengan el proceso.

Entonces cuando los tres se vuelven fundamentalmente uno el Espíritu comienza por curar y santificar todo el sistema. Thae es la segunda panacea de la que hablábamos, condición de toda transfiguración.

La transfiguración es la gran curación. Es en esto que la Gnosis transciende todo. Este es el objetivo de una Escuela Espiritual Gnóstica. Son las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz. Es la Gnosis Original de Hermes Trismegistros.

El rayo del alma toca en principio al hombre físico, la pineal se abre a una nueva respiración al descenso de nuevas fuerzas vitales, de nuevos fluidos vitales comienzan inmediatamente su función curativa.

La Escuela Espiritual actual no cesa de atraer la atención del grupo sobre este poderoso proceso de diferentes formas y cada vez con mas insistencia, lo que provoca una cierta agitación y muchos alumnos son afectados.

¿Pero porque ataques tan intensos?

Para orientar sobre la necesidad absoluta de que la triple unidad de su sistema y porque en la mayor parte del grupo el rayo del alma actúa ya en mayor o menor medida. Los dos, alma y cuerpo, son unidos. Pero no es posible permanecer ahí. La Escuela debe ahora ir mas lejos. Puede ahora empezar su propia tarea. Ya que no somos una escuela del alma, fíjese bien, somos llamados a formar una Escuela del Espíritu.

Existen ya suficientes escuelas del alma y métodos dirigiéndose al alma en nuestro mundo. Una multitud de gentes están protegidas de una caída amenazante mediante el rayo del alma. Estos hombres tienen así, muy seriamente en cuenta, las exigencias éticas. Quieren elevarse por encima de lo animal y desean unir a la humanidad en una grande y magnífica comunidad de almas. Nuestro grupo cuenta ya con esas almas excepcionales y llenas de talento, sin embargo, amigos míos, vean que deben de ir ahora mucho mas lejos; que están llamados para el Reino de Dios al Reino del Espíritu.

Sin embargo este reino no es de este mundo: la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios. El hecho de que en el tiempo actual la criminalidad alcanzan tal grado en el mundo nos indica claramente la necesidad de una Escuela del Espíritu sobre la tierra. ¡Que el estado de su alma no sea penoso, amigos míos!

El alma que se ha vuelto un Nous, lo decimos con insistencia, constituye la base sobre la cual proseguir la construcción. ¿Se encuentran ya sobre el cuadrado de la construcción? ¿Tienen en cuenta en su vida las exigencias del alma, los valores, las exigencias y valores del alma? ¡Entonces continúen construyendo! Conságrense a la edificación de la Escuela Espiritual, la edificación del Espíritu en ustedes.

 

Por esto la presencia del Rayo del Alma, del Nous, es una exigencia absoluta para el aprendizaje del Lectorium Rosicrucianum. En efecto, este rayo da al hombre poder de discernimiento.

No es formidable y maravilloso, cuando el rayo del alma obra en ustedes, saben a cada instante lo que se debe de hacer. Reciben el poder de discernir el bien del mal. Algunos no tienen ese poder pero tampoco tienen alma.

En cuanto poseen un alma tienen el poder de discernir el bien y el mal, deben escucharlo, tener continuamente y sacar las consecuencias. En armonía con el estado del alma deben ustedes desarrollar su propia moral su propia ética.

El rayo del alma da al hombre el poder de discernir el verdadero carácter de la naturaleza de la muerte. Sin ese poder el hombre es semejante totalmente al animal desprovisto de razón y la misma suerte le es reservada, dice Hermes en el versículo ocho. En los versículos ocho y nueve sobre los cuales atraemos particularmente su atención, Hermes dice:

«Ya que los hechos irracionales de las pasiones y de los deseos son un mal inconmensurable. Dios ha colocado esas almas bajo el rigor de la ley con el fin de que tomen consciencia de su mandato».

El rayo del alma no es solamente una panacea se manifiesta igualmente como instrumento de la Santa Ley simultáneamente como acusador y como verdugo. Eso quiere decir en particular que el hombre cuya alma ha renacido no conoce reposo interior. En el momento que el rayo del alma se manifiesta en él todo lo obscuro que debe desaparecer es empujado hacia lo exterior.

A partir de ese momento no tiene un segundo de reposo. Ya que el rayo del alma no solo provoca el sufrimiento purificador, sino, al mismo tiempo, una clase de tortura ya que el interesado sufre casi cada día un conflicto de conciencia.

La conciencia es la acusadora y el conflicto el verdugo. Cuantas veces no hemos sufrido todos, casi diariamente, los efectos y los soportamos aún cada día. Estamos agitados sin cesar. ¿Por qué? Porque el alma es absolutamente diferente del hombre físico. Los dos se combaten mutuamente. Agitación, culpabilidad, aspiración, abatimiento y esperanza alternan continuamente. Y esas tensiones sucesivas provocan, a su vez, toda clase de dificultades físicas. La verdadera alegría, la verdadera realización de la vida y el reposo interior que resultan de ello están aún lejos.

El hombre alma no podría encontrar el equilibrio. Esto está excluido porque su unión con el hombre físico conlleva contradicciones muy fuertes. Por ello los sistemas místicos de naturaleza científico oculta fueron fundados en el transcurso de los siglos con el fin de apartar al hombre alma de toda clase de meditaciones penitencias y accesos forzados del cuerpo físico.

Como pequeños regalos se ofrecen al alma gruesos libros de oración: oraciones de la mañana, del mediodía, de por la noche; por la noche, al mediodía, la mañana; leer, leer y aún leer oraciones; sublimares en meditaciones, el hombre físico apartado en un rincón como un viejo trapo atormentado, torturado con toda clase de penitencias y el cuerpo sin fuerzas.

Aunque tales tentativas se comprendan es no obstante un error total. Si el hombre físico es efectivamente un gran obstáculo para el alma en razón de la degeneración de la naturaleza de la muerte está sin embargo llamado a una tarea transcendente: escapar a la lucha por la Transfiguración y volverse el instrumento, el sublime servidor del Alma Espíritu.

En el decimotercer libro versículos diez a quince incluidos Hermes cita, habla del destino y de la fatalidad. Esta parte de la obra es importante ya que lanza una viva luz de la esencia de la filosofía Gnóstica.

Sabemos que la manifestación universal se realiza gracias a las leyes naturales que regulan la marcha y la rotación de los sistemas estelares, de los soles y de los planetas que conciernen, de esta manera, plenamente a nuestro planeta tierra y a las corrientes de vida que se desarrollan en él.

Estas leyes operan mediante radiaciones. En el ser humano toda la red de los chackas no es otra cosa que un sistema capaz de captar y asimilar esos rayos. Bajo esta

óptica, se puede comparar la personalidad humana a un reactor nuclear. Además existen tres grupos, tres órdenes de radiaciones de corrientes de energía. Uno de esos ordenes concierne al hombre físico, otro al hombre alma y el tercero al hombre Espiritual.

El hombre físico se encuentra de esta manera en un estado de vida determinado mediante el cual se realiza su destino físico. Por eso estamos bajo la influencia de ciertas radiaciones y seguimos así, sin poder hacerlo de otro modo, nuestro destino. No se trata del destino que empieza en nuestro nacimiento sino de aquel que está inscrito desde hace tiempo en nuestro microcosmos. Ya que la pineal tiene una fuerte influencia sobre el cuerpo físico y mantiene una unión particular con el cuerpo etérico y el cuerpo astral, así como también con el ser aural. Todo lo que ha sido inhalado en una existencia anterior, todo lo que ha sido puesto a punto en la personalidad que vivía entonces en nuestro microcosmos ha sido entonces restituido en el ser Aural al término de la existencia.

Es ha partir de este pasado, es decir, siguiendo una línea preestablecida, que se ha desarrollado en nuestro nacimiento la respiración de la pineal. El destino del hombre nacido de la naturaleza esta así predeterminada. Si transgrede las leyes naturales elementales que prevalecen para él, en tanto que hombre físico, entonces esas leyes le corrigen y el destino se vuelve para él fatal. Una potencia ineludible actúa sobre él y lo coloca en una situación, o un estado de ser, indeseable.

Cuando ustedes alumnos entran en el reino del alma que se unen pues su ser a otro orden de radiaciones y que  las radiaciones del mundo del alma empiezan ha influenciarles, esto perturba y debilitan las radiaciones conforme a las leyes del mundo físico.

Si se mantienen, si perseveran hasta el fin entonces dicen adiós al destino del momento y la fatalidad es aniquilada.

Continuación capítulo 8

 

Que regulan la marcha y rotación de los sistemas estelares de los soles y de los planetas y que conciernen pues plenamente a nuestro planeta tierra  y a las corrientes de vida que se desarrollan en él.

Estas leyes operan mediante radiaciones. En el ser humano toda la red de los chackras no es otra cosa que un sistema capaz de captar y asimilar esos rayos. Bajo esta óptica se puede comparar la personalidad humana a un reactor nuclear.

Además existen tres grupos tres ordenes de radiaciones de corrientes de energía. Uno de esos ordenes concierne al hombre físico, otro al hombre alma y el tercero al hombre espiritual.

El hombre físico se encuentra en un estado de vida determinado mediante el cual se realiza su destino físico. Por eso estamos bajo la influencia de ciertas radiaciones, y seguimos así irrevocablemente, nuestro destino. No se trata del destino que empieza en nuestro nacimiento sino de aquel que está inscrito desde hace tiempo en nuestro microcosmos. Ya que la pineal tiene una fuerte influencia sobre el cuerpo físico y mantiene una unión particular con el cuerpo etérico y el cuerpo astral así como con el ser aural. Todo lo que asido inhalado en una existencia anterior, todo lo que a sido puesto a punto en la personalidad, que vivía entonces en nuestro microcosmos, a sido restituido al ser aural al final de la vida.

Es a partir de este pasado, es decir, siguiendo una línea preestablecida que se ha desarrollado en nuestro nacimiento la respiración de la pineal. El destino del hombre nacido de la naturaleza está así predeterminado. Si transgrede las leyes naturales elementales  que prevalecen en él, en tanto que hombre físico, de esta manera estas leyes le corrigen y el destino se vuelve par el fatal. Una potencia ineludible actúa sobre él y lo coloca en una situación, o un estado de ser, indeseable.

Cuando ustedes, alumnos, entran en el reino del alma se une su ser a otro orden de radiaciones. Y en la medida que las radiaciones del mundo del alma empiezan a influenciarles, perturban y debilitan a las radiaciones conforme a las leyes del mundo físico.

Si se mantienen, si perseveran hasta el fin, entonces dicen adiós al destino del momento y la fatalidad es aniquilada. Pero si continúan por una parte viviendo totalmente la vida del hombre físico y por otra parte dejan las radiaciones del alma perturbar su sistema físico suscitan la agitación intensa de la que les hemos hablado y cargan aún más su destino. Entonces se desarrolla tal o cual tensión que ustedes mismos han hecho nacer.

Por ello gracias al comportamiento, a actos positivos y consecuentes, a una moral elevada el alma y el cuerpo deben pasar íntegramente en la esfera de la radiación del alma. Desde que se entregan totalmente al alma la influencia de la fatalidad disminuye y termina por cesar.

Acto seguido hay que confiar la totalidad del sistema al tercer orden de radiaciones, el del Espíritu Séptuple mismo.

En el gran proceso de desarrollo ninguna entidad escapa al sufrimiento provocado por la acción purificadora y desgarradora de la doble panacea. Por ello Hermes Trismegistros dice para terminar en el versículo quince:

«Es tan imposible de escapar al cambio como al nacimiento; pero quien posee al Nous puede liberarse del mal».

Este es el camino que todos debemos tomar.

Y si firmemente resueltos perseveran en el combate entraran realmente en una casa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  9

 

 

 

 

 

 

 

EL HIJO ÚNICO DE DIOS

 

Examinemos ahora los versículos dieciséis y diecisiete del decimotercer libro de Hermes:

«Por ello hijo mío he escuchado en todo tiempo la palabra del buen demonio. Si la hubiese escrito habría rendido un gran servicio al género humano. Ya que solo él, hijo mío, penetrando todas las cosas como hijo único de Dios ha pronunciado palabras verdaderamente divinas.

Así le oí una vez decir que todo lo creado es uno en particular los seres desencarnados dotados de inteligencia y que vivimos de una fuerza potencial, de una fuerza activa y de un principio de eternidad. Esta es la razón  por la cual el Nous es bueno al igual que el alma que emana de él.

Consecuentemente las cosas del espíritu no están divididas y el Nous que es el alma de Dios y reina sobre todas las cosas puede realizar todo lo que él quiere».

Intentemos explicarles lo que Hermes entiende por esas palabras. Si lo logramos verán esclarecerse lo esencial de la filosofía gnóstica.

La voz del buen demonio no es otra cosa que la voz del alma original. La palabra demonio tiene en occidente un sentido mas o menos peyorativo porque asociamos los conceptos demonio y demoníaco a toda clase de fuerzas y de influencias naturales malas. Pero en la antigüedad la palabra demonio indicaba simplemente una fuerza natural, un ser de la naturaleza. En nuestro contesto la voz del buen demonio es la voz del alma original, la voz ígnea de cada microcosmos que Hermes dice haber escuchado siempre.

¿Porqué?.

Lo hemos explicado ya. Quien está dotado del Nous, el cual actúa con toda pureza tiene la posibilidad de escapar del mal, puede aniquilar toda resistencia del maligno. Si liberamos la voz del bien en nuestro corazón poseemos para siempre el alma por la cual podemos adquirir la libertad. Este conocimiento interior sería de una gran ayuda para el género humano, pero el corazón totalmente bajo la influencia del hombre físico se cierra, se petrifica o según la expresión bíblica se endurece. No es que el hombre físico sea tan abyecto que haya que ignorarlo totalmente como lo pregonan ciertos sistemas de yoga, sino porque debe ser guiado y dirigido por el Nous y su alma. Ya que el buen demonio, el alma original, es el primer nacido, el niño, el hijo único de Dios.

Esta expresión nos parece tal vez rebuscada sobre todo si hemos recibido una educación cristiana. Hemos aprendido «Jesucristo es el hijo único de Dios» ¿verdad? Nos lo han repetido y presentado como un dogma: «Jesucristo es el hijo único y perfecto del Padre».

Nosotros que confesamos la Gnosis Original aceptamos plenamente esta afirmación. Creemos totalmente en este hombre único y perfecto: Jesucristo que ha sido crucificado. Sin embargo desatamos esta verdad indecible, esta verdad Divina de todas sus cadenas ideológicas y dogmáticas. La liberamos de todas las funestas trabas religiosas. Ya que compréndanlo bien el buen demonio, el alma original pura es desde el origen el hijo único de Dios.

En el alba de la manifestación universal cuando la corriente de vida humana se dividió en miríadas de microcosmos había en cada microcosmos una luz irradiante, una luz capaz de asegurar su propia realización: El hijo único de Dios manifestándose en la naturaleza universal, el buen demonio o alma universal.

 

Tan solo por él, por ese hijo único podemos adquirir la beatitud la perfección. No hay otra posibilidad. Si buscamos a este único fuera de nosotros en alguna parte, en un mundo celeste alejado, entonces nuestra visión está deformada. Nos giramos del interior al exterior. Y cuando con las manos juntas rezamos para recibir la ayuda de ese hijo único que según nuestra visión deformada deambularía en alguna parte del cielo, esta ayuda no podrá sernos otorgada. Y la revelación Crística de la salvación se vuelve entonces absolutamente negativa.

 

Por eso los Rosacruces que saben esto confiesan de todo corazón respeto a los libros sagrados: «Bendito es aquel que los posee, mas aún quien los lee y mucho más aquel que aprende a conocer su profundidad, en tanto que el más semejante a Dios es aquel que los comprende, los obedece y pone sus enseñanzas en practica».

 

He aquí la razón por la cual quienes reconocen la Triple Alianza de la Luz están expresamente centrados sobre Cristo. Si lo estaban ya desde decenas de millares de años antes de nuestra era, antes incluso de que se tratara de Jesús de Nazaret. Cuando el Espíritu Santo bajo la forma de una paloma desciende sobre la cabeza de Jesús, el Señor y de que la voz dice: «Este es mi hijo bien amado en quien he puesto todo mi afecto» no es sobre Jesús el hombre nacido de esta naturaleza sobre quien se atrae nuestra atención, como lo cree toda la cristiandad que los teólogos mantienen en esta ilusión, sino sobre el alma original que en tanto que hijo divino, hijo único de Dios se une de nuevo al Espíritu Santo Séptuple. En este hijo único de Dios, en esta alma liberada la realidad del origen se vuelve viviente y real. Así el candidato es conducido de nuevo hacia su alto y verdadero objetivo.

 

Se podría preguntar porque el alma original es llamada hijo único de Dios. Lo repetimos. Porque tan solo el microcosmos original posee de nacimiento este principio vivo irradiante, ese corazón central, esa fuente de vida creación única y superior concebida por Dios: El Hijo Único.

 

Es en el microcosmos original en donde vive esta llama que  llamamos a menudo el capullo de la rosa o el átomo original. El Hijo Único está potencialmente en ustedes y este principio divino anclado por el logos en cada microcosmos «penetra todo y se manifiesta por una fuerza potencial, una forma activa y un principio de eternidad según las palabras de Hermes. Todo lo que  emprende el alma original, el hombre alma, puede y debe lograrse totalmente. Pablo el hombre alma dice: «Todo lo puedo en Cristo y por Cristo que me da la fuerza» la fuerza del Espíritu. El hijo hace uno con el Padre:

 

Es la fuerza que colabora con el principio formando así una unidad viviente; es la actividad que resulta de ello y conduce siempre al objetivo sin dudas en realización perfecta.

 

Y es el resultado de la actividad la eternidad el principio de eternidad que por la liberación total de todos los fenómenos dialécticos lleva a la verdadera destinación en lo intemporal.

 

Así Jesucristo puede decir y cada hombre alma verdadero después de él: «El Padre y Yo somos uno- el Padre me ha dado todas las cosas» es de este manera comprensible que Jesús el Señor, el hombre alma diga: «Sin mí el alma original nada podéis» aunque lo intenten con la inteligencia de su cuerpo físico eso solo les lleva a la muerte. Si creemos que la liberación anunciada concierne al hombre físico (falta mayor del supuesto cristianismo) y que es el hombre dialéctico bajo su forma actual, si partimos siempre de la hipótesis inexacta que es al hombre físico a quien se dirige la revelación de la salvación, es una ilusión. Si en tanto que alumnos de una Escuela como la nuestra persisten en todas las tentativas de conservación del hombre físico incluso bajo una forma modificada o camuflada están en un error total y su aprendizaje es una ficción.

 

Les decimos con todo nuestro amor fraternal «cesen en sus habladurías» lo que tienen que hacer no es hablar sino actuar según el nuevo comportamiento a partir del principio central del alma. La revelación cristiana de la salvación no ha sido jamas destinada al hombre físico sino solamente al hombre alma. Es él, el hijo único caído que debe revivir. Y ustedes, hombres físicos, tan solo pueden tender una mano de socorro.

 

Cuando comentemos el libro decimocuarto de Hermes estaremos conducidos sobre una montaña para oír un sermón sobre la montaña. Uno de los primeros consejos que da Hermes a sus alumnos es de observar el silencio. La asignatura del alma es el silencio y la actividad por la fuerza: fuerza, actividad y eternidad.

 

 

Si no vigilamos, si no lo tenemos en cuenta el concepto cristiano de rosacruz se vuelve una caricatura como fue el caso tan a menudo en la historia del mundo. ¿Debemos entonces, a instancias de ciertos sistemas de yoga, rechazar al hombre físico? Naturalmente no: ¡el hombre físico debe de transfigurar!.

 

 

 

 

 

En el libro catorce del cual mencionaremos mas adelante Hermes va contra la intelectualidad. El hombre físico cree saberlo todo. Pero Hermes afirma: «El hombre físico no sabe nada; el hombre físico nada puede saber de esencial».

Por ello debe cesar sus habladurías y debe entrar en el silencio. ¿Podemos recomendarles una vez mas con insistencia?. Ya que las habladurías son un inmenso peligro para el alumno: hay que transfigurar al hombre físico pero comprendan esto correctamente, no es el hombre físico quien opera su propia transfiguración solo el alma, el hijo único de la divinidad es capaz de tal milagro.

Ya que el hijo es uno con el Padre. Ningún hombre físico es bueno ni tan solo uno, dice Jesús el Señor. Solo el hijo de Dios es perfecto; solo el Nous y la radiación del alma que emana son buenos. Sin embargo existe una multiplicidad de formas y de manifestaciones en la naturaleza física. Y cuando esta multiplicidad se ha vuelto perfecta o se somete completamente a la única ley del Espíritu y de la vida, el Nous que emana de Dios puede realizar todo lo que quiere; así pues cuando ustedes se conforman íntegramente al hijo único en ustedes.

Cuando liberan la fuerza escondida en el átomo original entrando en el silencio interior total, volviéndose silenciosos interiormente, cuando el perfume de la rosa se exhala completamente, la fuerza de la rosa el Nous que es de Dios realiza y manifiesta su voluntad.

Si el hombre físico en cualquier situación que sea se sitúa completamente bajo las alas del hombre Espíritu la única y verdadera manifestación de la forma humana puede y debe tener lugar por la fuerza, la actividad y la eternidad.

Por ello hay que hacer conocer esas cosas a los humanos, por ello también les hablamos a ustedes. Ya que se dice en la Biblia: mi pueblo, mis hermanos y hermanas, según el alma, se pierden por falta de conocimiento. Y por esto la fraternidad de la rosacruz revela la ciencia de la liberación, el conocimiento de la salvación. Pero si el hombre físico coge y retiene este conocimiento de forma puramente intelectual se equivoca y jamás alcanzará su objetivo. Hay pues que dar el conocimiento al hombre físico de forma que colabore al proceso conscientemente y de la justa manera. Ahora podrían decir: «Ya sé todo esto; es así y asi; hay que hacer esto y aquello…» ¡Pero justamente no hay que hacer nada! En el silencio entréguese solamente al Dios en ustedes. Compréndanlo bien: en su microcosmos brilla el corazón central, la luz. ¡Giren entonces hacia ella!.

El corazón central debe crecer, pero ustedes deben desaparecer. Y porque deben desaparecer deben comprender el proceso. ¡Es por esta razón que les es dado el conocimiento! No para llenar la cabeza y puedan decir: «¡ahora sé todo esto!». Si no, para conducirles en la medida de recorrer el comino de la liberación. Las iglesias cristianas nada saben de esta verdad liberadora y por ello las distintas autoridades les conducen sobre una falsa vía.

En el versículo dieciséis se dice a Taht: «si renuncias a la polémica vana a la protesta, a la incredulidad comprenderás hijo mío que el Nous, el alma de Dios, reina en verdad sobre todo: sobre el destino, sobre la ley y sobre el resto y que nada le es imposible; pueden sustraer el alma humana al destino o someterla si faltase a su deber».

Hermes no podría expresarse mas positivamente. Este pasaje indica y afirma que si el hombre físico (por muy gravemente que ha pecado y que ha transgredido las leyes vitales más elementales) se da y se confía al hijo único en él, al alma inmortal, esta tiene el poder de conjurar la suerte más funesta que se haya atraído el mismo hacia sí; tal, es la única remisión de los pecados.

Por eso leemos en el Nuevo Testamento respecto a la pecadora arrepentida que ha vuelto hacia el alma verdadera, esa frase tan conocida: «aquel que este sin pecado que tire la primera piedra». No tenemos pues, ninguna objeción contra la admisión de ningún alumno haya cometido lo que haya cometido en el pasado a condición de que se confíe verdadera y positivamente al alma y de que dé la prueba por su comportamiento. Ya que en la Escuela Espiritual actual decimos también: «Quien este sin pecado tire la primera piedra».

El aprendizaje debe demostrarse concretamente. La enseñanza de la falta, de la remisión de los pecados y de la gracia, es una enseñanza hermética clásica. Es para nosotros una gran alegría de comunicarles y de demostrarles la luz de este Evangelio de la Gnosis Original Egipcia que data de miles de años. La seguridad que el alma verdadera es más sublime y más poderosa que toda fatalidad, es la gran y maravillosa consolación que nos da ese preciado libro; de la misma manera que las palabras conocidas de la Biblia: «Si vuestros pecados son rojos carmesí se volverán blancos como la nieve; si son rojos como la púrpura se volverán como la lana blanca».

Es el alma viva, el hombre alma que permanece en ustedes el que pronuncia esas palabras.

Allí donde hay falta debe haber arrepentimiento. Allí donde hay arrepentimiento el alma está presente para salvaguardar y salvar.

Y el hombre alma se dispone a abrazar con amor y alegría a sus hermanos y hermanas caídas a partir de ahora salvados. Por ello se dice: «Haya alegría para un solo pecador que se arrepiente».

Puedan todos ustedes en la luz hermética recibir de manera nueva esta muy antigua palabra y alcanzar la fuerza que esconde.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  10

 

 

 

 

 

PASIÓN

«En consecuencia las cosas del Espíritu no son divididas y el Nous que es el alma de Dios y reina sobre todas las cosas puede realizar lo que quiere.

Reflexiona a esto y trae lo que acabo de decir a la pregunta que me has hecho antes sobre el destino y el Nous. Si renuncias a la polémica vana comprenderás, hijo mío, que el Nous, el Alma de Dios, reina en verdad sobre todo: sobre el destino, sobre la ley y sobre el resto y que nada le es imposible. Puede sustraer al alma humano del destino al igual que someterla sí falta a su deber.

Tales son las excelentes palabras que ha pronunciado el buen demonio».

Taht : «Son palabras Divinos luminosas y verdaderas Padre. Pero aclárame todavía lo que sigue. Has dicho que el Nous de los seres desprovistos de razón obra en ellos según su naturaleza y en concordancia de sus instintos. Pienso que el instinto de los seres desprovistos de razón es pasión «Pathos». Si el Nous actúa en concordancia con los instintos y que son pasiones, el Nous ¿no se vuelve el también pasión, puesto que esta afectado por el Pathos?.

Hermes: «Muy bien hijo mío tu pregunta es sutil y es justo que yo responda. Todo lo que en el cuerpo es inmaterial está sometido al Pathos (pasión, sufrimiento) y en sentido estricto es él mismo pasión (Pathos).

Todo lo que engendra el movimiento es inmaterial. Todo lo que es movido es cuerpo. Lo inmaterial es él mismo movido por el Nous. Y este movimiento es pasión (Pathos) los dos están pues sometidos al sufrimiento (Pathos) tanto lo que engendra el movimiento como lo que es movido; el primero porque impone el movimiento el segundo porque esta sometido al impulso del movimiento, cuando el Nous, sin embargo, se desata del cuerpo se desata también del sufrimiento (Pathos, pasión). Tal vez es preferible decir hijo mío que nada esta sin Pathos (sufrimiento) que todo le esta sometido.

El termino «Pathos» (sufrimiento) no corresponde a sufrimiento soportado.

El primer concepto es activo el segundo pasivo.

Los cuerpos tienen también una actividad propia. O están sin movimiento o están en movimiento. En los dos casos hay Pathos (sufrimiento). Lo inmaterial esta siempre empujado a la acción (por el Nous) y en consecuencia sometido al sufrimiento.

 

Pero no te dejes engañar por esas palabras:

Fuerza activa y Pathos (sufrimiento) son una misma cosa.

Pero nada impide utilizar el término correcto y el más apropiado.

Pueden comprobar que en este texto la atención es atraída hacia la pasión. La palabra empleada en el texto griego Pathos significa tanto sufrimiento en general como sufrimiento del alma en particular provocada por la actividad el instinto y la pasión.

Taht pregunta a su maestro algunas aclaraciones después que Hermes hubo dicho como aclaración que el Nous opera en los seres desprovistos de razón según su naturaleza y acorde con sus instintos. Y Taht añade: «Pienso que el instinto de los seres desprovistos de razón es pasión. ¿El Nous es entonces también una pasión?».

En respuesta Hermes muestra que todos los afectos de la misma manera que el estado emotivo son pasiones sufrimientos. Es preciso que se den ustedes cuenta de ello una vez más.

Todos los cuerpos humanos son movidos por el Nous. Todos los cuerpos humanos están en el centro de un microcosmos. En algunos casos ese microcosmos esta ya desarrollado y con una alta calidad. En otros casos como el de las chispas de vidas no hay microcosmos sino solamente un principio de vida astral elemental.

En cada microcosmos, en cada principio astral, bien sea el de las chispas de vida o el de los animales, se encuentra un núcleo. De este núcleo emana una radiación que se dirige hacia el corazón de la criatura concernida y provoca una agitación, un cierto estado.

Hay pues primero el núcleo y su radiación, lo que aquí llamamos el Nous. En un momento dado la radiación de ese núcleo la radiación anima el corazón de la criatura y esta reacciona.

Hay pues un movimiento inmaterial, una radiación que emana del núcleo del microcosmos y algo que es movido, a saber,  la personalidad.

En el animal el corazón no se opone a la radiación del núcleo y la radiación que emana del corazón no encuentra ningún obstáculo en el cuerpo. Por ello cada animal se comporta según su especie.

No ocurre así en el hombre. La radiación en el núcleo a su entrada en el corazón encuentra siempre una oposición, a menudo, muy grande. En numerosos casos incluso no puede penetrar en el corazón el cual está como petrificado, árido, vacío. Y si algo de la radiación del núcleo logra penetrar después de largo tiempo y de allí toca a la personalidad esto engendra a menudo un gran conflicto, un gran sufrimiento: el conflicto y el sufrimiento del aprendizaje.

La comprensión de esos fenómenos necesitaría una información más detallada.

El cuerpo la personalidad, lo hemos demostrado a menudo, tiene una vida que le es propia. La conciencia que habita cada personalidad es simplemente la de un conjunto de átomos que en el hombre dialéctico está siempre en conflicto absoluto con la radiación del núcleo microcósmico. La personalidad dialéctica ya no es ideal; está cristalizada y por ello degenerada. Muchos de sus órganos ya no desarrollan verdaderamente su papel y otros le son afines para permitirle la manifestación en el estado material.

Esta densificación ha hecho degenerar de la misma manera el corazón del hombre. Estos siete centros se han cerrado he incluso en la mayor parte, podemos decir, que no se han abierto jamás. Estos hombres no están, pues, movidos por la radiación del núcleo sino exclusivamente por la conciencia dialéctica, la conciencia de la naturaleza alimentada por la pineal.

Cuando Hermes califica de «animales» a los hombres que están en ese estado es muy optimista: Los millones de hombres con el corazón endurecido están de echo por debajo del animal; por lo menos ya no son seres humanos, son criaturas de Autades.

Es con esta terrible realidad con la que la Gnosis entra en contacto. Ya que cada personalidad situada en un microcosmos por el nacimiento en la naturaleza representa una nueva posibilidad de restablecer el estado original. Teóricamente esta posibilidad es factible absolutamente. Al respecto de lo que ocurrirá concretamente hay que esperar.

Debemos ahora colocarles ante una realidad que algunos encontraran sin duda cruel.

En nuestra época grandes fuerzas enviadas por la cadena universal suscitan una intensa actividad de la radiación del núcleo de cada microcosmos humano; Vean de este modo que la mayoría de los humanos sufren las consecuencias en el corazón físico.

La radiación del núcleo penetra, por decirlo de alguna manera, por refracción. En todas partes en las que aun es posible el acceso del corazón está algo forzado. Esto provoca muchas enfermedades.

¿Por qué esta acción, porqué este esfuerzo?.

Porque después de esta tentativa no habrá mas posibilidades de salvación y la vida proseguirá hasta la muerte fuera de toda impulsión regeneradora sin ningún sentido ni razón. Se puede preguntar: «¿Estas grandes fuerzas de la Cadena Universal de la cual nos hablan piensan que forzar el corazón ha abrirse a la radiación del núcleo microcósmico tendrá un efecto liberador?».

Respondemos: «¡Observen los resultados los efectos y fenómenos sociales correspondientes!».

Hermes dice en el versículo diecinueve: «Todo lo que engendra el movimiento es inmaterial, todo lo que es movido es cuerpo y lo inmaterial es él mismo movido por el Nous.

Y este movimiento es pasión (Pathos). Los dos están de esta manera sometidos al sufrimiento».

He aquí lo que esto significa: cuando la radiación del núcleo microcósmico, la rosa del corazón, fuerza un corazón humano, de modo que la luz se hace conocer por un estado emotivo, por un resplandor del alma en la personalidad surge un conflicto entre el Nous, esta personalidad y las fuentes de donde se nutre. Y este conflicto los somete a los dos a un gran sufrimiento:

El sufrimiento del alma que incapaz de establecer la armonía en la personalidad causa y produce únicamente la desarmonía; y el sufrimiento de la personalidad que esta influencia tan contaría a su naturaleza desequilibra arrastrando toda clase de males físicos –lo que es aún un mal menor- pero también debilidades morales, instintos violentos, anomalías sexuales sin contar las formas variadas de criminalidad.

Pueden imaginarse fácilmente las causas de esta situación conflictiva: es el choque entre la personalidad totalmente sometida a la naturaleza terrestre y la radiación de la rosa.

Puede resultar difícil comprender como esto lleva a crímenes y desviaciones morales. Vamos a intentar explicarles esto.

Supongan, por ejemplo, que una personalidad tenga por naturaleza una tendencia hacia el humanitarismo y paralelamente una poderosa conciencia del yo (los astrólogos hablarían aquí de la influencia de Júpiter) animada por una fuerte ilusión de bondad. Supongan ahora que esta persona reciba en el corazón la radiación del núcleo microcósmico sin ninguna preparación; su ilusión será reforzada empujándola eventualmente a grandes excesos.

Si se trata de hombres muy intelectuales la radiación del núcleo por reacción negativa puede empujarles a una gran deshonestidad.

Y si es la emotividad quien bajo la influencia negativa de Marte domina el cuerpo la radiación del núcleo provocará, a menudo, desviaciones morales. Toda clase de pasiones se desarrollan así. Los esfuerzos de ciertos alumnos para unir a la Escuela a la naturaleza se explican a menudo de esta forma.

Tal vez pregunten de nuevo: ¿Entonces cual es la necesidad de esta tentativa? ¡No tiene sentido suscitar tales conflictos en personas incapaces de reaccionar positivamente!

Cuando observan la criminalidad y corrupción que se desarrolla en el mundo, cuando ven el comportamiento anormal de una humanidad a la deriva sacarán como conclusión por lo menos, que el hombre y la humanidad acumulan actualmente un grande y pesado karma.

Sin embargo en cierto sentido y por muy paradójico que esto parezca es también una gran bendición, la única bendición a la cual parece la mayor parte de la humanidad es aún sensible. Ya que sufrimiento, pena y miseria inconmensurables son generalmente la única consecuencia. Sin embargo estas experiencias llenas de amargura se graban tan profundamente en el ser aural que los microcosmos implicados son al instante «marcados». Es posible que en su revivificación posterior el pesado karma de la esfera aural prepare a la personalidad de forma totalmente nueva. El sufrimiento pasado ejerce un poderosa influencia sobre el Archaeus sobre la secreción interna y sobre la sangre. Abre más o menos el corazón.

En este caso hay de esta manera mucho menos riesgo de conflicto y si se produce con menos complicaciones. Y a menudo el sufrimiento del pasado es suficiente para empujar al interesado a emprender un esfuerzo serio para reaccionar a las radiaciones del alma original. Hay entonces grandes posibilidades de llevar a buen fin un eventual aprendizaje.

La Fraternidad Universal actúa a menudo a largo plazo. «Para Dios mil años son como un día».

No se trata aquí la criminalidad y la inmoralidad sino de hacerles comprender claramente que hay una pasión que lleva a la vida y una pasión que lleva a la muerte. En el primer caso es una victoria de la luz; en el segundo es también una victoria de la luz pero después de un largo camino marcado por innumerables sufrimientos.

Y la pasión que debe movernos a nosotros que queremos estar al servicio de Dios y de la humanidad será una profunda compasión respecto a todos los que serán conducidos al fondo del abismo con el fin de que vean un día la aurora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  ONCE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL NOUS Y LA PALABRA

 

Después de haber explicado la esencia de la pasión, del sufrimiento y mostrado como actúa el Nous detrás de la radiación del corazón arrastrando a cada uno hacia una resurrección o hacia una caída y como la caída se cambia finalmente en bendición, Hermes en el versículo ventidos va más lejos afirmando que el hombre de entre todos los seres mortales ha recibido dos dones: el Nous y ola palabra. Dos propiedades que equivalen absolutamente a la inmortalidad. Si el hombre hiciese un justo empleo no se diferenciaría de los inmortales. Más aún: quitaría su cuerpo mortal para ser admitido gracias a los dones del Nous y de la palabra en las filas de los bienaventurados y de los dioses.

Existen entonces dos propiedades que son inmortales: el Nous y la palabra. A propósito de esos dos poderes superiores Hermes afirma:

«Dios ha dicho que el alma está en el cuerpo, que el Nous, el Espíritu, está en el alma, que la palabra (o lenguaje) está en el Nous y que Dios es el padre de todo».

Examinemos ahora lo que Hermes entiende por esto. Empecemos por determinar la verdadera naturaleza del Nous.

El Nous se encuentra en el núcleo del microcosmos. Ese núcleo es el gran principio de vida; inflamado por el Logos, este Dios en Dios y como consecuencia inmortal. Este principio inmortal está depositado en cada microcosmos lo que debería de ser para todos ustedes una invitación de más para emplearlo.

Cuando hablamos del principio inmortal del hombre hay que comprender el concepto hombre en su justa medida. La personalidad que tenemos costumbre de llamar hombre solo representa un aspecto ínfimo del hombre total. La radiación del núcleo microcósmico llamada Nous por Hermes y conocido en nuestra filosofía como el Corazón de la Rosa, o Corazón Central, no solo se dirige hacia el corazón físico y lo penetra sino que invade todo el campo de respiración del microcosmos. La radiación del No reside tan solo en nuestro corazón, sino que, nos envuelve como envuelve a todo el microcosmos.

Estas radiaciones que emanan del corazón central son de naturaleza astral y comparables a la pura fuerza sideral de la sustancia original de la que Paracelso habla en sus escritos. En el instante que la radiación del núcleo penetra nuestro corazón físico se abre un camino, la personalidad está animada por el Nous. «El Alma está entonces en el cuerpo, el Nous en el Alma y el Nous en Dios» y Hermes añade: la palabra o lenguaje está igualmente en el Nous. Intenta hacer comprender que desde que la personalidad es susceptible de ser animada por la radiación del núcleo este tiene también acceso a uno de los centros de los demás centros de la personalidad, a saber, al sistema de los chakras. Para empezar es el chakra de la laringe el que es mas influido particularmente.

Ese chakra está situado más o menos a la altura del bulbo raquídeo si ponen su mano sobre la nuca tocan ese chakra que dirige toda la región del cuello y de la nuca, así como todas las estructuras orgánicas que se encuentran allí. En particular influencian muy fuertemente la faringe. En la faringe se encuentra un centro sensorial muy poderoso en unión de los órganos de la cabeza: la nariz, la cavidad frontal –sede de la Rosa de Oro- la garganta y la laringe. La faringe rige de esta manera esos maravillosos órganos.

Se darán cuenta hoy en día nadie escapa a las afecciones crónicas de la faringe: resfriados anginas etc. Son enfermedades que están a la orden del día, son afecciones habituales. Y lo que puede ser aún más contradictorio es que son cada vez más epidémicas. Y el hecho de que casi todo el mundo sufra afecciones de faringe, uno de los puntos del sistema de la personalidad, prueba cuanto hemos transgredido las grandes leyes sagradas de la vida.

Cuando la radiación del núcleo penetra en el corazón físico y anima la personalidad de forma que las fuerzas de esa radiación actúan en nuestro cuerpo, resulta de ello, generalmente, una situación conflictiva ya que esta radiación astral se propaga simultáneamente en el sistema de loa chakras y en particular, como ya hemos dicho, en el chakra de la laringe.

La penetración de esta radiación en el corazón y su transgresión a todo el cuerpo hacen nacer ciertos pensamientos. Surge de este modo toda clase de sentimientos, el éter nervioso en su conjunto vibra y todos los meridianos de los chakras se vuelven extremadamente sensibles.

Simultáneamente aparece una poderosa concentración de fluido astral y de éter en la faringe. Este es de este modo un centro vibratorio en donde la situación del momento se refleja y se desarrolla en cada segundo. Esta concentración de fluido astral, repetimos, refleja perfectamente el estado del hombre concernido. A partir de ahí una vibración determinada se dirige hacia lo alto, hacia todos los órganos tan particulares situados sobre la bóveda craneana y por otra parte hacia lo bajo por mediación de la sangre, del éter nervioso y todos los órganos influidos y pasa de la faringe a la laringe, el órgano de la palabra. Todo esto se vuelve en un momento dado en campo vibratorio del Santuario de la Cabeza. Esto es, pensamiento. Y esto mismo termina por ser dicho, expresado en el noventa y nueve por ciento de los casos, es decir, lo que es se vuelve por la palabra un hecho ineludible. Así pues por mediación del lenguaje, lo que es se concretiza en el interior de nuestro sistema como al exterior y se vuelve plenamente activo en diferentes planos. A menudo hemos demostrado que los pensamientos son muy activos. Despiertan y forman imágenes astrales. Imágenes astrales que cuando están continuamente vivificadas permanecen presentes en el campo de respiración y encierran diferentes posibilidades. De hecho el lenguaje vuelve esos pensamientos vivos y activos en el cuerpo y fuera del cuerpo. Ya que la palabra es un órgano creador. La palabra es mágica. La palabra es también muy magnética. Ella atrae rechaza y provoca una serie de eventos y de procesos. Piensen seriamente: la palabra es un instrumento mágico.

Descubrimos así el inmenso poder de la palabra humana. Puede ser extremadamente saludable o verdaderamente nociva y perfectamente venenosa. Es una bendición o una maldición. Eleva o degrada. ¿Han reflexionado ya sobre el hecho de que ustedes se dañan fuertemente a sí mismos por una palabrería inútil o nociva?.

Con respecto al pensamiento la Enseñanza Universal afirma: «cinco minutos de pensamientos incontrolados pueden destruir la obra de cinco años. Conocen, sin duda, estas famosas palabras.

En cuanto a nosotros añadimos: ¡un minuto de palabras incontroladas pueden destruir la obra de cincuenta años!

En el mismo momento en que la radiación del Nous entra en el corazón penetra también la faringe por el chakra de la laringe. La palabra la fuerza que está en el corazón vivo del microcosmos entra en nosotros y toma forma. Es desde entonces la fase de apertura, la palabra es pronunciada en nosotros: en el comienzo es siempre la palabra y esta palabra es siempre de Dios.

¿Comprenden ahora el prologo del Evangelio de Juan?

Pero esta palabra que es de Dios y que por el habla se vuelve presente y actúa en nosotros ¿la empleamos de forma positiva o bien destructiva en función de las tinieblas o de la contranaturalaza que vive en nosotros? Es el problema ante el cual les situamos. La palabra es una fuerza creadora y que cuando el Alma vive y el Espíritu afluye en nosotros por el centro de la pineal estamos obligados de vivir según esta palabra o de morir.

Cuando el Nous interviene en ustedes, cuando en un campo de fuerza la palabra es dicha en ustedes, deben vivir y ser en esta palabra. Si no, tiemblen ante las consecuencias. Cuando la palabra que es de Dios es así emitida en ustedes pueden utilizar esta fuerza creadora para una liberación superior pronunciando ustedes mismos esta palabra viviendo y siendo ustedes mismos esta palabra, esta fuerza.

¿Comprenden porque Hermes dice que la palabra es un poder de inmortalidad? Y comprenden también ahora porque se les repite sin cesar: ¡vigilen su lengua! Vean como desde hace años se estorban a ustedes mismos y ponen trabas a su liberación. Ya que si se hace mal uso de un poder de inmortalidad uno se hace mucho daño.

Se puede decir, en general, que nadie controla sus palabras. El caos interior impide pronunciar la palabra viva. Piensen en todas esas palabras que hacen mal. A menudo han dañado sin pensar, sus palabras son mordaces. Piensen también en las palabras ofensivas o humillantes hacia otros; en esas expresiones de cólera, en esos propósitos perfectamente egoístas, en las calumnias tan nocivas, en hipocresía, en la crítica, en la constatación. ¡Cuánto mal no habrán hecho hoy desde su despertar hasta ahora!

Todas esas costumbres se comprenden cuando se piensan. Entonces no se extrañen que las afecciones de la garganta y las secuelas sean moneda corriente hoy en día, incluso ni pensamos en ello. ¿No ven que envenenan total y continuamente el campo vibratorio de su faringe? No se puede hablar más de enfermedad; es un estado del cual ningún ser humano escapa. Corren hacia el médico se precipitan sobre tubos y frascos, avalan litros de pociones, quilos de medicamentos… pero esto no tiene ningún sentido sino viven de la palabra. Ya que por ella ustedes concretizan, actualizan todas las fuerzas activas en ustedes. El hombre de la masa lo hace; los alumnos lo hacen. Sabemos ahora de que manera y medimos mejor las consecuencias. El ocultista evoca también fuerzas por su poder mágico: La palabra. Pero en tanto que hombre egocéntrico conoce las aplicaciones y las emplea largamente. Y ustedes lo saben, existen variedades innumerables de ocultismo, innumerables formas de mala utilización del poder inmortal entregado al hombre.

Hemos descubierto que todas esas formen unen mas fuertemente que nunca a la rueda del nacimiento y de la muerte a los que lo practican.

No encuentran pues incomprensible e insensato que alumnos de la Joven Gnosis hagan lo mismo.

Por una parte aspiran a la vida liberadora; por otra parte se entregan a un desenfreno de palabras. No puede imaginarse nada más insensato.

Piensen también en el hombre metido en la carcasa de la civilización la cual concierne a menudo la palabra. Se cultiva la palabra. Se le da un timbre afectado, se la hace dulce o apasionado según el objetivo buscado. ¡Es sobre todo actualmente todo un arte, pero que ilusión!

¡Que inmensa locura, que error y que estupidez! ¡Ya que todo esto se gira contra nosotros! Piensen igualmente en esas personas, esos sacerdotes que se crecen en pronunciar y en cantar mantram con fines dialécticos.

Ninguno de esos hombres emplea la palabra, el lenguaje del que habla Hermes sino solamente la voz, la voz ejercitada hacia un objetivo determinado. Con derecho –dice Hermes- que todos los otros seres vivos, los animales, tan solo tienen una voz. El ruiseñor canta, la rana croa. La voz humana puede jugar al ángel o al liberado: pero la cuestión es saber si esa voz es la de un ángel o de un ser sublime. Por eso Hermes concluye diciendo: «Hijo mío la palabra, el lenguaje difiere mucho de la voz». Añadimos: ¡Ya que si salen de su papel, el pretendido ángel o el supuesto liberado harán oír otro lenguaje!

Ustedes están dotados de dos poderes mágicos, de dos atributos mágicos el alma y el lenguaje, el alma y la palabra.

Vivan del alma entren así en la inmortalidad y por la palabra ejerzan la verdadera Magia Gnóstica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO  DOCE

 

 

 

 

 

 

 

 

LA LIBERACIÓN DEL CORAZÓN

 

 

Así cada entidad humana posee dos poderes inmortales: el alma nacida del Nous y la palabra que emana igualmente del Nous. Por eso pueden imaginar fácilmente la gran tensión del alumno que se orienta sobre la Gnosis con un interés profundo y abre con ello su corazón a la radiación del núcleo microcósmico tan opuesto en todo a la naturaleza de la personalidad. La fuerza evocada así por el yo mismo, es totalmente destructora para él y todo aquello que quiere. Esta pues claro que la gran lucha debe empezar en el corazón. Todos los deseos del yo que buscan mantenerse y se sitúan siempre al centro son irradiados por el corazón y el corazón atrae todo lo que él desea. Estas funciones del Santuario del Corazón activas en cada uno incluso durante el sueño, no cesan de agitar al corazón humano. Este está muy cristalizado, completamente cargado y en ningún momento está silencioso o no puede volverse silencioso.

El combate más grande del alumno se libera siempre en el corazón, por el corazón y con el corazón. Es un vasto campo de batalla como lo describe el Bagabat Guita.

El corazón está siempre de caza empujado por los deseos del yo. Pero teniendo en cuenta la ley de los contrarios que prevalece en nuestro mundo es evidente que en el momento que el deseo yace en el corazón toda clase de factores y de fuerzas contrarias son evocadas también. Esto se concreta en particular en las personas que parecen estar en contra nuestra. Sin que ellas lo sepan o tengan conocimiento de ello son captadas por el yo egocéntrico como adversarias. Las radiaciones del corazón intentan entonces neutralizar a esos enemigos, supuestos, que se erigen entre nosotros y nuestros objetivos. En este caso se hace llamada a todas las capacidades de la personalidad. Por el lenguaje, por la palabra nos destruimos los unos a los otros, nos desgarramos nos producimos mutuamente la muerte.

También el corazón del hombre es muy impuro. Este hecho aparece claramente cuando se entra en el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis ninguno tiene el corazón puro y sin marca a la luz de la Gnosis. Ya que el corazón es desde hace mucho tiempo un campo de batalla. Si alguien quiere recorrer el camino es preciso que su corazón sea purificado y se vuelva silencioso. Se trata de volverse silencioso ante Dios, según la expresión de la Lengua Sagrada. La caza, la lucha y la agitación incesante del yo deben tener fin. Ya que si el hombre no pone termino a las luchas habituales y a las tendencias del corazón este no podrá jamas recibir la radiación del núcleo microcósmico en la armonía. Entonces, como hemos dicho anteriormente, esta radiación penetrará en nosotros a la fuerza y nos destruirá.

Solamente cuando el corazón se ha vuelto verdaderamente silencioso y se ha purificado puede consagrarse a la verdadera tarea a la cual cada hombre es llamado y elegido según sus dos poderes Divinos: la victoria sobre la muerte y la entrada en un estado de vida verdaderamente nuevo.

¿Pero como empezar, como hacer de forma que el corazón se vuelva silencioso, como realizar una purificación del corazón?

Sustrayéndolo totalmente al proceso de la vida dialéctica ordinaria y consagrándolo plenamente al luminoso proceso del alma nueva a la radiación del núcleo que emana del centro del microcosmos.

¿Podemos, es posible? Sí, es perfectamente realizable. Si nos comprometemos a ello descubriremos que un comportamiento totalmente nuevo puede ser vivido y mantenido sin forzarnos lo más mínimo; veremos que nuestra vida sigue entonces otra corriente sobre la cual nuestra nave es empujada hacia delante. Supongamos que decidimos seguir tal comportamiento; el yo de la naturaleza está siempre ahí pero ha decidido muy conscientemente de no entregar más el corazón al juego habitual: el yo decide volver rectos los caminos para su Dios.

Puede parecer extraño que el yo no va ha comprometer más el corazón a los procesos de la vida dialéctica ya que el continua, naturalmente, a realizar sus funciones biológicas ordinarias. No obstante se sustrae a todo lo que es de este mundo, a la agitación y a la lucha dialéctica. El corazón entra en la paz profunda –La Paz de Belén- ya no desea nada de la dialéctica. No lucha más contra los hombres, las cosas y las circunstancias.

Pero no está por ello indiferente hacia los hombres y las cosas. Ya que, ustedes saben, con respecto al mundo dialéctico hay tres formas posibles de orientar su corazón: pueden atraer las cosas o rechazarlas, pero también pueden estar perfectamente indiferentes. Y esta indiferencia respecto a los hombres, las cosas y el mundo, son sin duda lo peor. Cuando, en tanto que alumnos, decidimos sustraer nuestro corazón de las cosas dialécticas no nos comprometemos ciertamente en caer en loa indiferencia. El corazón no desea ya combatir sobre el teatro de la vida. No lucha más contra los hombres y las cosas dialécticas y mantiene esa actitud hasta en sus más ínfimas consecuencias. Todas las funciones que deben ser aseguradas para vivir y realizar los deberes sociales están realizadas exclusivamente con la ayuda de los órganos de la inteligencia, así pues, sin mezclar el corazón. Si logran esto descubrirán que ejercen sus actividades sociales mucho mejor que antes. Piensen, por ejemplo, en la aversión tan frecuente en el trabajo. La aversión es una actividad del corazón. Nuestro corazón puede cargar muchísimo el trabajo cotidiano.

Descubrimos a continuación que si el corazón y sus  funciones no están más al servicio del yo el instinto de conservación natural está completamente ahogado. Si sustraen el corazón de la agitación dialéctica y lo orientan totalmente sobre la radiación del núcleo microcósmico pierde todo aspecto de instinto de conservación. Y adoptando ese nuevo comportamiento del corazón sienten que una gran paz invade el éter nervioso. Están en la vida hacen sus deberes pero ya no se atan a nada de todo esto.

No creemos, sin embargo, que con este hecho el corazón se vuelve inerte. Cuando no lo comprometemos más en las cosas dialécticas se vuelve hacia su verdadera tarea, la tarea sublime deseada por Dios. Y cuando se abandona totalmente a la radiación del núcleo microcósmico la Rosa se abre inmediatamente y se deja atar sin ninguna resistencia a la cruz de la naturaleza. Nos volvemos verdaderos Rosacruces. Naturalmente una vez que esta cruz es levantada opera la purificación y la transformación de toda la personalidad. Todo el comportamiento cambia. El hombre da pruebas de que se ha vuelto un Rosacruz que ya ha entrado en la Fraternidad de la Rosacruz Roja. Aquel cuyo corazón se ha vuelto así silencioso, solo puede ser Rosacruz. Por ello es preciso que primero su corazón se vuelva verdaderamente silencioso y se vuelva hacia su verdadera vocación: recibir y asimilar la radiación del núcleo del microcosmos. Cuando un corazón se ha vuelto así, silencioso y puro la Gnosis se abre a la radiación universal y por la palabra se vuelve viva en ustedes. Una gran alegría que no desaparecerá jamas les invade. Una inmensa y maravillosa felicidad llena entonces todo el corazón y uno se siente intensamente unido a todo y a todos. Así entran ustedes en posesión del primer gran poder de la inmortalidad que es un poder liberador. El Nous que es de Dios les anima y no encuentra ya ninguna resistencia en el corazón lugar de la animación. Le es desde entonces posible purificarlo totalmente. El se adapta totalmente a la personalidad en una gran armonía, vibra a través del todo el sistema, da la salud y rechaza toda enfermedad.

Tal es el secreto de la buena salud según los criterios dialécticos. Tal es el secreto que permite a un cuerpo débil de nacimiento proseguir el trabajo de manera duradera hasta una edad avanzada. Cuando entran así en la rosaleda viven el primer día de la semana, el primer día en el jardín de José de Arimatea.

Este jardín está situado sobre una montaña. La palabra Arimatea significa en este caso «lugar elevado». Sobre este lugar elevado, sobre esta montaña, el segundo poder de inmortalidad del Hombre Nuevo nace en ustedes: la palabra viva. La palabra viva y la voz se unen para volverse una viviente y vibrante realidad. Celebran interiormente la gran fiesta de la resurrección. En el silencio del corazón renacido el lugar alto que estaba en el comienzo es nuevamente consagrado a la vida. El poderoso poder del Santo Grial, la Magia Gnóstica, opera inevitablemente. La voz movida por la palabra resuena –y esto es; ella ordena- y aquello es. Ya que el nacimiento, la resurrección de la palabra celebra en ustedes la entrada del Espíritu.

En ese momento el Espíritu se une al alma y las bodas químicas –Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz- es decir la Transfiguración comienza. Entonces ustedes saben, franquean la puerta de oro. Sueños maravillosos le hablan del signo interior.

Y Hermes añade:

«El alma está en el cuerpo; el Nous, el Espíritu está en el alma; la palabra está en el Nous y el Nous está en Dios. La palabra es la imagen y el Nous de Dios, el cuerpo es la imagen de la idea y la idea es la imagen del alma»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO   TRECE

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS DOS PODERES INMORTALES

«La palabra es la  imagen y el Nous de Dios; el cuerpo es la imagen de la idea; y la idea es la imagen del alma»

Esta cita de Hermes y la continuación completa del libro decimotercero tienen la clave de la Transfiguración, Transfiguración que el candidato a loa misterios Gnósticos debe realizar él mismo con la ayuda de sus dos poderes inmortales; el Nous y la palabra.

Hemos estudiado más o menos con ustedes, esos dos poderes Divinos, y hemos indicado también el camino a lo largo del cual podemos despertarlos y liberarlos. Ya que sin ellos ninguna entidad podrá realizar el verdadero camino de la liberación. Con el fin de comprender lo que son esos dos poderes hay que empezar la búsqueda en el microcosmos.

La poderosa fuerza de ideación del logos, del omnipresente, de aquel que llena el universo, se proyecta ella misma en lo que llamamos el espacio. Este espacio, como lo afirman los Rosacruces, no está vacío: «no hay espacio vacío» el espacio está lleno de sustancia original. En el momento que la idea Divina relativa al plan que concierne a su criatura irradia en el espacio el microcosmos nace.

Piensen en una concentración de átomos de sustancia original. Al principio el microcosmos es la mónada no encarnada, es una concentración de sustancia original formada por un principio magnético. Los Rosacruces han denominado antiguamente a ese principio luminoso la chispa Divina. La chispa propiamente dicha es el núcleo de la monada de donde emana una radiación. Esta radiación del núcleo provoca una rotación séptuple un campo magnético séptuple. Alrededor de esta radiación central del núcleo se forma un campo magnético, un campo microcósmico, un campo de manifestación. Es en ese campo donde la gran autorrealización de be tener lugar.

En el campo de creación del microcosmos se desarrolla en un momento dado una manifestación, una forma, un cuerpo. Esta manifestación es, utilizando el lenguaje hermético, la «imagen» la forma esculpida, la expresión de la radiación del núcleo microcósmico, la radiación animada. Esta es conforme a la idea del Logos de ahí las palabras del versículo dieciséis: «el cuerpo es la imagen de la idea»

La idea se manifiesta por el alma, el alma por el Nous o principio del núcleo, en tanto de que el núcleo es una imagen de la divinidad. Y Hermes dice en el versículo veintisiete:

«Así lo que la materia tiene de más sutil es el aire o sustancia original, lo que la sustancia original tiene de más sutil es el alma, lo que el alma tiene de más sutil es el Nous y lo que el Nous tiene de más sutil es Dios» En un pasado lejano el hombre era en un sentido absoluto una entidad manifestándose así misma. Por la radiación del núcleo de la monada una personalidad sublime se expresaba en el campo de creación de la mónada como una imagen pura como la idea auténtica de Dios. Esta personalidad estaba dotada de poderosos poderes que le permitían jugar su papel y realizar su tarea en todo el universo.

Pero sabemos que una parte de estas entidades fue arrastrada hacia lo que llamamos la caída, proceso sobre el cual volveremos a comentar más tarde. Una de las consecuencias entre otras fue la cristalización de los cuerpos, esas imágenes de la idea divina. Estos se densificaron y en un momento dado se produjo un incidente entre la radiación del núcleo de la mónada y los cuerpos cristalizados. La radiación del núcleo terminó por no poder suministrar suficiente energía a esos cuerpos. Entonces se manifestó por primera vez  otro proceso que conocemos como la muerte. Las cristalizaciones rechazadas fueron reemplazadas por nuevas manifestaciones ya que la radiación del núcleo continuaba realizando su tarea. Constantemente se manifestaba en el microcosmos una nueva forma. Por eso se dice en los mitos que al principio el hombre era un ser doble, un ser masculino femenino, un hermafrodita.

Comprenderán que este estado no podía durar. La oposición continuada entre la proyección humana y su naturaleza fundamental terminó por provocar un intenso conflicto, un conflicto insuperable para la radiación del núcleo de la Mónada puesto así en la imposibilidad de expresarse a través de la personalidad. Esta vivía entonces mucho más tiempo que en el presente; era de naturaleza, casi exclusivamente, astral y etérica. Cuando este incidente explotó entre la radiación del núcleo de la Mónada y la personalidad que se densificaba, tuvo lugar lo que llamamos la separación de los sexos, la conservación de la personalidad por la unión de los sexos. A partir de ese momento se produjo el proceso del nacimiento y las relaciones fueron invertidas. Los microcosmos desencarnados, vaciados fueron puestos en estado de recibir nuevas personalidades por el nacimiento natural a fin de restablecer en lo posible el antiguo proceso y de neutralizar la muerte.

El nacimiento de una personalidad significa igualmente la puesta en contacto con un microcosmos. El objetivo de esta unión entre personalidad y microcosmos es el restablecimiento de la situación original, una nueva manifestación del hombre original inmortal según la idea de la radiación del núcleo microcósmico o Monádico.

Es para cooperar en este trabajo, para ayudar a restablecer esta Gnosis original en el microcosmos que el aprendizaje de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro ha sido creado. La Escuela Espiritual actual está al servicio de este único trabajo. Ella no busca el elevar su personalidad nacida de la naturaleza, a mejorarla o a divinizarla. Ustedes saben que existen a este efecto numerosos métodos primarios insensatos y perfectamente vanos. Son ustedes alumnos de esta Escuela solamente para someter su personalidad actual que es igualmente su conciencia a la gran recreación al poderoso proceso de transfiguración en cooperación con su Mónada.

Si no es lo que desean su aprendizaje no tiene ningún sentido y solo representaría un gran cansancio. Pero si de todo su ser y con todo su corazón aspira a ese proceso de recreación entonces dos grandes poderes están a su disposición: el Nous y la palabra. Y les es posible, llegado el caso, liberarlos y emplearlos a los dos.

Nos preguntamos a menudo porque algunos seres vista su orientación, su mentalidad y su comportamiento general se han unido a la Escuela Espiritual.

En épocas en que la Fraternidad de la Rosacruz debía trabajar en secreto la admisión de un neófito tenía siempre lugar sobre la base de un deseo verdadero y sobre la firme decisión de entrar en el maravilloso proceso de la transfiguración. El neófito se abandonaba totalmente y comprometía todo su ser.

¿Qué se puede pensar hay en día de los alumnos que dicen, prometen y deciden empezar el proceso pero no lo hacen, no es por lo menos estúpido e ilógico y grandemente mal intencionado respecto al Cuerpo Viviente en el cual han penetrado? ¿No es esto la prueba de la profunda degradación y cristalización del cuerpo racial actual, la actitud de esas personas no es acaso anormal, esto no pone en evidencia el hecho lamentable de que nada podemos hacer ya por ellas?

La Escuela Espiritual actual tiene según la misión de la Cadena Universal largamente abiertas sus puertas. Quien lo desee puede entrar bajo ciertas condiciones. Se espera a que hombres correctos, normales, honestos que han aceptado estas condiciones con toda libertad se muestren fieles a su decisión y a su promesa. Si no es el caso la conclusión es su profunda, se les dice: hay dos grandes poderes que pueden hacer de su aprendizaje un éxito y llevarles a la victoria. No es necesario entregárselos o transmitírselos ya que pertenecen al sistema de su Mónada. Pero deben liberarlos ustedes mismos. Les conducirán irremediablemente al objetivo final.

Esos dos poderes inmortales se encuentran en el núcleo de la Mónada, en el núcleo del microcosmos. Es en primer lugar lo que el prólogo del Evangelio de Juan llama la palabra. Es la idea Divina irradiada por el logos en la eternidad. Y en segundo lugar la radiación del núcleo que le corresponde.

Gracias al silencio del corazón que cesa toda lucha y entra en la paz profunda el Santuario del Corazón se abre al Nous a la radiación armoniosa del núcleo de luz de la Mónada. Cuando esta radiación nos anima innumerables y maravillosas consecuencias le siguen. En cuanto estas se manifiestan el aprendizaje es real. Se establece entonces verdadera y físicamente una fuerte unión entre el Nous y la personalidad. La base del restablecimiento, la base de la Transfiguración es colocada en ese momento.

El segundo poder es: la palabra, el lenguaje. El chakra de la laringe opera de una forma nueva y con una fuerza siempre creciente en su sistema y el centro sensorial de ola faringe concentra la nueva fuerza luz que la voz debe utilizar.

Comprendan ese prodigio: quien libera verdadera y totalmente el poder fundamental, el nuevo estado del Alma, quien abandona así todo su corazón a la Gnosis y en quien ese estado se convierte en la vida, se ve con un nuevo poder creador: el lenguaje, la palabra con cuya ayuda va a utilizar todas las fuerzas que dominan el sistema o neutralizar y rechazar las que son eventualmente nocivas.

 

Cada uno de nosotros recibe esos dos poderes.

 

Si reconocen la lucha, si desean únicamente la paz profunda de Belén y ponen fin a la anarquía de sus propósitos; si desean servirse de su voz de la justa manera y sobrepasar el estado del grito animal, su verdadero aprendizaje vivido les abrirá las puertas del nuevo cielo tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO   CATORCE

 

 

 

 

 

 

 

LA LEY INTERIOR

 

Es necesario ahora para seguir adelante en el estudio del decimotercer libro del Corpus Herméticum hablarles de la muerte, hecho que nos concierne muy estrechamente y angustia a muchos hombres.

El principio de la muerte es el fantasma de una realidad superior que suscita en muchos la eterna pregunta: ¿cómo un hombre original dotado de tal magnificencia ha podido morir, esto no nos hace dudar de la perfección Divina? Pero la muerte es precisamente la prueba de la perfección ya que fundamentalmente una cosa como la muerte no existe.

Si someten esta respuesta a la prueba de la realidad y la verdad la verán totalmente confirmada. Sabemos que el Espíritu o Dios se manifiesta por sus fuerzas de radiación en la materia. En el océano de la sustancia original primordial para hacer nacer un principio chispeante, un microcosmos, una Mónada.

¿Qué es la sustancia original? Es el omnipresente e inconmensurable océano de los átomos. En efecto tal como testimoniábamos ya los Rosacruces Clásicos: no hay espacio vacío.

¿Qué son los átomos? Partículas infinitamente pequeñas vivientes siempre en movimiento, universos y sistemas estelares reducidos. Hay un solo espacio infinito, una sola vida poderosa y palpitante. Cualquiera que sea el lugar en que se fijen nada hay que esté desprovisto de vida. La esencia de todo el universo es vida fundamental e indestructible. Es la razón por la cual cantamos en nuestros templos desde hace tiempo: «la cosa más ínfima sobre la tierra merece admiración y vibra de vida divina».

No hay muerte. Piensen de nuevo en la Mónada. La Mónada es un conjunto de átomos vivientes ordenado por el Espíritu, por Dios mismo. El átomo es vida; la Mónada una concentración de vida inflamada por el Espíritu de Dios.

Esta vida inflamada cuyos elementos ensamblados cooperan tiene un objetivo, emana de una idea, de un plan, plan que se realiza por una radiación, por una multiplicidad de fuerzas luz. La radiación que emana de la Mónada, la radiación que hemos designado por el Nous crea en el campo magnético de éste en el momento crítico apropiado una imagen de la idea. Esta imagen a su vez no es otra cosa que una unión, una combinación de átomos vivos cuya reunión debe expresar esta imagen, la intención de la idea. Formas así la encarnación de la idea.

La ideación anima esta encarnación. Todo ocurre como si entre la ideación y la encarnación la luz entretuviera la animación. Ocurre que la encarnación, la idea viviente debe ser el instrumento destinado de expresar la idea y a confirmarla. El cuerpo nacido de la naturaleza e siempre, sea como sea, Dios manifestado en la carne. Ya que detrás de esta prodigiosa actividad del microcosmos se mantiene siempre el Espíritu, Dios.

Este desarrollo se realiza según diversas leyes naturales designadas en la antigüedad como los «Cosmócratas» lo que significa: gobernadores del mundo. Existe también una ley de cohesión mediante la cual la radiación de la Mónada une átomos vivos para formar una imagen de la idea, un cuerpo. La ley de cohesión de los átomos rige el proceso. Si bien esta ley es limitada ya que la unión de los átomos vivientes para formar un cierto cuerpo no estaba limitada, este cuerpo se cristalizaría, se petrificaría totalmente, se inmovilizaría completamente, así pues, no respondería ya a su objetivo. Por ello cada cuerpo formado bajo la ley de cohesión es controlado y mantenido en armonía con el Universo Divino por la actividad de una segunda ley, la ley de disolución.

 

Vemos esas dos leyes naturales de cohesión y disolución controlar cada cuerpo. El metabolismo se establece y por todas partes se verifica la ley universal de dilatación y contracción.

Sabemos que la evolución de la humanidad prosigue en el transcurso de millares y millares de años a través de siete periodos. Autores como Madamme Blabasky, Rudolf Steiner, Max Eindel y otros, han hablado de ello en sus obras. Max Eindel, por ejemplo, habla de siete runas sobre siete esferas en el transcurso de siete eras. Siete veces siete ciclos astronómicos. Con ello deseamos simplemente hacerles comprender que el universo, este inconmensurable océano de átomos, forma el mismo un gran sistema en donde progresivamente, y según las leyes naturales, tiene lugar diferentes desarrollos.

El universo no es estático. Se producen cambios sin cesar.

Sin profundizar mayormente en ese aspecto deseamos solamente decir que la ley de cohesión de la que acabamos de hablar se manifiesta siempre de forma diferente en el transcurso de los diferentes ciclos astronómicos. Esto significa que en el transcurso de ciertos periodos macrocósmicos permite una combinación más basta de átomos, es decir, una cristalización más importante que en los periodos precedentes o siguientes. Nuestra humanidad se encuentra actualmente en un periodo que toca a su fin de densificación máxima de los cuerpos. En una época semejante la ley de disolución entra naturalmente en juego con una fuerza extraordinaria. En la medida en que la ley de cohesión actúa activamente la ley de disolución de los átomos, es decir, la ley de disolución de los cuerpos obra en consecuencia.

Tenemos la costumbre de dar el nombre de muerte a ese proceso de disolución, pero cuidado, en realidad esta muerte no es otra cosa que la estimulación del metabolismo de la vida.

Un cuerpo se disgrega. ¿En que? En átomos vivos. El átomo, el átomo mismo, la unidad del universo, no se pierde jamás: los átomos se reúnen para formar un cuerpo y después se separan. La vida permanece inviolable, la muerte es una quimera.

Tal vez piensen sobre todo si han recibido una educación religiosa: «pensamos que la muerte según Pablo era el salario del pecado». Bajo esa óptica ¿cómo comprender la esencia misma del bien y del mal?.

En el transcurso de los ciclos astronómicos de las cuales ya hemos hablado hay una época en la que la humanidad alcanza el nadir de la cohesión atómica. La imagen de la idea, el cuerpo se densifica sin cesar de forma creciente y en un momento dado escapa al control de la radiación del núcleo de la mónada que colabora con ese cuerpo en el sentido de la idea.

Vean esto claramente, hagan trabajar su imaginación. Vean la esfera microcósmica. En el centro se encuentra un núcleo de donde emana una radiación. Bajo el efecto animador de este se produce una unión de átomos, que constituye el cuerpo, continuamente mantenido por la radiación del núcleo. Esta radiación, esta unión de átomos, el Nous por una parte y por otra el cuerpo, permanece unida, atada por el principio animador. Esta es la unidad del Espíritu, del alma y del cuerpo. Pero en un momento dado todo este sistema en el transcurso del ciclo astronómico empieza a densificarse. La materia del cuerpo se concentra cada vez más; de esta manera llega el instante en que la radiación del núcleo no rige totalmente el sistema. Como resultado entra en un estado de reposo forzado a menos, naturalmente, que la entidad encarnada, el portador de imagen no quiera colaborar con él. La radiación del núcleo se debilita. El Nous se retira en sí mismo y la imagen de la idea, el cuerpo, no estando ya alimentado por el centro microcósmico, debe, a partir de ahora, reproducirse por el proceso conocido de la conservación de las especies: el nacimiento incesante en la naturaleza.

De esta manera inmediatamente que la radiación del núcleo no controla más la encarnación esta se disgrega y es nuevamente reconducida en el microcosmos por el proceso sexual de la conservación de las especies: crece en virtud de la ley de cohesión después se disgrega nuevamente en virtud de la ley de disolución. Hablamos aquí del cuerpo, del orden de socorro.

Por este medio la mónada tiene asegurada el disponer continuamente de una encarnación. ¿Por qué, para que objetivo? Hemos intentado exponerles en lo que antecede: con el objeto de volver la encarnación, el portador de imagen que ustedes son, conscientes de su estado de ser, de su vocación. Su vocación, la nuestra, es colaborar de nuevo con la radiación del núcleo de la mónada con la idea original del logos para restablecer el proceso original.

Sí la encarnación prosigue esta marcha hasta el nadir, si el portador de imagen olvida completamente hasta la existencia del alma original, o radiación del núcleo microcósmico si está totalmente orientada sobre el plan horizontal de la existencia y cree que este mundo es su única esperanza surge un problema: el de colocar a cada portador de imagen en la medida de coger el camino de retorno mediante el cuerpo del orden de socorro.

A esto se le añade otra dificultad. Todo cuerpo decimos es vida. Así pues no existe materia muerta en el universo. Hermes dice en los versículos 31, 32 y 33:

«En el Mundo no hubo jamás ni hay ni podrá haber una cosa como la muerte. El Padre quiere que el mundo, este mundo, este vivo todo el tiempo que él conserva su cohesión: por ello es necesariamente Dios. ¿Cómo podría ser posible hijo mío que exista en Dios, en él que es la imagen del universo y la plenitud de la vida, algo como la muerte? Ya que la muerte es descomposición y la descomposición aniquilamiento. ¿Cómo podemos pensar que una parte de lo que es incorruptible pueda descomponerse o que algo de Dios pueda ser aniquilado?.

«No seas tan estúpido creyendo que una cosa como la muerte pueda existir» dice Hermes a That con insistencia. Todo es vida, es decir, océano viviente de átomos. Cada cuerpo es vida. Y cada vida posee también una conciencia, cada conciencia posee, por su naturaleza una fuerza divina inconmensurable, ya que el átomo es vida. Y la vida solo se explica por la fuente original. Su personalidad así como su cuerpo es un conjunto de átomos y el fundamento de su ser es Dios, Dios manifestado en la carne.

Sin embargo sí en esta marcha hacia el nadir la personalidad no tiene ninguna relación con la mónada, no está ya directamente unida a ella, no está engendrada por ella como antaño el cuerpo no posee ley interior la que lo animaba al origen el Nous. Es tan solo cuando ustedes renacen, en el sentido evangélico, que encontrarán la ley interior y que esta hable de nuevo a su corazón. Si esta ley se calla aún, si la unión entre ustedes y la mónada está siempre interrumpida solo una ley exterior puede hablarles. Por ello su vida es tan a menudo difícil. Ya que ustedes olvidan fácilmente lo que entienden del exterior. Y lo olvidan porque se encuentran demasiado interesados en la línea horizontal.

En la marcha hacia el nadir el cuerpo no posee más la ley interior, debe ser dirigido pues por una ley exterior. Por ello la Antigua Enseñanza Esotérica relata que en cierto momento del desarrollo humano el ojo interior del hombre, el ojo de la forma corporal, entró en el estado latente se retractó y se volvió la pineal. La pineal el tercer ojo original se estropeó y fue reducido a la inactividad.

En realidad no existe nada latente: la pineal permanece totalmente en el estado original. Pero no pueden utilizar este ojo, no pueden aprovecharse de él, utilizarlo mientras su corazón permanezca cerrado. En general su corazón desborda toda clase de cosas salvo de lo esencial. Tanto tiempo como el corazón permanezca cerrado a la radiación del núcleo microcósmico el hombre físico está como ciego, insensible al toque de su intervención directa. El Nuevo Testamento habla a menudo de los ciegos de nacimiento. ¿No llegamos en este mundo en general en tal estado de ceguera, no somos ciegos de nacimiento, pero como aniquilar el estado fundamental del ser nacido de la naturaleza?

Debemos rogar por la salvación del Cristo lo que quiere decir por la radiación animadora del rayo del núcleo microcósmico.

¿Lo comprenden ustedes?

Dice la Lengua Sagrada que alguien fundamentalmente ciego es alguien que teniendo ojos no ve; teniendo oídos no oye. En tal estado no se sabe como actuar y se hacen las cosas más estúpidas. Quien yerra en la oscuridad, tropieza, se hiere, provoca incidentes, actúa injustamente y crea dificultades.

Cuando todo esto se manifestó por primera vez, en el transcurso del camino hacia el nadir el mal nació en el mundo, el mal entró en el campo del nadir. Esto provocó la pérdida del poder de percepción interior. Y en esta situación el mortal se volvió víctima de la vida exterior que es muy mágica.

El mal, lo malo, no es lo mínimo del mundo fundamental en el ser. Es la oscuridad en la cual el ciego ignorante busca su camino tanteando y tropezando regularmente. La ignorancia es también el más grande de los pecados. Ya el profeta lo deplora en la Biblia: «Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento»

 

 

¿Piensan que se trata de conocimiento de libros, de un conocimiento aprendido, o incluso del conocimiento transmitido en el pódium por un trabajador de la Escuela espiritual? ¡No, se trata aquí del conocimiento interior! La mónada encierra todo lo que es, todo lo que Dios ha manifestado. Abran su ser a la radiación del núcleo de la mónada y todos sus males desaparecerán y estarán como la mónada del comienzo. Si continúan errando, tanteando, tropezando regularmente en la oscuridad la ley de disolución les corregirá cada vez con más fuerza. En el momento que el hombre físico se vuelve totalmente ciego la ley de disolución no actúa más sin dolor. Las consecuencias de nuestras faltas conllevan casi siempre grandes penas. Así la muerte es un sufrimiento en tanto que salario del pecado.

Este proceso metabólico tan problemático se acompaña de los más grandes sufrimientos. La ley exterior que interviene en la marcha hacia el nadir nos es descrita en el Antiguo Testamento. Cuando la masa es empujada hacia delante la muchedumbre ignorante de los ciegos que ven y los sordos que oyen, debe ser protegida lo más posible por la ley exterior. En este caso una voz amenaza sin cesar: «Hay que hacer esto y si tu no lo haces cosecharás aquello. Si tu haces esto… ocurrirá aquello…» así habla la ley exterior, la ley de los
Diez Mandamientos.

Un sacerdote nos pregunto un día: «¿En su Escuela respetan los Diez Mandamientos?» Le hemos contestado: «¡Sí, es preciso ya que sin ello nada puede hacerse!».

¿Lo comprende usted? Si la ley interior no actúa en usted, si no ha renacido en la luz del Nuevo Testamento es el Antiguo Testamento quien actúa: «Hay guerras y sonidos de guerras» y toda clase de miserias en todos los lugares. Es así.

La ley exterior no es la ley del odio sino la que protege y dirige a los ciegos; ley hecha para retener el máximo posible al portador de imagen que está unido a la mónada pero no lo sabe, de este modo no se comporta convenientemente y para darle el máximo de tiempo posible una posibilidad de restablecerse. El portador de imagen está guiado por la ley exterior y corregido en caso de necesidad. Por ello citaremos aquí el último versículo del decimotercer libro:

«Adora esta palabra hijo mío y venérala: solo hay una religión, una sola manera de servir a Dios es la de no hacer el mal».

Lo que significa: cuando, en la medida de lo posible, nos apartamos del mal, lo evitamos nos damos la posibilidad de reencontrar de nuevo la verdadera luz. Y seguramente se preguntarán: ¿porqué este pasaje hacia el nadir en el transcurso de los siglos astronómicos, porqué la pérdida de tal magnificencia, acaso es la fatalidad, pudo ser de otra forma?

Examinemos todo ello de más cerca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO QUINCE

 

 

 

 

 

LA ESPADA DEL ESPÍRITU

 

 

La palabra nadir significa como ya sabe el punto más bajo. Pero no se debe concebir el paso por el nadir en el transcurso de los ciclos astronómicos como una especie de caída en el sentido de oscurecimiento. Efectivamente es en el punto más bajo de los períodos astronómicos en donde debe ser adquiridas ciertas cualidades y que hay que alcanzar el gran objetivo que se ha fijado en el Logos al igual que realizar el plan de Dios para el mundo y la humanidad.

¿Qué tiene de esencial el paso por el nadir, en que punto soportar las pruebas de las tinieblas? Es con el fin de encontrar la luz después de haberse apartado mediante falsas pistas.

De vencer el mal gracias a la luz encontrada y conquistada por sí mismo; de restablecer el estado original. Tal es la esencia de los misterios. Cuando el hombre ha percibido esto la curva de su desarrollo se gira hacia lo alto en dirección de su origen. ¡Y que inmensa diferencia!.

Fuera ya de la ignorancia el hombre entra con el saber; fuera de ser un hijo perdido es ahora el hijo pródigo que vuelve a su patria.

Por ello en el transcurso de todos esos periodos astronómicos se desarrolla una manifestación en todo el universo para la salvación de la mónada con el fin de permitir a la conciencia humana hacer una profusión de experiencias y de purificarse sobre el camino descendente pasando por un nadir; dicho de otro modo, a través de un periodo «Antiguo Testamento» y lleno de peligros, de calamidades y de sufrimientos para llegar al giro en Cristo y elevarse en el Nuevo Testamento.

Si comprende esto comprenderá igualmente el objetivo de los Antiguos Rosacruces expresado por la formula:

«Inflamados por es Espíritu de Dios, aniquilados en Jesús el Señor; renacidos por el fuego del Espíritu Santo».

Comprenda así el curso de este desarrollo:

La mónada es engendrada por Dios; el  Nous o radiación del núcleo microcósmico es llevado a su desarrollo y la personalidad cuádruple, imagen de la idea, es creada y animada por la mónada.

Vea aquí al hombre total séptuple inflamado por el Espíritu de Dios. Aquí empieza la poderosa manifestación de Dios en su criatura y por ella. Esta, una vez alcanzada totalmente, debe adquirir relieve, valores, experiencia y volverse el instrumento de su propia realización gracias a las numerosas pruebas vividas en la gran escuela de Dios. Lo que explica la marcha evolutiva de los ciclos astronómicos durante siete giros, revoluciones, siete esferas a través de siete períodos. Los Rosacruces designaban la totalidad de este proceso: «El aniquilamiento en Jesús el Señor».

Es el camino de cruz de las rosas del principio al fin que numerosos mitos y leyendas nos presentan bajo forma de una historia que se desarrolla en algunos años.

Después llega la resurrección el gran restablecimiento que restituye el tesoro de todos los poderes; el renacimiento eterno del Espíritu Santo por el Espíritu Santo en el Espíritu Santo.

A lo largo de ese desarrollo la muerte es una ficción, el mal un incidente. Solo permanece la vida única absoluta.

Lo que en la marcha hasta el nadir llamamos nacimiento natural, el nacimiento del cuerpo del orden de socorro representa la posibilidad renovada sin cesar de adquirir una plenitud de experiencias y de restablecerse.

El único peligro que amenaza ese proceso es el mal, la maldad, la ilusión; ilusión en que cada entidad deberá, tarde o temprano descubrir que el mal es una ficción entretenida por los juegos de los contrarios por la naturaleza dialéctica.

Comprendemos ahora a Hermes cuando demuestra que no existe muerte. Algo como la muerte no ha existido jamás ya que cada átomo es un principio viviente. Tal principio viviente permanece. La fuerza de un átomo puede debilitarse y nuevamente vivificado, recargado, por la energía fundamental de la Divinidad. La muerte es deterioración; la deterioración es aniquilamiento. Pero tal proceso está totalmente excluido de la manifestación universal, dice Hermes con fuerza.

Este proceso que interviene continuamente y nos ilusiona tantas veces, ese proceso que llamamos la muerte es la desintegración de los cuerpos compuestos. Se disocian con el fin de revivir, de renovarse. Ya que hay un movimiento continuo en todo el universo avance eterno de toda cosa. El movimiento es al mismo tiempo el trabajo fundamental del universo. «Todo es movido» exclama Hermes.

Del movimiento incesante del perpetuo cambio de todo y de las situaciones contrarias que se desarrollan proviene el mal que cada entidad deberá neutralizar. Es preciso pues comprender bien la esencia del mal.

Hemos hablado ya de la naturaleza y de la composición de la mónada del estado inicial y original del hombre y del largo desarrollo mediante el cual ese estado le será restituido gracias al nacimiento de la naturaleza y a su paso por el nadir. ¿Qué es ese paso por el nadir?

Es el viaje hacia el punto mas bajo, es el viaje hacia el fundamento. Es el estado de certeza interior absoluto. Si dotado de grandes posibilidades debe usted de realizar una gran obra le es preciso haberse ejercitado y haber adquirido una gran experiencia con el fin de saber lo que conviene hacer o no.

El paso por el nadir no tiene por objeto catapultar al hombre en las tinieblas los abismos y toda clase de miserias para jugar su papel y adquirir la experiencia. No, el paso por el nadir debe confirmarle en la certeza inquebrantable de la manifestación de la salvación. La marcha a través de los ciclos astronómicos constituye la manifestación divina prevista para la salvación de la criatura. Todo el sistema de la mónada debe llegar a abrirse hasta en cada fibra a esta única inquebrantable certeza con el fin de que surja de ella el verdadero Dios en Dios y no una especie de autómata trabajando con la precisión de un reloj y llenando el universo por millares. Vea bien que el logos se revela por su criatura esto para manifestarse así mismo. Por ello cada mónada es conducida hacia su nadir con el fin que al igual que un árbol ella encuentra una profundidad suficiente para sus raíces.

Si comprende claramente esta finalidad todo se vuelve diferente.

¿Qué es lo que da la certeza interior absoluta? No es solamente la experiencia sino también el conflicto. ¿De donde vienen los conflictos en nuestra vida? Del hecho de que se ha ensombrecido usted en la naturaleza dialéctica porque esta usted confrontado con los contrarios, luz y tinieblas, bien y mal. Todo se transforma en su opuesto. En virtud del principio de los contrarios las situaciones altamente conflictivas de la dialéctica le ofrecen una vida de descubrimientos personales mediante las experiencias y los conflictos precisamente.

Usted intenta retener algo pero se le escapa de entre los dedos, intenta realizar algo alcanza una cima y todo se le escapa. Construye algo y todo se derrumba.

Piense en la célebre historia de Parsifal a la búsqueda del Santo Grial. En la lejanía percibe la ciudad de oro. Corre hacia ella pero cuando alcanza los lugares la ciudad desaparece. El ve a un personaje maravillosamente bello. Se precipita hacia él; ese cae convirtiéndose en polvo. Esto es la naturaleza dialéctica. Todo, absolutamente todo se rompe en sus manos.

Cuando es usted joven espera mucho de la vida. Envejeciendo parece que nada, por decirlo de alguna manera, de lo que usted había esperado intensamente ha llegado. ¿Qué es lo que le queda? La esencia del conflicto. Muchos de entre ustedes están totalmente envueltos en los conflictos. El mal es esto.

Por ello Hermes dice a su hijo Taht: amigo mío desátate del conflicto. Así pues apártate de la naturaleza dialéctica. Libérate de ella de un solo golpe.

Puede usted siempre ir en dos direcciones, lo ha experimentado ya un número incalculable de veces. Y esta usted todavía haciéndolo. Con su yo nacido de la naturaleza. Es su yo quien debe aprender la lección y la radiación del núcleo, el Nous, el alma original espera y esperará hasta que tome conciencia de su estado, lo penetre y reconociendo su vocación abra la puerta de su corazón de par en par.

Su yo debe llegar hasta la comprensión y el conocimiento. Su yo debe romper los espesos muros que el instinto de conservación ha edificado a su alrededor.

De tiempo en tiempo los alumnos vienen al Templo literalmente acorazados como diciendo: «¡No crean que pueden alcanzarme!» ¿Porqué? Para protegerse. Han estado tan humillados, torturados por la vida que están continuamente a la defensiva. Ven enemigos por todas partes.

Pero es preciso que esos muros caigan. Es preciso que esta coraza desaparezca. Es preciso que alcancen la comprensión y el conocimiento.

Dicho de otro modo es en el punto más bajo de la naturaleza donde se esconde el único bien y es ahí en lo profundo de la naturaleza en donde se descubre las profundidades de la tierra. ¿Pero es preciso que todos los que siguen el camino que lleva al nadir beban de esta copa amarga hasta la último gota? No, no esta obligado. Esto solo depende de usted. Pero tendrá que soportar amarguras, miseria y sufrimiento hasta el momento que alcance la comprensión y la certeza interior gracias a la certeza adquirida a través de la desgracia y la muerte en el juego de los contrarios.

El vaivén de los cambios jamás cesa. Este juego no tiene ni comienzo ni final y la naturaleza dialéctica conforme a las leyes marca el límite de las profundidades. Y su estancia está en el país del límite. Pero no debe usted franquear el límite debe elevarse por encima de él. Este es tal vez su error: desea franquear por la fuerza el límite de las profundidades. Sin embargo es preciso elevarse por encima.

A cada instante el hombre puede sobrepasar este límite elevándose. A cada instante muchos se elevan por fuera de las profundidades, pero para volver a caer. Hasta el momento en que finalmente por la experiencia y el conflicto nace suficiente comprensión. Sin embargo la comprensión, la verdadera comprensión, viene acompañada siempre con una fuerza de elevación suficiente.

Es la razón por la cual es necesario en principio una profunda toma de conciencia; razón por la cual se dice: «Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento» No se trata aquí de un conocimiento intelectual, sino del conocimiento engendrado por la experiencia y purificado por el conflicto. Cuando el hombre alcanza este punto, después de muchas amarguras, comprende la palabra de Hermes: «Hijo mío adora la palabra y venérala, solo hay una religión, solo hay una forma de adorar a Dios, es la de no hacer el mal»

Esto significa que debe usted decir adiós a la naturaleza dialéctica, que debe usted en sí mismo cruzar una raya sobre este mundo y quitar el país del límite. Que debe usted elevarse por sí mismo y liberarse del conflicto del mal en el sentido absoluto.

Tal es el sentido de la tentación en el desierto.

 

Las fuerzas del país del límite le ofrecen todo al candidato. Si el no puede resistir al seductor se lanzan en la tela de araña. Quien está verdaderamente despierto en la compresión pone sus distancias. Usted lo puede en el momento que haya adquirido una comprensión suficiente desde el momento en que sabe en que lado va y se libera del movimiento de los contrarios. Cuando usted sabe todo esto no debe pararse ni un segundo. Actúe inmediatamente y desátese enérgicamente mediante la ciencia Gnóstica directa y absoluta:

«Hoy si usted oye la voz, la voz del conocimiento interior no endurezca su corazón, sino que déjese conducir interiormente hacia el nuevo país»

No se trata ya de suplicar: «Señor perdona nuestras faltas» en un grito de sufrimiento, sino de «perdonar a nuestros deudores».

 

 

 

 

 

Falta de pág. 134 final a 137.

 

 

 

El hombre físico en su forma nacida de la naturaleza, es en principio solamente un portador de la imagen divina, la imagen de la idea Divina. Pues el paso en la naturaleza dialéctica, las consecuencias de los múltiples conflictos y la larga búsqueda del Santo Grial le dejaran muy maltrecho. Pero la entrada del Nous en su alma le da, en sentido absoluto, la fuerza de volverse hijo de Dios, de ser de nuevo plenamente la imagen de la idea. Ahora bien desde ese instante el proceso de la mónada esta fundamentalmente restablecido. En consecuencia se inicia la grandiosa Transfiguración. Es a partir de la forma física del orden de socorro que todo debe ser hecho para llamar a la vida bajo la égida del alma del Espíritu, la forma original del rey y de la reina de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz.

Pero comprenderá bien que este proceso poderoso no puede ser automático. La persona concernida debe colaborar con el mayor interés de forma muy inteligente y muy personal. Debe explorar ella misma su camino paso a paso. Si en un momento dado las condiciones elementales están presentes se desarrolla gracias al descenso del Nous en el alma un segundo poder igualmente de naturaleza inmortal llamado por Hermes, como usted sabe, la palabra, el lenguaje. Con la ayuda de este segundo poder va ha empezar ahora lo que en la Lengua Sagrada llama «El comercio secreto con Dios».

La radiación del núcleo que acompaña al Espíritu se manifiesta de forma muy distinta en el cuerpo físico del candidato de forma que en un momento dado no le es difícil comprender a Dios.

Tal vez creíamos antaño que El Comercio Secreto con Dios era una expresión mística para designar una vida de devoción. Esta idea es un error.

Todo conocimiento superior, toda comprensión profunda, toda orientación que llega a fuera de la casa de la servidumbre, de la ilusión dialéctica se obtiene gracias a este segundo poder.

Todo lo que en el pasado se ha denominado, de buena fe, iniciación en el sentido positivo se concretiza gracias a este segundo poder de inmortalidad, designado como la palabra viva creadora. El camino realmente liberador comienza con «La palabra que estaba en el comienzo». El prólogo del Evangelio de Juan estableciendo este hecho demuestra que es el Evangelio más importante. Fue también el Evangelio de predilección de las Fraternidades Gnósticas de todos los tiempos; su prólogo hace de él el Evangelio Hermético por excelencia.

Cuando la radiación del núcleo penetra hasta en el Santuario del Corazón e irradia todo el ser, que el ser físico se entrega en cierta medida a esta poderosa radiación y que su corazón es aunque sea poco receptivo a las corrientes de la Gnosis, la radiación del núcleo penetra también el Santuario de la Cabeza. Todo el sistema de los chakras y en particular los tres chakras de la cabeza juegan entonces un papel de intermediario. El chakra de la pineal es el chakra de entrada de la kundalini monádica mediante la cual se realiza el descenso del Espíritu Séptuple.

El chakra de la frente tiene su centro en el espacio abierto detrás del hueso frontal en donde el yo nacido de la naturaleza debe ser expulsado en tanto que el alma nueva será colocada nuevamente sobre su trono como soberana.

Cuando su yo es muy fuerte esto se ve a la luz de su frente. Una luz muy especial, un fuego muy particular emana y se transmite a los ojos. Ahora bien en el proceso considerado aquí este yo debe apartarse y desaparecer. De hecho en el proceso de formación de la nueva conciencia gnóstica el yo se disipa descendiendo simplemente a lo largo del sistema de los chakras y termina por desaparecer en el plexo sacro.

En el momento que el yo de la naturaleza ha desaparecido el alma nuevamente nacida toma el sitio que le pertenece desde el comienzo. A partir de ese momento la conciencia dirigente no será y a la del yo nacido de la naturaleza, sino, la del alma.

Hemos dicho que los tres chakras de la cabeza juegan el papel de intermediario para el segundo poder de inmortalidad: la pineal es el chakra de entrada de la kundalini de la mónada mediante el cual se realiza el descenso del Espíritu séptuple; el famoso chakra de la frente es el lugar donde desaparece el yo nacido de la naturaleza y donde el alma nueva reina de nuevo como soberana.

El tercer chakra es el de la laringe que libera el poder superior liberador y creador poder que permite al candidato de hacer de este segundo elemento de inmortalidad un factor realmente activo en la vida.

Podemos llamar al primer poder de inmortalidad el del corazón el escudo del caballero del Grial; el segundo poder, el de la palabra la espada del Santo Grial.

Digamos que la entrada del Espíritu (del esposo o del rey, según la expresión de las bodas alquímicas) en el centro de la pineal representa una corriente de fuerza positiva y la entrada del alma (la esposa o la reina) en el centro de la frente el polo negativo de esta fuerza. Esas dos corrientes la del centro de la pineal y la del centro de la frente hacen nacer en la parte superior detrás de la garganta un fuego, una chispa, una luz, así pues un poder activo y creador, poder perfectamente capaz de hacer salir al candidato del nadir y de elevarlo fuera del país dialéctico del límite.

Todos han descubierto o lo están haciendo que la naturaleza dialéctica es el país del límite absoluto. Imposible sobrepasar la materia, franquear este límite. Ya que en la naturaleza dialéctica cada cosa se cambia en su contrario. Hacen una cosa y otra se opone a ustedes. Cambian de método pero en un momento dado el adversario, la contranaturaleza, se erige nuevamente, una vez más, ante ustedes. Por ello no pueden sobrepasar la naturaleza dialéctica. No lo alcanzarán jamás es el país del límite.

Ahora bien el segundo poder puede liberarles y llevarles hacia la vida liberadora. Es la maravillosa espada del Santo Grial. Despojan los velos de la leyenda, despójense de sus límites y ella se vuelve un factor activo en la vida.

Todos los que restablecen la unión entre la mónada y el cuerpo físico reciben esta espada con el fin de realizar la transfiguración. Para describir un poco su acción y su poder Hermes dice:

«La Divinidad es una con el ser viviente que posee este arma y comercia con ella: la noche por los sueños, el día por las señales; ella le predice el porvenir de muchas formas: por los pájaros, las entrañas, el aire, el roble de modo que le es dado el conocer el pasado el presente y el futuro».

Profundicemos estas informaciones ya que sin aclararlas corren el riesgo de extraviarse. No se ha comprendido en absoluto las palabras de Hermes en el pasado. Es verdad que tienen algo de mediúmnico y oculto en el sentido negativo; estas palabras incomprendidas han hecho correr mucha tinta y conducido a muchos hombres a considerar el hermetismo como un paganismo maldito aprobándose sobre numerosas advertencias bien conocidas en la Biblia como, por ejemplo, de no prestar atención a los gritos de los pájaros, de no entregarse a la brujería y otras cosas semejantes.

Naturalmente Hermes no quiere atraer la atención sobre semejantes cosas. Se trata aquí de indicaciones veladas destinadas a los alumnos serios, así pues no concierne a los profanos. Expliquemos sucesivamente lo que Hermes entiende por sueños, señales, predicciones, pájaros, entrañas y robles.

A menudo se les ha explicado que todos los procesos relativos a las transmutaciones que tienen lugar en los santuarios de la cabeza y el corazón están íntimamente unidos a las nuevas corrientes, radiaciones y desarrollos de la esfera astral. Si andan el camino y buscan la unión con la mónada, la esfera astral pura entra en contacto con ustedes. Todo su cuerpo astral está penetrado. La pura sustancia de la naturaleza astral y los éteres puros llamados también alimentos santos, les son comunicados a ustedes.

Si piensan ahora en el triple proceso que hemos descrito con precisión y que tiene lugar en la pineal, en el centro de la frente y en la laringe, en donde los aspectos positivos y negativos del nuevo toque se reencuentran y provocan una chispa suscitando un nuevo poder, imaginarán entonces que la nueva sustancia atmosférica que les toca por el nuevo principio chispeante del santuario de la cabeza entra también en unión con el éter nervioso.

El éter nervioso, el fluido nervioso, sufre todos los efectos por las influencias de este nuevo desarrollo. Y en un momento dado, los nuevos impulsos que les son transmitidos comienzan a tocar ciertos órganos vitales. Ya que el mental y todos los órganos de los sentidos trabajan, viven, arden, funcionan gracias al éter nervioso. La calidad de su éter nervioso determina también su estado mental, sus distintos comportamientos sensoriales etc.

Por ello se puede suponer que sí después de todos los preparativos descritos la nueva fuerza se vierte y penetra en nosotros, con todas las consecuencias y estímulos correspondientes, ella manifiesta su presencia en el éter nervioso. Cuando esos nuevos impulsos obran y se expresan en el éter nervioso, el candidato los comprende gracias al nuevo poder creador.

Hermes quiere decir que en ese momento que el candidato establece un verdadero comercio positivo y vivo con el logos. La luz astral nueva, la pura sustancia astral con todos sus efectos se refleja en el éter nervioso (piensen por ejemplo en la cabeza de oro la cima del cuerpo viviente en donde numerosos valores astrales se concentran todos). El candidato ennoblecido a ese estado de ser y llegado a este punto de su desarrollo, establece un verdadero comercio interior vivo con la cabeza de oro. Tales impulsos son percibidos y asimilados por el segundo nuevo poder que controla todos los órganos del santuario de la cabeza.

Estos son los sueños de los que habla Hermes. No son otra cosa que impulsos, impresiones visionarias que corresponden totalmente, por ejemplo, a lo que Pedro indica cuando citando las palabras del profeta declara en el Pentecostés: «En los últimos días dice Dios lo viejos tendrán sueños y los jóvenes visiones».

Se trata aquí de una nueva intuición visionaria de un nuevo estado sensorial. Los sueños de los que habla Hermes son otra cosa que lo que se entiende en general por esas palabras y que el «yo» lo percibe de forma egocéntrica. Se trata de comprender ahora que las sugestiones e impulsos de naturaleza Gnóstica y filosófica que se desarrolla en la Cadena Universal, son transmitidas por las Siete Escuelas a todos los candidatos que se han vuelto dignos.

Es así como tiene lugar un comercio vivo entre todos los hijos de Dios. En este caso ningún desprecio, ningún obstáculo puede provenir del tiempo o del espacio. El nuevo poder les pone en unión con todos. Las indicaciones relativas a recorrer el camino fueron transmitidas a la conciencia del candidato únicamente por medio de esas proyecciones en el éter nervioso.

Se trata pues de un comercio íntimo con el invisible. Es así como empieza. Y comprenderán que no es en absoluto espectacular. Tal es el inicio del comercio secreto con Dios de las almas entradas en la paz de Belén. Los que tienen así relación estrecha con el logos no hablan de ello. Continúan silenciosamente su camino y realizan su tarea. Comprenderán que se trata aquí de un gran milagro de Pentecostés: la efusión del Espíritu Santo. La nueva lengua hablada por los Apóstoles significa el empleo de ese nuevo poder creador, de este segundo poder de inmortalidad en el fuego chispeante de la renovación astral.

En verdad he aquí de lo que habla Hermes y el profeta Jöel: «y llegará en los últimos días, dice Dios, que expandiré mi Espíritu sobre toda carne. Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y vuestros jóvenes visiones».

Si son verdaderos hijos e hijas de la Joven Fraternidad Gnóstica en el sentido completo de la palabra, todo ello les pertenecerá con la condición de querer recorrer el verdadero camino. Y lean aún una vez en los hechos de los Apóstoles como el Espíritu Santificante, el segundo poder, la segunda actividad del poder creador se expandió sobre millares de personas en cierto momento.

Consideramos un privilegio poder hablarles de todas esas cosas y esperamos firmemente que no medirán estas indicaciones.

Guárdelas en su corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO DIECISIETE

 

 

 

 

SEÑALES, PROFECÍAS, PÁJAROS, ENTRAÑAS, ROBLES

No hemos terminado aún con nuestras explicaciones de lo que Hermes entiende por signos profecías, sueños, pájaros, entrañas y robles.

Hemos hablado ya de los sueños e iremos un poco más lejos en la enumeración enunciada, ya que una explicación detallada nos conduciría ciertamente demasiado lejos ahora. Por diferentes razones quisiéramos referirnos a la Biblia porqué el lenguaje nos es más familiar que el de Hermes. Así constataran hasta que punto los libros Bíblicos se refieren a los antiguos escritos de Hermes.

Sabrán, tal vez, que en la alta antigüedad los sacerdotes y los reyes eran invariablemente iniciados dotados de los dos poderes, por lo menos, de inmortalidad.

En ese lejano pasado el sacerdocio era dispensado en grandes escuelas regionales. Después de una preparación completa y una gran madurez adquirida en esas escuelas los trabajadores al servicio del mundo y de la humanidad, eran puestos en contacto con el público.

Haced revivir ese estado sacerdotal en nuestra época fue, en particular, el objeto superior, el noble objetivo de la fraternidad de los Cátaros, esfuerzo destruido por Roma en la sangre y sobre las hogueras. Desde entonces este, mal llamado sacerdocio, no encuentra más obstáculos. Pero sean cuales sean las calidades de esos representantes no poseen ciertamente los dos poderes de inmortalidad. Ya que si esos poderes se hubieran despertado en ellos, se habían retirado inmediatamente del cuerpo eclesiástico. Un hermano o una hermana de la luz no se unirá jamás a esas comunidades manchadas con la sangre de los Cátaros y de los Santos.

La antigua realeza de que hablan los misterios ha desaparecido hace tiempo antes de nuestra era; extenderse sobre este asunto no tendría ningún sentido. Pero señalemos a este propósito que en la lengua de los misterios todo verdadero sacerdote e iniciado del pasado era designado por un árbol y comparado a él. Sabiendo esto volvamos a nuestro punto de partida y comprendamos la enseñanza de Hermes: que Dios es esencialmente uno con el candidato que se despierta en él y que le habla en particular por los robles, invitación velada designando a los iniciados de la Cadena Universal.

Nos movemos así en pleno terreno Bíblico. Piensen, por ejemplo, en los cedros del Líbano, los cedros que según los mitos sería construido el Templo de Salomón. Ese templo, amigos, jamás ha sido destruido. No se ha encontrado jamás en la Jerusalén geográfica. El Templo de Salomón es uno de los verdaderos templos vivos del camino de vida divino construido y mantenido por árboles vivos, los hombres almas que permanecen en Dios.

En la lengua de los Misterios el árbol es el hombre mismo. Por ello Jesús es llamado el árbol de vida. Y para volvernos esto más próximo, señalemos que en la Biblia los verdaderos hijos de Dios son literalmente llamados los robles del Señor, a causa de la fuerza extraordinaria del poder y de la longevidad de este árbol.

Se trata también de robles de la justicia, así como de madera de robles de Mamre y More, en donde tiene lugar unas manifestaciones maravillosas. More designa al maestro iniciado y Mamre, una profusión de riqueza.

Le hemos dicho ya claramente que cuando el candidato dispone ya del nuevo poder creador elemental, este puede establecer y mantener un comercio vivo con toda la Cadena Universal; esto si ella está en unión con la Cabeza de Oro del Cuerpo Vivo de Joven Gnosis.

El comercio con los iniciados de la Fraternidad Universal, el comercio con los «robles del Señor» no tiene lugar bajo forma de encuentros con honorables señores o damas. No, el contacto vivo consiste en una vida interior, un reencuentro interior gracias a los dos poderes de inmortalidad de los que tan abundantemente hemos hablado.

Ello, recuérdenlo, está totalmente excluido. Es imposible por medio de poderes ocultos tales como, vista etérica, clarividencia, clariaudiencia y otros, de percibir los «los robles del Señor», los iniciados de la Fraternidad Gnóstica. Estos poderes de los cuales algunos están tan orgullosos, solo permiten el comercio con la esfera reflectora.

Y ahora nos queda aún una pregunta: ¿porqué emplear el símbolo del árbol y en particular el del roble? La respuesta es evidente. Todos sabemos que el sistema del fuego de la serpiente es llamado árbol de vida. Todos poseemos el árbol de vida que debe crecer hasta volverse un «roble del Señor». Por ello es de la más alta importancia hablar de estas cosas con ustedes. El árbol de vida con sus tres canales, el séptuple sistema de chakras que tiene una relación tan estrecha y representa los frutos del árbol, el vasto sistema nervioso dodécuple, que son las ramas y las hojas, y el éter nervioso o archeüs, que es la savia vital de este árbol sagrado: no se puede encontrar una analogía más clara.

El nuevo poder del que hemos hablado con tanto detalle, está largamente desarrollado en los grandes iniciados; en ellos alcanza una gran calidad; de este modo todo el sistema del fuego de la serpiente desde tanto tiempo totalmente transfigurado, está al servicio de su conciencia despertada en Dios y verdaderamente transformada. La antigua serpiente Manas, el pensador, correspondiendo al poder intelectual se ha vuelto en ellos el poder superior del pensamiento. Esta serpiente no les extraviará jamás y permanecerá en el país del límite de la naturaleza dialéctica.

Quien ha enderezado el árbol de vida según la primera imagen de la idea posee al mismo tiempo las alas y el poder para liberarse de la naturaleza de la muerte y entrar en el nuevo estado de vida.

Y ahora vamos al símbolo de los pájaros: el Espíritu Santo descendió sobre la cabeza de Jesús el Señor bajo la forma de una paloma. La inmortalidad y su esencia, las fuerzas monádicas del Espíritu, del Nous y las fuerzas de animación fueron siempre comparadas a los pájaros. Piensen en el símbolo Bíblico del águila, Hamsa el pájaro de la inmortalidad. Así el Espíritu del Señor habla y hablará al hombre despertados y la multitud de pájaros del toque divino descenderá día y noche sobre el hombre alma que finalmente liberado desplegará sus propias alas mercurianas para elevarse como el Fénix, el famoso pájaro de fuego, en la luz de la nueva mañana.

Añadamos, que los antiguos hablaban como ya saben de entrañas de la tierra y de un disturbio interior que llegaba «hasta las entrañas» como se dice en la Biblia (no se trata aquí de sistema intestinal).

«El Espíritu del Señor coge al hombre hasta en los riñones y el corazón» y «mi alma estaba trastornada hasta las entrañas».

Que estas explicaciones les toquen en lo más profundo de su ser, hasta las entrañas y que la decisión de seguir el único camino se reafirme, mas que nunca en todos ustedes, tal es nuestra esperanza y nuestro ruego.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO DIECIOCHO

 

 

 

 

LIBRO CATORCE

 

CONVERSACIÓN SECRETA SOBRE LA MONTAÑA TRATANDO DEL RENACIMIENTO Y DE LA PROMESA DEL SILENCIO

 

Tat:    en tu discurso general, Padre, te has expresado como por enigmas y de forma velada hablando de la naturaleza divina. Nada me has revelado diciendo que nadie puede ser salvado si no ha renacido.

 

Pero después de las palabras que has pronunciado descendiendo de la montaña, cuando te he suplicado te interrogaba sobre la enseñanza del conocimiento con el fin de aprenderla (ya que es el único punto de la enseñanza que ignoro) me has prometido trasmitírmelo en cuanto me hubiera desatado del mundo.

 

Ahora lo he hecho y me he fortificado interiormente contra la ilusión del mundo. Entonces dígnate completar lo que me falta, como me lo has prometido e instruirme sobre el renacimiento, bien en palabras, bien como misterio. Ya que no sé oh Trismegistros ni de que matriz, ni de que simiente nace el hombre verdadero.

 

Hermes:    de la sabiduría que piensa en el silencio y de la simiente que es el único bien, hijo mío.

 

Tat:    ¿quién las siembra, Padre? Ya que esto me es totalmente incomprensible.

 

Hermes:    la voluntad de Dios hijo mío.

 

Tat:    ¿y cual es la naturaleza del que viene ha nacer? Ya que no tendrá parte ni a mi ser terrestre ni a mi pensamiento cerebral.

 

Hermes:    renacerá otro. Será un Dios, un hijo de Dios, todo en todos y dotado del conjunto de los poderes.

 

Tat:    me hablas por enigmas padre y no como un padre a su hijo.

 

Hermes.    Tales cosas no se enseñan hijo mío. Pero si dios lo quiere el te hará, Él mismo recordar.

 

Tat:    lo que me has dicho, Padre, sobrepasa mi comprensión y me hace violencia. Por ello no tengo sobre el asunto mas que esta justa respuesta: «¡Soy un hijo extranjero a la raza de su padre!» Cesa de rechazarme

 

Padre ya que soy tu hijo legítimo; explícame con detalle de que manera opera el renacimiento.

 

Hermes:    ¿qué puedo decirte hijo mío? Solamente esto: cuando percibí en mí mismo una visión indefinida suscitada por la misericordia de Dios; salí de mí mismo para fundirme en un cuerpo inmortal. Así ya no soy el que fui un día, he sido trabajado por el alma Espíritu, ahora bien, esto no se enseña ni se percibe con el elemento material que permite ver al hombre de aquí abajo, he ahí porque no me preocupo más ahora de la forma compuesta que un día fue la mía. Ya no tengo ni color, ni sentidos, ni medida: todo esto me es extraño.

 

Ahora me ves con tus ojos, hijo mío, pero lo que yo soy no sabrías comprenderlo mirando con los ojos del cuerpo. De hecho con estos ojos tú no me ves, hijo mío.

 

Tat:    me has puesto en una gran confusión y vuelto perplejo, Padre, ya que ahora ya no me veo ni a mí mismo.

 

Hermes:    Dios te concede, hijo mío, salir también de ti mismo como los que sueñan durmiendo, pero en tú caso sin dormir.

 

Tat:    dime aún; ¿quién es el que opera en el renacimiento?.

 

Hermes:    el hijo de Dios, el Hombre Único, según la voluntad de Dios.

 

Tat:    ahora, Padre, me dejas totalmente mudo, no entiendo nada; efectivamente, te veo siempre con la misma forma corporal, con la misma apariencia exterior.

 

Hermes:    te equivocas ahí también, ya que la forma mortal cambia día a día. Ella es irreal, cambia en el transcurso del tiempo aumentando o disminuyendo.

 

Tat:    ¿pero que es lo que es verdadero y real, Trismegistros?.

 

Hermes:    lo que está sin mancha, lo que es ilimitado, sin color, inmutable, desnudo, sin forma, radiante quien se sondea a sí mismo, el Bien inalterable, el Incorporal.

 

Tat:    esto sobrepasa mi comprensión, Padre, pensaba que me habías vuelto sabio, pero todas esas nociones bloquean mi comprensión.

 

Hermes:    esto es así, hijo mío, respecto a los que se dirigen hacia lo alto como el fuego, o hacia abajo como la tierra, o se escurre como el agua, o sopla a través de todo el Universo como el aire. Pero ¿cómo podrías percibir por los sentidos lo que no está ni cerrado, ni fluido que no puede ser ni reunido ni cogido y se concibe solamente por su poder y por su fuerza activa, cosa que solo es posible a quien tiene una vista profunda de nacimiento en Dios?.

 

Tat:    ¿no soy capaz?.

 

Hermes:    no quiero decir esto, hijo mío, pero peligran en ti mismo y ello llegará. Deséalo y ello vendrá. Lleva al silencio las actividades sensoriales del cuerpo y el nacimiento del divino se realizará. Purifícate de los castigos irracionales de la materia.

 

Tat:    ¿tengo en mí torturadores, Padre?.

 

Hermes:    ¡están en un gran número, hijo mío, en un número alucinante!.

 

Tat:    yo no los conozco, Padre.

 

Hermes:           Esta ignorancia misma es el primer castigo, hijo mío.     ( Aries )

El segundo es el llanto y el sufrimiento.                         ( Tauro )

El tercero  la falta de medida.                                        ( Geminis)

El cuarto la codicia.                                                      ( Cancer )

El quinto la injusticia.                                                   ( Leo )

El sexto la avaricia.                                                      ( Virgo )

El séptimo la falsedad.                                                 ( Libra )

El octavo la envidia.                                                      ( Escorpio )

El noveno la astucia.                                                    ( Sagitario )

El décimo la cólera.                                                      ( Capricornio )

El undécimo, la irreflexión.                                            ( Aquario )

El duodécimo, la maldad.                                              ( Piscis )

 

Estos castigos son en número de doce, a continuación de los cuales se encuentran muchos otros quienes en la prisión del cuerpo exigen al hombre en razón de su naturaleza, a sufrir de la actividad de los sentidos. Cuando Dios tiene que dar de alguien, esos castigos disminuyen, aunque no sea completamente. ¡Y esto es lo que explica la naturaleza y el sentido del renacimiento!.

 

 

Ahora mantén el silencio, hijo mío, escucha con respeto y reconocimiento. En la misericordia divina uno tardará en derramarse sobre nosotros. Alégrate hijo mío ahora, las fuerzas de Dios te purifican plenamente por la unión con los elementos de la palabra. El conocimiento de Dios nos llega, y por él la ignorancia es rechazada. La Gnosis de la alegría nos llega y por ella el sufrimiento desaparece. La fuerza que evoco después de la alegría es la humildad. ¡Oh fuerza maravillosa, recibámosla en la alegría, hijo mío: mira como viniendo ella rechaza la falta de medida!. En cuarto lugar nombro el dominio de sí, la fuerza que se opone a la codicia. Y esta etapa es el sostén de la honestidad: ya que, mira como sin tardar ella rechaza la injusticia. Así nos volvemos justos ahora que la injusticia ha desaparecido. La sexta fuerza que llamo sobre nosotros es la que lucha contra la avaricia, es decir, la bondad que se transmite a los otros. Y cuando la falsedad ha desaparecido evoco aún la verdad: cuando lo que no es verdadero huye, la verdad viene a nosotros. Ve hijo mío, como el bien se vuelve perfecto cuando viene la verdad: ya que la envidia se aparta entonces de nosotros y el bien acompañado de la vida y de la luz, sigue la verdad; y ningún castigo de la oscuridad nos afecta ya más; rechazados, en efecto, huyen rápidamente.

 

Ahora, hijo mío, conoces la forma como opera el renacimiento: la llegada de los diez aspectos realiza el nacimiento espiritual y disipa los doce aspectos; así somos divinizados por el proceso de este nacimiento.

 

Tat:    ahora que según las disposiciones divinas he llegado a la contemplación, estas cosas no se me vuelven visibles por la visión ordinaria sino gracias al poder de las fuerzas recibidas.

 

Estoy en el cielo, sobre la tierra, en el agua, en el aire. Estoy en los animales y en las plantas. Antes, durante y después en estado prenatal, sí, en todas partes. Sí, pero dime aún: ¿cómo las doce fuerzas rechazan los castigos de la oscuridad que son también doce, de que forma ocurre Trismegistros?

 

Hermes:    esta tienda que hemos quitado está constituida por el círculo del Zodíaco, quien a su vez contiene doce elementos: es una sola naturaleza pero multiforme según la representación que se hace el pensamiento engañoso del hombre.

 

Entre estos castigos los hay, hijo mío, que se manifiestan juntos. Así la precipitación y la irreflexión son inseparables de la cólera. No se puede incluso distinguirlos. Es comprensible y lógico que desaparezcan juntos cuando son rechazados por las diez fuerzas. Ya que son esas diez fuerzas, hijo mío, las que dan nacimiento al alma. La vida y la luz están unidas. Así del Espíritu nace el número de la unidad. Además según la razón la unidad contiene la década, y la década la unidad.

 

Tat:    ¡Padre, veo en el Alma Espíritu todo el Universo y a mí mismo!.

 

Hermes:    esto es el renacimiento; no se puede uno hacer una representación tridimensional. Conoces y sientes esto ahora gracias a la conversación sobre el renacimiento que he escrito para solo tú provecho de forma de hacer partícipe no a la muchedumbre sino a los que dios ha escogido.

 

Tat:    dime Padre, ¿este nuevo cuerpo compuesto de las diez fuerzas se disgregará?.

 

Hermes:    Cállate, no digas cosas imposibles, ya que así pecarías y enturbiarías el ojo del Alma Espíritu. El cuerpo físico dotado de sentidos está muy lejos del nacimiento divino fundamental. El primero se disgrega, el segundo es incorruptible; el primero es mortal, el segundo inmortal. ¿No sabes que te has vuelto un Dios, un hijo del Único como yo?.

 

Tat:    Padre, me gustaría oír el canto de alabanza que, que según tú me has dicho, oíste a las potestades cantar cuando alcanzaste el Ogdoade (octavo; es la fase de la entrada en Dios, el Ser espíritu absoluto).

 

Hermes:    conforme a lo que desveló Poimandrés en el Ogdoade, añado tu prisa en abatir esta tienda ya que en el presente tú eres puro. Poimandrés, el Espíritu no me ha revelado más de lo que yo he descrito sabiendo que estoy en estado de comprenderlo todo; de ver y de oír todo lo que deseo, él me ha ordenado hacer todo lo que está bien. Es por esto, que las fuerzas que están en mí cantan en todo.

 

Tat:    Padre, yo también quisiera oír y conocer todo esto.

 

Hermes:    entonces permanece silencioso, hijo mío, y oye este canto de alabanza tan apropiado el himno del renacimiento. No era mi intención de hacerlo conocer sin más excepto a ti que has llegado al término de esta iniciación. Este canto de alabanza no se enseña, permanece escondido en el silencio. Sitúate en un lugar a cielo abierto gira tu mirada hacia el viento del sur después de la puesta del sol y ahí adora; haz lo mismo a la salida del sol pero girado hacia oriente. Y ahora silencio, hijo mío:

 

 

EL CANTO DE ALABANZA SECRETO: LA FÓRMULA SAGRADA

 

¡Que toda la naturaleza del Cosmos escuche ese Canto de Alabanza!

¡Ábrete oh tierra!

¡Que las aguas del cielo abran su fuente al escuchar mi voz!

¡Permanecer inmóviles vosotros árboles!

¡Ya que quiero cantar y alabar al Señor de la Creación, el Todo, el Único!

¡Abríos cielos!

¡Vientos calmaos!

Con el fin de que el inmortal Ciclo de Dios pueda recibir mi palabra.

Ya que voy a cantar la Alabanza de aquel que ha creado todo el Universo; que ha indicado su lugar a la tierra y ha suspendido el firmamento; que ha ordenado al agua dulce salir del océano y expandirse sobre la tierra habitada e inhabitada, al servicio de la existencia y para la supervivencia de los hombres, que ha ordenado al fuego brillar para todo uso que quieran hacer los Dioses y los hombres.

 

Unámonos para cantar las alabanzas de aquel que está elevado por encima de todos los  cielos el creador de toda la naturaleza. Él es el ojo del Espíritu: que a él le sean dadaslas alabanzas de todas las cosas.

 

Oh vosotras fuerzas que estáis en mí: cantar la alabanza del Único y del Todo; cantar  según mi voluntad, oh vosotras fuerzas que estáis en mí. Gnosis, oh Santo conocimiento de  Dios por ti iluminado, me es dado cantar la luz del saber y de regocijarme en la alegría del Alma Espíritu.

 

Oh vosotras, todas las Fuerzas, cantar conmigo ese Canto de Alabanza. Y tú, oh humildad, y tu justicia en mí, cantad por mí lo que es justo.

 

Oh amor del Todo en mí, canta en mí el Todo.

Oh verdad, alaba la verdad.

Oh bondad, alaba al bien.

De ti, oh vida y luz viene el campo de alabanza y hacia ti retorna.

 

Te agradezco, Padre, que manifiestas los poderes. Yo te agradezco, Padre, Tú que empujas a la acción todo lo que es potencial. Tu palabra canta por mí tu alabanza. Recibe por mí el todo, en tanto que palabra, en tanto que ofrenda de la palabra.

 

Oye lo que proclaman las fuerzas que están en mí: ellas celebran el Todo, ellas realizan Tú Voluntad.

Tu Voluntad emana de Ti y todo vuelve a Ti. ¡Recibe de todos la ofrenda de la palabra!.

 

¡Salva el Todo que está en nosotros. Ilumínanos oh Vida, Luz, Soplo, Dios! Ya que él Alma Espíritu es el guardián de Tú palabra.

 

¡Oh portador del Espíritu, oh Demiúrgos, Tú eres Dios! El hombre que te pertenece lo proclama por el fuego, por el aire, por la tierra, por el agua, por el Espíritu, por Tus criaturas.

 

He recibido de Ti ese Canto de Alabanza de la Eternidad, como he encontrado por Tu Voluntad, el reposo que buscaba.

 

Tat:    he visto como por Tú Voluntad este campo de alabanza debe expresarse, Padre. Y ahora expreso igualmente en el mundo que es el mío.

 

Hermes:    di, hijo mío, en el mundo esencial, es decir, el mundo divino.

 

Tat:    sí, en el mundo esencial, Padre, tengo este poder. Por tu Canto de Alabanza y la expresión de tu gratitud, la iluminación de mi Alma Espíritu se ha vuelto perfecta.

Ahora quiero yo también dar gracias a Dios desde lo más profundo de mi ser.

 

Hermes:    ¡en eso no seas imprudente, hijo mío!

 

Tat:    oíd, Padre, lo que digo en el Alma Espíritu: «A ti, oh primer artesano del renacimiento, a Ti mi Dios, hago yo, Tat, la ofrenda de la palabra.

Oh Dios, Tú Padre, Tú Señor, Tú Espíritu: acepta de mí la ofrenda que deseas de mí. Ya que todo (el proceso del renacimiento) se realiza conforme a Tú voluntad».

 

Hermes:    Hijo mío, ofreces así a Dios, el Padre de todas las cosas, una ofrenda que le  es agradable. Pero aún esto: ¡por la palabra!

 

Tat:    Te agradezco, Padre, los consejos que me has dado.

 

Hermes:    Me alegro, hijo mío, que hayas ganado los frutos buenos de la verdad, una cosecha inmortal. Prométeme ahora que ya has aprendido esto de Mí, de observar el silencio, respecto a este maravilloso poder y de no trasmitir a nadie la forma en que se realiza el renacimiento, con el fin de que no seamos contados entre los que profanan La Enseñanza.

Que nos sea suficiente que la hallamos echo los dos nuestra: ya hablando, tú Escuchando. En la Luz del Espíritu te conoces ahora a ti mismo; tu mismo y nuestro Padre de los dos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO DIECINUEVE

 

 

 

 

 

LA MATRIZ DEL RENACIMIENTO

Presten ahora toda su atención al libro catorce de Hermes. Este libro contiene «la conversación secreta sobre la montaña» y trata sobre el renacimiento, problema central de toda Gnosis. El contenido de este libro es para nosotros de un extremado interés, también tenemos la intención de someterlo a un estudio preciso ya que tenemos por tarea el penetrar este asunto lo más profundamente posible.

 

Permanezcamos atentos a todo lo que, en el transcurso de los años fue dicho, escrito y publicado por la Escuela Espiritual actual sobre la Gnosis y sus designios. Preparados así, no nos ofendemos del primer versículo del libro catorce de Hermes que afirma que nadie puede ser salvado sin renacimiento; nadie, ningún cuerpo físico entra en la vida liberadora sin este poderoso proceso que conocemos en teoría como el renacimiento.

El renacimiento base de todo crecimiento transfigurístico es la condición del nuevo estado de vida. Tat pide entonces a Hermes, aclararle sobre el camino y el método del renacimiento. Y añade:

«En tu discurso, Padre, te has expresado como en enigmas y de forma velada hablando de la naturaleza divina. No me has revelado nada, diciendo que nadie puede ser salvado si no ha renacido. Pero después las palabras que has pronunciado al descender de la montaña cuando suplicante te interrogaba sobre la enseñanza del renacimiento, a fin de aprenderla (ya que es el único punto de la Enseñanza que ignoro) me has prometido transmitírmelo cuando me haya desatado del mundo.

Esta proposición nos parece muy clara. Quien quiere penetrar las razones del renacimiento debe haberse cuidado de la naturaleza dialéctica. Ya que provecho sacaría un simple mortal de la comprensión intelectual del por que y del como del renacimiento, si un profundo deseo del corazón en encontrar una solución a su existencia desprovista de perspectiva sin aversión para el mundo y el estado de vida que es el suyo.

Reflexionen. La Escuela Espiritual actual supone correctamente que esta aspiración a la liberación vive en el corazón  de aquel que se une a ella. Si no fuese el caso el aprendizaje no es otra cosa que una fuente continua de miseria, tanto para él, como para la Escuela. Ya que la razón, el sentido, la luz, la esencia del renacimiento son opuestos a este mundo.

Es por todo esto que el candidato a los Misterios Gnósticos debe resolver esta oposición dando la espalda al mundo. Quien no lo quiere o no lo puede aún, es por el momento sociológicamente no apto para el aprendizaje de una escuela espiritual Gnóstica. Esto explica inmediatamente porqué, en lo que concierne al libro catorce, se trata de «Conversación secreta sobre la montaña del conocimiento».

Si uno se entrega a la filosofía Gnóstica con el yo nacido de la naturaleza y el deseo de vivir ordinario, explicable dialécticamente, el secreto del renacimiento no se desvelará por muchos esfuerzos que se hagan. Nadie en ese estado de ser puede comprenderlo y menos aún reaccionar en consecuencia. Y sabemos que imitando el proceso cada uno tropieza, cae rápidamente y se desenmascara.

Así la enseñanza del renacimiento permanece un misterio absoluto para el profano, hay que aprenderse todo lo que ha sido publicado exteriormente a ese respecto, en el transcurso de los siglos.

Pensamos aquí en el Evangelio de Mateo capítulo 2 versículo 25: «Te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra por lo que has escondido estas cosas a los sabios y a los inteligentes y que las hayas revelado a los hijos de Dios».

Los sabios de este mundo orientados religiosamente se califican ya, de hijos de Dios. Creen que sus discursos, sus convencimientos son un don de Dios. Hablan también de grandes poderes espirituales y toda la muchedumbre se inclina ante esas autoridades.

Así el camino de los Misterios permanece cerrado ya que quien persiste siempre en la ilusión del yo, de una manera o de otra, se mantiene en su sitio la serpiente del nacimiento natural y no cambia totalmente, no conoce, ni posee la aspiración fundamental; a tal hombre la Escuela Espiritual nada tiene que decir. La conversación secreta permanece para él un misterio.

Tat afirma en el tercer versículo de ese texto: «me he vuelto del mundo e interiormente fortificado contra su ilusión. A partir de ahora dígnate completar lo que me falta, tal como lo prometiste e instruirme sobre el renacimiento, bien en palabras, bien como Misterio».

Así es, como el grito del corazón da testimonio finalmente del verdadero aprendizaje. La aspiración al renacimiento se vuelve realidad por una perfecta preparación interior, y en el desapego de la naturaleza dialéctica. Pensamos aquí, en ese otro Sermón de la Montaña, que nos es familiar, el de los Evangelios. Al principio se dice: «Bienaventurados los que aspiran al Espíritu, ya que el Reino de los Cielos les pertenece». De esta aspiración se eleva la oración: «Me he preparado, he liberado mi Espíritu de la ilusión del mundo, hazme comprender ahora el renacimiento». A quien desde lo más profundo de su ser, abre así la puerta de los misterios de Dios, la enseñanza del renacimiento le alcanza; le alcanza a partir de lo que está escondido, y lo que está escondido no es otro que el del Reino de los Cielos. Ni su oído interior se abre con el fin de comprender las palabras secretas.

 

Está claro que si uno se orienta de esta manera, una cantidad de problemas aparentes se resuelven, problemas que vamos a examinar ahora aquí, sucesivamente.

En primer lugar: ¿de que matriz renace el hombre y de que simiente?. He ahí la respuesta de Hermes:

¡Hijo mío, de la sabiduría que piensa en el silencio y de la semilla que es el único bien!.

Tat:    ¿quién las siembra entonces, Padre?. Ya que esto me es totalmente incomprensible.

Hermes:    la voluntad de Dios, hijo mío.

Tat:    ¿Y cual es la naturaleza de aquel que viene a nacer, Padre? Ya que no tendrá parte ni en mi ser terrestre, ni en mi pensamiento cerebral.

Hermes:    renacerá otro. Será un Dios, un hijo de Dios, Todo en Todo y dotado del conjunto de los poderes.

Tat:    Me hablas por enigmas, Padre, y no como un padre a su hijo.

Hermes:    tales cosas no se enseñan, hijo mío, pero si Dios lo quiere te hará recordarlo Él mismo.

Examinemos más de cerca esas cuatro preguntas. Con el conocimiento del aprendizaje elemental podemos, más o menos fácilmente, resolverlas.

¿De que semilla, de que matriz renace el hombre? De la Sofía, es decir, de la sabiduría.

Pensamos, tal vez, como muchos, que la sabiduría es una especie de conocimiento superior más vasto. Se habla, por ejemplo, del conocimiento de la sabiduría. Así se podría suponer que la sabiduría debe ser percibida intelectualmente, puede ser conocida intelectualmente, así pues, asimilada por el intelecto. No cometan este error tan común. En el mundo dialéctico el sabio, aquel que supuestamente, posee «la Sofía», es el que hace búsquedas intelectuales en todas las direcciones. Después cuando ha agotado completamente hacia las cuales se ha volcado, edifica su propio concepto, su propia teoría a partir de los conocimientos acumulados. Puede ser una idea muy bien formulada, una teoría susceptible de ser calificada de justa y buena bajo muchos aspectos, pero en tanto que construcción intelectual permanece siempre siendo una especulación apreciada durante un tiempo, imitada, escogida en la vida como hilo conductor. Pero algunos años después, un segundo sabio viene ha contradecir este primer concepto, este primer fruto de la sabiduría dialéctica de la imaginación y de la especulación. Entonces se desarrolla un nuevo método filosófico.

 

Esos conceptos intelectuales tan conocidos y a menudo, tan perfectamente estériles y engañosos, nada tienen que ver con lo que entiende Hermes cuando habla de la matriz de la Sofía. Él considera aquí la esfera de actividad de los cuatro cuerpos, de los cuatro aspectos de nuestra personalidad que tienen por nombre: el cuerpo material, el doble etérico, el cuerpo astral y el poder mental. Sabemos que son los éteres del cuerpo etérico los  que mantienen el estado del cuerpo físico. Si esos éteres circulan débil o lentamente, esto provoca siempre una perturbación o un debilitamiento del cuerpo físico. Los éteres garantizan la integridad del cuerpo físico.

El cuerpo etérico es movido por las radiaciones astrales del cuerpo astral. El cuerpo astral debería vivir totalmente del verdadero poder mental.

Y el poder mental debería respirar totalmente en la Sofía. Es una materia más sutil y más noble que la sustancia mental.

Pero bajo ningún punto de vista el poder del pensamiento del hombre físico no ha alcanzado la madurez; no, no se puede incluso decir que el hombre nacido de la naturaleza posea un cuerpo mental. Este solo es aún, rudimentario. En el actual estado del hombre físico el cuerpo mental no puede encontrar reposo para su desarrollo y el poder del pensamiento del hombre de hoy, está en la imposibilidad de alcanzar la madurez.

Los órganos del intelecto y sus funciones, solo constituyen la base del cuerpo mental real, noble y verdadero. En nuestro actual estado el pensamiento inferior está totalmente movido por los tres vehículos inferiores de nuestra personalidad. Por ello el hombre físico no puede elevarse jamás por encima del estado adquirido a su nacimiento en la naturaleza; su pensamiento es y permanece de la tierra, terrestre; en él ninguna manifestación de la Sofía, por poco que sea. Ya que el hombre físico se nutre de la materia astral de la naturaleza de la muerte.

Represéntense bien esto. Están ustedes en su personalidad dialéctica: cuerpo material, doble etérico y vehículo astral. En el mejor de los casos, su poder de pensar se distingue por un foco más o menos luminoso, a la altura del Santuario de la Cabeza. Con semejante cuerpo mental es imposible beber en la fuente de la Sofía. No obstante es preciso que su personalidad se mantenga. Así pues, se nutre, necesariamente, de la materia astral de la naturaleza de la muerte. He ahí la realidad.

Por ello como decimos, el hombre físico no se eleva por encima del estado asignado por su nacimiento natural. Es y permanece de la tierra, terrestre. Para él no se trata de Sofía. Se nutre de la materia astral de la muerte. No vive es vivido. Está prisionero del contramovimiento, del que hemos hablado tan a menudo. La pregunta es muy concreta: «¿De que materia debe el hombre renacer?».

Hermes responde: «De la Sofía que piensa en el silencio».

Esta matriz, esta materia de la Sofía la materia original, existe lejos de la agitación y la degradación de la naturaleza de la muerte. La Sofía está en el silencio, es decir en el espacio libre original. Además todas las partículas de esta materia son cargadas de grandes fuerzas divinas, las ideas del Logos. Es la simiente del único bien. En cuanto esta maravillosa simiente, la materia de la Sofía, logra penetrar el vehículo mental, ya presente pero aún vacío y que el poder del pensamiento puede funcionar de nuevo como un verdadero cuerpo, la vida cuádruple concebida en el origen se vuelve una realidad: la forma sublime respira ahora de nuevo por el Santuario de la Cabeza, en la Sofía. Y de este pensar va ha vivir el cuerpo astral, de ese cuerpo astral, el cuerpo etérico, y de ese cuerpo etérico, el cuerpo físico.

Así comienza la transfiguración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO VEINTE

 

 

 

 

 

LA SEMILLA DEL SILENCIO

 

De conformidad con lo que precede, está ahora claro, esperamos que la Sofía unida al cuerpo del pensamiento realice el renacimiento.

El hombre físico de la naturaleza ordinaria existe y vive de la sustancia astral de la naturaleza de la muerte.

 

El no puede liberarse porque su vehículo superior no tiene absceso a la Sofía del Silencio. Por esto la vía de la salvación, el camino liberador, se encuentra en una preparación de abajo hacia arriba. Una preparación que debe empezar por el rechazo del orden engañoso de la naturaleza dialéctica y por la purificación de corazón séptuple de todos los deseos terrestres. La radiación del núcleo de la Mónada toca y anima al hombre que se compromete en esta vía. Además es esta actividad quien debe preparar el poder del pensamiento al descenso del Espíritu, al descenso de la Sofía, al descenso del Silencio, al Espíritu Santificante.

¿Pero quien siembra en el candidato la Semilla del Silencio, se podría preguntar?.

No crean que un supuesto maestro adepto o iniciado pueda jamás ofrecérselo. De hecho, es usted mismo quien las siembra gracias a su preparación, a su disposición por la rendición de sí mismo. Abre así, su pensar aún primario a la sabiduría divina, al descenso del Espíritu. Y de inmediato se realiza la ley Divina correspondiente. La sabiduría Divina desciende en todos los que se abren.

«¿Y cual es la naturaleza de aquel que viene ha nacer, Padre? Ya que no tendrá parte ni a mi ser terrestre, ni a mi pensamiento cerebral.

Hermes: ese renacerá totalmente otro, será un Dios, un hijo de Dios, Todo en todos y dotado del conjunto de los poderes»

Vivirá de la totalidad de las fuerzas que se manifiestan en el plan de Dios y por Él.

Tat piensa que nuevamente se dirige a él en lenguaje velado. Pero el Arte Real no puede ser ni enseñado, ni aprendido, ni estudiado, ni comprendido por el adelantado. Cuando el candidato se compromete en el proceso de santificación de la única manera posible, entonces la verdad se ilumina para él, y en cuanto se abre la Sofía desciende en el Santuario y se comunica al centro de la memoria. Inmediatamente el Arte Real es comprendido interiormente. El candidato empieza por recibir el conocimiento de la sabiduría. Por ello el décimo versículo dice: «Tales cosas no se enseñan, hijo mío, pero si Dios lo quiere Él mismo te lo hará recordar».

Pero Tat presiona a Hermes para que le aclare más. Y se le oye responder:

¿Que puedo decirte hijo mío?, solamente esto: cuando percibí en mí una visión indefinida suscitada por la misericordia de Dios, salí de mí para fundirme en un cuerpo inmortal; así ya no soy aquel que fui un día, he sido unido por el Alma Espíritu. Además esto no se enseña ni se percibe con el elemento material que permite al hombre ver aquí abajo. He ahí por que no me preocupo ahora de la forma compuesta que fue un día la mía. Yo no tengo ni color, ni sentidos, ni medida, todo esto me es extraño. Ahora me ves con tus ojos, hijo mío; pero lo que soy no sabrías comprenderlo mirándome y viéndome con los ojos del cuerpo. De este modo con esos ojos no me puedes ver, hijo mío.

 

 

Hermes en respuesta al lamento de Tat se esfuerza por aclarar lo que es en realidad imposible de explicar con palabras. Su conciencia iluminada por el Alma y renovada por la Sofía, ve en él y alrededor de él, desarrollarse un nuevo estado de su vehículo, indeterminado, vagamente aunque la imagen esté ya presente. El nuevo vehículo no existe aún, pero la imagen ya está ahí. Es un vestido provisional que hemos llamado el Vestido de Oro de las Bodas. Este vestido provisional es indestructible; eso quiere decir que la imagen, el Vestido de las Bodas, se volverá un nuevo estado vehicular. Además este Vestido de las Bodas procede de la Misericordia de Dios. «La simiente del único bien, la Sabiduría, que piensa en Silencio» a realizado la imagen del sin forma en el resplandor de oro del alma.

Esto es el Misterio:

Después del reencuentro del alma nuevamente nacida con el Espíritu que desciende, surge en un relámpago un estado de ser que designamos como el Vestido de Oro de las Bodas, el cuerpo del Alma, el «Soma Psychicon». Inmediatamente que el rayo del núcleo de la Mónada penetra en el Santuario del Corazón y se comunica a todo el sistema, la nueva esencia animadora, esta nueva fuerza, debe ocupar
su lugar detrás del hueso frontal entre las dos cejas. Es preciso que `primero el candidato sostenga esta primera lucha, este nacimiento del alma. El alma debe irradiar detrás de la ventana de la frente y en cuanto esta alma encuentra al Espíritu en el Santuario de la Cabeza se despliega el Manto Real, el Vestido de Oro de las Bodas. «Entonces, dice Hermes, salí de mí mismo, para fundirme en un cuerpo inmaterial. Así ya no soy aquel que fui un día, he sido fusionado por el Alma Espíritu».

Esto es así, ya que el yo nacido de la naturaleza es él también central en el hombre dialéctico, reside igualmente en la cámara del Rey, en el espacio vacío situado detrás del hueso frontal. Es el estado habitual del hombre natural. Sin embargo la nueva alma en crecimiento debe apartar al ser del yo de esta cámara Real y hacerlo desaparecer por el sistema de los chakras. Y cuando el alma ha tomado el lugar que le ha sido designado por Dios, es decir, cuando el yo de la naturaleza ha desaparecido «al instante, dice Hermes al respecto, salí de mí mismo para fundirme en un cuerpo inmaterial y así ya no soy el que fui un día, he sido fusionado por el Alma Espíritu, lo que significa, renacido de la idea original de la Mónada». Evidentemente todo esto no se enseña sino que debe ser vivido desde el principio al fin y adquirido con grandes luchas.

Insistamos ahora sobre el hecho, que no se puede alcanzar loa contemplación con un cuerpo nacido de la naturaleza, con un cuerpo compuesto de elementos. Así en lo que concierne los Misterios Gnósticos la posibilidad para el hombre natural de una forma cualquiera de experiencia, o de percepción sensorial más elevadas, o más o menos profundas, esta totalmente excluido. El hombre dialéctico quiere en su estado vehicular, horadar hasta el saber absoluto, hasta la comprensión, la contemplación y la experiencia de una realidad superior. Ese está totalmente excluido. Todo lo que intenten en ese sentido es tan solo una pérdida de energía. Pero lo que se manifiesta en este orden, de los que estamos a veces tan orgullosos, es absolutamente de la tierra, terrestre, unido a la naturaleza, no liberador desde el punto de vista Gnóstico totalmente irreal. Por ello nuestra postura es tan firme respecto al ocultismo, tanto positivo como negativo. Es necesario, como siempre lo ha dicho la Escuela en el transcurso de los años, de cortar desde las ramas a las raíces, todo lo que se presente como tal. No se puede con un cuerpo compuesto de elementos llegar a la contemplación, ni tampoco a la formación de la conciencia Gnóstica.

¿Qué es un cuerpo compuesto de elementos?. Es el cuerpo nacido de la naturaleza. ¿Hay entonces otros cuerpos?. ¡Sí!. Hermes testimonia: el cuerpo nacido del Nous del Alma Espíritu; de la Sofía, de la unión del alma y el Espíritu.

¿Debe repetirse?. En cuanto el Alma nace en el Santuario del Corazón, desde que el Alma es el nuevo principio animador, orada un camino hasta el Santuario de la Cabeza y ocupa su sitio detrás del hueso frontal, – lo que significa que el yo ha sido rechazado y que el candidato deja al Alma guiar su vida – cuando se alcanza el estado en que el Alma se encuentra como una Rosa de Oro entre las dos cejas, el Espíritu se une al Alma. Entonces arde un fuego poderoso, y dentro ese resplandor, en ese fuego, el candidato está revestido del Manto de Oro Real, el Vestido de Oro de las Bodas, base de la nueva personalidad, del nuevo estado corporal.

A la pregunta: ¿Hay entonces otro cuerpo?. Hermes responde: Sí, el cuerpo nacido del Nous y de la Sofía, del alma y del Espíritu engendrado con la materia original por la radiación del núcleo de la Mónada; un estado corporal que empieza por el Vestido de Oro de las bodas. Intentemos, ahora, hacerle percibir la inmensa diferencia que existe entre un cuerpo compuesto y el cuerpo de la Sofía.

Usted sabe que un elemento es un material de base, un cuerpo simple no divisible que aparece en la naturaleza como una grandeza invariable. Se puede constituir un cuerpo a partir de tales elementos. Y cada átomo del elemento posee una fuerza vital. Nuestra conciencia, nuestra conciencia yo, nacida de la naturaleza no es otra cosa que la conjunción de fuerzas vitales presentes en cada átomo que compone un elemento. El conjunto de las fuerzas vitales de los átomos determina nuestra conciencia. Tal conciencia proviene del cuerpo compuesto de elementos y no debe jamás sobrepasar la naturaleza que lo constituye. Es, sin duda, comprensible. Un cuerpo elemental compuesto de elementos terrestre no se libera jamás de la tierra, aunque se puede intentar.

Es naturalmente posible, en el marco de este aprisionamiento, realizar diversas experiencias. Se puede modificar el estado del cuerpo elemental, tal como se esfuerza y se ejerce febrilmente las numerosas aplicaciones de la ciencia oculta, por ejemplo: debilitando un elemento y reforzando a otro, o bien, realizando una composición elemental de la personalidad con la ayuda de sustancias astrales y de éter reflector.

La ciencia oculta que ha practicado esto en todos los tiempos ha obtenido, a menudo, resultados impresionantes; pero estos permanecen siempre dentro de los límites de la naturaleza. Repitámoslo: no se puede con una personalidad compuesta de elementos, llegar a la liberación, llegar a la contemplación de la Sofía. Ya que tal cuerpo permanece encerrado en el interior de la naturaleza de la muerte y permanece en él.

Hay elementos de naturaleza material etérica y astral. Y tal como hemos dicho el hombre no dispone del puro elemento mental, la materia del silencio, la materia de la Sofía. No poseemos el elemento de la liberación. ¿Por qué?. Porque nuestro cuerpo del pensamiento, nuestro órgano mental es imperfecto. No está aún terminado. Lo que llamamos el pensamiento no es más que un minúsculo fragmento del verdadero poder del pensamiento. El pensamiento cerebral no puede producir nada liberador; tan solo el poder del pensamiento verdadero abre la puerta y da acceso a la esencia del silencio.

Pensemos aquí en el pozo de Cristian Rosacruz. En ese pozo, en ese espacio todos se lamentan y se debaten y cada uno intenta liberarse. ¡En vano!. La única posibilidad es la cuerda que desciende en el pozo. Con la ayuda de las siete cuerdas, tal como lo leemos en Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, podemos elevarnos. En el marco de nuestra prisión, en el interior de este pozo, encontramos elementos de naturaleza material, etérica y astral, pero falta la materia del Silencio. En otros términos, el hombre y su microcosmos permanecen prisioneros, bien sea en la materia o en el plano etérico o astral. En la materia el cuerpo denso se consume. En el templo el doble etérico se disuelve: en la materia astral de nuestro mundo, la cascara astral de nuestra personalidad se disgrega. Permanece el microcosmos en el pozo del debilitamiento, debe buscar, una vez más buscar la revivificación. Objetaremos tal vez, que la ciencia debe poder romper los muros de esta prisión ya que sabe dividir los elementos, es decir, modificarlos. Pero no cometa el error de caer en la ilusión de la ciencia; la física nuclear no cambiará, nada tampoco de nuestra prisión, la ciencia oculta conoce desde siempre el arte de la fisión nuclear. Esto simplemente a un ritmo más lento. Las transformaciones del estado vehicular provocadas por métodos ocultos se realizan también gracias a los cambios de la composición elemental de nuestra personalidad. Sabemos que la ciencia atómica efectúa la fisión nuclear de una manera forzada. Esta ciencia en sus aplicaciones no solo hace intervenir un cambio de decoración como ya hemos dicho.

Llevándolas a altas temperaturas se logra dividir diferentes elementos. ¿Qué se produce entonces?. Se transmutan elementos materiales en elementos de naturaleza etérica y astral. Las radiaciones de calor y los rayos electromagnéticos liberados así, perturban el orden natural elemental de la materia. Esta perturbación modifica nuestra economía vital interna públicamente: la personalidad y todo lo que nace de la naturaleza en los reinos, humano, mineral y vegetal. La manifestación material de la vida, es llevada así de una forma forzada a una manifestación únicamente etérica y astral, por lo tanto es una regresión forzada, un retorno a las eras prehistóricas, o a la vida etérica y más lejos aún, la vida astral que predominaba sobre la vida material. Eso es todo. El iniciado oculto en su vestido astral ha regresado hasta la era Hiperbórea. De este modo a partir del nadir de la materialidad se puede hacer la experiencia, no de una resurrección liberadora, sino simplemente de una desmaterialización perfectamente inútil, en una pérdida de tiempo considerable, lo que significa el aniquilamiento del mundo por el fuego.

He aquí lo que hacen en el presente los maestros de la fisión nuclear, por la instigación de los gobiernos respectivos. Hace algunos años, en Génova, hubo deliberaciones para saber si se debía continuar a no. Todos los problemas tratados en Génova se resumen finalmente a esto: violencia, o no, violencia. Sabemos que la decisión tomada fue de continuar, si no con fines «militares», por lo menos «pacíficos», pero sea como sea, es el desenlace, ya que esto significa la desmaterialización.

Comprenderán una vez más, que la ciencia Gnóstica en devenir nada tiene que ver con todo esto, ni con los elementos de naturaleza material, etérica y astral. No puede desarrollarse a partir de un cuerpo constituido de elementos. Ella esta netamente separada en su esencia y en su sustancia de todos los dominios correspondientes.

El estado de conciencia Gnóstico no se encuentra sobre la tierra. Ni sobre Marte, ni sobre Venus. ¡No se trata de volverse venusianos! Pero escapamos totalmente al sistema zodiacal si nos elevamos desarrollando la nueva conciencia Gnóstica.

Ese devenir consciente proviene de la actividad animadora de la radiación del núcleo microcósmico que toca al conjunto de los vehículos y los penetra lo que vuelve posible el descenso de la Sofía, la materia del silencio. La materia del silencio en su descenso despliega, como hemos dicho, el Manto de Oro indispensable para las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz. La materia del Silencio unida a la radiación del Alma, envuelve al candidato con un nuevo manto, un nuevo manto vehicular llamado vehículo del alma. El alma forma ese vestido como en un relámpago, a partir de la Materia del Silencio en cuanto la Sofía penetra el sistema. Ese cuerpo del alma es muy sutil. Es el fundamento inmortal del cuerpo glorioso de la resurrección. Hay aquí también desmaterialización pero desmaterialización liberadora.

¿Ven ustedes en que ilusión vivimos en nuestra época, ven la ilusión y el gran desastre de la actividad nuclear actual?. La desmaterialización liberadora es otra cosa. Y ahora comprendan ustedes las palabras de Hermes:

«Es por lo que no me preocupo ahora de la forma compuesta que fue un día la mía» Inmediatamente que el alma nueva vive detrás de la ventana de la frente ella domina todo el ser y se vuelve su consciencia. Ella es el núcleo, ella es la conciencia esencial en el centro, no de la prisión natural de nuestro nacimiento, sino, del nuevo vestido del alma, del otro, que está a nuestro lado, cerca de nosotros y parcialmente en nosotros. El hombre que posee el nuevo cuerpo del alma, no vive ya, esencialmente, en el cuerpo nacido de la naturaleza aunque no está separado. Se puede sentir y medir el cuerpo compuesto, dice Hermes; sin embargo, la nueva alma le es unida sobre un plano más elevado.

El Bhagavad Gita dice al respecto que el ser nacido de la naturaleza debe saludar y abordar como un amigo al original, el alma en su esencia puesto que ha tomado forma en él. Hermes dice a este respecto: este amigo, el alma nueva, se vuelve predominante en el sistema cuando el «soma psychicon» el Vestido de Oro de las Bodas aparece. El alma envuelta con el manto de Oro de las Bodas, y manteniéndose en el centro, gobierna entonces la personalidad nacida de la naturaleza, con el fin de que se vuelva y permanezca el mayor tiempo posible el instrumento de Dios en la naturaleza de la muerte, el enviado de Dios en los dominios de la noche para salvar lo que aún puede ser salvado.

En el momento que pronuncia estas palabras Hermes, el hombre rey, está siempre en posesión del ser nacido de la naturaleza, de la forma nacida de la naturaleza; él no está aún separado, se puede siempre aproximarle y percibirle en ese cuerpo. Pero fundamentalmente ya no está en ese cuerpo, está en la forma del alma. No es ya de la tierra, terrestre. Está a lo sumo unido al terrestre como un amigo. Se manifiesta también bajo dos formas a la vez, en la que una decrece en tanto que la otra vivirá hasta en la eternidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO VEINTIUNO

 

 

 

 

 

 

 

EL DEVENIR CONSCIENTE GNÓSTICO

Cuando un hombre por primera vez en su vida, se aproxima a los misterios Gnósticos y descubre que el desarrollo de la consciencia Gnóstica no concierne bajo ningún aspecto a los elementos de la naturaleza etérica o astral; que no se llega jamás a la contemplación con un cuerpo nacido de la naturaleza y compuesto de elementos, que es preciso para ello disponer de un estado vehicular, otro, o distinto que el de la materia de la muerte, a saber, un vehículo formado de la materia de la Sofía. Él entra en una gran perplejidad.

Tat da la prueba que este es su caso; pero a menudo, después como la experiencia nos ha enseñado uno se pone a negar y se fía de la Gnosis. Y Tat exclama:

«Me has puesto en una gran confusión, padre, y me has vuelto perplejo. Ya que ahora ya no me veo más a mí mismo».

Un poco más adelante dice: «Ahora, Padre, me has vuelto mudo, ahora ya no entiendo nada: efectivamente te veo siempre con la misma forma corporal, con la misma apariencia exterior».

Para el hombre nacido de la naturaleza que aborda así la cuestión, todo el ser yo es destronado. No obstante en ese estado de ser él puede verdaderamente descubrir que la personalidad compuesta de elementos, es la base sobre la cual realizar la resurrección. Pero quien habla de resurrección habla también de tumba, la tumba en la que es preciso haber sido depuesto anteriormente.

Comprendemos ahora las palabras de Cristian Rosacruz acerca de su tumba en la Fama Fraternitatis: «De todo esto me he hecho viviendo una tumba» no es preciso aquí rechazar la personalidad dialéctica nacida de la naturaleza como algo vergonzoso, un vehículo inútil, nocivo y sin valor. Al contrario, el alma viviente hace uso de él, lo utiliza como un utensilio, pero es preciso que esta herramienta haya sido preparada de la justa manera, que el candidato no espere nada y no vea más allá que lo que es en realidad. Eso explica las palabras de Hermes en el versículo doce:

«Es por lo que ya no me preocupo ahora de la forma compuesta que fue un día la mía. No tengo ni color ni sentidos ni medida, todo esto me es extraño».

Se ha dicho que cuando Jesús el Señor hubo resucitado de su tumba se encontró esta tumba vacía lo que corrobora las palabras de Hermes. La personalidad nacida de la naturaleza y el cuerpo de la Sofía permanecen unidos hasta el fin. Por esto el Evangelio Gnóstico de la Sofía presenta a Jesús el Señor apareciéndose a sus discípulos como el maestro siempre vivo, el maestro que no ha muerto, pero vestido del Triple y poderoso vestido de luz. Además si piensan en la cita del decimotercer libro de Hermes, recordarán que en el transcurso de su viaje hasta el nadir de la materialidad, la Mónada o microcosmos pierde en un momento dado el vestido de luz de la personalidad original y que en su lugar aparece la personalidad de la naturaleza en todo punto conforme a las leyes naturales del nadir.

La personalidad del orden de socorro, con la vida de la cual está dotada, debe probar ese nadir como un límite infranqueable en razón de las leyes de la naturaleza terrestre; de ahí se desarrolla por necesidad natural y después de un tiempo, más o menos largo, la aspiración al despertar, el deseo de liberación. Ya que el impulso de la Mónada nos empuja siempre más lejos, siempre más alto, hasta en la eternidad.

Pero la ley del nadir impone aquí una meta y en la tensión creciente una nueva idea se manifiesta, la idea de escaparse elevándose, la idea de resucitar del nadir. Se dice: «Si no es posible franquear el límite debe haber una posibilidad de escaparse elevándose en el espacio» y se emprende esto con ello. Entonces el profesor X declara en la prensa: «Alcanzaremos la Luna en los años venideros, tal vez al fin de este siglo. Sin duda poseeremos pronto vehículos espaciales que viajarán alrededor de la Luna, y desde la Luna lanzaremos vehículos al espacio etc.». Lo que se agita aquí, en el hombre yo, es el deseo del yo de escapar a la naturaleza de la muerte, de desplegar en todo el espacio el ser de la muerte.

Pero aparece que la elevación por encima del nadir con el yo ya no es posible, el cuerpo del orden de socorro ya no es apto. En efecto, es un cuerpo compuesto de elementos, formado en el nadir de la materialidad; y es preciso que la personalidad nacida de la naturaleza compruebe también esta imposibilidad, que haga la experiencia.

Cuando un hombre hace ese descubrimiento de forma suficientemente profunda y que recorriendo el camino se vuelve por la endura un muerto viviente, la práctica del justo comportamiento hace descender sobre él y en él, el Vestido de Luz Original de la Mónada, el Vestido de Luz de la Sofía. Así se realiza la resurrección en el presente.

¿Qué es lo verdadero y real? Nos preguntamos con la filosofía hermética. He ahí la respuesta.

«Lo que no está manchado, hijo mío, lo que es ilimitado sin color, inmutable, desnudo, sin forma, radiante que solamente se sondea a sí mismo, el bien inalterable, el incorporal».

En una palabra, he ahí la novena asignatura del chispeante vestido de luz original de la Mónada, con la que son nuevamente revestidos quienes resucitan con Jesús el Señor. El ser humano que tomando aliento para elevarse se conforma al único y justo comportamiento, a fin de llegar realmente a esta elevación, debe saber que la condición es la neutralización de la antigua percepción y de al antigua actividad sensorial y la purificación de todos los vicios del ser nacido de la naturaleza de forma que el vehículo abandonado termine por volverse una herramienta adecuada.

Imaginen que, por la fuerza del alma intentan escapar interiormente a su propia naturaleza de la muerta. Imaginen que el centelleante vestido de luz se despliegue alrededor de su cuerpo –muchos hermanos y hermanas de la Joven Gnosis manifiestan ya las primicias- si están intentando en adquirirlo y que crezca en forma y en vitalidad, purifiquen gracias al alma viviente la personalidad nacida de la naturaleza, vuélvanla acta para volverse un instrumento al servicio del mundo y de la humanidad.

Tat extrañado pregunta entonces a Hermes:

»

¿Tengo en mí torturadores, Padre, tengo vicios?» al igual que como numerosos alumnos estarían dolorosamente sorprendidos si les habláramos de sus vicios.

Hermes responde que toda entidad nacida de la naturaleza además del comportamiento falso del ser animal dialéctico posee doce vicios fundamentales: ignorancia, dolor y lágrimas, falta de medida, codicia, injusticia, avaricia, falsedad, envidia, astucia y cólera, irreflexión y maldad.

Esos doce vicios fundamentales se encuentran en cada uno de nosotros nadie está exento. El trabajador en la viña de Dios enviado para trabajar en la naturaleza de la muerte está cada día confrontado: piense en esto en sus contactos con los habitantes de la naturaleza de la muerte, tengan en cuenta los doce vicios fundamentales, ya que cuando uno de ellos desaparece detrás del plan, por una razón cualquiera los otros se manifiestan en general con una fuerza acrecentada.

 

Y si el hermano o la hermana cuya alma se eleva no neutraliza sus propios vicios por la fuerza de su alma, el hombre interior permanece prisionero y no puede continuar elevándose. Luchamos a menudo contra nuestros vicios como todos saben. Llenos de buenas intenciones intentamos, a veces, neutralizar con nuestro yo lo que descubrimos en nosotros mismos, o sobre los que otros han atraído nuestra atención. Sin embargo esto no es liberador.

Es con la fuerza del alma viviente que hay que extirpar los vicios fundamentales. Se fijarán que el nacimiento del alma del hombre interior a partir de la materia de la Sofía se efectúa después de la vivificación del alma; es por esto por lo que muchos alumnos que poseen algo del nuevo hombre interior, bloqueados en su progreso por los doce vicios fundamentales. Es preciso que tengan esto seriamente en cuenta.

Pero si comprenden ahora este verdadero renacimiento el despliegue del vestido de luz de la Sofía, (y esta comprensión tan solo es posible por una aceptación total), así si han descubierto y reconocido la Gnosis la Sofía, rechazarán por ello la ignorancia, el primer vicio. Hermes dice que el hombre que se eleva verdaderamente en el reconocimiento y la comprensión interior est purificado. Imaginen que no aceptan la verdad de la Gnosis sobre la fe de nadie; sino que la prueban de una forma interior absoluta, entonces la ignorancia desaparece.

La purificación rechaza la ignorancia y si encuentran por ustedes mismos independientemente el saber interior vibrarán y gozarán de una gran alegría. Además esta alegría rechaza toda tristeza, el segundo vicio. No debe compararse la alegría de la que se habla aquí con el placer que se puede sentir por una razón cualquiera en la naturaleza de la muerte, en el juego de los cambios. No, se trata aquí de la fuerza vibratoria del estado de alma viviente; esta alegría interior no se nos quita nunca.

Imaginen que pierden un poco de su ignorancia fundamental y que en tanto que ser nacido de la naturaleza comprueban que ciertos velos se apartan. La ignorancia empieza a ceder. Inmediatamente del vestido de luz de la Sofía –si lo poseen- les llega entonces una maravillosa radiación acompañada de una alegría interior que les colma y sobrepasa toda comprensión. Por este mismo hecho la falta de medida es rechazada. Ya que la corriente de alegría interior que desciende así circula progresivamente en el candidato en un flujo continuo, haciendo desaparecer el desequilibrio y la desmedida de la que habla Hermes. Aquel a quien tal corriente de plenitud hace vivir se guarda totalmente de toda unión con la naturaleza de la muerte. Se aparta de la naturaleza dialéctica y la codicia cesa al mismo tiempo. Por codicia Hermes designa la persecución de designios terrestres, la búsqueda incesante sobre la línea horizontal de lo que es puramente de la tierra. Este vicio es expulsado en cuanto se mantienen en la corriente de la fuerza que emana de la esencia de la luz que se vierte sobre ustedes sin interrupción.

Además el hecho de permanecer objetivo frente a la vida y a la agitación de la naturaleza de la muerte gracias a la presencia comprobada en nosotros del hombre interior contribuye dice Hermes el fundamento mismo de la justicia. Se rechaza entonces toda injusticia sin ninguna pena. Vean ahora como el hombre alma iluminado irradia su luz alrededor de él sobre los malos, como sobre los buenos, sobre todo y todos. Hermes nombra esta virtud: generosidad la cual expulsa la avaricia. Ya que la avaricia, de la que se trata en el libro catorce, no es la del dinero de los bienes de este mundo o de cosas semejantes sino de la que tiene relación con la expresión de nuestras simpatías y a la radiación de nuestro amor.

Muchos hombres, muchos alumnos igualmente, se ignoran, se ignoran completamente. Algunos tal vez no se han visto nunca, ni siquiera una vez, no se han mirado aun en los ojos y no son nada los unos para los otros. Que esto se produzca conscientemente de forma deliberada como ello ocurre a menudo en la naturaleza de la muerte es aun más grave.

Imaginen que, con el alma renacida y en posesión del Vestido de Luz, toleran con su cuerpo nacido de la naturaleza convertido en una herramienta al servicio del alma viviente, conserven simpatías y antipatías. Comprenderán que esta herramienta sería inadecuada, que sería totalmente por adelantado inutilizable.

El alma es de todos, en todos. El alma no hace distinción, al igual que el sol el alma irradia sobre los buenos y sobre los malos. Hermes considera preferencia y aversión, simpatías y antipatías y la pobre y estúpida voluntad arbitraria que es su expresión, como la más grave y la más infame de las codicias. Aquel que una radiación del alma perfectamente impersonal eleva por encima de ese vicio se mantiene en la fuerza de la verdad. Entonces la verdad se revela, la verdad hace ceder toda falsedad, toda mentira. Falsedad y mentira, tales son el amor y la simpatía que el hombre nacido de la naturaleza simula por educación o diplomacia.

Piensen en los acuerdos de Ginebra, el punto culminante del gran día en los periódicos. Léanlos, estúdienlos una vez más hasta quedar descorazonados; entonces habrán aprendido la lección. ¡Tal vez deberán aprenderlo cientos de veces pero empiecen hay mismo. Los diplomáticos reunidos en Ginebra se atacaban en las asambleas públicas, se mostraban en desacuerdos entre ellos y oficialmente para la opinión pública no querían oír hablar de ningún contacto. El Este acusaba al Oeste y viceversa. Después leíamos, que cinco minutos más tarde en sus apartamentos privados hablando amablemente de la forma que arreglarían tal o cual punto. Falsedad y mentira en las cuales nadie cree ya, que dejan indiferentes, verdadera puesta en escena.

Y no obstante esta impostura mantiene la división y tiene consecuencias funestas. Mantiene los hombres y los grupos alejados los unos de los otros. Se erigen cara a cara como polos de combate y se consumen de angustia y de odio. La causa Ginebra. ¡Y detrás los diplomáticos que ustedes saben bien tiran de los hilos!.

El mundo suplicante aspira a la verdad. Solamente cuando la verdad, en el sentido absoluto, haya penetrado al candidato el único bien se volverá en él perfecto y absoluto. Con la verdad aparece el bien la vida y la luz. La envidia y su cortejo deben entonces apartarse y en un momento dado del cuerpo obscuro del cuerpo nacido de la naturaleza tenebrosa no surgirá ya ningún vicio. Todos serán expulsados, vencidos por la tempestad del «soma psychicon». Cuando las diez virtudes aparecen los doce vicios son vencidos.

Tan solo así el renacimiento de la Sofía es perfecto. Muchos poseen maravillosas y espléndidas cualidades de alma. Gracias a ellas deben ahora extirpar los vicios de su personalidad con determinación, como en una gran tempestad. De suerte que hacen de su ser material, de su personalidad, un instrumento justo, apto para servir a Dios y a la humanidad.

Ya no hay más obstáculos. La elevación fuera del nadir de la materialidad, la verdadera resurrección se vuelve realidad.

Nuestra esperanza es que ustedes realicen rápidamente ese trabajo de purificación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO VENTIDOS

 

 

 

 

 

 

 

ESTAR EN EL MUNDO PERO NO SER DEL MUNDO

 

Después de examinar en que consiste el renacimiento hermético en su esencia, hemos descubierto que aquel que llega por la mansedumbre divina, al nacimiento en Dios, como lo dice Hermes Trismegistros, renuncia a volverse hacia la materia y vive en una felicidad interior que Dios ha vuelto duradera.

De este modo, después de haber realizado la palabra: «Estar en el mundo pero no ser del mundo» Tat pregunta a Hermes: «¿Pero dime aún esto: como las doce fuerzas rechazan los doce castigos de la humanidad, de que manera ocurre Trismegistos?».

Y recibe esta respuesta:

«Esta tienda (cubierta o protector) que hemos quitado está constituida por el círculo zodiacal que a su vez comprende doce elementos: es una sola naturaleza pero multiforme según la representación que se hace de ella, el pensamiento engañoso del hombre.

Entre estos castigos los hay, hijo mío, que se manifiestan juntos. De este modo la precipitación y la irreflexión son inseparables de la cólera. No se puede incluso distinguirlos.

Es compresible y lógico que desaparezcan juntos, cuando son rechazados por las diez fuerzas. Ya que son esas diez fuerzas, hijo mío, las que dan nacimiento al alma. La vida y la luz están unidas. Así del Espíritu nace el número de la unidad. Además según la razón la unidad contiene la década y la década contiene la unidad».

Tat añade: «¡Padre veo en el Alma Espíritu todo el Universo y a mí mismo!».

Y Hermes concluye: «Esto es el renacimiento, hijo mío, es imposible hacerse ninguna representación tridimensional. Tu conoces y sientes esto ahora gracias al diálogo sobre el renacimiento que Yo he escrito solo para tu provecho, de forma en hacer participe no a la muchedumbre sino únicamente a los que Dios ha escogido».

Situemos nuestros comentarios de nuestro Diálogo secreto sobre un plano más elevado extendiéndolos al macrocosmos como lo necesita la pregunta de Tat y la respuesta de Hermes. «¿Cómo los castigos de la oscuridad que son en número de doce son rechazados por las diez fuerzas?». Y la respuesta precisa «que la personalidad que somos nosotros mismos no procede solamente de la tierra sino también del Zodíaco». Si ustedes saben, por poco que sea, de astrología sabrán que en nuestro sistema solar con todos sus planetas y lunas se mueven, evolucionan en el interior de los doce signos del Zodíaco que forman un solo sistema. Este rige totalmente nuestra vida; nuestra personalidad depende de ello completamente. La tienda que representa la personalidad en que habitamos existe gracias a las doce actividades del Zodíaco. Si reflexionan, si lo han verificado por la astrología y sus aplicaciones verán claramente que un sistema zodiacal entero forma un sistema astral en la que viven los habitantes no importa que planeta.

 

 

Ese sistema y todo lo que hay constituye en consecuencia la naturaleza de la muerte, el no estático donde se manifiestan y se neutralizan constantemente las fuerzas contrarias. Pueden fácilmente constatar y observar el continuo subir brillar y descender del Universo de la muerte simplemente a partir de la astronomía sin haber incluso recurrido a la astrología. Todos constatamos claramente la existencia del Zodíaco, el espacio cerrado, como dice Jacob Boehme, «Dios ha encerrado a la humanidad a fin de que el mal que toma forma no pueda penetrar todo el

Universo».

Hermes dice literalmente que los doce vicios emanan directamente de las actividades zodiacales: «El zodíaco se compone de doce elementos: es una sola naturaleza pero multiforme según la representación que se hace de ella el pensamiento ilusorio del hombre».

Eso quiere decir que nacemos bajo un signo del Zodíaco, una actividad del Zodíaco. Hay un aspecto que domina fundamentalmente nuestra vida, en el cual se mezclan los once restantes corrientes. Estas obran conjuntamente para seducir a los hombres. Forman una unidad absoluta y son casi ilimitadas.

Los doce vicios están, fundamentalmente anclados en todos nosotros, ustedes no los han, ni aprendido, ni cultivado. No son ni el resultado de la maldad ni el conjunto de los pecados. No, son doce imperfecciones que en nuestras vidas aparecen como vicios.

Piensen en la imagen que evocan los conceptos de vicio y de imperfección. Se trata de algo inacabado, que no se ha vuelto todavía virtud, perfección. Se trata de una actividad, mas o menos, caótica. En otros términos, nuestra naturaleza es una naturaleza en devenir, es un aspecto de lo que debe venir. Por ello se habla también de nacimiento natural, de nacimiento del alma y de nacimiento del Espíritu, así como de un segundo renacimiento.

Los doce vicios están presentes en nosotros bajo los aspectos positivos y negativos, bajo el aspecto del bien y del mal; pueden constituir un tan pesado karma que uno se dobla bajo el peso de las faltas de su propia naturaleza. Lo imperfecto encubre lo que puede volverse perfecto.

En todos los tiempos la Humanidad ha conocido esas actividades y sus resultados. Tanto como retrocedan en la historia del mundo, siempre se ha conocido los efectos y la naturaleza del Zodíaco. Piensen en los poderosos signos de Egipto, en la Gran Pirámide, totalmente edificada según los datos del sistema zodiacal y del sistema solar. Las actividades del sistema zodiacal han colocado siempre a los que buscan a Dios en la más grande perplejidad, hasta el momento en el que descubren sobre el camino que las diez fuerzas únicas, susceptibles de resolver el problema tienen la posibilidad de atacar esa unidad indisoluble de los doce; dicho de otra forma, que a la aparición de los diez los doce se retiran automáticamente.

Repitámoslo: el nacimiento que nos da la existencia, la forma natural en la cual entramos en contacto mutuo, no es perfecta, no está aún terminada. Un segundo nacimiento tiene que tener lugar.

La necesidad absoluta de este renacimiento, de este segundo nacimiento, aparece claramente.

Si permanecemos en el estado del primer nacimiento, somos y permanecemos imperfectos. Nacidos almas debemos unirnos al Espíritu. El Alma debe purificar la personalidad de los doce vicios y cuando estos han sido expulsados, esta personalidad forma el verdadero instrumento terrestre al servicio de la Gnosis; esta claro que la personalidad que se pone a vibrar así bajo la influencia exclusiva de las diez fuerzas va a cambiar rápidamente, a transfigurar.

Solamente entonces la naturaleza se abre. En el vasto Universo divino nada de imperfecto puede existir. La maldad no se manifiesta solamente alrededor de ustedes, ella es suscitada por aquel que está en un estado de imperfección. Pero el Universo Divino obedece a un plan. Y démonos cuenta de que en nuestra forma actual estamos aún en el primer nacimiento y que nos es posible con ayuda de las diez fuerzas expulsar todas nuestras imperfecciones. Esas diez fuerzas, la década, engendran el alma, dice Hermes. Vida y luz esta unidas. Así la unidad nace del Espíritu. Por lo cual, si comprendemos bien, la unidad contiene la década y la década la unidad. ¿Hemos efectivamente comprendido bien?. La década hermética no es otra cosa que el Espíritu de vida original que vivifica, que anima cuando uno se abre a él en el estado del primer nacimiento.

El número uno es el símbolo del Espíritu; el cero o circulo, el del alma o la pura sustancia original, la materia de la Sofía, el círculo de nuestro tapiz. El diez puede ser el Vestido de Oro de las Bodas que nos envuelve, el Cuerpo del Alma que nos rodea unido al Espíritu: la década. Y el estado de ser, la corriente de fuerza que lo precede y expulsa los vicios fundamentales. Habiendo aprendido todo esto Tat exclama jubiloso:

«¡Padre, veo en el Alma Espíritu todo el Universo y a mí mismo!».

En ese estado de ser la forma natural no es rechazada como cualquier cosa indigna, sino que se vuelve un verdadero instrumento al servicio de Dio, al servicio de la humanidad. El cuerpo de la naturaleza en armonía con el cuerpo del alma se vuelve entonces el Hijo del Padre, el Hijo de Dios.

Esto es el renacimiento. Si ustedes lo comprenden ya no pueden hacerse ninguna representación tridimensional.

Así es como Dios llega al renacimiento, la naturaleza de la muerte en nosotros, y la eternidad engulle el espacio y el tiempo. Si el cuerpo de la naturaleza procede del tiempo, esta sometido al tiempo, el cuerpo del alma esta unido a las fuerzas celeste y vive en la eternidad. Es así como el tiempo es aniquilado por la eternidad, lo mismo que la muerte es vencida por la manifestación del cuerpo del alma. Y es al alma renacida a quien van dirigidas las palabras:

«¿No sabes que te has vuelto un Dios, un hijo del Único?». Es calificado justamente como hombre verdadero.

El cuerpo exterior de la naturaleza, el cuerpo visible, nada tiene que ver con el nacimiento real, el nacimiento divino. Ya que el nacimiento real es el nacimiento del Inmortal. ¿Qué quiere aun decirnos esto, nosotros que tenemos el gran privilegio de acercarnos a todo esto, de poder hablar de todo ello, no es sorprendente que situemos tan a menudo las cosas de la naturaleza más altas que las cosas del Espíritu?. ¡Cómo es posible que nos dejemos aun retener aquí!. ¿Qué nos ofrece la muerte siendo que la vida nos espera?. Y sin duda lo habrán comprendido: el Universo de la naturaleza de la muerte no es otra cosa que el límite del viaje de la Mónada hacia el nadir, el fin del descenso conforme a la ley. En ese nadir debemos aprender la gran lección, la lección de la resurrección, la lección de la elevación en la eternidad absoluta: la realización.

En resumen la naturaleza de la muerte es la matriz de la eternidad como lo expresaba el profesor de Hartog. Si consideramos así la naturaleza zodiacal, entonces ya no existe ningún universo satánico en el cual seríamos las víctimas; somos nosotros mismos quienes fabricamos nuestros propios demonios cuando no comprendemos el camino.

Los doce vicios son los problemas, las complicaciones que aparecen cuando insistimos en aferrarnos a la naturaleza inferior y en ello vemos el objetivo de nuestra vida. Quien permanece aferrado al primer nacimiento no captará jamás, por poco que sea, nada del segundo nacimiento.

Así es como en este Diálogo Secreto Hermes precisa muy netamente las circunstancias de este segundo nacimiento. y Tat las comprende y las siente en su ser. Por esto el libro catorce se termina con un canto de alabanza, el canto secreto la «formula Sagrada» del cual citamos para terminar un breve extracto. Hermes canta:

«¡Que toda la naturaleza del Cosmos escuche este canto de alabanza!. Ábrete oh tierra.

¡Que las aguas del cielo abran sus fuentes al escuchar mi voz!.

¡Permanecer inmóviles vosotros árboles!.

¡Ya que quiero cantar y alabar al Señor de la Creación, al Todo y al Único!

¡Abríos cielos!.

¡Vientos apaciguaros!

 

Con el fin que el inmortal Circulo de dios reciba mi palabra. Ya que voy cantar la alabanza de aquel que ha creado todo el Universo; que ha indicado su lugar a la tierra y ha suspendido el firmamento; que ha ordenado al agua dulce salir del océano y expandirse sobre la tierra habitada e inhabitada, al servicio de la existencia y para la supervivencia de los hombres. Que ha ordenado al fuego brillar para todo uso que quieran hacer los hombres y los dioses. Unámonos para cantar las alabanzas de aquel que está elevado por encima de todos los cielos, el Creador de toda la naturaleza. Él es el ojo del Espíritu: para Él sea la alabanza de todas las fuerzas.

Oh vosotras fuerzas que estáis en mí: cantad la alabanza del Único y del Todo; cantad según mi voluntad oh vosotras fuerzas que estáis en mí.

Gnosis, oh santo conocimiento de Dios, por Ti iluminado, me es dado cantar a la luz del saber y de regocijarme en la alegría del Alma Espíritu».

Comprenderán que no se trata de un canto de alabanza superficial dirigiéndose a la naturaleza, como canta el hombre que ve en la naturaleza de la muerte el objetivo supremo de la vida; este canto se eleva del corazón de Hermes el cual está liberado, desatado de las fuerzas de la naturaleza y capaz, ahora, por el poder del cielo de entrever las verdaderas intenciones divinas. Todas las vidas, todas las manifestaciones que no proceden del renacimiento, tienen un fin absoluto. Toda vida salida del renacimiento es inmortal e inatacable.

Por ello, si la Escuela Espiritual y su Cuerpo Séptuple sabe elevar su Cabeza de Oro hasta el estado inviolable de alma viviente ningún mal podrá tocarnos. Los esfuerzos de los que forman la comunidad de la Cabeza de Oro y la comunidad de la Eklesia deben, ser considerados como decisivos en nuestro trabajo. Si el Cuerpo Vivo no pudiese elevarse enteramente los doce vicios, estos la atacarían y se volverían las características de nuestra escuela.

Lo tenemos por dicho y nos esforzamos hasta el extremo de elevarnos del nacimiento natural al nacimiento del alma, con el fin, de en lo que nos concierne, podamos ser llamados los nacidos dos veces.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO VEINTITRÉS

 

 

 

 

 

 

DECIMOQUINTO LIBROHERMES TRISMEGISTROS  A  ASCLEPIOS:DEL JUSTO PENSAR

Hermes:    Como mi hijo Tat durante tu ausencia, deseaba recibir aclaraciones sobre la naturaleza del Universo, y no queriendo permitir diferir su instrucción (en efecto, es mi hijo y un joven elevado recientemente hacia el conocimiento de las cosas) he estado obligado en darle muchos detalles, afín de volver la enseñanza más accesible.

 

Pero para que he escogido los principales capítulos de lo que ha sido dicho y los he compuesto en un método más místico debido a tu edad y al conocimiento de la naturaleza de las cosas que tú as adquirido.

Si todas las cosas que se manifiestan vienen a la existencia, o han venido, no por ellas mismas sino por otro; y si todas las cosas venidas a la existencia son diferentes y deben su nacimiento a otro, existe alguien que será su creador. Pero este último no ha nacido; se dice que estaba antes que todo lo creado. Ya que todo lo que es creado nace de otro, como ya he dicho, así pues nada puede ser antes de que todo llegue a la existencia excepto aquello que jamás ha nacido: el Creador.

 

Este último es también el más poderoso y es también el único, tan solo Él es verdaderamente sabio en todo, ya que nada existía antes que Él. Ya que es el primero tanto en el orden numérico como por la grandeza, por la diferencia que existe entre Él y todas las criaturas y por la continuidad de su creación. Además todas las criaturas son visibles; solo Él es invisible. Precisamente por esto Él crea; ¡Para volverse el mismo visible! Así es como Él crea sin cesar, y de esta manera se vuelve visible.

 

Hay que pensar así y de este pensamiento llegar a maravillarse, y sentirse bienaventurado por haber aprendido a conocer al Padre. ¿Qué hay más maravilloso que un verdadero Padre?.

 

¿Quién es y como aprender a conocerlo?.

¿Es justo darle solamente el nombre de Dios?.

¿No le falta también el de creador, de Padre o tal vez los tres?.

¿Dios por su poder?

¿Creador por su actividad?

¿Padre por su bondad?

Ya que Él es poderoso vista la diversidad de las cosas manifestadas; es activo porque efectivamente todo llega a la existencia por Él.

 

Sin ambigüedades de palabras interminables debemos distinguir lo creado y el creador; ya que entre ellos no existe intermediario ni terceros.

 

Distínguelos siempre en todo lo que comprendes y aprendes y estate convencido de que contienen y encierran todo, no permitas que ninguna duda se insinúe en ti a este propósito, ni en lo que concierne a las cosas que están por debajo o las que están por encima, ni respecto a las cosas divinas, ni en cuanto a lo que es cambiante o pertenece a las cosas escondidas. Todo lo que existe se resume en estos dos: lo creado y el Creador y nada puede separarles ya que el Creador no existe sin creación. Cada uno es lo que la palabra indica y nada más. Por ello no puede separarse el uno del otro.

 

Si el Creador es únicamente la función simple, pura, no compuesta, Él debe ser necesariamente idéntico a Sí mismo, ya que la creación del Creador, es el nacimiento de un estado de ser, y lo que es engendrado no puede existir como si fuera engendrado por sí mismo. Una creación debe ser engendrada por otro: sin Creador nada es manifestado y nada existe.

Si el Creador y la criatura son separados cada uno de ellos pierde su propia identidad privado de su complemento. Si se reconoce que la realidad se resume a esos dos, el Creador y la creación se reconocen que forman una unidad por el hecho que no pueden pasar el uno sin el otro: primero hay la Divinidad creadora; después viene lo creado, sea lo que sea.

 

No temas que la distinción que hago disminuya el respeto debido a Dios o a su gloria. Ya que solo hay para Él una gloria: llevar todos los seres a la vida. Crear dar forma y vida tales, a decir verdad, el cuerpo de Dios. No creas jamás que el Creador haya ordenado alguna cosa mala o fea. Ya que lo malo o feo son aspectos indisolublemente unidos a la generación, como el óxido lo es al hierro y la impureza al cuerpo.

No es el guerrero quien ha hecho el óxido, no son los padres los que han causado la impureza del cuerpo, no es tampoco Dios quien ha creado el mal. Es el uso, el desgaste de las cosas creadas quien produce el efecto anexo del mal. Y es precisamente para purificar lo creado que Dios ha establecido el cambio.

Si no importa que pintor puede representar el cielo y los dioses, la tierra y el mar, el hombre y los animales, así como las cosas inanimadas, ¡Dios no sería capaz de crear todo esto!.

 

Que sin razón que ignorancia pensar esto de Dios. Quienes tienen tales ideas sienten las cosas más extrañas. Ya que pretenden alabar a Dios, testimoniarle su respeto y rechazan el encontarlo como el Creador de todas las cosas y dan así la prueba, no solamente de no conocerlo, sino de cometer la más horrible blasfemia imputándole orgullo e impotencia.

 

Ya que si Dios no fuese el Creador de todo y una palabra justa y bella:

 

Piensa en el labrador que siembra la semilla en su campo: aquí maíz, allá cebada, aparte de cualquier otro grano.

 

Mira como planta aquí una viña, allá un manzano, más allá aún otras especies de árboles.

 

Al igual siembra la inmortalidad en el Cielo, el cambio sobre la tierra, la vida y el movimiento en el Universo. Esos aspectos de su actividad están restringidos. Son en pequeño número y fáciles de contar: cuatro en todo, además Dios mismo y lo creado. Y esos seis constituyen el conjunto de la Universalidad de lo que existe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO VEINTICUATRO

 

 

 

 

 

 

LA TERCERA NATURALEZA

 

El libro decimoquinto es una carta de Hermes a Asclépios respecto a Tat. Tat es el alumno, en el camino, el alumno que lucha, que se encuentra aún en el estado del nacimiento natural, es decir, en la naturaleza de la muerte.

Por eso corre siempre el peligro de ser nuevamente engañado y víctima del singular movimiento de los contrarios lleno de malicia y de caprichos. Muchos problemas y preguntas se unen aún en él, que piden casi en cada instante una solución y una respuesta.

Ese Tat que conocen también, es el hombre que en medio de los grandes peligros, al igual como Tat, es protegido por la luz de la Gnosis. Ya que la Gnosis cubrirá con su sombra al verdadero buscador, cuyo comportamiento dé testimonio de que está orientado verdaderamente sobre el camino. Es en algún aspecto una consecuencia natural de la actividad astral.

Pues bien ese Tat está acompañado de Asclépios. Ustedes conocen esta palabra, es decir: aquel que ayuda, aquel que cura, representado por el Caduceo, el poderoso y maravilloso símbolo de Mercurio.

Este alumno serio que persevera en el nuevo comportamiento y no abandona el camino está cada vez en unión más estrecha, evidente, positiva y duradera con el Alma Viva que lo acompaña y manifiesta su poderosa influencia en la columna del Fuego de la Serpiente.

Sabemos que el Alma Viviente, es decir, el Alma Espíritu es la única ayuda verdadera, el único verdadero médico, la gran liberadora manifestándose integralmente en el todo del hombre. Quien posee el Caduceo de Mercurio es un fuerte, un victorioso; quien no lo posee aún, un débil, un mortal tropezando a cada paso y errando en las tinieblas.

El primer versículo del libro decimoquinto empieza con estas palabras.

 

«Como mi hijo Tat durante tu ausencia deseó recibir esclarecimientos sobre la naturaleza del Universo y no quiso permitirme diferir su instrucción (en efecto, es mi hijo y un joven alumno recientemente entregado al conocimiento de las cosas), he estado movido en explicarle a la fuerza detalles con el fin de volver la enseñanza más accesible.»

Este alumno cuya Alma Viviente no se manifiesta aún, que está presente aquí, semejante a la Pistis Sofía, por ejemplo, quien aún habiendo repetido sus arrepentimientos no recibe de momento respuesta de su liberador. No obstante en esta pretendida soledad el verdadero alumno no es abandonado jamás, pues Hermes el tres veces grande lo vigila.

Hermes, como saben, es el prototipo, el sublime representante de los hombres totalmente liberados, viviendo en el otro reino. Es uno con la Gnosis y la Gnosis una con Dios. En el libro decimoquinto Hermes intenta decirnos que el Alma no puede aún hablar, o no está lo suficientemente despierta y que el alumno realmente serio y perseverante, es siempre ayudado por la Gnosis Universal, tanto sobre el plano de la personalidad como en el del Alma, es decir Tat como Asclépios.

El decimoquinto libro de Hermes, que nos muestra la verdadera naturaleza de las cosas, es de un inmenso interés. No olvidemos que el alma y la personalidad son de naturaleza muy diferentes. No olvidemos que el alma debe volverse hacia la personalidad, que pertenece a la naturaleza de la muerte y la personalidad debe girarse hacia el Alma, que pertenece a la naturaleza de la vida. He ahí, el gran conflicto de la alquimia Gnóstica, el gran problema de los grados interiores: debe de haber un giro del Alma y de la personalidad, la una hacia la otra, reencuentro; después fusión; en fin, transfiguración y liberación.

Este quíntuple proceso implica, sobre todo al principio, que se establezca y encuentra una nueva base de trabajo en esas dos naturalezas que no están unidas, que no pueden y no deben absolutamente asociarse, teniendo en cuenta que la personalidad tiene el deber de elevarse para fundirse totalmente en la naturaleza del Alma.

Esta nueva base de trabajo constituye, al principio una tercera naturaleza. Es la naturaleza con al cual y por la cual se puede y se debe alcanzar la vida liberadora y alcanzar la gran misión. Es preciso que todo alumno sea aclarado sobre lo que llamamos la tercera naturaleza, por un parte existe la naturaleza de la vida, por otra la naturaleza de la muerte. El candidato comienza el camino en la fuerza de loa naturaleza de la vida y se despide de la naturaleza de la muerte. Entre los dos se encuentra una tercera naturaleza provisional, que no es ni la una ni la otra. El decimoquinto de Hermes nos transmite la sabiduría de esta tercera naturaleza, que es otra disposición psíquica, que llamamos, concretamente, «el Camino».

Supongan que toman o han tomado en un momento dado, de ir hacia el camino, que los dos extremos: la naturaleza de la muerte y la naturaleza de la Vida, se unen, entonces constituyen, en ese mismo instante, una tercera naturaleza. El Camino no existe, deben crearlo ustedes mismos. Oficialmente la tercera naturaleza no esta reconocida, cada uno debe hacerla nacer él mismo, marcarse el mismo el camino. Si alguien les dice: «Mira muéstrame el Camino y podré, eventualmente, decidir seguirlo» les será imposible responder, imposible, por lo menos transmitir sea lo que sea del camino el cual es su propio camino. En la tercera naturaleza, que es la suya, no pueden introducir a nadie. En efecto, aparece cuando ustedes empiezan y solo se manifiesta si se revelan como verdaderos alumnos.

Lo que es posible, deseable e incluso necesario, es que el grupo por la colaboración de todos, en rendición total, en el Amor al prójimo y la no lucha, se constituya una tercera naturaleza colectiva, que tendrá por nombre Arca,  Barca Celeste o Cuerpo Vivo. Su camino será tan rápido como esta Barca o Arca, sea sólidamente fabricada, que satisfaga a la exigencia requerida y que esta tercera naturaleza responda a la naturaleza de la vida. Teóricamente cada alumno debe, en total autonomía, crearse y seguir su camino, su tercera naturaleza, pero practicando la colaboración de todos siguiendo las indicaciones de la ley Divina de la más alta importancia.

La tercera naturaleza es, en muchos aspectos, un camino «solitario» un camino «peligroso». Si el «yo», se expresase aún demasiado fuerte se manifiestan desarreglos. Ustedes saben que la ley proclama: «amarás a Dios sobre todas las cosas». Por ello la orientación sobre el objetivo Divino les abre el camino. Pero la ley añade: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Si usted es un verdadero alumno y su tercera naturaleza se rebela, no tendrá solamente el amor para Dios, sino también el amor para su criatura. Si avanza y progresa, el amor que esta en usted y con usted le empujara a seguir a su prójimo en el amor más perfecto y la unidad de grupo se desarrollará necesariamente.

Ustedes saben que el amor Universal es la clave del aprendizaje Gnóstico, ahora bien este amor empieza por la no lucha. Si desean tener parte, la tercera naturaleza se abre a ustedes y ustedes entran verdaderamente en el grupo, es decir, en la Nueva celeste, que es: la tercera naturaleza del grupo.

Esta pérfida naturaleza es un hecho concreto, reconocido por el alumno y el grupo. Les decimos que está en todas partes presente desde el momento en que vuelven hacia Dios, es decir, hacia la Gnosis o hacia Dios. Si lo comprenden pueden tender un paso sobre el camino de la Sabiduría; entonces preguntarán: ¿Qué se entiende por la naturaleza?. Comprendemos bajo ese término, un campo de manifestación, de valores, de fuerzas y de cosas que podemos ver, conocer y experimentar. Hermes dice:

«Ya que todo lo que es creado nace de otro; así pues, no se puede ser anterior a la existencia, excepto a aquello mismo que jamas ha nacido: El Creador.

 

¿Es justo darle solamente el nombre de Dios?

 

¿No se le debería dar también el de Creador, de Padre o quizás los tres?

 

Dios por su poder, Creador por su actividad, Padre por su bondad»

Hermes prosigue: «Sin ambigüedades ni juego de palabras interminables, debemos distinguir lo creado y el Creador; nada existe entre ellos, ni intermediario ni terceros».

Hermes se dirige aquí al alumno sobre el Camino que, verdaderamente orientado se encuentra en la tercera naturaleza y se dirige hacia el objetivo único, Dios. Es ahí cuando se manifiesta exclusivamente el poder, la actividad y la bondad de Dios. Ninguna creación aquí de maldad, de mal, de horror, las cuales no son obras de Dios sino el fruto de las pasiones. Hermes lo muestra más adelante y volveremos sobre ello.

Vean las cosas así: nosotros que hemos nacido de la naturaleza, que somos de la naturaleza de la muerte, decidimos volver al campo de vida del origen, hacia el Shamballa de la perfección. No se trata de una decisión mental o de un impulso sentimental, confirmamos esta decisión por nuestro comportamiento, nos comprometemos totalmente.

Con ello llamamos sobre nosotros de forma absoluta la fuerza Divina que está omnipresente. Entonces esta fuerza empieza a actuar en nuestro campo astral particular: después el campo astral actúa en el campo etérico, y el campo etérico en el campo material. Aparece en nosotros y alrededor de nosotros una manifestación, una creación procedente totalmente de la Bondad del Amor y de la Sabiduría que es Dios. Así de forma directa y real la actividad Divina se manifiesta.

Lo invisible se vuelve visible, en su creación, por su creación y en su criatura, en perfecta armonía con el estado de ser de su criatura. Esta tercera manifestación de la naturaleza participa, consecuentemente, también del movimiento universal. En efecto, como el alumno progresa y que Asclépios y Tat forman nuevamente uno, la manifestación de la tercera naturaleza cambia ella también a la sombra de las alas herméticas y el creador acompaña a su criatura hasta el buen fin.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO VEINTICINCO

 

 

 

 

 

LA UNIFICACIÓN DE TAT, ASCLÉPIOS Y HERMES

 

En el capítulo anterior, hemos considerado las tres naturalezas bajo un plano puramente filosófico.

 

Si conocemos por experiencia la naturaleza de la muerte, conocemos algo de la naturaleza de la vida, gracias a la Escuela Espiritual, a su literatura y, esperamos, a la luz de la Gnosis que nos ha tocado. Entre los dos, lo que llamamos la tercera naturaleza, la naturaleza que el candidato crea el mismo por el nuevo comportamiento, recorriendo el camino, esta totalmente separada de las otras dos.

Es la naturaleza que el grupo constituye al igual que una barca, La Barca Celeste, al servicio de todos; y el gran objetivo es la unificación de Tat, Asclépios y Hermes.

Ustedes saben gracias a su experiencia y a sus observaciones que todo lo creado, todo lo que existe hasta en los menores detalles, ha nacido, se ha formado, ha visto el día gracias a un creador.

«Sin Creador nada es manifestado y nada existe. Si el Creador y la criatura son separadas cada una de ellas pierde su identidad, privada de su complemento».

Hermes intenta hacer comprender que no se trata de una realización automática del destino. La criatura nace del Creador pero ella es libre, tiene la libertad de alcanzar el objetivo, la libertad de actuar, la libertad que emana de la grandiosa Fuerza de la Manifestación Universal, Dios mismo; así pues, la libertad de alejarse también de su Creador, de romper con Él.

Este echo explica la formula de los antiguos Rosacruces: «Ex Deo nascimur», nacemos de Dios. Su microcosmos, la Mónada, ha nacido de Dios. El principio del núcleo central de este microcosmos, el alma, ha nacido de Dios. Y su personalidad también, aunque proviene de la tierra, aunque es terrestre y cargada de males ha visto, no obstante, el día en tanto que cuerpo del orden de socorro gracias a las posibilidades recibidas de Dios. En lo más profundo de la caída, permanece esta única ley evolutiva: somos y permanecemos nacidos de Dios según el fundamento original de nuestra existencia. Cuales sean las degeneraciones que se ciernen sobre nuestra vida, tales como muros de una prisión, el hecho de ser «nacido de Dios» permanece una realidad.

Vean ahora la inmensa maravilla: cada alumno que se compromete sobre el camino tiene la certeza absoluta de lo que expresa la palabra: «A todos los que la aceptan les da el poder de volverse hijos de Dios». Este «volverse» del prólogo del Evangelio de Juan hace alusión a la liberación de los muros de la prisión que nos tienen concretamente separados de Dios. Si por un comportamiento absolutamente nuevo se giran hacia su puro origen la unión con Dios se establece en una fracción de segundo:

«Dios por su poder; creador por su actividad; padre por su bondad».

Una fuerza viene a ustedes llenándolo todo; esta fuerza activa desarrolla un proceso y desarrolla al único bien. La fuerza del adversario la actividad de la naturaleza de la muerte y el mal que ella suscita en el sistema nacido de Dios que es el suyo no tienen ninguna relación con el Triple Poder Divino. Es además lógico y necesario que se aparte del triple mal en ustedes por el «in Jesús morimur» el «morir en Jesús el Señor» La Endura afín de liberarles de la sangre del karma y de la naturaleza de la muerte.

Es casi sin pena que pueden triunfar de ustedes mismos en ustedes mismos ya que son inconmensurablemente fuertes.

«No creas jamás que el creador haya ordenado algo de malo o de feo».

Y muchos preguntan:

¿Cómo se ha formado pues el mal, el que nos juega tan malas pasadas y nos aparta completamente?.

Hermes responde:

«Lo malo y lo feo son aspectos indisolublemente unidos a la generación al igual que el óxido es al hierro y la impureza al cuerpo. Es el uso, el desgaste de las cosas creadas quien produce el efecto anexo al mal. Dios ha establecido precisamente el cambio  en vistas de purificar la creación».

¿Qué podemos pensar de esta respuesta?.

Impureza y pasiones, esta claro, son emociones en relación directa con el corazón y sobre todo con el timo. Ustedes saben que el timo, el corazón y  el esternón forman una tri-unidad.

El timo es un órgano de secreción interna de una importancia capital que produce hormonas y en particular una hormona sexual. El hombre posee en  el presente dos tipos de órganos sexuales uno en la cabeza y uno en santuario del bazo. En la cabeza se trata sobre todo de la hipófisis de la glándula tiroides y de la laringe; en el bazo de las glándulas sexuales y de los órganos correspondientes. Los dos sistemas el de la cabeza y del bazo colaboran y poseen también cada uno órganos de secreción interna. Es la hormona del timo quien dirige y regulariza la actividad de estos últimos.

El poderoso sistema emocional del corazón es el gran centro sensitivo. El esternón órgano radar por excelencia capta todas las impresiones que producen sobre ustedes los pensamientos que les tocan, los actos y los sentimientos de los demás, todo lo que  emana de los hombres y de las cosas; el corazón las admite y las asimila, lo que incita al timo ha secretar cierta hormona, de la cual según su calidad y su naturaleza reaccionan dos órganos de creación de la cabeza y del bazo. Emanan pues de estos dos grupos de órganos una corriente, una fuerza creadora, una incursión a manifestarse que conlleva a una actividad, bien de la cabeza, bien del órgano creador «inferior» o bien de los dos.

Este fenómeno engendra siempre una tensión en el éter nervioso una pérdida de fuerza vital ya que es comprensible que el resultado de este funcionamiento hormonal con todas sus consecuencias tome la sangre y el éter nervioso en total equilibrio con la naturaleza de la actividad. Y cuando su sangre y su éter nervioso están en ese estado cada órgano concuerda con ello, así pues, igualmente, el triple sistema del corazón y el círculo se cierra.

Si su esternón es sensible a cierta impresión, a cierta influencia, a cierta emoción la secreción, la absorción y la  asimilación de la hormona correspondiente tienen lugar a continuación directamente, así como la vivificación de la cabeza y del corazón y las reacciones que se desarrollan lógicamente.

En tanto que hombre de la naturaleza se encuentran prisioneros en cantidad de círculos viciosos. Están dependientes de toda una serie de influencias. Y en cuando alguien les dice, o no, a alguna cosa, les hace, o no, algo o se encuentra en un cierto estado; o bien aún, en función del ángulo de incidencia de los rayos luminosos o de condiciones atmosféricas las hormonas segregadas le hacen reaccionar de forma pasional, mental, etc. Así pues astral mediante una palabra mordaz, un acto deplorable o una tensión que se les carga de una forma o de otra. Es decir, como consecuencia de los ataques que padecen, se envenenan cada vez mas ustedes mismos y todo su campo de vida.

Así es como el mal y la naturaleza de la muerte son llamados a la existencia. La pasión creadora, es decir, los actos creadores y las creaciones del santuario de la cabeza que son reacciones hormonales pasionales de la cabeza son mucho más inmorales, funestas, mortales y diabólicas, que el mas grave desequilibrio sexual desencadenado por la corriente hormonal en el santuario del bazo.

Y no vayan a pretender que la cabeza sea un órgano de creación superior. Es mas bajo, más pérfido de lo que puedan imaginar.

Hace algún tiempo les hemos pedido, rogado, suplicado de practicar con nosotros durante un mes la no lucha, ¿por qué, lo comprende ahora?.

Es para poner fin con el grupo y sus participantes a la decadencia más abyecta y la más impía que la naturaleza de la muerte,  y tensiones explotan tales como rayos en todas las direcciones y que asesinan constantemente a sus semejantes (asesinatos con resultados más graves que los de una muerte pasional), entonces se cargan ustedes de una falta inconmensurable.

Por ello no imputen las pasiones al Señor de toda vida, sino desátense con nosotros de sus consecuencias. Con el arma de la no lucha afronten al adversario que ustedes mismos han creado, y esto de una forma tan absoluta y tan perfecta que por la primera vez el triple sistema de su corazón se encuentre en armonía con el atributo de Dios. Los capítulos siguientes nos explicaran lo que Hermes entiende por ello.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO  26

 

 

 

 

LOS SEIS ASPECTOS DE LA VIDA DIVINA

 

«Ya que Dios solo tiene un atributo, el bien. Y el bien universal no es ni orgulloso ni impotente». Si he aquí lo que es Dios: el bien el Todopoderoso que crea lo universal de todas las cosas. La totalidad de lo creado bien de Dios, de Él que es el bien absoluto y tiene el poder de engendrarlo todo.

Si ahora quieres saber como Dios crea y como lo creado viene a la existencia de aquí, una parábola bella y justa: piensa en el labrador que siembra la semilla en su campo: aquí trigo, allá cebada, mas allá otro grano. Mira como coloca aquí una línea allí un manzano mas allá otras especies de árboles.

De igual forma Dios siembra la inmortalidad en el cielo el cambio sobre la tierra la vida y el movimiento en el universo. Estos aspectos de su actividad son pues restringidos. Son en pequeño número y fáciles de contar: es decir cuatro en todo mas Dios mismo y lo creado. Los seis juntos constituyen lo universal de lo que existe.

El atributo de Dios calificado de placer Divino es absorbido totalmente en el bien y es la plenitud de las radiaciones mediante la cual Dios se hace conocer en la manifestación universal en el océano ilimitado de la sustancia astral original. Intenten imaginar esta grandiosa actividad: la fuerza Divina manifestándose en el campo astral ínter cósmico. Está presente allí bajo forma de átomos el conjunto de las condiciones necesarias a toda manifestación.

La escala ínter cósmica, una muy poderosa radiación neutra suscita una muy alta vibración que mantiene ese campo puro. Ningún efecto de una pasión cualquiera puede penetrar.

Es en ese campo en donde obra la fuerza, la potencia y la idea Divina. El Señor de toda vida revela su idea del mundo y de la humanidad en una parte de la sustancia astral. Esta idea solo puede ser el bien; ella es el bien. En el espacio ínter cósmico al igual que en el espacio astral planetario el Espíritu de Dios propulsa pues una cierta manifestación del único bien.

Como en nuestro campo planetario este Espíritu Divino se ocupa de nosotros, seres nacidos de la naturaleza, de la tarea que hemos de realizar en la manifestación planetaria y como él es la fuerza más poderosa pudiendo intervenir en no importe que situaciones de nuestra existencia, es natural en comparación con innumerables dificultades de la vida que nada es más fácil que entrar en unión con esta gran Fuerza Divina.

El único bien nos esta  pues muy próximo.

Basta con realizar interiormente la ley por el comportamiento y por la realización. El resultado es manifiesto a cada paso de la vida directa y absolutamente. Pero no vayan a creer que cuando el único bien empiece a obrar en ustedes solo recibirán alegría, paz y bienestar. El mortal que solo siente alegría, paz y bienestar no esta ciertamente tocado por el único bien. Ustedes conocen las palabras: «El amor hace sufrir». Muchas cosas en nosotros, verdaderamente muchas, ¿no deben ser aún consumidas?. Así pues que el alumno se prepare a ser atacado y purificado por el fuego del amor Divino.

Ideamos ahora «Como Dios crea y como lo creado viene a la existencia: Dios siembra la inmortalidad en el cielo, en cambio sobre la tierra la vida y el movimiento en todo el universo».

Comprendan estas palabras ya que revelan toda la Gnosis. En lo que concierne a la Tierra Santa Verdadera el orden Divino comporta dos aspectos: el nacimiento de la inmortalidad, el verdadero nacimiento, el nacimiento real que tiene al alma por centro implica el cambio continuo: tal es la dialéctica pura y original.

Este cambio significa: A partir del nacimiento progresar sin fin en la inmortalidad por crecimiento y evolución verdadero de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia en magnificencia. En nuestro estado de ser nacido de la naturaleza las pasiones y sus efectos se oponen y resisten a tal nacimiento. Por esto la enfermedad y la muerte la muerte por rompimiento y aniquilamiento acompaña necesariamente al nacimiento natural. Y por ello en el decimoquinto libro de Hermes se nos transmite la visión que todos debemos aprender y realizar: «elevarse del nacimiento natural al nacimiento Divino por la rendición del yo» y el nuevo comportamiento.

«Así no hay muchas cosas, son en pequeño número y fáciles de contar: Dios y lo que ha nacido de Él».

La tierra conoce el cambio pero la muerte no provoca mas angustia. Pierde su carácter destructor ya que cada cambio se realiza sobre la base de la inmortalidad. Concluyamos de nuevo con las palabras de la Rosacruz de antaño: «Nacidos de Dios»: es decir despertarse a la vida nueva inmediata. «Morir en Jesús»: Reducir completamente a la nada la antigua vida del ser nacido de la naturaleza y por el nuevo nacimiento entrar en la tercera naturaleza, el camino para al fin «Renacer por el Espíritu Santo» en la inmortalidad absoluta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO  27

 

 

 

LIBRO DIECISÉIS   HERMES A AMON: DEL ALMA

 

Hermes:    El alma es un ser incorporal que incluso cuando está en el cuerpo no pierde nada de su propia esencia. Ya que en virtud de su ser mismo ella esta en perpetuo movimiento. Se mueve ella misma por las actividades del pensamiento: Ella no es movida ni en cualquier cosa, ni respecto a cualquier cosa, ni para cualquier cosa. Ya que antes que las fuerzas entren en actividad, ella «es», y lo que precede no precisa de lo que viene.

 

«En cualquier cosa» se aplica al lugar, al tiempo, al movimiento natural del crecimiento; respecto a cualquier cosa tiene relación con la armonía, el aspecto particular, la forma; «para cualquier cosa» se relaciona con el cuerpo.

 

Ya que el lugar, el tiempo, el movimiento natural del crecimiento existe para las necesidades del cuerpo. Un parentesco original une entre ellas esas nociones. Ya que por lo menos es verdad: que un cuerpo precisa de un lugar (ningún cuerpo puede edificarse sin lugar, sin espacio); que está sometido a un espacio natural, (no es posible ningún cambio fuera del tiempo y sin movimiento natural); y en efecto, ningún cuerpo puede formarse sin armonía.

 

Espacio, lugar, existen tres para las necesidades del cuerpo: puesto que los cambios del cuerpo se efectúan en el espacio este último previene la destrucción del ser que cambia. Por el cambio el cuerpo pasa de un estado al otro. El esta entonces privado del estado de ser precedente y permaneciendo un cuerpo compuesto. Cuando es cambiado en cualquier otra cosa posee el estado de ser correspondiente, así el cuerpo permanece en cuerpo pero el estado en el cual se encuentra no es duradero. El cuerpo solo hace que cambiar de estado.

 

Lugar y espacio son incorporales; Igual que el tiempo y el movimiento natural.

 

Cada uno de ellos tiene su propia naturaleza. La propia del lugar es el poder de contener el «sí»; La propia del tiempo es  de anular o adicionar; la propia de la naturaleza es el movimiento; la propia de la  armonía es la simpatía; la propia del cuerpo es el cambio; la propia del alma es la de penetrar su ser verdadero por el pensamiento.

 

Lo que es movido lo es por la fuerza motriz del Universo. Ya que la  naturaleza del Universo le da dos movimientos: el uno en razón de su propia potencia el otro por su poder de acción. El primero penetra a todo el mundo y mantiene la  cohesión interna; el segundo provoca su expansión conteniéndolo exteriormente. Esos dos movimientos se efectúan siempre juntos en todo.

 

La naturaleza del Universo hace venir todas las cosas a la existencia y las confiere el poder de crecer; por un lado haciéndolas sembrar sus propias semillas y por el otro procurarles una materia en movimiento. Ese movimiento calienta la materia que se vuelve fuego y agua: el fuego lleno de poder y de fuerza; el agua pasiva. El fuego hostil al agua seca una parte de ella. Y así se forma la tierra que flota sobre el agua. El secamiento continuo del agua alrededor de la tierra libera el vapor fuera de los tres elementos: agua, tierra y fuego y así aparece el aire.

Esos elementos se combinaron según la ley de armonía: lo caliente con lo frío, lo seco con lo húmedo. De este encuentro de todos los elementos nació un soplo de vida y una simiente que corresponde al soplo de vida que lo envolvió. Cuando este último descendió en la matriz no permaneció inactivo en la simiente. La transforma lo que la hace crecer y tomar extensión. En el transcurso de esta extensión todo ocurre como si la simiente atrajera hacia ella una nueva forma exterior y se formara en conformidad. Esta forma sirve a su vez de vehículo a la forma interior así cada cosa recibe un aspecto que le es propio.

 

Como el soplo de vida no había recibido en la matriz impulso vital sino  simplemente un impulso de crecimiento natural hizo nacer también de forma armoniosa un impulso vital así que fuese recibida la vida pensante indivisible e inimitable la cual no pierde jamás inmutabilidad.

 

Así es como conforme al número lo que está en la matriz es conducido a la fe gracias al proceso del nacimiento y hace aparecer al exterior lo que debe nacer. Y el alma, la más cercana se une  no conforme a su propio carácter sino según los secretos del destino. Ya que por naturaleza el alma no desea permanecer en el cuerpo.

 

Únicamente por obediencia al destino el alma confiere al ser que viene a nacer el movimiento del pensamiento y la materia mental de la vida interior: ya que el alma penetra el soplo de vida y se agita despertando la vida.

 

El alma es un ser incorporal; si tuviese un cuerpo no podría mantenerse ella misma. Todo cuerpo tiene en efecto necesidad de una existencia: necesita de la vida que tiene por fundamento el orden.

Todo lo que nace esta también sometido al cambio. Ya que todo lo que nace tiene una cierta extensión y crece. Cuando una cosa nace ella crece; sin embargo todo crecimiento pasa de nuevo por un decrecimiento, una disminución; después viene la disolución la disgregación.

 

Lo que nace vive y para tener parte a la forma vital esta unido a la existencia del alma. Pero la causa de la existencia por otras razones existe ya anteriormente.

 

Entiendo por tener una existencia: estar dotado de razón y tener parte a la vida pensante: es el alma quien confiere la vida pensante.

 

Se califica lo que nace de ser viviente a causa de la vida; de  razonable  a causa del poder del pensamiento; de mortal a causa del cuerpo. El alma está pues sin cuerpo ya que conserva su forma sin desfallecer. Pero ¿cómo hablar de ser viviente sino hay principio que confiere la vida? Se podría hablar aún menos de ser razonables si la existencia de naturaleza pensante que confiere la vida pensante.

 

Del hecho que el cuerpo está compuesto el pensamiento no llega a la armonía en todos los hombres. Ya que si el cuerpo compuesto conoce un exceso de calor  el hombre se vuelve como aéreo excitado; si tiene exceso de frío se vuelve pesado se adormece. Es la naturaleza quien ordena la composición del cuerpo en nombre de la armonía.

 

Hay tres clases de armonía; según el calor, según el frío y según lo temperado. La naturaleza ordena en acuerdo con el astro que domina en la constelación de las estrellas. Y alma dotada de un cuerpo por decreto del destino la acepta y confiere la vida a esta obra de la naturaleza.

 

La naturaleza hace, es la armonía del cuerpo con la posición de los astros; ella combina los distintos elementos conforme a la armonía de los astros con el fin de que haya concordancia entre todo. La peste es el objetivo de la armonía  de los astros, combinarlo todo bajo las ordenes del destino.

 

El alma es un ser perfecto en sí mismo  que ha escogido en el origen una vida conforme a su cometido y a atraído sobre sí una forma constituida de fuerza vital y de deseo hirviente.

 

La fuerza vital está al servicio del alma en tanto que material. Cuando esta fuerza vital ha engendrado un estado de ser conforme a la imagen pensamiento del alma esta llena de energía y no se deja dominar por la apatía, el deseo también se presenta como material. Cuando ha generado un estado de ser con las ideas del alma se vuelve moderado y no cede a la sed de los gozos. Ya que el poder razonable del alma colma la insatisfacción del deseo.

 

Cuando la fuerza vital y el deseo colaboran que han formado un estado de ser equilibrado y que se orientan sin cesar sobre la razón del alma, crean una justa disposición interior; ya que el estado de ser perfectamente equilibrado que crean frenan el excedente de fuerza vital y colman además la insatisfacción del deseo.

 

Lo que les guía entonces es el poder del pensamiento que apartándose así mismo de su circunspección tiene poder sobre su propia razón.

 

 

El ser del alma gobierna y dirige como soberano, como guía; la razón que la habita dirige como consejero.

 

La circunspección del alma es este conocimiento de los pensamientos que confiere a lo que esta desprovisto de razón y de comprensión una sospecha de poder razonable, ínfimo e insignificante     En comparación de ese poder, pero razonable respecto a lo poco razonable como el eco respecto a la voz, o como la luz de la luna respecto al sol.

 

Una cierta reflexión razonable crea pues la armonía entre la fuerza vital y el deseo que se mantienen uno al otro en equilibrio y atraen hacia ellos una corriente de pensamiento razonable dotada de un movimiento circular sin fin.

 

Toda alma es inmortal y siempre está en  movimiento. Hemos dicho ya efectivamente que los movimientos proceden bien sea de fuerzas o bien de cuerpos.

 

Decimos que el alma emana de otra esencia que la materia ya que es incorpórea al igual de aquello de donde ella proviene: Ya que todo lo que viene a la existencia nace obligatoriamente de cualquier otra cosa.

 

Todos los seres que nacen y están por consiguiente sometidos a la destrucción poseen necesariamente dos movimientos: el movimiento del alma que les mueve y el movimiento del cuerpo que las hace crecer y decrecer, y después disolverse por disgregación. Así es como describo el movimiento de los cuerpos mortales.

 

Además el alma está siempre en movimiento; existe ella misma por un movimiento continuo y transmite un movimiento a las demás cosas. Visto así toda alma es inmortal porque es la actividad de su propia naturaleza que la mantiene en movimiento.

 

Hay Almas Divinas, almas humanas y almas desprovistas de razón. El Alma Divina es la fuerza activa de su cuerpo Divino. Ella se mueve en ese cuerpo y engendra así el movimiento.

 

Cuando el alma se libera de los seres mortales liberada así de lo que no respondía en ella a la razón, entra en el cuerpo Divino al interior del cual en un movimiento incesante es llevada por el Universo.

 

El alma humana tiene también algo de Divino pero esta mas unida a aspectos poco racionales, el deseo y la fuerza vital. Sin duda esos aspectos son inmortales puesto que son fuerzas activas pero son fuerzas del cuerpo mortal y por este hecho muy alejadas de las partes Divinas del Alma que permanecen en el Cuerpo Divino.

 

El alma de los seres desprovistos de razón consiste simplemente en fuerza vital y en deseo. Se les dice que están desprovistos de razón, porque están privados del aspecto razonable del alma.

 

Piensa en fin en el alma de las cosas inanimadas que aunque se encuentre al exterior de los cuerpos los arrastra en su movimiento. Esta podría moverse así misma exclusivamente en un Cuerpo Divino y pondría así las cosas en movimiento, por así decirlo, «de segunda mano».

 

El alma es, sin embargo, un ser eterno dotado de inteligencia, teniendo por pensamiento su propia razón y que cuando está unida a un cuerpo atrae hacia ella el modo de pensar de la armonía. Sin embargo una vea liberada del cuerpo físico el alma autónoma y libre pertenece al mundo Divino. El alma gobierna su propia razón y confiere a lo que viene a la vida un movimiento conforme a sus pensamientos, movimiento que llamamos vida. Ya que es el atributo del alma transmitir a otros algo de su propio ser.

 

Hay pues, dos formas de vida y dos formas de movimiento. La una es el movimiento del ser del alma, la otra la del ser de la naturaleza: este último es común a todos, el primero limitado al alma. El del alma es autónomo el otro es impuesto: todo lo que es movido, en efecto, permanece sometido a la obligación de lo que engendra el movimiento. Pero el movimiento que mueve al alma esta indisolublemente unido al amor el cual conduce a la realidad Divina.

 

El alma es, en efecto, incorporal porque no forma parte del cuerpo físico. Ya que si el alma tuviese un cuerpo  no tendría ni razón ni pensamiento (ya que todo cuerpo está sin pensamiento). Por el contrario un ser pensante debe su soplo de vida al hecho de que forma parte del ser del alma.

 

El soplo de vida o espíritu pertenece al cuerpo; la razón al ser  del alma. La razón toma lo bello como sujeto de contemplación; el espíritu que observa con los sentidos percibe los fenómenos. Ese espíritu se difunde en todos los órganos de la perfección que constituyen las diferentes partes y comprenden que tienen un espíritu de la vista, un espíritu del oído, un espíritu del gusto y un espíritu del tacto. Cuando ese espíritu de vida ese soplo de vida

 

Hay pues, el ser del alma, la razón, los pensamientos y el entendimiento (o poder de comprensión). El poder de representación y la percepción sensorial contribuyen al entendimiento (poder de comprensión). La razón que es el atributo del alma crea los pensamientos los cuales se funden en el entendimiento (poder de comprensión). Esos cuatro son ínter penetrados y constituyen una sola forma, la forma del alma.

 

Al entendimiento (o poder de comprensión) del alma, contribuye el poder de representación y la percepción sensorial. Estos sin embargo no son constantes y funcionan, bien sea poco o muy poco o bien difieren el uno del otro. Se debilitan en la medida en que se apartan del entendimiento (poder de comprensión). Pero cuando lo siguen y le obedecen se combinan por mediación de las ciencias a la razón superior.

 

Nosotros estamos en estado de elegir: esta en nuestro poder de elegir lo mejor, y también esto que es peor y aquello a pesar de nosotros.

 

 

 

 

Falta de pág. 225 a pág.233

 

 

 

 

 

 

Se repite millones de veces en el Universo. De forma que todo viene a existir en el tiempo y en el espacio por la fuerza del movimiento. Y por la fuerza y el movimiento todo se transforma sin cesar, es decir, que progresa hacia un objetivo preciso, hacia la perfección.

 

Cuando Amón, el hombre escondido, despierta, aunque sea poco, comienza a vivir y comunica a sus a su ser por su Alma quien engendra la fuerza y el movimiento. Sin esta Alma no podría desarrollarse.

Por ello el versículo quince dice que el Alma causa de la existencia, existe ya anteriormente.

Así toda creación puede invariablemente encontrar su perfecta realización de forma absolutamente lógica. Sin embargo subsiste aún una dificultad: está excluido que el alma del comienzo de la creación pueda unirse con lo creado; ya que el Alma es perfecta e inmutable, en tanto que el cuerpo de la personalidad esta continuamente sometido a los cambios.

La segunda dificultad reside en el hecho de que la personalidad se forma en función de la fuerza y el movimiento propios al cosmos en donde el microcosmos está integrado. En efecto, nuestra naturaleza opera siempre en correspondencia con el estado de nuestra tierra y la posición de los astros. Por tanto hay conflicto entre el Alma y la personalidad. Una fuerza y un movimiento provienen por una parte del Alma, por otra parte del Cosmos. Y este conflicto terminará al finalizar nuestra vida de ser nacido de la naturaleza en correspondencia con los astros y el Cosmos. Tan solo entonces habrá simpatía entre el alma y la personalidad y el hombre escondido Amón resucitará de su tumba.

La ofrenda del alma verdadera es así ofrecida a la luz. El alma empieza por unirse a una vida totalmente prisionera del destino, que llama la naturaleza de este último y atrae a ella la cólera y el deseo propios de esta naturaleza. Un duelo se produce cualquiera que sea la duración, el Alma saldrá siempre victoriosa.

Las dos funestas características de nuestro estado de ser nacido de la naturaleza son además la fuerza vital, o instinto vital y el deseo. Son consecuencias del estado emocional del que le hemos hablado y de la hormona del timo unido a ese estado, hormona que actúa en la cabeza y el bazo. Sin embargo cuando el alumno se somete al Alma debe seguir las sugestiones y la razón de esta, tal como dice Hermes. De ello resulta siempre la armonía que es el acto justo. El excedente de fuerza vital es entonces moderado y los deseos insatisfechos son colmados por el poder razonable del Alma.

Detengámonos ahí un momento.

La fuerza o instinto vital, el deseo o codicia son como lo sabemos por experiencia reacciones del sistema humano. La cólera es una reacción de la voluntad como la codicia. Esas reacciones o poderes de la voluntad no deberían escapar jamás al control de la conciencia. Cuando estamos fuera de sí, nos lo provoca un poder de envenenamiento de la sangre y del sistema nervioso. La sangre y el éter nervioso reaccionan directamente a la hormona del timo puesta en circulación por nuestras emociones. De modo que cuando el estado emocional se une al Alma, la Paz nos invade.

«Por ello, dice Hermes, la fuerza vital y el deseo terminan por crear una justa disposición interior, ya que el estado de ser equilibrado que ellos crean, frena, por una parte el excedente de fuerza vital y colma por otra parte la insatisfacción del deseo».

Todo ello nos muestra claramente una vez más, cuan necesario nos es una vez más la colaboración y la dirección del Alma. Amón, el hombre escondido, no puede venir a la vida sin ella. El hecho de que el Alma haya sido admitida con nosotros en el microcosmos, debe incitarnos a hacer lo que sea necesario y renunciar a lo que no es justo, a fin de unirnos a ella lo más pronto posible.

El Alma es de Dios. Sin embargo no se puede decir lo mismo de la personalidad, la cual a lo sumo se puede decir que posee un trazo de divinidad. Esto es evidente porque la materia viva pertenece finalmente a la creación Divina. Pero no es menos cierto que «el alma humana conlleva aspectos no razonables, el deseo y la fuerza vital».

Ya que en tanto que dure la naturaleza de la muerte, existirán el instinto vital y los deseos inferiores productos y características de los cuerpos mortales. Instinto y deseo constituyen las fuerzas enemigas del Alma. Ya que una vez más: ¿qué son los instintos y los deseos?. Son impulsos de la voluntad y del sentimiento.

¿Pero en que consiste la voluntad original de Amón, el hombre escondido?. Manifestar la fuerza Divina; revelar el gran plan que esta en la base del hombre escondido. ¿Y cual es el deseo original del hombre escondido?. Avanzar hacia la realización de ese gran plan, realizarlo lo mas pronto posible y comprender esta gran realidad. Se comprende pues que el instinto y el deseo son mutilaciones, corrupciones de las fuerzas originales naturales que son la fuerza y el movimiento. Fuerza y movimiento operan de nuevo de una forma justa cuando vivimos en unión y armonía con el alma. Si no las fuerzas contrarias, el instinto y el deseo nos poseen.

Así es como en su frenesí el instinto y el deseo exacerbados con todas sus consecuencias demuestran que el hombre es un Dios escondido, aprisionado, agarrotado por la bestia y la ignorancia, y por este hecho separado del ser Divino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO TREINTA

 

 

 

 

 

 

LA LLAVE DE TODOS LOS PROBLEMAS

 

Si un escrito hermético pone al buscador ante la grandiosa realidad de la vida, ese es el contenido del libro decimosexto. Ya que las numerosas fuerzas activas en todos los cuerpos de la naturaleza de la muerte nos son mostradas claramente. Pero desgraciadamente, son actividades propias a los cuerpos mortales y son precisamente lo que las mantienen apartadas del verdadero devenir Divino.

La humanidad siente las consecuencias de la vida antidivina como un profundo sufrimiento y para escapar a esta fatalidad hace muchos esfuerzos sinceros y dramáticos. Y es que los hombres tal como se manifiestan hoy en día, no conocen la única llave de todos sus problemas, ¡aunque la poseen ya!.

Ya que si alguien se vuelve hacia su Alma y se confía a ella, aparece un cambio inmediato en su vida. En efecto en cuanto el alma hace su entrada en el cuerpo mortal las fuerzas activas le hacen nuevamente progresar sobre el camino del devenir Divino. El hombre sin fuerza de Alma verdadera, es semejante a un animal desprovisto de razón. No posee otra cosa que la fuerza vital y el deseo, fuerza que no domina y deseo que lo acosa toda su vida.

Pero cuando el Alma toma la dirección de su vida el instinto y el deseo se transforma pronto en fuerza y movimiento que incitan a Amón, el hombre escondido, al renacimiento. De lo contrario, es el destino de la naturaleza de la muerte que reina sobre nosotros.

 

Aprendamos de Hermes en el versículo treinta y siete: «que el Alma es un ser eterno dotado de inteligencia». En el microcosmos ella está siempre e invariablemente unida al Espíritu, a Dios. Cuando está desatada de cuerpo de la naturaleza, pertenece con toda independencia y toda libertad al mundo Divino. Sin embargo mantiene siempre una unión con ese cuerpo con el fin que este vuelva sobre su camino y adquiera la comprensión y tenga siempre inmediatamente una vía directa para la realización de la verdadera unidad del alma y del cuerpo.

En el lenguaje hermético esta posible realización está designada como el Alma Espíritu. Hablamos del átomo original o Rosa del Corazón.

Cuando, en tanto que nacidos de la naturaleza, recorremos el camino del nuevo comportamiento, el camino que permite al capullo de la Rosa abrirse, las propiedades del Alma se manifiestan entonces plenamente.

«Ya que, dice Hermes, es el patrimonio del Alma el transmitir a los demás algo de su propio ser».

Hay dos vidas en el microcosmos: la vida del Alma y la vida de la naturaleza. Y lo que es sorprendente, constata Hermes, es que en todos los microcosmos el Alma lleva su propia vida, vida noble y superior en tanto que simultáneamente se manifiesta una vida según la naturaleza en completo desacuerdo con la primera.

¿No es este el caso de los seres humanos en general, no es una situación terrible?. El mismo microcosmos encierra a la vez lo Divino y lo que es indigno.

Hermes regula también todas las teorías fantasiosas sobre los supuestos disturbios psíquicos, según los cuales un Alma podría estar enferma, así pues, da lugar en el hombre a diferentes y numerosos graves desvíos de conducta. Él concluye:

» El Alma es incorporal, no tiene parte en la esencia del cuerpo de la naturaleza. Si el Alma tuviese un cuerpo de ese género no podría mantenerse ella misma».

Estas palabras le sorprenden. «¿El Alma no tiene entonces ninguna razón superior?». Cierto, el Alma tiene una razón Divina y posee por ello un poder del pensamiento en tanto que el hombre físico está desprovisto de razón y de poder mental según Hermes.

En la humanidad actual muchos estarán en desacuerdo con Hermes, sabemos sin embargo que la filosofía hermética no califica de «razón» las capacidades y la actividad cerebral del cuerpo físico.

Hermes dice que el hombre físico que escapa al ascendente del Alma es un ser «desprovisto de razón». Lo que es realmente el caso como se ve en la practica. El resultado de la vida de los hombres y de las sociedades lo demuestra de forma alarmante.

La filosofía de la Rosa Cruz actual nos enseña que el hombre físico solo puede adquirir la razón y la inteligencia si el Alma penetra en el Santuario de la Cabeza. Tan solo entonces nace el verdadero poder del pensamiento.

En conclusión y para resumir lo que precede, comprendamos el sentido profundo de la verdad contenida en el cuarenta y cuatro versículo del libro decimosexto de Hermes:

«Estamos en estado de escoger; están en nuestro poder el escoger lo mejor y también lo que es malo y esto a pesar de nosotros. Ya que la que se une al mal participa de la naturaleza del cuerpo. Por ello el destino domina al que hace tal elección».

En el microcosmos el Alma está muy próxima.

 

En obediencia y total don de sí, cada uno puede unirse a este Ser superior verdadero.

Si no es el destino de la naturaleza de la muerte el que reina sobre nosotros.

La elección no nos parece en modo alguno difícil.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO TREINTA Y UNO

 

 

 

 

 

 

LIBRO DECIMOSEXTO:  HERMES A TAT: DE LA VERDAD

 

Hermes:    No es posible que un hombre criatura imperfecta, compuesta de miembros imperfectos y cuya envoltura está formada por numerosos elementos heterogéneos, pueda arriesgarse a hablar de la verdad. Pero lo que es posible y justo de decir, y digo, es que la verdad reside solamente en los cuerpos eternos en donde todos los elementos son verdaderos; el fuego que una vez por todas es fuego y nada más; la tierra que una vez por todas es tierra y nada más; el aire que una vez por todas es aire y nada más; el agua que una vez por todas es agua y nada más.

 

Además nuestros cuerpos están compuestos de todos esos elementos, encierran el fuego, la tierra, el agua y el aire, pero no son ni fuego, ni tierra, ni agua, ni aire, ni nada que sea verdadero.

Si desde el origen nuestra constitución corporal, no ha recibido en ella la verdad, ¿cómo podría ver y expresar la verdad?. Y solo lo comprenderá cuando Dios lo quiera.

 

Todas las cosas que pertenecen a la tierra, no son, oh Tat, la verdad, sino imitaciones de la verdad; y no todas, tan solo, un pequeño número de ellas. El resto es mentira, error, oh Tat, desprecio nacido de la apariencia, espejismo. Cuando la apariencia recibe la efusión de arriba, ella es una imitación de la verdad; sin la fuerza de arriba permanece una mentira, una no-verdad. Lo mismo ocurre de una pizarra que representa un cuerpo: no es el cuerpo correspondiente a la forma del sujeto visto. Se ven ojos, pero no tienen mirada; hay oídos pero no oyen nada. Todos los elementos que muestra la cultura, son tan solo apariencias destinadas a engañar la percepción del observador que cree ver la verdad, cuando esta verdad no es mas que mentira.

 

Cuando vemos algo que no es una mentira, vemos la verdad. Si vemos o comprendemos esas cosas, tal como ellas son en realidad, vemos y comprendemos cosas verdaderas; si son otras cosas, ellas no son, entonces dudamos y no sabemos nada de lo verdadero.

 

Tat:    ¡La verdad esta también sobre la tierra, Padre!.

 

Hermes:    Te equivocas hijo mío. Incontestablemente no hay ninguna verdad sobre la tierra, y esta no puede manifestarse. Sin embargo es posible que algunos hombres que Dios les da el poder de verla, contemplen la verdad.

 

Tat:    ¿No hay nada de verdadero sobre la tierra?.

 

Hermes:    Pienso y te digo: «¡Todo es tan solo apariencias e ilusión!». He aquí las cosas verdaderas que pienso y digo.

 

Tat:    ¿No debemos entonces llamar verdad al hecho de pensar y de decir cosas verdaderas?.

 

Hermes:    ¿Cómo es posible?. Hay que pensar y decir lo que es: «Nada es verdad sobre la tierra». Lo que es verdad es que aquí abajo nada es verdad. ¿Cómo podría ser de otro modo?. La verdad es la magnificencia perfecta, el bien absoluto, no manchado por la materia ni revestido de un cuerpo. La verdad es el bien, desnudo, radiante, inviolable, sublime, inmutable.

 

Pero ve, hijo mío, cuantas cosas de aquí abajo son impotentes de recibir ese bien, ya que todas son perecederas sujetas al sufrimiento, disolubles, movibles, siempre cambiantes pasando de una forma a otra.

 

¿Cómo esas cosas que en sí mismas no son verdaderas podrían ser la verdad?. Todo lo que cambia es mentira, porque no permaneciendo en su esencia pasa de una forma a otra y se nos presenta siempre con nuevas apariencias.

 

Tat:    ¿el hombre mismo no es verdad, no verdadero, Padre?.

 

Hermes:    no en tanto que hombre, hijo mío. Ya que es verdadero lo que solo consiste en sí mismo y permanece en sí mismo como es, el hombre, sin embargo, está compuesto de elementos múltiples y no permanece lo que él es. Al contrario, cambia y se transforma de una edad a la otra y de una forma a otra, tanto tiempo como este en su envoltura. En tan poco tiempo muchos padres no reconocen a sus hijos, ni los hijos a sus padres.

 

¿Acaso un ser que cambia hasta el punto que no puede ser reconocido puede ser verdadero, Tat?. ¿No es mas bien no verdadero ya que en el transcurso de esos cambios pasa por tantas apariencias diferentes?. Comprende que solo es verdadero lo que es permanente y eterno. El hombre no es eterno. No es verdadero tampoco. El hombre es una forma aparente y, como tal totalmente no-verdadera.

 

Tat:    ¿Pero, Padre, los cuerpos eternos que cambian no son tan poco verdaderos?.

 

Hermes:    Nada de lo que es engendrado y sometido al cambio es verdadero. Pero ya que esos cuerpos han sido creados por el primer Padre, es posible que la materia de la que están compuestos sea verdadera. Esos cuerpos no tienen verdad por el hecho de sus cambios: ya que solo es verdadero lo que permanece idéntico a sí mismo.

 

Tat:    Pero, Padre. ¿Que podemos entonces calificar de verdadero?.

 

Hermes:    solo el sol (Vulcano) puede ser dicho verdadero. Ya que en tanto que todo el resto cambia el sol no cambia y permanece idéntico a sí mismo. También solo él está encargado de dar forma a todo en el mundo, de reinar sobre todo y de generarlo todo: es él a quien revelo la verdad de su ser que yo honro; después del único y del primero lo reconozco como del Demiurgo, el Constructor del Mundo.

 

Tat:    ¿Y que es la verdad primera, Padre?.

 

Hermes:    El Solo y Único, oh Tat, aquel que no está constituido de materia, que no está en un cuerpo, que no tiene ni color ni forma, que no cambia, que no ha sido cambiado y que es siempre.

 

Por el contrario, todo lo que no es verdadero es perecedero. La Providencia de la verdad  mantiene la descomposición de todo lo que está sobre la tierra, lo encierra y lo hará eternamente. Ya que sin descomposición no hay generación. A cada generación sucede la descomposición, a fin de que nuevas criaturas vengan a nacer. Todo lo que nace debe necesariamente nacer y se descompone; y todo lo que nace debe necesariamente descomponerse, a fin de que la generación de los seres no conozca ninguna parada. Reconoce esto como la causa primera y activa de la regeneración de los seres.

Es la razón por la cual, los que nacen por la descomposición, solo pueden ser no verdaderos, ya que nacen una vez de una forma y otra vez de otra. Efectivamente es imposible que renazcan otra vez los mismos. ¿Cómo podría lo que renace, no idéntico, ser verdadero?. Debemos de calificarlo de apariencia para designarlos de la justa manera: el hombre una apariencia de hombre, el niño, una apariencia de niño, el joven, una apariencia de joven, el adulto, una apariencia de adulto, el viejo, una apariencia de viejo; ya que el hombre no es un hombre verdadero, el niño, no es un niño verdadero, el joven, un joven verdadero, el adulto, un adulto verdadero y el viejo, un viejo verdadero.

Cuando las cosas cambian, mienten, tanto las cosas pasadas como presentes. Por tanto, hijo mío, comprende bien esto: incluso los ??

 

que no piensa en cualquier creencia religiosa, en cualquier sistema filosófico, o a cualesquiera otra entidad manifestada que para él no representa ninguna la verdad, como vamos ha descubrir.

Según la concepción hermética, la verdad que engloba todo, es ¡Dios mismo, e inmutable!. Aquel que abraza el universo de los fenómenos y que en tanto que inmutable gobierna el Universo de la creación por su Espíritu Séptuple. Por ello la enseñanza Universal habla de Siete Verdades. Son los Siete Rayos que emanan de Dios, del Espíritu. Puede establecerse, con derecho, que en el espacio inconmensurable de la manifestación Universal no puede haber verdad absoluta.

La verdad se refleja bien en todo lo que se manifiesta, pero con este hecho no es aún la verdad.

«La verdad es la magnificencia perfecta, el bien absoluto que no es manchado por la materia ni revestido de un cuerpo. La verdad es el bien desnudo radiante, inviolable, sublime, inmutable».

En el espacio de la manifestación universal todo cambia siempre. El uno va, el otro viene, y lo que va y viene implica el cambio. En consecuencia lo que  siempre cambia, es absolutamente, no-verdad, respecto del Inmutable. Por ello Hermes afirma que la verdad, solo puede permanecer en cuerpos eternos, representantes de la verdad absoluta.

Aquí hay total separación entre la verdad absoluta y la no-verdad. Por no-verdad, no entendemos aquí la mentira, la alteración deliberada de la razón Divina, sino todo lo que está sometido al cambio, todo lo que está acogido en el movimiento de las fuerzas contrarias y de la evolución.

La verdad es la perfección. La no-verdad es lo que se desarrolla, lo que no pertenece aún a la verdad. Si calificásemos de verdadero lo que se desarrolla, ralentizamos, paramos el crecimiento, provocamos una cristalización y la no-verdad fundamental se convierte en una no-verdad en el sentido de mentira, de no Divino. En el mejor de los casos la verdad conlleva la no-verdad fundamental hacia el estatus elevado que es el suyo. Por ello la verdad se manifestará siempre con el fin de lo que aún es fundamentalmente no-verdad se eleve progresivamente hasta ella.

Este hecho da un gran consuelo ya que así la verdad no puede ser jamás aniquilada. La verdad es una radiación séptuple que emana del Absoluto, que se manifiesta y deberá manifestarse con el fin de salvaguardar el gran objetivo de la Creación y de conducir a esta hacia el buen fin.

Repitamos de nuevo, la radiación de la verdad no puede jamás ser reducida al aniquilamiento. Quien se impone a esta ley Universal, tan solo cava su propia tumba. Para comprenderlo bien, preguntémonos: ¿Por qué medios la verdad busca el tocar y provocar una reacción, una respuesta positiva?.

En primer lugar manteniendo en movimiento, es decir, cambiando sin cesar lo que es, fundamentalmente, no-verdad. Por eso las cosas y los fenómenos van y vienen, es por esto, que hay nacimiento y muerte, subir, brillar, descender. Pero este toque de la verdad no es suficiente. Tan solo evita, simplemente, que en un momento dado lo que es, fundamentalmente, no-verdad se inmovilice bajo la forma de una cierta cristalización que sería fija y se volvería una verdad altamente indeseable. Visto así se puede incluso considerar la naturaleza de la muerte como una gran bendición. Pero para alcanzar su objetivo la verdad debe, en segundo lugar, hacerse conocer. Esto es posible porque lo fundamentalmente no-verdad vive, esta dotado de un poder de reacción. El acto justo inspirado por las sugestiones de la verdad, debe llevar a la realización de forma continúa y lógica. Fíjese bien en los dos medios que la verdad utiliza contra lo que es, fundamentalmente, no-verdad:

 

Mantener en movimiento, lo que es aún no-verdad.   Hacer conocer la verdad.

 

Mediante una intervención intensiva de estos dos medios, todo lo que conlleva el plan de Dios debe realizarse. Pero ahora preste atención a los otros dos fenómenos: en primer lugar el instinto de conservación, es decir, de la realización del yo, que es innato en todas las criaturas. Si el orden de la iglesia del estado de la sociedad, estuviese perfectamente unido a la verdad, que busca hacerse conocer, esta propensión a la realización del yo, no causaría ningún problema. Al contrario, gracias a ese dinamismo innato, la verdad que busca hacerse conocer, indicaría a todos, el camino que lleva al único objetivo.

En segundo lugar se trata ahora de loo que llamamos «El combate en el Cielo». Esta expresión significa que en la manifestación universal y en el campo planetario, ciertas fuerzas activas intentan siempre de poner un termino al baile de los contrarios, mientras que otras impiden a la verdad hacerse conocer. Uno se pregunta con asombro como oponerse totalmente a la verdad; primero es inútil y segundo esto agrava los sufrimientos de la humanidad.

Nosotros que hacemos objetivamente esta pregunta filosófica, no estamos sorprendidos de aprender que todas las criaturas, son o serán, a menudo, muy fácil y rápidamente víctimas de lo que llamamos ilusión. La ilusión nace de la conciencia yo animal.

Si perciben la verdad que reciben una sugestión, entonces surge una representación. Si esta es pura, justa y auténtica, ella es y permanece unida a la única verdad y todo va bien.

Sin embargo, cuantas veces nuestra representación por una percepción errónea o muy incompleta de la verdad, pierde su pureza. Nuestra representación separada de las fuerzas de la verdad se vuelve una ilusión, una quimera de la conciencia que es preciso dejar, desarrollarse para medir las consecuencias. Si tienen una opinión anclada en ustedes astralmente y electromagnéticamente nada ni nadie pueden arrancarla. Tan solo la experiencia les instruirá.

Además la ilusión operando como influencia astral es altamente contagiosa y se expande como una epidemia. Y porque el campo astral es nuestro campo de vida, nuestro campo de respiración, nuestro cielo, «el combate en el cielo» es un proceso que obedece a las leyes de la naturaleza. Por ello Hermes dice en el versículo cuatro: «Cuando la apariencia recibe la influencia de lo Alto, entonces ella es una imitación de la verdad, pero sin la fuerza de lo Alto, ella permanece siendo una mentira, una no-verdad».

Se puede partiendo de una ilusión nacida del astral envenenar su entorno, perder a los demás por el mismo veneno llegar a acuerdos, formular leyes, establecer un orden y forzar absolutamente a los demás a adherirse a ello. Consecuencia de esto es un agravamiento del juego de los contrarios, y una evolución dramática de los procesos vitales. ¿Pero tal locura puede producir otra cosa?.

La ilusión, reviste algunas veces, otro carácter y degenera a menudo en una lucha casi desesperada por mantener la no-verdad en despecho de todo, o hacer renunciar a lo que durante siglos había sido considerado como una alta verdad. Solo puede esperarse esto, de lo que es fundamentalmente mentira.

Así pues vemos dos posibilidades: bien sea la marcha evolutiva de lo que es aún fundamentalmente no-verdad hacia la verdad absoluta; bien sea, la marcha evolutiva de la ilusión fundamentalmente engañosa hacia la perdición total, después de experiencias amargas para volver a la no-verdad fundamental. Está claro que la evolución de una locura tal, suscita siempre una violenta hostilidad contra todo lo que sigue el otro camino.

Se trata de una reacción negativa al sexto rayo. La ilusión es de una devoción completa hacia sí misma; es una posesión astral que se vuelve siempre inquebrantable. Observen ¡Que la verdad no puede jamás ser reducida a la nada!. Ella es libre e independiente respecto de la criatura. Y vemos en toda la historia como la ilusión y la cultura de esta han hecho la guerra a la verdad y como han perdido siempre y siempre perderán.

El mundo y la humanidad han sido probados y lo son aún a menudo, por las consecuencias de la ilusión. Pero esto no es nada comparado con la magnificencia que nos espera si por la no lucha absoluta neutralizamos nuestras ilusiones que nos mantienen a nosotros también prisioneros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO TREINTA Y TRÉS

 

 

 

 

 

HERMES EL TRÉS VECES GRANDE

 

Durante los tiempos más alejados de la era aria, leyendas y relatos más o menos claros corren respecto a Hermes. Es de fuentes y lugares muy diferentes que nos llegan. Como a primera vista dan la impresión que hubo numerosos Hermes, el buscador debe encontrar esto extraño. Si Hermes Trismegistros ha, realmente, existido debe haber uno solo, piensa.

Además es sorprendente que todas esas relaciones presentan a Hermes, a veces como un sacerdote, otras como un rey y otras como un sabio. Su nombre a menudo es identificado con el del dios egipcio Tot, se le asocia, igualmente en Egipto a la realeza y fuera de Egipto se le hace rey de un cierto lugar. Esta confusión desaparece si miramos a Hermes, el Hermes de los antiguos como perteneciendo al grupo de los seres sublimes, que podemos llamar en el sentido más absoluto, hijo de Dios.

Los hijos de Dios pertenecen a la única raza universal, han adquirido es estado de ala Viva más absoluto. Se les ha dicho, a menudo, que el hombre alma en crecimiento se eleva con todos en la unidad. Un hombre tal, llega a la unión con Dios y con todos sus hermanos y hermanas. Tales hijos de Dios forman una sola raza. La enseñanza universal nos enseña que las entidades que forman parte de nuestra ola de vida humana, deben realizar su peregrinaje en el transcurso de seis razas. La primera se manifestó al final de la época Lemuriana. Después del periodo lunar el hombre de esta primera raza se volvió consciente de su existencia por primera vez.

La era Atlante vive siete razas. Habrá siete en total para la era Aria actual; la sexta se compondrá de hombres conscientes según el alma; lo que a continuación vendrá no podrá ser definido como una raza en razón de su naturaleza.

Se elevarán entonces en la única cadena universal de los hijos de Dios. Con razón esas dieciséis razas fueron también nombradas en los dieciséis caminos de la destrucción; sabemos todos como la ilusión nos destruye en la marcha hacia el nadir. Pues bien Hermes pertenece a esta categoría de seres que llegados al fin de su camino entran en la muchedumbre sublime de los Hijos de Dios. La muchedumbre de los tres veces grandes según el Espíritu, el Alma y la Manifestación.

Entonces se vuelve claro que se pueda hablar de numerosos Hermes. En cierto momento de la historia del mundo numerosos Hijos de Dios se han ocupado del desarrollo de la humanidad. Para comprender bien este hecho hay que darse cuenta que en la época en donde la ola de vida humana no era aún consciente de su existencia, los Hijos de Dios (La jerarquía de Hermes), trabajaban para la Humanidad.

Después llegó el tiempo en que, permitiéndolo la evolución humana, la jerarquía trabajó con la humanidad. Los hijos de Dios vinieron a ella a fin de hablarle, de precederla de darle el ejemplo y de mostrarle el Camino.

En el presente estamos en el período en que la Jerarquía trabaja para la Humanidad. Ustedes saben que la gran misión es la realización de sí mismo: la no-verdad fundamental debe elevarse hasta la verdad. La manifestación de los Hijos de Dios en la tierra, tal como nos lo relata la historia, no se repetirá más, a menos que las razas actuales no se destruyan a tal punto que no sea posible obrar mediante ellas y que no quede ningún «justo» como en Sodoma y Gomorra.

 

 

Si con esta luz consideramos las leyendas y relatos, con respecto a Hermes, a la luz de la Sublime naturaleza de esos Enviados (que establecen en general en los países en que se manifiestan una civilización de sacerdotes reyes de una gran evolución y de una gran nobleza), comprendemos la incredulidad de los que abordan los vestigios de la historia de forma exclusivamente intelectual. En ellos la verdad no puede aún penetrar con sus rayos la no-verdad fundamental. La ilusión les mantiene en sus garras y están ensombrecidos en la mentira fundamental.

No obstante la verdad debe hacerse conocer y el camino permanece abierto. Y sabemos: ¡La verdad no podrá ser jamas aniquilada porque ella no es de este mundo!.

Nadie disimula que en el giro de los siglos, en donde estamos hoy en día, se presentan grandes dificultades. Supongamos (lo que no es el caso, naturalmente) que la verdad no pueda ser reconstituida mas que a partir de descubrimientos relativos al antiguo Egipto, ya que ese país fue el poderoso foco de una cultura verdaderamente Espiritual. Una corte de pretendidos egiptólogos, abundantemente provistos de doctorados y de títulos pomposos, sumergirían en estudios, conclusiones e interpretaciones totalmente divergentes en las cuales nadie comprendería una palabra.

Por ello si se tuviera que encontrar la verdad de esta manera nos desesperaríamos. ¿Pero qué ha ocurrido?. Intentemos descubrirlo.

Hemos explicado como la tendencia innata del hombre a la realización de sí mismo, se transforma fácilmente en instinto de conservación a causa de representaciones falaces de una conciencia con la imaginación creadora defectuosa y de fallos del órgano cerebral que provoca el cerramiento, la corrupción, la desintegración del cuerpo astral y en fin la locura manifestándose esta sobre todo por la hostilidad y la cólera con respecto a la verdad.

Sin embargo, la verdad tan solo puede hacer avanzar al hombre sobre el camino que conduce al objetivo de una forma absoluta. Y es justamente a esto a lo que el hombre egocéntrico se opone, ya que «él» ha llegado ya a algo; «él» ya ha llegado, ya es un Hijo de Dios, es miembro de una iglesia de Cristo, dispone de un sacerdocio o de una multitud de autoridades que saben todo y que sabrán más dentro de poco. Algunos errores estéticos se has deslizado por aquí y por allá, pero de todas formas, hay «¡los Bienaventurados en el Cielo!». Reconozcan allí la asignatura de las gentes de la iglesia y de la ciencia.

Hubo un tiempo en que el desarrollo de la Humanidad podía ser considerado como poco adelantado en comparación con las características de la raza actual, desarrollo en el transcurso del cual la verdad se hacía conocer de una forma muy diferente de la que es posible actualmente. El hombre no se beneficiaba entonces de ninguna formación escolar. No había ningún sistema educativo tal como lo conocemos ahora. Se hablaba un lenguaje popular, era entonces cuestión, de trazar caracteres susceptibles de ser descifrados y comprendidos por otros.

Gracias a la manifestación de los Hijos de Dios y bajo su influencia, nació muy lentamente una lengua escrita, como intermediaria para facilitar el contacto de los hombres entre ellos, pero sobre todo para hacer conocer la verdad. Por ello se hablaba a veces de Hermes el inventor del lenguaje.

En los antiguos focos de civilización numerosos medios fueron utilizados par aportar la gran verdad a los hombres suficientemente maduros para ellos. Se construyeron templos cuya estructura debía expresar la sublimidad de Dios. Se erigió columnas cubiertas de símbolos e inscripciones en donde el lenguaje de los hijos de Dios era claro para los que conocían los caracteres. Innumerables manuscritos fueron compuestos (se habla de millones) para tocar aún a muchos otros hombres.

Hay que recordar que en esos tiempos no existía aún la imprenta y que la civilización no se extendía lejos. La masa era aún iletrada con excepción de un pequeño número de intelectuales. Estos estaban repartidos en dos grupos:

 

El de la verdad fundamental.

El de la mentira fundamental de las intoxicaciones de la ilusión.

 

Ya que la ilusión apareció al mismo tiempo que la razón.

El primer grupo que recorría el camino de la liberación, era perseguido por el segundo sin reaccionar por la lucha o por otro tipo de unión astral. Sabían que los que se aproximan, siguen y sirven la verdad, todas las cosas contribuyen al bien. El segundo grupo de los locos de la ilusión, conseguía oponerse a la obra del primero. Y como la gran masa estaba aún iletrada y no comprendía la causa de la lucha (el órgano cerebral estaba aún en formación), este segundo grupo tenia vía libre en el juego. Así se paso a la destrucción de los templos, monumentos, edificios erigidos bajo la dirección de los Hijos de Dios. Fueron destruidos o totalmente mutilados símbolos e inscripciones y una caza a los manuscritos en regla, fue organizada. Hasta en nuestra era, en todos los países en donde había permanecido la única verdad en donde ella se había arraigado, o bien estaba haciéndolo, cada lugar fue, sistemáticamente registrado con el fin de coger material peligroso, para el segundo grupo y hacerlo desaparecer de la superficie de la tierra, sin hablar de la cantidad de escritos transmitiendo directamente la sabiduría de los Hijos de Dios, que fueron así destruidos. Es un milagro si quedan aún aquí o allá pequeñas partes de hojas.

En el presente en que la inteligencia y la conciencia de los pueblos se han desarrollado, no se puede emplear ese método de destrucción. Por ello se practica otro. Cuando se descubre un escrito antiguo y precioso, una comisión científica muy restringida hace una traducción, así como comentarios chocantes que releva el descubrimiento al rincón de las antigüedades. Se encuentra el contenido de ello, o que testimonia de algunos conocimientos teológicos (no tanto naturalmente como la teología actual, pero ya de un nivel bastante chocante) y un estudio más profundo es anunciado en breve. ¡El asunto es llevado así a un punto muerto, por lo menos, así lo creemos!.

Pero veamos ahora como la verdad a pesar de esos millares de años de calumnia, de traición, de persecución y de destrucción ha podido realizar su tarea como ella lo hará siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO

LA VERDAD VIVA

 

 

Comprenderán perfectamente que cuando decimos que la Fraternidad Universal de los Hijos de Dios emprende un trabajo en provecho de los humanos, ese trabajo jamás es experimental ni sometido a ninguna especulación.

 

eso quiere decir que en los primeros tiempos de la era Aria, cuando el cuerpo racial apenas podía manifestar en la esfera material una conciencia despierta que no había vida consciente, eran los Hijos de Dios quienes para la humanidad regulaban y dirigían el curso de la vida, así como los procesos vitales correspondientes. Los «Seres Sublimes» de Hermes trabajaban así, literalmente, para la humanidad. Comparen ese trabajo con la ayuda aportada por los que llamamos (los espíritus grupo) a las diferentes razas animales.

Pero les preguntamos: «¿Quiénes eran esos Hijos de Dios?». Respondemos que ellos no estaban en origen terrestre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO I:  DÉCIMO LIBRO

 

El bien solo se encuentra en Dios y en ninguna otra parte.

I.  Hermes: El bien Asclepios no está en ningún otro lugar más que en Dios; mejor dicho: Dios es de toda eternidad el bien. En consecuencia el bien es necesariamente la base y la esencia de todo movimiento y de todo devenir: nada existe que esté desprovisto de él.

El bien está envuelto en, una fuerza estática de manifestación en equilibrio perfecto: la plenitud total, la fuente universal el origen de todas las cosas. Ya que cuando nombro el bien, lo que es suficiente para todo, entiendo el Bien eterno y absoluto.

II. Sin embargo esta propiedad no pertenece a nadie más que a Dios. Ya que no hay nada que le falte a él, de forma que no puede invadirle un deseo de posesión; no hay nada que pudiera perder y cuya pérdida le afligiera (ya que sufrimiento y dolor forman parte del mal); no hay nada más fuerte que él, o que pueda luchar contra él (nada que no esté conforme a su esencia y que sea posible el hacerle injuria); nada le sobrepasa en belleza y no puede por tanto inflamar sus sentidos de amor; nada puede rechazar obedecerle y así excitar su furia; no hay nada que sea más sabio que él y que pueda por tanto despertar su envidia.

III.  Ninguno de sus movimientos emocionales se encuentran pues en el ser universal y no hay nada en el más que el bien. Y al igual que ninguna otra propiedad se encuentra en tal ser, de la misma manera el Bien no se encuentra en otra persona.

IV. Ya que todas las propiedades se encuentran en los seres pequeños o grandes, en cada uno de una forma particular e incluso en el mundo, el más grande y el más poderoso de toda la vida manifestada: no obstante todo lo que está creado, está lleno de sufrimiento ya que la generación misma es un sufrimiento. Ahí donde está el sufrimiento (PATOS) el Bien está incontestablemente ausente. Ahí donde está el Bien ningún sufrimiento existe. Ya que allí donde está el día no está la noche y allí donde está la noche no está el día. Por ello el Bien, no reside en lo creado sino tan sólo en lo increado.

Pero la materia de todas las cosas viniendo de parte de lo increado, ella es también como tal, una parte del Bien.

En ese sentido el mundo es bueno: en tanto que él produce también todas las cosas, como tal, él es bueno. Pero bajo todos los demás aspectos, no es bueno: porque también él está sujeto al sufrimiento que es cambio y que es madre de criaturas sometidas al sufrimiento

V.  En cuanto al hombre, llega a normas de bondad por comparación con el mal. Ya que aquí abajo lo que no es demasiado malo vale como bueno y lo que es juzgado bueno es un mal menor. Es pues imposible que el bien abajo no este atado al mal. El bien de aquí abajo está siempre tocado por el mal y cesa de ser el bien. Así como el bien degenera en mal. Así pues el bien está solamente en Dios. Si, Dios es el bien.

VI. En los hombres Asclepios el Bien sólo existe de nombre y en ninguna parte en tanto que realidad. Lo que sería además imposible. Ya que el Bien no puede encontrar su sitio en un cuerpo material, cogido por todos los lados por los tormentos, las tensiones insoportables, los dolores y los deseos, los instintos, los errores y las percepciones de los sentidos.

VII.  Pero lo peor Asclepios, es que todas las cosas que he citado empujan a los hombres y está considerado aquí abajo como el más grande bien y no como el mal extremo. El deseo instintivo del vientre «plexo solar» causa de todas las malas acciones, he ahí el error que aquí abajo nos mantiene alejados del bien.

VIII.  Por eso doy gracias a Dios de lo que él ha revelado a mi conciencia, el conocimiento del bien que es imposible encontrarlo en el mundo. Ya que el mundo está lleno de la plenitud del mal, así como Dios de la plenitud del bien o el bien de la plenitud de Dios.

IX.  Alrededor de la esencia divina irradia la belleza que en verdad vive el ser de Dios en pureza suprema e inmaculada. Osemos decir Asclepios, el ser de Dios, si es que está permitido hablar de ello, es lo bello y el bien.

Lo bello y el bien no se encuentran en los que están en el mundo. Todas las cosas perceptibles al ojo son apariencias semejantes a sombras. Pero todo lo que escapa a los sentidos se aproxima mejor a la esencia de lo bello y del bien.

Y el ojo al igual que no tiene el poder de ver a Dios, no puede tampoco ver lo bello y el bien. Lo bello y el bien son en toda percepción una parte de Dios, de él y tan solo a él le son propias, inseparables de su esencia y la expresión, del más alto amor de Dios hacia Dios.

XI.  Si puedes comprender a Dios comprenderás también lo Bello y el Bien en el supremo esplendor de su radiación totalmente iluminados por Dios. Ya que esta belleza es incomparable, esta bondad inimitable como Dios Mismo.

En la medida en que tu comprendes a Dios, comprendes también lo Bello y el Bien. No pueden transmitirse a otros seres porque son inseparables de Dios.

XII.  Cuando buscas a Dios buscas igualmente lo Bello. Ya que sólo existe una vía que puede alcanzarlo: una vida de acción al servicio de Dios de la mano de la Gnosis.

XIII.  De ahí viene que, los que están sin Gnosis y no siguen el camino que conduce a Dios, osen nombrar al hombre Bello y Bueno, el que no ha visto jamás ni siquiera en sueños lo que es el Bien. El que está bajo el imperio de toda clase de mal, que toma el mal por el bien, que se ampara en el mal sin jamás tener suficiente, temiendo que se le quite y luchando con todas sus fuerzas para conservarlo e incluso aumentarlo.

CAPÍTULO II:  EL MISTERIO DEL BIEN

 

Usted conoce sin duda el resultado del joven rico, que se explica en el evangelio; la historia del hombre que vino a pedir a Jesús el Señor: buen maestro ¿quÉ debo hacer para heredar la vida eterna? A lo que Jesús antes de entrar en la pregunta responde: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, tan sólo Dios lo es.

Si tomamos el décimo libro de Hermes Trismegistos, vemos que esta palabra del evangelio es una cita de la filosofía hermética. Se puede con derecho afirmar que la filosofía hermética existía millones de años antes incluso que hubiese un evangelio, un evangelio cristiano. Desde el primer versículo de este décimo libro leemos: El bien no está en otro lugar más que en Dios mejor dicho: Dios es de toda la eternidad el bien.

Esta palabra establece desde el principio para nosotros, que el Bien es una realidad desconocida, la indicación de un estado inaccesible.

Si reflexionamos veremos que nuestro bien, lo que tenemos por costumbre llamar bien, se relaciona con algo totalmente diferente. Es una noción absolutamente relativa que no tiene valor para el hombre yo, más que un tiempo limitado. Y usted lo sabe, lo que usted llama bien, otro lo encuentra a veces muy mal. Lo que se alaba como lo que hay de más noble, es rechazado por otro como lo que hay de más abominable.

Así hay tantas normas de bondad y de maldad como hombres. Encontramos bueno todo lo que es agradable o conforme a nuestra forma de comprender la vida. Y a la inversa lo declaramos malo. Además reina a este respecto un caos porque no hay hombres verdaderamente buenos en nuestro campo de vida; así como el Bien, el sólo Bien, no se encuentra en nuestro campo de vida

Los calificativos dialécticos bueno y malo no reposan sobre nada. No pueden servir de criterios sobre los cuales edificar una filosofía liberadora. A menudo incluso hay una impostura terrible, una impostura reflejada. Cada pueblo, cada raza, cada grupo, cada movimiento se edifica sobre un mal llamado bien y se dice: lo que vemos, lo que podemos, lo que hacemos está bien. Tomad ejemplo de nosotros. ¡Pero es estúpido y al mismo tiempo peligroso! Quien se da como modelo, estará siempre profundamente desilusionado. En efecto, la luz de los contrarios lo alcanzará siempre, inevitablemente

Nadie se opone a que la humanidad busque y se obstine en resolver sus problemas lo mejor posible y muchos desean contribuir de todo corazón. Pero no espere nada de esencial. No espere el bien. Ya que lo que aquí se declara como bien, en nuestro campo de existencia es una mentira o un error. Hace ya millones de años que esto ha sido afirmado con certeza.

Se filosofa también mucho en el mundo sobre este punto. Piense por ejemplo en Nietsche que considera totalmente imaginaria la distinción entre las nociones tales como bien o mal. Un filósofo como Kant dice igualmente que el bien y el mal aquí abajo dependen del juicio humano. Lo que a usted le parece bien es bien para usted; otro puede diferir totalmente de opinión. Quien permanece ahí no encuentra jamás la solución.

¡Cuántas conversaciones no habrá tenido sin duda, conversaciones perfectamente inútiles respecto a sus opiniones, a menudo diferentes sobre el bien y el mal! Así tampoco tenemos la intención de molestarle con nuestro propio criterio sobre esta cuestión.

No, nuestra intención es la de liberarle totalmente de todo ello y de atraer su atención sobre el Único Bien verdadero, que sólo existe en Dios.

Al final del décimo libro, versículo 14 se dice de la miserable condición humana respecto al bien y al mal.

Esto es la belleza, la bondad humanas. No podemos ni rechazarlas ni odiarlas ya que lo más duro es que ellas nos son necesarias y que no sabríamos vivir sin ellas.

Nuestro objetivo es elevarle a ser posible hasta al punto de vista hermético. Si observa en todo el mundo las acciones cometidas para el bien por distintos grupos, si usted se mueve en medio de la masa que se agita para hacer el bien entonces, es imposible si es usted un verdadera buscador de verdad, que ame ese bien. Naturalmente usted puede descubrir bajo ciertos aspectos eventualmente un elemento útil a veces incluso agradable. Pero bajo la luz de la filosofía hermética reconocerá inmediatamente lo insuficiente y el lado desesperado de esas tentativas y no podrá amarlas. Ocurre igual con el amor como con la bondad. El amor al igual que el bien, está solamente en Dios. No se encuentran decididamente en el hombre nacido de la naturaleza. Por eso los buscadores de verdad no intentarán tampoco encontrarlos allí donde no están.

Pero cuidado ahora en no odiar por ello, a la bondad y la belleza humanas. Ya que el odio quema y destruye. El amor es también un fuego. El amor es una fuerza astral respecto al corazón. Y cuando un hombre busca el amor, está decepcionado, sufre siempre una purificación y el hambre de lo único necesario se vuelve en él más puro y más apremiante. Por el contrario el fuego del odio, que es también una radiación astral del santuario del corazón, seca y destruye el corazón. Nada le queda al hombre que odia.

Pero existe un tercer comportamiento, aquel en el que no se espera ni se busca lo que es imposible. Se adopta entonces respecto a esas cosas, un punto de vista puramente objetivo y se guarda una especie de vigilancia neutra que hace simplemente aceptar las situaciones tal como son. Por ello Hermes dice: no podemos ni huir, ni odiar la bondad, ni la belleza humana ya que lo más duro es que ellas nos son necesarias y que no sabríamos vivir sin ellas.

En efecto en tanto tenga que vivir la existencia de un ser nacido de la naturaleza, esta existencia y sus características, le son necesarias. De ahí el consejo: no tenga odio para el camino de la vida que atraviesa la naturaleza de la muerte y no intente tampoco escapar.

Pero entonces, ¿qué hacer?

Pues bien cuando usted no ame ni odie la bondad y la belleza humanas y no intente tampoco huir de ellas, usted se desata de la naturaleza dialéctica. Nada le une a ella, nada puede retenerle. Usted hace su trabajo cada día sin murmurar, sin suspirar, sin odio y sin resistencia.

Usted atraviesa la vida tenebrosa de la naturaleza de la muerte, en virtud de una ley que le empuja. Imposible negar su nacimiento en la naturaleza de la muerte. Haga pues su deber, porque debe hacer lo que debe y hágalo con la cabeza alta. Sin odio, sin escapismo, sin amor. Y si usted encuentra en su camino, un buscador de verdad guíñele el ojo en actitud de comprensión.

¿Qué dirección sigue el buscador de verdad?

El buscador de verdad, vuelve al fondo de las cosas a la base de todo devenir. El buscador de verdad vuelve al solo Bien. El bien solo se encuentra en Dios. Y quien encuentra a Dios, quien tiene parte en el Bien no es, desde ese instante, de este mundo.

Si ha encontrado a Dios, está usted junto con los hermanos y hermanas en el nuevo campo de vida, en el mundo del alma.

Cuidado no obstante: el hombre puede tener parte en el Bien, pero dice Hermes «no puede ser el Bien». El bien permanecerá siempre diferente del hombre. En ese sentido, nadie es bueno, ni tan sólo uno. Por ello debemos examinar aún que es el Bien, lo que es el Bien y en que medida el hombre puede tomar parte. Es preciso saber claramente que clase de ser viviente es en efecto el hombre nacido de la naturaleza.

Entre el hombre nacido de la naturaleza y el Bien se encuentra el camino, el camino que lleva a la participación en el Bien. Quien quiere recorrerlo debe empezar por desatarse de los sentidos de los cuales acabamos de hablar.

Si a la naturaleza que le ha hecho nacer y crecer no está atado ya por el amor y el odio, solamente entonces podrá su alma hacer el viaje de Belén al Gólgota. Usted recorrerá el camino hasta la unidad divina, hasta el único bien.

Situémonos desde entonces en tanto que viajeros llenos de aspiración ante el misterio del Bien e intentemos desvelar ese misterio.

 

CAPÍTULO III:  EL CAMINO DE LA RENDICIÓN DEL YO

 

El Bien solo está en Dios; mejor dicho: Dios es de toda eternidad el Bien. En consecuencia el Bien es necesariamente la base y la esencia de todo movimiento y de todo devenir: nada existe que esté desprovisto de Él.

El Bien está envuelto en una fuerza estática de manifestación en perfecto equilibrio: la plenitud total, la fuente universal, el origen de todas las cosas.

No obstante esta propiedad, no pertenece a otro ser más que a Dios. Ya que no hay nada que le falte, de forma que ningún deseo de posesión puede moverlo; no hay nada que él pudiera perder y cuya pérdida pueda obligarle (ya que sufrimiento y dolor forman parte del mal); no hay nada más fuerte que Él y que pueda luchar contra Él (porque todo está conforme a su esencia y nada puede hacerle injuria); nada le sobrepasa en bondad y no puede inflamarle de amor los sentidos; nada puede rechazar obedecerle y así incitar su furia; nadie es más sabio que Él y que pueda despertar su envidia.

Examinemos de más cerca esas palabras del décimo libro de Hermes.

Aparece la noción de que el dios de la filosofía hermética procede de la certeza de la divinidad única, autónoma inmutable. Al mismo tiempo ella nos muestra como las doctrinas herméticas, a despecho de las deformaciones que han podido sufrir,  han penetrado casi todos los grupos importantes del mundo.

Imagine, a ser posible, los siete dominios cósmicos que no se encuentran el uno sobre el otro, ni el otro al lado del otro, sino que hay que verlos como concéntricos. Pues bien, este conjunto de la creación, la plenitud de la creación de los siete dominios cósmicos, su movimiento y su actividad no es la divinidad pero encuentran en la divinidad su fundamento y su esencia. Dios, el desconocido el Bien, está envuelto de una fuerza estática de manifestación que es la fuente universal, el origen de todas las cosas.

A este Bien que es absoluto, eterno y que está en todo y le basta a todo, exclusivamente propio de Dios, nada le falta. Él es todo.

Sin embargo de esta esencia única, desconocida, emana una radiación poderosa que lo llena todo. Esa poderosa radiación de la divinidad única, que llena el todo, es pues omnipresente ella ha creado el universo y lo mantiene. Por una parte está Dios, el solo Bien y por otra parte, la creación y la criatura en toda su infinita complejidad.

Si usted puede concebir esto, verlo como un punto de partida de comportamiento, penetrar el sentido se preguntará porqué esas cosas son explicadas a Asclepios.

¿Por qué Hermes las destina a Asclepios?

¿Tal vez a título de lección dogmática?

No, Asclepios debe volverse un curador, es decir un hombre sacerdotal, es evidente que debe en principio curarse a sí mismo. Asclepios debe en tanto que criatura elevarse y llegar finalmente al objetivo más alto: al objetivo que sólo se encuentra en el solo Bien.

Pero por el momento Asclepios se ve situado ante esta infinita complejidad de la creación y de las criaturas. Hay en efecto millares de criaturas que son, en el sentido más estricto, nuestros semejantes.

Y en medio de todos esos compañeros de raza y de destino hay muchos que se distinguen los unos de los otros. Piense simplemente en esas numerosas autoridades en el mundo que dicen: decimos esto, escuchemos. Hacemos esto, sabemos aquello, podemos esto. Anden por aquí ese camino, es el que usted debe seguir.

Hubo antaño períodos en el que las autoridades ejercieron una coacción bajo amenaza de vida o muerte. Los hermanos y hermanas de la Triple Alianza de la Luz, Grial, Cátaros y Rosacruces, saben bastante de esto.

En nuestra época también existen desarrollos que ejercen una coacción moral, tanto en grande como en pequeño. Sobre numerosos aspectos por toda clase de motivos, la coacción moral se hace nuevamente sentir.

Existe por ejemplo la tiranía familiar y en numerosos países la tiranía de grupo. Muchos entre ustedes saben algo de ello. Pensamos también a este respecto en los habitantes de la esfera reflectora y en las corrientes de vida de los habitantes de la esfera etérica; en los habitantes de los demás cuerpos celestes, en los eones y arcontes de los eones.

Entre todos los seres los hay que se han desarrollado poderosamente como criaturas y en los que se dice o se desdice el nombre de Dios. Existen también las hordas de responsables del gran juego. En pocas palabras miríadas de criaturas, así pues miríadas de posibilidades de traición, impostura y coacción. Y todas le dicen: somos nosotros quienes poseemos el Bien.

Vea ahora a Asclepios, al buscador en el océano de la vida, criatura entre sus semejantes. Está como en un naufragio envuelto en todos los sentidos por las olas.

Es usted también como la mayor parte de los verdaderos buscadores. ¡Cuántas cosas no habrá intentado descubrir! ¡Qué libros no habrá todavía devorado! ¿Y no ha llegado usted a la Escuela Espiritual como por azar, como en un concurso de circunstancias, las cuales no controlaba? ¿Qué debe hacer Asclepios en el ardor de su búsqueda? ¿Qué puede hacer, adónde ir, qué hacemos de él, dónde le conducen las corrientes de la vida? Millares de voces le gritan: el Bien está aquí ¿Qué ocurrirá de él? Ya que en el universo de la creación, el mal aparece bajo múltiples aspectos. Así con razón, el texto del décimo libro de Hermes, señala que lo está considerado aquí en el mundo dialéctico como bueno, es a lo sumo un mal menor.

¿Quién podría, en todas las formas irreales, en todas las obscuridades que se ofrecen, reconocer realmente la verdad? ¿Quién es capaz de percibir esta puesta en escena, toda esta ilusión, toda esa falsedad como llegar al fin en el infinito caos?, ¿quién podría permanecer en mitad de esos peligros desencadenados? ¿es posible? ¡Sí, es posible! A este respecto, he ahí el contenido del décimo libro de Hermes dirigido al hombre que quiere volverse, que quiere ser un Asclepios. El hecho de que el único Bien es autónomo; el hecho de que el Único Bien y su poderosa radiación está completamente separado de todo lo creado; el hecho de que en el Único Bien mismo no se encuentra nada que pertenezca a la naturaleza ilusoria de la creación; que el solo Bien es Único de una pureza absoluta eterna y que no obstante la divinidad irradia su poderosa luz a través de toda esta creación, todo este caos y que no se encuentra ningún lugar donde ella no esté presente, este hecho y sólo este hecho pone al buscador, a Asclepios, en estado de permanecer siendo el mismo y de encontrar su camino en el laberinto.

Y ya hemos transmitido el camino a seguir. Si desea usted ser sacerdote, sacerdotisa de la Gnosis, si desean hacerse Asclepios curadores de la humanidad, no estén atados a nada, ni por amor ni por odio. Sean puramente objetivos vigilantes al extremo, pero sin atacarse, sin atarse, no escuchen ninguna voz, ninguna impulsión, ninguna sugestión. No acepte nuestras palabras como verdaderas a priori. Permanezca vigilante objetivo, hasta que descubra interiormente algo de la verdad.

Lo repetimos: No escuche ninguna voz, no acepte ninguna coacción ejercida por sus órganos sensoriales del momento. Permanezca simplemente sin representación interior de sí mismo tal como una criatura autónoma en la manifestación universal. Pero permanezca extremadamente vigilante ya que si intenta estar sin ataduras, el conjunto de los Eones y de los Arcontes se precipitará sobre usted. Muchos dioses y numerosas entidades de una fuerza muy poderosa se interesarán en usted.

Únicamente de esta manera, la escuela actual de la Rosacruz de Oro, ha nacido y ha devenido tal como es: Permaneciendo sin ataduras. Quienes han empezado el trabajo de la joven Escuela Espiritual Gnóstica se han mantenido, desde el principio, firmes a este punto de vista permaneciendo siempre extremadamente correctos.

En este mundo nada es bueno. Nadie es bueno, ni tan sólo uno. Por ello permanecemos sin ataduras. La radiación de la divinidad, la poderosa divinidad que lo llena todo, sólo puede tocarnos en esta objetividad, en esta desatadura. Tan sólo así la plenitud de su radiación puede transmitirnos el mensaje del Todo en su pureza.

Pues bien, desde que se fundó la Escuela todo el reino de los eones y de los arcontes se ha precipitado sobre nosotros mentalmente, etéricamente en palabras y por escrito. ¡Qué no se habrá dicho de la Escuela y de sus trabajadores! ¡De qué no habremos estado acusados en el transcurso de los años!

Alabado sea Dios, hemos podido permanecer hasta el presente sin ataduras.

Por ello, con ese ejemplo bajo la mirada, no tengan ninguna angustia. Es por eso que todo le es enviado. Manténgase firme quien quiera que sea en ese momento, usted es, en potencia, una Pistis Sofía. Ya que, y éste es el Misterio, las radiaciones omnipresentes del Único Bien que lo penetra todo, existen. Y puede usted entrar en unión con ellas. Y entre esas radiaciones y el único Bien y usted mismo, no existe nada. Ninguna creación, ninguna criatura, ningún teólogo, ningún guía espiritual de una Escuela Espiritual.

Ante ustedes, criaturas autónomas, existe únicamente aquello. Vivir de las radiaciones del único Bien es posible. Y frente a la apariencia universal del mundo de las criaturas, frente a lo creado puede, en la Fuerza del único Bien, ser poderoso y libre, totalmente libre, y recorrer el camino hasta el fin.

Tal vez piense: usted mismo ha dicho que no hay que unirse a nada, ¿cómo entonces unirse a las radiaciones del Espíritu Séptuple, no existiría ahí un error?

Pues bien, sí, amigo, usted no debe unirse a nada en tanto que exista aún en el simple estado del nacimiento según la naturaleza. Si usted se une será siempre víctima. Si usted dice por ejemplo: tengo esto, yo soy esto, yo puedo esto, entonces está usted, día tras día (piense en el evangelio gnóstico de la Pistis Sofía) engañado por Authades, la fuerza de la cabeza de león.

Se trata aquí de fuerzas y personajes que imitan el principio crístico. Cuando un teólogo habla con unción de Jesús el Señor y de Cristo, no es otra cosa que un servidor de la fuerza con cabeza de león. No obstante, si usted entra en el no ser, abriéndose, vigilando el no atarse, será tocado por la radiación universal del único Bien y, en un momento dado, será unido a ella.

Así pues, no debe estar unido a nada, en tanto que usted esté, simplemente, en el estado de nacimiento según la naturaleza. Sino siempre será víctima. Y perecerá en el mar académico, como dice Joan Valentín Andreae. No alcanzará jamás la isla de Cafar Salama, el país de la paz. Por ello hay, en el proceso del aprendizaje gnóstico,  una preparación hacia la unidad con el único Bien que consiste en entregarse en completa autonomía a la rosa del corazón. Cuando usted se entrega a la rosa del corazón con todas las consecuencias y exigencias que ello implica, usted da entrega efectivamente a usted mismo autónomo, a usted mismo por excelencia. Esto significa que primero subordina la sede del yo, el santuario de la cabeza del ser nacido de la naturaleza, al santuario del corazón con el fin de despertar a la vida su alma, su alma inmortal.

Someter la cabeza al corazón es lo que llamamos en la Escuela Espiritual actual, la rendición del yo. Y una vez que el alma ha venido a la vida, es el corazón el que se entrega a la cabeza. Ya que cuando el corazón se abre a la Luz de la Gnosis y está totalmente llenado por esta Fuerza de Luz, es preciso, acto seguido, poder celebrar la entrada en el santuario de la cabeza de esta Fuerza pasada por el corazón, con el fin de despejarlo de todo lo indeseable. Cuando el ser autónomo controla la inteligencia y la percepción sensorial, la plenitud radiante del Espíritu se manifiesta en el santuario de la cabeza. La intención es pues por la rendición del yo (que sólo puede realizarse estando sin ataduras) abrir el santuario de la cabeza a Poimandres para la plenitud radiante del único Bien.

Así es como, por el camino de Belén al Gólgota, el Espíritu toma su sitio en el trono del ser autónomo. Entonces ha alcanzado usted su objetivo, ha atravesado el océano del desviamiento y ha abordado la otra orilla.

Una nueva pregunta puede, sin embargo, surgir de carácter práctico: cuándo conscientemente no tengo ni odio ni amor y entro en ese estado de negación ¿acaso no corro el riesgo de pasar al lado de los verdaderos Hijos de Dios sin verlos? Muchos han recorrido el camino que lleva al Bien universal o están llevándolo a cabo. Si embargo no se puede pasar ignorando a los otros y considerándose como mejores.

Sí, es innegable, alabado sea Dios, que este mundo está poblado por numerosos hijos de Dios. Es imposible no reconocerlos. Si usted ha renacido según el alma, si este proceso está ya activo en su ser, su corazón y su cabeza, usted no puede cometer ningún error sobre este punto. En el momento en que en usted el alma ha nacido, se funde en unidad total con toda otra alma de ese mismo nivel y esté donde esté, en este mundo, usted reconocerá en todas las circunstancias a sus hermanos y hermanas. Una comunidad de almas no tiene necesidad de ser formada. Ella es, ¡tan sólo tiene que entrar haciendo florecer la rosa!

A veces en la Escuela algunos nos escriben: nos es muy difícil vivir en unidad de grupo, entrar en la unidad de grupo tal como la Escuela la comprende. Una exclamación de ese género es absurda y quien la hace da a entender que su alma no ha nacido aún. Si su alma hubiera nacido, si hay una pequeña chispa del nuevo estado de alma en usted, la unidad ya no es un problema. Incluso no puede usted impedirse entrar en el grupo. Existencialmente el alma es absolutamente una con todas las otras almas. Tal es el esplendor de la gran comunidad de almas.

En el momento que en la Joven Gnosis, la fuerza de almas nuevas, ha sido suficientemente grande, inmediatamente se ha establecido una unión con la gran comunidad de almas de la cadena gnóstica universal. No la hemos buscado, no la hemos pedido, no nos hemos escrito con ese propósito: ¡nos hemos encontrado los unos a los otros! y muchos hermanos y hermanas han dado testimonio. Una comunidad de almas no tiene necesidad de ser formada, ella Es. Por ello, ande usted el camino.

En cuanto al resto, piense usted en las advertencias conocidas de la Lengua Sagrada: sé fiel y no te fíes de nadie. No tengas fe en todo espíritu, sino pon a prueba los espíritus para saber si vienen de Dios, dice Juan. Esos son dos consejos herméticos. Si usted se atreve a seguirlos ningún mal le alcanzará. Sino, el dolor y el sufrimiento vendrán y moraran en usted, ya que el dolor y el sufrimiento forman parte del mal.

 

CAPÍTUILO IV:  EL ÚNICO CANUNO DE LIBERACIÓN

 

Si usted se pone a aplicar el método autónomo secretamente depositado en la Gnosis, el método del cual le hemos hablado y que podemos llamar autónomo porque debe aplicarse sin ayuda ni control de ninguna autoridad, única condición de su logro, el método que consiste en permanecer sin ataduras y que conlleva el renacimiento gnóstico del alma, se encontrará usted en el camino de la vida, traspasando los campos de la naturaleza de la muerte, sin dolor ni sufrimiento. Ya que dice Hermes: sufrimiento y dolor forman parte del mal. Y tan sólo por la aplicación de este único método de liberación, usted tendrá parte en las radiaciones del único Bien.

Distinguimos siete aspectos en esta plenitud de radiación; por ello hablamos del Espíritu Santo Séptuple. Este Espíritu Séptuple nos transmite, experimentalmente, la gloria del único Bien. Ningún dolor, ningún sufrimiento en su radiación. Dolor y sufrimiento son resultados, siempre, de la agitación de las criaturas que no conociendo el camino de liberación se explotan mutuamente y se aprovechan los unos de los otros, día tras día, en razón de las leyes de la naturaleza de la muerte.

Los fundadores de la filosofía hermética han podido establecer las propiedades del único Bien, siguiendo la naturaleza del Espíritu Séptuple. Si es usted positivamente tocado por los rayos del Espíritu Séptuple, haría usted la misma experiencia que Hermes Trismegistos. Por ello éste lleva así el testimonio del único Bien:

No hay nada más fuerte que Él y que pueda luchar contra Él (nada es conforme a su esencia y que sea posible hacerle injuria); nada le sobrepasa en belleza y no puede pues inflamarle de amor los sentidos, nada puede rechazar obedecerle y así excitar su furia; no hay nada que sea más sabio que Él y que pueda despertar su envidia, ninguno de los movimientos emocionales se encuentran en el ser universal y por tanto no hay nada en Él más que el Bien. Y lo mismo, que ninguna otra propiedad se encuentra en tal ser, de igual manera el Bien no se encuentra en ninguna otra persona.

Como consecuencia, tan sólo existe una salida para el buscador, para el hombre que implora el socorro: realizar, de la forma indicada, la unión con el único Bien. Todas las demás vías, están fundamental y absolutamente excluidas para los que buscan la liberación; compréndalo bien: es usted libre de hacer lo que usted desea. Miles de voces le dicen: venga con nosotros, siga nuestro camino. Pero aunque usted tuviese el tiempo para recorrer todos esos caminos, terminaría por descubrir que tan sólo hay una salida: la unión con el Único Bien. Por ello, la orientación de la que partimos desde hace años, es muy simple en la Escuela Espiritual Gnóstica:

–           Estar sin ataduras.

–           Ofrecerse a sí mismo a la rosa del corazón,

–           Renacer según el alma y por ella.

El cuerpo Vivo de la Joven Gnosis tiene la forma de un arca bien construida. En el arca clásica de la que nos habla el Antiguo Testamento, y sobre la cual los misterios egipcios nos aclaran también que se encontraban todos los valores y las fuerzas reales del espíritu, del alma y de la materia. Estaban bien protegidos y guardados. No obstante, puesto que, en tanto que alumno, forma parte del Cuerpo Vivo de la Gnosis y conoce el objetivo hacia el cual nuestra arca debe dirigirse en nuestra época, comprende por qué la Gnosis actual se mantiene absolutamente apartada, sí, debe mantenerse absolutamente apartada de todo lo que existe en el campo de creación ordinario. Si ella adoptara la posición opuesta, actuaría en contradicción con el principio del «no atarse».

Sólo hay un camino de liberación: la unión con el Único Bien. Todo otro camino, por muy bello que sea, tiene una salida negativa.

A menudo se ha reprochado a la Escuela de querer guardar su libertad respecto a todo lo que existe. Sin cesar, se la ha calumniado con palabras, pensamientos y acusado de sectarismo. Ese separatismo de la Escuela se aplica, solamente, en lo que concierne a los hombres y los grupos que buscan su salvación en el campo mismo de la creación dialéctica y utilizan el nombre del único Bien como tapadera.

La noción de separatismo no puede dirigirse a lo Absoluto, eso sería imposible. Efectivamente, quien va por el camino hacia el único Bien, entra en el renacimiento del alma y el resultado es, siempre, la celebración de la unidad con todas las demás almas. Y si hay en el mundo grupos de hombres llenos de aspiración que recorren igualmente el único camino de la liberación, se reencuentran, inevitablemente, en el momento requerido. Entonces el más débil se une, de todo corazón, al más fuerte con la certeza de que no será explotado.

En el transcurso de los años, los hechos han probado que la Escuela Espiritual actual ha seguido constantemente ese camino hermético. Y lo que era muy pequeño para empezar, se está volviendo grande. No lo constatamos con orgullo. Tan sólo lo señalamos, únicamente porque la marcha evolutiva de la escuela prueba la verdad del camino hermético. Quien busca el único Bien permaneciendo sin ataduras, triunfará siempre. Esperamos que lo comprenda claramente: tan sólo en el único Bien está la fuerza. Así pues, cuando solo, errante en los campos terrestres, consigue usted establecer la unión con el único Bien, es usted más fuerte que el que toma una ciudad. Quien busca el único Bien en la «no atadura» triunfará siempre.

Y así es como constatamos nuevamente conforme al texto del décimo Libro: «al igual que el mal no existe en el ser divino, el bien no se encuentra en ningún otro ser».

Ya que todas las demás propiedades se encuentran en todos los seres, pequeños o grandes, en cada uno de una forma particular e incluso en el mundo el más grande, el más poderoso de toda la vida manifestada: sin embargo todo lo que es creado está lleno de sufrimiento, puesto que la generación misma es un sufrimiento.

Eso quiere decir en particular, que ninguna criatura nacida de la voluntad del hombre, salida del proceso de procreación, posee el único Bien, sino que tiene solamente todas las demás propiedades. La vida puramente animal no tiene parte en el único Bien. Sólo el alma tiene el poder; el alma no proviene de la vida animal. Cuando un niño nace no es seguro que poseerá un alma. Lo que la filosofía de la Escuela Espiritual actual llama el alma, renacimiento del alma, es el despertar de algo que existe ya. Así, tal nacimiento no puede transmitiese a otros por la procreación.

Usted tampoco puede forzar a su hijo a vivir del alma. Tan sólo puede ejercer una buena influencia sobre sus hijos con su ejemplo personal. La Fuerza necesaria para el despertar del alma no puede pues, Ella tampoco, provenir de la naturaleza de la muerte.

El instinto de procreación es una fuerza de naturaleza astral, un fuego que se trasmite al corazón. Es la razón por la que se habla de pasión. No se trata de un tipo de perversión. No, la ley quiere, que todo nacimiento en la naturaleza de la muerte, sea el resultado de una pasión de concentraciones astrales en el santuario del corazón. Por ello Hermes dice en el versículo 4 del décimo Libro:

Ahí donde está el sufrimiento (Patos) el Bien está incontestablemente ausente. Ahí donde está el Bien no existe ningún sufrimiento. Ya que ahí donde está el día no hay noche y donde está la noche no hay día. Por ello el Bien, no reside en lo creado sino, solamente en lo increado.

Evitemos todo malentendido: es imposible que el Bien resida en lo que ha sido engendrado. Tan sólo reside en el estado de nacimiento Único.

Esto puede ser, tal vez, difícil de comprender y, tal vez, más difícil aún aceptar. Hermes y Asclepios, todos los grandes, todos los que están llenos de aspiración en la Rosacruz, ¿no han nacido de un movimiento de pasión, por otro lado, ningún microcosmo puede ser revivificado en ese campo de existencia, cómo puede Hermes elevarse contra esto?

 

Hermes no se subleva, tan sólo hace una simple constatación. Expone su punto de vista:

«Pero la materia de todas las cosas, siendo una parte de lo increado, es también, como tal una parte del Bien.

En ese sentido el mundo es bueno: en tanto que él produce todas las cosas, como tal, él es bueno. Pero bajo todos los demás aspectos no es bueno: porque él también está sujeto al sufrimiento que es cambiante y que es madre de criaturas sometidas al sufrimiento”.

Hermes quiere decir: existe un plan para que la humanidad caída continúe manifestándose en el campo astral de la naturaleza de la muerte. Acompañando este plan y, en ese plan, hay diferentes reinos anexos; es suficiente con pensar en los reinos vegetal, mineral y animal tan íntimamente unidos al reino humano.

El principio y las bases del plan destinado a dar a los microcosmos caídos la posibilidad de una nueva manifestación y por ello una nueva oportunidad de liberación, son -por naturaleza, absolutamente buenos. Efectivamente, provienen de un plan de salvación del mundo y de la humanidad. Pero la marcha del plan, su puesta a punto, debe ser asegurada por la criatura nacida de la naturaleza. Y su mantenimiento, la colaboración de los diferentes reinos que contribuyen y los primeros resultados, nada tienen que ver con el mundo corriente.

Vea las cosas así. Cuando un niño nace y se encuentra en la entrada del camino de la vida existen en él, diversas posibilidades de liberación. Son buenas bajo ciertos aspectos pero, nada tienen que ver aún con el Bien Absoluto, con el único Bien. Que el hombre fuera bueno como lo pensaban antaño algunos miles de idealistas es una ilusión, un sueño que Hermes destruye inmediatamente cuando dice:

En cuanto al hombre, llega a normas de bondad por comparación con el mal. Ya que lo que no es demasiado mal aquí abajo, es válido como bueno, y lo que es juzgado bueno, es un mal menor.

Es pues imposible que el bien de aquí abajo no esté unido al mal.

El bien de aquí abajo, está siempre tocado por el mal y por tanto, deja de ser el bien. Así es como el bien degenera en mal.

Supóngase que en un momento dado usted hace una gentileza, una buena acción. ¿Quién sabe si la hará aún una hora más tarde?

Supóngase que en un momento dado, en el Templo, toma la resolución de andar el camino. Esto es una buena resolución. ¿Pero está usted seguro que una hora más tarde no será olvidada, aun procediendo del único Bien? Su buena resolución está unida a las fuerzas contrarias y puede, más tarde o mañana, cambiarse al mal. Es posible que piense entonces: en el Templo de Renova estaba más o menos en un estado de exaltación y, sin embargo, es necesario que tenga en cuenta las realidades concretas de la existencia dialéctica.

Bien, dice Hermes, todo nuestro supuesto está sometido al cambio. Y si su buena resolución no está directamente utilizada al servicio del alma, se cambia inmediatamente en su contrario. Ya que en la naturaleza si usted evoca un bien, también evoca siempre su contrario.

Es por ello que usted tiene tantas dificultades. A cada instante está lleno de buenas intenciones, pero inmediatamente después se encuentra usted, por decirlo así, en posiciones contrarias.

El bien de aquí abajo está siempre tocado por el mal y cesa, por tanto, de ser el Bien como señala lacónicamente Hermes.

Y el versículo seis, puramente hermético, concluye: «en los hombres, Asclepios, el Bien sólo existe de nombre y, en ningún momento, en tanto que realidad: lo que es además imposible. Ya que el Bien no tiene lugar en un cuerpo material cogido por todos lados por los tormentos, las tensiones insoportables, los dolores y los deseos, los instintos, los errores y otras percepciones de los sentidos».

Existe pues una línea de separación tan afilada como el filo de un cuchillo. Hay en usted y en nosotros una débil y única posibilidad que podemos, en el mejor de los casos, llamar la mínima parte del mal. Esta débil posibilidad, esta fuerza, se ha vuelto, según envejecemos, cada vez más pequeña, cada vez más débil. Este mínimo mal, esta posibilidad fugitiva, es preciso, en tanto que la posea aún, emplearla en la rendición de usted mismo, a fin de poder despertar al alma, que otra vida aparezca y escapar al abismo de la muerte. Si usted no elige esta suerte, toda su personalidad, aunque usted haga por impedirlo, se asociará cada vez más a una de las prestaciones del mal. Toda su vida estará siempre con tensiones insoportables, tormentos, dolores y deseos bajo miles de formas; y cogido a la trampa de las pasiones, de las ilusiones, de las percepciones sensoriales, tendrá usted toda clase de miserias.

¿En cuántas trampas no ha caído ya, cuántos, dolores y sufrimientos no han formado parte de su vida? Emplee su posibilidad en tanto que la posee aún. Sino el fin de la canción será este: «no podrá comprender ya nada de la única idea liberadora que Hermes trasmite a Asclepios”.

¿Quién dirá cuándo la última pequeña parte de chispa de posibilidad de un acto vivo liberador se apaga en un hombre?

¡Por ello, no pierda el tiempo!

 

CAPÍTULOV:  EL ILUSORIO BIEN DEL MAL

 

La continuación del décimo Libro de Hermes, pone a la luz, un punto muy difícil, de la más alta significación para nosotros. Hermes dice en los versículos 7 a 10:

Pero lo peor Asclepios, es, que lo que empuja a los hombres hacia todas las cosas que he citado es considerado, aquí abajo, como un gran bien y no como un mal extremo. El deseo instintivo del vientre, causa de todas las malas acciones, he aquí el error que, aquí abajo, nos mantiene alejados del Bien.

Por ello doy gracias a Dios de lo que Él ha revelado a mi conciencia sobre el conocimiento del Bien, que es imposible de encontrarlo en el mundo. Ya que el mundo está lleno de la plenitud del mal, como Dios, de la plenitud del Bien, o el Bien de la plenitud de Dios

Alrededor de la esencia divina irradia la belleza, en verdad vive el Ser de Dios en pureza suprema e inmaculada. Osemos decirlo Asclepios, el Ser de Dios, si es permitido hablar de ello, es lo Bello y el Bien.

Lo Bello y el Bien no se encuentran en los que están en el mundo.

Todas las cosas perceptibles al ojo son apariencias, semejantes a sombras. Pero todo lo que es capaz a los sentidos comprende mejor la esencia de lo Bello y del Bien.

Ni el ojo al igual que no puede ver no tiene poder de ver a Dios, no ve tampoco lo Bello y lo Bueno. Lo Bello y lo Bueno son de toda percepción, una parte de Dios, de Él y tan sólo de Él, inseparables de su esencia y la expresión del más alto Amor de Dios y para Dios.

Es necesario situar todas esas palabras en el presente vivo. Estamos, sin ninguna duda de acuerdo: el Bien no se encuentra en el mundo y la vida tan sólo es pena y lágrima; sufrimientos y dolores son el lote de los hombres. No obstante, hay también optimistas al lado de pesimistas, personas alegres al lado de personas tristes.

Hay, los que aceptan la vida como ella se presenta. Los hay que luchan hasta la desesperación. Conocemos tormentos y resignaciones. Pero casi siempre, en el fondo de ellos mismos, el bien que buscan o creen haber encontrado, es, a fin de cuentas, una sombra, una quimera. Y si no lo saben tienen de vez en cuando, un sentimiento de duda y frecuentemente una decepción. Ya que bien en un momento dado, no les parece tan bien sino, solamente una parte, más o menos grande, del mal. Usted comprenderá que excluimos aquí las entidades calificadas de chispas de vida que aún no tienen conciencia de todo esto.

Animales en medio de los animales, no conocen ni poseen vida interior.

Pero usted sí, alumno de la Joven Gnosis, obsérvese a sí mismo. Como tal, grandes posibilidades están a su disposición porque usted participa en el Cuerpo Vivo de la Escuela. Pero le preguntamos: ¿es usted realmente feliz ahora, es usted en potencia una Pistis Sofía? ¿Está usted desatado del sufrimiento y de la pena, está liberado del dolor y del sufrimiento, el dolor se ha retirado de usted, no está ya sometido a los cambios de humor, está usted, de la mañana a la noche totalmente, en la alegría de los Hijos de Dios?

¿Su camino no es, sobre todo en nuestra época, un camino muy penoso, no está usted lleno de problemas en mil y un tormentos? ¿Por qué?

¿No se ha dado cuenta de que, muchas personas se quejan de su salud incluso entre los alumnos de la Escuela? Muchos tienen mala cara, se quejan sobre todo de cansancio. Se tiene la impresión de que sus dificultades provienen de una gran sobrecarga sin períodos suficientes de reposo. Tal vez, el alimento no es el ideal tampoco para muchos alumnos.

Sí, es un síntoma de nuestra época. Los alumnos no se distinguen de la masa sobre este punto. Lejos, muy lejos de la Escuela, sobre toda Europa y más allá, se constata en general esa depresión. La situación en que nos encontramos en el presente, ha estado prevista en la Escuela Espiritual actual desde hace años. La advertencia ha sido dada, más de una vez, a los alumnos.

¿Por qué semejante advertencia? ¿Qué puede hacerse contra esta situación, en tanto que seres nacidos de la naturaleza no estamos todos, en efecto, amenazados por los mismos peligros?

No, la advertencia le fue dada en diferentes ocasiones porque usted puede poner remedio. Pero una de las dificultades de nuestra época es, que se escucha y comprende mal. Y además se olvida muy deprisa. Todo lo que le decimos hoy, tal vez mañana, esté completamente olvidado. No por mala voluntad o estupidez sino porque rechaza lo que se le dice.

La atmósfera en que vivimos ha cambiado. El gran juego actúa. Observe lo que ocurre en el mundo respecto al gran juego, conforme al desenmascaramiento.

¡Se da cuenta de la comedia, del gran juego que juega ya con usted!

Un debilitamiento, un envenenamiento general de toda la humanidad ha empezado. Lo hemos anunciado hace ya tiempo por adelantado. ¿Por qué?

Para que usted no se vuelva víctima sino lo desea. Todos esos lamentos expresan, de hecho, que estamos llevados por la gran corriente del declive. Avanzamos, irresistiblemente, hacia la corriente, atrancados, anémicos y presentando diversos síntomas de debilitamiento. Reina la inquietud. A veces, un cierto desaliento. Se pregunta: ¿hacia dónde vamos, qué ocurre, verdaderamente?

El décimo libro de Hermes nos permite dar una respuesta objetiva: ¡el hombre de este mundo no percibe nada! Lo que los ojos ven, dice Hermes, tan sólo son formas aparentes y sombras de la naturaleza inferior.

¿Cómo ocurre? Es a causa del estado del santuario de la cabeza y de nuestros poderes sensoriales. El santuario de la cabeza del hombre nacido de la naturaleza, está totalmente unido a la naturaleza de la muerte. Sus poderes sensoriales, bien sean groseros o refinados, están unidos a la dialéctica, a la naturaleza ordinaria. En esas condiciones la conciencia es perfectamente no apta para percibir el único Bien que es, por lo menos, el estado existencial del alma vida. Lo que escapa a la vista se acerca mejor a la esencia del Bien; lo que es más extraordinario, lo que es absolutamente maravilloso, escapa completamente a los centros de conciencia y a los órganos sensoriales del santuario de la cabeza. No pensamos aquí en la clarividencia, la vista etérica o en los poderes de este género: ellos nos dan tan sólo una visión más nítida de nuestro penoso estado. La suciedad y miseria de la naturaleza material son aún más visibles en la esfera reflectora.

Como lo expresa el décimo libro, el Bien, el único Bien, no se encuentra en este mundo. Pero la radiación del Bien, el Espíritu Séptuple Universal es, sin embargo, omnipresente. Y puede usted tener parte en esa radiación. Es aquí donde hay la posibilidad de escaparse. Sin embargo, el saber no es suficiente; eso significa, simplemente, que usted lo comprende intelectualmente. Tanto tiempo como este saber permanezca como una comprensión intelectual sin más, no le llevará a nada.

Para la mayor parte de los alumnos de la Escuela Espiritual la situación es la siguiente:

Primero, usted toma conocimiento del camino;

Segundo, el camino le interesa y su corazón se dirige hacia él;

Tercero, en consecuencia, es usted admitido en el Cuerpo Viviente Gnóstico;

Cuarto, usted sufre, así, la influencia intensa del Cuerpo Vivo;

Y así se encuentra:

Cinco, por una parte totalmente en la naturaleza de la muerte y sus influencias y por otra parte, recibe las radiaciones de la Escuela Espiritual;

Sexto, la atmósfera del mundo se vuelve cada vez más desastrosa pero, al mismo tiempo, la influencia de la Gnosis que se manifiesta en usted y a usted en el Cuerpo Vivo, se vuelve cada vez más intensa.

Así usted lleva:

Séptimo una doble carga.

Por decirlo de alguna manera, está usted roto: por una parte, existe la naturaleza de la muerte y, por la otra, las influencias del Cuerpo Vivo. Así usted lleva una doble carga. Usted se ve partido en dos y esto nadie lo puede soportar.

A menos que, teniendo en cuenta todas las consecuencias, no recorra usted el camino que también conoce en teoría. Compréndanos. No hacemos ningún reproche. Atraemos solamente su atención sobre un estado de hecho, más o menos existente. Usted ama la Escuela de todo corazón. Realiza el trabajo con amor. Su entrega es magnífica. ¿Pero qué hace falta aún?

Empezar lo más rápidamente posible, sin esperar, a vivir el camino. Lo que hace falta es, que se lance de corazón hacia el aprendizaje efectivo. Vivir el camino. Realizar directamente, positivamente, el aprendizaje. Ahora bien amigo, en una Escuela oculta se puede decir: hoy hago mis ejercicios pero sin forzarme demasiado por una vez. Tengo poco tiempo y no me siento muy animado. Y esto, en realidad, no es tan así. ¡Pero no puede usted permitirse esto en una Escuela Espiritual Gnóstica! En realidad se trata de ser o no ser, sobre todo en nuestra época; de aplicar absoluta e inmediatamente todas las exigencias que la Escuela le transmite tan abundantemente, sin malgastar ni una sola hora.

Una pregunta: ¿está usted en el aprendizaje efectivo y directo de la mañana a la noche, de hora en hora? Respóndase usted mismo. No conserva demasiado tiempo el estado séptuple que venimos señalando. Diferentes eventos de su vida privada o exterior, vienen inmediatamente a interponerse.

Sus ojos, por el momento, sólo continúan viendo sombras porque su conciencia es aún tal como su nacimiento, en la naturaleza, en lo creado; porque no conoce el Bien más que en teoría. Incluso el ojo interior, compréndalo, no puede contemplar la magnificencia del Bien. Así lleva usted la carga de la naturaleza y, al mismo tiempo, usted está interiormente desgarrado, en razón de las influencias de la Gnosis que también usted lleva en sí mismo. Una doble carga pues y no hay compensación. Tal vez, una conferencia en uno de nuestros focos le arranca un poco de la rutina y todo es diferente y usted está envuelto en la fuerza del Templo. He ahí, tal vez, su única compensación. Pero para el resto, no hay en su vida, ningún equilibrio, ninguna armonía.

¿No es verdad que numerosos alumnos no han visto aún lo que es el Bien, el único Bien verdadero? En tanto que están unidos a todo el mal en razón, evidentemente, de su nacimiento en la naturaleza. Pero amigo, nadie puede continuar viviendo únicamente de teoría.

En qué medida lo que sigue se puede aplicar a usted, usted lo juzgará por sí mismo ante su tribunal interior: Hermes enseña que los hombres no solamente están unidos a todo el mal sino que aún piensan que este mal es el bien. Por ello, hemos oído un día al profesor De Hartog exclamar: ¡maldita bondad que es la vuestra! palabra que no hemos olvidado jamás.

Hacia todo lo que la naturaleza terrestre de los hombres es arrastrada, es considerado como un gran bien y no como un mal extremo.

Por ello temen que se les quite y luchan con todas sus fuerzas, no solamente para conservarlo sino para aumentarlo.

¿Comprende usted ahora que en una Escuela como la nuestra la verdad se demuestra siempre en cierto momento? ¿Comprende usted también, con la ayuda de esas palabras, que muchos están al borde del abismo? Por ello visto el curso de los eventos y desarrollos mundiales, es el tiempo de intervenir radicalmente en su propio estado de ser.

Hay que intervenir en todo lo que es negativo en usted antes de que ya no sea posible.

El camino lo conoce, el método lo sabe, y desde hace años le es dispensada la Fuerza para realizarlo.

¿Entonces por qué suspirar?

No existe ninguna razón ya que millares de manos se tienden para apartarlo del barrizal. Pero ¿si usted no coge ninguna mano cómo vamos entonces a ayudarle?

 

CAPÍTULO VI:  CANTO DE ARREPENTIMIENTO, CANTO DE LIBERACIÓN

 

Muchos de entre los alumnos habrán sentido, por experiencia, el dolor del desgarramiento interior del que hemos hablado anteriormente. Por un lado existe la dialéctica, el mal y por el otro, la atracción que la Gnosis ejerce en nosotros, en razón de nuestra participación en el Cuerpo Vivo. Todos estamos más o menos agobiados. Por ello es absolutamente preciso encontrar con urgencia una solución. Ahora se plantea una pregunta concreta: ¿esta solución existe?

La Escuela responde: sí, esta solución existe, ella existe en el camino, en la aplicación del método que le es enseñado y presentado otra vez. No ame ni odie nada de lo que pertenece a la naturaleza de la muerte. Permanezca sin ataduras como ya lo hemos dicho. Permanezca en la objetividad respecto a todo lo que se presente. Haga lo que tenga que hacer en la vida, actúe como convenga sin más.

¿Cuál será el resultado?

Las fuerzas astrales de la naturaleza de la muerte, las fuerzas astrales del campo de vida ordinario, se volverán cada vez más débiles en el santuario del corazón.

El santuario del corazón tiene siete cavidades, siete cámaras: cuatro cavidades inferiores y tres principios superiores; la filosofía india habla del loto del corazón de cuatro pétalos y del loto de siete pétalos; en tanto que la Escuela Interior de la Joven Gnosis habla respectivamente del triángulo y del cuadrado de la construcción.

Las cuatro cavidades inferiores forman el cuadrado de la construcción. Por encima de esas cuatro cámaras centellean tres llamas, tres llamas etéricas, los tres principios superiores teniendo, cada uno un radio de acción más o menos extendido. Dirigen y activan los procesos inferiores que deben desarrollarse sobre el cuadrado de la construcción.

Si usted permanece sin ataduras, consecuente y perseverando, usted pone tres de los principios superiores del corazón en la medida de influenciar y estimular fuertemente las cuatro cámaras inferiores y alcanza un estado de vida muy diferente.

Si usted ama algo de la naturaleza de la muerte, usted lo atrae ¿verdad? Si usted odia algo lo rechaza. En esos dos procesos de atracción y repulsión, usted utiliza las corrientes astrales dialécticas. Usted mantiene así vivo el fuego de la muerte, en el aura del corazón. Todo el interés que usted tiene hacia la vida sobre la línea horizontal y todo lo que rechaza, mantiene el estado natural ordinario del Santuario del corazón. Se puede hablar entonces de pasiones: son tempestades de naturaleza astral que agitan el santuario del corazón. Esas corrientes astrales de la existencia ordinaria, juegan un gran papel en su corazón, así pues, en su vida. Comprenda que en una conferencia en uno de nuestros focos el aura del corazón está diferentemente cargada y como consecuencia usted sufre la influencia en el cuerpo y en la conciencia; pero cuando, acto seguido, brutalmente, sin control de sí mismo se une a la vida ordinaria, el nuevo fuego astral que empezaba a brillar es inmediatamente neutralizado y el antiguo estado en toda su fuerza toma sus derechos en su vida.

El resultado es, que toda la conciencia, el Séptuple candelabro del santuario de la cabeza y todo el organismo sensorial permanece atado, como el corazón, a la naturaleza de la muerte. Usted guarda aprisionado todo lo que se encuentra en el santuario de la cabeza.

Las corrientes astrales, de las que usted vive, se transforman en fuerzas etéricas. Todo el organismo sensorial trabaja, arde, funciona, gracias a los éteres que constituyen su combustible. Los éteres son extraídos de las sustancias astrales y por ello usted permanece siendo el hombre nacido de la naturaleza que es, desde el comienzo, si esas materias astrales que rigen su ser provienen de la naturaleza de la muerte. De ahí las palabras de Hermes en el versículo X y XI:

“Y el ojo, al igual que no tiene el poder de ver a Dios, no ve tampoco lo Bello, el Bien. Ellos son, en toda perfección, una parte de Dios, de Él y tan sólo a Él le son propias, inseparables de su esencia, y la expresión del más alto amor de Dios y hacia Dios”.

Si puedes comprender a Dios comprenderás también lo Bello y el Bien en el supremo esplendor de su radiación totalmente iluminados por Dios. Ya que esta Belleza es incomparable, esa Bondad inimitable, como Dios mismo.

En la medida en que comprendas a Dios comprendes también lo Bello y el Bien; no pueden transmitiese a otros seres porque son inseparables de Dios.

Por ello, el hombre que busca verdaderamente una solución, que busca verdaderamente la liberación, debe permanecer, en principio, sin atadura; sin lo cual la obra será vana. Es difícil comprenderlo; hay que vigilar, primero, que cese el furor violento del fuego astral de la naturaleza de la muerte, en tanto que sea posible neutralizándolo. Después, cuando el corazón está liberado, subordinar, ya lo hemos dicho, el santuario de la cabeza al del corazón en total rendición del yo. Entonces la conciencia vuelta objetiva empezará su canto de arrepentimiento, el canto de la liberación.

Cuando la conciencia se gira así, hacia el corazón, en un abandono total, lleno de humildad según la expresión de los místicos, inmediatamente fluye en el corazón una corriente de fuerza de luz que proviene del fuego astral nuevo. Una nueva aura del corazón se forma y usted se vuelve, por así decirlo, más joven. Entra en la nueva juventud, la juventud del alma que acaba de nacer.

Este fuego astral de la Gnosis del mundo de las almas, le penetrará y llenará; le envolverá totalmente como un manto. Acto seguido la conciencia, el santuario de la cabeza con todos sus poderes será también tocado, colmado, transformado y se verá la flor de oro maravillosa por la ventana del alma. Empieza todo un proceso de cambio y un equilibrio se establece en su vida. Dolor, sufrimiento, problemas, permanecen puesto que la naturaleza ordinaria sigue su curso. Pero es como si usted les viese con otros ojos, como si ya no pudieran tener efecto sobre usted. El soplo moral y espiritual ya no le faltan. La armonía entra en su vida.

Así, el hombre recibe una compensación más que suficiente para soportar, con un corazón sereno, todas las aflicciones, para mantenerse de pie en la naturaleza de la muerte en completa armonía.

Hermes llama a este nuevo estado: una vida de acción al servicio de Dios de la mano de la Gnosis. El ser lleno del Espíritu Santo, lleno de Dios. Es la felicidad más alta y noble que el hombre puede captar. En la medida en que esto puede ser reservado a la criatura, el participar en el Único Bien, ser admitido en la radiación del Espíritu Séptuple.

Todos pueden, sin excepción, festejar esta salvación en el presente absoluto, con la condición de realizar las exigencias del camino. Tan sólo entonces será capaz de soportar la vida con toda serenidad. Ya que entonces habrá resuelto, por usted mismo y en usted mismo, el misterio del único Bien.

 

CAPÍTULO VII: ONCEAVO LIBRO

DEL INTELECTO Y LOS SENTIDOS

 

I. Hermes: Ayer, Asclepios, he traído la palabra de la madurez. Y a ese propósito juzgo ahora necesario hablar con detalle de la percepción sensorial. Se piensa, que existe una diferencia entre la percepción sensorial y la actividad del intelecto, que una sería material y la otra espiritual.

II. Pero, a mi parecer, las dos están estrechamente unidas y no se distinguen por lo menos en el hombre: ya que en el animal la percepción sensorial está unida a la naturaleza, en el hombre igualmente lo está el intelecto.

III. Entre el poder de pensar y el intelecto hay la misma relación que entre Dios y la naturaleza divina. Ya que la naturaleza divina está creada por Dios y la actividad del intelecto lo es por el poder del pensamiento asociado a la palabra.

IV. O más bien: la actividad del intelecto y la Palabra son el instrumento el uno del otro: ya que la Palabra no puede anunciarse sin la actividad del intelecto, y la actividad del intelecto no se manifiesta sin la Palabra

V. La percepción sensorial y la actividad del intelecto penetran pues simultáneamente en el hombre como enlazadas la una a la otra. Ya que no hay actividad del intelecto sin percepción sensorial, ni percepción sensorial sin actividad del intelecto.

VI. No obstante puede concebirse una actividad del intelecto sin percepción sensorial directa como las representaciones que tienen lugar en los sueños.

VII. A mi parecer, esas dos actividades cuando están excitadas despiertan la aparición de imágenes del sueño.

VIII. Ya que el cuerpo astral y el cuerpo material interrelacionan a la perfección. Y cuando estas dos partes de la perfección se asocian, el pensamiento evocado por el intelecto, se expresa por la conciencia.

IX. El intelecto engendra todas las imágenes del pensamiento: las buenas cuando recibe las semillas de Dios, las impías cuando provienen de uno de los demonios.

Ya que no hay un lugar en el mundo en donde los demonios no estén, entiendo los demonios privados de la Luz de Dios. Se insinúan en el hombre y siembran las semillas de su propia actividad; el intelecto es fecundado por esta semilla y engendra: astucia, crimen, falta de respeto filial, sacrilegio, impiedad, suicidio por ahorcamiento o tirándose en las rocas u otras cosas que son las obras de los demonios.

X. En cuanto a las semillas de Dios son menos numerosas pero más grandes, bellas y buenas. Son la virtud, la templanza y la beatitud en Dios.

La beatitud en Dios es la Gnosis, el conocimiento que es de Dios y en Dios. Quien posee este conocimiento, está lleno de todo el bien y recibe de Dios sus pensamientos, muy diferentes de los de la masa.

XI. De ahí proviene que los que andan en la Gnosis no gusten a la masa y que la masa no les guste a ellos. Son considerados como insensatos, objeto de burla, odiados, despreciados y, veces, incluso, matados. Ya que, como he dicho, es aquí abajo en donde el mal debe vivir, porque es aquí abajo donde ha nacido. También la Tierra es su dominio y no el mundo como lo pretenden algunos que blasfeman.

XII. Pero quien se mantiene ante Dios en el respeto y el amor, soportará todo porque tiene parte en la Gnosis. Todo se vuelve bueno incluso lo que es malo para los demás. Y si se le ponen obstáculos lo da todo en ofrenda a la Gnosis y hace, por sí sólo, volver el mal en bien.

XII. Vuelvo ahora a mi discurso sobre la percepción. Lo propio del hombre es pues la asociación entre percepción e intelecto. Pero ya lo he dicho, todo hombre no fortifica precisamente su intelecto; en efecto, existe el hombre material y el hombre espiritual verdadero. El hombre material unido al mal, recibe de los demonios el germen de sus pensamientos.

El hombre espiritual, unido al Bien, es salvado por Dios en su salvación.

XIV. Dios, el demiurgo del universo, hace todas sus criaturas a su semejanza. Pero estas, buenas según su principio, hacen mal uso de su fuerza activa. De ahí el tributo que debe pagar la Tierra, que moliéndolo todo, produce especies de caracteres diversos ensuciando las unas por el mal, purificando las otras para el bien. Ya que, Asclepios, el mundo también posee un poder de percepción y un poder de pensamiento, no a la manera de los hombres, ni tan diversificado pero superiores, más simples y más verdaderos.

XV. Ya que la percepción y el poder de pensamiento del mundo, herramientas creadas para este fin por la voluntad de Dios, dan forma a todas las cosas y, acto seguido, las hacen desaparecer en sí mismas, a fin de que guardando en ellos toda la semilla recibida de Dios, creen todas las cosas conforme a su tarea y vocación propias y las disuelvan de nuevo, renovándolas todas; por ello como hábiles jardineros de la vida las renuevan después de haberlas disuelto haciéndolas manifestarse diferentemente.

XVI. Todo lo que hay, ha recibido la vida del mundo. Al mismo tiempo que el mundo hace venir todo a la existencia, lo llena todo de vida. Es a la vez el lugar y el creador de la vida.

XVII. Los cuerpos están constituidos de materia de naturaleza diversa: parte de tierra, parte de agua, parte de aire, parte de fuego: todos son cuerpos más o menos compuestos; los más complejos son más pesados, lo más simples son más ligeros.

XVIII. La velocidad de manifestación de las formas produce, aquí abajo, la variedad de las especies; ya que el soplo, continuamente activo del mundo, transmite sin cesar a los cuerpos nuevas propiedades así como la plenitud de la vida.

XIX. Es así como Dios es el Padre del mundo y el creador de todo lo que contiene; el mundo es el Hijo de Dios y todo lo que está en el mundo está formado por el mundo.

XX. También el mundo es llamado Cosmos, es decir: orden, aderezo, ornamento; en efecto, él ordena el universo y lo orna, gracias a la diversidad de lo creado, a la continuidad de la vida, al ardor infatigable de la fuerza de manifestación, a la diligencia del destino, a la combinación de los elementos y al orden de todo lo que viene a la existencia. El mundo es pues llamado cosmos, tanto en razón de sus leyes fundamentales, como de su ordenamiento.

XXI. Así en todos los seres vivos, la percepción y la actividad del intelecto penetran en ellos del exterior al igual que sobre el soplo de lo que nos envuelve. Pero el mundo los ha recibido de Dios una vez por todas en su nacimiento.

XXII. Dios no está, como algunos piensan, desprovisto de percepción y de intelecto. Quienes lo dicen de Él hacen injuria por un falso respeto. Ya que todas las criaturas, Asclepios, están en Dios. Son formadas por Dios y dependen de Él: tanto si se manifiestan como cuerpos materiales, como si se elevan como seres-alma, como si son vivificadas por el Espíritu o admitidas en el dominio de los muertos, todas están en Dios.

XXIII. O más bien: Dios no contiene en Él a todas las criaturas, Él es en sí mismo, todas las criaturas. No se las adjunta del exterior sino que son de su propio ser que las procrea de sí mismo y las hace manifestarse.

XXIV. Y la perfección y el poder de pensar de Dios son el movimiento perpetuo del universo; y jamás ocurrirá que la mínima cosa existente, es decir, que la más ínfima parte de Dios se pierda.

Ya que Dios lo contiene todo en Él; nada está fuera de Él; Él está en todo.

XXV. Si puedes concebir esas cosas Asclepios, tú las reconocerás como verdaderas; si no las puedes comprender te parecerán poco dignas de fe. Ya que comprender verdaderamente, es poseer la fe viva, en tanto que falta de fe es carecer de la penetración interior.

No es pues por el intelecto que se alcanza la verdad, sino que es el alma unida al espíritu quien tiene poder, una vez guiada en esa vía por el intelecto, avanza deprisa hacia la verdad; y cuando en una visión universal ella medita sobre todo el universo y descubre cuán conforme está lo que el intelecto, aclarado por la penetración interior le sugiere, su fe se eleva hasta el conocimiento y en ese sublime saber de la fe, ella encuentra su reposo.

XXVI. A quienes captan interiormente las palabras que enuncio aquí y que son de Dios, ellas serán objeto de fe; pero aquellos que les falte la comprensión viva, ellas serán objeto de incredulidad.

Esto es lo que tenía que decir sobre el intelecto y los sentidos.

 

CAPÍTULO VIII: EL INTELECTO Y LOS SENTIDOS

 

Ayer Asclepios traje la palabra de la madurez. Con ese propósito juzgo ahora necesario hablar, en detalle, de la percepción sensorial. Se piensa que existe una diferencia entre la percepción sensorial y la actividad del intelecto, que la una sería material y la otra espiritual.

Pero a mi entender las dos están estrechamente unidas y no separadas, por lo menos en el hombre; en el animal la percepción sensorial está unida a la naturaleza, en el hombre el intelecto lo está igualmente.

Atraemos primero su atención sobre el sistema sensorial, los cinco sentidos conocidos: el oído, la vista, el olfato, el gusto y el tacto. Ellos forman juntos la base de la conciencia humana. Es lo que se nombra corrientemente consciencia; ya que sin función sensorial no se podría hablar de conciencia. Los sentidos ponen al hombre en la medida de expresarse conscientemente en este mundo, de vivir y de existir conscientemente.

Al lado de los sentidos conocemos además el poder del pensamiento. El hombre ordinario y los que lo dirigen asocian el pensamiento al espíritu humano. Cuando alguien en este mundo da pruebas suficientes de buenas capacidades mentales, se estima que dispone de un poder espiritual más o menos grande. Mirándolo de más cerca, no obstante, hay que renunciar completamente a la idea de asociar intelecto y espíritu humano. Ya que en el hombre nacido de la naturaleza el sistema sensorial sólo hace uno con el sistema del intelecto. Están, según las palabras de Hermes, estrechamente unidos y no son distintos.

Acto seguido ni el pensamiento ni el sistema sensorial del hombre terrestre ni la conciencia, pues se explica por ellos dos, nada tienen que ver con el espíritu. El hombre nacido de la naturaleza se distingue únicamente de los demás animales, porque posee un intelecto al lado de un sistema sensorial. En el animal, la percepción sensorial está unidad a la naturaleza, pero en el hombre lo está igualmente. Hay que concluir que el hombre está mucho más unido a la naturaleza, mucho más orientado hacia ella que todos los demás animales. Lo que se comprueba, en efecto, de la totalidad del comportamiento humano. Incluso la llamada religión, la metafísica humana, prueba a ultranza su sumisión a la naturaleza.

El hombre pide a la divinidad que le dé la salud. Él la implora para todo lo que desea. Y le manifiesta, a veces, un gran reconocimiento por todo lo que él supone que le concede.

Después, cuando llega el fin, solicita un sitio conveniente en el más allá, en la eternidad, con sus parientes, sus amigos y otros miembros de la familia y además la luz del sol celeste en la alegría celeste.

Todo esto es muy lógico, ya que la metafísica del ser natural conduce obligatoriamente a ello. Por eso hay que ver claramente que esta religiosidad que, sobre todo en occidente, se une con el nombre de Cristo, con la cruz cristiana, así como numerosas nociones degradadas robadas a una idea totalmente diferente, que no pertenecen a este mundo.

A este respecto el animal es muy superior al hombre.

El animal tan sólo es uno con la naturaleza. Todo el refinamiento que el hombre aporta a su propia conservación bajo numerosas formas, le es extraño al animal. El animal ignora esto, el hombre no. El hombre es pues la criatura natural más caída, más unida a la naturaleza, porque el sistema sensorial y el intelecto, toda la conciencia, todo lo que es el hombre, son uno absolutamente con la naturaleza. Algo ni agradable ni halagüeño de decir, pero es así. La percepción sensorial y la actividad del intelecto penetran, simultáneamente, en el hombre como enlazadas la una a la otra.

Sin percepción sensorial no hay actividad del intelecto y no hay percepción sin actividad del intelecto. El animal está girado hacia su objetivo natural y manifiesto, clara y abiertamente, esta orientación. En cuanto a él es absolutamente honesto y franco no puede decirse lo mismo en cuanto al hombre. El hombre también está totalmente girado, en cuanto a su objetivo natural, pero no lo muestra ni clara ni abiertamente.

En este punto se es un poco más falso y mentiroso. Está obligado por la ley de la conservación del yo. Ya que los hombres se engañan unos a los otros de todas las formas más refinadas del intelecto. Observe como los hombres (empezando por usted mismo) se mienten, se engañan y se tienden trampas; como componen su faz de la forma más oportuna: amigable o severa, alegre o profunda. En esto hay que considerar al hombre mucho más peligroso que a los animales. Empiece pues observándose así mismo.

De vez en cuando surgen en el mundo movimientos que denuncian la infame hipocresía y duplicidad del hombre natural; que descubren la ilusión y la lúgubre puesta en escena del aparato social humano. Intentan entonces desenmascarar todo esto y expandir entre los hombres un comportamiento simple, auténtico y sin obligación.

En algunos centros urbanos del mundo, gente joven se pone a vivir como hombres simples y auténticos (¡lo que sus mayores no osan!).

Pero si usted va a ver como concibe el hombre simple y auténtico dirá: pero no es posible, esto no funciona. No se puede vivir como hombres simples y auténticos. Ya que el hombre de la naturaleza, si se pone a vivir en toda simplicidad y sin obligación según las características propias de la dialéctica ¡queridos humanos, que desbarajuste resulta de ello! un desorden tan horrible que algunas esferas del mundo del deseo donde las orgías de las pasiones humanas se dan libre curso, en un mundo tan lleno de tensiones, no sería más que un pálido reflejo.

Y cuando los jóvenes de las ciudades del mundo se ponen a vivir como hombres simples y auténticos en lo que están tentados estos últimos años, la policía maneja pronto la porra. Cuando la juventud protesta contra la gran mentira de la sociedad humana, la policía se interpone. Lo que engendra una gran tensión que el mundo soporta cada vez más difícilmente y que lo soportamos todos. Ya que la vocación del hombre no es ser el más inteligente y por ello, el más peligroso de los animales.

¿Pero quién haría comprender esto a la juventud que ha salido del camino recto, desde cuántos siglos hace que la juventud del mundo está engañada?

¿No ha sido puesta en el mundo, educada, entrenada para ser sacrificada sobre los campos de batalla?

¿Qué objetivo elevado, noble, liberador puede aún ofrecerse a la gente joven?

¿El mundo no está desde el principio de siglo continuamente a fuego y sangre? Existiendo ideales religiosos, principios sociales y científicos que sean liberadores es extraño que los jóvenes adopten esta tan vieja idea: comamos, bebamos, estemos alegres vivamos de forma puramente animal porque mañana moriremos.

Está bien, dicen los teólogos modernos, los sacerdotes y los pastores, está bien vivir como hombres simples y auténticos. Comprendemos a los jóvenes. Pero entonces, venid a vivir aquí con nosotros. Un poco más decentemente, naturalmente, pero venid a contactar a desconectar en nuestros centros bajo la dirección del evangelio.

¿Sabe usted lo qué quiere decir esto?

Nada menos que el derrumbamiento de la iglesia actual. Y piense un poco en lo que ocurrirá en un próximo futuro y en sus consecuencias. Pronto veremos a la gente joven entrar a la iglesia bailando el rock and roll.

Estamos en los últimos días. Todo el genio científico desplegado por el instinto de la naturaleza se manifiesta, lo sabemos, en las prácticas más horribles en la crueldad más abominable, en las pasiones de la sangre las más fuertes.

¿Sabe usted lo qué ha pasado en África durante años? Las prácticas nazis que en Europa hemos aprendido por encima de todo a temer, las terribles torturas, los campos de concentración no son nada, en comparación, con lo que ha pasado en esos países. La causa era el instinto de conservación anin-ial empujado hacia el punto más extremo.

Sabiendo todo esto ¿no es un insulto  presentarse con la palabra en la Luz de la Gnosis? Pues… ¿qué somos en efecto, de qué somos capaces, no formamos parte nosotros también de los animales superiores de este mundo, si tuviésemos la cuerda al cuello, qué haríamos, qué somos, por qué estamos unidos en esta Escuela, no es todo pura especulación por nuestra parte, especulación de los instintos naturales?

¿Qué nos ocurre, por qué los alumnos venimos cada vez en mayor número a las conferencias, por qué asisten tan fielmente a los Servicios de Templo? Preguntas muy pertinentes.

Hermes responde. En el sexto, séptimo y octavo versículo del onceavo libro dice:

Se puede, no obstante, concebir una actividad del intelecto sin percepción sensorial directa como las representaciones que tienen lugar en el sueño.

A mi parecer esas dos actividades cuando son excitadas despiertan la aparición de imágenes del sueño.

Ya que el cuerpo astral y el cuerpo material interrelacionan a la perfección y cuando esas dos partes de la percepción se asocian, el pensamiento evocado por el intelecto, se expresa por la voz de la conciencia.

He aquí palabras muy importantes, si bien, tal vez no lo veamos inmediatamente. Por eso es preciso que hablemos de ello. Ya que se aplican perfectamente a nuestro estado de ser. Su intención es explicarnos los primeros esfuerzos a hacer, torpes y dudosos tal vez, para reaccionar a la Gnosis.

Puede que sea usted mismo, para sí, un enigma viviente: por un lado hay un hombre animal en sus diversas formas de expresión; pero por el otro, el hombre verdaderamente orientado sobre la Gnosis. Y tal vez se pregunte: ¿qué hago pues en esta Escuela?

Hermes Trismegisto resuelve este enigma. Él le explica quién es usted y qué es usted en ese momento. Y le aconseja no pararse, sino ir más lejos y unir sus fuerzas para pasar a otra cosa.

 

CAPÍTULO IX:  LA INFLUENCIA ASTRAL

 

Cuando observamos la conducta del hombre nacido de la naturaleza y comprendemos que es el animal con la constitución más perfeccionada, el animal superior a todos los animales y que nosotros, también, formamos parte de la humanidad nacida de la naturaleza, nos preguntamos cómo es posible que estemos juntos en esta Escuela.

¿No será acaso que nosotros también estamos en especulaciones metafísicas pero diferentes de la de la masa, que al igual que algunos se unen a la iglesia católica y otros a una comunidad protestante nos adherimos a un movimiento esotérico?

Hermes responde a esta inquietante pregunta con estas palabras:

Se puede vivir una actividad del intelecto sin percepción sensorial directa, como las representaciones que tienen lugar en el sueño.

¿Qué quiere decir Hermes?

En el sueño la personalidad se divide en dos: una parte material y una parte más sutil. La parte más sutil arrastra una parte de la conciencia y muy especialmente el cuerpo astral. El cuerpo astral de la personalidad dividida, entonces en la esfera astral, concuerda con el estado de todo el ser de la personalidad en cuestión y participa en la vida de esta esfera. Diversas impresiones de la esfera astral se graban entonces en el intelecto del cuerpo físico.

Así en la noche durante su sueño cuando su personalidad está dividida y su vehículo astral está en unión con el campo astral correspondiente, sus centros intelectuales son cargados por este medio como una batería. El intelecto, estando en perfecta unidad con los sentidos, está claro que por la mañana, al despertar, se producirá una reacción sensorial motriz a partir de todo lo que habrá trasmitido astralmente al sentido del intelecto.

Así se explica, en principio, su orientación hacia esta Escuela y su aprendizaje. Así es que al principio un impulso sensorial intelectual que se explica por diversas influencias astrales, le ha llevado hacia la Escuela Espiritual. En otros términos, era usted sensible a las influencias astrales de esta clase.

Sí con toda independencia, interiormente, de forma positiva, usted ha elegido el aprendizaje, ello se explica simplemente por ciertas influencias astrales a las cuales usted era receptivo y que le han conducido hacia esta Escuela.

¿De dónde puede provenir esto?

Puede ser, por ejemplo, la simple consecuencia de su herencia, la de sus padres o de sus ancestros; de un estado sanguíneo correspondiente o de una secreción interna que le ha sensibilizado a esas influencias.

Puede ser también que esté predispuesto kármicamente; que en su ser aural fuertes influencias gnósticas actúen sobre su personalidad. En el caso de una tal predisposición kármica junto a una actitud hereditaria, los impulsos astrales agitan muy fuertemente y, a menudo desde la juventud, tiene lugar una poderosa reacción.

Puede ocurrir también que haya una actitud hereditaria y el impulso correspondiente pero que la base kármica falte. Hay entonces reacción pero de carácter superficial por el momento. Ya que la base kármica es la prueba de que ha habido experiencia. Y cuando la experiencia falta usted sabe lo que ocurre.

En fin, puede ocurrir igualmente que haya una base kármica pero no haya actitudes hereditarias. En este caso el cuerpo, el tipo sanguíneo y el fluido nervioso no son muy actos para el aprendizaje en tanto que, sin embargo, una fuerte influencia kármica se ejerce, en ese sentido, sobre el cuerpo y la personalidad. Esas personas tienen a menudo una vida muy difícil. Habitualmente pasan muchos años antes de que puedan liberarse de las influencias hereditarias. Eso dura, a veces, hasta 45 o 50 años, o más, para los hombres como para las mujeres. Este caso es el más favorable.

Esas personas llegan a menudo a la Escuela en una edad avanzada. Pero entonces, corren el riesgo de que la vida les haya dañado tanto que una reacción por su parte ya no es posible, de hecho en ningún sentido.

No hay que hacerse una idea demasiado bella de los impulsos astrales grabados durante el sueño en el intelecto y de sus efectos eventuales. No imagine, por ejemplo, que usted recibe una llamada o mensaje de la Fraternidad dirigido a usted, muy especialmente, en el sentido: usted tiene una tal superioridad, tiene una tal predisposición, así pues, siga en el camino. ¡Esto no pasa en absoluto de esta forma!

En la esfera astral del campo de vida ordinario se manifiestan diversas radiaciones e influencias de las más bajas e innobles a las más exquisitas y sublimes. Se encuentra en la esfera astral de nuestra Tierra lo más horrible que se pueda imaginar pero, se encuentran, también, las influencias astrales de la Fraternidad Universal.

Sin embargo, usted debe saber que las cosas se realizan más bien en la esfera astral que en la esfera material; en esta esfera las cosas se realizan lentamente en tanto que se manifiestan muy rápidamente en la otra. Dicho de otra forma, lo que se desarrolla en este momento en nuestra esfera astral se concretizará en la esfera material, por ejemplo, mañana o pasado mañana, o tal vez, mucho más tarde aún. Es pues la esfera astral, nuestro cuerpo astral, las influencias astrales en general las que dan siempre el tono en la vida. Esas influencias astrales nos llevan a realizar lo que ya existe en la esfera astral.

En la esfera astral de esta naturaleza, lo hemos dicho, también actúan influencias de la Cadena Gnóstica Universal que se distinguen en cada dominio astral. No obstante, cuando alguien tiene una actitud hereditaria o un karma correspondiente, esas influencias astrales de la Fraternidad se graban en él, y en la mayoría de los casos se reaccionará mostrando, manifestando, interés por ejemplo, por la filosofía y la literatura de la Escuela. Alguien puede incluso reaccionar hasta el punto de entrar en una escuela como la nuestra.

¿Por qué capta usted, en tanto que alumno, las influencias de la Fraternidad Universal y no las otras? Es, tal como hemos dicho, una cuestión de disposición hereditaria o kármica.

¿Cómo aparece esta disposición?

Conoce usted también la respuesta: primero usted reacciona únicamente en razón de su herencia gracias a la multiplicidad de las dolorosas experiencias de sus parientes y ancestros.

Cuando en la existencia usted espera y desea todo de la vida dialéctica, que avanza fuerte y positivamente orientado sobre la línea horizontal, llega un momento en que todo se le va de las manos y en donde numerosas desgracias parecen llegarle. Las influencias astrales que le han aguijoneado hasta entonces no le satisfacen más. Siente usted sed de otra cosa. Este impulso expresa la influencia astral de la Gnosis en usted. Si usted se encuentra en la escuela espiritual actual en razón de factores puramente hereditarios, encontrará en sus padres y ancestros las tendencias que le han conducido. Han bebido en la copa amarga del dolor. Segundo: su reacción es exclusivamente kármica.

Entonces las influencias kármicas se graban en su sistema en razón de las dolorosas experiencias de sus predecesores en su microcosmo. Se han vuelto hasta un cierto punto, sus ciertas experiencias; por lo menos un conjunto de experiencias de las que usted dispone de forma muy íntima y particular. Es también por haber bebido la copa amarga del dolor, que le ha llevado finalmente hasta aquí.

Es sobre todo el caso de los alumnos de la tercera categoría que han bebido, ellos mismos, esta copa con grandes sorbos.

Así pues es una de las tres formas de experiencia o bien las tres juntas, las que le han conducido al aprendizaje. Otros innumerables millares de hombres no han venido porque su reacción de despertar sensorial les conduce aún hacia otra cosa. No había, en realidad ninguna diferencia entre su vida y la de usted, entre su estado de ser natural del principio y la de ellos. La franqueza nos obliga a decirlo: su entrada en la escuela fue también, lo más a menudo, pura especulación metafísica.

¿Qué ocurre habitualmente cuando entramos en la escuela espiritual de la Roscruz actual?

Buscamos la paz, buscamos la seguridad, buscamos una solución a la complicación de nuestra vida. Buscamos la tranquilidad. Nosotros también somos animales que buscan una protección. Y nuestro instinto nos ha empujado en esta dirección por un impulso astral. El animal perseguido, fatigado, abatido, busca la seguridad en el Templo de la Gnosis.

«Ya que el cuerpo astral y el material interrogan la Perfección, dice Hermes, y cuando las dos partes de la Perfección se asocian, el pensamiento evocado por el intelecto se expresa por la voz de la conciencia».

¿Qué ocurre cuando el hombre animal, fatigado, abatido, llega al Templo? ¿Qué ocurre cuando se ha reposado un poco? Entonces el hombre animal se adapta a su nuevo medio y se conduce, una vez más según su naturaleza. En tanto que se llena de la ilusión del aprendizaje, armado de sus muy brillantes facultades, continúa conduciéndose de forma especulativa.

Pero entrar de esta forma en la Escuela no aporta, aún, ninguna solución a la vida; la copa amarga del dolor está siempre colocada ante nosotros, llena hasta el borde. Los impulsos astrales continúan fluyendo, los sentidos son constantemente aplicados y el curso de nuestra vida con todas sus experiencias permanece, absolutamente semejante a sí mismo o al de las personas que nos han legado nuestra herencia y nos han transmitido nuestro karma. Absolutamente ninguna solución se presenta. El hombre animal especulaba sobre la metafísica y continua haciéndolo en la escuela. A la larga esta no le lleva ninguna satisfacción y, lo que le sigue, es fácil de prever: se pone a injuriar a la escuela; encuentra que hay algo que no funciona. La critica mucho y, continúa especulando. Entonces cambia de dirección o busca otro pasatiempo. Pobre hombre, animal estúpido.

Ya que, según se sabe, cuando la influencia astral es percibida a la vez por los cuerpos físico y astral, el pensamiento así engendrado toma forma en la conciencia y actuamos en función de nuestras cualidades. Según nuestro tipo, nuestra naturaleza, nuestra orientación, absorbemos las influencias astrales y somos forzados a reaccionar.

Si durante la noche el sistema del intelecto y el sistema sensorial son cargados de ciertas influencias astrales, está usted obligado de reaccionar. Imposible decir: no hago esto, y usted es obligado. Imposible hacerlo de otra manera. Al igual que el elemento vital del pez es el agua y no puede moverse en lo seco, de la misma manera el hombre-animal no puede llevar una vida gnóstica.

¿Y si las influencias astrales gnósticas le tocan también? Entonces su comportamiento es compartido. Hay por una parte una orientación hacia la Gnosis y por la otra el comportamiento de vida del hombre animal ordinario.

¿Tiene esto un verdadero sentido? El hombre que está en esta situación se engaña asimismo y engaña a la Gnosis sin saberlo en realidad, ni poder, desgraciadamente hacer de otra manera.

Por ello no decimos esto por un reproche, sino simplemente como una constatación, ya que es cierto que es útil volverse totalmente hacia los lechos reales con toda simplicidad y preguntarse: ¿cuál es ahora para mí la realidad?

Hermes dice en el noveno versículo de nuestro texto:

«El intelecto engendra todas las imágenes del pensamiento: las buenas cuando él recibe la semilla de Dios y las impías cuando ellas provienen de uno de los demonios».

Sabemos cuan justo es esto. Tanto las siete cámaras del santuario de la cabeza como las del corazón son cargadas durante el sueño. Valores y fuerzas astrales se desarrollan; valores y fuerzas de naturaleza gnóstica que llaman al alumno, así pues, buenas; pero también de naturaleza muy diferente, demoníacas.

Así es como los alumnos, por lo menos muchos de entre ellos, siguen el camino de su vida, un camino mortalmente cansado. Ese camino pongámoslo aún una vez, claramente ante sus ojos. Entonces de nuevo se eleva inevitablemente en nosotros el grito, el grito de agonía, de angustia del hombre-animal en la miseria.

Recordemos el grito de Hermes lanzado por Pablo en la epístola a los Romanos, 7: Así encuentro esta Ley en mí: si quiero hacer el bien el mal está unido a mí. Oh cuán miserable soy, ¿quién me liberará del cuerpo de esta muerte?

Ahora que nos hemos colocado esta palabra en nosotros mismos, ahora que hemos hecho oír a nuestra conciencia este grito muy personal, estamos obligados a encontrar la respuesta desde el punto de vista práctico.

«¿Cuán miserable soy, quien me liberará del cuerpo de esta muerte?»

 

CAPÍTULO X:  LOS DEMONIOS TENEBROSOS

 

El intelecto engendra todas las imágenes del pensamiento.

Del pensamiento: Las buenas, cuando reciben las semillas de Dios, las impías, cuando provienen de uno de los demonios.

Ya que no hay ningún lugar en el mundo en el que los demonios no estén, entienda por demonios privados de la Luz de Dios. Se insinúan al hombre y siembran los gérmenes de su propia actividad; el intelecto es fecundado por esta simiente y engendra: injuria, crimen, falta de respeto civil, sacrilegio, impiedad, suicidio por ahorcamiento o tirándose de las rocas y otra serie de cosas que son las obras de los demonios.

En cuanto a las semillas de Dios, son menos numerosas pero más grandes bellas y buenas. Son la virtud, la templanza, la beatitud de Dios.

La beatitud de Dios es la Gnosis, es el conocimiento, que es de Dios y en Dios. Quien posee este conocimiento, está lleno de todo el bien y recibe de Dios sus pensamientos, muy diferentes de los de la masa.

De ahí proviene que los que andan en la Gnosis no busquen a la masa y que la masa no les gusta a ellos.

Son considerados como insensatos, objeto de burla, odiados y despreciados y, a veces, incluso matados.

Ya que tal como he dicho es aquí abajo donde el mal debe vivir, porque es aquí abajo donde ha nacido. También la Tierra y su dominio y no el mundo, como lo pretenden ciertos blasfemos.

Como lo decimos en nuestras precedentes explicaciones, el hombre nacido de la naturaleza, es accesible a dos esferas de influencias astral: la esfera de influencia de la Tierra y la esfera de influencia del mundo. Vea, que en la filosofía hermética, se hace una neta diferencia entre la Tierra y el mundo. La Tierra es nuestro campo de vida o más exactamente, el pequeño punto del Mundo donde habitamos. El Mundo es el planeta santo y absoluto, la manifestación inviolable del plan universal de Dios. Por eso en el versículo 11 se dice: Es aquí abajo, donde el mal debe vivir porque es aquí abajo donde ha sido engendrado. También la Tierra es su dominio y no el Mundo como lo pretenden algunos blasfemos.

En tanto que hombres nacidos de la naturaleza, somos pues de la Tierra, terrestres; y en tanto que microcosmos, pertenecemos al mundo. Es pues comprensible que haya también dos esferas de influencia astral que nos sitúan por lo menos ahora, ante problemas casi insolubles. De ahí el grito de Pablo cuando se expresa referente a esa dificultad: Encuentro en mí esta Ley: Cuando quiero hacer el bien, el mal está unido a mí. Cuan miserable soy, quién me liberará del cuerpo de esta muerte.

Y nosotros, también de vez en cuando, hacemos oír semejante lamentación. Ya que estamos tocados en nuestra realidad de ser por dos influencias: las fuerzas astrales del bien y las fuerzas astrales de los demonios.

Supongamos que empujado y purificado por el sufrimiento y la vergüenza termine por querer encontrar una solución. Le hará falta primero conocer la ley de la que habla Pablo: Cuando quiere hacer el bien el mal está unido a nosotros.

Intentemos comprender lo que esto implica. ¿Qué es de hecho un demonio? Nada más que una fuerza natural. Se dice en alguna parte, en la antigua sabiduría, que los demonios son formados, antes incluso que la creación, de una corriente de vida, esto puede parecer extraño, pero es totalmente lógico.

Cada manifestación nace en un campo astral. En efecto, los éteres provienen de los diferentes fuegos astrales y en cooperación con los átomos materiales se unen con vistas a una manifestación. La concepción de una manifestación debe, ante todo, estar inscrita en un campo astral. Inmediatamente que esto se produce aparecen movimientos, focos, torbellinos de fuerzas que van a desarrollarse: El diablo del origen empieza su trabajo. Esas fuerzas de la naturaleza o demonios tomados en el sentido original, dan finalmente a la idea que va a manifestarse el carácter requerido. Son ellos que dan el aliento a la realización del plan hasta su finalización.

Así fue lanzado sobre la Tierra (decimos bien la tierra) el plan que debía llamar a las entidades humanas a la existencia. Era una operación muy delicada. Esas entidades humanas debían, en efecto, disponer de un poder de pensamiento ígneo.

No debe considerarse este poder únicamente como un instrumento del intelecto, sino también y sobre todo como un poder, debiendo servir para penetrar la naturaleza y los designios de Dios. Por ello, debe dividirse el poder del pensamiento en dos elementos: el intelecto y la Razón.

La Razón, la Razón divina se sirve del intelecto.

Las entidades llamadas a la existencia tenían que volverse semejantes al Padre en algunos aspectos. Como ya hemos dicho, en un momento dado ese plan fue lanzado sobre la Tierra. Hay que comprender bien, la Tierra es la grande y perfecta obra de creación del Mundo, del Mundo divino. Repitamos una vez más: Haga bien la diferencia entre el Mundo y la Tierra. Según la filosofía hermética, la Tierra es el campo natal en donde debe vivir el hombre en estado embrionario. Actualmente nosotros y las otras criaturas de la Tierra no hemos sobrepasado el estado embrionario. Por eso Jesús el Señor dijo: He venido sobre la Tierra, con el fin de que os elevéis a lo más alto de los cielos en el Mundo de Dios inmenso y magnífico.

Numerosos e innumerables son los que nos han precedido sobre ese camino; en tanto que seres realmente nacidos y realmente liberados han entrado en el santo Mundo divino.

Pero nosotros erramos aún, giramos siempre en redondo en el campo embrionario. Estamos como aprisionados. ¿Por qué?

Por razón de la actividad aún negativa de la naturaleza divina ígnea que nos es propia.

Más específicamente. ¿Cuál es pues esta naturaleza divina, ese poder divino, ese atributo divino que es el nuestro?

Es el poderoso poder del pensamiento con la ayuda del cual, podemos volvernos un día verdaderamente hombres y verdaderamente Dios. Una chispa de esta llama empieza a brillar en nosotros y su brillo, que luce débilmente nos ha puesto desde el principio y nos pone aun ante las peores dificultades. Ya que nosotros, que tenemos todavía que volvernos verdaderamente hombres, sólo podremos ser liberados de la Tierra, cuando ese estado de humano verdadero se manifieste.

En un estado aún muy embrionario, estamos dotados gracias a Dios, de un poder de pensamiento divino.

¿Qué significa?

Que poseemos primero un cuerpo astral. Segundo, por ese cuerpo astral, tenemos acceso a la esfera astral de la Tierra; y tercero, que existe siempre una interacción entre nosotros y la esfera astral de la Tierra, sus fuerzas naturales y sus demonios. En consecuencia, que ejercemos una influencia sobre esa esfera, sobre su naturaleza y su calidad por medio de la débil llama de nuestro poder del pensamiento.

Reflexione bien sobre esta situación, ya que ella es la causa del drama de toda nuestra vida.

Las ideas de los hombres se graban en el campo astral, en el fuego astral; ahí los pensamientos son fuerzas activas que provocan torbellinos en la sustancia astral; y de esos torbellinos, esos focos, se desarrollan procesos de manifestación, se desarrolla la creación.

Tenemos acceso a este extraordinario campo astral: ¡Este es el drama! Ya que precisamente así nos impedimos el salir de nuestro estado embrionario. Efectivamente jamás cesamos de poblar la esfera astral de la Tierra, de toda clase de fuerzas de la naturaleza, de toda clase de demonios. Y esos demonios de formas y figuras diversas, de esferas de actividades variadas, influencian, según su naturaleza, los éteres y mediante ellos, las formas manifestadas de los éteres.

Así hemos introducido en nuestro campo de vida terrestre un caos inextinguible, una degeneración irremediable. La multitud de hombres-animales, sometidos a sus instintos, atormentados por los demonios que han creado ellos mismos pululan como un hormiguero. Se pican, se muerden, se hacen mal, se dicen maldades. Y en el transcurso del tiempo, fuerzas demoníacas muy especiales, levantan a veces la cabeza, como en nuestros días, el demonio de la sexualidad contranatural. Toda Europa está por así decirlo sumergida por una ola de homosexualidad que ha penetrado en todos los medios posible e imposibles, hasta tal punto, que en algunos países se intenta modificar la legislación. Ya que si se tuviese que meter en prisión a todos los que caen bajo la garra de la sexualidad contranatural habría también que enterrar un gran número de autoridades. Por ello se busca tomar otras medidas legales. Siempre ha sido así en la historia del mundo: cuando una civilización está en su declive, cuando la Tierra está preparada para caer en la noche cósmica, los demonios más abiertos se abalanzan fuera del campo astral del mundo dialéctico caído y la homosexualidad expande sobre la humanidad su fuego ardiente.

La sexualidad contranatural no es otra cosa que el despilfarro de fuerzas sexuales. La fuerza sexual es una fuerza creadora y la fuerza creadora es uno de los poderes divinos de los que el hombre está investido. En nuestro campo embrionario esta fuerza, en relación con el chacra de la garganta es llamada a la divinidad del verdadero poder creador divino y llevado para que lo alcance. Puede usted imaginarse pues, que el malgastar la energía sexual es nocivo: Sobre todo nocivo en cuanto a la idea de base. Pero hay que comprender que el comportamiento sexual contranatural la manifestación contranatura de la fuerza sexual, el comercio de una mujer con una mujer y, de un hombre con un hombre, representa una destrucción completa, la aniquilación de todas las polarizaciones del cuerpo material, del cuerpo etérico y del cuerpo astral, así como la completa extinción de la llama del pensamiento. El hombre manifestado hace entonces de sí mismo un caos y destruye en sí mismo toda posibilidad de salvación.

Comprenda pues que en el momento actual, en los últimos días, la humanidad gime bajo la ola demoníaca, bajo el espantoso flujo erótico que busca infiltrar hasta en la escuela tales errores sin consideración de nadie. Sería efectivamente monstruoso cuando la Gnosis defiende en el campo terrestre, para salvamos y elevarnos a la bienaventuranza divina en el mundo verdadero, tolerar en nuestras filas el espectro del vicio el más licencioso. No serenaos tolerantes respecto a estas cosas, como ciertos Jefes de Estado de Europa occidental; pero allí, donde lo descubramos lo arrancaremos hasta la raíz sin consideración de nadie.

Los hombres se molestan, se pican, se muerden, hemos dicho.

Y por encima del tumulto, por encima del estrépito, por encima del huracán de la gran miseria, resuena el grito de agonía del buscador: ¿Cuál será mi sol, quién me liberará del cuerpo de esta muerte?

Vivimos en un campo de evolución, en donde los demonios originales, auténticos, la pura ardiente fuerza astral original, continúa siempre actuando. Sin embargo, por el hecho del mal empleo de las fuerzas astrales en cuestión, de la cual es culpable toda la humanidad, la esfera astral terrestre en un momento dado se vuelve tan negra, tan satánica, tan absurda, tan degenerada y el campo de vida tan corrompido, tan lleno de sangre y de lágrimas, que ya no son soportables. (Ya que lo se desarrolla en la esfera astral es terrible. ¿Debemos una vez más caer en el caos de una noche cósmica en la gran depuración general del campo embrionario de la tierra?

Hermes hace oír esta lamentación: Los demonios se insinúan en el hombre y siembran los gérmenes de su propia actividad; el intelecto es fecundado por esta simiente y engendra: inmundicia, crimen, falta de respecto filial, sacrilegio, impiedad, suicidio por ahorcamiento o tirándose en las rocas y toda una serie de otras cosas que son las obras de los demonios.

Podríamos alargar esta lista de todas maneras posibles sin jamás llegar al final. Y nos preguntamos: En lo que a nosotros concierne ¿Esto va a continuar? Para nosotros que honestamente hablando hemos huido en la escuela espiritual perseguidos por nuestros demonios, ¿la situación debe prolongarse, no hay ninguna solución?

Si hermanos y hermanas hay una solución, pero entonces ustedes deben ponerse (ustedes mismos, lo entienden bien).

Hay una solución y la escuela se la demuestra desde hace años. ¿Pero la ha escuchado bien? La vía, el camino, nos ha sido indicada día a día, palabra por palabra. Pero tal vez la enseñanza y todos los buenos consejos e influencia benéfica y salvadora que continuamente emana de la escuela, ¿entra por un oído y sale por el otro? ¿De forma que los demonios que le influencian tan grandemente han vuelto constante y sistemáticamente estéril o negativas todas las semillas del bien expandidas sobre usted? Pero en tanto hay vida, amigo, hay esperanza. Cada día tal vez tenga la ocasión de un nuevo principio o de un nuevo comienzo. ¡Pero empecemos pues hoy mismo! y situémonos, con objetividad y resolución, ante el gran problema de nuestra vida, como si no lo hubiésemos jamás examinado anteriormente. Fortifiquémonos con la palabra de Hermes versículo 12:

Quien se mantiene ante Dios en el respeto y el amor, soportará todo porque tiene paz en la Gnosis. Todo se le vuelve bueno incluso lo que es malo para los demás. Y si se le ponen obstáculos lo da todo en ofrenda a la Gnosis y, él sólo, hace girar el mal en bien.

Esta usted pues en la medida de modificar completamente su relación con la esfera astral. Puede aniquilar y transmutar fundamentalmente su naturaleza astral, toda su naturaleza astral. Puede restablecer su estado embrionario auténtico y su unión con el Demonio del origen y renace, realmente, como hombre del Mundo divino.

Teniendo en cuenta nuestra situación esto suena como un cuento de hadas o tiene el aire de un prodigio. Pero queremos desvelarle el secreto de este prodigio. Convengamos que usted aplicará hasta el final las prescripciones de la escuela. Muchos de entre los alumnos corren inmediatamente al médico al mínimo mal y siguen escrupulosamente lo que les ordena. ¿Por qué no hacer otro tanto para el problema más importante de nuestra vida? En tanto que hombre dialéctico, no ha conocido jamás tan grandes dificultades como hoy en día. La corriente de vida humana, no ha estado jamás tan gravemente enferma y corrompida como en el presente.

Si le damos una vez más, alumno de la escuela espiritual Gnóstica, el método para seguir el camino que le lleva a la vida ¿Rechazará usted escrupulosamente sus exigencias?

 

CAPÍTULO XI:  INDICACIONES RELATIVAS AL CAMINO DE LA VIDA

 

Hemos comprendido que la relación particular que mantenemos. con la esfera astral, de nuestro campo de vida terrestre es, la causa principal de nuestros dolores y nuestras lágrimas. Algunos de entre nosotros tienen una vida muy difícil: la falta está en ellos. Todo lo que usted proyecta en el campo astral, vuelve hacia usted en un momento dado bajo forma de múltiples dificultades.

Nuestra relación con el mundo astral es pues, la causa principal de nuestros dolores y nuestras penas, de nuestra división y nuestras ilusiones, porque aunque llamados a un devenir para ser seres divinos, aunque elegidos para este fin hemos, hasta el presente, hecho mal uso de nuestro poder del pensamiento. Si nuestro poder del pensamiento es aún extremadamente insuficiente e imperfecto, creamos a pesar de ello por nuestra actividad mental en la esfera terrestre, toda clase de fuerzas y toda clase de demonios; y en un momento dado, esas fuerzas nos dominan ya que, en tanto criaturas nacidas de la naturaleza, debemos absolutamente reaccionar a ello. No alcanzamos pues a sobrepasar el estado embrionario, permanecemos infantiles. Así en la imposibilidad de liberarnos de la Tierra permanecemos unidos a la ley de la naturaleza dialéctica.

Si queremos liberarnos de esta miseria, hay que aniquilar la forma astral temporal que es la nuestra y abrirnos plenamente a las fuerzas de la Luz de la Gnosis, a la simiente divina como la llama Hermes

En las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz está relatada la forma que éste resistió a todos los pesos en el momento de la prueba de la balanza, en razón de la extrema belleza, del esplendor del vestido, de su condición. El vestido que llevaba era inmaculado. ¡Él representa el cuerpo astral! Podemos liberarnos de la tierra y acceder a la vida liberada a condición de purificar perfectamente, por la semilla divina, nuestro vestido, es decir, nuestro vehículo astral.

La simiente divina de la que habla Hermes es el fuego astral puro. Es la fuerza de la naturaleza original que rige el campo astral de nuestro estado embrionario. Al grito de dolor de Pablo: Cuán miserable soy, quién me liberará del cuerpo de esta muerte, hace eco la respuesta: Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo Nuestro Señor. No pensemos aquí en su personaje histórico, no pensemos en un dios como la ilusión mantenida por la Iglesia, sino a lo que da testimonio el prólogo del Evangelio de Juan con estas palabras: La Luz brilla en las tinieblas.

Toda la Tierra está llena de esta Luz. Sin esta Luz nada podemos. Todos los textos sagrados dan testimonio de esta certeza: Jesucristo es la Luz astral liberadora que trae la salvación, la pura Luz astral por la cual debe producirse el nacimiento verdadero.

Y ahora el gran problema está claramente expuesto. La situación de todas nuestras dificultades nos es dada. El verdadero nacimiento del hombre aparece ante nuestros ojos.

Pablo pronuncia las palabras tan conocidas: Así encuentro en mí esta Ley: Cuando deseo hacer el bien el mal está conmigo. Quién me liberará del cuerpo de esta muerte, gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor, la pura Luz astral divina.

Acto seguido en la epístola a los Romanos capítulo 6, versículo 26, concluye: Así pues, sirvo la Ley de Dios con todo mi entendimiento, lo que quiere decir, con mi Alma. Pero la carne, lo que quiere decir, mi personalidad del ser nacido de la naturaleza, se sirve de la ley del pecado.

Si examinamos esta conclusión parece que nos encontremos a menudo en la misma situación. Según el corazón, según el alma, la mayor parte de entre nosotros están a punto de despertarse en la Gnosis. Según el estado de su alma están guiados interiormente en la vida de Hijos de Dios, en la vida de la glorificación y se puede decir efectivamente de casi todos los alumnos de la Joven Gnosis, que la vida del alma le trae una gran alegría.

No tan sólo podemos decirlo, también probarlo. En calidad de alumnos no estarán nunca llenos de la Gnosis de la única verdad. Vivir en la Escuela y de la Escuela se les ha convertido en una necesidad interior absoluta. Lo que da testimonio por ejemplo el número cada vez creciente de inscripciones a nuestras conferencias. Las cifras siguen una curva ascendente y continua. Hay pues en nuestra Escuela un poderoso desenvolvimiento que concierne al alma. Los alumnos sienten interiormente una intensa necesidad de participar en el trabajo espiritual y la mayor parte han sido consolados de sus grandes penas. Todo esto es magnífico e incita a un profundo reconocimiento ya que es la prueba que el alma de casi todos está a punto de despertarse. Sirve a la ley de Dios con su corazón; muchos, sin embargo, permanecen miserablemente partidos en dos. Sirven la ley de Dios con el corazón en tanto que esto le es posible pero, para un gran número, la personalidad es a menudo aún llevada por los demonios de la Tierra. Desde el punto de vista de la personalidad, continúan aferrándose a su tipo carácter que han llevado desde su juventud. Así pues, aún no están despojados de su personalidad terrestre sometida a la ley del pecado.

Según el alma, están a punto de renacer pero, respecto a la personalidad, están aún llevados por los demonios terrestres. ¿Dónde está pues la solución del problema?

Pablo da la respuesta en la epístola a los Romanos capítulo 8 el espléndido capítulo en donde dice: No hay condenación, no hay perdición, no hay unión con la naturaleza para los que están en Jesucristo y que no van según la carne sino según el espíritu. Ya que los que viven según la carne, se aficionan a las cosas de la carne, pero los que viven según el espíritu se aficionan a las cosas del espíritu.

He aquí descrita en todo su esplendor la dificultad de la que le hemos hablado. Conocemos una vida del alma que se despierta cuyas necesidades son totalmente satisfechas; pero es una vida distinta de la vida de todos los días, de la vida en casa, en la situación social o en la intimidad de la habitación, detrás de las cortinas, lejos muy lejos de la Gnosis; vida totalmente conforme a nuestro tipo propio, a nuestro carácter, a la impulsión de nuestros demonios naturales; vida totalmente gobernada por las corrientes astrales de la naturaleza de la muerte.

Así pues, imposible negarlo, vivimos dos vidas y esto arriesga nuestra pérdida, incluso si tiene usted un gran amor por la escuela espiritual Gnóstica, incluso si no falta a ninguna conferencia, la separación se vuelve más grande con el tiempo y lo mismo su miseria. Ya que sépalo bien: la influencia astral de la naturaleza de la muerte aumenta continuamente. De forma que, si no interviene radicalmente en su vida, usted, en quien el estado de alma ha nacido, estará igualmente, a pesar de todo, perdido.

¿Cómo intervenir, sobre qué indicación?

Al lado de la vida del alma hay que tomar la decisión muy consciente de no vivir ya más según la carne y de aplicar científicamente esa decisión. He aquí la única solución tanto para los jóvenes, como para los viejos. Y cuanto más joven se empiece mucho mejor, ya que cuando la energía nos falta y no se puede ya tener suficiente vitalidad en el cuerpo nacido de la naturaleza es casi una cosa imposible.

«Si vive según la carne morirá» Entienda bien la intención de Pablo: Permanece usted prisionero del campo embrionario y desaparecerá totalmente en la noche cósmica y todo lo que se ha edificado de bueno sobre el karma del alma en el microcosmo, es entonces aniquilado. Y en el tiempo requerido, después de centenares de millares de años, estará obligado a empezarlo todo nuevamente. «Usted», es decir, su microcosmo.

«Si continúa viviendo según la carne morirá; pero si, por el espíritu hace morir las actividades del cuerpo, usted vivirá, como hombre verdadero en el mundo de Dios inmenso y lleno de alegría».

¿Esto es posible? Es imposible darle una respuesta general. Por eso, volvemos a la pregunta y decimos: Usted, alumno serio de la escuela espiritual Gnóstica, ¿es usted capaz? A lo que es perfectamente posible responderle: Sí, si no tiene duda de hacerlo. Se lo hemos demostrado. Hemos intentado exponerle que tiene usted el poder. Usted mismo puede en sí mismo descubrir hasta en qué medida es el caso. En todos y en distintos grados se despierta una vida nueva del alma. Y Pablo dice en la epístola a los Romanos capítulo 8 versículo 11: Si el Espíritu, el Alma, la Fuerza de la Luz de Cristo vive en usted Él dará también la Vida a sus cuerpos mortales. Él nos hará entrar en este proceso de recreación. Todos los alumnos pues de la Escuela Espiritual Gnóstica, hombres que se han girado hacia el desarrollo del Alma, pueden realizar ese trabajo ya que la fuerza necesaria les es dada; ella está en usted.

Se trata solamente de saber, si usted desea emplear esa fuerza y, en ese caso, si lo hace efectivamente empezando de inmediato. Y si tendrá suficientes fuerzas y perseverancia para pasar a través de las primeras dificultades de naturaleza demoníaca. Ya que la personalidad y el estado de vida de alguno, entre los alumnos, están tan deteriorados, tan corrompidos que le será muy difícil, al principio, el aplicar las normas elementales.

Admitamos sin embargo, que usted se pone a realizarlo. Hermes dice entonces: Las semillas de Dios son poco numerosas pero grandes, bellas y buenas. Son la virtud, la templanza y la beatitud en Dios.

¿Qué debe entenderse aquí por virtud?

La virtud, en el sentido hermético, es un comportamiento consecuente en armonía con las nuevas fuerzas del alma, que se manifiestan en usted y cimentada sobre ellas. Tiene usted un alma en ese sentido. ¿Comprende, comprueba usted lo que la Luz, la Luz de la Gnosis le trae? Pues bien, la virtud en el sentido hermético, es un comportamiento consecuente, en concordancia, con lo que usted comprueba, con lo que usted siente, penetra y comprende. Y por ese comportamiento que se revela a su vista interior, usted creerá. Hay que consagrarse a ese comportamiento con un deseo intenso. Debe usted aspirar a este comportamiento con todo su ser, según la palabra de las beatitudes o bienaventuranzas: Dichosos los que aspiran al Espíritu, ya que el Reino de los Cielos les pertenece.

¿Conoce ya este deseo poderoso que lo consume todo, de vivir en completo acuerdo con lo que le es trasmitido a su alma? Cuando usted asiste a una conferencia o un Servicio de Templo, algo ocurre en usted. ¡Su Alma, su Ser profundo, su corazón, están emocionados por la Fuerza de Luz de la Gnosis! Cuando recibe la Palabra, cuando la Fuerza de Luz le penetra, desea en lo más profundo de su Ser vivir en concordancia con esas cosas. Y cuando usted practica realmente esta virtud, una poderosa unión se establece en usted con la Fuerza Astral del Origen, con la Fuerza del Fuego Astral en la cual, el Logos ha introducido la idea de la creación del hombre.

Se trata ahora de tener fe en la fuerza de luz que le toca, fe en su entrada en el nuevo campo de vida. Ya que si tiene ese deseo, esta aspiración y esta fe, fe en su alma y en sus posibilidades, fe en el Amor de Dios, fe en la impulsión divina o en el impulso divino que hace nacer al verdadero nacimiento, entonces es usted llevado por reacción hacia otros pensamientos, porque aspira al reino nuevo.

Cuando un hombre desea algo, sus pensamientos se giran siempre hacia esta cosa.

Quien se gira totalmente hacia el nuevo estado de vida, llega, acto seguido, a concebir otros pensamientos. Y en el momento mismo en que sus nuevos pensamientos le purifican, las uniones astrales con todos los demonios de la destrucción se rompen. En cuando a sus demonios personales, desaparecen totalmente y, en tanto a los demonios creados y mantenidos por la colectividad, está usted totalmente liberado.

Dicho esto medite sobre la virtud hermética, sobre el nuevo comportamiento del que le hemos hablado.

¿Y ahora qué entiende Hermes por la Templanza?

Esta palabra significa que usted debe poner sus distancias, de forma consecuente y, reflexionar respecto a toda la vida dialéctica. Sobre todo que ya no sea su víctima. La templanza hermética le quiere en el mundo pero no del mundo.

Frente a la medida hay la desmedida. La medida es seguir una dirección con toda responsabilidad, teniendo en cuenta las circunstancias, las situaciones, a fin de eliminar en tanto que sea posible, todas las resistencias del sistema de la personalidad para permitir la utilización de las nuevas fuerzas del alma.

El nuevo comportamiento tiene relación con numerosos aspectos. Piense por ejemplo, en el erotismo elemento tan poderoso en la vida del hombre medio a cuyos impulsos sexuales está sometido. Amigos, los impulsos sexuales por lo menos, para la humanidad de hoy, están totalmente unidos a los demonios más peligrosos del campo astral. Por ello le hablamos de la plaga de la homosexualidad. Esta abominable corrupción está tan extendida en el mundo que diferentes gobiernos, por ejemplo en Inglaterra, Suiza y otros países de Europa del Oeste quieren modificar sus leyes, porque el mal aumenta por todos los lados en una medida alarmante… y, millares de hombres de arriba abajo, de izquierda a derecha, caen en la influencia de esa plaga.

El declive está próximo de ahí aún una prueba. Por ello usted está en posesión de una fuerza de alma viviente, utilice desde ahora las posibilidades ya realizadas en usted. La virtud que Hermes aconseja, la templanza de la cual habla, es extremadamente necesaria. Si usted la practica, entonces entrará en la beatitud de Dios, el perfecto conocimiento de Dios. Este es el auténtico nacimiento del hombre, del verdadero, la liberación. Si sobre la base de la fuerza de alma que usted posee ahora, la fuerza de luz de Jesucristo Nuestro Señor, escoge el nuevo comportamiento y somete todo lo que resiste en usted, en un deseo y en una fe absolutamente incondicionales, ganará la recompensa del hombre-alma verdadero: la liberación absoluta.

Ciertamente podríamos hablar mucho tiempo de todo eso, mucho más de lo que lo hemos hecho, pero no tenemos deseos de ello. Si nos ha comprendido, entonces le preguntamos: desea usted intentar con nosotros aplicar ese núcleo, desea con nosotros adaptar el nuevo comportamiento, de lo contrario su aprendizaje no tiene ningún sentido. Pero si toma con nosotros la decisión de recorrer el camino, firmemente, consecuentemente, descubrirá un día, hombre bienaventurado en Dios, que son la ilusión y la ignorancia que han llenado de mal todo el campo dialéctico, el campo embrionario y que lo mantiene en el mal. Pero quien destruye y rechaza esta ilusión, comprueba y ve todo en una gran autenticidad. Y según la palabra de Hermes de todo el mal, él hace el bien, el origen, el original.

Puede usted imaginarse que un grupo de hombres con el alma y el espíritu así elevados, son capaces en un mundo como el nuestro, de grandes y maravillosas cosas.

 

CAPÍTULO XII:  LA TIEIMA MATRIZ DEL MUNDO

 

En el análisis de la primera parte del onceavo libro hemos mostrado que Hermes hace una neta distinción entre la Tierra y lo que nombra el Mundo. En la filosofía hermética, el Mundo es el planeta santo y perfecto manifestado por Dios, en tanto que la Tierra es tan sólo una pequeña parte, uno de sus numerosos aspectos, la parte que hemos designado como el campo embrionario, o matriz del mundo, el lugar donde el hombre debe evolucionar y renacer en tanto que hombre verdadero.

A causa de cierto número de incidentes ocurridos en el transcurso del proceso de devenir humano, ese campo embrionario se ha materializado, Hermes nombra a este proceso de materialización y todas sus consecuencias, el proceso del mal; es pues un proceso de devenir no divino, ya que la materialización es una cristalización, así pues, un proceso de petrificación de estancamiento definitivo. Una tierra cristalizada, petrificada en un momento dado no puede servir de campo de vida a seres embrionarios es decir a entidades cambiantes, evolucionando. Por ello, en la historia del mundo, el campo terrestre presenta continuamente subidas y bajas una cristalización creciente y rompimiento continuo de esta cristalización, con el fin de que en el campo terrestre permanezca un campo de desarrollo.

Según Hermes es la simiente introducida en el intelecto por los demonios, la causa de esta materialización, elemento permanente de regresión. Un demonio es una fuerza natural. Lo hemos dicho antes, los demonios desde el punto de vista filosófico, son principios de fuerza astral creadas por la conciencia cerebral del intelecto Hay aún otras causas de formación de los demonios, pero en lo que nos concierne es una de las causas principales.

Repetimos: Los demonios son principios de fuerza astral que se han desarrollado a partir de la conciencia cerebral del intelecto humano. Un grupo de hombres puede crear tal principio de fuerza astral en el campo astral de la tierra y cada hombre en su propio cuerpo astral.

La simiente del intelecto es el pensamiento intelectual, la actividad cerebral. El pensamiento intelectual está continuamente en movimiento y lo que produce el cerebro tiene un efecto inmediato en el cuerpo astral. La actividad intelectual permite al hombre entrar en relación con su propio cuerpo astral, así como también con el cuerpo astral de la Tierra. La actividad intelectual del hombre provoca en el cuerpo astral de la Tierra y en el suyo propio un torbellino rápido, un fuego ardiente, un principio luminoso, que emite rayos hacia el exterior, así como hacia el interior. Esas fuerzas, esas actividades astrales se manifiestan igualmente en el centro del microcosmo y en el corazón del hombre, como una corriente animadora.

La corriente animadora de nuestra personalidad y de nuestro microcosmo, no es otra cosa que una actividad astral. Esa corriente animadora, asegura el equilibrio de toda la personalidad y la mantiene en la naturaleza de la rotación provocada en el campo astral.

Puede usted representárselo fácilmente: Hay una cierta actividad del intelecto; esos pensamientos arrastran un estado determinado en el cuerpo astral que nos envuelve por todos los lados y anima el centro de la personalidad, el centro de nuestro microcosmo. Y el centro de nuestro microcosmo, corresponde a nuestro corazón.

Cuando esos principios de fuego astral son creados de manera puramente especulativa por la actividad cerebral caótica y espontánea del hombre embrionario, inmediatamente la fuerza animadora, ya no está de acuerdo con una cierta armonía, con un cierto orden y naturalmente con la armonía y el orden divinos. Es pues lógico, que ese desorden tome su revancha. ¡Y piense que la actividad cerebral del hombre es caótica alrededor del 99%!

Dese cuenta usted mismo, del curso de sus pensamientos a lo largo de un día, las tensiones mentales que acumula en usted, las protestas que usted emite. Piense en la lípika que contagia todo y rebaja todo. Puede usted representarse cuantas agitaciones provoca en su cuerpo astral y como se vuelve el elemento animador de su ser.

Pero de hecho sólo hay un orden universal, un plan de evolución, es decir, el Plan de Dios, el Padre de todas las cosas. El Plan de Dios para el mundo y la humanidad. Sin embargo, este plan que concierne a la Tierra y a la humanidad, está completamente perturbado por la simiente diabólica del intelecto, por la actividad cerebral intelectual puramente arbitraria, especulativa, desordenada y desprovista de la mínima razón. El hombre manifestado está empujado hacia fuera de la condición prevista para él por Dios, sometido pues a la cristalización, a la petrificación, a la enfermedad y a la muerte hasta su fin. Así pues la materia es el mal, constata la filosofía hermética.

En el campo terrestre donde vivimos que se sumerge ahora una vez más profundamente en el mal y en la materia hasta tal punto que de nuevo la necesidad de un rompimiento y una purificación se presenta en nuestra época, tenemos en cuenta las nociones del bien y del mal. Normalmente se habla de un hombre malo o de un hombre bueno. Debemos reflexionar, ya que la calificación de bueno o malo, nada que tiene que ver aquí con las definiciones de mal o bien dadas por Hermes.

Nosotros que estamos en el mal, en sentido hermético, es decir en el proceso de materialización, llamamos criminal a un hombre malo. A nuestra forma de ver, un hombre bueno es hombre ordinario, correcto y honesto, caritativo por ejemplo. Pero, fíjese, tanto el hombre bueno como el hombre malo, están los dos cogidos en el proceso de cristalización, de materialización, de petrificación. ¡Los dos están en el mal! Y al igual que hay un mal en el sentido hermético que significa: Encontrarse en el proceso de materialización, de cristalización, hay evidentemente un Bien en el sentido hermético.

Hermes habla de ello como el Bien. Él entiende aquí el Bien, el Absoluto que es de Dios, del Logos, del Padre Universal. El Bien que contiene el orden perfecto del Plan de Dios, con quien el hombre espiritual, el hombre verdadero vive en perfecto equilibrio.

No obstante, este hombre dice Hermes: Está unido al bien y está salvado por Dios en su salvación. Entendemos ahora esas palabras. Inmediatamente el hombre que se ha sumergido en el mal y se cristaliza progresivamente se gira efectivamente hacia el bien, es decir hacia el orden divino, hacia la Gnosis, su descender se transforma inmediatamente en subida. La cristalización y sus consecuencias se cambian entonces en transfiguración. Y así como lo declara con fuerza el onceavo libro de Hermes, este hombre hace cambiar el mal en bien.

Según como ello es posible cuando se comprende, Hermes llama mal a la cristalización bajo todos sus aspectos, la petrificación, es la causa de todos los males y de la muerte. Cuando nos volvemos hacia el Bien, la cristalización finaliza y cede el lugar al proceso que conduce a la glorificación. Hermes dice en el versículo catorce: Dios, el demiurgo del Universo, hace todas sus criaturas a su semejanza. Podemos comprenderlo. En el Universo es el Maestro constructor de todas las cosas, que crea la esencia, el principio interior de todas las formas aparentes y las vuelve posibles. Cuando el hombre materializado se gira nuevamente hacia el único Bien, es purificado por el Bien, él que está tan ensuciado por el mal. Ya que el Bien es la realidad esencial, y el mal la ilusión, la irrealidad.

Es lo que Hermes dice a Asclepios, el hombre que quiere curarse a sí mismo. ¡En verdad que bella nueva! Quien invierte el curso de su cristalización dirigiéndose hacia el Bien, transforma el mal en Bien.

Sabemos que todo lo que tiene forma ha nacido del campo astral. El Mundo también tiene un campo astral y nuestra Tierra en tanto que aspecto del Mundo igualmente tiene uno. El comportamiento de la humanidad, ha vuelto el campo astral terrestre muy sumergido y peligroso. Nuevas fuerzas naturales que no provienen del Logos se manifiestan.

Sin embargo, este campo astral terrestre se volverá un día perfectamente semejante al campo astral puro y sereno del Mundo divino. No hay fundamento, diferencia esencial entre el cuerpo astral santo del Mundo y el cuerpo astral de la Tierra, sumergido y tenebroso. El campo astral provoca la degeneración, la densificación pero no participa en ello. En otros términos: Cuando el hombre se gira fundamentalmente, hacia el Bien y emprende la purificación de su campo astral, el mal se cambia en bien y no puede ser de otra forma. «El mal es lo lavado por el Bien» según la palabra de las Sagradas Escrituras. Es el secreto de la salvación que Hermes quiere explicar a Asclepios.

En tanto que seres embrionarios vivimos totalmente del campo tenebroso de la Tierra, y todas sus manchas aparecen hasta en nuestra sangre. Sin embargo, cuando nos giramos hacia el Único Bien, tenemos progresivamente parte en el campo astral del Mundo santo, de la Santa Tierra Madre, del planeta original creado por Dios. Y esta fuerza astral nos purifica de todas las miasmas del pecado.

¡Este es el secreto de la salvación! Por eso se dice en la primera epístola de Juan: Quien quiera que tenga esa esperanza en Él, se purifica, como Él mismo es puro. Éste, el que Es. El Espíritu Planetario el principio crístico.

Esta palabra de Juan es puramente hermética. Quien ha buscado la Gnosis, quien la ha encontrado y tiene en ella una fe perfecta, espera en ella y gira su corazón hacia ella. Lo que significa, que está lleno de la hoguera ardiente de la gracia. Es un fuego que da la fuerza para purificarse totalmente de todo mal. A quien quiere recorrer este camino, el versículo 15 del onceavo libro le da un consejo:

«Ya que la perfección y el poder de pensar del mundo, herramienta creada para ese fin por la voluntad de Dios, da fuerza y forma a todas las cosas y acto seguido las hace desaparecer en ellas mismas, a fin de que, guardando en ellas todas simientes recibidas de Dios, ellas creen todas las cosas conforme a su tarea y vocación propia y las disuelvan de nuevo renovándolas todas; por ello como hábiles jardineros de la vida, Ella las renueva después de haberlas disuelto haciéndolas manifestarse de forma diferente.

Hermes da aquí el consejo más importante de todos los tiempos.

Quisiéramos hablar ahora muy especialmente de esas palabras explicadas en el onceavo libro. Su intención es hacernos comprender cómo la vida del hombre que se densifica y cristaliza cada vez más, debe escapar al aprisionamiento del mal con el fin de pertenecer al Bien.

Ya que es un privilegio particular que tengamos el poder y el deber de meditar conjuntamente, en la época en que estamos sobre el comportamiento fundamental a observar, para alcanzar ese objetivo. Ya que la Tierra, el campo terrestre en donde suspiramos está sometido nuevamente a una gran revolución atmosférica y cósmica. Por eso tenemos el poder y el deber de reflexionar sobre ese comportamiento y poniéndolo en práctica podemos y debemos escapar aún a la caída.

Se trata de un comportamiento decisivo para una elevación, una liberación o para una caída más profunda. Debemos pues emprender, necesariamente, un estudio de esta cuestión esencial en la filosofía hermética. Pero considerando ese principio, debemos reflexionar en el tiempo así como también en las relaciones sociales de las cuales vivimos. Todas las Fraternidades Gnósticas desde los orígenes a nuestros días, en un momento dado han reflexionado en ese principio de vida hermético, en ese comportamiento único y decisivo.

Pero todas han tenido que hacerlo teniendo en cuenta las circunstancias de su época.

En el principio de vida de Hermes, ese comportamiento se expresa en la máxima siguiente:

Todo recibir, todo abandonar y por ello renovar todo.

Guardar en sí todas las simientes recibidas de Dios. Hacer manifestarse todas las cosas y disolviéndolas, de nuevo renovarlas todas.

 

CAPÍTULO XIII:  RECIBIRLO TODO, ABANDONARLO TODO Y POR ELLO RENOVARLO TODO

 

«Ya que la perfección y el poder del pensamiento del Mundo, herramienta creada para ese fin por la voluntad de Dios, da forma a todas las cosas y las hace desaparecer acto seguido en ellas mismas, con el fin de que, guardando en ellas todas las simientes recibidas de Dios, ellas creen todas las cosas conforme a su tarea y vocación propias y, desenvolviéndolas de nuevo, las renueven todas».

Esas palabras nos invitan, en principio, a descubrir la naturaleza y la esencia del mundo. Le recordamos pues, una vez más, que Hermes hace la distinción entre el Mundo y la Tierra: El Mundo es la manifestación de Dios y la Tierra una parte del mundo, el campo de devenir de la humanidad. El Mundo, dice Hermes, es el instrumento directo de Dios. El Mundo es un sistema maravilloso, grandioso y magnífico con múltiples facetas y una de ellas es la Tierra. Dios, el Padre del Mundo ha formado dice él, un sistema perfecto.

El Mundo es un poderoso organismo de enseñanza y de desarrollo, una escuela destinada a las entidades humanas, plenamente maduras así como a otras corrientes de vida. Inmediatamente que en el campo terrestre el hombre nace, efectivamente según su ser interior más elevado, debe pasar, a continuación, por todos los dominios del Mundo, una clase de universidad cósmica, a fin de realizar totalmente el curso de su desarrollo. En el sentido elevado, el Mundo es pues como la Tierra, un campo de desarrollo, un organismo que dispensa la enseñanza divina. Ya que:

«La perfección y el poder de pensar del Mundo, herramienta creada por ese fin por la voluntad de Dios, da forma a todas las cosas y las hace desaparecer acto seguido, en ellas mismas». El Mundo no es pues el objetivo final de la manifestación humana sino el medio empleado por Dios para llevar al hombre hacia el objetivo final.

Hay en el universo miríadas de sistemas solares e innumerables miríadas de planetas. Cada planeta es un campo de desarrollo que favorece la manifestación de un gran plan de Dios. La perfección y la capacidad del pensamiento del Mundo da forma a todas las cosas y las hace nuevamente desaparecer en sí mismas revelándolas, disolviéndolas, acto seguido y, renovándolas todas. En pocas palabras, toda vida manifestada por el Mundo, está marcada por la dialéctica mediante el subir, brillar y desaparecer para subir acto seguido nuevamente.

La dialéctica del Mundo, de hecho, es la dialéctica diferente de la nuestra. Para el Mundo la dialéctica es fundamentalmente inmanente, divina; para nosotros, la dialéctica es tormento, caída, prueba de esterilidad.

Considerando la dialéctica desde un punto de vida superior, guiados por la idea hermética, descubrimos que, por ella, el Mundo es la gran escuela práctica de la eternidad. La dialéctica implica movimiento continuo, continua rotación, todo lo que aparece revelación de todo y después desaparición de todo. Hay en el Mundo una diversidad casi infinita de formas, de organismos, de fuerzas y de fenómenos. El Mundo las muestra, las disuelve y las muestra nuevamente renovadas.

De lo que resulta que el Mundo debe demostrar ciertas posibilidades, ciertos valores y manifestar ciertas fuerzas presentes sin identificarse a esas fuerzas, posibilidades y valores. Lo fundamental, lo esencial, el divino ser mismo, permanece detrás del plan. Al igual que la escuela espiritual Gnóstica en el transcurso de los años no representa para nosotros la realidad pero intenta mostrárnosla, de la misma forma, el Mundo es el primer atrio en donde aparece el ser divino.

Si podemos verlo así, la dialéctica se vuelve algo grande, espléndido y poderoso.

Comprendemos entonces el versículo diecinueve:

«Así es que Dios es el Padre del Mundo y el Mundo el creador de todo lo que está en él; el Mundo es el Hijo de Dios y todo lo que está en el Mundo ha sido formado por el Mundo».

Estamos hechos con la materia de ese Mundo. Somos hijos del Mundo y todos los valores, todas las fuerzas, todas las posibilidades del Mundo se manifiestan alrededor y en nosotros. En consecuencia, estamos totalmente determinados por esta dialéctica superior del Mundo.

 

Sí, incluso somos dialécticos en tanto que hijos del mundo. Hasta el momento en que se revela el objetivo esencial: ¡La filiación divina! La filiación divina nos conduce del mundo hacia la majestuosa eternidad de Dios. El espíritu de Dios nos será un día insuflado por el Espíritu Séptuple. Entonces, de la escuela práctica, entraremos en la eternidad.

No le será difícil concebir intelectualmente todo eso. Pero aplicar lo que el camino pide de usted y llevarlo a buen fin, exigirá un esfuerzo casi sobrehumano. He ahí en que se resume el principio vital de Hermes. Al igual que Dios es el Padre del Mundo y que nosotros somos hijos del Mundo, está claro que el germen del bien, está presente en nosotros y duerme en nosotros. Por ello, debe aceptar al Mundo con su necesaria dialéctica, como una escuela de aprendizaje práctica. No es la escuela el objetivo, sino la vida verdadera que viene acto seguido. No el Mundo sino todo lo que está más allá.

Hay que orientarse y vivir de forma que se ponga la vida y todo el comportamiento en concordancia con esto. Lo que pertenece al Mundo en nosotros, la esencia de toda la personalidad, comprendida la conciencia cerebral intelectual, es complejo dialéctico; eso significa que tan sólo se trata de una realidad cambiante no duradera. Todo lo que Dios ha hecho y hace, la totalidad del plan de Dios para el Mundo y la humanidad «ordena el universo y lo adorna gracias a la diversidad de lo creado, a la continuidad de la vida, al ardor infatigable de la fuerza de manifestación, a la diligencia del destino, a la combinación de los elementos y el ordenamiento de todo lo que viene a la existencia, dice Hermes.

Así, en todos los seres vivos la percepción y la actividad del intelecto, penetran en ellos del exterior como sobre el soplo de lo que les envuelve. Pero el Mundo los ha recibido de Dios a su nacimiento, de una vez por todas.

El Mundo demuestra pues únicamente lo que es universal, lo que viene de Dios, lo que es realidad lo que es esto. «La criatura es también llamada». Y cuando en calidad de criatura no acepta usted el mundo, hecho por Dios como una escuela práctica y no se conforma, está usted en un error total. Ya que entonces, la otra dialéctica de la que hemos hablado tan a menudo durante años, la dialéctica vengadora, entra en acción.

Gracias al Mundo que nos envuelve, estamos impregnados de la simiente de Dios, pero a condición de poseer un alma pura que colabore con una conciencia cerebral purificada. De lo contrario, se es mortalmente envenenado por la simiente o semilla de los demonios y es entonces cuando la otra dialéctica entra en acción.

Se trata pues de saber si aceptamos el plan de Dios y su aplicación con todas las consecuencias. Si no, nos mantenemos en el mal, en lo que engendra la cristalización y la densificación de la materia. Tenemos pues que escoger entre el bien divino y el mal demoníaco. El mal demoníaco, nace inmediatamente cuando una criatura se opone en sí misma y en todas las cosas a la necesaria dialéctica del mundo. Entonces aparece la cristalización y la petrificación seguida de la pulverización y de la destrucción con el fin de un nuevo comienzo muy difícil.

Conocemos todos la dramática y tan conocida y dolorosa dialéctica de la naturaleza de la muerte. En lugar del movimiento poderoso y dinámico del mundo, semejante a un ritmo majestuoso, la disminución provocada por los factores de cristalización se manifiesta en todo hasta el completo estancamiento. Estancamiento llamado con todo derecho naturaleza de la muerte.

La naturaleza de la muerte es la caricatura de la dialéctica establecida por Dios en el Mundo. Usted puede liberarse inmediatamente de esta caricatura y de los fenómenos de esta fantasmagoría diabólica si se mantiene en el nuevo comportamiento y se une a la realidad del Mundo, es decir, al Hijo de Dios. Por ello, no es por azar y no es en tanto que metáfora mística, que se dice de Jesucristo que es el espíritu planetario del Mundo.

Podemos tener parte inmediatamente en el Cristo a la esencia del planeta divino, porque somos de este Mundo y salidos de este Mundo. Podemos inmediatamente girarnos hacia el Bien, hacia el plan de Dios para el Mundo y la humanidad. Cuando entendemos todo esto, cuando lo reconocemos como verdadero y lo seguimos, demostramos que el alma y la conciencia cerebral se han purificado y que poseemos el Nous de Hermes. El comportamiento que debemos adoptar tiene por base: Recibirlo todo, abandonarlo todo y con ello renovarlo todo. Esta es la perfecta aplicación, la perfecta sumisión a la dialéctica divina del Mundo.

Esta misión nos sitúa ante los más grandes problemas que no podemos ni debemos tomar a la ligera. En efecto, desde el punto de vista de la realidad social, nos encontramos en una situación extremadamente compleja por el hecho de que el principio esencialmente puro del Mundo está absolutamente mezclado con el mal.

¿Si queremos vivir totalmente siguiendo las normas de la dialéctica dada por Dios al Mundo recibiéndolo todo espontáneamente para hacer el empleo conveniente no nos arriesgaríamos, por ejemplo, a recibir y utilizar lo que proviene del mal del demoníaco? Y sí abandonamos o simplemente apartamos algunas cosas, valores y posibilidades ¿No nos arriesgamos en rechazar lo que proviene de la ley del Mundo?

Numerosos hombres actúan así de buena fe engañados por los que les dirigen. Por ello si no concebimos, si no cogemos ese deber con una externa inteligencia, es imposible que lo necesario se renueve de la justa manera, en el lugar justo y en el momento justo.

Además hay un factor muy importante, es la forma en la que se sitúa personalmente respecto a esas cosas. ¿Está usted preparado para aceptar un comportamiento que no puede ser de su naturaleza? Muchos entre nosotros son extremadamente conservadores respecto a muchas cosas. Pero la conservación no está en el nuevo comportamiento que pide constantemente que habiéndole todo recibido, estemos inmediatamente preparados para abandonarlo todo de nuevo. Por ello comprenderá que hay un comportamiento que hay que estudiar y comentar escrupulosamente. Y deberemos considerar como puede adaptarse a los tiempos actuales.

Hemos dicho ya que cada Fraternidad se ha encontrado ante la misión Gnóstica en su época; no es pues extraordinario que después de haber luchado tantos años por adquirir el alma, que debe ser la base del nuevo comportamiento, nosotros también seamos confrontados con esta gran misión.

En los meses y años por venir el grupo de la joven Fraternidad deberá llevar una asignatura totalmente nueva.

 

 

 

 

CAPÍTULO XIV:  EL ÚNICO OBJETIVO DEL SER HUMANO

 

El problema al que le hemos sometido en el capítulo precedente evidentemente no es un problema que deba ponerse o exponerse al hombre endurecido anclado sobre la naturaleza; al hombre, cuya alma no ha nacido aún, es decir, que no ha llegado todavía a la madurez; al hombre totalmente de la tierra terrestre; que no percibe aún los horizontes del nacimiento verdadero y que no puede aún desearlo.

El problema de conciencia que indicamos sólo es válido para aquel cuya alma ha nacido, gracias a un corazón purificado, habiendo restablecido la unión con la conciencia cerebral del intelecto que puede pues, con pleno derecho, pensar en la afiliación divina, que debe recibirse en este mundo, pero que no es de este mundo.

Según Hermes, el mundo es una escuela, una universidad. La escuela práctica de la eternidad. Y ésta no puede ni quiere retenernos prisioneros. No lo quiere porque el mundo es el Hijo de Dios, pues es Él quien ejecuta el plan de Dios. Y no lo puede, porque su esencia y su modo de actividad son totalmente dialécticos, es decir, que ella es una manifestación continua, una disolución continua y renovación continua.

Supongamos que ahora usted comprende todo esto interiormente, que usted penetra en el nuevo orden del mundo, del verdadero orden del mundo, del estado de alma viviente, de forma que ve los diferentes aspectos del mundo real. Infaliblemente usted deseará participar completamente en el sentido y la esencia del mundo. Sí, usted lo sentirá como una necesidad natural. Ya que ha escapado de la tierra terrestre y ha entrado en la gran escuela práctica de Dios. En esta condición le ponemos ahora ante el axioma del verdadero comportamiento gnóstico: Recibirlo todo, abandonarlo todo y con ello renovarlo todo.

En el curso del mundo superior todas las cosas, todas las fuerzas y todas las posibilidades tienen cierto ritmo. Por mediación del alma recibimos las fuerzas astrales puras, gracias a las cuales, podemos realizar todos lo que el plan divino nos asigna, gracias a las cuales podemos pues participar en la construcción de la gran casa de la eternidad. Por mediación de la conciencia intelectual purificada actuando totalmente en unión con el alma, recibimos de Aquel que se mantiene detrás del plan del mundo, las sugestiones, las ordenes de Dios, tal como los hemos percibido en las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz.

Pero las fuerzas y las ideas nos llegan en un cierto entorno en la existencia presente, en la presente situación, en nosotros y alrededor de nosotros. Hay que darse cuenta que ni la situación presente, ni esta existencia, ni este entorno son reales, reales en el sentido divino. Ya que la realidad cotidiana no es en absoluto la realidad final, la coronación final de nuestro desarrollo. La realidad cotidiana soportará numerosas transmutaciones. Tendrán lugar en nosotros transfiguraciones y estaremos totalmente sometidos a ellas.

Por ello el aspirante a los misterios gnósticos, no puede ni debe considerar o juzgar la realidad cotidiana como estática. Tan pronto como lo hacemos, tan pronto como queremos retener sólidamente las cosas que poseemos, que las declaramos absolutamente adquiridas, entramos en contacto inmediatamente con el mal. Efectivamente hacemos así obstáculo a la fluidez de la dialéctica superior del mundo. Entonces sobrevienen factores de disminución, materialización, petrificación y pulverización. Es la razón por la cual es preciso que el candidato después de recibir todo, absorberlo todo en vista de su grandioso devenir abandone nuevamente inmediatamente lo que es directamente presente. No debe permanecer inmóvil en ninguna cosa. Jamás debe decir a propósito de lo que sea: «ES MÍO”.

Ya que tan solo cuenta el objetivo único: ¡LA ULTIMA DIVINIZACION! La situación presente la existencia actual tan sólo cuenta en la medida en que ella pone al interesado, no solamente en recibir y adquirir fuerzas y comprensión interior, sino también en emplearlas concreta y directamente a la única construcción. Por lo demás, nada de lo que existe tiene el mínimo sentido. El candidato a cada segundo está pues preparado a abandonar también todo lo que existe sin reclamar nada como propio. Lo hace incluso sin pensar. Hacer su deber en tanto que tal no le supone, pues,  ningún problema. Usted comprenderá que cuando se recibe todo y que no se opone a nada a este don, el gran proceso de renovación, el proceso de transfiguración continúa dando libre curso hasta la realización total. Se ha recibido todo gratuitamente, darlo todo gratuitamente, según las palabras del Sermón de la Montaña. Y esas palabras no valen solamente para algunos trozos de materia grosera, sino para todo lo que usted es, todo lo que usted desea; vale para todo lo que sirve a su PAZ VERDADERA.

Supongamos que haya adoptado ese comportamiento aceptado verdadera y espontáneamente, sin reserva el comportamiento dictado por Hermes. ¡Que maravilloso sería! Pero en tanto que vivimos en el orden del nacimiento, según la naturaleza es preciso compartir la vida de una humanidad, siempre unida a la tierra terrestre. De una humanidad que cogida por la ignorancia y poseída de sus propios demonios rechaza recorrer el camino del devenir humano superior.

Sí, sin el mínimo problema es usted un ejemplo vivo del nuevo comportamiento, sus hijos, al menos, seguirían fácilmente su ejemplo. Pero incluso antes de tomar parte en la vida, ellos están generalmente degradados en el 99% por los métodos
de educación a los cuales usted les somete.

Se indica ese principio: es preciso preparar a nuestros hijos para la vida social. Tenemos que tratar con una humanidad siempre unida a la tierra, terrestre, conservadora al más alto grado que retiene todo y que se acoge a todo. Tenemos que vivir con una humanidad que desea recibir pero no quiere abandonar nada.

De ahí aparece la necesidad de ocupar una posición social para mantener las necesidades materiales y las de su familia. En consecuencia, tenemos cotidianamente que hacer, que tratar con el mundo del mal. Además de las leyes existentes que reglamentan mal que bien la vida que los hombres llevan en común. Así pues, hay que obedecer a esas leyes y a las autoridades que las han hecho y las defienden.

En una de las epístolas a los Corintios Pablo hace una llamada interesante respecto a la asociación de la ley con la esencia del pecado. Así pues con la esencia del mal, con la materialización: «La justificación del pecado es la ley» las leyes que regulan la vida en común parten todas del principio de que el hombre se revoluciona siempre contra la sociedad. Que está siempre a punto para transgredir el principio. Lo que ha inspirado más o menos todas las leyes que rigen nuestra vida en sociedad es que el hombre se obstina en transgredirlas.

 

Sin embargo es notable que el hombre girado interiormente hacia la Gnosis, va a encontrarse, a cada instante en conflicto con esas leyes. No es que quiera transgredirlas, sino porque desea escapar de esta vida en común y elevarse en el mundo de Dios. Pero de esto el legislador nada tiene que hacer. Y toda trasgresión a la ley es castigada. También el hombre es mantenido en la medida en que quiere permanecer en paz con el mundo para observar las leyes de la vida en común.

Sin embargo, graves problemas bastante difíciles de resolver se traducen aquí. Las antiguas fraternidades que nos han precedido, han tenido la tarea un poco más fácil que nosotros. Su sociedad por ejemplo, no era ni industrializada ni sometida a la técnica. Los antiguos hermanos eran labradores o artesanos.

La tierra no estaba tampoco tan poblada. Y la Fraternidad podía reunirse fácilmente en sitios aislados para formar comunidades o colonias. Podían separarse sin dificultad de una sociedad sin entrar en conflicto con lo que sea. Los antiguos Cátaros habían buscado la soledad de las grutas, antes incluso de ser perseguidos. Establecieron comunidades en todo el sur del país cátaro, defendidos por numerosos miembros de la nobleza que compartían sus puntos de vista.

Y conoce sin duda la historia de las antiguas comunidades de los bogomilos estrechamente emparentados con los cátaros. Formaron comunidades agrícolas muy especialmente en el país eslavo. Vivían únicamente de los productos de la tierra fabricando con sus manos las cosas indispensables y proveyéndose a todas sus necesidades. Esas comunidades conocían su propia ley. No se ocupaban de los demás hombres ni de las autoridades y podían conformarse con la antigua sabiduría de Hermes. Y la ponían realmente en práctica. Las comunidades formadas así eran verdaderamente, puramente gnósticas; no hay que confundirlas o compararlas con lo que se entiende por comunismo en la naturaleza de la muerte. No se trataba de ninguna forma de un poder de estado comunista o fascista o dirigente. Era exclusivamente la aplicación práctica de la palabra: Recibirlo todo, abandonarlo todo para finalizar elevándose en la vida divina de la continua renovación. Nada podía ni debía retenerles. Permanecían en el desatarse absolutamente de las cosas de la naturaleza de la muerte

Pero al igual que en un momento los cátaros fueron perseguidos y exterminados, igualmente perecieron todas las comunidades de los bogomilos. Y al igual que los supervivientes cátaros de Europa Occidental continuaron su actividad en secreto bajo la regla de la Rosacruz, igualmente los bogomilos prosiguieron su trabajo en la clandestinidad para surgir de nuevo más tarde, al este de los países eslavos.

Estudiando en el presente la segunda página de la historia de los bogomilos descubrimos que ya no les era tan fácil continuar su antigua vida siguiendo las severas prescripciones. Ya que las autoridades de los países en donde vivían si en un principio no les persiguieron quisieron imponerles sus leyes. ¿Por qué los antiguos habitantes de esos países se habían doblegado a las leyes, pero no así la Fraternidad de los bogomilos?

En tanto que ciudadanos del estado, estaban forzados a obedecer. Pero eso implicaba su aniquilamiento. Así que emigraron nuevamente hacia territorios inaccesibles. El espacio de una vasta parte del mundo como la Siberia, por ejemplo, lleva las señales de su vida. Por todas partes bajo el espesor de varios metros de nieve y de hielo encontramos sus señales. Pero la ley también los atrapó. Esto hasta nuestros días. Por lo que sabemos una secta bogomila emigró al fin del último siglo a Canadá y estableció una comunidad cerrada llena de pureza y de elevación, envuelta y protegida por montes y bosques inmensos. Sin embargo, en estos últimos años esta comunidad ha entrado en conflicto con las autoridades canadienses. Ya que las autoridades editan leyes y reglamentos relativos a la agricultura. Por ejemplo, hay en casi todos los países, una ley relativa a la tala o la prohibición de tala de árboles y de bosques. Hay, acto seguido, intereses de naturaleza agrícola. Hay también la instalación de vías férreas. Y esta secta no ha cesado en retirarse en el curso de los cincuenta últimos años al norte, hasta el momento inevitable donde su problema se vio de nuevo.

Si formáramos el plan de fundar semejante comunidad ¿dónde debería hacerse en un país tan poblado como el nuestro?

Por ello, por la evidencia, el problema se sitúa ante nosotros: ¿cuáles son las relaciones de un gnóstico que quiere vivir según la Ley de Hermes con el hombre puramente natural, el hombre de la naturaleza de la muerte, que considera este mundo como el objetivo de su existencia? ¿Ve usted que lo que se presenta ante nosotros no es simple? Ciertamente esta situación es muy difícil. Por ello es preciso hacer una elección. Hay que adoptar un comportamiento claramente nuevo. No hay en la sociedad de hoy, ninguna posibilidad de poner distancias con relación a ella como lo hacían los antiguos hermanos.

La pregunta permanece: ¿Cómo resolver este enigma?

 

 

 

 

CAPÍTULO XV:  NUESTRO COMPORTAMIENTO Y LAS CIRCUNSTANCIAS ACTUALES

 

«Recibirlo todo, abandonarlo todo y por ello renovarlo todo.» Tal es el axioma del comportamiento gnóstico. Como ya lo hemos dicho, permanece el mismo a través de los siglos y de todas las Fraternidades Gnósticas que lo han tenido en gran honor. Tan sólo los métodos de realización de ese principio fundamental, único, han tenido que variar en razón de las circunstancias a través de los siglos.

Antaño los pequeños grupos estaban muy aislados. No disponían de los medios modernos de comunicación y aún menos de información. Su radio de acción era pues muy restringido.

Por ello es extraño, por ejemplo, que los bogomilos hayan influenciado en su tiempo a la totalidad de los Balcanes y sobre todo gran parte de Rusia y que los Cátaros hayan tenido autoridad durante largo tiempo en casi todo el sur de Francia donde eliminaron a la iglesia oficial dominante.

Es chocante ver igualmente como más tarde, la idea y la misión de los Rosacruces se expandieron con la rapidez del relámpago sobre toda Europa, teniendo en cuenta que antaño el trayecto de Calw a Holanda fue, por ejemplo, por así decirlo, un viaje al fin del mundo. Ahora vamos de Holanda a casa de nuestros amigos de Alemania, de Suiza, de Francia muy fácilmente o les llamamos por teléfono.

Por ello nos preguntamos cómo antaño el mensaje de la Rosacruz pudo llegar tan rápidamente al norte y cómo el sur pudo responder tan rápidamente. Intentemos dar una respuesta a esta pregunta y de saber cómo, sin la prensa y los medios de comunicación de los que disponemos actualmente la Gnosis, pudo en esa época casi simultáneamente en un vasto círculo que envuelve el antiguo mar del mundo empezar un trabajo, cuya profunda radiación se extendió por todos los lados en un desarrollo que ahora ya no es posible. Las antiguas Fraternidades tenían una cierta estrategia. Los que participaban en el gran trabajo disponían individualmente de poderes superiores y algunos de entre ellos se diseminaron siguiendo un plan determinado por todos los sitios donde los hermanos debían establecerse.

Todos los hermanos y hermanas responsables disponían de poderes llamados superiores. Dondequiera que se encontrasen estaban mutuamente en contacto telepático e intuitivo. Y podían, sobre todo durante sus horas de sueño, entrar en contacto con el alma. Así estaba ya asegurada una formidable coordinación de todo el trabajo.

Además es interesante saber que en esta época el cuerpo del hombre de la masa, no era tan denso, tan cristalizado como en el presente. Y sobre todo que vivía en el reposo y el silencio de la Edad Media que nos es imposible imaginar. El hombre estaba aún abierto, porque el poder del pensamiento, la conciencia cerebral intelectual no estaba aún mutilada. Además la esfera astral no estaba aún tan oscurecida como en el presente. Y cuando llegaron las persecuciones por parte de la iglesia y del estado, del estado con el consentimiento de la iglesia y la iglesia con el consentimiento del estado, innumerables fueron los que pasaron a través de las mallas de la red y prosiguieron el trabajo de diferentes formas. No hubo en la historia del mundo un solo día, una sola hora en que el santo trabajo fuese interrumpido.

Le decimos esto para mostrarle que el comportamiento hermético es posible sin perturbación. A medida que el grupo de alumnos de la Joven Gnosis progresa en la revelación de la salvación se puede hablar más de ello. El grupo está incluso preparado para realizar el trabajo sin hacerse notar. Cualquiera que sean las circunstancias. La pregunta que se impone ahora es el saber cómo en nuestra época teniendo en cuenta todos los factores, orientar su comportamiento para satisfacer la exigencia mínima. Esta pregunta plantea el problema del nuevo comportamiento que el grupo deberá adoptar totalmente en los años venideros. Hay que reflexionar sobre el principio de base del comportamiento del devenir con el cual nuestro grupo, teniendo en cuenta las circunstancias y los aspectos de nuestro tiempo, deberá progresivamente caminar hacia el Único y glorioso fin.

Y repetimos la pregunta: ¿Cómo teniendo en cuenta todos los factores de nuestra época orientar su comportamiento a fin de satisfacer la exigencia hermética mínima, y sobre esta base no dejarse llevar ni absorber por la naturaleza de la muerte?

¿Qué hacer por ejemplo, para no ser considerado como enemigo del estado ó extremista? ¿Qué hacer para obtener del aprendizaje los resultados más prácticos es decir, la renovación efectiva, la liberación? ya que es lo que tenemos que hacer ¿no es cierto? hay que tener seriamente en cuenta el hecho de que nuestra vida está totalmente cogida en el engranaje de la sociedad y las instituciones del Estado que no podemos simplemente sustraernos a ellas. Sobre este punto hay que aplicar la regla de oro de los antiguos hermanos de la Rosacruz que querían que cada hermano o hermana adoptara la vestimenta del país en donde él o ella vivía.

¡Pero esto… sobre la base del estado del alma viviente! Reflexione. Ya que si el alma de usted no es libre, si el alma de usted no está manifestada, no ha adquirido el nuevo comportamiento, se encontrará cogido con múltiples dificultades, llegará pronto a un punto muerto: sólo el alma nos vuelve libres.

En los años transcurridos continuamente hemos hecho hincapié sobre ese punto y esto sale también superabundantemente en nuestra literatura: es necesario, en primer lugar conquistar el alma, liberar el alma por el renacimiento. Se tenemos un alma entonces ponemos la base para vencer todo lo que se resiste sobre el camino del aprendizaje.

 

FALTA LA PÁGINA 94

 

Rosacruz de Oro se abstendrá siempre y en cualquier circunstancia de toda actividad política sea en la forma que sea. Ya que la actividad política carga de responsabilidades que tarde o temprano podrían causar un estorbo y un serio perjuicio a la marcha del servicio de la Gnosis.

Alguna vez ha ocurrido en el transcurso de la historia que un gnóstico ha aceptado un lugar elevado en el estado. Pero era con fines muy particulares al servicio del único Bien que persigue todo gnóstico, así pues, totalmente fuera del plan político.

El gnóstico deberá tener su lugar en la vida social, esto es natural; pero a condición de poder realizar su trabajo en una perfecta integridad y absoluta honestidad. Un ejemplo se lo aclarará. En estos asuntos hoy en día hay numerosas prácticas totalmente deshonestas. Naturalmente todos pueden citar alguna. Es esta una de las causas más importantes de degeneración de la vida social.

Ya que el comercio proviene del deseo de posesión. No del deseo de poseer lo que es útil y necesario para nuestra propia vida, sino el deseo de vivirlo como una especie de deporte. Usted sabe que respecto a la mitología, Mercurio es el dios de los comerciantes y de los ladrones. ¡Mercurio, el comercio, los ladrones en el mismo saco! ¿Sabe usted quién es Mercurio?

¡Mercurio es Hermes Trismegistos el tres veces grande!

El hermetismo es la más alta concepción de Mercurio y la más magnífica. La religión del pensamiento. La religión del espíritu. Servir al Padre.

Con el fin de poder desarrollar ese poderoso pensamiento en colaboración con el espíritu, el hombre ha adquirido una conciencia cerebral intelectual.

Sin embargo la degradación, el estado de pecado del hombre, la ha empujado a malgastar el poder del intelecto que hubiera debido ayudar al devenir de un Mercurio, un Hermes, un servidor de la jerarquía divina pero que lo ha vuelto esclavo del comercio, esclavo de la civilización fundada sobre la pasión de la riqueza y del poder, sobre el instinto del dominio, sobre el culto del ego que se expande en casi toda la humanidad. Mercurio, el dios de los comerciantes y de los ladrones ¿No se vuelve evidente la realidad de esta palabra: por la corrupción, el mejor se vuelve el peor?

Por ello, la gran herida por donde el mundo pierde su sangre es el espíritu de lucro, un espíritu lleno de mal. ¿Qué ocurre en efecto? El intelecto está totalmente ocupado en buscar mercados. Una vez que los ha encontrado y los asuntos prosperan, hay que mantenerlos cueste lo que cueste; incluso, a veces, al precio de millones de vidas si es a escala internacional. Quien profundiza en las causas de las guerra, quien estudia las causas de la primera y segunda guerra mundial, tendrá el corazón lleno de consternación.

La literatura (como el libro del americano Pierre Banpaassen «Los días de nuestro fin» y otros semejantes) eleva a veces una punta del velo. Los comerciantes de esta tierra controlan el estado la religión y la filosofía. En pocas palabras todo está a su servicio.

¡Mercurio, Hermes Trismegistos, el yo de los comerciantes y de los ladrones!

Cuán consternante y significativo es el estado de decadencia de la humanidad. Si usted participa no tan sólo entrará en practicas deshonestas sino que corromperá a toda su personalidad. Ya que cuando usted debe reflexionar en la forma de ganar dinero y no duda en adoptar ciertas prácticas, gira sus pensamientos en esa dirección y corrompe inmediatamente su vehículo astral. Y cuando usted une su vehículo astral a sus pensamientos y deseos, su sangre pronto es impregnada y también concuerda.

Comprenderá que tal comportamiento asociado al aprendizaje es tal vez teóricamente posible; puede en efecto asistir a las reuniones y conferencias leer un libro y hablar de la Gnosis. ¿Pero para qué le sirve todo eso? Debe usted ganar la libertad. Debe ganar la plenitud eterna. ¡Este es el objetivo de la Escuela!

Es por esto que debemos tener seriamente en cuenta nuestro comportamiento. En las situaciones descritas su aprendizaje tal vez no sea inútil pero no le llevara jamás a la liberación. Quien como hombre de negocios no es perfectamente honesto y leal siguiendo las normas de la Escuela, daña el Cuerpo Viviente y a la Escuela. También amigos si están en los negocios si usted tiene un negocio considérelo como los antiguos artesanos consideraban su trabajo. No haga negocios para volverse rico, sería la pérdida irrevocable de su alma sobre todo en una escuela como la nuestra.

Y si usted no puede evitar ese conflicto, escoja otro trabajo. Nos parece también que no se debe aceptar ningún trabajo susceptible de llevar ataques al mundo y a la humanidad, por ejemplo un lugar en una industria que produzca medios de destrucción o en los laboratorios de experiencias nucleares y otras cosas parecidas. Nos parece que los alumnos de la Escuela espiritual no deben aceptar tales funciones. Ya que sólo el hecho de escribir una carta o de mantener una conversación telefónica, daña fuertemente el cuerpo astral por la misma naturaleza del asunto y los pensamientos y sentimientos que suscitan.

Cada uno de nosotros debe seriamente reflexionar y tomar una decisión; y esa decisión es muy fácil sobre la base del estado de alma viviente. Su pensamiento debe ser perfectamente puro; la conciencia del intelecto perfectamente purificada. Sino, se engaña, comete un error y su aprendizaje es una ilusión, una apariencia. Los padres deberán vigilar a que la enseñanza y la educación que dan a sus hijos les oriente en la buena dirección, a fin de protegerlos antes de que sea demasiado tarde contra la caída o la degradación de su sensibilidad a la Gnosis y su asistencia llena de gracia.

Tenga cuidado: la vida social ordinaria puede, en particular para las personas que aspiran a la Gnosis, volverse y ser un peligro mortal. Por ello la Escuela Espiritual actual debe con todos sus alumnos estar atenta a las cuestiones de las funciones en la sociedad a fin de proteger a la escuela y de no cargar inútilmente la vida de sus alumnos. Es bueno también atraer su atención sobre los problemas del miedo. Muchos hombres tienen miedo de todo y de nada. Miedo de romper con lo que es inútil, miedo de situaciones que no son buenas e inferiores a sus propias normas. Comprenderá a la luz del axioma hermético: recibirlo todo, abandonarlo todo y con ello renovarlo todo, que la angustia no tiene sentido. Quien vive fundamental y perfectamente en concordancia con la fuerza del alma y satisface las exigencias de la vida liberadora no tiene que preocuparse.

La angustia es una ilusión. Si usted vive del alma ningún cabello de su cabeza caerá sin la voluntad de su padre celestial. Por ello se dice en el sermón de la montaña: “No os preocupéis, buscad primero el reino de los cielos y su justicia y todo el resto os será dado”. Además la angustia, la preocupación y el temor degradan mucho el vehículo astral y abren la puerta a los demonios haciendo así del aprendizaje una ilusión.

Nuestro instinto de conservación es otro punto importante. No podemos o no queremos abandonar lo que es perjudicial o inútil al gran objetivo Único. Este instinto de conservación toma un color diferente para cada uno. Queremos decir que la liberación necesaria no es todavía absoluta. Nuestra atadura a las cosas, a la materia, al dinero, tal vez a las situaciones, a los humanos, atadura que no entra en las normas de la Gnosis, degrada aún más el cuerpo astral con todas las consecuencias resultantes. El cuerpo astral es un cuerpo muy ardiente y con el fuego puede quemarse a sí mismo y también perjudicar por la impiedad.

Si desea también llevar a buen fin su viaje hacia la vida liberadora es preciso empezar el camino más importante de su vida como Cristián Rosacruz con cuatro rosas rojas en su sombrero. De esto vamos a hablar ahora, a fin de colocaar claramente ante su conciencia las normas del nuevo comportamiento que la Escuela Espiritual actual pide a sus alumnos.

 

 

 

CAPÍTULO XVI:  LA CORRIENTE CIRCULAR DE LAS FUERZAS DE LUZ GNÓSTICA

 

Antes de penetrar en el corazón del asunto digamos con insistencia que el problema del nuevo comportamiento al que le sometemos vale exclusivamente para los que tienen el alma nacida y que viven de un corazón puro que han establecido la unión entre las fuerzas del alma nueva y la conciencia cerebral del intelecto, así pues, que controlan esta conciencia. Ya que sin este control, el alumno no puede aún aspirar a la pureza astral ni sustraerse al mal para seguir al único Bien. La corriente circular de las fuerzas gnósticas debe, ante todo, estar aseguradas en el sistema del candidato.

Éste es el fundamento de todo desarrollo gnóstico verdadero: la corriente circular de las fuerzas de luz gnósticas debe estar asegurada en el organismo.

Todo el proceso sobre el cual atraemos ahora su atención y que le transmitimos, presenta diez aspectos. El primer aspecto nos recuerda la palabra de las Bienaventuranzas:

«Dichosos los que aspiran al espíritu».

La base es una vida verdaderamente animada por el esfuerzo serio y el deseo de liberación. En el momento en que uno se vuelve interiormente un verdadero buscador, nace una actividad astral provocada por el intelecto. Es imposible aspirar realmente a la Gnosis sin que este hecho determine pensamientos. Así pues, si tiene un deseo que le lleva verdaderamente a la búsqueda, suscita en usted una actividad intelectual así como una actividad astral; y ésta se manifiesta también, tanto en el exterior como en el interior. Cuando una nueva fuerza es iluminada en el campo astral del sistema humano, vemos brillar un rayo hacia el exterior pero también hacia el interior. Un campo de luz se desarrolla como una tensión ardiente en medio del macrocosmos en total concordancia con el deseo del alumno; y es ese campo de luz, quien selecciona y asimila la fuerza de luz gnóstica.

Si el alumno persevera en su aspiración y sus esfuerzos a pesar de todas las resistencias inevitables, esta fuerza de luz concentrada, tocará el centro del santuario del corazón, alcanzará el santuario de la cabeza y se transmitirá a la sangre. La sangre así cargada circulará a través del cerebro e influenciará diferentes centros del santuario de la cabeza, de los cuales algunos están latentes. Se trata ahora de saber si el sistema cerebral con todos sus diferentes centros reaccionará a la intervención de la influencia gnóstica transmitida por la sangre. En caso de que sea así, un nuevo pensamiento intelectual nacerá en el santuario de la cabeza. Está claro que esta nueva actividad del pensamiento ese nuevo desarrollo de la conciencia del intelecto a su vez influenciará en el cuerpo astral.

De esta forma el cuerpo astral es purificado. Purifica usted el cuerpo astral únicamente por un pensamiento nuevo nacido de la sangre. Entonces nuevas fuerzas astrales son liberadas que se dividen en cuatro éteres puros, los cuatro alimentos santos.

Esos éteres tocan el cuerpo vital y se dirigen hacia todos los órganos y fluidos del cuerpo material que hacen vivir y actuar; y se manifiestan en fin nuevamente en la sangre.

La corriente circular es así establecida: el proceso que ha comenzado en la sangre se manifiesta en el pensamiento, después en el cuerpo astral, después al cuerpo etérico y nuevamente en la envoltura material y la sangre. Mediante ese nuevo principio animador, la Gnosis adquiere pues el control de todo el sistema del alumno. Una vez establecido este dodécuple proceso consecuencia de un comportamiento totalmente entregado al proceso en cuestión, se puede mantener el comportamiento sin la coacción. Cuando la corriente circular de las fuerzas de luz gnóstica ha nacido en el sistema, ya no hay la mínima dificultad en perseverar en el comportamiento gnóstico.

La antigua gnosis china llamaba a esa corriente circular, la circulación inversa. Sin duda ya habrá oído hablar de ello en el pasado. Cuando el nuevo comportamiento se ha vuelto un hecho, el candidato se da cuenta que su sistema precisa de ese comportamiento. Es un comportamiento que rechaza completamente la dialéctica de la naturaleza de la muerte; él engendra:

Primero, una entrega inquebrantable.

Segundo, una armonía creadora perfecta.

Tercero, una inteligencia práctica.

Cuarto, un servicio sacerdotal.

Si reflexiona, descubrirá que ese comportamiento emana ante todo del alma. Solamente un hombre que vive únicamente del alma puede llegar a ello y hacerlo suyo.

Pero es también necesario el fruto de la actividad del santuario de la cabeza. Estos últimos años hemos hablado continuamente del santuario del corazón y del nuevo estado del alma que debe de nacer en Belén; ha llegado ahora el tiempo en que debemos atraer su atención sobre el nuevo nacimiento sobre la resurrección que debe realizarse en el santuario de la cabeza.

Mediante el proceso dodécuple descrito, la conciencia cerebral del intelecto se vuelve una base susceptible de recibir la efusión del Espíritu Santo, nuevo proceso que puede perfectamente ser llamado Bodas Alquímicas con el Espíritu, con Dios, con el Padre mismo. El candidato sube entonces el primer peldaño fundamental de la religión del pensamiento del maneísmo, como decían los antiguos, expresión sacada de la palabra manas que quiere decir pensador.

Esto significa: estar en el mundo al servicio del grande y santo trabajo; estar en el mundo pero no ser del mundo, a fin de ejecutar el gran trabajo, lo que será exigido también de cada uno y, finalmente, recibir la realeza del Espíritu. Llevarle hacia esa victoria después del nacimiento del alma, es el único objetivo de la Gnosis.

El nuevo comportamiento de las cuatro rosas es la puerta del maneísmo, puerta del templo de los misterios de nuestro Padre-Hermano Cristián Rosacruz.

Que puedan todos franquear esa puerta es nuestra esperanza y nuestra oración.

 

 

 

 

CAPÍTULO XVII:  DOCEAVO LIBRO:  LA CLAVE DE HERMES TRISMEGISTOS

 

I.          Hermes: ayer te expuse mis reflexiones Asclepios y es justo que consagre las de hoy a Tat, ya que son la síntesis de las explicaciones más generales que le había dado.

II.         Dios, el Padre y el Bien, tienen la misma naturaleza o más bien la misma fuerza activa.

III.         Ya que la palabra naturaleza engloba todo lo que nace a la existencia y crece según la voluntad de Dios, tanto las cosas movibles y cambiantes como las cosas inmóviles e inmutables; las cosas divinas como las cosas humanas.

IV.        La fuerza activa de las cosas divinas y de las cosas humanas es, sin embargo, diferente, como ya lo hemos demostrado anteriormente; no hay que perder jamás esto de vista.

V.         Ya que su voluntad es la fuerza activa divina y su principio es el deseo de dar la existencia a todas las cosas. En efecto, ¿quién es Dios, el Padre, el Bien, sino la razón de ser de todas las cosas incluso las que no existen aún? En verdad: la razón de ser del universo. Tal es Dios, el Padre, el Bien, y ningún nombre puede serle dado. Ya que, si el mundo y el Sol son los comunes procreadores de todos los seres vivos no lo son, sin embargo, en la misma medida que Dios causa del bien y de la vida. Si bien son la causa llena y completa, lo son exclusivamente por la ineludible acción de la voluntad del Bien, sin la cual nada puede existir o venir a la existencia.

VI.        El Padre, es la causa de sus hijos, de su nacimiento, de su crecimiento y de su desarrollo y ellos reciben del Sol el deseo del Bien. Ya que el Bien es el artesano del universo. No puede decirse eso de nadie más que de Él, que no recibe jamás nada pero que desea que todo exista.

VII.       Yo no digo oh Tat, que hace todas las cosas, ya que quién hace algo varía a veces por inestabilidad la calidad y la cantidad o, a veces hace una cosa y a veces otra totalmente diferente. Sin embargo, Dios, el Padre, el Bien es el mismo, la existencia del universo.

VIII.      Para quien es capaz de ver se ha dicho: Dios quiere la existencia y Él es la existencia. Y todo lo que es Tat, sólo existe por una razón: que el Bien se haga conocer conforme a la naturaleza de su principio.

IX.        Tat: Oh Padre nos has llenado totalmente de esta bella y maravillosa visión que al ojo de mi corazón, girado hacia ella, aprovecha la santificación.

X.         Hermes: Verdaderamente, ya que tal visión interior del Bien no es como la radiación fulgurante del Sol cuya luz ciega y lleva a cerrar los ojos. La meditación interior ilumina y cada vez más cuando uno se vuelve receptivo a las corrientes de los rayos que ofrecen la comprensión. Ella actúa con una gran fuerza en lo más profundo de nosotros y no nos engañará jamás, ya que está llena de lo divino.

XI.        Quienes pueden entrar en tal visión interior, se absorben a menudo en la maravillosa concentración del cuerpo totalmente inmóvil, al igual que nuestros ancestros Urano y Cronos.

XII.       Tat: ¡Pueda ser también igual para nosotros padre!

XIII.      Hermes: que Dios te lo conceda hijo. En cuanto a nosotros, no hemos aún llegado a esta contemplación. No somos capaces aún de abrir los ojos de nuestro Nous y de entrar en la contemplación de la inmutable e inimaginable belleza del Bien. No la verás antes de haber dejado de hablar de ella: ya que la Gnosis del Bien es el silencio divino como apaciguamiento de todos los sentidos.

XIV.      Quien la ha encontrado una vez, no puede ya interesarse en otra cosa. Quien la ha contemplado una vez, no tiene ojos para nada más, no tiene oídos para nadie más; ya que incluso su cuerpo comparte la inmutabilidad. En efecto, habiendo desaparecido todas las percepciones e incitaciones del cuerpo Él permanece en reposo.

XV.      Cuando la Gnosis ilumina toda la conciencia Ella inflama de nuevo todo el alma y al alumno desatándole del cuerpo. Así transforma todo el hombre, transmitiéndole su naturaleza fundamental. Y es que la divinización del alma que acompaña a la visión de la belleza del Bien no puede realizarse en el cuerpo mortal.

XVI.      Tat: ¿qué entiendes por divinización padre?

XVII.     Hermes: cada alma aislada sufre cambios hijo mío.

XVIII.    Tat: ¿y qué significa aislada?

XIX.      Hermes: ¿no has aprendido por mis explicaciones generales que todas las almas que giran en el mundo como si cada una hubiese sido sembrada con un lugar asignado se han desatado del alma única, del alma universal? Estas almas sufren numerosas transformaciones tanto en una elevación llena de gracia como tan pronto en sentido contrario.

XX.      Las que se deslizan, se cambian en habitantes de las aguas, los habitantes de las aguas en habitantes de la tierra, los habitantes de la tierra en habitantes del aire y los del aire en hombres. En fin, los hombres entran en la inmortalidad cambiándose en demonios y elevándose en el corazón de los dioses.

XXI.      Hay dos corazones de dioses; el corazón de los dioses movibles o cambiantes y el corazón de los dioses inmóviles o inmutables.

XXII.     Este último estado es la más perfecta y más alta gloria del alma.

XXIII.    Si el alma que ha entrado en un cuerpo humano permanece en el pecado, ella no catará la inmortalidad y no tiene parte en el Bien sino que ella se vuelve, se precipita, hacia atrás sobre el camino de retorno, al estado de bestia deslizante. Esto es la caída del alma que peca.

XXIV.   El mal del alma es su ignorancia. Su falta de Gnosis, el conocimiento que viene de Dios. Ya que cuando el alma ignora las cosas esenciales y su naturaleza así como el bien y en consecuencia está completamente ciega ella está cogida en la trampa y violentamente asida por las pasiones carnales.

XXV.    Así pues, el alma bajo la influencia del mal está por falta de conocimiento de su propio principio, sometida a un cuerpo extraño indigno del hombre. Ella sufre bajo la carga del cuerpo que no domina sino que la domina. Éste es el mal del alma.

XXVI.   Por el contrario, la virtud del alma es la Gnosis, el viviente conocimiento de Dios. Ya que, quien posee este conocimiento es bueno; está consagrado a Dios y ya es divino.

XXVII.   Tat: ¿qué hombre es pues padre?

XXVIII.  Hermes: Es un hombre que habla poco y que escucha poco.

XXIX.   En efecto quien pasa su tiempo escuchando discusiones, combate contra las sombras. Ya que Dios, el Padre, el Bien, no se deja expresar por la palabra ni comprender por el oído.

XXX.    Todos los seres es verdad tienen sentidos sin los cuales no podrían existir, pero el conocimiento viviente de Dios es netamente distinto de la percepción sensorial. Y es que la perfección sensorial nace de influencias y de impresiones que tienen su poder sobre nosotros. Sin embargo, la Gnosis es la plenitud del conocimiento, el conocimiento que es un Dios de Dios.

XXXI.   Ya que toda Gnosis es inmaterial. El vehículo del cual se sirve es el Nous quien a su vez tiene por vehículo el cuerpo. Así pues, dos actividades tienen lugar en el cuerpo: la que opera mediante el Nous y la que lo hace mediante la materia. Ya que todo debe nacer de la oposición y de la contradicción. No puede ser de otra forma.

XXXII.   Tat: ¿quién es pues el dios material?

XXXIII.  Hermes: el mundo, el cual es bello y lleno de eficacia pero no es bueno. Ya que es material y muy sujeto al sufrimiento. Es el primero de todo lo que está sometido al sufrimiento y el segundo de todos los seres, pero no existe por sí mismo. Su génesis tiene un comienzo pero es eterno porque por su naturaleza es un eterno devenir. Y el móvil de ese eterno devenir es la creación de las cualidades y cantidades, ya que todo movimiento de la materia es nacimiento, devenir.

XXXIV. La inmutabilidad divina hace nacer el movimiento de la materia de la forma siguiente: El mundo es esférico comparable a una cabeza. No hay nada material por encima de esa cabeza ni nada espiritual por debajo de sus pies: todo es materia. Sin embargo el espíritu también es esférico como una cabeza que está movida al igual que una esfera. En la cabeza, todo lo que toca la envoltura en el interior de la cual se encuentra el alma es inmortal, porque el cuerpo ha sido formado, por decirlo así, en el interior del alma y el alma es superior al cuerpo. Sin embargo todo lo que está alejado de esta envoltura es mortal, porque tiene más cuerpo que alma. Así pues, todo lo que vive, incluso el universo, está compuesto de materia y de espíritu.

XXXV.  El mundo es la primera criatura: después del mundo, el hombre es el segundo ser viviente, pero el primero entre los mortales. Tiene en común con los demás seres vivos el elemento animador. No tan sólo ya no es bueno, sino que está, incluso, en el mal en razón de su estado mortal.

XXXVI. El mundo no es bueno porque es móvil pero no está en el mal porque él está en el mal.

XXXVII.            El hombre está pues doblemente en el mal: porque es móvil y porque es mortal.

XXXVIII.           El alma del hombre se manifiesta de la siguiente forma: la conciencia en el intelecto, el intelecto en la fuerza del deseo, la fuerza del deseo en el fluido vital, el fluido vital se expande por las arterias, las venas y la sangre, el animal a la criatura animal y la lleva, por así decirlo.

XXXIX. Por ello algunos piensan que el alma es la sangre. Ignoran que el fluido vital se retira primero en el cuerpo del deseo, acto seguido la sangre se coagula y cuando las arterias y las venas se han vaciado entonces muere la criatura. Así tiene lugar la muerte en el cuerpo.

XL.       Todo reposa sobre un mismo principio aún salido del único, del Sólo y único.

XLI.      Ese principio está puesto en movimiento a fin de ser a su vez el motor del universo. El único, sin embargo, está inmóvil e inmutable.

XLII.     Así pues hay tres: Dios, el Padre, el Bien, el mundo y el hombre; Dios contiene el mundo, el mundo contiene el hombre. El mundo es el hijo de dios, el hombre es el hijo del mundo, se podría decir, el niño de Dios.

XLIII.     Dios no ignora al hombre; por el contrario lo conoce perfectamente y quiere ser conocido por él.

XLIV.    Tan solo una cosa libera, salva y cura al hombre: la Gnosis, el conocimiento de Dios. Es Ella el camino de la ascensión al Olimpo. Tan sólo por ella el alma se vuelve verdaderamente buena; no tan pronto buena y a veces mala, sino buena por necesidad interior.

XLV.     Tat: ¿qué quieres decir con esto, oh Trismegisto?

XLVI.    Hermes: piensa en el alma de un niño hijo mío. Cuando la separación entre ella y el Ser no es aún completa, cuando el cuerpo es aún pequeño y no ha alcanzado su pleno desarrollo ¡qué bella es su contemplación! no ha sido aún ensuciada por las pasiones del cuerpo y en gran medida está aún unida al alma del mundo.

XLVII.   Sin embargo, cuando el cuerpo alcanza su pleno crecimiento y el alma es atraída hacia abajo por el peso del cuerpo se separa del Ser y cae en el olvido. No participa ya para al Bien ni para lo Bello. Y el olvido engendra el mal.

XLVIII.  Lo mismo ocurre a los que dejan el cuerpo terrestre. Cuando el alma entra en sí misma, el soplo vital se retira en la sangre y el yo del soplo vital. Pero cuando el Alma-Espíritu se ha purificado de sus velos y por su naturaleza divina ha tomado un cuerpo de fuego, recorre todo el espacio y abandona al juicio la materia.

XLIX.    ¿Qué quieres decir padre? Has dicho que el Nous estaba separado del alma y el alma del soplo vital y has dicho también que el alma era el vestido del Nous y el soplo vital el vestido del alma.

L.         Hermes: quien escucha hijo mío debe estar en unión de conciencia con aquel que habla y seguirlo en sus pensamientos. Su oído debe ser pues incluso más fino y más rápido que la voz de aquel que habla.

LI.        Todos esos velos hijo mío se constituyen en el cuerpo terrestre. Ya que es imposible al Nous por su esencia, vivir desnudo en un cuerpo terrestre: porque el cuerpo terrestre no puede llevar una divinidad tan grande y una fuerza de este esplendor y de esta pureza, no puede soportar estar unido por un toque directo a un cuerpo sometido a las pasiones.

LII.        Por ello el Espíritu se envuelve en los velos del alma; el alma que bajo ciertos aspectos es también divina, se hace la sirviente del soplo vital en tanto que el soplo vital gobierna la criatura.

LIII.       Cuando el Alma-Espíritu se ha desatado del cuerpo terrestre se envuelve inmediatamente del vestido que le es propio, el vestido de fuego, imposible de llevar en tanto que ella viva en el cuerpo terrestre. Ya que la Tierra no soporta el fuego; tan sólo una chispa bastaría para envolverla en llamas. De ahí viene que la Tierra está totalmente rodeada de agua como en una esfera para protegerla contra las llamas del fuego.

LIV.      El Espíritu, la más rápida de todas las creaciones del pensamiento divino, tiene también por cuerpo, el más rápido de todos los elementos: el fuego. Ya que el espíritu creador de todas las cosas utiliza el fuego como vehículo para la obra de la creación.

LV.       El pensamiento universal crea pues el universo. El pensamiento del hombre solamente crea lo que es terrestre. Ya que el pensamiento del hombre no está revestido de fuego, es incapaz de dar la existencia a cosas divinas y sus vehículos le retienen en los límites de lo humano.

LVI.      El alma humana (no un alma cualquiera sino el alma verdaderamente consagrada a Dios) es, en cierto sentido, un buen demonio, Ella es divina. Cuando tal alma se separa del cuerpo después de haber seguido el camino de la verdadera piedad (camino que conduce al nacimiento de lo divino y a la abstención de todo prejuicio e injusticia hacia el prójimo) se vuelve un Alma-Espíritu perfecta.

LVII.     Por el contrario el alma impía cambia de naturaleza se reprende y castiga ella misma y busca un nuevo cuerpo terrestre en el que poder habitar; pero únicamente un cuerpo humano ya que ningún otro cuerpo podría llevar un alma humana. Por decreto divino, ningún alma debe rebajarse hasta habitar el cuerpo de un animal sin razón. He aquí en verdad una ley de Dios que protege al alma humana de una gran vergüenza.

LVIII.     ¿Pero cómo es castigada el alma humana padre?

LIX.      Hermes: ¿hay hijo mío un castigo mayor que la impiedad para el alma humana, que fuego más devorador que la llama de la impiedad, qué bestia salvaje mata el cuerpo como la impiedad mutila el alma? ¡No ves que sufrimiento debe soportar el alma impía cuando, implorando ayuda exclama: me quemo, las llamas me devoran, no se lo que debo decir o hacer! ¡Yo miserable, consumida por los vicios que me gobiernan no veo ya nada ni entiendo nada!

LX.       ¿No son esos los gritos de un alma que sufre el castigo? Tat hijo mío ¿no ves cómo la masa del alma después de haber abandonado el cuerpo adopta la forma de un animal? Esto es un profundo error.

LXI.      El Alma es castigada de la siguiente forma: cuando el espíritu se convierte en demonio está obligado a tomar un cuerpo de fuego para el servicio de Dios; y cuando ese demonio entra en un alma profundamente impía la flagela con el palo de los pecados. Bajo esa flagelación, el alma impía se precipita en todos los vicios humanos tales como asesinatos, bajezas, blasfemias y violencias de toda clase.

LXII.     No obstante, cuando el espíritu penetra en un alma llena de piedad, la conduce hacia la luz de la Gnosis; tal alma no se cansa jamás de cantar jubilosa las alabanzas a Dios y, en imitación del padre, hacer el bien, de diferentes maneras, a todos los hombres por el acto y la palabra de diferentes maneras.

LXIII.     Por eso hijo mío, en tus acciones de gracias a Dios debes rezar para recibir un noble espíritu. Entonces el alma se eleva hacia un bien superior y su caída se vuelve imposible.

LXIV.    Existe una comunidad de almas: las almas de los dioses están unidas con las de los hombres, las de los hombres comercian con las de los seres sin razón. Los seres superiores son situados por encima de los seres inferiores, los dioses por encima de los hombres, los hombres por encima de las entidades desprovistas de razón y Dios toma a su cuidado a todos. Ya que se mantiene por encima de todos; todos le somos inferiores.

LXV.     Así pues, el mundo está sometido a dios, el hombre al mundo y las entidades desprovistas de razón al hombre: y Dios está por encima de todos y de todo y engloba a todo en su solicitud.

LXVI.    Las fuerzas divinas que se manifiestan activamente son los rayos de su Sol. Las fuerzas de la naturaleza son las actividades irradiantes del mundo. La habilidad manual y el deseo del conocimiento son las actividades radiantes del hombre.

LXVII.   Las fuerzas de radiación divinas se manifiestan por el mundo, actúan sobre el hombre por mediación de las radiaciones naturales del mundo; las fuerzas de la naturaleza se manifiestan por mediación de los elementos; los hombres por mediación de su habilidad manual y el deseo de conocimiento.

LXVIII.  El universo está gobernado de la misma manera conforme a la esencia del único, cuyo espíritu lo penetra todo.

LXIX.    No hay nada más sublime y más activo que Su espíritu, nada que estimule más la unión de los hombres con los dioses y de los dioses con los hombres. Su espíritu es el buen demonio. Bienaventurada el alma que está llena de Él; miserable el alma que está privada de Él.

LXX.     Tat: ¿qué quieres decir con ello padre?

LXXI.    Hermes: ¿Piensas hijo mío, que toda alma posee el espíritu del bien? Ya que es de este espíritu que yo hablo ahora y no del espíritu inferior citado anteriormente y que la justicia divina rebaja.

LXXII.   Sin el espíritu el alma no se puede ni expresar ni actuar. A menudo el espíritu huye, entonces, el alma ni ve ni entiende ya nada. Es semejante a un animal sin razón, tan grande es el poder virtual del espíritu. Pero el espíritu no soporta ninguna alma impotente en comprender; abandona a la que está sometida al cuerpo y que el cuerpo impide aquí abajo su voz.

LXXIII.  Semejante alma hijo mío no posee ninguna unión con el espíritu; incluso no se puede calificar ya de humana. Ya que el hombre es un ser divino que no podría ser comparado a ninguna otra criatura viviente sobre la Tierra, sino solamente a las criaturas superiores, las criaturas celestes, que llamamos dioses.

LXXIV.  Más exactamente osamos expresar la verdad: el hombre que es un verdadero hombre está por encima de los dioses y por lo menos le es perfectamente semejante en poder.

LXXV.  En efecto, ninguno de los dioses celestes franqueará los límites de los cielos para descender sobre la Tierra. No obstante, el hombre se eleva hasta el cielo y abraza su extensión; él conoce tan bien la sublimidad de los cielos como las cosas que están por debajo. Asimila todo con exactitud y por encima de todo no tiene necesidad de dejar la Tierra para elevarse a los cielos. Tal es la amplitud y extensión de lo que su conciencia alcanza.

LXXVI.  Por ello osamos decir: el hombre terrestre es un dios mortal, el dios celeste es un hombre inmortal.

LXXVII. Y por ello: todo se manifiesta por mediación de esas dos entidades: el mundo y el hombre, pero todas las cosas emanan del Único.

 

CAPÍTULO XVIII:  BUSCAD PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA

 

En el onceavo libro, Hermes da a Asclepios una visión general de un asunto muy importante, que concierne a todos los que sienten la necesidad interior de llegar a la curación y de estudiar el significado profundo de este tema, antes de poder actuar de forma liberadora.

En el doceavo libro va más lejos y se dirige a Tat. Es el hombre que después de haber comprendido, puede llegar a actuar de manera liberadora. Quien siguiendo el ejemplo de Tat quiere recorrer el mismo camino, debe entender bien que, si bien se debe hacer una neta distinción entre las cosas divinas y humanas no hay, sin embargo, ninguna separación fundamental entre Dios y su creación, entre Dios y su criatura.

Entre Dios y la creación no hay ningún vacío: ya que de la divinidad emana una radiación, un flujo de energía que llena todo el universo. Esta radiación, esta corriente de fuerza, es denominada el Bien, el único Bien, en la sabiduría hermética. Se habla también de la naturaleza fundamental. Por único Bien o Naturaleza Fundamental se define la actividad divina en su suprema pureza. El único Bien sólo puede engendrar el bien. Él conoce una forma de eclipsar, como está explicado en el onceavo libro, pero también se renueva repitiéndose incesantemente.

Existe, lo sabemos, aún otro bien. Cuales sean las circunstancias que se transforma siempre sistemáticamente en su contrario, el mal. Pero el único Bien así como el bien que se cambia en mal, son de una misma naturaleza. El flujo de energía que emana de la divinidad, que llena todo el espacio, todo el universo es la naturaleza, la naturaleza fundamental la cual es omnipresente.

Se puede suponer, en principio, que sólo hay una naturaleza. No obstante, vemos en todo el universo manifestarse una gran diversidad de naturalezas. Pero si queremos comprender algo del doceavo libro de Hermes , es preciso ver que hay una sola naturaleza fundamental; y todas las naturalezas que se oponen, son destruidas y llevadas a la única naturaleza. Esos pensamientos indeciblemente consoladores, esta certeza reconfortante, aparece en el inicio del doceavo libro. La palabra «naturaleza» que engloba todo lo que viene y se desarrolla en la existencia, define la corriente divina; la séptuple corriente de la naturaleza divina es la causa de toda actividad y todo movimiento cualquiera que sea. Pero así como lo dice el versículo cuatro de nuestro texto, la fuerza activa de las cosas divinas es totalmente diferente de la de las cosas humanas. No hay que olvidar jamás esto. No era necesario que esas fuerzas fueran diferentes ¡pero en el estado de las cosas presentes ellas lo son!

¿Por qué razón si bien hay una sola naturaleza fundamental, la naturaleza humana actúa la mayoría de las veces de forma tan malvada y deplorable? Se debería, no obstante, concluir la idea de que habiendo solamente una naturaleza fundamental, todo debería estar en perfecta concordancia con esta naturaleza fundamental. ¿De dónde viene que a menudo es lo contrario?

Para esclarecer este punto hay que comprender que la Naturaleza fundamental tiene dos aspectos. Hermes habla de ello como del deseo y de la voluntad. Dice: el deseo es el principio de la naturaleza fundamental y la voluntad su fuerza activa.

Mire en usted mismo. Hemos salido todos de la naturaleza, formados por la naturaleza, todos somos sus criaturas, seres esencialmente naturales. Por ello los dos aspectos de la Naturaleza fundamental están también presentes en nosotros. Desde el primer grito y hasta el instante presente hemos sido y estamos siempre empujados por una cierta envidia, un cierto deseo. Esta es la nota fundamental de la naturaleza, tanto en su forma divina como en su forma terrestre.

En realidad todos estamos llenos de envidia y de deseo. Por una voluntad que actúa en nosotros como una fuerza mágica, es preciso que realicemos lo que deseamos. Por la voluntad, que es una fuerza mágica, alcanzamos el principio esencial de nuestra naturaleza. Por lo menos ello es posible. Todas las criaturas poseen esos dos aspectos. Y por ello, para extraer inmediatamente la conclusión, es absolutamente cierto que accederán todos a la vida liberadora, si concuerdan total y armoniosamente sus tendencias, deseos y sus aspiraciones al deseo de la naturaleza fundamental. Cuando la naturaleza de sus deseos esté en perfecta armonía con el deseo fundamental de la naturaleza, entonces comprobarán concretamente que poseen la fuerza de alcanzar lo que desean.

Cuando su voluntad no quiera otra cosa que la voluntad de la Naturaleza fundamental, ¡entonces serán victoriosos! Cuando la Lengua Sagrada dice: «no desearéis nada» y la enseñanza universal habla del no deseo, esas nociones conciernen siempre a orientaciones que se apartan del doble principio de la naturaleza fundamental y así desarrollan en la naturaleza una contranaturaleza. Sin embargo amigo, si usted ve esto claramente penetrará en el significado del versículo 5: «En efecto, ¿quién es Dios, el Padre, el Bien sino la razón de ser de todas las cosas, incluso las que no existen aún?»

Antes de querer una cosa debe de haber el deseo. Una actividad, una manifestación es el resultado siempre de la voluntad, no del deseo. Pero el deseo precede a la voluntad.

La voluntad se desarrolla gracias al deseo. El deseo implica la idea, el toque del plan Universal; el deseo es una radiación astral.

He ahí la esencia de toda naturaleza. Las fuerzas que se concentran en su cuerpo astral también se concentran alrededor del corazón. El aura del corazón es de naturaleza puramente astral. Todas las fuerzas, todas las radiaciones que envuelven a la personalidad afluyen en el hígado y las que salen de él son de naturaleza astral. Son las fuerzas astrales que le hacen vivir. Por ello, el órgano que se encuentra en el lado derecho, el hígado, es nombrado en holandés «lever» del verbo «leven» vivir. El hígado es la puerta de acceso de todas las fuerzas astrales en el organismo físico.

Así pues la naturaleza de todos nuestros deseos, de todo hacia lo cual somos llevados a su origen, toman forman en nuestro cuerpo astral. Por ello el deseo es una radiación astral; es el principio de la naturaleza. El deseo es lo que no se ha realizado todavía, ya que lo que se ha realizado no tiene ya necesidad de ser deseado sino solamente conservado.

Comprenderá pues que cuando un hombre se pone en concordancia con el principio del deseo de la Naturaleza fundamental, cuando usted alumno de la Escuela Espiritual actual concuerda con el campo astral del Cuerpo Viviente en toda su pureza y serenidad, admite en su ser el puro principio fundamental de la Naturaleza. Y en el mismo instante es puesto en posesión de una fuerza temible, la fuerza de Pentecostés que da la posibilidad de realizar lo que se desea. ¡Ya que lo que sigue al deseo es la voluntad! Entonces descubre que el aspecto voluntad de la Naturaleza fundamental es liberador. Por ello se dice, por ejemplo, en el prólogo del evangelio de Juan: «A los que Le aceptan les da el poder de volverse Hijos de Dios».

En cuanto usted une su ser al principio de la Naturaleza fundamental, en el momento que su deseo está en armonía con ella, recibe la fuerza para volverse Hijo de Dios.

Está claro que todo esto es de la más alta importancia para quien quiera trabajar en la viña del Señor; para quien quiera servir de una u otra manera a la Escuela Espiritual actual; el trabajador recibe entonces la fuerza de realizar su tarea, la fuerza de llevar a bien su trabajo cuando se une con todo su ser a la Naturaleza fundamental, cuando se identifica con ella. Un Tat, debe mantener constantemente esto en su espíritu.

En el mismo orden de ideas hay que interpretar las palabras del sermón de la montaña: buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo el resto le será dado por añadidura.

Si usted invierte esos dos aspectos jamás obtendrá el mínimo resultado. No obtendrá jamás el objetivo: su trabajo se deshará entre las manos. Otro aspecto de esa verdad es que puede desde entonces explicar todas las tensiones de su ser ¡¿cuántos de entre ustedes no permanecen, de vez en cuando, en una fuerte tensión interior?! Ahora ve la causa. Así como un gran número de las que se desarrollan en nuestro campo de existencia y en la vida social. Sabe también que toda tensión en un momento dado conduce a una explosión. Pues bien, puede usted prevenir y neutralizar todas esas tensiones, las suyas en particular como las de su entorno así como las explosiones que resultan de ello. En razón de que principio mismo de su ser se hace uno con la naturaleza, como hemos intentado mostrarle. Efectivamente, toda su existencia y la que lleva, en tanto que microcosmo, se explica por la naturaleza.

Por ello su naturaleza comporta o tiene también dos aspectos: deseo y voluntad, el principio y la puesta en movimiento. Sin la naturaleza fundamental esos dos aspectos no sellan nada. Sin embargo, cuando su principio es decir el deseo, su deseo, se aparta del principio de la Naturaleza fundamental; cuando su deseo no está en concordancia con el principio de la Naturaleza fundamental, se desarrolla inmediatamente una tensión, tensión que tiene por causa el conflicto con la naturaleza fundamental. Y cuando usted se obstina en la mala dirección, la tensión aumenta de hora en hora; esto termina por explotar y usted está en lucha abierta consigo mismo y con terceros.

Todo esto es evidente científicamente. Sobre todo si se comprende que desear es atraer y querer es irradiar. La Naturaleza fundamental atrae pues hacia sí, por su mismo principio, toda criatura, razón por la cual ella es designada en la filosofía de la Rosacruz como «la madre o matriz».

La Naturaleza fundamental atrae hacia ella toda criatura. ¿Por qué? Para llenar a la criatura de la idea fundamental, dando el aliento a la manifestación. Pero si la criatura se opone se produce, naturalmente, una tensión. La tensión crece según cierta ley y cuando se alcanza el último límite, se produce inevitablemente la explosión. Todo explota y este rompimiento es el principio mismo de la muerte, el aniquilamiento de la fuerza que se desvía. Lo que permanece vuelve a lo fundamental y es de nuevo atraído. Se puede decir que, más o menos a largo plazo, la naturaleza fundamental terminará siempre por triunfar; al fin el único Bien será el vencedor.

Se puede ahora definir perfectamente la naturaleza del campo de la creación. En su ignorancia, el hombre religioso según la naturaleza dice a menudo que Dios lo ha creado todo. Que todo lo que ha sido formado debe ser conservado. Es un triste error. Lo cual explica las insistentes palabras del séptimo versículo:

«No digo que Dios hace toda cosa. Ya que quien hace algo, varía a veces por inestabilidad la calidad y la cantidad, tan pronto hace una cosa como otra totalmente diferente. Sin embargo, Dios, el Padre, el Bien, es Él mismo la existencia del Universo».

Con ello Hermes quiere mostrar a Tat que la aparición del Universo, la manifestación del Universo, no se hace espontáneamente y no deja abierto tan sólo un camino, una posibilidad. No, la criatura que, en un momento dado, se vuelve consciente de poseer las dos fuerzas fundamentales, puede tomar diversas vías.

Cuando la Gnosis les transmite sus consejos, los consejos de su amor, pueden seguirlos o no. Diferentes vías se abren ante Uds. Es la salida, quien mostrará si lo que ha sido realizado está de acuerdo con la Naturaleza fundamental o en su opuesto.

Si es lo opuesto, aparecen tensiones, la explosión tiene lugar y el principio de muerte se desarrolla. Los peligros y las posibilidades que ello implica son tan inmensos y tan terribles, que queremos mostrárselos; estudiémoslos, pues, en profundidad.

 

CAPÍTULO XIX:  LA SANTA DEMOCRATIO

 

Desde tiempos inmemoriales la Gnosis de Hermes viene a nosotros y nos aclara lo que llamamos la Santa Democratio, respecto a las ventajas absolutamente iguales ofrecidas a todos a partir de los fundamentos mismos de la manifestación universal, profundamente anclados en la Naturaleza fundamental. Si alguna vez se trató de los derechos del hombre, es en la Gnosis de Hermes donde los encontramos. El principio de la Naturaleza fundamental y sus características, el deseo y la voluntad, están presentes en todos para dar, a cada criatura, la idea y la fuerza de compartir un día la condición superior, que es la de la humanidad divina.

Sí amigos, es absolutamente imposible no realizar a la larga esa gran gracia divina. En virtud del principio y de las propiedades de la Naturaleza fundamental, cada uno de entre nosotros puede trabajar para su propia realización. Si al fin aparece que lo que ha sido realizado, es de naturaleza contraria al plan fundamental, la dirección y las fuerzas contrarias provocan una tensión y una corrección como ya lo hemos explicado. Cada falta es desvelada en su fuente. En su principio se puede calificar la Santa Democratio de verdadero prodigio. En el camino de la realización, la oposición conlleva la corrección siguiendo un proceso lógico. De suerte que la realización final tiene lugar inevitablemente.

Quien comprende esto amigo, comprende a Tat cuando exclama en un acceso de lirismo: «Oh Padre nos has llenado totalmente con esta bella y maravillosa visión, que el ojo de mi corazón girado hacia ella se acerque a la santificación».

La Naturaleza fundamental es la palabra que engloba todo y lo penetra todo, la palabra que es desde el comienzo, la palabra de la que se habla en el prólogo del evangelio de Juan: Al principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios. Todas las cosas han sido hechas por Ella. En esta palabra, en la Naturaleza fundamental, está la Vida la única Vida y esta vida es la luz de los hombres.

Esta Vida debe ser nuestra vida, volverse nuestra vida. ¿Comprenden ustedes que el gran poder divino reconocible en todos es el poder divino original, aunque esté extremadamente deformado? ya que todo su ser es deseo y voluntad dinámica: es el principio de base divino en la naturaleza profunda de todos los hombres. Ese poder divino es pues reconocible en nosotros y finalmente de forma mucho más directa que el mundo y el sol. El doceavo libro de Hermes nos muestra la evidencia de que el mundo, el Mundo santo y Vulcano, la luz espiritual que se mantiene detrás, han sido también creados por el Padre y como tales son igualmente divinos.

Así se dice en el sexto versículo: «Ya que si el mundo y el sol son los comunes procreadores de los seres vivientes, no lo son, sin embargo, en el mismo grado que Dios causa del Bien y de la Vida».

Ya que el mundo, el sol y los diversos cuerpos celestes perfectos son el resultado, el producto del único Bien de la Naturaleza fundamental. Es imposible situar por encima de la Naturaleza fundamental el mundo, que ha sido creado por la Naturaleza fundamental misma, a la cual todos podemos unirnos personal y físicamente. Esto sería un sin sentido y sobre todo un error.

Ya que, atención, es verdad que el mundo es nuestra madre, de todos, que nos ha concebido y alimentado; pero en este mundo, en su trama, existen aún innumerables desarrollos embrionarios, campos de vida fantasmagóricos y subhumanos. Piensen por ejemplo en la naturaleza de la muerte. De todos esos desarrollos embrionarios emanan influencias contrarias. ¡Cuántas influencias contrarias actúan sobre nosotros los hombres. Piensen en todo lo que fermenta y hierve alrededor del antiguo mar del Mundo! Piensen en todas las tensiones que hay actualmente en la vieja Europa. De todos esos pueblos y razas emanan radiaciones que nos empujan fuertemente en sentido contrario.

Innumerables son los que no están a la altura de la Santa Democratio. Innumerables son los que no comprenden aún el principio de la Santa Democratio. No pueden pues tampoco vivir ya en equilibrio con la Naturaleza fundamental. Si se consideran todos los grupos, los pueblos, las razas y la multitud de ideas, no hay ninguna duda que ya no se reconoce uno en ello.

En otros términos: emanan del mundo, en tanto que campo de formación y de desarrollo de los hijos de Dios, radiaciones que, por una parte pertenecen al Bien Absoluto pero por otra parte actúan en sentido contrario. Además la radiación del mundo va en el mismo sentido que la del Sol y numerosos otros cuerpos celestes que poseen cada uno su propio campo de desarrollo; y sobre muchos de esos cuerpos celestes se sitúan igualmente los grandes problemas de la evolución.

As! pues, es sobre este punto que queremos atraer su atención, unas inmensas influencias actúan sobre nuestra naturaleza, sobre nuestro estado de vida, influencias que provienen de nuestro mundo, de los habitantes de nuestro planeta y de miríadas de otros cuerpos celestes. Todo esto es extremadamente complejo y muy desconcertante.

Hermes quiere decir que el desarrollo a contra sentido de un planeta cualquiera del sistema solar ejerce también una gran influencia sobre las radiaciones de todos los demás planetas de ese sistema y sobre las del sol de este mismo sistema. Por eso dice que la luz del sol puede cegar.

Para evitar todas estas dificultades de las que una criatura cuando se compromete es siempre la víctima, hay la Naturaleza fundamental del origen, la palabra, la luz y la vida.

En efecto, en su misma esencia está escrito el plan de evolución completo, está introducida la idea fundamental como un deseo poderoso, atrayente.

Además hay en la Naturaleza fundamental un principio dinámico, una fuerza de realización, así pues de vida. Y esta vida es una luz inextinguible. Es la Luz a la cual todos estamos llamados, la Luz del estado humano divino. Y ¿no es maravilloso y consolador pensar que en medio de la multitud de las cosas, en medio de la multitud de las radiaciones que afluyen a nosotros está escondida, en nosotros, una doble unidad divina que puede unirnos a la Naturaleza fundamental misma? ¡Cuán maravilloso es poseer un tesoro tan inestimable a despecho de esas miríadas de influencias, al abrigo de todos los peligros y de todas las radiaciones de esos múltiples desarrollos!

Comprenden sin duda ahora mejor el grito de Tat: «Nos has colmado tan plenamente de esta bella y maravillosa visión, que el ojo de mi corazón  girado hacia ella se acerca a la santificación» y la respuesta de Hermes:

«Tal visión interior del Bien no es como la radiación fulgurante del sol cuya luz ciega. Esta meditación interior ilumina y esto tanto más cuando uno se vuelve receptivo a los rayos que ofrece la comprensión. Actúa con una gran fuerza, en lo más profundo de nosotros y no nos llevará jamás al error puesto que está llena de lo divino».

¡He aquí el sublime evangelio de Pentecostés que queremos llevarle! Cuán inmenso es el número de las cosas que alrededor de nosotros son susceptibles de cegarnos y que nos ciegan, nos bloquean. ¡Cuántas consecuencias extremadamente lamentables pueden ellas tener! Sin embargo, es posible liberarse total y directamente. Es posible apartarse definitiva y completamente. Ya que justo cerca de ustedes, alrededor de ustedes y en ustedes está la Palabra, la Luz y la Vida. El prólogo del evangelio de Juan aparentemente abstracto es tan concreto como es posible. En efecto, la Naturaleza fundamental en su absoluta pureza entra en unión con todos los alumnos por mediación del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis.

Con este hecho concreto la Escuela se dirige a ustedes a fin de que puedan participar lo más rápidamente posible. Y participarán si tienen la voluntad de adaptarse al nuevo comportamiento. Liberen su pensamiento, liberen su conciencia cerebral, intelectual, de todas las tendencias a la resistencia y a la experimentación y regeneren así el movimiento en circuito cerrado.

Pero hay más y el versículo once lo señala para nuestra atención. Cuando comprendan completa y efectivamente la idea desarrollada aquí (no hablamos de la comprensión intelectual de la que dispone una conciencia cerebral); cuando todas esas verdades y realidades inmensas y maravillosas toques, alteren e inflamen todas las fibras de su ser quedarán, a menudo, absorbidos dice Hermes «en la maravillosa contemplación, el cuerpo totalmente inmóvil al igual que nuestros ancestros Urano y Cronos».

Por nuestros ancestros Urano y Cronos hace alusión aquí a las fuerzas de luz sublimes en las cuales el tiempo y la eternidad se unen para formar una prodigiosa unidad y que, al final de la época atlante, en la aurora de la época aria, establecieron una unión con la humanidad. Se trata de las manifestaciones espirituales divinas que fueron creadas y formadas por esas entidades hace millones de años. Esos sembradores o «saturnianos» (Cronos: Saturno) trajeron la buena semilla a la nueva manifestación de la humanidad. En el mundo pero no de este mundo, tenían un cuerpo pero podían operar fuera de ese cuerpo a fin de testimoniar directamente de la majestad de la Naturaleza fundamental a los que aún estaban excluidos.

El movimiento en circuito cerrado del que les hemos hablado en los últimos tiempos casi cada día debe, ante todo, emanar del pensamiento. Su pensamiento, su actividad cerebral debe ser completamente purificada y unida a la idea fundamental. Todo lo que en su pensamiento es confusión, impureza, crítica, todo lo que está orientado hacia lo terrestre, debe desaparecer del órgano mental funcional del santuario de la cabeza. A partir de esta purificación del pensamiento puede empezar el movimiento en circuito cerrado.

Ya que, cuando en concordancia con su vocación, su pensamiento es puro, ve inmediatamente que su cuerpo astral se inflama del mismo fuego que su mental. El cuerpo astral reacciona como en una fracción de segundo a cada uno de sus pensamientos. Como un relámpago, cada pensamiento provoca en su cuerpo astral un fuego de una violencia infinita. Por el cuerpo astral, el cuerpo etérico es llevado, pues, a un cierto estado de conciencia con las características del cuerpo astral. Son liberados éteres que penetran en todo el organismo físico, todos los órganos, todos los fluidos y la sangre. Y cuando las consecuencias de los relámpagos del pensamiento se han inscrito en la sangre, ésta refluye en todas las células nerviosas del cerebro y retransmite a la conciencia cerebral lo que Uds. mismos han liberado.

Fíjense bien en el movimiento en circuito cerrado: pensamiento, cuerpo astral, cuerpo etérico, cuerpo material, sangre y, por su medio, retorno al santuario de la cabeza. Así se cierra el circuito. Si sus pensamientos están totalmente girados hacia las cosas terrestres, el movimiento en circuito cerrado se vuelve una verdadera prisión, un calabozo impenetrable.

Pero si purifican sus pensamientos, si conciben ideas puras, en concordancia con la Naturaleza fundamental, derriban los muros del calabozo. Entonces los muros se derrumban y usted está en libertad. Entonces sale de la antigua cárcel por la maravillosa contemplación. Ya que no ha recibido el cerebro, el admirable órgano del sistema cerebral para interesarse únicamente por la tierra y llenarse la cabeza de todas las cosas fútiles e inútiles de la naturaleza dialéctica. Ha recibido el cerebro para servir de base a la efusión del Espíritu Santo. Para la celebración de la fiesta de Pentecostés ¿comprende usted esto? Por ello quien ha purificado el circuito cerrado de su organismo y se ha abierto así a la Naturaleza fundamental, entra sensorialmente en unión con ella. Y al igual que contemplamos la naturaleza exterior con los ojos, contemplamos también la naturaleza interior, la verdadera Naturaleza. Comprenda pues que esta visión nada tiene que ver, completamente nada, con la visión de la esfera reflectora. Ya que la esfera reflectora es tan solo la cloaca de la naturaleza dialéctica.

La unión interior con las fuerzas gemelas de la Naturaleza fundamental comporta siempre directamente un nuevo despertar interior de los sentidos. He ahí la señal del verdadero aprendizaje, la marca de los discípulos del único Bien. Comprendamos pues la exclamación de Tat: ¡pueda ser ello para nosotros!

 

CAPÍTULO XX:  DEL ALMA VIVIENTE AL ESPÍRITU VIVIFICANTE

 

La entrada en relación íntima con las fuerzas gemelas de la fuerza fundamental conlleva, decíamos, el despertar de un sistema sensorial nuevo. Es entonces que se revela el discípulo del único Bien. Pero ese estado con las propiedades que resultan de ello no es posible en tanto que el candidato no tenga la capacidad de entrar en el silencio. La entrada en el silencio inaugura una nueva fase del aprendizaje. Esta fase se abre cuando desaparece la viva agitación resultante de la nueva orientación, de las agitaciones continuas y de las luchas sobre el camino. Para empezar ese desarrollo, la capacidad despierta de un nuevo sentir. Al inicio se eleva lo que llamamos la voz del silencio. Por ello Hermes dice: «Ya que la Gnosis del Bien es el silencio divino como apaciguamiento de todos los sentidos».

La Naturaleza fundamental, el Silencio continuo mantiene una corriente invariable teniendo la misma voluntad, es decir la actividad.

Este deseo engloba y contiene la idea de Dios completa, el plan completo de la manifestación del Padre, la Sabiduría Absoluta. Y esta actividad demuestra en imágenes, en formas mentales, lo que anima a la idea. Son concretamente en toda su nobleza los pensamientos divinos, las ideas divinas que deben ser realizadas por hombres perfectos. La Naturaleza fundamental habla, por así decirlo, al candidato. Esta es la razón por la cual el prólogo del evangelio de Juan testimonia por la Palabra. La Palabra de Dios no es un texto escrito, impreso o expresado, establecido por padres de la iglesia después de un gran número de discusiones y debates en el transcursos un concilio; la Palabra de Dios es la voz de la Naturaleza fundamental.

No se extrañe ya que están todos en la medida. de tener ese género de actividad. Cuando forma pensamientos esos se manifestara entonces en imágenes. Cuando piensa en un árbol, en una flor, en una planta o en un hombre, la imagen correspondiente se forma inmediatamente en el aura del santuario de su cabeza y es, gracias a esas imágenes mentales, que usted puede hablar. Entra en contacto con los demás por simple intercambio de imágenes mentales.

Esta es la Palabra de la que aquí tratamos. La Palabra de Dios es la voz de la Naturaleza fundamental. El pensamiento divino coopera con la Naturaleza fundamental. Y con ello nacen una serie completa de imágenes mentales divinas. Y esta voz, esta palabra, sólo puede ser comprendida en el silencio.

No crea que es preciso meditar, concentrarse, practicar tal o cual ejercicio de yoga o vivir rezando continuamente. Se trata aquí del silencio interior absoluto, del ser profundo de una persona eventualmente ocupada en ejecutar una tarea ordinaria. Un tal «volverse silencioso» se desarrolla únicamente gracias a la renovación del circuito cerrado, del cual ya le hemos hablado bastante y tan solo él vuelve posible un comportamiento absolutamente nuevo:

Adquirir un alma por el deseo de liberación. Y gracias al principio esencial del alma, renovar el pensamiento por mediación de la sangre; lo que quiere decir: sobre la base de un alma purificada, hacer que la conciencia cerebral intelectual se vuelva pura e inmaculada, sin ataduras, sin crítica, armoniosa y llena de amor.

Entonces de los santuarios del corazón y de la cabeza se despierta el Nous, palabra mediante la cual Hermes designa la interdependencia de la cabeza y del corazón; el órgano del Nous hace la experiencia de un profundo reposo interior. Por él es comprobado sensorialmente el silencio infinito de la Naturaleza fundamental.

En ese silencio, el fuego del cuerpo astral se inflama con una dulzura perfecta. Toda la violencia del brasero astral desaparece con todas sus consecuencias; el aura del corazón da testimonio de ello. Y gracias a ese nuevo estado de ser, el cuerpo astral reanima al cuerpo etérico.

Los cuatro éteres santos liberados como cuatro alimentos santificantes, van a nutrir con ese silencio nuevo, con esa paz interior, todo el cuerpo material, todos sus órganos en la sangre.

Tan sólo entonces todo el ser madura y termina por percibir la voz del silencio. La palabra de la doble Naturaleza fundamental. Y sin haber hablado de ello usted verá y conocerá.

La comprensión interior no es una lucha. Si prepara su ser, oirá la voz del silencio. Entonces reconocerá aquél que quiere ser reconocido. Y la consecuencia es que mantendrá en sus manos el gobierno de su vida. Ya que a quien vive ese estado de ser se dirigen esas palabras:

«Quien ha encontrado una vez la Gnosis del Bien no puede interesarse ya en otra cosa; quien la ha contemplado una vez, no tiene ojos para nada más, ni oídos para ninguna otra cosa; ya que su cuerpo mismo participa en la inmutabilidad».

En medio de la agitación de la naturaleza de la muerte se mantiene en el silencio fundamental.

«Cuando la Gnosis ilumina toda la conciencia, ella inflama de nuevo a toda el alma y la eleva desatándola del cuerpo. Así transforma Ella todo el hombre transmitiéndole su Naturaleza fundamental. Ya que la divinización del alma que acompaña la visión de la naturaleza del Bien, no puede realizarse en el cuerpo mortal».

Fíjese como hay que considerar el nuevo comportamiento de manera radicalmente diferente a la forma habitual. ¿Quiere usted realmente avanzar sobre el camino, desea que la liberación sea su participación (es por esto que usted ha entrado en la Escuela Espiritual actual), entonces aplíquese usted con diligencia en el movimiento de circuito cerrado. Purifique su conciencia intelectual fundándose sobre el corazón, sobre el alma y progresivamente penetrará en el silencio. Y llegado hasta el reposo, la luz iluminará su alma, la elevará, la regenerará y la conducirá al estado de ser divino.

Volvemos pues a lo que constituye la base del nuevo devenir, a saber, el alma. Tan sólo el alma viviente se eleva hasta el Espíritu vivificante, hasta la divinización según la expresión de Hermes. El alma debe en primer lugar unirse a la Naturaleza fundamental y participar en la Naturaleza fundamental. Entonces es posible unir el alma al espíritu y celebrar las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz. Así pues para el alumno la tarea principal es, ante todo, llevar el alma mortal al renacimiento y después del renacimiento a la divinización.

El renacimiento del alma es la primera tarea. Acto seguido el alma llega, a través de numerosas transformaciones, al estado divino. El gran problema de la divinización debe ser pues nuestra única preocupación, suponiendo que usted ya conoce el renacimiento del alma.

Cada alma individualmente, dice Hermes, sufre cambios de forma. Pero cuidado, esas transmutaciones pueden efectuarse tanto en dirección ascendente como en dirección descendente. Para mantener el desarrollo descendente del alma en ciertos límites, existe el camino del que le hemos hablado, el camino de la tensión y de los disgustos. Efectivamente en el momento que las pasiones del alma, así pues lo mental, el circuito cerrado, se aparta de la Naturaleza fundamental aparece una tensión en nuestra vida, decíamos tensión que sube hasta el momento en que se produce una explosión. Entonces todo ello deberá empezarse sin duda desde el principio. Así el desarrollo descendente del alma es mantenido en los límites de la ley. No es para castigarle sino solamente para llevarlo, siempre y nuevamente, ante el proceso, para darse siempre y de nuevo la ocasión de recomenzar, para ofrecerle sin cesar una nueva posibilidad. ¡Cuántas veces en tanto que microcosmos no habremos ya empezado nuevamente todo!

Por ello, considerando nuestras dolorosas experiencias personales, terminamos por tomar la decisión de comprometernos en otra transmutación, a saber, la transmutación en sentido ascendente según la base del renacimiento.

Es preciso profundizar perfectamente el misterio del alma a fin de recorrer con éxito el camino. En el doceavo libro Hermes hace igualmente un esfuerzo extremo para intentar explicar este misterio, desvelar ese misterio a Tat. «Todas las almas, dice, emanan del alma única, del alma universal. Y como si ellas hubiesen sido sembradas en los lugares asignados giran en todo el mundo. Sufren numerosas transformaciones, numerosas metamorfosis tanto en una elevación llena de gracia como en sentido contrario».

Para comprender como nacen las almas, es necesario hacer una exposición más o menos doctrinal. Pero usted lo seguirá fácilmente fundándose sobre hechos conocidos.

Un alma en realidad no es otra cosa que un microcosmo. La Gnosis enseña, usted lo sabe, que la rosa del corazón es el foco del alma, el centro del microcosmo. Esta rosa del corazón no es un misterioso órgano del cuerpo sino el centro matemático de la esfera microcósmica. Alrededor de este punto central, de ese foco del alma, se encuentra un campo de manifestación. Un espacio abierto que a su vez está rodeado por el ser aural séptuple. Imagínese un átomo. Cada átomo posee un núcleo alrededor del cual giran diferentes electrones, como planetas alrededor de un sol.

Así, el átomo microcósmico tiene igualmente un núcleo y un campo de radiación, el campo de manifestación, alrededor del cual giran lo que se podría llamar siete planetas microcósmicos, el ser aural séptuple.

Y en este espacio libre, el campo de radiación situado alrededor del núcleo del átomo microcósmico, se desarrolla la personalidad. Y así se habla del alma de la personalidad. El alma cuya sede es la sangre. Ya que la fuerza de radiación de la rosa no se desarrolla solamente en el corazón, sino que se manifiesta también en la sangre.

Todo esto ha dado a menudo lugar a mucha confusión. Hay efectivamente en nuestra personalidad una fuerza activa. Pero esa fuerza activa proviene del núcleo del microcosmo. Además los factores hereditarios juegan también un papel en la secreción interna y en la sangre y el ser aural séptuple, que nos envuelve, nos transmite todo el karma acumulado en el microcosmo.

La pregunta a la cual hay que responder ahora es la siguiente: ¿Cómo se forma un microcosmo?,  ¿de dónde proviene?

El microcosmo nace de la Naturaleza fundamental de la que ya hemos hablado abundantemente. La Naturaleza divina, decíamos, es semejante a una doble corriente, la corriente del principio y la corriente de la voluntad, del deseo y de la actividad. Esa corriente no es Dios pero proviene de Dios.

 

Además esa doble corriente de la Naturaleza fundamental omnipresente universal es un poderoso campo de fuego astral muy ardiente que llena todo el universo.

Usted sabe, hemos hablado ya de ello, que es por el intelecto que el hombre inflama su propio cuerpo astral. Cuando formamos imágenes mentales se desarrollan en nuestro cuerpo actividades determinadas. El nacimiento de ese fuego produce entonces en el cuerpo astral una chispa con todas las consecuencias del circuito cerrado.

Tal vez ahora comprenda cómo el pensamiento divino cuya sede está fuera de la Naturaleza fundamental hace vibrar e inflamar con sus ideas el poderoso campo astral de la Naturaleza fundamental. Así es como aparecen, en esta Naturaleza fundamental, chispas astrales, llamas astrales. De esta forma viene a la existencia una corriente de vida despertada, manifestada por el pensamiento divino. Por ello los microcosmos son también llamados chispas de espíritu o chispas divinas.

Hemos intentado mostrarle claramente que un microcosmo es pues una chispa astral salida de la Naturaleza fundamental. Todos estamos pues, hasta lo más íntimo de nosotros mismos, unidos a la Naturaleza fundamental. Un microcosmo, una chispa de espíritu lleva la esencia íntegra de la Naturaleza fundamental. Es que, en efecto, la chispa proviene de la Naturaleza fundamental.

Por el deseo y la voluntad del campo madre son liberados éteres en estas chispas; en efecto la chispa es animada por el pensamiento divino la cual envía impulsos luminosos al campo madre.

Una corriente de vida vibra como una explosión de fuego astral, en la manifestación universal arde el pensamiento divino. Los éteres liberados de esas chispas se concentran alrededor del núcleo del átomo microcósmico, alrededor de la rosa, alrededor del alma del microcosmo.

¿Y qué vemos? en esta concentración de éteres alrededor de la rosa aparece un sistema de líneas de fuerza, una forma manifestada, que poco a poco toma la apariencia humana. El pensamiento de Dios se manifiesta por mediación de todo proceso que tiene lugar alrededor de la rosa. La nube de éteres se forma pues como reflejo de la idea fundamental presente en el campo madre. Así aparece, bajo una forma etérica gloriosa, el hombre-alma original verdadero en el cual se refleja toda el alma o núcleo de la naturaleza madre.

Es evidente que cuando el proceso completo se desarrolla en perfecto acuerdo con el pensamiento divino que ha inflamado la chispa este pensamiento está unido al núcleo del alma y al ser, formado así de materia etérea. Vemos pues en el pre-hombre el alma y el espíritu en unidad perfecta. Así el alma viviente adámica puede progresar hacia un bien cada vez más elevado para terminar por devenir un espíritu vivificante.

Todo ello debe darle una idea de la forma en que un microcosmo viene a la existencia y de la manera en que, a partir de tal microcosmo, la formación del hombre está asegurada por necesidad natural, mediante un proceso de renacimiento y conservación absolutamente diferente.

En lo que nos concierne, usted puede representarse ahora fácilmente cuán perturbado está este sublime proceso divino. Ya que nuestra personalidad ha debido nacer por el proceso de conservación terrestre y ser unido a un microcosmo vaciado e impotente. Gracias al orden de socorro bien conocido de nosotros es provisionalmente intentado restablecer la antigua existencia en el transcurso de la cual además la forma de materia etérica original del hombre-alma ha sido sometida a numerosos procesos de cristalización. Nosotros y el microcosmo que nos envuelve, sólo representamos un débil reflejo de las intenciones originales del Logos. Por ello resuena la llamada: regresad oh hijos del fuego. ¿No es usted un hijo del fuego, no hay en usted una chispa original divina?

Regrese entonces oh hijo del fuego. Y utilice totalmente su tiempo.

CAPÍTULO XXI:  LOS SIETE PERÍODOS DE LA CREACIÓN

 

Vemos ahora claramente, esperamos, como un movimiento del pensamiento divino engendra, a partir de la naturaleza fundamental, una ola de vida, una ola de almas que son chispas de naturaleza astral, núcleos de un número igual de microcosmos.

Pero antes que una entidad humana divina pueda habitar un tal sistema microcósmico y manifestarse, el microcosmo y su núcleo, el alma salida de la sustancia original diferenciada, deben sufrir diversas metamorfosis.

Tal vez usted sepa que después del renacimiento del alma empieza la transfiguración. Ésta consiste, en principio, en restablecer lo que ha estado cristalizado y corrompido en el microcosmo. Una vez restablecido, la transfiguración progresa, le siguen interacciones continuas de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia. Es lógico suponer que antaño, antes de estar en el estado de vida actual, las características microcósmicas de la corriente de vida a la cual pertenecemos eran totalmente diferentes. Ya que las chispas de espíritu una vez creadas soportan numerosas transformaciones «tanto en una elevación llena de gracia» dice Hermes, «pero también en sentido contrario, en oposición». Reflexionemos ahora en la forma que una tal oposición puede desarrollarse; cuál es la causa, cuales son las consecuencias; y en qué dirección buscar una solución.

Los incidentes en los cuales se ha desarrollado la oposición, de la que aún vivimos las consecuencias, han tenido lugar en tiempos anteriores a los que conoce el hombre.

Los textos hablan primero de un período llamado Saturno; después de un período del Sol; acto seguido de un período de la Luna; y al fin de un período de la Tierra. Cada uno de esos períodos comprende siete rondas o eras.

En el período de la tierra en el cual nos encontramos, hemos vivido primero una ronda conocida bajo el nombre de era hiperbórea; acto seguido vino la era lemuriana; después se desarrolló la tercera ronda del periodo de la tierra, la era atlante. Estamos ahora en mitad de la era aria. Tres rondas y media del período de la tierra han pasado y estamos ahora en la segunda mitad.

Puede usted leer todas esas cosas en la Cosmogonía de los Rosacruces de Max Heindel o en otros escritos antroposóficos. La enseñanza de Max Heindel es además de carácter antroposófica puesto que Max Heindel era un alumno de Rudolf Steiner. Poseemos un ejemplar de la primera edición americana de la Cosmogonía en el cual en la primera página una dedicatoria de Heindel presenta esa obra a su maestro Rudolf Steiner. Puede usted igualmente encontrar esos elementos en la doctrina secreta de Madame H. P. Blavatsky que trata sobre todo de antiguas razas y da una impresionante serie de descripciones y situaciones.

De todas esas metamorfosis de las almas Hermes dice en el versículo 20: «Las que serpentean se cambian en habitantes de las aguas, los habitantes de las aguas en habitantes de la tierra, los habitantes de la tierra en habitantes del aire, los habitantes del aire en hombres. En fin las almas humanas entran en la inmortalidad cambiándose en Demonios y elevándose en el corazón de los dioses». No se alarme por la palabra demonio ya que el original es: principio astral. El texto hermético quiere decir con ello que las almas humanas que tienen participación en la eternidad, son cambiadas en fuerzas de fuego; ellas entran en fin en el corazón de los dioses. Hermes señala que antes de alcanzar el estado de dios inmutable, el desarrollo comporta dioses móviles o cambiantes. Pero la inmutabilidad es la más perfecta y la más alta gloria de las almas.

Esta enumeración de Hermes nos hace pensar en la teoría de la ciencia, la cual sabemos que busca demostrar que hay una evolución desde el animal que serpentea hacia el hombre, pero reconoce que en sus supuestas pruebas falta un eslabón. Sin embargo Hermes señala aquí algo muy diferente. Vamos a intentar exponerlo.

Cuando la chispa del alma es creada, existe pues un microcosmo y la estructura de líneas de fuerza de la naturaleza etérica y material se manifiesta alrededor del núcleo del alma, ésta, en la primera infancia del microcosmo no está aún en estado de orientarse perfectamente, de escoger y de decidir. Hay la actividad pero aún más o menos caótica. Se trata de fenómenos de descargas astrales que se producen en el microcosmo sin que se pueda aún hablar propiamente de conciencia. Puede decirse solamente que en el microcosmo existe una fuerza que la naturaleza obliga a manifestarse. Puede compararse esta primera manifestación a la de una bestia que serpentea, una serpiente que silba en la cual un sordo y oscuro deseo intenta revelarse. Al inicio la chispa del alma no es un reptil o una bestia viscosa, pero le es comparable en cuanto a las posibilidades de manifestación. La chispa del alma no posee aún ningún órgano de radiación, se podría decir, órganos que lógicamente deberían revelarse. Existe solamente una fuerza que se manifiesta y provoca un movimiento. Después de esta primera fase la chispa del alma es unida al apocalipsis de los cuatro elementos. Este primer período es denominado período de Saturno. ¿Por qué?, piense en lo que dice Hermes de Urano y de Cronos. Saturno evoca a los saturnianos, los sembradores. Este primer período lleva este nombre porque una vez formado el microcosmo, ciertas fuerzas fueron sembradas y empujadas a manifestarse.

Después de este primer período, hemos dicho, la chispa del alma fue unida al apocalipsis de los cuatro elementos y en primer lugar al elemento agua. Está claro que sólo puede comparase simbólicamente ese principio con nuestra era actual de los peces. El elemento agua señala en la Enseñanza Universal el inicio de una vida más o menos ordenada. Se habla aquí del período del Sol porque después del período de Saturno la luz apareció. Y con la luz el primer principio de vida. El primer período era pues un flotar, un deslizarse sobre las aguas, una preparación de la simiente; el segundo período señala el inicio de la manifestación de la vida gran objetivo de la chispa del alma; el tercer período es el de la unión con la Tierra sobre la cual y con cuya ayuda el alma debe realizar todo su viaje. Se habla pues aquí del período de la Luna porque el hombre-alma empieza su trabajo bajo la égida de los ángeles de la Luna (las fuerzas del Espíritu Santo). La corriente de vida salida de la Naturaleza fundamental llena la casa, el campo asignado: la tierra. Por ello se habla ahora del período de la tierra. La finalidad de la tierra está determinada, el campo está preparado y es aquí que debe, en principio, ser preparado y emprendido el viaje liberador. Cuando el trabajo ha sido realizado la entidad deja ese lugar de trabajo y entra en el cuarto período a fin de celebrar la unión con el elemento aire. El elemento aire es el símbolo del Espíritu. Piense en la paloma habitante del elemento aire que representa la bajada del Espíritu Santo. Así en el cuarto período la entidad alma es unida al Espíritu. Y con Poimandres, con el Espíritu, el alma celebra sus bodas alquímicas.

Comprende ahora la intención de las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz: en el periodo de la Tierra liberar al hombre prisionero de la Tierra y lanzarlo al viaje hacia el período siguiente.

El esposo y la esposa entran así en el quinto período. El alma unida al Espíritu forma ahora un verdadero Hombre-Alma, un Manas, un pensador: es decir, de forma absoluta y en el más alto sentido del término, un ser pensante. En tanto que tal, el hombre entra en unión con el elemento fuego. Su viaje está realizado. Nacido antaño del fuego astral, vuelve en el presente al fuego astral en tanto que ser perfectamente divino, autocreador e inmortal; y por su principio y su actividad no siendo absolutamente uno con el principio astral de la naturaleza, el Demonio de la Naturaleza fundamental.

Entra así en el sexto período, el sexto día de la creación; el día de la realización; entra en la multitud de seres inmutables e inmortales, en la multitud de los dioses inmortales.

Y el séptimo período, el séptimo día de la creación, es el día del reposo, el reposo eterno e inmutable del verdadero pueblo de Dios.

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En el versículo veinte, Hermes quiere pues representarnos la plenitud de la creación séptuple, el viaje del alma del hombre que ha sido llamado, el viaje de la chispa hasta el fin último de toda cosa.

No hay que tomar sobre todo en sentido dialéctico la expresión: «El reposo del pueblo de Dios», esas palabras traducen la grandiosa y maravillosa igualdad con el Padre mismo. Procedente de esta armonía la masa de los dioses se divide en dos: los dioses móviles y los dioses inmóviles; la masa de los que trabajan en el seno de la manifestación, en los campos de la cosecha del mundo y la masa de los que se retiran elevándose hacia un destino superior.

Esta maravillosa evolución conlleva, no obstante, un sombrío y desolador aspecto: la posibilidad de una perturbación del desarrollo, una disminución causada por el mal y la oposición. Sabemos esto por experiencia. Ya que todos hemos pecado en el transcurso de ese viaje del alma hacia el Padre. «Nadie de entre nosotros es bueno, ni tan sólo uno» dice Jesús el Señor. Todos nos hemos extraviado. Todos pertenecemos a la fracción caída de nuestra corriente de vida y tenemos el más grande interés, el de conocer las causas de esta caída. Una vez conocidas esas causas entonces la solución, la salida está más cerca que las manos y los pies.

La posibilidad de un tal incidente del cual fuimos víctimas se sitúa entre el tercer y el cuarto período. El tercer período, hemos dicho, marca la entrada en el campo asignado, la llegada de nuestra corriente de vida en el período de la tierra, en tanto que el cuarto período marca la entrada del espíritu en el santuario de la cabeza. Pero antes de que el espíritu pueda entrar es preciso que se desarrolle y se organice perfectamente una conciencia intelectual cerebral de base.

En el momento en que el hombre entró en el tercer período se formó, en el período de la tierra, la estructura de la conciencia intelectual cerebral a fin de poder llegar hasta el período del aire.

Pero en el momento en que la chispa del alma se volvió una entidad intelectualmente consciente, provista de un intelecto, apareció un peligro, el peligro del rechazo o sea de la ignorancia por la ruptura con la Gnosis.

«El mal del alma es su ignorancia de las cosas fundamentales, su pérdida de la Gnosis, su pérdida del conocimiento que viene de Dios»

Cuando un Hombre-Alma provisto de una conciencia intelectual entra en el campo terrestre tiene la tendencia a creer que ahora ha alcanzado el objetivo final. Por ello los hombres socialmente completos o que han llegado socialmente a un nivel, se construyen un nido y dan a su villa un nombre correspondiente a su estado de alma. Nuestras tendencias, hombres pertenecientes a esta parte de la vida corriente, es evidentemente de considerar la tierra, el período de la tierra como un objetivo final, es ahí donde aparece el rechazo. Está ahí el gran peligro. El hombre se aferra a su pequeña parcela de tierra e intenta establecer un reino terrestre; no desea nada más. Intenta forzar cada posibilidad con el fin de mantenerse aquí abajo. Judas, uno de los discípulos más amados, uno de los alumnos y servidores más inteligentes del Señor, intentó forzar a su Señor, para que estableciera un reino terrestre en la idea ilusoria siguiente: Ahora que hemos llegado, permanezcamos. Poseemos una conciencia intelectual cerebral podemos pensar a nuestro gusto; ¿Qué desear más?

Este es el peligro de la ignorancia, de la ruptura con la Gnosis: rechazar el ir más lejos. La consecuencia es, en el presente como en el pasado, la cristalización de la forma etérica y material del hombre. Inmediatamente se desarrollan todas las miserias que conocemos muy bien y de la que hemos hablado mucho después de largos años, en el transcurso de numerosos Servicios de Templo y en las Conferencias de Renovación. La caída no es pues otra cosa, que un freno en el camino de nuestro desarrollo. Esa disminución engendra un proceso de solidificación, de cristalización, donde la muerte interviene sin cesar para corregir y romper. ¿Lo comprende claramente?

¿Cuál es la solución de este conflicto? Primero salir de la ignorancia dejar de rechazar, aceptar. En el transcurso de un largo tiempo, el Hombre-Alma puede terminar por aniquilar el factor de ralentización, restablecer y transfigurar lo que fue cristalizado y dañado para avanzar, acto seguido, sobre el camino previsto por el Plan de Dios hasta su término. Si este rompimiento del yo, esta corrección personal no se hace, la subida de la chispa espíritu se cambia en bajada y el microcosmo vuelve a su origen: Es reintegrado en la primera fase del desarrollo y vuelve al período de Saturno al cambio de la Naturaleza fundamental de donde salió. Por eso se dice en el versículo veintitrés:

«Si el alma que ha entrado en un cuerpo humano permanece en el pecado, no saborea la inmortalidad y no tiene ninguna parte en el bien, sino que vuelve precipitadamente hacia atrás sobre el camino de retorno, al estado de bestia deslizante. Tal es el castigo del alma que peca»

Esta es la condenación de las almas impías, de las que no quieren avanzar sobre el camino. La naturaleza obliga al que no quiere progresar sobre el camino a empezar desde el principio. La progresión es la ley fundamental de la manifestación. Comprendemos así que la ignorancia en cuestión, la ruptura con la Gnosis es efectivamente decir no a sí mismo:

«El alma bajo la influencia del mal está, por falta de conocimiento de su propio principio, sometida a un cuerpo extraño e indigno del hombre. Ella sufre bajo el fardo, la carga del cuerpo que no domina sino que la domina. Este es el mal del alma»

He aquí el mal de las almas, aparte de toda floritura mística, sin hablar del infierno o de la condenación. En medio de toda clase de pecados, nuestro pecado mortal fundamental es el decirnos no a nosotros mismos. Rechazar, reconocer que somos llamados a ser Hijos de Dios.

 

 

CAPÍTULO XXII:  EL DEBE CRECER, YO DEBO DISMUNUIR

 

Comprende ahora que el rechazo del que hemos hablado debe provocar un estancamiento del proceso de la realización séptuple y sobre todo de las actividades astrales discordantes. Efectivamente el microcosmo salido del campo astral de la Naturaleza fundamental, y de fuerzas poderosas, perturba ese campo por el hecho del rechazo. He aquí la causa de la miseria indecible, tanto de nuestra propia existencia, como la de nuestra sociedad. Ya que el astral desnaturalizado envenena toda la vida del hombre y de los demás reinos de la naturaleza con los cuales debemos colaborar. Cuando no respondemos a nuestra vocación, que la rechazamos, provocamos una erupción fulgurante en nuestro cuerpo astral, cuerpo de fuego y toda la personalidad es perturbada. Si reflexiona a nuestras exposiciones relativas al movimiento en circuito cerrado lo comprenderá.

Si esta perturbación dura mucho tiempo, ella ensombrece completamente la conciencia intelectual y a la larga el hombre no sabe ni tan siquiera que rechaza; la desnaturalización se produce pues y aparece la lucha por la existencia. El hombre se aferra a la tierra porque piensa que debe hacerlo. Ya no sabe nada de su alta vocación. Y la conciencia intelectual que debería ser la base del espíritu y de la sabiduría está sometida a la cultura en vista de la impecable lucha por la existencia, toda la enseñanza está orientada en volver a nuestros hijos aptos para esa lucha.

De ahí resulta en el mundo la crueldad, el odio y los atroces sufrimientos. Todo proviene del desorden que reina en el campo astral de nuestro dominio de vida, el cual completamente desorganizado y envenenado no puede ya desarrollarse armoniosamente en los cuatro reinos de la naturaleza. Los cuatros reinos deben colaborar pero están completamente desorganizados en razón del obscurecimiento de la humanidad y se han vuelto enemigos los unos de los otros.

Ya que ese estado de cosas perturba la evolución de los reinos mineral, vegetal y animal, nuestra falta es por tanto mayor. El mal se transmite a los reinos animal y vegetal. Y la pobre humanidad, cuya conciencia obscurecida se obstina en el rechazo, intenta encontrar una solución mediante toda clase de despropósitos. Los alimentos envenenados en su germen son irradiados y regados también con venenos. Los fervientes de lo natural producen alimentos naturales, pero desgraciadamente ya no hay alimentos naturales. Se dice: debe usted comer esto y aquello no, porque es malo. Sin embargo ¿qué es lo que es bueno o malo?

Frío o calor, forzado o no, cultivado o no, todo es igual. Por ello el profeta dice con pleno derecho: «No es lo que entra en la boca del hombre lo que lo ensucia sino lo que sale”.

¿Por qué los que pertenecen a la Joven Gnosis se abstienen de alimento animal? No es por razones de vegetarianismo, de naturalismo o de cosas de ese género. No absorbemos sangre animal ni el ácido úrico que contiene, porque queremos transformar el proceso de rechazo en proceso de aceptación y la sangre animal y sus impurezas constituyen un gran obstáculo. Además rechazamos hacer sufrir a nuestros asociados del joven reino animal. Y añadimos, que si fuese posible alimentarnos sin recurrir al reino vegetal lo haríamos inmediatamente; ya que lo que sustraemos a ese reino es obstáculo en el más amplio sentido del término a la curación de nuestra enfermedad fundamental, el rechazo. Cuanto más cosas crudas coma más refuerza su unión con la implacable naturaleza del rechazo. Y los hechos lo demuestran.

Por ello piense que no vivimos para comer, sino que comemos para vivir. Y tenemos que vivir para borrar también nuestra falta hacia los reinos de la naturaleza que hemos corrompido.

Digamos ahora que respecto a todas esas cosas debemos llegar a una orientación y un comportamiento totalmente nuevos. Es cierto, que hay todavía mucho que decir a ese respecto. Ya que es preciso profundizar el principio de la aceptación y extraer numerosas consecuencias. La liberación del alma, es el acceso del alma a la virtud, es Juan en nosotros que sabe y que pone en práctica la palabra: «El, el Otro, el Celeste debe crecer y yo debo disminuir».

CAPÍTULO XXIII:  EL HOMBRE Y EL CAMNO

Nuestras últimas exposiciones tenían por objeto penetrar en profundidad en la esencia de las cosas, así como el grande y grave problema de la verdadera existencia humana.

Hemos visto como una corriente de vida es engendrada por la Naturaleza fundamental y cómo cada entidad de esa corriente es un microcosmo poseyendo un centro en el corazón, un núcleo o alma en el cual se refleja y se manifiesta toda la idea divina, la base del plan de creación. Alrededor de este núcleo compuesto de fuego astral se diferencian los éteres que afluyen del núcleo. Esos éteres se forman, en tanto que expresión del espíritu, como sede en el núcleo, en el alma.

Esta forma etérica constituía, en el origen y aún hoy, el hombre verdadero, el hombre celeste, el hombre manifestado por Dios. A partir de esta matriz etérica, se formó igualmente una estructura más material ya que los átomos etéricos atraen a los átomos materiales, como lo sabemos ya en nuestra época. El metabolismo del hombre primordial era, sin embargo, tan ideal, la orientación del alma espíritu tan perfecta, que ninguna cristalización se producía y que una existencia sin fin estaba asegurada al hombre en su totalidad.

Decimos «Al hombre en su totalidad» porque todo el microcosmo participaba de esta vida. Había equilibrio perfecto entre el yo llamado superior y el yo llamado inferior. No había más que un solo yo que se manifestaba en todo el microcosmo y por él.

Al inicio de su manifestación, ese ser se encontraba sobre el camino de la realización de un plan glorioso: volverse eterno, alcanzar la plenitud eterna, de magnificencia en magnificencia, el plan divino, de la realización de Dios en él. Con la condición que la entidad concernida se entregara interior y completamente en la aceptación total del maravilloso objetivo a alcanzar en total libertad y amor y sin apartarse bajo ningún pretexto.

Pero en la gloria de ésta existencia en la vertiginosa grandeza de ésta realización humana divina, el hombre olvidó que era una criatura; tanto en los aspectos más exteriores de su campo microcósmico, como en el núcleo y del núcleo hasta en su manifestación se debía someter totalmente a la Ley sobre la cual reposaba el principio de su ser.

Transgredió la Ley con sus temibles poderes. Experimentó sus divinos poderes y se comprometió en la vía de rechazo. Condensaciones y cristalizaciones se desarrollaron entonces: La Ley habiendo sido transgredida hizo sentir las consecuencias. Otros fuegos astrales, fuegos engañadores se encendieron; y lo sabemos todos el rechazo, el pecado de la ignorancia llevó a la muerte. Es decir que las cristalizaciones, que las formaciones constituidas de fuerzas y elementos extraños llegadas a un punto culminante fueron destruidas. En un momento dado el hombre vio desaparecer lo que había construido.

Pero el pecado original del rechazo se perpetua, el núcleo del Alma-Espíritu no tuvo ya la posibilidad de manifestarse, tampoco el hombre divino, el Hombre-Espíritu en tanto que manifestación del núcleo del Alma-Espíritu. La estructura de líneas de fuerza del hombre divino, se reabsorbió en el núcleo. El hombre divino desapareció se volvió un muerto viviente. «La imagen de ojos muertos» según la expresión de Heil Mendil volvió en el principio del alma. El microcosmo, la eterna creación de Dios fue vaciada y se encontró en la incapacidad de manifestarse en el interior.

Pero lo sabemos «Dios no deja perecer la obra de sus manos» así fue establecido un orden de socorro.

No queremos explicar aquí cómo se desarrolló, constatamos simplemente que las debilidades mortales nacidas del proceso de conservación terrestre, fueron reunidas y convertidas en los microcosmos vaciados con el único y poderoso dibujo de despertar al Alma-Espíritu original en su seno de muerte y de ofrecer así, una vez más, la vida a la imagen de los ojos muertos.

Quienes pueden llevar a bien esta obra grandiosa y sublime pasan por la prodigiosa transformación llamada transfiguración; es decir, la unión de su ser interior nacido de la naturaleza y su ser verdadero, el ser superior vuelto nuevamente viviente.

A ese, propósito es bueno ponerle en guardia. Ya que existe igualmente en el microcosmo un falso dios superior que ha hecho ya innumerables víctimas. Es el producto de numerosos seres nacidos de la naturaleza que han vivido ya en el microcosmo. Es el famoso ser kármico o ser aural. El ser kármico repitámoslo con insistencia ha hecho ya innumerables víctimas. Millones de personas con tendencias antroposóficas, teosóficas y religiosas han sido y son siempre víctimas del yo kármico.

Usted sabe que todo hombre nacido de la naturaleza deja una marca en el yo aural consecuencia de su vida impía. Esas señales ese karma se acumula. Cada ser nacido de la naturaleza que quiere recorrer el gran camino de la liberación se encuentra situado también desgraciadamente ante una doble tarea. Ya que     antes de poder poner el pie sobre el camino de la transfiguración debe, en principio, hacer desaparecer ese karma, el yo kármico. Bien sea aquí en Jesús el Señor, en el momento de la tentación en el desierto. Él también tuvo que empezar por aniquilar el yo kármico.

Nosotros mismos personalmente somos quienes vivificamos ese karma hasta cierto punto. Es el adversario del microcosmo que debemos reconocer y vencer. Las personas centradas sobre el yo son cada vez inevitablemente víctimas. Y es que el ser kármico solo subsiste por la cultura de la personalidad mortal.

Sin embargo nosotros que estamos reunidos en el Cuerpo Vivo tenemos parte en la Joven Gnosis, que deseamos recorrer nuevamente el Camino del antiguo Santo Grial, estamos nuevamente unidos al antiguo y maravilloso foco de nuestro microcosmo gracias a nuestro aprendizaje confesional. Ese foco latente desde tiempos innumerables en nuestro sistema va abrirse nuevamente en nosotros a quienes se entreguen a la Santa Rosacruz. Esta alma inmortal, este maravilloso y divino núcleo del microcosmo hablará de nuevo al alma nacida de la naturaleza. La imagen de los ojos muertos comenzará a mirarnos fijamente con una mirada penetrante a la cual no podremos escapar ni de día ni de noche.

También nos encontramos conjuntamente una vez más en el umbral del gran camino, el camino de retorno a la Casa del Padre.

¿Qué es necesario en el presente? En primer lugar el renacimiento, la revivificación del alma original. En segundo lugar nuestra propia transfiguración. En tercer lugar la unión de los dos principios: La unión del alma original, el verdadero yo superior con el yo inferior nacido de la naturaleza. La unión del hombre nacido de la naturaleza y transfigurado con el hombre alma original.

Quien puede recorrer el camino recibe la llave. Sabemos así como Hermes le dice a Tat:

«El mal del alma es su ignorancia su falta de conocimiento de su propio principio sometida a un cuerpo extraño indigno del hombre. Ella sufre bajo la carga del cuerpo que no domina pero que la domina. Tal es el mal del alma. Por el contrario, la virtud del alma es la Gnosis, el viviente conocimiento de Dios. Ya que, quien posee este conocimiento es bueno y él está consagrado a Dios y ya es divino».

Esas palabras de la filosofía hermética indican claramente el camino. Toda persona consciente de la naturaleza y del objetivo de su ser profundo aspira a la virtud del alma. Debe realizar un giro completo en su vida, un retorno total un comportamiento totalmente nuevo hacia el cual la Escuela Espiritual actual empuja a sus alumnos muy especialmente en estos últimos años: El nuevo comportamiento es la medida de unirse y atarse al Espíritu.

Tat pregunta: ¿Qué hombre es pues hombre? Hermes responde en los versículos veintiocho y veintinueve del doceavo libro:

«Es un hombre que habla poco y que escucha poco. Ya que quien pasa su tiempo en mantener o escuchar discusiones lucha contra las sombras. En efecto, Dios, el Padre, el Bien no se deja expresar por la palabra ni comprender por el oído».

¿Tat captas esta respuesta? Hermes afirma que los que mantienen el nuevo comportamiento y han realizado el giro ya no hablan mucho, a menos que no sea lo estrictamente necesario, han renunciado a toda cháchara, a toda conversación dialéctica. Están absolutamente alejados de toda problemática engendrada por la naturaleza. Es por esa razón que desde hace años el silencio toma una gran importancia en Renova y en nuestros Centros de Conferencias y por lo cual la Escuela no se cansa de explicar a sus alumnos que el silencio es una necesidad y una bendición.

Ella se esfuerza hasta el extremo de llegar al renacimiento del alma. ¿Por qué? Con el fin que con su alma transformada y renacida vaya al encuentro del espíritu. El peligro existe toda vez que muchos permanecen en esta fase de la purificación y de la transfiguración del alma porque llegados allí se vuelcan inmediata y completamente sobre la línea horizontal. Ya que el Hombre-Alma es un hombre lleno de amor y de altruismo. Un Hombre-Alma hará voluntariamente todo por los otros. En este mundo el Hombre-Alma está totalmente explotado.

Por ello Hermes dice a Tat: El Hombre-Alma que busca verdaderamente a Dios, que está en relación con el espíritu, habla poco y escucha poco.

¿Qué es hablar? Es producir e irradiar la fuerza de creación, la energía del hombre nacido de la naturaleza, que le permite ejecutar la única tarea a la cual está convidado. Por ello quien busca a Dios sólo habla en caso de absoluta y estricta necesidad.

¿Qué es pues escuchar?

Es la recepción sensorial de esta misma fuerza, la que vierten los demás hablando. Cuando usted habla y otro escucha este último recibe en él toda la fuerza que expande hablando y este hecho no es generalmente sin importancia. Por ello tanto hablar como escuchar son actividades muy delicadas en las cuales cada alumno deberá prestar la más grande atención. En el aprendizaje serio el escuchar como el hablar están sometidos a una ley sagrada, ley que concierne exclusivamente al Hombre-Alma liberado. Toda palabra y todo oído por debajo de cierto nivel daña al hombre y lo une a la naturaleza inferior. El alumno serio no vive ya dos vidas. No es por un lado el alumno de la Gnosis y por el otro el hombre ordinario nacido de la naturaleza con su comportamiento estereotipado y sus habladurías fútiles.

«Quien tiene dos comportamientos, quien sigue a dos maestros, quien actúa pues según dos puntos de vista, se bate día y noche contra las sombras que proyecta el mismo»

Así habla Hermes Trismegisto.

 

CAPÍTULO XXIV ¿QUIÉN ES EL HOMBRE ALMA?

 

«Es un hombre que habla poco y que escucha poco, ya quien pasa su tiempo manteniendo o escuchando discusiones combate contra las sombras. En efecto Dios el Padre el Bien no se deja se expresar por la palabra ni comprender por el oído»

Observe bien que en el ser humano el santuario de la cabeza es un órgano de creación único y poderoso tanto en sentido positivo, como en sentido negativo, en sentido creador, en sentido receptor. Es un hecho todavía muy poco comprendido. En el santuario de la cabeza se desarrollan todas las reflexiones del intelecto. Dinamizadas por la voluntad ellas son acto seguido emitidas por la laringe o expresadas por escrito. Usted sabe que todos nuestros gestos, todas nuestras actuaciones están unidas a las funciones del santuario de la cabeza. Eso tiene por consecuencia que todo acto de creación superior se vuelve visible en sus resultados se revela claramente en el gran día.

Y ahora observemos el segundo aspecto de la cuestión: Alguien le habla; usted escucha. En otros términos usted abre su poder sensorial, es decir el órgano de creación receptor superior y esto no es sin efecto para usted. Ya que así tiene lugar algo idéntico a un acoplamiento, a una unión: Alguien lanza en usted su fuerza de creación. Usted escucha, usted recibe.

Hecho que es desgraciadamente extremadamente funesto y peligroso en la mayoría de los casos y a menudo incluso mortal para la expansión de su alma. En efecto ¿quiénes son quienes le machacan así día y noche con sus palabras? ¿quiénes están llenos de problemas y de tensiones, quién busca el contacto con los demás para formar propósitos sin fin?

Son
los más jóvenes o los más ancianos; personas cuyos órganos sexuales inferiores no se han desarrollado aún o bien están atrofiados o están a punto de serlo.

Sabemos que la juventud es exuberante y habla casi de forma desenfrenada. La mayor parte del tiempo ese oleaje de palabras son aún menos nocivos ya que bajo muchos aspectos son aún muy puros, muy santos aunque un poco cansados para los auditores.

En cuanto a los más ancianos tienen una gran parte de su vida detrás de ellos. En ellos el karma está lleno de actividad, la naturaleza plenamente manifestada y el resultado de una vida totalmente grabada en la sangre. Cuando las funciones sexuales se atrofian lo que hierve y galopa en la sangre y permanece en el exterior como un fuego en razón del movimiento en circuito cerrado busca siempre y sin cesar una vía de escape por el santuario de la cabeza, por la laringe. Por ello se dice en la Lengua Sagrada: No es lo entra en la boca del hombre lo que ensucia sino lo que sale.

Lo que sale de la boca es a menudo mortalmente peligroso. Por ello Hermes responde a la pregunta de Tat, el buscador sincero de la liberación: Un hombre que habla poco y escucha poco.

Cuidado, dice: Un hombre que habla poco y que escucha poco. No considere esas cosas de forma demasiado radical. Hemos recibido un lenguaje como medio como ayuda. Hay por ejemplo fórmulas de educación y disponemos de un cierto número de palabras para expresar lo que exige la vida ordinaria en sociedad. La filosofía hermética no tiene la intención de fundar grupos de perfectos taciturnos. Sin embargo en el momento que las palabras expresan las tensiones, divisiones, complicaciones y desesperos de toda una vida humana entonces sean prudentes. Cuando un hombre ha gastado su vida y ve que está lleno de tensión entonces desconfíe.

Para emplear la laringe con el fin de hablar en un sentido verdaderamente creador y el poder auditivo para escuchar en un sentido verdaderamente creador, el candidato a los misterios gnósticos debe tener razones importantes y necesarias para hacerlo.

En nuestros Templos no nos dirigimos a menudo a los alumnos presentes ¿Por qué para eliminar nuestras tensiones personales?

No, no somos nosotros mismos quienes estamos situados allí: Nosotros transmitimos allí la Enseñanza Gnóstica de la Salvación, la Palabra Viva que no vive de nosotros. Para tener la capacidad y el derecho de ejecutar semejante tarea hemos tenido que prepararnos a fin de poder actuar en un sentido creador, tal como esta enseñanza nos lo pide. Y usted piense, recibe, escuchando esa fuerza creadora gracias a su apertura sensorial. Esta fuerza actúa en usted para una resurrección o para una caída.

Tales son algunos aspectos elementales de la magia gnóstica. Puede usted también comprender que cada ser humano es en sentido natural bisexual: Por la laringe en tanto que órgano creador positivo y por el poder sensorial órgano creador receptivo negativo.

Así somos bisexuados y permanecemos muy bien. Pero cuando se recorre el camino pasa por el renacimiento del alma y la transfiguración y usted abre en sí mismo las puertas de la eternidad entra en un grupo que ya no tiene necesidad de procreación natural para perpetuar el género humano. Ya que la nueva raza humana, la raza humana celeste ha entrado en la inmortalidad en donde ella dispone de poder creador superior en toda su pureza, verdad y realidad.

Hay que profundizar lo máximo posible sobre estas reflexiones y llegará ciertamente a una comprensión interior muy extendida. Se dará cuenta que en nuestro campo de vida, en nuestro estado de ser nacido de naturaleza el ejercicio del poder procreador superior del que hablamos está en general, es en general mucho más funesto y nocivo, más fatal y pérfido que el del poder procreador inferior y que numerosas personas que se mantienen en la procreación inferior pueden ser mucho más puras que las que conocen la existencia. Ya que nada absolutamente nada no huir tanto a la palabra dialéctica como la palabra y la escuchan los no purificados, que el abuso de la función creadora superior de la laringe y el oído.

Hay en este mundo hombres quienes por la palabra y el canto, asociados por ciertos ritos mágicos, por ejemplo, tienen y retienen prisionera una gran parte de la humanidad. Para estar en el completo hay que añadir a la palabra no solamente el oído sino también la vista como receptor de fuerza así como el tocar, el olfato y el gusto.

Comprende ahora claramente porque el portador de imagen verdadero no habla ni escucha demasiado. Tal persona hablará exclusivamente para los intercambios sociales habituales y necesarios sin exageración, llena de amor, de atención y de buena voluntad.

¿Qué quiere decir Hermes con las palabras del versículo veintinueve: «Dios, el Bien, el Padre no se deja ni expresar por la palabra ni alcanzar por el oído»?

Si comprende anteriormente estas palabras está usted sobre el buen camino. Supóngase que recibe un libro sagrado; que uno de entre de ustedes hace la lectura de la palabra inmortal y que los demás escuchan. ¿Piensa usted que se expande la fuerza? No tan solo serían palabras salidas de los labios. Solamente si el espíritu que es Dios habita en usted es cuando se desarrolla la fuerza. Si desea liberar el espíritu que es Dios y transmitirlo como una fuerza creadora, ese espíritu divino, ese espíritu séptuple, esta plenitud de radiación debe primero estar presente en su vida. Cuando el espíritu de Dios le ha tocado, usted irradia sobre el plano horizontal lo que ha recibido del plano vertical y esto es de toda evidencia. Entonces lo que usted hace, la lectura del libro de los libros, el espíritu que está en usted da vida a la letra muerta.

El trabajo inverso es absolutamente imposible. Hay que poseer en sí mismo el espíritu y el Nous, no se puede transmitir a otros mediante las funciones creadoras superiores. Ocurre lo mismo para la palabra. Cuando usted nos escucha, en tanto que hablamos en razón de nuestra tarea y nuestra vocación una emoción elevada puede nacer en usted por la magia gnóstica. El escuchar le orienta hacia el camino pero no le ofrece ni el camino, ni el espíritu, ni el Nous, aunque discutiésemos y hablásemos durante años. No, el escuchar despierta en usted a lo sumo, un acuerdo o bien un rechazo, una oposición. Por ello algunos están entusiasmados con nuestras palabras y otros se oponen y permanecen a la defensiva, en cuanto otros aún están invadidos por la duda.

Lo que el escuchar vuelve posible en el mejor de los casos es la fe. Por esa razón se dice en las Sagradas Escrituras: La fe se adquiere escuchando. Pero acto seguido hay que recorrer el camino. Ya que repitamos: «Dios y el Nous no se dejan expresan por la palabra ni coger por el oído». Algunos han escuchado la palabra de Dios desde su juventud. Esto no les ha hecho otra cosa que darles a lo sumo una cierta dosis de fe que les orienta hacia la fe. Cuando todo esto le da coraje para recorrer efectivamente el camino, ya que es solamente recorriendo el camino que Dios, que el Nous puede tomar forma en nosotros. Cuando descubrimos pues que la palabra de la Escuela no tiene ningún efecto sobre un alumno que persiste en el curso de su día normal natural como antaño y que, a las palabras del Templo no se manifiesta en él ninguna emoción, ningún cambio, ninguna tentativa para poner una parte de sí mismo en el buen camino, es que en tal alumno el uso de las funciones creadoras superiores está torcido, viciado y que con él, el contacto esta irrevocablemente roto. Por eso se dice en el Sermón de la Montaña lo que puede ser rudo pero evidente: no deis las cosas sagradas a los perros y no echéis perlas a los puercos. Los Rosacruces añaden no tiréis rosas a los asnos.

Teniendo en cuenta esto lleve ahora su atención sobre el versículo treinta:

«Todos los seres es cierto tienen sentidos a falta de los cuales no podrían existir. Pero el conocimiento viviente de Dios es netamente distinto de la percepción sensorial. En efecto la percepción sensorial nace de influencias o impresiones en nosotros. Sin embargo, la Gnosis es la plenitud del conocimiento, del conocimiento que es un don de Dios».

En todos los seres existen incitaciones a la acción llamadas tendencias o líneas de carácter. Esos estímulos son fuerzas astrales que nos aguijonean y son mantenidos por el movimiento en circuito cerrado. Así existe una cierta orientación de vida muy estrechamente unida a los poderes sensoriales del individuo. No obstante esta orientación sensorial general del hombre dialéctico determina la pérdida del dominio de sí, dice Hermes.

Examinemos ahora de más cerca esta proposición.

 

 

CAPÍTULO XXV:  LA PRISION DE LOS SENTIDOS

 

Todos los hombres tienen tendencias particulares. Les son innatas. Pueden ser explicadas por factores hereditarios por ejemplo. Nos vienen de nuestros padres o de nuestros ancestros o bien de la acción de las influencias kármicas. Y todas esas tendencias impresas en la sangre son mantenidas por el movimiento en circuito cerrado del que hemos hablado ya muchas veces. De esta suerte las tendencias que existen en la juventud se desarrollan en la vejez y determinan completamente el tipo y el carácter del hombre nacido de la naturaleza.

El tipo así formado es extremadamente así difícil de cambiar. La mentalidad determina hasta tal punto la circulación astral, la sangre modela a tal punto la mentalidad con sus tendencias que el hombre pierde todo lo real sobre sí mismo. Piensa que vive, que mantiene el gobierno de su vida en su mano pero en realidad no hace más que agitarse en el interior de los muros de la prisión en movimiento en circuito cerrado. El hombre encuentra todo bueno, excelente, magnífico cuando no hace en realidad mas que seguir sus tendencias. Está entonces en paz consigo mismo.

Expliquemos algunos ejemplos chocantes. Imagine a un hombre apasionado por los grandes viajes. Este tipo de hombres se encuentra a menudo; esta tendencia impregna su sangre desde su juventud. Es muy difícil de explicar, millones de hombres tienen la tendencia innata a irse hacia la patria desconocida, la verdadera patria. Este impulso es una de las características originales de la humanidad embrionaria, es perfectamente comprensible sicológicamente. Pero cuando esa tendencia se ha deformado y degradado completamente en el uso de las generaciones que no es ya comprendida entonces se asiste algunos meses por año, al espectáculo de multitud de gente que se precipita con fiebre de vacaciones en vacaciones, se maravillan de cima en cima, toman foto sobre foto y contemplan con los prismáticos cosas aún jamás vistas. Usted conoce este tipo de hombres el aparato fotográfico colgado en bandolera. Entran en sus casas, en el gris del perfecto contentamiento de sí mismos para recomenzar algún tiempo después.

En los siglos pasados cuando los hombres no eran aún tan individualizados y que los pueblos y todos los grupos reaccionaban como en el reino animal es por las mismas razones sicológicas que tuvieron lugar las grandes migraciones de los pueblos. Así es como debutaron y son los guías religiosos de los pueblos que los han comprometido. Las dificultades empezaban cuando un pueblo decidía emigrar a un territorio ocupado por otro pueblo. Piense por ejemplo en la emigración de la vieja raza original semítica descrita en el Antiguo Testamento. La Tierra Prometida era un país muy poblado en la época y resultó con ello una terrible masacre.

Otra tendencia con relación con todo esto, es el interés muy expandido bajo formas muy diversas por la naturaleza de la vida y de la muerte. He ahí igualmente un vestigio del deseo fundamental de la naturaleza original hacia el cual el hombre quiere retornar y del que quiere saberlo todo absolutamente. Perdido en medio de múltiples ciencias y totalmente extraviado el hombre orientado en la naturaleza busca y continúa buscando. Los geólogos buscan en medio de las rocas los espeleólogos buscan en las grutas y lo que encuentran, lo que descubren, lo que creen poder establecer son a lo sumo fragmentos, parcelas ínfimas de la verdad original lo que tan solo puede inducirles al error.

Estos dos ejemplos que usted puede extender a todos los dominios le mostrarán que los hombres tienen una multitud de tendencias, tendencias expresadas o mantenidas en secreto muy comunes o muy particulares.

Para volver a nuestro punto de partida, muchos muestran una triple tendencia fundamental desarrollándose bajo las mismas bases y por las mismas razones: El interés, la atracción sensorial por el arte, la ciencia y la religión. Considerados desde el punto de vista de la verdad original es el interés, la atracción por el arte real, la ciencia universal y la religión fundamental. Nuestras tendencias se giran hacia una de las tres direcciones. Estimulan nuestros sentidos. Y en una de esas tres direcciones o en las tres combinadas nos han extraviado y nos hemos hundido.

En todas las entidades de todas las corrientes de vida subsisten trazas de esta triple tendencia, piense también la Joven Gnosis que intenta nuevamente realizar alguna cosa de la triple alianza: Grial, Cátaros y Cruz con Rosas, el arte real, la religión universal y la ciencia real. En todas las entidades de todas las corrientes de vida subsiste algo de esta triple tendencia, ya que en todas esta aún inscrito hasta en cada átomo el deseo fundamental de realizar el plan de Dios de donde todo ha salido en el comienzo.

Así amigo, es a causa de una incursión determinada inscrita en la sangre en el nacimiento o proveniente de la acción de corrientes kármicas que usted ha entrado en el aprendizaje de la Joven Gnosis totalmente conducido y guiado por sus sentidos. Y si usted ha liberado sus sentidos de una manera cualquiera y que es bajo la impulsión interior de sus sentidos que usted ha venido a la Escuela entonces amigo, usted ha entrado en casa, en concordancia absoluta con sus tendencias.

Tal vez desde hace años y años nos hemos sentado confortablemente sobre nuestras sillas y respiramos deliciosamente en el campo de la Escuela. Estamos totalmente en concordancia con nuestros sentidos, estamos aquí en donde queremos en razón de nuestro nacimiento natural. Pero preste atención, así es como usted pierde completamente su poder. ¿Puede usted decir sí, y si es así, puede usted entonces sostener que habiendo seguido así sus tendencias tiene usted fuertemente asido el gobierno de la barca de su vida? No, son sus sentidos, sus tendencias las que dirigen esta barca.

Seguir el impulso de nuestros sentidos por muy cultivados que sean, no cambia absolutamente nada nuestro extravío fundamental. Todo esto es superficial. ¿Pintar de blanco un bote rojo hace de este bote un bote nuevo? Su apariencia en tan perfecta contradicción con su estado real. Si siguiendo sus tendencias entra en el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis ¿se ha vuelto por ello un hombre renovado ha nacido Hijo de Dios? Compréndalo no tenemos nada contra sus tendencias, le es totalmente imposible pasarse de ellas, son ellas quien le han traído hacia aquí. Pero lleno de usted mismo no mire a su alrededor con un suspiro de alivio sentándose sobre su silla y confiando en su vecino: ¿Tenía todo esto en mi desde mi nacimiento. Desde mi infancia he sido empujado en esta dirección. Y ahora estoy aquí? ¿Ve usted?

Lo vemos bien, pero ésta no es aún la signatura del hombre renovado, del hombre divino. Vivir por los sentidos es el fin del dominio de sí.

¿Pero qué otra cosa entonces? Pues bien es la afectación hermética. Ya que contentarse con la vida sensorial no puede llevar más que a la negación.

Hemos hablado en detalle de la ausencia del Gnosis de la plenitud del conocimiento y del don divino; hemos hablado igualmente del principio de la negación que es: no aceptar el seguir el gran plan que está en la base de nuestro microcosmo; hemos descrito también las cristalizaciones y sus consecuencias destrozantes.

En sentido opuesto hay la aceptación. Y la aceptación del plan de Dios empieza para usted por el gran giro personal: Por el camino y el proceso del que hablamos desde años. El camino del que todas las Fraternidades precedentes dan testimonio. Y algo del camino de la Fraternidad precedente está tal vez kármico aún activo en su microcosmo. Es esta antigua aspiración la que le ha conducido aquí a fin de permitirle de llegar por fin a la aceptación.

El camino de la Gnosis le prepara una vez más para alcanzar el dominio de sí mismo. Conduce más de una vez al verdadero combate contra la suficiencia y las tendencias mezquinas. ¿Qué hacer con sus tendencias? El coro y verdadero aprendizaje debe operar en usted. El gran giro debe volverse manifiesto en usted. Es el comportamiento del hombre extremadamente vigilante que lleva el combate de la rendición de sí. Prácticamente esto quiere decir, que usted no puede ya, no debe ya satisfacer las consecuencias de la vida sensorial. Ya que ésta es sumamente engañosa, no intencionadamente, sino en virtud de su naturaleza y de las situaciones en las que ella le pone.

Por ello la aceptación, es la revolución interior que desgarra el velo tejido por los sentidos.

¿Y como llegar hasta la aceptación? Girándonos hacia la Gnosis. «Ya que, dice Hermes, la Gnosis es la plenitud del conocimiento, del conocimiento que es un don de Dios»

Intentemos explicar lo que Hermes entiende por ello.

La aceptación del verdadero objetivo de la existencia humana, del verdadero objetivo que es la base del microcosmo y el reconocimiento del proceso que conducen a él permiten acceder a un saber universal omnipresente y tener parte en ello.

Lo mismo que el aire esta omnipresente en la atmósfera y que vivimos de él en cada respiración de la misma manera la ciencia divina, la Gnosis es comparable a un atmósfera. Cualquiera que sea la dirección tomada por un hombre, cualquiera que sea su determinación, el saber universal circula alrededor de él como un soplo.

Este saber, esta sabiduría es consecuencia del oxígeno, el verdadero e indispensable viático del hombre alma renacido. Tener parte en esta fuente de sabiduría universal volverse uno con ella significa desatarse absolutamente, liberarse absolutamente del todo saber dialéctico transmitido. Ya que por su esencia toda ciencia dialéctica es ilusoria puesto que depende de la operación de los sentidos.

En el momento que efectúa el giro interior y realiza el camino en toda su extensión, tiene usted parte al espíritu. Entonces respira en la atmósfera de la vida divina. Entonces participa en el Espíritu Santo Séptuple. En cuanto a la ciencia terrestre solo vive en los cerebros alambicados de los hombres cuya conciencia depende de los sentidos.

La ciencia terrestre se ha constituido a partir de las observaciones de los sentidos. La ciencia terrestre proviene de la búsqueda exclusivamente intelectual.

La ciencia universal divina, por el contrario, la Gnosis, la ciencia de la que testimonia Hermes no emana de un hombre o de un grupo de hombres; no está dividida en especialidades, sino que, como se ha dicho, es omnipresente como el aire en el atmósfera. Por ello todos los que aprendan a respirar existencialmente en esta atmósfera llegan a través de los siglos a las mismas conclusiones y los mismos resultados.

En todas partes del mundo no hay entre los que son conocidos de Dios, ninguna diferencia de saber y de orientación, incluso aunque jamás se hayan visto corporalmente; hay entre todos una perfecta unidad.

Comentemos ahora en detalle el versículo treinta y uno del doceavo libro cuyo texto dice: «Ya que toda Gnosis es inmaterial. El vehículo del cual se sirve es el Nous, quien a su vez tiene por vehículo el cuerpo. Así dos actividades tienen lugar en el cuerpo: La que opera por mediación del Nous, y la que opera por mediación de la materia»

 

CAPITULO XXVI:  TODA GNOSIS ES INMATERIAL

 

Es posible determinar y definir un microcosmo, así como el alma que es su foco central. Igualmente es posible conocer el alma desarrollándose en el microcosmo. Se puede determinar y seguir progresivamente la vida y el movimiento de todos los cuerpos que se encuentran en el microcosmo y le pertenecen, así como todas las acciones que se producen en esos cuerpos y por esos cuerpos. Todo lo que pertenece a lo creado y emana de él, bien sea el macrocosmos, el cosmos o el macrocosmos, es en principio conocible. Esto ha sido manifestado en el espacio. En la inmensa y gloriosa manifestación universal el proceso de desarrollo de todas las corrientes de vida se realiza. Todos los misterios de este espacio sin duda innumerables serán un día penetrados. Son los misterios de la criatura y de todo lo creado. Es preciso, no obstante, comprender que fuera de la manifestación universal se encuentra aún otra cosa, una cosa que no puede ser ni conocida, ni definida, ni percibida. Que no pertenece al espacio, no tiene existencia y que ninguna criatura cualquiera que sea puede alcanzar. Todo el espacio de la manifestación universal con sus millares de vías lácteas no es nada comparado con la omnipresente e imponente grandeza de este otro.

Hay como sabemos siete dimensiones en el espacio: Pero este otro, está por encima y fuera de lo dimensional. No hay palabras para designarlo por eso Lao Tsé habla de eso. Comprenda que eso es todo en todos. Todo proviene de eso y vuelve a Él. Usted comprende que hablamos del espíritu de Dios, con la idea de lo que es eso Pablo en la Epístola a los Romanos exclama en un canto de alabanza:

«Oh profundidad de la riqueza de la sabiduría y de la ciencia de Dios. ¡Sus juicios son insondables y sus guías incomprensibles! ¿Ya que quién ha conocido el pensamiento del Señor o quién ha sido su consejero, quién le ha dado primero para que pueda recibirlo en retorno? Es por Él de Él y para Él que son todas las cosas. Para Él la Gloria de Todos los Siglos».

Por ello todo lo que pertenece a lo creado debe girarse hacia eso, que es el único objetivo de nuestra existencia.

La manifestación universal es el océano de la plenitud y eso contiene lleva y envuelve el océano de la plenitud. La raíz de toda existencia se hunde en eso, ya que todo lo que nos contiene nos inflama y nos purifica en su fuerza.

Intente representarse la imagen del saber universal de la sabiduría universal que nos engloba como una atmósfera en la cual debemos respirar. Entonces comprendemos que toda sabiduría que viene de Dios no es material, sino inmaterial. La sabiduría que vive en un cerebro humano no es nada en comparación con eso. Es ridículo comparar al espíritu divino con nuestra conciencia y de hablar de espíritu a este respecto.

La sabiduría que hay un cerebro humano precisa de la palabra o de la escritura para hacerse conocer. No podría jamás ser considerada como universal, ni serlo en verdad. Pero en la manifestación universal que engloba todo en el principio universal sin forma y sin sustancia de donde se ha formado el universo, la sabiduría, el conocimiento universal sin forma y sin sustancia debe ser y es omnipresente. La participación de la criatura en esta realidad sin sustancia, en esta omnipresencia, en esta fuente de sabiduría y amor es la más alta forma de religión.

Es la religión de Hermes, la religión de la Gnosis Universal, la religión del pensamiento. Ella implica una devoción total, la consagración total del corazón y de la cabeza a eso de forma que el espíritu de sabiduría y de amor pueda tocar la criatura y manifestarse en ella.

Es en eso que el universo de lo creado, así pues, que cada criatura encuentra su destinación sublime, por esto tener la unión con eso representa el objetivo más elevado de nuestro estado de criatura. Se vuelve entonces posible transmitir directamente el objetivo del espíritu a la criatura. Así Dios y la criatura, deben unirse a fin de realizar el objetivo superior del Logos según la idea de su creación.

Hemos establecido firmemente que toda Gnosis, que toda Sabiduría divina es inmaterial. Y esperamos que usted lo comprenda como un verdadero Tat.

Si usted se acerca a la religión del pensamiento no lo haga de la forma mística o teológica y religiosa habitual. No lo haga tampoco a la forma de los grupos de Oxford o del movimiento del Rearmamento Espiritual y Moral. Todos han oído un ruido pero no conocen la fuente. Comprenden intuitivamente que es Dios quien rige el Universo, el Espíritu omnipresente; pero descuidan seguir el camino, para volverse hijos del Espíritu. Se estancan en la condición dialéctica.

Piense una vez más en la imagen de la sabiduría universal que le hemos propuesto, la sabiduría universal en el sentido de la cual debemos respirar. Ahora la pregunta es saber como la criatura puede recibir y manifestar la Sabiduría que es Dios, Hermes responde:

«El vehículo del cual se sirve la Gnosis, es el Nous, quien a su vez tiene por vehículo el cuerpo. Así dos actividades tienen lugar en el cuerpo: La que opera por mediación del Nous y la que opera por mediación de la materia».

El Nous significa la colaboración ideal de la cabeza y del corazón querida por el Creador; es el corazón abierto a la Gnosis, al Alma Original, que prepara el corazón celeste en el santuario de la cabeza. El corazón una vez renacido, vuelto puerta de acceso y fundamento del alma, se manifiesta en el santuario de la cabeza y erige allí el trono del espíritu, gracias al movimiento de circuito cerrado transformador. Este movimiento elabora, prepara y establece la unidad de la cabeza y del corazón.

Por ello usted comprende que la Escuela Espiritual Gnóstica, la Enseñanza que propaga y transmite, sus métodos y su literatura, no sólo tienen un objetivo: orientarle, guiarle, empujarle hacia esta preparación. Cuando el candidato está preparado para recorrer ese camino, ha dado un paso, en ese mismo instante el Espíritu, el Padre está presente y es conocible. La infusión del Espíritu Santo es una realidad, la infusión de la sabiduría, que está en todos que es todo en todos.

El candidato consagrado al gran y santo trabajo en tanto que servidor podrá de segundo en segundo abastecerse de esta fuente eterna. La fuente mana inmediatamente que es necesario. Así gracias al vehículo del Nous es, sabrá y conocerá todo lo que hace falta saber y conocer. El Espíritu y el Nous unidos hasta el punto de hacer aparecer Poimandres, actuarán entonces activamente en los cuerpos mental y material.

Así es como un segundo en el sentido verdadero de la Palabra un servidor, una servidora del Padre, de Dios del Espíritu. Los procesos de los hablamos aquí operan con la más grande exactitud, la más extrema finura, como un instrumento de precisión. Los que están unidos al Espíritu, no están separados ni un segundo cuando ellos tienen necesidad. El servidor o la servidora de la Fraternidad que se ha vuelto digno de esta unión con el Espíritu puede ahondar día y noche en la fuente eterna de la Sabiduría.

Esta fuente sin embargo se estanca en el mismo segundo en que el interesado fuera de su tarea directa está obligado por ejemplo a ocuparse de tareas que pertenecen a cosas del campo del sistema ordinario como los asuntos de la vida social o de la vida corriente. En algunos casos un evento social está estrechamente asociado a la tarea espiritual y a la misión del servidor. Aparece entonces una especie de estado intermedio en el que el Espíritu se aleja inmediatamente en el momento en el que el Templo de la actividad es transferido al campo de la naturaleza.

Insistimos sobre este punto a fin de hacerle comprender claramente que en ningún caso el Espíritu se deja prostituir o explotar; el Espíritu no se somete jamás a lo que ha salido de la naturaleza. Invocar la ayuda divina a propósito de todo y de nada como esto se practica en la religión natural, es pues estúpido. Tal llamada alcanza jamás al Espíritu. La ayuda que se presenta entonces es la radiación de los eones de la naturaleza a los cuales los intereses se han unido por su orientación. El espíritu no sirve jamás ni en ningún caso lo que ha salido de la naturaleza.

Hay hombres que creen poder pasar por espirituales o iniciados por ciertas actitudes del cuerpo por el porte de cierto vestuario, por una fisonomía, un maquillaje. Pero esto prueba exactamente lo contrario, quien posee el espíritu debe perderse a sí mismo inmediatamente. Si el yo entra en escena, el espíritu se retira. Es la ley, nadie escapa a ella. Como lo comprenderemos mejor releyendo el versículo treinta y uno del doceavo libro:

«Ya que todo nace de la oposición y de la contradicción. No puede ser de otra forma»

Fíjese bien en la situación. Admitamos que usted sigue el camino con todas sus fuerzas en don total de sí mismo, en una orientación perfecta y que así tenga parte en el campo del Espíritu, entonces la sabiduría divina se manifestará en el Nous y el Nous se manifestará en sus vehículos mental físico. Así es como debe servir al Espíritu con todos sus hermanos y hermanas formando juntos el eslabón inferior de la cadena universal. Sólo participamos verdaderamente en el Cuerpo Vivo si en tanto que grupo formamos verdaderamente un eslabón de la Cadena Universal donde el Espíritu puede encontrar acceso en nosotros y le servimos interiormente aquí abajo en la naturaleza de la muerte.

Pero esto significa igualmente que en ese sublime estado de ser poseemos, no obstante, siempre nuestro cuerpo nacido de la naturaleza y que vivimos en la naturaleza de la muerte en el mundo de las oposiciones. Somos pues por una parte, una criatura del campo de creación al igual que el conjunto de nuestra corriente de vida y por otra parte estamos unidos al Espíritu.

¿Puede usted imaginarse contradicción más grande y más dolorosa? Ser elevado al Espíritu, unido a él y al mismo tiempo confrontado a la ruda realidad de la naturaleza de la muerte. Por un lado elevarse hasta el Espíritu, por otro lado ser parte del campo de la naturaleza. ¡Qué oposición, que contradicción y, a veces, que profunda amargura!, pero «todo debe nacer de la oposición y de la contradicción; no puede ser de otra forma» dice Hermes. Y es que según un deber inmanente y superior, todo lo que está unido al Espíritu no deja jamás perder la obra de las manos de Dios. El Universo ha nacido del Espíritu. Lo que amenaza perderse debe ser cogido aunque fuese en el fondo del infierno. Es un deber inmanente superior.

Hay un Logos del Espíritu y hay un Logos de la naturaleza. Los llamados, los sublimes Hijos de Dios, deben servir a los dos Logos. Hay pues dos tareas fundamentales: El servicio al Espíritu, la verdadera religión y el servicio en la naturaleza de la muerte. Pero el segundo, el servicio en la naturaleza, debe nacer del servicio del Espíritu. Así el segundo alcanza su plenitud. Si se hace a la inversa, si se sirve primero a la naturaleza después al Espíritu, se subordina la tarea verdadera del servicio del Espíritu al servicio a la naturaleza; y haciéndolo así se perpetua la naturaleza de la muerte.

 

CAPITLTLO XXVII:  EL MUNDO Y SU MISIÓN

 

Volvamos al doceavo libro de Hermes. Recapitulando se descubre que es difícil de comprender. Se tiene la impresión que el autor intenta esclarecer algo, pero que no lo logra por falta de palabras apropiadas y que las imágenes despertadas con esas palabras no tienen relación lógica. Esta confusión no debe ser imputada a Hermes Trismegisto ya que el texto original de la filosofía hermética es sin dudar lo suficientemente claro y transparente como el cristal. Pero nadie posee ya el original según lo sabemos. Ha sido violentado y mutilado innumerables veces con propósito deliberado, manuscrito tras manuscrito. Para terminar tan sólo han quedado algunas copias griegas y coptas de las que hemos extraído nuestra traducción. Por ello debemos nuevamente intentar sobre la base del texto que poseemos retirarnos hacia lo que llamamos la memoria de la naturaleza a fin de descubrir el dibujo original y comprenderlo.

Aún con el riesgo de parecer irreal o quimérico es importante saber lo que entendemos por memoria de la naturaleza y lo que el candidato de los Misterios Gnósticos puede leer ahí.

Usted sabe sin duda que cada microcosmo posee un ser aural en donde está acumulado todo el karma microcósmico. Todo lo que las personalidades que nos han precedido en nuestros microcosmos han pensado o hecho está inscrito en el ser aural en tanto que karma, una parte de ese karma, se transmite progresivamente a la personalidad por mediación del plexo sacro en la medida que la vida sigue su camino. Algunos poseen también un karma compuesto de características, poderes, cualidades, capacidades y vocaciones así como de todos los grandes esfuerzos intentados encaminados a servir a Dios, al mundo y a la humanidad. Ese karma sólo se transmite a la personalidad, si el hombre concernido lo despierta por su orientación y sobre todo por su comportamiento. El interesado vive entonces literal y físicamente en la memoria microcósmica de la naturaleza.

Es igualmente posible leer en la memoria de la naturaleza de terceras personas. Todos los grandes instructores del mundo y sus colaboradores directos, en pocas palabras, todos los grandes en espíritu que han trabajado para el mundo y la humanidad en el transcurso de los siglos poseen vastos y admirables tesoros en las cámaras aurales dotadas de un poderoso poder irradiante en donde todo lo que han hecho dicho y enseñado está conservado. Absolutamente nada de esos tesoros se puede perder. Así pues quien se ha vuelto digno de penetrar en ese campo de radiación puede leer en la memoria de la naturaleza todo lo que es útil para la paz, la libertad y la beatitud o la bienaventuranza de la humanidad.

Existe pues una memoria de la naturaleza que se puede calificar de accidental que se agota como un campo de tensión, decrece y desaparece. Pero todo lo que la cadena universal tiene de liberador y fundamental está siempre disponible. No hablamos solamente del tesoro de los Cátaros, el tesoro de la Fraternidad precedente sino del tesoro de la Cadena Universal completa. Nos es pues posible a nosotros que pertenecemos al Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis en tanto que seamos vivientes por el Espíritu y en el Espíritu recibir la sabiduría y la verdad herméticas originales, ya que este conocimiento no será, no ha sido, ni será jamás la posesión exclusiva de uno sólo. Este conocimiento jamás ha pertenecido a un sólo personaje llamado Hermes Trismegisto en la antigüedad; él forma parte de la Enseñanza Universal emana e irradia de todos los microcosmos de la Cadena Universal unidos los unos a los otros. Es la nube de testigos de que hablan las Sagradas Escrituras.

Abordemos ahora nuestro tema sabiendo que si estamos unidos en el Espíritu comprenderemos todo perfectamente. Se dice en el versículo veintiuno del doceavo libro que hay dos clase de dioses: Los que son móviles o cambiantes y los que son inmóviles o inmutables. Se trata aquí de dioses materiales e inmateriales. En el versículo treinta y dos Tat pregunta a propósito de nuestra humanidad: ¿Cuál es pues su Dios material? La respuesta de Hermes dice: El mundo que es bello y lleno de eficacia no es bueno. No pensemos en el campo embrionario en donde se desarrolla nuestra existencia actual, el texto atrae nuestra atención sobre el mundo glorioso; pero por muy glorioso que sea sería un error creer que es el más elevado.

En efecto dice Hermes, el mundo debe distinguirse netamente del único bien de Dios, de la Luz irradiante del Espíritu. El mundo ha nacido de la naturaleza fundamental por la voluntad de Dios mismo; es pues material y totalmente sometido a las oposiciones y contradicciones de la dialéctica, es decir, a la necesidad natural de subir, brillar y descender. Ya que el objetivo del mundo, del campo del mundo es ser un campo de educación, una escuela práctica para las entidades humanas. Por ello no hay nada en el mundo estático: Todo va y todo viene.

No emana pues del mundo ninguna radiación constante estática e inmutable, esto es comprensible. Por el contrario las radiaciones del mundo provocan oposiciones y contradicciones a fin de que las entidades concernientes saquen la lección de las tensiones en él, sean despertadas y se pongan en el justo camino. Las fuerzas y las radiaciones del mundo rompen ellas mismas continuamente sus propias creaciones y criaturas. La naturaleza impone a la esencia de las cosas terrestres el conformarse y acordarse a ese estado de hecho. Los principios rectores, las causas y los efectos son perecederos y permanecen engendrando un continuo cambio. Ese dios planetario ha tenido un comienzo. Nuestro planeta, nuestra tierra madre nació un día; no obstante, en tanto que ejecutora de la voluntad de la idea del espíritu universal, ella existirá. siempre aunque haya tenido un comienzo. El mundo es pues inmortal, eterno aún no siendo otra cosa que un campo de creación, un lugar de alumbramiento en el seno del cual las criaturas vienen a la existencia. Éstas aunque cargadas de vitalidad son obligadas a la esterilidad. Efectivamente ¿Qué sentido puede tener una existencia completa, atada a la tela de la inestabilidad, un mundo continuamente en movimiento en un torbellino de pensamientos y de formas siempre cambiantes? En medio del tumulto del campo de creación aparecen y desaparecen innumerables criaturas como chispas centelleantes de un fuego.

¿Qué significado tiene pues este océano de llamas cósmicas? Nosotros alumnos de la Joven Gnosis lo comprendemos y lo penetramos perfectamente. Hermes dice: «La inmutatabilidad divina hace nacer el movimiento de la materia del mundo”. Y más lejos: “El mundo nuestro planeta es esférico comparable a una cabeza» Ese globo sabemos comprende diferentes esferas de densidades variadas. Sin embargo la totalidad de nuestro planeta con todas las esferas que le pertenecen está contenido en otra esfera, la esfera de la inmutabilidad divina, al igual que el conjunto de la manifestación universal envuelve la naturaleza fundamental y está impregnado de espíritu de la misma manera cada planeta está envuelto e impregnado de espíritu. Todo lo que está comprendido en la manifestación universal es movido por el espíritu.

Vemos nuevamente aquí la antigua imagen de dos cabezas de la que una está en el interior de la otra: La esfera espiritual en la cual gira el globo, el planeta material. Es igualmente la imagen del microcosmo en el cual se encuentra la personalidad. ¿No dice el axioma hermético «Que lo que es abajo es como lo que es arriba»?

Así como el campo del Espíritu se encuentra alrededor del planeta, del sistema solar, de cada constelación y de la manifestación universal, de la misma manera el Espíritu envuelve nuestro microcosmo como una esfera espiritual.

Considérese usted mismo ahora en tanto que personalidad, en tanto que criatura. Como criatura no es usted un fenómeno arbitrario una chispa a punto de apagarse. Como criatura no es el producto arbitrario del encuentro de sus padres. Como criatura no es el resultado del fuego del fuego de llamas del fuego dialéctico. Cuando en el caos del mundo glorioso la criatura nace dotada de una personalidad cuádruple, un campo espiritual inmutable que engloba todo aparece simultáneamente alrededor de la chispa.

Es preciso entonces un intermediario positivo y activo entre la chispa y el espíritu, entre la personalidad cuádruple y el campo espiritual que la envuelve. Este intermediario debería ser alma, el alma en esta condición particular que la enseñanza hermética designa con la palabra Nous. Cuando un hombre posee tal intermediario las palabras del versículo treinta y cuatro se aplican a él:

«Todo lo que toca la envoltura del globo al interior del cual se encuentra el alma inmortal ya que el cuerpo ha sido por así decir formado en el interior del alma y que el alma es superior al cuerpo».

En este caso la chispa dialéctica no se apaga ya como en el pasado e incluso si la criatura así como el mundo permanecen sometidos al cambio. Transmutándose, transfigurando la inmortalidad se vuelve un hecho. Cuando la chispa y la personalidad cuádruple el alma y el espíritu se han unido el tiempo celebra su pasaje a la eternidad. El alma debe pues estar totalmente orientada hacia la idea, hacia la grandiosa y gloriosa cohesión de la manifestación universal completa: El Espíritu, el Alma y la materia en una maravillosa y perfecta armonía.

El versículo treinta y cuatro nos pone en guardia contra lo contrario y sus consecuencias: «Sin embargo todo lo que está alejado de la envoltura en donde se encuentra el alma es mortal, porque tiene más cuerpo que alma».

¿En qué se interesa usted amigo, en la materia, en la tierra, se gira usted hacia las arenas de la naturaleza o bien es usted más profundo y se gira hacia el espíritu?

El cuerpo nuestra personalidad está constituida por millares de átomos y mantenida por un bombardeo continuo de sus átomos. Todos poseen una vida; y todas las vidas de esos átomos forman su conciencia. Por ello Hermes emplea la palabra animal cuando habla de la humanidad dialéctica, en razón de nuestro nacimiento en la naturaleza disponemos exclusivamente de una conciencia animal de la conciencia del cuerpo, de la conciencia de los átomos. Cuando la conciencia está únicamente orientada hacia el cuerpo y la atención y los cuidados se llevan exclusivamente sobre la satisfacción, la protección y mantenimiento del cuerpo, lo que es el caso general esa conciencia animal, esa conciencia de los átomos empieza a arder hasta convertirse en un yo cada vez más fuerte y finalmente dominante.

Las consecuencias son la miseria, el sufrimiento y la muerte; en esta situación se produce la desnaturalización del alma, del núcleo del alma, de la rosa en el centro del microcosmo. Esta rosa cierra su cáliz; el núcleo del alma se retrae para devenir, para convertirse en un grano.

Entonces la ruptura se produce en el campo del Espíritu y la manifestación. ¿Es pues sorprendente que esta manifestación deba morir?

Por eso es preciso rápidamente restablecer la actividad original del alma y gracias al alma renacida restablecer la unión con el espíritu; después ponerse a vivir y a ser para ese espíritu. Así es como triunfamos de la muerte.

¿Cómo?

Neutralizando el yo que ha crecido hasta volverse satánico. Hay que imponer SILENCIO a nuestra alma animal, a la conciencia de nuestro yo y renunciar a divinizar la materia, todos los acentos de la vida deben ser desplazados y orientados hacia el espíritu único, el espíritu santo séptuple.

 

 

 

 

CAPÍTULO XXVIII:  ESPIRITU Y MATERIA

 

Después de nuestra introducción habrá comprendido sin duda que en el doceavo libro Hermes se nos sitúa ante el inmenso problema que muy conscientemente muchos hombres no han podido resolver en el transcurso de la historia del mundo, a saber el problema de la separación concreta entre el espíritu y la materia.

Cada criatura posee una aspecto material y un aspecto espiritual y esto en los organismos más minúsculos.

Por ello se dice en el versículo treinta y cuatro: «Todo lo que vive e incluso el Universo está compuesto de materia y espíritu”.

Sin embargo no crea por ello que toda criatura sea al mismo tiempo material y espiritual. No cada manifestación material tiene una vida en sí misma y por ella misma por el hecho de estar constituida de átomos vivientes tal como lo hemos explicado. Esta criatura mantiene una unión más o menos estrecha con un campo espiritual que la envuelve. Y la divinidad, el espíritu que engloba la manifestación universal completa, engloba también toda criatura.

Si por azar la criatura no llega a expresar la idea que la sostiene, el espíritu que la engloba, ella se convierte en una simple cosa, una cosa que inmediatamente que se apaga su fuerza vital animal se disgrega y desaparece. O sea, muere.

Se puede decir como de hecho se hace: Un cuerpo sin alma es un cuerpo muerto. Ya que un cuerpo sin alma no es un cuerpo. Si un cuerpo no posee alma, no puede vivir, así pues aún menos morir. Tales definiciones provienen de hombres que no conocen el espíritu o lo niegan pero perciben la existencia de una conciencia natural más o menos cultivada que designan erróneamente como alma. La vida de esta conciencia, no es la vida del cuerpo. Quienes se someten a la cultura de esta conciencia no renuncian voluntariamente a sus resultados. Prefieren la muerte a la vida; a la vida que solo puede despertarse por el Espíritu.

Si el Espíritu no se vuelve viviente en nosotros, en usted, está usted destinado a la muerte.

Hay pues dos clases de vida como hay dos clases de almas. En efecto recordemos: Cada átomo posee vida, cada átomo tiene un alma. Un cuerpo compuesto de un sistema de átomos posee pues una conciencia, una clase de alma formada de la vida presente en cada átomo. Por ello se habla de un alma natural y también de una vida natural. Pero esta vida natural, ese cuerpo natural, está rodeado de un campo espiritual. Y la relación que existe entre el espíritu y ese cuerpo dotado de una conciencia natural determina todo.

El alma natural y el cuerpo natural creen ilusoriamente poseer el espíritu, creen ser espíritu, alma y cuerpo en tanto que está prometidos a la muerte. Son muertos vivientes según la expresión de las Sagradas Escrituras.

Todos cultivamos más o menos al alma natural, cada uno a su manera y conforme a nuestras disposiciones hereditarias y a nuestra condición kármica. Nos llamamos hombres civilizados: Vivimos siguiendo normas éticas determinadas y tanto como sea posible sobre todos los planos.

Pero todo esto no lleva a ninguna solución. Ninguna paz, ninguna alegría, ningún bienestar. Ya que el mal, y el bien natural van de la mano. El alma natural hace de nosotros pobres muertos. Su vida es la vida del cuerpo.

A partir de la idea que cada átomo posee vida y que cada conjunto de átomos manifiesta una vida colectiva existe desde hace millares de años un cierto tipo de magia. Algunas iglesias aquí y allá se han servido siempre de esta magia para hacer hablar, mover o llorar a figuras representativas en madera, piedra, gran metal etc. Piense en las representaciones de María y Lourdes. Usted sabe bien que todo esto no es más que ilusión. Por la emisión de una fuerza mental determinada se puede dar vida a una imagen, empujar a los átomos a una cierta afinidad. Si usted emprende un estudio de la cuestión después de lo que acabamos de decir descubrirá numerosas pruebas.

Se, lo mostramos para hacer comprender netamente que cuando el alma de su cuerpo, su alma natural la conciencia de su personalidad vierte lágrimas de emoción o que usted habla de la Gnosis con exaltación o que razona intelectualmente respecto a la santa filosofía y a millares de otros asuntos tan profundos, todo esto  no llega absolutamente a nada. Lo que importa es que posea algo del alma inmortal o que conozca algo de la otra vida. En resumen lo que importa es que el Espíritu hable en su vida. Razón por la cual Hermes dice:

«El mundo es la primera criatura. Después del mundo el hombre es el segundo ser viviente pero el primero entre los mortales. Tiene en común con los otros seres vivientes el elemento animador; ya no solamente no es bueno sino que está en el mal en razón de su estado mortal. El mundo no es bueno porque es móvil pero no está en el mal porque es inmortal.

El hombre está pues doblemente en el mal: Porque es móvil y porque es mortal.»

Nada de lo que es creado puede estar en el bien en el sentido del único bien. Por ello el mundo ya no está en el bien porque es móvil es decir que conoce el subir, brillar y descender de la dialéctica. En efecto todo lo que se volatiliza y se pierde en alguna otra cosa muestra por ello que se encuentra en un proceso de desarrollo, un proceso de manifestación. Ya que lo que el mundo posee es la inmortalidad; muestra con ello que no está subordinado al mal. Tal es el mundo dice Hermes móvil pero inmortal; el hombre sin embargo es móvil pero al mismo tiempo mortal.

El mundo es pues superior al hombre. Y el hombre no denomina al mundo como ilusoriamente cree el alma natural; es el mundo quien gobierna al hombre.

 

Una vez admitido esto podemos estudiar una vez más al otro, a la otra alma punto de encuentro entre el espíritu que nos envuelve y la conciencia del cuerpo o alma animal.

El alma animal, la conciencia del hombre nacido de la naturaleza debe darse cuenta que es llamada. ¿Para qué ha nacido usted? Para consagrarse al alma viviente y al espíritu. Debemos ponemos al servicio del espíritu. Debemos comprender la idea del espíritu y confiarnos a él totalmente.

Si el alma animal no lo hace, si la conciencia ordinaria no lo hace entonces moriremos, sufriremos la muerte por disolución.

Si nos entregamos a nuestra tarea entonces morimos para vivir accederemos a lo que tiene por nombre la transfiguración, la fusión del mortal en el inmortal.

Hay que revivificar al alma verdadera dada por Dios, la rosa, el núcleo del microcosmo, hay que liberar el núcleo del microcosmo. Hay que atar la rosa a la cruz. Si se ha vuelto un verdadero Rosacruz usted celebrará la entrada del espíritu y realizará la resurrección como lo hemos dicho un gran número de veces en la Escuela.

Hermes Trismegisto confirma lo dicho en el versículo treinta y ocho de una forma poderosa y concisa:

«El alma del hombre se manifiesta de la siguiente manera: La conciencia en el intelecto, el intelecto en la fuerza del deseo y la fuerza del deseo en el fluido vital. El fluido vital se expande entonces por las arterias, las venas y la sangre anima a la criatura animal y la lleva por decirlo así. Por eso algunos piensan que el alma es la sangre. Desconocen la naturaleza del alma y de la sangre. Es decir, que ignoran que el fluido vital se retira primero en el cuerpo del deseo, acto seguido la sangre se coagula y que cuando las arterias y las venas se han vaciado entonces muere la criatura. Así tiene lugar la muerte del cuerpo.»

En resumen el alma animal, la conciencia ordinaria salida de la naturaleza solo vive hasta el momento que la forma se disgrega. La otra alma, el alma verdadera esta animada de forma totalmente diferente. Para empezar, el Nous se manifiesta, es decir que la rosa del corazón vivificada, el núcleo del microcosmo se une a las radiaciones del Espíritu. El Nous entra en unión con la razón, quien gracias a esto se llena del Espíritu; la conciencia cerebral del intelecto está entonces consagrada a su verdadera tarea. La consecuencia es que el estado de vida dialéctico completo responde a su verdadero objetivo.

Después aparece un fenómeno de cambio. La razón llena del alma-espíritu entra en unión con la conciencia ordinaria; acto seguido la conciencia se une al alma-espíritu, el alma-espíritu al espíritu y el espíritu a la razón.

Dicho de otra forma: Cuando el alma verdadera puede celebrar su encuentro con el Espíritu los siete rayos afluyen en el santuario de la cabeza. Éste se llena de espíritu y los aspectos de la conciencia intelectual se expanden de la justa manera. Al mismo tiempo la influencia del espíritu crece en todo el ser. Así aparece un movimiento en circuito cerrado: un movimiento partiendo de la razón, o sea partiendo de la cabeza y propagado por la sangre a través de todo el sistema; un movimiento que del corazón del candidato fluye hacia el Alma-Espíritu y del Alma-Espíritu al Espíritu y después vuelve del Espíritu a la razón. Es un movimiento que vuelve hacia sí mismo, un movimiento en circuito cerrado sosteniendo el otro movimiento en circuito cerrado del cual ya le hemos hablado. De esta forma el Espíritu actúa y se hace conocer en todo el sistema. La idea de que la sangre sería el alma el alma unida al espíritu ha aparecido porque muchos hombres después de siglos han oído hablar de esto muy vagamente, con ello uno se equivoca sobre la naturaleza del alma y ya no puede saberse que el espíritu debe ante todo volver hacia el alma.

El hombre se vuelve primero semejante al mundo santo. El hombre se vuelve primero inmortal por la transfiguración. Después aparece un nuevo cielo y una nueva tierra y también un hombre nuevo.

Tan sólo podemos volvernos hombres nuevos si vivimos en unión con el espíritu.

 

CAPÍTULO XXIX:  EL MISTERIO ESENCIAL DEL HOMBRE

 

Nos acercamos al punto central del misterio evocado en el doceavo libro de Hermes. Que podríamos designar como el misterio esencial del hombre. Hemos visto que Hermes distingue dos clases de vida: la vida salida de la naturaleza y la verdadera vida espiritual. El dice:

«Todo reposa sobre un principio, el mismo salido aún del SOLO Y ÚNICO. Este principio es puesto en movimiento con el fin de ser a su vez el motor del universo. El único sin embargo es inmóvil e inmutable. Así hay esos tres:

Dios, el Padre, el Bien,

El mundo,

y el hombre.

Dios contiene al mundo, el mundo contiene al hombre. El mundo es el Hijo de Dios, el hombre es el hijo del mundo, el pequeño Hijo de Dios, podríamos decir.»

Dios ha creado al mundo pero el mundo ha creado al hombre. El mundo es el Hijo de Dios pero el hombre es el hijo del mundo.

Fíjese como este punto de vista se aparta de la teología actual que considera todo niño nacido de la naturaleza como un ser concebido de Dios.

Usted conoce la fórmula de las participaciones del nacimiento: «Dios nos ha permitido la alegría de darnos el nacimiento de un hijo o una hija.» Esto sería justo si Dios designara al dios del mundo pero no es ciertamente eso lo que quiere decir el hombre religioso según la naturaleza. Al contrario, el hombre religioso según la naturaleza piensa servir y confesar a Dios, el Padre, el Bien porque cree poseer ya el espíritu lo que es un profundo error.

Los sistemas solares y los sistemas estelares emanan directamente de la naturaleza fundamental; ya que Dios ha creado al mundo. Pero es en el mundo y por el mundo que vienen a la existencia las diferentes corrientes de vida. La humanidad es una de las principales corrientes de nuestro planeta. Por nuestra existencia hemos salido directamente del mundo. Somos de la Tierra, terrestres. La Tierra en su plenitud es nuestro campo de vida, el campo de nuestro nacimiento y nuestro campo de trabajo.

«Pero dice Hermes, no somos desconocidos del espíritu de Dios. Al contrario Dios conoce perfectamente al hombre y quiere ser conocido de él.» Pero no es porque seamos la descendencia directa de Dios ¿por qué somos conocidos de él?, porque nuestra existencia, en tanto que seres nacidos de la naturaleza, se baña en un campo microcósmico espiritual. Al igual que la Tierra en tanto que Cosmos se baña en el espíritu lo mismo que el microcosmo que nos envuelve. Al hombre nacido de la naturaleza y totalmente terrestre por el conjunto de su personalidad cuádruple el toque del campo del espíritu le da la posibilidad de volverse un hombre nuevo; tenemos la posibilidad de devenir hombres diferentes absolutamente nuevos que estarían fuera de nosotros, cerca de nosotros, estando unidos a nosotros.

Por ello se dice en la Gnosis Universal: «Sólo una cosa libera, salva y cura al hombre: la Gnosis, el conocimiento de Dios. Ella es el camino de la ascensión del Olimpo. Tan solo en ella el alma se vuelve verdaderamente buena. No tan pronto buena y a veces mala, sino buena por necesidad interior.»

Se puede decir que se trata de una creación diferente el devenir de un hombre absolutamente nuevo fuera de nosotros pero estrechamente unido a nosotros. Y no somos nosotros, hombres nacidos de la naturaleza quienes nos volvemos una nueva criatura; se trata de un ser totalmente otro. Al lado del hombre terrestre se mantiene el hombre espiritual. El uno es de la Tierra, terrestre; el otro del cielo, celeste. Piense en la primera epístola a los Corintios Cáp. 15 versículos 35 y siguientes: verá, sentirá y sabrá que Pablo se inspira aquí en la sabiduría hermética.

No hay tan solo un ser que cambia sino que hay dos seres. Por lo menos puede haber dos: un hombre terrestre y un hombre celeste en un sólo y mismo microcosmo.

Vea usted ahora hasta que punto los textos sagrados que nos han llegado han sido mutilados; por qué nos ilusionábamos hasta el punto de creer que podríamos hacer, del hombre terrestre, un hombre celeste. El hombre terrestre sirve e idolatra a la Tierra; se aferra a ella; siente angustia y miedo por su cuerpo terrestre, está presto a soportarlo todo para conservarlo hasta hacer una cura de células frescas. ¡Cree que ha sido engendrado directamente por Dios!

¿Comprende usted ahora a Jesucristo, al hombre celeste, al hombre totalmente otro cuando dice: Mi reino no es de este mundo?

Está excluido que un hombre nacido solamente de la naturaleza pueda devenir y ser un hombre celeste. Se trata en realidad de dos creaciones de dos criaturas muy diferentes de dos entidades perfectamente distintas la una de la otra.

Frente a la transfiguración de la cual la Escuela nos habla sin cesar ¿en dónde estamos? Amigos míos ¿han comprendido verdaderamente alguna vez la transfiguración?

En el sentido profundo la transfiguración significa para nosotros hombres nacidos de la naturaleza entregarnos totalmente a la creación, a la formación en nosotros del Otro; a volver a la vida la imagen de los ojos muertos.

¿Lo podemos? Sí, lo podemos. Es nuestra vocación, nuestra tarea, nuestra misión. Es para esto que hemos nacido. Si nos contentamos con seguir nuestras tendencias naturales como hombres terrestres, en un momento dado la muerte nos alcanzará sobre el camino de la experiencia dialéctica del subir, brillar y descender.

Por el contrario si respondemos a nuestra vocación veremos manifestarse en nuestro microcosmo al hombre celeste, al Otro, con el cual seremos confrontados. Por su consagración total al Otro en él, por el don total de sí mismo al Otro en él, el hombre terrestre en un momento dado morirá, se elevará, resucitará en el que es el Otro en él. Esta segunda muerte significa la victoria sobre la muerte.

Vemos pues aparecer uno al lado del otro, dos formas de vida espiritual. Por una parte una apariencia de vida espiritual, la del hombre nacido de la naturaleza que canta himnos, escucha sermones y satisface a la moral. Por otra parte una vida consagrada a la Gnosis realizando el espíritu gracias a la cual es posible llamar al Otro a la existencia. Por ello Hermes dice:

«Solo la Gnosis el conocimiento de Dios libera, salva y cura. Tan sólo por ella el alma se vuelve verdaderamente buena por necesidad interior. Ella es el camino de la ascensión del Olimpo.»

Hay relativamente pocos hombres que comprenden esta misión de la humanidad e incluso que hayan oído hablar de ello. Durante la juventud cuando la joven alma natural está aún poco cargada, el hombre siente y percibe aún la llamada del origen.

Pero cuando el cuerpo ha envejecido y se ha vuelto pesado, que el alma natural está llena de problemas terrestres el cuerpo atrae al alma hacia abajo hacia el olvido de la creación. Ya no se puede tener parte en la magnificencia indecible de la verdadera vocación humana. Este olvido de lo que es esencial en nuestra existencia, he aquí el pecado más grande, he aquí el mal.

Todo lo que intentamos hacerle comprender aquí pertenece a la religión hermética a la religión del espíritu, a la religión del pensamiento. Es la Gnosis pura, la pura vida gnóstica cuya práctica vuelve al ser nacido de la naturaleza apto para su verdadera tarea. En esta disposición el Otro se eleva en el microcosmo con magnificencia y se une al hombre nacido de la naturaleza.

Esta unión es muy particular. He aquí lo que Hermes dice de ello: «Cuando el Alma-Espíritu se ha purificado de sus velos y divina por naturaleza ha tomado un cuerpo de fuego, ella recorre todo el espacio.

Todos esos velos se constituyen en el cuerpo terrestre porque le es imposible al Nous por su esencia vivir desnudo en un cuerpo terrestre. Éste no puede contener una tan gran divinidad; una fuerza de este esplendor y de esta pureza no soporta estar unida por un toque directo a un cuerpo sometido a las pasiones. Por ello el Nous se envuelve del alma. El alma no obstante se hace la sirviente del soplo vital en tanto que el soplo vital gobierna a la criatura.»

Sin embargo el Nous cuando se aparta del cuerpo terrestre atrae inmediatamente su propio vestido de fuego, cosa imposible al cuerpo terrestre. Después de las numerosas explicaciones dadas en la Literatura, usted sabe que el Nous es la conjunción del alma pura renacida y de las radiaciones del espíritu; la unión de lo que llamamos la chispa de espíritu, la rosa el centro del microcosmo con las radiaciones del espíritu séptuple.

Es importante pues distinguir bien la conciencia terrestre y su núcleo, el principio animador terrestre situado en el santuario de la cabeza y la rosa, el núcleo del alma original pura, situado en el centro del microcosmo. Este núcleo original puede hacer uno con el corazón si le damos la ocasión.

El alma terrestre debe servir a la rosa en rendición total de sí. La rosa del alma se abre entonces y atamos la rosa a la cruz. La rosa se une a las radiaciones del espíritu; se vuelve el Nous y habla al corazón del hombre nacido de la naturaleza. Acto seguido el Nous, Poimandres, penetra en el santuario de la cabeza, llena completamente al hombre terrestre, lo envuelve y lo hace avanzar sobre el camino.

En este intercambio. se desarrolla una nueva existencia; un nuevo cuerpo es creado; Hermes lo llama el cuerpo de fuego. Es más deslumbrante que el rayo y perfectamente independiente de los vehículos terrestres de la personalidad. Es verdaderamente un cuerpo espiritual formado directamente por el espíritu a partir de la sustancia original; es el soma psíquico, el vestido de oro de las bodas. Hermes Trismegisto dice con insistencia que aunque esta preparación se efectúa con la ayuda de un cuerpo terrestre, este no podría llevar una tan gran divinidad. Si hubiese un contacto estrecho entre ese vestido de fuego y el cuerpo terrestre este último sería quemado.

Hay pues en un momento dado dos entidades separadas: el hombre terrestre y el hombre celeste. El hombre celeste utiliza su alma para manifestarse en la conciencia del hombre terrestre. La conciencia rige todos los vehículos del hombre terrestre. Así es asegurada una unión perfecta y una colaboración armoniosa entre el hombre terrestre y el hombre celeste.

Muchos hermanos y hermanas llevan el vestido celeste. Piensen en las Fraternidades precedentes de la cadena gnóstica universal.

A usted también por un esfuerzo sostenido le es posible hacer nacer tal cuerpo celeste de forma que haya pronto dos seres en su microcosmo.

Entonces cuando el tiempo haya llegado todos los habitantes de los cielos celebrarán con usted el maravilloso reencuentro. Es para realizar este grandioso trabajo admirable divino, para realizar esta magia divina que está usted en la Escuela de la Rosacruz de Oro, para realizar el más grande de todos los milagros. Tal es la Gnosis.

 

 

CAPÍTULO XXX:  EL MISTERIO DEL FUEGO (1)

 

Atraemos ahora su atención sobre el majestuoso y radiante misterio del fuego. Hermes lo evoca ampliamente como lo hacen todos los textos sagrados y todas las tradiciones místicas. Quien puede penetrar el significado del misterio del fuego posee la clave de todos los demás misterios. En principio ya no existen para él secretos.

Tomemos la Biblia, algunos conocimientos bíblicos nos han familiarizado con los distintos aspectos del fuego. Por ejemplo en el éxodo Dios habla a Moisés en la zarza ardiente. Le habla igualmente En la montaña por mediación del fuego.

Daniel camina en la hoguera ardiente. Ezequiel se encuentra ante una nube de fuego. En el Nuevo Testamento se trata a menudo del fuego. Juan dice: yo os bautizo de agua pero quien viene después de mi os bautizará del espíritu y del fuego.

Lenguas de fuego descienden sobre las cabezas de los discípulos el día de Pentecostés. Leemos en el Apocalipsis: su cabeza y sus cabellos eran blancos como la llama y sus ojos como llamas de fuego.

Podríamos multiplicar las citas de las Sagradas Escrituras que hacen alusión al fuego. Pero no es necesario; comprendemos claramente que el fuego no significa otra cosa que el espíritu puro e inmaculado. La siguiente palabra da testimonio de ello: «ya que el Señor vuestro Dios es un fuego que consume» tan pronto como el espíritu desciende en un alumno y se interpone en su existencia una llama se eleva, un fuego se ilumina y aparece un nuevo vehículo el vehículo de la llama. Quienes poseen ese vehículo, quienes lo pueden soportar, han sido en todos los tiempos llamados hijos del fuego.

Es imposible dice Hermes que el cuerpo terrestre pueda llevar una tan gran divinidad. Cuando por un comportamiento apropiado un alumno de los misterios gnósticos entra en unión con el fuego, el fuego del espíritu, al mismo tiempo se eleva una llama poderosa un rayo fulgurante. La unión del espíritu con la sustancia astral de la personalidad provoca inmediatamente un fuego poderoso. Y usted comprende que un cuerpo ordinario nacido de la naturaleza no puede soportar semejante fuego.

Hay un fuego desconocido de donde emana el fuego conocible. El fuego desconocido es el espíritu virginal; el fuego conocible es el espíritu que entra en unión con la sustancia astral. Cada alumno conoce en teoría el camino que conduce al descender del espíritu, el camino que permite transformar el fuego desconocido en fuego conocible. Los rosacruces clásicos llamaban a esto el arte de fabricar el oro. En el origen los que fabricaban el oro eran los hermanos y hermanas que recorrían el camino del espíritu, así pues, que sabían hacer surgir la llama de oro, el fuego de oro.

Primitivamente la adoración del fuego era la adoración del espíritu. El culto del Sol es un culto espiritual. No podemos sin embargo mantenernos en el culto del espíritu en la adoración del espíritu como en las religiones naturales en un sentido negativo. Se trata aquí de la fabricación misma del oro de la realización del fuego.

Existe sabemos otro fuego uno de los elementos conocidos. Es el fenómeno que nace del desarrollo simultáneo de la luz y del calor. Cuando el calor aumenta, en presencia de una cantidad suficiente de oxígeno, una llama se eleva, la llama en toda la gama de sus intensidades. La llama del fuego es pues el magnífico símbolo del espíritu si bien no es el espíritu.

Es preciso no obstante asociar el fuego terrestre al fuego espiritual. En efecto el campo del espíritu que nos envuelve y los siete rayos que emanan hacen aparecer en el campo de creación que contiene el espíritu diversos aspectos elementales, diversas tensiones que despiertan una fuerza de fuego omnipresente en el campo de creación. En nuestro sistema solar hay enormes fuentes de fuerzas electromagnéticas. Piense en el Sol. Si estas fuerzas no fueran liberadoras de la manera justa, nuestro sistema solar y nuestro planeta serían ciertamente consumidos en una fracción de segundo. Pensemos en lo que llamamos el magnetismo animal; sabemos que en cada criatura se producen numerosos fenómenos y actividades eléctricas. No sobrepasan, no obstante, las normas de nuestro campo de creación.

Toda magia está igualmente fundada sobre las radiaciones electromagnéticas.

Usted comprende que si un hombre transgrede y fuerza las leyes de la naturaleza, se producen siempre perturbaciones en las reacciones electromagnéticas de su propio sistema vital.

La enfermedad no es otra cosa que la perturbación del sistema magnético del interesado. El hombre desencadena a menudo sobre sí mismo el fuego perturbador, un fuego consumidor. Lo que explica el fuego infernal. Dios no lanza a ningún hombre al fuego; peor el hombre que transgrede las leyes elementales de su campo de creación, él mismo enciende el fuego.

La leyenda mediante la cual el hombre comparece después de su muerte ante el tribunal de Dios y es eventualmente lanzado en el fuego infernal, se vuelve ahora clara. La personalidad del hombre natural con el corazón endurecido cuyo comportamiento va al encuentro de todas las leyes elementales de la naturaleza despierta con este hecho en su propio sistema indecibles tensiones y sufrirá un intenso dolor después que la muerte haya separado su cuerpo material del resto de la personalidad, una llama brilla en el microcosmo. Una intensa luz, un fuego deslumbrante. De esta forma el hombre ejecuta prontamente su propio juicio. La conciencia que se apaga soporta al mismo tiempo un ardiente dolor. En los casos ordinarios el proceso de separación se realiza mucho más lentamente. En el libro Desenmascaramiento, que sin duda usted conoce, se expone cómo los habitantes de la esfera reflectora se mantienen mediante el robo del éter luz. El éter luz está fuertemente cargado de electricidad.

Los magnetizadores trabajan siempre con el éter luz, así pues con fuerzas eléctricas. Puede entonces usted representarse cómo tienen lugar las mistificaciones de la esfera reflectora que se presentan como hijos del fuego. Es tan sólo una miserable caricatura. Citemos una vez más el versículo 51:

«Es imposible que una personalidad terrestre pueda soportar una tan gran divinidad como la del fuego del Espíritu.»

Ni en el toque ni en la contemplación. Tan solo soportan este toque los que están en el camino y reciben las radiaciones del Espíritu. Es lo que el Espíritu Santo nos da a entender:

«La Tierra no puede soportar el fuego: una sola chispa bastaría para ponerla totalmente en llamas», dice Hermes:

«De ahí que la Tierra esté totalmente envuelta de agua como una esfera a fin de protegerla de las llamas del fuego.»

El versículo 53 hace alusión a enormes energías eléctricas concentradas en el sistema solar; la atmósfera planetaria extremadamente compleja, siempre simbolizada por el elemento agua, vigila  que el campo de creación planetario sea y permanezca suficientemente aislado.

Cada planeta, cada partícula del sistema solar está dotado de una energía electromagnética propia y específica. Pero, a pesar de su aislamiento, corre el riesgo de ser dañada y destruida, lo que conllevaría grandes desastres. Por ello una ley natural extremadamente estricta vigila que cada campo de creación dotado de una tensión propia haga su trabajo sin perturbación.

La destrucción de la Tierra por el fuego, implica la trasgresión de las leyes naturales por una parte de la humanidad. Piense en la explotación de la ciencia nuclear. Puede tal ver hacerse una idea del enorme daño causado a la Tierra en tanto que campo de creación por las experiencias atómicas arbitrarias.

Tal vez también sabe cómo la Fraternidad del Grial se esfuerza continuamente en neutralizar, en tanto sea posible, las catástrofes que amenazan y los sufrimientos que resultan de ellas; de restringir lo más posible la amplitud de las catástrofes que pueden sobrevenir.

El fuego fundamental del Espíritu es la fuerza que sobrepasa toda imaginación , toda limitación. Puede pues imaginarse la enorme perturbación del alma humana cuando los siete dones del Espíritu inquietan al microcosmo. Una vez esas fuerzas son evocadas, hay vida o muerte.

Sin duda también se puede imaginar la fase en la cual se encuentra la Escuela Espiritual actual, la Joven Gnosis, que desde algunos años está situada ante la tarea de aprender a trabajar con las fuerzas del Espíritu.

Nuestra humanidad se encuentra de nuevo en la fase de la efusión del Espíritu Santo. El fuego de Pentecostés es nuevamente encendido. Y es totalmente otra cosa que la de celebrar el Pentecostés comiendo el pan. Se trata de aprender a vivir y trabajar con la fuerza más poderosa del universo y de reaccionar a ella.

Y lo repetimos: inmediatamente que el Espíritu desciende, nace un fuego poderoso. Ningún cuerpo terrestre puede soportar ese fuego. Por eso en el transcurso de estos últimos años se ha desarrollado una tensión cada vez más grande en el campo magnético de la Escuela. Y cada uno reaccionará a su manera.

Esperamos que usted pueda llevar a buen fin la tarea de su aprendizaje. Ya que va en ello su vida o su muerte.

 

 

CAPÍTULO 31:  EL MISTERIO DEL FUEGO (2)

 

Damos más amplios detalles sobre el misterio del fuego y sobre los hijos del fuego que semejantes al rayo se lanzan a través del universo. No tenemos más que penetrar en el tema del capítulo precedente.

El versículo 55 del doceavo libro se muestra cuan necesario es ese análisis. Leemos: «El pensamiento del hombre solamente crea lo que es terrestre. Ya que si el poder del pensamiento del hombre no está revestido de fuego, es incapaz de dar la existencia a cosas divinas y sus vehículos le retienen en los límites de lo humano.»

Le transmitimos aquí esta ley de la naturaleza en resumen de todo lo que hemos oído en los capítulos precedentes: los poderes asociados del alma terrestre y la conciencia terrestre no pueden realizar ninguna obra divina. Por ello, el principio central de cada humano así como el objetivo inicial de cada esfuerzo y de todo trabajo se pone al día en un momento dado: para la vida o para la muerte, por la victoria o por el derrumbamiento.

La obra divina franquea todos los límites del tiempo y del espacio; ella lleva la liberación y la eternidad. Pero la conciencia terrestre que no hace nacer nada de divino tan sólo puede subir, brillar y descender. Así es como crece y decrece toda tentativa religiosa y humana. Se conoce el árbol por sus frutos.

Vemos pues la crisis profunda que atraviesa la humanidad. Y como los que entran en el camino de la Gnosis deben demostrar si son realmente los alumnos de una escuela de misterios. Es que las aspiraciones impías y las obras impías de la humanidad corren el riesgo de llevarlo hacia su pérdida. Por ello, una nueva Fraternidad del Santo Grial -tercer aspecto del triángulo de la luz- hace nuevamente su aparición en la historia del mundo. Toda vez que esta Fraternidad sólo podrá intervenir si ella ha nacido del fuego fundamental del Espíritu y posee ese fuego.

Ya que usted sabe: la carne y la sangre no pueden heredar el reino de los cielos. Tan sólo quien vive del Espíritu Séptuple y obra por él hace madurar los frutos que resisten al tiempo. Todo el resto es llevado a la esterilidad.

Usted que busca la verdadera liberación vea los inmensos esfuerzos tanteados para conducir a la efusión del Espíritu a los alumnos de la Joven Gnosis, vea como todos son invitados de forma urgente a entrar en la sala de las bodas.

Igualmente usted sabe que son indispensables: la ofrenda de todo su ser y su colaboración más inteligente, ningún detalle puede ser olvidado o descuidado. El Cuerpo Vivo está preparado ¿Quién desea unirse a la verdadera falange sacerdotal para servir a la cabeza de oro, el templo del Espíritu?

En fin unimos lo que precede a las palabras de la primera epístola a los Corintios que la cita siguiente resume:

«Un cuerpo alma es sembrado, un cuerpo espiritual se eleva. Existe un cuerpo alma; existe pues también un cuerpo espiritual.”

Por ello cuando un alumno logra restablecer la unión entre el alma y el espíritu por una perfecta ofrenda de sí mismo al alma verdadera, inmediatamente el alma y todos los procesos que hemos descrito y estudiado tan a menudo se desarrollan en la personalidad nacida de la naturaleza.

Pero lo más importante es que el descenso del Espíritu en el sistema del candidato conlleva un poderoso fenómeno eléctrico. El contacto entre el Espíritu y el campo astral del alumno provoca una llama una luz de fuego irradiante y duradera, un campo de respiración, un campo de vida. El candidato se vuelve entonces un hijo del fuego, un niño del fuego. Él posee el cuerpo del Espíritu. El cuerpo Vivo del Alma de edifica por el esfuerzo y la lucha sobre el camino pero el cuerpo espiritual resucita como en un rayo, en un relámpago. El hijo inmortal del fuego ha nacido.

Todo esto tal vez le parezca irreal y lejano. Es sin embargo la única verdadera vocación de cada mortal. Y como todos son llamados, todos tienen la posibilidad de realizarlo. Nadie puede impedirle recorrer el camino y seguirlo hasta su coronamiento.

Quien anda el camino debe llegar al único Buen fin. El fuego del Espíritu se ha vuelto vivo en el Cuerpo Viviente de la escuela espiritual actual. Este fuego se declara ahora a nosotros y se nos presenta como un juicio. En ese toque ¿desea usted verdaderamente vivir o no?

La respuesta le pertenece: positiva o negativa está totalmente en el marco de sus posibilidades.

Por ello debemos decirle una vez más: hermano y hermana permanezca firmemente inquebrantable. Sea en todo tiempo fecundo en el trabajo del Señor; usted sabe con certeza que su trabajo no será en vano.

Amén

 

CAPÍTULO 32:   CAÍN Y ABEL

 

Todos los que han reflexionado y meditado sobre lo expuesto anteriormente habrán hecho un gran descubrimiento, descubrimiento de naturaleza espiritual, cosmológica, antropológica y filosófica. Este descubrimiento representa en realidad el único objetivo real del doceavo libro de Hermes. Está es la razón por la cual este libro es sin duda el más mutilado de todos los escritos herméticos. Los que han trabajado en él desde el origen de los tiempos bien sea por ellos mismos, es decir intencionadamente, o por ensombrecimiento han hecho todo para destruir su verdadera naturaleza. En         realidad no nos queda más que un discurso muy oscuro en donde la intención original tan solo luce muy débilmente bajo todo lo que la recubre.

Hermes coloca uno al lado del otro distinguiendo netamente uno del otro al hombre espiritual y al hombre nacido de la naturaleza. Es para enseñar a Tat de forma evidente que aquí abajo existen dos criaturas muy diferentes entre las cuales ninguna comparación es posible, no pueden fundirse la una en la otra que tienen orientaciones muy divergentes y no podrán ser jamás confundidas.

Para los alumnos de la Joven Gnosis esta idea no es ciertamente sorprendente ya que lo que entienden habitualmente por hombre-espíritu es el nuevo Hombre-Alma renacido transfigurado y por hombre nacido de la naturaleza, el tipo de hombre dialéctico ordinario que tiene la posibilidad eventual de elevarse hasta el estado de Hombre-Espíritu.

Sin embargo si abordamos el doceavo libro con esta forma de pensar e intentamos estudiarlo nos volveríamos sin duda culpables de superficialidad no comprenderíamos ciertamente la naturaleza verdadera y además estaríamos en un grave error.

Hermes hace una distinción entre el hombre celeste y el hombre terrestre. Y afirma en el versículo 51 del doceavo libro pensando en el hombre celeste:

«Es imposible que el cuerpo terrestre pueda llevar una tan gran divinidad y que una fuerza de este esplendor, de esa pureza, soporte el ser unida por un toque directo con un cuerpo sometido a las pasiones.»

Abordemos ahora el corazón del problema y consideremos ante todo el hombre espíritu en sus dos existencias; primero como hombre universal, como hijo del fuego disfrutando de una total libertad; después como Hombre-Espíritu aprisionado, caído en la naturaleza de la muerte.

Igual hay que ver también al hombre nacido de la naturaleza bajo dos aspectos: el hombre dialéctico ordinario egocéntrico completamente unido a la materia y el hombre dialéctico deseoso de ennoblecer su vida, de espiritualizar su vida mediante la cultura, por ejemplo. Este tipo de hombre se encuentra en las iglesias, los movimiento éticos, a veces los movimientos políticos, y a menudo en la escuela espiritual actual. Hay pues dos tipos de hombres fundamentales teniendo cada uno un subtipo. La manifestación que da nacimiento al hombre espíritu caído por la naturaleza particular de su alma está siempre fundamentalmente y por principio en posesión del espíritu.

El tipo de hombre nacido de la naturaleza sin embargo no es un hombre nacido de Dios; es una criatura de los eones según la expresión de la Pistis Sofía que no posee el espíritu; a lo sumo es un ser alma.

Así pues viven conjuntamente en nuestro campo de vida hombres-espíritu y hombres-alma sin unión con el espíritu formando todas una comunidad racial. El hombre espíritu es el hombre verdadero, el otro no es más que una apariencia de hombre. En el hombre espíritu el estado del átomo original es muy diferente del que está en el otro hombre.

Esto no debe extrañarle; el conocimiento de esas cosas siempre ha formado parte tanto de la enseñanza interior como la enseñanza exterior. Piense en las primeras páginas del Génesis, en la historia de Caín y Abel. Fíjese en esos dos nombres. Caín es el poseedor, Abel el hombre de la apariencia. El hombre verdadero y el hombre aparente entran los dos en escena. El hombre verdadero en su estado de hombre prisionero. Él, que pertenecía a la descendencia original de Adán descendencia divina por excelencia, fue abandonado en el comienzo y se volvió prisionero del campo de evolución terrestre. Pero en ese campo una nueva descendencia ha aparecido la raza salida de los eones, a los que nosotros llamamos los cosmocrátores. Esta raza debía seguir un camino diferente del hombre- espíritu.

Se desarrolló pues una situación extremadamente compleja: el hombre de descendencia divina estaba unido al hombre de descendencia natural en tanto que las numerosas líneas directrices de vida se entremezclaban; el hombre-espíritu estaba llamado a retornar al único reino de luz, a volverse como un hijo pródigo hacia la fuente original de su ser. En tanto que el hombre-alma natural estaba llamado a seguir un largo muy largo camino de evolución.

Estos dos hombres dice el texto llevan su ofrenda: Caín el fuerte el poseedor y Abel el hombre de la apariencia. Los dos tienen una orientación espiritual muy diferente: Caín es el hijo del fuego, Abel el hijo del agua. Lo que quiere decir que Caín es de descendencia espiritual, Abel de descendencia natural. En tanto que criaturas los dos han nacido de la naturaleza fundamental por eso se dice que son hermanos. Caín lleva el signo de su caída sobre la frente. Es el signo del fuego, el estado particular del cuarto candelabro situado detrás del hueso frontal. Es el signo del juicio y al mismo tiempo el signo del Espíritu, el signo del hijo del Hombre. En su caída profunda se gira hacia el espíritu. Pero en el estado en que se encuentra, el Espíritu no puede aceptarlo, Dios no puede recibirlo. Su ofrenda es pues desgraciadamente rechazada.

Abel pertenece totalmente a la Tierra está absolutamente unido a la Tierra, terrestre. Se dirige hacia su dios, el espíritu del mundo. Su ofrenda es pues bien aceptada. Para este dios no hay ningún obstáculo. El humo sube en columna de la ofrenda de Abel.

Entonces Caín se inflama de cólera, de una cólera particular como vamos a ver. Y el dios de Caín dice: ¿por qué estás irritado y por qué tu cara está abatida? Si no sigues el camino no habrá elevación, sino es que el pecado está cerca de ti.

Caín no comprende y su cólera persiste. Acto seguido, dice el texto, Caín mata a su hermano Abel. Es una muerte muy particular como veremos. Hay un gran conflicto entre los dos tipos de hombres de la corriente de vida. Este conflicto explota y dura siempre; es el gran conflicto entre las dos razas humanas, entre los hijos del fuego y los hijos del agua; entre los poseedores del espíritu y los hombres con el alma natural; entre los hijos de la Gnosis y los que pertenecen a las iglesias, por ejemplo. Y los eones de la naturaleza han pronunciado su maldición. Desde entonces ningún hijo del fuego puede encontrar el reposo sobre la Tierra. Ningún poseedor de espíritu se siente en su casa en la naturaleza dialéctica. No encuentra ningún reposo, ninguna morada, ninguna paz, ningún bienestar. El vive en el país de Noc, lo que quiere decir país del errar, de la huída perpetua y se desata constantemente de la naturaleza dialéctica. Encorvado bajo la maldición en principio y fundamentalmente no puede encontrar aquí en ninguna parte algo de sí mismo, alguna cosa de su propia naturaleza esencial. Continuamente perseguido continuamente amenazado continuamente herido continuamente atacado por un odio sin medida. Y en cuanto es posible este odio se lanza sobre él.

Por su naturaleza en razón de su vocación y de su estructura Caín es un constructor. Esto significa que el hombre del tipo Caín debe construir. Es para todos nosotros un impulso vital si somos del tipo Caín. Esa clase de hombre debe mantenerse sobre el cuadrado de la construcción. ¡Pero no hay ningún lugar en donde construir, hay un plan de construcción pero no un lugar en donde construir! No puede ni debe realizar su plan en la naturaleza dialéctica debe trabajar en la edificación de su verdadera morada y vivir en esta morada la morada del Espíritu Santo ¡en la cual no está!

Por ello es un fugitivo desde el origen; huye delante de sí mismo. Desgracia inmensa, pero al mismo tiempo maravillosa, sublime como vamos a ver. He aquí una de las razones por las cuales los hijos del agua, los hijos de la iglesia atacan a la Gnosis y lo han hecho siempre. Como empujados por una cólera ciega. Ya que no tenemos nuestro sitio en este campo de vida. Debemos marcharnos.

Y el Señor dijo a Caín: si alguien matara a Caín, Caín será vengado siete veces. Y el Señor puso un signo sobre Caín para que quien quiera que lo encontrara no lo matara. El cuarto candelabro del santuario de la cabeza, arde en lo alto como un rayo cegando al adversario.

Después Caín se alejó de la faz del Señor y habitó en la tierra de Noc al oriente del edén. No comprendamos esas palabras como lo hacíamos antaño. La Tierra no da poderes a los verdaderos hijos de la Gnosis. Ya que, entiéndalo bien, pertenecen a otro reino y otra raza. Por ello todo lo que intentan establecer aquí abajo se rompe entre sus manos.

Su único deber es juntar a los hijos del fuego, ayudarlos, salvarlos y llevarlos a casa. Esta es la única tarea de los hijos del fuego. Su orientación es a la inversa de las de los hijos del agua. Los hijos del fuego se orientan hacia lo alto hacia el otro reino; los hijos del agua se orientan hacia aquí abajo; el primer tipo de hombre se dirige hacia lo alto, el otro hacia abajo. La lucha y la persecución resultan de esta oposición que continúa aún hasta hoy.

Pero cuidado: «si alguien matara a Caín, Caín sería vengado siete veces». Eso quiere decir que el Espíritu Séptuple universal los siete rayos de la luz universal y sus siete veces siete corrientes se sitúan totalmente del lado de los que verdaderamente Le buscan y quieren existir y vivir mediante el milagroso signo del Santo Grial.

Entonces los hijos de la Gnosis se retiran de la faz del Señor y van a vivir en el País de Noc al este del edén. Son extranjeros sobre la Tierra pero según su profundo ser, según su origen viven en cada segundo de su existencia a cada latido de su corazón en el país de la aurora al este del edén.

Esperan el levantar de la aurora, la ascensión del Sol. Esperan que el Sol se eleve sobre edén, el país de la alegría celeste.

 

CAPÍTULO 33:  LA TRAICIÓN CLÁSICA (1)

 

Si ha reflexionado sobre las palabras precedentes sin duda habrá descubierto que quién busca en el pasado de la humanidad, por poco que quiera llegar a la conclusión justa, debe considerar todo esto desde un punto de vista mucho más extenso que lo que puede sospecharse mediante una interpretación literal superficial.

La Tierra está poblada de hombres de diversas razas; razas de pasado muy diferente y en muchos aspectos de un porvenir muy divergente. Ciertos elementos nos podrían unificar en una sola comunidad pero otros nos separan incontestablemente. Y en medio de todas esas razas diferentes encontramos la de los hombres nacidos del Espíritu desde el origen: los hijos del fuego. Son tomados en el sentido más amplio esas entidades cuyos microcosmos poseen aún elementos que permiten una unión perfecta con el espíritu y una vida del espíritu.

Al mismo tiempo vemos claramente que todos los textos sagrados aparecidos en su estado original auténtico se dirigen en verdad al grupo humano excepcional de los que desde  el origen son nacidos del espíritu. Y que esta enseñanza universal desde cierto punto de vista puede ser considerada como peligrosa para los hombres de las demás razas.

¿Por qué? en verdad para comprenderlo hay que darse cuenta que los hijos de Dios y los hijos de la naturaleza tienen intereses muy divergentes. Los hijos de Dios puesto que se encuentran aprisionados buscan huir de este mundo. Los hijos de la naturaleza buscan este mundo y quieren afianzarse. Sus aspiraciones son diametralmente opuestas. Utilizamos aquí la palabra mundo en el sentido estrecho de campo de vida engendrado por esta naturaleza que tenemos por costumbre llamar mundo.

Si se les diera a los lujos de Dios la dirección de la Tierra resultaría de ello un cambio total de las condiciones astrales del campo de vida. El campo astral de la naturaleza de la muerte se volvería perfectamente semejante al campo astral gnóstico un campo lleno de serenidad y de la más alta pureza. La esfera reflectora sería vaciada. Todas las actividades de la esfera reflectora con vistas a conservarse a sí misma, se volverían para siempre imposibles. Todas las condiciones vitales de nuestro campo de vida se transformarían. El campo de devenir terrestre no procuraría ya ninguna posibilidad de existencia a las entidades dotadas de la única chispa de vida. Los millones de entidades con chispa de vida que pueblan la Tierra no podrían simplemente existir y morirían. El fratricidio clásico, el drama secular de Caín y Abel se repetiría.

Otra posibilidad sería que las entidades con chispa de vida por una regeneración de su macrocosmos se transformaran en hijos de Dios. Si alguien entre nosotros no tuviese el clásico átomo original del espíritu en el microcosmo sería posible por una regeneración del campo microcósmico que lleva el espíritu introducir lo que no había.

Toda criatura proviene de la naturaleza fundamental. Y el núcleo original de toda criatura proviene de la idea creadora que está en la base de esta criatura. Si esta idea y este núcleo no proviene del Espíritu la formación de un hijo de Dios es imposible. Pero si esta idea proviene de Dios entonces se desarrolla un hijo de Dios.

El hijo de Dios es pues una criatura obligada a conducirse en armonía perfecta con la idea fundamental que es la base de su ser, al apartarse de esta idea debe volver a esta idea original a través de numerosas dificultades y procesos de combustión. La idea si ha salido de otra cosmocracia entonces aparece una criatura diferente teniendo un principio diferente, una orientación diferente y un objetivo diferente. Repetimos que la idea del espíritu universal puede regenerar entidades unidas a los eones de la naturaleza en el momento de partida.

La primera condición es expandir en todo el mundo la enseñanza universal del espíritu. La segunda es la creación y realización de una verdadera iglesia del espíritu, la tercera es la adaptación absoluta del campo de vida del campo de evolución de la humanidad a las exigencias del espíritu, a continuación de lo cual todo lo creado se conformaría con el espíritu.

De esta forma las entidades que originalmente no eran hijos de Dios desde el comienzo se volverían por la regeneración del microcosmo. Usted sabe que es la triple alianza de la luz, grial, cátaros y rosacruces que hace lo necesario en el poderoso esfuerzo dirigido a regenerar las entidades unidas a los eones. La enseñanza universal se hace nuevamente oír mediante la voz de la Rosacruz. La nueva iglesia del espíritu, la fraternidad de los cátaros está establecida. La gran transformación del campo de vida una vez más está comprometida a empezar por el campo astral según las exigencias del espíritu; y la fraternidad del santo grial se ha manifestado de nuevo.

Todo esto forma parte de las poderosas actividades de los hijos del fuego, es por esto que han venido ya y que vuelven los hijos del fuego liberados. Es por esto que ya han venido y vuelven siempre los discípulos y servidores para desplegar una intensa actividad.

¿Por qué? con el fin de transformar a los hijos de Abel en hijos del fuego. Con el fin de levantar a todos los hijos de Caín caídos y aprisionados y restablecerlos en la comunidad de Dios. Todos los verdaderos textos sagrados, toda la enseñanza universal testimonia de esta inmensa y sublime tentativa que no cesa de repetirse en la historia del mundo. Debemos decir nuevamente que no existe enseñanza universal asociada a los eones. Les explicaremos más adelante por qué.

En el transcurso de numerosos períodos de la historia de la humanidad fueron creadas y son siempre creadas las condiciones necesarias para realizar este inmenso y sublime trabajo del espíritu. La iglesia verdadera la única iglesia del espíritu ha aparecido más de una vez sobre la Tierra. Citemos por ejemplo la iglesia de los cátaros mencionada tan a menudo; piense en Apolonio de Tiana, en las iglesias gnósticas que han existido sobre toda la Tierra desde la antigua mediterránea, en Egipto, en Asia menor, en Grecia, en el conjunto de los Balcanes y en el resto del África del Norte. Y podemos afirmar con una gran alegría que durante esos periodos un gran número de entidades ha entrado en la vida liberadora. Hay en verdad una multitud que nadie puede contar venida de todos los pueblos y de todas las razas de la Tierra.

Y ahora volvamos a la leyenda de Caín y Abel. Hecha en parecidas condiciones la ofrenda de Caín será siempre rechazada ya que las condiciones astrales del campo de vida de la naturaleza de la muerte no sirven para su trabajo; por ello primero hay que transformarlas. Caín el hombre espíritu del origen lo ve bien. Pero en su vana espontaneidad él se fija primero en el error fundamental de Abel. Entonces intenta forzar las condiciones astrales de Abel. El supuestamente fratricidio repetido desde entonces tan numerosas veces no es otra cosa que una tentativa para violentar astralmente al hombre del tipo Abel.

Imagine que se encuentra entre nosotros alguien que no comprende nada de lo que hablamos, entonces no tendría ningún sentido el forzarlo. Tiene simplemente que dejar la escuela, volver a su vida ordinaria y llevar la existencia ordinaria hasta el día en que la hora sonará para él. No es posible forzar a nadie astralmente y no debe hacerse. Si lo hace perturba las funciones nerviosas. El equilibrio de las funciones cerebrales es violentado y usted hace ensombrecer a la persona en la demencia. Por esta razón los que han entrado en la escuela bajo la influencia de otros, terminan siempre por volverse violentamente contra ella. Ese método de coacción astral acompañado con un poco de cultura es un método oculto conocido para hacer de alguien un simple esclavo de los eones de la naturaleza. Así pues hay que rechazar el clásico fratricidio astral. No es bueno forzar a un hombre a la unión con el espíritu, a la vida del espíritu. Es preciso que sea un nacimiento.

¿Cómo?, gracias a su ejemplo personal. Imagine que hay en su casa un gran descontento; que hay una gran tensión en su familia porque ha entrado en la escuela. ¿Cómo sobrellevar esto? Modificando completamente su comportamiento. Irradiando el amor de la aurora en el crepúsculo y del crepúsculo al alba. De forma que las personas de su entorno quizá se pregunten llenas de extrañeza: ¿qué ocurre, cómo es posible, cómo puede perseverarse de esta forma? Abrirá así algo en ellos. Y si continúa usted en esta dirección vencerá. La iglesia del espíritu la triple alianza de la luz no cometerá jamás el error de coaccionar a quien sea astralmente. La iglesia del espíritu no emprenderá jamás la lucha con entidades diferentes.

Ella se sumerge a menudo en la lucha. Pero siempre es una lucha llevada contra ella. Se trata siempre de una persecución; persecución que continúa hasta nuestros días. El espíritu no precisa de coacción. Ya que en principio la iglesia del espíritu se apoya sobre la certeza de que triunfará un día. Y segundo, ella sabe que es indestructible. Ella no puede sin embargo encontrar un sitio ni una morada aquí abajo en el campo de existencia dialéctico. He aquí lo que llamamos, visto desde aquí abajo, maldición de Caín. Sin embargo, según el relato si se persigue a Caín, si se busca matarlo el espíritu séptuple interviene para protegerlo. Es por ello que la iglesia del espíritu es indestructible.

Pero como no puede estar permanentemente sobre esta Tierra para dar a todas las criaturas de los eones la ocasión de volverse sobre sí mismas y porque el fratricidio de Caín no debe tener lugar, la iglesia del espíritu viene sobre la Tierra periódicamente para retirarse acto seguido durante un tiempo.

Hay siempre momentos en que la iglesia del espíritu renace. Y entonces es un hecho establecido que siguiendo las leyes del espíritu ella hace entrar invariablemente su cosecha.

Abordemos ahora nuestro asunto de búsqueda por el lado opuesto, desde el punto de vista de los seres nacidos de la naturaleza, desde el punto de vista de los que no son hijos del fuego pero que podrían volverse.

Existen en este mundo centenares de millones de entidades que no han salido del espíritu sino de los eones, así pues concebidos por las fuerzas de la naturaleza. Y como un creador está siempre unido a su criatura y en razón de la ley natural no pueden dejar perecer la obra de sus manos, las fuerzas de la naturaleza actúan poderosamente en el deseo de llegar a conservar totalmente su creación, sus criaturas y el campo en donde tienen su lugar.

Encontrará esto escrito en detalle en el evangelio gnóstico de la Pistis Sofía. Los eones no cesan en conservar su criatura en tal como es. No pueden hacer de otra forma. Están así a su propio servicio. Ya que si su creación desapareciera lo sería también de su existencia.

Por ello mantienen en este mundo un clero organizado jerárquicamente como usted puede leerlo en el evangelio gnóstico. Un   clero que tan sólo tiene un objetivo, una sola tarea: mantener en un estado dialéctico el campo de formación, el campo de vida de las entidades salidas de los eones. Este mundo debe permanecer como es, tal es su objetivo. Las entidades que pueblan este mundo deben pues conformarse. La gran tropa de los esclavos de los eones realiza pues sin fin su giro de la rueda a través de la esfera materia y la esfera reflectora.

Así es como un pretendido cielo es mantenido temporalmente en la esfera reflectora; usted sabe lo que hay que pensar de ello. Los eones se esfuerzan en protegerse y proteger sus criaturas. Por ello han creado y vivifican continuamente un pretendido culto sagrado. Además deben aplicar un método perfecto hasta en los más mínimos detalles. Así pues la iglesia de la naturaleza se opone a la iglesia del espíritu.

Sin embargo, cuidado, la naturaleza obliga a traicionar y asesinar al espíritu así como a perseguir al hombre-espíritu por toda la Tierra. La iglesia de los eones no posee doctrina universal; si ella revelara y protegiera la única verdad que es la base de su existencia debería reconocer que por encima de ella está el espíritu y el hombre-espíritu. Debería entonces simplemente subordinar su enseñanza a la enseñanza del espíritu, lo que significaría su declive, su muerte y su disgregación. Por su esencia misma no puede aceptar la muerte espontánea de Abel es decir, una muerte provocada por la creación de nuevas convicciones astrales purificadas por la iglesia del espíritu.

Es por esta voluntad de existir que el espíritu es traicionado y la iglesia del espíritu destruida en todas las partes donde aparece; que el hombre-espíritu del origen es perseguido y asesinado sobre toda la Tierra.

¿Cómo se traiciona al espíritu? Mutilando, por ejemplo, la enseñanza del espíritu por mediación de la teología; presentando el orden de Dios como teniendo un objetivo y una necesidad puramente naturales. En fin persiguiendo diseños puramente terrestres bajo la cubierta de una enseñanza espiritual robada y mutilada. Ya que una vez el espíritu es traicionado y capturado se vuelve fácil pasar a la persecución de la iglesia del espíritu y del hombre-espíritu. Piense en la famosa traición respecto a la iglesia de los cátaros así como a la persecución de la rosacruz a través de los siglos bajo el pretexto de una intervención dirigida a proteger el espíritu y la gloria de Dios.

Si las fuerzas dictatoriales de derechas o izquierdas tomaran las cosas en sus manos en Europa Occidental, inmediatamente la iglesia de la Gnosis, la iglesia del espíritu sería una vez más perseguida. Es bajo esa luz que hay que considerar el tan famoso concilio de Constantinopla. A raíz de esta asamblea la iglesia rechazó oficialmente al espíritu bajo el pretexto de estar ya en posesión del espíritu. Ese concilio tuvo lugar en el año 381. Si desea estudiarlo puede encontrar en las bibliotecas la documentación necesaria.

El tema de las discusiones fue la reglamentación de la enseñanza. del Espíritu Santo. ¡Imaginase esto «reglamentamos la enseñanza del Espíritu Santo. Creemos en esto pero no en aquello. Aceptamos esto pero no lo otro. Hacemos esto pero no lo de más allá!»

Sin embargo es así como se procedió en esta asamblea de la Iglesia en el concilio de Constantinopla en el año 381.

Hay que añadir que la iglesia ortodoxa griega no la ha reconocido jamás. Que todo fue hecho por la iglesia católica romana. Pero las decisiones tomadas no eran aún suficientes ya que setenta años más tarde en el año 451 esta iglesia reunió de nuevo un concilio conocido bajo el nombre de concilio de Calcedonia. Allí fue decidida oficialmente la unidad de la naturaleza divina y la naturaleza humana. «Nosotros entidades unidas a los eones estamos unidos con el Cristo» este fue el principio que se puso. La más grande traición de todos los tiempos, la traición con respecto al Cristo cuyo santo nombre sirvió de etiqueta a toda clase de enseñanzas empezó en el 451. Se hizo de María y de Cristo los caballos de parada de la iglesia, auténticos dioses de los eones de la naturaleza.

Se comprende perfectamente en el evangelio gnóstico de la Pistis Sofía: ¡incluso los eones reconocen a Cristo! este nombre está colgado por todas partes como una etiqueta y expandido por todas partes. En este evangelio está expresado entonces el camino de vuelta, camino que parte desde aquí abajo y se eleva hasta la vida liberadora así como la forma en que el Cristo Jesús, el Señor, traspasa todas las esferas de los eones y arcontes y su gran turbación porque el Señor de toda vida pasó en medio de ellos sin que se diesen cuenta.

En otros términos la traición clásica del origen es neutralizada por todos los que siguen el camino del espíritu.

 

CAPITULO 34:  LA TRAICION CLASICA (2)

 

Hemos intentado mostrarle claramente quienes eran los hijos del fuego y los hijos de la naturaleza; lo que era la iglesia espiritual de la Gnosis universal y la iglesia de todos los que en virtud de su ser se giran hacia la naturaleza de la muerte. Es preciso saber todo esto para comprender los problemas esenciales de la vida pero también y sobre todo para reconocer la traición por todas las partes en donde se manifiesta. Si no posee usted la llave para descubrir la traición se convertirá un día en víctima. No hay que subestimar el peligro. Ya que a lo largo de los siglos se ha pulido tanto la traición hasta la perfección que la casi totalidad de la humanidad se contenta por ignorancia y es pues la víctima.

Que hay traición, impostura fundamental deliberada, es fácil de probar por lo menos si usted ha asimilado todo lo que se ha dicho a este respecto.

Se le dice todo esto porque primero debe usted comprender la filosofía hermética y después porque si es usted alumno, el momento no tardará en llegar en que será seriamente examinado y severamente probado sobre el capítulo de su discernimiento de su confianza en la Gnosis y de su fidelidad a la escuela. Tenemos todos detrás de nosotros, bien directamente o bien por nuestros ancestros un pasado religioso en sentido natural. Y aún si no fuese el caso seríamos influenciados intelectualmente por la iglesia natural de una forma cualquiera. Es sobre todo cierto para los que en general se alaban de intelectualismo y que  por ejemplo estiman que la ciencia constituye una línea directriz de gran importancia para la existencia de la humanidad. Usted sabe que desde el punto de vista del espíritu tenemos el poder y la obligación de rechazar cada una de las pretendidas ciencias. Las objeciones serán diferentes para cada rama científica; ellas se dirigirán tan pronto hacia las premisas como hacia las conclusiones y lo más    a menudo a las consecuencias.

Pero hay una ciencia a la cual uno puede oponerse totalmente, es la teología. Desde el inicio del siglo un gran número de enormes mentiras teológicas son propagadas y oficialmente petrificadas bajo forma de pretendidos dogmas fijadas en un número de antiguos escritos de los cuales se han llenado todas las bibliotecas. El hombre que lee y lo estudia todo en su propia lengua y en la de esos escritos es recibido acto seguido como doctor calificado de sabio.

Pero que sea realmente sabio en el sentido que comprende la única ciencia verdadera, es aquí otra cuestión.

Se puede comprender fácilmente mirándolo de cerca. Reflexione en nuestra teoría. Cuando se da cuenta que la teología de este mundo está totalmente fabricada de piezas y trozos reunidos por supuestos padres de la iglesia descubrirá que estos buscaban desterrar al espíritu y quitar todas las ventajas a la iglesia del espíritu en este mundo. Constatará que los padres de la iglesia han reconocido y condenado los dogmas más fundamentales que los han deformado y transformado, amplificando y nuevamente alargando.

Se han querellado y perseguido los unos a los otros a este respecto durante siglos. Y los reformadores ciegos que han llegado más tarde han traicionado a la reforma en virtud de su propia naturaleza ya que desgraciadamente eran teólogos, así pues ignorantes del verdadero conocimiento de Dios.

La señora Blavatsky dio un día una pequeña lista de los principios fundamentales de esta pretendida ciencia. Y después de haber hablado de los numerosos incidentes y querellas de los diversos concilios añadió: «Durante numerosos siglos los concilios han combatido, discutido y sostenido los puntos de vista más opuestos y más contradictorios. Y para terminar la dicha santa trinidad ha surgido de un cerebro lleno de ciencia teológica. Sin embargo, este artículo de fe ha sido introducido en el mundo suscitando innumerables querellas, muertes y aún crímenes que jugaron un gran papel en el asunto.»

Dejemos de lado ese tema de reflexión. Si lo considera interesante prosiga usted mismo la búsqueda. Nuestra demostración tiene por objeto principal ayudarle a discernir la verdad de la mentira. Es sobre todo importante establecer una vez más que la sagrada escritura ha sido en todo tiempo mutilada con el fin de seguir a la iglesia de los eones.

En primer lugar hay que recordar que la iglesia de los eones no dispone ni de una enseñanza universal ni de una lengua sagrada que le sean propias. La iglesia de la naturaleza utiliza invariablemente la lengua sagrada de la iglesia del espíritu. Pero esta no ha sido ni será jamás utilizada por ella en su forma pura y simple. Es por esto que primero debe reformarla. Un signo evidente, por ejemplo, es que el canon de la Biblia fue fijado por primera vez en el cuarto siglo, una vez más, en el transcurso de un concilio, el concilio de Nicea. No hay ni un solo libro del Nuevo Testamento que tenga una fecha anterior a esa época.

¿Por qué darse tanto trabajo cuando las enseñanzas de Hermes Trismegisto tienen más de diez mil años?

¿Por qué todos esos esfuerzos cuando numerosos siglos antes de nuestra era el Tao te King transmitía ya esta sabiduría?

¿Por qué tanto trabajo cuando se ve bien que más o menos todos los textos de valor de la Biblia han sido cogidos de los escritos herméticos?

Hay que saber aún que los libros de la Biblia han sido relatados por los padres de la iglesia que han chocado violentamente con el asunto. Es un milagro que algo de esencial haya podido ser conservado, como el evangelio de Juan, maravilla llena de valor, el evangelio preferido de la fraternidad precedente.

Es una suerte que todas esas florituras y adaptaciones hayan sido hechas utilizando el lenguaje del espíritu, así el verdadero buscador del espíritu podrá siempre descubrir la verdad por muy mutilada que esté y hacer surgir el único e inmutable tesoro. Tenga en cuenta, no obstante, lo que se ha dicho más arriba.

No se pude decir tampoco: rechacemos la Biblia y girémonos hacia los escritos antiguos. ¡Ellos también han sido mutilados! Siempre se ha hecho absolutamente todo por meter mano en los escritos auténticos, destruirlos y alterarlos para acto seguido ponerlos en circulación. Pero una vez más no puede fabricarse ni una falsa enseñanza ni un dogmatismo sin corromper las fuentes mismas. Y el trabajo no ha sido hecho a medias.

Ya que no hay ninguna fuente exterior el más mínimo documento donde mirar sin peligro, para el verdadero buscador del espíritu la señal de alarma resuena constantemente. La traición profunda, horrible y siniestra está por todas partes. En tanto que el espíritu no sea liberado en nosotros estamos siempre en dependencia de las fuentes. Y mirándolo desde la verdad viviente esas fuentes están todas envenenadas sin excepción. Por eso el veneno está también en nosotros y por él sin que lo sepamos la traición también. En efecto, tan solo tenemos una comprensión parcial y podemos cegar a los demás con las mejores intenciones. En el transcurso de los siglos numerosos son los que se han girado de todas las fuentes de todas las teologías de todas las iglesias y según la expresión de entonces, permanecido librepensadores. Tal vez pueda usted también vanagloriarse de haberse girado de todo esto desde su más corta edad. No crea que no ha absorbido por ello veneno. Todos estamos expuestos a las influencias astrales.

Con cada respiración, con cada latido del corazón, asimilamos la sustancia envenenada de la esfera astral de este mundo. En todos los países del África hasta el fin de la América del Sur, allí donde usted esté, donde busque, la traición es mágicamente introducida en la esfera astral bajo forma de pensamientos. Así toda la humanidad es retenida astralmente prisionera. Girarse de las fuentes constituye tal vez aún el más grande peligro. Ya que si piensa que a usted nada le llega o no puede ocurrirle nada entonces bebe la traición a largos tragos.

El estudio de las fuentes es pues siempre altamente aconsejable ya que si algo del espíritu duerme aún en usted llegará cada vez a la conclusión siguiente: ¡pero esto no es posible, existe una contradicción!».

Y así usted continúa su búsqueda, conserva su aspiración, persevera siempre orientado hacia el objetivo hasta el momento en que al fin consigue romper los muros que le envuelven y contempla la verdad.

¿Cómo encontrar la verdad?

Examinemos una vez más esta pregunta. Reflexionemos en las palabras del canto 164: La Sabiduría de Dios es inmaterial, no ocupa espacio ni lugar, su profunda esencia interna es el omnipresente radiante.

Eso significa que alrededor del insondable campo de creación en donde están extendidas todas las tonterías y todas las mentiras de forma científico oculta existe el reino del espíritu, el reino de Dios, el reino que es Dios mismo. Y del espíritu afluyen corrientes que mueven el universo. Hablamos del Espíritu Séptuple y de sus siete veces siete aspectos. Ese Espíritu y su campo de radiación nos son más próximos que las manos y los pies.

El alma que vive así se vuelve Nous, es decir, alma-espíritu en perfección. Esto quiere decir que la nueva alma purificada se une al espíritu y se vuelve Poemandres.

Entonces ha penetrado por sí mismo en el misterio del fuego. Se ha convertido usted en un hijo del fuego.

 

 

 

 

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LA GNOSIS EGIPCIA ORIGINAL

 

 

Y SU LLAMADA EN EL ETERNO PRESENTE

 

 

 

 

DIFUNDIDA Y EXPLICADA DE NUEVO

 

SEGÚN

 

LA TABLA ESMERALDA Y EL CORPUS HERMETICUM

 

DE

 

HERMES TRISMEGISTOS

 

por

 

J. VAN RIJCKENBORGH

 

×

 

SEGUNDO TOMO

 

2002

 

 

ROZEKRUIS PERS – HAARLEM – HOLANDA

 

Traducido del neerlandés

 

Título original:

DE EGYPTISCHE OERGNOSIS

EN HAAR ROEP IN HET EEUWIGE UN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escuela Internacional de la Rosacruz Áurea

Lectorium Rosicrucianum

Sede Central

Bakenessergracht 11 – 15 – Haarlem – Holanda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ISBN

Copyright 1983 Rozekruis Pers, Haarlem, Holanda

 

 

CONTRAPORTADA

 

 

LA GNOSIS EGIPCIA ORIGINAL II

 

 

 

‘He llamado a mi hijo de Egipto’

 

Con este segundo tomo de la Gnosis Egipcia Original y su llamada en el eterno presente, de J. van Rijckenborgh, la Escuela Espiritual de la Rosacruz Áurea, que actúa bajo el nombre de Lectorium Rosicrucianum, se dirige de nuevo a todos los que en nuestros días aún tienen oídos para oír, a los que buscan profundamente la palabra viva que expande la luz liberadora en las tinieblas actuales y que aporta una solución para el desarrollo de la conciencia.

 

Su meta no se encuentra en la multiplicidad de las diferentes enseñanzas que provienen de las autoridades exteriores, pues ella sólo puede revelarse en lo más profundo del corazón humano. En él se encuentra latente el poder original del hombre, el núcleo que si es despertado puede proporcionarle la capacidad para reconocer la palabra viva de la verdad y recibirla. Sólo así podrá recorrer el camino liberador que le eleve por encima del miedo, las tinieblas y la muerte.

 

Cualquier buscador que desee profundizar en la enseñanza de Hermes Trismegistos, reconocerá en esta llamada de la Gnosis Egipcia Original la voz de la Patria Universal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ISBN

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

Prólogo………………………………………………………………….

 

I            Tercer Libro: El mayor mal para el hombre es que no

que no conoce a Dios

Texto……………………………………………………………..

 

II            Cuarto Libro: Discursos de Hermes en honor de

Dios

Texto……………………………………………………………..

 

III            Vela, pues no conoces ni el día ni la hora……………………

El tiempo de la declaración……………………………………

Una advertencia secular……………………………………….

El estado de la sangre………………………………………….

La vocación de la personalidad del orden de emergencia…

El corazón séptuple…………………………………………….

La cabeza séptuple……………………………………………..

Id al encuentro del esposo……………………………………..

 

IV            La prisión de la sangre……………………………………………..

Epístola a los Romanos, 7…………………………………….

La narcosis de la ignorancia…………………………………..

¿A quién se dirige Hermes?…………………………………..

La cultura personal impresa en la sangre……………………

Los placeres impíos……………………………………………

 

V            Karma-Némesis y el camino de la liberación……………….

El deber fundamental del alumnado: morir cada día………       .

La esencia del pecado…………………………………………      .

La endura………………………………………………………..

El jardín de los Dioses…………………………………………

Karma-Némesis………………………………………………..       .

La caída del hombre…………………………………………….

El camino de la liberación……………………………………..

 

VI            La realización del plan de Dios………………………………..

El sufrimiento de la humanidad……………………………….

Lo que pide la Gnosis…………………………………………….

Sufrir en el ego………………………………………………………

Nacer en Belén y triunfar en el Gólgota…………………….

Las bodas del Cordero…………………………………………….

Consecuencias del cambio fundamental…………………….

VII            El clamor del corazón de la Gnosis universal……………..

La necesidad del cambio…………………………………………

El camino de la Gnosis universal………………………………

La llamada lanzada al mundo y la tarea emprendida por la humanidad………………………………………………………….

La aparición del Hijo del Hombre sobre las nubes del cielo……………………………………………………………………..

El nuevo reino gnóstico…………………………………………..

 

VIII            Quinto Libro: Extracto de un discurso de Hermes a Tat

Texto…………………………………………………………………….

 

IX            La ley original de los misterios gnósticos…………………..

Cómo satisfacer esta ley aquí abajo…………………………..

La verdadera piedad………………………………………………..

Necesidad de una construcción efectiva……………………..

Firmeza y perseverancia inquebrantables……………………

Compromiso sin reservas ni pretextos………………………..

Entren en el círculo de la eternidad……………………………

 

X            La imitación del Cristo…………………………………………….

La verdadera francmasonería……………………………………

Estar en el mundo sin ser del mundo………………………….

La posibilidad de liberarse en la actualidad…………………

Liberarse para servir a la humanidad………………………….

Negatividad de las religiones naturales………………………

Inflamado por el espíritu de Dios, muerto en Jesús el Señor, renacido por el Espíritu Santo………………………………… …………………………………..

 

XI            El camino de Belén al Gólgota………………………………….

El proceso de la resurrección del alma……………………….

La epopeya de la detención, de la humillación, del camino de cruz, de la muerte y de la victoria de Jesús……………………………………………………………………..

La endura: la no lucha……………………………………………..

Deje que Jesucristo realice su obra en usted………………..

 

XII            La doble naturaleza del hombre………………………………..

La inevitable elección………………………………………………

Sed perfectos…………………………………………………………..

La doble alma humana……………………………………………..

La realización de Dios en el hombre………………………….

El despertar del alma-espíritu……………………………………

Dolor y sufrimiento…………………………………………………

La triple alianza de la manifestación universal………………………………………………………………..

 

XIII            Sexto Libro: Diálogo universal de Hermes y Asclepios (o Esculapio)

Texto…………………………………………………………………….

 

XIV            La animación universal: su naturaleza y su cometido

El pensamiento hermético………………………………………..

La doble naturaleza de las fuerzas opuestas…………………………………………………………………

Lo creado y lo no creado………………………………………….

Dios y lo divino………………………………………………………

El Hijo que está en el corazón del Padre nos lo ha revelado…………………………………………………………………

El restablecimiento de la unión con la fuente de vida……………………………………………………………………….

 

XV            El plan divino es inatacable………………………………………

Movimiento y contra movimiento……………………………..

María, la sustancia original virgen…………………………….

La realización del plan divino…………………………………..

Allí donde está el espíritu del Señor, allí está la libertad………………………………………………………………….

Los efectos del contra movimiento siempre se auto destruyen………………………………………………………………..

Sólo lo que emana del espíritu del Señor es eterno…………………………………………………………………….

¡Hora Est!………………………………………………………………

La muerte: una consecuencia lógica…………………………..

La única vía: el movimiento……………………………………..

 

XVI            La última muerte del yo: la rendición del yo libremente consentida……………………………………………………………….

La orientación de la cabeza y del corazón…………………..

La oblación del ser a la marcha en el movimiento…………………………………………………………….

Los peligros del contra movimiento en la Escuela…………………………………………………………………..

La apertura de los siete sellos……………………………………

Necesidad urgente del examen interior………………………

 

XVII            El misterio del Santo Grial………………………………………..

El cierre de los siete sellos………………………………………..

Jesús y el Consolador………………………………………………

Los siete rayos del Espíritu Séptuple………………………….

La Fraternidad del Santo Grial………………………………….

La vida absoluta………………………………………………………

Necesidad de un deseo sincero………………………………….

La meta del portador de imagen………………………………..

Entre en la paz de su Señor……………………………………….

 

XVIII            Las nuevas posibilidades liberadoras………………………….

La dispersión de la fraternidad humana del origen…………………………………………………………………….

La tragedia de la soledad………………………………………….

El infierno del contra movimiento……………………………..

La Gnosis, el sanador, el Señor del Amor…………………..

La manifestación del Hijo…………………………………………

 

XIX            Séptimo Libro: Discurso de Hermes a Tat sobre la crátera y la unidad……………………………………………………

Texto……………………………………………………………………..

 

XX            El premio de la carrera……………………………………………..

En el comienzo era la palabra……………………………………

La actividad mental del hombre………………………………..

El Logos, la Palabra…………………………………………………

La inteligencia y el espíritu………………………………………

La confusión de lenguas…………………………………………..

La unión con el espíritu es el premio de la carrera……………………………………………………………………

La rosa del corazón, el poder latente del despertar…………………………………………………………………

¿Por qué estoy en esta vida?……………………………………..

El nacimiento del Hijo……………………………………………..

 

XXI            La crátera, el vaso sagrado………………………………………..

Primera epístola de Juan, 5……………………………………….

El espíritu, el agua y la sangre…………………………………..

El Santo Grial, el eslabón perdido……………………………..

La triple alianza de la luz: Grial, Cátaros y Rosacruces……………………………………………………………..

Las dos clases de bautismo……………………………………….

La imitación religiosa natural……………………………………

Simbolismo y magia………………………………………………..

La magia gnóstica……………………………………………………

La magia de las iglesias y de las comunidades religiosas………………………

La actividad de los eones………………………………………….

La sello del verdadero alumnado……………………………….

XXII            Recibir el Santo Grial……………………………………………….

La señal del Hijo del Hombre……………………………………

¿Quién es Poimandres?…………………………………………….

El plan del Logos…………………………………………………….

Vencer a la muerte…………………………………………………..

La verdadera génesis humana……………………………………

El conocimiento del hombre-Poimandres……………………

Isis-Osiris, alma-espíritu…………………………….. ……………

Transmutación y transfiguración……………………………….

La copa divina………………………………………………………..

Las consecuencias del Santo Grial…………………………….

Liberación y servicio, gloria y sufrimiento…………………………………………………………….

 

XXIII            El camino y el sacrificio…………………………………………..

La tarea más difícil del camino………………………………….

Necesidad de la rendición del yo……………………………….

Dios o Mamón………………………………………………………..

Cuatro obstáculos……………………………………………………

 

XXIV            El retorno a la unidad……………………………………………….

Un comienzo totalmente nuevo…………………………………

El papel de la personalidad del orden de emergencia……………………………………………………………..

 

XXV            La unidad (I)………………………………………………… ………..

¿Cómo vencer la muerte?…………………………………………

Las mistificaciones relativas a la muerte…………………….

El cuarto misterio……………………………………………………

 

XXVI            La unidad (II)………………………………………………………….

La imagen de Dios les guiará……………………………………

Lo cambiante y lo inmutable…………………………………….

La unidad y el número……………………………………………..

Unidad y acto concreto…………………………………………….

El Poimandres del Cuerpo Vivo………………………………..

La victoria sobre la muerte……………………………………….

 

XXVII            Vende todo lo que posees y sígueme………………………………………………………………….

La Fraternidad del Santo Grial………………………………….

Las células vivas del Cuerpo Vivo…………………………….

Señor, heme aquí…………………………………………………….

Unidad de grupo y rendición del yo…………………………..

El río séptuple…………………………………………………………

El acto que lleva a la realización……………………………….

 

XXVIII            El secreto de los misterios gnósticos…………………………..

El comportamiento que acelera el proceso de salvación………………………………………………………………..

Todo o nada……………………………………………………………

El arma de la calumnia, de la difamación y de la crítica…………………………………………………………………….

¿Qué es el Cuerpo Vivo?………………………………………….

¿Qué hay detrás de todo esto?…………………………………..

Feliz testimonio de realización gnóstica……………………..

La morada del Espíritu Santo……………………………………

Remisión de la tierra………………………………………………..

 

XXIX            El Pentecostés de la liberación divina…………………………

Los focos de la joven Gnosis…………………………………….

El crecimiento del campo de la luz…………………………….

La recogida de la cosecha…………………………………………

La responsabilidad de cada alumno……………………………

 

XXX            Octavo Libro: Hermes a su hijo Tat: el Dios invisible se ha manifestado………………………………………….            …………….

Texto……………………………………………………………………..

 

XXXI            La barca celeste y su tripulación………………………………..

Un don incomparable………………………………………………

El entrenamiento intelectual no hace al hombre superior………………………………………………………………….

El proceso del devenir consciente gnóstico…………………

El ministerio de la reconciliación………………………………

La rendición del yo………………………………………………….

La barca celeste………………………………………………………

 

 

XXXII            La eternidad en el tiempo………………………………………….

No hay obstáculos entre el hombre y Dios………………….

La ilusión del mundo dialéctico…………………………………

La verdadera plegaria………………………………………………

La responsabilidad del trabajador gnóstico…………………

 

XXXIII            El canto de alabanza de Hermes……………………… ………..

 

XXXIV            La sabiduría del mundo y la sabiduría de Dios…………….

Los siete rayos del Espíritu séptuple………………………….

El cerebro del niño pequeño……………………………………..

El hombre dialéctico no tiene pensamiento autónomo……………………………………………………………….

La contemplación de lo no manifestado……………………..

El nuevo pensamiento………………………………………………

La unión con la divinidad…………………………………………

La ilusión de la memoria………………………………………….

El testimonio vivo del hombre sacerdotal gnóstico………………………………………………………………….

 

XXXV            La llave de la purificación…………………………………………

Necesidad de la conciencia del alma………………………….

La filiación divina y la madurez………………………………..

La lucha entre el alma y el cuerpo……………………………..

La elección ineluctable…………………………………………….

El papel primordial del cerebelo………………………………..

Método liberador…………………………………………………….

La llave de la purificación………………………………………..

El efecto armonioso del alumnado gnóstico………………..

 

XXXVI            Noveno Libro: Que nada de lo que existe se pierde verdaderamente, sino que por error a los cambios se les llama muerte y aniquilación………………………………………

Texto……………………………………………………………………..

 

XXXVII            El renacimiento del alma……………………………….. ………..

Irrealidad de la muerte……………………………………………..

La interpretación teológica y la interpretación del materialismo histórico……………………………………………..

Incidente en el proceso de disolución…………………………

¿Qué es la transfiguración?……………………………………….

El suicidio: un impasse…………………………………………….

La liberación exige el nacimiento en la naturaleza……………………………………………………………….

¿Qué es el nacimiento del alma?……………………………….

El hombre terrestre no es sino un cuerpo……………………………………………………………………

El sello del Rosacruz verdadero………………………………..

 

XXXVIII            El renacimiento por el alma………………………………………

Salven su alma………………………………………………………..

La sede  de la vida…………………………………………………..

El corazón, el órgano más importante del cuerpo humano………………………………………………………………….

Las siete cavidades del corazón…………………………………

La función del esternón……………………………………………

El hombre de la naturaleza ordinaria………………………….

La acusación del corazón………………………………………….

La voz del alma……………………………………………………….

 

XXXIX            La santa Madre-Tierra………………………………………………

El hombre perfecto………………………………………………….

El camino de cruz del alma: de Belén a Gólgota………………………………………………………………….

El primer Dios y el segundo Dios………………………………

La santa Tierra-Madre……………………………………………..

La vocación del espíritu de la tierra……………………………

y nuestra vocación…………………………………………………..

Cristo, espíritu planetario de la tierra…………………………

Varias corrientes de vida………………………………………….

 

XL            Nada nos puede separar del amor de Jesucricto, nuestro Señor……………………………………………………………………..

Los logros de la ciencia natural divina……………………….

El metabolismo atómico…………………………………………..

No devuelvas el mal………………………………………………..

El proceso de inmortalidad está en vuestras manos…………………………………………………………………….

La formación de un mundo……………………………………….

El átomo y las siete fuerzas de vida……………………………

La futura destrucción de nuestro campo de vida……………………………………………………………………….

La obra de salvación de una Escuela Espiritual………………………………………………………………..

 

XLI            El restablecimiento del equilibrio perfecto………………….

Dos cuestiones importantes………………………………………

Lucifer y los Elohim………………………………………………..

El orden del universo es inatacable……………………………

Las fuerzas gemelas de la naturaleza: fuego y frío………………………………………………………………………..

Necesidad de aprender a dominar el fuego en nuestra vida……………………………………………………………………….

La conservación de las leyes fundamentales del orden Divino……………………………………………………………………

 

Glosario…………………………………………………………………

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Madre Original

 

 

PRÓLOGO

 

Hombre, ¿quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Adónde vas?

 

Desde el principio de la aparición del hombre en el campo de vida dialéctico*, la misteriosa esfinge plantea estas profundas preguntas a todos los viajeros que yerran por el desierto de la vida terrestre siguiendo el interminable y engañoso sendero. La contestación a estas preguntas determina de forma crucial la conciencia, la orientación y la conducta en la vida.

 

La humanidad, privada del verdadero conocimiento vivo y directo, del conocimiento que procede de la única fuente del ser y de la única meta verdadera de nuestra existencia, está condenada a perecer constantemente en las tinieblas, el sufrimiento y la muerte, debido a su ceguera, ilusión e impostura.

 

Con el fin de mostrar el camino del conocimiento liberador a la multitud que busca desesperadamente una salida, en la dolorosa y amenazadora crisis que acompaña el final del actual Día Cósmico, la Gnosis alza de nuevo su voz y hace resonar con gran fuerza la llamada del comienzo. Anuncia de nuevo, desde la viva realidad divina, el noble origen y la sublime vocación del hombre e indica, a quienes aún tienen oídos para oír, la antiquísima vía de salvación que también ha sido abierta, en nuestra época, para todos los hombres de buena voluntad.

 

Quienes, conmovidos en lo más profundo de su corazón por la confusión autocreada en la que sucumben de nuevo el mundo y la humanidad, reconocen interiormente la necesidad de un inmediato cambio fundamental al que se sienten llamados, percibirán con alegría y agradecimiento la radiante luz del camino que conduce a la verdad y a la vida en la profunda sabiduría de la Gnosis Egipcia Original, así como lo absoluto de su exigencia.

 

La Joven Fraternidad Gnóstica realiza para ellos su trabajo en este mundo y les ofrece esta publicación para que puedan aproximarse lo más cerca posible al espíritu del alumnado gnóstico y experimentar un anticipo de la gracia de este camino.

 

¡Qué un número de hombres cada vez mayor pueda captar la llamada de la Gnosis mientras esto sea posible, y que así pueda responder positivamente para su salvación eterna y la de toda la humanidad!

 

Jan van Rijckenborgh

 

La Madre Original

 

La Madre Original

 

 

La madre del mundo, o Madre Original, sentada en forma de estrella de cinco puntas en medio de las constelaciones siderales existentes, acoge el fuego del Padre, el séptuple fuego del espíritu.

 

Gracias al intercambio armonioso entre la cabeza y el corazón de la Madre Original, la luz astral irradia sobre la cabeza y el corazón cubriéndolos y haciendo que de su seno brote un manantial de agua viva, la corriente que fluye eternamente.

 

De esta forma, por la simiente del Padre, la Madre engendra una descendencia, el Hijo, una realidad viva. El plan de creación del Padre se manifiesta por la fuerza de la Madre.

 

En el comienzo era la Palabra,

la Palabra era Dios,

y Dios era la Palabra.

La luz brilla en las tinieblas.


 

I

Tercer Libro

 

El mayor mal de los hombres

es que no conocen a Dios

 

 

  1. 1.                  ¿Hacia dónde corréis, oh hombres, ofuscados por haberos embriagado con palabras vacías de Gnosis, con palabras de total ignorancia, a las que ya no soportáis y vomitáis?

 

  1. 2.                  ¡Deteneos, volveos sobrios: mirad de nuevo con los ojos del corazón! Y si no todos podéis, al menos los que seáis capaces. Pues el azote de la ignorancia cubre toda la Tierra, abate al alma que está prisionera del cuerpo y le impide entrar en el puerto de la salvación.

 

  1. 3.                  No os dejéis arrastrar por la violencia de la corriente, sino que quienes podáis alcanzar el puerto de la salvación, utilizad la contracorriente para entrar en él.

 

  1. 4.                  Buscad a Aquél que os llevará de la mano y os guiará hacia las puertas de la Gnosis, donde brilla la clara luz en la que no hay tinieblas; donde nadie está ebrio, sino que todos están lúcidos y elevan la mirada del corazón hacia Aquél que quiere ser conocido.

 

  1. 5.                  Pero sabedlo bien: nadie puede oír su voz ni pronunciar su nombre, ni tampoco los ojos de la carne pueden contemplarle. Sólo el alma-espíritu es capaz de hacerlo.

 

  1. 6.                  Por lo tanto, rasgad primero las vestiduras que lleváis: tejidas de ignorancia, causa de calamidades, cadenas de corrupción, prisión tenebrosa, muerte viviente, cadáver dotado de sentidos, tumba que lleváis con vosotros, saqueador que habita en vuestro interior, que por lo que ama os muestra su odio y por lo que odia os envidia.

 

  1. 7.                  Tal vestido hostil que os envuelve y os asfixia, os atrae abajo hacia él para que, ya no viendo, no podáis contemplar la belleza de la verdad y del bien contenido en ella, y así no odiéis su malicia ni descubráis sus tretas y vilezas.

 

  1. 8.                  Pues él insensibiliza vuestros sentidos, encerrándoos en una sobreabundancia de materia y colmándoos de delicias impías, para que no podáis oír lo que tanto necesitáis oír y no veáis lo que tanto necesitáis ver.


 

 

 

 

II

Cuarto Libro

 

 

Discurso de Hermes en honor de Dios

 

 

  1. 1.                  Dios, el poder de Dios y la divina naturaleza son la magnificencia del todo.

 

  1. 2.                  Dios es el principio, la idea original, la capacidad de crecimiento y la sustancia de todas las cosas; la sabiduría para la manifestación de todas ellas.

 

  1. 3.                  El poder de Dios es causa, nacimiento y crecimiento; fuerza activa, muerte y renovación.

 

  1. 4.                  Había en el abismo una oscuridad ilimitada, agua y el aliento creador activo; todo esto se encontraba en el caos por el poder de Dios.

 

  1. 5.                  Y cuando se liberó la sagrada luz, los elementos primordiales se desprendieron de la sustancia húmeda, se densificaron, y todos los dioses juntos separaron los aspectos de la naturaleza germinalmente madura.

 

  1. 6.                  De lo indeterminado e informe, se separaron y elevaron los elementos ligeros, mientras que los elementos pesados se depositaron sobre la arena húmeda de tal forma que el todo fue diferenciado en sus partes compuestas por la acción del fuego, ordenado por el aliento de la creación y mantenido en un incesante movimiento.

 

  1. 7.                  El universo se manifestó en siete círculos y los dioses se mostraron en forma de astros con todas sus constelaciones. La naturaleza en todos sus aspectos, con la ayuda de los dioses presentes en ella, formó un orden orgánico y el círculo que la rodeaba se envolvió con una nube astral a la que el aliento divino imprimió un movimiento orbital.

 

  1. 8.                  Cada dios, con su propia fuerza, produjo lo que le había sido encomendado: así se formaron los cuadrúpedos, los reptiles, los animales acuáticos y los alados, el germen de todo tipo de semillas, la hierba y los brotes de todo lo que florece. Y la simiente del renacimiento estaba encerrada en ellos.

 

  1. 9.                  Los dioses concibieron asimismo las generaciones de hombres, para que éstos pudieran conocer las obras de Dios y pudieran dar testimonio de la actividad de la naturaleza;

 

  1. 10.              y que se multiplicaran, que dominaran sin limitaciones todo lo que hay bajo el cielo y que aprendieran a conocer las cosas buenas; y de esta forma crecieran mientras se iban multiplicando.

 

  1. 11.              Los dioses crearon todas las almas, que fueron sembradas en la carne según su destino, por disposición de los dioses del interior de los círculos, a fin de que llegaran a conocer con precisión la bóveda celeste, el curso de los dioses del cielo, las obras divinas y la actividad de la naturaleza;

 

  1. 12.              para que aprendieran a conocer el verdadero bien y el poder divino que mantiene en movimiento la rueda del destino;

 

  1. 13.              y así aprendieran a distinguir el bien del mal y a adquirir el arte sublime de la realización de las obras buenas.

 

14                Al principio, su camino consiste en adquirir experiencias y tener conciencia de que su destino depende de la marcha circular de los dioses.  Al final, ellos se liberan y dejan en la Tierra grandes monumentos que evocan las sublimes obras que realizaron como liberados.

15                Todo lo que, en el transcurso de los tiempos, mancilla yensombrece, como el nacimiento de criaturas de carne provistas de alma, la generación a la manera del animal joven, la mayoría de las obras humanas, todo esto que hace decrecer, será regenerado par el Destino, por medio de la renovación de los dioses y de los ciclos de la naturaleza cuando alcancen el número perfecto.

16                Lo divino es el todo cósmico fundido hasta alcanzar la unidad, renovado por la naturaleza que también está anclada en la omnipotencia de Dios.

 

 

 

III

Vela, pues no sabes ni el día ni la hora

 

Llamamos de nuevo la atención de nuestro lector acerca de la antiquísima enseñanza universal de la que dan testimonio los escritos de Hermes Trismegistos que todavía están a nuestra disposición. Los dos primeros libros de Hermes han servido de base a nuestro análisis anterior de la Gnosis Egipcia Original. Continuamos nuestra reflexión con los libros tercero y cuarto.

No vamos a entretenernos en intentar saber si los textos que hemos elegido forman verdaderamente los libros tercero y cuarto de los escritos originales. Son innumerables las publicaciones de los escritos herméticos aparecidas en diferentes lenguas a lo largo de los siglos, sin que se pueda hablar de un orden definido. Sin embargo, los investigadores reconocen unánimemente que han debido existir cientos, incluso miles de escritos herméticos, casi todos extraviados en el transcurso de los siglos. Los pocos libros que subsisten han sido clasificados de diferentes maneras según la comprensión de quien lo haya hecho. Por esta razón, hemos decidido seguir nuestra propia intuición.

 

Ahora, le colocamos ante un pequeño escrito, un breve discurso de Hermes, que lleva por título: El mayor mal de los hombres es que no conocen a Dios, y seguidamente profundizaremos en el Discurso de Hermes en honor de Dios.

Es posible que al leer estos dos libros de Hermes, le resulte muy conocido su contenido, ya que durante su alumnado ha sido confrontado repetidamente con estos textos. Pero ésta no es razón para dejarlos a un lado. Aunque sin duda haya captado intelectualmente estos temas, vienen de nuevo hacia usted, como una llamada renovada, bajo el impulso de un poderoso designio, pues el tiempo para ello ha comenzado: ha llegado el tiempo de la declaración.

El comienzo del discurso de Hermes no es especialmente halagador:

 

¿Hacia dónde corréis, oh hombres, ofuscados por haberos embriagado con palabras vacías de Gnosis, con palabras de total ignorancia, a las que ya no soportáis y vomitáis? ¡Deteneos, volveos sobrios: mirad de nuevo con los ojos del corazón! Y si no todos podéis, al menos los que seáis capaces. Pues el azote de la ignorancia cubre toda la Tierra, abate al alma que está prisionera del cuerpo y le impide entrar en el puerto de la salvación.

 

 

En la Escuela Espiritual hemos hablado ampliamente en los últimos años del nuevo campo astral, del nuevo reino gnóstico que ha sido preparado para su tarea. Todos los que se han unido a la Joven Fraternidad Gnóstica como alumnos están muy directamente vinculados con él.

Ahora se les transmite una advertencia, precisamente por la situación tan especial en la que se encuentran como alumnos; una antiquísima advertencia universal que desde hace miles de años viene hacia ellos. Pues la sabiduría de la que podemos testimoniar tiene más de 400.000 años. Es una advertencia destinada a todo grupo que se encuentra en la misma situación excepcional, una advertencia dirigida a toda joven fraternidad gnóstica. El núcleo de esta advertencia consiste en que el mal no permite ni puede permitir que el alumno alcance el puerto de la salvación. Así pues, si usted aspira verdaderamente a participar en la vida interior de la Gnosis, puede estar seguro de que habrá una lucha para impedírselo. Y aunque como alumno persevere verdaderamente, no evitará el combate.

De hecho, este combate es una prueba tangible de que el candidato ha entrado en la primera fase formal del desarrollo de la nueva conciencia. Piense, a este respecto, en las tentaciones de Jesús el Señor en el desierto, al comienzo de su trabajo.

 

El azote de la ignorancia cubre toda la Tierra.

 

Lo que aquí se llama «azote» es el elixir vital de la dialéctica, el elixir vital de la contranaturalaza; la atmósfera de la naturaleza dialéctica en la que vive toda la creación.

No examinaremos cómo ha aparecido este elixir vital de la contranaturaleza, este hálito de muerte, cómo ha comenzado este azote de ignorancia. El lector interesado encontrará información sobre este tema en nuestra literatura. Limitémonos, por el momento, al hecho de que existe el azote de la contranaturaleza, el elixir vital de la dialéctica.

Como seres nacidos de la naturaleza estamos sumidos, por así decirlo, en una esfera vital que es funesta para la manifestación de la salvación. Respiramos en la esfera vital de la muerte y, debido a nuestro nacimiento en la naturaleza, estamos completamente unidos a ella, tan unidos que esta unión puede considerarse absoluta. Cada uno de nosotros debe aplicarse de manera muy personal lo que acabamos de exponer y verlo como un asunto muy particular. Que nadie piense en los demás, sino que cada cual dirija su atención, en primer lugar y ante todo, hacia sí mismo.

La naturaleza y el estado de la sangre determinan nuestra unidad con el elixir de la muerte. En ella se manifiesta todo el pasado microcósmico. No sólo todos los predecesores en nuestro microcosmos se expresan en nuestra sangre, sino que también intervienen los factores hereditarios y, por lo tanto, los predecesores en los microcosmos de nuestros padres. Todas estas voces hablan en nuestra sangre y todos los actos o negligencias de estos innumerables ancestros ejercen una influencia notoria sobre nuestro estado de sangre. De esta manera, atraemos fuerzas, éteres y otras influencias idénticas a nuestra sangre que la nutren, pues lo semejante atrae a lo semejante.

Además, debemos considerar los órganos productores de sangre del cuerpo, por ejemplo, la médula ósea. Tales órganos están constituidos por células y estas células por innumerables átomos; y usted sabe que cada átomo es un mundo en sí mismo. Por lo tanto, si nuestra corriente sanguínea es un río de muerte, y éste es el caso, y forma parte de la contranaturaleza, lo que también es el caso, entonces la esencia de ello reside en todo nuestro ser. No sólo en nuestra sangre, sino en todo nuestro ser, «hasta en nuestros huesos» dice la Biblia. Sí, hasta en cada fibra, en cada célula de nuestro cuerpo. Esto es irrefutable, nadie escapa de ello y lo debemos tener en cuenta.

Nuestra personalidad, que pertenece al orden de emergencia, está llamada a consagrarse completamente al hombre original. En nuestro microcosmos se encuentra un vestigio de ese hombre original, al que la filosofía de la Rosacruz moderna llama átomo original, átomo crístico o rosa del corazón.

Dicha personalidad del orden de emergencia tiene como tarea consagrarse completamente al ser original presente en el microcosmos, pues únicamente por la transfiguración, la unificación con el ser original que habita en nosotros, podremos entrar en el puerto de la salvación. Para cumplir esta misión asignada por Dios, poseemos dos órganos en nuestra personalidad actual con los que podemos asegurar el comienzo y la consecución de este viaje de regreso, a saber, el santuario del corazón y el de la cabeza, de los que queremos hablar a continuación.

Tanto la cabeza como el corazón poseen un metabolismo muy particular, que se distinguen claramente del resto de la personalidad. Las estructuras átomicas de los santuarios del corazón y de la cabeza son diferentes de las de los otros órganos. Desde el nacimiento, los procesos metabólicos de la cabeza y del corazón, al menos en gran parte y en la medida de lo posible, se mantienen estrictamente separados del resto de los procesos de conservación del cuerpo, con el fin de que la vocación del hombre natural disponga de espacio y de posibilidades para el cumplimiento de su misión: elevarse hacia el ser original, entregarse a sí mismo, ofrecerse totalmente al hombre original, al hombre divino presente en el microcosmos.

En este proceso, el corazón séptuple es la sede, el trono de Isis, la Madre de la Vida, el lugar donde mora el átomo original y en el que también accederá la luz séptuple, la luz de los siete rayos, la luz del Espíritu Santo. Por esta razón, el corazón es comparable al portal de luz de Belén.

En la Gnosis china, la cabeza séptuple es llamada “la ciudad de jade” y, en el Evangelio, “Jerusalén”. En el Apocalipsis se insiste en la necesidad de hacer de Jerusalén la nueva Jerusalén, la ciudad de Dios. En esa ciudad se encuentra el corazón celeste, la sala púrpura, la sala del trono de Dios en nosotros. Del corazón de Isis, del corazón de la Madre de la Vida, este dios en nosotros debe ser liberado para que ocupe el lugar que le corresponde en su trono de la sala púrpura.

Si usted se vuelve interiormente consciente de lo que hay que hacer, o no hacer, para cumplir esta vocación asignada por Dios, entonces surge el adversario, el azote de la ignorancia. Este mal, dice Hermes, cubre toda la Tierra. Este adversario se esforzará al máximo por impedir que usted entre en el puerto de la salvación.

Por lo tanto, no hay razón para recrearse con el misticismo; más bien debería emprender este trabajo sobre sí mismo con decisión, con toda lucidez, con una clara visión interior; pues la revelación de la salvación gnóstica está destinada y se dirige a cada uno de nosotros, en la vida, muy personalmente. Si comprendemos esta llamada y queremos responder positivamente, tenemos que trabajar con perseverancia en nuestra vida personal el mayor tiempo posible. Si actúa así, tendrá derecho a trabajar para la salvación de otros y decir:

 

¿Hacia dónde corréis, oh hombres, ofuscados por haberos embriagado con palabras vacías de Gnosis, con palabras de total ignorancia, a las que ya no soportáis y vomitáis?

 

La embriaguez, el ensombrecimiento de los sentidos, es una anomalía del centro de la conciencia. La humanidad es mantenida constantemente en este estado de ofuscación de la conciencia por la corriente sanguínea ordinaria que, al ritmo de los latidos del corazón, se impulsa hasta la ciudad de jade, el santuario de la cabeza. Esta permanente ofuscación, provoca con el tiempo una degeneración que deteriora las diversas funciones vitales de la personalidad y termina por destruirlas.

Mientras el cuerpo del orden de emergencia no alcance este grado de degeneración fundamental, que elimina definitivamente toda receptividad a la luz liberadora, existe la posibilidad de que momentáneamente desaparezca la ofuscación de la conciencia causada y mantenida por la circulación sanguínea; por ejemplo, como consecuencia de una experiencia muy fuerte que le produzca una conmoción. En ese lapso de tiempo, el corazón y la cabeza pueden ser utilizados para realizar su vocación.

En tal situación, Hermes dice: No soportéis más las palabras de ignorancia, vomitadlas. En ese estado de sobriedad, con los ojos de su doble corazón, el corazón de Isis y el corazón de Poimandres, podrá ver claramente lo que le queda por hacer.

La fuerza de luz de la Gnosis, el elixir vital de la salvación, penetra constantemente en el alumno y actúa sin cesar en su sistema. Sin embargo, esta fuerza de luz es siempre corrompida por el azote de la ignorancia. Cuando, por ejemplo, asiste a una conferencia durante algunos días en uno de nuestros focos gnósticos, es cargado con esta fuerza de luz que va a vibrar durante algún tiempo en su sangre, en su ser, aunque muy rápida y fácilmente, sin que se dé cuenta, se encontrará de nuevo absorbido por el mal de la ignorancia y anclado a la tierra.

Es así como la fuerza de luz se pierde a causa del azote de la ignorancia, y puede ocurrirle, y sucederá, que la lámpara de su vida carezca de aceite puro justo en el momento en que sea necesario. Ciertamente, no es impensable que en un futuro resuene cada vez más en su vida la llamada: «¡Id al encuentro del esposo!» Entonces deberá demostrar que lleva el vestido de las bodas. Al respecto, reflexione en la parábola de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias. Las prudentes poseían suficiente aceite para sus lámparas, mientras que las necias, en el momento psicológico, carecían de él. Esto es válido para todos. A quienes deseen entrar en la sala de las bodas, como invitados bienvenidos, se les dice: «Vela, pues no sabes ni el día ni la hora».

 

 

IV

Las cadenas de la sangre

En la Epístola a los Romanos, capítulo 7, leemos:

«Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido al pecado. Y no me explico lo que hago; no hago nada de lo que quiero, sino lo que aborrezco. Si, pues, hago lo que no quiero, reconozco que la ley es buena. Pero entonces ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que mora en mí. Pues yo sé que no hay en mí, es decir en mi carne, cosa buena: tengo la voluntad, pero no el poder de hacer el bien. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo el que lo hago, sino el pecado que mora en mí.

Encuentro, pues, en mí esta ley: cuando quiero hacer el bien, el mal está ligado a mí. Porque me complazco en la ley de Dios, según el hombre interior; pero veo en mis miembros otra ley, que lucha contra la ley de mi entendimiento y que me encadena a la ley del pecado, que está en mis miembros. ¡Desdichado de mí! ¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte? A Dios gracias, esto sucede por Jesucristo nuestro Señor.»

 

Queremos profundizar ante el hecho de que quien no ha renacido según el alma, quien no ha podido elevar la fuerza de luz de la Gnosis al corazón celeste, es decir, al espacio abierto detrás del hueso frontal, se encuentra constantemente en la ofuscación y, por lo tanto, en estado de embriaguez en lo que se refiere a su estado de conciencia y a su estado de vida.

Hermes denomina a la sustancia narcotizante que causa todo esto el azote de la ignorancia. Este azote cubre toda la Tierra y corrompe cualquier posibilidad de desarrollo del alma en el cuerpo. La sustancia narcótica es, pues, atmosférica. Tal como dijimos, se encuentra en nuestra sangre, incluso en cada átomo de nuestra personalidad, excepto en los órganos de la cabeza y del corazón, al menos en aquellas partes que todavía no están completamente sojuzgadas por la naturaleza de la muerte.

El azote de la ignorancia también intenta desconectar la cabeza y el corazón de su elevada vocación, y someterlos. Pero si todavía no es su caso, si gracias a la seriedad de su alumnado todavía no ha franqueado el punto fatídico, el azote de la ignorancia conseguirá únicamente ofuscar un poco las partes vitales del corazón y de la cabeza para impedir, para neutralizar una actividad realmente positiva en el sentido liberador. Así pues, el hombre llega a una posición forzada, como lo describe Pablo de forma impactante en la Epístola a los Romanos, capítulo 7: En virtud de la luz que me toca, me dirijo hacia esa luz y quiero hacer el bien, pero la fuerza que aparece en mis miembros, en mi sangre, me domina y, en consecuencia, hago el mal.

Está claro que la Gnosis Universal de Hermes no le diría “vuélvete sobrio” a un hombre fundamental y estructuralmente dominado por ese azote, pues el pobre desgraciado ya no puede serlo. Hermes amonesta a los hombres ofuscados: ¡volveos sobrios: Y si no todos podéis, al menos los que seáis capaces! ¡Que cada uno se dé por enterado antes de que su ofuscación le hunda en un estado definitivo e irreparable de anormalidad!

 

Resultará evidente que, en el gran período de cambio de rumbo, esta llamada debe ser repetida enérgicamente: ¡Deteneos, volveossobrios: mirad de nuevo con los ojos de vuestro corazón! ¡Vomitad las palabras de ignorancia con las que os habéis embriagado, salid de esa situación! ¡Y si no todos podéis, al menos los que seáis capaces! No esperéis a los demás. ¡Realizad el nuevo acto liberador de manera espontánea!

Es posible que ciertos alumnos crean que estas bellas palabras y este deber magnífico sólo conciernen a quienes todavía se encuentran fuera de la escuela gnóstica de los misterios. Éste es su razonamiento: «Esas palabras no están dirigidas a nosotros, puesto que ya hemos reaccionado a la llamada de la Gnosis y formamos parte de la escuela de los misterios».

¡Ojalá fuera cierto que todo esto no les concerniera! Al lanzar esta llamada, Hermes no se dirige a la multitud, como tampoco Pablo se dirige a los hombres en general en su Epístola a los Romanos. No, los dos se dirigen a un grupo escogido. Dirigiéndose a ese grupo, Hermes dice con insistencia: Y si no todos podéis, en tanto que grupo, al menos los que seáis capaces.

Dirigirse así a la multitud sería completamente absurdo; no lo comprendería y, sobre todo, la pondría furiosa. Imagínese usted que se dirigiera así al tipo de hombre occidental que se considera superior, habituado desde su nacimiento a formarse intelectual y místicamente, completamente centrado en la manipulación de la materia, que se afana febrilmente día y noche en el terreno social, económico y político; imagínese que le dice a un hombre de este tipo: «¡Está ofuscado, vuélvase sobrio, conviértase!». Tal llamada dirigida a la multitud no tendría ningún sentido en Occidente, donde la palabra «Dios» y el nombre de «Jesucristo» son pronunciados innumerables veces cada segundo, en múltiples actividades místicas.

Por esta razón, quienes intentan liberarse seriamente del dominio de la naturaleza de la muerte, sufren la intensa intervención del azote de la ignorancia. Sin embargo, quienes se mantienen en la naturaleza sin darse cuenta de la ofuscación e involuntariamente se dejan llevar por la violencia de la corriente, son tan genuinos y auténticos como es posible: están completamente unidos a la naturaleza.

 

Cuando usted, debido a su orientación gnóstica, intenta sustraerse al azote de la ignorancia que está presente en su sangre, desencadena un gran peligro. Esta tensión origina un gran peligro en su vida, porque si no reacciona de forma muy radical con respecto a sí mismo, seguirá en un estado de anormalidad. Y en una época como la nuestra, incluso se volverá más anormal que el hombre natural medio. El hombre natural, como se ha dicho, se pierde completamente en la ilusión de la naturaleza, porque está unido a ella. Pero también es posible que usted, aún creyendo ser un gnóstico, se pierda en esa ilusión de la naturaleza. Por esta razón, le repetimos: «Sea sobrio, muy sobrio, examínese profundamente».

En el sistema del corazón y de la cabeza circula su sangre, el río de muerte que ensombrece y encierra todas las partes vitales del corazón y de la ciudad de jade, de forma que no hace el bien que querría hacer en virtud del toque de luz de la Gnosis, sino que a menudo hace lo contrario y practica el mal. Así corrompe el cuerpo y, aunque el nuevo campo astral se extiende sobre el reino gnóstico, el puerto de la salvación sigue estando lejos de usted. De esta forma, sufre continuamente el azote de la ignorancia. Es retenido sin cesar, casi siempre por su tipo sanguíneo, por su sangre que le narcotiza y le ofusca, aunque no sea consciente de ello ni lo haga deliberadamente, ni porque sea extremadamente malo. En esto reside toda la dificultad.

 

En virtud de su nacimiento natural, vive en un país enemigo, y por ello su yo se ocupa de su conservación. Por todas partes encontramos odio, disputa, discordia e individualismo exacerbado. Su sangre está perfectamente adaptada a este estado de cosas: su conciencia natural debe amoldarse a ello. Por su tipo sanguíneo, el tipo hereditario de su familia, conoce y adopta ciertos criterios. Encuentra esto bueno, aquello malo, esto positivo, aquello negativo; tiene criterios precisos de las acciones correctas o incorrectas; por lo tanto, posee ciertos puntos de vista sobre muchas cosas y, en consecuencia, simpatías y antipatías.

Pero sucede que su concepto de lo bueno y de lo malo, de lo positivo y de lo negativo, de lo que es correcto o incorrecto, sus principios personales difieren totalmente del de otros. Todo esto no es más que una especie de cultura privada. Cada uno vive y actúa de acuerdo con ella y, por esta razón, entra en conflicto.

No obstante, usted ha encontrado la escuela y aspira a un nuevo estado de vida, el estado de alma viva; ha llegado a conocer esta vida tan diferente por medio de la doctrina de Hermes, por la enseñanza gnóstica, por la vida de los Grandes. La luz de la Gnosis, que quiere conducirle al puerto de salvación, viene hacia usted, penetra en usted.

Pero usted se halla en la realidad de la vida. En ella los hombres le hablan y les ve actuar, observa sus actos, su apariencia. Cuando una persona no le gusta, el fuego impío se aviva con furia en su interior. Su forma de hablar y de actuar, sus hechos y gestos, incluso su sola presencia, se oponen a su tipo sanguíneo, entran en conflicto con su cultura privada, con su cultura sanguínea. Enseguida su conciencia se ofusca. Su tipo sanguíneo se expresa con toda su fuerza. La antipatía que el otro despierta en usted hace que el azote de la ignorancia hierva en su sangre. Le atenaza hasta en lo más recóndito de su ser y usted, como consecuencia, se resiste y combate contra esa otra persona con palabras, pensamientos o actos. Permítanos decirle que entonces se vuelve un hombre-animal primitivo.

En esa ofuscación, en ese estado de embriaguez, no puede actuar de otra forma. En ese momento, es un animal carente de razón y si todavía no lo ha comprendido lo descubre en los resultados, pues de esta manera crea irrevocablemente la discordia. Ya no hay paz en usted ni a su alrededor. La tempestad que gobierna su sangre levanta a veces olas muy altas con efectos desastrosos. En un momento dado ya no entiende nada y, dirigiéndose a una tercera persona dice: “¡Por qué reacciona así, si mis intenciones eran buenas!” Sí, según sus propios criterios y su cultura sanguínea, tenía buenas intenciones, pero su forma de actuar proviene de su interior, pudiéndose comparar a la de un depredador que se arroja sobre su presa ronroneando y, mientras agita la cola, le hinca sus afilados dientes en la garganta.

Así, por el azote de la ignorancia, experimenta continuamente su ofuscación, su embriaguez, en un estado de pura demencia, de gran estupidez; aunque al mismo tiempo, y esto lo añadimos sin titubear, lleva en el rostro la señal de la filiación divina. A pesar de que en usted resplandece la filiación divina, reniega de la luz. Por esta razón, Hermes Trismegistos increpa con duras palabras:

 

Rasgad primero las vestiduras que lleváis: tejidas de ignorancia, causa de calamidades.

 

Si no lo hace, su alumnado no tiene ningún sentido. Si no cambia su tipo sanguíneo, seguirá siendo el hombre que siempre fue:

 

Cadenas de corrupción, prisión tenebrosa, muerte viviente, cadáver dotado de sentidos, tumba que lleváis con vosotros, saqueador que habita en vuestro interior, que por lo que ama os muestra su odio y por lo que odia os envidia.

 

¡Esto es lo que hay que aniquilar! Hermes le suplica que vea claramente las trampas que el azote de la ignorancia le prepara:

 

Tal vestido hostil que os envuelve y os asfixia, os atrae abajo hacia él para que, ya no viendo, no podáis contemplar la belleza de la verdad y del bien contenido en ella, y así no odiéis su malicia ni descubráis sus tretas y vilezas. Pues él insensibiliza vuestros sentidos, encerrándoos en una sobreabundancia de materia y colmándoos de delicias impías, para que no podáis oír lo que tanto necesitáis oír y no veáis lo que tanto necesitáis ver.

 

 

¡Éste es un lenguaje claro! Por esta razón, no lo malinterpretemos: de la misma forma que existe un dios en usted, en su microcosmos, también existe el mal en usted, y por este mal reniega del dios que yace prisionero en su microcosmos. Acéptelo, aunque no sea agradable ni tan siquiera pensar en ello. Acepte el hecho de que el azote que sufre proviene de su interior y no del exterior. Comprenda que, sin su cooperación, nadie puede hacerle daño. El mal que se manifiesta en usted y el mal que otra persona le hace, están en total concordancia con las fuerzas del mal que viven en usted.

El mal está en todos; es propio de la personalidad. Le puede gobernar y le gobernará. Y, por desgracia, siempre que actúe con su cultura sanguínea le dará satisfacción. Si no actúa en usted muy drástica y radicalmente, permanece en la misma situación que lo arrastra y lo mantiene en el fondo. El río de la vida debe fluir a través de la ciudad de jade, a través del santuario de la cabeza, para que el poder de los sentidos se vuelva receptivo a la luz, la materia se disipe y desaparezcan las delicias impías.

Hermes no se refiere aquí a la vida licenciosa ni al desenfreno sexual. No plantea esta cuestión en un discurso tan profundamente serio. En holandés antiguo, la palabra “delicias” tiene dos significados, como en el Salmo 36: «Beben en el torrente de tus delicias», y en otra parte: «Dios tiene en nosotros sus delicias».

En este caso, las delicias impías se refieren concretamente tanto a las propias acciones y pensamientos que emanan del tipo sanguíneo como al placer y a la satisfacción que se obtiene de ellos. Quien se entrega a su tipo y a su cultura sanguínea está sensorialmente prisionero, hace el mal creyendo que hace el bien y está satisfecho de ello. Tal es la embriaguez fatal de los placeres impíos. No se le puede reprochar a Hermes Trismegistos que no lo diga con claridad.

Si comprende profundamente que el azote de la ignorancia es inherente al estado de ser de la naturaleza y lleva consigo la ofuscación de la conciencia que caracteriza la vida dialéctica, entonces se preguntará: ¿cómo puedo escapar de este estado?

 

V

Karma-Némesis

y el camino de la liberación

 

 

¿Cómo podemos liberarnos de las garras del tipo sanguíneo y de la correspondiente ofuscación de conciencia? Hermes responde en estos términos:

 

No os dejéis arrastrar por la violencia de la corriente, sino que quienes podáis alcanzar el puerto de la salvación, utilizad la contracorriente para entrar en él. Buscad a Aquél que os llevará de la mano y os guiará hacia las puertas de la Gnosis, donde brilla la clara luz en la que no hay tinieblas; donde nadie está ebrio, sino que todos están lúcidos y elevan la mirada del corazón hacia Aquél que quiere ser conocido.

   Pero sabedlo bien: nadie puede oír su voz ni pronunciar su nombre, ni tampoco los ojos de la carne pueden contemplarle. Sólo el alma-espíritu es capaz de hacerlo. Por lo tanto, rasgad primero las vestiduras que lleváis: tejidas de ignorancia, causa de calamidades, cadenas de corrupción, prisión tenebrosa.

 

Así pues, ¿debemos buscar un profesor, un maestro, un adepto, que nos tome como alumno según la fórmula utilizada habitualmente por doquier en esta naturaleza? ¿Debemos seguir fórmulas que implican lazos personales? ¿Debemos buscar a alguien a quien podamos seguir como si se tratase de una autoridad?

¡No! Se trata de Aquel que sólo podemos ver con el alma-espíritu, aquel cuya voz no puede ser percibida por el sentido del oído y cuyo nombre no puede ser pronunciado. Es Aquel que no puede ser contemplado con el sentido de la vista, ni tampoco nos es revelado por método alguno de la esfera reflectora. Es aquel al que llamamos Poimandres, su álter ego, el otro, el espíritu. Ese guía, imposible de encontrar en el plano horizontal de la dialéctica, es el que tiene que buscar. Él quiere tomarle de la mano. Sólo podrá sentir, contemplar de forma muy especial a ese otro, a través del alma-espíritu, la unidad de la conciencia del espíritu y del corazón purificado por la Gnosis.

Cuando abre su corazón a la luz de las luces, la rosa del corazón se despliega, y su color y su perfume le consuelan. Si sigue esta luz, en concordancia con su naturaleza y su objetivo, y por lo tanto logra introducirla ─a través de todos los obstáculos─ en el sistema circulatorio a pesar de la corriente sanguínea ofuscadora, entonces, como ya hemos explicado en detalle, el núcleo de la luz podrá establecerse en el corazón celeste, en la cavidad situada detrás del hueso frontal. A continuación, podrá preparar de la manera correcta esta “cámara alta”, esta sala púrpura de la ciudad de jade. Y, en ella, Poimandres, resucitado de su sueño de muerte, ocupará su lugar en el trono y celebrará con usted la Santa Cena.

En realidad, la celebración de la cena sólo tiene sentido cuando puede ser realizada en la cámara alta. Poimandres, el dios en usted, le conducirá a continuación a las puertas de la Gnosis, a las puertas de la Cabeza de Oro, de la que irradia la clara luz en la que no reinan las tinieblas; donde nadie está ebrio, donde todos están perfectamente sobrios.

 

Si desea franquear estas puertas, si quiere liberar el reino en usted, primero tendrá que rasgar el vestido de la ignorancia, el vestido de la negación cotidiana. Ésta es la tarea fundamental de todo alumno de la Escuela Espiritual. Por ello, si verdaderamente quiere conseguirlo, ejecútela cada día. Tiene que neutralizar su propio tipo sanguíneo, su propia cultura sanguínea y, por lo tanto, su individualismo dialéctico, a partir del cual se explica todo su carácter y todos sus actos e inhibiciones, para que así cambie de día en día.

 

Debido a su conducta habitual diaria, por sus actos rutinarios que se explican a partir de su tipo sanguíneo, usted reniega del dios en su interior. No nos referimos a conductas excepcionales, a cosas particularmente malas, sino a su comportamiento ordinario de todos los días, el cual se explica por su carácter, su naturaleza, su tipo sanguíneo. El comportamiento es la fuerza nuclear del pecado, la causa de lo más monstruoso, dice Hermes. Y cuando, en la Escuela de la Rosacruz de Áurea, le hablamos de la endura, de la neutralización del ego de la naturaleza, de la transfiguración disolutiva en el otro, no se trata de una enseñanza manifiesta, evidente, de un medio cualquiera para alcanzar la meta; no, todo esto tiene un sentido extremadamente profundo que implica a su ser sanguíneo. Usted no puede rechazar, por una decisión de la voluntad, el mal de la negación que proviene de su tipo sanguíneo diciendo: «No lo haré más». No, esto requiere una lucha ardiente, pues su tipo sanguíneo está totalmente unido al universo dialéctico.

El azote de la ignorancia, el mal de la negación, es atmosférico; por lo tanto, está unido al ser y a las leyes del universo dialéctico. Si quiere comprender bien esto, puede dejarse aconsejar por el cuarto libro del tesoro hermético.

 

Leemos allí que antaño, antes del alba de la creación, el espacio inmenso del séptimo plano cósmico, el llamado «el jardín de los dioses», era una infinita oscuridad, en el sentido de lo no creado, del caos o, como dice la Biblia, «el abismo».

En estas tinieblas, sólo existía el agua de la vida, la sustancia raíz, Abraxas, que quiere decir: las propiedades del espacio. En el día de la creación, la sagrada luz surgió de las tinieblas, las propiedades de la sustancia primordial se liberaron, y las múltiples fuerzas naturales denominadas por Hermes «dioses» o «rectores» se separaron de la naturaleza de las tinieblas. En el campo del espacio sin formar, se hicieron perceptibles y sensibles siete fuerzas, siete emanaciones, los siete rayos del espíritu séptuple de la manifestación universal, gracias a los cuales Dios, el Logos, está unido a su creación y a su criatura.

Es evidente que, bajo la influencia de los rayos de la luz séptuple en su ilimitada multiplicidad y variedad de formas, toda la creación se desplegó luciendo un vestido suntuoso de colores y formas, mientras que el universo, ordenado por el aliento del creador, era mantenido en movimiento por la corriente circular de las radiaciones espirituales divinas. Las fuerzas planetarias, los espíritus planetarios y sus sistemas crearon por su propia fuerza lo que les había sido encomendado. Así, por ejemplo, en nuestro planeta se desarrollaron los diferentes reinos naturales.

Por diferentes que fueran las formas, la semilla del renacimiento fue enterrada en todas las cosas. En esa vida que se desarrolló por doquier, generada por las radiaciones universales del espíritu a partir del grandioso jardín de los dioses, debía despertar aquello de lo cual un día nació, es decir, el propio espíritu universal.

De esta forma, del seno de la eternidad, nacieron las entidades que en el pasado fueron llamadas, en el verdadero sentido de la palabra, «hombres». En holandés, la palabra «hombre» se escribe «mens»*, la cual deriva de «Manas». Manas significa «pensador», conocedor de la verdad y de la sabiduría divinas, el que conoce todo el plan de Dios.

A estas entidades, a estos hombres del comienzo, se les encomendó que cumplieran las leyes divinas en el vasto universo del séptimo plano cósmico, que ejecutaran las obras divinas; que transformaran en realidad el conocimiento del plan divino, con ayuda de aquello que las creaciones de los dioses naturales, los rectores, habían puesto a su disposición. En el jardín de los dioses todo fue puesto a disposición de los hombres. Les fue dado multiplicarse por división del espíritu, lo que significa, como dios que emana de dios, como espíritu que surge de espíritu. Así, todo el universo del séptimo plano cósmico fue colmado de magnificencia.

En la naturaleza existe una ley general que une todo el vasto universo, que agrupa en un solo poder las numerosas creaciones, fuerzas, movimientos y fenómenos. Esta ley natural es una fuerza clave inmensamente poderosa. A esta fuerza original, a esta ley fundamental de la creación, se la conoce en la mitología como “Némesis”. Ello significa que esta fuerza original es y permanece inalterable, inviolable. Por esta razón, el pensamiento griego la representaba como la diosa de la justicia vengadora, que persigue cada desviación y cada delito.

Esta fuerza original del universo también es denominada «karma», la cual, en tanto que principio, es absoluta e inalterable. Por este motivo, en la Enseñanza Universal se dice que «Karma-Némesis», tal como se la denomina, «crea pueblos y almas de seres mortales. Pero una vez creados, son ellos mismos los que hacen de Karma-Némesis una furia que castiga o un ángel que recompensa. Sabio es, en verdad, quien honra a Némesis».

Esta fuerza original del universo, en tanto que Logos de la naturaleza, en su intransigencia inquebrantable, cuida con absoluta seguridad el gran plan de Dios. El espíritu divino proyecta un plan en el abismo; la fuerza del espíritu despierta las fuerzas de la naturaleza, el universo se pone en movimiento y se manifiesta. Y entonces aparece el órgano de control, Némesis, la guardiana del plan de Dios. Una fuerza implacable, de la que no emana ninguna sabiduría, ni bien ni mal, nada positivo o negativo. Una fuerza que preserva únicamente la voluntad del Logos, a pesar de todas las influencias que desvían y contrarían. Considerándolo bien, ¡qué maravilla tan sorprendente! El plan divino se mantiene eternamente firme, es inatacable y se cumplirá.

Sin embargo, al mismo tiempo, ¡qué inmenso peligro yace encerrado! Cuando transgredimos la ley de Némesis y nos corrige, ella interviene como vengadora, como destino. Bajo esta última apelación es como más la conocemos en la vida dialéctica: la fatalidad, el destino ciego. Por este motivo, es representada como una diosa con los ojos vendados.

Tel vez comprenda ahora lo que sucedió en un pasado lejano. Una parte de la humanidad abandonó la sabiduría del espíritu y comenzó a experimentar de forma arbitraria. Némesis apareció inmediatamente para rectificar: Dios no puede dejar perecer la obra de sus manos. La ley natural rectificadora actuó; así el fuego impío se encendió en el vasto universo. El fuego del destino respondió a la transgresión de la ley. En ese momento crucial, el hombre fue separado del espíritu. En tal estado, de hombre, de Manas, de pensador, sólo le quedó el nombre. Carente de sabiduría, servía a los diferentes dioses de la naturaleza.

Cada uno de estos dioses, es decir, cada una de estas fuerzas naturales planetarias, cumplen su propia misión creadora sin que puedan hacer otra cosa. Dado que las fuerzas planetarias sirven a la humanidad, podrá imaginarse que la humanidad degenerada provoca continuamente desequilibrios en las relaciones planetarias que son corregidas por el destino, por Némesis. De esta forma los mundos perecen por el fuego; así es como la impiedad invoca más impiedad y fuerzas contranaturales. Así, en la vida, el hombre se encuentra en una atmósfera de maldad, en la atmósfera de la maldad de la ignorancia: la ignorancia sobre el estado humano original. Por consiguiente, cada microcosmos posee en su ser aural una cuenta no saldada con el destino, con Némesis, la cual tendrá que pagar hasta el último céntimo. Y cuando el hombre termina de pagar esta cuenta, en el curso de su destino a través de la naturaleza de la muerte, la mayoría de las veces contrae inmediatamente nuevas deudas. ¡Qué bien conocemos todos a Karma-Némesis!

¿Cómo escapamos del circuito de los condenados? Némesis no nos ayuda. Nunca lo ha hecho, no puede hacerlo. Sólo corrige. Se

venga, pero sin odio.

Sin embargo, existe una vía de liberación. La Escuela Espiritual actual aprovecha cada ocasión para hablarle de ello. Al hacerlo no predica, no tiene propósitos edificantes, no presenta ninguna doctrina. No, le advierte continuamente de que si quiere liberarse de su circuito fatal, tiene que recorrer realmente el camino de la liberación. Debe comenzar por rasgar el vestido del azote de la ignorancia, por medio de la neutralización de su tipo sanguíneo. Éste es el punto crucial.

Se le indica otra vez el camino universal de la liberación. ¡Sígalo! Para empezar rasgue el vestido de la negación diaria que lleva puesto. Si lo hace, está en camino de hacer las paces con Némesis, la diosa de la justicia vengadora.

 

VI

La realización del plan de Dios

 

 

Coloquémonos una vez más ante Némesis, la diosa de la justicia vengadora; la diosa, la ley de la naturaleza, a la que en nuestro mundo acostumbramos a llamar destino; la diosa con la que nosotros, al igual que nuestros semejantes, todavía tenemos una cuenta que saldar. La relación de las cantidades adeudadas, cuyo pago se nos exige permanentemente, nos llega sin cesar y mantiene una esfera activa en nuestra sangre, en toda nuestra vida: fatalidad, amenaza, sufrimiento y desdicha, debilidades, enfermedad y muerte. Pese a ello, Némesis, la diosa con los ojos vendados, no siente ningún placer sádico al acosarnos, sino que nos corrige de forma impersonal y continuará haciéndolo hasta que volvamos al camino de la verdadera humanidad.

Si reflexiona sobre todo esto, probablemente podrá imaginarse qué sufrimiento inexpresable se soporta en este planeta, qué desdicha se extiende sobre toda la Tierra, qué miseria colma todos los reinos de la naturaleza. Sí, la totalidad del planeta en el que habitamos sufre de manera insoportable y ¡el fuego de Némesis sigue ardiendo!

Ahora es el momento adecuado de mostrarle la inconfundible orientación de la Gnosis Universal entre todas las orientaciones conocidas en este mundo. Generalmente preguntamos: «¿Qué es usted? ¿Cuál es su religión? ¿Qué le interesa? ¿Cuáles son sus aficiones? ¿Le atrae la filosofía o el ocultismo?» Hablamos así, ¿no es cierto? Y lo hacemos porque estamos bajo el azote de la ignorancia, porque los vehículos de la personalidad y el estado de ser están completamente cristalizados. Porque nuestra individualidad ya no posee la mínima apariencia, ya no es ni la sombra del esplendor del hombre original verdadero. Por esta razón, en medio de los dolores y sufrimientos humanos más atroces, intentamos ocultarnos detrás de este pasatiempo.

Sin embargo, tenemos que comprender que para satisfacer las exigencias de Némesis, para estar en paz con ella, sólo hay un camino, un método: el método, el camino de la Gnosis Universal. ¡No existe otra solución! La Gnosis no sólo le pide que celebre un culto determinado o permanezca sentado en un templo con aire serio; ni que sea miembro fiel de un grupo, rece u observe recomendaciones y ejercicios. La Gnosis no le demanda únicamente su interés, sino que le pide todo su ser, quiere que recorra el camino o que no lo haga. ¡Todo o nada!

Pero, ¿todavía es posible llegar a estar en paz con Némesis, con la ley original de la naturaleza universal? ¿Acaso la degeneración general no ha avanzado tanto como para impedir su restablecimiento?

Visto objetivamente, si éste fuera el caso, su vida sería extremadamente trágica y dramática. Decimos “objetivamente” porque usted ya no sentiría, ya no experimentaría ni lo trágico ni lo dramático. Tomaría la vida tal cual es, como lo hacen tantos hombres. Como todos, seguiría la ley de la conservación, la ley que le obliga a defenderse con uñas y dientes. Consideraría y aceptaría el dominio de Némesis como una evidencia, con la argumentación: “¡Así es la vida!”.

Si éste fuese su caso, la Gnosis no tendría nada que decirle, jamás tendría nada que decirle. Pues usted ya no podría salir de su ofuscamiento, ya no podría ser lúcido. La Gnosis debería esperar a su muerte, a la disolución total de su personalidad en el microcosmos. Y cuando, llegado el momento, el microcosmos estuviera de nuevo en posesión de otra personalidad, repetiría el intento de tocar a esa personalidad. Pero, ¡cuánto tiempo pasaría antes de que esto ocurriera de nuevo! Por eso dice Hermes que reaccionen al menos quienes todavía están capacitados.

 

Una escuela espiritual gnóstica reúne, fundamentalmente, a quienes «sufren en el ego»*, como ya se ha expresado alguna vez. En todo lo que precede hemos dicho cosas que tal vez le hayan dolido. La cuestión es saber si le hemos herido hasta hacerle «sufrir en el ego». Muchos experimentan sufrimientos insoportables, pero más fuerte que cualquier dolor gime el ego, el yo dialéctico, que intenta por cualquier medio huir de lo insoportable. Y cuando la Escuela dice verdades que hacen daño al ser natural, para conducir al alumno al entendimiento liberador, quizá algunos endurezcan su yo contra las indicaciones de la Gnosis, intentando escapar así del dolor.

Cuando decimos que muchos «sufren en el ego», queremos decir que están llenos de dolor y carentes de perspectiva, en todos los aspectos del yo y de la conciencia, incluso en el estado dialéctico más elevado. Este tipo de hombre experimenta hasta tal punto el desarrollo de las cosas dialécticas como una tragedia, como un drama, como absolutamente inhumano, que se rebela y busca una salida. Quizá no sabe nada respecto a una Némesis correctora, pero intuitivamente concibe que la orientación general de la vida es absolutamente errónea.

Entonces, al sufrir en el ego cada vez más, empieza a buscar el camino y cuando lo encuentra ya no duda, lo sigue directamente, por completo, aceptando todas las consecuencias. Experimenta que el camino es la solución, la única posibilidad, el regreso feliz al Padre.

Si tal es su caso, las últimas palabras del cuarto libro le conciernen:

 

Al principio, su camino consiste en adquirir experiencias y tener conciencia de que su destino depende de la marcha circular de los dioses.  Al final, ellos se liberan y dejan en la Tierra grandes monumentos que evocan las sublimes obras que realizaron como liberados.

   Todo lo que, en el transcurso de los tiempos, mancilla y ensombrece, como el nacimiento de criaturas de carne provistas de alma, la generación a la manera del animal joven, la mayoría de las obras humanas, todo esto que hace decrecer*, será regenerado par el Destino, por medio de la renovación de los dioses y de los ciclos de la naturaleza cuando alcancen el número perfecto.

   Lo divino es el todo cósmico fundido hasta alcanzar la unidad, renovado por la naturaleza que también está anclada en la omnipotencia de Dios.

 

Intentemos analizar estas palabras para que, tras haber tenido que exponer todas esas graves situaciones y hechos angustiosos, pueda obtener un punto de apoyo y una visión clara del camino que la Joven Gnosis recorre con sus alumnos.

Ha de comprender que no se trata de adquirir experiencia y sabiduría en el sentido corriente de la palabra. El santuario de la cabeza y el santuario del corazón son la sede de una vida muy especial, muy peculiar. Es una vida que tal vez dormita todavía, pero que no obstante está presente. Su corazón séptuple, en tanto que madre de Isis, puede manifestar esta vida, vivir esta vida, entrar en esta vida. Y cuando entra en esta vida, su corazón celeste en el santuario de la cabeza, la cámara púrpura de la ciudad de jade, puede participar en la única sabiduría que es absoluta.

Puede emprender inmediatamente ese nacimiento de Belén y conseguir esa victoria del Gólgota, si acepta rasgarse inmediatamente el vestido de la ignorancia, el vestido de la negación, su ser sanguíneo, el hábito de su cultura sanguínea, tras el cual se refugia como si se tratase de los muros de una fortaleza. Todo su carácter, toda su manera de pensar y actuar, su esencia nacida de la materia, deben ser sacrificados. Ésta es la causa delazote, las cadenas de corrupción, la prisión tenebrosa, la muerte viviente, el cadáver dotado de sentidos, la tumba que lleva con usted por todas partes. Hay que neutralizar radicalmente, comenzando de inmediato, todas las consecuencias de sus conflictos con Némesis, vengan de usted o de quienes le precedieron en el microcosmos.

La nueva mañana le saluda. El nuevo reino gnóstico se ha hecho realidad y se manifiesta en una vivencia poderosa que crece continuamente. ¿Quiere participar en ella? ¿Quiere pertenecer a ella? Puede hacerlo si dispone de un estado de ser completamente nuevo. Puede hacerlo cuando haya abierto de par en par las puertas de la vida que todavía dormita en usted.

Por este motivo hemos colocado ante su conciencia, con toda franqueza, estas palabras. Se trata de que esté preparado a tiempo para las bodas que se celebrarán, las bodas del Cordero, las bodas alquímicas de nuestro Padre y Hermano Cristián Rosacruz. Abra el corazón séptuple a la luz de la Gnosis. Intente, lo más rápidamente posible, que circule esta luz en usted por una atención constante y orientada. Viva de una forma nueva con todos sus semejantes. Al hacerlo, al hacer circular la luz, Poimandres, liberado, se levantará de su tumba y ocupará su lugar en el trono del corazón celeste. Desde ese instante, el espíritu, el dios en usted, tomará las riendas de su vida.

Comprenda sobre todo que no le estamos dando un sermón, que no queremos presentarle una vez más nociones de nuestra enseñanza, sino que se trata de que entienda y guarde conscientemente este saber en usted: Que ha llegado el tiempo del cumplimiento, el tiempo de la cosecha de este período. Si quiere recorrer el camino de la Gnosis, tiene que restablecer la armonía entre usted y Némesis, entre usted y la ley original de la naturaleza del jardín de los dioses. Ésta es la única forma de romper el círculo de la marcha de los eones, de los dioses de la naturaleza; el movimiento circular en el que se halla prisionero. Los eones de la naturaleza permanecen, existirán hasta la eternidad y continuarán cumpliendo su tarea. Sin embargo, si logra estar en armonía con la ley original, los eones de la naturaleza, todas estas fuerzas que le rodean, que le oprimen y le mantienen prisionero, serán desprovistos de su perniciosa influencia y del gran conflicto entablado contra usted.

La renovación de los tiempos no sólo tiene lugar en épocas determinadas, siguiendo el curso de los siete rayos en el mundo, sino que puede producirse directamente, en cada instante, para cada hombre que verdaderamente busca y encuentra la única vía, la única sabiduría, y vive en armonía con Némesis. ¡Observe las consecuencias que ello aporta!

 

La filosofía hermética le permite ver con perspectiva las consecuencias que se producen cuando un grupo cada vez mayor de hombres, con usted entre ellos, recorre el camino de la liberación y del restablecimiento. Cuando accede al mundo del estado de alma viva es directamente liberado de la rueda del nacimiento y de la muerte. El alma ya no estará ligada a la carne de la naturaleza dialéctica, de forma que, cuando muchos sean liberados de la rueda de la vida y de la muerte, se reducirán los nacimientos de almas encarnadas, así como el mantenimiento natural del género humano y todas las actividades inherentes.

La Tierra, planeta oscuro por sus características dialécticas, se despoblará progresivamente. Puesto que la naturaleza tiende siempre a satisfacer las necesidades de sus criaturas, al comienzo de este período, en cuanto se haya alcanzado el número perfecto de ciclos de la naturaleza, el planeta entrará en un período de reposo, un período de restablecimiento, de equilibrio con el Logos. Toda la materia tosca desaparecerá junto con todo lo necesario por imperativo natural.

Si recorre el camino, si lo sigue en grupo, este desarrollo se acelerará. El Destino renovará los eones naturales y el movimiento circular de la naturaleza retomará su curso, pero de otra forma. Nuestro planeta madre se despertará regenerado de este período de reposo y de desaparición de lo antiguo. Toda la Tierra alcanzará de nuevo el equilibrio con la ley original, con Némesis, la diosa de la justicia divina.

Así, en nuestro oscuro planeta, en sus oscuros habitantes, el plan de Dios se cumplirá como corresponde. La Tierra volverá a ser la Tierra Santa, un lugar de trabajo divino, en sentido absoluto, del que la Biblia dice: «La Tierra entera será colmada por la magnificencia de Dios».

Los nacimientos y las obras divinas en la Tierra serán restablecidos en el sentido absoluto del término. Ya no serán almas encarnadas en el sentido dialéctico, sino entidades de almas vivas que heredarán y poseerán toda la Tierra con el fin de consagrar este lugar de trabajo completamente a su misión y utilizarlo para su tarea.

Todo lo que, en el transcurso de los tiempos, mancillaba y producía sombras, todo lo que provocaba conflictos a la misión divina, se convertirá en algo nuevo y, por medio del Destino, por la renovación de los dioses y del movimiento circular de la naturaleza, volverá a estar en equilibrio con el Logos.

 

Lo divino es el todo cósmico fundido hasta alcanzar la unidad, renovado por la naturaleza que también está anclada en la omnipotencia de Dios.

 

 

 

VII

El clamor del corazón de la Gnosis Universal

 

 

De lo tratado hasta ahora se desprende por qué, según la expresión bíblica, reina la alegría en el cielo cuando un pecador se convierte. Pues cuando la humanidad caída retoma los antiguos caminos de la salvación y busca de nuevo la vida y la sabiduría; cuando la humanidad encuentra esta vida y esta sabiduría, ¡la naturaleza dialéctica ya no tiene razón de ser! Después de un período de reposo y de restablecimiento del cosmos terrestre, esta naturaleza desaparece completamente, de forma que la totalidad del séptimo plano cósmico puede llamarse de nuevo, en toda su extensión, el jardín de los dioses. Para ello, la Gnosis es el camino, la verdad y la vida.

Intentemos concebir con profundidad el significado inmenso de los valores con los que nos confronta la filosofía hermética. El camino de la Gnosis no significa únicamente su propia liberación, sino, al mismo tiempo, la del mundo y de la humanidad. Por esta razón, consideremos las palabras de Pablo en su Epístola a los Romanos, capítulo 8: «Porque la creación aguarda con anhelante espera la manifestación de los hijos de Dios. Pues la creación está sujeta a la esterilidad… Pues sabemos que ahora la creación entera gime y siente dolores de parto».

 

Toda la creación depende completa y totalmente de usted y de nosotros: esto es un axioma. Todos nosotros, cada uno individualmente y en conjunto, tenemos en nuestras manos el destino del mundo y de la humanidad. Por esta razón, también nos atrevemos a hablar del nuevo reino gnóstico, pues no sólo consideramos nuestra propia liberación sino que somos muy conscientes y experimentamos que la Gnosis está aquí para el mundo y la humanidad.

Por ello hay que ser profundamente consciente del inmenso significado de la Gnosis y de su relación con ella, y comprender que la llamada que le dirigimos no le pide que usted coopere algún día. Nuestra llamada le transmite el clamor del corazón de toda la creación, el clamor del corazón para que colabore activamente en la manifestación de los hijos de Dios. Es evidente que si esta llamada encuentra un eco en usted, debe comenzar a actuar respecto a sí mismo. Pues ¿cómo podría ayudar a un hombre caído a volverse hijo de Dios si usted mismo se debate todavía en las cloacas de la dialéctica?

 

Queremos atraer su atención hacia el decimosexto versículo del cuarto libro de Hermes, donde se dice que lo divino se manifiesta cuando el universo cósmico, fundido en unidad, es renovado por la naturaleza. La Enseñanza Universal, la lengua sagrada de todos los tiempos, habla de múltiples formas de esta particular actividad, del proceso de unificación que periódicamente se impone con fuerza. Se realiza por un cambio de la atmósfera, por la aparición de la luz de Cristo en la atmósfera: «la aparición del Hijo del Hombre en las nubes del cielo».

El nuevo campo astral que se extiende sobre el nuevo reino gnóstico, que se manifiesta en los hermanos y hermanas que están en total armonía con sus vibraciones, es un síntoma de la venidera renovación de la naturaleza; como consecuencia de lo cual, la nueva naturaleza podrá existir de nuevo en la divinidad. El nuevo reino gnóstico es la aurora que precede a la gloria venidera. Debemos considerar los acontecimientos de estos últimos años, los acontecimientos de la vida de la Escuela Espiritual, bajo esta perspectiva. Nos referimos, por ejemplo, a la construcción y a la consagración de nuevos centros de fuerza de la Joven Fraternidad Gnóstica.

Con la ayuda de la Cadena Gnóstica Universal, que se manifiesta en el nuevo campo astral, usted puede llevar a buen término el gran proceso de liberación, de transmutación de lo mortal e impío en inmortal y divino, para el cumplimiento de la verdadera misión de su vida al servicio de Dios, del mundo y de la humanidad. Para lograr este propósito lo más importante es que usted rasgue el vestido que lleva, el vestido de la ignorancia, la vestidura de la negación. Atrévase a hacerlo con la luz de la Gnosis y abra ampliamente las siete cámaras del corazón. Coloque el hacha en su comportamiento, colóquela en su tipo sanguíneo y comience hoy mismo. Si ya ha comenzado, esfuércese y persevere en esta tarea con fuerza renovada, porque todo su alumnado se apoya en esto.

Clavemos la espada en nuestra propia naturaleza para rasgar el vestido de la ignorancia, para rasgar el vestido de la negación.

 

 

VIII

Quinto Libro

Extracto de un discurso de Hermes a Tat

 

  1. 1.                  Hago esta exposición, hijo mío, ante todo por amor a los hombres y respetuosa consagración a Dios. No hay piedad más verdadera que la de considerar las cosas esenciales y testimoniar gratitud a Aquel que es su autor, lo cual jamás dejaré de hacer.

 

  1. 2.                  Pero si aquí nada es real ni verdadero, Padre, ¿qué hay que hacer entonces para vivir de la manera correcta?

 

  1. 3.                  ¡Vive al servicio de Dios, hijo mío! Quien es verdaderamente piadoso amará la sabiduría por encima de todo, pues sin amor por la sabiduría es imposible alcanzar la piedad suprema. Quien ha adquirido discernimiento acerca de la esencia del todo y ha comprendido cómo, por quién y en provecho de quién todo está unido en la Tierra, dará gracias a Dios, el Demiurgo, el Arquitecto del mundo, que como el mejor Padre le colma de favores y le protege fielmente.

 

  1. 4.                  Confesando su gratitud, será piadoso; y por su piedad sabrá donde está la verdad y cuál es; y, gracias a este discernimiento, su inclinación hacia la piedad no dejará de crecer.

 

  1. Hijo mío, el alma, aunque esté en el cuerpo, jamás desciende hacia lo que es su opuesto cuando aligera la carga de sus deudas para asir lo genuinamente bueno y verdadero.

 

  1. 6.                  Cuando el alma ha conocido a Aquel que la ha llamado a la existencia, se llena de un amor inmenso, olvida todo mal y ya no puede separarse del bien.

 

  1. 7.                  Tal debe ser, hijo mío, el objetivo de la piedad. Si regresas a este estado, si vives de la manera correcta y mueres bienaventurado, tu alma sabrá con toda certeza hacia donde debe dirigir su vuelo.

 

  1. 8.                  Tal es, hijo mío, el único camino hacia la verdad, que nuestros predecesores también recorrieron y en el que recibieron el bien.

 

  1. 9.                  Camino sublime y frecuentado, pero difícil y arduo para el alma mientras está en el cuerpo.

 

  1. 10.              Primero el alma debe combatir contra sí misma, provocar una profunda escisión y conceder a una de las partes la victoria sobre sí misma. Literalmente, surge un conflicto entre una parte y las otras dos: la primera trata de escaparse mientras que desde abajo las otras dos intentan atraerla. La consecuencia es una lucha donde se miden las fuerzas entre la parte que quiere escaparse y las otras dos que se empeñan en retenerla.

 

  1. 11.              No es lo mismo que gane una o las otras dos. Pues una parte aspira intensamente al bien mientras que las otras habitan en los planos de la perdición.

 

  1. 12.              Una suspira por la libertad; las otras se arrojan a los brazos de la esclavitud.

 

  1. 13.              Cuando las dos son abatidas, quedan encerradas en sí mismas, inactivas y aisladas, abandonadas por la que prevalece. Pero si la otra es abatida, es hecha prisionera por las otras dos, es despojada de todo y castigada con la vida que lleva aquí.

 

  1. 14.              Mira, hijo mío, ésta es la guía del camino que conduce a la libertad: debes renunciar al cuerpo antes de que muera y triunfar sobre la vida inmersa en la lucha; y una vez conseguida esta victoria, debes regresar hacia lo alto.

 

* * *

 

  1. 15.              Y ahora, hijo mío, voy a resumir las cosas esenciales en breves sentencias: comprenderás lo que voy a decir si recuerdas lo que ya has oído.

 

  1. 16.              Todo lo que existe, está en movimiento; sólo el no-ser es inmóvil.

 

  1. 17.              Todo cuerpo está sometido al cambio, pero no todo cuerpo tiende a la disolución.

 

  1. 18.              No toda criatura es mortal, no toda criatura es inmortal.

 

  1. 19.              Lo que tiende a descomponerse es perecedero; lo que permanece inmutable es eterno.

 

  1. 20.              Lo que nace una y otra vez, siempre perece; pero lo que se ha formado de una vez por todas, jamás es aniquilado ni se convierte en otra cosa.

 

  1. 21.              Primero es Dios, segundo el Cosmos  y tercero el Hombre.

 

  1. 22.              El Cosmos es para el Hombre, el Hombre para Dios.

 

  1. 23.              La parte del alma que percibe por medio de los sentidos es mortal, pero la parte del alma que responde a la razón es inmortal.

 

  1. 24.              Toda realidad manifiesta es inmortal; toda realidad manifiesta es, también, cambiante.

 

  1. 25.              Todo ser es doble: nada de lo que es está en reposo.

 

  1. 26.              No todas las cosas están animadas por una alma; pero hay una alma que anima todo ser.

 

  1. 27.              Todo lo que tiende al sufrimiento, adquiere experiencias; todo lo que adquiere experiencias, sufre.

 

  1. 28.              Todo ser sujeto al dolor también está sometido a la alegría, a saber, toda criatura mortal; no todo ser que conoce la alegría conoce necesariamente el dolor, a saber, toda criatura inmortal.

 

  1. 29.              No todo cuerpo está sujeto a la enfermedad; todo cuerpo que está sometido a la enfermedad también está sometido a la disolución.

 

  1. 30.              El ánimo está en Dios, la razón está en el hombre, la razón está en el ánimo, el ánimo es insensible al sufrimiento.

 

  1. 31.              No existe verdad en el cuerpo mortal; no existe falsedad en el cuerpo inmortal.

 

  1. 32.              Todo lo que nace está sometido al cambio, pero no todo lo que nace es perecedero.

 

  1. 33.              No hay nada bueno en la Tierra; no hay nada malo en el cielo.

 

  1. 34.              Dios es bueno; el hombre es malo.

 

  1. 35.              El bien opera con libertad, el mal actúa forzado.

 

  1. 36.              Los dioses destinan las buenas obras a buenos fines.

 

  1. 37.              El buen orden es justicia sublime; el buen orden es la ley.

 

  1. 38.              La ley divina es el tiempo; la ley humana es el mal.

 

  1. 39.              El tiempo es la rotación del mundo; el tiempo es el destructor del hombre.

 

  1. 40.              En el cielo todo es inmutable; en la Tierra todo es variable.

 

  1. 41.              En el cielo nada está sometido ni subordinado; en la Tierra nada es libre.

 

  1. 42.              En el cielo no hay ignorancia, en la Tierra no hay conocimiento.

 

  1. 43.              Lo terrestre no participa en lo celeste.

 

  1. 44.              Todo lo que se halla en el cielo está por encima de toda difamación y deshonra; todo lo que se halla en la Tierra es reprobable.

 

  1. 45.              Lo divino no es mortal; lo que es mortal no es divino.

 

  1. 46.              Lo que se siembra no siempre germina; lo que germina siempre ha sido sembrado.

 

  1. 47.              Para el cuerpo perecedero hay dos períodos de tiempo: de la concepción al nacimiento y del nacimiento a la muerte. Para el cuerpo imperecedero no hay más que un tiempo que comienza en la creación.

 

  1. 48.              Los cuerpos disolubles crecen y menguan.

 

  1. 49.              La materia perecedera oscila entre dos contrarios: formación y destrucción. La materia imperecedera realiza el cambio en sí misma o en lo que le es similar.

 

  1. 50.              Para el hombre, el nacimiento es el comienzo de la muerte y la muerte el comienzo del nacimiento.

 

  1. 51.              Lo que nace también muere; lo que muere también ha nacido.

 

  1. 52.              De las cosas esenciales, algunas están en el cuerpo, otras en el mundo de las ideas y otras en el mundo de las fuerzas. El cuerpo también está en el mundo de las ideas, pero la idea y la fuerza también están en el cuerpo.

 

  1. 53.              Lo divino no participa en lo perecedero y lo mortal no participa en lo divino.

 

  1. 54.              Lo mortal no entra en un cuerpo inmortal; pero lo inmortal sí puede entrar en lo mortal.

 

  1. 55.              Las fuerzas divinas que se manifiestan no se dirigen hacia lo alto sino hacia lo bajo.

 

  1. 56.              Nada de lo que ocurre en la Tierra tiene utilidad para los asuntos del cielo, pero los asuntos del cielo son de la mayor importancia para lo que pertenece a la vida terrestre.

 

  1. 57.              El cielo es la morada donde son bienvenidos quienes portan cuerpos imperecederos; la Tierra es la estancia de los cuerpos perecederos.

 

  1. 58.              El ser terrestre está desprovisto de razón, el cielo se asemeja a la razón divina.

 

  1. 59.              Las armonías celestes son el fundamento del cielo, las leyes terrestres son impuestas en la Tierra.

 

  1. 60.              El cielo es el primer elemento, la Tierra el último.

 

  1. 61.              La Providencia es el orden divino; el Destino, el servidor de la Providencia.

 

  1. 62.              El azar es un movimiento ciego y desordenado; la imagen ilusoria de una fuerza, una apariencia engañosa.

 

  1. 63.              ¿Qué es Dios? El bien inmutable e inflexible. ¿Qué es el hombre? Un mal que se retuerce sobre sí mismo.

 

  1. 64.              Si guardas estas sentencias en tu pensamiento, no tendrás dificultad en acercarte a las explicaciones que te he dado en detalle; pues estas sentencias son el resumen de ellas.

 

  1. 65.              Evita hablar y discutir de esto con la muchedumbre; no porque yo quiera negarle sus tesoros, sino porque lo hallaría hilarante. Lo semejante atrae a lo semejante; pero nunca prefiere aquello que le es distinto. Las palabras que te he dicho no atraen sino a un pequeño número de oyentes, tal vez ni a ese pequeño número. Estas palabras tienen, entre otras, esta particularidad: incitan todavía más al mal a los malvados. Por esta razón es necesario tener cuidado con la muchedumbre, pues no comprende ni la fuerza liberadora ni la magnificencia de la palabra.

 

  1. 66.              ¿Qué quieres decir, Padre?

 

  1. 67.              Esto, hijo mío: La vida animal de los hombres está inclinada en gran medida al mal. Lleva el mal innato y, por eso, se complace en él.

 

  1. 68.              ¿No sería peor si este ser animal supiera que en un principio fue creado el mundo, que todas las cosas suceden según la disposición de la Providencia y que, al final, es el correspondiente Destino* el que domina todo? Porque despreciaría al universo por haber sido creado así, y excusaría las causas en el destino asignado, de tal manera que ya nunca dejaría de actuar mal.

 

  1. 69.              Debes estar vigilante con el fin de que en su ignorancia, que teme lo que no puede comprender interiormente, te cause el menor daño posible.

 

 

IX

La ley original

de los misterios gnósticos

 

El comienzo del quinto libro de Hermes Trismegistos es un testimonio del verdadero amor a Dios y a toda la humanidad, como axioma, como fórmula de vida verdaderamente liberadora. De esto se deduce que el conocido relato evangélico que encontramos en la Biblia y que se refiere al texto anterior es, sin lugar a duda, hermético.

Alguien se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero y el más importante de todos los mandamientos?» Y Jesús respondió: «Ama a Dios por encima de todo y a tu prójimo como a ti mismo» «En esto reside toda la ley y los profetas». Ésta es la llave de la puerta que conduce a la vida liberadora. Por eso es un axioma hermético. Le colocamos ahora ante esta exigencia irrefutable para estudiarla de cerca y, a partir de ella (pues esto es lo que importa), examinarse a sí mismo.

 

«Ama a Dios por encima de todo y a tu prójimo como a ti mismo» ¿Satisface esta ley original de los misterios gnósticos? Tal vez responda a esta pregunta con una queja tan vieja como el mundo dialéctico. Hallamos esa queja en el segundo versículo de nuestro texto:

 

Pero si aquí nada es real ni verdadero, Padre, ¿qué hay que hacer entonces para vivir de la manera correcta?

 

 

En efecto, ¿cómo podría el hombre aplicar perfectamente esta ley original siendo el mundo como es? Y en lo que concierne a la naturaleza de nuestro orden mundial dialéctico, ¡no necesita que se lo describamos! Ya lo hemos hecho muchas veces. Los días que vivimos en la actualidad están ensombrecidos por tantas nubes amenazadoras que esto es suficiente para justificar su queja, pues usted la conoce bien, forma parte de su ser. Todos la conocemos por experiencia.

Cuando un hombre decide seguir fielmente las instrucciones de la ley original gnóstica, descubre rápidamente poderosos obstáculos para su cumplimiento. Cuando pensamos, por ejemplo, en el amor a sí mismo, en el amor al yo que nos gobierna continuamente; en el odio que es la consecuencia de esta conservación del yo; en estos criterios de vida tan diferentes, hacia los cuales la mayoría de los hombres sienten aversión; cuando pensamos en la multiplicidad de diferentes orientaciones que le llenan de angustia, entonces es bien cierto que la aplicación espontánea de un amor perfecto al prójimo encuentra numerosas dudas e insuperables obstáculos.

¿Qué se puede hacer ahora para llegar a un equilibrio con la ley original gnóstica y obtener la llave de la vida liberadora?

Hermes dice que nosotros, que vivimos en un mundo fenoménico, debemos llegar hasta el transfondo de esas apariencias. Sólo entonces comprenderemos a nuestro prójimo y podremos ayudarle mejor. Debe intentar penetrar hasta el plano oculto de las cosas a las que el hombre es llamado y elegido. Debe llegar a saber cómo cayó el hombre y cómo se sumió en el estado y la conducta de vida actual. Cuando posea esta sabiduría, no un saber intelectual, sino una sabiduría interior de primera mano, como una cualidad que impregne todo ser, que ya no pueda perder y que nunca más le abandone, entonces amará verdaderamente a su prójimo, es decir, a toda la humanidad y, al mismo tiempo, concebirá la nobleza de su ser más profundo.

Pero para poder penetrar hasta esta sabiduría, esta posesión interior, como dice Hermes, es necesario volverse piadoso, llevar una vida consagrada al servicio de Dios:

 

Quien es verdaderamente piadoso amará la sabiduría por encima de todo, pues sin amor por la sabiduría es imposible alcanzar la piedad suprema.

 

En primer lugar, deberíamos preguntarnos qué es la piedad como camino, como medio para alcanzar la sabiduría, como método para elevarnos hasta la Gnosis Original.

Aparentemente podría responder de manera sencilla y decir: «Sé muy bien qué es la piedad». Y sin pensarlo más se vería tentado a proseguir con el estudio de los siguientes aspectos de la filosofía hermética.

Sin embargo, ¿sabe bien lo que es, en realidad, una vida piadosa? Si lo sabe tan bien y aplica este saber en su vida, permítanos preguntarle por los resultados. Pues entonces, como dice Hermes, usted se encontraría en la sabiduría absoluta, en la conciencia mercurial, ya que ser piadoso es la llave que abre la puerta de la sabiduría.

Y cuando habla de vida piadosa, ¿acaso no piensa en lo que se entiende comúnmente por «vida religiosa»? Desde hace siglos hemos bebido de las consideraciones líricas de los místicos sobre la piedad. Evocamos entonces, por asociación, la vida en celdas acompañada de mortificaciones y otras penitencias, o la vida devota de personas que cumplen concienzudamente con sus deberes religiosos.

La humanidad cuenta con millones de estas personas y siempre ha sido así. Pero, ¿dónde está la sabiduría, la sabiduría liberadora que debe surgir necesariamente de una vida piadosa?

 

Quien ha adquirido discernimiento acerca de la esencia del todo y comprendido cómo, por quién y en provecho de quién todo está unido en la Tierra, dará gracias a Dios, el Demiurgo, el Arquitecto del mundo, que como el mejor Padre le colma de favores y le protege fielmente. Confesando su gratitud, será piadoso; y por su piedad sabrá donde está la verdad y cuál es; y, gracias a este discernimiento, su inclinación hacia la piedad no dejará de crecer.

 

Cuando hablamos de alumnado serio, sabemos bien que la mayoría de los alumnos de la Joven Gnosis posee la seriedad exigida, pues cuando la dirección de la Escuela descubre que un candidato no tiene las cualidades requeridas, le invita a dejarla. Ahora bien, entre el alumnado serio ordinario de los alumnos de la Joven Gnosis y una «vida religiosa» en una iglesia u otra comunidad religiosa, no hay ninguna diferencia. Sólo es un punto de partida, un comienzo; es la colocación de la primera piedra. Es lamentable que muchos se queden en esta primera piedra, permanezcan allí o se sienten en ella con la idea totalmente errónea de que cierta religiosidad o un alumnado exteriormente serio les conducirá a la vida liberadora o les aportará la sabiduría.

Quienquiera que se ate a determinadas formas o expresiones religiosas o se identifique completamente con un alumnado serio sin más, forzosamente se cristaliza. Y, a causa de esta cristalización, se vuelve cada vez más inaccesible para la luz liberadora.

Un alumnado serio sin más, y frecuentemente se concibe así, encierra un grave peligro pues, en cuanto la primera piedra ha sido colocada, debe comenzar una construcción. La construcción debe erigirse en el espacio y algo que hasta entonces no existía debe ser realizado. Una vez culminada la construcción hay que utilizarla. Por esta razón, la religiosidad y la devoción comunes son complemente diferentes a la piedad. Fijémonos en la palabra «piedad». Ella señala claramente un resultado y no sólo un estado de ser.

Fijémonos también en la palabra «devoción». Ella tiene en nuestro idioma* dos significados distintos. En primer lugar, la devoción se asocia inmediatamente con piedad, con una vida piadosa; en segundo lugar, antaño se utilizaba en el sentido de valor. Un hombre devoto era un hombre valeroso, muy valeroso.

Como ha visto, el quinto libro de Hermes es una parte de un diálogo entre Hermes y Tat, o Tatius. La noción Tat, o Tatius, nos lleva a la idea de realeza o a la de llamada a la realeza, por lo tanto, al verdadero devenir humano superior. Se le dice a Tat que la llave que da acceso al devenir del hombre verdadero reside en la devoción, lo que quiere decir, en el valor para conquistar la piedad.

Éste es el secreto del alumnado gnóstico: poseer el valor para perseverar a pesar de todos los obstáculos, a pesar de todos los factores contrarios, sin importar lo que otros puedan decir ni las situaciones y dificultades que puedan acumularse a su alrededor. Si no tiene ese valor, si es incapaz de perseverar, de avanzar así, nunca llegará a la sabiduría, nunca llegará a amar a la humanidad según la ley original de la Gnosis.

«Ama a Dios sobre todas las cosas» significa: persevere a pesar de todo, incluso aunque no convenga a su situación de pequeño burgués. Entonces la sabiduría, la sabiduría que es de Dios, se manifestará en usted. Si demuestra semejante valor de forma consecuente, el valor de la convicción, se puede decir que ha traspasado la puerta. Si verdaderamente utiliza la poderosa fuerza de luz de la Gnosis con absoluta sinceridad y aparta con resolución todas las dificultades y todos los obstáculos sin darles importancia, Entonces ha traspasado la puerta. Entonces la sabiduría de Dios entra en usted. Esta sabiduría está unida al amor que es para todos y está en todos. Piense en las dos primeras corrientes de la luz séptuple universal. La corriente que sigue inmediatamente a la manifestación de la plenitud divina es la del amor universal.

Si ha comprendido esto, sepa que ha recibido la llave del bien universal. La Gnosis se aproxima a usted y le tiende la llave del misterio de la vida liberadora. Y si ha comprendido bien, sabrá que nada puede impedirle recorrer el camino, al menos mientras persevere, sin desviarse, consagrándose a una vida piadosa. Pero si no quiere utilizar esta llave, no conseguirá nada; no habrá logrado más que un honesto alumnado burgués en tanto que señora tal o señor cual. Su alumnado no habrá sido más que un decorado, un maquillaje destinado a camuflar su miserable existencia dialéctica.

Estos problemas, si le parece bien llamarlos así, son muy antiguos. Lea, por ejemplo, en la Epístola de Santiago, donde se hace hincapié expresamente en el acto, ese elemento de su alumnado que le posibilita irrumpir hacia el logro de la meta.

Sin embargo, no se confunda una vez más, pues son numerosos los que podrían ilusionarse creyéndose no solamente religiosos sino, también, piadosos. Por ejemplo, nos podrían decir: «¿Acaso no hemos demostrado todos estos años quienes somos? ¿No hemos sido fieles en todos los puntos? ¿No hemos dado nuestro dinero, nuestros bienes, nuestro tiempo, nuestra energía, nuestra salud y nuestra laboriosidad?» A esto debemos responderles: «Por magnífica que sea su donación, ¿no ha buscado nunca el compromiso? ¿No ha dejado nunca para más tarde, conscientemente, cosas absolutamente necesarias? ¿Acaso no ha rechazado alguna vez, por motivos burgueses, su voz interior cuando sentía: allí es donde deberías estar?»

¡La Gnosis le pide todo su ser! La Gnosis no tiene en cuenta sus circunstancias burguesas. No puede ni debe. ¿Qué piedad demostró cuando dejó de hacer lo que se le había pedido? Por ello, estas cosas están particularmente subrayadas en la Biblia. Escuche lo que Jesús dice a sus discípulos (Mateo 10, 37-39):

 

«Quien ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí; quien no toma su cruz y Me sigue, no es digno de Mí. Quien conserva su vida, la perderá y quien pierda la vida por Mi causa, la encontrará»

 

Y si prefiere citas de la literatura mundial, piense en la conocida frase de Ibsen: «Todo o nada». ¿Tiene el valor de lanzarse? Pues se necesita valor para esto: el valor de la piedad y no la hipocresía, nada de pequeños pretextos burgueses. Esto es lo que le pide la Gnosis, éste es el fundamento del diálogo de Hermes y de Tat. Tat era un buscador al que Hermes no le entretuvo con elucubraciones místicas. Hermes coloca la espada de su boca exactamente en el punto débil del hombre que busca: es necesario que el corazón se abra a la luz gnóstica. La Escuela Espiritual de la Joven Gnosis presenta incesantemente este aspecto ante sus alumnos.

Y esto sólo podrá hacerlo con la verdadera piedad; aquélla de la que acabamos de hablar; sólo así podrá abrir su corazón a las radiaciones del espíritu séptuple. Con esta indicación comienza el quinto libro de Hermes Trismegistos. Usted podrá satisfacer su deuda con Némesis llevando, ante todo, una verdadera vida al servicio de Dios. Si rechaza tal comportamiento, el destino continuará persiguiéndole a pesar de su alumnado pretendidamente serio; y continuará cayendo de dificultad en dificultad. Cuando te has recuperado de un golpe en la vida, al día siguiente te sobreviene otra aflicción; así ocurre en la naturaleza dialéctica.

Pero si abre su corazón a la luz de la Gnosis con verdadera piedad, la luz irrumpirá en su interior y se encontrará en la sabiduría: pues sin sabiduría no hay piedad.

Si quiere ser verdaderamente un alumno de la Escuela Gnóstica, penetre entonces, franqueando la frontera, en el círculo de la eternidad. Y cuando haya pasado esa frontera estará por derecho propio «sobre la alfombra». Entonces, podrá unirse al triángulo y al cuadrado, al Espíritu Santo Séptuple.

 

 

 

X

La imitación de Cristo

 

 

Dijimos que quien vive un alumnado efectivo y, por tanto, practica la verdadera piedad, quien acoge el espíritu séptuple en el santuario del corazón y, colmado del valor de la piedad, extrae las consecuencias, crece diariamente en sabiduría y en gracia durante la profunda transformación del nacimiento del alma.

En la Escuela Espiritual existe el riesgo de que se origine en los alumnos cierta costumbre cuando se repiten determinadas enseñanzas. Naturalmente, las enseñanzas son reproducidas, con respeto y sinceridad, pero en tal estado de ser se experimentan y se viven, como mucho, de una forma religiosa. Y la religiosidad dialéctica jamás puede ser liberadora.

Tal religiosidad es, a lo sumo, un comienzo, la colocación de la primera piedra. Lleva siempre consigo una separación espacio-temporal: la separación entre el hombre religioso y el Logos, entre el hombre religioso y la meta, entre el tiempo y la eternidad, entre el ahora y el después, entre la muerte y la vida, entre el aquí y el allá.

No obstante, la verdadera piedad se eleva directamente por encima de toda separación. En efecto, cuando practica esta piedad, cuando persevera en su alumnado, trabaja directamente en la liberación de su dios interior. Atrae inmediatamente la meta a su presencia. La eternidad del estado imperecedero de alma viva desciende en el tiempo. La lejana liberación se torna en inmediata, instantánea. La muerte del yo natural se transforma al momento en vida del hombre-alma. El «aquí» del mundo dialéctico se transfigura existencialmente en el estado de alma viva, mientras que su muerte diaria representa una resurrección diaria, un auténtico acontecimiento de Pascua.

Ser un hombre piadoso en el sentido gnóstico es totalmente distinto a ser un hombre religioso. Un hombre religioso es un hombre que reconoce y acepta una divinidad de una u otra manera, al igual que un ciudadano reconoce y acepta un gobierno. Rinde a su dios un determinado culto, le testimonia un agradecimiento de buen grado, cumple sus deberes hacia él; pero por lo demás sigue estando ligado a la tierra, sigue siendo un ser terrenal. Celebra los días señalados por la liturgia, honra las festividades religiosas, conmemora a Jesús el Señor en su muerte y resurrección, pero ni siquiera piensa que él mismo tiene que seguirle en su muerte ni que puede participar en su resurrección. Sin embargo, esto determina precisamente la realidad o el fracaso del verdadero alumnado gnóstico.

 

La filosofía hermética intenta hacerle profundamente consciente de que, por el valor de la piedad, tiene en sus manos su propia salvación, su propia bienaventuranza. Quien se da cuenta de esto, quien lo vive verdaderamente y lo aplica, se colma de un indescriptible agradecimiento hacia el arquitecto divino. Éste es el principio original de la auto-francmasonería verdadera. Todo hombre tiene la posibilidad de erigir, sobre la única piedra angular, la construcción imperecedera de su propia salvación. Debe volverse consciente de que todo hombre, cualesquiera que sean sus circunstancias, tiene la posibilidad de recorrer el camino de regreso. Todos, sin excepción, tienen esa capacidad.

Sin embargo, la constatación teórica de esta posibilidad no tiene en sí nada de liberador y es inútil. ¡Tiene que confirmar la teoría con la práctica! Tiene que dar vida a las posibilidades que le son ofrecidas, por el valor de la piedad. Y una vez dicho esto, deje de quejarse diciendo que es difícil y complicado. Pues no es tan difícil ni, de hecho, tampoco tan complicado. Si tuviera valor, lo podría confirmar por medio de la experiencia. La gratitud, que es consecuencia de la experiencia de la verdad viva, acrecentaría su piadosa orientación, haciéndola más positiva, más dinámica y más inquebrantable.

 

A veces alguien nos dice: «Pero al fin y al cabo, ¿quién soy yo? ¿Qué puedo hacer? No soy más que un…», expresando con ello un tópico cualquiera. Si usted habla así, es porque sigue siendo el que siempre ha sido aunque posea todas las posibilidades para su liberación desde su nacimiento. Escuche, ahora, lo que la filosofía hermética quiere hacerle comprender:

 

Hijo mío, el alma, aunque esté en el cuerpo, jamás desciende hacia lo que es su opuesto cuando aligera la carga de sus deudas para asir lo genuinamente bueno y verdadero.

 

Cuando, por la piedad, ha nacido en usted el alma y ella se desarrolla en su existencia mortal, entonces, como consecuencia, se abre el corazón celeste y aumenta su comprensión y su conocimiento de primera mano relativos a la bondad y a la verdad. Llega un momento, dice Hermes, en que el resultado de la piedad obtiene tal alcance y fuerza que usted ya no podrá descender más en sentido inverso.

 

Cuando el alma ha conocido a Aquel que la ha llamado a la existencia ─cuando se encuentra con Poimandres en el espacio abierto─ se llena de un amor inmenso, olvida todo mal y ya no puede separarse del bien.

 

Pues cuando el alma vuelve así al origen y resucita en el origen, no puede hacer otra cosa que amar, porque el amor es la esencia del estado de alma viva. De esta forma se alcanza el objetivo de la verdadera piedad.

La verdadera piedad tiene como objetivo, por el nacimiento del alma y sus consecuencias, resucitar en la naturaleza de la muerte sin ya pertenecer a ella. Se trata, pues, de la celebración de la verdadera Pascua, una eterna fiesta de Pascua interior: estar en el mundo sin ser del mundo.

Esta frase, «estar en el mundo sin ser del mundo», adquiere un significado profundo y actual. Esto no quiere decir ser vegetariano, no fumar, no beber alcohol y cosas similares. Esta frase no tiene un sentido exclusivamente religioso, sino que quiere convencerle de que si usted utiliza sus posibilidades le será concedido ser totalmente libre, aunque todavía viva en la naturaleza de la muerte. Y todo esto como consecuencia de la piedad.

 

Si ha alcanzado el objetivo de la verdadera piedad, si regresas a este estado, si vives de la manera correcta y mueres bienaventurado, tu alma sabrá con toda certeza hacia donde debe dirigir su vuelo. Tal es, hijo mío, el único camino hacia la verdad, que nuestros predecesores también recorrieron; y quienes lo han recorrido en el transcurso de la historia del mundo, sin excepción han recibido el bien.

 

Todos los hombres, sin excepción, tienen la posibilidad de ejercer la verdadera piedad. Los resultados obtenidos con este esfuerzo están asegurados eternamente: Todos los que han recorrido ese camino han recibido el bien. Han olvidado todo mal y ya nada puede desviarles del bien. ¡Todo esto puede realizarse en una sola vida, en su vida! Es la eternidad que puede manifestarse en el tiempo.

Por esta razón, debe desterrar toda elucubración mística. Las conversaciones místicas, los comentarios de los escritos sagrados tienen muy poca importancia. Emplee cada segundo en practicar la piedad y experimentará que la piedad se manifiesta en el tiempo.

¿Por qué debe manifestarse la resurrección en el tiempo? ¿Por qué la resurrección precede a la ascensión? Para que usted se vuelva un Tat, un hombre sacerdotal, un llamado al sacerdocio real, alguien capacitado para realizar perfectamente el trabajo del amor servicial.

«Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo». Si se ha elevado en el amor divino por medio de la piedad y posee el amor ardiente del estado de alma viva, ya no podrá hacer otra cosa que servir a la humanidad. Entonces deseará fervientemente ayudar a los demás a recorrer el camino de la liberación, que usted mismo ha recorrido.

¿Y qué mejor forma de ayudar a los demás que siendo un alma liberada que todavía dispone de la personalidad del nacimiento natural? Así puede actuar entre los que han caído. Por lo tanto, la piedad es un camino que le hace comenzar prácticamente con el nacimiento de Juan, le conduce al nacimiento de Jesús, prosigue desde la mañana de Navidad hasta la mañana de la resurrección y desde la mañana de la resurrección hasta la ascensión.

Lo decimos de nuevo con insistencia: esta imitación de Cristo está completamente a su alcance. Si no fuera así, la Escuela Espiritual gnóstica dejaría de existir hoy mismo, pues en el mundo ya hay suficiente religiosidad e instituciones religiosas y no necesita más. La presencia de la Gnosis, su intervención y su fuerza se explican por el hecho de que usted puede hacerlo, porque esencialmente está en condiciones de realizar la eternidad en el tiempo. Lo que un hombre religioso lleno de respeto y devoción ve como un acontecimiento exterior a él mismo, para el hombre verdaderamente piadoso puede suceder en su propio ser. Usted puede acoger y comenzar esta tarea en su existencia y concluirla, a condición de que quiera ser un hombre piadoso y no un hombre religioso.

La Iglesia escenifica las experiencias del Hijo de Dios y repite sin fin sus representaciones; de ello resulta el embrutecimiento total de la muchedumbre, sin contar los banquetes y el bullicio que acompañan a las fiestas religiosas. En el mejor de los casos, habrá por lo menos unos pocos que, no pudiendo olvidar el drama crístico, llegarán a descubrir que el camino del Cristo es un camino que deben seguir ellos mismos, en la piedad y gracias a ella.

Quien toma la decisión de reemplazar su disposición religiosa por una práctica de la piedad es inmediatamente, según el aforismo de los rosacruces clásicos, «inflamado en el espíritu de Dios». Según su enseñanaza, el gran proceso transcurre simultáneamente con el declinar del ser-alma nacido de la naturaleza. Así pues, es morir para vivir. Después del «perecer en Jesús el Señor» sigue un despertar, un renacimiento total en el Espíritu Santo y por el Espíritu Santo.

Esperamos que comprenda cuán importante es que, basándonos en la Gnosis Original, podamos decirle todo esto. Le transmitimos este mensaje de Pascua ahora que los tiempos están maduros y que el nuevo reino gnóstico le espera, con el fin de que realice en su estado de vida el cambio necesario. El cambio de la religiosidad en piedad. El cambio del alumnado ordinario en un verdadero y esencial alumnado confesional.

Cuando adopta esta práctica, sigue, según las palabras de Hermes, el camino sublime y frecuentado, el camino de la paz profunda, el camino de Belén al Gólgota.

 

XI

EL CAMINO DE BELÉN AL GÓLGOTA

 

 

El camino de la paz profunda, el camino de Belén al Gólgota está abierto para todos nosotros. Las palabras de Jesús, «Sed mis imitadores», no representan de ninguna manera una exigencia imposible. Por este motivo, Hermes Trismegistos dice: Camino sublime y frecuentado. Realista, sin embargo, añade: pero difícil y arduo para el alma mientras está en el cuerpo. Queremos examinar estas dificultades.

 

Primero el alma debe combatir contra sí misma, provocar una profunda escisión y conceder a una de las partes la victoria sobre sí misma. Literalmente, surge un conflicto entre una parte y las otras dos: la primera trata de escaparse mientras que desde abajo las otras dos intentan atraerla. La consecuencia es una lucha donde se miden las fuerzas entre la parte que quiere escaparse y las otras dos que se empeñan en retenerla.

   No es lo mismo que gane una o las otras dos. Pues una parte aspira intensamente al bien mientras que las otras habitan en los planos de la perdición. Una suspira por la libertad; las otras se arrojan a los brazos de la esclavitud. Cuando las dos son abatidas, quedan encerradas en sí mismas, inactivas y aisladas, abandonadas por la que prevalece. Pero si la otra es abatida, es hecha prisionera por las otras dos, es despojada de todo y castigada con la vida que lleva aquí.

 

Mira, hijo mío, ésta es la guía del camino que conduce a la libertad: debes renunciar al cuerpo antes de que muera y triunfar sobre la vida inmersa en la lucha; y una vez conseguida esta victoria, debes regresar hacia lo alto.

 

Este texto nos coloca ante la resurrección efectiva del alma, la liberación del alma del campo del nacimiento natural. Es una tarea ardua, lo que hace que la victoria sea aún más bella. Esta lucha interior que todo candidato debe emprender se describe en los Evangelios como el prendimiento de Jesús el Señor, su interrogatorio ante Herodes, Pilatos y el Sanedrín, sus humillaciones, su camino de cruz y su muerte. Finalmente acontece la grandiosa victoria del tercer día, la fiesta de la resurrección. El conjunto del relato evangélico de la pasión de Jesús y de su resurrección se encuentra descrito, hasta en sus mínimos detalles, en la parte citada del quinto libro hermético. El drama de Jesús, la epopeya de Jesús, describe claramente el nacimiento del alma y su recorrido a través de la materia; su liberación de la materia y su ascensión al mundo del estado de alma viva; de donde regresa al servicio de la humanidad para ayudar a quienes todavía están encadenados.

Si es un alumno de la Joven Gnosis sabrá que el alma pertenece a la triple alianza de la luz, la triple alianza del ser verdadero: espíritu, alma y cuerpo. Cada uno de estos tres aspectos del ser tiene una función propia para perfeccionar y armonizar la colaboración entre los tres. El alma es la intermediaria, la mediadora entre el espíritu y el cuerpo. Su polo positivo está orientado hacia el espíritu, el negativo hacia el cuerpo. Y así, por la mediación del alma, la fuerza del espíritu afluye en el cuerpo.

Tome, por ejemplo, el caso del alumno de la Joven Gnosis que ha decidido recorrer el camino de la piedad, cuya consecuencia es el nacimiento del alma nueva. Con ello entendemos que una radiación de fuerza de luz de elevada serenidad, una radiación de fuerza de luz que no es de este mundo, es capaz de penetrar en nuestro ser natural por el santuario del corazón y erigir en él su morada. Éste es el nacimiento del alma nueva. En el instante en que se produce, se desarrolla una lucha interior cada vez mayor, una tensión creciente.

 

Numerosos alumnos nos dicen a menudo que viven bajo esta tensión y que no pueden salir de ella. ¡Esto es evidente! Cuando la nueva radiación del estado de alma viva penetra en el santuario del corazón, la espada es hendida en su ser. Como resultado de ello se produce una tensión cada vez mayor que, en un momento dado, termina por ser insoportable y conduce a una terrible crisis cuya salida debe ser la liberación del nuevo estado de alma por la resurrección.

Cuando el alma nueva ha nacido, el cuerpo es influido por una nueva fuerza de luz. Pero, al mismo tiempo, también están activas muchas otras fuerzas en el cuerpo. Numerosas fuerzas naturales son absorbidas por el sistema del fuego de la serpiente del campo dialéctico circundante. Cuando la nueva fuerza de luz escoge su morada en el cuerpo e interviene como un nuevo principio intermediario, en ese momento, por decirlo así, es aprisionada inmediatamente. Esta nueva fuerza es asediada por las fuerzas naturales. Las fuerzas naturales son los mercenarios de Herodes, las tropas del gran sacerdote de nuestro ser natural, los soldados de Poncio Pilatos.

El nuevo principio del alma no puede ni debe resistirse, ni aunque ello fuera posible. Se entrega voluntariamente como prisionero en nuestro sistema. Su tarea es ofrecerse voluntariamente al cuerpo. Debe ser el mediador con el fin de salvar a todo el ser e impulsarlo a la transfiguración. Por esta razón, Jesús el Señor se deja prender voluntariamente con la mayor calma.

Éste es el fundamento para una posible transfiguración. Nadie puede hacer esto por usted. Uno de los grandes, que vivió hace dos mil años, no puede hacer nada por usted. A lo sumo puede servirle de ejemplo, pero es usted mismo quien debe recorrer ese camino. He aquí por qué resuenan en sus oídos las palabras pronunciadas por Jesús el Señor: «Sed mis imitadores».

Sin duda, ahora se imagina mejor la lucha que debe sostener, al comienzo, el nuevo elemento del alma antes de que se pueda activar la gran escisión y pueda ser pronunciado de forma positiva el “consummatum est”, el “está consumado”. Pues lo verdadero, lo puro, lo virginal debe unirse deliberadamente a lo impuro, al pecado, a la naturaleza dialéctica. Debe dejarse prender en un amor perfecto. Debe dejarse escupir, golpear y flagelar; no puede ni debe sustraerse a ello. Antes de que comience este doloroso proceso, el ser del alma nueva del hombre puede rogar: «¿No puede apartarse de mí este amargo cáliz? ¿No podría ser de otra manera?» Pero hay que apurar esa copa para alcanzar la única meta y adquirir la calidad requerida.

 

El elemento del alma nueva tiene dos polos. Uno de estos polos está dirigido hacia la patria, hacia el espíritu, hacia el Padre, hacia Poimandres que se acerca. El segundo polo debe dirigirse hacia la personalidad natural con el fin de que la nueva fuerza de salvación, lo inmortal, pueda influir en lo mortal. Por este motivo, desde el momento en que festeja su alumnado verdadero surje la lucha interior.

Hemos tenido que esperar durante años antes de hablarle de ello. En el desarrollo de la Joven Gnosis, ha llegado el momento en el que los verdaderos alumnos lo comprendan y sean considerados interiormente lo suficientemente fuertes como para soportarlo.

Imagine bien lo siguiente: dos estados de ser absolutamente diferentes están  unidos el uno al otro. En la Gnosis, se intenta unir lo celeste con lo dialéctico, siguiendo el ejemplo de todos los grandes, que han dicho: «Sed mis imitadores». Unir entre sí, en su propio sistema, dos estados de ser tan diferentes suscita ese gran sufrimiento. Uno de los polos del nuevo elemento del alma se refugia en el espíritu, en Poimandres. El segundo polo está obligado a encontrarse con la naturaleza de la muerte. Mientras, por un lado, el nuevo elemento del alma aspira con esfuerzo al bien, al mismo tiempo sufre el conflicto entre ambas fuerzas naturales fundamentales: el instinto y el anhelo. ¡Qué sufrimiento! Por un lado, un intenso deseo de liberación con cada latido del corazón; por otro, el contacto con las fuerzas de la abyección y de la esclavitud.

¡Así es como se alza la cruz! Sólidamente plantada en la tierra, en lo terrestre; lo celeste se dirige hacia la tierra y, en ella, recorre su camino de cruz, debe recorrer su camino de cruz. La cúspide de la cruz está dirigida hacia lo celeste y la rosa del alma está clavada en el corazón de la cruz.

¿Siente usted, experimenta el inevitable dolor del alma clavada a su cruz? Pues en esta ofrenda voluntaria, lo vertical es flagelado y atormentado sin cesar: el espíritu no puede más, ya no lo puede soportar. Y cuando la actividad horizontal de la fuerza del alma intenta elevarse un instante hacia lo vertical, también le resulta imposible. Entonces surge el sufrimiento de una quemazón, la quemadura del fuego. Lo horizontal no puede abandonar su ser natural y lo vertical no puede adaptarse a la naturaleza de la muerte, aunque debe hacerlo voluntariamente. Este proceso, este camino de cruz, resumido como sigue en la filosofía hermética, es la guía que conduce a la libertad:

 

Debes renunciar al cuerpo antes de que muera y triunfar sobre la vida inmersa en la lucha; y una vez conseguida esta victoria, debes regresar hacia lo alto.

 

Esta guía es la cruz, la cruz con la rosa de color rojo sangre, la cruz de la ofrenda voluntaria de sí mismo, la cruz de la purificación. Clavada a esta cruz, la joven alma debe luchar y realizar su tarea.

Por consiguiente, no se asombre si, al recorrer el camino de la piedad, todavía existe tanta lucha en su vida y aún debe luchar tanto consigo mismo. Pues el necesario encuentro entre dos adversarios totalmente irreconciliables causa una fuerte quemadura interior, la quemadura de la cruz. Este fuego es inevitable, debe arder violentamente. El nuevo estado del alma, en primer lugar, debe triunfar sobre la vida mortal. Entonces Hermes dice: Debes comprender bien esto y luchar con tu ser interior.

Por ejemplo, hay hombres que emprenden y asumen la lucha vital, que necesariamente se realiza en el camino, con el yo, el yo de la autoaniquilación. Dan a esta lucha interior un carácter muy personal, parten de la idea errónea de que todos los males, miserias y sufrimientos se deben a que todavía tienen un yo; al hecho de que, de una manera u otra, su naturaleza inferior les juega malas pasadas; a que todavía están llenos de mal y de pecados. Pero esto no tiene nada que ver con lo que acabamos de decir. Vea claramente la situación:

Como alumno, por un lado, ha abierto el santuario de su corazón a una nueva fuerza, la fuerza del sexto plano cósmico, la fuerza del estado de alma viva. Esa fuerza irrumpe en usted, penetra en su sangre y en su fluido nervioso y se introduce en el santuario de la cabeza; llena todo su ser y hace que nazca el alma. Pero también existe otra fuerza que es absorbida por el sistema vital del fuego de la serpiente que asimismo encuentra su camino en usted. Son estas dos fuerzas, de naturaleza esencialmente diferente, las que encienden un fuego ardiente. Por ello su alma sufre, pero también su yo. No piense que lo causa el alma, pero tampoco lo causa el yo. No, el sufrimiento proviene del encuentro de esas dos fuerzas esencialmente extrañas entre sí, de dos tensiones totalmente diferentes, de dos fuerzas electromagnéticas que se encuentran en su ser.

¿Qué hacer entonces? ¡Vivir la endura! ¡No deje que el yo se inmiscuya en el proceso! Cuando sienta la tensión y el sufrimiento, no lo descargue sobre otros, experiméntelo como el necesario proceso de purificación de la santa Rosacruz. Cuando siente y vive el dolor en lo más profundo de su ser, en ese momento la fuerza de luz está interviniendo en usted con todo su poder, con el mayor dinamismo. Siempre ha habido hombres, como le decíamos antes, que consideran la lucha vital que plantea el camino, como una lucha de carácter muy personal. Ellos se corroen a sí mismos, por decirlo así, como si se aferraran al yo. Así se colocan totalmente en el autoaniquilamiento. Pero el yo, precisamente, ha de quedarse al margen. El yo no debe ocuparse de nada, sino que debe volverse silencioso. ¡Permita que la lucha, el fuego de la purificación actúe con furor!

Piense en las antiguas prácticas monacales de mortificación y de mutilación que se realizaban para luchar contra la carne. Sin embargo, la lucha del camino de cruz no es una lucha contra la carne, sino una lucha entre el sexto y el séptimo plano cósmico que tiene lugar en usted. De ninguna forma puede haber una victoria cuando se toman estas cosas con el yo y se intenta luchar con el yo. Una aniquilación del yo de esa manera siempre es un suicidio. Nadie puede resistirlo. Por ello, le decimos una vez más con insistencia: no luche como un desesperado contra sí mismo, pues con ello precisamente despierta todo tipo de fuerzas que sólo le piden ocuparse de usted y así se coloca con el yo al servicio de una de las dos partes. El resultado es un rápido dispendio de energía que conduce a la muerte.

 

Entonces, ¿qué debe hacer? ¡Practique la piedad! Que esto sea el centro de gravedad de su vida. Y para el yo, el yo nacido de la naturaleza, esto es la endura. Retírese del combate interior de las dos naturalezas, no tome partido ni por una ni por otra: deje al alma nueva cumplir su tarea voluntaria, su ofrenda en usted. A esto se referían los místicos iniciados cuando decían: «Deje que Jesucristo realice su trabajo en usted».

Tampoco se fuerce, como si se retirase a un rincón de su ser, para observar con su yo cómo ocurren las cosas. No, debe desear la endura con todo su corazón, ha de orientar sus deseos más profundos hacia ello, olvidándose de sí mismo y haciéndolo con amor servicial. Cuando actúa así, el nuevo elemento del alma nacido en usted comienza su camino de cruz, su camino de cruz con rosas: el encuentro entre los dos irreconciliables. El alma no busca la lucha, puesto que sólo es amor. El yo no puede luchar porque solamente desea la endura. Lo que ha comenzado es el encuentro inevitable entre dos fuerzas magnéticas irreconciliables. Por este encuentro se desarrolla en su vida un torbellino, un dolor, un combate que se eleva hacia lo alto, teniendo que experimentar y soportar la quemazón de su ofrenda.

Cuánto tiempo durará esta quemazón, este combate, este sufrimiento, nadie lo sabe. Durante cuánto tiempo se manifestarán todas las consecuencias de este camino de cruz en su ser, nadie lo sabe. No puede forzar este proceso, debe aceptarlo voluntaria y alegremente. Este proceso dura y arde, totalmente en concordancia con el tipo de su microcosmos, de su ser, de su karma y de las radiaciones de gracia que actúan en él. Pero, en un momento dado, cuando ni tan siquiera lo espera, tal vez en medio del ardor de un tormento, de repente, lo mortal es vencido y es posible pronunciar el “consummatum est”.

Acepte, pues, su camino de cruz con rosas en perfecta objetividad y no se inmiscuya con su yo. Ciertamente la hora de la liberación llegará. Su alma se elevará y celebrará su mañana de la resurrección. Ése será el primer día nuevo, el despertar en la Cabeza de Oro, la aurora de la nueva mañana, la mañana de la eternidad.

 

 

 

XII

La duplicidad hombre

Al haber determinado nuestro camino, hemos podido celebrar un preludio de nuestra mañana de la resurrección y, además, hemos podido experimentar el apoyo y la guía de la filosofía hermética. Hemos percibido y experimentado que todo el drama crístico puede y debe ser concebido en nosotros, es decir, que nosotros mismos debemos realizar este camino. El ser humano dialéctico puede elevarse mediante la transfiguración en el Otro, por medio de la piedad.

La piedad, la elevada sabiduría que fluye de ella y el sufrimiento de la purificación constituyen la guía del camino. Después de haber comprobado y experimentado todo esto de la mano del quinto libro de Hermes Trismegistos, el texto toma otra dirección a partir del decimoquinto versículo. Hermes pide a Tat que vuelva al punto de partida para esclarecer brevemente algunos aspectos de la realidad universal. Según Hermes, nosotros podremos comprender lo que nos va a decir si recordamos lo que ya hemos oído.

Preguntémonos qué es lo que distingue la orientación religioso-natural y oculta de la orientación de la Gnosis y su Escuela. El hombre religioso natural parte de la idea de que después de su muerte irá a una región celeste donde permanecerá eternamente; mientras que el ocultista opina que su ser del yo dialéctico es susceptible de una evolución infinita. He aquí un punto, extremadamente importante, que debemos tener en cuenta y sobre el cual la Gnosis ha llamado constantemente la atención desde hace miles de años. Por esa razón se dice en el versículo 17:

 

Todo cuerpo está sometido al cambio, pero no todo cuerpo tiende a la disolución.

 

Lo que quiere decir que no todos los cuerpos están en condiciones de elevarse hasta un orden superior, sino solamente algunos.

 

No toda criatura es mortal, no toda criatura es inmortal. Lo que tiende a descomponerse es perecedero; lo que permanece inmutable es eterno. Lo que nace una y otra vez, siempre perece; pero lo que se ha formado de una vez por todas, jamás es aniquilado ni se convierte en otra cosa.

 

¿Qué quiere darnos a entender con esto la enseñanza hermética? Entre otras cosas, que cada manifestación de la forma en el cosmos está siempre sujeta al cambio. Pero, atención, existen dos clases de cambio, hay que distinguir dos procesos de cambio. Existen entidades que manifestándose en una forma, se desarrollan y se perfeccionan sin cesar en un sentido evolutivo, que avanzan de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia. Pero también hay entidades que están completamente sometidas, en todo su ser, a lo perecedero. Precisamente por ello hay que aceptar la ley según la cual “no toda criatura es mortal, no toda criatura es inmortal”. ¡Toda criatura puede y debe elegir entre la vida y la muerte! Nosotros, hasta el momento, con nuestro estado de ser, todavía podemos elegir. Podemos escoger entre la vida, la vida verdadera en el sentido superior, y la muerte.

Sin embargo, la vida, la única vida verdadera, no nos llega por sí misma. Hay estados en los que el desarrollo de la vida verdadera ya está tan avanzado que la muerte ya no puede afectarlos. Pero también se da el caso contrario: estados cuya inmersión en la muerte está tan avanzada que ya no se puede alcanzar la vida. La Joven Gnosis siempre ha recordado y repetido a sus alumnos el hecho innegable de que el microcosmos de quienes llegan al más allá es vaciado en su totalidad.

La Gnosis Original lo confirma con una breve sentencia. El hombre dialéctico se encuentra en un estado biológico tal que, en cada instante, en una fracción de segundo, la muerte puede alcanzarle. En efecto, este cuerpo mortal, tan frágil, puede ser destruido en un instante. Lo que nace una y otra vez, siempre perece.

Frente a este tipo de hombre se encuentra otro tipo totalmente diferente, el tipo de hombre estable o celeste, que es inmutable y eterno: pero lo que se ha formado de una vez por todas ─y esto en el sentido más elevado de la palabra─ jamás es aniquilado ni se convierte en otra cosa.

En resumen, se nos dice de forma muy explícita cuán necesario es practicar la imitación de Cristo, lo que quiere decir tomar la cruz con rosas sobre sus hombros y recorrer el camino; así, por la transfiguración, el tipo de hombre de la muerte se convertirá en otro tipo de hombre, el hombre de la vida.

Esta idea anunciada por la Gnosis en todas las épocas es, de alguna manera, muy desconcertante; por ejemplo, por el hecho real de que son millones las entidades que están absortas en el tipo de la muerte y permanecen en él. Por otra parte, cuando colocamos los fundamentos de la manifestación universal ante nuestros ojos, a saber: Dios, el cosmos y el hombre, esta idea es muy elevada, poderosa e irrefutable. El universo, el cosmos, es la manifestación en la forma de Dios, para que la criatura divina, por medio de esta manifestación, se vuelva semejante a Dios. A la criatura divina también le impulsa el requerimiento: «Volveos perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto».

Para poder cumplir esta grandiosa y magnífica vocación divina, el hombre ha recibido un alma doble. La parte que percibe por los sentidos es mortal; la que responde a la razón es inmortal. El alma sensorial es la parte que reacciona a la naturaleza, la auténtica alma natural que, por ejemplo, reacciona al calor y al frío, a la luz y a la oscuridad, a todas las cosas, leyes y situaciones que se presentan en la naturaleza. Cuando hace frío, procura que use ropa protectora, y a la inversa cuando hace calor. El alma natural del hombre es la verdadera alma eónica. Experimenta espontáneamente todos los altibajos de y en la naturaleza. Sigue todos los caminos de la naturaleza y la obedece con el fin de sacar el mejor partido de ella, para dar a la entidad, de la cual es mediadora, la posibilidad de ir hacia Dios a través del cosmos y preservar la orientación hacia este único objetivo.

Para alcanzar este objetivo se necesita la segunda alma; la que responde a la razón. Esta alma racional es la que posee la sabiduría, la que es tocada por Dios, por el espíritu, la que está unida al espíritu. El alma eónica o alma natural debe atravesar el todo conducida por el alma racional o alma-espíritu. La espontaneidad del alma natural, la capacidad de reacción del alma eónica debe ser inteligentemente dirigida por el alma-espíritu.

Dios es lo eterno, lo inmutable. El cosmos, por el contrario, está en constante movimiento y cambio, conforme a su naturaleza y a su función. En consecuencia, el alma-espíritu, la que es de Dios, es inmutable e inmortal, mientras que el alma natural ─como la naturaleza─ es cambiante y mortal, se aniquila a sí misma, se adapta a sí misma y va cambiando.

Por lo tanto, cuando hablamos de dos tipos humanos, y la filosofía hermética desea atraer nuestra atención sobre este punto, estamos aclarando que el tipo humano que está sometido al cambio y a la muerte sólo posee el alma natural de la que vive íntegramente y que, por lo tanto, en este tipo humano el alma-espíritu está latente. Consecuentemente, toda la existencia de este hombre está desprovista de razón. Él posee, en todos los aspectos, la señal de lo irracional, de lo mutable, de lo mortal. Este tipo de hombre sólo lleva una existencia natural y ya no es «el realizador de Dios». Sin embargo, la Biblia enseña que el hombre vive para glorificar a Dios. Por ello el Sermón de la Montaña, Mateo 5, nos exhorta así: «Dejad que vuestra luz brille ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.»

En el texto original, puramente hermético, se dice “realizar” en lugar de “glorificar”. Los traductores de la Biblia no comprendieron esto. Su naturaleza religiosa les permitía comprender que alguien pudiese glorificar a Dios, mostrarle gratitud, pero eran incapaces de comprender que alguien pudiese realizar a Dios; por lo que transformaron esto en una glorificación. Y ya conocemos la forma en que las iglesias conciben esta glorificación.

 

¿Qué debe hacer una criatura que está sometida a la naturaleza y, por consiguiente, a la muerte? Es evidente: despertar el alma-espíritu latente, el alma racional, activarla de nuevo a la vida. Esta alma no podía morir porque es inmortal, pero quedó reducida a una inactividad total porque el yo del cuerpo quiso seguir únicamente al alma natural, lo que la degeneró existencialmente y la condenó a sufrimientos inconmensurables.

Pero a cada desgracia le sigue una alegría. Todo sufrimiento implica la adquisición de experiencia. La experiencia es fruto del sufrimiento y, a menudo, de dolores insoportables. Este dolor y este sufrimiento, que usted conoce por experiencia, son los distintivos inequívocos de la inmortalidad original fundamental. Pues una criatura puramente animal, aunque sea sensible al dolor, no conoce el verdadero sufrimiento. El dolor es siempre una experiencia del cuerpo que sólo afecta a la disposición interior de forma pasajera. Quien padece dolor cambia bruscamente, de modo que un salvaje puede convertirse, bajo los efectos del dolor, en una criatura dócil. La enfermedad acompañada de dolores calma y atempera al hombre agitado y colérico.

Sin embargo, el sufrimiento siempre está asociado al alma. El sufrimiento es un lamento del alma. Puede suceder que un hombre esté aquejado de dolores y al mismo tiempo sufra. Pero quien sólo ha sentido dolor volverá a la antigua naturaleza tan pronto como el dolor desaparezca. La naturaleza sale de nuevo a la luz. Experimentar verdaderamente un sufrimiento se graba profundamente y, en muchos casos, puede ser una experiencia purificadora. Sin género de dudas, para el hombre actual, la experiencia del dolor y del sufrimiento es el único método por el que el alma natural se ve obligada a llamar a su hermana, el alma-espíritu, a despertarla de la tumba de los muertos vivientes y a cederle la dirección de su vida según los propósitos del plan de salvación, de forma que, por la transfiguración, se muestre de nuevo el ser original de la inmortalidad.

Cuando usted despierta su alma-espíritu y le transfiere la dirección de su vida, ya no duda si su existencia está, o no, sometida a la muerte. Ya que, entonces, usted posee la única vida verdadera. La piedad revivifica al alma-espíritu y la introduce, mediante la purificación, en la triple alianza de la manifestación universal: Dios, el Cosmos y el Hombre verdadero. Esperamos y rogamos para que pueda entrar pronto en esta triple alianza. «Bienaventurados los pobres de espíritu, pues suyo es el reino de los cielos».

De esta manera, ese hombre que ha revivificado el alma racional, el alma-espíritu, encuentra el reposo. Estas palabras pueden asumirse como un axioma hermético. Escuche lo que nos intenta sugerir el quinto libro de Hermes en el versículo 30:

 

El ánimo está en Dios, la razón está en el hombre, la razón está en el ánimo, el ánimo es insensible al sufrimiento.

 

Como veíamos, el ánimo es Poimandres, el propio espíritu. El espíritu, el ánimo está en Dios. La razón, el alma racional está en el hombre; el alma racional está en el ánimo. Dicho con otras palabras: el alma racional del hombre está unida simultáneamente con el espíritu, con Poimandres, y éste a su vez está en el hombre y es del hombre. Ahora bien, Poimandres está por encima de todo sufrimiento. Por lo tanto, cuando al recorrer el camino se encuentra con su Poimandres, le despierta y le libera, entonces es elevado con él por encima de todo sufrimiento.

Examine ahora si siente en su vida dolor y sufrimiento en el sentido que acabamos de explicar. ¿Todavía le hace falta experimentar el sufrimiento y el dolor resultante de ello? Si es así, aún no puede aprender la lección de otra manera.

Sería insensato e inhumano desear a alguien el dolor y el sufrimiento. Pero si ha comprendido la sabiduría hermética, siempre estará agradecido por la experiencia del sufrimiento, por sus muy preciadas lecciones. Su agradecimiento proviene de que el alma-espíritu latente, la esfinge enterrada en las arenas del desierto, aún puede hablar y actuar en usted y, en consecuencia, aún está viva en lo más profundo de su ser.

Por esta razón, siempre debe examinar si es dolor o sufrimiento lo que siente en el transcurso de sus experiencias. Usted sabe que el dolor es una reacción puramente animal, espontánea, no razonada. Por el contrario, el sufrimiento es la reacción del alma racional encadenada.

¿Cómo saber si se trata de dolor o sufrimiento? Las consecuencias siempre le permiten determinarlo. El simple dolor despierta resistencia, oposición, cólera, odio, deseo de revancha. La reacción al dolor es «el puño cerrado». El dolor refuerza siempre el deseo de salvaguardar el yo. Por el contrario, el sufrimiento despierta el deseo de la vida liberadora. El sufrimiento está siempre unido al amor y también, y sobre todo, a la compasión. Por el sufrimiento el hombre aprende a pronunciar estas sublimes palabras: «Padre, perdónales, pues no saben lo que hacen».

Por el sufrimiento, la clemencia se eleva al corazón del hombre y le abre, de par en par, la puerta de la rosaleda celeste, donde el alma racional elije su morada y contempla a Poimandres. Le deseamos de todo corazón este sufrimiento que consuela.

Por último, el sufrimiento también puede acompañar al dolor físico y el dolor físico, como tal, puede ser extremadamente útil para el desarrollo del hombre. Sin embargo, no se detenga en el dolor, sino que en adelante aborde siempre sus dificultades corporales desde el punto de vista del alma, bajo el ángulo del sufrimiento. Entonces, el cuarto aspecto de la Escuela Espiritual puede representar y hacer mucho por usted. Cuando se ha elevado así hasta el ánimo, la razón superior, asciende por encima de todo sufrimiento y se libera de él.

Cuando haya comprendido todo lo que se ha dicho en el quinto libro de Hermes, cuando todo esto le haya tocado íntimamente de la manera correcta, conocerá interiormente la bienaventuranza divina y la piedad, e irá, en posesión del verdadero amor, hacia la única sabiduría. Entonces podremos continuar hablando del camino de alegría del alma liberada en la patria eterna. Entonces podremos, en la fuerza de bendición que se expande, profundizar más aún en la filosofía hermética y colocarle ante el sexto libro de Hermes Trismegistos.

 

XIII

 

Sexto Libro

 

Diálogo universal

entre Hermes y Asclepios

 

  1. 1.      HERMES: Asclepios, ¿acaso todo lo que está en movimiento no se mueve en algo y por algo? ASCLEPIOS: ¡Con toda certeza!

 

  1. 2.      HERMES: ¿Y no es necesario que aquello donde el movimiento tiene lugar sea mayor que la cosa en movimiento? ASCLEPIOS: Sin duda alguna.

 

  1. 3.      HERMES: ¿Lo que origina el movimiento no es más poderoso que aquello que se mueve? ASCLEPIOS: Es evidente.

 

  1. 4.      HERMES: Y aquello en lo que el movimiento tiene lugar, ¿acaso no es necesariamente opuesto a lo que se mueve? ASCLEPIOS: Por naturaleza.

 

  1. 5.      HERMES: ¿Es este universo más grande que cualquier otro cuerpo? ASCLEPIOS: Sí, es cierto.

 

  1. 6.      HERMES: ¿Y no está lleno por completo de muchos cuerpos grandes o, mejor dicho, de todos los cuerpos que existen? ASCLEPIOS: Así es.

 

  1. 7.      HERMES: ¿Es por tanto el universo un cuerpo? ASCLEPIOS: Sí, seguro.

 

  1. 8.      HERMES: Y además, ¿es un cuerpo en movimiento? ASCLEPIOS: Sin duda

 

  1. 9.      HERMES: ¿De qué magnitud debe ser entonces el espacio en el que se mueve el universo? ¿Y de qué naturaleza será? ¿No es necesario que sea mucho más grande que el universo para permitirle un movimiento continuo sin obstaculizarlo ni detenerlo? ASCLEPIOS: El espacio debe ser extraordinariamente grande, Trismegistos.

 

  1. 10.  HERMES: ¿Y de qué naturaleza será? ¿No será de naturaleza opuesta, Asclepios? Lo incorpóreo es de naturaleza opuesta a lo corpóreo. ASCLEPIOS: Sin ninguna duda.

 

  1. 11.  HERMES: El espacio es pues incorpóreo. Pero lo incorpóreo es de naturaleza divina o el propio Dios. Por divino no quiero decir lo creado sino lo increado. Si lo incorpóreo es de naturaleza divina, es de la misma naturaleza que la esencia fundamental de la creación; y si es Dios, es uno con la esencia fundamental. Por otra parte es así como lo capta el pensamiento.

 

  1. 12.  Dios es para nosotros lo más elevado hacia lo que se puede dirigir el pensamiento: para nosotros, pero no para Dios. Pues aquel que piensa, alcanza el objeto de su pensamiento a la luz de la visión interior. Dios no es para sí mismo objeto de reflexión. Puesto que Él no se distingue de la esencia del pensamiento, Él piensa en sí mismo. Sin embargo, Dios es bien diferente a nosotros: por ello es el objeto de nuestro pensamiento.

 

  1. 13.  Si nos imaginamos el espacio universal, no pensamos en ello como espacio sino como Dios; y si el espacio nos aparece como Dios, ya no hay espacio en el sentido ordinario de la palabra, hay fuerza divina activa que lo abarca todo.

 

  1. 14.  Todo lo que está en movimiento no se mueve en algo que es móvil, sino en algo inmóvil; y la propia fuerza motriz es inmóvil, pues no puede ser una parte del movimiento que ella misma provoca.

 

  1. 15.  ASCLEPIOS: Pero, Trismegistos, ¿de qué forma se corresponden las cosas que son movidas con las causas de su movimiento? Pues tú has dicho que las esferas en estado de pecado son movidas por la esfera sin pecado.

 

  1. 16.  HERMES: ¡Aquí, Asclepios, no se trata de un mismo movimiento, sino de movimientos opuestos! Pues estas esferas no son movidas en el mismo sentido, sino en sentidos opuestos. Esta oposición da al movimiento un punto de equilibrio fijo, pues la resultante de los movimientos en sentido contrario se manifiesta en este punto por una inmovilidad.

 

  1. 17.  Las esferas en estado de pecado son movidas en sentido opuesto al movimiento de la esfera sin pecado y ellas son movidas, en ese movimiento opuesto, alrededor de las esferas que ofrecen resistencia en torno a un punto de equilibrio que está fijo.

 

  1. 18.  Fíjate en las constelaciones de la Osa Mayor y Menor, no salen ni se ponen sino que giran alrededor del mismo punto: ¿crees que están en movimiento o inmóviles?

 

  1. 19.  ASCLEPIOS: Están en movimiento, Trismegistos. HERMES: Y ¿cuál es ese movimiento, Asclepios? ASCLEPIOS: Giran sin cesar alrededor del mismo punto central.

 

  1. 20.  HERMES: Así es. La rotación no es otra cosa que un movimiento alrededor de un mismo punto central, subordinado a ese punto central totalmente inmóvil. El movimiento circular evita la separación, estabilizando así la rotación. De esta manera, el contra-movimiento cesa en el punto de equilibrio porque el movimiento que ofrece resistencia en ese punto se convierte en estático.

 

  1. 21.  Voy a darte un ejemplo simple cuya exactitud podrás comprobar con tus propios ojos. Mira como nadan las criaturas mortales, el hombre por ejemplo: la  resistencia, la fuerza opuesta de los pies y las manos, produce en la corriente del agua un estado de estabilidad tal que el hombre no es atraído hacia el fondo.

 

  1. 22.  ASCLEPIOS: Este ejemplo es muy claro, Trismegistos.

 

  1. 23.  HERMES: Todo movimiento es producido en algo y por algo en sí mismo inmóvil. El movimiento del universo y de todas las criaturas mortales vivas no está determinado por causas externas al cuerpo sino por causas internas que actúan desde el interior hacia lo exterior por una fuerza consciente racional, ya sea el alma, el espíritu o cualquier otra entidad incorporal. Pues un cuerpo material no puede mover ningún cuerpo animado ni inanimado; realmente no puede moverlos.

 

  1. 24.  ASCLEPIOS: ¿Qué quieres decir con esto, Trismegistos? ¿Acaso la madera, la piedra y otros cuerpos inanimados no producen movimiento?

 

  1. 25.  HERMES: ¡Por supuesto que no, Asclepios! Pues no es el propio cuerpo el que causa el movimiento de las cosas inanimadas, sino que lo que se encuentra dentro de ese cuerpo es lo que mueve uno y otro cuerpo, tanto el cuerpo que desplaza como el que es desplazado. De ahí que lo inanimado no pueda mover lo inanimado. Por lo tanto, puedes ver que pesada carga soporta tu alma cuando ella sola debe llevar dos cuerpos. Es evidente que lo que está en movimiento es movido en algo y por algo.

 

  1. 26.  ASCLEPIOS: ¿No se produce el movimiento en un espacio vacío, Trismegistos?

 

  1. 27.  HERMES: Escucha bien, Asclepios: Nada de lo que realmente existe está vacío, nada de aquello que forma parte del ser verdadero está vacío, como ya lo dice la palabra «ser», es decir, existir. En efecto, lo que existe no tendría ninguna realidad, no existiría, si no estuviera completamente lleno de realidad. Aquello que es real, lo que existe realmente, nunca puede estar vacío.

 

  1. 28.  ASCLEPIOS: Entonces, ¿no existe nada que esté vacío, Trismegistos, ni un cántaro, ni una olla, ni una cuba, ni ninguna otra cosa semejante?

 

  1. 29.  HERMES: ¡Detente, Asclepios, qué error el tuyo! ¡Cómo puedes considerar vacías cosas completamente llenas y repletas!

 

  1. 30.  ASCLEPIOS: ¿Qué quieres decir, Trismegistos?

 

  1. 31.  HERMES: ¿Acaso el aire no es un cuerpo? ¿No penetra este cuerpo todo lo que existe y no llena todo lo que penetra? ¿Acaso no están compuestos todos los cuerpos por cuatro elementos? Todas esas cosas que tú dices que están vacías, están llenas de aire: y si están llenas de aire, también lo están de los cuatro elementos. Así llegamos a la conclusión contraria a lo que tú decías: todo lo que dices que está lleno está vaciado de aire, porque su lugar lo han ocupado ocupado otros cuerpos que no dejan lugar al aire. Sin embargo, lo que tú dices que está vacío, deberías decir que está repleto y no vacío, pues en realidad está lleno de aire y de aliento.

 

  1. 32.  ASCLEPIOS: No tengo nada objetar a esto Trismegistos, pero ¿qué es el espacio donde se mueve el universo? HERMES: Es lo incorpóreo, Asclepios. ASCLEPIOS: ¿Y qué es lo incorpóreo?

 

  1. 33.  HERMES: El espíritu, todo él encerrado en sí mismo, libre de todo cuerpo, que no se desvía ni sufre, que es intangible e inamovible en sí mismo, que lo contiene todo y lo salva todo, que es liberador y sanador; del que emanan las radiaciones del bien, de la verdad, del principio original del espíritu y del principio original del alma.

 

  1. 34.  ASCLEPIOS: Pero, entonces, ¿qué es Dios?

 

  1. 35.  HERMES: No es nada de todo eso, sino la causa de su existencia y de todo lo que existe, así como de toda criatura en particular. Pues no ha dejado ningún lugar al no-ser; todo lo que existe llega a la existencia de aquello que es y no de lo que no es: pues al no-ser carece de la capacidad de devenir mientras que, por otro lado, el ser nunca deja de existir.

 

  1. 36.  ASCLEPIOS: ¿Qué es Dios en definitiva?

 

  1. 37.  HERMES: Dios no es la razón, sino el fundamento existencial de la razón; no es el aliento, sino el fundamento existencial del aliento; no es la luz, sino el fundamento existencial de la luz. Por ello, se debe honrar a Dios llamándole «el Bien» y «Padre», nombres que sólo le pertenecen a Él y a nadie más. Pues ninguno de los llamados dioses, ningún hombre, ningún demonio puede ser, de ninguna manera, bueno. Sólo Él es bueno y nadie más. Ningún otro ser puede contener la esencia del bien, pues son cuerpo y alma y carecen de lugar en el que pueda morar el bien. Pues el bien contiene lo esencial de todas las criaturas tanto corpóreas como incorpóreas, tanto las perceptibles como las que pertenecen al mundo del pensamiento abstracto. Esto es el bien, esto es Dios.

 

  1. 38.  Por ello, nunca llames buena a ninguna otra cosa, porque sería una impiedad. Designa a Dios sólo como el bien, pues llamarle de otra manera sería una impiedad.

 

  1. 39.  Sin duda todos emplean la palabra “bien”, pero no todos comprenden lo que es. Por ello, tampoco comprenden a Dios y, en su ignorancia, llaman buenos a los dioses y a algunos hombres, los cuales no pueden nunca serlo ni volverse: pues el bien es la inmutabilidad absoluta de Dios, inseparable de Él porque, en verdad, es el propio Dios.

 

  1. 40.  Se respeta a todos los dioses, en tanto que seres inmortales, llamándoles dios. ¡Pero Dios es el bien y no como señal de respeto sino por su propia esencia! Pues el ser de Dios y el bien son uno; forman juntos el origen único de todas las generaciones. Pues bueno es quien da todo y no toma nada. Y, en verdad, Dios da todo y no toma nada. Porque Dios es el bien y el bien es Dios.

 

  1. 41.  El otro nombre de Dios es Padre, porque es el creador de todas las cosas. Crear es la característica del Padre.

 

  1. 42.  Por ello, en la vida de aquéllos cuya conciencia está bien orientada, el nacimiento del Hijo es una cuestión de la mayor seriedad, de un celo ardiente y de una profunda devoción a Dios; mientras que la mayor desdicha y el mayor pecado es morir sin esta filiación y ser juzgado por los demonios después de la muerte.

 

  1. 43.  Pues
    éste es su castigo: el alma de esas personas sin hijo es condenada a tomar un cuerpo ni masculino ni femenino, hecho reprobado bajo el Sol. Alégrate, Asclepios, si todos poseen esta filiación; pero envuelve con tu compasión a quienes tienen la desdicha de estar privados de ella, pues conoces el castigo que les espera.

 

  1. 44.  Que estas palabras, Asclepios, te puedan conducir, por su naturaleza y su amplitud, al conocimiento elemental de la esencia del Todo.

 

 

 

XIV

La esencia y la actividad del movimiento universal

 

 

Hemos podido examinar con usted, en los capítulos IX al XII, los primeros treinta versículos del quinto libro del Corpus Hermeticum. Nos detenemos en este punto pues consideramos que, tras lo que hemos examinado de este quinto libro, el lector podrá determinar sin dificultad el significado de lo que queda del texto.

 

Así, pues, dirijámonos ahora al sexto libro de Hermes Trismegistos, el Diálogo universal entre Hermes y Asclepios.

Asclepios, o Esculapio, era en la antigüedad el dios de la medicina y, en un sentido más amplio, también designa a aquél que ayuda, que cura. En este discurso, Hermes instruye a un alumno que, como se desprende de su nombre, se sabe llamado a recorrer el camino del servicio a la Gnosis, con el fin poder cooperar en la curación de la humanidad enferma, alzando lo que está caído y restableciendo lo que está roto. En el sexto libro de Hermes, dentro de este contexto, Asclepios está profundamente iniciado en la esencia del movimiento, y en la causa y la actividad del movimiento universal.

Como habrá observado, la filosofía hermética parte de un comienzo muy elemental. Sobre esta base despliega su argumento y luego sigue escalando hasta lo más abstracto. Quien utiliza esta llave y nunca deja de utilizarla, podrá seguir paso a paso cada pensamiento y comprenderlo perfectamente.

Mucha gente tiene la costumbre de comenzar sus procesos mentales por lo abstracto, por lo desconocido, para después intentar descender a lo concreto. Tal método de pensamiento nunca puede ser satisfactorio y, por otra parte, siempre conduce a especulaciones y a mistificaciones. De esta manera, el hombre de tendencias místicas afirma a menudo que tal cosa se puede hacer y tal otra no. El porqué se debe hacer o no hacer, en general, queda indeterminado y con ello, a menudo, se produce un rechazo o una aceptación basándose en tal o cual autoridad.

Por ejemplo, se afirma: «La Biblia es la palabra de Dios. No se puede cuestionar ni una tilde». Pero nadie sabe exactamente por qué la Biblia es la palabra de Dios. Así uno acepta por la fe en una autoridad lo que otro rechaza, mientras que un tercero permanece totalmente indiferente al tema. Este método de pensamiento no sirve a la verdad, sino que genera confusión, falsedad y una fuerte controversia. El método de pensamiento hermético es el único método seguro y correcto, puesto que piensa partiendo de lo conocido, de lo concreto, para llegar hasta lo abstracto. Por ello, la Gnosis Original siempre aplicó este método. Todos los hombres que anhelan y buscan la liberación reciben esta Gnosis porque ofrece los mejores resultados.

Por la manera de pensar se puede reconocer si alguien es, o no, un verdadero buscador de la verdad. Encontramos un buen ejemplo en la persona de Benito de Spinoza. Es indudable que él aplicó este método de pensamiento hermético.

 

Retomemos ahora nuestro texto y tratemos de comprender lo que dice al comienzo que es la simplicidad misma: Todo lo que está en movimiento, es movido por algo y en algo. Aquello en lo que se mueve es mayor que lo que se mueve. Lo que causa el movimiento es más poderoso que aquello que se mueve.

 

Tómese a usted mismo como ejemplo: su cuerpo tiene la facultad de moverse; se mueve en y a través de un espacio, y hay una fuerza que efectúa el movimiento. En consecuencia, el espacio en el que se mueve su cuerpo es mayor que él y la fuerza que lo pone en movimiento es más poderosa que su propio cuerpo. Cualquiera admitirá la lógica de todo esto.

Y, como constata el versículo 4, aquello en lo que se mueve su cuerpo y lo que lo mueve, deben de ser de naturalezas completamente opuestas. Esto también es cierto puesto que su cuerpo es una forma más o menos cristalizada que posee una densidad, pero que se mueve en un espacio sutil, liviano y transparente. La fuerza que le mueve a usted responde a estas mismas características. Por ello la filosofía de la Rosacruz de Oro dice que nuestro orden mundial se mueve por el juego de los opuestos, que nuestro orden mundial es dialéctico. Tal y como se deduce del sexto libro del Corpus Hermeticum, esta misma idea fue transmitida al buscador de la verdad hace miles de años. Si usted ahora la entiende, podremos dar un paso más.

 

HERMES: ¿Es este universo más grande que cualquier otro cuerpo?

 

ASCLEPIOS: Sí, es cierto.

 

HERMES: ¿Y no está lleno por completo de muchos cuerpos grandes o, mejor dicho, de todos los cuerpos que existen?

 

ASCLEPIOS: Así es.

 

HERMES: Por tanto el universo un cuerpo. Y es un cuerpo en movimiento. ¡De qué magnitud debe ser entonces el espacio en el que se mueve el universo! ¿Y de qué naturaleza será? ¿No es necesario que sea mucho más grande que el universo para permitirle un movimiento continuo sin obstaculizarlo ni detenerlo?

 

ASCLEPIOS: El espacio debe ser extraordinariamente grande, Trismegistos.

 

HERMES: ¿Y de qué naturaleza será? ¿No será de naturaleza opuesta, Asclepios? Lo incorpóreo es de naturaleza opuesta a lo corpóreo.

 

ASCLEPIOS: Sin ninguna duda.

 

Así pues, todos los cuerpos que existen forman juntos un cuerpo único: el universo. En su interior cada cuerpo posee un espacio que lo rodea y una fuerza que le permite moverse. La naturaleza del espacio y de la fuerza, por una parte, y la del cuerpo, por otra, se contraponen. Podemos concluir, por lo tanto, que todos los cuerpos que en esencia forman un gran cuerpo, un sistema, poseen estas dos naturalezas contrapuestas. Y puesto que todos los cuerpos se distinguen entre sí, aunque forman esencialmente un gran cuerpo, podemos afirmar que existen miles de millones de naturalezas diferenciadas y que, por lo tanto, hay una inmensa serie de oposiciones que mueve todo el universo. Así pues, puede llamarse manifestación universal al cuerpo en cuyo interior se manifiestan estas innumerables naturalezas.

Todos tenemos un cuerpo y nos movemos en un espacio, nuestro campo de vida individual, que asimismo es la fuerza que nos mueve. Aunque nosotros, en tanto que seres humanos, formemos un solo sistema de vida y pertenezcamos a un mismo cuerpo planetario, difícilmente puede sostenerse que nos manifestemos de la misma manera. No, ¡nuestras naturalezas son muy distintas entre sí! Una serie inmensa de oposiciones mueve todo el universo. Así pues, como decíamos, puede llamarse manifestación universal al cuerpo en cuyo interior se manifiestan las innumerables naturalezas humanas.

Este inmenso cuerpo de la manifestación universal, todo ese conjunto de planos cósmicos, es igualmente movido en algo y por algo. Siguiendo el mismo método de pensamiento debemos inevitablemente llegar a esta conclusión. Nos podemos hacer alguna idea del inmenso espacio en el que y por el que se mueve la manifestación universal, un espacio que, como decíamos, debe ser necesariamente de naturaleza opuesta. De ahí que el sexto libro de Hermes llegue a la conclusión de que este espacio, que todo lo abarca, en el que y por el que se mueve el cuerpo de la manifestación universal, es incorpóreo.

Podemos examinar y acercarnos hasta cierto punto a esta naturaleza opuesta del universo. Por todo lo dicho, debemos sacar la conclusión de que lo material, en su diversidad infinita, está rodeado y limitado por lo inmaterial, lo incorpóreo. Lo corpóreo sólo puede explicarse por lo incorpóreo. O, con palabras de Hermes, lo creado ha surgido de lo increado. Y Hermes dice que lo increado lo abarca todo, lo penetra todo, lo mueve todo; es lo divino, o Dios.

Sin embargo, nosotros no debemos comprender que aquello que rodea al universo es un espacio sin más. En nuestro sistema de vida, distinguimos espacio y cuerpos, pero esta innumerable diversidad de todo lo creado está rodeada por algo que ya no puede ser designado como espacio, sino únicamente como fuerza. Por ello, no podemos hablar de espacio infinito, como lo hace la astronomía moderna, sino que debemos tomar conciencia de que el propio espacio está rodeado de fuerza. Esta fuerza que todo lo abarca es Dios. Esta fuerza divina es lo inmutable, lo incognoscible, lo intangible y también lo incomprensible. Nosotros podemos, por medio del método de pensamiento hermético, determinar la naturaleza de Dios y podemos hablar de Él como de la fuente de la que todo proviene. Pero jamás deberíamos cometer el error de buscar a Dios en el espacio corpóreo, pues con toda certeza no está allí. A lo sumo podemos encontrar en el espacio corpóreo, en los diversos planos cósmicos, lo divino, es decir, la actividad de la fuerza divina. Pero Dios es el campo de fuerza que engloba el gran espacio.

Una actividad siempre puede ser designada, determinada. Así pues, una actividad, sea cual fuere, siempre es limitada. Por ello, debemos concluir finalmente que todo lo que está en movimiento, en el sentido más amplio, no se mueve en algo móvil, sino en algo inmóvil; y la fuerza que origina el movimiento, es inmóvil, puesto que no puede formar parte del movimiento que determina. Por lo tanto, tal como lo hace la Rosacruz clásica, nosotros hablamos en nuestra filosofía del «reino inmutable». Hermes lo expresa claramente en los versículos 13 y 14:

 

Si nos imaginamos el espacio universal, no pensamos en ello como espacio sino como Dios; y si el espacio nos aparece como Dios, ya no hay espacio en el sentido ordinario de la palabra, hay fuerza divina activa que lo abarca todo. Todo lo que está en movimiento no se mueve en algo que es móvil, sino en algo inmóvil; y la propia fuerza motriz es inmóvil, pues no puede ser una parte del movimiento que ella misma provoca.

 

Por consiguiente, lo divino puede situarse en el movimiento universal de las cosas, pero el propio Dios es la fuente de fuerza de la que fluye la inmutabilidad de la actividad divina. Un alumno de la Gnosis, verdaderamente iluminado, puede manifestarse en lo divino, pero nunca podrá volverse Dios hasta que no haya alcanzado el final del largo camino de regreso, «el buen fin»*.

Por lo tanto, de nuevo vemos que hay un taller, un espacio de los cuerpos y cómo puede manifestarse en él una actividad divina. Pero jamás se debe ni puede llamar Dios a esta actividad. Pues Dios se diluye ante nosotros en lo incognoscible, lo incognoscible que engloba el universo.

Así, por medio de esta lógica hermética, sabemos en abstracto quién es Dios, qué es y dónde está. Podemos determinar un poco su esencia y descubrir su actividad, pero es imposible conocerle en su más profunda realidad hasta que no se alcance la filiación, el buen fin. Por ello, en la Biblia está escrito: «Nadie ha visto jamás a Dios, pero el Hijo que está en el corazón del Padre nos lo ha revelado». El corazón del Padre es la radiación de amor, el segundo rayo del Espíritu Séptuple que emana de la fuente. Quien despierta, en este amor, a una actividad divina es una criatura de Dios, un hijo de Dios. Ello significa que se ha vuelto una actividad de Dios. Las fuerzas divinas se liberan en él y se desarrolla un poderoso movimiento. Quien se encuentra en esta actividad conoce a Dios y puede revelarlo, como hace Hermes Trismegistos en su sexto libro.

Sin embargo, surge un problema que Asclepios expresa inmediatamente y del que da testimonio el versículo 15 y todo lo que le sigue. Nos gustaría intentar profundizar en el tema en el siguiente capítulo.

 

Para resumir nuestra introducción al sexto libro de Hermes, constatamos de nuevo que hay una fuente de fuerza que envuelve, que engloba el universo y que abarca todos los planos cósmicos. El sexto libro de Hermes intenta convencernos profundamente de ello en lugar de ofrecernos una penetrante exposición filosófica sobre el ser de Dios o la actividad de la fuerza divina. Se trata de explicar al alumno, a Asclepios, que ha adquirido conciencia de la sublime tarea a la que el hombre es llamado por Dios y que busca recorrer, en sacrificio y entrega, el camino de la Gnosis, que debe obtener una unión con esta fuente.

Nuestra insignificante existencia, en tanto que ser natural inconsciente, sobre la Madre Tierra es lo más ilógico que puede surgir en la manifestación universal. Quien está unido con las radiaciones de la fuente de fuerza será santificado, es decir, sanado. Y por el milagro de gracia de su curación se convertirá, a su vez, él se convertirá en un sanador al servicio de la Gnosis, en un Asclepios maduro.

El sexto libro de Hermes, ante todo, hace una llamada a nuestra comprensión profunda, a nuestro pensamiento dirigido hacia el interior. No nos pide solamente que le escuchemos sino que le acompañemos con el pensamiento y descendamos hasta el propio ser, en la calma serena y el silencio, donde puede ser oída y comprendida la eterna llamada de la verdadera destinación del hombre.

 

 

 

 

XV

El plan divino es inatacable

 

 

Al hilo de nuestros comentarios, hemos topado, junto con Asclepios, con una dificultad introducida de forma intencionada en el diálogo entre Hermes y Asclepios con el fin de que este punto pueda recibir una justa aclaración.

Hemos comprobado, en el versículo 14 del libro sexto, que el movimiento universal se baña en el seno de lo inmutable:

 

Todo lo que está en movimiento no se mueve en algo que es móvil, sino en algo inmóvil; y la propia fuerza motriz es inmóvil, pues no puede ser una parte del movimiento que ella misma provoca.

 

Y Asclepios plantea la pregunta:

 

Pero, ¿de qué forma se corresponden las cosas que son movidas con las causas de su movimiento? Pues tú has dicho que las esferas en estado de pecado son movidas por la esfera sin pecado.

 

He aquí la respuesta de Hermes: ¡No se trata de un mismo movimiento, sino de movimientos opuestos, no de un movimiento en el mismo sentido sino de un contra-movimiento.

Esta respuesta es desconcertante, aunque al mismo tiempo muy consoladora. En efecto, ¿qué quiere decir Hermes? Imagínese el universo en su estado virginal, totalmente vacío, el universo antes de la creación, según la definición del comienzo del Génesis. Este vacío sólo es aparente, lo que parece vacío es una inmensidad repleta de sustancia primordial, la sustancia cósmica fundamental. Esta sustancia fundamental constituye la verdadera naturaleza del origen, designada en el pensamiento del antiguo Egipto como «la Madre», «Isis». Cuando la Gnosis habla de María, se refiere a este mismo estado virginal de la sustancia original.

Siete rayos, provenientes del Reino Inmutable, actúan sobre la naturaleza original, siete fuerzas que emanan del campo del espíritu universal, que a su vez emana de Dios. Todas ellas son de naturaleza séptuple. Estos siete veces siete rayos se determinan unos a otros, representan la vida absoluta, el amor absoluto, la inteligencia absoluta, la armonía absoluta, la sabiduría absoluta, la devoción absoluta y el acto liberador absoluto. Es fácil sacar la conclusión de que los siete rayos se determinan unos a otros y que cada uno contiene los otros seis, si se comprende que un acto verdaderamente liberador debe contener la vida, el amor, la inteligencia, la armonía, la sabiduría y la devoción.

 

Cuando estos siete rayos, que emanan de lo inmutable, de lo inalterable, de lo inviolable, penetran en la naturaleza original, la Madre universal, Isis, engendran un movimiento, una actividad. Siempre se trata del mismo movimiento; la naturaleza original da testimonio por sus obras de lo que está contenido en la divinidad. Emanando de lo incognoscible, los siete rayos, por su actividad y por lo que la naturaleza original manifiesta, muestran la intención divina en la naturaleza original. Lo divino es pues transmitido y manifestado en el espacio de la naturaleza por este único movimiento, el co-movimiento.

Y si pensamos que todo lo que se manifiesta emana de los siete rayos divinos que se determinan unos a otros, sabremos por deducción lógica que todo lo creado debe llevar la imagen, la esencia, el núcleo de lo divino, que todo lo que es creado encierra una intención divina, pero esta intención divina sólo es realizable por el co-movimiento. Cuando una entidad logra moverse según el plan divino, que actúa en ella por sus siete rayos, este plan se realiza en ella y por ella.

Verdaderamente, la conclusión a la que conduce la filosofía de Hermes, la filosofía egipcia, es grandiosa. Quien camina según el movimiento divino y persevera, realizará en sí mismo y por sí mismo el plan divino. Por lo tanto, hay en toda la creación un perfecto movimiento concordante, un co-movimiento, que conduce a la divinidad absoluta. Pero, al mismo tiempo, también existe la posibilidad de seguir un movimiento discordante, un contra-movimiento. Pues la posibilidad de alcanzar la divinidad con que es dotada la criatura, encierra en sí la presencia de una libertad absoluta. Esto se deduce de la característica de los siete rayos por la que se determinan unos a otros. La muy conocida frase bíblica «Allí donde está el espíritu del Señor, allí está la libertad», da testimonio de ello.

Por ello vemos aparecer en la manifestación universal dos principios activos: el co-movimiento y el contra-movimiento. La libertad de participar realmente en el devenir divino, con el fin de transformarse efectiva, fundamental y estructuralmente en hijos de Dios; y la libertad de oponerse a ello y de sumirse así en el abismo de la corrupción dialéctica. Vemos y conocemos la naturaleza dialéctica, pero también vemos y conocemos la realidad de la vida en Dios, la realidad de las consecuencias del movimiento en el mismo sentido. Asimismo vemos y conocemos el grupo intermedio, que se libera del contra-movimiento y de sus consecuencias, y se eleva en el co-movimiento. La primera consecuencia de ello es la transfiguración, lo que quiere decir: el restablecimiento de las consecuencias que depara el contra-movimiento.

La naturaleza original es, pues, el campo de desarrollo encerrado en la divinidad. Lo que se encuentra detrás, lo que se produce si el desarrollo es coronado con el éxito y alcanza el buen fin, es una pregunta a la que no debemos responder pues sobrepasa totalmente nuestras concepciones.

La Enseñanza Universal nos dice que, en un tiempo, el organismo humano fue llamado a volverse semejante a Dios; a elevarse de lo creado a lo no creado. O bien, según la expresión de la antigua sabiduría china, a pasar del ser al no-ser, es decir, a penetrar hasta lo ilimitado, hasta lo que es imposible describir con palabras.

Pero, volvamos al movimiento en sentido contrario, al contra-movimiento. También conocemos las consecuencias del contra-movimiento: la cristalización. Sin embargo, en él existe un gran consuelo, a saber, la existencia de la muerte. Nuestra libertad ha engendrado el contra-movimiento y si un hombre toma la libertad de moverse, de actuar, desencadena siempre una serie de consecuencias. Una acción determinada acarrea las correspondientes consecuencias. La consecuencia, pues, del contra-movimiento es la muerte. El contra-movimiento tiene siempre como resultado su propia anulación.

¿Acaso no es esto admirable, no es consolador? El contra-movimiento, el rehusar colaborar en la realización del plan divino que es la base de nuestra existencia, no puede durar siempre. No puede controlar la manifestación universal y llegar hasta lo inmaterial, hasta lo inmutable par volverse así estable. ¡Qué terrible sería esto!

En efecto, aquello que no está incluido en el estado divino, que no proviene del estado divino, que no marcha en la corriente divina, está tan carente de fuerza y tan enfocado hacia la petrificación que en un momento dado desemboca en la perdición, lo que demuestra que verdaderamente no era nada, que el fenómeno se destruía a sí mismo.

Únicamente es eterno lo que sale del espíritu del Señor. Quien sigue el movimiento discordante, quien queda prisionero del contra-movimiento, es continuamente desmoronado y muere hasta que comprenda, en virtud del principio divino contenido en todo lo creado, que el contra-movimiento no es el verdadero movimiento y que, por lo tanto, no tiene salida y por eso se deshacen y se desmoronan sus efectos; que el único camino de salida se encuentra sólo en el movimiento concordante, en la asociación completamente armoniosa con los siete rayos universales. Así es como uno puede convertirse, en un doble sentido, en un Asclepios.

¿Ha comprendido ya el lector que el contra-movimiento, la perpetua batalla contra sí mismo y su entorno, no es el co-movimiento y que, por lo tanto, sigue usted preso de las tensiones en la miseria? Si así fuese, ¿no es un gran consuelo saber que, haga lo que haga, llegará un día a la comprensión interior por medio del camino de las experiencias y de que, por lo tanto, tarde o temprano, toda criatura entrará en el templo de la renovación?

Allí donde está el espíritu del Señor, allí está la libertad. Por consiguiente, no podemos presionarle porque ello iría contra el principio de la libertad, sería anti-divino. Sin embargo, exhortado y purificado por el saber de la experiencia personal y a través de múltiples muertes, usted se elevará un día hasta la única salvación, hasta su destinación divina.

En esta Escuela no podemos presionarle, pues allí donde está el espíritu del Señor, está la libertad. El camino y sus consecuencias le son presentados constantemente y continuaremos haciéndolo de buen grado. Más aún, nos gustaría ser siempre la luz que ilumina la Enseñanza Universal, sobre el camino inmortal, espléndido, divino, pero esto es imposible, pues el tiempo apremia. La Escuela de la joven Gnosis no sólo es una entidad de enseñanza; sino que también, y sobre todo, forma un Cuerpo Vivo. Y este Cuerpo Vivo progresa sin cesar; invoca cada vez más a los siete veces siete rayos de la luz divina con el fin de que ardan como un fuego poderoso por encima del santuario.

Por ello, en la radiación de este fuego, no podemos sino repetir: «El camino es éste o aquél, sígalo». En efecto, si quiere acompañarnos ─y tiene completa libertad para hacerlo─, entonces tiene que hacerlo sin reservas, aceptando todas las consecuencias. Si emplea su libertad para aferrarse con pies y manos a la tierra, en mejor que siga en tierra, pero si quiere avanzar con el Cuerpo Vivo de la Escuela, entonces ha llegado el momento. Se le anuncian y presentan todas estas cosas para darle la comprensión y un profundo conocimiento de sí mismo. En breve deberá determinar lo que se mueve en usted según su destinación divina y lo que va en contra.

Ahora bien, si es un buscador, se preguntará por qué, en la práctica, la muerte golpea todo lo que se encuentra en el contra-movimiento. La respuesta es tan simple como la de Hermes a Asclepios:

 

Las esferas en estado de pecado son movidas en sentido opuesto al movimiento de la esfera sin pecado y ellas son movidas, en ese movimiento opuesto, alrededor de las esferas que ofrecen resistencia en torno a un punto de equilibrio que está fijo. La rotación no es otra cosa que un movimiento alrededor de un mismo punto central, subordinado a ese punto central totalmente inmóvil. El movimiento circular evita la separación, estabilizando así la rotación. De esta manera, el contra-movimiento cesa en el punto de equilibrio porque el movimiento que ofrece resistencia en ese punto se convierte en estático.

 

 

Hermes quiere decir con esto que cuando hacemos un mal uso de nuestra libertad, actuamos contra las intenciones de Dios, que gobierna el movimiento universal en el seno de lo inmutable, y entonces la resistencia suscitada por este contra-movimiento llega a ser tan grande que los resultados de nuestra acción antidivina capitulan y se destruyen ellos mismos.

 

Por el contra-movimiento suscitamos una resistencia cuyas vibraciones crecen sin cesar hasta el momento en que nuestro ser se abrasa y se destruye. No es, pues, la divinidad quien provoca la resistencia, sino que somos nosotros. Por ello no es razonable afligirse por las dificultades de la vida, puesto que nosotros mismos somos los autores, aunque a menudo parece que la falta es de los demás. La divinidad no lucha contra usted, ni le castiga ni le juzga en el sentido burgués. Usted mismo se lo hace. Sea por medio del pasado microcósmico o por su vida actual, usted invoca las oposiciones y, en un momento dado, es abatido. Si éste es su caso, entonces usted no vive, sino que se coloca en una situación de mortificación permanente que, equivocadamente, toma por vida.

Aspiremos y trabajemos perseverantes para transformar nuestra vida en un movimiento acorde con las siete fuerzas que emanan del Logos,  y que podamos recibir su gracia. Pues la única vida sólo se desarrolla a partir de ese movimiento acorde.

 

 

XVI

La última muerte del yo:

la auto-ofrenda voluntaria

 

 

Le colocamos una vez más ante la gran bifurcación de la vida, ante el punto donde confluyen ambos caminos, el camino del co-movimiento y el camino del contra-movimiento.

Quienes forman parte de la joven Gnosis en tanto que alumnos de la Escuela Espiritual, están completamente al corriente de que el desarrollo de la Escuela, en tanto que grupo, en tanto que Cuerpo Vivo, en tanto que joven Gnosis unida a las precedentes de la cadena universal, lleva consigo una influencia muy dinámica y positiva de los siete rayos del Espíritu Séptuple.  El impulso hacia el co-movimiento con la radiación de Dios, con el Espíritu Santo, en lo que se refiere a nuestro colectivo, se ha vuelto extraordinariamente fuerte. Por lo tanto, sobre nosotros se ha venido realizando una fiesta de Pentecostés y finalmente ya está consumada.

No obstante, mientras nosotros sigamos en el contra-movimiento, todo esto causa en nosotros una resistencia grande e intensa. Esta resistencia no llega a nosotros desde fuera, sino que somos nosotros quienes la causamos en nosotros mismos. Debido a nuestro comportamiento, debido a nuestro estado de ser, nosotros mismos desarrollamos una resistencia cada vez más fuerte, teniendo como consecuencia una muerte continua. Le es transmitido todo esto para que, en el plazo más breve posible, se vuelva un verdadero sanador, un Asclepios. Para esto, dice el versículo 44 de nuestro texto, es necesario algún conocimiento elemental de la esencia del Todo.

Usted es una célula del Cuerpo Vivo de la joven Gnosis. Éste ha desarrollado tal estado de ser que experimenta una magnífica gracia, ha recibido grandes tareas y sobre él fueron y son derramadas fuerzas grandiosas. Son tareas que únicamente pueden ser realizadas, y fuerzas a las que solamente se puede reaccionar con positivismo, por medio de un perfecto co-movimiento con los siete rayos que parten de la divinidad, los cuales acuden a nosotros desde el Reino Inmutable.

¡Usted es la joven Gnosis! Además, usted es una célula de y en el Cuerpo. Y ahora que todo el Cuerpo de la Gnosis es conmovido por el ardor de este movimiento positivo,  se volvería muy peligroso para usted mantener un movimiento contrapuesto. Véalo bien, tan bien que ya nunca pueda olvidarlo. Le hemos dicho que un recorrido en el contra-movimiento despierta una resistencia, porque todo movimiento está finalmente rodeado por el Reino de Dios. Esta resistencia es la que pone término, en un momento dado, al resultado del contra-movimiento.

 

Usted, llevado por el yo, llevado por la naturaleza de la muerte, y debido a su estado natural, a menudo está ocupado en desarrollar algo. En cuanto le parece que su sueño puede ser realizado, las cosas se convierten en lo contrario y usted persigue la muerte. Aquello que pensaba que estaba construyendo es destruido. Este proceso le muestra que, con su orientación natural, se ha movido en círculo y así llega siempre otra vez al mismo punto, en el que debe comenzar de nuevo.

Si permanece en el contra-movimiento, estando acogido al mismo tiempo como célula de una escuela gnóstica, es decir, en un sistema que recorre el camino del movimiento concordante de forma muy dinámica, la consecuencia ya no será un quedarse con las manos vacias, sino que se desarrollará un incidente en su vida del alma, un abrasamiento que la deteriora y la destruye. Por ello siempre se ha dicho y se ha advertido en todas las escrituras sagradas que los pecados cometidos contra el Espíritu Santo conllevan graves consecuencias. Afectan gravemente al ánimo y a la comprensión, pues dañan el santuario del corazón y el santuario de la cabeza.

Usted es un ser animado movido por una determinada fuerza inmaterial. A esto reacciona tanto su estado de ánimo como su comprensión. Su cabeza y su corazón son empujados por aquello que le anima. Si su animación está en el contra-movimiento, la consecuencia siempre es, una y otra vez, la muerte, la destrucción del resultado del contra-movimiento. La animación debe hacer este descubrimiento a cada momento, hasta que finalmente tome la decisión de morir la última muerte: la muerte de la auto-ofrenda voluntaria, la endura, la auto-ofrenda al co-movimiento, al espíritu de Dios y a sus siete rayos, al plan que subyace como fundamento de nuestro devenir. Quien lo hace, en perfecta carencia de yo, desarrolla con una certeza absoluta, tal como sabemos, un nuevo estado de alma, puesto que pasa a una nueva motivación, abre un espacio a una nueva propulsión. Así nace el alma nueva, así se desarrolla una nueva comprensión y, a partir de ella, un co-movimiento inquebrantable con el Logos y una transfiguración perfecta.

No obstante, imagínese por un momento que entra en un cuerpo gnóstico con un alma aún no renacida con su comprensión consciente, en una Escuela Espiritual que existe claramente en los siete rayos. Entonces es acogido con su ser nacido de la naturaleza en un campo de radiación de un tipo muy especial, un campo de radiación tal como nunca lo había experimentado, y se encuentra ante un movimiento totalmente nuevo. Supongamos por un momento que mantiene su existencia nacida de la naturaleza en este nuevo movimiento sobre el que se derraman los siete rayos. Como no está en sus planes realizar la endura, la última muerte del yo, sigue queriendo, sintiendo,  pensando y actuando exactamente igual que antes. Sigue conservando firme e inquebrantable su yo, su naturaleza corriente, su carácter, su tipo, mientras se encuentra en un campo de radiación en cuyo interior se manifiestan grandes fuerzas nuevas.

Le preguntamos: La resistencia que usted mismo ha engendrado, ¿dónde afectará en primera instancia? ¿En la consecuencia de sus errores, como es normal en el mundo de la dialéctica? ¿O en la causa de sus errores mantenida conscientemente? La respuesta es evidente. ¡En la causa de sus errores: en el alma natural y en la comprensión! Se siente como quemado, en ese ardor según el alma y la comprensión se vuelve desnaturalizado. Entra en una gran anormalidad. La consecuencia final es un descenso al punto de partida lemuriano. ¡Cuántos perturbados psíquicos de éstos hay en el mundo! ¡Cuántos irresponsables hay ya! De entre ellos, muchos, innumerables, fueron dotados de grandes fuerzas espirituales.

Por eso es evidente que la Escuela Espiritual hable ahora de una gran crisis. Esta crisis es debida a que, con respecto a todos nosotros en tanto que miembros del Cuerpo Vivo, se trata de la ruptura de los siete sellos, de los que también se hace mención en el Libro del Apocalipsis.

En tanto que Escuela Espiritual, estamos en un apocalipsis, en un ardor de la manifestación. Y con toda certeza para nosotros, la apertura de estos siete sellos no ha de implicar necesariamente para nosotros el derramamiento de las siete plagas, los siete pesares, los siete grandes procesos dolorosos y la séptuple destrucción, lo que incluiría el séptuple orden de emergencia. Por el contrario, en una escuela de iniciación gnóstica se trata de curarle, de hacer de usted un Asclepios. Pero para ello es necesario que, desde ahora, se vuelva uno de los que están en el co-movimiento, y por una última muerte, por una endura, frene inmediata y definitivamente el contra-movimiento.

Somos claramente conscientes de que ahora colocamos sobre su alma una sobrecarga de dificultades. Escucharía con agrado el que le dijéramos cosas distintas. Pero se le dice todo esto como conocimiento elemental de la esencia del Todo. Así se le presta el mayor servicio. Por eso Hermes Trismegistos dice en el verso 25: Puedes ver qué pesada cargasoporta tu alma cuando ella sola debe llevar dos cuerpos.

Todos estamos en medio de una agitación. Y ahora le preguntamos: ¿Cómo se explica su agitación en este momento? Usted está muy agitado en su vida, muy ocupado, está continuamente atareado. ¿Pero en qué? Investigue en qué está tan atareado. Explíquese de manera perfectamente objetiva esa agitación suya que tanto le fatiga y que tanto contraría su alma, su alma natural.

¿Es el co-movimiento o el contra-movimiento? ¿No ocurre a veces que hay una continua lucha en el contra-movimiento, para evitar que las dificultades que se dan en el cuerpo no lo echen todo a perder? ¿No sucede que, a pesar de estar tan atareado y acumular tanto cansancio, no avanza nada y que incluso la resistencia se acrecienta de tal modo que, de cuando en cuando, llega repentinamente un momento de quietud, lo que significa la muerte en alguna de sus formas aparentes como extenuación, desesperación o enfermedad? ¿No es cierto que está siempre tomando sus medidas, dirigiendo su táctica, determinando su conducta a seguir? Sin embargo, todo se le va de las manos, todo lo conduce hasta una nada inerte. Y siempre se vuelve a preguntar otra vez: “¿Pero dónde está el fallo?” ¿Por qué de todo esto lleva al dolor, al pesar, al cansancio y a la falta de perspectiva? ¿Por qué no conduce otra cosa mejor? ¿No he puesto todo mi empeño para que salga bien?”

Bien, esto se debe a que permanece en el contra-movimiento, y por tanto en la lucha, en la agitación entre los opuestos. Y nosotros le hablamos detalladamente de la consiguiente necesidad y de la lógica evidencia del co-movimiento liberador, para que se decida a realizar un acto patente en concordancia con este co-movimiento, como el gran giro en la vida de todo ser humano. Inmediatamente el destino se apartará de usted y así llegará a hacer un uso controlado y eficiente de su tiempo y de sus fuerzas.

El co-movimiento, el nuevo comportamiento del verdadero alumno de la joven Gnosis, ofrece una igualdad de vibración en tanto que grupo, una gran calma interior, así como el silencio, la desaparición de todas las tensiones y el ser liberado del aprisionamiento y del frenesí de la moderna adicción al trabajo. Coloquémonos entonces, completamente abiertos, ante la gracia del co-movimiento, ante la indeciblemente poderosa salvación de los siete rayos del Espíritu Séptuple, ante el descenso directo y actual de la eternidad en el tiempo, ante el derramamiento del Espíritu Santo, ante el hecho de un nuevo Pentecostés que ha tenido lugar en la Joven Gnosis. Elévese en esta nueva comunidad de la salvación.

 

XVII

El misterio del Santo Grial

 

 

Le hemos explicado que en cuanto los siete rayos que parten del Reino Inmutable inciden en la naturaleza original, surge en ella un movimiento. Este movimiento es el que llamamos el co- movimiento. La naturaleza original, con todo lo que surge de ella, muestra aquello que la divinidad encierra en sí. Un Cuerpo Vivo gnóstico que sigue sistemáticamente el curso de su desarrollo atrae, en un momento dado, un nuevo campo astral que emana directamente de la naturaleza original, de la Madre Isis. A continuación, este campo se extiende sobre aquella parte del mundo donde está principalmente activo el respectivo Cuerpo Vivo.

Cuando se ha formado así un nuevo reino gnóstico y se han establecido los focos que éste exige, se desarrolla en el Cuerpo Vivo un nuevo movimiento, el cual crece en fuerza de hora en hora, pues todo ello va a la par con una ruptura de los siete sellos. Son rotos los siete sellos del verdadero proceso que desencadena la vida y, por tanto, del verdadero desarrollo humano. Es entonces cuando los siete rayos de la divinidad se manifiestan de forma directa; y la Gnosis, en tanto que mediadora, se retira ante la plenitud del Espíritu Santo.

Tal como puede leer en el evangelio de Juan, Cristo dice a sus discípulos, a su grupo: «Es bueno para vosotros que yo me vaya, pues si no me fuese no vendría a vosotros el Consolador, pero si me voy os le enviaré. Y cuando haya venido el Consolador, que os habré enviado desde el Padre, es decir, del Espíritu de la verdad que parte del Padre, él os dará testimonio de mí.»

Así es comprensible que cuando la Gnosis, en tanto que intermediaria, se retira ante la plenitud del derramamiento del Espíritu Santo, surja una situación totalmente nueva. Todos los implicados en esta actividad entran de forma ineludible en un nuevo comportamiento y en una nueva necesidad vital.

En Mateo 24, que le aconsejamos releer, se refleja una situación como la que nosotros vivimos ahora. El autor del evangelio de Mateo añade incluso: «No pasará esta generación antes de que sucedan todas estas cosas.»

En torno a esta cita muchos se han burlado diciendo: «¡Cuántas generaciones han pasado ya desde que comenzó la era cristiana sin que todo esto haya sucedido!» Sin embargo, los acontecimientos anunciados en Mateo 24 se relacionan con el desarrollo de la Gnosis y sus vicisitudes. Y de la misma manera que la Gnosis de aquellos tiempos debió experimentar y ya experimentó intensamente todas estas cosas, también en nuestros días somos colocados ante esos mismos desarrollos.

En las Sagradas Escrituras se hace mención también de la ruptura de los siete sellos en un sentido negativo para el mundo y la humanidad. Pero no vamos a considerar ahora semejante ruptura, que está expuesta también en el libro del Apocalipsis.

En este mismo contexto podría plantearse la pregunta: “¿Qué significa que estén cerrados los siete sellos?”. Se refiere a  una situación de neutralización temporal en los planos de la naturaleza original, del carácter absoluto del Espíritu Séptuple. Durante  setecientos años apenas ha sido perceptible en Europa la influencia directa del Espíritu Séptuple debido a una neutralización de ese tipo que tuvo lugar sobre esta parte del mundo. Ahora las radiaciones del Espíritu Séptuple aumentan de nuevo en relación con el mundo. Y ese aumento y actividad se manifiestan ya en la Joven Gnosis, pues comprenderá que la neutralización antes aludida, en un momento dado del desarrollo gnóstico, llega a anularse por completo, como de hecho ya  ocurre en la Joven Gnosis.

Vea como ejemplo el drama crístico. Cristo viene y escoge asus discípulos; o dicho con nuestras palabras, Él funda un grupo. Les precede en el camino de las rosas, dándoles a conocer tanto el camino como las exigencias del camino, y viviendo todo esto ante ellos. El grupo se transforma en una comunidad, en un Cuerpo Vivo, en una Ekklesia. En ese momento, Jesús el Señor se retira en su función de mediador. “Es bueno que me vaya”, decía Él, “pues después de Mí vendrá el Consolador.” Y luego Jesús va delante del grupo hacia el nuevo campo de vida. La retirada de Jesús el Señor como mediador, hasta cierto punto, no es más que una apariencia: La Gnosis precede al grupo en el nuevo campo de vida y allí se encontrarán de nuevo.

Una vez que la Gnosis, en tanto que mediadora o factor de radiación, se ha retirado, se manifiesta la radiación plena del Espíritu Santo. E inmediatamente tiene lugar su derramamiento. Por lo tanto, no ha de considerarse nada extraño ni tampoco espectacular que el grupo de la Joven Gnosis, que pertenece a la cadena gnóstica universal, se encuentre ante las puertas de la misma experiencia. Tal como sucedió a todos los predecesores, así también sucede con nosotros.

También nosotros nos encontramos ante las puertas de un estado de vida totalmente nuevo, un estado de vida en el que yace encerrado un nuevo misterio: es el misterio del nuevo devenir de la conciencia superior, el misterio de la divinización. Repitámoslo una vez más, es un asunto de perfecta lógica que nosotros, después de haber recibido algún conocimiento elemental de la esencia del Todo, podamos decirnos unos a otros: “Podamos entender qué es lo que el Espíritu Séptuple quiere de nosotros, para que podamos prepararnos en la sala superior.”

 

Los siete rayos, decíamos antes, nos colocan en primer lugar ante la vida absoluta, en segundo lugar ante el amor absoluto, en tercer lugar ante la inteligencia absoluta, en cuarto lugar ante la armonía absoluta, en quinto lugar ante la sabiduría absoluta, en sexto lugar ante la de devoción absoluta y, en séptimo lugar, ante el acto liberador absoluto. Puesto que estos siete rayos se determinan mutuamente, está claro que hay siete veces siete, o sea, cuarenta y nueve aspectos o rayos, que tendrá que satisfacer cada candidato al nuevo misterio.

Quien entra en el templo principal de la Escuela de la Rosacruz en Haarlem (Holanda) descubrirá que sobre el lugar de servicio se muestra esta idea con una estrella de cinco puntas, la estrella de Belén, el símbolo del alma renacida, rodeada por los siete veces siete rayos que parten del Reino Inmutable y que impulsan a la entidad que se esfuerza por ir hacia la divinidad. Por ello en Haarlem, después de la ruptura de los siete sellos de la que le hablábamos, se acondicionó un lugar para el templo del Espíritu Santo, para el santuario de la Fraternidad del Santo Grial.

 

Quisiéramos ahora mostrar algo de los cuarenta y nueve aspectos del Santo Grial. Y en primer lugar, respecto a lo que se espera de usted como célula del Cuerpo vivo.

Antes que nada se espera del candidato una profunda y gran seriedad. Debe poseer la inclinación hacia la muerte más importante, la muerte del yo, la endura, la cual previene del peligro, que antes hemos tratado, de ser consumido por el fuego. Quien elimina la causa principal en sí mismo, es renovado inmediatamente según el alma. Y quien renueva el alma, se vuelve receptivo en ese mismo instante ante el Espíritu Santo. Y es éste  quien le dice que debe asumir la dirección de su vida con gran integridad y profunda pureza.

Nunca se equivocará si se basa en la simplicidad, la pureza de intenciones y la franqueza absoluta, incluso aunque no pudiera comprender completamente la plenitud del espíritu. Así es como, sobre la base del renacimiento del alma y con la espontaneidad de un niño, crecerá en usted la santificación.

En un momento dado se encuentra, con su alma renovada, en la pureza de su filiación, ante el trono de la santa luz séptuple. Y se arrodilla ante el primer rayo, el de la vida absoluta. ¿Qué es la vida absoluta? Es la vida del hombre original, la vida de la verdadera humanidad-alma. ¡La vida absoluta es algo grandioso, algo maravilloso, algo inmenso! ¡Es su vocación absoluta, que lo abarca todo! Usted ha nacido en la naturaleza de la muerte, con un cuerpo del orden de emergencia, para elevarse hasta lo absoluto, por un despertar de  la conciencia que ha madurado en el camino de la experiencia de los opuestos. Solamente de esta manera puede manifestar la gloria de Dios.

 

Por esto en usted ha de haber un poderoso anhelo, un impulso imperante por vivir verdaderamente, al que esté subordinado todo lo que tenga o sepa. Si con ese poderoso anhelo se acerca al primer rayo del Espíritu Séptuple para alcanzar la vida absoluta, entonces se encuentra sobre una buena base. En ese instante, se produce una radiación positiva del Espíritu Santo. Entonces se une, de manera elemental, con el fuego de Pentecostés. Y aprende a llamar con el nombre de “Padre” al Espíritu Séptuple, en quien y por quien llegará a manifestarse su salvación. Crear es la característica del Padre, dice Hermes.

 

Por ello, en la vida de aquéllos cuya conciencia está bien orientada, el nacimiento del Hijo es una cuestión de la mayor seriedad, de un celo ardiente y de una profunda devoción a Dios; mientras que la mayor desdicha y el mayor pecado es morir sin esta filiación y ser juzgado por los demonios después de la muerte. Pues éste es su castigo: el alma de esas personas sin hijo es condenada a tomar un cuerpo ni masculino ni femenino, hecho reprobado bajo el Sol. Alégrate, Asclepios, si todos poseen esta filiación; pero envuelve con tu compasión a quienes tienen la desdicha de estar privados de ella, pues conoces el castigo que les espera.

 

La Gnosis Egipcia Original  le muestra aquí su meta vital, su destino previsto por Dios, con una claridad muy depurada: traer al nacimiento al Hijo, al Cristo interior, al verdadero hombre inmortal en usted.

Si niega y rechaza esta vocación, si prosigue en el camino de la obstinación ciega, entonces invoca insensatamente la maldición que parte del Sol espiritual, de la luz universal. Porque en ese caso, la fuerza de radiación séptuple de este Sol actuará negativamente en usted y volverá estériles a la cabeza y el corazón para la obra de salvación, es decir, inadecuados ahora y en un futuro, tanto en sus aspectos masculinos, creadores, como en sus femeninos, manifestadores. Después, tendrá que proseguir con su elección hasta el final en el oscuro e interminablemente largo camino de pesares y tristeza.

No obstante, si por un poderoso anhelo se acerca a la vida absoluta, descubrirá que es bendecido hasta tal punto que se genera en usted una conciencia de filiación, una experiencia filial. Esta conciencia le une directa y positivamente con la actividad que ahora inician los otros seis rayos del Espíritu Santo. ¡Surgen las seis llamas!

En la vida absoluta hay amor. Quien entra por las puertas del primer rayo, aprenderá por primera vez qué es el amor. Es, entre otras cosas, una comprensión genuina hacia el alma natural y hacia su estado de haber renacido todavía, una comprensión de la lucha en la que viven los hombres. También respecto a los errores que comete en la ignorancia. Y a partir del amor, poseerá paciencia, tanta como sea necesaria. Porque como usted sabe, al menos en teoría, y léalo una vez más en I Corintios 13: el amor posee la capacidad de esperar y de cubrir con su sombra, el amor abarca todas las cosas.

 

¿Acaso no entiende que un hombre que acoge positivamente al Espíritu Séptuple, un hijo de la plenitud, ha de ser también inteligente?, ¿qué donde están presentes la verdadera comprensión, el verdadero amor y la paciencia infinita, también ha de encontrarse el camino, es decir, tanto el camino como el saber necesarios para realizar la vida y el amor en sus valores absolutos? ¿Y capta cuán evidente, cuán necesario es que los siete rayos se determinen mutuamente?

Al expresar todo esto, ¿no estamos confirmando al mismo tiempo que en esa manera de vivir surge una armonía vital absoluta y una grande y profunda paz interior? ¿No verá, alguien así, las puertas de la sabiduría ampliamente abiertas? Y, ¿no será evidente, para alguien así, apreciar la devoción hacia todo lo creado? ¿No dará, todo esto junto, testimonio profundo de un comportamiento de actos liberadores?

Ante usted se abre este nuevo misterio. Es como una Cabeza de Oro sobre la que arde el fuego de Pentecostés. ¿Qué es lo que le impide entrar en Ella? Entre, pues, en la paz de su Señor.

XVIII

Las nuevas posibilidades liberadoras

 

 

Bueno es quien lo da todo y no toma nada. Y, en verdad, Dios da todo y no toma nada. Porque Dios es el bien y el bien es Dios. El otro nombre de Dios es Padre, porque es el creador de todas las cosas. Crear es la característica del Padre.

 

«Oh Espíritu Santo Séptuple, unidos en la joven Gnosis y habiendo escalado el Gólgota de la renovación, nos acercamos a Ti con todo nuestro ser y nos inclinamos con humildad ante Ti, que eres absoluto»

Así ha de acercarse el candidato al misterio nuevamente manifestado. Esperamos y rogamos que sean muchos quienes sean conscientes de las nuevas posibilidades que se ofrecen a la humanidad buscadora. Quienes estén maduros para abrirse a la luz del nuevo día que irrumpe ahora ante nosotros, comprenderán el objetivo del trabajo de la Joven Gnosis. Nuestra ferviente plegaria es que usted cese todo contra-movimiento a partir de ahora y que, cuando se aproxime a él, lo reconozca con suficiente antelación.

La humanidad, en tanto que unidad, en tanto que fraternidad original, está hecha añicos; y vemos los innumerables fragmentos de esa unidad rota en el individualismo exacerbado. Todas estas individualidades se mueven en un espacio y son movidas por una fuerza. Pero también el espacio y la fuerza están individualizados. Si usted también lo está, se encuentra entonces en medio de innumerables otros en tanto que ego, como ser individualizado, duro como la piedra, inaccesible y separado de todos los demás. Entonces se convierte en un solitario y, en más de un sentido, prisionero. Todos los solitarios y prisioneros son movidos por sus fuerzas en sus espacios. Como ya sabe, ellos son todo movimiento. Sin embargo es el movimiento de la contranaturaleza. Y aunque viven muy próximos unos a otros,  no se entienden. No se soportan ni tampoco podrían hacerlo, hasta que buscan a la Gnosis y la encuentran.

La Gnosis es el Asclepio que ha nacido, el curador, el Señor del Amor. La Gnosis nos busca en nuestra soledad y aprisionamiento y nos revela el camino. Quien quiere recorrer el camino ha de liberarse del infierno del contra-movimiento y despertar el nuevo estado del alma, por medio del perecimiento de la última muerte, la muerte de la auto-ofrenda a la Gnosis, al Señor del Amor. A partir de entonces, entra en el nuevo misterio, el misterio del Espíritu Santo, el misterio del devenir divino, el misterio de la manifestación del Hijo.

Este devenir se abre ante nosotros en la joven Gnosis. Se trata de un devenir en el que a usted se le ofrece todo lo que, en el sentido antes referido, es bueno, y en el que no se le toma nada. Es un devenir en el que el Padre del universo se origina a sí mismo en su Hijo, en nosotros.

La única salvación eterna se abre ante nosotros. Venga, acérquese a su majestad. Elévese ahora en esta vida maravillosa, por encima de toda lucha terrestre entre hermanos.

 

 

 

XIX

Séptimo Libro

Discurso de Hermes a Tat sobre la crátera y la unidad

 

 

  1. 1.                  Hermes: Considera al Demiurgo, pues él ha creado todo el mundo, no con sus manos sino por medio la Palabra, como la realidad presente e inmutable, como el creador de todas las cosas, el Uno y único, que ha creado todo lo que existe según su voluntad.

 

  1. 2.                  Éste es verdaderamente su cuerpo, intangible, invisible, inconmensurable e indivisible, que no puede compararse a ningún otro cuerpo. Él no es ni fuego, ni agua, ni aire, ni aliento, sino que éstas y todas las cosas existen por él y provienen de él.

 

  1. 3.                  Como él es el bien, no quiso dedicar esta ofrenda sólo a sí mismo ni ornamentar la Tierra para él solo, sino que como joya de este cuerpo divino hizo descender al hombre, criatura mortal de un ser inmortal. Y así como la Tierra sobrepasa a sus criaturas por la vida eterna, el hombre sobrepasa a las criaturas terrestres por la inteligencia y el espíritu.

 

  1. 4.                  El hombre contempló las obras de Dios, lo que le llenó de entusiasmo, y por ellas aprendió a conocer al Creador. De esta forma, Tat, ¡Dios dotó a todos los hombres de inteligencia, pero no de espíritu! Y esto no por ninguna envidia, pues la envidia no proviene de lo alto, sino que nacen aquí abajo en el alma de los que no poseen el espíritu.

 

  1. 5.                  TAT: ¿Por qué, Padre mío, Dios no ha otorgado el espíritu a todos los hombres?

 

  1. 6.                  HERMES: Dios, hijo mío, ha querido que la unión con el espíritu, al alcance de todas las almas, fuese el premio de la carrera.

 

  1. 7.                  TAT: ¿Y cómo lo hizo?

 

  1. 8.                  HERMES: Él hizo descender una gran crátera, repleta de fuerzas del espíritu y envió un mensajero par anunciar al corazón de los hombres: Sumergios en esta crátera, vosotros, almas que podéis hacerlo, vosotros que esperáis con fe y confianza elevaros hacia Aquel que ha hecho descender este vaso, vosotros que sabéis para que habéis sido creados.

 

  1. 9.                  Quienes escucharon esta exhortación, se purificaron y se sumergieron en las fuerzas del espíritu, participaron en la Gnosis, el conocimiento vivo de Dios, y, al recibir el espíritu, se convirtieron en hombres perfectos.

 

  1. 10.              Quienes no prestaron ninguna atención a la advertencia enviada, se detuvieron en las fronteras de la inteligencia, pues no recibieron las fuerzas del espíritu y no supieron para qué ni por quién habían sido creadas.

 

  1. 11.              Las percepciones de estos hombres, obligados a fiarse de sus sentidos, se asemejan a las de los animales carentes de inteligencia. Y como su carácter es una mezcla de pasiones y cólera, no se asombran ante aquello que merece meditación y reflexión, se entregan a los deseos y pasiones del cuerpo, creyendo que el hombre ha nacido para este fin.

 

  1. 12.              Todos los que recibieron parte de los dones de Dios ya no son mortales sino hombres divinos, como sucede con todos sus frutos. Y con su alma-espíritu abarcan todo lo que existe sobre la Tierra y en el Cielo, y también sobre el cielo.

 

  1. 13.              Todos aquéllos que se han elevado al contemplar el bien, aprenden a considerar la permanencia aquí en la Tierra como una desdicha. Consideran condenables todas las cosas corporales e incorporales, y se apresuran llenos de ardor hacia lo Uno y único.

 

  1. 14.              Oh Tat: la manifestación creciente del alma-espíritu, la formación de las cosas divinas y la contemplación de Dios, son los dones de la crátera, el vaso sagrado.

 

  1. 15.              TAT: ¡Oh Padre, yo también deseo sumergirme en la crátera!

 

  1. 16.              HERMES: Si no comienzas por odiar tu cuerpo, hijo mío, no podrás amar tu verdadero yo. Sin embargo, si amas tu verdadero yo, poseerás el alma-espíritu; y una vez poseas el alma-espíritu, participarás también en el conocimiento vivo.

 

  1. 17.              TAT: ¿Qué entiendes por eso, Padre?

 

  1. 18.              HERMES: Hijo mío, no puedes atarte a lo material y a lo divino. Hay dos estados de ser: el corporal y el incorporal, el mortal y el divino, y, tras mucha reflexión, debes elegir entre los dos, ya que no es posible atarse a ambos. En cuanto hayas hecho la elección, muéstrala haciendo menguar lo que rechazaste por medio de la fuerza activa de lo que escogiste.

 

  1. 19.              Pues la elección de lo mejor no sólo manifiesta ser la más gloriosa por la divinización del hombre que la hizo, sino que también lo demuestra en su devoción y consagración a Dios.

 

  1. 20.              Por el contrario, la elección de lo peor conduce a la perdición del hombre y es, sobre todo, un pecado contra Dios. Tal como las comitivas se abren paso entre la multitud sin poder hacer otra cosa que molestar a los demás en su camino; igualmente esos hombres no hacen sino deambular así  por el mundo, arrastrados como están por los deseos de su cuerpo.

 

  1. 21.              Por ello, oh Tat, los dones que provienen de Dios han sido puestos a nuestra disposición y siempre lo estarán. Cuidemos que lo que provenga de nosotros sea digno de ellos y no inferior.  Pues no es Dios la causa de nuestro mal, sino nosotros mismos que lo preferimos al bien.

 

  1. 22.              ¡Mira, hijo mío, cuántos cuerpos, coros de demonios, velos de materia y estrellas hemos de atravesar en nuestra laboriosa ascensión hasta lo Uno y único! El bien no es, ni mucho menos, un lugar fácil de alcanzar. El bien es ilimitado y no tiene fin; en lo que se refiere a sí mismo, tampoco tiene comienzo, aunque a nosotros nos parezca que empieza en la Gnosis, el conocimiento universal de Dios.

 

  1. 23.              La Gnosis no es, pues, el comienzo del bien, pero ella nos ofrece el comienzo del conocimiento del bien que nos es necesario aprender.

 

  1. 24.              Comencemos, pues, y apresurémonos a viajar a través de todo lo que nos espera; pues en verdad es difícil abandonar lo que nos es familiar y lo que poseemos para regresar a lo antiguo y primero. Lo que es visible da alegría, mientras que lo invisible despierta duda e incredulidad. Para el ojo ordinario, el mal es conocido y manifiesto; por el contrario, el bien es invisible. El bien no tiene ni figura ni forma, es inmutable, semejante a sí mismo, diferente de todo el resto. Por ello, es incorporal e invisible para el hombre corporal.

 

  1. 25.              Como todo lo que permanece semejante a sí mismo, lo inmutable es muy superior a lo mutable; y lo mutable es deficiente con respecto a lo inmutable.

 

  1. 26.              La unidad, lo uno e indivisible, el origen y la raíz de todas las cosas está, como tal, presente en todo. Nada carece de origen. El origen, punto de partida de todo, toma su fuente únicamente en sí mismo.

 

  1. 27.              El número uno contiene, como origen, todos los otros números en él, sin que él mismo esté contenido en ninguno.

 

  1. 28.              Todo lo que ha sido engendrado es imperfecto, divisible, aumenta y disminuye. La perfección no es nada de todo esto.

 

  1. 29.              Aquello que puede crece adquiere su crecimiento por la unidad. Y en cuanto ya no ofrece cabida a la unidad, sucumbe a su propia debilidad.

 

  1. 30.              Así, oh Tat, en la medida en que me ha sido posible, he colocado ante ti, como ejemplo, la imagen de Dios. Si ella absorbe tu atención interior, y si perseveras en su contemplación con los ojos del corazón, créeme, hijo mío, que encontrarás el camino del cielo. Más aún: la propia imagen de Dios te conducirá en el camino. Esta imagen, si nos volvemos interiormente hacia ella, tiene la particularidad de retener prisioneros a todos los que se han vuelto hacia ella y, tal como el imán atrae el hierro, así los atrae ella hacia lo alto.

 


XX

El premio de la carrera

 

 

El séptimo libro del Corpus Hermeticum está destinado al hombre que, habiendo encallado por completo en la naturaleza dialéctica, se ha vuelto perfectamente consciente de la carencia de perspectiva y de la desesperación de esta existencia, aunque no obstante tiene la suficiente fuerza interior para buscar con sinceridad y perseverancia una solución, una salida. En el séptimo libro, este hombre es designado Tat, es decir, alguien llamado a la realeza, al verdadero devenir humano superior. A él se le ofrece el cáliz divino, la copa, el Santo Grial. Si está dispuesto a beber de esa copa, encontrará la solución que le transmite su corazón y resolverá su gran problema existencial.

Si usted, lector, se puede identificar suficientemente con este hombre y se encuentra interiormente en esa misma situación, el séptimo libro hermético tiene mucho que decirle. Pues aunque fue expresado en palabras hace ya miles de años, el mencionado libro transmite una verdad eterna que es extremadamente importante para todos nosotros y que puede actuar de forma muy liberadora.

Intentemos entender esta verdad y pensemos que el séptimo libro no sólo da una explicación sobre el Santo Grial, sino que con su contenido, a través de su apelación, quiere liberar la fuerza del Santo Grial, la fuerza del séptimo rayo del Espíritu Séptuple.

 

Contempla al Demiurgo, quien no creó el mundo con sus manos sino mediante la Palabra, como la realidad presente y siempre inmutable, como el creador de todas las cosas, el Uno y único, que lo ha concebido todo según su voluntad.

 

En el evangelio de Juan leemos: «Al principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios». No debe imaginarse esta Palabra como una actividad de la laringe, como si fuera una palabra que se pronuncia. Ha de observar esta Palabra como el propio Logos, el Logos que está al exterior de todo y que, envolviéndolo, lo sostiene.

Para nosotros, como seres creados, la Palabra es lo más esencial de la Divinidad. Es la poderosa actividad creadora que parte del Padre. Hemos de ver esta actividad creadora como la expresión directa y realizadora del poder del pensamiento divino.

Nosotros, como seres creados, pensamos algo. A partir de la idea, del objeto de nuestro pensamiento, llegamos muchas veces al acto. Sin embargo, la fuerza de ideación de Dios es directamente creadora, realizadora y, por lo tanto, el acto del cumplimiento. Por eso se dice en el salmo 33: «Él habla y sucede. En cuanto lo ordena, ya existe». Por este motivo leemos que Dios, el Demiurgo, no ha creado el mundo con sus manos sino con la Palabra.

Ella no tiene nada que ver con nuestra actividad mental humana, con la labor de nuestro cerebro, pues se refiere a algo completamente diferente. Al constatar este extremo, no estamos menospreciando nuestra actividad mental. Hemos recibido nuestra capacidad mental para que podamos comprender algo y, guiados así, podamos comportarnos racionalmente. Por esta razón, debemos estar sumamente agradecidos. El hombre es un ser cuyas piezas están agrupadas en un conjunto pero que aún no están unidas por completo de la manera correcta, debido a que carece del elemento esencial.

Sabemos que existe una actividad emocional, generalmente seguida de una actividad mental y, a continuación, de una actividad de la voluntad. Por medio del lenguaje expresamos lo que llega a nuestros sentimientos, a nuestra actividad mental y a nuestra voluntad. Su resultado es el comportamiento. Dichas actividades a veces dan buenos resultados, pero con demasiada frecuencia crean las más lamentables consecuencias. Sin embargo cuando todos estos aspectos, todas estas propiedades, emanan de la Palabra, del Logos, siempre actúan directamente en armoniosa unidad y manifiestan un resultado perfecto. El Logos es un ser ilimitado que no puede compararse de ninguna manera con el ser humano.

 

Éste (la Palabra creadora) es verdaderamente su cuerpo, intangible, invisible, inconmensurable e indivisible, que no puede compararse a ningún otro cuerpo. Él no es ni fuego, ni agua, ni aire, ni aliento, sino que éstas y todas las cosas existen por él y provienen de él. Como él es el bien, no quiso dedicar esta ofrenda sólo a sí mismo ni ornamentar la Tierra para él solo, sino que como joya de este cuerpo divino hizo descender al hombre, criatura mortal de un ser inmortal. Y así como la Tierra sobrepasa a sus criaturas por la vida eterna, el hombre sobrepasa a las criaturas terrestres por la inteligencia y el espíritu.

 

Retenga esto último: el hombre ha recibido la inteligencia y el espíritu. La inteligencia para aprender a darse cuenta de su estado caído y para que, bajo la influencia de la luz de la Gnosis, aprenda a comprender su vocación recibida de Dioss; y el espíritu, o Poimandres, para elevarle del estado animal al estado verdaderamente humano, a la verdadera filiación divina. Hemos de detenernos ante estos dos aspectos humanos por excelencia. El hombre, dice Hermes, contempló las obras de Dios, lo que le llenó de entusiasmo, y por ellas aprendió a conocer al Creador.

Sabrá que la humanidad desde su origen está sorprendida y llena de religiosidad ante este mundo. Continuamente se da testimonio de ello en todo lo que se expresa y se escribe acerca del mundo. A través de los siglos, una tras otra, todas las filosofías tratan de explicar este sorprendente misterio. Las experiencias que tratan de dar un sentido a la vida se cuentan por millares.

Por una parte vemos que se expresa el agradecimiento, la alegría, la satisfacción vital de cara a la naturaleza. Piense en el personaje de las obras del escritor Félix Timmermans que disfruta comiendo y bebiendo, y con ello se siente completamente feliz. Por otra parte, en nuestra época, encontramos el lenguaje de la desilusión, de la desesperación y el de la protesta. Por ejemplo, al constatar la existencia de la muerte y de una gran diversidad de calamidades que azotan a la humanidad. Ésta es, por lo tanto, la sorpresa ante el miserable estado en el que parece encontrarse la vida.

Debido a esto también existe, en tercer lugar, el lenguaje del compromiso, el lenguaje de la evasión del mundo, como dice el famoso refrán: “Con la muerte, todo se arregla”, o el lenguaje del cultivo de la personalidad con su lema: “Quien se cultiva, mejora”.

En cuarto lugar, conocemos también el lenguaje de las conversaciones fútiles e insulsas. Esta multiplicidad, esta confusión de lenguas, que conocemos tan bien, muestra una actividad mental totalmente oscurecida. ¿A qué se debe esta inmensa, nociva y desesperada confusión de la inteligencia? La respuesta de Hermes dice así: Dios dotó a todos los hombres de inteligencia, pero no de espíritu.

Por lo tanto, no todos los hombres disponen de Poimandres, de espíritu. Quienes no poseen espíritu, no salen de su asombro. A una sorpresa le sucede otra, y así es como persiste la confusión en el hombre de la masa. ¿Qué otra cosa puede hacer un hombre carente de Poimandres sino asombrarse sin llegar a entender?

Podría surgir la pregunta: ¿y por qué no conceder el espíritu, Poimandres, a la mayoría de los hombres? ¿Por qué no recibieron todos los hombres el espíritu? ¡A nadie se le niega Poimandres! Está dicho claramente en la expresión:

 

Dios, hijo mío, ha querido que la unión con el espíritu, al alcance de todas las almas, fuese el  premio de la carrera.

 

Conocemos la leyenda del paraíso de Dios. El premio de las almas, Poimandres, el espíritu santificante se encontraba cual árbol de la vida, en medio de la pura creación original, en el centro del paraíso de Dios.

Comprenda bien la situación. El portador de la chispa espiritual, el hombre con la rosa del corazón, representa como tal la filiación divina en potencia, el despertar unipolar a lo superior de la capacidad latente que yace dormida en el hombre.

Cuando el poseedor de la rosa —mortal según su naturaleza e inmortal según su vocación— se encuentra de nuevo en la vida, se pregunta asombrado: «¿Porqué estoy en medio de la vida? ¿Para qué estoy aquí?» A esta reacción de asombro le sigue otra de veneración, pues ante esta pregunta el átomo original, la rosa del corazón, reacciona inmediatamente. Una radiación atraviesa todo el ser, la voz le habla.

Así la respuesta se eleva hasta la conciencia: «Tú estás aquí, en la vida mortal, para volverte consciente de tu elevada vocación otorgada por Dios, la llamada de la inmortalidad, y para consagrarte totalmente como rosa del alma a esta elevada vocación, es decir, consagrarte al premio de la carrera que es el premio de las almas, o sea, Poimandres».

Lo negativo que está encerrado en nuestra semilla divina, el grano de semilla Jesús, la rosa del corazón, el átomo del corazón, recibe entonces el elemento positivo. Éste irrumpe en el interior; el principio “María o Isis” recibe entonces el principio “Espíritu Santo u Osiris”, y así es como nace el Hijo de la Divinidad.

 

Quienes, continúa Hermes, no prestaron ninguna atención a la advertencia enviada, se detuvieron en las fronteras de la inteligencia, pues no recibieron las fuerzas del espíritu y no supieron para qué ni por quién habían sido creadas. Las percepciones de estos hombres, obligados a fiarse de sus sentidos, se asemejan a las de los animales carentes de inteligencia. Y como su carácter es una mezcla de pasiones y cólera, no se asombran ante aquello que merece meditación y reflexión, se entregan a los deseos y pasiones del cuerpo, creyendo que el hombre ha nacido para este fin.

 

Como consecuencia de ello aparecen el extravío, el aturdimiento, la confusión, la cristalización y el hundimiento en las arenas del desierto. No obstante, el supremo regalo espiritual divino que yace hundido espera. ¡También en nosotros! Y así permanece hasta que nosotros queramos consagrarnos, de manera clara y positiva, a nuestra elevada vocación. Para ello, en primer lugar, hemos de recoger y ordenar. Porque nosotros, al principio, pertenecíamos a quienes permanecían en el asombro y no habían encontrado ninguna guía para consagrarse a su vocación. Con el paso de los siglos y de los años transcurridos en nuestras vidas, nuestros microcosmos han acumulado muchas cristalizaciones. Por esta razón hay tanto que cambiar y deshacer en nuestro microcosmos. Por ello lo más importante para nosotros es conseguir el renacimiento del alma.

La Joven Gnosis coloca a sus alumnos, en tanto que hombres nacidos de esta naturaleza y cargados con el poso del pasado, ante la misión de desprenderse de esta coraza, liberarse de este encarcelamiento, y así alcanzar el nuevo estado de alma. Cuando alcanzamos el estado de alma perfecto, también nosotros conseguiremos el premio de las almas perfectas. El alma del paraíso original se vuelve digna de recibir el espíritu, el supremo regalo divino, Poimandres, el Santo Grial, que en el séptimo libro de Hermes se denomina crátera. De ella queremos hablarle ahora


XXI

El vaso sagrado

 

 

Como introducción, citamos la primera Epístola de Juan, capítulo 5: «¿Y quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino por el agua y la sangre: Jesucristo. No sólo en el agua, sino en el agua y en la sangre. Y el espíritu es el que da testimonio, porque el espíritu es la verdad. Pues hay tres que dan testimonio en el cielo: el Padre, la Palabra y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y hay tres que dan testimonio en la Tierra: el espíritu, el agua y la sangre; y estos tres son uno».

Y añadimos también los versículos 6 y 8 del séptimo libro de Hermes:

 

Dios, hijo mío, ha querido que la unión con el espíritu, al alcance de todas las almas, fuese el premio de la carrera. Él hizo descender una gran crátera, repleta de fuerzas del espíritu y envió un mensajero par anunciar al corazón de los hombres: Sumergios en esta crátera, vosotros, almas que podéis hacerlo, vosotros que esperáis con fe y confianza elevaros hacia Aquel que ha hecho descender este vaso, vosotros que sabéis para que habéis sido creados.

 

En la antigüedad, una crátera era una vasija en forma de copa que servía para mezclar el agua y el vino. Cuando en las Sagradas Escrituras se hace mención a la mezcla del agua y el vino, o del agua y la sangre, estos relatos se refieren casi siempre a la ofrenda total de sí mismo por parte de quienes están al servicio del gran trabajo de la liberación. El agua, o el pan, es entonces el símbolo de las fuerzas etéricas santas; y el vino, o la sangre, el símbolo de las fuerzas astrales sagradas que son liberadas por la ofenda al servicio de la liberación de la humanidad. Piense, por ejemplo, en el relato de las bodas de Canaán o en el episodio de la muerte en la cruz durante el cual un soldado atravesó con su lanza el costado de Jesús, de donde salió sangre y agua.

Cuando la Gnosis hermética recuerda que Dios ha querido que la unión con el espíritu, al alcance de todas las almas, fuese el  premio de la carrera y menciona la crátera celeste destinada al agua y al vino, que Dios ha hecho descender repleta de fuerzas del espíritu con el fin de que quienes se sumerjan en ella sean purificados y vuelvan a la gloria de antaño, se describe el trabajo de la Fraternidad del Santo Grial en todo su esplendor.

El premio de la carrera, la recompensa de las almas, es la inmersión, la purificación, el bautismo en la crátera de agua, de vino y de espíritu: el Santo Grial. Este premio es accesible a todos, nadie es privado de él, ni puede serle negado. Sin embargo, sólo se revela al hombre cuya alma purificada se ha vuelto digna de él. El alma purificada y totalmente digna, el alma renacida, crea tal estado vibratorio en el santuario de la cabeza y en las siete cavidades cerebrales que permite que las radiaciones del Espíritu Séptuple puedan influir positivamente en el ser humano y establecer una unión con el principio espiritual latente en él, con la rosa del corazón. Podrá comprender ahora por qué en todos los tiempos se ha hablado de un cáliz, de un grial, es decir, de un cuenco, una pila, una vasija, de la que fluye el agua viva. Una vez se ha vuelto totalmente digna, el alma sedienta apaga su sed en esta copa de agua viva, el agua viva del Nuevo Testamento.

 

La búsqueda del Santo Grial está profundamente anclada en el hombre, lo que explica las innumerables leyendas sobre el Grial, el rey Arturo y la Tabla Redonda. Para el hombre nacido de la naturaleza, el Grial es el eslabón perdido. Bajo esta luz, la Fraternidad del Santo Grial aparece con mayor claridad: pues el Grial es el cumplimiento. La Rosacruz aporta el conocimiento del camino. La Fraternidad de los Cátaros, la Fraternidad de los Puros, reúne al grupo en unidad para que el camino pueda ser recorrido. Pero la coronación del camino es el Grial. Por ello, en la fraternidad precedente, la última iniciación en la gruta de Belén estaba relacionada con esta fiesta de la coronación. El candidato no bebía de manera simbólica, sino que lo hacía realmente de la copa del Nuevo Testamento. Así era unido al Grial, a su Poimandres.

Por lo que antecede, comprenderá que la triple alianza de la luz es una trinidad en la que deben colaborar Grial, Cátaros y Rosacruces. Siempre ha sido así, desde el origen del mundo, para anunciar a todas las almas que están preparadas para recibir el evangelio de la liberación y ayudarles en el camino. Por ello, en los versículos 8 y 9 de nuestro texto se puede leer:

 

Él hizo descender una gran crátera, repleta de fuerzas del espíritu y envió un mensajero par anunciar al corazón de los hombres: Sumergios en esta crátera, vosotros, almas que podéis hacerlo, vosotros que esperáis con fe y confianza elevaros hacia Aquel que ha hecho descender este vaso, vosotros que sabéis para que habéis sido creados. Quienes escucharon esta exhortación,  se purificaron y se sumergieron en las fuerzas del espíritu, participaron en la Gnosis, el conocimiento vivo de Dios, y, al recibir el espíritu, se convirtieron en hombres perfectos.

 

Así pues, se trata de un doble bautismo: Primero la inmersión, la purificación, el renacimiento del alma y, segundo, el Grial. La Biblia habla con detalle de estas cosas, lo que testimonia que este libro sagrado debe mucho de su contenido al Corpus Hermeticum. La Biblia distingue entre el bautismo de la conversión, del cambio, y el bautismo del Espíritu Santo. Esto suscita una gran confusión en la humanidad que todavía está sumida en la perplejidad, como ya hemos hablado antes.

En las iglesias y en las comunidades religiosas, el bautismo se ha convertido en un acto puramente simbólico. Conocemos la práctica del bautismo de niños y adultos, a veces por centenares. También el bautismo del Espíritu Santo ha sido simbólicamente imitado en la Santa Cena. Una imitación puramente simbólica no tiene ningún sentido. Solamente el arte está llamado a expresar, con símbolos y a su propia manera, aquello que dicen las Sagradas Escrituras. Así el hombre puede sentirse emocionado y tocado en lo más profundo de su ser por una expresión artística inspirada en la verdad viva.

Nuestro rechazo del simbolismo actual, carente de significado, no se hace extensivo, por supuesto, a las costumbres simbólicas de los antiguos, fundadas en un conocimiento interior profundo. Por ejemplo, la fraternidad precedente todavía no podía utilizar la imprenta para transmitir su mensaje al público. Por ello impartieron toda una serie de enseñanazas espirituales recogidas en un lenguaje y en unos rituales simbólicos para que el buscador, a fuerza de oírlos, verlos y captar su sentido, llegase a adquirir una profunda comprensión y reaccionase positivamente. Cuando se imita, sin conocimiento interior, actos simbólicos por tradición religiosa, de manera inconsciente y sin fuerza, éstos se vuelven nocivos.

Nosotros distinguimos entre el acto simbólico y el acto mágico gnóstico. El simbolismo vivo y la magia gnóstica se asemejan mucho, pero, no obstante, no tienen los mismos efectos. Vamos a intentar describirle el acto gnóstico mágico.

 

Imagínese que llega a la Escuela Espiritual como alumno y se ve confrontado, tal como le hemos explicado, con la exigencia de la conversión, del cambio, debido a que el Espíritu Séptuple universal no puede hacer nada por usted hasta que su estado de alma no sea totalmente puro y digno de ello. Este bautismo de conversión es una conversión interior de la que dará testimonio por su estado de ser en el transcurso de su vida. En el mundo dialéctico invertimos las cosas. Cuando cuidamos el aspecto exterior, cuando vestimos bien y ponemos cara de circunstancias, creemos que somos hombres civilizados. Comprenderá cuán absurdo es esto. Para que la realidad de este cambio se demuestre en su vida es imprescindible la conversión interior.

Si acepta plenamente las consecuencias del alumnado, puede ocurrir que por el acto gnóstico-mágico de los hermanos y hermanas que acuden en su ayuda, en el templo o fuera de él, le sean transmitidas las radiaciones gnósticas del alma y permanezcan en usted, lo que le ayudará a superar ciertos obstáculos y dificultades.

Si el alumno, con la ayuda de la Escuela, está plenamente preparado para el bautismo del Santo Grial, se le aplica, por supuesto, la misma ley: sólo el mérito le permite progresar. Puede ocurrir también que aunque usted haya entrado en este estado de madurez del alma, permanezcan algunos obstáculos de orden puramente físico, biológico; por ejemplo, cuando un órgano de secreción interna no reacciona, o no lo hace suficientemente, por causa de una debilidad orgánica hereditaria o de alguna perturbación orgánica natural, entonces la dificultad puede ser neutralizada por un procedimiento gnóstico-mágico. No obstante, puesto que en el transcurso de los siglos se operan cambios constantes en el cuerpo racial, los obstáculos nunca son los mismos y las perturbaciones y las dificultades inherentes a la secreción interna de hace setecientos años, no eran las mismas que existen hoy. En consecuencia, la ayuda gnóstico-mágica debe adaptarse al cambio sin volver nunca a caer en las viejas costumbres, sino buscando vías nuevas y eficaces. Por ello, en tales casos, un acto aparentemente sencillo puede traer consecuencias inmensas.

No pierda de vista, sin embargo, que aquí nos referimos a actos gnóstico-mágicos y no solamente a actos mágicos. Las iglesias protestantes y otras comunidades religiosas han reducido el acto gnóstico-mágico a un acto simbólico completamente exteriorizado que ha perdido toda su fuerza. A lo sumo desempeña un papel ético y cultural.

Pero el caso es diferente para muchas otras iglesias y comunidades cuyos rituales y actos simbólicos están impregnados de magia real. Por supuesto, esta magia está completamente dedicada a los eones de la iglesia o a los eones del grupo. Dicha magia, aplicada durante cierto tiempo, influye siempre en las estructuras del cuerpo y de la personalidad, lleva consigo un cambio de la secreción interna, del conjunto del estado sanguíneo y del fuego de la serpiente; de hecho, de cada átomo.

Por lo tanto, cuando un ser humano se ha entregado durante años a cierta magia, tanto recibiendo como transmitiendo, lleva y llevará en él la señal de esta magia y sufrirá las consecuencias en cada uno de sus átomos. De estas consecuencias no se libra nunca, o sólo después de muchos, muchísimos años. Está claro que la Escuela siempre tendrá en cuenta esta circunstancia. Todas las fraternidades precedentes lo han hecho, y eran mucho más radicales en su forma de actuar que la Joven Fraternidad Gnóstica. No obstante, también deberá tener en cuenta todo esto, tanto más cuanto que está constituida por un grupo muy heterogéneo.

 

¿Por qué tiene que tenerlo en cuenta la Joven Gnosis? La respuesta es clara: porque los eones de la naturaleza, en su afán por salvaguardar su existencia, deben hacer y hacen todo lo posible para frenar el desarrollo de una Gnosis.

La Gnosis tiene un solo propósito: hacer que usted beba de la copa del Santo Grial y evitar que esta copa sea suplantada por las influencias de un eón cualquiera. ¿Acaso no están presentes esas influencias en la Escuela Espiritual? ¿Cómo pueden reconocerse, cómo descubrir sus intenciones y qué deberíamos hacer para proteger el trabajo?

Desde el punto de vista dialéctico, podríamos darle muchas respuestas y referencias relacionadas con ello. Podríamos explicarle cómo solemos reaccionar en caso de necesidad. No obstante, ¿de qué le serviría esa explicación? Usted miraría a otros alumnos con recelo y no está descartada la posibilidad de que el grupo se disgregara y que la Escuela se convirtiera en un terreno de disputas, lleno de gente a favor y en contra, en la que se desencadenaría una violenta crítica y se provocaría una terrible tensión. Precisamente entonces, las fuerzas de los eones que intentan frenar el desarrollo de la Gnosis serían propiciadas en gran medida.

Por otra parte, la inquietud no es útil en ninguna circunstancia, según se expresa en el versículo 9 del texto de Hermes:

 

Quienes escucharon esta exhortación, se purificaron y se sumergieron en las fuerzas del espíritu, participaron en la Gnosis, el conocimiento vivo de Dios, y, al recibir el espíritu, se convirtieron en hombres perfectos.

 

¡Ésta es la fórmula! Que nada le impida guardar su orientación hacia el único fin, hacia la única tarea. Permanezca orientado hacia el único fin, de forma total e inquebrantable. Mientras no sea así, sentirá que le empujan sin descanso a deambular por toda clase de caminos y que por todos los medios se intenta precipitarle en la incomprensión, en la confusión, que reina por doquier. Por esta razón, la fórmula es: que nada le aparte de su orientación hacia la única meta, hacia la única tarea. Ésta es la mejor de la protección.

El sol divino brilla tanto para los malos como para los buenos. Es posible que los malos, en el sentido de enemigos del trabajo, penetren igualmente en el recinto de la Escuela Espiritual o que ya se encuentren dentro. Esto no es nada difícil. Pero, puesto que todos, de una manera o de otra, reciben la fuerza y la luz de la Gnosis y experimentan sus efectos, los resultados nos mostrarán quién es y quién no es malo, quién tiene y quién no tiene una segunda intención. Que nadie mantenga las sugestiones o las influencias procedentes de adversarios, cualesquiera que sean. Sembrar angustia, preocupación y temor, provocar inquietud y pánico, es un método conocido al que no debe prestarse. Si está y permanece positivamente orientado, nada podrá dañarle.

Y cuando, más tarde, acceda al misterio del Santo Grial y participe en el bautismo del fuego, reconocerá en un abrir y cerrar de ojos a todos los posibles adversarios, interior y exteriormente; incluso mejor que ellos mismos. Entonces, en cada situación, sabrá y hará lo que tiene que hacer.


 

 

 

XXII

Recibir el Santo Grial

 

 

Quienes escucharon esta exhortación, se purificaron y se sumergieron en las fuerzas del espíritu, participaron en la Gnosis, el conocimiento vivo de Dios, y, al recibir el espíritu, se convirtieron en hombres perfectos.

 

El proceso de conversión, de cambio, el proceso del primer bautismo le es muy conocido. La Escuela ha tratado a menudo este tema y lo ha explicado a través de sus escritos. Es la primera gran tarea en el alumnado de la Escuela Espiritual.

Quien lleva a cabo este cambio en la fuerza de luz de la Gnosis, en la fuerza de luz de la cadena gnóstica universal, provoca una transmutación en el sistema de su propia personalidad, una transmutación de los cinco fluidos del alma. Los fluidos del alma determinan la estructura y la naturaleza de los átomos que constituyen la personalidad. En esta transmutación, el alma se purifica y renace. Este renacimiento influye y modifica, sobre todo, el santuario de la cabeza y la estructura de sus órganos. En consecuencia el ser se abre a la efusión del Espíritu Santo.

El Evangelio designa el comienzo de este proceso con la expresión «recibir la señal del Hijo del Hombre», la cual alude a los cambios que deben producirse en el santuario de la cabeza por transmutación, si queremos participar en la efusión del Espíritu Santo.

De esta forma, el candidato se prepara para su encuentro con Poimandres y así el alma purificada recibe el premio de las almas perfectas. El hombre se convierte en un hombre verdadero sólo cuando posee realmente a Poimandres; sólo entonces se eleva por encima del estado animal. En ese momento es un Manas, es decir, un pensador en el sentido concebido por Dios.

 

¿Qué es en realidad Poimandres, el Ánimo, el Espíritu Santo? ¿Se puede definir este espíritu cuando se ha revelado? Sí, es posible. Para ello, quizá le sirvan las siguientes aclaraciones.

Siete rayos, siete actividades, siete inmensas corrientes de fuerza que emanan del Logos mueven el universo. Por la palabra universo entendemos la sustancia original. La totalidad del espacio universal está repleta de sustancia original. Las siete corrientes, los siete rayos o, como los llamaban los rosacruces clásicos, los siete Señores del Destino impulsan esta sustancia original y toda la vida que se despierta en ella. Todas las actividades biológicas de la naturaleza, incluida la vida animal, se explican por la actividad de los siete rayos.

Todo lo que ocurre en el universo dialéctico, todo lo que se mueve y se desarrolla, de cualquier forma y dondequiera que sea, está sometido a un plan. Todo despierta a la vida y es aniquilado de nuevo, todo sube y desciende, incluido el reino humano que, a excepción de la inteligencia, no se distingue del reino animal. Todo está sometido a un plan. Este plan está destinado a despertar en toda la vida biológica la posibilidad de un nuevo desarrollo. Cuando este plan falla, o todavía no puede realizarse, lo que ha sido creado desaparece en un momento dado para ser despertado de nuevo, más tarde, del seno de la eternidad universal y recibir así una nueva oportunidad.

El plan del Logos y de su Espíritu Séptuple tiene por objeto despertar en todos nosotros una nueva posibilidad. Si esto no se cumple, desapareceremos. En nosotros rige la ley: «Polvo eres y en polvo te convertirás». Permanecemos atados a la rueda de la vida y de la muerte.

El ritmo, la periodicidad de los días y de las noches cósmicas, los flujos y reflujos del universo, todo ello es regulado y ejecutado por los siete rayos del Logos. Ciertamente, los siete rayos impulsan el desarollo de la criatura. Cuando falla este proceso, comienza la desnaturalización de la criatura: «Polvo eres y en polvo te convertirás». El hombre animal, el hombre natural, está concebido para desarrollarse, para reaccionar positivamente a los siete rayos y entonces la desnaturalización, la muerte, ya no es necesaria. He aquí el premio de las almas perfectas: la victoria sobre la muerte. La recompensa de la victoria de las almas perfectas es ser liberadas de la muerte.

Cuando el alma se purifica y se regenera, renace y, como consecuencia de este nacimiento, realiza la transmutación de la personalidad hasta alcanzar el estado de hombre-alma. Entonces, se coloca ante los siete rayos del Logos de una forma completamente distinta. Cuando se confía a la luz gnóstica y comienza a recorrer el camino, se produce en su estado natural, en el cuerpo que posee actualmente, una transformación atómica especialmente importante en los santuarios del corazón y de la cabeza. Con ello, todo el santuario de la cabeza está preparado para recibir positivamente el Espíritu Séptuple. Cuando nace el alma, las siete corrientes del Espíritu Séptuple descienden a las siete cavidades cerebrales. El alma perfecta recibe así los siete rayos de forma totalmente diferente al hombre natural ordinario.

 

Por ello es evidente que, cuando los rayos del Espíritu Séptuple descienden, se encuentran en el corazón con el átomo original, la rosa. La rosa encierra la imagen de la génesis verdadera del hombre, el principio espiritual latente que dormita en nosotros. Cuando los rayos del Espíritu Séptuple tocan al hombre en el alma renacida, la rosa despierta a la vida. La imagen que yace en el átomo original es una estructura de líneas de fuerza, la imagen del verdadero y elevado devenir humano.

Cuando proyecta hacer una cosa u otra, este proyecto crea en su cuerpo astral una estructura de líneas de fuerza. Y cuando alguien le pregunta «díganos cuál es su proyecto», lanza una mirada interior a esta estructura de líneas de fuerza e indica el proyecto. Sigue todas las líneas y la imagen se presenta ante usted. Ocurre lo mismo con el átomo original, con la rosa. Allí está depositada la imagen del verdadero devenir humano y esta imagen despierta y surge con la única condición de que, habiendo madurado el alma, el Espíritu Séptuple penetre en nosotros, se derrame en nosotros.

Cuando percibimos esta actividad en el santuario de la cabeza, los siete rayos del Espíritu Séptuple que actúan en las siete cavidades cerebrales, forman Poimandres. Y cuando fijamos más particularmente nuestra atención en el santuario del corazón, ellos forman el Ánimo, la estructura de líneas de fuerza del verdadero devenir humano. Es la imagen del nuevo ser humano, el Ánimo, o el Poimandres del espíritu creado. La imagen del hombre-Poimandres, esta estructura de líneas de fuerza que está ante nosotros, que está en nosotros y que nos impulsa, nos eleva por encima del estado animal hasta el mundo del estado de alma viva y coloca al microcosmos en una nueva realidad de vida y bajo una nueva ley. Así pues, quienes son bautizados y purificados por las fuerzas del Espíritu llegan al estado de ser humano perfecto y participan en la Gnosis del conocimiento vivo de Dios. Alcanzan un nuevo estado de conciencia en el que el conocimiento es una facultad absoluta.

El conocimiento dialéctico es también la consecuencia de una facultad. En nuestro estado dialéctico animal, el hombre dispone del poder del pensamiento por el cual accede más o menos al conocimiento, a un conocimiento muy mutilado y relativo. Sin embargo, el conocimiento absoluto se transforma en facultad cuando el estado poimándrico predomina en nosotros. No llegamos a este conocimiento por un entrenamiento intelectual, sino que el conocimiento es una parte esencial de nuestro ser. He aquí como Hermes nos describe el desarrollo opuesto:

Quienes no prestaron ninguna atención a la advertencia enviada, se detuvieron en las fronteras de la inteligencia, pues no recibieron las fuerzas del espíritu y no supieron para qué ni por quién habían sido creadas. Las percepciones de estos hombres, obligados a fiarse de sus sentidos, se asemejan a las de los animales carentes de inteligencia. Y como su carácter es una mezcla de pasiones y cólera, no se asombran ante aquello que merece meditación y reflexión, se entregan a los deseos y pasiones del cuerpo, creyendo que el hombre ha nacido para este fin.

   Todos los que recibieron parte de los dones de Dios ya no son mortales sino hombres divinos, como sucede con todos sus frutos. Y con su alma-espíritu abarcan todo lo que existe sobre la Tierra y en el Cielo, y también sobre el cielo. Todos aquéllos que se han elevado al contemplar el bien, aprenden a considerar la permanencia aquí en la Tierra como una desdicha. Consideran condenables todas las cosas corporales e incorporales, y se apresuran llenos de ardor hacia lo Uno y único.

 

Cuando la nueva situación se establece a partir y por el Espíritu Santo, y el candidato es unido a su Poimandres, entra en un estado de vida completamente nuevo, pues “estado de conciencia es estado de vida”.

Cuando los siete rayos del Logos tocan de esta forma positiva las siete cavidades cerebrales y penetran en ellas, una vez purificado el estado de alma, Osiris encuentra a Isis, es decir, el espíritu encuentra al alma. De este encuentro surge el hijo de la plenitud eterna, el nuevo estado de conciencia: un estar en este mundo sin ser de este mundo. Este proceso que ahora le hemos esbozado se realiza en el cuerpo natural. La persona concernida está aún en el mundo según su cuerpo natural, pero según su estado de ser poimándrico, ya no es del mundo.

El hombre dialéctico que no ha afianzado sus vehículos y, por consiguiente, posee una personalidad que se divide fácilmente, se encuentra con frecuencia, en los momentos menos oportunos, más en la esfera reflectora que en la esfera material de la dialéctica. Cuando contempla la vida de la esfera de la materia, le parece totalmente irreal. Esta situación se produce también durante el paso del estado de vigilia al de sueño.

Cuando los hombres que poseen estas facultades (estas divisiones de la psique se producen con mayor frecuencia en las mujeres) oyen hablar por primera vez del camino gnóstico, en el que se precipitan con su yo de la naturaleza, a menudo cometen el grave error de creer que su estado de ser es el estado poimándrico. Sacan todo tipo de conclusiones y llegan a cometer actos y conductas extremadamente lamentables. Comprenderá que estas personas se encuentran en un estado de egocentrismo peligroso y complicado. Hemos puesto este ejemplo para aclarar lo que viene a continuación.

El estado poimándrico encierra muchas dificultades y está lejos de poder ser llamado perfecto, pues el candidato no accede a esta fase con una personalidad transfigurada sino con una personalidad transmutada, una personalidad nacida de la naturaleza que ha experimentado algunas transformaciones. La transmutación precede siempre a la transfiguración. En ese momento el alumno no tiene todavía la nueva personalidad, procedente del mundo del alma viva, del sexto plano cósmico. Esta personalidad todavía debe manifestarse, formarse. Sólo posee un alma nueva y el vestido de oro de las bodas que envuelve a la vieja personalidad. El descenso del ser espiritual se ha realizado, por lo que la novia va al encuentro del novio y las bodas alquímicas de nuestro Padre y Hermano Cristián Rosacruz, la transfiguración, pueden comenzar.

Imagínese por un momento esta situación. El espíritu ha hecho su entrada, Poimandres y el alma se han unido; el hombre-alma, recién nacido, se siente liberado. Su conciencia abarca los siete rayos y, por estas siete vías, tiene la posibilidad de elevarse en el universo y descender allí donde la conciencia le dirija. Él se sabe inmortal y vive la experiencia de esta inmortalidad. Con su Ánimo, con su alma-espíritu, comprende y conoce todo lo que existe en la Tierra, en el cielo y encima del cielo. Sondea el grandioso plan de la sublime divinidad, pues el liberado lee este plan en todas las cosas. Contempla, pues, el bien, el único bien, el bien soberano.

Sin embargo, en este estado, se sabe todavía unido a una personalidad nacida de la naturaleza; se encuentra todavía en la naturaleza de la muerte, en una confusión humana y social tan inmensa, necia y desconcertante que para él es como un nido de víboras. Así pues considera su permanencia en la naturaleza de la muerte como una desdicha. Por esta razón rechaza la triste realidad categórica y fundamentalmente, como nunca lo había hecho antes y actúa en consecuencia para elevarse hacia lo único. Usted comprenderá que el rechazo a lo corporal y a lo incorporal se refiere a la esfera material y a la esfera reflectora de la dialéctica. El esplendor del oropel de la naturaleza de la muerte ya no significa absolutamente nada para la hermana o para el hermano liberado.

La hermana o el hermano ha recibido el Santo Grial en esta situación en la que junto a la gran magnificencia surge, a modo de sombra, la terrible experiencia de la miseria; experiencia que a menudo ha de vivirse en un cuerpo muy débil. El Grial es, pues, la efusión del Espíritu séptuple en el santuario de la cabeza y, a continuación, el toque del Ánimo.

El Grial es un despertar en la nueva mañana, pero al mismo tiempo una mirada en una insondable y negra noche. Este hecho esconde un próposito. En este estado de no ser del mundo aún estando en el mundo –¡y cómo!– el hermano o la hermana puede estar activo en dos planos, puede estar al servicio del Logos en los dos planos: en el mundo del alma viva, los planos de la Cabeza de Oro y, a la vez, también en la naturaleza de la muerte. Y él o ella lo hace y lo acepta.

El Santo Grial, el cáliz divino es, por un lado, liberación y, por otro, servicio. Se puede servir porque se está liberado y uno se libera sirviendo. Por un lado, experimentamos un nuevo sufrimiento; por el otro, un inmenso esplendor, una gloria sublime. Por un lado, la plegaria: «Padre, si fuese posible, aleja de mí este cáliz»; por el otro, «hágase tu voluntad y no la mía». El cáliz debe apurarse hasta la última gota.

El Santo Grial es aceptar el camino de cruz hasta la mañana de la resurrección y, pasada esta mañana de resurrección, volver a descender voluntariamente, sin queja alguna. La libertad, recompensa de los liberados, nace siempre del sacrificio y por el sacrificio.

 

 

 

 

XXIII

El camino y la ofrenda

 

 

En el capítulo anterior explicábamos cómo, tras el bautismo de fuego, el Santo Grial debía ser aceptado y realizado por la ofrenda. Efectivamente, es un camino de ofrenda totalmente nuevo, ya que se trata de la gran ofrenda que el hombre liberado hace de sí mismo a la naturaleza de la muerte.

Tat clama desde su corazón: ¡Oh Padre, yo también anhelo sumergirme en la crátera! Este anhelo de Tat, sin duda, también es el suyo en tanto que alumno de la Escuela Espiritual. Si no, ¿por qué se ha hecho alumno?

La respuesta de Hermes a la pregunta de Tat es que el camino comienza y termina con una ofrenda. La ofrenda que Tat debe hacer es la del yo natural, el yo del cuerpo:

 

Si no comienzas por odiar tu cuerpo, hijo mío, no podrás amar tu verdadero yo. Sin embargo, si amas tu verdadero yo, poseerás el alma-espíritu; y una vez poseas el alma-espíritu, participarás también en el conocimiento vivo.

 

Sin duda, ahora comienza a entrever algo del camino que tiene ante usted. El camino comienza con la ofrenda de lo inferior a lo superior, y finaliza por el sacrificio de lo superior a lo inferior.. La primera ofrenda es la del yo dialéctico, la segunda es la ofrenda del yo celeste. Ambas ofrendas sólo pueden realizarse por amor. La ofrenda, de la que la Escuela de los Misterios habla sin cesar a sus alumnos, sólo puede realizarse por medio de un amor inconmensurable hacia la vida liberadora y por la comprensión de que la llave para acceder a la vida nueva está escondida en uno mismo. Es decir, la vida nueva es la recompensa de un estado de alma perfecto.

Son muchas las personas que encuentran la senda de la Gnosis muy interesante y digna de anhelo, porque observaron los resultados negativos cosechados en caminos de todo tipo por los que transitaron, los cuales no eliminaron la miseria de la naturaleza de la muerte. No obstante, ni el interés ni el deseo les hacen avanzar un solo paso en esa senda de la liberación, pues ambos son expresiones del yo natural, del cuerpo que, viéndose en apuros, busca una solución. En el fondo de la cuestión hay una tendencia a creer que la auto-ofrenda, el sacrificio de sí mismo, es la mayor de las miserias, la desgracia más terrible y el hecho más extraño. La cita bíblica: «Aquél que pierda su vida por Mí, la encontrará», se considera como la frase más extraña que se haya dicho jamás a un ser  nacido de la naturaleza.

Los alumnos de la Escuela de la Rosacruz hablan frecuentemente de auto-ofrenda y en sus conversaciones mencionan la carencia y el perecimiento del yo. Sin embargo, esto es lo más difícil que se le puede pedir a un hombre nacido de la naturaleza. Si desea recorrer el camino de la Gnosis, se le coloca inmediatamente ante esta tarea, la más ardua. Sólo el amor hace posible que el hombre nacido de la naturaleza pueda comprender estas palabras tan extrañas. Y, puesto que el amor está dispuesto a la ofrenda, ésta tendrá lugar cuando el amor sea lo bastante grande como para realizar cualquier sacrificio. Así la ofrenda resulta evidente, ni siquiera puede evitarse. Entonces, la ofrenda parece ligera y, además, actúa liberadoramente.

Su orientación siempre está determinada por el amor. Aquello que ama, no lo olvida, ni de día ni de noche. En este hecho yace la explicación de por qué muchos a veces olvidan por completo las reglas más elementales del camino. Las olvidan en los momentos más necesarios, a veces en los momentos más importantes, mostrando así que todavía no tienen suficiente amor por el camino. Así es como un planteamiento de vida equivocado suple la posibilidad de desarrollar ese amor. Tales alumnos intentan seguir las directrices elementales de la Escuela con el yo de la naturaleza. Escuchan y leen qué exige de ellos el camino e intentan responder con el yo natural.

El resultado siempre es la aparición de grandes tensiones en el propio ser. Lo que fue desplazado suscita tensiones que con el tiempo, tal como sucede con las tormentas, se descargan. Cuando las tensiones del natural, similares a erupciones volcánicas, muestran un egocentrismo exacerbado, siempre hay que buscar la causa en que todavía no se ha despertado el verdadero amor por el camino. Se ha intentado recorrer el camino con el yo.

Si alguien intenta recorrer el camino con su ser natural y, al mismo tiempo, ser un alumno serio, no realiza una auto-ofrenda, sino una auto-represión. Y la auto-represión, a su debido tiempo, se venga. Esto comporta que en la vida le sucedan situaciones contradictorias: en un momento dado todo parece que va bien, un instante después, resulta que es un desastre. A este respecto, Hermes dice a Tat, en el versículo 18 del séptimo libro, que él no va a poder seguir las cosas materiales y las divinas, lo corporal y lo incorporal, lo mortal y lo inmortal. Debes elegir entre los dos, ya que no es posible atarse a ambos.

Cuando se ha hecho la elección, hay que aceptar también todas las consecuencias. Es completamente imposible elegir a ambos a la vez. Por ello en el Sermón de la Montaña se dice: «No se puede servir a Dios y a Mammón» ¡Debemos elegir! Entonces: en cuanto hayas hecho la elección, muéstrala haciendo menguar lo que rechazaste por medio de la fuerza activa de lo que escogiste. Pues la elección de lo mejor no sólo manifiesta ser la más gloriosa por la divinización del hombre que la hizo.

 

Pero ahora surge un problema que, en el transcurso de los años, ha sido expresado de múltiples maneras por muchos alumnos: «¿Cómo sé si amo suficientemente el camino? ¿Cómo sé que no llegará a decepcionarme nunca? ¿Qué es lo que debo hacer o dejar de hacer en esa situación?»

La respuesta de Hermes es: (la elección de lo mejor) también lo demuestra en su devoción y consagración a Dios. Quien se ofrece espontáneamente, en una entrega llena de amor, a la Gnosis y al camino, verá ante sus ojos, en apenas un instante, la manera en que debe recorrer el camino. Quien lo tiene en cuenta recibirá siempre indicaciones ininterrupidamente y no se equivocará ni fracasará en nada.

 

Por el contrario, la elección de lo peor conduce a la perdición del hombre y es, sobre todo, un pecado contra Dios. Tal como las comitivas se abren paso entre la multitud sin poder hacer otra cosa que molestar a los demás en su camino; igualmente esos hombres no hacen sino deambular así por el mundo, arrastrados como están por los deseos de su cuerpo. Por ello, oh Tat, los dones que provienen de Dios han sido puestos a nuestra disposición y siempre lo estarán. Cuidemos que lo que provenga de nosotros sea digno de ellos y no inferior.  Pues no es Dios la causa de nuestro mal, sino nosotros mismos que lo preferimos al bien.

 

Escuche el consejo de Hermes:

 

El bien no es, ni mucho menos, un lugar fácil de alcanzar. El bien es ilimitado y no tiene fin; en lo que se refiere a sí mismo, tampoco tiene comienzo, aunque a nosotros nos parezca que empieza en la Gnosis, el conocimiento universal de Dios. La Gnosis no es, pues, el comienzo del bien, pero ella nos ofrece el comienzo del conocimiento del bien que nos es necesario aprender. Comencemos, pues, y apresurémonos a viajar a través de todo lo que nos espera.

¿Por qué tanta prisa? Pues en verdad es difícil abandonar lo que nos es familiar y lo que poseemos para regresar a lo antiguo y primero. No hay ninguna excepción a lo que a esto se refiere, pues:

 

Lo que es visible da alegría, mientras que lo invisible despierta duda e incredulidad. Para el ojo ordinario, el mal es conocido y manifiesto; por el contrario, el bien es invisible. El bien no tiene ni figura ni forma, es inmutable, semejante a sí mismo, diferente de todo el resto. Por ello, es incorporal e invisible para el hombre corporal. Como todo lo que permanece semejante a sí mismo, lo inmutable es muy superior a lo mutable; y lo mutable es deficiente con respecto a lo inmutable.

 

Si siente amor por la Gnosis en su corazón, el amor por el camino, siusted ha despertado ese amor, comencemos, pues, y apresurémonos a viajar a través de todo lo que nos espera.

   Si acepta este consejo, debe prestar una especial atención al significado del vigésimo segundo versículo:

 

¡Mira, hijo mío, cuántos cuerpos, coros de demonios, velos de materia y estrellas hemos de atravesar en nuestra laboriosa ascensión hasta lo Uno y único!

 

Hermes muestra con estas pocas palabras el camino inconmensurable que se extiende ante nosotros tras nuestra definitiva conversión a la luz. Según los pobres criterios humanos, en términos del orden espacio-temporal, este camino es casi infinito. No obstante, a la luz de la Gnosis, en la conciencia de la eternidad, existe un ascenso radiante en la realidad de la vida liberadora: el hombre poimándrico viaja ascendiendo a través de todos los estados de la materia, manifestándose en vehículos cada vez más sutiles y elevándose, en este ascenso de la glorificación, a lo largo del camino de las estrellas por encima de las influencias eónicas que le mantuvieron prisionero desde hace ya tanto tiempo, en una transfiguración ininterrumpida, en una elevación continua en pureza, luz y poder divinos.

Largo, muy largo, es el camino de regreso a la unidad, el regreso a través de los siete planos cósmicos, hasta la esfera de calor más elevada. Sin embargo, es un camino que va de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia; un camino de vida que verdaderamente supera todo sufrimiento; que se recorre en la bienaventuranza de la armonía perfecta ya restablecida con el Padre universal; en la absoluta y superior actitud servicial, en tanto que verdadero hijo de Dios, que de acuerdo con su vocación, cumple con alegría, libremente, la voluntad del Padre universal, en beneficio de toda la creación y para glorificar el nombre del Creador.

Quien reconoce interiormente esta imagen del camino del desarrollo humano, establecido por Dios, como una realidad que despierta a la vida, realizará en su vida, con gran dicha y agradecimiento, la palabra liberadora del Cristo: Quien quiera perder su vida venida a menos por la voluntad de la Gnosis, la encontrará en y por su ascenso hasta la unidad de toda vida.


XXIV

El regreso a la unidad

 

 

El séptimo libro del Corpus Hermeticum le ha sido presentado en el séptimo mes del año jupiteriano de la Joven Gnosis*. Así pues, la filosofía de la Gnosis Original se manifiesta en el Cuerpo Vivo de la Escuela de la Rosacruz Áurea, a pesar de ser tan joven, lo que tiene una gran trascendencia. La propiedad característica de la imagen que le hemos mostrado, de la cual testimonia el séptimo libro, consiste en retener a quienes en su contemplación la absorben con los ojos del corazón y, al igual que el imán atrae al hierro, en elevarles hacia ella.

Si ha recibido las palabras precedentes con un corazón abierto a la luz gnóstica, ha sido unido una vez más a la obra de salvación de la Gnosis Universal. Sin duda alguna, ella realizará su trabajo en usted, para una resurrección o para una caída, según sus reacciones posteriores. Evidentemente, el propósito es el de unirle, de forma indisoluble, al grandioso objetivo de la Gnosis.

Por ello es conveniente que, si usted es verdaderamente un Tat, profundice interiormente en todo esto con atención y persevere en esta contemplación con los ojos del corazón. Ya que en el corazón es donde debe comenzar la Gran Obra, allí debe despertar el amor por el camino, en él debe desplegar sus pétalos el capullo de la rosa. Sin duda alguna, quien comienza y persevera así, será conducido por el camino celestial. Si se dispone a vivir verdaderamente a partir de este principio único, se elevará de inmediato hasta la unidad, que es Dios. Éste es un gran secreto. Es un misterio que Hermes quiere hacerle comprender, sobre el que trataremos en el siguiente capítulo: participar de la unidad de Dios. Al menos queremos intentar darle un esbozo de ello. Para ello, déjese impregnar por el significado del vigesimosexto versículo:

 

La unidad, lo uno e indivisible, el origen y la raíz de todas las cosas está, como tal, presente en todo.

 

La unidad de Dios es la existencia divina, la manifestación de Dios en su Espíritu Séptuple. La unidad es omnipresente. No hay ningún lugar en todo el espacio donde no esté presente. Por ello, quien persigue la recompensa de las almas perfectas, accede, sin ninguna duda, a esta unidad y pasa a formar parte de ella. Para el candidato, esta unidad, esta unificación con el Logos, es el comienzo que no tiene fin.

¿No siente que esto es un comienzo absolutamente nuevo, distinto de todos los demás? Usted ha nacido, ha recibido un cuerpo del orden de emergencia, para poder emprender este único y poderoso comienzo que es la eternidad. Su nacimiento natural, su forma del orden de emergencia, se explica también por el Espíritu Séptuple, como ya hemos mencionado anteriormente. Cuando, en un momento dado, esta forma nace, cuando esta personalidad llega a ser adulta y madura según los objetivos del plan, lo que vive en esta forma del orden de emergencia regresa a la unidad divina original.

¡Ésta es la base de toda su vida! Para ello está usted en el mundo: para tomar, en el momento oportuno, la iniciativa de su regreso al principio original. Si no vuelve al origen, no deja lugar en usted a la unidad y perece por su propia debilidad. La muerte es, entonces, la consecuencia de su mala elección.

La unidad de Dios es el comienzo de todo y de todos. Cuando esté suficientemente maduro, por la gracia de la unidad de Dios, regresará conscientemente al origen y este comienzo ya no tiene fin. Este comienzo sin fin, este principio del «hilo de Ariadna» al que usted puede asirse, es el punto de partida de la alquimia clásica de los rosacruces. Prosigue con una transfiguración que va de magnificencia en magnificencia puesto que, imperfecto, usted entra en la perfección del ser absoluto, de la unidad absoluta. Aquél que, pobre de espíritu, se sumerge en la unidad del Espíritu Séptuple será salvado. El camino que conduce a ella, tal como le hemos mostrado, es el amor y su ofrenda perfecta.

Quien, por estos dos principios y lo que ambos encierran, regresa hacia la unidad de Dios, entra en la eternidad y ha vencido a la muerte. Qué quien pueda comprender, comprenda.


 

 

 

XXV

La unidad (1)

 

 

La unidad, lo uno e indivisible, el origen y la raíz de todas las cosas está, como tal, presente en todo. Nada carece de origen. El origen, punto de partida de todo, toma su fuente únicamente en sí mismo. El número uno contiene, como origen, todos los otros números en él, sin que él mismo esté contenido en ninguno. Todo lo que ha sido engendrado es imperfecto, divisible, aumenta y disminuye. La perfección no es nada de todo esto. Aquello que puede crece adquiere su crecimiento por la unidad. Y en cuanto ya no ofrece cabida a la unidad, sucumbe a su propia debilidad.

   Así, oh Tat, en la medida en que me ha sido posible, he colocado ante ti, como ejemplo, la imagen de Dios. Si ella absorbe tu atención interior, y si perseveras en su contemplación con los ojos del corazón, créeme, hijo mío, que encontrarás el camino del cielo. Más aún: la propia imagen de Dios te conducirá en el camino. Esta imagen, si nos volvemos interiormente hacia ella, tiene la particularidad de retener prisioneros a todos los que se han vuelto hacia ella y, tal como el imán atrae el hierro, así los atrae ella hacia lo alto.

 

Por muy explícitas que hayan podido ser nuestras anteriores reflexiones, debemos profundizar aún más para comprender completamente el mensaje de la liberación, el grandioso anuncio de salvación de Hermes Trismegistos. Atraemos muy particularmente su atención hacia los cinco versículos del séptimo libro de Hermes que acabamos de citar, pues ellos encierran el misterio de la victoria sobre la muerte.

¿Cómo vencer a la muerte? Esta pregunta reviste la mayor importancia para el buscador sincero. A nadie le agrada este fantasma pálido que todos nosotros debemos afrontar finalmente. El hombre natural se bate hasta el último segundo, con toda su energía y por todos los medios posibles e imaginables, contra este fatal desenlace. Hay relativamente poca gente que salude a la muerte como a una amiga; el dolor, las penas y las miserias del cuerpo deben ser particularmente grandes para desear el fin, para saludarle con una alegre sonrisa.

 

Para el hombre animal, el hombre nacido de la naturaleza, la muerte es una realidad, un hecho innegable y científico. Pero permítanos añadir que la muerte para el hombre renacido sólo es una ilusión, incluso desde el punto de vista científico. Para el hombre nuevo, no sólo está totalmente excluida la muerte, sino que también es una noción borrada del vocabulario.

Sabe que existe una abundante literatura de orden metafísico u oculto, así como de la que denominamos religiosa. Esta literatura transmite al hombre-yo, al hombre nacido de la naturaleza de cualquier clase, un mensaje ataviado con todas las formas posibles y concebibles: «No se inquiete. La muerte sólo es un cambio» ¡Cuántas veces ha leído ya esto! «Morir es nacer en otro plano de existencia. Usted puede influir, desde ahora mismo, sobre ese plano y determinarlo por anticipado». Esta influencia se fundamenta en una teología moralista o en ejercicios esotéricos; o bien en una autosugestión psicológica con la que el yo es transportado a la deliciosa mediocridad del “yo soy”.

¡Todo esto reposa sobre una mistificación, sobre una enorme mentira! Pues para el hombre-yo, el hombre nacido de la naturaleza, la muerte es una muerte tan total que no subsiste nada, absolutamente nada. Es un vaciado absoluto del microcosmos. Por ello tenemos el deber de dirigir al lector una seria advertencia: si recibe con su yo lo que tenemos que decirle a propósito de la filosofía hermética, si lo comprende como si fuera destinado a su yo, todo esto será una pesada rueda de molino colgada a su cuello. Esta exposición será para usted una formidable mentira y lo decimos más expresamente: no nos hacemos responsables de tal engaño para con usted mismo pues en dicho caso, en la naturaleza de la muerte, la muerte sería un acontecimiento todavía más atroz de lo que ya es. Que pueda comprender de la manera correcta el sentido de las explicaciones que le dirige una escuela espiritual gnóstica por medio del diálogo entre Hermes y Tat.

 

El hombre nacido de la naturaleza está dotado de los mismos principios corporales que cualquier otro animal. El ser humano, como animal, actúa y vive según su especie. El animal devora lo que consigue atrapar, sin respeto por la vida de otros. El hombre natural no es una excepción; posee además la inteligencia y el lenguaje y está en posición de comportarse como dueño de todos los demás animales.

El hombre de la naturaleza está obligado a adaptarse a un mundo enemigo que le agrede y a someterse a lo que habitualmente se llama cultura. Sin embargo, por muy cultivado que sea, por muchos títulos que añada a su nombre, delante o detrás, ya viva su vida entre risas o lágrimas, con o sin dinero, en tanto que ser nacido de la naturaleza, lleva y mantiene una existencia animal.

En este estado de ser la Gnosis le llama. ¿Por qué? Pues bien, porque usted posee la posibilidad de elevarse por encima de su estado animal. Esta posibilidad se apoya en el hecho de que en el centro del microcosmos que le rodea se encuentra un principio divino e inmaterial, un principio que coincide más o menos con el corazón físico.

Si desea descubrir ese principio, que habitualmente llamamos “la rosa”, “el átomo original”, o “el átomo crístico”; como principio activo de su ser, debe consagrarle todo su yo animal, todo su yo natural con todo lo que es y posee, en total rendición, es decir consagrarse con una devoción absoluta, con un interés profundo y una aspiración intensa, al centro de su microcosmos, al átomo crístico. Sólo entonces nace el alma inmortal verdadera. Así se transforma de hombre natural en hombre alma.

Si a continuación, lleno de seriedad, consecuente y perseverante, recorre el camino del hombre-alma, si el hombre natural se eleva al estado de hombre-alma de forma claramente demostrable, entonces, dice Hermes Trismegistos, este hombre-alma recibe el Ánimo: Poimandres, el espíritu, el principio humano divino, el Santo Grial.

Sabe que la Escuela Espiritual gnóstica, el Cuerpo Vivo de la joven Gnosis le propone recorrer el triple camino del Grial, Cátaros y Cruz con Rosas: desde el nacimiento natural al nacimiento del alma, del nacimiento del alma al crecimiento del alma y del crecimiento del alma al nacimiento del espíritu. Sabe que la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis sólo quiere ayudarle a recorrer este triple camino. Sabe que ella está capacitada para darle esta ayuda y que, si lo desea, le acompañará a través de todos los misterios de este triple camino y estará a su lado hasta alcanzar la vida liberadora.

Pero, ¿comprende también que debe existir un cuarto misterio? Según hemos dicho, primero hay un camino que va del nacimiento en la naturaleza al nacimiento del alma; segundo, un camino del nacimiento del alma al crecimiento del alma, hasta su madurez; y tercero, un camino del crecimiento del alma al nacimiento del espíritu. Hay que añadir el camino del desarrollo desde el nacimiento del espíritu al crecimiento del espíritu. Hasta ahora, nunca hemos podido hablar de este cuarto desarrollo; sólo lo hemos podido abordar superficialmente. Hablábamos de conciencia mercurial, de omnipresencia o de otras expresiones similares, pero ahora estamos obligados a entrar en este cuarto misterio con el fin de darle una clara imagen del conjunto para que el trigésimo versículo del séptimo libro acabe por ser también para usted, literalmente, un hecho:

Así, oh Tat, en la medida en que me ha sido posible, he colocado ante ti, como ejemplo, la imagen de Dios. Si ella absorbe tu atención interior, y si perseveras en su contemplación con los ojos del corazón, créeme, hijo mío, que encontrarás el camino del cielo. Más aún: la propia imagen de Dios te conducirá en el camino. Esta imagen, si nos volvemos interiormente hacia ella, tiene la particularidad de retener prisioneros a todos los que se han vuelto hacia ella y, tal como el imán atrae el hierro, así los atrae ella hacia lo alto.

 

Si es lúcido y honesto consigo mismo, esto le suscitará sin duda una objeción. Se dirá, por ejemplo: «A lo sumo, yo me encuentro en el proceso del nacimiento del alma, por lo que he realizado el camino del primer misterio y estoy ahora en la puerta del segundo misterio. ¿Qué sentido tiene recibir ya la imagen del cuarto misterio cuando todavía estoy tan lejos?»

Le respondemos planteándole la siguiente pregunta: ¿Por qué Hermes presenta esta imagen a Tat que se encuentra en la misma situación que usted? Supongamos, por un momento, que su alma ya ha nacido, o bien si esto es embellecer demasiado la realidad, que cierta calidad del alma comienza a revelarse en usted y exige sus derechos. Si no fuera así, ¿por qué se dirige a la Escuela Espiritual gnóstica y acepta su alumnado?

Supongamos pues que cierta calidad de alma empieza a brillar en usted. Puesto que una radiación espiritual se dirige exclusivamente al alma, y encuentra una resonancia en el hombre exclusivamente según su calidad de alma, no podemos descartar que el espíritu del cuarto misterio pueda tocarle en sus mejores momentos, en los momentos más puros, como los que tal vez vive en el transcurso de un servicio de templo.

Pero, sin duda, sus objeciones no han finalizado todavía. Podría hacer esta observación: «Acaba de explicar que el espíritu del cuarto misterio es un estado muy particular del alma que ha llegado a la madurez, que Poimandres sólo se revela al alma adulta.

Entonces, ¿cómo puede influir en mí, ni siquiera por un instante, el espíritu en su universalidad, sino por medio de un mensajero que me hablara del espíritu, por quien pudiera experimentar un débil eco de su mensaje y obtener así una remota idea?»

La situación es muy diferente para usted, alumno de la Joven Gnosis, pues el espíritu reside en el Cuerpo Vivo de la Escuela. ¿Acaso no es usted una célula viva de este Cuerpo Vivo? Por su alumnado al menos, usted puede ser una célula vida de este Cuerpo Vivo.

La Joven Gnosis no posee sólo una organización, un cuerpo de la naturaleza, sino que también tiene un alma que anima el cuerpo de la Escuela. La Escuela en tanto que Cuerpo Vivo ha alcanzado el estado de alma adulta. En este cuerpo se erige ahora, en la luz del Logos, el Grial abierto y en este Grial del Cuerpo Vivo se manifiesta el Poimandres de la Escuela. Por este hecho maravilloso, el espíritu divino le habla a usted también, compañero, célula viva del Cuerpo Vivo de la Escuela, y puede manifestarse claramente en usted; lo que tiene consecuencias inimaginables.

El espíritu del cuarto misterio se abre ante usted. La magia de esta manifestación del espíritu la aplicamos con toda conciencia durante nuestros encuentros. Por ello, aunque todavía no viva en el espíritu, usted participa en la gracia infinita de poder recibir la vida del espíritu y de ser tocado. Y esto tiene consecuencias inimaginables.


 

 

 

XXVI

La unidad  (II)

 

 

Le hemos explicado que quienes no viven todavía según el espíritu pueden recibir, no obstante, en tanto participantes del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis que aspiran a este estado, la gracia inmensa de esta vida del espíritu. Ya que el Séptuple Cuerpo Vivo de la Escuela pudo reencontrar a Poimandres durante el séptimo mes del año jupiteriano de 1957.

Usted, sin duda, es muy consciente de ser alumno de la Escuela de la Rosacruz Áurea. También será perfectamente consciente de la forma en que su alumnado le une a la Escuela. Asimismo, gracias a su propia experiencia y a su comportamiento, puede determinar por sí mismo, más o menos, si está suficientemente avanzado en el primer camino: el que va desde el nacimiento natural hasta el nacimiento del alma, de forma que se puede hablar ya de cierta calidad de alma. Sobre esta base nos hemos esforzado en presentarle una imagen de Dios en la medida en que ha sido posible. Se trata ahora de examinar esta imagen. En el versículo 30 del séptimo libro, Hermes dice:

 

Así, oh Tat, en la medida en que me ha sido posible, he colocado ante ti, como ejemplo, la imagen de Dios. Si ella absorbe tu atención interior, y si perseveras en su contemplación con los ojos del corazón, créeme, hijo mío, que encontrarás el camino del cielo. Más aún: la propia imagen de Dios te conducirá en el camino. Esta imagen, si nos volvemos interiormente hacia ella, tiene la particularidad de retener prisioneros a todos los que se han vuelto hacia ella y, tal como el imán atrae el hierro, así los atrae ella hacia lo alto.

 

Por lo tanto, para exponerlo de la forma más sencilla posible, la situación es la siguiente: Su alumnado consciente le conduce a cierto estado de ser; en esee estado le es transmitida una proyección del espíritu. Las radiaciones del espíritu crecen en fuerza en el Cuerpo Vivo, hora tras hora, y le tocan sin forzarle, sin violentarle; sólo se manifiestan a usted.

Si posee los ojos del corazón y la rosa, el centro de su microcosmos, se ha abierto y ha realizado la unión con su corazón físico, podrá contemplar y comprender la imagen que le ha sido esbozada. Si contempla esta imagen como puede y debe ser contemplada ya no se separará jamás de ella. Estará unido magnéticamente al espíritu.

Para profundizar en el tema, atraemos su atención hacia nuestro planeta. Como seres de la naturaleza, todos hemos nacido de él, sobre él y en él. Este planeta es, en particular, un campo magnético. Este campo posee siete fuerzas, siete rayos que determinan nuestro estado de ser, lo dominan y lo dirigen. De esta forma nos retienen totalmente prisioneros. Estos siete rayos terrestres guían, dirigen y determinan totalmente nuestra vida como seres nacidos de la naturaleza. En efecto, todo nuestro ser se explica por ellos. Nuestro egocentrismo y todo lo que ello conlleva es debido al hecho de que el espectro de estos siete rayos varía sin cesar. Todo desarrollo de naturaleza religiosa, oculta y humanitaria, no es y no puede ser nada más que una modificación originada por la combinación de estos siete rayos terrestres, una variación sobre un tema que no presenta cambios.

Estará claro que tampoco la muerte aporta ningún cambio. Después de la muerte del ser natural, sólo subsisten en el microcosmos los restos de una vida terrestre natural, sometida a los siete rayos terrestres mientras sobrevivan en la esfera reflectora.

 

Esto es lo que significa el final del versículo 24 de nuestro texto y el versículo 25:

 

El bien no tiene ni figura ni forma, es inmutable, semejante a sí mismo, diferente de todo el resto. Por ello, es incorporal e invisible para el hombre corporal. Como todo lo que permanece semejante a sí mismo, lo inmutable es muy superior a lo mutable; y lo mutable es deficiente con respecto a lo inmutable.

 

Los siete rayos terrestres están totalmente armonizados con los siete regentes, los siete cosmocrátores del séptimo plano cósmico, y por ello con la naturaleza dialéctica, con la imperfección.

 

Nada carece de origen. El origen, punto de partida de todo, toma su fuente únicamente en sí mismo.

 

Por lo tanto, si su origen está en la naturaleza dialéctica, en la imperfección –y éste es el caso de todo lo que existe sobre este planeta– todo lo que ha nacido en esta imperfección es divisible, es decir, puede ser engendrado, puede multiplicarse y decrecer. Por consiguiente, puede someterse a cierto cultivo, aunque la curva de desarrollo caiga irrevocablemente después de una eventual ascensión, pues lo que ha sido engendrado debe morir. No existe un crecimiento verdadero, ni una evolución absoluta en la naturaleza de la muerte.

Sólo se puede crecer, evolucionar, progresar de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia, cuando se está unido al Espíritu Séptuple original. Por ello, siempre debe guardar permanentemente en usted un lugar para la unidad, debe regresar a la unidad divina. Quien no puede volverse hacia la unidad, corre hacia su perdición por su propia debilidad y permanece unido a la esencia de la muerte. Quien quiera vencer a la muerte, debe regresar a la unidad divina, pues sólo en la unidad es posible realizar todos los demás procesos de desarrollo. Un camino de desarrollo grandioso y sublime le espera, una progresión de fuerza en fuerza. Si quiere hacer suya esta evolución, debe empezar por el comienzo; debe volver a la unidad divina.

 

Todos los números son conducidos a un desarrollo, a partir de la unidad, a partir del origen y raíz de todas las cosas. El número tiene para el hombre hermético un significado totalmente diferente al que tiene para el hombre dialéctico.

El número uno representa la unidad con el Espíritu, con el Padre, con lo Absoluto, con el Logos, con lo Original. Cualquier otra unidad, cualquier otro comienzo conduce a la muerte.

Cuando un hombre ha regresado a la unidad, al uno e indivisible, es colocado ante el número dos. Este número coloca a quien ha sido unido con la unidad en una nueva relación con la sustancia original. Por ello, la Gnosis hermética llama al número dos «la Madre».

El número tres establece la unión llena de amor entre el uno, lo absoluto, y la sustancia original, entre el Padre y la Madre, la unión de ambos.

El número cuatro lleva todo lo concebido a la manifestación. Cuando la entidad que está unida al Padre se une con la sustancia original cósmica, algo se engendra. La totalidad de lo que ha sido concebido es llevada a manifestarse.

La consecuencia de ello es el número cinco, la nueva conciencia, la conciencia de Mercurio. Por ello, Mercurio siempre está asociado al número cinco.

El seis es el número de la rectitud. Junto a la nueva fuerza de luz de la conciencia y por ella, todo el estado de ser del candidato alcanza la justicia, en concordancia con el Logos.

Por ello el número siete es el de la santificación, al que sigue el número ocho que es el de la ascensión perfecta, la entrada en la vida liberadora. Es la ancestral puerta de Saturno, que siempre está unida al número ocho. En el número nueve se celebra la victoria del verdadero devenir divino-humano.

Un desarrollo nónuplo une así a estos nueve números.

 

Le colocamos, una vez más, ante la necesidad del regreso a la unidad original, al origen y raíz de todos los números. Si queremos entrar en el proceso de la vida liberadora, hay que empezar por el comienzo para regresar a la unidad; y no de forma abstracta, sino muy concretamente. Tal vez le interese mucho todo esto pues reconoce su lógica; pero ¿de qué le serviría si se quedara en ese punto? ¡Ante todo, lo importante es el acto! No las conversaciones abstractas, sino los hechos concretos.

La fe testimoniada por el mundo dialéctico, es abstracta. Los verdaderos ateos son raros en este mundo. En la naturaleza dialéctica, la creencia en Dios es la intuición metafísica o la conclusión intelectual de que existe un Logos. Sin embargo, lo concreto es la confrontación directa con Poimandres.

Para usted, ahora, lo más importante es el encuentro con el Poimandres del Cuerpo Vivo, presente gracias a la nueva posibilidad que ya se ha manifestado en el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis. Es evidente que usted tendrá que encontrar su propio Poimandres. Pero en este momento no le es factible. Incluso en la situación en que ahora se sabe colocado, el encuentro con el Poimandres del que le habla la Escuela no tendría ningún sentido.Y no se trata en absoluto de eso por el momento. Si puede ver, con los ojos de su corazón, la imagen esbozada para usted en el séptimo libro de Hermes, ella misma le conducirá hasta la meta. Por lo tanto, no se trata de llegar a la unidad del espíritu mediante un acontecimiento que le sobrepase ampliamente, pues no podría mantener esa unión.

Lo que la plenitud del Cuerpo Vivo manifestado permite es que nos impulsemos mutuamente hacia un estado de ser en el que esta unión sea posible y nos mantengamos en él, de forma que se establezca un contacto magnético y que esta atracción magnética le conduzca hacia la meta.

Hermes dice al respecto:

 

Esta imagen, si nos volvemos interiormente hacia ella, tiene la particularidad de retener prisioneros a todos los que se han vuelto hacia ella y, tal como el imán atrae el hierro, así los atrae ella hacia lo alto.

 

Dicho de otra forma, del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis emana una séptuple atracción magnética, un impulso mágnético totalmente distinto al de la naturaleza ordinaria. Quienes pueden entrar en contacto con esta fuerza magnética son conducidos sencillamente hacia la meta en esta nueva situación. De hecho, en la Joven Gnosis ya no tienen que pararse en los otros procesos de desarrollo. Estos se desarrollarán armónicamente a partir de la unidad. En principio, dentro de las nuevas posibilidades que se han abierto ante nosotros, se trata de regresar a esta unidad. Éste es todo el significado del séptimo libro de Hermes.

Nos queda por exponer cómo puede establecer el alumno este contacto magnético. Seguidamente deberemos precisar cómo puede ser mantenido y, más tarde, cuáles son las consecuencias y los resultados que se derivan de ello, pues el acto debe seguir a la comprensión. Debemos recorrer el camino, sobre el que le hemos hablado ampliamente, los unos para los otros y así juntos, en tanto que grupo gnóstico, vencer la muerte. Éste será uno de los primeros resultados de la unión magnética establecida con el espíritu unificador y vivificador: la victoria concreta sobre la muerte. Esta tarea puede llevarse a buen término en el presente.


 

 

 

XXVII

Vende todo lo que posees y sígueme

 

 

El Cuerpo Vivo posee un séptuple campo magnético liberador que se distingue claramente del de la naturaleza terrestre ordinaria. Este campo magnético séptuple se ha formado de abajo hacia arriba. La Escuela Espiritual actual ha atravesado los tres misterios y el Cuerpo Vivo ha entrado ahora en el cuarto misterio, el misterio de la manifestación del espíritu.

Por ello, la Escuela ha llegado a su fase de Pentecostés. Puesto que nosotros formamos una Fraternidad de la Rosacruz y una Fraternidad de los Cátaros, podemos y queremos vivificar y dar testimonio de una Fraternidad del Santo Grial, de una Fraternidad de la manifestación del Espíritu. Se trata, pues, en primer lugar, de comprender la forma en que vamos a unirnos al Cuerpo Vivo y cómo vamos a participar en la plenitud de su campo de radiación séptuple.

Si reflexionamos sobre este punto básico, descubrimos enseguida que muchos de nosotros aún deberemos efectuar algunos cambios fundamentales en nuestro comportamiento. Muchos alumnos son como mínimo un Tat, es decir, hombres que buscan la verdadera luz. Muchos poseen más o menos cualidades de alma y se sienten indudablemente alumnos de la Escuela. Van a las conferencias, asisten a los servicios de templo cuando les es posible; participan en el trabajo de una u otra forma. También hacen sacrificios materiales y respetan las exigencias del alumnado. Hacen todo eso desde su entrada en la Escuela. ¿Qué más les puede pedir la Escuela? Son personas favorecidas, comparables al joven rico. ¿Por qué Jesús el Señor se mostró tan duro con el joven rico? ¿Por qué le dijo: «Vende todo lo que posees y sígueme»?

La respuesta es que Jesús el Señor le invitaba a ser una verdadera célula viva del Cuerpo Vivo de esa época; y esto es justamente lo que el joven rico no quería. Deseaba entrar en el Cuerpo Vivo, ¡pero tal cual era! ¡Con todas sus cualidades prácticas, pero sin comprometerse! Tenía ciertas reservas. ¿De qué naturaleza eran? No lo sabemos, pero el hecho nos basta.

Imagínese que una parte de las células del Cuerpo Vivo mantenga ciertas resevas respecto a otras células o hacia el conjunto. ¿No piensa que tal cuerpo enfermaría y debería seguir el camino al que conduce dichas reservas? Cuando las células de un órgano de su cuerpo no cumplen ya con sus funciones o con una parte importante de éstas, usted enferma; y finalmente, si no se encuentra ninguna solución, le sigue una muerte cierta.

 

Por esta razón, decimos que todos somos admitidos como alumnos en el Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual, pero todavía no todos somos admitidos como células vivas activas de este cuerpo. Si nos admitieran a todos, sin más, como células vivas, la Escuela moriría al instante. Porque en efecto, muchos alumnos están todavía llenos de reservas con respecto a la Escuela, al Cuerpo Vivo, por las razones que sean. Generalmente, no es voluntario ni consciente, ¡pero, de hecho, da lo mismo!

No profundizaremos en la motivación de estas reservas; pero con relación a este tema, constatamos y afirmamos que es imposible que quienes no confiesen su alumnado de forma incondicional puedan ser células vivas del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis. Ellos mismos se excluyen, por excelentes que sean sus cualidades.

La participación en el Cuerpo Vivo de una Fraternidad gnóstica exige un perfecto: «Señor, heme aquí», como sucedía en todas las comunidades gnósticas, desde el pasado más remoto hasta nuestros días, así como en las primeras comunidades cristianas. ¡Sin ninguna reserva! Sin embargo, el hombre cultivado del siglo veinte, sobre todo el occidental, está lleno de reservas y aspira ante todo a la seguridad. ¿La seguridad? ¿Para qué?

Muchos alumnos también mantienen una distancia entre la Escuela y ellos, tal vez sin ser conscientes. Se trata de pronunciar interiormente: «Señor, heme aquí» y de demostrarlo de inmediato con el acto. Se trata de servir a la Escuela y a su obra como si se tratara de su propio cuerpo. Literalmente, éste es el caso, pues quien se abandona al Cuerpo Vivo de la Escuela como si fuera su propio cuerpo experimenta enseguida la gracia del Espíritu Séptuple del Cuerpo Vivo. Ésta es una de las razones por las que les dijimos que mientras mantenga sea como fuere alguna reserva, usted mismo se excluye de la gracia del Espíritu Séptuple universal.

Algunos se enzarzan en todo tipo de objeciones relacionadas, por ejemplo, con la unidad de grupo y su realización. No obstante, si se consagraran totalmente y sin reservas al Cuerpo Vivo, experimentarían la desaparición progresiva de toda objeción o confusión, tirando por la borda todas las reservas, pues cada célula verdaderamente viva incorporada al Cuerpo Vivo refuerza su vitalidad, de forma que todo lo que no encuentra su sitio es rechazado.

 

La unidad de grupo, en sentido gnóstico, no significa aceptar todo lo que pasa en el grupo de alumnos, sino declararse personalmente dispuesto a la ofrenda total de sí mismo al Cuerpo Vivo y a asumir todas las consecuencias. En este caso, el grupo que se forma así está efectivamente unido y la fuerza de todos es la fuerza de cada uno del Cuerpo. Lo cual quiere decir que si hubiera momentáneamente doscientos miembros verdaderamente vivos del Corpus Hermeticum de la Escuela, cada uno de ellos se beneficiaría en la práctica del poder colectivo de estos doscientos.

Toda célula verdaderamente viva del Cuerpo Vivo establece una unión directa con el campo magnético de la Escuela. No es un dogma, sino una llave mágica. El campo magnético es una radiación séptuple, un río séptuple en cuyo centro se encuentra usted; y este río le arrastra, y no puede ser de otra manera, hacia la meta. Quien se une a este río y navega sobre él, cuidará de que su barca no encalle y que, permaneciendo segura en medio de la corriente, alcance la meta con toda certeza.

 

Podemos hablarle ampliamente del nacimiento del alma y repetirle cómo debe realizarse este nacimiento, cómo el encuentro con Poimandres es el premio de la carrera para todas las almas renacidas. Sin embargo, para alcanzar la gran meta, para avanzar verdaderamente en su vida de alumno, para conseguir resultados concretos, es necesario algo más. A continuación, tiene que realizar el acto vivo y radiante. No obtendrá nada con conversaciones y suposiciones; se trata del acto que lleva a la realización, del acto vivo. Cuando está dispuesto a realizar este acto, el Espíritu Santo Séptuple del Cuerpo Vivo se le acerca, le colma y le conduce hasta la meta. Por ello, para avanzar verdaderamente en su vida, para llegar a conseguir verdaderos resultados concretos en el presente, debe embarcarse sin reservas, en abandono total de sí mismo, a bordo de la barca celeste, ahora que de nuevo sube la marea y que las fuerzas de la dialéctica afluyen para arrastrar a su perdición a toda la creación. No hay en esto nada de fanático ni de insensato. Las fraternidades gnósticas siempre han venido y continuarán viniendo, en el transcurso de los siglos, en los momentos críticos. Ellas llaman y reúnen a quienes quieren escucharles y les dicen: «El tiempo ha llegado. Si quiere aceptar las consecuencias, la salvación está preparada para usted. Únase y venga con nosotros hacia la vida liberadora».

Comprenderá que no se puede permanecer con un pie en la naturaleza dialéctica y con el otro en la barca celeste, el Cuerpo Vivo. Esto no es posible hacerlo de ninguna de las maneras.

Por ello, le pedimos que se decida con la mayor brevedad. Como célula viva, le pedimos que se consagre al Cuerpo Vivo; que el Cuerpo Vivo sea su Cuerpo. Le pedimos que haga todo lo posible para que el cuerpo de la salvación, la unión de todos, pueda realizar la tarea a la que está llamado por Dios

Si está dispuesto a ello, el sol de un nuevo estado de vida se elevará para usted. Todo está preparado para hacerle vivir este amanecer.

 

 

 


 

 

 

XXVIII

El secreto de los misterios gnósticos

 

En el momento de abordar la última parte de nuestra exposición sobre el séptimo libro de Hermes, nos encontramos en una situación relativamente difícil, pues el tema de este libro es el regreso a la unidad divina y la victoria sobre la muerte. Este tema encierra grandes secretos; misterios mágicos de naturaleza muy delicada, como ya hemos podido observar. La dificultad estriba en encontrar una forma de tratar este tema de manera que tengamos la certeza de comprendernos mutuamente y excluir todo malentendido. Podríamos esquivar fácilmente este escollo si tomáramos, por ejemplo, el material de enseñanza que la Escuela dispone tan abundantemente y extrajéramos lo adecuado para una explicación como ésta. Así podríamos limitarnos a una exposición sobre el camino que ahora se abre ante usted y sus consecuencias: el nacimiento del alma, el toque del Espíritu Santo, el devenir del cuerpo del alma, el vestido de oro de las bodas y los procesos transfigurísticos posteriores. El resultado inmediato de todo esto es una existencia consciente en el nuevo campo astral de la Escuela. Una existencia consciente que ya no puede ser interrumpida por la muerte y que, de hecho, significa una victoria perfecta sobre la muerte.

Sin embargo, esta marcha hacia la victoria está ya descrita en nuestra literatura y aunque sea una cosa maravillosa volver a tomar este desarrollo y aclararlo en todas sus facetas, no tenemos la intención de hacerlo en este comentario del séptimo libro de Hermes.

Por el momento, nuestra tarea es indicarle un método, un comportamiento, gracias al cual dinamizará y acelerará de forma extraordinaria los procesos de salvación citados más arriba. Todo lo que la visión del camino le ofrece en perspectiva, ya puede aplicarlo en su vida presente. Ya le hemos confiado el método misterioso al decirle que, para dar verdadero dinamismo a su vida y obtener resultados concretos de inmediato, hay que embarcarse en total rendición en la barca celeste, en el arca de la nueva construcción.

El problema ante el que ahora se encuentra es el siguiente: ¿cómo aprovecho las posibilidades y las fuerzas que encierra el Cuerpo Vivo de la Escuela de los Misterios? La solución es: por una completa rendición de sí mismo, sin ninguna reserva y desde el interior, al Cuerpo Vivo, a la nueva comunidad gnóstica, a la nueva Ecclesia, a la nueva comunidad crística.

Si usted aceptara esta fórmula como hipótesis de trabajo y la aplicara experimentalmente, no obtendría ningún resultado. La exigencia es la ofrenda total de sí mismo, con todo lo que es, con todo lo que posee, con toda su capacidad. No sólo algo, no sólo una parte, aunque sea la más importante, sino todo. Todo o nada; y mejor nada que sólo algo.

Pocos son los que lo han hecho hasta ahora y se trata de saber si usted lo va a hacer. Hablar de ofrenda de sí mismo a la Gnosis es demasiado abstracto para usted, hombre del siglo veinte. Puede disertar en todos los sentidos sobre la expresión “ofrenda de sí mismo a la Gnosis”, pero la ofrenda del yo al Cuerpo Vivo de la Escuela de los Misterios es la exigencia interior, ¡la exigencia de la cumplimiento!

Ésta es la invitación. Sólo es una invitación dirigida a usted. Por lo tanto, desde el punto de vista de su yo natural, aún puede elegir, puede dirigirse en una u otra dirección. Sin embargo, si acepta la invitación para participar en la plenitud interior de las fuerzas del Cuerpo Vivo, entonces se le aplicará la exigencia de la ofrenda total de sí mismo.

Son muchos los que, hasta hoy, han decidido no aceptar esta condición, o no pueden hacerlo. No sólo debido a su egocentrismo, sino también en gran medida al miedo y a la desconfianza. Desde que la Escuela existe, el adversario, que le conoce mucho mejor que usted mismo, intenta sembrar la desconfianza en usted, manipulando con celo el arma de la calumnia, la difamación y la crítica. Y así se le empuja a mantener cierta reserva. Se le cuchichea al oído: «¿Será verdad todo lo que se dice? ¡Nunca se sabe!» Tal vez encuentra muy despreciable que se calumnie y está muy por encima de ello, fuera de ello. Sin embargo, mantiene su reserva. En efecto: «la seguridad ante todo».

No vaya a pensar ahora que esto es una cantinela y que queremos quejarnos; pues desde el comienzo de nuestro trabajo, el espectro de la calumnia, de la difamación y de la crítica amenaza a la Escuela y a sus trabajadores. Siempre ha sido así y sigue siendo el pan de cada día de la dialéctica para todos los trabajadores al servicio de la Gnosis. No, ni por asomo es una queja. Se trata de que perciba claramente el entramado psicológico en el que se halla atrapado, causa de torbellinos y turbulencias que le retienen prisionero. ¿Comprende ahora, a la luz de este análisis, cuán delicado es para nosotros comenzar a hablar de la ofrenda del yo, sin reservas, al Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis? Incluso puede servir como calumnia para acusar a la Escuela y a sus trabajadores de cualquier cosa, por estúpidas que sean estas acusaciones.

Puede reírse de la calumnia; pero ¿sabe que la calumnia, a veces, estropea y paraliza de forma desconcertante el trabajo más sublime realizado al servicio de la luz? Pronto hará veinticinco años* que nos fue confiada la tarea más pesada que jamás se haya puesto sobre nuestros hombros. Debíamos unificar todas las orientaciones relativas a la Rosacruz en el mundo, y fundirlas en un solo cuerpo, con el fin de ganar el mundo para la Gnosis. En un momento dado estuvimos a punto de llevarla a cabo. Y ¿sabe por qué fracasó esta grandiosa tarea? Por la oleada de calumnias que se difundió literalmente por todo el mundo. El viejo y pérfido método que aplica siempre el adversario; muchos lo escucharon y muchos fueron sus víctimas.

 

Hemos discernido suficientemente la situación y la hemos ubicado en sus proporciones. Los problemas anejos que surjan en la vida personal, han de resolverse mediante el autoanálisis y la propia investigación. Le hemos transmitido nuestra invitación lo más sobriamente posible y hemos tenido el coraje de colocarla en el presente actual. Le hemos dicho: «Si lo desea, puede entrar en el arca, en el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis; si lo hace, realizando la oblación total de su ser, en las condiciones establecidas, todas las fuerzas del Cuerpo Vivo serán suyas de inmediato».

Pero, ¿qué es el Cuerpo Vivo? Usted lo conoce como un aparato séptuplemente organizado: la cantera de la juventud, el trabajo del atrio; los dos aspectos del Lectorium Rosicrucianum, a saber, el grupo de alumnos preparatorios y el de los confesionales; la Escuela de la Conciencia Superior; la Ecclesia; y en séptimo lugar se encuentra, como usted ya conoce por lo menos de nombre, la Cabeza de Oro. También conoce la Dirección Espiritual y otros numerosos trabajadores. Además conoce la literatura de la Escuela y tiene cierto conocimiento de las diversas actividades que desarrolla y en las que participa. En resumen, todo esto representa la manifestación material del Cuerpo Vivo. Si se encontrara en el nivel del mero nacimiento natural, esta organización visible sería todo lo que existiría para usted.

¿Esto es verdaderamente todo para usted? ¡Claro que no! Pues, además de su encuentro con los aspectos exteriores, usted ha experimentado a veces, o a menudo, que existe otra cosa. Algo que es muy difícil de definir. Algo que suscita constantemente muchas, muchas preguntas. A veces es una magia encantadora que emana del conjunto, o una fuerza que a menudo oprime, o un toque que a algunos estremece mientras que a otros les hace tambalear. Es una actividad que provoca esta reflexión en muchas personas del exterior: ¿Con qué energía hace esta gente todo esto? La rápida y dinámica expansión de nuestra organización, particularmente en los años cincuenta, ha provocado y provoca que se pregunten: «¿Qué hay detrás de todo esto?»

No responda enseguida: «La Gnosis». Pues, en ese caso no sería más que una definición superficial. Si sabe interiormente que «hay algo detrás», permítanos preguntarle si ha aprovechado totalmente lo que se encuentra detrás de todo esto. Además de sus contactos y de su interés por el aspecto material del Cuerpo Vivo, ¿qué ha hecho usted con todos esos aspectos que se encuentran detrás esa apariencia material?

¿Ha hecho verdaderamante algo?, o bien, como innumerables personas, se ha contentado con preguntarse sin más: «¿Qué habrá detrás?» «¿Se puede entrar realmente en contacto con ‘lo que hay detrás’, tan realmente como con el aspecto material del Cuerpo Vivo?» ¡Sí, se puede! Gracias a la ofrenda del yo, sin reservas. Entonces, pasa de la fe a la contemplación. Entonces se hace realidad lo que Juan testimonia en su primera Epístola (1,4):

«Lo que era desde el comienzo, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y nuestras manos han tocado, con respecto a la palabra de vida – pues la vida se ha manifestado, y nosotros la hemos visto y damos fe de ello, y les anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y que nos ha sido manifestada – lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos a vosotros también, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Pues nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo y escribimos esto para que nuestra dicha sea perfecta».

Como puede ver, ésta es la imagen de una realidad y tiene la propiedad de atraer y retener, como el imán atrae al hierro, a aquél que pueda contemplarla.

El Cuerpo Vivo, cuyo aspecto material se manifiesta, es comparable a un reactor nuclear; es un vacío en el que actúan fuerzas electromagnéticas. Estas fuerzas se manifiestan cuando se presenta la ocasión. Cuando el grupo está capacido para recibirlas, se manifiestan a través de él. Por una parte, se manifiestan en la esfera material; por otra, no obstante, no tienen en absoluto la finalidad de servir a esta esfera material. Las radiaciones electromagnéticas que se concentran en el Cuerpo Vivo de la Escuela de los Misterios surgen de una esfera vital, de un campo de vida que no pertenece a la naturaleza de la muerte sino a la naturaleza de la vida original. El Espíritu Séptuple de la vida original actúa en este vacuum. Y quien se une con el Espíritu Séptuple, experimenta enseguida todos los valores, todas las condiciones, de la vida original.

Ésta es la unidad original, manifestada baja ciertas circunstancias en el “salitre” corrompido de la naturaleza de la muerte. Es la morada Sancti Spiritus, de la que dan testimonio los rosacruces clásicos en la Fama Fraternitatis R.C. Es el Cuerpo Vivo del que habla la Joven Gnosis: el arca de los días de Noé; la barca celeste de la que hablan los antiguos egipcios.

No puede ser que tal morada exista sin más. Pues aunque las condiciones apropiadas siempre han estado presentes, han de aprovecharse las posibilidades y trabajar con ellas. Dicha morada debe construirse sin cesar desde abajo hacia arriba y ser utilizada de acuerdo con su objetivo. En efecto, sólo de esta forma la unidad original se podrá manifestar en el salitre corrompido.

El arca moderna, la barca celeste actual está preparada. Y ahora se trata de saber si quiere colaborar, si quiere embarcarse; pues únicamente así la gracia, toda la fuerza de la barca celeste, será suya. De la misma forma que todas las fraternidades gnósticas precedentes construyeron un vacío de Shamballa, la Joven Gnosis ha realizado una obra idéntica, ha edificado una morada del Espíritu Santo. Considere el proceso alquímico: cuando se presenta un Tat, un hombre nacido de la naturaleza, un buscador que, en ofrenda absoluta de sí mismo, sin la mínima reserva en pensamientos, voliciones y actos, se confía a un vacío de este género, a un Cuerpo Vivo, y se arroja a él, al instante el Espíritu Séptuple de este nuevo reino le atraviesa. Entonces, la fuerza séptuple penetra en su fuego de la serpiente como un relámpago y en los dos cordones del simpático, situados a la izquierda y derecha de la columna del fuego de la serpiente, se desarrollan procesos nerviosos extraordinarios. Los éteres nerviosos son renovados en una fracción de segundo. Si todavía mantiene reservas respecto al Cuerpo Vivo, como aún es el caso de muchos de nosotros, se forman cristalizaciones en los éteres nerviosos y muy particularmente en los dos cordones del simpático.

Los dos cordones están estrechamente ligados a su karma, a su nacimiento natural, a todo lo terrenal que le encadena. Cuando se atreva a confiarse en una ofrenda total de sí mismo al Cuerpo Vivo, todos estos obstáculos se quemarán en los dos cordones del simpático. Pero si sólo juega al alumnado, si sólo aparenta ser un alumno, si no es sincero con respecto a la obra de salvación, corromperá los éteres nerviosos del simpático y provocará una muerte en vida. Volverá a las antesalas de la Fraternidad Gnóstica y se le apartará, ya que entonces no tiene ninguna utilidad en tanto que alumno*.

Quien tenga la fuerza y la sagacidad de decidirse a esta ofrenda del yo total e incondicional, será admitido en el vacío de la Joven Gnosis gracias a la influencia del Espíritu Séptuple; en consecuencia será sustraído inmediatamente del espíritu séptuple de la naturaleza terrestre y por ello, en el mismo instante, rescatado de la Tierra, según el Apocalipsis. Este hombre se encontrará directa y realmente en la vida presente y viva de la Gnosis. La transmutación y la transfiguración, con todo lo que lleva anexo, serán factores y procesos completamente secundarios y por maravillosos que sean, se realizarán por sí mismos, regularmente, siguiendo un plan preestablecido.

Por ello, aunque le instruimos sobre una transformación y una transfiguración que se desarrolla en el tiempo, en primer lugar le exponemos una liberación directa y actual en su vida presente. No una liberación en un futuro lejano, sino una entrada en la vida liberadora, aquí y ahora, en su vida presente, arrojándose, con todas las consecuencias, al vacío de Shamballa, que para nosotros se ha vuelto un Cuerpo Vivo. Así entra en la morada Sancti Spiritus, con el fin de contemplar allí, junto a todos los hermanos y hermanas, el Cuerpo Vivo de nuestro Padre y Hermano Cristián Rosacruz.

 

Éste el secreto de los misterios gnósticos. Lo que nosotros hemos visto y hemos experimentado, se lo anunciamos también a usted. La vida se ha manifestado en el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis. Por ello, vaya de la fe a la contemplación por el cumplimiento de la ley; descubrirá entonces lo que hay arriba o, más bien, esta contemplación extenderá su poder sobre usted y, de la misma manera que el imán atrae al hierro, le elevará atrayéndole hacia ella.

 


 

 

 

XXIX

El Pentecostés de la liberación divina

 

En el transcurso de los años pasados, el aparato material de la Joven Gnosis fue equipado para su tarea, con discreción, en función de las posibilidades. Al vacío de Shamballa, a la Cabeza de Oro de la Escuela, le hacía falta un buen instrumento, un vehículo adaptado a su actividad en la esfera material, con el fin de permitirle manifestarse lo más rápidamente posible y sobre una base lo más amplia posible.

Los focos que responden a una exigencia mínima son: el templo de la sede central en Haarlem, el templo de “Renova” en Bilthoven, la Ekklesia de “de Rozenhof” en Santpoort, el templo de “Noverosa” en Doornspijk, todos ellos en Holanda, y el foco de “Christian Rosenkreuz” en Calw, Alemania. Todos estos focos* están unidos entre sí por una red de centros y los lugares de residencia de los alumnos.

Imagínese por un instante que quinientos o mil alumnos tomen la decisión de realizar lo que se les ha propuesto. Entonces participarían plenamente en el campo magnético, en el Espíritu Séptuple del Cuerpo Magnético de la joven Gnosis. Este grupo de quinientas o mil personas, con el espíritu iluminado, se expandiría por todo el reino gnóstico, al mismo tiempo que se mantendría la unión entre todos los hermanos y hermanas y el corazón vivo y llameante del Cuerpo Vivo. Puede así imaginarse, con claridad, el futuro aspecto material del reino gnóstico mundial.

Observe ahora fijamente esta imagen que está ante usted. Con ayuda de esta imagen, examine con detalle lo que ocurriría si toda la multitud de habitantes del joven reino gnóstico regresara a la unidad original por una rendición total y sin reservas, y entrara en el vacío de Shamballa, en la Cabeza de Oro. Entonces, como una explosión nuclear de una intensidad similar a la luz de miles de soles, la luz incognoscible se revelaría al mundo entero. Piense en esta imagen aquí descrita. Dondequiera que vaya, permanecerá en contacto con el foco central del Cuerpo Vivo, un contacto vivo y vibrante. La intensa fuerza del Cuerpo Vivo le acompañará y se dará a conocer en todos los lugares del reino gnóstico. Entonces, la Gnosis recogerá su cosecha en breve plazo.

Todo esto está en sus manos. No mañana, sino hoy. El Pentecostés de la Liberación divina no caerá simplemente del cielo. Si espera esto, esperará mucho tiempo. ¡Tiene que celebrar esta fiesta de Pentecostés para usted mismo! Debe y puede hacerlo, aceptando desde ahora la ocasión que se le presenta. Qué quien pueda comprender, comprenda.

 

 

XXX

Libro Octavo

Hermes a su hijo Tat: el Dios invisible se ha manifestado

 

  1. 1.                  De lo que sigue, oh Tat, tendrás una explicación detallada con el fin de que tus ojos se abran a los misterios de Dios que está por encima de todo nombre. Comprende, por la contemplación interior, cómo quien parece invisible al común de los mortales, se volverá para ti el más manifiesto.

 

  1. 2.                  Pues Él no sería verdaderamente si no fuera invisible. Ya que todo lo que es visible ha llegado a ser, se ha manifestado, en un momento dado.

 

  1. 3.                  Lo imperceptible, sin embargo, es por toda la eternidad, no necesita manifestarse. Es eterno y hace que se manifieste todo lo demás.

 

  1. 4.                  Él hace que todo se manifieste, sin manifestarse Él mismo. Crea, sin ser creado Él mismo. No se muestra bajo ninguna forma perceptible, pero confiere a todo una forma perceptible.

 

  1. 5.                  Pues sólo lo que ha sido creado tiene una apariencia perceptible. Nacer, devenir, es volverse visible.

 

  1. 6.                  El Único que no ha nacido es, pues, tan invisible como desprovisto de apariencia perceptible; pero como Él da forma a todas las cosas, es visible por todo y en todo, y especialmente ante quienes Él quiere revelarse.

 

  1. 7.                  Por ello, Tat, hijo mío, ruega en primer lugar al Señor, al Padre, al Único, a Aquél que no es el Uno, sino el origen del Uno, que te conceda el poder contemplar ese Dios de una grandeza tan indecible, aunque haya hecho brillar en tu conciencia tan sólo uno de sus rayos.

 

  1. 8.                  Sólo la conciencia del alma ve lo invisible, puesto que ella misma es invisible.

 

  1. 9.                  Si puedes, oh Tat, el Señor se revelará ante los ojos de tu alma-espíritu, pues Él se muestra con profusión en todo el universo.

 

  1. 10.              ¿Eres capaz de ver la conciencia de tu alma, de tomarla con tus manos y de contemplar, maravillado, la imagen de Dios? Pues, si lo que está dentro de ti, te es invisible, ¿cómo podría ser Dios visible para tus ojos materiales?

 

  1. 11.              Si quieres verle, dirige entonces tus reflexiones hacia el Sol, hacia el curso de la Luna, hacia el curso regular de las estrellas.

 

  1. 12.              ¿Quién mantiene este orden? Porque todo orden está estrictamente determinado por el número y la posición.

 

  1. 13.              El Sol, el más grande de los dioses del firmamento, a quien todos los dioses del cielo le ceden el paso con respeto como a su rey y señor, indeciblemente grande, más grande que la tierra y el mar, tolera que estrellas más pequeñas se desplacen por encima de él. ¿Por respeto o por miedo, a quién, hijo mío?

 

  1. 14.              ¿Acaso todas estas estrellas no trazan en el firmamento un camino similar e idéntico? ¿Quién ha determinado la naturaleza y grandeza del curso de cada una de ellas?

 

  1. 15.              Mira la Osa Mayor, que gira alrededor de su propio eje y mueve en su rotación a todo el firmamento. ¿A quién pertenece este mecanismo? ¿Quién fijó los límites al mar? ¿Quién dio a la tierra su fundamento?

 

  1. 16.              Es, ¡oh Tat!, el Creador y Señor del universo. Ningún lugar, ningún número, ninguna medida que exprese el orden cósmico, serían posibles sin que Él los hubiera creado. Todo orden es el resultado de una actividad creadora. Su ausencia se demuestra donde no hay ni orden ni medida.

 

  1. 17.              Incluso esto no se produce sin el Señor, hijo mío. Aunque la esencia del orden falta en el desorden, el desorden no está por ello menos sometido a Aquél que todavía no ha establecido Su orden en él.

 

  1. 18.              ¡Oh!, que te sea dado —como llevado con alas— elevarte en el aire y así, entre cielo y tierra, contemples la tierra firme, el vasto movimiento del mar, la corriente de los ríos, el movimiento libre del aire, la violencia del fuego, el curso de las estrellas, la velocidad del firmamento y, a tu alrededor, el movimiento del universo.

 

  1. 19.              ¡Qué gracia tan grande, hijo mío, esta contemplación, cuando el hombre percibe todo esto dentro de él como en un relámpago: cómo lo inmutable es puesto en movimiento y lo invisible hecho manifiesto por las obras y en las obras que Él ha ejecutado! Tal es el orden de la creación, y la creación es la alabanza del orden.

 

  1. 20.              Si también deseas percibir a Dios en las criaturas mortales y por las criaturas mortales que están en la tierra y en las profundidades, reflexiona, hijo mío, sobre la manera en que el hombre se forma en el seno de su madre; estudia con cuidado el arte de tal formación y aprende quién es el artesano de esta bella y divina imagen del hombre.

 

  1. 21.              ¿Quién ha modelado la forma esférica de los ojos? ¿Quién ha diseñado las aberturas de las narices y de las orejas? ¿Quién ha abierto la boca? ¿Quién ha tendido la red de músculos y de nervios y las ha fijado en el cuerpo? ¿Quién ha trazado los canales de las venas? ¿Quién ha dado dureza a los huesos? ¿Quién ha recubierto la carne de piel? ¿Quién ha separado los dedos? ¿Quién ha allanado la planta de los pies? ¿Quién ha horadado las vías de salida a través de todo el cuerpo? ¿Quién ha colocado el bazo? ¿Quién ha dado al corazón su forma piramidal? ¿Quién ha dilatado el hígado? ¿Quién ha hecho los pulmones porosos? ¿Quién prestó al vientre su concavidad? ¿Quién ha puesto en evidencia las partes nobles y ha escondido las partes vergonzosas?

 

  1. 22.              ¡Mira qué arte y qué diversidad de métodos se han utilizado para una sola materia, cuántas obras maestras reunidas en una sola obra; toda ella de una extrema belleza, de proporciones perfectas y de gran diversidad!

 

  1. 23.              ¿Quién ha hecho todo esto? ¿Qué otra Madre, que otro Padre, sino el Dios invisible, ha dado forma a todo según su voluntad?

 

  1. 24.              Nadie pretende que una estatua o una pintura haya tomado forma sin escultor o pintor; ¿y esta creación existiría sin Creador? ¡Oh ceguera suprema, oh negación total de Dios, oh abismo de obstinación!

 

  1. 25.              Oh Tat, hijo mío, nunca cuestiones al Creador la obra de sus manos. Mejor y más fuerte aún que por el nombre, Dios expresa su grandeza con la expresión: Padre de todas las cosas. Sólo a Él le corresponde ser Padre. Sí, ésta es en verdad su forma de manifestarse.

 

  1. 26.              Y si hace falta decirlo de forma todavía más audaz: su naturaleza es la de fecundar y engendrar todas las cosas. De la misma manera que sin Creador nada puede llegar a la existencia, así el Creador de la eternidad, no sería tal si no creara eternamente en el cielo, en el aire, en la tierra, en las profundidades, en todas las partes del universo, en la totalidad del todo, en lo que es y en lo que no es.

 

  1. 27.              No hay nada en todo el universo que no sea Él. Él es tanto lo que es como lo que no es. Pues todo lo que es, Él lo ha manifestado y todo lo que no es, lo mantiene encerrado en él.

 

  1. 28.              Él, Dios, está por encima de todo nombre. Él, el invisible, que no obstante es el más manifiesto. Aquél que es contemplado por el alma-espíritu, pero que también puede ser percibido por los ojos. Él, lo incorporal, que tiene muchos cuerpos, que tiene todos los cuerpos, pues no hay nada que no sea Él, pues es todas las cosas. Por ello, también tiene todos los nombres, puesto que ellos provienen del único Padre. Por ello, no tiene ningún nombre, puesto que él es el Padre del todo.

 

  1. 29.              ¿Quién podría alabarte suficientemente y de acuerdo con tu valor? ¿Hacia dónde dirigir mis ojos para alabarte? ¿Hacia arriba? ¿Hacia abajo? ¿Hacia el interior o hacia el exterior? No existe ningún camino, ningún lugar, ninguna criatura que esté fuera de Ti; todo está dentro de Ti y todo proviene de Ti. Tú das todo y no recibes nada: pues Tú posees todo y no existe nada que no Te pertenezca.

 

  1. 30.              ¿Cuándo cantaré tu alabanza? Ya que es imposible comprender tu hora y tu tiempo.

 

  1. 31.              ¿Y por qué cantaré Tu alabanza? ¿Por lo que has creado? ¿Por lo que no has creado? ¿Por aquello que has revelado, por lo que mantienes oculto?

 

  1. 32.              ¿Y con qué cantaré tu alabanza? ¡Cómo si algo me perteneciera! ¡Como si poseyese algo propio! ¡Como si fuese alguien diferente a Ti!

 

  1. 33.              Pues Tú eres todo lo que puedo ser, Tú eres todo lo que puedo hacer, Tú eres todo lo que puedo decir. Tú eres todo y no existe nada fuera de Ti

 

  1. 34.              Tú eres incluso lo que no existe. Tú eres todo lo que ha llegado a existir y todo lo que no ha llegado a existir. Tú eres Espíritu, cuando es el alma-espíritu quien Te contempla. Padre, cuando das forma a todo el universo. Dios, cuando Te revelas como fuerza activa universal. El Bien, porque Tú has creado todas las cosas.

 

  1. 35.              Lo más sutil de la materia es el aire, lo más sutil del aire es el alma, lo más sutil del alma es el espíritu, lo más sutil del espíritu es Dios.


XXXI

La barca celeste y su tripulación

 

El propósito del octavo libro de Hermes es ofrecer a quienes lo estudian una firme, imperturbable y elevada comprensión de Dios. Tal comprensión debe calificarse como un don incomparable, puesto que es la base de un conocimiento humano verdadero. Es una roca en la tempestad, un sostén en las vicisitudes de la vida. A partir de la única comprensión correcta de Dios puede deducirse todo, lo que conducirá infaliblemente al candidato a buen término. Por ello, el alumno de los misterios gnósticos debe ser introducido en esta comprensión de Dios, debe ser iniciado en ella. Sin embargo, esta iniciación debe tener una base, un fundamento sólido que la explique. Por esta razón, desde el comienzo, se establece como principio que sólo hay comprensión liberadora de Dios cuando el candidato es capaz de aproximarse a esta comprensión con los ojos del alma renacida. El renacimiento del alma es la base del conocimiento de Dios.

Es, pues, imposible que la comprensión hermética de Dios tenga el más mínimo punto común con la comprensión intelectual y racional. Éste es el argumento que nosotros oponemos al entrenamiento intelectual dialéctico y al mito de la pretendida superioridad del hombre con un intelecto ejercitado. De hecho, es todo lo contrario.

Al resaltar que no podemos considerar como superior al hombre entrenado intelectualmente, de ninguna manera queremos decir que se deban tener reservas con respecto a lo que llamamos el hombre inteligente. Le deseamos mucha inteligencia, sabiduría y prudencia en su lucha a través de este mundo oscuro y difícil. Pero si se considera el desarrollo de la inteligencia como un medio para liberar a la humanidad y se quiere entrenar la inteligencia para este fin, con los muy conocidos métodos del mundo moderno, entonces en lugar de superioridad, el cerebro sufre una serie de graves mutilaciones y se hace impermeable a los toques de la luz liberadora, lo que constituye un gran peligro para el hombre en cuestión, para el mundo y la humanidad.

De hecho, el Ánimo es la base del conocimiento, de la sabiduría que proporciona la liberación. Por nuestras explicaciones precedentes sobre el Corpus Hermeticum, ya sabe lo que entendemos por el Ánimo. Es el alma renacida que ha encontrado personalmente su Poimandres, que se ha vuelto a unir a su Poimandres. Definimos así el proceso inicial del devenir de la conciencia gnóstica.

La plenitud gnóstica toca al alumno en el santuario del corazón y, como consecuencia de ello, la rosa del corazón, el átomo-chispa de espíritu, se abre. Entonces, el alumno puede recorrer su via dolorosa, su camino rosacruz. Es el recorrido hacia la cima del cráneo, el despliegue de nuevas y diversas posibilidades del santuario de la cabeza a lo largo del camino de la endura. De esta manera, se desarrolla el nuevo devenir de la conciencia. El alma así enlazada, así unida al espíritu, que ha ennoblecido los centros de la cabeza y del corazón para hacerlos dignos de su elevada misión, posee los ojos del Ánimo.

Tomado en este sentido, el Ánimo es una palabra que indica totalmente la unión, en un sentido nuevo, de las funciones de la cabeza y del corazón. Esta reanimación pura, elevada y correcta, abre los centros del cerebro todavía latentes y los prepara para el pensamiento y la comprensión puros. Por ello, el octavo libro de Hermes se sitúa en el plan del hombre-alma liberado y despierta a Tat, el alumno serio, a ese estado. No se trata pues de un llamamiento a la orientación mental ordinaria del hombre nacido de la naturaleza.

Podría ahora plantearse: «¿Si este nuevo y elevado estado de Ánimo no es todavía el mío, qué podría decirme el octavo libro? ¿No es la razón intelectual ordinaria el puente por el que Hermes puede llegar a mí?».

A esto le contestamos: Todo depende de usted. La palabra de la Gnosis Original se dirige a los alumnos de la Joven Gnosis.La Joven Gnosis dispone de un Cuerpo Vivo, de la herencia de quienes la han precedido y de la estructura de las líneas de fuerza de la efusión del espíritu. Porque el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis ya ha podido festejar la unión de su alma con el espíritu. El alumno tiene, en tanto que hombre nacido de la naturaleza, el privilegio de entrar en unión directa con este Cuerpo Vivo y, por una ofrenda del yo perfecta y sin reservas, de que su yo muera cada día. De esta forma, el alumno llega a ser una célula viva en el Cuerpo Vivo, lo que Pablo llama «el ministerio de la reconciliación». Este proceso de liberación es un proceso de elevación donde lo que es nuevo ejerce un poder absoluto sobre el hombre y le hace justo. Son numerosos los alumnos a quienes se les presentan estas posibilidades en el Cuerpo Vivo, pero muy pocos los que hacen uso de ellas. Quienes no utilizan estas posibilidades, ni la ley que las activa, de hecho, permanecen en el exterior.

Afirmamos que es realmente posible que la esencia del octavo libro obre en usted de manera liberadora, aunque sólo sea por una consagración verdadera al alumnado vivo de la Joven Gnosis. No es suficiente una consagración en abstracto, porque son millones los que se interesan de esta forma por el devenir de la conciencia gnóstica o por la filosofía gnóstica. No, el secreto de la realización está en consagrarse, desde este mismo momento, directamente, en ofrenda total de sí mismo, a la Gnosis que se despliega. Y, para usted, la Gnosis es la Joven Gnosis del Lectorium Rosicrucianum.

Si posee esta comprensión y, en consecuencia, se dirige a ella, será realmente posible que la esencia del octavo libro actúe en usted, aunque aún no haya alcanzado el estado de liberación del alma-espíritu, pues el Cuerpo Vivo sí que lo ha alcanzado.

Pues ¿en quién se emplearía la gracia de liberación que ofrece el Cuerpo Vivo sino en quienes declaran pertenecer completamente al Cuerpo Vivo del grupo? La sencillez de esta verdad habla por sí misma, al menos es lo que esperamos. No hubiéramos aprovechado la ocasión para revelarle este gran secreto de salvación, si no fuese necesario alcanzar urgentemente una verdadera comprensión de Dios. En efecto ¡cuánta confusión ha provocado ya, en el transcurso de los siglos, la pretendida comprensión de Dios, propia de la humanidad dialéctica! Y ¡hasta dónde llegará aún esta confusión!

 

De lo que sigue, oh Tat, tendrás una explicación detallada con el fin de que tus ojos se abran a los misterios de Dios que está por encima de todo nombre. Comprende, por la contemplación interior, cómo quien parece invisible al común de los mortales, se volverá para ti el más manifiesto. Pues Él no sería verdaderamente si no fuera invisible. Ya que todo lo que es visible ha llegado a ser, se ha manifestado, en un momento dado. Lo imperceptible, sin embargo, es por toda la eternidad, no necesita manifestarse. Es eterno y hace que se manifieste todo lo demás. Él hace que todo se manifieste, sin manifestarse Él mismo. Crea, sin ser creado Él mismo. No se muestra bajo ninguna forma perceptible, pero confiere a todo una forma perceptible. Pues sólo lo que ha sido creado tiene una apariencia perceptible. Nacer, devenir, es volverse visible.

   El Único que no ha nacido es, pues, tan invisible como desprovisto de apariencia perceptible; pero como Él da forma a todas las cosas, es visible por todo y en todo, y especialmente ante quienes Él quiere revelarse. Por ello, Tat, hijo mío, ruega en primer lugar al Señor, al Padre, al Único, a Aquél que no es el Uno, sino el origen del Uno, que te conceda el poder contemplar ese Dios de una grandeza tan indecible, aunque haya hecho brillar en tu conciencia tan sólo uno de sus rayos. Sólo la conciencia del alma ve lo invisible, puesto que ella misma es invisible.

 

Únicamente para los ojos del alma-espíritu, para la conciencia del alma, puede quedar manifiesto aquello que para los demás, que aún no poseen esos ojos, está totalmente escondido. En el fondo, nada está oculto en la manifestación del universo; nada puede estar oculto. Los misterios son invisibles porque los hombres no tienen ojos para contemplar claramente lo que se ha manifestado. Todo lo que Dios quiere manifestar de su ser, en y por sus obras, es perceptible. Si ello permaneciera profundamente oculto, no existiría. Reflexione bien sobre esta idea, pues es liberadora y pone fin, resueltamente, a todo tipo de ilusiones y peligros.

En los siete planos cósmicos del eterno y vasto universo, el Logos eterno ha manifestado y no deja de manifestar todas sus obras. Manifestarse es nacer. Todo lo manifestado puede ser conocido, sondeado, experimentado. Por lo tanto, cuando el alumno cumple la ley del desarrollo del alma-espíritu, comprende todo lo que se ha manifestado en todo el universo. No hay ningún obstáculo ante él.

Si comprende bien esto, ya nunca más será víctima de la explotación vil de los misterios que tan a menudo se practica en este mundo. Es la explotación de la imperfección humana.

Al escribir estas líneas somos conscientes de que podrían decirnos: «sus repetidas recomendaciones sobre una ofrenda total y sin reservas al Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis, ¿no serían acaso una forma de explotación de los misterios?» A ello respondemos: Por supuesto que no, pues la ofrenda total al Cuerpo Vivo sólo es perfecta y conduce a la meta cuando la decisión se toma con plena independencia y en completa libertad. Cualquier ofrenda forzada del yo es inmoral.

El grupo nuclear de la Escuela Espiritual, que ha explicado en unidad el Cuerpo Vivo, no le explota, ya que el Cuerpo Vivo es una esfera de vida activada por un grupo y no por un hombre. Para utilizar una antigua terminología, es una barca celeste que emprende un viaje. Y si toma la decisión de ir en esta barca para alcanzar la meta con el grupo y en el grupo, no es el Cuerpo Vivo quien le explota, sino exactamente lo contrario: ¡es usted quien explota al Cuerpo Vivo! En efecto, usted lo utiliza, intenta alcanzar la meta con su ayuda. Y quienes experimentan el sufrimiento de la ley natural al dejarle utilizar la barca celeste, quienes no dejan de suplir sus debilidades, de asegurar el curso de la barca, de mantenerla a flote y, para ello, hacen los mayores esfuerzos y sufren por usted, al menos pueden esperar de usted que se comporte como un miembro digno de la tripulación.

El mayor sufrimiento que puede infligir a los navegantes de la barca celeste es que la revelación no tenga lugar en la forma en que debería revelarse, situación imputable a los comportamientos a veces tan singulares de diversos alumnos. Toda persona unida a la Joven Gnosis como alumno, puede recibir de primera mano la revelación completa, el conocimiento preciso, de lo que el Cuerpo Vivo hace por él o, al menos, puede hacer. Y si éste no es el caso, si tal revelación no tiene lugar, es indudable que la causa está en una autodefensa excesiva por su parte, en un egocentrismo excesivo, o bien en el hecho de que el alumno se ha introducido en la Escuela con intenciones encubiertas. Es evidente que estos comportamientos retrasan el curso de la barca y aumentan el sufrimiento de los navegantes. Y al mismo tiempo, en estos casos, es una exigencia razonable y moral examinar si estos miembros de la tripulación deben ser conservados. En efecto, existe el peligro de que un miembro indigno no sólo retrase la barca, sino que ejerza influencias nefastas.

 

 

XXXII

La eternidad en el tiempo

 

Los siete grandes planos cósmicos, la totalidad del espacio que lo engloba todo, son los siete campos de manifestación del Logos. Todo lo que está presente en el espacio universal como vida, movimiento y existencia, es revelado principalmente a quienes poseen el Ánimo, el alma nacida al espíritu. Los misterios de los siete planos cósmicos no son, pues, reales. El misterio proviene de la falta de comprensión, de la carencia de sabiduría, de la ausencia del verdadero conocimiento. Los ojos del Ánimo, del alma-espíritu, no se muestran a quienes sufren esta carencia. Sin embargo, continúa Hermes, existen muchas cosas encubiertas y absolutamente imperceptibles, pues los siete planos cósmicos están encerrados en el misterio divino y en lo desconocido divino.

En consecuencia, hay una divinidad revelada y una desconocida, lo invisible eterno. De este invisible eterno parte la manifestación de los siete campos de manifestación. Desde el punto de vista filosófico, aparte de la imposibilidad que esto representa, no es necesario conocer lo invisible; pues lo invisible, lo incognoscible cumple enteramente su plan en su campo de manifestación y allí es donde se revela.

Sin embargo, cabe preguntarse si no sigue siendo un misterio real, el de la grande e insondable divinidad. Hermes responde a esto con estas palabras:

 

Lo imperceptible hace que todo se manifieste, sin manifestarse Él mismo. Crea, sin ser creado Él mismo. No se muestra bajo ninguna forma perceptible, pero confiere a todo una forma perceptible.

 

Es, pues, posible conocer la divinidad imperceptible a través de su creación. De esta forma no hay más misterios, porque la divinidad revela lo que ella es, incluido su carácter imperceptible.

 

El Único que no ha nacido es, pues, tan invisible como desprovisto de apariencia perceptible; pero como Él da forma a todas las cosas, es visible por todo y en todo, y especialmente ante quienes Él quiere revelarse.

 

De este modo comprobamos, con una dicha indescriptible, que no hay obstáculos fundamentales entre Dios y el hombre. Cuando superamos dichos obstáculos, atravesamos lo manifestado hasta alcanzar lo no manifestado; vamos, pues, a través del tiempo hasta la eternidad. El tiempo es lo manifestado, la eternidad lo no-manifestado, de donde proviene todo lo manifestado. La eternidad es pues el propio principio del ser, el núcleo de la fuerza, lo más elevado de la creación. El tiempo y la eternidad no pueden estar separados en el espíritu. Se determinan el uno al otro, se entrelazan entre sí. En el tiempo descubrimos la constante marcha hacia adelante de las manifestaciones, que se realizan cada vez con mayor magnificencia. La eternidad es el gran suelo nutricio, el soporte, la que realiza. Se puede hablar con justicia, como el profesor de Hartog, de «la eternidad en el tiempo». Quien comprende y siente esto entra inmediatamente en una paz profunda, en la paz de Belén, pues ha encontrado la unidad con Dios, y se ha liberado de la muerte. Pues la esencia, la esencia profunda del cambio, es la eternidad.

¡Cuán pequeño y cuán sencillo es, con relación a todas estas cosas, el mundo de la dialéctica y la minúscula vida del hombre nacido de la naturaleza! Son como ondas en la superficie del agua, deformación incidental de la realidad, como el grito de un animal en el silencio inmenso. Quien permanece en esta pequeñez, quien se entierra en ella, es verdaderamente estúpido. Quien toma la onda en el agua por la esencia y no ve la inmensa superficie es ciertamente muy necio. Es evidente que este tipo de persona ha aprendido a temer a la muerte, la eliminación de la onda. La muerte que viene a arrancar al hombre caído de su ilusión, de su locura.

La ilusión tiene tremendas propiedades cristalizantes. Así pues arrancar la ilusión no puede hacerse de forma armoniosa. Romper, transformar una cristalización significa pulverizarla totalmente. Por ello el hombre dialéctico ha temido siempre a la muerte. El tiempo significa, para el hombre nacido de la naturaleza, envejecer, perder su vitalidad, ver continuamente a la muerte acercándose más, cavar su propia tumba. Por esta razón intenta retrasar el tiempo, su tiempo, prolongarlo, huir de él. Triste carrera contra el declive. Pero para el hombre nuevo, a cuyo devenir usted está llamado, el tiempo es el impulso hacia la glorificación, la marcha armoniosa de fuerza en fuerza y de transformación en transformación, un viaje por el río de la eternidad. Si comprende esto, estará completamente de acuerdo con el versículo séptimo del libro octavo:

 

Por ello, Tat, hijo mío, ruega en primer lugar al Señor, al Padre, al Único, a Aquél que no es el Uno, sino el origen del Uno, que te conceda el poder contemplar ese Dios de una grandeza tan indecible, aunque haya hecho brillar en tu conciencia tan sólo uno de sus rayos. Sólo la conciencia del alma ve lo invisible, puesto que ella misma es invisible.

 

¿Se da cuenta, usted que forma parte del grupo y participa por ello en el Cuerpo Vivo, que le ha sido concedido realizar, si quiere, la grande y santa ley, de experimentar, de sentir la eternidad en el tiempo y el tiempo como una marcha eterna hacia delante? Para ello es necesario que aprenda a orar. La verdadera oración es la elevación del alma en los siete rayos del Espíritu Séptuple, en las siete corrientes de la eternidad que engloban el tiempo, lo penetran y lo guían. El alma renacida forma parte integrante de estas siete corrientes de eternidad y, por su naturaleza, buscará y celebrará la unión de día en día y de hora en hora. El alma renacida es una con la divinidad. Para ella, orar es vivir del espíritu, por él y en él. Y orar significa despertar, provocar un derramamiento de fuerza con el fin de que se cumpla la revelación que se desea o anhela.

He aquí un sencillo ejemplo: su casa está conectada a la red eléctrica, si usted pulsa el interruptor, la luz se enciende, la calefacción se pone en marcha. El alma renacida está vinculada al Padre y a sus siete rayos. La oración es el acto, la invocación para vivir, trabajar y actuar a partir de esta fuerza y en ella. Así pues, con toda razón se dice en Juan, 14: «En verdad, en verdad, os digo, quien crea en Mí hará también las obras que Yo hago, y todo lo que pida en Mi nombre, lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo».

Todo esto se refiere a la propia esencia de la magia gnóstica a la que están asociados grandes peligros cuando las fuerzas en cuestión son invocadas de forma impía. A este propósito señalamos que, en el mundo dialéctico, la repetición frecuente de oraciones, por ejemplo, las que practican los sacerdotes de la humanidad nacida de la naturaleza, hace que se cumpla en mayor medida la ley de la naturaleza de la muerte, debido a la estrecha unión que se establece con los eones de la naturaleza.

El alma renacida, sin embargo, está unida de nuevo al Padre y recibe todo lo que necesita para el conjunto del sistema microcósmico al que pertenece. Para esta alma, la vida es una oración ininterrumpida y por esta oración penetra en ella todo lo que podría necesitar para el tiempo y la eternidad. Es pues lógico que, cuando sea útil o necesario, pueda demostrar su magia derramando las fuerzas que ha recibido y de las dispone: derramamiento de fuerzas para la Escuela Espiritual, para la Gnosis o para un hijo de Dios en la Escuela.

La responsabilidad del alma-espíritu es grande. Debe tener una gran inteligencia con el fin de determinar si la fuerza del Espíritu Séptuple debe o no ser invocada mantrámicamente. En este sentido hay que comprender lo que dice Juan, 20, cuando transmite las palabras de Jesús el Señor a los iniciados gnósticos: «A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, y a quienes se los retengáis, les serán retenidos».

Existen numerosos casos y situaciones en las que el trabajador que ha sido elegido no puede hacer uso de la santa fuerza del espíritu. Si lo hiciera, sin lugar a dudas se cumpliría la ley santa: «los pecados son perdonados». Esto significa que los lazos entre el karma del ser aural y el plexo sacro se rompen, pues sobre esto reposa la ley de la remisión de los pecados. Así pues, los pecados son perdonados, pero como no ha sido aprendida la lección indispensable, inmediatamente se cometerán los mismos pecados y la persona en cuestión sufrirá seguidamente un gran desasosiego. Además, el trabajador sacerdotal que ha intervenido de forma errónea y ha perdonado los pecados, atraerá a su propio sistema este karma rechazado y no asumido, lo que lógicamente le hará perder la unión con el campo del espíritu. A ninguna de las dos partes habrá beneficiado esta intervención errónea. Por el contrario, esto supone un aumento del sufrimiento.

El trabajador sacerdotal, gracias a la magia gnóstica, también puede intervenir en el sentido de una neutralización o de una sanción. Hay numerosos casos donde es absolutamente necesario hacerlo. Si el trabajador sacerdotal omite hacerlo, por ejemplo, por consideración humanitaria o por razones de relación personal, primero va a dejar que se produzca el mal; segundo, los pecados de las personas implicadas se agravarán; tercero, el Cuerpo Vivo de la Escuela será dañado; cuarto, todos los participantes del grupo serán engañados y el resultado será que, quinto, él mismo será sancionado como causa real de todos estos males. Por el ejercicio impío del sacerdocio, todo el trabajo de una escuela espiritual gnóstica podría ver llegar su última hora.

 

XXXIII

El canto de alabanza de Hermes

 

¿Quién podría alabarte suficientemente y de acuerdo con tu valor?

¿Hacia dónde dirigir mis ojos para alabarte?

¿Hacia arriba? ¿Hacia abajo? ¿Hacia el interior o hacia el exterior?

No existe ningún camino, ningún lugar, ninguna criatura que esté fuera de Ti; todo está dentro de Ti y todo proviene de Ti. Tú das todo y no recibes nada: pues Tú posees todo y no existe nada que no Te pertenezca.

 

¿Cuándo cantaré tu alabanza?

Ya que es imposible comprender tu hora y tu tiempo.

 

¿Y por qué cantaré Tu alabanza?

¿Por lo que has creado? ¿Por lo que no has creado?

¿Por aquello que has revelado, por lo que mantienes oculto?

 

¿Y con qué cantaré tu alabanza?

¡Cómo si algo me perteneciera! ¡Como si poseyese algo propio!

¡Como si fuese alguien diferente a Ti!

 

Pues Tú eres todo lo que puedo ser,

Tú eres todo lo que puedo hacer,

Tú eres todo lo que puedo decir.

Tú eres todo y no existe nada fuera de Ti

 

Tú eres incluso lo que no existe.

Tú eres todo lo que ha llegado a existir y todo lo que no ha llegado a existir.

Tú eres Espíritu, cuando es el alma-espíritu quien Te contempla.

Padre, cuando das forma a todo el universo.

Dios, cuando Te revelas como fuerza activa universal.

El Bien, porque Tú has creado todas las cosas.

 

Lo más sutil de la materia es el aire,

lo más sutil del aire es el alma,

lo más sutil del alma es el espíritu,

lo más sutil del espíritu es Dios.

 

Este canto de alabanza, que cierra el octavo libro de Hermes, es tan extraordinario, tan trascendental y se diferencia tanto de los cantos de alabanza habituales que es bueno y necesario que lo examinemos con más detenimiento. Se inscribe en el sentido general del tema tratado en el octavo libro y, de hecho, su esencia es la conciencia de nuestra incapacidad para alabar al Padre del universo de forma correcta y satisfactoria.

Hemos visto que Dios es tanto trascendente como inmanente, lo que significa que irradia en todos los planos cósmicos, que se manifiesta en todo y en todos, y que al mismo tiempo está fuera de la manifestación, en lo que no puede ser conocido. Es, pues, lo conocido y lo incognoscible, el tiempo y la eternidad a la vez. Quienes penetran la Gnosis, sobre la base de esta realidad, adoran, alaban y agradecen a la divinidad de una forma completamente distinta.

El hombre religioso según la naturaleza se hace una representación más o menos majestuosa de la divinidad. Ya sea rudimentario o cultivado, el hombre se dirige hacia un dios que supone que existe en alguna parte, en la mayoría de los casos, por encima de él.

¿Dónde se encuentra la dificultad? Cuando se reflexiona en algo, y en este caso en Dios, con respeto, alabanza y agradecimiento, se necesita un punto hacia el que dirigir el pensamiento. Quien tiene alguna experiencia de concentración mental sabe que busca automáticamente ese punto. Por ejemplo, se dirige hacia un templo. Pero, ¿hacia dónde va a dirigirse un gnóstico que está iniciado en la esencia de las cosas? No encuentra ningún punto concreto sobre el que concentrar su pensamiento en lo que se refiere a Dios, al Padre. Y, si lo encontrara, sólo sería una parte, un ínfimo detalle de la revelación de Dios. Por ello Hermes dice: ¿Hacia dónde dirigir mis ojos para alabarte? ¿Hacia arriba? ¿Hacia abajo? ¿Hacia el interior o hacia el exterior?

Puesto que lo trascendente es igualmente inmanente, no se puede definir de ninguna forma dialéctica. Ni con el tiempo, ni con la eternidad. Ni con la distancia, ni con la orientación. ¡De ninguna manera!

Además, en este canto de alabanza, surge la pregunta que expresa Hermes: ¿Por qué cantaré tu alabanza? ¿Y con qué? ¿Es el yo algo que existe por sí mismo? ¿Es el microcosmos algo autónomo? ¿Posee el microcosmos, considerado en su relación con el todo, algo que le sea propio? ¿No es cierto que el microcosmos, la personalidad, el estado de nuestra alma no son sino ínfimas partes, minúsculos aspectos de la manifestación de Dios? ¿Y que Dios es todo lo que soy, todo lo que seré jamás, todo lo que jamás tendré la posibilidad o la capacidad de ser? Así nos sumergimos en el océano de la manifestación divina; en lo que sobrepasa con mucho toda alabanza, todo respeto y toda gratitud. ¿Pues acaso no es la manifestación divina el océano de la plenitud eterna, la propia inmensidad?

La parte más sutil de la manifestación de la materia es la atmósfera, el aire. La atmósfera, en su sutileza menos palpable, es la sustancia astral pura. De esta sustancia está constituida el alma: el alma inmortal que amamos. La propia esfera del alma comprende numerosos grados de sutileza.

En la cima, sus vibraciones pasan a las del Espíritu Séptuple y es el nacimiento de Poimandres el que, en su fusión con el alma, engendra el Ánimo, el alma-espíritu. ¿Y acaso el Espíritu Séptuple no se expresa en la eterna e incognoscible bondad?

Por ello, aunque hablemos de un canto de alabanza de Hermes, de hecho no lo es. Es simplemente la expresión de una perplejidad profunda, la inmersión en el océano de la manifestación de Dios. ¡Qué podamos conocer, llenos de mudo respeto y de una alegría sin nombre, a través de los ojos del alma-espíritu, la manifestación divina, de la misma manera que Dios se conoce a sí mismo!

 

XXXIV

La sabiduría del mundo y

 la sabiduría de Dios

 

 

Llamamos una vez más su atención sobre la última parte del séptimo versículo:

 

Por ello, Tat, hijo mío, ruega en primer lugar al Señor… que te conceda el poder contemplar ese Dios de una grandeza tan indecible, aunque haya hecho brillar en tu conciencia tan sólo uno de sus rayos.

 

Numerosos traductores del Corpus Hermeticum, al no tener suficiente conocimiento de la Gnosis, siempre cometen el error de leer: «que os sea concedida la gracia de que un solo rayo de Dios pueda iluminar vuestra conciencia». Esto puede ser verdad en cierto sentido; pero no han comprendido la verdadera intención de Hermes. Al principio todo candidato a los misterios gnósticos sólo es iluminado por uno de los siete rayos del Espíritu Séptuple. Hay siete rayos y cada uno de ellos se subdivide en siete, de tal forma que, en cada rayo principal y por medio de él, también intervienen los otros seis en colaboración. Todo rayo es, por lo tanto, una plenitud.

Cuando toda la humanidad dialéctica haya entrado en la vida liberadora, existirán siete razas que colaborarán con total armonía y cada raza demostrará claramente, con su comportamiento, uno de los siete tipos principales. Y cuando estas siete razas se comprendan perfectamente, podrán irradiar por su colaboración toda la plenitud de Dios. En un futuro próximo, el grupo unido al Cuerpo Vivo demostrará igualmente el trabajo común y las posibilidades de estos siete tipos de hombres. Posteriormente, quedará todavía más patente que los siete cuerpos de las siete diferentes fraternidades gnósticas estarán presentes en el campo del mundo.

 

Cuando una entidad en la que ha nacido el alma se une por primera vez con el espíritu, con su Poimandres, empezará por activarse uno de los seis rayos secundarios del rayo su tipo. A esto se refiere Hermes con su frase en el séptimo versículo. Aunque sólo esté activo en usted uno de los seis rayos secundarios de tu tipo, ha de aprovechar esa situación para comprender la esencia de Dios. Porque esta influencia del Espíritu Séptuple, cada vez más activa en usted, toca el santuario de la cabeza y más especialmente el poder del pensamiento. Y el poder del pensamiento, la conciencia del alma, ve en lo invisible, en lo que aún no se ha puesto manifiesto, puesto que el pensamiento siempre precede a lo manifestado.

El cerebro que todavía vive únicamente de la sangre del nacimiento, como ocurre en un niño pequeño, no es capaz de ninguna actividad mental. La actividad mental sólo es posible cuando la radiación básica del tipo viene, desde el exterior, a proporcionar esta capacidad al cerebro.

Tal vez sepa que el santuario de la cabeza contiene siete cavidades: en el hombre, una de ellas siempre está más particularmente activa; fundamentalmente se trata de una influencia astral que tiene por efecto liberar el éter reflector, el éter mental. En la naturaleza dialéctica vivimos en un determinado campo astral cuyas influencias tocan el santuario de la cabeza, transformándose primero en éter mental que, a su vez, activa las funciones cerebrales.

Pero no cometa el error de creer que este éter mental de la naturaleza ordinaria permite al cerebro contemplar lo invisible, lo no-manifestado. El hombre natural no puede comprender, ni contemplar lo que no se ha manifestado, lo que no está directamente contenido en la esfera de percepción de los sentidos ordinarios; como máximo, puede buscarlo. En su estado de ser nacido de la naturaleza, su actividad mental, sus funciones cerebrales no son autónomas; como hombre dialéctico, usted no puede pensar libre e independientemente.

Por ello el hombre dialéctico depende totalmente, en cuanto a su actividad mental, de fuentes exteriores que se introducen en su esfera. Esto es algo muy negativo y, por consiguiente, muy peligroso e incompleto. Si sus pensamientos deben fluir de fuentes exteriores como libros, conferencias dadas por personas que a su vez tuvieron que aprenderlo de libros, no puede tener ninguna certeza de que lo transmitido sea exacto. Incluso de que su contenido sea totalmente erróneo o hipotético. Nadie se dará cuenta, por lo menos al comienzo, pues los expertos gozan de autoridad en materia de escritos y de enseñanza y son ellos los que alimentan sus pensamientos. Y sus pensamientos van a dirigir su vida en una dirección que ni siquera está determinada por ellos sino por influencias exteriores. Se le entrena como a un animal inteligente, para utilizar una expresión de Hermes. Dado que el éter mental fluctúa, el hombre puede ser víctima de sus instructores; es la tragedia de todas las nuevas generaciones. Se instruye y se entrena a una generación y, en un momento dado, naufraga como todas las generaciones precedentes.

Por todo ello, tantos males y tantas dificultades marcan el curso de los acontecimientos para las generaciones venideras; por esto, nuestro mundo civilizado está todavía en un estadio experimental y lo estará hasta que llegue a un callejón sin salida e intente salir de él a cualquier precio. Comprendamos, pues, el octavo versículo según el cual sólo la inteligencia liberada, sólo la conciencia del alma, puede contemplar lo no-manifestado. Quien posee los ojos del Ánimo podrá manifestar lo que todavía no se ha manifestado. En cuanto el pensamiento se libere en usted, por medio de él se unirá al vasto universo de Dios en el que podrá contemplar todo  aquello hacia lo que dirija su atención. Su inteligencia puede contemplar lo no-manifestado a partir del momento en que nace Poimandres, es decir, cuando el desarrollo que le antecede se ha realizado completamente, cuando se ha producido el nacimiento del alma. Entonces la flor de oro maravillosa, el ojo del alma, se abre en el santuario de la cabeza y el hombre cuya alma ha nacido puede contemplar a través del espacio abierto. Entonces el candidato entra en unión con el nuevo campo astral, del cual puede liberarse un nuevo éter mental.

Ahora comprenderá el que siempre intentemos llamar su atención hacia el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis, pues la nueva fuerza astral está concentrada allí; la nueva esfera astral pura se manifiesta por medio del Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual actual. Por ello, nos gustaría tanto que se entregase al Cuerpo Vivo en total ofrenda; no por nosotros, sino por usted, para que esté en estado de recibir la gracia de este astral puro y perfecto que llevará realmente el nuevo éter mental a su santuario de la cabeza. Al mismo tiempo, el primer rayo del espíritu le tocará el cerebro para renovarlo, para transformarlo, para despertar a los numerosos puntos todavía latentes de su santuario de la cabeza. Así se establece la unión con el campo del espíritu, con la divinidad no manifestada y con la totalidad del universo manifestado de los siete planos cósmicos, la divinidad manifestada.

De esta forma se ha hecho posible el nacimiento del tan buscado nuevo pensamiento, puro, libre y autónomo, que no depende de ninguna autoridad, que no bebe de ninguna fuente dialéctica y que está capacitado para rechazar todas las falsificaciones. El hombre se convierte entonces en un verdadero servidor de Dios. En efecto, en la Gnosis se ha vuelto maestro de sí mismo.

 

Con este fin, volvamos sobre un punto relativo a la inteligencia, que no hay que confundir, en ningún caso, con la memoria. Imagínese que ponemos en sus manos una traducción fiel de todos los libros de Hermes con comentarios completos elaborados hasta el mínimo detalle. Imagínese que hubiera recibido tal regalo y que dispusiera de una memoria fantástica. Usted que, en el hombre dialéctico, una memoria ejercitada —entrenamiento que los padres imponen a sus hijos desde hace generaciones— se dilata como un estómago que recibe mucho alimento. Hay personas que adquieren el hábito de comer demasiado y provoca una dilatación de este órgano; luego necesitan mucha más comida de lo normal para llenarse el estómago, sin provecho para el organismo. Imagínese que hubiese retenido en su gran memoria la traducción completa de Hermes y que pudiese citar, cuando quisiera o se lo pidieran, ese tesoro hermético almacenado en su memoria. Ante el mundo de apariencias en el que vivimos sería un genio hermético, y una persona superficial quizá le tomaría por un iniciado de Hermes.

Sabe que todo el sistema de educación tiene por objeto conservar, ampliar al máximo la capacidad de la memoria. Se la atiborra. Es el objetivo de la institución docente y de los padres. Un niño que no se sabe la lección debe esperar una reprimenda. ¿Se da cuenta de que esto es un gran error? En realidad, con una memoria muy llena usted no sabe nada. Realmente sólo engaña al mundo y a sí mismo. Cada vez que se nutre de la reserva de su memoria, el órgano de la inteligencia sólo actúa cómo un robot.

Señalamos aquí una de las mayores mistificaciones de la cultura dialéctica que consiste en creer que el entrenamiento y la saturación de la memoria equivalen a adquirir la «sabiduría». Tal vez sea profesor, pero el profesor no es un sabio. Libérese, en tanto que hombre que busca la sabiduría liberadora, de esta mistificación que consiste en creer que el entrenamiento y la saturación de la memoria hacen de usted un nuevo pensador, libre y autónomo, un filósofo por la gracia de Dios.

Esta «sabiduría» practicada en el mundo es más peligrosa aún que la ignorancia: ocasiona lesiones en los extremadamente frágiles órganos cerebrales. Por otra parte, el hombre que se deja atrapar por esa forma de sabiduría es presa de una ilusión, de una fuerte cristalización. Por el contrario, la ignorancia, en el sentido de ausencia de cultivo de la memoria y de sus consecuencias inevitables, termina por conducir al hombre a la búsqueda. Para el conjunto de su estado físico, de su organismo, vale más ser tonto a los ojos de los hombres que sabio, tal y como ellos lo conciben. Los niños que escapan de ese exaltado cultivo de la inteligencia, ya sea por razones sociales o porque no pueden seguir el tren de la vida, conocen por excelencia un destino dichoso: se evaden de la danza macabra.

En ningún caso pretendemos promover la ignorancia, ni aconsejarles que saquen a sus hijos del colegio, sino que lo que queremos decirle es que, desde el punto de vista del alumnado, no se inquieten si sus hijos no pueden aprender y no se entusiasmen demasiado si progresan en clase.

Esperamos verdaderamente que pueda percibir algo del gran secreto de la salvación gnóstica, es decir, que le sea dada la posibilidad de liberarse de toda autoridad y de acceder así a la propia sabiduría divina, a la Gnosis.

Descubra que en este desarrollo se eliminan todas las limitaciones, pues, por el nuevo pensamiento, el candidato puede entrar en unión con todo objeto deseado. Este objeto es atraído, se manifiesta en la cavidad situada detrás del hueso frontal, en la ciudad de jade; allí se estudia y se analiza y sus funciones se comprenden con profundidad. El candidato está unido a ello. Y si es útil o necesario puede hablar de ello para explicarlo y hacerlo comprender.

Entre los gnósticos iluminados, la memoria tiene una tarea muy distinta, la tarea original a la que estaba destinada. Por ello, insistimos en que no fuerce la memoria de sus hijos. Déles, si todavía es posible, la ocasión de encontrar su primera destinación. La memoria, para el gnóstico iluminado, sólo es un órgano de reproducción. Cuando un objeto requiere su atención, la memoria se fija enteramente en ese objeto, establece la unión con él e ilumina el entendimiento.

 

Para terminar, queremos llamar su atención sobre otro punto de nuestra exposición. Muchos hombres que todavía no han encontrado el camino del renacimiento del alma y que, por consiguiente, todavía no han comprendido la esencia de su propia autoridad, a veces se encuentran, en el transcurso de su búsqueda, en situaciones desesperadas y a menudo peligrosas. Todos podrían ser empujados en la dirección correcta si no fuera porque se les deniega determinada ayuda. Como sabemos, cuando un hombre realiza una búsqueda interior verdadera, es tocado por la luz elemental de la Gnosis que siempre busca lo que está perdido. En ese estado de ser, al que constantemente son conducidas millones de personas, uno se abre a la santa palabra gnóstica y a los testimonios del pasado. Pero no se gana nada con los testimonios del pasado si éstos no se concretan en el presente. ¿Qué interés puede tener una fraternidad precedente si no aparece en la actualidad como Joven Gnosis? Sólo cuando el buscador es confrontado a una Gnosis en el presente, se vuelve un testimonio vivo para él y puede encontrar en ella un ejemplo claro para su vida.

Es muy conocido que en el transcurso de los siglos, los testimonios y las reliquias gnósticas del pasado han sido sistemáticamente destruidos, mutilados, robados o guardados en secreto. Por esta razón, es necesario que algún día vea cuán urgente es que se prepare para la verdadera libertad de la que le hemos hablado. Por esta libertad, por la posesión del ojo del alma, podrá convertirse, como hombre sacerdotal, en un testimonio vivo en todo el reino gnóstico; podrá ser un consuelo y una bendición para la humanidad que busca, en su extravío y en el sufrimiento.

La literatura no es lo más importante para comenzar, aunque sea muy útil y necesaria; ni la organización elaborada hasta en los más pequeños detalles, aunque sea esencial y nos esforcemos en establecer una. Lo necesario para comenzar es poseer el ojo del alma y el nuevo pensamiento iluminado. ¡Nada se lo impide!

En la joven Gnosis necesitamos hombres sacerdotales y usted sólo podrá realizar este sacerdocio gnóstico si se abandona totalmente a la rosa de las rosas, si se consagra al grande y santo trabajo, por la endura total, realizando lo que confiesa y no contentándose sólo con hablar de ello.

 

XXXV

La llave de la purificación

 

En el octavo libro de Hermes, a partir del noveno versículo, resuena el ardiente júbilo ante lo que se ofrece a la contemplación del ojo del alma, cuando se adquiere la conciencia del alma. En el mundo dialéctico, existen innumerables cosas que la naturaleza de la muerte no explica, aunque las mismas nos dan una imagen de la maravillosa manifestación divina. Estas cosas se pueden ver cuando el ojo del Ánimo, la conciencia del alma, ha recuperado sus funciones. En la naturaleza dialéctica, lo que en esencia pertenece a la manifestación divina, se mantiene prisionero, paralizado, petrificado. De esta forma, la función es falseada, en parte o totalmente. Sin embargo, el ser divino se expresa por toda la naturaleza manifestada, incluso en las esferas infernales.

La lengua sagrada de todos los tiempos testimonia abundantemente de ello. Los hombres dialécticos, no obstante, no han comprendido nada. Creyeron, y siguen creyendo, que la naturaleza en su esencia y su vida, tal como la perciben nuestros sentidos y la conciencia dialéctica, ya expresa totalmente la intención divina. Y esto concierne tanto al conflicto de los contrarios como a la indecible crueldad y bestialidad de la naturaleza. Para el hombre terrenal la naturaleza lo es todo, según el designio divino, y por ello debe imitarla.

El hombre religioso no es el único que participa en esta profanación de Dios, ya que el hombre científico hace otro tanto. ¡Piense solamente en los biólogos que llevan sus investigaciones sobre la vida hasta la idolatría! Sin embargo, la intención de la lengua sagrada y de la Enseñanza Universal es decirnos siempre que el principio actuante fundamental sólo es visible al ojo del Ánimo, a los ojos de la conciencia del alma. Se puede entonces distinguir la realidad esencial y revelar su intención, así como determinar bajo qué aspecto y hasta qué punto la contranaturaleza ha generado la confusión. Esto demuestra cuán útil, cuán necesario es poseer el ojo del alma para poder distinguir lo esencial de lo accesorio. Y repetimos la observación que ya hicimos a propósito del octavo libro de Hermes: este libro gira exclusivamente en torno al hombre cuya alma está liberada.

 

Es bueno desmitificar, de una vez por todas, el problema de la génesis gnóstica y ver claramente que sólo puede existir una cultura verdadera cuando el alma renace y encuentra a su Poimandres. Entonces el hombre ha regresado al origen de lo verdaderamente humano y puede recorrer el camino de la evolución. Después del nacimiento del alma, la personalidad en el microcosmos se deshace de toda cristalización y de toda muerte por la transfiguración y entra en la perfección de la eternidad divina. Para poder participar en esta evolución de la verdadera cultura y continuar el camino sin rodeos, es una necesidad absoluta poseer la conciencia del alma. Si recuerda lo que hemos dicho de la insuficiencia de la inteligencia dialéctica, de su inutilidad, incluso de los peligros de la memoria dialéctica, reconocerá la necesidad de adquirir este nuevo sentido infalible.

Así, pues, podemos plantear la pregunta a un grupo gnóstico como el de la Joven Gnosis: «¿Por qué razón no se les ha abierto todavía el ojo del alma a muchos de ustedes? ¿Por qué todavía no ha nacido en ustedes ese guía de su vida?»

Ya hemos dicho que después del nacimiento del alma y la ofrenda total del yo al Cuerpo Vivo, la muerte es vencida. Ahora afirmamos que el nacimiento del alma ya es un hecho para muchos alumnos; que muchos disponen de numerosas cualidades de alma y que la ofrenda total y sin reservas del yo al Cuerpo Vivo les hará experimentar la eternidad en el tiempo.

Sin embargo, este estado no es todavía el estado deseado. El estado de hijo de Dios – subrayamos aquí la palabra hijo – no es todavía lo esencial. Pues este hijo sólo llegará a ser adulto por el despertar del ojo del alma, de la conciencia del alma. ¿Por qué entonces, a pesar de todas sus posibilidades, la mayoría de los alumnos no pueden todavía saludar el nuevo día?

La razón está en que, hasta hoy, se le ha prestado poca o ninguna atención al gran conflicto que existe en el hombre dialéctico medio entre el cerebro y el cerebelo. En otras palabras, no hay suficiente o, incluso, ninguna coordinación entre los procesos psíquicos y fisiológicos del cuerpo. Todavía hay una lucha constante ente el psíquico y el físico: entre el alma y el cuerpo.

El hombre dialéctico ordinario que está endurecido no conoce este conflicto; pues en él la psique, el alma animal y el cuerpo forman una unidad. Pero esta concordancia no predomina en la naturaleza del alumno medio de una Escuela Espiritual gnóstica. Al contrario, en él existe el conflicto entre la psique por una parte y el cuerpo por otra. Y esta lucha se acrecienta constantemente, pues se produce una renovación del alma.

Si usted forma parte, desde hace algún tiempo, del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis, si durante algunos meses o años ha estado orientado hacia la salvación de la Gnosis, entonces es seguro que el nuevo fluido del alma se ha diferenciado en usted o al menos ha actuado en su sangre. A partir de ese momento se desarrolla un conflicto, cada vez más intenso, entre su alma y su cuerpo. Hay que estar particularmente atento en ese momento; pues todo lo que es sano, normal, todo lo que es natural para su nueva psique, para su nuevo estado de alma, es anormal para su constitución física, para su cuerpo nacido de la naturaleza, movido por las fuerzas naturales. En otros términos: lo físico se opondrá a la aparición de la nueva psique; el alma en devenir carece de espacio, no se puede desarrollar. Y así, de hecho, usted vive dos vidas: una psíquica y otra física. Por una parte, la vida del alma cuando, por ejemplo, está en el templo, profundiza en la literatura de la Escuela o habla de ella y de su trabajo; por la otra, la vida natural del cuerpo.

¿Ve en ello cómo estas dos vidas se bloquean y se hacen daño mutuamente? ¿No es lógico que de una situación así surjan molestias en el cuerpo? El cuerpo no es uno con el alma hasta que ha entrado en la fase de la transfiguración. Lo natural, lo físico, debe adaptarse al alma.

¿Podemos atraer su atención hacia el aspecto salutífero que conlleva la ofrenda del yo, evocada tan a menudo? Porque cuando se consagra verdaderamente a la ofrenda de sí mismo, su salud es la primera en beneficiarse. Sin ofrenda del yo, es evidente que vamos de problema en problema.

Por ello, debe realizar una elección positiva y leal. «No se puede servir a dos amos a la vez», se dice en el Sermón de la Montaña. O decide seguir el camino del alma con todas sus consecuencias, o se declara al servicio del cuerpo, al igual que todo lo que ha nacido de la naturaleza. Es uno u otro. Está excluido cualquier compromiso.

El camino del alma es, obviamente, el camino de lo infinito. El camino del cuerpo es el camino de lo finito. Teóricamente, la elección no es difícil. Espontáneamente, usted elige el camino del alma, ¡pero en la práctica ocurre otra cosa! Pues el ardiente conflicto que opone el alma que se renueva con el cuerpo nacido de la naturaleza provoca a menudo enormes tensiones; entonces la teoría queda inmediatamente barrida por la práctica, incluso completamente olvidada, cuando las tensiones llevan a una crisis. Sin duda, ya conoce esta situación.

Todas las necesidades y conmociones físicas están focalizadas en el cerebelo. Éste está directamente conectado con el corazón, el hígado, el fuego de la serpiente y el simpático, así como con el plexo sacro y el karma: todo lo que se ha acumulado durante siglos en el ser aural. Por medio del bulbo raquídeo, el cerebelo controla todo el organismo físico y para que este control se ejerza convenientemente la secreción interna desempeña también su papel. Por ejemplo, la pineal y la hipófisis tienen una función dominante en la vida física. El cerebelo gobierna, pues, la totalidad del organismo, y simultáneamente también lo rige el cerebro mediante los grandes centros de la voluntad y del pensamiento.

 

Regresemos ahora al alma en crecimiento. En ella la conciencia, el sistema sensorial, el fuego de la serpiente, el simpático, el bulbo raquídeo, el corazón, el hígado, el plexo sacro, el ser aural, la secreción interna tienen un papel que desempeñar, un gran papel; sin hablar de la sangre, del fluido nervioso y de otros fluidos. Usted entenderá ahora claramente por qué, en el alumno, la nueva psique en formación y el cuerpo deben oponerse irremediablemente. No puede evitar este conflicto.

Por ello vayamos al núcleo del problema. Supongamos que se encuentra en conflicto, un conflicto interior que explica sus numerosos desacuerdos con otros. Tal vez se haya peleado con docenas de personas; la causa está en usted mismo, en el intenso conflicto entre lo psíquico y lo físico. Y en la mayoría de los casos el lugar de confrontación, el campo de batalla, es el santuario de la cabeza que somete constantemente al bulbo raquídeo a una gran presión

Algunos alumnos se quejan de dolores agudos en la nuca que a veces se extienden hasta la espalda. Si consultan a un médico, éste comenzará por prescribirles masajes, calmantes o incluso inyectables. Su diagnóstico siempre es: artrosis, artritis y calcificación de las vértebras cervicales.

Esto es muy posible puesto que el proceso de calcificación comienza en el hombre a los tres meses. Si usted, alumno serio, se queja de dolores en el bulbo raquídeo, la razón está en el conflicto entre la nueva alma en crecimiento que busca manifestarse y su estado físico. Habrá que encontrar una solución a este conflicto sin intentar, como lo hacen muchos, establecer un compromiso entre la naturaleza y la vida del alma. Esto no es posible. Si se obstina en buscar un compromiso, es mejor que abandone la Escuela Espiritual. Si se aferra a la situación conflictiva, el ojo del alma no podrá abrirse; vivirá dos vidas en constante oposición y su cuerpo se agotará.

El alumno que descubre esto y capta lo trágico, lo dramático de la situación, a veces tiene tendencia a rechazar los impulsos del cuerpo y a luchar contra la naturaleza a la que le gustaría dominar por la fuerza. De esta forma expresa su miedo, su angustia, incluso su duda. Tal tendencia provoca indefectiblemente un agravamiento del conflicto; pues lo que se rechaza continúa existiendo, es llevado a una mayor tensión y la explosión pospuesta sobreviene de todos modos.

 

No hablaríamos de estas dificultades si no existiese un método que permita evitar la lucha entre el cuerpo y la psique sin violentar la naturaleza, sin vivir de forma antinatural. La Gnosis Universal habla del desarrollo del alma por la depuración, la purificación. Quien aplica este método contribuye al crecimiento del alma, despierta el ojo del alma y consigue neutralizar ese gran peligro.

Lo esencial es que el alumno sea verdaderamente un buscador de la luz, que su aspiración al nuevo estado de vida domine en él. Pues esta orientación es determinante. Cuando aspira poderosamente a la vida liberadora, este estado es el del hombre natural, el del hombre físico. Se podría decir que el alma natural gime por su deseo de liberación. Perseverar en ese estado, incluso cuando el alma ha renacido, es la llave de la purificación. Pues cuando un hombre natural tiene esta gran sed de liberación, los focos de la vida física que hemos citado y que están concentrados en el cerebelo, provocan igualmente la necesidad física.

Por ello, es necesario que el alumno adquiera el control de las funciones del cerebelo; que no sea ni vencido ni dominado por la naturaleza, que tenga poder sobre los focos del cerebelo, los focos de la vida física. Si lo logra, el cerebelo ya no ocasionará conflictos con las estructuras orgánicas, con las funciones del cerebro donde se forman, por ejemplo, los pensamientos de las cosas del espíritu. A este respecto citamos la conocida bienaventuranza: «bienaventurados los puros de corazón pues ellos verán a Dios». El proceso debe comenzar por la purificación del corazón. La purificación del corazón es la llave del control de las funciones del cerebelo. Cuando haya obtenido ese control por la purificación del corazón, Ida y Pingala, las dos serpientes de la escalera de Mercurio, darán testimonio de la armonía adquirida y el cuerpo conservará la salud, en la medida de lo posible.

No tiene más que fijarse en quienes acaban de encontrar la Escuela. La buscaron durante años y años y debieron experimentar toda la realidad del encallamiento en este mundo. Cuando de pronto tuvieron la revelación de la Gnosis, se precipitaron hacia la Escuela con gritos de alegría. Y vea cuánto ha mejorado su salud y con qué armonía, hasta entonces desconocida, se ha desarrollado su cuerpo. Pues cuando un hombre ha buscado durante mucho tiempo y al final encuentra, su corazón salta de agradecimiento, se abre al pre-recuerdo y abraza a la Gnosis. Al mismo tiempo, mediante este anhelo intenso y la purificación del corazón —que se suceden sin controlarse conscientemente—, las funciones del cerebelo son dominadas de manera espontánea. La armonía de este hombre, que ante todo aspira y busca y que ha encontrado a su Dios, irrumpe por todo el organismo y favorece en gran medida la salud. Muchos de los que han entrado en la Escuela de esta forma, pueden dar este testimonio: «Yo no sé lo que ha pasado, pero tengo la sensación de que se me ha quitado un gran peso de encima, que soportaba desde hace años».

Si está fundada sobre este auténtico y positivo deseo de luz y de vida liberadoras, la ofrenda de toda su naturaleza no plantea ningún problema. Sólo se trata de perseverar. Cuando recorre este camino toda su naturaleza se eleva, por necesidad interior, bajo el impulso dominante del deseo de liberación, y ningún órgano físico puede ya provocar conflictos.

 

Ésta es la llave de la purificación de todo su sistema natural, después de la cual el alma en usted podrá nacer y realizar el viaje hasta la aurora de la resurrección. Por ello se dice en las bienaventuranzas: «bienaventurados los puros de corazón, pues ellos verán a Dios». Serán confrontados con su Poimandres.

Entrarán con el ojo del alma, con el ojo del Ánimo, el alma-espíritu liberada, en la plenitud de la manifestación divina. Ellos verán a Dios, conocerán a Dios, comprenderán a Dios, se unirán con la síntesis del octavo libro de Hermes Trismegistos.

 

XXXVI

Libro Noveno

Nada de lo que verdaderamente

existe se pierde; a los cambios

se les llama, por error,

muerte y aniquilación

 

 

  1. 1.         HERMES: Hablemos ahora, hijo mío, del alma y del cuerpo, de qué manera el alma es inmortal y de qué naturaleza es la fuerza que cohesiona y disuelve el cuer
  2. 2.         En ninguna de estas cosas está la muerte. La muerte, la mortalidad, no es más que una noción derivada de la palabra inmortalidad, sea por ficción, sea porque se ha quitado la primera sílaba y se habla de mortalidad.

 

  1. 3.         La muerte es aniquilación, mas nada de lo que existe en el mundo es aniquilado. Y puesto que el mundo es el segundo Dios, es decir, un ser inmortal, ninguna de sus partes puede morir: todo lo que está en el mundo forma parte del mundo, y sobre todo el hombre, el ser provisto de inteligencia.

 

  1. 4.         Ante todo y sobre todo está Dios: el Eterno, lo Increado, el Creador de todas las cosas. El segundo Dios, el mundo, ha sido creado a Su semejanza, mantenido y nutrido por Él, dotado de inmortalidad pues quienes proceden del Padre eterno poseen la vida eterna en tanto que criaturas inmortales.

 

  1. 5.         Debes distinguir la vida eterna de lo Eterno. En efecto, el Eterno no procede de ningún otro ser y si hubiera llegado a ser, sería a partir de sí mismo. Nunca ha llegado a ser, sino que se genera a sí mismo en un eterno devenir. Así el universo vive eternamente por el Eterno, pero el Padre es eterno por sí mismo: el mundo vive eternamente y es divino gracias al Padre.

 

  1. 6.         El Padre formó el cuerpo del mundo con toda la materia que destinó para ello. Le dio una forma esférica, determinó las propiedades con las que lo adornó y le confirió una materialidad eterna, puesto que la sustancia material era divina.

 

  1. 7.         Además, después de que el Padre hubo expandido las propiedades de las especies en la esfera, las encerró como en una gruta, con el fin de adornar su creación con todas las propiedades.

 

  1. 8.         Envolvió de eternidad todo el cuerpo del mundo para que la materia no volviera al caos que le es propio, en el caso que quisiera desprenderse de la fuerza de cohesión del cuerpo.

 

  1. 9.         Cuando la materia no formaba ningún cuerpo, hijo mío, estaba desordenada. Y todavía conserva algún rasgo de ello en su poder de crecer y menguar al que el hombre llama muerte.

 

  1. 10.     Este desorden, este regreso al caos, sólo se produce entre las criaturas terrestres. Los cuerpos de los seres celestes guardan el orden que el Padre les dio en el origen; y este orden se mantiene indestructible por el regreso de cada uno de ellos al estado de perfección

 

  1. 11.     El regreso de los cuerpos terrestres a su estado anterior consiste en la disolución de la fuerza de cohesión, fuerza que regresa a los cuerpos indestructibles, es decir a los cuerpos inmortales. De este modo se produce una pérdida de la conciencia sensorial, pero no la destrucción de los cuerpos.

 

  1. 12.     El tercer ser vivo es el hombre, creado a imagen del mundo. Por la voluntad del Padre está por encima de los demás animales terrestres, ya que posee la inteligencia. No sólo está unido por afinidad al segundo Dios, sino que también se aproxima al ser del primer Dios, por la contemplación interior. Por medio de los sentidos percibe el segundo Dios como ser corporal, mientras que reconoce al primer Dios como ser incorporal, como espíritu, como el bien, mediante el discernimiento.

 

  1. 13.     TAT: ¿Este ser vivo no es, entonces, aniquilado?

 

  1. 14.     HERMES: Que tus palabras sean de felicidad y alegría, hijo mío, y que comprendas lo que es Dios, lo que es el mundo, lo que es un ser inmortal y lo que es un ser sometido a la disolución. Y mira: el mundo nacido de Dios, está en Dios; el hombre, nacido del mundo, está en el mundo; y Dios, el manantial del universo, acoge a todas las cosas y las guarda.

 

 

 

 

 

XXXVII

El renacimiento del alma

 

Ahora vamos a reflexionar sobre el noveno libro de Hermes, en el que se explica que nada de lo que verdaderamente existe se pierde. Así pues, con respecto al principio fundamental, la muerte es una quimera que debería ser devuelta al país de las fábulas. Consideremos primero la cuestión del alma y el cuerpo y hablemos del metabolismo del cuerpo, de la circulación de los átomos y las fuerzas. Coloquémonos sobre la base del axioma hermético que manifiesta que el alma es, por principio y de manera fundamental, inmortal y que el estado del alma es decisivo para la naturaleza y el estado del cuerpo, así como para el ritmo metabólico del cuerpo y de todos los fenómenos inherentes. En lo esencial de la constitución del alma y del cuerpo, en la colaboración ideal y perfecta entre el alma y el cuerpo, no se halla la muerte. La muerte, dice Hermes, es sólo una ficción. La noción de muerte y aquello con lo que el hombre la asocia es una equivocación.

Al leer esto, nos parece estar soñando pues esta conclusión de la enseñanza hermética está en contradicción con la realidad que conocemos y que vivimos y que tantas veces hemos observado en nuestro entorno. Asimismo, está en contradicción con muchas cosas que encontramos en las Sagradas Escrituras y que hemos creído constatar en la filosofía gnóstica. ¿Acaso no hablamos de la naturaleza de la muerte, por ejemplo, y de la dialéctica, es decir, del «subir, brillar y descender»? ¿Y acaso no conocemos la frase: «El salario del pecado es la muerte»? ¿No es la muerte un fenómeno conocido en todo nuestro entorno?

Hermes no se dirige aquí al hombre en general, sino a su hijo Tat; es decir, al buscador guiado e iniciado hasta determinado nivel, que ha descubierto el principio, la verdad del alma, que ha desvelado la maravilla del alma y comprendido de lo que se trataba. Y cuando Tat, al final del discurso de Hermes, extrañado por sus explicaciones, plantea la pregunta: ¿Este ser vivo, el hombre, no es entonces aniquilado? Hermes se apresura a contestar: Que tus palabras sean de felicidad y alegría, hijo mío, y que comprendas lo que es Dios.

 

En efecto, todo el noveno libro es una inflamada demostración contra la idea de la muerte. Difícilmente puede suponer Hermes que un buscador serio, introducido en la Gnosis, continúe abordando el problema por el lado erróneo, el lado exterior. Si quiere desvelar estos misterios debe colocarse en lugar del alma y examinar los distintos problemas desde ese punto de vista. Quien actúa así comprende la frase bíblica: «El alma que peca debe morir».

El alma que peca es el alma que vive y obra contra las leyes divinas fundamentales. Semejante alma es causa de perturbación en el metabolismo del cuerpo y en su propio radio de acción. Dicho de otra forma, según la terminología de la filosofía hermética, tal alma es causa de perturbación en el proceso de disolución, es decir, de transfiguración. Pero esta perturbación nada tiene que ver con la muerte. No es más que un incidente que permite restablecer la progresión de la eternidad.

Quien quiere obtener una correcta comprensión de ello tiene que eliminar dos nociones totalmente falsas relativas a la muerte, la de la teología y la del materialismo histórico. Según los diferentes puntos de vista teológicos, el fenómeno habitual llamado muerte es una transformación en la que el proceso vital se prosigue en el cielo o en el país del más allá. Múltiples grupos comparten esta opinión y la matizan. El materialismo histórico dice que la muerte es el fin absoluto, la detención total y completa de la existencia humana.

Si puede abandonar completamente estos dos puntos de vista, percibirá la verdad de la filosofía gnóstica. Hermes quiere decir que la muerte es el fin total de la personalidad que vive en el error, que está enferma o completamente cristalizada. Lo que queda es un microcosmos liberado de esta personalidad, en el que se encuentra un núcleo central vivo, llameante: la rosa, el alma verdadera. El incidente que se produce en el proceso de la disolución, que permite al alma liberarse de nuevo de su envoltorio petrificado, es pues, en el fondo, una gran bendición para ella. El alma puede así continuar verdaderamente su ruta hacia la eternidad, con la condición de que vuelva a comenzar allí donde se provocó el incidente.

Con este propósito, el microcosmos vaciado debe buscar su vivificación por medio de una nueva personalidad, y esforzarse en vivir según las leyes y las fuerzas divinas para comenzar la transfiguración. Se trata de un metabolismo armonioso, que se implanta sin provocar incidencias; es una transformación continua en y del vestido del alma, de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia;  es una dialéctica ideal, que se cumple en el séptimo aspecto del manto del alma, mientras que la propia alma, unida con su Poimandres, existe de manera autónoma en el sexto aspecto de la manifestación divina.

Considerado desde el punto de vista filosófico, la muerte es un sinsentido. Pues la muerte, dice Hermes con razón, es la aniquilación, la perdición, mientras que nada de lo que existe en el mundo  es aniquilado. En el mundo de los cuatro elementos, fuego, agua, aire y tierra, la forma que ya no sirve es descompuesta y colocada en su lugar mientras que el alma es liberada de una fuerte cristalización indeseada. No se trata, pues, de aniquilación.

Siempre ha habido personas con una vida difícil o dolorosa que han defendido la siguiente la idea: «Favorezcamos la liberación del alma por medio del suicidio. Si este manto petrificado que envuelve el alma ya no sirve para nada, pongámosle fin, acabemos con él». Esto es un gran error, ya que el suicidio no puede aniquilar la personalidad cristalizada. En efecto, una vez destruido el cuerpo material, los otros tres vehículos de la personalidad, los vehículos etérico, astral y mental, continúan su existencia hasta que la trama energética termina de vibrar. Y los sufrimientos del suicida, durante este lapso de tiempo, son indescriptibles. Por otra parte hay que comprender que la llave de la liberación está siempre presente, existe siempre en el ser nacido de la naturaleza. Si, en tanto que ser nacido de la naturaleza, no accede ahora a la liberación convirtiéndose en un hombre-alma, si no abre ahora las puertas de los misterios, el microcosmos deberá intentarlo la próxima vez.

El camino de la liberación abarca desde el nacimiento en la naturaleza hasta el nacimiento del alma. Al principio, cuando el alma vivía todavía en el mundo del estado de alma viva, el espíritu se expresaba en el cuerpo por medio del alma. Ahora hay que seguir el camino inverso, el camino de regreso: el hombre nacido de la naturaleza debe despertar el alma a la vida, ponerse completamente a su servicio y, guiado por ella, aspirar a la unión con el espíritu, con Poimandres, para finalmente llevarla a cabo. Quien no recorra este camino se verá obligado, en tanto que microcosmos, a repetir el proceso del nacimiento terrestre.

 

¿Sabe lo que significa verdaderamente el nacimiento del alma? Desde hace muchos años, nuestros escritos no hablan de otra cosa; pero quizá a algunos se les haya escapado de qué se trata verdaderamente. ¿Qué somos nosotros, hombres nacidos de la naturaleza? ¡Sólo somos cuerpos! O, según la expresión de Hermes, seres animales. No se nos puede aplicar, sin más, la realidad del nacimiento del verdadero Rosacruz que está definido en las palabras: «Ex Deo nascimur», nacemos de Dios.

Nosotros, hombres de este mundo, ¿nacemos de Dios? No, nosotros hemos nacido de la naturaleza. Somos el producto de un proceso de mantenimiento de la naturaleza. Por consiguiente, tenemos un cuerpo que bajo ningún concepto puede compararse con el cuerpo del nacimiento divino. Nosotros, que hemos nacido de la naturaleza y que pertenecemos al género humano actual, sólo poseemos un cuerpo de emergencia que está cargado con el karma de nuestros parientes y ancestros y con nuestro propio fardo.

La mayor parte de la humanidad actual, desde el seno materno, coloca su centro vital, su principio vital, su alma, al servicio del cuerpo de emergencia. Cuando el principio de fuego de nuestro estado de vida se consagra a la naturaleza inferior, el hombre ocasiona un nuevo incidente en el proceso de disolución. El hombre, o bien el alma, hace indisoluble lo que debería ser disuelto.

¿Qué entiende Hermes por disolución? Con ello entiende el proceso de metabolismo ideal en el que las fuerzas y materias agotadas son reemplazadas de forma armoniosa, continua y en un equilibrio perfecto por nuevas materias y fuerzas. Su resultado es la devolución del manto del alma inmortal, una juventud eterna y radiante, así como una entrega cada vez mayor al proceso de transfiguración, progresando de magnificencia en magnificencia.

Pero si, a partir del nacimiento de la personalidad, el principio vital se consagra a la naturaleza, el proceso de disolución se obstaculiza y el metabolismo se perturba completamente. Entonces el fenómeno de cristalización se desarrolla más rápidamente que la sustitución de las materias.

Pero si el alma no peca, sino que comprende perfectamente el objetivo de su existencia y se coloca a su servicio, recibe el sello del verdadero Rosacruz. Nace de Dios. Ello quiere decir que atrae hacia ella un manto, un estado vehicular que responde cada vez mejor al principio de una disolución armoniosa. Lo que en ella ha nacido de la naturaleza, lo toma como «servidor de la casa», como base de partida. Quien no tiene una casa habitable tiene que estar contento de tener, para comenzar, una casa en ruinas. Tal vez le sea posible realizar las transformaciones necesarias y arreglarla a su gusto. El cuerpo nacido de la naturaleza proporciona así una base de trabajo para el alma, es el servidor de la casa, con el fin de concretar posibilidades superiores. Y lo que es indisoluble acaba por ser disuelto. Entonces el alma, divina por naturaleza y por vocación, progresa hacia un bien superior.

Por todo ello, repetimos a menudo que no hay ningún motivo para inquietarse por una nueva inmersión en la naturaleza dialéctica de este mundo, tanto si el alma ha nacido y atrae hacia ella los primeros aspectos de un nuevo estado vehicular como si le ha llegado la hora de la muerte del cuerpo terrestre. Cuando el alma nueva comienza a formarse nosotros progresamos de fuerza en fuerza.

El renacimiento del alma significa, en su sentido más profundo, el restablecimiento de los vehículos originales del alma, con los que el hombre se eleva por encima del nacimiento natural. Los alumnos de la Joven Gnosis deben consagrarse, en primer lugar, al renacimiento del alma. No obstante, la coronación de este renacimiento debe ser realizada por la propia alma. Después del renacimiento del alma debe llegar el renacimiento por el alma. Ahora nos ocuparemos de este tema.

 

XXXVIII

El renacimiento por el alma

 

 

Como habíamos dicho, dirigiremos nuestra atención hacia el renacimiento que debe ser realizado por el alma. No del renacimiento del alma, sino del renacimiento por el alma. El renacimiento, la revivificación del alma, no es más que un primer comienzo. La gran mayoría de los alumnos de la Escuela Espiritual actual ya ha alcanzado este punto. No obstante, a la revivificación del alma debe seguir una reorientación del alma hacia su meta.

Quien entra en la Escuela Espiritual impulsado por un auténtico interés, entra como buscador. En la vida ordinaria del ser natural no existe la paz y, por su adhesión, usted demuestra que busca la revivificación de su alma, incluso que ya está en una de las fases de la revivificación. Pues, en el momento en que el alma es revivificada, debe dirigirse de nuevo hacia la única meta, la verdadera meta de la vida.

Por ello en la Escuela hablamos del renacimiento por el alma. Es un proceso en el que el alma toma la iniciativa, la dirección de toda la vida e irrumpe hacia el objetivo. Llamamos su atención sobre este proceso para que comience la disolución sin incidentes, la transfiguración, el metabolismo ideal, en resumen, para que entre en la eternidad. El apremiante grito del origen: «¡Salve su alma!» se dirige hacia usted. Pues, ¿de qué le serviría poseer todos los tesoros del mundo si ello perjudica su alma? ¿Dónde está la fuente de su vida? ¿Dónde se encuentra el centro de su vida? En el núcleo del microcosmos que coincide aproximadamente con el corazón. Se puede decir que en el corazón se encuentra la sede de la vida. La conciencia del corazón es pues diferente de la conciencia de otras partes del cuerpo. La conciencia de la cabeza, por ejemplo, es totalmente diferente de la conciencia del corazón.

Desde la vida prenatal, desde la formación del embrión, hay en el corazón un punto minúsculo donde la vida comienza a manifestarse en primer lugar. Es el punto donde el alma comienza a aproximarse al ser en formación y a tocarlo. En este lugar del corazón, en este punto, la vida se da a conocer desde el comienzo. Allí está la sede de la vida, la rosa del corazón, el centro del microcosmos. Y cuando un hombre muere, la vida prosigue hasta el último momento en ese punto del corazón. Incluso cuando la cabeza es separada del resto del cuerpo, ese punto del corazón permanece con vida durante horas.

Todo lo que bulle en su cabeza, todos los pensamientos que allí levantan tempestades, todo el conocimiento intelectual que ha acumulado u otros valores, todo lo que, día tras día, cree, supone o estima, sólo se refiere a la vida animal, a la conciencia animal, a la vida que anima cada átomo de su cuerpo.

En cada átomo de su cuerpo hay vida, fuerza. Y la síntesis de todos estos átomos compone su cuerpo, forma y constituye la conciencia animal, la conciencia del cuerpo. Esta conciencia no tiene nada que ver con la vida que anima su corazón.

El problema está en saber si esta vida de su corazón es real, si verdaderamente su actividad es perfecta, si el centro del microcosmos, que corresponde al corazón y se manifiesta en su corazón, puede verdaderamente desplegarse y, por lo tanto, vivir en el sentido más elevado del término. Éste es el problema. No es sólo un problema psicológico, sino un problema meramente físico, un problema del cuerpo.

El corazón es el órgano más importante del cuerpo humano. Nuestro corazón está verdaderamente organizado de una forma maravillosa. La constitución del cuerpo humano actual es tal que podemos hablar de un orden de emergencia. La estructura y la reproducción de las células del santuario del corazón es diferente de las de otras partes del cuerpo. El corazón ocupa así en el cuerpo una posición excepcional. Está constituido para poder cooperar con el alma, con el centro del microcosmos.

Cuando acaba de nacer un niño, su cuerpecito no es sino un factor secundario. Lo que vive, lo que verdaderamente vive, es el alma en el corazón. Los otros fenómenos vitales son una consecuencia de que un rayo del alma hace respirar al cuerpo. El cuerpo de materia tosca es pues la primera envoltura del alma. El corazón corresponde con el alma, el núcleo del microcosmos, y el alma se manifiesta en el cuerpo recién nacido por medio del corazón.

El alma, la rosa, es de naturaleza séptuple. La rosa tiene siete pétalos. Por consiguiente, el corazón humano está constituido de forma séptuple. La Enseñanza Universal habla de siete cavidades del corazón: tres superiores y cuatro inferiores. Por consiguiente, puede comparar el santuario del corazón con la alfombra mágica de construcción y hablar del triángulo y del cuadrado: el triángulo del corazón y el cuadrado del corazón.

También en el santuario de la cabeza del hombre encontramos siete cavidades. Hablamos de siete cavidades cerebrales o del «candelabro de siete brazos». Estos candeleros sólo pueden comenzar realmente su trabajo, sólo pueden comenzar a inflamarse completamente en la Gnosis, en la luz del espíritu, cuando las siete cavidades del corazón se desarrollan en concordancia con los siete pétalos de la rosa. La manipulación del corazón, como hace actualmente la cirugía, es una equivocación. Sin duda, las operaciones que se practican en el santuario del corazón, no son deseables desde un punto de vista espiritual.

Como mediador entre la rosa séptuple y las siete cavicades del corazón se encuentra el esternón. La palabra «esternón», ya lo hemos señalado, significa «radiante». El esternón es el factor radiante en la colaboración entre la rosa y el corazón. Si los siete pétalos del alma pudieran abrirse de forma perfecta en el corazón séptuple, las siete luces del santuario de la cabeza se inflamarían igualmente gracias a esta rosa de siete pétalos. Los siete rayos del Espíritu Séptuple se manifestarían en el santuario de la cabeza, pues el santuario de la cabeza está predestinado a ser la sede del espíritu. De esta forma estos siete aspectos del espíritu se manifestarían en la cabeza, en colaboración con el alma, al mismo tiempo que en el cuerpo. Espíritu, alma y cuerpo formarían entonces de nuevo una unidad perfecta.

¡Sin embargo, esto en realidad no ocurre así! En el santuario de la cabeza del ser nacido de la naturaleza, el candelabro de siete brazos no se alza ante Dios: el Poimandres séptuple no mora allí.

El hecho de que el hombre natural viva prueba que es una criatura dotada de alma. Pero los siete rayos del alma no pueden en ningún caso manifestarse en el santuario del corazón. Por lo menos tres pétalos de la rosa permanecen cerrados: los de las tres cavidades superiores del corazón. En el hombre nacido de la naturaleza no funcionan positivamente. De las cuatro cavidades inferiores del corazón, sólo algunas están parcialmente activas. La consecuencia de esto es que la fuerza séptuple del alma no puede manifestarse en el cuerpo, ni el Espíritu Séptuple puede manifestarse en el santuario del corazón y, por ello, el candelabro de siete brazos no está encendido.

En el hombre de la naturaleza, el candelabro de siete brazos del santuario de la cabeza, las siete cavidades cerebrales, manifiesta una fuerza fluorescente; pero es un fuego astral eónico el que arde, por lo que la vida es puramente animal. Imagínese lo siguiente: un niño nace como producto del padre y de la madre. El alma habita en el cuerpo, pero no puede manifestarse completamente en los siete aspectos del corazón. El niño comienza a crecer. Además del cuerpo material, aparece progresivamente el doble etérico; más tarde, con los años, se desarrolla el vehículo astral y, por último, se enciende la llama del pensamiento. Pero ni esta llama, ni el vehículo astral, ni el doble etérico están en sintonía con el alma, sino con las posibilidades kármicas del hombre nacido de la naturaleza. Por esta razón, él piensa, siente y desea de la forma que lo hace. Por esto es como es. Por ello, el mundo es tan desdichado.

El poder mental del hombre nacido de la naturaleza no corresponde en absoluto con el alma verdadera. Todo lo que se piensa y hace con el santuario de la cabeza no tiene nada que ver con el alma. Algo del alma se expresa de vez en cuando en el santuario de la cabeza, pero esas débiles expresiones del alma son reprimidas en su mayoría. De esta forma, la orientación y la conciencia del alma son totalmente desviadas y esto perturba igualmente las verdaderas funciones del cuerpo, pues el cuerpo del niño que crece y los otros vehículos que se desarrollan sintonizan perfectamente con el estado de alma perturbada.

¿Comprende ahora por qué, al crecer, el karma se manifiesta en su totalidad? ¿Por qué la voz de los padres y la de los ancestros aún unidos a la tierra se imponen en este punto en el niño que crece? ¡Hay demasiado poca fuerza de alma! El alma, que es de Dios, no puede manifestarse. De esto resulta siempre una perturbación del fenómeno de disolución, una perturbación del proceso metabólico. La manifestación del alma es, pues, imperfecta: el alma peca. Así, al envejecer, se desarrollan cristalizaciones que terminan en la muerte, en la disgregación de la forma. Puede comprobar, de principio a fin, cuán inevitable y lógico es todo este proceso.

 

Toda su vida está determinada por la calidad de su alma. El estado de su yo y todo lo que lleva consigo, como su carácter y su tipo, es el resultado, el producto de su alma. Si su alma está desamparada desde su nacimiento, si está prisionera desde ese momento, las siete cavidades del corazón no se abren y sólo se manifiesta un pequeño resplandor en las cuatro cavidades inferiores; a este estado se le puede llamar con justicia el estado de nacimiento. La gran mayoría de los hombres permanecen en este estado toda su vida; ellos son, actúan y viven exactamente como lo han hecho desde su juventud. Han envejecido, han llegado a ser independientes, tienen su lugar en la sociedad, pero su naturaleza, su carácter, su tipo han permanecido exactamente igual al del pequeño animal de la cuna.

Puede preguntarse: «Puesto que el estado de mi nacimiento, el estado de mi yo, mi estado de conciencia, determina directamente el estado de mi alma, ¿para que luchar por obtener la vida liberadora? ¿Qué hago yo en esta Escuela? ¿No es mi caso desesperado? Mi alma no puede expresarse en mi cuerpo. Envejezco, encanezco, ya veo aproximarse a la muerte, la disgregación de la forma. Comamos pues, bebamos y divirtámonos. ¡No podemos hacer nada más! Saquemos el mejor partido y esperemos el fin».

Si reacciona así, experimentará lo que la Biblia llama «el endurecimiento de los corazones». Admitamos que, en usted, los tres pétalos superiores de la rosa estén todavía cerrados y que, de los cuatro restantes, sólo algunos estén abiertos, de forma que en usted sólo haya negatividad del alma, vida animal, un «yo respiro, vivo y eso es todo». Que por otra parte, de vez en cuando, a veces, día tras día, su corazón le acuse; que de vez en cuando su conciencia le inquiete; que su corazón clame en ocasiones y se diga a sí mismo, estremecido interiormente: «¡Qué caos! ¿Y qué hago yo ahora? De la mañana a la noche voy de aquí para allá y ¿para qué? ¿Qué sentido tiene mi existencia?»

¿Cómo ha llegado a estos pensamientos, a estas palabras? Porque el corazón le acusa. Por el «sufrimiento del ego», tal como se expresó una vez*. A veces hay que atravesar el punzante dolor de la desgracia para experimentar el horror del alejamiento de Dios. Usted sigue entonces un camino muy difícil. En un momento dado se culpa, más tarde se rebela; unas veces desesperado, otras lleno de odio, grita levantando los puños. Pues ya no comprende nada y, en los peores momentos, la voluntad se vuelve impotente.

¿Conoce algo de esto? ¿Ha experimentado esta acusación de la conciencia y del corazón, esta inmensa pena que sólo olvida durante el sueño? ¿Ha tenido alguna de estas experiencias que le persiguen desde la juventud?

Si ha experimentado esto, debe estar profundamente agradecido. Dé gracias a Dios por su merced. Alégrese infinitamente, pues es prueba de que su corazón no está todavía endurecido, no está todavía petrificado. Esté muy agradecido si experimenta esto, si todavía lo experimenta, pues la voz del alma todavía le habla. Se puede decir que el alma, el núcleo del microcosmos suspira, pide ayuda cada día, ¡socorro, libérame! Y la radiación del Espíritu Séptuple se abre un camino por el esternón hasta el corazón; y desde el corazón los demás órganos de la conciencia son tocados. De esta forma se dirige a usted la voz de la conciencia, el lamento del corazón, la voz del alma.

Dése cuenta de la forma admirable en la que ha sido concebido su corazón. Su estructura es tal que, aunque el alma no pueda manifestarse en el cuerpo debido a su nacimiento en la naturaleza, la voz del alma, la voz de la rosa resuena hasta el último suspiro. Y usted continúa percibiendo esta voz salvo que endurezca su corazón, a menos que su corazón se vuelva «graso», según la expresión del salmista. ¡De aquí viene también el tormento de los remordimientos y las torturas de la conciencia! «Todos proceden del corazón», constata la señora Blavatsky.

Si todavía puede percibir la séptuple voz del alma, oirá también lo que está detrás de esta voz: es decir, la Gnosis que quiere rescatarle. En el transcurso de los siglos, millones de personas han escuchado esta voz que habla para convertir el corazón de los hombres. Innumerables son los que, oyendo esta voz, la conservaron en su corazón como lo atestigua la Biblia. Está escrito: «Ella guardó todas esas cosas en su corazón» y «El espíritu del Señor me ha enviado para curar a aquéllos cuyo corazón está roto».

Mientras no esté endurecido, podrá conservar en el corazón las fuerzas y actividades que le salvarán, conmover su corazón o convertirlo, y guardar en él la esencia de la salvación, con la única condición de engrosar las filas de quienes tienen el corazón roto.

 

 

XXXIX

La santa Madre-Tierra

 

Volvamos ahora al noveno libro de Hermes Trismegistos y consideremos el tercer versículo:

 

La muerte es aniquilación, mas nada de lo que existe en el mundo es aniquilado. Y puesto que el mundo es el segundo Dios, es decir, un ser inmortal y está excluido que la parte más pequeña de este ser inmortal perezca: todo lo que está en el mundo forma parte del mundo y especialmente el hombre, el ser provisto de razón.

 

Lo que sí puede ocurrir es un incidente en la disolución, en el proceso continuo del metabolismo. Pero todo esto sólo concierne al vestido del alma, formado y mantenido por los materiales y las fuerzas del mundo, a saber, por los cuatro elementos: fuego, aire, tierra y agua. Cuando una forma que procede de los cuatro elementos se disgrega, todas sus partículas regresan a la fuente primordial de sus aspectos planetarios.

El mundo, nuestro planeta, nuestra Madre-Tierra,  es denominado aquí el segundo Dios y, por ello, es calificado de inmortal. ¿Qué hay que entender por esto?

El hombre perfecto es, como sabe, una unidad triple: espíritu, alma y cuerpo. Cuando el alma puede desarrollarse realmente de forma séptuple, cuando la rosa séptuple puede desplegar sus pétalos en toda su belleza y, por lo tanto, cuando el corazón séptuple ha abierto completamente sus cavidades a las fuerzas de la rosa, a las siete llamas de Isis, a las siete fuerzas de la Tierra Santa, el alma así preparada ejecutará el renacimiento. Tan pronto como el alma puede transmitir realmente su poder séptuple al corazón séptuple del hombre, se desarrolla en dicho hombre un proceso séptuple. Entonces el alma sigue un camino de cruz, que va de Belén, el corazón, al monte Gólgota, el santuario de la cabeza. Por medio del corazón, las siete cavidades cerebrales son colmadas con el prâna universal del Espíritu Séptuple.

Así es como se enciende el candelabro de siete brazos que se encuentra ante Dios. Provisto del prâna universal del Logos, adquiere un carácter muy particular para el candidato. Éste recibe el espíritu que mora en él, el séptuple Poimandres. Entonces, espíritu, alma y cuerpo, triplemente unidos, habrán formado una trinidad. En esta trinidad, Poimandres procede del primer Dios, del Espíritu Universal, el Logos, mientras que el alma y el cuerpo proceden del segundo Dios, el mundo, procedentes del santo planeta séptuple, de la Madre Isis, la Tierra divina.

La Enseñanza Universal advierte constantemente al alumno que no tome la Tierra que él conoce, por la Tierra Original. El planeta perfecto es, como el hombre perfecto, un espíritu séptuple, un alma séptuple y posee un cuerpo séptuple. La Tierra que conocemos, que se encuentra bajo la tutela abusiva de la humanidad actual, es una parte del cuerpo séptuple de la Tierra perfecta. Por esta razón, no debe considerarse como la expresión plena y perfecta del espíritu planetario. a forma que cuando usted tiene una herida en un dedo, no puede decir que todo su cuerpo está enfermo.

Así pues, como ya hemos visto, el alma del hombre, la rosa del corazón, es séptuple: perfecta y eterna, creada a partir del alma del segundo Dios, de la santa Tierra perfecta, de la Madre Isis. Por ello el versículo tres dice: Todo lo que está en el mundo forma parte del mundo y especialmente el hombre, el ser provisto de razón.

Comprendemos así que, puesto que nosotros devenimos de la Tierra y hemos recibido cada célula de nuestro sistema planetario, la Tierra perfecta es la divinidad que representa el Logos:

 

En verdad, en primer lugar y por encima de todo está Dios: el Eterno, el No-creado, el Creador de todas las cosas. El segundo Dios, el Mundo, ha sido creado por Él a su semejanza, es mantenido y nutrido por Él y está dotado de inmortalidad, puesto que los que han salido del Padre eterno poseen la vida eterna, en tanto que criaturas inmortales.

 

Por consiguiente, para el hombre absoluto, lo absoluto se encuentra, debe ser encontrado, en el interior de los campos de la Tierra absoluta. El candidato, que tal vez pensaba que pronto se elevaría a otras partes del séptimo plano cósmico, donde tendría mejor vida que aquí, es reconducido por la filosofía hermética al sistema planetario del que ha devenido y que le mantiene.

Lo absoluto se encuentra y se debe encontrar en el interior de los campos de la Tierra Santa universal. Ésta es la vocación del alma. Por el espíritu procedemos del Padre, de igual modo que el espíritu planetario procede del Padre; según el alma y el cuerpo, somos mantenidos por el alma y el cuerpo de la Tierra. La vocación del espíritu de la Tierra es, por lo tanto, también la nuestra.

La vocación del espíritu planetario es conducir hacia la perfección a las diferentes corrientes de vida que nacen en su seno. Así como el Padre no deja perecer las obras de sus manos, el alma de la Tierra no deja perecer las obras que le han sido confiadas. Por lo tanto estamos asociados, en completa unidad, con todos los reinos de la naturaleza en un sentido muy extenso. Según el alma y el cuerpo procedemos de la Santa Madre-Tierra.

Tal vez se pregunte si esta conclusión de la filosofía hermética no daría lugar a un sentimiento de separación, en sentido de superioridad, e incitaría a hablar de la humanidad de la Tierra en oposición a la humanidad de otros planetas. Pero entienda bien que la Tierra absoluta forma a su vez un único sistema con los otros seis planetas y que estos siete están comprendidos en el séptuple cuerpo solar, el cual, a su vez, está comprendido en un sistema más amplio, etc., y que no existe la más mínima separación.

Cuando nos despertamos a nuestra más elevada vocación, a nuestra más elevada triplicidad humana, todas las criaturas comprendidas en el plan del Logos se manifiestan en unidad perfecta. Por ello no se asombrarán si en los diversos escritos filosóficos, los de los rosacruces clásicos por ejemplo, el Cristo es designado como el espíritu planetario de la Tierra, y que la Biblia nos lo haya confirmado siempre así.

 

Si investiga en la Biblia sobre este tema, tenga en cuenta el hecho de que los traductores, en realidad, no han sabido que hacer con la palabra “mundo”. Han comprendido esta palabra únicamente en el sentido de “mundo dialéctico en estado de pecado”, de la misma forma que se habla de los “placeres del mundo” y de “ser de este mundo” en un sentido peyorativo. Y cuando Jesús el Señor dice con insistencia, en el Evangelio de Juan: «Mi reino no es de este mundo», se refiere al mundo de la corrupción y no a la santa Tierra absoluta.

El espíritu planetario de la Tierra, el Cristo glorioso, viene por lo tanto para juzgar al mundo de la corrupción. En efecto, el espíritu planetario de la Tierra tampoco puede dejar perecer la obra de sus manos y, por ello, la santa fuerza de la Tierra se dirige constantemente hacia lo que está caído y corrupto. De ahí las palabras de Jesús el Señor: «Yo he vencido al mundo».

Por ello es cierto que un aspecto del Mundo absoluto, es decir el vestido tosco, en donde se practica el pecado, en el que vive el pecado, desaparecerá en el proceso de cambio: «El mundo desaparecerá y todas sus codicias». Lo que permanece, lo que finalmente se eleva en la eternidad, es el Cielo y la Tierra que Juan vio en Patmos: «Vi un nuevo Cielo y una nueva Tierra y todo lo antiguo había desaparecido». El nuevo Cielo-Tierra no es otro planeta, sino la Tierra santa, que se reveló ante la visión sublime de Juan, el hombre que encuentra a su Poimandres.

Así, las palabras de la primera Epístola de Juan resultan correcta: «Lo que hemos contemplado, de eso os damos testimonio, y os anunciamos la vida eterna que está con el Padre y que nos ha sido manifestada».

 

En la Enseñanza Universal los espíritus planetarios son siempre denominados los grandes hijos de Dios y, por ello, Hermes habla con razón del segundo Dios. También escuchamos hablar de los grandes constructores. Platón habla de las dinastías divinas. La Biblia menciona a los arcángeles. Por esta razón, comprendemos que así como en relación con la humanidad existen los reinos naturales inferiores, también existen olas de vida muy superiores. Algunas de estas corrientes de vida más elevadas son los arcángeles, o dinastías divinas. Así también hemos oído designar a Cristo como el Arcángel, como el gran guía divino de nuestro planeta.

Hablamos abiertamente con usted sobre este punto, después de haberlo dejado de lado durante muchos años, porque éramos conscientes de los grandes peligros que trae consigo. En efecto, aparte de los arcángeles, existen aún otros tipos de entidades que en muchos aspectos pueden ser calificadas como superiores a la humanidad; entidades que desde muchos puntos de vista, están más evolucionadas, dotadas de mayor conocimiento y que, sin embargo, ejercen prácticas que se desvían del plan del Logos. Piense a este respecto en los espíritus de los eones, en las jerarquías de los eones de la que habla el evangelio gnóstico de la Pistis Sophia; piense en todas estas fuerzas que atormentan tan violentamente a la Pistis Sophia. Si no permanecemos estrictamente orientados hacia el renacimiento del alma y si, por este renacimiento, no comenzamos a volvernos hombres perfectos, sin duda seremos desviados por los espíritus de los eones y sus acólitos de la esfera reflectora.

Por lo tanto, las siguientes palabras se dirigen a todo candidato en el camino: «Sea fiel, pero no confíe en nadie, examine cualquier espíritu para saber si es de Dios». Esto sólo es posible si usted mismo posee a Poimandres y después recorre el camino hasta el fin.

Después de esta explicación, seguramente será capaz de comprender las demás declaraciones detalladas en el noveno libro de Hermes.

 

 

 

 

XL

Nada puede separarnos del amor que está en Jesucristo, nuestro Señor

 

 

Hay que distinguir bien la vida eterna de lo Eterno. En efecto, el Eterno no ha salido de ningún otro ser y si se hubiera formado, habría sido de sí mismo. Nunca se ha formado, sino que se crea a sí mismo en un eterno devenir. Así el universo vive eternamente a partir del Eterno, pero el Padre es eterno por sí mismo: el mundo es pues divino y vive eternamente gracias al Padre.

   De toda la sustancia material destinada a ello, el Padre formó el cuerpo del mundo; le dio una forma esférica, determinó las cualidades con las que lo adornó y le confirió una materialidad eterna puesto que la sustancia material era divina.

   Además, después de que el Padre hubo expandido las cualidades de las especies en la esfera, las encerró como en una caverna, con el fin de adornar su creación con todas las cualidades.

 

Así resuenan el quinto, sexto y séptimo versículo del libro noveno. Cuando los lea, sobre todo no piense en ninguna leyenda sagrada. Pues tratan literalmente de la consecución de la grandiosa ciencia natural divina. Para poder comprender bien esto, tal vez será mejor utilizar un ejemplo cotidiano.

Así como la radiación de un imán atrae las limaduras de hierro, así también nuestros pensamientos, que también son fuertemente magnéticos, atraen átomos de la sustancia original. Puesto que conoce el juego y la naturaleza de nuestros pensamientos y la tonalidad de base de nuestros pensamientos le es familiar, se forma y se mantiene constantemente a nuestro alrededor un espacio esférico, repleto de millares de átomos que, retenidos por nuestros pensamientos, describen su curso en este espacio. En cuanto nuestros pensamientos toman un curso fundamentalmente diferente, el orden de estas órbitas atómicas es evidentemente perturbado y, por consiguiente, cambiado. Incluso ciertos grupos de átomos son expulsados de la esfera. En nosotros sucede, pues, en pequeña medida, lo que casi diariamente ocurre por distintas razones en lo grande, en el universo dialéctico.

Pero supongamos ahora que la corriente de pensamientos permanece semejante a sí misma y que, en concordancia con esto, se crea un orden atómico estable en el sistema humano. Entonces la continuidad de la fuerza magnética de los pensamientos hará virar el curso de los átomos en una espiral orientada hacia el interior. Como ya hemos visto, en este proceso hay un recorrido en espiral orientado hacia el exterior, pero ahora vamos a examinar el recorrido en espiral orientado hacia el interior.

También, a escala microcósmica, no sólo existe un universo en expansión, sino también un universo en contracción. Las espirales dirigidas hacia el interior se vuelven cada vez más pequeñas, su trayectoria más corta, hasta el punto en que los átomos se precipitan en el fuego del cuerpo astral humano. Nuestro fuego astral concuerda cualitativamente con nuestros pensamientos. Entre nuestro estado mental y nuestro estado astral hay un equilibrio constante. El átomo de la sustancia original es escindido y abierto en este fuego, en base al pensamiento, con lo que se liberan las siete fuerzas del átomo.

Fuerzas acordes con la calidad de su estado astral y de su estado mental se escapan de este átomo. De él se escapan fuerzas que corresponden con la calidad de nuestros estados astral y mental. Todas estas fuerzas son transformadas a continuación en éteres e introducidas en el sistema material, al cuerpo físico. Estas mismas fuerzas inciden en todos los órganos del cuerpo de forma determinada.

Si abarca el conjunto de este proceso, expuesto aquí de la forma más sencilla posible, entenderá de dónde surgen todos los fenómenos vitales, todas las subidas y bajadas de su estado corporal. Y también, por lo tanto, todas las perturbaciones en la disolución, en el gran intercambio metabólico.

Cuando tiene pensamientos de amor puro y absoluto, cuando rechaza los pensamientos de irritación, de odio, de venganza, de malicia, de crítica, de mezquindad y de bajeza; cuando sintoniza perfectamente su estado mental y, con él, su estado astral, con el renacimiento del alma, comienza a poner en práctica el Sermón de la Montaña, donde leemos: «No luches contra el mal. Cuando alguien te golpee la mejilla derecha, ponle la mejilla izquierda. Ama a tus enemigos, haz el bien a quienes te odian y ruega por quienes te persiguen».

Cuando, guiados así por la radiación positiva del Espíritu Séptuple, entramos en la filiación divina, el proceso de metabolismo atómico que acabamos de describir muestra una gran armonía, y entramos así en la disolución, de transfiguración. El resultado será una vida microcósmica desprovista de incidentes. El microcosmos perderá su carácter desordenado. En efecto, el desorden, la desorganización, la vuelta al caos y sus consecuencias, dice Hermes, aparecen solamente entre las criaturas terrestres, sólo entre las entidades de este estrato inestable lleno de incidentes donde vive el hombre nacido de la naturaleza. Por ello se dice en el versículo 10:

 

Los cuerpos de los seres celestes guardan el orden que el Padre les ha dado desde el origen; y este orden se mantiene indestructible por el regreso de cada uno de ellos al estado de perfección

 

De esta forma, el proceso de inmortalidad se encuentra en nuestras propias manos. Nada puede separarnos del amor que está en Jesucristo, nuestro Señor. Siempre y en toda circunstancia podemos salir vencedores, con sólo guardar la ley fundamental de los misterios gnósticos. Esta ley fundamental no es ni difícil de comprender, ni difícil de ejecutar. No crea a los que le digan que el camino de la Gnosis es muy difícil o terriblemente complicado. ¡No es así, en absoluto!

 

Gracias a la filosofía hermética, ante usted ve cómo se forma un mundo.

El espíritu divino del Padre proyecta un plan, por medio del Logos, en el océano infinito de la sustancia original. Este plan, este pensamiento divino, tiene un carácter marcadamente magnético y por ello forma una concentración, una esfera de sustancia original, en la cual los átomos son transmutados conforme a las diversas órdenes y fuerzas de este plan.

Cada átomo del universo contienen todas las cualidades y fuerzas divinas, las siete fuerzas de la vida absoluta que corresponden a los siete aspectos del Espíritu Séptuple. Lo que llamamos «radioactividad» sólo es una chispa de una de las siete fuerzas del átomo. Y cuando el hombre, por la fisión del átomo, incluso por un objetivo que se dice pacífico, libera fuerzas atómicas únicamente para obtener energía y hacer funcionar el aparato social, será víctima de las otras fuerzas atómicas que él ha liberado al mismo tiempo, pero que no ha utilizado. Las fuerzas liberadas se acumularán en la atmósfera y provocarán allí un poderoso fuego, por el cual nuestro campo de vida dialéctico será agitado y destruido por enésima vez.

 

El resultado de la proyección del Logos en la sustancia original es una vida absolutamente divina. Es así, y no de otra forma, como el segundo Dios ha devenido del Logos. Con el fin de que este misterio no le parezca inverosímil, ponga atención a lo que sigue.

En todos los tiempos ha habido hombres enviados por la Gnosis, inflamados por el amor de Dios, hombres que con una gran compasión interior se han dirigido hacia quienes permanecían prisioneros del desorden de sus actividades mentales y astrales, y que todavía no habían conducido su alma al doble renacimiento, por lo que aún permanecían prisioneros del sufrimiento y de la tristeza.

Estos trabajadores comienzan siempre con un plan, empleando una intensa actividad mental. Después, proyectan este plan al exterior. Y mientras actúan, saben que jamás podrán abandonar este plan, debido a la ley natural de las fuerzas mentales y astrales, y sus consecuencias, la ley que dicta que el Creador no puede dejar perecer la obra de sus manos. Aquí se cumple también la santa ley: «Lo que está abajo es semejante a lo que está arriba».

Cuando se concibe un plan de este género dentro de la esfera de un cuerpo gnóstico, cuando tal plan es edificado a partir de las fuerzas mentales de la Luz del Mundo, de la Cadena Universal, que está completamente unida al Logos planetario, uno puede fácilmente imaginarse lo que va a suceder. En el espacio del campo de vida donde los trabajadores operan, en el campo de quienes viven todavía en el desorden, el plan proyectado engendrará un principio potente, una imagen mental, que atraerá a los átomos, como el imán atrae las limaduras de hierro.

De esta forma, se crea en la naturaleza de la muerte una esfera de naturaleza atómica, aunque todavía invisible y no vivificada: un campo de trabajo muy particular. Entonces los trabajadores van hacia quienes buscan, gimen y suspiran. Y les dicen: «bienaventurados los que aspiran al espíritu, pues de ellos es el Reino de los Cielos». Ellos conducen a todos los que buscan verdaderamente hacia el campo mental, al interior de la esfera especialmente preparada, de naturaleza mental original. Cubren a los buscadores con fuerzas de esta esfera como si de un manto se tratara, y armonizan con el campo mental los pensamientos y las aspiraciones de quienes están reunidos, por medio de alocuciones, rituales y plegarias, de forma gnóstico-mágica.

Cuando aquéllos que se aproximan entran en esta esfera mental, cuando verdaderamente abren su corazón, surge en sus vidas, en sus microcosmos, el proceso mental y astral que acabamos de indicar con todas sus resolutivas y transfigurísticas consecuencias. Así puede representarse la marcha de todo el proceso que tiene lugar en una Escuela Espiritual de buena fe.

 

Hemos dicho que los creadores de los misterios están totalmente unidos a su creación. Por lo tanto es totalmente cierto lo que Jesús el Señor dijo un día a sus discípulos: «Allí donde yo estoy, estaréis vosotros también». Captará claramente, sí es capaz de entender estas palabras, cuán grandes posibilidades existen en un grupo como el nuestro. Algunos, en calidad de enviados, han comenzado el trabajo de la Escuela Espiritual moderna. Desde entonces, numerosos son los que se han unido a nosotros, en concordancia con todo su ser astral y mental: han abierto su corazón a la Escuela.

Y de esta forma, el proceso de iniciación de los alumnos ya no es desempeñado ni guiado por algunos, sino por todo el grupo, por un grupo cada vez más poderoso, que no solamente dispone de la esfera mental descrita, sino de un Cuerpo Vivo completo, una creación que respira. No es solamente una organización, sino una realidad viva. Una realidad que se expande sobre todo el mundo, una realidad anclada en el corazón del nuevo Reino Gnóstico, como una bendición divina para muchos.

 

 

XLI

El restablecimiento

del equilibrio perfecto

 

 

La comprensión de la filosofía de la Gnosis egipcia original y su aproximación a ella, sólo pueden liberarle si posee el alma renacida. Ya desde el principio de nuestras reflexiones sobre las obras de Hermes Trismegistos hemos advertido seriamente al lector al respecto. Los buscadores verdaderos, aquellos en quienes crecen las nuevas fuerzas del alma, no solamente habrán tenido esta experiencia sino que también habrán sentido la alegría que ellos produce.

Sin embargo, podríoan surgir en ellos dos preguntas que merecen respuesta, a saber: nuestro campo natural, nuestro campo de vida, que forma parte de la Tierra Santa, ¿es una creación de Lucifer o es un orden de emergencia creado por los Elohim? ¿Creó Lucifer al hombre de la naturaleza, el hombre que somos, o fueron los Elohim quienes nos crearon para nuestra salvación?

La respuesta es que nuestro campo de vida constituye y sigue siendo una parte de la única Tierra, éste es pues, junto con los otros estratos terrestres, una creación de los Elohim, los Hijos de Dios ya citados, y ha sido formado según el plan del Logos. Así es como la creación, e incluso nuestro campo de vida, pueden ser calificados de perfectos.

Los relatos cuentan que Lucifer desbarató este plan de forma que numerosas almas humanas ya no pudieron ni pueden liberarse de la dialéctica, de la alternancia de las fuerzas gemelas de la naturaleza con todas sus consecuencias. Entre otras, la aparición y el desarrollo de diferentes procesos discordantes en el citado estrato, en nuestro campo de vida.

Como ya hemos explicado, el microcosmos, y el alma que se encuentra en su centro, han nacido a partir de los Elohim, mientras que la personalidad es hija de la naturaleza, procede toda ella de la naturaleza. Todo es posible con esta personalidad. Sólo el corazón del hombre es captado desde la vida prenatal por la rosa, por el alma, como ya habíamos dicho, para, desde ese momento, intentar que esté lo más abierto posible al alma y sintonice con ella. Solamente cuando el hombre coloca el corazón en el centro de su vida, en cooperación con el alma, se puede hablar de un cuerpo perteneciente al orden de emergencia.

Y ahora hablemos de Lucifer, llamado también Satán, a quien siempre se le asocia con la noción de calor o de fuego. Un fuego ardiente resplandece también en todo el universo dialéctico. Piense en el Sol, en las explosiones de los soles, sistemas solares u otros cuerpos celestes, que se pueden observar con lentes astronómicas. En nuestro estrato terrestre existe, pues, un fuego ardiente que es desginado por la Enseñanza Universal como Satán.

Desde el punto de vista cósmico, Satán no es, pues, ese ángel o arcángel caído que se opone al plan de Dios. El orden universal del Todo es inviolable, como testimonia el testamento espiritual de los antiguos rosacruces: «Dei Gloria Intacta», la gloria de Dios, su creación y su criatura son inatacables.

Al lado de Satán, el calor, el fuego ardiente, coexiste en este mismo universo, en este mismo estrato, el frío. Investigaciones actuales han descubierto temperaturas extremadamente elevadas junto a fríos inconcebibles. El elemento fuego es siempre centrífugo y el frío centrípeto, en contracción. Del fuego ardiente nace el universo en expansión, del frío intenso el universo en contracción. El frío provoca la petrificación, la cristalización.

Vea claramente las dos fuerzas gemelas de nuestro campo de vida, el calor, el fuego, centrífugo, que estalla, que explota; y el frío, centrípeto, que cristaliza, que densifica. Cuando estas fuerzas gemelas no se equilibran la una a la otra, esto provoca siempre sufrimiento, desdicha, dolor, miseria y una tremenda confusión. Éste es el caso de nuestro campo de vida, de nuestra vida de hombres nacidos de la naturaleza. En nosotros no hay ningún equilibrio entre el fuego y el frío, entre lo que es centrífugo y lo que es centrípeto. Y ésta es la causa de todas nuestras dificultades.

A veces nos entregamos a actividades que sabemos de antemano que van a encender un poderoso fuego astral (En la Enseñanza Universal, Lucifer está siempre asociado al fuego astral). Por una determinada mentalidad, encendemos un fuego ardiente, que produce una actividad explosiva centrífuga. Pero al mismo tiempo, como consecuencia, por reacción, provoca un terrible sufrimiento. Entonces, nos decimos a nosotros mismos o a otros que nuestro corazón se parte de dolor. Esto es el frío. No comprenda el frío del curso de la vida, el frío del comportamiento humano, en el sentido literal, sino sobre todo en sentido figurado. El frío es siempre lo que provoca una contracción, una cristalización.

Quien aprende a dominar el fuego, quien no se entrega a la actividad explosiva, tiene en su poder la fuerza opuesta. El equilibrio entre lo que es centrífugo y lo que es centrípeto, entre el calor y el frío, las fuerzas gemelas de la naturaleza, tiene como consecuencia la armonía verdadera, el metabolismo ideal, la transfiguración. Si vive así, tal como lo hemos planteado en nuestras anteriores explicaciones, se neutraliza el pecado clásico de Lucifer. Éste es el secreto de la magia gnóstica.

 

Hemos visto que una Escuela Espiritual de buena fe se manifiesta como un Cuerpo Vivo en armonía con las grandes leyes cósmicas, centrífugas y centrípetas, en equilibrio perfecto. Cuando una comunidad gnóstica se ajusta a ello, colocándose sobre la única base correcta del verdadero orden divino cósmico, nunca tiene que temer la desaparición, la muerte, el desmoronamiento del Cuerpo Vivo. Los cuerpos vivos de las fraternidades precedentes viven todos todavía, en plena hermosura y magnificencia. Por ello el versículo 10 declara, y esto es válido tanto para el individuo como para el grupo:

 

Los cuerpos de los seres celestiales guardan el orden único que el Padre les ha dado desde el origen; y este orden se mantiene indestructible por el regreso de cada uno de ellos al estado de perfección.

 

En efecto, el equilibrio confiere al Cuerpo Vivo un metabolismo perfectamente armonioso y éste permanece eternamente joven. Pero vemos sin cesar en nuestro campo de vida todo tipo de comunidades y órdenes que, aun cuando han comenzado bien, muestran sin embargo, en un momento dado, signos de cristalización y, en consecuencia, de descomposición. Por un lado, la petrificación, la implosión y, por otro, la disgregación, la explosión. La causa de tal degeneración siempre está ligada al hecho de que, en un momento dado, los grupos en cuestión ya no se ajustan a las leyes del orden divino y, por consiguiente, la esencia no puede mantenerse en buen estado. Si se observaran  las leyes fundamentales del orden divino, la esencia no se perdería en absoluto.

Nunca hay dudas sobre el fruto de un trabajo emprendido en la Gnosis. Si las leyes interiores se mantienen estrictamente, este tipo de trabajo siempre tiene éxito. Cuando la Escuela de la joven Gnosis se encuentra ante una tarea o una misión necesaria, no empieza pidiendo resolver la parte material, sino que toma la siguiente resolución: ¡es necesario, por lo tanto, comencemos! Y luego… tiene éxito.

A este propósito, querríamos indicarles que la Escuela de la Joven Gnosis, siguiendo el ejemplo de las fraternidades precedentes, se ajusta siempre a la característica gnóstica del trabajo, sin dar nunca un paso a la derecha ni a la izquierda. La aplicación de esta regla de oro es simple pero rigurosa. Si tal o cual alumno experimenta el rigor de la Escuela, no debe pensar que nosotros ejecutamos, sin amor, simplemente un artículo de la ley que se deriva de las reglas o dogmas exteriores. Al contrario, se trata de asegurar el gran amor en la vida y en el trabajo de la Escuela. Cuando juntos, en tanto que grupo, nos ajustamos a las reglas de oro de la Gnosis, está totalmente excluido que ningún enemigo consiga dañar el trabajo.

Nunca le ocurrirá nada malo si, aislado o en grupo, sigue firmemente el camino del renacimiento del alma y del renacimiento por el alma. En efecto, quien recorre el camino del alma domina también el fuego y el frío, mantiene también en perfecto equilibrio las fuerzas gemelas del estrato terrestre dialéctico. Las tentaciones de Lucifer, del Demonio o de Satán le importan poco. Podrá festejar la coronación del camino con una victoria completa.

 

GLOSARIO

 

 

Alfombra: “estar sobre la alfombra”: expresión masónica relativa al comportamiento interior de un alumno que con seriedad, dedicación y perseverancia intenta realizar en sí mismo la Gnosis universal quíntuple.

 

Alma-espíritu: el camino de la endura, el camino del alumnado en una Escuela Espiritual gnóstica, tiene como objetivo despertar el alma inmortal verdadera de su estado de latencia. Cuando esta alma despierta de su sueño de muerte restablece la unión con el Espíritu universal, con Dios. Esta unión restablecida entre el Espíritu y el alma, entre Dios y el hombre, se demuestra en la resurrección llena de gloria del Otro, el regreso del hombre verdadero a la Casa  del Padre. El Alma-espíritu es el alma que puede celebrar esta unión, la unificación con lo que la Gnosis egipcio original denomina “Poimandrés”. Es la unidad de Osiris (espíritu) e Isis (el alma), de Jesucristo, del Padre y del Hijo, las bodas alquímicas de Cristián Rosacruz, el matrimonio del novio celeste con su novia celeste.

 

Ánimo: el santuario del corazón del hombre dialéctico, que vaciado y completamente purificado de toda influencia de la naturaleza, vibra armoniosamente y actúa en concordancia con el átomo-chispa de espíritu.

 

Átomo crístico: véase Rosa del corazón.

 

Átomo-chispa de espíritu: véase Rosa del corazón.

 

Átomo original: véase Rosa del corazón.

 

Barca celeste: denominación de un Cuerpo Vivo. Es el arca de la que habla el Génesis, el conjunto de las fuerzas liberadoras, edificado en colaboración con la cadena gnóstica universal al servicio de la cosecha que ha de ser reunida y recogida en los graneros seguros del nuevo campo de vida al final de un día cósmico.

 

Belén, gruta de: el templo de iniciación más elevado de la antigua fraternidad cátara en el sur de Francia.

 

Cabeza de Oro: aspecto del Cuerpo Vivo de la Escuela de los Misterios séptuple, que pertenece al ámbito de los grados interiores; también es una designación del campo de la resurrección, el nuevo campo de vida.

 

Cadena gnóstica universal: véase Fraternidad universal.

 

Cámara alta: (a) a nivel microcósmico es el santuario de la cabeza. (b) la Cabeza de Oro del Cuerpo Vivo gnóstico.

 

Campo astral, nuevo: véase nuevo reino gnóstico.

 

Campo de respiración: es un campo de fuerza envolvente en cuyo interior es posible la vida de la personalidad. Es el campo de unión entre el ser aural y la personalidad, siendo totalmente acorde con ésta ya que su actividad consiste en atraer y rechazar las sustancias y fuerzas necesarias para la vida y para el mantenimiento de la personalidad.

 

Contranaturaleza: nuestro campo de existencia dialéctico en el que la humanidad separada de Dios, del espíritu vive por propia voluntad. Esta vida aislada del orden cósmico establecido por Dios ha desarrollado la ira, la cual caracteriza nuestro campo de existencia en todos sus aspectos y que nosotros intentamos combatir con nuestra propia voluntad. Este desarrollo antidivino y, por consiguiente, antinatural solamente puede ser neutralizado por lo que la Biblia denomina “la reconciliación con Dios” por una consagración consecuente y confiada con esta reconciliación. La libre voluntad con que se originó ese desarrollo antidivino concuerda con la libre voluntad necesaria para neutralizarlo. Dicho de otra forma, por el restablecimiento de la unión con el Espíritu a través del camino de la transmutación y de la transfiguración, y del regreso que ello encierra a la obediencia voluntaria al orden cósmico universal.

 

Cosmocrátores: véase Rectores.

 

Cristo interior, el: véase el Otro.

 

Cuerpo Vivo: véase Barca celeste.

 

Demiurgo: entidad espiritual que procede de Dios Padre; el Demiurgo crea el mundo a partir de la sustancia original la cual, a su vez,  es creada por Dios Padre. Es uno con la Palabra, con el alma del mundo.

 

Demonio: literalmente “fuerza natural”. Si el hombre se unifica con estas fuerzas para cumplir la voluntad del Padre en libre obediencia, éstas se manifiestan como valiosos auxiliadores en el camino de la divinización del hombre. En el caso contrario, el hombre las experimenta como actividades enemigas, como las fuerzas del destino de un demonio vengador. Los eones naturales invocados por la ciega vida natural del hombre caído también son designados como demonios, en este último caso en sentido peyorativo.

 

Dialéctica: nuestro actual campo de vida en el todo que se manifiesta como pares de opuestos. Día y noche, luz y oscuridad, alegría y pena, juventud y vejez, bien y mal, vida y muerte, están indisolublemente unidos entre sí. Se suceden uno al otro y se generan mutuamente. A causa de esta ley fundamental todo lo que pertenece a nuestro campo de existencia está sometido a un continuo cambio y demolición, a un “subir, brillar y desaparecer”. Nuestro campo de existencia es, debido a esta ley, un lugar de limitación, dolor, pena, ruptura, enfermedad y muerte. Por otra parte, visto desde un punto de vista superior, la ley de la dialéctica es también la ley de la gracia divina, la cual por su destrucción y renovación ininterrumpidas previene al hombre de una cristalización definitiva y le ofrece, una y otra vez, una nueva posibilidad de manifestación y con ella la oportunidad de reconocer el objetivo de su existencia y recorrer el camino de regreso.

 

Endura: el camino de la destrucción del yo, el camino de la última muerte por mediación de la entrega del yo al Otro, al hombre inmortal, al Cristo en nosotros. Es el camino del hombre-Juan, quien “endereza los caminos para su Señor”. Es la práctica de las palabras: “Él – el Otro celeste – debe crecer, y yo debo menguar”, lo que significa que yo debo menguar para que viva en mí el Otro celeste. El camino de la endura es el camino clásico de todas las épocas, en el que el hombre caído, a través del ardor de la purificación de un cambio total de vida, resucita en su verdadera esencia inmortal y regresa al Padre. El paso de un hombre por el mundo de la dialéctica consiste en vivir para morir. La endura es la muerte voluntaria para vivir: “Quien quiera perder su vida por mí, la encontrará”.

 

Enseñanza Universal: no es ninguna enseñanza en el sentido corriente de la palabra ni tampoco puede localizarse en libros. En el sentido más profundo, es la realidad viva de Dios, de la cual la conciencia que se ha ennoblecido para ello, la conciencia hermética o poimándrica, aprende a leer y a comprender la sabiduría del Creador.

 

Eones:

a)    formaciones monstruosas de fuerzas naturales impías que han sido engendradas en el transcurso de los tiempos por la vida separada de Dios (en cuanto a pensamientos, voliciones, sentimientos y deseos) de la humanidad caída. Se distinguen doce grupos principales. Están totalmente fuera del control de la propia humanidad que los ha creado, y la retienen bajo su dominio. Son las fuerzas autoconservadoras que empujan a la humanidad a seguir por los caminos de la impiedad, reforzando así los lazos que la atan a la rueda de la vida dialéctica.

b)    con el nombre de eones se entiende también la jerarquía dominante de lo espacio-temporal, designados asimismo como jerarquía dialéctica o “el dominador del mundo”. Dicha jerarquía existe a partir de la formación de fuerzas metafísicas que genera la humanidad caída y está unida con los llamados eones naturales citados en el apartado a). Por medio de este luciférico dominio sobre el mundo caído dialéctico, los eones abusan de todas las fuerzas de la naturaleza y de la humanidad y promueven la continuidad de la actividad impía, favoreciendo así sus siniestros objetivos.   A costa de un sufrimiento humano espantoso, estas entidades han adquirido un cierto grado de libertad respecto a la rueda de la dialéctica. Una libertad que solamente pueden conservar a precio de mantener y acrecentar ilimitadamente el sufrimiento en el mundo. (Se recomienda al lector el libro: El hombre nuevo, primera parte, capítulo X, así como Desenmascaramiento, ambos escritos por Jan van Rijckenborgh, Ediciones del Lectorium Rosicrucianum, Madrid, 1989 y 1984). Dése cuenta que toda la actividad de los pensamientos, sentimientos, voliciones y deseos, incluyendo también los llamados buenos, engendran eones, es decir, fuerzas naturales impías que dominan al hombre y le retienen prisionero en su caminar por la naturaleza de la muerte.

 

Escuela Espiritual: Escuela de Misterios de los Hierofantes de Cristo (véase Fraternidad Universal).

 

Esfera material / Esfera reflectora: son las dos mitades del orden de la naturaleza dialéctica. La esfera material es el plano donde vivimos en nuestra apariencia material. La esfera reflectora es el plano donde, entre otras cosas, se desarrolla el proceso de la muerte de la antigua personalidad y la vivificación de una nueva personalidad. Esta esfera abarca, además de las esferas infernales y del fuego del purgatorio (o esfera de purificación), lo que en la religión natural y el ocultismo se denomina erróneamente como “el cielo” y “la vida eterna”. Tal como sucede con la existencia en la esfera material, las así denominadas esferas celestes y su existencia en ellas también están sometidas a las limitaciones y a la temporalidad. La esfera reflectora es la residencia temporal de los muertos, aunque sin querer decir que la personalidad fallecida pueda volver a vivir, pues no hay nada de la personalidad cuádruple que sobreviva a la muerte. El núcleo más profundo de la conciencia, la chispa dialéctica, es lo único que regresa temporalmente al ser aural para formar la base de la conciencia de otra personalidad, la cual construirá el ser aural con la colaboración de las fuerzas que operan en la madre.

 

Esfera reflectora: véase esfera material.

 

Flor de oro, maravillosa: el nacimiento de la luz de Dios en el santuario de la cabeza, en el espacio vacío detrás del hueso frontal, por donde las siete cavidades cerebrales son colmadas de luz de la Gnosis, del prana de la vida, cual una rosa de siete pétalos que permite al candidato en el nuevo devenir de la conciencia contemplar el nuevo campo de vida.

 

Focos: lugares de trabajo espiritual de la actual Escuela de Misterios, el Lectorium Rosicrucianum, donde se manifiestan concentradas las fuerzas de luz de la Gnosis.

 

Fraternidad Universal: la jerarquía divina del Reino Inmutable. Constituye el cuerpo universal del Señor y tiene además muchas otras denominaciones, tales como la iglesia invisible de Cristo, la cadena gnóstica universal, la jerarquía de Cristo, la Gnosis. En su actividad a favor de la humanidad caída, esta fraternidad aparece entre otras como Triple Alianza de la Luz, Fraternidad de Shamballa, Escuela de Misterios de los Hierofantes de Cristo, o Escuela Espiritual hierofántica, y toma forma en la Joven Fraternidad Gnóstica.

 

Fuego de la Serpiente, sistema del: sistema cerebro-espinal, sede del fuego del alma o fuego de la conciencia, localizado en el canal de la columna vertebral.

 

Gnosis: 

a)    el aliento de Dios, Dios, el Logos, la fuente de todas las cosas, que se manifiesta en tanto que espíritu, luz, fuerza y sabiduría.

b)    la Fraternidad Universal, como portadora y manifestación del campo de radiación crístico.

c)    El conocimiento vivo que es de Dios y que está en Dios, y el legado de quienes entran en el estado de conciencia poimándrico por medio del renacimiento del alma, del nacimiento de la luz de Dios.

 

Gnosis original de Hermes: expresión que señala el hecho de que toda verdadera actividad gnóstica en nuestro actual período de la humanidad parte del manantial de la Gnosis egipcia. Todo trabajo de salvación gnóstico enraiza en el saber original de que la liberación del hombre sólo es posible por la resurrección del hombre hermético o mercurial, el verdadero hombre divino, el cual vive a partir de la conciencia iluminada por Dios. Todo trabajo de salvación señala este fundamento como lo testimonia el Evangelio al indicar: “Llamé a mi Hijo de Egipto”.

 

Isis: véase alma-espíritu.

 

Lípika: véase ser aural.

 

Microcosmos: el hombre en tanto que mundo a pequeña escala, “minutus mundus”, es un complejo sistema vital esférico en el que se puede distinguir desde el interior hacia el exterior: la personalidad, el campo de manifestación, el ser aural, y un campo espiritual magnético séptuple. El verdadero hombre es un microcosmos. Lo que se entiende por hombre en este mundo no es más que la personalidad mutilada de un microcosmos degenerado. La conciencia actual solamente es una conciencia de la personalidad. En consecuencia, se deduce que sólo es consciente del campo de existencia al que pertenece.

 

Morada Sancti Spiritus: el campo de la resurrección, el nuevo campo de vida. Véase también Cabeza de Oro.

 

Naturaleza de la muerte: en nuestro campo de existencia actual rige la ley del cambio y de la demolición continua. Todo lo que aparece aquí ya está pereciendo desde su primer momento. Lo que llamamos nuestra vida es, por lo tanto, una existencia aparente, existimos pues en una gran ilusión. El dolor de la destrucción que tan intensamente experimentamos, intenta despertarnos lo más rápidamente posible para que nos demos cuenta de que el campo de vida destinado al hombre no es el mundo de la dialéctica, no es la naturaleza de la muerte, sino que es la naturaleza de la vida, el campo de vida adamítico original, designado en la Biblia como “el Reino de los Cielos”.

 

Orden de emergencia, personalidad del: A consecuencia del gran drama cósmico conocido bajo el nombre de “la Caída”, una parte de la ola de vida humana ya no pudo mantenerse en el campo de vida humano original al perder la unión con el espíritu, con lo que cayó bajo el dominio de la naturaleza privada de razón y se identificó con ella. Para ofrecer a la humanidad caída la posibilidad de liberarse de esta prisión de la ilusión, fue aislada en un coto aparte del septenario cósmico, sometido a la ley de la dialéctica, la ley del nacimiento y demolición continuos a fin de que, en la dolorosa experiencia de la finitud de todas las cosas, se volviera consciente de su elevado origen y de su esencia imperecedera y que tomando conciencia de ser un hijo perdido, rompiera las cadenas de la materia, el enclaustramiento de “carne y sangre” y mediante el restablecimiento de la unión con el Padre, con el espíritu, regrese al dominio de vida original de la humanidad. Por este motivo la filosofía rosacruz denomina orden de emergencia a nuestro campo de existencia y el cuerpo con el que el hombre se manifiesta aquí, el cuerpo del orden de emergencia. El alumno, en el camino de regreso a la casa del Padre, y con la indispensable ayuda de la luz gnóstica, de la luz de amor de Cristo, aprende a sustituir este cuerpo del orden de emergencia por un vehículo inmortal glorificado. Este proceso de transfiguración es el “renacimiento de agua y de espíritu”  del Evangelio; es la transformación total de lo impío y mortal, en lo sagrado e inmortal, a partir de las aguas originales, la sustancia del origen, en la fuerza de la unión restablecida con el espíritu.

 

Osiris: véase alma-espíritu.

 

Otro, el: designación del verdadero hombre inmortal, el cual procede de Dios y “es perfecto como el Padre es perfecto”. El único objetico de nuestra presencia en el campo de existencia dialéctico es el despertar de nuevo a la vida a este Hijo unigénito, el ser crístico en nosotros. También es por tanto, la meta de todo verdadero rosicrucismo gnóstico. Véase también: rosa del corazón.

 

Pistis Sophia:

a)    nombre de un evangelio gnóstico del siglo II que ha permanecido intacto, atribuido a Valentín, y que anuncia el camino de la redención en Cristo, la senda de la transmutación y de la transfiguración, con todo detalles y una pureza impactante;

b)    indicación que designa también al verdadero alumno que persevera hasta la realización.

 

Poimandres: el Espíritu vivificante que se manifiesta tanto al hombre-alma renacido como en él. Esta manifestación sucede de dos formas. Primera: cuando la radiación nuclear séptuple del microcosmos penetra en el santuario de la cabeza. Y segunda, una vez completado el trabajo de santificación que generó la ofrenda del alma mortal, por la resurrección del hombre celeste glorificado y perfecto, el ser crístico interior, fuera de la tumba de la naturaleza a partir del átomo original, el punto central de la Tierra microcósmica. Este desarrollo es por lo tanto completamente cristocéntrico. Cristo tras su crucifixión ( el descenso de la luz divina en la personalidad mortal ) desciende hasta el centro de la Tierra para resucitar de su tumba una vez realizado allí su trabajo de salvación.

 

Quíntuple Gnosis Universal: designación que engloba las cinco fases de desarrollo en las cuales y por las cuales se manifiesta el camino de la vida en el alumno: 1) comprensión liberadora; 2) deseo dinámico de salvación; 3) rendición del yo; 4) comportamiento nuevo; 5) resurrección en el nuevo campo de vida.

 

Rectores: llamados también cosmocrátores o dioses, son los siete poderosos seres naturales, unidos estrechamente con el origen de la creación, que preservan las leyes cósmicas fundamentales y sus esferas de actividad. Juntos forman el Espíritu séptuple de la manifestación universal ( véase también en el  tomo I de La Gnosis egipcia original, el primer libro: Poimandres ).

 

Reino gnóstico, nuevo: el campo astral gnóstico formado a partir de la sustancia astral pura del origen, construido por la Joven Fraternidad Gnóstica en colaboración con la cadena universal gnóstica, de la cual es su último eslabón. Por su actividad en los dos mundos (tanto en el campo de la resurrección del sexto plano cósmico como en nuestro campo de existencia en el séptimo plano cósmico) y mientras dure el tiempo de la cosecha, permite entrar al hombre que busca la salvación en el Cuerpo Vivo de la joven Gnosis, el campo de la resurrección. El Cuerpo Vivo forma así un puente temporal entre ambos planos cósmicos. El nuevo reino gnóstico encarna todas las fuerzas que necesita el alumno para franquear este puente que conduce a la vida.

 

Rosa del corazón: denominación mística del átomo-chispa de espíritu (llamado también átomo original o átomo crístico), que está situado aproximadamente en la cima del ventrículo derecho del corazón y coincide con el centro matemático del microcosmos. Es un vestigio rudimentario de la vida divina original. La rosa del corazón, o “el grano de trigo dorado, Jesús”, o “la joya maravillosa en el loto”, es el germen de un nuevo microcosmos, es la semilla divina que el hombre caído guarda en su interior, como una promesa de la gracia, hasta que llegue el momento en que recuerde su origen y sea colmado del deseo de regresara la Casa del Padre. Así se crea la posibilidad de que la luz de la Gnosis despierte el capullo de rosa dormido y, gracias a la reacción positiva y la orientación perseverante del alumno, comience el proceso de regeneración según el plan de salvación divino.

 

Rosa a la cruz, fijar la: fase del alumnado en la que el alumno, guiado por una orientación pura y un verdadero anhelo de salvación, experimenta la muerte diaria del hombre-yo para que resucite en él el verdadero hombre-Dios, el hombre poimándrico.

 

Rueda del nacimiento y de la muerte: el proceso siempre reiterado de nacimiento, vida y muerte de una personalidad, según con la ley recurrente de la dialéctica y seguido de la revivificación del microcosmos con otra personalidad distinta.

 

Salitre corrompido: nombre que Jacob Boëhme da a la materia mancillada e impía, propia de este mundo.

 

Santuario del corazón y santuario de la cabeza: la cabeza y el corazón del hombre están destinados a servir de “talleres” consagrados para las actividades divinas en el hombre y con el hombre que ha restablecido la unión con el espíritu, el vínculo con su Poimandres. Correspondiendo con esta sublime destinación y tras una purificación fundamental y estructural en el camino de la endura, el corazón y la cabeza se convierten de nuevo en una maravillosa unidad, en un verdadero santuario al servicio de Dios y de su intervención sobre el mundo y de la humanidad. En cuanto el alumno se vuelve consciente de su destinación, es exhortado e impulsado sin cesar a que purifique su vida de todos aquellos pensamientos, voliciones, deseos y actos que pudieran oponerse a esta vocación.

 

Ser aural: el firmamento aural, el conjunto de los centros sensoriales, centros de fuerza y focos en los que está grabado todo el karma del hombre. Nuestro ser terrestre y mortal es una proyección de este firmamento y está totalmente determinado por sus posibilidades, limitaciones y naturaleza. El ser aural es la encarnación de todo el fardo de pecados del microcosmos caído. Se trata del antiguo cielo (microcósmico) que debe desaparecer y sustituirse por un nuevo cielo mediante un cambio total de vida de la mano de la Gnosis. Esto lleva consigo una nueva tierra, la resurrección del hombre verdadero en quien el espíritu, el alma y el cuerpo forman de nuevo una unidad armoniosa e imperecedera, en concordancia con el plan divino.

 

Simpático: parte del sistema nervioso que no está bajo el control de la voluntad del hombre dialéctico sino que funciona automáticamente; especialmente los dos cordones nerviosos ubicados a derecha e izquierda del canal de la médula espinal. Estos dos cordones confluyen en la cima de la espina dorsal, en la pineal.

 

Unidad de grupo: la unidad efectiva de todos los que son acogidos en el Cuerpo Vivo de la Joven Fraternidad Gnóstica y que exige la esencia misma de cualquier Escuela Espiritual. La unidad de grupo no es la manifestación exterior bien intencionada de solidaridad, sino la unidad interrior de y en la vida del alma en crecimiento en la Gnosis, que se demuestra en una nueva conducta positiva que sigue el espíritu del Sermón de la Montaña.

 


* Ver glosario.

* En inglés «man», en alemán «Mensch».

* Véase Tao Te King, El devenir consciente  universal, de C. Van Dijk, Ámsterdam 1934.

* Además, es lo opuesto a crecer, el crecimiento que precisamente planteó Dios como tarea del hombre: «Creced y multiplicaos» (Véase tomo I, primer libro, versículo 47; y en este tomo, el cuarto libro, versículo 10).

* Karma-Némesis

* En holandés, lengua original del escrito.

* Ver Tomo I, Primer Libro, Poimandres, versículo 65.

* Las alocuciones recogidas en esta obra fueron pronunciadas en 1957, año jupiteriano simbolizado por el número 3 (5 + 7 = 12; 1 + 2 = 3), lo que significa que en el curso de ese año, la actividad del Espíritu Santo Séptuple asió nuestro mundo y la humanidad de una manera más poderosa, para una resurrección o para una caída.

* Estas palabras fueron pronunciadas en 1957.

* Lea, al respecto, el fragmento de Ananías y Safira comentado por Jan Van Rijckenborgh, El hombre nuevo, segunda parte, capítulo sexto, Ediciones del Lectorium Rosicrucianum, Madrid, 1989.

* Después de la publicación de esta obra, se amplió el número de focos.

* Nota del traductor: Expresión recogida del libro Te, el devenir de la conciencia universal, de C. van Dijk, sobre los comentarios al Tao Te King, de Lao Tse. Nederlandse Keurboekerij, Ámsterdam, 1934.

LA GNOSIS ORIGINAL EGIPCIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA GNOSIS ORIGINAL EGIPCIA

Y SU LLAMADA EN EL PRESENTE ETERNO

 

 

PROPAGADA Y EXPLICADA DE NUEVO

 

SEGÚN

 

LA TABLA ESMERALDA Y EL CORPUS HERMETICUM

 

DE

 

HERMES TRISMEGISTOS

 

 

por

 

 

J. VAN RIJCKENBORGH

 

 

TOMO PRIMERO

 

 

 

 

 

 

HIJOS DE LAS SERPIENTES

 

 

 

 

 

 

«De él ha hecho, vivo, una tumba.» De esta tumba de la naturaleza resucita el Hijo, revestido del habito de oro de las Bodas del alma nueva. Es el nuevo Mercurio, Hermes el Tres veces Grande, la frente ornada/enriquecida por la maravillosa flor de oro del nuevo poder del pensamiento, llevando en la mano la doble serpiente de fuego, el fluido de la médula espinal renovada, el aspecto positivo y negativo. Los cinco puntos de contacto del alma nueva con la personalidad transfigurada aparecen como rosas irradiantes.

 

Ha encontrado a su Pymandre. Así se eleva, unido al Espíritu, de magnificencia en magnificencia, dejando detrás de él las osamentas de todos sus vanos esfuerzos en el desierto del pasado dialéctico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

PROLOGO

 

I    HERMES TRISMEGISTOS

Los tres veces tres aspectos del discípulo de Hermes

La triple sublimidad del nuevo devenir en la Rosacruz clásica

La huida a Egipto

 

II   LA TABLA ESMERALDA

Explicación

 

III  EL CORPUS HERMETICUM

Introducción

Pymandre

 

IV   PRIMER LIBRO: PYMANDRE

 

V    PYMANDRE Y HERMES

La unidad de la cabeza y del corazón

La purificación fundamental del corazón

 

VI   EL LUGAR DEL ORDEN DIALÉCTICO EN EL SEPTENARIO CÓSMICO

Su tarea en el universo

La Gnosis Egipcia y la Gnosis de Mani

El drama de la fusión del espíritu y la materia

La vocación del hombre

 

VII  LIBERACIÓN Y REMISIÓN

La promesa de la reconciliación y la semilla de oro de la      inmortalidad

Salvación por el cambio fundamental voluntario de la vida

El milagro del gran Plan divino de la reconciliación

 

VIII LA DUALIDAD DEL HOMBRE

El hombre natural: una forma aparente

La separación de los sexos

La causa de las anomalías sexuales

La séptuple purificación del corazón

 

IX   ESTIMULAR EL NACIMIENTO DEL ALMA INMORTAL

El reino de Dios está en el interior de vosotros

<<El Padre y yo somos uno>>

La subida hacia el reino escondido

El error capital

<<Yo debo disminuir, él debe crecer>>

 

 

 

X    EL BUEN FIN

El camino de regreso a la vida original

El circulo del limite

El buen fin

La señal del hombre cuya alma ha renacido

Cosecha y servicio

La extensión del campo de la cosecha

 

XI   LOS SERVICIOS DE PYMANDRE

Necesidad de inhalar y de exhalar

El sueño del alumno gnóstico

El himno de Hermes

 

XII  LA ESTRUCTURA DEL RITUAL GNÓSTICO

El himno de Hermes y el numero nueve

 

XIII LA ESFERA ASTRAL DIALÉCTICA

Los peligros para el alumno

La existencia dramática de la esfera reflectora

Los peligros de los sueños

Una cuestión apremiante

 

XIV  DESATAR EL LAZO ASTRAL

La ausencia de deseo

La fuerza con cabeza de león

La necesidad de un aprendizaje positivo

La llave del camino gnóstico

El verdadero deseo de salvación

 

XV   VOLVERSE EXTRANJERO AL MUNDO

El nuevo nacimiento sideral

El camino de la cruz con rosas

La nueva orientación

Ningún lugar donde colocar la cabeza

La condición de extranjero

 

XVI  EL DESPERTAR DEL ALMA (I)

El campo astral gnóstico

La transfiguración del alma

El nuevo elixir de la vida

Los servicios de Pymandre

El punto crucial en la vida diurna

 

XVII EL DESPERTAR DEL ALMA (II)

El nacimiento de los eones

El treceavo eón

La necesidad de la santificación autónoma

La corona incorruptible de la gloria

 

 

 

 

XVIII REALIDAD DE LA LIBERACIÓN

El color y la vibración del nuevo campo astral

Las dos clases de muerte fuera de las esferas de la vida      dialéctica

El salto de las barreras

La imitación de la ayuda gnóstica

Los guardianes de la frontera

Inhalar y exhalar

Más allá de los limites de la muerte

 

XIX  LA EDUCACIÓN PRACTICA DEL PENSAR

El centro de la memoria

La lípika

La falta de libertad del pensamiento humano

<<Cinco minutos de pensamientos descontrolados>>

¡Poner un guardián cerca de vuestros pensamientos!

Una cuestión vital

Como la Gnosis penetra en nosotros

La llave del camino dada en las propias manos

Sueños

 

XX   LA SEÑAL DEL HIJO DEL HOMBRE

El pan y el vino: el Santo Grial

La doble unión con el nuevo campo astral

La formación del manto de oro de las bodas

El tercer ojo, la maravillosa flor de oro

La intuición gnóstica

El casco de la salvación

La ayuda del baño de luz astral gnóstica

 

XXI  EL BAÑO DE LUZ Y EL CONSOLAMENTUM

La naturaleza del baño de luz

Las almas desencarnadas dormidas

El consolamentum

 

XXII VIVID DEL NUEVO PRINCIPIO DEL ALMA

Conciencia, vida, alma

Los tres estados del cuerpo astral

La perturbación del orden magnético natural del microcosmos

La inversión de los polos

La expansión de la nueva conciencia del alma

La unión con el Espíritu

 

XXIII EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA EN EL NUEVO

CAMPO ASTRAL

El estado excepcional del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis

La responsabilidad del alumno

Dos casos

La ayuda dada a un alumno desencarnado

            La recuperación/restablecimiento de las almas dormidas

La cosecha y los cosechadores

El francmasón que actúa y crea por si mismo

 

XXIV LA SALA DE LAS BODAS: LA CABEZA DE ORO

La pesada de los candidatos

El reino de los cielos

<<El Padre y yo somos uno>>

El ser que no encontrará jamás la fuerza del Paracleto

 

XXV  SEGUNDO LIBRO: PYMANDRE A HERMES

 

XXVI EL CONOCIMIENTO VIVO DE DIOS

<<Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento>>

La arrogancia de la teología

La aparición del materialismo histórico

La inviolabilidad de la verdad

La esencia de Dios solo se comprende espiritualmente

 

XXVII EL AMOR UNIVERSAL DE DIOS

EL amor de Dios es omnipresente

El amor en la vida dialéctica

Dos clases de dialéctica

La Tierra Santa

El tiempo de Dios y el tiempo de los hombres

La muerte de Cristo nos es vida/es vida para nosotros

 

XXVIII EL MISTERIO DE NUESTRO ORIGEN

¿Que es la vida?

Dios y el hombre

El alma-espíritu es el hijo de Dios

<<Allí donde está el espíritu del Señor, allí está la                             libertad>>

Depositar el fardo kármico

El plan divino de emergencia/salvación

Dios manifestado en la carne

 

XXIX ¡VOLVÁMONOS SILENCIOSOS!

El átomo chispa de Espíritu

El hombre Mercurio

La unidad del corazón y de la cabeza

La laringe

El hombre nónuple

Los tres templos en el hombre

El Santo de los Santos

<<Volvámonos silenciosos ante el Señor>>

 

XXX  ¿QUE ES LA SABIDURÍA?

La unidad de grupo en la Gnosis

La realidad divina del séptimo rayo

La gran amistad

El camino de la derecha y el camino de la izquierda

Luz y fuego

La ley del amor universal

Todo está en Dios

GLOSARIO

 

 

 

 

 

PROLOGO

 

Con agradecimiento y una alegría particular de nuevo hacemos aparecer a la luz del día el antiguo mensaje de la Gnosis Egipcia, ahora que el mundo y la humanidad han llegado una vez más a uno de los momentos cruciales periódicos de las grandes ciclos cósmicos.

En cualquier momento, en cualquier lugar y bajo cualquier nombre que opere, este mensaje es el fundamento de toda actividad liberadora. Así pues también este es el caso en el período ario que es el nuestro.Se dirige a aquellos que perciben lo que tiene de trágico el camino de la humanidad y, con una angustia profunda del corazón, aún buscan escapar del fatal circuito de la muerte, que precipita irresistiblemente a los hombres en las tinieblas insondables de la noche cósmica que cae sobre ellos.

Este libro, por su naturaleza, habla directamente a los que se esfuerzan, en tanto que alumnos de la Escuela Espiritual Gnóstica de la Rosacruz de Oro, en recorrer el camino del verdadero destino humano. Gracias a él, todos los buscadores serios de la verdad liberadora están en condiciones de aproximarse, tan cerca como sea posible, al espíritu del aprendizaje gnóstico y a descubrir en esta orientación interior si son llamados, ellos también, a recorrer este camino.

 

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

HERMES TRISMEGISTOS

 

En los últimos días de abril de 1956, durante una reunión con numerosos alumnos en nuestro centro de conferencias de Renova, en Lage Vuursche, en los Países Bajos, pedimos a los asistentes que reflexionaran en la nueva corriente de desarrollo y de manifesta­ción que, después del mes de mayo de 1956 -muy importante para la Escuela Espiritual-, marcaría nuestras actividades a partir de junio de este mismo año. Pues el gran trabajo gnóstico para el mundo y la humanidad debutaría en los meses próximos.

La mayor parte de los alumnos sabían como parecía vibrar el quíntuple Cuerpo Vivo de la Escuela bajo la creciente tensión de los futuros acontecimientos. Tomaban conciencia de la época grandiosa en la que entrábamos, época en la que cada uno de nosotros mostraría claramente a que campo pertenecía, al campo de la Gnosis o al de la naturaleza ordinaria. Una demarcación extremádamente notable tendría lugar. Era necesario que el ecumenismo gnóstico fuera fundado, un ecumenismo que tenía su origen en la Gnosis original, la Gnosis de Hermes Trismegistos.

            Está muy claro que un estudio en profundidad de esta Gnosis original es de gran importancia para todos los que buscan verdade­ramente la luz de la verdad liberadora. Por ello ponemos hoy las lecciones ya dadas a los alumnos de la Escuela Espiritual actual a la disposición de los que están aún <<al exterior>>, pero que son llamados, según su estado interior y su preparación a la cosecha de nuestra época.

 

¿Quien era o más bien quien es Hermes Trismegistos? Se puede pensar, en respuesta a esta pregunta, en la figura de un sublime enviado divino. Hacerlo sin escrúpulos a condición de no pensar/con la condición de que no penseis en un personaje histórico, sino en una serie de enviados celestes. Pues según la costumbre de los Antiguos, las fuerzas y las manifestaciones eran simbolizadas por dioses antropomorfos.

Por ello debemos decir: Hermes es. Hermes, es el verdadero hombre celeste que ha pasado las puertas de la Cabeza de Oro. Por ello Hermes es llamado <<Trismegistos>>, el <<tres veces grande>> o el <<tres veces sublime>>. En efecto, el hombre celeste es, en un triple sentido, absolutamente sublime: en el sentido religioso, en el sentido científico y en el sentido del arte puro. Religión, ciencia y arte forman en él, Hermes, un triángulo equilátero perfecto.

Hablando/Al hablar aquí de religión, queremos decir que el hombre celeste siente y exterioriza su religión bajo la única forma verdadera, a saber por una unión absoluta con la esencia original de la Divinidad. También un alumno en el camino que tiende hacia esta religión da la prueba de ello por una gran pureza, por el amor, la veracidad y una profunda seriedad. Ello prueba que está tocado en todo su ser por el gran amor que es Dios; desea vivir de este amor, aspira a ello, suspira y tiende hacia la perfección. En este amor, en este único aspecto, ya se ve un majestuoso triángulo equilátero. Pues aquel que quiere recibir este amor divino, y desea también ser un verdadero gnóstico, debe despojarse de todo instinto egocéntrico, renunciar a las aspiraciones y a las acciones terrestres.

Entonces, recibirá en correlación con este despojamiento en el plano de la naturaleza, radiaciones de luz del Amor divino, con las que será colmado.

Al fin irradiará el mismo este amor de Dios recibido gracias a su despojamiento. Experimenta que es un alumno en el camino por actos liberadores, ostensibles y evidentes. Este es el primer aspecto hermético de la sublimidad.

El segundo es la consecuencia de ello. Pues, cuando un alumno recibe la luz del amor de la Gnosis, en la medida en que triunfa sobre la egocentricidad, y llega al despojamiento de si mismo, se produce un gran cambio en los cinco fluidos del estado natural de su alma. Para este fin, el despojamiento es una condición absoluta. La endura es la formula de base. Sino el Hijo del Hombre, la luz de la Gnosis, no puede morar en el sistema humano. Sin embargo, si el corazón del hombre está abierto y la luz gnóstica puede penetrar en él y hacer allí su morada, entonces esta luz establece con el un cambio cotidiano.

Una de las primeras consecuencias relevantes de ello es una comprensión aumentada, una iluminación como decían los Antiguos, un cambio de conciencia. Es el despertar de nuevas capacidades de conciencia que estaban ya potencialmente presentes en el sistema pero en estado latente hasta este día.

Cuando las nuevas capacidades de la conciencia se vuelven activas, la intelectualidad se retira a un segundo plano y la sabiduría nace. El saber despertado por esta sabiduría constituye el segundo aspecto hermético de la sublimidad, es calificada justamente de aspecto rosicruciano. Pues el verdadero Rosacruz es un sabio por gracia divina, un ser renacido. Es el hombre del Golgota que, por la muerte diaria, fija la rosa a la cruz y así perece en Jesús el Señor.

En el segundo aspecto hermético de la sublimidad, vemos lucir igualmente el triángulo equilátero. En primer lugar la sabiduría debe nacer del corazón, de la rosa del corazón, de Belén. Debe alcanzar la madurez en el santuario de la cabeza, y es, como el amor, irradiada por el ser entero.

Vemos claramente ahora el tercer aspecto hermético. El arte considerado aquí es el Arte real: primeramente, el arte de vivir verdaderamente como hombre liberado; segundo, el arte de ser verdaderamente inatacable como liberado celeste; y tercero, el arte de servir, por esta vida a Dios, al mundo y a los hombres obrando para la liberación de la humanidad.

Es así como se mantiene ante nuestros ojos el mago por gracia divina, el hermano o la hermana del Santo Grial, el hombre servidor, iluminado por la sabiduría de la Rosacruz y la fuerza de amor de la Gnosis. Aquel que llega a la perfección sobre la base de estos tres veces tres aspectos, es un Hermes Trismegistos, un hombre celeste. Aquel que se pone a vivir de estos nueve aspectos y se dirige hacia este objetivo en total entrega de si mismo recorre el camino hermético. Se vuelve un niño, o un hijo de Hermes; se aproxima al estado de hombre celeste. Este hombre celeste procede pues de una triple sublimidad que la Rosacruz de antaño define igualmente como sigue:

1. El candidato, después de haber purificado el santuario del corazón por su debilitamiento/rendición, habiendo franqueado pues la puerta de Belén, es tocado por el amor divino y así inflamado por el Espíritu de Dios.

2. Gracias a esta luz del amor, participa en la sabiduría, no por un saber intelectual transmitido, sino por la intervención del Fuego en él. Su aniquilamiento total en Jesús el Señor le conduce de Belén al Golgota.

3. Demuestra su liberación por su sacerdocio mágico, eficaz y cotidiano. Es el renacimiento por el Espíritu Santo.

El renacimiento, en el sentido evangélico, implica lógicamente la ofrenda total de si mismo. ¡Reflexionar esto, vosotros que aspiráis de tal manera a la elevación, al contacto de la Gnosis y a los resultados de vuestra marcha en el camino! El secreto de vuestro éxito reside ante todo en una ofrenda total. Pues, cuando os hablamos de Hermes Trismegistos, sabed que no queremos volver vuestra mirada hacia el lejano pasado de la humanidad, hacia los tiempos prehistóricos en los que el maestro hablaba a los hombres de cosas muy sabias, sino que se trata aquí de un presente vivo, del presente de la Gnosis de todos los tiempos.

En este presente vivo, el estado natural ordinario dialéctico nos habla en términos muy claros: sus fuerzas quieren ocuparnos y absorbernos hasta el punto que lleguemos a pensar que nada diferente existe. Quizás habéis buscado durante vuestra vida la luz, habeis tratado de descubrir el misterio. Por ello os decimos: En el presente vivo aproximaros a los misterios gracias al cambio total de vuestro comportamiento, si realmente deseáis que se desvelen e iluminen ante vuestros ojos.

 

El presente de la naturaleza dialéctica está representado en el Evangelio por <<Herodes>>. Pero el misterio que debe ser desvelado, aquel que es omnipresente desde la aurora de los tiempos, y que se encuentra también en la naturaleza dialéctica, que está grabado e implantado en ella, este misterio es también designado en el Evangelio como <<Egipto>>.

Si, en vuestro joven aprendizaje de la Santa Gnosis, sois tocados por la luz del misterio de manera que, en esta luz, el misterio se desvele, las fuerzas naturales de Herodes se esforzarán en matar el elemento extranjero en vuestra naturaleza dialéctica antes de que el descubrimiento/revelación sea total.

Por ello cada alumno serio es llamado a <<huir a Egipto>>, como el niño Jesús, lo cual quiere decir: sondear profundamente los misterios de la verdadera vida, que se manifiesta también en el presente, con tal que la veamos, con tal que penetremos en ella. Pues, nosotros os lo decimos, ¡el Santo Grial existe!

Quizás comprendéis porque se dice que muchos grandes instruc­tores de la humanidad, tales como Pitágoras y Platón, por ejemplo, han recibido su conocimiento de Hermes Trismegistos, y porque esta sabiduría hermética es idéntica a la doctrina sagrada oriental, por no citar más que ésta. No hay, en efecto, más que una sola sabiduría, que fue siempre preservada, de la cual se ha sacado y de la que se sacará siempre en todos los tiempos y en todos los lugares.

Comprended también porque se hablan de innumerables libros atribuidos a Hermes. Un autor hace incluso alusión a centenas de millares de rollos que contendrían la sabiduría de Hermes. ¡Pero todos los libros del mundo no podrían contener la sabiduría hermética! Pues esta sabiduría es de una naturaleza diferente a todo saber transmitido. Esta sabiduría no está en los libros. Sin embargo es plenamente la posesión de aquel que ha atado, en verdad <<la rosa a la cruz>>.

Si, en esta obra, atraemos sin embargo vuestra atención sobre un libro, el Corpus Hermeticum, después de haberles presentado en la introducción la Tabla Esmeralda, fundamento y síntesis de esta sabiduría original, ciertamente no queremos decirles: <<He aquí la sabiduría>> sino daros un testimonio de la sabiduría del pasado, sabiduría que será o se volverá también vuestra posesión en el presente vivo.

Comprenderéis también porque no nos detenemos en pergaminos amarillentos o ante santuarios en ruinas. Ciertamente, los saludamos con respeto y agradecemos a Dios por la fuerza de amor de las Fraternidades precedentes que, por todo lo que ellas han soportado y sufrido por nosotros, nos permiten aproximarnos hoy a la Gnosis. Sin embargo, no olvidemos jamás que estamos, en tanto que Joven Fraternidad Gnóstica, en el presente vivo, para hacer en nuestros días lo que los Antiguos hicieron antaño.

Nosotros ponemos su testimonio a la prueba de nuestra experiencia. Tocados por la Gnosis, en tanto que jóvenes retoños del antiguo tronco, <<huimos>> a Egipto. Nos hundimos en el misterio con el fin de realizar, aquí y en el presente, nuestra tarea de hijos de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

LA TABLA ESMERALDA

 

 

 

Es verdad. Es cierto. Es toda la verdad.

 

Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba como lo que está abajo, a fin de que los milagros del Único se realicen.

 

De la misma manera que todo fue engendrado del Único por un solo intermediario, de la misma manera todo ha nacido del Único por transmisión.

 

El sol es el padre, la luna es la madre, el aire lo ha llevado en su seno, la tierra es su nodriza.

 

El Padre de todos los talismanes del mundo es omnipresente.

 

Su fuerza, cuando es utilizada en la tierra, permanece inmaculada.

 

Separad, con amor, gran comprensión y sabiduría, el fuego de la tierra, lo sutil de lo que es duro, denso y sólido.

 

De la tierra sube al cielo, después desciende a la tierra, tomando en si mismo la fuerza de lo alto y de lo bajo.

 

Así poseeréis la gloria del mundo entero, de manera que todas las tinieblas se separan de vosotros.

 

Ella es la poderosa fuerza de las fuerzas, pues ella triunfará sobre toda cosa sutil y penetrará toda cosa densa.

 

Así fue creado el mundo. De él, y de la misma manera, nacerán creaciones maravillosas.

 

Se me ha dado el nombre de Hermes el Tres Veces Grande porque poseo los tres aspectos de la sabiduría del mundo entero.

 

Lo que he dicho de la preparación del oro, la actividad del sol espiritual, se ha cumplido.

 

 

Os presentamos aquí un testimonio de los antiguos, conocido con el nombre de Tabula Smaragdina, la Tabla de Esmeralda. Circulan leyendas con respecto a esta Tabla de Esmeralda que quizás conocéis. La Tabla de la que se trata aquí es una piedra tumbal cubierta de inscripciones que encierran la sabiduría transmitida de los antiguos. Esta sabiduría original fue grabada en la piedra. Bajo esta piedra, se encontró el cuerpo intacto de Hermes Trisme­gistos.

Esto nos hace pensar inmediatamente en el Templo funerario de Cristian Rosacruz. Una placa de bronce, también cubierta de formulas de la sabiduría universal, cerraba esta tumba bajo la que se encontró, en perfecta analogía con el relato concerniente a la Tabla Esmeralda, el cuerpo intacto de nuestro Padre y Hermano C.R.C., con gran solemnidad.

Jan Valentín Andreae y los suyos no fueron pues innovadores al componer la Fama Fraternitatis. No podían serlo puesto que la Llamada de la Fraternidad es siempre la misma a través de los siglos, y debe serlo, pues enuncia cada vez la sabiduría de la Gnosis original.

Lo que sorprende directamente en el testimonio de los antiguos en el que ahora nos detenemos, es de que aquí se trata de una Tabla de esmeralda. Una esmeralda es una piedra preciosa de un verde extraordinario. Al igual que los metales, las piedras preciosas tienen la propiedad de captar, de retener y de reflejar las vibraciones y las radiaciones. Cada piedra y cada metal está polarizado por una vibración particular. Cada metal y cada clase de piedra tiene un carácter totalmente propio, una propiedad específi­ca. Por ello, en el ocultismo por ejemplo, la ciencia de los metales, de las piedras y de los colores es frecuentemente aplicada para favorecer el efecto de ciertas radiaciones y para combatir a otras.

La Biblia, también, hace frecuente alusión a las piedras preciosas. Pensar en la ciudad llamada la Nueva Jerusalén en el Apocalipsis. Se dice que sus doce puertas están ornamentadas con piedras preciosas excepcionales; esto para hacer comprender que todas las radiaciones saludables, luminosas y dispensadoras de fuerza, entran por estas doce puertas, de tal modo que la ciudad ya no tiene necesidad de la luz del sol y de la luna dialécticas.

El color, la fuerza, la radiación que designa la palabra <<esmeralda>> indican la base, el comienzo, el fundamento absoluto sin el cual nada puede ser emprendido. Así la Tabula Smaragdina es el punto de partida de la filosofía hermética. Sin esta llave, es imposible comprender la sabiduría de la Gnosis original. Esto es lo que explican los filósofos herméticos de antaño por la expresión Tabla de Esmeralda.

 

La Tabla de Esmeralda, la piedra tombal bajo la que yace el cuerpo noble e intacto de Hermes Trismegistos, comienza por las palabras: <<Es verdad. Es cierto. Es toda la verdad.>> Triple confirmación de las formulas de sabiduría que menciona la piedra sagrada.

Si consideramos superficialmente este comienzo, nos parece un poco redundante y totalmente en desacuerdo con una sobriedad objetiva. ¿No podía contentarse el autor diciendo: <<El contenido concuerda absolutamente con la verdad>>? No, ¡no podía! Pues esta triple confirmación se refiere a una formula mágica de un contenido muy profundo.

El primer versículo dice que la verdad de la que testimonia la Tabla de esmeralda es, en la personalidad y el sistema microcósmico del candidato, enteramente confirmada por la experiencia. Cuando el discípulo de Hermes dice: <<Es verdad>>, quiere decir otra cosa totalmente diferente al hombre dialéctico. El discípulo de Hermes no habla y no testimonia de la verdad mas que cuando ha recorrido el camino y experimentado los valores  de los que es cuestión/de los que se trata. Podéis tener fe y confianza en la precisión del testimonio de este hombre que se ha vuelto mago; y os daréis cuenta que, cuando hayáis recorrido el camino de la experiencia, diréis con la misma certeza exaltada: Es verdad.

La verdad no tiene valor, solo es verdad para vosotros si la habéis experimentado vosotros mismos, si la vivís directamente. ¿Que os aportaría una verdad que no siguierais, que no vivierais?. La verdad en si misma no libera a nadie sino que juzga; lo que quiere decir que un hombre que trata de recorrer un camino personal entra en conflicto con la verdad. Pero desde que se esfuerza en aproximarse a ella, en vivificarla y afirmarla por su propio comportamiento, se libera del juicio. Por ello el hombre del Antiguo Testamento tiene toda la razón en temerla y temblar ante sus juicios, mientras que el hombre del Nuevo Testamento, que la realizará, la amará por encima de todo.

La segunda afirmación: <<Es cierto>> significa que la verdad es/está en la medida de la experiencia individual; no puede como tal ir más allá. En consecuencia, toda especulación filosófica nos aleja de la verdad. No ignoráis que la filosofía dialéctica es casi enteramente especulativa, tal como lo ha demostrado ya tan frecuentemente la Escuela Espiritual. Esta es la razón por la cual existen tantos sistemas filosóficos que se contradicen mutuamente. Son frecuentemente la prueba de deducciones elevadas, de una necesidad infinita de verdad, pero están muy, muy alejadas de la verdad misma.

La verdad de la que testimonia el discípulo de Hermes es, primeramente, experimentada; segundo ella está desprovista de todo elemento especulativo; tercero debe ser toda la verdad. Solo cuando es toda la verdad es liberadora. <<El hombre ordinario de este mundo dice frecuentemente: «Lo que es verdad para vosotros no es necesariamente verdad para mi»>> En efecto existen una infinidad de pretendidas verdades contradictorias que se atropellan para prevalecer en el mundo. Dicho de otra manera, el hombre natural, luchando en su aislamiento, sigue frecuentemente un camino necesario y verdadero para él, pero absolutamente inútil e incluso perjudicial para otro. Mientras que la verdad entera, en el sentido hermético, está destinada a toda la humanidad, es valida para todos y concierne a todos.

Por ello, desde las primeras líneas, la Tabla de Esmeralda nos dice: no hablamos de una verdad valida para tal o cual individuo en un momento dado, en tanto que episodio de la historia de su vida, sino de una verdad que debe ser experimentada, que de ninguna manera es especulativa, de una verdad plena y total, es decir destinada al conjunto de los hombres. Es esta triple verdad, entera e inatacable la que contiene la Tabla de Esmeralda. A continuación ella dice:

 

<<Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba como lo que está abajo, a fin de que los milagros del Único se realicen.De la misma manera que todo fue engendrado del Único por un solo intermediario, de la misma manera todo ha nacido del Único por trasmisión.>>

 

Reconocéis en estas sentencias el conocido axioma hermético: <<Como es arriba, así es abajo.>> Es bueno detenerse aquí pues, desde un punto de vista general, esta afirmación absoluta parece en desacuerdo con la realidad. ¿Es posible, en efecto, sostener que el reino de la verdadera luz, en su gloria y su divinidad se proyecta en el mundo dialéctico hasta el punto que este último sea el testimonio de él?. Al contrario, hay un inmenso conflicto entre el <<arriba>>, la Gnosis, y lo <<bajo>>, la naturaleza de la muerte.

Por ello es indispensable aproximarse al axioma hermético de una manera diferente a como lo hace el hombre dialéctico. Sobretodo es el ocultista el que hace falsas interpretaciones. Con la ayuda de la filosofía hermética trata de disimular su propio deseo egocéntrico. En efecto, estando totalmente orientado sobre la realeza del yo, pretende seguir las vías de Dios asimilando lo que está abajo con lo que está arriba, cosa imposible por naturaleza. Partiendo de la certeza de reencontrar en la Tabla de Esmeralda la sabiduría perfecta, podéis determinar inmediatamente por este axioma hermético que existe, en la manifestación universal precisamente, un gran conflicto: ¡El <<abajo>> no es como el <<arriba>>!. Es la fuerza de la Tabla de Esmeralda el introducirnos sin equívoco ante el inmenso conflicto de la manifestación universal. No solamente para acentuar la gravedad de ello, sino también para mostrar que el hombre y el mundo tienen la posibilidad de transcenderlo, si, que deberá hacerlo. Este axioma hermético revela el importante mensaje de la Tabula Smaragdina.

 

Todo, en la manifestación universal, nació un día de la fuerza de Dios. Por ello, ésta manifestación habiéndose ahora hundido en la corrupción, puede, por la fuerza divina, o bien desaparecer, o bien elevarse de nuevo hasta encontrar su estado original. Así pues, por esta fuerza puede igualmente transfigurar.

El axioma hermético encierra y presenta el gran misterio de la salvación en una formula científica, una tesis inatacable: Si os unís a la fuerza maravillosa del espíritu del amor, a Pymandre, nombre que significa <<pastor>> o <<guía del hombre>>, lo inferior no puede evitar volverse igual a lo superior. Y la Tabla de Esmeralda prosigue:

 

 

<<El sol es el padre, la luna es la madre, el aire lo ha llevado en su seno, la tierra es su nodriza. El Padre de todos los talismanes del mundo es omnipresente. Su fuerza, cuando es utilizada en la tierra, permanece inmaculada.>>

 

Esta breve formula es una maravilla de claridad. El texto dice que hay dos padres: el padre del reino natural y el padre del campo espiritual. El reino natural debe provenir del campo espiritual y ser mantenido por él. Pero puede ocurrir que un hombre viva puramente del reino natural (lo que es posible por que el reino natural es un campo perfectamente equipado), y hundido completamen­te en él; que abandone así al padre del campo espiritual y lo olvide. La humanidad del mundo dialéctico está en este caso. Así es como se desarrolla un conflicto, pues en el instante mismo <<lo que está abajo>> ya no es como <<lo que está arriba>>. Se produce un endurecimiento del cuerpo racial, y otras cristalizaciones acompañan al mismo tiempo al hombre caído del campo espiritual.

Por eso debe venir una solución: una liberación. Esta posibilidad de liberación existe pues:

 

 

El Padre de todos los talismanes del mundo es omnipresente. Su fuerza, cuando es utilizada en la tierra, permanece inmaculada.

 

Si queréis utilizar esta fuerza, escuchar el consejo que os da la Tabla de Esmeralda:

 

<<Separad, con amor, gran comprensión y sabiduría, el fuego de la tierra, lo sutil de lo que es duro, denso y sólido. De la tierra sube al cielo, después desciende a la tierra, tomando en si mismo la fuerza de lo alto y de lo bajo. Así poseeréis la gloria del mundo entero, de manera que todas las tinieblas se separan de vosotros.>>

 

Atacad, en la fuerza de la Gnosis, en la fuerza del aliento de amor de Dios a vuestro ser natural entero que está separado del Padre universal, del Espíritu.

Recorrer el camino de la endura, el camino de la gran transformación, enseñada durante tantos años por la Escuela Espiritual actual. Y ciertamente venceréis. Aquel que lo intenta realmente con la poderosa Fuerza de las Fuerzas, conseguirá un día la victoria.

Entonces se realizará todo lo que la Gnosis ha declarado sobre la preparación del oro, la actividad del sol espiritual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

EL CORPUS HERMETICUM

 

Después de habernos sumergido en las formulas fundamenta­les de la sabiduría de la Tabla de esmeralda, nos volvemos hacia el Corpus Hermeticum y comparamos esta llave de los antiguos a la de la Joven Gnosis actual. Verificando hasta que punto la doctrina, la vida y las directivas de los antiguos concuerdan con las nuestras, sabremos si la Joven Gnosis, tomando la iniciativa y asumiendo la conducta del gran trabajo mundial, funda su derecho sobre verdade­ros valores o sobre la ilusión.

El Corpus Hermeticum en el que esta publicación nos permite profundizar comporta dieciocho libros. El primero lleva el titulo de Pymandre. Trata de un dialogo entre Hermes y un ser misterioso de nombre Pymandre.

Hermes es aquí el hombre nacido de la naturaleza que ha emprendido el camino de la liberación, que ha pasado por la gruta del nacimiento, Belén, y tiene un alma nueva renacida. Teje el <<manto de oro de las Bodas>>, sobre la base de este estado del alma, mientras que el nuevo estado de conciencia mercuriana, o hermética, comienza a manifestarse. Desde que esta conciencia prevalece, Pymandre aparece.

El discípulo de Hermes entra en unión con Pymandre en virtud de la nueva manifestación de su ser. Pymandre es la sabiduría divina omnipresente. Si, Pymandre es Dios. Es la Palabra del comienzo. Pero no es la Palabra en su sentido universal como, por ejemplo, en el prologo del Evangelio de Juan: <<Al comienzo era la Palabra>>, o como a veces en la Biblia, en la cual el nombre de Dios es frecuentemente citado en su sentido universal.

No, Pymandre es la sabiduría, el Dios que se dirige a Hermes de manera muy determinada y muy particular. Cuando, en la Biblia aprendéis que Dios habla, que Dios se dirige a un Hierofante o a algún otro trabajador en muchos de los casos no se trata de la Palabra divina en el sentido universal, sino del hecho de que el Logos se vuelve, en tanto que Pymandre, hacia el trabajador, el servidor, el discípulo de Hermes.

La sabiduría omnipresente es una radiación, una vibración, una fuerza-luz universal, una gran fuerza electromagnética muy particular. Es la radiación más elevada de la manifestación universal, la radiación del Espíritu.

Cuando un hombre ha adquirido la conciencia hermética, capaz de penetrarlo todo, siente, experimenta y reconoce enseguida la radiación del Espíritu. Entonces, entre el campo universal del Espíritu y el discípulo de Hermes, se crea un foco, un punto de reencuentro intenso, poderosamente luminoso, el punto, el foco en el que el espíritu y la conciencia se miran a los ojos. El Espíritu de este foco es Pymandre, la conciencia es Hermes.

Gracias a la actividad de este foco, comienza el <<camino con Dios>>, el diálogo, el comercio vivo entre Dios y el hombre. Así pues, desde que obtenéis y experimentáis en el camino algo del nuevo estado de conciencia, entráis al mismo tiempo en relación personal con la Divinidad, y el comercio diario con Dios se desarrolla.

Esto no tiene nada en común con las practicas espíritas de las entidades desencarnadas de la esfera reflectora, que se esfuerzan en imitar, de manera infame, el comercio entre Dios y el hombre. Ved claramente que todo lo que se dirige a la conciencia natural, a la conciencia yo es, sin ninguna excepción, imitación, ilusión y engaño.

Cuando la conciencia hermética se dirige al Espíritu y el fuego del Espíritu es así iluminado en el foco del reencuentro, una estructura luminosa de líneas de fuerza se establece: el discípulo de Hermes encuentra a Pymandre. De esta estructura de líneas de fuerza así formada, una fuerza, una vibración, penetra al discípu­lo. Esta vibración tiene un sonido, un color en concor­dancia con el motivo por el cual se eleva en el campo espiritual. Así esta manifestación, este reencuentro adquiere un carácter particular.

Únicamente de esta manera Dios habla al hombre. Esto es encontrar y escuchar <<el nombre inexpresable>>. Sin duda ya habéis leído cosas al respecto o habéis oído hablar de ello; sabéis como son de numerosos los que, a través de los siglos, han suspirado tras el nombre inexpresable y deseado escucharlo.

La sabiduría de todos los tiempos nos refiere que encontrar y escuchar el nombre inexpresable es el apogeo del desarrollo gnóstico-mágico. Tal como hemos dicho, muchos han buscado, y buscan aún de manera negativa a partir de su ser del yo de la naturaleza, el alcanzar este Horeb, esta montaña de la realización. Pero, cae de su peso/está claro que estos esfuerzos están condenados al fracaso y permanecerán así tanto tiempo como la base del esfuerzo permanezca en el yo.

Por lo tanto la clave/llave de este apogeo mágico reside en el corazón de cada uno. Cuando el hombre abre su corazón a la Gnosis, comienza a recorrer el camino que conducirá al reencuentro con Dios, que llevará al intercambio diario con la Divinidad. Que pobres y desprovistas de verdadera comprensión se revelan las diferentes teologías que piensan que la palabra divina está en un libro y que, con celo, excavan y revuelven la tierra para encontrar esta palabra, y creen que es suficiente leer en este libro un pequeño capitulo por día, hablar un poco de ello, para escuchar la voz de Dios. Pero ningún ministro de ningún culto, ningún medio de naturaleza sacerdotal podrá haceros <<caminar con Dios>>. Para festejar el reencuentro con Dios, es necesario que vosotros mismos sigáis el camino que lleva en vosotros hasta Pymandre.

Quizás, bajo esta luz, os daréis cuenta del peligro de la meditación mal orientada. El discípulo de Hermes puede, por una meditación consciente, elevarse en el campo espiritual. El que dispone de la nueva conciencia puede elevarse sobre las alas de esta conciencia hasta encontrar la llama del Espíritu. Pero desde que el falso discípulo, por la razón que sea y a pesar de las excelentes intenciones busca a Dios en meditación para unirse a El, ello engendra siempre actividades y consecuencias negativas, que provocan la mayor parte del tiempo uniones con las fuerzas dialécticas de la esfera reflectora. Pero establecer tales lazos es justamente el objetivo de los que os invitan y os animan sin descanso a participar en meditaciones por medio de invocaciones de todas clases.

Ello forma parte del Gran Juego[1]. Por ello somos los adversa­rios declarados de una vida meditativa pronunciada/ señalada. Para más seguridad, buscar a Dios no por la meditación sino por vuestra manera de vivir. No os embriaguéis de palabras, actuar. Que el nuevo comportamiento irradie a través de vosotros en vuestros actos, por una realidad de vida convincente. Por consiguiente, ¡Recorrer el camino!.

Cuando estamos reunidos en nuestros templos, nuestras invocaciones, rituales y oraciones no están destinadas a despertar las fuerzas de las esferas de la meditación mística, sino a ponernos en concordancia/sintonía con la clave vibratoria accesible y soportable del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis, la cual se encuentra en el camino. Queremos decir por ello que cada invocación debe corresponder al estado de ser, a la calidad de aquel que apela, al estado actual y vivido de su presencia en el camino. Si no podéis determinar vosotros mismos la calidad de vuestra presencia actual en el camino, encontraréis siempre una base segura en el <<Padre Nuestro>>. Se lee allí en efecto: <<Danos hoy nuestro pan cotidia­no.>> Todo alumno encuentra ahí, siempre, la seguridad. El pan espiritual que le viene, lo recibirá ciertamente si la oración parte de un alma plena de aspiración.

La Biblia evoca frecuentemente el reencuentro personal del discípulo de Hermes con el campo espiritual. Ella emplea entonces la expresión: <<escuchar la voz, la dulce voz.>> Así se dice de Elías, ante la caverna del Monte Horeb: <<He aquí, la voz viene hacia él.>> Y cuando Apolonio de Tiana deseaba escuchar la dulce voz, se envolvía, como Elías, <<en su manto>>, expresión que significa elevarse hacia Dios en los valores adquiridos del manto de oro de las Bodas.

Creemos ahora que el terreno esta lo suficientemente allanado para presentaros el primer libro del Corpus Hermeticum, el libro de Pymandre. A propósito hemos presentado este tema con detalle para que os convenzáis ante todo de la idea de que, cuando os aproximáis al Corpus Hermeticum, estáis sobre terreno sagrado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

PRIMER LIBRO:

 

PYMANDRE

 

 

1 Un día que reflexionaba en las cosas esenciales y que mi corazón se elevaba en las alturas, todas mis sensaciones corporales se entumecieron completamente como en aquel que, después de una comida exagerada o a causa de una gran fatiga física, es sorprendido por un profundo sueño.

 

2 Me pareció entonces ver un ser inmenso, de una amplitud indeter­minada, que me llamó por mi nombre y me dijo:

 

3 <<¿Que quieres ver y escuchar y que deseas aprender y conocer en tu corazón?>>

 

4 <<¿Quien eres?>> le dije.

 

5 <<Soy Pymandre,>> respondió, <<el Noûs, el ser que se basta a si mismo. Se lo que tu deseas y estoy en todas partes contigo.>>

 

6 Le dije: <<Deseo ser instruido en las cosas esenciales, entender su naturaleza y conocer a Dios. ¡Oh! ¡Como deseo comprender!>>

 

7 Respondió: <<Guarda bien en tu conciencia lo que quieres aprender, y te instruiré.>>

 

8 Con estas palabras, cambió de aspecto y, al instante, todo me fue revelado; tuve una visión infinita; todo se volvió una sola luz, serena y alegre, cuya contemplación me dio una felicidad extrema.

 

9 Poco tiempo después, me parecio que en una parte de esta luz, unas tinieblas espantosas y lúgubres descendieron y giraron en espirales sinuosas parecidas a una serpiente. Después estas tinieblas se transformaron en una naturaleza húmeda e indeciblemen­te confusa, de donde se elevó un humo como de un fuego, mientras que se dejaba oír un ruido parecido a un gemido indescriptible.

 

10 Al fin un grito hizo eco, saliendo de la naturaleza húmeda, una llamada inarticulada, que comparé a la voz del fuego, mientras que de la luz una Palabra santa se expandía sobre la naturaleza húmeda y brotaba de ella un fuego puro, sutil, vehemente y poderoso.

 

11 El aire, por su ligereza, seguía al aliento del fuego; de la tierra y del agua, se elevaba hasta el fuego de manera que parecía suspendido allí.

 

12 La tierra y el agua permanecían donde estaban, tan estrechamente mezcladas que no se las podía percibir separadamente, y eran continua­men­te transformadas por el aliento de la Palabra que planeaba por encima de ellas.

13 Pymandre me dijo: <<¿Has comprendido lo que significa esta visión?>>

 

14 <<Voy a aprenderlo,>> le respondí.

 

15 Entonces me dijo: <<Esta luz, soy yo, Noûs, tu Dios, aquel que existía antes que la naturaleza húmeda saliera de las tinieblas. La Palabra luminosa que emana del Noûs, es el Hijo de Dios.>>

 

16 <<¿Que significa esto?>> pregunté yo.

 

17 <<Compréndelo. Lo que en ti ve y escucha, es la Palabra del Señor, y tu Noûs es Dios Padre; no están separados uno del otro, pues su unidad es vida.>>

 

18 <<Te lo agradezco,>> dije yo.

 

19 <<Eleva tu corazón hacia la luz, y conócela.>>

 

20 Con estas palabras, me miró algún tiempo de frente/al rostro de manera tan penetrante que temblaba por su aspecto.

 

21 Después, cuando levantó la cabeza, vi en mi Noûs la luz, compuesta de fuerzas innumerables, convertida en un mundo realmente ilimitado, mientras que el fuego, investido y subyugado por una fuerza todo poderosa, llegaba así al equilibrio.

 

22 Distinguía todo esto en mi visión gracias a la palabra de Pymandre. Como estaba totalmente fuera de mi, me dijo:

 

23 <<Has visto en el Noûs la bella forma original del hombre, el arquetipo, el principio original anterior al comienzo sin fin.>> Así me habló Pymandre.

 

24 <<¿De donde han venido los elementos de la naturaleza?>> pregunté.

 

25 Me respondió: <<De la voluntad de Dios que, habiendo recibido en ella la Palabra y contemplado el arquetipo del mundo en su belleza formó sobre este modelo un mundo ordenado a partir de los elementos propios a este mundo y unas almas nacidas de Dios.

 

26 Dios, el Espíritu, en si mismo masculino y femenino, manantial de la luz y de la vida engendró de una palabra un segundo ser espiritual, el Demiurgo que, en tanto que Dios del fuego y del aliento, creó siete Rectores para rodear con sus círculos el mundo sensible y dirigirlo por lo que se llamó el Destino.

 

27 Saliendo enseguida de los elementos que actuaban en lo bajo, la Palabra de Dios se lanzó hacia el puro dominio de la naturaleza recientemente formada y se unió al Demiurgo al cual es idéntico.

 

28 Así los elementos inferiores de la naturaleza fueron abandonados a si mismos y privados de razón, no siendo ya por ello más que simple materia.

 

29 Pero el Demiurgo, unido a la Palabra, rodeando los círculos e imprimiendo su rápida rotación, puso en movimiento el curso cíclico de las criaturas, desde un comienzo indeterminado hasta un fin sin fin, puesto que el fin se une con el comienzo.

 

30 Según la voluntad del Espíritu, esta rotación de los círculos engendró, a partir de los elementos caídos, animales desprovistos de razón (pues la Palabra no estaba en medio de ellos); el aire produjo los animales alados; el agua, los animales acuáticos.

 

31 Según la voluntad del Espíritu, la tierra y el agua fueron separadas y la tierra hizo salir de su seno a los animales que ella contenía: cuadrúpedos, reptiles, animales salvajes y domésticos.

 

32 El Espíritu, Padre de todos los seres, que es vida y luz, engendró un hombre parecido a El, del cual se quedó prendado como de su propio hijo pues, a la imagen de su Padre, era de una gran belleza. Dios se enamoró en realidad de su propia forma y le entregó todas sus obras.

 

33 Pero cuando el hombre hubo observado la creación formada en el fuego por el Demiurgo, quiso crear a su vez y el Padre se lo permitió. Entonces, entrando en el campo de creación del Demiurgo, donde debía tener total libertad de crear/creación, observó las obras de su hermano, mientras que los Rectores se enamoraban de él y que cada uno de ellos lo asociaba a su propio rango en la jerarquía de las esferas.

 

34 Ahora bien desde que conoció su esencia y tomó parte en su naturaleza, quiso franquear el limite de los círculos y conocer el poder de aquel que reina sobre el fuego.

 

35 Entonces, soberano del mundo de los seres mortales y de los animales desprovistos de razón, el hombre se inclinó, atravesó la fuerza de cohesión de las esferas, a las que había desgarrado los velos, y se mostró a la naturaleza inferior en la bella forma de Dios.

 

36 Desde que la naturaleza vio al hombre, que unía en él la inagotable belleza y todas las energías de los siete Rectores bajo el aspecto de Dios, sonrió de amor viendo reflejarse en el agua los rasgos de esta forma maravillosamente bella y percibiendo su sombra en la tierra.

 

37 Y él, percibiendo en el agua de la naturaleza el reflejo de esta forma tan parecida a él, se prendó de amor por ella y quiso habitar allí. Lo que quiso, lo hizo al instante y vino a habitar la forma privada de razón. La naturaleza, recibiendo en ella a su amante, lo abrazó totalmente y ya no fueron más que uno pues el fuego de su deseo era grande.

 

38 He aquí porque, de todas las criaturas de la naturaleza, solo el hombre es doble, a saber, mortal según el cuerpo e inmortal según el alma fundamental.

 

39 En efecto, aunque inmortal y soberana de todas las cosas, el hombre sufrió sin embargo la condición de los mortales, pues está sometido al destino. Pues, proviniendo de un dominio superior a la fuerza de cohesión de las esferas, esta fuerza la mantiene en esclavitud; y siendo masculino y femenino, y exento de sueño porque salió de un ser exento de sueño, sin embargo es vencido por la codicia de los sentidos y el sueño.>>

 

40 Yo le dije: <<¡Oh Espíritu que estas en mi, estoy, yo también, enamorado de la Palabra!>>

 

41 Pymandre dijo: <<Lo que acabo de decirte es el misterio que ha permanecido escondido hasta este día. La naturaleza, uniéndose al hombre, procreó una maravilla sorprendente. El hombre tenía en él, ya te lo he dicho, la esencia de los siete Rectores, compuesta de fuego y de aliento; la naturaleza, ella, puso en el mundo sin demora siete hombres que correspondían a la esencia de los siete Rectores, a la vez masculinos y femeninos, de estatura vertical.>>

 

42 Entonces exclamé: <<¡Oh Pymandre, ardo ahora de un deseo extraordinario de comprenderte/escucharte. Continua, te lo ruego!>>

 

43 <<¡Cállate,>> dijo Pymandre, <<pues no he acabado mi primer discurso!>>

 

44 <<Me callo,>> respondí.

 

45 <<¡Bien! La generación de los siete primeros hombres tuvo lugar, como te decía de la manera siguiente: la tierra fue la matriz, el agua, el elemento generador, el fuego llevó a la madurez el proceso de formación, y del éter la naturaleza recibió el aliento de vida y engendró los cuerpos según la forma del hombre.

 

46 Y el hombre salido de la vida y de la luz, se volvió alma y espíritu; la vida se volvió alma, la luz se volvió Noûs. Y todos los seres del mundo sensible permanecieron así hasta el fin del ciclo y hasta el comienzo de las especies.

 

47 Escucha ahora lo que deseas escuchar. Habiendo este ciclo llegado al fin, el lazo que unía todas las cosas se rompió por la voluntad de Dios. Pues todos los animales que eran hasta entonces a la vez masculinos y femeninos fueron, como el hombre, divididos según estos dos géneros, algunos devinieron machos y otros hembras. En seguida Dios expresó la Palabra santa: <<Creced en crecimiento y multiplicaros en multitud, todos vosotros que habéis sido creados y hechos. Y que aquel que posea el Noûs sepa que es inmortal y que la causa de la muerte es el amor del cuerpo y de lo que es terrestre.>>

 

 

48 Habiendo Dios hablado así, la providencia unió los pares por medio del destino y de la fuerza de cohesión de las esferas, y estableció la reproducción; y todos los seres se multiplicaron cada uno según su especie; y aquel que se reconocía a si mismo inmortal es elegido entre todos, mientras que aquel que ama el cuerpo salido del error del deseo, continua errando en las tinieblas y debe sufrir la experiencia de la muerte.>>

 

49 <<¿Cual es pues,>> exclamé, <<la falta tan grave de los que están en la ignorancia para que sean privados de inmortalidad?>>

 

50 <<Creo que no has reflexionado lo que has escuchado. ¿No te he dicho que estuvieras atento?.>>

 

51 <<Reflexiono,>> dije, <<ahora me acuerdo y te lo agradezco.>>

 

52 <<Si has reflexionado, dime porque los que están en la muerte merecen morir.>>

 

53 <<Porque la fuente de donde procede su cuerpo es la oscuridad lúgubre que ha producido la naturaleza húmeda, la cual ha consti­tuido el cuerpo en el mundo sensible, donde la muerte apaga su sed.>>

 

54 <<Has comprendido bien. ¿Pero porque aquel que se ha reconocido a si mismo camina hacia Dios? como dice la Palabra divina.>>

 

55 <<Porque,>> respondí, <<el Padre de todas las cosas, de quien procede el Hombre, es luz y vida.>>

 

56 <<Si, luz y vida, así es Dios Padre, de quien procede el hombre. Si sabes que vienes de la vida y de la luz y que estas constituido de estos elementos, regresarás a la vida.>> Tales fueron las palabras de Pymandre.

 

57 <<Pero dime aún, oh mi Noûs, ¿como iría hacia la vida? Pues Dios ha dicho: <<Que el hombre que posee el Noûs se conoce a si mismo.>> ¿No todos los hombres tienen el Noûs?>>

 

58 <<¡Vigila lo que dices! Yo, Pymandre, Noûs, solo voy hacia los que son santos, buenos, puros y misericordiosos, hacia los que son piadosos, mi presencia les es una ayuda con el fin de que conozcan todas las cosas al instante. Se vuelven agradables al Padre por su amor y Le dan las gracias por el afecto filial y por los cantos de alabanza que Le son debidos. Antes que abandonen su cuerpo a la muerte, que les es inherente, desprecian sus sentidos porque conocen muy bien las actividades de ellos.

 

59 Si, yo, Noûs, no permitiría que las actividades de los cuerpos, que los acosan, ejerzan sobre ellos sus influencias; como Guardián de las Puertas, en efecto, prohibiría la entrada a las acciones malvadas y vergonzosas y extirparía las ideas impías.

 

60 Me mantengo lejos de los insensatos, de los viciosos, de los perversos, de los envidiosos, de los codiciosos, de los asesinos y de los impíos; los abandono al Demonio vengador que los fustiga con el aguijón del fuego, lo que excita sus sentidos y los arma/equipa así aún más para las acciones impías procurando agravar aún su castigo. Así la codicia de estos hombres busca sin cesar una mayor satisfacción y ella los vuelve furiosos en las tinieblas sin que nada pueda saciarlos; en esto reside su tortura y es esto lo que aumenta cada vez más la llama que los quema.>>

 

61 <<Me has instruido sobre todas las cosas como deseaba, ¡oh Noûs! Pero enséñame aún de que manera evoluciona el camino hacia lo alto.>>

 

62 Pymandre respondió: <<Durante el proceso de disolución del cuerpo material, este es primeramente abandonado al cambio y su forma visible desaparece; abandonas al Demonio a tu yo ordinario, que en adelante está fuera de acción; los sentidos corporales regresan a sus orígenes, de los que de nuevo formarán parte y a las actividades a las cuales se integraron, mientras que las pulsiones de la pasión y del deseo regresarán a la naturaleza desprovista de razón.

 

63 Así el hombre se eleva a través de la fuerza de cohesión de las esferas; en el primer circulo, abandona la fuerza de crecer y de decrecer; en el segundo circulo, la habilidad en el mal y la astucia que se ha vuelto impotente; en el tercer circulo la ilusión desde ahora sin fuerza de los deseos; en el cuarto circulo, la vanidad de dominar, que no puede ya ser satisfecha; en el quinto circulo, la audacia impía y la irreflexión insolente; en el sexto circulo la atadura a las riquezas; en el séptimo circulo, la mentira y sus trampas.

 

64 Así despojado de todo lo que proviene de la fuerza de cohesión de las esferas, entra, no poseyendo ya más que su propia fuerza, en la octava naturaleza; con todos los seres presentes canta himnos de alabanza al Padre, y todos se regocijan con él de su presencia.

 

65 Devenido semejante a ellos, escucha también a ciertos poderes, por encima de la octava naturaleza, cantar parecido a los himnos de alabanza a Dios. Entonces suben todos en orden preciso hacia el Padre, se abandonan a los poderes/potencias y, devenidos poderes a su vez, entran en Dios. Ese es el buen fin para los que poseen la Gnosis: volverse Dios.

 

66 ¿Pero porque te demoras ahora? Puesto que has recibido todo de mí, ¿no iras hacia los que son dignos de ello para servirles de guía, para que, por tu mediación, Dios salve al genero humano?>>

 

67 Habiendo hablado así Pymandre, se unió bajo mis ojos a los poderes. Y yo, desde entonces revestido de fuerza e instruido de la naturaleza del universo y de la visión sublime, di gracias y alabé al Padre de todas las cosas. Después comencé a predicar a los hombres la belleza de la Gnosis y de la vida orientada hacia Dios.

 

68 <<Oh pueblos, hombres nacidos de la tierra, que os habéis abandonado a la embriaguez, al sueño y a la ignorancia de Dios, volveros sobrios, dejad de revolcaros en el desenfreno, embrujados como estáis por un sueño animal.>>

 

69 Cuando me escucharon, se acercaron a mi. Y proseguí: <<Oh vosotros nacidos de la tierra, ¿porque os entregáis a la muerte mientras que tenéis el poder de participar en la inmortalidad? Arrepentiros, vosotros que camináis en el error y aceptáis la ignorancia como guía. Liberaros de la luz tenebrosa y tomar parte en la inmortalidad renunciando para siempre a la corrupción.>>

 

70 Algunos se burlaron de mi y se fueron, pues se encontraban en el camino de la muerte. Pero otros, arrodillándose ante mi, me suplicaban el instruirles. Los puse en pie y me hice el guía del genero humano enseñándoles de que manera serían salvados. Sembré en ellos las palabras de la sabiduría y bebieron del agua de la inmortalidad.

 

71 Llegada la tarde y casi desaparecida la luz del sol, les invitaba a dar gracias a Dios. Y después de haber realizado esta acción de gracias, todos regresaban a sus hogares.

 

72 En cuanto a mi, inscribía en mi mismo los favores de Pymandre y, estando colmado por ellos, una alegría suprema descendía sobre mi. Pues el sueño del cuerpo se había vuelto la lucidez del alma; la oclusión de los ojos, la contemplación verdadera; el silencio, una gestación del bien; el enunciado de la Palabra, la obra fructuosa de la salvación. Todo esto me ha llegado porque he recibido de Pymandre, mi Noûs, el Ser que se basta a si mismo, la Palabra del comienzo. Así es como estoy ahora lleno del aliento divino de la verdad. Así dirijo, con todas mis fuerzas y con todo mi corazón, este himno de alabanza a Dios Padre:

 

73 Santo es Dios, el Padre de todas las cosas.

Santo es Dios, cuya voluntad se realiza por sus propios poderes.

Santo es Dios que quiere ser conocido, y que es conocido de los que le pertenecen.

 

Tu eres santo, tu que, por la Palabra has creado todo lo que existe.

Tu eres santo, tu a la imagen de quien la naturaleza universal ha sido creada.

Tu eres santo, tu a quien la naturaleza no ha formado.

Tu eres santo, tu que eres más poderoso que todas las potencias/po­deres.

Tu eres santo, tu que eres superior a todo lo que es.

Tu eres santo, tu que te elevas por encima de toda alabanza.

 

Acepta las puras ofrendas que la Palabra ha suscitado en mi alma y en mi corazón vuelto hacia ti, oh Inexpresable, oh Indecible, del que el silencio, solo, puede expresar el nombre/cuyo nombre solo puede expresar el silencio.

 

Presta oídos a mi plegaria de no ser separado jamás de la Gnosis, el verdadero Conocimiento propio a mi ser fundamental.

 

Inclínate sobre mi y lléname de tu fuerza; por esta gracia, aportaré la luz a aquellos de mi raza que están en la ignorancia, mis hermanos, tus hijos. Si, creo y testimonio por mi sangre: Voy hacia la Vida y la Luz.

 

Alabado seas, oh Padre, el hombre que es tuyo/que está en Ti quiere santificarse contigo: tu le has transmitido el poder para ello.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

PYMANDRE Y HERMES

 

Para revelar, en la medida de nuestras posibilidades, la sabiduría del Corpus Hermeticum, no seguiremos versículo por versículo el texto citado, sino que trataremos, en la medida de lo posible, de examinarlo globalmente con la finalidad de hacernos una representa­ción del libro de Pymandre en su conjunto, del mismo modo que, eventualmente, los otros textos de Hermes. No seguir este método necesitaría un trabajo inmenso.

Como decíamos en el tercer capitulo, el discípulo de Hermes entra en unión con el campo universal del Espíritu, porque su estado interior y el cambio de su vida por la transfiguración le dan la posibilidad para ello. En el punto central de esta unión nace una estructura de líneas de fuerza: Pymandre se manifiesta. Salido del Espíritu, Pymandre aparece.

¡Pero atención! Pymandre no es un ser distinto que vive en el campo del Espíritu, es una llama que brota del campo del Espíritu, una realidad viva que pertenece, en su integridad, al campo del Espíritu. Este fuego resplandeciente es el Pymandre de Hermes. En efecto, esta manifestación se refiere enteramente al estado de ser y a la fuerza cualitativa de Hermes.

Luego, cuando Hermes hubo reflexionado en las cosas esenciales y su corazón se elevó, Pymandre, el que es y por lo tanto no es, apareció. Pero cuando el discípulo de Hermes no se concentra en el campo del Espíritu durante algún tiempo, Pymandre desaparece, se disuelve en la luz omnipresente. El fuego, las llamas ardientes se disipan. Así Pymandre es, y por lo tanto no es, pues es absoluta­mente uno con la luz.

Lo que nos sorprende al comienzo del texto, es que Hermes reflexiona en las cosas esenciales y que su corazón se eleva. Tener mucho cuidado con esto pues, para el discípulo de Hermes, este proceso es determinante: experimenta/prueba la colaboración ideal e indispensable de la cabeza y del corazón. Es la colaboración de la cabeza y del corazón la que determina la vida. Se puede expresar esto por el axioma que sigue: <<Cabeza y corazón no son separa­bles.>> Tales son las palabras de Pymandre. Es la razón por la cual es necesario aprender a conocer el misterio del corazón.

Sabéis que el hombre está compuesto de cuatro vehículos: el cuerpo material, el cuerpo etérico, el cuerpo del deseo (o cuerpo astral) y el cuerpo del pensamiento (o cuerpo mental). El cuerpo etérico construye y mantiene el cuerpo físico, el cuerpo del deseo determina las tendencias, el tipo, el carácter, las aptitudes, en resumen toda la naturaleza humana.

Fijad sobretodo vuestra atención sobre el cuerpo de los deseos, que Paracelso llama la forma sideral. Esta nos rodea por todas partes, nos penetra por todos los lados, y los fluidos siderales corren/fluyen en nuestro sistema material por mediación del hígado. Estas fuerzas circulan continuamente, entrando y saliendo por el hígado.

El cuerpo del deseo tiene pues el hígado como foco principal. La calidad y la naturaleza de las actividades del corazón y del santuario de la cabeza concuerdan con el estado y la naturaleza del cuerpo del deseo tal como lo recibisteis en el nacimiento y tal como a continuación se ha formado desde ese momento.

En el hombre nacido de la naturaleza, el corazón y la cabeza son esclavos del deseo. Todas las funciones del corazón y las de vuestro mental están enteramente dirigidas por vuestros deseos, por la pelvis. Pues en tanto que hombre de esta naturaleza, sentimien­to, corazón y pensamiento están gobernados por el santuario de la pelvis. Sobre el plan de vuestro ser natural, íntegramente unido a la materia y orientado sobre ella, vivís por la pelvis y por el sistema hígado bazo, deseando y pensando todo lo que es de la competencia de la naturaleza ordinaria. Todas las radiaciones siderales entran en el hígado en concordancia con la actividad de vuestro cuerpo del deseo.

Si un hombre después de haber errado sin fin por la penosa vía de las experiencias, llega al punto muerto sobre el plano de la vida natural, puede que desee una renovación, que aspire a una salida liberadora y que se desarrolle en él el deseo de salvación. Puede ocurrir también que una impulsión le empuje a emprender y a realizar en si mismo algún medio de salvación con el fin de elevarse fuera del pozo del debilitamiento. Esta búsqueda de una renovación, esta aspiración a la salvación, sostenida por una conciencia creciente es la forma del deseo más elevado del cual es capaz el hombre de la naturaleza. No puede ir más arriba. Lo que se agita y hierve en su corazón, en tanto que ser natural, es unicamente el deseo. Y el deseo más elevado, cualitativamente, es el deseo de salvación: el limite de las radiaciones astrales dialécticas. Ahora bien, cuando se ha llegado a este limite es cuando la Gnosis nos toca, no en el hígado sino en el corazón.

El primer toque, el contacto fundamental con la Gnosis, tiene siempre lugar por el santuario del corazón, pero únicamente en respuesta al deseo de salvación. Si alguien se aproxima a los templos de una escuela espiritual gnóstica, por simple curiosidad o de manera puramente experimental, no sacará ningún beneficio de ello. No es posible permanecer con fruto en un foco gnóstico a no ser que el corazón se abra algo a la Gnosis, obertura que es entonces la consecuencia del estado más elevado del deseo, el deseo de salvación.

 

En la Gnosis, el corazón es llamado el santuario del amor. Pero en razón de las influencias hereditarias y kármicas de todas clases que actúan en el hombre desde el instante de su nacimiento y determinan inevitablemente su vida en el curso de los años, su corazón de hombre nacido de la naturaleza ya no es, ni con mucho, un santuario del amor. Ya no se encuentra en él ninguna huella del amor verdadero. El corazón del hombre ya no es más que un antro de perversidad.

Si el corazón fue calificado antaño de <<santuario del amor>>, es que estaba preparado para manifestar una fuerza vital, una plenitud de vida, una posibilidad de vida que podía llevar con toda la razón el nombre de amor. Todo lo que está por debajo de esta norma superior de amor es un estado de deseo personal, de egocen­trismo. Al comienzo, el deseo de salvación es también una solicitud del yo: <<Yo>> estoy en un aprieto y <<yo>> busco una solución. <<Yo>> busco <<mi>> salvación. Debido a que somos tan miserables en tal situación la Gnosis nos toca para intentar ayudarnos en su eterno amor. El amor tal como es considerado aquí, el amor digno de este nombre, no es de la misma esencia que la naturaleza dialéctica en la que, lo repetimos, todo amor es un estado cualquiera del deseo. El amor verdadero es de orden superior; pertenece a la verdadera vida, a la vida nueva; es Espíritu, es Dios. Por ello Pymandre dice, en el versículo 17: <<El Noûs es Dios Padre.>> Y en el versículo 19: <<Eleva tu corazón hacia la luz, y conócela.>> Y <<con estas palabras,>> continua Hermes, <<me miró algún tiempo de frente/al rostro de manera tan penetrante que temblaba por su aspecto.>>

            Esta es la prueba de la verdad: ¿Que habrá en adelante en el santuario de vuestro corazón, deseo o amor?

Cuando la luz haga su morada en  el santuario de vuestro corazón, vuestra naturaleza llena de deseos desaparecerá. Los deseos del yo y el instinto egocéntrico se extinguirán completamen­te. Es pues incontestable que el santuario del corazón debe constituir la gran base para el Espíritu, que es en el santuario del corazón donde el Espíritu debe morar; y que así pues debe prepararse, en todos sus aspectos, para este estado superior. <<Allí donde está el corazón>>, dice Pymandre, <<allí está la vida.>>

Cuando esta preparación del corazón haya terminado, veréis en el Noûs, en el corazón, la bella forma del hombre original, el tipo del ser humano original, el principio primordial de antes, <<el comienzo sin fin>>.

¡Pero está claro, es evidente que el hombre ha hecho de su corazón un antro de codicias! El fuego del instinto egocéntrico ruge en él, mientras que el corazón, pensad en ello, es llamado a ofrecerse como morada del Espíritu, del Dios en nosotros, poten­cialmente presente en el átomo original. ¿Sentís hasta que punto estamos enfermos? ¿Hasta donde nos hemos hundido para que el santuario del corazón, templo del Dios en nosotros, se haya vuelto tal lugar de abominación?.

Aquel que sabe consagrar de nuevo su corazón al servicio de Dios abre a continuación el santuario de la cabeza, con el fin de estar en condiciones de cumplir su tarea sacerdotal, como verdadero servidor de la humanidad. Entonces, también vosotros, reflexiona­réis en las cosas esenciales pues del corazón renovado nace la conciencia mercuriana.

La Gnosis nos considera como enfermos, como pacientes, a causa de la condición psíquica del santuario del corazón. Por ello se nos soporta/sostiene. Por ello se es tan tolerante con nosotros. El triple poder nuevo del pensar, querer y actuar, es decir la conciencia mercuriana, solo nace en un corazón renovado. Cuando, con el corazón renovado y en él, reflexionáis en las cosas esenciales, puede que os elevéis hasta los campos omnipresentes del espíritu.

El desarrollo hermético y la vida hermética están fundadas en la unión y la colaboración del corazón y la cabeza, no del yo y la cabeza, sino del corazón purificado y la cabeza.

El mundo fracasó en esta necesidad. Se ve bien el caos y la corrupción alrededor de él; se ve bien al mundo zozobrar/se ve claramente zozobrar al mundo. El yo pregunta: <<¿Que hacer?>> Se intentan entonces toda clase de experiencias poniendo en juego una energía y un dinamismo extraor­dinarios, ¡pero sin éxito! ¿Porque? Porque el hombre olvida purificar el santuario de su corazón y consagrarlo a su tarea. En verdad, únicamente cuando el santuario del corazón es purificado y consagrado se abre a la luz y una mentalidad totalmente diferente aparece. Únicamente entonces se mete el dedo en las llagas de este mundo, de esta humanidad.

Luego, si sois llamados a la Gnosis, conoced y realizad la tarea: purificar vuestro corazón. Para abrirse al gran amor, vuestro corazón debe ser vaciado de las pasiones de la codicia y de todo instinto egocéntrico. Para este fin, entrenar a vuestro corazón, a vuestra emotividad, en la verdadera preparación, pues todo debe comenzar por ahí. A continuación, la cabeza seguirá, si, deberá seguir. Entonces reencontrareis a Pymandre.

 

Pymandre nace del amor divino, no de la voluntad instintiva, no de las impulsiones del hombre llegado al punto muerto. Lo que Hermes debe deciros ante todo es que la llave de la Gnosis, de la vida verdadera, reside en la purificación del corazón y en su total consagración.

Si recorréis este camino y realizáis el trabajo, la dulce voz resonará también en vosotros y dirá: <<¿Que quieres ver y escuchar? ¿Que deseas aprender y conocer en tu corazón?>>

¿Que querríais aprender, saber y conocer que no fueran/además las cosas esenciales? En absoluto primer lugar, ¿que es lo más esencial a conocer sino la verdad, la realidad que os concierne a vosotros mismos? Pues si no os conocéis a vosotros mismos, como os será posible sondear al Otro?

Desde este primer sondeo, el discípulo de Hermes ve una luz poderosa y serena, que aporta una gran alegría en el corazón. Pero poco después, en una parte de esta luz, ve descender y remolinear­se, como en un abismo, tinieblas espantosas, siniestras y lúgubres, en movimiento sin descanso, en una confusión indescriptible. Llamas de un rojo oscuro estallan por todas partes.

Ahora bien, de este abismo de confusión, de estas negras tinieblas sale una voz, un grito inarticulado, en concordancia con la luz derramada por todas partes. De esta luz emana una Palabra santa. Lo que queda de verdadero y puro en estas tinieblas se eleva de esta naturaleza oscura, de esta sombría caverna, y comienza a formar una atmósfera. Así de la naturaleza caída, vemos para comenzar subir la luz, después la atmósfera se sintoniza con la luz original. Más abajo, las tinieblas húmedas, formadas de tierra y de agua, representan el estado de ser dialéctico del candidato que ha purificado el santuario del corazón o al menos ha comenzado a hacerlo. Estas tinieblas húmedas de tierra y de agua han sido trans­formadas por el sonido de la Palabra que emana de la luz y existe por ella, la Palabra dirigida/vuelta hacia la luz

 

<<¿Has comprendido estas Palabras?>> pregunta el Pymandre del Cuerpo Vivo de la Gnosis actual. Y él mismo da la respuesta: <<Esta luz, soy yo, y mora ahora en el corazón del verdadero candidato.>> Es Dios manifestado en la carne, Osiris que vuelve, el Cristo que vuelve.

El campo luminoso del Espíritu es, primeramente, Pymandre, la estructura de líneas de fuerza de la manifestación universal. Pero, oh maravilloso milagro, esta luz, esta luz poderosa, esta llama divina, hace su morada en el corazón. Es así como la Divinidad hace/deviene/se vuelve un Hijo. Pues lo que ha dormido en el corazón durante eones es despertado: el Hijo de la Divinidad se manifiesta en nosotros.

El Hijo de la Divinidad posee un poderoso poder. Pymandre lo llama la Palabra o la Voz. Por ello, cuando Pymandre habla al candidato, se hace escuchar y testimonia en el corazón; pues el corazón es la morada divina donde, llegado el día, habla el Hijo de la Divinidad. Dios y el Hijo, el campo de luz y la luz que desciende, no son distintos uno de la otra. De la unión de las dos nace la vida nueva.

Así pues cuando, después de haber vaciado vuestro yo y de haberos vuelto dignos de ello, <<volved vuestro corazón hacia la luz y conocedla.>> Cuando la reconozcáis, sentid los grandiosos y maravillosos poderes de la Palabra viva en vosotros. Ved y experimentar en el corazón una luz de las potencias innombrables, un mundo verdaderamente infinito: la Cabeza de Oro. Ved el fuego rugiente del orden inferior investido y subyugado con fuerza llevado al equilibrio bajo la conducta directa de la luz y de la Palabra que la luz hace oír en nosotros.

Ver y sentir, por la fuerza luminosa de la Gnosis nacida en vosotros, la naturaleza inferior engullida por lo que nosotros llamamos el renacimiento, o transfiguración.

Esta, es la Gnosis original, la Gnosis hermética, la verdad anunciada a la humanidad desde el comienzo. Esta es la Palabra de Pymandre.

Verificar si esta Palabra está conforme a la que la Gnosis actual os dirige desde hace años, el testimonio concerniente al hombre original, la forma del hombre original, del hombre que existía <<antes del comienzo sin fin>>, del hombre que era, y que es hasta esta hora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

LUGAR DEL ORDEN DIALÉCTICO EN EL

 

SEPTENARIO CÓSMICO

 

 

El libro de Pymandre prosigue con un esbozo/resumen de la manifes­tación cosmológica original, la evolución universal del mundo y de la humanidad actual. Pymandre le hace contemplar a Hermes, elevado al campo espiritual, el campo omnipresente del amor divino, el orden del mundo original eterno, el del hombre celeste verdadero, el orden del mundo al que aspiramos a regresar, al que es capaz de mirar el discípulo de Hermes y en el atrio del cual se mora cuando se entra en la <<Cabeza de Oro>>.

 

<<Vi en mi Noûs la luz, compuesta de fuerzas innumerables, convertida en un mundo realmente ilimitado, mientras que el fuego, investido y subyugado por una fuerza todo poderosa, llegaba así al equilibrio.>>

 

Hemos hablado de este aspecto, al nivel más bajo, desde el punto de vista del candidato que se aproxima. Ahora afirmamos con fuerza que este orden del mundo original es desde el comienzo, y permanece como el orden de la humanidad celeste. Ahora bien de nuevo se abre para nosotros si tomamos de nuevo parte en el sexto dominio cósmico.

Y ahora una pregunta sube al corazón de Hermes, pregunta que traduciremos así según nuestra propia terminología: ¿Como integrar la naturaleza dialéctica en esta grandiosa manifestación que Tu, Pymandre, me haces contemplar? ¿Que debo pensar del universo dialéctico, del orden dialéctico? ¿Como el hombre celeste se ha vuelto su prisionero y como se ha degradado hasta el punto en el que está ahora? ¿La esencia del origen explica la naturaleza dialéctica? ¿Como se ha vuelto tan malvado este orden de la naturaleza?

A todas estas preguntas, Pymandre responde así: la naturaleza dialéctica ha sido formada según el hermoso tipo original del mundo, por la progresión del inmenso proceso de la creación. Una única gran cantera fue establecida, un único laboratorio alquímico inmenso, donde el hombre debía actuar, en el que debía trabajar en los grandiosos proyectos de la manifestación universal; pues la Divinidad creadora confiere a sus criaturas, a sus hijos, todos los poderes divinos que ella misma posee. Dios no llama únicamente a sus criaturas a la vida, no las coloca únicamente en el orden de un mundo, les da también una misión: trabajar en la progresión de la manifestación universal. Para este fin, les ofrece un gigantesco laboratorio alquímico, el séptimo universo.

Como lo ha demostrado desde hace mucho tiempo la filosofía gnóstica, la totalidad de la naturaleza dialéctica debe ser considerada como el taller que es. En toda la manifestación universal, vemos aparecer una única ley, la de la trituración, la del rompimiento, la del subir, brillar y descender, la ley del movimiento cíclico continuo. Las cosas van y vienen y regresan sin cesar a su punto de partida. En el universo dialéctico, una transformación incesante de la materia tiene lugar. Es un orden natural en el que la actividad es llamada fatalidad, o destino, dice Pymandre, para designar esta ley fundamental, esencia de los ineluctables movimientos cíclicos.

Sin embargo es necesario ver, en la esencia de la naturaleza dialéctica en tanto que séptimo dominio cósmico, un orden superior, un plan grandioso y elevado, en conexión total con los otros seis dominios cósmicos, punto de vista que se admite en seguida que se sabe, tal como acabamos de decir, que el mundo dialéctico fue planeado como una inmensa cantera cósmica.

Este es el punto de vista que adopta la Gnosis egipcia, la Gnosis Hermética, en cuanto a la naturaleza aparente, mientras que la Gnosis de Mani, por ejemplo, aborda el mundo dialéctico en su mal actual, en su satanismo comprobado, como nosotros mismos lo hemos hecho durante años.

La Gnosis de Mani ve el mal ostensible del mundo dialéctico. La Gnosis de Hermes considera la intención divina original por encima del abismo de perdición que es nuestro orden natural. La Gnosis de Mani quiere demostrar a la humanidad que la tierra no busca más que retener prisionero al hombre que lucha y que sufre, razón por la cual los Maniqueos, realistas como eran, maldecían este mundo malvado. Declaraban que era imposible que esta naturaleza malvada y corrompida viniera de Dios y que había sido creada por Lucifer.

Considerando todas nuestras experiencias en la naturaleza de la muerte, aceptamos el punto de vista de Mani, pero consideramos al mismo tiempo el de Hermes. En la continuación de sus escritos, este se aproxima mucho a los Maniqueos. Desde el primer libro, titulado Pymandre, en los versículos 68, 69 y 70, Hermes, en su nuevo estado de iluminación, se dirige a los hombres y deja escuchar su lenguaje:

 

<<Oh pueblos, hombres nacidos de la tierra, que os habéis abandona­do a la embriaguez, al sueño y a la ignorancia de Dios, volveros sobrios, dejad de revolcaros en el desenfreno, embrujados como estáis por un sueño animal.>> <<Cuando me escucharon, se acercaron a mi. Y proseguí: <<Oh vosotros nacidos de la tierra, ¿porque os entregáis a la muerte mientras que tenéis el poder de participar en la inmortalidad? Arrepentiros, vosotros que camináis en el error y aceptáis la ignorancia como guía. Liberaros de la luz tenebrosa y tomar parte en la inmortalidad renunciando para siempre a la corrupción.>> <<Algunos se burlaron de mi y se fueron, pues se encontraban en el camino de la muerte. Pero otros, arrodillándose ante mi, me suplicaban el instruirles. Los puse en pie y me hice el guía del genero humano enseñándoles de que manera serían salvados. Sembré en ellos las palabras de la sabiduría y bebieron del agua de la inmortalidad.>>

 

            La fuerza de lo que precede es que no existe diferencia esencial entre los Maniqueos y los discípulos de Hermes. De tiempo en tiempo, incluso frecuentemente, es necesario poner el acento sobre el mal tal como aparece en nuestros días en la naturaleza, para presentar más claramente a la conciencia de la humanidad su patria de luz. Pero también es totalmente necesario recordar de vez en cuando que el séptimo dominio cósmico es el gran campo de trabajo de la humanidad celeste. Así la Gnosis Hermética y la Gnosis de Mani están en perfecta concordancia. Maniqueos y Herméti­cos son hermanos del mismo tronco.

Nos hemos sentido obligados a exponeros lo que precede porque hubo un tiempo en el que, en los círculos de los buscadores, se preguntaba si el maniqueismo y el Hermetismo estaban en contradic­ción y hasta que punto. Así, en Francia por ejemplo, parecidas controversias están a la orden del día. Por lo tanto, en su esencia, no hay ninguna diferencia, ninguna contradicción.

El Hermetismo formula la evidencia filosófica. El Maniqueismo evoca una realidad revolucionaria: el adiós positivo y consciente a la naturaleza inferior. Por esta manera de ver, el Maniqueismo ejerció en su época una gran influencia sobre los hombres. Por ello fue temido hasta tal punto, odiado por el adversario, y perseguido aún más mortalmente que al Catarismo. Los enemigos de los Cátaros los mataron en la hoguera y por inanición. Los hermanos y hermanas maniqueos fueron martirizados y mutilados de manera atroz e inimaginable.

Sabemos que los Cátaros, aunque colocándose filosóficamente en un terreno más hermético, estaban orientados sobre el mismo objetivo que los Maniqueos. Como el objetivo era parecido, se les acusó de ser maniqueos, con la intención preconcebida de perseguir­los y exterminarlos de la misma manera. Lo que la Gnosis actual debe a estas dos Fraternidades es indecible.

Ahora proseguimos nuestras consideraciones concernientes al libro de Pymandre.

 

En el séptimo dominio cósmico, en el universo dialéctico, vemos a los grandes sistemas subdividirse en sistemas cada vez más pequeños: la Vía Láctea en sistemas zodiacales, estos en sistemas solares, los sistemas solares en sistemas planetarios. En nuestro sistema solar, como en las miriadas de sistemas parecidos, actúa un conjunto de siete fuerzas que trabajan de común acuerdo y determi­nándose mutuamente. Para designar estas fuerzas, Pymandre habla de siete Rectores que rodean en sus círculos el mundo sensorial. Colocándoos desde el punto de vista geocentrico, contemplar así la revolución de las estrellas y las actividades del sistema solar. Ved el sol, la luna y los planetas describir alrededor  de vosotros sus círculos, sus órbitas. Os envían su luz y sus fuerzas, luego os influencian y se influencian mutuamente. Todo lo que existe sobre la tierra está así bajo la dirección de los siete Rectores. Ellos fijan la suerte, el destino del hombre nacido de la naturaleza.

Si estáis algo versados en astrología, sabréis que es necesario siempre tener en cuenta aspectos fastos y nefastos. El destino determina toda vuestra vida y milagros en la naturaleza dialéctica. Estáis colgado/suspendido en la tela del destino. Todo lo que, en la tierra, existe y viene de la naturaleza, es dirigido por los siete Rectores.

En el comienzo todos los elementos caídos, todas las manifes­taciones de la naturaleza dialéctica debían permanecer como simple materia desprovista de razón. Pues, desde que una materia, un elemento, es unido al espíritu, se crea una situación casi insostenible. En la materia, dice Pymandre, aparece entonces una actividad racional; y la materia, que está sometida a un perpetuo cambio, arrastró a sus prisioneros a la naturaleza de la muerte.

Ello quiere decir que cuando la chispa luminosa, el Espíritu, se une a la materia de manera errónea, no científica, materia y espíritu se confunden. Ahora bien el Espíritu es eterno e inmutable mientras que la materia cambia, se transforma continuamente. Cuando estos dos se vuelven uno la materia arrastra con ella al Espíritu, la chispa de luz. Esta unión contra natura engendra una cristaliza­ción. La materia se subleva y el espíritu trata de mantenerse. El esfuerzo del Espíritu por conservarse hace nacer una densificación, una cristalización de la materia, pues todo se opone entonces a las transformaciones. Así lo que es eterno se encuentra prisionero de sufrimientos sin fin.

Usted, hombre moderno, al corriente de la búsqueda científica de vuestra época, sabéis que en la materia está la vida. En cada átomo de materia, hay vida y fuerza, pero esta no es la vida y la fuerza en el sentido de la humanidad viviente, en el sentido del Espíritu. Por ello (¡pensar aquí en la prohibición del Paraíso!) la humanidad celeste tenía el derecho de utilizar la materia como material alquímico y hacerla avanzar hacia su objetivo, pero no el derecho de asociarse a ella. La humanidad celeste debía emplear la materia de tal manera que, de la fuerza y de la vida que ella encerraba, algo pudiera liberarse a su debido tiempo.

Pensar, a este respecto, en el conocido relato del aprendiz de brujo: el alumno, para jugar a hacer como su maestro, se une a fuerzas que es absolutamente incapaz de dominar, de fuerzas que, liberadas, le dominan y lo arrastran, aprendiz de navegante, en el océano de la vida. Así pues constatamos que cuando la vida consciente, el Espíritu, se ata y se une completamente a la materia del séptimo dominio cósmico, ello entraña siempre sufrimiento y muerte. Cuando el Espíritu trata de conservarse en la materia, se produce lo que llamamos una cristalización. Todos los elementos de la naturaleza, sus actividades, sus fuerzas y sus potencialidades, fueron confiadas un día a las criaturas divinas superiores de la humanidad celeste, una humanidad verdaderamente divina, activa en la cantera divina.

El hombre entra entonces como en un jardín de maravillas, como en un paraíso. Trató de colaborar con los siete Rectores y penetró todo lo que, de la naturaleza, se despertaba a la vida natural. La cantera era tan maravillosa y bella, y respiraba la razón superior, que el hombre celeste olvidó a veces su verdadera morada, continuó actuando en el jardín maravilloso y se consideró a si mismo como el centro de estas maravillas. Cuando vio su propia imagen en el agua, la amó y quiso vivir con ella. Pero, desde ese momento, la voluntad había creado una imagen desprovista de razón; entonces ocurrió que la naturaleza, la materia, abrazó a su amante y se confundió enteramente en él. Y el hombre celeste que había aceptado el jardín de los Dioses como un palacio divino quedo prisionero allí.

Por ello, de todas las criaturas de la tierra solo el hombre es doble, a saber mortal según el cuerpo, en lo que toca a la materia, e inmortal según el principio celeste, el hombre esencial. Así lo inmortal soporta dolores intolerables por que está unido a la materia sometida al cambio. Aunque el principio celeste superior oculto en el hombre dialéctico sea más esencial, más noble que su envoltura, se vuelve sin embargo el esclavo de esta envoltura.

Comprendemos sin embargo que al principio de la fusión del hombre celeste con la naturaleza dialéctica, las consecuencias fatales que sufrimos actualmente aún no habían aparecido. El libro de Pymandre abarca millares de años. El desarrollo de estas consecuencias tuvo lugar muy gradualmente. Entre la fase del comienzo de la fusión y el cambio total final, es decir la cristalización en las profundidades de la materia, se sitúa la historia de la caída del hombre, historia universal que comenzó con la evolución de lo que se llama las siete razas.

El hombre celeste era masculino-femenino y engendraba por si mismo/de ella misma. Así la multitud de la humanidad celeste engendró de ella misma siete subtipos, en concordancia total con los siete Rectores, con los siete aspectos del sistema solar. Estas siete razas madre, como las llama la Enseñanza universal, no poblaron únicamente la tierra sino, en su inmensa gloria, el universo entero, el sistema solar entero. Así fue como, paso a paso, la humanidad divina se unió a su propia creación y a sus propias criaturas. Más tarde, un aspecto sexual se atrofió en el hombre tal como se había vuelto y la separación de los sexos instauró la condición del hombre que hoy conocemos.

Pymandre coloca pues a Hermes ante la inmensa historia de la humanidad. Nosotros la conocemos gracias a un escrito. Pero Hermes la aprende y la comprende gracias a su conciencia mercuriana, leyendo directamente en la memoria de la naturaleza, y viendo desfilar en ella ante él el panorama entero de esta historia.

La continuación/consecuencia de las ideas que os acabamos de presentar – la cosmología de Pymandre, la filosofía hermética – se encuentra en la Enseñanza universal y en la multiplicidad de los textos sagrados.

Pensar en Pablo, en el fondo hermético de sus palabras. Escucharle hablar de la criatura divina unida a la materia, de esta criatura divina que suspira tras la liberación. Escuchar su grito de jubilo cuando anuncia que la creación entera languidece en la espera de la manifestación de los hijos de Dios.

Esta manifestación se realizará según el plan de salvación gnóstico, un plan tan grandioso que no terminaríamos nunca de hablar de él. Pensar un instante que la humanidad celeste original creó las siete razas madre y que, de estas siete razas madre nacieron innumerables subrazas. Pensar en las miriadas de entidades de todas estas subrazas. Y en todas ellas, ¡ha sido depositado el principio de luz!

La chispa de luz, antaño la luz perfecta, se esconde igualmen­te en vosotros como un débil resplandor, como un simple grano, <<la semilla Jesús>>. Vosotros también podéis tomar parte en el poderoso plan de salvación. Y el proceso de vuestra salvación puede realizarse muy rápidamente si os consagráis enteramente a vuestra vocación, si os despedís realmente de la naturaleza dialéctica, si hacéis la separación total entre la luz y las tinieblas, entre el Espíritu y la materia, entre lo eterno y lo cambiante, el destino. Pero antes de poder emprender este proceso de salvación, de poder separar las aguas en dos de manera que aparezcan la izquierda y la derecha, es necesario purificar el santuario del corazón, y dejar entrar al Espíritu, Pymandre, a fin de que el principio de luz retome allí la vida. Así pues, consagraros enteramente a vuestra vocación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

LIBERACIÓN Y REMISIÓN

 

Antes de proseguir nuestros comentarios del libro de Pymandre de Hermes Trismegistos, juzgamos deseable profundizar un poco más, para aquellos que desean seguir verdaderamente el camino de la liberación, en las consecuencias de lo que ha sido dicho preceden­temente. Como introducción citamos a Juan 15, versículos 9 a 17:

<<Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado. Permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permanece­réis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. Pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mi, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto y vuestro fruto permanezca, para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando, que os améis unos a otros.>>

 

Si recordamos lo que evoca la parte del libro de Pymandre del que hemos hablado, vemos aparecer al hombre celeste en primer lugar en toda su gloria; a continuación este hombre celeste se identifica con la naturaleza dialéctica; al fin, de esta humanidad celeste, nacen siete razas que se pueden designar como las poblaciones del universo dialéctico. Finalmente podemos establecer que todos los habitantes de los planetas, en sus formas y sus diversos estados de ser, provienen de las sub-razas de estas siete razas originales.

En otros términos, el principio celeste original se subdividió en miriadas de entidades. Esta subdivisión prosiguió hasta el momento en el que ya no subsistió, en innumerables entidades, más que un único grano de la magnificencia original de los hijos de Dios. Todos formamos parte de la masa innumerable de los que ya no llevan en ellos más que una única semilla de lo original.

Desde entonces se puede deducir que un descenso más profundo en la naturaleza dialéctica, luego que una diferenciación más grande de la semilla de la luz, es imposible. En efecto, el Espíritu no puede diferenciarse ni difundirse/propagarse cuando aquel que lo posee es ignorante de esta posesión. Innumerables portadores de la <<semilla Jesús>>, del átomo original, no son conscientes de ello. La semilla yace en ellos en estado latente, y es totalmente impotente para dividirse más.

Todos los microcosmos, diferenciados como lo están de las siete razas madre originales, deben, para mantenerse en el plan de la naturaleza, permanecer semejantes a la formula de la naturaleza dialéctica original de la cual provienen. Este es todavía el caso para millares de entidades en las que yace la semilla en estado latente durante tanto tiempo como estas entidades se sintonicen con la esencia de la ley de la naturaleza dialéctica. Dicho de otra manera, la semilla permanece presente en el centro matemático del microcosmos mientras que este último, ligado a la naturaleza, se sintonice con la ley de esta naturaleza, con la ley de la materia. Si el comportamiento de una entidad desciende por debajo de esta ley, entonces, en virtud del proceso de rompimiento por el destino, el microcosmos es desnaturalizado y se disgrega para recaer en el estado de los elementos de la materia.

En ese caso, no solo es la personalidad introducida en un cierto momento en el microcosmos quien muere, sino también el mismo microcosmos. Este se vuelve impotente para debilitar la materia y liberarse de ella. La semilla de la luz original, aprisionada en tal microcosmos, ya no tiene morada y regresa, no manifestada, a sus orígenes.

Por consiguiente, repetimos, el microcosmos puede descender hasta el nadir de la materialidad, hasta el punto más bajo de la decadencia dialéctica. Si, partiendo de este nadir, no se produce un ascenso, el microcosmos puede ser sometido a las leyes de los cambios de la materia durante un tiempo inconcebible, mientras que continuamente son vivificadas nuevas personalidades. Este estado es designado como el estado de neutralidad.

Si el microcosmos desciende por debajo de esta ley de la materia, es descompuesto; la materia regresa a la materia y el principio de luz regresa a la luz. Este es el estado de aniquila­miento.

Existe una tercera posibilidad: la salvación, el comienzo del viaje de regreso hacia la patria del origen a partir del nadir.

Así pues este es el viaje de regreso al que nos invita la Escuela Espiritual, la Escuela de la Rosacruz de Oro. En tanto que microcosmos, usted ha permanecido quizás desde hace eones en el estado de neutralidad, porque no teníais conciencia de poseer el principio de luz. Gracias al contacto con la Escuela Espiritual y bajo su influencia, este principio puede despertarse en vosotros y manifestarse en vuestra vida. Se os aconseja entonces colocar este principio de luz por encima de todo en vuestra vida, y de llevar a segundo plano la naturaleza dialéctica.

La condición para ello es la purificación del corazón. El santuario del corazón debe ser absolutamente liberado de la influencia de los deseos, de la espantosa degeneración a la que ha sido sometido durante múltiples vidas.

Si emprendéis esta purificación del corazón, el principio de luz en vosotros se vuelve vivo y puede incluso llegar al reencuentro con Pymandre. Cuando el principio de luz se despierta en vosotros y le ofrecéis un corazón purificado puede trabajar así al servicio de vuestros semejantes. Pero si permanece latente, dormido, podéis, ciertamente, consagraros al servicio de vuestro prójimo, pero ello será de manera dialéctica, humanitaria. Os esforzaréis como alguien que toma su tarea en serio en el mundo, como se dice, pero no os manifestaréis en tanto que hijo de Dios a no ser que el principio de luz en vosotros se despierte, se fije e irradie de vosotros.

Pensar en los que ya estimulan la actividad del principio de luz y viven en la pureza de corazón en sentido gnóstico. Cuando unos hijos nacen en tales familias, el principio de luz es encendido en ellos gracias a la pureza de corazón de los padres. Pensad que podéis, solo por vuestra vida, preparar un lugar para vuestros hijos en los lugares de la Gnosis incluso antes de su nacimiento. La luz despertada en un ser humano le permite trabajar al servicio de todos.

El tercer estado, el de la salvación, es pues de naturaleza enormemente elevada; es el comienzo del camino de regreso hacia la patria original. Este camino conducirá finalmente a la liberación total, al desprendimiento completo de toda materia, al abandono de la sustancia corporal y a la entrada en los campos del Espíritu, como es el caso para el hombre-Pymandre. Pero antes de alcanzar este último punto, es aún necesario trabajar con la sustancia corporal, a lo largo de numerosas etapas, a través de múltiples estados de ser. Y el principio de luz adoptará vehículos de materia cada vez más sutil siguiendo el camino de regreso en la materia.

Cuando hablamos del <<manto de oro de las Bodas>> y os invitamos a tejerlo, nos referimos a un vehículo infinitamente sutil en comparación al de nuestra personalidad del momento. Así es como es necesario recorrer el camino de regreso; las entidades se envuelven en vehículos de una sustancia cada vez más sutil y recorren este camino a través de la materia pasando por todas las razas y subrazas originales, en una gloria cada vez más grande.

¡Que prodigio inmenso se realizará entonces! Tratar de representaroslo. La deuda original de la falta y de la caída de un numero limitado de habitantes celestes será redimido por el hecho de que una masa que nadie puede contar irá a engrosar sus puestos. En efecto, mientras que en un hombre existe una pequeña chispa, un grano de luz original, ello puede desarrollarse según las leyes del Espíritu hasta devenir una divinidad. Luego, oh divino milagro, por la falta y la caída de un numero originalmente limitado de habitantes celestes, los lugares del pueblo de Dios van a multipli­carse hasta volverse <<una multitud que nadie puede contar>>; unos hombres celestes van a resucitar de la profundidad de la muerte, unos hombres divinos, nacidos de innumerables semillas de luz expandidas accidentalmente, en los primeros tiempos del mundo, sobre los campos de la materia y unidos a ella.

Así la deuda se cambia en expiación, la expiación en bendi­ción, la bendición en crecimiento, el crecimiento en cosecha. De las profundidades del infierno el amor consigue la victoria. ¡Comprenda quien pueda!

¡Buscador serio, seáis quien seáis, tened conciencia de poseer la semilla original!

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

LA DUALIDAD DEL HOMBRE

 

<<De todas las criaturas de la naturaleza, solo el hombre es doble,>> afirma Pymandre. El sistema humano comprende, por una parte, la semilla de la inmortalidad, la chispa de Espíritu, llamada aún la Rosa del corazón; por otra parte, el ser humano mortal, la forma natural. No se encuentra ninguna otra criatura que tenga tal carácter doble. Por ello la caída de los hijos originales de Dios es la causa de una situación singular: la semilla del Espíritu se ha diferenciado en unas miriadas de entidades mortales; y estas miriadas de entidades que poseen la semilla divina podrán juntas hacer crecer el pueblo de los hijos de Dios hasta volverse una <<multitud que nadie puede contar.>>

De este modo puede ocurrir, y ocurrirá, que el pecado y la deuda del comienzo, con todas sus consecuencias, se transformaran finalmente en una magnificencia más inmensa, más grandiosa que nunca, en una bendición que nadie podía suponer.

Sin embargo si esta bendición debe efectivamente tener lugar, es necesaria una intervención poderosa; antes deberán pasar aún muchas cosas. Pero esta formidable posibilidad, este misterio reside en que de una caída, del pecado y de la deuda, pueda resultar tal bendición como prueba de que el Espíritu, de que el amor, siempre es vencedor.

Aquel que llega a comprender la esencia de su ser natural es puesto en condiciones de liberarse de su dualidad y de regresar a su divinidad original. Comprender bien esto si al menos ya sois conscientes de poseer una chispa de espíritu. Comprender esto si sois conscientes de vuestra dualidad: por una parte, ser nacido de la naturaleza, por otra parte que vive en vosotros la Rosa del corazón del hombre verdadero, del hombre original. Si sois conscientes de poseer una chispa de Espíritu, comprender que tenéis la posibilidad de liberaros.

Así pues no es exacto, como sugieren ciertas religiones, que personalmente seáis culpable del pecado en tanto que ser nacido de la naturaleza, puesto que en tanto que tal no sois más que uno con esta naturaleza; el curso de las cosas, en el séptimo dominio cósmico, es ineluctable para toda entidad unida a esta naturaleza. Pero como poseedor de la Rosa, tenéis el poder de volveros conscientes de la imperfección y del absurdo de vuestra existencia así como de vuestro aprisionamiento. Esta es la conciencia del pecado tal como lo refiere la Enseñanza universal desde el comienzo: el hombre espiritual, debe volverse consciente de su prisión y en consecuencia de su estado de ser del momento.

Comprender su pecado es, según el versículo 39 del libro de Pymandre, ser consciente de su inmortalidad absoluta, consciente de poseer el poder sobre todas las cosas, sufriendo toda la condición de los mortales por su sometimiento al destino; dicho de otra manera, ser superior a toda la naturaleza dialéctica y sin embargo ser esclavo de ella. Saber que el Padre está en nosotros, que Aquel que es sin descanso nos domina; pero que somos prisioneros de este poder que es la inconsciencia. Esta es la conciencia del pecado. Resaltan las palabras de Hermes que el alumno comprende.

El discípulo de Hermes comprende esta situación. Pero para la mayoría de los hombres, todo esto es un gran prodigio: la integra­ción de la naturaleza en el hombre con, como corolario, el lado dramático de esta situación: la caída claramente evidente que es la expresión de ello y la deuda que de ello resulta. Sin embargo el Espíritu quiere vencer, y vencerá dividiendose, en el curso de este acontecimiento dramático, en millones de parcelas a las que les es ofrecido el poder de volverse hijos de Dios.

 

<<Lo que acabo de decirte,>> declara Pymandre en el versículo 41, << es el misterio que ha permanecido escondido hasta este día. La naturaleza, uniéndose al hombre, procreó una maravilla sorprenden­te.>> Después describe, en el versículo 45, el nacimiento de este proceso de formación: <<La tierra fue la matriz, el agua, el elemento generador, el fuego llevó a la madurez el proceso de formación, y del éter la naturaleza recibió el aliento de vida y engendró los cuerpos según la forma del hombre.>>

 

Cuando Pymandre habla del hombre, se refiere al hombre original, el hombre divino, el ser espíritu. Para el resto, dice únicamente: el cuerpo, la forma natural. El cuerpo recibe una apariencia humana. Indica a continuación como la forma natural fue engendrada por radiaciones astrales y etéricas de la naturaleza de la muerte. Esta forma natural es llamada simplemente <<el cuerpo>>; es lo que el mundo dialéctico tiene la costumbre de llamar <<el hombre>>. ¡Que error! Error que se explica por el hecho de que la forma natural posee una vida propia, una conciencia para ella, en resumen, que es un ser viviente.

Hay en vosotros dos vidas: la vida original y la vida de la forma natural. Y Pymandre lo expresa diciendo: <<El hombre ha salido de la vida y de la luz.>> Gracias a la vida divina, el hombre verdadero se vuelve un ser alma y gracias a la luz univer­sal, se vuelve un Noûs. Es decir un ser sensible dotado de un alma excepcional, unida al Espíritu.

El hombre verdadero posee un corazón puro; él es el corazón. El habita el corazón de la forma natural como un dios. El hombre verdadero, como veremos a continuación es bisexual, aunque desde el punto de vista exterior es masculino o femenino. Las formas naturales, al contrario, fueron separadas sexualmente. No perdáis de vista este hecho si queréis comprender estas cosas. La forma natural es pues unisexual; ya sea macho o hembra. Así pues se distinguen seres alma masculinos y seres alma femeninos mientras que/ aunque no son distintos desde el punto de vista sexual. Pero la forma natural muestra siempre la separación  de los sexos tal como la conocemos.

¿Porque? Para que el plan de la salvación se cumpla por la experiencia continua y el nacimiento continuo de la forma natural. Gracias a esta trituración continua en la naturaleza de la muerte, a esta vivificación continua del microcosmos, existe siempre una posibilidad concreta de participar de nuevo en la vida original.

Sin duda os habréis enterado por los diarios, los periódicos u otros medios de información que se busca activamente el prolongar la vida. Se cree ser capaces/se piensa alcanzar, en un futuro relativamente próximo, en un plazo de una centena de años por ejemplo, el prolongar hasta 800 años la vida humana. ¿Como se quiere realizar esto?

Bien, sabéis que el átomo encierra fuerzas temibles. Es en el átomo donde se encuentra el elemento vida, el elixir de la vida de la forma humana. El hecho de que nuestra vida no sea más larga es debido a la incapacidad del hombre de hacer un justo empleo del elemento vida del átomo. En el momento actual se quiere extraer este elixir de la vida, que tanto se ha buscado y que se acaba de descubrir. Quieren producirlo, administrarlo al hombre por inyeccio­nes y aumentar así la duración de la vida. Pero si pensáis en el tremendo desorden  que el hombre provoca ya en el curso de una vida de una duración media de 70 a 80 años, comprenderéis que si viviéramos todos 200, 300 0 800 años, el orden social entero perecería en el curso de este tiempo.

Por ello está fuera de dudas que la proyectada prolongación de la vida significa al mismo tiempo el fin de la humanidad entera. Por eso la ley valida para todo verdadero Rosacruz (pensar aquí en el Diploma de Backstrom) es significativa, la cual dice que <<éste no deseará vivir más tiempo que el que Dios le permita.>> Pues el hombre dialéctico, impulsado por su estado natural, corre siempre el peligro de hundirse por debajo del nivel normal del orden dialéctico.

La separación de los sexos tiene por función asegurar el nacimiento continuo de nuevos seres naturales, y la vida misma vela para que sean machacados a tiempo. Así el plan de salvación se realiza gracias a la dura escuela del aprendizaje de la experiencia profunda. Así se puede recorrer el camino del conocimiento de si mismo. La separación de los sexos es la condición para ello, pues ella hace girar sin interrupción la rueda del nacimiento y de la muerte. Así pues, dice Pymandre, la travesía de la vida es la indispensable escuela de la experiencia. Aquel que progresa en la escuela de la vida y posee el alma-espíritu, dicho de otra manera aquel cuyo santuario del corazón vibra en armonía con la rosa y se abre a la luz gnóstica, se conocerá un día según su verdadera naturaleza y sentirá la profunda dualidad de ello. Éste sabrá entonces que el amor de la forma natural, y los deseos propios de la prisión carnal, son causa de muerte, con todas las consecuencias que se derivan de ello.

La separación de los sexos permite la mezcla de las sangres y la propagación de la especie, exactamente como en el reino animal y vegetal. Aquel que llega por esta vía, al conocimiento de si mismo es conducido por el camino de la humanidad-alma. Aquel que permanece en la carcasa de la forma natural continua errando en las tinieblas y resiente la muerte como dolorosa.

 

Quizás es bueno decir aquí algunas palabras de una anomalía que se encuentra en todas las épocas y que ha tratado de la separación de los sexos y de sus consecuencias. De tiempo en tiempo, entre un gran numero de seres humanos, nace una forma natural que no es ni hombre ni mujer. Un tipo humano de este genero aparece ya a causa de un rechazo del plan de Dios, rechazo que arrastra al hombre a través de la materia a la falta y la expiación, o por un rechazo de la separación de los sexos y de sus consecuencias. No se quiere aceptar el plan de Dios previsto para devolver al hombre el cuerpo del alma original, pero retrocede igualmente ante las consecuencias de este rechazo: vivir en el estado de vida dialéctico.

Así se desarrolla, por ejemplo, el tipo humano anormal que conocemos como el homosexual, producto del rechazo de la forma natural sin la aceptación del camino de la liberación, del conocimiento de si mismo. Para aquellos que están sujetos a esta enfermedad, la curación consiste, primeramente, en no vivir según su degradación y, en segundo lugar, en dirigirse, en rendición total de si mismo, hacia el camino y en recorrerlo diligentemente.

Como hombre nacido de la naturaleza, no podéis renegar de la forma natural, solo podéis rechazarla en virtud de una aspiración consciente y de esfuerzos concretos para encontrar el cuerpo del alma. Pero si no buscáis el camino que eleva, o no queréis seguirlo, y las impulsiones hormonales permanecen totalmente idénticas a si mismas, si la forma natural se estanca en este fuego hormonal, se produce ineluctablemente un desarrollo contra natura. Muchos hombres que, en el curso de los siglos, se han retirado supuestamente de la vida para entrar en los claustros se han desnaturalizado ellos mismos.

Con respecto al versículo 48 del libro de Pymandre, hay aún un aspecto que debemos señalar, pues ha sido frecuentemente mal comprendido. Dice: <<Aquel que ama el cuerpo salido del error del deseo, continua errando en las tinieblas.>> Estas palabras han sido numerosas veces comprendidas como una puesta en guardia de la filosofía hermética contra el matrimonio terrestre y sus consecuen­cias. ¡Pero no se trata de eso! Se deduce al contrario de la Gnosis original que la separación de los sexos y sus consecuencias es una necesidad para mantener en movimiento la rueda del nacimiento y de la muerte. Estas palabras: <<amar el cuerpo salido del error del deseo>> hacen alusión al amor de la naturaleza dialéctica tal como se trata en los versículos 37,38 y 39, amor que ha tenido como consecuencia la aparición de la forma natural mortal. Y que consideréis esta aserción en o fuera del matrimonio, que estéis solo o a dos, sintiendo asco por la naturaleza o no, ello no entraña ninguna diferencia. Aquel que quiera escapar a la forma natural conforme al plan divino de liberación, deberá el mismo abandonar el mundo dialéctico y todo lo que le es inherente, para recorrer la vía del alma, el camino de regreso hacia lo alto.

En estas condiciones, si en el futuro se impidiera a la humanidad actual seguir el curso de su naturaleza y, tal como se está intentando, se tuviera éxito en prolongar la vida, sería el fin irrevocable; pues la humanidad del orden de seguridad se hundirá rápidamente por debajo del nivel de las leyes de la naturaleza.

Querer la forma natural, confundirse enteramente con ella, hacer de ella el centro de la existencia como si fuera el hombre verdadero, esa es la falta que recrimina Hermes en el versículo 48 del libro de Pymandre.

 

Si comprendéis esto y os preguntáis como llegar a purificar vuestra vida, condición para una subida hacia la liberación, sabed que la pureza a la que se debe tender en la forma natural es siempre la pureza del corazón, la séptuple purificación del santuario del corazón. El corazón es, en un cierto sentido, la morada de la Rosa. El santuario del corazón es el espejo de la luz universal. El santuario del corazón es Dios. Pymandre habla al candidato en el corazón. Por ello todo alumno serio de la Gnosis tenderá hacia una séptuple purificación verdadera del corazón.

Cuando un hombre purifica así el santuario de su corazón, cuando el candidato se esfuerza en ello con sinceridad y perseverancia, la luz hará en él su morada. Su vida mental cambia tan completamente como su vida afectiva y sus actividades se ajustan absolutamente a esta séptuple purificación del corazón. Entonces es puro en todo.

En estas condiciones las funciones hormonales del sistema humano comienzan por cambiar y el candidato entra en la <<esfera del Bien>>, como la llama Pymandre, la esfera del crecimiento del alma verdadera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IX

 

 

ESTIMULAR EL NACIMIENTO DEL ALMA

 

INMORTAL

 

 

La Gnosis Hermética muestra que no hay que esperar ninguna liberación de la forma natural, ninguna salvación para ella. Vivimos en la naturaleza de la muerte y, en tanto que nacidos de ella, somos uno con ella. La forma natural entera, en consecuencia, está sometida a la muerte. Nuestra apariencia natural ha salido de las lúgubres tinieblas que precedieron a la naturaleza dialéctica. Esto no es algo nuevo para los alumnos de la Gnosis actual. Estamos profundamente convencidos de ello gracias a todo lo que enseña y demuestra la Escuela Espiritual actual.

Por lo tanto es muy significativo que la Gnosis egipcia venga a confirmarnos todo esto, e igualmente significativo que, en su exposición, Pymandre muestre de nuevo la dualidad del ser humano. Se puede repetir muy frecuentemente, y nunca podréis convenceros lo suficiente de ello, que el hombre del que habla la Enseñanza Universal y la Biblia es absolutamente diferente de la forma corporal que en general pasa, sin razón, por ser el hombre.

Somos seres dobles. En nosotros, el hombre verdadero, prisionero en la forma natural y por ella, aspira a la liberación. Si os acordáis de esto cada día, os rendiréis a vosotros mismos un gran servicio.

El libro de Pymandre resalta un error posible en las interpre­taciones generales. El Padre de todas las cosas no está formado de vida y de luz, El es la vida y la luz. Cuando un ser está compuesto de vida y de luz, se trata de un estado parcial, de una limitación; y siempre es posible que a consecuencia de una perturbación funcional, de ello no subsista nada o algo muy degradado; pero cuando se dice que el Padre de todas las cosas es vida y luz, ello implica lo absoluto, la inmutabilidad, la incorruptibilidad, la omnipresencia.

Así es el hombre verdadero, aprisionado en la forma natural; no está compuesto de vida y de luz, sino que es vida y luz; es Dios. Por ello Jesús el Señor decía justamente: <<El Padre y yo somos uno.>> Y a la forma natural, al hombre nacido de la naturale­za, a vosotros y a todos nosotros, se dice en la Biblia: <<El reino de Dios (el hombre divino) está dentro de vosotros.>>

Hay alumnos que, oyendo hablar de estas cosas, del camino y del nuevo estado de vida liberador, testimonian por la expresión de su rostro la más viva estupefacción y una total incredulidad. Dicho de otra manera les falta fe en ellos mismos y todos lo expresan con este pensamiento pernicioso: <<Nunca llegaré a ello.>> Estos alumnos han venido, de hecho, demasiado pronto al aprendizaje; su sorpresa o su incredulidad prueba en efecto que, a falta de una vida de experiencias, no han descubierto aún este reino íntimo y escondido. Por este hecho, no están aún en condiciones de manejar la llave de la vida liberadora. Aquel que está aún en este estado y no puede, gracias a un saber obtenido por la experiencia, creer en si mismo pierde frecuentemente de esta manera la fe en la Escuela Espiritual. En esta situación, llega fácilmente a la hostilidad como lo prueba fácilmente la historia de nuestra Escuela y la de todo el genero humano. Pensar simplemente en la Biblia. Cuando Jesús, en tanto que hombre consciente en el sentido de la filosofía hermética, testimonia: <<el Padre y yo somos uno,>> los teólogos de su tiempo piensan que blasfema o que está loco y lo tratan de débil mental. Y cuando los Perfectos cátaros prueban por su vida que han descubierto el misterio del reino escondido, el clero  de su época que, comparado a ellos, está tan alejado de toda verdadera comprensión se vuelve agresivo, violento y premedita su muerte.

 

Una pregunta se eleva/suscita en Hermes, pregunta que es sin ninguna duda también vuestro problema: <<Dime, dice Pymandre, ¿como llegaré a la vida>>, la vida de este reino escondido? <<Pues Dios ha dicho: Que el hombre que posee el Noûs se conoce a si mismo.>> Dicho de otra manera, es la posesión del Noûs lo que permite al hombre conocerse. <<Así pues ¿no todos los hombres tienen el Noûs?>> Y de ahí la respuesta: <<¡Vigila lo que dices! Yo, Pymandre, Noûs, solo voy hacia aquellos que son santos, buenos, puros y misericordiosos, hacia aquellos que son piadosos; mi presencia se vuelve una ayuda para que conozcan todas las cosas al instante.>>

Supongamos un momento, lector, que por un saber de experien­cias a través de difíciles caminos, golpeado y herido por la vida, os hayáis vuelto consciente del reino escondido en vosotros y de las inmensas posibilidades que el encierra. Supongamos además que, en el recorrido dramático del microcosmos a través de la naturaleza de la muerte, en el curso de numerosas existencias, bajo las magulladuras de la vida y las consecuencias de toda índole debidas a la separación de los sexos, esta toma de conciencia se haya vuelto certeza y que hayáis aceptado enteramente la presencia en vosotros del reino escondido. En esta situación se coloca el problema que hace suspirar a millones de hombres y que ha extravia­do/perdido a millones hasta el presente: ¿Como liberar el reino interior en si mismo? ¿Como despertar a la vida al hombre verdade­ro? ¿Como entrar en el reino escondido?

Hay millones que, como acabamos de decir, han descubierto en el curso de su vida, la existencia del reino escondido. Precisamen­te por este descubrimiento muchos son engañados: creen poseerlo ya, creen haber entrado en él.

Suponer que la Rosa del corazón hable fuertemente en vosotros. Admitir que, al interior del santuario de vuestro corazón, vive y palpita esta vida escondida y que la Gnosis os toca continuamente por el intermedio del santuario del corazón, hasta en vuestra sangre, hasta en cada fibra de vuestro ser. Entonces afirmáis interiormente: <<Lo que nos enseña la Escuela de la Rosacruz de Oro es verdad,>> y creéis haber entrado ya en el reino.

¡Este es un error capital! Pues cuando os volvéis consciente del reino escondido, en tanto que hombre nacido de la naturaleza, el proceso no hace más que comenzar. El error que cometéis es explicable pero al mismo tiempo funesto. En efecto ¿que hacéis? Pasáis vuestro tiempo, con vuestro ser yo nacido de la naturaleza, con la conciencia de vuestra forma natural, amando este reino, soñando con él, meditando en él y, como un gato, ronroneando de satisfacción de vosotros mismos, hacéis tic tac como un desperta­dor, mientras que estáis llenos de tensión mística. Y habláis durante horas con vuestros amigos. Habéis hecho en vuestra vida un gran descubrimiento y solo sabéis cotorrear sobre ello. Pues, en esta situación, ya no se puede decir que habléis validamente.

En realidad nada nuevo ha nacido aún en vosotros, ¡nada ha pasado aún! Interiormente, miráis simplemente el cuadro imaginario del reino escondido, de la existencia de la que os habéis vuelto conscientes. Y permanecéis ahí, hablando y repitiendo/machacando

Es una dura verdad la que decimos aquí, pero es necesario atreverse a mirarla de frente/a la cara. ¡Por ello os hablamos del libro de Pymandre de Hermes! Pues sentir el reino interior aún no es poseerlo. Y aquel que no lo posee aún llega fácilmente a querer, con el yo de la naturaleza, abrirse paso a codazos para hacerse un pasaje; y así empujar al hombre verdadero a un aprisionamiento aún más grande. Y es necesario comprender bien que el yo de la naturaleza va a vivir, brillar, sonreír y reír porque juega al que ya ha llegado, al que ya ha triunfado totalmente.

Pero el hombre de la naturaleza no ha de triunfar ocurra lo que ocurra a este respecto. El hombre nacido de la naturaleza debe disminuir, y el Otro, el celeste, debe crecer.

Si persevera en este error, el hombre se introduce en el sendero oculto o bien en una mística natural. Es la gran falta de todos los que, aún unidos a este mundo, creen, desde el primer descubrimiento de la existencia del reino escondido, ¡poseerlo ya!

¿Cual es entonces el secreto del éxito? Después de este descubrimiento magnifico, primeramente es necesario llegar al nacimiento, a la construcción, a la realización del alma, del Noûs, como lo llama Hermes. Si descubrís en vosotros el reino, debéis hacerle un lugar en vosotros. ¡De esto se trata! Si hablamos de ello sin cesar en la Escuela y si, abandonando a veces el aspecto filosófico, os decimos: <<construir el alma>>, no hay que pensar que todo esto solo sean palabras. Esta exigencia del camino es esencial. Es una necesidad absoluta. El libro de Pymandre testimo­nia de ello. Después del saber adquirido por las experiencias de la vida, es necesario realizar el nacimiento del alma. No es fácil adquirir un alma en el sentido de la Gnosis. Ese es el gran error de innumerables personas.

Por ello, cuando nos reencontramos en nuestros Templos en tanto que seres nacidos de la naturaleza, y se instaura entre nosotros una comprensión pura y serena, la primera tarea que nos incumbe es la de estimular en nosotros el nacimiento del alma. Pues aquel que posee el alma puede vivir de la luz y de la vida; puede liberar a Pymandre, el dios en él.

En el sistema nacido de la naturaleza, actúan unos fluidos que animan la forma natural, dándole la vida y manteniéndolo ahí. Estas fuerzas, sin embargo, provienen de la naturaleza de la muerte. Pero el alma inmortal y la conciencia de Pymandre, el nuevo estado de vida, la vida gloriosa, no son dadas más que a los <<santos, a los buenos, a los puros y a los misericordiosos, a los que son piadosos.>>

Estos favores/beneficios no nos caen del cielo, deben ser conquistados sobre/a las resistencias de la naturaleza. Por ello la Gnosis actual no deja de testimoniar de esta necesidad y de explicar a sus alumnos la manera de purificar y de santificar el ser entero por la rendición del yo, a fin de que el alma nazca y llegue a la madurez.

El crecimiento del alma termina con Pymandre, con la formación de este foco entre el alma y el espíritu. En ese mismo instante, Pymandre viene en ayuda del candidato. Comprender lo que esto tiene de maravilloso. Cuando, por un cambio fundamental de su vida, el candidato despierta al alma y lo hace nacer, la conciencia de Pymandre le es directamente de una gran seguridad de manera que reconoce y sabe al momento todas las cosas. Y se ofrece al Padre en actos de amor. Por este amor, el candidato entra en contacto con todos los que son aún prisioneros/los que están aún aprisionados en el nacimiento natural, y hasta el momento de abandonar su cuerpo a la muerte, ya no hace ningún caso de las actividades sensoriales de la forma natural. <<Porque estas le son muy conocidas,>> dice Pymandre.

Cuando el alma nace, su fuerza toma la dirección triunfante de todos los lazos terrestres y de sus efectos. Hacemos siempre todo al revés en razón de nuestras falsas concepciones. Así es como si, en un momento dado, somos molestados por una cierta característica del carácter, lo combatimos y, por ello, vivificamos la ley dialéctica: subir, brillar y descender. Hoy, pensamos haberlo conseguido y, mañana, es de nuevo el error.

Luego, es necesario primeramente construir el alma antes de poder purificar verdaderamente su vida. La fuerza del alma os hará entonces franquear todas las dificultades. Por la calidad del alma, todo en vosotros dará media vuelta. Descubriréis entonces que todo aquello contra lo que tanto habéis luchado y por lo que os habíais dado tanta pena, se separa de vosotros progresivamente. El versículo 59 dice muy claramente:

 

<<Si, yo, Noûs -el Alma Espíritu, el nuevo estado de alma- no permitiría que las actividades de los cuerpos, que los acosan, ejerzan sobre ellos sus influencias; como Guardián de las Puertas, en efecto, prohibiría la entrada a las acciones malvadas y vergonzosas y extirparía las ideas impías.>>

 

¿Cuales son estas acciones malvadas y vergonzosas? A este respecto, deshaceros sobretodo de las ideas morales corrientes. Esta prohibición no se refiere ciertamente en primer lugar a la vida animal ordinaria, teniendo en cuenta que es necesario considerar la perversidad como un mal. Pero en lo que concierne al alumno en el camino, serio y lleno de aspiración, hay que considerar aquí las consecuencias, siempre desastrosas en el campo de respiración, de la envidia, de la cólera, del odio, de la maledicencia, de la crítica, de los conflictos, etc. El versículo 60 saca claramente a la luz en que tipo de hombre el alma no nacerá jamás y al cual Pymandre nunca podrá hablar:

 

<< Me mantengo lejos de los insensatos, de los viciosos, de los perversos, de los envidiosos, de los codiciosos, de los asesinos y de los impíos; los abandono al Demonio vengador que los fustiga con el aguijón del fuego, lo que excita sus sentidos y los arma/equipa así aún más para las acciones impías procurando agravar aún su castigo. Así la codicia de estos hombres busca sin cesar una mayor satisfacción y ella los vuelve furiosos en las tinieblas sin que nada pueda saciarlos; en esto reside su tortura y es esto lo que aumenta cada vez más la llama que los quema.>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

X

 

EL BUEN FIN

 

En el versículo 60, Pymandre nombra a las entidades de las que se mantiene alejado. Expone que consecuencias se producen cuando, en un campo de vida como el nuestro, unas entidades que permanecen aferradas a la forma natural, luego la humanidad dialéctica ordinaria, viven con aquellos cuya alma ha nacido.

Suponer esto: el mundo está poblado por millares de seres humanos y, entre estos, un grupo cada vez más poderoso de gnósticos se desarrolla, un grupo en el que, en un momento dado, la luz del alma se manifiesta poderosamente. El fuego del alma y el fuego terrestre, de un rojo sombrío, no se soportan mutuamente. Cuando el fuego del alma está en la incapacidad de actuar purificando y liberando, opera siempre castigando, dice Pymandre. Por ello habla así de los insensatos, de los viciosos, de los perversos, etc.:

 

<< Yo los abandono al Demonio vengador que los fustiga con el aguijón del fuego, lo que excita sus sentidos y los arma/equipa así aún más para las acciones impías procurando agravar aún su castigo. Así la codicia de estos hombres busca sin cesar una mayor satisfac­ción y los vuelve furiosos en las tinieblas sin que nada pueda saciarlos; en esto reside su tortura y es esto lo que aumenta cada vez más la llama que los quema.>>

 

Esa es la vía de las experiencias amargas. Quizás la habéis seguido en vuestra vida: aquel que no ha aprendido por el sufrimiento debe pasar por sufrimientos cada vez más grandes. Hasta que ya no pueda soportarlo y que al final de los finales este maduro para la gran lección. Este largo camino de las experiencias, este descenso ciego en las tinieblas no tiene otro objetivo que hacer finalmente triunfar al Espíritu. Aquel que lo ha comprendido y sabe que el nacimiento del alma es el primer paso hacia la salvación puede preguntarse a continuación lo que comporta ulteriormente el regreso al reino de la luz del comienzo, el camino de la vida original. Los versículos 62 a 65 del Pymandre responden a ello:

 

<<Durante el proceso de disolución del cuerpo material, este es primeramente abandonado al cambio y su forma visible desaparece; abandonas al Demonio a tu yo ordinario, que en adelante está fuera de acción; los sentidos corporales regresan a sus orígenes, de los que de nuevo formarán parte y a las actividades a las cuales se integraron, mientras que las pulsiones de la pasión y del deseo regresarán a la naturaleza desprovista de razón.

Así el hombre se eleva a través de la fuerza de cohesión de las esferas; en el primer circulo, abandona la fuerza de crecer y de decrecer; en el segundo circulo, la habilidad en el mal y la astucia que se ha vuelto impotente; en el tercer circulo la ilusión desde ahora sin fuerza de los deseos; en el cuarto circulo, la vanidad de dominar, que no puede ya ser satisfecha; en el quinto circulo, la audacia impía y la irreflexión insolente; en el sexto circulo la atadura a las riquezas; en el séptimo circulo, la mentira y sus trampas.

Así despojado de todo lo que proviene de la fuerza de cohesión de las esferas, entra, no poseyendo ya más que su propia fuerza, en la octava naturaleza; con todos los seres presentes canta himnos de alabanza al Padre, y todos se regocijan con él de su presencia.

Devenido semejante a ellos, escucha también a ciertos poderes, por encima de la octava naturaleza, cantar parecido a los himnos de alabanza a Dios. Entonces suben todos en orden preciso hacia el Padre, se abandonan a los poderes/potencias y, devenidos poderes a su vez, entran en Dios. Ese es el buen fin para los que poseen la Gnosis -el conocimiento de Dios- : ¡volverse Dios!>>

 

 

Cuando el alma ha nacido y el cuerpo del alma, el vehículo del alma, se desarrolla, la antigua forma natural comienza a desapare­cer. Por así decirlo se disuelve. En este proceso, de la misma manera que en la muerte ordinaria del cuerpo material, la forma natural no desaparece bruscamente en su totalidad. Cuando el alma ha nacido y el manto de oro de las Bodas ha sido tejido, el antiguo cuerpo de la naturaleza declina y desaparece de la vista en un momento dado -es el doble proceso que llamamos transfiguración- pero sin embargo sus fuerzas subsisten temporalmente. Estas fuerzas que, primitivamente, han asegurado la formación, el nacimiento y el mantenimiento de la forma natural deben desaparecer, deben ser neutralizados, disueltos y reenviados a su lugar.

En la Enseñanza universal se trata del <<circulo del limite>>. Este circulo se refiere al microcosmos. En el ser aural, el sistema magnético del microcosmos, descubrimos siete círculos, siete esferas magnéticas, que corresponden a los siete dominios intercós­micos. Cada una de estas siete esferas magnéticas se divide de nuevo en siete aspectos. Así pues, hay siete veces siete, o sea cuarenta y nueve aspectos magnéticos, distintos y observables, en el ser aural.

Cuando el hombre alma nace, se vuelve adulto y son vivificados los dominios magnéticos correspondientes -los estados magnéticos del sexto dominio cósmico- y que en consecuencia, irradia el firmamento magnético concordante, la séptima esfera magnética es neutralizada. Ella se extingue/apaga de alguna manera y se vuelve inoperante. No únicamente el Pymandre de Hermes, sino también la Pistis Sophia describe este fenómeno como un viaje del hombre alma a través de los siete aspectos del séptimo dominio cósmico, la séptima esfera magnética. Deja tras él todas las fuerzas del antiguo estado de vida disuelto y vuelto invisible.

Así liberado de todo lo antiguo, llega finalmente a lo que se llama la octava esfera; es la primera del sexto dominio cósmico, designado en la terminología de la Gnosis actual como la <<Cabeza de Oro>>. Se funda enteramente en este dominio de la vida liberada gracias a su fuerza nueva misma/propia/limpia.Por ello el versículo 65 dice: <<Devenido semejante a ellos, escucha también a ciertos poderes, por encima de la octava naturaleza, cantar parecido a los himnos de alabanza a Dios.>>

Esta nueva percepción no tiene nada que ver con la clariau­diencia. Es el oído interior sobre el cual los antiguos filósofos chinos atraían ya la atención. Cuando la luz de la Gnosis os toca, cuando entra en vosotros y comienza su circuito, influencia no solamente la vista sino también el oído, a saber la vista y el oído del hombre alma renacido.

De la misma manera que este, en un momento dado, ve a Pymandre, de la misma manera, en un momento dado, lo escucha. Cae de su peso que el hermano o la hermana que entra en la Cabeza de Oro está enteramente provisto de sentidos nuevos según el alma. Así pues el hombre alma escucha a las Potencias que están por encima de la octava naturaleza cantar himnos de alabanza a Dios.

Ese es el buen fin para los que poseen la Gnosis, el conoci­miento que es de Dios y en Dios: volverse Dios. Esta realización es siempre llamada, en la Gnosis, <<el buen fin>>. Cuando los antiguos Cátaros se reunían para sus servicios, se deseaban mutuamente: <<Que Dios os conduzca al buen fin.>> Así pues, cuando se dice en un ritual gnóstico: <<Nuestra esperanza y nuestro ruego es que lleguemos todos al buen fin,>> comprenderéis en lo sucesivo estas palabras. El buen fin, en el nuevo estado de vida, es al mismo tiempo un nuevo y glorioso comienzo. El discípulo de Hermes, instruido en el gran proceso de regreso en el cual él mismo participa solo tiene una preocupación: conducir todo, paso a paso, al buen fin.

Supongamos, lector, que hayáis entrado ya en este proceso; que ya hayáis dado un primer paso en la realización del nacimiento del alma. Entonces también para vosotros, como para Hermes, resuena las palabras de Pymandre en el versículo 66:

 

<<¿Pero porque te demoras ahora? Puesto que has recibido todo de mí, ¿no iras hacia los que son dignos de ello para servirles de guía, para que, por tu mediación, Dios salve al genero humano?>>

 

Y después, en el versículo 67:

 

<<Habiendo hablado así Pymandre, se unió bajo mis ojos a los poderes. Y yo, desde entonces revestido de fuerza e instruido de la naturaleza del universo y de la visión sublime, di gracias y alabé al Padre de todas las cosas. Después comencé a predicar a los hombres la belleza de la Gnosis y de la vida orientada hacia Dios.>>

 

Esta es ante todo la señal que es necesario retener: aquel que se ha vuelto un discípulo de Hermes, un hombre cuya alma ha nacido, no puede permanecer inactivo en el mundo. Queda fuera de toda cuestión/ duda que este hombre permanezca pasivo unos años vigilando lo que hacen los otros. Si se contenta con observar, con las manos juntas y el ojo crítico, como los otros efectúan la obra al servicio de la Gnosis, es seguro que no ha nacido según el alma. Es imposible. Tiene quizás alguna noción sobre el reino interior, sin duda siente su presencia, pero se queda ahí. Tal hombre está bloqueado, embrujado de manera oculta o mística, y se complace en especular, perdido en sus ilusiones. Su yo se afana en aprisionar su descubrimiento interior.

Si se ojea la literatura mundial, se encuentra en ella a numerosos hombres de esta clase, a la que se puede designar, en el pleno sentido de la palabra, como parecidos al <<joven hombre rico>>. Están cargados de tesoros pero no hacen nada más que regocijarse en ello, llenos de pensamientos especulativos egocén­tricos. A veces escriben espesos volúmenes. En el caso más favora­ble, el contenido consiste en algunas páginas de trabajo más o menos puro con, aquí y allí, un fulgor, una claridad de Gnosis. Y todo el resto es pura especulación, verborrea egocéntrica, frecuentemente compuesta inteligentemente y sutilmente reflejado/­reflexionado.

¿Pero que utilidad tiene para la liberación de la humanidad? Ahora bien es precisamente esto lo que cuenta: debemos ponernos al trabajo y atacarnos allí con fuerza, con las mangas arremangadas, dispuestos para la necesidad de penetrar en el fango para salvar a las almas humanas.

El hombre alma, guiado por Pymandre, sabe que el numero de los cosechadores es extremadamente restringido y que, en este terreno, se está siempre escaso de trabajadores. Sabe también que grandes peligros amenazan a la humanidad: peligro de una desmaterialización negativa, peligro de degeneración, peligro del camino de las experiencias profundamente dolorosas, que conducen a sufrimientos aún más amargos.

La Gnosis obra siempre para la liberación de la humanidad; sea para una resurrección, es decir una liberación directa, sea para una caída, dicho de otra manera la liberación a muy largo plazo. Pero ningún hermano, ninguna hermana de la Gnosis deseará jamás la caída de alguien, diciendo por ejemplo: <<¡Que continúe pues hundiéndose, va a tener duras experiencias, eso le enseñará!>> Un corazón lleno de amor no puede impedirse el esperar ardientemente que ello pase de otra manera.

Por ello un hombre cuya alma ha nacido no permanece observando tranquilamente lo que ocurrirá, o si quizás otro sacará las castañas del fuego, él se pone al trabajo, deliberadamente, y toma el santo trabajo sobre sus espaldas. Así la característica de tal hombre es, invariablemente y sea lo que sea, una vida activa al servicio de la Gnosis, sin reserva y con toda su fuerza. Por ello la necesidad del servicio verdadero para todos los hombres alma es expuesto en detalle al fin del primer libro del Corpus Hermeticum, versículos 68 al 71. Estas palabras de Hermes dirigidas a todos descubren los aspectos conocidos del trabajo en la viña de Dios:

 

<<Liberaros de la luz tenebrosa y tomar parte en la inmortalidad renunciando para siempre a la corrupción.>>

 

Pero esto, no se quiere, y tampoco se comprende pues se toma a la luz tenebrosa por la luz verdadera. Cuando le decimos a alguien cuyo yo es muy fuerte y que ha descubierto que existe en él un reino interior, idea que ama negativamente como el joven hombre rico: <<Vuestro comportamiento no es valido, estas en plena ilusión,>> ciertamente se pondrá furioso. Os lo advertimos como ya lo hemos hecho numerosas veces, porque ello fuerza al lector a examinarse a si mismo.

No se quiere aceptar la palabra del amor liberador de la Gnosis siempre activa. Quizás no la comprendemos porque tomamos la luz tenebrosa por la verdadera luz. El hombre dialéctico, en la naturaleza universal, es un príncipe dotado de fuerzas poderosas. Todas las posibilidades de la naturaleza dialéctica pueden manifestarse en él y por él. Esta entidad soberana no se deja fácilmente destronar. Así se toma casi siempre la forma natural por el hombre verdadero. Es lo que hace que el discípulo de Hermes encuentre, en muchos, incredulidad, burla y resistencia. Esta es la razón por la cual, precisamente, el discípulo de Hermes los aguijonea tan frecuentemente, sin quererlo, en el camino de la muerte, el camino de las experiencias sin fin, el camino del castigo a través de los sufrimientos cada vez más amargos.

Pero, alabado sea Dios, están también los que escuchan y comprenden. Estos forman juntos la cosecha, un grupo que emprende, a partir de la base, el camino. Este grupo constituye una Fraterni­dad, una Gnosis y una cantera. Así crece un campo de radiación magnético gnóstico, un Cuerpo Vivo que se vuelve quíntuple y llega hasta los lugares de la plenitud divina. Gracias a esta labor de muchos, por muchos y para muchos, los hombres alma volcados a su tarea aprenden las vías y los medios que llevan a la victoria. Así todos son finalmente sumergidos en el elixir de la sabiduría, en el agua de la verdadera vida.

Para los participantes en la Gnosis actual, esto es muy conocido. Todos  ellos están admitidos en un grupo de este genero y forman juntos una Fraternidad hermética. La Gnosis original que, desde hace miles de años, testimonia en el Pymandre de Hermes, se demuestra de nuevo en nuestros días en la Joven Gnosis actual, hasta en sus más pequeñas particularidades. Nosotros también avanzamos, de fuerza en fuerza, hasta la victoria segura. A condición no obstante de que vayáis con nosotros, y que con nosotros saquéis las consecuencias de ello, pues es únicamente entonces cuando el aprendizaje de una escuela espiritual gnóstica tiene un sentido. El aprendizaje sin la aceptación de las conse­cuencias es peligroso para el interesado porque su actitud negativa le hará tomar inevitablemente el camino de las amarguras cada vez más grandes: el camino de la muerte como lo llama Pymandre. Para terminar, escuchemos aún el versículo 71:

 

<<Llegada la tarde y casi desaparecida la luz del sol, les invitaba a dar gracias a Dios. Y después de haber realizado esta acción de gracias, todos regresaban a sus hogares.>>

 

El grupo orientado en la Gnosis debe formar, sobre el plano del alma, una unidad coherente, permaneciendo intacta donde se encuentran los participantes en el mundo. Un grupo de personas nacidas según el alma, incluso disperso por el mundo entero, forma una unidad viviente por el milagro de la fuerza del alma. Pero, después de cada una de sus reuniones, regresan a sus hogares. Eso es precisamente lo que se vuelve liberador. Pues cuando, al fin de una Conferencia de la Escuela de la Rosacruz de Oro, los partici­pantes regresan a sus casas, extienden cada vez por el mundo entero su comunidad de hombres alma. Los hermanos y hermanas alemanes, franceses, suizos, belgas, austriacos, holandeses, suecos, brasileños, etc., regresan a sus hogares y muchos de entre ellos dicen: <<¡Que lastima no poder permanecer juntos!>>

Pero el espíritu de Pymandre está en la alegría. ¡Que regoci­jante, que indeciblemente espléndido es este regreso a nuestros hogares! Pues, ver, hermanos y hermanas, es así como extendemos juntos el campo magnético de la comunidad de las almas por el mundo entero. Y nadie podría resistirsenos. Es para la vida o para la muerte, ¡pero siempre para la salvación de todos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XI

 

LOS SERVICIOS DE PYMANDRE

 

Así pues nos aproximamos al final del primer libro de Hermes Trismegistos, Pymandre. En un rápido recorrido a través de este escrito sorprendente hemos visto de que naturaleza es este hombre verdadero, y como está prisionero y encadenado en la forma natural como en un calabozo. Toda la historia de la humanidad, presentada bajo una forma velada en este primer libro, es iluminada; iluminado también es el camino de la liberación: el devenir del discípulo de Hermes, del hombre alma que ha encontrado su Pymandre. Al fin, muy sumariamente esbozado, aparece la formación de una escuela espiritual gnóstica, el crecimiento de un Cuerpo Viviente exten­diendose por el mundo entero, gracias a la actividad de un grupo de personas con el alma renacida.

Al final de este primer libro, somos llevados de nuevo hacia Hermes mismo quien, al igual que un Cristian Rosacruz, es el prototipo del hombre liberado aunque en posesión de su forma natural. Este hombre liberado ha cumplido su misión hacia el Padre de todas las cosas y hacia la humanidad; sus esfuerzos y sus trabajos ininterrumpidos prueban que permanece fiel. Experimenta una gran gratitud y una energía infinita, renovada sin descanso, para constatar que el reino de la Gnosis se extiende sobre el mundo entero como un largo campo de cosecha. Ha inscrito en él <<los servicios de Pymandre>>, como dice en el versículo 72, se ha cargado de la fuerza incorruptible e inconmensurable del Espíritu. Comprender bien todo esto pues una gran magnificencia está encerrada en ello, tesoro que puede ser de un valor practico para todos nosotros.

Este primer libro, Pymandre, es como el resumen de un solo, día; un día que, y eso cae de su peso, termina a la tarde. Todo trabajo al servicio de la Gnosis se realiza ritmicamente, por ondas que tienen su comienzo, su apogeo y su fin. Cuando una onda ha transcurrido, se produce una pausa, un reposo, una inhalación, o asimilación, después de que una nueva onda se eleve a su vez.

El proceso y las consecuencias de tal inhalación son indicadas en el versículo 72. Para todos aquellos que se mantienen en el campo de trabajo, son dadas aquí preciosas indicaciones y, cuando son seguidas, tienen indudablemente resultados extremadamente saludables para los trabajadores de los que se trata. Aquel que ha trabajado al servicio de la Escuela Espiritual, ha irradiado, exhalado en el sentido de la Gnosis. Aquel que ha irradiado la luz recibida puede en lo sucesivo ir, colmado de los servicios de Pymandre. Esta inhalación, este reposo es también un trabajo intenso. La asimilación de las fuerzas gnósticas necesarias para la ejecución del trabajo exige del trabajador una disposición y un estado del cuerpo absolutamente diferentes de los requeridos para la irradiación de estas fuerzas.

Así el trabajador al servicio de la Gnosis no debe cometer el error grosero de negligir sus períodos de reposo. Sino notará en un momento dado que, en el sentido de la Gnosis, está sin fuerza y que los resultados faltan. El cuerpo que se mantiene al servicio de la gnosis, el cuerpo de un verdadero hombre Juan, debe responder tan bien a la asimilación de la fuerza como a la radiación de la luz recibida.

Cuando por ejemplo, un servidor de la Gnosis se duerme, lleno de reconocimiento por el trabajo que ha podido ser realizado, recibe los servicios de Pymandre, la fuerza-luz, entonces << el sueño del cuerpo se vuelve la lucidez del alma; la oclusión de los ojos, la contemplación verdadera, el silencio, una gestación del bien y el anuncio de la Palabra, el trabajo fructífero de la salvación.>>

En verdad, ¡magnifico tema para una contemplación y una reflexión! El lado diurno del aprendizaje practico es ya muy conocido; ha sido frecuentemente el tema en palabras y en escritos. ¿Pero que se sabe de las horas nocturnas del aprendizaje? ¿Que realizan durante la noche los alumnos serios que han sido capaces de estimular el nacimiento del alma? ¿Se puede conocer algo sin caer en las habituales especulaciones sobre los sueños? Las explicaciones que daremos sobre ello[2] no tienen ninguna relación con el ocultismo.

Cuando una mitad de la personalidad dividida está dormida en la cama, no nos preguntaremos lo que hace la otra mitad. Sino que estudiaremos nuestro tema partiendo exclusivamente de la naturaleza del alma renacida, luego inspirándonos en el versículo 72 del libro de Pymandre.

Se vuelve cada vez más necesario que los alumnos de la Escuela Espiritual comprendan todo esto con el fin de que, durante la mitad nocturna de la vida, el trabajo avance metódicamente. Aquellos que quieran seguir a la Gnosis deben saber lo que Hermes ha vivido, lo que Hermes ha recibido de su Noûs a fin de que ellos también puedan decir un día:

 

<<Todo esto me ha llegado porque he recibido de Pymandre, mi Noûs, el Ser que se basta a si mismo, la Palabra del comienzo. Así es como estoy ahora lleno del aliento divino de la verdad. Así dirijo, con todas mis fuerzas y con todo mi corazón, este himno de alabanza a Dios Padre:

 

Santo es Dios, el Padre de todas las cosas.

Santo es Dios, cuya voluntad se realiza por sus propios poderes.

Santo es Dios que quiere ser conocido, y que es conocido de los que le pertenecen.

Tu eres santo, tu que, por la Palabra has creado todo lo que existe.

Tu eres santo, tu a la imagen de quien la naturaleza universal ha sido creada.

Tu eres santo, tu a quien la naturaleza no ha formado.

Tu eres santo, tu que eres más poderoso que todas las potencias/po­deres.

Tu eres santo, tu que eres superior a todo lo que es.

Tu eres santo, tu que te elevas por encima de toda alabanza.

 

Acepta las puras ofrendas que la Palabra ha suscitado en mi alma y en mi corazón vuelto hacia ti, oh Inexpresable, oh Indecible, del que el silencio, solo, puede expresar el nombre.

Presta oídos a mi plegaria de no ser separado jamás de la Gnosis, el verdadero Conocimiento propio a mi ser fundamental.

 

Inclínate sobre mi y lléname de tu fuerza; por esta gracia, aportaré la luz a aquellos de mi raza que están en la ignorancia, mis hermanos, tus hijos. Si, creo y testimonio por mi sangre: Voy hacia la Vida y la Luz.

 

Alabado seas, oh Padre, el hombre que es tuyo/que está en Ti quiere santificarse contigo: tu le has transmitido el poder para ello.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XII

 

LA ESTRUCTURA DEL RITUAL GNÓSTICO

 

Si examináis atentamente el himno de alabanza que Hermes dirige a Dios (versículo 73), os daréis cuenta que cada una de las nueve bendiciones comienza por la palabra <<santo>>, la cual aparece como formando una unidad nónuple.

Además del sentido de <<curar>>, frecuentemente recordado en la Escuela espiritual, la palabra <<santo>> contiene la idea de pureza, de perfección, de ausencia de pecado.

El Padre de todas las cosas es santo, es perfecto. En el Hijo, esta perfección viene a nosotros y nos toca. Y en el Espíritu Santo, este contacto nos es curación.

Aquel que abre a la Gnosis un corazón purificado, abre su ser a lo Perfecto. Aquel que puede recibir la fuerza de la perfección la recibe con un doble objetivo. Por una parte, este contacto despierta en su ser al hombre verdadero y el poder de la alimenta­ción  indispensable, ofreciéndole así una nueva posibilidad de vida. Por otra parte, el estado de ser nacido de la naturaleza, con todo lo que le obstaculiza, debe ser aniquilado y, en la fuerza de este contacto, reemplazado por otro estado vehicular. Así pues la forma natural porta una cruz, la cruz de la decadencia, pero también la cruz del renacimiento, la cruz de la transfiguración. Todo esto brota del eterno e inmutable <<santo>> que resuena nueve veces en este canto de alabanza.

Nueve es el numero de la humanidad verdadera, aprisionada en la forma natural que no es más que una apariencia de hombre. Es el numero del hombre sublime, universal, que ha resucitado de su caída y reencontrado la gloria original. Si examináis la cifra nueve, reconoceréis en ella el símbolo del circulo universal, de donde emana un rayo de luz que penetra la tierra. Aquel que recorre el camino y libera en él el reino de Dios se vuelve una columna de luz en el templo del circulo de la eternidad. El numero nueve simboliza pues al hombre universal. Es así como, por la repetición de la palabra <<santo>> y en todo lo que sigue, este himno canta la fuerza de la que el numero nueve es el símbolo.

Esta invocación nónuple es seguida de una oración y de una profesión de fe igualmente nónuples. Este canto de alabanza es una oración, un ritual hermético de gratitud, ritual muy mágico que, a través del número nueve, se presenta como una llama irradiante salida del circulo de la eternidad.

Si examináis una vez más el texto del versículo 73 y tratáis de encontrar la forma mágica del canto de alabanza hermético, no olvidéis que el texto original como siempre ha sido deformado por la traducción.

 

Hemos juzgado necesario hablaros sobre todo del alcance gnóstico de este magnífico canto, antes que de su texto que no precisa de aclaración; esto para mostraros claramente que en la practica, para el hombre verdadero, una oración, una acción de gracias, un canto no es una retahíla de bellas palabras pomposas, no es únicamente un conjunto de palabras que expresan un pensamiento elevado, sino que los rituales de la Gnosis se elevan lejos por encima de todo esto.

Un canto ritual gnóstico o una oración ritual expresa ante todo un pensamiento sintonizado al instante. En segundo lugar, estos cantos y oraciones están unidos a un estado del sentimiento sintonizado puramente con el instante. Tercero, detrás de un ritual de este genero, se ejerce una poderosa impulsión de la voluntad para expresar en el acto lo que encierra el ritual. En cuarto lugar, el todo se apoya en una vida marcada por actos que anticipan la victoria final.

Sin embargo todo esto no es aún suficiente para satisfacer la ley del ritual gnóstico. No es aún más que un principio. El ritual debe además tener el poder, en tanto que sonido, ritmo y construc­ción, conforme a las leyes matemáticas, de penetrar los dominios a los cuales se dirige, de expresar allí arriba su fuerza y de traer de allí una respuesta. El canto de alabanza de Hermes satisface estas poderosas condiciones.

Esperamos que nos será permitido, un día, hundirnos juntos más profundamente en las leyes sublimes de las oraciones y los cantos rituales gnósticos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIII

 

LA ESFERA ASTRAL DIALÉCTICA

 

 

<<En cuanto a mi, inscribía en mi mismo los favores de Pymandre y, estando colmado por ellos, una alegría suprema descendía sobre mi. Pues el sueño del cuerpo se había vuelto la lucidez del alma; la oclusión de los ojos, la contemplación verdadera; el silencio, una gestación del bien; el enunciado de la Palabra, la obra fructuosa de la salvación.>>

 

Este texto del versículo 72 del Pymandre de Hermes nos da la ocasión de explicar una parte casi desconocida del estado del alumno serio, a saber el de la noche mientras el cuerpo está dormido. Ciertamente pasamos la tercera parte de un día completo en este estado de reposo, sin poder participar en ello con una conciencia clara. Se puede pues decir que una tercera parte de nuestra vida transcurre sin que nosotros estemos allí completamente presentes. ¡Un pensamiento muy desagradable! A nadie le gustaría atravesar lo desconocido sin estar preparado y armado. También es muy importante para el alumno serio ser instruido sobre este punto.

Existen peligros en la vida y en los procesos vitales de los que el hombre no es del todo consciente, de lo que resulta que muchos de entre nosotros, humanos, somos victimas de ello cada día. Hay también en el hombre grandes posibilidades que, por ignorancia, permanecen inempleadas.

Nuestra intención no es ciertamente hablaros de las experien­cias nocturnas del hombre en general. Ese es un tema querido para aquel que ha emprendido un camino negativo u oculto; y muy numerosos son los que hablan o escriben sobre esas cosas. Los sueños, en efecto, ofrecen una base particularmente favorable para la investigación llamada psicológica, pues frecuentemente permiten determinar los móbiles subconscientes más profundos. Pero limitémo­nos en esta exposición, a la vida del hombre-alma durante las horas del sueño del cuerpo, al menos al estado de ser del alumno serio, aquel en que el nacimiento del alma es perceptible por su actitud en la vida.

Para mostraros claramente este estado de ser, hablemos primeramente del sueño en general. Cuando el sueño sobreviene/lle­ga, se produce una división de la personalidad, es decir que una parte de la personalidad se retira. Pero lo que escapa frecuente­mente a la atención de los buscadores, es que esta división es acompañada igualmente de una división de la conciencia.

La conciencia dialéctica resulta de la colaboración orgánica de todos los átomos que pertenecen, en un momento dado, al sistema de la personalidad. Distinguimos pues cuatro fenómenos de concien­cia: dos que pertenecen sobre todo al lado material, al cuerpo físico y al cuerpo etérico, y dos que se refieren más bien al lado sutil, al más allá, a la conciencia astral y mental.

Cuando un hombre se duerme y la parte sutil de la personalidad se retira, su conciencia también se divide. El aspecto material de la conciencia permanece del lado material, a veces en estado latente, en la inactividad y a veces en una semiactividad. Este último caso se produce, por ejemplo, cuando, durante el día, el cuerpo ha sido exageradamente fatigado o cuando se está extremada­mente nervioso o atormentado por grandes preocupaciones. El otro aspecto de la conciencia acompaña a los cuerpos astral y mental que dejan al cuerpo en reposo. Al ser aún el cuerpo mental muy elemental e imperfectamente organizado, la conciencia del sueño está regida casi enteramente por la conciencia astral durante el sueño del cuerpo. Por ello se puede decir que la conciencia del sueño del hombre actual es la conciencia astral.

            De ello se deduce pues, sin buscar más lejos que, en el hombre, la vida consciente nocturna no es en absoluto comparable a la vida consciente diurna, en el que los cuatro agregados de conciencia, dispuestos concentricamente, colaboran y en consecuen­cia están bajo control mutuo. La conciencia de la noche es exclusivamente astral. Aquel que sabe lo que ello significa ya no se volverá victima de los mil y un errores que siempre se han cometido sobre este tema, y que todavía se cometerán.

En el período actual, la esfera astral de nuestro planeta se ha vuelto extremadamente mancillada y compleja. Si hay un dominio de nuestro planeta que muestra cual es el nivel de vida de la humanidad actual, ese es la esfera astral. Todo lo que se hace en tantos casos en los movimientos religiosos, ocultos y negativos, se cumple allí. Se puede decir que toda esta <<vida>> en la esfera astral es una ilusión. Lo que no significa que no se encuentre allí ni vida ni
movimiento; por el contrario, esta esfera bulle de vida, ¡pero de vida y movimiento sin base verdadera, sin contenido! ¡Es vacío y corrompido! Ello no es más que una fachada, una apariencia, pero considerada por los ignorantes como una realidad. Por ello aquel que se deja deslumbrar por la vida astral dialéctica y la mira como bella y sublime, está perdido.

 

Cuando un nuevo día de manifestación se anuncia, y que después de una purificación de todas las esferas del mundo, un nuevo comienzo sobreviene efectivamente; cuando, en estas condiciones, la parte de la humanidad aún reside en el dominio dialéctico es impulsado a manifestarse de nuevo, la esfera astral, que se ha vuelto pura, es simplemente un dominio en el que se proyectan las imágenes de ciertas ideas, enseñanzas y procesos. Comparad este dominio a una película útil e instructiva. Como la conciencia nocturna de cada ser humano está dotada de percepción astral, la visión astral instructiva es para él muy importante. Para una personalidad pura, orientada sobre el objetivo más elevado, esta visión astral nocturna puede tener un buen resultado sobre la vida activa del día y permitirle saber interiormente lo que debe hacer y no hacer.

Suponer un instante que la esfera astral sea, en este momento, pura e inmaculada, que la Cadena gnóstica universal cargue este campo entero con sus fuerzas y sus doctrinas, que durante el sueño, habiendo salido con vuestro yo astral, os reconfortarais con todas estas fuerzas magníficas, con todas estas puras imágenes expuestas para vuestro provecho en la esfera astral por la Fraternidad universal. Al despertar, traeríais con vosotros, en vuestra conciencia de vigilia, todo lo que habríais recibido, esta magnificencia, esta seguridad y sacaríais de ello un provecho interior.

Pero cuando la esfera astral fue mancillada, cuando los ocultistas, en particular, se volvieron maestros de este dominio, cuando las fraternidades de la esfera reflectora construyeron allí sus castillos de sueño, cuando las iglesias edificaron allí sus pretendidas catedrales celestes y se acumularon innumerables iniquidades, la esfera astral ya no pudo servir por mucho tiempo de campo de instrucción interior. La instrucción del verdadero buscador dispensada en estas condiciones se vuelve entonces extremadamente difícil e incluso se revela como un peligro mortal. Para ayudar al buscador sincero, la Fraternidad universal debió internarse en vías nuevas.

Reconocer bien estos peligros pues, noche tras noche, estáis en esta esfera astral con vuestra conciencia nocturna ordinaria. Todo lo que hemos dicho sobre ello os concierne también a vosotros, pues está fuera de toda duda que podáis manteneros simplemente aparte.

Toda idea que pertenece a una conciencia de grupo se proyecta en la esfera astral. Por esta razón la filosofía de la Rosacruz la llama <<la esfera reflectora>>. Hay pues actualmente, en la esfera astral de la naturaleza de la muerte, una imagen reflejada de nuestra actividad, de nuestra organización.

Este hecho es una realidad magnifica, pero al mismo tiempo una realidad terriblemente peligrosa. Pues, en esta esfera astral dialéctica, mancillada y caída, residen fuerzas impías que abusan de todas las proyecciones para engañar a la humanidad. Algunos de nuestros alumnos son fuertemente conscientes en el astral y capaces de transmitir sus impresiones a su conciencia de vigilia. Son ellos, precisamente, los que se vuelven frecuentemente sus victimas. Creen, por ejemplo participar en el campo de la Cabeza de Oro y en la vida interior de la Gnosis. Pero se engañan ellos mismos y a veces vuelven a otros victimas con ellos.

Así los sueños son, en muy numerosos casos, un peligro tanto más grande como aquellos que tienen interés en encadenaros se presenten a vosotros a través de imágenes que os gustaría ver realizadas. Al igual que todos los estudios pueden hacer películas para proyectar en privado, así la esfera astral es comparable a un teatro particular, al que vais cada noche a ver lo que os gusta. Si, en vuestra conciencia de día, aspiráis a ser un buen alumno pero sois aún incapaces de ello en vuestra conciencia de sueño, permanecéis en un punto muerto. En vuestro aprendizaje, no llegáis más allá de un cierto limite. Si, en vuestra conciencia de día, en vuestro comportamiento, os declaráis positivamente con respecto a la Escuela de la Rosacruz y a la Gnosis, ocurrirá, en la mayoría de los casos, que todas las fuerzas de luz que hayáis recibido durante el día os serán robadas durante la noche.

Considerar pues las tribulaciones de la Pistis Sophia como vuestras. La Pistis Sophia llega a las puertas de la Fraternidad, pero ella es rechazada pues debe primeramente realizar su camino.        Tanto como ella lucha para avanzar, siente, en su profundo dolor que es más de una vez despojada de su fuerza luz por Autades y sus acólitos.

Cada noche en la que no os podéis desatar de la esfera astral, sois despojados de vuestra fuerza luz y os encontráis al despertar exactamente en el mismo punto que la víspera. Solo que vuestro sistema está por ello cada vez más debilitado, vuestra desilusión es más grande y el tiempo pasa. Si comprendéis esto, sabréis que para todo alumno, la permanencia automática diaria en la esfera astral constituye siempre un peligro mortal. Esto será aún más expresamente en los años próximos.

Por ello nos hacemos finalmente una pregunta apremiante: ¿Es posible mantenerse a distancia de la esfera astral, la cual debe ser considerada como una de las ataduras más fuertes con el mundo dialéctico? ¿Se puede disfrutar del reposo nocturno escapando a este inmenso peligro, casi automático?.

Si, es posible. Por esta razón hablamos de este tema. Si, es posible liberarse de este peligro amenazante al cual vosotros no escapáis, el peligro de ser cada noche despojado de vuestra fuerza luz, como la Pistis Sophia y obligada sin cesar a recomenzar siempre.

Vamos a deciros de que manera los alumnos de la Gnosis pueden evitar este peligro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIV

 

DESATAR EL LAZO ASTRAL

 

¿Es posible apartarse de la esfera astral de nuestro campo de vida? Ello depende enteramente del estado de ser del cuádruple yo de la naturaleza. Este cuádruple yo, la conciencia, posee una cierta calidad. Esta calidad se transmite y se manifiesta de igual manera en cada uno de los cuatro aspectos de la conciencia. Si un hombre piensa en algo que en realidad no desea, que no quiere, su interés por esta cosa se disipa rápidamente.

Suponer que no conocierais la Escuela Espiritual y que se os sugiriera el interesaros por la Gnosis diciéndoos: <<Leer este libro y reflexionar en ello>>. Si no tenéis, interiormente, un interés real por la Gnosis, vuestra atención se debilitará rápidamente y el libro os aburrirá pronto. La conciencia no retendrá lo que hayáis leído. Así pues en general no reflexionamos más que en lo que efectivamente deseamos y hacia donde nos impulsa nuestra preferencia y nuestro deseo.

EL deseo es el pensamiento del corazón, una actividad del corazón. Además el deseo dinamiza todos los poderes del sistema, comprendiendo en ello los del santuario de la cabeza. Por ello se puede decir, sin exageración, que en la cuádruple conciencia, la que da el tono en el sistema humano, es la conciencia astral, así pues el cuerpo del deseo, el cual está en estrecha relación con lo que emite y lo que se codicia. Luego vuestra vida está dominada, guiada y vivida por el deseo, en otros términos por la conciencia astral. Si se quiere apartar de la esfera astral de nuestro campo de vida y de todas las ilusiones correspondientes, es necesario decidir el obtener una clase de deseo sobre el cual la esfera astral de la naturaleza ordinaria no tenga ninguna influencia.

Se trata de un estado al que en general se llama como no-deseo.Comprenderéis que no es posible forzar tal estado, ello sería inútil. Muchos lo han intentado, pero han debido abandonar después de haber constatado que obtenían lo contrario del resultado deseado.

Cuando alguien no se muestra, en su conciencia diurna, tal como realmente es, cuando su vida no es verídica y su comportamien­to, por ejemplo le es impuesto por su medio y quizás contrario a su carácter natural, no hace, en este caso, más que reprimirse y vivir en la coacción.

Las costumbres de la civilización mantienen al ser humano bajo la coacción. Puede ser presa de una violenta agitación y no mostrarlo porque, en algunas circunstancias, ello no es posible o deseable. De este modo, muchos viven jugando un papel. Se mantienen en los limites permitidos, siguen el camino que les impone su medio, violentan continuamente a su verdadera naturaleza, desper­tando por ello una tensión en la conciencia astral. Es cierto que, en el momento del próximo reposo del cuerpo, saliendo la conciencia astral como habitualmente en la esfera astral ordinaria de nuestro campo de vida, se alimentará allí de las fuerzas e imágenes astrales conformes a su naturaleza real y fundamental. Y, al despertar, la conciencia astral tomará de la mano el comportamiento de su vida más fuertemente que nunca. Ya no le quedará entonces más que una alternativa: o mostrar abiertamente su verdadera naturale­za, o disimularla bajo una falsa actitud, como efectivamente lo hacen la mayor parte de los hombres.

Hablamos también de una cierta hostilidad susceptible de prepararse en un alumno hacia la Escuela Espiritual. Esta hostilidad existe, o no va a tardar en aparecer porque la conciencia astral del hombre dialéctico experimenta una oposición natural y explicable con respecto a la Gnosis. El alumno puede no ser enteramente consciente de ello y resentirlo muy vagamente por el hecho de que un estado sanguíneo, por ejemplo, una influencia karmica, le impulsa hacia la escuela, hacia la Gnosis. Es posible que por una influencia innata, sea muy sensible a las influencias gnósticas, de manera que haya buscado el contacto con la Escuela Espiritual, desde muy joven, pero aún no haya efectuado nada del cambio tan indispensable de la conciencia astral. Permanece igual después de los años; a este respecto es aún como el hombre de las cavernas, el hombre natural primitivo, fogoso, violento, mientras que, por la influencia karmica, o a causa de una disposición hereditaria, se haya vuelto alumno de la Escuela Espiritual. Por este hecho, en virtud de su conciencia astral, incuba en él una cierta hostilidad hacia la Gnosis al mismo tiempo que se interesa por la Escuela.

Al principio, esta hostilidad se expresará de vez en cuando por un resentimiento, un descontento, porque, según él, la Escuela se inmiscuye demasiado en su vida. Cuando ella da una directiva, concerniente al trabajo por ejemplo, se irrita por ello. En razón de su aprendizaje, luchará interiormente mucho tiempo contra esta sorda/insensible hostilidad y sopesará, en su fuero interno, el pro y el contra confiándose a amigos seguro de que los atraerá hábilmente a la conversación. ¡Pero la hostilidad aumenta! Pues si se trata de dominar la conciencia astral, las tensiones se acumulan, exactamente como en la esfera de calor más elevada, y en un momento dado, la tempestad estalla. Después de un tiempo más o menos largo, es inevitable que estas tensiones exploten.

Es lo mismo cuando un alumno, por una tendencia innata o por intención consciente, cae bajo la influencia preponderante de un grupo o de una fuerza de la esfera astral. Incluso si no es consciente de ello, es utilizado en cada ocasión contra la Escuela y los alumnos, para frenar, y si es posible dañar, el trabajo y neutralizar la cosecha de la Fraternidad Universal.

De esta manera, por hablar el lenguaje de la Pistis Sophia, la <<fuerza con cabeza de león>> trata de inmiscuirse en la Escuela. Esta <<fuerza con cabeza de león>>, que mora en la esfera astral de la naturaleza de la muerte, trata siempre de imitar a la Gnosis y ofrece con una mano liberal piedras por pan. Cuando se ha recibido en la conciencia astral mucho de este sucedáneo de pan, se cree poseer la Gnosis y se irrita cuando la Escuela no lo reconoce.

Puede ocurrir también que algunos, abiertos a esta interven­ción destructiva, sean empleados para irradiar en la Escuela fuerzas astrales enemigas. Si los dejamos hacer, la Escuela sufriría primeramente un gran perjuicio; y a continuación estas personas serían cargadas por una falta grave.

Sabiendo que un alumno daña a la Escuela y que así se carga de una pesada deuda karmica, dejarlo hacer sería, dejando aparte las consecuencias sufridas por la Escuela, faltar totalmente al amor. Por ello, en este caso, decimos al alumno en cuestión que abandone la Escuela rápidamente, porque es preferible para él.

La deuda karmica con la que se carga el hombre que lucha contra la Gnosis es muy pesada. Por una piedad desviada o guiada por un necio humanitarismo, de ninguna manera se puede aceptar o guardar en la Escuela a hombres que, notoriamente, están enteramen­te dominados por la conciencia astral. De hecho se les facilita la ocasión premeditada de cometer un pecado imperdonable. Es pues ante todo una cuestión de intenso amor, de previsora simpatía por el pecador en potencia el no admitirlo en la Escuela. Así los trabajadores reciben de la Dirección Espiritual de la Rosacruz de Oro, al comienzo de su trabajo, la instrucción estricta de velar muy encarecidamente por la aptitud mínima indispensable para la admisión al aprendizaje.

Sobre este punto, una prescripción severa es precisamente por eso del interés de las dos partes y es que, ahora, la esfera astral de nuestro campo de vida se vuelve, con el tiempo, más caótico y que es un factor importante del Gran Juego[3].

La hostilidad hacia la Gnosis aumenta a medida que esta alcanza su objetivo. Eso parece duro, pero tenemos el deber de decir que los hombres que, desde su juventud, se han dejado guiar de manera desenfrenada por la conciencia astral, por la bestia feroz en ellos, no pueden ni deben esperar el ser liberados en nuestra época, ni siquiera con la ayuda de la Escuela, ahora que el fuego astral hace estragos/reina de una manera tan temible. Estos hombres tendrán aún que tropezar durante mucho tiempo contra el muro de las experiencias dolorosas. Únicamente entonces podrán ser ayudados.

La Escuela Espiritual no ayuda diciendo: <<¡Venir a nosotros! ¡Entonces todo ira bien!>>. Cada alumno debe comenzar por ayudarse a si mismo y, para hacer esto, la Escuela le muestra el camino. Es únicamente cuando recorre efectivamente este camino que él recibe la fuerza, la radiación y la ayuda de la Gnosis. La llave del camino de la liberación, es la posibilidad de dar a la conciencia astral otra dirección, por el yo astral y gracias a él. Ninguna otra llave le abrirá la puerta del camino.

El yo astral no cambiará porque seáis empujados hacia la Escuela Espiritual por vuestro padre o vuestra madre, por un amigo o un conocido; o porque se os llame a vosotros o porque se os compadezca. No, vuestro yo astral debe, espontáneamente e impulsado por una gran angustia, haber buscado él mismo este camino y conducirse en concordancia. La Escuela Espiritual no tiene necesidad de <<buscadores por el único placer de buscar>>, sino de buscadores que, encontrando, se conduzcan conforme a lo que han encontrado.

La mayoría de los hombres viven por el sistema hígado-bazo, es decir bajo la impulsión de sus necesidades e instintos naturales. El yo astral tiene su sede en el sistema hígado bazo, especialmente en el plexo solar, y las funciones de la cabeza y el corazón le están enteramente subordinadas.

El corazón y la cabeza pueden ser excepcionalmente cultivados: el corazón en lo que concierne, por ejemplo, a la delicadeza del gusto y del sentimiento, la cabeza en lo que se refiere a la comprensión intelectual. Pero en tanto que el yo astral permanezca prisionero en el plexo solar y que en consecuencia el hombre no sea otra cosa que un ser egocéntrico llevado por el instinto de conservación y completamente orientado sobre lo terrestre, el aprendizaje de la Escuela Espiritual Gnóstica es inútil. La Escuela no va al encuentro de nadie, no puede tenderle una mano compasiva a no ser que pruebe que se esfuerza en arrancar al yo astral del plexo solar, sede de todas las leyes  naturales, para <<elevarlo>> al corazón. Es imposible <<querer>> este estado, es necesario alcanzarlo. Cuando un hombre se esfuerza hacia este objetivo, prueba haber llegado al punto muerto en relación a las fuerzas naturales y comprende ya que la vida dialéctica no tiene salida. Se eleva por encima de su instinto natural primario, el instinto que hace correr tras la felicidad en la vida natural y no hace más que uno con ella.

Cuando eleváis el yo astral al corazón, descubrís al instante una cosa maravillosa. Habiendo sobrepasado el plan de la naturale­za, no observando ya al mundo a partir del plexo solar sino con el corazón, encontráis confirmado lo que únicamente presentíais o no comprendíais más que en parte: que el mundo dialéctico, la naturaleza de la muerte, no tiene salida.

Podéis repetir esta noción de la nada de la vida dialéctica, podéis repetir esta verdad sin parar, podéis escucharla decir a otros, pero vosotros mismos la descubriréis cuando hayáis hecho subir la conciencia astral al corazón. ¡Entonces lo veis concreta­mente! No lo constatáis sobre la base de una fe o según especula­ciones filosóficas; no, ¡lo sabéis con todo vuestro ser! Así durante todo el tiempo que la conciencia de un hombre esté enraizada en el sistema hígado bazo, ella es cegada por la esfera astral y su poder de proyección. Pero desde que es alzada al corazón, se ve esta ilusión. Y puesto que esta conciencia astral, por naturaleza, desea y codicia siempre algo, es siempre orienta­da/girada hacia algún objetivo a alcanzar, un nuevo deseo nacerá: el deseo de salvación.

El deseo de salvación salido del plexo solar es una imposibi­lidad. De hecho, es desear la satisfacción del yo a expensas de otros. El verdadero deseo de salvación toma nacimiento en el santuario del corazón; es un deseo desconocido hasta entonces, basado en un rechazo, un no deseo de todo lo que pertenece al dominio dialéctico. Es únicamente entonces que una nueva dirección es dada a la conciencia astral.

Observar bien que la esfera astral dialéctica siempre puede contentar al ser humano, siempre puede darle satisfacción siempre que sus deseos no se eleven por encima del nivel egocéntrico ordinario, por encima del plan de la naturaleza. Si os desatáis de este nivel, entonces la salvación está a la vista. La Gnosis viene a vuestro encuentro en el camino, pero vuestra primera tarea es emprender desde entonces la purificación del corazón.

La bestia salvaje en el hombre, llevada desde su juventud por la conciencia astral situada en el plexo solar abusa del santuario del corazón -y no menos del santuario de la cabeza- y ello tan gravemente que cuando eleva su conciencia astral en el santuario del corazón, este está tan dañado y tan atrozmente degradado que debe ser reformado y purificado escrupulosamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XV

 

VOLVERSE EXTRANJERO AL MUNDO

 

Cuando, después de muy largas experiencias, en el curso de una vida dominada por el plexo solar, el hombre llega a elevarse por encima de su estado natural inferior haciendo subir al corazón el yo astral consciente, encuentra el santuario del corazón muy gravemen­te dañado. En efecto, este ha sido durante tanto tiempo esclavizado y maltratado por la naturaleza inferior que la vida egocéntrica del plexo solar ha neutralizado sus posibilidades latentes más fuertemente de lo que lo justificaría el estado innato. Así es cierto que en general, las posibilidades de los seres humanos son más grandes en su juventud. Largos años de marcha tropezando a través de la naturaleza dialéctica han degradado gravemente el santuario de su corazón.

Cuando se despiertan en la nueva mañana gnóstica, les es necesario purificar enérgicamente su corazón. Bajo este punto de vista, es bueno estudiar al alumno medio que puebla por el momento la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro. Se puede decir que casi todos se esfuerzan en elevar al yo astral al corazón. Mientras que estaban orientados sobre la naturaleza, llegan ahora ante una ventana en donde ven aparecer una luz nueva, como una aurora naciente.

Desde que pueden mirar por esta ventana del corazón, se dan cuenta que solo encontrarán la verdadera felicidad interior en una espiral de vida diferente. Gracias al nuevo estado en el que han entrado, la rosa del corazón se pone ha hablar. Al fin la luz gnóstica hace irrupción en su sangre y provoca en su sistema nuevas impulsiones. Son pues hombres, que, la mayoría, están a las puertas de un proceso de desarrollo nuevo. O, para hablar el lenguaje del evangelio gnóstico de la Pistis Sophia, se encuentran ante las puertas del treceavo eón.

¡Sin embargo el antiguo proceso de desarrollo aún no los ha abandonado! La antigua vida por lo menos ha impreso profundamente sus huellas en el santuario del corazón. Este debe pues ser purificado. Mientras que el corazón no se ha vuelto puro según las normas de la Gnosis, la nueva dirección que dan al yo astral consciente permanece parcial. En este caso las posibilidades latentes del corazón no son liberadas y el antiguo estado de vida continua jugando un papel importante. En estas condiciones, la conciencia del sueño regresa cada noche a la esfera astral de la naturaleza de la muerte, con todas las consecuencias que ello implica.

Así pues los alumnos están, en gran medida y en virtud de su estado de ser, sometidos a la intervención de las fuerzas de la esfera reflectora, más aún incluso que en tiempo normal, porque los habitantes de esta esfera saben que están a punto de perder su influencia sobre ellos. Está claro pues que, por el momento, el curso de su vida es sobrecargado. En la situación en la que se encuentran, la Gnosis y la naturaleza juegan allí las dos un papel. El conflicto interior es por ello continuamente envenenado.

Esta marcha de las cosas es descrita totalmente en el Evangelio Gnóstico de la Pistis Sophia. Este camino está inspirado en el camino de las experiencias que sigue el alumno partiendo de la vida inferior natural. Su corazón se despierta y extrae seriamente las consecuencias de ello.

 

El hombre que eleva la conciencia astral hasta su corazón penetra espontáneamente en los santos dominios de la Fraternidad gnóstica universal. Pero, como la Pistis sophia, es reenviada enseguida a diferentes estadios para purificar su corazón de un gran numero de manchas.

Los alumnos de la Escuela Espiritual buscan la luz autentica, pura. Buscan una vida intensamente liberadora. Gracias a la elevación de su conciencia en el corazón, saben interiormente que esta pura luz existe. Es la sustancia sideral pura, original, la pura fuerza astral tal como existe en la Cadena Gnóstica universal. De lo que se trata ahora es de reformar enteramente el cuerpo sideral, el cuerpo astral o cuerpo del deseo, conforme a las normas de la Gnosis. He aquí lo que cada alumno debe realizar: la transfiguración del yo astral, que es necesario volver puro como la luz gnóstica. Es con este objetivo que ella comienza por tocarnos. En la medida de su nuevo saber interior el alumno puede tener la esperanza de realizar esta purificación indispensable, esta primera forma de transfiguración. Juan expresa esta esperanza en la primera Epístola, capítulo 3,9: <<Lo que seremos no ha sido aún manifesta­do, pero sabemos que, cuando ello se manifieste, seremos parecidos a él, porque lo veremos tal como es. Quienquiera que tiene esta esperanza en él se purifica, como él mismo es puro.>>

Por ello es necesario poneros a ello radicalmente, aunque sin forzar pues la coacción no provoca más que tensiones. Poneros al trabajo radicalmente. Entonces se desarrollará el grandioso y magnifico proceso del cual hemos hablado. En el corazón purificado nace el alma inmortal, fundamento de un totalmente nuevo tipo de hombre. Este fundamento de alma responde a cuatro nuevos principios de conciencia: el principio de la nueva conciencia material, el de la nueva conciencia etérica, de la nueva conciencia astral y de la nueva conciencia mental.

Es primeramente la conciencia astral la que debe volverse perfecta, después la conciencia mental y al fin la conciencia etérica y material. De esa manera el nuevo estado del alma prevalecerá en la sangre y el fluido nervioso. Se manifestará a continuación fuertemente en los fluidos del cuerpo astral, fluidos de los que depende el nuevo nacimiento. Al fin sobre esta base, el principio renovador comenzará a constituir el nuevo poder del pensamiento, que completa la nueva conciencia. El proceso entero es llamado el nuevo nacimiento sideral.

Es este nuevo nacimiento sideral y todos los procesos conexos los que constituyen la obra en la que todos trabajamos en la Escuela Espiritual. Si todo se pasa bien para un alumno se puede decir que ha llegado a esta Escuela -fueran los que fueran los motivos cuando su adhesión- porque el yo astral consciente en él estaba desprendiéndose del sistema hígado-bazo y, mientras lucha/luchando, de subir hasta el corazón.

Sobre semejante base de partida, es el bienvenido a la Escuela. Es necesario entonces que entre en la gran cantera del santuario del corazón para efectuar allí, por una continuidad de actos perseverantes, el nacimiento sideral. Es lo que testimonia uno de nuestros rituales: <<Consagramos hoy nuestra rosa a fin de que se vuelva una corona que Tu, Oh Gnosis, posaras sobre nuestra cabeza.>> Todas las fraternidades precedentes han utilizado este ritual. Y los candidatos serios, aquellos que luchan en la Escuela, testimonian así por su resolución y su esfuerzo cotidiano.

La corona atrae la atención sobre el nuevo estado de concien­cia. La consagración de la rosa del corazón al gran y santo trabajo del proceso gnóstico, al camino de la Pistis Sophia en nosotros, no es únicamente una cosa deseable, una posibilidad que se nos ofrece en perspectiva, sino una necesidad para cualquiera que quiera manifestarse con fruto en la Escuela de la Joven Gnosis, para cualquiera que quiera dominar la violencia de sus tensiones hasta la liberación.

Pero es necesario entonces comprometeros a fondo y con todas vuestras fuerzas en este proceso. La conciencia astral en vosotros, ¿Se ha elevado al corazón? Entonces intervienen dos mundos en vosotros, el antiguo y el nuevo. Ellos os agarran/sujetan y esta situación es cada vez más difícil de soportar en razón de las tensiones que ella provoca. Es entonces necesario tomar vuestra cruz sobre vuestras espaldas, vuestra rosacruz, y recorrer el camino que conduce de Belén al Gólgota, con el fin de que un día caminéis en la nueva luz, como Él está en la luz.

Para este objetivo, es primeramente necesario que vuestro yo astral ya no regrese, en la noche, a la esfera astral de la naturaleza de la muerte durante el reposo del cuerpo. Esta es la primera tarea. Si tenéis éxito durante una o dos noches en libraros de la esfera astral dialéctica, experimentaréis el inmenso beneficio.

Por ello poner en marcha vuestras nuevas posibilidades, viviendo de ellas, teniéndolas en cuenta cada hora del día. No es necesario dejaros arrastrar por el tumulto de las ocupaciones ordinarias, ni solo ni con otros, sino orientaros en lo sucesivo enteramente en el gran objetivo y poner vuestro ser en armonía con este objetivo. De la misma manera que, durante la juventud, es requisito indispensable dirigir el esfuerzo sobre el crecimiento y sobre la situación social, de la misma manera debéis desde ahora, en la primera juventud prometedora de vuestro aprendizaje gnóstico, llegar ante las puertas de la vida nueva y prepararos plenamente para esta vida nueva a fin de que el hombre alma en vosotros, vuelto adulto, llegue al mundo del alma.

Ciertamente tendréis que cumplir aquí abajo vuestra tarea social. Todos tenemos nuestros deberes y nuestras responsabilidades que asumir que pesan pesadamente sobre nuestras espaldas. No descuidéis vuestros deberes. Pero cuando comprendáis la importancia inmensa del alma, esto debe estimular al hombre alma en vosotros; el resto, por muy necesario que sea, pasa a segundo plano. No queremos decir ciertamente, que ya nada cuente, pero os decimos que el gran objetivo va a dominar en vosotros, tanto de día como de noche.

Todo se someterá espontáneamente a ello y mientras que os ocupáis de vuestras tareas diarias, sean las que sean, escucharéis la voz del alma y escucharéis su canto de alegría. Todo lo demás pasa a segundo plano. Cuando el yo astral elevado al corazón está lleno del deseo de la vida nueva, este deseo resuena en vosotros día y noche como un tañido continuo de campanas. Seguís entonces, directa y concretamente, el camino de la rendición del yo, el camino lógico que lleva a la transfiguración.

¿Conocéis el deseo? ¡Que no habéis deseado en vuestra vida! Si en pensamiento regresáis hacia todos estos deseos disparatados, sabéis que pueden ser tan fuertes que os subyuguen totalmente. Bien, cuando el deseo de la vida liberadora, de la Gnosis, es tan grande y tan profundo, el yo astral se consagra enteramente, se entrega totalmente a <<Tao>>, a la rosa del corazón, a la Gnosis. Es así, Oh Pistis Sophia, que tu cantas los trece cantos de arrepentimiento.

Si estáis en este estado, si seguís el proceso sin ninguna coacción de la voluntad, si vuestro deseo de salvación es grande, vuestro yo astral no puede estar a gusto, ni vivir, ni entrar, ni respirar en la esfera astral de la naturaleza de la muerte. Entonces el se debilita, muere y la esfera astral de la naturaleza de la muerte, no pudiendo alcanzaros, os abandona. Desde entonces, en lo que concierne al yo astral, estáis muerto según la naturale­za.

¿Pero que va a pasar a continuación para vosotros que experimentáis la realidad de lo que se dice de Jesús el Señor: «No tiene ningún lugar donde reposar la cabeza»?

¿Comprendéis que estas palabras dan una indicación magnifica? El hombre ignorante y religioso según la naturaleza lo experimenta como algo terrible. Imaginaros ¡Jesús el Señor no tenía un lugar donde reposar su cabeza! En realidad aquí se trata de una gracia inconcebible. En cuanto el yo astral ya no penetra en la esfera astral de la naturaleza de la muerte, ninguna división de la personalidad es posible en lo sucesivo, en consecuencia el sueño normal de la vida dialéctica ya no tiene lugar.

¿Mientras tanto donde reposar su cabeza cuando el yo conscien­te en la vida nocturna, la conciencia del sueño natural, ya no tiene lugar en la naturaleza de la muerte? ¡Pero es entonces cuando el <<Otro>> va a abrirse a vosotros! La Joven Gnosis posee un cuerpo de grupo, un nuevo campo de vida, una nueva esfera astral pura, que el grupo atrae alrededor de él. Tal/Así es el nuevo lugar de reposo conforme a las necesidades de vuestra marcha ascendente, un lugar de una gran belleza y pureza donde pasar vuestra vida nocturna con total seguridad en el Cuerpo Vivo de la Gnosis.

 

Hay todavía otro aspecto que conviene poner a la luz. Hasta aquí hemos considerado el nacimiento sideral en relación con el desarrollo personal. Pero el hombre que sigue las vías de la evolución del alma no se detendrá ahí; mostrará cada vez más las propiedades típicas del hombre alma, por ejemplo una constante fuerza de amor impersonal, el abandono total del interés personal, una necesidad de servir espontanea y absoluta. Aquel que coloca en primer lugar al alma y la vida del alma hará reinar el orden y la armonía en su existencia entera, tanto en su vida social o privada y en la manera de asumir cotidianamente sus deberes y responsabili­dades como en todo lo que es originado aún de su nacimiento en la naturaleza.

Si vivís del alma, si vuestro yo astral está renovado, si vuestro deseo más profundo se dirige hacia la Escuela y sus objetivos sublimes, entonces este silencio, esta armonía ya no estarán solamente en vosotros, sino que emanarán también de vosotros, en vuestro entorno particular. Allí, algo nuevo aparece­rá, el silencio, la calma, el equilibrio. Todo lo que os preocupaba y que creaba tensiones se esfumará de un solo golpe, se volverá como el trino de un pájaro en el tejado o el zumbido de una mosca contra la ventana. Lo que ya no tiene más que el segundo el tercero o el último lugar ya no genera, ya no acarrea más dificultad, no crea más conflicto. Os desatáis de ello, pues sois absorbidos en la vida grandiosa del alma, llena de magnificencia. Comprendéis a vuestro prójimo. Comprendéis también su esfuerzo y su lucha cuando, quizás preocupados o bloqueados por alguna ansiedad, actúa falsamente o de una manera diferente a la vuestra.

Aquel que vive del alma establece la armonía verdadera por todas partes por donde pasa. En efecto el alma es incitada a servir a la humanidad y ello reviste todos los aspectos posibles.

El alumno que se ajusta a este aprendizaje se vuelve un extranjero en la tierra. El ser transfigurado según el yo astral no solo se siente un extranjero en la tierra, lo es realmente. Es como un proscrito, su ser interior no tiene aquí abajo ningún lugar de reposo.

Pero la gran morada de las almas se abre a él, la Cabeza de Oro del Cuerpo Vivo, el nuevo campo astral gnóstico. Para él:

 

<<El sueño del cuerpo se vuelve le lucidez del alma; la oclusión de los ojos, la contemplación verdadera; el silencio, una gestación del bien y el enunciado de la Palabra, la obra fructuosa de la salvación.>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVI

 

EL DESPERTAR DEL ALMA (I)

 

Es necesario comprender el sentido de lo que hemos expuesto en nuestras conversaciones precedentes, a saber que el cumplimiento del aprendizaje debe hacer del alumno, en el sentido fundamental de su vida, un extranjero en la tierra. Ciertamente no queremos decir por ello que adopte una actitud excéntrica con respecto a lo que la Escuela llama la naturaleza dialéctica; tampoco que el estado de extranjero en la tierra entrañe una cierta indiferencia frente a todo lo que vive. No nos referimos tampoco a un comportamiento revolucionario frente a la vida social y a la vida en general.

No, el estado de extranjero en la tierra es un estado fundamental, un estado que se instaura por la transformación de la personalidad. Cuando esta transformación se realiza, ya no existe lugar de reposo para el alumno en la naturaleza de la muerte. Ello quiere decir que, cuando, durante el sueño, la parte interior sutil de la personalidad se retira, ya no hay, en la naturaleza de la muerte, lugar donde encuentre el reposo, a consecuencia de lo cual el alumno se siente como expulsado.

Todo alumno que hace subir al corazón la conciencia astral por un aprendizaje consecuente, por una purificación continua del corazón, el abandono del yo y su dedicación al servicio, llega a este estado. Puede ocurrir que atraviese un período, felizmente de corta duración, en el que no encuentra el sueño a la hora del reposo nocturno. Desde que la fatiga le hace deslizarse en el sueño, la parte sutil de la personalidad se encuentra como ante un muro y es reintroducido en el cuerpo porque el yo astral consciente no encuentra un campo de vida, un campo de respiración. Esta es una prueba de que la personalidad está cambiando. Cuando en esta situación, el alumno no sabe como actuar, pueden aparecer dificul­tades corporales y por ello hablamos de ello.

Numerosos alumnos ya conocen este estado en el que se es como un extranjero en la tierra y, Dios sea alabado, son cada vez más quienes conocerán esta situación particular. Ahora bien ellos deben saber como comportarse. Deben saber que existe una morada para ellos, un campo astral gnóstico preparado para ellos. Únicamente entonces el candidato concebirá plenamente lo que la Escuela Espiritual representa para él. La Escuela, en tanto que Cuerpo Vivo, en tanto que grupo gnóstico, mantiene para los alumnos este lugar de reposo lleno de gracia.

De la misma manera que un cuerpo astral más grande envuelve el cuerpo físico, un cuerpo astral se extiende alrededor del cuerpo de la Escuela Espiritual actual. Dicho de otra manera, el Cuerpo Vivo de la Escuela posee, él también, un aspecto astral. Es alimentado por el pan de vida astral de la pura naturaleza gnóstica. Este campo astral respira en la Gnosis universal, en la sustancia sideral original. Es la morada del alma destinada a todos los que se encuentran como extranjeros en la tierra en razón del crecimien­to de su alma.

 

Os hemos mostrado claramente que alma posee un aspecto astral muy positivo. De los cuatro aspectos es el primero que se expresa al comienzo del desarrollo del alma.

Al comienzo de su crecimiento, el alma se envuelve de un vestido de sustancia astral. Cuando el alumno sostiene este crecimiento en su vida por un comportamiento muy decidido, muy positivo, y que en un momento dado ya no puede respirar en la esfera astral de la naturaleza de la muerte, que comporta tan grandes peligros, debe ser recogido en una nueva morada, una morada del alma.

Daros cuenta que, a medida que se forma el nuevo vestido astral, el antiguo desaparece. Pero comprender que no se trata, en el camino gnóstico, de una cultura astral, de una ética del deseo, como tan frecuentemente se hace alarde en la vida ordinaria. En la vida dialéctica se trata sin parar de escapar a las tensiones del deseo constituyendo una especie de ética, ética a la que por ejemplo se le llama ascesis. En la Escuela Espiritual, el alumno no ejerce ni ascesis, ni ética en el plano astral, sino que realiza ni más ni menos que una transfiguración astral.

Si alguien se comporta según una cierta ética en la cual no se encuentra enteramente a gusto, o se siente un poco extranjero/ex­traño, al finalizar esta disciplina, reencuentra inmediatamente su verdadero lugar. Por ejemplo cuando se ha ajustado todo un día a las costumbres de un cierto medio, regresa a continuación a sus hábitos personales e incluso, en caso de necesidad, adopta hábitos enteramente contrarios. En el alumno se realiza un proceso totalmente diferente, es decir la transfiguración de su ser astral, proceso que anuncia el desarrollo del nuevo poder de pensar.

Señalamos de paso que, cuando la Escuela aborda ciertos temas, el momento de la realización se aproxima. Así todo lo que precede invita a todos los que se introducen en un aprendizaje serio a actos que llevan a la realización. <<La cámara alta>> está preparada, y la voz de la Joven Fraternidad Gnóstica llama: <<¡Entrar, en las condiciones requeridas!>>

 

Admitamos un instante que hayáis elevado al corazón la conciencia astral y que seáis un alumno serio, dinámico y perseverante, que no retrocede ante las consecuencias apremiantes y no busca compromi­sos. Entonces el alma nace en vuestro corazón y si progresáis en la purificación del corazón a fin de que el alma nuevamente nacida se expanda, el nuevo vestido astral se despliega. Vuestra personalidad se distingue en adelante notablemente de la de vuestros semejantes. Desde que os lanzáis seriamente al aprendizaje, la transfiguración comienza inmediatamente y llegáis al momento crítico que hemos definido por la expresión: volverse extranjero al mundo. En esta fase, vuestra estructura corporal se distingue ya notablemente de la de vuestros semejantes del mundo dialéctico. Sobre el plano astral vuestra personalidad tiene innegablemente nuevas necesidades vitales.

Hay numerosas pruebas de que los alumnos de la Joven Gnosis experimentan claramente estas nuevas necesidades. Hay se encuentra una de las causas principales del aumento progresivo del numero de participantes a nuestras conferencias. Bajo el empuje de su ser, estos alumnos buscan el contacto con los focos, los Templos y sus compañeros de aprendizaje. ¿Donde puede producirse mejor este contacto que durante una estancia en nuestros Centros de conferen­cias?

Si comprendéis todo esto, podéis saber si ya sentís vosotros mismos estas nuevas necesidades vitales sobre el plano astral, si el deseo de vuestro ser entero se dirige ya hacia este nuevo elixir de la vida. Preguntaros seriamente: ¿Tengo/Existe en mi una tendencia a no dejar pasar ninguna conferencia sin asistir a ella?

Hasta aquí la Escuela provee, por los servicios de Templo y las conferencias, estas necesidades de alimento astral. Pero a medida que los alumnos realizan la transfiguración astral, la necesidad de alimento sideral va creciendo. Ahora bien el campo astral de la Joven Gnosis puede plenamente satisfacer esta demanda acuciante.

No es suficiente pues que, con vuestra conciencia llamada diurna, estéis con nosotros en uno de nuestros Templos, o en otros lugares consagrados. Sino, conforme al desarrollo del trabajo, es igualmente necesario que durante el sueño del cuerpo, desde que seáis capaces de ello, estéis con nosotros, por la conciencia de vigilia del alma, en los dominios consagrados de la Joven Gnosis.

Desde entonces comprenderéis, leyendo el sublime pasaje del libro del apocalipsis sobre la nueva Jerusalén (cap. 21 y 22) que ya no existe, para el alma renacida, ni día ni noche: ella vive de manera ininterrumpida en la luz.

Las necesidades vitales, en el plano astral, aumentan rápidamente en la mayor parte de nuestros alumnos: su vida se desplaza claramente en la dirección indicada. Así pues surge la cuestión perentoria: ¿como entrar en el nuevo campo astral, en el nuevo Cuerpo de la Escuela? ¿Como beneficiarse de esta gran gracia?.

Bien, para participar en el campo astral gnóstico de la Escuela Espiritual, es necesario que os liberéis interiormente de la rutina de cada día, de lo que constituye la vida ordinaria del hombre nacido de la naturaleza, que toda vuestra vida diurna se mantenga bajo la señal/signo del alma. Vuestra vida diurna debe ser un aprendizaje vivido, aplicado de manera consecuente, una donación del yo al servicio de los otros, una manifestación del innegable amor del alma verdadera por la humanidad, en la no lucha absoluta. Nunca grabaréis demasiado profundamente en vuestra conciencia que los conflictos habituales, la cólera de toda clase, las irritacio­nes, los cambios de humor y otras disposiciones semejantes, aniquilan todo lo que se edifica en vosotros de la nueva conciencia astral. Así una vida sin conflicto, sin lucha, es una necesidad absoluta.

Una vida diurna de este genero es ya por ella misma una gracia inmensa y ofrece al alma la posibilidad de crecer. Es una actitud altamente propicia para vuestro mantenimiento objetivo en el mundo en tanto que hombre nacido de la naturaleza. En esta actitud objetiva, hacéis caso omiso, percibiéndolas pero sin reaccionar, de las cosas que tanto admirabais antes, a las que concedíais vuestra atención y que os agitaban hasta el más alto punto. Esta reserva no es indiferencia, es debida al nacimiento del alma nueva.

Si veis a una persona hacer cosas estúpidas u horrorosas, podéis hacer el fariseo, oponer orgullo o indiferencia, diciéndoos: <<¡Felizmente yo no soy así!>> o bien <<¡No quiero tener relación con esta persona!>> o <<¡Que me importa!>>

Pero también podéis percibir al otro objetivamente, compade­cerse interiormente de su debilidad y enviarle todo el amor de vuestra alma. Así, no únicamente no os asociáis a su error (como lo hacíais en el otro caso), sino que lo sostenéis por la radiación de vuestra alma. De este modo ayudáis de hora en hora a vuestros compañeros de aprendizaje, iluminando su marcha sobre el camino frecuentemente áspero/duro que lleva al estado de alma viviente.

Aquel que conoce las bendiciones de una vida diurna conducida así comprende igualmente el comportamiento del renacido según el alma: Sin ver nada aparentemente, sin reaccionar a nada, dejando a todo resbalar sobre él, es sin embargo muy activo. Conoce las bendiciones de tal conducta y, sin ninguna duda puede repetir interiormente, llegada la noche, las palabras de Hermes:

 

<<Yo inscribo en mi mismo los servicios de Pymandre y, estando colmado de ellos, una alegría suprema desciende sobre mi.>>

 

El hombre que vive del alma es consciente, en cada momento del día, de la gran bondad y del inefable amor de la Gnosis. Si habéis nacido según el alma y participáis en la Gnosis, nada puede ocurriros; nadie puede nada contra vosotros; ningún cabello de vuestra cabeza puede caer en el sentido de las palabras de la Biblia. Participar en un campo de vida en el que no existen las divisiones de la naturaleza dialéctica, en el que no hay ninguna enemistad, en el que no se elevan las llamas ardientes del odio, de la crítica, del conflicto y de la calumnia, hace experimentar una alegría sin limites, alegría de la que numerosos hombres alma han testimoniado a través de la historia de la humanidad.

Todo hombre cuya alma ha nacido terminará su día de esta manera. Cuando, después de haber realizado
vuestra tarea diaria, regresáis a la habitación donde vais a disfrutar del reposo de la noche, es bueno que vuestros pensamientos y consideraciones no se detengan ya en los numerosos aspectos del mundo dialéctico, pues el mundo es siempre una aflicción, dispone/predispone siempre a la tristeza y acosa siempre al yo nacido de la naturaleza. Llegado el fin de vuestro día, inscribir en vosotros los favores de Pymandre; dejaros atravesar por la corriente intensa de la bendición gnóstica, de manera que una alegría pura os llene, incluso en los momentos en los que tenéis, en calidad de hombres nacidos de la naturaleza, toda clase de razones para atormentaros o de compadece­ros.

Si el hombre se pone así en armonía con la salvación viva de la Gnosis, y si su respiración participa de este ritmo apacible/­tranquilo de alegría íntima y de reconocimiento, se dormirá entonces como un niño, enteramente orientado hacia la luz. El sueño del cuerpo, se vuelve entonces la lucidez del alma; dicho de otro modo, el alma se despierta en su propio mundo, en el campo astral gnóstico.

No entréis en el sueño con el yo orientado, incluso de manera inocente, sobre el mundo dialéctico; volveros resueltamente hacia el alma. Si diariamente vivís del alma y en el alma, llegaréis a ello sin problemas. Así favorecéis la conciencia del alma, así pues el despertar del alma en el campo que le está destinado y prepara­do. He ahí una verdad evidente por si misma como un axioma: aquel que se duerme orientado sobre el alma, vuelve al alma consciente y la despierta. El provecho enorme y la gran significación que ello encierra, lo comprenderéis después de todo lo que precede.

Lo que importa, es la orientación, la vibración del yo astral cuando el cuerpo se duerme. Toda la experiencia nocturna depende de ello; aquel que sabe esto sabe también que uno se despierta siempre tal como se ha dormido. Un hombre atormentado os dirá: <<¡Yo me duermo con mis preocupaciones y me despierto con ellas!>>. Por lo tanto es el mismo quien crea esta situación, ¡es su falsa orienta­ción quien le retiene prisionero de sus preocupaciones!. Si os dormís en la vibración del yo astral, os despertáis con esta misma vibración. Una orientación determinada os coloca, durante el sueño, en un medio análogo y salís de este sueño exactamente en la misma vibración.

Si alguno está atormentado y piensa tener razones para estar irritado con cualquier otro, esto es lo que ocurre: después de poner mala cara durante horas y de repetir sus quejas todo el día, se duerme, agotado, no sin haber pasado revista una vez más a todos sus pensamientos de descontento y de mal humor a propósito de la persona contra la que está irritado. ¡Pues tal como se duerme, así se despierta al día siguiente! Corporalmente está más o menos restablecido, más o menos lleno de vitalidad. pero al primer sobresalto de su memoria la imagen del enemigo, de su pretendido enemigo, surge y experimenta de nuevo la quemadura de este mal. Habiéndole restituido el sueño alguna vitalidad, se dice: <<Hoy, haré esto, diré aquello, adoptaré tal o cual actitud.>> Desde el despertar está pues dispuesto a la lucha. El combate recomienza. ¡Pues jamás se liberará de la hostilidad de esta manera! La misma ley se aplica a la actividad liberadora. Aquel que se duerme orientado sobre el alma abre a esta la vía de la morada de las almas, preparada para ella, el Cuerpo Vivo de la Escuela Espiri­tual. Lo semejante atrae a lo semejante.

Sin embargo, ¿no os preguntáis ansiosamente: <<Esta noche, cuando me duerma, estaré suficientemente orientado sobre el alma?>> No os atormentéis con la cuestión de saber si aplicáis el justo método. El punto crucial debe situarse en vuestra vida diurna. Toda vuestra jornada debería pasarse bajo la señal del alma, bajo el signo del servicio a los demás. Entonces, llegada la noche, antes de dormiros, orientaros en el alma y vibraréis con un gran agradecimiento. En vuestro sueño, el alma se encontrará inmediata­mente en el campo astral de la Escuela, en un estado de lucidez, de vigilancia que corresponde a su nivel de crecimiento.

Este nivel de crecimiento no es el mismo para todos. Algunas almas están maduras, otras lo están más o menos y otras están apenas despiertas. Sea como sea, es seguro que, desde que os dormís orientados en el alma, ella misma va hacia la morada de las almas, hacia el campo astral gnóstico. Inmediatamente está allí en el estado de conciencia de vigilia que corresponde a su desarrollo. Todo lo que experimenta así, lo trae con ella al cuerpo a la mañana siguiente, como un tesoro. Mientras tanto, el cuerpo se ha restablecido, se ha cargado de vitalidad y el alumno está dispuesto a hacer progresar el nuevo comportamiento siempre hacia una mayor magnificencia. Recibirá la fuerza no solamente de pensar, de desear, sino de realizar el acto. Recibirá nuevos poderes, superiores e incluso el proceso de la transfiguración se acelerará.

Nos parece que ahora deberéis comprender bien la verdad incontestable de todo esto, y que sois vosotros quienes tenéis en vuestras manos vuestro desarrollo gnóstico. Tenéis en vuestras manos vuestro propio destino. En la naturaleza dialéctica, el hombre es el juguete del destino soberano; pero en la Gnosis es él quien gobierna su destino.

El camino de la Gnosis no comporta métodos penosos, difíciles de comprender, ni ejercicios respiratorios o de otra clase, ni oraciones innumerables. Únicamente os pide que viváis orientados en el alma. Ahí está la llave de vuestra salvación.

Si veis claramente ante vosotros todo esto, si os eleváis hasta una vida verdaderamente orientada en el alma, si vivís como un hombre cuya alma ha nacido, inscribiréis vosotros también en el corazón los favores de Pymandre y acogeréis la cotidiana hora del despertar del alma con una alegría inexpresable. Cuando se ha vivido una vez una experiencia parecida, ya no se la olvida jamás. No es una alegría ordinaria, no es un entusiasmo pasajero, como un tímido rayo de sol saliendo de un cielo nublado. Es una alegría permanente, una felicidad continua, que colma enteramente al alumno serio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVII

 

EL DESPERTAR DEL ALMA (II)

 

El tema que vamos a tratar, completamente en relación con lo que acaba de ser dicho, concierne a aspectos del desarrollo del estado de alumno tan nuevos que es bueno volver primeramente un instante sobre lo que ya ha sido dicho. Hablábamos de la significación del versículo 72 del libro de Pymandre de Hermes, en el que se dice:

 

<<El sueño del cuerpo se había vuelto la lucidez del alma; la oclusión de los ojos, la contemplación verdadera; el silencio, una gestación del bien; el enunciado de la Palabra, la obra fructuosa de la salvación.>>

 

Hacíamos la pregunta: ¿Donde permanece, durante el sueño del cuerpo, la parte que se separa de la personalidad, que hace en el curso de la noche, o más bien que le ocurre? Hemos visto que el hombre permanece durante la noche en la esfera astral de la naturaleza dialéctica y hemos estudiado el carácter especifico de esto.

La esfera astral tiene un gran poder plástico; los pensamien­tos, deseos, sentimientos y voluntades se inscriben allí.Dada la conducta general de la humanidad actual, y el poder de la esfera reflectora de imprimir forma y vida a todo lo que se proyecta allí, está claro que la esfera astral de la naturaleza dialéctica se ha vuelto extremadamente mancillada/sucia y compleja, que es totalmen­te ilusoria y funesta para la vida gnóstica. La materia astral es muy magnética, Todo lo que viene, en la noche, de la personalidad sutil del hombre y entra en la esfera astral sin corresponder con la naturaleza de ésta es simplemente aniquilado. Y en su lugar se recibe la sustancia astral correspondiente a la naturaleza de la esfera astral. Por ello en el evangelio de la Pistis Sophia, se dice que ésta es continuamente despojada de su fuerza luz.

La esfera astral de la vida ordinaria está llena de fuerzas impías vivificadas por lo que se llama los eones, dicho de otra manera las fuerzas naturales.

La palabra eón significa literalmente: duración no mensurable de tiempo. Esta noción va a permitirnos comprender la relación de los eones con la esfera astral. Los eones son fuerzas astrales, actividades astrales, que se han formado en el curso de larguisimos períodos y se han vuelto poderosas. Son , por ejemplo, proyecciones de pensamientos y de deseos humanos que han sido tan alimentadas durante mucho tiempo que han terminado por volverse vivientes en la esfera astral.

Suponer que formáramos mentalmente una cierta imagen y que conviniéramos en conservarla durante unos años, que la inculcáramos a nuestros hijos y que la presentáramos a todos los que admitan. Suponer además que nuestros artistas la dibujen, la pinten, la esculpan, que nuestros poetas la canten… Veis entonces la manera como se forma un eón en la esfera astral. Son las proyecciones de las corrientes constantemente mantenidas por pensamientos y deseos humanos, proyecciones hasta tal punto vivificadas que terminan por dominar y gobernar a la humanidad. Estos eones, cuya fuerza crece sin cesar porque son continuamente alimentados por los hombres despojan de su fuerza luz a todos los hombres orientados gnóstica­mente que entran en la esfera astral. Este desposeimiento tiene lugar normalmente cada noche para todos los alumnos desde que confían su cuerpo al sueño.

De este hecho derivan consecuencias importantes y el alumno serio resentirá la exigencia de substraerse a la esfera astral de la naturaleza de la muerte. Si constatamos que, cuando entramos allí durante la noche, sufrimos cada vez la influencia funesta de este campo, se presenta la pregunta: ¿como llegar a liberarse de ello? ¿Como protegerse de estas influencias?

He aquí la primera consecuencia.

La segunda consiste en lo que los alumnos serios, una vez liberados de la esfera astral de la naturaleza de la muerte, dirigen desde entonces, durante su sueño, la parte sutil de su personalidad hacia otro campo astral en el que no existen las manchas y los peligros precitados. Estaréis de acuerdo con nosotros que son exigencias elementales a las que ningún alumno puede escapar. Si no se satisfacen, todo aprendizaje gnóstico es, simplemente, un señuelo/una engañifa/un cebo.

 

Henos aquí pues, primeramente, ante la exigencia de dar otra dirección a nuestra conciencia astral. En esto no se puede forzar, ni violentar; si lo hiciéramos durante algunos días, seríamos incapaces de perseverar. Sería un combate, con una derrota segura en perspectiva. Por ello precisábamos más arriba/antes que la llave del camino gnóstico se encuentra en la posibilidad de dar otra dirección a la conciencia astral, pero ello por medio del yo astral consciente.

Para llegar a ello, es necesario primeramente, lo repetimos, hacer subir el principio central de nuestro ser yo, del sistema hígado bazo hasta el corazón. ¿Como?

Bien, no se llega a ello a no ser que se esté suficientemente maduro para ello; cuando la vida nos bloquea finalmente en la materia, en la naturaleza de la muerte, cuando descubrimos que aquel que vive en la línea horizontal, no tiene ninguna salida hacia la liberación. Es llegando a comprender esto que se hace subir el principio central del yo, a partir del sistema hígado bazo donde mora, hasta el corazón.

El hombre cuyo yo está centrado en el sistema hígado bazo, en el plexo solar, es el tipo de ser natural egocéntrico, duro como una piedra que se agarra y se aferra a la materia de la que espera el oro y el moro. Pero, después de un tiempo más o menos largo, frecuentemente después de una sucesión de experiencias en el microcosmos, llega el momento en el que se siente bloqueado en la naturaleza de la muerte, en el que adquiere la conciencia de que su existencia gira en círculos, en un circuito sin fin, sin perspecti­vas. En tanto que vive por el sistema hígado bazo y experimenta que su vida no es más que un bloque de conservadurismo y de egocentris­mo, el aprendizaje en una Escuela Espiritual es inútil. Solo aquel que está en condiciones de elevar su conciencia al corazón supera su instinto natural primario. Su yo astral busca una morada en el santuario del corazón y únicamente entonces comienza a ver el mundo tal como es en realidad.

Un nuevo deseo, desconocido hasta ahora, una aspiración hacia la verdadera liberación brota a continuación del yo astral. Es lo que los textos sagrados llaman el deseo de salvación. Solo este deseo abre el corazón del hombre a la Gnosis, a la luz del Santo grial: si la rosa del corazón es tocada, si el alumno llega a la puerta de un totalmente nuevo estado de vida, es gracias al deseo de salvación que resulta de la subida al corazón del yo astral consciente.

Millones de hombres se mantienen ante esta puerta, millones desean desde hace siglos, una vida verdaderamente liberadora. Estos millones, unidos por un deseo común, han creado también juntos un eón, que los escritos gnósticos llaman el treceavo eón. Entre este treceavo eón y el hombre que aspira y suspira, se establece una interacción gracias a la cual el fuego del deseo de este hombre arde cada vez más, es cada vez más avivado, mientras que su desarrollo aumenta continuamente. Pues el deseo de salvación, sin más, ¡no es suficiente!

Incluso entonces el yo astral permanece durante la noche en la esfera astral de la naturaleza de la muerte; y a la mañana siguiente, surge de ella hasta tal punto despojado de su fuerza luz que el desasosiego será más grande que nunca. De ahí viene que, en el evangelio gnóstico de la Pistis Sophia, cante sin cesar cantos de arrepentimiento.

Comprendemos pues que, al lado del deseo de salvación debe haber también santificación del yo. Aquel que desea verdaderamente esta santificación ¿No hará todo lo posible e incluso lo imposible para llegar a ello? Es lógico. Así una actividad autónoma dinámica debe probar que el fuego del deseo de salvación esta purificando­nos. Del corazón del hombre es de donde parte siempre esta actividad autónoma, influenciando, consecuentemente, el estado de vida entero. Por ello la Escuela de la Rosacruz no deja de hablar de la indispensable purificación del corazón. Aquel que, al lado del deseo de salvación, se purifica efectivamente, se eleva, hasta esta santificación por el nacimiento del alma con todas sus consecuencias.

Ciertamente conoceréis el alboroto negativo, penoso, de estos grupos que gritan socorro y no hacen más que orar para sostener no importa que causa dialéctica. Comprender bien, sin embargo, que para alcanzar la salvación verdadera es preciso primeramente comprometerse uno mismo, con todo su ser. Al lado del deseo de salvación, es necesario internarse en la santificación de si mismo y es gracias al nacimiento del alma, con todo l que ella implica, que se realizará esta santificación.

 

Pues si examinamos una vez más el desarrollo indicado, resulta que pone al candidato ante la necesidad: primeramente, hacer subir el yo astral del sistema hígado-bazo hasta el corazón, lo que permite sobrepasar el estado natural; segundo, desarrollar el deseo de salvación y descubrir la nada de la naturaleza de la muerte; tercero, actuar sobre si mismo, santificar y purificar su corazón y su vida entera, en rendición de si mismo, lo que lleva al nacimiento del alma.

Este nacimiento del alma es primeramente el nacimiento de un nuevo ser astral. Un ser alma es en primer lugar un ser astral, estado que, desde su aparición, se comunica inmediatamente a la sangre, al fluido nervioso, a la secreción interna, y se manifiesta igualmente en los órganos de la inteligencia. Desde que este nuevo ser-alma penetra en nosotros, desde que estas nuevas influencias astrales hacen irrupción en nosotros, un nuevo poder aparece, una fuerza nueva circula en nuestro ser entero e influencia todos nuestros poderes humanos ordinarios.

Comprenderemos por ello lo que debe ser la cuarta etapa, pues la progresión tiene lugar enteramente en nosotros. Es el abandono consecuente, sistemático de la conducta de nuestra vida al alma renacida, a las nuevas posibilidades en nosotros. Ello significa que, colocando resueltamente al yo natural en segundo plano, no nos dejamos ir a la naturaleza ordinaria, sino que dejamos al alma reinar sobre toda nuestra vida.

En estas condiciones, el nuevo ser astral, la nueva alma, comienza a crecer. Un cuerpo sideral nuevamente equipado se manifiesta y los antiguos deseos desaparecen totalmente. En este caso, la transfiguración está ya muy introducida pues, a medida que prosigue el nuevo desarrollo, morimos a la esfera astral de la naturaleza de la muerte. En un momento dado incluso, ya no encontramos acceso a ella, no encontramos lugar en ella para nuestro nuevo yo astral. Entonces el nuevo campo astral del Cuerpo Viviente se abre a nosotros: el extranjero en los caminos terres­tres es acogido en su nueva morada.

Nuestras explicaciones precedentes tenían sobre todo por objetivo aclararos la existencia de una morada de este genero preparada para la Joven Gnosis por el esfuerzo de muchos. No se trata pues de una especulación sobre una salvación futura, de la espera de una liberación tardía o próxima en el futuro. No, es para cada uno de nosotros, en el presente, una morada de libertad donde podemos entrar, si no obstante queremos utilizar las buenas llaves y sacar las consecuencias de ello.

La condición es poseer un alma y de demostrarla en el transcurso de la vida diurna; una vida diurna consagrada a un aprendizaje practico, al servicio del prójimo en olvido de si mismo, una vida diurna portada por el innegable amor de la humanidad que manifiesta el alma verdadera. Todo hombre cuya alma ha nacido debe colocar enteramente su vida en la esfera del alma, incluso después de su vida diaria, luego sin complacerse, sin entretenerse en los aspectos de la naturaleza dialéctica. Es así como <<el sueño del cuerpo se vuelve la lucidez del alma.>> La vibración, la orientación del yo astral cuando se duerme determina toda la vida nocturna y la del día siguiente.

Aquellos que así preparados, entran en el nuevo campo astral, experimentarán cada día, con una fuerza y una evidencia siempre en aumento, que el sueño del cuerpo significa el despertar del alma, el cual suscita la contemplación verdadera y un nuevo desarrollo, coronado por la aparición de la nueva conciencia que la Biblia llama <<la corona incorruptible de la gloria.>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVIII

 

LA REALIDAD DE LA LIBERACIÓN

 

El campo astral del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis se reconoce por su color y su vibración. Para traducir mejor su color, decimos que es amarillo de oro mezclado de violeta. No un violeta rojizo o azulado sino de un violeta elevado,,especifico, un violeta a los/con  reflejos de oro.

El oro es el color, el resplandor del alma renacida. Sin duda sabéis que por ello hablamos de la Rosacruz de oro y cantamos a la flor de oro maravillosa. Que el oro en lo que concierne a su resplandor, naturaleza y vibración sea asociado al renacimiento forma parte de un conocimiento muy antiguo. Pensar en las pinturas de los primitivos. Para recordar esta verdad nuestro Templo de Renova está consagrado a estos dos colores: el violeta y el oro. El violeta puro es el color de fondo del nuevo espectro, el espectro de la humanidad alma, del dominio en el que el alma renacida, la flor de oro maravillosa, es admitida para un curso de vida nuevo.

Quizás os hayáis sorprendido de que, en los capítulos precedentes, hayamos hablado de un campo astral de la naturaleza de la muerte y de un campo astral nuevamente constituido, el del Cuerpo vivo de la Escuela Espiritual actual. Quizás juzguéis demasiado terrestre el ver estos campos cercanos uno del otro y sin embargo separados, protegiéndose mutuamente de diferentes maneras. Pensaréis de otra manera cuando sepáis que se trata aquí de una cuestión de vibración.

La sustancia sideral, o astral, presenta una escala vibratoria que, en el séptimo dominio cósmico, va aproximadamente de 450.000 millares de vibraciones por segundo a 700.000 millares. Son algunas de las cifras dadas por la Enseñanza universal. Entre los limites de esta escala vibratoria se manifiestan los fenómenos del plano astral, las formas y actividades astrales del séptimo dominio cósmico. La escala vibratoria se manifiesta también por los colores. La frecuencia más baja corresponde al rojo brillante; la frecuencia más alta posible en el campo de vida dialéctico corresponde al índigo. Las radiaciones correspondientes, según la Enseñanza universal, tienen longitudes de onda de 6,5 cm a 4,5 cm aproximadamente, teniendo las vibraciones más rápidas las longitu­des de onda más cortas.

En cuanto estos limites de vibración y de longitud de onda son sobrepasados en sentido negativo, es decir cuando sobreviene un fenómeno de ralentización o de debilitamiento que hace franquear hacia lo bajo los limites del séptimo dominio cósmico, entonces el resultado es siempre la disolución, el rompimiento, la trituración, la expulsión, la muerte. Es la muerte por eliminación. Desde que un hombre sobrepasa estos limites en sentido positivo, es decir hacia arriba, en dirección al sexto dominio cósmico, entra en este dominio superior y adquiere infaliblemente una nueva forma, la de lo que llamaríamos el hombre-alma. El pasaje del primer campo al otro, del sexto dominio cósmico al sexto, entraña infaliblemente la transfiguración. Ello es lógico.

Cuando una personalidad, un microcosmos, es mantenido por una vibración constante gracias a la cual sus vehículos permanecen concéntricos, las posibilidades de las que dispone la personalidad le confieren una cierta vitalidad que concuerda con esta vibración y mantiene la vida en estado. Cuando una personalidad se debilita, entonces tiene lugar, como hemos dicho, una ralentización de la vibración vital. En un momento dado la vibración es tan débil, tan ralentizada que la personalidad ya no puede mantenerse en el cuerpo y muere. He aquí, en resumen, la causa de la muerte del cuerpo.

En el otro caso ella es tocada por un campo de vibración de una frecuencia más elevada que la vibración ordinaria. Se trata de responder a ella. Si ella se integra en este campo, si reacciona a ella positivamente, su frecuencia vibratoria aumenta progresivamen­te de cuando en cuando. Este aumento de la frecuencia vibratoria por encima de la norma dialéctica lleva consigo un cambio en la naturaleza del microcosmos, del ser aural, luego igualmente de la personalidad. En otros términos, la transfiguración. En un momento dado, la transfiguración, para el hombre, es una necesidad.

En el primer caso, el resultado es la muerte por eliminación, en el otro caso, la muerte por renacimiento; dos clases de muerte, dos clases de aniquilamiento fuera de las esferas de la vida dialéctica. ¡Pero que diferencia! La primera se repite desde hace milenios y resulta del/ tiene como resultado el encadena­miento a la rueda del nacimiento y de la muerte; la segunda no tiene lugar más que una sola vez y cuando morís por esta muerte, os eleváis a la vida eterna. Comprenderéis pues lo que representa el nuevo campo astral de la Escuela Espiritual. Es un campo de concentración de sustancia astral donde son mantenidas unas frecuencias vibratorias cuyo limite inferior sobrepasa los 800.000 millares de vibraciones por segundo, y cuya longitud de onda más corta se confina a cuatro centímetros. Si, en pensamiento, disminuís más aún la longitud de onda y aumentáis la frecuencia, podéis representaros los dominios cósmicos que se elevan por encima del sexto. En un momento dado, en estos dominios, el factor tiempo desaparece y un nuevo estado se desarrolla en la que la noción de eternidad da una idea.

Después de lo que precede, comprenderéis igualmente que un campo sideral cuya frecuencia vibratoria y longitudes de onda sobrepasan los del séptimo dominio cósmico es inaccesible para un ser de este dominio. El nuevo campo astral de la Escuela Espiritual se protege pues a si misma/ella misma; es, en su esencia más profunda, inatacable.

Sin embargo, y es preciso que os alegréis de ello, el campo astral del Cuerpo Vivo actúa de manera que a veces parece ofrecerse a si mismo al peligro. Imaginar lo que queremos decir pensando en una llama que, por una causa cualquiera, ardiera más debilmente de vez en cuando y cuya frecuencia luminosa disminuyera periodicamen­te. Un campo astral gnóstico, en efecto, provoca de cuando en cuando, intencionalmente, siguiendo leyes periódicas, una disminu­ción de su frecuencia vibratoria y de las modificaciones correspon­dientes en las longitudes de onda de sus radiaciones. Consecuente­mente, los limites del séptimo dominio cósmico son franqueados, las radiaciones de la Gnosis, así pues del nuevo campo astral, descienden al campo de vida dialéctico, en el campo del espacio tiempo. De ello resulta que muchos hombres, que viven en los limites vibratorios más altos del séptimo dominio cósmico y ávidos de alejarse de estas barreras, aprovechen para entrar en el sexto dominio cósmico.

Así aparece una situación tal como la describen, por ejemplo, Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz. Si comparamos el nuevo campo de vibraciones a/de un templo iniciático -lo que es en efecto/lo que en efecto es así– en un momento dado, y a consecuen­cia del debilitamiento de la frecuencia vibratoria considerada, algunos candidatos no aptos, incompetentes, entran en el santuario. Esto nos es representado en Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz. Estos incompetentes tienen una fuerte tendencia a colocarse en los primeros lugares, y Cristian Rosacruz se desilu­siona enormemente cuando se da cuenta de ello. Pero entonces llega la pesada de los candidatos, la puesta a prueba; dicho de otra manera, las vibraciones del templo son llevadas a su antigua intensidad. La frecuencia vibratoria se eleva de nuevo y entonces se reconoce a los que no son de la casa. Incapaces de soportar esta fuerza-luz en razón de su estado de ser, son encontrados demasiado ligeros y deben dejar el santuario.

Todas estas fluctuaciones de las vibraciones del nuevo campo astral deben servir para dar a los que son dignos de ello, a los que tienen necesidad de ello, la ocasión de entrar en los santos lugares de renovación. Ello explica porque la Biblia dice, en numerosos pasajes, que el Señor de la Vida va al reencuentro del peregrino. No imaginéis en este caso a un personaje venerable caminando al reencuentro de un pobre peregrino, sino a una ralentización de la frecuencia de las vibraciones luminosas que envuelven al candidato y le alzan hacia el nuevo campo de vida.

Insistimos en lo de arriba/en ello porque, en el mundo, la magia dialéctica busca mucho el imitar la obra de la salvación de la Cadena gnóstica universal, por ejemplo con la ayuda de la música. En diversos templos en los que opera la magia dialéctica, se hacen escuchar ciertos sonidos cuya frecuencia se eleva gradualmente para bajarla a continuación, con la intención de aprisionar por así decirlo a los grupos que están reunidos allí, acogerlos en un campo de vibración y de elevarlos, con determinadas intenciones, a los dominios sutiles de la esfera reflectora.

Sin duda comprenderéis ahora la gran ofrenda hecha al mundo por la Gnosis y sus servidores. Cuando un hombre sobrepasa hacia lo alto el limite del séptimo campo de vibración, el séptimo dominio cósmico, ello no es para un estancamiento: avanzará siempre más lejos, siempre más alto en el campo de las vibraciones de la luz universal. Vibra siempre más luminosamente y más poderosamente, con resultados que solo podemos representarnos, en una cierta medida, matemáticamente. Pero de ello resulta que todos los que siguen, los que vienen a continuación, serán incapaces de efectuar la unión a causa del abismo inconmensurable que separará sus vibraciones y longitudes de onda de las de sus predecesores. Así una Fraternidad gnóstica se emplea constantemente en mantener la unión. Sus miembros asumen la función de <<guardianes de la frontera>>. Nuestro hermano y amigo Antonin Gadal , era uno de estos guardia­nes. Patriarca de la Fraternidad precedente, había aceptado la tarea de esperarnos.

Sin descanso una Fraternidad gnóstica del espacio tiempo prepara, hemos dicho que en ofrenda de amor, un lugar para todos los que puedan llegar. Estos guardianes no avanzan con el grupo al que pertenecen, quedan atrás por amor a los que vienen a continua­ción. Así comprendemos las palabras del Señor, sacadas del Evangelio de Juan:

<< Me voy a prepararos un lugar. Es útil para vosotros que yo me vaya. Pues si no me voy, el consolador no vendrá hacia vosotros, pero si me voy, os lo enviaré. Cuando haya venido el Consolador que os enviaré de parte de mi Padre, el espíritu de verdad que viene del padre, dará testimonio de mi.>>

 

El campo sideral mantenido por los guardianes de la frontera emite una radiación sintonizada con todos los candidatos, con todos los que aspiran a elevarse y realmente se esfuerzan en ello, a fin de que, tomados por esta radiación, puedan, gracias a la unión obtenida, salir del laberinto de la naturaleza dialéctica. El Evangelio de Juan confirma esto con estas palabras:

<<Cuando yo me haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os llevaré conmigo a fin de que allí donde yo esté, vosotros estéis también.>>

¡Comprender estas indicaciones dadas por la ciencia gnóstica de la salvación! Comprender que esta santa ciencia fue aplicada en cada época, y siempre lo será.

Cuando se habla del campo astral del Cuerpo vivo de la Joven Gnosis, ello significa que, para todos los que buscan sinceramente la liberación, es preparado de nuevo un lugar, enteramente adaptado para nosotros y para nuestra época. Además, de este templo inmaterial iniciático del Hermano Cristian Rosacruz, emana de nuevo una radiación consoladora, compasiva, todo poderosa, que, si poseéis el alma nueva, permite existir en dos mundos desde el presente, a saber en el séptimo dominio cósmico, en virtud de vuestro nacimiento en la naturaleza y, durante la noche, en el templo de la iniciación de Cristian Rosacruz, el campo astral del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis, en virtud de vuestro renacimiento.

Este doble proceso puede ser comparado a un doble movimiento de expiración e inspiración. Cada día una radiación astral, una impulsión santificante, fortificadora, es enviada del nuevo templo de iniciación gnóstico. Aquel que reacciona positivamente a esta impulsión, que colabora con ella en una fiel ofrenda diaria es, desde que se duerme, conducido por la corriente de inhalación al interior del templo gnóstico y recibe así la gracia de despertarse, a la mañana siguiente, cargado de fuerza pura para continuar su progresión en el camino. De esta manera, la unión del alma con el campo astral gnóstico es cada vez más íntimo, cada vez más fuerte hasta ser indisoluble, y persiste igualmente durante la vida diurna. Habitante externo del séptimo dominio cósmico, es al mismo tiempo habitante interno del sexto dominio cósmico. Ha franqueado las fronteras de la muerte.

¡Así pues aquel que, por un aprendizaje serio, obtiene un alma nueva, franquea las fronteras de la muerte! ¿Que puede ocurrirle entonces? En este caso, el microcosmos no es vaciado a la muerte del vehículo material, sino simplemente liberado de lo que pertenecía a la naturaleza, mientras que lo esencial, lo imperece­dero, permanece. La muerte en la naturaleza ya no es, en estas circunstancias, una separación. La tristeza que la acompaña, y el vacío pesado/pegajoso/invasor que deja tras ella, ya no existen.

Así el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis comprende hombres alma sin vehículos dialécticos y hombres alma que aún los poseen. Entre estos dos tipos de hombres un trato viviente es posible. Os decimos esto para que os convenzáis del hecho de que cualquier tristeza en el momento de la muerte es desplazada si vivís vuestro aprendizaje de manera seria y si los padres o amigos que se van han hecho otro tanto. Conocemos ejemplos sorprendentes de hermanos y hermanas de la Escuela Espiritual que, en el campo astral de la Joven Gnosis, viven una bella juventud, mientras que sus parientes supervivientes están doblegados por una gran tristeza porque aún no han comprendi­do esta magnifica posibilidad liberadora, ni aún han alcanzado ellos mismos esta irradiante realidad. Con mayor razón, tal tristeza es absolutamente superflua entre alumnos de la Escuela Espiritual.

Decimos que entre los dos tipos de hombres alma, los que tienen los vehículos dialécticos y los que ya no los tienen, un trato vivo era posible. Pero para prevenir e impedir todo ataque de la esfera reflectora, el hombre alma que aún está en la tierra debe llegar hasta la lucidez del alma, hasta el estado de alma despier­ta. Pues los hombres alma que ya han abandonado su cuerpo físico ya no pueden volverse visibles en la esfera material a causa de las diferencias de vibración y de longitud de onda ya indicadas. Ellos no se dan a conocer más que como radiación.

Allí donde trabajamos juntos al servicio de la humanidad, todos los hermanos y hermanas de la Cadena Universal que nos han precedido nos rodean sin cesar, nos acompañan y nos envían su luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIX

 

LA EDUCACIÓN PRACTICA DEL PENSAR

 

El cerebro humano, este conjunto de células cerebrales, tiene numerosos y maravillosos poderes, en particular el que nosotros llamamos memoria.

Todas las células cerebrales tienen el poder de recibir y de conservar ciertas impresiones, a veces numerosas impresiones a la vez, de naturaleza incluso muy divergente. Este es particularmente el caso para el centro de la memoria. Ahora bien la medida y el carácter de la receptividad a las impresiones depende enteramente de la naturaleza y de la orientación personales. Cuando estáis reunidos en un servicio de Templo, es seguro que no todos escucháis de la misma manera y que las impresiones recibidas no son las mismas para todos, de suerte que a la salida, tampoco estaréis enteramente de acuerdo. Sin embargo ello sería deseable, pero imposible en nuestro estado de ser actual.

La receptividad a las impresiones depende, decimos, de la naturaleza y orientación personales, las cuales dependen a su vez del estado del sistema magnético, la lípika. La lípika es la red de puntos magnéticos del ser aural, vivificado en el nacimiento natural.. La lípika es pues la red de puntos magnéticos del séptimo circulo del ser aural.

Esta red magnética, en la que están presentes todas las influencias karmicas, se proyecta en el cerebro y mantiene a las células cerebrales en un estado determinado. Sin embargo no se proyecta solamente al interior sino también al exterior, en la esfera astral. Existe pues una afinidad íntima, una fuerte unión entre los diversos aspectos y fuerzas de la esfera astral, por una parte, y la personalidad humana, por otra. Dicho de otra manera, el sistema magnético está unido a la vez a la esfera astral y al cerebro.

Además, en el santuario de la cabeza, arde un fuego, una llama, la llama del mental, del pensamiento inferior, del pensa­miento cerebral ordinario. Esta llama es alimentada por los siete focos que  protegen/albergan las siete cavidades cerebrales. La personalidad humana llegada a la madurez posee pues un mental en concordancia con la naturaleza de las células cerebrales, con la lípika y con la esfera astral de la naturaleza ordinaria. Así pues la mentalidad está en perfecto equilibrio con el carácter de la esfera astral de la naturaleza de la muerte.

Se puede decir que la esfera astral de la naturaleza de la muerte, y especialmente alguno de sus aspectos, fuerzas o eones, controlan el pensamiento humano. Cuando, durante el sueño del cuerpo, la personalidad humana se divide, cuando el cuerpo astral y el poder del pensamiento permanecen en el dominio astral, es perfectamente normal que las células cerebrales sean cargadas únicamente de las fuerzas e influencias que corresponden al estado de ser del hombre. Es un fenómeno lógico puesto que las células cerebrales están, durante la vida diurna, bajo la influencia de la orientación personal, orientación fuertemente concentrada en la memoria.

Ahora bien, además del poder mental, se encuentra también en el santuario de la cabeza el poder de la voluntad; es un centro de voluntad que encierra igualmente una fuerte concentración de radiaciones astrales que irradian como un fuego. Como consecuencia, dos fuegos arden en la cabeza: la llama del pensamiento y la de la voluntad, proviniendo las dos del campo astral, o campo de las radiaciones siderales.

En el hombre normal, el pensamiento surge siempre antes del deseo y la voluntad. Ella opera entonces sobre las células cerebrales, y la actividad así despertada en estas células opera a su vez sobre el órgano donde tiene su sede la voluntad. Es así como la voluntad o el deseo son llevados a actuar o a no actuar. Así pues es siempre el pensamiento quien determina o acciona el deseo o la voluntad. La enseñanza universal da a todos los candidatos en el camino esta seria advertencia: <<Cinco minutos de pensamientos  inconsiderados­ /imprudentes pueden anular el trabajo de cinco años.>> Palabras fáciles de retener y cuya claridad no deja nada de desear: el alumno debe vigilar sus pensamientos. Es necesario que silencie los pensamientos culpables antes de que inflamen la codicia. Sentís a veces el fuego del deseo o de la voluntad ascender en vosotros. Os impulsa a acciones que deplorais; lamentáis mucho lo que ocurre …pero, antes del deseo, ¡el pensamiento había surgido!

Por ello es necesario extinguir el pensamiento erróneo antes de poder aniquilar el deseo. Antes de que el sistema del hombre que aspira al dominio superior cambie, el pensamiento debe modificarse. El hombre medio no es capaz de controlar sus pensamientos. Piensa sin reflexionar.

Pero ¿Quien es este <<él>>? Es el ser yo, aquel que, en el hombre ordinario, mora en el sistema hígado-bazo. Este ser yo piensa como al azar. Estos pensamientos están en perfecto equili­brio con la orientación natural y determinan la voluntad, el deseo, los actos, luego el estado sanguíneo y todo el estado de ser. En el mental, la personalidad entera es dirigida por las influencias astrales y guardada en un estado determinado. Aquel que no controla sus pensamientos, aquel que no transforma sus pensamientos, su mentalidad, no tiene el derecho de creerse, en sentido verdadero, un alumno de la Escuela Espiritual.

 

Estáis reunidos en un Templo, por ejemplo, exteriormente en silencio. Pero, interiormente, ideas muy diferentes y frecuentemen­te sorprendentes en este lugar os agitan y se empujan. Si hubieran instrumentos para registrar la producción de vuestro mental, os daríais cuenta de los pensamientos que han sido los vuestros desde el momento en que entrasteis al Templo y tomasteis asiento; son pensamientos generales, en particular sobre vuestros compañeros, relámpagos de pensamientos que habéis dejado pasar. Los engranajes de vuestro cerebro giran mecánicamente, sin ningún control por vuestra parte. ¿No teníamos razón al decir que aquel que no controla sus pensamientos, que no cambia de mentalidad, no debe creer ser realmente un alumno?

Reunidos en un Templo con pensamientos diversos, que corres­ponden a vuestro estado de ser natural, provocáis un torbellino de radiaciones astrales caóticas mientras que parecéis tan tranquilos. ¿Como podría ser esto de otra manera si vuestra mentalidad deriva de la esfera astral? ¡Ahora bien es en medio de estos torbellinos de radiaciones astrales, en medio de esta violenta tempestad astral, que debe efectuarse el trabajo! En esto nos comportamos siguiendo,los hábitos funestos de la civilización burguesa. ¡De hecho, el hombre no es civilizado sino extremadamente grosero y completamente primitivo! Ciertamente, se viste como lo prescribe la moda; adopta en todas las situaciones un comportamiento según la regla establecida; se pone en escena con las mejores intenciones del mundo. Pero la pureza mental, la limpieza mental, en general, no está.

Hemos dado aquí algunos aspectos que conciernen al tema que nos ocupa. Se trata ahora de saber como podemos preservar nuestro sistema, lo suficientemente rápido y bien, de las influencias de la esfera astral de la naturaleza dialéctica, y entrar, lo suficiente­mente rápido y bien, en el radio de acción del nuevo campo astral.

Dicho esto, quieran reflexionar en vuestra propia reacción al respecto. Cuando decimos: <<Es necesario que os liberéis del campo astral de la naturaleza de la muerte y que os relacionéis con el campo astral de la vida nueva>>, ¿Cual es vuestra actitud interior? ¿Nuestras palabras representan para vosotros un simple dato teórico, que os deja completamente indiferentes? ¿O bien este problema así presentado despierta en vosotros un interés profundo? ¿Tenéis el ardiente deseo interior de alcanzar este objetivo rápidamente y de entrar en relación con el nuevo campo de vida? Podríais también encontrar que es, ciertamente, interesante de conocer la naturaleza y las consecuencias de una estancia en otra esfera astral; tomaríais entonces nuestra exhortación simplemente como una ocasión de estudio científico. Probaríais así que en realidad, nada está cambiando aún en vuestro estado de ser.

Os hemos explicado como la esfera astral, la red de puntos magnéticos de nuestro ser aural, el cerebro, nuestro mental, nuestra voluntad, nuestro deseo, nuestra sangre, nuestro cuerpo, nuestra vida, constituyen una unidad; como el conjunto es el terreno de una serie de procesos que intervienen los unos en los otros, actuando como el ensamblaje de las ruedas/los engranajes de un organismo complejo. Por lo tanto es necesario esforzarse en transformar este organismo para dar a nuestra naturaleza otra dirección.

Si el problema de la entrada en el nuevo campo astral y de la participación en la vida astral divina, despierta ardientemente vuestro interés, si un deseo ferviente emana de vosotros, entonces vuestra situación está llena de promesas. ¿Porque? Bien, si tenéis un interés profundo por la Gnosis y la salvación, si aspiráis a participar en el nuevo campo astral, si este deseo ha dado ya una impulsión, aunque sea debilmente, a la voluntad, estas actividades del pensamiento y de la voluntad no se explican ciertamente por vuestro estado natural ordinario. Unas influencias indudablemente no dialécticas os han tocado.

Os hemos demostrado aquí arriba/ahora como el ser entero, en sus actividades, es dominado por la esfera astral; ¡como, comenzan­do por la vida mental, el hombre está prisionero en la esfera de la muerte! ¿Como se consigue pues que sus deseos y sus pensamientos vayan hacia la Gnosis? ¿Comprendéis que la cuestión que os planteamos es una cuestión vital? En efecto es una cuestión vital el reflexionar en las incidencias de la vida gnóstica.

Un interés vivo, sincero, ardiente por la Gnosis decimos nosotros que no se explica por la naturaleza ordinaria. Ello, en efecto, está bajo/fuera de el comportamiento de la naturaleza de la muerte. ¿Pero como vienen entonces los pensamientos y sentimientos no dialécticos? Solo pueden llegar del exterior. Hacen irrupción en el sistema y dan a la mentalidad otra dirección. Si reconocéis como vuestra esta nueva situación, es que, estáis elevando vuestra conciencia del sistema hígado-bazo al corazón.

Ahora bien solo tal conciencia está en condiciones de introducir en vosotros influencias gnósticas. El corazón se abre a las radiaciones de la Gnosis. Estas se mezclan en la sangre, se apresuran hacia el santuario de la cabeza por la vía de la pequeña circulación e influencian vuestro mental de tal manera que comenzáis a concebir pensamientos que no corresponden al plano horizontal de la vida ordinaria. Así es como la Gnosis penetra en el sistema del hombre y le confiere un nuevo poder. Al principio, no será sin duda más que un relámpago de pensamiento, de donde resultará un choque de la voluntad, después una impulsión del deseo que permite comprender la salvación escondida en la Gnosis.

Así, cuando la gnosis penetra en vosotros, cuando los pensamientos se despiertan en vosotros, que no nacen ni del karma, ni de la lípika, ni de la esfera astral, ni de la sangre de la naturaleza, sino de Dios, podéis escuchar la voz del alma, la voz de Dios. Estáis unidos al nuevo campo astral, a la Gnosis, a la cadena gnóstica universal.

Ahora descubrís en vosotros mismos la prueba de si vivís o no de todo esto. Si es que si, alegraros con nosotros pues tenéis entonces en vuestras propias manos, en vuestro propio sistema, la llave del camino. Con este nuevo poder, estáis en medida de detener, por ejemplo, el curso de vuestros antiguos pensamientos que provenían del yo astral, y darles una dirección diferente, conforme a las exigencias del camino.

Si ello os es imposible, aceptáis/aceptar intelectual­mente, ciertamen­te, lo que os hemos dicho; quizás lo repetís exactamente, pero de ello no sacáis ningún provecho. Nada cambia en vosotros. Luego tenéis el deber de utilizar este nuevo poder, incluso si solo estáis en el primer comienzo, con el fin de atacar vuestra mentalidad. Si obtenéis éxito en ello, obtendréis el control de vuestra voluntad, de vuestros deseos, de vuestras codicias. Pues, ya os lo hemos dicho, los pensamientos preceden a la voluntad. Podréis así controlar igualmente vuestras actividades, conforme a la exigencia de esta nueva influencia.

Luego el control de vuestros pensamientos es el comienzo de vuestra propia santificación, de vuestra marcha por el camino de la curación. Aquel que aún no es capaz de ello debe esperar a que la conciencia del sistema hígado-bazo suba al corazón. Pero si poseéis este nuevo poder y no lo utilizáis, dañáis el proceso de vuestro propio aprendizaje. Por lo tanto pensar sin descanso en la advertencia: cinco minutos de pensamientos descontrolados, de pensamientos desprovistos de amor, cinco minutos de pensamientos llenos de crítica, de celos, de odio, anulan los resultados del aprendizaje.

En estas condiciones la educación del pensamiento es una necesidad para todos los que quieren recorrer el camino. Es la educación del intelecto al cual debemos someternos en la escuela espiritual. Entrar en el camino de la liberación: purificación de los pensamientos, probidad absoluta del pensamiento. Reconocer la inmensa importancia de ello puesto que es el punto de partida de la revolución a llevar a cabo en vosotros mismos. Aquel que purifica sus pensamientos rompe los lazos entre el sistema de la personali­dad y la lípika; rompe los lazos con la esfera astral. Estos lazos hacen de nosotros, según nuestro ser natural, marionetas puesto que nos impulsan a actuar conforme a las impulsiones de la esfera astral. Ahora bien, cuando comenzamos a cambiar nuestro mental, en la fuerza de la Gnosis que ha penetrado en nosotros, nos liberamos de esta funesta influencia.

Mientras tanto, el corazón se abre cada vez más; os alejáis cada día más de la naturaleza de la muerte y de su esfera astral. Las fuerzas gnósticas entran en vuestro sistema, reforzando así vuestro nuevo poder y, gracias a esta ofrenda de vosotros mismos, vuestro cuerpo astral transfigura rápidamente. De esta manera, desde el comienzo de vuestro aprendizaje, algo nuevo comienza.

Haceros una vez más esta pregunta: <<¿Realmente tengo el ferviente deseo de aproximarme a la Gnosis, de entrar en la vida nueva? ¿Es sincero este deseo?>> Si vuestra respuesta es un sí rotundo, ya habéis comenzado. Ya habéis recibido el nuevo poder. Solo se trata de emplearlo consecuentemente. Únicamente entonces podréis hablar, con derecho y con fruto, de la vida del alma en el nuevo campo astral.

Hemos tratado de demostraros que tenéis enteramente en vuestras manos este comienzo. Bien, entrar pues, ¡vosotros cuya alma ya ha nacido! Después hablaremos, efectivamente, de la magnificencia que os espera en el nuevo campo astral.

 

Para terminar, una cosa más: no os inquietéis de los sueños de naturaleza dialéctica que podrían haceros creer que no habéis participado en el nuevo campo astral durante la noche. No os inquietéis por eso. Muchos sueños, sino todos, resultan del hecho de que, durante la noche, las células cerebrales se descargan de lo que han acumulado durante el día, y especialmente en el centro de la memoria. Si tenéis una fuerte imaginación, y habéis imaginado durante el día, por ejemplo, ciertas cosas sin importancia, y que, mentalmente, os habéis dejado ir un poco, entonces las células se cargan fuertemente. Cuando el cuerpo duerme, ellas se descargan y provocan los sueños que se refieren, de manera muy confusa y fragmentada, a vuestros fantasmas del día.

Otro ejemplo más. Todo el día habéis estado muy ocupado, muy absorbido, en razón de vuestra posición social,
de manera que os habéis dormido extremadamente fatigado. Las células cerebrales sobrecargadas se descargan durante la noche y provocan diversos sueños. No os inquietéis por ello. No les deis ninguna atención a vuestros sueños, incluso si os parecen importantes. Encerrarlos en el silencio de vuestro ser íntimo, y rápidamente veréis lo que es preciso pensar y esperar de ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XX

 

LA SEÑAL DEL HIJO DEL HOMBRE

 

Cuando el alumno se encuentra, con una gran alegría, en la fase del comienzo del cual hemos hablado en el capítulo precedente, y rodeado de su amor la joya preciosa en su corazón, se esfuerza en llevar a bien su aprendizaje con dedicación y perseverancia. El santuario de su corazón se abre ahora por la asimilación del prana gnóstico, y va a vivir diariamente unas preparaciones gnósticas mágicas conocidas como el pan y el vino o, con otras palabras, el Santo Grial.

La Fraternidad del Santo Grial es un sacerdocio que se manifiesta en todos los grupos gnósticos para transmitir a todos los que están dispuestos para recibirlo y para vivir de él el prana divino, el agua de la vida, el agua del curso/río de la vida, que mana del trono de Dios y del cordero, bajo dos estados concentrados mágicamente preparados.

La Fraternidad del Santo Grial está constituida, a través de todos los tiempos, por aquellos a quienes se llama <<los guardianes de la frontera>>, por los hermanos y hermanas que esperan  a que todos los hombres terminen por llegar. Ellos continuarán esperando hasta que el último peregrino franquee la frontera del nuevo estado de vida.

Os volvemos a decir que ellos ofrecen dos fuerzas mágicamente preparadas para todos los que desean vivir de ellas, así pues a los que desean recibir como alimento nutricional el prana divino. Comprenderéis que uno vive y se alimenta de él cuando todo el ser humano aspira a ello porque tiene necesidad de ello. El candidato que recibe este pan prueba pues que vive de él. Sino ¿experimenta­ría necesidad de él?.

Se puede así recibir el prana de vida en tanto que vino. El pan del Santo Grial alimenta al hombre de una manera mística nueva, el hombre consagrado a la vida nueva. El vino representa el aspecto mágico: al lado de la mística nueva de la perfecta devoción se encuentra la magia nueva del servicio total. Aquellos que son capaces de recibir el Grial en su doble aspecto recorren el camino de la devoción y del servicio. Luego cuando leéis en el Apocalipsis (capitulo 22): <<Y me mostró un rió del agua de la vida, límpida como el cristal que provenía del trono de Dios y del cordero>>, comprenderéis que aquí se trata del doble Grial: el prana en tanto que alimento y el prana en tanto que elemento salvador.

Cuando en un Templo de la Joven Gnosis, se os habla de estas fuerzas santas, sois confrontados, vosotros también, con este santo sacerdocio y el santo Grial os es ofrecido en ese momento por aquellos que lo representan como en la oración: <<Hermanos y hermanas, puedan el pan de la vida y el vino del verdadero servicio seros alimento y bebida, desde ahora y hasta en la eternidad. Amen.>>

El ser humano que comienza a vivir de esta doble corriente divina concentrada, que brota sin cesar, se ha vuelto un hombre alma. La doble luz gnóstica ha despertado la rosa en su corazón abierto y todos los fluidos vitales del sistema están impregnados de ella con todas las consecuencias de las que ya hemos hablado. Después de haberse abierto paso por el corazón y la sangre, la luz irrumpe en el santuario de la cabeza. Abarca el campo de respira­ción y comienza la transfiguración del cuerpo astral. Si el candidato se acuerda en todo momento de la advertencia: <<cinco minutos de pensamientos descontrolados pueden destruir el trabajo de cinco años,>> llega muy rápidamente el momento en el que será unido al nuevo campo astral de la Escuela Espiritual. Esta unión, también es doble, en concordancia con el misterio del Santo Grial: una se efectúa con el hombre diurno, el hombre que vive en el cuerpo de la naturaleza, y el otro con el hombre nocturno, que vive fuera de este cuerpo.

Hemos dicho que el aspecto exterior del campo astral del Cuerpo Viviente se presenta como un campo color de oro matizado del violeta del sexto dominio cósmico. Bien, el campo de respiración de aquel que avanza positivamente en el doble proceso de la luz gnóstica se engalana pronto de este color de oro, de la radiación de oro del prana de la vida. De ahí viene que la Biblia hable del manto de oro de las Bodas. Aquel que avanza positivamente en el camino que lleva a la vida, que lo aproxima a la Gnosis, recibe las cualidades/ calidades astrales del campo astral del Cuerpo Vivo. Estas fuerzas de luz penetran el corazón, se mezclan con la sangre, se aceleran hacia lo alto en el santuario de la cabeza y envuelven el cuerpo como un manto de oro. Esto os hace igualmente comprender las palabras del Apocalipsis (cap. 3, 18): <<Te aconsejo que compres de mi oro acrisolado por el fuego, para que te vuelvas rico.>>

Esta radiación color de oro es el aspecto que adquiere el cuerpo astral del candidato que está cambiando. El hombre ordina­rio, cultivado, presenta una forma astral vaga, nebulosa, de un rojo violaceo, rodeado de un óvalo azul pastel. Sobre todo ello centellean los demás colores del espectro ordinario, con matices de todas clases como las ondas de una capa de agua. Cuando el sol brilla y un pequeño soplo de viento agita ligeramente la superficie del agua, chispas/destellos de todos los colores reverberan y parecen deslizarse sobre el agua.

Podéis pues imaginaros un poco como estos matices centellean en la forma rojo violacea del cuerpo astral del hombre. Estos diversos matices muestran cuales son sus preocupaciones, la calidad de su carácter, su orientación y, por ejemplo, lo que piensa, todo lo que desea al momento/ en ese momento. Cada pensamiento, deseo o volición activa determina en su campo de respiración una chispa/un destello de color correspondiente. Por ello es como un libro abierto para el observador capaz de percibir este fenómeno.

Ahora bien, si el campo de respiración del alumno es tocado por la Gnosis y si este comienza a vivir de este contacto, este campo recibe otro matiz. Se vuelve de un magnifico color oro. El observador no presta atención a las palabras y a las actitudes de una persona sino que busca ver si efectivamente ella está tejiendo este vestido de oro, en el sentido de la Gnosis, si su vestido astral realmente comienza a tomar este magnifico color de oro y si el azul del ser aural desaparece. Cuando se constata este fenómeno, el vestido aural parece fundirse completamente en el resplandor de oro del vestido de las Bodas.

 

El campo de respiración del hombre dialéctico ordinario está caracterizado, hemos dicho, por destellos de colores variados, que cambian sin cesar. En el hombre gnóstico, orientado, que recorre el camino, todos estos matices de colores inferiores desaparecen: por ejemplo, el rojo de la vida muy orientada sobre la materia, al igual que el verde turbio de aquel que espera ayuda y salvación/ salud de la vida en la línea horizontal y el violeta de los éteres ordinarios. Todo ello se aleja de tal alumno y solo queda la radiación de oro.

A continuación, y esto es muy importante, una señal de fuego ardiente se presenta en la frente y en la cima de la cabeza, señal a la que se llama el tercer ojo. Esta señal de fuego, esta llama ardiente recubre toda la coronilla, desde la cima hasta la frente. Esa es la señal del hijo del hombre de la que habla el apocalipsis en el capítulo 7. No se trata de una expresión mística sino de un hecho observable científicamente. Es la señal del alma renacida. Cuando el alumno abre su corazón a la Gnosis, cuando el prâna de la vida penetra en él para mezclarse con los fluidos vitales y alcanza el santuario de la cabeza, cuando el alumno persevera y coloca un guardián cerca de sus pensamientos, entonces esta llama se manifiesta rápidamente. La señal del hijo del hombre aparece, la señal de un alma renacida, la flor de oro maravillosa a la que cantamos en nuestros Templos.

La señal del hijo del hombre anuncia que el alumno comienza a envolverse en el nuevo vestido del alma y que una unión directa se ha establecido entre él por una parte, y el nuevo campo astral del Cuerpo Viviente por otra. Ya había una unión entre el campo astral gnóstico y su corazón, pero ahora un lazo directo se desarrolla entre este campo y el santuario de la cabeza, entre este campo y la rosa de oro.

Aquel que porta sobre la cabeza la señal del hijo del hombre es un hombre salvado, un hombre unido a la salvación eterna. Este lazo indestructible con la salvación viva existe igualmente en su vida de vigilia. Cuando el tercer ojo -que es otro nombre de la flor de oro maravillosa- se desarrolla, una visión continua en el mundo del alma se afirma. Ningunas tinieblas ciegan ya al alma despertada. Esta visión es llamada intuición gnóstica. Es a la vez la visión del alma y la eclosión de la nueva razón, la nueva conciencia correspondiente, pues el centro del tercer ojo está unido a la parte del cerebro llamada pineal. Este conjunto es llamado místicamente <<el casco de la salvación>> (Efesios, Cap.6) mientras que la filosofía hermética le llama <<Pymandre>>.

Siempre se han sabido estas cosas; esta antigua sabiduría siempre ha sido parte de la humanidad. Pero como la degeneración de lo que fue original y verdadero se manifiesta en la naturaleza dialéctica bajo diversos aspectos, este también es el caso para la antigua sabiduría en lo concerniente al casco de la salvación. Los caballeros militares llevan sobre la cabeza un casco ornamentado por un gran penacho: es la imagen degenerada del casco de la salvación. Ello es a la vez risible y trágico. Cuando en las ceremonias que reúnen autoridades, por ejemplo con la ocasión de recepciones principescas, algunos llevan sobre la cabeza como señal de su dignidad un montón de adornos imponentes que son concretiza­ciones y representaciones insensatas del casco de la salvación.

¿Que vemos en lo que concierne al santuario del corazón? Se tapiza el pecho con varias filas de condecoraciones, señales de dignidad y de mérito. Es una caricatura de la antigua enseñanza de la liberación, de la antigua sabiduría de un pasado cuando la humanidad sabía aún que riquezas incorruptibles irradia luminosa­mente el santuario del corazón cuando el hombre, que se ha vuelto consciente de su origen y de su destino, abre su corazón a la Gnosis y, en total rendición del yo, recorre el camino de regreso a la eterna patria.

 

No os dejéis ganar por la inquietud cuando os mostramos el resultado final y glorioso del proceso gnóstico de la santifica­ción. Es bueno mirar este resultado como en un encantamiento de los sentidos para poseer, sobre esta base, el saber que colma de alegría: <<¡Comienzo a recorrer este camino de salvación!>>. Si cada día colocáis ante vuestros ojos las exigencias elementales del camino, si os esforzáis, de buena fe, en satisfacerlas, estar convencidos que, desde este primer estadio, un hilo os une al nuevo campo astral del Cuerpo Vivo. Pero hay mucho más. El sueño del cuerpo se vuelve la lucidez del alma. Por ello, examinemos ahora la vida nocturna del hombre.

Cuando el nuevo centro se establece detrás del hueso frontal, la luz de la Gnosis irradia, el casco de la salvación se constitu­ye, la señal del Hijo del Hombre, bajo una forma elemental, se muestra así como el nuevo vestido astral color oro. En consecuen­cia, el candidato, asiduamente ocupado en este santo trabajo de tejido, llega, cuando el cuerpo duerme, al nuevo campo astral para allí ser ayudado y conducido más lejos. Al comienzo no se trata aún de una vida del alma realmente consciente, de un estado real de despertar. No, se trata de lucidez en el sentido de juventud y pureza, en el sentido de una liberación de la ilusión de la materia.

Cuando los nuevos candidatos entran en el campo astral del Cuerpo Vivo, el alma renacida, luego con el cuerpo astral corres­pondiente, directamente no reaccionan aún sensorialmente. Son comparables a recién nacidos y la Biblia los califica de <<almas dormidas>>. En el nuevo campo astral, estas almas son colocadas bajo una radiación intensa. En su juvenil pureza, son inundadas de las fuerzas-luz del Santo Grial, de los dones más elevados que pueda ofrecer el Cuerpo Vivo. Comprenderéis que este baño de luz tendrá grandes y maravillosos resultados.

Por otra parte los servidores que trabajan en el nuevo campo astral no dejarán a estas almas renacidas después de las horas de la noche, pues la unión del nuevo campo astral con la rosa de oro, con el tercer ojo, el casco de la salvación, la flor maravillosa, la unión con Pymandre, se ha realizado al mismo tiempo. Gracias a esta corriente intuitiva continua, los grandes sacerdotes de la renovación ayudan a los candidatos día y noche, sin interrupción.

Ahora bien puede ocurrir que, en esta situación, un alma aún joven, al despertar del sueño físico, no recuerde nada de la luz de la salvación que ha recibido en el nuevo campo astral. Ello todavía no es posible porque el alma aún no está despierta.De ello no queda más que esta experiencia vivida, aunque inconscientemente, que ya tiene como efecto <<una gestación del bien>> según la expresión de Pymandre. La luz que ha bañado al alma persigue algunos fines a los que el candidato, en la vida de vigilia del cuerpo, debe reaccio­nar, lo que hará sin ninguna duda.

Este baño de luz tiene por resultado gravar fuertes impresio­nes en el nuevo cuerpo astral en formación. En los momentos propicios, el candidato recibe las impulsiones inscritas en el cuerpo astral por la intuición gnóstica o interiormente gracias a la actividad del cuerpo astral. Estas impulsiones tocan la cabeza, el corazón y la sangre; dan frecuentemente al candidato la impresión sea de redescubrir lo que sabía desde hace mucho tiempo, sea de actuar conforme a una decisión tomada anteriormente, o bien en virtud de una conversación que haya oído, no sabe ni cuando, ni donde ni con quien.

 

Aproximándonos de esta manera a las verdades del versículo 72 del libro de Pymandre, comprenderéis porque, abrazando estas verdades, Hermes se escribe:

 

<<Todo esto me ha llegado porque he recibido de Pymandre, mi Noûs, el Ser que se basta a si mismo, la Palabra del comienzo. Así es como ahora estoy lleno del aliento divino de la verdad. Así dirijo, con todas mis fuerzas y con toda mi alma, este himno de alabanza a Dios Padre.>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXI

 

EL BAÑO DE LUZ Y EL CONSOLAMENTUM

 

Hay dos aspectos sobre los que quisiéramos atraer vuestra atención con respecto al capítulo precedente. Se trata primeramente del baño de luz que recibe, en el nuevo campo astral, el alma renacida que aún no está despierta y consciente. ¿De que naturaleza es este baño de luz?

Sabéis que un campo astral posee un poder de asimilación plástica. Por esta razón la Cadena gnóstica universal proyecta en el campo astral de la Escuela Espiritual todos los aspectos, todas las fuerzas del camino, todos los matices del proceso de salvación que tienen importancia para los alumnos. Toda la cadena gnóstica se comunica pues proyectándose en el nuevo campo astral de la Escuela Espiritual. Se puede decir que este campo astral encierra la Enseñanza universal, la filosofía gnóstica, el saber universal en imágenes y símbolos. Todo lo que importa en un momento dado para el candidato, todo lo que es necesario para su futuro es, durante el sueño, proyectado e impreso en su cuerpo astral en el curso de este baño de luz. El alumno se despierta con el mensaje de la Fraterni­dad gravado en su vestido astral. Estas impresiones tienen también un efecto durante el día.

Las materias astrales del campo de respiración circulan alrededor del cuerpo y a través del cuerpo. Hemos descrito esta circulación en nuestro libro titulado «El hombre nuevo»[4].

El hígado juega en esto un papel importante. Saliendo del hígado las fuerzas astrales se elevan alrededor del cuerpo para volver al cuerpo después de su circuito. Está claro que las impulsiones comunicadas al cuerpo astral después del baño de luz en la esfera astral de la Escuela Espiritual tocan, en un momento dado, los órganos de la inteligencia y se transmiten a ellos. Lo más frecuente es que a ello le siga una actuación en concordancia, actividad que favorece el avance en el camino así como la abertura del centro de la intuición, el centro de la rosa de oro, el centro de la señal del Hijo del Hombre, a las fuerzas de luz gnósticas, de donde surge una unión más directa del alma con el campo de la Escuela Espiritual. Estar seguros que, por poco que sea, la Fraternidad del santo Grial obra cada día para vosotros y con vosotros.

 

Finalmente, atraemos vuestra atención sobre las <<almas dormidas>> que han perdido el cuerpo físico por la muerte. Estas son progresi­vamente admitidas en el baño de luz del campo astral gnóstico, lo que contribuirá a despertarlas, y las preservará de una nueva inmersión en la materia.

Sin embargo, para que este maravilloso trabajo tenga éxito, la escuela debe disponer de un grupo siempre creciente de trabajadores capaces de actuar en la Cabeza de Oro. La Enseñanza Universal, tal como es/está grabada en caracteres simbólicos en la sustancia astral de la Cabeza de Oro no sabría actuar de manera liberadora a no ser que trabajadores ejercitados sean capaces de encargarse de proyectar intensamente símbolos liberadores en el cuerpo astral de las almas aún dormidas con el fin de despertarlas.

Todo lo que es posible es hecho para facilitaros el acceso a la esfera astral gnóstica. El aspecto exterior del Cuerpo Vivo de la Escuela es un reflejo fiel de lo que se manifiesta en la esfera astral del Cuerpo Vivo, como siempre fue el caso para cada Fraternidad gnóstica. Pensar, por ejemplo, en la montaña sagrada de Ussat. Esta inmensa red de grutas, con sus significaciones diversas es una copia fiel de los diferentes caracteres simbólicos que se manifiestan en la esfera astral del Cuerpo Vivo.

Por ello esperamos ardientemente que reconozcáis el privilegio excepcional de poder, en tanto que miembros de la Casa de Dios, formar parte de la multitud que puebla el nuevo campo astral y de así haber franqueado las fronteras de la muerte.

También que privilegio excepcional para los que, habiendo abandonado el cuerpo terrestre y habiéndose adaptado al nuevo campo astral, ¡pueden trabajar allí activamente! En razón de lo que precede, nos es permitido revelar que, si perseveráis en un aprendizaje serio, en el sentido en que lo hemos definido, y si os colocáis plenamente en el proceso de la santificación, pronto pondremos fin, a ejemplo de las Fraternidades precedentes, a todas las incertidumbres que eventualmente aún tendríais, gracias al sacramento del Consolamentum.

El Consolamentum confirma a todo hermano o hermana en el nuevo campo de vida. Para los alumnos serios que se aproximan al momento en el que deben abandonar el cuerpo terrestre, el Consolamentum aporta la certeza de ser unido al nuevo campo astral del Cuerpo Vivo y de ser admitidos allí. Para ellos, la muerte ya no es otra casa que una alegre elevación fuera de este valle de lágrimas que es nuestra tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXII

 

VIVIR DEL NUEVO PRINCIPIO DEL ALMA

 

A partir de lo que acabamos de decir, reflexionar ahora en la vida consciente del alma despertada y preguntaros como esta consciencia se desarrolla en el nuevo campo astral, de que manera ella se manifiesta allí, como esta vida se lleva allí acabo y cuales son los resultados de ella.

Para responder a estas cuestiones, es necesario primeramente formarnos una justa imagen de las nociones: consciencia, vida y alma.

La conciencia aparece cuando el principio animador que hace vivir al sistema del candidato es completamente interiorizado, es decir que opera a partir del punto central de este sistema. Hay, en la naturaleza fenomenal, numerosos sistemas vitales cuyo principio animador no está interiorizado, sino/pero que actúa desde el exterior. Ahora bien no puede haber conciencia en una manifestación vital de este genero. Pensemos en este caso en el mundo vegetal y en el de los insectos. La gran mayoría de las especies animales no poseen ni siquiera un principio animador individual. La mayor parte de los animales viven por lo que se llama el espíritu grupo.

Otros animales conocen una especie de estado semi-consciente. En este caso, el principio animador solo está interiorizado en parte; este último y los diversos vehículos del cuerpo no están perfectamente concéntricos; el principio animador se relaciona con él/depende y vibra en parte exteriormente. En algunas especies animales superiores, como los caballos y algunos perros, está casi completamente interiorizado como en el hombre. Si la evolución de estas especies animales progresa, los caballos, los perros y los hombres se encontrarían en el mismo plan desde el punto de vista de su estado natural. Se produciría lo que numerosos autores han supuesto como posible en el curso de la historia: la manifestación de los animales pensantes, que viven conscientemente, así como la formación de sociedades animales. Remitiros simplemente al celebre Jonathan Swift, el autor de los viajes de Gulliver. Gulliver entra en una sociedad de caballos que actúan, piensan y viven como los hombres. Si la animación interiorizada y los vehículos de la personalidad son concéntricos, la actividad mental, al menos la actividad cerebral natural tal como se constata en el hombre nacido de la naturaleza, se vuelve posible..

El cuerpo físico es un organismo constituido por células y átomos. Vive y permanece con vida porque posee un cuerpo etérico. Éste introduce continuamente en el organismo una cuádruple fuerza vital. Cuando el vehículo etérico no funciona normalmente, aparecen toda clase de dificultades corporales. El conjunto de cuerpo físico y doble etérico es vivificado por un principio animador. Cuando el hilo que une este principio al organismo se rompe, la muerte interviene y el organismo, no pudiendo ya mantenerse, se descompo­ne. Así se constata que la vida aparece gracias a la colaboración de un principio animador, de un cuerpo físico y de su doble etérico.

La conciencia nace cuando el principio animador está completa­mente interiorizado. Así es como se distinguen diversos estados de conciencia, de semi-consciencia, etc.,diferencias provocadas por la relación entre el alma y el organismo. la cuestión es saber si el principio animador y los vehículos están concéntricos o solo en parte. Nuestra búsqueda nos muestra pues que el principio del alma es muy superior a la vida, a sus formas y fenómenos. Todo depende del principio del alma, de la animación.

¿Que es pues el principio del alma? Es de naturaleza astral (o sideral); se la puede asociar al vehículo astral de la personali­dad, envolviendo como un manto al cuerpo físico y su doble etérico.

El vehículo astral está igualmente compuesto de átomos de naturaleza más sutil, más noble que los átomos etéricos y materia­les. Hay pues átomos de naturaleza material, etérica y astral, que corresponden a las tres esferas material, etérica y astral.

Una esfera etérica rodea el cuerpo material de la tierra; después, por encima, una esfera astral. Es en esta última en la que el hombre mora durante la noche. Es atraído a ella. Este cuerpo astral comporta tres estados, tres grados de densidad, tres unidades vibratorias diferentes.

En la vida dialéctica (¡Prestar atención a esto para compren­der más claramente la transfiguración!) uno de estos tres estados de naturaleza astral funciona positivamente y los otros dos negativamente. El polo positivo del vehículo astral corresponde al sistema hígado-bazo, especialmente al hígado, mientras que los dos estados negativos corresponden a la cabeza y al corazón. En la mayoría de los humanos, la sede de la conciencia está pues centralizada en el sistema hígado-bazo, y la vida de los sentimien­tos y de los pensamientos está en concordancia con ella.

El estado así descrito es el estado de base, la característica fundamental de la vida de todos los hombres dialécticos, luego nacidos de la naturaleza. De esta corta introducción, podemos extraer los datos suficientes para un acercamiento claro a nuestro tema.

 

En tanto que alma renacida, queréis participar en un nuevo comienzo. Esto quiere decir que aspiráis a la realización de un nuevo principio astral. Esto que os anima desde vuestro nacimiento es de estructura dialéctica. En la Escuela Espiritual, en la Joven Gnosis, lo que nos reúne es el deseo de adquirir un nuevo principio de alma con la que queremos estimular poderosamente la actividad en nuestro microcosmos. Si llegáis a ello, si conseguís lo que queréis, sentiréis que este desarrollo tiene inmensas incidencias, susceptibles sin embargo de ser determinadas de manera científica.

En tanto que entidad nacida de la naturaleza, el ser humano está animado por un yo astral cuya composición atómica se explica enteramente por la naturaleza de la muerte. Pero en razón de las circunstancias de la vida, algunos llegan, como hemos dicho, a elevar el centro de su conciencia del sistema hígado-bazo al corazón. Desde el comienzo ello provoca ya una perturbación notoria del proceso vital ordinario. Aquel que llega a elevar su conciencia hasta el corazón no abre únicamente la puerta del corazón a la luz gnóstica sino que provoca al mismo tiempo un cambio de la polariza­ción magnética del yo astral, el principio animador natural que hasta entonces gobernaba su vida.

Pensar por ejemplo, en el evangelio gnóstico de la Pistis Sophia: Cuando ella canta sus trece cantos de arrepentimiento y viaja a través de los diversos dominios de la naturaleza de la muerte, se dice que ella perturba el orden. Así es como el alumno serio de la Escuela Espiritual perturba el principio natural que lo anima y lo hace vivir. Llega a ello, lo repetimos, elevando al corazón el centro de la conciencia del sistema hígado-bazo. ¿Como realiza esto? Aspirando intensamente a la luz liberadora, buscando esta luz con perseverancia.

Verificar en vosotros mismos si conocéis esta aspiración, esta búsqueda de la luz. Si es que si, es que estáis elevando al corazón el centro de la conciencia natural. Gracias a este deseo de salvación, a esta aspiración, la puerta del corazón se abre en seguida a la luz de la Gnosis. El orden del centro positivo del hígado y del centro negativo del corazón es perturbado.

Gracias a este cambio, a esta perturbación del orden magnéti­co, la influencia del mundo astral de la naturaleza de la muerte se debilita mientras que aparece una nueva posibilidad, y allí está lo maravilloso y lo más importante: la posibilidad de que surja otro principio de alma y se desarrolle, aquel que ha entrado en el corazón y ha despertado allí al capullo de rosa de su sueño de muerte. Así pues es primordial para un aprendizaje positivo que el candidato llegue a realizar la transfiguración del alma. Esa es la clave/llave del éxito en el camino.

Si el alumno sigue la vía del alma renacida, al comienzo, es exactamente lo que hemos dicho de una planta o un animal: Durante tanto tiempo como el vehículo astral, el nuevo principio del alma y los otros vehículos, no estén aún concéntricos, no hay nueva conciencia. Ya hay entonces un nuevo principio del alma que opera y actúa en nosotros, que nos fuerza a toda clase de comportamien­tos, pero la nueva conciencia falta aún porque el centro del nuevo principio del alma no coincide aún con el de los otros vehículos. El alma nueva influencia ya la vida; se trata pues, Dios sea alabado, de una nueva vida del alma en formación, pero aún incontrolada, no consciente, luego no sentida.

Por ello se insiste continuamente en la Escuela de la Rosacruz de Oro, como siempre a sido el caso en la Gnosis, para que el alumno, por la ofrenda de si mismo, su total colaboración al servicio de todos, viva de una vida conforme a las normas del nuevo estado del alma. La mayoría de nuestros alumnos son tocados y marcados por la luz. Así la Escuela les dice sin descanso: <<Seáis conscientes de ello o no, seguid al principio del alma, a la nueva fuerza del alma que ya poseéis. ¡Entonces un día viviréis!>>

Si lo hacéis, el nuevo comportamiento os ayudará a realizar este estado, definido por las palabras de Jesús el Señor: <<Haría en vosotros mi morada.>> Estas palabras de Jesús significan que el centro del nuevo principio del alma inmortal debe terminar por coincidir con el de los otros vehículos. En ese momento el alma de la renovación hace su morada en el candidato. Al igual que la antigua alma estaba en el centro de los vehículos, de la misma manera debe estarlo el nuevo principio del alma.

Sin embargo, entre estos dos estados, hay una enorme diferen­cia en razón de la inversión de los polos. En el antiguo estado, el estado natural, el polo positivo se encontraba en el sistema hígado-bazo y el polo negativo en la cabeza y el corazón. En el nuevo estado, hay inversión: el polo positivo se ha elevado a la cabeza y el corazón, mientras que el polo negativo se encuentra en el sistema hígado-bazo. Si realizáis esta inversión y vivís de la nueva fuerza del alma, entonces la nueva conciencia, ella también, se expandirá y el alma despertada vivirá, de hecho, una vida consciente en el sentido gnóstico.

Es pues necesario decir que el alma con la cual es posible vivir en el nuevo campo astral se refiere a un vehículo astral de polarización totalmente invertida. Volverse hacia la luz gnóstica supone pues al mismo tiempo un giro, un cambio total, una conver­sión. Pensar aquí en María, de quien está escrito: <<Ella se cambió>> y vio a Jesús.

 

Hemos dejado en la sombra/aparte hasta el presente el hecho de que el principio astral del hombre, el vehículo astral, el ser alma, está también unido a una fuente de la que vive, de la que se alimenta.

En el hombre nacido de la naturaleza está fuente se encuentra en el mundo astral mismo, en los eones de la naturaleza. Pero el alma transfigurada, el alma cambiada, encuentra la vida fundamental del origen, único punto de partida que vuelve posible la verdadera evolución, la evolución eterna, el devenir eterno. En este estado, ya no hay ninguna unión del alma con los eones de la naturaleza, sino exclusivamente con el Espíritu, con la fuerza original de la manifestación universal, que despierta y confiere la vida. En este nuevo estado del alma, la unión con el Pymandre del comienzo se vuelve efectiva, lo que antaño se rompió es de nuevo restablecido y el Espíritu se manifiesta por la vía del principio del alma inmortal.

De ahí, la ley santa y universal: aquel que renueva el alma encuentra y haya al Espíritu.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXIII

 

EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA

 

EN EL NUEVO CAMPO ASTRAL

 

El nuevo campo astral de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, campo llamado la Cabeza de Oro, hemos dicho que se distingue del mundo astral dialéctico por una vibración superior.Es el campo astral del sexto dominio cósmico, el campo fundamental del comienzo, donde se manifiesta el Espíritu, donde el hombre puede realmente vivir con el Espíritu.

Este campo astral está constituido por átomos exactamente de la misma naturaleza que los del séptimo dominio cósmico. Sin embargo su frecuencia vibratoria es más elevada y consecuentemente tiene propiedades diferentes.Así podéis imaginar que, en el campo de vida del sexto dominio cósmico, la imagen del mundo es totalmen­te diferente, y que para las entidades de nuestra naturaleza, es una esfera de vida que no tiene nada que ver con la nuestra. Es una tierra diferente, la tierra santa del origen.

Ahora bien siempre hablamos con insistencia del campo astral de la Escuela Espiritual, del campo astral del Cuerpo Vivo. Insistimos con el fin de mostrar claramente que se trata de una concentración de sustancia astral del séptimo dominio cósmico, ciertamente, pero que tiene una frecuencia mucho más elevada que la del mundo astral de la naturaleza de la muerte que nos rodea. Este enclave, si lo podemos llamar así, está en unión, por su naturale­za, con el sexto dominio cósmico; el espíritu se manifiesta pues en el campo astral del Cuerpo Vivo. Se trata de una situación excepcional. En efecto, es el campo del alma espíritu que la Joven Gnosis atrae alrededor de ella mientras que ella aún se manifiesta plenamente en la naturaleza de la muerte.

El Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual se manifiesta pues en dos dominios cósmicos: por una parte en la naturaleza de la muerte, si es necesario hasta en lo más profundo del abismo, porque el amor divino penetra hasta el medio del infierno para ayudar y servir a los desdichados perdidos. Por otra parte, este Cuerpo Vivo se eleva, en la medida en que ello nos es posible, hasta los dominios más elevados de la esfera astral, a un estado que corresponde a la esfera astral del sexto dominio cósmico.

<<¿Como,>> preguntaréis, <<un campo puede manifestarse de manera tan excepcional, e identificarse con dos dominios cósmi­cos?>>

Dos factores lo explican. Por una parte, existe en el universo que nos rodea una fuerza de radiación que emana del sexto dominio cósmico, una fuerza de radiación del origen, es decir una fuerza de radiación que viene del Espíritu, del fuego astral puro, del campo etérico sagrado, a lo que se llama los alimentos santos, y fuerzas materiales diferentes de las que conocemos aquí abajo.

Por otra parte, es necesario que hayan hombres que aspiren a la liberación, hombres que, a partir de la base, conforme a los santos métodos gnósticos de antaño, realicen la transfiguración. Aquellos que así trabajan atraen hacia lo bajo, por así decirlo, las fuerzas cósmicas del sexto dominio. Ellos se aferran/enganchan allí, se alzan gracias a ellas. Pensar aquí en la cuerda con la que Cristian Rosacruz se alza hasta lo alto del pozo de la ruina. Si, gracias a la reunión de muchos, en unión de grupo consciente, este gran esfuerzo colectivo triunfa, el resultado será extraordinario. Además, en el curso de tal proceso, las Fraternidades gnósticas precedentes, y esto es una certeza, ofrecen su ayuda generosa.

 

Bien, la Escuela de la Joven Gnosis posee este cuerpo astral extraordinario, mantenido por la fuerza de alma liberada en la Escuela. Como esta fuerza se amplifica sin cesar, hace nacer posibilidades cada vez más grandes. Si el grupo y sus participantes quieren su camino conforme a las directivas de la Gnosis universal, gracias a las posibilidades de nuestro vestido de luz colectivo, no dejaremos de conocer manifestaciones aún más maravillosas. Se trata aquí de un proceso de extensión y de realización que significa una unión cada vez más íntima con el sexto dominio cósmico, unión que nos asegura finalmente un regreso completo, una integración total en el sexto dominio cósmico.

Por lo tanto tener en cuenta el hecho que el estado del campo astral de la Escuela corresponde completamente a las calidades de alma de los alumnos que lo mantienen. Es para los alumnos una razón más para esforzarse hasta el extremo de volver las posibilidades cada vez más grandes. En efecto siendo el campo astral un dominio del alma, el campo del alma y el estado del alma se confunden enteramente. Así pues está claro que todos los que están comprome­tidos en el proceso de cambio del alma participan en la misma medida en el nuevo campo astral, mientras que aquellos que no han comenzado este cambio permanecen por ello fuera de él.

Recordar además, que la nueva conciencia solo es posible cuando el alma está interiorizada. Poseer la conciencia del alma es otra cosa diferente a participar en el cuerpo astral, otra cosa que formar una célula del Cuerpo Vivo de la Escuela. El objetivo del aprendizaje es hacer evolucionar el nuevo estado del alma hasta la obtención de la conciencia del alma. La misión que incumbe al alumno es pues triple:

1. entrar en el nuevo campo astral de la Escuela y participar en él;

2. por una nueva vida del alma cada vez más dinámica, interiorizar el alma en su propio sistema vital;

3. finalmente obtener la conciencia del alma que, entonces, no tarda en llegar.

Aquel que se ha vuelto consciente según el alma puede, como Hermes Trismegistos, mantenerse con Pymandre, entrar en comunica­ción viviente con el Espíritu, volverse un servidor en todos los dominios y aspectos interiores del Cuerpo vivo de la Joven Gnosis.

 

A titulo de ejemplo, imaginar dos entidades, los dos alumnos de la Escuela Espiritual: una está todavía en posesión de su cuerpo dialéctico, el otro lo ha perdido por la muerte. El primero, aún vivo aquí abajo, es ayudado en la medida de lo posible por el campo astral de la Escuela durante el sueño del cuerpo, durante tanto tiempo como el proceso de interiorización del alma nueva no se haya realizado. es seguro que ella será mantenida en este campo durante algunas horas de la noche.

En el alumno medio, los períodos de sueño se dividen en tres partes: en la primera parte de la noche, el alumno mora en la esfera astral de la naturaleza de la muerte. La vida diurna es a veces tan animada, tan llena de ocupaciones dirigidas en la línea horizontal que es muy difícil, al principio, liberarse de la esfera astral dialéctica.

desde que, en las primeras horas de sueño, el cuerpo se ha reposado un poco, que el equilibrio del sistema nervioso automático está más o menos restablecido, un contacto tendrá lugar, durante la segunda parte de la noche entre el campo astral de la Escuela y el alumno.

Al final del reposo nocturno, en la tercera parte el alumno regresa frecuentemente hasta el limite de la esfera astral ordinaria. Entonces surge, en el durmiente, una mezcla de impresio­nes que vienen de la esfera astral de la escuela y de la naturaleza ordinaria. Ello provoca sueños semi-gnósticos, semi-dialécticos, toda clase de representaciones y de situaciones que, en general, se enmarañan hasta volverse una pelota inextricable. De este modo, hay frecuentemente algo de verdad en un sueño pero aún más de descon­cierto y miseria. Por ello debéis observar con la mayor prudencia en lo que concierne a vuestros sueños. Os aconsejamos fuertemente el no darles ninguna importancia, de no concederles ninguna atención. Recordarlos, si ello es útil y necesario; más tarde comprenderéis concretamente, por la experiencia, lo que ellos contenían eventualmente de verdad.

A medida que prosigue el proceso de cambio del alma, el período medio de la experiencia nocturna se extiende. El período de unificación con el campo astral del Cuerpo Vivo se alarga. Los limites se alejan hasta que la unión con la esfera astral del Cuerpo Vivo dura durante todo el reposo del cuerpo.

En lo que concierne al segundo alumno de nuestro ejemplo, privado de su cuerpo por la muerte, la situación es evidentemente diferente. Si el alma ya despertó antes de la partida del cuerpo, todo es muy simple: el hombre-alma que posee el manto de oro de las Bodas, el cuerpo astral perfectamente polarizado y devenido un vehículo inmortal, progresa de fuerza en fuerza.

Pero admitamos que la nueva alma, aunque en formación, no esté aún despierta, como es el caso en muchos de los alumnos de la Escuela Espiritual, y que el cuerpo muere. La situación es entonces muy complicada. Un alma que aún no está despierta es, por naturale­za, inactiva. El nuevo poder del alma en devenir es inactivo hasta que esté perfectamente centralizada en el alumno y que éste pueda emplearlo. El alma no despertada no puede aún actuar y por ello es necesario cuidar de ella. Ahora bien, cuando un microcosmos, por la muerte, es vaciado del cuerpo físico y de su doble etérico, subsiste un vehículo astral de naturaleza muy compleja. De hecho, son dos: uno orientado astralmente hacia la naturaleza dialéctica y el otro sobre el nuevo campo de vida. Éste doble vehículo astral no está aún polarizado; no ha entrado más que en parte en el proceso del cambio. En este estado, el fallecido es atraído en dos direcciones: el campo astral de la naturaleza dialéctica y el de la Escuela espiritual.

Por lo tanto puede ocurrir que la orientación astral dialécti­ca se muestre como la más fuerte. En este caso, la entidad está perdida para el nuevo campo de vida, en este sentido una nueva inmersión en la materia deberá seguir. Sin embargo, el nuevo potencial del alma ya adquirido no se pierde. Permanece grabado en el ser aural como un centro de fuerza. La vida pasada, aunque no haya sido la ocasión de una salvación no ha estado del todo sin beneficio/perdida: lo aprendido aprovechará a la nueva personalidad que se manifestará en el microcosmos.

Puede ocurrir también, y es frecuentemente el caso, que la nueva alma sea aún demasiado joven, demasiado poco desarrollada a la muerte del cuerpo, que las ganancias adquiridas sean relativa­mente ínfimas, pero que al lado de ello el alumno esté orientado tan perfectamente sobre la vida nueva y sobre la rendición del yo del hombre-Juan, que esté tan enteramente consagrado a la escuela, que rechace en principio la naturaleza dialéctica a pesar de las pocas calidades de alma presentes. En este caso, el alma es ciertamente admitida en el nuevo campo de vida. Este proceso es sostenido en la Escuela por un servicio de desprendimiento. Todos los hermanos y hermanas que permanecen aquí abajo tratan de incitar al difunto a alcanzar el campo astral de la Escuela por medio de la fuerza luz y de preservarle en la medida de lo posible de las influencias molestas.

Supongamos, por ejemplo, que el alma del difunto esté aún orientada en un noventa por ciento en la naturaleza dialéctica y en un diez por ciento en el nuevo astral. Llegando a la Cabeza de Oro, sentirá la conciencia astral dialéctica más importante, como una conciencia de vigilia. Ahora bien siendo dado que el campo astral de la Escuela no concuerda con esta conciencia astral, tendrá la sensación de una luz cegadora, luego no percibirá nada y nada experimentará: Allí no hay más que luz. Esta sensación de luz se debilitará poco a poco, porque se desarrollará un proceso notable, a menos, sin embargo, que la ayuda aportada no tenga éxito.

Os hemos explicado que la conciencia del alma está en relación con una nueva polarización del cuerpo astral. En el estado dialéctico, el polo positivo del cuerpo astral está centralizado en el sistema hígado-bazo y el polo negativo en la cabeza y el corazón. En el curso de la formación del alma nueva, estos polos se invierten; el polo positivo corresponde al corazón y la cabeza, y el polo negativo al sistema hígado-bazo.

El cuerpo del alma nueva está evidentemente polarizado enteramente como el gran campo astral de la Escuela Espiritual. El campo astral del Cuerpo Vivo, dicho de otra manera la esfera astral del sexto dominio cósmico, tiene pues una polarización opuesta a la del campo astral del séptimo dominio cósmico.

El alma dormida introducida en el campo astral del Cuerpo Vivo está por decirlo así mantenida totalmente derecha, enderezada por las fuertes corrientes polares de este campo. Frecuentemente se ve esto producirse concretamente por la extensión de los brazos, la cabeza exactamente en la dirección del polo positivo del campo en cuestión y las piernas en dirección opuesta. Levantada así por estas corrientes polares,fuertemente vivificada, el alma nueva, si este trabajo de enderezamiento tiene éxito, es despertada al instante, perfectamente consciente. El antiguo estado del alma se apaga al mismo tiempo. Esto que, aquí, en el mundo dialéctico, cuesta eventualmente años de lucha, puede realizarse allí en muy poco tiempo. En el momento mismo en el que el alma es enderezada, ella está perfectamente despierta, viva y consciente. El milagro grandioso se ha cumplido: el microcosmos es liberado de la rueda del nacimiento y de la muerte. Es la última manifestación de una personalidad que va a desaparecer. Una nueva inmersión en la noche, la muerte y el horror ya no es necesaria; a menos que el alma de la que se trata no descienda más tarde, voluntariamente, impulsada por el amor imperecedero que va a buscar, para salvarlo, lo que está perdido, al servicio de Jesucristo nuestro Señor.

Es preciso comprender sin embargo que las corrientes polares del campo astral de la Escuela Espiritual no actúan automáticamen­te. Estas corrientes de la Cabeza de Oro deben ser despertadas y continuamente mantenidas. Esta operación es efectuada por los trabajadores de la Cabeza de Oro, hermanos y hermanas a los que les está permitido consagrarse a esta tarea al servicio de todos sus amigos. Es el trabajo del templo interior, trabajo que pide siempre más servidores. A medida que los trabajadores se van al campo de cosecha y que la cosecha es reunida, que los graneros se llenan y que un numero creciente de entidades es atraída, cae de su peso que numerosos cosechadores son necesarios.

Sin duda otra pregunta se eleva para terminar: <<¿Que le ocurre al alma despertada por las corrientes polares del campo astral gnóstico?>>

Entra enseguida, como un relámpago, en unión con el Espíritu, con su Pymandre. El Espíritu, él también, es una radiación. Desde que un alma es despertada y se eleva en el nuevo campo astral, en la Cabeza de Oro del Cuerpo Vivo gnóstico,el Espíritu, en una fracción de segundo, se une a ella, y los dos ya no son más que uno/se funden en uno. A partir de ese momento el ser humano, actuando por si mismo, creando por si mismo, se vuelve en el más alto sentido de la palabra un francmasón, un co-constructor en la morada de las  almas vivas.

Esperamos ardientemente que esta explicación contribuirá a daros una visión clara de la salvación reservada a todos en la Gnosis.

<<A todos los que lo aceptan, les da el poder de volverlos hijos de Dios.>> Comprender esta llamada a la vida. ¡Si os sabéis herederos de la salvación, tomar sin tardanza posesión de vuestra herencia!

 

 

 

 

 

 

XXIV

 

LA SALA DE LAS BODAS: LA CABEZA DE ORO

 

Hemos hablado de la manera como la conciencia del hombre-alma se desarrolla en el nuevo campo astral, como el hombre-alma es conducido al despertar en el jardín de los dioses, el campo de base de la vida humana verdadera. En este campo de actividad, en efecto, en este campo del alma, la unidad rota es restablecida entre el Espíritu y el alma; Pymandre y Hermes son reunidos. Profundicemos ahora en la manera como se manifiesta la vida del alma se manifies­ta en el campo astral de la Escuela.

Retomemos el ejemplo del alumno serio, de aquel que recorre el camino de la rendición del yo y de su corolario, el nacimiento del alma, luego el alumno que es atraído y admitido, gracias a su transfiguración astral, en el campo astral de la Escuela, en la Cabeza de Oro del Cuerpo Vivo. No tomamos en consideración el hecho de que ya haya abandonado el cuerpo terrestre o que aún se sirva del vehículo dialéctico, que ya haya penetrado enteramente en el campo astral de la Escuela o que solo pueda, como alma dormida, entrar allí algunas horas cada día, condición que únicamente le dará, en su existencia en el seno de la materia, unas impulsiones para la manifestación del alma.

El alma preparada, que entra en el nuevo campo astral, penetra en el santo espacio del Templo sublime de la iniciación gnóstica: la Cabeza de Oro, el Templo de la iniciación de nuestro Padre y Hermano C.R.C. Este es un Templo cuya frecuencia vibratoria disminuye de tiempo en tiempo para sintonizarse con el limite extremo de las vibraciones de la naturaleza dialéctica, como para una especie de recibimiento, con el fin de volver posible la travesía de un grupo que se aproxima. Desde que esta sala de las Bodas está llena de convidados, la gran fiesta de las Bodas Alquímicas comienza.

Sabéis, por las parábolas bíblicas sobre este tema y las informaciones dadas en Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz que siempre hay convidados que no poseen el vestido nupcial. Ellos son ya renviados directamente, ya pesados y encontrados demasiado ligeros, siendo después también expulsados sin perjuicios del juicio. Comprenderéis que estos episodios aparentemente novelescos reposan enteramente en la realidad y que esta historia se repite siempre. Es así como en nuestra época, los que violentan la verdad son rechazados de la sala de las Bodas.

Representaros esta sala de las Bodas, la Cabeza de Oro, el campo astral de la Escuela, el Templo de iniciación de C.R.C. como un espacio ilimitado que forma sin embargo una totalidad orgánica y no hace ninguna concesión a la sublimidad tal como se la concibe en el mundo dialéctico. Allí no entráis, como en la esfera reflectora, bajo las bóvedas de inmensas catedrales etéricas de donde se alzan torres y cúpulas, ni en salas grandiosas, blancas y oro. No se trata de esto. Parecidas representaciones son quizás útiles y significativas, a veces, en el mundo astral ordinario para algunos; pero la sala de las Bodas de la Gnosis es de hecho un espacio ilimitado, sentido sin embargo como una totalidad orgánica. Cuando entráis en la <<Catedral>> de Ussat-Ornolac, no veis más que una gruta y no sentís más que frío y oscuridad. Sin embargo está gruta sumerge en el campo astral gnóstico. Aquellos que están preparados, que están maduros la sienten gracias a las vibraciones de naturaleza especial de las que acabamos de hablar y que se manifiestan en el espacio ilimitado.

Si queréis una comparación, pensar en un campo esférico en el que sería admitido el candidato. En este campo aparecen poderosas corrientes magnéticas polares de naturaleza totalmente diferente del campo astral dialéctico, corrientes que son, como hemos explicado, diametralmente opuestas a las del campo astral dialécti­co. Este campo de espacio ilimitado es la decisiva puerta de los Misterios gnósticos; aquel que puede entrar allí no se vuelve libre, es libre. Para comprenderlo, he aquí algunas explicaciones:

Hemos dicho que, gracias a la corriente polar de naturaleza astral que atraviesa este campo, el alma que ha penetrado allí es enderezada y se eleva, pero añadíamos: a menos que… Pues este enderezamiento del alma solo es posible si está en armonía con este campo, si ella y su vehículo satisfacen al estado orgánico del vestido de oro de las Bodas.

Por ello ninguna mistificación puede ya tener lugar en el espacio del nuevo campo de vida: solo aquel que es verdad puede unirse a la verdad. Si alguien no hace más que hablar de la verdad pero no la pone en practica, es absolutamente apartado de este campo. Darse aires es mistificación. En el campo de la existencia ordinaria, estamos rodeados por la ilusión; y la ilusión extravía. Pero desde que pasáis la puerta de los Misterios, toda mistifica­ción cesa. Aquel cuyo estado de ser no puede satisfacer las exigencias del pasaje será incapaz de mantenerse cuando las corrientes polares sean llevadas a una frecuencia vibratoria más alta. Es así como se confirman en la practica los santos relatos y leyendas.

Acordaros de lo que ocurre en el Templo de iniciación de C.R.C. En los primeros lugares se sentaban al principio un gran numero de reyes, de emperadores, príncipes, barones, nobles y plebeyos, ricos y pobres; el comportamiento de muchos de entre ellos está lejos de ser elevado y la mayoría hacen alboroto por diez/alborotan como diez. Cuando C.R.C. entra modestamente, lleno de agradecimiento por haber podido pasar justo la puerta, se ríen en su nariz cuando, a su pregunta: <<Así, hermano Rosacruz, ¿usted también está aquí?>> responde: <<Si, hermanos, la gracia de Dios me ha hecho entrar, a mi igualmente.>> ¡Pero/Pues todos estos <<hermanos>> no han hecho ningún esfuerzo para ser admitidos en este lugar! Así desde que comienza la pesada, es decir desde que las corrientes polares se intensifican, los llamados hermanos desaparecen. Pero para aquellos que <<resisten todos los pesos>>, este enderezamiento del alma representa un despertar, un devenir consciente. Significa además una vida nueva, un viaje a través de la eternidad. El candidato es conducido hasta allí por una fuerza gnóstica santificante, la fuerza del Espíritu Santo, del Curador, del Paracleto. Aquel que es así despertado se encuentra hijo recién nacido, hijo de la Divinidad, hijo del Espíritu. En efecto el espacio entero de la Cabeza de Oro en tanto que espacio astral, está igualmente lleno de la radiación del Espíritu.

¿Que es el Espíritu? Eso no se puede explicar. El Espíritu (a distinguir claramente del Espíritu Santo), el Logos Universal, Dios, llena con su santa presencia el espacio del mundo del alma. Así este mundo del alma es asociado al Reino de los Cielos, el dominio de los hombres-Cristo. De la misma manera que Jesucristo dice de si mismo: <<Yo y el Padre somos uno>>, de la misma manera el hombre-alma resucitado, repatriado a la Cabeza de Oro, puede decirlo también pues el campo entero está inflamado e iluminado por la Divinidad. Allí, Espíritu y Alma, Padre e Hijo, Dios y el mundo del alma, son perfectamente uno.

 

La experiencia nos enseña, y la Biblia lo confirma, que en la vida dialéctica reina la separación con el espíritu. A causa de esto el hombre hace experiencias/experimenta y crea el mismo la ilusión del mal. La existencia en la naturaleza dialéctica sigue una vía de penas, sufrimientos y tristezas. También, con la ayuda de ejemplos tomados en la naturaleza dialéctica, es imposible hacer ninguna comparación con el campo del Espíritu de la Cabeza de Oro.

La única cosa que poseemos aquí abajo, en este <<valle de lágrimas>>, es el Espíritu del Paracleto, el Espíritu del Consola­dor, la fuerza-luz del Espíritu Santo. Es una fuerza santificante y curadora que viene del mundo del alma, del sexto dominio cósmico, y penetra en el séptimo dominio cósmico. Ella no se confunde nunca con la naturaleza dialéctica de la que se mantiene aparte. Por lo tanto, esta fuerza existe y tiene por única tarea el hacernos volver a la Casa del Padre, de conducirnos fuera del mundo dialéctico hasta el estado de alma viva.

Así podéis comprender porque miles de teólogos, clericales y sectarios, buscan al Espíritu Santo pero no lo encuentran jamás y, cada vez, encuentran a un títere espírita. Aquel que quiere realizar el Reino de Dios en la tierra no encontrará nunca la fuerza del Paracleto, incluso hablando virtuosamente de la imitación de Jesucristo.

Por contra, el alma introducida por el Espíritu del Paracleto, el Espíritu de verdad, en el nuevo campo de vida, el campo del Espíritu, donde el alma y el Espíritu se funden en una unidad perfecta en virtud de la manifestación del Espíritu, esta alma experimenta la verdad de las palabras de Juan, 14, 18-20:

<<Yo no os dejaré huérfanos; yo vendré a vosotros. Todavía un poco de tiempo y el mundo ya no me verá; pero vosotros, me veréis; pues yo vivo y vosotros viviréis también. En aquel día, conoceréis que yo estoy en mi Padre, que vosotros estáis en mi y yo en vosotros.>>

Si podéis elevaros, consciente y lúcidamente, en la Casa de nuestro Padre <<con numerosas moradas>>, veréis y sentiréis lo que hemos tratado de explicaros de manera simple. Sentiréis el campo de la unidad del alma y del Espíritu, el campo que es eternidad, inmortalidad, omnisciencia, amor perfecto, bondad absoluta unidad absoluta sin ninguna noción de división, una unidad espacial infinita sin embargo resentida orgánica, consciente e inteligente­mente. El candidato que entra en este campo se vuelve un hombre alma-espíritu, que participa del orden espiritual original de Jesucristo.

Ahora comprenderéis la justicia de las palabras de Jesús el Señor que conciernen a Juan Bautista: <<Entre aquellos que han nacido de mujer, ninguno es más grande que Juan, pero el más pequeño en el reino de los Cielos es más grande que él.>>

Ahora bien es a este Reino de los Cielos, a este Reino que existe aquí, en el presente vivo, que sois llamados, y toda la ayuda necesaria os es dispensada, pues el Espíritu del Paracleto actúa en todos los focos y en el conjunto del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis.

 

<<Se trata del presente vivo,

se trata del ahora de hoy.

Por ello dirigimos nuestros pasos

hacia el trabajo al que la Gnosis nos invita.>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXV

 

SEGUNDO LIBRO:  PYMANDRE A HERMES

 

1 <<Haz silencio, oh Hermes trismegistos, y retén bien lo que voy a enseñarte. Te diré inmediatamente lo que se me ocurra/lo que me venga a la idea/mi opinión.>>

 

2 Hermes: <<Se habla mucho por todas partes del universo y de Dios, pero las opiniones se contradicen de manera que no distingo la verdad. ¿Quieres aclarármelo, oh Maestro? Solo creeré lo que tu me revelaras.>>

 

3 <<Aprende pues, hijo mío, la relación entre Dios y el universo, es decir: Dios, la eternidad, el mundo, el tiempo y el devenir.

 

4 Dios hace la eternidad, la eternidad hace el mundo, el mundo hace el tiempo y el tiempo hace el devenir.

 

5 La esencia de Dios es el bien, lo bello, la bienaventuranza/bea­titud/felicidad y la sabiduría; la esencia de la eternidad es la inmutabilidad; la esencia del mundo es el orden; la esencia del tiempo es el cambio; y la esencia del devenir es la vida y la muerte.

 

6 El Espíritu y el alma son la fuerza activa y reveladora de Dios; la permanencia y la inmortalidad, tal es la acción de la eternidad; la desnaturalización y el regreso a la perfección, esa es la acción del mundo; el crecimiento y el decrecimiento, esa es la acción del tiempo; la propiedad, esa es la acción del devenir.

 

7 Así la eternidad está en Dios, el mundo está en la eternidad, el tiempo está en el mundo y el devenir está en el tiempo.

 

8 Mientras que la eternidad reposa alrededor de Dios, el mundo se mueve en la eternidad, el tiempo se cumple/realiza en el mundo y el devenir evoluciona en el tiempo.

 

9 Dios es pues el origen de todas las cosas; Su esencia es la eternidad y el mundo es Su materia.

 

10 La eternidad es la fuerza potencial de Dios. La obra de la eternidad es el mundo, que no ha tenido comienzo, pero que está en devenir continuo bajo la acción de la eternidad. Por ello nada de lo que es en el mundo perecerá jamás, pues la eternidad es incorruptible, y nada será nunca aniquilado porque la eternidad envuelve al mundo totalmente.>>

 

11 <<¿Pero que es la sabiduría de Dios?>>

 

12 <<Es el bien, lo bello, la beatitud, la virtud total y la eternidad.

 

13 La eternidad hace del mundo un orden que penetra la materia en/con permanencia e inmortalidad. El devenir de la materia depende de la eternidad como la eternidad misma depende de Dios.

 

14 Está el devenir y el tiempo, tanto en el cielo como en la tierra, pero son diferentes de naturaleza; en el cielo, son inmutables e imperecederos; en la tierra, son cambiantes y perecederos.

 

15 Dios es el alma de la eternidad; la eternidad es el alma del mundo, y el cielo es el alma de la tierra.

 

16 Dios está en el Noûs; el Noûs está en el alma; el alma está en la materia y todas las cosas existen por la eternidad.

 

17 Este gran cuerpo, que engloba todos los cuerpos, está lleno interiormente, y envuelto exteriormente, por un alma penetrada de conciencia-espíritu, penetrada de Dios, un alma que vivifica todo el universo.

 

18 Exteriormente, esta vida vasta y perfecta que es el mundo con, interiormente, todas las criaturas vivientes, dura inmutablemente arriba en el cielo, siempre idéntico a si misma, mientras que abajo en la tierra, produce los cambios del devenir.

 

19 La eternidad mantiene todo esto, sea por lo que se llama el destino, la providencia, la naturaleza, sea de otra manera como se considere ahora o en el futuro. Aquel que realiza todo esto por su actividad, es Dios, la fuerza activa y reveladora de Dios.

 

20 Dios, luego la fuerza potencial triunfa sobre todo, y a quien no puede compararse nada humano ni divino.

 

21 Por ello, Hermes, no creas que alguna cosa de aquí abajo o de arriba sea parecida a Dios, pues te alejarías de la verdad: nada, en efecto, es parecido a lo Incomparable, al Dios único y univer­sal.

 

22 Así no creas tampoco que El comparte con cualquiera Su fuerza potencial. ¿Quien, excepto Dios, es creador de la vida, de la inmortalidad y del cambio?

 

23 ¿Que podría hacer El que no fuera/diferente a/aparte de crear? Dios no es inactivo, sino el cosmos entero lo sería también, pues todo está lleno de Dios.

 

24 Tampoco existe en ninguna parte inactividad, ni en el mundo ni en ningún ser. Inactividad es una palabra vacía, tanto en lo que concierne al creador como en lo que concierne a lo creado.

 

25 Todo debe ser creado según la influencia propia a cada lugar.

 

26 El Creador vive en todas sus criaturas. No mora en una de ellas separadamente, y no crea en una de ellas únicamente, sino que las crea a todas.

27 Puesto que es una fuerza siempre activa, no es suficiente para El haber creado seres: los toma también bajo su protección.

 

28 Mira en mi/ por mi/ a través de mi el mundo que se ofrece ante tus ojos y considera en ti mismo cuan bello es: un cuerpo puro e incorruptible, interiormente joven y robusto, y cuya fuerza no cesa de crecer.

 

29 Mira también los siete mundos fundamentales, formados según un orden eterno y que, siguiendo cada uno su propio curso, llenan juntos la eternidad. Mira, la luz está por todas partes, pero el fuego en ninguna.

 

30 Pues el amor así como la fusión de los contrarios y de las diferencias se han vuelto la luz que irradia por la fuerza reveladora de Dios, el Creador de todo bien, Señor y Príncipe del orden entero de los siete mundos.

 

31 Mira la luna, que corre delante de todos los mundos, instrumento del crecimiento natural, que transforma la materia de aquí abajo.

 

32 Mira la tierra en el centro del universo, establecida como la base de este mundo magnifico, alimentadora y guardiana de todo lo que vive sobre ella.

 

33 Observa la innumerable multitud de seres inmortales y la gran masa de mortales, y mira la luna describir su órbita entre mortales e inmortales.

 

34 Todo está lleno de alma, todos los seres son movidos según su propia naturaleza, algunos en el cielo y otros en la tierra. Aquellos que deben estar a la derecha no van a la izquierda; aquellos que deben estar a la izquierda no van a la derecha; aquellos que deben estar arriba no van abajo; aquellos que deben estar abajo no van arriba.

 

35 Que todos estos seres hayan sido engendrados, ya no tengo necesidad de mostrartelo, mi bien amado Hermes; son cuerpos, poseen un alma y son movidos.

 

36 Todos estos seres sin embargo, no pueden formar una unidad sin alguien que les reúna. ¡Es necesario pues que este exista! Y debe ser absolutamente único.

 

37 Pues, puesto que los movimientos son diferentes y múltiples, y que los cuerpos también son diferentes, mientras que hay una única velocidad que les es impuesta colectivamente, no puede haber allí dos o más criaturas.

 

38 Si hubieran más, la unidad del orden no sería mantenida y la envidia nacería con respecto al más poderoso.

 

39 Supón que hubiera un segundo creador para los seres cambiantes y mortales, éste sería tomado por/tendría el deseo de crear también seres inmortales, y de la misma manera el creador de los inmortales querría crear también seres mortales.

 

40 Además supón que hubieran dos criaturas, mientras que por una parte está la materia y por otra parte el alma, ¿a cual de las dos atribuir la creación? Y si las dos provienen de ella ¿quien tendría la mayor parte?

 

41 Tienes que saber que todo cuerpo vivo está compuesto de materia y alma, tanto lo mortal como lo inmortal, tanto aquello que está provisto de razón como aquello que está privado de ella.

 

42 Todos los cuerpos vivos están animados. Todo lo que está sin vida solo es materia, mientras que el alma sola, causa de la vida, mora entre las manos del Creador. El Creador de los inmortales es pues también el creador de la vida; luego también, el de los seres vivos, los mortales.

 

43 ¿Como aquel que es inmortal y que ha creado la inmortalidad no crearía también todo lo que pertenece a los vivos?

 

44 Luego que existe alguien que ha creado todo esto está claro. Que sea único, es evidente, pues el alma es una, la vida es una y la materia es una.>>

 

45 <<¿Quien es entonces el Creador?>>

 

46 <<¡Quien sino el Dios Único! ¿A quien otro que a Dios, solo, corresponde la creación de los seres vivos, animados? Porque Dios es único.

 

47 Verdaderamente hay de que reír: Mientras que reconoces que hay un único mundo, un solo sol, una sola luna y una sola naturaleza divina, ¿pensarías que Dios es múltiple?

 

48 Luego es Dios quien ha creado todas las cosas. Por otra parte, ¡quien se sorprendería de que Dios creara a la vez la vida, el alma, la inmortalidad y el cambio, mientras que tu mismo efectúas  tantos actos diferentes!

 

49 Pues tu ves, hablas, escuchas percibes olores, gustas, tocas, caminas, piensas, respiras. ¡No es pues otro quien ve, otro quien escucha, otro además quien habla, quien camina, quien piensa y quien respira! Es un único ser quien hace todo esto.

 

50 Bien, las actividades divinas no están tampoco separadas de Dios; pues de la misma manera que tu dejaras de realizar todas las actividades, ya no serías un ser vivo, de la misma manera si Dios dejará de realizar sus actividades, ya no sería Dios.

 

51 Si está demostrado que ningún ser puede existir en la inactivi­dad, ¡con más razón Dios!

 

52 Si realmente existiera algo que Dios no hubiera creado, El sería imperfecto. Puesto que Dios no es inactivo sino, por el contrario, perfecto, así es el Creador de todas las cosas.

 

53 Si me escuchas todavía un poco, oh Hermes, comprenderás ciertamente que Dios no tiene más que un único objetivo: a saber hacer nacer todo lo que está en devenir, todo lo que ha devenido en el pasado y todo, lo que devendrá en el futuro.

 

54 Así es la vida, mi bienamado. Eso es lo bello, eso es el bien, eso es Dios.

 

55 Si quieres comprender esto por tu propia experiencia, mira lo que pasa en ti cuando quieres engendrar. Sin embargo cuando se trata de Dios, el acto de engendrar no es el mismo: Dios, de seguro, no experimenta ninguna alegría perceptible y nadie colabora con Él.

 

56 Puesto que actúa enteramente solo, es siempre inmanente en sus obras y es El mismo lo que engendra, tanto creador como creación. Pues si sus criaturas estuvieran separadas de El, se derrumbarían y perecerían ineluctablemente porque la vida se retiraría de ellos.

 

57 Pero puesto que todo vive y que la vida es una, Dios es, ciertamente, único. Por otra parte, puesto que todo, tanto en el cielo como en la tierra, está vivo y que la vida es única en todo, la vida creada por Dioses Dios; todo llega a la vida por las obras de Dios y la vida es la unión del alma y el espíritu.

 

58 En cuanto a la muerte, ella no es la destrucción de los elementos reunidos, sino la ruptura de su unidad.

 

59 Así la eternidad es la imagen de Dios; el mundo es la imagen de la eternidad; el sol es la imagen del mundo y el hombre la imagen del sol.

 

60 En cuanto al cambio, el hombre ordinario lo llama muerte porque el cuerpo se disuelve y la vida se retira a lo invisible.

 

61 Yo te declaro, pues, mi bienamado Hermes, que los seres que desaparecen de esta manera son simplemente transformados: cada día, una parte del mundo pasa a lo invisible, pero de ninguna manera puede ser aniquilado.

 

62 Aquí es donde reside el sufrimiento del mundo: las rotaciones y las desapariciones en lo que se llama la muerte. Pues la rotación es revolución, y la desaparición es renovación.

 

63 El mundo posee todas las formas. No las guarda encerradas en si mismo, sino que se transforma en las formas y por las formas.

 

64 Luego puesto que el mundo es creado omniforme, ¿como será entonces su Creador? ¡No podemos decir que no tenga forma! Y si El fuera, El también, omniforme, sería parecido al mundo. ¿Pero si El no tuviera más que una sola forma? ¡Entonces sería a este respecto inferior al mundo!

 

65 Luego ¿Que decidir? ¡Pues nuestra concepción de Dios no puede presentar ninguna laguna!

 

66 No hay más que una sola forma propia a Dios, una única forma que los ojos corporales no pueden percibir, una forma incorporal, que manifiesta todas las formas por los cuerpos.

 

67 No te extrañe el que pueda existir una forma incorporal: ¡piensa en las palabras que pronuncias! Así como en unas pinturas: se ven allí las cimas de las montañas elevarse alto hasta el cielo mientras que en la realidad son lisas y planas.

 

68 Reflexiona aún más profunda y completamente en lo que te he dicho: de la misma manera que el hombre no puede vivir sin la vida, Dios no puede vivir sin crear el bien. Así es en efecto la vida y el movimiento de Dios: otorgar a todo el movimiento y la vida.

 

69 Algunas cosas deben ser abordadas con una comprensión particu­lar, por ejemplo lo que sigue:

 

70 Todo está en Dios; sin embargo no como en un lugar determinado, pues un lugar es material e inmóvil, y lo que ocupa un lugar en alguna parte está sin movimiento; en lo incorporal, las cosas aparecen de una manera muy diferente.

 

71 Pensando en aquel que encierra todo en si, comprende ante todo que nada es capaz de circunscribir lo incorporal, y que nada es más rápido ni más poderoso que él. El es lo incircunscrito, lo más rápido y lo más poderoso.

 

72 Reflexiona también en ti mismo; ordena a tu alma ir a las Indias, y ella estará allí más rápido que le hayas ordenado/tu orden.

 

73 Ordénale ir hacia el océano y ella estará allí instantáneamente, no viajando de un lugar a otro, sino como si ella ya se encontrará allí.

 

74 Ordénale, incluso, elevarse hasta el cielo, no tendrá necesidad de alas para hacerlo. Nada puede impedírselo, ni el fuego del sol, ni el éter, ni la revolución del cielo, ni los cuerpos de las estrellas; surcando todos los espacios, se elevará en su vuelo hasta el último cuerpo celeste.

 

75 Incluso si quieres perforar la bóveda del universo y contemplar lo que hay más allá, si existe algo más allá del mundo, tu puedes.

 

76 ¡Mira que poder, que rapidez posees! Y si tu puedes todo esto, ¿acaso Dios no lo podría?

 

77 También concibes a Dios así: todo lo que es, El lo encierra en si mismo como si fueran sus pensamientos: el mundo, El mismo, el universo.

 

78 Si no puedes igualar a Dios no puedes comprenderlo: pues solo lo semejante comprende a lo semejante.

 

79 Crece hasta ser de una grandeza inmensa, sobrepasa a todos los cuerpos, elévate por encima de todos los tiempos, transfórmate en la eternidad. Entonces comprenderás a Dios.

 

80 Penétrate por el pensamiento de que nada es imposible; considé­rate como inmortal y capaz de comprenderlo todo, las artes, las ciencias y la naturaleza de todo lo que vive.

 

81 Sube más alto que toda altura, desciende más bajo que toda profundidad.

 

82 Reúne en ti las sensaciones de todo lo creado: del fuego y del agua, de lo seco y lo húmedo; imagina que estas en todas partes al mismo tiempo: sobre la tierra, en el mar, en el aire; que tu eres aún increado; que estas en el seno materno; que eres adolescente, anciano; que estas muerto y más allá de la muerte. Si puedes iluminar todo eso a la vez en tu conciencia: tiempo, lugares, acontecimientos, calidades y cantidades, entonces comprenderás a Dios.

 

83 Pero si guardas a tu alma prisionera en el cuerpo, si la rebajas diciendo: <<no comprendo nada, nada puedo, temo al mar,no sabría elevarme hasta el cielo, no se lo que he sido, ni lo que seré>>, ¿que tienes que hacer tu, entonces, con Dios?

 

84 Pues nada puedes comprender por el pensamiento de lo que realmente es bello y bueno mientras que ames al cuerpo y seas malvado. El vicio supremo es no conocer lo divino.

 

85 Pero ser capaz de conocer lo divino, tener la voluntad para ello y la poderosa esperanza constituye la vía directa hacia el bien, una vía fácil. Por todas partes, durante tu viaje, lo encontraras en el camino, por todas partes se hará conocer a ti, incluso en el lugar y en el momento en el que no lo esperes; ya veles o reposes, sobre el agua o la tierra, de día o de noche, ya hables o calles: pues no hay nada que no sea.

 

86 Dirás ahora: <<¿Dios es invisible?>> ¿quien se revela más que Dios? Todo lo ha creado para que tu lo conozcas a través de todas sus criaturas.

 

87 Lo magnifico, lo maravilloso, es que Dios se manifiesta a través de todas sus criaturas.

 

88 Pues nada es invisible, ni incluso entre los incorporales; el Noûs, el Alma-Espíritu, se revela en la contemplación viva y Dios se manifiesta en su actividad creadora.

 

Todo esto, oh Trismegistos, debía desvelarte. Considera el resto de la misma manera y no te extraviaras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXVI

 

EL VIVO CONOCIMIENTO DE DIOS

 

El segundo, libro del Corpus Hermeticum ante el cual vamos ahora a colocaros, comprende, como el primer libro, una conversación entre Pymandre y Hermes Trismegistos, conversación dirigida enteramente sobre la esencia de Dios y sobre la cuestión de saber como se puede conocer y comprender la esencia y las obras de Dios.

Reconoceréis que tal conocimiento es del mayor interés, si, que es indispensable. Entendemos por <<Dios>>, en efecto, al manantial de todas las cosas, la esencia suprema de la que toda existencia procede. Aquellos que quieren recorrer el camino de regreso tal como está trazado en la esencia suprema, aquellos que se saben llamados a la filiación divina, deben conocer y comprender a nuestro Padre del todo. También, el conocimiento de Dios ha sido siempre el objetivo del verdadero gnóstico. De este conocimiento se deduce todo el resto.

Las sociedades religiosas naturales tienen la boca llena de Dios. Lo invocan y lo adoran en los términos místicos más bellos. Cada día tienen lugar predicaciones y son celebres los rituales que tienen a Dios por tema y objetivo. Miles de hombres se dicen teólogos.

Vistos los resultados obtenidos, así como las opiniones y concepciones totalmente contradictorias de las innumerables corrientes religiosas, parece que el conocimiento humano de Dios es aflictivo, si, que en realidad no puede nadie hablar de conocimien­to a este respecto. Mirándolo bien, estas bellas palabras, estos libros piadosos, estas actividades de las religiones naturales no son más que imitación y no significan nada. Aquel que se gira hacia ese lado, que se pone a estudiar la literatura mundial en este dominio, finalmente no sabe nada de lo que realmente quiere saber. Es un océano de palabras en el que se pierde, un dogmatismo y una teología sin fundamento.

A través de los siglos, innumerables son los que, como nosotros, han descubierto este hecho, este error que no hace más que aumentar la negativa de Dios, la negación de Dios. Se niega consciente y positivamente lo que la masa religiosa creía deber afirmar de Dios. Se negaba también la autoridad arrogante con la cual los teólogos decían: <<Es así y no de otra manera.>> Entonces se comenzó a sublevarse contra los eclesiásticos que, con su autoridad presuntuosa aumentaron la opresión: crudeza, ferocidad, torturas, hogueras, calabozos y otros tormentos diabólicos.

Se descubría a continuación que los llamados Padres de la Iglesia no se privaban de ocultar y esconder los escritos origina­les, con la finalidad de que los que vinieran después no pudieran tomar conocimiento de ellos. Muchas bibliotecas antiguas disemina­das por el mundo entero encierran, escondidos, preciosos documentos auténticos de numerosas Fraternidades gnósticas. Se guardan estos escritos detrás de solidos cerrojos, con el fin de que el contenido permanezca desconocido. O también porque se descuenta de ellos un beneficio material.

A través de los tiempos, se descubre igualmente el refinamiento del método empleado por algunas instituciones religiosas, método que consistía en mutilar fundamentalmente el contenido de los escritos auténticos. De manera que, el escrito mutilado alteraba profunda­mente la verdad por la impresión falsa que suscitaba y justificaba aparentemente los dogmas de los Padres de la Iglesia.

Así es como, desgraciadamente, la humanidad lee muchas mentiras en los santos escritos. Es así como lleva en su corazón textos sagrados alterados, mutilados. Es así como todo lo que emanaba de la verdad, de la realidad y del origen y se esforzaba en fraguarse un camino hasta la humanidad fue, en la medida de lo posible, controlado y pasado por la criba. Se fundo una clase de autoridades religiosas a las que se les confirió títulos. Se instituyeron doctores en teología. Aún hace poco tiempo que estas autoridades ejercían una gran influencia sobre la masa.

Pero todo lo que es organizado de manera dialéctica refinada para parecer honesto y autentico encuentra su fin, conforme a la ley de base de la naturaleza dialéctica, su fin ineluctable, su propio aniquilamiento. Pues aquel que prefiere la muerte a la vida encontrará, en efecto, la muerte.

 

Como hemos dicho, innumerables son los que han descubierto, en el curso del tiempo, la gran traición, la gran impostura. Ellos llegaron, desgraciadamente, al ateísmo, como resultado del corte radical con las ideas en curso. De ello resultó la aparición del materialismo histórico; una caída/decadencia tan espantosa, con resultados tan horrorosos que, también sobre este punto, un reguero de sangre permanece allí donde el materialismo histórico había puesto el pie y hacía triunfar su voluntad. La humanidad actual camina todavía encorvada bajo sus consecuencias.

Que aquel que haga la pregunta sobre la culpabilidad se remonte pues hasta aquellos que antaño se erigieron en sacerdotes, en autoridades sobre la masa, en eclesiásticos que pretendían conocer a Dios y seguir las vías de Dios, pero negligieron en testimoniar de él, dejando por el contrario correr la sangre de innumerables seres humanos.

El ateísmo, como lo dijo un día un teólogo hablando desespera­do, es una de las facturas impagadas de la iglesia. ¡En efecto! Así las consecuencias de las faltas regresan a sus autores. Y la posteridad de los traidores queda con la espantosa herencia.

Pero aquellos que vieron, en el curso de los siglos, que no había verdadero conocimiento de Dios en los representantes de la religión, no estaban sin embargo obligados a caer en el ateísmo y el materialismo. Ello se aplica también a los buscadores de nuestro tiempo. Pueden liberarse totalmente de la ilusión transmitida y de la traición, y buscar ellos mismos el conocimiento divino. Quien verdaderamente busca encontrará, pues la verdad es imperecedera e indestructible. Es una tarea sin esperanza el tratar de aprisionar la verdad.

Quien quiere la verdad, liberará la verdad. Es falso, como se pretende en el mundo, decir que Dios es incognoscible, invisible. Es un dogma detrás del cual le gusta esconderse a la teología.

Si Jesús el Señor dice: <<Nadie ha visto jamás a Dios, sino que el Hijo del hombre nos lo ha dado a conocer>>, no significa con ello que la Gnosis solo pueda ser la posesión particular de un solo hombre, sino que todo hombre que regresa a la Gnosis, al origen de la descendencia humana divina, al mundo del alma, se vuelve un hijo de Dios. Para éste, el misterio divino es elucidado.

La filosofía expuesta en el segundo libro del Corpus Hermeti­cum, cuyo autor fue un hijo de Dios en el sentido elevado del termino, no se resume en un vago dogmatismo sobre Dios, no nos dice que se le deba orar, agradecerle y honrarle en las capillas. El teólogo no ha hecho más que llevar al hombre a agradecer a Dios por todo lo que debe sufrir y sufrir en el mundo dialéctico. Pues, dice, ¿no es verdad que nada ocurre sin la voluntad de nuestro Padre celeste? Ahora bien es absurdo imputar a la dirección divina todas las consecuencias engendradas por la ignorancia humana, como bendición o como castigo, como recompensa o como expiación.

La filosofía hermética, por el contrario, nos ilumina sobre la manera de conocer perfectamente a Dios, el manantial de todas las cosas, con sus atributos y sus obras. <<Dios>>, dice el prologo del segundo libro hermético, <<es, y ha hecho la eternidad, el mundo, el tiempo y el devenir>>. Guiado por sus obras y sus actividades, se puede penetrar hasta el Ser divino, hasta la plenitud divina.

Muchos hombres dirán quizás: << ¡No hemos notado aún gran cosa sobre todo esto! La humanidad habla desde hace siglos de los diversos fenómenos de la creación: el mundo, el tiempo y el devenir, los estudia, no para de escribir sobre el tema. Todas las ciencias, donde se distinguen tantos doctos buscadores, pueden muy bien ser reunidas bajo las rubricas: eternidad, mundo, tiempo, devenir, pero todo ello no nos ha aportado aún  ningún conocimiento divino; al contrario, las divisiones son cada vez más grandes, si ello es posible.>>

En respuesta a esto, el Corpus Hermeticum declara, en el versículo 6, que al Ser divino solo se le puede comprender espiritualmente, y que el Espíritu y el alma constituyen la fuerza reveladora de Dios. Por ello este problema no es abordado hasta el segundo libro hermético, después que el primero, Pymandre, explique como la Gnosis, el conocimiento revelador de Dios, viene hacia el candidato que sigue el, camino y que reencuentra, en tanto que alma renacida, su doble espiritual, la viva imagen espiritual del origen.

Solo el hombre que recorre el camino del renacimiento y descubre allí a su Pymandre, su espíritu perdido de antaño, y se reconcilia con él, madura y se vuelve apto para penetrar el conocimiento de Dios. El ser que se vuelve así un hijo de Dios en el verdadero sentido de la palabra tendrá el derecho de conocer al Padre, aquel que está por encima de todo y en todos. Por ello, en tanto que el Espíritu nos falte, en tanto que estemos enteramente absorbidos por la naturaleza de la muerte, no encontraremos nada de lo que es el Espíritu.

Una cuestión se plantea: ¿Que ha hecho de ello el mundo? Ha decretado que el pensamiento dialéctico, la conciencia mortal, el hombre yo, era el Espíritu. Establecer e infundir en el hombre esta monstruosa doctrina es el mayor crimen que jamás haya sido cometido contra la humanidad.

También la Escuela de la Rosacruz, a ejemplo de la Gnosis de todos los tiempos, señala al hombre extraviado la necesidad del renacimiento del alma. Solo el hombre alma renacido encontrará a su Pymandre.

Desde que así el Espíritu se vuelve vivo en los seres, el conoci­miento de Dios les es revelado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXVII

 

EL AMOR UNIVERSAL DE DIOS

 

Hemos dicho que solo el hombre cuya alma ha nacido, que ha obtenido de nuevo la unión con el campo del Espíritu y encontrado a su Pymandre está en condiciones de penetrar el verdadero conocimiento de Dios. Esforcemonos, sobre esta base, en comprender el segundo libro de Hermes.

A este efecto, vamos a tener que reflexionar sobre Dios, la eternidad, el mundo, el tiempo y el devenir:

 

<<Dios hace la eternidad, la eternidad hace el mundo, el mundo hace el tiempo y el tiempo hace el devenir. La esencia de Dios es el bien, lo bello, la bienaventuranza/beatitud/felicidad y la sabiduría; la esencia de la eternidad es la inmutabilidad; la esencia del mundo es el orden; la esencia del tiempo es el cambio; y la esencia del devenir es la vida y la muerte.>>

 

La manifestación universal comprende cinco manifestaciones: Dios, la eternidad, el mundo, el tiempo y el devenir. Dios, en tanto que origen, es el Espíritu universal, en quien nada más existe, del cual solo emana el bien, lo bello, la bienaventuranza y la sabiduría. Lo que proviene de este manantial original de las cosas es eterno, permanente, invariable, inmutable, tanto en fuerza como en poder. Se puede decir que Dios y la eternidad son por ellos mismos.

La eternidad en tanto que expresión inicial de Dios, manifies­ta el bien, lo bello, la bienaventuranza y la sabiduría, es decir el amor universal, la felicidad suprema, el conocimiento total, omnipresente, universal. Estos son los valores que no pueden tener fin. Dios engendra la eternidad y esta contiene los valores a los que se puede designar en su conjunto como el amor.

El amor universal de Dios es omnipresente. En la eternidad que engloba todo, el amor existe como una plenitud de radiación, como un campo que abraza todo. No imaginéis la eternidad como lejana. La eternidad está aquí, luego igualmente el amor universal, y podríais cogerlos/captarlos/comprenderlos, obtenerlos y participar en ellos al instante, en vuestra existencia presente. Es un estado absoluta­mente diferente del estado dialéctico.

El bien , lo bello, la beatitud y la sabiduría son, en la eternidad, omnipresentes, de la misma manera que el perfume de las rosas o que la luz llenaría un espacio. No es posible representarse un punto de este espacio donde este perfume, donde esta luz, no estuviera. Es así como Dios llena la manifestación universal. Este presente es eternidad en el sentido de permanencia y de inmutabili­dad perpetua.

Se puede hablar de ello, hablar incluso largamente, pero desde que obtengáis algo de la verdadera vida del alma, lo experimenta­reis de manera absoluta. Es algo que no tiene nada que ver con el mundo dialéctico. Tan buenas, incluso tan maravillosas como os parezcan las condiciones, las situaciones y las relaciones dialécticas, nunca las asociéis al amor universal de la eternidad. Es algo totalmente diferente.

Si adquirís una cierta receptividad del alma, lo comprenderéis inmediatamente. Comprenderéis al mismo tiempo que un tal campo del Espíritu, poderoso y omnipresente, con valores inmensos, tiene un objetivo. Es por esta razón que decimos en una de nuestras plegarias: <<El amor debe transmitirse; esta es la razón de su existencia.>> El amor universal, que es de Dios, busca siempre dar forma. Su objetivo más elevado es el devenir. A partir del nacimiento, por el devenir, busca elevarse hasta si mismo, a fin que lo que se desarrolla en el amor pruebe y propague la felicidad más elevada, la más exquisita, la más bella y finalmente se pierda enteramente en el amor de Dios, esto para unos fines que no podríamos comprender en nuestro estado de ser.

Es porque el amor de Dios busca tomar forma de una manera u otra que la eternidad produce el mundo, dice Hermes Trismegistos, en el versículo 13:

 

<<La eternidad hace del mundo un orden que penetra la materia en/con permanencia e inmortalidad. El devenir de la materia depende de la eternidad como la eternidad misma depende de Dios.>>

 

Cada átomo está cargado potencialmente de los valores eternos del Logos. De la eternidad se desarrolla el espacio. En el espacio se encuentra la sustancia original, y de la sustancia original se forman las constelaciones y también el mundo.

No cometáis el error de pensar aquí en el mundo dialéctico. El mundo considerado aquí no es la tierra tal como la conocemos, con sus calamidades y su miseria. No, se trata de la Tierra santa  de la que hablaban los gnósticos; la Tierra santa en tanto que parte del universo divino: aquellos que son elevados hasta el mundo del estado de alma viva pueden contemplar el esplendor de ella. Está claro que un universo así manifestado conoce un orden, unas leyes; que debe responder a este orden, a ciertas leyes de radiación para progresar y alcanzar el gran objetivo. Es así como la esencia del mundo es el orden, un orden en relación perfectamente armoniosa con el Logos.

Cada mundo posee tal orden, sintonizado con el gran todo, a fin de no perturbar la ley que los une a todos los unos a los otros. Comprendemos que un mundo así establecido en su orden propio dispone también de su propio tiempo. Cada mundo tiene un tiempo para él; cada mundo es la expresión de un proceso que debe ser realizado.

El objetivo de una ley, o de un orden, es conducir un cierto desarrollo a buen fin. Aquí abajo, una ley sirve frecuentemente para guardar algo al interior de ciertos limites. Pero en la vida universal, una ley apunta directamente a la realización del amor eterno. Si el amor divino debe, en virtud de su esencia, dividirse porque esta es su razón de ser, entonces el mundo y el tiempo de este mundo sirven para alcanzar este objetivo. La esencia del tiempo es, por consecuencia, el cambio.

Quizás creéis conocer muy bien la esencia del cambio. ¡Pero no os engañéis! Esta noción, ella también, debe ser comprendida y abordada en el plano espiritual. En la Biblia es dicho: <<Hay un tiempo para Dios, y hay un tiempo para los hombres.>> Es necesario distinguir dos clases de tiempo. Cuando se habla del tiempo de Dios, el hombre religioso cree que unos acontecimientos se producen en nuestra vida y que unos procesos se realizan en nuestro tiempo bajo la influencia de fuerzas y poderes exteriores, fuerzas y poderes que no están en nuestras manos. Cuando, repentinamente, se manifiestan en nuestro tiempo, a veces como explosiones, aconteci­mientos incomprensibles o imprevisibles, los mismos medios religiosos hablan de los tiempos de Dios. Gracias a estas maneras de ver el teólogo enseña a los postulantes por una parte la resignación y por otra el miedo; resignación en el sufrimiento, miedo del castigo, miedo de lo irremediable.

Sin embargo, el universo es gobernado, en verdad, por leyes de radiación. Ellas efectúan cambios periódicos con el fin de que la vida única, que es el amor mismo, sea finalmente realizado y que así sea alcanzado el objetivo del amor divino, es decir, el más elevado devenir del hombre: la encarnación de la Palabra en el sentido superior.

El objetivo del devenir, el principio del nacimiento, es la vida. Así pues debe haber  allí/ en ella un tiempo divino cuya esencia es el cambio progresivo para que lo uno pase a lo otro, siempre más arriba, avanzando de fuerza en fuerza y de magnificen­cia en magnificencia.

Se trata pues de dos clases de naturalezas dialécticas: la que conocemos, con su cambio, su desenlace/consecuencia, que es la muerte al fin de una vida temporal, con su <<subir, brillar y descender.>> Pero hay también una naturaleza dialéctica hermética, que solo puede comprenderse espiritualmente y que concierne al proceso del devenir eterno.

Se puede probar fácilmente que esta dialéctica existe, que existe un tiempo que no lleva a la muerte y cuya esencia es el cambio. Cuando el sol brilla y emite su luz, los rayos luminosos que nos tocaron ayer no son los mismos que los que nos llegan hoy. Los rayos de ayer han alcanzado su objetivo, es decir vuestro ser; han actuado sobre vosotros, al menos si fuisteis receptivos a ellos; los rayos luminosos de ayer se han hundido en vosotros, están muertos, han desaparecido, se han disuelto en vosotros; y hoy nuevos rayos luminosos os llegan.

Si tomáis este ejemplo como un símbolo gnóstico, sabéis que la luz de la Gnosis, ella también, muere en nosotros cada día después de haber alcanzado su objetivo: el cambio. Gracias a esta luz que se ofrece sin cesar, una vida se realiza por el cambio continuo, un devenir eterno, de fuerza en fuerza, de magnificencia en magnifi­cencia. Por ello Pymandre dice: <<La esencia del devenir es la Vida.>>

Aquel que se opone a este proceso, que no conoce o no quiere tomar el camino del devenir del alma caerá siempre bajo la influencia dialéctica de la naturaleza de la muerte. Es la muerte y no la vida la que se volverá su participación/suya. Esa no es la naturaleza dialéctica de la que habla Pymandre; no es la dialéctica divina, sino la de la naturaleza de la muerte, de la aniquilación.

Por ello el candidato solo triunfa por el Cristo. Es únicamen­te por la luz de la naturaleza de Dios, únicamente por la luz del estado de alma viva que la vida se realizará.

La luz de la Gnosis irradia sin cesar. Es la luz universal, la luz del sol universal. Ella se ofrece sin interrupción, tal como se ofrece la luz dialéctica.

Por ello se dice que la ofrenda del cristo, la muerte del Cristo, es vida para nosotros. Si no prestáis ninguna atención a las exegesis teológicas, lo comprenderéis perfectamente. La luz del cristo es para toda la eternidad. Ella se ofrece a nosotros cada día; ella muere en nosotros para la transformación de nuestro ser entero. Cualquiera que se abra a ella participa de la dialéctica hermética.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXVIII

 

EL MISTERIO DE NUESTRO ORIGEN

 

<<La esencia de Dios es el bien, la esencia de la eternidad es la inmutabilidad, la esencia del mundo es el orden, la esencia del tiempo es el cambio, la esencia del devenir es la vida y la muerte.>>

 

Si examináis esta enumeración hermética como,lo hemos hecho anteriormente, quizás comprenderéis los aspectos de ello. La intención del Corpus Hermeticum es hacernos ver en profundidad la relación que existe entre estos aspectos, a saber la causa fundamental y la verdadera naturaleza de la vida. La muy velada intención de Hermes Trismegistos es el volvernos comprensible el misterio de nuestro origen

Si se pregunta a un cierto numero de personas: <<¿Que es la vida?>> sin duda se obtendrán respuestas muy divergentes. En efecto una masa abigarrada de filósofos ha especulado sobre este tema en el curso de los siglos. Ahora bien es casi seguro que ninguna de sus respuestas ni ninguna de sus opiniones concuerdan con la de Pymandre.

Pues dice: la acción del devenir, la acción de nacer es una particularidad. ¡Respuesta singular! De ello resulta que la Gnosis Hermética no considera nuestra vida, el fenómeno vital que representamos, como un todo en si mismo, como autónomo, sino simplemente como una cierta propiedad, la propiedad de otra vida, la consecuencia de una existencia determinada. Fundamentalmente, el nacimiento de la personalidad cuádruple, dice la Gnosis, no es más que una propiedad, una generación, una procreación, una manifesta­ción de la vida verdadera.

Que el lector recuerde bien aquí que el punto de partida de nuestras consideraciones no es nuestro estado natural, sino el estado de alma viva, pues solo el alma viva es capaz de comprensión espiritual. Es así como debéis concebir que la verdadera vida que considera Pymandre, la única vida que merece este nombre, es la vida del Espíritu, la vida de Dios; y que existe una relación íntima entre la propiedad que es el fenómeno vital y esta vida misma; luego entre Dios y el hombre. Nuestra personalidad no es más que una propiedad, una situación particular, una manifestación de la vida única.

¿Porque la vida del Espíritu engendra propiedades de este genero? Estas propiedades sirven para amplificar la vida, para volverla más grande, más poderosa, más gloriosa. Esta evolución hacia la manifestación de las propiedades particulares, evolución que parte del Bien, atraviesa la eternidad, después de la eternidad pasa por el espacio-tiempo y llega gracias al cambio hasta el nacimiento, este devenir inmenso de las propiedades no apunta a otra cosa que a una extensión, un desarrollo del espíritu en poderes, a fin de que termine por manifestarse la gloria del estado divino.

Por ello se dice, en el versículo 6 del segundo libro: <<El Espíritu y el alma son la fuerza activa y reveladora de Dios.>>

Pymandre, el Noûs, el alma-espíritu es el único núcleo de vida, la llama del Espíritu, la chispa de espíritu. Este núcleo de vida es, en virtud de su naturaleza, la vida misma. Este principio central ha sido animado, o es animado. El Noûs y el alma son pues uno. Pymandre y hermes, el Espíritu y el alma forman Dios, son Dios. El alma es la luz, la forma del Espíritu. Aquel cuya alma está completamente renacida puede hablar del <<Cristo en mi>>, de la luz devenida <<Dios en mi>>. Espíritu y alma, Padre e Hijo, Pymandre y Hermes, hacen uno. Con Pymandre, el alma de luz forma el hijo de Dios. El alma unida a Pymandre es llamada Mercurio, el tres veces grande, Hermes Trismegistos, designación que simboliza el desarrollo de la nueva conciencia en la más grande de las magnifi­cencias.

Todo esto concierne al hombre alma del origen. Por ello la acción de la eternidad es la permanencia, la inmortalidad.

 

¡Pregunta candente/ardiente ahora! ¿Como es posible que este hombre alma haya caído al estado mortal, el estado infernal que es el suyo?

La respuesta es relativamente simple. La eternidad es permanencia, inmortalidad. Por lo tanto la manifestación del hombre-alma debe progresar. Cuando el Espíritu se vuelve luz, consecuentemente se vuelve alma, cuando el Padre engendra al Hijo, entonces el hombre-alma debe progresar hasta volverse un espíritu vivificante.

En efecto, lo que es animado debe proseguir su manifestación. Por ello decimos también que algo arde en nuestra alma. Aquel que es animado por algo debe manifestarlo. Desde que el Espíritu se vuelve Luz, desde que el Padre ha engendrado al Hijo, la fuerza luz, el Hijo, el alma, debe continuar manifestándose. Un fuego debe estallar. Ser animado por alguna cosa no es jamas un objetivo en si mismo. El alma arde para manifestarse, para realizar algo. El alma es una posibilidad, una concentración de fuerza en vistas a la manifestación; no es más que un punto de concentración, un medio para alcanzar un objetivo.

Luego, desde que el espíritu se vuelve luz, algo se produce. Por ello el alma es un deseo permanente esencial. Si la chispa de espíritu posee esta propiedad que es el alma, el proceso debe progresar y nada puede detenerlo.

Quizás conocéis las palabras extraídas de la Epístola a los Corintios 2, cap. 3 versículo 17: <<Allí donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad.>> La vida del Espíritu, el principio del Espíritu, es la libertad. No hay nunca forzamiento en el Espíritu. Por ello el alma debe, en la libertad, continuar manifestándose para demostrar lo que la anima. Lo que se somete bajo coacción no es nunca autentico pues no viene jamás del interior. Ello no puede nunca ser el Espíritu, pues allí donde está el Espíritu, allí está la libertad. Por ello, fundamental y concretamente, el principio de la libertad es mantenido en la manifestación universal.

Desde el punto de vista del microcosmos, todo el dolor, todo el sufrimiento que experimentáis es desencadenado y mantenido por vosotros mismos. Dolor y sufrimiento son las consecuencias de los innumerables errores que habéis cometido vosotros o que cometieron las personalidades que han vivido antes en vuestro microcosmos. es este inmenso fardo de deudas a lo que se llama karma y que el hombre ligado a la rueda debe neutralizar conforme al principio de libertad.

También es magnifico tener la posibilidad de anular este karma en la radiante y misericordiosa Luz de la Gnosis. Si permanecemos unidos personalmente a esta deuda y debemos expiar el fardo entero de los pecados amontonados en nuestro microcosmos en el curso de los siglos, nuestra situación no tendría esperanza. Por ello la Gnosis, el amor divino, acude en nuestra ayuda. ¿No es reconfortan­te saber que es posible descargarse del fardo kármico entero emprendiendo el seguir verdaderamente el camino gnóstico? Esto clarifica las palabras siguientes del segundo libro:

 

<<El regreso a la perfección y la desnaturalización, tal es la acción del mundo; el crecimiento y el decrecimiento, tal es la acción del tiempo; la propiedad, tal es la acción del devenir.>>

 

El alma-espíritu es enviada en libertad al séptimo dominio cósmico, el jardín de los dioses, la cantera alquímica, con el fin de que, guiado, estimulado, sostenido por la chispa de espíritu, manifiesta lo que anima. Allí, en el universo del séptimo dominio cósmico, tiene la libertad absoluta de enderezarse o perecer. Allí tiene la posibilidad de hacer crecer o decrecer la totalidad del proceso. Luego cada alma- espíritu puede probar su autonomía, manifestar su estado sublime. Ahora bien el espíritu posee el plan divino, la omnisciencia, , el designio integral. Luego, si el alma, por su impulsión dinámica, se asocia al Espíritu, todo se realiza en la libertad. Se llega entonces a la realización del yo integral.

Servirse de esta propiedad que nosotros llamamos la personali­dad, el instrumento, es una de las capacidades del alma-espíritu. Esta es enviada al séptimo dominio cósmico para procurarse primeramente una personalidad ideal, un instrumento completo a fin de demostrar y difundir el Plan divino. Por ello al hombre adámico que entró en el Paraíso de los Dioses  le fue encargado, dice la Biblia, el dar un nombre a todas las criaturas, en otros términos, una fuerza. Pues el nombre es una fuerza, un distintivo. ¿Compren­déis algo del inmenso Plan de Dios para el mundo y la humanidad.?

Se puede pues considerar la personalidad de cada ser humano como una propiedad del alma-espíritu, así pues determinar si las características del nacimiento demuestran que incidentes han surgido en el curso del proceso – o bien que la gran obra alquímica ha tenido éxito.

Bajo este punto de vista, es útil insistir sobre nuestro estado de ser ordinario en la naturaleza de la muerte. El ser humano, en tanto que personalidad, es un instrumento, ¡pero no se puede sostener que sea, en su estado natural, una propiedad del alma-espíritu original!. Hay un alma en él, que opera en su personalidad, pero ella no se explica por el Espíritu. Son fuerzas totalmente diferentes las que la animan; y lo que la anima tiene por resultado la materia, la línea horizontal, la dialéctica, la naturaleza de la muerte. En virtud de su nacimiento natural, no evoluciona ciertamente hacia el objetivo del alma.

El alma que envolvía originalmente a la chispa de espíritu en nuestro microcosmos ha hecho mal uso de su libertad, lo que ha roto la unión con Pymandre, la unión con el Espíritu. El Espíritu es eterno, el Espíritu es perfecto. Si el alma que está unida a él se conduce de manera equivocada en relación al grandioso ideal, la unión se rompe. Ahora bien el alma sin espíritu se vuelve mortal: <<El alma que peca debe morir,>> dice la Biblia en forma de advertencia.

Por ello en un momento dado, no hubieron allí más almas vivas. El proceso de conservación dialéctico intervino para remediar esta situación. El alma tiene siempre el poder de dividirse o de multiplicarse. Así esta claro que el proceso natural de conserva­ción ofrece la posibilidad a un alma mortal de despertar, por la vía de la endura, el alma original al renacimiento y por ello restablecer la unión con el espíritu, con Pymandre. Es a eso a eso a lo que la Escuela Espiritual actual llama el Plan divino del orden de seguridad.

 

El alma original ha hecho mal uso de su libertad; por ello está muerta en tanto que expresión del Espíritu. Pero como el alma había salido de Dios, era una propiedad viviente de él, continuo viviendo y tomó como objetivo crearse una personalidad. A medida que las primeras almas se alejaron del camino, la unión entre el Espíritu y el alma se rompió gradualmente. El alma vivía entonces mucho más tiempo que el alma mortal actual. Bajo la influencia de los cosmocratores, tubo así la ocasión de formarse una personalidad, la cual degeneró progresivamente hasta el estado de hoy. Y la chispa de espíritu se durmió en el corazón del microcosmos.

Así veis como es lógico que nuestra personalidad se haya vuelto mortal; que el alma pecadora, el yo, deba debilitarse en la endura para volver posible, por el renacimiento del alma original, el restablecimiento de la unión con el Espíritu, con Pymandre. Pymandre brillará de nuevo en el corazón del microcosmos y hablará en tanto que Noûs al alma hermética. Así terminará el extravió y será reparada la falta original.

Es la razón por la cual no es necesario demorarse demasiado en las faltas del hombre actual, sino mostrar el camino de regreso, el camino de la transfiguración, sobre el cual las faltas son borradas. Si alguien reencuentra la base original, el mundo del alma, del estado de hombre-alma, prueba de nuevo que <<allí donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad.>>

Así el extravió no se vuelve más que un incidente en el marco de la eternidad. No os detengáis pues en vuestras tendencias primarias y en vuestras inclinaciones erróneas, seguir dinámica y resueltamente el camino de la transfiguración y anularéis todos vuestros errores.

Aprender pues que aquel que penetra hasta la Gnosis, hasta el conocimiento de Dios, tendrá que transformarse a lo largo del camino de la transfiguración, hasta volverse una propiedad del alma-espíritu. El conocimiento que se desprenderá de ello hará ver y sentir que cada calidad del alma-espíritu hace regresar directa­mente al Espíritu, al Origen primordial y el conjunto Espíritu, alma y cuerpo, es verdaderamente <<Dios manifestado en la carne.>>

Toda alma renacida debe descubrir, reencontrar y seguir al dios en si mismo. Entonces aquel que ha podido adquirir y celebrar esta Gnosis pregunta, como Hermes: <<Háblame ahora de la sabiduría de Dios. ¿Que es la sabiduría de Dios?>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXIX

 

VOLVAMONOS SILENCIOSOS

 

<<Haz silencio, oh Hermes trismegistos, y retén bien lo que voy a enseñarte.>>

 

Así habla Pymandre al comienzo del segundo libro. Y Hermes responde:

 

<<Se habla mucho por todas partes del universo y de Dios, pero las opiniones se contradicen de manera que no distingo la verdad. ¿Quieres aclarármelo, oh Maestro? Solo creeré lo que tu me revelaras.>>

 

Hemos profundizado en los capítulos precedentes, en las explicacio­nes que da Pymandre a las preguntas de Hermes. Puesto que es importante que todo candidato comprenda interiormente, como Hermes, las palabras de Pymandre, juzgamos bueno el daros un consejo, el consejo con el cual Pymandre abre la exposición que dirige a Hermes.

Pymandre comienza diciendo: <<¡Haz silencio!>> La Biblia hace frecuentemente mención de este silencio tan particular. Pensar en los Salmos: Hablar en vuestros corazones y sed silenciosos>>, y <<Mi alma se vuelve, silenciosa, hacia Dios>>; luego las palabras emocionantes de Isaias: <<Me callaré y miraré en mi morada>>, mientras que Pablo, en la primera Epístola a los Tesalonicenses, aconseja a sus alumnos: <<Aplicaros al silencio.>>

El silencio designa un cierto estado del corazón. El corazón de nuestra personalidad coincide poco más o menos con el centro de nuestro microcosmos. En este punto central, encontramos la rosa, el átomo chispa de espíritu, el gran punto de reencuentro inicial de la Gnosis con el alumno, del Espíritu con el alma, de Pymandre con Hermes.

Sin embargo, en el estado humano natural, el corazón es el lugar donde se agitan y hierven las codicias, las angustias, las pasiones divergentes. En el estado de ser ordinario, el corazón del hombre ¡es todo menos silencioso!

Si queréis seguir a Hermes y volveros dignos de llamaros Hermes, o Mercurio, es necesario que el silencio se instaure en vuestro corazón. El concepto <<Hermes>> o <<Mercurio>> designa al hombre que se despierta en la nueva conciencia, el hombre a quien se ofrece la sabiduría divina, y que, consecuentemente, eleva el santuario de la cabeza a la altura de su sublime vocación.

Pero es imposible realizar esta vocación si el alumno no aprende primeramente a abrir su corazón al Espíritu en el silencio. Realizar el silencio del corazón es una tarea confiada a todos los que buscan verdaderamente la Gnosis, tarea que apunta a volver el corazón puro, a volverlo perfectamente sereno, equilibrado y abierto.

Sabéis lo que es la pequeña circulación de la sangre. Esta circulación cefálica establece un circuito sanguíneo particular entre el corazón y la cabeza. La cabeza y el corazón son pues absolutamente uno; así debemos considerarlos siempre en su relación. Por ello, en lo que concierne al pensamiento, la voluntad, el sentimiento y la actividad, las reacciones y la comprensión, una identidad perfecta del corazón y de la cabeza es, para el alumno en el camino, una exigencia ineluctable.

Si vuestro corazón está inquieto, vuestros pensamientos no son justos ni libres. Cuando el corazón está angustiado, molesto, vuestros órganos sensoriales no funcionan ni justa ni normalmente. Sois incapaces de ver y de juzgar sanamente a los hombres y las cosas, y frecuentemente llegáis a la crítica, con todo lo que ello implica.

Si el corazón permanece en su estado habitual de impureza natural -lo que es el caso cuando se está en sintonía, con todo su ser, con la naturaleza de la muerte- es imposible estar verdadera­mente atento, luego comprender bien. Pues la esencia de la naturaleza de la muerte es siempre el caos. Así estallan, en el sistema cabeza-corazón del hombre ordinario, grandes tensiones que le impulsan a actuar de manera errónea.

En el sistema corazón-cabeza está situada una válvula de seguridad, la laringe, unida al chakra de la garganta. No hemos hablado nunca, hasta ahora, de este chakra y de su verdadera función porque el tiempo no estaba maduro para hacerlo. Por ello es suficiente decir a este respecto que el hombre dialéctico abusa de la laringe para reaccionar a las tensiones acumuladas. La laringe es un órgano creador. Hablar continuamente, mantener conversaciones sin fin que no tienen ningún contenido esencial o que son extrema­damente escabrosas, constituyen para el hombre medios de descargar­se del exceso de sus tensiones. Esta reacción se hace siempre a expensas de los otros. Por ello debéis ver claramente la necesidad para el corazón de volverse silencioso, de volverse puro.

Si volvéis vuestro corazón puro y silencioso, dejáis igualmen­te la cabeza libre para el papel al que es llamada, los órganos sensoriales funcionarán totalmente de otra manera, y ¡únicamente entonces seréis capaces de escuchar!

Los hermanos y las hermanas de la Gnosis original tenían el habito de indicarse unos a otros esta necesidad. Así al comienzo de sus reuniones se hacían oír estas palabras:

 

<<Estemos silenciosos ante el Señor,

con el fin de poder verdaderamente escuchar,

con el fin de poder verdaderamente comprender.>>

 

Ya os lo hemos dicho, la personalidad humana es, a la luz de la filosofía hermética, una propiedad del microcosmos, un producto del alma-espíritu. Como tal, esta propiedad representa pues una encarnación del plan que está en el Espíritu y que se manifiesta en el alma en tanto que impulsión del Espíritu. Como consecuencia esta propiedad, o personificación, reúne en ella al Espíritu, al alma y al cuerpo, que forman entonces una triunidad.

En el Espíritu están contenidas, además de su propia naturale­za, la naturaleza del alma y la naturaleza de esta propiedad que es el cuerpo. En el alma, el Espíritu se refleja; y la propiedad, el cuerpo, se proyecta hacia el exterior. En el cuerpo, los tres se vuelven uno. De ello resulta pues tres veces tres aspectos o nueve aspectos; y el hombre anciano, el hombre nónuple aparece ante nuestros ojos. Comprendemos así porque el numero nueve es llamado el numero de la humanidad.

En el cuerpo aparecen también tres santuarios, que son llamados a honrar la verdadera triunidad humana:

la cabeza debe ser el santuario del Espíritu;

el corazón, el santuario del alma;

el sistema hígado-bazo, que llamamos el templo biológico, el santuario del cuerpo.

Estos tres templos deben colaborar en perfecta armonía, cada uno según su estado y su vocación. El templo biológico es llamado a regular y a mantener todos los procesos naturales de la persona­lidad, según la naturaleza del alma y del Espíritu.

Si la orientación se desplaza hacia lo biológico, hacia la naturaleza dialéctica sobre la línea horizontal, como es el caso en la mayoría de los hombres, el corazón y la cabeza están subordina­dos a ella y vemos aparecer en la personalidad un proceso de cristalización; el corazón lleno de agitaciones astrales, se vuelve un caos y el intelecto no es capaz de funcionar más que para regular la vida ordinaria natural y animal. En estas condiciones, el corazón no sabría volverse silencioso ante la Gnosis, ante el Señor; no hace más que reflejar la lucha por la existencia,que finaliza siempre con la muerte.

 

Puesto que el corazón del microcosmos corresponde casi al corazón biológico y que, en este corazón microcósmico, permanece, prisione­ro, el vigilante silencioso, la rosa, el hombre-Dios en nosotros; puesto que una llamada sale continuamente de esta rosa hacia el ser interior con el fin de salvar del desierto de arena a la verdadera esfinge silenciosa, se comprende porque la Escuela repite sin cesar a sus alumnos el desplazar el centro de su vida biológica, del templo biológico hacia el templo del corazón.

El templo del corazón es el templo del alma. El alma debe ser la luz de Cristo. El alma debe volverse el Hijo del Padre. Por ello el corazón debe celebrar de nuevo su Belén, su renacimiento.

Eso no significa de ninguna manera que el templo biológico sea despojado de su esplendor, ¡al contrario! Si el templo del alma se vuelve luz, todos los procesos biológicos hallarán ventaja en ello. Abriréis al mismo tiempo la puerta del Santo de los Santos, el Templo superior, el de la cabeza, del Espíritu, de la sabiduría.

Constatamos pues que la llave de los misterios gnósticos está situada en el corazón. Allí, el Rey, que es el Espíritu debe ser liberado y, conducido por la luz del alma, colocado/vuelto a colocar en su trono en el santuario superior.

Por ello debe resonar en nosotros continuamente, en su sentido profundo, las palabras:

¡Volvamonos silenciosos ante el Señor!

¡Que nuestros corazones den media vuelta!

¡Abramos el altar donde el Santo está escondido y que se caliente a la luz del sol!

¡Pongamos resueltamente fin al servicio que tiene lugar en el santuario biológico y celebremoslo positivamente en el corazón!

Si llegáis a ello, las ondas de luz de la salvación afluiran en vosotros. Llenarán todo vuestro ser y un manto de luz nueva se extenderá alrededor de vosotros, como un campo de respiración, como el vestido de oro de las Bodas. Bañado en esta inmensa esfera de luz, la personalidad será conducida hasta la transfiguración.

Después del restablecimiento del alma se efectúa la unión con el Espíritu viviente, la confrontación con Pymandre. Al fin es la regeneración total de esta propiedad, de este instrumento que es la personalidad.

Uno de nuestros rituales dice de este proceso: <<Este es el único misterio que nos presenta la Gnosis. Del tronco abatido del árbol de la vida nacerá entonces para nosotros, nacidos de la naturaleza, un retoño: la unión será restablecida. Únicamente entonces podrá comenzar la gran obra de la recreación.>>

Este comienzo, es en el corazón donde debe ser celebrado. Abrir pues vuestro corazón, después de haber establecido allí el centro de vuestra vida. Volver puro vuestro corazón, con el fin de que la luz límpida pueda entrar en él. En esta pureza, esta armonía, esta silenciosa limpidez, la gran obra se realizará.

Seamos silenciosos ante el Señor, a fin de que el hombre nónuple del origen resucite de la tumba de la naturaleza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXX

 

¿QUE ES LA SABIDURÍA?

 

<<¿Que es la sabiduría?>> ¡Pregunta clásica, en verdad! En su pregunta, Hermes considera la sabiduría que es el fundamento de la vida universal; y la Gnosis hermética responde. Esta respuesta hace surgir en nuestro espíritu la figura de Apolonio de Tiana, pues dijo como Jesús: <<He llamado a mi Hijo de Egipto.>>

 

<<¿Que es la sabiduría?

 

Es el bien, lo bello, la bienaventuranza, la virtud total y la eternidad.

 

La eternidad hace del mundo un orden que penetra la materia en/con permanencia e inmortalidad.>>

 

El doceavo y treceavo versículos señalan aquí el hecho de que la sabiduría divina está también indefectiblemente unida a la sustancia original, a cada átomo. Abraxas y sus cuatro emanaciones, el sol universal, del cual nace el amor, la voluntad, la sabiduría y la actividad, está contenido en cada átomo. De la materia original, donde Dios mismo reside, provienen estas propiedades que son, según Hermes, las personalidades.

En este proceso de identificación, vemos producirse un cambio de fuerzas y de elementos; materias y fuerzas son transformadas continuamente, a consecuencia de lo cual la personalidad es sometida a un cambio perpetuo, a una glorificación continua, hasta que finalmente, llega al equilibrio perfecto con el Noûs y el alma, con Pymandre y Hermes, con el alma-espíritu. Todo el ser se encuentra en la inmutabilidad.

Así vemos como Dios, la eternidad, el mundo, el tiempo y el devenir se confunden. Dios y su criatura, en este estado de ser, se unen. Entonces Dios está en el Noûs, el Noûs está en el alma, el alma está en la materia, y todo ello a través de la eternidad.

Que, en la manifestación universal considerada herméticamente, Dios y la criatura forman una unidad, nos hace comprender porque hablamos, en la Escuela Espiritual Gnóstica de la Rosacruz de Oro, de <<unidad de grupo>>. Tratemos de penetrar profundamente en esta noción. Si consideráis que el campo del Espíritu, el campo del alma y el campo de la sustancia original son inseparables, comprenderéis inmediatamente que, visto a la luz de la Gnosis, la separación y la división son un absurdo. La existencia dividida en compartimientos, el individualismo exacerbado, el <<yo soy>> tan característico sobretodo del occidental, son contrarios a la naturaleza del Logos. En efecto leemos en el versículo 17:

 

<<Este gran cuerpo, que engloba todos los cuerpos, está lleno interiormente, y envuelto exteriormente, por un alma penetrada de conciencia-espíritu, penetrada de Dios, un alma que vivifica todo el universo.>>

 

En otras palabras, la manifestación universal es una unidad de grupo magnifica, que forma no un rebaño, tal como lo consideran los sistemas totalitarios de la iglesia y el estado, y en la manera como el <<Gran Juego>> se esfuerza en organizar, como hemos hablado en nuestro libro Desenmascaramiento; no, pues, una unidad de grupo forzada, sino la unidad de la verdadera inteligencia, en libertad total, el mosaico de oro de las almas libres, la unidad de la luz, la unidad de la realidad divina del Séptimo Rayo, la unidad y la realidad de la séptuple luz perfecta.

Sabéis que existen leyes cósmicas de radiación; la ley de radiación que tiene el poder sobre la humanidad actual, y a la que la Joven Gnosis quiere plenamente responder, es la ley del séptimo rayo, rayo que quiere conducirnos en la verdadera unidad de grupo.

La luz es toda en todos. En la luz, y por la acción de Dios, el creador de todo bien, Señor y Príncipe del orden entero de los siete dominios cósmicos, todos los contrastes y todas las diferen­cias se unen y se funden juntas en el amor, leemos en el versículo 30.

Por ello tendemos hacia una fraternidad en el sentido estrecho del termino, una fraternidad que, en este mundo, se llama democra­cia; aspiramos al gran amor del que habla Jesucristo. Para aquel que desea franquear la puerta de los Misterios gnósticos, le es dado contemplar esta nueva y poderosa imagen del mundo, de ver en particular que todo es penetrado por el alma; que todos los seres son movidos, según su propia naturaleza, por los ritmos de las leyes de radiación, pero en una unidad superior. Esta unidad de todo en todos debe volverse para cada alumno de la Escuela Espiritual Gnóstica, una noción de la que ahora solo muy difícil­mente podéis formaros una imagen exacta.

El hombre gnóstico liberado sabe que esta unidad existe, tanto con los que están al lado derecho como con los que están al lado izquierdo, dice el versículo 34. Quizás sabéis lo que se conside­ra/quiere decir por ello. El camino de la derecha es el del que busca a Dios positivamente, conscientemente, el camino del debilitamiento del yo, del nacimiento del alma y de la liberación final. El camino de la izquierda es el del que se aleja de Dios, el camino del error, de la ceguera y de la ilusión.

Fundamentalmente, estamos alejados de todos los que recorren el camino de la izquierda, puesto que nosotros nos adaptamos a la ley universal que gobierna el estado de alma viva. Pero práctica­mente no nos consideramos separados de nada ni de nadie. Pues todo y todos constituyen una unidad absoluta. Por ello el amor de Dios se dirige también a todo lo que es inarmonioso, a todo lo que se desvía de la ley universal. No lo abandona nunca. Acompaña al hombre por todos sus caminos, hasta que, en su fuerza, éste se regenere.

¿Como opera el amor de Dios? Las radiaciones, bajo sus diferentes aspectos, constituyen juntas una unidad, una ley única, un único orden de radiación superior. Esta ley de radiación, es Abraxas, el amor único, el sol universal oculto en todo y en todos. Aquellos que se adapten armoniosamente a la ley del amor eterno, experimentarán su felicidad. Pero aquellos que permanezcan en desarmonia se quemarán por esta luz que se vuelve entonces un fuego. Aquel que perturba la cohesión fundamental sufre las consecuencias de esta perturbación que atrae sobre si mismo. Pues no hay más que una única ley de cohesión, la ley del séptimo rayo, la ley de la verdadera unidad de grupo, la ley también del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis.

Por esta razón la filosofía hermética hace una distinción entre la luz y el fuego. La luz es dulce calor del amor divino; el fuego, leemos, es el tormento de este mismo amor. Pero en este fuego, luego por este tormento, el amor todopoderoso prueba su presencia y su actividad, a fin de que todo y todos se liberen finalmente bajo la dulce caricia de la luz. <<Tienes que saber>> dice el versículo 41, <<que todo cuerpo vivo está compuesto de materia y alma, tanto lo mortal como lo inmortal, tanto aquello que está provisto de razón como aquello que está privado de ella.>>

Se preguntará ahora: ¿esta intervención divina tiene lugar en todo y todos en sentido absoluto? Si, ella penetra toda la naturaleza viviente, todos los reinos naturales, con las consecuen­cias más lejanas; comprendiendo también las esferas infernales, todo lo que es veneno y horror. Finalmente, pensar bien en ello, cada cosa y cada ser, tan degenerado como esté, posee posibilidades y fuerzas en el gran reino séptuple del alma. Lo que, en este reino, es inarmonioso, solo puede ser convertido, corregido o curado por la ley del amor universal que no abandona a nada ni a nadie.

Pensar en lo que pasa en nuestra parte del mundo: la multitud de los problemas, la angustia de la masa, ¡este odio y los peligros espantosos! ¿Pensáis que la violencia, la sangre y las lágrimas sean una solución? No, No hay más que una solución: la fuerza del amor, el fuego del amor divino.

Este amor debe pues descender hasta lo más bajo de la caída para poder servir, en el momento preciso, a los seres que tienen necesidad de ayuda. Las magnificas consecuencias del amor divino, que todo lo sostiene, fueron reconocidas y demostradas por muchos autores en la literatura mundial. Pensar, por ejemplo, en Jacob Wassermann en su magnifica obra Chistian Wahnschaffe. Pensar en figuras como el Buda que rechazaba matar hasta a la más ínfima criatura.

La salvación de todo lo que se ha hundido, el restablecimiento de la armonía universal solo es posible por el amor. Por eso Sigfrido lucha contra el dragón; por eso Hermes pone el pie sobre la serpiente sibilante. La espada que maneja Sigfrido tal como Hermes no es la espada de la violencia, del odio, de la amenaza y de la muerte; es la espada del fuego del amor divino, que los vuelve invencibles.

Si comprendéis esto, sabéis entonces que el orden de la naturaleza al que llamamos naturaleza de la muerte tiene esperanza. Distinguimos en la Escuela de la Rosacruz de Oro la naturaleza de la muerte y la naturaleza de la vida. Estamos forzados  a hacer esta distinción porque tenemos que tener en cuenta un estado de hecho y enseñaros a volveros de la manifestación del <<fuego>> hacia la <<luz>>. Es necesario primeramente entrar en la luz y, partiendo de esta luz, transformar el fuego en luz, al servicio del mundo y de la humanidad.

Sin embargo no hay en realidad más que una sola Naturaleza, un solo Reino. En tanto que hombre-alma, no podéis hacer interiormente ninguna distinción. Es bueno, por razones practicas,para discernir vuestro camino, para determinar claramente vuestro objetivo, hacer la distinción y decir: <<Me vuelvo hacia la luz.>> Pero desde que os eleváis en la luz, una tarea magnifica os espera: servir a la humanidad, con todas las consecuencias que ello entraña.

Si continuáis haciendo la separación, actuáis como la gente ordinaria, dice el versículo 60 del segundo libro de Hermes:

 

<<Al cambio, el hombre ordinario lo llama muerte, porque el cuerpo se disuelve y la vida se retira a lo invisible.>>

 

Sin embargo, ¿no es maravilloso que la luz se vuelva fuego para que lo que es consumido se vuelva luz? ¿No hemos sufrido todos en nuestra vida la quemadura del fuego, el brasero del tormento, el brasero de la purificación, el brasero que consume lo inferior a fin que, de este fuego que consume, se desplieguen las alas del nuevo pájaro de fuego?

Pero entramos ahora en unas reflexiones más audaces que surgen del conocimiento de Dios y consideramos todos los aspectos de la noción de <<omnipresencia>>.

Sabemos que <<todo está en Dios>>, luego igualmente vuestra alma renacida, si ya la poseéis. <<Todo está en Dios>>, sin embargo no en un lugar determinado, pues un lugar, dice Pymandre en el versículo 70, es material e inmobil. Y hemos visto que el cuerpo del alma y la personalidad liberada son propiedades del alma-espíritu. Espíritu, alma y cuerpo forman una triunidad. Esto nos hace descubrir que el microcosmos regenerado, en tanto que unidad perdida en Dios, es omnipresente, universal.

El universo entero, donde el Espíritu, el alma y el cuerpo viven en unidad, está lleno de alma y de conciencia-espíritu. Todo esto forma una unidad de grupo, lo que quiere decir que la conciencia del alma, considerada separadamente, es al mismo tiempo una conciencia de omnipresencia. Por eso el microcosmos regenerado es omnipresente y universal.

Partiendo de este punto de vista nadie comprende mejor que aquel que es liberado de la naturaleza de la muerte; nadie es más rápido y más poderoso; el alma-espíritu regenerada es más inteli­gente, más rápido, más poderosa que todo, dice el versículo 71.

 

<<Ordena,>> dice Pymandre a Hermes en los versículos 72 a 74, << a tu alma ir a las Indias, y ella estará allí más rápido que le hayas ordenado/tu orden. Ordénale ir hacia el océano y ella estará allí instantáneamente, no viajando de un lugar a otro, sino como si ella ya se encontrará allí. Ordénale, incluso, elevarse hasta el cielo, no tendrá necesidad de alas para hacerlo. Nada puede impedirselo, ni el fuego del sol, ni el éter, ni la revolución del cielo, ni los cuerpos de las estrellas; surcando todos los espacios, se elevará en su vuelo hasta el último cuerpo celeste.>>

 

A quien desea esta libertad absoluta, ella le será otorgada. Nada le podrá impedir el adquirirla, a condición evidentemente que recorra el camino exigido.

Así comprenderéis que poder poseéis. Este poder de universali­dad, ya lo tenéis; reposa en vosotros, solamente que aún no lo habéis empleado. Estáis aún demasiado agarrados a las cosas ordinarias. Tenéis los ojos aún demasiado orientados a las imágenes aparentes del plano horizontal. Vosotros mismos os retenéis abajo.

Llevar vuestra mirada a la omnipresencia. Liberar vuestra alma y realizaréis en vosotros mismos la todopoderosa divinidad. Liberar en vosotros el poder de universalidad recorriendo el camino de la Gnosis, de la Luz. Entonces un día se dirá también de vosotros:

 

<<He llamado a mi Hijo de Egipto.>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GLOSARIO

 

ABRAXAS: expresión gnóstica que expresa el principio del amor universal divino tal como aparece, por ejemplo, en la enseñanza de Apolonio de Tiana.

 

ALMA-ESPÍRITU: El camino de la Endura, el camino del aprendizaje de una Escuela espiritual tiene como primer objetivo despertar al Alma inmortal verdadera de su estado latente. Desde que al Alma resucita de su sueño de muerte. la unión con el Espíritu Universal, con Dios, se restablece. La restauración de la unión del Espíritu, del Alma, de Dios y del hombre se demuestra en la gloriosa resurrección del Otro, el regreso del Hombre verdadero a la Casa del Padre. El Alma que puede celebrar esta relación, esta unión con lo que la Gnosis original egipcia llama <<Pymandre>>, es el Alma-Espíritu.

Es la unidad de Osiris (el Espíritu) y de Isis (el Alma), de Jesús y del Cristo, del Padre y del Hijo, las Bodas alquímicas de Cristian Rosacruz, las bodas del Esposo y de su Esposa.

 

ARCHEÜS: El éter nervioso; la fuerza astral atraída a través de la pineal en el sistema vital de un hombre en conformidad con su ser.

 

ÁTOMO-CRÍSTICO O ÁTOMO ORIGINAL: Ver Rosa del corazón.

 

ÁTOMO CHISPA DE ESPÍRITU: Ver Rosa del corazón.

 

AUTHADES: La fuerza con cabeza de león: la voluntad impía del hombre nacido de la materia; igualmente, en un sentido más general, el conjunto de las impulsiones impías del hombre-yo. Palabra tomada del evangelio gnóstico de Valentín, la Pistis Sophia.

 

OTRO, EL: Designación del hombre inmortal, del Hombre verdadero verdaderamente salido de Dios, creado a la imagen perfecta del Padre. El despertar a la vida de este Hijo único, el ser crístico en nosotros, es el único objetivo verdadero de nuestra presencia en el campo de existencia dialéctico: es pues el único objetivo de todo Rosacruz gnóstico. (Ver también Rosa).

 

BUEN DEMONIO:Ver Demonios

 

CADENA GNÓSTICA UNIVERSAL: Ver Fraternidad Universal.

 

CAMPO DE RESPIRACIÓN: El campo de fuerza directo que asegura la vida de la personalidad. Es el campo que hace la unión entre el ser aural y la personalidad, campo perfectamente conforme a la personalidad puesto que atrae y rechaza las sustancias y las fuerzas necesarias para la vida y para la conservación de la personalidad.

 

CONTRA-NATURA: El campo de existencia dialéctico, en el cual la humanidad caída, es decir separada de Dios, separada del Espíritu, vive siguiendo su propia voluntad, esta vida aislada del orden cósmico divino ha provocado el desarrollo del mal que caracteriza a nuestro campo de existencia en todos sus aspectos y que también tratamos de combatir con nuestra propia voluntad. Según la naturaleza de su origen, este desarrollo antidivino, luego contra-natura, no puede ser aniquilado más que por lo que la Biblia llama <<la reconciliación con Dios>>, y la consagración a esta reconci­liación; en otros términos: por el establecimiento de un lazo con el Espíritu, gracias al camino de la transmutación y de la transfiguración, y por el regreso libremente consentido al orden cósmico universal que este camino implica.

 

COSMOCRATORES O RECTORES: Siete seres naturales poderosos, estrechamente unidos al origen de la creación, que preservan las leyes cósmicas fundamentales y sus esferas de actividad. Forman juntos el Espíritu Séptuple de la manifestación universal.

 

DESENMASCARAMIENTO: Ver Eones y Juego, el Gran.

 

DEMIURGO: Entidad espiritual, salida del Dios Padre; el Demiurgo es el creador del mundo a partir de la sustancia original, creada no por él sino, por Dios Padre. El hace uno con la Palabra, con el alma del mundo.

 

DEMONIOS: La palabra Demonio significa literalmente <<fuerza natural>>. Si el hombre se une a estas fuerzas para realizar, en total obediencia y por su gusto, la voluntad del Padre siguiendo el Plan divino, ellas aparecen como una ayuda poderosa en el camino de la divinización del hombre. En el caso contrario el hombre las experimenta como fuerzas enemigas, como el Demonio vengador, las fuerzas del Destino; corresponden a los efectos kármicos que determinan la suerte de los hombres en el doloroso camino de las experiencias. Los eones de la naturaleza igualmente engendrados por la vida natural ciega de la humanidad caída son denominados demonios en un sentido peyorativo.

Estrechamente asociados a estos últimos son los principios de fuerzas astrales llamadas también demonios y creados por la conciencia cerebral intelectual de los hombres. El Buen Demonio es el Alma creadora original, el <<Hijo único de Dios>> tal como se manifiesta en el alma del Hombre verdadero.

Por ello el Buen Demonio designa también a la Voz del Alma original, la voz del <<Hijo único de Dios>>.

 

DIALÉCTICA: Nuestro campo de vida actual: todo se manifiesta allí por incesantes contrastes: tinieblas y luz, alegría y dolor, vida y muerte, están indisolublemente unidos y se engendran mutuamente. La ley fundamental de este mundo dialéctico es el cambio y el rompimiento continuos, fuentes de la ilusión y del sufrimiento. Los gnósticos siempre han presentado este mundo como no divino pues ninguna vida verdadera puede manifestarse en él en tanto que este aspecto dialéctico, en el cual al hombre se oculta después de su caída, no haya restablecido su unión armoniosa con el conjunto de la Creación original séptuple. Es el duro campo de experiencias del hombre, en el cual todas sus tentativas sociales, políticas, religiosas, místicas u ocultas para imitar el Reino original, cuya llamada percibe inconscientemente, son despiadadamente rotas para llevarle a encontrar en si mismo el principio de esta Vida absoluta y perfecta del Septenario divino, excluido de ella por su concien­cia oscurecida.

 

ESCUELA ESPIRITUAL, LA: En tanto que Escuela de los Misterios de los Hierofantes de Cristo, representa una cantera de la Fraternidad universal en vistas a aportar a los buscadores de la Luz los conocimientos y las fuerzas necesarias para orientarse en el camino de la transfiguración y desarrollar una actividad liberadora. Desde la caída, el Amor de Dios ha dado a los hombres una Cadena ininterrumpida de Escuelas Espirituales.

 

ENDURA: El camino del rompimiento del yo, el camino de la <<última muerte>>, la muerte de oro, por la rendición total del yo al Otro, al hombre verdadero inmortal, al <<Cristo en mi>>. Es el camino del hombre Juan, que <<endereza los caminos del Señor>>; es la aplicación practica del: <<El debe crecer y yo menguar>>, debo desaparecer para que viva en mi el Otro, el hombre celeste. El camino de la endura es la vía clásica de todos los tiempos, a lo largo de la cual el hombre caído que se ha hundido en las tinie­blas, el sufrimiento y la muerte, resucita en un ser inmortal y verdadero que es su verdadera naturaleza, por la purificación de un cambio total de vida, y que, con él y en él, regresa al Padre. El viaje del hombre a través de la naturaleza dialéctica consiste en vivir para morir; la endura es el camino de vida de la purificación total del hombre que busca verdaderamente a Dios, en el curso del cual muere según el yo, de buen grado, con el fin de vivir incorruptible en el Otro: <<Quien quiera perder su vida por mi, la encontrará.>>

 

ENSEÑANZA UNIVERSAL: No es una enseñanza en el sentido habitual del termino; tampoco se la puede encontrar en los libros. Es, en sentido profundo, la realidad viva de Dios, por la cual la conciencia que se ha vuelto digna de ello, la conciencia hermética o conciencia Pymandre, aprende a leer y a comprender la sabiduría universal del Creador.

 

EONES: a) Los eones son formaciones monstruosas de fuerzas naturales impías, engendradas en el curso de las edades por los pensamientos, voluntades, sentimientos y pasiones de la humanidad caída que se ha desviado de Dios. Se les puede clasificar en doce grupos principales. Creados por la misma humanidad, ésta ya no puede controlarlos; retienen a los hombres bajo su influencia y forman las potencias autoconservadoras que impulsan a la humanidad por los senderos batidos de la impiedad, consolidando así los lazos que la atan a la rueda de la vida dialéctica.

b) Bajo el nombre de eones están comprendidos también el grupo de soberanos jerárquicos del espacio-tiempo, designados también como <<jerarquía dialéctica>> o <<príncipes de este mundo>>. Estas potencias superiores metafísicas emanan de la humanidad caída que es una con los eones de la naturaleza citados en el párrafo a). Estas potencias, salidas del poder central Luciferino del mundo dialéctico caído, hacen mal uso de todas las fuerzas de la naturaleza y de la humanidad e impulsan constantemente a ésta a actos impíos en provecho de sus tenebrosos designios. Acosta de un sufrimiento humano espantoso, estas entidades han adquirido un cierto margen de libertad frente a la rueda de la dialéctica, libertad que, en una necesidad infinita de conservación personal, solo pueden guardar manteniendo y aumentando siempre la miseria humana. (Ver a este respecto: El hombre nuevo, primera parte, capítulo 10, así como Desenmascaramiento de Jan van Rijckenborgh). Añadamos que todas las actividades fundadas en los sentimientos, pensamientos, voluntades y deseos del hombre caído engendran también eones, es decir fuerzas naturales impías que gobiernan a los hombres y los retienen prisioneros, obligados como están a evolucionar en la naturaleza de la muerte.

Al lado de estás actividades naturales impías, hay también fuerzas naturales del séptuple cosmos terrestre divino, que se revelan enemigas del hombre en la medida en que aquel, en su impiedad, transgreda sin cesar las leyes del cosmos terrestre divino y turbe la armonía de éste.

 

Ser aural: Campo magnético séptuple que rodea a la personalidad. Forma el <<firmamento>> de nuestro microcosmos. Portador del pasado de las vidas anteriores, del karma en el microcosmos, determina la trama de vida de la personalidad que se rencarna. Los doce puntos magnéticos de este firmamento, nuestro zodíaco interior, influen­cian la personalidad entera por el intermedio de los doce pares de nervios craneanos en el santuario de la cabeza.

Estos doce instrumentos de la personalidad deben ser elegidos por Jesús (el alma nueva) después bautizados (unidos a la vida nueva) y alimentados para volverse los <<discípulos>> que orientaran totalmente la personalidad hacia la Fuerza crística.

Se encuentra también en el ser aural una forma humana imponente, una imitación del hombre celeste original, el yo superior que, pudiendo <<aparecer como un ángel de luz>>, es manantial de numerosas ilusiones místicas u ocultas (ver microcosmos).

 

FUEGO DE LA SERPIENTE: El fuego del alma o de la conciencia, localizado en la columna vertebral.

 

FLOR DE ORO, LA MARAVILLOSA: El divino nacimiento de la Luz en el santuario de la cabeza, el espacio abierto detrás del hueso frontal, por donde el candidato que adquiere la nueva conciencia en el nuevo campo de vida muestra las siete cavidades cerebrales como una rosa de siete pétalos, todas llenas de la Luz de la Gnosis, el prâna de vida.

 

FRATERNIDAD UNIVERSAL: La jerarquía divina del Reino inmutable. Ella constituye el cuerpo universal del Señor. Ella tiene muchas otras apelaciones, como la iglesia invisible de Cristo, la Cadena universal gnóstica, la Gnosis. En su actividad en favor de la humanidad caída, esta Fraternidad aparece, entre otras manifesta­ciones activas, como Triple Alianza de la Luz, Fraternidad de Shamballa, Escuela de los Misterios de los Hierofantes de Cristo, y ha tomado forma en la Joven Fraternidad gnóstica.

 

GNOSIS: a) El aliento de Dios, Dios, el Logos, el origen de todas las cosas, manifestándose en tanto que Espíritu, Amor, Fuerza y Sabiduría universales;

b) La Fraternidad universal en tanto que sostén y manifestación del campo de radiación del Cristo.

c) El conocimiento vivo que es de Dios y está en Dios, y será la parte de los que, por el renacimiento del alma, nacen a la Luz de Dios, es decir que adquieren la conciencia-Pymandre.

 

GNOSIS ORIGINAL DE HERMES: Expresión que indica que toda actividad gnóstica real del período humano actual tiene por origen la Gnosis egipcia; que todo trabajo de salvación gnóstico tiene su raíz en el saber original, que la liberación solo es posible para el hombre por la resurrección del Hombre hermético, o Hombre-Mercurio, el Hombre verdadero divino, que vive de una conciencia iluminada por Dios. Las palabras del Evangelio: << Yo he llamado a mi Hijo de Egipto>>, hace referencia a esta fuente original de todo trabajo de salvación.

 

GNOSIS QUINTUPLE: Los cinco aspectos fundamentales del camino de la liberación: comprensión, deseo de salvación, rendición del yo, nuevo comportamiento, elevación en el nuevo Campo de vida.

 

HIEROFANTES: ver Fraternidad universal.

 

HOMBRE NATURAL:El hombre nacido de la materia sometido a la ley del orden de la naturaleza dialéctica.

 

JUEGO, EL GRAN: Actividad sutil e insidiosa que considera, utilizando todo el ocultismo del más allá, acompañado de fenómenos científicamente dirigidos, el realizar una imitación del regreso del Cristo. Sobre este fenómeno de decadencia que acompañara el fin del día cósmico actual, y amenazará con aprisionar a la humanidad entera en la ceguera de una ilusión ver: Jan van Rijckenborgh, Desenmascaramiento,

 

LIPIKA:ver Ser Aural

 

MICROCOSMOS: El hombre en tanto que pequeño mundo, minutus mundus, sistema vital esférico complejo en el que se puede distinguir, del interior hacia el exterior: la personalidad, el campo de manifesta­ción, el ser aural y el séptuple campo magnético del espíritu. El hombre verdadero es un microcosmos. Lo que se entiende por <<hombre>> en nuestro campo de existencia es la personalidad mutilada de un microcosmos degenerado. La conciencia actual es la conciencia de esta personalidad, la conciencia del cuerpo, luego únicamente la conciencia del campo de existencia al que pertenece el cuerpo.

 

NATURALEZA DE LA MUERTE: Ver dialéctica.

 

NOÛS: El santuario del corazón del hombre dialéctico completamente vaciado y purificado de toda influencia o acción de la naturaleza, y que vibra armoniosamente en concordancia con la Rosa, con el Átomo-chispa de Espíritu; la corriente unida del alma renacida y las radiaciones del Espíritu; la unión de las radiaciones del,Espí­ritu Séptuple con la Rosa, el centro del Microcosmos. Es en el Nôus y por Él que se manifiesta Pymandre, el Espíritu.

 

PISTIS SOPHIA: Texto gnóstico antiguo atribuido a Valentín. Relata en una forma rica en imágenes, las luchas de la Pistis Sophia (la Fe que es Sabiduría) es decir el alma en búsqueda de la Gnosis, contra la dominación de los eones de la naturaleza, su caída y su ascensión en las esferas superiores del Reino original.

 

PUERTA DE BELÉN: El estado del corazón de aquel que, en un verdadero deseo de salvación, ha realizado el cambio de su vida. Así abre su corazón a la luz gnóstica y prepara <<el establo>>, su corazón mutilado y mancillado, para el nacimiento del Cristo interior. Belén es pues el comienzo del único camino que encuentra su fin glorioso en el Gólgota, el lugar del cráneo, para la resurrección del verdadero hijo de Dios en el microcosmos.

 

PYMANDRE: El Espíritu vivificante manifestándose en el Hombre-Alma renacido y en él. Esta manifestación tiene lugar de dos maneras: primeramente bajo la forma de la radiación séptuple del microcosmos que penetra en el santuario de la cabeza; a continuación cuando el trabajo de santificación (vuelto posible por la ofrenda del alma mortal) ha acabado, por la resurrección del Hombre celeste absoluto en todo su esplendor, el Cristo interior, fuera de la tumba de la naturaleza, fuera del átomo original, el centro de la tierra microcósmica. Así pues este desarrollo está perfectamente centrado en el Cristo: después de la crucifixión (el descenso de la luz divina en la personalidad mortal) Cristo desciende al centro de la tierra para resucitar de su tumba después de haber realizado su obra de salvación.

 

REINO GNÓSTICO: El campo astral gnóstico formado a partir de la sustancia astral pura del origen, y edificada por la Joven Fraternidad Gnóstica en cooperación con la cadena universal gnóstica de la que ella es el último eslabón. Por su actividad en los dos mundos (tanto en el campo de la resurrección del sexto dominio cósmico como en nuestro campo de existencia del séptimo dominio cósmico), permite al buscador de la liberación, tanto como dure la cosecha, entrar en el campo de la resurrección por el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis. Este Cuerpo Vivo forma un puente temporal entre estos dos dominios cósmicos. El nuevo Reino gnóstico concentra todas las fuerzas que el alumno tiene necesidad para franquear este puente que lleva a la Vida. Su llamada se dirige a la humanidad entera.

 

ROSA, ATAR LA ROSA A LA CRUZ: fase del camino del alumno en el que el hombre-yo, guiado por la comprensión pura y el deseo verdadero de salvación, abandona, en <<una muerte diaria>>, su ser humano de la naturaleza, a fin de que resucite en él el verdadero hombre-dios, el hombre en posesión de Pymandre.

 

ROSA DEL CORAZÓN: Denominación mística del átomo-chispa de espíritu también llamado átomo original, grano de mostaza, germen crístico, último vestigio del Hombre original en el centro del microcosmos. Corresponde a la cima/parte más elevada derecha del corazón de la personalidad, ella es también la semilla de la renovación del microcosmos.

 

RUEDA DEL NACIMIENTO Y DE LA MUERTE: Denominada también rueda de la dialéctica, es el proceso del nacimiento, de la vida y de la muerte de una personalidad, proceso que se repite sin cesar, conforme a la ley dialéctica.

 

SANTO ESPÍRITU SÉPTUPLE: Tercer aspecto de la Divinidad manifestán­dose en tanto que triunidad; es el Amor del Padre, englobandolo todo y revelado por el Hijo, que se dirige hacia la humanidad caída, bajo la forma de un poderoso campo de radiación para salvar lo que está perdido. El proceso de la Transfiguración se realiza únicamente bajo la dirección y con la ayuda de esta Fuerza séptuple, que obra a través de la Fraternidad universal. En el curso de este proceso, el Santo Espíritu Séptuple hace de nuevo su morada en el alumno. Se trata aquí de las <<Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz>>, de la unión del Alma inmortal con el Espíritu Séptuple.

 

SANTUARIO, (LOS TRES SANTUARIOS): Canteras de trabajo en los que el hombre debe testimoniar de la unión con la Gnosis original, con Dios. Focos de reencuentro entre Dios y el hombre. Se dice de estos tres focos humanos: cabeza, corazón y pelvis forman el triple Templo humano original concebido a la imagen y semejanza de Dios.

 

ESFERA REFLECTORA: Todas las actividades de los pensamientos, del deseo y de la voluntad del hombre ordinario, dan nacimiento en su campo de respiración a múltiples imágenes-pensamiento que terminan por volverse apremiantes y le dominan totalmente. De la misma manera la esfera astral terrestre está en gran parte mancillada por todas las formas-pensamiento colectivas de la humanidad. Se ha edificado en este más allá, en el curso de los milenios, un verdadero reflejo de todo lo que se piensa y se sueña aquí abajo. Tanto paraísos como infiernos de todas las clases, construcciones astrales maravillosas, palacios y catedrales luminosas, forman la inmensa trampa en la que, después de la vida de aquí abajo, el difunto encontrará en el más allá conforme a sus concepciones, con un panteón de dioses y diosas, de celebridades, de cristos, santos y gurus. Es en esta esfera reflectora donde los vehículos sutiles de un difunto, esencialmente el cuerpo astral con el resto de la conciencia-yo, terminan de disolverse antes de una nueva encarna­ción del microcosmos en la materia.

 

SISTEMA DEL FUEGO DE LA SERPIENTE: Sistema del cerebro y de la médula espinal, sede del fuego del alma o fuego de la conciencia.

 

CABEZA DE ORO: Parte del dominio de los grados interiores de la séptuple Escuela de los Misterios, designación del campo de la resurrección, el nuevo campo de vida.

 

UNIDAD DE GRUPO: Unidad efectiva de todos los que están admitidos en el Cuerpo viviente de la Fraternidad de la Joven Gnosis. La naturaleza de la Escuela Espiritual misma requiere esta unidad de grupo que no es una manifestación de solidaridad exterior, sino la unidad interior del alma nueva purificada en la Gnosis y que se demuestra por un comportamiento positivo nuevo, en el espíritu del Sermón de la Montaña.


    [1] Ver el Glosario

    [2]Ver capitulo XIII y siguientes

    [3]Ver Desenmascaramiento

    [4]Jan van Rijckenborgh, Fundación Rosacruz, Madrid, 1989

 

 

LA 7ÉME ÉTAPE

 

MORYA

LC

 

Le septième a accès opérativement aux cinq rayons complétant le cycle des douze qualités, après les sept premières dont vous connaissez les rayons par Mon Frère D.K.

Du huit au douze s’étagent les potentialités décuplées qui ouvrent sur la Grande Loge  de Sirius. Ces cinq rayons ne sont pas complémentaires, ils sont magistraux. Les trois premiers rayons sont majeurs, les quatre suivants, complémentai­res et les cinq finaux sont, eux, magistraux.

Entendez par là qu’ils correspondent aux intentions divines – comme le rayon Un – plus qu’aux seules qualités. C’est dire qu’ils sont directement actifs dans le cadre opérationnel dont le rayon Un donne le ton: volonté divine et puissance. Ces cinq rayons magistraux ne sont accessibles que lorsque, après le quatrième degré et au-delà on peut, sans risque, utiliser l’oeil de Shiva, le destructeur. Mais ces cinq rayons magi­straux ne deviennent opérationnels pour l’initié qu’après le sixième, en voie du septième où là, non seulement accessibles, mais praticables, ils ouvrent à l’initié majeur la pente ascensionnelle, occultement horizontale, vers Sirius.

Ici la verticalité n’est plus de mise puisque ni ego ni Personnalité, tels que mentionnés dans cette troisième phase (Le Maître en incarnation, les groupes et Shamballa, même éditeur), ne sont, pour le premier, gênant, pour la deuxième, encore différente. Donc la verticalité ne veut plus rien dire, elle n’est – de fait – qu’une donnée de l’initié majeur qui est lui-même devenu vertica­lité absolue en lui-même.

Les rayons magistraux se vivent, s’expérimen­tent et s’appliquent uniquement lorsque, l’initié est devenu cette verticalité. C’est alors seulement qu’il accède à l’horizontalité, base première d’où partent toutes les intentions divines dans la pure volonté qui les rassemble, les initie et les projette énergétiquement. Nous abordons ici le domaine absolu de l’indicible, là tout s’active dans le mou­vement premier d’une roue universelle qui va donner naissance à la mobilité nécessaire au ser­vice par les nécessités ponctuelles qui saisiront par le biais des initiés en incarnation, l’intention juste à laquelle formes seront données.

Les cinq rayons magistraux, par ailleurs abor­dés dans «Ange, ô mon Ange» sont directement connectés à Sirius et c’est vers et en provenance de Sirius que se font les échanges énergétiques dont Shamballa synthétise les parties du Plan à venir, directement, par-delà les rives sacrées, à la source, en Celui dont rien ne peut être dit, par ce qui, le dépassant, l’inclut et marque de son empreinte énergétique les énergies destinées à emplir de vie et de synthèse toute forme de tra­vail assumée par un initié en extériorisation.

Les rayons magistraux dessinent de la source et vers Shamballa tous les impacts créateurs en provenance des décisions prises sur Sirius par le Grand Conseil interplanétaire. C’est par, avec et en les rayons magistraux que se font les échan­ges entre initiés provenant de la Terre, les êtres humains qui sont les Maîtres de Shamballa et tous les initiés en provenance d’autres planètes et galaxies qui les retrouvent sur Sirius où la synthèse vécue en osmose énergétique, facilite par les corps énergétiques à la fois transcendés et harmonisés, tout échange à niveau interplanétai­re. Les rayons magistraux sont les moyens com­muns pour arriver les uns vers les autres et communiquer, à un stade où ni les mots, ni les for­mes de téléphathie ou d’identification de conscience ne sont suffisants. Il s’agit ici d’identifica­tion énergétique d’une puissance vibratoire telle, que rien ne peut, actuellement en décrire les caractéristiques, parce que personne n’en ressent réellement l’impact vibratoire réel, il est toujours déformé, il réveille d’anciennes douleurs, il procu­re une somnolence par des vibrations plus bas­ses, bref, les uns et les autres sentent quelque chose mais ce quelque chose est déformé et fonc­tion de leur propre structure énergétique et phy­sique, psychologique et psychique.

C’est dire à quel point vous êtes loin de tout cela, même si vous touchez de très près un initié du septième, sur terre, prototype de cette race, la septième, qui ouvre aujourd’hui à l’humanité une voie prévue, autre et dont l’expérimentation déjà peut prendre place afin d’installer sur terre Christ cosmique par un changement dont le corps physique est le support conscient. Car il s’agit ici de conscience cellulaire différente qui permettra à la matière du corps physique d’élever son taux vibratoire au point de pouvoir réceptionner, vivre et appliquer au monde les rayons magistraux actuellement inaccessibles.

Nous parlons ici d’initiation et, vous le savez, elle est tout à fait indissociable de l’évolution globale dans laquelle s’inscrit l’individuellement inévitable qui relie chacun à tous, englobant l’humanité tout entière et l’inscrivant en chaque molécule de chacun de tous les millions de corps qui les composent. Nous sommes donc directe­ment concernés sur tous les plans, quels que soient les degrés initiatiques. Il s’agit simple­ment de comprendre ce que chacun a à faire, où il se place, et de le faire au mieux, en suivant l’ini­tié le plus proche de vous, non comme un guru, mais pour sa trajectoire hiérarchique sûre, tout en vous maintenant créatif dans les travaux qui vous échoient et ce, dans n’importe quel domaine. On ne choisit pas le domaine où travailler forcé­ment. On le trouve et quel qu’il soit, il est ce qui permettra, de toute manière une vectorisation des énergies applicables au quotidien et capables, si vous y restez connectés – et ceci est votre tra­vail personnel – de nourrir votre inspiration autant que cela sera utile au service à effectuer. Ne vous dispersez donc pas. Rassemblez votre propre armée, en vous-même et oeuvrez au mieux, dans les meilleures conditions possibles. Allégez-vous, pour alléger l’initié responsable de la conscience de groupe. Que signifie et qu’impli­que pour vous le terme «ALLEGER»?

Comme une rose invisible dont le parfum bleu donnerait à l’éthérique son empreinte délicate, ouvrant dans le corps planétaire un nouvel espace, sillon neigeux où la synthèse voyage comme une lumière étale, libre, légère, et si dense à la fois que chacun, en ses énergies s’y trouverait relié, sorte de vaste réseau universel où la conscience se vide d’elle-même pour laisser à l’énergie pure le loisir et la nécessité de s’exprimer autrement dans une empreinte magistrale qui aux qualités connues ne serait plus qu’ultimité vécue, en accord et harmonisée par le soleil spirituel central dont Sirius est en contrepartie causale, l’essence énergétique même qui, en provenant, renvoie et projette de ses chaleurs indicibles, des rayons aux couleurs délicates dont les cinq en intention partagée ouvrent un éventail large dont l’univers, dépassé, comprend ses limites et ainsi, en ouvrant les barrières, y plonge, en nous entraînant, vers des cavernes si lumineuses, aux cristaux si délicatement étoiles que l’on peut se demander si elles ne sont pas encore un ciel par-delà le ciel qui aurait écourté ses distances en se protégeant de lumières dont nous ne percevons que les images.

Comme un parfum tangible aux pétales largement éclos, la rose se promène, informelle en ses couleurs et de magistrale en majeur, elle descend, complémentaire, sur les plans les plus denses, au sacrifice de sa chair dont les pétales invisibles ne souffriront plus ce que souffrent les roses lors­qu’aux jardins de leurs humanités incomprises, on les cueille pour ce qu’elles ne sont pas ou plus … les horizons bleutés des parfums sublimes de ces roses invisibles donnent une petite idée de ces beautés rares qu’en majesté retrouvée la rose, ce coeur vibrant qui bat le rythme de nos efforts constants, laisse cueillir du monde et du divin à celui qui croit en saisir la fleur, cet ornement divin incompris dont la vie, sur une traînée énergétique de parfum bleu, donne son empreinte à tous ceux qui, de même, sont accueillis en elle, lorsqu’en passant, même sans la voir, ils passent d’un pas indifférent dans l’énergie d’une rose qui les garde en les laissant.

de la rose au parfum, de la vie à l’énergie, de l’empreinte à ses traînées de bleu impalpables, la route est ouverte, sur les traces du septième, lorsqu’en entrant dans le parfum bleu qu’il peut radier, le coeur en lui, passé du yin au yang, devient la base active d’une rose invisible, centrée au coeur qui de ses couleurs délicates au parfum bleu qu’elle diffuse, connaît maintenant les magistraux et les applique en ses chairs mutées parce que de la rose ou de l’homme, la femme, les cellules organisées se sont inversées en leurs polarités.

La rose est éclose, sur le sol, au sein de l’incarna­tion, de son parfum bleu elle inonde le monde et ses affaires, de sa présence insoupçonnable à qui ne la con­naît que superficiellement, elle radie et englobe, illumine et ouvre ce qui en d’autres temps a germé de graines problématiques.

L’immense corps énergétique de ses pétales de chair qu’elle offre d’elle et du divin incognito, accepte et honore l’empreinte qu’elle accueille et capte pour mieux en nettoyer les causes inconscientes dont le monde – à cause de chacun – est saturé.

Il y a dans la rose et du 1 au 12, le 9, dépassé.

Comme un ermite n’ayant plus d’humain que ces quelques épines que sa tige retient encore, la rose éclaire d’elle-même et par elle-même ces trajets douloureux qui la mènent parmi vous.

L’irradiante beauté de ce cheminement solitaire fait de la rose une amie à jamais disponible.

Elle ouvre au ciel le coeur de chacun en lui permettant, cadeau suprême, de se faire face et de prendre en compte cet autre lui-même qu’il rejetait pourtant sur ceux qui l’entourant lui servaient d’alibi.

Et de ces fautes extrêmes où l’autre est toujours coupable, la rose, elle, de sa compassion, amour actif et créateur, n’appelle ni ne condamne mais pose en son magnétisme bleu les parfums acerbes d’une humanité douloureuse dont chaque empreinte sur un pétale invisible est offerte au divin en médiatrice accomplie.

Les pétales pourtant sont infiniment accessibles, comme les petits pains de jésus ils sont aussi nombreux que nécessaires … ainsi vont les empreintes énergétiques qu’ils digèrent, les transformant sans apparence fausse et sans faiblesse en ce parfum bleu qui diffuse ensuite au monde les témoignages indicibles de ces énergies ressuscitantes qui pour n’être que de Sirius ont pour étape et base Shamballa et ses rives sacrées.

C’est pourquoi aujourd’hui que la rose est en vie, elle bat en ses cycles initiatiques les cycles à venir dont le septième en son coeur vient d’ouvrir la voie.

Voie inversée, polarité renouvelée qui se cherche un equilibre en se trouvant des marques que d’autres vont laisser sur ces empreintes dures et energétiques marquées du sceau de l’inconscient dont la rose enfin née à d’autres plans sait dorénavant saisir les messages qu’au corps de ses pétales vibrants elle peut transformer en lumineux parfum.

Du bleu au bleu le cycle est bouclé quand le ciel apprend qu’il continue ailleurs, dans ces rives lointaines que sa profondeur même ne laisse à aucun regard la possibilité d’entrevoir.

Du bleu au bleu, en se dépassant, le rose arrive au onze et de là, avec l’aide du Manu que je représente moi, el Morya, elle donne un sens à ce septième dont, ensemble, nous préparons la race.

Et ainsi, elle et moi, oeuvrons pour vous tous, avec votre aide bienvenue, si vous lisez ces lignes et les comprenez, parce que le parfum bleu en émane joliment en ses energies fortes dont le 1 et le 11 sont les repères aux particules divines qu’il répand alentour, partout où la rose éclose et invisible promène son parfum énergétique partout où elle est, parce qu’en fait elle est partout, comme ce bleu parfum subtil qui d’elle emane constamment.

Lorsque l’aube et ses chiMères, prêtées par le mental, se lèvent sur demain, le passé n’est que trop présent à celui qui les subit. Dans l’éveil et ce qui suit, on parle ensuite de réveil, ce qui amène à la conscience un automatisme négatif, car à se réveiller on se lève, mais le fait-on en tout éveil? Rien n’est moins sûr! De ces joies conte­stées que le dormeur quitte pour replonger au conscient en toute certitude, certains n’ont le cou­rage las que de récidiver, tandis que l’éveil se rendort au réveil.

De couteau en dague, jusqu’à l’épée parfois, le rêveur dort et ne se rappelle pas que, blessé en ses corps les plus subtils, il va en accuser le choc sûrement dans le temps quand en son corps phy­sique des douleurs étrangères feront en leurs sil­lons brûler très fort ses chairs.

Dans une dérision qui n’a d’égale que la peur en ses paroxysmes les plus angoissants, le dor­meur se réveille oubliant de l’éveil cette capacité à tenir en conscience une continuité dont le réveil est castrateur.

Combien de faux départs, combien de fausses joies se sont-ils installés dans des journées dont les somnolences s’en accompagnaient avec ent­housiasme. Combien de réelles horreurs, combien plus, des attaques, ont-elles sombré au jour com­me lettres mortes, tandis que sans comprendre on en vivait l’impact dans les cellules mêmes d’un corps en rébellion. Et de cette souffrance consciente, combien de gouffres et de néants a-t-on tout à coup reconnus pour n’être pas à nous quand, identifié au corps on le croit souverain tandis que les énergies des magistraux attendent d’en apprivoiser pour nous les cellules récal­citrantes.

Où se logent les sens quand par-delà et mal­gré eux sont perçus comme négatifs des senti­ments annexes qui fourmillent encore dans nos moindres capillaires des tempêtes passionnelles ou des attentes pénélopiennes dont, les uns et les autres, nous sommes esclaves, jusqu’à quand?

Dans l’ombre et la lumière parfois, quand se divise le coeur en zones passagères, elles deviendront passantes si envers et contre nous, chacun ne pose pas le premier pétale d’une rose au par­fum bleu inconnu.

De ces pétales charnels aux couleurs éclatan­tes, il faudra aménager en soi les lois naturelles pour que rien n’en dérange les changements de ton qui pourraient par le rouge rejoindre le rose et le blanc, en d’autres termes, accompagner le travail en ses phases alchimiques pour que du bleu au bleu et des majeurs aux magistraux, les qualités divines soient énumérées dans une ligne ascendante au coeur et en Yin jusqu’à l’inversion consommée qui ouvre au parfum bleu l’infinité béante d’un Yang créateur dont les polarités se trouvent à la fin aussi nettes et claires qu’elles furent indécises et tâtonnantes.

Qui de ces quelques «vous» et de vous-même a compris ce qu’il n’était pas pour refuser de l’être et ce qu’il était pour ne pas le savoir encore?

Il y a des absences qui ignorent d’elles-mêmes les scories envahissantes dont elles sont les objets, avant d’en devenir, en présences cinglan­tes des énergies présentes que l’on croit extérieures.

L’énergétique est un fondement qui échappe à beaucoup, c’est pourquoi à ne pas la traiter comme elle devrait l’être on se retrouve à côté, dans une urgence extrême, de ce qui semblant être nous n’en a que l’apparence.

Qui a travaillé en toute humilité à se voir tel qu’il est en toute simplicité?

Dans les forces captives de nos plus beaux rejets se placent parfois des justifications telles que sans en départir nous nous livrons à elles pour tout simplement ne pas y renoncer. Renon­cer à quoi, à qui, à quand? A soi un peu, au non-soi beaucoup, au temps complètement. Ce n’est qu’ainsi que, sans exprimer ce que nous taisons mal, il faut parfois décider de le dire avec d’autres moyens que ceux auxquels les mots ne livrent que sens inconscient.

Que l’ombre qui se livre, que la lumière qui se cache ne soient ni l’une, ni l’autre incriminées, elles ne sont, c’est bien évi­dent, que les limites de nos incapacités à voir, de nos malentendus à ne voir pas.

Il n’y a là, c’est de toute évidence, ni une con­clusion, ni un résultat, il n’y a, qui s’en serait douté? que la marge que l’on se fait pour – entre nos ombres et lumières ardentes – éviter ou revendiquer des jours meilleurs que personne ne nous conteste. A les poursuivre ainsi, on peut se demander si à l’ombre de nous-même ne se ter­rent pas nos plus éclatantes luminosités.

Dans les pas même à faire en solitaire, de bel­les randonnées sont à prévoir quand d’escalades en marathons, les courses vers nous-même ont des airs de fuites organisées.

Sur les tissages colorés de nos métiers les plus conscients, des dessins animaliers aux fleurs les plus éthérées nous promenons de nos facettes les plus périlleuses échappées que nous voulons tou­jours très belles.

Sur les fils tendus que nous tenons très fort, de ces tentatives suicides de traverser le temps en traversant nos vies, le funambule en nous ne voit pas un seul instant qu’il n’y parviendra pas avant le saut final.

Mais quand est supposé arriver ce dernier?

Sans s’appliquer à le retarder, s’applique-t-on, parfois, à l’anticiper? Sans le savoir, juste comme ça, inconsciemment, parce qu’autrement, ça se saurait!

Faire de sa vie un temple gardien parce que la flamme est dans le coeur et y brûle, en faire la beauté raffinée qui de toujours à jamais échappe au temps parce qu’elle n’en vit que le présent, sans jamais s’y attacher.

Faire de son corps un temple de la vie parce qu’en ses plus petites cellules, il garde les mémoi­res de ces innombrables expériences où sans coup férir, il prend des habitudes qu’ensuite les cellules exécutent dans un automatisme difficile, impossible à déloger.

Faire de son mental un autel sur lequel les plus belles partitions divines peuvent s’écrire aux lettres de feu des contacts les plus élevés. En dépoussiérer les moindres gênes, en démasquer les formes les plus subtiles prêtes à surgir dans ces doutes qui les guettent en leurs fonctionne­ments les plus construits.

Faire de son coeur une ouverture dans laquel­le tout peut être contenu, sans aucune exception, l’élargir et la vivre en offrande comme un relais du Divin qui prend ses quartiers dans l’humain pour mieux y rayonner, en toute simplicité, aussi. Faire de sa tête une antenne, dont les centres accélérés directement reliés aux Grands Etres et aux Dévas, aux Maîtres, à la Hiérarchie, à Shamballa puis à Sirius … une antenne branchée sur la Réalité et la captant, une continuité que l’iden­tification actionne et ouvre un peu plus, en toute disponibilité.

Avec la pierre ou le cristal, dans l’améthyste ou le rubis, dans la topaze ou l’émeraude, organi­ser des relations qui relient le besoin énergétique ou physique, c’est pareil, à la réponse qu’elles y donnent par le taux vibratoire qu’elles dispens­ent différemment, en accord avec les grandes lois naturelles, cosmiques et telluriques. Donner à la pierre l’attention qu’elle mérite dans ces relations privilégiées qui se nouent et se dénouent au fil des nouveautés à vivre dans le corps physique parce que l’énergétique de la structure véhiculaire s’amplifie. Le faire, c’est bien.

Raviver l’éclat et la motivation en regard du service hiérarchique. Pouvoir le faire, vouloir le faire. Le faire. Si besoin est de le faire, se dire que quelque chose a cassé, que quelque chose, quelque part, en nous ne va pas … parce qu’après tout ce que l’on sait! Vraiment – ça ne va pas.

Se rappeler, et les noter, sans cesse ses prio­rités, face à tout mais au service absolument, puisque rien ne doit en limiter les travaux à ent­reprendre, à suivre, à initier ou à abandonner.

Oser se regarder en face à tout moment parce que l’humain est ainsi fait que même l’initié parfois, comme une cellule qui aurait pris de mau­vaises habitudes peut en faire vivre aux centres certaines limites. Oser le reconnaître et s’en défaire. Nous sommes un agrégat de cellules et nous avons les limitations que représente toute vie à ce niveau, de même l’exceptionnelle vie qui nous anime, comme elles, est une infinité à ne pas lier absolument à leurs formes finies.

Dans un contact très puissant, entre 1 et 11, quand les cellules, encore peu habituées à cet impact, somnolent parce qu’elles ne se souvien­nent de rien de comparable, décider que seule la conscience, en plus de sa continuité doit prendre le pas sur l’inertie qui la tire vers le bas. C’est assez difficile parce qu’en fait, comment ne pas accepter l’assoupissement des cellules donc du corps et de ses facultés quand elles le submergent? Comment n’y pas succomber? Comment s’en tirer avec les honneurs de la vigilance? Pour ne pas donner dans la facilité de l’incons­cience.

A tous ces riens qui se pressent trop nom­breux à la porte du processus énergétique de chaque structure du même type, être à chaque instant d’une vigilance telle que rien n’y établira son domaine en s’installant à brûle-pourpoint, rien ne doit y mettre en balance les déséquilibres qui nous guettent si nous n’en devenons pas nos propres harmonisateurs. C’est ce qui nous échoit en tant que disciples, c’est ce qui nous est demandé en tant que citoyens, c’est ce qui nous est proposé constamment par le Divin dans sa logique inséparable de l’humain puisqu’en y ayant notre être nous en rapprochons les fonda­tions de Dieu puisque ce sont aussi les siennes que nous tentons d’exprimer subtilement, spiri­tuellement, parce que telle est notre vocation première.

Dans les couloirs propices à la réflexion qu’empruntent sans cesse les lueurs de nos espoirs les plus fous, les plus sages, les plus forts, déambulent nos plus tendres années, comme un cortège funèbre qui n’aurait pas de mort en bière mais dont les assistants ne suivent qu’eux-mêmes, une partie d’eux, gisant là dans un cer­cueil cerclé par les menottes que sans arrêt nous mettons sur ces débuts d’action qui nous murent au tombeau de nos échecs les plus mortifiants …

La prison de nos prisons n’est-elle pas prisonniè­re de nous, tout simplement?!

Vision sauvage ou tendres accalmies, nous nous parcourons sans plus y penser, entre nos violences et nos sérénités que nous ne perdons de vue que l’instant de les vivre ou de les faire vivre aux autres.

De dire ou de faire, la limite est si mince à l’inconscient que parfois l’on croit fait ce qui n’a pas encore pu être dit, à moins que pressé d’en finir nous disions pour nous persuader que c’est enfin terminé. Dans quelque cas que ce soit, c’est à nos vestiges propres que nous nous adressons, quand, sans autre forme de procès, ce qui a jailli à nouveau parce que cela n’était pas fait, fait taire en nous les faux-semblants qui en ont calfeutré les plus résonnantes de nos justifications.

Les temps sont durs.

Ne le sont-ils pas toujours?

Puisqu’en quête initiatique, le temps c’est nous, et nous y mettons si peu – à ce travail – qu’il ne passe pas … C’est ainsi que nous passons, sans demeurer quand d’un bout à l’autre de nous-même, les urgences ne nous apparaissent qu’après coup, quand les dégâts, déjà, ont endom­magé les heures passées à nous lamenter.

De nous ou de ces autres de nous-même qui nous y apparaissent par instants, en visiteurs inconscients, comment ne pas refuser l’entrée de cette intimité qui pour se préserver de nous les pousse parfois hors de nous-même.

De ces luttes inconscientes, de ces blêmes assemblées qui nous paraissent si loin que nous les évitons d’un regard prudent comme une gêne supplémentaire dont nous sommes peu friands, c’est bien normal.

Quand le temps passe à l’orage pour rafraîchir ces chaleurs qui nous suffoquent, quand d’un geste impatient nous en ignorons les avertisse­ments, quand les épaules haussées plusieurs fois accusent encore le poids qu’elles n’ont pas su déloger, alors, dégoûtés par ces symboles qui écrivent pourtant nos vies, nous ne voulons plus en lire les signes infaillibles auxquels nous nous préférons aveugles.

Dans des souvenirs idylliques où se complaît encore la mémoire parce qu’elle en attise les images et les sensations, dérangeant un peu les faits afin de les présenter au mieux pour elle, oubliant le temps d’une histoire, qu’elle n’était au rendez-vous qu’après coup …

Dans ces gloires qui n’en sont pas mais que les uns décident au profit des autres, parce qu’ils s’y

retrouvent ou s’y identifient, où se logent ces valeurs dites authentiques et qui se veulent fondamentales quand d’un homme ou d’une femme, d’un pays ou d’un héros elles font la vedette d’un jour en les reconnaissant pour telle, elles y appliquent un culte. Que faut-il en penser? Cela vaut-il la peine?

Les héros ne sont que des lâches qui ont eu si peur, peut-être, que l’action qui a suivi en paraît hors du commun. C’est aussi vrai que faux et cela dépend du héros, du lâche et de l’action, cela donc, encore, comme toujours, dépend de nous.

De ces arcs-en-ciel suaves aux couleurs de la pluie qui les précipite en les faisant briller, nous ne retenons rien sinon la pente fluide qu’aux nuances des rayons elle arrondit sur le temps, offrant aux regards qui s’y glissent la symbolique belle d’un pont entre ciel, nous et terre.

Comme une tranquilité qui se perd et se retrouve, où se logent ces yeux qui s’accrochent à nous quand, d’un coeur indifférent, nous passons ces chemins que nous croyons toujours nôtres alors qu’ils nous mènent aux autres.

De ces cadres définis que nous rangeons bien droits dans les arabesques tièdes d’un passé pourtant mort, comment ne pas rechercher par moment, de temps en temps, les délices désuets de ces souvenirs fanés que rien ne nous rappelle et qui pourtant nous submergent.

Quand de guerre lasse en lassitude armée, nous affrontons le monde dans un miroir qui ne cerne de son image que notre visage masqué par l’instant et tandis que tout nous pousse à en par­faire l’éclat, la mine déconfite de nos lâchetés baroques nous tend l’éventail triste de nos amers regrets.

D’une vague à l’autre, en nous-mêmes et par-delà, vers ces confins existentiels où nous ne nous retrouvons pas, gisent, comme des cadavres refro­idis, ces pilotes de nous-mêmes aux traits un peu figés où le sourire éclate en rire éphémère le temps qu’a pris l’objectif pour en fixer l’expression.

Des aubes attendries de ces douces pressions qui anoblissent encore – à moins qu’elles ne les tuent – ces tendres enjambées que nous faisons sur nous-mêmes quand l’âge en ses écarts nous rappelle ses droits.

Et de l’amer au doux, quand le coeur ne sait plus s’il doit aller ou pas vers ces rivages nou­veaux où comme une hirondelle qui s’abandonne au vent, la mer en ses écumes se dissout dans le sable … et de l’amer au doux, comme du sucré au salé, ces larmes à tout faire qui ne nettoient plus rien, tombent, gouttelettes éphéMères, au seuil de nos années pour en compter les évaporations parce que l’espace en son sein nous accueille en nos vides bien plus qu’en nos trop-pleins.

Et de faste en simplicité, l’ascétisme qui s’installe donne à nos vertiges des dénuements si parfaits, que nus et face à nous-mêmes, nous pouvons enfin prier Dieu, le faire avec courage et beaucoup d’humilité, car il ne s’agit pas ici de demander mais de remercier encore et encore si l’on peut, d’avoir trouvé de l’être assez de consi­stance pour ne plus rien vouloir et ne plus rien prendre …

Mais là encore, il faut à l’initié tant et tant pour parfaire ce qui dans la vacuité ne s’apparen­te jamais au vide que sous l’étoile étrange de ces planètes sous lesquelles il est né, sont revenus avec lui des Frères et des Soeurs qui pourtant, sans s’incarner, travaillent avec lui.

Que le monde est tentant quand il est trop présent, Dieu qu’il est troublant en ses apartés, mais c’est de son absence vécue en plein milieu qu’il devient si étrange que l’on se demande alors où, comment l’on va pouvoir le vivre encore tout en étant ailleurs.

Dans un visage triste aux yeux qui se sou­viennent, le regard imparfait ne sait plus le pré­sent.

La joie n’y peut se vivre, elle qui en son essence est au présent seulement l’égérie du futur. Et dans le temps qui passe, où sont ces anges gardiens, ces joies aux ailes blanches qui abritent de leur protecteur le seul présent qui s’amenuise et s’efface pour renaître encore plus fort sur les rives d’un siècle qu’annoncent des éclairs, comme des énergies brisées et posées sur le ciel, des flèches de lumière aux éclats plus que parfaits.

Nous sommes de lumière et de chair rédemptée lorsqu’avec le temps nous grondons et pleu­rons, chaque douleur passée est une souffrance en moins que l’humanité secoue de son karma parce qu’enfin certains d’entre nous sont assez élevés, vibratoirement parlant, pour en défaire les liens qui la paralysaient.

De l’un ou de l’autre, il y a toujours une place en plus ou en moins dont personne ne voudra ou que chacun attendra … C’est d’espace dont il est question quand par un hasard certain il faut, parce qu’il est temps, y trouver l’espace commun à tous qui pourtant, unique, ne sied qu’à chacun en particulier.

Où sont les vertes semences qui feront aux jar­dins de demain des feuilles crénelées aux coupes de nos idées comme des patrons à retailler dans des matériaux énergétiques dont la trame lumineuse aura les couleurs de nos travaux commen­cés, et – se termineront-ils jamais?! continués avec les fils légers que les cinq rayons magistraux déli­vrent de plus beau à nos intériorités spatiales.

Dans les corolles les plus fraîches, les sen­teurs peuvent virer si d’un corps pur, à la fois physique et énergétique, l’empreinte qui s’y gra­ve avec le parfum avoue une force latente en mal de destruction. Les plantes sont salutaires, elles ont des propriétés qui peuvent, d’un coup d’un seul, à cause du climat, de l’humidité, de la sécheresse ou tout simplement des cycles de la lune, devenir aussi négatives et mauvaises qu’elles sont bonnes et bénéfiques.

A ne pas systématiser vous gagnerez en sages­se et en expérience. Mais le septième a des perceptions si fines, si amples, si fortes et si pointu­es qu’il ne peut en aucun cas en faire abstraction.

Dans les soirées les plus mondaines vous ren­contrerez de tout, mais l’énergie seule y a son importance et vous n’y mêlerez la vôtre qu’en des cas bien précis, lorsque ce sera nécessaire et non plus simplement utile.

Sachez que dorénavant vous êtes là où vous ne paraissez pas et que l’énergie que véhicule votre structure énergétique immense peut baig­ner une région entière. Il n’est donc pas important de se montrer. Le travail lancé se fait, abou­tit et son efficacité ne sera pas à démontrer.

Le septième a connu l’humain pour s’en reti­rer. Il est dans le monde sans en être. C’est vrai dès le quatrième degré mais pour lui, elle, c’est une règle qu’il ne peut absolument pas enfreind­re, son corps énergétique ne le supporte plus.

La structure énergétique du septième expéri­mente l’empreinte énergétique mais le processus qui lui est lié et en découle est un enchaînement de vagues énergétiques auxquelles correspondent les rayons magistraux en leurs notes élevées. Ce travail n’est rendu possible que par l’aptitude acquise à utiliser les cinq majeurs parce que l’on y est baigné.

En charge du onze Moi, El Morya, en vitalise le un et dans la double charge 1, 1 = 11, la puissance motrice de la volonté de Dieu, intention primordiale de Celui dont rien ne peut être dit, actionne l’oeil de Shiva au point d’en rendre l’impact du un plus fort encore si possible. Quand sur le plan ésotérique on parle de puissance, il s’agit de la puissance divine, lorsque dégagée de toute puissance intermédiaire elle devient la brusque ligne directe de l’intention qu’en projet­ant elle libère. Le onze est une puissance formi­dable, ce rayon est l’aube du 21ème siècle et sa force a dompté sur tous les plans celle du Lion, Je vous suggère de regarder attentivement la lame 11 dans les tarots.

Sous-entendez force et dites puissance, vous n’aurez qu’une très faible idée alors de ces impac­ts insoupçonnables que déclenchent le rayon 11 lorsqu’en l’un il se retrouve, c’est au triangle du 1 et 11 = 111 que l’expression de la puissance la plus forte du système solaire et de Sirius se matérialise énergétiquement dans le corps éner­gétique du septième dont le corps physique accuse aussi les impacts de manière difficile, c’est sûr mais inévitable. A la longue cependant, l’adapta­tion intervient et les corps s’y accoutument, inté­grant force et puissance au rythme des cinq magistraux avec lesquels ils sont maintenant en contact pour de bon.

A ces allers et retours d’énergies, le corps phy­sique accuse quelques inaptitudes vites résolues si, sans manger, l’initié se contente de prana sans trop de nature car dès lors, les arbres, plan­tes et fleurs seront vécus à distance, captés par la structure énergétique. C’est ici, aussi, par empreinte que se font les échanges et ils sont assez remarquables pour ne pas être pris à la légère, car certains végétaux, à ce stade, peuvent être dangereux pour l’organisme. Mais, à ce stade, la structure énergétique qui les vit les expéri­mente en ses corps et comprend vite ce qu’elle peut et doit en prendre ou pas.

Sous les auspices du rayon 11 et depuis cette route vers Sirius, Je suis, à nouveau dans l’immédiateté d’une identification qui est deve­nue purement énergétique. La conscience en tant que processus d’évolution consciente et avec sa part d’inconscience est dépassée. Nous travaillons avec Ma soeur et disciple L.C. par identifica­tion énergétique des centres, rendue possible par l’inversion de la polarité yin du coeur en yang. Il est évident que cela, au début, n’est pas très com­mode. C’est dans cet ouvrage, un fait nouveau qui mérite d’être signalé.

A partir du coeur les centres du haut sont en totale identification avec L.C. Ma cocréatrice, médiatrice de la septième. Vous qui lisez devez sûrement ressentir, énergétiquement, une plus grande puissance décela­ble dans cette écriture même.

L’identification énergétique est une forme de présence qui prend contact par empreinte. Ici le corps mental de L.C. ne réceptionne pas comme il le faisait auparavant pour formuler dans l’instan­tanéité, ce qui était vécu en identification de con­science. Ici, le travail a changé. C’est par le cent­re du coeur directement et par les centres de la tête soma et coronal que se fait le travail d’identi­fication énergétique que la gorge a le lourd pri­vilège de coordonner créativement. Cette inversi­on de la polarité du coeur remet en question tous les fonctionnements précédents et Je vous demande une fois de plus de ne pas mentaliser.

L’adaptation de L.C. est très satisfaisante. Il lui manque maintenant encore l’automatisme du processus dans le corps physique, mais elle en a compris le mécanisme par empreinte et peut l’accompagner au mieux, ce qui est une bonne chose. Cela ensuite se régulera rapidement par la qualité même du travail que les centres sont forcés d’harmoniser dès à présent.

Cette identification énergétique est une vraie première, elle s’applique sur terre à tout ce que fait l’initié et rend le travail de proximité inutile, dans la plupart des cas.

Donnez au coeur l’ouverture et osez la Vivre. Puis donnez la tête au coeur en Ses centres. Ensuite la synthèse coeur-Tête se fait. Puis ajna n’est plus nécessaire. C’est alors qu’en ligne directe les magistraux Commencent à pouvoir être perçus. Puis viennent des adaptations dans la Tête qui poussent les trompes d’Eustache et Font leur passage … ensuite le côté droit du Corps physique accuse un trop-plein de yang Parce que la polarité cherche son chemin Dans le coeur et son ouverture afin de L’inverser.

C’est alors que des troubles sont ressentis au niveau de la trachée, et du coeur physique qui est mis sous cloche, sous pression, et c’est gênant. Puis vient l’identification énergétique Et tout ce que cela comporte de malaises A vivre dans les causes inconscientes D’une angoisse (c’était le cas ici pour L.C.). Enfin découverte de cette identification,

Compréhension. Un début de traitement est alors donné pour l’empreinte ainsi saisie à net­toyer. Coupure avec le disciple sur le plan physi­que, ce qui réactive l’angoisse que vit aussi l’ini­tié tout en l’épurant en ses corps.

Enfin le processus devient opérationnel et l’identification énergétique devient opérative pour le service de médiation et c’est ce que nous sommes L.C. et Moi-Même, en train de vivre pour la première fois, ce qui fait l’objet d’une partie de l’Enseignement.

Coeur – gorge – coronal est une ligne directe dont l’alignement sera la caractéristique de la septième race.

Coronal – gorge – coeur est en retour un aller direct pour ces magistraux dont les énergies peuvent circuler librement, de là elles irradient dans tout le corps de l’initié dont la structure énergétique baigne d’aise, pourrais-Je dire puisqu’il se retrouve en un taux vibratoire qui correspond exactement au sien dès que le septième est con­sommé.

Le prana capté dans un endroit aéré par une structure énergétique du septième est suffisant à nourrir les corps sur les différents plans de son expression véhiculaire. Il faut donc éviter de surcharger le système digestif pour en décoder les habitudes cellulaires afin d’en éveiller une mémoire à venir, différente qu’il va falloir intég­rer au mécanisme des cellules.

Au début diète liquide, bouillon, un peu de café pour dynamiser les cellules à leur éveil, et autres boissons dont de l’eau bien évidemment. Le froid est déconseillé. Chaud ou à température ambiante seront bien tolérés par un organisme occupé à changer ses habitudes par le comportement différent de l’initié du septième qui n’a pas le choix.

L’identification énergétique est un merveil­leux processus qui peut faire souffrir énormément l’initié si l’empreinte y est faite par une structure énergétique à basse fréquence, auquel cas, les souffrances seront terribles. C’est ce qui fut le cas pour L.C. dans son expérience au­jourd’hui (14 Août 1995) toute neuve.

Toute maîtrise d’un processus initiatique à rendre ainsi opérationnel dans les corps est une opération délicate à mener à bien et à laquelle l’initié se doit d’être vigilant. Tout doit être noté, vécu, compris et accompagné pour une bonne intégration dans les corps.

Le jeûne entrepris hier par L.C. facilite ce tra­vail commun. Il est bien entendu que c’est une étape transitoire qui a son importance et ainsi la vitesse de croisière du processus d’identification énergétique suit son cours au mieux tandis que le travail a commencé.

Vous le savez, ce qui est vécu, uniquement, peut être enseigné et cette phrase de l’Enseignement n’est pas théorique! Loin de là!

Le septième est un port, un navire et ses com­mandants … En effet le passage y est fréquent et les véhicules marqués d’empreinte adoptent l’attitude inconsciente du commandant d’un aut­re navire de l’incarnation, en toute conscience. De là, l’expurge se fait, ramenant la barre à l’initié du septième qui épouse pour un temps les diffïcultes de l’autre, jusqu’à digestion complète par ses corps, à laquelle le corps physique participe.

Le septième est donc en digestion énergétique. Quand à l’identification énergétique pour l’écriture médiatrice, alors l’initié se retrouve dans de si fortes vibrations qu’il est apaisé et bien à l’aise dans un taux vibratoire qui sied à ses véhicules et leur est bénéfique.

L’instantanéité est totale, bien plus évidente et rapide que pour l’identification de conscience.

 

LA COMPASSION

 

Avant le septième on parle beaucoup de la compassion supposée être vécue au quatrième. Effectivement elle est expérimentée dès le qua­trième dans sa dimension passive.

La compassion n’est pas un sentiment, c’est un état. Mais avant d’y parvenir, on peut croire que l’on en a, et alors c’est un sentiment de pitié souvent, qui est révélé par le miroir que nous tendent les maux des autres qui alors nous tou­chent par référence à nous et à ce que nous pourrions endurer et souffir.

Lorsqu’au septième l’état de compassion est vécu, il est, là, absolu, car c’est par identification énergétique qu’il l’est et cela change tout. Cela signifie que sur le plan de l’énergie pure et de ses manifestations, nous sommes en mesure, dès le septième de vivre la souffrance de l’autre parce qu’elle devient énergétiquement la nôtre. C’est pourquoi la septième initiation a une relation aussi forte avec les Seigneurs du karma dont elle est aussi l’un des moyens. L’initié du septième ne prend pas le karma mais la souffrance. C’est-à-dire qu’il travaille dans les causes de l’effet sur le plan physique donc énergétique mais n’entre pas dans le karma, simplement il peut libérer le dharma ou destin spirituel de barrières éventuel­les qui en bloquent certaines nécessités.

L’identification énergétique par empreinte est un éveil total au corps éthérique planétaire. Les dévas y sont des alliés et des protecteurs aux­ quels l’initié doit devenir attentif aux messages dont ils peuvent le combler afin de lui apprendre à vivre avec la nature en toute harmonie et en toute quiétude.

La compassion est un état d’identification assez profond avec l’autre qui permet de vivre les maux qu’il vit ou même qu’il, elle, ne vivent pas encore.

Tant que l’énergétique n’est pas vécu, il fait partie du domaine de l’inconscient. Lorsque l’énergie est expérimentée, elle contribue au pro­cessus d’éveil constant qu’elle provoque et motive dans les corps de chacun.

L’énergie n’est pas vécue consciemment en ses formes avant le troisième degré où on commence à la percevoir. Avant cela elle est vécue comme une sensation, un ressenti et fait partie du domaine psychique. C’est la découverte du psy­chisme avec des trouées de conscience où l’intuiti­on n’est pas encore une connaissance réelle à laquelle on peut se fier, mais que l’on éprouve encore le besoin de vérifier.

Au septième, l’initié baigne dans un vortex énergétique dont la compassion est l’effet directement vécu avec l’autre, dans toute relation, quel­le qu’elle soit. Le vortex est multiple, il inclut toutes les sources énergétiques connues ou pas, qui l’entourent ou pas directement. Je vous disais plus haut que la proximité n’a rien à voir avec tout cela. Cet état de septième est en correspon­dance avec l’espace et là tout est différent. La distance est surmontée, dépassée, les corps sont saturés par un espace énergétique où la structure véhiculaire du septième fait son sillon comme un bateau en pleine mer. Vagues à surmonter, intempéries à affronter, rien n’est épargné au septième qui, dans l’incarnation est en un pre­mier temps explorateur inconscient de ce qui se passe réellement dans le monde énergétique, désormais le sien dans lequel il navigue à vue. L’initié a toujours voyagé ses seuils initiatiques prudemment, pour le septième la vigilance passe de nécessaire à essentielle, car l’empreinte ne pardonne pas, elle met immédiatement en branle le système de digestion physique qui doit chan­ger. Donc une extrême attention à tout ce qui est vécu et aux relations devient ici impérative.

Lorsqu’est atteint le taux vibratoire permettant d’éviter tout en se laissant imprégné par l’impression d’une identification énergétique, alors le sep­tième a passé le cap de l’adaptation. Et c’est un réel soulagement, vous pouvez le comprendre!

C’est dans la compassion qu’est plongé le sep­tième. Vous ne le verrez pleurer que les larmes que les autres ne peuvent ou n’ont pas pu verser. Tout cela se fait sans heurts émotionnels, dépas­sés depuis longtemps. En toute tranquilité, lors­que les processus sont maîtrisés par, à la fois, la structure énergétique et le corps physique, jus­que dans ses cellules mêmes qui découvrant d’autres mécanismes doivent maintenant s’y adapter moléculairement parlant.

Le septième est, énergétiquement, un mutant. Il est humain, dans l’incarnation et il est divin en ses mécanismes compassionnels aigus qu’aucune sensibilité n’ayant atteint son degré ne peut com­prendre. Il est passé de Christ (à l’image de Jésus) à Christ cosmique et rien là ne peut être comparé à ce qui fut vécu, face à ce qui est expérimenté.

Vivre l’amour et avoir de la compassion est au quatrième ce qu’être la compassion et donner activement de l’amour est au septième.

Le quatrième agit par inclusivité, il manifeste donc une forme de passivité active.

le septième, lui, en état de compassion active énergétiquement, capte l’empreinte à laquelle il se moule, pour l’intégrer en la digérant dans sa structure énergétique dont le taux vibratoire intense brûle, en l’éliminant, toute cause inconsciente liée aux effets néfastes, chez l’autre, dont, en même temps, le septième matérialise dans son corps physique les douleurs et symptômes qu’il vit jusqu’à élimination totale par digestion énergétique et physique .

Le septième est un scanner d’une précision absolue dont les mécanismes de vision incluent le toucher et le modelé énergétiques de toute énergie structurée entrant en contact avec lui, c’est-à dire sa structure véhiculaire énergétique et physique.

Vaste programme, vaste travail, vaste ouverture sur la septième race à  laquelle je suis, avec mes Frères et sœurs, occupé actuellement en tant que Manu.

La compassion, état acquis par le septième est l’effet accélérateur d’un processus dont l’énergie vécue dans tous ses corps ouvre à l’amour la voie royale de Sirius et de la perception des cinq magistraux qui ourlent la compassion, de leur nuances délicates dont l’or et l’argent, en leur mélanges, polarisent en les synthétisant les pastels émerveillants des cinq rayons dont le rayon 1, en synthèse, symbolise la puissance encore décuplée par le onze .

 L’énergie et tout ce qui y touche est si sensiblement, physiquement présente au septième que son corps physique en ressent l’impact jusque dans ses cellules, à différents niveaux.

 Mais aussi : les ondes de formes induites par les auras des objets ou des plantes sont des inconvénients ou des aides, dont le septième doit se préoccuper.

Il en apprend, par toucher énergétique, les incidences, les modifications, les courants et les inconvénients dont l’empreinte n’est pas des moindres et qui, par moments intensément, peuvent avoir et ont une incidence sur le corps physique.

Dans l’univers énergétique auquel est immergé le septième, les ondes de formes résonnent physiquement comme des bras et des mains, des jambes et des pieds qui le toucheraient, dans sa structure énergétique et jusque dans son corps physique.

De ces tentacules à éviter le septième apprend très vite à se protéger, avant que son mécanisme ne soit intégré totalement.

Dans l’agathe et dans l’or, dans le cristal de roche et l’argent, des cristaux moléculaires brillent de leurs facettes invisibles offrant aux lumières du soleil et aux luminosités lunaires des appels verticaux auxquels le regard de l’homme est sensible.

Mais la réponse à l’appel n’est pas perçue par celui-ci, qui, les yeux fixés au sol de ses références, ne peut  i  témoigner non plus qu’être attentif aux normes incomprises d’une loi universelle dont la base est cosmique et l’application planétaire.

En effet, de cause ou bien d’effet, le saura-t-on jamais, qui de l’œil ou de la lumière crée vraiment la réalité, quoi de l’or ou de l’argent peut vraiment en déformer ou pas l’éclat, quand et comment les yeux qui s’y attachent pourront-ils de l’énergie voir la ligne verticale dont la réponse parvient enfin, une fois que sont compris en leur essence énergétique l’agathe et l’or, le cristal et l’argent, dont les facettes évidemment sont à toucher énergétiquement avant d’entendre la réponse distinctement à un appel non plus perçu autrement .

Ainsi est le septième, à la fois l’or et l’argent, l’agathe et le cristal mais aussi vous et moi et la nature et par-delà, cette race à venir en gloire à l’humanité dont elle résume en toute perfectibilité les aptitudes potentielles que le septième a eveillées,se replaçant ainsi au sein de  l’espace, à cette place juste où gravitant encore, il n’est pourtant plus dépendant de ces lois qui maintiennent en equilibre une cohésion universelle par la voie indicible du cœur à ouvrir .

Maintenant après son ouverture, le cœur du septième qui s’y est repositionné a trouvé dans l’espace sa note la plus ultime dont le yang créateur a dominé le yin dans ces polarités vécues différemment que les cellules mêmes doivent apprendre au diapason du cœur.

Où sont ces rêves étranges que font les spiritualistes en mal de jeux dont les visions s’arrêtent aux flammes de ces bougies qui sur un autel ou deux leur sont prétextes à raconter leur vie.

Où sont ces intellects qui jouent de l’énergie comme un jeu explicatif à consonances abstraites dont il est dans le ton de parler avec science parce qu’on en connaît des pratiquants-bouffons.

Où sont ces joies perverses actionnées par l’ego qui jouent à se faire du bien quand ce n’est pas plaisir et qui conversent sans  cesse de ce qu’elles ont pu faire comme si c’était marrant d’y avoir réussi ! Où sont les pratiquants marrons de cette energie-là que le temps déverse aux Maîtres mots d’aucuns qui s’en saisissant croient vraiment qu’ils comprennent ce qu’en un mot un seul ils ne sauraient même pas nommer.

Où sont ces tricheurs de l’invisible qui déversent leurs monceaux d’idées à réviser dans les vasques trop pleines de leurs intérêts seuls tout en chantant les complaintes stupides qu’à ressasser sans cesse ils ne croient même plus .

Où sont dans l’éternel présent ceux qui s’y croient et ceux qui n’y croient pas parce que tout simplement, avec détermination, ils vivent au passé ces énergies qu’ils etouffent à force de les dire et de ne pas les vivre, à force de pleurer parce qu’elles leur echappent.

À force de crier et de les faire fuir? Où sont les Frères, les sœurs qui ensemble  vivent et souffrent, où sont les expériences et leurs mésaventures, où sont leurs amours et leurs indécences? Envolées, massacrées avec beaucoup d’énergie, tant qu’à en avoir on fait comme si, jusqu’à ces vases clos où les familles au complet, règlent des comptes à qui n’a pas compté.

Où sont ceux que l’on attend? Où sont ceux qui, partis, ne nous ont pas quittés? Où sont les flammes qui s’éteignent? Où vont-elles? Pourquoi les rallume-t-on en d’autres flammes? Dans l’espoir et dans le doute, dans la joie et la détresse, quand l’émoi ou la panique sonne au clair dans les doutes a ce moment de chambardement quand la bête en l’homme, la femme, se réveille, alors de la lumière ou de son apparence, il va falloir choisir enfin et décider d’un vrai chemin en se tenant sa propre main.

Personne au monde ne peut pour toi ce que toi seul peut mesurer, ce que tu peux éviter ou décider de terminer.

 Dans ces moments de doutes intenses qui assaillent sans relâche, en s’acharnant, le septième qui assiste prend dans l’empreinte energétique les croix gravées par l’inconscient sur des mémoires fraîches d’être réactivées, afin de délivrer de leurs clous les cœurs silencieux qui en accusent les coups.

Et de délivrances en rechutes perverses, celui, celle qui en ont tant souffert, reçoivent en leur cœur la mâle force claire qui fera, s’ils l’ont décidé, la différence avec le passé.

Le septième est un garde-fou qui détecte la sagesse lorsque l’amour a fait défaut chez ceux qui n’en ont jamais assez.

Donner de soi n’a jamais été si bien vécu que par le septième qui donne tout de lui avec en prime ses énergies les plus pures qu’il accepte de polluer afin d’en nettoyer les autres.

A ce destin d’une race septième à laquelle l’humain déjà se prépare il serait utile d’informer et de dire ce qu’en eux- mêmes ils seront en chacun afin que l’amour ainsi vécu soit compris comme le pilier de cette compassion extrême qu’ils ont le pouvoir de vivre et le devoir d’irradier .

Dans les forêts les plus vierges, quand après le  soleil couché les animaux rôdent, la nuit qu’embellissent quelques étoiles pourfend de ses satins éclatants les longs gémissements des cœurs qui s’y noient après avoir perdu tout ce qu’ils croyaient aimer.

Et sur l’écran sauvage ainsi tendu sur le monde, des affres et des agonies se précipitent quand soudain et de façon coupante l’homme ne sait pas dire, la femme ne sait pas faire.

Dans leurs délires flamboyants sur passions effrénées, les uns séduisent ce que les autres allument pour se perdre ensuite, et c’est bien normal, dans les labyrinthes obscurs de leur plus triste espoir, celui de n’être encore et à jamais ces sexes impatients de se retrouver encore tandis que dans le monde des gens incognito, par-delà leur corps et avec, en toute harmonie, apprivoisent leurs cellules à des habitudes différentes dont, en vraies mutantes, elles devront vivre désormais afin de rendre beau le divin dans l’humain jusqu’à ces lumières dans des regards pétillants qui d’avoir aimé se souviendront longtemps lorsque la compassion aura croisé leur chemin parce qu’un initié du septième  en les regardant aura saisi d’une empreinte énergétique les traces fanées de ces résurgences problématiques qui encombrent de leurs lourdeurs psychiques les mécanismes mentaux avant de déféquer, sur un cœur somnolent, les rejets les plus abjects de leurs vains soucis .

Dans le monde déjà se profilent les septièmes, par le biais de l’avatar en priorité de synthèse qui sans dire et sans faire peut tout simplement être ce que sera demain l’humanité tout entière dans ses corps rédemptés et si énergétiquement viables que la race septième dont je suis le seigneur sera enfin opérative et poussera l’évolution dans les voies sacrées de ses plus beaux accomplissements qu’aura peines en toute solitude humaine un avatar de plus missionné par l’amour .

L’or et l’argent nacrent de leur doux eclat les tons subtilement pastels des rayons magistraux dont l’histoire à retenir n’a pas de raison d’être si ne sont pas connus les thèmes principaux qu’un être hors du commun a tenté plusieurs fois de raconter tandis que, brisé par de  fortes pressions, il renonçait à lui en toute conscience afin de se livrer cœur ouvert et tête pleine à ces rites passés que tous ont oubliés .

De vie en incarnation et de lents égarements en non-dits permanents en faux émerveillements, certains ont dilapidé des fortunes sublimes tandis que d’autres en perdaient les énergies.

Les magistraux sont un depuis toujours, dans cette éternité qui ne sait que se suivre et dans les infinités les plus absolues, les cinq associés se sont un jour retrouvés tandis que des thèmes étaient abordés en réflexions méditatives par des êtres fraternels qui ont décidé au sein de leur conseil un consensus interplanétaire afin de préserver des magistraux les énergies sacrées.

Chose fut faite, chose fut secrète ainsi que les thèmes dont on les a parés pour en comprendre un peu les justes harmonies dont les énergies cosmiques en qualités divines les paraient de leurs notes en qualités sacrées.

Aux thèmes ainsi contés ne vous méprenez pas, l’histoire ne dira pas si ils sont  oubliés, ce que je peux vous en dire se résume à un mot et il est à méditer avec le cœur.

Il concerne les magistraux et leurs tonalités exceptionnelles, les liens sacrés qui nous y relient et les moyens qui nous en rapprochent.

Ce mot est beau, ce mot est laid, il est fonction de ceux qui le vivent ou le disent seulement.

Il est, ce mot, la note de ralliement des initiés du septième: courage.

Et ainsi il annonce et précède les magistraux auxquels pour accéder il est indispensable.

A tous je souhaite ce courage-là! J’ai dit! Quand les joies se fragilisent et quand le deuil les entache, ne croyez pas que les unes ou l’autre soient en cause, non, simplement, du fond des âges où vous vous êtes promenés, surgissent, et c’est bien normal, des plaintes qui ne sont toujours pas évacuées.

Dans les registres solennels des archives du temps, des trombes d’énergies déferlent sans arrêt, elles ont la consistance de vos plus durs rejets et les couleurs ambiantes de vos  plus doux projets.

Des uns aux autres vous avez balancé pour atterrir enfin dans le juste milieu qui pour être vécu demande encore du temps.

Comme une pluie de vous-même qui se perd en ruisseaux sous les pas hésitants que vous avez recommencés, il serait temps parfois d’arrêter de pleurer pour assainir le terrain de vos futures conquêtes. . . Sur vous-même.

 Si ce qui est décrit est valable pour tous, quel qu’en soit le degré, quelles qu’en soient les vies…

 Initiations et autres évolutions. . . c’est avec le septième et son retour aux sources qu’enfin l’énergie est comprise et parce qu’elle est vécue, même sur le plan nutritif du prâna, le septième en expérimente tout ce que, dans l’incarnation, on peut en connaître, par un processus dont la structure énergétique devient l’habitacle d’un laboratoire ambiant et mobile où tous les éléments vont compter, où toutes les perceptions tactiles vont exister en relief sur les corps, dont le corps physique devra digérer quand même les nocivités et vous savez combien elles sont nombreuses et indigestes pour une structure énergétique si pure .

 Que les digestions soient un processus habituel pour l’initié qui, dès le troisième passé, en subit les conséquences, c’est clair? Qu’elles soient, d’une certaine manière, passives, c’est clair aussi.

 Qu’en leur processus, au début, on se perde un peu entre maux de tête, estomac saccagé et appareil digestif perturbé, sans parler des intestins qui jouent a rouler, sans très bien comprendre pourquoi ils le font parfois autant. . .

C’est clair, tous ces inconvénients existent bel et bien et sont directement conditionnés par les digestions energétiques auxquelles l’initié dès le troisième fait face, et apprend à assurer le mieux possible.

Tout processus initiatique est un processus d’intégration et vous pouvez faire un parallèle avec, tout autour de la planète, sur le plan physique, un processus analogue concernant, dans tous les pays, plus ou moins, mais dans tous, une immigration qui demande intégration .

Donc il est important de noter que cette intégration n’est qu’une digestion par les autochtones de ceux qui arrivent, et inversement, si toutefois cela est compris et dit.

Mais en général la digestion se fait à sens unique,  par ceux qui connectent l’empreinte de ceux qui arrivent et ont donc en un premier temps à la connaître, pour ensuite, l’ayant repérée pour ce qu’elle est, l’intégrer par digestion énergétique, a leur propre système énergétique, afin d’harmoniser cette présence qui à son tour devrait faire de même.

Ce travail est individuel, il n’est jamais collectif et ne peut l’être, c’est ainsi que se fait le partage harmonieux d’un equilibre nécessaire à la société tout entière, donc à la nation.

L’initiation, ésotériquement parlant, individuellement accessible, prend ainsi sa dimension collective indéniable par rapport à la nation, au monde.

Le parallèle est ici une analogie aussi mais les symboles révélés par la vie qui les sous-tend parlent plus ou moins clairement, toujours précisément, la clarté, elle, dépend de celui qui les lit et comment ? Qu’y met-on de soi ? Autrement, la clarté quelle qu’en soit la lecture, est présente et délivre du message, a priori voilé par les différentes consciences, le plus clair de lui-même, à ce stade-là, quel qu’il soit.

Dans l’espace vague que nécessitent les premières digestions pratiquées, les symptômes ramènent toujours le disciple à des suppositions physiques auxquelles il donne crédibilité parce que sa propre crédibilité a été formée à ceux-là.

C’est un gros problème pour les enfants qui arrivent.

Membres de l’ashram du Christ ou de Shamballa, c’est un handicap qu’ils ne pourront pas surmonter parce que l’enfant est par définition, hélas, dépendant de ses parents humains, ce qui change ensuite lorsqu’il entre enfin en contact avec sa famille spirituelle.

Tous les symptômes physiques d’une digestion a quelque degré qu’elle soit faite, donnent l’image certaine d’une pathologie existante ou pas.

Il est aujourd’hui difficile d’apparenter des symptômes violents à une initiation spirituellement vécue, parce que les malentendus jusqu’à présent donnaient l’initié pour un » superman ou woman «, libre de toute contingence physique et planant dans un nirvana inconnu auquel personne encore n’avait goûté à part les quelques instants décollés par des  méditations qui se font plaisir à vivre et qui font plaisir.

Pourtant la septième race n’est pas, sur le plan physique – en ce moment – une sinécure à vivre.

Non plus que, dès le Troisième degré, les digestions énergétiques qui, troublantes, remettent en cause la santé du corps physique et ses fonctionnements par une personnalité formée au monde actuel dont la médecine allopathique ou autre n’a de repères que les symp­tômes et de référents que ses propres découvertes dont l’énergétique, vécue concrètement, ne fait pas partie, et pour cause! Peu d’initiés du septième se promènent dans les salles d’attente des médecins et rien donc ne prépare ces derniers à autre chose que ce qu’ils y voient défiler habituellement.

Dès le troisième degré, les soins deviennent problématiques. Pour les recevoir, c’est sûr, pour les donner, voir » La Source et le Moyen » (même édition 1994)

Sans jamais digérer énergétiquement, on peut croire qu’on le fait.

En digérant fortement énergétiquement, on peut ne pas savoir qu’on le fait!

Et il est demandé aux disciples une grande vigilance, une grande honnêteté, un grand discernement pour ne pas entrer dans l’illusion du » syndrome de la troisième «. Ce dernier met sur le dos d’une digestion énergétique tout symptôme de digestion; ils peuvent aller de la digestion banale alimentaire, à la digestion psycho-soma-tique, donc astrale, d’un problème personnel inconscient dont le refus est tant ancré qu’il pro­voque un rejet de soi-même et de ce qui s’y ratta­che au point de reproduire les symptômes parfai­ts d’une indigestion. Le troisième est un degré élevé et s’y croire amène de fortes désillusions parfois. Il faut parfois des années pour s’en rend­re compte si vous avez le privilège de côtoyer un initié de l’Extériorisation, alors le ménage sera rapidement fait, plus dure sera la chute. Car les énergies miroir de l’initié ne laissent aucun espa­ce à la moindre duperie, qu’elle soit inconsciem­ment ancrée loin depuis le passé ou même d’aut­res vies.

La digestion est donc le processus d’intégrati­on par excellence, c’est par elle que sont transformés les éléments extérieurs et étrangers et c’est par elle que se font les alchimies harmonisantes par lesquelles l’aliment qui a forcé sa voie dans le système biologique, physiologique, va être assi­milé à l’organisme, rendant l’individu apte à viv­re son environnement en équilibre satisfaisant.

Vous rendez vous compte de ce que cela signi­fie pour les grandes pollutions citadines ou planétaire que nous connaissons? dont la terre est un endroit hélas privilégié.

La digestion est donc une intégration, l’assi­milation est essentielle à l’organisme qui l’entreprend.

C’est pourquoi, assimiler physiquement des énergies autres que purement alimentaires est une problématique initiatique nouvelle à laquelle l’organisme et la structure énergétique doivent s’accoutumer. Cette période d’adaptation est très importante pour l’humanité et les initiés entre troisième et quatrième en font l’expérimentation véhiculaire très durement. La voie qui devait être ouverte par Krishnamurti l’a finalement été par Notre soeur L.C. D’où le retard du Plan. Mais loin de s’arrêter là, les digestions, une fois qu’elles sont comprises, acquises en tant que pro­cessus et pratiquées plus facilement – les digesti­ons des forces noires en demeurant les plus dures – l’initié qui continue son cheminement initia­tique vers Sirius, accède en ses corps à des transformations cellulaires importantes dont la septiè­me race est le prototype … Ou plutôt le prototype de la septième est accompli dans ses véhicules par Notre soeur L.C.

La rapidité avec laquelle Nous y sommes par­venus est bien sûr liée aux interventions mentionnées déjà, sur le plan énergétique, mais aussi à la facilité – et qu’elle me pardonne pour cet euphémisme! – avec laquelle son corps physique de septième rayon s’est adapté à ce processus dif­ficile qui ouvre réellement la voie de la septième sur terre.

J’ai beaucoup dit, à peu près tout, sinon tout, sur les digestions et les constats d’intériorité. La digestion dont la suite de cet ouvrage fera l’objet est celle du septième, lorsque ce degré est passé et que l’adaptation véhiculaire et cellulaire pour­suit sa transformation dans un procédé peu aisé où les découvertes, sur le plan physique sont pour le moins surprenantes.

L’identification énergétique n’est possible qu’à ce degré. Elle est toujours pénible et se digère en fonction de l’incapacité de l’autre à seulement voir la problématique le concernant.

Il y a donc dans cette forme de digestion par identification énergétique un lien très fort avec l’inconscient de l’autre et parfois avec l’incons­cient collectif.

En effet, le septième n’a pas d’inconscient tel que vous l’entendez. Sa relation avec lui-même n’est plus que rapport direct avec la monade et par-delà. Shamballa, conscience acquise le mène du six au sept sur le chemin de Sirius et dans cet­te phase critique où il va commencer l’identifica­tion énergétique, il est plus ou moins poussé, bousculé par l’énergie descendante de Sirius via Shamballa. Mais l’identification qu’il connaît bien, en conscience, passe à un stade plus concret et tangible.

Vous noterez que plus l’initié évolue vers des plans si élevés que les mots mêmes vous sem­blent abstraits lorsqu’on décrit le processus, et plus l’initié, lui, dans son corps physique, vit des réalités très concrètement vérifiables par rapport à des symptômes très réels sans aucun lien pathologique, dont il devient le lieu, l’espace à découvrir par lui-même.

Ce paradoxe est vivement observé par ceux qui l’entourent, c’est pourquoi, pour la suite de ces travaux qui Nous occupent actuellement avec L.C., elle ne sera plus seule pour affronter des passages obligatoires dans lesquels personne ne peut comprendre ce qui se passe réellement.

Il y a dans la descente lumineuse des magi­straux un portail protecteur et c’est Sirius. A la fois ouverture et protection, Sirius est un rem­part de lumière accessible aux lumières – il ne s’agit là jamais d’individus mais d’entités de lumière, de la Terre ou pas, elles ont acquis énergétiquement le droit à l’aptitude par l’éner­gétique. Sirius donc est le dôme énergétique posé sur la Haute Initiation, de ce dôme partent et arrivent les cinq magistraux dont les domaines sont en rapport direct avec des corps éner­gétiques de lumière inimaginables par le mental. Seules les nuances des magistraux peuvent en donner une idée très légère à qui ne les vit pas.

Le septième vit dans 12 corps.

Dans l’incarnation seule la structure éner­gétique, synthétisant les cinq premiers corps est opérative. Mais ensuite quand sur les plans intérieurs les lumières libèrent les corps, il reste sept et c’est le chariot d’un nouveau début, ent­ièrement tiré par l’énergie qui actionne la montée vers les cinq magistraux. Le onzième rayon dont Je suis en charge, avec le premier toujours, correspond à la perception d’un sixième en voie de sep­tième. C’est dire qu’au septième, c’est le onze qui prime en sa puissance décuplée, donnant au 1, sur terre, un impact triplé!

Je vous rappelle que Nous parlons ici de l’Extériorisation de la Hiérarchie et donc des ini­tiés en incarnation. Ici Je m’efforce de vous ouvr­ir la vision de la septième race à laquelle Nous travaillons avec Ma soeur L.C.

C’est dans ses véhicules qu’elle en vit, parce qu’elle les installe, les premières manifestations et capacités tangibles et très concrètes.

L’impression énergétique par identification du même nom inscrit dans la structure énergétique du septième l’essence même, en ses notes les plus fortes, des problématiques ou des hautes vibrati­ons contactées. Ce qui veut dire que même une lettre peut transmettre au septième du plan vibra­toire dans lequel elle a été écrite par son auteur, l’inimaginable empreinte qui dès lors devra être digérée. Ce qui signifie que tout ce qui entre dans la structure énergétique du septième sans corre­spondre à son propre taux vibratoire est automa­tiquement scanné énergétiquement, stocké physi­quement en ses problématiques inconscientes et met en marche le processus de digestion afin d’en évacuer les impuretés et miasmes.

Le système digestif, à ce stade, est une ligne directe coeur-gorge-coronal. L’initié de septième entre dans l’apprentissage d’une phase active du coeur qui devient en quelque sorte » l’estomac » du nouveau système qui prend place. Bien évi­demment l’estomac physique est habitué à une forme de digestion descendante et tout dans le système digestif humain va du haut, la bouche, vers le bas …

Dans le cas qui nous occupe, le système dige­stif, énergétique, va du bas vers le haut, ce qui déjà était le cas des digestions du troisième pour lequel sont requis tous les centres depuis le centre du bas de la colonne vertébrale jusqu’aux centres de la tête et l’initié du troisième peut suivre dans son processus digestif à la fois, la montée des énergies et forces digérées et transformées en lumière dans tous les centres et par tous les cent­res jusqu’au chakra coronal, ce qui est un soulage­ment puisque cela annonce la fin de la digestion. Au début dans les périodes d’adaptation cela peut mettre deux, trois jours, parfois plus. Les centres sont engorgés et le cheminement est douloureux, faisant à la fois une descente dans le corps qui s’imbibe de tous ces miasmes pour les transfor­mer en ses centres et en incarner la lumière au sein des cellules. En même temps, les énergies et forces denses digérées, remontent, lumière trans­formée par le canal d’alignement des centres et retournent par le coronal vers les sources élevées, illuminant au passage tout ce qui peut l’être dans les travaux ou l’environnement de l’initié.

Ces digestions sont mal comprises parce qu’elles ne sont pas vécues et beaucoup croient qu’ils les vivent déjà, cela stopperait l’imaginati­on quant au stade initiatique que l’on croit avoir atteint. Le processus de digestion dès le troisième est un processus éminemment douloureux. Cela peut se comparer aussi à certaines somatisations. Sachez une chose cependant, vous qui croyez digérer. C’est que toute digestion est automatiquement accompagnée de voyance intérieure directe et que le travail fait est connu de l’initié. Si vous avez des vomissements ou autres manife­stations digestives intempestives, si vous ne con­naissez pas les voyances des contacts appelés constats d’intériorité dont J’ai déjà beaucoup par­lé, alors, vous ne digérez pas énergétiquement parlant, vous n’êtes pas dans le travail du troisiè­me et au-delà. Ceci est un repère infaillible.

Ne vous méprenez pas sur vous-même, vous risqueriez de tomber de très haut, et cela fait très mal!

Donc, Je vous en prie, ne fantasmez pas. Les constats sont très parlants, ce sont des visions directes par identification de conscience et si vous n’en avez pas eues, reconnues, travaillées dans votre corps physique aussi, alors vous ne faites pas ce que Nous appelons dans cet Enseignement de digestion.

Ne vous leurrez pas.

Et relisez A.A.B. vous en avez sûrement besoin.

J’ose espérer ici que tout cela est maintenant clair et que rien ne vous exposera plus à vous fai­re des idées fausses sur vous-même.

Sachez, avant que J’en termine ici avec ce sujet des digestions du troisième, que sans constats et travail dans ces intériorités, vous faites peut-être des digestions, mais elles vous sont propres, vous digérez vos propres miasmes psychologiques et énergétiquement vous vous empoisonnez par inca­pacité totale à pouvoir voir clairement vos prio­rités. Vous vous empoisonnez avec vos doutes et vos hésitations, parce que, de fait, vous surchar­gez votre mental et votre émotionnel qu’il vous faut ensuite digérer. Vous devenez votre propre poubelle et ainsi vous vous enfoncez dans l’illusion que cette poubelle-là ne vous appartient pas. Erreur. Regardez-la bien, elle est votre propre miroir et, à ce moment-là, l’Enseignement arrive à point, c’est tellement plus facile de croire et de fai­re croire que l’on digère les autres et que ces hor­reurs n’ont rien à voir avec vous.

Soyez donc lucides.

Avant de digérer, le troisième fait pendant longtemps des constats d’intériorité qui ne sont pas suivis par des digestions énergétiques. Les constats précèdent les digestions. Vous voyez, pour certains, que vous en êtes encore loin.

Que ce soit bien clair.

Trop de fausses idées planent sur ces digesti­ons qui sont pourtant novatrices sur le plan ésotérique. Imaginez ce que ce sera dans quel­ques années!! C’est pourquoi une mise en place était nécessaire.

Voilà qui est fait.

Ceci étant clarifié, Nous pouvons maintenant aborder les digestions consécutives à l’empreinte énergétique par identification énergétique. A ce stade, il est évident, que la structure énergétique de l’initié, d’une envergure de plusieurs kilomèt­res parfois, est de lumière et que les rayons qui la parcourent librement pour les besoins du service ne sont ni déformés, ni détournés de leurs prop­res qualités et aptitudes divines. Il est essentiel de bien le comprendre. Lorsque cette structure de lumière entre en contact avec une impureté quel­le qu’elle soit, et par impureté Je veux nommer tout élément d’un taux vibratoire moins élevé, franchement plus bas ou bas, pas forcément négatif en soi, mais différent. Dès que le contact se fait, l’empreinte se poursuit, car il faut que ce corps de lumière aille au bout du simple contact. C’est une forme de voyance par le toucher. L’empreinte se fait par couches. Les couches appartiennent spirituellement, psychologique­ment, mentalement, émotionnellement à celui, celle qui imprègne et donne son empreinte au septième. Les couches donc forment l’empreinte qui, lorsqu’elle est terminée, c’est-à-dire lorsque plus aucune couche ne reste à imprimer, permet au septième de vivre et d’expérimenter toutes les strates inconscientes de l’autre qu’il devient sur tous les plans nommés. Cette douleur est, vous l’imaginez, bien atroce car l’empreinte ramène le septième à des taux vibratoires insupportables pour sa constitution énergétique pure.

C’est alors que commence pour le septième la digestion de l’empreinte dont il va devoir transformer les couches successives en énergie pure com­parable à celle de sa propre structure, dans ses corps, tous ses corps. Ce travail de digestion très particulière affecte donc aussi son corps physique. Là, tout dépend de la personne en face, de ses pro­pres limites problématiques, du genre de problè­mes et autres données dont on ne peut faire aucun schéma général. C’est particulier à chacun, cela le demeure et les digestions se suivent et ne se res­semblent pas. Seul le processus d’empreinte par identification est une fois pour toutes le même.

La ligne digestive se poursuit donc de bas en haut: coeur-gorge-coronal.

Tandis qu’il inverse sa polarité yin en polarité yang, le coeur emmagasine la globalité des empreintes successives des couches n’apparten­ant pas à l’initié. Saturé, surtout au début parce que le centre s’y essaye et a besoin de la collaboration cellulaire, ce qui viendra en un deuxième temps. Donc, couche par couche, le coeur en récupère la totalité qu’il accepte en lui comme si c’était de lui, et à ce stade initiatique la compassi­on est vécue, réellement. Donc premier stade le coeur accueille. Deuxième stade, sa polarité yang, créatrice transforme et en même temps fait remonter ce qui, digéré, va pouvoir être transfor­mé. Cette énergie monte donc vers le centre de la gorge qui en fait une deuxième expulsion tandis que, par le centre coronal du septième, trop haut en vibrations pour n’importe laquelle des empreintes, descend via le centre de la gorge et le coeur, l’énergie synthétique dont les cinq rayons magistraux fournissent la ligne droite vers le coeur à tout initié du septième. Vous avez donc là deux mouvements dont le point de jonction ou carrefour est la gorge.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Les 5 magistraux descendent jusqu’au cœur

 

Coronal centre de passage

Porte du Divin. Inattaquable

 

Gorge

 

Remontée digestive énergétique

 

Cœur : stockage et digestion énergétique

 

Donc, les 5 descendent tandis que la digestion amorcée par le cœur dirige ses énergies transfor­mées vers la gorge. Dans le centre de la gorge, les forces bloquantes de l’autre, digérées par le cœur, rencontrent les puissances du 5 qui y pas­sent aussi, via le cœur. C’est donc dans la gorge, éminemment créatrice, que se fait l’harmonisati­on du bas avec le haut. Le coronal à ce stade n’étant plus qu’une vasque ouverte vers Sirius où rien ne peut pénétrer de ce qui est de taux vibra­toire bas, c’est le centre de la gorge qui conditionne, fait le tri, transmet en la diffusant, l’éner­gie épurée, blanchie, pourrais-Je dire, qui aus­sitôt est projetée horizontalement dans le monde d’où elle est venue, et repart donc, lumière en plus, ce qui était parvenu au cœur en ombres portées, cachées, inconsciemment vécues et dérangeantes sur le plan collectif pour la société.

Peut-être pourrais-Je ajouter qu’à ce stade, l’initié du septième en se promenant dans la nature, au soleil ou sous la pluie, capte, de même, toute énergie, prana et autres inconvénients puisque ceux-là n’en sont pas. De fait, le septiè­me mange du prana, digère le soleil, la lune ou les étoiles, une lettre posée sous sa main, ou des parfums, c’est ainsi que par identification éner­gétique il est partie de tout et tout est partie de sa structure énergétique. Il lui est donc conseillé une prudence extrême en ce qui concerne ses déplacements et autres occupations.

Mais c’est à ce moment-là, dans l’incarnation, que le septième se voit dans l’obligation de prendre le large – pardonnez-moi l’expression – de par­tir pour apprendre à gérer cette capacité essenti­elle, pénible à vivre dans l’incarnation et qu’il doit impérativement vivre en se protégeant. Son expérimentation est forcément lourde parce que sa structure énergétique doit s’y adapter, différemment, ainsi que son corps physique, en un premier temps déconcerté. Le jeûne est conseillé, mais il y est forcé en fait, car le septième, s’il surcharge de digestion physique normale ce procédé, expérimente très vite l’enfer d’une dige­stion énergétique encombrée. Les inconvénients en sont très douloureux parce que les centres du cœur et de la gorge peinent et mêlent leurs mou­vements ascendants et descendants dans une anarchie peu souhaitable, tâtonnant et imposant physiquement des réactions insupportables. Je ne les décrirai pas ici pour deux raisons:

1) Ce n’est pas le moment et inutile de donner trop de nourriture à votre mental.

2)  Vous n’y êtes pas. Et le fait d’imaginer ces troubles en dénature les réalités au point d’en faire des abstractions, difficile ensuite d’en rétab­lir la justesse.

Donc, J’évite le pire, et pour le moment déci­de de m’abstenir sur ce sujet.

L’identification énergétique dont découle l’empreinte est difficile à vivre dans l’incarnation et plus les personnes sont en contact avec des plans problématiques parce que leurs problèmes s’y trouvent, plus la tâche est lourde. C’est pour­quoi il devient nécessaire d’éliminer toute cause de handicap au travail avec des personnes, par exemple, dont les glissements du mental dans l’émotionnel et inversement, s’apparentant à des diagnostics cliniques, plongent la structure éner­gétique du septième, par empreinte, dans une atomisation de leur problématique dont la dige­stion par le septième ne sert à rien. C’est une chance parfois d’en pouvoir ainsi faire le diagno­stic, de montrer son miroir à la personne qui ensuite pourra peut-être s’en servir à condition qu’elle se fasse soigner parallèlement, parce qu’une aide médicale est toujours nécessaire dans ces cas-là.

C’est ce que vient de vivre notre soeur L.C. avec un disciple handicapé intérieurement mais surtout énergétiquement et seul ce cas extrême pouvait convenir à ce passage du septième avec tout ce qu’il comporte de découvertes, de nou­veautés et d’inconvénients d’adaptation dans l’incarnation où pourtant la race doit vivre.

Comprenez bien que par race Je parle de la race humaine essentiellement, est-il besoin de le rappeler, et non de quelque race d’élite … Tous, par chacun, vous pouvez arriver au septième et faire partie sur le plan humain de cette » race » là! Mais le mot n’est pas heureux peut-être, surtout dans le contexte planétaire actuel. Mais Je ne le change pas, simplement Je me permets d’en remettre sur rails le sens réel, dans Notre optique en regard de l’humanité tout entière.

Les anges ont parfois des noms qui étonnent et quand les enfants auxquels vous les apprenez, les murmurent, des étoiles de mer au ciel d’un firmament magique, pleurent les gouttes salées qu’elles ont trop retenues.

Dans l’histoire de l’humain, depuis bien lon­gtemps, les étoiles sont de ciel et les larmes de sel, mais à les inverser en pluies intérieures tor­rentielles, on peut en cerner les mystères de clar­tés symboliques qui dessinent la vie au revers étonnant de ce qu’elle aurait pu être.

Des anges ou des étoiles, des larmes ou des enfants, le tout se mêle jus­qu’à ces adultes qui n’y croient plus ou ont oublié ce que l’enfance a d’angélique lorsque des larmes à gouttes salées s’échappent d’une mer intérieure dans laquelle l’ange voyagerait.

De différences en interférences, les voix se mêlent, aussi, elles ont des histoires belles dont les ripostes se déforment au fil du temps, au goût d’un jour que l’on n’espérait plus. C’est ainsi que nous marchons et dépassons l’ange, les larmes, les étoiles et nous-mêmes parce qu’en cette dernière étape, alors nous retrouvons le tout et ces noms d’anges un peu bizarres dont d’un cœur, d’un mental, d’un intellect, nous avons fait les beaux jours de nos doutes et de notre foi.

Tout initié connaît le parcours de l’ange qui s’en va et s’en vient selon les besoins afin que de solitudes en émerveillements – et ils ne sont pas incompatibles – un jour la lumière ait tout à coup la forme d’une aile, que le temps d’un soupir on laisse encore s’envoler.

De l’enfant aux larmes, un ange passe souvent.

D’une étoile à la mer, on le console souvent mais quand l’adulte pleure, qui de l’ange, de l’enfant ou de l’étoile pourra encore le consoler si, quand il était enfant, on lui a fait douter de l’ange?

Au dialogue du temps, le responsable est roi. Qui est-il? Qu’en sait-il?

Où se différencie le conscient de l’inconscient? Comment dialoguer? Avec soi d’abord? Avec le temps, après? Après quoi?

Toutes ces notions qui se bousculent parce qu’en chacun des écheveaux de problèmes s’enroulent aux bras chargés des fileurs de vie que nous sommes lorsqu’entre bouts de ficelles et économies nous prenons sur l’incarnation ces débits énergétiques ingérables à la longue.

De vie ou de rien, l’abattage est si nul qu’un impôt à payer nous fait parfois défaut, à moins que circonspects en nos tortures sociales, nous ne décidions soudain, d’en fuir les zones rebelles à nos consciences encore saines. Mais où aller? Où ne pas fuir tout en partant quand même? C’est vrai que tout départ n’est pas une fuite et que toute fuite ressemble à un départ que l’on conçoit nouveau et s’avère finalement si vieux en ses repères connus que le cœur un peu perdu n’en croit pas ses yeux tout neufs. On s’en va, on revient, on s’en vient pour repartir, et puis quoi? Aux abords de ces villes ghettos où il pleut des autres comme des torrents acides qui, de vasques nauséabondes en mortelles respirations, tuent et enterrent a petit feu tout ce que nous faisons.

sans parler de ce que nous sommes, beautés cachées, spiritualités claires ou tout simplement, homme ou femme à plein temps! Il y a des courages qui se payent très cher, et de grandes lâchetés qui se portent bien, dans les sous-bois tamisés d’un soleil tropical, parfois les chaleurs ont des raisons que le cœur absout quand il tombe amoureux – et pourquoi pas? – de ses propres attentes qu’à espérer trop, il rencontre parfois quand ce n’est pas le moment.

Mais les forces sont vives là où le cœur s’est trompé et dans ses rêves fous que seul l’humain connaît en ses vibrations basses, alors peuvent se dégager soudain des cohortes d’oublis auxquelles il ne se fera jamais.

C’est ainsi que, tant pis, de l’enfant à cet adulte ont grandi beaucoup trop vite ces choses qui gâchent la vie, dessèchent le cœur et mangent la tête de leurs morbides désirs dans lesquels, sans se faire peur, on se complaît tant.

De rire, de joie ou de toi, qu’est-ce qu’un gamin peut comprendre lorsqu’on lui  met déjà sur les épaules, et avant ses tout premiers pas, tout ce qui a empêché les nôtres d’avancer.

Les étapes sont fortes et les épreuves solides.

Les jours et les nuits s’y attachent comme des bracelets trop bruyants dont les tintements légers deviennent vite agaçants.

Être l’étoile, l’enfant, et pourquoi pas l’ange d’un autre, quand après tant et tant de temps, on n’a pas encore trouvé le sien.

Et voilà que les adultes apprennent à mentir beaucoup lorsqu’ils font » comme si » alors qu’ils sont gros jean comme devant mais le mensonge est ailleurs croient-ils.

C’est vrai, aussi, mais pas seulement.

Quand vous aurez un enfant, quand il sera plus grand que vous, ce que certains sont en naissant, ne lui mettez pas sur le dos ces chaînes psycho-machines que vous aurez fabriquées à l’usine désaffectée d’une vie un peu ratée.

Dans les émanations parfumées que vous aurez arrangées de vous-même, détectez très vite et avant, les nauséabonderies invisibles que vous aurez ainsi essayé de masquer.

Et dans les rives du temps, dans l’étoile et dans sa lumière, acceptez de voir l’ange afin d’en protéger l’enfant.

Comment autrement pourriez-vous le faire vous-même, vous qui n’avez pas su vous protéger de ces cheminements intérieurs insensés dont vos parents vous ont affublés.

Triste compagnie que celle de la famille.

Tristes dégâts que ceux qui l’accompagnent quand d’un enfant tombé du ciel, comme une étoile, on éteint la lumière dès son premier souffle.

Abstenez-vous dans ces conditions ou bougez-vous en vous-même afin que choix et directions, clairs et nets, ne soient plus un problème ni pour vous, ni pour l’enfant qui, comme une étoile au ciel de votre vie, mérite l’ange, son gardien, pour le protéger de vous! Vous pouvez y penser, avant, pendant ou après avoir fait cet enfant.

J’ai dit!

Méfiez-vous des mots mais aimez-les assez pour parler juste.

Méfiez-vous des discours mais poussez-les au dialogue afin d’en eviter ces sens uniques stériles.

Il n’y a pas ceux qui savent et les autres.

Il y a l’expérience et la théorie.

Entre les deux, tout homme, toute femme, tout enfant, sur ces voies communes où l’on avance seul.

Plus que du temps, donnez-vous du sens, ensuite le temps s’y coule pour faire aboutir ces accomplissements qui sans vous ne sont que néant au vent des paroles… paroles… paroles…

Le témoignage est sans doute la plus belle offrande qui soit, mais elle doit passer par vous.

Ne témoignez pas de quelqu’un ou pour quelqu’un, vivez et expérimentez afin de donner le témoignage vivant de ce que vous êtes.

Tout le reste est orgueil alambiqué.

Témoigner de Christ comme le fait le septième est un long cheminement sur tous les plans, y compris physique et cellulaire.

En effet, ces sources sacrées qui se précipitent en chacun sont les cascades inaltérables des réalisations divines dont le plan est  conçu.

Il faut aux membres de la Hiérarchie en extériorisation toutes les aptitudes divines possibles et différentes afin que les capacités à venir, expérimentées au sein de l’incarnation, mette Christ cosmique à portée de l’humanité.

Le témoignage par soi-même, sorte d’exemplarité est le seul vecteur hiérarchique convainquant.

N’essayez pas de convaincre.

Vivez.

Expérimentez.

Soyez.

Communiquez et oeuvrez au monde de là où vous êtes.

Et ainsi témoignez, sur terre de l’ashram du Christ à l’oeuvre, parce que vous en serez l’un des maillons dans la longue chaîne qui, du troisième au septième concrétise la descente de Christ cosmique par l’enfantement de ce dernier au corps des septièmes, structures énergétiques si lumineuses qu’en leur corps physique sans âge ils sont comme des lampes d’opaline radiantes de ces luminosités Christiques dont jésus le Maître fut le premier vecteur, dans ce sens lumineux et non religieux, comme on est trop souvent pressé de l’admettre.

Du septième au douzième, les rayons magi­straux économisent en les diffusant de si hautes énergies qu’aucune sensibilité, à part la septième extrêmement particulière, n’en approche les éma­nations luminescentes des notes à résonance cos­mique de Christ.

En relevant le défi de la matière et de sa mémoire humaine sur le plan physique cellulaire, le septième passe le relais à une façon d’être si inconcevable actuellement que rien au monde dans les comportements actuels ne peut donner une idée assez proche de cette réalité qui se concrétise actuellement (15 oût 1995).

La densité de la matière a un taux vibratoire à fréquence plus ou moins basse. En élever ce taux vibratoire est une particularité du septième dont la structure énergétique est équipée pour. Simplement la problématique actuelle des vibra­tions un peu partout est ou peut être parfois dangereuse dans certains cas pour lui, elle, qu’elles proviennent de choses ou de personnes, d’ani­maux … etc …

Même le taux vibratoire de la nature, si trop d’éléments divers en font partie, peut être une gêne pour le septième. En effet, le cumul de dif­férents taux vibratoires peut se faire sentir de façon désagréable sur sa structure énergétique trop sensible, pour ne pas dire excessivement sensible.

C’est en expérimentant ses véhicules dif­férents après le septième que l’initié prendra con­science des émergences positives ou non qu’auront certaines vibrations quand il entrera en contact avec elles.

C’est un réel travail qui d’adaptation est aussi de perception, de sensibilité et d’attention mais aussi d’exploration, de découverte, d’inattendu -pas toujours agréable – et de prospection prudente.

Parce que la prudence est de mise dans ce tra­jet nouveau pour ce nouveau début qu’est pour l’initié, le septième.

Au cours de ce passage et de cet apprentissa­ge, le nettoyage des chakras est primordial. C’est une démarche méditative sûre à laquelle sont associés les Choans, Seigneurs de rayons et qui ne peut qu’aider l’initié qui la pratique deux fois par jour. Matin et soir.

Je ne vous donne pas cette méditation épurative qu’ L.C. pratique en ce moment. Nous ver­rons plus tard.

Sans pouvoir vous dire ce que sera la période d’adaptation pour l’apprentissage de la gestion des cinq magistraux par le septième, Je peux cependant vous dire que ceux qui vivront cela après L.C. auront leur tâche facilitée. D’autre part, l’adaptabilité et la mobilité des corps, des habitudes, de la vie de l’initié mises en pratique dans la vie de l’incarnation jusque-là sont déterminantes. Et Je suppose que vous comprenez pourquoi, tant cela semble évident.

Si Je ne peux pas vous dire ce que sera cette période, longue ou pas? c’est que Nous testons, et une première fois est toujours plus probléma­tique, d’autre part, il est sûr que les corps et la structure énergétique sont si particuliers, que, de tout façon, ils intègrent de façon satisfaisante, c’est sûr.

L’important est de ne pas limiter le septième à ce qu’il est aujourd’hui. Son devenir sera déterminant et Je vous prie de noter que cet ouvrage est écrit tandis que Notre soeur est en pleine adaptation, c’est dire qu’elle est opérative et rapi­de, fiable et consciente de cette identification énergétique que Nous pratiquons ensemble aujourd’hui, pour écrire cet ouvrage.

Jamais avant le septième l’initié en incarnati­on n’éprouvait autant le besoin de maintenir une position assise avec une colonne vertébrale par­faitement droite, rectiligne. C’est que le moindre zigzag dans le corps retentit sur le centre du cœur et l’encombre de certains miasmes digérés vers le haut par les centres du plexus et du nom­bril. Car vous comprenez bien qu’un processus n’en remplace pas tout à coup un autre mais s’installe, se superposant et s’harmonisant avec les fonctionnements précédents qui, peu à peu, se retirent ou plutôt s’oublient afin d’entrer complètement dans le nouveau processus.

Il est aussi conseillé, et c’est ce que fait L.C. depuis bientôt dix jours, de dormir assis la nuit, afin de ne pas mêler les feux du bas et les feux du haut parce que les centres du bas sont vidés et parce que les centres du haut à partir du cœur sont au début très engorgés.

Les relations entre les centres changent pour le septième, Nous l’avons vu, il est donc important de faciliter ce processus sans surcharger aucun des centres. Cela s’expérimente, à la fois dans la structure énergétique et dans le corps physique.

L’eau la plus pure est scintillante de petites inclusions minimes que l’oeil détecte parfois.

Au goût des choses vous n’en aurez pas forcément la vision et de certaines visions, vous ne pourrez avoir le goût.

Les chances sont-elles égales? Non.

Mais on peut les rendre égales pour tous, si chacun est invité à exprimer et à travailler sa créativité.

C’est là que se trouvent les chances de chacun, c’est là qu’elles sont justes et n’empiètent pas sur les autres parce que toutes sont uniques, parce que toutes ont leur raison d’être, et leur chance unique, etant individuelle, de pouvoir servir à tous.

Si l’itinéraire est variable, il est possible pour chacun.

Si tous l’empruntent, chacun en bénéficiera et si chacun s’y engage alors, tous seront responsables.

De ces abris que vous ne trouverez pas, de ceux que vous fuirez, vous rendant  compte qu’en définitif ce qui est en vous compte plus que ce qui vous entoure de ses murs prisonniers que vous avez, aussi, construits.

De ces chapes de plomb dont l’ordinaire est fait quand le cœur, évincé, n’émet plus que battements.

De ces pointes sordides qui arment certaines phrases dont les mots s’échappent pour s’écraser au plexus.

De ces dividendes que l’on croyait acquis et ne le sont pas par trop de divisions.

De ces marques austères que l’ascèse fera si l’humour n’en rythme pas la décision.

De ces regards si bleus qu’on les croirait sans fond, de ces rires si forts qu’on les croirait si justes, de ces mélodies douces qui s’offrent en pâture à des sentiments hésitants qui y font quelques pas.

A ces timidités que pourtant nous avons quand oser – c’est si dur ! – ne passe pas le cap de dire ou de taire et que sans fioriture nous décidons d’arrêter ce que nous alimentions comme un devoir… De ces justes raisons qui ne sont que raisons… Le sont-elles encore? Quand après maintes et maintes fois on y revient encore pour  se persuader en se » méthode couétisant » que nous avons raison et que cette raison qui nous en invoquant dans sa fragilité, prête à se casser, n’est plus qu’une illusion.

A ces prêtres qui prient, à ceux qui pleurent et officient, à ceux qui aiment leurs semblables ou une femme, que peut-on dire ou même sourire quand en grande lâcheté ils continuent leur vie en voeu de chasteté depuis longtemps lâché comme un ballon de plus au ciel de l’épouvante que leur fonction accuse.

De tous ceux-là et plus encore, quand on veut tout savoir sans pourtant rien dire, il est des silences opaques qui se cachent aux cœurs comme des poussières de pollutions impossibles à respirer.

Les poumons sont pourtant, d’une certaine façon, les portes d’un ciel qui nous accorde le souffle et si l’oxygène nous manque parfois c’est que ciel et terre ont du mal à cohabiter.

En bons locataires de ces deux parties-là, peut-on enfin essayer de choisir a la fois la partie du haut et celle du bas qui pour être séparées n’en sont pas moins concordantes.

A les harmoniser tout au fond de soi, on en  arrive alors avec beaucoup d’efforts à les relier enfin au fond de notre cœur, à leur donner les ailes d’un ange transparent, a leur donner les pieds que nous avons sur terre.

C’est de cette évolution, qui nous mène, en fin de compte et pour d’autres débuts, par le six au seuil du sept que le cœur tout à coup, comme un gong en mutation, donne à sa force yin la puissance du yang, devenant ainsi, au sol de l’incarnation cette puissance ancrée aux racines du divin, que Sirius éclaire des cinq magistraux, tandis que nous nous ouvrons, dans le septième, corolle renversée à nouveau vers le haut, quittant l’horizontale pour mieux en servir l’essor, prière opérative et invocation puissante de ces énergies etonnantes dont provient le dessein.

A ne plus rien vouloir on peut alors beaucoup mieux tester ce qui se présente, sans aucun autre regret, ils se sont dissouts au sol d’un ciel d’été quand la lune en lion a fait le grand ménage, qui consiste à n’aimer que ce qui est là, à le vivre au présent et absolument  avant que de plonger comme un bateau ivre aux marées annoncées à découvrir encore parce que l’inconnu a lancé les amarres sur ce seuil du septième que l’on vient de passer.

Fortissimes candeurs de ces moments-là qu’il faut pourtant affronter avant d’en dépasser l’irrémédiablement trop qui nous en détache enfin.

Dans le vert lumineux d’un cœur qui se polarise, des lumières odalisques dansent la joie d’être tandis que de yin en yang le cœur bascule pour entrer en son equilibre mâle où l’androgyne en lui trouve la force de créer.

Comme un tourbillon, comme une atteinte à rien, comme une tempête qui passerait en vain, tous les inconvénients quand ils sont balayés, laissent au temps présent cette chance sacrée de médiatiser Christ en toute netteté.

De rien, de plus, d’encore, de sans, qu’importe, seul le cœur pose enfin des bonnes nouvelles indiquant à l’initié des directions nouvelles dont il est juste temps de prendre le cap.

Sur les tendres exploits d’un cœur en devenir, la lumière se joue des mélodies sereines, en raccordant des instruments inconnus dont elle invente les sons sur le cœur devenu  vielle.

Comment ne pas dérailler, d’un mental expectatif sur ce que sera demain et comment il s’annonce? C’est simple et si complexe à la fois et encore, mais il suffît de dire et de vivre au fond de soi cet état du septième et de simplement le vivre pour être incapable de l’anticiper autrement que ce qui est vécu.

Les compétences du sept ne sont plus mentales.

Elles n’en dépendent ni n’en proviennent et lorsque l’état est vécu, il est simplement celui de la minute qui est sans aucune référence à celle qui fut, non plus qu’anticipée sur celle qui arrive.

Quand à penser au sept comme à une étape, c’est le propre de l’initié lorsqu’il a maîtrisé en ses corps les irradiations et les processus dont la structure énergétique est ensuite investie… Mais au sol de l’incarnation l’étape est de taille puisqu’elle annonce en même temps cette race à venir qui est déjà là mais que l’humanité en ses changements mettra plusieurs siècles à épuiser! C’est dire qu’en tant que Manu je suis très honoré de vous en communiquer déjà par le présent ouvrage les quelques fondements dont vous serez les sujets.

 Des forces sélectives que vous serez tentés d’invoquer, ne retenez rien à part l’honnêteté de vous comprendre seul et pourtant collectif, dans une identité que l’identification aura remodelée en d’autres fonctions.

D’énergie bien entendu il est encore question, ne vous y enfermez pas, ouvrez vous à ces sensations physiques dont elle est cause réelle pour aller bien plus loin encore avec elle.

Car chaque étape n’est en somme qu’une étape, chacune d’elle fait de vous le tremplin qui mène un peu plus loin au ciel initiatique où tout n’est que début, et où rien, jamais, ne s’achève.

Quand vous n’aurez plus froid et non plus peur du froid, c’est qu’au rayon 11 vous devrez le soleil dont la chaleur spirituelle est apparentée au central que l’on nomme aussi Sirius.

Aux grappes des erreurs que vous aurez commises avant que d’accéder au sept en sol mineur, ne cueillez que les raisins dont les grains couleur miel ne peuvent être écrasés pour en faire du vin.

Le breuvage est d’alcool, votre   vie dorénavant est d’option entre miel, essences et fleurs ou bien abandon de ces fortes sensations, de ces misères sublimes dont vous avez pâti mais qui ont fait la différence.

Aux grappes des erreurs ne cueillez plus rien, c’est en les découvrant en eux-mêmes que ceux qui suivent les dépasseront.

Comme des bornes posées au seuil d’un autre monde, vous habiterez une maison et l’on vous y viendra voir car il sera ensuite impensable de vous en faire sortir sans vous polluer.

Aux grappes des erreurs laissez le temps se lasser.

Les durées ont vécu et quand elles n’ont plus cours, il est urgentissime de ne plus les mémoriser.

Dans l’air et dans le ciel les étoiles applaudis­sent, de leurs lumières jolies elles approuvent en silence et marquent de traits vifs les écrans de vos nuits comme pour en signaler la lumière inhérente qui, quoi qu’il arrive, ne peut plus s’y éteindre.

Et ainsi va le septième pour qui l’aube est nouvelle en ses lueurs estivales à moins qu’un hiver lassé  n’ait viré sous ses pas aux chaleurs tropicales d’un soleil si ardent que ses pas sont portés comme on porte des fleurs sur des planètes annexes que reconnaît Sirius.

A vivre le sept on se retrouve ailleurs, là où l’évidence n’est plus tout à fait la même, là où l’émergence prend un sens si nouveau que même tout au fond de nous elle ouvre un écho profond à ces quelques battements que le cœur inversé se découvre différents.

Dans les positions assises propres à l’incarnation, que le corps physique connaît bien et qu’il dévie parfois, soyez attentifs, lorsque vous vous y installez à ne pas casser vers le cou ou le bas du dos, ni par le plexus en vous laissant aller, le flux énergétique qui du haut vers le bas ainsi que l’autre du cœur vers la tête, ne soient déviés, ce qui provoquerait toux et jets de glaire désagréables.

A rester bien droit il faut vous exercer, l’énergie est si forte qu’elle demande un axe bien droit dont le dos est le support physique indispensable.

Il faudra des années, des décennies peut-être pour comprendre complètement ce seuil après le six dont le sept est le cap et le commencement d’une vie différente et si radiante que la distance néante ne fait plus de différence entre être proche ou pas d’une telle structure.

Là n’est pas la question.

Christ cosmique est en ligne droite.

C’est une nouvelle qui compte et a son importance puisqu’elle tombe en réalité et est concrétisée en ce 15 août 1995, dont la symbolique chrétienne est réellement importante.

Si vous pouvez y penser et puis en inverser les symboles, vous comprendrez ici qu’il n’est pas de hasard et que décidément tout arrive à point nommé quand le plan issu du dessein rejoint l’intention primordiale en direct de Sirius.

La descente énergétique est si forte dans les travaux entrepris en identification energétique qu’au début l’initié a du mal à équilibrer son passage au centre de la gorge.

Un peu de temps est nécessaire pour

Maîtriser ce processus mais la patience est requi­se. Ne rien attendre et observer. Ne rien vouloir et accepter. Voilà la démarche juste sur le sol de l’incarnation pour le septième en sa croisade initiatique.

Oeuvrez en silence et aimez en lumière, nous sommes proches à vous toucher. Et énergétiquement l’identification est un toucher subtil qui renvoie à l’empreinte ses moindres obstructions. Elles sont ensuite nulles.

Le septième en incarnation connaît ces obstructions via son environnement, même s’il est sain et naturel, nous l’avons vu. Tout est pré­texte à empreinte dans cet apprentissage éner­gétique et tout se digère, même une odeur. Nous déconseillons d’entrer dans les cuisines en un premier temps. Les vibrations y sont basses en leur taux parce que toute nourriture, même dans une cuisine propre, a des émanations qui attirent les entités du monde astral et souvenez-vous de Mon Frère K.H. qui, à la fin du siècle dernier eut besoin de plusieurs jours pour récupérer énergétiquement d’une visite rapide dans une cuisine. C’est analogue.

Ne vous impatientez ps.

Un processus prend du temps comme toute installation, il demande nouveaux repères et équilibre. Je parle évidemment aussi du corps physique et des cellules, sans compter la structu­re énergétique qui s’adapte elle aussi à son nou­vel état.

La joie n’a pas de prix, comme tout ce qui en a. La joie à cultiver, à aimer, à vivre …

Plongez-y, imbibez-vous de joie, quand Nos vibrations sont proches, vous êtes dans la joie. Ne la quittez pas, parce qu’elle ne vous quitte pas. Sachez-le et profitez-en.

Assomption.

« Désomption.»

Assertion … Trois mots à prendre en soi.

J’ai dit!

Et dans les matins tranquilles de ces journées qui défilent, retrouvez dans les vertes prairies du cœur inversé, les pousses jolies, les bourgeons fermés de ces fleurs immenses, à débordement éthérique, qui y sont logés, de toute éternité.

A ces forces-là, inconnues encore, que l’énergie des cinq en un intensifie et fait eclore, vous vous adapterez parce qu’il en est ainsi.

Tout palier initiatique trouve dans les inconvénients qui le poussent au bout du corps physique, les forces à venir dont rien ne peut fléchir les suites à observer.

De forces et d’énergies, la trame est si solide, qu’en livrant son réseau fin aux matériaux de la créativité, rien ne peut ensuite, ternir des travaux en train, non seulement l’extraordinaire éclat mais aussi les radiations diffusantes qui s’en dégagent.

Le septième est une volonté, posée sur terre comme une vasque renversée dont le fond informel, directement relié et alimenté par les cinq magistraux donne, en yang, tout ce a quoi le cœur, réceptif en yin, pourrait transformer.

C’est chose faite, le transformateur supporte désormais un voltage tel, que rien ne peut dorénavant s’y opposer … a ces digestions cruelles que vous connaîtrez encore, quand le corps physique peine, c’est que la ligne maintenant directe entre cœur-gorge et tête, transmet par la gorge, en projection créative constante, ce que le cœur a transformé.

Le coronal lui n’est que vaste absorption des énergies magistrales que les cinq en un fusionnent depuis sirius Si Sirius pare onze, d’en imbiber les corps dont maintenant la structure énergétique s’étend par delà le sept, jusqu’au douze.

C’est dire que le sept en son ouverture coronale jaillit vers le douze sur la pente verticale, directe qui relie Shamballa à Sirius.

Quand ceci est vécu, l’initié, sur terre est un avant-poste de cette race, la septième, que l’humanité connaît par chacun de ceux qui en feront, génération après génération, les pas, progressant petit à petit dans et par la globalité des individus dont les consciences au grand complet forment ensemble 1’humanité.

La VIE UNE est présente dans tous ces processus, elle en est le carburant, le moteur et la motivation, c’est pourquoi il est si important, d’y adhérer totalement à chaque instant du parcours.

Dans les chambardements cellulaires qui s’installent peu à peu au corps mutant, respectez le repos, les temps de travaux et les jeûnes.

Ils sont les rythmes à trouver, les limites physiques à ne pas dépasser, et plus vous y serez attentifs, plus vous avancerez en toute sécurité énergétique.

Dans les vibrations ressenties dans les cellules du corps physique, vous noterez l’impact de l’énergie découverte sur les cellules mouvantes ainsi sollicitées.

Prenez garde à la nourriture pranique qu’offre la nature, au début n’en abusez pas, elle peut à trop haute dose causer des problèmes de gorge.

En effet les centres du cœur et de la gorge travaillent et accomodent a la fois leur propre rotation, ensemble, avec tout ce qui vient de l’extérieur et dont les taux vibratoires différents peuvent vous gêner si d’aventure leurs mouvements sont contrariés.

Comment savoir? En le vivant, c’est par l’expérience, uniquement, je me répète, que peuvent s’observer et se comprendre ce que la structure énergétique et le corps physique vivent, c’est de leur adaptation qu’il s’agit et il est vrai que le corps physique qui dorénavant est baigné et reçoit directement les plus hautes énergies a du mal au début à trouver sa vitesse de croisière cellulaire.

Lorsque le cœur est inversé, son ouverture s’adapte ensuite au centre du plexus avec lequel il garde un lien évident dans l’alignement traditionnel et vertical des centres jusqu’au coronal.

La seule différence ici est que l’alignement désormais se fait depuis le coronal vers le bas.

L’inversion est totale, son fonctionnement global, à caractère yang est aligné, lui, sur la force descendante du rayon un dans la volonté divine de puissance en action.

Son caractère est désormais fondamentalement créateur et tout ce qui va descendre jusque dans le corps physique sera diffusé de façon si directe qu’immédiatement l’initié aura un impact quasi mondial, je veux bien entendu parler de ses travaux, vous l’avez compris.

C’est l’inversion du centre du cœur en son ouverture béante qui plonge l’initié de façon plus que directe dans les plans supérieurs qui dorénavant vont instantanément être traduits et diffusés de manière correcte, juste et si fort, que les impacts en sont inimaginables.

Les termes employés ne donnent qu’une vague idée de ce que vit l’initié lorsqu’il expérimente en ses véhicules cette inversion qui mène à la septième race.

L’inimaginable est alors vécu mais c’est si surprenant, si douloureux, si magique a la fois qu’il y a de quoi, sur le plan purement humain, inquiéter! En effet on peut se demander comment, dorénavant va se dérouler le quotidien! Une question à ne surtout pas se poser! Toute question, en effet, est superflue et ne peut en aucun cas répondre à l’inconnu.

Les questions ne peuvent qu’augmenter l’effet inconnu en le stimulant à tel point que seule l’inquiétude peut ensuite prendre le relais.

C’est inutile, et l’entourage, si il y a des témoins, et il y en a eu, dans le cas de L.C., doit s’habituer à voir le divin en action et non plus une personnalité, seulement, dans une problématique dont aucun des repères ou constatations ne sont humains.

Cela dépasse tellement l’entendement que rien ne doit donner la moindre prise au questionnement.

Il est bien difficile, en soi, dans le cas d’un passage du septième, de continuer à adhérer à la VIE UNE, et c’est bien là que tous les efforts doivent se porter.

L’inversion du cœur en sa polarité est si etonnante, qu’à imaginer ce que cela peut réellement signifier, les uns se perdront en conjectures, les autres en interrogations affirmatives ou en affirmations s’appuyant sur:

1) ce qui est déjà connu intellectuellement.

2) ce qu’ils sont et vivent, sans aucune idée positive sur ce degré.

Je conseille d’ouvrir la porte à l’inconnu, de n’induire aucune question, d’attendre et de vivre chaque seconde dans cette adhésion totale à la VIE UNE.

Ceci est valable pour l’initié qui, à cer­taines manifestations serait en droit de s’inquié­ter et pour l’entourage dont l’accompagnement même doit être une adhésion à la VIE UNE.

Le service prend pour le septième une tout autre dimension.

Cela devient une diffusion directe du dessein, energie première du plan, adaptable et aussitôt adaptée à une partie du plan, quelle qu’elle soit, en même temps l’initié, plus qu’avant, si possible, reconnaît instantanément toute énergie ou force reflétant le plan, à tout niveau et l’accompagne, la renforce, la soutient avec violence – le mot est peut-être mal choisi ou impropre à votre avis, c’est le seul qui donne l’idée, un peu, de la réception d’une telle énergie lancée.

L’envoyeur, l’initié n’est pas violent bien sûr, mais le receveur, les destinataires souvent inconnus de l’initié, réceptionnent dans leurs véhicules des kilopsys (voir » le cœur ouvert «) si lourds énergétiquement à leurs véhicules que l’impact dans leur système de travail géré par le mental est forcément extraordinaire.

De plus, c’est une énergie que rien n’arrête et que personne ne peut retenir.

C’est une énergie des­cendante, dont la force mâle, essentiellement ensemençante va mettre ses graines là, exacte­ment, où elles doivent ensuite germer.

Il est important de noter que la façon de tra­vailler du septième est si différente de tous les fonctionnements actuels, que rien ne peut en arrêter l’intention divine, présente dans tous les travaux qu’il communique de façon ou d’autre.

Nous, depuis Shamballa et via Sirius, en ce qui aujourd’hui nous occupe, sommes reliés en permanence aux initiés depuis le quatrième qui appartiennent à l’Extériorisation et y œuvrent.

Nous travaillons donc par identification de cons­cience, ce que nous faisons avec L.C.

Le passage initiatique du septième qu’elle vient de passer nous positionne différemment.

Dorénavant, pour cette fin de siècle et le début du 21ème siècle, les disciples des quatrième, cinquième et sixième travailleront ensemble de part et d’autre de l’incarnation depuis l’ashram du Christ et Shamballa, avec des disciples de même degré, par identification de conscience, donc.

Nous et plus particulièrement moi-même, el Morya et mon Frère saint-germain avec bien évidemment les hautes énergies de Christ cosmique, nous amorçons un autre genre de travail avec L.C. donc, par identification énergétique.

Cela nous permet de continuer vers Sirius en tou­te tranquilité, inutile de vous dire que les paliers sont parfois raides pour nous aussi! Mais cela nous facilite la tâche.

En gros, les Maîtres de Shamballa en route initiatique vers Sirius – et j’en fais partie – continuent un contact direct avec notre médiatrice L.C. tandis que les ashrams, leur périphérie et la Hiérarchie elle-même travaillent en identification de conscience avec ceux et celles capables de le faire, sur terre.

Mais il est vrai que certains, non aptes encore à l’identification de conscience, pourront dire être en contact avec moi par exemple alors qu’ils sont, sur un taux vibratoire plus lent, en contact avec l’un des membres de mon ashram ou d’un autre ashram épaulant une partie du travail dont je suis responsable.

Soyons donc bien clairs.

Nous sommes, pour la plupart d’entre nous, dans la phase Shamballa-Sirius et c’est de là que, coopérant directement avec l’énergie intentionnel­le divine du dessein, nous procédons à la transmission du plan en ses mobilités indispensables car, sur le plan occulte, il y en a de nombreuses.

Je n’y reviendrai pas, je suppose que c’est clair.

Nous décidons donc après un conseil particulier incluant les énergies de Shamballa à Sirius, de ne continuer pour notre part, que par identification énergétique avec L.C.

Cette décision est nouvelle et n’était aucunement prévue quand nous avons commencé cette troisième phase de l’Enseignement.

Elle fut prise à la période de Wesak pour des raisons qu’il serait superflu d’énumérer.

Sachez-le simplement.

Une pure logique énergétique devrait vous aider à comprendre.

Les fonctionnements depuis la Hiérarchie, Shamballa et Sirius comportent parfois des nécessités brusques de changements et selon les opportunités, les facilités ou les handicaps, sont avancées, retardées ou suspendues certaines actions prioritaires qui ne le sont plus ou certai­nes autres qui le deviennent.

Nous agissons vite parce que nous décidons vite. Mobilité … mobi­lité … prenez-en de la graine! Les routes superbes que choisissent les initiés ne les ramènent pas forcément sur terre au sein du service dans l’humanité.

Certains se destinent à d’autres travaux concernant de plus vastes pro­jets auxquels n’est parfois pas incluse directement la terre.

Quoi qu’il en soit, notre route vers Sirius, sui­vie aussi par des entités en provenance d’autres planètes et systèmes solaires est une avancée indicible dont l’intention divine fait de la globalité énergétique une priorité.

En effet c’est là puis sur Sirius que les corps énergétiques des repré­sentants de différentes provenances peuvent cohabiter et se retrouver.

Ici la conscience n’est pas le moyen de contact.

Ici l’énergie est l’alpha et l’oméga, le début et la fin et c’est de là et ainsi que se poursuivent des projets et plans divers aussi issus du dessein qui n’auraient aucun sens pour des consciences habilitées à vivre sur terre, je veux parler d’initiés jusqu’au cinquième.

Abor­der ces précipices énergétiques inversés que pourvoit Sirius est une aventure énergétique bel­le mais rien, parmi les mots humainement dispo­nibles, d’une part, ne donnerait la moindre idée de la réalité vécue là et, d’autre part, la conscien­ce ici ne peut s’accrocher à rien, elle est transcen­dée.

Les fonctionnements sont totalement dif­férents, c’est un monde d’énergie uniquement et les corps ici en leur structure sont aptes à vivre, manier et transmettre les cinq magistraux.

L’identification énergétique est dépassée aussi et nous n’aborderons pas les processus suivants, c’est inutile mais il est possible de travailler encore en identification énergétique afin de des­cendre jusqu’au taux vibratoire de ceux qui, au septième, y sont aptes.

Ceci vous est livré aujourd’hui afin que vous introduisiez dans tout degré initiatique la relati­vité qui, aussi, le qualifie.

 Ne jamais penser à une fin ou à un acquis lorsqu’il s’agit de degré initiatique.

 Jamais.

 L’avancée évolutive a-t-elle une fin? Nous-mêmes ne pouvons répondre à cet­te question.

 C’est dire à quel point nous, nous, vous, ne savons, ne savez rien … ou si peu.

 C’est pourquoi l’humilité est la grande connue à ne jamais perdre de vue.

 Ne raisonnez pas par comparaison ou par référence nombriliques, le degré initiatique n’est, en soi, rien, mais il est essentiel d’en communiquer par l’Enseignement les bornes car la route à suivre est difficile, com­porte plusieurs tournants et peut disparaître au néant de certaines fissures que tout être humain connaîtra un jour ou l’autre.

Ne jamais tomber dans le culte de la person­nalité est probablement la plus grande des vigi­lances à maintenir constamment en éveil.

Il s’agit ici de divin, de connaissance et d’amour.

Ne mélangez pas tout! Ceux qui oeuvrent réellement au plan sans autre souci ou priorité, ceux-là avancent à la cadence initiatique intérieure sans autre forme de procès que l’oubli de soi et la priorité à servir le divin.

Ne pas se polariser dans l’Enseignement sur les initiations est une demande impérative de notre part, et pourtant, voyez-vous, nous sommes bien obligés de placer l’Enseignement là où il rendra service à ceux qui, à un moment, en auront besoin.

Ce n’est ni simple, ni aisé car nous sommes confrontés à des ésotéristes plus ou moins verreux qui traficotent, étudient trop et ne font pas le moindre effort.

Cette façon-là de travailler correspond à une volonté de pouvoir qui ne peut, à la longue, qu’être nuisible.

Avis à tous donc, à tous ceux qui souhaitent vraiment servir.

Les temples humains sont de beauté factice, on les élève à la gloire du divin, d’une religion, d’une habitude traditionnelle ou autre.

Le seul temple humain à édifier est celui du corps de l’homme, de la femme, qui en sa propre chair doit être capable de devenir le tabernacle de la toute puissance divine afin d’en irradier la beauté, d’en communiquer la clarté, d’en donner l’exemple vivant, de ces exemples qui interpellent et auxquels on peut s’identifier.

Si un temple devait être édifié aujourd’hui, ce serait celui d’une seule religion, c’est-à-dire d’aucune des religions existantes mais de ce qui les unit dans la continuité.

Mon Frère K.H. y tra­vaille, mais tous ces nombres et lignes qui doi­vent, dans l’architecture, correspondre à des angles réceptifs pour certaines énergies sont ensuite construits de pierre pour une certaine vibration à atteindre.

Il en est de même pour le temple humain que représente le corps de l’hom­me, la femme, c’est à vocation divine, puisque le divin y est le début et la fin, mais le matériau est différent, il est cellulaire.

La vie et sa mémoire matérielle est si difficile à bouger! Qu’importe le temple pourvu que l’on ait les énergies! Le septième est un temple vivant, Dieu y est présent et tout ce qui désormais est entrepris énergétiquement par lui, dans l’incarnation, a toutes les chances d’aboutir.

Je dis bien » entre­pris énergétiquement «.

En effet le septième n’a plus aucun besoin de » faire » mais n’en déduisez pas qu’il est dans le non-faire, cela ne voudrait strictement rien dire! Le non-faire est une déviance intellectuelle incapable d’appréhender ce que cela signifie réelle­ment.

Abandonnez donc les références que vous pouvez en avoir afin de tenter de saisir intuitive­ment ce qui se passe à ce niveau de travail.

Entreprendre énergétiquement signifie don­ner dans l’impulsion de départ d’une partie quel­conque du travail à faire, la force énergétique des cinq en un que représentent les magistraux qui en provenance de Sirius sont les expressions directes des qualités et de l’intention première de l’énergie dessein.

Car le dessein, vous le savez maintenant est une énergie qui va prendre for­mes.

C’est donc par le biais des magistraux, que cette énergie est mise en orbite, sur terre par le septième.

Mais elle est, au début, apparemment ralentie par l’environnement terrestre, les milieux dans lesquels elle part, elle accuse un ralentissement qui demande d’abord quelques années, puis quelques mois avant de s’installer dans le projet initial de l’intention véhiculée.

Je vous demande toute votre attention car à la fois l’initié fait tout pour la transmettre, lire: tout ce qu’il a à faire à son niveau, et il le sait, textes, livres, conférences, … tout est mis en œuvre, mais en même temps il ne fait rien pour que cela aboutisse, lire: il ne met aucune volonté personnelle pour faire aboutir quoi que ce soit.

L’énergie travaille, elle sait où elle va et ce qui se produira est dans l’intention même dont elle provient et qui l’a projetée.

L’initié de sixième et le septième peuvent travailler ainsi.

Pourquoi? Parce que leur structure énergétique comporte en elle-même les capacités de projection (pas au sens psychologique) de diffusion forte et de lâcher-prise total en fonction de quoi que ce soit ou qui que ce soit d’autre que le service et uniquement le service, sur le plan humain physique de l’incarnation.

Mais que les disciples des autres degrés, notamment du troisième, ne s’avisent pas de tenter consciemment, objectivement d’en faire autant.

Cela ne marcherait pas.

Cela ne ferait que bloquer le travail à faire.

En effet c’est l’état atteint intérieurement, initiatiquement, qui permet le travail sans même un effort ou une pensée à ce sujet.

Si vous tentez quoi que ce soit en ce sens alors qu’évidemment vous n’êtes pas à ce stade, rien ne se passera car vous ne pouvez pas prendre en votre structure énergétique l’idée ou le projet et lui donner une empreinte finale et infinie qui, une fois lancée, cette empreinte, ne pourra qu’imprimer énergétiquement les destinations qu’elle aura et qui n’appartiennent à personne, car l’initié fait pour un premier contact à marquer, mais ensuite cela ne dépend plus que de l’énergie lancée et du travail à faire.

Comprenez bien que ce travail énergétique n’est pas volontairement fait, il se fait parce que l’initié en lance avec justesse les éléments correspondant aux besoins du plan.

Ces éléments sont énergétiques, quels qu’ils soient.

L’énergie suit son chemin et depuis ces niveaux très élevés d’où elle provient, tout simplement elle trace son circuit.

Il y a donc un état permettant cela et ce n’est pas parce que vous essayez de vous mettre dans cet état-là que 1) vous y réussirez et que 2) vous parviendrez à travailler ainsi.

Le temple humain consacré au divin que représente sur terre l’initié du septième, dès le sixième en fait, est un espace de magie pure dont l’énergie opérationnelle dépend de la structure énergétique de l’initié.

Ces mises au point sont assez importantes pour être données ici.

Il est en effet question de la septième race depuis longtemps.

De vraies informations à ce sujet n’ont de même jamais été délivrées.

C’est pourquoi il est temps de le faire aujourd’hui.

L’effort considérable fait en cette fin de siècle par tous les ashrams réunis mérite aussi d’être signalé, de même la mobilisation énergétique de tous les disciples offre une trame énergétique subtile si large et couvrant tant de zones à problèmes sur la planète que toutes les sauvageries actuelles en sont des activations dont les énergies harmonisantes mises en place, sur terre, devraient avoir raison.

Les travaux s’intensifient à tous niveaux, chaque initiation majeure entraîne en sa périphérie et en ses énergies affluentes toute la conscience de groupe et l’humanité en son ensemble.

C’est, à l’heure actuelle, ce qui se passe.

Les disciples peuvent, eux-mêmes, reconnaître à ce qu’ils vivent s’ils font ou non les bons choix en fonction de ce que l’initié de la conscience de groupe, le pivot, passe initiatiquement, énergétiquement parlant.

Pour ceux que les choix personnels détacheraient du service, tout semblera aller mieux.

C’est un test infaillible! Alors soyez vigilants quant à vos propres motivations et choix.

C’est capital, non seulement pour le service et l’humanité en son ensemble mais pour tout ce que vous déciderez de faire ou pas, ensuite.

Tenter de vivre et d’expérimenter l’énergie, en vous, peut être une manière intéressante d’en concrétiser une abstraction certaine dont vous êtes les victimes pensantes.

Ne dites pas » je me retire car je vais polluer «, vous ne pouvez faire autrement que de polluer et vous retirer ne sert à rien du tout.

L’initié qui, lui, vit la pollution sait bien qu’elle ne dépend pas forcément, chez les pollueurs, de la distance qu’il met entre lui et eux.

Non.

Une fois qu’une digestion est commencée elle se terminera même si la personne n’est plus là.

Réagir ainsi tend à démontrer que vous n’avez rien compris à l’énergie et à ses manifestations plus que concrètes sur la structure énergétique pure qui en pâtit.

Ne prétendez pas vivre autre chose et ne tentez rien qui ne soit sur vous et en rapport avec vous.

Plutôt que de vous retirer faites donc les efforts, et les bons choix en font partie, afin de ne plus générer de pollutions gênantes pour ces initiés en incarnation.

Voyez comme vous placez les choses et vous-mêmes en vos propres réactions là où elles ne sont pas, là où vous n’êtes pas.

C’est si facile de se retirer.

Faites donc l’effort qui vous permettra de rester.

Et c’est très différent et si logique!    

Les erreurs que chacun commet sont des obstacles levés pour avancer plus loin. C’est ainsi qu’il faut reconsidérer les erreurs et non avec culpabilité. Ne soyez pas mesquins, même avec les erreurs, soyez beaux joueurs et ne croyez jamais qu’elles soient un handicap irrémédiable. Elles ne demeurent que ce que vous n’en faites pas!

Que vous soyez aimants, aimés ou déçus, parfois les trois à la fois tant vous ne savez à quel Saint vous vouer.

Que vous soyez sincères, traîtres ou indifférents, qu’importe où vous en êtes, il y a tant devant.

Les lignes qui se croisent et ont pour nom l’amour, dans ces courtes phases où vous croyez l’avoir ne sont que flèches folles lancées par vous ne savez qui ou quoi et qui se sont plantées dans des cibles de choix. Mais qu’importe la foi, la croyance ou la voyance, l’effort que vous ferez peut seul vous en tirer.

Il n’y a pas grand-chose et vous êtes les sujets, n’en devenez pas des objets, au fond tout cela n’est rien.

Comme une gravure ancienne qui perd un peu ses couleurs, comme un dessin trop léger dont on ne repère plus les lignes, voilà qui indiffère, voilà qui trouble un peu quand on essaye en vain de s’accrocher à des repères.

Comme un enfant perdu qui pleure sans se souvenir, confiez-Nous vos larmes et donnez-Nous vos difficultés, en les donnant ainsi, vous faites de la place pour ce Divin majestueux qui enfin peut être de plain-pied en vous. Parce qu’il faudra être actif, mais c’est de plain-cœur que Je devrais dire, vous voyez qu’ici Je ne sais plus, non plus, que dire ou ne dire pas!

A des débordements que vous n’aurez plus jamais, les souvenirs non plus ne feront pas long feu, car en plus ou en moins, qui pourra jamais, sur terre, le dire, vous n’êtes plus du tout ce qui vous fit tant avancer.

Inutile de traîner, de dire encore ou de dire plus, les choses se résolvent en oubli majeur aussi, mais sans connaître l’oubli, vous êtes passagers de ces voyages terriens auxquels vous étiez destinés pour les avoir choisis.

A la porte du cœur, les sentiments se bousculent jusqu’à cette ouverture où ils ne sont plus eux-mêmes parce qu’en vous en coupant vous vous retrouvez vous-même.

Les temps changeront-ils?

Ou bien aurez-vous changé?

Lorsqu’en attente fébrile vous aurez fait le point, afin de vous souvenir une dernière fois encore que pour servir un peu il faut s’oublier beaucoup.

Si le septième cependant croise votre chemin par cette lecture, ne pensez plus à rien et laissez-vous aller. Qui que vous soyez, où que vous soyez, donnez à vos moyens, une chance de progression.

Parce qu’après tout il est si facile de ne pas croire en soi que l’on pourrait se demander pourquoi quelqu’un d’autre le ferait.

Le Maître est à l’écoute, il vous faut y parvenir, il est d’abord en vous avant d’être le Frère en-face avec lequel vous travaillez.

Toute verticalité est une ligne de force où l’énergie enfin peut monter et descendre. A la développer, on peut se croire parfait, mais que veut dire parfait quand on sait ce que l’on est.

Les cœurs ont des douleurs qu’ignore l’Amour, vraiment, les cœurs ont des couleurs dont les pas­tels sont si beaux, les coeurs ont des amants, des amantes avant que de se perdre en l’ouverture suprême où nul ne peut tenir tant la porte en est large.

Les coeurs ont des inversions que l’ultimité rend opératives, mais à se les demander, on ris­que fort de les passer … sans y prêter attenti­on.

Il est midi tout juste à l’heure où les travaux ouverts et commencés prennent leur essor vers l’intériorité. Mais c’est à minuit juste qu’ils devront se terminer car la nuit peut en altérer la transparence demandée. Souhaitez-vous bon vent entre midi et minuit et bousculez le temps afin qu’il ne vous enterre en ses murailles blêmes que les compagnons que vous aurez ne manqueront pas de bâtir autour de vous.

A ces fraternités qui n’en sont pas toujours ne donnez pas l’aval de vos propres choix, elles s’en serviraient au détriment de tous, vous mettant en danger de basculer aussi.

Il y a tant de fois qui n’en seront jamais plus. Il y a tant de soi qu’il faut avoir connu avant de dépasser à l’intérieur de soi, les mille et une fois à ne jamais récidiver.

Et dans l’extase morte où vous avez sombré, ne donnez pas la passion dont vous vous encombrez, elle n’est que feu de paille au temps du cœur de l’autre et ne fera jamais cette différence que vous recherchez tant face à vos amours mor­tes. Non ne la recherchez pas et si par manque de chance elle venait à passer, accordez-lui une chance de ne pas s’arrêter.

Les joies sont-elles des joies lorsqu’elles s’en vont ailleurs, désertant de leurs notes claires les pensées vides qui les suivent. Les joies sont-elles, entre elles, solidaires ou jalouses? à les examiner on pourrait se poser la question. A les vivre on se met en condition pour les désirer fortement enco­re bien des fois, comme si par enchantement elles pouvaient nous délivrer de tout.

Les joies ne sont que des joies.

La joie, elle, est une sagesse particulière.

Quand sur l’éternité se pose malgré nous l’ombre légère portée qui se dégage de nous, alors, de force claire en énergie puissante peut-être peut-on comprendre que de nos ombres nais­sent parfois des mélodies si harmonieuses que tout à coup l’horizon semble beau et l’éternité sereine. Mais ne vous y trompez pas, tout cela est en vous, vous êtes les victimes – de vous-mêmes -ou les amis – de vous-mêmes – alors que choisi-riez-vous si d’ami en victime, l’ennemi se rebelle pour en venir à bout?!

Dans les couloirs serrés où nous marchons parfois, des pièces se situent en dehors de ces parcours, mais inattentifs à elles nous marchons d’habitude, inconscients que le conflit déclenche en nous la guerre. De ces incertitudes dont se déroulent nos pas, il y a des questions que nous ne posons pas. Et c’est bien. Est-ce réellement bien? Toute question sur soi-même n’est-elle pas l’amorce d’une victoire future gagnée, peut-être, à la force du cœur.

Méfiez-vous des questions mais posez les bon­nes, ces dernières concernent l’ego et ses flagorneries ou ses faiblesses, ses certitudes ou ses angois­ses. A un moment donné on peut se demander si poser une question n’est pas toujours motivé par les plus basses vibrations qui soient en nous. Ce qui revient à dire que c’est toujours l’égo qui se met à les formuler, motivé par des pressions qui ne viennent jamais du haut.

Les questions sont donc, sur le chemin de l’évolution, un très bon test. Encore faut-il être objectivement capable de les reconnaître.

Vouloir et ne pas savoir.

Savoir et ne plus vouloir, voilà, en gros, ce que l’on pourrait appliquer à toute erreur grave lorsqu’inconscients, nous y replongeons.

Vivre de folies et les trouver jolies, voilà une bonne chose qui mérite réflexion. Après tout c’est ainsi que l’on dépasse vraiment les limites serrées par nos plus beaux fantasmes dont nous croyons toujours qu’ils ne comptent pas …

Je me demande, Je ne me demande pas …

Si vous saisissez ici la portée d’un ouvrage où le plus haut a rejoint le plus bas et où, entre cette verticalité maintenant reliée, tout vous incite à dépasser en entrant. Quoi que vous fassiez, entrez dans les choses afin de ne laisser derrière vous aucun regret frustrant ou minant dont, très vite, vous retrouveriez l’ombre menaçante, si vous ne l’avez dépassée tout bonnement.

De ces troubles que vous ne manquerez pas de vivre lorsqu’à nouveau vous changerez parce qu’alors tout change aussi, que ce soit la vie, les autres ou ce que l’on croyait, sur lequel on s’appuyait qui, d’un coup, laissant le vide, nous entraîne avec nous-même dans des contrées inex­plorées qui ne seront plus jamais vierges de nous-même.

De ces troubles, ne revenez pas, simplement expurgez en les vivant ce qu’ils ont ouvert en vous sur ces tableaux étouffants que vous n’aviez encore jamais vus.

D’un voile ou d’un noeud, dans un tissu ou sur une table, posés, comme ça, on ne sait pas pourquoi, qu’allez-vous faire?

Du voile, ne vous voilez jamais, quelqu’un d’autre l’a mis là et voilà qu’ainsi vous en adopte­riez les reliefs les plus cachés. Soulevez le voile et jetez-le au vent décoiffant de vos mobilités. Et le noeud, direz-vous?

A vous de décider!

Faut-il faire ce que l’on appelle un » break » (anglais : pause) entre soi et soi-même?

S’il y a encore un soi, oui.

 

Quand c’est à vous de jouer, quand le ciel le permet et que le cœur s’y met, jamais travail ne sera aussi productif à l’évolution, jamais vous ne ferez plus de progrès.

Et dire qu’il suffit de se dire:

«A moi de jouer … «

Le centre de la gorge dès l’inversion du cœur, et pendant, peine terriblement, parce qu’en même temps qu’il récupère comme un carrefour les énergies du haut en provenance de Moi-Même et par-delà, les magistraux aussi, il apprend à gérer et à expulser toutes les expectorations qui, cellulairement, sont drainées par les énergies du centre du cœur qui tournent un autre rythme. Or ces expectorations n’en sont pas réellement, elles ne sont que remontées énergétiquement perturbantes se dirigeant vers le milieu du centre de la gorge, à la base du cou. C’est très pénible donc à l’initié qui racle sans arrêt de la gorge tout en ne pouvant rien dégager puisqu’il n’y a rien à sortir. Cependant une sécheresse s’installe à cause de ces raclements qui ne raclent rien et là à la base du cou, dans le petit creux, les choses s’intensi­fient sans grande solution au début. Il est con­seillé de boire de petites gorgées d’eau pour humidifier et adoucir le travail, jusqu’à ce qu’aucun raclement ne soit plus nécessaire.

Il y a des souffrances que la joie n’efface plus. C’est parce qu’alors la joie n’est pas un état, elle n’était que de passage.

Il y a des beautés qui se parent de nature et des commentaires qui vont bon train dessus.

Aux uns et aux autres nous dirons simple­ment que jamais la nature n’a eu raison des commentaires.

Et ainsi voyez ce que vous avez à en faire … ou pas.

De ces sources qui ravivées, à l’intérieur, sem­blent provenir d’ailleurs, dites-vous que si aujourd’hui vous les expérimentez si fort, c’est que le lit que vous leur offrez, après maints efforts, est fonction de ce qui déjà, en vous s’y trouvait.

Dans ces longs gémissements que chacun a connus, il y a tant d’apitoiement quelquefois que jamais on a été si près de ne pleurer que sur soi.

Sous ces buissons ardents que l’amour a éteints, … à moins que ce ne soit vous qui n’ayez pu en sortir indemnes? quoi qu’il en soit, des braises couvent qui au premier regard intense pourraient bien rallumer ce feu que vous ne maîtrisez pas.

Bien sûr le septième, lui, est buisson, braise, feu et flamme, et avant tout Amour, auquel il a synthétisé le reste. Plus de problème pour lui de ce côté-là!

De ces vastes régions que rien ne peuple plus, où personne ne se perd plus, où l’échange n’a pas lieu, des plaines entretenues démentent qu’en ces lieux seuls les hommes ont déserté, seules les femmes y travaillaient avec eux. Mais alors qui? Mais alors quoi?

D’abord localisez ces plaines et ensuite voyez si vous êtes concernés ou pas?!

De ces propos amers dont le temps se défait à la poubelle commode de l’oubli balayé par le vent, vous trouverez peut-être, si vous êtes honnêtes, les caricatures effroyables de vos propres discours. Et s’ils ont marqué en faisant mal, alors vous en connaîtrez le prix que vous serez seul à décider de payer.

Les aubes mensongères ont parfois la vie dure. Elles durent ce que durent les histoires d’amour qui n’ont commencé que par le sexe ou qui sait quoi, allez savoir! On peut toujours y remédier mais quand l’habitude a fait son nid, c’est si difficile, qu’à s’en sortir on aurait l’impression, là, de mentir.

Le discernement qui fait défaut et la pente ach­arnée de soi vers soi-même qui, en passant par l’autre, est incapable de voir son propre précipice.

Dans les accents sérieux que vous pourrez entendre quand on vous demandera ce que vous voulez ou comment vous allez, vous pourrez déce­ler par moments les légèretés doublées d’indifférence dont ils sont nés.

Et vous passerez votre chemin.

Parce que là, rien de vrai ne sortira jamais réellement … à moins … que vous ne vous en ser­viez pour travailler sur vous-mêmes.

Ce qui changera tout.

A ces oiseaux perdus que vous ne verrez plus, combien de battements d’ailes, combien de pépiements, combien de jours et de nuits pour passer quelques kilomètres entre eux et quelques coins perdus?

A ces oiseaux perdus vous ressemblez un peu lorsqu’avec beaucoup d’énergie vous gaspillez vos forces qu’à force de ne pas bouger vous en rêvez l’envol, à force de rester vous ne dépassez rien.

Mais là encore, l’oiseau s’est-il vraiment perdu?

Et vous, vous êtes-vous retrouvé?

Mais où passent ces rêves d’enfants?

Ceux que nous ne leur permettons pas et ceux qu’ils nous donnent comme un cadeau que nous ne savons pas apprécier.

Où vont-ils ces rêves que nous ne croisons jamais faute d’en avoir écouté les réalités troublantes, tirées d’une vie que l’on croyait pour­tant partager avec eux et que nous avons depuis très longtemps désertée.

Ces rêves sont peut-être en vous? Alors dépêchez-vous de les réaliser.

Que les yeux sont beaux lorsqu’ils s’inven­tent des raisons pour né pas être raisonnables. Là tout à coup l’humain tout entier plonge et l’on dirait pourtant qu’il retient un peu ces quelques inconnues qu’il n’avait pas prévues et qui l’entraînent malgré tout vers d’autres frasques encore! A moins que ce ne soit tout simplement l’amour qui cherche l’Amour. Que les yeux sont beaux lorsqu’ils cherchent la beauté sans savoir que déjà ils en portent l’éclat.

Lorsque tout doucement le vent opère un revi­rement doux que la tempête crache comme un noyau trop dur que la pluie va laver, alors, dans un lit, seul ou accompagné, qui de lui ou d’elle comprendra la tempête en ses revirements? Les tempêtes se ressemblent, elles ne sont jamais les mêmes et depuis la nuit des temps nous partage­ons la même couche. Alors qui de la tempête ou de chacun a-t-il compris le vent, la pluie, la tempête, lui ou l’autre?

En nos fragilités nous sommes bien cons­tants!

Quand la tristesse sur fond d’initiation, enve­loppe l’initié de sa cape légère, comme une chape de plomb il en ressent le poids car elle ne lui appartient pas vraiment. A s’en défaire cepen­dant, il ne joue pas. Il lui faut adhérer à ce qu’il ne ressent pas afin d’en transmuter de façon bien certaine l’oppressante agression dont elle se joue des autres. Au Divin il l’offre,

A l’humanité, elle revient, transformée. De sa lumière vous êtes irradiés, en Avez-vous seulement contemplé la Beauté, vécu la douceur, afin un jour, en Faisant de même, de passer ces paliers qui ne Vous attirent pas? C’est si beau.

Il y a des moments de grande intensité quand, au cours du passage évolutif, un processus chan­ge et qu’au sein de ce changement, attentif, l’ini­tié comprend une légère différence entre la minu­te d’avant, ce qui est, ignorant la minute qui vient, il découvre qu’un raclement de gorge a évo­lué ou qu’une douleur a disparu.

Et il rend grâces, car il ne s’était pas rendu compte à quel point cela était pénible de continu­er ainsi. Il n’en avait pas pris le temps. Simplement la lassitude le marquait de son empreinte lourde et il était un peu triste et si seul dans ce monde énergétique où tout, sans cesse, n’est que mouvance.

Et il rend grâces, et ainsi,

Avance.

Il y a des voûtes bleues fournies d’étoiles dont on ne sait pas si elles sont en nous ou à l’extérieur. On les regarde en levant les yeux, mais quand on les ferme elles sont toujours là! Curieu­se ressemblance, curieuse coïncidence, que sont ces voûtes-là qui nous habitent en recouvrant notre tête? Ce sont des cavernes somptueuses dont le temps a poli les parois, elles ont la cou­leur des ciels d’orage que nous avons connus et traversés mais les étoiles qui s’y fixent ont la lumière de ces larmes que nous avons versées. Et ainsi nous contemplons de nous-mêmes les soli­des cavernes, posées comme des coupes renver­sées au ciel de nos fondations les plus saines … fortes … sereines et tristes, disons-le, car enfin de ces cavernes où se promenèrent nos solitudes, saurons-nous un jour communiquer les lumières d’étoiles afin de transmettre de l’effort et de l’épreuve seule la joie qui s’en dégage, lorsqu’en plus, elle est, il est dépassé?

Il y a parfois de troublantes raisons à vouloir ou à ne vouloir pas rester seul, vivre l’autre, s’en repaître ou s’en aller.

Mais quelles sont ces raisons?

Que sont-elles?

Le savez-vous seulement, vous qui croyez les avoir cernées et vous êtes faits cerner par elles?

Donne à tes initiations, à tes avancées, tes passages, quels qu’ils soient, les marques de tes sceaux les plus beaux, ceux qui te viennent de cette spiritualité étrange, impossible à définir et pourtant si difficile à vivre.

Donne à tes mains les moyens doux de toucher du doigt ces longues réminiscences que les deux parfois résonnent encore, quand d’un cœur sur ses gardes, un autre a su se l’attacher.

Et puis lâche tout et vois combien l’amour était présent ou pas.

C’est à ce moment-là le test le plus probant.

De ces nuages blancs qui dessinent le ciel, en leurs formes éphémères que pousse un peu le vent, de ces arcs-en-ciel luisant ces quelques gou­ttes de pluie qui tombent dans le temps pour nous réveiller un peu, de ces jeunes arbres, des pins de préférence qui en poussant lancent déjà leur parfum, de tous ces bijoux, de toutes ces promesses qui défilent à nos yeux sans s’y attarder, de tous ces mouvements qui nous donnent un rythme qui ressemble un peu à nous lorsque nos humeurs passent dessinant aux centres des for­mes éphémères que pousse un peu le temps, de ces quelques gouttes au goût salé des larmes qui tracent nos horizons de couleurs plus brillantes et de ces forêts intérieures aux parfums très pré­sents qui pourtant s’évaporent … de tous ces joyaux, de tous ces hasards qu’en regardant pas­ser nous rejetons un peu, pour ne pas trop penser qu’à l’intérieur de nous la vie a déposé des moy­ens fabuleux et qu’à s’y retrouver en s’attardant un peu, des voies multicolores nous montreraient de nous des cieux si étonnants, si lointains, si présents, qu’il nous faudrait bien nous en préoc­cuper un peu.

Mais c’est ainsi, nous passons sur temps dépassé et à ne pas se retourner il nous faut nous exercer. C’est pourquoi dans nos coeurs, dans nos vies, dans nos têtes se poussent dans le vent et se perdent en lui des nuages tout blancs que nous n’aimons pas assez pour regarder d’eux nos plus belles années.

Mais c’est ainsi, et nous passons …

Seul celui qui demeure comprend tandis qu’il passe les beaux nuages blancs qui se pressent ailleurs. Parce qu’en passant, il y est tout en demeurant ici et là … Et c’est ainsi.

 

A vivre et à aimer on oublie parfois que l’amour a des ailes, qu’il ne s’attarde pas mais se dépasse sans cesse vers de nouveaux exploits, vers de nouvelles scènes où tous et toutes de fait sont aimables. A aimer un peu plus, à aimer plus fort on aime différemment, on aime encore et encore et puis dans ces excès ou ces prudences extrêmes, on se dit que l’amour est sens dessus-dessous quand c’est nous qui culbutons dans d’autres horizons où un regard coquin nous a conté fleurette. De ces jolies histoires dont nous sommes les héros nous refaisons des plans à cha­que scénario, pour tenter de cerner ces feux qui sont si brûlants, auxquels on a déjà goûté.

Et de force secrète en murmure amoureux on tente un autre cœur qui nous a aussi tenté pour être sûr peut-être qu’à aimer mieux une autre fois, on sera peut-être récompensé. Mais l’his­toire, sans s’arrêter, prendra une autre fin, com­me un dernier baiser refusé à l’aimé(e).

Organisée, la tête refait encore ce que le corps ici a laissé tomber parce que le cœur non plus ne peut être écarté de tous ces souvenirs que l’on tente de se fabriquer.

Dans les jolies alcôves où nous nous déme­nons, se perdent sans espoir nos plus belles années jusqu’au jour enfin béni, où d’une humeur plus stable nous irons voir ailleurs si en nous perdant un peu, il nous reste quelque tendresse ou quelque joie certaine à aimer non pas les aut­res mais aussi un peu nous-même.

Ce jour-là, si la réponse est oui, alors, la pro­chaine fois peut-être en cet(te) autre que nous attendons, trouverons nous l’amour … qui sait?

Le septième, lui, a résolu à jamais cette quête insensée que les sens bousculent…

Et c’est bien … ainsi.

Y  a-t-il dans la nuit des yeux qui pourraient voir comme les amandes d’or de ces chats domestiques dont les visions nombreuses échappent à leur Maître, dont les entendements ne seront jamais connus?

Y  a-t-il dans ces sombres traversées que nous faisons parfois, dans ces nuits mystiques où rien ne va plus, des inconséquences dignes d’émoi où comme dans un fourre-tout on déverse en riant les atouts trop gênants de nos épreuves futures.

Y a-t-il, dans des regards trop lourds, des menaces vers soi-même que l’autre prend pour lui, elle, alors qu’en vain, c’est d’amour qu’il s’agit, mais l’agression certaine, vécue en silence majeur mérite parfois l’explosion que l’on n’ose en tenter.

Que la vie quotidienne, en ses fortes pressions, nous soit si épuisante à l’énergie intérieure, c’est un fait. Mais les forces inutiles que nous mettons alors pour éluder, annuler, discuter ou rejeter la neutralise un peu plus, ou l’atomise encore …

Que de préoccupations inutiles, à essayer de passer le pas, à ne pas prendre le témoin que cet autre moi nous tend déjà tant nous avons peur -et c’est bien normal – de nous y retrouver encore trop avec tous les problèmes, tous les mécanis­mes anciens.

Que de temps perdu!

Que de folle gabegie!

Que d’inutilité … à n’être pas soi.

Que de force gâchée parce qu’un peu trop nég­ligée, qui prend de l’ampleur et tourne en rond au fond de nous.

Que de coeurs incompris!

Que de têtes agaçantes!

Que de visages aigris et que de quêtes nulles quand dans l’histoire d’une vie on se remet en question parce qu’après tant d’ennuis on se dit, avec raison, que peut-être nous seul détenons la clé de ces franches nuisances que nous faisons sur nous.

Alors, quand après tant et tant de luttes, le septième se retrouve en l’autre parce que sa capacité d’empreinte lui en donne les clés d’or, que dire et que faire? sinon remercier ces hom­mes et ces femmes qui, bientôt, nous donneront accès à nous-même, parce que chacun doit faire ce trajet-là.

Le septième est le portail d’or ouvert sur l’humanité de demain.

Pouvez-vous y entrevoir l’essor que prend le cœur lorsque du yin au yang il sort de son inclu­sive torpeur pour devenir vecteur moteur des cinq magistraux dont il est la lyre?

Je voudrais souligner que par » inclusive tor­peur » Je ne souhaite donner aucune note négati­ve à ce stade qu’est l’ouverture du cœur. En effet, l’inclusivité est la vasque dorée que le cœur de l’initié du quatrième offre à l’humanité tout ent­ière par le biais de chacun et par le sien, bien évidemment, avant. L’inclusivité est le calice vécu, compris, offert, il est le passe indispensable, Christique, vers Christ cosmique, il est le début du chemin et la clé de l’ultimité.

Quand il s’agit d’évolution initiatique, puis­qu’elle peut ne pas l’être, n’est-ce pas, sachez que toujours, absolument, elle est réglée par le mou­vement d’une impermanence éternelle, les disciples ont trop tendance à l’oublier. On se croit sou­vent arrivé quelque part! Non. Chacun ne fait que passer dans les allées qu’il trouve et entreti­ent, jusqu’à ce qu’expérience acquise, il continue d’avancer, pour passer tout en demeurant parce qu’alors l’acquis permet la présence à celui, celle, qui l’ont dépassé, devenant ainsi, à jamais, utile à l’autre, exactement au stade où il, elle, est, tan­dis que se poursuit la priorité sur le travail con­cernant l’humanité, le Plan, utile à tous et dont chacun, dès qu’il en est conscient, devrait être responsable.

De liberté en liberté, la liberté se trouve-t-elle, et comment?

J’ai mentionné dans » … à Nos disciples … » (même collection) la liberté, en donnant quelques clés importantes à relire.

La liberté est un leurre dans bien des cas et l’aspiration à la liberté est une bien belle chose. Si la liberté est devenue un droit de la personne avec la Déclaration Universelle des droits de la personne cette liberté-là, oui. Mais que dire du devoir à la liberté que nous avons tous en tant qu’êtres humains? Que dire de cette notion de liberté intérieure que personne ne peut nous accorder ni légalement, ni autrement, à part … l’amour? Qu’en dire? A ne parler que du droit à la liberté de l’être humain, est occulté la moitié du problème sans laquelle aucune liberté au monde ne peut être complètement acquise. Ne pas être derrière les barreaux ou prisonnier physiquement n’exclut aucunement les prisons dont les barreaux intérieurs sont bien plus problématiques à déceler puis à desceller. Les cimentations de nos désord­res les plus intimes en sont les causes inconnues, nous sommes les terrassiers de nos propres pier­res d’achoppement et personne au monde n’a le moindre pouvoir sur elles, à part celui que nous décidons nous-même d’exercer. L’amour des aut­res peut nous y aider mais pas n’importe quel sen­timent, pas n’importe comment.

Dans les recoins poussiéreux de ces antres auxquels l’inconscient ne donne pas accès, s’ent­assent à qui mieux mieux, les débarras de nos chiMères mortes dont nous croyons les grimaces oubliées. Peine perdue! Ni mortes, les chiMères, ni oubliées, les grimaces. La naïveté étonnante avec laquelle nous regardons nos propres monticules est si renversante parfois que l’idée même d’y regarder à deux fois fait reculer d’un cran la volonté, même si elle est bonne, de s’y atteler.

Sur les premiers pas que nous décidons de graver sur le sol meuble de nos efforts conjugés, dans leurs empreintes éparpillées aux hésitati­ons qui nous en détournent, sont inscrits en lett­res grasses d’une Terre planète, tous les écueils à éviter, tous les espoirs à revivre, tous les deuils à faire, toutes les joies qui les suivent, tous les con­stats et bilans qui ne manqueront pas au chemin ainsi commencé. Et sur les révolutions qui s’annoncent de nos changements les plus déli­cats, en lettres de feu, en lettres de peurs, en phrases de pleurs, en tête et en cœur, les oisi­vetés les plus incroyables sèmeront de leurs délais et de leurs retards, les folles allégeances que nous nous prodiguons, pour éviter, on ne sait jamais, d’aller trop vite dans cette évolution qui, mon Dieu! n’est après tout qu’un passe-temps.

Vivre l’espoir et n’en être plus digne, voilà une petite mort à laquelle ne pas se laisser aller, et quand de routines en routines ralenties, nous pensons accélérer le pas initial, c’est pour nous apercevoir que loin derrière nous, nous avons laissé des lambeaux élastiques qui de notre pensée et de notre mental retiennent encore et toujours les quelques fausses pistes qu’il nous a fallu suivre pour en arriver là!

Triste constatation!

Triste malentendu!

Qui, pour une fois, nous remet face à nous tout en nous projetant un peu plus dans les quel­ques autres sous-terrassiers de nos oublis les moins sûrs.

Quant à s’aimer on recommence parfois les mêmes erreurs auprès de partenaires sembla­bles, les quelques pistes que l’on avait pensées justes, sont alors remises en question, mais pen-se-t-on à soi et à ses propres faiblesses? Trop sou­vent hélas c’est sur l’autre, que nous avons choisi(e), que se portent les doutes quant à la réussite de ce que le couple porte à quatre épaules, c’est sûr, mais en doublant la charge, qu’attendons-nous de lui?

Il y aurait tant et tant à en dire, que ces quel­ques lignes pour en souligner les aléas, s’appliquant à chacun, en toute honnêteté, en renverra quelques uns au miroir de leur être.

Lorsqu’enfin l’initiation est prise, ces quelques riens qui n’en furent pas moins des drames, prendront bien vite leur juste place en tous pour n’être après tout que l’expression juteuse de ce que chacun n’est pas et dont tous pâtissent. Car plus qu’un partenaire, quand nous ne savons pas aimer, c’est de la terre entière qu’il faut savoir ainsi concernée, que nous bridons de nos frasques légères, les pas à faire jusqu’à la septième.

A le savoir, un pas est déjà fait.

Mais à le faire, sachez-vous condamné, c’est pourquoi le plus tôt sera le mieux et Je vous engage à ne pas occulter le fait évident que pour avancer l’humanité entière a besoin de vous tous.

Commencer consciemment un cheminement initiatique est donc une façon de donner de soi-même à cette humanité dont la planète Terre peut devenir un jour, grâce à vous, planète sacrée.

Il est donc important d’y voyager conscient, de ne pas avoir peur et de tout faire pour que les pas que vous allez commencés soient ceux qui nous feront tous avancer.

La liberté est une force jolie dont l’énergie est le moteur tournant. A vivre l’énergie vous libérez le monde sans aucune question quant à votre propre libération. C’est ainsi que le septième vit, accomplit, est, pense et agit et c’est dans l’in­carnation une grande première qui sera opérative et suivie de plus en plus vers le premier quart du 21ème siècle.

Comme ces longs bateaux à voiles superposées qui naviguaient sur les mers non polluées il y a bien longtemps, comme ces mariniers et ces fem­mes à terre qui partaient ou attendaient mais dont le cœur vaquait à vide …

Comme ces enfants pirates habitués à tout, dont les yeux à fleur d’eau faisaient des vagues planes pour y déposer les jardins qu’ils ne fré­quentaient pas, y semant des étoiles filantes au ciel de leur enfance qui dans leur lumière froide les faisaient rire un instant. Comment ne pas rêver quand le travail est trop pénible, quand la mer est si proche et le ciel si immense, quand à perte de vue l’horizon se ressemble comme une invite à soi ou à quelque inconnu – ce qui revient au même -, comment ne pas rêver, comment ne pas s’ouvrir à ces ondes qui claquent et se rebel­lent aussi quand du haut du bastingage on y lan­ce un corps mort entouré de tissu comme une momie? Comment ne pas rêver à ces poissons pilotes qui croisent au grand large, sur des eaux marbrées aux reflets d’un soleil brûlant et qu’en les contemplant on découvre à l’oeil nu des poissons bien plus gros, ou serait-ce des baleines?

Comment ne pas rêver quand au petit matin sur le bois du pont lavé à grande eau, les pieds des enfants pirates amorcent des pas que l’équilibre menace? Comment ne pas rêver à cette terre ferme qui devient, tout à coup, et de façon abstraite, un sol si différent avec des maisons où des mamans, peut-être, font cuire de ces poissons marquant de leurs écailles les jours à compter pour revoir leurs enfants?

Enfants … parents …

Mamans … marins, quatre mots qui s’accor­dent à la croix dure du temps quand la mer se fait forte, si forte que la prière, soudain devenue vocale, efface tous ces rêves que l’on se fabriquait pour renouer enfin avec un Dieu paternel qui pourrait bien la calmer.

Mais de vagues en mer d’huile, ces voyages-là attirés par des richesses autrement fabuleuses se terminaient parfois dans le sang des victimes qui d’un côté ou des deux en signaient les dégâts.

Et dans les yeux fermés d’un enfant pirate, les rêves fous tués s’en allaient quelque part rejoind­re les flots qui claquaient très fort sur le corps d’enfant, enveloppe momie, que l’on y jetait.

C’est pourquoi peut-être, la mer est un symbo­le qui signifie aussi ce très vaste inconscient dont les vagues sans fin nous submergent de leurs for­ces jusqu’à nous immoler à ces quelques nous-mêmes, enfants ne sachant que faire, dont nous sommes les tombeaux vivants.

De la mer, de l’enfant ou de la conscience, un chemin est à parcourir, comme ces voiliers qui attendent le vent avant de partir pour des pays inconnus. A ne pas en revenir on peut parfois avan­cer mais à s’y relancer on peut comprendre enfin qu’aucun navire, enfant, conscience ou maman, ne peut et ne pourra grandir à notre place.

Pour un enfant pirate, mort né au cœur de nous, combien de mascarades, piratages et voya­ges non aboutis?

Dans l’hiver, la pluie, les saisons qui le sui­vent jusqu’à l’été infini de nos soleils les plus beaux, partir et devenir qui riment si bien tous deux, ne sont que cette ébauche de chacun qu’il nous faudra signer de nos efforts certains pour revenir à soi plus fort et plus tenace, plus vulnérable aussi mais qu’importe, ce qui compte est si bien fortifié que les jours qui suivront seront tous délestés des rêves que nous avions puisqu’en réalité ils se seront transformés.

Le septième a transformé ses rêves d’enfant parce qu’il est devenu l’enfant d’une race dif­férente dont le voyage est commencé.

Quand l’Instructeur parle, son énergie n’est jamais neutre. Son propos est né dans l’intention divine et en ses plus fortes explications, c’est encore d’énergie dont il s’agit. Mon Frère K.H. est aujourd’hui l’Instructeur mondial avec lequel Nous travaillons en collaboration. Education et Religions sont des domaines de l’Instructeur qui retracent au ciel du Plan les projets énergétiques informels d’un Dessein en action permanente.

Parmi les priorités de cette fin de siècle, c’est pourtant la politique qui est en tête de mire, avec la citoyenneté, l’Europe, ce pour quoi Je collabore de très près avec Notre Frère Saint-Germain. Pourtant, la troisième phase de l’Enseignement est essentielle. Elle implique une attention toute particulière puisque depuis la synthèse elle en communique les parties essentielles pour l’Extériorisation de la Hiérarchie, ses travaux ainsi que la septième race, dont Je suis le Manu, à laquelle elle mène.

C’est pourquoi, si les formes que prennent ces travaux vous surprennent, elles doivent, en même temps attirer votre attention sur la globa­lité du travail entrepris. En effet, rien n’est séparé même si les apparences sont trompeuses. Rien n’est dissocié d’une partie ou d’une autre du Plan, en ce qui le concerne. Et si d’aventure vous étiez tentés de penser différemment, ce serait une lourde erreur.

Aux formes épuisées que prennent les initiati­ons, quelles qu’elles soient, attachez-vous à ne pas poser de jugement, de repère ou de doute. Laissez tomber si cela ne vous convient pas, mais sachez que dans l’énergie que vous contactez ici, un grain de sable même est malvenu. Si cela pose le moindre problème, lâchez prise. Tout simple­ment.

Et si vous avez du mal alors dites-vous que le problème vient de vous et travaillez la phase précédente de A.A.B. avec notre Frère D.K.

Comment ne pas nuire même si vous n’êtes pas d’accord et surtout si vous n’êtes pas d’accord? C’est un bon test. Ne pas allez avec ne veut pas dire aller contre. On reconnaîtra un spiritualiste à la manière dont il pourra, sans aller avec, ne pas aller contre. Autrement ce ne sera qu’un partisan de plus, axé sur le nombrilisme de son propre jugement, sa propre réalité, sans tolérance et sans la plus minime option d’une ouverture de cœur à entrevoir. Soyez généreux, qui que vous soyez, apprenez à ne pas être parti­san. L’oeil neuf sur un sujet neuf devrait être une devise à suivre. En tous cas pour qui a une dém­arche spirituelle consciente, comment ne pas allier cette ouverture faite de tolérance et de lib­re-arbitre quant’aux choix individuels? avec la connaissance requise pour reconnaître que si nous n’en sommes pas là, effectivement un autre travail reste à faire sans doute. Mais ne jugez pas d’après vous, ce serait une erreur grossière et en nul cas profitable. Donc l’effort ici ne concerne pas l’Enseignement à accepter ou pas, il concerne le fait de pouvoir être assez détaché de son prop­re problème pour ne pas incriminer les autres à ce sujet.

Il serait souhaitable, et c’est une suggestion que je fais, de ne jamais réduire à soi-même les Enseignements. De même il serait aussi souhai­table de ne jamais rejeter les personnes, dès que vous rejetez quelqu’un (gratuitement, sans raison valable) alors vous rejetez de vous-même cette facette-là qui vous gêne en l’autre. Tout rejet est une forme d’incapacité à s’aimer soi-même tel que l’on est pour parvenir ensuite à la volonté de se changer de l’intérieur et passer au stade Christique d’amour inclusif qui obligatoirement passe par l’autre.

Le rejet est une forme non salutaire d’entraî­nement psychologique découlant de réflexes inconscients et d’habitudes inconscientes. Le rejet est une fermeture à une douleur qui ne fer­me que sur soi-même. Le rejet en un mot est une attitude objective dont les racines inconscientes troublent tant celui qui le pratique qu’il ne peut en détecter aucune cause tant il est dans les effets dont le rejet fait de lui sa victime.

Pourquoi vous dire, une fois de plus et dif­féremment tout cela? Etant en charge de la Syn­thèse, de la septième et de l’Enseignement pour cette fin de siècle et le prochain, Je ne peux disso­cier un seul être humain de cette démarche et ne le pouvant, Je me dois de tous vous mettre en gar­de sur les méfaits à caractère individuel que peu­vent prendre des tournures vraiment néfastes quant à l’énergie lancée sur la collectivité humai­ne, parce que tout est lié et parce que rien ne peut être séparé de personne sur ce chemin initiatique dont Nous plaçons ici les bornes hiérarchiques dont vous tracerez chacun votre propre route.

Que ceci vous semble curieux est votre propre responsabilité, Nous prenons les Nôtres et les assumons assez pour savoir que dire et que taire, ce qui n’est le cas d’aucun homme, d’aucune fem­me avant le cinquième degré.

Il est donc important de mettre sur rails ce qui doit l’être notamment lorsque certaines pensées faussées du mental en ont fait dérailler les bases oubliées.

Et puis comment ne pas rejeter ce que d’aucuns ont tant de mal à entendre?

Nous voudrions aussi vous faire part de l’extrême urgence au sujet de la planète Terre où actuellement s’affrontent des courants provenant de sources diverses et peu maîtrisables. Nous pourrions citer le terrorisme et la cohorte de rai­sons différentes qui en motive la flambée, l’inté­grisme n’en est pas des moindres, les guerres, souvent civiles qui sévissent un peu partout. Et l’Europe en connaît une oDieuse que la démocra­tie ne peut endiguer. La drogue et les effets épou­vantables que l’on peut en constater de par le monde, notamment la violence. Les maltraitances, de quelque sorte qu’elles soient, des fem­mes, des enfants, des hommes en sont les vic­times. Bien sûr la liste est longue, Mon propos n’est pas de ponctualités, ce n’est pas un traité de politique intérieure ou internationale, non, sim­plement Nous voudrions focaliser votre attention, non pas sur le fait que ces effets qui font des scoops dont sont friands les journalistes, sont indissociables de notre vie à chacun, de votre vie, nous sommes tous concernés et plus nous avançons sur ce chemin multiple de l’évolution où pas un sentier ne se ressemble mais où tous se rejoignent, alors, nous travaillons à améliorer le monde, c’est un travail de conscience, c’est un éveil de la conscience pour le Bien Général.

C’est si important que le Conseil de Shamballa avait décidé – ce que Nous faisons – de traiter Enseignement ésotérique et changements pour une politique mondiale et européenne différente en même temps. Bien évidemment toutes les nations sont concernées. Tous les citoyens le sont de plus en plus pour une citoyenneté différente, une prise en charge de soi par soi-même qui rejoint tout parcours initiatique, tout chemine­ment spirituel.

Les limites données au monde sont celles des hommes et des femmes qui l’habitent.

Chacun pose sur son environnement – et par là-même sur le monde – ses propres limitations dont naissent ensuite des problématiques paliatives dont souffrent actuellement les systèmes démocratiques. C’est valable partout, pour tous les pays et chaque habitant de cette planète, s’il ne se sent pas concerné, est un inconscient total.

Parler ainsi dans un livre d’Enseignement ésotérique devrait avoir pour vous qui cheminez spirituellement et souhaitez servir, une résonan­ce particulière que je vous laisse découvrir.

Sachez simplement que le temps presse et que toutes les énergies de chacun, en conscience individuelle éveillée, pèsent dans cette balance planétaire. Plus vous serez concernés, plus votre conscience se mettra à l’oeuvre et plus les com­portements et les mentalités changeront, parce que vous aurez commencé vous-même à vous changer.

Tant de mécanismes faux sont installés sur le plan mental, ouvrant à l’intellect des cadences aussitôt vissées, tant de manque de discernement donc, si peu de jugement juste en fonction d’une réalité, d’états de fait. Si peu. Si peu. Si vous ne pouvez avancer en vous-même, vous les rejoin­drez parce qu’ils sont de masse, de groupe, et qu’ainsi c’est une partisanerie latente qui entraî­ne même les moins partisans parce que c’est le mécanisme le plus connu et le plus divulgué par les médias.

Penser par vous-même, c’est déjà pouvoir être soi-même. Et si le cheminement initiatique n’est pas honnêtement suivi, alors comment devenir soi-même? c’est-à-dire ce tabernacle du Divin, sur terre, dont la radiation amène sa lumière dif­férente sur le monde. Si vous reconnaissez cela chez un membre de la Hiérarchie en incarnation, alors suivez-le, la, non pas comme un guru, surt­out pas, mais nourrissez-vous des écrits, faites votre propre alchimie et avancez sans béquille parce que votre colonne vertébrale sera plus forte.

Que le temps passé à travailler sur vous-même se choisisse le tapis nécessaire de l’humi­lité afin d’avancer seul, c’est très important, avant de comprendre puis de savoir que vous n’êtes jamais seul. Que ce temps soit votre temps quotidien dont vous ferez l’espace ouvert d’une spiritualité appliquée et ainsi au jour le jour, minute après minute, donnez au monde le meil­leur de vous-même parce que la société dans laquelle vous vivez, quelle qu’elle soit, en a besoin. C’est vital.

Aujourd’hui, chaque citoyen est une bouffée d’oxygène pour la société. Chacun est absolument indispensable et aucun ne s’en doute véritable­ment.

Je vous le dis, Je vous le répète.

C’est vital.

Donnez à vos champs de vie des espaces aérés où le cœur peut respirer son rythme, mais ne vous y complaisez cependant pas, ils doivent être habités par vous, animés, mais pas recherchés comme un plaisir ou un luxe. C’est un outil de travail qu’il vous faut. Qui vous correspond si le cheminement initiatique est conscient.

Pour ce qui est de Nos séminaires, une fois par an, ils sont la recharge énergétique à laquelle vous réembrayez une nouvelle année de travail et ils sont le plein d’inspiration qu’il vous suffit ensuite de vivre en toute mobilité et en toute créativité. Là se trouvent les germes et les graines que vous sèmerez au monde et dans votre pays, tandis qu’en même temps ils poussent en vous, dans les sillons que vous en préparez durant l’année.

Le travail voyez-vous est bien organisé énergétiquement et je suis sûr que vous en prenez conscience.

La responsabilité est si importante à l’heure actuelle que la responsabilisation à tous niveaux vous concerne tous. Envisagez-la de manière exemplaire et Je veux dire par l’exemplarité. Ce que vous êtes capables de vivre est seul détermi­nant pour tout ce que vous ferez, de même que pour tous ceux que vous contacterez.

Si Nous parlons aujourd’hui à ce point de citoyenneté, c’est que tout disciple est un citoyen et ce devoir-là est un plus. Je dirais que tout dis­ciple qui se sent éloigné de la citoyenneté et se moque de la politique de son pays n’est pas un disciple parce qu’il n’est pas un citoyen.

Tous les citoyens, c’est évident, ne sont pas des disciples.

Mais en tant que disciple, votre responsabilité citoyenne ne peut, en aucun cas être éludée. Il est très important de le savoir. C’est essentiel de le vivre. Nous comptons donc sur vous, d’autant que Notre soeur L.C. installe une citoyenneté si dif­férente, que cela devrait être un plaisir de la vivre.

Dans les calmes soirées qui se fréquentent à deux ou plusieurs, comment placer ce que vous êtes tout en ne prêchant pas ce que vous savez?

Par le silence, d’abord, pour voir et entendre, prendre la température de ces lieux et de ces aut­res auxquels vous vous trouvez mêlés. Ensuite?

Ensuite, écoutez comment ils se placent, com­ment s’exprime leur être et ensuite encore, avec ce que vous étudiez sur vous-même, alors, tentez une approche, mais jamais au grand jamais, n’essayez de convaincre, vous ne pourriez être que déçus, et le processus enclenché ainsi serait si vieux et périmé qu’en aucun cas vous ne tra­vailleriez avec Nous.

Mais cela vaut la peine d’essayer.

Essayez donc.

J’ai dit!

Les fleurs et les feuilles de ces bouquets larges que les saisons s’offrent d’année en année, les écumes blondes sur sable doré que les enfants chahutent en plein cœur de l’été, les fanfares girondes et bien enlevées que les communes promènent dans leurs rues etroites, les nuits festives que l’on se remémore quand la nostalgie nous fait les yeux doux et les amours ivres que nous n’avons pas connues par peur d’entreprendre ce qui nous dépasse, les folles campagnes qui nous entraînent vers des fanfaronnades entre copains et de mal en pis toutes ces fredaines dont le corps abuse parce qu’il ne sait pas qu’avant peu ou après tout, elles iront rejoindre dans nos pensées lasses des revenez-y qui n’auront jamais ni les mêmes goûts ni les mêmes joies de toutes ces fois-là qui n’ont pas osé.

Et de mal en pis toutes ces forteresses qui  tombent en miettes parce qu’en croyant qu’elles nous protégeaient on se rend bien compte qu’elles nous ont piégés.

Et de tartes aux fraises en glaces gourmandes, ces goûters si bons que l’eau à la bouche nous donnait déjà l’avant-goût délicieux d’un après festin qui en tournant court rejoignait en nous toutes ces fois-là que nous n’osions pas.

Avec le temps s’apercevoir que le regret est bien discret quand, habillé de noir il a fait le deuil de tous nos actes manques… Ou pas, c’est selon, car c’est à la conscience d’en faire la différence.

Avec le temps, marier l’amour avec les détours que l’on fait pourtant quand, d’une âme maladroite on s’écarte de quelqu’un en le désirant fort.

A ces retours de mille et un aspects qui pour ne pas être clairs n’en sont pas moins criants, comme ces chants du coq qui à 5 h le matin nous réveillent à peine parce qu’en nos habitudes ils ont leur place certaine.

Et se dire, ainsi, que si d’aventure, les fois qui s’en sont allées ne revenaient jamais… Qu’alors peut-être il faudrait  un jour, un soir, une nuit ou jamais, s’accorder le temps de les recompter avant d’y sauter pour les rattraper.

Dans les tristes constats, dans les lourds bilans où nous ne pesons que notre poids d’hésitations, réécrire la vie en ce quotidien pour donner au cœur une chance d’y battre et puis se dire qu’en se regardant, ici, maintenant, aujourd’hui, c’est un peu de soi qu’on a mis quand même dans toutes ces fois qui s’en sont allées quelque part ailleurs, dans le néant même où après les avoir poussées, nous sommes tombés! de ces tartes à la crème que nous n’avons pas mangées, il reste le parfum d’un sucre candi, sa couleur un peu brune est au caramel une sœur jumelle mais c’est en collant à notre peau blême que ce sucre-là colle toutes ces fois à des souvenirs qui n’en sont pas vraiment puisqu’il leur manque une mise en scène et quelques acteurs pour vraiment exister.

Héros de néant d’un film sans pellicule, nous sommes déçus par nos propres impossibilités qui sans plus tarder retournent au néant dont l’éternité  les avait tirées.

Sur les cadres vides de ces photos néantes, les fois manquées ne dessinent jamais que les autres fois sans cesse attendues que nous manquerons par inadvertance, le temps d’un soupir, le temps d’un regret, parce qu’en y revenant on en part sans cesse, de ces souvenirs qui n’en seront jamais et qui, quand même, nous empoisonneront comme s’ils existaient.

Donner aux enfants des courages beaux afin qu’ensuite comme des sabres au clair ils marchent sans cesse dans ces fois qui viennent afin de les rencontrer, parce qu’en fait rien dans la vie ne devrait jamais se démarquer de la vie elle-même, ce mouvement superbe qui sait sans fin se recommencer, tandis que d’impermanence et de beauté simple les fois reviennent sans se ressembler.

Dans les coins perdus de nos tendres années, où sont pressées les tendresses oubliées à jamais ? Elles ont des noms désuets qui nous reviennent parfois le temps d’une odeur, quand un bonbon passe dans un rire d’enfant, à moins que  la couleur d’une robe qui passe n’en fasse naître le parfum de façon tenace.

De plaisirs succincts en désirs acides, les destins s’ornent de saveurs aigres-douces et dans l’aube brève que nous traversons, le temps d’une vie est déjà passé, si nous ne pouvons, dans ces fois qui lassent, faire l’inventaire important de ce qui demeure.

Donne à tes espoirs le goût de tes peines et a toutes tes joies l’étendard suprême, celui des âmes reines en leurs atours Christiques et d’un pas allègre entonne aussi les chants des soldats du Christ, un jour, tu verras, le septième en toi naîtra, ce jour-là, de façon sensible tu comprendras que les fois sont importantes, toutes, elles sont les paliers et les tests de tes capacités à devenir toi-même.

Le septième le sait.

Pour l’avoir vécu.

Il est de tristes mélodies dont les complaintes inconnues trouvent dans des cœurs meurtris des ressorts inconnus.

A se reconnaître ainsi, ils s’épousent en se plaignant, jusqu’à ces heures d’angoisse où frêle en ses menaces, la tête n’en peut plus de se raconter mal.

Où donc se consoler ou même se distraire? Les comptes que chacun fait de soi sont si  arbitraires? Mais à ne pas vouloir, à sentir, à pleurer, à mourir un peu chaque sanglot, on pourrait arriver là où rien d’autre ne heurterait une aussi folle sensibilité? Pas du tout.

Les jérémiades les plus courtes ne sont jamais les meilleures, non plus que les plus longues.

L’apitoiement sur soi est une affaire de larmes dont le cœur est absent, lui qui ne connaît que l’autre et ne sait souffrir que pour lui, est vraiment désorienté lorsqu’on lui dit souffrir à cause… Même en plein célibat, certains trouveront l’outrecuidance de voir la faute en l’autre et de s’en plaindre encore… À moins que concubins ou bien encore mariés on ne se préfère une excuse à plus grande consistance.

De ces plaintes feutrées à celles qui le sont moins, pourrons-nous faire les différences qui s’imposent d’abord, à savoir l’honnêteté et le plaisir secret de se voir bien en face dans le miroir étoile que nous nous tendons nous-même quand nous choisissons l’autre? de plus et encore, se prendre par la main et la serrer bien fort avant de remarquer que  personne autre que nous ne peut nous faire avancer sur ce chemin très fin, cet équilibre à trouver entre nous-mêmes et ce centre de nous qui tout en peinant trace sa voie infinie sur les traces sacrées d’un Christ en devenir.

Où sont les larmes, les plaintes et les jérémiades qui de lamentations en mur de béton ne nous consolent plus de ces travaux à faire qu’il faut bien entreprendre sur nous.

Quand la joie apparaît c’est que Christ n’est pas loin, il ne se positionne qu’à la place prévue, là, en plein cœur de l’homme, de la femme, quand ils ont enfin appris à ne plus se blâmer, se plaindre ou se pleurer.

Quand il y a tant d’années que le pli était pris, c’est une tradition que l’habitude installe et quand soudain la conscience s’en ressent différente au point de chambouler tous ces comportements qu’elle avait édifiés, alors c’est un peu nous, un peu tous, encore l’autre qui devient le reflet de ce que l’on était.

La compréhension a des accents secrets que seul le cœur détecte et qu’il peut assumer.

De ces pains faméliques, de ces eaux rares et tristes, de ces contrées perdues à jamais retrouvées,  quand le temps nous informe de ses plurielles volontés, la force du rayon un doublé aujourd’hui du onze, donne à l’initié la puissance étonnante du divin en action.

A le connaître pour ce qu’il est à l’aimer pour ce qu’il fait, a l’entendre pour ce qu’il donne, on peut sans trop attendre reconnaître le sept.

Si de plus vous connaissez ma mission en tant que Manu, alors l’initié en sept devient le miroir tendu sur votre devenir.

Et c’est bien.

Parce que ces par-là seront un jour les vôtres, parce que ces Frères-là, ces sœurs sont déjà les vôtres.

Allez et œuvrez, allez et soutenez, ceux qui du trois au six pour passer en sept, souffrent bien des maux qui vous ouvrent un passage en pleine humanité.

Allez et œuvrez.

Allez et soutenez, si la planète en dépend que le verbe soit haut lorsque vous les nommerez.

J’ai dit! aménager la durée comme un planning à respecter, en faire des moments, des jours, des heures, s’y trouver le temps de respecter le cœur tout en n’évitant rien de tout ce qu’implique tout le reste, voilà une façon de relier au monde la vie intérieure et spirituelle, à cette société, comme un vrai citoyen, soldat de Christ.

Quand le septième est passé, opération cœur inversé en sa polarité, le rayonnement s’aménage tandis que la structure se protège.

Lorsque les douleurs sont passées, lorsque la sensibilité – perceptibilité énergétique – se place en ses extrêmes étonnants, alors, le septième redevient un homme, une femme, avec une vie presque normale.

Seule l’inversion du cœur maintenant lui confère des pouvoirs dont les capacités infinies sont, sur le plan humain, de fabuleux outils de travail.

Le septième devient ainsi le moyen, l’outil et le travail, en sa propre structure si puissante à présent que seul le divin y préside et y a tous ses droits, ce qui ne laisse au septième qu’un nombre epoustouflant de devoirs à accomplir.

 A comparer ou plutôt est-ce une analogie, avec le citoyen qui a des droits mais ne doit pas oublier ses devoirs.

La démocratie est en ce sens comparable à la liberté intérieure du septième, toutes deux nécessitent de la part du citoyen pour la première et de l’initié pour la seconde, des devoirs dont rien, ni personne, ne doit les détourner – pour les citoyens – ne peut les détourner – pour le septième.

Il est important que chacun comprenne combien la citoyenneté est primordiale aujourd’hui en cette fin de siècle et pourquoi nous trouvons si naturellement ces analogies qu’il est précieux de comprendre afin d’en intégrer assez le sens pour pouvoir le vivre et l’appliquer à la fois au cheminement spirituel initiatique et à la vie citoyenne, les deux étant absolument indissociables.

La septième race est une race citoyenne, le vrai citoyen dans l’optique d’une autre forme de citoyenneté non restrictive est sur la bonne route vers la septième, même s’il n’en est pas conscient.

Beaucoup n’ont pas cette connaissance et ne savent même pas ce qu’est le septième.

 

QU’EST-CE QUE LE SEPTIÈME?

 

Je n’entrerai pas dans de longues explications techniques ésotériques sur les races et leurs rondes, vous pouvez pour cela relire A.A.B. si vous le souhaitez. Non. Laissez-Moi simplement vous dire que le septième est un cœur ouvert – opératif inversé, parce qu’inversé – tout ce qui vient direc­tement des plans les plus élevés lui est à la fois accessible et connu – c’est dans l’instantanéité de ses travaux et des besoins auxquels il répond que la différence d’un cœur ouvert inversé est sensi­ble. Il n’est plus sur le chemin de l’évolution nor­male que vous connaissez, il est passé à l’Initiati­on supérieure et trace un sillon avec sa propre lumière vers Sirius que personne ne peut trouver autrement. Le service à ce stade est global et ne peut être séparé de ce qui se passe dans l’univers. Le septième est passé de l’inclusivité à la créati­vité inclusive, rien de ce qu’il fait – Nous parlons ici dans l’incarnation – n’est neutre, le propos en est large, global, à long terme et inclut instan­tanément des données non connues encore. Il est à la fois en avance et à la fois dans le présent, le présent dévoile des données imprévisibles encore, dans une vision différente. C’est la justesse et l’équilibre qui, doublés d’une grande créativité, fait du septième un être humain hors du commun dont bientôt tous reconnaissent les capacités étonnantes. Le septième travaille dans le temps, il a toute l’éternité et c’est pourquoi, jamais foca­lisé sur l’efficacité, il devient si efficace. C’est une dimension, inexistante actuellement dont le pro­totype est parmi vous.

De ces êtres gnostiques que sont les septiè­mes, de leur verticalité transformée en éclosion spatiale, on peut le dire, de leur coeur inversé en sa polarité yang, des centres transformés – aussi -dans le corps énergétique puisque dorénavant, le coronal toujours ouvert évasé vers le haut est en contact direct avec la gorge qui elle est opéra­tionnelle à l’horizontal tout en tenant avec le coeur un contact direct rejoignant le coronal et en descendant. Quand au centre du coeur lui, son ouverture est circulairement amplifiée mais tou­tes les énergies s’y retrouvant sont dirigées soit vers le bas, dans les centres à présent libres de tout dont la vacuité, intégrée, fait place aux énergies du haut dont le coeur est la plaque distribu­trice; soit vers le haut puisque le centre du coeur est directement relié à toutes les énergies supérieures et qu’il travaille – pour le plan physique en étroite collaboration avec la gorge; soit horizontalement, comme la gorge dans une sym­biose dont – dans l’expression – rien ne peut les séparer.

Le centre du coeur inversé du septième est un vaste soleil dont l’ouverture s’est circularisée à l’image du Soleil Spirituel Central. En contact avec Sirius il en reçoit déjà les longs rayons invisibles distribuant l’énergie du Dessein dans les parties à traiter dans une instantanéité entière­ment acquise, c’est la polarité yang, créatrice et semeuse qui maintenant prime. Le récepteur inclusif est devenu réceptacle actif et dorénavant les forces externes à digérer ne le seront plus de la même façon, le plexus cardiaque qu’est devenu le centre du coeur bat la structure énergétique globale du septième dont les centres du haut seul au nombre de trois, coeur-gorge-tête, relayent dans l’incarnation toutes les capacités dites » supramentales » par Notre Frère Sri Aurobindo.

Dans l’éclosion circulaire du coeur inversé dont la polarité yang est totalement active, l’ensemencement de toute idée, de tout mental, de toute conscience rencontrée est absolument automatique et inhérente au contact. Je veux maintenant vous expliquer pourquoi Nous avons choisi un corps physique de femme pour faire ce travail anticipé sur la septième race, et pourquoi un homme aurait, dès le départ, été handicapé.

Le corps physique d’une femme, de polarité yin, est déjà récepteur, l’inclusivité, il est vrai, est à acquérir, cela se fait par le coeur dès le qua­trième. Une fois acquise l’inclusivité se vit naturellement parce qu’elle bénéficie d’un corps phy­sique féminin de même polarité.

Il ne reste donc – après ce degré – qu’à main­tenir, de façon équilibrée, l’évolution initiatique dans des énergies féminines déjà acquises. C’est naturel.

C’est ensuite à l’inversion du coeur que la polarité passant de yin en yang demande au cor­ps physique féminin un effort douloureux et cel­lulaire qui fait de sa base première, yin, une lig­ne fragile où doit atterrir la polarité yang. Mais comme cela se fait par le centre du coeur, c’est en fait la ligne de moindre résistance.

Vous percevez peut-être Je le souhaite l’importance d’un corps féminin dans ce projet de septième dont je suis le Manu?

Dans le cas d’un corps masculin, le travail à faire au quatrième degré est déjà une inversion de la polarité yang en polarité yin, c’est un travail supplémentaire, difficile et douloureux, Jésus Not­re Frère en a symboliquement vécu la crucifixion. Cette inversion de yang en yin, correspondant chez l’homme au quatrième degré demande ensui­te une adaptation difficile, comparable à celle de la femme au passage du septième, c’est pourquoi dans le cheminement évolutif qui suit – sur le plan purement initiatique – c’est difficile pour un corps masculin et repasser au septième du yin au yang est une tâche délicate qui suscite des mémoires cellulaires complexes qui ressurgissent parce que la densité du corps physique est ainsi faite que ses automatismes somnolents ont la vie dure.

Je pense que vous saisissez la différence entre un corps masculin à polarité yang et un corps féminin à polarité yin?

Je vous demande toute votre attention à nou­veau, Je pense en effet que vous vous rendez compte de l’importance de ce qui vient d’être dit puisque c’est la première fois qu’un Enseignement livre des clés ésotériques aussi précises quant aux vibrations et aux corps féminin et masculin. Cela explique aussi et de façon claire pourquoi la majorité des Maîtres jusqu’à présent furent des hommes. Le degré dans l’incarnation ne dépassait guère le quatrième et donc les hom­mes y avaient un travail de préparation à faire pour le septième afin d’ouvrir une voie dont les femmes viendraient prendre le relais. C’est fait.

Vous pouvez constater que dans la littérature actuelle de nombreux ouvrages traitent des femmes, les femmes sont un peu partout à l’honneur tandis qu’en même temps elles subissent de par le monde maltraitance et injustice. C’est là l’expres­sion d’une forte poussée des énergies féminines se mettant en place pour tracer cette voie d’une nou­velle race humaine dont elles sont les conceptrices. Les énergies masculines à polarité yang ont fait un travail remarquable dont le passage du Maître Jésus a montré la polarité yin dont le coeur était porteur, en la vivant au sein du monde, dans un environnement essentiellement machiste. Le sym­bole du coeur ouvert a été la vibrante expression vécue par Jésus de la polarité yin en Divin majeur dans le corps d’un homme.

C’était ouvrir le chemin, à la fois:

1)  A la possibilité pour les hommes d’inverser la polarité yin du coeur afin d’en vivre l’expression inclusive, réceptrice, féminine, sur terre.

2)  Cela ouvrait la voie initiatique pour les hommes en les focalisant d’une certaine manière sur un travail difficile dont le quatrième devenait le symbole Christique.

3) En même temps cela apportait à la femme la possibilité d’expression totale, par le quatriè­me, d’une avancée plus harmonieuse et moins heurtée quant au passage initiatique en soi.

Cela n’a pas été compris ésotériquement à cause des récupérations religieuses qui en furent faites.

Il est temps, aujourd’hui, à la lumière de cet Enseignement, de vous donner ces informations puisqu’elles concernent directement les initiés en Extériorisation d’une part et, d’autre part, les travaux importants accomplis, sur terre, pour la septième race, dans le corps même de Ma disciple Bien Aimée L.C.

Si deux interventions furent nécessaires ce n’est pas pour pallier à un quelconque degré initiatique, c’est parce que l’être humain, en son corps, n’est pas cellulairement apte, encore, non plus qu’énergétiquement, à absorber de si fortes énergies sans préparation, et ce, à l’heure actuelle, dans l’humanité telle qu’elle est. L.C. était déjà préparée par des formations physiques arti­stiques, son corps, Je dirais, était le plus apte à faire ce travail et à l’assumer, ce qui n’est pas évident. C’est donc à une sorte de prototype du septième auquel vous avez à faire. N’en déduisez rien. Ne faites aucune conclusion. La conclusion est l’ennemie de l’évolution, seule la synthèse ouvre à l’initiation la voie royale de sa multitude à organiser.

Dans la clarté de ce qui précède peut-être pouvez-vous avancer plus rapidement parce que les voiles levés sont toujours des poids en moins même s’ils sont faits de légèreté … Le brouillard a des densités que le mental obscurcit encore. En comprenant pourquoi et comment, d’autres moyens sont donnés et la route s’annonce plus belle.

Ce qui est dit est aussi une façon de réconci­lier les polarités yin et yang des femmes et des hommes, moins de querelles initiatiques, plus de compréhension intérieure liée aux différences et plus de solidarité entre les uns et les autres.

Rien n’est ni gratuit ni un hasard, dès qu’il s’agit d’initiation et dans la clarté des signes que l’on en perçoit, ne jamais s’installer comme si l’acquis était une fin. Il n’est, toujours et encore, qu’un début. C’est à ce début, constamment renouvelable qu’il faut s’attacher afin d’améliorer l’essor intérieur infini, dont vous êtes les coffres-forts inconscients. Ne jamais viser un degré initiatique, ne jamais le souhaiter, ne jamais le croire. Seule l’expérience intérieure et physique vous en donne l’octroi que vous passez aussi avec le corps physique puisqu’il est la piste finale de toute énergie intégrée, cela est encore si mal com­pris que l’initiation est devenue une forme d’abstraction mentale.

Seuls les Frères de l’ombre pratiquent le bien-être et le confort spirituel et matériel, les mem­bres de la Grande Fraternité Blanche ne connais­sent que des dépassements sans fin menant à des douleurs normales dans un corps physique qui doit s’adapter à l’énergétique.

Le Maître Jésus a symboliquement délivré aussi ce message pour le corps physique de l’ini­tié qui souffre, seul, parce que personne ne peut intégrer les énergies sans en sentir la puissance débordante que le corps physique, stade d’inté­gration finale, ne peut qu’accuser avec difficulté.

Tout cela a été bien mal compris. Arrangé à la sauce religieuse par des disciples de bonne volonté mais ignorants, on en a déduit qu’il pre­nait – à jamais – nos péchés sur lui. Alors qu’il prenait sur lui une partie du karma de l’époque pour ouvrir à tous le chemin initiatique facilité par l’inversion de la polarité yang du coeur en polarité yin. C’est très différent.

Et puis ce serait trop facile, non? Plus aucun effort à faire initiatiquement, simplement un petit coup de prière à Jésus et hop! plus de péché, tout neuf, tout beau … allez en répéter les non-sens et puis revenez vous faire absourdre. L’incompréhension à ce point est une forme d’inconscience doublée de lâcheté qui, sur le plan humain est indigne et sur le plan divin, inconce­vable.

Voyez à quel point les beautés du chemine­ment initiatique peuvent être déformées! C’est impensable et pourtant combien de penseurs ont-ils été nécessaires à ce beau gâchis!

Toute forme a en ses rondeurs des angles bien précis, comme elle garde en ses angles les plus aigus des lignes harmonieuses dont les dessins, fragiles et pleins réjouissent l’oeil et comblent les plaisirs.

Toute forme est une sculpture en ses espaces pleins dont le cœur fait le tour, dont les yeux aiment à caresser la surface.

De ces pleins et de ces déliés dont chaque forme accuse en les bougeant les reliefs aérés, rien n’est comparable au corps humain en ses assises charnelles dont l’imagination et le mental font les beaux jours de la sexualité.

A se mouvoir et à passer, jambe légère et pied cambré, la femme donne de ses mouvements des démarches superbes qui en déambulant en affolent plus d’un.

Mais que dire de ces statures, oh combien masculines qui décrivent parfois, d’un trottoir de ville à une plage, des lignes pleines, cachées par des costumes, que dévoilent en muscles des maillots colorés.

Que dire de ces corps qu’ils soient d’hommes ou de femmes, qui s’emmêlant un peu ont parfois des soucis qui d’unisexe à asexués tendent, même par les vêtements, d’en gommer les différences.

Intuition, prémonition, que nous annoncent ces désirs insolubles de rester fille en mimant les garçons ou de rester viril avec des cheveux longs? C’est parfois au physique que trop polarisé on demande un peu trop ce qu’il ne peut donner.

Si cette harmonie, cet équilibre existe entre les femmes et les hommes, leurs cœurs et leurs corps, c’est sans doute intérieurement que peuvent peut-être éclore lès magies qui sans les différencier mais en les rapprochant feront au yang les frais du yin et inversement.

A trop se lamenter sur des modes étranges que des gens un peu bizarres prennent au comptant, des vagues d’incompréhension peuvent noyer les seuls faits importants que sont l’homme et la femme en leurs polarités différentes qui doivent un jour et pas en même temps inverser leur polarité par un cœur pensant, dont l’immensité que n’abolit pas le temps est à l’éternité un simple commencement.

A virer au yin l’homme a sans doute gagné ce que la femme en yang peut déployer de cœur dans ces mondes parallèles et initiatiques, directement reliés aux sociétés politiques.

Dans les forces sublimes en énergies consacrées que la femme décuple en semeuse émérite, le septième est né, ce degré, cette race, que l’humanité enfin pourra expérimenter.

Dans les forces déliées de ce cœur inversé dont l’homme a connu les affres en yin à intégrer, peut-on dès à présent et demain dans le temps, ne voir que l’amorce et l’anticipation de cette globalité à retrouver lorsque la femme aussi aura connu par le cœur, le yang.

A tous ces travaux-là, que Jung a débutés sur un plan psychologique, et c’est très important, pouvez-vous maintenant et pour l’initiation, vous en préoccuper différemment? Il est des récurrents difficiles à effacer, ils reviennent sans cesse, sans nous lâcher une seconde, ils tournent à l’habitude d’une rentabilité dont la vision est déformée.

Tentez de libérer de vos intellects entraînés ces points de vue faussés par des milliers d’années en trop qui ont marqué le conscient parce que l’inconscient est contaminé.

De ces courages-là, qui vous seront nécessaires, osez la conscience claire, ouvrez encore vos yeux afin de déceler là, dans le point central du cœur, cette polarité qu’après avoir vécue, exprimée, il vous faudra aussi inverser.

C’est valable pour tous, pour chacun c’est le trajet, solitaire et douloureux, mais si joyeux quand on sert que rien alors dans les priorités ne peut y être comparé.

Aimer le monde et le servir, sœur, Frère d’humanité en devenir, voilà un projet bien enthousiasmant dont aucun nombril ne devrait se défaire.

Parce que le regard qui s’en détache, peut regarder vers l’horizon, ces devenirs en devenir qui ne peuvent avancer que par nous, hommes, femmes, dans la polarité qui nous échoit et qu’un jour ou l’autre en toute initiation, il faudra inverser en sa contre-partie, le miroir étonnant du partenaire de vie dont le divin en sa prodigalité, nous a comblés pour nous aider a en intégrer la polarité qui avant d’être nous est d’abord de lui – elle.

Tout est si différent, du sexe aux affaires, quand tout à coup l’on comprend que l’autre est soit notre plus soit notre moins, positif, négatif en ce sens qu’un cliché comme une photo, ne nous donnera jamais de lui, d’elle, les traits qu’il nous faut.

Ces traits d’un visage intérieur parfois reconnu en l’autre mais dont le sourire jamais ne concorde avec le nôtre.

Parce que chacun a un travail à faire et a comprendre consciemment avant que de n’aimer l’autre pour l’autre, essentiellement.

C’est cette capacité d’amour et de compassion qui permet d’expérimenter l’inversion de la polarité du cœur, de yang en yin elle est d’inclusivité, de yin en yang elle est de conceptivité créatrice.

Allez en silence, au cœur du cœur, afin de comprendre ces choses de l’initiation que la vie, en somme, ne peut plus éluder si chacun veut avancer, et c’est le seul moyen d’avancer tous ensemble.

L’humanité, en passe de septième a besoin de toutes ses polarités essentielles c’est-à-dire inversées, pour devenir supramentale ou gnostique.

Vous êtes, hommes et femmes, citoyens, les seuls à pouvoir faire ce travail qui, en aucun cas ne peut être fait sur ou pour vous.

Vous êtes donc chacun et c’est très important, en charge personnellement, individuellement de cette humanité tout entière dont vous formez la chaîne.

C’est celle qui vous lie les uns aux autres, qu’importe les nations et qu’importe les peuples, vous êtes les maillons et vous êtes interdépendants.

L’initiation est le tapis doré déroulé à l’humanité, que chacun doit emprunter tour à tour, pour que tous les
cœurs, un jour inversés, chantent à l’unisson la septième trouvée et vécue.

Quand? Aux marches majestueuses, invisibles, initiatiques, que n’augure pas le temps tel que vous le vivez, donnez l’espace afin d’en libérer l’accès et de pouvoir un jour y accéder, puis les monter.

Dans l’aube des détours qui pourraient vous en eloigner, posez avec insistance les marques de ce feu qui, à l’intérieur du cœur, brûle la flamme Christique sans pouvoir l’exprimer.

Ainsi délestés, libérez aussi la flamme qui ne pourra plus que grandir dans le tabernacle sacré dont vous aurez ainsi récupéré les clés – initiatiques – vous permettant enfin d’oeuvrer à la fois sur vous et pour le monde.

Les fleurs les plus belles n’ont que des pétales de chair végétale dont la douceur parfumée soulève l’émerveillement du cœur dont les yeux se repaissent.

Les fleurs les plus belles sont comme vous tous, mais le cœur a en plus un bien pré­cieux qu’elles ne connaissent que par la douceur du toucher de vos yeux.

Les fleurs les plus jolies seront celles que vous cueillerez au cœur quand le regard émerveillé les aura ensemencées afin de les voir pousser.

Ce jardin-là appartient à chacun.

C’est le terreau de la conscience collective et il ne se travaille que seul, individuellement.

Ferez-vous la différence entre une ombre por­tée et une porte fermée? Il vaut mieux, la premiè­re est une porte en vous, la seconde est une ombre que l’on ferme sur vous mais que vous pouvez aussi fermer sur l’autre.

Sources anesthésiées parce que non utilisées, ces flots qui vous parcourent ne sont qu’énergétisants si seulement vous pouvez concevoir que c’est à chacun de parvenir à cette énergie-là.

Le corps physique seul peut en être un vecteur approprié? La somnolente conscience ambiante marque de son halo brumeux le tour d’une planète qui, sans s’en départir, ajoute à cette pollution celle que vous en fabriquez, marchés économiques obligent, en ces démocraties frelatées.

De tous ces amalgames que le chaos environnant ne peut organiser comme on le souhaiterait, les graines pourtant présentes d’une mondialité dont l’Europe est partie prenante en ses chaînes orchestrées dont les pays de l’union brident tous les marchés, de tous ces amalgames dont personne ne voit bien ce qui pourtant est positif, tant les médias et leurs scoops ne sont que piètres désinformations, car sans intelligence, les politiques parfois noient dans l’administration, des faits intéressants.

De tous ces amalgames, enfin, sortez.

Vous le pouvez, dès le moment où, en toute objectivité, vous vous décidez a vivre réellement votre citoyenneté.

Elle n’est qu’une conscience de l’interdépendance que chaque citoyen avec le monde et ses pays doit prendre en compte aujourd’hui afin de dépasser tout ce qui, jusqu’à présent s’est beaucoup fossilisé.

Plus que de temps, c’est d’énergie dont vous avez besoin et avec l’énergie une grande verticalité est nécessaire jusqu’à ce septième, qui nous occupe ici, dont l’expansion circulaire est ouverte en yang sur tout et tous comme une orbite lancée depuis Sirius en toute magistralité, par les cinq en un dont les douze synthétisent ensemble la spatialité directionnelle dont les ponctualités ne peuvent éclore que dans l’incarnation.

Offrez donc à ces forces centrées le vecteur vigoureux d’une structure énergétique fiable dont le quatrième témoigne en ses premiers pas initiatiques vers l’envol de la haute initiation.

Préparés comme vous l’êtes par des strates de vies dont vous devriez pouvoir aujourd’hui vous débarrasser, comment ne pas envisager de vous mettre, chacun, au service de l’être dont tous aujourd’hui confondent en toute démocratie l’essence avec l’avoir.

Comment ne pas agir même si vous avez à travailler, pour et en fonction du plan dont vous êtes les ouvriers? Comment ne pas asseoir avec encore plus de précision, ces exemplarités dont vous devenez les pionniers, afin de témoigner chacun puis tous à la fois, qu’en tant que conscience individuelle, votre humanité s’est ressourcée à la grande vasque universelle dont vous vous êtes abreuvés.

Dans les confins exceptionnels de ces recoins à découvrir, en vous, puis en l’autre, puis dans l’humanité, se préservent et se trouvent pour enfin les communiquer, les vastes origines célestes dont chacun est l’héritier.

Comme une forme à gérer, dont l’énergétique fait la différence, comment alors vous retrouver, corps élargi et physique radiant, dans cette autonomie superbe que donne à chacun le service bien compris? En servant seulement, en servant simplement, en s’oubliant totalement.

Du quatrième au septième si la route est parfois longue, les habitudes sont exemptes de ceux qui en parcourent l’étendue, comme une spirale enfouie tout au fond de ce cœur dont le centre, il est vrai, sera ensuite inversé.

A cette inversion, promis, vous ne serez pas surpris quand, dans vos cellules physiques, quelques ratés seront à subir, puisqu’en fait et par-delà tout, c’est encore de service dont il s’agit lorsqu’à l’intérieur même d’une chair si vulnérable, vous accompagnez ainsi l’empreinte humaine en ses parcours choisis.

 de ces joies que vous ressentirez, de ces inquiétudes dont vous serez victimes, de ces doutes que vous ne suivrez plus pour les avoir depuis longtemps enterrés puis déterrés pour enfin les dissoudre dans cette verticalité circulaire dont rien ni personne ne peut avoir raison.

Pour tout cela et pour moins ou plus encore, vous parcourrez du quatrième au septième via le sixième, ces silences intérieurs dont le divin est promoteur, puis dans les avancées critiques que connaîtront les cellules mémorisantes d’une humanité dont l’empreinte, gravée en vos chairs, devra disparaître, vous ressusciterez, structure energétique épurée, de ces purifications etonnantes dont vous en aurez fait l’objet, pour qu’enfin glorieux dans un corps de lumière vous parcouriez enfin la terre afin d’en irradier au mieux tous les échanges en question, dont les mentalités bénéficieront.

De ces collages de vous-même que quelques photos oubliées offriront en pâture à ceux qui voudront vous cerner, le kaléidoscope divin, branché sur energie pure, offrira des dessins cassés, dont les lignes brisées ne leur seront pas de grande utilité.

Comment cerner la globalité? Comment connaître le tout? Comment voir le septième quand une femme comme toutes en détient en sa propre chair la clé et le mystère? Mais ils ne se contenteront pas d’essayer en vain de saisir l’insaisissable, ils voudront mettre des mots sur ces parcours insatiables que leurs mentais remettront en route, afin de ne pas lâcher prise sur ces intentions très troubles que certains n’auront pas manqué de vous prêter.

Sur les fines frontières de leurs manques de cœur, ils tenteront d’affirmer pourquoi ce n’est pas possible ou pas encore, parce qu’en agissant ainsi, ils se rassurent un peu plus quant à leur manque d’expérience dans le domaine initiatique et si d’aventure ils etaient convaincus, ce ne serait que par eux-mêmes, parce que peut-être aussi, leur âme aura pu faire la différence en communiquant la reconnaissance.

N’y prêtez aucune attention, il suffira de continuer à travailler énergétiquement afin de faire reculer l’urgence qui sur le plan humanitaire vaut absolument d’être traitée.

Mais ne vous y trompez pas, de verte galère en cœurs fermés hideux, vous aurez à balayer ces amalgames collants qu’ils mettront sur votre dos, parce que le septième est si nouveau, que rien encore sinon l’exemple ne peut en démontrer le gnosticisme appliqué pourtant au quotidien.

Dans le sang d’un calice garni portant le nom de Morya a commencé avec moi, le trajet difficile du septième jusqu’à ce jour où, combinant politique, Enseignement et septième, en nos travaux, il a été possible d’en élargir le tableau dont l’espace dorénavant a pour horizon le cœur inversé dont il est ici question.

Dans cette identification magistrale, vécue energétiquement maintenant, voyez la marque monumentale d’un informel dont le verbe irradiant et lumineux est porteur en chaque cellule où la conscience est éveillée.

De ces travaux pourtant, ne soyez pas trop etonnés, ils étaient prévus par le plan et rien n’aurait pu en avoir raison.

En cette aube encore plus claire d’un 21ème siècle ascendant, en ce troisième millénaire qui s’annonce performant, le cheminement initiatique, en ses difficultés secrètes et individuelles, sera peut-être le seul prétexte à une conscience individuelle citoyenne qui loin des masses se retrouvera pour ensuite les investir de ses acquis.

Parce que la conscience de masse qui n’est pas la conscience de groupe installe au sein des foules des torpeurs vacillantes dont le cœur est absent.

A ceux qui y croient, que la masse n’est en rien autonome parce que l’être en chacun n’est pas trouvé et que ce n’est qu’à travers l’être que la conscience est éveillée, dur réveil que celui-là, quand on a cru, en bon partisan, suivre à raison des voies collectives qui n’étaient que sélectives.

C’est le contraire d’une démarche cordiale, où le cœur bat le rythme collectif parce qu’il est justement capable de battre le sien propre et d’en discerner en même temps la beauté qui sied à tous.

Ce qui est bon pour lui est-il bon pour tous? Si c’est le meilleur oui.

Ce qui est bon pour tous, en revanche, n’est jamais le meilleur puisqu’il est nivelé par le bas et n’est que médiocre ou mauvais pour l’un.

Exemple, voyez comme, même avec une bonne volonté marquante quant à la collectivité une administration peut devenir un enfer pour l’individu.

Je ne tente pas de dénigrer mais de pointer l’attention sur un exemple que tous connaissent pour s’en plaindre individuellement, alors que l’idée par rapport à la collectivité est certainement a retenir.

Mais les déviances peuvent être nombreuses et léser l’un, parce que qui peut le plus, peut le moins, n’est valable qu’individuellement.

Dans les rues de vos cités, dans les parcs de vos villes, dans les avenues et les ruelles, sur les places et dans ces squares qu’investissent les enfants de leurs cris et de leurs rires, regardez attentivement et décelez quand, où et comment, d’une force mal gérée à une énergie mal reçue, les mots peuvent paraître durs et le sont, les regards fourbes, les méchancetés à fleur de bouches et d’oreilles lasses en lassitudes dégoûtées, voyez comment les uns assassinent les autres avec les epées tranchantes de ces intolérances qui ne pardonnent pas ou ne supportent guère d’autre nombril que soi.

Vous pouvez ensuite, après observation, en déduire facilement que de joie ou de peur, de vide et de rancoeur, les uns se mécanisent aux détours des autres tandis que ces autres devisent en galères ce qui ne prendra pas la peine d’aller au bout d’un dialogue enfin clair que le cœur aime à ouvrir.

Sous ces rubriques ternes de faits divers houleux, les crimes se succèdent en violences adipeuses parce qu’en s’évitant on se pousse à bout et qu’à force de se chercher on en vient à se couper de toute attention ou de tout dialogue dont la compréhension fait ensuite les frais.

Dans les rues de vos cités, quand vous passez, si du quatrième vous êtes dotés, alors vous diffusez, en inclusivité, l’amour dont chacun a besoin, et ainsi, en passant, vous demeurez afin qu’en chacun avec ce moyen en plus, une graine encore puisse germer.

Mais si du septième vous avez passé le seuil, nul besoin désormais d’être dans la cité pour l’investir énergétiquement et en niveler energétiquement, toujours, l’énergie à donner, à transmettre, à digérer.

Le temps comme l’espace ne sont plus les problèmes du septième qui en réduisant l’un investit l’autre en son inversion circulaire à laquelle il est maintenant opérationnel en tant que centre diffuseur-créateur à moins que ce ne soit créateur-diffuseur… aux étranges sommets où le septième a accédé, il est investi des marches à venir d’une humanité à construire et dans les cercles ouverts de ses avancées créatives, il lance en irradiant tout projet novateur comme une bulle de divin à saisir par l’humain aux mentalités duquel il pose ainsi les semences de ses propres exploits.

En passant par demain il donne aujourd’hui les potentiels accomplis par des millions de vies.

Et sur les écrans raturés des intellects fatigués, il ravive d’esprit et d’enthousiasme les profondeurs éparses de ces miasmes polluants qu’il digère d’une structure nette tandis que d’un cœur créatif il donne en même temps les secrets à trouver avec clés à l’appui.

De son exemplarité, de sa manière de vivre, Vous serez inspirés parce que, même sans le savoir, il marque d’énergie les plus cartésiens qui soient sans même le vouloir.

La volonté en lui n’est plus que du Divin exprimable qui attend d’être appliqué en toute créativité, alignant sur le Plan, en ses parties visibles, les magistraux des cinq en un synthétisés dont le Dessein, énergie pure, se multi­plie aux diversités nécessaires.

En toute courtoisie, vis-à-vis du coeur inversé, vous pouvez vous polariser en toute sincérité, afin que sans stratège, en toute honnêteté vous reconnaissiez de lui vos prochains pas à faire, afin que tous puissent par chacun améliorer le rapport d’une relation basique dont le coeur est la plate-forme.

Toute la synergie dont le septième anime ses relations est pourtant si synthétique qu’elle en voile certains horizons parce qu’encore il est diffi­cile pour certains de n’en pas séparer les formes forcément différenciées.

Dans les temples que vous pouvez visiter, dans les chambres où vous devez entrer, dans les maisons qu’il vous faudra habiter, dans les jar­dins où vous vous promènerez et les parcs où vous vous reposerez, amenez le sacré, en vous, par le centre du coeur, qu’il soit inversé ou pas. Nulle part la vibration n’en sera plus haute, si vous y parvenez nulle pollution n’y pourra s’installer, parce qu’à initier le coeur, la structure énergétique étale son champ en un territoire spa­tial où seul le Divin réside.

Comme une mélodie, comme une chanson populaire, chacun pourra chanter avec son cœur en marche, les mêmes notes sacrées qui les mèneront tous à ces routes sublimes où les pas se suivent et s’accompagnent pour que le coeur enfin en ses émerveillances ouvre plus large encore ses propres ingérences jusqu’à cette inclusivité qui obligatoirement dépassée mène à l’inversion du septième.

Dans l’univers étale de ces grandes visions qui donnent un éveil à la conscience, ouvrir un peu plus si possible, encore, ces forces qui la brident en ses somnolences inconscientes et du même coup, mêler à soi-même en toute harmonie pour parvenir à la synthèse.

Il y a dans l’éveil quelque chose de vivant qui cadre avec l’instant, et aussi le mouvement, qui colle à l’impermanence comme une seconde peau que l’on pourrait retirer à l’éveil suivant, si toute­fois, persuadé que l’on n’est jamais arrivé, on consentait, d’entrée, à continuer.

De ces visages pâles que le soleil oublie en ses rayons peureux qu’il sait bien retenir, quand de chaleur certaine en horizons gelés, les hommes se regardent dans les yeux des femmes. A vivre ou à revivre ce qui ne se conçoit plus, on en arrive à force à modeler le temps dans ces durées si lon­gues que personne ne passe parce qu’en toute sécurité, on s’en isole un peu.

L’hystérie est commune à tous puisqu’elle est un excès quelconque qu’à un moment ou à un autre, chacun sur sa route connaîtra.

Donnez de vos excès les épurations les plus belles, quand de forces en vulnérabilités vous les aurez solutionnées et qu’ainsi, vous dépassant vous-mêmes, vous pourrez en toute unité en faire le bilan avec succès.

Prenez ensuite le temps, en ouvrant un peu le coeur, de ne pas gêner pour autant les futurs efforts à faire. Autrement qu’en vous bernant, autrement qu’en vous trompant, excercez-vous à être mieux, tandis qu’en toute relation, vous vous épanouissez au mieux.

Du quatrième au septième la voie vers Sirius est largement accessible, à condition toutefois que vous en soyez les passants car sans conscien­ce et sans volonté Une, les pas peuvent s’égarer et devenir buissionniers.

Les aquarelles pastels de vos plus belles années, initiatiquement parlant, équivalent à des trajets énergétiques que le ciel dessine aussi en des arabesques nuageuses dont les blancs laiteux ne sont que le capiton de l’inversion à venir. Du yin au yang quand le tonnerre gronde, les marées s’affolent sous les cycles lunaires et la lune en Lion obtempère pourtant parce que la force yang qu’elle déverse en ses rayons laiteux rencontre du yin le vase retourné qu’il va falloir redresser en yang.

Dans l’espace céleste ainsi créé, seule Vénus en sa qualité amour donne à l’astre mort des énergies uniques qu’à transformer en elle elle s’applique pourtant, devenant récepteur d’un cycle lunaire dont elle sera ensuite la semeuse dans le calice inversé qu’elle devra rencontrer. Les énergies pastels des magistraux vers Sirius ont donc des sillons pleins que Vénus emprunte lorsque pour descendre en ses ilôts sereins que sont sur terre les septièmes du terrain, elle doit, en toute lumière divine donner à ses rayons les forces imparables de l’amour en action. C’est dans ce trajet cependant, de la lune en Lion à Vénus traversée via le Calice inversé, que les énergies vénusiennes acceptent de retourner en leur divin lit que la Terre rejette dans l’incompétence des êtres humains à comprendre l’amour sans le sentiment.

Quand la lune opaline en ses cratères plus sombres offre à la Terre le disque plein du Lion, le septième en passe de devenir ce qu’il a tant peiné en ses corps éclatés, souffre encore un peu en ses cellules humaines, le temps d’un abandon que le corps physique doit faire afin que la structure énergétiquement stable en devienne le lieu d’empreinte par l’identification qui, lorsqu’elle n’est pas encore opérationnelle, va souffrir de l’empreinte jusqu’à ce qu’intégré et compris, le processus s’installe en seconde nature éner­gétique. Ceci n’est pas aisé mais l’initié ne peut en faire l’économie. Ce sera plus facile pour les autres. Ce sera plus aisé pour les enfants à venir.

Dans l’épopée divine en laquelle chaque initié a son âme, son être et la monade, s’articulent sans cesse des mécanismes nouveaux qu’il est impérativement mis en demeure de régler afin d’en souffrir et d’en peiner le moins possible.

De ces portes à ouvrir, à passer puis à laisser, nul ne passe le seuil sans se soucier de ceux qui suivent. Pourtant, à chaque porte ainsi ouverte qui se referme, l’autre devra trouver la clé et la laisser, ce qui n’empêchera pas le suivant de l’ouvrir parce qu’il l’a trouvée fermée. Une maniè­re de signaler que chacun a à ouvrir ses portes et qu’une porte ouverte avant ne fait que décadenasser une serrure pour en huiler les éléments, rendant plus facile à ceux qui suivent un même seuil dont l’avatar a eu la charge.

Quand du vent de la pluie ou d’une tempête, on se croit à l’abri sous un arbre énorme, jamais on n’a été moins en sécurité quant à la foudre qui menace et si par analogie vous étendez ceci à la vie qui abrite et qui protège, dites-vous qu’à vous en croire à l’abri vous ne faites qu’accélérer ses manèges. Ce n’est qu’à les gérer que vous en organiserez en vous les menaces les plus certai­nes, en les épousant d’un coeur serein vous en résoudrez les conflits sous-jacents pour ensuite d’un coeur ouvert les amener sans crainte à son inversion qui, une fois accomplie, vous donnera la protection de la puissance divine en action d’Amour.

Dans les yeux des Maîtres, dans l’incarnation, entrevoyez, si vous le pouvez les clairs matins sous les deux sombres qu’a traversés leur intéri­orité. C’est ainsi, en les scrutant puis en souten­ant leurs regards, notamment le Mien, que vous pourrez à votre tour vaincre les ombres de ces matins clairs, quand le ciel menaçant les formes les condamne à subir ses plus dures tempêtes. Sans vous en formaliser, continuez votre travail et servez, l’humanité n’a pas non plus d’autres cieux au-dessus d’elle que ces orages-là ne visi­teraient pas.

C’est pourquoi, dans la vague meurtrie par un courant sous-marin qui sans faire de cadeau atti­re en lui lumière et eau, le soleil qui plonge un peu trop fort ne se remet pas de ces reflets dont la surface ainsi avalée fait de ses rayons les pro­ies privilégiées.

De la nature qu’elle soit humaine ou pas, observez, Je l’ai déjà demandé, les symboles. D’eux passons aux analogies pour sortir par des parallèles intéressants de ces lieux communs dont les apparences nous sonnent lorsqu’on n’en reconnaît pas les pièges tendus.

Les forces sont là, divines en leurs distortions humaines, elles pleuvent des énergies difficiles à capter et dans ces moments qui nous poursuivent en nous-même, il faut être prêt à capituler afin qu’en lâchant prise les normes qui nous régissent basculent enfin au néant d’une lutte dont person­ne ne sort vainqueur à part notre propre coeur.

De bastilles fortes en conquêtes à faire nous devenons les défenseurs du coeur dont nous croyons, sans imaginer, l’inversion accomplie au quatrième – comme quoi toute part initiatique vécue par chacun est relative en soi et exemplai­re pour les autres. Les notions qui s’ensuivent en sont tourneboulées et de masques tombés en voi­les à retirer, il y a des moments de grande solitu­de où le miroir de soi a les traits fatigués de ces autres parties qui ne peuvent capituler.

Dans les scénarios catastrophes de cet imagi­naire qui pour n’être que rêveur oublie parfois ainsi d’être créatif, les symboles se suivent et se meurent à eux-mêmes tandis qu’en des forêts aux ombres menaçantes, des arbres de vie nous invi­tent à traverser ces quelques allées qui ne sont que l’espoir d’en sortir à jamais pour ne point revenir. Mais les forêts en nous sont nombreuses et de notre inconscient en formes fantasmagori­ques nous essuyons les plâtres de nos courses les plus folles que ne nous permettent pas les bran­ches traverses que la forêt intérieure projette en nous barrant la route comme un fantôme agressif qui nous empêcherait de sortir du noir où il nous a entraîné. Mais tout cela, loin d’être extérieur à nous, n’est qu’intériorité à dévoiler sans cesse pour qu’un jour du quatrième au septième, la marche soit ouverte en toute spiritualité.

Et c’est bien.

Quant au septième il a entre le monde et lui ouvert l’espace circulaire qui ne peut l’en détour­ner, c’est dire qu’il est passé tel un guerrier par nombre de forêts denses.

Quand dans l’incarnation, intérimaire de vous-même, vous passez à soi ce qui du coeur encore doit être dépassé, vous vous élancez d’un pas décisif vers des sommets encore fragiles dont les vues panoramiques ainsi offertes ouvrent vot­re regard à vous-même.

En ces localisations éphéMères que le temps de vivre l’incarnation offre à ces âmes en quête, le Graal ou ce que l’on en comprend, pierre philosophale inclue, a les mêmes attraits sur le plan intérieur que les désirs peuvent faire naître sur le plan sexuel. A le saisir en soi, à le vivre, à le savoir ainsi, on s’évite encore des déceptions torrides, de celles qui, sans se laisser un seul instant supposer font irruption dans l’orgueil comme une gifle obscène que l’on prend si fort qu’elle ne déclenche aucune réaction. A se mesurer sans cesse à soi-même on est tenté parfois de battre des records mais c’est en vain que nous le ferons, ils sont quelquefois si bas placés que ce sont – ces records-là – des involutions évidentes qu’à force d’en rire on croyait dépassées.

Comme un cinémascope dont l’écran géant pro­jette en ses dimensions des visages déformés, comment savoir de nous, qui avons le nez dessus, les quelques défauts géants dont nous sommes affublés? Le temps de s’en défaire est si long à venir, qu’en termes de non-faire on est tenté de voir ce qu’il pourra en advenir. Facilité trompeu­se, vanité austère qui ne tardent pas à s’en aller périr aux termes de ces débats qui n’en sont pas vraiment quand vainqueurs croyait-on, de nous-mêmes, nous n’en sommes que
de lâches poltrons.

Dans l’itinéraire d’un initié majeur, les cal­ques de ses seuils passés précédemment ne sont jamais les mêmes que ceux à devenir dont il faudra passer le pas dans un présent immanent. Les justes proportions de ce qui a été fait ne se perçoivent jamais qu’après qu’elles soient acqui­ses et dans l’intégration qu’ensuite il en fait, d’autres dimensions s’épanchent à l’intériorité la notifiant sans cesse en ses limitations afin qu’elle se reprenne pour avancer plus loin, encore. Sans se désespérer ou sans se demander la route initiatique qu’il faudra parcourir pour un certain travail dont il est missionné, l’initié sert sans se préoccuper des prochains pas à venir qu’ainsi il a déjà commencés. Je vous parle ici d’une conscien­ce investie par la Mère Divine, dont la Volonté Une, divine aussi, n’est focalisée, uniquement, que sur le travail à faire et ne peut en aucun cas donner la priorité à quelqu’un ou à quelque chose d’autre.

Il est bien entendu que dès que le quatrième est acquis, il est la pierre d’achoppement de tout ce qui suit, en toute fiabilité. Ici l’initié ne s’appartient plus, ses choix passent au second plan, il n’est plus dans la vie personnelle et a fait un pas décisif, sans retour possible, dans la vie impersonnelle, ce qui le met en contact direct avec la Hiérarchie et par-delà avec les énergies fortissimes de Shamballa, son prochain port.

Vous est-il possible de comprendre que même au quatrième et au cinquième certaines » émotions » sont possibles? Elles ne cadrent plus du tout avec les particules négatives qui s’accrochent à ce mot et ce qu’il signifie pour les degrés inférieurs jusqu’au trois – stade où l’émotionnel a la part belle – non. L’émotion à ce stade est un élan du coeur, une beauté perçue mêlée de la nostalgie d’un état qui n’en perçoit plus qu’une forme d’impersonnalité ardente, si forte et si faible, à la fois, que ce qui est ressenti par ces ini­tiés est très difficile à définir en termes usant d’une certaine connotation sémantique.

D’une manière ou d’une autre, l’éthique est en jeu quand un initié sur le plan spirituel d’où il agit, amène au monde des performances nouvel­les qu’il y applique. D’une manière ou d’une aut­re, la sauvegarde qu’il fait de ses acquis sur une route initiatique perturbante souvent, harmo­nieuse toujours, est une forme d’éthique où il se trouve des devoirs dont il ne peut aucunement faire abstraction. Se préoccupant très peu de ses droits, il avance en toute humilité et du quatriè­me au septième, entreprend et créé comme jamais l’homme, la femme ne le firent aupara­vant, comprenez pourquoi il est aujourd’hui essentiel d’y ajouter la citoyenneté.

Dans les royaumes connus des cieux seuls, l’initié, vasque renversée au calice rempli du sang de son coeur offert, donne sans cesse de sa personne sur le plan physique comme il donne sans cesse de sa structure sur le plan éner­gétique. Structure véhiculaire de haute fidélité dont les apprentissages à chaque étape sont un petit enfer à vivre sur terre.

Le septième est un ange tombé du ciel auquel l’enfer de la chair est révélé par les mécanismes structurels d’une énergie nouvelle à établir. Cette phrase, symbolique, vous donnera la mesure exi­stentielle de l’initié passant le cap du septième sur terre. Si nous sommes en avance sur le pro­gramme, c’est parce qu’ont été décidées des urgences dont les disponibilités initiatiques de Notre médiatrice cadraient avec les solutions. Ce fut, c’est une bonne chose.

Le septième en ses choix ultérieurs a commen­cé, avec Moi, l’avancée vers la race à venir dont Nous enseignons les âmes. Mais l’âme est nulle au septième qui en a fait l’impasse quand, au quatrième, elle s’est dissoute en direction de la monade.

Avez-vous la moindre idée, même après l’avoir lu ou entendu, de la force d’impact des énergies en provenance des magistraux? Il suffit peut-être de dire que ce fut très douloureux pour L.C., ceux qui assistent à Nos séminaires seront alors, pour avoir baigné dans de très fortes énergies, en mesure de faire une analogie ou de comprendre que les énergies en tant que qualités divines magistrales n’ont d’autres équivalences qu’elles-mêmes, le premier rayon lui-même, pourtant le plus puissant des sept précédents, n’est qu’une idée pâle … de la force des cinq dont il est le support pourtant via l’incarnation.

Les cinq magistraux n’ont aucun équivalent, aucune autre référence qu’eux-mêmes. Déployés dans le cinq, nombre du Hiérophante, du Pape du tarot, nombre de l’Enseignement, du Maître, de l’enseignant, de la plus haute transformation, de l’initié en quelque sorte, le cinq est aussi le sym­bole de la voix intérieure qui résonne d’abord depuis l’âme, le Maître intérieur, puis de ces plans élevés avec lesquels nos contacts se préci­sent au cours de l’évolution. Le cinq dans sa sym­bolique est celui qui amène la lumière de la conscience divine dans l’ombre de l’ignorance. C’est ce qu’à leur plus haut niveau, par-delà le septième, font les cinq magistraux. Bien entendu, à chaque élargissement de conscience la corne d’abondance initiatique déverse ses bienfaits dont l’humanité seule, à ce stade, bénéficiera. L’initié ne garde rien pour lui, il ne fait que transmettre, créer, donner et éventuellement garder comme un gar­dien tous les biens matériels mis à sa disposition dont il usera pour le service du Plan uniquement, gardant le reste pour le service à venir dont d’autres seront en charge.

Responsable de ses actes face au monde et à l’Ashram du Christ, Shamballa et Sirius, le septième, en accord avec les Seigneurs du karma oeuvre à des initiatives énergétiques dont l’état de septiè­me lui permet à la fois la perception, la transmis­sion en toute créativité, ce qui le place dans une cellule énergétique directement associée aux cinq magistraux par les nouveaux processus dont il est l’opérateur créatif depuis l’incarnation.

Sous les auspices de la Grande Loge  de Sirius, les cinq magistraux ouvrent dorénavant au monde pour la septième race, les énergies inconnues à la Terre en provenance aussi d’autres galaxies et systèmes solaires dont ils synthétisent des qualités inconnues sur le plan humain.

Dans les terroirs les plus reculés d’une planète comme la Terre sont donc maintenant disponibles des énergies si lointaines et si puissantes qu’elles en sont impensables. Dans les limites raisonnables pouvez-vous faire la part des choses et vous ouvrir réellement à la signifiance de ce qui précède?

Cela signifie que, d’une certaine manière, une relation intergalactique est maintenant établie énergétiquement, mettant en rapport encore incon­sciemment des êtres humains avec d’autres huma­noïdes, comme on les appelle, bien que ce mot soit peu signifiant de la réalité de ces êtres hautement initiés sur le plan intérieur. C’est sur Sirius que le contact réel est possible et facilité par des degrés initiatiques communs dont les structures véhiculaires enfin compatibles permettent les contacts.

Il n’est pas question bien sûr de science-fiction mais d’initiation et de l’état ou stade énergétique requis pour entrer en contact avec des entités énergétiques vivant sur des planètes sacrées dont nous ne pouvons pas avant le septième, contacter les énergies directement.

Dans toute expression énergétique déterminée par un degré initiatique, l’initié doit apprendre à formuler à nouveau ce qu’il intègre, c’est de ce passage difficile, dont il a été ici question pour le septième mais, à tout stade c’est valable, et c’est ce point charnière intermédiaire entre ce qui est dépassé ou sur le point de l’être et le nouveau à installer dans un processus différent en ses mécanismes énergétiques qui pose problème dans l’adaptation indispensable que l’initié doit en fai­re sur terre dans son corps physique.

J’ai déjà dit, Je me répète donc, que les initia­tions disponibles sur terre, à prendre et expérimenter dans le corps physique sont différentes aujourd’hui de ce qu’elles étaient il y a un siècle par exemple.

A chaque pas que chacun fait, l’humanité ent­ière avance, c’est le cadeau merveilleux de l’initié à ses Frères. A chaque étape les structures éner­gétiques s’améliorent, s’affinent tout en étant capables d’expérimentation sur le sol terrestre. A chaque initiation, l’homme, la femme, entreprend un voyage non programmé dont l’itinéraire indi­viduel ne dépend:

1) que de lui, elle.

2) et de celui ou celle qui en a ouvert la voie.

Vous voyez donc que chacun est responsable, à tout niveau et qu’à chaque fois, tout le monde est concerné. C’est ce qu’a tenté de montrer le Maître Jésus et qui a été si mal compris et récupéré par une religion qu’il n’a pas fondée. Le Christianisme est une manière de vivre et d’évoluer, ce n’est pas maintenable dans la rigidité d’une structure com­me l’église et ce qu’elle est devenue.

Comme la fleur d’un lys au parfum capiteux, comme la pureté qu’elle émane et comme la sai­son qu’elle enflamme, comme le blanc neigeux teinté de vert qu’elle irradie,

Illuminant encore de ses pistils jaunes, en poussières de pollen, des champs énergétiques inaccessibles à l’oeil dont pourtant se repaissent les structures énergétiques.

Se nourrissant de soleil, de prana et de regards, la fleurs de lys donne et prend dans un équilibre parfait, la beauté qu’elle émet et celle qui l’entoure, dont elle devient le révélateur parfait.

Comme une fleur de lys au parfum capiteux dans un temple de marbre rose à reflets un peu violet, le septième, posé dans le vase de l’incarna­tion, tente en son corps physique la parfaite transmutation. Elle est de lumière et elle est cel­lulaire, elle est de divin et elle est de Sirius, déjà.

Comme une fleur de lys au parfum capiteux dont les regards s’étonnent et que les mystiques recherchent, soyez des corolles délicates aux odeurs délicieuses afin de vous répandre énergétiquement, afin de vous donner, vous régalant vous-même du moindre rayon amène, qu’un soleil même timide peut en plein hiver toucher de sa chaleur.

Comme une fleur de lys à l’arôme délicat, capi­tonnez le coeur de ceux qui vous contempleront, le temps d’un regard est largement suffisant, un coup d’oeil en vaut cent lorsque le coeur s’émeut.

Comme une fleur de lys en sa blancheur virgi­nale, prenez et donnez ce relais qui n’est que de Divin dans les cinq magistraux que vous captez sans cesse d’un coeur inversé, d’un yang créateur.

Et sur les plages belles et blondes de ces sab­les tendres que la terre en ses côtes met à vos pieds, parcourez le monde au bord de l’onde bleue dont vous savez les profondeurs estimables. Dans l’échéancier de vos plus fortes épreuves, amenez au grand jour les joies inaltérables dont vous avez passé et repassé sans fin les plus durs moments dont vous êtes sortis vainqueurs en septième, race neuve et temple divin d’un corps physique dont la mutance est si nouvelle qu’il faudra en réapprendre les futurs conditionnements … à éviter!

Sur les coteaux verdoyants qui dominent les plaines, quand vous avancez encore sans pouvoir y grimper, regardez donc le ciel, il est sûrement solidaire de ses profondeurs infinies mêlées à vos peines. Peines de courte durée, reconnaissance et gratitude infinie vous ont conduit au chemin de vous-même pour explorer encore ces plaines infi­nies où la multitude de vous est à prendre sur les coteaux.

Dans l’observance stricte de ces journées variances que le destin – ou le karma? – met entre votre quotidien et vous-même, marquant d’hu­meur différente ces heures qui s’égrainent avant que de sombrer, avant que de finir, souvenez-vous quand même, dites-vous toujours que mal­gré le temps perdu ou à cause de lui, vous ne per­drez jamais ce qui a été appris si une fois au moins, une seule, vous avez pu enfin le vivre et l’appliquer. C’est ainsi que sans cesse vous vous servirez de tout dans le quotidien, pour servir et oser ce que vous n’êtes pas afin de cerner mieux le potentiel infini de cette structure énergétique que vous devenez quand l’intériorité s’ouvre à ce coeur, en y ouvrant les portes qui mènent à Christ pour en irradier du fond de ses problèmes la plus petite étincelle dont vous avez la flamme vive au coeur.

Il y a des images qui se bornent à fuir quand dans la tête un peu folle qui se les remémore des désirs nouveaux veulent leur ressembler afin d’écrire encore les mêmes histoires. Elles ont raison de fuir, ces images fanées, elles sont péri­mées à la route du destin, et dans des dispositions qui ne sont pas les bonnes nous ne faisons que courir après notre destin, passant une fois de

plus à côté de nous-mêmes, dans des désordres divers qui nous habitent encore.

Comme une voile gonflée par les vents tièdes du passé, nous passons alors au large de demain parce que tout simplement, et c’est bien domma­ge, le gouvernail tourne vers l’arrière où à reculons nous avançons quand même vers des soluti­ons vides des problèmes présents dans la course incongrue d’un nageur qui barbote aux respons­abilités qu’il n’a pas su prendre pour des dangers à absolument éviter.

Comme une voile aplatie au présent, quand le navire attend de meilleurs vents tandis que la tempête qu’il vient d’essuyer avait le goût irri­tant d’un inconnu passé. Comme un navire qui attend, la voile dans l’air ambiant, comme un navire, soyez le vent, la voile et la mer pour que l’embarcation dont vous êtes le locataire fasse de sa traversée une grande première.

Et ainsi devenez, avec le septième, solidaire de la race humaine à venir.

 

En ces folles apartés, dans l’inquiétude, le désarroi, l’étonnement, l’abandon furtif ressentis quand, en ses véhicules et qui plus est, sur le plan physique, le sixième, en passe de septième, juste sur le seuil, expérimente de curieux phénomènes entièrement liés à ce passage, il est normal pour ne pas dire humain, qu’il en accuse les chocs, aussi, comme ce qu’il est, aussi, une femme, un homme.

Dans ces moments-là, quand sa vulnérabilité est à son apogée, quand il se sent fragilisé en ses énergies remodelées dont il ne connaît encore pas les temporaires finalités, alors, il est souhaitable, mais c’est très difficile, qu’il tente, après les premières perturbations, de faire face seul.

En effet son problème concernant la dure étape du septième est que toute aide ou assistance, provenant d’un proche ou de quelqu’autre personne, se transforme, immédiatement, en travail d’intériorité avec constats et voyances.

A ce moment-là, tout dépend du stade de la personne et vous comprendrez qu’ainsi, le problème déjà ardu, énergétiquement, du passage au septième, puisse tout simplement et contre toute attente, être amplifié! Ce dont il est impératif d’être conscient, afin de ne pas surcharger inutilement les véhicules dans un processus d’adaptation terriblement pointu et délicat.

Il me semble qu’à présent la clarté dont cet ouvrage est empli tant dans les explications concrètes de certaines données bien précises que dans les suggestions ou points particuliers abordés quant à l’humanité et les consciences individuelle et collective, devrait ouvrir en vous des plages de réflexion d’autant que l’écriture, ici, par identification énergétique prend la note suivante, correspondant à la suite de cet Enseignement, ce que l’identification de conscience ne nous permettait pas.

Je suppose que certains, certaines en sont non seulement conscients, mais qu’ils, elles en captent la vibration dont le taux plus élevé, devrait les toucher différemment.

Ceci est du domaine de la propre expérience de chacun et il est de mon devoir de le signaler à la conscience de tous.

Lorsque l’étape du septième se précise, et à en juger par l’expérience menée avec notre sœur L.C., les énergies descendantes les plus directes et les plus fortes, par-delà Shamballa, ouvrent dans la tête, par le coronal un canal qui physiquement, après s’être manifesté par une certaine fraîcheur ressentie à cet endroit, au sommet du crâne, va bouger certaines membranes dans ce dernier, bousculant d’énergie yang forte, certains mécanismes qui s’en trouveront dérangés.

Les symptômes les plus probants seront auditifs, non pas de fait, mais de sensation, sensations désagréables ou insistantes dans l’oreille interne ou à son niveau, sans aucun fait clinique convainquant, et pour cause.

Il est probable que des symptômes dentaires aussi puissent se propager par des douleurs cinglantes, insistantes dont les mâchoires souf­friront … Cela a coûté à L.C. deux dents de sagesse, du côté droit.

Tous ces inconvénients dont les manifestations, physiquement insupportables parfois, sont désagréables au possible et même inquiétantes, se déroulent sur une période de temps variable pouvant aller d’un an à plusieurs années, tout dépend.

Nous n’avons pas encore de repères certains, puisque pour Notre » prototype » L.C, le mécanisme fut facilité par deux interven­tions énergétiques qui, plus l’humanité avance, et au début et milieu de siècle prochain, ne se­ront plus nécessaires.

Je vous en prie, ne vous imaginez pas, en cas de problème dentaire, que vous passez le septième! Je plaisante à peine tant certains ont une propension à résoudre par l’occulte ce qu’ils ne peuvent assumer sur le plan physique.

Les rêves d’initiation ou de maîtrise sont les embarcations légères que vous mettez à la mer de vos tempêtes insoutenables sur le plan psycho­logique parce qu’en y naviguant ainsi, il est clair que vous ne les voyez plus tant vous êtes occupés à parvenir au port illusoire d’un prochain degré initiatique dont vous vous fabriquez les intempé­ries en toute bonne conscience.

Quelle tristesse que ces voyages aux mille et un retours qu’en tout orgueil ou en toute lâcheté -c’est si souvent pareil! – vous ferez sans cesse vers des points de vous-mêmes encore enjolivés par des mirages brillants dont les déserts de vos efforts à faire auront donné la base éphéMère.

Triste traversée que celle qui, n’allant nulle part, revient sans cesse à soi-même alors que l’on se croyait si loin de ces tempêtes de départ.

Où se logent les éradications strictes de ces multifaces dont nous ne sommes pour un temps que les girouettes? Eradiquer, oui, mais quoi? Lorsque l’inconscient secret garde ses données dont l’ego romance ses histoires les plus satisfaisantes.

Triste voyage que celui dont le naufrage seul est prévisible et si clairement visé que l’on s’éton­ne ensuite de s’y être précipité! Mais les rêves d’initiation ne sont ainsi que quelques handicaps à ce service que l’on repousse d’autant que, se croyant arrivé là où l’on n’est sûrement pas, on croit que de toute façon là où on est on sert! Car en plus, voyez-vous, tout cela est si déli­cat, on s’arrange avec soi, les autres (de moins en moins ou de plus en plus, ce qui revient absolu­ment au même), la vie, on supporte, on ne choisit pas, on attend, parce qu’on croit – à tort! – qu’ainsi les choses se font! … ou se feront! …

C’est le plus joli exemple de ceux qui se croient là où ils ne sont pas.

Encore sur les vaisseaux coquille de noix de ces rêves qui partent pour ne jamais arri­ver vers un degré initiatique qui, loin d’être ce qu’il n’est pas, ne deviendra jamais ce qu’ils en font! Triste voyage pour une femme, un homme, spirituellement éveillé… que celui-là!! Méfiez-vous de ce que vos rêves d’initiation ne rendent pas stériles les moindres tentatives d’efforts à faire, c’est ainsi que focalisé sur un centre plus proche du nombril que de l’Ashram du Christ, on croit servir tout en handicapant le service.

Toute femme, tout homme, éveillé spiri­tuellement entre dans un processus intérieur dont le devoir est initiatiquement présent.

En deux mots, pour être clair, c’est vous et vous seul qui déterminez si vous devenez un frein ou un moteur de la conscience de groupe car forcément, à ce stade, vous êtes l’un ou l’autre! C’est cette responsabilité que vous engagez dans toute démarche ou choix personnel et il vaudrait mieux en être très conscient, rapide­ment.

Dans tout choix que vous sanctionnez, trouvez la voie que vous privilégiez et ensuite, en toute conscience, voyez si elle est compatible ou non avec la notion hiérarchique du service.

C’est un bon test.

D’autre part le rêve d’initiation n’est jamais l’initiation parce que l’initiation, réellement expérimentée dans un corps physique, à quelque degré que ce soit, vous ramène brutalement les pieds au sol, sur terre ferme, là où la lumière doit être intégrée par le biais de vos propres cellules.

Ce n’est pas une fiction, cela ne se vit pas dans la tête, c’est une réalité très tangible que l’on connaît, que l’on sait, même si la compréhension suit ce passage, ce qui est toujours le cas.

Le passage initiatique ne permet aucune philosophie mystique ou polémique, la façon dont il vous plonge dans la matière et ses limites est incom­patible avec tout rêve à son sujet, tout désir spiri­tuel et tout plaisir du même type.

C’est angoissant, déstabilisateur, détonnant et insupportable sur le plan humain et physique, ce n’est pas une partie de plaisir, mais comparable à un accouchement, c’est une pure merveille puis­que la VIE UNE, présente à chaque instant trou­ve sa place en vos cellules tandis que la Mère, conscience divine en action d’Amour y inscrit, non sans mal son empreinte cosmique au centre du plus infime microcosme cellulaire qui soit, et c’est très douloureusement ressenti par la matiè­re du corps physique en totale rébellion.

L’initiation, c’est ça.

Ça n’est pas un rêve ou une théorie que l’on applique tant bien que mal à des états d’âme ou d’ego – le plus souvent – dont le service est le der­nier des soucis.

Qu’on se le dise, parce que J’ai dit!

Dormir peut n’être qu’une habitude de vivre si l’on part du principe que vivre est se tenir debout et être actif, ce que la plupart des gens, jusqu’à un certain degré, font, en dormant.

L’éveil de la conscience, à ces stades-là, se fait brutalement sous l’effet d’un choc qui dérange le ronron habituel. C’est pourquoi lorsque l’éveil est totalement intégré, à tous niveaux, sur tous les plans, aucun événement extérieur n’a de prise et ne peut en aucun cas choquer dans le sens d’un éveil supplémentaire. A la façon dont une femme, un homme, prend en compte les choses événe­mentielles frappantes de sa vie, vous avez la mesure de son éveil ou de sa torpeur.

La majorité des gens supposés être éveillés déjà à une vie spirituelle ont des réactions si antagonistes à leur discours lorsqu’ils se trou­vent face à une épreuve, quelle qu’elle soit, pour eux-mêmes ou pour les autres, qu’il est aussitôt évident qu’ils n’ont absolument pas intégré ce à quoi ils aspirent.

C’est monnaie courante de voir vivre et de les observer, ce genre de personnes si investies dans des discours ou des aspirations, qu’elles en oubli­ent de vivre réellement, en les appliquant, les moyens qui y mènent. Tout disciple, conscient, doit travailler sur lui-même, aidé par l’Enseignement, sans forme de discours rassurant ou sécu­risant. Rien ne remplace la conscience dans cette avancée initiatique, elle seule est l’interrupteur de l’éveil tandis que le mental est une usine, une fabrique de torpeur et de sommeil.

Il est donc indispensable de faire la différence, de s’auto-surveiller en spectateur conscient, parce que si nous dormons, nous échappe toute opportunité d’avancer, d’une part, tandis que, d’autre part, se trouvent ralenties toutes les fonc­tions de rapidité du discernement et de cette intelligence intuitive à laquelle nous ne faisons alors que peu ou pas confiance. Et ceci est une preuve de torpeur évidente.

Le sommeil n’existe pas pour le septième, pas même sur le plan physique où toutes ses fonc­tions énergétiques sont en éveil constant vingt-quatre heures sur vingt-quatre, trois cent soixan­te cinq jours par an. Le repos peut passer par le sommeil mais alors, ce dernier n’a plus aucun rapport avec ce qu’en incarnation on appelle le sommeil. En effet le septième degré, acquis et maîtrisé en ses processus énergétiques donne à l’initié les facultés Maîtresses d’éveil constant en toute conscience divine. Pas une seconde n’est emplie en ses pensées humaines par autre chose que la Mère dont les voiles en permanence, se lèvent sur tout et tous, lui donnant accès à un état gnostique en tout comparable à une voyance doublée d’une connaisance immédiate totale. C’est exactement l’opposé du sommeil où le rêveur, dans les premiers stades avant le vrai nettoyage psychologique auquel donne accès la première initiation hiérarchique, entre, incons­ciemment dans le conscient – mal nommé l’incon­scient – d’où lui viennent des messages symboliques à décoder pour sa propre évolution. Le sep­tième lui a accès à la somme totale de ce mal nommé inconscient, le connaît pour ce qu’il est et dans une instantanéité totale, il en relève les marques individuelles dans l’intériorité qui lui fait face, un peu comme dans les constats aupa­ravant pour l’initié de troisième et quatrième. Une différence, il n’a plus besoin d’en digérer les énergies et met entre les mains (véhicules éner­gétiques de l’autre) de celui qu’il scanne ainsi, les outils intérieurs aptes à lui permettre de devenir conscient des problèmes par empreinte éner­gétique directe comme Je l’ai déjà dit, le septième à la fois révélateur et miroir ne laisse aucun espace de leurre possible et rend ainsi toute illu­sion ou mirage obsolète.

Dans la gnose, immergé tout en ayant le recul nécessaire, le septième n’est plus en la totalité de sa structure énergétique, que divin avec toutes les capacités inhérentes à ce que cela suppose.

Les formidables potentialités créatives jusque là exploitables, deviennent un réel acquis précieux au service du monde. Le septième est une ligne directe, bien plus il est, sur tous les plans, immergé par les énergies hautes qu’il irradie sans cesse dans tout ce qu’il fait, jusqu’au moind­re détail d’une vie quotidienne qui, pour l’entou­rage, tourne à l’Enseignement vivant dont chaque étape de la journée est tout simplement d’une richesse sans égale.

Le septième n’est plus relié comme on l’entend, avant ce degré, il est devenu le lien, ce à quoi mène le lien et ainsi n’est plus qu’un émet­teur récepteur créateur direct parce qu’immergé dans la Source même des cinq en un que repré­sente l’apport de Sirius à l’univers, aux univers.

Il est bien sûr excessivement difficile de parler d’un état si parfait intérieurement, spirituellement-humainement, initiatiquement et surtout énergétiquement que le septième qui, en ses pro­cessus nouveaux produit, reçoit, vit, transmet, parce qu’il est, une somme énergétique si inté­grée que rien ne peut y être, actuellement com­paré.

Le septième est d’une précision déconcertante parce que la justesse n’est que ponctualité divine. La conscience ici a intégré tous les états précé­dents, c’est maintenant le processus énergétique seul qui réagit, régit, imprime et digère tout en étant imprimé. Les impressions ne sont qu’énergétiques, c’est-à-dire, complètement physiques. En effet à ce stade le physique et l’énergétique sont totalement imbriqués et l’un ne peut pas expérimenter ou vivre, simplement, sans l’autre. Ce qui donne à la structure énergétique une ampleur et une force à aucune autre comparable tandis que le corps physique, lui, est de plus en plus vulnérable et sensible, à un point qui l’écarte à jamais de toute grande cité où il ne peut plus demeurer opérationnel, c’est facile à comprendre.

Dans la puissance de la volonté Une et divine dont le septième est la résonnance parfaite sur le plan physique de l’incarnation, l’émanation dont il est vecteur des cinq en un, depuis Sirius est une fantastique pression sur les véhicules non préparés que sont les mentalités actuelles. C’est pourquoi le septième peut travailler de loin, ses énergies ne sont qu’amplifiées alors puisqu’elles peuvent dérouler leur puissance dans un espace agrandi par la distance qui les décuple. De même dans le travail entrepris par Moi-Même ou mes Frères avec un septième sur Terre, dans l’in­carnation, toutes les énergies mises en jeu par le procédé de l’impression énergétique ne peuvent se mettre en place que par-delà les rives sacrées de Shamballa, dans cet espace sacré, privilégié et protégé qu’offre Celui dont rien ne peut être dit aux Sources mêmes de ses manifestations dont Il ignore Lui-Même encore les informelles ressour­ces mises à disposition par les cinq en un via Sirius.

Il est sûrement intéressant pour tous, ici, de se rendre compte à quel point l’Infinité est toute puissante aussi dans sa décuplétude, loin de tous les sentiers connus, elle ouvre dans ses extrêmes des inimaginations si réelles qu’aucun réfèrent ne peut en dissimuler l’extrême vastitude à laquelle seule la vacuité peut-être, pourrait se comparer.

A ces niveaux énergétiques où la conscience elle-même n’a plus de repère parce qu’en ses procédés pour avancer jusqu’à la Mère, elle s’y est investie au point de s’y noyer, vous comprenez que seul, l’énergétiquement expérimenté peut et doit donner au septième les droits et devoirs qui, à ce stade, figurent sur la liste opérative de ses exploits difficiles dans la matière, lorsqu’il est en incarnation.

La septième race est née et de plus en plus l’incarnation va être le théâtre occulte de ses activités précieuses dont l’humanité, grande béné­ficiaire se retrouvera seule héritière en ses corps, au sein de leurs cellules. Et c’est magnifique.

Dans cet ouvrage, consistant et révélateur, l’Enseignement fait un bond vers les réalités du 21ème siècle, en son milieu, avant de donner paroles et formes à la suite, aujourd’hui inimaginable que J’ai pourtant évoquée dans un livre précédent.

Dans le champ magnétique d’une structure énergétique de septième degré, le voltage divin est si fort qu’il peut brûler des vibrations trop basses qui s’y trouveraient confrontées ou en contact. C’est que le champ magnétique ainsi créé peut s’étendre sur des kilomètres parfois et baigner toute une région, voire un pays. Vous comprendrez donc que si une telle structure éner­gétique se trouve quelque part, pour l’instant, avant que ne se répande la septième race, alors ce n’est pas un hasard, et un propos du Plan tom­be à pic sur ce pays.

Il est important dès que Nous parlons de ces taux vibratoires intenses et très subtils d’aborder les choses qui les entourent ou leurs actes de cer­taines façons, rien n’est un hasard, rien n’est neutre. Il faut savoir lire les signes évidents qui sont sous vos yeux mais bien évidemment pour cela, il ne faut pas dormir!!

Quand le brouillard se lève sur les plaines intérieures que rien depuis longtemps n’a habitées vraiment, quand le soleil s’y est perdu au point de capituler dans les vapeurs inconstan­tes qui s’y précipitaient. Quand d’un air ou d’une chanson, oubliés depuis longtemps, on en refait le tour comme un pèlerinage, quand l’hiver est fini et que le printemps annonce en ses oeillades bel­les des renouveaux charmants, quand d’une étoi­le à l’autre, le rêve enfin fait ses premiers pas dans la réalité et qu’énergétiquement tout sem­ble encore plus simple parce qu’encore plus fort et encore plus parfait, quand les miasmes s’effilo­chent dans une toux sèche qui résonne curieux dans les oreilles vides, quand des millions de gri­sailles s’en vont en fumées noires hors des pores de la peau qui en nettoie ainsi un corps en renou­veau, la renaissance est proche de ce septième pas qu’en l’incarnation l’initié a osé.

Quand la réserve d’énergie, flanquée de solitu­de retrouvée fait son plein autrement sans les interférences qui s’y sont plantées parce qu’à être seule on hésitait un peu. Quand de soir et de matin, la tranquillité saine de quelques lende­mains sourit à nouveau, quand l’estomac vide et le regard rieur on peut enfin jouer d’un peu d’humour parce que, finalement, le passage était si dur qu’on se demande vraiment comment on y a fait face. Quand d’un bâillement large, oublié depuis des jours parce que le corps physique impossible à la détente, focalisait sur ses hor­reurs vécues, à passer. Quand de plus en plus fort l’énergie oxygène trouve dans les cellules même des compagnons surpris qui réagissent moins violemment qu’au début. Quand la respi­ration, d’étouffements chaotiques en avalées de survie stabilise son rythme tout en oxygénant le cerveau enfin vide. Quand tous ces petits riens, perçus comme impossibles tant ils ont perturbé les fonctions existantes jusqu’à reculer avant que de prétendre en sortir à nouveau …

Quand le matin vient avec tant de lenteur que dans le fauteuil dur où l’on ne peut pas s’allon­ger, après une nuit blanche, on croit encore que le jour sera bien long …

Quand après quelques heures, après s’être inquiétée, parce que le corps physique en ses remous furieux a repris quelques forces tout en mourant un peu plus. Quand après ces folles sen­sations, ces douleurs épouvantables et ces curieuses façons que l’on a eues de mourir trop tout en survivant un peu trop.

Quand dans la chambre close baignée d’air nocturne, le tunnel de la nuit semble s’éterniser et qu’à chaque sursaut des cellules en colère on manque trop d’air au point de s’étouffer …

Quand, de plus en plus mal on se recouche, malgré tout, mais que l’inquiétude vous blesse au point de s’y couper un peu plus de soi-même.

Quand dans un ciel ensoleillé, bleu, cordial, on tente un regard vers ces Maîtres pourtant Nos Frères qui assistent en silence, au point de trou­ver bizarre cette incarnation et de se demander si on n’est pas folle furieuse de s’y concentrer sur des travaux d’écriture qui coule, source permanente, tandis que tout cela a lieu en même temps.

Car c’est bien là le paradoxe, au plus dense de l’horreur, cette façon si fluide, si merveilleuse, si facile de travailler par procédé nouveau, cette empreinte énergétique superbe avec les Frères qui veillent et oeuvrent.

Le travail continue, tandis que dans le corps physique l’horreur peu à peu va disparaître enfin, c’est du moins ce que l’on pense quand on ne se dit pas que penser est superflu.

C’est ainsi encore que de jours brillants de travail, en nuits blêmes d’adaptation, s’installe, quand on ne s’y attend guère, cette septième éta­pe à ne pas manquer pour un service renforcé dont l’humanité en sa septième étape trouvera plus de bienfaits que jamais encore accordés.

Cette aventure certaine en ses parties affolan­tes n’est autre que le pas du sixième au septième qui ne peut se poursuivre avant de commencer avec un cas pour empreinte énergétique qui ne soit un exemple de difficultés sinon la conscience n’en pourrait attribuer les symptômes certains qu’à une pathologie dont la science encore n’aurait pas le secret.

Dans ces moments pénibles que sans éviter on ne peut que souffrir jusqu’à épuisement de cette clarifiante opération sur les cellules du corps physique, il est important de savoir que ce processus ne peut s’installer sans ces inconvénients qu’il faut quand même passer.

A le savoir on le dépasse,

A se sentir soutenu par un travail continu, malgré tout, le mot « difficulté » n’est pas le bon, on se dit simplement qu’il faut maintenant accompagner au mieux ce processus afin qu’il soit accéléré pour une adaptation plus rapide qui, de fait, est le problème principal.

Comment ne pas s’affoler?

Tout simplement: on ne peut faire autrement que de vivre chaque seconde ou chaque minute comme si elle seule comptait. C’est ainsi que l’on passe au mieux, dans ce présent éternel, cette éternelle renaissance que l’initiation, pas à pas, met à notre disposition en ses notes surprenantes qu’exige l’Extériorisation de la Hiérarchie dont Nous sommes pour l’instant en charge dans l’incarnation.

Que d’apprentissages.

Que d’émerveillements.

Que de constatations troublantes.

Jamais de conclusions, inutiles.

Le septième n’est qu’un pas de plus, une étape à franchir, dans le renouveau constant proposé à l’humanité par le biais insensé des efforts de chacun.

Le septième est une étape Maîtresse menant pour ce troisième millénaire vers une autre race-Mère dont l’évolution en gestation inconsciente passe le relais à la conscience lorsqu’elle en amorce les pas, en toute volonté.

Le divin est là, non seulement à nos portes de l’évolution, mais en nous où le portail géant est une ouverture par le cœur.

Le septième en suit le centre jusqu’à l’inverser de yin en yang.

C’est alors que créateur en sa vacuité il rejoint le gong de l’espace résonnant sur le temps, par une structure énergétique adaptée qui en son empreinte résout les reliefs discordants que l’on peut y projeter.

Le septième est une autre façon de vivre dans l’incarnation, une autre façon d’y travailler et d’y aimer.

C’est une manière gnostique d’exister sur tous les plans afin de faire connaître des cinq magistraux par le un et en toute synthèse les formidables potentialités sur tous les plans, dans tous les domaines, d’une humanité en route vers elle-même, dans le projet d’une planète à sacraliser.

Le septième est, au large d’une mer en vagues longues, le son d’un phare qui en détecte les abus et les intempéries afin de permettre aux vaisseaux en partance de ne pas dévier du chemin prévu, tandis qu’à ceux qui entrent dans le port de 1 étape, d’éviter les écueils qui pourraient les échouer avant que lestés à nouveau il ne puissent repartir.

 A vous qui verrez, à vous qui partez, l’Extériorisation de la Hiérarchie ouvre le grand livre de l’Enseignement dont la troisième phase, synthétique, innove par le sept la race à venir.

 en tant que Manu de cette septième, moi el Morya, vous assiste et vous bénis tandis que, demeurant en contact d’empreinte énergétique avec ma médiatrice, j’ai le plaisir de lui annoncer que la septième étape est passée et qu’ainsi son travail et nos travaux vont encore en être renforcés.

 A tous je suis présent comme votre Frère dévoué.

 El Morya 

 

Deuxième partie

 

En ces silences obscurs, verrouillés de non-dits, en ces drames banaux dont seuls les scoops intéressent désormais les plus téméraires, en ces lieux desséchés par trop forte présence, foules et leurs contingences, en ces airs pollueurs que nous avons abîmés, quand le monde va mal ou quand il se sent mieux, c’est de nous et nous seuls, dont encore il est question.

En ces silences clairs, où chacun se retrouve en l’autre associé, de l’autre, aimé … en ces mots absents qui ourlent leurs lumières sur des scènes meurtries qu’aucun sang encore ne lavera jamais, quand d’un toi, d’un moi, d’un autre ou de tous à la fois, la vie sombre tandis que le cœur accepte d’en suivre les creux et de les prendre en lui, lucarne élargie aux problèmes du monde que des douleurs, vierges de tout repère, enjambent tranquillement au fin fond de notre chair.

De ces silences profonds, têtus, rieurs ou pleins de joie, saura-t-on jamais, comment se défaire ou pas quand, loin de sa propre voix, l’expérience en d’autres lieux, apprend une fois de plus ce qui se croyait bien acquis? Le temps qui se promène sur la durée qu’il enlace de ses étirements ou de ses raccourcis, en limitant l’impact à la seule impatience, a la plus longue seconde que tout à tour on expérimente comme une impasse de plus.

Il y a des tournants qui s’incurvent si peu sur la ligne directe que nous savons à venir, sur laquelle nous résidons, passagers éphéMères de cette évolution infinie dont l’humain conte, pour le spirituel, les envolées les plus courtes desservies par l’incarnation, quand, après les avoir proposées, elle s’applique à les faire vivre.

L’impact énergétique certain entretient les cellules de vibrations salvatrices, l’atome et ses constituants élèveront bientôt d’un ou deux arpèges, l’harmonie céleste dont les corps sont investis.

Le vivre en son corps physique est une telle épreuve soudaine, qu’il faut parfois du temps pour en comprendre l’évidence et tandis que le mental se meut sur ses anciens réflexes explicatifs qui tournent court, le corps physique apprend en ses cellules mêmes des réflexes à nouveau qui s’installent tout neufs, faisant dérailler aux duretés qui les installent des repères acquis qu’il faudra dépasser.

La vie a par moments de si curieux sursauts lorsqu’elle s’installe à neuf dans les corps, bougeant les énergies occupantes de leurs locaux vers de vastes inconnues dont les parcours sont à découvrir.

Comment ne pas souffrir en ses chairs, en son sang, en ses organes et en ses forces énergétiques, quand, tout à coup, et pour combien de temps? Les bourrasques imprévisibles de changements étonnants ouvrent dans la ligne chakrique leurs repères novateurs.

La septième race est là, dans ces bousculements l’initié de sixième degré en incarnation les accompagne, en s’inquiétant, en se trompant, en intégrant et en découvrant qu’au sein de ses propres cellules, l’enfantement de Christ est un charivari cosmique dont les organes accusent les chancellements dont ils deviennent les objets récalcitrants.

Dans le centre du cœur, quand l’inimaginable se produit, des roues tournent dans les deux sens, celui qui se termine et celui qui s’annonce, avant qu’en équilibre et se succédant à lui-même, le cœur ne détermine encore et à jamais ces dépassements énergétiques dont il est la clé.

Comment ne pas savoir? Comment le faire tout de suite? Ces lignes subtiles et différentes dont l’ardeur énergétique si puissante trace, jusque dans le corps physique, des sillons lumineusement stables qui détruisent et remodèlent l’état préliminaire déjà opérationnel? Il y a mille et une façons de vivre un passage initiatique.

Mille et une façons de ne pas le vivre, il n’y en a qu’une pour le dépasser et s’y installer.

Accepter, accueillir, accompagner, avant de comprendre puisque tout ici est du vaste domaine de l’incompréhensible.

Voyager en soi-même aux étapes fébriles de ces insupportables transformations est déjà désagréable.

Devoir faire face à des suffoquements, voire des étouffements l’est bien plus.

 ne pas savoir si et quand cela est supposé s’arrêter l’est bien plus encore, mais c’est pourtant le lot de tout initié des degrés supérieurs pris dans les limitations d’une incarnation destinée à servir cette septième race dont je suis le Manu.

Quand le cœur détient la clé c’est parce que, comme ici, il est le moteur et le départ, la vitesse vibratoire et l’arrivée.

C’est lui qui, remplaçant la plaque tournante du plexus solaire, devient, pour l’initiation supérieure, la plaque tournante d’un brassage énergétique si fort, si intense en son efficacité sur tous les plans, que l’impact d’un tel processus, lorsqu’il s’installe, ne peut en aucun cas se faire en douceur.

La douceur doit y être appliquée, en revanche, dans l’attention portée au processus et dans la sérénité avec laquelle il doit être vécu, rien ici ne prédispose personne à ces expériences a part le fait d’être membre de la Hiérarchie, en contact de Shamballa, et d’en avoir la mission.

Tout passage initiatique s’inscrit dans le corps en lettres de feu.

Les signes en sont toujours inattendus et violents et, en général, sont placés avec l’initié ceux qui vont être utiles, d’une manière ou d’une autre, à la compréhension qu’il faudra en acquérir, durement et sûrement.

Forces différentes, énergies décuplées, manifestations intempestives dans le corps physique, l’inquiétude n’est plus de mise, non plus que le doute.

Seul l’abandon est la voie à suivre, abandon de ce qui, semblant acquis, se transforme et avance.

Car il s’agit d’avancée, quels qu’en soient les impératifs à dépasser, l’ouverture se fait, elle est par-delà celle du cœur dont le centre devient maintenant la base d’une nouvelle capacité à être.

Tout état est en soi un dépassement puisqu’en installant les corps dans une manière de vivre avec ses repères et ses fonctions bien précises, il est à la fois un démarreur actionné sur l’avenir et un ballon prêt à éclater largué sur le passé.

Tout état comporte en ses développements ses propres capacités à être et incapacités à ne plus l’être de la même façon.

C’est de cette complexité même que l’expérience, vécue énergétiquement jusque sur le plan physique, tire les potentialités en leurs extrêmes, nouveau départ, nouveaux tremplins, nouvelles capacités pour un autre départ sur la longue ligne des départs initiatiques à suivre et à vivre.

Les quelques urgences vécues dans la chair ne sont qu’échéances à respecter pour un plan dont la septième race est aussi le projet.

Épreuves de l’eau, de l’air et du feu, tout passage initiatique comporte ces trois marches sur lesquelles monter, souffrir et vibrer.

Les effets en sont différents, toujours, parce que les causes en sont identiques et particulières à chaque étape, à la fois.

De ces paradoxes qui sans exagérer peuvent se placer bizarrement dans le savoir, la connaissance elle, directe, aura les repères du cœur qui, tout en se découvrant, se marqueront, légères, sur les arabesques folles, apparemment, d’une énergie novatrice en ses impacts et ses applications.

Il y a des portes qui s’ouvrent pour se fermer aussitôt, il y a celles que l’on ouvre sans pouvoir les fermer à nouveau et celles qui, sans être fermées ne sont pas ouvertes encore.

Ce sont ces dernières qui concernent la haute initiation puisque là, plus rien, absolument, de psychologique ne figure plus au bataillon des garanties à éviter.

Le passage initiatique qui nous occupe ici est celui qui libérant le sixième dans le septième, reproduit d’une certaine façon le quatrième dans le cinquième, lorsque, libéré, il devient parfaitement opératif.

La longue liste des souffrances du quatrième est non-exhaustive lorsque, vécue dans l’incarnation, elle inclut tout ce qui se présente pour en faciliter le passage le mieux possible et je veux ici parler de l’environnement et des paysages relationnels qui y sont les vôtres, ceux de l’initié en travail.

Au quatrième la croix crucifie ainsi que les autres.

Au sixième c’est le cœur qui crucifie à sa propre ouverture les problèmes des autres, leur ouvrant un espace où se refléter comme un miroir cosmique prenant sur sa surface lisse les obturations et blocages les plus karmiques dont peuvent souffrir hommes et femmes, disciples.

Dans l’étrangeté de cette relation où le vide se répercute au cœur aidé comme un néant d’où tous les mécanismes les plus handicapants tournent à vide sur eux-mêmes, le miroir du cœur se tend, sans aspérité aucune, prêt à engloutir de l’autre les processus de tics négatifs polluant l’entrée énergétique chakrique ainsi que l’évolution qui la détermine.

C’est un peu complexe à comprendre, c’est en le vivant que cette identification physique prend, dans les cellules, toute sa résonnance intérieure.

Si au quatrième le cœur est ouvert par crucifixion de lui-même, en lui-même, au sixième, il accepte en son ouverture la crucifixion humaine inconsciente de l’autre, pour en transformer les mécanismes perturbateurs en les vivant dans la chair rédemptée de son propre corps physique, ouvrant ainsi à l’autre un espace sacré dans lequel la vision qu’il va avoir de lui-même est si clairement comprise en ses propres mécanismes, que rien ne peut empêcher la compréhension violente de soi par soi-même que permet à l’autre l’initié en passe de septième qui opère en lui-même ce prodigieux changement par le mécanisme énergétique même de son cœur ouvert opérationnel en une plaque tournante globale des forces et énergies avec lesquelles il est en contact.

L’identification se produit ici par le corps énergétique de l’initié qui, identifié à celui du disciple, en prend les limitations pour expérimenter et vivre en lui-même, dans sa chair et dans leurs effets, tous les symptômes inconscients qui marquent de leurs limitations le processus énergétique du disciple ainsi bloqué psycho-somatiquement.

Dans la force vive mise en jeu à cette initiation, s’ajoutent les capacités nouvelles dont l’aménagement énergétique n’est jamais facile.

En aucun cas cela ne peut l’être.

De plus, dépendant du cas traité, les symptômes, inconscients peuvent se révéler être très durs, et c’est pratiquement toujours le cas.

Comprenez bien que c’est par empreinte directe du corps énergétique du disciple en difficulté sur le corps énergétiquement pur de l’initié du sixième que se fait ce travail de digestion thérapeutique inconnue jusque là.

Les digestions énergétiques dont il est question dans cette partie de l’Enseignement se faisaient par la descente des forces atomisées sur le plan mental, dans le corps physique dont les souffrances alors correspondaient à une transmutation, une transformation de l’ombre dure en lumière.

Le corps physique était donc la piste d’atterrissage de ces forces à digérer, toujours douloureusement.

Dans le cas du septième qui nous occupe ici, il devient capable, par identification énergétique à l’empreinte du corps psychique du disciple, d’en epouser toutes les manifestations inconscientes afin de les reproduire, via sa forte structure énergétique, dans le corps physique où il va les digérer, non pas en les subissant, comme les digestions précédentes, mais en les accompagnant de son amour parce que, en les accueillant il en accepte les limitations dans ses corps, par pure compassion, jusqu’à ce que digestion s’ensuive.

Notez ici que l’initié, de passif qu’il était dans ses digestions, est devenu actif et conscient pour éliminer en ses corps les causes destructrices et bloquantes des mécanismes inconscients qui les produisent.

Cette relation-là est tout à fait remarquable, elles est assez inusitée pour faire l’objet de cet ouvrage puisque c’est ma disciple bien aimée L.C.

Qui en ouvre la voie, dans ses propres corps et mécanismes énergétiques pour le siècle à venir.

Comment être ce que l’on n’est pas, par empreinte énergétique véhiculaire et comment, par identification énergétique à ce qu’est l’autre, inconsciemment, le libérer de ses limitations souvent karmiques dont il subit les effets néfastes parce que, arrivé à un certain point, personne n’est capable de soigner les détériorations énergétiques qu’engendre le karma.

Les septièmes travaillent en relation avec les seigneurs du karma, ils ont pour mission de débloquer sur tous les plans les processus énergétiques entamés par ces causes karmiques qui handicapent le service qui pourrait être fait.

Il est un exemple que vous pouvez comprendre: d’une maldonne véhiculaire due à un karma mais aussi à un accident dans l’incarnation qui l’accentue, à des interventions extérieures sur l’enfant qui en subit, en plus, les angoisses psychologiques… Bref dans tout cas extrême où l’imprévisible a joué en plus, alors, le septième peut intervenir pour le plan, pour le service, pour le travail à accomplir dont il a la responsabilité.

La plupart du temps, à ce stade, le disciple est préparé pendant des mois, avant l’intervention énergétique dont il sera le sujet jusqu’à partir de la vision juste de lui-même, les moyens lui sont donnés de régler un problème en toute conscience.

Là encore, comme vous pouvez le constater, le libre-arbitre est respecté.

Le disciple en question devra choisir ou non de faire le travail.

Le septième propose, le disciple dispose ensuite de sa propre vision, réelle cette fois, pour entreprendre ou non ce travail sur lui.

En cela les digestions précédentes des constats d’intériorité et celles-ci sont identiques, en cela qu’elles respectent totalement le libre-arbitre, ne forcent rien.

Le disciple même sera testé en ses motivations de service par une coupure relationnelle que le septième est obligé de faire afin de faire son travail de digestion en toute tranquillité.

En effet, la présence du disciple auprès de lui durant cette période de travail intensif des corps ne pourrait que le gêner parce que ce dernier ne peut que réactiver par sa proximité les causes psychologiques inconscientes dont il ne peut en aucun cas connaître les vrais mécanismes inconscients.

Or c’est sur ces derniers que travaille le septième pour lequel toute réactivation est une gêne altérant le processus de digestion entrepris.

Ces digestions énergétiques par identification sont purement Christiques, comme les précédentes mais de même que les premières se faisaient sur le plan Christique de l’âme, cœur ouvert incluant, de même celles entreprises par le septième se font depuis Shamballa, en conscience, par des corps énergétiques, en incarnation, capables d’identification à tous niveaux.

L’identification est une faculté de Shamballa.

Elle s’exerce sur le plan énergétique physique depuis cet état de conscience et concerne aussi sur le plan occulte les empreintes de Christ.

Cette vérité occulte peut vous éclairer.

Je ne l’expliquerai pas.

Vous savez que l’action et l’expérience sont déterminantes pour moi-même, et les Maîtres de Shamballa, les théories n’en sont que lorsque l’intellect se saisit de ce qu’il n’a pas vécu ou ne peut vivre.

C’est donc pour cela que je n’entrerai pas dans de longues tirades explicatives.

Les empreintes des pas de Christ.

Les empreintes de Christ.

Elles sont identiques, ce ne sont pourtant pas les mêmes.

Les premières lui appartiennent ainsi qu’à chacun décidé à les suivre.

Les secondes sont de Christ et non pas « à lui ».

Notez la différence.

Les premiers pas de Christ appartiennent à jésus, et en cela ne sont pas « à » Christ mais en viennent.

Les empreintes « de » Christ sont universelles et universellement accessibles, ces empreintes-là, énergétiquement cosmiques sont comiquement impalpables en leur infinité et ceux qui en appliquent l’identification au sol de l’incarnation ont forcément marché les premières au sol de la planète terre, a moins qu’ils ne les aient épousées sur vénus, ce qui n’est pas encore notre propos.

Dans le réceptacle l’essence s’amenuise, évaporant en son parfum affadi les profondeurs infinies de la divinité parce que l’humain, castré sur le plan énergétique, offre à la source le moins accompli de lui-même en ses limitations fonctionnelles que la vie spirituelle ne peut, sur le plan physique, surmonter.

Toute démarche spirituelle demande des corps forts et sains tant sur le plan énergétique que physique.

Toutes les méthodes de purifications énergétiques, d’efforts sur soi et de travail devraient impérativement être accompagnés de discipline sur le plan physique.

Gymnastique, art martiaux mais pas n’importe comment, danse, sports divers, athlétisme.

Un corps physique doit être robuste et souple, musculairement parlant.

A éviter impérativement toute forme de discipline énergétique sur le plan physique style taï chi shuan ou qi cong qui, sans muscler aucunement le corps physique qui reste un rien mou musculairement parlant, groupe ses forces énergétiques en mental, libérant des émotions et ne faisant aucun lien entre physique et spirituel – âme – et au-delà.

A éviter donc absolument.

En revanche, la mobilité d’un corps physique, extérieure et intérieure ne s’apprend et ne s’acquiert que par des exercices musculairement éprouvants.

Les danseurs, les athlètes,.. Oui. Le reste – asiatique, … Non. La structure énergétique doit s’appuyer sur un corps physique parfaitement sain et fort, ce qui ne veut pas dire qu’il ne sera jamais malade, au début, mais qu’en fait, il aura la robustesse nécessaire à une bonne santé; la mobilité est une autre faculté importante.

Plus l’équilibre est atteint dans ce domaine et plus la mobilité est grande.

Tout ce qui est figé est menacé de déséquilibre.

Tout ce qui est mobile est en quête d’équilibre et le mesure dans le mouvement même de sa quête, qu’elle soit de mouvement, d’assise ou/et spirituelle.

Dans l’immersion énergétique totale, apanage du septième vécue depuis le sixième, la base physique, ancrage de lumière indispensable pour les transformations successives à traiter énergétiquement, doit être épaulée par un corps physique dont la robustesse n’égale que la souplesse.

Les deux, musculairement parlant.

De nombreux pratiquants de disciplines asiatiques ou autres, n’ont aucune souplesse.

C’est la cristallisation d’une certaine rigidité qui offre un parfait vase clos dont le plafond, mental, castre l’humain de l’être.

Pour tous les disciples donc: vigilance extrême.

Dans le parcours évolutif, l’énergie vécue, comprise, donc réelle est le seul critère de justesse.

Toute énergie est concrète et c’est pourquoi, en étant capable de concrétiser jusque dans leur corps physique les causes énergétiques inconscientes de l’autre, le septième, en les vivant non pas symboliquement ou par le discours, non plus que par l’analyse, les rend visibles à tous, témoignant ainsi de la réalité des problèmes engendrés dont il devient par pure compassion l’objet physique pour un travail de transformation conscient qu’il dénoue dans les causes mêmes des dégâts constatés.

Ces causes inconscientes provoquent angoisses, peurs, étouffements et autres manifestations somatisées, occultées, éludées, contraignantes et apparemment incontrôlables puisqu’en grande partie ignorées, rejetées ou occultées par celui qui, les subissant, les génère.

Une fois matérialisées par le septième, les causes inconscientes vécues par lui dans son corps physique, vont permettre l’effet miroir physique, indéniable, que l’autre devra reconnaître comme lui-même.

Terrible choc duquel tous les espoirs évolutifs sont permis.

Cette thérapie énergétique directe, par empreinte et identification est une formidable opportunité pour l’humanité à laquelle elle permet de faire le pas conduisant de la théorie énergétique à sa réalité formelle ou la plus formelle qu’il soit possible de démontrer par l’exemple vécu, lui aussi de manière énergétique absolue.

L’inimaginable se produit donc: être l’autre, dans son propre corps, dans ses moindres mécanismes, par identification à la réalité psychique qu’il n’affiche pas toujours, qu’il cache inconsciemment, souvent et dont il ne connaît pas, lui-même, les causes.

Cette apparente science-fiction est la réalité de l’Extériorisation pour le siècle à venir, ce 21ème siècle dont les travaux spirituels, amorcés, nous renvoient, chacun à nous-mêmes, avant de nous ouvrir à ceux qui, projetés en nous, trouveront au bon moment, l’aide nécessaire au besoin.

Dans ce mécanisme d’identification physico-psychique vécu par le septième et celui, celle, auquel, à laquelle, il offre l’empreinte possible à un travail nouveau, reconnaissez Christ cosmique à l’œuvre, ouvrant, de bas en haut, une possibilité à ceux qui décident de servir, d’accéder en eux-mêmes, malgré mille et une difficultés, à ce branchement impossible avec une incapacité véhiculaire énergétique, quelle qu’en soit la cause.

Vivre l’énergie pour le septième équivaut à respirer l’air pour un homme ordinaire.

C’est dire à quel point c’est vital.

La différence est que pour l’homme ordinaire, c’est personnellement vital, tandis que pour le septième, c’est planétairement et humanitairement vital, en toute spiritualité.

Tout processus véhiculaire engage énergétiquement une relation.

C’est à cette dernière que vous devez être attentifs.

Les facultés ne sont que des amuse-personnalités.

Les capacités, elles, sont les outils aboutis et affinés qui permettent à l’initié de savoir et de connaître, et dans cet ordre, ce qu’il entreprend.

Ne vous arrêtez pas aux premières.

Travaillez sur vous-mêmes aux secondes et donnez ce que vous en pouvez.

Le don les anoblit, l’amour les grandit, et si le sacrifice les estompe, la joie, elle, les décuple.

Depuis combien de temps ne vous ai-je pas redit de rire? Riez.

J’ai dit!

L’aventure est toujours du voyage lorsque l’initié choisit le retour pour un service particulier sur terre.

Avatar, pionnier, précurseur, quel que soit le mot choisi, il s’agit pour le 21ème siècle, de synthèse.

Le travail à ce niveau est précisément dans la ligne directe de Christ cosmique, les énergies en proviennent et y retournent, quel que soit le cadre du travail et si notre médiatrice y est apte, son aptitude est amplifiée parce qu’en entrant en possession de ses capacités, elle en ouvre la voie à tous ceux qui suivent.

La ligne de Christ, directe depuis Shamballa et au-delà, imprime les mondes énergétiques traversés des sillons de sa lumière dont la planète vénus porte une part de responsabilité dans ce travail d’ extériorisation que la Hiérarchie poursuit en ce moment et depuis – de fait – la fin du siècle dernier qui la préparait.

Dans l’optique d’un impact de premier rayon, avec la ligne de Christ cosmique couplée, observez la trajectoire directionnelle forte dont les travaux du plan ainsi suivis sont porteurs.

Le septième prend actuellement ses premiers repères initiatiques dans l’incarnation.

Ce n’était pas prévu.

De même que cela ne l’était pas pour la transmission en identification de conscience avec Sanat Kumara, écrite il y a quelques années par L.C.

Nous innovons par le biais des initiés en incarnation qui en ont pris la responsabilité.

Tout est question de moment mais aussi de disponibilité et de mobilité.

Cette dernière, à ce stade initiatique est corporelle, véhiculaire,

cellulaire.

En effet, les résultats pour le sep­tième qui ouvre au monde un mode de fonc­tionnement différent où le Divin est vécu, parce que réceptionné, inclus, expérimenté, surgi en ligne directe, non plus par adombrement comme cela fut le cas de Jésus par le Christ, mais par identification énergétique. A ce niveau la cons­cience telle que vous la connaissez n’est plus. Il s’agit d’un plan si élevé vibratoirement, que la substance actuelle du corps physique doit faire une adaptation assez spectaculaire. Cette adap­tation se fait par le centre énergétique du coeur où sont transférés les processus énergétiques harmonisants, digestifs et distributeurs du cent­re du plexus. Ce changement de niveau opéra­tionnel dans l’énergétique trouve sa base dans le corps physique. C’est donc au sein des cellules du corps physique de l’initié, que prend place le nou­vel équilibre des véhicules et leur façon nouvelle d’opérer les digestions depuis le centre du coeur. Ce dernier jusqu’à présent n’était qu’ouvert. Son inclusivité étant absolue, ce qui en faisait l’instrument passif du Divin, va maintenant changer de polarité pour passer de yin réceptif en yang récepteur et maîtriser, dans un processus de digestion qui inclut tout, en absorbant par empreinte directement énergétique les limitati­ons à digérer pour une conscience de groupe cla­rifiée et plus forte dont le pivot qu’était le sixiè­me passe à l’opérateur qu’est le septième. C’est de ce passif relatif que représente l’initié en incarnation co-créateur, à l’actif absolu d’état d’accoucheur en ses propres cellules de Christ cosmique, que se fait le curieux passage du six vers le sept opérationnel.

Ce passage n’était pas prévu si tôt, mais tou­tes les conditions étant réunies pour le réussir, il a été décidé par le Conseil de Shamballa et les Seigneurs du Karma, qu’il valait mieux profiter de cette opportunité, il y a déjà eu tant de retard pour le Plan; Nous avons maintenant la possibi­lité de ne pas attendre, ce que nous faisons.

Le corps physique actuellement est trop bas en vibrations pour permettre aux énergies de Christ un atterrissage sans danger dans l’incarnation. Le corps physique de L.C. a été préparé par deux interventions afin de supporter le mieux possible cette polarité yang – nouvelle au coeur – qui caractérise le septième.

Dans la ligne directe de Christ cosmique qu’L.C. est venue raccorder au monde par ses pro­pres véhicules, se trouve la nécessité d’une appar­tenance au rayon un dont Je suis le gardien mais -et ceci est nouveau – c’est le rayon onze dont J’ai aujourd’hui la responsabilité aussi, qui est le plus proche du très haut voltage de Christ cosmique. C’est pourquoi du coeur au un, en direction du onze, L.C. doit, en ses corps physique et énergétique, doubler sa propre polarité yang afin de rayonner le onze, seule qualité divine dont les hau­tes vibrations émettent déjà celles de Christ com­me un écho cosmique à son intemporalité infinie.

Sur ce travail délicat qu’expérimente au­jourd’hui L.C. le coeur centre et réseau, conscien­ce et état yin par excellence, tourne sa roue éner­gétique en polarité yang, ouvrant au corps physi­que le passage libre d’un renversement de pola­rité dont la pente cosmique est indispensable, depuis Shamballa, à Christ.

Vivre Christ.

Etre en Christ.

Ces deux états sont différents. En effet on peut vivre Christ sans l’être encore, on naît en Christ, mais l’être signifie pouvoir en assumer physiquement des facultés insoupçonnables qui ne sont pas miraculeuses mais véhiculaires et cellulaires, tout en gardant vibrants les travaux énergétiquement difficiles à vivre dans le corps physique.

Le coeur ouvert en son état passif peut être vécu intellectuellement par beaucoup, comme l’Amour, par ce que l’on en croit, par ce que l’on en sent, par ce que l’on tente de donner.

Mais cet état yang de polarité forte qu’est le niveau du septième amène la structure énergétique à un potentiel actif jusque là inconnu. C’est cependant le corps physique qui doit s’accommoder maintenant de façon à amener les cellules à un taux vibratoire suffisant afin de ren­dre actif, physiquement, cette nouvelle capacité à digérer par identification énergétique. Notez la différence entre identification de conscience et identification véhiculaire.

Cela signifie que jusqu’à présent l’identificati­on, processus de découverte de l’Extériorisation, amplifie son processus afin de vivre véhiculaire-ment dans les corps une manifestation digestive à caractère yang dont elle doit maîtriser, en un second temps, les principales données. La découverte est toujours problématique, elle suit des adaptations à tous niveaux, le renversement de la polarité du centre du coeur n’est pas une mince affaire et touche tout le système respiratoire ain­si que le coeur organe. Il faut donc s’économiser énergétiquement et apprendre au jour le jour ces réactions et ces adaptations; la vigilance est de mise, la nourriture doit être diminuée, beaucoup de boissons pour éliminer. Un peu de café pour soutenir un processus cellulaire. Beaucoup d’attention et, sans cesse, noter ce qui se passe, ce qui change, ce qui s’installe, ce qui se dégage.

Nous avons avec Notre Frère Sérapis Bey, préparé L.C., une première fois aux Etats-Unis pour neutraliser le centre du troisième oeil afin de permettre une ligne directe entre le centre coronal et le centre de la gorge. En effet L.C., pro­totype du septième, n’a plus besoin du centre ajna puisqu’aucune visualisation n’est plus nécessaire, non plus que la faculté d’entrer horizontalement sur certains plans dont le mental. Cette première intervention a soulagé les digestions des énergies mentales tout en préparant la voie énergétique directe entre le coronal et le coeur, verticalement ouverte à Christ en Ses plus hautes énergies. Cet­te intervention s’est avérée nécessaire et c’est sur l’avis de Notre Frère Hilarion qu’elle fut pra­tiquée afin de permettre une élévation vibratoire sensible que les facultés inhérentes à ajna blo­quent à ce niveau vers le septième. Quand la visi­on est intégrée, vécue, communiquée, ajna est superflu, c’est un organe énergétique qui fut très utile, l’est toujours jusqu’à un certain stade initiatique, mais le coeur ouvert n’en a pas l’uti­lité, non plus que les degrés supérieurs. Mais si le septième n’en a pas besoin, il est évident que pour disparaître, de longues années seront encore nécessaires à chacun, à tous, pour que l’humanité en soit, en sa totalité, là.

Donc cette intervention majeure fut décidée avec l’accord de L.C. pour passer à un stade vibratoire différent et permettre en un second temps l’intervention pratiquée en Mai – Wesak 95 – qui, elle, préparait directement l’inversion de polarité du centre du coeur. Cette intervention consistait à remonter vibratoirement, par la trachée, le taux vibratoire du centre du coeur pour en permettre l’inversion de polarité. Cette intervention, pratiquée dans le corps énergétique de L.C. dont la structure est forte, devait descen­dre doucement dans le corps physique, phase ter­minale du travail, inévitable pour un initié mem­bre de l’Extériorisation. C’est dans le corps physi­que que se vivent les manifestations de tout changement s’opérant – naturellement ou aidé, ce qui fut le cas ici – dans la structure énergétique.

Ces interventions furent décidées pour faciliter le processus d’inversion, pour alléger les inconvéni­ents physiques inévitables, et L.C. avait déjà tant souffert pour ouvrir la voie des digestions, qu’il fut décidé par consensus d’en limiter les effets néfastes, d’autant que le septième, prévu plus tard dans l’incarnation, est souhaitable dans un corps encore jeune, ce qui est le cas de L.C.

Si aujourd’hui Nous nous attachons à vous communiquer par le présent ouvrage ce qui fut pratiqué sur la structure énergétique de Notre soeur, n’en personnalisez pourtant rien. Voyez-la comme un membre de la Hiérarchie conscient, ne fantasmez pas et ne vous égarez pas sur les voies de ces garages que l’ego ouvre à des véhicules illu­soires. Si vous avez la tête qui tourne, c’est sûre­ment une crise de foie! Je plaisante à peine. Nous devons donner cet Enseignement sur le septième dont L.C. témoignera parce qu’elle le vit et l’expérimente en ses corps, ne vous y méprenez pas, elle n’est pas une star, même si sa lumière y est plus que comparable, et Je veux parler d’étoile.

Comme une étoile piquée sur le sol, epinglée par une incarnation déterminante pour l’Extériorisation, aidez notre soeur à travailler, aidez-la à diffuser, mais, comme elle vous le demande, ne vous arrêtez pas à elle.

Elle n’est qu’une perle de plus au long fil du service qu’elle tient depuis bien des incarnations de travail avec nous.

Si vous le pouvez, regardez le collier ainsi formé, vous aurez la possibilité d’en voir au moins trois perles bientôt, mais ne focalisez pas sur l’une d’elles  seulement.

Soyez les artisans de la vision, aidez-la à passer, ne vous arrêtez jamais à ce que vous en avez vu parce que c’est déjà le passé.

Dans le périple du service, on va, on vient, on revient et on demeure.

Avec vous, elle demeure tandis qu’avec elle nous demeurons et ensemble, pour faciliter le chemin, nous servons dans ces affaires humaines, parce que seuls les cœurs yang, de polarité yin inversée, connaissent et pratiquent au quotidien l’identification énergétique, épuratrice, comme un filtre posé sur les énergies magistrales de Christ en descente cosmique.

Dans tout processus initiatique nouveau sont placées près de l’initié les aides nécessaires :

1)  à ces prises de conscience objectives, indispensables;

2)  les aides matérielles dont sa vulnérabilité le rend dépendant.

En effet dans le cas qui nous occupe ici, les chocs énergétiques sont tels, que leurs impacts sur le plan physique sont très perturbateurs.

Plus les vibrations sont hautes, plus l’incarnation dans le corps physique rend les adaptations lour­des et difficiles.

Toute manifestation intempestive a lieu dans une sorte de conflit entre l’habitude cellulaire du corps physique et ce qu’il va devoir dorénavant recevoir et communiquer en sa structure énergétique. L’adaptation n’est jamais facile, il faut le savoir, elle peut paraître problématique d’un point de vue humain, et elle l’est, toujours, cela doit être considéré d’un point de vue du travail énergétique et hiérarchique, dans le cadre d’un service mondial pour l’humanité tout entière, cela remet les justes réalités à leurs justes pla­ces. Sinon, polarisé sur sa petite personne, on s’enfonce très vite dans des apitoiements négatifs peu souhaitables pour le travail, en soi.

Dans le cas du septième, lorsque l’inversion de polarité atterrit sur le centre du cœur qui doit s’y adapter, le système respiratoire, la trachée, va devoir physiquement évacuer les trop-pleins correspondant à des vibrations antécédentes auxquelles les cellules se sont habituées.

Les habitudes dans ce domaine sont densifiées par la matière moléculaire à laquelle est demandée énergétiquement l’adaptation à un autre taux vibratoire.

Ceci équivaut à un changement d’habitude moléculaire donc physique qui sera plus ou moins long, dépendant de la capacité d’adaptation du corps physique en question, ainsi que de sa bonne forme, en général.

Le corps physique est bien sûr capital pour l’incarnation, d’autant que le septième est un relais terrestre de Christ cosmique, auquel il offre son terrain d’atterrissage le plus glorieux et le plus sûr.

Christ est en voie d’apparition, chaque cellule du septième en témoigne et dans le cœur inversé, devenu yang en ses émissions et en ses identifications, il prend la dimension qu’il donne.

La voie cosmique de Christ est un sentier qui découvre, avec le septième, l’humanité, et la Mère du monde en a permis la descente par la sienne propre, elle est l’ensemencement yin de la polarité yang du cœur inversé.

Vivre Christ, devenir Christ,  être Christ, ces trois étapes sont : humaine, spirituelle, cosmique.

L’universalité du processus est à remarquer, avec tout ce qu’il comporte de particulier et de personnel, à la fois, puisqu’incarnation il y a.

Dans ces retours sublimes que la lumière dévoile, que la conscience retrouve, que l’amour ressuscite, que la joie répand, dans ces retours sanctificateurs où le sens du sacré jaillit comme une véritable fontaine rafraîchissante au quotidien, dans ces retours précipités par la conscience de Shamballa, dans ces retours, chaque initié a les pas sûrs de ceux qui sans s’attacher à aucune connaissance, en expérimente les mobilités comme un cœur attentif à chaque battement peut l’être à un rythme qui s’accélère.

Chaque cellule est comme un mini cœur battant le rythme d’un souffle nouveau qu’installe la vibration descendante de Christ en retour.

Le septième, dont je suis le Manu de la race, accélère au monde, en son sein, un taux  vibratoire que, sans partager, il supporte, pour en changer la substance profonde en ses cellules mêmes.

Quand le cœur inversé respire enfin à pleine ouverture cette nouvelle polarité yang à taux sensiblement plus élevé, le Maître, initié en incarnation, a vécu et expérimenté en lui-même Christ en sa dimension cosmique dont, dorénavant, il sera l’ambassadeur.

Christ humain, Christ spirituel, Christ cosmique.

Le Maître Jésus a vécu le premier, connu le second et préparé le troisième.

Le septième va connaître le premier, vivre le second et être le troisième.

Je vous demande de vous servir, par le coeur, de la clé occulte que Je viens de donner ici.

Le processus énergétique de l’inversion de la polarité yin en yang du centre du coeur n’a été vécu par Jésus qu’après son passage dans l’incarnation, la crucifixion l’a rendu possible mais pas encore accessible.

Chaque début annonce une aube nouvelle qui tombera forcément dans les feux d’un soleil couchant. On dit que rien n’est jamais acquis, c’est faux. Tout, pour l’initié, est acquis, toujours, simplement l’acquis intégré et vécu amène auto­matiquement les feux rédempteurs d’un soleil qui en se couchant appelle une aube nouvelle. En ce sens, l’acquis le demeure mais se dépasse, ou sera dépassé …

Il serait plus juste de dire que rien n’est jamais fini parce que rien n’est jamais mort. La vie se renouvelle de ses propres inconnues, mou­vements eux-mêmes imprévisibles au soleil-midi du connu.

Parler si concrètement de la septième race pour l’humanité qui s’y dirige tout doucement, dans son ensemble peut actuellement sembler pure sience-fiction. Pourtant Nous avons des raisons:

1)  La venue de L.C. en tant que pionnière de la septième.

2)  L’Extériorisation de la Hiérarchie et le pro­pos initiatique de cet Enseignement en sa troisième phase.

3)  L’accélération du processus due à la dispo­nibilité totale de L.C.

4)  Tout Enseignement hiérarchique, novateur, concerne en général la fin d’un siècle, pour son application au suivant.

5) A.A.B. sur le plan occulte de l’Enseignement a préparé la venue de L.C. puisque Notre Frère D.K. s’est arrêté à l’identification de cons­cience tout en la mentionnant.

Vous voyez, nous en sommes ici à l’identifica­tion énergétique!

Comme une pastille qui fond sous la langue, l’identification énergétique diffuse ses parfums troublants aux papilles sensibles qui en prospec­tent les goûts différents et parfois amers qu’en capte le corps physique qui, en un premier temps, les subit.

Forces pénétrantes, énergies très subtiles, le cœur en son centre est dérangé et les repères énergétiques d’ouverture qu’il a posés, s’esquivent vers un nouvel équilibre dont la rotation centrale s’époumone aux tourbillons d’une respiration dérangée, aussi.

Sur le canevas dont les dessins invisibles encore postent une à une leurs lignes nouvelles, le panorama Christique, à l’échelle duquel vit le cœur ouvert, se découvre des horizons différents qu’un ciel déteint rejoint pourtant.

Tandis que le cœur en son centre monte vers l’équilibre médian des lignes supérieures qui regroupent les centres de la tête, tout mouvement physique, descendant, contrarie en sa levée énergétique un centre du cœur en quête de yang, en perte de yin.

Tout mouvement à caractère yang polarisant chaleur et mouvement descendant tel qu’une digestion physique est à déconseiller.

Un jeûne liquide en ces moments-là, n’affaiblira pas le corps énergétique en réduisant à une pression trop basse sa structure si le corps physique – comme durant sa digestion – évite toute pression supplémentaire.

Ce qui est plus que souhaitable.

Lorsqu’est intervenue l’inversion de la polarité yin-yang du centre du cœur, alors la plaque tournante opérative devient la centrale énergétique de toutes les énergies et forces des centres du haut, en provenance avec celles du bas en harmonisation constante.

Par celles du bas j’entends les forces de l’environnement captées par l’initié qui les emmagasine jusqu’à saturation de sa propre structure purifiée ce qui, au début va amener l’identification énergétique dont il se marque de l’empreinte jusqu’à en vivre les causes inconscientes, de façon matérielle, c’est-à-dire dans les symptômes de l’autre dont il devient le révélateur conscient, vivant, souffrant, expurge­ant et digérant ce que vit l’autre en le subissant, lui donnant ainsi les moyens d’entreprendre son travail personnel, individuel et conscient en fonc­tion du service qu’il devra ensuite assumer, en fonction encore de l’aide reçue dont il ne peut pas n’être pas conscient.

Ce stade initiatique que connaît, pour l’expéri­menter, le septième, est un pas décisif pour l’humanité. C’est, en d’autres termes, le transfert énergétique inversé du coeur à la monade via des plans si élevés qu’aucune explication n’est ici pos­sible.

Symboliquement, c’est le passage d’étouffe-ment du Divin par l’humain avec des énergies si hautes que seule la descente très puissante per­met l’inversion qui prend place dans le corps physique comme quand on appuie sur une balancelle, de tout son poids, faisant ainsi relever le bord qui diamétralement opposé lui fait face. C’est ce qui se passe et les mouvements descendants et mon­tants qui se contrarient avant de s’annuler pour harmoniser leur intégration sur la ligne tête-coeur, provoquent l’étouffement physique de l’ini­tié qui, objet de ces mouvements, n’en peut au début contrôler les effets. Ce qui provoque dans l’inversion yin-yang en cours, un blocage du cent­re de la gorge se traduisant par une impossibilité à expirer dont les énergies du haut vers le bas démontrent là leurs difficultés à entrer de plein fouet dans la matière cellulaire et ses mécanis­mes qu’offre à la lumière descendante le corps physique de l’initié qui, bientôt et de manière yang, vivra pleinement l’identification éner­gétique.

Dans le cas de l’expérimentation énergétique de L.C., vécue comme Je vous l’ai dit pour la pre­mière fois dans un corps physique sur terre, et plus tôt que prévu, le processus fut à la fin accéléré et vécu dans son paroxysme. En effet pour qu’elle comprenne objectivement, bien et clairement dans sa chair et dans ses cellules ain­si que par sa structure énergétique, elle fut en contact avec un disciple ayant un problème d’angoisse lié à un chagrin énorme d’enfant. Les causes inconscientes vécues par ce disciple étai­ent de nature émotionnelle avec sensation d’étouffement dépendant de certaines conditions. Ce disciple fut mis en condition de vivre cette angoisse par une crise quasiment de nerfs où l’angoisse, doublée du chagrin, jaillirent. Au même moment l’incidence sur le corps éner­gétique de L.C. fut telle qu’en un éclair elle com­prit l’identification énergétique qu’elle expéri­mentait. De là les choses allèrent très vite. Le disciple comprit que ce qu’il prenait pour venant de quelqu’un d’autre était de lui, qu’il avait vu en L.C, comme dans un miroir, son propre problè­me. Puis L.C. trouva un moyen parce qu’elle le connaissait en elle-même pour amener un apaise­ment à l’angoisse du disciple: respiration abdomi­nale – car il était coupé en deux et ne vivait l’angoisse qu’au niveau de la gorge, comme un étouffement né d’une inspiration de tout sans pouvoir expirer quoi que ce soit.

L.C. en tant que septième en puissance com­prit qu’elle vivait constamment, par empreinte énergétique, toutes les stimulations provoquant chez le disciple la montée de l’angoisse et décida avec justesse de couper les ponts, ce qu’elle fît. Demeurant en contact non plus physique, elle put alors se consacrer à son propre mécanisme énergétique en voie d’adaptation, qui lui causa de nombreux désagréments qu’elle suivit avec vigi­lance, attention et sans aucune autre indication de Ma part.

En ce moment, passée à la médiation de cet ouvrage, elle comprend mieux, au fur et à mesure qu’elle l’écrit, ce qui s’est passé, pourquoi et com­ment assurer sans trop manger l’intégration du mécanisme.

Ce ne sont certes pas des parties de plaisir, d’autant que pour ce passage marquant, L.C. a cumulé l’angoisse du disciple par empreinte éner­gétique et le processus énergétique véhiculaire du coeur inversé qui symboliquement représente l’étouffement du Divin par le passage dans un corps physique affiné comme de l’eau à forte pression, dans le goulot étranglé d’une bouteille.

Ce double étranglement fut vécu en un pre­mier temps comme une asphyxie pure à double configuration dont L.C. ne connaissait objective­ment aucune des deux, ce qui la conduisit coup sur coup chez deux médecins qui ne diagno­stiquèrent rien de clinique ni aux poumons, ni aux bronches, ni au coeur.

Rejoindre au plus vite un endroit aéré était une première nécessité, ce qu’elle fit. Le reste suit, se continue et la compréhension survient un peu plus claire à chaque ligne que nous écrivons ensemble en identification énergétique.

Le septième est une valse qui prend son rythme inversé verticalement entre le coeur et le coronal, énergies basculées véhiculairement dans une polarité forte au yang décuplé, c’est pourquoi, afin de devenir acteur-créateur de cette polarité active, l’initié ressent dans le côté droit, correspondant au cerveau gauche, une forte pression, incompréhensible, pouvant mener à des douleurs dont les tendinites et autres inflammations nerveuses dans le corps physique sont inquiétantes.

Le pôle yang assure une bonne prise dans le côté droit du corps avant de basculer l’inversion du coeur dont la polarité yin, réceptrice et inclu­sive, va devoir s’intégrer comme un acquis nécessaire à l’inversion à laquelle elle acquiesce. Les énergies ici sont belles, elles vont devenir puis­santes et les forces qu’elles mettaient en jeu vont en être augmentées par radiation yang intense jusqu’au renversement total. Une fois l’inversion faite, le coeur devient soleil central spirituel en une contrepartie énergétique physique et son fon­ctionnement actif et conscient pour l’initié per­met la compassion réelle qui, sans aucun dialo­gue autre qu’énergétique, ouvre à l’autre la rédemption de son salut, par une forme énergétiquement exceptionnelle et nouvelle, cette identification dont l’initié accepte l’empreinte du corps énergétique déficient jusqu’à l’accueillir en lui, énergétiquement puis physiquement, ce qui va lui ouvrir les secrets chagrins et autres diffi­cultés qu’il va canaliser au pur véhicule qui est le sien, jusqu’à résorption complète et évacuation complète des causes inconscientes qu’il a rendu conscientes et perceptibles. Cette forme de guéri-son est à la compassion ce que l’amour est au sentiment. A ce niveau, le coeur inversé en ses processus et captations énergétiques adombre et recueille en lui tout ce qui de tristesse, peur, chagrin et autres rejets, retient sous cloche psy­chologique, afin d’en clarifier la coupe du calice engorgé de celui qu’il aide par l’inversion absor­bante et créative dont son ouverture du coeur à polarité yang est capable. Et tout est possible!

Que cet Enseignement en sa troisième phase ne soit que pratique est une évidence qui Je pen­se vous saute aux yeux? Dans l’axe dégagé par l’initié sur la route élargie d’une évolution humaine en voie d’expansion, les jours se suivent sans se ressembler et bien malin qui peut tenter d’y coller des repères. Il n’y en a pas. L’initié les pose en avançant, découvrant en ses propres cellules les lumières qui éclairent une trajectoire rectiligne que les aléas humains ont tendance à rendre nébuleuse. Cette voie ne l’est pas, nébu­leuse, elle est si claire qu’il suffît d’en accepter les indications. Si le chemin est long, il est parfois si lent que les beautés n’y ont pas leur réelle place. Elles qui soulignent sans cesse le miracle naturel du Divin, ne sont plus, dans les lenteurs que nous générons, que passagères dans le rai d’une lumière que d’aucuns se disputent comme appar­tenant à leur vérité, ce qui fait fuir la justesse dans des sens uniques auxquels l’on tente de redonner sens.

La compréhension de ce qui est vécu, dans la chair, est la seule et unique façon de parcourir le chemin initiatique, d’en passer les paliers et d’en maîtriser les acquis. Tout passage de seuil initia­tique est une aventure plurielle dont les éléments se juxtaposent formant une portée encombrée de notes aux mélodies conflictuelles dont les cellules sont la clé de sol. Tout passage initiatique est un seuil de plus, ou un seuil de moins, c’est selon … quoi qu’il en soit tous se font dans l’incarnation. Les récapitulations en sont pénibles mais plus faciles que les initiations réellement premières. Et aujourd’hui Nous parlons du septième degré passé sur le sol de l’incarnation pour la première fois. Les initiations amènent des possibilités diverses pour les travaux au sein du monde. Il est clair que le septième est une capacité à entrer de plain-pied dans la septième race, spirituelle oh! combien puisqu’elle correspond, Nous l’avons dit, à l’expansion de Christ cosmique au sein du monde par Son passage énergétique au coeur du corps physique dans un processus de modification auquel les cellules elles-mêmes adhèrent pour trouver leur nouvelle vibration. C’est, de fait, ce qui est extrêmement douloureux pour l’initié qui est confronté à ce passage dans son corps physi­que.

Le corps physique est rempli d’automatismes, les cellules ont des habitudes fonctionnelles très enracinées, tout changement de vibration au sein du corps physique est un processus plus ou moins lent, mais toujours douloureux.

L’énergie qui s’incarne prend le pas sur les forces présentes, et notamment la force d’inertie qui gère tous les éléments physiologiques du cor­ps et de ses réactions. D’autre part le système nerveux proche des centres et en dépendant, accélère en général les automatismes, en intensifiant les réactions dites normales, à tel point, que tout symptôme sans réfèrent ou toute action d’un corps désorienté dans ses cellules affiche « étran­ge » au bataillon varié des connaissances médica­les habituelles. Il faut à l’initié une bonne dose de

courage, de lucidité, de confiance et d’amour pour l’humanité pour entrer consciemment dans un lourd processus initiatique dont les découvertes -une grande aventure – s’imposent avec violence parfois. Tout passage énergétique innovant est une forme de viol que subit le corps physique en son inertie, ce qui révolutionne systématique­ment toutes les voies normales de digestion et autres que connaît le corps et dans lesquelles il s’est installé, comme un confort tout physique auquel nous donnons ce qu’il demande, lorsque l’inconfort du passage initiatique intervient sur cette somnolence de la matière qui sied à l’inconscience comme un gant. S’ouvrir à l’inconnu dans la matière physique, en explorer les inaccoutumances, les faire siennes et s’offrir, avec les cellu­les récalcitrantes, un dialogue de force, forcément conflictuel, voilà le propos de chaque passage initiatique des degrés supérieurs, quand il s’agit d’incarner la lumière dans le corps même de l’ini­tié qui, non seulement y consent, mais s’y ouvre et accompagne consciemment toutes les difficul­tés de mise.

Vivre l’excès, l’horreur parfois, sans savoir et sans répit. Donner de sa personne et de ses corps dans une liberté énergétique qui se cherche à nouveau un équilibre différent, parce que, de seuil en seuil, les initiations se ressemblent sans se ressembler, tout en se ressemblant, elles ont des analogies qui symboliquement les classent en niveaux, elles sont toujours différentes et sans cesse élargissent à la fois l’envergure énergétique de l’initié, son impact sur le monde, et donc le monde.

Dans les silences amers que l’initié expéri­mente quand, seul face à tous, il se livre à un processus, dans l’incompréhension générale, le silence de Dieu, ensuite envahissant lui donne la force de s’accomplir par-delà les règles humaines physiologiques, les changeant de sa lumière mais surtout, à ce septième, s’immolant au corps même du Christ cosmique dont il peut maintenant véhiculer sur terre les énergies énormes, puissantes dont, avec Mes Frères, Nous utilisons les notes au sein des ashrams, dans la Hiérarchie, depuis Shamballa et par-delà, dans cette décision que l’énergie du Dessein donne comme intention première d’enfantement de Christ cos­mique par les initiés supérieurs en incarnation pour l’Extériorisation de la Hiérarchie.

Cet enfantement est cellulaire, il s’accompa­gne de passages fulgurants en provenance de la Grande Loge  de Sirius et pour en supporter l’impact fortissime, à la fois la structure énergétique et le corps physique doivent, en toute harmonie, pouvoir travailler sans problème avec les sept premiers rayons et manier le premier comme un oeil de Shiva intégré, opératif, en tout amour afin de savoir détruire ce qui devra l’être et construire en innovant.

Les initiés en incarnation de sixième degré y sont habilités et ces co-créateurs peuvent travail­ler avec leurs Frères sur les sept rayons. Les énergies divines dont ils sont les vecteurs s’accor­dent dans leur corps physique avec plus ou moins de peine au début, mais c’est quand, opératifs avec elles, ils sont capables d’en réceptionner les créativités dont ils délivrent les formulations parfaites par l’identification de conscience, qu’ils peuvent commencer à préparer le septième, c’est ce qu’a fait Notre soeur L.C., parce que Nous lui avons demandé. N’était prévu pour cette fin de siècle qu’un sixième opératif. Mais l’efficacité de travail qu’elle a maintenue constante au sein des vicissitudes qui l’ont assaillie; les opérations nécessaires qu’elle a subies pour libérer des can­aux et des circuits dans le corps physique, opéra­tions chirurgicales, nécessaires à une libre circu­lation et à une adaptation plus facile dans son corps physique; la structure énergétique forte et large, lumineuse; l’infatigable engagement donnant la priorité au service et seulement au servi­ce, font que Nous anticipons ici un degré initia­tique, le septième, qu’elle était de toute façon destinée à passer, mais plus tard. Cette décision devrait influer fortement dans tous les travaux entrepris au sein du monde politique dont J’ai assumé la charge avec la collaboration de L.C. De plus, l’énorme capacité de travail énergétique qu’elle a mise en oeuvre dans tout ce qui est entrepris Nous a donné la mesure de ce qui pourrait être poursuivi à tous niveaux avec succès pour le Plan qui, après quelque retard, s’incarne enfin.

Le septième est donc la clé de cette race qu’il M’échoit d’initier à elle-même, le Maître Saint-Germain en est le pôle opposé, dans la matière que son septième rayon ordonne dans ses qualités de mesure, de divine magie et d’ordre cérémoniel sacré, pour redonner au corps physique dans ses cellules la lumière triomphante de Christ accouché, enfanté serait plus exact comme terme.

L.C. est un corps physique de septième rayon, c’est vous dire combien important est ce degré qui s’incarne en lumière du Christ, enfanté par un corps de septième rayon.

En tant que Régent de l’Europe et pour sa construction, le Maître Saint-Germain travaille bien sûr avec L.C qui médiatise nos travaux menés en commun dans ce sens.

Les harmonisations des Maîtres de Shamballa et au-delà pour et avec l’Extériorisation ne se font qu’en vertu d’un service direct de coopérati­on avec les initiés qui en incarnation en prépa­rent la radiation, la diffusion, l’impact vibratoire dont pas une âme, pas une monade ne se déta­che. Le Plan concerne l’ensemble des initiés mais aussi l’ensemble des disciples en et hors incarna­tion. Certains sont opératifs actuellement, d’aut­res se préparent, tous seront attentifs à aider le septième qui en synthèse et en conscience porte à la conscience de l’humanité le miroir étonnant de ses propres capacités latentes, faisant ainsi res­sortir les faiblesses et vulnérabilité dont elle se charge par l’intermédiaire de chacun.

La responsabilité, à ce niveau, est partagée, elle ajoute ou retire ce que l’initié offre de sa bon­ne volonté, dans les premiers degrés. Puis elle ouvre et s’ouvre au coeur de ses origines familia­les, politiques ou autres, afin de commencer en se sectarisant, le long périple de ses domaines les plus évidents, afin de se retrouver au coeur de l’initié qui faisant le saut dans le septième, l’offre en priorité à Christ cosmique, lui ménageant au sein de ses cellules physiques l’espace à faire pour que soit possible son enfantement. Le sep­tième est une entrée dans une plus grande lumiè­re dont une analogie peut être faite avec le cin­quième, mais ne lui est en aucun cas comparable.

Les croix, différentes, se suivent, construites par les crucifixions que l’on s’invente d’un ego prédateur qui joue à l’âme. Spiritualité défaillan­te de ceux qui croient qu’il suffit de faire pour être. Chaque seuil est une clairière à passer, un bois à traverser, une ombre à intégrer, une douleur physique, ou plusieurs à reconnaître. Mais elles ne se ressemblent pas et n’ont en commun que l’acquis qu’elles contribuent à déplacer de sa naissance à son application. Tout initié de l’Extériorisation dans un passage initiatique sans récapitulation, prend sur ses épaules une partie du karma de l’humanité ou d’un pays, pas tou­jours le sien, ceci en accord avec les Seigneurs du karma et parce que le travail d’incarnation de la lumière jusque dans le corps physique est si diffi­cile, dur, qu’en l’offrant aux hautes énergies qui en prennent ensuite le chemin, une partie du karma est allégée pour l’humanité. Donc ces pas­sages éprouvants servent à tous, ceci doit être pris en compte lorsque l’initié, dans sa souffrance physique expérimente en ses molécules un passa­ge quasi infernal. La lassitude de l’initié face à un vide d’épuisement physique est normale, il ne faut simplement pas la vivre avec trop de sérieux.

Essayez donc en toute occasion de rire! Humour!

J’avoue qu’il est facile pour Nous qui avons franchi le septième hors incarnation de vous demander d’en rire. Et pourtant! Le septième est en fait une marche vers l’Orient. En effet de ses plus sombres étapes à ses plus folles histoires, l’Orient se transforme assez mal et à la fois potentiellement bien, pour donner aux septièmes des places de choix dans leurs sociétés qui devraient, après un intégrisme net­toyé, donner place à la fois à la spiritualité et à une forme démocratique plus souple et différen­te de celle de l’Occident. Le septième passant cette initiation dans l’incarnation ouvre à l’Ori­ent la voie de sa vérité. C’est en accord avec les Seigneurs du karma, compte tenu des urgences que fait naître, sur la planète, l’intégrisme et ses débordements. Le septième pour l’instant a toujours une note orientale dans ses véhicules, que ce soit de par sa naissance ou ses origines spirituelles occultes, ou sa résidence ou ses amours, peu importe, d’une manière ou d’une autre il a de l’Orient une note.

Parce que la note orientale apporte à l’orga­nisme humain une force, une robustesse et une mobilité nécessaire à l’initiation en général, à l’évolution donc mais au septième en particulier.

D’autre part la septième race sera impliquée dans les bouleversements orientaux dont elle doit jaillir des changements, telle une fresque mon­diale, dans tous les pays, par une incidence multiraciale dont nous voyons aujourd’hui les pre­miers signes à travers l’immigration et l’échange interracial dont les enfants sont, dans de nom­breux pays, de beaux exemples.

L’Orient y est fortement présent, sous dif­férentes formes et le Moyen-Orient aussi, quand au Maghreb il est le creuset d’une multi-immigration dont la France et les pays de l’Union Européenne sont les premiers bénéficiaires.

Tentez de voir et d’appréhender l’immigration et cette pluriculturalité qui envahit l’Europe avec un regard neuf tourné vers la septième race et vous verrez probablement que c’est un projet planétaire certain, localisé principalement sur l’Europe, dont les finalités encore imprévisibles dépendront de la manière dont seront visionnées et vues, en politique, les incidences et les soluti­ons positives pour en réguler les excès tout en permettant à cette pluriculturalité de vivre ses beautés complémentaires en en facilitant l’échan­ge à tous niveaux dans le respect laïque d’une démocratie à comprendre.

La septième race est dans sa particularité occulte apte à vivre et à expérimenter au sein de tous les travaux sociaux, politiques, familiaux, professionnels et autres, les épanouissements de Christ en sa dimension cosmique. Il est clair, ici, que l’envergure énergétiquement sensible d’une telle capacité ne pourra qu’impressionner, au bon et réel sens du terme, tous les travaux entrepris dans l’esprit du Bien Général. Avant d’être totalement septième l’humanité par le biais des initiés en incarnation le sera partiellement, sans le savoir, et à des postes clés, en tant que conseils parfois, souvent au début, des initiés de septième degré seront placés pour diffuser Christ et sa lumière cosmique par les véhicules mêmes dont ils seront équipés. La simple présence d’un septième dans une salle change automatiquement la fréquence vibratoire de l’ensemble des personnes en les touchant individuellement par le plexus ou le coeur. S’il y a une intervention, alors le septiè­me, marque un profond sillon énergétique là où il est qui, une fois hors de sa présence poursuivra une trajectoire énergétique sûre, liée aux besoins et nécessités auxquelles aussitôt il sera relié et au profit desquels il sera opératif et créateur grâ­ce à des rencontres que son énergie appliquée aura provoquées.

Divines flammes, divines intentions, rayonne­ment radiant, pensée inexistante, instantanéité juste, action n’entrant ni dans le « faire » ni dans l’attente, idées créatives, formulations rapides de n’importe quelle synthèse … toutes ces qualités acquises au travers d’un chemin initiatique diffi­cile, le septième les vit et en imbibe ses travaux dans la plus grande, la plus aiguë des consciences à la fois globale et objectivement adaptée aux autres.

Puis, dans sa capacité d’identification éner­gétique, le septième connaît l’autre mieux que ce dernier ne le pourrait, à cet instant, de lui-même. Connaissance qui, en plus d’être directe, comme le sixième, est aussi charnelle, dans le corps et psychique. Le septième est une raison de plus à l’investigation spirituelle non dissociée de ses parties que d’aucuns cultivent comme un tiroir séparé de la totalité de la vie, donc de l’être.

Très peu de septièmes pour le début du 21ème siècle. Ils feront leur apparition dans la fin de la première moitié du siècle. Vers 2025, 2030 et 2050. Mais bien sûr certains apparaissent déjà, aujourd’hui, ce sont des enfants sains, vigoureux, très particuliers énergétiquement et il est à sou­haiter que les problèmes des parents n’en ralen­tiront pas les avancées sur des seuils initiatiques indispensables dont ces jeunes auront à faire les pas décisifs seuls face à eux-mêmes. La motivati­on du choix intérieur est toujours présente et per­sonne ne peut influencer ces enfants dont les choix intérieurs sont en plein accord avec le Con­seil de Shamballa dont la plupart du temps leur identité est issue.

Quand Je parle aujourd’hui du septième, c’est parce que L.C. en passe l’épreuve physique initiatique et qu’elle n’écrit toujours que ce qu’elle expérimente, vous le savez. Il ne s’agit pas dans cet ouvrage de faire un livre d’expert sur le sep­tième, non. Il s’agit, en accompagnant le passage initiatique de L.C, de vous donner des éléments à ne pas intellectualiser de ce passage important vers le septième et Sirius. De plus L.C. qui aura à témoigner le fera de façon vivante pour appor­ter une illustration vibrante à cet ouvrage. Nous travaillons elle et Moi-Même en étroite collabora­tion et bien que ses souffrances soient grandes et que les inconvénients qu’elle rencontre actuelle­ment soient surprenants, Nous la soutenons mais il y a, vous le savez, des moments de solitude intense où l’initié fait face seul.

Pour la première fois depuis le début du servi­ce pour lequel elle est venue s’incarner et pour la première fois après ses récapitulations initia­tiques, elle n’est pas seule pour affronter cette épreuve. Deux disciples en accompagnent les dif­ficultés, assistant avec beaucoup d’attention ses moindres handicaps à surmonter dans ce proces­sus qui s’installe.

Pour vous dire que le septième est sur terre parmi vous, pour vous dire que d’autres suivront pour lesquels ce passage sera plus facile, puisque pour la première fois il est initié sur terre dans un corps physique.

Rien ici ne sera développé plus. Nous laissons à Notre Soeur L.C. le soin ensuite de vous en par­ler, comme elle sait et peut le faire.

Ce livret pour vous montrer que même en pleine adaptation cellulaire, en plein boulever­sement énergétique, l’identification de cons­cience est opérative. Ce livret pour rendre hom­mage à ces initiés qui continuent leur service coûte que coûte, même dans de difficiles condi­tions.

Ce livret que Je termine ici, tout en demeu­rant présent à Ma Bien Aimée L.C, parce que Mes énergies lui sont acquises dans le onze par le un, elles les connaît bien.

Ce livret comme un hymne au courage que requiert l’incarnation quand la priorité est de servir.

J’ai dit!

Votre Frère attentif

Manu de la septième

El Morya

Août 1995 Benquet

 

Epilogue

 

Depuis cinq ans, je continue et poursuis des travaux nationaux, européens, planétaires, dans le cadre de l’Extériorisation.

Il est clair qu’à tous niveaux, les effets et résultats sont parlants pour qui y est attentif.

Voilà cinq années pleines de signes et de beauté, et cet instant est passé dans la durée comme un souffle sur les nuages du monde.

Aujourd’hui une nouvelle phase du travail est amorcée et celle que relate cet ouvrage en identification de conscience est complètement intégrée.

Je suis plus forte en mes corps, l’évolution se poursuit à la fois pour chacun, pour le monde et l’humanité.

Je suis dans une conscience de groupe assai­nie par l’Extériorisation qui s’y exprime, mais quel travail !

Je continue à écrire et l’Enseignement se poursuit au quotidien comme une véritable école de la VIE UNE dont mes proches sont les témoins.

Vient d’être amorcée la phase d’un travail humano-dévique dont l’étonnante coopération est livrée dans une phase énergétique dont la France est le point focal de la planète.

Et les Maîtres de Shamballa et de la Hiérarchie en sont les mentors divins sur les plans de conscience d’où le Dessein fait oeuvre de Plan pour nous qui en réceptionnons les parties sur terre.

Je suis et demeure, au sein de l’Extériorisation,

 

Votre soeur dévouée,

Dyotanâ.

En Touraine, 1er février 2001

 

 

 

 

Le monde est un foyer commun à tous où cha­cun reçoit de Dieu ce qu’il peut.

Comme la Petite Thérèse, sachons que nous sommes aimés de Dieu, individuellement,

Et que c’est cette conscience individuelle qui fait la différence quant à l’évolution du collectif de L’Humanité tout entière.

Cette conscience étant notre privilège et notre responsabilité.

Bonne route, à bientôt et que Dieu vous garde dans la conscience du service à accomplir.

LC

 

 

SUR LES PAS DE CHRIST

 

 ET AU-DELÀ

 

Sur cette piste sans fin où les empreintes de pas s’effacent pour mieux se continuer, les surfaces parcourues sont fonction de la qualité des véhicules.

De toujours à plus jamais, d’encore à terminé, la mémoire s’enrichit d’oubli pour ne plus offrir au temps qu’un espace illimité.

A la chaîne très longue des pas qui se poursuit d’incarnation en incarnation, l’initié ajoute aux maillons de sa volonté divine les maillons invisibles qu’il forge à la subtilité lumineuse des autres plans, dont la transition, sur le plan physique,  devient parfois passage initiatique.

Dans ce cas, le travail qui se continue aux décisions de retour que l’atome permanent détermine, grave dans la substance diaphane des plans les plus hauts, ce dont l’initié, de retour sur terre, aura besoin pour mieux continuer et réaliser ce qu’a déjà enregistré le service au plan, et qui doit se poursuivre.

L’initié supérieur, mandaté par le conseil de Shamballa, programme à ses corps subtils les nécessités correspondant à sa mission, dont le maître, de retour dans l’incarnation, retrouve peu à peu les clés, maîtrisant les processus mécaniques des véhicules en fonction des passages des énergies dont il est chargé.

L’incarnation devient le lieu privilégié d’échanges novateurs en provenance de Shamballa et destinés à l’humanité dans sa vie sociale, politique, économique, humanitaire,  scientifique et spirituelle.

A l’initié supérieur, homme-christ qui foule le sentier des sauveurs du monde, aux retours que son choix a déterminé, correspondent des seuils et passages initiatiques, qui se prennent sur les plans intérieurs.

Et ceci est analogue à ce qu’a vécu, beaucoup plus tôt, le disciple.

Les pas initiatiques se poursuivent donc, résolvant à chaque nouvelle empreinte les difficultés et choix du parcours.

Sur la plage au sable précieux de Shamballa, la mer a la profondeur turquoise dont la couleur symbolise le pouvoir de clairvoyance.

Ici la surface lisse des vagues, désormais tranquilles, reflète en son miroir de synthèse, les mondes qui, de part et d’autre de ses brillants reflets n’ont plus de secrets les uns pour les autres.

A la poussière des pierres les  plus précieuses qu’est le sable scintillant de Shamballa, l’initié sur la voie de l’évolution supérieure, ne laisse comme empreinte de ses pas, que des tracés colorés aux luminescences des rayons qui le portent.

Dans son corps physique, laissé au sommeil, le temps d’un repos, dans son véhicule mental qui s’active aux reliefs sombres de formes presque lumineuses à nettoyer, l’initié est présent et sa vigilance en éveil.

Mais au corps glorieux dynamisé en christ, il parcourt, le temps d’une réflexion régénérante, la plage sereine des rives sacrées de Shamballa.

Présent et actif sur tous les plans, il continue parfois, en même temps, d’éponger les taches que font les conflits émotionnels à la conscience de groupe dont il a,  dans l’incarnation, la responsabilité hiérarchique.

A ses activités diverses dont la source émane de Shamballa, l’initié du sixième degré prend, au silence grandiose du verbe, un élan nouveau, aux scintillements luminescents d’une plage où, conscience en continuité, il abreuve ses véhicules afin d’en assurer protection et purification.

Dans la salle du conseil présidé par Sanat Kumara, il participe, en son corps glorieux, aux réflexions décisives que demain, christ en lui, infusera aux affaires du monde physique de l’incarnation.

Aux souvenirs qu’il n’en ramènera pas dans son cerveau, tant la mémoire, désormais débarrassée d’elle-même, ne retient plus que l’essence énergétique de l’amour en action, il saura, en union directe, ce que le conseil de Shamballa, en synthèse de conscience aura précipité et qu’il lui faudra  réaliser en partie.

Au matin de ce repos et de cette activité de conscience, les véhicules, à nouveau alignés, condensés au corps physique, distribuent, dans l’incarnation, le travail productif au plan.

Aux actions ponctuelles et autonomes des véhicules sur différents plans, le corps physique, à son lever, accuse parfois, en ces retours énergétiques, une fatigue inaccoutumée.

C’est en général le véhicule mental qui, engorgé d’énergies et de forces à neutraliser, a du mal à évacuer ces trop-pleins.

A son retour dans le corps physique auquel il s’aligne, au réveil, les centres de la tête accusent parfois un engorgement qui les bloque momentanément.

Pour aider à l’évacuation de cette digestion difficile à tous les véhicules, le maître du sixième degré, en incarnation, a plusieurs moyens.

La nature, nous l’avons déjà  mentionnée dans les ouvrages précédents.

dès le réveil, après une douche prolongée, à jeun encore, aller s’asseoir, quelle que soit la saison, sous un arbre et y demeurer un lion quart d’heure, sans penser à rien, simplement se laisser aller à la fatigue et rien d’autre.

Celle-ci au bout d’un moment, capitule.

Il n’est pas nécessaire de s’asseoir par terre, une chaise fait l’affaire.

en même temps, le maître du sixième degré en incarnation, peut aider au déblocage des centres de la tête en se servant d’un cristal très pur qu’il fera tourner sur le centre ajna dans le sens inverse des aiguilles d’une montre.

Le cristal purifie, et c’est une aide précieuse, à ce stade.

Ces pages, destinées aux maîtres en incarnation, seront lues par de plus en plus de personnes, disciples et autres,  n’ayant pas atteint ce degré.

Je demande instamment à tous, dans ce cas-là, de ne pas se servir des cristaux à des fins de déblocage des centres.

En effet, les cristaux sont des conducteurs d’énergies et tout dépend, pour leur bonne utilisation, du degré d’évolution de la personne qui s’en sert.

Dans le doute abstenez-vous.

A des fins thérapeutiques, mal utilisés, les cristaux peuvent produire exactement l’effet contraire à celui qu’on en attend, et ainsi augmenter les problèmes du patient.

Donc, soyez extrêmement méfiants, et ne manipulez pas ces transformateurs, conducteurs énergétiques, n’importe comment.

Ce sont parfois de véritables petites bombes.

Seul le maître de sixième degré, parce qu’il est semblable à un cristal lorsqu’il œuvre sur le plan mental, peut, sans  danger, s’en servir pour lui.

En revanche si vous êtes attirés par un cristal ou une pierre, précieuse ou non, et selon vos moyens, il est bénéfique d’avoir chez soi, sur une table, le cristal ou la pierre qui vous a attirés.

Seule précaution, la faire tremper de temps en temps une nuit dans de l’eau salée et l’exposer en plein soleil une ou plusieurs heures dès que c’est possible.

Ainsi, elle sera toujours en émission positive d’énergie et donc bénéfique au lieu que vous habitez, ou bien où vous travaillez.

Mais surtout ne jouez pas à manier trop les cristaux, pour cela, abstenez-vous.

A ces pas de lumière que font, a vos côtés, les initiés des troisième degré et plus, il faut absolument et de plus en plus, vous habituer.

Leurs empreintes sont les fondations spirituelles de l’humanité, et le  maître du sixième degré, en incarnation, y imprime les traces lumineuses des rives de Shamballa.

Mon frère D.K. vous a dit : «les hommes ne vivent pas à la hauteur de ce qu’ils savent déjà, ils ne mettent pas en pratique leurs informations…» Cela a toujours été vrai, pourquoi ne pas pratiquer ce qu’il a donné avec A.A.B. et continuer ainsi la voie intérieure qui, vous le savez, pour le bien de tous, ne peut se réaliser qu’individuellement, afin de pouvoir, en conscience de groupe, vivre l’extériorisation de la hiérarchie.

Cette dernière paraît normale à certains et puis on se rend compte que c’est la notion abstraite qui les séduit car, face à la réalité d’un maître du sixième degré, dans l’incarnation, ils n’y croient pas, en un premier temps en tout cas.

Essayez donc de vivre ce que vous savez pour l’avoir appris ou lu, mais qui, en fait, reconnaissez-le, n’est qu’un travail mental dont les schémas que vous en avez fait, ne collent plus avec la réalité.

Il ne suffit, il n’a jamais suffi d’apprendre et de lire, de travailler une lecture, cela fait travailler le mental qui s’y régale, pour peu que l’ego ait des aspirations spirituelles.

La maîtrise ne vient pas des véhicules inférieurs, du bas, pourrait-on dire, elle vient du haut et s’exprime par l’âme en un premier temps.

Pardonnez-moi d’insister encore là-dessus mais un grand malentendu s’installe là, qu’il faut mettre au point, encore et encore.

En effet ce que nous appelons maîtrise, j’en ai déjà parlé, vient du haut et les énergies, donc, utilisent les véhicules.

Bien.

Avant cela, il faut faire le chemin de bas en haut, ce chemin se situe en dehors de la première initiation hiérarchique ou troisième degré.

Et avant le troisième degré, on ne peut, en aucun cas parler de maîtrise.

Pourquoi ?  Parce que rien de ce qui concerne le non-soi, la personnalité n’a de près ou de loin quoi que ce soit à voir avec la maîtrise, pour la simple raison qu’à ce stade, vous ne maîtrisez rien à part la volonté personnelle pour y arriver.

Cela entraîne donc blocages, frustrations, refoulements, une certaine manière d’éluder ou d’occulter, bref, rien de cela ne peut se qualifier de maîtrise.

C’est à ce stade que, vous croyant débarrassé d’une composante gênante de votre personnalité, elle resurgit tout à coup sans crier gare, à votre grand etonnement parce que, loin d’être maîtrisée, elle n’était qu’éludée ou occultée pour un temps.

La seule maîtrise connue avant le troisième degré est celle de la volonté personnelle qui met en œuvre l’autodiscipline.

Rien à ce moment-là, d’autre, n’est possible.

C’est pourquoi lorsque vous  invoquez les «énergies» que vous mettez à toutes les sauces pour, par exemple, arrêter de fumer, vous vous leurrez vous-mêmes, il suffit simplement d’une volonté personnelle à laquelle répondra la discipline.

Voilà qui sera efficace, et rien, absolument rien d’autre.

Tout ce qui est censé aider par l’utilisation des rayons est une illusion pure dans laquelle le mental encore une fois, se complaît, créant à l’aide d’une lumière tout à fait partielle, les formes que vous connaissez maintenant, je les ai développées ainsi que ce sujet dans «maîtrise initiatique dans l’incarnation».

Comprenez vous que, l’ésotériste que j’ai qualifié d’analyste mental et de pinailleur, ne peut pas, avant le passage effectif de la première initiation hiérarchique, maîtriser quoi que ce soit sur les plans intérieurs, depuis l’incarnation, il n’en a pas les moyens véhiculaires et  toute velléité de maîtrise à ce stade est mirage et pure illusion.

De plus, les seules agressions subies, proviennent de lui-même, des causes personnelles dont il subit les effets et c’est pourquoi sans volonté de discipline drastique, il ne peut rien et surtout pas «se servir des rayons» dont son mental n’appréhende que l’abstraction formelle, et vous devez maintenant comprendre ce que je veux dire par là ? Ce que nous appelons maîtrise ne devient effectif qu’après le passage au troisième degré et cela concerne les véhicules en contact avec les énergies des plans intérieurs.

Jusqu’à présent le disciple était trop occupé à juguler ses propres énergies et forces personnelles par rapport aux effets qu’il en subissait sur le plan physique.

La méditation alors était utile et nécessaire, permettant de  calmer le mental sur son propre plan.

Mais point trop n’en faut, et l’excès de méditation, à ce stade est aussi dangereux que le manque de méditation qui devient une lacune et un piège pour l’émotionnel.

Voyez comme tout cela est complexe, et comprenez les faux pas qu’ont fait certains disciples tout en suivant sincèrement l’enseignement ! Troublant, non ? Pouvez-vous, à la lumière de ce qui précède, revoir vos positions intérieures, non pas dans la méditation ou la visualisation, surtout pas, mais dans la réflexion au silence de dieu, sans y faire participer le mental analytique.

Ce sera peut-être difficile, mais il vous faut essayer.

Au siècle dernier, moi-même, mes frères K.H. et Rakóczi étions des maîtres de sixième degré en incarnation.

Nous  ne supportions que très mal les atmosphères citadines et vivions le plus souvent retirés du monde, en des lieux privilégiés.

Mais il n’en est plus de même, les maîtres de sixième degré, en incarnation actuellement, ont subi, sur les plans subjectifs un entraînement qui permet l’extériorisation de la hiérarchie.

Ces maîtres vivent parmi vous, ils sont très peu nombreux encore, et bien que certaines atmosphères et lieux soient pour eux difficiles à supporter, ils dosent leurs déplacements et moments de résidence en ville ou a la campagne, car leur entraînement véhiculaire le leur permet.

Ces maîtres du plus haut degré d’initiation en incarnation, le sixième, quand ils sont parmi vous, en société, sont comme vous tous.

Ils sont capables de danser, de rire, ô combien ! D’avoir une relation de couple…  Bref ils vivent comme, presque ! Comme vous tous, mais en général passent le reste du temps très solitaires afin de préserver les  contacts hiérarchiques, ashramiques aussi et de pouvoir sans trop de difficultés, purifier plus rapidement leurs véhicules après le travail occulte qui, dans l’incarnation, se fait la nuit.

Cela leur prend plus de temps dans un environnement agité, lorsqu’ils sont très entourés.

Les femmes-christ, maîtres de sixième degré en incarnation sont, au moment de leur cycle menstruel, à la fois beaucoup plus vulnérables et réceptives sur tous les plans et durant leurs travaux occultes que les hommes-christ.

Cela est dû au cycle lunaire d’une part, qui régit aussi leur système glandulaire, ce dernier étant responsable de l’équilibre hormonal.

Physiologiquement, la femme-christ est soumise à des variations que ne connaît pas l’homme-christ.

Elle y est donc plus vulnérable sur  combien le présent éternel joue son rôle malgré certains retards dus aux impondérables de l’incarnation et autres…

Dans les chants des oiseaux, entendez, écoutez et reconnaissez la ponctuation éternelle du verbe qui, secret, ne délivre que la mélodie.

Les mots, les paroles sont à découvrir et a orchestrer par chacun.

symboliquement, l’orchestre virtuose en est l’ashram du christ réuni par le conseil de Shamballa aux rives sacrées duquel se composent les symphonies les plus belles dont le plan devra écrire les partitions afin que sur le plan physique, les maîtres témoins de l’extériorisation puissent, par la conscience de groupe du groupe global, en faire interpréter les morceaux pour l’humanité tout entière.

Cette dernière, par la voix  harmonieuse de l’expression christique, aspirera de plus en plus à la spiritualité qui la rend perfectible en chacun pour le bien, commun à tous.

La voie de la perfection humaine est en christ, commun à tous, dans cette quête individuelle sans laquelle ne peut s’élargir la conscience de groupe.

La voie initiatique individuelle est indispensable à la conscience de groupe.

Et la conscience de groupe, j’ose espérer que vous l’avez maintenant compris, n’est pas fonction du seul groupe exotérique.

Ce qui signifie que l’initiation de groupe «ne se prend pas» (quelle horrible expression !) sur le plan physique, comme certains ésotéristes-analytiques, déducteurs, peuvent le penser.

Pouvez-vous ici, je vous prie, revenir au titre de cet ouvrage : «sur les pas de christ et au-delà».

Que signifie de pour vous ? Vous remarquerez ou avez déjà  remarqué que je n’ai pas employé du.

C’est très important parce que très significatif sur les plans occulte et exotérique de l’évolution et c’est directement lié à tout ce que j’ai transmis depuis le sang de mon calice.

A toutes les conférences et débats qui concerneront cette phase de l’enseignement, je serai présent, et la force de l’ashram sera communiquée à ceux qui peuvent déjà y être sensibles, et il y en a heureusement ! Mais ne vous concentrez pas sur le maître qui qu’il soit, tout doit dorénavant demeurer fluide, c’est ainsi que les énergies circulent le mieux.

Simplement soyez réceptifs et faites taire le mental ! Pas de polémiques, je me répète mais il le faut bien.

Au sens hiérarchique,  «débat» signifie échange de réflexion profonde au silence de dieu.

Et vous avez tous les éléments pour y parvenir, en conscience de groupe.

Si vous saviez ce que cela coûte au maître de sixième degré dans l’incarnation, vous en auriez le respect total et profond ! De même qu’avant le troisième degré ou première initiation hiérarchique, toute élimination physique, transpiration, fièvre, évacuation intestinale… est due à des causes somatisées par le psychisme inférieur, de même, dans l’incarnation, après la première initiation hiérarchique, toute élimination physique est liée, quelle qu’elle soit, à la digestion énergétique du maître sur les plans subtils.

Ceci est une indication occulte d’importance.

Je vous demande de  la considérer comme telle.

Cette digestion détermine donc des effets tangibles dans le corps physique que le maître, dans l’incarnation, doit apprendre à reconnaître et à gérer, non pas énergétiquement, mais physiquement.

Notez ici l’inversion, encore une fois.

C’est ainsi que le maître en incarnation rencontrera les personnes aptes à l’aider tandis que lui-même les aidera dans leur recherche.

A toute information pratique correspond un degré initiatique.

Ce truisme occulte permet la compréhension des personnalités concernées sur le plan physique.

Alors n’allez pas récupérer avec le mental les indications qui ne vous concernent pas encore.

Dans l’intemporel que ne régit pas le mental se trouve la cause divine de toute manifestation.

C’est l’énergie de l’âme, enfin  perçue qui, avant le troisième degré, amène le bruissement flou de l’intemporel dans l’incarnation, comme une notion dont la vie une seule est porteuse.

De là à vivre l’intemporel, il y a une marge immense non accessible au mental.

Il ne sert donc à rien d’en anticiper les effets.

Tout cela ne serait qu’intellectuel.

Avancez donc en servant, dans l’oubli de vous-même nécessaire au dépassement du plan mental.

L’éternel présent est l’intemporel, vous ne pouvez vous y préparer qu’en oubliant et sans anticiper.

L’avenir évolutif personnel est une tentation dont vous devez vous abstenir.

Pour cela l’intégration à la conscience de groupe est une aide précieuse qu’il vous faut envisager comme un pas décisif.

Pour cela pensez groupe global et non plus groupe.

Le groupe exotérique n’était pas  jusqu’à présent le reflet du groupe global, excepté pour arcane qui s’est maintenu, malgré ses difficultés liées au groupe exotérique, dans la trajectoire hiérarchique mais n’a pas encore fait, sur le plan physique le pas suivant.

Pourtant la note juste y est maintenue, notre vigilance, ici, a été opérative [1].

Pour la théosophie, ce fut le contraire, malgré les erreurs du groupe exotérique.

Certains individus y sont demeurés branchés.

Où que vous soyez, demeurez en passant.

Demeurer s’applique au plan occulte, passer, au plan physique et ceci bien évidemment concerne l’évolution individuelle qui mène à la conscience de groupe.

L’incarnation des énergies les plus hautes doit demeurer fluide.

De même ne pas se brancher en même temps, à la même heure, évite la récupération de la lumière qui est invoquée sur le plan mental par des formes qui pourraient en fixer les reliefs.

A tout relief, l’ombre est nécessaire.

Les kilojoules que j’ai mentionnés dans un ouvrage précédent, sont comparables, sur les plans subtils d’impacts énergétiques, aux calories qui surchargent le corps physique par les excès caloriques alimentaires.

D’où le terme de kilojoules qui en souligne l’analogie.

Tout ici a une cause à laquelle votre raison doit s’aligner pour en recevoir la lumière que la récupération, par une discussion toute mentale, bloquera.

Dans tout atoll énergétique dont l’individu est le centre se trouve la sphère immense au sein de laquelle les centres multiples se perdent pour se retrouver en celui dont rien ne peut être dit.

La circonférence individuelle inscrit la sphère au centre de l’espace où elle se meut aux mouvements informels de la vie une, afin d’en imprégner l’incarnation, aux énergies christiques qui marquent définitivement l’initié du troisième degré ou première initiation.

La source de Shamballa donne à la sphère l’impulsion informelle qui alimente ces mouvements auxquels vous adhérerez de plus en plus par l’identité et la liberté des circonférences que vous y dessinerez, rejoignant ainsi l’éternel présent déjà cité.

Soulevés par le premier rayon, dans l’enthousiasme qui le caractérise, vous serez portés vers la synthèse dont il facilite l’intégration.

La synthèse étant aux corps subtils, ce que l’intégration est à la personnalité.

Et je vous demande, à ce propos, une réflexion fluide qui pourra en faciliter le processus.

Aux pas hésitants, aux pas douloureux, chaque sol foulé est une probation que l’évolution renforce et que les énergies correspondantes illuminent.

Ne vous préoccupez ni du sol, ni des énergies, avancez.

C’est en marchant que s’amenuisent les distances à parcourir.

Et ceci est valable sur tous les plans, pour l’ensemble de l’évolution qui, à chaque pas, amorce un début.

Aux sentiers les plus épineux, il suffit de débusquer les épines, ensuite les roses sont accessibles.

Lorsque vous pouvez les cueillir, chacune d’elles favorisent l’ouverture du cœur dont elles ont la fragrance, subtilité qui vous mènera jusqu’à l’essence.

Des effets aux causes, les sentiers sont toujours épineux.

Mais à chaque rose correspond un parfum avide d’espace.

Comment les mêmes mots peuvent-ils dire autant de choses différentes ? La raison occulte en est troublante à la conscience objective.

Laissez vous troubler et les mots vous entraîneront au sillage de la signifiance.

Soyez attentifs aux empreintes laissées par les pas initiateurs, ce sont elles qu’il faut suivre.

Et elles sont parfois si discrètes, qu’elles pourraient en  devenir invisibles.

Pourtant chaque indice en est d’une importance capitale.

En soi, un capital d’évolution, inévitable et que rien ne peut arrêter.

Alors mieux vaut y adhérer.

Faire confiance ne veut pas dire être aveugle mais le discernement est si trompeur au mental ! Qui, lui, rend parfois aveugle.

Dans la reconnaissance spontanée réside l’amour le plus pur.

Parce qu’alors le mental ne s’est pas encore exprimé.

Mais attention, il peut encore s’en mêler et tout gâcher.

Ne vous laissez pas prendre à son jeu.

Demeurez spontané.

A ceux qui n’ont jamais connu cela, le mental est une  perte d’identité intérieure au profit de la personnalité.

Le chemin sera long ! Accueillez le trouble comme une possibilité d’ouverture.

A chaque trouble important, le pas suivant montre une autre direction, elle est toujours novatrice dans sa trajectoire.

Seul le mental vous maintient dans l’ancienne direction.

Et ainsi vous loupez le coche ! Le mental se complaît dans le connu.

Et il connaît si peu.

C’est parce qu’il ne peut être qu’un outil.

Une pelle sans la main n’est rien, la main sans l’esprit est si peu.

Ne vous maintenez pas dans la forme d’une construction mentale séduisante.

Toute séduction est un rapport de force entre forme et forme qui rivalisent à qui mieux.

A ces reliefs, que la lumière ne devienne pas la prison formelle de vos propres illusions.

Le parfum peut vous guider vers la rose.

En fermant les yeux, vous le sentirez mieux encore et ainsi la forme perdra de son importance et fera taire sa lumière superficielle sur le plan mental, effaçant les reliefs qui l’encombrent encore.

Le cœur a bien plus d’importance que vous ne l’estimez, et ce, dans toutes ses expressions, pourvu que vous n’y restiez pas confinés.

Parce que pour le cœur, rien n’est jamais acquis.

Son aspiration est d’absolu et c’est vers lui qu’il vous entraîne.

C’est par le cœur que vous dépasserez les sentiments qui ne sont que les tremplins.

Dans l’incarnation les  sentiments demeurent puisqu’ils sont humains, mais ils ne sont plus, pour le maître du sixième degré, que moyens divins au service de l’évolution.

Le maître en incarnation de sixième degré ne travaille plus comme médiateur en contact direct avec nous, que dans la journée.

La nuit, d’autres travaux l’occupent en ses véhicules subtils.

Aux cycles des reliefs de la lumière infernale du plan mental, reposent toutes les difficultés actuelles de l’humanité.

Contribuer au travail de nettoyage que cela implique est une urgence de l’époque actuelle.

D’où l’émergence de l’extériorisation de la hiérarchie, devenue une prérogative de l’évolution pour ce troisième millénaire.

Si le travail indiqué par A.A.B. reste à faire, faites-le, en évitant les déraillages que je vous ai indiqués ici.

Nous avons besoin de chacun pour que vive réellement la conscience de groupe au sein même de l’incarnation.

C’est un devoir occulte pour tout ésotériste digne de ce nom.

Nous comptons sur tous pour l’avancée collective de l’humanité en sa perfectibilité indéniable.

Quand à la folie des hommes répond la sagesse de dieu, quand à la passion des sentiments, répond l’amour de dieu, des conflits inévitables voient le jour sur le plan physique, au sein même de l’individu et donc dans toute vie relationnelle, sociale.

Ces rejets explosifs sont, malgré les apparences, des pas pour l’évolution.

En essayant de les comprendre, vous  pourrez mieux les vivre et ainsi assumer votre part de responsabilité au sein de l’humanité.

Ces pas dépendent aussi de chacun d’entre vous.

Et chaque pas mène à la conscience de groupe qui ainsi devient plus présente et donc plus efficace dans son expression au sein des affaires du monde.

Les pouvoirs psychiques sont liés à l’astral que le maître en incarnation a dépassé depuis longtemps et auquel il peut retourner pour les besoins du service.

De même, il ne se sert jamais des manifestations qu’il peut en retirer mais cela lui est possible si nécessaire.

Pourtant il peut, en accord avec le plan et pour les besoins du service, s’en défaire totalement, pour une incarnation donnée, et en fonction du service à fournir, se débarrasser de telles possibilités et axer ses potentiels de puissance sur l’une ou l’autre de ses facultés acquises et ce, sur le plan physique.

Car bien entendu, il continue sur les plans subtils tous ses travaux.

Cela dépend essentiellement de ce que la hiérarchie est chargée de transmettre à un moment donné.

Ne jugez jamais le maître en incarnation aux apparences, essayez plutôt d’en accompagner le service, et vous serez émerveillé par ces lueurs divines qui vous paraîtront evidentes et pourtant echapperont à ceux qui en attendent des archétypes, echafaudés par le mental.

Le mental est plus vaste que le mental concret seul, vous le savez.

Mais la substance du mental a eté gâchée par ce que nous avons demandé dans la dernière phase de l’enseignement.

Il était question, pour faire le travail de bas en haut qui est indispensable, de construire l’antakarana.

Et ce fut l’écueil dans lequel tombent encore les disciples et aspirants  très motivés et zélés.

C’est un travail dans la substance plus subtile qui, loin de mener au mental supérieur, a bloqué bon nombre d’étudiants là où ils sont.

Cette science du mental, délivrée au moment opportun, a failli, nous n’avions pas compté sur la valeur récupérative de ce dernier et le piège que cela pouvait constituer.

Pas à ce point en tout cas.

Ici je n’entrerai pas dans les détails qui sont toujours valables si l’étudiant les mène à bien, ce qui n’est pas le cas pour beaucoup d’entre eux.

Pour les autres, ce fut une aide pour franchir une certaine étape.

A ces derniers, si vous les questionnez, ils ne savent pas trop ce qui se passe ou a été déclenché à un moment.

Bonne intuition, ceux qui déforment sont ceux qui en parlent avec beaucoup d’assurance et pour cause, ils manient et créent dans la  substance mentale et se bloquent ainsi, je vous l’ai montré dans «maîtrise initiatique dans l’incarnation» au seuil de la troisième initiation, embourbés dans ces formes lumineuses dont les reliefs les aveuglent et renforcent leur conviction intime.

C’est pourquoi nous nous attachons ici plus au sutratma, ce fil de vie sur lequel je ne reviendrai pas, mais qui, aujourd’hui, après être parvenu à briser ces formes mentales, amènera les uns et les autres, en conscience de groupe, à la continuité de conscience qui était supposée être trouvée par la construction l’antakarana.

Le sutratma, en effet, agit du haut vers le bas, et maintenant qu’une certaine gabegie s’est installée du bas vers le haut chez certains, et grâce à l’extériorisation de la hiérarchie, il devient possible de saisir les énergies descendantes dont la science de l’antakarana a construit un goulot, trop étroit et  bouché, au seuil du troisième degré.

Tout ceci est inévitable, comment travailler d’une manière juste une matière aussi subtile que la substance mentale alors que le passage du deuxième au troisième degré est si long et si périlleux? Ici, nous travaillons à casser les formes lumineuses du mental ainsi créées, par le cœur, vous l’avez compris.

Le cœur où est ancré le fil de vie et d’immortalité, dans l’incarnation.

Et cela devrait, à la longue, aider à élargir le rétrécissement de l’antakarana grâce à l’ouverture du cœur.

En fait, dégager la substance subtile de ses formes afin d’en inclure la lumière à une plus grande lumière.

Ai-je répondu à certaines questions posées par les ésotéristes, sceptiques analytiques, qui raisonnent dans le goulot bouché de l’antakarana, croyant véhiculer la lumière ?  Cette lumière n’étant qu’une projection maladroite, vers le haut, d’un enseignement mal digéré et donc mal utilisé ?! Je laisse chacun, ici, seul juge de ses propres déformations.

Avec humilité, puisque nous faisons, ici, nous-mêmes notre mea culpa.

Conscients que le travail à accomplir par les «goulots bouchés de l’antakarana», sera ardu, notre aide leur est assurée par le maître en incarnation, énergétiquement, mais la cristallisation déjà faite est telle que ces étudiants, déjà inconsciemment manipulés par les forces noires, seront coriaces sur le plan mental, et il faut bien alors toute la puissance du rayon i pour en venir à bout.

Ce qui d’ailleurs n’est nullement évident, convaincus de vérité au point où ils sont, soutenus par les frères noirs et à cela ajoutons, le  karma et leur libre arbitre.

Et vous verrez que le maître en incarnation aura plus d’un réveil douloureux en essayant de venir en aide à cette partie du mental de groupe, sans mettre en péril la conscience de groupe avec laquelle il travaille.

Durant cette extériorisation de la hiérarchie, ces disciples sont ceux qui auront le plus de travail à faire sur eux car il faut non seulement qu’ils remettent en question leur lumière partielle mais encore eux-mêmes et leur ligne de moindre résistance, le mental.

Ce sera, s’ils y arrivent, très dur.

Mais ce mental-là est dans leur camp, et c’est à eux de prendre conscience de manière à le dissiper.

Le maître en incarnation ne «fera» rien, il sera simplement en disponibilité de premier rayon, prêt à aider.

Mais il n’interviendra aucunement, à part son action purifiante sur le  plan mental, mais celle-ci a lieu après le troisième degré, sur le seuil initiatique intermédiaire entre première et deuxième initiations hiérarchiques.

Il y a donc une perception qui, chez l’étudiant bloqué au troisième degré, doit se faire par la première partie de l’antakarana, si elle est disponible.

Et vous comprenez que cela est loin d’être évident pour l’étudiant, mais il peut y arriver.

On arrive au troisième degré seul et toute initiation de groupe, avant la présence au sein du groupe d’un maître en incarnation, est aujourd’hui illusoire.

On ne «passe» pas le troisième degré en initiation de groupe.

On a d’abord accès seul, individuellement, à la conscience de groupe, et ensuite, les initiations de groupe sont possibles.

La conscience de groupe est un flambeau initiatique que l’on allume seul pour en porter ensuite la clarté au sein de la  conscience de groupe qui alors, s’élargit.

Tous les clichés occultes doivent être gommés de la conscience ésotérique moyenne dont le «goulot bouché de l’antakarana» devient symbolique.

Tous ceux d’entre vous qui sont concernés par ce troisième degré trouveront ces indications très précieuses.

Comme autant de grains du sable sacré des rives de Shamballa, elles tombent à point nommé au calice de l’incarnation afin d’en faciliter la percée initiatique, soit en éveil, soit rétrospectivement, expliquant des phénomènes demeurés inexpliqués ou bien encore en période initiatique déroutante.

Lorsque l’énergie psychique est ainsi en mouvement, le corps physique qui ne peut s’abstenir d’y répondre d’une façon ou d’une autre en  subit les douleurs inexplicables, qu’il ne faut pas assimiler à des maladies.

Les symptômes vécus en période initiatique supérieure, dès le troisième degré sont causés par les bouleversements de l’énergie en action.

Jusqu’au troisième degré les organes correspondant aux centres stimulés vont en souffrir et certaines maladies s’installent alors chez le disciple.

Dès le troisième degré, récapitulatif, une inversion se fait et les énergies vont avoir des répercussions dont l’initié sera douloureusement affecté mais en principe, il commence ici à se soigner seul et aucun organe n’en sera affecté s’il est vigilant, attentif, à l’écoute et ainsi prend soin de sa santé parce qu’il sait exactement ce qu’il est en train de vivre.

Le disciple dans le travail de bas en haut si nécessaire subit beaucoup, énergétiquement.

L’initié du troisième degré commence a maîtriser la gestion énergétique qu’il connaît parfaitement ensuite, après le quatrième degré ou deuxième degré hiérarchique.

L’initié peut avoir cependant des problèmes cardiaques, ceci n’est pas organique, c’est simplement dû à un fonctionnement forcé, en charge énergétique trop puissante, pour le mécanisme physique qui doit la recevoir.

Mais même ainsi le maître peut garder longtemps son véhicule physique et comprenant ce qui se passe, il l’assumera dans l’incarnation.

En regard de la santé du corps physique, le passage le plus difficile dans l’incarnation est le seuil initiatique entre deuxième et troisième degrés car c’est à ce moment-là que le disciple commence à être en contact avec certaines énergies, il n’est pas débarrassé du non-soi et est souvent, sinon en permanence, en conflit énergétique et de forces.

Ces conflits créent des tensions, des explosions en résultent et la santé est menacée.

Après le passage du troisième degré c’est différent.

l’énergie trouve un libre passage, sans heurt, éliminant donc toute tension, seule une pression peut être ressentie par l’afflux énergétique et c’est là que le corps physique de l’initié, s’il est en phase avec le degré initiatique, va être si purifié, si «clair», que les risques dus aux pressions seront bien calculés et gérés, mais seul, le cœur dans son fonctionnement peut être atteint chez les pionniers du sixième degré.

En règle générale, demeurez à l’écoute de tout ce qui se passe en vous, quelle que soit votre place sur le sentier de l’évolution.

Mon frère D.K. vous a donné beaucoup d’informations, j’ai moi-même commencé, dans «Agni yoga» avec H.R.[2], à faire passer des notions de ce que vit dans son corps physique, l’initié du troisième degré que j’appelle «Agni yogi».

Ces notions concernent le seuil initiatique entre troisième et quatrième degrés, lorsque le maître, en incarnation, apprend à comprendre et à gérer ce qui résulte du poids de l’afflux énergétique.

Ici nous allons plus loin, plus en détail mais la note émise à l’époque doit vous parler aujourd’hui encore, puisqu’elle préparait cette phase présente de l’enseignement.

Les initiés en incarnation, du troisième degré et plus, ont un rythme et des cycles à respecter.

La distraction en fait partie et doit être vécue.

Sa forme dépendra de la personnalité mais il est très important de couper par moments le contact énergétique, qui  demeure, mais dont le rythme doit être cassé.

La raison en est que, lorsque des maîtres travaillent en conscience, comme je vous l’ai expliqué déjà, la lumière est telle qu’elle attire immédiatement les forces contraires qui veulent la récupérer pour leurs formes mentales.

Ce contact privilégié entre les maîtres devient une cible de récupération dont seul le maître en incarnation peut faire les frais.

A ces moments précis de limite et d’attaque, le maître en incarnation, en coupant le rythme par un départ inopiné, brouille les pistes occultes et déplace la lumière.

Le contact demeure mais met en déroute la récupération adverse qui se retrouve face à elle-même, privée d’alimentation éventuelle.

Comme la matière subtile du plan mental est plus dense, il faut beaucoup plus de temps pour repérer, à nouveau, la lumière  essentiellement subtile des maîtres à l’œuvre ensemble.

Et vous comprenez bien que le maître en incarnation se sert du mental pour œuvrer, mais bien différemment des frères noirs.

Donc le plan mental est un plan de passage obligatoire vers l’incarnation.

C’est pourquoi la mobilité, sur tous les plans, fait partie du bon fonctionnement du maître en incarnation.

Le disciple s’y prépare dans le non-attachement qu’il faut acquérir avant, sur tous les plans concernant l’humain et par rapport à tous.

En brouillant les pistes occultes, le maître en son identité et sa liberté, ne parcourt plus que la lumière, faisant de l’incarnation, la voie royale en christ.

C’est par la distraction, cinéma, théâtre, dîner, danse, ou autre, que le maître en incarnation se fond dans la foule des frères et sœurs, court-circuitant ainsi  l’attirance qu’exerce sur les frères noirs le travail de lumière des maîtres de la hiérarchie.

Le contact intérieur entre maîtres est imprenable, comme une citadelle de lumière dont l’infini est en soi la protection majeure.

Ainsi en brouillant les pistes occultes, en cassant le rythme, le maître en incarnation qui se distrait protège le plan et les décisions du conseil de Shamballa.

Mais attention, ces rythmes et cycles qui varient dans le temps, sont connus des maîtres et bougent, selon les attaques ou travaux à faire mais, si en période de contact favorable, le rythme se cassait, alors il y aurait immédiatement des répercussions physiques et psychiques importantes et négatives, de même que s’il était temps de casser le rythme pour un autre cycle, le maître ne le faisait pas.

Tout ceci est très subtil, puisque  nous parlons ici du monde de la lumière et des énergies en provenance de Shamballa.

Bien sûr le maître sait et connaît, donc dès le troisième degré, d’abord intuitivement parce qu’il apprend a gérer jusqu’au quatrième degré, puis effectivement, le maître ne peut plus se tromper sur ce plan-là des cycles et rythmes dans l’incarnation.

Aux brumes que traverse le disciple jusqu’au premier degré hiérarchique, les doutes qui en résultent sont les plus pénibles à vivre, dans l’incarnation, pour tous, y compris le maître, lorsque du travail fait en commun, dépend l’expression d’une partie conséquente du plan.

Bien sûr cela n’affecte aucunement le maître en incarnation mais sa responsabilité devant le conseil de Shamballa résonne au plan physique des doutes du disciple.

Et automatiquement, son intervention sur les plans subtils devient une surcharge énergétique négative qu’il doit assumer parallèlement au travail.

En cas de récapitulation du troisième degré, ces doutes n’existent pas chez le Maître en incarnation qui récapitule ses degrés initiatiques pour les besoins de l’extériorisation de la hiérarchie, mais le voile qui est présent sur le plan physique uniquement ne met absolument pas en question la certitude qui est vécue sur les autres plans.

Ce voile, cependant, existe et il est inhérent à l’incarnation.

Mais il y a une différence à faire entre le voile du Maître en incarnation qui récapitule un troisième degré, et les doutes du disciple en passe de troisième degré initiatique.

Car là, ces doutes sont vécus par le disciple par une remise en question de la lumière, c’est comme s’il regardait la réalité occulte de la hiérarchie par le petit bout d’une lorgnette, n’y voyant plus rien que la remise en question qui est la sienne et n’a rien à voir avec la lumière.

Aveuglé par les formes mentales de son entourage, le disciple ne distingue plus rien et c’est sa rationalité qui entre en jeu, créant ces doutes terriblement pénibles à vivre.

Voyez cette nuance où ici, le court-circuit est subi par le disciple, alors que pour l’initié après le troisième degré et plus, c’est lui qui peut court-circuiter les forces adverses qui tentent de vampiriser la lumière.

Encore et toujours cette inversion entre avant troisième degré et après…

Dans la marche initiatique vers la lumière, c’est cette adaptation à l’inversion citée plus haut qui est la plus délicate et la plus douloureuse au Maître dans son véhicule physique, instrument indispensable de l’incarnation qui, n’étant pas un principe, comme ses autres véhicules, a des impératifs denses fonctionnels qui ne peuvent être contournés mais seulement apprivoisés, faisant symboliquement du Maître en incarnation, à la fois, un dompteur et un lion aux énergies et forces complémentaires sur le plan physique.

Aux pas du Maître en incarnation l’orientation est joie.

Et dans les douleurs qu’il ne cesse d’expérimenter dans son véhicule physique, les énergies de Shamballa sont constamment présentes, faisant du cheminement au service du plan, une solidarité fraternelle en compréhension, à tous ceux qu’il rencontre et qui l’entourent.

Cette fraternité universelle avec tout ce qui est en vie est le sceau de la hiérarchie, centre du cœur de l’humanité, dans l’incarnation.

Aux preuves que certains voudraient en exiger ne correspond que la vie initiatique après le troisième degré.

C’est pourquoi le temps d’épreuves est résolu ainsi que le temps des preuves, a la vie en incarnation du Maître de la hiérarchie.

La manne est au silence de dieu et jusqu’au principe christique, vers lequel il vous guide, n’espérez aucune «preuve» comme il en fut donné, en vain, au siècle dernier par H.P.B.

La voie commune à tous, est spécifique à chacun pour trouver un jour cette conscience de groupe tant déformée par le mental des individus.

Avant cette conscience, point de groupe, avant le groupe point d’identité réelle, en toute liberté.

Glorifiez, dans l’incarnation, chaque petite joie, elle est un pas vers la joie.

Toute flamme a une couleur indéfinissable que l’intensité de la brûlure qu’elle peut communiquer quantifie.

A la qualité de la flamme vous reconnaîtrez la quantité de feu emise.

Plus la flamme est intense et plus la brûlure en est subtile.

C’est ainsi que le feu cosmique répond au feu infernal, et c’est ainsi que le disciple entre peu à peu en maîtrise de ses propres énergies et au-delà… Il est indispensable de ne plus mentaliser ce que vous lisez.

Tentez de déjouer l’analyse spontanée d’un mental bien construit par la réceptivité au feu émis par l’énergie dont les mots sont porteurs.

C’est lorsque la construction mentale est totalement consumée que vous devenez aptes à véhiculer les plus hautes énergies jusque dans le corps physique.

Mais d’abord le mental doit être fort pour devenir l’outil docile dont vous aurez besoin pour le service.

Un incendie de joie est une des plus belles visions sur les plans subtils.

L’illumination qu’il procure à la conscience est une explosion nourrissante pour la conscience de groupe à laquelle il vous intègre.

Devenez la manne, le feu et la joie exprimables par tous les véhicules au sein même de l’incarnation.

L’aube novatrice du XXIe siècle en dépend.

L’extériorisation de la hiérarchie en est le moyeu, dont chacun peut devenir la roue.

Aux clivages des personnalités, puisez la force future de la synthèse.

C’est la que les premiers pas en sont faits si au lieu de mentaliser, vous en faites les ouvertures à bon escient.

Aux premiers pas de christ, l’écho du cœur répond comme une voie de plus en plus large à parcourir, comme une voix de plus en plus forte à emettre.

Dans la joie du parcours, dans la force de l’émission, sont présentes et opératives, les énergies du premier rayon dont l’amour n’est plus dissociable.

Aux constants retours de l’éternité sur elle-même correspondent les incarnations des sauveurs du monde.

Inlassablement, avec détermination chaque retour est un pas de christ, en christ, pour la sauvegarde de l’humanité.

Suivez ces pas et oeuvrons, ensemble ! Lorsque la vie une se répercute aux propres échos qu’en émet le verbe, chaque son ainsi formulé devient la flèche réceptrice en émission de synthèse.

La trajectoire de feu en sillonne les plans subtils, créant ainsi le réseau que trame, dans l’incarnation, la continuité de conscience.

Le groupe en est le métier, et chaque Maître le créateur en puissance de conscience de groupe.

Soyez en l’étoffe sublime dont l’humanité se parera elle-même afin d’en glorifier son corps tout entier.

Rien, en conscience, ne peut se faire en dehors de l’incarnation, la synthèse doit y descendre, c’est là que le feu doit illuminer, c’est là que la joie doit être vécue pour le bien commun.

C’est alors qu’à l’extinction des feux pour brouiller les pistes occultes tracées et suivies par les forces adverses, chacun peut garder la lumière, afin que la conscience de groupe n’en pâtisse jamais.

A cela, nul n’est tenu, mais chacun doit parvenir, en conscience, dans l’incarnation, et seul.

Car ne sont fiables que ceux qui ont affronté, seuls, les forces de l’ombre sans que ne trébuchent ou ne chutent leurs véhicules.

Et de cela la conscience objective n’est jamais juge, elle n’est que partie, prise en conscience de groupe, pour le bien commun de l’humanité tout entière.

Que ce long parcours sur le chemin de l’initiation ne vous effraye nullement.

Pour cela, a chaque jour suffit sa lumière pour une plus grande lumière.

C’est en marchant que vous avancez.

La mentalisation analytique trop poussée est un frein à débloquer.

Les véhicules, en bloc obéissent à ce frein.

Alors soyez à l’écoute du cœur et ouvrez, en christ, votre potentiel énergétique à vivre.

Au-dessus de la flamme, la chaleur fait danser la vision.

Ce n’est que lorsque la flamme fait partie de la vision que l’équilibre est enfin stabilité absolue, même au plein vent des tempêtes.

Rien ne peut arrêter la flamme du feu ardent qui ne brûle plus que par lui-même, alimentant, de par lui-même, l’illuminant qu’il demeure en toutes circonstances, sur tous les plans.

Et c’est le cœur qui en est le centre.

Basé sur l’axe du cœur ouvert, le Maître en incarnation est en permanence un feu illuminant, auquel vous pouvez alimenter le calice, aux gouttes précieuses du sang que la vie une déverse au moyen des épreuves traversées dans l’incarnation.

Le feu, dévié par le mental, se concrétise aux formes lumineuses des pensées qui y prennent corps.

Ce feu brûle encore afin que la lumière soit.

C’est après l’explosion de la lumière par la destruction de ces formes, qu’enfin, le feu ne brûle plus que par lui-même et de lui-même.

A ce stade qui suit directement le quatrième degré initiatique, ou deuxième degré hiérarchique, le Maître en incarnation est totalement opérationnel, unifiant, exprimant, nettoyant et créant au sein de chaque plan et pour tous les plans, en conscience de groupe, afin que la synthèse, vécue en dénominateur commun, s’exprime et se vive pleinement, un jour, au sein même de ce monde physique où en pionnier créateur-novateur, il transmet déjà à l’humanité la voie christique de son héritage divin par l’exemple de ses mécanismes qui en délivrent l’essence énergétique pour de plus justes relations humaines.

A cela soyez attentifs car l’inversion, ici, est présente encore et pleinement vécue, sous vos yeux.

L’aveuglement du disciple est toujours vécu, dans l’incarnation, face aux formes lumineuses créées sur le plan mental et dans lesquelles vit la polarité pour et contre, plus et moins.

L’illumination partielle des phases de l’évolution initiatique est une explosion de la lumière au sein de ces formes, libérant partiellement la vision intérieure du disciple.

C’est une série d’explosions qui mène au troisième degré initiatique, moment intense d’illumination dans la transfiguration.

A chaque explosion énergétique d’une forme du plan mental, le disciple fait le plein de lumière et croit ainsi détenir la vérité, c’est ainsi que s’installe, sur le plan mental, l’illusion qui n’est qu’une conséquence de l’illumination partielle qui prend une forme lumineuse créée par le mental qui a du mal à se désolidariser de la forme en général.

C’est pourquoi à un certain stade, avant le troisième degré, toute méditation ou visualisation, engendrant des formes, même lumineuses, est à déconseiller.

Jusqu’à présent pourtant elles avaient leur utilité et étaient nécessaires.

Mais vous savez bien que toute forme, quelle qu’elle soit, doit disparaître pour ouvrir une voie à plus de lumière.

Il en est de même pour toute structure ou institutionnalisation humaine de la société.

C’est pourquoi les syndicats ont du mal maintenant à résister a la lumière de la conscience qui ne peut plus que s’en libérer.

D’où les problèmes de structure qui, un jour ou l’autre, sont des barrières à la vie qui tente de s’exprimer et doivent être brisées.

Ce que les hommes, accrochés au mental, ont du mal à admettre.

Aux émanations cristallines des empreintes diaphanes, aux traces luminescentes et subtilement teintées que les Maîtres dégagent sur les plans dont vous ne connaissez rien encore, mais qui pourtant vous sont familiers, vous recevrez, par bribes légères, par souffle caressant, les notes pures des rives sacrées de Shamballa.

Côtoyer un Maître en incarnation si vos véhicules le permettent, est une source de bien-être extraordinaire car si vos véhicules le permettent, si vos vibrations sont assez élevées par la purification que vous leur avez fait subir, alors vous serez capables, et c’est très énergisant, de profiter de leurs contacts et d’en ressentir l’impact dans le corps physique tout entier.

Cela nécessite de votre part une discipline de purification éliminant toute atteinte polluante sur vos véhicules.

Cela aide et c’est très agréable au Maître en incarnation que vous côtoyez.

Mais si vous arrivez à faire cet effort, la force ashramique vous sera enfin tangible car elle n’est pour vous qu’un mot, n’est-ce pas ? Et le jour où vous pourrez la sentir dans votre corps, c’est que vos corps subtils en seront imprégnés et vous connaîtrez, vous saurez alors la différence.

Si vous pouvez saisir cette opportunité, alors faites-le, cela en vaut vraiment la peine.

Lorsqu’un disciple, parvenu à une purification des corps, s’entretient avec un Maître en incarnation, le temps est effacé, le contact vibratoire avec l’ashram s’intensifie, et sur les plans subtils la lumière qui enveloppe Maître et disciple est si belle que la conscience de groupe vibre à très haut niveau.

Le centre de la rate du corps de l’extériorisation de la hiérarchie est stimulé, donnant aux énergies christiques du groupe global une plus large ouverture vers le plan physique.

Reportez-vous au diagramme que je vous ai donné dans «les Maîtres en incarnation, les groupes et Shamballa».

Cette ouverture facilitant l’arrivée vers le plan physique des énergies du groupe global est due à l’invocation spontanée et de fait, que représente, sur le plan physique, la rencontre d’un Maître en incarnation avec tout disciple parvenu à une purification suffisante de ses véhicules.

Ceci est donc une forme importante que prend le service pour chacun de vous, dans vos propres responsabilités face au groupe.

Si vous connaissez un Maître en incarnation et si, par exemple, vous fumez, eh bien, quand vous le rencontrez, si c’est prévu, arrêtez de fumer avant la rencontre, ne fumez pas en sa présence, non pas que vous le gênerez, il pourra faire avec, mais simplement vous gâchez une opportunité de réception énergétique puissante en regard du groupe global et du service et c’est vraiment regrettable.

Alors je vous en prie soyez-en conscients.

Cela entre dans le domaine de vos responsabilités de service.

Il est maintenant important d’examiner ce qui peut renforcer le service dans son efficacité sur le plan physique en regard de chacun.

Ce qui précède en fait partie, puisque, ne l’oubliez pas, le but est tout de même de parvenir à «incarner» le beau, le bon, le vrai, dans la perspective de ce plan destiné à l’humanité.

Vous êtes tous concernés, quel que soit votre degré d’évolution initiatique, à tous les niveaux d’action de la société humaine.

Solennellement, je vous demande ici, d’en prendre conscience une bonne fois afin de ne pas promener vos fantasmes aux pistes étroites du mental, sur les skis de l’illusion que les Maîtres en incarnation ou le service représentent encore pour certains.

Vous êtes dans le service et ce dernier n’est pas une abstraction en mal de merveilleux quant aux signes que vous attendez comme des miracles.

Le service se fait au jour le jour, au quotidien, dans toute relation ou action engendrée par la bonne volonté en un premier temps.

Et puis cela évolue.

En cette période d’extériorisation de la hiérarchie, soyez lucides et conscients de la «normalité» du processus et pour mieux vous inclure, à quelque stade que ce soit, au service, tentez, je vous le demande, de balayer tous les clichés des idées reçues qui encombrent votre mental à propos des Maîtres.

Ainsi, vous servirez aussi.

Tentez aussi, d’être lucides sur vous-mêmes.

et si, par malheur, vous faites partie de ces disciples inconsciemment au service des forces adverses, que cette récupération énergétique, qui vous masquera un jour ou l’autre, a plus ou moins brève échéance, le seuil de la troisième initiation, décisive dans l’engagement hiérarchique, vous apparaisse ici, à la clarté des détails qui en ont été donné.

Aidés énergétiquement par la lecture que vous faites actuellement, les illuminations partielles, se feront, pour peu que vous donniez au mental une chance de briser ses barrières.

Pour tout individu concerné par le monde et par la spiritualité, par la planète et par les valeurs fondamentales des droits de l’être humain, il est un devoir de service que toute intelligence moyenne devrait maintenant pouvoir appréhender.

Ce devoir de service, au premier degré, s’exerce face à la société civile, et ce premier degré concerne la phase finale des énergies christiques à incarner.

C’est donc au sein même de la société des hommes que projet hiérarchique et bonne volonté se rencontrent pour cimenter ensemble les bases du monde nouveau.

Le Maître en incarnation, en travail de synthèse, sur le plan physique, rencontre tous ceux qui peuvent être influencés par ces énergies christiques, il va dans tous les milieux où une trouée peut être faite.

Désensibilisé aux fruits éventuels du travail à effectuer, il œuvre, inlassablement sans se préoccuper des résultats.

Ceci est différent en cas de responsabilité face à l’enseignement, auquel cas, il devra tout suivre et tout organiser même s’il est souhaitable qu’il soit très bien entouré et secondé.

Et je devrais dire ici que c’est indispensable.

Examinez en vous-mêmes, très sincèrement motivations et volonté à servir, afin de ne pas vous engager sur une voie de sacerdoce si vous ne pouvez pas l’assumer.

Les impératifs du service, dans l’engagement hiérarchique, passent avant tout.

Mais ils sont compatibles avec la vie de chacun, pourvu que cette vie ne soit pas pourrie par le mental de l’entourage.

A vous de savoir, a vous de décider, a vous ces responsabilités qui, en un premier temps, n’engagent que vous-mêmes.

Vous ne pourrez être clairs dans le service que si vous avez fait preuve de clarté envers vous-mêmes et dans votre vie.

Au centre du sommet de la tête du corps de l’extériorisation de la hiérarchie, la bordure des rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa reflète, dans la vague statique cristalline de l’eau synthétisée par les rayons, la frontière infiniment limpide en celui dont rien ne peut être dit.

Cet au-delà Shamballa, partie de la haute initiation hiérarchique, est à la hiérarchie, ce que cette dernière est à l’humanité tout entière.

Le centre, Sahasrara, correspondant à Shamballa, dans le corps de l’extériorisation de la hiérarchie, est le portail d’or, de platine et d’argent dont l’alliage parfait est réalisé au synthétisme des qualités divines des rayons, à la transparence inqualifiable duquel, seule la vision des Maîtres, au-delà du sixième degré hiérarchique de l’incarnation, a accès.

Le sixième degré dans l’incarnation, étant, par la densité qu’il manie, par les énergies à transmuter sur tous les plans concernant l’humanité, la propre limite inhérente à l’état dans l’incarnation du Maître.

Mais un Maître en incarnation de sixième degré, peut avoir fait, au conseil de Shamballa, une adhésion à ce degré pour rejoindre l’humanité et servir, alors que son réel degré initiatique est supérieur.

Auquel cas, il l’oubliera volontairement et divinement, dans sa continuité de conscience, afin de se consacrer uniquement à la partie du plan, en synthèse de totalité, que le groupe global, dont il a la charge et la responsabilité, devra exécuter.

Des rives sacrées de Shamballa au centre muladhara de contact avec la terre, une ligne directe passe par la hiérarchie[3].

A cœur-christ, réfléchissez, sans méditer, à la transmutation par l’élévation des énergies des centres inférieurs… Il y a là matière à réflexion, et je n’en dirai pas plus pour ne pas alimenter le plan mental.

Cette réflexion bien menée par l’intuition, comporte une analogie concernant la hiérarchie des Maîtres et l’au-delà Shamballa.

Et ce que j’aborderai ici, en accord avec le conseil de Shamballa sera développé et détaillé à la fin du siècle prochain, par un Maître en incarnation, à nouveau, un médiateur.

Cet enseignement dans sa quatrième phase amènera la notion détaillée du christ cosmique, centre du cœur humainement réalisé en celui dont rien ne peut être dit, et qu’il est inutile d’aborder ici.

Nous développons ici christ humainement réalisé et l’extériorisation de la hiérarchie ainsi possible.

Sachez simplement, ce sera suffisant, que la quatrième phase de l’enseignement hiérarchique sera en ses données, analogue, pour les Maîtres en incarnation de sixième degré alors nombreux, à celles concernant les disciples en regard de la hiérarchie.

Ce qui signifie que ces données, de même qu’elles concernent les disciples pour un travail de bas en haut en un premier temps, concerneront les Maîtres en incarnation depuis le cœur de la hiérarchie, jusqu’à l’au-delà Shamballa.

Pour être juste c’est un travail initiatique de «haut en haut» dans la compréhension actuelle.

Mais le jour où la hiérarchie sera incarnée totalement, ce sera, à nouveau un travail de bas en haut.

Ce qui signifie encore que la phase actuelle de l’enseignement sera pour la hiérarchie incarnée, ce qu’est la deuxième phase par A.A.B. pour les disciples d’aujourd’hui.

Est-ce clair ? L’infinité du monde de la continuité de conscience est une réalité occulte dont vous n’avez pas idée.

Au cœur ouvert qui en est l’ouverture réelle, correspond l’au-delà Shamballa dans une résonance d’ouverture christique qui correspond actuellement à celle que vous avez de Shamballa à travers le groupe global.

À la fin du siècle prochain, les initiés du sixième degré, Maîtres en incarnation seront comparables aux initiés du troisième degré actuel ou premier degré hiérarchique.

Vous voyez que la haute initiation des Maîtres continue, ça vous le savez, mais elle continuera dans l’incarnation, ce qui sera essentiellement nouveau et posera, vous le comprenez ici, des problèmes à régler et à comprendre dans et au cours de l’incarnation.

Le groupe global, représentant actuellement le centre distributeur énergétique de la rate, dans le corps d’extériorisation de la hiérarchie, sera élevé au centre anahata actuel où se situe le cœur de la hiérarchie.

Le groupe exotérique plus le G.S.M.[4] plus l’humanité seront élevés au centre de la rate actuel.

Reportez-vous au diagramme précédent pour en avoir une idée claire.

Et tout ceci sera le propos de la quatrième phase hiérarchique de l’enseignement correspondant pour le processus hiérarchique d’extériorisation a la quatrième initiation.

Et déjà ceci devrait vous apparaître intuitivement, clairement.

La double polarité actuelle : extériorisation de la hiérarchie et synthèse fera place à une nouvelle double polarité concernant : synthèse et au-delà Shamballa.

C’est ainsi que les empreintes des pas christiques des Maîtres au sol de l’incarnation se succèdent, amenant à chaque siècle un pas de plus de l’humanité tout entière vers celui dont rien ne peut être dit.

Par cette avancée, chacun d’entre vous tous est déjà concerné, en sa responsabilité individuelle face au service.

Qu’on se le dise ! L’aube de chaque siècle commence a luire à la fin du siècle précédent.

Et c’est vous qui donnez à chaque siècle son renouveau evolutif en servant.

Alors, accrochez-vous à la purification intense des véhicules qui peut amener au monde la lumière nécessaire à chaque phase évolutive.

En conscience de groupe, œuvrez et servez pour le bien commun.

Maintenant, je voudrais signaler la position, en vishuda, des Maîtres en incarnation du sixième degré, actuellement.

Reportez-vous au diagramme et constatez qu’ils sont entre la hiérarchie et Sanat Kumara, ce qui est une frontière intéressante.

En effet, cela les met en position d’équidistance entre l’initiation supérieure et la haute initiation, dans la volonté divine – quel que soit leur stade initiatique entre ces deux positions – de respecter, dans l’incarnation, les limites du sixième degré initiatique, seul possible actuellement pour l’incarnation, vous le savez.

Que votre réflexion s’y penche, s’il vous plaît.

Et vous pourrez peut-être appréhender déjà, comme je l’ai mentionné plus haut, l’analogie, au siècle prochain entre le troisième degré actuel et le sixième degré alors, qui sera encore, pour l’incarnation, un seuil initiatique supérieur important menant à la haute initiation et à l’au-delà Shamballa.

Comme à chaque fois, dans l’enseignement hiérarchique, une trouée est donnée concernant la phase suivante.

Ici j’annonce cette ouverture, en  accord avec le conseil de Shamballa, comme le fit mon frère D.K. dans la dernière phase, à propos de l’identification.

A vous de faire la jonction intérieure qui continue le lien ininterrompu que cela représente.

En cette aube du troisième millénaire, saisissez toutes les opportunités de lumière qui se présentent partiellement a votre compréhension, ou plutôt, qui appréhendent partiellement votre compréhension.

La conscience de groupe en dépend et elle en est à la fois le catalyseur et le polarisateur.

Mais à vous d’y accéder, individuellement.

Comme une vague superbe, au sein du monde, le souffle divin et christique, transmis par l’extériorisation de la hiérarchie, donne accès aux marées lunaires les plus subtiles de l’incarnation.

A ces marées qu’il faut prendre, cœur ouvert, les courants, en provenance directe de Shamballa, sont présents.

Et c’est, en conscience de groupe, aux énergies christiques exprimées par le Maître en incarnation, qu’ils vous porteront vers un service intensifié auquel vous pouvez déjà participer, en toute humilité, sans mentaliser les tenants et aboutissants d’une telle démarche en regard de votre évolution.

En deux mots : l’oubli de soi.

En ces sources divines énergétiques qui se gèrent en chaque individu, un processus véhiculaire installe ses coordinations dès la troisième initiation, première de la hiérarchie.

Dans cette inversion se trouvent toutes les clés occultes utiles et nécessaires au Maître en incarnation.

De cette première initiation, dépend par chacun d’entre vous, l’évolution de l’humanité tout entière.

A cette détermination dans la volonté divine et de la volonté divine, nul n’est tenu, mais chacun doit parvenir.

Et c’est à ce prix élevé d’oubli de soi que vous servez de mieux en mieux.

Dans le libre arbitre que détermine le choix, à vous de décider.

Dans le choix, déterminé par le libre arbitre, à vous d’aimer assez pour avancer plus, en conscience de groupe, pour le bien de tous.

L’orchestration cosmique des notes que vous représentez chacun, en conscience de groupe, est la symphonie, en synthèse énergétique, qu’émet le groupe global sur tous les plans.

Chaque note est utile et nécessaire et la mélodie finale qu’en permet l’incarnation, dépend, en fait, de chacun d’entre vous.

Et il est peut-être temps d’en prendre réellement conscience.

A cette finalité qui n’est qu’un début pour une ouverture de plus, donnez tout votre cœur, où qu’il en soit de son ouverture.

C’est ainsi que l’on parvient, individuellement et en conscience de groupe, du calice à remplir pour le troisième degré jusqu’à l’au-delà Shamballa, dans un service constant, en disponibilité christique, sans se préoccuper de l’initiation, mentalement, mais en la vivant.

Parce que quand on sert, on ne peut que vivre l’initiation dont les paliers successifs sont, dans le service, et par le service, les pas faits vers les rives sacrées de Shamballa et au-delà.

L’oubli de soi-même à la synthèse par l’élimination du mental analytique et de ses séparatismes, au profit d’une intuition qui, en un premier temps, n’est qu’écoute dédiée au service du plus grand nombre par la conscience de groupe.

La conscience de l’universalité mène à la citoyenneté du monde.

La conscience du cœur ouvert mène à la continuité de conscience, ces deux approches synthétisées mènent à la conscience de groupe.

Il faut y accéder, individuellement afin qu’elle soit renforcée dans sa fiabilité globale.

Aux courbes volages des pensées dont naissent les fantasmes spiritualo-mystico-débiles de certains, vous retrouverez des déformations de ces lois ésotériques mal comprises et déviées dont tirent profit les forces noires.

Bien sûr il faut éviter de les alimenter mais en plus il faudra en détruire les formes.

Les énergies du premier rayon s’en chargeront par le biais du processus véhiculaire propre à l’initiation supérieure où seule la volonté divine est prioritaire et demeure constante.

Lorsque le temps vient d’appliquer dans les mécanismes véhiculaires les réceptions énergétiques des qualités divines que représentent les rayons, toutes les théories apprises par le disciple tombent au gouffre ignorant de l’intellect.

Répertorié par la mémoire, bien classé, vécu en théories imaginatives d’aspiration mystico-ésotériques, tout ce qui est appris est peut-être su mais non connu par les corps, non plus que par les cellules mêmes du véhicule physique.

Et tout doit aussi se passer là, c’est capital.

Le disciple croit «appliquer» tel ou tel rayon à telle ou telle situation, confondant là application psychologico-active et application réelle de la qualité divine à la spontanéité des processus des différents corps, dont l’impact est ressenti sur le plan physique, dans le corps physique.

Pardonnez-moi d’insister autant, mais il faut absolument débarrasser le mental de chacun du fait que le Maître en incarnation ou pas «se sert» ou «applique» l’énergie de tel ou tel rayon.

C’est faux.

J’ai déjà expliqué tout cela, si j’y reviens, c’est que cet énorme malentendu amène le disciple ignorant à se faire manipuler.

En effet, croyant agir à l’aide d’un rayon déterminé, il ne fait qu’introduire dans son mental des intentions psychologiques données afin de parvenir à une fin ou à un but fixé pour son évolution ou pour son groupe.

Agissant ainsi, le disciple ouvre par la volonté personnelle une porte où aussitôt s’engouffrent les forces adverses, trop heureuses de se servir là où elles le peuvent.

Alimentée par le «faire», l’intention du disciple se matérialise au mental et la ou les formes qui en découlent ont une vie lumineuse propre, déterminée par le désir de l’intention première.

Et voilà donc une manne pour les forces noires, dans une bonne volonté totale ! C’est un comble ! Tout cela à cause de la mauvaise digestion de données ésotériques demeurées abstraites au disciple bien intentionné.

Encore une fois, un rayon est «inapplicable» par un disciple ou qui que ce soit d’autre, y compris un Maître en incarnation.

On ne se sert pas d’une qualité divine, elle devient «attribuable» dans le cas du processus véhiculaire parfaitement coordonné et pur du Maître qui alors, dans l’incarnation, en devient l’exécuteur automatique, spontané.

En effet, quoi qu’il ait comme impératif de travail, le Maître en incarnation ne peut «qu’être» ce qui correspond à la situation donnée, il ne pense pas et ne décide pas d’une attitude.

Il «est» et les rayons s’accomplissent en lui.

Notez bien cette nuance énorme sur laquelle nous mettons l’accent.

Tout cela a été très mal interprété.

Et bien sûr c’est mal vécu.

Comment imaginez-vous que l’on puisse «utiliser» une qualité divine a des fins quelconques ? Le Maître, lui, agit, l’amour agit en lui, par lui, spontanément, déterminant, de par cette action juste, l’expression authentique de la qualité divine y correspondant à un moment précis.

Cette inversion-là doit être comprise, assimilée, le disciple doit absolument se discipliner à discerner et le «faire» doit laisser la place à l’«être».

Les mentalisations ont beaucoup dévié les grandes lois ésotériques sur les rayons et je vous en prie, pour ne plus alimenter les récupérations des frères noirs, faites un effort ! La seule voie correcte pour le disciple est, à part l’autodiscipline indispensable, de «vouloir» le moins possible.

Il lui faut trouver ce point subtil, déjà en lui, de l’adhésion à ces mouvements de la vie une qui prennent, sur le plan physique, des allures déroutantes qui pourraient le porter au dépouillement.

D’un point de vue purement humain ces dépouillements sont inacceptables tant les valeurs qui les motivent sont différentes des points de vue du mental.

Mais si le disciple ne change pas sa mentalité, comment l’humanité y parviendra-t-elle ? A chaque tournant proposé au disciple, ce dernier doit en gérer la courbe énergétique sans intention de «vouloir» ou de «faire», mais en adhésion avec le mouvement qui lui est offert.

Cela suppose que la volonté personnelle se taise, rendant muette l’analyse purement mentale, afin de ne pas entrer en polémique intérieure de conflit face à une situation.

Cette polémique intérieure étant troublante, va être projetée dans des conversations interminables entre disciples, alors que c’est en lui-même que le disciple doit résoudre cette polémique, au silence de dieu.

Rendez-vous compte que toute conversation est une tentative de réconfort en regard de ce que l’on pense, dans ce genre de conversation c’est votre avis propre et conforté par l’autre ou les autres que chacun recherche.

Tout cela est mental.

C’est uniquement lorsque le mental peut être déposé comme un outil que l’on prend à volonté divine pour le service, que l’action juste intervient.

Et le disciple, plein de bonnes intentions, en est encore fort loin.

Prenez au compte de votre cœur l’abandon au divin.

En un premier temps cessez de «vouloir» pour le divin, il sait très bien se débrouiller, merci, en «voulant» pour lui, vous mettez les bâtons du mental dans les roues sublimes des mouvements de la vie une et vous vous essoufflez sans rien accomplir que de personnel en regard du service.

Tant que la volonté du disciple croit servir le divin, elle n’est qu’au service d’elle-même.

Servir est bien autre chose.

L’abandon au divin est le premier pas que vous permettez à la volonté divine en vous.

Ainsi vous vous retrouverez à «faire» sur le plan physique des choses totalement imprévues au sens mental du terme, mais parfaitement divines dans leur insertion au plan.

Ces «hasards»-là ne sont plus que divins et chacun y adhère individuellement, rejoignant ainsi la conscience de groupe au service de tous.

Le doute est essentiellement le piège du mental en contradiction avec le divin.

C’est pourquoi entre troisième degré, première initiation hiérarchique, et le quatrième degré, le doute n’existe plus du tout.

Pour un Maître du troisième degré en récapitulation initiatique dans l’incarnation, le doute n’existe pas, non plus.

Mais là où le disciple en passe de troisième degré pour la première fois, semble ne pas avoir de doute, c’est que les forces noires sont à l’œuvre.

Dans ce cas, seul un Maître a la vision intérieure juste.

C’est pourquoi, pour tout disciple cela est un danger certain, inévitable et problématique.

En cas d’abandon total au divin, les forces noires n’ont pas de prise, puisque la volonté personnelle n’est plus le levier qu’elles peuvent saisir.

Il vaut mieux, à un certain stade, un brin de fatalisme que trop de volontarisme dit «divin».

La responsabilité du Maître en incarnation n’a rien à voir avec le volontarisme du disciple «ésotérique-analytique» ! Ce dernier se donne ainsi de bonnes raisons de poursuivre une voie dont il a du mal à se détacher, voie associative ou autre, parce que cette voie.

Lui est personnelle même si parfois le «groupe» qu’il a fondé ou mis sur pied est une excuse ésotérique convaincante pour le mental.

Un Maître en incarnation n’est jamais attaché de quelque manière que ce soit, même dans sa responsabilité.

Tout peut continuer sans lui, pourvu que cela se poursuive en raison hiérarchique.

Le seul abandon que connaisse le Maître en incarnation est celui, sur le plan physique, d’une impossibilité à agir en responsable hiérarchique.

C’est pourquoi le groupe exotérique correspondant au groupe global est restreint.

Pour éviter, par le canal de ceux qui le composent, toute récupération énergétique… Tout cela est terriblement difficile à discerner pour le disciple.

C’est pourquoi l’extériorisation de la hiérarchie est si importante en regard de la réalité de la conscience de groupe de laquelle le Maître en incarnation préserve toute tentative d’incursion ou de récupération par les forces adverses.

Aux racines du mental analytique se trouvent les cristallisations les plus fortes dont se nourrissent les doutes et les certitudes erronées.

Et seule la continuité de conscience, dans l’incarnation, du Maître, en discerne les écueils et les pièges grossiers auxquels tombent les disciples.

Bien que le ménage soit fait sur les plans subtils par le Maître, pour la conscience de groupe, le libre arbitre de chacun y est toujours respecté.

C’est la grande différence avec les méthodes propres aux frères noirs, qui tentent toujours de convaincre par une déstabilisation où discussions et polémiques entrent en jeu.

Le Maître en incarnation s’en extrait toujours, laissant un libre choix à chacun.

Mais, malgré cela, le reconnaîtrez-vous ? S’ils sont, par définition, actuellement difficiles, les pas de christ, dans l’incarnation, sont la plus belle manifestation d’amour d’un homme envers ses frères.

Dans la constance d’une stabilité acquise, ils sont évocation divine permanente au sein du monde.

Bénis soient ceux qui les reconnaîtront et les suivront.

Lorsque l’oubli de soi est réellement vécu, la constance du divin est enfin perçue.

Mais elle n’est d’abord qu’une lueur infime dont chaque signe est enthousiasmant.

Attention, que l’euphorie ne vous emporte pas… Vers des sommets fragiles.

A ces rayons tamisés d’un soleil masqué de nuages, au blanc blafard d’un ciel couvert, seuls les mouvements de la vie une offrent au cœur des percées possibles vers le bleu caché à la vibration duquel l’éveil se fait, se renouvelle, se poursuit.

Être attentifs à la face invisible que le mental est incapable d’appréhender, voilà qui en un premier temps est déroutant, mais à chaque pas indécis, le chemin s’affirme, aux énergies christiques à reconnaître, à vivre, à exprimer, sur les pas de christ, par tout homme.

Les rampes christiques qui vous entourent sont insaisissables par le mental.

Parce qu’elles glissent vers cet inconnu qui ne s’apprend pas mais dont la seule méthode envisageable est empirique.

Et c’est loin d’être une méthode tant les mouvements à suivre sont imprévisibles et demandent une mobilité absolue de tout ce qui vous semble déjà une assise.

Dans la force d’une logique mentale vous perdez les plus beaux atouts de l’intuition.

Dans l’infaillibilité du choix, seule la vision partielle de l’intuition est juste.

Aucun raisonnement ne peut en cerner les apparentes incohérences du plan physique, auxquelles l’humain ne fournit encore que problématique psychologique.

Les disciples en état de doute polarisés dans le mental, discutent l’amour en action du Maître en incarnation non reconnu et en limitent l’indiscutabilité à leur propre résonance, plus que partielle, réduisant à néant, en eux-mêmes, l’écho juste dont la note est ashramique.

L’écho de mon ashram de premier rayon, dont est issue cette phase de l’enseignement hiérarchique, est en résonance de synthèse avec les six autres ashrams majeurs que qualifie chaque rayon.

Cette synthèse est au centre même de toute action engendrée sur le plan physique par le Maître en incarnation.

Lorsqu’un ashram majeur émet sa note, c’est en résonance cosmique avec le conseil de Shamballa, forcément a l’origine de la décision ésotérique qui l’implique plus particulièrement.

A ces mouvements énergétiques purement psychologiques auxquels correspondent des comportements et attitudes purement humains, les mouvements authentiques de la vie une sont complètement étrangers.

Cela donne aux individus des manières de vivre qui ne sont que courbes personnelles de mouvements incohérents en regard de l’autre face de leur propre vie.

Ces Janus du quotidien, sont la norme du lot de la société et vous les côtoierez.

Il est important de ne pas suivre les mouvements qu’ils imposent partout où ils sont.

Mais il est parfois incontournable d’éviter toute relation.

Pour les Maîtres en incarnation ces mouvements coupés de la vie une sont  aussi pénibles à vivre dans l’incarnation que pour ces individus une vie dans une véritable prison.

Et pourtant ils sont en prison.

À tout moment, dans n’importe quelle situation ou épreuve, les pas faits dans les empreintes de christ ont la cadence des rythmes de la VIE UNE.

L’empiétement ne se fait jamais au détriment de l’autre et un mouvement impersonnel tente de prendre le pas sur toute relation psycho-pathologique déstabilisante.

Les pas, au sol de l’incarnation, de christ en devenir sont les plus ardus qui soient, les plus difficiles à parcourir.

Les pas, au sol de l’incarnation, de l’homme-christ réalisé sont les plus périlleux qui soient et parfois les plus pénibles à poursuivre, tant les courbes ininterrompues des mouvements psycho-pathologiques rencontrés sont dérangeants aux  véhicules du Maître en incarnation.

Les retraites, les compensations énergétiques, accomplies par ce dernier sont constantes et éprouvantes sur tous les plans à la fois, car tous les plans, vous le savez, sont interdépendants et liés, ce qui signifie qu’à la suite ou pendant une rencontre sur le plan physique, les autres plans sont immédiatement impliqués à la continuité de conscience du Maître en incarnation, qui ne peut rien séparer de tout cela mais seulement l’inclure, et entre donc, de plain-pied, dans la poubelle de l’intériorité en question.

Bref, les pas de christ sont les distances inexistantes qui relient, dans l’invisibilité des plans subtils, tous les individus au Maître en incarnation.

La seule protection sur le plan physique est la solitude.

Se faire oublier de tous, ce qui n’est jamais vraiment le cas, est le seul moyen du Maître pour poursuivre au mieux, sur terre, les pas de christ sauveur au sein du monde.

Les énergies christiques ont la clé de la porte du cœur, elles seules peuvent l’ouvrir afin qu’un jour, les pas de christ en trouvent le seuil.

Le passage du seuil correspond symboliquement et donc effectivement du point de vue de la VIE UNE, à l’extériorisation de la hiérarchie.

Les pas de christ sont dans l’incarnation, les fleurons de la synthèse.

En en cherchant les empreintes, vous amorcez l’ouverture du cœur, mais pour cela, il faut les reconnaître.

Lorsque la lune en ses quartiers se dessine au ciel de l’incarnation, le Maître absorbe ou émet, c’est selon – je porte à votre attention ces cycles d’extériorisation ou de purification des plans subtils – c’est selon, afin que l’aveuglement mental ne vous les  masque pas, brouillant vos chances de distinguer les empreintes légères et lumineuses qu’elles tracent au sol.

Christ, devant vous, suit, en conscience de groupe vos ouvertures, si minimes soient-elles, imprimant au cœur ce qu’il en connaît déjà, revenant inlassablement sur ses pas, pour en préciser la trajectoire à suivre.

L’évolution de l’humanité tout entière passe par ces pas.

Aux retours de christ, beaucoup, la majorité ne voit que l’allée ouverte il y a 2000 ans et plus, négligeant, ce qu’au présent, chacun doit vivre, en lui-même, afin d’inclure ce qu’énergétiquement chacun doit amener à la conscience de groupe.

Et ainsi chaque retour est un départ qui revient encore et encore.

L’extériorisation de la hiérarchie marque les pas du retour, et ajoute énergétiquement les départs à  ceux qui reviennent.

Le tout, en demeurant, et ainsi s’exprimera enfin la synthèse.

Aux douceurs rigides exprimées par le sentimentalisme humain, le Maître en incarnation apparaît, en exercice et en fonction de premier rayon, comme une «personnalité» dure et égoïste, aux plus médiocres qui, hélas, sont souvent des disciples.

Ceux-là ne voient ni les empreintes, ni les pas de christ au sol qu’ils foulent eux-mêmes, ne jugeant que d’après eux, ce qu’ils ne peuvent admettre pour ne pas le vivre.

A ceux-là des retours fréquents à l’humilité seront bénéfiques.

Mais en attendant, christ, solide, avance aux pas du Maître qu’ils ne peuvent pas suivre, incapables qu’ils sont d’en gommer l’archétype mental qui les bloque.

Lorsqu’un disciple est capable de discerner la personnalité du Maître sans user des références et repères du mental borné, alors, en passe d’ouverture du cœur, il commence à chercher les empreintes de christ, qu’il trouvera forcément un jour.

Et nous aiderons à plus de lumière, dans la mesure où ses propres efforts y tendent.

Chacun a droit à l’aide énergétique du Maître en incarnation même ceux qui s’en défendent.

A ceux-là, le choix est donné, par le libre arbitre, de s’en couper totalement.

Ainsi, ils ne s’intègrent pas à la conscience de groupe.

Croyant en faire partie, ils construisent une forme de conscience du groupe, qui, en fait, n’est que pensées du groupe exotérique, faisant office de forme lumineuse bloquée au mental.

Ceux-là servent les forces noires, avec beaucoup de sincérité aveuglée !  Le Sahara, en ses vagues de sable, est aussi mouvant sous le vent du désert que l’aveuglement du disciple qui cherche de toute part à se justifier intérieurement de ses propres erreurs.

Le désert n’est alors peuplé de personne d’autre que lui-même, et le vent qui en soulève le sable d’un mur impénétrable n’est qu’agitation du mental inquiet.

Le Maître en incarnation est un méhariste capable, à ces moments-là, de s’orienter parfaitement aux tempêtes des autres, mais les piqûres des grains de sable sous le vent atteindront certains endroits de sa peau, parce qu’il est impossible de ne pas s’exposer aux risques d’une traversée, même et surtout en pleine lucidité.

Au vent piquant des sables du mental, le Maître, dans l’incarnation pose en ses véhicules, l’écran du premier rayon qui en protège la  conscience de groupe.

Mais le disciple aveuglé n’en verra encore qu’une forme de dureté dont l’impersonnalité ne pourra que lui echapper.

En effet, ce disciple-là ne dépasse pas les formes
illusoires qui se concrétisent au désert de l’aveuglement ainsi que des mirages en plein Sahara.

Et c’est ainsi que la vision du disciple en son plein désert n’est que frontière énergétique, de la même façon qu’en plein désert, l’individu est victime de phénomènes optiques appelés mirages et dont l’irréalité devient sa propre réalité.

Tout cela n’est en fait, qu’illusion d’optique dont le disciple est lui-même sa propre victime créatrice.

Lorsque la traversée du désert est amorcée par le disciple, il lui faut en démasquer toutes les énergies afin d’en dominer, en lui-même, le trouble aveuglant.

Calmer les tempêtes, en faire tomber le vent, distinguer l’horizon et trouver au sol, des  empreintes effacées, voilà qui n’est guère facile.

Mais possible.

Le Maître Jésus lui-même a connu le désert.

Et pourtant, en lui, christ en a foulé le sol, dans l’incarnation.

C’est pourquoi tous les espoirs sont permis au cœur de chacun.

La congélation pure et dure des idées reçues et acceptées sur le Maître en incarnation, en général, solidifie le cadre ainsi formé à toute possibilité d’ouverture.

En effet dans ces cas-là, l’écoute de l’autre, en particulier du Maître en incarnation est impossible.

Aucun cadre ne lui convenant, vous n’êtes qu’à l’écoute répétitive de la forteresse du mental qui, jalousement, protège ce qui est gravé à la matière subtile de ses formes lumineuses.

Quel gâchis ! Et dire, qu’en partie, nous en sommes aussi responsables ! Mais il est vrai, dans une démarche inévitable, tant du côté des instructeurs que de celui des étudiants.

Ensemble ici, essayons de dépasser tout cela, en comprenant les failles et les creux qui ont piégé le mental, laissant ainsi s’élever des murs opaques sur l’authenticité de ceux qui, parmi vous participent à l’extériorisation de la hiérarchie.

L’empreinte des pas de christ est toujours subtile bien qu’évidente.

Mais subtilité et évidence ne sont sensibles qu’au cœur.

Aux fourmillements des polémiques qu’entraînent chez les disciples les agaceries des forces noires, le rejet de la lumière hiérarchique se fait au profit du connu, face à l’ouverture novatrice d’une lumière porteuse d’inconnu.

Tout cela, bien sûr, en regard du mental !  Le cœur est la seule porte connue ouverte à la novation créatrice qui sous-tend l’inconnu.

C’est dire qu’il vit essentiellement dans le présent, sans références au passé, tout en etant porteur de son expérience.

Ceci suppose une clarté d’approche des énergies christiques immédiatement intégrées et intégrantes d’ouverture.

C’est la voie mobile du travail hiérarchique.

Au Maître en incarnation en phase hiérarchique de médiation, dans ce travail de conscience à conscience en continuité créative et en collaboration directe, toute surcharge d’affects que pourrait représenter l’entourage immédiat, est, difficilement supportable à la sensibilité de perception relative à sa fonction dans  l’incarnation.

C’est à ces moments-là que la solitude doit prendre le relais afin de protéger ce tunnel lumineux qu’ouvre l’antakarana aux stades antécédents, et auquel le Maître n’est plus soumis.

A ces moments-là, percevant tout ce qui l’entoure et au-delà, à la puissance mille d’une réceptivité divine intemporelle, le Maître en incarnation ne peut être qu’en phase avec tout ce qui touche l’intériorité de chacun, ainsi que toutes les causes occultes qui déstabilisent l’individu et le monde.

Durant tout travail de médiation hiérarchique, il lui faut absolument préserver la priorité du plan, et s’isoler afin d’en remplir les conditions favorables à l’accomplissement.

Tout a un temps, et les périodes d’extériorisation et de médiation, se suivront dans un rythme convenant à la  fois au plan et à la personnalité.

Ce rythme, à respecter, doit être protégé, ceci est laissé à la responsabilité hiérarchique du Maître en incarnation qu’il concerne.

Ces périodes de médiation suivies de temps d’extériorisation dans le monde, laissent au sol de l’incarnation, des empreintes christiques de pas qu’il vous appartient de distinguer et de suivre.

Tout disciple au lien hiérarchique assez fort y sera sensible.

Le cœur ici émet une note de reconnaissance immédiate que même le doute ne pourra entacher de ses miasmes mentaux.

Il est bon que vous le sachiez.

De ces joies qui se fondent au travail bien fait, le Maître en incarnation possède la note sereine qui aplanit les dissonances pouvant  atteindre le mental au cours des épreuves, indissociables du plan physique.

Cette note-là est aussi une empreinte christique au sol que vous êtes en mesure d’intégrer au cœur.

C’est le cœur qui régit l’intégration dans l’initiation hiérarchique dite supérieure.

Aux délimitations drastiques que supposent certaines initiations majeures, le Maître en incarnation offre l’ouverture imparable d’un cœur en dilatation constante.

Quels qu’en soient les effets physiques intenses, ils sont avalés aux véhicules purifiés comme des bouchées doubles de l’évolution.

Ceci concerne les passages initiatiques en rapport direct avec l’extériorisation de la hiérarchie.

Donc sur le plan physique de l’incarnation où tout doit nécessairement être vécu dans le corps physique qui devient la  jonction hiérarchique de la concrétisation de la lumière.

Ces délimitations, épreuves comprises, du Maître dans l’incarnation, sont autant d’empreintes des pas de christ vivant en extériorisation du plan.

A chacun d’en discerner la subtilité toute matérielle de lumière effective.

Toute matière dense est un voile translucide, toute épreuve physique du Maître dans l’incarnation est un voile, ôté à votre aveuglement, qui contribue à l’émission directe de la lumière.

Toute reconnaissance est à la voie individuelle du disciple la découverte d’une empreinte de pas de christ à ses côtés.

Et ces empreintes sont aussi à vos côtés parce que, en un premier temps, la vision du disciple est trop  limitée pour la découverte radieuse des empreintes qui le précèdent.

Les épreuves du Maître dans l’incarnation sont les plus beaux cadeaux de l’amour christique en action.

Cessez de rechercher le merveilleux pour distinguer la beauté de l’humain, irradié par christ vivant parmi nous.

La lumière christique des tests qu’elle provoque dans le mental du disciple, élève, par le rejet de ce dernier, un mur personnel masquant les empreintes des pas de christ qui se poursuivent.

Cette notion de test est fonction des reliefs d’ombre toujours conflictuels, ancrés aux formes du mental.

Étant l’autre, le Maître en incarnation les vit, tout à fait impersonnellement, il sait, mais ne peut rien influencer.

En revanche, il en absorbe les énergies négatives, dans l’inconscience objective du disciple et en faveur de la conscience de groupe.

Cette conscience de groupe est la voie hiérarchique de l’humanité, afin de l’amplifier, il faut que le disciple en devienne objectivement conscient.

Le Maître en incarnation est à la terre ce que la sève est à l’arbre.

Encore faut-il que le sol soit favorable aux racines.

Chacun de vous est, en regard de la conscience de groupe, ce que le sol est aux racines et ce, pour l’extériorisation de la hiérarchie en cours.

La spiritualité, bien vécue aux lois occultes, doit ancrer et suivre, dans la responsabilité du disciple, les empreintes des pas de christ que nous faisons à vos côtés.

Ceci s’inscrit à la loi évolutive qui  régit l’extériorisation de la hiérarchie, comme une réalité à assumer par chacun en faveur de la conscience de groupe.

Nous en sommes tous, vous et nous, responsables et en charge.

Actuellement, lorsqu’un Maître en incarnation vous croise, l’impact du premier rayon est sensible à vos véhicules.

Cet électrochoc, plus particulièrement ressenti par certains sur le plan mental, est une empreinte de pas christique à reconnaître.

Mais pourrez-vous le suivre ? Si cet électrochoc a été vécu, faisant ressortir les aspérités du non-soi et motivant un rejet mental, pouvez-vous y revenir et en examiner les conséquences à la lumière de ce qui vient d’être dit ? Ce serait positif.

Avant le troisième degré ou première initiation hiérarchique, les difficultés sont grandes pour reconnaître les pas de christ, parce que, en même temps, la lumière attire et le mental, fortement structuré et solide, empiète sur le cœur.

Plus le mental est fort, plus l’outil sera puissant, mais vous connaissez, du moins théoriquement, toutes les embûches semées sur le plan mental par tous.

Donc avant le troisième degré, les pas de christ sont perçus, attractifs mais cependant la reconnaissance, aléatoire.

Après cette première initiation, les pas de christ, sur terre, sont voilés par des empreintes, solides et marquantes, que les frères noirs laissent en bonne évidence afin d’attirer les énergies, ou du moins de les court-circuiter.

Ce passage du seuil entre troisième et quatrième degrés auquel je me suis étendu longuement ici, est un passage, correspondant pour le nouvel initié hiérarchique à la deuxième initiation pour le disciple.

Juste avant cette deuxième initiation l’horreur que vit en lui-même le disciple est si totale parfois que le  découragement l’abat, vous le savez.

Il n’en est pas de même pour l’initié du troisième degré sur le seuil intermédiaire vers le quatrième degré, dans ce sens que ses problèmes ne sont plus en rapport avec la personnalité mais avec la lumière.

Et c’est pourquoi sur ce seuil important entre troisième et quatrième degré, le Maître distingue des empreintes, mais il y a celles de christ mélangées à celles qu’ont faites les forces noires et qui traînent au plan mental, sculptant à la matière subtile, leurs marques bien nettes sur ce plan mental qui devient l’objet de combat du Maître du troisième degré qui y retourne.

Là encore, la lumière ressemble à la lumière, surtout dans la lumière mentale non encore dépassée en ses formes trompeuses.

Ce n’est qu’au quatrième degré que la reconnaissance est immédiate entre Maîtres en incarnation.

Et c’est parce que, au quatrième degré, la légèreté des empreintes, qui ne sont plus que lumière, n’est plus  modelable par le mental.

Mais jusqu’au quatrième degré, la certitude face à un Maître en incarnation est sujette à un bon nombre de contingences occultes et physiques.

Ça, c’est la théorie pour vous.

Heureusement, bon nombre de disciples, pas assez encore, reconnaissent les pas de christ, intuitivement, ils tentent de les suivre, c’est bien.

Mais pratiquement jamais, cela n’est totalement sûr.

Et il n’y a qu’à voir les comportements des disciples avec H.P.B.[5], pour être effaré de l’inhumanité dont certains font preuve… Ces temps-là sont dépassés mais je dois quand même vous répéter que l’incarnation, pour les Maîtres, n’est pas une partie de plaisir.

Et leur volonté divine a besoin de toute la puissance d’amour du rayon un pour accompagner, dans la joie, autant de détresse et de médiocrité.

Les empreintes des pas de christ sont embusquées au cœur de vos passages initiatiques, là où le doute, comme un serpent venimeux, vindicatif et déstabilisateur, siffle à votre écoute intérieure, le chant maudit des références passées gravées au mental.

Dompter le serpent, afin qu’il ne se dresse plus qu’à votre demande, voilà symboliquement le trajet initiatique de l’énergie lovée au creux des reins, à la base de la colonne vertébrale, cette Kundalini qui s’élève jusqu’au sommet du crâne, dans le chant silencieux de la danse immobile du serpent dompté dont la sagesse fait enfin taire tout sifflement inquiétant.

Et vous ne suivrez, effectivement, les empreintes des pas de christ sur terre et sur tous les plans que lorsque vous-mêmes serez capables de les faire, rejoignant celles des frères de  l’humanité, au retour silencieux du cœur ouvert dans lequel se sont intégrées toutes les empreintes précédentes, préparant leurs marques prochaines au sol de l’extériorisation de la hiérarchie.

Ce stade de reconnaissance est la phase de connaissance active et créative du Maître de quatrième degré, deuxième initiation hiérarchique, dans l’incarnation.

Sans se laisser désespérer humainement et personnellement par ce qui précède, le disciple doit tendre vers la conscience de groupe et si l’authenticité et la sincérité sont plus que des démarches mentales, la reconnaissance sera favorisée car c’est la personnalité du Maître en incarnation qui est garante de la conscience de groupe.

Afin de ne pas vous méprendre à son sujet, attention au groupe exotérique, au groupe ésotérique, ne passez pas à côté du  groupe global.

Car groupe ésotérique et exotérique existent chez nos frères noirs, le groupe global est inaccessible pour eux.

Donc le groupe exotérique est le baromètre à évaluer en VIE UNE, aucun groupe exotérique appartenant a un groupe global ne tente de s’agrandir, sur le plan physique.

Même si des disciples s’y joignent, le groupe ésotérique va s’augmenter d’autant en conscience de groupe, mais pas le groupe exotérique en nombre d’individus.

C’est pourquoi la vie associative est valable sur le plan humanitaire, mais non plus, en ces temps d’extériorisation de la hiérarchie, sur les plans subtils ésotériques.

Ce que je viens de signaler est capital pour bien suivre les empreintes de christ au sol de l’incarnation.

Les Maîtres de sixième degré en incarnation, encore très peu nombreux mais dont le  nombre effectif va augmenter en fonction de l’extériorisation, et qui sont en charge ou participent sur les plans intérieurs, au groupe global, sont dès à présent, très attentifs à ce qui précède.

C’est pourquoi la forme légale d’une société servira mieux le plan que toute association de disciples qui, en fait ne réunissent pas que des disciples.

La bonne volonté sur le plan physique, doit s’appliquer en volonté de bien, cette dernière, occultement parlant n’étant elle-même vécue que par des initiés.

La deuxième initiation doit être dépassée depuis longtemps en regard du groupe global.

Ceux qui comprennent sont proches de le vivre, ceux qui le vivent, me comprennent.

Dans l’approche magique du Maître vers l’incarnation, se trouvent toutes les clés relatives au bon fonctionnement du groupe global, et sa responsabilité sur le plan exotérique physique est  d’une clarté évidente à ceux qui déjà, font partie du groupe ésotérique.

La conscience de groupe, d’une importance vitale pour l’humanité, est le début d’un changement de mentalité.

Vu ce que vous savez maintenant des obstacles du plan mental, vous pouvez faire les bonnes déductions et si votre cœur est prêt à s’ouvrir, vous n’aurez même plus besoin de déduire ! Quand un disciple n’a plus besoin de raisonner par déduction, un grand pas est fait, il lui faut trouver encore les empreintes des pas de christ qui le précèdent tout en se maintenant à ses côtés.

La liaison par le Maître en incarnation entre la hiérarchie, l’humanité et Shamballa se fait dans cet ordre-là.

C’est un aller-retour qui englobe tous les plans, les reliant et en rendant accessible la  créativité divine ainsi que les énergies christiques.

Sans le Maître de sixième degré en incarnation l’énergie du premier rayon en provenance de Shamballa dans la volonté de puissance et d’amour serait inaccessible aux disciples dont elle pulvériserait les véhicules, non plus qu’à l’humanité.

Des perturbations au niveau de cette dernière existent mais leurs destructions, positives, sont annonciatrices de bases nouvelles indispensables et accessibles à tous par la conscience de groupe.

En tout ce qui est entrepris d’une manière pragmatique sur le plan physique, le Maître en incarnation émet la note ashramique juste.

Il est important, pour la conscience de groupe, que le disciple en service l’entende, même si le degré initiatique ne lui permet pas encore de la vivre totalement.

Quels que soient les brouillages dus à la vie personnelle, tout disciple peut discerner intérieurement cette note, même s’il n’en distingue pas les empreintes lumineuses dans l’incarnation.

C’est à cette note que vibre la conscience de groupe dont l’aimant attire le cœur du disciple.

À partir de là, la résonance du plan se fait plus nette et il lui est plus facile d’en servir les parties.

Le disciple en perçoit les fragments lumineux.

Tout cela le met en écoute intérieure et il peut collaborer au plan, d’une manière plus créative, avec le Maître en incarnation.

lorsque les miettes des formes lumineuses du mental s’effondrent, brisées en leurs reliefs, définitivement, et balayées par la volonté de puissance du rayon un, laser de la hiérarchie et pilier de Shamballa, le Maître, dans l’incarnation, est libre de toute contingence négative, il a  enrayé les pièges des forces noires, et au prix d’épreuves dures, à la mesure de cette victoire hiérarchique, il marche, cœur ouvert créatif, au sol, parmi tous, comme un porte-flambeau, en conscience de groupe et de synthèse.

Capable de faire atterrir, sous l’arc de triomphe spirituel, tout ce que le dessein comporte de projets, par le plan concernant l’humanité, il œuvre, seul en apparence, au sein du monde.

Il n’y a plus de sacrifice, dont la notion s’est brisée aussi, révélant la pleine lumière en christ.

Dès ce quatrième degré initiatique, il aborde l’au-delà Shamballa, menant les empreintes en christ, par christ, au-delà des rives sacrées émeraude-diamant dont il imprègne maintenant tous les plans.

Christ vivant va amorcer les pas, inimaginables au mental, de la haute initiation hiérarchique.

Humain au-delà de l’humain, il va par-delà les limites connues,  entrer, en conscience, en celui dont rien ne peut être dit.

Détenteur du passeport délivré par la libération des incarnations, il peut en choisir librement l’expression afin d’extérioriser au monde de ses frères, les plus hautes énergies disponibles à l’être, en état d’amour absolu.

C’est en cet état que, œuvrant dorénavant dans l’incarnation, en conscience de groupe pour le bien commun à l’humanité, il commence les étapes préliminaires et décisives de la haute initiation, exprimables sur le plan physique.

Symboliquement et en langage de conscience, ce passage est l’atterrissage, à volonté, en dehors du mental-outil, des véhicules parfaitement aptes du Maître, porteurs dans l’incarnation, des plus hautes énergies au service de l’humanité.

Occultement, la lumière du plan mental est «dessoudée» d’elle-même,  entraînant l’expression pure des qualités divines des rayons.

Automatiquement utilisés, les véhicules du Maître sont dans l’incarnation en relation directe avec les énergies de Shamballa, en créativité constante, le Maître devient dans l’incarnation l’expression directe du plan dont il aide à libérer et à éclairer les parties.

Occultement ses empreintes de pas sur les plans subtils ne sont plus visibles par les frères noirs, les traces laissées par ses travaux ne sont plus que lumière et aucun relief ne peut plus s’y accrocher.

L’ouverture du cœur, accomplie, ne laisse à aucune ombre le loisir de pénétrer la forme, quelle qu’elle soit.

Dans le soleil spirituel central le Maître en incarnation travaille dorénavant plein sud, il a symboliquement parfaitement intégré l’est, l’ouest et le nord, rendant, en synthèse la lumière globale en laquelle il s’est trouvé, perdu puis retrouvé, dans cet ordre.

Dorénavant l’outil mental ne sert plus que pour les besoins de la cause de l’incarnation.

Occultement, son champ d’action perd ses limites, la lumière y préside.

L’ouverture du cœur, utile dans l’incarnation, la libère sur les plans devenus plateformes d’action énergétique, libres de tout contour limitatif, en conscience et en VIE UNE.

Au silence de dieu, l’œuvre individuelle, en conscience de groupe, est accomplie, le Maître en incarnation a rejoint le verbe qui, en synthèse, qualifie désormais ses propos.

Synthèse qui est à certains un miroir insoutenable dont les visions réfléchies sont les boomerangs des intériorités rencontrées, mais ce miroir, désormais incassable parce qu’il ne réfléchit plus les formes mais leur lumière, devient, dans l’incarnation, le révélateur des ombres du mental.

Et le disciple, confronté à ses propres ombres, au lieu de  prendre conscience qu’il les rejette, se détourne du miroir, rejetant ainsi le Maître dans la jungle illusoire dont il est la victime consentante.

Tous ces passages font partie de processus dits normaux, compte-tenu des différences initiatiques rencontrées sur le plan physique et surtout au sein de 1′ extériorisation de la hiérarchie.

A la double polarité de l’extériorisation et de la synthèse tout ce qui a été décrit jusqu’à présent dans cette phase de l’enseignement hiérarchique sera de plus en plus expérimenté, dans l’incarnation, par les Maîtres et les disciples de tous degrés.

L’humilité vous sera d’un grand secours, ainsi que la réalité toute physique du non-soi à dépasser.

La conscience, dans ses paliers successifs, suivra les impératifs qui mènent à la conscience de groupe, avant laquelle nul n’exprimera la moindre  lueur des qualités divines des rayons.

Qu’on se le dise, il est temps.

Sur les pas du christ vous marcherez, et au-delà vous parviendrez, seul, individuellement mais, en conscience de groupe.

De ce paradoxe pleinement vécu dans l’incarnation vous ressortirez vainqueurs pourvu que vous abordiez l’est en toute humilité, l’ouest en toute lucidité, le nord avec beaucoup de courage.

Au sud, plus de problèmes majeurs, sauf dans l’incarnation, où le froid du nord ainsi que sa brume sont souvent présents.

Puis Maître des quatre points cardinaux et sous le soleil spirituel central, vous œuvrerez avec nous en continuité de conscience et en VIE UNE, pour et par l’extériorisation de la hiérarchie, sous la bannière de Morya, et en faveur du bien commun, afin  que changent les mentalités en vue de ce troisième millénaire qui s’ouvre sur un monde nouveau.

Par le dépassement du mental en ses brisures lumineuses à balayer, vous êtes responsables et en charge d’un changement de mentalité sans lequel l’humanité ne pourra vivre ou même survivre.

Dans les qualifications occultes données ici pour le retour du Maître en incarnation soupesez l’entraînement auquel il se livre et auquel sont soumis ses véhicules.

L’élévation en continuité de conscience et en VIE UNE est à la mesure des charges imposées et elles sont très lourdes.

Qui peut le plus, peut le moins, non sans mal, sans difficultés, sans épreuves.

Le Maître en incarnation est seul à pouvoir assumer, au-delà du quatrième degré, tout  cela sans notion aucune de sacrifice, ainsi que vous pouvez l’entendre.

Cette notion de sacrifice étant liée au non-soi et à la personnalité, elle est dépassée totalement.

Les étapes franchies sont eprouvantes, leurs phases intermédiaires secouantes, leurs paliers illuminants et leurs destinées encourageantes.

Mais la synthèse non encore vécue est un puzzle complexe à assembler, d’autant que l’image finale est illimitée et informelle.

Tout ici de la réalité est paradoxe dans l’incarnation et c’est pourquoi les pas de christ sont si essentiels à tous.

Le paradoxe ne se résout pas à l’apparence mais à la lumière irradiée aux fuseaux des croisements qu’elle suppose.

Supposer n’est pas voir, vivre n’est pas forcément «être».

Mais quand l’être vit dans la vision du verbe silencieux, le Maître s’exprime dans l’incarnation.

Chacune de ses formulations devient l’écho parfait du verbe, et la synthèse n’est alors plus un mot.

Elle devient le soupir symphonique et cosmique de la VIE UNE en état de continuité de conscience humaine, au-delà des pas de christ, dans l’ascension vers la haute initiation.

Dans les formes lumineuses d’un fort mental concrètement cristallisé à sa propre lumière, les pas de christ sont bloqués par la fermeture du cœur.

Dans ce cas, deux possibilités :

1/ le disciple a une personnalité bien avancée dans l’intégration,

2/ le disciple est encore loin de l’intégration de la personnalité et nage encore en ses problèmes psychologiques qu’il masque au paravent de sa voie spirituelle.

Dans le premier cas, si les pas de christ sont bloqués, le disciple en difficulté est quand même capable de reconnaissance.

Si cette dernière se produit face à un Maître en incarnation, il  va pouvoir évoluer, mais le très douloureux parcours devant lequel il se trouve va être long et périlleux sur le plan intérieur.

En effet il s’agit là du dernier sprint évolutif entre deuxième et troisième degré.

Et ce passage avant la transfiguration est très éprouvant aux disciples enfermés dans la glace lumineuse du mental.

La glace va devoir fondre afin que le cœur perçoive une certaine chaleur qui ensuite contribuera à son ouverture.

Ces disciples, en difficulté ont pour eux une grande conscience objective férue aux raisonnements les plus logiquement rationnels.

De plus ils sont arrivés à ce stade avancé d’évolution par une grande aspiration spirituelle et des vies de discipulat et de recherche.

Leur analyse objective mentale est fort juste, ils en ont une compréhension intellectuelle certaine.

Sans aucune réalité d’amour,  sans autre forme intérieure que la théorie à ce sujet, ils vont, malgré tout, pouvoir reconnaître les pas de christ.

Parce que cela fait partie intégrante, théoriquement, de leur lumineux mental cristallisé, ils auront donc cette reconnaissance.

Ensuite, les choses sérieuses commenceront.

Et le chemin à faire, seuls, dans le mental, est long, pénible, terrifiant parfois, car, en fait, ils ont bloqué l’ombre aux reliefs des formes lumineuses du mental, s’installant confortablement à ces rationalités subjectives, comme pour conjurer et échapper aux visions partielles qui en découlent et sont forcément négatives.

Ces disciples sont bloqués dans un positivisme spirituel essentiellement mental et objectif, croyant qu’avec des exercices et méditations, on arrive à retenir la lumière.

Ils n’ont fait que surmuscler leur mental aux haltères spirituelles d’un enseignement pris à la lettre et  mal digéré.

Des années, parfois des vies, cela dépend d’eux, très dures les attendent ; pour briser l’ombre, les formes lumineuses vont exploser, libérant des lumières énergétiques douloureuses aux véhicules coincés dont les blocages ont produit des déformations tant physiques que subtiles.

Mais ils n’ont pas le choix, cette route il faut l’entreprendre, seul, de préférence avec l’aide ou plutôt l’assistance d’un Maître en incarnation, si possible.

Car ces disciples sont, en leur état, incapables d’intégration à la conscience de groupe.

Pour eux l’amour est une pure théorie dont le mot sonne creux.

Mais ils le reconnaissent et cela est très positif.

A ces disciples il faut beaucoup de courage et je leur donnerai un conseil à appliquer dès la reconnaissance qu’ils auront des pas de christ à leurs côtés :

– ne pas méditer.

– ne pas visualiser.

– ne faire aucun exercice spirituel d’aucune sorte.

– ne pas jouer avec le mental en croyant se servir des rayons.

Et, s’appliquer quotidiennement, avec constance, minute après minute a la purification.

Plus spécialement tenter de débusquer toute pensée fondée sur l’ambiguïté, toute action en découlant.

Donc ambiguïté d’intention et ensuite d’action.

Dans leur cas, la purification systématique en tout ce qui est pensé, dit ou fait doit devenir drastique.

C’est la seule voie qui les mènera à l’ouverture du cœur.

Cela libérera des forces bloquées, puis les énergies formelles sculptées au mental et sclérosées.

Ce sera très  eprouvant mais efficace.

Il faut beaucoup de lucidité pour cela et ils en ont.

A ces disciples en difficulté, je suggère l’invocation qui suit, à dire une fois par jour, avec toute la sincérité intérieure dont ils seront capables, et ce, durant au moins un an.

«De la conscience de groupe que je ne perçois pas, j’invoque l’amour inclusif des autres, dans l’impersonnalité des qualités divines dont les rayons, mal compris jusqu’à présent, ont forgé mes blocages.

 Et je m’abandonne au divin, déposant au seuil de cette voie qui s’ouvre, tout volontarisme de ma part.

 Puisse le Maître m’aider, afin qu’enfin je puisse servir les autres et m’oublier moi-même.»

De plus, je les invite, en cas de difficulté ponctuelle au cours de la journée de travail, à dire avec  elan, le plus sincère élan qu’ils pourront manifester : «au centre de tout amour j’aspire, à la vibration du cœur, je souscris.» Voilà qui contribuera à affirmer par ces deux invocations, l’humilité vibratoire nécessaire à l’ouverture du cœur dont le dépassement du mental est la condition nécessaire.

A ces disciples je souhaite courage et patience.

Pour le deuxième cas, cité plus haut, lorsque le disciple est encore loin de l’intégration de la personnalité, je le renvoie à la phase précédente de mon frère D.K. Il y trouvera tous les outils nécessaires qui, en plus des indications qu’il pourra trouver ici, ne manqueront pas de lui éviter de tomber dans le premier cas.

Qu’ils sachent simplement que le manque de  reconnaissance en regard des pas de christ à leurs côtés est fondé sur leurs propres rejets, et qu’ils travaillent donc sur eux-mêmes car pour tous, la route est longue.

Dans l’éveil vibratoire de l’humilité, se trouve la note correspondant au cœur et à son ouverture.

Mais l’humilité n’est pas une sous-estimation de soi qui elle même n’est souvent basée que sur l’orgueil spirituel.

Les formes lumineuses du mental ont leurs racines dans l’orgueil.

Quand ces racines-là se transforment en véritable lucidité mentale à note impersonnelle, le disciple peut en faire basculer les failles pour en dégager la véritable humilité qui est le premier pas vers l’identité impersonnelle qui n’est encore que théorique.

Il est si important de reconnaître les pas de christ à vos côtés que tout doit être mis en œuvre pour y parvenir.

C’est vrai qu’il est beaucoup plus facile de reconnaître les pas de christ vous ayant précédés puisque, là encore, le raisonnement se fait par référence au passé.

dans l’incarnation, notez que tout ce qui vous précède est aussi passé.

Et ici nous vous demandons de reconnaître au présent, ce qui est inhabituel au mental, mais instantané au cœur.

Il est donc indispensable de contribuer coûte que coûte à l’ouverture du cœur, étape capitale de l’évolution pour un service efficace aux autres, donc au plan.

Une des conséquences du mental séparatiste consiste à se croire différent des autres.

Or dès que le cœur est ouvert, et plus le disciple  avance sur la voie de l’évolution, et plus il est semblable aux autres, à tous les autres, puisqu’à l’ouverture du cœur tout est inclus en synthèse et en globalité.

La différence n’existe plus, elle se résorbe au cœur global de l’initié, seules demeurent les spécificités nécessaires aux personnalités pour leur service.

Ces dernières, comme le mental, sont des outils dont l’initié supérieur dispose en toute liberté «d’action juste» pour le service.

A toute analogie s’installe une correspondance, à toute correspondance, une interdépendance, de cette dernière naît la communication qui, en cas d’initiation supérieure n’est plus que lien direct avec la globalité des choses du monde et de tous les plans du service.

La technique de la communication  n’est donc qu’un long processus de dépouillements successifs menant à ce lien direct avec les êtres et les formes de vie.

Pour être effective, la communication doit être dépouillée de la technique même qui y a conduit.

La communication dépasse donc le cadre d’un simple travail sur le plan physique de l’incarnation, pour l’initié supérieur, la communication est un lien subtil direct reliant entre eux et avec lui, toute la chaîne des causes qui devient, par la communication initiatique supérieure, une irradiation lumineuse des effets du monde phénoménal.

La communication est une des conséquences de la maîtrise initiatique supérieure dans l’incarnation où tout représentant hiérarchique, Maître en incarnation, est forcément, de par son état, un communicateur en fonction permanente.

Sur les pas de christ et  au-delà, sont programmées toutes les nuances des qualités divines exprimables en incarnation.

Le Maître en incarnation de sixième degré en est la palette mouvante en communication constante.

C’est en lui que se poursuit la trame des réseaux énergétiques conçus à shamballa, en termes silencieux de plan.

Dans la note qu’émet la partie du plan extériorisée se trouve la synthèse, en vibration cosmique, dont le morcellement sur le plan physique, est encore inévitable, mais dont la réalité s’impose, malgré tout.

Dans l’infiniment petit se trouvent les éléments programmateurs et composants de l’infiniment grand, vous le savez.

C’est dans ce retour du petit au grand que s’expriment et s’intègrent les séparatismes inhérents aux formes successives à  dépasser.

C’est de leurs explosions destructrices que naît la lumière, base de toute construction positive.

Les valeurs fondamentales humaines, spirituelles et ésotériques en sont les fondations sûres.

L’extériorisation de la hiérarchie creuse actuellement ces fondations au sol terrestre, afin que la base, initiable, en soit solide.

Pour entrer dans la terre, il faut en avoir traversé l’ombre sur le seuil d’expérience à la maîtrise séparant le troisième et le quatrième degré.

Parce qu’aux médiateurs de lumière que sont les Maîtres en incarnation il faut le dépassement des ombres par la maîtrise ainsi acquise ; aux conducteurs de lumière, l’ombre ne doit plus être un obstacle.

C’est dans l’immergence à l’ombre que vous trouvez la résurgence de la lumière.

Mais ce voyage-là est très périlleux.

Et la voie du mental lumineux en est le seuil obligatoire.

Pour tous.

Plus l’ombre est dense individuellement et moins vous devez douter de la conscience de groupe, premier palier inclusif des énergies christiques.

Mais il est vrai que ce n’est pas facile.

Mais qui a parlé de facilité en regard de la voie évolutive ? A part les frères noirs qui ne connaissent jamais la conscience de groupe que sur le plan physique, en se servant des autres, qui a parlé facilité ? la voie du sentier de gauche est une voie collective sur le plan physique dont seul le frère noir tire profit, alors que la voie du sentier de droite est une voie individuelle mais en conscience de groupe sur tous les plans.

La première voie est celle du profit immédiat par la manipulation, tandis que la seconde  est celle de la globalité inclusive en regard des cœurs de tous et donc visant au bien commun de l’humanité.

Voyez comme la politique, telle qu’elle est vécue actuellement, peut être un puits énergétique au service des frères noirs ! La voie en est apparemment collective, mais le pouvoir retiré en est trop souvent individuel et manipulateur.

Donc dangereux.

Mais le tournant est pris et mon ashram y veille avec vigilance.

Au stade actuel de cette troisième phase de l’enseignement, pouvez-vous vous situer par rapport aux pas de christ.

En deçà, à côté ou au-delà ? La clarté qui s’imposera à votre mental ne peut venir que du cœur.

Car en regard du mental, vous êtes forcément sur la voie du discipulat.

Mais à quoi êtes-vous identifiés ?  Qu’avez-vous dépassé ? Bonnes questions, aux réponses desquelles vous ne devez pas méditer mais percevoir.

De la perception à la vision claire, se trouve, encore et toujours, le palier du cœur, à franchir.

Aux disciples qui se sentent coupés du cœur et qui ne peuvent donc servir qu’eux-mêmes, cette simple lucidité est une amorce vers les énergies christiques encore inaccessibles.

Qu’ils soient, ici, assurés de toute notre compassion.

Un long chemin leur reste à parcourir qui n’est, cependant, qu’une goutte du temps en regard de l’éternité.

Cette goutte s’accomplira à la résonance du calice encore vide, suivie de nombreuses autres, ce goutte-à-goutte est en soi une première vibration christique au cœur encore fermé.

Courage !  Dans le choix des moyens ne se trouve que l’infinité des fruits à ne pas récolter.

La cueillette, collective, ne se fait qu’à l’échelle de l’évolution de l’humanité tout entière.

Si la fin justifiait les moyens alors en soi, les moyens seraient une fin.

Tout début est une aube cosmique illimitée dont la fin du jour n’est que renouveau par la nuit.

Il ne faut jamais fermer la boucle qui ouvre la spirale vers celui en qui rien ne peut être dit, mais de qui chaque véhicule du Maître porte, dans l’incarnation, les qualités infinies.

L’ascension, infinie, elle aussi, passe toujours par le centre de la terre et ses mystères occultes.

C’est la voie du chaman que tout Maître en incarnation connaît.

Ce qui ne veut pas dire que tout chaman est un Maître de l’initiation supérieure.

Mais qu’il peut y avoir accès.

Dans l’iconographie de l’église orthodoxe russe sont dessinés les plus subtils détails symbolisant la voie initiatique.

C’est pourquoi les orthodoxes en aspiration constante embrassent toujours leurs icônes dans ces églises.

Le baiser étant ici le premier pas vers l’aspiration de l’ouverture du cœur.

Toutes les voies se rejoignent à la symbolique ésotérique de leurs signifiances.

Et pourtant ces rituels magiques ne sont plus, très souvent, que gestuelle d’habitude répercutée par la tradition.

Dommage ! Quand chaque geste retrouve l’esprit initial qui l’a motivé, la créativité au présent agit spontanément comme une prérogative du cœur.

Les empreintes des pas de Christ, à suivre, sont inscrites aux traditions qui, hélas, ne sont plus pour certains que lettres mortes et habitudes inconscientes insufflez aux traditions le pouvoir du feu afin que vive l’esprit initiateur.

Les instructeurs passent et les traditions laissent au mental impressionné des structures abstraites encombrantes dont la lumière peu à peu s’efface.

Pour que vive la lumière, ouvrez le cœur.

L’interaction complémentaire des véhicules est vécue par le maître en incarnation dans la globalité synthétique des qualités divines utilisables.

Et c’est cette note de synthèse, qu’il émet en permanence.

Puissiez-vous y être sensibles.

Quand le brasier de l’incarnation s’enflamme au feu du calice plein, le cœur, victorieux et béant fait face à l’infinité et repose en l’éternité, trouvant l’identité au sein même de l’espace.

Les pas du maître sur le sol sont les pas de Christ, suivez-les.

Les forces conflictuelles sont noyées à l’hécatombe des dépouillements psychologiques, émotionnels et mentaux, ouvrant au cœur l’autoroute infinie des voies multiples des mondes dont il devient inclusif.

A cette ouverture-là correspond la puissance d’amour dans laquelle, dans l’incarnation, le cœur ouvert reconnaît l’autre en lui-même.

Être l’autre, c’est briser en soi-même les frontières qui vous en séparent.

Et le mental est la première d’entre elles.

Bénis soient ceux qui y travaillent, la conscience de groupe en dépend.

Tout disciple a la responsabilité de s’inclure à la conscience de groupe afin d’œuvrer en collaboration avec le groupe global.

L’ouverture du cœur doit être amorcée pour cela.

C’est une responsabilité individuelle au service du bien de tous.

Un groupe exotérique ne doit entraîner personne.

C’est en adhérant au groupe global que l’intégration s’y fait automatiquement même si on ne fait pas partie du groupe exotérique.

Bon nombre d’initiés font partie du groupe ésotérique, collaborent donc aux travaux du groupe global et peuvent ne pas appartenir officiellement, exotériquement, au groupe physique, qui, si ce dernier est l’extériorisation du groupe global, sera forcément soutenu par l’initié supérieur.

Donc, je vous conseille d’observer l’attitude exotérique des maîtres en incarnation face aux groupes dits exotériques mais qui ne le sont pas tous.

Leur discernement juste est très important.

Les troubles de l’incarnation sont relatifs à bien des contingences personnelles, les troubles sur les plans ésotériques énergétiques sont seuls réels et ils déterminent l’expression juste d’un choix.

C’est là que tout se fait.

Le maître en incarnation sait parce qu’il voit et il attend donc pour l’expression exotérique, que la conscience de groupe soit motivée pour l’action.

Il n’attend jamais que les individus soient motivés.

Leurs motivations n’étant pas claires avant l’amorce de l’ouverture du cœur.

C’est pourquoi souvent les décisions brusques du maître en incarnation vous surprendront.

Sur le sentier de droite les motivations des individus ne seront jamais influencées puisqu’elles découlent de la conscience inclusive du groupe à un autre niveau.

Ce n’est pas le cas sur le sentier de gauche où l’influence s’exerce au niveau des individus sur le plan physique.

Soyez-y attentifs.

A droite le cœur s’engage, a gauche le mental s’engage.

De cette différence dépend la récupération ou le service, la manipulation ou la responsabilité.

Si vous êtes coupés du cœur, vous avez été récupérés et vous êtes chargés, ésotériquement parlant, sur le plan mental.

Mais si vous vous en rendez compte, au prix de gros efforts, vous pouvez vous en sortir.

Alors soyez courageux, la lumière Christique est à ce prix.

Aux douches écossaises de la voie évolutive se gagnent les galons du disciple au service.

A son cœur je m’adresse, à son mental je me heurte, à son âme je communique puissance d’amour illuminante à sa personnalité.

A notre globalité son cœur déjà est inclus, mais il faut au disciple en trouver seul la voie de l’ouverture.

Face au disciple qui nous suit, notre cœur draine les énergies de son ascension, à ses côtés nous assistons ses forces encore maladroites par la tranquillité du cœur en attente.

Derrière lui, nous avançons comme devant lui et à ses côtés, le cœur aimant, au spectacle de sa voie trébuchante.

Tout cela pour l’entourer de l’ouverture du cœur a laquelle il peut s’inclure pour rendre la route plus facile.

Mais nos pas sont ceux de Christ et les pas du disciple sont les siens et s’ils ne voient pas nos empreintes, alors la joie qui nous habite se teinte du voile humain discret de la tristesse, parce que, en incarnation, nous partageons les peines que nous supportons et assimilons à l’ouverture du cœur, de ce cœur que vous touchez, parce que nous sommes frères d’incarnation.

Les empreintes des pas de Christ sont à portée de vue, de cœur, de joie et pourtant, les brouillards denses en dissimulent la vision… Ne vous découragez pas, nous sommes patients dans l’intemporalité du cœur ouvert.

Et la hâte que vous manifestez ne peut être que tranquille.

Les pas de géants de l’évolution intérieure que vous croyez faire par moment, ne sont que traces de fourmis dans l’éternité.

Si tout ce qui précède en cet enseignement vous a fait percevoir l’importance du cœur ouvert dans l’incarnation, l’importance d’un bon mental outil dont il faut se servir et auquel en aucun cas il ne faut s’identifier, ce qui est le cas, actuellement pour beaucoup, alors c’est déjà un point.

Ensuite, lorsque l’ouverture est amorcée dans le cœur, tout ce qui sera entrepris aura la dimension humaine, spirituelle, ésotérique, sociale, politique… Juste, car les énergies Christiques, présentes au cœur qui s’ouvre agissent toujours pour le bien du plus grand nombre.

A la joie que vous en aurez vous toucherez du cœur la note Christique nécessaire au monde.

Aujourd’hui est déjà demain en ce sens que tout ce qui s’y passe et s’y fait aura demain un impact sur les générations à venir, auxquelles il nous faut préparer les moyens de vivre Christ afin de parvenir à la juste résonance de la nature divine de l’être humain en incarnation.

Outre le fait que trop de gens encore n’ont pas l’essentiel pour vivre décemment, il leur manque aussi cette cordialité chaleureuse dont la fraternité universelle doit témoigner.

Et vous savez que cette fraternité est, pour être authentique et non seulement politique, le pouvoir de vivre le cœur de l’autre dans tout ce qui en fait le potentiel et les lacunes.

Ce pouvoir-là n’est exprimable que par l’homme, la femme-Christ en incarnation.

C’est pourquoi le cœur doit émettre toutes les énergies Christiques présentes dans toutes les qualités divines que sont les rayons, on ne l’a que trop oublié.

Trop souvent les disciples ont fait du concept intellectuel des rayons, tels qu’ils les comprenaient, une théorie non pas impersonnelle, ils en sont encore incapables, mais sans cœur, où seul le second rayon a l’apanage de l’amour-sagesse.

Or, toutes les qualités divines émises par tous les rayons sont d’abord Christiques puisqu’elles sont les manifestations du principe Christique, origine de tout ce que le secret du verbe originel renferme en celui dont rien ne peut être dit.

Sans l’ouverture du cœur, ces rayons ne peuvent utiliser les véhicules du disciple, et avant cette ouverture du cœur, le disciple manie l’illusion orgueilleuse imposée par le mental, comme quoi il peut se servir de ces rayons !! Comique ! Si cela n’avait pas fait tant de dégâts sur le plan mental, je dirais que c’est comique ! Déjà, je l’ai signalé, je continuerai jusqu’à ce que la vapeur, mise au service du mental par les énergies des disciples, soit renversée au profit de l’ouverture du cœur.

Dans ce siècle qui se dessine à l’horizon humain de ces prochaines années, de nombreux disciples vivront le passage au troisième degré dans l’incarnation, ainsi que le seuil initiatique entre troisième et quatrième degrés.

C’est pourquoi ce siècle, le XXIe, sera un siècle spirituellement lumineux, a cette digestion collective qu’il connaîtra des formes lumineuses du plan mental, seront effacés tous les reliefs que l’ombre a forgés.

Cette vaste purification du mental se fera d’abord, en chacun, pour que collectivement, dans la conscience de groupe, s’élargisse la vision qu’amène au monde Christ vivant à l’œuvre sur terre.

Cette vision doit accompagner et éclairer tous les domaines des affaires humaines, pour une société civile qui ne sera que bien plus tard, en charge et en expression du divin.

devant la planète en danger dans ses ressources les plus fondamentales, devant l’homme en perdition de lui-même sur le plan spirituel mais aussi matériel, devant les guerres qui ne peuvent plus rien résoudre, par la force, devant la démocratie qui se caricature de plus en plus en ses valeurs initiales et qui a cristallisé l’économie au profit des seuls pays nantis, laissant un tiers-monde en agonie, devant l’impossibilité par les valeurs actuelles en action de résoudre tous ces problèmes majeurs, le cœur, et le cœur seul, peut amener au monde et a chacun, ce principe Christique sauveur par l’amour en action.

Au corps mental de premier rayon dont seront dotés, pour la plupart, les maîtres en incarnation du sixième degré, à ce mental outil imparable, l’expression actuelle commence, de la volonté de puissance par l’amour, et va s’exprimer de plus en plus, procurant à toutes les affaires citées, l’ingérence des énergies du premier rayon qui seules peuvent venir à bout du plan mental surchargé de la planète terre.

A vous tous, disciples de tous degrés et jusqu’au sixième, il est beaucoup demandé parce que la conscience de groupe, dans l’incarnation, dépend de vous tous.

Les efforts de chacun doivent s’exprimer enfin au mieux-être de l’humanité.

Dans cette période tourbillonnante où les formes lumineuses du mental vont céder sous la pression de l’amour en action, vous allez participer.

Période épineuse destinée à rendre le plan mental de la planète lisse, l’outil ainsi nettoyé sera la base réceptrice indispensable à la future gestion du monde par les énergies Christiques du cœur ouvert.

Ai-je été clair ? En cette fin de siècle, l’extériorisation de la hiérarchie installe les bonnes énergies dont Christ en marche porte le flambeau.

Une aube lumineuse s’annonce et le plein sud Christique brillera sur les plages d’un monde que vous construirez, libre en sa lumière nouvelle, parce que chacun prendra ses responsabilités en regard de tous et du plus grand nombre.

Les responsabilités politiques de chaque citoyen par le cœur ouvert sont un tournant spirituel déterminant.

J’ose espérer que vous en percevez l’importance et la nécessité ? Dans l’irrémédiabilité de ce tournant déjà annoncé, déjà commencé, prenez individuellement le cap de l’ouverture du cœur, il est temps, l’amour en action en dépend.

Tous les changements amènent des bouleversements.

Ne soyez pas bouleversés mais bouleversants dans vos propres changements afin que la conscience de groupe ne souffre pas mais agisse.

L’extériorisation de la hiérarchie va grandement faciliter ces processus d’inversements énergétiques, déterminant par le haut, grâce à l’ouverture du cœur en pleine expression chez ses initiés, l’arrivée massive des énergies Christiques du renouveau spirituel qui contribuera seule à changer petit à petit les mentalités.

Car changer la mentalité ne veut pas dire penser autrement.

Rien ne peut partir de la pensée.

La pensée inondée par le mental Christique changera automatiquement  selon un processus ésotérique en œuvre déjà sur les plans subtils et auquel contribue la hiérarchie, en accord avec le seigneur du monde, depuis Shamballa.

Ce qui s’annonce en ce moment est tout simplement vertigineux, mais la vie une dans ses mouvements dépourvus de vertige en est l’instigatrice, par l’ouverture du cœur.

Le cœur de la hiérarchie, bat au corps de l’extériorisation de la hiérarchie, propulsant la vie une des calices remplis qui peuvent maintenant se déverser de ce corps tout entier, pour une pulsation nouvelle du corps de l’humanité.

Tous les disciples sont en phase de potentialité Christique par l’ouverture du cœur.

De la doctrine secrète [6] aux moyens donnés par A.A.B. , ils sont maintenant aptes à dépasser de plus en plus leurs handicaps personnels au profit de la conscience de groupe, visant par là même l’expression de cette fraternité universelle indispensable dont H.P.B. a si souvent mentionné et appuyé la nécessité intemporelle à l’urgence du moment.

Ce moment est là, Christ aussi, et le cœur ouvert en reste le seul moyen.

C’est à la sensibilité que se mesure la perceptibilité du mental juste qui se mesure elle-même à l’ouverture du cœur.

A ce propos-là, où en êtes-vous de votre cœur ? C’est de cette réponse individuelle que dépend la conscience de groupe et donc l’évolution de l’humanité.

Alors répondez-y et si votre réponse n’est pas satisfaisante, reposez-la à nouveau et à nouveau jusqu’à ce que l’ouverture du cœur ne la pose plus du tout.

La réponse de chacun met en cause l’avancée collective en ce XXIe siècle que vous préparez.

Sachez que vous n’aurez que l’excuse de vos prétextes, vous esotéristes, disciples, initiés des degrés inférieurs.

Et ceci est une façon de parler car, en regard de chacun il n’y a pas de degrés inférieurs, cette notion n’est valable qu’en regard de l’extériorisation de la hiérarchie, pour une compréhension objective plus nette.

Et nous comptons ici sur la clarté intuitive véhiculée par cette ecriture énergétiquement très particulière.

Par rapport au monde lui-même, à la société en général, l’extériorisation de la hiérarchie et donc la réalité de la présence des maîtres dans l’incarnation doit devenir petit à petit une chose normale, humaine et vous êtes en charge de cette vulgarisation médiatique au bon sens du terme.

Les pas de Christ parmi vous devront être connus, et être intégrés à la conscience de tous.

Voyez ici votre responsabilité à assumer d’abord en conscience de groupe afin que la lumière s’étende à tous.

Plus de «gurus» à suivre dans des techniques spirituelles marginales, plus de différence entre disciples et hommes de toutes sortes.

Mais une conscience de groupe qui intègre, par le cœur ouvert, tous et toutes à quelque stade qu’ils soient.

Le dénominateur commun du monde nouveau est la conscience de groupe vécue par ceux qui le peuvent et communiquée dans sa lumière par l’ouverture du cœur.

Si vous parvenez à vivre cela normalement en regard du plus grand nombre, dans toutes ces affaires humaines, c’est votre exemple qui agira sur les consciences et les amènera à la conscience de groupe.

Le côté «merveilleux» n’appartient pas aux plans inaccessibles ou invisibles, le merveilleux c’est l’ouverture du cœur sur laquelle l’accent doit être mis au quotidien comme quelque chose de normalement humain.

Les maîtres ne sont pas des êtres exceptionnels, ce sont des hommes et femmes réalisés en Christ et cela est à portée de chacun, donc de tous.

Le mental douteux et plein de méfiance et de doutes polémisants des disciples est à dépasser pour qu’ils puissent pratiquer au quotidien, avec Christ à leurs côtés maintenant, ce qu’ils ont appris en théorie.

Reconnaissez ceux qui vivent à cœur ouvert cette théorie non encore assimilée et digérée.

Il est temps.

En tant que disciples ne vous enfermez plus à ces croyances que vous maîtrisez mal sur les maîtres en incarnation.

Tout cela est beaucoup plus simple et c’est en vivant cette simplicité extrême que vous en communiquerez bien les fortes énergies Christiques.

Nous attendons, sur ces points précis, beaucoup de vous.

Si vous, disciples, ne reconnaissez pas les pas de Christ, comment les autres et l’humanité tout entière pourraient-ils le faire ? Il vaut mieux, à la limite, se tromper plutôt que de freiner la marche évolutive des pas de Christ.

La méfiance n’empêche aucunement l’erreur et la confiance est un aimant qui ouvre le cœur, malgré les erreurs éventuelles causées par le mental.

Où que vous soyez sur l’échelle evolutive, au premier degré de sa compréhension humaine, la confiance ouvre le cœur parce qu’elle aspire à l’autre en une note positive sur le potentiel de l’autre, lui rendant les attributs divins que la méfiance lui retire.

C’est pourquoi la méfiance, à priori, toujours causée par le mental, maintient le cœur fermé.

Pour tout disciple en aspiration d’ouverture du cœur, la méfiance est applicable à lui seul, c’est ainsi que s’applique la vigilance au mental.

La méfiance envers l’autre n’est jamais appliquée par le cœur ouvert, inclusif avant tout.

Trompez-vous, mais ne passez pas à côté du cœur ouvert sans le voir.

C’est une erreur que les disciples ne devront plus commettre dans ce siècle qui s’annonce.

Et vous avez maintenant assez d’éléments pour ne plus tomber dans l’erreur.

Car il vous faudra à vous, disciples, epauler cette extériorisation de la hiérarchie, vous en comprenez pleinement les raisons profondes, j’en suis sûr.

Aux tons pastels des aspirations du cœur se joue toute la gamme des sensibilités purement humaines.

A ces marches que l’humain monte sur l’humain, les traces des futurs pas Christiques sont déjà visibles aux plus purs.

Axez vos efforts sur la purification par l’élimination des ambiguïtés trompeuses, à la voie des exercices renforçant le mental, préférez la note vibrante du cœur qui est toujours présente mais étouffée souvent.

Il ne sert à rien d’appeler l’autre mon frère, ma soeur, en le rejetant ! C’est une démarche indigne d’un disciple ! Le maître en incarnation ne rejette pas, il coupe les ponts et la nuance est essentiellement différente.

Avant de la vivre, vous aurez beaucoup de mal à la comprendre réellement et a l’intégrer complètement.

Si vous tous, disciples, arrivez à conceptualiser, et ce sera déjà bien, que le maître en incarnation de sixième degré amorce la haute initiation, dans les énergies de Shamballa, sur terre, vous admettrez que beaucoup de choses vous demeurent incompréhensibles et inaccessibles en regard de son comportement.

Alors ne jugez pas les pas de Christ, contentez-vous de les reconnaître et de les suivre afin que, touchés au cœur, vous en amorciez l’ouverture.

Dites-vous bien que la voie de la haute initiation, débarrassée des formes lumineuses du mental et de leurs reliefs n’est plus qu’une voie de lumière à laquelle la conscience de groupe est encore une forme personnelle.

C’est actuellement inconcevable à ceux qui n’ont pas atteint le quatrième degré.

vécue au sein même de l’incarnation, ces pas, au-delà du Christ, sont d’une incroyable complexité au maître.

Complexité due à l’incroyable simplicité dépouillée qu’elle exige.

Et cette notion essentielle de synthèse, vécue au sein de l’incarnation, est inexprimable pour qui n’a pas atteint ce quatrième degré, deuxième initiation hiérarchique.

Les comportements et points de vue des personnalités en incarnation de ces stades-là, sont forcément différents, et au lieu de tenter une analyse mentale à ce sujet, ouvrez votre cœur à ces notes Christiques inaudibles au mental.

Pouvez-vous comprendre si je vous signale que les personnalités en question ne sont plus que collectives et que leurs spécificités ne sont evaluables qu’en termes de bien commun, faisant d’elles, sur le plan physique, des consciences divines, apatrides et internationales, responsables d’une globalité sans frontière aucune, sur aucun plan où pourtant les véhicules subtils correspondant sont toujours utilisés activement par des énergies divines, planétaires, extra-planétaires, cosmiques, en synthèse, par-delà Shamballa ? Les énergies magistrales correspondant aux rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa ne sont plus ici perçues par ces personnalités en incarnation mais vécues.

L’amorce de cette haute initiation concernant l’au-delà Shamballa sera vécue au début du siècle prochain par les maîtres en incarnation du sixième degr mais les conséquences humaines de cette haute initiation en incarnation ne seront effectives qu’à la fin du XXIe siècle et XXIIe siècle, il n’est donc pas utile de vous en livrer plus d’éléments actuellement.

Simplement j’ajouterai que ces personnalités-là ne seront plus qu’identité impersonnelle en celui dont rien ne peut être dit, et je doute que cela vous parle ?! Vous voyez qu’un lourd travail vous attend, lourd, parce que dans l’incarnation où le système nerveux régisseur des glandes et de leurs sécrétions va subir une mutation physique importante, je suggère aux médecins ésotéristes d’y accorder déjà toute leur concrète attention, afin de préparer les fortes pressions énergétiques que subiront les véhicules et dont le corps physique subira des modifications.

Ces études et recherches devront être axées sur les systèmes nerveux et glandulaires, conducteurs énergétiques privilégiés, afin que l’affinement qui devra en être favorisé, permette de préserver les organes de fonctionnement physique au maximum.

Bien sûr les centres sont en cause mais plus qu’en termes énergétiques, il faudra relier leurs fonctionnements a la densité physique du corps.

l’instrument qu’est le corps physique, affiné à l’extrême, devra souffrir le moins possible de ces changements et la période d’adaptation nécessaire sera troublante et perturbante, comme toujours lorsque s’installent des processus modifiés par l’exigence énergétique nouvelle impliquée.

Tout cela est encore loin, mais c’est demain, donc aujourd’hui, en quelque sorte et en fonction de l’intemporalité éternelle qui régit le cours des mondes.

A chaque début, aucune finalité n’est possible, c’est ainsi que vit, petit à petit, la synthèse.

Dans cet horizon infini que limitent les visions humaines, portez le cœur en avant le plus possible.

C’est lui qui est porteur d’infini.

C’est par lui que vous y accéderez.

Soulevé en ses propres limites, le cœur humain en élimine les obstacles dans l’ouverture dont il est l’héritier divin.

Au cœur se mesurent : l’inexprimable, l’incommunicable, l’irréalisable, l’inconnu, la conscience et l’amour en action; a l’ouverture du cœur rien n’est impossible ni prévisible car en son ouverture il adopte tout mouvement inconditionnel à la vie une.

Le trajet n’en semble long qu’à la vision tronquée, vision essentiellement mentale qui ne peut concevoir l’ouverture du cœur, incompréhensible a l’analyse, inaccessible aux polémiques prévisionnelles et je vous demande instamment de vous en libérer le plus rapidement possible.

Un bon moyen de faire taire le mental en ses ombres lumineuses est de laisser le cœur aller dans les formes vivantes des arts.

Par elles vous percevrez la transparence des notes intérieures les plus belles, créées et émises par l’aspiration humaine à plus beau, plus sincère.

L’art est un média qui parle au cœur.

Laissez-vous toucher par lui.

Et ainsi recueillez en vos sensibilités les vibrations individuelles capables de parvenir, en conscience, au collectif.

L’art est un pas individuel d’amour que l’artiste fait dans la conscience de groupe.

Les cordes qui en vibrent sont destinées à tous et la beauté qui s’en dégage est commune à chacun.

La synthèse y vibre en ses parties rendues accessibles à tous.

Que les artistes créateurs rendent la beauté accessible par la formulation d’une vérité intérieure proposée à tous, touchant ainsi par le cœur, la conscience qui se dégagera du groupe des spectateurs.

L’art en ses formulations est le média de cœur à cœur le plus éveilleur de la conscience de groupe.

C’est une des clés humaines de l’ouverture du cœur.

Chacun peut marcher dans les empreintes des pas de Christ et au-delà, en cette fin de siècle, en ce siècle qui arrive aux portails spirituels d’une ouverture élargie.

Ces portes seront franchies un à un, seul, pour rejoindre l’intégration du groupe global par la conscience de groupe.

De cela dépend la suite, elle est déposée en vos cœurs.

En faisant vivre ce dépôt sacré aux énergies Christiques, vous servez.

Le service est, en conscience de groupe, la participation individuelle à l’évolution humaine.

A toucher vos cœurs, que l’amour ne se perde pas mais vive dans l’action.

Car aimer c’est agir pour le bien commun à tous.

Dans l’espace bleu de la planète, les vibrations énergétiques rouges du premier rayon doivent parvenir, parce qu’elles touchent : l’enseignement ésotérique, le monde de la politique et l’action purifiante, destructrice et constructive de la volonté de puissance par l’amour.

A ces énergies en provenance de Shamballa, l’impact ne peut se faire que sur le cœur ouvert, car cet impact pulvérisateur d’obstacles ne doit en rencontrer aucun.

Seule l’ouverture du cœur en permet la bonne diffusion énergétique.

A cet afflux énergétique, vous souffrirez jusqu’au troisième degré et a son passage, puis vous maîtriserez sur le seuil initiatique, entre troisième et quatrième degré, toutes les clés ésotériques qu’il met à disposition du maître de quatrième degré en incarnation.

Pas de miracles ici, ni d’actions énergétiques volontaristes.

Ici, l’énergie agit et se sert des véhicules disponibles dont le processus véhiculaire harmonieux est la clé.

C’est le premier rayon qui rend opérative, dans l’incarnation, l’initiation supérieure en voie d’intégration humaine.

La collaboration créative entre maîtres ne se fait qu’après la période de probation de maîtrise du seuil initiatique du troisième au quatrième degré dépassé.

Ensuite commencent les seuils lumineux sans forme porteurs des énergies de Shamballa.

A ce stade-là et jusqu’au sixième degré le maître en incarnation ne garde à sa continuité de conscience que les travaux concernant l’incarnation à laquelle il apporte la lumière.

Et paradoxalement, il vit et travaille dans les brumes des autres, en conscience de groupe, ce qui est fort pénible à ses véhicules ainsi qu’à sa conscience humaine.

Il n’en éprouve aucune peine ou efforts sinon physiquement.

Ces travaux de liaisons entre les énergies de Shamballa et l’humanité sont propres à l’extériorisation de la hiérarchie.

Votre participation en tant que disciples concerne essentiellement l’ouverture du cœur, c’est ainsi que dans l’oubli de soi et malgré le mental, vous pouvez déjà servir efficacement, en conscience de groupe.

Dans l’histoire de l’humanité les pas de Christ, en Christ, sont marqués aux actes novateurs de tous.

Exprimer Christ est possible avant de le vivre au cœur ouvert.

Et ceci doit vous rassurer sur le service.

Mais à la conscience de groupe vécue, l’ouverture du cœur est un élément déterminant et plus elle se fait, moins vous perturberez personnellement, surchargeant ainsi le maître en incarnation responsable du groupe global dans l’extériorisation.

A l’hymne des sauveurs du monde l’écho du cœur est infini et se répercute par-delà ce que vous ne pouvez même imaginer.

En tant que disciples, par la médiation du maître en incarnation qui vous est proposée, acceptez le réseau énergétique informel des qualités divines diffusé à la conscience de groupe aux sept rayons de leurs manifestations non déformées.

Vous, dont les véhicules ne sont pas encore harmonieusement utilisables, remettez-vous à ce réseau, en conscience de groupe.

La synthèse, accessible en conscience de groupe, partiellement encore, aidera le juste passage du troisième degré ou le préparera, si vous le décidez, efficacement.

Impossible de donner de précisions par rapport au temps qu’il faudra, puisqu’il dépend de vous et de votre libre arbitre.

Vous savez tous que tout ce qui est formateur devient automatiquement, d’une manière ou d’une autre, déformateur.

C’est valable pour toute école, tout enseignement, et l’enseignement hiérarchique n’y échappe pas.

C’est paradoxalement bon de former, mais un côté négatif s’en dégage forcément.

Dans la vie, je vous renvoie aux grandes écoles et par exemple l’ENA… il n’est pas question ici d’analyser ou de critiquer mais de constater.

Donc toute formation a un risque.

Mais voilà, la formation est utile, bonne, et il faut en prendre le risque.

C’est ce que nous avons fait avec la deuxième phase de l’enseignement, la première eut ses risques aussi mais différents et nous les avons évités ensuite.

Mon frère D.K. a été bien compris en fait par ceux qui sont arrivés en récapitulation de troisième degré en incarnation.

Ceux-là n’ont pas mentalisé à l’excès en comprenant les repères qu’ils retrouvaient.

le plus difficile, et les déformations de l’enseignement par sa pratique, fut pour ceux préparant la seconde initiation et ensuite, le palier qui suit entre deux et trois bien que dépendant des corps du disciple, la cristallisation était pourtant quasi-inévitable et c’est ce qui s’est passé pour bon nombre de disciples trop axés sur les mots dits, les prenant au pied de la lettre et se les appropriant ou les collant sur les autres.

«Le tibétain a dit que…» Cela peut aller très loin, cela a eté trop loin.

C’est donc à ces disciples en difficulté de mental fortement cristallisé que je m’adresse ici tout particulièrement.

Certains sont déjà conscients du mur au pied duquel ils se trouvent et ne savent plus quoi faire, bloqués dans leur évolution.

Ceux-là trouveront dans cet enseignement, toutes les réponses, notamment dans cette marche sur les pas de Christ et au-delà.

Je sais qu’ils en feront bon usage, et sur la voie hiérarchique, ils trouveront s’ils cherchent, ils serviront ; le cœur ouvert, qu’ils reconnaîtront, est attentif et disponible.

Pour leur faciliter l’accès à la conscience de groupe sans laquelle rien ne pourra se faire sur le plan mondial.

A ces disciples qui sont déjà en charge de travaux sur la voie européenne, internationale, mondiale, dans des domaines importants de la société humaine, et je parle ici des économistes, juristes, scientifiques… La liste serait longue, que tous ces disciples, conscients et bloqués, sachent que leur action purement spirituelle et humaine sera en un premier temps, la voie à suivre.

Qu’ils oublient toute méditation et se servent dans leur travail exotérique des valeurs spirituelles fondamentales dont ils sont porteurs malgré leurs blocages dus au mental cristallisé.

A ces disciples le mental-outil est indispensable, et leur est très utile dans leurs travaux professionnels je leur conseille donc de ne mettre le mental qu’au service de leur profession et d’en éliminer totalement tous les aspects structurels ésotériques qu’ils rabâchent depuis des années.

Je leur demande de regarder le monde dans lequel ils vivent et de prendre conscience que le travail hiérarchique doit se faire là, sur le plan physique, parce que cela va mal.

Je leur dis que nous avons besoin d’eux et qu’en reconnaissance de maître en incarnation ils facilitent et ouvrent à ces derniers, leurs relations et leur milieu autant que possible.

C’est toujours faisable.

Ces disciples sont conscients de la hiérarchie et du plan.

Bloqués dans les formes lumineuses du mental, ils vont avoir la vie dure.

Leur vie professionnelle n’en souffrira pas, seule leur intériorité va subir des cassures nécessaires, s’ils s’engagent sur la voie juste.

Ces disciples ont été utilisés par les forces noires déjà et la technique ésotérique du maître en incarnation sur le plan mental de libération purificatrice leur sera indispensable.

Vous en avez à présent toutes les données, et je suppose qu’elles ont trouvé la voie du cœur.

A tous ces disciples, à un stade avancé du discipulat dans l’incarnation je demande de se consacrer à leur travail professionnel avec beaucoup de cœur, dans l’oubli des repères structurels propres au mental.

Ils sont compétents, qu’ils agissent en un premier temps comme des hommes et des femmes compétents et décidés à bien faire leur travail.

Puis, petit à petit, qu’ils invoquent la lumière, quelle qu’en soit la forme, au sein du travail, pour plus d’efficacité sur le plan humain.

J’ai parlé plus haut de la purification elle est à inclure dans leur vie, pensée, parole, action, le plus possible.

Qu’ils arrêtent de penser karma à la moindre difficulté sur les plans privé et professionnel.

Qu’ils prennent leur vie en main, globalement avec comme impératifs : purification mentale, emotionnelle et physique, et conscience professionnelle.

Et je leur demande de vivre cela à fond en un premier temps avec, s’ils le peuvent, une relation amicale avec un maître en incarnation s’ils en reconnaissent un.

C’est ainsi, en se démoulant des formes structurelles du mental cristallisé et en menant la vie d’un homme, d’une femme, motivés par des valeurs spirituelles fondamentales mais en rupture «d’ésotérisme forcené» que ces disciples redeviendront utiles et serviront sans être récupérés dans leurs potentialités positives par les frères de l’ombre.

Ce moment de réadaptation mentale sera très douloureux parce que le disciple vivra cette déstructuration mentale ésotérique comme un aspirant désorienté alors qu’à un moment, entre lumière mentale forte et cristallisation, il croyait être très proche de la maîtrise.

Le lourd rideau de l’illusion va se déchirer et cette réadaptation a le goût amer du retour en arrière.

Il n’en est rien.

L’évolution, même dans ses retours sur elle-même, aux nécessités des erreurs, est toujours positivement une avancée inexorable.

C’est le repère humain de la personnalité qui fait de ces moments-là des «ratages» ou des déceptions.

Cette troisième phase de l’enseignement est une chance pour ces disciples auxquels je m’adresse tout particulièrement ici, et l’extériorisation de la hiérarchie un vrai secours.

Je leur demande de voir leurs difficultés actuelles sous cet angle essentiellement positif, la joie de vivre un tournant évolutif capital pour l’humanité doit les motiver et surtout, d’en être conscients puisqu’ils y sont.

Aux disciples qui ont le même problème mais ne sont pas conscients de leur coupure avec le cœur, je ne peux hélas pas dire grand chose, parce qu’ils auront beaucoup de mal à m’entendre.

Quand aucun doute ne fait plus ecran à la sincérité, à l’authenticité de ces formes lumineuses du mental, le disciple est persuadé qu’il est dans la lumière de la vérité.

Conforté par les manipulations des frères noirs qui lui apparaissent comme des maîtres de la grande loge blanche, et auxquels il est persuadé d’avoir a faire, le disciple s’arrête croyant qu’il est arrivé à un but.

Ce but étant le troisième degré proche qu’il croit qu’il passera bientôt.

A ces disciples, qui reçoivent, par exemple des messages aux implications occultes invérifiables traitant de faits soi-disant passés ou à venir, le maître qu’il croit reconnaître devient une sorte de voyant délivrant certains secrets… Tout message à un groupe venant des maîtres de la hiérarchie peut être adressé à un disciple, mais le message concerne toujours l’ensemble du travail dont la partie va s’exprimer, et il concerne le meilleur déroulement présent.

Un maître de la hiérarchie s’adresse toujours aux disciples en termes concrets, présents et concernant l’incarnation et le travail à y faire.

Dans un message de provenance ashramique ne sont jamais traités que des suggestions ou conseils ou avis concernant le travail dans l’incarnation.

jamais moi-même ou l’un de mes frères et sœurs ne mentionneront, dans un message concernant une partie du plan à installer, des données invérifiables ou abstraites concernant des initiations cosmiques ou autres, soi-disant passées, ou des «voyances» concernant le plan.

Deux raisons à cela :

1/ tout ce qui est du domaine de l’enseignement est donné pour tous, sous forme concrète, et concerne chacun.

2/ rien de ce qui est prévu n’est de bronze, le libre arbitre des disciples est toujours respecté et c’est pourquoi nous insistons tant sur la mobilité.

Pour cela les maîtres en incarnation peuvent brusquement changer de collaborateurs ou de cap, selon les choix et les doutes dont font preuve les disciples concernés.

Et jamais nous ne tentons de retenir quelqu’un par de bonnes raisons écrites, en dénigrant l’un ou l’autre… Ceci est une méthode essentiellement propre aux frères noirs.

A ces disciples donc, broyés par les reliefs lumineux de l’ombre, la prise de conscience, si elle survient, sera délicate car, en fait, ils agissent déjà comme des frères noirs, avec les mêmes polémiques, justifications, bonnes raisons et récupération.

Ces disciples-là ne connaissent d’ouverture que la «porte de la demeure du mal», qu’ils ne scelleront jamais, peut-être.

Plus un disciple est plongé au travail des frères noirs et plus l’éventuelle sortie qu’il pourra faire sera dangereuse, elle peut même lui coûter la vie physique.

Auquel cas, s’il a vraiment essayé, il reviendra en incarnation avec un lourd «karma noir» à régler, mais pourra alors le payer, et prendre ainsi le sentier de droite à nouveau.

Ce sont ces disciples-là qui donnent au groupe exotérique et a la personnalité les plus dures épreuves à vivre sur le plan de l’extériorisation du travail à accomplir pour le service.

Les bâtons dans les roues viennent toujours
par ces disciples-là.

Des éléments essentiels vous sont livrés ici, et le langage qui en forme l’expression a la fluidité des énergies Christiques du cœur qui, telle l’eau qui coule, remplit les creux et continue de couler, n’interrompt jamais ses trajets et comme la vie une, alimente tout sur son passage fluide.

A votre cœur je m’adresse au mental cristallisé je m’attaque, a votre vie la force ashramique de premier rayon, donne la potentialité nécessaire à l’implosion des formes lumineuses du mental à dépasser.

Shamballa et ses énergies puissantes sont reliées à l’humanité grâce au travail d’évolution des maîtres de l’ashram du Christ, forcément les impacts seront parfois durs mais réceptionnés harmonieusement, dans la mesure du possible, par les maîtres en incarnation et les disciples au service.

Le temps de l’extériorisation annoncé par mon frère D.K. et A.A.B. est en phase hiérarchique humaine sous les auspices de Shamballa.

Ne brusquez rien que vous-mêmes, n’abusez de rien que de purification, encore et toujours, dans l’incarnation, c’est le premier devoir de l’être humain et la première nécessité de la conscience de groupe.

La pollution doit être individuellement bannie sur tous les plans, et en conscience.

Le citoyen du monde est en passe de devenir responsable de tous les hommes et de la planète tout entière.

Adhérez à la conscience humaine en marche, et pour ceux, déjà conscients du principe hiérarchique en marche, que la conscience au sein du groupe global amène, par le cœur, son potentiel divin au service de l’humain.

Le gros travail de restabilisation du mental se fait par les maîtres du troisième degré accédant au seuil initiatique préparant le quatrième degré.

Mais les disciples, dès à présent, peuvent aider ce processus par leur service en conscience de groupe.

En effet la conscience de groupe, grâce aux maîtres en incarnation et à l’extériorisation de la hiérarchie, se trouve là où réside le groupe global, au centre de la rate du corps de l’extériorisation.

Car c’est là au niveau du groupe ésotérique plus particulièrement que se trouve localisée la conscience de groupe.

Ce centre de la rate est distributeur des énergies hiérarchiques et diffuseur des énergies de Shamballa.

Le groupe ésotérique, en conscience opérative, depuis la hiérarchie et vers l’humanité possède, en groupe, le quatrième degré initiatique, au moins.

Et cela peut être le cinquième degré et plus.

Ça le sera par la suite.

La personnalité, soit le maître en incarnation, a le même degré initiatique, au moins, que le groupe ésotérique.

Ce qui fait que le maître en incarnation en charge de groupe global actuellement, au sein de l’extériorisation de la hiérarchie, est un maître de quatrième degré au moins, de cinquième et sixième degré au plus.

Dans le groupe exotérique initial à la fois créateur et découlant dans sa formation, des décisions prises et des choix faits pour le groupe ésotérique, au niveau hiérarchique et au-delà, vous avez donc : un maître en incarnation de quatrième degré au moins, et des disciples dont les degrés initiatiques varient entre avant deuxième degré et après.

Il faut inclure à cela les aspirants qui seront utiles de par leurs compétences techniques et ces hommes et femmes de bonne volonté qui pour ces deux dernières catégories seront rémunérés.

Le groupe global reposera donc sur la personnalité du maître qui en a la charge et la responsabilité.

Dans le troisième livre [7] de cette série j’ai donné à ce sujet toutes les informations et pourquoi dorénavant nous suggérons des sociétés à capital, et a responsabilité limitée.

Parce qu’ici l’occulte rejoint directement l’exotérique dans lequel il s’incarne enfin, limitant les dégâts et préservant la lourde responsabilité du maître en incarnation.

Cledam est un exemple en tant que groupe pilote.

Il est temps maintenant d’aborder l’initiation de groupe qui a été si mal comprise et vécue dans un volontarisme inopportun.

L’initiation du groupe ésotérique, prenons ce cas premier, étant du quatrième degré, la personnalité etant de ce même degré, cela met les disciples, collaborant en conscience de groupe, au service sur le plan exotérique de l’incarnation, sur un palier initiatique objectif préparant au troisième degré ou première initiation hiérarchique.

En effet le maître en incarnation étant opérationnel sur le plan mental pour purifier, débloquer et balayer les barrières et handicaps à la conscience de groupe,  cela libère des trouées, qu’en conscience de groupe, le disciple va pouvoir passer plus facilement de par son service au sein du groupe global.

Ceci pour les disciples au seuil du deuxième degré et après le deuxième degré.

Pour les aspirants et hommes et femmes de bonne volonté y participant, par leurs compétences techniques, la voie initiatique du groupe global les libérera, en temps voulu, de l’écueil de la cristallisation mentale auquel, jusqu’à présent, ils ne pouvaient échapper.

Vous voyez ainsi que sur le plan de l’incarnation, chacun à son niveau, en conscience de groupe, est concerné, à son stade individuel précis.

C’est le processus de l’initiation dite de groupe qui, en conscience commune, est vécue individuellement.

Et ceci est très important car de nombreux malentendus se sont installés en regard de ces  initiations de groupe.

On ne passe pas l’initiation en groupe on apporte son acquis initiatique individuel au groupe.

Ainsi est alimenté la lumière du groupe dont la conscience de groupe est la synthèse opérationnelle sur plusieurs plans.

Et je vous demande une réflexion a ce sujet qui est exprimé clairement ici et vécu dès à présent sur terre.

Car l’époque est venue, facilitée par la présence physique de maîtres du quatrième, cinquième et sixième degrés initiatiques.

Initiatiquement, en regard de l’extériorisation de la hiérarchie, et en concordance énergétique avec Shamballa, nous parlerons désormais de «clairformance» initiatique.

Ce mot novateur, qui n’existait pas, s’appliquera aux processus initiatiques de groupe propres au siècle prochain.

Ce XXIe siècle verra une  avancée spectaculaire de la conscience de groupe à tous les niveaux et la clairformance qui y présidera est déterminée occultement par la libération des cristallisations individuelles du mental sur le plan mental commun à tous.

C’est une vérité occulte déterminante du XXIe siècle.

Mon frère D.K. , en charge des péri-groupes, entreprend à ce sujet un lourd travail de régénération concernant, par les effets de la guérison ésotérique, qu’il maîtrise parfaitement, l’individu au sein d’une amorce de conscience de groupe.

Ce travail occulte concerne plus particulièrement le seuil initiatique du deuxième degré ainsi que le passage initiatique du deuxième degré stade où le plan émotionnel tout entier est en cause, et qui prépare l’initiation de groupe  proprement dite telle qu’elle est décrite ci-dessus.

Vous constatez ici que personne ne chôme ni des maîtres ni des disciples.

La responsabilité de tous est engagée par chacun.

La responsabilité de chacun s’engage pour tous.

Les polémiques ésotéristes, les divergences, les conflits, les doutes, les méfiances dont l’orgueil est initiateur doivent se résoudre maintenant, individuellement, au silence de dieu.

Et ce, pour une conscience de groupe illuminée par l’amour en action.

Dans l’approche initiatique de chacun se trouvent les bases de la conscience de groupe.

Le chant du cygne qui se meurt à lui-même dans la synthèse partielle d’une blancheur sacrifiée, pourrait devenir le symbole de l’initiation supérieure.

Tandis que le cygne noir, se prélassant à la lumière partielle du soleil exotérique, s’y complaît, refusant la vie de la forme au profit de la forme de sa vie.

A la lumière symbolique du cygne blanc et du cygne noir, vous pouvez distinguer, sur le plan d’eau qui les porte tous deux, les reliefs auxquels se fond la blancheur pour mieux les effacer, et les reliefs que maintient en sa couleur noire, la brillance de la lumière qui les sculpte.

Le plan d’eau étant le mental  commun à tous auquel il faut pouvoir se noyer, et seule la synthèse peut le faire au blanc symbolique d’une virginité sacrifiée à la pureté du feu qui seul la ranime en ses parties, jusqu’à la synthèse retrouvée en celui dont rien ne peut être dit.

C’est ainsi que le seuil de bifurcation entre le blanc et le noir est le plan mental où chaque forme évolue à ses propres rythmes créatifs, et à la destruction desquels est suspendu le feu flamboyant de la hiérarchie qui ne détruit pas mais éclaire et illumine.

Au vol lourd du cygne la renaissance initiatique donne les ailes de l’absolu, que porte en elle la synthèse.

Au glissement du cygne dans les reflets formels du mental, les pattes palmées donnent l’assise qui empêche ce  vol initiatique.

Du blanc de la synthèse à l’absence de couleur dont la vibration n’est qu’ombre, le choix de l’un et le choix de l’autre se font à l’âme du monde, energétique et subtil pour l’un, phénoménal et dense pour l’autre.

Et pourtant à chacun, l’air, l’eau et le vol sont communs, banalisant aux formes ce que seule la vie une rend exceptionnel.

Soulevé par l’un et maintenu par l’autre, l’écran initiatique devient translucide ou opaque, c’est selon, délivrant la lumière ou l’emprisonnant et, de là, naît l’initiation supérieure et au-delà ou en deçà de laquelle le choix devient le seuil décisif.

Glisser aux pattes palmées du cygne noir ou voler à la renaissance du cygne blanc, tel est l’enjeu du disciple sur le plan mental.

Au plomb souple de la conscience des disciples utilisables par les frères noirs, la mobilité est confondue avec la malléabilité qui devient la ligne de moindre résistance des influences subies par le mental.

Toute influence efficace fait honneur à la raison dont l’intellect se repaît et se joue.

L’influence est essentiellement objective et la décision qui s’ensuit n’est aucunement nourrie intérieurement par les énergies subtiles mais cristallisée par la méditation qui en construit les formes.

Le mental ainsi alimenté se ferme à lui-même et les lumières  qui s’en dégagent sont confondues avec l’intuition.

Mais la vibration de l’intuition ne peut être descellée que par le cœur.

Le plan bouddhique ne peut vibrer a l’expression que par le cœur qui en demeure la clé.

On dit que l’erreur est humaine.

Rien de plus vrai.

Tout disciple se trompant ne le fait que depuis les plans physique, émotionnel et mental.

Seule la réalité des choix déterminés sur les plans subtils bouddhique et atmique ne sont jamais des erreurs quelle qu’en soit l’apparence formelle humaine.

L’accès du disciple au plan bouddhique et atmique, quel que soit son degré initiatique, se fait par l’approche de la conscience de groupe et le service qui en découle automatiquement.

L’intégration à la conscience de groupe est, avant l’heure initiatique individuelle le permettant, la  clé de l’intuition et des choix justes.

Et ceci concerne l’initiation de groupe vue plus haut.

La réalité occulte de tout ce qui vous est livré ici est d’importance.

Elle vous évitera certains faux pas, inévitables jusqu’à présent, et vous aidera à l’oubli de soi dans le travail en conscience de groupe.

Donnez la priorité au cœur, au service, dans l’oubli de vous-mêmes, et les seuils et passages initiatiques se feront plus naturellement, en conscience de groupe, bien qu’individuellement.

C’est ainsi que vous suivrez les pas de Christ, chaque pas porte au sol de l’incarnation une empreinte indélébile au cœur de tous parce qu’un cœur ouvert l’a faite.

Quand un cœur vibre à l’empreinte, les cœurs de tous y sont, d’une manière ou d’une autre, sensibles.

De cette sensibilité naît  l’amour en action et vous en êtes tous capables.

A la cordialité de la fraternité universelle dont la sagesse est porteuse, vous êtes- tous aptes parce que vous avez un cœur.

A ce cœur ouvrez-vous afin qu’il s’ouvre à Christ dont les pas ne vous seront jamais comptés parce que, un jour prochain, une vie prochaine, vous les multiplierez au service librement choisi.

Le XXIe siècle sera les Champs-Élysées de l’initiation supérieure, vous en serez, chacun, l’expression Christique porteuse des nouvelles valeurs qui fondamentalement, ont l’âge de la sagesse sans âge, révélée à l’occident par la doctrine secrète.

En conscience de groupe, ouvrez votre cœur pour cette autoroute Christique dont le  péage individuel ne limitera pas la vitesse grâce à l’extériorisation de la hiérarchie et aux pas de Christ qu’elle imprime au sol des affaires de la société humaine.

Apportez vos énergies à la conscience de groupe pour que ses transports en commun délivrent les énergies Christiques à tous les domaines pointus et urgents que doivent traiter concrètement les disciples de tous degrés au sein des affaires du monde.

La conscience de groupe est en charge d’humanité, vous êtes individuellement responsables de vos actions au sein du groupe global.

Dans les forges souterraines des forces de l’ombre la brûlure du feu ne sert qu’à forcer les passages canalisateurs de certains véhicules manipulables.

Ici la malléabilité s’articule aux aspérités non purifiées qui servent de prises aux forces qui les réduisent à leur merci.

A ce feu, le disciple se livre dans un esprit de sacrifice, alors que le service consenti en clairformance ne connaît pas le sacrifice.

ce prix brûlant qu’il paye à la noirceur des intentions motivées par le «faire» égoïste qui relie le pouvoir d’intention à court terme des forces matérialistes aux individus qui y succombent, non  dans la fraternité universelle des spiritualistes, mais dans les rituels magiques qu’alimentent des méditations aux formes cristallisantes, ce prix brûlant a la chaleur lumineuse que procure aux sensations une vision tronquée, axée sur elle-même.

Dans l’ivresse de ces sensations directrices d’envie et de désir, les aspirations détournées prennent des allures de service.

Mais à qui, à quoi ? Il faut à ces disciples, se retirer de ces sensations qui embrouillent à leur mental leurs capacités à se servir des rayons et ne sont que l’illusion qu’ils ont de l’enclume où leurs véhicules fébriles se retrouvent sous les feux forgeurs que manipulent les frères noirs.

Bien sûr je vous communique des symboles qui ont le mérite de dévoiler une réalité meurtrière aux véhicules et pourtant séduisante au mental, par les formes ainsi forgées, et que l’on  se complaît ensemble à discuter.

A la lumière de cette chaleur, le disciple, en déperdition énergétique véhiculaire, se croit vivre et servir en pleine lumière hiérarchique, tant l’illusion est totale et bien formée.

A ces disciples, qui doivent axer leur vigilance sur les sensations je demande d’éliminer la fébrilité de l’impéril[8]  par l’écoute au silence de dieu.

Ils ne percevront d’abord qu’eux-mêmes, c’est-à-dire, en tout état de cause, rien, mais qu’ils persévèrent et en faisant taire toute agitation fébrile, qu’ils s’oublient «ésotériquement» au profit d’une vie positive dense où le travail professionnel et l’aspiration, sous forme de prière et non de méditation, jouera le rôle d’un tranquilliseur psychique.

En éliminant ainsi les sensations psychiques, ils éloigneront l’attention des forces noires et pourront se stabiliser émotionnellement ce qui, en un second temps, calmera le mental.

La récupération énergétique par les noirs est souvent suivie chez le disciple qui la subit, de périodes d’euphorie courtes et agitées, suivie d’un abattement, non pas physique, mais psychique et psychologique.

L’abattement physique que peuvent connaître certains disciples est dû, lui, à un afflux très fort d’énergies nouvelles auxquelles il lui faut s’adapter.

Et jamais l’énergie psychique n’en souffre sous forme de déprime ou de dépression cyclique.

Les perturbations psychologiques et psychiques atteignant le moral sont dues à une tentative de récupération ou a une récupération effective qui laisse les véhicules du disciple en déperdition énergétique.

En dépression énergétique, il ne peut plus servir aux frères noirs qui lui laissent une période de rémission et puis, dès lors qu’il s’euphorise à nouveau, la manipulation reprend.

Quand le disciple en prend conscience il peut s’en sortir mais souvent,  il adhère à ce processus pour maintenir un confort moral de vie, sécurisant sur le plan physique.

Dans ce cas-là, les forces contraires attentives à ses choix éventuels les brouillent afin qu’un certain malaise psychique de mal-être sur le plan physique et moral, ainsi que mental, asservisse la volonté du disciple à leur propre volonté, en assurant une certaine qualité de vie harmonieuse qu’ils ont peur de perdre.

Ces disciples sont, au sens occulte, des mièvres et des timides et la bannière de Morya est encore très loin d’eux.

La réceptivité au premier rayon demande courage, audace et absence totale de peur dans un engagement inconditionnel à l’amour en action donc, au service.

Les pas de Christ se fondent, pour ces disciples au miroir des alouettes d’un ciel hypothétique d’où la synthèse est absente et dont l’accès s’exprime sous formes de visions éthériques lumineusement  illusoires dont les mirages fondent aussi dans la confusion qu’ils font de l’intuition avec les formes astrales idéalisées par leur aspiration peureuse.

Ces disciples ne servent que les frères noirs, par une certaine idéalisation spirituelle dont malgré tout, l’aspiration demeure sincère.

Beaucoup de travail reste à faire pour eux, sur eux.

Ce ne sont pas des méchants mais de simples inconscients encore, polarisés dans les sensations mystico-ésotérico-psychiques qui les mènent par le bout des véhicules non encore purifiés.

Ici le mental, en revanche, est plutôt déficient, et les pouvoirs psychiques restent le mirage numéro un.

Je renvoie ces disciples à la phase précédente de l’enseignement, ils en ont besoin et grâce à l’extériorisation de la hiérarchie, ils ne tomberont pas dans les écueils d’un mental trop structuré.

Mais il faut ce qu’il faut !  J’ai donné dans ce qui précède des aperçus sur les cas les plus typiques de l’état des disciples actuellement.

Je ne peux qu’espérer que ceux qui sont concernés s’y reconnaîtront et qu’ainsi l’amorce d’un travail ou d’un arrêt de travail sur eux fera place aux énergies Christiques vers la voie du cœur, à laquelle il n’est jamais trop tôt de s’intéresser et de se consacrer.

Sur les pas de Christ et au-delà est, en soi, un vaste programme, dont l’éternité est un seuil constant.

On se précède toujours en suivant Christ et de l’aspiration à la reconnaissance, de la reconnaissance au service, la vie une inonde d’un mouvement infini, la  conscience de groupe aux tournants de chacun et à ses choix.

Commencer dès à présent à s’inclure en conscience de groupe, c’est poser, d’entrée, la question du cœur et non des questions au mental.

La question du cœur est à la fois sa réponse et elles résident toutes deux, en synthèse, en son ouverture.

Ce qui sous une autre formalisation peut vouloir dire qu’en fait, il n’y a au cœur ni question, ni réponse, à part une ouverture inclusive infinie qui mène le cœur ouvert à être l’autre, sans autre forme de procédé que l’amour en action.

C’est par l’ouverture du cœur que se distinguent les empreintes des pas de Christ, c’est par l’ouverture du cœur que se suivent les pas de Christ, c’est par l’ouverture du cœur encore que les pas de Christ mènent au-delà…

Au cœur fermé l’autre est tout en différences, au cœur ouvert, l’autre est tout en spécificités divines propres à chacun et identifiées en conscience de groupe pour la complémentarité d’un service efficace sur le plan de l’incarnation.

Le service des maîtres dont j’ai parlé et qui se fait, pour le maître en incarnation, de conscience à conscience est un passage libre où le cœur de l’un, unifié à celui de l’autre par l’ouverture commune infinie, est un état d’amour en action créateur immédiat, instantané et direct.

A cela, la solitude du maître est nécessaire dans l’incarnation pour les besoins précis du service, et en particulier pour la médiation ainsi décrite.

C’est par l’ouverture totale du cœur que le maître en incarnation en liaison directe avec l’ashram du Christ, trouve au fur et à mesure du service, les  réponses aux besoins.

Le travail, dans l’incarnation, des maîtres, est intimement lié à l’ouverture du cœur, sans laquelle l’amour n’agit pas mais demeure un concept.

Les pas de Christ et au-delà sont fonction du cœur.

Ecoutez votre cœur dans la profondeur du silence de dieu.

s’il vous dit des choses que vous aimeriez mieux ne pas entendre, s’il vibre encore à des choses que vous préféreriez ne pas subir, ne vous découragez pas, c’est que sa vibration peut s’affiner encore et encore jusqu’à l’expression Christique la plus pure l’homme, la femme-Christ dont vous suivrez un jour, si ce n’est déjà fait, les pas, est passé par là, tout comme vous pourrez le faire.

C’est pourquoi le cœur ouvert en Christ est si beau si vrai, parce que rien de ce qui est humain ne lui  echappe, il l’a connu, et rien de ce qui est divin ne lui est étranger, il le connaît pour le vivre.

A cette synthèse de Christ par le cœur, ouvrez-vous et écoutez chaque battement synchronisé sur le rythme des pas de Christ qui vous précède et se trouve à vos côtés.

A ce rythme-là, l’harmonie fera place et alors vous ferez a votre tour, au sol de l’incarnation, les pas de Christ que vos frères suivront.

Cette chaîne doit se poursuivre jusqu’au dernier frère, et l’extériorisation de la hiérarchie consolide et allonge cette chaîne humaine aux maillons des Christ vivants, à l’oeuvre sur terre.

Que l’amour trouve en vous, par le cœur, le chemin de l’action par le service et que la joie vous habite de son elan divin dans les moindres détails du quotidien.

A cela, mes frères, je vous convie, en extériorisation hiérarchique, a cela, je vous soutiens dans le service, sous ma bannière et en accord énergétique harmonieux de premier rayon avec Shamballa.

J’ai dit !

ÉPILOGUE

Dans le passage obligatoire de la vie une, la volonté divine impose dans la puissance d’amour en action, l’harmonisation par la synthèse.

Ceci concerne tout ce qui vit et palpite, respire et s’épanouit sur la planète et au-delà.

Traitant ici d’extériorisation de la hiérarchie, nous y appliquons la synthèse qui, en soi, est indissociable d’elle-même en celui dont rien ne peut être dit, qu’elle ne peut en aucun cas résumer sinon en ses parties  globalisantes.

Dans l’intensification de la couleur du rose au rouge, s’épanouissent des fleurs dont les parfums délicats dégagent de la vie l’essence même qui en compose leur informel.

Dans l’ourlement charnu des pétales de satin ou de velours, touchez du doigt la délicatesse d’une chair végétale qui meurt au décompte des jours de leur floraison.

Le parfum rejoint au souffle de l’air ce que la vie lui en retire, ainsi il se joint synthétiquement à l’air que vous respirez jusqu’au souvenir sensoriel que vous pourrez parfois en retrouver.

Le parfum ne meurt pas, exhalé, il continue aux vents divers qui se succèdent, à embaumer un ciel d’été ou d’hiver, se moulant aux saisons comme un gant invisible dont la main absente se continue d’invisible,  aux yeux de tous.

Du rose au rouge, la fleur a pris un nom et de rose, elle devient rose rouge, à ses parfums, ses formes s’extraient rapidement, le temps d’une rosée matinale ou d’une saison trop courte où ses boutons se succèdent sur une même branche.

Mais l’éphémère ici touché, a, sur terre, ses racines dans l’éternité.

Du rose au rouge la couleur s’intensifie, pour qu’éclosent, en ses formes superbes, des fragments parfaits qui s’échappent de la synthèse, le temps d’un émerveillement olfactif ou visuel.

Il en est ainsi pour toute beauté, morceaux de choix sur le plan humain, ils ne sont en fait que des exemples de vie une détachés de la synthèse et s’en nourrissant pour mieux ouvrir le cœur de ceux qui les contemplent.

L’oeil physique qui ne s’en  lasse pas, en reçoit un message impersonnel dont le cœur, plein de gratitude, vibre doucement.

C’est de cette vibration douce que l’ouverture commence à nourrir son infinité, petit à petit, parce que la beauté est une vérité indéniable au cœur et qu’ensemble elles proviennent, sans la quitter jamais, de la synthèse.

A ces beautés qui vous parlent, par une fleur, un visage, un corps ou même un paysage ou un bâtiment, laissez aller votre cœur.

Lorsqu’il s’agit d’un visage ou d’un corps, lavez en vous-mêmes, toute ambiguïté que l’impact du beau peut faire naître, elle est en vous, pas dans la beauté.

Et ainsi de la vue vous passerez au son et la musique qui en soi, dans les compositions savantes est un exemple de plus de la synthèse, vous transportera vers des beautés subtiles qui, en vous, sont cachées.

Imaginez un instant toutes ces notes différentes qui, assemblées, forment  une harmonie pleine d’élan et de joie pour le cœur qui se dilate.

C’est une petite synthèse qui, par le son, fait aussi partie du verbe dont le compositeur a perçu un écho.

Tout ce qui vous entoure, tout ce que vous aimez ou pas, la nature, et vous-mêmes… Tout n’est qu’expression partielle de la synthèse en la vie une.

Combien de fois, sans même vous en rendre compte, passez-vous à côté ? Oeil indifférent et cœur fermé ? Combien de fois n’osez-vous plonger votre regard dans le regard profond qui vous fait face en sa beauté intérieure immense ?… Tout simplement parce que vous-même et votre conjoint y étiquetez tout de suite une ambiguïté indigne du cœur ? Et les exemples sont légion.

L’amour est bafoué, déformé, attaqué, ignoré, éludé, sa puissance limitée, tronquée, assassinée dans les cœurs mêmes qui se ferment aux sous-traitances  des impuretés que tout un chacun y installe.

Il vaut mieux vivre un instant de beauté absolue en concordance de cœur plutôt que de passer une vie avec une personne qui ne le comprendra jamais.

Du rose au rouge, vivez l’intensité de la vie une dans l’expression de cette qualité divine du rouge de premier rayon.

Affirmer la volonté de puissance de l’amour en action à chaque instant de votre incarnation, quelles qu’en soient les conséquences car si c’est la pureté, la sincérité, l’authenticité qui en motivent le cœur, inutile de perdre l’énergie ainsi perçue en justifications, en discussions stériles qui n’ont pour base que l’ambiguïté psychologique.

Du rose au rouge, que la vie une soulève en vous et vos véhicules, les voiles successifs qu’y mettent les autres.

Bien sûr, la peur, d’aucune sorte,  ne peut faire partie de ce voyage qui est celui du Christ.

De quoi, de qui avez-vous peur ? Qu’est-ce qui vous freine en beauté et en amour ? bien souvent, pratiquement toujours, ce sont les réactions de l’autre que vous redoutez.

Peut-on avancer en Christ, le regard fixé sur des réactions ? Qui ne sont que psychologiques, subjectives et n’appartiennent qu’à la réalité de l’autre qui pour vous devient une abstraction.

Peut-on avancer en Christ dans l’abstraction de l’autre ? Beaucoup d’idées reçues, beaucoup de fausses idées vous bloquent en l’autre, donc en vous-même.

L’amour en action est loin de tout ça,
rendez-vous compte !! Aux surcharges émotives qu’il ou elle vous impose, vous tentez de résoudre les problèmes par le mental.

Tout cela est absurde en regard du cœur et de la vie une.

Les pas de Christ ne peuvent  etre trouvés et suivis dans ce contexte faussé.

Il faudra beaucoup de clairvoyance, suivie de clairformance, pour vous laver de toute ambiguïté et pour laisser vibrer la note du cœur.

Du rouge au rose le premier rayon installe au cœur de la vie, de toute vie, la résonance nécessaire du cœur.

A vous d’en saisir la puissance, de vous en laisser imprégner, jusqu’au cœur.

Les pas de Christ en dépendent au sol de l’incarnation.

Si l’incarnation devient l’expression purement pathologique d’interrelations problématiques, où est l’amour ? Où est sa chance de s’incarner ? D’agir ? D’aimer ? Du point de vue humain, tout ceci peut vous apparaître très dur.

Mais du point de vie de la réalité divine, comment cet echo est-il perçu par votre cœur ?  En toute honnêteté ? Beaucoup de questions posées auxquelles vous serez les seuls à pouvoir répondre.

Et c’est en vous le cœur qui doit répondre et non les réactions à ce qui est posé.

C’est là que se trouve la frontière entre psychologique et spirituel, entre mental et cœur, incarnation et vie une.

Plus la peur est larvée, plus elle est dangereuse car au lieu de la formuler nettement, le mental s’en arrange et ne fait que l’endiguer… Quel gâchis ! Ici je ne veux plus entendre parler de l’inconscience, un disciple ne peut plus être inconscient.

Il est timide, peureux mais n’a plus ni le temps ni le loisir de demeurer inconscient, il a trop d’éléments en main.

S’il le demeure, c’est qu’il se maintient et se complaît en cet état.

Les peurs ne sont jamais qu’humaines, et elles freinent le divin donc la conscience de groupe.

Réveillez-vous ! Tenez-vous droits, la bannière de Morya a besoin de colonnes vertébrales solides pour que dans les centres, l’énergie circule.

Ce temps d’extériorisation de la hiérarchie est au service, à l’urgence et non aux circonvolutions louvoyantes avec vous-mêmes et les autres.

Soyez fermes, soyez forts, pleins de rigueur, ce n’est qu’ainsi que pourra vivre l’amour.

L’amour en action est une affaire de cœur, de joie, de courage.

Il n’est jamais sirupeux cet amour ni dans la peur ni dans le doute, ni dans l’hésitation suscités par le mental… Là, il ne peut exister même, vous n’aimez pas, vous faites semblant ! Réveillez-vous !  Du rose au rouge, accédez, en conscience de groupe, aux radiations du premier rayon de mon ashram, en servant.

Oubliez-vous et les problèmes de l’autre afin de ne pas vous y engluer mentalement.

La route est bien assez difficile comme ça.

Et dites-vous bien, que personne, non, personne, ne peut faire un pas, Christique ou pas, à la place d’un autre.

Les pas à suivre sont ceux de Christ et non pas les dédales psychologiques de l’autre.

On aide bien qu’en avançant soi-même.

L’exemple est en Christ.

C’est le plus bel amour que vous puissiez donner.

C’est la plus belle preuve de synthèse pour tous.

Et je devrais remplacer le mot «preuve» par vie, ce serait plus exact.

Les consciences dorment aux cœurs fermés, comprenez-le, vous disciples et réveillez-vous !  Emboîtez les pas de Christ, pour cela ne restez pas bloqués sur les réactions des cœurs fermés, mais ouvrez-vous à cette marche du siècle qu’entraîne l’extériorisation de la hiérarchie.

Le cœur en est, par son ouverture, une éternité à retrouver et à vivre, en Christ pour le bien de tous.

A cet épilogue qui n’est qu’un hymne puissant à l’amour invoquant la conscience, que la volonté de puissance d’amour et d’action du premier rayon exprimée ici, imprègnent vos véhicules assez fortement pour que l’éveil puis le réveil se fassent et que Christ vivant soit suivi… Remettant ce souhait aux energies de Shamballa, je vais me taire afin qu’en soit perçu l’invisible écho que le verbe apportera en chacun.

Qu’au silence de dieu, ainsi invoqué, la conscience de groupe, inclusive de chaque pas evolutif en lumière Christique, soit nourrie.

Et qu’ainsi servi, le plan s’accomplisse à la responsabilité hiérarchique que nous partageons, dans l’incarnation, avec tous les disciples.

Que l’amour en action soit !

J’ai dit !

Morya

NOTE DE L’AUTEUR

A la réalité intense du contact de conscience hiérarchique qui a présidé à la médiation de ces dix premiers livres et qui les a nourris dans leurs moindres détails, je voudrais avec chaque lecteur, partager la joie qui m’a soutenue, dans des moments de fatigue parfois physiquement extrê­mes, mais dans un élan continu sur ces énergies très puissantes en provenance de Shamballa.

Dans la médiation que j’en délivre, puissiez vous tous, chacun, trouver ces aliments indispensables au service quotidien, sans lesquels l’incarnation ne pourrait se suffire à elle-même.

A l’amour auquel nous prêtons dans l’incarnation bien des visages différents, se substitue ici l’amour en action, en alignement direct de volonté de puissance; avec la force de l’ashram de mon maître el Morya, avec la volonté de bien qui ani­me tout disciple sincère, je sais que vous aurez là les moyens individuels de suivre ensemble, les pas de Christ.

En conscience de groupe, dont j’ai la charge pour cledam, j’inclus à l’ouverture du cœur, chacun de vous pour le mieux de tous, parce que chaque cœur est précieux et compte.

Les énergies Christiques en addition permanente sont illimi­tées et j’en remets au service le potentiel.

De chaque lecteur, j’invoque la conscience et le cœur pour motiver en lui, cet amour de l’humanité qui mène forcément un jour ou l’autre, sur les pas de Christ et au-delà…

L. Ch.              15 mars 1992     9h30 matin


[1] 3 écrit en 1992

[2] Helena Roerich.

[3] Report «Les Maîtres en incarnation, les groupes et Shamballa» p. 225.

[4] Groupe des Serviteurs du Monde.

[5] Helena petrovna Blavatsky.

[6] œuvre maîtresse de H.P.Blavatsky.

[7] «les maîtres en incarnation, les groupes et Shamballa»,

[8] poison psychique.

 

LE CŒUR OUVERT

 

SUIVI DE

 

NOTES DE L’ASHRAM

 

MORYA

1992-1993

 

 

 

 

Quand des ours se cachent dans les forêts denses que protège de ses rayons un soleil discret, pourquoi les chercher, les débusquer? À moins qu’ils n’aient un impératif besoin d’aide, l’homme leur doit une essentielle protection qui exclut toute curiosité ou machiavélisme prédateur.

L’amour des animaux comble la nature et en exulte les beautés.

Combien d’entre vous participent à la nature? La voyez-vous seulement? La regardez-vous? Etes-vous concernés par l’écrin de cet environnement qui vous est largement confié? Les fausses responsabilités dont vous encombrez votre mental étouffent au cœur les sentiments les plus nobles et la sensibilité se porte ailleurs, à la satisfaction éphémère des fausses valeurs que vous prônez.

Dans les charmes peu discrets de cette bourgeoisie spirituelle qui, de contemplative dans l’ère des poissons est devenue sceptique analytique en cette aube du XXIe siècle, n’espérez pas trouver la motivation forte pour une humanité meilleure.

La qualité spirituelle de la vie s’arrête ici au tiroir commode des services religieux où l’on passe son peu de temps, consacré à autre chose qu’au petit soi, à demander ce qu’il reste encore à acquérir pour avoir plus.

Les affaires et les sentiments sont côtés très haut à la bourse des affaires à traiter avec dieu.

Le foyer et la famille à nourrir sont les excuses des premières, quant aux seconds ils sont le reflet de cet amour dont on aime si mal dieu.

Qui est dieu? Pour ces spiritualistes-là, une forme de tout-à-l’égout vague d’où il pourrait sortir un jour quelque chose de positif comme un petit miracle de réussite dans la vie personnelle dont l’ego segausse en moteur profiteur.

À ce stade, pouvez-vous, même si vous n’appartenez pas à cette bourgeoisie spirituelle, examiner en vous ce qui est désintéressé et ce qui ne l’est pas? C’est un bilan nécessaire à la santé de la vie que vous menez.

Dans la relation affective qui vous lie au conjoint, vous considérez-vous pur, pure de tout besoin de sécurité matérielle? Beaucoup ne le sont pas, certains le sont.

Quand ce mariage moral mixte est l’assise du couple, comment ce dernier peut-il survivre? Le cœur n’a pas de raisons mais la raison sait s’en faire.

Le cœur pur, ouvert, attire comme un aimant les convoitises les plus basses.

C’est  humain, sans juger il est nécessaire d’appliquer aux choses de la vie le discernement implacable que le rayon un[1] véhicule dans le non-attachement qui le caractérise.

Appliqué par le cœur ouvert[2]   ce discernement tombe avec justesse sur tout ce qui est flou et donne aux lignes qui apparaissent clairement une netteté troublante dont le cœur seul peut disposer.

Le mental[3] ici est superflu, le cœur ouvert n’y attache rien et perçoit en son graal les notes justes qu’il nettoie de l’ivraie inévitable des fausses notes.

La nature a des désintéressements dont l’homme devrait bien s’inspirer.

Mais la nature ignore en elle-même ce plan mental qui pilonne et empêche l’ouverture du cœur humain.

Dans son épanouissement et ses processus de création, la nature n’est qu’ouverture.

Formes lourdes, massives ou déliées, chaque réceptacle de la nature est une goutte de sève au calice du cœur cosmique, harmonisé en celui dont rien ne peut être dit.

Sur les pentes douces des couleurs de la palette naturelle de ses formes, la nature offre aux rayons, des lignes de moindre convergence qui touchent directement le cœur de l’homme dont l’ouverture s’expose au rayonnement.

L’homme est à ses trois reflets physique, émotionnel et mental un prédateur au mental tentaculaire.

Dans l’ouverture que les énergies divines demandent du cœur, l’épuisement de l’organe physique est souvent, chez le Maître en incarnation la réponse pathologique, physiologique en tout cas.

Ne surchargez pas le cœur, plus l’ouverture se fait plus il devient vulnérable.

Le cœur ouvert est à l’organe physique ce qu’un pur sang est à un percheron, cheval de trait ou de labour.

Le cœur ouvert qui semble être localisé sur les plans subtils dans les véhicules du Maître en incarnation[4] correspond à une réalité purement concrète dont l’organe physique est le reflet correspondant extérieur.

L’interdépendance du cœur ouvert avec l’organe du corps physique est extrêmement importante.

Le cœur physique est le moteur, la pompe dirigeante du sang dans le corps.

par lui se font les échanges oxygénaux et il préside au flux global du courant sanguin à travers tout le corps.

Sur les plans intérieurs, dans le véhicule énergétique, le cœur, une fois ouvert est le réceptacle, le barrage, la digue et le moteur de la globalité des énergies en provenance et se dirigeant vers les plans[5] choisis par le Maître en incarnation.

Les impacts colossaux que provoquent ces mouvements énergétiques sont directement répercutés sur l’organe physique du cœur.

Il est intéressant de noter que l’expression, le symbole : « le sang, c’est la vie» est une vérité occulte découlant de ce processus d’interdépendance du cœur ouvert avec son homologue physique.

En effet, la synthèse de vie de celui dont rien ne peut être dit, au-delà des rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa[6], s’exprime dans son expression première en énergies formidables dont christ est la clé de réception, en l’homme, (la femme) la pleine expression de ces énergies aux sous-plans que vous connaissez ne se fait qu’à travers le cœur ouvert.

C’est en l’homme, pour ses frères, la médiation la plus directe de celui dont rien ne peut être dit en ses énergies synthétiques que ne peut exprimer que la pluralité au sol terrestre.

L’organe physique du cœur ici, est en première ligne d’impact physique.

Cela implique, bien entendu, la parfaite harmonisation des centres supérieurs de la tête et de la gorge[7].

Le cœur ouvert est une plate-forme énergétique auquel le cœur physique sert de rouage pour le service des sauveurs du monde, sur terre.

Dès que le cœur est ouvert, dès que l’homme sert consciemment bien sûr, dès que le Maître en incarnation a pris son plein service sur tous les plans, la plate-forme énergétique de son cœur ouvert ne connaît plus aucun répit, de jour comme de nuit.

Les transferts, les purifications, les envois et les réceptions énergétiques sont constants.

Passant des uns aux autres sans rémission, le cœur ouvert est, énergétiquement parlant, le portail sacré d’arrivée, sur terre, au sein de l’humanité, de toute énergie, de toute force à utiliser par le groupe exotérique et par le groupe ésotérique[8] .

Le groupe global dépend pour son travail sur terre sur ce plan physique, du travail efficace que fait le cœur ouvert qui prépare et communique, élague et installe.

Ce travail non-stop se fait en et avec la synthèse, par l’amour, en et avec celui dont rien ne peut être dit, pour l’humanité.

La conscience ici n’est plus que connaissance pure et déjà le sans-visage apparaît, soulevé de l’informel par les doubles racines spirituelles et physiques que le Maître en incarnation vit sur tous les plans, au service de tous.

À ce travail énergétique constant auquel tourbillonnent toutes les énergies cosmiques et autres, c’est sur le plan physique l’organe du cœur qui répond.

Entretenant la bonne marche du corps physique, il devient en plus, lorsqu’il est nimbé par le cœur ouvert, la station-service des courants énergétiques en jeu dans les véhicules subtils.

Tous les grands et petits chocs que l’émotionnel purifié ne peut éviter au physiologique, devenu plus vulnérable en sensibilité physique motrice, tous ces chocs sont amortis au niveau du cœur physique qui en devient l’ordinateur sophistiqué.

Le cœur physique est donc le pare-choc des coups venant des plans inférieurs, coups inévitables dans toute démarche relationnelle quelle qu’elle soit.

Et en plus, le cœur physique accuse les coups dus aux impacts forts qui, provoqués par les énergies supérieures,  arrivent dans le corps physique du Maître en incarnation.

Il est clair que la double correspondance cœur ouvert – cœur physique et inversement est la charnière d’interdépendance qu’ont les plans et les véhicules du Maître en incarnation de par son service même sur terre.

L’extériorisation de la hiérarchie[9] se fait à ce prix-là.

Le Maître en incarnation paie de ses véhicules et particulièrement du véhicule physique son ouverture christique dont le cœur est le centre de service.

Imaginez un instant la surcharge cardiaque, sur le plan physique, que le Maître en incarnation accuse en cas de conflits dus aux personnalités environnantes et aux dérapages inévitables des non-soi.

C’est pour le Maître sur le plan physique une douleur extrême dans ses corps que tôt ou tard il paiera.

Les disciples[10], conscients de la marche véhiculaire du Maître en incarnation se doivent d’être attentifs à éviter tout conflit et à protéger le Maître autant qu’ils le peuvent.

C’est un devoir de service.

Un cœur ouvert est à ménager, d’autant que plus ses véhicules sont protégés, plus ils demeurent en bonne forme, plus la vie physique en incarnation est de longue durée et plus le service en bénéficie.

Un cœur ouvert est rare.

Un cœur ouvert donne à la vieillesse physique une lucidité que communiqueront jusqu’à la fin, avec amour, les outils dont le Maître en incarnation peut et doit se servir le plus longtemps possible.

dans l’imminente instantanéité, dans la vision qui, plus que connaissance directe est un état plus qu’un regard, dans l’amour inconditionnel sur le plan physique des sentiments, qui n’est qu’inclusivité de synthèse et expression de l’unité retrouvée par l’homme-christ en celui dont rien ne peut être dit, par tout cela plus les rives inconnues d’au-delà Shamballa que la marche évolutive de l’homme-christ aborde maintenant, par tout cela, le cœur ouvert est sur terre, au service d’autrui, le seul carrefour divin dont les voies multiples sont «unes» et si ce mot vous paraît curieux c’est que je ne vois que ce néologisme plurifié pour donner un aperçu de ce qui, dans le mystère de la vie une et de  l’amour expérimenté, approche un tout petit peu les merveilles de celui dont rien ne peut être dit, au-delà des rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa.

et c’est ce qu’est le cœur ouvert, un carrefour dont la plaque tournante relie les plans à la synthèse et les hommes à celui dont rien ne peut être dit, en conscience et en amour.

La beauté, ici exprimée en mots, a-t-elle pour votre cœur un accent de vérité? Alors, c’est que l’amour est perçu dans une amorce de conscience à laquelle le cœur ouvert incite.

Sur le plan physique de l’incarnation il n’est plus fort que le cœur ouvert, il n’est non plus, plus vulnérable que lui.

Aux combats livrés, associez-vous, des conflits rencontrés, protégez-le, aidez, dans la mesure de  tous vos moyens, un cœur ouvert, il a besoin de vous.

Et balayez du mental déformé par les idées reçues sur les Maîtres qu’ils sont tout puissants, sur le plan physique, dans le mécanisme des processus du corps; ils sont vulnérables, ô combien, même si, c’est vrai, ils sont protégés.

Lorsque le cœur ouvert a pris son essor aux pleines fonctions divines qui sont les siennes, rien ne peut plus l’arrêter.

La volonté de la personnalité est elle-même divine et à ce stade les facultés dites «psychiques», à tort, du Maître en incarnation, deviennent un processus indépendant comparable un peu aux fonctions organiques et physiologiques de l’homme ordinaire.

avec la différence que le Maître en incarnation a avec les énergies christiques un rapport d’état d’amour que rien ne peut plus occulter ou stopper, un  peu comme la circulation du sang dans le corps humain.

Alors au stade humain non christique, «les maladies»?, me direz-vous.

C’est vrai elles altèrent le bon fonctionnement du corps physique parce que ce dernier n’est pas un principe mais une machine.

Tous les véhicules du Maître en incarnation sont, eux, sous contrôle ou influences, ces deux mots sont faux, «sous état», en christ.

Cet état est directement lié au principe christique universel.

Le Maître en incarnation ne peut plus fonctionner qu’en regard de ce principe et en relation avec lui par son état christique permanent.

Cet état en lui-même est une protection et une exposition permanente à l’impact de toutes sortes de forces provenant de tous les individus croisés, et de tout environnement, quel qu’il soit.

Protection en christ, vous le comprenez, je suppose.

Pour  le reste, le Maître en incarnation ne peut en aucun cas trier les personnes à aider ou les forces à éviter, comme le croient trop souvent les disciples ignorants.

Il est en état christique d’amour et rien ne peut être exclu de cet état-là.

Si bien que vous pouvez imaginer à quel point un cœur ouvert est exposé aux pourritures polluantes du mental et de la nature souillée par l’homme.

C’est probablement la chose la plus pénible à vivre dans l’incarnation pour le Maître, cette relation d’amour permanente avec tous et tout quels qu’ils soient, quoi que ce soit.

C’est pourquoi le Maître en incarnation, homme, femme-christ, se voit dans l’obligation face aux agressions insupportables, de pratiquer le silence de dieu, à l’égard des autres.

C’est ainsi seulement qu’il peut  désarmorcer, en l’autre, les agressions à son égard.

Les non-soi, axés dans les troubles constants des personnalités s’effacent d’eux-mêmes devant un tel silence qui n’alimente plus rien.

C’est au Maître en incarnation, le seul moyen de couper, sur le plan mental, le circuit énergétique de la relation empoisonnante et polluante.

Vous remarquerez que la coupure viendra de l’autre et non du Maître en incarnation.

il se trouve qu’au silence de dieu, l’autre a l’opportunité d’un éveil mais lorsque ce n’est pas le cas, alors, souvent, cela signifie que les forces noires sont déjà à l’œuvre, ce qui signifie encore pour le Maître en incarnation, qu’en dehors du silence de dieu, il s’expose aux luttes sur les plans subtils avec des forces redoutables.

Bien souvent ces luttes sont nécessaires mais autant les éviter quand c’est possible.

À ces forces le silence de dieu est un rempart d’une efficacité christique lumineuse puisque c’est la lumière christique elle-même qui fait l’aveuglement du barrage ainsi levé.

Soumis aux très forts courants des pressions négatives, le cœur ouvert trouve au silence de dieu l’équivalent d’une eponge qui absorbe sans limite les trop-pleins négatifs déversés par les forces opposées.

Voyez comme il est fascinant de constater l’interdépendance des attributs de la synthèse.

Voyez comme le silence de dieu est lié au principe christique, comme le cœur ouvert, inclusif des deux se rapproche ainsi, en conscience, en amour, donc en synthèse de  celui dont rien ne peut être dit.

Synthétiquement, le réseau énergétique planétaire et humain est compact de la synthèse qu’une minorité seule appréhende encore maladroitement.

Le cœur ouvert est ce réseau, cette synthèse qui le relie à l’humanité toute entière dont il se préoccupe et qu’il revient servir.

au terme d’une vie de service sur terre, le cœur ouvert a accompli un travail considérable, qui se chiffre sur tous les plans et s’y constate comme une addition de lumière christique, aux soustractions de laquelle il s’est aussi dépensé sans compter pour ne pas diviser mais inclure, au nom de l’amour, à la synthèse, les manifestations les plus pénibles des forces négatives, en les transmutant à l’ouverture de son cœur.

Le cœur ouvert est ainsi, sur  l’échelle du service consacré à l’humanité, la valeur divine la plus haute et la plus sûre attribuée, dans l’incarnation, à l’homme, la femme-christ consacrés en celui dont rien ne peut être dit.

Aux passions terrestres, le cœur ouvert est un lac sans ride.

Aux sentiments humains, le cœur ouvert est un océan sans fond.

Au labeur humain, le cœur ouvert a des fonctions de joie sans limite.

Au cœur humain, le cœur ouvert est l’apothéose d’un christ vivant sur terre et en celui dont rien ne peut être dit.

Au corps humain le cœur ouvert est une épreuve à assumer, une beauté à vivre en conscience, une lutte quotidienne dans cette ouverture divine, sublimée en christ, soumise à tous et à tout comme le serait une poubelle.

À la conscience collective objective de  l’humanité et de chacun, le cœur ouvert est un leurre ou une aberration, en tout cas une incompréhension en puissance de rejet.

À l’inconscient collectif, le cœur ouvert est un aspirateur de miasmes, un phare christique baladeur d’énergies positives, une conscience en état d’amour pour la collectivité dont le groupe global est en responsabilité.

À la personne un tant soit peu spirituelle dans son cœur, le cœur ouvert est une fascination.

À l’amour humain et à ses sentiments partagés, le cœur ouvert est un aimant attirant et repoussant, dans la démonstration parfaite de la loi d’attraction.

À tous, le cœur ouvert est un havre où l’intériorité de chacun, constatée et connue, peut être aidée dans ses nœuds les  plus retors et portée vers une conscience de groupe apte au service.

Le cœur ouvert est au monde entier un joyau de spiritualité et d’amour en christ reconnu, vécu et communiqué.

À la colère, le cœur ouvert est un général qui commande à ses troupes avec autorité, sérénité et responsabilité ce qui, pour la collectivité, est le meilleur.

A vous tous, disciples, le cœur ouvert est un puits où puiser vos propres forces christiques afin de les vivre au quotidien avec obstination, courage et amour.

A vous tous, le cœur ouvert est vous-mêmes en ce que vous avez été, serez et etes, en celui dont rien ne peut être dit et dont vous n’avez peut-être encore aucune idée ou vibration.

Au cœur ouvert, le  cœur ouvert est christ en marche concrètement pour l’évolution globale de l’humanité.

Donner à dieu ce qui ne lui revient pas serait enlever à l’humanité ce qu’elle élude.

Dans ce rapport constant subjectif – objectif, réalité double aux appartenances humaines et divines, le cœur ouvert est une balance aux plateaux d’or pesant à son équilibre fiable, les énergies christiques des emeraudes et diamants en provenance des rives sacrées de Shamballa.

La lumière qui s’en dégage, inquantifiable par sa qualité divine, éclaire le monde des consciences et des cœurs sans relâche.

Si cette lumière échappe à votre cœur c’est qu’il est encore  scellé par les pathologies intempestives de la psyché humaine.

Sur le plan physique, l’humour est indissociable des relations humaines, c’est leur santé, leur bon équilibre, par le recul, la dédramatisation de toutes situations et événements.

Le cœur ouvert, dans son état christique d’amour, est sans aucun doute humoriste par définitions humaine et spirituelle.

Le cœur ouvert est à la fois et paradoxalement pour vous, recul et inclusivité.

Plus rien ne peut le blesser, plus rien ne peut le léser et pourtant il est vulnérable en ce sens qu’il reçoit tout et ne renvoie et ne donne que le bon, le beau, le vrai.

L’humour est la forme d’auto-recul la plus impersonnelle qui soit.

Appliqué à soi il est l’équilibrage des roues du train de l’incarnation.

Dans ce train, monte beaucoup de monde, beaucoup en descendent.

Dès  que le cœur ouvert peut conduire ce train, son humour lui permet de constater sa position dérisoire en regard du monde en général et des individus en particulier.

En effet, aux commandes, il peut diriger mais ne fait que suivre des rails, il peut s’arrêter et redémarrer mais pour cela il y a des stations prévues.

L’heure est comptée à la minute près.

Quant au trafic, si rien ne doit lui echapper, il dépend d’un programme consensuel qu’il est exclu de modifier sans la conscience collective des besoins à servir.

Cette position de conducteur est un peu celle du Maître en incarnation.

L’humour de son cœur ouvert remet les valeurs dites personnelles à leur place divine, le rendant responsable et dépendant de tous alors qu’il pourrait bien n’en faire qu’à son  mental!!! Apprenez l’humilité, elle est la clé de l’humour.

Les grands orgueilleux ont, une forme d’humour qui tiraille, aux dépens des autres, des réactions de rire dont les racines, loin d’être nobles dans le recul, saisissent, d’une pirouette, un travers qui les arrange.

Bien sûr on en rit.

Et alors? Le rire n’est pas seul garant d’humour, hélas! Au train collectif qui est pour vous sur rails divines, les etapes sont un choix.

A ce choix, imposez le recul qui permettra à l’humour de jaillir sur vos erreurs.

Ainsi vous ferez d’elles les bornes révélées de vos inconsciences qui ne feront que favoriser agréablement la suite du voyage initiatique.

Qui ne pratique pas l’humour sur lui-même est incapable de progresser juste tant  il teste bloqué sur et par ses propres illusions personnelles.

Comme une loi magnétique infaillible, l’humour attire en votre cœur l’ouverture aux autres.

C’est en prenant du recul que l’on peut devenir humble.

L’humilité est une juste appréciation de soi en regard de soi-même.

Réfléchissez à cela car cette appréciation, chez un Maître par exemple, peut passer pour de l’orgueil à des yeux profanes.

Il n’en est rien.

L’humilité objectivement n’est pas ce que vous pensez.

Se rabaisser sans arrêt ou justifier sa petitesse en regard du divin n’est pas de l’humilité.

Il s’agit là soit d’un orgueil déguisé soit d’un complexe d’infériorité auxquels l’humilité est totalement etrangère.

Le cœur ouvert est humble au sens  divin du terme et son humour est un vrai délice à nos cœurs.

Croire en l’absence est un choc auquel toute présence se dilue.

L’absence n’existe pas au cœur ouvert, elle est présence.

L’absence la plus belle étant celle de celui dont rien ne peut être dit.

A cette absence, le silence de dieu est demeure, christ, joie et le cœur ouvert, conscience.

Aux dissociations des personnalités, le non-soi s’épanouit comme un lierre étouffant aux murs des pathologies psychiques bien cachées par des agissements logiques au mental.

Le cœur ouvert est un détecteur d’amour.

Les plus faibles énergies d’amour sont délivrées par lui des profondeurs d’un inconscient malmené afin d’en extraire les potentialités les  plus utiles, nécessaires à l’être en devenir.

L’absence, ici, est vécue comme une frustration.

Quelle qu’elle soit, elle est manque et non plénitude, tristesse et non joie, solitude et non créativité, tout ça, parce qu’elle n’est pas encore perçue comme présence divine intérieure.

L’intériorité est à l’homme un bien précieux dont il doit prendre soin comme d’un joyau.

Et l’intériorité dans le cheminement initiatique est une absence de soi à soi-même.

C’est dans la transmutation alchimique intérieure que cette absence devient un jour, en christ, présence divine incarnée.

À chaque aspect imprévu, dans ces lignes, je vous demande une réflexion du cœur d’où la sagesse pourra éclore telle une fleur aux tons et parfum rayonnants.

Le cœur ouvert a les profondeurs  insondables des deux les plus bleus qui ne sont assombris que par des nuages extérieurs à lui-même.

La mer, en comparaison, a en surface l’ombre de ses profondeurs qu’elle ne doit qu’à elle-même.

Mais l’eau est symbole d’inconscient, cela en dit long, alors que le ciel est symbole de divin ce qui explique tout.

Au ciel d’un cœur ouvert, pourtant, vous trouverez toutes les profondeurs océanes, clarifiées par l’amour et vivifiées par la vie.

Le cœur ouvert est une pure merveille aux plus belles créations divines connues car il naît de lui-même dans cette appartenance divine qu’il trouve pour en faire un tremplin d’évolution pour les autres, l’humanité toute entière, sa sœur.

Le cœur ouvert est une influence bénéfique au cosmos tout entier.

Donnez à vos cœurs un bon départ pour l’ouverture en servant dans l’oubli de vous-mêmes, c’est le premier pas vers christ.

Bien sûr, tout cela semble évident, parce que les mots, à ce sujet, ont été tant répétés que vous en avez une accoutumance intellectuelle nocive à l’application concrète qu’ils suggèrent.

Quand la durée se met à ressembler à une répétition fastidieuse des tendances divines à ne pas oublier et à respecter, alors, c’est que l’habitude et son cortège d’actes manques est au rendez-vous des cœurs lassés.

À la lassitude, rien de divin ne peut répondre.

C’est ainsi.

L’angoisse peut s’installer, invitée par la cohorte institutionnelle des déformations psychologiques  qu’ignore, en christ, le cœur ouvert maintenant purifié.

À ces cœurs ouverts donnez le crédit de la connaissance et le pouvoir de l’amour qu’ils ont, quand ils se présentent à vous.

Ne pas manquer ce rendez-vous avec le divin et etre à l’écoute est la moindre des choses pour les disciples que vous êtes.

La ville est un poison pour le cœur ouvert qui en capte tous les courants.

Les villes sont des concentrations, à la fois de forces et énergies psychiques incontrôlées et de pollutions diverses dont les émanations combinées se déversent en bloc au cœur ouvert.

Interférences et coupures énergétiques denses se produisent et les véhicules du Maître en incarnation, agressés, ont du mal à maintenir une harmonie suffisante  à l’alignement nécessaire à ses travaux divers.

A l’époque où aéroports, associations, bureaux divers sont toujours basés dans les grandes villes, il est difficile au Maître en incarnation de ne pas y exposer son cœur ouvert.

Mais ces visites citadines doivent être limitées au minimum de manière à garder une facilité de contact obligatoire avec certaines organisations ou institutions prévues dans le cadre du plan[11] , sans compromettre la bonne marche des véhicules dont le cœur ouvert est dépendant sur terre.

Si vous pouviez enregistrer et écouter les tremblements sonores constants sur lesquels repose le sommeil d’une ville vers deux heures du matin, par exemple, vous seriez consternés de la violence 11

Emmagasinée par les corps durant le repos de la nuit.

Le cœur ouvert en est submergé sans aucune chance de protection possible puisque, de par son état, il lui est impossible de se fermer à quoi que ce soit.

Toutes les protections occultes connues et efficaces ne le sont qu’avant l’ouverture totale du cœur.

Il vous faut les pratiquer pour accélérer l’évolution et l’ouverture en est facilitée parce que les véhicules ainsi protégés poursuivent leur évolution dans l’alignement recherché.

Mais une fois le cœur ouvert, christ vivant à l’œuvre, demande une attention différente.

C’est alors que solitude, déménagements, divorces parfois, nature, bref tout ce qui facilite, tout ce qui est nécessaire au service du plan se met en place, le cœur ouvert crée un espace magnétique que le temps ne  peut plus grignoter et que les autres ne peuvent plus entamer.

C’est pourquoi cette apparente solitude est si importante, Foster Bailey a partagé avec A.A.B.[12]    sa femme cet environnement qu’il n’a en rien troublé mais qu’il a contribué à protéger.

Mais il n’en est pas toujours ainsi, certains Maîtres ont un destin solitaire par moments.

Ces moments correspondent à une intensité de travail peu commune où le lien hiérarchique, tangible, doit être et demeurer la priorité.

Au travail assumé dans les villes polluantes par les Maîtres en incarnation, la solitude et l’air pur doivent succéder très vite afin de rétablir l’harmonie du travail à accomplir avec et sur les

Plans subtils.

Le cœur ouvert est ami de la nature, du silence, et la distance, pour lui, ne compte pas.

Ses capacités, ses facultés, ses soins s’étendent à tous et à tout sans considération d’espace, d’environnement ou de promiscuité.

Atemporel en ses énergies, il véhicule, projette, donne, en conscience, en amour et quel que soit l’éloignement.

Lorsque le temps s’insurge aux joies et peines dans lesquels vous passez, entretenez ou provoquez, le cœur ouvert, à l’écoute, observe à ces durées, les quiproquos qui s’y déposent, laissant à l’imagination un champ illusoire où va se graver le souvenir, pervers.

A ces renvois épisodiques que vous en aurez, se mesureront, pour le cœur ouvert, le chemin encore à parcourir, la sensibilité encore  fixée sur l’ego, la volonté encore inexistante parce que la conscience toujours polarisée sur l’objectivité n’en voit pas, encore, les causes.

Somptueux en soi, le temps déroule à votre âme un tapis qui, en place depuis toujours dans l’éternité, voit passer les pus sans plus en garder l’empreinte qu’une respiration légère qui expirerait de ne pas exister plus qu’une buée déjà évaporée.

À ces incarnations qui se succèdent, le cœur fait des armes qu’il déposera, une fois ouvert, en christ.

Ces armes, plantées dans d’autres cœurs, assassines d’âmes et de sensibilités, demeurent au temps, dans l’espace à conquérir par l’amour.

L’amour pour être vécu, doit voir ces armes réintégrées une à une par le cœur qui les a emises comme autant de  poignards.

À ces blessures vives que l’autre a ressenties, des gouttes de sang, tombées de la compassion, vont remplir ce calice dont le cœur ouvert, enfin purifié, naîtra.

À cette naissance qui n’est que résurrection en christ, des énergies formidables arrivent de celui dont rien ne peut être dit, libérant, au cœur enfin ouvert, la joie d’un père pour son enfant retrouvé.

C’est dans cette joie, fille de l’amour, que le cœur ouvert va servir au sol de l’incarnation, l’humanité toute entière, avec les parties du plan qui lui seront confiées.

Le cœur ouvert est un puits humain qui est sans fond pour le divin puisque christ y a sa demeure.

Comme un trajet interrompu par un fardeau trop lourd, l’homme-christ, en celui dont rien ne peut être dit, revient sur terre en sauveur du monde parce que chaque cœur en peine est de son ressort.

À cette responsabilité il ajoute la souffrance de récapitulation initiatique de l’incarnation présente, lorsque dans le cadre de l’extériorisation de la hiérarchie il reprend le chemin traditionnel de la naissance.

Mais à cela des raisons.

Aujourd’hui elles sont de communication.

En conscience, il va transmettre ce qui est vécu pour préparer le chemin des frères, même si le groupe en est le centre de conscience évolutive.

Le cœur ouvert est une manne à la mangeoire de l’humanité.

Dévoré par les agressions, il est, à lui tout seul, la multiplication des pains de jésus puisque rien ne  peut l’entamer et tout le multiplier.

Vous pensez que le temps vous est compté mais savez-vous que vous pouvez compter sur le temps? C’est quand le cœur est proche de l’entrebâillement qu’il commence à le comprendre.

Une fois ouvert, il vit le temps.

C’est ce qui lui donne ce non-attachement et cette indifférence divine aux fruits et buts du travail à accomplir pour le plan.

Océan d’amour inépuisable, le cœur ouvert qui ne fait plus de vagues vous bouleverse de leur écume insaisissable comme un souffle divin et fraîche comme un renouveau incessant.

Que ces embruns picotants qui atteignent votre cœur, lui donne le goût des grands espaces jusqu’à l’ouverture totale qui, seule,  peut accueillir christ et les énergies émeraude-diamant des rives sacrées de Shamballa.

Dès que le cœur est ouvert, sur ce plan occulte, le Maître en incarnation passe une frontière indescriptible au connu et illuminante en celui dont rien ne peut être dit.

De cette frontière, le cœur est gardien et sa vigilance totale indissociable de son ouverture ‘totale en fait l’apôtre de ces temps nouveaux dont vous aurez à répondre.

L’écho en habite déjà votre cœur humain et cette aspiration que vous ressentez en est la première note.

La symphonie qui suivra, orchestrée par les cœurs des disciples saura anesthésier le mental afin de laisser au verbe l’expression enfin reconnue par le cœur.

Le cœur est le passeport, la frontière, la source, la manne,  le port, l’escale et le voyage, le chemin et le cheminement, le moyen et l’aboutissement, la conscience du groupe et l’identité en celui dont rien ne peut être dit.

Le génie humain n’est que l’entrebâillement de la porte du cœur.

Alors, imaginez, une fois ouvert, les trésors d’un cœur en christ.

Ils sont incalculables, inépuisables, inimaginables au mental qui les dissèque en voulant les répertorier aux classements de ses repères et références dépassés.

Dans l’immensité sacrée qui vous lie au futur, le cœur ouvert est la déclinaison obligatoire par laquelle le temps conjugué à l’humain doit passer.

Toutes les personnes du verbe devenu chair y sont déclinées et synthétisées en celui dont rien ne peut être dit,  donnant au groupe sa conscience divine intemporelle et impersonnelle.

Prenez conscience ici de la beauté synthétisante irradiée par le groupe dont vous êtes.

Le cœur ouvert n’est jamais désincarné, concret par définition de votre vocabulaire, il est le poste d’aiguillage d’un monde occulte complexe dont les stations terrestres enregistrent, organisent, distribuent, mettent sur rails, les énergies provenant des plans subtils, les forces contraires y sont elaguées, intégrées, digérées au détriment passager des véhicules alignés par le cœur ouvert.

Dans l’accomplissement de ces travaux souvent épuisants, le Maître incarnation se multiplie sur tous les plans concernés et ses véhicules ecopent, épongent, trient ce que le cœur ouvert ne peut éviter.

Christ, en marche, demeure en étant.

« Certaines douleurs sont sacrées. Par elles l’esprit s’élève, et il n’y a pas d’autre chemin. Nous ne connaissons pas d’exemple où l’expansion de conscience fut possible sans douleurs physiques… »[13]

Relisez ou lisez ce passage et constatez combien la douleur est inhérente au plan physique, avant, pendant ou après l’ouverture du cœur.

C’est par la douleur que la conscience se fraye un chemin à l’intériorité, c’est par la douleur que la conscience s’incarne.

Dans le répit qui s’ensuit, l’ouverture apparaît, illuminée, sereine.

C’est par la douleur encore que la conscience demeure incarnée aux corps sur le plan physique.

Parce que son éveil constant n’est alors plus que perceptibilité et sensibilité, elle demeure, en christ; le cœur ouvert en est  dépositaire et paradoxalement n’en souffre pas, lui.

Ce sont les véhicules sous pression, agressés constamment qui payent le prix de christ incarné.

Vous voyez que, quel que soit le stade d’évolution atteint ou en cours, la douleur est la compagne qui de jour en jour déteint sur elle-même au chemin épineux de toute incarnation.

Le Maître en incarnation n’y échappe pas.

La douleur chez lui se double parfois d’une impression de nostalgique abandon.

Comprenne qui pourra.

Le cœur ouvert le peut.

Au berceau du cœur ouvert il n’y a ni matelas, ni couverture, ni drap ni rideau.

Rien ne protège christ incarné des turpitudes du monde.

Seule l’ouverture du cœur est au don ce qu’elle est à la réception énergétique, inépuisable et vulnérable, forte et vulnérable, belle, grande et plus, mais toujours et encore vulnérable.

Alors si vous êtes conscients d’un cœur ouvert, votre responsabilité est engagée.

Menagez-le.

J’ai dit!

Rien de ce qui est transmis ici n’a manqué d’être vécu par les deux consciences en travail de symbiose et de synthèse qui le transmettent.

Cela implique une quantité de points pour lesquels je vous demande attention et réflexion.

Tout ce qui est donné ici par la conscience divine à l’œuvre en christ a été intégré à la conscience individuelle puis à la conscience de groupe par le cœur ouvert qui le réceptionne et le rayonne.

cette phase de l’enseignement concernant tous les disciples en relation avec  l’extériorisation de la hiérarchie, d’une manière ou d’une autre, est destinée, comme annoncé et prévu, aux disciples et initiés qui, en incarnation, y seront confrontés dans les cinquante prochaines années et au-delà.

Les douleurs, dépassées par la conscience s’inscrivent malgré tout dans la chair.

Le cœur ouvert est un cœur de chair qui incarne, en christ, le verbe, premier echo perceptible de celui dont rien ne peut être dit.

Soyez en conscients.

Propagez cette conscience pour la compréhension du processus d’extériorisation de la hiérarchie.

Aux sources vives qui jailliront un peu partout sous l’influence bénéfique et divine du cœur ouvert, vous observerez des nœuds serrés se dénouer et peu à peu se libérer totalement.

C’est que les liens les plus serrés ne résistent pas à l’amour christique déversé par le cœur ouvert.

Cet amour a l’exigibilité torride du don de soi et, en celui dont rien ne peut être dit, l’ampleur inquantifiable des plus belles ouvertures divines.

quand le vent se lève aux pluies les plus cinglantes, quand le tonnerre gronde aux ciels les plus violents, quand la vie une poursuit son mouvement aux cycles des marées cosmiques qui enveloppent les galaxies de l’écume multicolore des souffles invisibles que ne limite pas le temps, le cœur ouvert, paratonnerre de l’espace reçoit, restitue et transmet des avalanches énergétiques dont l’amour, qualité première, s’incarne au christ de l’homme réalisé.

Le principe christique est l’émanation, par le cœur ouvert, au sol de l’incarnation, de l’amour, énergie cohésive et irradiante, créative et primordiale de celui dont rien ne peut être dit.

Ce principe christique  communiqué par le cœur ouvert ne comporte aucun conflit en soi.

Il est.

Les éventualités conflictuelles ne commencent qu’à la descente du principe christique dans la substance matérielle de la chair, dans le corps humain et à travers les véhicules non coordonnés de l’individu.

Ces conflits ne sont pas evaluables en termes de bien et de mal.

Ils ne sont que les déformations et déviations de l’énergie d’amour irradiée par le principe christique dans les véhicules des individus, à son passage vers le monde.

Le cœur ouvert ayant purgé tous les dégâts conflictuels ainsi que leurs causes, au sein des véhicules de son incarnation, est le seul à communiquer, dans sa juste phase sur terre, le principe christique dans toute sa puissance aimante.

Il y a loin de la coupe christique de celui dont rien ne peut être dit à la bouche du disciple en puissance de verbe.

Le cœur ouvert et tout son processus évolutif préparatoire, dans l’incarnation, est le seul passe-droit, le seul passage divin à proposer par l’homme en devenir.

C’est par le cœur ouvert, dans et par l’incarnation, au cœur du cœur de la vie quotidienne et de ses embarras courants que s’ouvre le cœur.

Ce processus humain divinise l’homme jusqu’à christ et son pouvoir d’amour.

Chaque être humain en est le dépositaire, le messager, le réalisant, avant d’en devenir, par la maîtrise dans ses différents degrés, le pilote, au moyen de la personnalité, dans le groupe global.

Du verbe qui s’exprime alors par  l’homme, christ est indissociable, dans son amour, du cœur ouvert qui en est, sur terre, le diffuseur humain, l’expression faite chair de celui dont rien ne peut être dit, le père symbolique ancré dans l’inconscient collectif et en voie d’expression globale par l’humanité toute entière dont l’extériorisation de la hiérarchie est l’avant-garde initiatique.

a l’ouverture de ce cœur humain qui prend de nombreuses vies de préparation et de quête, de discipulat et de maîtrise, à cette ouverture, préside, tout au long de ce chemin périlleux de douleurs, anxieux de souffrances, le principe christique en ses énergies diversifiées par les rayons de ces qualités divines essentielles dont le cœur ouvert, ensuite, prolongera la radiation au sein de ses frères, dans l’humanité.

Soyez ce cœur ouvert parmi les hommes, à chaque cœur ouvert, l’humanité avance vers elle-même, dans l’expression christique glorifiant au sol terrestre les attributs humains de celui dont rien ne peut être dits.

La violence rentrée des perturbations créées par l’évolution individuelle intérieure rejaillit forcément au quotidien, contaminant relations et endurance.

L’épuisement énergétique est une forme courante de ces épreuves à passer.

Mais rien n’est comparable, après ces violences supportées avec courage et volonté que la douceur des énergies divines enfin perçues en christ.

Le cœur ouvert oublie dans sa chair les plus dures épreuves et le souvenir est difficile à mémoriser tant l’éternel présent qu’installe christ au cœur ouvert est une réalité une et indivisible de passé et futur.

A ces vies qui se suivent et ne se ressemblent pas, s’efforcer d’inclure les énergies christiques a tout acte, à toute pensée, c’est déjà s’y ouvrir.

Ce qui sera incompréhensible pour vous tous, tant l’intellect et le mental y sont accoutumés, c’est d’agir dans le présent, avec le minimum de «pensée».

Le mental de certains disciples est si habitué aux périodes de méditation, qu’en dehors de celles-ci, le mental reprend les rênes et la pensée, productive et accélérée, prend le relais pour couper, aux tranches de ses compartimentations, tout acte, tout sentiment, toute relation, analysant systématiquement.

Ce processus devient une forme de seconde nature, un automatisme qui endort la conscience du cœur.

Le cœur devient un concept et intellectualisé, s’éloigne de sa vocation christique.

De la méditation, nécessaire à un moment donné de l’évolution, passez à la réflexion dans le cœur, en y déposant ces questions et réponses éventuelles dont devra se dégager l’essentiel comme un trait de vie une, un rayon laser eclairant qui coupe au non-soi ce qui, jamais, ne participera à l’ouverture du cœur.

avec des essences naturelles de plantes, des métaux purifiés, de l’homéopathie bien dosée, avec des méthodes et des règles de vie saines, une propreté sans faille, avec tout cela et une santé morale et mentale acquise en christ, le cœur ouvert doit entretenir le corps et prendre grand soin de ses véhicules.

Tous les médicaments et produits chimiques, de synthèse et autres doivent être évités par le cœur ouvert dont la marche fonctionnelle doit être protégée.

L’idéal est d’être suivi par  un médecin ou une personne versée dans l’art de la phytothérapie, de l’homéopathie et si en plus cette personne peut travailler à l’aide de la radiesthésie médicale, de la médecine énergétique, elle évitera au cœur ouvert les surcharges éventuelles des produits administrés.

La santé physique est indissociable de la bonne marche des processus véhiculaires.

De plus lorsque le cœur ouvert est sollicité sans arrêt même durant le repos physique, les centres de la tête, de la gorge et bien sûr le cœur sont si activés que les cellules, vampirisées par elles-mêmes, en quête de protéines et d’oxygène, puisent aux réserves du corps le formidable effort qui leur est demandé.

Sollicité par l’intuition, la communication la médiation du cœur ouvert, l’hypophyse accroît  son rendement qui épuise les cellules du corps dont il faut absolument prendre soin pour que l’épuisement physique n’entame pas le service.

C’est surtout la déminéralisation qui est à craindre.

Donc soignez-vous, prenez soin de vous afin de prévenir au sein du monde les ennuis de santé que vous pouvez prévenir et éviter.

Quant au cœur ouvert, une vigilance accrue est nécessaire au formidable travail énergétique que couvrent ses véhicules dont le corps physique n’est pas le moindre puisqu’il doit lui permettre un service accru et que sa santé est un bien précieux à assurer par tous les moyens disponibles actuellement.

Le cœur ouvert, en général, sera, au cours de son incarnation, mis en présence des personnes utiles au maintien de sa santé physique à point nommé,  selon les besoins.

Observez et vous noterez cela aussi sûrement que vous lisez ces lignes actuellement.

Beaucoup d’imprévus et de malentendus, de quiproquos et d’actes manques viennent se greffer sur le parcours terrestre du cœur ouvert mais sa vigilance est telle que, sans parfois pouvoir les éviter puisqu’ils dépendent des autres, le cœur ouvert va les absorber en son ouverture christique et les restituer, transcendés, au péril de son monde formel dont le corps physique est partie intégrante.

En maintenant ce dernier en bonne santé au maximum des moyens proposés dans l’incarnation, le cœur ouvert affermit et stabilise une grande, voire extrême, vulnérabilité qui fragilise son corps physique.

Bien sûr il y a sa résistance énergétique incroyable et sa possibilité de récupération assez  sidérantes mais pour ne pas violer les principes ésotériques et entamer la résistance énergétique réelle, profonde, le cœur ouvert doit absolument être attentif et comme il n’est qu’écoute, entendre les impératifs liés au service et concernant la santé du corps physique.

Un disciple de mon frère D.K[14]  a pris l’initiative d’un congrès international pour le corps énergétique de l’homme, qu’il en soit remercié ici, cette approche ashramique a vu le jour, nos énergies y sont présentes et les recherches dans ce domaine sont capitales pour le XXIe siècle.

Même si certaines ombres dues à des charlatans ou à des disciples de la grande loge noire y sont présentes aussi, ce mouvement, nécessaire à l»humanité, doit se poursuivre.

La médecine énergétique exercée par des médecins est la juste voie du XXIe siècle.

L’ostéopathie, en voie de développement, assure une meilleure circulation énergétique au sein des corps bloqués par des nœuds qui empêchent la fluidité de leur coordination.

Cette science doit être motivée par une approche spirituelle et une recherche de la connaissance des chakras.

Les centres ici sont d’une importance majeure et toute manipulation en dépend.

Que les disciples en incarnation ouvrent les voies de ces médecines qui loin d’être parallèles sont essentielles.

Il faut, aujourd’hui, amener la notion d’interdépendance entre les véhicules.

Le corps énergétique doit prendre sa juste place afin de ne pas continuer à polariser sur le corps physique  comme le fait la médecine traditionnelle.

Mais, il est temps aussi de renverser la vapeur et de comprendre les mécanismes propres au cœur ouvert.

Il s’agit pour lui de faire une synthèse entre physique et subtil et de comprendre que la plaque tournante énergétique qu’il représente demande une coordination véhiculaire qui peut créer des perturbations cellulaires et autres au niveau du corps physique.

Cela signifie que, dépendant de ce travail ésotérique, le corps physique, outil indispensable au cœur ouvert, n’étant pas un principe, va subir le mouvement tourbillonnant exceptionnel qui caractérise le service du cœur ouvert sur tous les plans.

Il faut donc impérativement protéger de l’auto-vampirisme les cellules qui dans ce  rendement énergétique activé par les centres supérieurs, puisent en elles-mêmes leur réserve dans une forme d’auto-vampirisme nocif à long terme.

Surveillez la déminéralisation, la tension artérielle, prévenez, et ce faisant, aidez, chez le cœur ouvert, les processus esotériques inévitables qui peuvent engendrer dans le corps physique, vulnérabilité et déminéralisation, carences et pression.

Le problème des protéines se pose aussi.

Le cœur ouvert est végétarien et c’est bien.

Mais certaines substances comme le collagène ne se trouvent que dans les protéines animales.

Vous pouvez ne pas manger de viande rouge, elle n’est pas bonne aux mécanismes véhiculaires mais mangez alors volailles et viande blanche de temps en temps.

Les cellules, en christ, ont besoin, malgré le mental  transcendé qui les caractérise alors de vivre leur vie physique aussi, même si elles la vivent différemment.

Les produits laitiers entiers surchargent l’organisme en graisses inutiles.

Evitez-les, réduisez-les, ou consommez-les allégés, maigres.

Évitez les fromages gras.

Il ne s’agit pas ici de faire un traité en diététique.

Renseignez-vous, documentez-vous auprès de personnes compétentes, il y en a de plus en plus.

Le cœur ouvert devra être compris et traité comme tel dans la décennie à venir.

Ce qui vous amène au début du siècle prochain.

C’est important parce que le service en dépend et la personnalité du groupe global mérite, en son cœur ouvert, attention et soin.

Le cœur ouvert est un pionnier et l’extériorisation de la hiérarchie, commencée est dépendante sur  le plan physique des efforts de santé pour ces corps physiques qui arrivent, sensibles comme des exposées au mistral, comme des instruments à vent dont le souffle divin purifié pourra tuer et faire vibrer tous les sons les plus purs.

Les symphonies seront composées, de toutes façons, alors soyez attentifs aux instruments capables de les produire et de les jouer parmi les hommes.

Le cœur ouvert est l’instrument humain physique le plus apte aux plus belles réalisations, en christ, en celui dont rien ne peut être dit.

Aux soucis de ce plan physique qu’il faut bien affronter, le cœur ouvert est confronté quotidiennement dans sa chair et dans ses processus véhiculaires au service dont il est un pionnier pour ce XXIe siècle, nouvel age, qu’il affirme en  lui-même au sein des hommes et du monde planétaire.

À la fois et paradoxalement ici, sur le plan physique dans son incarnation et ailleurs sur les plans que ses véhicules subtils habitent, visitent, où ils travaillent non-stop au projet énergétique invisible du plan, ici et ailleurs, le cœur ouvert dans sa chair reçoit, transmet et filtre ce qui doit l’être, sans souci autre que le mieux-être du monde pour l’humanité qu’il infuse d’amour christique.

Œuvre colossale, de groupe, ashramique, hiérarchique dont il est le réceptacle, le creuset, l’alchimie, l’évidence et l’efficacité première, en même temps que le dépositaire des plus fortes énergies christiques.

À cette œuvre le service est redevable et tient tout entier.

C’est dire combien vous êtes  responsable de reconnaissance et d’aide au cœur ouvert sur votre chemin initiatique de disciple au service du plan.

Du christ devenu vivant et oeuvrant parmi vous, le cœur ouvert est le témoin, la preuve et le garant.

Sous liberté totale en celui dont rien ne peut être dit, la sagesse ici est vécue à sa puissance divine, dans la volonté divine qui est à la volonté de bien ce que l’amour est au rayon un.

Ici je vous demande réflexion, comprendre ce que l’amour est au rayon un, c’est aborder la synthèse en son centre avant les particules qui, en s’en détachant, annoncent la divine multitude de ses expressions diverses au sol de l’incarnation et dans les univers manifestés.

L’humilité du cœur ouvert n’a qu’un sens purement humain.

Authentique en celui dont rien ne peut être dit, le cœur ouvert n’est humilité qu’à l’homme-christ qui l’incarne et à ses frères sur terre.

En christ l’humilité est une ligne de moindre résistance qui fait de sa nature un etat d’amour sans dualité dont le rayon un peut transmettre, d’une manière tranchante, l’état le plus pur au sein de l’illusion mentale qui la reflète.

L’homme qui ne reconnaît pas se raccroche à ces illusions pour éviter en l’éludant, l’effort nécessaire à l’ascension en christ.

A ces forces décapantes que le mental oppose à la réalité du cœur ouvert, ce dernier ne répond que par le silence de dieu dont le principe christique découle.

D’où la déroute antagoniste du  mental concerné qui se réfugie au plus facile de ses structurés rassurantes.

Mais le cœur ouvert à le pouvoir de bouleverser le cœur fermé et de déstabiliser son mental structuré.

Le reste appartient à celui qui en fera ce qu’il pourra à la conscience qui lui échoit au moment cité.

Le cœur ouvert est un état d’éveil constant pour les consciences objectives qu’il rencontre parce que sa conscience divine les englobe toutes.

Les effets provoqués seront d’autant plus violents et durs que la conscience objective aura été malmenée, de par son état amorphe, et éveillée à elle-même par un choc synthétisant les rayons un et deux.

C’est cet impact qui attise et provoque les rejets tout en permettant aux énergies christiques un entrebâillement du cœur  toujours douloureux à vivre.

Il existe dans les processus ésotériques subtils des secrets dont le mystère est à découvrir par chacun dans sa propre chair.

Le groupe global en est le dépositaire, au silence de dieu et c’est là que s’organisent les plus belles trouées du principe christique au sein du monde.

De l’aube à la lumière du plein midi, il y a un trajet silencieux que le cœur ouvert vous permet de parcourir.

C’est en saisissant cette opportunité que le XXIe siècle spiritualisé en l’essence humaine même, permettra, par l’extériorisation de la hiérarchie, la marche sublime de l’humanité en christ vivant.

Dans l’immensité blafarde qui appelle le ciel oublié d’une terre en urgence, en danger d’hommes et d’environnement, créé par eux, vous êtes les projecteurs-diffuseurs des énergies christiques si vous êtes en contact avec l’eœur ouvert.

Au groupe global, soyez présents, au cœur ouvert, soyez fidèles, au groupe ésotérique, soyez attentifs, au groupe exotérique, soyez actifs.

En christ, pour christ, avec christ, œuvrez au XXIe siècle afin que le monde planétaire, dès aujourd’hui, vive des énergies transformantes au sein de chaque cœur qui, issu d’elles, sera demain son géniteur dans cette globalité de conscience qu’amène la synthèse vécue.

Dans l’ordre et le désordre, dans l’axe et l’alignement, dans la joie et la détresse, tous, Maîtres et disciples, suivent ce chemin de terre que les sauveurs du monde  empruntent de plus en plus avec l’extériorisation de la hiérarchie.

Aux énergies fortes de Shamballa tous ont accès.

Grâce aux Maîtres en incarnation, grâce aux cœurs ouverts, christ à l’œuvre est sur terre.

Lorsque le temps se décline en jours qu’imprègne la grâce divine du cœur ouvert, soyez forts, sous ma bannière, vivez au maximum les possibilités énergétiques mises à votre disposition afin qu’avance, dès aujourd’hui le monde à installer en ce XXIe siècle, à respiritualiser aux valeurs fondamentales dont les droits de l’homme sont les premières bornes d’une humanité consciente.

Au satin des feuillages de la nature, l’écrin de son environnement est à l’homme une opportunité d’éveil, de regard différent et d’amour.

Des «technologues» vient un sentiment de  dû qui aveugle et tourne essenciallement vers un profit convoité.

L’ecrin donné à l’homme, cette nature sublime, havre d’oxygène, de paix, de beauté et de santé, est devenu le cadre d’une overdose d’exploitation éhontée.

des forêts amazoniennes aux sables frelatés de mazout, des ciels citadins étouffés de pollution aux décharges jonchant les campagnes désolées, l’homme, ignare de gratitude et mufle de supercheries, saccage, abîme et non content de ces abominations, l’homme, inconscient de son propre devenir au quotidien du plan physique, peu troublé par les catastrophes provoquées, continue consciencieusement son assassinat spontané et quotidien.

Ceux qui ont pris conscience de l’état catastrophique de la planète ont l’éveil au cœur et la  rage à la conscience.

A ces hommes et à leurs mouvements, prêtez main forte.

Le cœur s’ouvre à la pureté de la nature et la conscience d’en être coupé est une suffocation au cœur ouvert, à l’œuvre sur terre.

Donnez au cœur la priorité non pas dans le sentiment mais dans la force.

Les tièderies, les mièvreries, les sentimentalismes jouxtés de sensibleries, les apitoiements sur soi, les larmes qu’ils provoquent sont indignes d’un cœur en quête d’ouverture et inconnus au présent du cœur ouvert.

L’amour est indissociable de la force que lui confère la fermeté, envers soi-même d’abord, envers les autres ensuite.

se complaire aux vagues emotionnelles qui porte le mental à tourner en rond autour de soi-même et des petits problèmes du non-soi est une mascarade à  l’amour, un masque à l’être, un paravent a la personnalité, un handicap à l’évolution.

L’egoisme est un compte débiteur au crédit de l’amour et il confond cœur ferme et sensiblerie, rejetant le premier et s’alimentant à la seconde.

Combien de parades grotesques l’égoïsme est-il capable dé jouer? Vous les dénombrerez à la quantité de jugements qu’il débite en pourvoyeur de faux, quand ça l’arrange, comme ça l’arrange.

Et dire que le cœur ouvert intègre ces egoïsmes, c’est dire à quel point inimaginable il est inclusif en tout.

Mais attention il n’en sera pas pour autant moins ferme puisque c’est au silence de dieu qu’il les digère et en christ qu’il les transmute.

Et cela demande de la force dans une fermeté divine qui passera  peut-être aux yeux aveugles pour un manque d’amour.

Et ça, voyez-vous, est vraiment un comble ! Sur terre, le cœur ouvert paye le prix fort et les entraves qu’il y rencontre n’entament en rien son ouverture mais, à la longue, peuvent altérer le fonctionnement de l’organe correspondant.

Tachychardie, insuffisance cardiaque, dans certains cas alerte cardiaque, le dysfonctionnement prend des allures de maladie à traiter.

Mais surtout le cœur ouvert doit absolument se ménager au maximum et éviter toute surcharge émotionnelle ou mentale venant des autres.

Ces derniers sont en général des êtres très proches car pour le reste, le cœur ouvert est en contact subtil avec l’intériorité où les problèmes sont différents même s’ils peuvent contribuer à surcharger l’organe cœur, c’est autre chose.

Le cœur ouvert n’est pas, dans les reactions qu’il provoque chez les autres bien accepté et compris.

Cést  à la longue, sur plusieurs evénements irréfutables parce que vécus, que le cœur ouvert qui a imposé ses énergies christiques, peut, aprés avoir dérouté et étonné, troublé et séduit, donner à la conscience de l’autre ce qui lui est nécessaire.

Ce don n’est profitable que lorsque l’autre y consent.

Mais dès la première rencontre, le cœur ouvert agit énergétiquement, quelle que soit la réception en face.

Au groupe global, le cœur ouvert est le pivot, la charnière matérielle de l’ouverture christique.

C’est dans sa chair que christ est gravé et communique les plus belles lettres de noblesse de l’homme dans la divinité à y exprimer.

Le cœur ouvert inclut déjà à son ouverture l’au-delà Shamballa.

Il en est l’avant-poste terrestre, le  mât divin, l’aube cristalline précieuse dont les rives sacrées émeraude-diamant donnent à son ouverture les tons diaphanes de leur chatoiement qui n’est, en somme, qu’une frontière inexistante entre lui et celui dont rien ne peut être dit.

Dans la conscience objective, le cœur ouvert à le même fonctionnement que tout un chacun, simplement rôdé à tout ce qui est humain, l’ayant dépassé et transcendé, il en est capable mais n’y est jamais subordonné.

Le cœur ouvert a de quoi surprendre à la fois les cœurs fermés et les consciences objectives bornées.

Mais à ceux qui sont en puissance d’éveil, le cœur ouvert, d’abord étonnant devient vite en son état christique, l’aimant coordonnant, l’appel compréhensif que tout cœur un jour ou l’autre  reconnait parce que justement il peut s’y identifier.

Et c’est là la nouveauté amenée par l’extériorisation de la hiérarchie.

Sur terre, parmi vous, nos frères, sœurs en incarnation ne seront plus des «gurus» dont la perfection humaine est un recul qui sert de repère et de frontière entre vous et eux.

Non.

Pour la première fois, le cœur ouvert est totalement humain, et, en christ, totalement divin.

Dans l’itinéraire du cœur ouvert, les incarnations sont repérables.

Connues, à un moment précis, par tous, elles sont, au moins, une preuve par trois de l’authenticité du cœur ouvert.

Le groupe global, cledam étant sa partie exotérique, est ici, à l’enseignement une voie christique dont le cœur ouvert de la personnalité[15] est le carrefour ésotérique – exotérique de toutes les énergies mises en jeu par la hiérarchie pour son extériorisation.

A la tranquillité du cœur ouvert, puisez une connaissance, mais évitez les questions qui ramènent trop au mental.

Elles bloquent les énergies christiques à un plan qu’il faut dépasser.

Le cœur ouvert est le passage de ce plan et il vous offre à tous, à travers le groupe de service et dans la vie, l’opportunité christique d’avancer en servant.

S’il faut prier, que ce soit dans le cœur, s’il faut rêver, que ce soit à Shamballa, s’il faut vivre, que ce soit en servant, s’il faut aimer, que ce soit en christ.

Et vous savez tous qu’il le faut!  Un chaton s’étire et toute la grâce du monde vous est offerte dans ce mouvement silencieux qui procure aux yeux la beauté des lignes.

Que le regard, neuf à chaque instant du présent, soit accessible et voit ce qui, en christ, s’épanouit en tout, en tous.

Diversifiées, étonnées, bouleversées, les vagues humaines se mêlent, malgré tout, au mouvement unique que la vie une déverse en christ.

Si vous servez, même à la périphérie de l’ashram, vous faites déjà conscience commune avec la hiérarchie, l’ashram du christ[16], à travers le groupe global dont vous êtes une goutte charnelle exotérique.

Si c’est le cas, déjà, vous êtes, encore inconsciemment, nimbés des reflets enveloppants de  l’émeraude-diamant des rives sacrées de Shamballa.

Alors, que la détermination au service vous occupe et que, dans la chair, un jour glorifiée en christ, vous soyez déjà, tout de suite, à l’instant même, en collaboration etroite avec le cœur ouvert.

Il offre à votre volonté de bien les atouts divins nécessaires au service du plan et nous vous assistons parce que telle est la volonté divine.

Que l’échelle de l’évolution que vous gravissez ne soit pas ascension contemplative mais vie active, en christ et ses énergies.

Inaccessibles aux frères de l’ombre[17] les rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa sont l’objet de toutes leurs convoitises.

C’est pourquoi ils tentent d’intercepter toute énergie positive en relation avec elles afin de  recuperer ce qu’ils peuvent.

Mais si les attaques sont fréquentes, la récupération ne l’est pas grâce au cœur ouvert qui veille et englove en son ouverture toute tentative en voie de danger.

Si vous avez fait le choix du cœur ouvert à atteindre et que vous ayez décidé de servir auprès de celui que vous avez reconnu, alors vous êtes protégé, non du doute au début, mais de la chute.

Et quand l’affrontement viendra, le cœur ouvert vous soutiendra en ses énergies christiques et dans l’épreuve, vous pourrez disposer de sa force afin de reconnaître lucidement les subversions possibles, les tentatives certaines et votre choix final sûr.

Que dieu vous bénisse, que christ vous submerge et, laissez-vous aider par le cœur ouvert en incarnation.

L’espace, ignore.

Et n’oubliez pas que les barreaux, quels qu’ils soient, font toujours, à la plus forte lumière, une ombre portée qui les suit dans vos propres retranchements.

Servez-vous donc de la durée et sciez, au mental, les barreaux qui vous emprisonnent.

Ils ont la densité de l’ombre mais sont quand même exposés à la lumière.

Le cœur ouvert connaît le mental, les barreaux, les ombres et, dégagé de la durée, il inclut au temps l’espace que vous y trouverez.

Avec le cœur ouvert, servez et aimez, c’est déjà un coup de scie aux barreaux du mental.

Souplesse et mobilité obligent.

Le cœur ouvert n’est que souplesse et mobilité.

Rien ne peut s’accrocher à une ouverture telle que la sienne.

Et si  d’aventure, aux rayons de ses actions diverses, vous aviez l’idée saugrenue de prendre la roue de l’authenticité en marche, alors, votre ego y serait broyé aux divergences de ses conflits à régler.

La souplesse du cœur ouvert est souvent prise pour du laxisme ou de l’amoralité.

Mais il n’y a pas plus rigoureusement juste qu’un cœur ouvert ! La mobilité du cœur ouvert est souvent irritante, elle est prise, à tort, pour de l’instabilité ou de l’inconstance.

Mais il n’y a pas plus stable en christ, plus fidèle en celui dont rien ne peut être dit, que le cœur ouvert! Ces jugements, faussés par des egos meurtris en quête de merveilleux, ont la légèreté sautillante des humeurs provoquées par le miroir que le cœur ouvert ne  cesse d’être pour tous, à tous moments.

Adhérer à la souplesse du cœur ouvert, c’est vous associer à la beauté du présent dans son mouvement quotidien.

Adopter la mobilité du cœur ouvert, c’est épouser ce que chaque instant de durée, sur terre, offre de neuf, à vivre au service de l’humanité toute entière sans retenir au non-soi ce qui peut nourrir l’illusion des bonheurs de l’ego.

Il n’est, certes pas, si facile de vivre à chaque seconde de l’incarnation, souplesse et mobilité.

Pour cela, les énergies christiques, ancrées au cœur doivent être plus fortes que tout afin que l’ouverture ainsi amorcée, permette à christ d’œuvrer au plein sens du terme « cœur ouvert», en l’homme.

Mais à qui sait reconnaître  souplesse et rigueur, mobilité et stabilité réelles, christ, dans le cœur, est proche.

L’amour d’un cœur ouvert pour ses proches et ses semblables n’est jamais rigide, tout en étant extrêmement ferme.

C’est dans cette fermeté de pouvoir dire non que réside la beauté de cet amour.

En effet, dire non à l’autre dans une juste relation humaine suppose que vous pouvez vous dire non à vous-même.

Cela veut dire que l’autodiscipline, dépassée depuis longtemps est devenue un état de souplesse totale, empli d’amour, et que le seuil de certains blocages ne peut plus être passé par votre cœur.

C’est pourquoi le cœur ouvert, par son ouverture, ne connaît plus aucun seuil de ce genre, les ayant depuis longtemps  absorbés aux rigueurs de sa propre discipline afin de n’être à celui dont rien ne peut être dit, qu’ouverture, en christ.

Que la beauté de ces dépassements de l’homme, par l’homme, vous apparaissent comme une clé de l’incarnation afin que christ, un jour présent en tous, puisse glorifier ce groupe qu’est l’humanité.

Elle rejoindra ainsi le groupe global initial, la hiérarchie, dans son ensemble, et la terre, alors sacrée par christ en vie au sol humain, verra son évolution continuer par-delà les rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa.

Le dynamisme lié au gros potentiel énergétique du cœur ouvert est, sur terre, indissociable de l’épuisement passager causé par le manque de sommeil ou les énergies négatives rencontrées au  cours de voyages, déplacements de toutes sortes, vie quotidienne dans les villes et autres tracas inévitables.

Bien que tout le monde subisse ce genre de choses, le cœur ouvert y est mien plus sensible mais son pouvoir de récupération est bien plus grand que pour la moyenne majorité.

Les mécanismes véhiculaires des processus énergétiques du cœur ouvert concernent tous les plans denses et subtils où se déroule le travail consacré au service du plan.

Ce travail est dédié à l’humanité, ce qui signifie que le cœur ouvert, outre le groupe global et ses activités, aide et apporte soutien et secours à tous ceux qu’il rencontre et qui sont en difficulté.

L’aide qui peut paraître, parfois, personnelle, n’est qu’impersonnelle en regard de la globalité du travail effectué pour  l’humanité.

En effet, toute aide individuelle, ici, est forcément impersonnelle, puisqu’elle contribue à l’assainissement des plans pour une avancée globale de la conscience humainement divine.

Le cœur ouvert, essentiellement inclusif, donne à tous, aide ceux qui en ont besoin puisqu’ils sont les gouttes de chair d’une conscience globale à galvaniser pour plus d’éveil.

L’amour du cœur ouvert n’a d’humain que le mot, son essence, divine, est exprimée en et par christ vivant.

À ces hommes et femmes qui sont et arrivent parmi vous, reconnaissez l’essence, aimez christ et bannissez de vos doutes les illusions personnelles qui vous  aveuglent encore.

C’est votre prix à payer pour l’extériorisation de la hiérarchie.

laissez-vous inonder par la joie du cœur ouvert, laissez-vous entraîner par l’amour du cœur ouvert, que son ouverture soit le portail sans porte qui vous mènera droit à votre cœur, en âme et conscience de celui dont rien ne peut être dit, ce christ, un jour, en vous.

Que l’ordre qui détermine, en vous, les petites joies humaines s’amplifie jusqu’à cette détermination volontaire qui porte l’âme du service dans l’amour du cœur.

Le service commence par le quotidien bien accompli.

C’est dans le devoir divin reconnu, d’être à fond ce que nous sommes venus être, que chacun d’entre nous arrive à la maîtrise des premiers niveaux évolutifs.

Et vous remarquerez que je dis « nous» car vous et nous sommes passés ou passons par là.

C’est parce que vous vous reconnaîtrez en nous que nous avancerons ensemble.

C’est parce que nous vous reconnaissons en nous que nous venons, cœurs ouverts, vers vous et le devenir de notre entité commune : l’humanité.

Quand le temps se dévoile aux paramètres multiples de ses tendances évolutives, prenez, avec la hiérarchie, le tournant juste.

La voie large qui lui succède ne comporte plus que les balises de la vigilance.

Ensemble, par, dans et avec le groupe global, avançons en amour et en volonté de puissance divine, sous ma bannière, à la synthèse des rayons un et deux qui marquent ici l’évolution humaine de la divinité dans  la chair de chacun.

Dans ces cellules qui vibrent et se transmutent, ressentez la joie sous-jacente impliquée et aivordez lui l’ampleur de votre cœur, quelle qu’en soit encore l’ouverture.

Que l’harmonie chantée par le corps physique aussi, dont il est dépositaire et qui le glorifie, soit, en vos cœurs, mélodieuse en christ et triomphante en celui dont rien ne peut être dit.

Aux systèmes, préférez l’étonnement.

Aux dogmes, préférez les paroles divulguées par le verbe.

Aux structures, préférez l’évasion du cœur par l’ouverture en christ qui lui est offerte.

Evasion qui n’est qu’un choix de service et n’a pas le sens de fuite.

Ici l’évasion est un engagement a l’essentiel par le  délestage du superficiel.

Troublez le mental en evaluant différemment les mots.

A renverser la vapeur des idées reçues, vous recevrez les mots qui conviennent au cœur et dont vos intuitions à venir seront les bases d’expressions.

Si le vent vous portait les senteurs rencontrées aux rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa, instantanément, l’accélération de l’ouverture du cœur activerait en vous tout le processus évolutif.

Mais le vent naît à la turbulence de certaines sphères et Shamballa est bien au-delà, dans une latitude inconnue des mondes de l’intelligence humaine, encore inexplorée.

C’est par le cœur que se fait l’accès à Shamballa et dans leur quête explorative, les  hommes de science devraient intégrer à leur recherche les énergies du cœur.

L’évolution intérieure peut être accélérée et je l’ai dit déjà, elle pourrait même être immédiate, dans la volonté d’être, cette adhésion absolue au divin.

Les sources de tout ce qui motive les questions de la science passent par Shamballa.

Le cœur ouvert est la clé de toute interrogation sur le plan humain des effets.

Paradoxalement pour l’individu, les réponses ne sont satisfaisantes que quand il les trouve lui-même.

D’où l’importance de l’effort entrepris sur soi afin d’amener la conscience à plus de lumière.

Pour cela ne rien eluder des questions posées.

Au début vos facettes, nombreuses, tenteront des questions qui sembleront insolubles, inutiles ou  Que vous éluderez.

Si vous parvenez à discerner qui pose, en vous, la question et qui, en vous, peut y répondre…

Déjà un pas sera fait vers l’ouverture du cœur.

L’ouverture du cœur est un Himalaya à conquérir en escaladant, en soi, les versants les plus abrupts de l’ego.

Au départ de cette décision, ils semblent infinis et quasi inaccessibles.

Mais lorsque le cœur est ouvert, cet Himalaya, conquis, n’est plus que neige fondue aux lumières sacrées des reflets émeraude-diamant de Shamballa.

Déchiqueté par les aspérités de l’ascension, l’ego a perdu ses trois reflets et leurs fragments, comme haillons maintenant misérables.

Pour le cœur ouvert, pas de sommet à cet Himalaya puisque l’ascension et la conquête de ce mont difficile le met, par la synthèse enfin vécue, en et avec tous, à tous les niveaux d’évolution rencontrés.

Et c’est ce qui peut troubler les uns et les autres, qui, par le mental, voudraient bien le poser sur un sommet inaccessible et imprenable.

L’ego a besoin de se rassurer en mettant une distance infranchissable entre le cœur ouvert du Maître en incarnation et ses petites habitudes commodes.

Mais voilà, le cœur ouvert, lui, ne connaît pas de cimes imprenables.

Accessible à tous, il est ouvert pour tous et son ouverture immense, loin de planer en quelque nirvana inimaginable, est au plan physique, pieds sur terre, le miroir implacable de ce que vous pouvez devenir, pour peu que vous le décidiez.

Identifiable par tous, le cœur ouvert est un homme ou une femme, avant tout, dans lequel christ glorifié noue avec tous des liens en accord avec ce que vous êtes.

Mais comme ces liens ne lient que vous-même, en vous-même, le cœur ouvert, inaliénable, reste en demeurant, ce que vous n’êtes pas encore dans son ouverture-miroir totale.

Et c’est insupportable à l’ego qui se débat dans une ouverture qui le laisse libre de ses mouvements tout en les soulignant.

L’ouverture du cœur ouvert inclut toutes les limites et n’est dépendant à aucune.

La rencontre avec un cœur ouvert est donc une opportunité superbe tout en étant une épreuve avec soi-même.

Face à un cœur ouvert, vous êtes face à vous-même dans l’inconfort le plus total de l’ego qui rejette cette opportunité de similitude parfaite à être.

Il est bien entendu, dans tout ce qui est livré ici, que je parle du cœur ouvert du Maître en incarnation, personnalité du groupe global sur le plan physique.

Pardonnez-moi de mettre ainsi les points sur les «i» mais je ne voudrais pas qu’un malentendu s’installe et que vous confondiez Maître avec je ne sais quel archétype mental non incarné comme beaucoup de mystico-ésotérique-mental, désespérément sentimentaux, projettent de leurs propres désirs.

Jésus notre frère, était un cœur ouvert, parce que c’était un homme, Maître en incarnation.

Le cœur ouvert est toujours un Maître en incarnation par lequel christ glorifié travaille parmi les hommes, ses frères.

Pardonnez-moi cette mise au point nette mais tant de disciples rêvent à je ne sais quel mystère, inaccessible et confortable qui, en les incitant à prier quelqu’un d’extérieur, les dispense de l’effort à «être»! Cette attitude est périmée, elle appartient à l’ère des poissons, ici il s’agit de l’extériorisation de la hiérarchie et de la possibilité pour tous de parvenir par le chemin initiatique à la maîtrise et à l’ouverture du cœur.

Ce qu’un autre homme, ce qu’une autre femme a parcouru et réalisé, vous le pouvez aussi.

En cette ère du verseau, nouvelle opportunité spirituelle pour l’humanité, l’admiration pour les Maîtres doit être remplacée par l’estime.

Parce que, quel que soit le stade évolutif, l’estime fera partie de votre relation avec le Maître en incarnation.

De sa part, elle est naturelle.

En pionniers du nouvel âge, que votre respect ne tourne pas à la dévotion.

Cet homme, (femme-christ) rencontré a été l’homme ou la femme que vous êtes, il a traversé ce que vous allez traverser.

C’est cette expérience qui doit vous encourager et non une dévotion purement passive, fataliste et stérile.

Nous avons besoin de vous.

L’humanité commence et se termine par chaque homme, chaque femme, et chaque évolution entre en jeu dans la balance finale de l’évolution spirituelle.

Le groupe global dépend aussi de vous.

Alors soyez réalistes et dans le silence de dieu, aspirez à christ et dans l’estime réciproque, avancez cœur à cœur avec le Maître en incarnation.

L’ouverture de son cœur est la vôtre puisqu’il est capable d’être vous dans votre intériorité, sur d’autres plans.

Percevez-vous la beauté se dégageant de l’extériorisation de la hiérarchie, dont le cœur ouvert est un avant-poste, sur terre, de cet ashram du christ? Aux portes de la raison, l’irrationnel fait son chemin et tente des diversions du cœur.

Ces troubles sont des affects nerveux déstabilisant la réalité en désordres d’hypothèses scabreuses dont va s’emparer le mental.

Une fois saisies par le mental qui ne les lâchera plus, ces hypothèses franchissent le pas de la croyance puis celui de la conviction et c’est là, installées par le mental, qu’elles vont grandir dans l’illusion.

Le mental se raccrochera à n’importe quoi dans son besoin d’alimenter la raison de justifications rationnelles.

Ce processus, malheureusement fréquent, est un handicap à l’ouverture du cœur.

Toute contribution individuelle à l’élagage des branches pourries de la forêt du mental est une aide à la collectivité.

Pour que vive l’humanité, plus spirituelle, il faut supprimer ces branches auxquelles se raccrochent les références collectées par le mental.

Le cœur ouvert est un coupeur de branches, un élagueur de forêts, béni soit-il dans ce travail difficile que, seule, permet l’ouverture du cœur.

Des volcans en éruption vomissent de la lave rougeoyante par tonnes coulantes, incandescentes et effrayantes.

Ces visions de réalité inquiétantes font reculer l’homme qui, en prenant ses distances, met entre lui et ces dégorgements intempestifs de la nature, une marge indispensable à sa sécurité.

Si les engorgements du mental ainsi que ses flatulences dangereuses étaient perçues par les regards humains, les urgences à le désamorcer seraient vécues instantanément tant la pollution débordante dont vous êtes l’objet est grave.

Mais à l’invisible nul ne se croit tenu et c’est à vous, disciples et ésotéristes, que revient l’obligation d’y éveiller les consciences.

Le cœur ouvert a, dans sa mansuétude, la discrétion d’une dépollution astreignante que peu d’entre vous freinent.

En surveillant les formes que prennent vos pensées, vous pouvez contribuer à ne plus engorger le mental.

Ce plan est saturé et c’est vous qui en êtes les seules victimes.

Le mental est un bon outil qu’il a fallu développer mais c’est pour mieux le dépasser aujourd’hui.

Le cœur ouvert, véritable aspirateur du plan mental, comme vous pourrez le constater dans « expérience et maîtrise» [18]  , est au monde nouveau une véritable nécessité.

En toute conscience, je vous demande de commencer, si ce n’est déjà fait, à surveiller les pensées génératrices de formes afin de ne pas alimenter de pollutions inutiles le plan mental.

Axés sur l’ouverture du cœur, que vos efforts transcendent, en vous, ce qui pourrait encore s’accrocher au mental.

C’est un service humanitaire à rendre, prenez-en conscience.

A soulever des montagnes sur le plan quotidien de l’émotionnel, vous parviendrez bien à soulever la plus monumentale de toutes, l’ego, dans ses aptitudes différentes cristallisées à la personnalité dont vous dépendez?!! Quand le cœur s’ouvre, soyez attentifs aux notes nouvelles qu’il perçoit.

Et surtout, le plus merveilleux est qu’elles seront irrécupérables par le mental! Une source mélodieuse est toujours fluide et il faut la garder ainsi.

Seul le cœur en est capable.

Que l’attention soit dirigée vers le cœur, en tout ce que vous faites au jour le jour.

Il est la porte, la clé, le moyen d’accès aux rives sacrées de Shamballa d’où se décide l’extériorisation de la hiérarchie, dans une mobilité et une fluidité déterminée par la vie une.

Du cœur ouvert soyez les plus fervents disciples.

Que tous vos efforts ainsi que toutes vos forces y tendent.

Cette ouverture est l’impact de celui dont rien ne peut être dit sur les mondes physique, émotionnel et mental.

Le cœur ouvert est à l’ego ce que le broyeur est aux ordures.

L’image pour être forte n’en est pas moins vraie.

La réalité est toute entière dans ce cœur ouvert à christ, en marche, à vos côtés, sur terre.

La rencontre avec un cœur ouvert est, de toute façon, un choc.

Préparez-vous à ce choc en cessant de ne pas vous identifier à ce qui pourrait être la perfection.

Christ est à ce prix.

Cela vous paraîtra cher au début mais chacun pourra payer énergétiquement ces prix-là si c’est son choix.

Un jour ou l’autre ce choix se fera, alors si vous pouvez accompagner volontairement et consciemment ce choix, plus vite vous avancerez dans l’ouverture de ce cœur nécessaire à l’évolution de l’humanité toute entière.

Après tout, la béatitude n’est-elle pas l’ouverture franchie d’un cœur qui ne se cherche plus.

Là où le mental ne peut poser aucune question, là se trouve l’ouverture totale où le mot « béatitude» peut être appliqué.

Mais ce n’est qu’un mot destiné à la compréhension mentale et il faudra aussi le dépasser.

Lorsque le mental, lisse comme la surface limpide d’un lac, n’a plus que l’épaisseur transparente d’une mousseline tendue, l’ouverture du cœur est proche.

Entre ces deux états, le mental est une plaque sensible, sorte de négatives photos, mais stade dépassé, la mousseline n’est plus qu’une transluscence de laquelle l’ouverture naîtra, synthétique, sans frontière.

Le mental abstrait est un espace de cognition divine désigné par A.A.B. comme «plan bouddhique».

Ce plan-là est, à la frontière de la mousseline tendue, un nuage connaissable où l’intuition, tel un oiseau planant, reconnaît et transmet, par son vol, ce que le mental allégé réceptionne et plaque au cerveau physique.

Le plan bouddhique dépend encore, d’une certaine façon, du mental, il est donc pour cela sujet à caution dans ses interprétations avant l’ouverture du cœur.

C’est par le mental que les frères noirs tentent l’impossible.

En deçà de la mousseline tendue, hors du plan bouddhique donc, ils impriment des captations illusoires dont le mental croit reconnaître l’impulsion intuitive.

Brouillant le discernement dans la grisaille des croyances teintées de convictions, les frères noirs s’immiscent dans l’illusion, faisant d’elle la sœur jumelle d’une intuition court-circuitée à la base.

Tout disciple avant la première initiation hiérarchique peut en etre la victime inconsciente et convaincue.

Plus son mental tentera l’explication et les justifications, plus il se perdra aux dédales obscurs du sentier de gauche.

Ici, le seul salvateur est le silence de dieu.

À qui se tait, vous reconnaîtrez la lumière de l’ouverture du cœur.

Mais le silence de dieu est rarement reconnu par le disciple qui tourne à gauche car il le récupère dans la personnalité, comme une réaction qu’il n’est pas, aveugle à l’action qu’il lui faudrait suivre.

C’est toute l’histoire des faux pas précédant cledam.

Il est intéressant d’en être informé pour percevoir le travail d’un cœur ouvert en instance de créativité de service.

Nul n’est tenu à l’évolution mais chacun y fera son sentier.

Gare aux tournants difficiles à gérer.

Les énergies ont la force de leur impact.

Il suffit de choisir et de suivre le bon sentier.

La grande loge noire[19] est puissante et elle est à son affaire sur le plan mental.

A vous de le dépasser par l’ouverture du cœur en christ, invulnérable.

C’est dans le long apprentissage de l’ouverture du cœur que réside la prévention du tournant de gauche.

C’est dans l’enlisement au mental par les mots, les phrases et leurs polémiques de justificatifs analytiques et explicatifs que se prend le tournant du sentier de gauche.

Dans les deux cas le cœur reconnaît ou méconnaît, s’illumine ou ignore, adhère ou rejette.

Dans les deux cas, le cœur peut favoriser ou retenir, s’engager ou se dégager, dans les deux cas, le cœur a tous pouvoirs.

Quand le cœur est un concept intellectuel discutable par le mental, le sentier de gauche n’est pas loin.

Quand le cœur se tait au silence de dieu pour mieux se reconnaître et se trouver en lui, l’amorce du tournant hiérarchique est faite.

En vous dévoilant au silence de dieu, vous brisez le mental dans sa coquille analytique.

En vous dégageant ainsi de sa gangue vous permettez au cœur de s’ouvrir et les énergies christiques peuvent se déposer au seuil de cette ouverture amorcée.

La lumière inclut toujours l’ombre qu’elle ne fait que plaquer au sol pour mieux en distinguer les contours de la forme.

Mais l’ombre, plaquée au sol par la forme, rejette la lumière qu’elle ne peut rejoindre.

Quand midi est plein au soleil physique, l’ombre, cachée à la verticale, tente une identification visuelle à la forme qu’éclaire la lumière.

Mais déjà les secondes de la durée la replaquent au sol, allongeant aux pieds de la forme ses contours que le soleil couchant fuit dans une aube nouvelle.

Cette image que vous pouvez visualiser conte l’histoire des forces de l’ombre qui s’opposent à la lumière.

Cette histoire résume la puissance des forces de lumière qui incluent et discernent, dans l’ombre, les contours précis qui la plaquent au sol comme une tentative d’identification à la lumière du ciel inondée de soleil.

L’image est quotidienne sur le plan physique, l’histoire est permanente sur les plans physique et subtils.

Les syllabes donnent à chaque voix un phrasé particulier qui caractérise les personnes.

L’expression verbale est à la communication un passeport energétique de puissance.

Dans les éclats fugitifs de lumière qui s’en dégagent, un clairvoyant peut reconnaître un cœur ouvert.

Mais c’est trop facile et il vous faudra faire vos choix sans voir, ce qui, forcément, implique le cœur.

Encore et toujours ! Le cœur ouvert s’est dépouillé de tout.

C’est ainsi, qu’en toute puissance divine, il peut tant.

Sachez que partout, pour tous, individuellement et en groupe, le cœur ouvert, même si vous n’en avez pas conscience, vous aide.

L’aide et le soutien, dans la compassion qu’implique l’amour, sont aussi naturels au cœur ouvert que la respiration pour le corps physique.

Ceux qui en ont conscience savent la joie éprouvée à cette aide, à chaque fois qu’elle se manifeste.

Le cœur ouvert connaît vos retenues, vos rejets, vos doutes, vos suspicions, le cœur ouvert lit en vous comme dans un livre ouvert, il lit même entre les lignes, pas toujours droites, de vos problèmes liés à l’un ou l’autre corps mal géré.

Mais le cœur ouvert ne vous dira rien, cela ne servirait à rien puisqu’il va vous falloir prendre conscience par vous-même.

L’aide occulte du cœur ouvert permettra un éveil de conscience, une remise en question, une faculté nouvelle d’oser se regarder tel quel et non tel que vous aimeriez paraître au regard des autres.

Il est difficile de se regarder dans un miroir et d’y rencontrer une caricature d’une laideur repoussante.

C’est pourtant à cet instant-là que vous pouvez faire le pas décisif, en acceptant la laideur mais en refusant, désormais, de vivre avec.

Le cœur ouvert n’est pas repoussé par la laideur de l’intériorité qu’il peut aider avec amour.

Le miroir tendu devrait être accepté avec joie, le chemin qui se poursuit derrière est semé d’embûches dont les prises de conscience et les efforts fournis sont une voie royale, celle de l’évolution.

Reposez-vous aux énergies christiques du cœur ouvert et dans ce qui paraît irrémédiable, trouvez-y la force de continuer.

C’est au bruit de l’écho que font les faiblesses des autres dans votre cœur que vous reconnaîtrez les vôtres.

Le cœur ouvert n’a absolument plus rien dans son ouverture qui puisse faire rebondir l’écho.

Le son en lui n’est plus que verbe dans sa note première et les miroirs aux alouettes qui tentent une incursion y sont brisés aux éclats clinquants de leur superficialité.

De l’écho à l’ouverture totale, un long chant aux mélopées douloureuses, nostalgiques, qui peu à peu deviennent vibrantes d’enthousiasme et pures de volonté.

C’est que christ est à l’ouverture du cœur, un chef d’orchestre talentueux dont la virtuosité n’est que densité synthétique.

Osez ces chants, que votre voix les adopte, qu’ils soient le tapis sacré, harmonieux, déroulé par votre âme à votre cœur.

Dans les moments les plus perturbés de votre existence terrestre, et il y en a !, osez avoir recours à l’essentiel en vous.

Tapi au creux du cœur, dans les plis d’une psyché en difficulté, l’essentiel vibre doucement en vous.

Osez le dépouiller de vous-même, des ecrans que la psyché humaine, cette somme d’émotions et de circonvolutions de pensées, tente de tendre entre l’essentiel, le cœur et ce que vous croyez être et ne faites que subir de vous-même.

C’est ardu, un travail à plein temps, de chaque seconde qu’il vaut mieux souffrir et dépasser, qu’éluder et ignorer.

Que l’humilité en vous reconnaisse ce que l’orgueil tente chez certains de justifier et de masquer, l’orgueil est un masque baroque dont les traits sont déformés par le regard vide des manques à pallier.

La bouche, distordue par les justifications analytiques, n’émet que des conjugaisons incomplètes où le « je » est à la fois le centre et toutes les autres personnes.

De référence il n’y a que «je», de but il n’y a que «je ».

A ce stade le cœur n’est qu’un organe physique dont le mécanisme connu n’a d’intérêt qu’en termes médicaux d’inquiétude ou de prévention.

Arracher le masque de l’orgueil c’est offrir une chance aux énergies christiques de caresser un visage déchiré de vulnérabilité derrière l’auto-défense.

Jeter au loin le masque de l’orgueil, c’est prendre conscience de la vilaine peau déformée qui défigurerait l’essentiel au profit du superficiel dans l’urgence de paraître et de faire.

Rien ne peut être commencé divinement tant que l’orgueil est présent.

Le cœur, ratatiné par l’orgueil, peut en mourir d’étouffement.

Ce qui signifie que, en désespérance d’ouverture, les energies de l’âme peuvent se retirer et laisser au mental toute latitude à être.

L’individu orgueilleux, identifié au mental n’a d’intelligence que l’intelligence et de cœur que néant.

Triste victoire que celle du mental sur l’âme, triste victoire que celle du mental sur le cœur! Soyez implacables avec les orgueilleux, ce n’est que le masque déchiré, qu’ils pourront souffrir de ne pas paraître et essayer d’être en donnant sa chance au cœur de sensiblerie qui les caractérise.

Aimez-les sans réponse, ils devront la trouver eux-mêmes.

Aux orgueilleux la rencontre avec un cœur ouvert est une gifle magistrale dont ils refusent l’état qui, en soi, est la réponse.

Dans la relation homme – cosmos, se trouve la clé des moyens de l’ouverture du cœur.

Frontière, limite, interdépendance, similitude, identité, ordre, divinité y sont des concepts à examiner.

Ainsi, la lumière, sollicitée, pourra entrebâiller de ses rayons les battants de la porte du cœur.

ainsi révélée à elle-même, l’ouverture ne peut que s’affirmer tant la lumière entrevue est clarifiante.

Les pas de la révélation se font aux cycles des énergies de l’âme, par les battements du cœur, à la stéréo-cosmique de son ouverture en devenir.

Un appel à christ, un réservoir d’énergies déversées depuis Shamballa, un puits inépuisable d’amour absolu en celui dont rien ne peut être dit.

Voilà les premiers pas vers l’ouverture, dans l’ouverture, avec l’ouverture.

Ensuite l’avancée devient le mouvement statique et permanent de la vie une au sein des cellules sur le plan physique.

Christ glorifié par l’homme est à l’œuvre et conscient de son etat, l’homme-christ le communique au silence de dieu dont vous devez être à l’écoute.

Souvent l’ouverture ou son amorce est, en vous, précédée par la cassure très dure d’une épreuve sur le plan physique.

Un événement qui détermine la brisure nécessaire à l’éveil de la conscience.

Le chemin du discipulat n’est parfois que les premiers pas pour se dégager de l’insupportable.

Sa beauté est dans la persistance à avancer.

Sa justesse dans la détermination a continuer.

Sur ce chemin vous rencontrerez, grâce à l’extériorisation de la hiérarchie, d’une manière objectivement tangible, le cœur ouvert qui ouvrira, pour vous, la conscience du groupe global où vous serez admis si vous pouvez le reconnaître.

À partir de là la mesure du temps sera intemporelle et en conscience de groupe, vous contribuerez au plan, quelle qu’en soit la façon, le cœur ouvert sera proche et au silence de dieu, à tout moment, vous pourrez le rejoindre.

Le doute ne s’interpose qu’au mental, jamais au cœur ouvert.

La précision d’un cœur ouvert est indéfinissable en mots.

Sa justesse est absolue.

Sa beauté aussi.

Sa tolérance, totale et dans son amour, inconditionnel, vous lirez les plus belles lignes jamais ecrites sur votre potentiel.

Soyez-y attentifs.

Dans l’extraordinaire caresse dont les rayons teintent l’espace, il y a la pente douce du son primordial qu’incarne le verbe au cœur ouvert.

À cette pente pastellisée aux nuances de la divine accessibilité à celui dont rien ne peut être dit, le cœur ouvert, qui l’a montée et descendue, irradie, dans l’incarnation, les beautés impalpables aux consciences objectives qui pourtant les pressentent.

À cette pente douce, abstenez-vous de glisser, vous pourriez chuter.

Mais doucement, que la beauté vous imprègne et que les nuances pastels, en conscience, vous portent à reconnaître le cœur ouvert qui en est catalyseur au monde des hommes.

Discernez ! Le cœur ouvert est une coupe universelle, cosmique, à laquelle des reflets lumineux emeraude-diamant prêtent une transluscence étincelante au fond qu’elle n’a pas, parce que cette lumière, sans frontière, ne limite rien, mais ouvre ses rayons sur l’espace pour en epouser mieux l’infini.

Le cœur ouvert est une invitation permanente au voyage intemporel d’une ame consciente de ses allers et retours aux cycles du temps de l’incarnation, aux groupes esotériques qu’elle ne quitte qu’en y demeurant.

À cette conscience souple que l’espace accueille, le corps physique est un instrument, un véhicule tout terrain arrimé, pour une durée limitée, au sol terrestre.

C’est au cours de cette durée donnée que se fait le gros travail prévu, ce service qui a fait couler tant d’encre, de balivernes, de malentendus et provoqué des logorrhées verbales à n’en plus finir.

Chacun y voit midi à sa porte, plus souvent fermée qu’ouverte et tous mettent dans le service ce qui les arrange sur le moment.

Seul, le cœur ouvert, dans sa mobilité se tourne vers le besoin et non vers la demande uniquement.

Faites bien la différence.

La demande peut concerner l’ego et le besoin n’est souvent pas connu des intéressés eux-mêmes.

La demande est fortuite, le besoin lui est fondamental.

C’est aux portes de l’essentiel que vous rencontrerez le cœur ouvert.

C’est là qu’il se tient, disponible en christ et riche de celui dont rien ne peut être dit.

Le diapason est un accord secret etabli par l’homme entre le rythme et le son.

La mesure qui s’y faufile garde, en ses limites, une reconnaissance systématique qui ne varie pas.

Le cœur ouvert est un accord secret etabli par christ entre l’homme et celui dont rien ne peut être dit.

L’harmonie qui s’en dégage, transmet, en son infinité, une connaissance qui se règle au diapason de l’homme, des hommes.

Entre le cœur ouvert et le diapason, une histoire de rythme s’installe mais toujours, l’homme en est le centre décideur.

Car c’est dans la chair que s’ouvre le cœur.

Christ a besoin de l’homme et c’est à ce dernier d’ouvrir son cœur à ce besoin.

Quand la neige étale son manteau, des saletés, parfois, peuvent en altérer la blancheur.

Le froid fait alors écran aux odeurs fétides qui pourraient s’en exhaler.

De même, le Maître en incarnation protège, parfois, le cœur ouvert, des pollutions environnantes en lui appliquant la distance propre au premier rayon.

La «froideur» en résultant est au cœur ouvert ce que le froid est aux odeurs fétides.

Au silence d’une voix qui expire, le souffle divin, invisible et muet, prend le relais, pour taire, au cœur ouvert, toute parole superflue.

C’est qu’en son ouverture, le cœur doit passer de l’incarnation à l’au-delà par le passage de la mort physique qui, en christ, n’est que résurrection et continuité en celui dont rien ne peut être dit.

Au terme de ce passage, les rives sacrées emeraude-diamant de Shamballa, comme un nouveau port au départ duquel le cœur ouvert ne garde qu’ouverture.

Délaissée, l’enveloppe charnelle doit s’effacer au sillage de celle qui suivra et dont l’ouverture du cœur est déjà prête.

C’est l’éternel retour, pour un temps dans l’espace, de ces sauveurs du monde qui vont se succéder de plus en plus au rythme de l’extériorisation de la hiérarchie.

Il y a dans l’accompagnement que vous aurez de la part du cœur ouvert, le respect total de votre indépendance.

Jamais il ne tentera de vous retenir ou de vous convaincre, de vous manipuler ou de vous contraindre.

Au cœur ouvert, le libre arbitre est sacré puisque c’est la clé de votre karma.

À cela aussi vous pourrez, facilement, reconnaître le cœur ouvert.

Et si vous choisissez de le suivre, vous ne le regretterez pas, nous serons proches de vous.

Dire oui au cœur ouvert, c’est dire oui à l’ouverture de son propre cœur.

Suivre le cœur ouvert, c’est entrer, par la grande porte de l’amour, dans son propre cœur.

La consécration au plan passe par là.

Le discernement n’est pas toujours facile, mais les énergies christiques du cœur ouvert vous aideront.

Si les vies ne vous sont pas comptées, c’est que, coûte que coûte, l’évolution se fait vers l’accomplissement, en christ.

Aux périodes de régressions apparentes, le tremplin des épreuves demeure, accessible.

Les ressorts en sont parfois trop tendus pour favoriser positivement les sauts.

Ces tensions viennent de vous.

Que la souplesse soit votre objectif en regard des réactions qui seront forcément les vôtres.

Plus vous vous connaîtrez plus vous vous détendrez.

Cela demande volonté, exigence envers soi-même et lucidité.

Mais vous y arriverez parce que nous sommes tous passés par là.

Cela devrait vous rassurer.

Le cœur ouvert s’épanouit à ces prix-là, pour chacun.

Mais la conscience de groupe y gagne en fermeté, en constance et en efficacité.

Si vous êtes concernés par l’humanité et l’évolution, il vaut mieux, dès maintenant, faire sur vous ces efforts qui, très vite, seront une pure joie.

Le cœur ouvert bénéficie d’un crédit constant auprès de celui dont rien ne peut être dit.

Ce crédit est investi continuellement pour et en vous.

Et pourtant grâce à lui, le cœur ouvert demeure un crédit permanent à vos débits les plus gros.

Si vous ne rétablissez pas l’équilibre, vous vous noierez aux énergies inextinguibles que vous soulevez.

N’abusez pas du crédit, augmentez votre capital.

La seule façon pour cela : donner.

Le cœur ouvert n’a pas de limite, le don est pour lui une constante en celui dont rien ne peut être dit, qui, ainsi, communique avec vous.

À la conscience en éveil et au cœur qui s’ouvre, tout est enseignement.

Lorsque nous parlons enseignement hiérarchique, n’y mettez aucune connotation de système ou de méthode.

Ces données sont destinées à accompagner l’évolution de l’homme, du disciple et du Maître.

Les parties extériorisées de l’enseignement par H.P.B.[20] et A.A.B.[21], aujourd’hui L.C.[22] , sont destinées à vous aider dans une démarche toujours empiriste et qui de toute façon se ferait.

Combien de fois n’avez-vous pas découvert rétrospectivement, et compris grâce à H.P.B. ou A.A.B. ou quelqu’un d’autre, ce qui vous etait arrivé, ce que vous aviez expérimenté? Tout ce qui se passe dans les univers ne pourrait être contenu dans aucun livre limité.

Des monceaux d’itinéraires évolutifs se vivent à tous les niveaux, sur tous les plans, par tout et tous.

L’enseignement hiérarchique n’est que l’accompagnement théorique d’une ou plusieurs expériences de l’homme par l’homme.

il y a des étonnements à ne pas avoir, des dangers à éviter, des epreuves à connaître pour plus de sécurité, des défaillances à admettre et à comprendre, des échecs prévisibles à surmonter, des chutes à éviter, des merveilles à vivre, des douleurs physiques normales liées aux centres et qui n’ont pas de conséquences physiologiques si elles sont prises en considération à temps pour ce qu’elles sont et rien de plus.

Il y a des opportunités à saisir, un travail à connaître sur soi et pour le monde, il y a tout cela et bien plus encore et c’est pour ça que l’enseignement hiérarchique est donné, pour aider et accompagner ce qui se fera de toute manière.

Il est dit et connu que la conscience est le tapis rouge que le cœur concerné déroule à la voie royale de l’évolution spirituelle.

C’est pour vous aider à bien dérouler le tapis, sans faux pli, qui pourrait vous faire chuter que nous livrons à vos frères en incarnation, ce que nous connaissons pour l’avoir vécu et dépassé.

Donc, s’il vous plaît, je vous demande de ne mettre aucune méthode ou aucun système dans ce qui est livré en général par vos frères aînés de l’ashram du christ, la hiérarchie.

En observant bon nombre de disciples pleins de bonne volonté aujourd’hui, nous, membres de l’ashram du christ, constatons 1’écueil de la dernière phase donnée par A.A.B.

Il nous fallait avancer sur le plan mental, nécessairement, pour l’évolution.

C’était le moment.

Mais en voyant ce que certains ont fait de cet enseignement, nous déplorons d’avoir alimenté ainsi cet instrument superbe qu’est le mental, au point de le voir devenir une machine infernale qui broie ceux qui ont systématisé les enseignements d’A.A.B.

Et il y en a trop.

Les récupérateurs de l’enseignement font beaucoup de mal en dégageant système et méthode là où il ne doit pas y en avoir.

Les dirigeants d’arcane auront-ils cette sagesse? Vous les reconnaîtrez à la petite phrase : « le tibétain a dit que… », Ou « A.A.B. a dit que… » Plus rarement, ceux-là n’ont pas compris la fluidité indispensable à la vie de l’enseignement qui n’a de raison d’être qu’en découverte constante.

Ceux-là attendent, en eux, que se passe ce qu’a dit le tibétain.

Ceux-là sont dans l’illusion; ceux-là cristallisent au mental un enseignement mental pourtant indispensable et sur lequel beaucoup encore, la majorité, doivent travailler.

Qu’ils soient, ici, mis en garde.

Cledam est chargée de communiquer cette phase de l’enseignement consacrée au cœur, à l’intuition, aux disciples et aux Maîtres en incarnation.

Vous le savez, je l’ai mentionné, les Maîtres continuent d’évoluer et les initiés en place, de tous degrés, jusqu’au 6e sont en incarnation pour mieux démontrer par leur vie de service que les énergies christiques sont disponibles à l’humanité toute entière.

Mais sur les plans intérieurs, la hiérarchie a d’autres travaux, d’autres impératifs en relation avec les univers et l’au-delà Shamballa, qui ne vous concernent pas actuellement sur terre.

Ces parties du travail ne sont donc qu’évoquées, de manière à ne pas alimenter en vous des imaginations passives et stériles dont le mental est friand et qui ne servent à rien.

Notre propos est l’ouverture du cœur, avec tout ce que cela demande de violence en regard de l’ego.

Bien sûr l’ego vit cela comme une violence mais l’amour et le premier rayon en synthèse, amènent de si fortes énergies que les réactions sont normales et bien humaines.

Il fallait ici mettre le point sur cet enseignement et sa note mobile et fluide d’accompagnement et non de méthode, système ou dogme ! ! Les disciples à œillères mentales, trop systématiques, ont dégoûté bon nombre de personnes ouvertes de l’enseignement hiérarchique.

C’est vraiment dommage.

Que le cœur ouvert qui s’exprime ici en regard de tous soit entendu par les cœurs et touche les consciences afin de dépoussiérer la mauvaise note, fausse, donnée par certains à propos de la continuité précédente de l’enseignement hiérarchique.

Toutes les épreuves passées ou présentes que connaît le cœur ouvert sont à la mesure de son ouverture.

C’est vertigineux ! Mais l’épreuve, pour lui, n’a pas le même sens que pour vous.

C’est qu’il ne les vit plus dans l’ego, et cela change tout.

La vapeur énergétique ayant renversé les flèches des forces antagonistes, la vie une prime sur l’épreuve et l’harmonie demeure stable dans la douleur du corps physique, inévitable.

Le cœur ouvert est un cœur humain ayant accouché de sa divinité, en christ.

Et croyez-moi, l’accouchement sans douleur n’existe pas! Récupérée par le mental, la conscience peut tenter de se suffire à elle-même.

Figée dans l’objectivité elle devient elle-même l’objet de toutes les justifications explicatives chères à l’analyse.

À ces consciences-là, l’éveil absent a été abruti par les réveils qui ne sont, chaque matin, que retour de l’oubli par le refus.

Seul le premier rayon sorti d’un cœur ouvert cassera cet abrutissement, sans l’usage de la volonté personnelle, avec amour et naturellement.

Et plus dur en sera l’impact destructeur positif.

En prenant le temps d’aimer vous vous donnez le temps de voir, pourvu que l’amour, tel un faisceau lumineux, soit dirigé vers les autres et non vers vous-mêmes.

Quotidiennement, des poubelles d’oripeaux mentaux se déversent au cœur qui n’est qu’ouverture.

À ces pénibles assauts, le Maître en incarnation fait face, sur le plan de l’expérience [23], vous le savez.

Mais, vous, avez-vous idée de ce que cette pollution représente pour ses véhicules purifiés? Accompagnez de votre compréhension ce travail terrible auquel le cœur ouvert ne peut ni se fermer ni se protéger.

L’ouverture totale du cœur est pour l’homme-christ le pas humain ultime sur lequel il ne peut, en aucun cas et d’aucune façon, revenir.

l’ouverture du cœur, décisive pour le Maître n’est plus qu’ouverture avec tout ce que cela comporte d’inconvénients liés aux autres et à l’environnement et de sublime en celui dont rien ne peut être dit sur, et par delà les rives sacrées emeraude-diamant de Shamballa.

Quel programme, quelle responsabilité, quel amour!! Il y a des joies qui se dépêchent et des fuites qui s’accélèrent, des unes aux autres, le temps de l’inconscience s’étale à la durée de l’aveuglement et dans les pires de ces cas-là, les joies ne sont que fuites.

Alors, où prendre le temps d’arrêter le faite et d’examiner les joies? Au silence de dieu, dans le cœur, quelle qu’en soit l’ouverture du moment, quel que soit le moment, c’est toujours le bon, ici et maintenant.

Un jour, peut-être, vous assisterez à l’éclat transparent d’un travail de conscience à conscience sur les plans subtils, c’est un privilège d’y voir le cœur ouvert à l’œuvre.

Mais auparavant il faut amorcer l’ouverture de votre propre cœur.

Et l’ouverture concerne chacune des secondes de la durée de votre vie dans l’incarnation.

C’est là, et là seulement que s’ouvre le cœur, même s’il profite du travail accompli, en conscience, entre deux incarnations.

C’est, sur terre, comme le Maître jésus l’a fait, que l’ouverture du cœur doit être accomplie.

Dans l’acte sexuel, beaucoup d’énergies et de forces entrent en jeu.

À ce jeu, n’excluez jamais l’amour.

Même s’il n’est encore qu’un sentiment, c’est le filet magique de la transformation du cœur.

Dans toute énergie, la substance de christ, dans toute force, la substance de l’ego.

Mélangées d’une manière anarchique par l’émotionnel et le mental, elles donnent la passion souvent destructrice de l’amour, déformé.

Discernées elles amorcent la connaissance de soi.

Purifiées et connues, elles se transforment en amour humain sentiment.

Synthétisées en l’homme-christ elles sont amour en celui dont rien ne peut être dit, qui s’exprime sur tous les plans, physique et subtils.

Aimer ainsi libère un magnétisme dont christ est l’aimant initiateur inoubliable.

Un amour vécu ainsi permet une expansion évolutive qui compte au crédit de l’homme, la femme-christ, ainsi qu’au débit du partenaire que ce dernier peut alors transformer en crédit, mais le fera-t-il? Cela est valable pour l’amitié qui a la même source d’amour, ce que peu d’entre vous comprennent.

C’est en christ que vous vous libérerez.

En christ, sur terre.

Le passage de la mort physique ne vous libère que du joug de la substance matérielle, mais non de vous-même.

Et ceci est très important.

Le but de l’incarnation est le cœur ouvert.

Ensuite l’évolution se poursuit pour les uns et les autres, en et hors incarnation mais une partie du trajet s’effectue dans la substance matérielle afin d’en expurger les miasmes de l’ego pour permettre l’incarnation de christ au cœur ouvert.

Dans la caricature d’une journée insolite où rien ne va, seul le recul qui permet à l’humour de percer est positif.

Prenez ce recul et riez de vous-mêmes, et ce, au sein des épreuves qui vous semblent les plus difficiles.

Si elles vous concernent, si elles touchent votre cœur, alors ce recul est possible vis-à-vis de vous-mêmes et le rire peut en devenir l’exutoire.

Il y a des drames dans la vie, ils sont souvent où vous ne les voyez pas.

Et vous avez, en vous, la possibilité de tout dédramatiser.

Le cœur ouvert est en permanence dans cet état acquis en christ.

Dans les signes que vous ne manquerez pas de trouver de-ci de-là sur le chemin, puisez la force de poursuivre l’ouverture du cœur.

Tout ce qui se passe en vous a plusieurs lectures, sur plusieurs plans et le plan physique est le réceptacle de ces non-hasards qui contribuent à l’éveil de la conscience.

Mais attention! N’autorisez pas le mental à faire de tout et n’importe quoi, un signe.

Ce serait une erreur.

Jung, ce grand praticien, a bien nommé la «synchronisiez».

Il y a beaucoup à apprendre des signes dont je vous parle.

Ne vous départissez jamais du discernement.

À la lumière intuitionnelle du cœur, développez-le jusqu’à ce qu’en votre cœur ouvert, un jour, il soit devenu un état sans conteste.

 

Des signes

 

Aux pouvoirs occultes qui régissent l’incarnation dans la matière des plus beaux projets de l’âme, hié­rarchiques ou de Shamballa, en celui dont rien ne peut être dit, s’ajoute parfois ce qui, sans être sou­haité, attendu ou prévu, est positif et facilite ce ser­vice que chaque membre de la hiérarchie est venu accomplir.

Lorsque la magie intérieure est active parce que l’état de magie est acquis, alors tout va se poser dans l’incarnation en fonction du service et le Maître qui n’a plus aucun désir, plus aucune envie personnels trouve à sa disposition ce qui va contribuer à amé­liorer, soulager, activer ou alléger le service.

Bien sûr il en sera l’heureux bénéficiaire sur le plan humain mais ce n’est pas ce qui compte pour lui.

Seul le service est en cause et en priorité et tout, absolument tout est fait et pris en fonction et uniquement de la priorité du service.

Lorsque les avantages et apparences de privilèges sont ainsi vécus, la nécessité remplit le besoin dont toute notion psychologique en ses résidus pour­rait provoquer l’envie.

La façon de vivre devient un prolongement de la vie sur les plans subtils et l’intériorité ici n’est plus en cause, dépassée depuis longtemps, seule la ligne directe, monadique et en Shamballa s’exprime, s’in­carne, et le processus véhiculaire du Maître n’est plus qu’une succession de moyens dont les outils constamment opérationnels sont passés au-dessous du seuil de la conscience.

Cet état de magie, vécu vingt-quatre heures sur vingt-quatre, sur tous les plans, indique des actions totalement justes qui provoquent la réponse au be­soin rencontré. Besoin qui est immédiatement et in­stantanément pris en compte par la globalité d’un processus énergétique bien rôdé dont le Maître n’at­tend rien mais dont II est le catalyseur, l’officiant et le bénéficiaire pour et dans le service.

Pouvez-vous imaginer une seconde l’état de ma­gie instantané et constant qui accompagne la vie du Maître en charge d’une partie importante du puzzle que représentent en leur totalité les charges dans l’incarnation de l’Extériorisation de la Hiérarchie? Il sera difficile à chaque disciple de ne pas voir des signes surnaturels à certains faits précis dont ils se­ront les témoins, tant les disciples ont tendance à se sentir ou à se croire, avec beaucoup de complaisance, les bénéficiaires un peu «paraélitistes» d’une puis­sance qu’ils se plaisent à penser très intéressée par leur petite personne. Ceci est absolument ridicule ! et il serait temps de remettre les pendules des uns et des autres à l’heure. Chacun n’est important que dans la mesure où il est fiable et opérationnel pour un service de plus en plus efficace.

Quant aux membres de la Hiérarchie reliés à Shamballa par une conscience de sixième degré opé­rationnelle dans l’incarnation, ils seront amenés à agir en toute conscience d’une part et bien sûr, de même, leur entourage proche sera surpris par cer­taines manifestations qui sembleront hors du commun, extraordinaires ou étonnantes et ne seront qu’application simple aux choses de l’incarnation d’un état de magie dont Nous parlons dans «Unité de Synthèse et Magie Divine»[24].

Les disciples doivent arrêter de toujours croire qu’il leur arrive des choses exceptionnelles alors qu’ils passent leur temps à être en revendication constante et à toujours réclamer ce qui leur paraît être un dû et n’est finalement que conflit intérieur à résoudre. Je demande à tous de ne pas lire les signes en fonction de vos petites personnes mais en regard de ce qu’il vous reste à apprendre. Si vous avez l’op­portunité de côtoyer un cœur ouvert, des signes mul­tiples vous seront donnés et dans cette profusion il faudra tenter d’y voir clair, ce ne sera pas aussi facile que vous pouvez l’imaginer parce que l’ego tente tou­jours de tirer à lui une couverture commode qui rend le regard inopérant et la lecture des signes un peu embrouillée. Même si vous mettez beaucoup d’humi­lité et que vous enterriez le conflit intérieur à la hache de guerre de déchirements personnels dont vous rejetez bien souvent la cause sur les autres.

A ces signes qu’il faudra comprendre ne vous at­tardez pas d’un ego ravi et d’un caractère revendica­teur en attente ou en espérance un peu folle tentée de croire que Nous nous occupons de ces choses mes­quines qui vous préoccupent parfois tant que vous en perdez toute notion, objectivement, de réalité.

Il est si inhabituel pour vous de vous rendre à une évidence invisible ! Il est si surprenant pour vous de vous remettre en question avec humilité, et sans rien dire, au silence de Dieu, de revoir ce que vous laissez de miasmes vous envahir et d’engager votre entière lucidité ou du moins ce que vous pouvez de ce discernement dont en fait rien ne devrait vous détourner. Il y a dans chaque vie tant de choses à comprendre avant d’avoir pu solder le karma exis­tant que vous devriez, aidés par ces signes divins qui s’incarnent dans la matière, revoir, réviser, remédier à certaines habitudes qui ne font qu’engendrer un peu plus d’ego en le faisant vibrer. Ne vibrez plus à tout cela, tentez, comme exercice, de prendre ce qui vient comme un mouvement de la vie qui vous est destiné. Pourquoi est-ce ainsi? A quoi cela sert-il en un premier temps? A qui cela sera-t-il utile en un second temps? au lieu de sauter sur les apparences que vous en saisissez immédiatement parce que vous ramenez tout de suite, instinctivement à vous ce que vous vivez, comme ce dont vous êtes les simples té­moins. Pourquoi? Parce que vous êtes bien plus axés sur ce qui vous arrive en vous demandant pourquoi et à quel point cela va vous servir plutôt que de vous demander si par hasard quelque chose de vous ou des autres vous échappe et ce que c’est.

La propension que vous avez tous à vous extasier sur des flagrances vous remettant en cause, alors que vous les prenez pour des opportunités cadrant avec vos propres désirs, faisant coller coûte que coûte des signes extrêmement instructifs à ce que vous souhaitez inconsciemment récupérer pour vous même, à votre avantage, est tout simplement époustouflante !

Il serait temps d’avoir l’humilité de regarder l’autre, surtout lorsque c’est un cœur ouvert, comme le miroir catalyseur toujours gênant de vos propres exactions à réviser, à effacer après les avoir re­connues.

Mais, dites-Moi, où sont vos reconnaissances si­non mal placées, en rapport uniquement avec vous et ce que vous supposez être vous? Il y a une longue distance, un vaste fossé entre ce que vous voudriez être et ce que vous êtes effectivement et qui est sou­vent teinté de plusieurs onces d’inconscientes fa­cettes comme la vanité, le besoin de plaire et d’être aimé et autres distorsions psychologiques dont il faut se débarrasser au plus vite.

A ces excuses que vous vous donnez sans cesse, à ces mirages, à ces illusions auxquelles vous vous accrochez pour demeurer le plus stable possible, à tout ce que vous avez et qui vous encombre, sur tous les plans, à tout cela apportez le regard clair des jours sans ombre où le soleil comme un laser en ses rayons plus que lumineux vaporise en vos cœurs un écran blanc de lucidité où tout peut se voir, où vous pouvez tout déchiffrer de vous-même, aussi sûre­ment que cela existe et doit être pris en compte une bonne fois pour toutes de manière à comprendre d’une vie et d’un karma ce qui doit en être compris et réglé.

Dans l’immensité du travail à accomplir, y-a-t-il des réseaux de pensées à éviter, des groupes de gens auxquels ne pas adhérer, des villes où ne pas aller, des voies, comme des signes, à suivre? Il faut arriver à décoder ce qui est donné de témoignages de vie de manière à ce que la conscience ne reste pas fermée sur elle-même.

Lorsque le temps se mêle d’opportunités, elles ne sont pas là où vous les croyez. Ne soyez pas aveuglés par vous-mêmes mais tournez les signes jusqu’à ce qu’ils vous apparaissent comme peu flatteurs pour vous-mêmes et examinez-les en ce sens aussi, c’est peut-être le bon.

Aux manques que vous risquez de découvrir, ne vous évadez pas vers des justifications qui n’en sont pas.

Accepter de n’être pas, c’est déjà être et dans ce timide début qui ne s’aime pas de vraiment exister, vous allez peut-être rencontrer les faces gênantes de vos dimensions corruptibles, de vos limites indéfi­nies.

Et pour cela les réalités de ces signes que vous ne comprenez pas encore sont indispensables comme le sont les signes de ces réalités que vous occultez par peur de les affronter.

Lorsque le temps viendra où les signes magiques vous seront dévoilés comme une chance de plus pour travailler sur vous, ne les mésinterprétez pas. Pour cela, vivez votre regard tourné vers le Maître en in­carnation comme l’écran magique de vos plus belles richesses. Ces dernières sont en vous, le cœur ouvert les connaît ainsi que vos handicaps à y accéder et que vos peurs à en dépasser. C’est pourquoi, large­ment il ouvrira d’une conscience imperceptible en­core pour vous, les portes les plus étroites de vos rebellions, prenant sur lui ce qui vous échappe afin que la lumière ainsi incarnée et accessible libère, et afin que les notes intérieures de vos possibilités de service s’accordent en vous au meilleur, à la paix retrouvée d’un service efficace.

Soyez les monstres sereins des changements les plus radicaux en vous et quittant l’aube pour n’en retenir que la lumière, puissent tous vos travaux, tous vos déplacements s’harmoniser à la conscience du groupe global dont vous devenez ainsi un élément globalisateur et globalisé.

Vous qui tenez vos priorités, ne vous y tenez pas, avancez.

Au temps qui déroule ses opportunités, offrez les plus belles de toutes : votre disponibilité totale. Et servez.

Avant la résorption totale du karma, savoir lire ce qui vous arrive au jour le jour est aussi important que d’avoir ensuite à ne plus engendrer de karma, mais tout cela se pose et se vit très facilement lors­que le moment est venu, une sorte d’automatisme auquel les efforts ne sont plus nécessaires mais dé­passés. Devenus inutiles ils ne sont plus car l’état pour vous est dissocié de l’avoir, ce qui vous porte directement à une synthèse dont se gaussent alors ceux à qui elle échappe.

Les signes lus correctement sont une des ap­proches synthétiques que vous pouvez avoir consciemment, dès à présent.

Attelez vos corps à ce travail et

Au mieux,

Servez.

J’ai dit!

 

L’incarnation est à l’homme un calice à remplir de son sang.

Chaque goutte étant une alchimie intérieure purifiée à la vie une, dont elle est issue.

Quand le calice est plein, le cœur est ouvert.

Le rouge qui reste à l’ouverture de ce cœur réalisé en Christ, n’est plus et n’a plus que l’impact du laser caractéristique du premier rayon à l’œuvre.

Synthétique, le cœur ouvert est à même de la volonté de puissance du rayon un de mon ashram, comme moyen, outil premier en conscience de celui dont rien ne peut être dit.

Les cristaux du mental tomberont en pluie dans l’espace pourfendu par la pourpre du rayon un.

Brisé en lui-même, le mental qui aura rempli sa mission laissera la place à l’ouverture du cœur où seule sa lumière imparable d’outil bien rôdé  pourra encore s’exercer au maniement des mots dans une logique respiritualisée qui n’aura de justesse que la connaissance en celui dont rien ne peut être dit.

De concepts en missions accomplies, les outils à disposition de l’humain tomberont un à un dans l’ouverture gigantesque du cœur en Christ.

Là, en unité d’espace et de temps, en synthèse d’amour et de puissance, dans les subtilités des qualités divines à l’œuvre, l’homme, (la femme-Christ) respire du souffle de la vie une et énonce les notes du verbe même comme autant de mots dont seule l’énergie Christique porte aux cœurs le sublime message d’amour.

Comme en technologie, des outils plus perfectionnés sont donnés au cœur ouvert, qu’il faudra utiliser jusqu’à la phase suivante  et ainsi de suite.

Nous l’avons vu ensemble, il en est de même pour l’enseignement.

Parce que l’évolution est un ruban déroulé aux potentialités divines de chacun qui embellit de ses arabesques la conscience de groupe et la soulève de créativité harmonieuse dont le cœur ouvert, sur terre, prend la responsabilité.

À tant de beauté vous êtes confondus par l’extériorisation de la hiérarchie en cours.

Ne lâchez pas vos outils, ne gâchez pas la durée, et quand viendra le moment, n’hésitez pas à changer d’outils.

Le cœur ouvert les connaît tous, les emploie tous et pourtant peut s’en passer.

Parce que Christ, en lui, est tout puissant.

La poésie est un chant humain par lequel les cœurs les plus fermés sont susceptibles d’être touchés.

Lorsque la poésie est émise par un cœur ouvert en puissance de groupe global, son impact est au cœur une pression forte qui fait jaillir une goutte de ce sang de vie nécessaire au calice.

Bien entendu c’est la résistance du cœur fermé qui provoque la pression.

Le cœur ouvert ne peut pas faire pression mais les énergies émises par l’ouverture sont fulgurantes.

Elles ne manquent jamais le point précis qui doit être touché.

Dans ce que vous appelez une supernova, l’étoile qui s’atomise restitue au cosmos jusqu’au moindre atome, amorçant ainsi au chaos de sa destruction le pas, le stade qui atteste l’intention divine du nouvel équilibre qui va suivre.

Cette explosion est si lumineuse  qu’elle embrase l’espace comme un baiser brûlant sur la joue lisse de l’infinité dont la question, pour vous, est remise à l’ordre du jour.

Dans ce tout petit atome, l’un des tous premiers moyens d’expression de la matière, résident l’ordre et le chaos, la liberté et l’harmonie d’une intention toute divine qui tout en dépassant l’homme, guide son intuition, la stimule et l’accueille au sein de ces merveilles admirablement cohérentes qui sont au cerveau humain, à son intelligence, autant de points d’interrogations plaqués sur les grandes surfaces de l’hypothèse.

La science mène à celui dont rien ne peut être dit.

Face aux mystères de la vie une, le scientifique, qu’il trouve ou qu’il ne trouve pas, là n’est pas la question, le scientifique est en état d’étonnement émerveillé constant.

Bien sûr son mental s’obstine et  c’est positif.

Mais ce n’est pas la grande porte du mystère.

Cette porte-là, encore et toujours, c’est le cœur.

À tout scientifique, le cœur ouvert, sera la voie royale de la recherche.

En Christ, les mystères ne sont plus que clés menant à celui dont rien ne peut être dit, par delà les rives sacrées de Shamballa.

Aux scientifiques, je m’associe avec tous les ashrams pour suggérer ce travail sur soi qui mène à l’ouverture du cœur.

Il vous faut y éveiller les consciences.

Tous les domaines de la recherche humaine ont besoin de ces cœurs ouverts afin de savoir, de connaître et de transmettre.

La science vous a étonné, elle vous mènera vers celui dont rien ne peut être dit, aussi sûrement que Jésus-Christ a foulé le sol terrestre et  qu’aujourd’hui homme, femme-Christ sont à vos côtés.

La science est une voie évolutive royale qui, alliée au cœur, mènera à celui dont rien ne peut être dit.

Alors ne me faites pas dire ce que je n’ai pas dit ; comme souvent, les techniques, les découvertes demandent un mental précis, une intelligence concrète, c’est sûr.

Mais le cœur ne peut en être exclu, comme c’est trop souvent le cas.

Cela revient aussi à dire que science sans conscience n’est que mort de l’âme et du cœur.

Et vous le savez bien.

Si la pluie d’étoiles que perçoit votre cœur aux moments les plus scintillants du bien-être intérieur, pouvait avoir, en vous, les répercussions d’une supernova dans le cosmos, instantanément, en vous, dans les moments difficiles de l’épreuve, l’équilibre naîtrait du chaos par perception et connaissance  directe de l’intention divine.

Mais, hélas, l’ego est alors trop occupé à analyser, d’un mental acide, les tiraillements qui bousculent ses trois reflets.

Dans le bien-être ou l’épreuve, gardez au cœur la pluie d’étoiles comme une clé pour son ouverture parce que chaque atome de sa lumière y est un potentiel Christique.

Où que vous soyez, soyez-y au présent.

Ainsi ancré dans l’éternel présent, vous y serez aussi fluide et aussi puissant que l’énergie divine en son mouvement constant.

Si la plage de votre âme livrait ses secrets d’un seul coup, la marée de votre cœur vous submergerait jusqu’à la noyade.

Il faut gérer les énergies en fonction de l’ouverture du cœur afin que  les unes et l’autre ne soient, en aucun cas, lésées.

Aux saintes folies que vous adorez, le mental prête des auréoles.

Que le cœur, par son ouverture, y substitue l’authenticité de la spontanéité.

Il y a une différence à laquelle je vous demande réflexion.

L’usurpation, la manipulation sont des «trucs» du mental pour se faire valoir.

Quand l’ego s’y complaît, le cœur en souffre, parfois.

Si c’est le cas, l’amorce de son ouverture n’est pas éloignée prenez le temps d’accélérer le processus d’ouverture, en conscience.

être le temps et l’espace, l’heure et la vague, le ciel, les étoiles, leur pluie de lumière et l’autre, en son cœur, voilà ce que vit, entre autres choses, le cœur ouvert.

Et sur terre, croyez-moi, ce n’est pas aisé! C’est que l’ouverture du cœur contient, inclusivement, tout cela et plus, sans limite.

C’est pourquoi, sur terre et sur les plans émotionnel et mental, des détritus inévitables en font partie.

Dire que le cœur ouvert n’est que joie et amour, au stade où est arrivé ce livre est un cliché, mais c’est le mental qui fait des clichés.

Alors, pouvez-vous comprendre cette joie, cet amour, avec votre cœur? Ils résident dans l’ouverture absolue du cœur, en Christ.

Dans les espaces verts que vous traversez, respirez l’aura vibratoire des dévas protecteurs.

Ils sont à l’espace, les gardiens des couleurs organisées du temps, et les parfums qui se dégagent de la nature témoignent de  leur efficacité.

Le cœur ouvert assimile le prâna et le diffuse aux besoins de ses proches, de vous tous, quand son état général est en manque, le cœur ouvert est en contact avec les dévas, qui l’assistent aussi.

La feuille a des pigmentations que la peau ne retient pas et inversement.

C’est que chaque expression ponctuelle de la vie une a sa raison d’être dont seule l’intention divine connaît la clé.

L’homme trouve peu à peu ces clés, encore faut-il qu’il ne s’en serve pas pour ouvrir les mauvaises portes, il y en a ! À chaque clé trouvée, le divin doit répondre par le cœur.

Un corps de danseur est souple, un corps de félin aussi.

Dans les deux cas la colonne vertébrale est prépondérante.

Quelle que soit la souplesse, sa fermeté est à toute  épreuve.

Chez l’homme, plus les centres sont ouverts et coordonnés, plus elle a une clarté de cristal, plus elle est vulnérable.

Intégrez à la souplesse mobile des véhicules, la fermeté imparable du rayon un.

Et sous ma bannière, œuvrez, œuvrons ensemble.

Quand la solitude pèse c’est que le cœur n’est pas ouvert.

L’ouverture du cœur est à elle seule, l’androgynat divin où les polarités plus et moins, masculines – féminines, en parfait équilibre, se suffisent à elles-mêmes.

Mais cela ne veut pas dire que le cœur ouvert n’ait jamais de conjoint ou de compagnon, compagne, simplement, il peut s’en passer, ce n’est un problème ni d’être avec ni de n’être pas.

Le seul impératif à remplir est l’harmonie à deux, autrement c’est trop pénible aux  véhicules du cœur ouvert dont le service pourrait souffrir.

C’est pourquoi, souvent le cœur ouvert n’a pas d’autre choix que la solitude puisque sa priorité est au service du divin.

Mais la vie de couple fait partie de l’extériorisation de la hiérarchie, quand elle est possible.

Elle ne doit pas être un handicap, c’est tout.

Dites le cœur ouvert et ce que vous en savez autour de vous.

Que tout, tous baignent aux forces d’aspiration que connaît votre cœur.

Tendez vers cette ouverture du cœur, Christ doit s’exprimer en vous, par vous, pour tous.

À l’extériorisation de la hiérarchie apportez toute votre aide, nous avons besoin de tous pour œuvrer.

Vous êtes les bienvenus.

J’ai dit! Être dans le monde sans être du monde tout à fait, être au monde sans restriction, est  au cœur ouvert une vraie joie mais des conséquences, pénibles, altèrent sur le plan physique le véhicule qui les subit.

Pénibles? Oui.

La prudence est de mise au cœur ouvert qui doit doser ses apparitions avec parcimonie de manière à ne pas mettre en péril l’essentiel.

Des erreurs sont faites, forcément, mais de moins en moins au fur et à mesure que le cœur ouvert gagne en expérience, ce qui se fait en servant, sans retenue.

Avec la durée qui s’écoule, le cœur ouvert se place énergétiquement dans l’équilibre requis et de par sa position dans le monde, y participe pleinement tout en mobilisant sa solitude au service permanent des autres plans.

Donner au cœur la priorité c’est gommer sans cesse les fioritures qui encombrent l’essentiel.

Elles sont gommées au cœur ouvert, depuis longtemps mais  dans une balance sans cesse renouvelée sur le plan physique, le cœur ouvert doit sans cesse gommer à l’environnement ce qu’il ne peut éviter.

Il s’agit là d’une adaptation constante qui fait du cœur ouvert un équilibriste des énergies dangereuses sur le fil tendu de l’incarnation qu’il parcourt en tous sens, ainsi qu’un funambule de tailleurs au service de l’ici et maintenant, de tous, quels qu’ils soient.

La maîtrise est à l’incarnation un exercice périlleux auquel le cœur ouvert s’est préparé en vue de l’extériorisation de la hiérarchie présente.

Au groupe global, avec le cœur ouvert, soyez présents, au groupe ésotérique, avec le cœur ouvert, soyez attentifs, avec le groupe exotérique, avec le cœur ouvert, soyez fermes et inébranlables en  votre détermination à servir.

Ensemble, œuvrons.

Il y a dans vos nuits sur le plan physique des rencontres marquantes à l’âme, qui troublent le cœur en éveillant la conscience.

Aux salles de la sagesse qui accueillent le groupe ésotérique, nous communiquons les réponses individuelles aux besoins collectifs de l’humanité.

Dans la conscience de groupe ainsi formée, l’individu devient créatif en ses spécificités tandis que le groupe l’assiste.

Le cœur ouvert, sur terre, est un pôle ambivalent qui amorce et crée, assiste et donne.

Les atouts de chacun sont décuplés par le tronc commun qu’il représente en celui dont rien ne peut être dit, des rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa, le cœur ouvert est l’émissaire et la conscience de groupe en est  activée, en chacun, pour le bien du plus grand nombre.

Notez ici la beauté synthétique et synthétisante qui donne à la conscience de groupe l’apport individuel essentiel à son bon fonctionnement sur terre.

C’est pourquoi les discussions et polémiques qui agitent les groupes « nouvel âge» sont nuls et non avenus, nous l’avons dit.

Chaque décision du groupe exotérique est «posée» par le groupe global en sa synthèse ésotérique – exotérique, aux énergies Christiques que canalise le cœur ouvert responsable sur le plan physique.

Ressentez-vous, en votre cœur, la beauté de cette synthèse à l’œuvre?! Toutes les voies spirituelles sont bonnes, si elles contribuent à l’ouverture du cœur.

Tout ce qui est trop rigide est à bannir quelle qu’en soit l’origine.

La seule origine, le seul but étant l’amour, au sens plein de sa neutralité énergétique, il vous  appartient, à chacun, d’en trouver le meilleur accès.

L’auto-discipline peut être très utile si elle n’est pas axée sur une trop grande rigidité en regard de ce qu’il faut faire ou pas.

Ne soyez pas traîtres avec l’esprit qui souffle en vous.

A le canaliser d’une manière systématique, vous ne faites que l’emprisonner au mental et vous allez donc à l’encontre et non pas à la rencontre de l’essentiel.

Observez le cœur ouvert, sa mobilité est grande ainsi que sa rigueur.

Mais la rigidité lui est totalement etrangère.

Apprenez de sa souplesse en œuvrant à ses côtés.

S’il est vrai que l’union fait la force, c’est l’unité qui fait l’énergie.

Parce que l’unité est une petite synthèse individuelle au sein de la synthèse.

Lorsque l’unité est atteinte, en soi, en la reconnaissant chez l’autre, vous la  fortifiez.

Et c’est ainsi que naît la conscience de groupe.

C’est pourquoi les groupes «new âge» et leur fonctionnement exotérique sur lequel on a beaucoup insisté, ne sont pas même le reflet de ce qu’est le groupe exotérique du groupe global.

Si vous y prêtez attention, vous observerez que la raison évidente en est l’absence d’un cœur ouvert.

L’aimant du cœur ouvert attire, bien sûr, mais le bon fonctionnement du groupe dont il est le pivot sur le plan physique, ne peut se passer de lui.

A tous ces groupes «new âge», reconnaissez l’aspiration, la bonne volonté, le désir de s’améliorer, ce qui est bon en soi mais pas suffisant pour un groupe global auquel le cœur ouvert est indispensable.

Le groupe global est le groupe-clé de l’extériorisation de la hiérarchie, ses débuts exotériques seront restreints, en un premier temps, puisque le cœur ouvert doit en être le  pilier.

Discernez dans l’amour, œuvrez dans la force de l’ashram et que les énergies Christiques vous soutiennent dans la trajectoire hiérarchique.

Dans la hâte boulimique de savoir de plus en plus de choses, le mental enragé entretient la famine d’un cœur fermé qui aspire.

L’aspiration doit être centrée sur le cœur.

L’avidité spirituelle n’est trop souvent qu’une façon de nourrir le mental qui hélas affame le cœur.

Centré sur le cœur, ouvrez-vous en un premier temps au silence de dieu.

En faisant ainsi taire le mental, vous donnez une chance aux énergies Christiques d’affluer et de faire, en vous, un passage salutaire à l’expression de Christ.

L’enthousiasme, quel que soit sa direction, est toujours un  elan vers dieu.

Soyez enthousiaste et servez ! Il y a des joies qui s’immortalisent et des soucis qui se schématisent et inversement.

À ces instants fugitifs inscrits à la durée, le temps efface les défaillances et les sommets jusqu’à niveler, au cœur même des souvenirs les sensations qui s’estompent.

Dans ces circonvolutions emotionnelles, le cœur est silencieux, et son ouverture se dessine tandis que des forces mouvantes en bloquent un peu le seuil.

le cœur ouvert est la somme oubliée des pus durs moments de l’histoire d’un homme qui se détermine aux chapitres de plusieurs vies dont les trajets, inconnus à la conscience objective, sont gravés par les énergies vivaces de l’âme aux cœurs humains qui s’y succèdent.

Sous l’effet anesthésiant de chaque naissance, le fil, tendu par l’âme retient au cœur du moment l’ouverture déjà acquise, afin d’en  forcer un peu plus l’entrée.

Depuis la nuit des temps, les cœurs s’ouvrent ainsi au cours des vies, mais aujourd’hui, l’extériorisation de la hiérarchie permet l’incarnation de cette ouverture absolue, totale que depuis le Maître jésus, on appelle Christ, en l’homme.

L’adaptation qui en résulte est un formidable transfert énergétique, vécu par l’homme, comme une douleur physique puisque chaque cellule, concernée, prend sa part du processus d’intégration Christique.

Le cœur ouvert est un pionnier du Christ qui permet la prise de conscience du groupe que symbolisent, auprès du Maître jésus, les douze apôtres.

Et il a fallu plus de 2000 ans pour que la conscience de groupe s’ouvre à son tour au cœur ouvert, reconnaissant, dans l’incarnation, le lieu de service, et au corps de l’homme, la femme-Christ, le temple qui abrite l’impulsion energétique de la source Christique,  celui dont rien ne peut être dit.

Indépendant du temps et soumis à l’effort que demande l’épreuve, l’homme, en quête de lui-même, va trouver ces énergies magnifiques qui font de lui, à l’exemple de Christ, un cœur ouvert à l’œuvre.

Quand l’ouverture s’accroît aux incarnations qui se suivent, les monstres révélés de l’ego se taisent au gouffre qui les engloutit.

A chaque incarnation, un ego différent qui doit livrer à son tour, les monstres révélés, laissant au cœur son espace de réalité.

De cet espace, l’ouverture a besoin, pour donner à Christ le berceau terrien, humain, de ses énergies les plus belles.

Le cœur ouvert est la plaque tournante de la réalité Christique.

Quand sur terre, l’homme est capable de s’expatrier en  Christ, il se rapatrie alors en celui dont rien ne peut être dit, par les rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa.

Et nous vous assistons dans ce voyage, d’une conscience de groupe efficace dont seul le cœur a l’éveil, que seul le cœur peut faire.

Quand les bourgeons semés par le souffle s’épanouissent à la matière, chaque cœur ouvert porte en lui le terreau dont ils se nourriront jusqu’à plein epanouissement.

Les merveilles de la matière dense sont liées au souffle dont le cœur ouvert est un trait d’union.

L’ouverture du cœur est la respiration physique du souffle divin.

Quand il ne faut plus rien donner à l’autre que le temps qui vous manque, c’est le cœur ouvert qui prend la relève.

Son état inclusif est, en soi, un  don permanent dont l’objet devient insignifiant.

C’est pourquoi de l’ingratitude à l’injustice, le cœur ouvert ignore les réactions dont l’ouverture devient un miroir grossissant et réflecteur.

Gare aux éclaboussures, elles ne sont jamais confortables au cœur fermé qui les reçoit de plein fouet.

Quand le vent se repose et que la mer se calme, quand le silence tombe sur la nature en eveil, quand les oiseaux se taisent, que les feuilles, immobiles, alourdissent l’arbre solide, souvent, une tempête est proche.

Quand le cœur fermé est tranquille en ses certitudes, c’est que la tornade précédant l’ouverture est proche.

Alors, si vous le pouvez, recueillez-vous, comme la nature le fait, au silence intérieur qui précède les grands moments perturbateurs.

Et le silence intérieur est un pas vers le silence de dieu.

Les cœurs fermés ont des rejets dont l’orgueil n’est jamais étranger.

L’orgueil est une porte blindée par le mental sur l’inconscient.

Quand, depuis son incarnation, le cœur ouvert passe par delà les rives sacrées de Shamballa, dès lors, son travail depuis le plan de l’expérience lui cause beaucoup moins de problèmes dans le corps physique.

L’adaptation est difficile mais il devient ensuite la clé humaine, en Christ, des immenses potentialités de celui dont rien ne peut être dit.

Le filtrage et la purification, constants sur le plan mental, lui provoquent moins de troubles, dont les maux de têtes n’étaient pas les moindres.

Il y a donc pour le cœur ouvert deux stades bien précis mais qui se confondent : avant l’au-delà des rives sacrées de Shamballa, et après.

Cette après-frontière a  l’avantage de stabiliser complètement les véhicules dont le corps physique, n’étant pas un principe, s’adapte alors à tout ce qui est au-delà de l’objectif, sans forcément l’objectiver.

C’est un stade important qui doit maintenant faire partie du travail evolutif du cœur ouvert, dans l’incarnation bien sûr puisque, je le répète, le cœur ouvert est un cœur incarné, lié dans son travail particulier à l’extériorisation de la hiérarchie et à ses impératifs.

Outre les impératifs et les conséquences de cette dernière en regard de l’évolution de l’humanité toute entière, elle implique des concepts nouveaux d’évolution individuelle, liée à la conscience de groupe, que doit remplir, dans l’incarnation, le cœur ouvert dans sa personnalité.

Certains passages évolutifs ne se font qu’en incarnation.

L’homme avance dans l’incarnation et non par-delà.

Avis aux mystiques contemplatifs qui  n’aspirent qu’à l’au-delà, ce n’est pas ainsi qu’ils évoluent.

Les pas faits sur terre seuls comptent au cœur ouvert qui s’accomplit en Christ.

C’est pourquoi il sera question, dans la seconde partie de ce livre de l’évolution individuelle du cœur ouvert, liée à la conscience de groupe et accomplie dans l’incarnation.

Cœur ouvert et conscience de groupe enrichie par l’apport de l’acquis individuel de chaque conscience objective respiritualisée aux énergies Christiques du cœur ouvert, la conscience de groupe évolue et croît comme la fleur terrestre d’une graine collective dont le germe, déposé au sol par le souffle divin de celui dont rien ne peut être dit, sou­lève du sol de l’humanité, le meilleur d’elle-même en vue de l’épanouissement total de l’évolution dont elle doit être la volonté humaine première de rejoindre sa vocation divine au sein de la synthèse : l’état d’amour qui seul donne une chance en chacun de diriger les qualités divines des rayons à bon escient, là où elles sont impérativement utiles.

C’est cette interdépendance constante entre l’individuel et le collectif, la conscience objective et la conscience divine qui aboutit, au terme d’un long travail hiérarchique et humain à la conscience de groupe.

L’accès conscient à cette conscience de groupe s’effectue petit à petit par le long processus de l’ou­verture du cœur.

Les groupes du nouvel âge que vous avez connu ne sont qu’un ersatz embryonnaire de la conscience de groupe réelle.

En effet, ils sont plus près du rela­tionnel que du spirituel et traitent plus les problèmes psychologiques de chacun que l’âme, en soi, en tous.

Bien que les individus les formant soient spiritualistes dans leur démarche, il est clair que les contacts relationnels y sont importants et que le travail partagé y est soumis dans la volonté, de bien faire, d’une part, et de s’améliorer, d’autre part.

La conscience n’y est pas de groupe mais du groupe, et cela change tout! Nous l’avons vu ensemble.

Il faudrait vous dégager de ces groupes-là afin d’entreprendre le travail réel menant à la réelle conscience de groupe.

Vous le ferez seul, individuel­lement, par l’ouverture du cœur.

Plus vous vous at­tachez aux problèmes des autres, plus vous tournez en rond autour du groupe quel qu’il soit et toujours exotériquement, et plus vous vous éloignez de la conscience de groupe.

La conscience de groupe s’appréhende dans le silence de dieu, c’est là que les énergies Christiques, disponibles, ouvrent une trajectoire spirituelle vers  celui dont rien ne peut être dit.

Trajectoire qui passe obligatoirement par la conscience de groupe, ce groupe étant global bien sûr.

Du silence de dieu à la conscience de groupe une seule voie, royale, divine, incontournable : le cœur ouvert.

Ce qui signifie, pour être clair, qu’avant l’abou­tissement du processus individuel de l’ouver­ture du cœur, aucune conscience de groupe n’est effective.

ce qui signifie, pour être encore plus clair, que vous n’arriverez pas à la conscience de groupe par un quelconque groupe exotérique style «new âge» en quête de spiritualité, mais seulement et uniquement par le cœur ouvert d’un groupe global dont la per­sonnalité aimante, dans l’incarnation, centralise un groupe exotérique aligné qui y correspond.

Vous voyez donc qu’il y a loin, des années-lumière ! D’un groupe exotérique spiritualiste à la réelle conscience de groupe telle que l’entend l’ashram du Christ, la hiérarchie.

De l’interprétation subjective par chacun, d’un enseignement donné, à la réalité qu’il véhicule, de profonds malentendus s’installent qu’il nous faut bien remettre sur rails.

C’est ce qui est fait ici, je vous demande donc toute votre attention.

L’enseignement ésotérique est confié à la voix de celui ou celle qui en a la charge sur terre parce que sa responsabilité, engagée depuis longtemps, ne peut plus le déformer.

Attention à ceux et celles qui le reprennent ensuite et en analysent pour vous ce qui n’est qu’interprétation personnelle.

C’est ce que font beaucoup de groupes actuellement, notamment pour tout ce qui est astrologie et rayons, donné par A.A.B.

A chacun de faire sa propre alchimie, et à la conscience de s’épanouir au groupe qui trouve obli­gatoirement un coeur ouvert pour coordonner, sur terre, l’extériorisation du groupe global.

Quand la durée n’impose plus rien au temps, celui-ci prend dans l’espace les rythmes des mouve­ments de la vie.

C’est en se coulant à l’informel du souffle divin que le temps  adopte et intensifie, sculpte et atténue ces monts et merveilles de la créa­tive liberté dont celui dont rien ne peut être dit orne le monde et nantit les univers des plus belles arabes­ques que la substance, de la lumière à la matière dense, se plaît à soumettre à ses épanouissements.

Cette créativité globale est d’une intensité ini­maginable, en lignes aériennes les énergies se croi­sent et se recroisent, entourant de leurs couleurs superbement lumineuses ces suggestions divines qui prennent formes au cœur même de la substance,  avant de s’extérioriser en bouquets humains, végétal, minéral, animal et toute conscience en continuité peut observer les contours psychiques de ces dites créatures, sur tous les plans, qui en accueillent les différentes formes.

Le cœur ouvert est lecteur par excellence de ces différents plans où sa conscience, en continuité, ne perd jamais le fil des autres, pourvu que par néces­sité évolutive il en soit décidé ainsi.

Ces plans sont les paliers d’une conscience globale dont le groupe, à travers le cœur ouvert et par ses énergies, est dépo­sitaire, solidaire et utilisateur pour les besoins du plan.

Le cœur ouvert est le moyen d’accès à la conscience de groupe dont il est le synthétiseur, pour les disciples du groupe et en trait d’union avec celui dont rien ne peut être dit.

Ceci, vu par les disciples, extérieur au cœur ouvert, collaborant avec lui au sein du groupe global.

Mais transposé, cela est vala­ble individuellement pour tous, de l’intériorité, je m’explique, chacun d’entre vous doit poursuivre in­lassablement le processus d’ouverture du cœur.

Cha­cun de vous doit devenir un jour, un cœur ouvert en Christ.

La rencontre et la collaboration dans le service avec un cœur ouvert vous permettront d’accélérer ce  processus d’ouverture mais ne vous dispensent pas du travail à faire sur vous, dans l’oubli de soi, au service du plan.

Le cœur ouvert est en lui-même une conscience de groupe puisqu’il accède de par son ouverture à la conscience globale ainsi qu’aux consciences indivi­duelles qui la composent et à la conscience divine qui, par delà la globalité est conscience de synthèse en celui dont rien ne peut être dit.

Le cœur ouvert est donc les parties et la somme des consciences qu’est la conscience de groupe.

 son accès à l’intériorité de chacun est à la globalité ce que les parties sont à la synthèse, c’est-à-dire une multiplication par l’ouverture qui à la fois le diversifie en chacun tout en le maintenant par l’ouverture, toujours, en celui dont rien ne peut être dit.

Il y a de la globalité à la synthèse une ouverture infinie qui ne peut plus morceler tant l’inclusivité ne fait qu’ingérer.

L’ingérence venant des autres n’est pas vécue comme telle puisqu’aucune frontière ne limite le cœur ouvert.

Il y a là une dimension exceptionnelle qui touche sûrement en vous le cœur sensibilité par la nécessité d’ouverture ou par une ouverture déjà amorcée et  alors vous percevez l’immensité à laquelle corres­pond le cœur ouvert.

Aux sources intuitives femelles de ces mâles dé­cisions que prend le cœur en début d’ouverture, les polarités énergétiques ont une intensité toute nou­velle qui secoue les véhicules et provoque des maux, notamment de tête.

En effet les centres sollicités sont ceux du haut et cela crée des perturbations un peu anarchiques qui précipitent les énergies en mouve­ment au plus difficile : les centres du haut, et au plus facile, provoquant des pulsions sexuelles à évacuer physiquement afin de ne pas les alimenter de fan­tasmes, ce qui serait néfaste.

Ces inconvénients seront passagers si vous les gérez naturellement, sans culpabilité ou honte.

Pour cela la volonté spirituelle vous aidera ainsi que la compréhension du processus en cours.

Si vous pou­vez communiquer avec un cœur ouvert, il sera d’une grande aide, il connaît tous ces mécanismes et ces difficultés qu’il a gérés et dépassés mais qui, par mo­ments, étant dans un corps physique et en contact avec les scories, peuvent éventuellement, ponctuelle­ment avoir encore certaines incidences physiques, si­tôt contrôlées non, mais comprises et gérées, ce qui effectivement est loin du «contrôle» qui est encore, à certain stade, une forme de frustration, en tous cas une forme d’effort.

Le cœur ouvert, lui, n’a aucun effort à faire pour rééquilibrer instantanément les incidences physiques inévitables au Maître qui œuvre en incarnation.

Dus au travail énergétique, ces inconvénients, inévitables, n’ont aucune répercussion intérieure.

Ne parlons pas des plans émotionnel et mental puisque le cœur ouvert y éponge et y accueille en son immensité tous besoins liés à des problèmes qui s’y présentent.

En revanche, pour vous, disciples, ces incidences peuvent avoir de lourdes conséquences sur vos véhicules d’une part, sur vos vies quotidiennes d’autre part.

Un exemple courant et que vous constaterez souvent pour vous-même ou autour de vous est le cas typique où un chamboulement sexuel lié à une rencontre ayant un impact énergétique, sera vite pris pour de l’amour, ce qui est loin d’être juste.

Le cœur ouvert, lui, fait la différence et rétablit rapidement, instantanément l’équilibre.

Pourtant le cœur ouvert vit cet impact mais pas le chamboulement qui en résulte chez vous, parce qu’il sait que tout corps physique en incarnation subit des effets physiologiques inévitables et naturels.

Le cœur ouvert évolue à l’aide d’un corps physique mais toutes les valeurs en sont comprises, tous les mécanismes en sont parfaitement acceptés mais  pas forcément suivis, car le cœur ouvert ne s’identifie pas à l’organe correspondant qu’est le cœur, ce serait stupide, il n’est qu’une mécanique dont la bonne marche lui est indispensable dans l’incarnation et il en accepte les assujettissements comme une discipline de mode de vie, sans plus.

C’est le prix à payer, si tant est que cela soit un prix! N’exagérons rien! Pour vivre l’incarnation au même titre que tous.

Et cela est très important.

Un cœur ouvert est une conscience globale polarisée en synthèse, ce qui signifie que tous les plans lui sont accessibles à la fois et ponctuellement pour chacun d’entre vous.

Ce qui signifie encore que le cœur ouvert est de plain-pied sur votre propre plan de conscience quel qu’il soit.

L’ouverture du cœur permet une stabilisation de la conscience divine qu’elle engendre sur tous les plans de conscience représentés par chacun d’entre vous.

Au fait de chaque conscience, de chaque état de cœur, le cœur ouvert en est en même temps, totalement dégagé.

L’ouverture du cœur est à l’homme, la femme-Christ l’accès à tous les besoins existants sur tous les plans, ainsi que les réponses immédiates y correspondant et ce, sur tous les plans de problématique psychologique qui ne sont en fait que des plafonnements de conscience, bloqués par des énergies trop fortes déversées ou réceptionnées par l’individu.

Le cœur ouvert est, pour vous tous, l’approche inconditionnelle d’un état d’amour, en Christ, qui, indépendamment de vos blocages, attise en vous un éveil dont la conscience peut se servir ensuite comme d’une marche de l’évolution intérieure.

Le cœur ouvert, dans sa disponibilité, ouvre et donne, éveille et aide sans volontarisme, simplement parce qu’il demeure en Christ.

Ensuite, à vous, avec vos choix et votre libre arbitre de faire ou pas ce que l’éveil demande.

Car, hélas, on peut côtoyer un cœur ouvert et être incapable de monter la marche qu’il a dégagée.

Le potentiel Christique qu’il met à disposition est un potentiel à saisir, ce n’est pas une béquille à moins boiter comme le sont beaucoup de psychothérapies qui n’évitent pas la chute sur les rails apparemment trop glissantes de la «norme».

Tant que le mental se taille, en l’homme, la part du lion, aucun rugissement n’avancera l’ouverture du cœur nécessaire à Christ.

L’émotionnel doit être compris, digéré, relativisé, pour que le mental recule d’un pas.

C’est aussi sim­ple que cela.

Les émotions sont normales, ce qui l’est  moins, c’est l’état, les états véhiculaires qu’elles engendrent et qui nuisent à la santé physique et à l’évolution en général.

C’est en relativisant l’émotionnel que vous vous dissociez du non-soi et le remettez là où il ne doit pas être! Il vous faut vous appliquer à relativiser et relativiser, jusqu’à son effacement total.

Il n’est pas ici question de «méthode».

Toute méthode a l’inconvénient, même si elle est positive un temps, d’ancrer dans le mental, ce qui n’est pas souhaitable.

Aux forces qui vous assaillent de leurs impacts, soyez lucides, discernez, essayez en tous cas, pour comprendre mieux et agir avec votre conscience et vos moyens du moment.

A chacun ses actions parce qu’à chacun un état de conscience à élargir pour ouvrir une voie au cœur.

Le cœur ouvert n’a plus de faiblesse parce qu’à chaque faiblesse a répondu une énergie Christique bien utilisée, bien gérée qui s’accomplit dans l’ouverture à chaque fois élargie.

Comprenez que chaque faille est la fondation, en tous cas, peut l’être.

Comprenez que chaque faiblesse est le moyen, l’outil à saisir pour avancer.

Comme l’ouverture ces moyens sont en vous, à portée de main, à portée de cœur.

Le mental est une  barrière à abattre pour lui laisser la chance de remplir sa juste fonction d’outil Christique dans le monde relationnel de communication de l’incarnation.

La conscience de groupe passe par l’individu mais n’en dépend pas, parce que ce dernier, dans l’amorce de l’ouverture du cœur, par l’ouverture du cœur en voie d’accomplissement ou aboutie, n’est plus entièrement ou plus du tout identifié au non-soi.

Le processus, vous le savez est long, d’autant qu’à chaque prise de conscience individuelle, la lumière est si aveuglante que vous la croyez non seulement atteinte mais acquise, ce qui est loin d’être le cas dans ce processus d’évolution que vous avez décidé de poursuivre.

A chaque prise de conscience, la lumière que vous atteignez n’est un acquis que pour la conscience de groupe.

Vous devez encore l’intégrer et l’utiliser à des fins énergétiques de service, et c’est difficile car suit alors une série d’adaptations au nouvel état.

Tandis que la parcelle de conscience éclairée, née de vous, est tout de suite un acquis pour la conscience de groupe, grâce au cœur ouvert chez qui elle est acquise depuis longtemps et inhérente à l’ouverture même, donc instantanément utilisable.

Donc chaque prise de conscience individuelle est un apport au collectif par le biais de la conscience de  groupe qui en est solidaire et bénéficiaire pour le service à l’humanité toute entière.

Il s’agit ici des disciples travaillant consciemment, mais il en va de même pour le G.S.M.[25].

A chaque prise de conscience, même inconsciemment vécue sur le plan du service, la collectivité, la masse de l’humanité bénéficie de la lumière qui sert instantanément dans le domaine où elle s’est produite et, par le biais de la communication, sur les consciences alentour, médias inclus s’il s’agit de divulgation politique, scientifique ou autre.

Quand le temps, immobile en vous, place les barrières structurelles du mental, c’est que l’ouverture du cœur, amorcée, fait sa voie Christique aux efforts de déstructuration que l’âme et ses énergies dirigent vers le non-soi.

cela veut dire que le travail de bas en haut va prendre fin et que la vapeur énergétique renversée, passe de haut en bas.

bien sûr je précise que les mots «haut» et «bas» ne sont que des mots donnant une indication précise d’échelle évolutive et en aucun cas de critère de valeurs.

Quand le zodiaque est remonté en sens inverse des aiguilles d’une montre, voir A.A.B., alors le travail d’ouverture du cœur, commencé, va se poursui­vre jusqu’à l’aboutissement en Christ.

La conscience amorce le mouvement même de la vie une, elle est de groupe et va grandir et s’élargir non pas avec le groupe mais, individuellement, pour le groupe dans une conscience collective d’individus, divine, aussi par la détermination au service, la conscience de personnelle devient peu à peu impersonnelle, se rapprochant sans cesse des centres de celui dont rien ne peut être dit, perdue aux périphéries inexistantes, jusqu’aux rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa, où se fera une pause, au grand conseil sous l’égide de Sanat-Kumara, le grand seigneur.

Christ ici est une réalité humaine dont l’humain s’est dégagé pour entrer directement dans le verbe inexprimé de celui dont rien ne peut être dit, dont le cœur ouvert était diffuseur, communicateur, médiateur des énergies, sur terre, dans l’homme, la femme-Christ réalisés.

votre mental déductif comprend maintenant comment la voie de Shamballa est celle de la conscience de groupe, atteinte individuellement par le cœur ouvert et mise, par lui, à disposition de tous par Christ en l’homme, en cette extériorisation de la hiérarchie qui nous occupe ici en cette fin de siècle,  pour le siècle à venir, comme prévu et concernant tous les disciples et initiés actuellement sur terre.

A tous, je demande ici, à ce stade de votre lecture, à nouveau, une réflexion, non pas introspective mais en conscience, dégagée justement des problèmes liés à l’introspection analytique et mentale.

Souplesse et mobilité obligent, demeurez en état d’ouverture de conscience, c’est une forme d’aimantation positive qui amène à l’ouverture du cœur les éléments qui lui sont utiles sur le chemin.

Il se peut que dans l’ivresse d’une découverte personnelle importante, la conscience soit euphorisée, il s’agit donc de la conscience objective.

La conscience divine ne connaît ni euphorie, ni déprime, elle est constante en Christ.

 Le cœur ouvert connaît l’euphorie mais il sait parfaitement discerner l’objectivité qui la caractérise et donc la garde à sa juste place humaine.

Cessez de croire stupidement que le Maître en incarnation n’a plus rien d’humain.

Ce serait aussi faux qu’inutile puisque c’est par l’humain qu’il touche aussi l’humain, quoi de plus naturel? Simplement il arrive un moment de son évolution où étant dans l’humain il n’est plus tout à fait de l’humain.

Quand   les   rives   sacrées  émeraude-diamant   de  Shamballa sont atteintes le Maître en incarnation n’a plus d’humain que sa connaissance de l’humain tant ses actions et ses points de vue sont devenus différents de ceux du mental qui animent et motivent les hommes en général.

C’est qu’alors, le cœur ouvert, n’a plus aucune des limites du corps physique et peut, indifféremment travailler sur tous les plans, avec tous, constatant l’état intérieur, le problème majeur engendrant le ou les blocages, y apporter ses énergies Christiques dénouantes, d’une manière invisible au regard humain, et anonyme.

C’est parce que, uni à tous, le cœur ouvert manifeste une conscience globale dont la synthèse englobe tout un chacun, la forme la plus approchante de cette conscience du cœur ouvert est pour vous la conscience de groupe.

Mais ce qui n’a pas été compris est que la conscience de groupe est bien plus que la conscience des autres à travers la conscience objective.

Cette compréhension-là amène des malentendus dont les groupes «new âge» ont fait les frais.

La conscience de groupe n’est pas la conscience collective d’un certain nombre de personnes ouvertes aux problèmes du monde.

Sinon tous les hommes politiques, les partis auraient cette conscience de groupe-là.

Mais ils en sont loin, très loin.

La conscience collective tournée à plusieurs vers la masse et ses problèmes n’est  qu’une conscience objective élargie, non inclusive, sélective, rationnelle et séparative, car limitée au groupe auquel elle appartient.

Ce dernier n’est ouvert que dans la mesure où il est rejoint par le plus grand nombre possible.

Cette conscience-là n’est pas la conscience de groupe et bien des spiritualistes, ésotéristes, occultistes, pensent « conscience de groupe » en ces termes qui précèdent, la vivent ainsi.

Erreur totale.

La conscience de groupe acquise et vécue au quotidien par le cœur ouvert est divine, inclusive, globale, découle de la synthèse en celui dont rien ne peut être dit et permet une connaissance instantanée, sans clichés astraux, sans raisonnements inductifs ou déductifs, sans polémique analytique et autres déviations mentales.

La conscience de groupe est une vie, dans l’instant, sur plusieurs plans à la fois, avec plusieurs intériorités, avec plusieurs mentais; une vie dans l’instant sur plusieurs plans parce que les énergies Christiques à l’œuvre visionnent, gèrent, aident, savent, débloquent, cassent ou apaisent, à l’aide des qualités divines qu’appliquent les rayons[26] bien assimilés.

Seul le cœur ouvert, sur terre, en est capable parce qu’il est Amour absolu en synthèse humain-di­vin sur le plan initiatique avec Celui dont rien ne peut être dit.

C’est pourquoi la conscience de groupe n’a ja­mais été vraiment vécue sur terre avant cette oppor­tunité fantastique qu’est l’Extériorisation de la Hiérarchie.

Le groupe expérimental réuni autour de A.A.B. et dirigé, bien que Je n’aime pas ce mot!, par Mon Frère D.K, et dont vous pouvez lire l’histoire et l’ex­périence dans les deux volumes d’A.A.B. consacrés aux disciples dans le Nouvel Age, ce groupe-là n’a jamais vécu dans la conscience de groupe. Approchée, recherchée par l’effort de tous, à l’époque, la conscience de groupe n’y était qu’une ébauche, nor­male alors. De plus Notre Sœur A.A.B., initiée, n’a­vait pas l’ouverture du cœur nécessaire et les rives sacrées de Shamballa étaient encore éloignées pour elle.

Le corps mental d’AAB. nécessaire à la préci­sion de l’Enseignement de l’époque, axé sur le mental, ainsi que sa formation de théologienne Nous furent extrêmement utiles pour relier, par le mental, l’Orient et l’Occident d’une manière plus concrète et pratique que la première phase donnée par H.P.B.

Mais ce grand disciple de K.H. [27] qu’est A.A.B. ne vivait pas encore la conscience de groupe qu’elle amena à l’attention de tous avec un travail précis à faire et les outils pour le mener à bien.

La conscience de groupe est aujourd’hui la réali­té de l’Extériorisation de la Hiérarchie et les initiés et groupes globaux vont devoir l’installer, la vivre, la communiquer comme l’héritage divin de l’humanité à vivre par chacun. Le cœur ouvert en est le garant illimité et dans l’infinité enfin vécue sur terre vous pourrez le constater et en être les témoins car cette conscience de groupe est l’affaire de chacun par le processus d’ouverture du cœur amorcée.

Aux initiés du 3e degré, première initiation hié­rarchique, Je dirai que la transfiguration est le pre­mier coup de baguette initiatique sur l’ouverture du cœur. Non que le centre du cœur soit inerte avant, mais c’est là, à cette première initiation hiérarchique que grâce à la baguette de l’Initiateur, comprenez symboliquement qu’il s’agit ici des énergies christiques provenant de Shamballa, grâce à cette ba­guette, la porte du cœur s’ouvre assez brutalement, puis elle revient au stade où elle était pour ensuite s’ouvrir à nouveau progressivement jusqu’à la consommation de la Renonciation soit la 4e initiation.

Durant ce laps de temps, dépendant de chacun, sur terre, dans l’incarnation, le Maître pourra constater l’ouverture brutale, par une rougeur forte en forme de cercle entre le centre de la gorge et la poitrine, au-dessus du plexus, sur le sternum, avec des dou­leurs profondes. Des maux de tête peuvent être liés à ce processus, en tout cas une perturbation avec incidences physiques douloureuses.

C’est après cette brusque ouverture entre ces deux initiations, 3e et 4e, que le Maître en incarnation, avant l’ouverture totale du cœur, sera confronté aux Frères Noirs en un face à face dont le souvenir restera présent objectivement.

Ce face à face avec Nos Frères de l’Ombre fait partie du processus d’ouverture du cœur, c’est en le passant consciemment, avec succès dans le juste choix, que l’ouverture se poursuit. Sinon, si l’initié, aveuglé par la lumière noire fait le choix du sentier de gauche, l’ouverture, amorcée, arrête son cours, le cœur reste fermé, il a entrevu la lumière éclatante et n’en garde que l’éclat aveuglant. Le sentier de gauche, choisi, arrête là le processus initiatique et le Maître Noir va nourrir et alimenter par le matéria­lisme et les pouvoirs, l’égoïsme de la personne et de l’avoir, facilitant à l’ombre une avancée illusoire sur la lumière, gênant cette dernière mais ne l’arrêtant aucunement.

En effet, le cœur ouvert va pouvoir, en Celui dont rien ne peut être dit, ingérer cette ombre et la digé­rant à l’alchimie christique, la restituer, purifiée, au monde des hommes, à qui elle doit être rendue, Je dirai, au monde des cœurs.

Vous pouvez constater que la différence entre le Maître de la Hiérarchie en incarnation et le Frère Noir, cette différence entre l’Ashram du Christ et la Grande Loge Noire est une histoire de cœur. L’éner­gie de l’Amour en est la frontière et dans la lumière des qualités divines exprimées par les rayons, la syn­thèse est ici indispensable à la puissance de l’Amour par la volonté divine. Rayons Un et Deux, synthéti­sés aux autres car rien ne peut être laissé au hasard, le cœur ouvert, inclusif, purifie, nettoie et restitue ce que seul, Christ en l’homme, peut digérer, construire, restituer et ouvrir.

A la beauté initiatique de ce passage Je de­mande, au nom de l’Ashram du Christ, toute votre attention, toute votre réflexion.

Des Maîtres naissent actuellement qui vivront ce processus au siècle prochain, demain, dans huit ans…

Des Maîtres en incarnation actuellement vont devoir récapituler les stades initiatiques dans le corps physique, dans leurs véhicules, ils connaîtront ces passages douloureux et délivrants, les préparer objectivement amènera une conscience de l’initiation dans l’incarnation et ceci, pour la réalisation de Christ en l’homme, est dans l’ordre de l’Extériorisa­tion de la Hiérarchie et du cheminement des Maîtres la représentant au sol de l’incarnation.

Chaque être humain parvenant à Christ dans un corps physique amène un peu plus à l’expression la conscience de groupe dont le cœur ouvert témoigne. Cette conscience de groupe abat les frontières de la séparativité et exprime dans l’humanité une conscience objective de plus en plus axée sur les va­leurs spirituelles et christiques fondamentales qu’é­voquent toutes les religions, qu’invoquent les philosophies, sans pouvoir les mettre en pratique. Car les textes sacrés ne sont que lettres mortes si le Verbe ne s’inscrit pas dans la chair.

Pour que le Verbe se grave à la chair, amenant au monde des hommes sagesse et Amour, puissance divine et volonté de pouvoir, il faut impérativement que l’intellect s’efface devant la sensibilité percep­tive, que le mental abandonne ses schémas au profit de l’intelligence concrète du cœur dont l’ouverture doit se faire consciemment.

Ici Je m’adresse aux ésotéristes, ne mélangez pas tout. Les chakras peuvent subir l’impact de certaines énergies et forces et en être activés prématu­rément et même déstabilisés. Ceci n’a rien à voir avec l’ouverture du cœur consciente. Cette dernière n’est et ne doit pas être axée sur les processus éner­gétiques liés aux centres. L’ouverture du cœur ne se fait pas par des méthodes ou autres exercices physi­ques et psychiques. L’ouverture du cœur se fait par la volonté spirituelle en Christ, ce qui signifie qu’elle se fait, pour les disciples en quête, par la prise de conscience de l’Ashram du Christ et le travail lié au Plan pour l’humanité qui en découle.

Ce qui veut dire que les disciples devront au xxie siècle, et dès à présent, fonctionner avec un cœur ouvert, dans l’oubli d’eux-mêmes et le processus, amorcé en douceur, se poursuivra harmonieusement bien que douloureusement sur le plan physique et des véhicules subtils.

Quant aux initiés de haut degré, Maîtres en in­carnation, dorénavant la récapitulation initiatique se fera consciemment, objectivement et subjectivement, sur tous les plans, c’est-à-dire que, d’entrée, ils met­tront en œuvre leurs capacités parallèlement au pro­cessus de récapitulation qui se fera.

Donc, vous le voyez bien, un gain de temps, Je devrai dire de durée, appréciable pour tous et positif au travail du Plan.

Conscience de groupe à portée de tous par le cœur ouvert, Personnalité sur terre du groupe global.

Conscience de groupe accessible à chacun par le processus initiatique de l’ouverture du cœur, dans l’oubli de soi, par le service.

Conscience de groupe inaccessible donc par un travail analytique et mental sur soi où le personnel, tournant autour du nombril spirituel, intellectualise ce qui doit être vécu au profit d’une abstraction de désir de vivre qui aboutit au mirage de ce que l’on croit être et à l’illusion de ce que l’on devient.

Du cœur à son ouverture, il y a aussi loin que du sentiment à l’Amour ou de l’église à l’Esprit, ou du mot au Verbe.

Il faudra donc symboliquement aller du senti­ment à l’Amour, de l’église ou temple ou synagogue à l’Esprit, du mot au Verbe, le tout dans la structure inexistante que le groupe global offre à la conscience. Ce n’est pas une mince affaire mais ce processus est partie intégrante de l’Extériorisation de la Hiérar­chie et vous y participez en tant que disciples conscients de tous degrés initiatiques.

A chaque début d’incarnation se trouve la graine de la fleur initiatique à épanouir. La récapitulation initiatique jusqu’au cœur ouvert, pour les Maîtres, est comparable aux saisons, chaque saison comporte ses épreuves dans la chair, ses aboutissements dans la chair, ses difficultés dans la chair, ses épanouisse­ments en conscience dont le groupe global est l’accès aux disciples, dépositaires et diffuseurs, par le cœur ouvert, de la conscience de groupe.

La conscience de groupe a été jusqu’à présent un grand malentendu parce que, mal interprétée intel­lectuellement à travers l’Enseignement communiqué par A.A.B., simplement, elle ne pouvait pas être vé­cue. L’Extériorisation de la Hiérarchie amène cette conscience de groupe au sol humain par l’intermé­diaire du cœur ouvert qui la vit complètement en son ouverture et en ses choix, en ses travaux, en ses re­lations sur tous les plans.

Le cœur ouvert a la pulsation cosmique et tellurique omniprésente de celui dont rien ne peut être dit.

En chacun de vous, un de ses battements correspond à une sensibilité particulière dont la synthèse en tous n’est pas encore faite.

Mais le cœur ouvert bat le rythme global de cette  synthèse en une harmonie mélodieuse dont l’ashram du christ a le diapason des notes émises.

Aux rives sacrées de Shamballa, des rives sacrées de Shamballa, les symphonies divines accompagnent la danse humaine au plus fort de ses temps.

Le plus fort étant le cœur ouvert.

Le cœur ouvert est la transparence du cristal de roche pur qui vibre par le centre du sommet de la tête, en ligne directe avec celui dont rien ne peut être dit; le cœur ouvert en conscience divine, transmet au groupe sa conscience dont chacune des symbioses dépend de chacun de vous.

En conscience de groupe, accédez à celui dont rien ne peut être dit, par le cœur ouvert.

Aux radeaux de ces méduses qui se colleront à vos véhicules, brûlez, en conscience de groupe, les planches mouillées qui abritent leurs moisissures.

Seul le feu du premier rayon le peut, seul le cœur ouvert en a l’usage juste.

Aux côtés du cœur ouvert, servez, sur terre, par l’eau et le feu, en conscience de groupe et unis par le service, œuvrez avec nous.

L’extériorisation de la hiérarchie est à la conscience de groupe ce que le Maître en incarnation est à la conscience divine : un moyen juste d’expression.

Apprenez et œuvrez afin d’exprimer au plus juste de leur dimension les consciences incluses en celui dont rien ne peut être dit.

Avec tous ceux qui perçoivent, nous sommes.

Avec tous ceux qui servent, nous  sommes solidaires.

Avec tous ceux qui amènent la chair à son expression divine et la conscience au groupe, nous sommes présents et frères aînés sur ce chemin difficile et exaltant.

Aux cœurs ouverts que nous sommes, vous pouvez vous appuyer, non pas personnellement mais en âme et conscience pour mieux servir.

La conscience de groupe est un tronc commun que vous devez alimenter.

En conscience, œuvrons ensemble pour l’humanité toute entière.

J’ai dit! Quand le soleil tue l’ombre de ses flèches aux rayons verticaux, il est midi juste.

Dans tous les ri­tuels, c’est l’heure d’ouverture des travaux qui ne sont alors, dans leur début, menacés d’aucune façon, chacun étant volontaire, disponible et de bonne volonté.

Puis l’heure, attribuée à la durée par l’homme, avance, et avec elle, les ombres se forment et attachent leur obscurité plus ou moins opaque au dérou­lement des travaux qui se poursuivent.

C’est là au cours de l’envahissement par des ombres fugaces mais tenaces et mouvantes au temps que la volonté peut faiblir, la disponibilité s’altérer et la bonne volonté se ternir.

Lorsque l’ombre a envahi la lumière le temps d’une demi-journée passée, il est temps au noir gestatoire de la nuit de clore les travaux afin que l’esprit se repose et ne prenne alors aucune décision floue que motiverait la hâte.

Il est alors minuit plein et chacun en son intériorité doit se retirer afin que la solitude, nourrie de lumière et enfouie d’ombre, puisse trouver le fil du rasoir de l’équilibre à la justesse d’une réflexion sereine.

c’est de minuit à midi que le clair obscur laissera le pas à l’aube et à ses renouveaux éclatants que l’est lance depuis un ciel profond et rougeoyant de soleil neuf.

Le moment se pose en décision claire, le choix se fait avec justesse, la créativité s’exprime pleinement à la liberté de cette lumière au revenir épanoui.

Mais ne croyez pas que dans ce cycle la lune soit restée inactive.

Loin de là! Elle a recueilli au sommeil de la chair et du psychisme ce qui peut être traité par la conscience afin que l’aube renaissante en soit imbibée et fortifiée.

a tout ce travail alchimique régi par les cycles solaire et lunaire, le cœur ouvert, conscient sur tous ces plans, de tous ces cycles, s’est prêté, afin que, en conscience, les problèmes soient traités et soumis à la conscience de groupe, relativisés et émondés de leurs pelures inutiles pour qu’en conscience purifiée, en mental clarifié, l’aube voit naître au service le meilleur de chacun pour le bien commun d’une humanité en partage d’interdépendance individuelle, de solidarité collective et d’amour.

Le cœur ouvert, en continuité de conscience veille à l’ouverture et à la clôture des travaux au rituel divin du groupe global dont il est le vénérable Maître en incarnation.

a la fonction impersonnelle qui lui échoit sur terre, le cœur ouvert transmet, en christ, ce qui donne à la conscience de groupe la note harmonieuse d’amour-sagesse que nul ne peut aussi bien que lui, appliquer à la volonté divine de puissance dont il est en charge pour et avec celui dont rien ne peut être dit.

A midi juste, a minuit plein,  l’ouverture demeure au cœur du Maître en incarnation dans la clôture symbolique de ces travaux liés au plan et auxquels vous participez.

C’est ce trajet de minuit plein à midi juste qui indique l’ouverture du cœur ouvert.

En effet, point de clôture pour lui.

En bouclant ces 180° de temps en conscience, le cœur ouvert donne au sein de l’incarnation le cercle aux diamètres multiples et infinis dont le centre toujours renouvelé, est, en expressions diverses : la synthèse.

Le cœur ouvert seul y demeure en accès permanent, dans un corps d’homme, de femme ayant réalisé christ.

Quant à la beauté du processus de travail évoqué ci-dessus, je vous laisse seuls juges.

Et c’est une expression.

Ne jugez pas : comprenez, vivez, œuvrez.

J’ai dit!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTES DE L’ASHRAM

 

 

 

RESONANCE DE L’IMAGE

 

 

 

La nuit friande grignote les rejets des egos survoltés aux râteliers de leur excès.

Il y a dans chaque excès la somme psychologique qui l’a engendrée, additionnée au dépouillement potentiel dont elle doit être l’objet.

A cette volonté qui engendre l’action, l’humain se rebiffe, préférant les facilités plus accessibles dont l’intensité ouvre à l’ego des satisfactions existentielles dont sera dépourvue la conscience qui après les avoir comprises, les digérera pour mieux en effacer jusqu’à l’ébauche tentante, et ce, jusque dans lé cœur même des désirs insoupçonnés que rien ne peut laisser prévoir, mais  que tout peut susciter.

A ces nuits friandes qu’il ne faudrait plus alimenter, vous déverserez encore et encore rejets inconscients et volonté faiblarde, jusqu’à la satiété d’un cœur en demande qu’aucune réponse ne peut encore satisfaire et que la réalité ne peut encore combler.

Au portail scellé que ces nuits trop friandes élèvent aux revers de conscience, les ombres portées par chacun se retrouvent.

ignorantes d’elles-mêmes, elles se réjouissent d’une lumière un peu glauque dont les formes floues opacifient encore un peu plus les contours incertains, moyennant un soupçon d’orgueil, un zeste de certitude illusoire et une profonde agitation que les nerfs, maladifs, offrent en prime à l’ébauche d’un faux enthousiasme dont personne n’est dupe mais auquel chacun veut croire.

C’est ainsi que les egos se conjuguent à  l’imparfait, c’est ainsi que les enivrent le superlatif, c’est ainsi que, confrontés les uns aux autres, ils ouvrent aux nuits friandes leurs dégustations les plus indigestes, faisant de la voie divine de l’incarnation, le carrefour crématoire des plus belles inspirations, en les dépouillant de l’essentiel au nom du personnel.

A ces forces flétries qu’animent les sentiments, des routes se dessinent, des chemins s’affirment, des tournants se négocient, des cœurs s’emballent et les glissades mortelles qui s’ensuivent n’ont d’origine que «rien» et de but que «plus».

Oser affronter les nuits friandes en leur climat givrant équivaut à réchauffer le cœur pour que fondent à son contact les rejets les plus durs que bâtissent de toutes pièces ces illusions mensongères qui se débordant elles-mêmes, diluent en leurs lumières blafardes les atouts les plus précieux, les  possibilités les plus courageuses, les temporalités les plus prometteuses.

A toutes ces nuits fantasques, friandes et gourmandes, goulues et vampiresques, offrez un mental lisse que rien ne peut déformer ou former d’illusoire, a toutes ces nuits assassines, offrez, si vous le pouvez, quand vous le pourrez, dès à présent, si possible, la rectitude d’un tempérament trempé aux difficultés, la certitude d’une étincelle invulnérable, de, par et en christ, le détachement de ces pensées pleines de sagesse qui, avant d’agir, donnent au moment son impulsion juste.

A toutes ces ombres projetées par chacun, que les nuits s’abîment en leur propre torpeur afin qu’aucune prise ne soit donnée à aucune forme en substance mentale.

et ainsi, de ces nuits friandes à ne pas alimenter, faites la voie divine d’accès aux plans  supérieurs, afin que Shamballa, en conscience, en sagesse et en amour, s’incarne un peu plus encore par l’intermédiaire des Maîtres en incarnation que vous côtoyez, que vous côtoierez, et que l’indifférence, si elle n’est pas divine, ne vienne pas casser ce que le cœur peut transmettre de beauté au quotidien.

Aux enchères de la vie quotidienne, psychologiquement, humainement, initiatiquement, les seules relances à faire vous concernent, chacun, ainsi que la mise à prix.

A ce jeu il ne faut pas se permettre de perdre, le grand perdant en chacun étant le cœur, toutes les chances sont de votre côté si seulement vous en méritez l’approche saine que seul votre discernement permet.

De nuit friande en mondes eclatés, les marches à gravir ont la hauteur de vos propres dépassements, mais n’en manquez aucune, le prix de chaque effort  n’est en aucun cas vain et c’est en parcourant les écueils de chaque jour en pleine conscience que les nuits douces remplacent les nuits friandes, ourlant de leur impact docile et calme l’ourlet qui accompagne chaque enjambée.

A ces pas soyez attentifs, ils sont plus que des pas, les moyens de fouler aux pieds toute tentative démoniaque de récupération.

C’est en sortant du gouffre béant des nuits friandes que le mental capitule, aplanissant de sa surface lisse les ombres des reliefs des illusions qui s’y compliquent de compréhensions analysantes, dépourvues de sens parce que solidaires de ces plus vieux trucs qui sont au mental ce que la ruse est à l’ego.

Quels sont les moyens, sans participer au mental, de le faire participer à toute action physique ou sur le plan physique sans altérer les énergies supérieures qu’il doit, comme un bon outil, contribuer à  bien communiquer.

C’est maintenant ce que nous allons examiner ensemble afin que de cette exploration naissent compréhension et pratique, au service du plan et de l’humanité.

Lorsque la mer et le vent conjuguent leurs efforts vibratoires, les sons qui en résultent emplissent l’espace d’une connivence subtile entre le ciel et le cœur de l’homme.

A ces moments superbes que rien n’orchestre que le divin, le plan mental de l’humanité, incapable de récupération sur des énergies aussi mobiles, se pose en retrait, impuissant et dérouté.

C’est à ces moments-là, en pleine nature, avec ces éléments souples et variables, que le cœur et l’âme, se conjuguant à l’étonnement, peuvent, ensemble, créer la surprise de la conscience.

A ces mouvements énergétiques  imperturbables en leur démarche incompréhensible au mental, seule la végétation épouse, d’une feuille ou d’une palme, d’un parfum ou d’un pétale, ce qu’en leurs turbulences harmonieuses, ils peuvent communiquer.

En regardant le vent dans les palmes souples, en sentant le parfum d’une fleur éloignée et en foulant le sable fluide, apprenez encore de la nature.

Le mental n’a pas sa place ici et privilège de l’homme, il en est devenu sa prison.

Apprenez de la nature cette cohérence, cette harmonie jusque dans les excès qu’elle propose et que la vision vous touche en plein cœur.

Là où le mental n’a aucun droit, là où vous devez prendre conscience de ses devoirs.

Le service en dépend.

L’humanité en dépend.

La nature en témoigne.

Et chacun doit en faire ce trait d’union afin que la tête opte pour le cœur et le cœur pour christ.

De cette synthèse chacun est responsable et apte à relier tête et cœur en toute conscience, pour le bien de tous.

C’est de la tête reliée au cœur que dépend cette médiation divine dont le XXe siècle sera le réceptacle par le biais de chaque homme, chaque femme qui, en toute conscience, en auront fait l’approche individuelle afin que vive une société différente dans laquelle l’être sera valorisé.

La valorisation de l’être passe par la démarche spirituelle et la volonté de chacun, la conscience de groupe et donc de l’humanité dépend de chacun.

Comment donc, obtenir du mental ce que l’on veut comme d’un outil, comment ne pas se laisser prendre à ses mécanismes trompeurs, à ses lumières opaques, à ses pièges qui jouent sur l’ego et flattent, en ce dernier, les mensonges les plus vils, créateurs de mirages et d’illusions, dont l’image frustrée de perfection, gonflée d’orgueil, récupère les plus petits détails à son avantage.

Mais d’abord, qu’est-ce que l’image?  Telle Janus, l’image a deux profils, deux regards se la partagent et aucun des deux ne peut en intégrer l’autre, tant leur formation est liée aux déformations qui en bloquent l’horizon.

A la frontière de ces deux profils, un mur de l’incommunicable dresse ses interdits, psychologiques et autres, coupant en une seule personne, la résonance divine de sa globalité au sabre terrible du paraître.

C’est du paraître que l’image dépend, dont elle se nourrit et qui la sectionne.

Aux deux regards opposés que Janus, constant en cette dualité, ne peut soumettre au même horizon, s’élèvent les désirs et les frustrations qui dans le rapport de soi à soi, interviennent constamment dans le rapport de soi aux autres.

Et le regard des autres ici peut être assimilé à l’absolue nécessité qui régit l’ego, de projeter du non-soi les caractéristiques plutôt flatteuses qui correspondent  aux archétypes intérieurs auxquels chacun est soumis en sa dualité.

A ces projections, il devient important, dans l’opposition janusienne, de créer une crédibilité dont l’image en ses aspects multiples, contradictoires, paradoxaux, va devenir le porte-parole.

En ses actes et en ses discours ainsi dissociés à la racine, l’image construit deux éléments majeurs à ses besoins,

1.  une alimentation permanente puisée aux re­flets de l’ego, ce non-soi à rassasier absolument en ses exigences.

2.  une projection permanente aux regards des autres, comme un jeu cinématographique dont leur réceptivité superficielle, maintenue dans l’illusion, est l’écran passif.

Ainsi le double profil de Janus, dont la frontière devient le non-soi, se déstabilise constamment, de plus en plus, créant ainsi un équilibre fragile, précaire, illusoire dont la relativité échappe totalement aux autres et à soi-même.

L’image existe, tranquillement fanfaronne, sur le trampoline des trois reflets inférieurs, physique, émotionnel et mental dont l’ego est le ressort principal.

A ces sauts sans cesse en compétition avec les précédents et toujours renouvelés comme un défi a l’avenir dont le vieillissement, occulté par un volontarisme de jeunesse à tout prix, est un moteur, et non des moindres, à ces sauts désespérés qui n’ont conscience que d’espoirs, Janus, souverain en sa frontière rigide, offre ses regards opposés à deux horizons bouchés.

Coupé en deux le cœur n’est plus qu’aspiration sentimentale à trouver en l’autre l’image favorable du non-soi que en ses idéaux puérils, l’ego cherche à marier à l’approbation réconfortante d’un regard admiratif.

En ces deux profils opposés aux regards horizontaux, l’image installe une apparence complémentaire dont la  frontière n’est perçue que par le cœur ouvert.

L’image confrontée au cœur ouvert est pour qui que ce soit, à ce stade, le début d’un enfer entre soi et soi, dans un rapport de force avec le miroir impassible qui renvoie l’un à l’autre.

Mais l’image, qui n’est perçue que dans la pluralité fantasmagorique de ses facettes polies, peut en sa quête approbative se ternir aux indifférences rencontrées comme autant d’injustices à ses propres mérites.

De cette quête imprudente, l’ego forcené en ses aspirations, frustré en ses incapacités, meurtri en ses propres manigances, l’ego va contribuer, en son anarchie énergétique violente, à désirer, à imposer, l’ego va donc inconsciemment contribuer à déstructurer l’image dans sa fuite de ce Janus aux regards immobiles, dont la frontière gênante ne peut être franchie ni dans un sens, ni  dans l’autre.

Puisque vous le savez dorénavant, l’accès aux autres se fait par l’accès à soi-même et c’est par l’ouverture du cœur seulement que la frontière entre soi et non-soi, entre soi et les autres peut être franchie victorieusement.

Toute image, vous l’avez compris, est un profil double dont la dualité janusienne retient dans la prison de ses regards opposés, le symbole de l’incommunicabilité de soi à soi et de soi aux autres que toute image reflète inconsciemment aux facettes brillantes de ses apparentes réalités dont les signaux captés par le cœur comme sonnette d’alarme sont loin de correspondre à ce que vit l’ego.

C’est pourquoi une image en contact avec une autre image ne produit que chocs réactionnels successifs correspondant aux facettes qui s’y frottent.

C’est ainsi que de fêlures en  cassures peu d’amitiés ou d’amours y résistent.

Dans ses trois reflets inférieurs, l’ego dévastateur confronte l’homme (la femme) et son image, aux exigences toujours renouvelées par de nouvelles facettes en formation.

A ces lumières clignotantes et souvent brillantes, l’image, comme une star, répond et joue, en représentation permanente.

Indifférente au cœur, fébrile aux sentiments, docile à la facilité, perdue en ses apparences auxquelles elle tient très fort, inconsciente de ses lacunes, perturbée en ses manques, troublée par les regards, en quête de confort psychologique, l’image s’affine et se reflète au plus flatteur, au plus élogieux, au plus illusionné ou convaincu par ses apparences.

A ces références que l’image provoque et recherche, elle se  conforte en ses lumineuses imperfections dont elle offre à chacun l’un des profils lisse de ce Janus intérieur dont les regards opposés la tourmentent tant, l’obsèdent tant, qu’elle ne peut entrevoir d’autre solution que d’exister pour et par eux deux, à la fois.

Et dans l’impact de ce choc intérieur entretenu et renouvelé, l’image, perdue pour elle-même, se retrouve aux expressions flatteuses des autres regards qui de l’extérieur n’appréhendent que son exposition flatteuse à une devanture savamment organisée.

De la rencontre de cette image avec la conscience naît le début d’un enfer, auquel l’ego va devoir assister à la consumation de ses illusions les plus tenaces.

L’émotionnel ne résistera pas à ce feu de joie que le cœur attend avec patience.

C’est là, au cœur, que se trouve l’étincelle qui  permet d’ouvrir le regard intérieur occulté jusqu’à présent par la frontière séparant le double Janus en ses regards opposés.

L’enfer de l’ego a pour nom évolution et ce chemin troublant où il s’engage, de gré ou de force, a pour nom initiation.

C’est à la lumière radieuse de ce chemin entrevu que l’aveuglement de l’ego l’engage dans son propre enfer à dépasser.

L’image en a peur et tente à tout prix d’asseoir ses certitudes et ceci se passe aussi sur le plan spirituel.

Le plus terrible.

Car une image double, convaincue d’une spiritualité authentique dont elle trouve le reflet étonné, la réponse, dans les regards des autres, va devoir traverser un enfer bien pire en son propre ego qu’elle est convaincue d’avoir dépassé depuis longtemps.

Mais rassurez-vous il y a dans chaque image la mesure de ses propres dépassements et aucun ne résiste à l’appel du cœur même s’il faut, pour cela, plusieurs incarnations.

Il est important d’aborder ce thème de l’image parce que le monde actuel est un espace qui, par l’homme, lui est limité.

De l’individu à la technologie, des métiers de la communication à la politique, tout se fait, se poursuit, se régit avec et par l’image.

La femme est souvent soumise à son image, l’homme peu à peu s’y engage et cette voie est dangereuse car elle fixe l’essentiel aux apparences, le limitant aux formes proposées et l’identifiant à ce que ces formes peuvent suggérer et n’être pas.

Encore, comme toujours, l’avoir est mis un peu plus en relief au détriment de l’être et l’homme engouffre ses illusions au monde du paraître, sans se rendre compte qu’il construit, de Janus en Janus, un mur planétaire aux frontières innombrables dont une fois de plus il fera les frais.

Mais l’image n’est pas l’apanage résultant uniquement du rapport de soi au non-soi.

L’image existe comme une étiquette dans le regard des autres et ils la collent une fois pour toutes aux limites auxquelles ils vous identifient, vous enfermant aux prisons de leurs imaginations influencées et stratifiées aux apparences dont vous êtes porteurs.

Ce genre d’image n’est pas des moindres et dans la juxtaposition qui en est faite aux autres, déjà évoquées plus haut, se produit, un jour ou l’autre, l’explosion jumellaire de Janus dont les regards inconfrontés vont devoir à la longue, d’une part, regarder dans la même direction, pour ensuite se confondre en l’union intérieure retrouvée.

A cette explosion peu résistent.

Et si d’aventure l’âge est avancé, alors les soupapes qui ont maintenu la vapeur des contours flous de l’ego sautent, expulsant d’une pression violente et brûlante, ce que l’ego a tenté toute une vie de maintenir aux mondes de ses illusions.

Ce processus fortement choquant en ses failles mises à nu renverse les notions superficielles auxquelles s’était cantonné le non-soi pour se sécuriser, révélant d’un coup les gouffres qui de soi à lui semblent impossibles à combler ou à franchir.

Ce processus peut mener l’homme débordé par ses images en lui-même et dans les regards des au-  très, à une déstructuration positive de ses mécanismes faussés et ce jusqu’à la mort ou au suicide parfois.

Cette prise de conscience, insupportable après 50 ans plonge le non-soi au néant de son gouffre et noie d’un coup toute possibilité d’en sortir.

Plus jeune, elle est pénible mais peut et doit être surmontée.

Les moyens traditionnels mis en œuvre pour une perfectibilité possible doivent être saisis avec volonté et une remise en question totale doit prendre place, mettant l’homme face à ses images qui du non-soi et des autres sur lui, avaient été provoquées par lui-même, masquant la vision intérieure du cœur qui enfin peut vibrer et se faire plus présent.

Cette prise de conscience est terrible, les constructions mentales inconscientes sont si fortes, si envahissantes, si réelles que rien n’en pouvait briser la surface, créant une brèche à exploiter à la lumière d’un changement de comportement et de mentalité dont dépendra l’évolution et que fortifiera l’initiation.

Cette prise de conscience est le passage obligatoire qui ouvre le non-soi au soi puis aux énergies des plans supérieurs, l’âme, l’ashram du christ, Shamballa et Sirius.

Tout le monde y passe avec plus ou moins de difficulté, chacun doit la vivre avec plus ou moins de conscience, chacun peut en sortir avec plus ou moins de temps.

De l’image à l’être en passant par tous les stades que le non-soi ne saisit pas de l’essentiel et installe aux apparences, la route est longue, les incarnations nombreuses, c’est pourquoi il est important de commencer à débusquer de chacun les images à connaître et à comprendre pour mieux remettre à sa place l’être qu’elles masquent et etouffent.

Vous ne recevrez du regard des autres que ce que vous y aurez installé, jusqu’au jour où, soyez bénis, vous croiserez un cœur ouvert qui sera pour vous le miroir implacable de votre propre regard déformé sur vous-même.

C’est là que se cache l’opportunité à saisir dans la reconnaissance du  cœur ouvert et dans le travail à accomplir.

Puissiez-vous saisir cette opportunité même si en un premier sursaut de survie le non-soi, en vous, rejette ce qu’en l’autre vous ne voulez pas voir et qui est simplement vous-même.

Ensuite si vous adhérez au pouvoir du rayon un, la souffrance se fera légère dans la lumière soudain accessible.

Et la vie ou ce que vous croyiez en être, se fanera, s’estompera à la réalité d’une existence profonde que rien jusque là ne laissait prévoir.

Vous dépouillant de l’image comme d’une chrysalide, l’être en vous, tel un papillon aux couleurs légères, prendra son envol, se libérant des images et amorçant ce voyage merveilleux, magique, lumineux, dont les rives sacrées de Shamballa sont le port d’arrivée et de départ, d’attache et de non-attachement aux énergies les plus hautes que  l’image ignore dans son obsession à ses propres forces.

Ainsi Janus en sa propre dualité réunie, aura pour vous le même regard que celui que vous poserez sur le monde, sans frontière entre cœur et matière, paysage et cosmos, l’autre et vous.

et ainsi vivra l’amour en son énergie douce aux vibrations si fortes, que, inclus à tout, il émane de tout et y retourne, faisant de tous des frères et du monde une planète solidaire en ses différences, inclusive en ses projets, ouverte en ses consciences, belle en son unité, spécifique en ses expressions et belle en son environnement.

Tout cela peut naître en votre cœur, tout cela doit y prendre source, parce que vous en êtes tous, à la fois, responsables, solidaires et interdépendants.

Dans l’écume blanche d’une mer qu’agite un vent fort, sous ces tropiques enchanteurs qui étalent aux yeux émerveillés les splendeurs d’une nature encore intacte, laissez aller, quel que soit le moment, en souffrance, en douleur, en mal-être, cette reconnaissance du cœur qui ne retient à son ouverture que les beautés et la chance de les admirer.

L’image ici est étrangère au paysage puisqu’elle demeure mobile au mouvement constant qu’en étourdit le vent qui caresse en ses rafales les plus fortes, ce que l’œil admiratif tente de retenir.

Apprenez de la nature cet eternel mouvement de l’être que rien n’arrête et jetez au diable les cartes postales figées qui ne transmettent aux regards qu’une forme au devenir de laquelle le déclic de l’appareil photo est une insulte.

Il y a dans le vent fort et dans ses rafales l’amorce du souffle divin.

Saisissez-en la beauté pour que l’ouverture du cœur, le recevant et s’y fondant, s’élargisse en ses aubes cristallines au cosmos tout entier en ses univers secrets dont l’écho, au murmure du vent et des vagues qu’il agite, est porteur.

Admirez, respirez, vivez, aimez et ainsi que s’évanouisse à jamais l’image qui ne transmet jamais au reflet des formes, la vie manifeste qui les anime.

Donnez la priorité à la vie, à la conscience, à l’être, par delà les images, la vôtre, les vôtres et celles des autres, accédez à ce qui dans l’éternel présent, instantanément donne accès en tous, en tout, à l’authenticité de l’être.

Et vivez-le pour le transmettre bien.

Qu’il en soit ainsi, sous  ma bannière, avec ma bénédiction qu’il en soit ainsi j’ai dit!

 

ÉBLOUISSEMENT DE LA NATURE

 

Lorsque la plume étourdie tourbillonne à la page blanche, créant les mots qui s’alignent, les phrases qui s’enroulent de poésie n’ont de signes réels que les symboles qu’elles illuminent de vie.

A la souplesse vertigineuse de ces travaux en conscience, de conscience que deux Maîtres à l’œuvre synthétisent pour mieux en communiquer la réalité aux cœurs, laissez en vous se placer ces mots, ces sons, ces tonalités vibratoires dont les arpèges harmonieux glissent au cœur ainsi qu’un papillon prend son vol.

Écoutez la nature, riche de sonorités vibrantes, elle déploie en ses bruissements doux ou violents, les charmes mouvementés de ses  manifestations dans ce que parfois l’homme dérouté croise d’un regard étonné et dans son aveuglement face à ce langage qu’il ne parvient pas à capter, l’homme passe et rien de l’importance de ce contact familier ne demeure en lui que sa préoccupation à savoir comment se servir et profiter mieux de la nature.

Inapte à lui-même, il le devient au monde en déchaînant une succession de parades et de ruses, en chaîne, dont il ne peut plus bientôt maîtriser les débordements.

Apprendre de la nature implique une écoute qu’il ne s’accorde pas à lui-même, bloquant ainsi, en ses mécanismes instinctuels les finesses à recevoir, les beautés auxquelles communier, les fragrances auxquelles s’associer, les verdures auxquelles se plonger, les vents auxquels se mêler.

De rives en berges, de plages en vagues, de pelouses en fleurs luxuriantes, la nature déploie pour  l’homme l’éventail charmant de ses paysages les plus fournis afin de combler de beauté et de santé le moindre inspir humain.

A l’homme inconscient qui ne voit que son désir, ne cherche que son plaisir, la nature est le lieu, le moyen et le terme d’une fuite parallèle au cœur qui y reste fermé.

Ouvrir les yeux équivaut à préparer le cœur.

Ouvrir le cœur équivaut à communier d’une âme reconnaissante a cette action de grâce qu’est un séjour en pleine nature.

Dans le bruissement dense d’une nature tropicale, dans l’avancée turquoise de cette mer limpide, dans le foisonnement parfumé des tiédeurs de ces pétales multicolores qui invitent le regard, décorent l’environnement, gardez au cœur, vous qui pouvez en profiter, vous qui avez eu, avez ou aurez un jour cette chance d’y séjourner, gardez au cœur cet échange que le ciel favorise et que la terre concrétise.

Les rives sacrées de Shamballa sont proches en conscience de cet état de grâce qui fait de chacun l’aventurier au sein de cette nature riche qui accueille les premiers pas d’une conscience, cosmique en son éveil sur les mondes, christique en sa communion avec l’univers.

Aux verts reliefs qui vous reçoivent, aux couleurs éclatantes qui vous font fête, donnez une chance d’atteindre le cœur en oubliant, au havre merveilleux de ces fastes, les déconvenues et les inconvénients qui risqueraient de vous maintenir polarisés sur votre nombril.

L’oubli de soi est un passeport pour la nature, une loi de l’éveil de la conscience, en ne l’appliquant pas au quotidien vous risquez de passer à côté de vous-même et de cette nature sublime qui est la chance de chacun pour le bonheur de tous.

N’oubliez pas que la nature est une quête en soi et qu’il faut la retrouver  pour mieux atteindre ce cœur qui sommeille, en attendant la clé qui correspondra à la serrure de vos secrets cachés dont le plus lumineux est cette étincelle christique.

Dégagez-la du boisseau de vos incapacités et dans la magnitude d’une nature révélée, entrez de plain-pied aux délicates attentions qu’a pour l’humanité celui dont rien ne peut être dit.

a la boussole de l’initiation, l’aiguille pointée vers le nord ignore la lumière venant de l’est, et a l’occident, quand s’éteint la courbe du soleil couchant, le sud caché, deviné, révélé, offre au plein midi les luxuriances d’un été radieux.

Pour que vive l’est en ses débuts, marchez sans hésiter vers le nord, c’est de là que vous dépasserez en vous-même ces ombres tentaculaires que le plein soleil du sud déverse à profusion dans ce réceptacle tropical de la nature en ses extrêmes.

Vivez, respirez, nagez, osez ce regard intérieur qui s’étonne et s’émerveille avant de communier, et sous ma
bannière portez la nature haut dans le cœur afin de pouvoir oublier enfin ces limites frustrantes qui, en vous, vous en masque les beautés.

Quand le cœur et l’âme sont proches de la nature, la tête capitule et le mental s’efface pour n’offrir à l’homme en sa créativité que le meilleur de sa tranquillité afin de réceptionner et de formuler le beau, le vrai, pour le bien de l’humanité.

Ainsi la créativité, exaltée par le cœur peut contribuer à communiquer ces qualités spirituelles indispensables à l’expression divine.

Chacun de vous en est le dépositaire et en toute responsabilité il vous incombe d’en être les médiateurs.

En mon cœur soyez bénis et œuvrez ensemble sous ma bannière pour le plan, pour l’humanité et en toute conscience.

J’ai dit!

 

VRILLES DIVINES

 

A ces chants d’oiseaux qui chassent de leurs vrilles stridentes les profondeurs marines d’une nuit tropicale, il faudrait être attentif.

Mais à cette heure-là, entre nuit noire et aube encore cachée, l’homme dort d’un sommeil qu’il croit réparateur.

Le cœur et l’âme, liés par les messages de la nuit et par l’activité véhiculaire, s’éveillent avec le chant de ces oiseaux.

Le repos récupérateur a lieu entre les débuts nocturnes, après 21h30 et aube chantante, entre 5 et 6h le cœur et l’âme, indissociés et solidaires sont dans l’aube qui va se lever les oiseaux au vol léger qui, se posant à nouveau au corps physique de leur incarnation, vont chanter les mélodies sereines d’une poésie rare qui venant de celui dont rien ne peut  être dit, vont lui rendre hommage en portant à l’homme le potentiel inimaginable qui l’habite et peut motiver en lui l’expression épanouie de christ glorieux.

Mais de soirées animées en intérêts relatifs, l’homme perd un temps précieux a se donner l’illusion de vivre, passant ainsi les moments très beaux de cette relation cœur-âme qu’il ne vit pas mais croit communiquer.

A trop croire on s’égare.

A trop vivre ainsi on se grise.

Et les chants des oiseaux, sous les tropiques, dans l’aube orangée ou rose, c’est selon, qui se lève, est un appel doux à ce qui dort en l’homme.

Mais les soirées animées ne sont que vacances gâchées et l’on croit vivre alors que ce gaspillage energétique que l’on se fait subir n’est que dispersion dommageable aux corps subtils dont le cœur ne peut alors plus battre le rythme harmonieux.

Dans le ciel clair de ces luminosités  tropicales, le paysage, des cocotiers a la pelouse, de la mer aux fleurs luxuriantes, chaque brin d’herbe dont le vent teste la souplesse, chaque feuille, chaque palme, chaque noix de coco, semblent irradier, éclairés de l’intérieur, par un soleil encore invisible.

Et c’est ce que l’homme en ses véhicules est sensé transmettre, cette radieuse luminosité qui eclaire de l’intérieur, comme une lampe opaline l’homme alors ne connaîtrait en dieu que ces aubes cristallines lumineuses dont en son corps physique il serait le porte-flambeau sur terre.

Mais que nous en sommes loin! Pourquoi n’apprenez-vous pas vraiment, réellement de la nature? Elle n’est pas seulement belle.

Elle est aussi porteuse de tous les aspects positivement clairs et simples que l’homme en ces parallèles symboliques peut manifester.

Elle est la mère et la sœur, l’amie et l’ennemie.

elle est joie radiante et beauté impersonnelle, mais l’œil humain n’en voit pas, n’en entend pas les messages clairs qu’elle émet sans cesse, donnant sans s’épuiser libérant sans retenue ce qui d’elle, et beaucoup de vous, aurait bonheur à être compris, vécu et diffusé.

Mais qui, à l’heure tropicale d’une nuit qui s’efface, contemple en communion la nature et ses beautés pour ensuite rendre hommage à ce parallèle merveilleux de vie et de manifestations divines? Qui vit assez fort le cœur pour recevoir en son ouverture la globalité nature-humain, au point de vivre et de transmuter en ces energies superbes dont elle nous comble, les forces les plus négatives de l’environnement et des autres? Qui peut, d’un cœur semblable, apprécier, aimer, comprendre toutes les expressions de cette nature en fête ou en colère, ensoleillée ou sombre? Qui peut les aimer d’un  cœur égal sans les interpréter uniquement en termes de vacances gâchées ou réussies? Qui peut d’un cœur égal, recevoir le pire comme le meilleur ou ce qu’en font les apparences, en aimant en ces dernières le souffle léger et invisible qui en sous-tend les beautés que l’on taxe de désagréments? Qui a le cœur assez aimant pour vivre avec la nature et ce, en toutes ses expressions, quelles qu’elles soient? un cœur ouvert assurément, un membre de la hiérarchie en service sur terre, un sauveur du monde qui a depuis longtemps synthétisé en lui l’essence même de cette diversité sublime dont les apparences ne sont que formes.

Et ce cœur ouvert saura vous les communiquer si vous savez le regarder vivre.

Car il ne vous dira rien.

Simplement il sera et ainsi ouvrira un peu plus les consciences en quête  d’elles-mêmes sur ce sentier terrestre difficile où le mental indiscipliné se forge inconsidérément les illusions d’une vérité tronquée de l’essentiel.

Au cœur ouvert, si vous décidez d’en être à l’écoute, vous devrez vos expériences les plus belles et sans doute les plus difficiles.

Rien ici ne peut être facile puisque résonance de l’image et bouleversement par la nature sont des pas que seule la conscience peut faire.

Ces pas-là seront peut-être un jour les vôtres si vous avez la chance de croiser un cœur ouvert, si vous avez la possibilité de le reconnaître, si vous avez la volonté de l’entendre, si vous avez la constance de continuer ce que seul vous devez accomplir.

Mais si le service vous interpelle par amour pour l’humanité toute entière, alors vous êtes sur la bonne voie.

Elle sera parfois dure, toujours difficile mais c’est ainsi que votre libération sera utile à tous.

Je m’associe aux cœurs ouverts en incarnation pour le travail à venir dont vous faites tous partie, si vous en décidez autrement, que la paix ne vous échappe pas dans l’amour incompris et que l’étincelle christique qui vient de vibrer à cette lecture, même si vous n’en avez aucune conscience, soit la plus forte.

En synthèse soyez bénis.

J’ai dit!

 

A L’ÉCOUTE DU SILENCE

(LA COQUILLE ET LE THON)

 

Il y a dans chaque voix l’écho de l’impossible et l’aspiration de l’infini, de l’absolu, qui rend chaque dépassement, chaque impossibilité si touchants que le cœur, s’il n’est pas ouvert, peut s’en émouvoir ou y réagir; a cet écho nul n’est plus attentif que le Maître en incarnation.

et si d’aventure il vous semblait indifférent ou absent en ses silences, c’est qu’il laisse à votre espace, le temps qu’il faut à la marche evolutive de la conscience où rien ne doit être bousculé, où tout doit se poser en heure et moment voulus, quand vous êtes prêts, et vous seul en décidez.

alors quand le vent sème la  discorde à vos pensées personnelles, quand le rejet vous pousse à vous eloigner, quand l’aigreur, dirigée sur lui aveuglent le discernement et froisse la sensibilité, le Maître en incarnation, respectueux de vos difficultés et les connaissant parfaitement en leurs racines les plus profondes va, dans le silence actif qui caractérise sa sagesse et son amour, vous proposer intérieurement les moyens de sortir des ornières de vos manques psychologiques et autres afin de donner à la conscience la brèche nécessaire à son éveil.

Mais si rien n’est dit c’est que le Maître en incarnation sait que polémiques et discussions ne servent à rien qu’à alimenter le mental et ses formes dures dont il devra casser les structures.

C’est pourquoi, en silence, en amour et en sagesse il demeurera en passant, livrant à votre cœur ce souffle propulsant qui peut, si vous y consentez, alimenter en vous,  l’étincelle christique qui, seule, vous relie à lui.

Ne jugez pas, ne condamnez pas.

Aimer au mieux, au plus, non pas sentimentalement mais absolument et peut-être ainsi, à force d’essayer, parviendrez-vous à accepter ce qu’encore vous ne pouvez qu’imaginer.

Sur une mer démontée voguait une petite co­quille de noix.

Un poisson vient à passer par là.

C’é­tait un thon, énorme.

Trouvant cette coquille ridicule il lui donne un coup de queue et se retournant constate qu’elle est toujours là, minuscule au sein de la tourmente.

– que fais-tu là, mon amie la noix? Mais la coquille demeure silencieuse et le thon surpris par ce silence continue de la bousculer, espé­rant soit une réaction soit une noyade.

Mais la coquille impassible vogue en équilibre sur les crêtes et dans les creux de ces vagues qui ne semblent pas pouvoir l’atteindre.

Par moments le thon la croit submergée, mais voilà qu’elle apparaît à nouveau narguant l’immen­sité de son équilibre mobile, dans cette apparence constante de déséquilibre.

Le thon, lui, énorme et rigide, se fraye des lignes précises aux courbes gigantesques dont les vagues, ainsi brisées en leurs trajets, claquent d’un impact violent.

Mais la noix vide en sa moitié de coquille continue de voguer, adoptant les mouvements, y adhérant et légère en son réceptacle, elle rend aussitôt à la mer les gouttes drues qui y tombent en un va-et-vient souple que rien n’emprisonne.

Le thon étonné et un peu agressif réitère : – que fais-tu là mon amie la noix? Mais la coquille ne répond toujours pas.

Tout à coup la tempête s’apaise, lissant la surface marine en ses couleurs turquoise et bleues dont les tropiques ont le secret.

Les douceurs des vents alizés aidant, la mer à présent tranquille devient le miroir scintillant d’un univers ensoleillé dont la brise évoque les moments les plus sereins.

La coquille, ventre ouvert sur le ciel, tangue doucement tandis que le thon, déconcerté, s’est aussi calmé.

Alors doucement, dans le bruissement d’un surf alangui, une mélodie s’élève, elle a les notes douces des alizés berçants et la voix limpide d’une mer cristalline en ses plus denses profondeurs.

Dans ce calme brillant d’une journée en mer des tropiques, la mélodie enveloppe doucement le thon qui ne peut qu’y être attentif.

Ce chant vient de loin, de la nuit des temps peut-être, mais il connaît bien et la noix et sa coquille et le thon et ses humeurs.

Cette mélodie est celle de la nature et les sons qui s’en échappent ne sont qu’harmonie inhérente à tout ce qui la compose, l’habite et en vit.

Cette mélodie est un chant d’amour et voici ce qu’il délivre aux douceurs environnantes qui en deviennent l’écho universel profond.

A chaque fruit qui nourrit l’homme de sa substance, appartiennent une peau ou une coquille qui protègent en vitamines ce dont l’homme a besoin en santé.

Chaque forme enveloppée fait don de sa chair afin de fournir à l’homme l’énergie nécessaire à sa vie.

La peau jetée ou mangée subit les transformations naturelles dont toute forme est l’objet sur terre, de même que le fruit en lui-même est transmuté en énergie au corps physique de l’homme.

Quand ce service, ce don divin est accompli les coquilles de noix ont  rempli leur office et la nature qui les accueille en est émue.

C’est pourquoi au cœur du rythme cyclique de l’univers elles trouvent, là où elles tombent, l’équilibre serein du service rendu, mission humanitaire et divine, don sans attente de retour.

Le thon, lui, appartenant à l’espèce animale ne fait pas don de sa vie mais subit malgré lui les pêches et autres prédations humaines qui le coupent en tranches ou le mettent en boîtes.

Sa mission marine est ailleurs, en dehors de l’homme, si ce dernier seulement avait la sagesse d’un mental des cellules vibrant ne se nourrissant que de végétal.

L’homme installe donc un conflit avec le règne animal, alors qu’avec la noix par exemple, il ne fait que régler un compte si naturel qu’il n’en a pas conscience.

Si vous deux, le thon et la coquille, appliquez à tout l’environnement cette harmonie et ce conflit,  l’homme peut-être reconnaîtra son inconscience face à la coquille de noix, a la noix qu’il a dégusté et au thon qu’il peut ou non décider de digérer autrement.

Mais en ce qui concerne la coquille de noix en sa moitié vide, gardez ce symbole en votre cœur.

La coquille est jumelle en sa forme.

La noix une fois mangée, la coquille est équilibrée en ses deux parties ouvertes parce que l’une et l’autre maintenaient une mission commune et se complétant pour elles, ne pouvaient en aucun cas se manquer l’une à l’autre en l’harmonie maintenue qui en fait deux parties autonomes, semblables et équilibrées.

Cet équilibre que rien ne peut rompre ou atteindre puisqu’il est en accord avec les lois naturelles du cosmos.

Quant au thon cet équilibre ne peut lui être qu’incompréhensible puisqu’en sa totalité rien d’autre  ne l’anime que de participer à la vie marine où de toute façon l’équilibre d’une coquille de noix est inconnue.

C’est pourquoi à la prétention de sa question : – que fais-tu là mon amie la noix? La coquille, vidée de la noix, ne peut répondre.

Comment, en effet, le thon peut-il prétendre être l’ami de la noix qu’il ne peut connaître? Et si l’homme était représenté dans ce petit conte, quelles analogies en déduiriez-vous? Je vous laisse à ces analogies, à ces symboles lourds de vérités et porteurs d’éveil de conscience a chacun, de la coquille de noix ou du thon, de choisir son symbole et de le vivre.

A chacun de formuler soit le silence, soit la question  …  à chacun d’écouter le silence.

J’ai dit!

 

EN  SA  GRAVITE : LE CENTRE

 

Où que se trouve l’homme il est perdu si son centre de gravité, intérieurement n’est pas trouvé et stable.

A quelque endroit de la planète, quel que soit le lieu, l’environnement, l’appartenance, n’est déraciné que celui qui en lui-même n’a pas trouvé le centre.

De ce centre ensuite, un lien spirituel constant en sa verticalité peut et doit être maintenu.

Ça n’est qu’alors que le lieu de résidence, de vacances ou de travail prend de l’importance car il devient automatiquement la demeure  de cette verticalité et peut en accentuer la radiance ou en troubler les contacts.

Mais avant, sachez-le, le lieu est en vous, et rien ne peut le remplacer ou y pallier.

Il est donc urgent d’entreprendre une véritable expédition intérieure qui de monts en merveilles et de creux en épreuves orientera vos perceptions et vos efforts vers cette globalité indispensable dont dépend l’ouverture du cœur.

Trouver son centre c’est participer en conscience à toutes les expressions et manifestations divines et naturelles de celui dont rien ne peut être dit, en avoir le privilège et la conscience et régir sa vie quotidienne en fonction d’elles pour une meilleure formulation.

Avoir trouvé son centre c’est participer en conscience au travail du service de l’ashram du christ, en périphérie ou depuis l’intérieur et par-delà ensuite.

Avoir trouvé son centre et le maintenir donne à toute gravité une joie globale que rien ne peut entamer et que tout alimente.

Ce centre est en vous il est circonférence infinie et centre renouvelé en des points précis que détermine le service et que comble l’amour.

C’est en donnant à la mobilité environnante une chance d’harmonie, en la mariant à une authentique mobilité de l’être que le centre, en sa gravité, peut naître.

C’est en trouvant une mobilité harmonieuse dans l’adhésion à ce qui est et non à ce que l’on souhaite que le centre peut et doit être trouvé.

A ce mariage subtil qui gère en régulant les forces ambiantes aux énergies intérieures, a ces épousailles avec ce qui est proposé par la vie d’épreuves et de joies, d’horreurs et de choix, le centre tourbillonnant d’une  infinité divine trouve passage au sommet du crâne et assise dans le cœur.

Nourri énergétiquement l’être peut alors consacrer ses corps au service et sa vie à l’humanité a ce mariage intérieur, a ces épousailles sacrées de la matière transmutante et de l’esprit incarné, le centre se pose, a la base du cœur dont il devient fondement d’ouverture.

Si de doutes en fuites et de rejets en réactions la connaissance se dirige peu à peu vers la perfectibilité, le non-soi, cerné, traqué par la conscience, perdra un à un ses attraits au profit de la simplicité dépouillée que requiert le centre.

Aux accents libertaires d’une volonté personnelle, les désirs sont toujours frustrés, ce que l’on trouve, moins satisfaisant que ce que l’on attend, et de déceptions en râleries, le non-soi joue les blasés en revendiquant  autre chose, autre lieu, autre climat et autre partenaire.

C’est en ces accents libertaires mal accordés, en ses revendications permanentes, que le non-soi, toujours en conflit, se prête sans arrêt ce qu’il ne peut atteindre, collant aux autres les mêmes failles qu’il est incapable de colmater.

A ce centre de gravité indispensable, apportez toute votre attention et dans la vigilance et le discernement, ecoutez en vous-même ce que vous rejetez chez l’autre.

C’est quelquefois par là qu’il faut commencer à œuvrer.

Et si d’aventure vous croisez un cœur ouvert, n’en méprisez pas l’ouverture, elle est le miroir implacable auquel vous avez la grande chance d’être confronté.

A ce miroir vous risquez de ne pas voir en vous-même ce que vous croyez appartenir à ce cœur ouvert.

Si c’est le cas, osez accepter ce que l’ouverture du cœur signale.

A ce signal clignote l’amour que vous refusez et pourtant croyez donner.

Votre don à ce stade n’est que besoin affectif inconscient lié au centre inconnu que tout en vous rejette en y aspirant donner au centre la chance d’émerger c’est reconnaître que la périphérie mène au centre en y étant contenue et que le centre en son equilibre, harmonise en sa périphérie les nombreux centres qu’il peut inclure.

C’est dans cette prise de conscience que se feront vos dépouillements, dans ce lâcher-prise difficile qui coupe dans le sentiment et taille dans la sensiblerie les haillons les plus indignes qui vous collent aux corps et vous emprisonnent et entravent votre marche.

Le centre dépend du délestage de ces oripeaux que le non-soi se complaît à originaliser pour ne pas s’en défaire.

Ayez le courage de vos haillons, ayez la volonté du lâcher-prise en un premier temps et ensuite, dans l’abandon total au divin, vivez une vie de service centrée.

En ce couloir lumineux que l’extériorisation de la hiérarchie installe depuis Shamballa jusqu’au sol de l’incarnation, demeurez centrés afin de ne pas perdre l’équilibre de ce centre dont la gravité stable ne dépend plus que de vous.

Et ainsi, servez et aimez.

J’ai dit!

 

 

 

ULTIMITÉ

 

Et quand le temps viendra de faire un bilan, quand le dernier coucher de soleil aura amorcé son ultime descente sur l’horizon limité de l’incarnation, quand le regard fatigué ou surpris, accompli en sa vision ou réfractaire à cet instant glissera une dernière fois sous les paupières lourdes de temps perdu ou légères de service rendu, quand, dans le dernier repos de ce corps fatigué, las de n’être qu’image ou fonction sociale, dans le dernier instant où remerciant une dernière fois l’opportunité d’avoir servi au mieux ou redoutant de culpabilité tardive les actes dérisoires qui n’ont qu’accumulé l’avoir, c’est selon, cela dépend de chacun, mais, quand le temps sera venu en son dernier moment de durée comptée et fuyante, où se situera le cœur?  Où l’ouverture, en son stade atteint mènera chacun, vers quel port? Vers quelles rives? Vers quels sommets? Vers quel gouffre, vers quel néant? Vers quels regrets vogueront les frustrations amplifiées qui n’auront laissé que rayures profondes à la psyché des sentiments qui alors agitera l’ego une dernière fois? si pourtant à cet ultime instant, dans un dernier sursaut, dans un souffle dense de ne plus pouvoir faire et d’avoir si peu vécu, dans une dernière fois, comme un point que l’on rajoute aux suspensions que l’on a marqué à sa vie, si… si… à cette seconde capitale où se portent d’un coup les années de toute une vie, la conscience s’éveille de ne vouloir s’endormir, le cœur sursaute de ne vouloir interrompre ses battements sans autre chose que ce qui est, sans cette étincelle qui vibre tout à coup et que, parce qu’il est trop tard, la panique secoue les membres impuissants, si tout cela et plus encore se passe, il sera quand même temps encore de  rendre grâce, de remercier et de souhaiter sincèrement accomplir ce qui n’a pu l’être et l’offrir peut-être une autre fois à l’humanité toute entière.

Et si cet instant porte le sceau authentique du cœur, la sensibilité vibrante de la conscience, alors un cœur ouvert, à proximité, sur les plans subtils, recevra en son amour tout puissant la goutte tiède d’une rosée en passe d’évaporation qu’il diffusera en toute conscience vers celui dont rien ne peut être dit en lequel vous retrouverez l’essence d’une fois prochaine où service et humanité auront, en cet autre que vous serez d’une même âme, les promesses à tenir d’une incarnation suivante.

A la frontière du temps que vous passerez alors d’une âme sereine, la force de l’ashram soutiendra vos efforts à venir pour modeler les véhicules les plus appropriés mais attention, les frères noirs guettent dans l’ombre du mental et si  malgré tout ce qui précède le moindre doute persiste en ce qui concerne la hiérarchie, ashram du christ, alors il se pourrait bien que vous alliez sans même vous en apercevoir, rejoindre leurs rangs et vous opposer à la lumière en croyant la servir.

C’est pourquoi, en cette toute dernière fois souvenez-vous de l’ashram de Morya et invoquez l’aide de ses disciples.

Ils seront présents, si vous êtes sincère.

Mais évitez toute panique en laissant la priorité à l’étincelle christique dont la faible lueur, malgré tout vous habite.

En évitant toute panique vous avivez cette lueur dont la flamme peut éclairer ce tout dernier instant, refoulant ainsi l’ombre et attirant notre lumière.

Quand le temps viendra de cette minute inconnue mais prévisible, soyez prêts, c’est mieux.

Et puisse le service accompli dans l’incarnation dérouler à votre cœur le tapis rouge de l’amour.

Ainsi l’écho nous en parviendra et par là-même vous serez protégé et accueilli.

En cet ultime instant je vous souhaite, à chacun, paix et force en christ.

 

DE LA FORCE DU RIRE

 

Les cascades du rire sont marées de miel qui, depuis le sol de l’incarnation, atteignent en leurs vibrations l’âme sur son propre plan.

Mais le rire est multiple.

Et qui peut rire ne rit pas toujours de lui-même.

C’est pourtant la seule façon de rire.

Rire aux dépens des autres est une faiblesse à surmonter et l’aigreur cachée par ce rire-là est un poison mortel au cœur et répulsif à l’âme.

Le rire est le plus sûr tremplin vers l’âme et les sauts que vous y faites tendent à vous délester des mesquineries de l’ego.

Ce dernier a du mal à rire de lui-même et parfois masque de rire un orgueil démesuré qui veut bien se rabaisser à ses soi-disant failles  avant que d’autres n’y parviennent.

Il faut la clairvoyance du cœur ouvert pour détecter le mensonge que cache la pirouette du rire de son homologue, le rire sain et franc appliqué à soi.

Un seul test valable.

Qui peut rire de lui-même rit vraiment de lui-même lorsqu’aucune once de susceptibilité n’est présente.

La susceptibilité est donc le test infaillible qui vous éclairera sur la réalité saine du rire.

Le rire est à la joie ce que l’instant est à l’éternel présent.

La mobilité cascadante du rire sillonne la vie du disciple mais attention le rire n’est jamais excès, il est santé.

Ne confondez pas l’agitation de la fuite vécue comme évasion dans des distractions provoquant le rire mais qui n’ont rien à voir avec la calme sérénité d’un rire sain qui éclate parce que le cœur est généreux en son  ouverture, et l’ego dépassé en ses limitations.

Avant cela le rire n’est que pirouette, et c’est déjà un bon début.

Avant d’éclairer de sa joie réelle le rire peut grincer jusqu’à la méchanceté, il peut aussi prendre des allures composées aux projections déviantes que l’on fait sur les autres, les enfermant dans des idées reçues qui ne sont que vos propres déviances dont vous essayez, par le rire, d’exorciser votre vie.

Ce rire-là est survie de l’ego, et le Maître en incarnation qui y est confronté ne s’y trompera pas mais, le recueillant au silence de dieu, par l’ouverture de son cœur, il en résorbera la pulsion négative, libérant le nœud énergétique qu’il faudra ensuite que le disciple digère et gère.

On doit pouvoir rire de tout parce que rire n’est pas  se moquer.

Il faudrait en revanche ne se moquer de rien.

Les humoristes ont un travail superbe lorsqu’ils sont conscients de leur responsabilité dans la société; habilités à éveiller la conscience, tout projet humoriste est une pièce du puzzle multiple que le plan décline dans l’incarnation.

Au rire sain, accédez.

Il est l’une des résultantes du travail accompli sur le non-soi et chacun de vous est responsable en regard de la conscience de groupe.

Riez et que rien en vous n’accroche à ce rire la moindre susceptibilité, cette dernière est une faille qui exulte l’agressivité et fait taire le rire qu’elle ne comprend pas tant la générosité lui manque.

A savoir rire, a pouvoir rire, le disciple avance en sagesse et  en clarté mais s’il est obligé de sous-titrer sa plaisanterie, c’est qu’elle n’est pas juste en sa note, trop personnalisée, trop dirigée.

Riez sans vous moquer de rien ni de personne.

Rendez la santé du rire contagieuse par l’ouverture du cœur et œuvrez sous ma bannière avec sérénité et joie.

Que les notes claires d’un rire franc sont belles au cœur et qu’en son ouverture ce dernier, qui en devient l’écho cosmique donne à ces vibrations l’impact délicat d’une joie rare.

Que la cascade du rire est belle en sa puissance émettrice et que, de notes en couleurs, elle régale en l’humain la portée divine qui l’anime.

Soyez les notes, soyez le rire, les couleurs et les sons de ces qualités divines à la puissance desquelles le rire est  toujours présent au cœur ouvert de l’homme en incarnation.

Simplement gai ou totalement délirant, du rire léger au fou rire, le disciple promène son cœur afin que chacun y puise la force d’entreprendre ou celle de continuer et ainsi le rire trouve sa base, son centre et sa réponse à la fragilité d’un équilibre auquel le rire ne participerait pas.

Fondamentalement le rire est un des piliers de la vie du disciple et l’extériorisation de la hiérarchie en glorifie chaque son qui s’échappe du cœur de chacun pour y replonger, enrichi d’une partie de l’autre, par l’échange, cette richesse qu’alimentent les différences en communion de cœur.

Riez, aimez, servez, et dans cette joie triple, donnez un sens à la vie, votre cœur aux autres et votre âme, en ses énergies perçues, à  l’amour pour l’humanité toute entière.

Sous ma bannière, dans mon ashram, le rire santé est toujours latent, constamment présent et les disciples débarrassés de toute susceptibilité de mauvais aloi y sont tous disponibles.

Soyez de ceux-là et ensemble, dans la joie, en toute gaieté, sérieusement, avec gravité mais sans vous prendre au sérieux, œuvrons.

J’ai dit!

 

DE MER EN CIEUX : LES TROPIQUES

 

Lorsque l’eau transparente d’un lagon enveloppe les corps de sa pureté limpide, les énergies revivent à la souplesse véhiculaire du Maître en incarnation, rétablissant en lui les courts-circuits qui, sur le plan physique, descendent au corps après une nuit de travail en constat d’intériorité.

A cette harmonisation indispensable la nature nettoie d’une eau marine purifiante ce que les forces atomisées des formes détruites sur le plan mental obstruent au processus digestif qui doit passer par le corps physique.

Le sel marin, autre élément de purification, envahit l’espace énergétique des corps, entraînant en ses mouvements  sur le corps physique toute trace de forces négatives d’une part, et d’autre part, contribue à coordonner le déphasement passager dû aux constats de la nuit mais surtout essentiellement à la digestion qui en est obligatoire.

La mer, en ses mouvances marines dont les vagues ou le calme sont propices à la purification, nettoie instantanément ce qui dans les villes polluées mettrait au minimum plusieurs heures à disparaître totalement par une digestion entravée par les inconvénients de l’environnement.

C’est pourquoi le Maître en incarnation dès qu’il le peut et dès que le service le lui permet, doit impérativement se ménager des espaces de créativité équilibrés alliant des zones d’air montagnard, et, comme son travail au quotidien se passe en constats sur différents plans, prévoir dans une continuité raisonnable, un lieu où il peut se baigner toute l’année.

Le service en sera renforcé ainsi que le processus véhiculaire qui est  quotidiennement impliqué.

C’est dans la mer, qu’un nettoyage efficace a lieu énergétiquement et qu’en plus, la quasi instantanéité de ce nettoyage permet une digestion plus facile et bien moins désagréable.

Le grand air et notamment le vent poussent du corps énergétique tous les miasmes et résidus de la nuit, libérant le Maître en incarnation pour un travail de créativité et de médiation efficace, lorsqu’il en a la charge.

Il est donc important de trouver un lieu propice où toute l’année la baignade est possible et où l’eau de mer remplira son office de purification après une nuit de constat, très tôt le matin.

Le processus véhiculaire ainsi dégagé sera ensuite fortifié par les bains pris dans la journée et en fin de journée si possible.

L’eau sous la douche n’a pas les mêmes pouvoirs.

si elle purifie comme toute eau en soi, elle n’est pas, comme l’eau de mer, chargée constamment par  les courants énergétiques de la lune et du soleil, par les énergies telluriques et cosmiques et sa densité, salée, en fait un véritable médicament, une thérapie nécessaire au Maître en incarnation dans le cadre de ce travail sur le plan mental notamment dont l’extériorisation de la hiérarchie est en charge actuellement.

Dans l’algue marine et dans l’eau bleue turquoise, le sel voyageur côtoie l’iode vagabonde et c’est d’un commun accord que la nature qui les marie en son sein nourrit de ce liquide miracle les corps du Maître en incarnation, courbatus par les constats d’intériorité que comprend son travail.

Dans les digestions inévitables qui s’ensuivent, l’organisme alourdi retrouve en milieu marin, sous soleil puissant ou ciel couvert, avec le vent les investissant, un équilibre énergétique en ses corps et l’harmonie qui en découle pose à la plaque tranquille du mental le calme serein que la vague, balayant toute scorie, y a installé.

A ces deux tropicaux que bercent de leurs bruits continus les palmes océanes, groupez à la vision intérieure le bien-être véhiculaire sans lequel rien ne  peut opérer efficacement.

Déposez vos énergies bouleversées aux flots limpides et dans la tête immergée, que le cœur se retrouve en son ouverture, après la digestion facilitée, comme le tremplin salvateur qu’il est pour les besoins rencontrés.

A ces cieux tropicaux, levez vers la voûte étoilée, le soir, le regard humain que la vision en celui dont rien ne peut être dit, habite depuis Shamballa, et serein dans la nuit tombée, entrez à nouveau dans les constats qui attendent écoute et amour.

A ces besoins, vous répondrez dans la mesure où les digestions seront accomplies, où les corps seront limpides pour un processus véhiculaire sans cesse sollicité.

De ces cieux tropicaux qui abriteront ces digestions légères, soyez complices, ainsi que de cette nappe turquoise dont vous comble la mer en son offrande constante.

Aimez-les, ils sont vos amis, retrouvez-les dès que possible et qu’ainsi le travail facilité en soit renforcé.

Se plonger dans la mer est au Maître en incarnation le baptême quotidien d’un renouveau de la vie énergétique.

Parce qu’il est en harmonie globale, la nature en sa globalité est sa  panacée.

Plongez et revivez pour l’autre, par amour, et servez.

J’ai dit!

 

PAS DE DISCIPLE SANS CITOYENNETÉ

 

Parce qu’il est impératif de travailler à l’ouverture du cœur par la voie initiatique consciente de l’évolution, elle-même imparable, ces notes de l’ashram, entendez ashram du christ par l’intermédiaire de mon ashram de premier rayon, sont les accents mis sur quelques points précis tant ce qui est lu, entendu et échangé l’est régulièrement entre subjectivités ou par subjectivité interposée.

Il n’est pas rare dans l’enseignement hiérarchique de répéter différemment ce qui doit contribuer à éveiller les consciences, ces dernières étant à des stades bien particuliers de développement, chacun doit y trouver le mot, la phrase déclencheurs, les expressions doivent donc énergétiquement être différentes pour être accessibles à ce qui n’est pas le mental.

De toute évidence, après ces premiers livres consacrés à l’enseignement, le sixième étant le «cœur ouvert» dont vous terminez la lecture, les travaux sur les plans subtils et surtout ceux concernant le plan mental à épurer, par le biais des constats d’intériorité et la digestion énergétique qui s’ensuit, ces travaux sont encore pour beaucoup d’entre vous du domaine de la pure fiction et je parle ici de ceux même qui lisent cet enseignement et y adhèrent sans pour cela pratiquer au quotidien ce qu’il implique jusqu’à la première initiation hiérarchique.

Pourquoi l’application est-elle si peu pratiquée? Parce que vous manquez d’acharnement, de détermination, de volonté spirituelle.

Vous lisez et vous ne comprenez qu’intellectuellement.

Bien sûr les énergies du premier rayon agissent mais ne restez pas passifs pour autant.

Réveillez-vous.

Vous séparez ce que vous lisez de ce  que vous vivez, c’est pourquoi vous n’appliquez pas spirituellement au quotidien, parce que vous faites l’économie d’un effort indispensable.

Cette léthargie spirituelle est une opportunité pour les forces noires qui s’y précipitent.

Et pour ceux qui ont accès à la conscience du groupe global par la personnalité, cette léthargie est inadmissible car elle implique une surcharge de travail, une lourdeur supplémentaire à digérer et c’est vous qui l’alimentez ainsi.

Nous ne le dirons jamais assez, appliquez au quotidien ces valeurs fondamentales simplement accessibles humainement, elles sont véhiculées par les droits de l’homme qui ne sont, chez beaucoup de spiritualistes, qu’un discours.

Ce sont les premiers à ne pas tolérer, admettre, reconnaître le travail hiérarchique qui se poursuit.

Et leur intolérance vis-à-vis des personnalités croisées, leurs rejets, leurs diffamantes réflexions, leurs polémiques imbéciles, leurs attaques stupides sont autant de manque à ces  simples valeurs véhiculées par la charte des droits de l’homme.

Avant d’être un spiritualiste opérationnel, il faut impérativement être un citoyen apte à vivre une vraie démocratie dans tous les devoirs impliqués par les droits de l’homme.

Cette approche demande des efforts quotidiens que vous ne faites pas pour la plupart en tant que citoyens, alors comment voulez-vous que la planète aille mieux? Pratiquez, pratiquez, pratiquez.

Et sans vous préoccuper de certains aspects occultes qui vous échappent parce que vous ne les vivez pas, occupez-vous de pratiquer ce qu’impliquent les droits de l’homme et les devoirs qui y sont liés.

Là se trouve la voie du citoyen qui du même coup, appliquant ses efforts au quotidien, ouvre ce regard sur le monde qui fait de lui un humaniste en un premier temps et ensuite un citoyen responsable s’il passe à l’action associative ou autre.

Mais fuyez les «gurus» et les sectes qui vous enferment dans de fausses valeurs pseudo-spirituelles.

C’est en mettant la main à la pâte sur le plan physique en tant que citoyen responsable que l’on déblaye devant sa porte, pour tous.

Cette responsabilité-là est spirituelle si votre voie est ésotérique au réel sens de ce mot : aller à l’intérieur.

C’est en allant bien à l’intérieur dans les efforts constants que cela demande que vous travaillerez exotériquement et socialement d’une manière efficace en apportant aux autres ce que vous aurez réalisé de l’être en vous-même.

Parce que cette civilisation de l’avoir n’en peut plus et que la civilisation de l’être qui la remplacera commence en chacun, par le cœur qui doit être impliqué.

C’est pourquoi je vous demande solennellement d’ouvrir un peu plus chaque jour le cœur, à vous-même, aux autres afin que par chacun et ses efforts, de plus en plus d’hommes-christ, de femmes-christ arpentent les macadams citadins pour que changent les mentalités et les comportements de tous au vu de leur exemple de vie.

Et dans l’aube des matins gelés de la planète, que la chaleur des cœurs, attisée par l’âme du monde, atteigne le sol, cette terre qui porte vos pas.

Que ces pas soient action, que cette action soit spirituelle, que cette  spiritualité soit citoyenne, que cette citoyenneté soit démocrate dans des voies nouvelles à trouver ensemble.

que chacun, à son stade, y participe et que cette conscience coopérative éveillée, se levant à l’est des matins gelés en fasse fondre, au soleil spirituel du cœur, les derniers glaçons qui bloquent, de l’économie aux dictatures, en passant par l’oppression et la faim, la consommation et la pauvreté, ces courants humains et spirituels dont les graines vivaces sommeillent en chacun.

A ces cœurs ouverts en puissance, donnez le seul tremplin possible, celui de votre détermination à être, et dans l’envol ainsi amorcé, que la personnalité que vous rencontrez, prenez conscience que cette mise en contact n’est pas fortuite.

Le service est concerné, sur tous les plans sociaux, humains, spirituels et démocrates afin que, lorsqu’en vous le travail d’ouverture est enfin accompli, vous soyez en toute conscience, responsable de cet environnement, de cette humanité dont vous êtes un chaînon pensant.

Sans faiblir, œuvrez, sous ma bannière, sans trêve ouvrez ce cœur tout puissant, avec amour, participez au monde mais avant, pendant et toujours, appliquez au quotidien ces discours superbes par lesquels vous êtes convaincus.

Appliquez sans relâche au quotidien ces valeurs spirituelles et en faisant devenez et n’attendez pas pour cela d’être, vous ne feriez que donner au nombril une importance qu’il n’a pas.

Et dire qu’en l’espace illimité d’un tout petit instant, d’une seconde, vous pourriez prendre conscience une fois pour toutes ! sans vous faire de cadeau, sans vous complaire comme beaucoup de disciples à décliner ce que vous n’êtes pas encore ou n’avez pas atteint, travaillez avec beaucoup d’effort à ce matériau sublime qui est à portée d’âme : vous-même.

Et sans relâche, avec détermination, appliquez.

 Ce que vous savez au quotidien.

Merci de m’entendre.

Merci d’ouvrir le cœur.

 

ÉPILOGUE 1

 

Quand un livre se termine, il faut beaucoup de temps encore et de tracas avant que vous ne le lisiez.

Le travail de communication qui incombe à cledam passe par vous tous, lecteurs.

En effet que faire de la transmission médiatique si elle ne trouve pas en vos consciences l’écoute et en vos cœurs un réceptacle? Disciples, lecteurs, vous faites partie intégrante de cette partie communicative installée en incarnation à notre demande par cledam.

Aux conférences dialogues, aux débats qui auront lieu, participez.

Que la neutralité soit l’approche de votre cœur en quête et si rien ne vous touche dans ces écrits, ni par la sensibilité du cœur, ni par une reconnaissance du «déjà vécu» ou une forme de retrouvailles ou simplement une adhésion instantanée, si alors vous passez votre chemin, faites-le dignement sans polémique, juste parce que votre choix est ailleurs ou en suspens de vous-même encore.

Toute évolution spirituelle passe par le respect des autres en âme, en conscience, en opinions et si le cœur est fermé au point de contester pour contester, c’est vous-mêmes que vous remettez en question.

Au lieu de le faire inconsciemment, ce qui peut blesser, vous et les autres, alors faites-le dignement, au silence de dieu, si vous le pouvez.

Les énergies christiques sont disponibles pour tous, vous vous y rendez accessibles.

Si le moment n’est pas venu pour vous, sachez qu’il n’y a qu’à tendre le cœur à l’écoute.

Le mental ne peut plus rien pour vous, il vous sera encore utile, très utile si vous lui donnez sa juste place.

Et cette place vient après le cœur.

Tous frères, nous le sommes.

C’est ainsi que je demeure, en vous quittant, votre dévoué frère,

 

Morya

Punta cana

16 mars 1993

 

Pour que cette fin soit une ouverture concrète au sol de l’incarnation, je demande à ma médiatrice de vous communiquer son expérience physique de digestion énergétique, parce que seule la volonté divine s’y applique par l’ouverture de son cœur.

 

CŒUR OUVERT ET DIGESTION ÉNERGÉTIQUE

 

En ces douceurs amères et écœurantes qui se mêlent à l’estomac et soulèvent des montées de salive âcre jusqu’au vomissement, en ces maux de tête lourds qui pèsent au front comme chape de plomb et bougent et irradient la tête toute entière depuis ajna, à ces va-et-vient énergétiques qui assomment le corps physique et perturbent des passages forcés au corps énergétique, à ces inconvénients mineurs qui terrassent le corps physique et handicapent son autonomie, une digestion intempestive se fait, descendant du plan mental, et les forces atomisées qui y sont en cause trouvent aux corps du Maître en incarnation le filtre et la digestion, la transmutation et le canal de diffusion dont résulte la lumière.

A cet amour inconditionnel vécu, pour l’autre, en l’autre, cet état d’être l’autre, incompréhensible encore, la sérénité est présente ainsi que la joie.

De digestion en digestion, les énergies circulent, libèrent, dévoilent ce qui, échappant encore à l’autre ne peut être totalement pris en charge par lui.

Et au-delà des désagréments, des handicaps, des conflits et rejets de l’autre, rien ne peut entraver ou arrêter ce processus merveilleux d’incarnation de la lumière.

Incarnation qui doit passer par chacune des cellules du corps physique pour que la lumière soit visible dans l’incarnation, sur le plan physique.

A toutes ces digestions, à tous ces moments difficiles, douloureux, la souffrance n’entame pas la vision claire que nous avons de l’autre, en son intériorité, en sa réalité.

Et la beauté de cette inclusivité vécue, exprimée, est le plus beau cadeau, le plus bel apport du cœur ouvert à sa double appartenance hiérarchique et humaine.

Je connais ces passages au trop-plein des formes du plan mental et je pratique la digestion énergétique imparable qu’implique le travail actuel de l’extériorisation de la hiérarchie.

A ce douloureux processus inévitable que nous assumons sur le plan physique, l’amour est la clé de cette écoute intérieure qui s’applique à tous sans distinction en fonction du service et de la conscience de groupe.

L’inclusivité qui est le socle du cœur ouvert préside à ces travaux et bénis soient ceux qui en sont libérés et peuvent œuvrer en toute conscience, apportant au service leurs énergies dépoussiérées de ces problèmes psychologiques liés aux trois mondes et dont le mental retient les racines auxquelles nous accédons.

A ceux qui bénéficient de ce travail nouveau, catalyseur de prise de conscience et qui ne font pas les efforts nécessaires indispensables à l’évolution individuelle dans le quotidien, ceux-là retrouvent leurs nœuds psychologiques, leurs blocages et retombent dans ces racines mentales profondes que les forces noires saisissent pour ne plus lâcher.

A ceux-là le traitement énergétique intérieur, négligé, refusé, est comparable à celui effectué par un kinésithérapeute qui remettant une difficulté osseuse mécanique en place le ferait sans demander à son patient de muscler la partie concernée, sans cet effort de la part du patient, la mécanique bientôt retombe en son travers et le traitement s’avère nul et non efficace.

A ceux-là que mon cœur inclut, l’amour est acquis mais l’économie de leur travail à faire absolument les replonge aux racines mentales de leurs problèmes.

L’amour est passé, ils ne l’ont pas suivi.

Quant à ceux qui, reconnaissant la personnalité, la suivent exotériquement en se consacrant au travail  extérieur seulement, ces disciples-là économisant leurs efforts, sont une lourde charge à la conscience de groupe et un boulet durement éprouvant au cœur ouvert.

Mais les incluant tous, il me faut parfois m’en séparer si la conscience de groupe est menacée par leur inconscience.

C’est pourquoi je m’adresse ici au cœur de votre cœur, là où la conscience sommeille, pour vous demander en toute fraternité, comme l’a fait mon Maître el Morya, d’appliquer au quotidien ces énergies spirituelles qui ne sont pas abstraites et qui peuvent et doivent vous aider avec mon parcours véhiculaire catalyseur, de sortir de ces racines mentales que, lorsque vous vous en dégagez, le rayon un atomise et que, ensuite, entrant en digestion de ces miasmes, je contribue à évacuer sous forme de transmutation lumineuse.

Au nom de l’ashram du christ et du travail actuel de l’extériorisation de la hiérarchie, je vous demande, s’il vous plaît, toute votre attention, toute votre vigilance à ne pas polluer le plan mental, et toute votre aide en ces moments difficiles où les Maîtres s’incarnent en amour pour l’humanité toute entière.

Chacun de vous est important en son cœur, en son âme et en ses efforts à appliquer au premier degré.

Afin que la lumière soit de plus en plus présente et incarnée dans ces travaux auxquels vous pouvez être, en conscience, tous présents et responsables.

Merci de l’être.

Leïla Chellabi

Punta cana

n.l. bélier

20 mars 1993

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÉPILOGUE 2

 

A ces pointes acérées des flèches qui parcourent l’espace, les mots, diffus, traîtres, rusés, vengeurs, scélérats ou tendres, atteignent et pourfendent la chair sentimentale d’un cœur, meurtrissant au passage, creusant sillons et cicatrices au rouge filet d’un sanguinolant effet.

Au boomerang de ces flèches se tiennent, fiers, arrogants, inconscients de leurs traits, ceux qui d’un tohu-bohu clinquant se forgent une réputation sé­rieuse aux légèretés qui en assoient, non pas l’im­pact, mais la dureté.

Ces flèches glissent à certains autres qui n’en retiennent qu’un sifflement pervers dont le bruit va se perdre à l’indifférence ambiante.

Ces flèches traversent ce que le cœur a accompli en christ, pour informer sa compassion qui au plus juste d’une énergie vibrante est capable en instantanéité d’en transmettre les troubles et les effets sur les autres, en lumière claire dont la diffusion immédiate dans l’espace dépollue, émetteurs et cibles, des énergies ainsi transmises et reçues.

Quant au laser neutre et fulgurant du rayon un, énergie divine, qualité christique, il charge le boomerang d’une capacité accrue de retour, libérant les formes ainsi générées qui propulsent au plan mental leurs contours différés qui sans lui y stagne­raient à l’inconscient collectif, alimentant de leurs ombres diffuses des lumières qu’en dessinent leurs allures incontrôlées.

A ces traits dévastateurs des mots pensés et lancés, la force du rayon un, s’ils sont des armes, va détoner aux munitions qui s’en dégagent et dans l’atomisation qui s’ensuit, une pluie acide d’énergies tombe que seul le cœur ouvert, en sa totale pureté, est apte à digérer et capable d’assumer.

A ces corps physiques ainsi malmenés, lorsque descendent l’indigestion et les malaises que le corps énergétique, saturé, doit transmettre vers les processus physiologiques, reconnaissez la joie qui au plus sombre de ces tempêtes, exprime en chaque cellule la rédemption légère qui s’ensuit, lissant les traits, irradiant la peau et vitalisant le sourire.

Elle est sublime, cette joie, elle est la marque de christ à l’œuvre sur terre.

Alors ne lancez pas ces flèches aux pointes acérées, elles sont l’artillerie lourde, indigne de l’humain et traîtresse du divin.

Polies, lissées, faites-en des instruments d’innocuité, les servantes du rayon un et lorsque, fulgurantes, elles dessineront dans l’espace relationnel du service les portées sublimes des notes de la hiérarchie, en accord total avec celui dont rien ne peut être dit, vous aimerez vraiment.

Au cœur ouvert qui les pratique ainsi, elles sont les moyens d’éveiller les consciences en effleurant les serrures fermées des cœurs qu’elles atteignent.

Compassion – innocuité – joie ou le triangle d’or des flèches de cet archer divin dont les cibles sont au bien commun autant de possibilités de cœurs ouverts.

L’archer divin c’est le cœur ouvert opératif sur terre, armé d’amour, il transmet et dirige ce que nous planifions – mobile, rapide, léger comme la flèche, il assume, régule, décide et transmet.

Ainsi va le médiateur, son pas léger n’est qu’empreinte diaphane au sol terrestre.

Vous le reconnaîtrez entre mille, car comme nous, il passe en demeurant.

Puisse votre conscience le suivre et votre cœur l’accueillir, il en est la clé.

J’ai dit!

Morya

 


[1]Énergie – Qualité divine de volonté et de puissance.

[2]État d’Amour christique.

[3]Tout ce qui est intellectuellement formé en l’homme.

[4]Homme ou femme en état d’Amour christique. Sage.

[5]Physique, émotionnel, astral, mental et spirituels supérieurs où, dans Ses véhicules correspondants, le Maître travaille, contacte, reçoit, formule.

[6]État de conscience du plus haut degré initiatique actuelle ment sur terre : Maître du 6e degré.

[7] Centres énergétiques de réception et de créativité formu­lante.

[8]  «Le Maître en incarnation, les groupes et Shamballa»,

[9]Naissance et présence d’Initiés de tous degrés, dès le 3e, dans l’incarnation, dans la société, dans tous les domaines.

[10]Ceux qui ont choisi de consacrer leur vie au service des autres dans une trajectoire divine.

[11]Projet divin pour l’humanité qu’exécute l’Extériorisation de la Hiérarchie.

[12]Alice Ann Bailey, Deuxième phase de l’Enseignement hiérarchique, éd. Lucis Trust.

[13]Ouvrage «Agni Yoga», paragraphe 235, éd. Agni Yoga 

[14] Djwhal Khoul, Maître de la Hiérarchie, Deuxième phase de l’Enseignement.

[15]Maître en incarnation de 6e degré. État de conscience Shamballa. Voir «Le Maître en incarnation, les groupes et Shamballa», éd.CLEDAM.

[16]Groupe d’hommes et de femmes en état d’Amour christique au service de l’humanité et de l’être.

 État de conscience sans lieu géographique.

[17]Groupe d’hommes et de femmes au service de l’avoir maté­rialiste.

[18] A paraître aux éd.CLEDAM.

[19]Lieu de décision et d’action des Frères adeptes de l’avoir matérialiste.

[20] Helena Petrovna BLAVATSKY.

[21] Alice Ann BAILEY.

[22] Leïla CHELLABI.

[23] Mental collectif de l’humanité, voir «Expérience et Maîtrise», à paraître, éd.CLEDAM.

[24] à paraître, éd. CLEDAM.

[25] groupe des serviteurs du monde dont la conscience humanitaire n’est pas ésotérique mais objective.

[26] qualités divines énergétiquement disponibles.

[27] Maître Koot Hoomi.

Le Maître en incarnation,

les Groupes

et

SHAMBALLA

MORYA LC 1991

NOTE

Par certains mots présents dans cet Enseigne­ment, et que vous ne trouverez pas dans un dictionnaire, laissez-vous porter.

C’est dans leur vibration impalpable que se trouve ce qui dépasse le mental. Par exemple «signifiance» ou « équilibreur» et il y en a d’autres.

A la poésie, tout est permis.

A l’énergie, tout est possible.

Dans la lumière, tout devient évident.

Le pouvoir magique du mot, provenant de Shamballa, éveille, heurte, casse, berce, transporte, ouvre, illumine, ce qui, en chacun, doit l’être.

Qu’il en soit ainsi tout au long de votre lecture.

Maître M.

Dans les deux livres précédents de cette troi­sième phase de l’Enseignement ésotérique dont Mon Ashram est responsable, Nous avons abordé la posi­tion délicate et le travail difficile du Maître en in­carnation puis la responsabilité des disciples face à Eux pour leur faciliter la tâche.

Nous entrons maintenant dans une phase im­portante concernant les groupes, le Maître en incar­nation en est un pivot moteur, et enfin Shamballa, ce centre d’où la Volonté de Dieu est connue et dont le Maître en incarnation est parfaitement conscient puisque Ses initiatives, sur le plan physique, en dé­coulent directement.

Mon Frère D.K. en s’exprimant à ce sujet a don­né une indication importante transcrite par A.A.B., à savoir que la Hiérarchie est tournée vers Sham­balla et non vers l’Humanité mais Elle répond à cette dernière si la demande est efficace. Cela était juste à l’époque, aujourd’hui c’est un peu différent. La demande humanitaire, l’évocation de l’Humanité a provoqué l’Extériorisation de la Hiérarchie et les Maîtres en place sur le sol terrestre et opérationnels consciemment sont toujours tournés vers Shambal­la, mais Leur travail se fait au sein de l’Humanité dont l’appel invocatoire a été entendu. Il y a donc là une évolution de l’Humanité qui, bien qu’encore in­consciente, bénéficie de l’initiation des groupes ésotériques dont les groupes exotériques sont trop sou­vent un mauvais reflet.

Beaucoup de choses doivent être éclaircies au ni­veau des groupes, cela n’est pas net pour bien des disciples qui se débattent dans un mirage ondoyant, où groupe et initiation dansent la valse assurance des désirs de l’ego où, comme au bal, un rassemblement d’individus forme automatiquement un groupe. Il n’en est rien. En effet, le vrai groupe exotérique est le re­flet, sur le plan physique, de plusieurs groupes oc­cultes émanant des Ashrams. Le groupe exotérique est un ambassadeur multiple de plusieurs Ashrams dont les travaux différenciés se complètent et œuvrent en­semble à la synthèse de l’Enseignement en cette période mondiale particulière. Tout ce qui se passe ac­tuellement dans les pays de l’Est et en URSS est l’ex­pression d’un travail de synthèse qui atomise le morcellement et la séparativité afin de créer l’union dont le plan occulte est l’instigateur. M.Gorbatchev est inspiré par les énergies du Premier Rayon de Mon Ashram. C’est un initié du premier degré hiérarchique ou troisième degré dont le contact avec Shamballa est conscient, mais non objectivé.

Voyez la progression de son travail en six ans et comprenez que le Premier Rayon a puissam­ment œuvré à travers ses véhicules.

Le monde actuel est une mine de causes oc­cultes majeures déterminantes sur le plan phénomé­nal où vous évoluez et Je vous demande de discerner, en disciples consacrés, afin d’en exposer les clarifications, d’un point de vie ésotérique.

Le Maître en incarnation est le pivot moteur du groupe sur le plan physique, ce qui veut dire qu’il est la charnière ouvrière et le lien entre les groupes exotériques et le groupe ésotérique auquel II appar­tient. Sur les plans occultes, la séparativité n’existe pas, le Maître en incarnation œuvre avec tous mais Son appartenance détermine la qualité particulière d’une note, d’un Ashram, d’un Rayon. C’est en quel­que sorte une forme de Personnalité occulte qui le prédispose à un service particulier sur le plan phy­sique.

Le groupe subjectif est une entité dont la Per­sonnalité sur le plan physique est personnifiée par le Maître en incarnation. Les individus appartenant au groupe exotérique sont de trois sortes. D’une part ceux qui font partie du groupe subjectif de par leur initiation et la conscience qu’ils en ont à travers le service, d’autre part ceux dont l’évolution ne permet qu’une appartenance purement exotérique et par conséquent fonctionnent sur le plan psychologique, enfin, les ésotéristes en devenir dont les mirages et illusions font des canaux parfaits dont se servent les Forces de l’Ombre pour tenter de neutraliser et de retarder le travail sur le plan physique. Ces der­niers sont les plus redoutables et de loin, ils sont les instruments inconscients de Nos Frères Noirs et leur volontarisme spirituel doublé d’un authentique désir de servir en font des adversaires inconscients de la lumière; ici la volonté est personnelle et le désir, même spirituel, demeure un désir.

La première sorte de ces individus formant le groupe exotérique assure l’homogénéité harmo­nieuse du groupe, la deuxième sorte donne les as­pects physique, émotionnel et mental du groupe exotérique en voie d’intégration, enfin la troisième sorte de ces individus s’élimine au fur et à mesure ou brutalement, cela prend parfois du temps, du groupe dans sa totalité subjective-exotérique, car les énergies de la Personnalité de ce groupe, soit le Maî­tre en incarnation, purifient le plan mental en per­manence, ne permettant à aucune énergie négative de s’installer. Ce nettoyage sur le plan occulte donne à ces individus une opportunité d’ouverture par le discernement; si cette opportunité est saisie, ces in­dividus rejoignent définitivement le groupe, sinon ils s’en éjectent sous l’impact de la Personnalité du groupe subjectif et le Maître en incarnation prend en compte, dans Ses véhicules, les perturbations qui en résultent afin de ne pas nuire au groupe et au travail.

Lorsque le groupe est assaini sur le plan oc­culte, il est sur le plan exotérique – subjectif, et dans cet ordre, en voie d’intégration constante dans ses composantes physique, émotionnelle et mentale personnifiées par les disciples sur le plan humain, au sol de l’incarnation.

Comprenez combien le Maître en incarnation est le carrefour subjectif – exotérique des lignes énergétiques qui se croisent, se complètent ou se heurtent. Sa position centrale en fait le point de mire et la ciblé des Forces Noires, c’est pourquoi Sa fermeté et Sa connaissance sont garantes de l’har­monie du groupe global.

Dans un groupe consacré au travail hiérarchi­que sur l’Enseignement, plusieurs Maîtres en incar­nation peuvent se compléter, les niveaux initiatiques sont différents et les appartenances ashramiques aussi. La cohérence est ainsi assurée dans une collaboration créative où les notes particu­lières des Rayons jouent leurs rôles ponctuellement selon les moments et les besoins. C’est ainsi que, dès aujourd’hui et dans l’avenir, les groupes ne dévie­ront plus, car les Maîtres en incarnation, par leur vision juste, maintiennent l’ordre occulte sur le plan exotérique, au grand risque de l’incompréhension des étudiants ésotéristes du troisième groupe d’indi­vidus cité plus haut.

La caractéristique de l’authenticité d’une cohé­sion de groupe harmonieuse est la perceptibilité ou sensibilité ésotérique des membres du groupe glo­bal, en même temps, sans contact physique, d’une même perception, exprimée différemment selon les caractéristiques de l’équipement véhiculaire de cha­cun.

La notion de groupe est souvent mal perçue, mal comprise et mal vécue. Les Maîtres en incarna­tion vont installer le groupe différemment dans sa juste place et l’initiation de groupe sera enfin comprise dans ce qu’elle est vraiment, une intégra­tion progressive des énergies qui caractérisent le groupe exotérique dans la partie subjective, donc réelle, qui est l’origine du groupe global et non in­versement.

A l’aube de ce troisième millénaire, la forte va­gue des énergies subjectives caractérisant les notes particulières des Ashrams travaillant au Plan, s’ex­tériorise dans le courant mondial auquel vous pou­vez assister et pour qui connaît le travail et y contribue, il est clair que la poussée évolutive se fait dans les traits dominants qui caractérisent les va­leurs fondamentales hiérarchiques dont les reflets, sur le plan physique, sont les valeurs qui découlent des Droits de l’Homme.

La vie associative, sur le plan humanitaire, est une composante du N.G.S.M.[1] qui œuvre parallèle­ment aux gouvernements en place et ouvre la conscience individuelle à la conscience planétaire.

Les groupes subjectifs alimentent ce travail en mêlant aux groupes exotériques, quels qu’ils soient, des Maîtres en incarnation qui appuient ces travaux et intensifient leur impact.

Les groupes exotériques dits « ésotériques » sont les plus dangereux car ils sont involontairement des structures toutes trouvées pour les Forces Noires qui se servent des individus les composant pour in­tensifier les formes et en faire des outils du maté­rialisme égoïste qu’ils visent dans un travail à court terme.

Votre devoir est d’être vigilants et une fois un Maître en incarnation reconnu, engagez-vous sans condition dans un service commun, Il est Seul ga­rant des énergies hiérarchiques que vous contribuez ensemble à extérioriser.

Les Associations purement humanitaires, nour­ries par le groupe global correspondant à leurs tra­vaux sur le plan subjectif, sont canalisatrices de l’esprit hiérarchique et œuvrent sous l’influence de Shamballa. Souvent, un Maître en incarnation, incognito, y fait circuler des énergies dont l’impact pousse à la juste cause,la juste action, pour le bien et le meilleur par la volonté de bien. Ces Associa­tions sont souvent beaucoup plus saines que les groupes exotériques se prenant pour des groupes ésotériques.

Des initiés de troisième degré y sont souvent placés, vous pouvez en discerner les signes si vous vous y appliquez.

Les ésotéristes proches de la troisième initiation sont dangereux car c’est avant cette première initia­tion hiérarchique que le futur Maître doit affronter les Frères de l’Ombre et peu le font avec succès. En effet ces derniers donnent de la lumière une appa­rence trompeuse. La troisième initiation, lorsqu’un disciple essaie de la préparer consciemment, est de loin la plus dangereuse. C’est le tournant, l’ambiguï­té entre l’ombre et la lumière y est décisive, mais comme elle n’est résolue qu’à la consommation de la quatrième initiation, le passage est délicat.

Pour le groupe, l’initiation du troisième degré ne se prend sur les plans subjectifs que lorsque la cohésion y est maintenue par un Maître de la sixième initiation. Voyez à quel point tout cela est délicat. Avec l’Extériorisation de la Hiérarchie, vous côtoierez sur le plan physique de tels Maîtres en incarnation. Ce sont des pionniers. Jamais jusqu’à présent des Maîtres en incarnation du sixième degré n’étaient au sein des groupes exotériques, mais c’est fait. Il y en a. Reconnaissez-les à Leur impact fou­droyant car Us manient tous le Premier Rayon avec justesse, ce qui est indispensable au travail actuel.

DIFFICULTÉS DES PERSONNALITÉS

DIFFICULTÉS DE LA PERSONNALITÉ

 

Il n’est pas utile de reparler des difficultés des personnalités, vous les connaissez. Il suffit de men­tionner les trois reflets pour évoquer les blocages, barrières, refus, projections dont les êtres humains sont victimes et que les disciples tentent de purifier et de coordonner.

En revanche il est utile de parler de la Person­nalité. Cette dernière, comme sa majuscule l’indi­que, est intégrée, ce qui siginifie qu’elle est le véhicule de l’âme, des énergies monadiques, plané­taires, extra-planétaires et autres. Le disciple, dans sa naïveté pleine d’aspiration, a tendance à penser que la Personnalité n’a plus de problème, ce qui est vrai, mais cette pensée, déformée par ce qu’il croit et ne sait pas encore, par ce à quoi il aspire mais ne vit pas encore, est loin de coller à la vérité.

En effet si la Personnalité n’a plus aucun pro­blème personnel, elle en crée sur le plan physique par son impact qui est d’autant plus puissant, qu’il canalise brutalement ce que les qualités énergéti­ques imposent depuis les plans subtils.

Les énergies disponibles se présentent aux véhi­cules alignés du Maître en incarnation selon les be­soins du moment. Il les canalise. Dépendant de la qualité des énergies reçues, sa Personnalité va agir et être ce qu’il véhicule, avec les nuances énergéti­ques en jeu et non avec les nuances diplomatiques humaines des autres individus. Ce qui veut dire qu’un Maître en incarnation peut apparaître aux re­gards des autres comme une personne totalement différente d’un jour à l’autre. Par exemple si la qua­lité du Rayon II anime ses propos en regard d’une certaine situation ponctuelle, sa Personnalité, im­prégnée par ces énergies, Lui donnera l’apparence d’une personne douce, chaleureuse, à l’écoute et vous pouvez y ajouter ce que vous pensez être le deuxième Rayon.

Si tout à coup il faut briser ou atomiser un groupe ou faire exploser une situation ou révéler une noirceur, le Maître en incarnation sera investi des qualités du Rayon I de Mon Ashram et là, Il apparaîtra aux néophytes comme une personne bru­tale, froide, dure ce qui n’est pas le cas. Le Maître en incarnation devient docilement les qualités di­vines qu’il véhicule selon les demandes occultes afin de placer au plan physique ce qui est souhaitable pour le Plan.

Les disciples les mieux intentionnés n’y comprennent rien et jugent ces «comportements», qui n’en sont pas, comme des réactions des trois reflets inférieurs, parce qu’ils ne vivent que ceux-là, et donc ne peuvent faire référence qu’à ce qu’ils connaissent.

D faut vivre la Personnalité pour savoir et connaître tous les problèmes qu’elle peut soulever dans la vie quotidienne, sur le plan physique.

Je vous aimerais très attentifs à ce qui précède, de grands malentendus s’installent à cause de la mauvaise perception que vous pouvez avoir dans les relations.

Une Personnalité n’est pas gentille, pleine d’a­mour etc. elle est ce qu’elle canalise ponctuellement, à des moments bien précis, pour un travail bien pré­cis. Le Maître en incarnation est un instrument conscient, ô combien, et son impersonnalité Lui per­met d’être ce qu’il fait passer des plans subtils su­périeurs, sans aucune réserve.

Les facettes étonnantes du Maître en incarna­tion découlent de Son aptitude à être, à la fois, la somme ou l’une des qualités divines transmises par les sept Rayons, ponctuellement, à volonté et sans aucune décision personnelle comme vous pourriez le croire. L’apparence de ce qu’il en est, n’est que la perception erronée que vous pouvez en avoir.

Si vous étiez conscients des difficultés ren­contrées par le Maître en incarnation sur le plan physique, votre attitude envers Lui serait différente et votre reconnaissance totale. C’est rarement le cas actuellement. A de rares exceptions près.

Ces différences entre personnalité et Personna­lité que vous savez théoriquement mais que vous, disciples, pour la plupart, connaissez mal, sont nécessaires parce qu’elles vous ramènent une fois encore au groupe. Et vous savez depuis l’Enseigne­ment transcrit par A.A.B. que le groupe est la forme canalisatrice actuelle du travail.

DÉFINITION ET FONCTIONNEMENT DU GROUPE GLOBAL

Le groupe global est la synthèse ésotérique -subjective et exotérique – objective d’un canal dirigé depuis un Ashram pour un travail précis, dans un domaine où la demande humaine a suscité une ré­ponse de Shamballa dont la Hiérarchie est en charge et qu’elle va coordonner sur le plan physique du service mondial.

Mon Frère D.K. a beaucoup parlé du double re­gard du disciple sur le plan individuel, Je vous parle ici du double regard de la Hiérarchie sur le plan universel cosmique.

Tournée vers Shamballa la Hiérarchie sait, en maintenant son regard vers ce centre où la Volonté de Dieu est connue, elle est à l’écoute de l’Humanité où le libre arbitre des hommes déterminent une de­mande dont l’appel invocatoire pressant obtient tou­jours une réponse.

Afin que les énergies de Shamballa gardent tout leur impact vibratoire dans l’efficacité du Service, il fallait, sur terre, mêlés aux êtres humains se débat­tant dans la tourmente, des Maîtres en incarnation dont les instruments véhiculaires au service du Plan auraient la capacité d’ancrer aux plans mental et physique des énergies pures donc fortes, afin de mettre en mouvement, depuis les plans supérieurs, un courant irrésistible capable de faire changer les mentalités. C’est pourquoi l’Extériorisation de la Hiérarchie fut prévue. Elle a commencé avec des Maîtres en place dont certains, encore très peu nom­breux, sont des Maîtres de la sixième initiation.

Pour un regard de disciple Ils sont repérables et vous pouvez les reconnaître très facilement. En gé­néral Us touchent à plusieurs domaines et sont in­vestis et engagés, à la fois, dans les mondes ésotérique et exotérique. Je veux dire que, tout en étant des ésotéristes confirmés, Ils travaillent aussi consciemment avec des gens qui, dans la politique, la médecine, la science… ne peuvent pas se douter de Leur réelle identité.

Dans Mon Ashram de Premier Rayon, deux Maîtres de la sixième initiation sont en incarnation. L’Un, en charge de l’Enseignement, est en même temps en contact, par le biais des associations hu­manitaires, avec la politique où Son impact de plus en plus fort ouvre aux énergies de Shamballa des voies nécessaires.

L’autre, aux Etats-Unis, travaille à la diffusion de l’Enseignement et contacte le monde politique in­ternational où l’Enseignement un jour passera.

Ces deux Maîtres en incarnation de la sixième initiation sont en contact direct avec Mon Ashram et Moi-Même ainsi qu’avec Shamballa, Ils sont en charge à la fois de la partie exotérique du groupe global avec le travail d’élimination et d’épuration relatif au plan mental et des applications sur le plan physique des décisions hiérarchiques auxquelles Ils participent. Ces décisons se prennent au sein de la Hiérarchie spirituelle et découlent directement de Shamballa.

Parallèlement à cela ces deux Maîtres en incar­nation de Mon Ashram participent à la synthèse des travaux de tous les Ashrams et collaborent, sur le plan physique, à tout travail émanant des autres Ashrams auxquels Ils coopèrent d’une manière créa­tive.

Ce travail de synthèse relie tous les Ashrams, c’est un mystère encore pour vous disciples, vous ne pouvez l’imaginer autrement qu’intellectuellement, ce qui crée bien des problèmes sur terre à ces deux Maîtres en incarnation.

Le groupe global de Mon Ashram de Premier Rayon a donc deux Personnalités unies, extériori­sant sur terre, les énergies mises en jeu par le Plan.

Est-ce un peu plus clair pour vous? Vous devez comprendre que ces Personnalités sont l’expression, sur le plan physique, de l’Impersonnalité divine qui Nous caractérise, d’une façon active et efficace.

La partie exotérique de ce groupe global est composée :

De la Personnalité sus-mentionnée, De disciples et initiés du 3ème degré, De membres du N.G.S.M.[2] et D’individus de bonne volonté sans aucune connaissance occulte, des humanistes.

Pour gérer ces énergies et ces forces contraires et complémentaires, le Maître en incarnation, la Personnalité physique et occulte du groupe global, a un travail extrêmement éprouvant. Il est le centre et le pivot, la charnière et la porte qui ouvre ou ferme, à certaines énergies, le passage nécessaire à l’extériorisation du Plan au plus juste de ses impé­ratifs.

Cette Personnalité divine est exposée, dans sa partie physique, à bien des attaques dont le corps physique est la victime. Demeurant dans la force de l’Ashram, ces Personnalités que vous côtoyez, sont en butte à toutes vos erreurs et sont le point de mire des Frères Noirs. Confrontées à ces derniers, Elles absorbent et rejettent, au détriment d’Elles-mêmes, dans leurs véhicules physiques, toute énergie contraire, toute force déstabilisante dont le groupe global pourrait pâtir.

Les disciples qui, individuellement, ont pris la première initiation hiérarchique, les aident. Ceux qui, en formation de groupe, y parviennent, mais ne l’ont pas, sont les obstacles les plus durs à gérer, car la première initiation hiérarchique peut s’étalonner sur plusieurs incarnations. Les Frères Noirs sont de ceux-là, en passe de troisième initiation indivi­duelle, dans le mirage de groupe qui en résulte, ma-nipulables encore et pas encore affirmés dans la Hiérarchie. Les « pouvoirs » occultes qui les caracté­risent sont, sur le plan psychique, les obstacles les plus durs au groupe global. Les Frères Noirs sont parmi vous, au sein du groupe exotérique et sur le plan mental, et bien des disciples leur prêtent une lumière qu’ils n’ont pas atteint, mais dont Ils se servent des premières lueurs afin d’ajouter au mi­rage de groupe une ambiguïté bien difficile à cerner et à discerner.

Dans cette ambiguïté inhérente, vous le compre­nez, à tout groupe global sur le plan physique, seule la vision synthétique du Maître en incarnation, Per­sonnalité du groupe, est juste. Cette vision est in­communicable sur le plan physique, elle ne peut s’installer que depuis les plans subtils où les éner­gies vont toucher les personnalités déjà en contact avec l’âme et qui en perçoivent la vision partielle par le biais des trois reflets qui dans des fractions d’alignement, perçoit, malgré tout, ce qui est.

Le travail de groupe est difficile, périlleux, sûr mais handicapé par les fragments de l’apparence d’une lumière qui n’en est pas encore mais est en devenir.

Heureusement il suffit de la juste reconnais­sance de quelques disciples pour créer un aimant qui attire et rend cohésif un groupe exotérique dont le groupe global bénéficiera. C’est ce qui se passe en ce moment. Alors après maints rejets et purifica­tions, après maintes ruptures et remises en ques­tion, le groupe global trouve ses assises exotériques et peut fonctionner autour de la Personnalité choisie par la Hiérarchie, sur le plan physique, pour incar­ner le Bon, le Beau, le Vrai dans la réalité du groupe global.

D’autre part, ce dernier, qui est synthétique, s’extériorise, sur le plan physique, par plusieurs groupes exotériques dont la Personnalité est une. Comprenez par là qu’une Personnalité incarne plu­sieurs groupes exotériques différents, en charge de plusieurs parties des travaux à accomplir, dans des domaines différents sur le plan physique de l’incar­nation.

Le Maître en incarnation, Personnalité de ces différents groupes, les connaît occultement parlant mais ces derniers ne Le connaissent pas forcément. En général un contact se fait sur le plan physique mais les groupes exotériques n’en sont pas forcé­ment conscients. C’est vrai pour les associations hu­manitaires. Seul le groupe exotérique en charge de l’Enseignement, issu de Mon Ashram, est conscient du Maître en incarnation et de sa Personnalité. C’est ainsi que le groupe exotérique devient conscient du groupe global et coopère créativement à l’Extériorisation de la Hiérarchie et du Plan.

Les groupes exotériques conscients de l’Ensei­gnement et qui rejettent la Personnalité sont des groupes « ésotériques-physiques » canalisateurs de forces ambiguës que les Frères Noirs manipulent depuis le plan mental. Ces groupes qui rejettent la reconnaissance sont engagés dans un processus karmique dont il leur faudra rendre compte individuel­lement et en formation de groupe. Ces groupes s’excluent du groupe global et travaillent incons­ciemment à l’ombre au détriment de la lumière.

Les disciples, en prise au mirage de groupe, voient dans la Personnalité un fonctionnement de personnalité, ils confondent l’impact de Shamballa dirigé par la Hiérarchie avec les trois reflets qui sont les leurs et qu’ils projettent sur la Personnalité du groupe global.

Toute action de leur part, tout choix fondé sur les personnalités, sont une erreur. Ils ne se rendent même pas compte qu’en composant avec les trois reflets en eux, ils rejettent la pure Personnalité, au détriment d’une reconnaissance dont le discerne­ment fait les frais. Ils ne sont pas conscients qu’en agissant ainsi ils ne font que travailler à leurs pro­pres personnalités. S’ouvrant et essayant d’aplanir les frictions sur le plan psychologique, ils ne font que travailler à eux-mêmes, parce qu’ils ne savent pas ce qu’est la Personnalité divine qui doit extério­riser le groupe global.

La Personnalité du Maître en incarnation n’est pas fondée sur le caricatural : «Tout le monde il est beau, tout le monde il est gentil», non. La Person­nalité est à la fois et ponctuellement, douce ou tran­chante, souple ou dure, mobile et stable parce que, suivant les nécessités occultes dont les énergies sont directrices, Elle s’y adapte et les canalise sans vo­lonté personnelle. Ici, la volonté est essentiellement divine mais elle s’incarne, elle est donc d’autant plus forte.

La réalité du groupe global et la nécessité des groupes exotériques vous est maintenant plus familière, il faut les méditer de manière à ce que les disciples fassent les bons choix, en fonction des Per­sonnalités à reconnaître. C’est d’autant plus difficile qu’Elles sont encore peu nombreuses. Mais Elles vont s’incarner de plus en plus d’ici 2025 et c’est pourquoi l’Enseignement hiérarchique concernant cette Extériorisation vous y prépare.

Il est bien entendu ici, que l’Enseignement qui a précédé et dont Mon Frère D.K. était en charge, issu de l’Ashram de Notre Frère KH. est considéré comme étant pratiqué et donc fait. Ceci est encore théorique pour beaucoup d’entre vous, ce qui vient là en est la suite et s’adresse aux Maîtres en incar­nation et initiés de différents degrés jusqu’au sixième et au-delà.

L’Extériorisation de la Hiérarchie est un travail de pionnier, si vous considérez que le Maître Jésus et Notre Frère Bouddha ont pris la troisième initia­tion sur le plan physique. Voyez le travail accompli depuis et les possibilités qu’ils ont ouvertes à la race humaine.

LA MÉDITATION DANS LE GROUPE

La partie ésotérique, invisible, du groupe global est en méditation constante ainsi que la Personna­lité incarnée du Maître. Ce qui signifie que le Maître en incarnation ne pratique pas la méditation, comme vous le faites en tant que disciples. La vie de la Personnalité du groupe, extériorisée sur le plan terrestre par le Maître en incarnation, est médita­tive, c’est un état. Ce branchement hiérarchique constant maintient le groupe exotérique dans la Vi­sion et c’est là que les choses se compliquent. Les concertations nécessaires sur le plan physique, qui prennent le nom de réunions, doivent se faire dans le respect de cet état de méditation de la Personna­lité. Ceci suppose la reconnaissance et l’écoute de cette Personnalité, sur tous les plans auxquels les disciples n’ont pas forcément accès par eux-mêmes, ou en for­mation de groupe exotérique. Les parasitages qui in­terfèrent à cet état méditatif sont autant de portes ouvertes à des forces contraires qui s’y engouffrent et détériorent les énergies pures que la Personnalité ca­nalise.

C’est pour rejoindre et participer à cet état mé­ditatif du groupe ésotérique qu’il est souhaitable aux individus et disciples appartenant au groupe exotérique de méditer individuellement. La médita­tion de groupe est acquise sur les plans subtils su­périeurs, c’est aux disciples de la rejoindre par un effort individuel. La méditation de chacun est un apport à la méditation du groupe global, une contri­bution individuelle à la formation et au fonctionne­ment du groupe global.

Les techniques données par AA.B. précédem­ment sont utiles et bonnes, vous devez maintenant y ajouter cette notion de groupe global. La Person­nalité de ce dernier, incarnée par le Maître, est in­dépendante de ces techniques et l’intégration se fait par les reflets des individus qui, en faisant ce tra­vail, coopèrent individuellement, en tant que disci­ples, à l’intégration du groupe exotérique dans la Personnalité déjà intégrée du groupe existant sur les plans subtils.

Cette notion vous est encore étrangère mais elle devient capitale en regard du groupe global. L’initia­tion de groupe n’est prise en groupe que sur les plans subtils, elle demeure individuelle sur les plans physique et mental et elle est la synthèse ésotérique de ces derniers. Vous comprenez là combien les dis­ciples se trompent sur ces initiations, mélangeant l’ésotérique et l’exotérique et amalgamant l’un à l’autre, sans discernement.

Le groupe exotérique ne «prend» pas d’initia­tion, il fait partie d’une possible intégration à la Personnalité du groupe global, et en sont responsables chacun des disciples conscients au sein de la partie exotérique du groupe.

D’où la responsabilité énorme des disciples qui y participent et ce, individuellement. D’où la néces­sité absolue de reconnaissance et d’adhésion à la Personnalité extériorisée du groupe global.

Cela doit remettre en cause bien des idées théo­riques erronées dues à l’évolution individuelle de chaque membre du groupe exotérique qui contribue au mirage de groupe tel que le définit AA.B.

L’initiation de groupe est un apport individuel conscient à l’évolution du groupe global dans sa par­tie physique extériorisée.

Je sais que cela va déranger les idées reçues de certains disciples mais ils pourront méditer et avan­cer, par là-même où ils se sont embourbés mentale­ment.

L’identité du groupe exotérique est une identité d’âmes et elle ne se fait que par l’évolution indivi­duelle. Dans l’absolu chacun y gardera une Person­nalité avec des caractéristiques et qualités différentes, de la synthèse de ces Personnalités se dégagera, sur le plan physique, ce qui fait la Hiérar­chie sur les plans supérieurs actuellement. Et à ce moment-là le Royaume des Cieux sera effectivement sur terre. L’Extériorisation sera totale et complète. Mais Nous n’en sommes pas là et vous non plus. Mais J’imagine que cela peut éclairer votre mental et vous aider à comprendre que la Personnalité, tout en étant divine et synthétique, garde obligatoire­ment, sur le plan physique, des caractéristiques qui la différencient et en font un outil avec des moyens propres à accomplir l’extériorisation d’une partie du Plan dont tous les Âshrams, avec leurs qualités res­pectives, sont en charge.

Ceci est très important.

Les différences alors ne sont que l’expression exotérique de la Synthèse.

Le groupe global baigne dans une aura médita­tive émise par le groupe subjectif. L’état méditatif constant de la Hiérarchie et des Ashrams en est la cause. C’est pourquoi, dans le groupe exotérique, les individus, à l’écoute, doivent méditer chacun à leur niveau, dans l’aura du groupe global dont ils font partie. Cette méditation individuelle est une médi­tation de groupe, il n’est nul besoin de le préciser, elle ne se fait pas en formation de groupe mais dans l’aura du groupe, ce qui est différent.

Peut-être avez-vous remarqué que lorsque plu­sieurs disciples réunis et formant un groupe d’indi­vidus sur le plan physique méditent, il est à noter, très souvent, que les forces énergétiques interfèrent et la méditation est troublée. C’est normal. Chacun arrive avec son état du moment et quel que soit ce dernier, il n’est pas forcément en harmonie avec ceux des autres. A ces moments-là la méditation n’harmonise pas et c’est le mental qui construit une harmonie apparente qui, dans les discussions qui suivent, va se révéler superficielle, ainsi que dans les décisions et perturbations qui suivront.

Dans ce travail extériorisant la Hiérarchie, Je vous conseille aujourd’hui, parce que les conditions ont changé, parce que tout évolue, de vous harmoni­ser individuellement dans l’aura du groupe global, en dehors des réunions inhérentes au travail pragma­tique de tout groupe exotérique et de demeurer har­monieux pendant ces réunions. C’est ainsi que la cohésion se fait au sein du groupe global.

Pourquoi?

N’oubliez pas que dans tout groupe exotérique (presque tous) actuellement se trouvent des indivi­dus qui ne sont pas des disciples, ceux-là sont sûre­ment pleins de bonne volonté et peuvent aider mais ils ne font pas partie du groupe global et donc sont porteurs de forces énergétiques différentes qui ne sont pas et ne peuvent pas être cohésives.

Il est donc clair que seuls ceux qui font partie du groupe global sont en cohésion interne subjective et reliés aux Ashrams. La méditation individuelle, lorsque besoin est, évite tout parasitage, et vous la pratiquez tous, mais seuls ceux qui sont reliés le demeurent, sans ouvrir de porte douteuse à l’aura du groupe.

Ce qui est dit ici est très important, c’est le pas qui suit et continue l’Enseignement de la deuxième phase hiérarchique donnée par A.A.B.

Le travail s’adapte aux exigences des réalités occultes de l’Extériorisation de la Hiérarchie et c’est nouveau pour les disciples qui pratiquent à la lettre ce qui a été dit. C’est indispensable. D’ailleurs vous l’expérimenterez par vous-mêmes et vous en déga­gerez ainsi toute la valeur occulte.

Comprenez bien que la cohésion et l’harmonie du groupe global sont indépendantes de tous les membres du groupe exotérique. C’est en géné­ral ce qui est pour vous difficile à comprendre.

Finalement seuls ceux appartenant vraiment au groupe global se sont retrouvés sans se concerter. Seul le lien hiérarchique puissant a parlé.

Peut-être l’un des disciples au sein du groupe global fera-t-il un jour l’analyse occulte de ce début. C’est un groupe exotérique pionnier mais c’est à vous, sur le plan exotérique physique, de le comprendre et de le communiquer.

Lorsque la cohésion s’extériorise et que les dis­ciples réunis sur le plan physique sont en harmonie de synthèse, le groupe global trouve sa pleine ex­pression. La Personnalité du groupe global, re­connue, fonctionnera avec les énergies de Shamballa, de la Hiérarchie ainsi que les énergies planétaires qui placent ce que le travail doit extério­riser.

Vous avez ainsi un groupe en pleine efficacité sur tous les plans et ici, les difficultés commencent.

En effet, le groupe global est un aimant, il attire tout, le bon comme le moins bon et le mauvais. C’est là que la Personnalité, dont le discernement est to­tal, doit pouvoir fonctionner sans que les perturba­teurs ne lui mettent de bâtons dans les roues. La responsabilité, au sein de la partie exotérique du groupe, se partage entre les véhicules subtils des disciples. Il est de leur devoir d’éviter tout contact contaminant dont leurs véhicules pourraient souffrir en s’en imprégnant, et contaminer ensuite le groupe.

La vigilance est de mise, rien de ce qui est gen­tillesse, ouverture, attachement humains ne doit in­tervenir. C’est là que l’indifférence divine dont vous a longuement entretenu D.K. par l’intermédiaire d’AAB. est à appliquer avec la rigueur du Premier Rayon et l’intelligence active du Troisième Rayon. Rien ne doit vous détourner de cette indifférence divine, et c’est très difficile. Mais il faut vous y ap­pliquer, sous peine d’entraver la Personnalité du groupe global, ce Maître en incarnation qui a tant de mal à garder le cap hiérarchique dans la tour­mente mentale du plan terrestre.

Les pires difficultés résident dans les relations, ici ce sont les relations avec les membres apparte­nant au groupe exotérique qui ne font pas partie du groupe global. Ils sont du groupe sans en être, c’est à vous de faire cette différence subtile et d’agir, sur le plan extérieur humain, en fonction de l’apparte­nance au groupe global, et d’elle seule.

Comprenez-vous cette difficulté? Il faudrait presque gérer un groupe exotérique comme une en­treprise dont la tête et le cœur seraient occultes et intouchables (songez à Howard Hugues !) et qui dé­légueraient avec une extrême rigueur le travail pu­rement extérieur à des individus compétents sans les inclure aux décisions importantes, le tout pour une mobilité de décision et d’action rapide et sûre.

Ce qui précède a l’air d’une boutade mais c’est une réalité que vous découvrirez par vous-mêmes. Pour l’instant, vous expérimentez ce travail nou­veau d’extériorisation et vous faites vos armes oc­cultes sur le plan physique, ce qui n’est pas commode, J’en conviens.

H est donc primordial que vous puissiez re­connaître la Personnalité du groupe, comme définie plus haut, et que vous lui fassiez confiance. Seuls ceux appartenant vraiment au groupe global le peu­vent. Certains ésotéristes ne le peuvent pas encore et ils s’arrêteront aux personnalités, les leurs, qui les empêcheront de saisir l’opportunité. Leurs médi­tations n’arrangeront rien, elles ne feront que cris­talliser mentalement leurs décisions de rejet par un raisonnement qui les exclut du groupe global.

Soyez forts et fermes dans la force de l’Ashram dont le service a besoin de vous pour s’extérioriser au sein de l’Humanité. Vous n’êtes pas confortables sur le sol terrestre, c’est normal, vous contribuez aux premiers pas de l’Extériorisation de la Hiérar­chie, et c’est une gageure.

Ma bannière vous protège, ne la quittez pas du regard intérieur afin que la Vision s’exprime.

Priez et demeurez dans l’action !

LA MOUVANCE DU GROUPE

La mouvance est la disponibilité créative totale de changement du groupe global aux impondérables se présentant sur les plans occulte et physique.

C’est parce qu’il est stable que le groupe global peut changer de cap et bouger très vite. La stabilité du groupe global est due à la note énergétique de l’Ashram ou des Ashrams en collaboration sur les plans subtils, à la détermination spirituelle hiérar­chique, à la force énergétique puissante de Sham-balla et à la Personnalité extériorisant cette somme de causes occultes sur le plan physique.

La mobilité est due aux causes énergétiques perturbatrices venant des Frères Noirs, aux parasi-tages des disciples de bonne volonté inconscients de leur servir de canaux, aux empêchements ou blo­cages inhérents à la société humaine, aux erreurs de jugement des hommes de bonne volonté et au man­que de discernement des disciples.

La stabilité mobile détermine la mouvance obli­gatoire du groupe global. La mouvance est une qualité occulte qui engendre et détermine, sur le plan physique, des changements de cap, des retourne­ments de situations, des abandons, des change­ments d’avis qui sont totalement incompréhensibles au commun des mortels et semblent instables, dans leurs apparences, aux disciples centrés dans le men­tal concret dont les raisonnements bloquent l’intui­tion.

Cette mouvance trouve sa stabilité dans une trajectoire dont la synergie synthétique suit le cou­rant irrésistible de Shamballa. Elle est, dans ce cou­rant, l’adaptabilité constante aux meilleurs moyens d’extérioriser le Plan au présent. Cette mouvance, cette adaptabilité, sont le contraire de ce qui a pu se passer pour la Théosophie qui n’est restée qu’une structure, coque vide sur le plan physique et Arcane qui, bien que toujours animée par les énergies hié­rarchiques, reste fermée sur elle-même. Tout cela fait partie de l’ancien système des structures, vous allez expérimenter le groupe global dans sa mou­vance réelle avec l’Extériorisation de la Hiérarchie.

Arcane a essayé de garder le cap sur le plan physique dans les perturbations qu’elle a connues. Et c’est bien. Elle y a réussi et c’était nécessaire. Aujourd’hui, maintenir le cap ne sera plus néces­saire. Celui de Shamballa est irréversible, c’est pourquoi les groupes exotériques se formeront doré­navant, de l’intérieur et donc leur mouvance se fera sur le plan physique, en fonction des impératifs occultes, et non le contraire, ce qui fut le cas jusqu’à présent.

C’est dans le silence de l’état méditatif du groupe global que la mouvance inscrit ses arabes­ques incompréhensibles sur le plan exotérique et que se place le Dessein que les Maîtres en incarna­tion connaissent et servent.

Même lorsque le voile de l’incarnartion limite la vision, le disciple, appartenant au groupe global, suit le courant fort de Shamballa, transmis par la Person­nalité du groupe qu’il choisit de suivre, indépendam­ment des logiques de raisonnement humain qui pourraient agir sur son mental concret. Et il ne suit cette Personnalité que parce qu’il perçoit les énergies de Shamballa et non inversement. Comprenez que tout ne se place, sur le plan physique de l’incarnation, que parce que le Dessein s’impose, ce dernier ne peut s’imposer qu’à l’authenticité de Ceux formant le groupe global.

Il sera donc courant de constater des revire­ments sur le plan objectif, ils seront l’expression d’une urgence occulte à barrer la route à certaines énergies indésirables, dont les canaux s’élimineront d’eux-mêmes, n’étant pas dans l’aura positive du groupe global.

Cette notion de mouvance, de stabilité mobile, est une expression synthétique de la dualité dans le conflit «tenir-lâcher», dont les plans physique et oc­culte, sont déterminants. Cette phrase mérite ré­flexion de votre part.

Résoudre cette dualité, c’est entrer dans le si­lence protecteur de l’aura méditative du groupe glo­bal et attendre que se placent les énergies des disciples de ce groupe qui contribuent, avec la Per­sonnalité, à épurer les forces négatives en jeu. Au­cune précipitation et une écoute où le mental concret n’est pas partie prenante : telles y sont les vérités occultes que vous pouvez saisir par le cœur et la tête. Seule l’indifférence divine peut vous y aider. Pratiquez-la pour le meilleur comme pour le pire afin de résoudre en vous-même toute dualité ésotérique – exotérique que les relations pourraient engendrer.

Il y a loin de la coupe aux lèvres, comme il y a loin du groupe exotérique au service réel. Tout ce qui précède vous incitera à une réflexion positive qui devra être fluide, afin qu’aucune scorie du men­tal concret ne puisse s’y accrocher.

Apprenez la fluidité et ne laissez aucune compromission relationnelle s’installer dans vos rapports. Les justes relations humaines ne sont pas des mièvreries, elles doivent avoir la note impersonnelle de la force ashramique et pour cette raison, elles sont aussi, implacables de justesse occulte et de justice sur le plan humain. La froideur que cer­tains pourraient leur trouver n’est que leur propre besoin de reconnaissance en tant que disciple. Cet attachement spirituel les rend vulnérables et les justes relations en pâtiront forcément.

Soyez souples, soyez mobiles, mais que la lame du Premier Rayon ne vous effraie pas, elle ne frappe qu’avec Amour et c’est pourquoi, employée par la Personnalité, elle est toujours juste puisqu’elle émane de l’Ashram.

Quand le ciel s’ouvre aux Rayons synthétiques que vos efforts appellent, la source ashramique, pré­sente, peut couler librement. C’est à ce moment-là que le regard doit quitter les personnalités et leurs reflets pour que la vision de la Personnalité, re­connue, installe, grâce aussi aux énergies des disci­ples, l’acte juste, la parole juste, la décision juste, qui en sont l’apanage nécessaire au travail d’extério­risation du Plan.

Chacun de vous en est responsable et qui réagit au travail en fonction des personnalités s’exclut maintenant, dans le travail actuel, du groupe global où l’on peut supposer que le travail individuel de base est fait. Nous avons besoin de disciples respon­sables, capables de la lecture et de la compréhension des énergies du Premier Rayon qui apparaissent de plus en plus au monde de l’incarnation. Toute la magie opérative du Septième Rayon contribue à l’Extériorisation de la Hiérarchie et vous n’y parti­cipez que dans la mesure où vous serez capables de faire taire les trois reflets face à l’authentique Per­sonnalité du groupe global qui connaît et manie les Premier et Septième Rayons, ce qui est le b.a.- ba du Maître en incarnation.

S’oublier face au service veut dire se dépasser dans l’oubli des inconvénients dûs aux trois reflets physique, émotionnel et mental face à un dépasse­ment intégré, donc vécu, par le Maître en incarna­tion.

Si face à cette Personnalité le disciple se pro­jette, il se bloque et s’exclut en continuant avec une détermination toute objective, ce qu’il avait décidé. Or les décisions personnelles sont ici nulles et non avenues puisqu’elles bloquent toute mobilité sur tous les plans. Hors de la mouvance, le disciple n’a plus qu’une action personnelle. Il croit servir et ne sert que lui-même et l’idée qu’il se fait du service. Illusion, mirage, Je vous renvoie à A.A.B. pour ré­gler ces problèmes non résolus qu’il vous faudra bien résoudre un jour, même si c’est dans une autre incarnation !

Au silence béni de l’aura méditative

du groupe global, apprenez à être. A l’action objective du groupe exotérique, soyez. Dans la synthèse des deux, œuvrez. Dans la force de l’Ashram, demeurez Afin que le Dessein s’accomplisse, Afin que le Plan s’extériorise, Afin que les Personnalités expriment La Volonté Divine, Persévérez et que le Silence soit Votre creuset énergétique. Je suis avec vous dans La force des Ashrams. J’ai dit!

LA JOIE DANS LE GROUPE

J’ai dit déjà que la Joie est une forme de sa­gesse. C’est pourquoi dans le groupe global la Joie est un état constant, alimenté par deux qualités dif­férentes, qui s’expriment sur les plans subjectif et objectif.

La partie cachée du groupe, l’essentielle, connaît la Joie comme un attribut de la Sagesse. Cette dernière est acquise et la Joie qui en résulte et la motive est au cœur même du travail de groupe, puisque tous ceux qui y participent sont en relation avec Shamballa, centre où la Joie est vécue, connue, telle qu’en elle-même elle est.

La partie exotérique du groupe exprime une joie différente dont la précédente est la matrice. Cette joie-là s’exprime à travers l’homme, elle est enthou­siasme, aspiration au Beau, au Bon, au Vrai, moteur de service teinté de dévotion. Cette joie, indépen­dante des aléas de l’incarnation, est liée au subjectif, au groupe ésotérique, au cœur, au service. Elle est l’expression la plus haute, en l’homme, d’une Sagesse qui s’affermit de jour en jour, -elle qu’en lui-même le disciple commence à l’expérimenter.

La Joie du groupe global existe par ces deux formes de joies qui, reliées et synthétisées, donnent à l’aura du groupe le moteur d’action nécessaire au groupe, sur terre, mais le démarreur, tout en sou­plesse, est dans la Joie que la Sagesse anime, quels que soient les résultats, quels que soient les retards, quels que soient les événements au sol de l’incarna­tion.

La Joie est au groupe global ce que le temps est à l’espace.

Votre réflexion à ce sujet vous éclairera sur l’identité et la place du disciple au sein des mondes manifestés et occultes.

La Joie est à l’éventail des qualités divines, que représentent les Rayons, les teintes nuancées, qui les différencient et les complètent, à la palette di­vine de l’extériorisation du Verbe. Vous êtes peintres au seuil de l’invisible et sculpteurs de VIE UNE.

La Joie est aux mondes ce que la maman ai­mante est au désordre de ses enfants.

La Joie soulève et apaise, fluide à l’heureux, elle aplanit ce qui semble malheureux, elle est le rail et la locomotive, le point de départ et la destination, elle est le point oméga du conflit humain, elle est votre chance et la bannière de votre service.

Mon Ashram est une torche de Joie dont la po­litique et l’Enseignement sont les flammes éblouis­santes. A chaque disciple contribuant à ce travail, à chaque collaborateur au service, le feu de Morya brûle entre cœur et tête, afin que dans la Joie, sans cesse renouvelée, les étincelles du discernement cré­pitent à l’Amour absolu qui sait renoncer sans s’en­gluer dans les sentiments.

Aux abords de ce troisième millénaire qui verra cette phase d’Enseignement se répandre dans le monde, que la Joie illumine et apaise ce que le ser­vice déroule de besoins à vos cœurs. Le monde est en train de naître à la Joie par la douleur. C’est difficile comme un accouchement et cela se fait inexorablement parce que l’évolution en marche ne peut s’interrompre. L’Extériorisation de la Hiérar­chie est le levier puissant de la garantie d’amé­lioration du monde international.

La vague puissante qui soulève les masses d’in­dividus à l’Est est un des effets de cette Joie dont Nous parlons ici. En effet, une impulsion profonde de «ras le bol» est activement mise en œuvre grâce à une foi, un enthousiasme vivaces que rien ne peut arrêter, même si les premiers effets en sont dévasta­teurs et meurtriers. Ceci est inhérent à l’homme qui vit avant tout le phénoménal dans ces événements que sa nature triple crée. Mais au fin fond de tout cela se trouvent les fondements d’une sage justice qui ne peuvent naître que dans la Joie. Cela peut vous étonner, c’est pourtant réel.

La Joie invisible du groupe met en œuvre l’action juste. Vous pouvez y réfléchir.

C’est parce que des nappes de Joie s’installent aux plans subtils grâce aux groupes globaux, dont la synthèse est l’action coordonnée par les Ashrams, que les individus peuvent adhérer et faire évoluer l’événementiel par le fondamental.

Aimez toute Joie, aimez les joies. Celles des en­fants, des adultes, des bébés, de tous et de toutes parce qu’elles sont l’approche, inconsciente encore, de la Joie qui nimbe et alimente les plus belles ac­tions, quelles qu’elles soient.

Du joyeux luron pêcheur au Maître de la Sa­gesse, toute joie est bonne parce qu’elle accélère le processus évolutif par l’aspiration, jusqu’à cet état serein où bonheurs et malheurs sont résolus au fil du rasoir de l’équilibre.

Soyez les ambassadeurs de la Joie tranquille de l’Ashram et que Sa porte ouvre les cœurs que vous croisez, afin que les âmes se retrouvent sur un plan mental purifié qui devient la plate-forme tournante des mondes subtils.

Dans le bleu du ciel, au gris de vos tourments, dans la rivière qui coule ou aux souffrances traver­sées, ne perdez pas ce fil de Joie qui relie à Sham-balla et que tout disciple doit suivre même si la marche, parfois, est confrontée à l’opacité d’une vi­sion personnelle tronquée.

Une journée qui s’achève n’est qu’un moment dans lequel vous êtes passés, n’y voyez que le retour d’une opportunité renouvelée et en vous endormant sous la Haute Protection de l’Ashram, que la Joie vous baigne afin que les véhicules puissent la libérer sur tous les plans, contribuant à la sérénité de l’au­ra du groupe global. C’est cette Joie-là qui devient le moteur du lendemain que l’incarnation verra.

Les tracas quotidiens des disciples ne seront pas contaminants pour le groupe global si cette Joie soude, sur les plans subtils, l’aura du groupe, comme un sceau invisible et léger donne sa marque à l’image d’un symbole dont la vie demeure impre­nable.

Donnez de l’air à cette Joie et que la vie sur terre soit prétexte à tout ce qui peut être entrevu de Beau, de Bon, de Vrai au sein des événements mon­diaux qui transformeront le monde petit à petit sur le plan international et planétaire.

La conscience est en marche, la Joie l’anime même si l’objectivité de l’homme n’y voit rien de tel encore.

Que le groupe exotérique soit un creuset de Joie où l’humour fait résonner sa note salutaire, en ne prenant pas au sérieux la petite personne du non-soi, mais en la mettant «en boîte» afin que les éner­gies de l’âme puissent vivre ce qu’elles transmettent au sein de la société humaine.

La Joie est. Si vous êtes, cet état est forcément le

vôtre. J’ai dit!

L’AMOUR DANS LE GROUPE

Sur les rives océanes des sentiments échoués, aux bulles légères que l’écume dépose et que le vent évapore, quand les empreintes des pas solitaires s’effacent aux marées furieuses que vivifie le Temps, là, entre mer et Ciel, encore humain et déjà tout à fait divin, se trouve l’amorce d’un absolu qui a pour nom Amour et pour énergie la somme des Rayons synthétisée dans la couleur virginale et pure que le Blanc dépose à l’innocence de tout début, de toute ébauche. C’est dans la flamme que le Blanc se fixe, à moins que, dévoré par elle, il ne se consume à la cendre de ses espoirs mort-nés, tel un phénix appri­voisé dont les personnalités se jouent.

Pour comprendre l’énergie AMOUR il faut que la Personnalité soit, afin de manier d’une façon juste et sur tous les plans le Rayon I. Le destructeur, l’œil de Shiva, comme on l’appelle, n’est possible à ma­nier que lorsque l’état d’AMOUR est atteint, ce qui signifie que les sentiments n’ont plus de prise, que les trois reflets sont dépassés, que la Personnalité existe et que, n’en déplaise  à ceux qui ne la comprennent pas, elle est juste en tout.

Le groupe global est irradié par l’énergie ashra-mique ainsi que par l’état d’Amour de sa Personna­lité (celle du Maître en incarnation). Tous les Maîtres, participant au travail du groupe global, sur tous les plans, sont en état d’Amour, quels que soient les qualités divines des Rayons prédominant au sein des Ashrams.

N’oubliez pas que la Hiérarchie est le centre planétaire du cœur, c’est une vérité occulte qui en dit long sur l’Amour qu’elle incarne dans Son Exté­riorisation.

L’Amour dans le groupe n’est pas l’effort de gen­tillesse et de souplesse que les membres du groupe exotérique mettent dans les relations sur le plan physique. L’Amour dans le groupe global est loin de ces considérations personnelles liées aux comporte­ments individuels.

Si Je vous dis que l’Amour est au groupe exoté­rique ce que la Hiérarchie est à l’homme des ca­vernes, est-ce que vous saisirez l’incompréhension qui peut encore vous habiter, vous disciples, en re­gard de la réalité de l’Amour en tant qu’énergie pure?

Au rythme personnel des échanges relationnels, l’amour n’est plus qu’une déformation émotionnelle et épidermique dont les sentiments amoureux sont une belle aspiration.

Sur terre, au sol de l’incarnation, aimer est une aspiration motivante qui aide les pas difficiles de l’évolution. Le groupe global ne connaît pas cet amour-là, il en est la victime par le biais du groupe exotérique qui fait de l’Amour incompris une miè­vrerie liquéfiante qui n’a rien à voir, de près ou de loin, avec l’énergie d’Amour dont le groupe global est dépositaire.

L’amour dans le groupe a plusieurs sources, la réelle et l’illusoire, la vraie et ses mirages.

Les disciples, souvent, n’ont pas le courage de leurs rayons. Même dans les défauts, il faut assu­mer ses rayons et bien que cela ne serve à rien de chercher les rayons pour les rayons, lorsqu’on les sait, alors il faut en assumer les débordements dûs à la non-intégration ; c’est ainsi que l’on se prépare à une future Personnalité qui, elle, en canalisant le Rayon à son état pur et dur, fera du défaut initial une qualité divine à manier dans la justesse de l’A­mour. Les disciples sont trop mièvres, ils veulent arrondir les angles, quels angles? Là où il y angle, il y a forme ; là où il y a forme il n’y a pas perfection, puisque la forme masque la VIE UNE aux traits circonstanciés de ses différences et de ses séparati-vités qui s’appellent sur le plan psychologique : identité et situation.

La susceptibilité est une tare du disciple, elle synthétise, dans ses réactions, les débordements et les frustrations des trois reflets et ne fait qu’en ali­menter les tiraillements qui en découlent.

La susceptibilité est un précipice où l’Amour énergie, sombre, poussé par le disciple en position de retrait par rapport au service. Cette vision des choses de la vie mérite votre réflexion.

La susceptibilité des membres du groupe exoté­rique peut devenir la gangrène du groupe global, le dévitaliser et en faire un instrument lourd et inuti­lisable par les énergies hiérarchiques.

Tout disciple susceptible est en mal d’orgueil, tout disciple orgueilleux est un obstacle au groupe global.

Examinez vos réactions et vos motivations. Que l’examen soit générateur de clarté; ensuite exami­nez votre groupe exotérique et comment il chemine.

Tout orgueil, toute susceptibilité est une cause de déraillement.

Avez-vous déraillé? Quand? Comment? Pour­quoi?

Et si, quand même, vous pensez être sur la voie juste alors, c’est que l’Amour vous est étranger en tant qu’énergie et il faut refaire les premiers pas, en retour sur soi, sans orgueil.

Moins vous réagissez et plus vous agissez. L’A­mour est action. Si vous avez l’occasion d’observer un Maître en incarnation, vous verrez clairement, rétrospectivement, que tout ce que vous aviez pris pour réaction n’était qu’action, et que vos propres réactions vous ont induit en erreur.

Le silence est gardien de l’action et de l’applica­tion juste de la qualité d’un Rayon, ponctuellement. Lorsque des mots sont écrits ou dits à certains mo­ments, ils sont l’expression du Verbe par la qualité du Rayon que nécessite l’occasion. C’est juste ; à cela vous reconnaîtrez le Maître en incarnation, la Per­sonnalité sur le plan physique concret du groupe global.

Vous constatez que l’Amour, dans le groupe, est la responsabilité de tous les membres sur le plan exotérique; cette responsabilité engage le plan oc­culte, c’est pourquoi le Maître en incarnation est gardien des plans subtils.

Il est du devoir des disciples et Je Me répète, de ne pas surcharger les véhicules du Maître en incar­nation par un travail supplémentaire qu’exigeraient leur manque de discernement et leurs dérapages.

Pouvez-vous faire cet effort? En le faisant vous contribuez à l’harmonie du groupe global. Votre ser­vice est là aussi.

Dans le rayonnement de l’énergie d’Amour bien comprise et bien vécue se trouve la clé qui verrouille la porte de la Demeure du Mal, ce verrouillage sub­jectif paralyse les énergies contraires et les pousse à se retirer en transformant l’ombre en lumière.

C’est un travail éprouvant et difficile dont la Personnalité du groupe global est en charge sur les plans intérieurs.

Le Maître en incarnation a accès aux intériori­tés. Sa faille, au début du travail, est parfois de ne pas agir en regard des intériorités mais des person­nalités qu’il excuse sans arrêt. Très vite, H apprend à inverser les choses et lorsqu’il est rôdé à Son tra­vail, dans l’incarnation, sur le plan physique, Il donne la priorité à Sa vision des intériorités et ne se trompe plus. Ces erreurs sont normales puisqu’il est essentiellement synthétique, H a tendance à por­ter Son Amour sur l’être global et ne différencie pas ce qui doit être différencié sur le plan concret. Or, les intériorités sont à différencier des personnalités, afin d’en éliminer certaines des premières, sans que les secondes, dans leurs trois reflets, en pâtissent. Mais le Maître en incarnation ne fonctionnera en­suite qu’en regard des intériorités, sur le plan occulte, et non des personnalités sur le plan physique. Il se rôde à ce travail qui n’est pas aisé, c’est un pionnier de l’Extériorisation de la Hiérarchie et ce n’est pas toujours évident.

Au disciple rayonnant que la Joie illumine et que l’Amour irradie, Je donne la torche de Mon Ashram pour qu’il aille de par le monde servir l’Hu­manité et aimer les âmes en respectant les droits de la personne humaine et en les faisant respecter. C’est ainsi que la politique, au vrai sens du terme, devient Enseignement et que l’Enseignement de­vient politique.

Cette synthèse fera les bases du monde nou­veau, au sein duquel, le citoyen responsable prendra en compte la conscience pour que vivent les valeurs fondamentales spirituelles qu’il contribue à asseoir.

Les idées reçues sur l’amour doivent être re­mises en cause à la lumière de ce qui précède. Ne confondez pas les amours de quoi que ce soit avec l’AMOUR Les premières sont les marches qui mè­nent au second, elles peuvent avoir, au meilleur des cas, pour noms : aspiration et beauté.

Le second est un état dont l’Infinité est l’étape première. A gérer les unes, vous pouvez perdre vos énergies, à vivre l’autre vous devenez une pile cos­mique inusable qui se recharge en donnant.

Tel est le Maître en incarnation, malgré les dif­ficultés et les attaques dont II est l’objet.

L’Amour dans le groupe n’est pas à pratiquer sur le plan exotérique, il est à vivre sur les plans intérieurs, là où il est, comme une source énergéti­que puissante dont la raison est sans objet.

Est-ce que vous pouvez entendre avec votre cœur ce qui vient d’être livré?

Si tel est le cas, vous contribuez déjà à la cana­lisation de l’Amour et en charge d’une torche de l’A-shram de Morya, vous porterez la lumière, tel un flambeau au service des autres, dans l’abnégation et la Joie qui caractérisent tout disciple consacré.

L’Amour a l’horizon de vos limites, repoussez-les à l’Infinité, dans le Plan que vous servez, afin de servir mieux encore.

L’Amour a l’exigence du Monde Ardent, explo­rez-le afin que l’Agni Yoga vive et soit mieux connu par l’exemple.

L’AMOUR a l’impact de ses exigences et l’Infi­nité de son horizon toujours repoussé, accompagnez-le afin que son énergie coule à la conscience planétaire dans la pureté de son désintéressement.

Porteurs du Feu Agni, que l’AMOUR cadence vos pas vers l’Humanité afin que dans sa puissance énergétique elle vous suive vers son renouveau, dans la lumière inexplorée de l’utopie créatrice.

Je vous confie la flamme mais Je la surveille avec Mes Frères Maîtres en incarnation, afin qu’elle ne faiblisse pas aux efforts de vos dépassements.

L’AMOUR dans le groupe global, c’est ça : confiance et vigilance.

Allez et éclairez le monde, L’AMOUE ne faiblira pas. J’ai dit!

L’IMPERSONNALITÉ DANS LE GROUPE

Si la mousseline se plie aux caprices du vent, si les formes aériennes de ses plis dépendent du souf­fle léger de l’air ambiant, si ses nuances s’estompent ou foncent selon les courbes gracieuses auxquelles elle obéit, c’est par souplesse, aucun poids ne l’alour­dit, livrée à elle-même, aucune structure ne la rai­dit, elle vole ou s’enroule, se gonfle ou se plaque, toujours changeante et pourtant elle-même, elle va­que aux exigences des moments sans renoncer à elle-même, telle qu’en fait elle demeure.

L’impersonnalité dans le groupe y est analogue. Le souffle divin en fait l’objet, et comme la mousse­line, des griffes peuvent endommager sa légèreté et sa souplesse, ce sont celles des disciples trop person­nels. Comme la mousseline, l’impersonnalité peut faire des lambeaux que revendiquent les uns et les autres, comme la mousseline, elle peut être souillée par des mains sales ou des cœurs impurs, ceux des disciples.

Bien sûr Nous parlons ici du groupe exotérique, c’est là que l’impersonnalité prend son sens et ses non-sens. C’est là qu’elle est malmenée, incomprise, secouée. C’est de là qu’elle peut, par la faute des disciples trop zélés, déstabiliser le groupe global.

Le groupe ésotérique, lui, est impersonnalité. Dans son essence même il est impersonnel, mais pas dépersonnalisé, puisque la Personnalité, qui en est le canal, a les moyens et qualités que les Rayons mettent en jeu, c’est indispensable. La Personnalité ne peut à ce stade être : ni molle, ni indécise, ni manier la prudence avec trop de facilité, ce qui se­rait un manque d’assurance donc un doute impossi­ble. Non, Nous avons besoin, dans l’incarnation, de Personnalités fortes avec tout ce que cela peut, en un premier temps, comporter d’incompréhension de la part des disciples.

Plus l’impersonnalité est vécue et plus les carac­téristiques du signe zodiacal et des Rayons concer­nés sont vécus aussi, ce qui donne des êtres forts et sûrs, et Nous en avons besoin, sinon pourquoi choi­sir d’extérioriser la Hiérarchie?

Et il y a là un grand malentendu.

S’il est vrai que l’impersonnalité dans le groupe est comparable à une mousseline dans ses mouve­ments, il est tout aussi vrai que l’impersonnalité, qui caractérise la Personnalité, est comparable à un lingot d’or. Elle a son poids, sa valeur et sa lumière.

Trop de malentendus à ce sujet et de mauvaises interprétations. C’était inévitable. Les disciples ne peuvent interpréter qu’avec leurs références et limi­tations intellectuelles. Avant de vivre l’impersonna-lité, on ne peut la connaître. Lorsqu’on est confronté à l’impersonnalité, on ne peut alors la reconnaître puisqu’on ne la perçoit qu’à travers les trois reflets inférieurs d’une personnalité non intégrée. Quel di­lemme! C’est pourquoi les quiproquos s’installent, les malentendus rajoutent aux mirages que le groupe exotérique crée et ainsi s’amenuise la vitalité du groupe global dont la Personnalité est en charge.

Je parle ici des vrais groupes. Ils se comptent sur les doigts d’une main actuellement sur terre. Et même les groupes exotériques issus de groupes glo­baux jusqu’à présent se constituaient par égrégore et non comme Nous en parlons ici. Soyons précis et entendez bien ce que Je vous dis.

Ce travail d’extériorisation est nouveau et bien qu’annoncé et amorcé par les phases précédentes de l’Enseignement Hiérarchique, il se trouve que le groupe global tel que Nous vous l’enseignons ici n’existait pas encore. Il voit le jour, il n’a rien à voir avec les groupes nouvel âge que vous connaissez.

Le groupe qui débute cette phase d’Enseigne­ment, après bien des péripéties externes, est la par­tie exotérique d’un groupe global dont Mon Ashram est générateur. C’est le seul en Europe. Il faut aban­donner vos références personnelles pour entrer dans la compréhension d’un fonctionnement de groupe. C’est important et sur les plans subtils tout se place pour descendre ensuite. La mobilité est une règle occulte dont la constance est le sceau. Nous chan­geons en demeurant par rapport au Plan et c’est ainsi que Shamballa et la Hiérarchie s’articulent aux impératifs de l’évolution de l’humanité.

Et il s’agit ici de l’impersonnalité dans le groupe et du groupe.

Dans l’impersonnalité, le groupe global et son groupe exotérique vitalisent d’autres groupes exoté-riques se consacrant à une partie de l’Enseignement tels qu’ils le comprennent. Ce n’est pas toujours bien transmis mais ce sont des opportunités d’ouverture pour certaines consciences objectives encore fer­mées. Ces péri-groupes vitalisés dépendent de la Personnalité du groupe global que représente, dans l’incarnation, le Maître. Ces péri-groupes sont par­fois en désaccord avec la «personnne» du Maître, objectivement, mais ils en dépendent sur le plan oc­culte. C’est là que l’impersonnalité de la Personna­lité du Maître en incarnation est précieuse car elle peut se trouver confrontée à des rejets sur le plan physique que le Maître en incarnation ne prend pas en compte sur les plans subtils où II continue Son travail, malgré les personnalités du péri-groupe en question.

Si les serviteurs disciples en étaient cons­cients, ils seraient étonnés.

Ces péri-groupes sont nombreux. Certains, insi­gnifiants sur le plan occulte, font tout de même un bon travail exotérique. De nombreuses associations en font partie.

D’autres posent problème sur le plan occulte, ceux là, le Maître en incarnation les prend en charge afin d’épurer le plan mental d’où provien­nent ensuite les dégâts qui perturbent le travail hié­rarchique, au sein de l’humanité, sur le plan physique.

La Personnalité du groupe global, avec sa dou­ble affiliation ésotérique – exotérique, est le lien, le pivot, la charnière de la porte évolutive qui relie la Hiérarchie à l’Humanité. Cette Personnalité est comme tous les Maîtres de la Hiérarchie, en contact avec Shamballa, d’une part, et d’autre part, plongée au sein de la société humaine. Vous rendez-vous compte de l’importance de ce travail?

Du groupe global aux péri-groupes, le Maître en incarnation poursuit inlassablement Ses travaux, sans tenir aucun compte des personnalités sur le plan physique, ce qui est trop souvent mal perçu et mal compris. Cette impersonnalité, évidente, échappe à beaucoup de disciples, hélas !

Voilà donc la mousseline, dont les formes sont du souffle divin, et dont les écorchures, de nature inférieure humaine, peuvent atteindre l’impalpable globalité.

Dans l’impersonnalité du groupe global se trouve, à l’avant-poste de la Hiérarchie, sur terre, la Personnalité synthétique d’un Maître en incarna­tion dont la Force, la Puissance et l’Amour n’ont d’égaux que l’authenticité de la pureté des énergies aux sources de leurs Rayons.

La Personnalité du groupe global n’est pas «gentille» comme vous l’entendez sur le plan objec­tif. C’est du silence primordial à la naissance du Verbe que lui viennent les mots et c’est pourquoi ses paroles et ses écrits ont cette foudroyance pure que vous prenez pour de la dureté.

A réfléchir à tout ce qui vient d’être dit, vous vous relierez à l’aura de la Personnalité la plus proche de votre péri-groupe, même si vous ne la connaissez pas encore, et soyez conscients qu’elle est la Personnalité du groupe global, générateur d’une partie importante du Plan, dont tout péri-groupe peut devenir un élément actif.

L’impersonnalité est cruelle à qui la vit sur le plan physique, sachez-le, et c’est par chaque disciple que s’exprime cette cruauté. Alors évitez cette der­nière en devenant conscients de bien des choses ci­tées qui vous échappent encore.

L’impersonnalité est un catalyseur qui excite et révèle ce que les trois reflets tentent de se cacher à eux-mêmes. Ce qui signifie qu’en présence d’une Personnalité vivant l’impersonnalité au quotidien, vous serez remis face à vous-mêmes, dans les re­coins les plus délicats avec lesquels vous composez, en permanence, jusqu’à croire qu’ils ne font plus partie de vous.

Vos propres réactions sont donc un bon test face à l’impersonnalité qui anime le Maître en incarnation.

La Personnalité étonne toujours et au début, souvent, dans un mauvais sens.

Que les péri-groupes animés de bonne volonté ne se prennent pas pour des groupes à part entière, ils ne sont que les pointillés d’un travail difficile.

Le groupe global est à la Hiérarchie ce que la chaudière est au chauffage central. Les péri-groupes ne sont que les éléments de certains radiateurs et en cas de dysfonctionnement, on coupe l’arrivée d’eau au radiateur. Cette analogie est à reprendre sous différentes formes et vous pouvez y réfléchir.

La réflexion méditative est un tremplin pour la conscience, l’impersonnalité est le ressort de ce tremplin.

Allez et reconnaissez.

LA VÉRITÉ DANS LE GROUPE

A l’orbe flou des vérités objectives, la Réalité, déformée, n’est plus que formules et assertions. Seul ce qui est démontrable et vérifiable par la science, dans ses diverses branches, à un moment ponctuel de l’évolution, est une vérité objective non fonda­mentale puisque le pas suivant démontrera forcé­ment une autre vérité objective qui sera elle-même remise en question plus tard. Ce sont des données évolutives vérifiées. Ces vérités sont les facettes im­portantes de la Réalité que le groupe ésotérique sait et que le groupe global connaît et pressent, à la fois, dans sa partie exotérique.

L’objectivité est une conscience limitée qui s’ex­prime toujours, dans ses dépassements, en formules ou en règles, ponctuant l’évolution aux repères des portes qui s’ouvrent petit à petit sur les mystères d’hier, dont les révélations d’aujourd’hui font partie de la marche évolutive de l’Humanité. Et ce dans tous les domaines. Ceux de la science et de la tech­nologie étant les plus marquants pour la société de ces cinquante dernières années.

Tout ceci fait partie de la VERITE globale sans l’exprimer tout à fait. Cette VERITE, exprimant la REALITE, est actuellement un puzzle géant aux mains, aux intellects, aux intelligences diverses de la race des hommes dont l’objectivité est le révéla­teur, Je devrais dire les objectivités.

La REALITE fait partie de vous mais la VERITE vous dépasse parce que vous n’en percevez que des bribes au kaléidoscope des facettes d’une vision qu’imposent les raisonnements.

La VERITE étant liée à la REALITE, tous, vous y parviendrez un jour mais la route est longue, elle suit les méandres évolutifs de chacun et de tous et les révélations et illuminations sont déterminées par l’intériorité de chacun. Il y a donc un long che­min à parcourir, ce dernier mène au discipulat, à la Maîtrise et au-delà car, vous le savez, les limites sont innombrables, à tous les niveaux, sur tous les plans. Les limites de certains sont les prisons ou l’infinité inimaginable d’autres. Chacun ayant les li­mites de sa propre évolution, aux moments des ex­pressions de cette dernière, par les véhicules concernés. Tout cela dans une mouvance qui n’a de stable que l’équilibre engendré par l’affirmation in­térieure du moment atteint par l’espace au sein de l’être qui se déplace dans le temps.

La VERITE du groupe global est, comme tout ce qui précède dans les autres chapitres, double et mul­tiple. Double car les regards intérieur et extérieur, vers Shamballa et vers l’Humanité le sont. Et multiple par l’extériorisation dont le groupe exotérique sur le plan physique est en charge. Les vérités, là, y sont autant de visions différentes que d’individus, de disci­ples, et aussi nombreuses que de points d’évolution atteints par ces derniers.

La VERITE du groupe global, heureusement, ne dépend pas des visions partielles formant la somme des facettes de vérité du groupe exotérique. La vision du groupe global est REELLE dans sa partie supé­rieure et dans la Personnalité du Maître en incarna­tion. Elle est VERITE tout en exprimant un volet de la VERITE globale divine, puisqu’elle découle de Shamballa où la Volonté de Dieu est connue mais où elle est gardée.

La vérité du groupe global, connue de Shambal­la, est la synthèse de la globalité exprimant ses par­ties dans la descente évolutive dont les Maîtres sont en charge.

J’espère être clair dans l’exposé qui précède, la VERITE, tout en étant dans le groupe global n’est pas globalement du groupe.

Il est important que votre réflexion s’imprègne de ce qui est dit là, c’est ainsi que vous ouvrirez la conscience objective à l’espace subjectif de conscience que le groupe global installe au plan phy­sique.

Les qualités divines des Rayons poussent chaque mot à sa puissance mille et plus, et le Rayon I dans la note duquel cet Enseignement est donné, tend à l’ex­trême l’impact pointu de compréhension à travers l’écriture. Il est souhaitable que les mentais concrets en soient imprégnés afin de détruire ce qui, en eux, est limitatif et réducteur. Ce travail est une prérogative du Rayon I et l’écriture dans sa forme et dans son fond s’y applique ici, comme dans tout ce qui précède de cette phase, et comme dans tout ce qui suivra et fera partie de ce volet de l’Enseignement hiérarchique, le troisième.

Dans les couleurs éthériques pastel dont les Rayons nimbent les plans subtils, se trouve et se capte par bribes, l’iridescence de la VERITE globale. Illumi­nant, irisant chaque couleur, ses paillettes, légères, sont les mêmes et pourtant différentes à chaque ton rencontré. La VERITE globale irise de la même façon les mondes divins à Shamballa et au-delà, dans des perspectives inaccessibles à Nous Tous, mais dont Nous sommes dépositaires et gardiens.

La qualité méditative de Notre Service Nous en transmet, par l’intermédiaire de Shamballa, les voiles à soulever, au fur et à mesure que l’évolution s’ancre au sol terrestre.

Comment vous expliquer que Nous n’appréhen­dons la VERITE globale que par induction des voiles successifs à soulever. Voiles que Nous connaissons d’une VERITE que Nous possédons par imprégna­tion de Nos véhicules. Rien de mental n’entre ici en ligne de compte, il s’agit plutôt d’un état cosmique, indescriptible actuellement par des mots, et dont le Maître est le canal pour les plans supérieurs subtils.

Par le trou de serrure que place ce chapitre sur la VERITE devant votre regard intuitif, observez le dégagement vertigineux dont vos concepts sont l’ob­jet, oubliez ce que vous croyez savoir et passez, quand vous pourrez, derrière la porte dont aucune clé humaine ne peut ouvrir la serrure.

Ce sont les énergies extra-planétaires dont le Maître en incarnation C.V.V. a expérimenté l’impact dans le corps physique qui vous feront passer cette porte-là. Ce passage a été vécu par Notre Sœur L.C. qui aura à en témoigner, il est capital, parce que le corps physique le vit aussi dans chaque atome de sa composition, dans chaque cellule de ses vibrations.

La VERITE globale s’installe par là, la VERITE «est», alors, le Maître en incarnation en est le gar­dien dépositaire, mais elle demeure un mystère dont les voiles sont les révélations successives.

Le groupe global en est lui aussi dépositaire mais non gardien, c’est la Personnalité du groupe global qui en est et demeure le gardien dépositaire. Cette nuance est nécessaire, votre réflexion à ce su­jet vous en donnera la clé de l’entendement.

Le groupe global a une identité et une place bien précise au sein de l’évolution et dans l’Extério­risation de la Hiérarchie, il faudra les dégager et bien les comprendre afin de les vivre à la mesure de leur ampleur.

Voilà de quoi vous nourrir de VERITE, voilà de quoi y méditer. Que l’apport que vous trouvez ici soit le premier voile d’une série que vous soulèverez seuls, ensuite. Face au divin la solitude est le seul tremplin. Tout Maître le sait. C’est pourquoi le groupe global, inconnu jusqu’à présent, doit être compris dans sa réalité et vécu dans sa complémen­tarité dont les mondes subtils et physique sont por­teurs.

Infusés par la VERITE, Allez et croissez, en Porte-Flambeaux! Sous la Bannière de Morya.

L’ACTION DANS LE GROUPE

Vous avez maintenant le schéma de distribution des groupes :

1)  le groupe global

2)  le groupe ésotérique

3)  le groupe exotérique

4)  les péri-groupes.

Les deux premiers sont synthétiques.

Les trois premiers devraient être synthétiques, ils ne le sont pas encore mais vont y tendre de plus en plus grâce à la Personnalité qui a du mal au début mais dont les attributs sont garants d’une in­tégration de groupe rapide dans une synthèse sou­haitable pour l’efficacité d’action.

La quatrième catégorie est complémentaire lorsqu’elle est juste et nulle lorsqu’elle dévie. Le Maître en incarnation en est l’observateur. Il peut aider lorsque cela semble nécessaire et utile mais abandonne toujours l’irrécupérable pour la Hiérar­chie. Le péri-groupe est alors un groupe ordinaire qui peut être utile à certains êtres humains mais sa note n’est pas hiérarchique, elle est déterminée par les appartenances karmiques de ses membres. Le danger que court le péri-groupe est la récupération par les Frères Noirs qui sont à l’affût de structures où la bonne volonté dépourvue de vision réelle ser­vira leurs desseins. Dans ce cas, les disciples pré­sents s’il y en a sont responsables de ce manque de vigilance et de discernement. Leurs liens karmiques se resserrent et peuvent jusq’à la troisième initia­tion nager dans le brouillard mental que les Forces de l’Ombre maquillent de lumière.

Ces disciples-là ne passeront pas le seuil de la première initiation Hiérarchique car ils ne vivront jamais la confrontation avec les Frères Noirs qui est une vraie confrontation, un face à face. Et il en coûte, croyez-Moi!

Ce face à face, déterminant pour le choix, sera vécu comme une collaboration aux Maîtres de la Hiérarchie et le sentier de gauche pris et suivi per­dra ces disciples au cœur de l’ombre.

La vigilance, le discernement et une grande hu­milité face à une Personnalité reconnue sont indis­pensables, mais les raisonnements objectifs et logiques qui sont engendrés par l’ombre brouillent souvent les bien maigres données de ces disciples focalisés dans le mental concret.

La voie est large, les signes multiples, et le tour­nant vers la gauche, imperceptible au début, se fait presque en leur âme et conscience, Je dirai en leur orgueil et intellect.

Voilà pour les péri-groupes.

Le groupe global inclut l’Ashram dont il est issu, donc la Hiérarchie, Shamballa, le plan de l’âme, et tous les points subjectifs reliés aux plans concernés mis en jeu par tous les disciples et tous les indivi­dus, serviteurs du monde et autres que compren­nent le groupe ésotérique et le groupe exotérique.

L’action du groupe global est à la fois interne et issue des plans supérieurs et externe, puisque le groupe exotérique en est l’exécutant sur le plan phy­sique. Cette action, pour l’instant double, est connue instantanément de la Personnalité qui la dirige, la brise, l’intensifie ou la ralentit d’après les données ésotériques dont elle est consciente à tous les ni­veaux. Ce travail est complexe et difficile et vous pouvez comprendre pourquoi. C’est là, à la charnière fragile des deux plans ésotérique et exotérique que les mentalités trop concrètes attirent trop de sub­stance aux énergies qui se mettent en place, les cris­tallisant et en en faisant des instruments récupérables par les Frères Noirs. Le Maître en in­carnation par Sa Personnalité est en butte constante aux énergies mêlées de forces négatives qui s’engouffrent par les lignes de moindre résis­tance dont les trois reflets des disciples sont canali-sateurs. C’est là que la Personnalité du Maître en incarnation peut être atteinte dans son corps physi­que. Et c’est le non-discernement des disciples trop focalisés mentalement qui en est la cause.

Un Maître en incarnation est en sécurité sur le plan occulte et protégé sur le plan physique. Ce qui signifie qu’il est irrécupérable par les énergies am­biguës mises en œuvre par les Frères Noirs mais que, même protégé sur le plan physique, c’est là essentiellement qu’il est vulnérable, dans Son corps physique qui n’est pas un principe. Les attaques dont II sera l’objet seront concoctées sur le plan mental et ne L’y atteindront pas occultement par­lant, puisque Son inviolabilité est garantie par la quatrième initiation ou deuxième Hiérarchique, qu’il a passée. Mais Son corps physique recevra les impacts énergétiques, impuissants sur les plans subtils, et sera atteint, le moins possible, Nous y veillons. Cela est inhérent à l’incarnation, l’ins­trument que représente le corps physique est, chez le Maître en incarnation, le plus vulnérable de Ses véhicules. Tout a un effet indésirable sur Son corps physique : la pollution dans les villes, le bruit, cer­taines nourritures, certaines tensions atmos­phériques, les énergies psychologiques émanant des autres, toutes les énergies et forces qu’il gère et qu’il contribue à nettoyer en les «digérant» sur le plan occulte et ces dernières agressent ensuite le Maître dans Son corps physique. Bref, vous voyez ici une liste non exhaustive et c’est très pénible à un organisme purifié tel que le Sien. Il est nécessaire de parler du corps physique du Maître en incarna­tion, il fait partie de la Personnalité et beaucoup de fausses idées courent à ce sujet. Les disciples, ne vivant pas ce genre de problèmes, ont tendance à croire que le Maître en incarnation est positivement hors d’atteinte par tout l’environnement et qu’il plane au-dessus des problèmes de l’incarnation, y compris maladie et agressions diverses. C’est archi-faux. Le Maître en incarnation dont la Personnalité est active sur le plan concret, à terre, si J’ose dire, traverse tous les problèmes ordinaires et coutumiers de l’incarnation mais les vit avec beaucoup plus de difficultés car Ses véhicules purifiés sont constam­ment agressés. Songez-y, ce n’est pas pour Lui une partie de plaisir. Pour agir efficacement H est obligé de se préserver des espaces de solitude et des es­paces d’air pur. C’est indispensable à la bonne coor­dination du travail véhiculaire sur tous les plans.

L’Action du groupe global détermine et intègre les actions des autres groupes. L’Action globale est trajectoire ponctualisée par des actions précises et différentes qui parfois n’ont pas de rapport dans les apparences mais sont en fait parfaitement synchronisées entre elles. L’Ashram est déterminant et son inspiration méthodique du centre à la périphérie couvre le groupe global qu’il alimente et les actions ponctuelles qui en découlent. L’Ashram reçoit l’im­pulsion de sa trajectoire de service de Shamballa et par son intermédiaire, l’humanité commence un contact inconscient et indirect avec Shamballa.

L’Action globale est le moteur potentiel des ac­tions diverses menées à l’instigation de Shamballa par la Hiérarchie spirituelle de la planète, elles concernent toutes l’Humanité et c’est cette dernière qui, créant la demande, obtient la réponse créative qui pousse son évolution vers les sommets du divin au sein de l’humain.

Le monde actuel est en mutation de mentalité par le biais des consciences individuelles qui s’expri­ment synthétiquement de plus en plus par les masses. Il faut les écouter, la demande corres­pondant aux besoins est là, et il faudra bien que les hommes politiques suivent. Mon Ashram, sous la Haute Protection duquel se trouvent l’Enseigne­ment Hiérarchique et le monde politique, fait réson­ner de plus en plus cette note de Rayon I indispensable au monde nouveau.

L’Action globale de destruction est un des élé­ments les plus importants, sinon le plus important, aux bases des mentalités nouvelles qui ne peuvent avancer qu’après cassure des structures concrètes que les hommes avaient construites et qui obs­truaient les mondes subtils d’une matière mentale figée sur de fausses valeurs.

L’Action globale de construction passe par la naissance de points de vue différents à des mentali­tés ayant perdu leurs anciennes références intellec­tuelles. Le mental est ici en cause et en vedette et c’est du plan de l’expérience dont Mon Frère E.K. vous a parlé[3] que se fait un solide travail de purifi­cation qui doit laisser passer des points de vue no­vateurs dont le démarreur est l’ouverture du cœur.

L’Action globale se fait par le cœur et la tête et c’est pourquoi l’Extériorisation de la Hiérarchie était si importante. Seuls les Initiés de haut degré relient les deux et le cœur ici, ainsi que la tête, n’ont rien à voir avec ce que vous entendez par là dans le monde objectif de l’ésotérisme appliqué. Nous par­lons ici d’énergies puissantes mises en orbite plané­taire par la tête et le cœur de la Personnalité du groupe global et issues des Ashrams et de Shamballa.

L’Action dans le groupe global est une synergie synthétique dont les péri-groupes sont exclus par sécurité ésotérique pour le plan occulte, mais à laquelle ils peuvent participer   sur   le plan psychologique encore très utile, par des actions ponctuelles dont la justesse, parfois, laisse à désirer, mais qui correspondent à l’aide demandée sur cer­tains plans inférieurs. Les péri-groupes sont des groupes nouvel âge en voie de mutation où les indi­vidus axés sincèrement sur le liant personnel entre­tiennent le mirage de groupe et se perdent aux reflets de la personnalité, axés qu’ils sont à arrondir les angles. Le groupe global est impersonnel et n’a que faire des ronds de jambes qui arrondissent les angles, parce qu’aucun angle, aussi dur soit-il, ne peut plus blesser à ce stade-là.

Les disciples parfois perçoivent très mal ce que le travail d’un groupe global peut être dans sa réa­lité brutale. Il n’y a que dans la psychologie que la douceur des apparences dans le dit ou les mots écrits a de l’importance. Les énergies pures issues de l’Ashram et de Shamballa canalisées par la Per­sonnalité donc non déformées, sont dures. Même l’é­nergie pure du Second Rayon Amour-Sagesse est dure. Cela vous étonne, n’est-ce pas? Mais qui vous a dit que l’Amour ainsi que la Sagesse pouvaient être doux ou mièvres? Certainement pas un Maître de la Hiérarchie. Ces énergies ont un impact dur sur les véhicules non préparés et ceux des disciples le sont en majorité. Réfléchissez à cela, compte tenu du fait que vous appréhendez pour la plupart les énergies de Rayons, non comme des qualités divines, mais comme des qualités humaines dont la perfec­tion vous échappe puisque vos références, impar­faites, sont donc fausses. Mon Frère D.K. et l’Ashram de K.H. à l’époque où fut transcrit l’Enseignement par A.A.B. était un vecteur d’éner­gies très fortes dont la note a été incomprise sur le coup. Il fallait accéder au plan mental, ce qui fut fait et bien fait, alors réfléchissez que ce sont ces éner­gies de Second Rayon qui y ont contribué. C’est un travail assez sec et dur et pourtant, il fallait le Se­cond Rayon. Qu’en déduisez-vous?

Pour revenir à l’Action globale, elle est l’expres­sion dans le groupe global de la Vision, cette der­nière étant l’orbe mystérieuse de l’incréé dont Shamballa est gardien et dont il livre la synthèse à la séparativité, pour que la multiplicité, seule per­ceptible au plan de la forme, puisse véhiculer le Di­vin par le Plan ainsi prévu et extériorisé.

Le Verbe ici est source et finalité; cette der­nière, jamais atteinte est une remise en question constante dont l’évolution est l’échelle graduée qui ramène à la Source première. Les mots ici seraient presque un handicap à l’expression si Notre Sœur L.C. n’était aussi synthétique.

L’Action globale que le Maître en incarnation connaît prend des voies pragmatiques diverses qui varient selon les contingences rencontrées sur le plan physique. C’est le Maître en incarnation, par le biais de la Personnalité, qui en installe les rails, ces derniers sont sujets à tout, à tous et à ceux qui l’entourent. Mais le Maître, Lui, ne peut qu’être juste sur le plan de l’Extériorisation et s’il est par­fois forcé de déplacer ces rails, la trajectoire pro­fonde est la même, seule la forme change.

Dans l’Action globale la note essentielle d’un Rayon est toujours affirmée et les compromis psy-chologico-ésotériques n’y ont aucune place. C’est dans l’affinnation du Rayon correspondant à l’A-shram initiateur que l’on reconnaît l’Action globale du groupe global. C’est d’ailleurs à ce stade que les parties indésirables, individus ou péri-groupes, s’éli­minent d’eux-mêmes, s’excluant des énergies qu’ils ne peuvent véhiculer parce que l’impact en est trop fort sur des véhicules encore inadaptés.

Mais ceci devrait de moins en moins se produire car les Maîtres en incarnation, à l’avenir et dès à présent, qui font leurs premières armes au sol de l’incarnation dans ce travail coordonné particulier et précis qu’est l’Extériorisation de la Hiérarchie, évi­teront les faux départs de toute Action globale dont les Forces Noires sont friandes dans leur système de récupération. Or le Maître en incarnation sait et possède la vision et, comme il a été dit plus haut, Son impersonnalité est en un tout premier temps un handicap ainsi que Son inclusivité qui ont du mal à éliminer et à exclure les individus et disciples dou­teux, canalisateurs de forces indésirables. Il le faut bien pourtant et ces dérapages font partie de l’inté­gration des qualités de l’Initié de Haut degré au plan physique où II travaille aussi.

L’Action globale a plusieurs débuts coordonnés et différents dans des domaines variés de l’expres­sion humaine. Mais elle voit le jour à Shamballa dont les énergies décisives déterminent le Dessein et actionnent le Plan. Le Dessein est la Volonté de Dieu, Son intention profonde, alors que le Plan en est le moyen d’exécution. Le Verbe, inconnu et silencieux, gère les sons qui viennent à la manifestation à l’aide des énergies primordiales dont les Rayons sont por­teurs. Les Ashrams sont totalement engagés dans l’Ac­tion globale et font partie intégrante du Plan. Le Dessein, lui, synthèse de l’Intention et de l’Action glo­bale porte en lui-même les fruits et les sucs des arbres de vie de l’Humanité dont les parfums et les couleurs, les saveurs et les beautés, sont destinés aux mentali­tés qui par intervention occulte sur le plan mental doivent évoluer. De Shamballa à la Hiérarchie, du Dessein au Plan se trouvent tous les degrés initiati­ques en charge et susceptibles de servir sur tous les plans subtils.

Le Maître en incarnation en est l’expression physique consciente.

Je vous demande ici de prendre un temps de réflexion et d’arrêter votre lecture de manière à ce que la synthèse dont il est, en somme, question, puisse irradier en vous, elle est inexplicable et seule l’approche intérieure, débarrassée des références mentales peut vous aider à l’appréhender un tant soit peu.

Laissez-vous aller à la vague synthétique qui baigne les propos de ce livre et ne pensez plus. L’état de réflexion est un état d’ouverture et de mobilité, que cette vague de synthèse vous absorbe en elle, afin que ses mouvements ne soient plus en vous qu’éclatement tranquille à la vague cosmique in­connue que vous pouvez pressentir.

Donnez au mouvement de la VIE UNE l’oppor­tunité de soulever ce qui, en vous, est ou aspire au Bon, au Beau, au Vrai.

Morya vous entraîne, Avez-vous envie de Le suivre? C’est là l’ouverture, enfin, à L’Action globale.

LES FRICTIONS DANS LE GROUPE

Elles ne sont probablement pas là où les disci­ples les croient. En effet ces derniers sont axés sur les frictions des personnalités, celles-là sont sans importance, elles ne sont que les indications de ce que sont ou ne sont pas les véhicules de chacun et vous vous méprenez en leur donnant trop d’impor­tance.

Les vraies frictions se situent ailleurs, sur les plans subtils, et sont, par là, déterminantes sur le fonctionnement du groupe global. Que d’erreurs au sujet des frictions, que de malentendus indésirables, inutiles et dans lesquels vous gaspillez une énergie que vous feriez mieux d’utiliser positivement.

Les frictions personnelles doivent être dépas­sées et remises à leur juste place, en regard du groupe global, elles agacent et dérangent la Person­nalité au sein de l’œuvre à accomplir mais n’attei­gnent pas, outre mesure, le fonctionnement intérieur et donc l’Action globale. En revanche, elles détournent les disciples de l’objectif commun et causent les déraillements et les dérapages du groupe exotérique.

Les vraies frictions pour le groupe global se si­tuent donc sur les plans subtils et notamment sur le plan mental. C’est là que les Forces Noires ten­tent de déstabiliser et de récupérer ce qui peut l’être en infusant le véhicule mental. Le Maître en incar­nation y est confronté d’entrée et II digère en Ses véhicules les frictions qui se présentent, annulant le travail que tentent les Forces contraires. Ceux du groupe exotérique qui peuvent être impressionnés, vont inconsciemment y adhérer et se dissocier par là-même du groupe global. Le Maître en incarnation sait toujours qui peut dévier vraiment et c’est à cause de cela que Son attitude sur le plan physique est délicate et mal comprise. Prévenu, Il sait que la coupure est déjà faite bien avant que le divorce ne soit prononcé. C’est un moment toujours difficile dont le disciple inconscient va faire les frais que son choix détermine. Et c’est ainsi que la friction, neu­tralisée, coupe le lien mental avec le disciple en question. Bien sûr ce dernier la vit dans la person­nalité et ses trois reflets et c’est pourquoi jusqu’à présent on a cru, en général, dans les groupes exo-tériques, que les frictions personnelles étaient prin­cipalement en cause. D’où ce malentendu qui élude les plans intérieurs. H est vrai que seul le Maître en incarnation voit et sait sur ces plans-là, ce qui n’arrange rien car II ne pouvait en parler à personne sur le plan physique. Maintenant, le travail s’installant très concrètement, ce sera différent, le Maître pour­ra, sur le plan physique, en parler à certains disci­ples consacrés, avec précaution quand même, car la vision du Maître en incarnation est toujours brutale puisqu’elle est neutre d’affectivité. Et c’est là qu’elle est difficile à accepter, en effet très peu de disciples sont capables d’appréhender clairement ce qu’est réellement l’Amour qui est plus puissant que «gen­til» et plus brutal que «doux».

Une décision purement objective sur le plan physique est neutre et donc dure, vous le compre­nez. Sur les plans subtils c’est pareil, la seule diffé­rence est qu’elle y est toujours juste, ce qui n’est pas le cas forcément sur le plan physique où les indivi­dus, objectivement, peuvent se tromper.

Les grandes voies humaines relatives aux au­tres et à l’état de droit dans toute société démocra­tique, aspirent à l’objectivité totale, c’est une forme de neutralité. Elles rejoignent dans leurs aspira­tions humanitaires les fondements mêmes de l’éso-térisme de la Sagesse millénaire où, dépourvue d’affectivité, la vision du Sage est d’essence juste. Seul le Maître la possède et ce, seulement après l’initiation de la Renonciation. C’est seulement à partir de là que le Maître peut commencer à vivre l’Amour donc la neutralité affective qui s’affirmera de plus en plus au cours des initiations supérieures.

Des initiés de troisième degré sont actuellement sur terre, ceux qui n’ont pas passé ce degré encore sont fragiles, Je l’ai déjà dit, et sujets au déraille­ment du sentier de gauche qui est l’ultime épreuve de la Transfiguration. Pour les détails initiatiques, que ceux qui ne les connaissent pas se reportent aux livres précédents transcrits par A.A.B., tout y est exposé. Nous allons ici plus loin dans l’Extériorisa­tion de la Hiérarchie d’une manière pratique et non théorique, qui risquerait de tirer le mental vers le bas.

L’ECLATEMENT DANS LE GROUPE

Il n’existe pas dans le groupe global mais inter­vient dans le groupe ésotérique et descend sur le plan physique dans la partie exotérique où il sème discorde, séparation et retards. C’est ainsi que nais­sent certains péri-groupes fragilisés qui deviennent ensuite des instruments des Forces de l’Ombre. C’est aussi ainsi que certains péri-groupes trouvent leur voie, para-hiérarchique et que, coupés des mondes subtils, ils peuvent faire œuvre utile à un niveau purement psychologique, ce qui n’est pas né­gatif. Dès qu’un certain ésotérisme entre dans un péri-groupe, c’est à ce moment-là que, mal orienté, mal vécu, les Forces Noires peuvent manipuler à loisir ce que les disciples pensent être un contact avec la lumière.

L’éclatement est dû aux frictions. Dès que la friction installe un conflit occulte, l’éclatement sur­vient par le nettoyage qui s’ensuit. Certaines fric­tions peuvent être intégrées et neutralisées mais en général elles dégénèrent en conflit, les Forces en présence se heurtent violemment, le Maître en incarnation doit alors maintenir Ses véhicules stables au plan de l’expérience et laisser éclater le conflit en l’objectivant sur le plan physique. Ce qui signifie qu’il laisse aux Forces en présence un temps de ré­flexion récupérative afin de donner l’opportunité aux disciples de faire leur choix. L’éclatement suit alors, si cela est nécessaire. Les scissions sur le plan physique interviennent ainsi.

Les individus et disciples constituant les péri-groupes font des choix que guident essentiellement la raison et l’objectivité. La constance du groupe glo­bal sur le plan occulte non plus que son Action glo­bale n’en sont retardées, en revanche des retards peuvent en découler, ce qui n’est jamais souhaitable. C’est pourquoi la responsabilité du Maître en incar­nation est immense. Il est le seul, au sein de l’incar­nation, à faire la synthèse des visions subjective et objective et II sait. Il doit donc toujours fonctionner en regard du plan occulte et des impératifs ésotéri-ques dont II est l’exécutant sur le plan physique. Ce n’est pas toujours bien compris. C’est carrément mal compris d’une part, et d’autre part c’est un travail pénible et brutal parce que d’une neutralité affective absolue. Mais les règles ésotériques doivent être res­pectées et le Maître en incarnation doit les appli­quer à la lettre. C’est aussi une question de rodage, pardonnez-Moi ce mot un peu bizarre. Il se trouve que les pionniers essuient toujours les plâtres ! Cela est dû à une accoutumance adaptative au travail qu’il est demandé d’installer.

L’éclatement est inévitable dans un groupe exo­térique dont certains membres, ésotéristes théori­ques, croient se préparer à la troisième initiation ou première initiation Hiérarchique. H suffit d’un seul membre, à ce moment-là, pour faire du mirage de groupe une réalité insurmontable. La logique, la susceptibilité, l’orgueil d’un tel disciple sont les bases de fondements des Forces Noires dans un groupe. L’éclatement est inévitable puisque sur les plans subtils et surtout astral et mental, un travail de sape s’organise en fonction et autour du disciple manipulable, au détriment du groupe exotérique, mais en un second temps, à l’avantage du groupe global qui ne peut garder en son sein de telles éner­gies. Provoqué depuis les plans subtils pour de graves raisons occultes, l’éclatement provoquant la scission intervient toujours à point nommé et le Maître en incarnation est chargé à un certain mo­ment bien précis, pour l’incarner, de donner, sur le plan physique, le coup de pouce objectif décisif. Il ne s’agit jamais de problèmes de la personnalité pour les uns et les autres, il s’agit de conséquences oc­cultes imparables dont la Hiérarchie sur sa trajec­toire d’énergies de Shamballa ne peut ni s’encombrer, ni cautionner.

De la scission observée sur le plan physique, vous déduirez spirituellement les causes et les effets mais, par pitié, laissez la raison et les personnalités de côté; elles ne sont ni l’une ni les autres en cause. Vous avez là des indications précieuses à méditer individuellement. Faites-le pour le groupe global que vous verrez s’extérioriser de plus en plus et qui a besoin de toutes les énergies disponibles sur le plan physique, y compris discernement et vigilance.

Que l’éclatement facilité par le Premier Rayon ne vous inquiète pas, il est signe, pour le groupe global, de réussite, de bonne marche hiérarchique, et de santé occulte.

LA MEMOIRE DANS LE GROUPE

La mémoire akashique est présente pour le groupe global, et les membres sur les plans inté­rieurs ainsi que le Maître en incarnation qui y ont accès d’une manière constante, à volonté de nécessi­té occulte. Cette mémoire synthétique et globale est appréhendée par les Maîtres, sur tous les plans, d’une façon neutre, c’est pourquoi Ils y ont accès.

A cette mémoire globale s’ajoutent les mémoires causales des membres sur les plans ésotérique et exotérique. Les premiers se situent avant la qua­trième initiation et sont en passe de troisième ini­tiation, telles que Mon Frère D.K parle de ces initiations. Les seconds, totalement inconscients en­core du plan causal, sont focalisés dans les corps émotionnels et dans un mental concret. Ces mé­moires causales sont la somme de l’acquis positif au cours des incarnations et elles sont un potentiel d’ef­ficacité du groupe global. Le corps causal détruit, le Maître se dresse aux portes de Shamballa dans la transparence de Ses véhicules, libre de canaliser les énergies fortes nécessaires au Plan.

A ces mémoires citées plus haut, s’ajoutent les mémoires des membres du groupe exotérique. Elles sont axées sur le passé de l’incarnation présente et font sans arrêt référence à ce qui a été dit ou fait.

Parmi les disciples et aspirants, l’archétype se trouve chez celui qui, sans arrêt, cite des phrases, mots, passages de l’Enseignement comme parole d’é­vangile, pour appuyer ce qu’il veut faire passer. En fait, cette mémoire-là, jointe à un fort mental concret, fait dire à l’Enseignement ce qu’on a décidé de lui faire dire. Aucune créativité ici, le disciple reste axé sur le passé, au détriment de ce que le mouvement évolutif entraîne de changements et de mobilité. Cette forme de mémoire, tout à fait objec­tive, est un handicap au groupe global et en limite la véritable vocation qui est coopération créative avec Shamballa, collaboration et participation avec et à la Hiérarchie pour un service toujours plus ef­ficace qui suit les mobilités stables dont Nous avons parlé plus haut.

Telle est la Mémoire globale du groupe. A vous maintenant d’engager les efforts individuels à faire pour dégager le groupe global de ses handicaps et pour l’alléger, sur le plan ésotérique, afin que la Per­sonnalité n’ait pas toujours à contrebalancer ce que vous créez de scories sur les plans inférieurs.

La conscience de cette Mémoire globale vous ap­prendra à vous dépasser en élargissant vos points de vue qui ne dépendront plus de votre nombril mais de l’intérêt du groupe global à fonctionner cor­rectement.

Et vous en êtes tous responsables sur le plan exotérique. C’est ici à vous que Je m’adresse au cas où cela vous aurait échappé !

Moins vous aurez de mémoire sur le plan phy­sique et plus votre affectivité en sera dégagée, plus vous serez utiles au groupe global et à son travail de synthèse.

La Mémoire globale est ailleurs, dans la constance à la participation du travail Hiérarchique consacré au Plan, dans sa mouvance et sa disponi­bilité qui ne laissent aucune place aux cristallisa­tions du mental concret, même par rapport à l’Enseignement qui suit la courbe évolutive prévue par les Maîtres.

Allez et oubliez, c’est sur une plaque mentale lisse que s’inscrivent les plus belles figures énergé­tiques dont le Plan dépend et dont il est issu.

S’oublier soi-même, c’est aussi oublier son pro­pre passé et s’en servir comme un moyen d’avancer mieux à certains moments seulement. Cette faculté est précieuse car la mémoire individuelle devient ainsi l’outil d’un avenir s’inscrivant dans la mouvance de la perfectibilité dont l’initiation est la borne périodique.

Allez et oubliez vous vous-mêmes au profit du travail immédiat dont l’Eternel Présent est porteur et dont vous êtes les passants.

Avec Morya, construisez, non pas sur les ébou-lements d’un passé objectif, mais sur les fondements d’un avenir dont le Monde Ardent est l’auteur et dont vous devenez les bâtisseurs pour un Monde nouveau à la dimension d’une Humanité divine.

LA VISION DANS LE GROUPE

Elle appartient à Shamballa, est perçue et ex­primée par la Hiérarchie, est perçue et formulée par le Maître en incarnation dans Ses actions ésotéri-ques, occultes et exotériques. Les disciples la ser­vent sans forcément en percevoir la globalité, ils ne sont conscients que de la partie limitée à laquelle ils participent. A leur niveau, se produisent des inter­férences qui brouillent et retardent les parties limi­tées qu’ils perçoivent comme un tout auquel s’immiscent les doutes et failles dont le groupe glo­bal aura à pâtir. Mais ces inconvénients, inhérents au monde objectif et aux limitations des disciples, sont absolument inévitables, car dans toute action, à quelque niveau que ce soit, les disciples et tout individu gardent leur libre arbitre sur lequel les Maîtres n’interviennent jamais. Cela fait partie du travail, c’est dans l’ordre humain évolutif et rien ni personne ne peut changer cela. Ce qui est parfois extrêmement pénible à Ceux qui, en charge des plans subtils, possèdent la Vision globale.

Tous les défauts psychologiques qu’entraînent avec elles les personnalités sont facteurs de troubles qui alourdissent la vision de leurs scories et ont un impact sur l’Action globale. A la Personnalité du groupe global échoient tous les inconvénients qui en découlent et le Maître en incarna- tion a fort à faire face à tous ces problèmes qu’il respecte mais qui influent quand même sur l’œuvre à accomplir. D’où la grande responsabilité des disciples face à Lui et au service qu’ils ont en commun. C’est pourquoi il faut insister sur la nécessité, au sein des groupes, du travail d’évolution individuel qui fait avancer, dans l’oubli de soi, en regard des urgences du Plan à extérioriser.

A cela il faut ajouter la vision objective du Maî­tre en incarnation dont la Personnalité a accès à toutes les intériorités, à toutes les frictions, à tout éclatement d’où qu’ils proviennent et quels qu’ils soient. Cette vision est au Maître en incarnation une forme de radar conscient détecteur et cette in­formation permanente et instantanée est un formi­dable moyen pour éviter les écueils de l’incarnation au groupe global.

Ce groupe global possède donc la Vision sur tous les plans même si cette vision peut être altérée par les brouillards qu’implique l’évolution individuelle du disciple.

La Vision globale est celle du Dessein, les au­tres, celles dont nous venons de parler, sont, pour­rait-on dire, au-dessous du seuil de conscience de Shamballa et ne sont que parties inhérentes néces­saires à l’application du travail extériorisateur du Plan.

Les hommes et femmes Maîtres en incarnation sont indispensables à l’extériorisation du Plan sur le plan physique de l’incarnation. Sans Eux, le Plan ne serait que l’élaboration abstraite d’un vaste concept dont le Dessein est porteur. Des mains et des pieds humains-divins doivent l’incarner au sein de l’Hu­manité.

C’est pourquoi la Vision globale qui est celle de la Personnalité est appréhendée dans sa totalité par le Maître en incarnation, de même que les visions attenantes à tous les plans subtils dont le Maître en incarnation est coutumier de par Son travail spéci­fique.

Le problème pour les disciples est que, face à la Personnalité du Maître, leurs véhicules ont de la difficulté à se mettre en harmonie et à recevoir les énergies fortes qui en découlent. Ce qui place le Maître en incarnation dans une position de Person­nalité mal comprise et mal reçue, dont Son indiffé­rence divine s’accommode très bien, mais dont le travail peut souffrir.

Les disciples qui Me lisent sont incapables d’imaginer la Vision globale synthétique et quasi-instantanée du Maître en incarnation, spécialement s’il s’agit d’une belle et jolie femme!!! Voyez où le machisme se glisse ! et gardez votre humour, c’est un début d’humilité. Riez de vous-mêmes.

La note dominante du Maître en incarnation est la synthèse dans la Personnalité, face à l’atomisa-tion énergétique des forces psychologiques des personnalités, la synthèse devient catalyseur révéla­teur des réalités subjectives dont le Maître en incarnation a la vision, mais dont les disciples sont, à ce stade, encore inconscients, persuadés qu’ils sont de connaître leurs réalités intérieures, alors qu’il s’agit simplement d’illusions profondes ancrées dans le mental.

La Vision globale «est», on y accède et en y par­venant on devient cette Vision, on la porte en Soi, on est la Vision.

C’est ce que vous pouvez vous dire devant la Personnalité, même si cette compréhension là vous est encore inaccessible.

La Vision globale est au groupe global ce que le mental abstrait est au disciple. Le groupe exotéri­que doit faire un travail individuel au niveau des membres pour y accéder.

Cela mérite réflexion.

Que l’or et l’argent symboliques Dont le Maître en incarnation

fait la synthèse et Différencie, portent aux Lasers de leur Puissance, les Rayons purs dont les énergies du Maître en incarnation sont baignées,

afin que votre Reconnaissance de la Personnalité Se fasse pour le mieux du Groupe global.

Je voudrais que vous notiez l’importance qui fut donnée au mirage de groupe dans l’Enseignement transcrit par A.A.B. et que vous en compariez le renversement pour cette phase de l’Enseignement transcrit par L.C. et qui traite de la Vision et de la Globalité, note de Synthèse absolue dans l’Extério­risation actuelle.

L’OBEISSANCE DANS LE GROUPE

Elle existe incontestablement au niveau des Maîtres en regard du Conseil de Shamballa et de Celui dont rien ne peut être dit. C’est dans la liberté intérieure qui caractérise le Maître en incarnation qu’elle est atteinte pleinement et la Personnalité y est d’une soumission absolue. Dans le groupe global, les Maîtres sont les plus « obéissants » et de loin, ce mot entre guillemets met une limitation à cette «obéissance», mais il n’y en a pas d’autre et, faute de mieux, Je l’emploie donc.

Cette obéissance est inaccessible à l’entende­ment de certains disciples pour le moment, Nous en resterons donc là.

Cette obéissance est dénaturée sur le plan men­tal atteint par les disciples, où elle demeure pour le Maître.

L’obéissance devrait exister sur le plan physi­que de l’incarnation mais Je ne vous en parlerai pas. A vous, individuellement, d’en déterminer la néces­sité, la motivation et la direction.

Nous n’intervenons pas sur le plan du libre ar­bitre, vous le savez, et l’obéissance est un test qui détermine la lumière dont est entouré le disciple sur les plans intérieurs. C’est pour Nous une indication importante qui doit demeurer libre de toute injonc­tion récupératrice, de tout raisonnement objectivo-occulte dont certains disciples récupérables par les Forces de l’Ombre ont le secret.

A vous de choisir librement cette obéissance.

C’est l’obéissancejdu Maître en incarnation et des Maîtres en général qui évite les déviations du groupe global.

A vous d’en déduire une réflexion positive et constructive pour le Service.

Que la Lumière du Maître en incarnation Vous touche et s’ajoute à la vôtre. Que la Personnalité qui vous la Transmet soit reconnue et que Le Service qui incombe au Groupe global en soit fortifié. Allez et Servez dans cette Lumière Que le groupe global irradiera De plus en plus grâce à Votre discernement.

J’ai dit!!

La faculté de transmission juste

du groupe global en dépend. Œuvrez et que la Lumière soit ! Elle incombe à votre perception et Augmentera dans la mesure de Vos limitations repoussées du Particulier à l’Infinité. Car vous êtes aussi l’ombre que La lumière révèle.

C’est par l’Amour global et synthétique Qui inclut l’ombre mais n’y Adhère pas, que le groupe global, par La Personnalité, avance fermement Aux confrontations inévitables. AIMEZ sans affectivité, tout le Secret de la Lumière est là. Aimez et servez dans L’objectivité de la REALITE pour Gommer l’irréalité ambiante que Vous créez individuellement encore. Que la Force lumineuse de L’Ashram vous soutienne, il Faut vous y maintenir sans faillir. Vous qui lisez, puisez ici cette Force, Elle ne vous abandonnera pas. J’ai dit! Sous les auspices de Shamballa Veillez et recevez.

Là se trouve la Clé de l’Obéissance des Maîtres que la Personnalité Vous communique.

LES BROUILLARDS DANS LE GROUPE

Ils proviennent essentiellement du bas et conta­minent par le plan mental le groupe global.

Ici vous êtes individuellement en cause et votre responsabilité en regard du service est absolument engagée.

Tout a été dit par Mon Frère D.K. et Je vous demande de vous y reporter. Il est bon de le signaler pour ne pas l’oublier mais Je n’en traiterai pas ici, étant censé M’adresser à des Initiés.

Allégez le travail difficile du Maître en incarna­tion et travaillez à dissiper les brouillards dont le doute est la ligne de moindre résistance.

Pouvez-vous intégrer que la Personnalité est au Maître en incarnation ce que Jésus était au Christ?

Il y a là une vérité occulte capitale qui devrait vous aider grandement et assouplir votre contact parfois difficile avec les Personnalités travaillant au­jourd’hui obligatoirement avec le Rayon I qu’elles doivent manier dans ce travail nouveau d’extériorisation. Ce qui n’était pas le cas de Jésus, le Maître, à l’époque.

Une réflexion à ce sujet vous donnera des éléments à la fois pour les brouillards et pour l’o­béissance intérieure.

Que la réflexion méditative vous éclaire.

Reliez-vous à l’Ashram par les Invocations données dans le Calice de Mon Sang. Même sans Etre des Maîtres, vous Profiterez de toute la force créative Qu’ils rendent disponible et Contribuerez ainsi à dissiper les Brouillards opaques que L’évolution individuelle accumule Sur le plan mental. La lumière de l’or et la Patine de l’argent sont le Yang et le yin des plans subtils Supérieurs et leurs reflets Descendent jusqu’au plan Mental où vous pouvez les réceptionner. Dans la nacre de ces mouvances Stables, reconnaissez et servez ce Que la Personnalité, en charge du Groupe global, canalise, vous Serez lavés des miasmes Perturbateurs que vous contribuez à Emettre, inconsciemment, et votre Conscience élargie apportera au Groupe global son quota de Lumière. Œuvrez ainsi et Demeurez fidèles au grand Service choisi.

Alors, comme des projecteurs sur La scène du monde, vous révélerez le Décor de ce dernier aux Réalités des autres mondes dont Le Monde Ardent de Feu, témoigne. Les énergies de Morya sont avec Vous, si vous servez le Plan de la Hiérarchie. Mais Le servez-vous?

Au brûleur d’une chaudière le Fuel s’évapore en chaleur bienfaisante. Soyez les brûleurs de l’énergie Ashramique et que le Monde Ardent Dont J’ai déjà traité par l’intermédiaire D’H.R. s’extériorise enfin dans le Monde phénoménal, pour mener L’Humanité vers sa révolution Mentale, phase indispensable au Plan.

Aux enfants qui naissent de misère, Aux enfants qui meurent de faim, Bâtissez un plan mental pur d’où La Lumière peut descendre, vers eux,

Vers demain, dans ce

Monde nouveau que Nous

Bâtissons ensemble.

Par Nous Tous, par vous, que

La Révolution mentale se fasse !

J’ai dit.

Dissipons ensemble les brouillards,

C’est aussi l’œuvre à accomplir et

Vous en êtes les collaborateurs conscients,

Les coopérateurs créatifs,

Les ouvriers aimants.

LE SERVICE ET L’AVANCEE DU ET DANS LE GROUPE

L’avancée du groupe global précède l’action du service sur le plan physique, mais ses fondements n’en dépendent pas. Le service au Plan est lié à l’avancée du groupe sur tous les plans intérieurs. Sur le plan physique, si le groupe global était vécu convenablement, ce qui sera bientôt le cas, le service devrait être une éclosion harmonieuse dont les dis­ciples seraient les pistils nourrissants et les actions les fleurs superbes prêtes, sitôt passées, à une nou­velle éclosion, avec tout ce que les cycles de la na­ture, liés aux saisons, aux conditions climatiques et aux lieux, déterminent de végétation et de variétés différentes de plantes et fleurs. Nous n’en sommes plus si loin.

Le groupe global issu de Mon Ashram, expri­mera, en ce début de siècle, la vie harmonieuse à travers le service, ainsi que les comportements du noyau dur de ses membres fondateurs. Cette har­monie étant en relation avec l’expression libre et juste de la VIE UNE dans toutes les actions, sur tous les plans.

Il sera d’ailleurs utile d’en sonder ésotérique-ment les débuts difficiles et clairs qui ont précédé sa fondation. Notre Sœur L.C. devra témoigner pour éclairer son erreur initiale qu’elle connaît et a ana­lysé occultement. Cette erreur fait partie du chemi­nement multiple, sur différents plans, que le Maître en incarnation synthétise tant en Lui, qu’Il a ten­dance à une trop grande tolérence doublée de gen­tillesse sur le plan physique et, en un premier temps, Il ne donne pas la priorité à Sa vision glo­bale, ce qui est une erreur à éviter absolument sur le plan physique.

J’ai déjà abordé le sujet, cela ne se reproduira plus pour L.C. et elle n’en paraîtra peut-être que plus dure. Voyez les paradoxes liés à l’incarnation !

Le groupe global est pionnier des groupes à venir. Jusqu’ici les groupes ont tâtonné ou se sont consacrés uniquement à une partie de l’Enseignement. Le début du 3ème millénaire verra des groupes utilisant différemment les énergies et vivant la synthèse à tra­vers la multiplicité de leur expression.

Imaginez une entreprise concernée sur tous les plans intérieurs et exotérique, fonctionnant en re­gard des énergies puissantes de Shamballa et gérant, sur le plan physique, une véritable affaire dans la forme, mais dont les valeurs spirituelles sont les seules mises en œuvre à l’intérieur de celle-ci. Et nous sommes là loin des groupes «New Age» qui eurent leur utilité transitoire entre l’Enseigne­ment dont Mon Frère D.K. fut chargé, et les vrais groupes qui ne seront que le moyen d’ancrer la syn­thèse au sol multiple de ses expressions dans tous les domaines de la créativité humaine qui sera divi­nisée.

Le service du groupe global est en ligne directe avec Shamballa, centre planétaire de la tête, gar­dien promoteur du Dessein et des attributs du Plan.

Le service du groupe global est mis en œuvre par la Hiérarchie des Maîtres, Grande Loge Blanche, centre planétaire du cœur, consacrée à l’u­nification par la Synthèse.

Le service du groupe global s’ancre dans l’Hu­manité actuellement grâce aux Maîtres en incarna­tion; par la créativité au sein des consciences, Ils mettent en œuvre l’Intelligence Active dans le cen­tre planétaire de la gorge.

Ces trois volets de service du groupe global sont orchestrés par les trois premiers Rayons.

Sanat Kumara, gouverneur de Shamballa, dif­fuse le Rayon I.

Le Christ, le Sauveur du Monde, était à la tête de la Hiérarchie, Il y est toujours mais canalisé et diffusé par Mon Frère K.H. actuellement, Rayon II.

Enfin, l’Humanité, où le Christ s’extériorise de plus en plus grâce aux Maîtres en incarnation est, elle, gouvernée par Lucifer. Vous pouvez comprendre après réflexion, pourquoi le Maître en incarnation épure sans arrêt le plan mental. C’est là que Lucifer œuvre à travers la Grande Loge Noire et c’est pour que Christ y dissipe l’ombre que les Maîtres en in­carnation, porteurs et diffuseurs des énergies Christiques de la Hiérarchie au sein de l’Humanité, œuvrent maintenant sur le plan physique, mettant en œuvre et diffusant de par Leur état les Rayons I, II et III pour incarner les qualités divines qui caractérisent Shamballa, la Hiérarchie, et Leur tra­vail divin, concrètement, au sein de l’Humanité.

Tel est le service du groupe global.

Son avancée, antérieure au service, sera abor­dée ultérieurement dans un autre livre, elle est éso-térique, énergétique, abstraite pour la majorité d’entre vous, bien que concrète en Réalité.

Les Maîtres en incarnation en sont le lien avec l’Humanité, reproduisant en Christ, ce que le Maî­tre Jésus, Notre Frère, a incarné, mais au sein d’i­nitiations maintenant supérieures à la Sienne à l’époque.

Le service dans le groupe est multiple parce que les degrés initiatiques y sont variés et vont de Sanat Kumara à l’aspirant sur le plan physique.

Sanat Kumara détermine le groupe global, l’as­pirant, si tout va bien, suit ce dernier en s’y inté­grant par sa voie évolutive consciente et volontaire. Entre les deux tous les degrés initiatiques sont pré­sents au sein du groupe global et les Maîtres en incarnation, Personnalités des groupes, sont du sixième degré. En vous reportant à l’Enseignement transcrit par A.A.B., vous en comprendrez facile­ment les raisons. Je ne reviendrai pas sur ce qui a été enseigné et doit continuer à être travaillé par beaucoup. L’Enseignement présent s’adresse aux Initiés et concerne essentiellement l’Extériorisation de la Hiérarchie et ses impératifs sur le plan physi­que pour les disciples et aspirants qui devraient s’y soumettre.

Je laisse là à votre intuition le soin de vous éclairer intérieurement, chacun, sur le service dans le groupe global.

L’avancée du groupe exotérique, élargi aux dis­ciples et aspirants, dépend de leur service au sein du groupe global, de leur perception et de leurs choix, déterminants sur le plan karmique. Vous pou­vez, individuellement, en dégager la portée, la signifiance et bien d’autres facteurs, vous avez tous les éléments pour cela dans l’œuvre d’AA.B.

De la lumière, dans la lumière, pour la lumière, travaillez et servez à l’essentiel.

Quel est-il pour vous? C’est en servant à l’essentiel, à chaque étape de votre propre chemin, que vous servez utilement et efficacement.

Cet essentiel varie et dépend de votre degré initiatique.

C’est pourquoi il a été dit et redit que la connaissance de soi était déterminante.

Mais de votre connaissance personnelle à la connaissance du soi un long chemin est nécessaire.

Il s’appelle initiation.

Le groupe global vous offre une opportunité unique, par la reconnaissance de la personnalité qui en est la jonction terrestre.

Où vous situez-vous en fonction de cette personnalité? Tout éclatement, toute scission commence par la non-reconnaissance de la personnalité.

Ce n’est jamais une histoire de personnalités.

C’est occulte.

C’est donc beaucoup plus grave.

D’où provient ce manque de reconnaissance? Le savez-vous? Autant de questions auxquelles il vous faudra répondre et qui mettront aux roues de votre évolution les bâtons que vous aurez soulevés vous-mêmes.

Rien ne ressemble plus à la lumière que le raisonnement brillamment logique émis par la grande loge noire.

Tout ce qui prend les formes que construit et auxquelles s’accroche un mental concret, éclairé occultement, est matière à suspicion.

Vous ne reconnaîtrez les maîtres en incarnation que par leur silence ponctué d’actions énergétiques occultes que libéreront leurs écrits, leurs paroles.

Rien d’affectif n’y sera mêlé et le silence qui suivra sera porteur des énergies de Shamballa qui remettront sur rails ce que vous aurez contribué à déstabiliser par vos ambiguïtés énergétiques teintées du noir des forces adverses.

Soyez en conscients.

À la bifurcation du sentier de droite et de celui de gauche se tient un gardien du seuil qui a le visage de vos propres faiblesses.

C’est là, la porte que vous ne scellez pas, elle est celle de la demeure du mal.

Avec Morya et la hiérarchie, affirmez la lumière, allez vers elle, marchez en elle, un jour, en lui tournant le dos, vous en serez porteurs-diffuseurs.

Ce jour-là aucune ambiguïté n’aura plus de prise sur vous.

Où est pour vous, aujourd’hui, cette lumière? Où vous situez-vous? La personnalité du groupe global en est le repère.

Puissiez-vous la reconnaître et la suivre.

Allez votre chemin, discernez et œuvrez au sein des énergies de la loge blanche.

Et que la lumière soit avec vous, j’ai dit! En vous et pour l’humanité.

LES CYCLES DU ET DANS LE GROUPE

Ils suivent les cycles cosmiques et planétaires de l’évolution et se déploient entre obscur, lumineux et vulgarisant. Ou du moins, jusqu’à présent, il en était ainsi.

Aujourd’hui, grâce à l’Extériorisation de la Hié­rarchie, lumineux et vulgarisant seront confondus puisque les Maîtres en incarnation contribueront à vulgariser (au sens noble du terme) la lumière et ce qui en découle pour le Plan, au sein même de l’Hu­manité, sans les déformations inhérentes aux disci­ples en charge de transmission qui, forcément, colorent ce qu’ils reçoivent, perçoivent et donnent.

Les Maîtres en incarnation, en charge aujourd’hui de ces transmissions, représentent une ligne directe avec les origines du Dessein et les décisions de formu­lation du Plan. A part les quelques inconvénients déjà cités et concernant Leur adaptation au plan physique pour lequel Ils ont été entraînés, aucune déformation n’est à craindre.

Le cycle obscur : il est gestatif, préparatif et non actif sur le plan physique, où seuls des Initiés, tra­vaillant dans l’ombre, posent les jalons de ce qui doit suivre pour l’extériorisation des enseignements ou autres facettes du Plan. Ces Initiés maintiennent sur le plan physique une tradition souvent rituéli-que qui peut dégénérer en structure récupérable par les Forces Noires. Ce cycle obscur concerne toutes les sociétés secrètes ou initiatiques, telles que par exemple la Franc-Maçonnerie. C’est une période où les choses ésotériques demeurent secrètes, cachées aux yeux de tous, elles s’adressent à ceux qui tra­vaillent à l’évolution dans les énergies de la tradi­tion. Ce cycle obscur est un travail intense sur les plans subtils, une méditation active et productive dans une action statique, dépourvue d’activités. Bien sûr des déviations se produisent toujours sur le plan physique pendant ce temps. Elles sont iné­vitables puisque les hommes y sont, en quelque sorte, livrés aux énergies et non au contact.

Donc, vous le comprenez, à toutes les énergies, y compris les émissions fortement ressenties sur le plan matériel de la Grande Loge Noire.

Aux croyants, aux aspirants, à tous ceux qui doutent encore, aux prises avec eux-mêmes, le cycle obscur est générateur de ce que Nous appelons «la nuit de l’âme». Car l’âme étant régulée par le cycle obscur, sur son propre plan, la personnalité non intégrée s’en trouve par moment coupée totalement. A qui a connu ces énergies, elles deviennent indispen­sables à l’évolution. La nuit de l’âme est aussi une crise que tout disciple peut connaître dans des cy­cles cosmiques générateurs de contact, mais c’est alors différent, Je n’aborderai pas ces crises person­nelles ici, tout a été dit, il reste à ceux qui en sont victimes à travailler sur les indications d’A.A.B., afin de résoudre leurs propres problèmes de discipu-lat et d’évolution intérieure.

Ces cycles obscurs du groupe central, détermi­nant le groupe global et issu de Shamballa, provo­quent la demande de l’Humanité, l’appel, la désespérance invocatoire auxquels répond le centre planétaire du cœur, la Hiérarchie.

La méditation invocatoire constante, sur les plans supérieurs, de la Hiérarchie est dirigée vers Shamballa et non vers l’Humanité. L’invocation as­piration de l’Humanité est tournée vers Dieu et ce qui la dépasse. Ces formes invocatoires, fortes, sont reçues par Shamballa et le Seigneur du Monde y synthétise les besoins aux réponses, les énergies ainsi créées sont reçues par la Hiérarchie qui, à son tour, synthétise sur son propre plan les moyens à l’action, déléguant pour leur réalisation des Maîtres, dont les Ashrams sont ponctuellement concernés. Ce travail synthétique d’où découlera le Plan dans ses expressions morcelées sur le plan physique est en fait le «non faire» de Mon Frère Bouddha, où ger­ment les moindres impulsions dont l’activité hu­maine bénéficiera.

Le cycle lumineux découle de ces deux prises directes de la Hiérarchie sur Shamballa et de l’Hu­manité sur le divin par l’aspiration à ce qui la dé­passe, Dieu, en fonction de ses besoins. De ces deux prises, reliées par le centre du cœur planétaire dont des Hommes-Christ, Maîtres de la Hiérarchie, sont en charge, jaillit la lumière du pas suivant de l’évo­lution. Cette lumière, dirigée vers l’Humanité par la Hiérarchie, va alimenter chaque possibilité de lu­mière intérieure individuelle du mental et à travers tous ceux qui peuvent exprimer la bonne volonté et surtout la volonté de bien, va illuminer, comme une torche qui grandit, le mental de la race humaine.

Le cycle lumineux est l’expression, au sein de l’Humanité, de cette réponse qui s’imprime au plan mental et est extériorisée par les hommes dans les différents domaines de la vie active grâce au mental éclairé.

Vous pouvez comprendre maintenant pourquoi, grâce à l’Extériorisation de la Hiérarchie, ce cycle lumineux prend toute son intensité et devient juste dans la vulgarisation, même médiatique, car cela viendra.

Les cycles dans le groupe : ils sont liés au tra­vail particulier dont l’Ashram est chargé.

Par exemple, l’Enseignement vient de connaître un cycle obscur sur les plans supérieurs, gestatif, créatif, doublé sur le plan physique d’un cycle vul­garisateur de diffusion. Ce dernier cycle est demeu­ré discret et destiné à une certaine catégorie marginale de la société. Nous sommes contents de l’école ARCANE qui garde toutes ses prérogatives à l’Enseignement des disciples, mais le travail de la Bonne Volonté Mondiale est à peine ébauché. Pas assez concret, pas assez affirmé. Trop obscur et éso-térique, cela est dû au fonctionnement des disciples en général trop axés sur leur propre évolution. Cela doit changer. Les affaires du monde doivent passer avant vous, c’est ce qui s’installe actuellement, il faut y participer pour contribuer à un ancrage dont la théorie n’a plus que faire depuis trop longtemps.

La Franc-Maçonnerie a suivi les mêmes cycles mais son manque de spiritualité générale en fait, actuellement, une coque vide comparable à la Théo-sophie sur le plan occulte et à une tentative réussie de vulgarisation sur le plan physique. Manque de synchronisation avec les énergies des plans supé­rieurs, vous voyez le danger qui en découle?

Nous entrons pour le groupe dans le cycle lumi­neux et vulgarisateur qui accompagne le retour du Christ. Ce retour n’étant que l’expression du Royaume de Dieu sur terre, soit l’expression indivi­duelle du Christ, parmi les hommes. Cela a été mal compris et Je demande ici toute votre attention sub­jective. Il ne s’agit aucunement d’une personne comparable à Jésus qui viendrait et serait suivie ou pas, faisant des télévisions et intervenant dans les radios et autres médias. Non. Il s’agit de plusieurs membres de la Hiérarchie, Maîtres du sixième degré initiatique, qui vont, avec les autres Initiés, instal­ler sur le plan physique la diffusion de la lumière de Christ qu’Es ont réalisée, dans tous les domaines dans lesquels Us interviendront, faisant rayonner Christ et donnant aux hommes, comme Jésus le Maître, la possibilité d’y accéder, par Leur exemple et par Leur vie, à cause de Leurs points de vue et comportements pour le moins étonnants.

Des malentendus se sont installés à propos de ce retour du Christ sur terre, ils sont dûs à la for­mulation d’A.A.B. qui, en tant que théologienne, a donné une vision partielle un peu floue de ce pro­blème, portant à confusion les mentais prédateurs et concrets non éclairés.

La juste compréhension de ce qui précède est extrêmement importante au groupe exotérique, donc global et vous comprenez pourquoi. C’est une donnée essentielle de l’Extériorisation de la Hiérar­chie qui a été mal comprise.

Les cycles, dans le groupe global, sont, à la fois, liés à ce qui vient d’être dit, mais aussi aux compor­tements des disciples appartenant au groupe exoté­rique. Ceux-ci peuvent retarder, enrayer, troubler le fonctionnement du groupe global, Je l’ai dit, déjà. Imprégnez-vous de cela, il ne faudrait, en aucun cas, continuer, c’est un écran, objectivement, aux éner­gies Hiérarchiques.

Voilà beaucoup de choses à travailler et à inté­grer. Nous comptons sur vous tous pour Nous y ai­der au mieux. Nous avons besoin de vous.

Au fin fond de la vague cosmique, le verbe se renouvelle tel qu’en lui-même ii demeure.

Parole de celui dont rien ne peut être dit, il se module et se formule aux âmes à l’écoute.

Dans ses formes vibratoires dont le son est porteur et la couleur diaphane, il se propage et se meurt, se nourrit et donne comme un souffle aux fondations divines.

Objet informel de 1′ originel, il accueille et synthétise ce qu’en lui-même ii demeure pour diffuser son incarnation aux chairs de vos cellules, aux corps de vos aspirations.

Lorsque l’écoute est sincère, l’obéissance vraie, le désir, aspiration divine, contrôlé, épuré, alors la réponse résonne au sol de l’humanité, prête à incarner le verbe qui se donne ainsi à lui-même en prenant les voies de vos formes diverses, dont ii s’est dépouillé depuis longtemps.

Longtemps c’est l’infinité où évoluent ses diversités, c’est la nuit des temps, c’est le cœur de l’espace, c’est l’idée qui se prépare à descendre pour sauver.

C’est l’amour et c’est l’énergie première dont la vie une est le pilier.

Le verbe est en vous déjà, dans l’aspiration à l’écoute que vous en avez.

Dans la personnalité du groupe global il est incarné et s’exprime par voix non détournée.

Mais l’avez-vous reconnu? Mais l’avez-vous entendu? C’est maintenant que l’extériorisation de la hiérarchie, par l’intermédiaire de ses personnalités, va entrer, en ce début de siècle, dans sa phase de vulgarisation lumineuse.

Et c’est ce que nous préparons par cette phase de l’enseignement dans ce groupe global pilote, issu de mon ashram.

LA SOLIDARITE DANS LE GROUPE

Elle est ESSENTIELLEMENT spirituelle. Ce n’est qu’ainsi qu’elle s’installe dans le groupe exoté­rique, au sein des disciples où elle ne peut être vé­cue que si elle existe sur les plans subtils de décision.

Paradoxalement pour vous peut-être, c’est de cette Solidarité que découlent éclatement et scis­sion.

La Solidarité globale est une donnée essentielle du groupe global, garante de son authenticité, elle est vécue par tous les disciples au lien ashramique assez fort pour participer à l’Extériorisation de la Hiérarchie, y compris dans les perturbations désta­bilisantes que peut connaître le groupe exotérique.

Vivre cette Solidarité, c’est être assez dégagé du mental concret pour percevoir d’abord et avant tout les énergies spirituelles exemptes des inductions, déductions et récupérations par le mental concret cristallisé.

Cette Solidarité n’a rien à voir avec l’aide et le soutien objectif pratiqués dans les groupes dits «New Age» qui n’en était que l’ébauche sur le plan physique. Cette solidarité-là n’est que la pratique normale, sur le plan physique, des justes relations humaines, dont vous trouvez les valeurs morales dans la Charte des Droits de l’Homme. Elle est un acquis dans la bonne marche de la société interna­tionale, en tout cas, elle devrait l’être et le devient de plus en plus.

La Solidarité est une autre dimension, elle existe sur tous les plans supérieurs et va mainte­nant s’incarner, au désarroi de certains. Car comme toute chose juste elle comporte des duretés difficiles à admettre.

C’est cette Solidarité, dont le groupe global est en charge, qui doit maintenant voir le jour au plan physique.

Sur les ondes sacrées de ces fils que L’Amour tisse en un réseau universel, Se déversent les énergies cosmiques, aux Sept Rayons qui en différencient les Qualités, ouvrant, au cœur de vos Actions, des portes cristallines. Rien ne limite la pureté des énergies, à Part la perception, plus ou moins sûre, Que vous en avez.

Vous êtes le portail, la barrière et L’ouverture, lorsque retentit le Son primordial, Vous devenez les Notes des arpèges de ses symphonies. Aux arcs-en-ciel de ces lumières Diaphanes éclatantes, des brumes Brillantes se lèvent. Elles ont les Nuances douces que l’Amour entretient, Et quand Vous les traversez, elles Laissent à Vos véhicules l’empreinte Voilée de leurs nacres scintillantes. Ainsi parés, Vous parcourez le sol Terrestre, indifférents aux orages, et Là, entre ciel lourd et terre légère, Entre plans denses et subtils, La vision s’impose de ces intériorités Dont Vous sont révélés tous les secrets. C’est là dans la pureté des intentions et Actions de certains que Vous devenez Solidaires des uns et passez le Chemin louvoyant des autres. C’est ainsi que les pas s’affirment ou S’éloignent, bifurquent ou Continuent, liés par le cœur ouvert, Compris par l’âme, et rejetés par le Mental purifié pour des horizons Eternels qui n’en finissent pas d’ouvrir au futur des liens solidaires, qui n’ont d’autres racines qu’une perception commune du prochain pas à faire ensemble.

Aux villes bétonnées, aux solitudes choisies, aux silences sages, à la voie divine reconnue, à la personnalité acceptée par un discernement sans faille, la solidarité s’installe, dans l’éventail douloureux que les plans subtils déploient, à la source fraîche que les plans supérieurs déversent.

Aux âmes déterminées, aux cœurs purs, aux mentais lisses, la solidarité court le long des fils souples dont l’amour inonde le souffle cosmique de celui dont rien ne peut être dit.

Aux rayons des nécessités divines, projetés sur vos véhicules clairs, se lit, en lettres de feu, la chute des uns et l’ascension des autres.

Sur quelle pente vous situez-vous? Aux aubes porteuses d’énergies puissantes le soleil, même caché, apporte son rayonnement occulte.

Là, dans ce renouveau quotidien, vous découvrirez la conscience cellulaire qui réveillera le corps physique, lui donnant la fréquence vibratoire dont les autres véhicules ont besoin pour canaliser sans faille ce que les énergies de Shamballa déversent du dessein, sur terre, afin que les hommes en réceptivité y coopèrent d’une manière créative.

Qu’il s’agisse d’émissions hiérarchiques précises par l’écriture, d’idées à donner au cours de la journée ou d’action artistique dont les formes physiques éveilleront ensuite les consciences, tout, à ce moment-là en début de quotidien, transmet du divin ce qu’il y a à recevoir.

Soyez les lampes du monde nouveau, eclairez et afin de le faire au mieux, respectez les véhicules à travers cette auto-discipline consciente que tout disciple pratique sans faillir.

La vie mondaine est un paravent à cela, ainsi que certains individus.

vivez-la aux moments des cycles où elle est nécessaire mais n’y apportez pas les envies, dévastatrices aux véhicules, de ses contingences négatives.

Que la lumière cachée dans l’aube naissante soit révélée par vous tous au sol humain en sa nécessité.

Voguez en paix vers et sur la pente ascendante, ce faisant rejoignez Morya qui met à votre disposition les énergies ashramiques porteuses dont vous faites partie et qui vous aideront à casser en vous et au-delà, les barrières occultes qui vous retiennent encore dans un psychisme nébuleux.

Au flot de ces jours naissants qui se succèdent à votre présent, œuvrez et servez, et soyez en bénis.

LE GROUPE, SON TRANSCRIPTEUR ET MOI-MEME

Dorénavant et au sein de l’Extériorisation de la Hiérarchie, le groupe global, relié à Mon Ashram, est le vecteur de cette troisième phase de l’Enseigne­ment.

Plusieurs Initiés travaillent sur tous les plans au sein de ce groupe global, disciples de différents degrés initiatiques.

Sur le plan exotérique, au sein du groupe du même nom, un transcripteur.

C’est un Maître en incarnation, forcément.

Disciple de Mon Ashram de­puis de nombreuses vies, familiarisé sur le plan oc­culte et dans cette incarnation présente, sur le plan physique, aux forces puissantes qu’installe le Rayon I, ce Maître en incarnation est l’aimant de l’origine du groupe exotérique, tout en étant l’envoyé de mis­sion de l’Ashram, en accord avec les énergies de Shamballa.

Le groupe global et son action globale repose sur les épaules physiques du Maître en incarnation transcripteur coopérateur créateur.

En effet, un dis­cernement sans faille est nécessaire et s’il faut que 141 ce discernement se rôde au plan physique, comme cela a été vu plus haut, ainsi que certains autres attributs à rôder dans l’incarnation, Il doit devenir absolument pur de toute énergie agressante du plan physique.

Ce discernement existe, il est déterminant des plans subtils pour le Maître en incarnation et après pratique sur le plan physique, il devient le discerne­ment nécessaire et garant de la non-déviation des énergies et décisions ashramiques.

Le transcripteur du groupe global est en relation télépathique avec tous les membres de l’Ashram sur le plan de l’Ashram, tous les membres du groupe exotérique, ainsi que tous les membres de l’Humanité disciples ou non, serviteurs du monde, N. G. S. M.

, ainsi que de tous ceux qui risquent de nuire au bon fonctionnement du groupe global.

Cette relation d’intériorité est capitale et prévient tous les faux pas potentiels.

Je voudrais maintenant faire une différence, parce qu’elle existe, entre relation d’âme à âme et relation d’intériorité à intériorité, afin de vous faire comprendre, ou en tout cas de vous éclairer, sur l’état de synthèse de communication qui est une des caractéristiques fondamentale et précieuse du Maî­tre en incarnation, Personnalité du groupe global, sur le plan physique et seul transcripteur en rela- 142 tion directe et constante avec Moi pour l’Enseigne­ment.

Relation d’âme à âme : Elle est automatique pour le Maître en incarnation qui, sur le plan de l’âme, connaît et vit la synthèse.

Elle n’entraîne aucune autre relation sur le plan physique qui serait rela­tive à ce contact.

C’est plutôt le contraire.

Le Maître en incarnation, en relation avec une personne sur le plan physique peut, par Sa relation privilégiée d’âme à âme, éveiller la personnalité face à Lui aux énergies de l’âme (et jamais le contraire) ou soigner directement la personne qui n’en aura aucune conscience objective.

Quand Je dis soigner, Je parle du psychisme, ceci se passe sur le plan de l’âme et demeure du domaine de l’inconnu total pour la personne en question.

Le Maître en incarnation devient ici un cataly­seur d’énergies animiques.

Il vitalise la puissance énergétique de l’âme en regard de la personnalité qu’il rencontre et éveille cette dernière aux énergies qui en découlent.

Deux réactions sont alors possibles pour la personnalité :

1)  Si le mental concret domine, ce sera un rejet pur et simple sur le plan physique.

2)    Si l’âme est déjà présente et si certaines de ses énergies vitalisent un ou plusieurs véhicules de  la personne en face, alors, deux choses peuvent se passer : a)  un grand chamboulement de l’impact animi-que sur les véhicules qui, au maximum de leurs énergies évolutives du moment, vont se trouver re­chargés comme des piles.

Un grand enthousiasme en découlera qui pourra déphaser la personnalité en question qui, recevant ces énergies d’un seul coup, croira qu’elles viennent de quelqu’un d’autre, une entité des plans subtils, un disciple hors incarna­tion, un Maître. . .

Cette crise euphorique calmée, la personne pourra, aidée par le Maître en incarnation, faire la différence et se rendra compte que ce sont les éner­gies propres à son âme qui ont submergé les véhi­cules, donnant prise au mirage sur le corps astral.

Si le corps astral est de Rayon VI, ce sera encore plus évident.

b)  un grand chamboulement encore mais de na­ture mentale.

La crise ainsi engendrée installera le doute doublé du rejet momentané de la Personnalité du groupe global.

Mais après un difficile parcours intérieur de plus ou moins longue durée, la per­sonne, le disciple, recevra correctement ces énergies et le choix en découlant lui fera suivre la Personna­lité du groupe global.

Dans les deux cas, une tempête intérieure sera vécue.

Dans le deuxième cas «a», elle sera euphori­que et risquera ensuite de plonger le disciple dans une phase occulte dépressive que le Maître en incar­nation essaiera de lui éviter.

Dans le cas «b» la phase qui suivra le doute sera positivement vécue et la satisfaction du rétablissement intérieur de l’équi­libre occulte libérera le disciple des lourdeurs anté­rieures pénibles.

Vous avez ici deux exemples de polarité, astrale et mentale, face au Maître en incarnation et à Ses énergies.

Vigilance et discernement sont nécessaires à tous et c’est le Maître en incarnation qui en est res­ponsable sur le plan physique, comme sur les autres plans dont cela découle.

Relation d’intériorité à intériorité : Définition de l’intériorité : elle est l’état inté­rieur du point de jonction entre l’âme et la person­nalité.

Vous comprendrez que c’est très complexe car il peut y avoir plusieurs points de jonction diffé­rents.

En effet, avant la Synthèse atteinte et vécue par le Maître en incarnation, chaque véhicule, chez chacun, a un ou des points de jonction avec les éner­gies réceptionnées par l’âme.

L’intériorité est la somme de ces points différents qui motivent des réactions psychologiques chez la personne.

L’âme, sur son plan, ne participe pas à la psy­chologie exotérique de la personnalité proprement dite, mais elle en est un facteur déterminant de par l’impact de ses énergies sur les véhicules.

La psychologie de l’âme n’existe pas, c’est un faux terme exprimant une non-réalité, qu’il faut rayer du vocabulaire ésotérique de l’Enseignement.

En revanche, la psychologie ésotérique existe, elle est une réalité bien mal appréhendée et comprise.

Dans l’intériorité, les points de jonction entre l’âme et la personnalité sont des balises sur le che­min individuel de l’évolution.

Les bornes en sont la compréhension que vous en avez au fur et à mesure de l’avancée intérieure et les nœuds dénoués de ces points de jonction sont les indications initiatiques que vous en percevez.

Voilà ce qu’il faut entendre par «intériorité».

Evidemment, précisons ici que l’intériorité de la Personnalité du groupe global sur le plan physique n’a plus aucun des nœuds formés par les points de jonction en question et que le dénouement total de ces nœuds amènent le canal direct avec les Energies des plans supérieurs jusqu’à Shamballa et au-delà.

La relation d’intériorité à intériorité qu’a le Maître en incarnation avec les autres est la vision des nœuds liés par les points de jonction et formant les intériorités avec lesquelles II est en contact auto­matique.

Il serait bon de faire pénétrer votre réflexion de ce qui précède.

Vous comprendrez que la connaissance de l’au­tre est totale pour le Maître en incarnation.

Je dirai même globale puisqu’elle est la résultante de la somme des visions partielles sur tous les plans inté­rieurs et extérieur, Son discernement en découle di­rectement, Il ne peut pas se tromper et c’est là que joue votre discernement.

Entendez la Réalité et voyez-en l’expression dans ce que dit le Maître en incarnation mais aussi dans Ses silences, exercez-vous, c’est ainsi, aussi, que vous coopérez positive­ment à l’action globale, en favorisant l’harmonie sur le plan exotérique de l’incarnation.

Quant à Moi-Même, dirigeant un Ashram en charge d’une partie importante du travail d’extério­risation, J’ai choisi pour Personnalité de ce groupe global pilote un disciple de longue date, Maître en incarnation, dont les spécificités véhiculaires sont nécessaires au service actuel sur le plan physique.

Je n’entrerai pas dans ces détails, pour l’instant, afin de ne pas favoriser une personnalisation inutile que pourraient en faire vos mentais.

Il vous suffit de savoir que ce Maître en incarnation est en rela­tion constante avec Moi, même lorsque le travail ou les communications ponctuelles passent par d’autres disciples de l’Ashram.

C’est et ce sera le seul transcripteur de l’Enseigne­ment Hiérarchique.

D’autres disciples témoigneront de l’âme et de ses énergies perçues consciemment mais, comme A. A. B.  fut transcripteur, L. C.  le sera jus­qu’au bout pour cette période de fin et de début de siècle, comme ce fut annoncé.

Au travail difficile qui Lui incombe, s’ajoutera plus tard, en un second temps, la nécessité de témoi­gner en tant que Personnalité, Maître en incarna­tion, au service du Plan, dans cette Extériorisation de la Hiérarchie actuelle.

Difficile travail, compte tenu du fait que les Frères Noirs veillent et que Leurs énergies mentales ont l’impact de Leurs forces négatives sur les véhicules purifiés du Maître en incarnation.

Mais il en est ainsi.

Que les énergies de ceux qui travaillent avec Moi et Mon Ashram soient cohésives, afin d’élever la Lumière en réponse à ces attaques, ensemble, et de ne pas laisser le Maître en incarnation, Seul, aux prises avec elles.

Le cœur du centre de rAshram est, A la fois, un tourbillon intense D’énergies aux couleurs vibrantes et Un creuset de stabilité inébranlable Où se font les flèches infaillibles que L’Enseignement lance à la cible que L’Humanité tient entre ses mains.

Le Maître en incarnation, porté par la Force de L’Ashram qu’il diffuse dans le Groupe global, est à la fois le Tourbillon et le creuset, la Flèche et la cible, la Personnalité et L’Humanité.

C’est à cette synthèse qu’il incarne Que vous devez vous identifier, Forgeant par là-même, ensemble, Les bases, les murs et les ouvertures Du Monde nouveau d’une Humanité Au devenir responsable et conscient.

Responsables et conscients des plans Astral, mental et animique, Donnez, dans le service, le plus Clair de vous-mêmes.

Pour cela, la Personnalité du groupe global doit Etre le phare de vos escales et de vos Ports que la pleine mer menace de Ses colères intempestives, soulevées Par les vagues des Forces contraires.

Le gouvernail est tenu avec fermeté par Le Maître en incarnation mais vous naviguez à Ses côtés et vous pouvez faire changer De cap ou effectuer, malgré vous, une Fausse manœuvre.

Alors, que la vigilance ne vous quitte pas, Que la détermination à vos justes Choix vous maintienne dans le Juste cap, aux côtés de la Personnalité Que vous avez reconnue une fois pour toutes.

Morya soulève du souffle puissant de La Vie Une la voile dont le Gonflement divin fait avancer L’équipage sur le plan exotérique.

Avec ce souffle, que vous respirez aussi, Avancez, sans peur, vers demain, pour Que l’éternel présent s’incarne au Sein de l’Humanité toute entière.

Vous êtes les flèches de l’Enseignement de Ce début de siècle, vous avez pour Cible l’Humanité, vous êtes des Soldats du Christ et le Royaume de Dieu, sur terre, dépend Aussi de vous.

Alors courage et honnêteté, Collaboration et coopération, Discernement et vigilance sont de Mise, en tout, pour tout, avec une Totale adhésion à la Personnalité.

Morya, dans ces conditions, est Avec vous et, avec Lui, toute la Puissance Ashramique Lui fait  Echo.

Entendez-La ! J’ai dit ! Difficile choix que celui que le Maître Fait de l’Incarnation.

Difficile en est la voie, Difficile en est l’expression et L’affirmation.

Chemin à parcourir, chaotique à Cause des réactions soulevées par La puissance de Ses énergies.

En être conscients, c’est L’aider, déjà, Nous comptons sur Vous tous pour Un travail de groupe efficace.

Que l’Amour vous soutienne en Harmonie, même lorsque la force Neutre du Rayon I doit aider à La destruction d’une forme indésirable, Qu’elle soit de pensée ou d’effet.

Que le choix divin donne à la Diversité de ses expressions la priorité à Votre service au sein du groupe.

Soyez et œuvrez.

Allez sans dévier et que La Joie vous anime.

Vous êtes les bâtisseurs de demain en Accord Hiérarchique, en Harmonie Fraternelle d’âme, de cœur, à ne Pas confondre avec la fraternité que 151 Les personnalités comprennent Encore mal.

Et Je vous demande d’en Faire la distinction, afin de mieux Vivre la Solidarité Fraternelle, dans Sa réalité.

Que l’Amour divin vous y aide.

LE GROUPE ET L’ARGENT

En rapport avec l’Extériorisation actuelle de la Hiérarchie, il a été choisi et prévu, sur les plans intérieurs, de donner aux Maîtres en incarnation les moyens de vivre Leur service et de l’assumer au mieux.

L’argent et les biens de famille, ou autres, qui se trouvent à Leur disposition sur le plan phy­sique et dont Ils sont gardiens pour la Hiérarchie et le Plan à exécuter, est une énergie à employer par Eux, au mieux.

L’argent donne, au monde de l’incar­nation, un certain pouvoir dont l’autonomie n’est pas le moindre.

Indépendance, responsabilité et choix sont ici liés et en charge du Maître en incar­nation qui, dans les projets du Plan, dont II assume le bon déroulement sur tous les plans, tient les rênes physiques objectives justes de l’action globale qui découle des plans supérieurs.

Le Maître en incarnation est conscient de Sa responsabilité hiérarchique face à l’Humanité, et II n’engage cette énergie que dans la mesure où elle correspond à une nécessité qui découle directement des plans supérieurs.

Vous comprenez pourquoi II ne  peut s’engager et engager la Hiérarchie qu’avec des disciples réceptionnant les mêmes énergies, même s’ils sont loin d’être parfaits encore.

L’argent concerne uniquement le plan exotérique du groupe, mais les Maîtres en incarnation qui sont en place et viendront, n’en manqueront jamais, Ils en ont be­soin et l’indépendance de la Volonté Divine sur le plan physique en dépend.

Les Maîtres en incarna­tion, qui ont choisi la voie normale d’incarnation par la naissance sont et seront nantis des moyens d’une part, de travailler en paix, et d’autre part, des avan­tages financiers dont l’action globale a besoin sur terre en toute liberté, indépendance et puissance.

Le groupe global, auquel sert cet argent, et dont le dépositaire est la Personnalité, engage son action sur la partie exotérique de sa formation active au sein de l’Humanité.

Il est donc important de consi­dérer cet argent comme appartenant à la Hiérarchie et d’en faire strictement un usage juste.

L’école Arcane, bien que dépendante des dons et donc d’une certaine providence, a fait bon usage de son système financier.

Mais plus d’indépendance est requise au niveau du groupe exotérique et c’est pourquoi, dorénavant, un roulement financier pour­ra s’installer au sein du groupe exotérique dont les assises juridiques et comptables seront dans la li­gnée des organismes profanes, mais dont le noyau, tête pensante, autour de la Personnalité du groupe global, demeurera essentiellement spirituel et axé sur les valeurs fondamentales hiérarchiques de res­ponsabilité et de choix sur les plans supérieurs.

De là rien ne peut dévier, même en cas de perturba­tions, et la Personnalité clairvoyante du Maître en incarnation, par Sa vision globale, protège le groupe exotérique d’erreurs irrémédiables.

C’est là que l’o­béissance occulte joue, sur les plans intérieurs éner­gétiques dont chaque membre a la perception, même si elle est par moment troublée.

Le groupe exotérique, et il n’y a aucun «mal» à cela, devrait pouvoir se consacrer entièrement au travail et vivre du roulement financier de la struc­ture choisie sur le plan physique, à la vente et au rendement correct de la diffusion de l’Enseigne­ment.

La santé morale à ce sujet vient du non-attache­ment concerné, vis à vis des biens matériels dont vous êtes en charge, ainsi que de votre clarté d’en­gagement total au service du Plan Hiérarchique.

Les ambiguïtés qui s’attachent à l’énergie neutre de l’argent sont liées aux problèmes psychologiques des personnalités n’ayant pas réglé leurs conflits anté­rieurs.

Je ne M’adresse pas à elles ici.

Le Maître en incarnation ayant une imperson­nalité totale face à l’argent dont II est le gardien, doit être épaulé par la sincère authenticité d’un disciple engagé qui se chargera des contingence finan­cières, en accord avec les lois et les fisc, comme n’im­porte quelle structure du plan physique.

Regardez les groupes en général et surtout les péri-groupes, ils s’attachent à la forme d’extériori­sation d’une façon maintenant infantile.

C’est le fond qui compte et l’entreprise que représente l’extériori­sation et la diffusion de l’Enseignement, sur terre, doit être menée de main de Maître, c’est le cas de le dire mais non se poser en extra-terrestre marginalo-spiritualiste incompétent.

Ceci est très important pour le groupe global pilote et ceux qui suivront.

L’argent, qui ne concerne directement que la partie exotérique du groupe global, est l’énergie es­sentielle à l’extériorisation des énergies dirigeantes de Shamballa.

Soyez-en les gardiens et les bons gé­rants, cela fait partie du travail extériorisateur et c’est donc votre responsabilité.

A signaler que la Société de l’Agni Yoga qui est sur la ligne de Mon Ashram fonctionne sur New York d’une manière juste dont la note matérielle est bien Premier Rayon.

Impersonnalité dans l’efficacité d’un rendement productif utile à l’Enseignement.

D’une pièce ou d’un billet, ne Voyez que l’énergie formulante d’un Moyen physique indispensable à L’extériorisation juste des Energies nécessaires aux Changements évolutifs de l’Humanité.

Ces énergies, bien employées, Entraîneront le libre flux qui, Canalisé par l’Action globale du Groupe, alimentera la juste Transmission au monde de ce que L’Humanité a besoin d’intégrer pour L’installation d’un monde nouveau en Accord avec le Plan Hiérarchique.

Cette fin de siècle verra l’installation Progressive, par les Personnalités reliées A Mon Ashram, et aux autres, d’une Manière de travailler, nouvelle, dont La synthèse, entre les forces matérialistes et Les énergies spirituelles, donnera des Points de vue différents à l’économie Mondiale dont l’économie de marché Est le facteur principal, pour le moment.

Une spiritualisation économique se Fera, par le groupe global, dans une Optique nouvelle qui irradiera dans L’incarnation les valeurs novatrices, D’une approche différente du moyen Qu’est l’argent et du but dévié que l’on En a fait.

Et c’est par un rendement spirituel que L’exemple sera donné.

Ce sera l’extériorisation de cette fraternité Occulte déjà citée, vécue et révélée au Profit de l’Enseignement et des autres Faces du Plan.

Soyez les trésoriers du nouveau monde.

Sous Ma bannière et la Force du Premier Rayon, Œuvrez à la libre circulation de cette Energie qu’est l’argent, pour exprimer, Par le motif juste, la juste expression du Moyen spirituel d’action globale que Représente l’argent.

Pour y parvenir il vous faut une dose de Responsabilité où est forcément présente La valeur juste de l’argent, et surtout Pas le détachement apparent du Disciple focalisé dans le mental concret, dont La négation de l’argent, pour le moins suspecte, N’est qu’un problème psychologique de plus.

Comme toute énergie, l’argent a de L’importance et sa spiritualisation passe Par un service conscient au sein du monde.

Soyez des ambassadeurs spirituels Dignes de marner l’argent avec justesse, Œuvrez et que cette énergie-là Vous procure les facilités matérielles Dont le Service du Plan bénéficiera Pour plus de diffusion, pour plus D’efficacité.

«Taidit! Dans les tristes brillances de L’opacité matérielle actuelle, Les devises rebondissent aux Fausses valeurs que l’avoir enrobe aux Désirs frustrés de consommateurs de Plus en plus nombreux, de plus en plus Inconscients des réelles demandes Intérieures que ne comblent ni L’achat ni la vente.

Tandis qu’une partie du monde Crève de faim, l’autre s’égare aux Méandres d’une économie mal Gérée qui affame les uns et ne Satisfait pas les autres.

Les valeurs économiques sont Inhumaines.

Exemptes de toute spiritualité, Elles se perdent aux malaises des Peuples qu’elles ignorent tant L’essentiel leur fait défaut.

Il faut rétablir en vous-même un Libre flux énergétique qui, s’inscrivant Dans le système actuel, n’en dépend pas.

Seules les valeurs spirituelles ont Ce pouvoir, c’est pourquoi, développées Dans le sens juste du mieux pour L’Humanité, ces valeurs nourriront les Structures existantes jusqu’à les faire Exploser.

C’est ainsi que la VIE UNE Peut s’installer en élargissant ce que La conscience objective consomme de Rationalité têtue, prête à se perdre pour Mieux s’éloigner de l’être qui Aspire à plus Beau, plus Vrai, Meilleur.

Vivez l’argent au quotidien et dans Le service hiérarchique comme un Moyen mis à disposition pour faire Aboutir le Plan dans l’incarnation.

Ne vous en détournez pas, il est Nécessaire, ne le méprisez pas, il a La valeur que vous lui donnez.

Il est juste de l’utiliser au mieux, H est juste de le faire tourner, pour L’expression, la diffusion, l’extériorisation.

Soyez les managers du monde nouveau, Remettez l’argent à sa juste place et Œuvrez dans la spiritualité du Groupe global comme les Créditeurs de demain.

N’éludez rien.

Responsabilisez-vous Et que vos motifs, purs et sincères, Fassent de vous les serviteurs Nantis du Plan.

Nous en avons besoin pour plus D’efficacité et pour changer les Mentalités auxquelles vous ouvrirez la Voie d’une économie plus juste.

LE CHOIX DES DISCIPLES POUR LE GROUPE

Le choix des disciples pour le groupe exotérique se fait sur les plans subtils pour affinités, reconnais­sance et service bien précis et similaires.

Ce choix est donc essentiellement occulte et aucune considé­ration personnelle ou pour les personnalités n’en­trent en ligne de compte.

L’extériorisation du choix des âmes, en coopération effective sur les plans sub­tils, détermine la composition du groupe exotérique qui, ensuite, peut fonctionner comme antenne phy­sique du groupe global autour de la Personnalité de ce dernier, sur le plan physique.

Dans ce choix, capital, vous le comprenez, au­cune forme de raisonnement ne peut influencer par explication, conviction personnelle à essayer de convaincre l’autre, rien de tout cela ne peut jouer sur l’intériorité et sur l’âme d’un disciple engagé dans le service du Plan et donc sensible aux éner­gies hiérarchiques, ashramiques et de l’Humanité en général.

Le choix est essentiellement occulte et la re­connaissance de la Personnalité est une donnée de ce choix.

Le choix des disciples, appartenant au groupe global, pour le groupe exotérique, n’est pas une réu­nion d’individus travaillant aux mêmes choses, ayant un intérêt particulier pour ces choses.

Non.

C’est un choix de l’âme pour le service en incarna­tion, déterminé par l’appartenance hiérarchique et prenant en charge, sur le plan occulte, tout ce qui peut amener un plus au Plan et dont les Ashrams sont en charge.

Disponibles sur les plans subtils, les véhicules des disciples vont devenir les vecteurs énergétiques du groupe exotérique et canaliser les énergies nécessaires aux parties du Plan, quelles qu’elles soient, et sans intérêt personnel, à la bonne, à la meilleure extériorisation possible de ce qui sera reçu par la Personnalité, donc le groupe exotérique, au fur et à mesure des besoins.

Cet engagement par le choix comprend aussi un non- attachement poten­tiel, capable de se défaire, sur le plan physique, de tout ce qui ne suit pas la trajectoire hiérarchique, y compris ce que vous appelez les «amis».

L’amitié ici n’entre pas en ligne de compte et si elle existe et demeure par le respect de l’être humain, tout lien mental doit être coupé avec une personne suscepti­ble d’entraver le travail hiérarchique.

La responsabilité individuelle du choix, sur le plan physique, est une discipline à rester le plus pur possible sur le plan véhiculaire, afin de bien récep­tionner les énergies hiérarchiques, sans les souiller au mental concret récupérateur qui ne fait qu’ajou­ter l’écran opaque final de la déviation probable qui en découlera.

L’Extériorisation de la Hiérarchie est une af­faire trop importante pour laisser l’objectivité des consciences seule en charge d’un choix déductif rai­sonné.

C’est pourquoi le choix se fait et descend des plans supérieurs.

Les membres du groupe exotérique, extériorisa-teurs du groupe global de Mon Ashram pour l’Ensei­gnement, ayant vécu ce choix sur le plan physique, sont en mesure de témoigner des perturbations qui en découlèrent sur tous les plans.

Individuellement, les étapes furent différentes, mais ils sont en mesure de discerner, rétrospectivement, les interférences mentales, qui débouchèrent, par le mental concret de certains, à l’éclatement puis à la scission.

C’est là que doit se trouver la vraie solidarité qui s’exerce en dehors des personnalités en scène dans l’incarnation.

L’Enseignement présent sur les groupes sera vé­cu dans l’incarnation, très vite.

Les disciples, parti­cipant de près ou de loin, dans la périphérie des Ashrams, à l’Extériorisation de la Hiérarchie, doi­vent y amener toutes leurs énergies positivement purifiées, ce qui suppose que l’Enseignement d’A. A. B.  a été intégré et n’a pas contribué à durcir le mental concret, au détriment d’une bonne récep­tivité énergétique.

Tout enseignement partiel de l’Enseignement comporte des écueils à cause de l’ap­proche subjective obligatoire qui en est faite par les disciples ou aspirants encore victimes de leurs pro­pres failles psychologiques et véhiculaires.

Le groupe global constitue un aimant énergéti­que puissant qui attire sur le plan physique les col­laborateurs souvent inconscients des Frères Noirs.

C’est là que le lien ésotérique du choix est parfaite­ment justifié.

Les disciples potentiellement porteurs d’énergies indésirables ne feront pas le bon choix.

Ce qui est rassurant.

Il ne faudra jamais chercher à les convaincre, ils ont leur propre trajet à faire.

Seul le silence, en écho à leurs revendications et in­compréhensions, aura le pouvoir, par la suite, de les aider à mettre en cause leur intériorité face au ser­vice du Plan et donc aux énergies hiérarchiques.

Il y a l’évolution individuelle, elle est person­nelle pendant un bon bout de chemin, et puis l’évo­lution  que les  disciples  consacrés suivent et à laquelle ils se soumettent dans l’oubli d’eux-mêmes.

C’est par cette voie-là qu’ils se retrouvent en âmes coopérantes au sol de l’incarnation, liés au sein du groupe exotérique auquel leurs véhicules serviront de déployeurs énergétiques au plus fort de leur vo­lonté de bien pour l’Humanité.

Le problème et la décision du choix global sont-ils plus clairs à présent? Demeurez en servant, votre corps énergétique, par l’intermédiaire des centres, est une double prise amplifiée sur les pôles hiérarchique et humanitaire.

Entre ténèbres et lumière, entre Astral, mental récupérateur et Ashram, entre les autres et lui-même, Le disciple traverse la marée noire des Tempêtes qui bouleversent le plan occulte de Ses décisions les plus importantes.

Perdu entre liens affectifs, Amitié raisonnée par des sentiments Conducteurs de forces contraires, Il va et vient, accepte et renonce, Rejette et adhère aux virages .

Brutaux que prennent ses véhicules Bousculés par les vagues énergétiques Qu’il discerne mal.

La constance de l’âme ne s’émeut pas, Telle une embarcation à l’itinéraire Têtu, elle vogue, soulevée par les Bourrasques, nettoyée aux embruns Piquants des agressions qu’elle Passe, déterminée et mobile.

Le lien ashramique, tel un phare Dans le ciel opaque, traverse, Jusqu’à lui, les nuages amoncelés qui L’aveuglent aux noirceurs des Tentatives de déstabilisation.

Cette lumière aux rayons morcelés par L’environnement a le rythme stable et Sûr que rien n’entame.

Ces lignes Lumineuses, dans la plus forte tempête, Sont le lien inconditionnel, le repère Déterminant, la lumière protectrice que Le disciple va devoir prendre en considération Et suivre.

Cette lumière qu’il ne perdra plus de vue Lui éclaire le cœur et ouvre sa Reconnaissance occulte à la Personnalité Qui attend.

Les mains se joignent alors Au plan physique de l’incarnation, les Cœurs, retrouvés dans leurs énergies enfin Intégrées, s’allient.

Le travail planifie La dernière étape terrestre que le Dessein a Lancé.

La collaboration peut commencer, à La grande joie des Ashrams dont la Méditation vers Shamballa ne s’est pas Interrompue une seconde.

Le disciple s’intègre à cette voie méditative, Et les signes de son bon choix s’inscrivent Alors à ses véhicules, imprégnant sa Conscience objective de Joie sûre.

Le choix est fait, le groupe est trouvé, Le travail peut commencer ici, dans L’incarnation.

Ce trajet difficile, le même pour tout un Chacun, se termine, au mieux, au sein du Groupe exotérique, en renforçant sa Globalité ; au plus mal, en déviation des Projets ashramiques et hiérarchique, Faisant du disciple un potentiel canalisateur Des Forces Noires qui tenteront jusqu’à Un service rentable pour Elles, la Récupération du disciple en rejet.

Traversez les tempêtes, l’œil intérieur Fixé sur le phare dont le signal Lumineux vous guidera vers le Bon port.

Et de là, embarquez pour ce Voyage que le service offre à vos Véhicules.

Vous aurez des hauts, des Bas, des difficultés, car les Forces Noires N’obtempèrent jamais.

Mais vous Servirez dans la lumière hiérarchique, Solidaires des Maîtres et du Plan à Effectuer, dans ses parties, pour Sa globalité.

Persévérez, vous connaîtrez les cycles et Les moments, l’heure et le temps.

Ne doutez plus mais restez fermes aux Prochaines tempêtes que le groupe exotérique Connaîtra puisqu’il est, avec la Personnalité, La ligne de mire des Frères Noirs.

Avant-poste du groupe global, vos Véhicules seront en prise au mirage et à L’illusion mais la fermeté envers le Service, coûte que coûte, quoi qu’il arrive, Vous préservera.

Soyez en convaincus.

Morya veille.

N’attendez rien de quiconque, Vous serez déçus, attendez du divin seul Et soyez remerciés d’y contribuer.

La Personnalité est le creuset du Divin.

Plus elle s’éloigne du monde et plus Elle y entre avec tous les attributs Nécessaires à la bonne extériorisation des Energies divines dont la Hiérarchie est En charge.

Lorsque vous percevez bien tout cela, Vous pouvez servir en conscience, encore Plus efficacement.

Si vous éprouvez de la dévotion, elle Est toujours liée au Divin en vous et à Son expression, même si parfois cette Dévotion s’exerce envers un Maître, car Lui Vous renvoie toujours à vous-même et Ne garde rien de personnel dans vos Quêtes ou projections.

Cela est normal, Il faut le savoir.

Ne vous engagez pas dans l’orgueil à Mettre un point d’honneur à rester Indépendant d’un Maître.

Vous l’êtes, Par l’état même du Maître face à vous.

Alors ayez l’humilité qu’il manifeste Lui-même en vous considérant comme Un frère, une sœur.

Œuvrez ensemble pour que demain L’Humanité reçoive Christ en Tous ses cœurs, pour qu’aujourd’hui, Elle comprenne que ça ne tient qu’à elle.

Œuvrez pour que votre choix devienne L’exemple d’un autre et d’un autre Encore.

Soldats des énergies, vous connaîtrez Des luttes, des batailles, vous en Sortirez vainqueurs sous Ma Bannière.

Il faudra y faire Face, ensemble.

Chacun, à son niveau, Doit les traverser.

Mais sachez que votre Vigilance envers vous-mêmes peut Eviter certaines luttes et soyez prudents,  Le groupe global en dépend aussi.

Mieux vaut éviter les perturbations qui Peuvent être évitées.

L’allégement du travail des plans Subtils est extrêmement important Surtout quand la Personnalité doit Effectuer un cycle de travail créatif D’écriture ou autre.

Coopérez comme vous le pouvez, Au mieux, par votre discernement et Votre vigilance qui doit être en éveil, Constamment.

Pour clore ce chapitre sur le choix, Je dirai que tous les choix sont Importants car tout choix, sur le plan Physique, est une remise en question et Tout choix, sur le plan occulte, est un Engagement.

Le renoncement caractérise les deux formes De choix.

Le choix occulte prédomine pour les Disciples, en général, ce qui signifie Qu’ils n’ont plus le choix sur le Plan physique puisque c’est joué, avant, Sur le plan occulte et que cela se place Simplement, ensuite, sur le plan exotérique.

Choisissez juste pour Œuvrer mieux.

LE MAITRE EN INCARNATION ET LES GROUPES.

LA PERSONNALITE DU GROUPE.

 

Avant de devenir la Personnalité du groupe glo­bal dans l’incarnation, le Maître en incarnation est amené, durant des années, à côtoyer, à faire partie, ou à s’intégrer, un temps, sur le plan physique, à tous les groupes exotériques vraiment en charge ou susceptibles de l’être, des énergies hiérarchiques.

C’est parce que, déjà, depuis la naissance, Il fait partie, par Ses travaux antérieurs, d’un Ashram dé­terminé et est donc partie intégrante du Plan d’ex­tériorisation tel qu’il se présente sur les plans intérieurs et supérieurs de décision.

Le Maître en incarnation va trouver sur Son che­min terrestre toutes les associations, péri-groupes et groupes qu’il peut aider ou impressionner sur les plans subtils afin de participer, par Ses énergies, à leurs travaux pour l’Humanité.

Ce n’est que lorsque la réalité de la partie du Plan qui incombe, à un moment donné précis, au groupe global, doit s’extérioriser, que le Maître en incarnation, synthétisant autour de Lui les énergies disponibles et prévues à cette extériorisation, dont Il va devenir le pilote sur le plan physique, sert de Personnalité au groupe exotérique qui se forme, de­venant ainsi la Personnalité du groupe global, qu’il connaît bien, hors et en incarnation.

La Personnalité est chargée, par le biais de Ses véhicules opérationnels sur tous les plans, des pro­blèmes et blocages des disciples formant le groupe exotérique.

Ce travail est pénible, difficile, se tra­duit par des effets perturbants dans le corps physi­que, mais il est inévitable et la plupart des disciples en sont inconscients.

C’est au cours du travail dans l’incarnation, ensemble, que les disciples se rendent compte de la clairvoyance et de la conscience conti­nue, sur tous les plans, du Maître en incarnation dont la Personnalité est le reflet.

C’est alors qu’au fur et à mesure, les disciples doivent s’améliorer et veiller à ne pas ouvrir de portes à des énergies peu souhaitables qui menacent le groupe global par l’in­termédiaire des individus formant le groupe exoté­rique.

Malheureusement, avant d’être conscients, on ne l’est pas, et il n’y a pas grand’chose à faire pour éviter le pire.

Vous seuls pouvez y remédier en prenant soin du travail qui vous est confié et en demeurant fidèles à la Hiérarchie, à Shamballa, au Plan, à la Personnalité.

L’enjeu est de taille et le Maître en incarnation, surchargé de travail énergétique, doit maintenir Ses véhicules en état de marche, donc de pureté parfaite.

Je ne vous dirai jamais assez combien vous pou­vez L’aider.

Le Maître en incarnation est la charnière oc­culte du groupe exotérique et le pivot central du groupe global.

En Lui, Il synthétise énergétique-ment cette bipolarité afin de garder opérationnelles, sur les deux plans, au mieux, les énergies multiples nécessaires au Plan.

Le Maître en incarnation a le pouvoir d’être et de ne pas être, de faire et de ne pas faire, de dire et de ne pas dire et c’est au silence des plans intérieurs qu’il dirige ces paradoxes canalisateurs, à point nommé.

Par moments, et par sécurité, Son objectivité, aux matins blêmes de nuits difficiles sur d’autres plans, est coupée de la continuité de conscience afin de ne pas encombrer Ses véhicules de la conscience lourde des conflits nocturnes.

Le Maître en incarna­tion continue alors Son travail au plan physique, malgré maux de tête ou autres difficultés, dans le corps physique, qui en garde les traces.

Dans la force de 1’Ashram, le Maître en incar­nation est le bouclier du groupe global.

Prenez-en conscience et aidez-Le.

Vivant dans l’Eternel Présent, L’avenir du Maître en incarnation est derrière Lui, Dans le service des Sauveurs du monde Auquel II se consacre.

Son avenir n’existera Qu’en fonction de l’évolution de L’Humanité toute entière.

Il est sans être puisque Son existence n’a Pour fins que les autres.

Sa volonté est divine, Sa compassion Totale, Son chemin multiple car si Ses Pas foulent le sol terrestre, Son action Retentit bien au-delà et en deçà.

Impersonnel en tout, Sa Personnalité N’a que les limites des autres qu’il Prend en charge sans un mot, dans Le silence divin qui comprend et Transmute.

Vous pouvez Le côtoyer sans Le voir; Il Est en tout semblable à vous mais en Plus semblable au Christ.

Ce Christ est invisible aux yeux humains Puisque Sa Personnalité, parfaite, a les Forces de Ses perfections.

Elle vous Eblouiera, vous heurtera, vous aimera  Comme vous ne l’avez jamais été et Pour tout cela vous en ferez la cible De vos critiques.

C’est le lot du Christ au monde des Hommes aveuglés par leurs propres faiblesses Qu’ils projettent sur l’autre comme pour Mieux s’en débarrasser.

Un Christ est à vos côtés, au cas où vous Saurez le reconnaître, alors, le travail Dans sa force sera décuplé et la Joie et l’enthousiasme et l’Amour Seront présents à chaque instant, même Si l’épreuve ne vous épargne pas.

Le sol terrestre est difficile aux purs, Aux sincères, aux Christ qui s’y Incarnent, après s’y être fortifiés dans La réalisation.

Mais ce sol est celui que foule L’Humanité, c’est là que vos frères et Sœurs ont besoin d’aide, c’est là que Les efforts de la Hiérarchie, en réponse à L’appel des hommes, se font plus pressants.

Au Christ reconnu tendez la main, Donnez le cœur pour coopérer au Divin qui s’exprime enfin.

Morya vous soutient.

Vos efforts seront, sur terre, la  Voie divine améliorée d’autant.

Et que Joie et Paix vous assistent.

Comme vous assisterez le Maître en incarnation.

J’ai dit!

 

LE GROUPE DANS LE MONDE

Antenne de l’Ashram sur tous les plans subtils, le groupe global l’est aussi sur le plan physique de l’incarnation.

Il faut comprendre que le groupe glo­bal n’a rien de commun avec ces groupes « new âge » et autres, dont les travaux sont motivés par l’Ensei­gnement tel qu’ils le comprennent et qui font de l’une des parties de l’Enseignement qui les attire, l’objet d’études et de recherches évolutives.

Non.

Le groupe global est toujours initiateur et centre de transmission de l’Enseignement lui-même.

Le groupe exotérique devient alors l’antenne du groupe global, sur terre, et se structure de manière à pou­voir fonctionner selon les données de n’importe quelle entreprise ou association dans la société.

Le groupe exotérique peut dévier, il est toujours fragile lorsque la Personnalité le quitte pour trans­iter, ses véhicules se retirent et les énergies vitali-santes qu’elle canalisait s’estompent.

Lorsque la succession est bien assurée, cela peut continuer, mais il y a toujours risque, parce que l’harmonisa­tion se fait sur d’autres bases et peut ouvrir la porte  à certaines incohérences mentales.

La Théosophie n’a pas survécu.

L’école Arcane s’en est bien tirée, après une forte crise.

Les énergies ashramiques y étaient très présentes, l’école est très utile.

Mais il y a danger dans toute structure établie sur le plan physique, c’est ainsi.

Le groupe global commence sa vraie vie aujourd’hui, grâce à l’Extériorisation de la Hiérarchie.

Jusque là, c’étaient les prémisses, et c’est Mon Frère D. K.  en collaboration avec A. A. B.

qui a commencé à initier les disciples et aspirants au fonctionnement du groupe.

Nous amorçons ici le pas suivant.

La partie ésotérique du groupe global n’est connue dans le monde que d’une partie marginale de gens initiés ou curieux de ces choses.

La partie exotérique est plus connue.

Dorénavant, la Person­nalité aura un travail délicat de promotion, le Maî­tre en incarnation a tous pouvoirs pour amorcer, révéler, taire et donner l’exemple.

Sa Personnalité est un extraordinaire ambassadeur du groupe global et les spécificités qu’elle installe sont assez éton­nantes et inattendues pour éveiller les consciences et attirer l’attention.

C’est de par Son état, tout simplement, que le Maître en incarnation à la Personnalité magnéti­que, avec Ses points de vue différents, ouvrira les plans subtils aux consciences en demande, Point n’est besoin de parler de maîtrise, elle est imparable et s’imposera, comme l’expression extra­ordinaire d’une Personnalité hors du commun.

C’est ainsi que le groupe global fera descendre les énergies constructives d’un nouveau monde par l’antenne exotérique du groupe global.

Tout naturellement le groupe global trouvera sa place sur le plan physique, par l’aide des disciples consacrés qui y participent et lui prêtent main forte.

C’est ainsi qu’il est amené à irradier de plus en plus de lumière dont le groupe exotérique témoignera au monde des hommes.

Plus que convaincant, le groupe exotérique deviendra l’expression harmonieuse d’une mentalité différente, dont l’exemple, au sein d’une structure légère, d’un organisme fluide, tout en respectant les aspects juridiques du pays, sera un choix spirituel de vie dont la sagesse sera communicative.

Le groupe global manifeste, par l’intermédiaire du groupe exotérique, l’aimantation aux valeurs spi­rituelles fondamentales dont l’humanité, en de­mande, exprime le profond besoin.

En observant bien autour de vous, vous pouvez reconnaître deux Personnalités de groupe et leurs travaux au sein du monde.

En dehors de l’Enseigne­ment proposé et supervisé par Mon Ashram, auquel elles ne sont pas reliées, ces Personnalités sont énergétiquement reliées à deux autres Ashrams et œuvrent dans l’incarnation, reliées aux groupes glo­baux de ces deux Ashrams ; bien que leurs actions, individuelles et nécessaires, sur le plan physique, ne soient opératives que sur ce plan et non sur le plan occulte ; ces deux Personnalités, d’un haut degré ini­tiatique, sont Mère Thérésa et l’Abbé Pierre.

In­conscients des groupes globaux, leurs actions humanitaires en découlent pourtant.

Désormais, les Personnalités seront conscientes du groupe global de leur appartenance ashramique, dans le cadre de l’Extériorisation de la Hiérarchie.

La conscience du Divin, chez Mère Thérésa et l’Abbé Pierre, en amène, dans leurs incarnations respectives, l’expression.

Peu importe, à ce stade, le groupe, le travail est fait.

Participant à l’Eglise ca­tholique, leur Maître est Jésus.

Le groupe global en existe mais tous deux ont travaillé en « free lance », créant des péri-groupes sociaux répondant aux ur­gences des déshérités et des malades.

La reconnaissance mondiale pour leurs travaux est faite, ce qui prouve que le monde, dit profane, est réceptif aux énergies fortes des spiritualistes opératifs.

Vous qui êtes des disciples conscients, ne soyez pas plus hermétiques que les non-initiés et contribuez à  l’installation des vraies valeurs, en accord avec les Personnalités à venir, que vous seriez impardonna­bles de ne pas reconnaître et aider dans ce sens.

Mère Thérésa et l’Abbé Pierre, en installant de solides bases spirituelles dans le monde de la souf­france et du malheur, contribuent par leurs actions à élever les consciences, et l’impact sur le monde astral est positif.

Ils contribuent tous deux au net­toyage du plan astral, sans passer par un filtrage occulte, mais en libérant les individus de poids émo­tionnels très lourds, l’allégement de cette poubelle de l’humanité qu’est le plan astral s’en trouve amé­lioré.

Leurs actions sont doubles et vont du plan physique au plan astral.

Ce qui est le contraire pour un Maître en incarnation conscient de Son apparte­nance et entraîné au travail occulte, sur les plans subtils, en vue de l’Extériorisation de la Hiérarchie.

Les Personnalités de Mère Thérésa et de l’Abbé Pierre travaillent de bas en haut, alors que les Per­sonnalités des groupes, conscients du travail ésoté-rique, dans les énergies qu’elles assument pleinement, travaillent de haut en bas et synthéti-quement sur tous les plans.

Cette distinction est intéressante et opportune à la compréhension du travail ésotérique, en conscience, des Maîtres en incarnation affiliés à la Hiérarchie, c’est par Eux que se placent, dans le monde, les groupes globaux, sur les plans intérieurs, où Ils y coopèrent et sur le plan physique qu’ils ont en charge avec le groupe exotérique.

LE GROUPE ET SON DESTIN

Jusqu’à présent, des Maîtres et Initiés du côté subjectif, réunis en méditation profonde via Shamballa, percevaient la Réalité du Plan et attendaient la demande assez forte de l’Humanité.

En même temps, sur le plan objectif, des Initiés et disciples, capables de se relier aux plans supérieurs, se mettaient, eux aussi, en méditation, afin d’entrer en contact subjectif avec le groupe intérieur des Initiés.

La méditation commune qui en résultait était le point de jonction entre le subjectif et l’objectif et à ce point, pouvaient descendre des sens, indications, intuitions et moyens à mettre en œuvre sur le plan physique.

Le groupe était donc composé d’une sorte de collège sur le plan subjectif, dont les membres entraient en contact avec disciples et initiés sur terre.

Le groupe se composait, sur terre, d’initiés, de disciples, mais aussi d’individus et d’aspirants de bonne volonté, acquis aux valeurs spirituelles et désireux d’y contribuer mais n’ayant pas toujours la capacité de le faire.

Apparemment, le groupe exotérique était une réunion d’individus, de membres, de tous stades initiatiques ou non, moti­vés pour un travail spirituel commun.

Ces deux groupes subjectif et objectif avaient une affinité de destin dans les objectifs, mais les affinités occultes n’y existaient pas vraiment, puis­qu’elles s’exprimaient au niveau des individus et non du groupe tout entier.

Le travail qui en décou­lait suivait donc la courbe des hauts et des bas re­latifs aux possibilités individuelles en cause, au sein du groupe sur terre, difficultés liées aux évolutions de ses membres.

Le travail arrivait quand même à se faire, mais n’était pas à l’abri de faux pas dus aux choix objectifs individuels.

Vous avez un bel exemple de faux pas à l’école Arcane avec la Sophia analyse, dans le groupe ob­jectif, qui y pénétra et envahit les plans astral et mental du groupe, créant un mirage.

A l’école Ar­cane le groupe subjectif étant très présent et ses énergies très fortes d’une part et ayant d’autre part sur terre, au moins trois disciples bien reliés à ce groupe, le balayage ne tarda pas, mais il dût se faire en deux fois car, des trois disciples sur terre, un seul avait un vrai pouvoir sur le groupe objectif en la personne de Marie Bailey.

Les deux autres, étu­diants de l’école, à l’époque, se manifestèrent mais n’eurent pas le poids objectif de leur véritable initia­tion.

A présent cela ne pourra plus se produire au sein du groupe exotérique témoin du groupe global.

En effet, avec l’Extériorisation de la Hiérarchie, le groupe exotérique, Nous l’avons signalé, vous l’avez sûrement compris, fait partie intégrante du groupe ésotérique.

Le groupe global qui en est la source a fait tous ses choix sur les plans supérieurs de déci­sion.

Le choix est réel sur le plan occulte d’abord et ainsi sont éliminés, d’entrée, les faux pas inévitables à l’incarnation.

En tout cas, s’ils ne sont pas tous éliminés, leur nombre sera réduit grandement et toutes les garanties de l’Ashram, sur les plans inté­rieurs, sont mises en œuvre et prises.

Par là même, le destin du groupe est totalement différent.

Le groupe global a un destin cyclique, ashramique, planétaire et extra-planétaire.

Ces conditions, réunies pour la première fois, sont uni­ques, elles découlent de l’Extériorisation de la Hié­rarchie dont le groupe exotérique devient l’ambassadeur au sol physique.

Il est clair que le Maître en incarnation engage l’Ashram à chaque dé­cision sur le plan physique et que la décision, étant ashramique, Il ne peut faire aucun faux pas à ce niveau-là.

Seuls les Initiés qui l’entourent peuvent être sujets encore à certaines difficultés inhérentes au plan physique, elles sont particulières à chacun et dépendent du stade évolutif.

Il serait trop long de les examiner ici, le propos est le groupe global initiateur et extériorisateur des énergies hiérarchi­ques, et non les disciples et initiés qui en forment le groupe exotérique individuellement.

Tous les rensei­gnements initiatiques et leurs clés sont, pour cha­cun, dans les livres d’A.A.B.  que vous pouvez encore travailler.

Jusqu’à présent, sur le plan physique, le destin du groupe dépendait du destin de chacun sur ce plan, maintenant, commence une ère nouvelle où chacun, sur le plan physique, suit le destin du groupe global en toute conscience.

Ici, la Person­nalité, sur le plan physique, devient le repère et la référence de garantie que le groupe ésotérique man­date depuis Shamballa, en passant par la Hiérarchie.

Les Initiés qui l’entourent physiquement, reliés à la Hiérarchie, peuvent s’y référer et en cas de dif­ficulté, s’appuyer sur la vision globale que le Maître en incarnation développe sur tous les plans, remet­tant sur rails ce qui menace de diverger et laissant partir et s’éliminer ce qui a divergé sur les plans intérieurs.

Comprenez-vous, aujourd’hui, la différence entre le groupe qu’initiait Mon Frère D.K.  il y a une cin­quantaine d’années et le groupe global issu de Mon Ashram ? L’initiative de l’école Arcane fut prise par A. A. B.  et découla de l’Enseignement reçu.

Les initiatives ne sont pas individuelles, elles sont hiérarchiques et descendent de la réalité des plans supérieurs.

La Hiérarchie s’incarne.

Voyez les nuances et la dif­férence.

Appréciez toute l’ampleur nouvelle de chaque phase que l’Enseignement porte au monde.

A chaque fois le travail fait avancer chaque membre de l’Humanité par synergie collective.

Votre connais­sance, si elle n’est pas doublée de reconnaissance, n’est que poids mort et peut freiner l’évolution glo­bale de l’Humanité toute entière.

Un disciple sans reconnaissance est un livre sans lecteur, il ajoute des formes au plan mental, sans faire avancer le fond qui les a motivées, sans donner de possibilités d’avance au regard intérieur, puisque celui du disciple est bloqué.

En 50 ans les groupes sont devenus « groupe glo­bal » à multiplier par autant d’Ashrams hiérarchi­ques.

Dans le travail de synthèse qui s’extériorise ici, il est à signaler que les Maîtres peuvent si be­soin est s’exprimer par la Personnalité incarnée d’un Maître avec lequel Ils ont un contact direct et permanent.

Alors ne vous en étonnez pas.

Il est d’ailleurs logique de fonctionner ainsi.

Avec un disciple, ce serait impossible pour des raisons évidentes d’adaptation et d’harmonisation véhiculaire énergé­tique.

Avec un Maître en incarnation c’est dans l’or­dre des plans supérieurs et c’est une donnée occulte de l’Extériorisation de la Hiérarchie.

Une Personnalité sur le plan physique de l’exté­riorisation, en communication avec Maîtres et Initiés supérieurs, a la faculté d’adapter et d’harmo­niser Ses véhicules et Ses énergies à volonté.

N’ou­bliez pas que le Maître en incarnation a l’autonomie totale des plans intérieurs, qu’ils soient liés à l’inté­riorité des disciples ou aux instances urgentes des Maîtres ou à Shamballa et bien au-delà dans des énergies, inimaginables, pour vous.

Aujourd’hui, vous l’avez compris, le destin du groupe global est essentiellement hiérarchique et di­rectement lié à Shamballa.

J’ose espérer que ce qui précède a contribué à ordonner vos pensées en regard du groupe tel que vous le conceviez et du groupe global dans sa réalité actuelle.

Le groupe est trop souvent vécu, par ignorance, au niveau des affinités d’intérêt personnel pour telle ou telle partie de l’Enseignement précédent, il s’ins­talle sur des sympathies, se défait sur des antipa­thies,  entretient  une  fausse  fraternité;  ras  les pâquerettes, il est bêtement hiérarchisé, le prési­dent est décideur ou pas loin.

Bref un méli-mélo redoutable devient la délectation des Frères Noirs qui peuvent y engouffrer leurs énergies véhiculantes de faux messages, au style alambiqué, par un récep­tionniste douteux, persuadé de son degré initiatique supérieur.

Il faut fuir en courant ces portes ouvertes aux Forces Noires, et les disciples et Initiés, reliés à la Hiérarchie, le font.

Le groupe est devenu un grand malentendu sur le plan physique parce que les mentais concrets se sont accrochés à l’Enseignement sans véritable par­ticipation à la réalité occulte, coupant par là-même le groupe subjectif nourricier et source de vérité.

Mais cela change aujourd’hui et vous devez y participer.

Aux rayons cosmiques Qu’ils ne reçoivent pas, des disciples Ont subtilisé la perception intuitive à La méditation collective.

Installés confortablement en rond, Ils tournent aux mentais de leurs Cristallisations, comme des insectes Aux instincts de leurs courtes vies.

Les formes se dégageant de ces Méditations ont les freins des Limites de chacun et les visualisations De lumière deviennent le point central D’un mirage, dont le soi-disant Groupe ne se remettra pas, brisé Qu’il est, sur le plan subjectif des Subjectivités personnelles en cause, et En question.

Au rythme de ces méditations, S’installent des forces récupérantes Qui consolident jusqu’à la cassure Les mentais concrets déjà saturés.

Interprétations fausses, par des Subjectivités psychologiques brouillées, Le groupe est devenu une psychothérapie Et on en a conscience puisqu’on S’y ingénie à éviter les contacts Personnels le plus possible.

Alors qu’un contact ne devrait être Qu’une possibilité nouvelle synthétisant L’objectif avec le subjectif, l’ésotérique Avec l’exotérique, les plans intérieurs Avec le plan physique.

Un contact ne devient personnel qu’avec Une personnalité installée dans ses Propres conflits et donc ouverte à des Projections et rejets sur le plan affectif.

Le contact est spirituel lorsqu’il Synthétise d’une manière forcément Impersonnelle les différents plans D’accès d’une Personnalité pour les Relier, afin d’aider Ses frères et sœurs.

Incompris dans la majorité des Groupes actuels, le contact est évité ou, dans Les groupes New Age, entretenu sur des Bases de fraternité illusoire dont le Premier degré est navrant de Mièvrerie.

Soyez conscients, observez.

Le Premier Rayon a la faculté de Synthèse de la Volonté et du Pouvoir Qui ne sont que Divins et donc Amour en activité claire.

Osez la vision synthétique du Rayon I et discernez.

Sous la Bannière de Morya, Osez AIMER, de cet AMOUR Impersonnel qui n’effraie que Les personnalités en mal d’elles-mêmes.

Que le groupe exotérique soit Vecteur de cet AMOUR, le seul Divin, Le seul REEL.

C’est ainsi que vous aborderez enfin Les rives spirituelles et divines de La Fraternité de l’âme.

Œuvrez au Plan ainsi et Soyez bénis.

J’ai dit!

Dans la joie du service compris et Bien assumé, se trouve le baume des Blessures les plus vives.

Que le doute qui vous assaillera soit Etouffé dans l’œuf noir des attaques Inévitables dont vous serez l’objet Extérieurement.

Que la certitude qui vous porte Soit celle de la Réalité dans sa Vision la plus pure, dépouillée de Vous-même, et auréolée d’oubli de soi.

De doute en certitude, vous Gravirez les marches de cet escalier Qui relie le groupe exotérique au Groupe ésotérique et, ensemble, vous Installerez au groupe global, les Rayons nuancés des qualités divines Qu’expriment les Ashrams.

Dans ce réseau de lumière infinie, Vous incarnerez au sol terrestre, Le Beau, le Bon, le Vrai dans les Splendeurs retrouvées des valeurs Spirituelles fondamentales dont vous Etes les porteurs de flammes.

Que vos pas soient fermes et Assurés, que vos cœurs soient souples et Ouverts, que vos pensées soient belles et Que vos mentais soient les toboggans Vertigineux et lisses sur lesquels Glisseront, sans être déformés, les Initiatives et projets hiérarchiques Relatifs au Plan.

Mobiles et stables, soyez les avant-postes Fiables de la Hiérarchie sur Terre, Soyez le groupe global et ainsi, Œuvrez.

Nous sommes liés et Interdépendants, gardez le Cap juste, afin que l’avancée Soit inconditionnellement Divine.

Ensemble, œuvrons.

Il faudra toujours essayer d’installer De bonnes énergies au sein d’un Péri-groupe.

En cas de déviation Avancée, il faudra passer votre Chemin terrestre, dans le silence Occulte de la vision globale, dont La Personnalité est purement Réceptive.

Œuvrons, ensemble.

Une précision à donner en regard de Mes Livres précédents sur l’Agni Yoga.

Si le Maître en incarnation est un Agni Yogui, L’Agni Yogui, lui, n’est pas forcément Un Maître en incarnation.

Il est important de le signaler à votre Attention, surtout pour ceux qui ont Tendance à dire «Il a dit que. . . », Sans intégrer l’Enseignement à sa Juste place, en le vivant, et non par Une approche intellectuelle superficielle Qui n’est qu’une démarche vers un Esotérisme, loin d’être une Pratique des énergies au quotidien.

NOTES SYMBOLIQUES

1.  Le destin du groupe global échoit à la Personnalité, aussi, ils sont tous deux Chargés d’éponger et d’épurer les Notes discordantes des personnalités qui Croisent leurs chemins, s’y accrochent un Temps et s’éliminent.

2.   Dans l’irradiation de Shamballa se Trouve le groupe global et son aura en Est l’émanation directe.

Qui s’y Intègre en reçoit les effets.

Quels qu’ils soient, il en existe Toujours.

Discernez.

3.  Aux symboles gouverneurs de la Vie intérieure de chacun se trouvent les Clés que la VIE UNE dispose à l’éventail Des énergies contactées.

Que le symbole vous porte jusqu’au Seuil suivant.

Observez.

Les signes que vous en Déduisez ne sont souvent que  La projection de vos désirs spirituels Exacerbés.

Les signes ne sont pas Ce que vous croyez, la pluralité des Lectures que vous en faites est l’expression De la somme de vos visions partielles, Tronquées et récupérées par un mental Concret en manque de réalité occulte.

Du signe au symbole directement Perçu, il y a à parcourir le chemin qui Mène de la séparativité à la synthèse.

Attachez-vous aux symboles, et Moins aux signes mal interprétés.

4.   Le symbole n’a de forme que celle que Vous lui prêtez.

C’est la VIE UNE Sous-jacente qui en est l’unique Lecture et seule la Vision globale de la Synthèse l’intègre à ce VERBE créateur, Source et fin de tout et de tous.

Shamballa en est le centre divulgueur, Pour l’Humanité, il y en a d’autres.

5.   Dans la descente violente des qualités Divines en Rayons équilibreurs, se Placent les Ashrams, Centres d’action Globale dont les spécificités s’accordent Et se complètent.

A leur carrefour, des lignes convergentes, Aux couleurs radieuses, portent vers L’Humanité le meilleur pour en faire Le Bon, le plus beau pour en donner Le Beau, le plus clair pour en communiquer Le Vrai.

Et vous les réceptionnez à l’incarnation Afin de les vivre pour en bâtir le Monde Nouveau.

6.   La ligne directe de liaison entre Moi Et le transcripteur, Maître en incarnation, est un Câble précieux, où sont concentrées toute La Force méditative de l’Ashram, au complet, Et les énergies du Dessein de Shamballa.

La Puissance évoquée et communiquée A besoin de toute la pureté des véhicules Du Maître en incarnation et d’un environnement Propice à la réception et à l’écoute Mutuelle basée sur des vies de travail en Commun.

7.   Des parfums subtils pourront vous Parvenir, ils sont annonciateurs de Présences hors incarnation Ainsi que de votre âme.

Le parfum de Mon Ashram est Oriental et fort, il vous soutiendra Dans vos choix une fois ces derniers Pris, objectivement, par vous-mêmes.

Mais si vous ne sentez rien, n’allez pas En déduire que Je ne suis pas présent! La force de l’Ashram, toujours présente, Aide aussi à l’élimination des Indésirables.

La Puissance est telle, que Rien ni personne n’y résiste.

Attraction ou rejet? Quel fut votre pôle objectif?

8.   Il faudra que Ma Soeur bien-aimée L. C.  témoigne de Notre travail au sein Du monde, ce ne sera pas aisé, il Faudra l’aider et la soutenir de Votre présence.

Ainsi vous bénéficierez De la bienveillance de l’Ashram et de Son soutien.

Je serai parmi vous parce que Vous serez des Nôtres.

9.   Donnez à vos joies la dimension de Vos dépassements et sans limite, Servez.

Vous connaîtrez la Joie et le service En sera fortifié.

Je suis à vos côtés!

10.  Le monde des symboles dépasse de Beaucoup les schémas du mental concret.  Abandonnez-les.

Il est temps de casser les Images correspondant à une Réalité afin Que vive cette dernière.

A votre mental concret, donnez le pouvoir D’un simple outil dépendant de vous, Inerte sans vous.

Où vous situez-vous?

11.  Dans l’électricité statique, dans Une mobilité permanente, le Maître en incarnation est à La fois transformateur, conducteur et Pile rechargée constamment des énergies Disponibles dont Ses véhicules sont Imbibés.

A chaque début sur le plan terrestre, Il Est phare, lumière, ampoule, fil électrisant Et magnétique.

C’est à Lui seul une Vraie centrale énergétique à la Puissance Déterminante.

Observez.

Aidez.

Si vous L’avez reconnu, vous êtes Des Nôtres.

12.  Dans l’extraordinaire radiation Nécessaire au contact, les disciples, Touchés par de fortes décharges Energétiques, connaîtront le doute et L’enthousiasme ou inversement.

Cela est normal.

Discernez et ne vous laissez pas noyer Par l’un ou par l’autre.

Le Maître en incarnation vous y aidera.

Ne Le Forcez pas à trop de diplomatie, cette Dernière amenuise l’effet positif du Rayon I qui détruira les effets Indésirables à leurs racines.

13.  L’extraordinaire radiation a lieu Au cours du contact Maître et Maître en incarnation.

La transcription en est une des causes.

La transcription ne peut être qu’une Coopération créative, à ce stade, vous le Comprenez.

14.  Aux symboles des planètes en transit, Conjonction ou autres formations dans Un thème, vous connaîtrez les énergies Maniables à un moment précis.

Le Maître en incarnation en dispose, Il ne les Subit pas.

Interprétez donc en fonction de Lui et Non en fonction de vous.

15.  Suivez les courbes des cycles dans L’harmonie du groupe global.

Les Mouvements en sont précis mais seule L’écoute intérieure vous y préparera.

La vision globale de la Personnalité Vous guidera.

Laissez-vous aller aux mouvements de La VIE UNE.

C’est ce souffle qu’il Faut reconnaître et suivre dans L’abandon de soi.

16.  A la houlette magique des couleurs Harmonisées par les sept Rayons, vous Devenez les Princes de Lumière du Monde Nouveau, purificateurs des Plans subtils où Lucifer tente, en vain, De prendre vos formes afin d’entraîner Certains d’entre vous vers des rives Contraires.

Jusqu’à un certain stade évolutif Vous êtes les uns et l’autre, et la Frontière qui vous sépare de Nous A la résonance de vos choix dans Là fidélité absolue auquel le mental Concret ne peut s’accrocher puisqu’elle Vient et va au cœur.

Encore une fois cœur et sentiments N’ont en commun que les liens que Vous leur créez en vous-mêmes.

Dans la justesse absolue de la Volonté divine, aucun sentiment N’a sa place.

Aimez et choisissez par delà vous-mêmes, En dehors des sentiments, qui ne sont que Les étapes des aspirations des personnalités.

17.  Lorsque le réseau lumineux du cœur Se dépouille des sentiments, du rose Tendre au bleu tendre, les nuances Harmonisées touchent l’être qui Répond par l’être.

Devenez l’ETRE.

Et pour qu’il vive, soyez, dans l’incarnation, Dans le sillage hiérarchique; Sur terre, vous précédez en suivant.

18.   Donner au monde l’alternative du Plan spirituel, c’est Le révéler à lui-même.

C’est, en Quelque sorte, accoucher l’Humanité D’elle-même.

19.   Soyez les guérisseurs du Monde Nouveau:

20.   Le Monde Nouveau n’est qu’une étape de L’Humanité vers elle-même.  Vous en êtes les guides.

21.   Chez le disciple, la peur est une Provocation subtile dont il Est la victime.

22.   Chez le Maître en incarnation c’est le cœur qui Dénoue les liens que soulève le Rayon I.

Et bien que ce processus soit  Toujours tranchant, il est toujours Juste donc positif.

23.   Pour le Maître en incarnation être une Personnalité Equivaut à ne pas avoir de personnalité.

Relisez A. A. B. , tout y est dit à ce sujet.

24.   L’opportunité de certains courants, Notamment aux quartiers de Lune, Amène des contacts intenses, en tout Cas, leurs possibilités.

De part et d’autre du voile de l’incarnation Les Maîtres y sont très attentifs.

25.   Vous ne pouvez imaginer la tristesse Qui se dégage de certaines interventions Ponctuelles sur les plans intérieurs.

Les intériorités en sont parfois saturées.

Heureusement le Maître en incarnation ne garde pas L’impact émotionnel de ces contacts.

C’est Sa véritable compassion qui L’y entraîne et qui L’en détache.

26.   Il faut une force constante peu Commune pour vivre, encore et encore, L’humain, sur ce chemin des Sauveurs du monde.

27.   L’arbre élagué doit cicatriser ses Coupes à la durée et aux saisons, il en Est de même pour toute blessure, sur tous Les plans, pour tous et toutes.

28.   Il y a dans la tristesse sans objet, Une nostalgie, dépouillée d’elle-même, D’où les plans subtils ne sont pas Etrangers et qui se vit, dans L’incarnation, comme un ciel de plomb, Un peu trop bas, bouchant l’horizon.

29.   Vous communiquez à vos proches L’impact énergétique du groupe de Travail auquel vous appartenez, auquel Vous participez.

C’est toujours positif Sur les plans intérieurs mais souvent Pénible à vivre, d’autant qu’aucune Explication ne peut être donnée.

30.   Dans la nature, suivez des yeux Le vol des oiseaux, et vous constaterez Que c’est le vol qui vous quitte et non Vos yeux qui quittent le vol !

31.  Le vol ne quitte plus vos yeux lorsque Vous devenez le vol.

Apprenez de la nature, car alors, cette Vision partielle, une fois dépassée, devient Toute relative.

32.  Lorsqu’un Maître en incarnation vous aide sur Les plans subtils, H ressent instantanément Ce que vous vivez ensuite, parce qu’H le Vit aussi.

C’est ainsi qu’il est vous.

Y-a-t-il plus belle Fraternité?

33.  Nous œuvrons avec Christ En Nous, avec Nous, pour vous.

34.  Le groupe global a l’aura Christique de Ses racines spirituelles profondes, dont Shamballa est le semeur et dont Nous Sommes les jardiniers.

35.  Le groupe exotérique est un vecteur D’énergies christiques dont la Personnalité, Totalement transparente et impersonnelle, Est le cristal condensateur, protecteur, Générateur et diffuseur constant.

36.  La Mère du monde est cette matière qui, Du subtil au dense, accouche d’elle-même A la multiple diversité des formes Nécessaires à l’Univers manifesté, Inhérentes à l’expression de l’informel, Toutes témoins et enfants ou voies du Divin.

37.  L’aura exprimée du groupe, sur le Plan exotérique, est un cœur ardent qui Bat le rythme des énergies hiérarchiques.

38.  En portant une alliance de cristal de Roche à l’annulaire gauche, vous Affirmez votre lien transparent, Condensateur d’énergies, à la Hiérarchie spirituelle et à ses travaux.

Symbole d’appartenance énergétique aux Maîtres de la Grande Loge Blanche, L’alliance de cristal de roche vous Protège et, posée sur la table de nuit, Durant le sommeil, elle capte les ondes Négatives au tourbillon central de son Cercle, devenant ainsi un transformateur Puissant d’énergies et en libérant La chambre, elle permet aux véhicules De profiter de ce relais, sans danger.

39.  La parole est une épée qui peut Trancher, couper ou blesser.

Parfois, Quand il est impossible d’en dissocier ces Trois actions, sans reculer, offrez-les à L’Amour afin qu’il les transforme en Service rendu.

Vous n’avez que le pouvoir des moyens, Les fruits qui en découlent ne vous Appartiennent pas.

Vous n’êtes que l’instrument du Divin et ainsi, vous servez.

40.  L’Innocuité concerne la totalité, La globalité des plans sur lesquels elle Doit s’exercer.

Parfois, c’est douloureux sur Le plan physique, et un baume à venir Sur les autres plans, facilitant le pas Suivant dans la réelle fraternité de L’aide apportée.

41.   Que votre vision ne se borne pas au Plan physique.

42.  Parfois quand le ciel se voile, dans La clarté d’une journée pourtant belle, C’est que, sans doute, la tristesse de Quelqu’un autour de vous nimbe d’un Gris opaque la perception que vous en avez.

Ces ondes se meuvent dans l’espace et un Cœur ouvert les capte toujours.

43.  Les ombres que vous traverserez N’auront que les formes que vous Leur donnerez et le sillage que vous En retiendrez, peut, après un temps, Eclater de la blancheur étincelante Que vous y mettrez.

Soyez limpides.

44.  Aux cristaux que les roches produisent, Voyez la lumière que l’ombre, dépassée, Peut glorifier.

Les transparences et les limpidités Tirent leurs éclats superbes des Profondeurs mêmes qui leur donnent Naissance.

Apprenez du règne minéral, Traversez l’ombre sans peur et Que vos transparences limpides Soient sources de service.

45.  Sous vos doigts, la douceur Brillante et lisse d’une pierre ou D’un quartz émet des vibrations que Le temps prolonge à l’infini.

Apprenez d’eux que la lumière est Sans frontière.

Soyez lumineux.

C’est ainsi que le cœur, à l’infini, Devient universel.

46.  La question de confiance est Posée à l’autre, la Question de conscience est Posée à soi-même.  Lorsque la question de conscience Sera posée à l’autre, alors la Conscience collective du monde Sera en passe de s’élargir.

47.  Lorsque vos yeux se posent sur La radiation invisible du Maître en incarnation, Vos véhicules sont nimbés par Ces énergies qu’Il diffuse.

Fermez les yeux et recevez en Conscience, en silence, calmement.

A ces moments-là, les mots vous Détournent de l’essentiel.

48.  Les conditions optimales pour le service Existent.

C’est à chacun de les trouver, De les entretenir, de les conserver.

49.  D’aucuns disent que le regard de Morya Est magnétique.

C’est parce que Je Regarde par delà vous, là où vous Etes en devenir, ce que vous serez.

Parfois, cela peut effrayer, tant le Trajet à parcourir semble, intuitivement, Menaçant.

C’est que les joies de l’Initiation sont Toujours truffées d’épreuves.

C’est la Somme des unes et des autres dont Mes yeux sont le miroir.

50.  La récompense est à l’enfant ce que Le but est à l’adulte.

Les deux sont Usurpateurs de vrais dons.

51.  Le désintéressement est à L’intérêt profond ce que la Couronne est au roi, un Symbole de pouvoir qu’aucun sujet Ne remet en question.

Etre concerné et désintéressé est un Pouvoir royal qui ne dépend que de Vous et n’a de prise sur personne.

C’est beau, c’est bon, c’est noble.

52.  Comme un feu d’artifice sur la Surface lisse d’un lac, les Rayons Et leurs rosaces lumineuses et colorées se Mirent au mental tranquille du Maître en incarnation.

Profitez de l’éclat de ces Lumières pures, elles donnent au Service des voies sacrées qui Sillonnent ciel et terre.

Vous pouvez les emprunter en participant Encore plus activement au service proposé.

53.  Et si nous abordions maintenant les Rives sacrées de Shamballa?

SHAMBALLA

Comme un creuset renversé, tapissé des nuances colorées des sept Rayons qui dispensent leurs luminosités à l’univers tout entier, Shamballa, au sommet des sommets de ce que vous pouvez ima­giner, déverse une synthèse énergétique sans pa­reille à l’ensemble des mondes manifestés avec une constance méditative irradiante, dont tous les plans, consciemment ou pas, sont dépositaires.

Ces énergies puissantes, présentes partout, cap­tées ou non, utilisées ou non, donnent leurs nuances époustouflantes à l’ensemble des idées, des germes, des débuts de tout ce qui, de près ou de loin, peut contribuer au mieux-être de l’Humanité et des mondes en général.

Beaucoup a été dit de Shamballa, y compris que c’est un lieu physique quelque part dans les som­mets himalayens, aux confins de frontières infran­chissables.

Tout peut être imaginé de l’inimaginable, tout peut être dit de l’informulable, rien ne peut être vu de l’invisible sans une vision globale que, seuls, les Maîtres possèdent.

Sous la haute irradiation de Sanat Kumara, Seigneur du monde, les membres du Conseil de Shamballa sont les chefs des principaux Ashrams situés sur les différents Rayons qui leur communi­quent la note d’une qualité divine à émettre.

Sont aussi membres du Conseil certains Maîtres en in­carnation qui, depuis l’Extériorisation de la Hiérar­chie, ont un travail ponctuel multiple, en relation avec des Initiés de plusieurs Ashrams.

La note émise par Shamballa est synthétique et l’Enseignement actuel est sur cette note avec les ex­pressions différentes que cela suppose.

Shamballa irradie et reçoit sur cette double ligne d’impression et de réception, Shamballa émet la réponse qui lui reviendra résolue.

Et Je Me de­mande si vous pouvez comprendre, tel que c’est ex­primé, la signifiance de cette petite phrase-clé? Sur cette double ligne attractive – répulsive, ai­mant et direction, le cheminement des besoins et leurs solutions sont traités, enregistrés, intégrés al-chimiquement, énergétiquement, avant d’être réper­cutés aux Ashrams qui en alimentent le Plan sur les lignes précises et les données du Dessein.

Les Maîtres ici sont activement passifs, étant en demeurant, Leurs véhicules, alignés sur les énergies de source, deviennent les bases d’une stratégie oc­culte dont la tactique dépendra de l’Ashram concer­né en premier par un point particulier.

On pourrait aussi dire qu’Us sont passivement actifs et que le non-faire est la base de la stratégie globale dont Shamballa est gardien et dispensateur, propulsant aux bases des fondements à édifier, des lignes rayonnantes de forces subtiles dont les sept Rayons sont les rails.

Shamballa est le lieu sacré où le Soleil Spirituel, insoutenable à la vue physique, renforce la vision globale qui va alimenter le groupe global dont le Conseil est en fait l’organisateur initial.

La manifestation de la Fête du Wesak, dans un lieu physique secret, est un relais énergétique oc­culte, mettant à disposition de tous, sur tous les plans de la conscience et autres, le bilan énergétique spirituel d’une année de travail accompli par les Maîtres dont Bouddha et Christ sont les plus connus, les plus populaires dans le monde des hommes.

Ceci est connu déjà, ce qui l’est moins, c’est que la Nouvelle Lune est, chaque mois, l’occasion d’un commencement à Shamballa.

La Nouvelle Lune est une porte ouverte sur Shamballa à tous les Maîtres en incarnation de la sixième initiation, Ils sont peu nombreux, vous le savez.

Ces moments privilégiés sont porteurs de directives précises ou de transcrip­tions extrêmement importantes.

Directement tirées du Dessein par un travail collégial, ces communica­tions sont repérables par la force qu’elles émettent, leur logique et leur fluidité d’expression.

Elles se communiquent de Maître à Maître en incarnation et sont partie intégrante du travail d’extériorisation entrepris par la Hiérarchie.

La Pleine Lune est une période importante en­tre l’Humanité et la Hiérarchie, ça vous le savez bien sûr.

Quant aux quartiers précédant et suivant Nou­velle Lune et Pleine Lune, il faut savoir qu’ils sont aussi utilisés par les Maîtres et le Conseil de Sham­balla tout entier comme ligne directe avec les Maîtres en incarnation du sixième degré.

Ce qui précède signi­fie que, vue la perfection d’alignement méditative constante, devenue un état chez ces Maîtres en incar­nation et Ceux du Conseil de Shamballa, la possibilité de contact est pratiquement ininterrompue, se faisant à volonté et suivant les impératifs rencontrés par le Maître en incarnation dans Son environnement ter­restre.

A. A. B.  et Mon Frère D. K.  ont assez parlé de la Pleine Lune, de la Hiérarchie et de l’Humanité.

Je vous conseille de relire ce qui a été dit à ce sujet pour rafraîchir vos mémoires sélectives.

Il n’est question ici que des moyens de transmission et de contact, mis en œuvre de Maître à Maître en incar­nation, pour ce travail de pionnier que nécessite l’Extériorisation de la Hiérarchie et le travail du groupe global et de ses groupes ésotérique et exoté­rique.

Tout ceci se met en place, est nouveau, car tout travail entrepris dans et pour l’évolution bouge et s’adapte à tous les besoins qui s’inscrivent dans le cadre du Plan.

Shamballa et Son Conseil, détendeurs de la Synthèse, en émettent les radiations positives de ses parties qui vont directement alimenter le Plan, via les Ashrams.

Un travail global, collégial, perma­nent, source et ressource en canalisations ponc­tuelles diverses, les réponses aux besoins invoqués.

Le Maître en incarnation du sixième degré est donc une ligne directe branchée sur Shamballa et à volonté sur le Conseil ou l’Un de Ses membres.

Ceci est valable dans l’autre sens.

Seul le Maître en in­carnation de sixième degré a ce privilège et ce pou­voir.

Les Initiés en incarnation des troisième, quatrième et cinquième initiations ne peuvent de­meurer en permanence de contact avec Shamballa.

L’harmonisation énergétique n’est possible d’une façon permanente qu’avec l’intermédiaire précieux des véhi­cules de haute précision occulte du Maître en incarna­tion de la sixième initiation.

Cela élimine toute interférence indésirable, tout court-circuitage ou sabotage qu’un Initié du troisième degré ou première initiation hiérarchique, par exemple, pourrait lais­ser passer, car ses moyens véhiculaires ne sont pas adéquats à la haute transmission avec Shamballa.

Le travail d’extériorisation entrepris par la Hié­rarchie contribue à émettre l’irradiation des éner­gies de Shamballa sur terre avec plus de force, afin que l’impact sur les mentalités se fasse.

Et vous pouvez en voir les effets dans bien des domaines.

A. A. B.  avait annoncé la venue d’un Maître dans un corps russe afin d’amener de grands changements et la paix en URSS.

Je suppose que vous en déduisez aujourd’hui le nom de cet homme, cet Initié? J’en ai parlé dans un des précédents livres transcrits par L. C.

Inutile de s’attarder ici sur une analyse déduc-tive qui n’est pas le propos de cette forme d’écriture d’une part et que d’autre part, vous pouvez fort bien faire seul.

Je vous dirai simplement que cet Initié n’a pas atteint le sixième degré d’initiation dont Nous parlons ici.

L’aura d’un Maître en incarnation de la sixième initiation relie ceux qui travaillent auprès de Lui aux énergies de Shamballa, ce qui peut provoquer des perturbations occasionnelles sur les véhicules des disciples qui n’y sont ni préparés ni accoutumés.

Selon les disciples, la période d’adaptation varie en intensité et en durée, le Maître en incarnation étant un relais appréciable sans lequel le disciple, même consacré, ne pourrait accéder à la puissance de Shamballa.

Pour aider les disciples du groupe exotérique travaillant en collaboration intense avec le Maître en incarnation, il est souhaitable qu’ils utilisent les deux invocations qui terminent le premier livre de cette série, «Le Sang du Calice de Morya».

Ces deux invocations maintiennent les disciples dans l’aura magnétique du Maître en incarnation, les reliant au mieux avec la Hiérarchie et l’Ashram et les rendant perceptibles aux émanations de Shamballa, dont ils demeurent dans le cercle périphérique extérieur.

La volonté de pouvoir invoquée entoure le disci­ple de protection, tout en faisant de lui un point focal d’attaque des Forces Noires.

C’est pourquoi ces deux invocations sont puissantes lorsqu’elles sont utilisées par des disciples au service du Plan et co­opérant dans la reconnaissance du Maître en incar­nation au sein du groupe global.

La combinaison des mots qui les forment est adaptée aux énergies particulières reliant le Maître du sixième degré initiatique en incarnation, à la fois, aux plans subtils et aux disciples du groupe exotérique.

Les personnes non intégrées au groupe global n’ont pas le pouvoir invocatoire du groupe global et ne bénéficient d’aucune participation ésotérique suffisante pour que la volonté de pouvoir invoquée se manifeste.

En résumé, ces deux invocations ont, par le Maître en incarnation, le pouvoir magique de la Grande Loge Blanche, et tous ceux qui ne Lui sont pas liés par le travail, s’en serviront en vain.

L’A-shram et sa force est la meilleure protection possible et ces deux invocations en sont les clés.

Shamballa représente le centre planétaire coro-nal; La Hiérarchie, le centre planétaire du cœur; Le centre planétaire de la gorge est représenté occultement aujourd’hui au sein de l’Extériorisation de la Hiérarchie, par : a)   d’une part les Maîtres en incarnation de sixième degré initiatique, b)   d’autre part par tous les Maîtres de la sixième initiation et au-delà participant au Conseil de Shamballa et les Chefs des principaux Ashrams, Choans des Rayons.

Ces trois centres travaillent en étroite collabo­ration, leur synergie est synthétique et crée le lien concret qui relie le Dessein au Plan.

Dans ce diagramme occulte relatif aux travaux sur tous les plans concernant l’Extériorisation de la Hiérarchie, les disciples du groupe global, faisant  partie du groupe exotérique, représentent le centre planétaire du Plexus et ils doivent, par le travail sur eux-mêmes, et par le service, s’intégrer au groupe ésotérique qui, lui, représente l’important centre de la rate, carrefour diffuseur d’énergies ashramiques sur tous les plans concernés par les travaux en cours.

L’Humanité en est le chakra du nombril tandis que les chakras au-dessous représentent les règnes animal, végétal et minéral de la nature inférieure.

Enfin, c’est Sanat Kumara le Seigneur du Monde qui a la position du centre Ajna ou troisième œil.

Je vous demande une réflexion sur ce qui vient d’être dit.

Vous pouvez aussi visualiser ce dia­gramme avec ses points précis sur un corps énergé­tique géant n’appartenant à personne et dont chacun fait partie près d’un centre précis.

Cette imagination créatrice est totalement impersonnelle mais elle aidera à la distribution fluide et correcte des énergies et forces dont se compose actuellement le corps énergétique représentant l’Extériorisation de la Hiérarchie (fig. l et 2).

Le tableau 1 montre ce que cela donne en termes sanscrits : C’est ainsi que se présente le réseau énergéti­que mis en œuvre spécialement pour l’Extériorisation de la Hiérarchie dans le diagramme actuel.

C’est important et il serait souhaitable que des groupes de travail soient formés afin que Notre Sœur L. C.  puisse, à partir de cet Enseignement, élargir l’horizon des consciences par son expérience et sa vision globale.

Il sera bon, pour la synthèse exprimée ici, que le groupe global soit le départ d’un travail de ré­flexion sur les prémisses que vous vivez et sur les expériences à venir sur tous les plans.

Les Maîtres en incarnation et les disciples doi­vent concrétiser simplement et naturellement ce qui se passe actuellement, sans être pris par le côté inhabituel que certains pourraient qualifier de «para-normal» ou d’extraordinaire.

Le Maître en incarnation saura répondre à ceux-là, et les éviter.

Que ceux qui sont engagés dans le travail sur le plan exotérique participent à ces réunions de travail et ouvrent l’Enseignement le plus largement possi­ble pour répondre à l’attente.

C’est maintenant le quotidien.

Vous remarquez ici que les explications menta-lisées sont absentes, et pour cause! Cet Enseigne­ment ouvre la voie à des énergies plus subtiles dont l’intuition est la base.

Nous montons d’un cran, sui­vez-Nous.

SAHASRAEA SHAMBALLA
AJNA SANATKUMARA
VISHUDDA Conseil de Shamballa Maîtres en incarnation du 6ème degré
ANAHATA HIERARCHIE
CENTRE DE LA RATE Groupe ésotérique
MANIPURA Groupe exotérique N. G. S.M.

HumanistesCentre de vie du nombrilHumanitéSVADHISTHANA en relation avec les centres de l’aineRègne animalCENTRES DE L’AINERègne végétal à droite Règne minéral à   gaucheMULADHARAEnergies intégrées par le corps d’Extériorisation de la Hiérarchie

La forme écrite de cet Enseignement s’adresse à vos véhicules et non à votre intellect ni à votre mental concret.

La fluidité qui caractérise cette écriture est toute énergétique et met en mouvement ce qu’il y a de plus impalpable et de plus fort en vous.

Les bouleversements qui en découleront, sur les plans subtils, sont des tourbillons de forces inhé­rents à Mon Ashram de Premier Rayon.

C’est bon signe, mais il faudra apprendre à les gérer.

Ils véhi­culent des spirales énergétiques en provenance de Shamballa et le souffle balayant, qui est émis, doit être canalisé par un alignement véhiculaire déjà bien avancé.

Aux abords de Shamballa, les transluscences brillamment éclatantes d’une rive Emeraude- dia­mant, synthèse – pureté, s’étire, aveuglant les re­gards des intériorités indésirables et polluantes.

Pour passer ce mur de lumière, il faut en porter l’essentiel de la synthèse en soi, aux articulations invisibles qui coordonnent les véhicules du Maître, à partir et au-delà de la sixième initiation.

Cette rive Emeraude-diamant a le poids impal­pable du divin, la légèreté de la matière dans sa substance la plus éthérée, l’infinité magique des ho­rizons inconnus, que seule la globalité peut contenu-tout en s’en défaisant, avançant au futur ses plus belles possibilités, en termes de réseau énergétique vivant, que Seul, l’Homme Christ peut incarner au cosmos tout entier, quel que soit l’univers, le plan ou le projet.

Shamballa est un joyau d’où part, se transmet et revient la plus belle promesse divine qui soit, l’Homme tel qu’en Dieu il se retrouve, tel qu’en Christ il est.

C’est de ce domaine énergétique que le Rayon I, propulsé par la Volonté de Pouvoir Divin, entraîne dans sa trajectoire les six autres Rayons, pour tramer ensemble la divine mousseline, voile et transparence au souffle de la VIE UNE, sur tous les plans subtils et denses de l’Univers manifesté, votre monde, où elle sera tour à tour : vie, symbole, écran ou chiffon, selon ce que les hommes et disciples, la réceptionnant, en feront.

Drapée par les uns, tirail­lée par les autres, ignorée par certains, invisible à beaucoup, la divine mousseline cache et révèle, en ses plis, des perfections oubliées que seul Christ, en l’homme, retrouve et reconnaît.

Des exemples de Bouddha à Jésus, l’homme im­migre à ses solitudes salvatrices, se révolte à ses insatisfactions permanentes, se perd à ses désirs frustrés et renouvelés, se noie à ses plaisirs superfi­ciels, aveugle aux voyages intérieurs douloureux, certes, mais prometteurs de lui-même, qui le mène­ront un jour à la rive Emeraude-diamant, panneau signalisateur diaphane d’un Royaume qui a pour nom Shamballa.

Aux noms cristallins de ces deux pierres précieuses, à la brillance de leurs symboles physiques, à la magie de leur couple formé par des différences de vibrations énergétiques dont la cou­leur est la résultante, imaginez les profondeurs su­perbes dont l’âme est porteuse jusqu’à sa dissolution énergétique qui la ramène au Verbe et en fait l’au­tre, quel qu’il soit.

Je ne sais si vous suivez ce voyage délicat, dont la féerie porte la vision partielle de chacun à des sommets qu’elle ne pourrait atteindre seule? Je vous donne ces mots comme autant de marches à franchir, en vous laissant entraîner par le Souffle qui en facilitera l’ascension.

A chaque de­gré auquel votre vision accède, le cœur s’ouvre, libé­rant les frontières que le mental a si longtemps construites, bloquant le rêve qui n’est qu’une mani­festation «toute énergétique d’une autre réalité.

Cette Réalité-là s’ouvre sur Shamballa et y ac­cède par l’homme cheminant avec lui-même, vers lui-même, par delà le Soi, dimension impersonnelle, volonté transpersonnelle, tremplin initiatique ma­jeur.

Dans le cœur de chacun, la coupe d’un Calice dort, elle commence à vibrer à la première goutte de sang qui, telle une larme, y tombe.

Au trop-plein de ce Calice, se trouve la rive Emeraude-diamant, au rouge retrouvé de la source du Rayon I qui lave, de son laser impersonnel, le sang des souffrances, versé à l’acquis humain, en Christ réconcilié.

Shamballa est un port, ici, arrivée et départ se confondent dans la couleur infinie de l’Emeraude-diamant de sa côte qui entraîne déjà vers d’autres horizons, cosmiques, éternels, comme autant d’affir­mations impalpables et souveraines que le Divin fait de lui-même, à qui sait le vivre, pour mieux aider ses frères.

Ce n’est pas un pays, c’est un état qui assoit l’Homme, devenu parfait en Christ, à l’écoute de Dieu dans un Conseil qui décline le Plan au Dessein qu’il en perçoit.

A ces Hommes, à ces Femmes, à ces Etres, don­nez l’assurance d’une aide humble au service des autres, c’est, depuis tant et tant de vies leur humi­lité aussi, qu’ils comprennent et vous seront gré d’y aspirer comme ce fut leur cas avant vous.

Shamballa et sa rive Emeraude-diamant sont là, près de vous, en incarnation, ne les cherchez plus ailleurs; l’Extériorisation de la Hiérarchie, c’est le miracle de Christ dans l’Homme, dans Celui auquel vous donnez la main pour mieux servir les causes et les besoins de l’Humanité toute entière en mal d’elle-même.

Un miracle énergétique bel et bien réalisé par l’homme en l’homme, tel est Shamballa dont l’accès est en vous, avec l’aide précieuse des Maîtres, dans ce travail avec Eux, au sein du groupe global.

Lorsque les noirs desseins des Frères de l’Om­bre s’intensifient aux plans inférieurs, Shamballa demeure en méditation afin que des énergies impa­rables par l’Ombre éclatent de lumière.

Tous les Maîtres, à tous les niveaux, participent à ce travail intense et le Maître en incarnation est le plus expo­sé de Tous, c’est inévitable, puisqu’il est le plus proche des énergies et forces matérialistes de par Son corps physique, sur terre.

Songez y.

Shamballa a un rythme respiratoire qui lui est propre et ce rythme relie tous les éléments du cos­mos et de la planète à la pulsation divine de Celui dont rien ne peut être dit.

Ce rythme se compose de deux larges inspira­tions et de deux expirations ou plutôt d’une inspira­tion globale en deux temps et d’une expiration en deux temps, et va de la Pleine Lune à la Pleine Lune suivante.

Le premier temps de l’inspiration va de la Pleine Lune au premier quartier décroissant, le se­cond temps croît encore jusqu’à la Nouvelle Lune qui est le temps fort du rythme global.

C’est à ce moment-là que les Maîtres en incarnation, dans la vie quotidienne, sont en contact plus que direct avec Shamballa et les plans intérieurs liés au travail su­périeur du Conseil.

L’inspiration, arrivée à son maximum à la Nou­velle Lune, l’expiration se fait ensuite en un premier temps de la Nouvelle Lune au premier quartier croissant puis en un second temps atteint la Pleine Lune.

Dans cette exhalation, les énergies de Sham­balla atteignent, par l’intermédiaire de la Pleine Lune, les hommes de bonne volonté, le N. G. S. M.  et les disciples.

C’est de Shamballa que ce rythme part, c’est à lui qu’il revient.

Le travail du Conseil sur les plans supérieurs se fait de la Pleine Lune à la Nouvelle Lune et le travail des disciples et du N. G. S. M. , à terre, se fait de la Nouvelle Lune à la Pleine Lune, en tenant compte des indications, deux jours avant et deux jours après, totalisant cinq jours importants, dont Mon Frère D. K a parlé.

Vous remarquerez, dans ce qui précède, que les quartiers de la Lune, décroissant et croissant, sont des points focaux essentiels du travail occulte des Maîtres sur tous les plans.

Le Maître en incarnation est bien sûr concerné, H en tient compte mais n’a plus besoin de méditer ou de se préparer.

C’est auto­matique.

£es véhicules sont réglés sur le rythme énergétique de la respiration de Shamballa, c’est un réflexe véhiculaire auquel II est rôdé depuis plu­sieurs vies et auquel II a été entraîné pour l’incar­nation, dans le corps physique qui en subit les effets.

Le point intéressant à noter est que l’inspiration se fait sur la lune décroissante et l’expiration sur la lune montante.

Une réflexion s’impose ici, sachant que le premier temps de l’inspiration est lié au cen­tre Ajna, du corps énergétique de l’Extériorisation de la Hiérarchie, et que le second temps de cette inspiration, jusqu’à la Nouvelle Lune, est lié au cen­tre coronal du sommet de la tête de ce même corps.

C’est de là que part le premier temps de l’expi­ration dont le premier quartier croissant est lié au centre de la gorge et enfin le second temps de cette expiration, jusqu’à la Pleine Lune, est lié au centre du cœur de ce corps énergétique de l’Extériorisation de la Hiérarchie, donc à la Hiérarchie elle-même, qui représente le point focal de jonction de ce rythme respiratoire.

Ce qui signifie que si vous ajoutez ceci à tout ce qui fut révélé sur la Pleine Lune et le travail s’y rapportant, par A. A. B.  et D. K. , vous obtenez le rythme respiratoire énergétique global du travail in­térieur et extérieur de l’ensemble des Maîtres et du Conseil de Shamballa, le tout lié à Celui dont rien ne peut être dit, ainsi qu’aux disciples, N. G. S. M.  et Humanité.

Vous avez là l’expression globale, des plans su­périeurs au sol terrestre, de tout le travail d’équipe ésotérique et exotérique dont l’Extériorisation de la Hiérarchie est en charge, sur tous les plans, et dont le groupe global est la charnière et le moteur, à la fois ésotérique et exotérique.

Ceci est en mots l’expression de la synthèse du travail actuel, planifié et issu du Dessein par l’Ex­tériorisation, pour l’Humanité.

De Shamballa à l’Humanité, des océans énergé­tiques dont les vagues harmonieuses ont le pouvoir énergétique des Maîtres reliés par les marées de la Volonté Divine.

Au-delà de Shamballa l’Action glo­bale divine et Son mot, perdu par les hommes mais sauvegardé par les vagues de Shamballa, et moyen de retour au Verbe.

Aux vagues puissantes de cet océan énergétique formé par les Sept Rayons issus du Verbe dans Ses qualités manifestées, plusieurs galaxies, généra­trices d’énergies subtiles auxquelles sont sensibles les Maîtres, dès le sixième degré initiatique, s’ajou­tent et se déversent en atomes infinitésimaux de Conscience Cosmique dont Celui dont rien ne peut être dit Se recompose en Corps énergétiques diversifiés.

Le corps énergétique de l’Extériorisation de la Hiérarchie est l’Un d’Eux.

Cela vous donne-t-il une idée, même minime, même ébauchée, de l’ampleur, de la vastitude du phénomène de synthèse auquel vous participez? L’Humanité, tombeau du Christ vivant, est par­tie prenante dans ce processus dont elle devra res­susciter, transfigurée et glorifiée par Christ retrouvé en chacun de ses membres, sur terre.

Le processus d’extériorisation, en marche, re­connaît en chaque homme la possibilité de Maîtrise dont l’Humanité ressuscitera.

Vous en êtes respon­sables et le groupe global est le lieu d’ancrage des énergies disponibles à un monde nouveau où la Conscience donnera à l’objectivité ses lettres de no­blesse, ainsi qu’actuellement, le Maître en incarna­tion, à travers la Personnalité, peut l’utiliser et l’exprimer.

Dans l’appartenance divine du processus d’évolution qui est la vôtre, retrouvez l’une en adhé­rant à l’autre afin de participer aux marées, dans la note puissante du Verbe, qui émet l’ordre cosmique des vagues énergétiques qui les composent.

Unique, chacun de vous l’est, par la qualité énergétique véhiculaire obtenue durant l’incarna­tion, en regard du karma et de la conscience.

Unique, chacun de vous le demeure, par le pro­cessus évolutif même, qui le mène à la Maîtrise.

Unique, le Maître le reste dans Sa spécificité d’Homme avec en plus l’unité et l’alignement véhi-culaire qui en font, sur terre, un Etre unique dont la Personnalité spécifique, forte, s’accorde en harmo­nie de tonalité à l’un des Sept Rayons, Lui donnant ainsi le privilège de devenir et de demeurer l’ins­trument consenti de la Volonté Divine dont II est l’ambassadeur sur le plan physique.

Mais ici les mots trahissent un peu la synthèse.

Je ne peux pas être plus explicite et Notre Sœur L. C.  pourra, de vive voix, vous donner témoignage de ce qui précède, ce livre étant la base initiatique de la Maîtrise et au-delà, vous le réceptionnerez dans l’impression véhiculaire du moment où vous le lirez.

La réflexion qui suivra durera tout le temps nécessaire à votre entendement, même si votre conscience objective n’est pas incluse à ce processus.

Nous travaillons ici au-delà du mental concret et certains auront du mal à passer le cap de leurs études précédentes qui sont devenues les barrières intérieures de références cristallisantes qui les cou­pent de l’Enseignement actuel.

Mais comme pour les phases précédentes de l’Enseignement, Nous n’écri­vons ici, par l’intermédiaire de la Personnalité du groupe global, que pour ceux qui sont prêts au pas suivant, dans le cadre de l’Extériorisation de la Hié­rarchie.

Les autres n’ont pas épuisé les pièges de la personnalité et ont donc encore beaucoup de travail à faire à l’aide de l’œuvre d’A.A.B.

Qu’ils le fassent et que la paix les accompagne sur la voie de l’Ego.

Pour les autres disciples, bien sûr, vous n’êtes pas parfaits! Mais l’ouverture dans la reconnais­sance vous aide à passer un cap parce que votre lien hiérarchique est plus fort que vos raisonnements liés par le mental concret à une conscience objective récupératrice de justifications mentales.

Soyez ici les bienvenus, cet Enseignement pour lequel vous êtes prêts, vous ouvrira l’accès aux marées cosmi­ques citées plus haut et auxquelles vous participez déjà, puisque vous y êtes sensibles par l’intermé­diaire du groupe global.

Vous comprenez ici combien Shamballa est lié étroitement à l’Extériorisation de la Hiérarchie.

A. A. B.  vous a dit que la Hiérarchie était tournée vers Shamballa, elle l’est toujours mais descendant sur terre, dans l’incarnation, elle crée un lien étroit entre l’Humanité dont elle participe et Shamballa, qu’elle transmet énergétiquement.

Ce lien étroit est la raison du groupe global de travail et de ses par­ties ésotérique et exotérique.

Vous-mêmes, après ré­flexion, dégagerez l’importance de la Personnalité du Maître en incarnation sur laquelle reposent les aspects ésotériques et exotériques du travail, parmi, d’une part, les Maîtres du Conseil de Shamballa et, d’autre part, les hommes Ses frères sur le plan phy­sique.

C’est ce travail qui est annoncé par A. A. B.  c’est cette Personnalité intégrée à laquelle vous aspirez en travaillant à l’aide de ses livres, et c’est le N. G.S. M.  qui implante, sur terre, les valeurs qui, dans tous les domaines sociaux actuels, préparent le mental de la Race à un nouveau monde qui, actuel­lement, dans les bouleversements mondiaux, s’ins­talle.

Voyez la chronologie parfaite dont le Plan béné­ficie, la cohérence des parties de l’Enseignement et le pas suivant qui se fait ici.

Mon Frère D. K.  est actuellement en charge d’une partie du travail d’extériorisation des énergies hiérarchiques concernant la guérison, Il travaille à l’impression de groupe, son champ de contact imper­sonnel et global étant les péri-groupes, en axe juste avec les possibilités de canalisations hiérarchiques.

En d’autres mots, les péri-groupes qui n’ont pas dé­vié et n’ont pas été récupérés par les Forces de l’Om­bre.

Mon Frère D. K.  travaille à maintenir le plus possible les péri-groupes dans la trajectoire de la Grande Loge Blanche.

Ii travaille donc avec des dis­ciples en incarnation qui n’ont pas encore passé le  troisième degré initiatique, soit la première initia­tion Hiérarchique.

Vous savez que le danger est là, pour les déviations sur le plan objectif, liées à l’illu­sion.

A propos de ce processus initiatique dans l’in­carnation, lié à l’Extériorisation de la Hiérarchie, tout chrétien devrait lire ou relire la «Doctrine spi­rituelle de Jean de la Croix», cet Inité en incarna­tion.

Certains catholiques y seront plus ouverts et verront combien le processus évolutif que décrit Jean de la Croix et concernant Christ, est identique à ce qui est donné dans cet Enseignement sur Shamballa et les groupes.

Quant au travail s’y rap­portant sur les efforts à faire sur soi et dont parle Jean de la Croix, vous constaterez qu’il est entière­ment contenu dans l’œuvre d’A. A. B. , d’une manière plus technique, ésotérique et s’adressant au mental.

C’est vrai, la quête de Dieu qui passe par le Graal des occidentaux, est une queste d’Amour.

Au-dessus de vos têtes se trouve la voûte étoilée dont vous devriez examiner le symbole vivant, inté­ressant, dont chaque lecture personnelle donne une clé à l’impersonnalité, pour s’exprimer.

Par-delà la voûte étoilée, très parlante symboli­quement, se trouve l’océan cosmique énergétique qui mène à Shamballa.

D’où que vous soyez, la voûte étoilée surplombe vos têtes, où que vous soyez, l’océan est par delà; l’accès à Shamballa passe par ces voies et la lumière des étoiles, sur des années lumières, perce une tra­jectoire dans le bleu sombre des nuits terrestres.

Avec tous ces symboles, vous pouvez écrire un fasci­cule sur l’accès à Shamballa.

Pour l’instant, prenez ces images vivantes en vous et trouvez leur voie vers la VIE UNE dont le souffle est commun à toutes, afin de vous imprégner des énergies cosmiques puis­santes que Celui dont rien ne peut être dit inspire à Shamballa.

Lorsqu’une image symbolique s’anime de vie ra­dieuse, la forme tombe, révélant l’essence causale de la formulation visible au regard, nourrissant la vi­sion encore partielle, et alimentant la vision globale future.

Lorsque le Monde Ardent des énergies cosmi­ques vous accueille, c’est que vous avez apprivoisé le Feu par le yoga.

La flamme pourpre du Rayon I n’est pas loin, l’Ashram vous ouvre sa périphérie et le Maître en incarnation est là, près de vous, même si votre vision encore inconsciente de Lui, n’atteint pas encore votre regard physique.

Mais la reconnaissance est proche et lorsqu’elle se fait, vous intégrez le groupe global, dans sa partie  ésotérique, pour un travail désintéressé, d’amour, au service des hommes.

Et au sein du foyer, de la famille, des écoles et des universités, de la scène politique, des entre­prises vous êtes là, au sein du groupe global, pour ouvrir une voie aux énergies divines constructives de Shamballa, sous la Haute Surveillance de Mon Ashram dont la note dominante du Rayon I prépare de justes fondations.

Donnez à vos journées le rythme sublime des vagues de cet océan énergétique cosmique que vous rencontrez sur terre, à savoir le Maître en incarna­tion, point focal du groupe global.

Accompagnez ce mouvement pour trouver le rythme juste du moment et de l’heure que Nos Frères connaissent.

Servez, et que la conscience contribue à ce chan­gement de mentalité prévu par le Plan et dont vous constatez actuellement les premiers pas, hélas des­tructeurs, sur le plan physique.

Sachez que ces pas-là sont ceux de la destruc­tion et que sans eux, aucune base solide ne peut s’établir.

Voyez, à moyen terme, combien tout ce qui, en un premier temps, apparaît comme négatif au re­gard humain, est positif, et les effets qui en décou-leront, à long terme, pour une Humanité plus saine dans sa mentalité, qui aura évolué par la conscience individuelle.

C’est le point de vue, de vision devrais-Je dire, des spiritualistes, qui donnera à l’Humanité l’échelle réelle des constructions qui se préparent.

Respiritualiser le monde afin d’aider l’Humani­té à se vivre à travers les valeurs fondamentales de l’être, voilà ce que l’océan énergétique déversé par Shamballa, annonce et prévoit.

Plongez-y afin d’y participer pleinement, en col­laboration avec le Maître en incarnation.

Soyez bénis et servez juste.

SHAMBALLA, LE SYMBOLE

 

Aux transparences cristallines des Colonnes d’un temple cosmique, la Vision accède, par le don de soi, au Service des hommes.

Don de soi, désintéressé, qui fait de Chaque Christ, vécu en l’Homme, le Miroir de Son frère.

Miroir insupportable, dérangeant, Magnétique cependant et dont L’image oubliée renvoie à soi-même, Sur des vies et des erreurs, des Beautés et des horreurs que la personnalité, En mal d’âme, reçoit comme autant De gifles à rendre à n’importe qui, Pourvu que ce soit l’autre.

Depuis Jésus, Christ, serein dans L’Homme réalisé, sait, comprend, Aime, en l’autre, ce qu’en Lui-Même II a Souffert et dépassé.

Au sentier des Sauveurs du monde, Christ revient en chacun d’Eux, dans  L’incarnation, pour montrer encore ce Chemin difficile à parcourir et Libérateur en Dieu.

Avec le Maître en incarnation, en Lui, Christ foule à Nouveau le sol terrestre ; le Royaume de Dieu est en marche, soyez, vous tous, qui En êtes conscients, les porte-flambeaux de Cette marche triomphale, qui va purifier Ces plans et sous-plans des scories Humaines polluantes que déploie l’homme Dans sa queste maladroite de lui-même, puis De Christ, en lui.

L’Extériorisation du Christ par L’Homme, en l’Homme, se poursuivra en Chacun, jusqu’au dernier.

C’est pour ça Que le Maître en incarnation est là, pour donner, Pour sauver, pour être devant vous, Avec vous, ce à quoi vous aspirez et que Vous parviendrez à être demain, Son Exemple, sous vos yeux, sera, est, Galvanisant, Il a dans les yeux Les ondes magnétiques et fulgurantes de Ces énergies cosmiques émises par Shamballa et, connu de Celui dont Rien ne peut être dit, Il vous relie à Lui.

Au mur Emeraude-diamant qui vous Sépare de Lui, la transparence déformante Grossit et brouille votre perception de Lui.

Un prisme personnel de vision morcelée Lui Donne les monstruosités, qui ne sont que Qualités parfaites, encore inaccessibles, que Vous Lui prêtez comme autant de facettes Encore inexplorées de vous-mêmes et que vous Redoutez.

Emeraude-diamant, synthèse-absolu, La séparation est pourtant translucide et Lumineuse.

Le prisme déformant vous Incombe, il peut changer, la vision aussi.

Les rives sacrées de Shamballa Sont protégées par la Lumière, et La Réalité Emeraude-diamant D’une transparence et d’un éclat Inconditionnels à la Pureté, à l’Amour, A Christ, en l’Homme.

Ces déformations prismatiques sont Donc les vôtres, mais le regard intérieur, Magnétisé par la Réalité de la VIE UNE, Attiré par la Lumière énergétique de Ses transparences complémentaires, Trouvera, c’est sûr, dans le cœur de L’Homme Christ, Maître en incarnation, les valeurs Et les voies, communes, à tout homme En devenir.

Le chemin est là, dans Les yeux du Maître en incarnation, reconnu et Accepté comme un Frère d’Humanité, Au service des hommes, donc de vous-mêmes.

Son regard a la pureté Emeraude-diamant De ce mur qui, pour Lui, n’existe pas, Tant II vous voit et vous aime tel que vous Etes ici, maintenant, et rien de plus, Mais comme un Frère en Christ.

Aux rives sacrées de Shamballa, les Pas invisibles des Maîtres en incarnation laissent des Empreintes de Chair transfigurée, Ressuscitée et offerte au Calice de Leur sang, dans l’appartenance divine Qu’ils ont rejointe, en Christ, dans L’unité avec le Tout, imprégné par Celui dont rien ne peut être dit.

Les mots arrêtent ici leur pouvoir magique Pour laisser place à la vie qui les anime Et participe du Tout.

L’Absolu est-il Entrevu? L’infinité peut-elle être Nommée? Seule la VIE témoigne d’Elle-Même Et c’est ce qui porte, en Christ, le Maître en incarnation, en exemple, à vos côtés.

Aux cœurs, ouverts par la Reconnaissance, Béni soit le chemin qui s’amorce.

SHAMBALLA MON PORT

J’ai vécu des vies, J’ai souffert des nuits.

J’ai dormi des jours, J’ai marché des heures, J’ai omis le temps, J’ai sculpté l’espace aux Formes de Mes mirages illusoires.

J’ai aimé l’image, J’ai éludé le fond, J’ai tourné les yeux, J’ai brisé les cœurs, J’ai parlé trop fort, J’ai écouté trop peu Ce, qu’en l’autre, Je n’aimais pas de Moi.

J’ai troublé des sens, J’ai éveillé des haines, J’ai doublé mes chances, J’ai tué mes peines, J’ai cru aimer l’autre, J’ai détruit son âme, J’ai rougi, J’ai agi, J’ai déprimé, J’ai purgé, J’ai pleuré, J’ai vomi, J’ai enduré, J’ai joui, J’ai oublié, J’ai récidivé, J’ai ri et fait la grimace.

C’est ainsi que J’ai trouvé le chemin, La voie, le moment et l’heure, J’ai trébuché, Je suis tombé ; relevé, J’ai recommencé.

J’ai souri à la Nostalgie de Mes plaisirs perdus.

J’ai surpris des envies évanouies,  J’ai rompu des liens inutiles, J’ai effacé des sentiments troublés, J’ai perdu des illusions, J’ai reconnu Des fantasmes aux mensonges de Mes Perditions.

J’ai récapitulé, au bilan tragique Des pertes sèches de Moi-Même, sans L’ombre d’un regret.

J’ai compris Que Je me détachais assez de Moi pour Porter Mon regard déçu ailleurs.

Là Encore, J’ai épuisé les compensations Qui Me poussaient hors de Moi-Même.

En retour, J’ai plongé au vide de Mes propres anéantissements.

J’ai subi les flatteries de l’Ombre, La Mienne et celle de Ceux qui guettent En l’âme désespérée, une énergie à récupérer.

J’ai été confronté à leurs lumières opaques, Telles des néons clignotants dans le noir.

J’ai plongé aux plans de l’ombre, au Centre de la terre, comme un Shaman en perdition.

Des forêts d’ombres et de visages Grimaçants M’ont agressé, assailli.

J’ai fui l’ombre, la lumière et Moi-Même.

Je Me suis retrouvé, dépouillé de tout et Enfin prêt à renaître de Moi-Même.

Dans le renoncement crucificateur,  Une étincelle a brillé, dans laquelle J’ai reconnu, espéré, aspiré à la Flamme Christique vécu par le Maître Jésus.

Cette étincelle ne pouvait briller que dans La sublime noirceur traversée, tant elle Etait petite et à peine visible.

Comme un fou Je M’y suis accroché ; Devenu, par nécessité, Fou de Dieu, J’ai marché, marché vers elle, vers Lui, Dans le brouillard blanchâtre des Horizons gelés.

J’ai foulé la voie retrouvée, Sur les rives blêmes de Moi-Même, Dans les profondeurs aquatiques d’un Inconscient tenace, J’ai évolué vers Christ, J’ai aimé Christ, J’ai trouvé Christ.

Tel est Mon chemin d’homme, Jusqu’à l’Homme réalisé en Christ.

Moi, Morya, Je vous le livre, comme Un Frère de douleurs et de Joies, Je Vous le livre ainsi parce que Je vous aime.

Depuis, Mes pas ne vous ont pas quittés, Jusqu’au dernier, avec Tous Mes Frères, Maîtres de la Sagesse, Nous vous Aiderons.

Depuis Je sers.

J’ai dit!

En Christ, SHAMBALLA est un port qui Ramène à vous, à l’Humanité.

Nous sommes, grâce à Lui, parmi Vous aujourd’hui et Nous Servons.

Les consciences, unies par le Service, sent Comparables au Soi de l’Humanité.

Elles font, chaque jour qui se lève, un Pas nouveau dans l’inconscient Collectif, illuminant millimètre par Millimètre le chemin Christique à trouver, En imprégnant les mentalités et en Agissant sur les affaires du monde.

Soyez des consciences en marche, Avec Nous, cœur à cœur, main dans La Main, œuvrons, et que le Groupe global en soit vitalisé.

Comme une baie largement ouverte au Sommet d’un Himalaya, les Véhicules des Maîtres, imprégnés D’énergies cosmiques, extra-planétaires, Planétaires, toutes divines, Débloquent les nœuds que les forces Déraillantes font aux croisements Dangereux des conflits humains.

A chaque sommet d’un moment de Travail particulier, les Maîtres, unifiés en Christ, balayent l’horizon planétaire Abîmé, des Rayons dont sont gardiens Leurs Ashrams respectifs.

Ces lasers directionnels, émanant de La Divinité, se forment en ondes Concentriques afin de communiquer, Par le cercle vibrant, un symbole Magnétique, vivant, puissamment orienté Vers et pour l’Humanité.

Les véhicules du Maître sont utilisés pour Ces ondes vibratoires de choc, afin de Faire toucher à ces énergies le sol de L’incarnation.

Au sein des groupes humains, elles S’horizontalisent, porteuses d’émanations Positives, que reçoivent tout un chacun, à Son niveau, ouvrant et éveillant la Conscience à elle-même.

Touchés, les centres énergétiques en Sont vitalisés, qu’ils soient planétaires Ou humains, de la Terre ou de la personne.

Dans ce processus, remarquez que le Maître en incarnation est émetteur et émettant, à la Fois, énergie, non reçue, mais vécue, et Transmise.

C’est de Shamballa que Part Son action, dans la globalité Synthétique d’un Dessein qu’il Connaît et sert.

Du sommet Christique de l’évolution Planétaire, la Terre, planète bleue, des Scientifiques, se sacralise peu à peu, Trouvant, par l’intermédiaire de Shamballa, sa voie cosmique de Planète sacrée.

Dans ce processus global, Chaque individu est concerné, c’est sa Responsabilité individuelle qui en fait Un membre du groupe global, conscient du Travail à accomplir.

Oubliez la banalisation unifiante, chère Aux disciples qui comprennent mal La Synthèse et l’interprètent selon leurs Propres références.

Le groupe n’est pas un Magma d’âmes, il est, dans sa Globalité, l’expression de la Synthèse, avec Tout ce que cela représente de spécificités Dans l’expression et les moyens nécessaires.

Chacun est unique, en Christ, et ses Différences sont utiles et utilisées comme Telles pour des besoins précis, au sein de L’Humanité.

Soyez en conscients.

Le groupe global, émissaire de Shamballa, N’est pas ce que croient certains disciples.

Ceux-là font une confusion entre ce qu’ils Pensent du groupe et ce qu’est le groupe global.

H est temps de vivre le groupe global,  Caractéristique de l’Extériorisation de la Hiérarchie, A sa juste mesure, avec la Personnalité L’incarnant et dans la Reconnaissance Du Maître en incarnation qui l’assume.

Sur la pente vertigineuse des incapacités Mentales à se briser, se trouvent toutes les Difficultés des disciples qui ont la manie Du «Il a dit que.. . », en parlant de D. K Il ne s’agit plus, s’il vous plaît, de faire Parler D. K ou A. A. B.  en isolant des phrases, Mais de vivre enfin leur Enseignement, Préparatoire à l’Extériorisation de la Hiérarchie et Ouvrant au N. G. S. M. une voie à l’expression Hiérarchique, même encore inconsciente.

La baie largement ouverte au sommet D’un Himalaya est un appel à la vision.

Que votre regard intérieur s’y tourne, Apte à la vision, il l’est, si vous l’y aidez.

Comme une lamelle d’agathe, en Suspension d’elle-même dans ses Propres couleurs, le sol éthérique de Shamballa diffuse la Réalité lumineuse De ses méditations.

Nimbée d’or, vous Pourrez en capter l’essence, si vous Donnez la main à l’Homme Christ.

L’équipement véhiculaire, canalisant et filtrant, du Maître en incarnation, amène, sans déformation possible, les énergies fortes de Shamballa dans l’in­carnation et d’autre part, empêche que toute énergie négative, ou force perturbante, ne monte au-delà du plan mental.

Le Maître en incarnation les digère donc afin que le groupe global en pâtisse le moins possible.

Grâce à l’action des Maîtres sur tous les plans, Shamballa est hors de portée des tentatives des Frères Noirs.

Ces derniers s’attaquent à chacun, individuellement, afin de rompre ou de déranger for­tement les communications avec les plans supé­rieurs et Shamballa, mais le Maître en incarnation, qui est l’autre, prend en charge, dans Ses véhicules, ces attaques personnelles, afin d’en digérer et d’en transmuter l’impact sombre en lumière positive, ai­dant ainsi le disciple à se dégager d’une influence négative.

Plus l’âme du disciple est présente et plus l’action du Maître en incarnation est rapide et effi­cace, et moins Il en souffre sur le plan physique, dans Son corps.

Cependant, Il ne peut éviter les maux de tête dus à une congestion des centres su­périeurs par lesquels se fait la «digestion» des élé­ments négatifs absorbés par Ses véhicules.

Shamballa est un Etat de Conscience Divin constant, dont les Maîtres, dès la sixième initiation, sont en charge et en demeure.

Les Initiés du troisième degré ne sont perceptifs aux énergies de Shamballa que par l’intermédiaire de ces Frères Aînés, même si parfois, Ils en reçoivent des lignes lumineuses fulgurantes.

Quant à Ceux qui dépassent Shamballa dans une identité fusionnée à Celui dont rien ne peut être dit, Leur état de conscience, inexprimable encore ici, EST, au delà des plus purs fantasmes mystiques, inimaginable, informulable et inadaptable à une compréhension intellectuelle, ni même intuitive, du disciple.

Seuls les Maîtres du sixième degré initiati­que commencent à percevoir cet état, intuitivement.

C’est vous dire qu’il n’en sera pas question ici.

Les murs du labyrinthe intérieur que produi­sent les réactions dues aux ouvertures de conscience vécues par le disciple, sont tapissés par les couleurs déformées du prisme chromatique.

C’est là le résul­tat des nuances des Sept Rayons qui s’y engouffrent et dont les énergies sont encore peu utilisables par les véhicules en difficulté du disciple.

Ces disciples sont la croix, sur le plan mental, du Maître en in­carnation, et la Bannière de Morya met un point d’orgue aux soupirs des cassures qui y sont néces­saires, afin de permettre aux Rayons de passer, pour que les disciples dégagés des problèmes psychologi­ques qui les bloquent en expriment enfin, partielle­ment, les qualités.

Ces labyrinthes sont pourtant les tunnels de l’é­volution individuelle qui mène le disciple à la maî­trise et sa conscience à l’expansion.

Ce sont des traits d’union, au pointillé des erreurs et des ra­tages, avec les énergies de Shamballa, grâce au Maî­tre en incarnation.

Et ceci est nouveau grâce à l’Extériorisation de la Hiérarchie.

La conscience objective du Maître en incarna­tion du sixième degré initiatique, en contact avec Shamballa, est comparable à un entonnoir déver­sant, en permanence, la Conscience Divine.

Ses mé­canismes mentaux en ont la fluidité et vous aurez par moment du mal à les suivre tant ils vous paraî­tront inhabituels.

Dites vous que c’est pénible aussi pour Lui qui est sans arrêt obligé de reprendre vos repères afin de communiquer, alors qu’il les a lais­sés depuis longtemps aux oubliettes d’une mémoire lavée constamment par l’éternel présent.

Dans le rythme lunaire des Nouvelles Lunes, Pleines Lunes et quartiers, du Maître en incarna­tion lié à Shamballa, le plus lourd à vivre, pour Lui, dans l’incarnation, le plus éprouvant, est le passage de la Pleine Lune.

En effet, c’est là que les disciples travaillent et reçoivent, c’est donc à ce moment plus précis que des indications, liées à des bloquages, sont perçues et travaillées sur les plans intérieurs.

Le Maître en incarnation est donc ici en interven­tion sur les plans subtils, auprès des véhicules des disciples du plan exotérique appartenant au groupe global.

Son aide est précieuse mais II en est souvent éprouvé dans Son corps physique par des douleurs dues aux mouvements énergétiques difficiles que les véhicules en difficulté des disciples ne pourraient intégrer sans Son aide.

C’est là que la digestion est difficile parfois, c’est là que la nature est essentielle pour éliminer au mieux ces indigestions éventuelles.

Vous constatez que le Maître en incarnation participe à tous les cycles, sur tous les plans, Son ancrage énergétique à Shamballa Lui en confère la Volonté et le Pouvoir, indispensables à ces actions, qui ne sont que l’expression, à tous niveaux, de l’Action globale dont II est à la fois co-créateur, sur les plans supérieurs, et interprète, sur les plans inférieurs.

Vous avez ici la description de la continuité de conscience du Maître en incarnation de la sixième initiation.

Ce qui signifie que l’Action globale perma­nente ne Lui permet qu’un repos cyclique et tournant de Ses véhicules, à tour de rôle, suivant les impératifs des besoins et nécessités et ce, sur tous les plans de Ses interventions.

La Hiérarchie évidemment Le soutient, l’Ashram bien sûr L’entoure de la Force de son aura, malgré tout vous pouvez vous rendre compte à quel point le travail du Maître en incarnation, Personna­lité du groupe global, est éprouvant et combien les «privilèges», liés à ce degré initiatique, dont cer­tains rêvent, sont loin d’être, en incarnation, une partie de plaisir, comme certains se l’imaginent.

Le Maître en incarnation du sixième degré initiatique connaît des difficultés terribles, Son seul avantage, qui échappe à vos imaginations puériles sur la Maî­trise, est qu’il affronte les difficultés avec des véhi­cules parfaitement clairs et donc qu’il est équipé pour en rétablir la clarté, après interventions pol­luantes.

Impersonnel, objectivement pur, parce que subjectivement clair, Il travaille sans humeurs sen­timentales ou affectives.

Mais la qualité de Ses vé­hicules, bien que le protégeant, est aussi la cible des Frères de l’Ombre.

La qualité énergétique la plus protectrice pour le Maître en incarnation est l’AMOUR, mais à quels prix et à quels malentendus sur le plan physique ! ! Où cela Le conduit-Il, Je vous laisse le soin de ré­pondre, vous en savez maintenant assez sur Lui pour tenter de le faire d’une manière juste.

Il Me semble qu’avec tout ce qui précède, vous devriez commencer à avoir une optique différente et plus vraie du diagramme Shamballa – Hiérarchie -Humanité, Maîtres, Maîtres en incarnation, disci­ples et N. G. S. M. , en fonction de l’Extériorisation de la Hiérarchie actuelle.

Je le souhaite.

SHAMBALLA VIE – EXPRESSION

La synthèse n’a pas de termes, par essence, elle en défie les barrières limitatives, se situant au-delà dans ce que la VIE a de mystère initiatique créa­teur, communiqué à chaque amplitude que crée le Champ de Conscience, pour les consciences.

Sur la voie montante de l’ascension initiatique, la synthèse déploie des éventails successifs dont l’amplitude, toujours augmentée, resitue les élé­ments qui les composent sur une échelle de valeurs sans cesse renouvelées.

D’éventails en éventails et d’éléments en élé­ments, la conscience concernée s’accorde à l’arché­type reculant de la Conscience de Celui dont rien ne peut être dit.

Cet archétype s’estompe à son tour dans les contours toujours élargis d’une image abstraite, dont l’abstraction même, lorsqu’elle devient enfin Réalité, n’est plus qu’une appartenance où l’identité elle-même devient l’abstraction d’une Réalité que  l’Impersonnel déploie aux confins de lui-même, dans un point focal, centre de l’Action globale, lui même action et cercle illimité.

Je suis content de ces trois paragraphes qui, grâce à la perception sans faille de Notre Sœur L.C.

, donne à la Synthèse sa dimension, en dépit des mots, limitatifs, que Nous sommes obligés d’utiliser.

Shamballa est essentiellement lieu de synthèse et portail transparent au carrefour cosmique de plu­sieurs univers dont les mondes, dans leurs formes, sont absents.

Le ciel ouvert de Shamballa est le sol porteur de pas dont les lignes de lumière sont, au cœur des mondes, les absences divines au retour desquelles aspirent les hommes.

Lieu énergétique d’épousailles cosmiques, Shamballa crée et distribue ce que le Dessein s’im­pose à lui-même de rectitude divine et de vastitude aux maîtrises desquelles les Maîtres sont aptes, c’est dans la formulation du Dessein, par le Conseil, que se trouve l’Informel, auquel les Maîtres de la Hiérarchie se réfèrent pour alimenter l’Ashram à la source vitale de Celui dont rien ne peut être dit et qui, dans Sa conception, et aux énergies créatives qui en découlent, vibre jusqu’à la moelle de ceux qui, sur terre, prient et écoutent dans leurs cœurs, l’écho d’un son puissant encore inaudible.

La synthèse ici prend les limites de chacun, pour les repousser au potentiel réel qui s’y cache, rétablissant, en l’état, l’originel dans son capital vi­tal à utiliser sur terre.

La synthèse, dont chacun porte l’accent, se ré­vèle dans la complétude véhiculaire du Maître qui a passé le mur Emeraude-diamant des frontières transparentes de Shamballa.

Du sixième degré ini­tiatique à la Conscience de Celui dont rien ne peut être dit, les marches d’accès ne sont plus qu’ouver­tures cosmiques dans lesquelles la conscience plané­taire, la conscience divine christique, absorbées et restituées, deviennent l’anneau des transparences liées aux qualités transcendantes des Rayons, expri­mant le centre énergétique cosmique le plus absolu qui soit.

Car après le verbe être qui donne naissance à l’« état », aucun mot n’exprime plus ce qui, sans être, détermine l’état, à la fois du non-être et de la syn­thèse de tout ce qui peut être connu, parce que vécu.

Cette dimension-là est émergence synthétique d’au­tre chose dont Seul Celui dont rien ne peut être dit a le secret qu’il Nous révèle, lorsqu’en Son Sein, Christ est oublié dans Sa propre source initiale.

Cet état peut être symbolisé par l’Eau, l’Air et le Feu qui, oubliant la Terre Mère, en diluent la substance aux émanations de leurs différents états transmutants respectifs.

Ici, après l’évaporation et la cendre, l’Air rejoint le Souffle premier dont le Verbe, ou Son primordial, restitue à Sa propre haleine les dispersions succes­sives des éléments retrouvés.

Nous sommes là dans la Divine Synthèse qui fait de l’ordre cosmique ce qu’il est, incluant chaos et bourrasques à Ses rigueurs développées par toute création, créatures et autres éléments dont Tinter-développement sous-jacent est, en soi, caractéristi­que de synthèse.

Le Maître en incarnation vit cette synthèse, dès le sixième degré initiatique, et résume en Lui, de par cet état, l’intermultitude éthérique, puis énergé­tique, qui crée l’interrelation cosmique de Tout et de tout ce qui est vivant, en énergétique commune.

Au réseau de cette trame universelle, Shambal-la transmet la Note Unique de Synthèse dont tout et tous sont issus en leurs molécules mêmes, sur tous les plans, y compris physique.

Il faudrait bannir du vocabulaire ésotérique le mot «concret» qui ne devrait s’appliquer qu’au men­tal.

En effet, après ce qui précède, vous comprenez que toutes les manifestations, toutes les expres­sions, tous les événements, sur chaque plan, sont concrets, dans ce sens qu’ils sont énergétiquement réels.

Or souvent, certains pseudo-ésotéristes appli­quent le mot «concret» à ce qui se passe concrète­ment sur le plan objectif physique.

Et c’est ainsi que ce qui est «concret» devient matériel et rationa­liste.

Ce n’est pas juste.

Les Maîtres sur tous les plans vivent d’une manière parfaitement concrète Leur Etat.

Et la Synthèse est une expression concrète du Tout, de l’Absolu, de l’Infinité; par le Yoga du Feu, chacun peut y parvenir.

Ces réalités sont les voies multiples et différen­ciées que prend la Réalité pour que Celui dont rien ne peut être dit puisse Se faire entendre.

La façon dont cette Réalité est entendue dépend de chacun et la voie initiatique en augmente et en accélère l’é­coute jusqu’à la perception globale dont la Maîtrise Supérieure donne la clé de la Synthèse aux Maîtres.

Parler de la Synthèse, c’est forcément la morce­ler.

Enseigner la Synthèse revient à en polir chaque morceau perceptible, jusqu’à la brillance totale, dont la transparence lumineuse, donne accès au morceau suivant et ainsi de suite, jusqu’au mur Emeraude-diamant de Shamballa.

La Synthèse n’est accessi­ble, sur le plan humain, que symboliquement.

Chacun des symboles en est une parcelle à polir.

Le polissage dépend de nous.

Chaque symbole, pour nous conduire d’une manière juste, doit être dégagé de tout rituel, dit opératif.

En effet, le rituel main­tient le symbole au pouvoir du moment, en le dépouillant de son énergie à des fins dont les buts deviennent, dans l’instant, des phénomènes obte­nus, égoïstes, matérialistes et opérateurs de magie noire.

Est magie noire, tout ce qui ne participe pas de la Synthèse, tout morcellement énergétique provo­qué par l’homme et catalyseur de «pouvoirs» ponc­tuels, non reliés au Tout, tronqués du Souffle de Celui dont rien ne peut être dit.

C’est alors Lucifer qui, ayant détaché sa flamme du Feu du Yoga, éclaire partiellement l’apparence détournée d’un pouvoir énergétique réel, dont l’effet est porteur de mystère, afin d’aveugler les faibles dont les regards demandent des preuves physiques, rejoignant ainsi l’archétype de Judas et trahissant la vision intérieure de Celui dont rien ne peut être dit, au profit du regard limité aux et par les formes.

Parlant de Synthèse, le symbole est un moyen à double face.

Il est à la fois la clé et le handicap.

Tout dépend de la manière dont vous l’appréhendez.

Il devient un handicap lorsque, récupéré par des ri­tuels opératifs, ses énergies sont ramenées au mo­ment, à la durée et non au temps, à la forme et non à l’espace.

De rituels en rituels il devient une forme privée d’énergie et accumulateur de forces négatives dont les hommes, parfois inconsciemment, se ser­vent pour obtenir telle ou telle chose correspondant  aux besoins égoïstes de groupes ou individus.

Le groupe devenant ici le magicien noir dont l’individu, par ses désirs, dépend.

En revanche, le symbole donne accès de la durée au temps, de la forme à l’espace, si vous parvenez à libérer sa substance matérielle, en épousant, éner-gétiquement, sa signifiance.

En fait le symbole est le miroir de vos propres énergies et le polissage est une relation d’échange entre lui et vous, entre votre intériorité, vos dépas­sements et son dépassement constant dans votre re­gard.

Les amas de forces, focalisés sur l’image du symbole, donnent à ce dernier la forme énergétique du pouvoir emmagasiné là, par le potentiel astral mis en œuvre.

Il devient alors objet porte-bonheur ou moyen magique aux forces noires.

Ceci contribue à l’étouffement du symbole par son image, prison­nière des cristallisations projetées par le mental concret.

Laisser vivre un symbole-clé, c’est suivre l’éner­gie dont sa forme est porteuse dans l’Espace-Temps dont elle est issue.

Ainsi, vous dépassez sa forme et par là-même, la vôtre.

C’est un voyage intérieur tout d’abord, qui, en déliant deux formes, les conduit à leur source.

Cette source, en élargissant les formes à des stades successifs d’informel, aide, par son flot, à libérer certaines forces bloquant le flux énergéti­que primordial, coincé par la forme dans des lignes trop structurées.

Assouplissant les structures, l’é­nergie s’en libère, donnant au regard une lecture nouvelle de l’image qui, comme tout symbole-clé bien utilisé, ouvre l’accès à un processus d’intégra­tion qui mène à la synthèse.

Voyez comme le symbole est vivant et comme cette vie est une relation entre vous, lui et le Tout, dont toute forme est un symbole.

Et notez comme les rituels au cours des âges deviennent creux lorsque la vie qui les anime se retire de la forme.

Certains rituels religieux sont criants de vide, tant l’habitude les dépouille de leur signifiance initiale.

Bien sûr les rituels sont encon; utiles mais plus que le déroulement de leur forme, ceux qui les pra­tiquent, s’ils ne font pas à chaque fois un voyage intérieur motivé, sincère, renouvelé par une autre compréhension, élargie par une vision nouvelle, par une conscience encore plus ouverte, alors ce voyage n’est plus que la répétition vide de sens, de gestes et d’images répertoriées, une fois pour toutes, à la longue liste des traditions perdues dont les mots n’ont plus le sens du Verbe, mais sont devenus une caricature de ce qu’il pourrait être dans l’intellect  déformé par une explication donnée et reçue, une fois pour toutes.

C’est ainsi que la Parole se perd à la forêt de mots vides de sens qui ne s’appliquent plus que par habitude traditionnelle, et non plus par tradition, à des rituels qui maintiennent en place des structures dont la VIE UNE est absente.

Le symbole est à Shamballa ce que la forme est à la VIE.

Ce sont des moyens magiques dont les «pou­voirs » doivent être boudés afin que la véritable ma­gie puisse opérer.

Cette magie-là est le lien entre l’âme en tout et son support terrestre, entre le re­gard et la vision.

Comme autant d’étoiles au firmament de vos nuits, les symboles brillent et leurs années-lumière sont les bornes indicatrices de votre évolution initia­tique.

Parfois les étoiles brillent encore à vos re­gards physiques alors que leurs lumières sont mortes depuis longtemps.

Ajustez vos regards afin que la vision vous permette de voir, de percevoir la source lumineuse et non son aspect illusoire, seule­ment.

Le symbole peut vous aider.

Le symbole est indissociable de la voie menant à Shamballa.

Le symbole est le passeport énergétique pour Shamballa.

Quant à l’itinéraire du voyage, il vous appar­tient d’en décider les chemins et les arrêts, les es­cales et les détours.

Vous seuls le ferez, à votre manière, avec vos propres possibilités, vous êtes les décideurs et les responsables de vos propres chemi­nements et voies d’accès.

Pour vous tous qui aspirez à l’initiation supé­rieure, pour vous tous qui y travaillez, la VIE de Shamballa est voilée par une série de symboles dont Je vous donne ici les moyens, non mentaux, de vous servir.

Il est temps, aujourd’hui, de ne plus concrétiser le mental sur les symboles, afin que ceux-ci puissent vous donner d’eux une autre dimension à travers la même image.

Nous sommes conscients avec Mes Frères au sein de la Hiérarchie que l’Enseignement précédent, nécessaire encore, a pourtant contribué à cristalliser le mental chez certains disciples dont c’était le point fort, bloquant par là certains moyens d’accès à l’ini­tiation, bloquant le véhicule mental dans ses pro­pres limites, et donnant accès, sur le plan mental, à l’expression des Forces Noires qu’ils véhiculent alors inconsciemment.

C’était inévitable, ici, Nous passons au pas sui­vant, qui sera difficile pour ces disciples-là, mais le Rayon I, à l’œuvre en ce moment, cassera leurs résistances les plus fortes.

Il faudra bien ça, c’est dans l’ordre spirituel, l’Amour est ici à l’œuvre aussi.

Après chaque épreuve, après chaque difficulté sur la voie initiatique renouvelée, à chaque élargis­sement lumineux de conscience, à chaque marche de plus, à chaque pas, à chaque trébuchement, à cha­que larme de solitude asséchée par une chute qu’on ne croyait plus possible, à chaque seconde que l’éter­nité vous donne au nom de Celui dont rien ne peut être dit, à chaque nuit dont on ne devine même plus l’aube tant sa lumière est pâle, à chaque éclatement, à chaque déchirement, à chaque conflit renouvelé que l’on croyait réglé, à chaque fois, une perle de cristal purifié cascade et s’élance pour rejoindre celles qui la précèdent et montrer le sillage aux sui­vantes.

A ces perles éclatantes de cristal pur, se reflè­tent les nuances scintillantes des sept qualités di­vines auxquelles vous n’en finissez pas d’aspirer et qui vous prêtent, le temps d’un soupir éternel, la vision fugitive de l’approche de la Synthèse qui s’y exprime symboliquement.

A suivre la vie cascadante de ce symbole, répété aux tremplins de vos faux pas, vous atteindrez un jour, comme Nous l’avons fait  avant vous, la rive Emeraude-diamant sacrée qui mène à Shamballa.

De là, la vision s’améliore, jus­qu’à englober, aux serres de ses espaces, les ouver­tures infinies de son identification cosmique à son appartenance illimitée que Celui dont rien ne peut être dit affirme au souffle premier, ou son originel, que capte et transmet la VIE UNE.

Shamballa, d’appartenance cosmique divine, se situe dans la Synthèse, entre la Vision et l’Action dont Celui dont rien ne peut être dit donne les notes.

Shamballa est un lien de nécessité dont les be­soins se font de plus en plus pressants et précis à la mentalité collective mondiale.

En état méditatif, tourné vers l’omniprésence divine, Shamballa, en symbiose statique active d’é­coute et de transmission, est au corps énergétique de l’Extériorisation de la Hiérarchie, le lien et le moyen d’exprimer la vision par l’action.

Ce qui est le projet du Dessein que les Maîtres connaissent et servent.

A l’arbre de VIE dont vous êtes les feuilles, l’au­tomne arrache des tons chauds que le printemps leur rendra au tendre vert des bourgeons naissants.

C’est ainsi que la VIE renvoie ses feuilles aux branches nues qu’elle a dépouillées.

A l’arbre de VIE, les disciples sont autant de feuilles et aux cyclés des incarnations, les effectifs, renouvelés par eux-mêmes, continuent d’accomplir ce qu’en un au­tre temps ils avaient commencé.

C’est valable pour tous et chacun.

Le groupe global est à la fois racine, tronc et branche de l’arbre en question et Shamballa se pro­filerait au loin, sur l’horizon clair obscur des regards encore limités de ceux que l’automne va arracher.

Les saisons de l’Extériorisation de la Hiérarchie ont commencé pour le groupe global pilote issu de Mon Ashram en cet automne 1991, les branches dé­nudées étaient prêtes à recevoir ces disciples des groupes ésotérique et exotérique.

Sur la vaste plaine semée de villes, sillonnent des usagers inconscients, parmi eux la silhouette frêle et puissante de lumière de la Personnalité du groupe global.

Dans le monde, mais point du monde, le Maître en incarnation du sixième degré, tout en étant jardinier au sol pour l’arbre, est aussi son seul lien avec l’horizon teinté de tons Emeraude-dia-mant, derrière lequel se découpe Shamballa, ombre encore portée par un contre-jour, aveuglant pour beaucoup.

La constance des Maîtres et Leur vigilance n’ont d’égale que la Force de l’Ashram tout entier.

Leur travail commencé déjà, se synthétise au­jourd’hui, au sein du groupe global, comme un relais  nécessaire à la juste place de chacun, au sein de l’Extériorisation.

Au silence peuplé de l’apparente solitude du Maître en incarnation s’expriment les voix des inté­riorités en difficulté, qui Lui parviennent soit direc­tement, soit par voie symbolique, les échos en sont graves ou aigus mais c’est toujours un appel au se­cours auquel répond, immédiatement, l’énergie d’A­mour en œuvre, qui lie le Maître en incarnation à tous, sur tous les plans.

Ces appels, des différents degrés de l’évolution, sont l’expression intérieure d’une aspiration dont parfois, la personnalité n’a pas conscience.

Le Maître en incarnation répond tou­jours à l’appel, Il choisit d’en parler ou de taire cet appel et l’état intérieur, maintenant connu, en fonc­tion de la personne.

En général, aux disciples, Il dit, mais ce n’est pas systématique, plutôt ponctuel.

Pourquoi les indications Lui viennent-elles par­fois par voie symbolique? Parce que dans le monde énergétique d’où elles sont issues, les énergies et forces prennent la forme symbolique de la déviation intérieure, afin de communiquer au Maître en incarnation, l’image la plus parfaite que prennent les déformations dont les blocages véhiculaires sont les causes chez la per­sonne en question.

Vous savez que l’énergie psychique est une réa­lité matérielle qui peut prendre forme et s’exprimer.

Le Maître en incarnation qui est en contact conscient avec cette réalité, en chacun, a la vision juste de la forme qu’elle prend à des moments-clés de difficultés personnelles, sur le chemin difficile et parfois encore inconscient de l’évolution, à quelque stade qu’elle soit.

La voix symbolique de l’énergie psychique s’ex­prime et cette expression synthétique prend la forme imagée qui révèle le mieux le blocage du mo­ment.

Sur cette énergie psychique, le Maître en in­carnation, comme tous les Maîtres, a le pouvoir d’agir énergétiquement, en rééquilibrant les polari­tés de façon à aider le véhicule concerné, au mieux.

Cette aide occulte n’intervient aucunement sur le libre arbitre de la personne, le choix final lui appar­tient, mais l’aide énergétique lui donne les moyens de passer le cap, s’il le désire et s’il s’en sert ensuite convenablement.

Mais il faut savoir que cette aide peut ne servir à rien, si la personne retombe dans le fonctionnement précédent et provoque le même blocage.

Ici, de deux choses l’une.

Ou bien l’aide amène la personne à saisir le moyen d’avancer, ou bien elle replonge au même blocage.

En cas de récidive due à des énergies contraires déjà bien ancrées au fonc­tionnement véhiculaire, le Maître en incarnation, après avoir apporté toute Son aide occulte, sera de plus en plus agressé par ces forces antagonistes qui s’installent.

Au cas où la personne est un disciple et c’est malheureusement souvent le cas, le Maître en incarnation coupera le lien mental et la personne devra continuer seule.

En effet, si elle ne peut saisir les moyens mis en œuvre pour l’aider, c’est son libre arbitre qui tranchera et la conscience objective refu­sera ce qui peut, sur le plan occulte, déterminer le sentier de droite ou celui de gauche.

C’est ainsi que le disciple s’éloigne de la périphérie de l’Ashram vers laquelle il progressait et c’est ainsi que la torche trompeuse de Lucifer l’éblouira, jusqu’à l’a­veugler de sa lumière partielle.

Cette éventualité concerne les disciples.

Mais si la personne aidée est en pleins pro­blèmes psychologiques, sans connaissance occulte, une personne intelligente mais non initiée à l’ésoté-risme, alors, le Maître en incarnation, à chaque dif­ficulté, agira sur le plan intérieur de manière à débloquer énergétiquement le prochain pas à fran­chir, dans un travail inconscient pour la personne qui en ressentira les effets bénéfiques sur le plan objectif physique.

Dans ce cas-là, la personne n’est pas encore visée par les Forces Noires qui ne peu­vent encore s’en servir ou la manipuler, comme Elles le feraient avec un disciple à récupérer.

La différence d’intervention de la Grande Loge Blanche et de la Grande Loge Noire est à souligner.

Les Maîtres de la Grande Loge Blanche, dont le Maître en incarnation de sixième degré, aident pour aider, par amour, sans but de se servir ou non, de manipuler ou pas.

Le monde des énergies est un monde dont Ils sillonnent les plans afin de les puri­fier et d’aider chacun, quel que soit le stade de son évolution personnelle, à avancer.

Les Maîtres de la Grande Loge Noire ne sont intéressés que par les véhicules pouvant servir leurs intérêts et fonctionnant déjà, d’une certaine ma­nière, sur le plan occulte.

Dans le premier cas, le désintéressement est to­tal, dans le second cas, l’intérêt est la motivation principale.

Le Maître en incarnation Membre de la Hiérar­chie, aide tous ceux qui en ont besoin, même lorsque ces derniers n’ont aucune conscience de cette aide, ni aucune idée de ce que peut être un Maître en incarnation.

Le Maître de la Grande Loge Noire ne s’inté­resse qu’à ceux qui peuvent déjà canaliser certaines énergies au profit des Forces Noires et servir les intérêts de ces dernières.

Face à face, ici, l’AMOUR et la RUSE.

Votre réflexion peut en déduire beaucoup.

Que ceux, et il y en aura, qui vous diront : «Un Maître ne s’occupe pas des individus mais des groupes», comprennent: Le Maître en incarnation ne s’occupe pas des individus mais des intériorités d’une part, et d’autre part, ce travail se fait dans le cadre du groupe global.

Dans ce travail du Maître en incarnation de sixième degré, au sein de l’Extériorisation de la Hié­rarchie, toutes les intériorités sont concernées puis­qu’elles ont toutes le potentiel énergétique du futur disciple et souvenez-vous que le Royaume de Dieu doit descendre sur terre.

Ce qui signifie que chacun est un Christ en puissance qui foulera unjour le sol terrestre.

Aucune intériorité n’est à négliger.

Le travail des Maîtres Noirs, qui ne passeront jamais la troisième initiation, est axé sur le Royaume de l’homme et non sur le Royaume de Dieu.

Christ ici est méconnu, on ne s’intéresse qu’aux pouvoirs éventuels que peuvent développer ceux qui s’attellent à leur queste et non à sa réali­sation.

Il y a ici une grande différence, cette différence énergétique d’intention provient de Shamballa.

Ceux qui y ont accès, Christ à l’œuvre, ne se servent pas de leurs pouvoirs mais servent la Volonté Divine  de Pouvoir, ce qui est totalement différent.

Et Je vous demande une profonde réflexion à ce sujet.

Imaginez un sable scintillant, aux Nacres tendres de verts, dont les brillances Diaphanes miroitent à l’infini.

Imaginez une poussière d’or aux Eclats comparables à la lumière reflétée Par les facettes d’un diamant taillé.

Imaginez les plus beaux reflets sur les Moires les plus belles, imaginez les Transparences les plus précieuses des Pierres les plus pures, les nuances les Plus claires des couleurs les plus légères, Imaginez tout cela et plus encore, Comparez le tout aux beautés les plus Révélées par la nature en fête, d’un Coucher de soleil à une aube triomphante, D’une pluie, d’une tempête, d’une plage, D’un chemin en forêt qu’acclament les Oiseaux ou d’une montagne découpant Ses cimes inaccessibles sur ciel d’orage Menaçant ou sur bleu printemps ensoleillé.

Imaginez encore et encore ce que vous Pourrez de plus clair, de plus impalpable, de Plus radieux, de plus riche en tonalités, en Nuances, en hauteur, en verdure, en Or et en argent de lumières aux Lueurs stridentes ou douces et vous  N’aurez encore pas la plus petite étincelle D’idée concernant les abords Enchanteurs de beauté de Shamballa.

Si c’était un sable, il serait presque Invisible de légèreté, Si c’était une couleur, elle serait Rideau de lumière, mousseline de Nacre sur horizon, à la fois, illimité et Présent.

Si c’était une plage, elle serait Miroitante et en sa blancheur se devineraient Les nuances voilées d’un arc en ciel de Vapeurs aux légèretés «d’à peine» un souffle.

Si c’était une montagne elle aurait en Ses sommets les découpes de la nature la Plus hardie sur les douceurs du ciel le Plus tendre.

Si c’était une forêt, elle serait à la Verdure un bouquet garni des Effluves les plus subtiles.

Si c’était une ville, les murs n’en Dissimuleraient rien tant les intérieurs Lumineux diffuseraient, en ses centres, Des vibrations ascendantes, au ciel Serein des regards qui la peupleraient.

Si c’était un jardin ce serait le plus Bel enchantement que le rêve prête Aux paradis imaginables.

Si c’était une roseraie, les parfums  Seuls seraient sillages divers aux Allées que des pétales tendres Tapisseraient aux pas délicats de Visiteurs, dont seuls les véhicules Energétiques fouleraient les Couleurs, soulevant de leurs traces, Des senteurs aux notes fraîches ou Musquées, c’est selon.

Ce ne serait pas un paradis, Ce ne serait pas une illusion ni Un mirage, Ce ne serait en aucun cas une irréalité.

Si c’était une REALITE, ce serait L’illumination révélée en Christ, Vécue en ses plus profondes subtilités, Et en ses plus dures épreuves, en ses Plus rigoureuses difficultés et Pourtant, dans la pointe du diamant Du cœur de chacun, se trouverait la Force de Celui dont rien ne peut être dit, Alliée à la constance et à la profondeur D’un Silence sacré dont aucun Mot ne détient le secret, mais Dans lequel les vérités éclosent aux Mots, dans l’ordre parfait d’une Phrase où le symbole, se mêlant à La sonorité de la parole, restituent ce Que le divin en lui-même propose de  Sa gestation créative.

Aux arabesques douces du Dessein qui s’exprime, le Plan Oppose ses rigueurs mobiles dans L’architecture énergétique d’un Ensemble visionnaire dont les détails Les plus infimes sont préservés.

Le corps  énergétique  de  l’Extériorisation  de la Hiérarchie en Vibre à la roue globale de ses chakras, Libérant à disposition des Maîtres, une Mise en œuvre dont le Maître en incarnation devient le Pivot moteur, l’exécutant, le responsable.

A la grisaille dense du plan physique, Les données s’installent petit à petit, Le groupe global en digère les Ponctuahtés énergétiques, les intégrant Aux groupes ésotérique et exotérique avec Mesure, pondération et enthousiasme.

Le service rendu consciemment sur Tous les plans, prend toute son efficacité Sur le plan physique lorsque, grâce à Ce travail difficile, le pas se fait, Amorçant le pas suivant et préparant Les mentalités à recevoir ce que le Cœur projette et donne de plus radieux A l’Humanité en difficulté.

La Hiérarchie toute entière est Ici à l’œuvre, globalisant, Morcelant, impressionnant, donnant, Retenant, nettoyant et Livrant enfin ce qui peut être utilisé Ici et maintenant, dans l’incarnation, Sous la responsabilité de Ses Maîtres du Sixième degré dont les véhicules purs, Bousculés, blessés, pollués, rechargés, Canalisent et transmettent ce qui, Sans Eux, resterait en suspens D’expression, privé d’action et inefficace.

Aux purs joyaux énergétiques Révélés, polis, offerts grâce à Eux Sur le plan physique, ajoutez tout L’AMOUR que Christ vit chaque jour Dans ces corps physiques éprouvés par Leur travail.

C’est ainsi qu’une rive Emeraude-diamant, Inimaginable pour la plupart, Rejoint en sa lumière le sol terrestre, Y déposant par l’intermédiaire du Groupe global et du Maître en incarnation, les Plus subtiles inspirations aux voies Sacrées de ces qualités divines que Les Rayons y déploient, aux sept Nuances de leurs forces énergétiques, Que seul le Maître en incarnation manie au plus  Juste de leurs nécessités d’incarnation Au sein du Beau, du Bon, du Vrai qui Les exprimeront au mieux.

C’est de Shamballa que part la Synthèse, C’est à Shamballa qu’elle revient, C’est de Shamballa que Nous parlons, C’est en Shamballa que Nous vivons.

Dans cet Hymne à Shamballa, Respirez les plus hautes fragrances dont Les plans supérieurs sont saturés.

Elles sont présentes à la coopération Créative de Notre Sœur L. C.

Elle les a reçues pour vous les transmettre.

Respirez cette Force douce de l’Ashram, En travail collectif auprès du groupe global, Et qu’ainsi, la vision qui en découlera, Ouvre votre regard intérieur et Dynamise votre service.

Quel que soit votre labyrinthe personnel, Les murs en deviendront transparents si, Consacrés au service, vous oubliez vos Méandres intérieurs pour Nous aider A sauver l’Humanité.

Vous venez de Nous suivre aux Chemins glorieux des rives sacrées de Shamballa, que toute la magie dont Vos visions peuvent se nimber ne servent Qu’à plus d’amour et de désintéressement, Dans une voie de service consacrée au Divin.

Les Sauveurs du Monde, Nos Frères en incarnation, sont auprès de vous, avec Au cœur de Leur cœur, Christ vivant, Le milieu de Leur front a les reflets Emeraude des portes de Shamballa, Tandis que du sommet de Leur tête S’échappent des lasers de diamant Dont les pointes directionnelles Vont et viennent de Shamballa, Dans la Conscience cosmique que Leurs antennes prêtent à Celui dont rien ne peut être dit.

Ici tout est divin.

Ici tout est Volonté Divine.

Ici tout est Pouvoir Divin en action.

Que main forte Leur soit donnée afin Que, sur le plan physique, l’action, Germée au Divin, puisse Eclore au cœur de l’homme pour que Vivent enfin les valeurs spirituelles au Sein des affaires des sociétés formant Le monde.

Chaque Maître en incarnation est un citoyen du monde, Chacun de vous est citoyen du monde.

Cette conscience-là est à éveiller en chacun.

Et c’est de Shamballa que part cette  Pulsation divine qui battra bientôt, Grâce à vous, le pouls de chacun.

Des rives sacrées Emeraude-diamant Aux rues asphaltées de gris des villes, Portez les flambeaux de la Sagesse divine Dans le Feu que la Volonté Divine Donne à la Puissance illimitée qu’elle Lui souffle.

Soyez les souffles et apportez La VIE UNE à la face de tous.

Œuvrez ainsi.

Œuvrez encore.

J’ai dit! Que de beautés vous sont livrées, Que de clartés en découlent, Que de visions peuvent en éclore ! Lorsque vous lisez, Je suis là, avec vous.

Cette écriture est mouvement et VIE UNE.

Comme des embarcations, Voguez à sa magie légère et que Chaque vague douce qui en soulève Votre enthousiasme, soit prétexte à L’Action.

Le service est un courant en soi, Votre mobilité, votre constance, votre volonté Vous aideront à ne pas vous en écarter.

A qui reçoit l’impression de l’impact le Plus minime qui soit de Shamballa, Le service est doux jusque dans ses Pires difficultés, sur les plans concernés Dont vos véhicules sont les hôtes.

La côte Emeraude-diamant est à Portée de ceux qui servent, même s’ils N’en discernent pas encore les contours, Les beautés leur en parviennent et le Maître en incarnation que vous côtoyez vous en Ouvre l’impact énergétique, aussi Sûrement que vous avez un corps physique Et une conscience objective.

La lâcheté est indigne.

La trahison la nourrit aux accents de Ses revendications et de ses justifications, La clamant et l’auréolant de La gloire de ses pseudo-raisonnements Où la science des énergies devient Esotérisme douteux, englué aux Dérapages de ses illusions.

Le mental en est l’orchestrateur Brillant et aux intellects roués, Roulés aux Forces Noires, il donne des Allures intuitives structurées par les Pièges auxquels il s’est laissé berner.

De nombreux disciples en sont victimes, Ceux-là mêmes qui tiennent aux Structures dont ils sont les fondateurs.

Il faut vous méfier d’eux, surtout  Lorsqu’ils donnent au présent les seules Structures du passé reconnu, auquel Ils n’ont même pas le mérite de la Reconnaissance du moment.

Ces disciples-là, souvent manipulés par Les Frères Noirs, ne reçoivent rien de Shamballa.

Pour eux, les abords Emeraude-diamant ne sont que Des mots dont les sonorités n’évoquent Que la forme des deux pierres citées, Ramenant à la matière ce que La poésie et le symbole donnent De vie à l’éclat d’une Note colorée dont le Verbe garde En Lui-Même l’informulé.

Le Maître en incarnation connaît ces disciples Qu’il tentera un temps d’aider Quand même et auxquels, en un second temps, H opposera un silence mental total, Où aucune des tentacules mises en Mouvement par les Forces Noires N’aura de prise.

Avec le Maître en incarnation, décodez les trahisons Aux haillons de leurs lâchetés, Lâchez prise, et passez votre chemin.

Vous serez sur la voie qui mène à  La rive belle, l’Emeraude-diamant Des Elus de Shamballa.

Dans la boule lisse du cristal des Amalgames du Soi, la conscience Divine et partielle de vos éveils successifs Donne à votre cécité des clairvoyances Sublimes.

La pureté du cristal autorise ses Mouvements internes à relier, en Cette boule, les heures les plus claires De vos efforts sur vous-mêmes.

Laissez rouler cette boule de pur cristal Aux pentes difficiles de vos glissades Périlleuses.

Votre cœur y verra peut-être Ce que vous devenez aux aspérités dures Auxquelles la boule, ainsi polie, sert de Loupe.

Le cristal annonce le diamant, les Nuances qu’il capte au cœur déformant De la boule anticipent les reflets émeraude Complémentaires des rives de Shamballa.

A chacun sa croix, croix de bois aux Pointes de fer, le Soi en ressort crucifié, Poli, lisse comme un cercle géométrique Qui, dans l’espace, a les contours Arrondis d’un cristal en devenir.

Boule de cristal, le Soi retient en lui Ce que vous découvrez de vous-même,  Avant de s’en dépouiller une fois Pour toutes.

Dans ce dépouillement, le cristal, lavé De vous-même, porte le Soi au sommet De ses clartés secrètes.

La boule roule Alors doucement vers la rive Emeraude-diamant.

Elle est aussi le symbole du Groupe global dont les «Soi», regroupés Aux plans ésotérique et exotérique, Forment, à eux tous, la somme d’une Conscience collective en marche vers La Synthèse.

Lissez la boule aux opacités individuelles A dégager du travail de groupe.

Polissez-la aux cœurs individuels Qui se purifient et dans le Regard du Maître en incarnation, soumettez-la à La vision globale, comme un test De pureté.

Dans ce regard, elle sera touchée par Les reflets de la rive Emeraude-diamant Que la vision du Maître en incarnation ne quitte pas Et c’est là, perdue en elle-même, qu’elle Reflétera en s’y dirigeant les échos Encore lointains des notes vibratoires de  SHAMBALLA.

Soyez en certains Parce que Morya le dit! Parfois, la voix est au silence ce que Le silence est au mental, L’accueil et la réception d’une Note dont le son s’imprime comme Un dialogue intérieur qui se Joue des formes habituelles de Communication.

On a parlé, on a expliqué, on a évoqué : La télépathie, l’impression, l’écriture inspirée.

Elles existent mais ici, de Maître de la Hiérarchie à Maître en incarnation il y a des nouveautés et des Nuances qui doivent être signalées.

D’abord le degré initiatique du Maître en incarnation, Le sixième.

Cela change tout, il ne s’agit Plus de disciple à l’écoute ou D’instrument à l’œuvre, uniquement.

Il s’agit, d’une part, de travail Hiérarchique, d’autre part, de Coopération créative de la part du Maître en incarnation qui reçoit mais ici, Mental à mental ou âme à âme sont Dépassés.

Il s’agit ici d’une autre forme de Travail pour le transcripteur.

En effet, La conscience, identifiée mais fusionnée à La Synthèse, se formule elle-même dans La note du Maître de l’Ashram dont le Groupe global est issu.

Ce qui veut dire en clair que C’est une coopération créative de Conscience Divine à Conscience Divine Dans leurs identités spécifiques, avec Leurs particularités, mais synthétiques En elles-mêmes, puisque parties intégrantes Et fusionnées à la Conscience de Celui dont rien ne peut être dit par Le Christ vivant, issu de Lui, qui Les anime l’une et l’autre.

Je ne saurais être plus clair.

Dans la Conscience UNE, Dans la VIE UNE, Unifiées et pourtant distinctes, Nos Consciences, UNE et INDIVISIBLES Parce que participant de la Synthèse, S’expriment à la forme d’une Ecriture qui se dédouble, de La Synthèse de Shamballa à L’expression du plan physique.

Pour cela, deux Maîtres en action, dont La coopération toute créative ne se Sert pas du mental mais fusionnent, En conscience de Synthèse, En amour de Christ, En Volonté et en Puissance de Celui dont rien ne peut être dit dont Us sont les Instruments conscients.

Voyez ici que l’instrument a changé de Plan et de conscience en regard de Ce que vous avez pu étudier auparavant.

C’est ainsi que la voix est au VERBE Ce que le silence est à la CREATION.

Quand l’informulé prend forme, Quand l’informulable s’exprime, Quand la synthèse se dévoile, Deux Maîtres sont à l’œuvre, dont Un sur le plan physique.

C’est l’Extériorisation de la Hiérarchie qui Permet aujourd’hui ce travail Particulièrement délicat.

C’est SHAMBALLA qui en est le Port d’attache et c’est de la Rive Emeraude-diamant que Coulent les plus belles énergies, ici En action.

Etudiez et réfléchissez à ce travail Novateur de l’Extériorisation de la Hiérarchie, En véritables pionniers du Nouvel Age, Aidez-Nous à la diffusion de ces Travaux.

Ils sont une preuve Tangible de la REALITE des plans Supérieurs de conscience et Le Maître en incarnation devra en témoigner de Vive voix de par ce qu’en Lui-Même II est.

De Shamballa au plan physique, Une voix dans le silence, celle de La Conscience, œuvrant sur les mentalités, Pour les bases d’un monde nouveau Auquel l’Humanité, en demande, Aspire.

C’est à cet appel que répond la Conscience Divine, depuis la Synthèse en Laquelle elle demeure, par le biais De la Hiérarchie spirituelle qui en Devient le porte-parole au plan physique.

Plan physique qui n’est que la Plate-forme d’action de l’ensemble Du groupe global, Ashram compris, Shamballa inclus.

Dans les ambres chaleureux de Certains tons or, dans les Givres argentés de certaines nuances Pastel, des sons inaudibles à l’oreille Trament, au métier du cosmos, de Longs réseaux colorés dont les Boyaux immenses, tels des Tunnels lumineux, tracent aux  Cieux étonnés, des sillages d’ondes Vibratoires, dont les échos très lointains Des symphonies divines, retiennent l’écoute De l’hypersensibilité perceptive des Disciples consacrés.

A la Joie qui s’en dégage, à La Beauté qui en découle, le Cœur, au calice de l’incarnation, au Sang vitalisant de ses épreuves, S’abreuve, puisant à la rédemption, une Renaissance qu’illumine chaque pas vers Christ.

Des pieds douloureux dans l’incarnation Aux pas bienheureux de l’illumination, Le chemin suit les dégradés des Plans subtils qui le composent et dans La marche glorifiante d’un Christ en Devenir, le disciple peine souvent, Doutant du pas suivant et en même temps L’anticipant.

C’est ce vis-à-vis intérieur, ce monologue Qui n’est que dialogue, tant l’homme, Avant d’être, est double et parfois Multiple, que d’aucuns entretiennent Trop d’un mental surchargé.

Oubliez-vous dans ce dialogue Afin que l’autre, symbolisé par Christ, ait la parole.

C’est dans le cœur Qu’elle gît, étouffée par vous-même, C’est dans le mental qu’elle meurt, Brouillée par les discours vains et Stériles.

A la sauvegarde de Christ vivant, Marchez vers les tunnels lumineux dont Shamballa sculpte un à un les Fils cosmiques, afin que dans la Renaissance, la crucifixion se noie au Sang béni du calice de chacun.

C’est dans l’homme que Christ doit Vivre, dans cette incarnation qui n’est En somme que la forme glorieuse que Celui dont rien ne peut être dit Donne à une perfection à laquelle seul L’homme peut accéder, dans sa chair.

Christ est là au cœur de vous, ce sont vos Pieds qui le porteront au corps Ressuscité de l’Homme parfait, dans L’incarnation.

Cette sublime histoire d’AMOUR est Unique à chacun et chacun peut La vivre en tête à tête, en cœur à cœur, En conscience, avec Celui dont rien ne peut être dit.

Le Royaume de Dieu, sur terre, est caché Là, en chacun, et c’est ce projet immense, Pour une Humanité en devenir de Christ,  Que l’Extériorisation de la Hiérarchie, aujourd’hui se Propose de mener à bien.

Vous êtes des soldats du Christ, le Combat à mener est d’abord en vous-même, Ensuite plus la lumière sera, et plus le Second combat se précisera.

Il a lieu avec Les Forces Noires.

C’est le plus terrible, c’est Le plus effrayant, c’est pourquoi, le jour Où vous pourrez dire non à ces Forces Sera mémorable pour l’ensemble de la Hiérarchie.

Il n’est pas donné à tous de S’y opposer, et qui s’y oppose prend de Très gros risques.

Soyez de ces Elus qui ont su, qui ont pu Dire non et rejoignez ainsi les Rangs de la Hiérarchie, dont l’horizon Révèle à ses Fidèles, les tons scintillants De la rive Emeraude-diamant de SHAMBALLA.

Vous tous qui Me Usez : Aspirants, disciples, initiés des premiers degrés, Maîtres en herbe, N’analysez pas cet Enseignement, Laissez le couler en vous, il est une Manne fluide dont vos véhicules se Nourrissent.

Il est vecteur d’énergies Différentes, le mental concret n’y est pas Concerné.

Que le récepteur, en vous, soit ici le Vase du calice, au cœur de vous, que Chaque goutte de sang versé y soit Purifié et que l’élirir qui résultera de Cette alchimie s’évapore aux senteurs Délicates des fleurs immortelles que Vous pourrez un jour déposer sur les Rives sacrées, Emeraude-diamant, de SHAMBALLA.

Au rythme des phrases qui se succèdent, Trouvez votre propre rythme véhiculaire, C’est lui qui vous portera jusqu’à ces Sommets, encore inconnus, en vous.

Comme un rythme musical porte votre Corps physique, vous procurant une Euphorie momentanée exultante.

Mais ce rythme-là a des accents Cosmiques d’éternité, il va trouver en Vous les correspondances qui y sont, afin De les faire vibrer à des énergies, dont les Propres résonances sont, en vous, encore Muettes.

Au pouvoir des accents de ce rythme, Vous pouvez ressentir, dans la chair, dans Le corps physique, l’éveil dont chaque Cellule bénéficie, tant les véhicules Subtils en sont imprégnés, jusqu’à Leur communiquer la sensation physique.

C’est ainsi que se vivront de plus en plus Les pouvoirs énergétiques qu’il faut Canaliser et dont le groupe global est En charge.

Le centre de la gorge du Maître en incarnation est Une véritable usine comparable à un Barrage hydraulique et à ses vannes.

Les cascades peuvent en être maîtrisées, Préservées, gardées ou libérées.

A chaque Choix correspond, sur le plan physique, un Effet particulier, allant de l’inflammation Légère aux douleurs de déglutition Handicapantes, sans autre cause que Le travail intensif du véhicule énergétique, Que le Maître en incarnation aligne sur le corps Energétique de l’Extériorisation de la Hiérarchie, Afin que le groupe global soit opératif, Energétiquement, face au Plan à Mettre en œuvre, face à l’Action globale Qu’il exécute.

Le Maître en incarnation travaille en permanence avec Tous les chakras harmonisés mais les Centres les plus sollicités sont Le centre de la gorge, le centre frontal et Le chakra coronal.

En période de formation initiatique au Sein du groupe global ou en période de Difficulté individuelle d’un disciple, Le plexus solaire est sollicité en plus, Les effets sur le plan physique sont alors Caractéristiques et visibles.

La raison en est que le Maître en incarnation S’aligne sur les centres à harmoniser ou A aider, que ce soit pour un disciple, pour Le groupe ou pour la source à retrouver Sur le corps énergétique de l’Extériorisation de la Hiérarchie.

On pourrait dire que les chakras du Maître en incarnation accommodent sans arrêt leurs Energies sur les forces environnantes.

Cette adaptation constante est difficile, éprouvante, Pénible et souvent douloureuse sur Le plan physique.

Elle est inévitable.

En période d’écriture, pour Notre Sœur L. C, Par exemple, en ce moment, le travail de Conscience, mentionné plus haut, Suractive les centres supérieurs.

Le centre de la gorge et le centre frontal Sont intensément sollicités par la Précipitation extrême de conscience à Conscience que subit le centre coronal.

Ce dernier, largement ouvert, n’est pas Douloureux mais il crée une pression, Une tension sur les deux autres que L. C.  ressent et canalise dans L’instantanéité Conscience – écriture.

La précipitation en Conscience a pour Origine SHAMBALLA pour Elle et Moi-même.

Que le rythme en découlant, que vous Lisez aujourd’hui, vous porte, que Shamballa soit bientôt le port à atteindre.

Le va-et-vient énergétique dans le travail Des trois centres supérieurs s’inscrit dans Le cadre de vibrations extrêmement rapides, Dans la gestation qui précède L’expression, le centre de la gorge du Maître en incarnation emmagasine des énergies très Fortes, à ce stade, se situent les effets Physiques éventuels, puis l’énergie Complexe dans sa diversité est Transmutée au centre frontal pour La transcription, dont la coopération Créative est la base.

Le véhicule physique accuse les Transferts énergétiques comme autant De flots dont les vagues submergent Les véhicules subtils en essence.

J’ai parlé des inconvénients, mais Parlons des côtés positifs.

En dehors du Travail accompli, ce qui est déjà énorme, Une forme de sérénité, inconnue de vous Imprègne la globalité véhiculaire du Maître en incarnation dont tous les corps vibrent à Une vitesse extrême, procurant un état Proche de la Béatitude énergétique.

Sur le plan physique, le Maître en incarnation est parfois Obligé, pour abaisser ce taux vibratoire Dans le corps physique, de manger ou De boire différemment.

Parfois même II devra fumer une Ou deux cigarettes pour densifier la Subtilité globale dont Ses véhicules sont Les objets, afin de rester incarné, au mieux.

Les périodes de jeûne, de diététique Différente ou d’habitudes rompues sont Immédiatement perceptibles par le Maître en incarnation Qui agit, non pas par envie, mais par Nécessité vibratoire intensive d’adaptation Ponctuelle.

Ce n’est pas le problème de la majorité d’entre Vous.

En période de repos, dans ce travail de Conscience à Conscience, le Maître en incarnation mène Une vie absolument pure.

Ce n’est qu’en Cycle de travail intensif, avec un autre Maître, que le Maître en incarnation devra, par moment, Abaisser Son taux vibratoire dans Le véhicule physique.

Tout cela vous paraîtra peut-être Etonnant, la logique ésotérique n’a pas Les mêmes références, il est vrai, surtout dans Le travail de pionniers qu’installe actuellement L’Extériorisation de la Hiérarchie Avec ses Maîtres en incarnation Aux rythmes desquels Nous vous initions ici.

Où que soit le disciple, où qu’il Aille et d’où qu’il vienne, SHAMBALLA Est la source, et le retour y passe.

Que le chemin soit long, et il l’est, Qu’il soit épineux, accidenté ou aisé, Que l’on y soit déjà passé, qu’on le découvre Ou qu’il devienne familier, Shamballa au bout, au départ, à L’escale ou en transit, est une étape Capitale extrêmement importante du Chemin initiatique consacré au Travail hiérarchique et au service du Plan pour l’Humanité.

En Son conseil sont réunis tous les Maîtres, des Initiés des degrés supérieurs, Dont le Maître du sixième degré est aussi éloigné qu’un Aspirant du deuxième degré l’est de Lui.

Vous voyez que la route est longue, et Que l’abnégation totale en est la Carte vierge où se dessineront, au fur et A mesure, les chemins à suivre, les Tournants à prendre, les voies à éviter, Les précipices à contourner.

Dans le calme propice à l’avancée intérieure, Imprégnez-vous des reflets Emeraude-diamant de cette rive Découverte aux secrets bien gardés Que Shamballa offre et garde dans la Haute Protection des forces ashramiques Qui en sont les émanations.

Dans la libre circulation de l’échange Energétique qu’entretiennent les Maîtres Des Initiations Supérieures, se fait L’harmonisation des centres globaux du Corps énergétique de l’Extériorisation de la Hiérarchie, grâce Au Souffle de la VIE UNE, émis par L’Haleine de Synthèse Sacrée de Celui dont Rien ne peut être dit.

De tourbillons en lignes directes, ces Circuits énergétiques passent par tous les Véhicules présents dans le groupe global.

C’est pourquoi la responsabilité de vos Véhicules vous incombe, votre extrême Vigilance à leur égard est un des éléments De base de la bonne marche du groupe dans Sa globalité.

Pourquoi parle-t-on de la nuit des temps? Parce que les jours de ces cycles en sont Si éloignés, qu’ils sont tombés dans l’oubli.

Pourtant la nuit des temps est inscrite à L’origine de chaque cellule composant Les corps physiques, et cette mémoire Génétique rejoint la conscience D’une mémoire psychique collective, Qui place l’être humain à la première Place dans l’échelle de l’évolution.

Entrer en conscience dans ce processus D’évolution revient à effacer l’oubli, à Rejoindre le temps, afin d’avoir accès à L’Espace.

C’est dans l’Espace-Temps, aux Origines de la Sagesse immémoriale, que Se dresse SHAMBALLA et ses abords Emeraude-diamant.

L’axe Terre – Ciel qui vous y mène passe Par l’alignement et la coordination des Véhicules, travail individuel que L’œuvre d’A. A. B.  vous livre en détails.

Devenir apte à s’intégrer au groupe global Signifie avoir fait ce travail ou Etre en passe de le terminer, en tout cas Avoir un degré initiatique intérieur assez Fort pour adhérer par aimantation Energétique aux plus hautes énergies qui Y sont à l’œuvre.

Dans la gloire du Christ, L’aimant cosmique rayonne et Attire ceux qui s’y
reconnaissent, Energétiquement parlant.

L’appartenance christique est occulte, Nous l’avons vu ensemble, elle détermine Le choix exotérique que suit l’action juste.

Dans l’Espace-Temps retrouvez votre Appartenance éternelle et Rejoignez ainsi vos Frères siégeant au Conseil de Shamballa.

Homme, Femme-Christ en incarnation, Rend au Maître Jésus l’hommage dont Christ comble l’Homme Parfait, en Servant humblement ceux qui n’ont pas Encore transformé l’étincelle divine en Flamme, à la pratique quotidienne de l’Agni Yoga.

Dans la Beauté froide et tranquille qui Pare la décision juste, l’acte juste, La parole juste, les sentimentaux Verront autant de gifles agressant Leurs personnalités remises en question.

A leurs réactions, vous mesurez la justesse, A leurs justifications vous mesurerez L’implacabilité des énergies reçues mais Non canalisées.

Et vous passerez votre chemin, Les laissant ronger le frein dont Les Forces Noires entravent leur Discernement aux polémiques de Leurs aveuglements.

Passez votre chemin et continuez En direction de la rive Emeraude-diamant.

Les signalisations «Danger» sont là où Les réactions personnelles ne Tiennent pas compte de l’Action impersonnelle.

La lame tranchante du Rayon I Caractérise cette dernière, vous ne Pouvez vous y tromper si vous appartenez Déjà, même inconsciemment, au groupe global, Ce qui signifie sur un autre plan, bien sûr, Que vous y appartenez en conscience.

Quand dans la bourrasque causée par les Evénements sur le plan physique, les Ondes cosmico-telluriques entrent en Conflits énergétiques, les courants Perturbés ne facilitent pas le contact de Conscience à Conscience des Maîtres.

Dans ces cas-là, le Maître en incarnation ressent sur Sa tête une chape de plomb qui, sans Vraiment gêner Son travail, qu’il Accomplit quand même, alourdit Ses véhicules et provoque des Tensions dans le corps physique qui En devient le terminal.

Durs moments que ceux-là où pourtant Si la Joie ne Le quitte pas, une Certaine lassitude se ressent, physiquement.

L’immortalité a des transparences D’agathe où l’opacité des incarnations Se succède à la lumière qui, du blanc au Jaune, suit les strates de la pierre dure.

Découpée en lamelle, l’agathe forme Quand même un tout qui S’affirme dans ses parties aux Formes et aux couleurs de ses Coupures, dont les tranches bien lisses, Composent, à elles seules, des morceaux autonomes Vivants par eux-mêmes.

Vous êtes les pierres dures aux tranches Lisses dont les incarnations, chacune Une vie en soi, forment au tout qui les Détermine, un ensemble cohérent où Karma est lourdement présent.

De strate en strate, la lumière se Densifie à la matière moléculaire De ses clartés, pour développer un à un Des véhicules capables de
la transmettre De mieux en mieux.

De l’agathe à l’Emeraude-diamant, Le chemin précieux déroule ses Luminescences en opalescences subtiles, Jusqu’à la transcendance transparente Des éclats les plus purs.

C’est ce chemin de la pierre philosophale Qui est à parcourir en vous-même, aux Valeurs spirituelles fondamentales que Vous pourrez communiquer, si de La pierre dure à la pierre précieuse, Vous parcourez, vers Christ, les Degrés lumineux du Feu Spirituel Central dont l’Agni Yoga reste le Moyen synthétique.

Que la flamme galvanisante qui Fait aussi la Force de Mon Ashram vous Y aide.

Pierre de lune ou pierre de feu, Etre c’est devenir précieux à Dieu, C’est ainsi qu’il vous confie L’écrin satiné de Ses projets les Plus beaux, en donnant au Dessein Son Souffle le plus puissant.

Puissiez-vous œuvrer à transmettre ces Joyaux magnifiques dans leurs Couleurs vibrantes les plus fidèles, Accomplissant ainsi la Volonté Divine Dans toute la Puissance qui La caractérise, dans tout l’Amour qui L’anime.

Je suis parmi vous, en Christ, Comme l’est le Maître en incarnation et Ensemble, Œuvrons !

J’ai dit!

Quand, amorcé depuis l’Informel, L’Enseignement prend mots au Verbe Qui commence à l’enfanter, La création toute entière y participe, Solidaire des plus beaux accents, des Moindres virgules, dans un cycle qui Installe son rythme nouveau d’accès Aux plans supérieurs.

Lire revient alors à ouvrir la conscience Au tout, à entrer petit à petit dans La perception de la Synthèse, à Laisser aller et venir une libre Circulation d’énergies choisies, au Sein des véhicules, afin de Recevoir l’harmonie et de percevoir L’avant-goût délicieux de ces Moments amers qu’il faudra bien, Encore et encore, affronter et Traverser.

Mais qu’importe, cet avant-goût là Est déjà annonciateur de tant de Merveilles, de tant d’actions utiles, de Tant de réactions abandonnées au Chemin toujours plus dépouillé de Soi, que l’enjeu vaut à coup sûr, la Petite flamme de cette chandelle qui Vous est tendue et dont vous Devenez responsables de la radiation.

Quand la lecture, la relecture et le Travail intérieur qui en découle, Deviennent les vagues porteuses du Cœur, en provenance directe des Rives Emeraude-diamant de SHAMBALLA, C’est que le Verbe, ici présent, a Les échos cosmiques qui Résonnent aux plus pures traditions De cette Sagesse millénaire qui ne se Livre que par lectures successives, en Symboles magiques, dont la vie Profonde, expérimentée durant la Maîtrise, est incarnée au plus clair de La chair, au plus obscur de la psyché, Qui en deviennent, dans leur Transfiguration, l’épure diaphane D’une trace lumineuse éclatante, qui Traverse les âges, responsabilise les Ames, au cœur même de l’incarnation.

La Sagesse est cette Joie qui se découvre, Cette VIE qui se perpétue, cet Homme Enfanté en Christ oublié, qui Y revient.

La Sagesse c’est la solitude lumineuse Qui procure à la fraction de société qu’est Le citoyen, la conscience brusque du Meilleur pour tous.

Son application Au sein du monde n’est alors que Service.

C’est ainsi que beaucoup servent, On les dit de bonne volonté, c’est Qu’ils sont rattachés au groupe global En tant que N. G. S. M.  Ce groupe n’est plus nouveau, Nous Le nommerons G.S.M.

Quand la poésie ne cerne plus que Le connu.

Quand l’art n’exprime pas L’idéal.

Quand la Beauté se Perd aux états d’âme dits Sautes d’humeur ou troubles personnels, Quand les vérités ne sont plus que Cailloux semés aux labyrinthes de L’irréalité.

Quand de Charybde en Scylla la quête spirituelle se Repousse au tonneau des Danaïdes Des bonheurs déçus, quand le Silence n’exprime que l’ennui et La voix le superficiel, quand Les tristesses coulent aux gosiers, Entraînées par l’alcool et quand L’eau ne lave plus parce que la Purification n’a aucun sens.

Quand aux portes closes par L’oubli, des fantômes se Débattent et que leurs cris trop Etouffés ont des allures de rire.

Quand la vie se disperse au Quotidien, en futilités ignares.

Quand manger et boire sont Des occupations importantes, que Trop de temps leur est consacré en durée.

Quand les distractions n’en sont plus, Quand l’angoisse pointe son nez à La tombée d’une nuit qu’on veut blanche Afin d’en éluder les pièges.

Quand au fil des heures, vécues ainsi, Le cœur s’érode doucement, Emoussant sa pointe à l’inutilité de Ses battements devenus las.

Quand le corps fourbu de plaisirs Morts, l’esprit s’évade aux volutes de La fumée d’une cigarette, pour Echapper à un tête-à-tête embarrassant.

Quand la déception croît, quand L’horreur de ce que l’on est dans L’instant fait grimacer le sourire Forcé par un miroir redouté.

Quand au fond d’un fauteuil, A table, entre «amis», en famille, Au bureau ou partout ailleurs on Se demande ce qu’on fait là.

Quand tout cela se peine et Pèse aux épaules, au cœur, quand Les larmes salvatrices ne Peuvent plus couler tant elles se Sont usées et taries.

Quand le rire n’est plus qu’un Eclat sans joie aucune.

Quand l’amour a des relents Sauvages dont le dégoût s’arrange.

Quand, vivant tout cela encore, Et encore plus que cela, entouré de Beaucoup et que l’esseulement est Plus que solitude, isolement.

Quand le regard n’a plus aucun Horizon, que, tournée vers le passé, la Tête s’emplit du vide stérile des Regrets, quand le jour devient, Au plus clair de ses heures, sombre, De plus en plus et que le cœur y Plonge. . .

C’est alors le moment, C’est alors l’heure, C’est alors la seconde que L’éternité attendait patiemment Pour envoyer un signal, Une lueur, une étincelle, Un embryon, une fraction…

de Quoi? Mais de reflet, rapide, fugitif, Fugace de ce qui peut devenu-Grâce à tout ce qui précède, Grâce à vous, dans la réalité de votre vie, Un Christ lumineux, Ressuscité d’entre vos morts successives.

Un Christ.

J’ai dit!

Tandis que des feuilles mortes aux Tons flamboyants tombent des arbres, L’automne pare les tempes humaines Du gris sagesse de ses expériences.

A chacune, un tremplin qui Permet les sauts les plus audacieux.

Périlleux, ils le sont aussi.

Mais Plus on ose et plus on découvre.

Puissiez-vous ne jamais connaître les Tiédeurs du lâche, les louvoiements Du timide, les apitoiements, les Hésitations, les tergiversations du Tiède ou de l’égoïste pleutre.

La veulerie vous soit étrangère, La trahison inconnue et le mensonge Ignoré.

Mais vous les connaîtrez, chez Les autres et chez vous-mêmes, plus Insidieux encore, moins lisibles Qu’en face.

C’est toujours plus facile A décoder ailleurs.

Alors vous les connaîtrez.

Vous les échangerez comme de Mauvais procédés dont on se Contente, faute de mieux.

Vous les aimerez presque, ils sont Pratiques, commodes, faciles.

Vous en userez, vous en abuserez.

Vous vous en dégoûterez.

Les autres vous dégoûteront, c’est La première étape.

Puis avec plus ou moins de temps, Vous vous dégoûterez.

Ce sera alors le moment, Ce sera alors l’heure, Ce sera alors la seconde que L’Ame attendait pour Déchirer le voile opaque tramé par Vos agissements troubles.

Un éclair, une fulgurance, Une illumination brève, Et vous croirez que réalisé, L’Accomplissement est enfin vécu, Tant la perception sera aveuglante de Lumière nouvelle.

Mais ce sera l’aube Fugitive d’un renouveau très lent dont La première lueur prometteuse porte déjà En elle l’accord de l’éternité.

Entre la seconde vécue et l’immensité De travail qui vous attend, une vie, Des vies peut-être.

Mais déjà dans La joie de cette seconde, les accents Légers d’une symphonie dont les Notes superbes tombent à vos cœurs Comme des perles de lumière cascadantes.

Et cette lumière, déjà, a les reflets Diaphanes invisibles, impalpables à Votre regard, de la rive sacrée Emeraude-diamant de SHAMBALLA.

Touchés, vous le serez.

Touchés, vous l’êtes.

Il reste à parcourir le chemin.

Quel que soit le nombre de vies, elles Seront autant de perles lumineuses au Collier de l’Infinité dont le cercle N’a pas de diamètre.

Dans l’aube glaciale de ces petits matins Que la lumière solaire n’a pas encore percée, Vous avez encore des envies câlines de Rester sous la couette, au lit douillet qui Ne connaît pas les problèmes du quotidien.

Un jour viendra pourtant où vous Accueillerez l’aube glaciale, le petit matin, D’une indifférence divine où couette, Lit et problèmes perdront leurs attraits et Leur prise glissera aux Parois lisses de votre cœur aimant.

A cette aube subtilement délicate qui Se présentera forcément, la lumière Solaire sera présente, non pas ces rayons de Soleil qui dorent votre peau l’été, non.

Cette caresse solaire, alors évidente pour Vous, sera l’émanation du Soleil Spirituel Central que la vision intérieure Sait.

En cette aube bénie, le service prendra Tout son sens, l’importance du Plan aussi, Et délivré des sentiments conflictuels Engendrés par les plaisirs ou les problèmes, Vous verrez les uns et les autres comme Des petits frères d’incarnation avec Lesquels il vous faut cohabiter avec Beaucoup d’indulgence et de tolérance.

A leur vraie place, chacun d’eux sera le Détail qui ne marque que l’objectivité Pensante, laissant le cœur libre de lui-même, En tête à tête avec des énergies autrement Plus importantes au service.

Ce jour-là, en cette aube bénie, le Maître Attentif accueille un nouveau membre Fiable au sein du groupe global.

Bien sûr, sous la couette, le lit sera Encore très agréable, mais vous n’aurez Plus besoin d’eux pour vous réfugier.

Et que ceux qui, toujours critiques, trouveront  Ce qui précède niais ou mièvre se rassurent, S’ils n’ont pas encore vécu ça, alors, ils ne Sont pas près d’en sortir! Et pourtant cela fait aussi partie de la Route qui mène au groupe global, donc à SHAMBALLA! Quand le regard des autres n’a plus Aucune importance et que la forme du Corps physique, vécue comme un moyen divin, Fait l’objet d’attentions en fonction du Service et non plus de son apparence.

Quand le lieu de résidence est choisi, Non en regard des plaisirs ou nécessités Matérielles qu’il peut offrir, mais parce que Là, le travail à faire, sera entouré de Conditions bénéfiques, en rapport avec Tous les plans, physique et subtils.

Quand aucune difficulté n’entrave plus La mobilité physique et subtile.

Quand les conditions de vie matérielles ne Sont plus un problème et que les priorités Spirituelles peuvent prévaloir.

Quand l’avoir est perçu comme un prêt Divin et non comme une propriété.

Quand l’amour humain a l’authenticité de L’Amour divin parce que plus rien Ne disperse les énergies reçues.

Quand chaque chose, de l’action à la Pensée, est juste parce que les rayons sont Maîtrisés pour le Bien Commun.

Quand la pensée n’est plus personnelle Mais trajectoire divine directe aux Projecteurs laser des plans supérieurs.

Quand ce qui est bon pour un est Bon pour tous.

Quand le mental concret est identifié A l’opportunité d’outil ponctuel Qu’il est, parce que la pensée, divine, N’en exploite plus les recours faciles.

Quand le raisonnement n’intervient plus A l’objectivité chancelante parce que la Conscience Divine n’a pas besoin de Béquilles mais d’outils.

Quand le Silence est plus parlant que Tous les mots du monde et quand Ces mots rendent à leur sens profond La vie qu’en symboles ils y déploient.

Quand la voix n’est plus qu’arabesques Energétiques exprimant la REALITE, et Que le magnétisme qui en découle force L’écoute intérieure, tant l’évidence Formulée est imparable aux véhicules Subtils auxquels elle s’adresse.

Quand le Temps prend l’importance que La durée lui enlève et qu’enfin L’Espace sculpte au cœur l’Infinité en Ses illimitations les plus belles.

Quand chacun de ceux que l’on croise est Perçu dans sa propre réalité intérieure et que, Quelle que soit cette dernière, seul L’Amour a droit de réponse.

Quand le jour ou la nuit n’ont Plus d’importance, tant le travail Commencé s’y relaie puisque seule La Conscience en détient le fil.

Quand une décision, indifféremment et Selon les impératifs du moment, peut Etre douce et silencieuse ou Péremptoire et tranchante comme une Claque, inadmissible à la personnalité.

Quand la Beauté n’est plus seulement Vue de l’extérieur mais enfantée Quotidiennement en tout.

Quand la bonté, piège de la personnalité, Faux-fuyant souvent, est refondue Au Bon dont le vrai sens se rapproche de Juste.

Quand les vérités dissonantes et Conflictuelles ne sont plus que Polémiques oubliées parce que dépassées et Qu’elles ne sont plus justifiables tant Le Vrai dans sa dimension supérieure Spirituelle les inclut en les effaçant.

Quand rien ne s’attache plus à rien En la personne qui en semble Dure et presque inhumaine.

Quand chaque vie pourtant et ce, Dans tous les règnes, la concerne à Tel point qu’elle l’inclut à sa conscience, En tolérance et en Amour.

Quand rien n’est indigne en l’humain, ni A rejeter complètement à part les Récupérateurs Noirs, dont le Vampirisme est à condamner, Au nom de l’humain, en son devenir.

Quand le courage n’est plus qu’un mot, Dépouillé de sa gloire à en tirer.

Quand l’agression n’est plus qu’une Attaque subtile aux plans intérieurs, Capable de meurtrir et de briser jusqu’au Corps physique en son intégrité, mais Incapable de ternir le moins du monde La globalité spirituelle.

Quand une vie n’est qu’un tiret au long Pointillé des incarnations.

Quand Karma n’est plus engendré dans L’action accomplie, parce que toute chose Se fait dans l’optique du service au Sentier des Sauveurs du Monde dont le Plan est l’objectif premier et le Dessein l’architecture globale.

Lorsque le sentier terrestre est foulé en Toute Conscience des autres plans.

Lorsque la Conscience, globale, n’est Plus que continuité, dont les expressions Seules diffèrent de Celle de Celui dont rien ne peut être dit.

C’est que des pas aux invisibles empreintes Foulent la rive Emeraude-diamant, Et que les pieds responsables sont ceux Qui, à vos côtés, marchent dans les Reflets invisibles qu’ils en ramènent.

De SHAMBALLA à vos côtés, la Longue marche du Maître en incarnation vitalise L’aura du groupe global au Sillage duquel II vous entraîne.

Suivez cette marche pour que ces Pas soient peut-être un jour Les vôtres.

Par le Service uniquement, trouvez et Suivez les reflets Emeraude-diamant, Sur terre, ils vous mèneront aux Invisibles empreintes d’une rive sacrée : SHAMBALLA.

Dans l’hiver brumeux d’une côte Adjacente, des hommes souffrent et Peinent, inconscients des merveilles Disponibles à leur intériorité.

Métro-boulot-dodo, pas de temps, Pas d’envie, à part celle de la distraction, De temps en temps, quand la fatigue S’estompe dans une soirée avenante.

Aux murs denses et gris de ces regards Limités par leurs habitudes, des ruelles S’échappent, elles ont pour nom : Rêve, drogue, sexe, arts, télévision, réunions, Dîners, et autres évasions dont les Tournants, encore, ne sont pas négociables.

Aux spectacles de ces ruelles entrevues, Les regards s’ouvrent, cherchent, ce qui Peut se présenter, ce qui peut animer un Peu le morne quotidien et sa grisaille Monotone.

C’est par l’évasion dans le rêve objectif Que peut se faire l’ouverture, l’opportunité Offerte aux regards n’est pas négligeable.

Que la conscience de l’une serve de Rempart aux autres pour éviter les Pièges, peu repérables à l’œil néophyte.

Drogue, danger.

Sexe, puits à assécher en y plongeant.

Arts, avenues somptueuses à visiter, à explorer.

Télévision, pourquoi pas, à sélectionner.

Réunions, donner, recevoir, échanger.

Dîners, joies de la convivialité.

Autres tournants, à scruter, à discerner, A prendre bien, ou à laisser sans regret.

Sport? Pour se mesurer, à soi-même.

Les frontières à dépasser mènent ici à Soi-même par exploration extérieure.

Que tout cela, très bénéfique en soi, Demeure baigné par la Conscience, à Tous niveaux.

Ceux qui y sont, ces hôtes d’une Côte brumeuse adjacente, méritent Toute l’attention des disciples en Tant que groupe global.

Là le travail se fait par les plans Subtils.

D’intériorité à intériorité, le Maître en incarnation Vous guidera, afin que la lumière Pénètre.

Car ceux-là ne sont pas Touchés par les énergies noires.

C’est plus tard qu’ils seront en danger.

Pour l’instant, un bain de conscience est Nécessaire à ces regards pour les aider à Crever les murs denses du quotidien.

Œuvrez et aimez.

Ici le groupe global est en charge de Pollution potentielle, qui alimente le Plan astral et brouille les regards.

Il fallait en dire un mot.

C’est fait! Lorsque la disponibilité, extrême, devient Un mode de vie, une seconde nature, la Nature réelle, et que rien d’autre que L’essentiel au service, aux contacts, à la Pureté n’en dévie, lorsque vous ne Comprenez pas toujours, à première vue, ce Qui pousse quelqu’un ici ou ailleurs, Le maintenant en place ou en déplacements, Lorsqu’il change brusquement d’avis, sans Raison apparente, annulant un projet ou au Contraire, soulevant la nécessité d’un autre Alors que rien ne le laissait prévoir, Lorsque ses abandons sont faciles, assimilables Au non-attachement, et que ses attachements, Inexistants, le sont aussi, lorsqu’une Extrême rigueur couronne le tout, alors que Parfois le comportement pourrait paraître Anarchique sans l’être aucunement.

La réponse se trouve peut-être cachée sur Les plans intérieurs.

Les raisons sont peut-Etre occultes.

Les nécessités divines.

Dans ce cas-là, ce quelqu’un est peut-Etre un Maître en incarnation et il Est temps alors de Le reconnaître.

Mais soyez vigilants.

Votre mental Concret ici n’a pas la parole.

La reconnaissance vient d’ailleurs.

Que votre écoute y soit sensible, c’est Ainsi que vous capterez l’écho, faible pour Vous, mais authentique, de SHAMBALLA.

Si le Souffle, exempt de respiration, se Suffit à Lui-même et n’emprunte Aucun moyen d’expression.

Si le Son n’est perçu que dans le Silence Parce qu’aucune corde vocale n’en Détient l’accord harmonique.

Si la lumière ne rencontre aucun œil Pour y imprimer son éclat.

Alors des atomes se groupent, traçant Dans l’Espace des lignes qui caractérisent En Souffle, en Son et en Lumière, des Qualités, toutes divines, informelles encore, Mais qui vont chercher des voies D’expression au sol de l’incarnation, Afin que la Divine perception se fasse aux Cœurs de tous.

H s’agit là des Rayons.

Techniquement, sur le plan ésotérique, Lisez ou relisez A. A. B.

Mais il vous faut aussi en dégager la Divine Beauté, c’est ici Notre propos.

La technique cisaille la Synthèse, la Beauté, elle, ne peut être que globale.

Mais les deux approches sont nécessaires.

Comme en art, le chemin passe par la Technique mais ne se vit et ne s’exprime Que dans la Beauté.

Quand les feux d’artifice s’évasent en Corolles brillamment colorées sur l’écrin Sombre d’une nuit d’été, le regard Ebloui retient à ses rétines les traces Multicolores et fugitives de leurs dessins, Comme des arabesques géantes, évanouies Dans l’intemporalité de l’instant.

L’Espace-Temps qui absorbe, en quelques Secondes, cette fête pour les yeux, si Fragile à la durée, donne pourtant, Dans le foisonnement trop vite effacé, L’idée minuscule du début d’étincelle De ce que peut être le feu cosmique.

Quand chaque particule de couleur Est flamme, quand son feu brûle pour Eclairer la vision sans plus rien consumer, Quand la Synthèse ajoute à La flamme la somme des autres Couleurs mêlées d’or et d’argent, en Les différenciant sans pourtant les Séparer, quand à cette fusion, chaque Atome est identifié sans perdre Aucunement son identité, quand ce Feu n’est plus mur de flammes mais Transparences sublimes de leurs Mouvements harmonisés aux Crépitements muets dont se détache Le rythme, quand l’Espace en Resplendit, quand le Temps en Est illuminé jusqu’à reconnaître son Eternité dans la seconde, quand De ce spectacle vivant, superbe, naissent Des trajets colorés ressemblant à Des lasers qui relient en gerbes Evasées, le haut, le bas et tous les Sens cosmiques, inimaginables à L’intellect cloisonné, quand le Tout Rayonne, irradie, diffuse, éclaire et Pourtant peut aveugler ou demeurer Invisible, quand des corps subtils purs Peuvent s’y plonger, s’y ressourcer, S’y retrouver sans jamais s’y perdre Et que devenus magnétiques, ils Peuvent le communiquer, quand de Ce creuset cosmique sans fond et Sans couvercle peuvent éclore les Fleurs les plus délicates et que les Parfums les plus subtils s’en dégagent Pour nourrir de Beauté et de Vrai ce que L’homme a de Bon.

Alors vous êtes en présence du Feu Cosmique, océan précieux des Rives sacrées Emeraude-diamant que Vous venez de dépasser.

Dans SHAMBALLA et lui tournant Le dos, le Maître, ici, sait manier les Energies cosmiques du Feu et Plongé en leur centre, H leur Fait face et les dirige en Ses Véhicules vers le Plan et l’Humanité.

N’oubliez pas que tout ce qui est Traité ici concerne l’Extériorisation de la Hiérarchie.

Pour le reste reportez-vous au Traité sur le Feu Cosmique où A. A. B.

Vous donne d’autres éléments.

Aux épousailles de l’or et de l’argent, La lumière apprivoisée distribue Ses plus belles clartés.

Symboles du soleil et de la lune Qui ne se rencontrent jamais, vous Pouvez imaginer, à travers eux, ce Que représente la Synthèse intégrée Et vécue par le Maître en incarnation.

En Lui, les épousailles du soleil avec La lune ont eu lieu, harmonisant Leurs énergies plus – moins, La réceptivité s’allie à l’action, La créativité à l’expression, offrant Aux formes qui en découlent les Clartés sublimes qui vont éclairer De leur synthèse le plan physique.

Les formes expressives s’harmonisent Au fond qui les sous-tend, créant des Signes novateurs, auxquels le vrai Disciple ne peut se tromper tant là VIE UNE ici se fait entendre aux Plus sourds! Toujours le souffle puissant de SHAMBALLA et le Feu Cosmique qui le fait vivre aussi.

Et vous comprenez pourquoi dans L’Enseignement confié à la transcription D’A.A.B., SHAMBALLA est mentionné comme «Centre éclatant».

A cette époque-là on savait peu de Choses sur SHAMBALLA.

Pour préparer efficacement le travail Actuel de l’Extériorisation effective de la Hiérarchie, Un effort tout particulier est demandé A Mon Ashram de Premier Rayon qui Est le seul à pouvoir harmoniser un Cycle SHAMBALLA- HIERARCHIE.

L’importance de ce cycle est dû à La Puissance incontestable du Rayon I Par lequel s’exprime la Volonté Divine de Pouvoir.

Cette harmonisation est capitale pour Le travail actuel : la synthèse des Energies de Shamballa et de celles de la Hiérarchie, synthèse qui n’était pas faite.

A l’heure actuelle, c’est chose faite.

Tout un cycle, dit obscur, y a été consacré.

C’est ainsi que l’Extériorisation peut exprimer Aujourd’hui cette Synthèse au sein des Travaux concernant le Plan.

Mon Ashram de Premier Rayon Est donc tout particulièrement Concerné, puisque Shamballa dont La grande force est celle du Rayon I Rayonne la Puissance, la Volonté et Le Pouvoir.

Mon Ashram en est donc le vecteur Tout indiqué, d’autant que, Comme annoncé antérieurement, cet Enseignement, consacré à l’Extériorisation de la Hiérarchie, concerne en premier lieu SHAMBALLA dont les Maîtres ont Réussi l’approche énergétique Synthétique.

Grâce à ces travaux de préparation et Grâce à l’Extériorisation de la Hiérarchie, Nous entrons, sur le plan mondial, Dans le premier cycle SHAMBALLA – HIERARCHIE.

Cet Enseignement vous laisse mesurer Toute l’importance de ce premier cycle.

C’est pourquoi le Maître en incarnation vit une Première dans le cadre de ce Cycle nouveau, ainsi que le Groupe global et tous les disciples Concernés et y participant.

Ils ne sont pas encore nombreux, Beaucoup, engagés dans le travail D’Enseignement de Mon Frère D. K. , y Restent, croyant servir «le Tibétain» et Ses énergies, comme ils disent.

Ceci mérite réflexion et Je laisse à chacun Le soin de faire les bons choix en regard Du Plan et de l’Extériorisation, ce qui n’a rien à Voir avec le travail à faire individuellement Qu’alimente toujours l’œuvre transcrite par A.A. B.  en collaboration avec D. K.

Il n’y a aucune frontière, la nuance est Mince, mais ceux qui y mettront une Séparation n’ont pas encore compris, C’est regrettable, que l’Energie d’un Maître n’en exclut jamais un Autre.

Simplement il y a le Plan et le travail Individuel.

A l’époque d’A.A.B.

il se trouve que L’Enseignement était en grande partie Consacré au travail individuel, ce N’est plus le cas aujourd’hui où Je L’ai dit déjà, Nous faisons un pas de Plus.

Comme cela a été dit, Mon Frère D. K.  se consacre aux péri-groupes, et S’il est souhaitable que chacun Continue à profiter, individuellement Des indications évolutives données Précédemment, seuls les groupes Globaux actuels entrent dans la Phase de service, nécessaire aujourd’hui.

Cela, comprenez-le, ne veut pas dire que Le reste est périmé, non.

Mais l’urgence Est ailleurs, la nécessité aussi et les Besoins trouveront leurs solutions Dans ces travaux dont Nous Parlons et que l’Extériorisation De la Hiérarchie, grâce Aux Maîtres en incarnation, met en place.

Le cycle mondial actuel est en Bouleversements politiques, nationaux Et internationaux dans lesquels La conscience individuelle joue un Rôle important.

Les bases s’effondrent.

Les structures trop rigides sont brisées.

Vous voyez là la marque du Rayon I.

De nouvelles bases trouveront leurs Fondations dans la conscience Animée par la note du Premier Rayon.

La Volonté Divine et le Pouvoir Apportent la Puissance nécessaire A un changement de mentalité Par l’éveil conscient, par la Conscience à l’œuvre.

Participer à ce travail est un devoir Pour tout disciple consacré qui S’inquiète de l’Humanité et sert le Plan.

Ce cycle, le premier, SHAMBALLA – HIERARCHIE Est important parce qu’il est novateur Sur tous les plans.

C’est la toute première fois que les Maîtres De la Hiérarchie changent leur façon de Travailler sur plusieurs plans, après Avoir intégré et fusionné les Energies Hiérarchiques à celles, Extrêmement puissantes, de Shamballa.

Tout ce qui en découle est à chaque Fois une première et les assises Nouvelles résultant de la synthèse Réussie, Shamballa – Hiérarchie, est Une réalité occulte remarquable où Christ s’est exprimé pleinement.

Sous les auspices de la note forte de L’Ashram de Morya, que la Réalité Occulte soit visible à ceux qui Peuvent Nous aider.

Sur les pentes arides que le disciple ne Cesse de grimper, aux aspérités des Plans qu’il est forcé de contacter, les Combats les plus divers peuvent se Présenter.

Mais il y a aussi ses propres Conflits qui n’arrangent rien.

C’est dans l’oubli de soi face au service Que le disciple trouve la force de saisir, Pour ne plus le lâcher, le flambeau du Feu de Morya entretenu par la Force de L’Ashram tout entier, ainsi que par L’Ashram du Christ, la Hiérarchie toute Entière.

Beaucoup de force mentale est demandée Au disciple.

Cette force-là doit être débarrassée Des élucubrations pseudo-ésotérico- Intellectuelles qui n’ont pas leurs pareilles Pour contourner, éluder, faire dire ce Que l’ego souhaite dans son optique Personnelle du service.

Le disciple qui a saisi le flambeau, L’Initié en marche, le Maître en incarnation, sont Forts des énergies du groupe global.

Ils ne reculeront devant rien, même Pas les dures batailles qu’ils Rencontreront forcément sur le Chemin de la Lumière.

Car il y en aura.

Il n’y a pas d’exemple de travail Hiérarchique qui n’ait été attaqué d’une Manière ou d’une autre.

C’est dans l’ordre Conflictuel ombre-lumière.

Le tout est D’y donner le moins de prise possible par Une sûreté dans l’engagement que Seul Christ vous assure.

Nous avons besoin de soldats du Christ, De pacifiques guerriers du Feu qui, avec Vigilance pour le groupe, mais au mépris Des peurs et doutes, avancent sous la Bannière de Morya, en charge de la Partie du Plan, consacrée ici, à L’Enseignement.

Que l’armée de vos incréduUtés, qui Se rangent du côté des Frères Noirs, Automatiquement, sur le plan occulte, Se noie à la Lumière inconditionnelle Dont le service doit être porteur.

Que le mordant du Rayon I, ici de plus En plus présent, soit la volontaire Mâchoire divine qui broie l’indésirable Afin que les bâtisseurs du Nouvel Age puissent œuvrer, dans La voie Hiérarchique, en accord pour la Première fois avec Shamballa, et dont L’intégration intérieure puissante Elimine les cœurs tièdes.

Ici un cycle commence qui verra sa Pleine expression exotérique dès le début Du siècle prochain.

Devenez les piliers de ce cycle, Accompagnez-le, il était prévu et une Longue préparation a eu lieu qui Apportera ses fruits grâce à vous, au Sein de l’Humanité.

Quand aux couloirs étroits des Pièges et trappes astraux ou mentaux Résonnent les sons furieux que Font les forces antagonistes aux Echos de ces murs aveugles auxquels le Disciple en difficulté se heurte, il Faut un courage intrépide, une Constance à l’abri de tout doute, une Flamme que Seul le Feu Cosmique peut Préserver de l’extinction.

A ces moments périlleux où les Véhicules souffrent et dont ils Gardent l’empreinte aux jours brillants D’une incarnation consacrée au service, Le Maître en incarnation, présent, prend en Lui les forces Négatives et les transforme aux longs Fils des Rayons disponibles, ajoutant à La rive glauque de l’évolution humaine, Une goutte d’eau pure, étincelante comme Un cristal, dont la larme brillante, telle Un diamant, s’ajoute aux rives sacrées De Shamballa, reliant l’une aux autres Et traçant, à l’Espace, le temps d’une Eternité, ce que chaque homme au bout du Compte pénétrera et connaîtra.

A ces moments où l’ombre résonne de Mille et un cris furieux, la Lumière, au Néant des soubresauts, jaillit comme un Eclair, comme une lame que l’épée du Verbe, encore inaudible, anticipe.

A ces instants-là quand la bataille faif Rage, soyez au sein de l’ombre, du côté De la Lumière et que rien ne vous Fasse reculer.

Le Feu de Morya est à vos côtés.

Eclatant, Illuminant, Eblouissant, Il est en vous.

Irradiez-le.

L’Ombre s’effacera! J’ai dit! En cas de difficulté majeure, au.

, Sein des ténèbres, le nom d’un des Maîtres Chohan, Chef de l’un des Principaux Ashrams, sera la clé.

Mon Nom vous protège, Il se formulera Dès l’instant où le danger sera trop fort.

Mais c’est votre confiance et donc Votre appartenance au groupe global Qui vous donne cette clé.

Le son, autrement, n’aura pas la Puissance d’intervention nécessaire.

Les Maîtres savent ceux qui, incapables De servir l’ombre, y sont en position Difficile.

Mais avant tout servez, alors, les Energies Hiérarchiques, en Christ, seront Votre plus sûr bouclier.

Ne sous-estimez pas les Forces Noires, elles Sont assez puissantes pour en déstabiliser Plus d’un, pour en récupérer beaucoup, Pour en manipuler certains.

Soyez à Nos côtés parmi les Elus de la Lumière, porte-flambeaux et Itinérant des rives sacrées de Shamballa où ne peuvent approcher Que les purs, que les forts.

Soyez de ceux-là et à Nos côtés, Œuvrez.

Le Maître en incarnation évacue, grâce à Ses véhicules, Toutes les énergies indésirables lancées par Les Frères Noirs.

Cette évacuation, plus ou Moins longue dépend d’une part, de la force De l’attaque ou de la tentative, et d’autre part, De Son accoutumance au travail dans L’incarnation.

Quand plusieurs jours sont nécessaires à Cette épuration, en fin de parcours, le Dégagement total des véhicules concernés Est ressenti dans le corps physique comme Un soulagement dont vous n’avez pas Idée.

H n’y a aucun moyen d’éviter ce Processus qui fait partie des travaux Acceptés par le Maître en incarnation, seulement des Moyens de les atténuer, d’en soulager Un peu, et c’est déjà beaucoup, la Lourdeur, le poids.

Le groupe global bénéficie de cette Avancée dans la Lumière et le groupe Esotérique soutient le Maître en incarnation dans ces Durs moments à traverser.

Soyez en conscients, les plus sensibles D’entre vous ressentiront certaines Manifestations, qu’elles soient occultes ou Bien physiques.

Certains y participeront, Vous en serez tous solidaires d’une Manière ou d’une autre.

Quant à ceux qui les rejetteront par Peur ou par nostalgie d’un certain Confort spirituel, alors ils s’élimineront Du groupe global, c’est que leur Cheminement individuel n’a pas Atteint le stade du service et donc de L’engagement inconditionnel aux Energies de l’Ashram du Christ, La Hiérarchie.

Seul Christ soulève en vous la Pure motivation pour le service.

Allez vers Christ, en vous, et devenez Les défenseurs de la Lumière, Les éveilleurs de la Conscience, Les bâtisseurs du Nouvel Age, en Servant le Plan, en œuvrant au sein Du groupe global.

Les Consciences fusionnées de deux Maîtres Au travail sont, au Soleil Spirituel Central, ce que la flamme est au Feu Cosmique.

La radiation de Shamballa en Est la clarté exceptionnelle et le Mental conjoint devient un miroir sans Tain dont la transparence élimine en Soi toute récupération matérielle qui Ne serait pas purement énergétique.

Ce Qui signifie que chaque mot, chaque Formulation devient sculpture lumineuse Dans l’espace, livrant d’elle-même une Apesanteur poétique, dont le symbole, Dépouillé de son image, n’est plus que Ligne en mouvement de VIE UNE.

Le Souffle divin seul en modifie les Contours et de l’informulable au Formulé, le langage est une eau vive à La source pure dont les phrases Coulent, fluides et fortes, au lit Intérieur de chaque rivière individuelle Les accueillant en son âme, en sa Conscience, comme cascade en Renouveau constant.

Jaugez ici l’Impersonnalité en action.

Imprégnez-vous de chaque mot comme Autant de notes musicales dont le rythme Adopte celui que chaque conscience en Quête de Synthèse enfante en sa partie, Pour la globalité à laquelle elle appartient.

Les consciences fusionnées de deux Maîtres au travail sont, sur tous Les plans qu’elles intègrent et Illuminent, un hymne à la Synthèse dont l’Action globale est Un fragment identifié au Tout.

C’est une vision magique dont L’instantanéité fulgurante donne Une idée juste de la célérité Lumineuse qui rayonne au cosmos Par la Volonté toute Puissante de Celui dont rien ne peut être dit et Dont le Premier Rayon est L’outil majeur.

Du Chohan au Maître en incarnation que La Lumière soit, qu’elle Soit dans la continuité d’éclat des Rives sacrées Emeraude-diamant que L’accès à Shamballa donne à la Conscience.

Immergé dans la Lumière de L’océan de Feu Cosmique, par delà SHAMBALLA, le Maître ne peut plus lui Tourner le dos tant II L’intègre en l’irradiant, tant II La capte en la diffusant.

Le capricorne est dépassé, La licorne est née, symbole blanc Eclatant, dont la Vision synthétique Est à la connaissance directe ce que la Clairvoyance est à la cécité.

Monde étrange à l’intellect cloisonné par Ses limitations et dont la perception pour Vous n’est accessible qu’à travers le Symbole.

Saisissez-en les clés, avant D’ouvrir, il faudra les polir avec Amour et trouver la bonne serrure.

Mais la serrure est déjà un œil auquel il Manque la vie et la clé un beau symbole.

La licorne promène son blanc étincelant  A l’océan de Feu Cosmique, par delà Shamballa, elle a franchi les rives Sacrées Emeraude-diamant et sa Corne reçoit et précipite chaque nuance Des Rayons de la gerbe divine qui En sillonnent l’Espace.

Fondue au Temps, la licorne est Ligne blanche, mouvement de VIE UNE, Et le Souffle divin déroule un tapis D’air impalpable à sa promenade Solitaire, dont la Synthèse est l’unique Compagne.

C’est en Elle qu’elle Meurt, se retrouve et renaît, aux Fils délicats d’une harpe cosmique Qui vibre au Souffle et chante la VIE UNE, au Verbe secret de Celui dont rien ne peut être dit.

Ici le Silence est consommant, La VIE UNE consommée, La Licorne réalisée.

Ici c’est la Synthèse, toute première Expression de Celui dont rien ne peut être dit.

Ici, par les consciences fusionnées de Deux Maîtres au travail, vous avez Goûté la formulation Poétique et symbolique.

La Beauté qui en résulte, imprègne La Vérité pour que le Bon atteigne Le plan terrestre et touche au cœur L’Humanité.

Qu’il en soit ainsi, en Synthèse.

J’ai dit!

MORYA


[1] Nouveau Groupe des Serviteurs du Monde.

[2] Nouveau Groupe des Serviteurs du Monde.

[3] Expérience et Maîtrise Livre à paraître

Le Sang du Calice de Morya

MORYA

LC 1991

 

INTRODUCTION

 

Sur cette terre qui me porte dans un coin Retiré de l’univers, j’emboîte le pas à des Générations d’êtres humains qui ont vécu Ce que vivent les anges, ce que vit le Diable .

Aux roses de ces jardins effeuillées en Pétales doux du temps, l’éphémère est L’ennemi qui retient le mental tandis Que la conscience, ou ce que j’en perçois, S’immortalise à un rythme lancinant, D’éveil en éveil, je froisse aux pieds les Pétales aux couleurs tendres que la Nature éparpille au chemin de mes Luttes et de mes joies .

Les bonheurs sont ivres d’eux-mêmes et La sérénité s’y engouffre aux enthousiasmes De leurs désirs dont les petites morts sont Peut-être les plaisirs inconscients dont L’immortalité se plaît à joncher L’écueil des jours qui se succèdent .

De pas lourds en conscience brillante J’égrène la gamme humaine des airs Trouvés et rebattus et somnambule aux Forêts de mes doutes, j’ouvre le sentier Individuel de l’expérience en pionnière De ma vie ; l’empirisme est ma devise Et la communication mon moyen .

Avec l’autre, avec l’âme, avec le temps, Avec moi-même .

C’est ainsi que j’avance Aux difficiles frontières que j’élève et Que j’abats en félin mordant à la vie, En femme, en être, maladroite parfois Mais toujours authentique .

Et de loups en agneaux, je me heurte ou M’harmonise avec ce que vous êtes encore Ou plus tout à fait, reconnaissant à Votre miroir, ce que je suis encore ou Plus du tout  .

L’amour a pour symbole l’éternité et Aux stagnations de ces mares que Nous faisons, il prend des allures Sentimentales émotives dont L’intemporel se gausse Aux vertes pâtures, aux hivers décharnés, Aux étés flamboyants, mon âme Demeure et meurt pour que vive l’éternel, Le stable, ce qui est et non seulement ce Qui se fait ou se pense  .

J’ai le rayon choc et l’onde apprivoisée Qui se mêlent en moi, synthèse délicate D’un autre temps, d’une autre vie, D’un autre moi-même qui me Ressemble encore et n’est plus tout à fait Le même  .

Les couleurs vibrantes me parlent tandis Que je change de peau en mourant à Moi-même pour renaître au monde, à Vous, à ce qui nous amène ici et là,  Serviteurs de l’énergie divine en Puissance et en réalité .

Des pulsions s’envolent de moi tandis Que, légère, je m’en débarrasse, rejoignant Ainsi ce que l’humain transcende au Plus pur de ses énergies .

Fleur et feuille, pluie, soleil et terre ; Vent et pollen, je virevolte à tous Ces stades d’être jusqu’à l’infiniment Divin qui les rassemble tous au cœur Humain qui m’est donné .

Pivoine rose aux multiples pétales fournis, Bourgeon de rose ou pin éternel, je suis L’infinité au plus petit comme au plus vaste .

Il y a dans mes nuits la courbe fantasque Des voies noires de l’humanité auxquelles J’accède comme à un réservoir de mémoire Afin de filtrer en moi-même ce que les Noirceurs installent au monde .

Aux couleurs profondément sombres de Vos états d’âme j’aligne ce que mes Énergies peuvent nettoyer, épurant et Purifiant ce qui encombre le monde subtil .

Éliminer ces échos sombres que je trouve de Vous n’est pas mince affaire et mon Quotidien parfois est fait de maux de Tête ou d’estomac, c’est selon… Mais la nature belle, mon amie, ma Complice est la source purifiante à Laquelle je me plonge pour m’aider et Me ressourcer .

Loin des villes trépidantes et polluées Je cache et protège mes véhicules afin Que le travail se fasse mieux et plus Facilement .

La distance n’est qu’un mot, je suis Là où vous êtes et j’aspire au calme et À la paix en servante du Divin, mon Seul Maître .

Les écureuils sont mes compagnons Silencieux et leurs rondes et leurs Courses sont ici le symbole quiet d’une Nature que j’aime et apprécie .

Nul ne peut comprendre ce qu’en eux je Vis et expérimente, cette clairvoyance de L’autre dont le cœur est l’intériorité et  Dont le ciment est l’Amour .

Où que vous soyez j’y suis, Quoi que vous m’ayez fait, je vous aime .

Mon cœur s’achemine doucement vers la Sérénité du non être qui n’est que source et Aboutissement de l’être .

Aux multiples voies qui se croisent depuis La nuit des temps, la Sagesse donne tout Son sens, comme un réseau fragmenté Par les recherches individuelles .

À la croisée de ces voies multiples, le Verbe se fait chair, illuminant de Sagesse et d’Amour les consciences qui S’en préoccupent .

Nous sommes cette chair et au sang de Cette vie qui nous crucifie et nous Malmène, les épreuves sont autant de Bornes qui indiquent à chacun ce Que le bonheur n’est pas : extérieur à Nous .

De bornes en bornes les voies se tracent et Se coupent, dans un non sens qui seul Donne un sens au Tout comme cible  Que vise en nous le regard d’éternité, D’infinité que l’essence divine nous Prête jusqu’à compétence individuelle Autonome de canalisation .

Aux pires moments les doutes sont le gouffre Et l’épreuve le tremplin, Leurs ressorts sont infinis, propulsant Ce que nous ne sommes pas vers ce Que nous devenons .

La tendinite joyeuse d’un tendon d’Achille Déficient n’est que la course d’un Marathon arrêté par nos limites .

Plus dur sera le sprint, faisant de la Chute éventuelle la clé d’une nouvelle Porte à ouvrir .

Au seuil de cette Conscience, des bouleversements nous Guettent qui feront de nous le tourbillon D’une tempête intérieure salvatrice et L’oraison funèbre d’un état dépassé .

Les ondoyances d’un serpent qui se lève Ont pour moteur la volonté qui de Personnelle devient divine et S’exprime non plus pour nous mais  Pour ce que nous servons .

Je n’ai plus l’ambition de mes actions, Mon action est l’aboutissement de L’être .

Aux voies silencieuses de ceux qui ont Quitté ce plan se mêle la prière douce De ceux qui les rejoindront mais la Rencontre se fera-t-elle si chacun Atteint un plan différent de conscience, Celui auquel il travaille ici et maintenant .

Quoiqu’il en soit c’est lorsque les sons S’éteignent dans le silence, que la Voix du silence résonne et s’installe Pour couvrir l’univers et faire de L’espace-temps son écho audible à Ceux qui peuvent entendre .

À ceux qui peuvent voir, la vision se Modèle aux courbes légères dont les Formes sont le symbole, le support .

Demeurer en vivant, tel est le fil du Rasoir, l’équilibre du Maître en incarnation .

Souffrir aux énergies des autres et Canaliser au mieux vers les mêmes,  Voilà qui fait partie du service ici et Voilà comment s’exprime l’Amour, Cet Amour incompris de tous mais Efficace même dans cette incompréhension .

Aux cœurs des Maîtres en incarnation, Le miracle est un état permanent de Ressourcement et de don .

Don anonyme qui se fait même dans L’inconscience du destinataire.

Ici VIE UNE et énergie suivent leur Libre flux au sein du quotidien dans L’indifférence générale ou presque .

Mais le service se fait malgré tout, Malgré tous et ce qui doit s’installer S’installe .

 

Leïla CHELLABI

 

 

 

 

 

 

 

 1. Vivez en harmonie dans un lieu calme Où vous vous ressourcez facilement et Soyez, sous Ma bannière, les soldats Intrépides du Christ .

J’ai dit .

2 . Si la culture a les moyens de renaître et De se renouveler, c’est que l’homme est Intarissable en son intériorité .

Aux cycles de sa créativité son inspiration Peut se révéler illimitée pour peu qu’il Soit conscient de coopérer avec le Divin .

Déposés en lui, les trésors de l’intemporel Affinent sa sensibilité, qui tourne à La perception extra-sensorielle, alimentant  De ses sources les inspirations dont il Est le canal .

Où vous situez-vous sur l’échelle de la Création ? Quel est votre potentiel actuel de Canalisation ? Qu’en est-il de votre créativité ? Où vous placez-vous sur l’échelle du Service pour l’humanité ? À chacun de répondre .

Le Maître en incarnation connaît et Sait parce qu’Il le vit, ce que le disciple Peut reconnaître par intuition .

Ouvrez-vous à la lumière qui Vous précède, et reconnaissez le silence de Ceux qui savent .

La discussion ni la polémique ne sont Leur lot, c’est dans la conscience Qu’ils travaillent, par l’éveil et non Par l’affirmation .

La connaissance des Maîtres en incarnation Est une lampe de la Sagesse qui éclaire Sous le boisseau relationnel de vos  États d’âme déformés par le mental .

Connaître ce boisseau et reconnaître Le Maître vous donnent la possibilité de Voir cette lumière et d’en être Illuminés .

Pourriez-vous la reconnaître ?

3 . Il se trouve que vous passez dans le temps Et que votre mental s’accroche à ce Dernier aux lambeaux de ces Moments qui font de votre vie un Puzzle au jeu de vos aveuglements .

Voir et ne pas croire dans L’illusion du doute, au scepticisme de Vos rejets, c’est prendre une voie de Garage dont le cul-de-sac est une Limite infranchissable .

Retournez-vous, revenez sur vos pas, Sur vous-mêmes, sur votre vie et Soyez humbles avant de donner sans Espoir de retour et alors peut-être la Reconnaissance s’installera-t-elle, Illuminant votre conscience et ouvrant  La porte à l’Infinité .

La VIE UNE est là, derrière ou Devant vous, il suffit d’un point de Vue pour la saisir, il suffit D’humilité pour y accéder et la vivre .

Que vos énergies s’y expriment et Non vos forces, que votre volonté s’y Imprime et non vos doutes .

Ces Derniers ne sont que les marches de L’escalier en spirale qui monte en Vous-mêmes, ne les contemplez pas, Montez-les .

Au rythme joyeux de cette escalade Soyez, sous Ma bannière, les soldats Intrépides du Christ glorieux .

Que la Monade réceptacle de la Mère du monde soit le Calice Débordant auquel vous vous abreuvez .

Que le Père y dépose le germe de la Créativité .

Au mariage de la Matière et de l’Esprit Soyez les témoins agissant au nom de Celui dont rien ne peut être dit .

Allez et créez, le Feu est votre stylet, La matière votre matériau et le Mental votre combat .

Soyez dans le monde et pas du monde .

Universels, planétaires, cosmiques en Vous-mêmes, libérez ces énergies afin Qu’elles fassent vivre de vraies valeurs Au sein de l’humanité .

Les mots sont vos épées, affûtez-les et Allez afin que les consciences en soient Chatouillées par un éveil nécessaire .

Sous Ma bannière, œuvrez, J’ai dit .

4 . Morya est avec vous .  Sur la pierre de Mon Ashram se trouve et se forge L’Enseignement ésotérique de la Hiérarchie .

De la périphérie au centre les disciples Consacrés travaillent et donnent .

Les Maîtres en incarnation sont les Points focaux de cet Enseignement Tandis qu’un Maître, Mon disciple Depuis longtemps, reçoit et transcrit La suite de ce qui a déjà été donné .

Les cycles se suivent, et à la courbe Ascendante de leurs circonférences Successives s’alignent des révélations Qui, du mental à l’intuition et du Cœur à la synthèse donnent à Chacun les outils, les moyens, les Connaissances à pratiquer, à vivre Au quotidien de l’incarnation .

L’obéissance occulte est un des paramètres Du choix des Maîtres quant à leur vie Dans l’incarnation .

Elle fait bientôt place à la Volonté Divine Puis à l’énergie neutre de l’amour Comme force puissante de destruction puis De construction.

Quand le Maître peut détruire par le Rayon I de Volonté de pouvoir, c’est Qu’Il peut jeter au sol de l’humanité Les bases solides de l’édifice futur Dont Mon Ashram de Premier Rayon est L’instigateur .

Maîtres de Premier Rayon, Maîtres, Mes Frères, 18 Qui le maniez et le canalisez avec Amour, Vous êtes les constructeurs du Futur, les pionniers des fondations du Nouvel Âge .

5 . Au cœur de vos actions les plus dures, Les plus délicates, gardez à l’esprit la Force de la Puissance de l’Ashram, c’est De là que partent les initiatives Les plus osées pour L’avenir positif de l’évolution humaine .

La purification du plan mental est Actuellement une priorité et si Les disciples savaient, malgré leur Bonne volonté, à quel point ils Participent à sa pollution, ils Seraient effarés .

Discernement et conscience, Recherchez-les, objectivement, puis Laissez aller le travail objectif Afin que l’intuition passe, fluide, C’est l’anti-pollution la plus sûre que Vous puissiez à un certain stade Mettre en jeu pour aider efficacement .

6 . Aux rocs sécurisant de vos plages désertes L’intériorité ancre les avancées périlleuses que Chacun fait au-dedans de lui-même .

Dans les eaux profondes, dont la masse bleue a Des accents de ciel pur, sommeille ce qui demain En vous s’épanouira pour aimer mieux et Servir encore .

L’humain se forge à la spiritualité À laquelle le cœur aspire et l’âme répond .

7 . Des énergies s’échappent et se glissent entre plexus Et autres chakras afin d’harmoniser ce qu’en Soi vous êtes : divins .

Sous la bannière de Morya avancez sans peur, Laissez vos dépassements à hier et regardez de L’avant vers la lumière qui en vous, vous Précède .

Il y a des vies d’acquis et des Renoncements résolus mais chaque lien Dans l’Infinité est un nœud humain défait .

Que le vent sur les marées qui déferlent aux Vagues du temps assouplisse ce que d’aucuns Abandonnent afin que resitués dans L’espace, vous trouviez le centre dont vous Deviendrez la circonférence terrestre .

Aux courants vibrants de l’Infini, que Le son soit le sceau que chaque symbole Retient afin que vos voix s’en imprègnent Pour le mieux-être dont la communication a grand besoin .

Aux voiles souples qui masquent ce qui en vous Est, donnez du lest afin que les courbes de Vos radiations les plus belles se dessinent et Envahissent toute relation dès le début .

Noyez l’ocre de vos crépuscules intérieurs À la brillance douce de chacun de vos débuts.

Parlez peu et toujours à bon escient, car Même si votre langage est incompris, il Surprendra tout simplement parce que vos Actes ne les démentiront aucunement .

Vous le savez à Mes couleurs, le rouge et Le blanc, Mes disciples se rallient pour Fusionner leurs symboles : Amour et Synthèse .

De même en d’autres temps Mes Frères Bouddha et Christ donnèrent Sagesse puis Amour couleurs jaune et Bleu, aux symboles desquels se Groupèrent les fidèles et les disciples de L’ère des Poissons .

Dépositaires de la vie du Symbole vous Êtes les héritiers du monde nouveau, et Paradoxalement ses prédécesseurs .

Que les mots soient vos alliés pour Suggérer plus que pour dire, pour Remercier plus que pour demander, Pour donner plus que pour prendre .

Mais sachez que Morya veille et qui Demandera afin de mieux servir sera Éclairé et aidé par Mes disciples fidèles, par Mes Frères en incarnation .

8 . Si la vie quotidienne a parfois des Accents furieux et éprouvants, ne vous Découragez pas, c’est que le chemin terrestre, Celui des Sauveurs du monde, est le Plus périlleux, le plus ingrat, le plus Éprouvant .

Ceux de Mes Frères qui l’ont Choisi ont Notre appui mais s’Ils sont Protégés et guidés Ils ne sont pas Épargnés .

La difficulté fait partie de Leur choix et sans Eux sur terre le Travail pour le Plan serait impossible Actuellement .

Allez et reconnaissez-Les, vous faites Partie du Plan, votre aide est précieuse .

9 . Que la nature, la verdure, les arbres, Les fleurs et tout ce qui embellit L’environnement naturel soient L’oxygène dont Vous usez pour rester en Forme et être en contact .

Fuyez les villes mais œuvrez-y de Temps en temps, l’impact hiérarchique Que Vous transmettez en sera décuplé .

Soyez rayonnants et transfigurés par Le prâna .

Que Votre physique apporte aux Autres le témoignage et la preuve de L’harmonie de l’être par l’être .

Que le sommeil Vous plonge aux Beautés parfois noires des plans Intermédiaires où Votre aide est  Précieuse .

Tant de gens y souffrent de N’être pas .

C’est là aux noirceurs de Vos frères que Votre lumière est la Plus utile .

Travail éprouvant pour Lequel Vous Vous êtes préparés au cours de Plusieurs vies .

Œuvrez sur terre au nom de Celui dont rien ne peut être dit .

Que la Mère du Monde soutienne Votre action au plus profond de Vos engagements .

10 . Il y a dans le service la plus belle notion Que l’énergie d’Amour puisse véhiculer .

Le sentier des Sauveurs du monde est le plus Éprouvant .

Mais avec Morya N’ayez peur de rien .

Œuvrez .

11 . Lorsque les agressions se font trop pressantes La nature Vous accueille en elle, Sachez Vous y retirer et laissez au Prana le soin de rétablir l’harmonie .

Les hommes Vos frères, ceux que Vous aidez N’ont aucune idée de Vos souffrances à Ces instants de tension .

Où que Vous soyez, Votre travail sur le Plan occulte a lieu, de la même façon .

Retirez-Vous pour œuvrer et ne rétablissez Le contact que lorsqu’il est indispensable .

12 .La foi est le seul état que le Non-soi ne puisse pas contrôler .

D’ailleurs ce que tente de contrôler le non-soi Est toujours en relation avec les Émotions.

La Joie loin d’être une émotion est une Sagesse particulière .

Pour servir efficacement l’état de Joie Doit être atteint .

13 . Entre Vous, Mes Frères en incarnation, La reconnaissance est immédiate .

LC et E . K .[1] se sont rencontrés peu avant La transition de ce dernier .

Rien ne fut dit parce que l’évidence Occulte fut instantanément Présente .

Sur le sol terrestre les Maîtres, Mes Frères, Échangent leurs énergies, toujours, Avant le départ de l’un d’Eux .

14 . À la gamme indistincte de l’émotionnel Humain, Vous devez naviguer .

Soyez des marins sûrs et que le Cap malgré tout soit maintenu .

Les voiles sont gonflées par le souffle de L’Ashram et tout Vous sera donné pour que Le voyage soit productif aux autres .

15 . Si l’arbre qui Vous abrite en plein soleil Pouvait Vous parler, les menaces latentes de L’incarnation Vous importeraient peu, tant Son message vibratoire Vous inclut au Tout .

Où que vous soyez, un Deva est présent, Que ses couleurs invisibles baignent Vos véhicules .

Communiez avec la nature et  Œuvrez sous Ma bannière !

16 . Lorsque Vous donnez la main, ne Retirez pas le cœur .

Apprenez, enseignez cela à Vos frères les Hommes .

17 . Aux voies nobles de l’Enseignement se Mêlent les paradoxes des individus qui y Projettent ce qu’ils n’en peuvent saisir . Œuvrez sans discuter .

De la discussion ne jaillir pas la Lumière .

18 . Laissez dire, laissez faire, soyez ce que Vous êtes .

Le service passe aussi par Le silence .

Le service est toujours Efficace même si vous n’en voyez pas la Finalité .

Parce qu’il n’y a pas de finalité .

La mouvance est Votre demeure, la Mobilité Votre devoir .

Mais aux cycles de l’évolution tout se Fait comme prévu dans le fond Sinon dans la forme .

19 . Écoutez le silence et parlez-le sans le Rompre .

Des bruits agités qui Vous entourent, Extrayez Votre conscience .

Que le plan de l’Expérience s’exprime Par Vous .

La Beauté qui émane alors de Vous, Mes Frères, peut tout sur cette Terre douloureuse .

20 . Puisque les voies de l’Amour sont Vôtres .

Ne faites rien pour aimer, soyez .

Bien sûr il y aura des malentendus, Des incompréhensions .

Mais la Gratitude est oubliée pour Vous Depuis longtemps .

Vous n’attendez rien et c’est bien .

21 . Le lien est fort avec l’Ashram, Avec Votre Frère Morya, il est Indestructible .

Vivez ce que vivent les Maîtres sur terre Dans la certitude et la détermination Aux heures les plus noires quand L’incarnation reprend ses droits, Acceptez-les comme les inconvénients Inévitables du chemin terrestre, dans La sérénité que rien ne trouble.

Votre sentier est difficile mais sans Vous sur terre, qui canaliserait les Énergies divines ? L’Humanité souffre et Vous souffrez avec parce que Vous Pouvez compatir .

22 . Lorsque rien en dehors du Service ne Compte plus .

Lorsque le Plan de l’Expérience est une Réalité de chaque jour .

Lorsque rien de mondain n’attire et Ne distrait plus .

Lorsque l’amour ne se vit plus comme Un sentiment .

Lorsque le souci de canaliser n’est plus Présent parce que la Canalisation est permanente .

Lorsque la solitude n’est plus du tout Pesante parce que les plans subtils Occupent la Vie… ? Qui parmi les hommes et femmes Autour de Vous peut comprendre ? Dans le silence, œuvrez .

Comme Vous Morya sait .

23 . La Beauté exhale de Vous dans Toutes les épreuves pour témoigner de Votre participation au monde subtil .

24 . Vous êtes les miroirs sans tain du Plan de l’Expérience, mais comme Un tel miroir ce sont leurs images que Vous renvoyez à ceux qui Ne l’ont pas atteint .

25 . À 50 ans Votre pleine expression est Atteinte sur terre .

Avant cela Vous Servez déjà et quand même mais C’est à partir de 50 ans que le Travail se fait exotériquement aussi, Dans la relation qui devient Canalisante de Vos énergies maîtrisées Qui ne sont plus Vôtres mais monadiques Et extra-planétaires .

26 . Le Christ s’exprime et vit en chacun de Vous, comme autant de disciples Jésus Foulant le sol terrestre .

Le Royaume de Dieu sur terre ou Extériorisation de la Hiérarchie est Bien avancé .

27 . Que les vrilles sonores des oiseaux Ainsi que leur vol soient le spectacle Simple de Vos distractions .

Au sein de la nature, rechargez-Vous de Prana pour donner ensuite le Meilleur de Nous-mêmes .

28 . Le soleil est indissociable de l’univers Comme Vous êtes indissociables de la Hiérarchie.

29 . C’est aux côtés de Morya que Vous combattez .

L’évolution avance sous la Forte poussée des plans subtils où L’Ashram déverse sa Puissance.

Le Plan enraciné par le fond y est Mobile dans ses formes .

30 . Dans un fracas silencieux, des Ondes explosent et se reforment aux Cycles de l’évolution.

Vous en connaissez la date et l’heure et C’est ainsi qu’en demeurant Vous servez au « non faire » que Notre « Faire » implique .

31 . Au sablier du temps Vous êtes les grains brillants qui Entraînent les autres .

C’est ainsi que la masse suit L’impulsion hiérarchique sans Forcément le savoir .

32 . D’où Vous vient à l’aube d’une fin de Nuit cette détermination dans un Choix incompréhensible ou irrationnel Pour beaucoup ? D’une réunion dans Mon Ashram Dont Vous ne gardez pas le souvenir Visuel mais qui imprègne tant Vos corps que Vous savez exactement Que faire, comment et pourquoi .

33 . Le contact direct avec l’un de Mes Frères en incarnation est question de Date, de lieu et de cycle .

Vous connaissez l’une et les autres et C’est pourquoi les périodes apparemment Coupées ne le sont pas .

Le contact des Maîtres est permanent Quels que soient les plans d’où  Ils travaillent, Ils sont Toujours reliés entre Eux .

34 . Ne jamais entrer dans la Pathologie d’une relation Quelle qu’elle soit est La règle d’or des Maîtres en Incarnation .

Ce qui implique Discernement et élagage ! Vous n’êtes pas durs, Vous êtes justes .

35 . Notre Frère K .H .[2] est devenu Chohan au Deuxième Rayon que le Christ et Lui-même, par les Ashrams, Ancrent au monde dense physique .

Art et médecine en sont Imprégnés pour un plus large Service des disciples acceptés .

36 . Quand par brefs éclairs la voie Choisie semble lourde à la naturelle Opacité du cerveau parfois contaminé De pollutions mentale et physique, Projetez votre fil d’argent vers L’Ashram afin que la Joie revienne par Les courbes de ce cordon ombilical Hiérarchique qui jamais ne se coupe, Y compris dans la transition .

37 . Aux grands moments de contact Évitez toute pollution et gardez Présente une discipline que rien ne Peut décourager .

Nous travaillons ensemble .

38 . Plus le service se fait et Moins le temps presse .

Parce que le temps est un découpage Humain dont Vous ne gardez Pas la notion sur les plans où Vous oeuvrez .

39 . Sur cette planète abîmée par les Hommes il faut réveiller les Consciences et travailler en Conscience .

40 . L’inconscient collectif est un Magma différencié au mental de La race humaine .

Ses formes-pensées Sont fortes et influentes comme Autant de barrières à la libre Circulation de l’énergie première ou VIE UNE .

41 . Les pentes humaines sont savonneuses et Vos pieds qui les foulent y font des Empreintes quand même !

42 . Dans l’ombre ou la lumière des Contrastes du plan physique, Nos radiations sont inscrites afin que Jour ou nuit, quel que soit le plan où Vous évoluez, l’aide soit réelle et la Présence constante .

Mes Frères, Mes Soeurs, Nous oeuvrons ensemble à l’évolution .

L’Humanité doit rejoindre le Royaume des Cieux jusqu’au Dernier individu concerné .

Vaste programme, large travail .

Nous sommes présents et actifs .

Le Plan se déroule aux changements de Ses impératifs, inexorablement .

Sachez voir les causes, toujours, afin D’en éclairer le monde .

43 . Au fond du gouffre où Vous, Mes Frères En incarnation, plongez sans cesse, se Trouve la lumière intemporelle que Nous avons rejoint il y a bien des vies .

Accessible à tous, c’est ce qu’elle deviendra, Parce que Vous êtes les phares au Sein de l’abîme .

44 . Quand Vous avez des problèmes dans Le corps physique, ils sont souvent liés à Une forte canalisation ou à un contact .

Des renvois fréquents par exemple et L’estomac douloureux ou se vidant Mal peuvent provenir d’un Contact pollué qu’il soit physique ou Mental, en période de Préparation à un contact plus étroit avec Un Frère des plans subtils .

Dans ces cas-là, éliminez si Vous le Pouvez les causes de pollution, et Retirez-Vous des mondanités pour Faciliter le contact .

Si Vous ne le faites pas alors des Maux de tête surviendront, provenant D’une trop forte tension sur les véhicules .

Obéir à la pression énergétique Intense est un devoir du Maître en incarnation .

45 . En période de contact, plus Vous mangerez légèrement et mieux Vous canaliserez .

Pas de viande ni de produits laitiers Pour un temps .

Légumes et poisson de temps en temps .

Quelques vitamines en très petite Quantité si Vous en éprouvez le besoin .

46 . Vos véhicules réagissent aux moindres Courants et le physique suit et accuse Les chocs .

Donc prudence Mes Frères .

Soyez attentifs au moindre des signes Précédant un contact étroit et Préparez-le .

Ensuite Vous reconnaîtrez Rapidement les signes, le physique Vous dérangera moins .

Ce sont les inconvénients inévitables que Subissent les Maîtres en incarnation .

47 . Pour les contacts hiérarchiques les Énergies partent de plein fouet, L’impact est dur au sol terrestre et Le véhicule physique même le plus purifié En accuse le choc .

Que Votre constance dans la vigilance Rende Votre travail plus facile .

48 . Éliminez au maximum les risques de Brouillage énergétique inhérents à L’incarnation .

49 . Le Rayon I, rayon de la Monade, Impact de Mon Ashram, a très peu de Vrais canalisateurs sur le plan physique .

LC Mon disciple Ma Soeur en est Le plus efficace .

50 . À la publication du livre P .V .E .[3] transcrit en Collaboration avec Mon Frère D .K .[4], Soyez attentifs aux réactions, elles Seront les balises de Vos références Terrestres de l’incarnation .

Travail ashramique, la psychologie Ésotérique en bénéficiera longtemps .

Des recherches effectuées sur cette Base devront être entreprises, il en Découlera de nouvelles thérapies .

Les « psy » de l’avenir seront des Ésotéristes .

OEuvrez en ce sens .

51 . Les accidents sont aux Maîtres en incarnation Ce que les piqûres d’insectes venimeux sont Aux hommes, Un venin véhiculé par des êtres inconscients .

Les méfaits sont de toute manière Handicapants et au pire des cas La transition peut survenir, coupant Momentanément du Service un Maître En pleine activité .

Dans ce cas le travail continue sur le Plan occulte .

Méfiez-Vous et évitez ceux qui involontairement Et inconsciemment peuvent servir de Canal à des forces négatives .

52 . En cas d’accident Morya Vous protège .

Mais Votre responsabilité est grande pour Les éviter, ainsi que Votre vigilance .

53 . Mes Frères en incarnation, Vous êtes l’or et la lumière d’un Instant d’Infinité au sol terrestre .

54 . Que la verte nature éblouisse Les passages à vide que le quotidien Installe aussi pour Vous .

55 . Il y a en chaque Maître en incarnation Un potentiel d’endurance fragile Dont les frontières inexistantes passent De l’ombre à la lumière des Plans d’actions, Du négatif au positif, des coeurs Qu’Il côtoie et aide dans le Secret des nuits qui voilent ce que Sa lumière installe aux énergies à harmoniser .

56 . À la soif partisane des assoiffés du Pouvoir, Opposez la plénitude tranquille d’une Stabilité indifférente aux changements .

57 . Les douleurs ou inconvénients Survenant à l’estomac sont la Résultante du tourbillon énergétique Qu’engendrent Vos travaux d’aide aux Autres .

Le plexus est le centre de Contact pour la plupart des hommes En difficulté .

Et comme Vous allez au coeur des problèmes Psychologiques qui brouillent L’intériorité eh bien ! Vous trinquez parce que le quotidien Vous ne pouvez l’éviter .

Votre véhicule physique en subit les conséquences .

Vous récupérez vite au calme et dans La nature et l’âge sur Vous ne Marque pas comme sur la majorité .

L’armure de Morya est solide Vous pouvez en user, Mes Frères, Mes Soeurs, le chemin difficile de L’incarnation n’épargne personne Mais Vous au moins en êtes conscients .

58 . Que la Joie des plans subtils irradie de Vous, qu’elle s’étende et devienne un Témoignage au sein de l’Humanité .

59 . Vous qui sur terre travaillez dans la Conscience, pour la Conscience, et qui en Comprenez les plans, OEuvrez avec persistance et détermination ; La douceur est l’apanage du pleutre qui Se contient pour donner car il ne Peut donner que ce qu’il a : pas Grand-chose .

60 . Soyez forts comme l’olivier, Soyez légers comme un parfum de fleur, Soyez persistants comme le vent, Soyez déterminés comme la vague océane, Soyez souples comme le bambou, Soyez mobiles comme le soleil sur les saisons, Soyez purs comme le blanc du manteau neigeux Et comme des rocs au sol mouvant de L’incarnation, affirmez la VIE UNE et Soyez les témoins et les acteurs des Plans invisibles et physiques .

Ensemble oeuvrons .

61 . Comme un voile qui se retire, la fin de L’Épreuve donne à l’Initiation toute Son ampleur.

Soyez courageux, jamais téméraires, Soyez vigilants, jamais méfiants, Laissez à chacun son « je », Vous, Mes Frères, pour qui enfin ce « je » n’est Plus qu’un mot, une façon de ne pas Parler…

62 . La force de l’Ashram a un pouvoir Merveilleux ou terrifiant .

N’ayez pas peur, Vous en êtes les Piliers .

63 . Lorsque les volutes dorées des Aurores boréales rejoignent le Réservoir cosmique des Appartenances colorées, Vos corps subtils, Vivifiés, rayonnent et leurs gammes Résonnent au Plan de l’Expérience, Harmonisant la durée à laquelle s’inscrit Le nettoyage du mental .

C’est ainsi que la Beauté s’exprime aussi au monde .

64 . Il y a dans chaque chaînon que Vous formez avec les mondes subtils plus D’Amour et de compréhension que les Hommes ne pourraient l’imaginer et pourtant, Je l’ai déjà dit aux feuilles de Mon Jardin, Vous ne récoltez souvent qu’une Incompréhension haineuse tant les Egos absorbés par eux-mêmes, jugent de Ce qu’ils n’entrevoient même pas .

L’ignorance Vous condamne mais Je veille .

Appuyez-Vous à Mon bouclier et Cheminons Mes Frères, le Travail n’en doit pas pâtir .

65 . Les contacts télépathiques sont bons la nuit où La ligne directe avec un Maître de la Hiérarchie hors incarnation est claire .

C’est pourquoi J’interviens personnellement Entre 2 heures et 4 heures .

La transmission est alors facilitée par Les ondes sereines du repos physique .

Bien sûr cela arrive aussi dans la journée Mais c’est alors facilité par le calme de La nature .

Aimez-la, recherchez-la .

66 . Lorsque des circonvolutions gazeuses Inquiètent Vos intestins, c’est souvent Que des énergies installent leurs qualités au Sein de Vos véhicules .

Le physique en est souvent perturbé .

67 . Vous ne récolterez que rancune et Aigreur lorsque Vous serez justes Puisque ce qui est juste n’est perçu que Par une minorité .

Mais allez de l’avant, le travail au Plan ne tolère pas les tièdes .

68 . Nous tendons la main, Nous ouvrons les coeurs, non sans mal, Nous contactons l’âme, Nous savons éveiller la conscience, Mais Nous ne Nous évitons pas les Moments pénibles au sol terrestre .

Ils sont Notre lot en tant qu’hommes, Nous les partageons en toute connaissance De cause avec Nos frères .

Nous sommes aussi l’Humanité .

Nous Aimons .

69 . Comme une manette de réglage sur la Ligne indirecte des espoirs déçus, Vous réglez la mesure, Vous êtes les mutants aux spirilles Inconnues .

Et c’est en vivant ce Travail hiérarchique intense que Vous démontrez l’Homme Spirituel .

Nous oeuvrons ensemble et ce Jusqu’à la rédemption totale .

J’ai dit .

70 . Le Maître en incarnation a tout ce dont Il a besoin, dès la naissance au plan Physique, Il le découvre peu à peu et en Prend vraiment conscience comme une Évidence au cours des besoins du Travail .

Je parle ici du plan matériel de L’incarnation .

71 . Les feuilles de Mon jardin étaient Destinées aux disciples en quête ou en Difficulté.

Que Vos pensées, dans les difficultés, Soient dirigées vers Moi .

72 . Votre corps physique gonflera et Dégonflera à certaines périodes, les Courants énergétiques sur les centres au Travail en sont responsables .

Mais cela ne Vous atteint plus psychologiquement .

Soyez et demeurez .

73 . Si vous pouviez voir les couleurs dont Sont nimbés Vos corps subtils .

Elles sont magnifiques !

74 . Comme un signal sonore Vous Résonnez au coeur de l’Espace, Comme de brillants pastels nuancés Vous occupez le Temps, Mais c’est à l’heure humaine, que Vous connaissez aussi, que se Fait ce qui doit être et dont Vous êtes les artisans .

Sondez l’Espace, Délimitez le Temps et L’heure n’existera plus comme telle ; Elle ne sera plus que le moment juste .

75 . Si le sentier comporte des ronces, C’est pour être capables un jour de ne plus Les sentir .

Si Nos pieds ont saigné un jour ou L’autre, c’est parce que Le sang symbole de Vie a la couleur de la Rose rouge, symbole du Coeur .

Et c’est du Coeur de la Vie que Nous intervenons .

76 . Il n’y a pas de Joie plus belle, plus grande Que celle qui se substitue au Quotidien, quel qu’il soit .

77 . Seules les grandes lois naturelles sont Déterminantes .

Toute loi établie, votée et adoptée par Les hommes est une possibilité de Transgression et de contournement .

Aidez-les à trouver, à connaître les Grandes lois naturelles .

78 . Aux consciences étroites n’opposez rien, cela Ne ferait que les renforcer dans Leurs limites .

79 . L’intelligence est au cerveau ce que Le minerai est à la terre ; Le mental en serait la possibilité D’extraction et les scories liées à cette dernière, La pépite ou la pierre précieuse finale en Seraient les résultantes d’un travail Sans relâche sur le non-soi, L’éclat et la richesse qui en découlent  La monnaie d’échange avec les Plans subtils .

80 . À chaque fois que la Conscience est Préférée au mental, le monde subtil Livre un peu de son mystère relatif au Monde en général, tandis que Votre équipement, affiné, y participe Un peu plus .

81 . Des Initiés ont écrit pour éclairer L’Enseignement un peu plus .

Nous sommes Tous en relation subjective face au Plan .

Mais la note de Morya est Identique à elle-même et Reconnaissable .

Reconnaissez-la .

J’ai dit .

82 . Quand le travail porte ses fruits alors Que Vous n’attendez rien qu’une Perspective de travail encore, les Mondes subtils résonnent de Joie et La lumière qui les envahit est La substance dont le mouvement créatif constant Est Votre allié .

83 . Sur la tension forte que les hommes ont Installée autour de la planète, Aux livres des charges et au débit De leur opiniâtreté à l’avoir s’inscrit en Tête de liste la pollution.

Le poison en est immense et est devenu Une menace pour le véhicule physique .

Il faut une grande discipline et Beaucoup de mérite à ceux d’entre Vous qui canalisent télépathiquement Les messages de l’Enseignement .

84 . Au stade de la répercussion cosmique tout S’inscrit et les hommes sont Grandement responsables des Défauts et perturbations de certaines Inscriptions inutiles .

85 . Tout ce qui n’est pas créatif est Déchet .

Aidons les hommes à savoir ce qu’est la Créativité et ce qui en découle de Créatif .

86 . Quand la vision s’estompe, c’est Qu’elle n’a jamais existé .

Quand la vision semble disparaître, ce N’est qu’une impression liée aux Cycles, au rythme, aux conditions atmosphériques .

La vision est .

87 . Aux joies ludiques de quelques superficialités Mondaines, les hommes se distraient.

L’humour seul Vous donne le recul Pour y être sans en être .

Il est important de pouvoir les suivre Afin de mieux les en extraire .

La Conscience en est la porte, l’ouverture Et le phare .

À vous d’en huiler les Charnières, de passer le seuil et d’en Allumer la lampe .

Ce qu’il en résultera n’est pas Votre problème mais celui de 54 Chacun .

88 . La connaissance, la sagesse et l’Amour Sont les ingrédients nécessaires au Magnétisme .

Vous représentez le pôle magnétique de la Hiérarchie sur terre .

Vous en êtes dignes, Nous en sommes ensemble responsables .

89 . Si les voies sont larges, le Sentier est étroit .

À chaque tournant le vent se lève .

Pour chaque homme et chaque femme Vous êtes la voie, le tournant et Le vent .

Seul le sentier leur appartient, mais Vous êtes le doigt qui indique ce sentier, Puissent-ils ne pas voir que le doigt .

90 . Sur les pétales ourlés de la rose au Printemps, la rosée du matin Dépose ses perles .

À la loupe de ces Dernières les rayons du soleil Épanouissent un peu plus la fleur .

Vous êtes la loupe et le rayon, La rosée et la lumière à la Roseraie de l’Humanité .

Mais les roses n’y connaissent pas Leur Beauté .

Soyez-en les catalyseurs .

91 . Aux Maîtres en incarnation, Mes Frères, J’assure l’appui de la puissance de Mon Ashram en toutes circonstances .

92 . Quand la Conscience est sollicitée Les plans subtils vibrent et L’Âme répond .

Sollicitez les consciences .

93 . La richesse de la matière Se trouve dans l’Esprit .

La Matière est de l’Esprit dense .

94 . Qui que vous soyez, d’où que vous veniez  Vous allez tous au même endroit, à la Subtilité de vous-mêmes en vous .

Mes Frères, apprenez-leur cette subtilité, Vous Qui suivez et précédez chacun, Votre exemple de vie est la déterminante la Plus sûre .

Soyez et demeurez .

95 . Non seulement la pureté absolue du mental Mais la capacité de le purifier est la Caractéristique du Maître en incarnation .

Mais Votre travail est invisible et ils Riront d’une telle éventualité .

L’ingratitude, l’agressivité humaine ne Vous troublent pas mais dérangent les ondes de Vos corps subtils, alors quand cela n’est plus Supportable, quand cela met en péril le service, Éloignez-Vous et restez seul, proche de la Nature et de Nous .

96 . Le service est rendu difficile par L’entourage, l’environnement, le bruit, La pollution .

Les grandes villes sont Des réservoirs de difficultés et de longues Périodes sont parfois nécessaires pour Récupérer .

Ne Vous en privez pas, dès que Cela est nécessaire, Vous en avez toujours La possibilité .

97 . Des nuages gris qui deviennent blancs On peut apprendre et le vent qui les pousse Fait changer leurs formes, appliquant le Mouvement incessant de la vie à leur Densité légère .

Les rayons de soleil arrondissent leurs Volumes et ils passent au ciel des Regards indifférents.

Beaucoup à apprendre des nuages .

Vous êtes, au ciel terrestre, les Nuages blancs que les gens ne Remarquent pas .

98 . La vacuité de Temps n’a d’égale que La réalité de l’Espace .

Vous connaissez le temps et Vous Occupez l’Espace, donnant et transmettant Et quantifiant ce que les Rayons  Qualifient .

99 . Sur les variantes de Vos composantes Nous Nous appuyons pour oeuvrer ensemble Plus efficacement à l’évolution de L’Humanité qui Nous occupe .

 100 . Dans ce livre vous pouvez percevoir la Synthèse de l’Enseignement donné par Notre Frère D .K . et du Mien que transcrirent H .P .B . et H .R .[5]

101 . La nouvelle lune est un moment privilégié de Contact et de créativité, les quartiers le sont aussi . À la pleine lune, transmettez . Pour les disciples c’est la pleine lune qui est le Moment de contact, c’est là que Nous Émettons, que Nous transmettons .

Il en est de même pour Vous Mes Frères Au sol .

102 . Dans les vagues de la mer, dans le Rythme cyclique des marées, Reconnaissez les rythmes cosmiques Latents à travers les saisons .

103 . Dérangée par les vibrations négatives Que les hommes installent, Abîmée par la pollution que l’homme Impose, la nature s’essouffle et la Planète souffre .

C’est pourtant la plus belle ressource collective Le ressourcement le plus efficace pour L’individu . Éveillez les consciences non pas par la Peur mais par la coopération avec la Nature .

104 . Apprenez-leur à aimer MIEUX .

105 . Les énergies ont parfois du mal à s’installer, Plus elles sont pures et neutres et plus Vos corps physique et mental les réceptionnent et plus les conditions Environnantes sont capitales.

106 . Dépendant de ces conditions atmosphériques Et extérieures, indépendante de Vous, Une fatigue peut se faire sentir . Alors ne forcez rien . Reposez-Vous .

107 . Les menstrues des femmes Maîtres en Incarnation sont une cause de Déperdition d’énergie . Il n’y a pas lieu de s’alarmer mais Le repos est nécessaire .

Par contre le corps féminin est plus Réceptif et les corps subtils en général Sont affinés plus facilement .

108 . L’interdépendance de la mécanique des Corps est fragile et délicate .

Vous êtes tous, en incarnation, Comparables à des horloges de Précision, le moindre accroc est Déstabilisant .Vous rendez-Vous compte, Mes Frères, Mes Soeurs, que Vous vivez dans Votre système nerveux .

109 . Vous pourriez lire à ce sujet « L’Aventure de la Conscience » de Notre Soeur A .

B .[6]  Les rouages du système Nerveux y sont bien expliqués .

110 . Vous êtes des cordes tendues sur la Harpe universelle, le montant de la Harpe relié à la Hiérarchie est Stable mais Vous êtes très sensibles à La moindre variation venant de L’extérieur . Prenez soin de Vous .

111 . La mobilité du Maître en incarnation Est liée aux impératifs du service .

Ce qui est important n’est pas ce qu’Il fait Mais ce qu’Il est dans ce qu’il y a  À faire .

Éclectique, mobile
et universel, Il oeuvre .

112 . La reconnaissance est impérieuse chez Les disciples .

Mais si les hommes ne Vous reconnaissent, Ils Vous connaîtront peut-être .

113 . Le travail dans l’incarnation est Sans doute le plus pénible qui soit pour Vous .

114 . Chaque matin et dans la journée qui suit Votre corps physique doit éliminer les Énergies négatives prospectées durant La nuit et intégrées par Vos corps Subtils, s’il y a lieu .

Des maux de têtes peuvent en découler Ainsi que des dérangements Intestinaux et des refus de digestion ; La meilleure panacée est le jeûne et La campagne .

Vous éliminez mieux  Au grand air .

115 . Le corps d’un Maître en incarnation N’est, par moments, que souffrance Nerveuse, avec tout ce que cela Comporte d’inconvénients et de Désagréments .

116 . À la montagne, en altitude, c’est là Que Vos corps sont au mieux .

Quelques jours par an y seraient Nécessaires .

117 . Le soleil a de grands bienfaits Purificateurs car Vous en captez L’indispensable .

118 . Tandis qu’aux rêves des berges plus subtiles Vous accueillez les plus aptes au Grand voyage de l’évolution, Nous tapissons d’énergies les Tunnels qu’ils ne manqueront pas D’emprunter, libérant la lumière au Seuil de ce Gardien qu’il leur faudra Bien passer .

119 . Apprenez-leur la confiance dans la Sagesse lumineuse du Maître en Étant simplement ce que Vous êtes .

Ils s’y raccrocheront aux moments les Plus durs, au paravent opaque des Illusions les plus tenaces qui ne manqueront Pas de tenter de les couper d’eux-mêmes .

Vous serez alors le roc et la Force qu’ils Pourront méditer et ainsi Vous accomplirez le dessein dont la Part individuelle qui revient à Chacun est si importante à l’Humanité .

120 . Comme aux jours d’horreur que Vécurent Bouddha ou Jésus, la Pâture que la Vie réclame aux Forces négatives est une réalité qu’ Alimentent les hommes .

Vous y entrez, vous les transformez, Aidant ainsi la VIE UNE à Retrouver son domaine perdu .

Que les inconvénients que le corps Physique y trouve soient les Pétales vibrants des fleurs fanées que Vous ressuscitez, amenant à la Rédemption les plus infimes atomes que Vous éclairez .

121 . Quand au plus profond de L’ordre installé, la note de Morya Résonne à nouveau, Sachez que le Rayon I manié par Vos soins a encore accompli ce que sa Raison d’être impose.

Cette qualité divine, la plus dure, Ne peut être l’instrument de Destruction qu’elle est pour une Purification sans appel, qu’à travers La pureté d’intention absolue que Vous seuls avez atteinte au monde de L’incarnation .

L’Ashram tout entier y participe .

122 . Que le travail alchimique au noir qui Amène la densité sombre du plomb à La lumière dorée subtile de l’or ne se Fasse qu’avec la toute puissance du Rayon I Vous en êtes, Mes Frères, Mes Soeurs, Les catalyseurs .

Lumière et ombre sont la Dualité dont Vous résolvez la Synthèse .

123 . Le centre du plexus ne peut que Tourbillonner à vive allure au contact de Ceux qui en sont dépendants .

Le Vôtre est à volonté un moyen de ce Contact, c’est alors que des troubles de L’estomac peuvent survenir, les forces Mises en jeu, Vous les avez dépassées depuis Longtemps, et Votre sacrifice à ces forces Provoque des douleurs qu’intègre la Compassion .

Le repos, la discipline de nourriture, le jeûne, Tout cela au sein de la nature Aident grandement à Votre récupération  Sur le plan physique que Vous devez vivre .

124 . Mêlant la pureté de vos corps à la Pollution que Vous rencontrez, des Gaz peuvent s’accumuler près de Certains organes, oppressant leurs Fonctions .

Appliquez sur la zone oppressée un Coussin chauffant que Vous trouverez en Pharmacie .

Cela Vous soulagera .

Votre corps physique ne peut éviter ces Inconvénients .

Traitez-les au mieux .

Continuer à être malgré les Vicissitudes de l’incarnation est une Gageure en laquelle Vous êtes passés Maîtres !! Merci .

J’ai dit !

125 . Dans les villes, les manifestations, les Mouvements de foule, les revendications Par grève ou autres agressions Dégagent et installent des vibrations meurtrières Pour Vos véhicules .

Protégez-Vous .

126 . Mais dans les villes aussi Vous devrez Travailler .

Alors n’y restez que le Temps nécessaire .

127 . À la nouvelle lune, soyez toujours dans La nature .

La pleine lune est une période où Vous pouvez Être en ville .

Rythmez Votre vie en cycles et Respectez-les .

La perception, la filtration et la Transmission en dépendent .

128 . Les bruits divers de l’incarnation ne Vous distrairont pas .

129 . Aux effleurements des mondes subtils Apportez-leur l’éveil afin que la Conscience emprunte la Voie royale de l’évolution Christique .

130 . Aux cycles bénis de contacts parfaits Vous installerez à l’Humanité L’ouverture et la manne nécessaires à Son avancement .

131 . Sachez couper tout lien mental Néfaste au bon déroulement du Service .

Sachez que la moindre faille dont Vous ferez preuve sera l’autoroute Qu’emprunteront les forces négatives .

132 . Quand le temps est venu et que L’heure a sonné, rien, Mes Frères, N’arrête ce qui doit être accompli .

Que la force de l’Ashram tout entier Vous épaule dans le difficile Service rempli au seuil de l’incarnation .

133 . La voie de l’ascèse est Fonction d’une auto-discipline pratiquée Depuis bien des vies .

Votre détermination au sein des Sauveurs du monde en découle Aussi .

134 . Respirez la sérénité de la nature .

Dans le prana que Vous y puisez se Trouve le moyen d’armer Vos Corps aux difficultés nerveuses Inhérentes à Votre position sur Terre .

135 . La Conscience est un matériau qui Dépend de la bonne coordination Des corps subtils .

Mais Vous pouvez Les aider à y parvenir .

136 . Votre réceptivité est aux hommes Ce que le frisson est à l’épiderme .

Ils ne la verront pas mais Quelque chose en Vous leur donnera La chair de poule .

Le manteau de la Conscience Descendra alors sur leurs épaules .

Dans la quiétude qui en découlera Seront préparées leurs luttes à venir, Inévitables, constructives et enrichissantes .

137 . Sans même reconnaître le Maître en Vous Ils bénéficieront de tous Ses avantages.

Vous rendez disponibles aux hommes Les trésors secrets et les clefs de L’évolution c’est vrai mais L’aide que Vous apportez est le Flambeau hiérarchique Brandi au sein de la société des hommes .

138 . Les grands problèmes que Vous Abordez seront éclairés de façon Différente .

La surprise crée un État de conscience favorable au Changement en brisant les liens Mentaux se raccrochant au passé .

139 . L’impact de Votre langage est Scientifique .

Ils écouteront, quelles Que soient leurs réactions .

Et ils Bénéficieront des énergies puissantes Qui sont les Vôtres .

140 . Un regard de Votre part, même Si rien n’est échangé verbalement, Peut devenir le scalpel d’une Opération située sur les plans subtils .

L’éveil donné se développera ensuite Même si aucun contact ultérieur Ne se produit, tant Votre Puissance, là-bas, est grande .

141 . Soldats vainqueurs du Christ en Vous Morya Vous soutient, Vous pouvez Compter sur Moi .

La puissance de l’Ashram Vous seconde .

142 . Évitez toute vague émotionnelle qui Pourrait survolter l’ego et la personnalité Dont Vous avez besoin dans l’incarnation .

143 . Les étudiants comprennent mal qu’un Maître en incarnation est Dépendant par moments de l’entourage .

Coupez les liens mentaux et fuyez les Perturbations qu’ils engendrent sur le Plan émotionnel aux vagues incontournables Comme autant de zones de turbulences À éviter.

144 . Les ondes engendrées par l’émotionnel de L’entourage agissent négativement sur Votre réceptivité qui est extrême et ne Fait qu’augmenter avec le temps .

145 . Dans les pires moments le Lien avec Morya ne peut se rompre .

Vous pouvez Vous y raccrocher

146 . Lorsque les Frères Noirs attaquent, plus L’enjeu est grand, plus la violence des Chocs est importante .

Ne craignez rien, Nous faisons face Ensemble même si l’impression de Solitude est totale sur terre, Vous Savez qu’il n’en est rien .

147 . À la lumière de Votre travail se Dégageront les grandes lignes à Adopter demain pour la construction du Monde par l’évolution individuelle .

148 . Architectes sur terre Vous bâtissez ce Qui est prévu du Plan par le Conseil de Shamballa auquel Vous Appartenez .

Votre mémoire n’en retient pas les Réunions sur le plan physique car Là n’est pas le problème .

Tout ce que Vous mettez en route en découle Directement .

149 . Sur la ligne directe des contacts subtils Vous êtes l’antenne active posée sur Terre et Vous émettez de façon Scientifique avec une précision D’adaptabilité et une remarquable Diffusion s’installe, ouvrant des portes Aux consciences en quête et donnant L’éveil aux autres .

Votre magnétisme est un outil précieux Dont Vous n’avez pas à user, il est .

Soyez et oeuvrez .

150 . Vous connaîtrez des attaques que Vous traverserez triomphants soutenus par La force de l’Ashram .

Je Vous assisterai, Vous pourrez Reconnaître le parfum de l’aide .

Soyez forts mais soyez vigilants .

151 . Lorsque le silence ouvre ses ailes sur Votre solitude, soyez bénis, Nous sommes proches du contact .

152 . Sous les trois points rouges de la bannière Morya les tièdes ne se rassemblent pas.

Vos coeurs ardents éclairent du blanc de La synthèse les nouvelles voies de l’Humanité.

153 . Aux moments les plus difficiles dont Vous Serez les victimes de la part de Nos Frères de l’ombre, bien que vigilants, Soyez confiants et certains que Quoi qu’il arrive, le Plan évolue sur la Trajectoire prévue .

154 . Les accidents dont Vous subirez les Assauts ne sont que les parades violentes Dont se servent les Frères Noirs pour Retarder l’évolution .

Ils s’attaquent aux personnes que Vous Représentez pour eux sur terre .

Notre Force est que l’Amour inclusif ne Personnalise pas .

Contrairement à eux Nous n’excluons personne de l’énergie D’Amour que Nous exprimons .

C’est Pourquoi le boomerang se retourne contre Eux, tôt ou tard .

Ayez confiance et oeuvrez .

155 . Consacrés au Service de l’Humanité Votre protection la plus forte réside Dans Votre désintéressement des Affaires à but personnel .

L’intégrité de Votre pureté réside Dans Votre choix sans équivoque .

Le Service se fait sous Mon bouclier Ne craignez rien .

OEuvrez .

156 . À tous ceux qui participent à la Diffusion de l’Enseignement Je recommande une extrême attention .

Ils essayeront depuis l’ombre de Vous Tromper avec la Lumière .

Au plus essentiel de Vos travaux ils Opposeront aux failles qu’Ils pourront Trouver les flatteries les plus viles, Les roueries les plus énormes .

Mais inébranlables aux roueries, Indifférents aux flatteries, Vous Irez de l’avant sachant que leur Pouvoir ne doit pas être pris à la légère .

Et Vous vaincrez parce que Morya est avec Vous .

157 . Lorsque Votre véhicule physique sera Abandonné au repos nocturne, avant De le quitter, n’oubliez pas de le Recommander à la bienveillante Force de Mon Ashram .

158 . Des périodes d’ascèse solitaire Peuvent être nécessaires avant des Travaux particulièrement importants .

Discipline de nourriture et de sommeil, Contact mental coupé avec Les pollueurs et ceux qui peuvent Servir de canal aux forces négatives .

Nature et soleil si possible .

Dans ces moments-là Vous préparez Ce qui demain installera au monde La Vision ou une de ses parties qui lui sera Nécessaire .

159 . L’oiseau dans sa légèreté L’écureuil dans sa mobilité Le serpent dans sa rapidité Le chat dans sa beauté Vous apprendront beaucoup sur Vous .

160 . Vos nerfs sont les cordes tendues D’une perceptibilité extrême .

Vous aurez des indigestions nerveuses Lorsque Vous filtrerez des énergies Difficiles .

À ces moments-là aucune Nourriture ne passera .

Jeûnez et Soyez attentifs à ne pas surcharger L’organisme ni les corps subtils .

161 . Ces indigestions nerveuses ne sont Pas liées à la nourriture, Vous Pourrez les connaître au réveil après Une nuit difficile sur les plans Subtils .

Si c’est le cas mangez des fruits, En saison, des fraises seront excellentes, Et exceptionnellement buvez du café, Comme un médicament .

Les maux de tête liés à ce genre de Troubles disparaîtront surtout si Vous êtes à la campagne, au bon air .

162 . La télévision est un soporifique qui Endort la vigilance et brouille le Mental dans ses fonctions réceptrices .

163 . À la première initiation majeure, L’essai de récupération des Frères Noirs Est franc, c’est une confrontation Occulte pour mettre à L’épreuve Votre choix .

Les attaques n’interviennent qu’après Mais les manifestations physiques en Sont évidentes .

Plus Vous avancez plus elles sont Dures, tendant à court-circuiter Brutalement Vos énergies de plus en plus Performantes et efficaces dans le Service .

164 . Les attaques des Frères Noirs sont à la Mesure de la puissance que Vous émettez .

Ces attaques sont toujours très Éprouvantes sur le plan physique Mais Votre pouvoir de récupération Est grand et Nous veillons .

165 . Plus la lumière s’impose et plus L’ombre se déchaîne .

Notez les événements mondiaux de Ces dernières années et Constatez que les conflits y sont toujours L’expression de cette lutte .

166 . L’éveil de la conscience qui est Toujours individuel fait à la Longue bouger la masse .

Entre la chute du mur de Berlin et La disparition du communisme Analysez sur le plan occulte les Incidences de ces bouleversements et Vous verrez que sans le canal Individuel de chacun rien n’est Possible .

167 . Un individu peut éveiller le peuple et Inversement un peuple peut renverser Un individu.

C’est vrai de tout Temps .

Raison de plus pour en Examiner ponctuellement Tenants et aboutissants .

Votre point de vue doit être communiqué .

168 . À l’aube de chaque renouveau, Les forces matérialistes du passé Tentent l’embargo .

Les pires sont celles manifestées par des Hommes qui ont un discours apparemment Nouveau et dont les moyens ne S’appuient que sur des structures Traditionnelles .

Ils mentent et ne sont que les Jouets des Noirs .

Méfiez-Vous des hauts fonctionnaires Ce sont les pires .

169 . La manipulation est l’arme Première de Nos Frères de l’ombre .

Vous êtes inmanipulables, c’est Pourquoi craignez Leurs attaques, Elles se manifesteront mais Sous la bannière de Morya ne Redoutez rien .

170 . Vous qui maniez librement L’élément destructeur du Premier Rayon, Vous ne l’utilisez Jamais contre les Frères Noirs ; Cette guerre-là n’est pas la Nôtre .

C’est pourquoi Ils n’en ont pas Le pouvoir .

171 . À tous ceux qui suivent le sentier des Sauveurs du monde, À tous ceux qui subissent les Assauts de l’incarnation et les autres, À tous ceux qui oeuvrent dans L’abnégation totale, dans la difficulté Des problèmes mineurs qui ô combien Comptent au quotidien .

À tous les Maîtres en incarnation, À tous ceux-là est dédié Le sang de Mon Calice comme une Puissance vitale acquise au même Sentier et offerte à la Rédemption de l’Humanité tout entière .

172 . Sur la croix gammée de la Honte humaine coule le sang impur d’un Idéal frauduleux dont les Victimes furent la simple monnaie de Non-échange du symbole de dictature .

173 . Ne confondez pas politique « vie de la cité » Avec la politique des étiquettes partisanes.

La première est une voie humanitaire La seconde est la voie du pouvoir .

Adoptez la première et combattez la seconde .

Aucun parti n’est digne, puisqu’en Rejetant les autres il s’éloigne de la Synthèse en créant la séparativité .

174 . Mes Frères, Mes Soeurs, vivez la Conscience des gens dans le contact global .

Lorsque Vous la vivez individuellement Avec l’un d’eux, Vous entrez dans son Intériorité et il Vous faut ensuite Éliminer, digérer ces énergies .

Cette fatigue supplémentaire est parfois Inutile .

Lorsqu’un travail important S’annonce, coupez les contacts et OEuvrez dans le silence et la solitude .

Les mêmes choses ne sont pas demandées À tous, bien sûr, mais cette Règle est à appliquer en général .

175 . Les contacts avec l’intériorité sont de Pures voyances à forme symbolique et Parfois même au premier degré .

Elles découlent de la Vision et Sont toujours justes .

176 . La Joie bienheureuse que Vous éprouvez Est, au sein de la tourmente terrestre, Une caresse des plans subtils de Lumière toujours présents .

S’y laisser aller dans l’instant Procure de douces vibrations et le Bien-être de chaque cellule en résulte .

177 . Au seuil de chacun des volets de L’Enseignement se dresse la Volonté de la VIE UNE .

178 . Donnez au monde ce que Vous avez, Ce que Vous êtes, et laissez à Chacun le soin d’en prendre ce qu’il peut .

179 . Maintenant que l’intellect et le mental Ont bien travaillé sur le travail Confié à Notre Frère D .K ., Nous Passons à une autre dimension afin D’aider les disciples à larguer leurs Amarres pour accéder aux plans Supérieurs de l’évolution .

180 . Lorsque le vent se joue d’un arbre, Le feuillage ne se joue-t-il pas du vent ?

181 . Les tensions électromagnétiques ont Prise sur Vos corps, mais ces derniers Peuvent les transformer en Synergie collective positive .

182 . Dans la solitude seulement Vous recevrez de très fortes vibrations Afin de préparer les contacts .

183 . Dans la solitude et la nature Uniquement Comme les athlètes se préparent à L’épreuve de la compétition, Ainsi, les Maîtres en incarnation Se préparent-ils aux périodes de service intensif .

Nous comptons sur Eux .

J’ai dit !

184 . Aux aubes lancinantes des Retours énergétiques difficiles après une Nuit de travail occulte, Vous pouvez Même ressentir des nausées tant L’élimination est difficile .

À la moindre gorgée ou bouchée avalées, Vous aurez des renvois ; pas d’appétit .

Dans ces cas-là, la tête est lourde, une Chape de plomb semble peser .

Jeûnez Mes Frères et respirez l’air pur .

185 . La tête lourde, Vous l’aurez aussi Lorsque Nous voulons établir le Contact et qu’occupés par l’entourage Vous ne pouvez pas y répondre .

Si les courants sont favorables, L’immédiateté est requise et si Vous N’y êtes pas disponibles alors l’organisme S’en ressentira .

186 . Voyez combien la solitude, par Moments, Vous est indispensable .

187 . Les boutons sont aux roses ce que Vous Êtes à la Hiérarchie, Elle ne peut pas S’épanouir sans Vous .

Sa raison D’être est l’Humanité .

Vous êtes Parmi Nos frères les hommes .

Nous comptons sur Vous .

188 . Tel un tronc d’arbre séculaire qui Aurait ses racines dans la Tourmente d’un ouragan Vous, sur terre, intemporels au sein de La tourmente, c’est pourquoi la Durée n’a pas de prise sur Vous .

189 . L’herbe coupée a l’odeur fraîchement Saine de la nature qui s’offre .

Puisez en son sein, Votre santé Physique en dépend .

190 . Aux fleurs joufflues que la saison Fait éclore Il manque l’éclat d’un Rire dérisoire sur l’éphémère de L’éternel retour .

Aux pétales fermés qui se grisent de Chaleur et de lumière, le vent annonce Bientôt un balayage par le vide qui L’an prochain fera renaître la Fleur délicate aux regards des Humains.

Où va la fleur après la floraison ? Où va son parfum après la fanaison ? Les fleurs sont des modèles D’humilité dont la Beauté demeure Aux passages du temps .

Elles ne se parent pas mais vous Parent de leur générosité .

La fleur donne, c’est vous qui la prenez .

Méditez sur la fleur .

Méditez sur la résonance profonde De la nature .

Des parallèles peuvent en jaillir qui Seront surprenants .

191 . Quand des gouttes de pluie froide Bombardent la fenêtre, une Loupe naturelle vous est donnée .

Observez le cristal souple qui dégouline Sur la vitre et aux traces de ses Sillons, suivez le cours de l’eau qui S’y évapore .

Lorsque la vitre est sèche à nouveau, Que reste-t-il en vous du symbole de L’eau ? Méditez et le symbole qui en surgira Aura de vous des facettes inconnues Qui enrichiront votre compréhension de  L’humain à travers la nature .

192 . Aux abattements passagers des Courants négatifs qui Vous assaillent Opposez la raison profonde d’être de Votre incarnation, et Léger à nouveau, Vous Cheminerez au monde comme Un Sauveur .

193 . Les hommes ont coutume de dire que Jours se suivent et pour eux c’est Juste .

Mais pour Vous les jours Se précèdent, se suivent, se chevauchent Dans une globalité de Conscience d’où la chronologie Est absente .

C’est le principe même de l’Akasha Que Vous vivez .

194 . Sur les bases souples d’une Mobilité stable, Vous demeurez en Étant et Vous oeuvrez dans le Monde et au coeur de la Hiérarchie .

195 . Aux cascades claires des rires que Vous faites éclater, Votre humour Se déchaîne et désarme les énergies les Plus négatives .

196 . L’humour est la seule clé à Déverrouiller les coeurs les plus fermés .

Mais c’est une clé d’or .

197 . Vous libérez ainsi ce que le temps Retient aux uns, ce que le quotidien Détourne des autres .

Et ainsi encore Vous servez .

198 . Aux automnes blanchissants de ces Têtes de vieillards qui agressent Souvent, laissez couler la durée, elle N’en a plus pour longtemps .

C’est à un autre niveau que Vous Travaillez aussi pour eux .

199 . Apprenez-leur que la victoire sur soi Est une longue pratique pleine de Surprises et d’écueils .

Apprenez-leur que malgré tout, On y arrive, toujours, et si Vous En êtes la preuve, Nous en sommes les témoins .

200 . Vous êtes la preuve de L’aube du Nouvel Âge .

201 . Arrêtez les hommes, demandez-leur De ne plus employer les termes : « Nouvel Ordre Mondial » .

Le mot « ordre » a perdu en politique Tous ses galons, et tant mieux .

L’ordre ne peut être qu’extérieur, Seule l’harmonie est intérieure .

C’est une nouvelle harmonisation Mondiale qu’il nous faut .

Les termes employés sont importants .

Ils véhiculent une énergie qui suit la Pensée et installe les bases nouvelles .

Alors soyez vigilants .

J’ai dit .

202 . Les plans supérieurs de l’évolution sont des Plans de Service et non des plans à Atteindre pour un progrès Personnel .

Apprenez-leur .

203 . À trois heures du matin les courants de Transmission sont clairs .

Vous connaissez Bien sur terre cette heure privilégiée Appelée aussi « heure hiérarchique » pour Un travail plus efficace .

C’est pourquoi il faut Vous coucher à Neuf heures et demie pour qu’à cette Heure hiérarchique le véhicule physique Soit déjà bien reposé .

204 . Seule l’autodiscipline Vous assurera Le meilleur axe possible de canalisation .

En période initiatique, des troubles Peuvent survenir, notamment des maux de Tête, c’est alors que se dégagent certains Canaux .

Dormez bien .

Et ne pensez qu’au Service .

Vous qui avez passé ces stades pénibles, Apprenez-leur, donnez-leur Votre Expérience.

C’est ainsi que les disciples auront des Points de repère dans ce travail au sein De l’incarnation .

205 . Aux forces percutantes et destructrices des Frères de l’ombre, opposez l’énergie neutre D’Amour qui agit positivement et Désamorce leurs pièges .

Mais Vous Connaîtrez des attaques, soyez préparés, Soyez vigilants et ne sous-estimez pas Ces périodes difficiles de confrontation .

Vous serez des cibles pour les forces Matérialistes .

En un premier temps Ils Essayent de récupérer Votre canal, en Un second temps Ils le mitraillent pour Le rendre inutilisable ou court-circuiter le Service en retardant le Plan .

Soyez vigilants .

Nous veillons .

Morya veille .

206 . Tout l’or du monde n’équivaudra Jamais une seule pierre philosophale Réalisée .

L’alchimie spirituelle est Une belle science à étudier et à Faire connaître .

Vous en êtes les démonstrations vivantes .

207 . Gérez Votre solitude et apprenez à Reconnaître en Vous les symptômes non Pas liés à une pathologie mais à L’avancée dans les mondes subtils ou À la descente dans Vos corps subtils D’énergies fortes qui font leur place et Secouent d’autant Votre corps physique .

Vous aiderez ainsi les médecins ésotéristes de L’avenir qui commencent leur apprentissage De cette nouvelle science .

Donnez-leur des indications .

208 . Les femmes Maîtres en incarnation peuvent Voir leur perceptivité altérée au Début de leur cycle menstruel .

C’est inévitable mais non systématique .

Les hormones sont liées au système Nerveux et donc toute modification Hormonale due au cycle modifie D’autant le rendement nerveux .

Sachez-le pour mieux le vivre .

Un grand repos est nécessaire, ce n’est Souvent le fait que d’un jour ou deux .

209 . Quand la tension est trop lourde, Mangez des fruits, Vous Vous en Trouverez mieux .

Ils contiennent L’eau la plus pure qui soit .

210 . Au ciel lourd d’un matin de plomb, Votre tête peut ressentir l’oppression que Subit l’atmosphère .

C’est aussi à ces moments-là que la Verdure à la campagne Vous Sera bénéfique .

211 . Ne buvez jamais de café régulièrement, C’est, à dose homéopathique, un Excellent médicament contre Les pressions atmosphériques que Vous Subissez plus brutalement qu’aucun Être humain .

212 . Un Maître en incarnation ne doit Jamais se faire masser par une Autre personne .

Toutefois les tensions Particulièrement fortes dans les Trapèzes et le dos doivent être éliminées .

Le shiatsu est donc autorisé et Bénéfique, seulement pratiqué par Un Asiatique .

Leurs énergies sont très Différentes de celles des Européens, et Elles ne dérangeront pas les Vôtres .

213 . Vous pouvez couper une relation sur le Plan physique, Vous ne la coupez pas Sur le plan invisible, surtout si la Personne dont elle est l’objet est Attachée à Vous .

Car Votre magnétisme Entretient l’attrait par un lien mental Difficile à éliminer et inhérent à Votre État de Maître .

Soyez donc extrêmement vigilants à Vos relations personnelles qui Existent forcément, qui doivent exister .

Ceci est valable pour le début et le milieu de Votre incarnation .

Ensuite Vous saurez parce que Vous Aurez expérimenté que toutes les personnes De Votre entourage canalisent vers Vous des énergies plus ou moins nettes et Votre responsabilité à ce niveau-là ne Sera plus engagée qu’en rapport du Service qu’inclut bien sûr l’aide aux Autres à moins que ponctuellement un Plus large Service ne Vous soit confié, ce Qui en ce moment est le cas de Notre Soeur LC .

214 . Les marées du temps sont rythmées Par le vent .

Caresse ou gifle il Vous Vient de l’univers manifesté comme Un secret invisible que Vous livre La VIE UNE .

Il est une expression formelle abstraite De Sa globalité enveloppante .

215 . Les caniveaux de la mort sont le Tout-à-l’égout du monde physique .

Vous en êtes les éboueurs par Amour de L’Humanité .

La mort ici s’applique à tout ce qui, Vivant, ne fait pas partie du courant de La VIE UNE mais la bloque .

Alors une forme de mort s’installe qui Doit être nettoyée et évacuée .

Éboueurs de l’Humanité Vous êtes les Diadèmes de feu déposés sur terre aux Endroits stratégiques de pollution .

Cette dernière se consume à Vous Alors que Vous demeurez .

Mais la bannière de Morya Vous Protège .

Le paragraphe 216 a été supprimé pour respecter l’expression de la Source de l’Enseignement, seule garante de fluidité, hors structure .

217 . Apprenez-leur qu’au centre de la VIE UNE le moteur est l’énergie d’ Amour propulsée par le Rayon I .

Qui peut manier ce dernier a tous Pouvoirs puisqu’il est issu de la Volonté première .

C’est le Rayon I que le Maître en Incarnation peut manier en dernier, Puisque c’est le premier à présider aux Destructions de l’ancien pour les Bases du nouveau .

Ce Rayon I n’est confié qu’à Ceux qui ont toute Notre confiance .

L’Ashram de Rayon I a un pouvoir de Destruction qui n’a d’égal que L’immédiateté, l’instantanéité du Renouveau par l’Amour .

218 . De peine ou de joie, apprenez-leur que Les larmes ne sont que des gouttes Purificatrices de l’ego, ce Non-soi si présent .

Lorsque les yeux sont secs, si le Coeur est ouvert, la Force, alors, est pure .

Lorsque le coeur est ouvert et que les Larmes coulent alors elles sont Courant de compassion purificateur Vers l’Humanité et entraînent à Leur source les impuretés les plus viles, Afin de les laver des souillures au Coeur même de Votre être .

C’est pourquoi des répercussions Physiques ont lieu dans Vos corps .

219 . Dégagé de tout entourage perturbant, Dans la solitude profonde, avec la Nature pour complice, Je viendrai à Vous pour le bien de l’Humanité .

Je M’exprime à nouveau comme Je l’avais annoncé .

J’ai dit .

220 . Avec quelques années de retard, le Plan se déroule comme prévu .

Mais que Sont ces années en regard de ce Travail immense ! Les imprévus sont toujours fonction des Egos .

Apprenez-leur, dites-leur combien il Est important de se dégager du Non-soi .

221 . La synthèse de l’Agni Yoga se Fait à travers Vous en ce moment .

D’où la suite de l’Enseignement .

222 . Dans la paix solitaire de Vos Moments les plus créatifs, la vibration de L’Ashram est tout entière axée sur Vos corps .

Expliquez-leur la Vision instantanée qui en découle .

Apprenez aux hommes, aux disciples que C’est à eux d’y arriver .

223 . Aux musiques des plans subtils S’ajoute l’orgue des déchaînements De la nature .

Apprenez-leur à y être attentifs, les Besoins du monde y sont exprimés .

224 . C’est après une attaque violente des Forces Noires que la paix et la force de L’Ashram sont le plus ressenties par Vos corps sur le plan physique .

Chaque affrontement avec les Frères Noirs Vous renforce .

Mais soyez vigilants .

Morya est avec Vous .

225 . L’expression de la Synthèse est aussi Perceptible pour vous dans la Faculté de Notre Soeur LC à Travailler indifféremment avec Nos Frères E .

K ., D .K ., S .R .[7] ou Moi-même .

Même note, vibrations différentes, les Contacts s’établissent comme un Téléphone subtil perfectionné .

Et cela s’intensifiera !

226 . Au sang de ce Calice qui vous est Transmis, abreuvez-vous ; symbole de Vie, contenu et contenant ont Passé par les difficultés qui vous Attendent sur le sentier .

Rien n’est impossible au Christ en vous, Ayez confiance et travaillez .

227 . Il y a en vous des marches à escalader, Des tremplins à saisir, Des montagnes à arpenter, Des glissades à essuyer, Des doutes à écarter, Des certitudes à établir, quand ce Sera fait il faudra défaire et avec Un regard neuf, savoir qu’on ne Sait rien, ensuite seulement vous Commencerez à apprendre vraiment .

Trouvez-en le courage sous la Bannière de Morya .

228 . Lorsque tout semble brisé au Gouffre noir de l’âme en perdition, Lorsque le fond est touché au plus Profond de vous-mêmes, Lorsque les joies et les peines des Semblants de petits bonheurs ne sont Plus que magma trouble et incertain, Lorsque la chute est dure parce qu’on N’en voit pas la fin, alors, ensuite Seulement, pouvez-vous vous relever et Peut-être reconnaître le Maître en incarnation à portée de Coeur, dans la vision partielle qui Est encore la vôtre .

C’est ce que vous souhaite Morya .

229 . Sur la ligne brisée d’une trajectoire en Dents de scie, des entailles Profondes atteindront votre coeur, C’est le seul moyen de l’ouvrir .

230 . Du centre de vos problèmes, N’oubliez jamais qu’il faut Éloigner votre nombril .

231 . À Vous qui les aidez, J’apporte Force et bénédiction .

À la Conscience que Vous avez, Éveillez-les, en douceur ou non, L’important est l’éveil .

Ne dosez pas, soyez !

232 . Aux pentes abruptes d’une Incarnation difficile, les pieds et Les mains sont les agents symboliques D’une avancée efficace .

Méditez cela et vous comprendrez les Difficultés que rencontrent les Maîtres en incarnation .

C’est Ainsi que vous pourrez Leur apporter Tout votre aide .

J’ai dit .

233 . Soyez en osmose avec l’univers Manifesté, Vous en êtes parcelle Intégrée et intégrante, c’est pourquoi À l’intégration Vous ajoutez La Synthèse .

234 . Aux atomes des feuilles de Mon jardin S’ajoute la vie de Mon sang afin Que Vous puissiez aller de L’avant en les entraînant dans Notre sillage, parce que Vos sillons Sont bien sur terre, et c’est capital .

235 . L’humour est aussi la marque du Maître en incarnation .

Pourquoi ? Parce que le recul vis-à-vis du non-soi Demeure seul puisque ce dernier a Disparu dans la dérision de La temporalité .

236 . Aux brillances que Vous percevrez même Par temps gris, ajoutez les médiances Que facilite la nature et demeurez en Son sein aussi longtemps que Nécessaire .

237 . Il y a les joies que Vous pourrez  Donner et celles qui ne sont Perceptibles que par le Soi .

Celles-là, Vous les procurerez aussi mais Différemment, sur le Plan de L’Expérience, et elles seront, au début, Douloureuses au destinataire .

Mais Vous le saurez et les donnerez Quand même dans la sérénité car À ce stade, la temporalité ne compte Pas pour Vous .

238 . La Sagesse que Vous exprimez n’a D’égal que l’Amour que Vous donnez Mais ils Vous trouveront durs au Début jusqu’à ce qu’ils Vous Reconnaissent .

Là il faudra Vous méfier à Éviter l’engouement sur la personne .

Mais c’est un lien qui peut aussi Être positif pour certains .

239 . Au rythme facile des transcriptions Venant de Mon Ashram ou de tout Autre Ashram de la Hiérarchie, vous Reconnaîtrez sans mal le Maître en incarnation .

240 . Vague solitaire des longues Plages humaines, Votre écume Nourrira les bords de ces rivages Où il faudra qu’ils accostent .

Les affaires du monde en seront Imprégnées .

Votre écume, comme L’air où elle s’évapore, est Inépuisable .

241 . Donnez et ils recevront, OEuvrez et Vous recevrez .

Le Service est un échange subtil dont La cadence a ses lois .

Vous savez et ils connaîtront (co-naître) Vivez et ils co-naîtront J’ai dit !

242 . Le puits énergétique de l’Ashram est Directement relié à Shamballa dont Vous êtes membres du Conseil .

Qu’ils en soient conscients .

Mais Vous N’en parlez pas, c’est l’évidence qui Fera partie de leur vision partielle .

243 . Le chant des oiseaux accompagnera Votre solitude et leurs notes Innocentes seront l’accès sonore à Ces autres plans auxquels Vous Êtes reliés .

Que la nature soit Votre havre .

244 . Lorsque le contact est établi, il ne S’interrompt jamais quelle que Soit la cadence de son rythme .

Au plus clair de ces jours et de ces Nuits de contact, Vous puiserez à la Source bienfaitrice de l’Humanité, Installant les morceaux du Puzzle que prévoit le Plan .

Notre lien indestructible est étroit .

Vivez-le aussi au plus sombre des Attaques .

245 . Pour une plus claire transmission Vous Couperez les liens les plus encombrants .

Ceux que Vous ne pouvez pas couper le Seront par Nos soins .

Aucun entourage ne doit plus Vous Être un handicap au Service .

246 . Vous avez tous compris que Je désigne Par « Nous » les Maîtres hors incarnation, Par « Vous » les Maîtres en incarnation et Par « ils » ou « eux » les hommes, aspirants et Disciples .

Que ce soit clair !

247 . Au plus fort des transmissions, Vous Serez parcourus par un courant Apaisant, Notre vibration ou celle de L’Ashram, parfois les deux combinées, Donnant à Votre mental-outil la Tranquillité nécessaire à la Vision globale captante .

La télépathie directe s’effectue alors à La virgule près, Il en est ainsi !

248 . Au cours des conférences ou des réflexions Que Vous animerez, le même contact Sera Votre support de transmission .

Et à la longue le magnétisme sera Perceptible et reconnu par ceux qui Y sont prêts .

C’est l’instantanéité de la perception Directe et de la transmission directe Qui est la marque de Votre pensée dite Scientifique .

249 . La kundalini est la vague Porteuse du voilier de Votre incarnation .

Libérée, elle rejoint par le centre du Sommet de la tête la Mère divine Matière et le Père Esprit aux noces Chimiques des retrouvailles dont Vous Êtes l’objet au plan physique de L’incarnation .

Androgyne divin, Vos énergies Sont les qualités divines des sept Rayons dans toutes leurs forces pures .

Alors imaginez leur impact ! Sur les Autres et dans les affaires du monde .

250 . Aux courbes lentes d’une évolution Accélérée, l’âge du Verseau, commencé, Fait ressentir ses effets tant sur les Plans politiques que scientifiques et autres .

Les affaires du monde en sont Bouleversées .

Vous en êtes les agents directeurs, Nous en sommes les soutiens, ils en Captent malgré eux les inspirations Le N .G .S .M .[8] en est le diffuseur au Sein de la masse . OEuvrez en collaboration consciente .

251 . Apprenez-leur les symboles des apparences Trompeuses des formes .

Ce langage-là mène à la Vie sous Jacente .

Ce langage-là est le fil D’Ariane qui mène à Nous .

252 . En formulant le symbole Vous Éveillerez la Conscience mais ceux qui S’arrêtent au mental n’y verront Encore qu’apparence .

Mais qu’importe, la Formulation du symbole est nécessaire À l’ouverture des portes du Nouvel Âge .

253 . Aux couleurs du temps Vous alignerez La gamme des transmissions afin que Le moment et l’heure que Vous Connaissez soient respectés et ce Indépendamment de Nos contacts .

C’est ainsi que Notre Soeur LC Transcrivit en 1984 le travail avec Notre Frère D .K .

Pendant combien d’années n’en Parla-t-elle-pas ? Sept ans !

254 . Annonciateurs des flots constants de La VIE UNE, Vous en êtes les Dépositaires et les ambassadeurs sur Terre, au sol de l’incarnation .

255 . Chaque Maître en incarnation, au Moment de sa transition est Relevé d’énergies par un autre Maître en incarnation qui Demeure, vous pouvez suivre la Courbe de ces passations d’énergies .

Elles sont flagrantes, des transcriptions En sont souvent la preuve .

Je parle de l’Enseignement Émis par la Hiérarchie .

256 . En cas de travail important sur les Plans subtils Vous ne pourrez Vous Alimenter que léger et végétal .

N’encombrez pas Vos véhicules .

257 . Lorsque le temps vous manque, Dites-vous que vous manquez au Temps .

L’agitation est une illusion dépassée par Le Maître en incarnation depuis longtemps .

258 . Dans toute brève rencontre déposez une Graine qui germera et fleurira en Son temps .

Les fruits et les fleurs n’en seront Perceptibles qu’à la Conscience .

Et c’est bien .

259 . Il y a des flagrants délits que vous Côtoyez sans les voir et des Évidences divines que vous passez Sans les reconnaître .

Où sont vos références, où sont vos Balises, sinon dans l’ego ?!

260 . Attention les voies sont larges ou Étroites, seul le fil du rasoir est Coupant .

Qui ne s’y est pas coupé ne Le connaît pas .

Et ce sang Remplira un jour son calice .

261 . Aux appellations contrôlées par votre Mental cristallisé, ôtez les étiquettes Afin que la reconnaissance puisse S’installer .

Osez l’humilité, broyez-y le non-soi .

262 .Pensée au clair comme une épée bien Affûtée, Vous êtes les ordinateurs Psychiques les plus perfectionnés qui Soient .

Votre discernement est aussi à Noter dans les réunions et autres Manifestations .

En fait ce qu’ils prennent pour la Pensée n’en est pas .

C’est une Connaissance directe et profonde qui A la mobilité des interventions Extérieures tout en gardant son Centre, le centre hiérarchique .

263 . Sous les flux d’énergies puissants qui Parcourent l’univers il y a ceux qui Résistent, ceux qui subissent mal, ceux Qui déforment .

Vous Canalisez juste .

264 . Lorsque le quotidien place devant un Choix, il y a ceux qui hésitent, ceux Qui choisissent mal, ceux qui croient Choisir et ceux qui savent, dont Vous êtes .

265 . Comme une bulle de savon irisée aux Rayons lumineux du soleil, la Vérité flotte, prête à disparaître au Moindre faux mouvement, au Moindre souffle dirigiste .

Vous qui Lancez ces bulles, regardez comme ils Sont maladroits .

266 . Aux mêmes impatiences, ils se laisseront Aller, aux mêmes méfiances ils Succomberont, aux mêmes calomnies ils Adhéreront, mais Vous passerez en Demeurant et ils ne le verront même pas .

Alors soyez impassibles et vigilants et Passez en demeurant, le Plan en Dépend .

Et pourtant ils diront qu’ils croient Au Plan !!

267 . Il y a ceux qui cernent les besoins et les Régissent en lois ; il y a ceux qui les Transgressent et ceux qui les suivent et Il y a ceux qui à force de labeur font de Leur intériorité une LOI JUSTE en accord Avec l’harmonie naturelle qui les Rend universels.

Soyez de ceux-là .

268 . Au faîte d’une falaise le vertige Peut vous submerger .

En dépit de votre Attirance pour le vide, regardez-le, C’est là que se trouve l’écho de votre Vide intérieur, au lieu de le projeter dans Le gouffre, explorez-le en vous, c’est Là que se trouvent les réponses à L’écho vertigineux .

269 . Si vous avez pris le temps de méditer sur Les feuilles de Mon jardin, alors vous Pourrez vous abreuver du Sang de Mon Calice .

270 . Si le plomb que vous devez Transformer en or était liquide, vous Auriez moins de mal .

271 . Et comment déterminer le moment et L’heure quand on est bien conscient de N’être que l’instrument ? Justement, c’est à ce moment-là que Nous pouvons vous faire confiance .

272 . L’entraînement occulte à une mission Importante comporte aussi des Réveils nocturnes inopinés pour Tester l’endurance et la fiabilité des Véhicules à la perception, quels que soient L’heure et le moment .

Ramenés à la conscience de veille en pleine Nuit, Vous pouvez Vous réveiller en eau .

C’est parce que, revenus brusquement de Plans subtils, l’énergie psychique, en Changeant brusquement de plan dans Les véhicules qui la canalisent, subit une Condensation qui s’évapore au Corps physique .

Il ne sera pas rare de noter ce Phénomène lorsque le plein sommeil Physique est coupé .

C’est un test à la continuité de conscience et À sa fiabilité que Vous expérimentez là .

273 . Lorsque le cerveau physique passe ainsi Brusquement du sommeil à la veille, sa Longueur d’onde de réceptivité doit S’adapter rapidement .

Au début Vos Réveils seront durs et l’ajustement Sera tâtonnant pour devenir très vite Instantané .

Cet entraînement est pénible au Véhicule physique qui en subit des Tensions fortes .

274 . Dépendant du travail accompli sur les Plans subtils par les véhicules énergétique Et mental, une tension au creux de L’estomac peut être ressentie .

Si elle est trop forte ce sera au détriment Du contact et il faudra Vous rendormir Pour rétablir l’harmonie dans les Véhicules .

Mais attention, soyez vigilants, Cela peut être une tentative de Récupération par Nos Frères Noirs que Vous Reconnaîtrez à la vibration .

275 . Les Frères Noirs au cours de l’évolution, et Dans l’ordre, essayent : La séduction, la confrontation, L’affrontement, les attaques, La flatterie, les attaques encore, et À tous moments la récupération Énergétique .

Votre vigilance est de Rigueur .

Nos Frères Noirs ne sont vraiment Dangereux que pour Vous Mes Frères et Soeurs Maîtres en incarnation, Plus la lumière brille plus l’attaque est Forte ainsi que les autres tentatives .

276 . Ceux d’entre Vous qui ont de Longues années d’expérience en écriture Transcriptive savent qu’en cas de réveil Brutal dû à une tentative de Récupération, le cerveau physique garde Les traces symboliques sous formes de rêve De cette dernière, facile à déceler .

Alors que s’il s’agit du vrai service Hiérarchique, Vous écrivez simplement Sans aucune autre impression sur Le mental via le cerveau .

277 . Les occulteries diaboliques de Nos Frères Noirs sont déjouées par le Maître en incarnation au service du Plan et appartenant à la Hiérarchie .

Mais elles demeurent présentes et Dangereuses .

Votre vigilance doit donc Demeurer extrême .

278 . Observez les branches de l’arbre qui Ploient dans le vent et notez combien le Tronc, lui, est stable .

De même, Accompagnez tous les mouvements des Caprices de la vie et demeurez Fermes dans l’axe ciel-terre, c’est Ainsi que vous servez .

279 . Aux guerres froides de toute Relation ambiguë se dégage L’ambivalence démoniaque qu’installe Le trouble au sein des coeurs .

L’innocence est une protection, c’est vrai, Mais c’est la conscience et la conscience seule Qui permet de VOIR réellement et donc D’agir juste ; L’action est inhérente à la vision, en Aucun cas elles ne sont séparées .

Alors voyez et agissez .

280 . Lorsqu’au sein des affaires du monde vous Vous lamentez « Que puis-je faire ? » vous Ne posez pas la bonne question .

Sachez que les politiciens sont en place Grâce à vous, que si un film ou une Pièce de théâtre marchent c’est Parce que vous y allez et ainsi de suite .

Nous sommes tous responsables .

Est-ce que vous « VOYEZ » vraiment ça ? Et aussi pour les conflits armés, L’armement, l’économie, tout… Et si vous êtes capables de VOIR ça, Alors l’action juste suivra car Seule la conscience est agissante et Motrice .

Les Maîtres en incarnation VOIENT, Ils Ne sont que Conscience globale .

281 . C’est parce que vous posez la mauvaise Question : « Que puis-je faire, mon Dieu?» Qu’il existe un conflit entre la chose Observée et vous .

Dès que l’observateur et la chose Observée ne font qu’un, il n’y a plus de Distance entre eux et donc plus de Conflit .

Voyez et agissez .

282 . Aux aubes renouvelées des Difficultés humaines opposez Votre Coeur ardent comme un diaspor en Combustion .

283 . Du plaisir, symbole de joie ou de peine, Apprenez-leur à se détacher, ils auront Même du plaisir à chercher Dieu, ce N’est pas ainsi qu’ils Le trouveront .

284 . Aux branches fanées qui cassent de par Le monde ajoutez les tiédeurs et les Fadeurs de ces timides de la spiritualité Qui veulent refaire le monde sans Comprendre que la première ombre à Vaincre est la leur .

285 . Quand l’aurore se lève à la Rosée claire du matin, voyez-y les Larmes belles du grand jardin de la Nature comme autant de souffrances Témoignant de l’assassinat dont elle Est la victime ; ils en riront, disant Que la rosée a toujours existé .

Répondez-leur qu’elle a pu pleurer Sur autre chose, les causes ne Manquent pas .

286 . Lorsque les gouttes de pluie baignent les Fleurs voyez comme leurs couleurs S’illuminent d’une touche venue du Ciel .

Médiatrices de parfums et de Beauté elles ouvrent aux regards Éblouis un peu de l’impalpable dont Tout est fait .

Aimez-les .

287 . Faire face au Gardien du Seuil et le passer, Devenir soldat des plans subtils et Guerriers de feu aux attaques des Frères Noirs Vaillamment et sans peur pour le Service Exige une loyauté sans faille dans La fermeté et la rigueur les plus absolues .

288 . Là où Tout est, se trouve et se Retrouve, aux centres qui se Rencontrent, sur les plans verticaux de Canalisation, là se trouve Shamballa, c’est là que Nous Décidons ensemble, c’est de là que Vos Retours dans l’aube matinale terrestre Se trouvent inspirés et imprégnés de Cette joie qui a oublié depuis Longtemps ce que le mot plaisir Masque .

289 . Bien sûr ils Vous demanderont si Vous Avez le souvenir de ces réunions .

Dites-leur que ces détails qu’ils appellent Souvenirs ne sont que les béquilles que La pensée installe dans la mémoire, Dites-leur que Vous savez, Votre Expression en est l’évidence .

Morya s’exprime ici .

J’ai dit !

290 . Le Maître en incarnation est le Feu de Joie du brasier terrestre .

Combien de Jeanne d’Arc doivent y Être immolées par des soi-disant Croyants avant qu’une parcelle de la Vérité n’ouvre un peu plus les consciences .

Des psychiatres américains ont même Dit que cette pauvre Jeanne était Une malade mentale .

Pour se rassurer, le rationalisme a Parfois la dent dure et le Cerveau obtus !

291 . Les passages à vide que Vous connaissez Forcément seront de moins en moins Pénibles à vivre mais oui, pour Vous L’incarnation est un sacrifice Dominé par la Joie, cette Sagesse Particulière qui ne Nous quitte plus .

292 . Aux affres languissantes des curiosités Que se posent les sous-doués psychiques, Opposez l’humour forcené qui Nous Caractérise .

La déroute frappera Peut-être leurs consciences ?!

293 . La conscience objective est ce qu’il y a de Plus étroit en l’homme .

Ses limites sont Les obstacles que le rationalisme Sème aux quatre vents de son scepticisme .

294 . Au plus fort de l’orage, au plus noir de Ses gouffres, l’éclair percutant comme Une flèche de lumière illumine le Ciel brutalement et complètement .

C’est cette lumière fugitive intense que Le discernement doit retenir .

Au milieu des doutes qui les assaillent, Apprenez-leur que la lumière est partout, Et que ceux qui se ferment à La tempête de l’orage ne la verront pas .

295 . Lorsque le plaisir se cherche aux Mille et un tourments de l’ego, la Vie bascule, l’homme piétine, c’est de Ce piétinement que sa force vitale, Tel un cheval fou, pourra s’élancer, Plus solide, vers les aubes libérantes D’une conscience renouvelée .

Apprenez-leur le courage d’être .

296 . Dans l’ivresse du moment, les orgasmes Physiques ou psychiques prennent les Proportions inverses de leurs limites .

C’est à ces moments-là, lorsque L’illusion d’un sommet est atteinte, Que l’homme revenu à ses barrières Trouve parfois la force de se dépasser À nouveau .

Apprenez-leur que dans le plaisir on ne Trouve que l’ombre illusoire du Dépassement .

Apprenez-leur à se saisir de Ce tremplin pour atteindre à d’autres Hauteurs dont les sommets ne Sont pas visibles .

297 . Quand ils se gavent de sentiments Comme de crème Chantilly sur un Dessert, quand ils en arrivent à L’écoeurement d’une douloureuse Séparativité qui annonce la séparation, Lorsqu’ils aiment comme on prend et Que leurs clefs s’appellent Plaisir et désir à nouveau, Vous, Spectateurs conscients de ces égarements, Apprenez-leur que le sentiment ne Connaît pas encore l’Amour et que L’Amour ignore le sentiment .

Ce sera difficile mais Vous en êtes Les dépositaires, apprenez-leur .

298 . Apprendre ou « prendre avec » n’a rien D’intellectuel ; c’est un exemple de Vie, qui enseigne au mieux L’état d’être .

299 . L’incommunicabilité est un serpent Louvoyant qui s’enroule aux mots ou Aux apparences, brisez-lui la tête afin Que les forces nouant son corps se Détendent .

C’est alors que d’un Regard de Votre part, l’harmonie à Nouveau naîtra, sans explication, Sans phrase, simplement La connaissance aura retiré un des Voiles de l’illusion ; Communiquez .

J’ai dit .

300 . Lorsque par la voie des ondes, une Nouvelle parcourt le monde, Vous avez un parallèle avec ce que Vos Énergies installent malgré eux dans Les mondes subtils et terrestre .

Les nouvelles passent, les hommes les Écoutent, les entendent ou pas .

Il en est de même pour Vos énergies, elles Passent mais ne sont pas toujours captées .

C’est la loi de l’évolution .

Émettez .

J’ai dit .

301 . Lorsqu’au crépuscule la voix de la Nature s’estompe dans la nuit Naissante, la voix du silence prend Le relais, c’est là, dans la nuit, que Le Verbe tente un écho au plus Profond de chacun .

Alors écoutez .

Apprenez-leur que la voix du Silence est Le seul écho de l’intériorité Naissante .

302 . Il faut que chaque étape soit comme Le barreau d’une échelle .

Parfois il Sera scié, Vous pouvez le maintenir Le temps qu’ils arrivent au suivant .

C’est ainsi que Vous focalisez sur Vous L’avancée initiatique du groupe, Vous Faites office de tampon aux Assauts des forces noires et Vous les Transmutez en Vous .

Au sein de l’incarnation ces attaques Sont pénibles aux véhicules .

Ensemble dans le Service, luttons !

303 . Lorsque l’affirmation naît de la Connaissance, elle est toujours silencieuse .

Lorsqu’elle naît du savoir, elle Est bruyante, se veut convaincante .

C’est là qu’ils pourront détecter L’impersonnel et le personnel .

Mais le feront-ils ?

304 . La nature n’a pas d’état d’âme, Elle n’a que des états d’être .

C’est en la voyant ainsi que l’on Apprend que ses manifestations ne Sont pas neutres et qu’il y a entre Elle et les hommes une interrelation Constante .

305 . Au Soleil Spirituel des rencontres les Plus chaleureuses, ne voyez aucun Hasard .

Discernez et aimez .

306 . Silence et Solitude commencent tous Deux par un « S », c’est celui du Sifflement des ondes énergétiques Dans l’univers .

Cultivez-les .

Rien ne se fait à ces niveaux-là dans Les bruits des villes et des foyers .

307 . L’Amour Christique n’a encore jamais Été vécu au sein du couple .

Mais il le Sera avant la fin du siècle .

Et vous Pourrez tous voir le couple-phare de Ces deux pionniers .

308 . L’envergure est un angle ouvert sur Le monde, élargissez-le .

309 . Aux impératifs des besoins Vous répondez, Parce que le Plan est prévu ainsi et Vous Est confié .

310 . Au sein de leur vie la Vision est un éclair, Et Vous êtes la Vision ; soyez L’éclair de leurs vies .

311 . La vie est pleine de joies parce que La VIE UNE est Joie .

312 . C’est Vous qui focalisez au groupe L’impact hiérarchique et c’est Vous Qui absorbez du groupe les forces Négatives .

Peut-être comprendront-ils Ces tensions très fortes que Vous subissez, Certains Vous aideront, d’autres Vous Enfonceront et Vous aimerez les uns et Les autres uniformément .

Mais le verront-ils ?

313 . Il y a dans les livres des éveils Potentiels, il y a dans le sang une Vie potentielle .

En feront-ils la Synthèse en Me lisant ici ? Le Sang de ce Calice est un Fleuve rouge au blanc de la Synthèse .

Encore faut-il le reconnaître .

314 . Ocre ou pourpre, qu’importe ? Les Couleurs ne sont que les bases Énergétiques visuelles des qualités divines Que l’univers déverse et les artistes En sont les vecteurs .

315 . Aucune conclusion n’est à tirer, Jamais, Les conclusions sont ennemies de L’évolution .

316 . Lorsque le printemps se refroidit et que Les pluies l’envahissent, alors c’est que Dans la mobilité de la nature Quelque chose doit être compris .

Il en est de même pour les surprises de L’évolution .

Les causes sont à rechercher, pour tout Événement qui semble inhabituel C’est dans les causes que résident les Réponses .

Mais il y a toujours ceux qui ne S’étonneront de rien, leurs regards sont Les chapes de plomb de l’évolution, ils la Figent comme incohérence de la nature, et Ce n’est que projection de leur propre Incapacité à la cohérence .

Tant que quelque chose nous échappe c’est Qu’il y a quelque chose à saisir, à Comprendre, à intégrer .

La Vision est instantanée, Saisissez-la, et sachez bien que le temps dans Sa durée n’a rien à voir avec tout ça .

317 . Tout ce que vous taisez n’est pas silence .

La pollution des non-dits s’étale et Obscurcit l’atmosphère, voilant De ses miasmes opaques les circuits de Transmission subtils .

Le silence qui, lui, est purification est Tout autre chose .

318 . Aux termes des accents que le sel égotique Donne à la vie, la corrosion est telle que L’irrécupérable installe une permanence .

Pourtant l’homme est perfectible à tout Moment, au long trajet de l’évolution .

Seules certaines incarnations peuvent être Frappées au sceau du refus évolutif .

319 . Il faut parfois piétiner dans la boue ; Avant de trouver les chemins, on n’en Aperçoit même pas la croisée .

320 . C’est vrai que les symboles ne sont pas la vie, C’est vrai qu’en énonçant le mot « porte » vous N’avez aucune idée de son matériau et de Sa forme avant d’avoir vu et touché .

Pourtant c’est le symbole qui cache la vie et Donc y mène .

Et dire que la vision peut être instantanée .

321 . Aux circonférences des ronds que font Les ricochets à la surface lisse de l’eau, Mesurez l’étendue de l’impact énergétique Sur les corps subtils et sur l’outil du mental .

Et comprenez pourquoi leur tranquillité Est nécessaire et combien elle est Importante .

322 . Les Maîtres en incarnation subissent dans L’incarnation un entraînement intensif De continuité de conscience dans la Conscience objective qui, chez Eux, n’est Plus qu’un laissez-passer concret de L’abstraction, du subtil à l’expression .

Cet entraînement est une performance Physico-spirituelle, psycho-concrète .

Et ils pourront vous en parler, cela vous Aidera à mesurer la perfection à Laquelle atteignent Leurs corps ainsi que Le processus quasi-mécanique de Leur Fonctionnement parfaitement synchronisé .

323 . Curieusement vous pouvez comparer L’entraînement physico-psychique d’un Maître en incarnation à L’entraînement physico-moral d’un Sportif de haute compétition .

Bien sûr les plans sont différents mais un Parallèle peut être fait dans les épreuves Que l’Un et l’autre subissent volontairement et En toute conscience .

324 . Le Maître en incarnation ne dit pas tout Mais ce qu’il ne livre pas est Silence .

325 . Bien sûr les Maîtres en incarnation ne vous Apprendront pas la Vision, mais peut-être, À travers Eux, pouvez-vous en saisir Quelque parcelle .

326 . Aux fruits rouges de l’été, goûtez L’impalpable caresse des rayons d’un Soleil chaleureux, Au contact d’un Maître en incarnation Recevez l’impalpable rayonnement du Soleil Spirituel Central .

Ne gâchez pas cette possibilité superbe .

327 . Quand vous pourrez couper net avec le Passé, c’est que pour vous le présent Aura enfin quelque sens .

Face à l’éternel présent, ce n’est pas tout, Mais c’est un bon début, Et dire que cela pourrait être instantané !

328 . Aux abords d’une épreuve, une inquiétude Prémonitoire s’installe souvent, c’est Une perception subtile de la réalité qui Déroute la conscience objective .

329 . Les souffrances sentimentales ne sont que Complaisances de l’ego face à une Âme qu’il ne perçoit que très mal encore .

L’Amour ne fait pas souffrir, mais L’ego n’a aucune idée de l’Amour .

Parce qu’il connaît le plaisir, il n’en Perçoit que le désir .

330 . La Vision découle d’une véritable Révolution mentale .

La Vision est instantanée, la Révolution mentale devrait l’être aussi, Or, voyez le temps qu’il faut pour y Parvenir, il se compte en incarnations ! Ce qui prouve que le temps n’a rien à Voir là-dedans, seule la Conscience est en cause .

331 . Aux jours bruyants, agressants, que Vous Ne manquerez pas de traverser au sein D’un environnement, d’un entourage Difficiles, sachez que Nous sommes Reliés et que quelles que soient les apparences, L’aide est latente, constante, sûre .

332 . Il en est des contingences matérielles Comme des réflexes quotidiens habituels, Ils doivent passer au-dessous du seuil de La conscience .

Mais parfois ils sont Quand même dérangeants .

Les habitudes sont contre-nature, seul Le mouvement est lié à la Vie .

Tout cela semble bien paradoxal au sein De l’incarnation qui n’est sur le plan Physique qu’une succession de Moments dont découle la durée .

Mais Vous appartenez au Temps dont L’Espace a le secret .

333 . Quand un choix s’impose, Est-ce encore un choix ? Plus l’hésitation est grande et Moins le choix est libre .

Le choix découle de la liberté intérieure, Mais est-ce un choix ?

334 . Plus vous vous enfoncez dans le Bleu du ciel et moins la couleur est présente .

L’Infinité, elle, n’a pas d’apparence et Pourtant elle les contient toutes .

335 . Aux couleurs brillantes que La nature projette, la Vision Amène l’impersonnalité qui fait du Regard et de la chose vue une Synthèse d’où recul et projection, c’est á-dire différence, sont absents .

Voir c’est être l’autre, Vous êtes l’autre Parce que Vous voyez .

336 . La liberté sexuelle est le Sens interdit à l’Amour .

Lorsque vous Déclinez l’Amour au pluriel, il n’est plus Que morcellement, séparativité ; au Libre service qu’il subit, les sentiments Mêmes sont caricaturés, l’ego, Prisonnier de lui-même, procède à Une fuite en avant destructrice .

Peut-on encore appeler cela Amour ?

337 . C’est un plaisir de faire un enfant, Mais on prend trop de plaisir à ne pas en faire .

Ne voyez là aucune leçon de moralité, Simplement les règles élémentaires de La nature sont transgressées .

Lorsque l’Amour est présent, tout est Différent mais les réflexes sexuels, Les habitudes, les faux-semblants sont Les coups de canif médiocres que l’on Fait à ce que le mariage est devenu : Un simple contrat .

L’union est tout autre chose .

338 . En donnant aux enfants le privilège de La vie, les parents se doivent ensuite de Leur apprendre à la respecter .

Et c’est Envers eux qu’ils exigent le respect !

339 . C’est au terme de ces peines qui ne se Consolent pas d’avoir été que l’ego Déçu va capituler .

Accueillez ces peines qui Engendrent conflits et souffrances, c’est En y adhérant que vous les effacerez .

340 . Les corps doivent être préparés à recevoir Les énergies monadiques ; leur impact est À la mesure de leur puissance .

Le corps physique en a toujours des effets Que les médecins ne comprennent pas .

Des douleurs intenses peuvent survenir Dans les os et se déplacer très vite D’un endroit à un autre d’une Manière lancinante fort précise .

Les Maîtres en incarnation expérimentent Dans le corps physique des manifestations Curieuses dues aux énergies monadiques Mais aussi interplanétaires, Ils savent Qu’il ne faut pas consulter mais Se reposer pour aider au Passage .

Ces moments sont pénibles et Douloureux mais aucune déperdition D’énergie n’est à redouter .

À certains moments Ils ne peuvent Même plus dormir couchés mais assis, Tant la tension est grande .

Il faut noter tout cela pour aider La médecine énergétique de l’avenir .

341 . Où que vous soyez, l’âme du monde y Est, les Maîtres en incarnation en sont Les réceptacles diffuseurs, et le Calice est là, à portée de tous .

342 . La matière est sublime puisque L’Esprit qui l’anime est divin .

Voyagez aux paliers de ses différences Jusqu’à la Synthèse qui lui est Sous-jacente .

343 . Lorsqu’il s’agit d’aimer, laissez aller L’autre comme un voilier sur L’océan de l’Amour.

L’infinie liberté Est la caractéristique de l’Amour, il S’agit de ne rien retenir mais plutôt D’aider à l’appareillage .

Aimer ainsi est une façon de Communiquer l’Infinité .

344 . L’Amour est une énergie neutre que Rien de personnel ne doit entacher .

345 . À chaque pas initiatique un Départ est amorcé, mais le Renouveau total se fait à la Sixième initiation seulement .

Ce choix-là est une immersion totale de L’être dans l’âme du monde .

Plus que tous les précédents, ce pas-là est Décisif, Vous le savez bien .

346 . Se taire face à ceux qui ne savent pas pour Ne pas agresser leur intellect par provocation, Se taire face à Ceux qui savent car alors Il n’est point besoin de mots, et Le reste du temps doser la parole à La mesure des capacités de Leurs Interlocuteurs, voilà aussi où se Place le discernement sage des Maîtres en incarnation .

347 . Lorsqu’à la tombée du crépuscule les Bruits de la nature s’étirent dans La nuit qui avance, le silence intérieur Prend tout son sens .

C’est en lui que Germent déjà les fleurs de la journée du Lendemain que la nuit va parer des Parfums glanés aux mondes subtils .

Donnez au silence une chance, donnez à Vos lendemains toute leur ampleur .

348 . L’enthousiasme est le baume de l’action .

Allez et oeuvrez, Morya Vous soutient .

349 . Les mirages sont des dessins subtils à Trois dimensions dont le regard est absent .

C’est une certaine vue qui les capte C’est une certaine chaleur qui les fragilise C’est une certaine distance qui les suscite .

L’homme en est le jouet et rien ne Frappe sa rétine .

Des parallèles intéressants sont à en Dégager .

350 . Secouer l’ombre qui envahit Vos Épaules aux moments difficiles c’est Enlever un vêtement que quelqu’un D’autre Vous aurait jeté sur le dos .

351 . La tendresse chez Vous se manifeste Rarement .

Lorsqu’elle le fait c’est Souvent envers des enfants ou personnes que Vous connaissez très peu ou pas .

Alors ils Diront de Vous que Vous êtes durs, Parce qu’ils ne comprennent pas que Vous Êtes impersonnels et la tendresse est un Lien essentiellement personnel .

C’est Pourquoi Vous pourrez la manifester aux Inconnus car il n’y a là aucun lien .

Les sentiments personnels Vous sont aussi Étrangers que la lune pour le commun des Mortels.

352 . Lorsque Jésus a dit qu’il fallait Pouvoir quitter père et mère, Le Christ en lui commençait à Manifester l’impersonnalité inhérente Aux Maîtres en incarnation pour lesquels La famille est un moyen d’incarnation .

L’Amour n’y est présent que comme il L’est pour tout le reste de l’humanité .

Cet absolu est encore mal perçu et Très mal vécu, Vous êtes les pionniers de L’Amour juste sur terre .

353 . Pour Vous, tendresse et sentiments Humains ne sont plus qu’outils, Vous Pouvez les employer, vous n’en êtes plus Prisonniers, Vous n’en souffrez en Aucun cas ; Vous ne les éprouvez plus, Seul l’Amour coule en Vous comme Un torrent mais ils ne sont sensibles Qu’aux sentiments apparents et ils Auront du mal à comprendre ; ils Pourront même confondre Votre état Avec une attitude hypocrite ! Mais Rien en Vous ne s’accrochera à ces Comparaisons .

Vous passez en Demeurant et ainsi Vous les aimez Comme jamais ils ne furent aimés .

354 . Les explications intellectuelles sont des Justifications de l’ego qui a besoin de la Reconnaissance dont le regard des Autres est le garant .

À ce stade-là, Vous avez raison, rien ne Sert de parler .

355 . Les écoles de communication se servent du Mental concret et du subconscient pour Mieux frapper les consciences objectives .

Il est important d’apprendre aux hommes Que le seul espace valable de communication Est celui de la Conscience .

C’est là, Débarrassés des références et béquilles, Qu’ils peuvent vraiment communiquer Puis communier quelles que soient leurs Opinions personnelles et leurs étiquettes Sociales .

C’est là un apprentissage au Dépassement de l’ego .

Il est nécessaire d’ouvrir des Espaces de conscience afin de communiquer .

Les écoles de communication ne font Qu’appliquer des méthodes cristallisantes Pour l’ego, c’est le contraire de La communication .

Il faut que Vous installiez ces espaces de Conscience dans l’impersonnalité des Participants .

Ne pas confondre ces Espaces avec des groupes New Age et Ne pas tomber dans la psychothérapie de Groupe .

Soyez vigilants et oeuvrez .

Morya est avec Vous !

356 . Les hommes ont bâti des barrières Sécurisantes dont le résultat est La société .

Tout n’y est pas franchement mauvais Mais combien de choses y sont vénales .

Examinez et réfléchissez sur les bases de L’économie, mais n’en tirez pas de Conclusions, chacun de vous peut Faire bouger les choses à son propre Niveau de consommateur .

Vous avez le pouvoir d’être, Quelle responsabilité ! Saisissez-la et OEuvrez .

357 . Les Maîtres en incarnation seront les Focalisateurs de cette volonté de Changement, Ils seront toujours Présents là où la Conscience vibrera .

Reconnaissez-Les et oeuvrez ensemble .

Le travail hiérarchique en sera Facilité .

358 . La concentration est le hachoir de La globalité .

Sachez vous concentrer en L’utilisant comme un moyen, d’une Façon ponctuelle, mais n’en faites Pas des exercices .

Cela nuit à la synthèse à laquelle vous Aspirez .

359 . Comme le vent et l’eau, Vous êtes partout où Il y a des failles et des creux afin de les Combler, mais comme le vent, personne Ne Vous y voit ! Morya est là pour appuyer Votre action .

OEuvrons Mes Frères !

360 . Comme un chant d’Amour qui Envahit la planète, L’avancée des Maîtres en incarnation Est une bénédiction pour l’Humanité .

Les reconnaître est votre responsabilité, Les aider, votre devoir .

361 . Aux gammes parfaites des notes du verbe, Les Maîtres en incarnation sont virtuoses .

Eux seuls peuvent vous en communiquer Les harmonies .

362 . Que la Joie du retour salue Chacun de Vos matins, mais n’oubliez Pas de recommander Vos nuits à la Force de Mon Ashram .

Morya Vous protège .

363 . Si l’avenir, le futur de l’Humanité est une Notion abstraite pour beaucoup, il Est la réalité de Votre Service qui se Conjugue au Présent éternel .

364 . Les Maîtres en incarnation sont L’amorce du Royaume de Dieu sur Terre .

Ce dernier étant l’expression du Christ réalisé dans tous les hommes .

365 . Le retour du Christ n’est en Aucun cas celui d’un individu, ce que Pouvait laisser supposer la formulation Trop théologique d’A .A .B . L’Extériorisation de la Hiérarchie est en partie L’expression de ce retour du Christ .

366 . Aux galères des relations conflictuelles Que Vous côtoierez forcément, des Perturbations énergétiques agresseront Vos corps .

Coupez les liens de contact physique et Mental est la seule solution pour Rétablir l’harmonie.

En cas d’urgence extrême Morya Vous aide et cela pourrait Se manifester par la présence d’un Parfum .

Notre Soeur LC en a Bénéficié lors d’un séjour forcé à L’hôpital ; cas d’urgence extrême vu le Contexte relationnel extrêmement Éprouvant à subir .

Il fallait protéger Ses corps .

Morya veille et l’Ashram est présent .

367 . Sur les pentes immaculées que les skieurs Empruntent, la descente aux apparences Faciles est une épreuve technique à Laquelle ils doivent se préparer .

L’accès à la Synthèse est une remontée Glissante dont la pente immaculée Vous Précipite au sol de l’incarnation dans Le choix déterminant qui est Vôtre .

La seule différence est que Vous Remontez aussi aisément qu’ils Descendent liant en Vous le Plus et le moins ; Votre globalité est Au service ce que leur technique est à La compétition .

368 . Vous êtes les bâtisseurs de l’ère du Verseau, Sous la bannière de Morya les Fondations prennent leurs assises .

369 . Lorsque, relatif au Plan, un travail Important est prévu, la Puissance de L’Ashram entre en oeuvre, et rien ne Peut l’arrêter .

370 . La synthèse devrait maintenant Être appliquée par tous ceux qui Suivent et appliquent l’Enseignement Hiérarchique Dans ses trois phases indissociables .

Les gardiens de cet Enseignement étant Les Transcripteurs et Médiateurs, Nos envoyés et Les membres de l’Extériorisation, tous Reconnaissables par leur solidarité entre eux .

Vous voyez que peu passent ce test de la Reconnaissance car il n’est pas mental .

371 . Sous le couvert d’une transcendance qui Agonise, les mystiques contemplent ce Qui devrait être au détriment de ce Que seule l’action peut installer .

Le soldat de Christ est un actif qui Demeure dans le non-faire et Passe comme un souffle pour Animer l’action .

OEuvrez et demeurez !

372 . Comme une silhouette qui se découpe dans Le flamboiement ultime d’un coucher de Soleil, l’âme fait pâlir jusqu’au néant Les derniers sursauts que l’ego tente avant Son déclin, là où la ligne de l’horizon se Coule dans l’infini, Vous avez rejoint L’Infinité .

373 . La Volonté, la Puissance et l’Amour Coulent à la pourpre du Sang de Mon Calice.

Le souffle du Rayon I tout entier y Est concentré .

Le dynamisme énergétique qui en Résulte caractérise la formulation Dont Notre Soeur LC est en charge de Transcription .

374 . Aux affres royales de la Voie divine, la Peur se désamorce, abandonnant une à Une ses réticences et ses défenses .

Aux marches de l’Infinité, l’entrée dans L’Absolu est à l’identification impersonnelle Ce que l’altruisme est à l’égocentrisme .

375 . Sur les douces pentes ouatées du Confort matériel, seuls les Maîtres en incarnation vivent la Responsabilité de la non-appartenance, Sachant qu’Ils en disposent le temps du Service et à des fins non personnelles .

376 . Il n’y a pas de Maître en incarnation Heureux .

Il n’y a que des Maîtres en incarnation harmonieux .

L’harmonie trouve ses notes partout, Le bonheur a les discordes de Ses conflits .

377 . Le Maître en incarnation, pour vous, ne S’exprime qu’au triangle parfait : Monade – tête – coeur, mais Il a aussi La ligne directe Shamballa – coeur, ainsi Qu’un centre aux circonférences infinies Qu’il est inutile de mentionner ici et Dont Il n’a pas la conscience objective .

378 . Quelles que soient les opinions autour, Le point de vue du Maître en incarnation Est global, synthétique, juste mais si Large que l’intellect ne peut L’appréhender que partiellement et donc Le discuter, Je vous demande de ne pas Tomber dans ce travers mais de faire de Ce point de vue une réflexion .

379 . Aux sillons de l’Amour, les graines Peuvent être semées .

Elles prendront et Germeront, un jour ou l’autre, une Vie ou l’autre .

380 . Il est clair que la densité est un Voile léger dont les hommes font de La forme leur réalité .

La vie cachée leur Est parfois insoupçonnable .

Le Maître en incarnation est le voile, La forme et la Vie, c’est pourquoi vous Pouvez le côtoyer sans Le voir .

381 . Aux matins scintillants ou opaques, la Vie se précipite en cascades depuis les Plans subtils .

Le Maître en incarnation Est au point profond qui y prend sa Source, parce qu’Il la relie au ciel .

382 . Au temple de Votre corps les colonnes Sont les nadis .

Fragiles comme des Cordes de harpes, ils résonnent au Moindre souffle sur le système nerveux ; Prenez soin de ce temple d’où se fait le Service sur terre, fuyez les Impacts émotionnels durs des autres et Qu’ainsi Votre corps physique irradie La Beauté du monde divin et des Plans de lumière .

Paix en Vous, Mes Frères .

383 . Les rythmes cycliques sont les durées Auxquelles les Maîtres en incarnation Sont attentifs .

C’est pourquoi Ils Connaissent le moment et l’heure, mais L’heure n’est pas la vôtre .

Voguant aux mouvements de L’intemporel, Ils accomplissent le Temps que l’Espace ouvre en Eux .

Suivez-Les, si vous le pouvez, aux Moindres détails pragmatiques de Ce voyage sacré .

384 . Dans la brume éprouvante qui Nimbe le regard physique, Le coeur du Maître en incarnation est La boussole aimantée au Divin .

Où qu’Il se tourne, l’indication Sacrée qu’Il communique est Digne de confiance .

385 . Ne faites pas du Maître en incarnation Un « guru » à l’occidentale ou à L’orientale .

C’est un Homme qui a Connu et traversé ce que vous Connaîtrez et traverserez .

Exprimez-Lui Estime et confiance ; la vénération Serait caricaturale et gênante pour Lui .

C’est un Ancien, un Adepte, considérez-Le Comme tel, dialoguez mais ne Polémiquez pas .

386 . De l’estime et de la confiance Découle le respect .

387 . Soyez les avant-postes de l’Ashram .

Morya est avec Vous et vous tous .

388 . Lorsque la joie semble s’éloigner de vous et Que l’humeur tourne à la bruine, Tournez votre regard vers la Sérénité du regard du Maître en incarnation .

La Joie ne Le quitte pas, elle est chez Lui Indépendante du monde phénoménal .

389 . Mes frères, vos plus belles limites Sont celles que vous reconnaissez .

390 . Le silence est à la verve ce que Le Verbe est à la parole .

Par la voix du silence le Maître en incarnation Exprime le Verbe avec ou sans mots .

Dosée, la parole n’est pour Lui qu’un Autre moyen de silence .

391 . Le contact permanent est au Maître en Incarnation Ce que le génie épisodique est à l’écrivain ou À l’artiste .

Mais le talent de la formulation Transcriptive Lui est propre .

C’est pourquoi les vrais transcripteurs Sont si rares .

392 . Il y a dans la joie de vivre des enfants Une insouciance du lendemain que les Disciples devraient retrouver .

Cette insouciance est due au contact Énergétique de l’âme qui n’a pas Conscience du morcellement du temps Propre aux adultes .

393 . Les enfants ont des compagnons de jeux Invisibles dont la réalité dépasse L’entendement des adultes .

C’est que le voile de la densité ne les Aveugle pas encore .

Il est de votre devoir de préserver cette Réalité .

Mais comment la préserver si Elle vous est inaccessible ?

394 . Travailler, dormir, manger… Les choses de la vie prennent une Autre dimension à Celui qui sert .

395 . Sous le boisseau protecteur de la Subjectivité, la lumière est intense mais L’ombre est présente .

Capter l’une et combattre l’autre en Toute connaissance de cause est aussi Une partie de la mission du Maître en incarnation, et Nous OEuvrons ensemble .

396 . Aux détours du labyrinthe émotionnel Que crée toute relation sur le Plan physique, le Maître en incarnation Connaît toutes les impasses et les Évite .

397 . Douces ou amères vos journées sont Belles à l’évolution, appréciez-les .

398 . Lorsque l’éternité se déroule à vos coeurs, Qu’est-ce qu’un moment de tiraillement Est en regard des possibilités à venir ?

399 . Être dans l’infini c’est rendre à L’infiniment petit ses lettres de noblesse Comme seul l’Amour en est capable .

Être c’est Aimer .

400 . Au ciel gris de ces nuées blêmes que Le mental concret fabrique, vous Perdez la trajectoire du pont lumineux Arc-en-ciel des descentes de la Manne divine qui anime les plus Belles réalisations .

Que les disciples soient vigilants, le Mental concret, outil merveilleux, Peut devenir la gangrène de la Réceptivité .

J’ai dit !

401 . Remerciez ceux qui cassent vos limites Mentales même s’Ils vous bousculent Un peu .

Les Maîtres en incarnation ont Ce privilège .

Les projections de vos Réactions Leur sont douloureuses même S’Ils les transmutent .

Discernez !

402 . Un bouquet multicolore de couleurs Subtiles fait des corps du Maître en Incarnation l’émetteur du baume Divin de l’aide constante objective ou Subjective dont vous pouvez avoir besoin, Et ce, même à votre insu .

403 . Au groupe subjectif le Maître en Incarnation est le tampon des Forces négatives, ces dernières vous en Émettez aussi, alors soyez responsables Et vigilants, vos pensées en étant L’énergie formulatrice, surveillez-les .

404 . Au groupe subjectif le Maître en Incarnation est le seul élément D’agression des Frères Noirs .

C’est Lui Qui focalise leurs tentatives de Séduction puis leurs attaques .

Plus les disciples sont conscients et Responsables, plus leur vigilance est En éveil et plus la force du groupe Peut Le soutenir .

Apportez-Lui aide et soutien, Son Travail est en plus saupoudré par les Difficultés de l’incarnation, ce qui fait Que dans les moments intenses Il Est en combat permanent sur Tous les plans .

Prenez conscience que Ses corps Peuvent en être très éprouvés et Parfois atteints .

405 . Dans la permanence souple du Service qui s’accomplit, le Plan Connaît des modifications fréquentes .

La mobilité est une caractéristique de la Hiérarchie et le Maître en incarnation en Est le reflet sur terre .

C’est pourquoi les structures nécessaires à L’expression de l’Enseignement sont Utilitaires et momentanées .

Viendra un temps où seule la Permanence de l’Enseignement sera Essentielle, tant la Synthèse qu’Il Véhicule en sera perceptible .

L’expression de la Synthèse a commencé, Notre Soeur LC en est le Vecteur .

406 . La note du Rayon I est synthétique .

L’Enseignement ésotérique est Issu de Mon Ashram, il est porté, soutenu et Suivi par tous les Ashrams des Maîtres de la Hiérarchie .

C’est ainsi que s’exprime la Synthèse .

C’est pourquoi Notre transcriptrice Actuelle peut travailler avec Nous Tous .

407 . Aux dos d’âne que votre travail pour l’évolution vous Force à passer, L’âne est au dos ce que votre Mental concret est à votre bonne volonté .

Et il vous faudra bien le dépasser pour Exprimer un jour la Volonté divine .

408 . Où se niche la satisfaction ? Dans Les succès apparents mais que sont Les apparences en regard de L’inconscient ? Des symboles qui Cachent une vie où succès et Satisfaction ne sont pas de mise .

409 . Morya est avec Vous .

Sachez que rien ne pourra détourner Le Premier Rayon de son impact Énergétique sur cette phase de L’Enseignement Hiérarchique .

Qui s’y essaiera s’y brisera .

J’ai dit .

410 . Que les incertitudes, les peurs, les Timidités, les fausses humilités des Timorés qui s’accrochent au Groupe aillent alimenter d’autres Canaux, ils n’ont que faire avec Nous, Nous n’avons que faire de leurs troubles .

411 . Suivez-Nous et travaillez en Vainqueurs .

La bannière de Morya Concerne seulement la Lumière et ses Porte-flambeaux .

J’ai dit !

412 . Aux vertes demeures qui Vous abriteront En campagne, en montagne, accrochez En emblème les trois points rouges de l’Agni Yoga, C’est le Feu qui protégera Votre Demeure terrestre .

413 . Aux portes vibrantes des seuils Infranchissables que Vous franchirez, Des claquements terribles pourront se Produire mais ne prêtez pas attention à Ces bruits, seul l’horizon de l’infini Renouvelé est essentiel, Vous en êtes Les pionniers .

414 . Comme des branches qui cassent sous La tempête, les résistances élimineront Les plus réfractaires .

Seule la souplesse de l’Amour Permet de résister aux Plus grandes tempêtes .

Ne Regrettez pas les premiers et soutenez Les seconds .

Mais Vous les Connaîtrez avant la brisure et Pourtant Vous les aimerez jusque Dans leur chute et après .

415 . Dans la chaleur ou dans le froid Vos Corps réagiront différemment .

Mais L’harmonie qui s’en dégage n’en dépend pas .

416 . À l’intemporel Vous êtes liés À l’Absolu Vous communiez À Shamballa Vous coopérez À l’incarnation Vous êtes nés et Parce que Vous êtes en Christ L’impersonnalité caractérise Vos Moindres faits et gestes .

Pourtant Votre Personnalité doit Être forte .

Et ce paradoxe pour eux est Difficile à comprendre .

417 . Il faut qu’ils sachent que la Personnalité N’a rien à voir avec l’ego .

C’est quand ce dernier est transcendé Qu’elle existe enfin .

C’est pourquoi Notre Frère D .K . a Défini l’âme par ego .

418 . Aux terres brûlées des désastres humains, Des catastrophes humanitaires, Vous Êtes les socs de la charrue nouvelle, les Sillons frais et la semence délicate ; Vous Protégez l’arbre et la fleur, le blé et tout Ce qui repousse à la destruction .

Et Tout cela n’est qu’effets de ce qui se Trame sur les plans occultes et dont Vous Êtes les orchestrateurs anonymes et Silencieux .

Le Maître en incarnation est amphibie et Ses marées se trouvent sur les plans subtils .

419 . Les Frères Noirs interviennent sur Le libre arbitre avant le choix .

Nous favorisons le libre arbitre afin que La liberté de choix existe .

Discernez .

420 . En politique un tapis rouge est Déroulé sur l’avenir pour marquer les Pas poussiéreux que les hommes Laissent sur l’Histoire .

Mais les pieds qui ont fait ces marques Ont passé leur chemin et que Reste-t-il du sang qui a pu couler par Leurs mains ? Quelques gouttes Lourdes de satisfaction que la Nation reprend à son compte pour en Bourrer le crâne des enfants à l’école .

Aigus ou graves les accents de L’histoire détonnent parfois sur La vie .

Si vous enseignez l’histoire, Quelle responsabilité !

421 . Lorsqu’on est obligé d’attaquer pour Se défendre, où est la sagesse ? Entre l’attaque et la défense la Frontière est mince .

Qu’en est-il des armées et comment La manient-elles ?

422 . Aux obscurantismes des structures Sociales s’ajoute la raison d’état .

Quand on sait ce qu’est la raison, Où se place l’état ?

423 . La raison n’est souvent qu’une Longue liste des justificatifs de l’intellect .

424 . Le monde politique est balayé par le Premier Rayon, c’est pourquoi les Destructions et les reconstructions y Sont nombreuses .

Le Second Rayon D’Amour doit s’y implanter afin que La synthèse des deux y amène une Sagesse dont la raison humaine est Dépourvue .

C’est pourquoi ils ont inventé ce terme Raison d’état, ce qui laisse supposer une Différence entre la raison des citoyens et Celle de l’état ; Mais l’état c’est vous, alors Est-ce vraiment raisonnable ?!

425 . Dans la sérénité tranquille de la Solitude qui Vous est indispensable en Période d’intenses activités occultes, Vous Recevez la puissante vibration ashramique Dont l’impact régénérant vivifie Chacune des cellules du corps physique .

L’effet très dynamisant qui en résulte Est heureusement atténué par L’entre-deux consciences des plusieurs plans Sur lesquels Vous évoluez .

426 . Une constante dans le Service : le Désintéressement total qu’il implique .

Les Maîtres en incarnation en sont la Preuve vivante .

427 . Si la politique avait la sagesse de ses Aspirations, le problème du pouvoir Serait résolu .

Pour cela la sagesse doit avoir des Racines à l’intérieur de l’homme lui-même .

428 . En politique il faudra renverser les Points de vue .

Des femmes s’en chargeront Mais elles seront gênées par les Structures existantes .

Pourtant certaines énergies grâce à elles Pourront passer .

429 . La magie blanche exprimée par le Mage blanc n’a que les limites des Expressions de la Synthèse .

430 . Sur les fondations de la Hiérarchie, En nettoyant le plan mental de Ses miasmes, le Maître en incarnation Participe à la rédemption de L’Humanité .

431 . Le passé est peuplé d’étapes nécessaires Qu’il faut oublier pour avancer .

Au fourre-tout des pensées la Mémoire se fait des souvenirs inutiles .

OEuvrez au Présent éternel de l’avenir, ce Devenir perpétuel est la seule réalité Objectivement valable .

432 . Quand vous êtes réunis au nom de la Hiérarchie autour d’un Maître en Incarnation, évitez les discussions Oiseuses, les questions inutiles et les Doutes perturbateurs .

OEuvrez ou partez .

J’ai dit !

433 . Quand le silence est pesant c’est qu’il Est peuplé de non-dits .

La légèreté sublime de la voix d’or du Silence est une harmonie qu’absorbe et Restitue l’Espace comme une Mélodie dont les notes ponctuent Le Temps .

Il faut s’en imprégner .

434 . Quand le vent souffle sur les blés verts Comme une caresse sur une opulente Chevelure, c’est que l’Esprit se recueille en La matière qui s’imprègne du rythme Créatif des saisons .

435 . Les pierres tombales des cimetières ne Sont que les sceaux lourds que L’humain appose à la mort pour en Cerner l’inconnaissable .

Sous les Marbres brillants et autres caveaux ne Reposent que des cadavres .

L’énergie libérée est ailleurs, elle fait Partie de vous .

Il faut faire entrer l’incinération Plus avant dans les moeurs .

436 . De la Beauté qui se dégage des Mots, l’Ashram est tout entier le Creuset lorsqu’il y a transcription .

437 . Bien que, grâce aux hommes, la durée S’installe dans le temps, ce dernier Lui échappe toujours .

Tandis que le Maître en incarnation se Situe dans l’intemporel, L’homme ordinaire est dépendant de La durée, et Le fou, lui, subit le conflit cacophonique De la durée sur le temps dont découle Le chaos .

Dans ce dernier cas, le Chaos est le choc énergétique que Produit l’interpénétration anarchique de moments Liés à différents plans entre eux .

438 . La Vision est l’accomplissement global De la connaissance directe qui, elle, est Encore ponctuelle et morcelée .

Dans l’intemporel, le Maître en incarnation Utilise et subit la Vision .

Il la Subit parce qu’elle Le met en contact Direct et étroit avec tous ceux qu’Il Connaît ou rencontre .

Il M’est facile de vous donner un Parallèle .

Imaginez que vous soyez Immédiatement en contact avec L’intimité la plus secrète, les pensées les Plus cachées, positives et négatives, de tous ceux que vous Connaissez et rencontrez .

C’est ce qui se passe pour le Maître en Incarnation avec tous, sur les plans Subtils psychiques où la pollution est Redoutable .

C’est à cause de cette Vision permanente Que la solitude devient nécessaire .

De plus dans cette Vision constante, le Tourbillon énergétique qu’elle engendre Est un canal inespéré pour les Forces Noires afin d’atteindre le Maître et donc le groupe .

Nous n’avons pas le contact physique, Les Maîtres en incarnation, Nos Frères, Sont plongés au sein du monde .

Épargnez-Les .

Aidez-Les .

Nous comptons sur vous .

439 . Comprenez que la Vision une fois atteinte Est le seul moyen pour le Maître en incarnation d’arrêter L’interrupteur de ce cinéma Permanent et de se retirer dans La solitude, de préférence dans La nature .

Là, le soutien et la force de L’Ashram peuvent s’exprimer sans Parasitages, ce qui est capital pour Le service .

En ville, même seul, il est impossible au Maître en incarnation d’échapper à Ce brouillage permanent qu’elle engendre Sur le plan énergétique .

440 . L’Extériorisation de la Hiérarchie a été Bien préparée mais les véhicules physiques Des Maîtres en incarnation sont les Cobayes de ce service au sein du monde .

441 . Pourquoi des Maîtres en incarnation Me Direz-vous ? Le Royaume de Dieu doit descendre Sur terre et pour cela le Christ Vivant Doit s’y exprimer .

442 . Le groupe des disciples en fonction sur Le plan physique doit être cohérent Vis-à-vis du travail hiérarchique Dont il est en charge et solidaire du Maître en incarnation afin de ne pas Servir de canal inconscient aux Forces Noires à l’affût .

443 . Comme une vague d’Amour qui peut vous Soulever si vous y adhérez, Les énergies du Maître en incarnation Sont disponibles à l’évolution .

444 . Quand vous lirez ces lignes alimentées Par le Sang du Calice, c’est-à-dire La Vie du Coeur ; et vous savez que La Hiérarchie est le Coeur de L’Humanité, Puissent ces énergies dominées ici Par celles du Rayon I véhiculer en vous L’impact de la reconnaissance immédiate .

Morya est présent .

J’ai dit .

445 . Le prana facilite les contacts avec Les mondes subtils, peu de nourriture Est alors nécessaire, et elle doit n’être que Végétale .

Dans les villes, pour abaisser les Vibrations, il faudra manger plus .

Les Maîtres en incarnation, eux, Peuvent avoir de réels problèmes D’estomac dans l’atmosphère Polluée des villes .

446 . Aux souvenirs que la mémoire stocke les Pensées sont des étiquettes incertaines qui Cherchent toujours à saisir les plaisirs, les Désirs, dans une continuité forcée à laquelle Les sens tentent de se raccrocher .

Mais la pensée est vieille, elle ne fait que Tourner en rond aux vices de ses cercles .

Vivez le présent .

447 . Où est votre priorité ?

448 . Lorsque ce que les hommes appellent Amour ou amitié s’estompe jusqu’à Disparaître, pour ne plus laisser qu’amertume Ou regret c’est que les fondations étaient Établies sur le sable mouvant de l’égoïsme et Des faiblesses psychologiques .

Les dits « amour » ou « amitié » le laissent alors Vide de la partie de lui-même qu’il Recherchait en l’autre .

Plus la réaction est forte, Plus le vide est profond .

Ceux qui ne s’en remettent pas font des Handicapés psychiques .

449 . Aux murailles des certitudes Le coeur s’écorche parce qu’il n’est Qu’ouverture .

Mais il faut s’entendre sur le mot Coeur .

450 . Dans la cendre et la brûlure de Ces chemins du devenir auxquels vous N’échappez pas, se trouvent les Empreintes sacrées des pas de ces Maîtres en incarnation qui vous Ont précédés afin de mieux vous suivre .

451 . Quelle que soit la force vive de La lumière, une étincelle l’a Toujours précédée .

452 . De même que le pain a Le goût de ses composants, de même Le groupe a la force de ses énergies .

453 . L’initiation est aujourd’hui une Affaire de groupe dont seuls les Individus sont responsables .

454 . Notre Soeur LC est en charge de La Synthèse de l’Enseignement via Les groupes sur le plan physique (entre autres) .

Imaginez les risques qu’Elle va rencontrer .

455 . La Synthèse inclut la continuité, bien sûr .

456 . L’efficacité des disciples auprès des Maîtres de la Hiérarchie en incarnation Est directement liée à leur soumission Absolue à la Volonté Une d’où le Plan est issu .

457 . Consacrez vos instruments et OEuvrez, le reste suivra .

458 . Nous sommes tous des hommes en Quête .

Du Graal à soi-même il y a La distance de La coupe aux lèvres .

459 . Vous ne voyez du train qui passe que La minute visuelle et bruyante que Captent votre rétine et vos oreilles .

D’où vient-il ? Où va-t-il ? Que contient-il ? Qui transporte-t-il ?

460 . Si vous connaissez la panique C’est que vous connaissez mal votre Inconscient .

Les charnières des portes de l’inconscient Scellent les peurs, mais sachez que vous Avez toujours dans le coeur la clef de Ses serrures .

461 . Lorsque vous pavez une rue, vous Engendrez des chocs .

Les voies de L’invisible n’ont que les pavés que vous Y mettez .

462 . Aux abandons de toutes sortes, que Le non-attachement soit la réponse .

Aux mensonges manipulateurs et vils, que L’indifférence divine soit la réponse .

Aux calomnies, que la certitude de la Volonté Une soit la réponse .

Aux flatteries, que la vigilance à la Présence des forces contraires soit La réponse .

À tous les pièges de l’incarnation que La mobilité, la souplesse et La disponibilité sans faille soient Les parades .

Aux cirques des Relations soyez les acrobates du ciel .

463 . Aux chemins détrempés, Aux champs noyés de pluies torrentielles, la sécheresse Pourra encore s’accrocher parce qu’elle Ne dépend pas du ciel mais des Nappes phréatiques dans le sol .

Comprenez-vous pourquoi L’Extériorisation de la Hiérarchie ?

464 . Le crépuscule des dieux n’est Finalement qu’une façon tout Humaine de nier l’évidence.

465 . Aux otages de la durée que vous Faites de vous-mêmes, le Temps ouvre L’Espace.

En voyez-vous la porte ?

466 . À l’aube grise, Au crépuscule sombre, la Présence du soleil est toujours Indispensable .

467 . Stable ou pas, la Flamme de la bougie est toujours Brûlante .

468 . Quand une pomme est ronde et Bien rouge, qui vous dit que L’intérieur n’est pas pourri ?

469 . Où vous situez-vous quand le Moment sera venu pour vous de Quitter le monde des formes physiques ?

470 . Dans la gouttière s’écoule le trop-plein .

Si vous comparez l’eau à l’inconscient, où Sont vos gouttières ?

471 . Parce que l’évolution en dépend, La psychologie du Nouvel Âge est Une des priorités de la Hiérarchie .

Attention, danger, vous maniez L’invisible .

C’est là qu’un Maître en incarnation Est indispensable aussi .

472 . Dites-leur bien, Mes Frères en Incarnation, la Joie sublime Qu’il y a à ne pas Dépendre du non-soi ; et à ne plus Avoir à lutter pour ça !

473 . Toute lutte est un conflit et Vous Avez résolu les paires d’opposés .

474 . L’émotionnel est la faille Qu’utiliseront dans Votre entourage les Forces Noires qui s’y engouffreront et Pilonneront jusqu’à l’intrusion .

Seule la solitude rétablira le Rempart de l’Ashram .

C’est ainsi que ne peut être évitée Votre Dépendance au non-soi des autres Dans l’incarnation.

475 . Évitez, Mes Frères, Mes Soeurs, les Focalisations trop personnelles à travers Les sentiments d’un individu coupé des Mondes subtils .

Elles sont sources D’ennuis qui peuvent être dangereux .

476 . Au plus fort de vos énergies, que vos Forces s’alignent .

477 . Même quand le cap est maintenu On peut toujours virer de bord, Soyez toujours prêts .

478 . Sous les combles d’une vie Achevée, les toiles d’araignées S’agglutinent .

Le manque de toiture de L’inachevé met en contact avec le ciel .

Seul l’inachevé donne accès à L’Infinité .

479 . Quand le Temps efface la mémoire dans L’éternel présent alors Vous êtes .

480 . La vitesse de l’avion dépasse celle des Nuages c’est vrai .

Mais à l’allure des nuages, les avions Tomberaient .

481 . Si l’opulence vous donne ses Lettres de noblesse sociales, attention, Il y a sûrement une raison .

482 . Tabernacles du Christ sur L’autel de l’Humanité, voilà ce que Vous Êtes .

483 . L’Amour est toujours la source mais Avant d’être un état Il est pour vous : Aspiration, moyen, but et non-être .

484 . Lorsque le vertige ouvre sa pente au vide, Une seule solution, se retourner vers Les sommets invisibles encore inaccessibles .

485 . Les Apôtres ont toujours les mains vides, Le Christ en eux commence à se dépouiller .

486 . Les Formules 1 ne tiennent pas la route, Elles ne sont construites que pour L’épreuve de la compétition .

487 . Au ciel des espérances se succèdent Les rêves en attente .

Le rêve éveillé a l’action faible et le Fantasme fort, il pollue le mental et Bloque l’enthousiasme des vrais débuts, à Moins qu’il n’alimente un canal Artistique, et encore…

488 . Et certains vous diront que rêver est Nécessaire, parce que jusqu’à un certain Point d’évolution la fuite est inévitable .

489 . Toute fuite est d’abord un Refus de soi .

490 . À l’outil lisse de Votre mental, La télévision ou le cinéma N’imprimeront rien à moins qu’ils ne Soient porteurs d’une note humanitaire .

491 . La mécanique de précision de L’instrument de Vos corps nécessite Une surveillance et un entretien Soutenus .

Rien ne soit être Laissé au hasard .

492 . À l’arc-en-ciel de vos états d’âme Se mêlent le soleil et la pluie des Joies et des peines .

Et pourtant C’est ce pont arc-en-ciel qui Ouvre la voie de la Monade .

493 . De l’Orient vers l’Occident Le Bouddha a construit un Pont de Sagesse .

De l’Occident à l’Orient le Christ en Jésus a bâti le Pont d’Amour .

Mais aujourd’hui La Synthèse de l’Amour et de la Sagesse Est le matériau du pont qu’il Faut traverser de part et d’autre .

494 . Après trois ou quatre heures de contact il Peut arriver que le canal transcripteur Éprouve une légère somnolence .

Cela est dû à un effet d’hypnose légère Causé par l’impact soutenu de fortes Énergies sur les corps .

Le mieux est alors de s’arrêter et de se Laisser aller à cette somnolence pour un Repos bien mérité .

Le contact n’est est pas pour autant Interrompu .

495 . Les réactions sont l’apanage De la conscience objective, la Conscience, Elle, passe ou pas, elle n’est qu’action .

496 . Personne ne peut donner la liberté, C’est un état auquel on accède par soi-même .

497 . Je vous donne des énergies qui Prennent la forme de mots, à vous D’en faire la synthèse.

J’ai dit ! Comprenez .

498 . Sous toutes ses formes, le bois Absorbe et isole .

Quel symbole .

499 . Les journées changeantes des Quatre saisons vous forcent à Appliquer au temps une durée Différente .

Soyez toujours disponibles au Changement .

Les corps des Maîtres en incarnation Sont adaptés aux changements .

500 . Les apparences bien que Trompeuses sont souvent fixes au Mental concret, alors que Dans les changements le mouvement De la VIE UNE est constamment Présent .

501 . Des feuilles du jardin de Morya au Sang de Son Calice il y a : L’épuisement de la roue du karma, L’accès à la Hiérarchie et à Shamballa et le Retour au Sentier des Sauveurs du monde .

502 . La ligne directe de l’écoute Hiérarchique passe par un Maître en incarnation

503 . Vibrants au son, stables comme le roc, Transparents comme le cristal, Chaleureux comme la lumière, Vous Aurez à peine pour certains la translucidité De l’opaline, et encore…

504 . La couleur de la bougie Importe peu à la flamme .

505 . Le racisme est à la raison ce que Le coeur est à l’intellect : une Absence .

506 . N’oubliez pas que le vent tourne et Qu’à ces moments-là il vaut mieux Être le vent .

L’état d’Amour implique une Communion absolue avec tous les Éléments de la globalité .

507 . Il n’y a pas de liberté dans le sexe ; D’où vient cette expression stupide de « Liberté sexuelle » ?

508 . Libérer les chiens n’a jamais voulu Dire libérer le cerf .

Dans cette chasse Permanente du sexe, qui sont les Chiens, qui est le cerf ?

509 . La séduction est la parente pauvre de L’amour, elle mendie toujours pour Se rassurer .

510 . Aux croix fixe, mutable ou Cardinale qui vous portent, donnez les Ailes que le Christ a déployées .

511 . Les rails sous le train ne sont que Les limites d’un déraillement Toujours possible.

512 . Toute limite peut être débordée .

C’est par peur des débordements que L’homme crée ses propres limites .

513 . Comme il y a des jours plus clairs et Des nuits plus sombres, il y a aussi Des jours plus sombres et des Nuits plus claires .

Ils se suivent et ne Se ressemblent pas et pourtant Découlent les uns des autres .

514 . La métaphore fait passer dans La poésie ce que le paradoxe Noue dans la vie .

515 . Les choses plus jolies ont les limites du Contour de leurs formes, La beauté est illimitée, venant des Mondes subtils, elle est subjective .

516 . Comme une porte doit être Ouverte ou fermée, Allez ou venez mais ne restez pas Immobiles .

L’indécision est La gangrène de l’action .

517 . Il faut savoir suivre pour Pouvoir un jour précéder .

518 . À ceux qui ont besoin du Claquement d’une gifle, Le miel d’un sourire sera peine perdue .

Seul le Maître en incarnation sait à qui Adresser l’une ou l’autre, mais ce Sera toujours à l’intériorité qu’Il S’adressera dans l’incompréhension Collective moins un, celui auquel Il S’adresse .

519 . Ne confondez pas canaliser, ce que Les anglo-saxons appellent « channelling », Avec la coopération créative consciente Du Maître en incarnation .

Le premier peut servir de channel à N’importe quoi, pas le second .

520 . Aux séductions des Frères Noirs le Maître en incarnation résiste seul pour Ne pas impliquer l’Ashram .

Aux attaques des Frères Noirs, le Maître en incarnation, Qui prend tout de plein fouet, le fait seul pour ne Fragiliser le groupe dont Il est le tampon .

Dans ces durs moments le Maître en incarnation est vraiment seul .

Mais la force énergétique de l’Ashram et Notre aide lui est précieusement acquise Après les incidents .

521 . Sur les fleurs argentées des oliviers le Soleil joue de mille facettes à l’infini du Paysage.

Son tronc noueux puissant et ses branches Râblées en font un enfant de la Terre et de la nature au symbolisme Riche : paix, purification, force… Sur terre, comme l’olivier, que le Soleil Spirituel dans lequel Vous vivez se Reflète à l’infini des facettes divines que Vous Transmettez .

522 . Lorsqu’un Maître en incarnation Ramène de Sa nuit de sommeil physique un Moment vécu, ce n’est pas un rêve mais Une réalité qui peut le concerner ou S’appliquer à quelqu’un d’autre .

Vous pouvez aussi appeler cela Clairvoyance, c’en est .

523 . La complexité du travail et du Service rendu par un Maître en incarnation Est inimaginable pour vous, c’est pourquoi Elle vous échappe en grande partie .

524 . Que la foi qui bouge les montagnes Ne les déstabilise pas, elles pourraient S’écrouler .

C’est moins rare que vous ne le pensez .

Les guerres de religions au cours de L’histoire le démontrent parfaitement .

525 . Ne donnez pas trop de moyens seuls aux Gens, ils en feraient des buts .

Aux moyens ajoutez les Valeurs spirituelles authentiques et Celles des Droits de l’homme .

Et dans cet ordre .

J’ai dit !

526 . Aux bouées de sauvetage que Nous Lançons à la mer, les hommes Préfèrent les béquilles fournies par La civilisation, la société, la religion… Et autres…

527 . Le psychisme est à l’homme ce que L’océan insondable et ses vagues Sont à la planète .

528 . Un oiseau sur une branche est Une fuite en puissance .

De branche en branche l’oiseau Passe son temps à survoler la terre .

Quelles sont vos branches ? Quelles sont vos fuites ? Et votre vol n’est-il qu’un survol? 529 . Aux ambitions de ces moments D’arrivisme que connaît tout homme, Attention qu’un motif spirituel, tel Un traître, ne se glisse pas .

Histoire de vous donner Bonne conscience ! Connaissez-vous sans fards et sans Faux-fuyants.

530 . Il ne faut rien occulter, L’occulte véritable se protège lui-même en Ne se livrant qu’aux plus fiables .

531 . Sur les pentes abruptes de ce que vous Croyez ne plus être vous se Trouvent les pièges de l’ego en Perdition .

532 . Ne vous donnez pas le temps, ce Serait une illusion .

Donnez-vous la conscience, seule Action correcte .

533 . Les glissades perverses de la Satisfaction sont les plaques de Verglas de tout sol spirituel .

534 . Si vous croyez encore, abstenez-vous .

Si vous avez la foi, atterrissez .

Faites en sorte de connaître et de Savoir .

Sur toute voie spirituelle, L’empirisme est une règle .

Bouddha et Jésus en sont des Exemples .

Bien sûr Je m’adresse aux disciples .

535 . Parce que croire et avoir la foi sont Les opposés d’une dualité qui Implique le doute, C’est cette dualité qu’il faut résoudre .

536 . De grottes en cavernes la Moisissure s’installe, ouvrez les Bas-fonds au Soleil Spirituel et Respirez à pleins poumons les Rayons de la VIE UNE afin que Le coeur enfin batte son rythme .

537 . À tous ces moments pénibles que vous Traversez, n’oubliez jamais que L’étape suivante est proche .

538 . À chaque pas déterminé la Destination s’affirme .

Soyez déterminés mais discernez .

Nous veillons, attentifs à chaque pas .

539 . Le Maître en incarnation détecte Instantanément la qualité Énergétique particulière mise en oeuvre Par les Frères Noirs dans les tentatives De séduction dont Il Est l’objet .

La note ambiguë qu’elle émet est Discordante aux énergies Hiérarchiques au sein desquelles Il baigne .

540 . Sous les flots impérieux de L’énergie de Rayon I, la ligne Impaire des Rayons est la Précipitation la plus directe D’expression .

C’est celle que J’utilise ici même .

541 . Quand le mental concret installe Aux polémiques de ses certitudes Erronées un cadenas bien verrouillé, Rien ne peut l’ouvrir à part L’impact dur dont le Rayon I seul Est capable .

Casser pour mieux asseoir .

Le choc remet en question mais le Disciple alors peut continuer .

Cette méthode est indissociable de L’Amour .

542 . Comment prévoir l’imprévisible ? Dans la mobilité constante que Prépare le non-attachement .

543 . L’orgueil dans ses ramifications Spirituelles prend des allures si Humbles qu’on pourrait presque Y croire .

Ne vous y laissez pas prendre .

544 . La nuit est nécessaire au jour Comme l’ombre est nécessaire à la lumière .

La première est faite pour le repos physique La seconde tente d’inquiéter les Corps subtils .

Quoi qu’il en soit c’est au sein de Ses Corps que le Maître en incarnation, qui A résolu la dualité nuit-jour par L’intemporel, résoudra la dualité Ombre-lumière par la Vision .

C’est en trouvant la Synthèse au Coeur de la dualité que le Maître en incarnation montre la Voie de l’évolution .

545 . Le Maître en incarnation est Qualifié énergétiquement en tant que Transcripteur .

Cela veut dire qu’Il ne Se contente pas de transmettre une Abstraction, non .

La coopération créative intelligente Implique que le transcripteur connaît, Pour les avoir vécus et dépassés, tous les Stades initiatiques ou de travail Occulte qu’Il décrit sous Notre Inspiration Hiérarchique directe .

Le travail actuel se déroule ainsi Car Nous abordons la Synthèse Parallèlement à l’extériorisation de la Hiérarchie .

Notre Frère D .K . et A .A .B . travaillèrent En partie différemment, vous devez Percevoir la différence .

546 . Rejeter et imiter ne sont que Deux démarches liées à la Dualité mais ne la résolvant pas.

547 . Dans la nacre du coquillage sont Inscrits les tons pastels des voiles Irisés des mondes subtils .

548 . Ils ont fait de l’offre et de la demande La base des marchés alors que cela ne Peut être qu’un échange fondé sur L’Amour .

549 . Lorsque le regard ferme la Ligne de l’horizon sur l’infini, Ouvrez le coeur pour parcourir le reste du chemin Jusqu’à l’Infinité .

550 . Le Maître en incarnation vit la Réalité au Sein des ombres du monde formel .

551 . La forme n’est pas une illusion, elle N’est que paravent de la VIE UNE .

552 . Avant d’être à nouveau confrontés à La ville, faites le plein de prana parce qu’en Période de travail occulte Vos nerfs Seront éprouvés, Votre système nerveux Étant fortement sollicité .

553 . Les parfums de la nature, des fleurs, ont Un effet bénéfique sur les corps subtils Qu’ils saturent .

Recherchez-les .

554 . Il y a au soleil de Vos nuits des Rayons invisibles le jour dont ce dernier Bénéficie .

555 . L’humour au premier degré est déjà la Faculté de pouvoir se détacher de la forme.

Ne pas s’identifier à la forme est déjà Un premier pas vers les mondes subtils .

556 . À Vos côtés Je marche Mes Frères, que L’enthousiasme Nous soulève pour L’Amour de tous .

557 . Quand les passions sont écartées, Quand les sentiments s’estompent, Quand les départs et les retours sont confondus, Quand le fil du rasoir n’est plus tranchant Parce que l’équilibre est harmonie, Quand les pensées se taisent et qu’enfin Le silence s’installe, La liberté est atteinte, L’Amour est là, neutre, absolu, tranquille .

558 . Si la procession des Trains de l’obsession défile sur le mental, C’est que le non-soi est aux abois et le Déraillement n’est pas loin .

L’explosion est souvent salutaire .

À long terme la retenir ne sert à rien, non plus Qu’à court terme .

559 . Les formes mobiles des nuages que vous Suivez du regard ne sont qu’un Défi au temporel .

560 . Que le Sang de Mon Calice Abreuve les sillons de vos efforts .

561 . Si vous « supportez quelqu’un » c’est que vous Le portez mal .

C’est votre pendule Qu’il faut alors remettre à l’heure, Quoi que cela implique .

Quand on aide vraiment, on ne Prend pas sur soi, ni sur l’autre .

562 . Notez que les joies et les peines de la vie se Conjuguent au passé, les peurs au futur .

Le présent lui n’enregistre que surprises et Chocs .

563 . Les boutons de roses sont prometteurs de la Beauté des fleurs écloses .

Chaque première fois, chaque premier pas sont Comparables à ces boutons .

La Beauté est entre vos mains .

564 . Éviter les systèmes, Bannir les méthodes, Fuir les dogmes sont trois impératifs de la Voie spirituelle consciente .

565 . Lorsqu’il ne s’agit pas de Transcription ponctuelle, en période intense de Travail d’écriture, le Maître en incarnation OEuvre dans la journée en toute conscience .

566 . Avez-vous trouvé, à ce stade de lecture, Où est votre priorité ?

567 . Nul ne peut juger d’une intériorité, Qu’une autre intériorité .

Vous comprenez l’importance du travail D’intériorité à intériorité du Maître en incarnation qui ne juge pas Mais sait et connaît .

568 . Si les veines créatives sont parcourues Par le sang mauve de la spiritualité, les OEuvres seront d’intérêt humanitaire et évolutif .

569 . La loyauté envers la Hiérarchie est au Disciple ce que la foi en Dieu est au Croyant, un moteur motivant .

Mais, Tandis que le premier sait, l’autre espère .

570 . Les hommes pensent que le ciel et la terre se Relient alors qu’ils s’interpénètrent .

Le Maître en incarnation est un pionnier de Cette interpénétration dont L’extériorisation de la Hiérarchie est Tout entière le symbole .

571 . Voyez comme dans son axe Nord-sud l’aiguille d’une boussole Est stable malgré les mouvements de Celle-ci et comprenez L’axe hiérarchique au sein de La mouvance du monde .

572 . Sur une route l’orientation est Une trajectoire qui demeure en dépit Des tournants, mais gare aux Allées parallèles, tangentes ou Perpendiculaires où se perd Cette trajectoire .

L’absence de panneaux indicatifs Des mondes subtils est trompeuse à L’égaré .

Le coeur ardent y est le seul panneau permanent .

573 . Qui a dit que le corps physique Était un temple ? L’Agni Yogui sait bien qu’il est un Résumé de l’univers dont la condensation Au sein de la forme charnelle peut Rejoindre l’Infinité .

574 . Il se pourrait bien que l’automne ne Soit qu’un printemps, que L’hiver ne soit qu’un accent gelé de la Note chaleureuse qui se prépare et que L’homme soit la virgule divine qui Ponctue le tout au sein de L’Espace qui serait la véritable Entité issue du Verbe et ramenant Les hommes à Lui .

C’est ainsi que l’Âme du Monde, Unique à tous, relativise à L’échelle cosmique le regard D’Amour que La Mère Divine Pose sur nous .

575 . Est-ce que la poésie universelle dont Nous sommes tous des syllabes Touche nos coeurs comme autant D’instruments d’où peut se dégager L’Harmonie nécessaire à l’Humanité ?

576 . De l’abstraction concrète qui a Moulé tous les hommes il faut Saisir l’hommage divin qu’ils Représentent et S’incliner à l’arc-en-ciel troublant et Impalpable dont Nous sommes tous partie intégrante et Prenante .

577 . Le Verbe s’adapte en souplesse à La parole, aux mots, à la poésie .

Si par chance l’homme peut ne pas Le déformer, alors vous en captez Une touche d’Infinité au Goût d’Absolu .

Et L’instant d’intuition dans lequel Il vous plonge vous met en État d’Amour .

Lisez Morya et touchez du Coeur L’Amour .

578 . Aux énergies de ces sept Rayons Qui trament de qualités divines L’ordre cosmique, vous percevrez Peut-être les fils invisibles qui vous Y relient .

579 . Sublimer tente de faire de La réalité concrète une abstraction Idéale .

Travaillez plutôt à concrétiser L’abstrait afin de le rendre Visible à tous les regards C’est toute la différence entre Le mystique et l’ésotériste .

Devenez des ésotéristes au service de L’Humanité tout entière .

580 . L’âme qui abandonne la forme est Une transition qui s’inscrit encore dans La dualité esprit-matière .

Résolvez cette dualité dans l’incarnation .

581 . Pourquoi le fil des événements de La vie se déroule-t-il au Regard intérieur du mourant ? Parce que le karma s’inscrit déjà En lettres de feu sur L’incarnation suivante .

582 . Ne donnez rien en termes de Temporalité humaine, Donnez tout aux coeurs, c’est L’amour de l’intemporalité .

Quand des amis de longue date Qui ont coupé le contact physique se Retrouvent, observez .

S’ils n’ont plus rien à se dire, Si la longueur d’ondes n’est plus La même, alors leur amitié était Basée sur le temporel .

583 . Le coeur du Maître en incarnation Est un réservoir cosmique inépuisable Directement relié à la tête .

584 . Il arrive que l’âme soit coupée Énergétiquement de son véhicule physique .

La sensibilité prend alors des allures de Pathologie psychologique où le mental se Nourrit du raisonnement, lui-même Déformé parce que ne captant que Les faux problèmes de l’ego .

Des crises de violence ou des Sautes d’humeur imprévisibles Caractérisent ces individus qui Deviennent rapidement les jouets des Forces Noires, et leur moyen d’atteindre Les disciples et Maîtres à leurs stades Respectifs .

La dépression et l’épuisement énergétique Font de ces individus des Poupées de chair que les Frères de l’Ombre Manipulent facilement .

Toutes leurs relations sont caractérielles et Personne ne peut rien pour eux à Ce stade-là.

Même le Maître en incarnation, qui Lui a Le contact avec l’âme, ne peut La relier énergétiquement à son Véhicule physique et l’incarnation de Ces individus tourne à vide.

585 . On peut dire, dans ces cas-là, que Les corps ont disjoncté .

586 . Le flot de VIE qui a rempli Mon Calice coule ici pour tous un peu, À propos de tout un peu, et pour vous Mettre en contact avec le sang du Calice des Maîtres en incarnation .

Sous les auspices énergétiques du Rayon I la VIE UNE en est L’agent directeur, utilisant les Flèches de la Volonté de Puissance Au service du Dessein que Les Maîtres connaissent et servent .

Que votre aspiration en soit renouvelée, Que votre inspiration en soit nourrie, Que votre intuition s’y reconnaisse, Que le service de tous en soit renforcé, Que votre regard en soit éclairé, Que votre écoute en soit comblée, Que votre coeur y soit uni afin que L’Âme de tous s’inscrive à la Synthèse du groupe .

Les Maîtres en incarnation sont Avec vous .

Nous sommes avec Eux et Les Uns avec les autres, Avançons unis dans le Grand Service Sous la bannière triomphante de Morya .

J’ai dit .

 

EPILOGUE Au carrefour énergétique de l’âme humaine, la croisée des rayons ouvre ses voies aux choix les plus divers .

Comme une torche qui s’abîme aux flammes fortes de ces espérances qui font de nous les pionniers du Nouvel Âge quelle que soit l’époque, quel que soit l’enjeu, pour cette humanité aux facettes divines qui évolue malgré ses ratés, et parce qu’elle est avant tout divine en son essence comme tout ce qui vibre et respire sur cette planète, Divine encore et toujours .

Je suis l’arc et la flèche de cette trajectoire directe entre le ciel et la terre que prend l’âme dans son élan primordial pour ne plus s’arrêter .

Et dans la magie de ces lumières diffuses ou brillantes qui se mêlent à ses tournants que sont les points de tensions, Je focalise et suis focalisée comme autant de possibilités merveilleuses que la Personnalité découvre et qui ne font qu’éveiller ce que Dieu cache en elle comme autant de trésors dont le coeur détient le secret et dont la rate décuple les énergies .

Flamme constante au sol périlleux de l’objectivité, les pièges sont autant de courants d’air perturbateurs qui en menacent et en affaiblissent l’éclat sans jamais avoir pour autant raison de son existence .

Vacillante flamme qui devient peu à peu et à jamais l’expression d’un rayon permanent et symbolique dont la Monade garde l’éclat pour mieux le précipiter à la pente sublime de ses déversements les plus créateurs .

Je suis la flamme et le Rayon sans faire et sans vouloir puisque dorénavant au plus profond, au plus extérieur de Moi, la Synthèse a réduit les conflits pour donner au monde ce que le Plan divin dessine encore et toujours dans ses circonvolutions les plus hermétiques aux cerveaux obstrués par un mental difficile .

Je suis l’avenir et le passé réunis au présent de ces non-hasards qui font du Maître le carrefour rayonnant de ces sept énergies à percevoir et à émettre au tapis de ces choses de l’humain qui en sont colorées et imprégnées afin de mieux servir .

La joie est Ma compagne de chaque instant et si d’aventure les noirceurs M’éclaboussent alors Je les efface ou les brise à la détermination de cette Volonté Divine qui est Mienne et que J’applique à tout ce que Je suis dans ce service au monde qui M’occupe ici maintenant et à jamais .

Des crises se présentent et s’évanouissent aux cycles plus ou moins rapides des difficultés environnantes dont le plan de l’expérience occulte pour la majorité est le canalisateur purificateur .

Aux détours de Mes caractéristiques humaines J’applique le Divin et la lumière à tout ce qui évolue, à tous ceux qui souffrent, avec Amour mais quelquefois la dureté apparente n’est que la nécessité qu’un autre plan exige pour installer au mieux ce qui de la Conscience divine échappe encore à l’intellect et au coeur .

Passages difficiles que ceux-là qui ouvrent et éveillent, passages scabreux et ondoyants que Çiva vise et brise pour plus d’ouverture afin que le Service se fasse coûte que coûte.

Je suis le projecteur insoutenable de la radiation divine et rien ne peut plus altérer cette lumière de flamme froide qui consume sans brûler, qui éclaire sans chauffer, qui luit à jamais maintenant et toujours .

Mon regard est l’optique divine et si vous capturez une parcelle du divin dans votre conscience éveillée c’est que vous l’aurez croisé malgré vous comme un phare .

Si le temps est venu d’être alors vous croiserez ce phare et les points de vue en seront changés .

Une seconde ou l’éternité, peu importe, il faut que, un à un, les points de vue évoluent dans la conversion instantanée que la Conscience Divine opère au sein de chacun .

Ensuite le temps déterminera la durée qu’il faut à votre équipement véhiculaire pour assimiler, digérer, intégrer la parcelle de cette lumière qui absorbera l’ombre en vous, ce Gardien du Seuil redoutable qui n’est à la personnalité que les ondes négatives de ses adhésions ou de ses refus les plus fous et les plus illusoires .

Je veille en vous et J’absorbe ces trop-pleins qui vous hantent et noient vos aspirations les plus sincères .

Je filtre et aime ce qui vous pourrit afin de le transformer pour vous aider à canaliser ce que cela cache et voile de plus pur, de plus essentiel, la Divinité dont vous êtes dépositaire en votre coeur, ce Christ étouffé que Jésus a fait vivre et a exprimé aux yeux du monde objectif le premier .

Je suis le Frère et si vous Me reconnaissez c’est que l’orgueil en vous a capitulé ou bien c’est qu’il est monstrueux, c’est selon .

J’aime en vous le Divin et, accréditée à le faire résonner jusqu’à ce qu’il irradie, Je M’applique du Plan de l’expérience à détruire systématiquement jusqu’à la plus petite ombre qui lui est faite .

Ces moments sont durs et pénibles pour vous, pour Moi ils sont dévastateurs tant Mes corps en souffrent mais rien ne peut arrêter ou altérer ce processus et si Je mets un, deux ou trois jours à M’en remettre, peu importe, le filtrage se fait, l’Amour agit et le bien-être pourra s’installer à l’évolution en vous en attendant les prochaines tensions génératrices d’autres lumières .

J’aime assez impersonnellement pour aimer en vous ce qui tente de Me détruire mais ne parvient qu’à ébranler le système physicobiologique dont Je suis dépendante sur terre.

L’art d’être passe par ce travail et du plus dur au plus souple Je suis le Rayon destructeur ou le regard aimant que rien d’évolutif ne peut éluder .

J’aime et du Plan de l’expérience Je demeure en agissant au mieux du Plan Divin qui M’échoit .

Leïla CHELLABI

 

587 . Introduction et épilogue Ont été demandés à Notre Soeur LC Pour encadrer Mon Calice parce Qu’ils sont parties intégrantes du Sang qui le remplit .

Appréciez-les comme une ponctuation Bien incarnée .

Il Nous faut oeuvrer ensemble à La Synthèse Mes Frères .

J’ai dit .

588 . À l’intention des Maîtres en incarnation, Cette consécration à formuler dans Le recueillement qui précède le sommeil .

« Je mets Mon repos sur tous les plans Sous la Haute Protection de L’Ashram de Morya .

Que Sa bienveillance Me soutienne et Que l’énergie du Premier Rayon Maintienne Ma Volonté divine dans L’axe de Puissance de la VIE UNE afin que Le Dessein s’accomplisse .

Que tous Mes frères et soeurs Au sein du groupe en bénéficient .

Qu’il en soit ainsi parce que Morya l’a dit ! »

589 . Lorsque le voile de l’incarnation Retombe dans l’aube qui pointe, Cette invocation formulée par L’Homme Maître en incarnation Perdurera le fil de Conscience qui Par Son intermédiaire trame au sol terrestre L’évolution prévue par le Plan Hiérarchique .

« En cette journée qui se lève Sur le Grand Service, Puissé-Je demeurer dans La force de l’Ashram afin que Les énergies disponibles Puissent être utilisées par Mes véhicules À tous moments, selon les besoins pour que Dans l’axe de la VIE UNE Ma Volonté divine aide à l’incarnation Le Beau, le Bon, le Vrai dans La perspective du Plan au sein de l’Humanité .

Que Mes Frères les Maîtres de la Hiérarchie M’assistent pour qu’il en soit ainsi .


[1] E . Krishnamacharya

[2] Koot Houmi

[3] D’un Point de Vie ésotérique, éd . LCDM

[4] Djwhal KHOUL

[5] Helena Petrovna BLAVATSKY  et Helena ROERICH

[6] Annie BESANT

[7] ∗ Subba ROW

[8] Nouveau Groupe des Serviteurs du Monde

 

 

LE LIVRE D’OR

 

LETTRE AU DISCIPLES

 

MORYA 1992

 

 

 

Comme un livre au chevet duquel  vous évoluerez, ce LIVRE D’OR,  préceptes de l’ashram du Christ, vous  accompagnera au fil difficile de  l’incarnation, qu’il vous faut tenir,  maintenir tendu, dans ce  service qui nous occupe, malgré les  difficultés inévitables que vous  rencontrez sur le plan physique .

  Disciples de l’ashram du Christ, donc  disciples au service du monde, isolés au sein des hommes, dans  ce groupe que l’humanité associe,  indépendants, interdépendants,  solidaires de tous nos frères  humains dans leur ensemble, vous,  disciples de l’ashram du Christ,  actuellement en incarnation, ce petit LIVRE D’OR à mettre au  chevet temporel d’une vie au service, pour équilibrer ces moments qui ne vous épargneront ni en peine, ni en fatigue, ni en épreuves physiques, ni en pollutions mentales, ni en agressions émotionnelles, parce que, au corps de votre manifestation, vous subissez ce que l’homme subit, vous accompagnez ce qu’il souffre, vous épongez ce qu’il dégueule, vous aimez ce qu’il est, vous guidez son devenir.

 A ces moments, donc, qui ne vous épargneront en rien, mais que vous vivrez, cœur ouvert, en celui dont rien ne peut être dit, nous, frères de l’ashram, avons décidé d’apporter notre soutien objectif, tangible et de manifester ce soutien au quotidien, par l’intermédiaire d’un petit LIVRE D’OR, qui vous est spécialement destiné, à vous tous, maîtres en incarnation, à présent et a venir.

 Sous l’égide de l’ashram, avec et en Christ, moi votre frère Morya  vous communique dans la  force énergétique du rayon un,  le courage dont vous n’avez pas  besoin, l’assistance dont vous  bénéficiez inconditionnellement,  la joie qui vous appartient,  l’amour dont vous êtes le gardien,  la force que vous maîtrisez et  l’énergie qui n’a pour vous, aucun  secret .

 Ces termes poético-symboliques pour  dire que votre appartenance initiatique vous pourvoie de tout,  mais, dans l’incarnation qui vous  occupe, le chemin quotidien  nécessite, par moments, la relation  concrète dont nous bénéficions sur  tous les plans, et qu’il est bien  positif, pour vous, de ramener au  chevet, à disposition du  creux de la vague incarnative qui  ne manque pas, certains jours, de  vous assiéger, comme un otage  sur terre, d’un ailleurs qu’il  faut pourtant assumer en toutes  circonstances .

 À ces moments-là ce LIVRE D’OR, issu de l’ashram du Christ, sera, à votre chevet le compagnon lumineux de cette collaboration créative qui nous lie par l’amour au service de l’humanité toute entière.

 Cette énergie Christique que vous connaissez bien pour la vivre, traduite en mots, à votre intention, rétablira ce que l’incarnation a tendance à user, parce que l’environnement est ce qu’il est, parce que les autres sont ce qu’ils sont.

 Abandonnés de tous ceux que vous aidez, solitaires en l’humain, parce que en Christ réalisé, vous êtes ce que vous communiquez, et le trouble qui en découle, autour de vous, élève un mur d’incompréhension, transparent pour vous, mais non moins existant.

 À la conscience de groupe que vous accroissez d’un cœur ouvert, les consciences objectives en fausses notes individuelles, sabotent ce  qu’en clarté vous délivrez.

 A ces  noirceurs inconscientes et inévitables il faut surseoir, c’est  ce qui vous incombe, et dans la  vision qui est la vôtre, nul  besoin de mots puisque personne,  autour, pour les entendre.

  C’est donc au silence de dieu,  encore et toujours que la vision,  incommunicable, doit pourtant  vivre et exprimer sa lumière.

  Dépositaires, en Christ, de la  lumière de celui dont rien ne peut être dit, vous  mes frères, mes sœurs, avez le  lourd privilège de vous taire  parce que vous savez.

  À ce LIVRE D’OR que le  temps patinera, le XXIe siècle  verra les lecteurs augmenter en  nombre aux qualités divines  qu’ils représenteront sur terre.

  À chaque ashram, dirigé par un  membre de l’ashram du Christ, les  maîtres en incarnation affiliés en  synthèse, serviront indifféremment les énergies hiérarchiques, en Christ, pour une évolution accélérée de l’humanité.

 Parce que la planète est en danger, parce que l’homme doit prendre conscience qu’il est le seul sauveur possible de l’humanité, parce que tous ensemble, les hommes, cœur à cœur, main dans la main, doivent épauler l’évolution, par le cœur, pour l’amour de tous.

 Et c’est cette prise de conscience, par l’éveil du cœur qui vous incombe, à tous, aujourd’hui en incarnation.

 Au sauveur du monde, ce LIVRE D’OR, comme un sceau Christique au chevet de chacun, comme la réalité à lire, à relire parce que, parfois, les yeux physiques embués, en ont besoin.

 L’ivresse clandestine du secret ésotérique a vécu.

 Dépassée, elle doit faire place à la réalité du dialogue de communication installé par l’ashram du Christ et ses disciples sur tous les plans.

 Ce petit LIVRE D’OR en témoigne.

 Consultez-le comme tel.

 Les maîtres parlent aux maîtres, aux yeux de tous puisque chacun peut lire.

 Les plans en communication permanente par l’intermédiaire des cœurs ouverts, s’interpénètrent.

 Plus de frontières, au cœur ouvert du maître, le psychisme a vécu.

 Nettoyé, balayé, il laisse place à la netteté claire de la vision.

 L’ombre n’est au maître en incarnation, lorsqu’il a passé la ligne émeraude-diamant de la frontière des rives sacrées de Shamballa, que la connaissance et l’expérience qu’il en a et peut donc communiquer.

 L’ombre n’est même plus un souvenir mais une simple réalité dépassée bien qu’existante.

 L’ombre, pour vous, n’a plus d’opacité, clarifiée au cœur ouvert, elle n’est plus qu’une autre forme de densité lumineuse à son stade le plus épais.

 A tous ces détails que vous connaissez, que vous vivez dans la chair du verbe incarné, il faut parfois des mots pour que sur le plan physique, la réflexion, inhérente aux outils intellectuels qui sont les vôtres, lève le voile de mousseline léger que ne manqueront pas de mettre ce que les mentals alentour polluent.

 Mais cette pollution vous la nettoyez depuis si longtemps, les mains dans la boue, les pieds dans les excréments et le cœur ouvert en celui dont rien ne peut être dit, que vous parvenez à voir clairement, malgré ces voiles venant des autres qui ne sont à votre vision que mousseline légère, buée vite effacée aux parois inexistantes de l’ouverture du cœur qui est le vôtre.

 À l’incarnation nul cœur ouvert n’est tenu, mais votre choix  est d’amour.

 Et au passage que vous avez  choisi au monde, en sauveur,  s’ajoutent les épreuves à prendre en  charge, consciemment.

 Ce qui  implique ces moments, difficiles aussi, où la prémonition est une  réalité, irrationnelle aux  autres et que vous vivez au plus  profond des cellules physiques,  comme une menace inquiétante  dont vous reconnaissez l’oubli pour  l’avoir choisi ou en tout cas,  accepté .

 Ces moments sont de tension  extrême.

 Jusqu’à la rupture de  l’épreuve, un malaise tiraille le  cœur qui s’apprête à faire face.

  L’incarnation est lourde à ces  moments où le passager d’ailleurs que  vous êtes, en Christ, se sent  étranger aux fardeaux inévitables à  assumer en toute adhésion de joie au  service.

 Dans la liberté totale que connaît  le cœur ouvert, ces contingences   physiques sont extrêmement  éprouvantes et vécues comme autant  d’emprisonnements.

  De ces prisons, à barreaux de  cristal, vous n’êtes en aucun cas les  prisonniers, mais les hôtes volontaires.

 La puissance et la volonté divines y  sont vos gardiennes et dans la  luminosité des rayons qui vous y  parviennent, tout l’amour de  celui dont rien ne peut être dit, est  présent, irradiant l’espace, de  l’espace, au temps que la vague de  l’intemporel, qui vous porte,  amène au sol de l’incarnation .

  Au LIVRE D’OR de ce verbe dont les  mots, ici, sont porteurs, l’ashram du  Christ tout entier participe.

 Ce qui  signifie que chaque qualité  divine s’incarne, ici, au rayon qui  lui correspond, pour résonner en écho synthétique à l’ouverture de  ce cœur solitaire au  monde des hommes.

  Cet écho, repris en l’ouverture du  cœur, en OM, son que tous les  dévas vont entonner, va se répercuter aux horizons divers des  ponctualités présentes du plan à  servir.

 À cet écho, le cœur ouvert seul  peut répondre et donner toute sa  dimension.

 En incarnation, au plus profond de  cette chair que le verbe habite, en  Christ, vous êtes l’écho de  celui dont rien ne peut être dit.

  A son silence vous donnez forme,  a son amour vous gommez l’objet,  a sa volonté vous donnez  puissance, à son intention, vous  procurez efficacité dans le plan et  ses parties à mener à bien.

  Dans l’isolement peuplé qui est  le vôtre, si des embûches  énergétiques se succèdent à un  rythme nocif, émanant de  mauvaises volontés ou de  détracteurs, minant l’état  général et menaçant la santé  physique, en coupant les ponts que  sont les pollutions mentales parfois  entretenues par vous par amour,  toute la force énergétique de  l’ashram vous assistera, car  l’amour ne peut jamais jouer de  rôle positif auprès d’un  irrécupérable mental ou d’un  mental, irrécupérable pour le  moment .

 Donc, conforté par l’ashram du  Christ, dans votre décision de  coupure, soyez assuré du soutien  inconditionnel de vos frères, en  Christ.

 Quant au paravent de l’incarnation  sur le plan divin, vous fonctionnez  juste et à bon escient, vous savez  pertinemment que rien ne peut  convaincre un mental borné, et  d’ailleurs, vous ne cherchez pas à  le faire.

 Mais que le paravent qui ne  peut en aucun cas vous couper du  souffle divin de la VIE UNE, ne  vous coupe non plus pas de ceux qui  l’ont déployé.

 Indépendante du mental des autres,  la vision qui est vôtre transperce ce  paravent opaque, parce que rien ne  voile la volonté de puissance  émise par Christ, en vous, parcelui dont rien ne peut être dit.

  En coupant le lien mental inutile, la  vision jamais n’est altérée, et le  service continue dans une  incarnation purifiée au maximum  dont il faut, dans la médiation,  protéger l’environnement à  tout prix.

 Au déroulement du tapis boueux qui  fait l’environnement de toute  incarnation d’un initié, chaque  jour apporte son lot d’anachronismes.

  Difficultés, humour, cocasseries,  épreuves lourdes, l’ouverture du  cœur traite le tout avec la  légèreté dense qui la caractérise,  triant, épurant, digérant ce qui  doit l’être pour le rendre  lumineux à tous, dans le cœur.

  La sensibilité n’a chez les autres que  les frontières de leurs incapacités  émotionnelles et tout un chacun  n’y a pas accès, sauf le  cœur ouvert, en Christ.

  À ces barrières que le cœur ouvert  avale en son ouverture infinie, la  digestion provoque des fêlures

 

Énergétiques dont l’individu, peut-être,  se servira.

 L’important est qu’elles  soient provoquées car elles  menacent d’écroulement les  incapacités pour peu qu’une  prise de conscience soit faite en  temps utile, quel que soit le moment.

  Cœur ouvert, guerrier de l’impossible,  en Christ, tout avec vous devient  opportunité d’action, d’éveil.

  En vous toute marche de  l’escalier de l’évolution devient  accessible à l’intériorité croisée dont  le libre arbitre reste intact.

  Dans l’incarnation, la chair  douloureuse est parfois portée comme  une croix.

 Mais la  crucifixion, dépassée depuis  longtemps, en allège beaucoup le  poids.

 Ce qu’il vous reste d’inconvénients  est partagé par nous tous parce que  l’ashram du Christ vous assiste.

 

  Aux décisions du conseil de Shamballa,  présent aux réunions, vous  participez activement bien que la  mémoire objective n’en garde pas les traces.

 Il arrivera pourtant que vous vous en souveniez, pour la même raison que ce LIVRE D’OR existe.

 Les besoins pour vous, dans l’incarnation, ont des reflets purement humains dus à l’impression furtive d’isolement, que nous prenons en compte.

 Que chaque paillette lumineuse, diffusée par ce petit LIVRE D’OR, nimbe de son aura particulière l’ouverture de votre cœur, afin qu’éclairée en tous points de son infinité, l’ouverture ne soit que radiation nacrée des qualités divines de celui dont rien ne peut être dit.

 Aux brumes passagères de l’incarnation que le soleil dissipe de ses clartés positives, le cœur ouvert demeure en passant, efface en demeurant et vit en étant.

 Christ a les pieds sur terre et met les mains à la pâte humaine pour

 

En faire lever la spiritualité aux  cœurs pétris de souffrance.

  Pieds et mains de Christ, en  incarnation, vous êtes, au corps de  sa chair, une transfiguration des  mentalités par le cœur ouvert.

  La base, les fondations du  xxie siècle sont Christiques.

 Des  hommes l’avaient et l’ont compris.

  C’est sur terre que ces bases sont  édifiées, et vous en êtes les  architectes.

 Au prix de l’ouverture du cœur se  déploieront les plus belles  fondations humaines parce que  Christ en est l’instigateur et ses  énergies les moyens à mettre en  œuvre par tous.

 

  Quand la joie ne répond pas à  l’appel, votre état en  celui dont rien ne peut être dit, a  eté déstabilisé aux forces noires qui,  attaquant les failles des disciples  collaborant sur le plan physique,  atteignent par là-même, le  groupe dont vous êtes en charge.

  Au nettoyage qui s’ensuit, vous êtes tenu comme personnalité  responsable, et les miasmes que vous  absorbez en l’ouverture du cœur sont  difficiles à digérer.

 Le corps physique en  subit l’impact pollué et les  organes doivent à leur tour épurer ce  que vous avez épongé sur tous les  autres plans.

 ce n’est pas une absence de joie que vous  subissez, c’est le résultat du  travail décapant qui vous occupe un  temps, à plusieurs niveaux de  conscience et qui, accélérant les  processus d’adaptation véhiculaire  produit une avalanche énergétique que  le corps physique a du mal, ensuite, à  aligner correctement .

 Les centres,  saturés, doivent retrouver leur  rythme et cela demande un minimum  de temps.

 C’est alors que vous avez  besoin de souffler.

 Mais plus ça va et  plus l’adaptation se fait  rapidement.

 Surtout si vous  ménagez votre environnement et  votre solitude, indispensable à ces  moments-là.

 Au LIVRE D’OR des énergies Christiques, destiné à nos frères en incarnation, un soutien, un signe du cœur destiné à l’ouverture d’un cœur divin au service de l’humain, dans l’incarnation, qui n’est pas aisée aux maîtres à l’œuvre.

 Ce LIVRE D’OR parce que, dès à présent les relations concrètement objectives qui relient les maîtres sur tous les plans de service deviennent naturelles dans leurs expressions.

 Et puisque les maîtres en incarnation sont en partie isolés, il est bien normal de pallier à cet inconvénient par le moyen, 0 combien utile, d’un livre de chevet émis par l’ashram du Christ et confié à la rédaction de mon ashram.

 Compris dans la troisième phase de l’enseignement, ce LIVRE D’OR est aux maîtres en incarnation le salut fraternel dont ils sont privés dans l’incompréhension dense qui  entoure leurs travaux difficiles.

  Le doute que certains projettent  sur eux, contribue à  les isoler encore un peu plus.

 Bien  sûr, cela ne vous cause pas de  réels problèmes mais avouez qu’il  est chaleureux de nous lire, tel  que vous pouvez le faire par  l’intermédiaire de ce  LIVRE D’OR au chevet duquel  vous reposez votre corps physique.

 

  En harmonie de conscience sur  tous les plans, il faut pratiquer  le corps physique comme vous le  faites pour l’intégrer à la  synthèse en tant que véhicule, pour  en connaître les rouages et en  découvrir les surprises énergétiques  liées à votre état d’ouverture du  cœur .

 Aux vibrantes réceptions que vous  transmettez, les impacts sur les  cellules sont durs à certains  organes et les chakras qui les  harmonisent, tournent, au sens inverse de l’incarnation, la roue lumineuse des rayons bien rôdes dans leurs énergies assimilées au cœur ouvert.

 Dans la pratique de ces mécanismes véhiculaires liés à l’incarnation, toutes les problématiques que vous rencontrez sont nouvelles puisque liées à l’extériorisation de la hiérarchie dont vous faites partie.

 Préparés, vous l’êtes, mais seule la pratique dans l’incarnation révèle au cœur ouvert les accomodations impératives à coordonner sur tous les plans à la fois.

 ce n’est pas facile, ce LIVRE D’OR  doit donc vous conforter dans les creux des vagues que vous serez forcés de prendre comme un mouvement de la vie en incarnation afin de ne pas en être trop déstabilisé au début, puis ensuite de gérer totalement l’imprévisible de la machine bien pratique du corps physique, en fonction des autres véhicules qui ne peuvent, sur terre, en faire abstraction.

 

 L’océan émotionnel ne peut plus vous atteindre et encore moins vous submerger.

 Mais les énergies négatives qu’en dégagent votre environnement, vos proches, vos relations, sont autant d’embruns piquants qui grippent les roues bien coordonnées de vos chakras harmonisés.

 A vous dégager de ces piqûres infimes qui agressent l’épiderme superficiel de vos actions profondes, vous perdez parfois un temps que, certes, vous ne comptez pas, mais qui est compté à l’incarnation.

 Il est donc souhaitable et salutaire de ne pas rechercher ces embruns auprès de ceux qui ne peuvent que les provoquer.

 Les sentiments ne vous préoccupant pas, il sera nécessaire d’éviter les contacts trop polluants afin de préserver au maximum la coordination d’un alignement parfait, absolument indispensable à vos travaux divers sur les différents plans où vos véhicules doivent œuvrer, parfois séparément.

 Dans l’incarnation, cette dissociation utile concernant les véhicules est possible grâce au cœur ouvert qui, en vous, a atteint et acquis la synthèse en celui dont rien ne peut être dit.

 Ici je suis obligé de vous mentionner, c’est capital, la lumineuse connaissance que rien, en vous, ne peut ébranler, d’être à part entière membre de la hiérarchie et conscient 24 h sur 24, à vos journées dans l’incarnation, du travail que vous accomplissez sur tous les plans de consciences.

 Ce baume-là doit vous servir et je sais qu’il vous soutient, dans ce que j’appelle les creux, inévitables, dès que l’enveloppe humaine est endossée.

 Mais cette certitude divine qui n’est même pas une foi mais une véritable connaissance des réalités diverses, à tous niveaux, avec un discernement qui n’en est plus tant la lucidité clairvoyante, est un état ininterrompu en vous.

 Car s’il arrive que sur le plan physique, l’objectivité soit embrouillée par les interférences que causent les autres, il vous suffit de vous connecter sur un autre plan, ailleurs, dans la conscience de synthèse, inattaquable, pour savoir instantanément, avec justesse ce qui est nécessaire au moment.

 

 Un inconvénient au sein de l’incarnation, encore ! (et je pense à ces disciples qui croient le Maître au Nirvana!) un inconvénient donc est le fait de votre amour inconditionnel pour tout et tous.

 Incompréhensible pour beaucoup, il crée des problèmes relationnels au sein desquels les autres ne trouvent pas forcément leur place et cela leur crée, à cause de cela, un problème d’identité, en plus, par rapport à vous.

 Il est bien évident que vous ne pouvez être autrement, incapable de jouer, vous êtes en état d’amour.

 Il y a, il y aura beaucoup d’adaptation à faire de la part de ceux qui vous entourent.

 Pour vous l’adaptation à faire est celle que nécessite la vie dans l’incarnation, à tous niveaux, et la pollution n’est pas la moindre.

 Sur votre organisme hyper-sensibilisé, elle peut faire des ravages et il faut y veiller afin que le service ne se ressente pas d’une fragilisation physique que cela entraînerait.

 

 Vos enfants pourront souffrir par moments, et en référence aux autres, de l’impersonnalité que vous vivez.

 Elle se manifeste dans les rapports affectifs qui ne sont jamais pour vous un lien.

 L’amour que vous leur portez, inconditionnel, n’a rien à voir avec le lien, si besoin est, vous vous en séparez facilement, aucune propriété affective ne s’exprime au cœur ouvert qui y est aussi étranger qu’une abeille à un avion.

 Pourtant tous deux volent ! Et vous savez ce que je veux en dire.

 En tout, le comportement qui vous caractérise, peut apporter et alimenter les pires critiques qui soient.

 Bien sûr ce n’est pas un problème en soi, pour vous, mais les énergies négatives qu’entraînent ces critiques, polluent l’environnement immédiat, puisqu’elles sont dirigées vers vous.

 Il faut donc, à nouveau, purifier, épurer et cela demande toutes les énergies véhiculaires des trois plans.

 C’est dans ces moments de l’incarnation que l’homme, la femme que vous êtes, ne doit pas baisser les bras humains pris le temps d’une vie au service.

 C’est parfois agaçant, ces titillements ridicules, leurs auteurs sont très loin d’imaginer ce qu’ils engendrent sur les plans subtils, persuadés qu’ils ont raison dans leur mental borné.

 C’est difficile à supporter mais vous vous en tirez bien avec l’humour qui vous caractérise.

 N’empêche, vous vous en passeriez tout aussi bien.

 Les poubelles sont si nombreuses à vider! Et il y a tant de travail important concernant l’humanité toute entière.

 L’amour éprouvé pour ceux qui vous critiquent protège le cœur ouvert mais pas les véhicules à l’œuvre sans arrêt.

 L’incarnation est éprouvante pour vous sur ce plan véhiculaire où une grande habileté d’harmonisation est requise pour y pallier.

 

 Représentant sur terre tout ce qui est humain, vous, en cœur ouvert à l’œuvre, reflétez certains sentiments, infiniment différents dans
leur demie teinte, de ceux qu’éprouvent les hommes en général et surtout, pas pour les mêmes causes.

 Comme exemple, je prendrai la solitude bienheureuse du médiateur en écriture, que notre sœur L.C.  connaît bien.

 il y a dans cette retraite volontaire, nécessaire à l’ashram pour la médiation, et dans le contact étroit avec moi, en l’occurrence, une telle joie, de telles conditions vibratoires intenses, un tel bonheur dans l’amour exprimé pour l’humanité, les lecteurs futurs, un tel bien-être intérieur, il me faut bien le dire, que le plaisir qui en découle sur le plan physique est réel.

 Ce plaisir n’est pas égoïste, c’est une joie immense dans une discipline draconienne.

 Mais où est la différence pour les spectateurs de cette solitude, en rien concernés par elle? Simplement attentifs à l’être humain face à eux.

 On ne peut pas leur reprocher de croire à une attitude égoïste, indifférente et tutti quanti!

 Quel quiproquo! C’est ainsi qu’arrive le paradoxe incroyable mais vrai! De constater chez un cœur ouvert, une demie teinte d’égoïsme humain, non pas en soi, mais provoquée par la réaction indispensable d’autoprotection du cœur ouvert, de ses processus véhiculaires de transmission qui, pour garder pur l’environnement nécessaire au contact hiérarchique étroit, s’isole encore plus et coupe des ponts qui ne sauraient demeurer.

 La nuance d’égoïsme, projetée par les autres, leur devient réelle et le maître en incarnation sujet à cette critique adhère à cette projection pour protéger le service, priorité absolue de son incarnation.

 Et la liste est longue, je pourrais citer d’autres exemples mais vous les connaissez, ce serait fastidieux.

 Merci, frères et sœurs en incarnation, d’oser paraître égoïstes alors que votre démarche prioritaire est l’altruisme au service de l’humanité et la discipline que vous vous imposez au sein du chemin de l’incarnation.

 C’est un comble ! À qui sait aimer, il n’est point besoin de preuves.

 On n’apprend pas à aimer, on entre peu à peu en état d’amour et là, en Christ, on demeure.

 Si cet état vous isole dans l’incarnation, il vous inclut à celui dont rien ne peut être dit et vous rend apte à le servir.

 Le cœur ouvert peut encore saigner sur terre, mais, non point pour remplir le calice déjà offert, simplement parce que parfois, l’incarnation est douloureuse.

 Quand le cœur ouvert saigne, les gouttes en tombent à l’ouverture immense qui en digère instantanément les causes parce que le cœur ouvert ne peut qu’aimer.

 A tout soigner par l’amour, on finit par se survivre.

 Et cette vie-là c’est la VIE UNE.

 

 Comme une reine sans couronne, comme une bénédiction sans officiant, comme un roi sans trône, comme un rituel sans participants, comme une cause sans effet, vous, cœur ouvert en incarnation, marchez, pieds nus, dans les pas du Christ, vivant d’amour aux circonvolutions quotidiennes qu’imposent aux énergies, ceux que vous venez aider.

 Comme une voile sans bateau le souffle divin vous épanouit au ciel des corolles de chair de ces corps physiques revenus aimer à la demeure désertée de celui dont rien ne peut être dit.

 Que l’aube du monde nouveau soit votre couronne, que la bénédiction vous parvienne au sol de votre service, que le cube soit votre trône, que les hommes vous suivent au rituel énergétique invisible que vos véhicules connaissent afin que cœur ouvert reconnu, vous puissiez, aux pas de Christ, entraîner l’humanité toute entière vers son salut.

 

 Quand l’hiver calfeutre les fenêtres, les frileux s’abritent aux volets clos par le froid.

 En cœur ouvert, vous intégrez toutes intempéries aux tempêtes de ceux qui vous assaillent.

 Mais l’hiver ne vous atteint pas, ne trouvant aucune résistance au cœur ouvert, le froid s’y réchauffe et les volets s’ouvrent sur le monde à redécouvrir.

 C’est ce que vous pouvez leur amener.

 Souriez aux pénombres de l’incarnation et œuvrons ensemble, sur tous les plans afin que les saisons ne voient pas leurs cycles perturbés.

 Aux douces enjambées d’un saut de chat, la danseuse, féline, inscrit dans l’espace la sculpture invisible d’une inspiration que la technique libère.

 Il en est de même pour vous.

 A l’inspiration divine de Shamballa, vous inscrivez au monde la sculpture d’une forme répondant au besoin et ce, par les moyens d’une technique occulte acquise et dépassée.

 Aux douces arabesques du divin, vous donnez formes d’outils et d’exemple à l’humain.

 

 Souffrir évoque une douleur; avoir une douleur, être douloureux n’évoque pas forcément la souffrance.

 Si ce flou physique se mêle au mental de l’homme, vous en faites bien la différence, vous pour qui douleur n’est que physique, et souffrance dépassée depuis longtemps au mental lisse qui vous caractérise.

 Il faudra que le cœur ouvert exprime sa douleur et explique sa non-souffrance.

 C’est que vous vivez le corps physique comme un outil et non comme un principe.

 Pourtant quand l’inquiétude d’abîmer l’outil se fait sentir, en général aux douleurs subies, alors recueillez-vous en vos principes de base et remettez l’outil entre de bonnes mains.

 Cela vous soulagera du très lourd fardeau que l’incarnation fait peser sur vos épaules physiques.

 C’est vrai que l’incarnation est truffée de dangers que vous pouvez subir comme n’importe qui.

 La haute protection de l’ashram de Morya veille sur vous mais, homme, vous êtes de chair, donc vulnérable.

 Votre force est ailleurs, c’est de là qu’elle doit descendre et s’exprimer.

 Pensez-y, puisez-y dans les moments de trouble que l’incarnation, pour vous, a tendance à décupler.

 

 Imprévus et imprévisibles, même parfois par votre conscience objective, vos déplacements sont les dents de scie occultes sur lesquelles se coupent les tentatives d’enlacements des forces noires.

 N’hésitez donc pas à bouger beaucoup, bien sûr vous le savez mais ce petit LIVRE D’OR , n’oubliez pas, pour vous répéter ce qu’il fait bon entendre dans l’incarnation parfois problématique.

 

 La nature vous invite à vous-mêmes, prenez en le chemin souvent, elle a ses racines en celui dont rien ne peut être dit.

 

 Plus le contact hiérarchique s’intensifie, au creux de l’incarnation, et plus vos cellules perceptives aux très hautes vibrations deviennent vulnérables à l’environnement.

 Préservez-vous et que la joie les inonde.

 Lie cœur ouvert dans ces moments vit son ouverture avec une conscience aiguë du service ainsi que des frères qui entrent en contact.

 Quand une minorité se fait entendre, c’est qu’elle a la puissance de volonté divine qui manque à la majorité.

 Le danger est dans l’accroissement de la minorité qui doit absolument rester pure.

 Veillez à ce que pour l’extériorisation de la hiérarchie il en soit de même.

 Il y va de notre responsabilité mais c’est vous qui êtes en incarnation.

 

 Dans les moments suprêmes de contact très étroit avec nous, veillez à ce que la béatitude ressentie avec le cœur ouvert, ne devienne pas un handicap à l’action immédiate.

 Nous demeurons ensemble mais bougez-vous ! ! Et que l’humour soit votre moteur.

 Pour être clair en parole et en actes il faut être un cœur ouvert, en Christ, et vous l’êtes.

 Vous savez ne pouvoir que le demeurer, à ce stade.

 Alors, que les creux inhérents à l’incarnation en soient comblés.

 

 Au juste prix que chacun paye à son karma, vous n’êtes plus tenu.

 Dégagé de vous-mêmes, vous ne vous exprimez plus qu’en celui dont rien ne peut être dit.

 La gloire, pour vous, ayant dépassé le sens humain, n’est que transfiguration lumineuse en celui dont rien ne peut être dit.

 Et même cela est dépassé.

 Quand le corps causal s’est dissous, la sagesse acquise vous a permis de n’en rien retenir.

 Pour vous, pas de souvenir, mais vous pouvez quand même y penser lorsqu’un creux vous guette.

 C’est parce que l’incarnation n’est plus votre domaine que vous y peinez en y revenant.

 Pour l’amour, par l’amour, assumez votre état avec joie et assurance du soutien des autres plans où nous vous assistons.

 

 Soumis aux fortes pressions, souvent nocives pour vous, de la cocotte-minute de l’incarnation, libérez vos véhicules de ces tensions en vous associant un moment au travail interne de l’ashram.

 Le rééquilibrage véhiculaire se fera aux énergies ashramiques, c’est pourquoi, pour vous, la méditation est inutile.

 Loin de libérer les tensions elle les installerait.

 Le cœur ouvert ne médite plus, vous le savez, puisqu’il n’est que VIE UNE méditative en soi et avec tous, par l’intériorité.

 Aux rayons laser de votre regard intérieur, donnez l’allégeance propre aux souverains du cœur, cela vous libère des tensions dont vous êtes assaillis et procure à ceux mêmes qui en sont les causes un tremplin évolutif qui les renvoie à eux-mêmes.

 En Christ, vous êtes, les clichés radioscopiques des problématiques psychiques rencontrées, auxquelles la vision tronquée des personnes concernées ne peut échapper.

 Souriez de ces pirouettes de l’occulte sur l’objectivité qui fait d’un mal pour l’un, un bien pour tous.

 C’est là même l’expression de la synthèse dont vous êtes les praticiens sur les plans physique et psychique de l’intériorité.

 

 La manne dont vous nourrissez ceux qui vous côtoient est un pain occulte consistant dont le levain est l’amour et dont la pâte, pétrie au cœur ouvert, a pour farine énergies positives et pour eau de liaison, un psychisme d’une clarté cristalline.

 À cette nourriture, vous constaterez des rejets inévitables.

Les indigestions de pureté existent ! Les maîtres en incarnation les rencontrent! Souriez à l’impossibilité de polluer cette nourriture pour qu’elle soit digérée et dites-vous qu’aucun gâchis n’est à déplorer, tant qu’une bouche peut en prendre, ne serait-ce, qu’une seule bouchée.

 

 En me lisant ici, aux énergies Christiques de ce LIVRE D’OR , votre cœur ouvert ne pourra s’ouvrir plus mais, vos tensions, apaisées, déposeront au chevet de l’incarnation, les armes levées par les autres, dont vous demeurez en charge, au sein du groupe global.

 Ensemble, désarmorçons les bombes rencontrées.

 Déposez au LIVRE D’OR  les soucis bien humains qui vous échoient aussi.

 C’est pour cela qu’ils y sont consignés par un pragmatisme salutaire à l’incarnation qui en traite de plain-pied.

 Souriez d’être des hommes, des femmes avec tant de recul et tant d’humour.

 Machines à écrire, créatives, il est vrai !

T.S.F., appareillages hi-fi, électronique de précision, finalement vous n’êtes, grâce à l’occulte digéré, que des instruments très fiables ! La haute technologie véhiculaire dont vous faites preuve, consciemment vous permet d’épouser le service dont vous êtes les médiateurs.

 Initiations des degrés supérieurs, pour n’être qu’instruments créatifs, il est vrai, au sol de l’incarnation! Comique, non?! Et en plus anonymes.

 Riez avec nous des grandes difficultés rencontrées, elles pourraient être pires si les pannes techniques pouvaient arriver ! ! Mais en véritable ministère de l’intérieur, une chance!, l’ashram veille ! !

 

En fait, vous rencontrez des espions, des terroristes, mais aucun conflit n’est plus possible puisqu’en avalant leurs énergies, vous les digérez.

 De vos indigestions, riez, c’est sur les estomacs en face qu’elles font des dégâts, comme autant de pavés en retour, et qui font mal!!

 

Aux subterfuges grossiers des frères de l’ombre, l’ouverture du cœur est, dans l’infinité vertigineuse qu’ils en ressentent, un gouffre insurmontable qui les fait fuir.

 

 Ne riez pas à cette fuite, les retours sont nombreux et peuvent atteindre le groupe par les individus.

 Souriez parce que l’ouverture du cœur ne peut pas être violée.

 Mais avant la première initiation hiérarchique qu’ils ne passent pas, ils n’en ont pas idée et à nouveau récidiveront, ils s’y casseront les véhicules.

 Prévenez vos collaborateurs proches, il est important d’être conscient du danger pour les disciples.

 Cela fait écran.

 Mais vous devrez, quand même, faire le ménage.

 Et vous voilà femme de ménage ! ! Mais oui, l’homme, la femme-Christ, est bon à tout faire sur tous les plans, qu’on se le dise ! ! – mais aucun accessoire à transporter, pratique, il est son propre outil.

 

 Quelle drôle de manie de toujours vouloir écrire l’histoire.

 Il serait bien plus utile de la prévenir.

 C’est ce que tente de faire, nous l’espérons, avec succès, l’extériorisation de la hiérarchie.

 Chargés de mission en incarnation, on pourrait dire que vous êtes, en quelque sorte, des préservatifs de l’histoire humaine ! ! Riez de pouvoir ainsi servir à tout, du tout-à-1’égout au tout-au-ciel, vous œuvrez de la poubelle mentale à la pureté en celui dont rien ne peut être dit, remplaçant l’une par l’autre en ingurgitant ces énergies qui ne peuvent être éliminées mais seulement transmutées.

 Quel travail! Éboueurs aussi, votre sens civique, animé par l’occulte et le divin s’en donne à cœur ouvert au sol de l’incarnation!! Ne soyons pas étonnés des difficultés rencontrées, ensemble, œuvrons dans la joie et l’humour.

 Aux soucis que vous ne vous faites pas, aux écueils auxquels vous ne trébuchez pas, aux horreurs que vous n’évitez pas, la compassion de votre cœur ouvert s’exprime en créativité.

 Chaque énergie Christique mise sur la trame du métier du service, dévidée à profusion par votre cœur ouvert, est le fil d’Ariane d’une réponse à un besoin humain.

 En vraies pénélopes, vous vous appliquez à ce que les fils d’or de ces énergies Christiques soient inépuisables à l’ouverture du cœur.

 Et comme seul l’intemporel est concerné, nous persistons ensemble à l’évolution, sur tous les plans, sans compter les fruits mais en semant les graines d’or auxquelles des mots, ici, dans ce LIVRE D’OR , donnent corps.

 En fouillant la lumière, newton a trouvé l’arc-en-ciel.

 En fouillant la matière, vous trouvez la lumière avec ces qualités divines, aux 7 rayons qu’un savant a débusqué de la synthèse, sans en connaître la source inspirative.

 La science sera votre alliée et votre conscience la guidera à l’éveil de la synthèse en celui dont rien ne peut être dit.

 Parce que nous œuvrons ensemble de part et d’autre du voile de la densité.

 

 Sur le plan relationnel il est complexe de continuer à donner une entière priorité au service tout en maintenant certaines relations, vous le savez.

 Quand les choix d’isolement sur le plan physique sont fortement décidés, vous le savez aussi, le problème n’est plus le vôtre, mais les leurs.

 Cela n’est pas nouveau pour vous, en revanche puisque 1’incarnation est ainsi faite, des moments vous assailleront, pointus, fugitifs, où l’ébauche d’un manque s’insinuera au plan physique.

 dès le départ, notez bien que cela arrive lorsque la pensée commence à s’engendrer elle-même.

 Le mental outil, en contact permanent avec les autres prend les colorations de ces derniers.

 Pour y remédier, arrêtez tout de suite la pensée.

 Le mental outil, à nouveau lisse, libère le plan physique de l’objectivité de ses tensions.

 NE PENSEZ PAS! Le maître en incarnation ne pense pas! Ce n’est pas une plaisanterie mais une réalité sublime.

 Les processus intellectuels ne sont que des outils bien polis.

 Ils doivent vous servir quand c’est nécessaire, il y a des moments où ils sont très utiles pour communiquer sur le plan physique avec ceux qui s’y identifient.

 Mais surtout, dès qu’un creux semble poindre à l’horizon du mental, en stoppant le mécanisme, vous libérez les tensions et tout sentiment d’insécurité tombe.

 Au début c’est difficile et cela demande un recul vis à vis de soi qui peut alimenter ce malaise.

 Car si le mental s’y laisse aller, vous intensifiez votre différence.

 Alors que, vous le savez, si vous ne pensez pas, tout va pour le mieux et c’est l’eternel présent que vous vivez dans chaque seconde.

 Baignés comme vous l’êtes aux énergies Christiques, quand les formes pensées polluantes du mental sont particulièrement lourdes à digérer par vos véhicules, une forme de dépression occulte vous envahit.

 Comparable à une dépression météorologique elle contourne et s’installe insidieusement à l’endroit le plus vulnérable.

 Chez vous, c’est sur le plan physique.

 L’extrême sensibilité perceptive que vous avez sur tous les plans, se manifeste en contrecoup physique.

 C’est à ces moments-là que vous l’outrez pleurer et ressentir au centuple le plafond mental bas des gens qui vous côtoient, même sans les connaître.

 Cette forme de dépression est un exutoire indispensable qui s’exprime vers le bas, au sein du plan physique, elle est accompagnée d’une fatigue extrême, et d’une détente nerveuse importante.

 Le plus paradoxal est de constater que si, a ce moment-là, on prend votre tension, elle est vertigineusement haute.

 Autour de 22 facilement.

 Et c’est logique puisque cette forme de dépression est accompagnée d’une accélération cardiaque due à l’impact soudain et lourd de tensions accumulées sur le mental et se déversant brutalement aux véhicules, énergétique et physique.

 L’émotionnel qui est en vous totalement purifié et réglé aux justes notes de la perception n’est plus qu’un véhicule énergétique de liaison indispensable à l’incarnation.

 Cette dépression n’est pas grave, elle est secouante pour les véhicules et, étant donné que les principes énergétiques ne sont pas touchés en vous, mais simplement leur mécanisme, votre faculté de récupération est étonnante, incompréhensible pour beaucoup ; au début d’ailleurs, vous-mêmes en serez étonnés.

 Ces dépressions se produiront soit une ville, soit auprès de personnes particulièrement en difficulté sur les plans émotionnel et mental.

 Pleurez tout votre soûl, ne pensez surtout pas ! Quelle vie que l’incarnation ! ! Vous savez qu’il vous arrive de récupérer en moins d’une heure parfois.

 Alors riez, les dépressions météorologiques sont bien plus longues à évacuer!- mais il est vrai que vous avez du temps ce que l’intemporel ne révèle pas sur la carte d’un ciel météo! Aux larmes que vous versez, la rivière du temps coule, insondable, à l’ouverture du cœur.

 Pleurez et riez, œuvrez et aimez, nous vous assistons.

 J’ai dit!

 

C’est en bâillant que vous libérez les tensions que la conscience a exigées de vos véhicules au travail nocturne des plans parallèles qui vous requièrent, en même temps, de façons différentes.

 Ces tensions, très fortes, passent dans le corps physique qui n’est pas un principe et dont le système organique ressent les effets précis.

 Les pressions reçues par l’organisme physique pourraient se mesurer en kilopsy, un kilopsy étant comparable à la chute d’un poids de 500 kg sur un sol dur.

 quand on sait que la purification, sur le plan mental, d’une seule forme pensée négative nécessite de la part du cœur ouvert une énergie dix fois plus forte que la négativité émise par la forme pensée, soit pour une forme pensée d’un demi-kilopsy, une énergie Christique dix fois plus forte soit 2500 kg en équivalence de poids sur le plan physique, vous pouvez facilement vous rendre compte de l’impact énorme reçu dans le corps physique, au cours du soi-disant repos de la nuit, qui n’est pour vous qu’une continuité de conscience assurée.

 Il n’est guère étonnant ensuite d’éprouver fatigue, maux de tête ou «tords-boyaux» car des gaz se manifestent sous la pression énorme que subissent les intestins liés aux centres par de nombreuses terminaisons nerveuses.

 Le mécanisme véhiculaire parfaitement au point du cœur ouvert subit des tensions extrêmes dont les pressions physiques, parfois difficilement supportables, sont douloureuses.

 Ces processus sont inévitables à l’incarnation du maître qui en est parfaitement conscient avant son incarnation.

 C’est ensuite au quotidien que vous redécouvrez d’une façon pragmatique, par l’expérience et en pionniers, ce que représentent aujourd’hui les travaux prévus et assumés par l’extériorisation de la hiérarchie.

 Alors pleurez, riez, ne pensez pas et libérez-vous ainsi, par les mouvements salutaires de la VIE UNE, en disponibilité de conscience et efficacité de service, des pressions énormes dont votre organisme physique fait les frais.

 De plus, n’ayant rien à payer, puisque libérés du karma personnel, chaque cœur ouvert est un capital humain, en Christ, dont le désintéressement multiplié par l’amour n’a pas de prix.

 Les disciples appartenant au groupe global et collaborateurs du cœur ouvert peuvent atténuer ces pressions immenses et contribuer à aider en prenant en charge, par la conscience de groupe, l’atterrissage de ces pressions, sur le plan occulte, juste avant qu’elles n’atteignent le maître en incarnation dans son corps physique.

 C’est pour ça que la conscience de groupe doit s’élargir et fonctionner en tant qu’impersonnalité collective au service hiérarchique du plan.

 

 Il est évident que la compréhension claire de ces mécanismes que vous vivez, par une formulation nette, facilite, dans l’incarnation la persévérance du cœur ouvert qui a du mal à mettre en mot les complexités de fonctionnement véhiculaire qui sont les siens, sur tous les plans, en conscience Christique.

 De plus, le cœur ouvert ne se livre pas.

 Mais pourtant, à cause et grâce à l’extériorisation de la hiérarchie, les choses doivent changer, vous aurez à témoigner, vous aurez à rendre ces processus naturels publics, je veux dire à portée de tous.

 L’extériorisation de la hiérarchie doit devenir un processus naturel de respiritualisation de base, par l’homme, de la planète.

 Il est donc juste et dans l’ordre, de pouvoir en parler librement.

 Tant pis pour ceux qui s’accrocheront à l’archétype mental du maître inaccessible dont l’image d’epinal a vécu, balayée par les marées révolues de l’ère des poissons.

 L’ère du verseau voit le jour avec ses flots de libre expression d’une spiritualité à portée de tous où chacun de vous est un maître en puissance initiatique.

 

 En conscience, tous les disciples sont partie intégrante de l’extériorisation de la hiérarchie.

 Aux douleurs du maître en incarnation la joie du fils est incomparable.

 À son travail la joie du père est liée.

 À ses épreuves les forces noires sont présentes.

 Mais en toute conscience de causes, en toute indifférence d’effets, le maître, cœur ouvert en Christ, parcourt ce chemin terrestre pour l’amour du prochain, son frère, sa propre substance en celui dont rien ne peut être dit.

 Aux soucis, il adhère, des épreuves, il se relève, de sa responsabilité, il répond, envers et avec tous, pour le meilleur et pour le pire, parce que, en Christ, il aime.

 

 Ce LIVRE D’OR , votre chevet, là, dans l’incarnation, pour plusieurs raisons évidentes.

 À ceux qui se découvrent, il apportera l’appui verbal dont nous avons besoin dans l’incarnation.

 Ce lien intérieur qui, lorsqu’il n’est vécu qu’invisiblement est vraiment lourd à porter, à maintenir, tant la vie quotidienne est éprouvante.

 À ceux qui savent et œuvrent déjà efficacement, le baume de la main et du cœur tendus par l’ashram du Christ dont ils dépendent.

 Un soutien énergétique à tous, dans la reconnaissance Christique qu’il fait bon lire, quand les soirées solitaires annoncent leur lot lourd, voire trop pesant parfois.

 Un écho à la douleur lorsqu’elle s’installe au corps physique et qu’une inquiétude se manifeste parce que, finalement, nous ne sommes d’abord que des hommes ! Et que le «h» ne déroule pas à l’incarnation le tapis royal des dirigeants du monde physique! Le sol est périlleux, vous le savez, il est donc juste qu’en chemin, vous ayez le loisir, quelquefois, de décrocher en vous appuyant sur une lecture qui donne à la vision qui est la vôtre, sa part de regard humain, sans lequel l’incarnation ne serait pas praticable à l’extériorisation de la hiérarchie.

 

 A vos véhicules, notre assistance est sûre, a l’incarnation votre solitude n’est qu’un lien de plus avec nous.

 Le médiateur est un collaborateur créatif, dont l’incarnation, inversée en regard des hommes, se vit de haut en bas.

 À ces médiateurs que verra le nouvel âge, les impératifs occultes liés au plan seront la seule priorité.

 Trait d’union vivant de l’extériorisation de la hiérarchie avec elle-même, le médiateur est au poème du nouvel âge que nous écrivons au spirituel de l’évolution, la majuscule du tout premier mot, Christ.

 Ce mot est une note émise par le verbe et reprise par tous les rayons, a l’arc-en-ciel des qualités divines de l’éventail Christique des manifestations multiples qui, sous l’influence du cœur ouvert, rejoignent au sol de l’incarnation, la synthèse que nous communiquons à présent.

 

 A la diversité des consciences objectives déformées par tout ce que l’on sait, la continuité de conscience du cœur ouvert est souffle constant d’éveil, sa stabilité permanente aux seuils de tous les plans intègre les énergies, les forces, le positif, le négatif, tout ce qui fait les mouvements houleux des incapacités à gérer les non-soi.

 À chaque intervention énergétique, le cœur ouvert digère en son ouverture impossibilités, blocages et troubles.

 Chaque cœur ouvert est un gargantua de l’espace, sa capacité illimitée à sa source en celui dont rien ne peut être dit parce que vous avez réalisé, en vous, Christ.

 Au sol difficile de l’incarnation, vous avez notre entier soutien, en cette force ashramique que Christ met a disposition en permanence au cœur ouvert.

 

 Si d’aventure le couple que vous formez avec un ou une partenaire, coince aux grains de sable des rouages de l’harmonie, la coupure se fera car la priorité est à l’harmonie avant tout.

 À ces tonnes de kg/psy qui vous tombent sur l’organisme, vous ne pouvez, en aucun cas, ajouter une surcharge affective due à des problèmes liés au partenaire.

 La coupure se fera parce qu’il vous faudra nettoyer les rouages de ces grains de sable superflus.

 L’incarnation est faite de rencontres, mais comme le karma ne pèse plus au cœur ouvert, choisissez les bonnes, même pour un bout de chemin.

 L’amour, dans son absolue expression énergétique, ne culpabilise jamais.

 Pleurez, riez, aimez, vivez, en Christ, mais surtout, éliminez tout grain de sable.

 L’harmonie est votre priorité absolue pour un service efficace.

 Ce, sur tous les plans.

 Et surtout, ne pensez pas! Quand le temps de s’incarner est venu pour le maître, l’oubli fait partie du voyage de retour, comme pour n’importe quel homme à naître dépendant d’un karma.

 Il est vrai que l’on pourrait trouver cela parfaitement injuste, pourtant c’est l’amour qui en est la cause.

 Le cœur ouvert est un homme, une femme, avant tout et c’est en tant que tel qu’il revient afin d’être, au sein de l’humanité, une expérience du divin, aux yeux de tous.

 Dès que votre récapitulation initiatique est terminée, vous le savez bien.

 Ce sont ces retrouvailles initiatiques qui sont pénibles et enthousiasmantes.

 En effet, vous le savez, nos signes sont partout sur votre chemin, et la vision qui est déjà vôtre en saisit les signifiances par l’ouverture du cœur dans laquelle vous entrez sous notre regard bienveillant.

 À l’oubli de votre naissance nous vous assistons déjà, bien que la rencontre avec le lien subjectif, en conscience, se fasse plus tard.

 Mais l’extériorisation de la hiérarchie ainsi que cet enseignement lié à la synthèse va accélérer le processus de récapitulation en amenant à la conscience, plus tôt, dans l’incarnation, la réalité de Christ, par l’ouverture du cœur.

 Unis dans le service, nous serons donc plus proches les uns des autres, plus rapidement, votre découverte du lien ashramique sera plus facile ainsi que le constat récapitulatif de l’initiation atteinte.

 Ensemble, servons!

 

Dire au temps, l’heure, et gardez en vous l’intemporel comme une constante, voilà, vous le savez, qui vous échoit dans l’incarnation.

 Dégustez ainsi la statique mobilité de la VIE UNE.

 En œuvrant.

 Quand le fil médiateur est bien branché, le maître en incarnation fonctionne en instantanéité de conscience avec nous, moi ici, en l’occurrence.

 À ces heures passées de conscience à conscience, les chakras, parfaitement coordonnés en vous, tournent la roue harmonieuse des rayons synthétisés en communication directe.

 Les vibrations intenses dans vos cellules irradient dans votre corps physique un bien-être qui allège toute tension.

 Inexistante, la pression habituelle de vos travaux, fait place à une légèreté béatifiante que le corps physique découvre en chacune de ses cellules.

 Les centres de la tête sont stimulés et les glandes correspondantes, à la fois sollicitées et vampirisées au sens noble du terme, donnent un rendement physique important qui, sur le moment est vécu dans la puissance de l’ashram liée au taux vibratoire du maître émetteur, en conscience, et peut ensuite générer une décompression physique liée à la cessation vibratoire brusque stimulant les glandes.

 Une somnolence peut suivre que vous éprouverez parallèlement à une fatigue musculaire.

 C’est parce que le corps physique est à ce moment-là mobilisé entièrement comme premier outil d’exécution.

 Bien sûr la conscience le baigne ainsi que les luminosités des rayons mais le travail intense, fourni en conscience, est directement dirigé sur le corps physique comme sur une centrale de distribution énergétique.

 L’impact positif est donc très fort, encore, et une force peu commune est nécessaire qui a sur le plan occulte, comme correspondance directe : la volonté divine de puissance directement liée à mon ashram de premier rayon.

 

 Après nos contacts de nuit, qui sont les plus facilités, au début, le contact permanent que vous vivez de jour avec l’ashram est le plus beau.

 La continuité de conscience en Christ, permet à la conscience objective du cœur ouvert un état de constante perception, interrompu et repris, à volonté, selon les impératifs quotidiens et les besoins du service.

 Cet état peut vous faire manquer d’appétit sur le plan physique parce que les énergies ashramiques très fortes sont en soi une nourriture mais il faudra vous forcer à manger peu mais sain et léger, sinon le corps physique ne vivra que sur ses réserves, et les cellules en pâtiront.

 

 Faites-vous aider par un bon radiesthésiste médical ou un médecin énergétique, qui trouvera où se portent les faiblesses, les carences et vous pourrez ainsi y remédier et œuvrer d’un corps physique tonique.

 L’état de contact ashramique permanent du cœur ouvert ne survient qu’en bon milieu d’incarnation, un peu plus tard parfois.

 C’est alors que les mécanismes véhiculaires sont bien maîtrisés, que les choix décisifs sont exprimés en toute expérience dans l’incarnation et surtout, le principal : le service est devenu priorité absolue.

 Les initiés en début d’incarnation mélangent un peu tout car le mental les tient un peu par les structures de l’éducation et les normes de leur environnement.

 Mais l’apprentissage du cœur ouvert conscient de lui-même passe aussi par là.

 Cela fait partie du récapitulatif initiatique.

 L’état de conscience de groupe du cœur ouvert est un état en conscience ashramique très puissant dont la continuité, sur tous les plans, qu’il vit dans l’incarnation, détermine la vulnérabilité physique à laquelle le maître en incarnation que vous êtes doit prêter grande attention.

 Membre de l’ashram du Christ, vous devez, dans l’incarnation, vous rapprocher de ces énergies dont la naissance vous a momentanément éloigné.

 Une fois que c’est fait, vous êtes en pleine expression individuelle d’extériorisation de la hiérarchie par la conscience de groupe du cœur ouvert qui est vôtre.

 À partir de là la vie organique doit retenir une attention soutenue dans les moments de service intense.

 Mais arrivé là, vous connaissez vos cycles, les nôtres, ceux liés à l’incarnation et devez en tenir compte dans les planifications de la vie associative ou publique que vous menez au quotidien.

 Les plages de solitude sont importantes, mais toujours créatives et concentrées sur l’espace ashramique de contact.

 

 Dans cet état de continuité de conscience, l’apport de ce petit LIVRE D’OR  est un lingot à la thésaurisation quotidienne de l’énergie, dans les cas de creux, inévitables, nous l’avons vu.

 Au repos dont il lissera le mental agressé par l’extérieur, vous vous laisserez bercer, physiquement par les mots, le temps d’une lecture.

 En lui, vous retrouverez la réalité de ces différences qui opposent les autres à vous.

 Amusés, détendus par la clarté que nous y posons, vous refermerez le LIVRE D’OR  jusqu’à la prochaine lecture que motivera l’un ou l’autre inconvénient de l’incarnation présente.

 Une manière, en somme, de consigner ensemble, de part et d’autre du voile de la substance, ce qui en synthèse, ne peut être vécu que dans les parties que représente l’incarnation, même dans la continuité de conscience qui est vôtre.

 Le cœur ouvert en incarnation a besoin, en homme, en femme, de retrouver dans une lecture à point nommé, les notes spécifiques d’une sensibilité ashramique dont la volonté de puissance ne retire rien à la lecture, mais ajoute à l’harmonie requise sur terre, en accordant l’instrument du corps physique qui la vit, à ses véhicules dont il reçoit les pressions en kg/psy lourds.

 À vous et à ceux qui suivront, nous dédions ce LIVRE D’OR  consacré en énergies Christiques et issu de l’ashram du Christ qui l’a confié à la rédaction de mon ashram dont je suis ici le transmetteur en conscience.

 

 Dans la pénombre physique de ces actes luminescents que vous accomplissez jour et nuit sur différents plans, vous discernez les causes consignées au cœur de l’ashram, par le conseil de Shamballa.

 Ces causes, transmises en Christ sont vôtres puisque nous sommes, ensemble, décideurs en celui dont rien ne peut être dit dont la lumière Christique doit être divulguée par l’extériorisation de la hiérarchie en cours.

 En incarnation, vous appliquez au monde les effets correspondant aux causes choisies et dans la sagesse du cœur ouvert vous donnez à l’humain l’expérience vivante, en Christ, de ce que vous appliquez en responsabilité ashramique.

 Rien ne vous appartient plus que la lumière à diffuser par le cœur ouvert, c’est pourquoi tout vous est donné pour y parvenir.

 En Christ, la conscience de groupe est en marche et l’appel du cœur ouvert sera entendu individuellement pour une conscience globale de l’humanité.

 La détenant, le vivant, vous êtes les artisans de cette conscience globale et en communion, nous œuvrons ensemble.

 

 Quand et puisque le maître en incarnation offre son cœur ouvert à la marque de la durée du temps, évidemment rien ne s’inscrit à l’ouverture immense du cœur qui ne retient rien.

 La mémoire, causale un certain temps, n’est plus, ensuite, aux besoins ponctuels de l’incarnation, qu’incursions dans la mémoire universelle dont fait partie la mémoire collective.

 Vous le savez, au sens humain donné au mot mémoire, vous n’en avez pas.

 La mémoire rejoint la conscience et ce n’est plus ensuite que question de conscience en réponse immédiate à celui dont rien ne peut être dit.

 Les besoins en mémoire pour le service sont fournis, mais l’ouverture du cœur ne s’encombre de rien.

 Elle ingurgite tout mais ne permet pas au mental de répertorier ou de classer, ce qui surcharge et emmagasine des aspects inutiles surtout liés aux relations et à l’ego.

 Frère, sœur, vous n’avez pas de mémoire, mais toute mémoire vous est accessible, en cas de besoin, sans mémorisation.

 Sourions ensemble de ce paradoxe dont la folie, vue de l’extérieur, est proche ! !

 

Cette faculté d’ETRE d’une façon fluide, permanente, est pour vous amour, joie et puissance mais il vous arrive en cet état d’instantanéité constante d’avoir de gros problèmes relationnels et parfois de logistique sur le plan physique.

 Dans ces moments-là l’incompréhension autour installe une fébrilité agressive, dans laquelle vous ne devez pas entrer.

 Et ce n’est pas facile.

 Avec ces pressions subies par vos véhicules, ces kg/psy assumés jour et nuit, sans cesse.

 En vrai radar que vous êtes, il faut bien compter les pollutions émotionnelles et mentales et la saleté physique qui pour vous est un calvaire.

 Et tant de gens, même des spiritualistes, ne se douchent pas quotidiennement ou ne se lavent pas les mains avant de toucher les aliments ou les enfants ou -bref tout cela, en société, vous pèse beaucoup.

 Et il n’y a pas moyen d’y remédier.

 Ces agressions sont pénibles, lourdes à porter et peuvent, pour vous, sur le plan physique, devenir minantes voire ecœurantes.

 Car plus le cœur est ouvert et plus son ouverture fragilise.

 Cette fragilité, cette vulnérabilité sont éprouvées sur le plan physique.

 Le dynamisme énergétique ne faiblit pas en vous, mais il peut être amoindri sur le plan physique, au sein du véhicule physique qui est le tampon, au bout du compte, de toutes les agressions dont les pressions sont toutes, sans exception, ressenties puisqu’elles y tombent.

 C’est dire la lourdeur de l’incarnation et la volonté de puissance divine qui doit l’accompagner pour y servir efficacement malgré tous ces inconvénients, toutes ces contingences.

 Ce qui explique pourquoi H.P.B. par exemple, fumait tant.

 Une façon pour cette grande initiée d’amortir les pressions véhiculaires lourdement ressenties au physique, qui la rendirent malade.

 Ce n’est bien sûr pas une solution et aujourd’hui vous le savez bien.

 l’autoroute du Christ qu’emprunte le cœur ouvert passe par l’incarnation, jusqu’au service proprement dit que le cœur ouvert peut accomplir enfin, entraîné énergétiquement, conscient des dangers et problèmes liés à l’incarnation, en tant que sauveur du monde et maître en incarnation membre de l’ashram du Christ, dans cette extériorisation de la hiérarchie.

 Quand vous êtes l’autre, en constat d’intériorité, sur un plan intérieur de conscience, ce sont vos symboles qui s’inscrivent à la lecture des nœuds et blocages psychologiques et autres de la personne visionnée que vous aidez.

 À la lecture de ces symboles, parce que, étant l’autre, vous vivez un instant, en conscience, ses difficultés propres, vous trouvez les moyens énergétiques de l’aider dans l’instant.

 Ce qui signifie que, vivant à sa place, avec lui, en lui, les menaces, peurs, joies ou attaques qu’il subit, vous lui en donnez immédiatement les moyens énergétiques de passer le cap difficile.

 C’est en quittant l’intériorité en question que des effets peuvent se faire sentir.

 De la fatigue à la morosité, de l’énervement à l’inquiétude, vous êtes un instant de veille, le reflet des violences, quelles qu’elles soient, dont l’autre a pâti.

 Ces instants sont, comme disent les anglais, «moody».

 C’est qu’une accomodation énergétique de retour en conscience est nécessaire, comme elle doit se faire objectivement dans la continuité de conscience des autres plans, il est inévitable que jaillisse au corps physique et au mental, une adaptation énergétique à laquelle il faut le temps de l’alignement, dans l’état de veille du corps physique, en incarnation.

 Ce passage, cette adaptation installent en vous une légère inquiétude mêlée du reflet de la personne visionnée.

 Cela est dû au fait que, étant l’autre, il y a toujours une question non formulée mais présente au mental, même fugitive, qui s’inscrit : «et si c’était moi?» dans ce passage de réalignement indispensable sur le plan physique, le mental glisse sa question.

 Bien sûr, c’est rapide mais néanmoins vous devez absolument gommer du mental toute interrogation a laquelle seul le cœur ouvert peut répondre.

 Sinon, l’inquiétude grandit, le mental, pour un temps, prend la relève de l’ouverture du cœur et vous vous installez dans l’inquiétude bien normale du réalignement.

 Dans ces moments-là, en Christ, au silence de dieu, examinez à nouveau votre vision de la personne, les impacts énergétiques qui en ont découlé, les kg/psy subis dans les véhicules.

 Et ne pensez pas! Sachant que vous êtes l’autre et que rien maintenant ne peut plus changer cela, recueillez-le en vous, consciemment en Christ, et si vous éprouvez une difficulté de réalignement sur le plan physique, invoquez la force de l’ashram, afin de vous faciliter le transfert d’énergies indispensable au réalignement correct.

 Il est un temps d’incarnation où ces processus nouveaux à vivre vous créeront de vrais problèmes physiques avec des douleurs bien particulières dans le corps physique, à la tête, dans les muscles même, puis, peu à peu, plus vous les vivez et moins vous en souffrez, jusqu’à ce qui précède qui n’est en fait qu’une coloration de l’autre dont la traînée sensitive s’inscrit à votre corps mental.

 Les maîtres en incarnation au fait de ce travail depuis longtemps comprennent ce que je veux dire et je demande à ma sœur L.C.

 De bien vouloir en parler au cours de ses conférences.

 Le vivant, elle le communiquera à ceux qui en ce moment, en incarnation, s’y préparent mais ne l’expérimentent pas encore.

 Cela leur facilitera la tâche.

 Quant aux disciples, s’ils arrivent à accepter l’aide objective qui suit ce processus de visionnement intérieur, ce constat d’intériorité, alors ils pourront, aux côtés du cœur ouvert qui le fait, parcourir de pas de géant l’évolution, pour le service.

 Dès que les disciples acceptent et adhèrent à la vision du cœur ouvert, les progrès du groupe global sont décuplés.

 Quand le cœur ouvert éprouve les difficultés de réalignement citées plus haut, vous pouvez, pour vous en dégager plus vite, puisque vous connaissez les causes, vous dire que le pas suivant pour vous, dans l’incarnation, est d’être l’autre sans complaisance.

 C’est cette dernière qui vous incite aussi à garder le reflet de l’autre, là le premier rayon peut vous aider.

 Les symboles qui se sont inscrits à la conscience sont des formes énergétiques puissantes qui glissent au corps mental.

 Avant qu’elles n’atterrissent au mental, la conscience en l’autre, doit s’effacer en celui dont rien ne peut être dit, rendant à la substance lumineuse de la conscience, sa virginité première qui a permis ce processus.

 Pour éviter que les formes symboliques de la conscience concrétisées en l’autre, donc en vous-même, n’atteignent le mental, il vous faut rester en continuité de conscience afin d’y aplanir les symboles formulés, avant qu’ils ne prennent corps sur le plan mental, ce qui peut vous perturber un temps.

 La question est donc : comment, dans votre globalité, dissocier la conscience du mental dans le réalignement qu’implique ce processus d’aide par vision? Et je réponds : par l’indifférence divine appliquée a votre propre incarnation.

 Si vous vous en remettez à la force de l’ashram, en conscience de groupe, le cœur ouvert, démotivé par les problématiques de l’incarnation, remplacera la pensée à laquelle le mental-outil s’est accroché parce que vous l’avez permis.

 Dans l’indifférence divine, seul le cœur ouvert s’exprime et le mental retrouve sa fonction d’outil privé d’initiative.

 Cela facilite grandement le réalignement et la complaisance, délogée, devient l’illusion qu’elle est.

 Vous voyez frères et sœurs combien, pour vous, l’incarnation est un apprentissage au sein des processus liés à l’extériorisation de la hiérarchie.

 Et en même temps une capacité d’involution dans la matière, qui permet une grande évolution globale en celui dont rien ne peut être dit.

 Aux pionniers de ces processus, dont vous êtes, je m’associe en assistance avec les ashrams et leur force énergétique ainsi qu’avec Shamballa dont Sanat Kumara est, au silence de dieu, attentif au bon déroulement du plan et de l’extériorisation en cours.

 Dans la coordination globale vécue sur terre par le cœur ouvert, tous les processus, tous les mécanismes énergétiques et véhiculaires sont à l’œuvre, en extériorisation constante du plan prévu.

 Les maîtres qui ont connu l’incarnation avant, savent que toutes ces nouveautés de fonctionnement sont entièrement liées à l’extériorisation de la hiérarchie et que les maîtres, avant cela, n’ont jamais vécu ces processus.

 Il y a donc une période d’adaptation à ces travaux, des découvertes, des effets qui y sont liés et n’étaient pas encore prévisibles.

 Cela dit, le maître en incarnation est équipé, sa pureté est garante d’un fonctionnement optimum, mais cette expérience empirique mérite toute notre attention à tous, la vôtre, bien sûr, ainsi que celle de tous les disciples.

 Pour que les mentalités changent et qu’un monde nouveau voit le jour, ce qui est en train de se faire, il faut que les cœurs ouverts vivent, en Christ, de plus en plus nombreux.

 Mais il n’est pas vraiment aisé pour un cœur ouvert, de vivre, comme tout un chacun, en incarnation.

 À vos difficultés nous sommes présents, solidaires et attentifs.

 Ce petit livre d’or est au cœur ouvert une aide, un soutien, la force de l’ashram tout entier.

 Que le chevet du cœur ouvert en soit pourvu afin d’y puiser, en temps voulu, réconfort et force, quand besoin est.

 À la réalité que le cœur ouvert communique à plein temps se greffent les réalités quotidiennes et pragmatiques de tout homme.

 C’est pourquoi, axé sur l’essentiel, le groupe global est le creuset dont le groupe exotérique est le piquet planté au sol de l’incarnation.

 Le cœur ouvert y choisit les disciples avec sûreté, aucune complication en surcharge n’est souhaitable.

 À votre cœur ouvert nous savons l’infaillibilité occulte.

 Quant à l’évolution individuelle des disciples, elle amènera son lot de perturbations mais vous veillez afin que le groupe n’en souffre pas.

 Dans cette multiple vie qui vous incombe dans l’incarnation, une aide pragmatique, je dirai administrative vous est nécessaire.

 Aux médiateurs du plan, le groupe exotérique doit être une aide forte afin que l’essentiel, sur les plans intérieurs, soit assuré par le cœur ouvert.

 Le travail vous est allégé au maximum, il doit l’être.

 En conscience nous communions et plus que cela, avec vous.

 Les marches dorées du XXIe siècle sont consignées à ce livre d’or afin que l’humanité toute entière en monte un à un les degrés initiatiques.

 A chaque cœur ouvert, en Christ, le mental évacue des formes-pensées indésirables dont les influences négatives brouillent les cartes de l’objectivité.

 À chaque cœur ouvert, en Christ, la liesse de l’ashram tout entier fait écho, des rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa, jusqu’à celui dont rien ne peut être dit, répercutant à l’ouverture du cœur, les énergies à vivre et à communiquer.

 À l’hymne qui s’élève ainsi, le groupe global puise la joie inconditionnelle du service.

 Dans cette globalité, la partie la plus délicate à vivre pour le cœur ouvert que vous êtes est celle liée au groupe exotérique dont les disciples se débattent encore aux difficultés psychologiques personnelles liées à leur entourage.

 Mais votre soutien est grand pour eux.

 Afin de soutenir et de maintenir un cap de service efficient, vous savez comment intérieurement rétablir la situation lorsqu’elle glisse doucement ou brusquement de l’ego à l’intériorité.

 énergie et lumière, instantanéité sans planification extérieure, dans l’obéissance occulte infaillible que connaît le cœur ouvert, déplacements nombreux pour éviter aux forces contraires de s’installer à l’environnement de certains plans, mobilité donc, changement de programme et décisions apparemment changeantes ou contradictoires, tels sont vos mouvements dans l’incarnation, et ils sont justes.

 Aux trains pris, aux avions décommandés, aux rendez-vous manques, aux certitudes déjouées, aux promesses que vous ne faites jamais, aux ouvertures que vous prenez ou pas, c’est selon, aux impératifs que vous balayez, aux trahisons que vous décodez avant qu’elles ne soient concrétisées, à toutes ces cohérences qui ne sont pas humaines mais divines, à ce pouvoir que vous n’utilisez pas, a votre engagement total à la hiérarchie, à tout cela et plus encore, vous êtes fidèles et ils vous croiront fantasque, amoral ou qui sait quoi encore ! Parce qu’ils ne savent pas encore que l’énergie est votre domaine, la lumière votre demeure, l’instantanéité votre pondération, la mobilité votre impératif.

 À toutes ces questions que vous leur posez, ils ne peuvent répondre qu’avec leur logique.

 Mais à la sagesse vous les habituerez par l’amour parce que telle est votre mission.

 A vous ils s’habitueront et à l’exemple de votre VIE UNE, ils se feront, le temps de ne pas comprendre ; le temps d’aimer viendra aussi pour eux tous, parce que, par amour, vous avez décidé de revenir et de communiquer, en Christ, à l’humanité toute entière, ce que l’ouverture du cœur signifie pour elle.

 A ces énergies Christiques que l’ouverture du cœur rend torrentielles au sol de l’incarnation, ils percevront, ils aimeront, ils serviront un jour, plus ou moins proche, plus ou moins lointain, parce que le destin humain est inscrit au livre de la synthèse, en celui dont rien ne peut être dit et que, seul le verbe peut en concevoir les mots que transcrit le cœur ouvert.

 Ces mots éveilleront leur conscience comme autant d’aiguilles sur une peau sensible.

 Et parce que vous êtes présents, à leurs côtés, ils en comprendront le sens par le cœur et non plus par le mental.

 Les calices se rempliront et au sang de la VIE UNE, ils feront, dans vos empreintes invisibles, les pas décisifs de l’ouverture du cœur.

 Au rêve improbable, à la folie que représentent l’extériorisation, la médiation et autres phénomènes magiques pour certains, ils rêveront, ils réfléchiront, ils riront, ils se moqueront peut-être, mais ils viendront constater que vous êtes semblables à eux et pourtant différents.

 Christ, en vous, les touchera, en cœur et en conscience, ils feront le chemin obligatoire de l’ouverture du cœur, à leur propre rythme, aidés, dans l’intériorité par vous qui êtes eux et les comprenez comme vous- mêmes.

 Aux absurdités entendues, aux trahisons tentées sur vous, aux gouffres de l’incommunicabilité, aux glaives des paroles, vous pallierez, dans le silence de dieu, par l’ouverture du cœur.

 Mais à la joie qui est vôtre, à l’amour, à la sagesse, à la compassion, dans l’incarnation, vous les convierez, cœur ouvert, pour un partage, en Christ, des plus belles énergies disponibles.

 Dans l’humour vous les entretiendrez afin qu’ils ne voient jamais en vous le guru des temps passés, mais l’homme, la femme-Christ, semblable à eux et pourtant différent, capable d’aimer, de communiquer par le cœur la vision synthétique et globale de ce qui est, ce qui fut, ce qui sera.

 Parce que l’ouverture du cœur est une flèche pointée sur le torrent de l’avenir en commun, à construire, à forger, non aux mentalités mais aux énergies puissantes de l’amour Christique, vous assumerez cette partie importante du plan qu’est l’extériorisation de la hiérarchie.

 À ce livre d’or, chaque rayon est présent à la tonalité de l’arc-en-ciel divin qui enjambe le monde par l’ouverture du cœur en incarnation.

 À ce livre d’or, chaque maître est en conscience de synthèse, présent à l’incarnation de chaque membre de l’ashram du Christ en extériorisation.

 À ce livre d’or, chaque mot est énergie Christique en soutien d’amour et de force, avec l’ashram tout entier.

 À ce livre d’or, au chevet duquel votre incarnation va se poursuivre et se dérouler, le silence de dieu et le principe Christique, entre les lignes, sont les soupirs qui rejoignent les vôtres sur terre, exhalant une énergie décuplée disponible et motivante en celui dont rien ne peut être dit.

 À ce livre d’or, vous êtes l’or et la ponctuation des moments difficiles, des épreuves qu’il vous faut aussi vivre sur terre, au sein du service.

 A ce livre d’or, vous apporterez le témoignage pour les disciples et les autres afin que le cœur lise, ici, dans ces lignes, ce que la vie leur réserve un jour ou l’autre, une incarnation ou l’autre, de joie et de fardeaux.

 À ce livre d’or, vous participez tous en conscience et vous savez ce qui, par instants, au sol de l’incarnation, passe dans l’oubli d’un nuage humain, le temps de réaligner ce que l’environnement brouille en permanence à votre clarté.

 a ce livre d’or, le souffle divin a participé, l’harmonie Christique a contribué, la joie a consolidé, l’amour a présidé, la conscience a construit, l’ouverture en celui dont rien ne peut être dit a perçu ce que le cœur ouvert a besoin de lire, de trouver, de retrouver pour conforter cette part d’humain qu’il revit pour l’amour des autres, cette humanité toute entière dont il est l’avenir, le chemin, le moyen et l’aboutissement, dans l’incarnation, pour parvenir, en conscience de groupe, par delà les rives sacrées émeraude-diamant, en celui dont rien ne peut être dit.

  À ce courage humain, à cette force divine, à cette conscience de synthèse, nous, depuis Shamballa, rendons ici hommage, par l’intermédiaire de ce petit livre d’or.

 Morya pour l’ashram du Christ.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lettre aux disciples, aux sceptiques et aux autres

 

 

 

 

 

Dans la farandole des sentiments qui se pressent à la porte d’un cœur fermé, les rejets qui s’ensuivent, fracassent, au gong qui retentit, les plus riches potentialités que masque encore le non-soi ignorant.

 C’est le gong qui rythme un apprentissage douloureux où l’ombre du caractère forge et intensifie d’abord l’ego pour ensuite l’aplatir, à force de coups assénés, et le rendre ainsi plus souple aux injonctions de l’âme dont les énergies doivent irradier.

 Ces coups de gong pénibles retentissent jusqu’à consommation totale de la première initiation hiérarchique, soit le quatrième degré.

 Contrairement à toutes les idées reçues sur ce sujet, un grand malentendu s’est installé.

 Le maître en incarnation, d’une part, continue son évolution qui ne s’arrête pas au cercle hiérarchique mais s’achemine vers Shamballa, d’autre part, il n’est pas un être humain parfait au sens où vous l’entendez.

 La façon infantile d’appréhender le maître en incarnation est une dérision mentale qu’il vous faut réviser absolument en cette extériorisation de la hiérarchie qui se présente à vos scepticismes réactionnaires.

 L’incarnation ne connaît pas la perfection de vos fantasmes spiritualistes.

 Par contre, ce qui vous échappe chez le maître en incarnation est parfait.

 Il s’agit du mécanisme véhiculaire dont ii se sert sur le plan énergétique afin de travailler en contact permanent, d’une part, avec la hiérarchie, dont les maîtres ne sont pas tous en incarnation et d’autre part, en conscience globale avec Shamballa et celui dont rien ne peut être dit.

 Pour faciliter cette extériorisation et aborder le monde dans sa globalité sociale et spirituelle, le maître de vos fantasmes spiritualistes serait grandement handicapé.

 La sainteté d’un homme, d’une femme ne se mesure pas à l’analyse subjective que vous faites de sa vie privée.

 Gardez cela pour les acteurs de cinéma, et tous ceux dont la vie publique est un métier et pour lesquels vous avez les yeux de l’admiration aveugle ou de la critique acerbée, sans objectivité.

 Les maîtres en incarnation sont des hommes et des femmes, comme vous, puisqu’ils ont connu ce que vous traversez, mais leur équipement, leur travail, leurs points de vue sont très différents, au lieu de chercher des preuves et autres balivernes sans intérêt concernant leur état, regardez-les comme des hommes et des femmes et cherchez, voyez alors en quoi ils diffèrent de vous en tant qu’êtres humains.

 Ces différences existent et, de même que vous pouvez, je l’espère du moins, ne pas juger un semblable sinon essayez de le ou la comprendre avec tolérance, alors vous découvrirez des choses troublantes, convaincantes et belles sur le plan énergétique des idées, des activités, des visions que le maître en incarnation peut, sans que vous en soyez conscients, vous faire partager.

 Le siècle de la communication, ouvert sur les sciences et la technologie, que vous vivez, devrait, par vous tous et chacun, épouser les différents mouvements de la vie afin de les accompagner, même de loin.

 pourquoi se fermer encore plus dans cet outil sublime qu’est le mental et qui ne devient alors qu’une prison aux grilles noires dont les barreaux tronquent la portée du regard au point de segmenter une possibilité de vision qui ne trouve comme base, en vous, que le scepticisme.

 Ne rien croire, a priori, est positif mais analyser systématiquement dans le refus toute ouverture différente devient une démarche mentale sclérosante et stupide.

 Essayer d’ouvrir son cœur à l’autre sans a priori, et en recevoir ce qui vient sans lutter est une simple façon de garder le cœur pur afin de laisser aux énergies de l’autre une chance de l’atteindre, de le toucher.

 De toute façon, vous serez touchés par ce qu’est le maître en incarnation.

 Plus vous résisterez à ces fortes énergies Christiques, plus les coups de gong seront fracassants et ce, parce que le cœur, un jour, doit faire le pas et s’ouvrir.

 Vous pouvez ne pas croire, quoi de plus sain? Mais je vous en conjure, soyez sans a priori, et attendez de connaître l’impact, en vous, de ces énergies.

 Le plus grave est que vous jugez souvent sur une impression laissée par une, deux, trois visites ou entrevues banales, un, deux coups de fil.

 Vous rendez-vous compte, au moins, combien vous êtes subjectifs et injustes? Sans connaître, en fait.

  Et qui connaissez-vous? Il y a dans les relations humaines une infinité de possibilités individuelles qui entachent et gâchent souvent ce qui est juste, bon, beau, vrai.

 Alors, un peu de modestie devant ces hommes et ces femmes-Christ qui sont maintenant de plus en plus proches de vous.

 Donnez-vous ainsi une chance d’ouverture du cœur.

 Quand les farandoles de sentiments pourront s’engouffrer sans dommage dans votre cœur enfin entrouvert, c’est par cette ouverture que seront visionnées, triées, assimilées, acceptées, aimées, toutes ces différences superbes qui attachent votre mental à ses vieux mécanismes auxquels vous vous êtes identifiés, faisant de l’outil, un double de l’ego, comme une béquille confortable que le temps vous assure dans la durée de vos égarements personnels.

 Chaque flamme divine est au cœur de tous comme l’oriflamme énergétique qui, suivie, mène à Christ.

 Vous ne voyez pas cette oriflamme, trop occupés que vous êtes à débusquer une flamme en l’autre.

 Comment pourriez-vous l’y découvrir, vous ne la connaissez pas en vous-mêmes.

 Les fantasmes spiritualistes ne sont que formes-pensées mentales dont l’impuissance vous étouffe tout en alimentant l’ego.

 a la forêt vierge de ces aspirations mort-nées, élaguez aux fantasmes ces bras de pieuvres qui s’accrochent aux charnières de la porte du cœur, bloquant en vous le regard d’amour sur l’autre qui est seul une possibilité, ensuite, de vision.

 N’ayez pas avec votre intériorité, que concernent le cœur, les rapports journalistiques qu’ont la presse et la société.

 Le scoop phénoménal à tout prix, pour étayer, souvent faussement, des suppositions qui alimentent tant le mental que ce dernier, débordé, noie, dans ses assertions, toute logique venant du cœur, tout amour pouvant s’exprimer.

 Recevoir l’information demande une grande ouverture et un discernement que seul le cœur est capable de gérer.

 Donner l’information demande une impersonnalité dont l’objectivité est la fille naturelle.

 Mais quel journaliste n’a-t-il pas une idée derrière la tête, une manipulation mentale à l’œuvre? En revanche, l’information venant du cœur ouvert, quelle qu’elle soit, est totalement impersonnelle car seule l’ouverture la motive en ses énergies Christiques.

 Recevoir ce genre d’information, en provenance du cœur ouvert, demande une volonté d’ouverture par la tolérance et la compréhension, en un premier temps.

 Ce sont là de simples règles s’appliquant en tous points sur la charte des droits de l’homme, que tout citoyen, tout être humain, devrait prendre en considération.

 Vous voyez ici que nous sommes très loin de toute assertion spirituelle, de toute reconnaissance face à l’extériorisation de la hiérarchie, mais peut-être est-ce trop vous demander encore que d’agir en homme et femme responsable, en citoyen à part entière, selon les valeurs fondamentales d’une société démocratique basée sur les droits de l’homme?!! Pourquoi le spiritualiste devrait-il faire une séparation entre tolérance et droits de l’homme, discernement spirituel et doute? Le second passe par les premiers et il ne peut en être autrement.

 Alors pour être un bon citoyen, appliquez déjà les valeurs démocratiques au prochain, y compris et surtout envers le maître en incarnation.

 Vous vivez tant de paradoxes conflictuels en vous-mêmes que vous ne vous en rendez même plus compte ! Il est temps d’en prendre conscience.

 Ne séparez pas le citoyen du spiritualiste et appliquez d’abord aux spiritualistes les fondements démocratiques de base auxquels tout être humain a droit.

 Comment voulez-vous, autrement, que le monde aille mieux? C’est vous qui en êtes en charge.

 Rendez-vous compte ! ! Comme un serpent qui se mord la queue, la sagesse enroule ses anneaux successifs au cœur de l’homme dont elle force ainsi l’ouverture.

 Chaque anneau est un viol de l’ego qui permet l’expulsion, par un accouchement douloureux, de tout ce qui, au cœur, est indésirable.

 Les anneaux sont innombrables parce que la spirale est immense.

 Vous êtes, chacun en vous-mêmes, la spirale d’un instant d’éternité a laquelle l’infinité fige une incarnation au terme de laquelle les anneaux seront comptés.

 Ces anneaux partent d’un point concentrique pour s’ouvrir un peu plus à chaque circonférence ouverte engendrée par les énergies de l’âme que le cœur réceptionne.

 La responsabilité de chacun est de pousser au maximum l’ouverture de chacun des anneaux de la sagesse.

 Bien sûr il y a l’étude et la lecture, pas n’importe lesquels, mais surtout, il y a les relations humaines.

 C’est à travers elles que la sagesse doit s’exprimer pour ne pas rester au stade intellectuel d’une raison limitée où la sagesse en est réduite au discours.

 Et là je vous demande à tous, d’observer la vie de ceux qui vous entourent en faisant un effort d’objectivité, sans jugement.

 sous des apparences de folie en ce qui peut vous concerner personnellement, sous des apparences d’incohérences que le temps résoud toujours à la justesse de ces moments et heures à respecter dans les cycles, vous vous rendrez compte que la vie des initiés, tous sans exception, comporte des incompréhensions, des aberrations au mental, perceptibles et compréhensibles par le cœur et l’âme et bien des années après, vérifiables et structurables par le mental le plus cristallisé auquel le temps va donner des raisons.

 Et nous en sommes toujours là, n’est-ce pas malheureux?!! Et souvent les spiritualistes sont les pires, vraiment c’est incroyable ! ! Maintenant que le rideau de fer est tombé, au sens propre, dans l’effondrement du communisme dans la société mondiale, il serait temps que le même rideau, qu’a baissé le mental, tombe dans l’effondrement volontaire de l’ego qui s’y accroche, confondant outil et identité superficielle.

 L’extériorisation de la hiérarchie en est l’opportunité.

 Il vous suffit d’un regard sans a priori, d’une bonne foi sans arrière-pensée, d’un cœur ouvert en voie de développement pour y arriver.

 Est-ce trop vous demander? Du tabernacle de votre confort spirituel et moral, cassez sans hésiter la porte blindée par les fantasmes et les idées reçues, déformées par définition.

 Aux oracles de votre âme, laissez-vous porter.

 Aux anneaux de la sagesse, laissez-vous violer afin que les epousailles se fassent entre cœur et cœurs dans la responsabilité assumée du citoyen en charge des valeurs démocratiques fondamentales, sans lesquelles, en un premier temps, le monde ne peut avancer.

 A cela, ajoutez votre responsabilité spirituelle individuelle afin de réviser, par l’ouverture que donne le cœur, tous les points de vue qui peuvent améliorer la démocratie dans un monde nouveau à l’échelle de l’homme global afin qu’hommes et femmes-Christ transfigurent le monde.

 Vous n’y arriverez jamais dans cette incarnation si vous ne forcez pas, en vous, un regard impartial sur le maître en incarnation qui ne répondra jamais à vos critères éculés et ignorants dont la base est le non-soi et ses limitations.

 Quel travail! Me direz-vous.

 Non, il suffit d’appliquer en un premier temps, à tous, les valeurs fondamentales véhiculées dans les sociétés démocratiques, par les droits de l’homme.

 C’est votre première responsabilité en tant qu’être humain dans une société libre.

 Et c’est ce que nous attendons de vous.

 La pensée libre qui devrait être vôtre n’est pas seulement dans la liberté d’expression mais surtout dans la mobilité, la souplesse, la fluidité et l’ouverture à tous et à toutes les idées qui se présentent au mental.

 Ce n’est qu’ainsi que se manifestent les énergies du cœur et son ouverture.

 C’est en faisant vôtre tout ce qui est humain, par la pensée, que vous en dégagerez, par le cœur, les énergies Christiques qui y sont, forcément, présentes.

 Ce n’est qu’ainsi que le discernement peut s’installer sans ambiguïté au mental outil qui, ensuite, ne sera plus manipulateur mais exécutant de ce qu’il vous semblera bon de faire passer par une action ponctuelle juste.

 Quand la lumière transparente de l’or liquide en fusion se mêle à la matière dense, dans l’incandescence du cœur apparaît l’ouverture illimitée des possibilités divines à l’œuvre sur le plan physique.

 Point n’est alors besoin de phénomènes médiumniques de bas étage pour affirmer la volonté de puissance divine qui s’exprime alors dans tous les domaines de l’humain, mêlant l’esprit en celui dont rien ne peut être dit, à tout ce qui fait le champ d’action de l’homme, la femme-Christ.

 En termes d’énergie, la lumière opalescente des rayons s’ancre à la substance et la densité irradie, au cœur de la matière, comme un symbole de VIE UNE que l’incarnation va glorifier.

 Épanouie comme une fleur de chair sur un plan mental fertile et lisse, l’homme, la femme-Christ donnent au monde le meilleur d’eux-mêmes, dans l’impersonnalité d’une personnalité intégrée et unifiée en celui dont rien ne peut être dit.

 La communication divine, alors parfaite, qui en découle risque de noyer votre mental à ses analyses, si vous le lui permettez, parce que tout cela est si etonnamment «autre chose», que dérouté, vous risquez de vous laisser emporter aux mauvais choix et aux erreurs grossières dont         

Vos jugements tireront mauvais parti.

 A la fougue dialectique des polémiques diverses, ne vous laissez pas aller.

 Comme une sorte de discipline, recueillez au silence de dieu les réactions habituelles d’un mental mal utilisé et donnez la parole au cœur, elle se fera alors l’écho du verbe et tout pourra changer.

 Face à tous les domaines de la pensée dont vous aurez à traiter, pratiquez cet effort avec constance.

 C’est ainsi qu’un jour le silence manipulateur et calculateur de la langue de bois des hommes politiques se taira, pour exprimer enfin l’écho du verbe dont le monde a un besoin urgent.

 Mais cet écho du verbe est si déroutant, si dérangeant, en un premier temps, que les mots, les phrases qu’en communique le langage du cœur ouvert peuvent vous paraître étrangers et donc

suspects, puisque l’homme est ainsi fait! Portez vos efforts aux points justes à améliorer en vous.

 Que l’anarchie du mental outil laissé à ses propres mécanismes, se taise pour réceptionner à sa surface, enfin lisse, les formes de l’écho du verbe que vous livrent les maîtres en incarnation par l’ouverture du cœur, si abstraite encore pour vous.

 Aux joies qui s’écouleront, limpides, à votre intériorité plus pure, vous reconnaîtrez les ondes émeraude-diamant des reflets iridescents des rives sacrées de Shamballa et en y aspirant, à la force des énergies Christiques, vous y parviendrez un jour prochain, une incarnation prochaine à laquelle, dès à présent, ici et maintenant, vous pouvez travailler, en vous-mêmes d’une manière positive.

 La conscience de groupe en dépend, et c’est peut-être là votre responsabilité la plus urgente en regard de l’humanité.

 A ces réalités troublantes qui font votre quotidien, face à un maître en incarnation, soyez attentifs, sans a priori, ouverts.

 Le jugement, votre réaction première instinctive, doit laisser place à la volonté de compréhension, à une approche plus humaine et moins spiritualiste de ces choses de la VIE UNE qui vous échappent parce que vous les rejetez à moins que vous ne les ignoriez.

 Aux douleurs qui vous assailleront, aux souffrances que vous éprouverez, aux épreuves que vous subirez, à l’entendement que vous en aurez, accordez tolérance et bienveillance dans cette inclusivité de l’autre avec tout ce qu’il peut vous apporter de nouveau et d’inattendu.

 Pour cela n’attendez rien de personne et gommez ces formes-pensées qui sont assassines au mental et etouffantes au cœur.

 Libérez votre raison aux flots mouvants de la VIE UNE afin que, lavée de ses conjectures stérilisantes, elle ne soit plus que souffle aux ondes divines que reçoit le cœur.

 À ce souffle trouvez l’inspiration qui permet la juste élocution et dans le silence de dieu se formeront les mots justes qu’assemblera, en son ouverture, le cœur initié en Christ.

 Doublement conscients, vous serez alors, en chœur de conscience de groupe, le chant royal, le chant divin des mélodies les plus humaines parce que, en Christ, vous n’en serez pas moins homme ou femme avec tout ce que cela comporte d’imperfections d’expression au quotidien de l’incarnation.

 La perfection n’est qu’en l’état intérieur du cœur ouvert en Christ.

 La perfection n’implique pas des réactions de légumes, aplanies au point de ne plus exister.

 La perfection implique une action divine constante dont l’amour est le moteur et la joie la résultante.

 À cet écho-là, l’aube de l’extériorisation de la hiérarchie répond et vos oreilles peuvent entendre et vos yeux peuvent voir, si vous permettez au cœur de participer à cette écoute et à ce regard.

 Dans cette immensité, au bord de laquelle votre incarnation vous tient, vous n’aurez bientôt plus le vertige du doute, pour peu que les jugements cessent leurs rondes stériles et que le cœur y ouvre ses portes scellées par les pulsions instinctives du mental analytique.

 Le vertige n’est que la peur du vide.

 En comprenant que l’ouverture n’est que réceptacle de VIE UNE, spirale des anneaux de la sagesse, la peur en quitte le seuil à jamais pour permettre au cœur une infinité sans remise en question.

 Cette ouverture-là, à jamais acquise est la base physique, en Christ, de l’extériorisation.

 Que des adeptes, parvenus aux rives sacrées de Shamballa vous aient précédés, devrait vous conforter dans votre détermination.

 Et j’ose espérer que vous ne mettez pas en doute les adeptes qui s’adressent à vous ici?! Quoi qu’il en soit, la transmission directe, dont vous bénéficiez ici et qui débuta au siècle dernier, devrait porter ses fruits en votre intériorité dont le jardin nous est cher, comme un pas de plus de cette humanité qui évolue.

 Aux remises en question permanentes que chacun fait des autres, il devrait être créé un libre échange.

 Vous remettez les autres en question? Soit! Mais alors pourquoi avez-vous tant de mal à vous remettre en question? Toute voie spirituelle passe par une remise, des remises en question innombrables, dès que le pas est fait.

 Les autres n’évoluent pas pour vous.

 De ces préceptes de la doctrine secrète, cette sagesse millénaire amenée au monde occidental par H.P.B.[1] que retenez-vous? Les avez-vous seulement parcourus? De ces moyens pour travailler sur vous amenés ensuite par A.A.B.[2] afin de parvenir à une coordination énergétique intérieure – bref, où en êtes-vous? Si nous prenons la peine au début de chaque siècle de venir vers vous par le biais, à chaque fois, de la meilleure communication possible, c’est qu’il y a matière à aider l’humanité et à rapprocher, par la fraternité, les hommes, afin que vive l’esprit, la VIE UNE, le cœur.

 La critique est bien facile à un mental construit doublé de l’une des innombrables frustrations causées par les problèmes psychologiques ainsi, parfois, que d’une morale douteuse.

 Il y a mille autres causes.

 Le miroir du cœur est insupportable à  ceux-là.

 mais si nous avons fait des erreurs par le passé, lorsque le pont fut jeté entre l’orient et l’occident par H.P.B. qui en a un mérite immense, ce fut quand même fait et l’influence énorme que le XXE siècle en a gardé le prouve.

 et ce n’est pas fini.

 Il en est de même, différemment, pour A.A.B. et les boudeurs de la société théosophique devraient examiner tout cela à la lumière de ce qui est donné actuellement par L.C.

 H.P.B. a ouvert incontestablement la voie que nous projetions pour l’humanité.

 Elle ne fut pas comprise, on le sait, mais qu’importe ce que la personnalité, à l’époque, a vécu.

 Elle fit ce qu’elle avait à faire en nous demeurant fidèle jusqu’à sa mort et au-delà puisque notre travail ensemble continue.

 A tous, je demande de ne pas s’attacher aux apparences des personnalités, nos collaborateurs, créateurs, médiateurs, ne sont que des hommes ou des femmes en incarnation et, je l’ai déjà dit, cela devrait vous rassurer et vous émouvoir.

 Nous-mêmes ne sommes que des hommes, mon frère bien-aimé K.H. [3] vous l’a dit aussi : nous ne cessons pas entièrement d’être des hommes (à sinnett)[4] ; que la notion du maître en incarnation, de l’adepte, ne soit pas pour vous le mirage d’une illusion mentale absurde qui vous projette dans un monde merveilleux privé de réalités.

 C’est là surtout que vos imaginations se font stériles.

 Vous aussi, individuellement et en groupe pouvez devenir adepte, vous aussi avez en tant qu’homme, le potentiel nécessaire à la réalisation du cœur ouvert œuvrant en Christ.

Imparfait, qui ne l’est pas? Sachez même qu’un maître en incarnation de la 6e initiation, et croyez-moi, ce n’est pas rien ! Ne semblera aucunement «parfait» à aucun d’entre vous et ceci est si evident que je me refuse à l’expliquer.

 Avant d’être un maître en incarnation on est homme, femme.

 Méditer trop amène aux illusions mentales une forme difficile à extraire.

 Ouvrez la voie du cœur et donnez à l’autre, quel qu’il soit, une chance d’être compris.

 L’extériorisation de la hiérarchie va vous demander plus que jamais cet effort afin que plus jamais ne se produisent les infamies dont fût victime H.P.B. elles sont indignes de la plus elémentaire tolérance.

 Pratiquez dans la vie quotidienne ce que les droits de l’homme affirment très justement et plus jamais un homme, une femme, ne subira ce que H.P.B., impuissante, a subi.

 Que les justifications, les preuves ne soient pas vos démarches.

 Ouvrez le cœur, même si vous vous trompez de camp, essayez d’ouvrir le cœur, lui, reconnaîtra un jour, une autre incarnation peut-être, la réalité de sa famille spirituelle et de sa voie.

 Si nous insistons tant sur le cœur et les énergies Christiques c’est que, au singulier comme au pluriel, seule son ouverture permet l’expression globale du divin.

 Il manquait à H.P.B. une discipline et une diététique qu’A.A.B. a amené à la conscience objective par le biais du mental, indispensable à cela.

 Aujourd’hui, ces voies ouvertes par l’une et l’autre sont toujours d’actualité, mais le siècle qui arrive voit l’extériorisation de la hiérarchie pour une aide plus présente.

 Vous rendez-vous compte seulement de l’évolution et de l’influence exceptionnelles dues à ces deux phases précédentes qui continuent, bien sûr? Je vous demande toute votre attention, toute votre objectivité, toute votre subjectivité qui devraient percevoir la réalité, toute votre aide pour cette continuité, faisant partie de notre plan, en regard de la troisième phase présente.

 L’heure n’est plus à la séparativité partisane qui existe dans de nombreux domaines, l’heure est au dialogue, à l’ouverture du cœur, à l’inclusivité.

 Si vous, spiritualistes de toutes voies, de tous bords n’y participez pas, où allons-nous? C’est à vous, par l’ouverture du cœur, de faire vivre cette inclusivité au sol terrestre.

 C’est à vous, de faire valoir les prérogatives de ces voies qui mènent à celui dont rien ne peut être dit.

 C’est là qu’est la joie, quelle que soit la voie choisie.

 S’il s’agit ici de la 3ème phase de l’enseignement dont H.P.B.

 Fut la pionnière en occident, ne rejetez personne.

 de sri Aurobindo, cet initié, jusqu’à l’occident en passant par bien d’autres que je ne citerai pas, tel n’est pas le propos, apprenez, avec inclusivité, choisissez, avec les possibilités de votre karma, ce qui vous parle et vous convient sur le moment.

 Mais, sans rien rejeter, à part les sectes destructrices que vous connaissez, sachez quand même que H.P.B., A.A.B. et L.C. travaillent toutes trois pour nous, que vous présenta H.P.B. au siècle dernier.

 Quelles que soient vos opinions personnelles, sachez-le et pour ceux qui suivirent l’une ou l’autre phase, en en rejetant f autre, l’heure est à la synthèse et leur point de vue doit être examiné à la lumière des énergies qui s’expriment actuellement et d’un cœur aimant.

 C’est une simple application de la bienveillance du cœur, dont je vous demande ici l’effort.

 D’autre part, à qui voudra bien accorder une réflexion à ces points de vue, à cette chronologie, annoncée, beaucoup de détails objectifs se dégageront qui enclencheront à la logique, cette vision du cœur si importante.

 Pouvez-vous en faire l’effort? Réfléchissez, par exemple, à l’émotionnel qui marqua la première phase, au mental qui marque encore la seconde, et à l’intuition par l’ouverture du cœur, a laquelle cette troisième phase fait appel.

 La progression est intéressante pour vous car souvent les disciples ont tendance à rester dans ce qui a marqué une phase ou s’en dégage, je parle ici du plan physique sur lequel évolue objectivement la personnalité de chacun, le non-soi.

 Le fond des choses est une continuité dont la conscience révélera les complémentarités superbes.

 Travaillez-y.

 Beaucoup de théosophes et etudiants de l’ecole arcane ne sont pas des disciples mais tout disciple passe un jour par l’une ou l’autre, l’une et l’autre phases de l’enseignement que représentent les écrits de H.P.B. ou d’A.A.B.

 Vous le vérifierez maintes fois, si vous y prêtez attention.

 Mais les étudiants des deux bords, néophytes, aspirants, se prenant pour des disciples, sont les pires.

 Vous pouvez vérifier cela en vous reportant à la vie de H.P.B. ainsi qu’aux problèmes que connut le centre arcane de Genève à une époque.

 Aux gens en difficulté psychologique, l’illusion et le mirage sont des bouées de sauvetage qui leur maintiennent la tête hors de l’eau.

 Mais le cœur y est noyé, incapable encore d’entendre ses propres battements.

 De ceux-là éloignez-vous si vous êtes sur la voie du service.

 Ce sont ceux qu’utiliseront les forces adverses pour handicaper le travail à faire.

 H.P.B. en fut la première victime, quoi qu’elle ait fourni elle-même les bâtons qui devaient la battre.

 vivre la synthèse est le privilège de l’homme, la femme-Christ, maître en incarnation.

 Avant l’ouverture du cœur, c’est difficile puisque vous n’en appréhendez que des fragments.

 Mais le moyen est de s’en remettre au cœur, bien que certains d’entre vous ne sachiez pas encore le faire.

 Pour couper au mental sa force analytique destructrice, oubliez la suspicion au profit d’un regard sans a priori.

 C’est difficile mais en tant qu’ésotéristes vous devriez y arriver.

 Ou alors, oubliez tout ce que vous êtes et pratiquez le regard du citoyen du monde respectueux des droits de l’homme.

 Deuxième étape, même si vous n’êtes pas d’accord, ne portez aucun jugement.

 C’est au prix de ces deux pas faits, seulement, que l’énergie Christique, présente au cœur, aura une chance de s’exprimer.

 Ne discutez pas.

 Ne polémiquez pas.

 Seul, au silence de dieu, après une lecture, essayez.

 Simplement essayez.

 Ensuite, appliquez ces deux premiers pas à tout ce que vous entreprendrez ou ferez.

 Ne laissez plus jamais le mental se mêler négativement de vos affaires.

 Sachez utiliser le merveilleux outil qu’il peut devenir, si vous laissez au cœur la chance de s’ouvrir.

 Après la vision dans l’astral, de la mémoire akashique, après l’adombrement qui nous permit d’écrire directement, après la télépathie mentale, voici donc, comme je l’ai déjà mentionné dans les livres qui précèdent, ce travail de conscience à conscience qui caractérise l’extériorisation de la hiérarchie.

 Il est clair que vous n’avez, pour la plupart d’entre vous, aucune idée de ce qu’il peut être.

 Cette forme d’unification, d’identification, entre deux maîtres qui la pratiquent est très difficilement définissable par des mots.

 De même que l’initié, après le 4ème degré, est en contact intérieur avec les autres, d’une façon incontrôlée sur le plan physique où ii doit apprendre à gérer, vous l’avez vu, de même sa conscience est sans arrêt à portée de l’autre.

 Vous comprenez qu’il y a toujours un déphasage avec la plupart, c’est pourquoi ii doit accommoder sans cesse sur l’intériorité de l’autre.

 Mais lorsqu’il s’agit d’un autre maître, les consciences sont en parfaite phase, puisque leur dénominateur commun est la globalité, et qu’elles ne fonctionnent qu’en synthèse.

 Il s’ensuit un état dans lequel l’un des maîtres est l’autre et inversement.

 Ce qui signifie que, gardant leurs particularités concernant les formes, écriture, pensées artistiques ou autres, leurs spécificités en tant que personnalités humaines, ils trouvent ensemble, en conscience, une polarité globale identique et peuvent l’appréhender d’un même mécanisme énergétique.

 En gros et d’une manière très terre à terre, imaginez deux champions olympiques, plongés dans la même eau et ayant décidé d’un commun accord de faire le trajet ensemble, rythmes confondus, afin d’agir en synchronicité et non plus motivés par la compétition.

 Ces deux nageurs à la technique superbe donneraient à l’eau une même chance de les porter.

 L’eau, elle, étant immuable.

 si vous transposez l’eau à la conscience globale, la technique au fonctionnement véhiculaire energétique et l’accord mutuel des nageurs champions à la volonté divine de servir des maîtres, l’analogie est valable et vous donne une vague idée de ce que peut être le travail, en phase, de deux maîtres, où qu’ils soient, et quoi qu’ils fassent.

 Car la conscience globale, ici évoquée, comporte les remous des consciences objectives individuelles et c’est pourquoi j’ai pris comme exemple l’eau qui dans son immuabilité comporte vagues et marées, tempêtes et limpidités.

 Vous pouvez pousser cette analogie dans le symbole par vous-mêmes, il n’est ici question que de donner une impulsion de la réalité que vivent les maîtres à votre objectivité, afin que l’intuition puisse s’en saisir.

 Bien sûr les analogies, comme tout ce qui est sur le plan physique, ne sont pas parfaites mais ces images peuvent vous porter au-delà de vous-mêmes vers la globalité à laquelle vous devez tendre.

 D’ailleurs prenez conscience que la perfection n’existe sur aucun plan avant que l’ouverture du cœur soit consommée et que Christ en l’homme ne soit vivant.

 Quand c’est le cas, l’homme, la femme-Christ, lorsqu’ils sont en incarnation, subissent certaines pressions, vous l’avez vu, qui entament aux yeux des autres cette «perfection» qui n’est en fait qu’imagination mêlée de fantasmes puisque vous ne pouvez imaginer un seul instant ce qu’est réellement la perfection de l’homme, la femme-Christ.

 Ouvrez le cœur, quelle que soit l’ampleur de l’ouverture, elle seule peut vous indiquer la réalité qui pour tous, en un premier temps, n’est qu’abstraction.

 Il est très important de considérer les maîtres en incarnation comme des hommes et des femmes, j’insiste, mais cela eviterait beaucoup de malentendus, de jugements inutiles, de perturbations et d’injustices à leur egard.

 Tout ça parce que c’est très gênant pour leur travail que vous ne cessez d’entraver maladroitement.

 Déperditions d’énergies pour tous, inutiles, perfides et infantiles de votre part.

 L’heure n’est plus aux preuves avec lesquelles personne n’avance et avec lesquelles nous avons aussi commis des erreurs.

 Soyez des disciples adultes et gommez du mental les malversions nuisibles à tous et à vous-mêmes.

 Vous pouvez vous détourner, vous eloigner, refuser, mais faites-le dans la dignité et la sagesse qui vous est accessible et si possible au silence de dieu.

 Si cela vous semble difficile, c’est que vous avez beaucoup de travail encore.

 Alors soyez humbles et travaillez sur vous.

 Que ceux qui se reconnaissent s’aident, ainsi ils aident le plan et servent.

 C’est le premier pas.

 L’aube est glorieuse pour tous si la bonne volonté de la quête est présente.

 Mais les aubes peuvent être multiples car les doutes hélas le sont.

 Il en est ainsi dans la densité et chaque lueur d’une aube nouvelle balaye en sa lumière naissante le doute qui l’a précédée.

 A ces hivers qui gèlent l’âme en ses énergies alors impuissantes, accordez la réflexion du silence de dieu toujours présent et disponible au cœur en quête.

 Dans l’impondérable, ouvrez-vous à une disponibilité mobile, très mobile, et sans croire, faites confiance au meilleur de vous-même qui connaît déjà la vibration Christique.

 La connaissance est un cheminement qui vous éblouira de beauté.

 Mais c’est aussi une lutte tant l’homme est marqué par l’obscurantisme de certaines formes de la société.

 C’est pourquoi les droits de l’homme sont un bon départ pour tous, en dehors de toute formation ou déformation, puisqu’ils parlent à l’humain, à ce qu’il peut exprimer de meilleur dans les relations.

 Ils sont, en un premier temps, le départ et l’aboutissement de plus justes relations humaines et vous devez vous attacher à les appliquer au quotidien sans autre forme de procès, d’intentions ou de jugements.

 Dans la solitude de ce lieu sacré que peut être votre intériorité, laissez s’ouvrir le cœur, il adhère spontanément aux droits de l’homme.

 Avant cette adhésion-là, que peut espérer l’humanité d’elle-même, si ce n’est cahos et conflits? La spiritualité commence dans les racines humanistes d’un cœur touché par les autres, quels qu’ils soient, et dans la prise de conscience que personne n’y est étranger.

 Ce qui fait de chacun le frère de l’autre et installe les bases d’une fraternité universelle absolument indispensable.

 Et chacun y peut énormément.

 Le blanc manteau qui couvre les maîtres en incarnation ne peut pas fondre comme neige au soleil car sa couleur est celle de la synthèse.

 Mais vos jugements, vos agressions peuvent en lacérer les pans sur le plan physique parce que c’est un homme, une femme-Christ qui le porte.

 Pouvez-vous, je vous prie, y être attentifs? En cela vous servez et évoluez.

 Et la conscience de groupe, peu à peu, vous inclut.

 À cette lettre que je vous adresse, le fond est plus important que les mots.

 Comme un toboggan qui mène aux mouvements mêmes de la VIE UNE, laissez-vous glisser, et vous constaterez que cette pente est un aller-retour constant en celui dont rien ne peut être dit, par le glissement ascensionnel qui le caractérise.

 Mais la pente existe puisque ce toboggan est un lieu sûr entre différents plans, encore inexplorés de vous.

 Dans l’immobilité consciente que vous expérimentez aussi, un puits intuitionnel vous est offert où trouver ce que la quête motive.

 À ce puits il faut plonger.

 C’est ainsi que se placent au cœur le beau, le bon, le vrai, par bribes d’abord puis par instants, jusqu’à cette continuité, en conscience, où le groupe est exécuteur créatif et collaborateur efficace au service du plan.

 Avant l’efficacité absolue du maître en incarnation, il y a mille façons de servir et l’une d’entre elles est le premier pas à faire, elle concerne l’évolution consciente dans une détermination que rien ne peut ébranler.

 À cette détermination il faut soustraire le mental ordinaire pour en faire l’outil de travail qu’il doit devenir.

 C’est votre responsabilité et tout a eté dit à ce sujet par A.A.B.

 À cette détermination, il faut ajouter la dimension globale, enthousiasmante au cœur, qu’a donné H.P.B. de la doctrine secrète.

 Armé des deux approches, axé sur les deux ouvertures, le cœur peut être sollicité et ouvert dans l’approche présente que je livre avec L.C.

 Ce triangle ésotérique qui a trouvé sa base avec l’œuvre de H.P.B. se pose sur l’aube du troisième millénaire avec toute la symbolique hiérarchique dont il est porteur, toute la clarté shamballaienne qu’il diffuse.

 A vous tous d’en faire ou pas le symbole de la synthèse, accessible à tous à travers chacun, par une conscience de groupe vécue et opérationnelle.

 Dans la veine qui relie Shamballa à la hiérarchie bat la pulsion d’un sang purifié au calice de chaque maître.

 Comparable au fil d’argent qui relie l’essence à la personne, elle en est différente en ce sens qu’elle ne relie plus que l’essence à l’essence, au sein même de l’unification, en synthèse, des maîtres en celui dont rien ne peut être dit.

 Cette étape est une des plus importantes que le maître ait à vivre et à exprimer au sein de l’incarnation.

 À chaque jour que vous vivez sur terre, une opportunité de service est accordée comme un cadeau à l’humanité.

 Le tout est de ne pas garder le cadeau pour vous seul.

 En donnant ce que vous recevez, vous servez.

 Mais que recevez-vous? Votre discernement, là, est crucial.

 Avez-vous conscience de ce que vous recevez? C’est un lieu commun de répéter que pour bien donner, il faut savoir recevoir.

 Tout refus intérieur, tout rejet motivé par un problème psychologico-spirituel est une chance de recevoir, piétinée par l’ego.

 Cela demande réflexion.

 Que recevez-vous? Que donnez-vous? Que gâchez-vous? Avant de servir il faut pouvoir répondre à ces trois questions-là.

 Si les réponses sont difficiles, elles doivent être sincères et si le constat est dur, les moyens doivent être drastiques ! A vous de poser ces questions, à vous d’y répondre, à vous d’y remédier au mieux.

 Laissez le cœur y mêler ses énergies.

 Dans la synthèse qui caractérise le maître en incarnation tout conflit, problème, attaque dont un disciple est l’objet sont instantanément connus en conscience.

 Dans la mesure où le permet le karma individuel du disciple et son libre arbitre, le maître en incarnation est en mesure d’aider, de pallier ou même, rarement, de résoudre ce qui met un frein, non a l’individu, mais au groupe global et à la conscience de groupe qui sont la priorité absolue en regard du plan conçu par le conseil de Shamballa pour l’humanité.

 C’est ainsi que s’exerce la protection de l’ashram, des ashrams impliqués aux parties ponctuelles du travail.

 Vous voyez combien le service devient votre propre protection au sein de l’incarnation.

 Le départ de cledam s’est fait sur une nécessité de rapprochement, au sein de la conscience de groupe, des disciples nécessaires au bon fonctionnement exotérique, et ce n’est pas fini.

 La dissociation indispensable, à sa création, sur le plan exotérique, de l’organe de transmission s’est déployée depuis les plans intérieurs.

 C’est pourquoi ce départ devait être pur de toute énergie contrariante.

 Ceci est une première si vous examinez les deux autres phases de l’enseignement et leurs débuts et évolutions sur le plan physique.

 Je laisse cet examen à votre réflexion, en conscience.

 Il vous sera très profitable pour mesurer les progrès qui caractérisent l’évolution de l’enseignement par la transmission qui en est faite.

 C’est depuis la nuit des temps que les secrets de la doctrine d’une sagesse immémoriale doivent s’ancrer dans l’incarnation afin que cette dernière puisse exprimer, par les cœurs ouverts, le propos de la VIE UNE en expansion.

 Cette intention de bien est à la source même de toute expression ayant le souffle de celui dont rien ne peut être dit.

 C’est le capital même de l’héritage de l’humanité et c’est à elle de le faire fructifier au sein même de l’incarnation, d’où l’extériorisation de la hiérarchie.

 Les énergies de l’âme sont le pressoir qui remplit, goutte à goutte, le calice au sang duquel Christ va naître.

 Ce calice est individuel, le sang est universel et le maître, en homme expurgé, en devient la synthèse en expression humaine.

 La beauté de ce processus est un enchaînement évolutif dont les clés et secrets sont les fondements de la doctrine secrète amenée à l’occident par H.P.B.

 Comme un courant illimité qui s’exprime aux filets de ses parties, la sagesse s’exprime par chacun dans la motivation d’une fraternité universelle qui seule peut sauver l’humanité de ses séparativités individualistes.

 Individu, disciple et synthèse ne sont ici qu’une seule et même conscience à laquelle il faut permettre, par le cœur, de connaître son unité première en celui dont rien ne peut être dit.

 Pour une conscience de groupe, ce travail ne peut être accompli et mené à bien qu’en passant par chacun.

 En vous donnant les moyens d’être, vous alimentez et élargissez la conscience de groupe pour le bien commun de l’humanité.

 Ces moyens vous les trouvez en outils, à portée de lecture et d’étude, dans l’œuvre de mon frère D.K. avec A.A.B., mais aussi ailleurs et par-delà les preuves qu’exige le mental qu’il faut faire taire, saisissez les opportunités superbes qui vous sont données, utilisez-les au mieux.

 Cet enseignement hiérarchique n’exclut en rien toutes les autres expériences qui ont fait l’objet d’autres œuvres livrées par des disciples.

 Ces lectures sont des compléments nécessaires à l’ouverture du cœur par la prise de conscience correspondant à chacun.

 Ne vous privez pas de ce que l’évolution alimente et apporte pour chacun, quelle que soit sa voie.

 Mais sachez qu’en occident, H.P.B. a servi de pivot, de charnière à la quintessence des données dévoilées.

 Mais il fallait le pragmatisme de la préhension individuelle des moyens, ce dont A.A.B. fut chargée.

 Ce qui, en soi et ensemble, rend plus accessible à chacun l’ouverture du cœur nécessaire à la conscience de groupe.

 Et ce qui est signalé ci-dessus est un travail hiérarchique dans la conscience de groupe qui relie entre elles les parties du plan.

 Le mental analytique-disséquant incarne la partie au détriment de la synthèse.

 C’est pourquoi il faut faire l’effort maintenant d’accéder à la synthèse par l’ouverture du cœur.

 Ici le mental ne peut servir que d’outil, ce pour quoi il est conçu.

 L’effort, s’il est difficile, n’en est pas moins primordial.

 Rien ne se fera positivement si le cœur n’y participe pas.

 Il est le réceptacle, le calice et l’amour en action.

 De l’aube au coucher de l’incarnation il est joie en état et amour en action, amour en état et joie en action.

 A cela nul n’est tenu, mais chacun y passera, d’où le chemin plus ou moins long à parcourir par l’humanité.

 C’est la responsabilité de chacun et le travail de tous, vers et en la conscience de groupe.

 La logique du cœur qu’exprime la synthèse est confondante.

 La ressentez-vous? Il serait bon, ici, de faire une pause, c’est ce que je vous demande avant de poursuivre plus avant.

 

 

 

 

Identité et liberté en synthèse

 

Dans la qualité d’unification vue plus haut, qui caractérise la conscience du maître, sont respectées l’identité et la liberté de ce dernier, comme deux spé­cificités qui enrichissent par leurs différences la conscience du groupe dans sa multiplicité spécifique.

 Ceci est peut-être un peu hermétique pour cer­tains d’entre vous mais c’est à la synthèse ce que les individus sont à la vie quotidienne.

 Dans cette pluralité du verbe en action, les vibrations déterminent le son en s’incarnant à la densité.

 H.P.B. a abordé ces notions-là dans la doctrine secrète et je vous demande de vous y reporter.

 Ici, elles s’appliquent directement par le biais de l’être, à l’incarnation, et concernent donc très ponctuellement l’extériorisation en cours.

 L’identité en tant que notion humaine liée aux racines est transcendée et concerne ici la source fondamentale créatrice.

 Elle devient ainsi une qualité divine au service de tous et contribue au bien commun comme l’apport individuel dont la conscience est motrice.

 Au soleil spirituel central, le verbe donne les rayons chaleureux de son silence en celui dont rien ne peut être dit, dictant aux expressions multiples de la VIE UNE les potentiels illimités dont elles sont porteurs et créatives.

 Aux courbes de ces non-choix que le choix a absorbé au sang du calice, l’homme, la femme-Christ, à l’œuvre sur terre, dans la densité de l’esprit retrouvé et unifié en soi, ne véhicule plus que la synthèse ainsi acquise pour la diffuser dans toute action liée au plan.

 Leur vie personnelle, qui existe, n’a plus d’importance puisque le karma ainsi nettoyé n’est aucunement alimenté.

 Et que la vie personnelle, cet impondérable inhérent à l’incarnation, n’ait plus d’importance, vous pose, je le sais bien, un problème majeur qui vient de vos déformations par une morale judéo-chrétienne ancrée et vécue à la culpabilité du bien et du mal, conflit inexistant, notion périmée pour le maître en incarnation.

 Mais il en est ainsi et votre effort de compréhension dépendra de la vitesse de votre faculté d’adaptation consciente et volontaire à votre propre évolution.

 Ce n’est pas un acquis mais cela s’acquiert, n’ayez crainte ! Le passage sera éprouvant et c’est là que se mêleront jugements, interrogations et difficultés d’inclusivité par le cœur, que vous traverserez forcément.

 A cette identité inconcevable qui est celle du maître et qui le pose sur tous les plans du travail dans l’équilibre juste des mouvements rencontrés, il faut vous habituer.

 Pour cela le meilleur moyen encore réside dans la chasse aux a priori qui sont légion au mental agité, et préoccupé par les autres, dont vous êtes affublés.

 Cette chasse doit être systématique.

 A chaque intervention pinailleuse vous devez faire l’effort d’opposer la tentative d’un regard neuf, sans référence, sans convention aucune.

 Bien sûr que ce n’est pas gagné d’avance, sinon où serait l’effort? Vous n’en auriez nullement besoin car vous auriez passé le stade, ce qui n’est pas le cas! Cette constante vigilance sur un regard neuf à porter sur ces questions importantes est une innocence du cœur à retrouver.

 Il est exempt de peurs, de rejets, et se laisse envahir par ce qui est nouveau, inconnu, pour le capter et observer le chemin que cela va se frayer jusqu’au calice.

 C’est là que le pressoir va pouvoir fonctionner et chaque goutte du sang ainsi pressé va effacer l’effort par l’émerveillement de la découverte qui ne manquera pas de suivre.

 Pour vous imprégner de l’identité du maître, il faut la capter dans sa globalité et ne pas s’arrêter aux apparences de sa vie personnelle.

 Et c’est un rude effort parce que vous mêmes êtes encore conditionnés par votre personne et votre vie.

 Ayant tendance à juger d’après vous, c’est ce que vous projetez sur lui.

 Mais si lui est vous, vous n’êtes pas lui et c’est là le handicap qu’il va falloir surmonter de toute la force de votre perception des énergies de l’âme que vous recevez mais dont vous n’êtes pas toujours conscients, tant leurs effets sur le non-soi peuvent être anarchiques et parfois déstabilisateurs.

 a cette identité du maître en incarnation que vous reconnaîtrez aux étonnements et aux questions que vous vous posez, déterminant hélas, en un premier temps, jugements et rejets, il faudra bien un jour ou l’autre rendre justice.

 Le temps que cela risque de prendre dépend de vous et de votre aptitude à la conscience de groupe, à l’ouverture du cœur et au service.

 Rude constat ! Et dur labeur, laissé entièrement à la conscience qui est pour l’instant la vôtre, en potentiel et en limitation, l’un n’excluant pas l’autre! Aux vertus que vous vous prêtez et aux joies dont vous vous coupez, l’orgueil n’est pas étranger, non plus que le mirage d’une connaissance qui n’est que savoir intellectuel.

 Le cœur, en vous, n’a pas encore perçu, mais il attend son heure et plus dur sera le coup de gong qui en décidera ! L’identité du maître en incarnation est vécue sur tous les plans.

 Même quand ii est l’autre, en conscience d’intériorité, il demeure lui-même et c’est pourquoi le langage symbolique qui s’applique à l’intériorité de l’autre est un langage universel dont les spécificités lui sont propres tout en étant parfaitement lisibles par l’autre si besoin est.

 Cette identité est donc une sorte d’osmose, de symbiose, difficile à définir entre le personnel, l’individuel, le global, le tout en synthèse parfaite dans une unité remarquable dont la note, pour le maître, vibre en tous.

 C’est cette note qu’il émet, reçoit, diffuse et capte qui est la clé vibratoire de l’expression humaine psychique du verbe en action au sein de la densité de la matière.

 cette identité du maître en incarnation est remarquable en ce sens qu’elle n’échappe à aucune des contingences humaines du plan physique et a, en même temps, le privilège, de par son acquis en conscience de groupe, d’être l’autre tout en échappant complètement aux implications négatives que cela détermine chez l’autre de n’être encore pas lui-même.

 Cette identité est d’une telle subtilité, qu’en étant essence sans cesser d’être substance, elle est conscience inclusive des inconsciences manifestées des autres tout en étant libre de toutes les contraintes qui y sont liées.

 Cette conscience identifiant n’a plus pour choix personnel que l’impersonnalité et c’est dans l’énergie pure de l’amour qu’elle n’est plus qu’action juste dont le son formateur ne provient plus que du verbe.

 Cette identité, qui n’est que mouvance d’une personnalité spécifique réalisée en Christ, jouit d’une totale liberté.

 C’est de cette liberté maintenant que je vais tenter de vous entretenir.

 Liberté et identité sont unifiées en synthèse, ce qui veut dire que la liberté épouse la synthèse pour mieux servir l’identité spécifique du maître en incarnation.

 La liberté ici n’est pas un attribut, elle est consécutive à la synthèse qui n’est qu’ouverture à vaste amplitude dont les formes verbales, la définissant, sont de plus en plus concises.

 La forme de la synthèse est concise alors que son essence est dans l’infinité illimitable.

 C’est de ce pa­radoxe que la liberté naît à l’identité du maître dont la forme physique, non conceptuelle, devient le résu­mé franchissable d’une identité sans contour dont l’ouverture du cœur, seule, dans son amplitude, peut donner une idée.

 Ici, j’essaye de me servir des mots comme d’au­tant d’ouvertures dont la formulation, d’habitude, li­mite les images engendrées pour le mental, à des formes précises.

 Autant dire que nous tentons l’impossible, c’est-à-dire un langage du cœur pour l’intuition où les mots débloqueraient en vibrations sonores ce que, d’habitude, les images visuelles en retiennent.

 Vaste programme qui, je l’espère, apportera semence lumineuse à l’ouverture du cœur, afin d’y faire fleurir ce qui ne peut se voir qu’à la vision intérieure, ce qui ne peut se vivre qu’au cœur ouvert, dans l’intelligence intuitive enfin développée.

 Plus nous entrons dans la subtilité de l’essence originelle du verbe et plus les mots deviennent pesants.

 Mais à l’intuition ils peuvent, comme des papillons éphémères se posant sur des fleurs, indiquer le chemin d’un jardin éclos au cœur, dans l’ouverture même des pétales multicolores dont la chair satinée, irradiée, réjouit au ciel de ses pourpres, le blanc éclatant d’une liberté où toutes les couleurs, unifiées, fêtent la synthèse retrouvée.

 La liberté évoquée ici est un rassemblement lumineux d’une multiplicité de couleurs au faîte d’un ciel qui les résume au plus clair d’elles-mêmes dans une beauté qui n’est concevable que par l’absence de forme et dont la vibration seule serait dense.

 Impre­nable au regard, impensable au mental, informulable aux sons, cette liberté toute intérieure à elle-même, toute introvertie, n’a de raison d’être que l’ouverture à l’amplitude inqualifiable du cœur, à la subtilité inquantifiable d’une vibration inaudible dont seul le cœur ouvert connaît l’écho et peut y répondre.

 Il est clair ici que la liberté de l’identité du maî­tre, épousant la synthèse, réunit en elle-même toutes les actions sans en choisir aucune, puisqu’elle les vibre toutes à la fois, dans un engagement des fruits duquel elle est totalement dégagée.

 Et vous pouvez constater ici que la synthèse est difficilement exprimable en dehors du paradoxe qui, en lui, résume et élude, inclut et échappe à toute forme de pensée, ou autre, qui ne serait qu’affirma­tive ou décisive et ainsi fausserait ce qu’en soi on ne peut trouver que dans l’introuvable, ce que l’on ne peut cerner que dans l’informel, ce que l’on ne peut dire qu’en le taisant, ce que l’on ne peut imaginer que par l’inconcevable.

 A tous ces non-attributs, et plus, que représen­tent la liberté et l’identité vécues en synthèse par le maître, l’ouverture du cœur est la seule articulation tangible à l’aide de laquelle vous pouvez avancer.

 Identité et liberté, en synthèse, portent à l’incar­nation du maître les plus beaux mouvements de la VIE UNE comme des trésors dont l’ouverture du cœur a le secret.

 C’est ainsi que le cœur ouvert donne de lui-même d’une façon inépuisable, bien que par­fois fatiguante sur le plan physique qui, usé par d’in­cessantes vagues énergétiques voit le système glandulaire du corps physique s’épuiser, s’il n’y prête pas attention.

 C’est pourquoi le cœur ouvert doit surveiller sa santé d’une manière non orthodoxe, si possible, car les produits chimiques et dits de synthèse ne lui valent rien.

 Identité et liberté vécues en synthèse sortent toutes deux de ce calice au sang duquel le maître a plongé afin que Christ vive en lui.

 Identité et liberté, telles que décrites, sont, dans l’incarnation, la plus haute expression divine manifestée par le maître.

 Vous qui collaborez avec lui, essayez de les approcher dans leur intensité.

 Vous qui le côtoyez, soyez-y ouverts, sans a priori.

 Vous qui les percevez déjà, soyez-en inondés, elles sont qualifiables de VIE UNE et vous seront bénéfiques.

 Vous qui les rejetez, vous n’êtes pas prêts, travaillez sur le non-soi.

 Vous qui les ignorez, la conscience objective peut quand même être surprise, soyez attentifs à cette surprise et qu’elle puisse vous guider vers une prise de conscience, à plus ou moins longue échéance, dans votre cheminement.

 À tous, identité et liberté vécues en synthèse sont, de toute manière, une approche déterminante pour l’évolution, quelle que soit la façon dont elle est appréhendée.

 Par-delà les mots et phrases, ce qu’elles véhiculent d’énergies est plus important que jugements, doutes et polémiques et un jour ou l’autre, vous y serez sensibles en votre intériorité, parce que personne ne peut y demeurer totalement indifférent.

 Au cœur sollicité ici, à son ouverture, à l’évolution en général, vous êtes tous impliqués d’une façon ou d’une autre, aussi légère soit-elle.

 L’aboutissement dépend, bien sûr, de chacun et de nul autre.

 En ces temps charnières du siècle qui s’annonce, que la force de la VIE UNE infusée au quotidien, soit profitable à tous dans la spécificité unique de chacun, c’est ce que nous souhaitons, pour une évolution plus rapide de l’humanité.

 À ce terme du XXE siècle, porteur d’énergies Christiques de plus en plus fortes, de plus en plus présentes, nous consacrons nos efforts à travers le plan.

 Que chacun y coopère à sa manière afin que changent les mentalités pour une inversion propice au cœur afin que vive et s’exprime l’essentiel dans un monde meilleur où les fondements spirituels de la sagesse s’ancreront en tous, au sein même de l’incarnation.

 Dans l’effort de chacun réside l’accomplissement de tous.

 Dans l’avancée de tous réside l’accomplissement de chacun par la conscience de groupe.

 Sur les bases dociles de la bonne volonté se dessinent, au sol de l’incarnation, les racines profondes de la volonté de bien qui, d’essence divine, de substance humaniste, conviennent aux uns et décident les autres.

 Les choix qui en résultent sont primordiaux à chacun, à tous, avant d’être capable de vraiment vivre, en synthèse et en Christ, l’identité et la liberté du maître.

 Prêtez aux conflits personnels inévitables toute l’indifférence divine dont vous êtes capables.

 Donnez aux combats pour le bien commun toute l’énergie positive dont vous êtes capables et allez de l’avant, vous, disciples, sous la bannière de mon ashram, comme des soldats en puissance de Christ, et ce n’est pas rien ! Dans le doute, fiez-vous au cœur.

 Dans l’espoir, fiez-vous à l’ashram.

 Dans la lutte, fiez-vous à nous, mais ne croyez rien, avancez comme des empiristes, sachez, expérimentez, vivez et le cœur alors pourra élargir son ouverture, non par le mental mais par l’intuition qui, peu à peu, vous mènera à la connaissance directe, par vous-mêmes.

 Rien de ce que vous pouvez vivre ne peut vous être amené par d’autres.

 Vous serez aidés, des signes se manifesteront, des opportunités vous seront données mais si le maître peut vous aider, c’est par la conscience de groupe, dans la liberté individuelle totale qui caractérise le libre arbitre qui vous échoit.

 Cette liberté, une fois pour toute acquise au cœur ne vous quitte pas mais c’est à chacun de l’affirmer et de la mettre au service.

 Personne ne vous influencera, personne ne vous y forcera, vous êtes seul décisionnaire.

 Elle est au cœur un cadeau divin, inappréciable par le mental qui la met ailleurs et l’interprète différemment.

 A ceux qui tentent de vous convaincre, vous pouvez, sans faille, reconnaître les forces adverses à l’œuvre qui définissent toute forme de récupération et s’ils arrivent à vous convaincre ainsi, c’est que, en vous encore, des parcelles négatives d’origines diverses, peuvent leur répondre.

 Alors vous n’êtes pas encore sur la voie du cœur.

 Rien n’est plus difficile que la vie dans l’incarnation avec ses ombres et brouillards déstabilisants et aveuglants mais c’est pourtant là seulement que se font les pas décisifs de l’évolution par le cœur.

 Si l’épreuve n’est facile à aucun moment de l’évolution, elle n’en est pas moins nécessaire pour asseoir le discernement, l’équilibre sûr, le choix définitif et sans retour, l’amour inconditionnel et la force du cœur ouvert.

 Sans cela où serait la fiabilité totale dont l’ashram et Shamballa ont besoin? Fiabilité, sûreté, clarté ne peuvent être acquises que dans l’incarnation.

 Christ doit vivre au cœur de l’homme.

 C’est uniquement les pieds dans la densité de la matière que la transparence divine peut s’affirmer au sein de la globalité de la VIE UNE.

 C’est ce qui donne son prix à Christ.

 Et chacun doit payer ce prix pour que vive sainement et utilement la conscience de groupe, expression partielle de la conscience divine, en celui dont rien ne peut être dit.

 À vous tous qui lisez ici, une parcelle de cette conscience est accessible.

 La saisirez-vous? Vous seul pouvez répondre à cette question.

 Elle est l’amorce de l’ouverture du cœur que personne pour vous ne peut ni entreprendre ni accélérer.

 Chaque maillon de la chaîne de l’humanité, que chacun définit sur terre, est un fragment de synthèse en drame d’incarnation.

 Ce mélodrame psychologique évolue peu à peu en transparence méthodique par la connaissance de soi, pour devenir, en heure et temps, ce que la flamme du feu ardent brûle au cœur, afin d’en libérer le calice plein.

 Si vous n’avez pas le choix, à la longue, de ne pas évoluer, vous avez le choix des moyens et donc de la rapidité et de l’efficacité.

 Tout cela est affaire de conscience, tout cela est domaine du cœur.

 Les moyens vous ayant été donnés vous avez le choix de les saisir ou non.

 À l’ouverture du cœur par laquelle vous engloutirez le non-soi, se trouve la clé de l’identité et de la liberté vécues en synthèse.

 Cet enseignement, dans sa troisième phase, issu de mon ashram en liaison directe avec Shamballa, vous y convie et la conscience de groupe en est la marche obligatoire à franchir.

 a l’amour qu’elle exprime, a la force qu’elle donne, a la beauté qu’elle communique, a la vérité qui en découle pour le service, vous la reconnaîtrez et vous pourrez y accéder par l’oubli de soi et le règlement des comptes du non-soi.

 Aux systèmes et aux dogmes vous devrez renoncer, à la méthode pour y parvenir et à la doctrine secrète vous devrez puiser et vous inspirer.

 C’est un chemin délicat, une voie passionnante qui traite de l’humain et du divin pour une fraternité universelle,   sauvegarde   de   l’humanité   par   elle- même, à travers chacun, uni avec tous dans la conscience de groupe pour le bien commun.

 À cet enthousiasme, êtes-vous sensibles? À cette démarche, êtes-vous ouverts? De cette urgence, êtes-vous conscients? À chaque réponse positive nous sommes attentifs, et nous demeurons en attendant, parce que chacun de vous est important dans son apport spécifique à la conscience de groupe.

 Soyez assurés que nous sommes prêts à vous accueillir et à vous soutenir, en conscience du groupe global et que chaque adhésion individuelle est, à la conscience de groupe, une augmentation de l’état de joie dans lequel se déroule le service du plan.

 Dans les drames humanitaires que connaît actuellement la planète, dans les perturbations liées à ses écosystèmes, puisse, grâce à vous, la conscience de groupe s’élargir, afin que le bien commun de l’humanité, reconnu, puisse être préservé efficacement.

 Dans les mouvements associatifs de plus en plus présents, puisse la conscience des citoyens se responsabiliser de plus en plus, afin que la conscience de groupe vive de plus en plus intensément et se manifeste au sein de tous les problèmes en attente.

 En regard de ce qui précède et parce que, grâce à l’extériorisation de la hiérarchie, de plus en plus, l’identité et la liberté seront vécues en synthèse, nous demandons instamment à tous ceux qui sont conscients, d’arrêter les jugements, les polémiques, les doutes inutiles et de se consacrer, humainement et spirituellement, à la purification des éléments destructeurs de la planète.

 S’ils le font, la conscience de groupe vivra au sein du G.S.M.[5] et des disciples collaborant créatifs mentent au groupe global, ainsi qu’à ceux qui viendront.

 Bien que chaque apport individuel soit essentiel à la conscience de groupe, l’heure n’est plus à l’individualisme égoïste et il est temps d’agir ensemble pour une vraie fraternité universelle.

 Les chemins sont multiples tant sur le plan associatif que sur le plan ésotérique, l’un n’excluant pas l’autre.

 L’humain étant indissociable du divin, le moteur spirituel des valeurs essentielles doit faire avancer la roue de l’évolution dans ce siècle qui s’annonce.

 Chaque rayon de cette roue est votre apport individuel à la conscience de groupe et chaque tour de la roue est un cercle alimenté par l’ouverture du cœur.

 Il en va donc de la conscience et du cœur de chacun pour l’humanité toute entière.

 Au terme de cette lettre, peut-être un peu longue?, beaucoup de choses demeureront au silence du cœur de chacun.

 C’est ce que le verbe, perçu directement, ne peut formuler à l’aide de simples mots.

 que ce silence, créatif en soi, baigné à la luminescence des énergies divines, transmette à vos actions la lumière éternelle des accomplissements dégagés de leurs fruits, comme autant d’offrandes désintéressées, uniquement motivées par l’amour et réalisées en conscience de groupe, au profit des énergies Christiques à l’œuvre en ce moment.

 L’évolution est en marche, depuis la nuit des temps, rien ne peut l’arrêter, seul l’homme peut la freiner.

 En libérant le frein, la roue de l’évolution suivra la pente ascendante qui, en elle-même, est déjà un frein.

 C’est pourquoi la volonté de bien, ancrée par chaque énergie au moyen de la roue évolutive, est nécessaire.

 En votre âme et conscience, en votre cœur, gît la responsabilité de l’un face à tous.

 De la conscience de groupe dépendra la vitesse sur la route et le trajet.

 Le cap et la trajectoire étant assurés par le cœur ouvert.

 Aux secousses de la route ne vous arrêtez pas, et il y en aura.

 L’enlisement est impossible aux énergies Christiques auxquelles je vous demande de coopérer.

 Au terme de cette lettre où le groupe global trouve son expression ashramique, je me retire en demeurant, afin de laisser œuvrer en vous chaque énergie dont la force vous parvient.

 Espérant avoir exalté en votre cœur cette conscience de groupe, marque du travail pour le siècle à venir, je vous laisse, en demeurant, au libre arbitre de vos choix et de vos décisions.

 En Christ, je demeure votre frère et votre instructeur pour l’heure.

 

 Morya 19 février 1992 13 h

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PS.

 

 Où vont les étoiles filantes? À quel spectacle inconnu mène l’ouverture des trous noirs? De quelles galaxies insoupçonnées l’homme est-il l’héritier, le messager, le passager? Parmi leur nombre, incalculable, à quelle étoile se vouer lorsque le cœur, perdu, se sent étranger au monde quotidien? Où peut mener le pont de l’arc-en-ciel qui enjambe l’azur à portée de vision du regard? Habituée à ces beautés que l’homme peut contempler, la sensibilité, qui s’émerveille encore, n’en a pas l’accès puisque le mental peut les fixer aux souvenirs de la mémoire.

 Ainsi figées en images, elles deviennent peu à peu les références rassurantes d’un environnement coutumier dont la familiarité finit par blaser les plus purs.

 Parfois une question, surgie à l’entendement, réveille à la conscience des sursauts métaphysiques vite aplanis par l’agitation quotidienne.

 Jour après jour le soleil qui pour les uns se couche et pour les autres se lève, répond ou se tait aux sombres méandres des nuits, aux parcours éclatants ou fastidieux des matins.

 dans ces cycles, toujours renouvelés où la mort n’existe pas, l’homme passe, à l’inconstance de ses pensées, à la rapidité de ces heures qu’égrènent les battements d’un cœur frustré par tant de questions, par tant de réponses, par tant d’inconnues que les uns et les autres laissent planer, faute de mieux.

 Ainsi l’incarnation se passe à la nature incomprise de ses lois qui pour être divines n’en sont pas moins humaines puisque, indissociablement, ce qui est en haut est comme ce qui est en bas, aux degrés d’une subtilité dont l’homme a tendance à séparer la densité.

 A la lumière de l’énergie que la science a fouillée, démontrée, d’autres portes s’ouvrent, encore mystérieuses, mais les fondements de cette doctrine secrète dont H.P.B. vous a ouvert le grand livre sont mieux compris et s’installent peu à peu dans un monde qui les avait, en sa majorité, refusés.

 Dans ce grand livre, inépuisable de vérité, les initiés continuent de tourner les pages, ajoutant les chapitres qui pourront vous être utiles et sont nécessaires, afin que chacun puisse y retrouver, y trouver, y découvrir, en sagesse, en conscience, en synthèse, les marches de cet escalier monumental qu’est l’homme en son intériorité divine.

 Indissociable et partie prenante et intégrante du macroscome, le microscome doit y retrouver sa propre synthèse.

 Cette dernière passe par Christ et ses énergies de lumière, de fraternité, de solidarité et de volonté de bien, bonnes pour le plus grand nombre.

 À ces énergies auxquelles vous êtes conviés ici, je délègue, par le pouvoir ashramique qui est le nôtre, les scintillements émeraude-diamant de ces rives sacrées de Shamballa que nous avons dépassées afin que chacun, en son cœur, soit l’éclosion d’un pétale de la fleur divine dont la conscience de groupe doit exhaler le parfum particulier.

 En cette lettre directe, en son post-scriptum, nos énergies, en synthèse, pavent désormais le sol de votre incarnation.

 Que vos pas y soient conscients, que votre responsabilité y soit engagée, que vos doutes y soient piétines, que vos polémiques y soient balayées, que votre cœur, enfin, s’y ouvre dans l’élan fraternel et universel qui est la marque hiérarchique que tout disciple, tout homme de bonne volonté doit vivre et communiquer pour un monde meilleur en cette aube du troisième millénaire.

 A tous, en Christ, je m’associe au nom de l’ashram du Christ, au nom de Shamballa, au nom de l’humanité.

 

 VOTRE FRERE, PRESENT ET ATTENTIF, MORYA

 


[1] Helena Petrovna BLAVATSKY, disciple du M. MORYA, au­teur de « La Doctrine Secrète », « Isis dévoilée », éd.

 ADYAR.

[2] Alice Ann  BAILEY,   écrivain,   24  ouvrages  ésotériques; deuxième phase de l’Enseignement de la Hiérarchie, éd.

 Lucis Trust.

[3] Koot Hoomi, Maître de la Sagesse.

[4] Membre de la Société Théosophique.

[5] Groupe des Serviteurs du monde.

 

LA MÉRE,

LE MONDE

ET VOUS TOUS

 

MORYA 1992

 

 

Les sens sont des cordes, prêtes à vibrer sur une autre dimension, auxquelles l’homme se raccroche dans sa quête d’absolu.

Les sens sont les premiers «laissez passer» vers infiniment plus, les sens sont les portes à ouvrir, le pressenti à connaître, l’inconnu à découvrir; les sens sont les tiroirs secrets du secrétaire de la vie où l’être humain range ses espoirs, ses fantasmes, ses aspirations et ses hontes.

au seuil de chaque sensation ainsi provoquée, étonné, il assiste à ses ombres et lumières, à ses brouillards et vertiges qui l’entraînent un peu plus avant aux dégradés de lui-même, dans ces clairs obscurs dans lesquels des étincelles jaillissent, prometteuses de flammes aux brûlures desquelles il est prêt à consumer un cœur en manque, un corps en attente, une âme en aspiration.

Âme encore très voilée et qui n’est, à ce stade, qu’agrégats psychologiques, psyché en mal de vie et d’être.

Aux bourrasques de ces sensations qui confortent les plus timides et soulèvent les audacieux, des cimes, furtivement entrevues, prennent à la blancheur des sincérités, de fausses allures de pureté aussitôt salies par les abîmes qui en engloutissent les brisures inévitables.

Et de quêtes en sensations, le cœur s’émousse au vide du néant tandis que les sens toujours en demande de plus de stimulations, se fourvoient à la caravane des aventuriers de l’amour qui ne sont, au bout du compte, que des gourmands du sexe et autres excitations auxquelles la longue liste de l’imagination peut inscrire la drogue.

Sur l’échelle de lui-même, aux barreaux de laquelle, du corps physique à l’ivresse subconsciente et inconsciente, l’être humain monte et descend, en quête de quête, de gradations en dégradations, il s’égare, se perd peu à peu, s’éloigne de lui-même jusqu’à la fuite irrémédiable qui parfois termine ce cheminement chaotique.

dans la mort physique, provoquée, invoquée, décidée mais rarement choisie, l’homme met une fin à ce qu’il croit être lui-même, quittant une forme, il demeure en son essence nauséabonde, peuplant d’autres plans d’une même quête et ainsi des coques se promènent en mal d’un souffle rafraîchissant que plus personne n’est capable de reconnaître .

A qui s’identifie aux sens, à qui se confond avec ses instruments de vie, à qui s’identifie à la forme, le calvaire peut être douloureux, la quête mortelle, l’incarnation stérile.

L’amour, en manque, perdu à la vitesse du grand huit de la vie quotidienne, s’absente à l’horizon bouché d’un regard aveugle, et de chute en vertige de soi-même ou des autres, le non-soi exige d’exister aux sensations de plus en plus vives qu’il lui faut absolument trouver.

Apprendre aux enfants la sérénité d’un instant de silence, seul avec soi-même, est un service à rendre aux tout-petits, dès le berceau.

La dépendance à la présence continuelle de la mère n’est pas un cadeau.

Loin de là.

La seule présence doit être l’amour, ce dernier irradie aussi de l’absence physique, et procure au tout petit une sécurité indépendante de la présence physique de la maman.

Les frontières sont fragiles, les responsabilités énormes, les pathologies souvent du voyage et il est bien complexe, pour de jeunes parents qui n’ont pas résolu leurs propres problèmes psychologiques, d’avoir toujours l’attitude d’amour juste.

C’est impossible.

Dans ce rapport de force avec la vie, qu’installe toute naissance au sein du giron maternel, il est si facile d’abuser de la dépendance de l’enfant.

Les motivations sont toujours les meilleures du monde, les prétextes, d’amour, n’en sont que les excuses et la bonne conscience s’en repaît jusqu’à l’écœurement, voyant la poutre dans le cœur des parents ou grands-parents, mais jamais en soi.

La conscience est difficile aux parents jeunes encore perturbés, comme elle l’est aux grands-parents en constance de perturbations.

et du fil de l’attachement à l’aiguille de la souffrance ainsi entretenue, le tout petit, entre parents et grands-parents, porte le lourd fardeau des contentieux en suspens, qu’en bonne entente familiale on élude ou on tait, faute d’en trouver les solutions.

Dans l’insolubilité ambiante, l’enfant grandit et compense à sa manière les manques et frustrations qu’il subit, au nom de l’amour, et qui ne sont que liens de dépendance poussés à l’extrême de la tension.

c’est à la sensibilité du tout petit que se conjuguent les méfaits de ces règlements de compte qui demeurent a l’état endémique de conflits.

Faute de les régler, les adultes qui croient les gérer ne font que les taire, les éludant de plus en plus.

Aux crises ou disputes qui en résultent, on croit encore régler le problème.

Que nenni ! Attisé le temps d’une réaction vive, le problème se tapit à nouveau dans l’affectivité, prêt à bondir au moindre tressaillement de l’insupportable.

Les tout-petits, les enfants, sont les boucs émissaires de ces situations que, pour eux, on tente d’aplanir.

La bouillie bien mélangée de l’émotionnel et du mental qu’on leur fait avaler quotidiennement mène à l’indigestion de lui-même qui conduira l’adulte à composer, à compenser dans toute relation future, quelle qu’elle soit.

Quel gâchis ! Au seuil de la vie, les enfants sont en général malmenés.

Aux parents qui me lisent, je demande la force de la lucidité appliquée à eux-mêmes d’abord, aux situations ensuite.

L’éducation en dépend.

Comment donner ou demander à un enfant ce qui demeure au stade de l’aspiration chez les parents ? Comment donner ou exiger d’un enfant ce que le père ou la mère n’a pas réussi en lui-même ? C’est ainsi que naît la peur d’une relation, dans le mental des parents, entre leur enfant et les grands-parents.

La peur d’une relation est pire que la relation, c’est un manque d’amour poussé au paroxysme.

Cette peur n’est qu’un constat d’échec avec soi-même.

La peur naît de l’impossibilité à avoir pu régler son propre problème.

Cette impossibilité, projetée sur l’enfant, en fait un handicapé relationnel en manque, balloté aux limites mentales des adultes.

C’est grave.

Les jeunes parents qui me lisent peuvent-ils exercer leur conscience objective à eux-mêmes, à leurs propres peurs face à leur incapacité à assumer sereinement leurs propres relations avec leurs parents ? Les liens affectifs doivent être purifiés totalement, les liens mentaux doivent être coupés absolument.

C’est le seul remède au mal perturbateur.

Ce n’est que lorsque les parents ont fait ce dur travail de détachement que le regard devient serein et ne projette plus aucune peur sur la relation enfants – grands-parents qu’ils redoutent tant.

L’éducation passe par ce chemin-là, l’éducation doit assainir ses propres bases au cœur et au mental des parents, d’abord.

Si la prise de conscience est si difficile, c’est que chacun a tendance à voir la poutre dont il a personnellement souffert, dans les attitudes de l’autre.

Le lien affectif n’est pas de l’amour.

Le lien affectif est une amarre du problème de l’un aux problèmes de l’autre.

Quant au lien mental, alimenté par les non-dits, exploses aux discussions et crises épisodiques, il maintient ses garde-fous, tant bien que mal, pour ne pas se déborder lui-même et libérer les peurs qui le conditionnent l’éducation ne peut trouver ses justes bases que dans la sérénité de l’amour, seul ce dernier libère des peurs et des doutes.

Le regard doit ici se faire implacable sur soi-même et sur l’autre.

Un regard direct, franc, objectif, seul, peut venir à bout de ses propres limites et en briser les barrières subjectives.

Seule la responsabilité d’un tel regard peut se poser, sereine sur les premiers pas du tout petit.

Aux disciples qui me lisent, cette responsabilité est un devoir.

Pour ne pas faire de vos enfants des handicapés de vie et de cœur, cette responsabilité est indispensable, ainsi que le travail qu’elle entraîne automatiquement au plus profond de vous-mêmes, dans les miasmes flous de relations faussées.

L’extériorisation de la hiérarchie s’applique à installer de justes relations humaines.

Ces relations commencent avec vous-mêmes, avant de s’étendre aux autres.

Où sont les bases du couple ? Attirance ? Sexe ? Mal être reconnu en l’autre ? Affinité complémentaire ? Reconnaissance spirituelle ? Reconnaissance de ses limitations ? En l’autre ? Besoin d’aider pour s’affirmer ? Autant de raisons inconscientes que d’individus perturbés, mais c’est tout cela, en vrac, que l’on définit par amour.

L’amour a-t-il des bases ? Quelles sont-elles ? Du problème personnel à l’amour, où se trouvent les frontières ? De l’attirance à la découverte, où se place la conscience ? Du couple au mariage, qui a décidé ? De l’amour à l’enfant, qu’est-ce qui a présidé ? De la compréhension à l’incommunicabilité, qui s’est fourvoyé ? Des incompréhensions à la vie quotidienne, qui colmate ? De l’échec à la constatation, où se place le cœur ? Comment l’identité du couple se fait-elle ? Où est le rapport de force ? Où se trouve la plage sereine que l’on peut fouler à deux ? Où est l’oreiller ? À quel prétexte sert le lit commun ? Autant de questions auxquelles il faudrait pouvoir répondre et qui, bien souvent n’ont effleuré la conscience, ni de l’un, ni de l’autre.

Et pourtant, l’enfant est là, et il est le fruit d’autant de questions ignorées, d’autant de réponses éludées.

A vouloir maintenir l’irrémédiable, on se heurte à l’autre, parce qu’on se heurte à soi-même.

Ainsi les portes restent fermées alors que l’on n’arrête pas d’y asséner des coups.

Mais la peur de les ouvrir est plus forte et les cloisons connues sont plus sécurisantes que l’ouverture sur l’inconnu.

Comme le cœur ouvert n’est pas affaire de sentiments, la peur de desceller est une obsession difficile à effacer du mental peureux.

Dans beaucoup de foyers, les enfants subissent ces relations conflictuelles, ils en deviennent les prétextes de continuité, les denrées psychologiques nourricières.

Lorsqu’il s’agit de parents disciples, ésotéristes, les enfants deviennent des prétextes karmiques commodes aux tiroirs desquels sont rangés avec application tous les faux fuyants de la conscience.

Je vous demande un examen de cette conscience, de ses faux fuyants et de ses prétextes.

Salutaire pour tous cet examen sera profitable pour vous.

Que la force vous soutienne et que l’amour vous assiste.

J’ai dit ! Jusqu’ici les spiritualistes, les ésotéristes ont trop tendance à renverser la vapeur des points de vue sans en avoir réellement la capacité.

Ils devraient avant tout, s’attacher à ne pas passer au-dessus de tout ce qui précède mais à y faire face en toute conscience, même si cela peut être douloureux, ça le sera.

Résoudre à deux ses problèmes lorsqu’ils ne sont pas résolus de part et d’autre me semble très aléatoire.

Rien n’est impossible à l’amour, mais est-ce l’amour ? Auquel cas dans le respect de l’autre dans la tolérance en regard de son évolution, le chemin peut être parcouru à deux.

Encore faut-il être conscient à deux et ne pas assumer l’inconscience de l’autre, ce qui ne peut en aucun cas faire partie de la route commune.

Parce que cela installe une notion de paternalisme faussant les rapports.

Et c’est souvent une excellente excuse à une forme de pathologie à laquelle l’un des deux partenaires s’habitue déjà.

Les difficultés, comme vous le voyez, ne manquent pas, elles sont lourdes au cœur, insupportables au quotidien et freinent l’évolution individuelle.

C’est un constat dur.

Avant de l’avoir fait, rien n’est réellement possible.

Aux vies successives qui s’y consumeront se trouvent les ouvertures indispensables au cœur.

Un jour ou l’autre il faudra les prendre.

C’est ce jour-là, quelles qu’en seront les conséquences, que l’amour s’exprimera pleinement.

J’ai dit ! A ce préambule que d’aucuns pourront trouver pessimiste, je vous demande d’être attentif avec, faute de clarté intérieure, tout le bon sens dont vous êtes capables.

Ce seuil affectif est paralysant au mental.

Un outil tel que le mental, paralysé, ne sert pas à grand-chose.

Il est temps de passer ce seuil afin que s’ouvre le cœur, en toute conscience.

À l’enfant qui paraît, le verbe se fait chair.

C’est parce qu’il n’en comprend pas les mots que chaque son l’atteint.

Vous qui maniez les mots, soyez prudents.

C’est au silence de la voix du cœur que se font les plus beaux échanges.

À cela, les enfants vous forcent.

Apprenez avec eux.

Dans la main d’un tout petit, la paume, encore lisse, ne retient rien.

C’est là le symbole de l’ouverture du cœur incarnée.

Et dire que l’entourage contribue à fermer ce cœur dont la main, très vite, apprend de vous à saisir, à retenir.

Apprenez-leur à donner.

Au moment de la conception, la jouissance fugitive de l’aspiration à l’unité en l’autre s’éteint brusquement.

C’est de cette impossibilité physique à être l’autre que naît l’être humain.

D’une frustration.

Ensuite il passera sa vie, ses vies, à faire cette unité en lui-même.

De là, un jour, le maître en incarnation vivra pleinement cette capacité du cœur ouvert à être l’autre.

La route est longue de la conception à l’accomplissement.

Les aubes successives affermissent le regard hésitant du nouveau-né.

Ainsi l’évolution procède en chacun, a chaque palier, à la stabilité d’un seuil encore inconnu.

L’enfant est à sa naissance, la voix silencieuse du cœur.

En elle se perçoivent toutes les potentialités divines.

A l’écouter, vous apprendrez de vous-mêmes, j’ai dit à l’écouter ! Non à l’instruire.

L’instruction est une petite cousine de la connaissance qu’elle étouffe parfois.

Appuyez-vous aux valeurs fondamentales afin que l’instruction ne détourne pas le cœur de la connaissance.

Dire plutôt que taire, oser plutôt qu’éviter, agir plutôt que faire, être plutôt que subir, aimer plutôt qu’attendre, choisir plutôt que stagner, affirmer plutôt que douter, avancer plutôt qu’hésiter, assumer tout cela, au risque de se tromper, telle est la voie du cœur dont l’exemple doit être donné aux enfants.

Les bonbons indigestes de vos attentions égoïstes provoquent, sur les organismes fragiles des enfants, des indigestions dont les traces les suivront longtemps.

A ces douceurs qui ne profitent qu’à vous, mettez le holà, dès aujourd’hui.

J’ai dit ! Si vous voyez des injonctions à ce qui n’est que suggestion, c’est que votre mental orgueilleux est fermé sur lui-même.

Dans ce cas-là, imaginez l’état du cœur ! A coucher le nouveau-né au berceau de vos propres illusions, vous ne faites que vous bercer vous mêmes.

Et ce vertige euphorique pourrait bien avoir raison de l’un et de l’autre, au détriment de vous deux ! Au silence sourd de l’écho personnel, la surdité aux mondes subtils ne manquera pas de s’installer.

Le silence de dieu est tout autre chose.

C’est dans le dépouillement personnel qu’il peut être perçu.

Quand l’éducation n’est pas un problème, il faut s’interroger.

Quand l’éducation devient un problème, il faut en répondre.

Ceci est valable pour chacun, à tout moment durant toute l’incarnation.

En toute responsabilité.

A mal aimer, à trop prendre, on perd de vue l’autre et soi-même.

À ce dédale dangereux, l’un et l’autre se perdent.

En ajoutant à cela le temps perdu à essayer de se retrouver, la dispersion énergétique mise en œuvre est tout simplement inutile.

A mental flou, conscience objective hésitante.

A mental trop structuré, conscience déviée.

Le juste milieu est nécessaire à l’outil du mental et à la conscience en éveil.

Vers quoi penchez-vous ? Où se situe votre «milieu» ? Où en est votre conscience ? La vision, même partielle, en dépend l’éducation est une affaire de conscience.

Voyez à quel point tout cela est important.

Comment donner son libre arbitre à l’enfant ? En donnant libre cours à l’amour.

Tout lien affectif est une entrave au libre arbitre.

Toute dépendance affective se transforme en peur de soi-même face aux autres.

Tout choix respecté, tout choix facilité est amour en action.

Si peu le comprennent ! Si peu le vivent ! Comment faut-il se prendre en main ? Par le cœur.

Pas par les sentiments uniquement, bien que les sentiments soient les tremplins du cœur; y sauter avec beaucoup de prudence !! Les tremplins sont toujours entourés de sol dur ! Dans le regard d’un tout petit, qu’avez-vous trouvé ? Vous êtes-vous seulement posé la question ? Peut-être est-il temps, aujourd’hui, de le faire ? La reconnaissance passe par l’amour.

Elle précède la connaissance, comme une prémonition de l’être.

Lorsqu’une ancre est jetée à l’inconscient, l’obsession s’installe en ses fragments, comme des sangsues sur le mental.

Le calice, privé de son sang ne se remplit plus aux épreuves et se vide énergétiquement.

C’est la pire des pollutions à côtoyer pour un enfant.

Vous savez qu’il est mauvais de fumer sous le nez d’un enfant, pourtant vous ne vous en privez pas.

Allez-vous tenir compte de la pollution mentale que je souligne ? Aussi subtile que la fumée, elle est dangereuse.

Pouvez-vous y réfléchir ? Chaque enfant est une perle rare, unique, déposée au sol par la mère du monde.

Au réceptacle maternel, l’enfant épanouit ses futurs véhicules comme des fleurs, dont chaque parfum, capable de voyage infini, aura la capacité de relier les plans subtils auxquels il aura accès.

La maman durant la grossesse expérimente les allers et retours, les calmes et les tempêtes, douces encore, que l’enfant connaît.

D’un point de vue ésotérique, si c’est un maître qui revient au sentier terrestre, la conscience existe dès le début, quelques jours seulement après la conception, parfois dès la conception.

Cette conscience n’est pas objective.

À ce moment-là, le maître, à l’état physique d’embryon, continue son travail hiérarchique sur d’autres plans tout en se préparant à l’incarnation qui arrive.

En cette extériorisation de la hiérarchie, de grandes modifications ayant trait à la préparation des maîtres en retour ont eu lieu.

Et l’entraînement, les prévisions toujours mobiles ensuite, se préparent avec beaucoup d’application.

Si parfois des retards sont à déplorer, c’est parce qu’il vaut mieux assurer pleinement les assises hiérarchiques sur le plan physique, plutôt que de compromettre les chances de bon déroulement des travaux prévus.

Donc durant la grossesse, le maître continue ses travaux préparatoires et prend le schéma global de la partie du plan qui lui incombe dans l’incarnation qu’il se prépare à assumer.

Mais tout ceci ne réapparaîtra à sa conscience objective qu’à des moments bien précis de l’incarnation.

Comparable à un jeu de piste fléché, la vie du maître va se dérouler apparemment normalement sur le plan physique.

Mais ésotériquement, le maître, relié en permanence, dès sa naissance, avec l’ashram du christ, ne sera jamais perdu de vue.

Simplement, les morceaux du puzzle relatifs au plan se dessineront peu à peu, posant les jalons dont il aura à un moment donné, besoin.

Ce réseau énergétique existant, où les membres de la hiérarchie ont chacun leur place, est en pleine activité constante, même si l’un des maîtres dans l’incarnation, en période d’enfance, d’adolescence.

N’en a pas encore conscience.

Ce réseau énergétique est une réalité occulte auquel les processus véhiculaires du maître en incarnation dès sa naissance, sont inclus, tandis que sur le plan physique, il mène une vie tout à fait anonyme et exempte de sensationnel occulte.

Ceci, jusqu’à un moment déterminé dans la durée, mais fonction des impératifs du temps et de l’heure, où extériorisant son état de maître il, elle devra l’assumer dans les travaux qui lui échoient.

Ce que je viens de vous décrire est la double polarité du maître en incarnation dès sa naissance physique, si tel est le chemin choisi pour les prérogatives du plan.

Rien n’est un hasard, rien n’est inutile, tout a un sens occulte dont l’expression par l’extériorisation est une réalité ésotérique importante en regard du bon déroulement du plan dans le monde.

Et vous pouvez ajouter à cela que maintenant comptent tous les moyens médiatiques et de communication.

À cette lumière, pouvez-vous regarder d’un peu plus près ce que vous rejetez ou comprenez mal dans la vie d’une personnalité qui échappe à votre cœur ? Ces hommes, ces femmes-christ, dans la double polarité de leurs vies sur les plans physique et occulte sont à la fois, des enfants, apparemment comme tous les enfants, des hommes et des femmes comme tout homme et toute femme et des membres de la hiérarchie.

Cela, forcément, crée des «illusions d’optique» troublantes pour vous tous disciples.

Ayant déjà parlé de reconnaissance, je n’y reviendrai pas.

Durant la grossesse, si une femme est un disciple conscient, consacré, un lien subjectif très fort peut la rendre consciente du retour d’un sauveur du monde.

Mais là encore, aucun mot ne sera prononcé à ce sujet, cette prise de conscience sera l’ouverture à une attention extrême en regard de l’éducation et de la vigilance à ne pas mettre de bâtons dans les roues à cet enfant qui annonce un retour important pour le plan.

Au siècle prochain, des femmes-maîtres en incarnation auront consciemment la responsabilité, en plus de leurs travaux hiérarchiques, de mettre au monde de tels enfants qui seront alors accueillis correctement et non pollués dès la naissance, ce qui, pour un maître en renaissance est très pénible à vivre en ses véhicules d’une part, et éprouvant dans le quotidien.

En effet, au siècle prochain, c’est aussi partie de l’entraînement, les maîtres en incarnation trouveront un equilibre occulte sur le plan physique, dès le départ, ce qui n’est pas le cas actuellement où les parents choisis pour certaines raisons impératives de temps, d’heure et de situations géographiques, ne sont pas «idéaux» mais nécessaires.

Le maître en incarnation a en général maille à partir avec des parents dont les lourds problèmes psychologiques non réglés sont handicaps de plus a surmonter dans les relations.

Ce passage est obligatoire et c’est pourquoi la reconnaissance est si importante.

A ces maîtres en incarnation, actuellement, sont prêtées par les parents et l’entourage des étiquettes telles que : rebelle, autoritaire, mauvais caractère, instabilité, nervosité.

Et autres absurdités injustes qui ne sont que l’incapacité d’un tel environnement à les reconnaître et à les accepter pour ce qu’ils sont réellement.

Nous préparons ici le XXIe siècle et l’évolution globale de l’humanité tout entière, ne l’oubliez pas.

Certains moments charnières sont à passer, à dépasser et il faut bien le faire dans le monde tel qu’il est.

Cependant, le moment venu, la réelle famille spirituelle sera contactée sur le plan physique où elle se trouve, représentée par des disciples dans l’action du service.

Ceci se fait automatiquement, en regard du plan, et seulement en regard de ce dernier; ce n’est pas un rassemblement d’individus avec des affinités spirituelles, c’est le réseau énergétique hiérarchique qui, à un moment, trouve ses points d’extériorisation dans l’incarnation.

Parallèlement à cette double polarité du maître en incarnation, dont il se débrouille actuellement, revenez au début de cet ouvrage pour prendre conscience de votre responsabilité en fonction des enfants qui arrivent, quels qu’ils soient.

L’éducation dont tous les parents sont en charge est un élément capital de l’évolution, et je laisse à chacun le soin de sa propre réflexion à ce sujet.

À chaque enfant qui naît, un voile infime de la mère du monde est retiré à la face divine, déposant au sol de l’incarnation une possibilité évolutive de plus.

À cette perspective chacun doit s’ouvrir afin de faciliter au mieux cette avancée inexorable qui doit se concrétiser de plus en plus par l’extériorisation.

À ces enfants qui naissent, garçons et filles, des complémentarités aux capacités dont ils sont vecteurs, seront attribués des projets ponctuels nécessitant la polarité masculine ou féminine, sur le plan physique, en fonction du travail à accomplir.

En ce XXIe siècle, la femme est en charge, sur le plan physique, d’amener à expression pleine la créativité réceptrice et émettrice qui correspond aux caractéristiques de sa polarité yin.

Ici, je voudrais souligner, à ce sujet, une capacité féminine importante.

Forcé de morceler la synthèse afin de pouvoir l’exprimer, je vais m’efforcer d’être clair et concis.

Il me faut, ici, partir du premier degré de l’échelle qu’est le sexe.

La première caractéristique de la femme en est réceptrice.

Elle accueille l’élément masculin à la coupe créative de son potentiel initial, mobilisant en elle, au résumé de son corps physique, toutes les possibilités de naissance et de création chargées de la procréation.

Cette alchimie physique de la vie se fait au creuset utérin de la femme, les gênes y participent, les ovules y travaillent, le ventre l’abrite et l’accouchement l’exprime en totalité humaine.

La femme résume en elle la globalité physique et spirituelle, le yin et le yang de la création, en son propre corps physique.

Si l’homme en est un élément indispensable, il n’en demeure que la volonté de puissance au premier stade créatif, et ne peut en aucun cas aboutir seul à l’accomplissement de la vie.

À ce premier échelon du sexe, la femme est donc vectrice en elle-même de volonté de puissance divine, génératrice de vie physique.

Comme à cette vie, le souffle est indispensable, elle est aussi catalyseur et transmet ce souffle à la procréation, en son sein, libérant au sol de l’incarnation et par ses entrailles, l’expression parfaite de la vie humaine.

A ce premier stade, la femme, créatrice, génitrice, ne partage avec l’élément masculin que la programmation procréatrice de départ qu’elle seule peut faire aboutir par l’alchimie physique et spirituelle nécessaire à la vie de l’être humain.

Ce qui précède concerne le potentiel de toute femme sur le plan physique.

Passons maintenant à la femme initiée, maître en incarnation, membre de la hiérarchie et cœur ouvert.

À ce stade, le sexe, dans sa différence, n’est plus qu’apparence.

Cependant le potentiel en demeure, tel que décrit plus haut, sur le plan physique de l’incarnation.

Transposé sur le plan occulte, ce potentiel transcendé, devient une capacité véhiculaire spécifique dont seul le corps physique féminin est capable.

C’est ainsi que le processus véhiculaire de fonctionnement de la femme-christ devient, est, sur tous les plans, spécifique et ponctuel de réception, amenant à l’alchimie globale de l’expression de la synthèse, un aboutissement complet dont l’accomplissement est extériorisé par analogie avec un accouchement, comme décrit précédemment.

Percevez-vous l’importance du potentiel de procréation global sur tous les plans physique et subtils ? De la femme-christ ? Un exemple concret.

Dès la quatrième initiation opérative sur le plan physique de l’incarnation, la femme-christ devient réceptacle et expression concrète de la mère du monde, capable de dévoiler en elle-même, par ce processus créatif pleinement réalisé en tous ses corps, la synthèse, en globalité et en parties.

Pour clarifier ce processus, je donnerai ici l’exemple d’une expérience musicale vécue par une femme-christ en ses corps, sur le plan physique de l’incarnation.

Vous l’appliquerez ensuite à la totalité des expressions de la vie une telles que vécues par la femme-christ, dans l’incarnation.

Imaginez, c’est mon exemple, un maître féminin en incarnation, cœur ouvert, assistant à un récital de piano donné par un virtuose en la matière.

Ce simple récital, pour le commun des mortels, devient pour la femme-christ une véritable expérience musicale porteuse de vie une.

Les véhicules du maître en incarnation sont réceptacles de chaque note émise, non simplement par le jeu du pianiste, mais en son origine sonore, soit en expression directe depuis le verbe.

Toutes les nuances sonores, toutes les teintes musicales, perçues par le compositeur et écrites, toute l’expression qu’en donne le pianiste, le tout est vécu, à la fois globalement, synthétiquement, et en ses parties en puissance de vie une, par le maître féminin en incarnation.

ce qui signifie que la cascade des notes dans leurs mouvements audibles, sera, ici, vécue non par l’oreille physique et la sensibilité, comme tout un chacun, mais créée, réceptionnée et intensifiée par les véhicules récepteurs-diffuseurs du maître féminin, rendant à l’écho divin ce qui en découle et absorbant en ses cellules physiques, les échos porteurs, parvenus au compositeur et joués par le pianiste.

Il s’agit ici d’une expérience musicale à travers laquelle le maître féminin en incarnation réceptionne en son processus véhiculaire apte à l’incarnation et aux énergies de Shamballa, à la fois, la cause, la sensibilité, le verbe, la vie une donc, dans le projet initial créatif et dans l’expression artistique qui en résulte et le canalise.

La synthèse est vécue dans tous les véhicules à la fois, en pleine reconnaissance des parties qui l’expriment.

J’espère ne pas être trop abstrait, il est vrai que l’expérience musicale ainsi vécue est difficilement communicable mais il est pourtant essentiel de tenter sa description pour éclairer le rôle essentiel de la femme-christ en incarnation.

La volonté de puissance créative, qui préside à toute création, est vécue en synthèse d’harmonisation avec ceux qui ont participé à l’expression finale audible, et ce, sur tous les plans.

Cela revient à dire que l’élément yang de la volonté de puissance est vécu ici comme analogie au premier échelon du sexe, décrit plus haut.

Je vous demande une réflexion à ce sujet qui éclairera forcément ce qu’ici nous tentons de communiquer sur les maîtres féminins en incarnation et leurs spécificités.

Cela revient à dire que la réception des énergies est plus facile dans leurs hautes vibrations par un élément yin représenté sur le plan physique par un corps féminin à la pleine expression véhiculaire, dès la quatrième initiation.

Il y a là une vérité occulte dont la logique de l’outil du mental devrait apparaître à tous les disciples en incarnation.

Dans cette expérience musicale la force yang, élément masculin en expression est la musique en elle-même ainsi que le jeu du ou de la pianiste.

Cet élément yang, retrouve dans la polarité yin véhiculée par la femme-christ, son complément et ainsi synthétisé, trouve en globalité, une écoute dont seul le cœur ouvert de la femme-christ est, sur le plan physique, réceptacle créateur et émetteur.

Créateur, ce qui précède l’explique ou du moins l’expose.

Émetteur, car les énergies ainsi assimilées par chaque cellule, sont retransmises sur l’entourage, automatiquement, de par la capacité véhiculaire inhérente au maître féminin.

Concrètement cela signifie qu’après une telle expérience musicale, les contacts qui suivent, sur le plan physique, entre le maître en incarnation et l’entourage seront essentiellement énergétiques et se placeront au mieux des besoins de chacun.

Et il est important de savoir que ceci est valable pour toute expérience vécue par le maître féminin en incarnation, dans tous les domaines, et avec tous.

La femme-christ est une antenne réceptrice-émettrice d’énergies, résumant en ses véhicules la capacité essentiellement créatrice propre à la mère du monde.

Les initiées féminines, approchant cet état, liront avec le cœur, facilitant ainsi la compréhension objective d’un processus véhiculaire important, en cours.

La responsabilité hiérarchique de la femme, maître en incarnation est directement liée, en elle-même, à la double polarité de l’extériorisation et de la synthèse actuelles, à la fois, viscéralement, humainement, spirituellement et ésotériquement.

Ce qui fait du maître féminin, la charnière et l’ouverture du xxie siècle qui arrive.

Les frères de la hiérarchie en sont solidaires, d’autant que ces femmes-christ, furent des disciples extrêmement fiables pour nous, depuis bien des vies.

La mère du monde dévoile la face divine cachée des aspects et parties dont la synthèse est porteuse.

L’enfant devient ainsi l’aube du quatrième millénaire, en son androgynat évolutif dont la mère du monde accouchera physiquement en ces corps physiques de garçons et de filles qui verront le jour alors, en synthèse véhiculaire parfaite, quel que soit le sexe, au départ.

Ceci est une vérité occulte qui concerne la quatrième phase de l’enseignement hiérarchique dont les maîtres connaissent et savent le projet au sein du dessein dont le plan actuel applique une partie essentielle.

Les membres masculins de la hiérarchie, en incarnation mais retirés du monde, hors incarnation, ou sporadiquement présents au monde sont émetteurs, et c’est ainsi que se vit, pour l’extériorisation de la hiérarchie actuelle, la complémentarité yin – yang, féminin – masculin.

Sur le plan physique, les maîtres en incarnation se partagent aussi cette complémentarité en regard des travaux d’expression dans le monde de la société civile internationale.

Notez tout de même que les phases de l’enseignement sont reçues et émises par des femmes.

En revanche le maître jésus, initiateur des pas de christ au sol de l’incarnation a émis le principe christique en volonté de puissance d’amour-sagesse par le biais d’un corps d’homme.

après tout ce qui vient d’être dit, ce symbole prend une tout autre tournure, concrétisant en lui-même l’aspect yang procréatif, l’insémination au monde du principe christique est porteur d’une symbolique claire que la phase actuelle de l’enseignement, par la spiritualité appliquée des maîtres dans l’incarnation, amène à sa pleine expression extérieure par le réceptacle des femmes-christ, à l’œuvre sur terre.

La claire vision des parties du plan, en leur intention divine, ne devrait échapper à aucun disciple en incarnation, tant la trajectoire évolutive devient, à présent, nette en regard de l’humanité.

À propos de l’expérience musicale dont j’ai donné l’exemple plus haut, il est à noter qu’un maître en incarnation dans un corps physique masculin, vivant une expérience similaire, le fera différemment.

Son processus véhiculaire essentiellement émetteur, en fait glisser la réception qu’il en a, sans l’intégrer encore en ses cellules comme le vit le maître féminin en incarnation.

Ce glissement communique les énergies et les diffuse mais le processus physique cellulaire n’est pas concerné, comme l’est celui de la femme maître en incarnation.

Ceci est dû à la réceptivité créatrice qui fait de la femme une génitrice.

Et pour l’instant, c’est par ce corps féminin physique que cela peut être intégré.

Le principe féminin global en synthèse de la mère du monde et l’extériorisant au mieux, dans le service actif au sein de la hiérarchie est représenté par le maître en incarnation, femme-christ.

C’est en elle que la synthèse de l’alchimie créatrice émettrice se fait pleinement, mais surtout imprègne les cellules, permettant au corps physique la réception émettrice des plus hautes vibrations en provenance de Shamballa et au-delà.

Le maître C .V .V .[1] A reçu et transmis, dans un corps masculin, de très hautes énergies, j’en ai parlé.

Ce fut le même processus inséminateur au monde que celui du maître jésus pour le principe christique.

Vous pouvez faire ici un parallèle entre l’homme fertilisant la femme dans le processus de procréation, c’est identique dans les deux cas qui précèdent, c .v .v . Et jésus.

Ils ont tous deux permis en leurs corps physiques masculins le passage fertilisant de très hautes énergies inter- et extra-planétaires pour c .v .v ., et du principe christique pour jésus.

Il s’agit ensuite que se fasse la gestation et que d’elle, accouche au monde l’expression, à la fois de la fertilisation, de la gestation par la réalité objective de la créature que délivre l’accouchement .

C’est exactement ce qui se passe et doit s’accomplir en regard des énergies spirituelles fortes et du principe christique .

ce qui veut dire que pour le principe christique, depuis la fertilisation au monde, 2000 ans se sont écoulés en gestation, occasionnant diverses déformations religieuses, mentales, intellectuelles et autres et qu’aujourd’hui, grâce à l’extériorisation des membres féminins de la hiérarchie, ces énergies et le principe christique vont être accouchés au monde .

C’est pourquoi la femme en général marquera l’évolution de l’humanité, mais cela ne peut en aucun cas se faire par des revendications féministes .

Le principe féminin va s’imposer, imprégner le monde, en accouchant le christ cosmique par l’équipement véhiculaire et le corps physique féminin des maîtres en incarnation .

Alors que le corps masculin du maître en incarnation est vecteur et dépositaire des énergies christiques, le corps féminin du maître en incarnation, est, lui, alchimiste créateur, de par ses fonctions mêmes, et géniteur accoucheur du christ cosmique, amenant le principe christique à pleine expression sur le plan physique .

Chaque maître en incarnation, chaque femme-christ est un voile ôté à la mère du monde .

Les frères de la hiérarchie, de Shamballa et au-delà, sont énergétiquement tendus vers cette naissance sublime qui intègre à celui dont rien ne peut être dit, l’expression formelle du principe féminin que la mère du monde dévoile pour l’amour de christ cosmique .

par cette naissance, à la trilogie de celui dont rien ne peut être dit, du principe féminin de la mère du monde, et de christ cosmique, la synthèse aboutit et s’exprime dans l’humanité, au sol de l’incarnation, par le maître féminin au service du plan .

Le principe féminin ici prend toute sa réelle ampleur, non pas dans sa différence première de genre, homme, femme, mais comme un graal spirituel posé aux rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa, coupe ouverte aux énergies multiples, utérus cosmique, transparent, absorbant en celui dont rien ne peut être dit les sonorités premières du verbe dans les polarités encore incréées qui s’y cachent .

Un graal aux reflets émeraude- diamant, en brillance de synthèse, est offert en réceptacle géniteur à christ cosmique qu’il déposera au cœur du maître en incarnation, femme-christ, dans l’accouchement simultané de chaque cellule du corps physique à la transfiguration christique au sein même du corps .

Christ, accouché spirituellement, comiquement, véhiculairement, en son principe même, devient chair, au verbe de la synthèse .

la beauté de ce processus réalisable grâce à l’extériorisation des membres féminins de la hiérarchie transportera l’écoute de votre cœur jusqu’aux rives sacrées de Shamballa où ce graal, déposé il y a 2000 ans, en conception cosmique de celui dont rien ne peut être dit, attendait, coupe offerte à l’amour, que sonne l’heure du principe féminin de la mère du monde.

se dégageant énergétiquement du réseau incréé de celui dont rien ne peut être dit, la mère du monde s’est peu à peu rapprochée de la coupe, déversant à ce calice l’essentiel du principe féminin à la nécessité de la gestation du christ cosmique en passe d’incarnation, et préparant ainsi l’accouchement spirituel de l’humanité par ces femmes-christ qui s’y trouvent actuellement et de plus en plus en extériorisation hiérarchique .

Dans l’immense processus évolutif dont chacun a des idées fragmentaires et limitatives, je parle des disciples, les vagues de la réalité atomisent au sol de l’incarnation leurs embruns, dont chaque goutte touche un cœur .

Au cœur ainsi éclairé, la sensation piquante que procure l’embrun est parfois pénible, troublante, mais elle marque le réveil d’une évidence oubliée qui resurgit à point nommé .

C’est dans la chair du cœur que les pincements anticipent l’ouverture, il n’est plus temps de tourner dans l’intellect les projecteurs de la lumière artificielle du mental .

C’est aux cellules physiques que doit s’inscrire par le feu, l’écriture charnelle du principe christique que la mère du monde trace, dorénavant, au sol de l’incarnation, par ces membres féminins de la hiérarchie en incarnation .

La nature, en attente de christ, irradie en ses formes, l’aspiration dévotionnelle des beautés dont elle comble l’homme, l’être humain, devrais-je dire .

Dans cette nature offerte, voyez la coupe réceptrice qui accouche d’elle-même aux cycles successifs de sa progression .

L’analogie des processus évolutifs est flagrante, mais avant qu’ils ne soient formulés en langage clair, il est difficile à l’être humain de les conceptualiser, de les comprendre, de les dépouiller ensuite de leurs formes séparatives, afin d’en communier avec l’essence même, l’originel en tout, dont l’être humain est, inconsciemment le dépositaire .

Le disciple en devient peu à peu conscient dans ses fragments successifs qui, chaque fois, lui donnent l’illusion d’une découverte globale .

Mais l’évolution ainsi vécue est un cheminement certain d’où toute certitude doit être exclue .

Abandonnez vos références et ouvrez-vous à l’inimaginable, il n’est que la matrice originelle de la mère du monde en laquelle tout devient possible et réel .

C’est à ce creuset de la réalité que le cœur ouvert adhère lorsque les énergies christiques y affluent, avant l’accouchement des cellules au principe féminin du corps physique de la femme-christ .

Dans les débuts qui se précèdent, dans les complétudes qui se définissent, dans les accomplissements qui se succèdent, dans ces ouvertures constantes sur lesquelles il faut veiller pour n’en pas manquer le passage, a tout cela, en tout cela, désormais le principe féminin est présent .

D’un point de vue humain et curieusement ou paradoxalement pour vous, le principe féminin est viril .

en effet pour le vivre, l’exprimer, comme exposé plus haut, il faut d’abord avoir vécu et expérimenté ce qu’a amené au monde physique, spirituellement, l’insémination faite par le principe masculin .

Ce qui signifie que le principe féminin vécu au sein de l’incarnation est l’expression de la synthèse .

Au cœur de la hiérarchie, aucune séparativité n’est connue, bien evidemment .

C’est pourquoi plutôt que de différencier, en vos mentais, une hiérarchie de frères et une hiérarchie de sœurs, nous préférons, c’est plus réel, parler des membres féminins et masculins de la hiérarchie .

Bien que les sœurs soient les premières, en leurs corps physiques, à accéder à la synthèse, la complémentarité existante ne suppose aucune séparativité, seulement une progression divine dont la nature, différente uniquement sur le plan physique, ne peut être dissociée en celui dont rien ne peut être dit qui, pour aider à son expression, se différencie en sa propre unité .

Si les hommes, à tous les stades, sont les enfants en christ de celui dont rien ne peut être dit, les femmes, en leur état christique, dans l’incarnation, en sont les génitrices .

C’est cette progression-là qui aboutit à la synthèse tout en étant, à la fois, un palier de plus à son expression physique, le tout en celui dont rien ne peut être dit, par lui et avec lui .

Dans l’énergie qui se dégage de l’expression écrite de cette phase de l’enseignement, laissez-vous porter, afin que le cœur perçoive .

Parce que cette énergie est inaccessible au mental .

En revanche, l’outil du mental peut en transmettre, dans l’incarnation, les applications nécessaires à la bonne diffusion .

Discernez, percevez, aimez, j’ai dit ! L’œil de la mère du monde est un regard sans iris à l’envergure béante duquel repose la vision globale du maître en incarnation féminin .

A cette vision, les cellules du corps physique de la femme-christ sont sensibles comme autant d’yeux ouverts par le cœur, sur et dans l’incarnation .

C’est ainsi que, véhiculairement parlant, le maître en incarnation féminin demeurant en la vision, en devient le géniteur sur le plan physique où se produit l’accouchement spirituel physique du christ cosmique pour une expression créative active au service du plan .

La femme-christ qui donne naissance, en incarnation à un enfant, en fait, dès lors, l’héritier en puissance du christ cosmique .

Cet enfant, garçon ou fille, porte en ses cellules, dès la naissance, le principe féminin concrétisé qui le rend apte, par la suite, de procréer, dans l’incarnation spirituellement et véhiculairement l’acquis transmis par la mère .

Cette expérience fera l’objet de l’évolution du quatrième millénaire .

Il suffit ici d’en souligner l’importance en l’évoquant .

Il est trop tôt pour entrer dans des explications qui ne feraient qu’alimenter la tendance anticipatrice du mental structuré .

Que cette étincelle-là demeure au cœur, dans l’ouverture à laquelle la vision, un jour, donnera sa note à la suite de la symphonie évolutive qui se poursuit inexorablement .

La vision est toujours limitée à la phase évolutive vécue d’où elle puise son immensité infinie, que personne ne peut réduire, que rien ne peut entraver .

a ces femmes-christ à l’œuvre dans l’incarnation, que la vision pose dans l’œil même de la mère du monde, il est certain que les pas de christ se perdent par-delà la portée du regard physique et spirituel, pour se reconnaître, en synthèse, en celui dont rien ne peut être dit, reliant ainsi les principes christique et féminin originel à le temporalité de l’expression physique en celui dont rien ne peut être dit .

Cette boucle-là englobe pour la première fois l’humanité, la hiérarchie et Shamballa, énergétiquement et absolument .

Les impacts en seront forts, à la limite de l’insupportable, pour certains véhicules de disciples.

C’est pourquoi, en conscience, il faudra les accompagner au mieux en préparant, par l’ouverture du cœur, les bases spirituelles solides d’un travail planétaire de plus en plus pointu.

Les affaires du monde en dépendent et chaque être humain est responsable du groupe que représente l’humanité, ainsi que de son évolution .

Les flots successifs de l’évolution globale se déploient harmonieusement aux plis sacrés de la cape souple de la mère du monde .

À chaque réalisation en christ, un voile est ôté de la face sacrée de la mère du monde .

À chaque pas de la femme-christ dans l’incarnation, l’œil sans iris de la mère du monde pose une parcelle de synthèse à l’élargissement de la vision qui s’ensuit .

Au regard béant de la mère du monde sur l’éternité, les germes du verbe, encore inaudibles, entrent en gestation, à la semence divine de celui dont rien ne peut être dit .

Cet acte sacré d’amour est une interrelation cosmique dont l’échange est porteur de christ, en son principe infini .

C’est ce dont les maîtres en incarnation dans des corps féminins portent en elles et dont le cœur ouvert ensemence les cellules .

La lumière avance, dans l’acte créateur, afin que chaque cœur en prenne la part qu’il peut en saisir .

Cet embryon, vous pouvez le voir clairement dans toutes les actions humanitaires qui, par l’intermédiaire des humanistes, des membres du g .s .m .[2] Et des maîtres, ensemence aujourd’hui les affaires du monde et dont l’amour et la solidarité sont les notes humaines appliquées au quotidien .

En politique, axe de mon ashram, vous trouverez cet embryon novateur dans toutes les actions des nouveaux hommes politiques qui n’ont pas le profil traditionnel des schémas politiciens connus et qui font avancer la société civile par le biais de tous les citoyens concernés .

De plus en plus ils seront à des postes-clés, libérant la politique de ses institutions traditionnelles, au profit de vastes opérations de citoyenneté universelle .

Là encore, amour et solidarité, conscience de l’autre et de la planète sont les priorités du cœur, lisibles par le cœur de tous et qui changeront, peu à peu les mentalités .

En ce début de siècle, le XXIe, la mère du monde commence sa spectaculaire entrée spirituelle au cœur de l’incarnation .

Le nombre 21, 2 + 1 = 3, symbole du triangle, prend ici toute sa valeur et son ampleur, en regard de la trilogie examinée plus haut soit : la mère du monde, celui dont rien ne peut être dit et christ cosmique .

Votre réflexion à ce sujet vous donnera un aperçu de ce que pourra véhiculer pour l’évolution le XXIIe siècle, ensuite, au symbole parlant : 22, 2 + 2 = 4 .

D’autant que 22 est un maître nombre, normalement inadditionnable .

C’est ce que je livre à votre réflexion spirituelle et à votre cœur .

Lorsqu’un voile est ôté de la face de la mère du monde, les sonorités lumineuses des sept qualités divines glissent aux rayons, précipitant au sol de l’incarnation l’harmonie d’une symphonie à composer .

Ce torrent créatif, en direct du verbe, trouve ses formes expressives au cœur ouvert qui le réceptionne, avant d’en imprégner formellement les plans concernés .

La diffusion magnétique va ensuite vivre et toucher les cœurs humains, qui seuls, bouleverseront, en un second temps les mentalités .

Ce processus énergétique est possible grâce à l’extériorisation de la hiérarchie dont les maîtres, dans des corps féminins accélèrent, en leurs cellules mêmes, la progression lumineuse qui s’y incarne, eclairant le quotidien et en repoussant les horizons plus largement.

Ainsi la mère du monde se rapproche de la terre pour y préparer l’enfantement du christ cosmique au sein des corps féminins de ces femmes-christ aptes à en vivre concrètement les énergies puissantes, et à les implanter dans le monde .

Au carrefour sélecteur de christ dont l’évolution est le théâtre, les psychodrames des disciples en mal de non-soi ne sont plus de mise .

Pour eux, accompagner ces processus et en reconnaître les chemins, inexplorés dans l’incarnation, equivaut à écouter le cœur de l’autre, pour percevoir le rythme juste des battements de leurs propres cœurs, perdus pour certains au labyrinthe psychologique des préoccupations initiatiques personnelles .

L’écoute du cœur de l’autre est le seuil à franchir pour entrer, en conscience de groupe, dans les travaux hiérarchiques actuels .

cette conscience de groupe est l’ourlet de la cape somptueuse de la mère du monde, et c’est elle qui met en contact, concrètement, les énergies de Shamballa avec le sol de l’incarnation, qu’elle effleure et balaye d’un mouvement souple et large, y harmonisant ainsi le souffle précieux de la vie une qui s’en dégage .

Ne soyez pas à la traîne, mais de la traîne  . . .

Le service qui s’y affirme est la voie du tremplin salvateur de l’évolution humaine en accord et déterminant le plan et ses parties .

La mère du monde est, à la fois, principe féminin de femme, d’épouse et d’identité de et en celui dont rien ne peut être dit, amenant le verbe à la chair et concrétisant au monde des formes, l’unification de la vie une, avec tout ce qui en découle et y revient .

L’expression humaine de la synthèse serait impossible sans la mère du monde qui, seule, peut en accoucher les parties et la globalité formelles, les résolvant en leurs différences pour en imprégner les expressions charnelles de celui dont rien ne peut être dit qui, de son essence, l’en a fécondé .

Aux sources violentes qui s’ouvriront, énergétiquement, dans les corps physiques des disciples, ils se sentiront malmenés, bousculés, inquiets .

Parce que ces énergies fécondées de la mère du monde ont la force et l’intensité, jusque-là inexprimées, de celui dont rien ne peut être dit .

Grâce à l’extériorisation de la hiérarchie, l’enfantement, perçu, se fera de plus en plus aux cellules de tous, ouvrant au monde physique la voie intempestive des rives sacrées de Shamballa et au-delà, que chacun expérimentera en ses corps .

Préparez donc vos corps à cet impact, ouvrez le cœur, pour qu’aucune barrière n’entrave ce flot sans précédent, précipité dans l’humanité par la volonté d’intention divine ou volonté de puissance .

pureté d’intention, intention divine, divine conception, conception gestative, gestation créative, création sublime, sublime expression, expression concrète, concrétisation accouchée, accouchement libérateur, libération lumineuse, lumière éclatante, eclat de feu, feu intense, intensité véhiculaire, véhicules adaptés, adaptation progressive, progression fulgurante, fulgurance instantanée, instantanéité active, action planifiée, plan assumé, service assuré, telle est la chaîne de l’amour en action que maîtres en incarnation et disciples visionnent différemment mais servent ensemble .

J’ai dit ! A ces forces perturbantes qui bouleverseront vos intestins, bougeront vos organes et feront transpirer vos corps physiques, le passage énergétique est pénible et parfois difficilement supportable .

À ces forces intenses qui ouvrent en vos véhicules un passage énergétique nécessaire à l’enfantement spirituel de christ, l’ouverture du cœur crée un dégagement salutaire qu’il ne faut pas négliger, auquel individuellement, vous devez parvenir .

La conscience de groupe en est une forme mentale qui n’a plus ses bases dans le mental concret.

À cela il vous faut parvenir afin que les énergies précipitées trouvent leurs expressions dans l’incarnation .

A ces maîtres en incarnation dans des corps féminins, prêtez un cœur et une oreille attentifs .

C’est dans cet échange que vous ferez vos premiers pas vers, en et plus tard au-delà de christ .

Après avoir ressuscité, il faudra enfanter .

Et l’enfantement, un jour, un siècle prochain, sera accessible spirituellement en christ, aux hommes aussi, comme aujourd’hui aux femmes .

Il est bien entendu que je parle ici des corps physiques féminins et masculins, qui ne sont que les réceptacles d’un esprit déjà libéré en christ .

La nuance est importante et j’espère qu’elle souligne assez les degrés d’évolution dont nous parlons ici .

À savoir : femmes et hommes pour l’évolution de bas en haut, voir a .a .b . Corps féminins et masculins, pour l’évolution de haut en bas et l’incarnation des principes féminin et christique au cœur des cellules charnelles, en synthèse de vie une pour et par l’expression pleinement consentie en celui dont rien ne peut être dit, l’enseignement est donné ici .

en synthèse, à l’œil dépourvu d’iris de la mère du monde, vous êtes observateur observé car en son sein, elle reflète et restitue ce qu’est l’être humain et son devenir en ses genres homme-femme, dans une progression lumineuse qui fait de l’une, l’autre, et, plus tard, inversement, de l’un, l’une, dans l’accouplement cosmique de l’androgynat spirituel en retour de et en celui dont rien ne peut être dit .

De cette source, dont chaque être humain est un filet énergétique en aller, puis en retour, la mère du monde, met, ôte et restitue les voiles sacrés dont elle est parée en celui dont rien ne peut être dit, dans l’amour en action qu’elle émet vers le monde de l’incarnation .

c’est de cet accouplement, de cet enfantement cosmiques en celui dont rien ne peut être dit, que l’être humain vient en expression charnelle, et c’est de cette dernière qu’il doit remonter à sa source, en accomplissement christique de sa réalité temporelle vers son éternité relative, dont il redescend, pour amorcer, dans sa perfection, le retour divin, enfin réalisé en synthèse de lui-même .

Ce processus est en train de s’intensifier grâce à l’extériorisation de la hiérarchie .

La démarche est d’une beauté renversante, comme est renversant le seuil initiatique entre première initiation hiérarchique et cœur ouvert, sur le plan véhiculaire énergétique, et donc sur le sol de l’incarnation, pour la mentalité en général .

Les interrelations, interdépendances et cohésions des mouvements de la vie une doivent vous apparaître dans toute leur signifiance .

Si votre vision, encore partielle, ne peut les appréhender, alors ouvrez-vous à l’écoute de votre cœur .

Les maîtres ne disent que ce que vous pouvez entendre .

En phase de réception énergétique perturbante, vous éprouverez le besoin d’alléger vos corps par l’absorption de fruits, surtout en période de nouvelle lune .

Les très hautes vibrations captées par les cellules apporteront un bien-être parfois un peu oppressant au début, les maîtres dans des corps féminins auront des sensations purement physiques procurant un état spirituel incomparable et incommunicable dont elles auront pourtant à témoigner .

Ne vous méprenez pas, ce sera comme une main de la mère du monde tendue vers chacun .

En conscience de groupe, saisissez-la .

À l’absorption de fruits, vous pourrez ajouter une ou deux cuillerées de purée d’amandes et de mélasse noire .

Ce sont des nourritures énergétiques appréciables pour les cellules du corps physique sous gros impact de réception énergétique .

Dans l’évolution de l’humanité, chaque pas novateur est une demande plus pressante du divin en l’homme, qui répond à un besoin de stabilisation énergétique pour asseoir de justes relations humaines dans les affaires concrètes de la société .

Aujourd’hui ces affaires sont planétaires, interdépendantes et personne ne peut rien ignorer du malheur de ses frères .

À tous ces domaines qui vous incombent, une respiritualisation fondamentale est urgente .

Cette phase de l’enseignement qui correspond au dépassement du mental au profit du cœur a ses correspondances déjà visibles sur terre où ont lieu actuellement de grands bouleversements par la conscience de l’humanité qu’ont beaucoup d’hommes et de femmes .

Ceux-là ont déjà la résonance du cœur en éveil .

Regardez-les agir et oubliant vos théories ésotériques, avec eux, agissez .

Prêtez cœur fort aux associations caritatives et à ceux qui ont des initiatives humanitaires .

Ils sont, en volonté d’intention, sur la trajectoire de l’amour en action .

Et ils n’en dévieront pas parce que ce ne sont pas des ésotéristes !! Oppressés, vous le serez par des afflux énergétiques intenses qui réussiront même à troubler un peu l’outil qu’est devenu complètement le mental .

Parce que le corps physique a ses limites et que votre responsabilité n’en a pas .

Fébriles, vous le serez par moments .

Mais c’est inhérent à votre action .

Proches de vous, nous veillons, sans pouvoir gommer les grands inconvénients de l’incarnation.

Courage à ces cœurs ouverts pour leurs véhicules, dans le service et la lumière ! Pour que s’accomplisse au mieux le plan dont nous sommes en charge .

Ce qui est engendré par le créateur doit être enfanté par la nature .

Ce qui est ensemencé par l’esprit doit être accouché par la matière, dont la double polarité se trouve présente en l’être humain .

Vivez et œuvrez ce que vous êtes, j’ai dit ! quand le ciel pesant des formes lumineuses du mental se dilue au sang purificateur du calice que la croix déverse à l’ouverture du cœur, l’écran désormais lisse du mental, lavé des moindres reliefs trompeurs, balayé de lumière informelle où se mêlent harmonieusement les tons délicats des qualités divines, devient un matériau récepteur docile, table de mixage perfectionnée, dont la régie, située au plan hiérarchique assemble ou isole, selon les besoins du plan, les phrases musicales et les notes d’une même symphonie grandiose dont la composition se fait à Shamballa et dont les échos ainsi retransmis touchent, dans l’incarnation, tous les hommes et femmes dont la volonté de bien s’applique au plus grand nombre, au service de leurs frères .

Il est à noter ici que ces hommes et femmes, confrontés aux réalités pragmatiques du dénuement, de la famine, des épidémies, des oppressions que connaissent bien des groupes ethniques, voire des nations, et autres catastrophes humanitaires, sont des serviteurs du plan, bien plus efficaces que certains disciples .

A cela une raison majeure : ces réalités douloureuses, pragmatiques auxquelles ils sont confrontés en permanence, balayent de leurs mentais toute forme lumineuse illusoire aux reliefs trompeurs .

C’est ainsi que, clairs en eux-mêmes, ces hommes et ces femmes réceptionnent et transmettent dans l’action, les énergies non déformées de la volonté de bien .

Trop de disciples axés sur les plans intérieurs sans les comprendre vraiment énergétiquement, sans les maîtriser, y ajoutent des forces mentales qui, parfois positives individuellement, enferment le disciple aux marches restreintes de sa propre évolution .

Il ne peut plus en être ainsi .

Regardez ces hommes et ces femmes dont il est question ici, leur concernance humanitaire est un exemple d’oubli de soi .

Rien ne peut être entrepris avec les énergies supérieures sans oubli de soi .

Les disciples bien souvent sont encore trop polarisés sur une théorie, ils savent et ne connaissent pas, installant des réalités subjectives personnelles et illusoires qui peuplent le mental et dévient les énergies positives à utiliser .

Les membres du g .s .m ., il y en a beaucoup autour de vous, ne peuvent pas faire cette erreur sur le plan humanitaire, car ils sont plongés non pas dans la contemplation d’une évolution esotérique, mais dans l’action quotidienne du combat qu’ils mènent face à l’injustice et aux misères afin d’en soulager, tout de suite, au mieux, les pauvres gens qui les subissent .

L’abbé pierre a raison, il y a un fossé immense entre le fait d’avoir connaissance de la misère par les médias et le fait de la vivre au quotidien, comme les miséreux que l’on aide .

C’est une véritable guerre et ceux qui osent la faire, en étant du bon côté de la barrière sont déjà des soldats de christ .

Regarder ces choses-là en face, dans l’action, c’est ne pas permettre au mental de fonctionner à vide, en sculpteur d’ombres et brouillards qui aveuglent, non seulement le disciple, mais l’ensemble du plan mental .

Amour en action, qui évite la pollution mentale, s’accorde au rythme de la danse sacrée voilée de la mère du monde qui, à chaque action humanitaire, se réjouit en son sein, et active les battements du cœur ouvert en christ qui oeuvre sur terre, quelles que soient ses attributions, pourvu qu’elles concernent le plus grand nombre .

Toute action humanitaire déroule, au sol de la souffrance humaine, un tapis rouge de volonté divine pour accueillir l’ourlet de la cape somptueuse de la mère du monde .

Toute action humanitaire visant au respect de la dignité humaine, soulageant et soignant le corps par le cœur, mettant science et technique au service du cœur et des corps, toutes ces actions sont insémination du monde par le principe christique activé, préparant le réceptacle accoucheur de la mère du monde qui avance .

Le travail de l’enfantement spirituel ainsi amorcé ne peut plus s’arrêter .

Solidarité, amour, droits de la personne, activement vécus et défendus, voilà qui, en installant le retour de christ, prépare l’arrivée de la mère du monde .

À l’extériorisation de la hiérarchie, consciente de ces progrès évolutifs humains, les maîtres en incarnation, la représentant, apporteront «cœur fort» à tous ces travaux humanitaires, au service du plan, sur tous les plans .

Le travail occulte que cela représente est colossal et nous en avons déjà détaillé certaines parties .

Tout ce qui se passe sur le plan physique est très lié à ces travaux occultes qui en motivent et en préparent l’action juste .

Actuellement, le monde politique est en pleine mutation, les anciens schémas s’écroulent parce que la conscience libérée par tous les citoyens doit s’exprimer dans la responsabilité de chacun.

Il est important de noter la période de mouvance novatrice de cette fin de siècle .

L’extériorisation de la hiérarchie, le travail des maîtres en incarnation, l’arrimage du principe christique au sol, parmi les hommes, le tout centré dans l’œil sans iris de la mère du monde en gestation de celui dont rien ne peut être dit, tout cela et plus encore, va ouvrir sur le XXIe siècle le pas décisif de l’humanité vers le cœur aspirant à vivre la solidarité dans une fraternité universelle à laquelle la conscience, enfin planétaire, aspire .

Chacun de vous est concerné, partie prenante, et chaque action dans ce sens est un pas christique vers l’autre, vers les autres, en celui dont rien ne peut être dit .

C’est une période exaltante dans laquelle la sagesse peut enfin faire ses pas d’adulte, en christ, autonomes, et ce en chacun .

À cela, vous vous devez de participer au maximum de vos potentialités, chacun, en conscience de groupe .

Main tendue et cœur ouvert, pour l’amour en action, telle est aujourd’hui, la devise de tout disciple et de tout homme et femme de volonté de bien, unis dans le service pour le bien général.

Du monde tel que vous le préparez, et je m’adresse aux maîtres en incarnation .

Du monde tel que vous le vivez, et je m’adresse aux disciples .

Du monde tel que vous le subissez, et je m’adresse aux oubliés de la démocratie .

Du monde tel que vous le rêvez, et je m’adresse aux artistes .

Du monde tel que vous le déformez, et je m’adresse aux politiciens .

Du monde tel que vous le découvrez, et je m’adresse aux scientifiques .

Du monde tel que vous l’appréhendez, et je m’adresse aux personnalités .

Du monde tel que vous séparez, et je m’adresse aux nations .

Du monde tel que vous l’envenimez, et je m’adresse aux égoïstes .

Du monde tel que vous l’imposez, et je m’adresse aux économistes et financiers du monde tel que vous l’abîmez, et je m’adresse à tous .

Du monde tel que vous le condamnez, et je m’adresse aux pessimistes .

Du monde tel que vous le fourvoyez, et je m’adresse aux tricheurs .

Du monde tel que vous vous en réclamez, et je m’adresse aux religieux .

Du monde tel que vous l’occultez, et je m’adresse aux nantis .

Du monde tel que vous l’apostrophez, et je m’adresse aux révolutionnaires .

Du monde tel que vous le tronquez, et je m’adresse aux nationalistes .

Du monde tel que vous l’avez idéalisé, et je m’adresse à feu les communistes .

Du monde tel que vous le trompez, et je m’adresse aux tyrans en mal de totalitarisme .

Du monde tel que vous l’éludez, et je m’adresse aux lâches .

Du monde tel que vous vous en euphorisez, et je m’adresse aux vainqueurs .

Du monde tel que vous le sous-estimez, et je m’adresse aux perdants .

Du monde tel qu’il vous glorifie, et je m’adresse aux héros .

Du monde tel que vous travaillez pour, et je m’adresse aux Gandhi, Sadate, Gorbatchev, abbé pierre, mère Térésa, Kouchner, Coluche, et tous les anonymes qui les reconnaissent et les aident.

Du monde tel qu’il peut être, et je m’adresse à tous, de ce monde en marche dont  vous êtes les bâtisseurs, de ce monde qui naît siècle après siècle malgré tout, de ce monde que nous portons dans nous cœurs, de ce monde que nous soumettons au cœur ouvert et à l’âme de tous .

De ce monde, a ce monde qui aspire en souffrance de lui-même, faites ensemble, à nos côtés, une chaîne des cœurs, universelle, fraternelle, solidaire pour qu’en chacun et en conscience de groupe, vive le meilleur au service de tous .

A ce monde, Shamballa déverse ses énergies, la hiérarchie s’extériorise, et l’amour ainsi activé est le matériau que chacun devra polir en âme et en conscience .

À cela vous pouvez adhérer .

À cela vous devez collaborer .

De ce monde, les enfants verront un jour nouveau dont l’aube ne peut se lever qu’à l’ouverture du cœur de chacun .

C’est ce royaume auquel le plan s’applique .

C’est le royaume humain en expression divine .

C’est le royaume des cieux sur terre .

Que vous le vouliez ou non, vous en êtes, mieux vaut, dès lors, vous appliquer à y marquer le sol des empreintes christiques de vos pas afin, qu’ensemble, vous avanciez au rythme de l’approche de la mère du monde qui en dévoile les aspects créateurs a l’illumination des cœurs .

vivez, luttez, coopérez, œuvrez, sous ma bannière, et que brille la lumière dont sont dépositaires vos cœurs!

J’ai dit!

Ne jugez pas l’esprit, ne condamnez pas la matière, et inversement.

 

À cette polarité, sublime en sa synthèse, vous avez accès.

Il suffit d’en saisir, au cœur, l’opportunité pour que vivent mieux cette planète et ses habitants.

Aux trousses d’un désespoir galopant, nul ne doit succomber.

L’optimisme délirant n’est pas, non plus, de mise.

Seule la joie, constante en son état, fera au seuil de ce monde, un palier stable que chacun pourra franchir, aidé et animé par la conscience de groupe.

Aux maîtres en incarnation qui connaissent les déboires, les ratés, les aveuglements dont certains encombrent le chemin de l’évolution, la lucidité objective est acquise.

Mais, doublée par la vision, elle devient accessoire.

Seul le projet du dessein, dans l’instant du plan est primordial, et c’est ce qu’ils servent.

A ces maîtres en incarnation dans des corps féminins, la tâche est encore plus lourde aux épaules humaines qu’elles offrent au monde.

En charge d’enfantement, elles accouchent au monde le principe christique humain dont christ cosmique les investit, en maternité de la mère du monde et en et par celui dont rien ne peut être dit.

Aux sources spirituelles sublimes de cet enfantement, trouvez la force créatrice qui motivera et bâtira, par vos mains et vos cœurs, le monde en puissance, le monde à venir, ce XXIe siècle en sera l’échafaudage auquel vous devez, en tant que disciples, collaborer de toutes vos énergies positives.

Aux forces inconditionnelles que vous apporterez aux travaux pour le monde nouveau, se mesurera, en conscience de groupe, la vastitude du graal dont l’humanité est en quête.

En y contribuant, vous, disciples, apporterez les reflets essentiels émeraude-diamant dont la coupe brille déjà, en vos cœurs, et ainsi, rempli du sang de chacun, ce calice déversera sur tous, la volonté de puissance divine que le rayon i, comme un laser, pointe au cœur de chacun, en cette ouverture que l’humanité approche aux côtés de la mère du monde qui la soutient.

Aux formes de chair des symboles de la VIE UNE, les arabesques des mouvements initiatiques se dégagent, ouvrant à l’espace ce que le temps emprisonne à la durée.

Les ouvertures personnelles sombrent à l’oubli de soi, le mental s’efface en ses reliefs           illusoires, et de conscience de groupe en ouverture du cœur, la mère du monde descend majestueusement, en sa cape énergétique, les paliers involutifs qui ne sont qu’évolution de la densité en elle et par elle.

À ces vibrations de plus en plus sensibles, les systèmes nerveux, tributaires de l’activité des chakras, s’affinent aux corps humains qui deviennent ainsi les lyres auxquelles s’accorde le souffle divin.

Le maître en incarnation dans un corps féminin est cette lyre et ce souffle, dont la mère du monde joue les accords symphoniques dont Shamballa est récepteur-émetteur en celui dont rien ne peut être dit.

Le yin, récepteur, malléable, matériel, répond au yang brillant et solaire de l’esprit inséminateur, accouchant au monde physique des formes, l’irradiance lumineuse des rives sacrées de Shamballa en ses notes précieuses et subtiles.

C’est cette symphonie, à laquelle répondra un concerto flamboyant pour humanité en évolution, que vous pouvez tous entonner en choeur, il bouleversera les mentalités par les croches des ouvertures de conscience dont la conscience de groupe détient les clés musicales.

La voix porteuse du verbe, se fait entendre, c’est celle du cœur.

C’est la voie du cœur.

J’ai dit ! Au diadème de la mère du monde vous êtes les diamants éternels.

Vos cœurs en sont capteurs et diffuseurs, dans l’incarnation.

Au diadème de la mère du monde vous êtes les perles d’orient, matrices de lumière en leurs sphères symboliques, qui roulent du diadème au sol, dans la disponibilité maternelle de toute créativité.

À ces diamants et perles réunis, la synthèse des lumières solaire et lunaire aboutit, dans l’incarnation, à la maîtrise opérative de la quatrième initiation, deuxième de la hiérarchie.

l’extériorisation de la hiérarchie est le dépôt, au sol de l’incarnation, du diadème de la mère du monde, ciselé et porté, en celui dont rien ne peut être dit, offert et donné, en sa luminescence, a l’humanité tout entière, par l’intermédiaire des maîtres en incarnation.

Chaque cœur est dépositaire d’un diamant éternel, fécondant la matrice d’une perle rare.

Chacun, en conscience de groupe porte au monde sa responsabilité du diadème couronnant la.

Mère du monde.

Chacun, en conscience de groupe, est père, mère, enfant christ, accouché et accoucheur de l’évolution humaine, en lui-même, et avec tous.

De ce processus énergétique sublime, vous êtes les artisans – et nous vous assistons en amour, en sagesse et en énergie pour le bien général.

J’ai dit !  Pour toit l’infinité, pour cloisons l’espace, pour fondations le temps, pour fenêtres la VIE UNE, pour environnement la mobilité en celui dont rien ne peut être dit, telle est la demeure cristalline de la mère du monde, ce palais dont vous êtes les hôtes, ce château dont chaque cœur ouvert est châtelain.

Au risque de vous méprendre, cette demeure est un état cosmique, au mouvement duquel les cœurs ouverts se dissolvent en unification permanente, créant aux battements oubliés, le rythme cadencé de l’approche de la mère du monde vers l’humanité.

Le ciel le plus pur est aux regards humains un écran opaque qui masque, en sa transparence, le secret dévoilé de la mère du monde en son domaine énergétique.

Au carrefour de l’absolu chacun peut en trouver, par le cœur, le chemin lumineux que des voiles translucides tracent dans leur vol léger vers l’humanité.

Les sillons rayonnants et purs que parvient à en capter la conscience de groupe éclairent le tunnel sombre des illusions mentales que chacun forge à ses fantasmes.

Du relatif à l’absolu, l’ouverture du cœur passe un cap décisif en inscrivant, aux feux des centres énergétiques, la montée de Kundalini aux spasmes physiques que les sécrétions glandulaires imposent au système nerveux sursensibilisé.

Au carrefour de l’absolu, les feux se mêlent, harmonisant à la montée énergétique ce que les battements du cœur physique scandent à la vie du corps.

A cette levée énergétique fulgurante qui bouscule les organes et leurs fonctions, la mère du monde est présente en ses voiles soulevés, abandonnés qui ne cachent plus au cœur ouvert que ce qu’elle n’était pas.

Dans ces vertiges inquiétants que vibre le corps physique, les corps subtils s’abandonnent enfin, libérant à l’angoisse de l’inconnu un processus qui se familiarise en ses fonctionnements énergétiques etonnants avec le maître qui, dans l’incarnation, s’accouche de christ.

A ces coups sourds que le corps accuse en tout enfantement, la joie bientôt, délivrée d’elle-même, balaye les obscurations que l’outil du mental, au début, s’oublie à refaire tel un tic mécanique qui resurgit dans la difficulté matérielle à être.

Difficulté physiologique d’adaptation qui résout ses conflits douloureux dans la connaissance qui s’inscrit au corps physique en mouvements de feu brûlant d’illumination.

Aux notes de la demeure cristalline de la mère du monde dont l’expérience se fait au sein du corps féminin du maître qui en réceptionne la résonance, est délivrée la réalité du projet divin dans sa globalité accessible en celui dont rien ne peut être dit.

À la seconde conceptive dont les cellules deviennent matrices, le cœur ouvert, éclaté d’infinité, n’est plus que vaste écho en prolongement divin dont la trace sonore, intensifiée de verbe, donne au plan une réalité objective.

À cette flèche énergétique vécue et réceptionnée dans le corps physique Kundalini est intimement liée.

À la fois cascade et jet d’eau, elle se déverse en se dressant, inondant l’espace physique limité en ablutions purifiantes que les corps aspergés du maître vont ressourcer pour l’humanité.

À cette douche salvatrice, les sept rayons participent, diffusant en synthèse ce que l’énergie accomplira dans l’incarnation.

C’est ainsi que se déploient petit à petit, en chaque corps physique féminin des maîtres, les plis somptueux qui ornent la mère du monde en ses énergies créatrices fécondées par celui dont rien ne peut être dit.

C’est au chant de ces voix muettes disant le verbe que se reconnaît le cœur dans l’écho désormais acquis de son ouverture.

Cœur après cœur, c’est ce choeur qu’exprime dans l’incarnation l’extériorisation de la hiérarchie, c’est à ce choeur qu’il faut vous joindre, c’est en lui que se portent les notes individuelles formant la conscience de groupe.

Quand la résidence devient un etat en soi et que le maître en incarnation, peut demeurer en lui-même, se ménageant des plages de solitude auxquelles son cœur ouvert dépose au service ce qu’il y a de juste et de bon, de beau et de vrai dans la parole et l’action, alors, la demeure cristalline de la mère du monde est à l’ouverture du cœur ce que la lumière est à l’espace.

Dans le joyeux retour d’une aube qui se donne, antenne de Shamballa et maillon de la chaîne christique de la hiérarchie, le maître dans son corps féminin, ouvre la cellule à l’espace, corps utérin en transparence de temps, pour un passage dans l’incarnation consacré à la rédemption dont elle devient le creuset bouillant.

Le feu reçu, apprivoisé, diffusé, glorifié au cœur christique, brûle désormais à la flamme eternel d’un corps humain qui pour n’être pas un principe devient l’expression parfaite de l’intégration divine accomplie.

Mais toute la poésie du monde, dont l’énergie vibrante de Shamballa sculpte chaque syllabe n’effacera jamais les tempêtes énergétiques que connaît sur le plan physique le corps d’un maître féminin.

A ces déplacements insolites qui poussent les organes et libèrent les rotations rapides des centres, il faut, parfois, sur le plan physique, une bonne dose de courage pour en supporter allègrement les inconvénients.

Lorsque Kundalini s’élève comme un bouclier interne, protégeant le passage transmetteur de conscience à conscience des maîtres, les intestins secoués, l’estomac retourné, bloquant le pylore et coupant, à la fois, l’appétit et la digestion, les sensations glaciales au niveau du sacrum poussé, malmené, et des vertèbres qui, jusqu’aux cervicales sont ébranlées, tous ces signes, inattendus, inconnus, tangibles et extrêmement sensibles au système nerveux, sont inquiétants d’abord à la responsabilité du maître qui porte une attention extrême à ses véhicules afin de les maintenir purs et propres aux processus énergétiques en permanence de mobilité sur tous les plans.

Ce qui se place est plus important que ce qui est déplacé au corps physique, et l’un ne va pas sans l’autre.

Puis le maître s’y habitue et le corps prend ses propres repères physiologiques, bien que douloureux et étranges, le maître s’en accommode et comprend en l’expérimentant ce qui est à éviter, à faire, à reposer ou à aérer.

Ces signes se situent sur le seuil initiatique séparant la quatrième et la cinquième initiations.

Le cœur est donc ouvert et christ apprend à vivre dans le corps physique qui l’abrite.

Ces deux passages initiatiques sont, en fait, la seconde et la troisième initiations hiérarchiques.

C’est encore sur ce seuil initiatique, les séparant, que le maître en incarnation, qui continue un travail purificateur du plan mental et a accès aux intériorités, nous l’avons souligné, se débarrasse peu à peu des effets dévastateurs tels que maux de tête et indigestions psychiques qu’il a rencontrés sur le seuil initiatique précédent.

Il en a encore, mais de moins en moins douloureux, parce que Kundalini, qui s’exprime de plus en plus, en protégeant le couloir de transmission hiérarchique, épargne au corps physique ces inconvénients.

Le travail d’intériorité à intériorité se fait donc plus en souplesse sur le plan énergétique, où les forces négatives sont plus vite absorbées par les véhicules en action.

Tous ces inconvénients objectivement pénibles, le sont d’autant plus que toute douleur dans le corps physique est liée à l’idée de maladie.

Il est donc clair qu’avant d’en avoir compris la portée uniquement énergétique, pour bien en accompagner l’évolution, la progression, le maître, en période d’adaptation, connaît forcément des inquiétudes.

C’est pourquoi cette phase d’enseignement est donnée, afin de faciliter ces adaptations et d’en repérer rapidement les causes.

Ce qui précède pourrait être défini comme le fardeau énergétique que porte, dans l’incarnation, le maître.

Il est inévitable et tous les maîtres, choisissant le retour au sentier des sauveurs du monde par la voie de la naissance, connaissent et connaîtront ce fardeau.

Il est donc bon d’en être informé afin de détecter les signes pour mieux les assumer.

Il est certain que tous ces travaux menés de front, sur tous les plans par le maître en incarnation font de sa responsabilité un engagement total, sans faille, au service du plan.

Toutes les contingences humaines s’y greffant ne sont jamais des priorités, sa seule priorité étant hiérarchique.

C’est ce qui amène le maître en incarnation a certaines décisions incompréhensibles du point de vue des gens qui l’entourent et se méprennent forcément sur ses actes toujours alignés sur la conscience de groupe, dans la partie invisible du plan qu’il, elle, sert envers et contre tout et tous.

C’est ainsi que le maître en incarnation devient, peu à peu, face aux réactions l’entourant, aussi imperméable qu’un ciré breton ! À cela vous devez être sensibles.

De cela vous devez être conscients.

Car ce fardeau énergétique porté par le maître en incarnation, devrait de plus en plus être assumé en conscience de groupe.

Ce n’est déjà pas si aisé à vivre, autant que ce fardeau devienne rapidement une responsabilité de groupe.

Cette responsabilité de groupe doit primer à la conscience individuelle de tout disciple au service du plan.

Cette réalité occulte doit prendre corps objectivement.

C’est votre façon, à vous disciples, d’enfanter au plan physique, une partie des énergies christiques en précipitation.

A la fébrilité momentanée du maître en incarnation sur le plan physique, correspond tout un enchaînement de faits occultes qui ont leurs racines dans l’oeil sans iris de la mère du monde a cette fébrilité, à ces faits, tout disciple est tenu d’être attentif et, en collaborateur conscient du plan, il doit participer en conscience de groupe aux démarches concrètes du groupe global de base.

La fleur énergétique des rayons, exprimée sur le plan physique de l’incarnation, s’épanouit maintenant grâce à l’extériorisation de la hiérarchie.

En conscience de groupe, vous êtes responsables de la bonne diffusion de son parfum subtil.

Mon ashram, en ses énergies de premier rayon, est le vase, l’eau et la fleur qui ornent le cœur de chacun, du centre à sa périphérie.

La beauté spirituelle qui apparaît au plan physique des affaires du monde, parallèle et résultant de l’approche de la mère du monde est expression catalysante du plan au service duquel tout disciple conscient participe.

Que ce soit le mieux possible, sans perdre de vue, à aucun instant, l’ouverture du cœur vers laquelle vous tendez tous.

La conscience de groupe est un bouquet que la mère du monde offre à l’humanité dans son approche du plan physique.

Chacun de vous, disciples, en est une note essentielle dont la teinte doit se fondre à l’ensemble pour en compléter la beauté.

À ce parfum, les traces du verbe, dissoutes à l’ouverture du cœur, prennent leurs expressions aux formulations des parties du plan qui s’extériorisent.

À ce processus nul n’est étranger, de cette globalité, nul n’est exclu.

C’est en respirant à pleins poumons ce qui vous échoit que l’oeuvre, dans son ensemble, s’accomplit.

Les dissociations trompeuses que suggèrent au discernement les reliefs, mettant en valeur les lumières objectives du mental, ne peuvent en aucun cas éclairer de quelque façon que ce soit, les réalités occultes dont il est question ici.

C’est pourquoi il faut que s’épanouisse la conscience de groupe, dans la confiance christique des énergies disponibles que polarise, en son cœur ouvert, le maître en incarnation.

Tous les doutes sont du domaine mental.

À la certitude énergétique, rien ne peut s’opposer.

C’est la seule «raison valable» qui passe par le cœur et l’écoute intérieure.

Il est bien entendu qu’à se tromper on avance.

Mais les duperies ont la vie longue à qui se trompe car, en général, le mental s’accroche aux erreurs.

Alors que si une duperie est suivie par la confiance d’un cœur en aspiration, elle ne peut persister, le cœur seul est apte à rétablir une situation à laquelle le mental s’enferre toujours.

En bref, il vaut mieux se tromper avec son cœur qu’avec son mental.

Avis aux disciples de bonne volonté ! Les erreurs du cœur ne sont que des erreurs, utiles à l’expérience et à l’évolution.

Les tromperies du mental sont fâcheuses car elles enlisent les pas sur le chemin de l’évolution.

En ces tricheries-là, pièges du mental vous vous trompez et vous trompez les autres.

Alors que les erreurs apprennent au cœur les failles à éviter, en général, elles ne concernent que vous et c’est une bonne façon de se remettre en question.

La remise en question est presque impossible au mental qui la refuse avec toutes les forces apparemment lumineuses qu’il a construites et dont il se persuade.

L’humilité seule peut vous aider à surmonter cet orgueil spirituel que le cœur ne connaît pas.

Avis ! Avis ! Avis ! Si j’insiste ainsi, c’est que tout ce que vous allez rencontrer dans l’incarnation ayant trait à l’extériorisation de la hiérarchie peut troubler.

Et vous savez bien que pour la conscience objective, dans l’incarnation, seule la vérité est incroyable ! Alors je vous en prie, apprenez à ecouter avec le cœur.

Le cœur ouvert en christ, s’élargit encore en celui dont rien ne peut être dit d’où, l’ouverture, fécondée, s’absorbe en la mère du monde, devenant ainsi le chemin d’approche de la mère vers l’humanité.

C’est au corps féminin du maître que l’ouverture du cœur, fécondée, va trouver en ses attributs, l’expression globale de la moindre cellule spiritualisée aux vibrations de hautes fréquences qui vont permettre à la mère du monde de dévoiler sa face au point d’immerger, à l’ouverture du cœur, son oeil sans iris, fenêtre infinie sur celui dont rien ne peut être dit.

les capacités physiologiques réceptives du corps féminin en font le mutant spirituellement charnel de l’aube de ce XXIe siècle où, prenant toute l’ampleur de son expression physiquement spirituelle, il fera le réservoir et l’arrosoir en celui dont rien ne peut être dit, de l’oeil sans iris de la mère du monde, récepteur-émetteur des plus fortes énergies en provenance de Shamballa et au-delà, pour le plan, dans l’incarnation.

Les mentalités seront bouleversées par tous ces travaux respiritualisants s’installant aux corps mêmes des maillons de la chaîne humaine.

La femme-christ est, au présent, le devenir le plus sûr de l’humanité vers sa source originelle exprimable dans l’incarnation.

les processus humains sexuels, psychologiques, spirituels, voire religieux et autres, sont les travaux d’approche unifiants qui poussent l’être humain, à travers ses propres obscurations, vers la lumière qu’il reconnaît d’abord d’un regard extérieur, avant de prendre conscience intérieurement, qu’un oeil sans iris est la voie d’aller et retour fécondant son propre accomplissement dans l’incarnation.

c’est à cette prise de conscience ou devrais-je dire, prise de perceptivité du cœur, que se doit l’appel invocatoire de l’humanité qui a motivé la réponse de l’extériorisation de la hiérarchie, actuellement en cours où les maîtres en incarnation féminins ont un lourd travail de digestion énergétique qui en fait cellulairement, physiquement, des mutantes, pionnières de l’être humain spirituel.

Si chaque être humain devenu maître doit passer par-delà les rives sacrées de Shamballa, continuant la voie initiatique commencée bien des vies avant, le cheminement lentement planifié de la mère du monde se fait en sens inverse, elle parvient au monde et à tous, de par-delà Shamballa, dont les rives sacrées sont protégées par les voiles superposés sur sa face divine.

C’est au diamètre invisible de cette circonférence cosmiquement eclatée qui touche la planète terre, en englobant toutes celles du système solaire et d’autres, que se font les cheminements complémentaires de l’évolution humaine et de l’avancée de la mère vers le monde.

Si l’homme (la femme) doit, comme les traditions shamaniques le disent, entrer dans la terre pour en ressortir l’âme forte et trempée aux forces les plus sombres qu’il (elle) transforme en lui-même, ressortant de la planète, il (elle) va à la rencontre des énergies les plus hautes via la hiérarchie, Shamballa et au-delà, sur la trajectoire montante qui est la descente de la mère au monde.

La mère du monde qui va déposer au sol terrestre ses voiles, un à un, dans le dépouillement de ceux qui vont à sa rencontre, voile dont la lumière va s’imbiber au sol terrestre, et par là-même, rendre accessible le passage nécessaire de l’homme (la femme) par le centre opaque de la terre-mère dont la matrice négativement[3] féconde, va enfanter en ses entrailles de perdition, l’âme lumineuse qui se dégage enfin de ce plasma Chaotique dont l’ordre est sans nul doute divin, tant il faut de force energétique à ceux qui prétendent un jour à l’au-delà Shamballa.

Dans la neige ardente, transformée en glace, le disciple doit de son âme forte, percer la couche polaire nord pour commencer le périple souterrain de l’évolution vers la lumière.

Ce passage du nord correspond au seuil initiatique entre la deuxième initiation et la troisième ou première initiation hiérarchique; au centre de la terre le disciple en lutte énergétique passe le premier degré hiérarchique, infusant aux entrailles de la matière la lumière transfigurante que les frères de l’ombre, tapis dans l’attente récupérative, ne réussissent pas à dérober à l’âme christique en retour.

Puis du centre de la terre noircie aux pulsions des forces  mentales lumineuses qui n’éclairent qu’elles-mêmes, le disciple, après la confrontation aux frères noirs, aborde du centre au pôle sud, la montée initiatique purifiante du groupe humain de l’humanité tout entière, duquel il est le serviteur, pour déboucher, après le seuil initiatique du premier degré hiérarchique à la deuxième ou quatrième initiation, au plein sud, polarité de lumière acquise aux entrailles mêmes de la matière.

Premier et deuxième degrés initiatiques hiérarchiques sont intimement liés à la densité des plans émotionnel dépassé, et mental digéré, intégrés par l’âme du disciple qui va ensuite, au plein sud, rencontrer les énergies de la mère du monde, pour en saisir les voiles, un à un.

Ces lumières impalpables à la masse des hommes et femmes sont alors digérées par les véhicules du maître qui, en incarnation, va enfanter au corps de ses cellules, la lumière synthétique des rives sacrées de Shamballa pour les communiquer du plein sud, jusqu’au nord, en flèches lumineuses, à l’arc tendu par l’ashram de premier rayon, en charge de la progression évolutive sur les plans occultes.

Voyez que du degré initiatique correspondant au gel des émotions, jusqu’au centre de la terre, correspondant au premier degré hiérarchique, puis de ce centre jusqu’au plein sud du quatrième degré, où le disciple maître en incarnation se trouve, opérationnel énergétiquement, les pieds sur terre, en christ actif, l’inversement des pôles du point de vue humain intensifie le trajet initiatique de la roue du zodiaque renversée qui, en bélier, inverse le processus des plans intérieurs de l’évolution.

 C’est pourquoi, le sud se trouve en haut, sur ce diamètre cosmique inversant lespôles terrestres, en synthèse de lumière hiérarchique vers Shamballa, sur l’axe de descente de la mère du monde.

Puis-je vous demander, ici, une réflexion profonde sur ce qui vient d’être exposé, avec le support du diagramme pour en clarifier les lignes ?

Remarquez que l’est ainsi déplacé dans la roue inversée de l’évolution initiatique se trouve symboliquement à gauche, et l’ouest à droite[4] ce qui signifie que la lumière a nettoyé les plans subjectifs de l’inconscient qui n’est plus qu’émission synthétique de lumière active, tandis que l’ouest, se couche sur le côté droit, symbole de l’objectivité qui du coup, passe pour le maître au-dessous du seuil de la conscience objective, ceci le rend clairvoyant en permanence, donc apte en conscience et, en lumière, a la haute initiation qui va suivre, vers les rives de Shamballa et au-delà.

Ce renversement global de l’évolution sur le trajet hiérarchique est ainsi totalement lié à la descente de la mère vers le monde, dont le maître en incarnation va être, au sol, le médiateur indispensable.

Ce renversement de la roue zodiacale de l’évolution, inversée par les processus énergétiques mis en action par les véhicules du maître en incarnation doit être, ici, compris et objectivé, rendant concrète et opérative, l’approche mentale, abstraite, jusqu’à présent, proposée dans la phase précédente de l’enseignement.

D’après la clarté faite sur le trajet, à l’aide du diagramme, remarquez que le sixième degré ou quatrième de la hiérarchie, ne peut s’exprimer au sol de la planète que par la quatrième initiation, deuxième degré hiérarchique.

Ce qui indique parfaitement que la conscience objectivée par le maître en incarnation peut par moments, occulter les degrés supérieurs.

Il en est ainsi en ce début d’extériorisation de la hiérarchie, ce qui n’empêche qu’au sol de l’incarnation, le maître est tout de même opératif des cinquième et sixième degré sur les plans occultes liés à l’extériorisation.

Puis-je vous demander de dégager par vous-même, intuitivement, ce qu’il advient des cinquième et sixième degrés du point de vue des travaux hiérarchiques du maître en incarnation.

Ce dernier témoignera et vous y aidera, mais une réflexion de votre part à ce propos, devrait précéder son témoignage.

Avant d’être objectivé, toute réalité subjective doit être appréhendée intuitivement à la lumière de l’enseignement donné.

C’est ce que je vous demande de faire.

C’est ainsi que vous apportez, individuellement, vos énergies, en conscience de groupe à la juste objectivation de la conscience humaine, encore imperméable à ces notions élevées.

Seule la traversée par le centre de la terre rend individuellement perméable aux plus hautes énergies en provenance de Shamballa.

En notant l’emplacement de l’ashram du christ, la hiérarchie, sur le diagramme, vous pouvez comprendre de par sa place le chemin initiatique à parcourir entre le centre de la terre et Shamballa, et la place effective du maître en incarnation dès le premier degré hiérarchique et au-delà.

Et cette place mérite aussi réflexion.

Pour appréhender juste, il faut visionner juste et ce diagramme vous y aidera.

La conscience du groupe global ne peut émerger juste qu’après le passage par le centre de la terre.

C’est donc le maître en incarnation qui va la polariser pour le groupe global.[5]

l’approche synthétique, en conscience de groupe, pour les disciples participant à des degrés d’évolution différents à l’extériorisation de la hiérarchie, est capitale pour les travaux en cours.

C’est un tournant décisif en regard de l’évolution de l’humanité tout entière dont chacun est responsable sur le plan physique.

La concrétisation par l’objectivation juste est une tâche commune qui vous revient, en conscience de groupe, afin d’épauler, au mieux les travaux hiérarchiques dans leur accomplissement.

Sans oublier que le maître en incarnation pivot du groupe global a besoin de l’aide de chacun pour ce projet collectif qui prend corps actuellement.

La mobilisation actuelle, de Shamballa et de la hiérarchie, est la concrétisation énergétique, par la mère, de l’enfantement des plus hautes énergies, en celui dont rien ne peut être dit, au monde.

Cet échange énergétique, subtilement dosé par les véhicules de chacun et des maîtres en incarnation dans des corps féminins, en particulier, est l’objectif actuel confié à l’extériorisation de la hiérarchie, pour le devenir christique de l’humanité.

L’enjeu, capital, est déposé au pôle sud de l’inversion de la roue évolutive, à l’ouverture du cœur, opérative chez le maître en incarnation de deuxième degré hiérarchique.

A vous tous, en conscience de groupe, d’y adhérer.

Le sixième degré, quatrième hiérarchique, est le stade d’intuition absorbée en celui dont rien ne peut être dit, donnant accès aux voiles de la mère du monde par la lumière synthétisée de l’enfantement du christ cosmique par les véhicules du maître en incarnation opératif.

À cette intuition absorbée, le plan mental n’existe plus, en soi, il n’est que l’outil ponctuel, au service du maître dans l’incarnation, pour la médiation objective de l’extériorisation de la hiérarchie, dont il témoigne.

Le plan mental désormais est un couloir énergétique incandescent sensible essentiellement à la lumière de la synthèse.

Cette vérité occulte est un des piliers de l’extériorisation au monde de la mère par les maîtres en incarnation en charge d’extériorisation, AVEC VOTRE AIDE.

J’ai dit !

 

Dans l’incandescence lumineuse du couloir mental ainsi créé par les maîtres en incarnation, la joie s’inscrit aux lettres de feu du premier rayon en action, sur le plan physique.

À chacun d’en réceptionner la clarté tranchante, inaccessible aux personnalités pour lesquelles l’inversion de la roue évolutive n’est qu’une abstraction.

C’est l’abstraction d’un concept qui installe le doute au plan mental et induit le disciple dans l’erreur du mauvais choix.

Au disciple qui en prend conscience, l’éveil est toujours douloureux.

Encore faut-il qu’il en prenne conscience ! De cet éveil, la conscience de groupe est en attente, prête à intégrer l’apport individuel qui en résultera et dont le maître en incarnation, transformera, en ses véhicules, l’essai en réalité, energétiquement, sur les plans intérieurs, facilitant ainsi l’amorce de l’intégration en conscience de groupe, du disciple.

Aux joies que cette aube intermédiaire de l’humanité en devenir va libérer de christ, en christ, la réalité objective des disciples sur terre, ne peut manquer d’être touchée.

Vous les reconnaîtrez à leur empressement spirituel confiant que cette réalité divine attirera comme un aimant.

Aux autres, le travail sera long et pénible, pour se sortir des influences négatives dont ils sont les jouets inconscients.

À tous pourtant les énergies sont présentes et accessibles.

A chacun, c’est quand le mental se tait que la lumière christique apparaît dans toute sa beauté.

 

À la réalité de cette utopie qui se concrétise, le disciple appose le sceau humain de son intuition dans la sûreté de son choix face à l’extériorisation de la hiérarchie, aux maîtres en incarnation, et aux travaux du Plan.

 

Où en êtes-vous ?

 

Au bleu de la densité d’un ciel méditerranéen que le regard explore, il n’est possible de cerner aucune limite.

L’oeil le plus scrutateur n’est qu’un relais mécanique aux capacités humaines.

Porteur d’une vision partielle qui applique ses règles réductrices à tout ce qui est vu, le regard devient l’écran humain d’une partie de l’émission cosmique dont l’espace se joue aux illusions d’optique de l’oeil le plus exercé.

Le cœur, lui, développe par son ouverture, les possibilités infinies de l’oeil sans iris de la mère du monde, à la fois, matrice existentielle et esprit fluide, auxquels les mouvements de la VIE UNE déferlent en vagues libératrices de formes, aux bouquets créatifs de celui dont rien ne peut être dit.

À l’oeil, préférez le regard du cœur qui, bien que privé d’iris, donne au divin toutes ses chances de réussite humaine et à l’humain toutes ses chances d’application divine par l’accomplissement en christ.

Lorsqu’enfin l’oeil est devenu la fenêtre du monde, admirez en son iris formel, la couleur que lui prêtent les gênes héréditaires, le symbole en est si beau.

Sans vous y laisser prendre cependant.

Car si vous vous fiez simplement au regard, qu’il soit regardé ou regardant, vous risquez les ecueils que l’apparence tend aux pièges de l’âme.

Là encore, préférez le regard du cœur, lui seul, capable de déceler l’iris inexistant, aura la vision juste malgré l’éclat trompeur.

La mère du monde est reconnaissable au cœur, c’est en lui qu’elle trouve, aux corps physiques des maîtres, l’espace utérin de l’ouverture en christ, auquel elle peut enfanter les cellules de principe christique, amenant l’incarnation à sa pleine expression divine.

C’est ainsi que le corps du maître en incarnation temple de celui dont rien ne peut être dit, n’est plus que demeure en etat de christ cosmique incarné.

Si l’image est belle, la réalité est encore plus déterminante de beauté.

Une parcelle de vérité s’exprime et la synthèse apparaît au monde des hommes.

Cela signifie une authenticité désintéressée qui n’admettra et ne s’impliquera, jamais, à la moindre compromission.

La pureté ici est de cristal limpide, de même que la clarté intérieure qui en est le reflet immédiat.

Quant au corps physique les abritant, il devient l’instrument fiable des plus hautes énergies créatives disponibles, collaborateur-créateur de la joie, de l’amour et de la rédemption.

Rédemption de la chair au verbe incarné, la mère du monde s’enfante aux maîtres récepteurs qui en emettent la volonté divine en puissance d’amour pour le bien général.

À ces processus énergétiques en pleine accélération, vous participez, en conscience de groupe, parce que vous servez.

sur le plan humain de l’incarnation, le choix, avant d’être la faculté de l’âme en expression, n’est rien qu’un méli-mélo psychologico-tentateur de désir, de plaisir, de doute, mal assumés et de logique mal interprétée par les nombreux problèmes qui en entravent les décisions troublées.

Les facultés de l’âme ne sont opératives et justes que filtrées, absorbées, unifiées par l’ouverture du cœur qui en un second temps devient le passage privilégié des hautes énergies qu’impose la descente de la mère du monde.

Pour y collaborer, en réels serviteurs du plan, tendez vers l’ouverture du cœur.

En mal de sentiments, le cœur humain est une porte à déverrouiller sur l’arrivée inexorable de la mère au monde.

Le XXIe siècle est en puissance, celui du cœur ouvert.

Il faut y trouver l’identité juste de chacun, en conscience de groupe, et dans les énergies christiques en demande d’extériorisation.

A la complexité de l’ambiguïté energétique, les véhicules mal orientés verrouillent au mental des certitudes inexistantes.

Le doute est toujours de la partie.

Au plein sud de la deuxième initiation hiérarchique, le doute, balayé à jamais, efface l’ambiguïté et les véhicules opérationnels du maître résolvent dans l’incarnation, tous les problèmes énergétiques rencontrés.

La problématique du maître dans l’incarnation n’est plus qu’énergétique, et c’est à vous tous, entre autres, qu’il la doit ! Dans l’incarnation l’adaptation energétique des véhicules du maître se fait par palier.

A chaque palier, les cervicales et le sacrum accusent les a-coups énergétiques et en souffrent.

L’adaptation se fait entre ces deux extrémités, sur le parcours energétique des centres dont l’harmonisation, à chaque fois, s’équilibre au mieux.

L’afflux trouve énergétiquement son orientation juste dans les corps où l’énergie, opérative, installe les prérogatives du moment.

Chaque palier est une découverte etonnante au corps physique du maître.

L’extériorisation de la hiérarchie est une adaptation énergétique à grande échelle qui passe par les véhicules offerts au service par le maître en incarnation.

Ce processus rejaillit sur chacun de vous tous et la conscience de groupe en bénéficie largement.

Aux fluorescences, visibles par le cœur, que le maître en incarnation dépose au sol, vous pouvez suivre le juste trajet hiérarchique.

La lumière du dessein qu’il connaît y est présente ainsi que les parties du puzzle dont le plan est fait.

Mais ces fluorescences sont aux disciples ce que les cailloux du petit poucet sont au conte.

Discernez avec le cœur.

Sachez que toute surprise court-circuite le mental, l’étincelle qu’elle produit s’adresse au cœur directement.

Dommage que cette lumière naissante soit souvent récupérée à son détriment par le mental récidivant .

Dans la douleur captive des émotions rentrées, la symbolique de la psyché tourne sur elle-même comme une roue folle.

Cette rotation énergétique puissante doit être renversée, ralentie, comprise et activée à la juste accélération des energies christiques.

Seul le cœur peut en être le pivot moteur.

À tout stade de l’évolution, le cœur est la base essentielle.

Prenez vos assises sur cette base divine dont l’ouverture est au divin la plus fiable des promesses.

Juste et clair.

Pour vous, à qui, à quoi s’appliquent ces deux mots ? Compte tenu du fait qu’ils sont indissociables .

La dévotion est un pas vers le divin, appliquée non à quelqu’un mais à l’essentiel, comme une démarche de vie une au sein des formes.

Tout retard est un impondérable qui s’applique à la forme et non à l’essentiel.

Mieux vaut tarder à faire qu’à être.

Toute action doit être l’accomplissement de l’état acquis, quel qu’en soit le domaine de l’expression.

Mais ne traînez pas pour autant.

Plus l’action est juste, plus sa précipitation au monde des formes est accélérée par l’aboutissement du mouvement de la VIE UNE qui la caractérise.

L’intemporalité est au temps ce que l’espace est à la forme.

Une vastitude créative, en suspens, mobile aux énergies et docile au divin dont le maître en incarnation connaît le temps et l’heure.

Ce qui en atterrit dans l’incarnation est au plan ce que le plan est à l’humanité.

Tout projet temporel est à l’amour en action une forme définie dont les limites seront dépassées.

À tout dépassement une forme meurt, libérant l’essentiel du projet initial vers une autre forme plus adaptée au moment.

Cette constance n’est identifiable que par le cœur ouvert.

Il est un temps où l’ivresse est liée à la vue du flacon, puis c’est le contenant qui la provoque et enfin lorsque contenant et contenu sont explorés par la vue et le goût, rassasiés, les sens peuvent ou s’en détacher ou s’y attacher.

Ce moment critique est au libre arbitre ce que la volonté est au non-soi, hésitante.

A ce passage, contenant et contenu sont extérieurs à l’homme, la femme.

Mais quand le flacon et son contenu sont formels et à la fois intérieurs à l’homme, que l’essentiel est nectar divin, alors l’ivresse n’est plus que divine.

Ce passage fait de l’homme, la femme, un, une mystique.

De l’analyse empirique énergétique des contenants et contenus naîtra l’ésotériste en puissance, capable de libérer l’essentiel de la forme tout en utilisant la forme au service de l’essentiel.

Du maître en incarnation, contenant, contenu et essentiel, en sont l’expression énergétique sur le plan physique.

Aux nectars, aux lignes, aux volumes, aux nuances, à toutes ces beautés que la vie porte à vos sens, où se situe ce que par extension vous nommez le goût ? Pourquoi certains d’entre eux font-ils l’unanimité ? y-a-t-il vraiment unanimité ? Et pourquoi ce qu’en leurs sens certains reçoivent en pure beauté n’est-il pour d’autres que banalité ? Pourquoi cette attraction ou ce rejet, provoqué par ou déterminant le goût ? Il y a là matière à réflexion sur la beauté, sur le plaisir, sur le désir, sur le goût et ses divergences, sur le mental, le cœur, l’âme et tout un monde énergétique sous-jacent à toute forme, qui en polit ou en écorche l’image, donnant aux symboles le masque clair de l’apparence trompeuse.

Le tout, à la fois associé et uni, dissocié et séparé de l’homme et de ce qui l’entoure, de son regard et de sa vue, dans un cocktail qui, de cérébral ou de cœur, est mélangé, concocté et bu par lui et lui seul.

Et du flacon à l’ivresse, de la forme à l’essence, du corps à l’âme…

Vous pouvez voyager de malentendus en aveuglements, chargeant l’âme des lourds bagages du non-soi, epanouissant la personnalité en assurance de béquilles en or massif que des certitudes mal venues alourdissent, tandis qu’elles brillent de plus en plus au soleil de l’ego.

A réfléchir, sans trop s’y apesantir, sur la beauté et le goût, tout cela, offert à l’objectivité devrait etre positif si le cœur, touché par l’incompréhensible, vibre déjà à des notes subtiles qui echappent à la raison et à ses références.

Il y a matière à voir clair en vous en posant au juste moment, le juste «pourquoi».

Les «comment» ne viennent qu’ensuite, lorsque, échappant aux beautés, vous vous engagez sur le chemin de la beauté.

Cet exercice sera profitable, il ne sera réussi et donc inutile que lorsque vous serez devenus le flacon, le contenu et l’ivresse, en un état synthétique indescriptible.

C’est là la pleine manifestation energétique sur le plan physique, et elle est divine.

Chacun peut voir un flacon, chacun peut en savoir, en connaître le contenu, chacun peut en respirer le parfum.

Quant à l’aimer ou pas, le processus précédent repart, à chacun d’en régler les harmonies intérieures, au diapason de l’essentiel.

Dans l’aube anéantie par les ruptures intérieures dont les conflits tapissent le sol de l’incarnation, la mère du monde, qui descend, s’efforce de trouver les corridors d’un passage energétique libre donnant accès à l’humanité pour l’enfantement de christ cosmique.

Les corps féminins des maîtres sont, physiquement, les corridors de contact les plus proches de tous qui, dans l’incarnation de l’extériorisation de la hiérarchie, offrent un libre passage au corps physique de la rédemption, au sein des cellules, et dans la réalisation en christ dont témoigne l’ouverture du cœur.

Ces maîtres féminins, dans tous les domaines, sur le plan physique, sont des médiateurs, enfantant en permanence, au monde des formes, la volonté divine projetée par le dessein qu’elles connaissent et servent en globalité, dans ses parties, mais toujours en synthèse.

Plus proches de la mère du monde que leurs frères, elles sont : corridor et voile, énergie et force, amour en christ, coupe et cristal, dans l’éclatement de leurs cellules en mutation, elles apportent aux hommes, leurs frères, leur potentiel actuel comme une possibilité future à tous d’enfanter, en christ, les expressions physiques divines les plus belles, y compris dans le corps, de et en celui dont rien ne peut être dit.

Tout voile peut dévoiler, tout corridor ouvert par le maître est de lumière.

Toute énergie est pure et sa projection, force ashramique, en relais de Shamballa.

Tout christ est amour.

Toute coupe est offerte et réceptive, tout cristal est transparent, clair, vibrant au moindre souffle.

C’est pourquoi les cellules, servant de support physique à toutes ces merveilles, sont forcément mutantes au monde des normes rencontrées dans l’incarnation.

Ce qui fait du maître ainsi décrit, un avant-poste de lumière, un flambeau de mon ashram ou d’un autre, un cœur béant d’infinité, une voix de la hiérarchie, la voie de christ incarné.

A chaque départ du monde physique la mère dépose le voile éternel de la VIE UNE aux regards mortels qui ne voient que deuil opaque et tristesse en souffrance.

Tout voile, ainsi déposé, est aux véhicules en partance, une borne lumineuse à suivre.

Repère ou découverte ? Au maître quittant l’incarnation, ce voile est le tapis volant de l’évolution.

Aux cieux invisibles qui l’accueillent l’arc-en-ciel des sept rayons en est l’ascension intime, aux rives émeraude-diamant qu’il dépasse, celui dont rien ne peut être dit est la frontière à laquelle il se trouve pour un retour pointu au monde, en sauveur.

La mère, utérine et cosmique est tapis volant, évolution, arc-en-ciel, frontière libératrice en celui dont rien ne peut être dit dont elle accouchera à nouveau, au monde, un sauveur en incarnation.

Gardez au cœur, en disciples, ces beautés que ne peut qu’effleurer le mental…

La nourriture du cœur est subtile et forte, puisqu’à sa digestion, sont comptées et assimilées les marches évolutives qu’il vous reste à franchir.

Sur quoi, en vous, se lève le jour et tombe la nuit ? Sur quoi, à qui, basez-vous vos jours et consacrez-vous vos nuits ? À ces réponses vous jugerez, par vous-mêmes de votre engagement dans les mondes subtils et physique du service.

Quand la mère du monde oeuvre en vous, le désir n’est plus qu’un accouplement intime en vous-même, avec vous-même, pour les autres et le bien général auquel vous pouvez donner naissance.

Quand vous vous ouvrez à cette descente de la mère du monde, les voiles successifs que vous en recevez vous dépouillent de vous-mêmes, au point de révéler au cœur une indépendance physique dans laquelle la libido n’a plus cours.

C’est alors qu’énergétiquement, l’autre n’est plus que l’aimant du service, exempt des attirances dont le sexe est dépendant.

Cette voie est en unification de la mère du monde, en celui dont rien ne peut être dit, et rien de physique ou de sexuel n’est plus dépendant des pulsions, mais acquis au monde energétique que vous servez en toute liberté.

Les maîtres en incarnation connaissent cette autonomie qui en font les relais énergétiquement purs de la hiérarchie, Shamballa et au-delà…

Au mot de «maître» je préfère christ.

En effet maître implique maîtrise.

Or il ne s’agit ici que d’un état dont la maîtrise, discipline acquise, passe au-dessous du seuil de la conscience.

La maîtrise est nécessaire aux degrés inférieurs comme aspiration, but et moyen.

Au maître la maîtrise est dépassée depuis longtemps, il s’agit ici du sixième degré.

Dans ce dépassement, l’état atteint est un seuil irréversible à la libido sur le plan physique, qui devient un attribut du corps, un moyen et plus rien d’autre.

Au maître en incarnation de s’en servir ou pas.

Les forces de la libido sont absorbées à jamais énergétiquement par les véhicules qui n’en dépendent plus.

Cette indépendance est propre au maître en incarnation de sixième degré auquel elle devient acquise, totale et irréversible.

Les effets pourront en être encore testés en cas de récapitulation initiatique.

De cela le maître témoignera.

A vous d’en tenter l’écoute juste, débarrassée de toute idée reçue ou de références à propos des maîtres.

C’est grâce à la mère du monde que se fait le mariage intérieur, cet enfantement intime en christ, qui permet l’autonomie totale du maître qui désormais, dans l’incarnation, n’est plus le jouet physique de pulsions dues à la libido.

Kundalini est à la mère du monde ce que la baguette de l’initiation est à l’initiateur.

Intime, intérieure, individuelle mais synthétique, ouvrant le cœur et la tête sur le bien général, l’humanité, le service avant tout, en priorité, dans l’amour en christ.

Pouvez-vous trouver un parallèle symbolique entre Kundalini et la baguette de l’initiation ? Il serait intéressant pour vous d’en examiner les similitudes eventuelles.

Il y en a de certaines.

Les trouvez-vous ? Une avancée statique dont le tapis rouge est déroulé, vers le haut, par la conscience de groupe, telle pourrait être l’image symbolique de la descente vers le monde, de la mère.

La synthèse ne bouge pas, elle est absorbée en partie par les consciences aptes à en reconnaître les parcelles accessibles mais le tout, absolument, est là, a portée de cœur ouvert, de conscience de groupe, de conscience individuelle et de masse.

Cet état enveloppant est celui de la mère du monde qui, elle, ne fait qu’épanouir, aux formes, la sous-jacence énergétique qui en libère les contours à la gloire de celui dont rien ne peut être dit.

C’est cette éclosion, qui ne peut se passer de la polarité féminine indispensable de la synthèse, dont la mère du monde est gardienne en celui dont rien ne peut être dit.

Les maîtres en incarnation dans des corps féminins y sont directement reliés sur la base physique de l’extériorisation de la hiérarchie.

Si on peut dire que l’enfant est la formulation génétique, charnelle de la synthèse des polarités yin et yang, féminine et masculine de ses parents, par analogie, on peut dire que toute formulation exprimant, dans l’incarnation, les polarités yin, yang, créatives, négative, positive, féminine, masculine, spirituellement, charnellement incarnées, est une forme qui voit le jour – en synthèse de celui dont rien ne peut être dit avec la mère du monde – d’un etat christique exprimé.

En collaborant consciemment, energétiquement, à cette eclosion divine sur le plan physique, le maître, sur le plan physique, contribue à l’incarnation de christ au sang de sa chair, ainsi il libère le son du verbe et la parole peut être entendue par tous.

Bien que l’écoute, vous l’avez vu, se fasse par le cœur, la réalité physiquement vivante d’un tel processus impose aux mentalités encore hermétiques, des faits troublants dont le maître en incarnation est, au silence de dieu, le vecteur conscient.

En sagesse et en amour, il vit une vie d’homme, de femme, différente, semblable et donc etonnante dont l’exemple est aux spiritualistes à l’écoute, un phare hiérarchique projeté  directement sur les formes lumineuses du plan mental qui en perdent tout leur éclat, donnant à leurs reliefs les réalités opaques des ombres qui dominent encore.

Les remises en question de certains disciples méritent une attention particulière, les difficultés des pièges, à tous niveaux, sont pour eux des renversements terribles à assumer.

A percer l’ombre, à la digérer en tant que telle, consciemment, à en supporter tous les inconvénients, physiquement, spirituellement, mentalement, energétiquement le chemin, perclus d’embûches, sera très dur à la conscience troublée.

Mais la mère du monde a besoin d’une réceptivité accrue, sur le plan physique.

Les voiles dont elle se défait sont à la synthèse le pont arc-en-ciel d’un corridor énergétique spatial, à découvert, dont l’évidence est à certains, hélas ! Un paravent déployé par un rationalisme spirituel bêtifiant auquel aucune réponse ne peut être donnée ou reçue.

Dans la croix d’une bannière difficile à porter, les énergies de mon ashram sont déjà présentes et solidaires.

Le maître en incarnation devenu la flamme du flambeau n’est plus dépendant du porteur de flambeau dont il est la main, le cœur et l’ombre.

Car combien, se croyant aptes à porter ce flambeau, ne sont que des torches éteintes aux formes lumineuses du mental ?! A ces formes vivaces d’une lumière artificiellement maintenue, nous détectons des cœurs brouillards, perdus à ce que le sentiment ou l’ego en question, croit être de la séparativité et qui, en fait, n’est qu’incompatibilité occulte à saisir le flambeau du feu, que l’ashram de premier rayon oppose à ces lumières pâles du mental assuré.

Les secrets apparents de la mère du monde ne sont que voiles lumineusement translucides.

Aucun relief n’en accuse les lignes et seule l’ouverture du cœur y plonge en les réceptionnant.

De voile en formulation l’avancée statique parvient au monde sans quitter celui dont rien ne peut être dit en son état de synthèse absolue, qu’en émetteur, le verbe traduit aux travaux du maître, dans l’incarnation.

L’exultation s’installe au monde, dans les affaires humaines, par une avancée spectaculaire de la conscience, dont les hommes politiques seront les premières victimes.

Ils sont en charge des problèmes de la société et de sa gestion.

Entourés par des spécialistes dans tous les domaines, les cristallisations s’ancraient de plus en plus, séparant les peuples de l’etat, dans les pays les plus démocratiques.

Au chamboulement que permettent les élections, la conscience politique se perd en conjonctures, tentant de maintenir en donnant du lest.

Le pouvoir est menacé parce que la conscience s’exprime.

C’est une manifestation tangible de la conscience de groupe a laquelle des hommes, citoyens, sans profil politique sclérosant, adhèrent et expriment.

En France, voyez b.Tapie, b.Kouchner, a.Waechter, beaucoup de femmes les appuient dans leurs travaux.

La matrice est présente.

Gorbatchev, de klerk, dans d’autres pays, d’autres hommes.

La mutation politique est en cours.

Accompagnez-la.

Des voies nouvelles par de nouvelles voix, sont en train de prendre corps et de dévoiler des horizons nouveaux.

La mère du monde est présente à ce dévoilement qui est le sien.

Coopérez aux affaires du pays, chacun est responsable, chacun a la puissance énergétique des forces qui s’installent.

Consciemment, coopérez, en disciples, en ésotéristes, en citoyens.

Aux premières éclosions du printemps, lorsque les fleurs vous offrent leur beauté parfumée, dites-vous que d’autres fleurs, ecloses sur d’autres plans, installeront bientôt leur beauté énergétique aux yeux de tous.

À ces fleurs, vous êtes les graines terrestres, dans tous les domaines auxquels vous œuvrez.

Et que c’est, en conscience de groupe, que vous en diffuserez, individuellement, les parfums novateurs au monde.

A la croisée de ces chemins nouveaux dont la VIE UNE ne retient plus le souffle, ne songez plus au futur, bâtissez-le, dès à présent.

Le flambeau, temporel, est eternel en sa flamme, et son feu, intégré, est un acquis à l’humain en la personne des maîtres, dans l’incarnation.

Alimenté par la joie, entretenu par l’amour, rayonnant de volonté de puissance, absolu de synthèse, global en sa lumière émise, le feu, acquis aux maîtres est à l’humanité une chaleur favorable a l’éclosion.

Des graines en germeront, dont les racines profondes nourriront le sol humain, inondant de sève divine les fleurs, les plantes, les récoltes à venir.

Le cœur ouvert en est le puits, inépuisable, le temps, le maître, l’espace, l’environnement et la durée, l’épreuve temporelle.

À ces corps féminins auxquels le maître, en demeure, est l’abreuvoir géniteur, des flots régénérateurs coulent à profusion, en provenance directe de Shamballa.

Que les cascades cristallines dont vous bénéficiez tous vous soient enfin perceptibles, afin de communiquer, en conscience et en groupe, les belles réalisations dont le monde, en attente, verra le jour en ce début de siècle.

Si la vie des cellules a besoin de prâna, elle a besoin d’iode aussi, et il vous faudra respirer l’air marin et nager en eau salée.

La matrice de la mère du monde y est présente en ses voiles les plus denses.

À cette densité vous êtes tenus, dans l’incarnation.

N’occultez rien, ne négligez rien du plan physique, dont vous êtes les hôtes.

Dans les dessins profilés par les masses nuageuses en suspens, vous pouvez augurer des futures difficultés du disciple.

Ne dispersez pas ces nuages sans en faire discerner les formes symboliques par la conscience du disciple.

C’est sur les plans subtils que se fait cette approche, elle ne descend à la conscience du disciple que bien plus tard.

La mère du monde y est présente en ses voiles, qui ne tomberont qu’ensuite.

Chaque voile de la mère du monde est un palier gravi, ensemble, par la conscience de groupe, dont les marches sont individuelles à chacun.

La réelle synergie de groupe, sur le plan occulte, est un chakra, ouvert en commun et ne présentant plus de problème énergétique dans ses applications sur le plan physique.

Les énergies yin de la mère du monde en sont le moteur dans l’incarnation.

La personnalité du groupe global en imprime le mouvement à la conscience de groupe.

A chacun de vous de n’en pas freiner la rotation.

Les divergences d’opinions partent toujours d’un point central commun.

Tout point peut être le départ d’un cercle, dont chaque diamètre est une infinité de points qui se suivent.

Les possibilités au sein d’un conflit d’opinion sont donc immenses.

Le Maître en incarnation est le point, le centre, le diamètre et le cercle d’une irradiation ashramique illimitée dont les implications, invisibles sur le moment, mettent en oeuvre des impacts, imparables, à la longue, aux consciences.

Les adaptations énergétiques constantes vécues, dans l’incarnation, par le maître sont intimement liées à cette approche de la mère du monde dont l’extériorisation de la hiérarchie est le printemps et l’éclosion sur le plan physique.

À chaque voile dont la mère se dépouille une note plus intense vibre, que le maître, dans ses véhicules, doit absorber.

Le maître, en sa personne, physiquement, et subtilement est comparable à une centrale nucléaire, à cette différence près, qu’il ne laisse aucun déchet, et n’en fabrique pas, éliminant ceux des autres ou de l’environnement, vous l’avez vu précédemment, dans d’autres ouvrages.

Outre les travaux déjà enregistrés, sur tous les plans, le maître, dans l’incarnation réceptionne et diffuse les formidables implications énergétiques de l’avancée vers le monde de la mère.

Le dépouillement de la mère du monde, qui se dévoile, est vécu et intégré, voile après voile, lumière après lumière, par le maître qui est, en sa chair, en son sang, en sa vie quotidienne, le maillon essentiel d’une extériorisation énergétique à ancrer, dans l’incarnation, pour l’accélération indispensable d’un changement de mentalité prévue par le plan.

Ce changement de mentalité est un eclaircissement du plan mental, dépouillé, débarrassé de ses structures existantes sur lesquelles glissent, actuellement, les énergies limpides des sept rayons, sur l’apparence qu’elles ont prise dans la récupération, intellectuelle et raisonnée, qui en a été faite par les disciples.

Cela, ajouté aux formes-pensées et aux visualisations, à la concentration et à des formes mal comprises de méditation, fait écran aux précipitations énergétiques actuelles dont la mère du monde est l’initiatrice, en accord de planification hiérarchique, avec Shamballa.

Et c’est Shamballa qui s’adapte à la mère du monde, comme c’est la hiérarchie qui s’adapte à Shamballa et comme les maîtres en incarnation s’adaptent au plan physique.

Cette vague successive a la puissance de la volonté divine et rien ni personne, à long terme, ne peut l’enrayer.

Cependant cette série d’adaptations, dans le cadre de l’extériorisation de la hiérarchie, est une formidable opportunité à la conscience de groupe et à l’humanité dans laquelle elle doit s’exprimer totalement.

Dans les mondes subtils, énergétiques se trouve la cohérence ou l’incohérence que chacun construit, en son âme et conscience, et qui sont les moteurs des affaires du monde.

La cohérence s’y exprime en action juste, tandis que l’incohérence fait évoluer son cortège d’apparences et de limitations structurelles propres au mental déformé par les identifications qui y sont faites par chacun.

La conscience de groupe, située par- delà le plan mental, polarisée, par le maître en incarnation en celui dont rien ne peut être dit, est le facteur principal du dénominateur commun à tous qui doit faire avancer les affaires du monde.

La conscience énergétique de la mère du monde, inscrite aux cellules des corps féminins des maîtres, dans l’incarnation se propage, de la source au sol, tel un renouveau humain en sa totalité, en sa globalité intime avec l’invisiblement réel que présente au cœur ouvert celui dont rien ne peut être dit, par les intermédiaires, Shamballa, la hiérarchie, l’extériorisation, et vous tous.

Ces marches, à monter par certains, a descendre par d’autres, sont l’avènement futur d’un seuil de plain-pied sur la synthèse des énergies existantes dont les véhicules de chacun, en conscience de groupe, dans l’incarnation, sont les portes ouvertes.

A vous d’ouvrir ces portes dont le cœur, longtemps est le cadenas à déverrouiller.

À chaque voile, déposé par la mère du monde, une clef est accessible à chacun.

Clef de synthèse qui, en déverrouillant une porte, en verrouille une autre, celle de la demeure du mal.

Le mal n’étant pas ici le contraire du bien mais l’accès à des énergies négatives, que les frères de l’ombre ne peuvent plus que faire tourner sur eux-mêmes, tant la lumière, en sa synthèse, les rejette aux verrous de leurs cœurs.

Cercle infernal qui, grâce au maître en incarnation tourne à vide en dehors de la conscience de groupe dont il a la charge, véhiculairement parlant.

Les disciples devront s’habituer, s’accoutumer au fait que, dans tout travail du groupe global, la démarche se fait de haut en bas, rien n’est franchement décidé depuis l’incarnation, mais tout découle des plans subtils en cohérence parfaite.

C’est cette cohésion, en conscience énergétique de synthèse qui s’exprime ensuite dans les actions prévues pour le plan sur le plan physique, dans l’incarnation.

Chacun y a sa part.

Gare aux déformations mentales qui y sont faites, elles seront inévitablement balayées, comme de vulgaires déchets inutiles à l’extériorisation divine au sein du monde.

Tout producteur de déchets est un indésirable à la conscience de groupe que le maître en incarnation réduit à l’impuissance par le silence de dieu, appliqué à la relation sur le plan physique.

Est-ce clair ? Des charmes dont les formes se gaussent, des charmes dont le mental se pare, aux charmes dont les sorciers usent, nulle différence…

Aux réalités auxquelles chacun fait face, aux épreuves que chacun assume, aux choix que chacun délimite et auxquels il adhère, à l’humilité silencieuse et active qui anticipe le plan et dont il découle, reconnaissez la marque hiérarchique de l’efficacité énergétique de la spiritualité appliquée.

Ainsi, vivez-la, en paternité, en maternité, en disciple consacré au bien général.

Rien de ce qui est appris n’est réellement valable avant d’être vécu, appliqué et communiqué, non en théorie, mais en expérience.

À ceux qui reçoivent cette expérience comme une théorie, c’est inévitable, il faut l’écoute du cœur qui enclenchera le processus véhiculaire juste en communion énergétique avec le maître en incarnation.

Cette écoute est le premier pas de l’expérience.

C’est le pas décisif du choix juste qui suivra forcément.

L’écoute du disciple est à la mère du monde, l’opportunité de déposer un nouveau voile, une autre luminosité à son mental, comme l’entrebaillement accéléré du cœur en attente.

Au voile de la théorie, la lumière dévoile une possibilité d’expérience dont l’écoute accélère la tension.

Saisissez le voile par l’écoute du cœur.

L’action juste suivra.

Aux scissions énergétiques provoquées par des courts-circuits véhiculaires, les pressions psychologiques sont très fortes, mais elles ouvrent une porte à l’évacuation du problème en volonté spirituelle.

Cette volonté spirituelle réelle, loin d’éluder ces problèmes doit y faire face et les traverser.

Ce n’est qu’ainsi que vos véhicules en seront un jour à jamais débarrassés.

Mais la frontière entre le fait d’éluder et d’entrer dans le problème est mince et fragile au mental et à la raison qui ont le privilège de composer avec eux-mêmes d’une manière maligne.

La ruse est une faculté du mental dont l’ego profite avec délectation.

Les scissions observées sur le plan physique proviennent de vous et de vous seuls.

Chaque adaptation doit être vécue dans la chair, le sang et la psyché, sur le plan physique, et la morale, extérieure à l’individu, ne doit en aucun cas en bloquer l’évacuation naturelle.

La morale est dans le regard des autres.

Seule l’éthique, intimement liée au cœur aidera les disciples dans ces traversées d’eux-mêmes dont le cœur attend des résultats positifs à son ouverture.

Aucune énergie, aucune force ne sont étrangères à ces scissions et courts-circuits.

C’est en ouvrant les portes que l’ouverture du cœur aboutira, même celle, propre aux frères noirs, qui, lorsque vous en aurez franchi le seuil, sera fermée à jamais.

L’amour, inconditionnel, ne s’exprime en son absolu que par l’ouverture à encore plus d’ouverture.

Ne confondez pas avec les sentiments qui ne sont pas toujours ouverture…

Je n’y reviendrai pas.

À tous ces cheminements, les voiles de la mère du monde sont aussi présents au disciple que les battements physiques rythmant le cœur, le sont à l’organe.

Tout cela demande réflexion.

Chaque voile déposé au monde par la mère trouve dans l’empreinte christique d’un pas, la restitution lumineuse de sa transparence occultée par la densité physique.

Imprimée aux pas de christ vivant, le visage de la mère du monde resplendit en sa blancheur nacrée, où l’oeil sans iris prend toute son ample profondeur.

En reconnaissant ces empreintes christiques et en les suivant, chacun offre une opportunité humaine de plus à la manifestation de la mère du monde qui, au silence de dieu, dévoile lentement sa face, pour que naisse au monde la synthèse créatrice des plus beaux rayonnements qui, de celui dont rien ne peut être dit, amèneront aux affaires du monde, les plus beaux fleurons d’une société en évolution de conscience de groupe, en expression divine de cœur ouvert.

C’est d’écoute en écoute que se formulent les plus belles poésies, c’est d’écoute en écoute que se comprennent les plus subtiles approches.

C’est d’écoute en écoute que se communiquent les héritages sacrés les plus étonnants, c’est d’écoute à écoute que se pratiquent les valeurs les plus sûres.

C’est au silence de dieu que se nourrit cette écoute, c’est de cœur à cœur qu’elle parcourt le monde, c’est d’âme à âme qu’elle devient l’autre dans une vision neutre où même le cœur ne peut s’extraire de son ouverture tant il s’y abandonne.

Entre l’absorption et l’oubli de soi, le cœur est si ouvert, si absent humainement, que la présence divine tout entière l’investit au point de n’en laisser aux apparences que l’absence.

C’est peut-être difficile à admettre pour vous, mais c’est ainsi, quand l’ouverture est accomplie, le cœur qui s’y est dissous en consentant au divin en christ semble absent de lui-même.

C’est ainsi que l’oubli de soi peut s’exprimer concrètement dans les affaires qui occupent le travail de la personnalité qui, elle, est obligatoirement très présente et affirmée puisqu’elle est le relais sur le plan physique de cette ouverture, encore abstraite à beaucoup.

Regardez-moi dans les yeux, mes yeux humains, sur les portraits que vous avez de moi.

En soutenant ce regard vous plongerez à l’ouverture du cœur, votre réaction à ce moment-là sera fonction de l’état de votre cœur.

Il y a au regard de Morya tous les éléments de l’évolution humaine à saisir, à comprendre, a suivre, à accomplir au plus intime du cœur de chacun.

Un portrait n’est qu’une image figée sur le papier, mais vous êtes l’objectif qui peut redonner vie à l’image.

A cette alchimie, demandez-vous pourquoi ?  Et de là vous apparaîtra la magie rituélique.

Elle ne doit pas, contrairement aux idées reçues, s’appuyer sur des moyens physiques uniquement, elle devient opérative aux véhicules du maître dans l’incarnation, après le quatrième degré ou deuxième initiation hiérarchique, lorsque le maître a parcouru avec succès le seuil initiatique entre première et deuxième initiation hiérarchique.

Il est alors dans la seule lumière christique et ne peut en aucun cas prêter ses véhicules à d’autres fins que divines et évolutives en direction et avec celui dont rien ne peut être dit.

C’est aux voiles de la mère du monde qu’il a illuminé en ses véhicules le seuil initiatique le menant au quatrième degré et là, il se dresse, en christ, opérationnel aux éléments du plan qu’il connaît parfaitement.

À ce moment-là, le maître en incarnation est magique en ses véhicules, et si, par non-hasard, son corps physique est de septième rayon, l’incarnation des énergies par ce moyen est de puissance, à la fois, fracassante et se fait en toute séduction harmonieuse.

Ce rayon sept, allié à la ligne impaire des rayons i, iii, v est, actuellement ce qu’il y a de plus efficacement opératif, sur le plan physique, pour le maître qui s’y trouve en incarnation.

Le septième rayon est un complément direct du rayon un de volonté de puissance.

Sur le plan physique, ce rayon sept représente la capacité inéluctable à synthétiser au sein même des cellules du corps physique, les forces et énergies reliant entre elles, dans le corps physique du maître, les présences énergétiques à communiquer de: celui dont rien ne peut être dit, la mère du monde en sa face dévoilée et christ cosmique incarné par christ vivant.

C’est par un corps physique de septième rayon que se fait synthétiquement cette communication énergétiquement puissante et vivante dans son expression physique.

Affiné, purifié, un corps physique de rayon sept est un atout capital qui donne un magnétisme fascinant au maître, dans l’incarnation.

Ce corps physique de septième rayon est en soi, rituélique.

Tout ce qu’il va exécuter aux mouvements de ses actions, dans le quotidien, devient, à la fois, source de beauté et source de magnétisme concret alimenté par les processus énergétiques des autres véhicules.

Attention, je parle ici d’un maître de quatrième degré ou plus, en incarnation.

Vous savez maintenant que l’impact des rayons n’est efficace et pur qu’à ce stade initiatique et non avant.

Un corps physique de septième rayon d’un disciple, par exemple, entre deuxième et troisième degré ne répond absolument pas à la description qui précède.

C’est pourquoi je demande instamment à ces disciples de ne pas se préoccuper de leurs rayons.

Ce qui ne fait qu’ajouter brouillards et ombres sur le plan psychologique à l’expression des forces.

A un maître en incarnation basé aux rives sacrées de Shamballa, en emission de rayon un, quels que soient les rayons de ses véhicules, qui, sur le plan physique a à sa disposition un corps de septième rayon devient en lui-même un rituel en action permanente et opérative.

Dans sa démarche qui comprend : discipline, clarté du mental-outil, rayon un diffusé et diffusant depuis Shamballa jusqu’au sol, vie consacrée, limites fondues à l’ouverture du cœur et amour en action, le maître, dans l’incarnation devient en son corps physique et en chaque cellule le composant, un rituel latent dont la magie va s’exprimer dans tous les actes, toutes les démarches, toutes les relations.

Cette magie rituélique qui n’est plus un simple rituel exécuté mais un état vécu, à des impacts relationnels difficiles à admettre et à vivre pour tout être humain n’ayant pas franchi le troisième degré ou première initiation hiérarchique.

Le maître, en ses véhicules est si puissant, que le quotidien relationnel peut en souffrir, provoquant des réactions chez quiconque est en état de fermeture ou de rejet.

En revanche ces énergies rituéliques sur le plan physique seront très bénéfiques et bien vécues à ceux qui pourront s’y abandonner en leurs véhicules.

Il ne s’agit pas ici de répertorier tous les corps et leurs rayons.

Vous trouverez tous les éléments dans l’oeuvre de mon frère D.K. Avec A.A.B.

Il s’agit simplement ici de mettre l’accent, puisqu’il s’agit de l’extériorisation de la hiérarchie, sur les éléments les plus actifs et efficaces pour l’heure sur le plan physique, dans l’incarnation.

Et le corps physique de septième rayon est, vous l’avez compris, un atout important au maître qui en est doté sur le plan physique.

Les entraînements suivis et donnés sur les plans subtils aux maîtres qui se sont déjà incarnés et s’incarneront au XXIe siècle, comprennent, dans la planification hiérarchique, l’objectif, pour les personnalités en charge de  groupe, une préférence pour un corps physique de rayon sept.

Espérant, ici, que vous saisirez toute la portée de ce que je vous livre, n’allez pas vous appliquer personnellement un atout qui n’est valable et opérationnel que pour un maître de premier degré hiérarchique et au-delà.

Vous comprendrez sans doute pourquoi la mère du monde est intimement liée à ce rayon sept.

Et sans vous mâcher la besogne de cette réflexion, je vous demande de vous y livrer afin d’en dégager quelques voiles.

Ensuite observez le maître en incarnation que vous aurez l’opportunité de rencontrer et de reconnaître, dans son corps physique.

Saisissez cette chance et acceptez-en toutes les implications, qui, au début, risquent de ne pas être très réjouissantes pour votre ego.

Je voudrais laisser à présent le soin, le loisir, le temps, à vos véhicules de digérer et de placer énergétiquement cet ouvrage écrit en collaboration créative de conscience à conscience.

Il n’est pas facile à certains d’entrer dans l’univers global de mon ashram de premier rayon, et il leur faudra un certain temps de recul nécessaire à cette digestion énergétique à laquelle le mental ne devrait, en aucun cas participer, sous peine d’indigestion et donc de rejet.

En l’aube de ce XXIe siècle, ce troisième millénaire, dévoilé par la mère du monde, puissiez-vous être touchés et reconnaître la blancheur nacrée et illuminante que véhiculent au sol de l’incarnation ces maîtres, en mission hiérarchique d’extériorisation.

A vos côtés, anonymes, ils oeuvrent.

Mais certains, certaines devront témoigner, en exemple de vie et d’expérience de ce qu’ils sont, non pour ce qu’ils sont, mais pour ce qui est fait.

À eux, à elles, apportez votre concours et votre aide, elle est le premier soutien de l’humanité en difficulté dans la mouvance exceptionnelle de ce changement de siècle.

Vers vous, nous reviendrons, avec notre soeur l.C. , afin que cet enseignement suive le cours hiérarchique instauré par le plan.

Le sacrifice n’existe pas pour ces maîtres en incarnation qui sont, pour le meilleur et pour le pire, christ vivant en marche et à l’oeuvre.

Ne prenez pas de temps à trop disséquer, mais donnez le temps qui vous est imparti par la durée de l’incarnation.

Donnez-le en effort, en sacrifice, en oubli de vous-mêmes, dans la joie.

L’amour incarné en dépend.

La volonté de puissance attend, et bien qu’à l’oeuvre, la participation de chacun ajoutera a l’acquis de la conscience de groupe.

Nous avons le plus grand besoin de vous tous.

Il y a des valeurs qui ne se mesurent pas.

Energétiquement, tendez vers ces valeurs sûres, divines, spirituelles, illimitées, qui font avancer le monde à chaque voile que dépose la mère sur le monde.

Coupez les liens, ouvrez le cœur, avancez sous ma bannière et que le nom de Morya vous soutienne.

L’adversité est en vous, c’est là, d’abord, qu’il faut la déloger.

Aux principes, communiez.

En christ et au silence de Dieu.

A la matière dense, évoluez, aux mouvements harmonieux que la VIE UNE exprime en synthèse de sa source première, en celui dont rien ne peut être dit qui dans un souffle soulève les voiles de la mère dont il libère, au monde, toute la luminescence.

Aimez l’humanité tout entière dont vous êtes une part active au sein des affaires du monde.

Que l’énergie sous-jacente à chacun des mots écrits dans cet ouvrage soit la flèche d’amour que votre cœur attirera comme un aimant.

Que vous en soyez blessé ou pas, l’impact sera juste, à vous d’en faire ce qu’en attend, dans le service, la hiérarchie.

Cette responsabilité est la vôtre, nous ne pouvons qu’envoyer l’énergie.

La flèche ensuite, il vous appartient d’en user à bon escient, en conscience de groupe, pour le bien général.

Que ce dernier soit votre préoccupation première ainsi que le service.

Que la respiration du souffle, par mon ashram, devienne le rythme harmonieux de vos moindres actes, et que l’amour régénéré soit votre motivation de chaque instant.

C’est ainsi que s’extériorisera l’amour en action.

Toutes les affaires du monde en dépendent et vous êtes tous concernés.

J’ai dit !

 

 

 

 

 

 

 

Invocation [6]

Au triangle de la manifestation du

groupe global, nous invoquons

la Force de l’Ashram.

Que trois plus trois plus trois plus

trois encore, en fermant un cycle,

en ouvre le suivant.

Qu’à la conscience de groupe,

la Volonté de Puissance incarne

la parole et l’action juste, afin

qu’ensemble, nous participions aux

efforts de chacun.

Pour un service efficace, que le Maître

reconnu et suivi,

synthétise, par Christ vivant,

l’évolution du Plan.

 

Engagés dans le Grand Service,

qu’il en soit ainsi,

avec l’aide de Morya.

Qu’il en soit ainsi.


[1] Maître de E .Krishnamacharya .

 

[2] Groupe des Serviteurs du Monde .

 

[3] ici, négatif a le sens de polarité moins ou yin.

 

[4] imaginez pour cela le cœur de l’initié vous faisant face, ce qui implique que c’est sa gauche et sa droite.

[5] «le maître en incarnation, les groupes et Shamballa»,

[6] Cette invocation est liée au service et ne résoud ou ne remplace, en aucun cas, le travail de développement personnel dont cet enseignement ne traite pas, jusqu’à la troisième initiation ou premier degré hiérarchique, passé et opératif.

 

…À NOS DISCIPLES…

MORYA

1991

 

 

1. Lorsque le doute creuse sa faille Salutaire aux énergies contraires, c’est Toujours par le mental. Les disciples recevant les énergies Ashramiques doivent y opposer la Force tranquille de la certitude Hiérarchique qui dépasse de loin le Plan mental et est donc indestructible Et inébranlable. Dans la cohésion forte qui en résulte Sur le plan physique se trouve la Réponse muette aux Frères de l’Ombre. Les mots doivent être tus, ils mettent En mouvement l’énergie mentale qui Prend alors les formes négatives que Moulent et dégagent les Forces Noires. N’entrez pas en polémique, ne Discutez pas, laissez agir ce qui en Vous est assez impersonnel pour Émaner avec certitude de la Lumière. Si les individus composant le groupe Exotérique relié à la Hiérarchie Peuvent appliquer cette certitude Tranquille comme un baume, alors Aucune énergie défavorable N’ébranlera le groupe tout entier. Ce dernier engage bien plus que la Petite partie que vous en connaissez Exotériquement. Il engage la Hiérarchie tout entière dans Sa Volonté Divine liée au Plan pour L’Humanité. Votre responsabilité est liée à une Volonté d’obéissance occulte où le Choix une fois fait ne peut plus être Remis en question sans conséquences Karmiques catastrophiques. Alors pesez bien l’âme et le cœur et Que dans la balance, Le mental et l’ego ne fassent pas Le poids. Votre libre arbitre est tout entier là. Personne ne vous force. Soyez libres, mais votre liberté après choix Est un engagement total au Grand Service des Sauveurs du monde.

C’est pourquoi ce choix ne se fait pas À la légère. Toute la puissance Occulte des Frères de la Hiérarchie Y est liée. Soyez des flambeaux dont les Flammes éternelles ne faiblissent pas.

2. On ne peut pas répéter ce qui maintenant N’est plus que cliché, à savoir que Plus la Lumière est forte et plus L’ombre se mêle de la faire défaillir. C’est un fait certain auquel tous les Disciples doivent être attentifs et, Dans la vigilance, qu’ils doivent Pratiquer ; notez vers quoi cette Dernière se tourne. Si la vigilance se tourne vers la Source indéniable de la Hiérarchie, Ou bien si elle se tourne vers les Possibilités d’attaques afin de Les prévenir. C’est dans l’orientation de la Vigilance que se trouve la réponse Aux doutes les plus subtils.À l’évidence de la Source Hiérarchique Les Frères de l’Ombre opposent le doute et Leur vigilance (soi-disant).À la manifestation des attaques Subtiles qu’Ils filtrent, les Maîtres en Incarnation et Leurs disciples Appliquent une vigilance préventive Sur le plan physique afin de ne Pas faciliter ce genre de troubles.

3. La vigilance est une arme à double Tranchant et si vous L’utilisez correctement, elle coupera La gorge aux tentatives des Frères de l’Ombre.

4. Être vigilant, ce n’est pas douter, C’est prévenir. À cela vous reconnaîtrez les Blancs et les Noirs, La lumière et l’ombre. Œuvrez en Mon Nom, Morya discerne et protège.

5. Si vous saviez combien le plan mental Peut paraître

clair au Maître en Incarnation ! Lisible ! Un ballet de formes-pensées Sculptées aux mots dont les Énergies tentent d’installer leur Impact. Ces énergies sont toujours grises Sur le plan mental, prêtes à virer Au noir de l’ombre. Évidemment le Disciple ne les Perçoit pas ainsi, parce que les Mots ont encore pour lui de L’importance. Les mots assemblés en phrases et Communiqués par la Hiérarchie Ont une force, une puissance que Seule la VIE UNE véhicule et C’est pourquoi ils vont au-delà Du mental, à l’étincelle qui Un jour sera le Christ en vous. Recevez et discernez ! 6. Aux parois opaques de ces journées Intempestives où les mots se bousculent À l’intellect en demande, Que la raison se taise au

tourbillon Sans fin qu’elle engendre afin que Le cœur en son centre demeure ; C’est en ce centre, en son point immortel Que sillonnent des périphéries qui, Comme des ronds dans l’eau, Émettent des ondes énergétiques Dont les Rayons sont porteurs. La synthèse est en vous, il Suffit de l’émettre pour la reconnaître.

7. Sur le lit plat de ces forces funestes Au ressort desquelles le jour se Confond à la nuit, Ne vous reposez pas, ne dormez pas, Veillez.

8. En fait la vraie vigilance, La vigilance divine n’apparaît que Lorsque le plan mental est dépassé.

Elle s’exprime toujours en regard du Plan physique et non en regard de L’occulte.

9. Sur les plans subtils, La lumière et l’ombre sont Franchement démasquées. Sur le plan formel, elles sont Intimement liées, c’est pourquoi Seul le Maître en incarnation Peut vraiment les discerner, car Il Ne les discerne pas dans la forme, mais Avant qu’elles n’y descendent, depuis Le Plan de l’Expérience.

10. Les individus ou disciples Susceptibles de canaliser les Pièges de l’ombre auront toujours un Langage qui inclura à la forme un Mental concret, fort et subtil. Leur savoir sur le plan occulte est Troublant lorsqu’il prend forme en Mots. C’est à cela que votre discernement Doit s’exercer : éviter les pièges du Langage mental qui chez eux ont Des éclats qui peuvent vous Paraître lumineux.

11. Rien ne ressemble plus à la lumière Qu’un mental paré de L’habit de lumière des mots qui S’adressent à l’intellect, à la raison de Ceux qui ne discernent pas encore dans La Lumière Divine de la VIE UNE.

12. Soyez fiers du doute, Jésus l’a éprouvé. Mais n’y plongez pas comme Judas qui Fut le canal des Forces de l’Ombre ; La trahison prend naissance dans Le doute.

13. Quand l’intemporel sombre au Travail individuel du disciple, Le Maître en incarnation éponge sur Le plan occulte les failles inévitables Qui en résultent.

14. La responsabilité sur le plan physique Avant la première initiation hiérarchique N’a rien à voir avec la Responsabilité du Maître en incarnation Qui agit sur tous les plans. La première n’est qu’objective alors que La seconde est Hiérarchique.

15. Lorsque l’inversion est faite et que L’âme est active sur terre, Les pinaillements du mental sont Une fatigue incommensurable pour le Maître en incarnation.

16. Justifier sans arrêt, Revendications et méfiance font Partie du mental. L’ouverture et l’inclusivité sont les Marques hiérarchiques. Remarquez comme l’ombre tente D’exclure la lumière alors que La lumière inclut toujours l’ombre et La transforme.

17. Au damier de la vie quotidienne Le blanc et le noir se côtoient. Comme aux échecs où les pions sont Blancs et noirs, nous avançons en Prévoyant. Mais remarquez comme blancs et Noirs peuvent tomber également. Sur le plan physique, être prudent, C’est prévoir depuis les plans subtils. C’est pourquoi l’extériorisation de la Hiérarchie est nécessaire à L’Évolution.

18. Sous les frondaisons des feuilles et Fleurs de Mon Jardin, abritez-vous et Trouvez les énergies ascendantes au Plan Bouddhique.

19. Accepter l’inacceptable Adhérer au monstrueux Éponger l’inévitable et inversement C’est avoir l’inclusivité synthétique, C’est être un Maître en incarnation.

20. Vous savez que le noir dessein des Forces matérialistes est basé sur L’égoïsme. Il y a donc une urgence à Devenir impersonnel.

21. Aux aurores décisives qui Baignent la Conscience, vous Regardez en face le Soleil Spirituel, essaimeur de Christ à la récolte humaine.

22. Dans le rapport constant que le Maître en incarnation a avec La Hiérarchie, est inclus un Potentiel également constant de Relation directe avec les Forces Noires. Toutes ces relations sont conscientes, Sur tous les plans.

23. Jugez vous-mêmes de la responsabilité Qui est la vôtre pour ne pas servir de Canal à la perturbation latente que Les Forces Noires Nous opposent. C’est par vous et vos affects, C’est par vous et le mental qu’Elles S’introduisent au sein du travail Pour en retarder ou pour en couper L’efficacité. Aimez et ne revendiquez rien pour Le non-soi.

24. Aux attaques les plus noires Nous Opposons la Lumière éclatante du Christ, mais de fortes vibrations Peuvent ébranler et charger L’atmosphère. Même quand il y a de quoi Être inquiet, rien ne doit Ébranler la confiance.

25. Les néophytes croient toujours Naïvement qu’il suffit d’être Un Maître pour que tout aille bien. Quelle erreur ! C’est là justement que les pires Difficultés commencent. Et elles Sont de taille !

26. Abandonnez vos idées reçues et Voyez dans le Maître en incarnation Un pionnier dont la tâche, des Plus ardues, est inconnue de la Majorité, mise en doute par Beaucoup et niée par une Minorité que l’on pourrait appeler Les réactionnaires de l’ésotérisme. Seul un Maître en incarnation peut Supporter tout cela sans faillir. Soyez des disciples conscients et Aidez-Le.

27. Des disciples que l’illusion de L’initiation égare diront La Consécration et l’Invocation Qui

terminent le Sang de Mon Calice. Mais l’énergie engendrée ne sera En aucun cas la même que celle Du Maître en incarnation.

28. Avant de savoir on ne sait pas. Avant d’être on essaye d’être. Mais c’est dans l’ordre humain Des choses de vos vies que vous N’oubliez pas assez ou trop.

29. Quelle est votre joie la plus grande ? Quand vous aurez répondu à cette Question, examinez-la, et vous Apprendrez sur vous des choses intéressantes. De même si vous ne pouvez pas Y répondre, De même si vous y répondez très rapidement.

30. Quel serait votre manque le Plus douloureux à assumer ? Vous pouvez travailler seul sur Cette question et la précédente. Mais ne mentalisez pas. Essayez Ensuite de travailler sur les Symboles perçus à travers Vos réponses.

31. Se connaître est un dur labeur. Savez-vous où vous en êtes de Vous-mêmes ?

32. Quand le goût du plaisir est Indifférent au cœur, et quand Le désir ne joue plus les Phœnix

Alors une parcelle d’intemporel entre Dans la conscience, et l’autre commence À nous apparaître comme nous-mêmes.

33. À la courbe jolie de la Boucle d’un cheveu, le Temps Donne à la longueur des Ondulations mobiles. Ces mouvements sont comparables à La disponibilité du Sauveur du Monde.

34. Les énergies du Premier Rayon Sont très fortes, très puissantes mais Complémentaires et indissociables des Énergies des autres Rayons dont Les trames subtiles, les ponctualités, Les qualités respectives font du Plan pour l’Humanité une création Sans cesse renouvelée dont les Formes résument et atomisent La synthèse. Puisse votre cœur y être sensible.

35. C’est le Premier Rayon qui Met en échec les Forces Noires.

36. Écoutez les oiseaux. Leurs chants Sont messagers d’ondes imperceptibles Auxquelles ils donnent la forme D’une mélodie, chacune différente. Il y a là des messages de l’Espace que Le cœur capte dans la nature. Même les Plus insensibles parfois en sont touchés. Écoutez, comprenez et vous apprendrez du Verbe.

37. Lorsque la nuit tombe sur un Sentiment qui s’éteint, la tristesse Déchirante qui vous assaille témoigne D’une absence d’Amour à la base. Observez comme vos sentiments Suivent le flux de votre évolution. Mais ce ne sont que des sentiments.

38. Dans la tentative désespérée de Fraîcheur d’un matin d’été lourd, Vous pourrez peut-être comprendre Le poids que supportent les épaules D’un Maître en incarnation face à L’environnement agressant, toujours, Hostile, parfois.

39. Tout le travail ashramique est Porteur d’énergies puissantes. Mais le Travail avec Mon Ashram Est de loin le plus fort en impact Parce que l’énergie du Premier Rayon Qu’il faut manier n’enrobe pas, Elle transperce. Tandis que les énergies véhiculées par Les autres Rayons sont comparables à Des lasers avec toutes leurs caractéristiques, Celles du Premier Rayon seraient Porteuses d’une analogie avec un

Scalpel. La différence mérite votre attention pour Comprendre le Maître en incarnation Apte à ce travail délicat et ô Combien efficace.

40. Celui qui participe au Travail Hiérarchique, quel que soit Son niveau, est sensible à Toutes les notes émises par La Hiérarchie et véhiculées par Les sept Rayons.

41. Mon Frère Bien Aimé K.H. est passé à un niveau de Travail supérieur où Il n’est Plus pour le moment en contact Avec les Disciples comme Il le fut À une époque. Des Maîtres Noirs essaieront donc De se faire passer pour Lui. Œuvrez dans l’Amour afin de Connaître la Source.

42.   Les perles sont au collier ce que Vous êtes au N.G.S.M.1 Le joyau n’est harmonieux que Lorsque chaque perle est à sa place, C’est ainsi que la qualité De son orient est mise en valeur. Travaillez en harmonie, L’éclat de la Lumière Hiérarchique En dépend.

43.  Aux éclats -brisures du temps Le cœur humain écorché bat Nouveau Groupe des Serviteurs du Monde L’irrégularité de ses difficultés. À ces moments-là invoquez la Force du groupe et œuvrez dans L’oubli du non-soi qui peut se taire Si vous ne vous en préoccupez pas.

44. La force du groupe et son expansion Sont fonction du Maître en incarnation Qui en a la charge. Elles dépendent de Son Rayon dominant. En général chaque Maître en incarnation A, au sein du groupe, un Disciple Ou plusieurs qui ont passé ou Sont proches de la première initiation Hiérarchique, soit la Troisième. C’est cette initiation que Les Frères Noirs ne passent pas, mais Ils en ont le potentiel occulte. Discernez et œuvrez dans la note De Morya.

45. À ce choix que certains ne Feront pas et à vous qui Le ferez, portons un toast, celui Du rayonnement hiérarchique au Sein des brumes de l’incarnation et Dans la Joie œuvrons ensemble pour Une Synthèse de plus en plus Présente.

46. Votre lecture actuelle équivaut À une méditation ; imprégnés par Les énergies hiérarchiques,

votre Enthousiasme au Service en sera Décuplé.

47. Mes Frères, les Maîtres de la Hiérarchie, En incarnation ou pas, sont Tous Présents dans cette inspiration.

48. Que la présence de l’ombre ne Vous obsède pas, mais sachez Qu’elle est vivante aux plans subtils Et présente au plan physique.

49. Dans un contact fort, Chaque cellule du corps physique Est régénérée. Les Maîtres en incarnation n’ont Pas l’âge de Leurs artères !

50. En période de lutte avec Les Frères Noirs, la fatigue du Maître en incarnation est plus Éprouvante que tout autre. Mais Sa récupération est surprenante.

51. Aujourd’hui la Hiérarchie a De nouveau les pieds sur terre. Le pied est un symbole actif que Vous devez comprendre et reconnaître.

52. Quand la vibration de Mon Ashram Dynamise un groupe par l’intermédiaire D’un Maître en

incarnation, Tous les disciples sont dynamisés et Leur évolution, à quelque stade que Ce soit, accélérée.

53. Aux êtres de lumière posés Comme Nos flambeaux sur terre, Le souffle puissant de la VIE UNE Entretient et maintient Les flammes.

54. Le contact dépend du moment, De l’heure, et de certaines conditions Particulières et ce, quelles que soient Les contingences sur le plan physique.

55. Le Maître en incarnation une fois Dégagé de Ses charges karmiques Endosse obligatoirement Une partie du karma collectif, Et bien que Sa Nature soit en Elle-même Une protection, Il en subit les conséquences Physiques.

56. Donnez à l’être le temps d’être, Mais sachez que le temps n’existe pas et que L’instantanéité est une des grandes Lois universelles qui vous échappe.

57. La Conscience est instantanée Mais la prise de conscience est comme Son nom l’indique un long travail De préparation dû à l’aveuglement Psychique dans lequel vous Vous débattez.

58. La vie terrestre est une fleur Qu’il ne faut pas cueillir et qui Renaît d’elle-même saison après Saison, plus rayonnante et plus belle. C’est pourquoi il existe des Immortelles qui symbolisent le Maître en incarnation.

59. Que la poésie soit Le parfum subtil du langage. Respirez et imprégnez-vous de Sa Beauté, qui est L’expression même de la spiritualité.

60. Lorsque le contact hiérarchique est Établi, RIEN ne peut le briser. Ceci est valable pour le Maître en Incarnation, mais non pour le groupe, Surtout au début. Attention à la fragilité que vous Installez personnellement au Sein du travail de groupe. Et pensez à la Théosophie.

61. Arcane a bien failli suivre La même voie mais Nous avons Mis en œuvre des énergies qui Ont rétabli le flux hiérarchique. Parce que le ménage a été fait, Ce fut possible. N’hésitez jamais à nettoyer, Sur le plan physique cela S’appelle « VIRER », et vous en Êtes responsables, Nous n’intervenons Qu’après.

62. Dans l’aube douloureusement Glacée qui tiraillent tous les Muscles du corps, après ces nuits Éprouvantes de batailles face Aux Noirs, le Maître en incarnation, Broyé au sens physique du terme, Subira les affres de Ses blessures, Réelles, et le baume du prochain Contact qui en sera plus fort et Plus efficace. Ces moments sont très durs à Vivre au sol de l’incarnation, vous N’en avez encore aucune idée. Alors pour ce qui est du reste, Travaillez à vous-mêmes afin de L’épargner.

63. Parfois quand l’aube se lève sur Une nuit de lutte difficile sur le Plan occulte, la tête, douloureuse, peut Garder ce malaise physique jusqu’au Soir suivant, à moins que les énergies Concentrées au troisième œil ne se Résorbent dans un contact hiérarchique Fort. Ce sont des moments où il faut Manger très peu et de préférence des fruits.

64. Dans ces malaises que connaissent Bien les Maîtres en incarnation, Survient parfois une suite de Bâillements, ils sont salutaires et Dénouent les énergies qui se libèrent et Soulagent, jusqu’à faire disparaître La douleur physique.

65. Le café est un véritable médicament Pour aider à soulager ce genre de Malaise. De préférence le matin, il faut éviter D’en reprendre après déjeuner ou Dans la journée.

66. Au cours des périodes de probation, et Certaines périodes du discipulat par Contre, il faut supprimer totalement Le café et parfois le thé. Alors ne Vous mettez pas à boire du café Parce que c’est dit plus haut ! Discernez et connaissez-vous ! J’ai dit !

67. À tous les stades soyez les Avant-postes fermes de L’Énergie Hiérarchique. Servez et oubliez-vous.

68. Si vous pouviez voir les couleurs Subtiles que les Rayons tissent dans L’Espace avant qu’ils n’atteignent Vos véhicules et ne soient déformés, Vous vous efforceriez, J’en suis sûr, D’atteindre cet état qui permet de Recevoir directement sans distorsion. Cet état de Maîtrise passe par un Travail individuel et que vous Connaissez bien, mais sachez que Trop de travail nuit. N’encouragez jamais le mental Concret. Aimez, Aimez, Aimez et Donnez en vous oubliant. L’Énergie Hiérarchique dans les Notes qu’Elle émet est à ce prix !

69. Dans la Bonne Volonté se Trouve déjà le germe de La Volonté de Bien. Il faut l’encourager.

70. Dans le crépuscule grisonnant de Ces cheveux qui vieillissent, vous Trouverez le gris de l’œuvre alchimique. À l’homme ordinaire le creuset est à La tête ce que l’Œuvre est au noir. On devrait être plus sage en fin D’incarnation, c’est inscrit dans les Gènes et les cellules nous le disent. Étudiez ces symboles et retrouvez Dans le physique les effets inévitables De l’œuvre alchimique naturelle. Elle existe.

71. Aux pentes escarpées de l’évolution se Dessinent des monts et merveilles du Grand Service. Les creux et les bosses Sont autant de possibilités à Venir et à être. À chaque creux correspond Un sommet. Pensez à l’Humanité et œuvrez.

72. Où que vous en soyez, que L’or et la lumière d’un Instant de conscience aiguë vécu Ne vous

quittent pas.

73. Être sur rails signifie sur Le plan physique être dans la Norme de ce qu’il faut faire. Il n’y a pas de rails sur le plan occulte Tout n’est que mouvement, mobilité, Instantanéité et dans l’urgence, Changement de cap, mais dans Une seule et même trajectoire.

74. Y a-t-il une différence entre La vie que vous avez et La vie que vous souhaiteriez ? Alors vous n’avez pas encore compris L’incarnation, ses objectifs et Ses fonctions.

75. Ces livres de Morya, porteurs de L’Énergie du Premier Rayon sont Aussi des livres de chevet. Lorsqu’un problème vous préoccupe, Prenez-en un sur vos genoux et Dites en Mon Nom : « Que l’énergie puissante du Premier Rayon brise La coque mentale qui me Masque mon problème. Avec l’aide de Morya, Qu’il en soit ainsi. »

Ensuite après quelques minutes de Silence intérieur total, prenez Mon livre entre les mains et Ouvrez-le. Vous aurez une réponse.

J’ai dit.

76. Que les émotions vous soient Douces ou amères, ce ne sont que Des émotions.

77. Rendez à chacun ce qui ne lui Appartient pas. Vous ne pouvez pas Le prendre en charge. Soyez des miroirs dans lesquels Les autres se verront sans fards. Mais sachez que la plupart Vous En voudront.

78. Seul le Maître en incarnation Est un pur miroir. Ne jouez pas à être un miroir.

79. La langue française a des Expressions intéressantes qui Prouvent un inconscient collectif Cultivé et riche symboliquement. Ce qui est « grisant » est encore un Mélange de blanc et de noir.

80. Victime de lui-même, l’être humain Ordinaire laisse couler sa vie entre Ses doigts comme un enfant en Jouant le fait avec le sable. Mais le sable est aussi un sol qui Accueille les pas de tous et peut se Durcir lorsque l’eau s’en mêle. Attaquez le sol de l’incarnation D’un pas ferme et que vos mains, Paumes tournées vers le ciel, Reçoivent et ne laissent rien échapper.

81. Les énergies du Premier Rayon Soulèveront votre enthousiasme, Mais elles pourront aussi vous Briser si vous changez de sentier. Aucune intention en ceci, juste La Volonté Divine.

82. Si la terre connaît des failles En son sein, les hommes les Alourdissent de leurs erreurs jusqu’à Les agrandir. Le ciel lui ne connaît que Des nuages qui passent.

83. La Volonté Divine du Maître en incarnation est une Énergie qui ne connaît que Sa propre Puissance tout entière Tournée vers le Service du Plan.

84. Le Maître en incarnation est Un Être consacré dont La Monade est la mère et L’Esprit le Père. Il Les reconnaît Pour tels et c’est pourquoi très tôt L’impersonnalité marque toutes Ses relations affectives.

85. À la joie de ces moments solitaires Où la Présence de la Hiérarchie S’intensifie, le Maître en incarnation Œuvre sur tous les plans et Les difficultés rencontrées n’en Sont pas moindres. Alors apportez-Lui tout votre concours.

86. Si les heures qui s’égrènent Rythment le temps humain, L’Espace donne toute son extension À la vision du Maître en incarnation.

87. Quand vous ouvrez les yeux Sur la nuit qui tombe, Qu’y voyez-vous ?

88. Répondre à vos questions, qui Peut le faire, à part vous ? Mais Je vous aiderai à Trouver en vous ces réponses.

89. Lorsque les énergies ashramiques Infusent vos véhicules, une Activité énergétique dynamise Vos cellules et il faut veiller, au début, À ce que l’agitation ne prenne pas le

Pas sur l’action. Tout en vous est activé, le bon et Le mauvais. Vous bénéficiez tous, au sein du groupe, De ces énergies que distribue Le Maître en incarnation puisqu’Il Les focalise.

90. Souverain, Pur, Fascinant, Étrange, À qui et à quoi s’appliquent ces adjectifs Et qui les ressent et pourquoi ?

91. La vertu est la parente pauvre de L’intégrité qu’elle morcelle à la Multiplicité de ses expressions. Méfiez-vous des vertus, elles Cachent toujours leurs contraires.

92. Dans la brise douce de ces Moments de calme qu’installe La VIE UNE, les nuances colorées Des Rayons glissent sur vos Véhicules subtils pour y déposer La nacre de leurs qualités Qu’il vous faudra un jour exprimer.

93. D’où que vous soyez, Où que vous alliez, Quelle est votre réelle appartenance ?

94. Les joies, les bonheurs sont les Souvenirs fanés des clichés de la vie.

95.Ouvrir son cœur c’est Libérer sa conscience. Libérer sa conscience c’est avoir L’instantanéité d’une partie de La vision.

96. Dans le flux de ces joies qui Se fondent au trop-plein des Émotions, vous trouverez les raisons Mêmes de ces peines et chagrins qui Leur succèdent.

97. Penser à la Synthèse, c’est déjà La morceler. En parler, c’est La limiter, l’analyser c’est La détruire. Seul le Silence l’approche, et encore…

98. Après l’épreuve, quand Le soupir est humain, L’ascension est divine.

99. Il ne faut pas croire aux Rayons, Aux énergies ou à quoi que ce soit d’autre, Il faut les vivre pour les connaître.

100. Et si le mirage et l’illusion Se mariaient, que donneraient-ils ? Un complexe mentalo-émotionnel. Le connaissez-vous ? Le reconnaissez-vous ?

101. Les blattes, les cancrelats, les insectes, Pourquoi existent-ils ? Beaucoup Sont des nuisances. Ils sont à la terre ce que L’astral est au psychisme.

102. En cas de contact fort avec un Membre de la Hiérarchie, et ceci est Valable aussi pour les Maîtres en incarnation, Je le répète mangez peu. Pourquoi ? Parce que la digestion est commandée Par le système nerveux et que ce Dernier, dûment sollicité, a besoin D’être soulagé dans ces fonctions qui Sont les siennes. Dans ces cas-là, si l’estomac est Surchargé, vous risquez des spasmes, Aussi douloureux que désagréables.

103. Ces indigestions nerveuses sont à Ne pas confondre avec des Troubles organiques d’origine Différente. Soyez à l’écoute et discernez. Tout dépend de ce que vous vivez et Canalisez.

104. Une bonne chose qui vous aidera. Sachez que lorsqu’il s’agit D’indigestions nerveuses dues à De fortes énergies, la question ne se Pose pas longtemps, très vite Vous savez.

105. Sous le vent d’une tempête, bien que Les tourbillons soient invisibles, Les dégâts sont terribles au sol. Ne sous-estimez pas les vraies batailles Invisibles que subissent les Maîtres en incarnation de la Part des Forces Noires. Toutes Nos énergies ashramiques Sont alors nécessaires et mobilisées Pour Les soutenir. Soit avant, soit pendant, soit après, C’est selon et parfois les trois.

106. Les jours se succèdent et sont Semblables en apparence mais en Réalité pas une seconde n’est Semblable à la précédente tant les Énergies bougent, s’entremêlent, se Succèdent ou s’absentent. C’est ce que vous vivez en permanence.

107. Plus le ciel est bleu et Plus les nuages sont blancs. Plus le ciel est gris et plus Les nuages s’y fondent. Apprenez du ciel, Ce qui est en bas est comme Ce qui est en haut.

108. Le sillage d’une hélice dans l’eau Fait bouillir le bleu de la mer en Blanc d’écume. Votre trajectoire est au sol terrestre Ce que le blanc de l’écume est au Bleu de la mer, symbole de l’inconscient. Et le bouillonnement est un Éveil de la conscience dont le Blanc symbolise la Synthèse dans Sa couleur inclusive de toutes les autres. Apprenez de la nature. Et devenez le souffle léger de Chaque petite bulle de l’écume.

109. Dans ce grand livre de L’Enseignement que vous ouvrez Pour la troisième fois, la Hiérarchie Tient compte de ce qu’est devenue l’Humanité. Cela devrait vous rassurer et Vous motiver pour aller de l’avant.

110. Voyez les sept Rayons s’inscrire en Diamètres d’un cercle. Si la périphérie Les arrête, c’est que le cercle est humain. Aux ondes concentriques des Périphéries Divines, les Rayons ne Trouvent aucune limite. Il en est de même pour la Périphérie de l’Ashram qui S’ouvre vers l’Humanité Tout entière par l’intermédiaire du Nouveau Groupe des Serviteurs du Monde.

111. Globalité ; à quoi pour vous S’applique ce mot ? Pour quoi ou pour qui le Ressentez-vous ?

112. Si vous vous sentez interpellés, Arrêtez-vous et dans le silence, Prenez tout de suite la direction Suggérée, mais attention, Sachez d’abord qui a suggéré. S’il s’agit du Maître intérieur, Pas de problème. Sinon, de Qui s’agit-il ? Sur le plan occulte il faut toujours Savoir qui est la source.

113. Seule la Source Hiérarchique Est une évidence, Ses écrits sont Imprégnés d’une note Reconnaissable entre toutes.

114. Il y a des rois déchus et des Prêtres défroqués, des mères indignes Et des pères irresponsables. Il y a des enfants malheureux et des Individus avides. Tous ont des Difficultés à être et un mal être à Vivre. Le chaos psychique qui en Résulte a ses racines dans L’éducation. L’éducation est l’aventure d’une vie. Soyez-en conscients et responsables.

115. Troublés par la vie, Piégés par les sentiments, Déstabilisés par les émotions, Égarés par le mental, Les hommes se piétinent en Permanence et la permanence de La conscience leur échappe. Éveillez les consciences.

116. Soyez forts et fermes, avec Vous-mêmes d’abord puis dans Vos vies. La mollesse est indigne.

117. Dans le début d’une journée où Le soleil se mêle à l’hiver, Observez la clarté froide qui Rend l’atmosphère si pure En montagne. Encore là, comme toujours, Apprenez de la nature.

118. Les routes sillonnent la planète Comme les voies sillonnent l’ésotérisme. Les routes semblent droites. La planète est ronde. Qu’en est-il des voies et de l’ésotérisme ?

119. Souvent une certaine fébrilité peut S’exprimer lorsque le système nerveux est Surchargé par les courants atmosphériques Contraires, parallèles à une forte Réception énergétique. Mais cela peut aussi être chez certains Un signe de désorientation émotionnelle. Avant de savoir exactement où L’on se situe sur le plan initiatique, il Ne faut s’occuper que de servir en S’oubliant. Rien d’autre n’a d’importance.

120. Lorsque la note hiérarchique résonne, Le cœur pur répond instantanément Sans se poser aucune question.

121. L’hésitation est la cousine du doute Elle anticipe la décision et en brouille La justesse. En vous trompant vous apprenez, En hésitant vous ramollissez L’Énergie première et en Affectez l’impact.

122. Dans l’ordre, la Beauté s’épanouit Et l’Harmonie s’installe. L’intériorité a besoin d’ordre, rien ne Doit y traîner.

123. Avant de s’exercer sur les autres, La vigilance doit s’exercer sur vous-mêmes. Ne laissez rien s’installer là qui Pourrait nuire aux autres.

124. La question a déjà été posée, mais Où se situe votre priorité ? vos priorités ?…

125. Des Disciples sont en place sur terre Et font un gros travail déjà, Ils participent À l’extériorisation de la Hiérarchie et Œuvrent à la Synthèse planétaire qui Est une des priorités du Plan dont Tous les autres éléments font Automatiquement partie.

126. Sur le plan physique un Maître Oriental a fait beaucoup en regard De l’Énergie de Synthèse en Canalisant en Lui des énergies Extra-planétaires qu’aucun être Humain avant Lui n’avait véhiculées. Sa note fait partie de cette troisième Phase de l’Enseignement. Vous la trouverez dans « Expérience et Maîtrise » auquel l’un de Ses Disciples, le maître E.K., a Travaillé.

127. Nous travaillons Tous ensemble. La coopération créative est la Dominante de la Hiérarchie et Chacun peut aussi S’exprimer Personnellement, ce mot est Nécessaire sur le plan physique mais Ne donne pas l’idée juste du Travail remarquable de certains Disciples dont les écrits, dans la Trajectoire de l’Enseignement Hiérarchique, tout en faisant partie D’une certaine façon de Ce Dernier, Ne sont pas l’Enseignement.

128. Nous entendons par Enseignement Hiérarchique les Parties d’une Synthèse nécessaires à L’Évolution de l’Humanité et délivrées En temps et heure par Nos Disciples et Maîtres en incarnation, Selon les besoins. Deux de ces parties, dans leurs Différences nécessaires furent amenées À l’expression par H.P.B. et A.A.B. La différence de notes en fut déterminée.

Puis des Disciples s’exprimèrent en Fonction de leurs évolutions intérieures Amenant, dans la note hiérarchique, Une expérience utile et à communiquer. Aujourd’hui, sous la note de Morya, Mais en collaboration avec les Maîtres De la Hiérarchie, en incarnation et pas, S’exprime la phase synthétique Rendue possible par L’extériorisation de la Hiérarchie.

Avant de polémiquer sur le doute, Examinez méditativement ces Points précis que Je vous livre.

129. Il ne s’agit jamais de croire ou pas, Surtout pas. Il s’agit de travailler, ce dernier Mot inclut évolution et service. Ce n’est qu’ainsi que vous saurez et Pas avec des discussions stériles qui Tentent de penser pour Nous !

130. La pleine expression de cet Enseignement Se fera en début de siècle, comme prévu, Mais la mise en place s’effectue dès à Présent. Mes Frères, la reconnaissance est parfois Longue, mais vous Nous surprendrez Peut-être ?!!

131. Avez-vous remarqué combien L’Écriture, dans toute phase hiérarchique, Surprend toujours ? C’est par la forme de l’écriture que Passe la note. À l’époque, le travail de Mon Frère D.K. Avec Notre Sœur A.A.B. semblait Difficile à lire. Sa note mentale, Nécessaire, a surpris. Il en est toujours ainsi, Je dirai que C’est un test d’authenticité. 132. Quand l’Un d’entre Nous S’exprime au nom de la Hiérarchie, Tous sont présents.

133. Toute phase de l’Enseignement S’est exprimée, s’exprime et s’exprimera Au nom de la Hiérarchie.

134. Les tentatives de séduction des Frères Noirs sont très subtiles et Avant la consommation active de la Première initiation majeure, soit la Quatrième initiation, il est Quasiment impossible au disciple seul De discerner ces énergies. C’est pourquoi doute et flou font Longtemps partie de la vie du disciple.

135. Avant la Grande Renonciation le Disciple est manipulable. Après Il gère totalement et Consciemment toutes les énergies avec Lesquelles Il est en contact. Il ne peut plus être manipulé mais de Dures batailles en résultent et Parfois des accidents. Œuvrez, et sous la bannière de Morya, ne craignez rien.

136. Les grandes phases évolutives de Chacun se noient au gouffre de L’incommunicable. Seule la Hiérarchie et Ses Disciples en ont L’expression juste, ponctuelle, claire et Fiable. Parce que la

Synthèse la détermine.

137. L’Enseignement ne doit pas être une Béquille devant les grands Problèmes humains de la vie, de La mort, de soi. Il est un moyen d’exprimer le Christ Dans le service pour l’Humanité.

138. La liberté est une faculté de L’être, jamais de l’avoir.

139. La liberté fait partie de vos Propres racines spirituelles, retrouvez-les.

140. Cette liberté vécue dans sa juste Valeur fondamentale est la seule Vraie base de démocratie acceptable.

141. Un retour sur soi en regard de Cette liberté-là est, à travers l’évolution, La seule façon d’installer Collectivement la démocratie.

142. La base démocratique du monde, c’est vous.

143. Mes disciples côtoient beaucoup La politique. Cette dernière fait Partie de la vie sociale. Je

demande À tous de prendre conscience qu’on Ne peut plus l’éluder.

144. Qui parle évolution parle Automatiquement du monde. Tout en travaillant sur vous, Œuvrez pour lui. Ma planète dépend de vous, Votre responsabilité en tant Qu’être humain est engagée, en Tant que disciple elle est primordiale.

145. L’Enseignement ne peut plus S’arrêter à l’individu. Œuvrez, œuvrez, prenez conscience.

146. Il s’agit de contribuer à L’éveil des consciences, non pas Avec un langage ésotérique, ce Dernier est réservé aux disciples en Cercle fermé, mais en Participant aux affaires du Monde sur une large échelle Dans le quotidien, dans le concret.

147. Un Initié au Kremlin, l’avez-Vous reconnu, non pas aujourd’hui, Mais quand Il y est arrivé?

148. Éveiller les consciences oui mais Sur les grands problèmes actuels ; les Individus sont bien assez éveillés à Leurs propres problèmes dans lesquels Ils tournent en rond. Élargissez aux autres.

149. La vision du Maître en incarnation Est juste car elle ne dépend pas du Mental ; globale, elle est synthétique

En tout et l’événementiel pour Lui Est transparent aux causes.

150. Où se trouve la vérité ? Elle est Partout mais partielle. Le puzzle pour la plupart est long à Reconstituer en soi et dans le monde. Et c’est le drame des dirigeants.

151. Ces années 90 sont une période Charnière extrêmement importante Pour l’avenir du monde et L’évolution de l’Humanité y est Évidente. Vous vivez de grandes premières, en Avez-vous conscience ?

152. Aux armes des citoyens se Mêlent les moyens des disciples. Armes et moyens doivent Disparaître pour qu’apparaisse L’Harmonie collective dont Naîtra le citoyen planétaire.

153. Aucune étiquette en politique N’est valable puisqu’elle n’est Qu’un morcellement de L’approche globale nécessaire Actuellement.

154. Choisir son camp en politique, C’est être partisan. Être partisan c’est être de Mauvaise foi et Être de mauvaise foi c’est Couper les cheveux en quatre et Le monde en deux.

155. Que ceux qui se disent spiritualistes Ne s’envolent pas aux nuages qui Survolent la réalité objective des Choses concrètes du monde. Soyez tous des humanistes.

156. Être humaniste c’est avoir le Sens de la coopération et de La collectivité. Un humaniste est Toujours un spiritualiste même s’il L’ignore. Un spiritualiste n’est pas toujours Un humaniste, et il n’a souvent que Le sens de l’individualisme.

157. La vision des besoins des autres Vous amènera à donner les clés qui Fourniront aussi les moyens D’accéder aux valeurs essentielles et Fondamentales qui changeront Les mentalités dans leurs Notes basiques.

158. Ce n’est pas avec des mots que Vous le ferez mais avec une Aide adaptée aux besoins. C’est, à une autre échelle, le Travail typique de la Hiérarchie, Et cela en fait partie.

159. Il n’est pas vraiment question Pour un disciple de donner son acquis Mais il lui faut donner à travers Cet acquis, en le taisant, selon Les besoins, ce que les autres Demandent, non pas en langage, Mais en intériorité et en Nécessité physique. Des secrétaires d’État, par exemple, Le font actuellement en France. Notez que ce ne sont pas des Hommes politiques comme L’entendent ces derniers, mais Comme Nous l’entendons.

160. Il y a dans toute force une Négation qui s’annule ou S’affirme en regard de L’Énergie exprimée. Soyez forts mais avant tout Soyez énergétiques.

161. C’est aux cascades des forces Que la politique s’exprime et Vous pouvez donc vous Rendre compte du travail à y Faire pour harmoniser les Énergies nécessaires.

162. Pourquoi même les meilleurs disciples Veulent toujours rectifier la forme De ce qui est envoyé par la Hiérarchie ? Parce que leur mental est formé, donc Déformé par certains critères D’habitudes. C’est exactement ce que Nous Souhaitons casser.

163. Aux dogmes soyez indifférents, Aux formes soyez attentifs mais ouverts, Aux autres soyez respectueux, vous ne Savez peut-être pas encore qui est vraiment face à vous.

164. La force extrême de l’impact du Contact Hiérarchique n’est supportable Que par le Maître en incarnation. Ne surchargez pas Son travail.

165. Vibrez en œuvrant pour L’avancée de l’Humanité dans Le Royaume des Cieux sur terre.

166. Ne refusez jamais votre aide Face à une demande intérieure, Les agaceries psychologiques sontÀ écarter absolument.

167. Discernez chez l’autre les besoins des Désirs, la différence est grande et La personne elle-même souvent N’en a pas conscience. C’est pourquoi parfois un Maître en Incarnation est perçu comme étant dur Là où Il n’est pourtant que juste.

168. Aux blâmes soyez insensibles, Aux flatteries soyez indifférents, Aux remarques attentifs et Aux critiques ouverts mais intouchables. À tout cela en bloc soyez pleins d’amour Pour faire fondre au Soleil Central Spirituel tout ce qui n’est pas Essentiel, et Servez.

169. En passant Nous demeurons et En demeurant Nous sommes. L’Être est intemporel, éternel et Sans commencement ni fin, Paradoxalement et à la fois.

170. Le contact direct avec la Hiérarchie Impose actuellement une vie Recluse et monastique, mais pas À plein temps. La vie sociale, importante, nécessite Contacts et relations avec tous. C’est à cette double appartenance que Le Maître en incarnation fait face Sans arrêt.

171. Comment se protéger quand On est soi-même protection aux autres, Ce qui est une évidence d’ouverture totale.

172.  L’Ashram est aussi présent à Ce présent travail que Je le suis À l’énergie de cette écriture.

173.  Comme pour un orchestre, Écoutez le concert de la nature, Si vous en distinguez chaque signe Ainsi que vous le faites des sons des Instruments, alors vous remonterez Aux sources de leurs origines. Il y a beaucoup à apprendre.

174.  Le symbole éveille d’abord l’œil par Son image et sa forme, Certains en restent là et c’est le goût qui Intervient, instinct premier d’une Intériorité dont on n’a pas conscience, Il reflète les facettes des harmonies ou Discordances qui vous attirent. Le goût est un baromètre de L’harmonie intérieure à ses différents Stades, depuis l’horreur jusqu’à La sérénité. Ensuite le symbole éveille la curiosité, Cette dernière chatouille la conscience, Intellect, mental, raison s’en mêlent Et par déduction ou induction, L’image est dépassée, la signifiance Apparaît, disparaît, évolue, change Selon les stades intérieurs de L’évolution spirituelle. C’est la recherche, le travail, La quête. Au stade final le symbole est le Reflet instantané de l’essence et de La partie de VIE UNE qu’il représente et Masque. Au premier regard, au premier contact Le Maître en incarnation n’en voit De l’image et de la forme que La Réalité. C’est la Vision, la connaissance directe, La Sagesse doublée d’Amour, La continuité de Conscience que Rien n’arrête.

175. Les symboles sont les clés multiples Qui ouvrent l’intériorité à l’Infinité. Il y a toujours une période d’étude et de Quête mais c’est lorsqu’elle est Dépassée, oubliée, intégrée, digérée, À l’alchimie intérieure que La Réalité dans sa globalité Synthétise la forme à sa Non-signifiance, comme toutes les Autres formes, et que la multiplicité ne Devient que l’expression de la VIE UNE ; Comme les mots ornent le langage et Les lettres les mots, leur donnant Forme pour les distinguer de L’Absolu et les en retirer pour notre Compréhension limitée à la Lecture partielle de ces choses que Fait la VIE.

176. Si, face au miroir vous vous Observez, cette forme qui est la vôtre, Cette image, cette apparence, sont Les symboles d’une Réalité intérieure. Un masque, un paravent que la VIE UNE prend pour différencier et Incarner. Mais peu à peu, en Avançant à l’évolution, c’est La Réalité qui irradie de vous. La Beauté n’a plus d’âge, elle est Fonction de cette radiation superbe, Plus vous avancez, plus la VIE UNE est là, gommant de la Forme ces marques que le fer rouge des Épreuves brûle en chacun. C’est indéfinissable, il y a là un Mystère incommunicable auquel La transfiguration n’est point Étrangère. Et les Êtres qui le manifestent Deviennent magnétiques.

177. Dans tout service peuvent se Glisser de petites erreurs, ce ne sont pas Celles que vous voyez ; ne vous Attachez pas aux pinaillements Du mental, dégagez le positif.

178. Si vos critiques sont des Attaques déguisées, des agressivités Enrobées du ruban rose de l’apparente Bonne Volonté, vous vous brûlerez Vous-mêmes en retour, et l’énergie Positive de l’Enseignement vous Échappera.

179. Soyez cohérents. Ou bien vous Partez, ou bien vous restez, mais ne Restez jamais en conflit avec Vous-mêmes, car vous communiquez Ce conflit qui perturbe les énergies du Groupe. Or tout groupe quel qu’il soit a Droit à votre tolérance et à votre Respect. Ne jouez pas les objecteurs de Conscience, simplement retirez vos Énergies.

180. L’incompatibilité énergétique sur Le plan occulte est une réalité. Profitez-en pour vous remettre en Question, plus les énergies sont Puissantes et plus l’ambiguïté Est possible sur des véhicules non Purifiés, ou pas assez.À votre remise en question, surtout, le Mental ne doit pas participer.

181. Sur les plans subtils, La trame énergétique du groupe Est claire à la Vision hiérarchique. Les couleurs s’y mêlent harmonieusement Et chaque rayon sombre est immédiatement Repérable. Pour l’éliminer le travail est Long, car le disciple en cause n’est Pas conscient de ses énergies troubles Qu’il installe malgré lui. Le travail de purification depuis Le Plan de l’Expérience incombe au Maître en incarnation. Ce dernier prend ces énergies en Charge et les transmute non Pas pour le disciple mais pour le groupe. Il y a là une vérité occulte capitale. Nettoyé, le groupe avance, mais Le disciple en question, lui, Continue à émettre cette négativité et Rien ni personne ne peut agir à Son niveau personnel, que lui-même. C’est donc dans sa conscience que L’éveil doit se faire. Cela vous donne une idée des Difficultés que peut subir le groupe et De celles auxquelles est confronté Le Maître en incarnation, Antenne de ce groupe et Responsable énergétiquement de Son bon fonctionnement.

182. Soyez vigilants par rapport à Chacun de vous et au lieu de Remettre en question le Maître en Incarnation, soyez attentifs à Vos propres émissions énergétiques. Chacun de vous est responsable de La surcharge qu’il transmet au Sein du groupe.

183. Que le sel de cette terre soit Doux à votre goût mais méfiez-Vous des douceurs qui en sont les Contrastes. Où sont les pièges ? Si en tant que disciples vous N’êtes pas attentifs et vigilants en Regard de vous-mêmes, les Frères Noirs eux le sont, prêts à Récupérer toute énergie et Prêts à utiliser tout canal pas Très net. Devenez inmanipulables par Les forces contraires.

184. Les frontières sont des fils Tendus par l’égoïsme nationaliste. Elles ne sont qu’institutionnelles.

Le citoyen planétaire a le cœur Sans frontière actif, c’est de là, de Ce point central chaleureux, Responsable et conscient, que L’ouverture se fera et que la Vision juste du monde s’imposera. Mais Il faut abattre d’abord les Frontières qui brident les cœurs.

185. Observez, écoutez les mentals Pointus et logiques que les Frères de l’Ombre utilisent pour Communiquer aux masses. L’intellect ici est roi et le raisonnement Sans faille à l’écoute populaire. La forme est presque parfaite. Presque parce que les vrais humanistes Ne s’y laissent pas prendre. Mais le danger existe, les forces Matérialistes se servent bien elles-mêmes.

186. Lorsque le souffle de la VIE UNE Peut passer dans les mentalités, il N’y a plus de danger. Votre Travail d’éveil des consciences est Là, aussi.

187. En tant que disciples, vous Êtes en charge du souffle de La VIE UNE. Mais il n’y a là aucun volontarisme Spirituel. Ce dernier n’exprime Qu’une volonté de faire et l’agitation Qui en découle Brouille les données spirituelles.

188. D’où que le vent souffle, le brouillard, La tempête, les nuages ou la nuit sont Des éléments probables de ses Diversions, alors sachez d’abord D’où le vent souffle et ensuite Soyez attentifs aux diversions.

189. La lumière émise dans L’Espace voyage longtemps ; c’est Pourquoi vous pouvez encore voir Des étoiles mortes déjà. L’énergie émise ne s’arrête pas Facilement et comme elle suit La pensée, prenez conscience de Votre responsabilité individuelle Face au monde.

190. Beaucoup se heurtent aux mots « Silence intérieur ». C’est parce qu’ils Confondent intériorité et pensée. Et la pensée anarchique qui S’alimente toute seule est un Élément agitateur de l’intériorité.

191. Dans les bas-fonds les plus Sordides, il y a toujours un Vasistas à la vitre sale qui Peut être nettoyé.

192. Le rayon lumineux, même fugitif, De l’intuition est toujours un Émerveillement pour l’intellect. Millimètre après millimètre, La conscience émerveille avant de se Stabiliser en partie intégrante de l’être.

193. Aux entités que sont Espace et Temps, Offrez en sacrifice la temporalité de L’incarnation comme une offrande Au Bien Commun de l’Humanité pour Qu’elle avance en Sagesse et en Amour.

194. En d’autres termes : Servez et aimez.

195. L’Apocalypse est un début, Jamais une fin. Quelle mauvaise interprétation Est faite de ce mot !

196. Sur la pente sacrée de Ce Christ vers lequel vous montez Se trouvent tous les secrets et Toutes les clefs de vos fonctionnements Psychologique et psychique.

197. Il n’y a aucun message Concernant les choix. Ces derniers Sont votre responsabilité. Nous n’agissons jamais sur votre Libre arbitre, ce serait intervenir dans Le karma.

198. Quand le quotidien donne Quelque signe, il suffit de voir. Si vous ne voyez pas c’est que vous N’y êtes pas prêts.

199. Comment Aimer quand Les sentiments torturent Le cœur et les sens ?

200. Rien ne se ferme mieux aux Mots qu’il ne veut pas entendre que L’ego. Sa tour d’ivoire est

Imprenable par les influences extérieures. Seules les épreuves lourdes font Vibrer ses fondations qu’il Faudra bien détruire un jour.

201. Combien de litres de sang ont Coulé aux erreurs, Combien de litres d’encre ont coulé Pour les rattraper, les excuser, les justifier, Combien de litres de larmes ne Les ont-ils pas effacées ? Combien d’énergies dispersées, Mal employées, combien de Temps perdu, d’heures gâchées ; L’intemporel ne suffirait pas à Les rassembler, à les compter ; Alors où se trouve l’essentiel ?

202. Si les temps ne sont plus ce qu’ils N’étaient déjà pas, comment Poser la question suivante, Quelle est-elle ? Et comment en Trouver la réponse ?

203. Dans l’absurde vous trouverez Parfois des questions justes. Dans la Réalité vous trouverez

Toujours les réponses. Mais comment passer de L’absurde à la Réalité ? Cela vous ne le trouverez qu’en vous.

204. Toute polémique est un Langage de sourd auquel les énergies de L’âme ne participent jamais.

205. De l’effet à la cause il y a La dimension du symbole ; De la cause à l’effet, il y a Le souffle de la VIE UNE, déformé.

206. Dans l’habitacle froid de ces Raisons qui n’en sont pas, vous Trouverez le tout-à-l’égout de ces Prétextes dont on se fait de Bonnes raisons.

207. Aux charmes futiles de ces visions Partielles qui séduisent, se trouve Le tonneau des Danaïdes que Le désir et l’envie se font pourÉviter leurs morts successives et Inévitables.

208. Dans l’aube fragile d’un Destin précaire, la forme Parfaite du nouveau-né émet D’entrée, dans l’espace, l’appel Au secours de son cri natal. Qui va y répondre ? Votre réponse est le baromètre évolutif de votre intériorité.

209. Sur le plan énergétique, Conduisez consciemment chacun de Vos véhicules ; ce n’est qu’alors que Vous ne risquerez plus de vous Tromper de voie. Jusque-là il y a toujours une Chance sur deux de Prendre le sentier de gauche.

210. Plus le vent pousse fort les Voiles d’un voilier, plus Fermement il faut en tenir Le gouvernail.

211. Les forces agressantes Demandent beaucoup D’énergie dirigeante.

212. Jusqu’à l’unité intérieure, Le prochain, c’est d’abord vous.

213. Au stade où la beauté est dans Le regard, la Vision n’est pas présente. La Vision n’est présente que Quand la Beauté est Indépendante de la forme.

214. Lorsque la terre se gonfle sous La poussée d’une colline, cette Extension, signe de sa générosité, Émeut l’œil et aux formes arrondies Tapissées de vert, le regard caresse ce Qu’offre la nature sans n’y Voir rien d’autre que L’attrait du paysage. C’est en escaladant la colline que Le symbole deviendra vie.

215. Un rythme lancinant peut Installer une forme d’hypnose, Parce que les ondes sonores ont Un pouvoir certain. Tous les rythmes sont bons mais Certaines notes écorchent L’harmonie énergétique des Véhicules. Alors n’écoutez pas N’importe quoi, n’importe quand. Seul le silence résume en lui Toutes les notes comme Le blanc résume en lui Toutes les couleurs.

216. Quand la communication avec Nous Est forte, elle s’arrête et reprend Indifféremment au cours d’une Journée, comme le ferait une Conversation. Pour cela le Maître en incarnation Est équipé et préparé.

217. Dans la joie d’un retour se Trouve déjà la tristesse d’un Départ. Pourquoi anticipez-vous Toujours ce que vous vivez ? Il n’y a de Réalité que dans L’Éternel Présent.

218. La pureté est ce qu’il reste Quand sont épuisés tous les Principes et tous les interdits. Dans l’innocence de la spontanéité Première vous la trouverez ; elle ne Sait ni jouer ni paraître. Un regard pur est la chose la Plus belle et la plus rare qui soit ; tant De déformations sont à déplorer!

219. Tout ce qui est direct n’est pas bon Mais tout ce qui est bon est direct.

220. Aspirer à l’être c’est Courir vers soi.

221. On ne peut pas donner le change Indéfiniment, tôt ou tard le Non-soi vous trahit. Ce n’est que Juste et dans l’ordre des choses Spirituelles.

222. Un roi abdique-t-il par Amour ou Par sentiment ? L’Amour englobe Plus qu’une seule personne.

223. L’Amour a parfois bon dos, mais Attention le mal de dos est le Mal du siècle !

224. Si les rubans roses de tous les Prétextes invoqués étaient mis Bout à bout, ils feraient plusieurs Fois le tour de la planète, la Transformant en sucre rose Perdu dans l’espace. Et le sucre fond.

225. Chercher midi à quatorze heures, Et couper les cheveux en quatre sont Deux des occupations indignes et Favorites de l’homme. Et c’est le mental qui en est responsable.

226. Attention le psychologue ésotérique Est impardonnable s’il confond Les problèmes purement psychologiques Et les problèmes dus aux Énergies de l’âme et autres. Certains cas

relèvent de la Psychothérapie. Et souvent la Psychologie ésotérique n’est que Le relais à prendre en un Second temps. Attention c’est ainsi que s’installent Chez le patient mirage et illusion à Propos de son degré initiatique.

227. Tout comme un analyste suit Une analyse didactique, tout Psychologue ésotériste devrait Connaître les mécanismes de la Psychothérapie normale, il est Souhaitable qu’il passe lui-même par La voie orthodoxe afin de Faire la différence et de suivre Vraiment ses patients.

228. Faites une différence entre Évolution individuelle et Psychologie ésotérique, ne les Mélangez pas, ne les confondez pas.

229. Trop de gens passent au-delà des Vrais problèmes en choisissant une Voie spirituelle.

230. Soyez de vrais psychologues et Devenez des psychologues ésotéristes et Pas le contraire ou alors en Passant par les voies normales. Regardez, écoutez, lisez et apprenez de Jung dans sa démarche praticienne.

231. La psychologie de l’âme N’existe pas. Ceux qui le croient Réduisent l’âme à une simple personne.

232. Il est trop tentant et trop facile De prétexter l’âme et de laisser S’installer des lignes de Moindres résistances qui ne sont que Les facéties de l’ego. Alors soyez vigilants ! Très vigilants ! J’ai dit !

233. Outre le bien que vous pouvez faire Il y a le mal qu’il ne faut pas faire. Noyer quelqu’un dans son psychisme Est une faute grave.

234. La noyade psychique est L’écueil à éviter pour tous ceux Dont l’ego, le non-soi, est Hypertrophié. Ce dernier, machiavélique, Endosse les déguisements de l’orgueil Sous les pires pirouettes humbles qui Soient. Attention !

235. De toute façon tout mot Justificateur est suspect. Par contre toute proposition Créative est à prendre en considération.

236. L’âme étant dégagée de Toute influence planétaire, L’astrologie de l’âme n’existe pas. C’est l’étude des énergies en regard Des dispositions planétaires qui existe et Que l’on peut faire afin de Déterminer les impacts et Conséquences sur le plan physique car Le véhicule physique, lui, n’est Jamais dégagé de toutes ces Influences qu’il subit puisqu’il N’est pas un principe. Soyez clairs !

237. Et le véhicule physique est L’outil de l’incarnation, il faut Donc faire avec et le préserver au Maximum tout en prévenant si On le peut les chocs des impacts Probables les plus violents.

238. Actuellement vous ne vous servez Pas de l’Astrologie ainsi, vous Vous envolez dans les Rayons que Vous comprenez mal et en faites Tout un tas d’histoires par rapport l’âme, qui, sur son plan, n’a Aucun besoin de toutes ces enquêtes qui Tentent de la cerner. Soyez logiques et clairs.

239. Étudier les opportunités offertes par Les positions planétaires, c’est bien.

240. Œuvrez à l’Astrologie, c’est Une science importante, les Tâtonnements sont inévitables Mais ils sont surtout dans la Tête de tous ceux qui finalement Ne s’intéressent qu’à eux (non-soi).

241. Les visions partielles de l’âme Sont le centre d’intérêt du non-soi Qui a la folie des grandeurs et Peut ainsi tenter de se dépasser. Il ne fait que s’enfler un peu plus.

242. Le Maître en incarnation seul A la vision intégrale de la Personne qui est en face de Lui. Il l’a même sans le contact physique. Alors dans le travail, Faites-Lui confiance.

243. Au terme de chaque incarnation On trouve addition et soustraction. Laquelle est la plus forte ? Vous seul durant l’incarnation Pouvez en réduire la dualité et Finir en beauté au centre du Zéro de l’Infini.

244. En Astrologie le sujet n’est Jamais passif. Beaucoup trop En font encore un objet passif.

245. Si vous n’avez plus besoin d’or, Vous en aurez la lumière ; Chaque chose a sa complémentarité Indispensable sur les plans subtils.

246. Mais il faut d’abord en Dépasser l’envie puis le besoin et Vient alors l’essentiel dont Vous

pouvez disposer à volonté.

247. Aux origines de la Beauté il y a L’Absolu qui se meut dans L’Infinité. La forme n’en est que le résultat.

248. Les souffrances physiques et Morales d’une maladie incurable Sont le tunnel que prend la vie Pour déboucher sur la mort. C’est ce tunnel noir qui est Pénible et douloureux à L’individu. Comment l’éclairer ?

249. Dans les difficiles réactions que Les liens affectifs tissent, Se trouvent les accrocs, les Déchirures du corps éthérique Vital.

250. Les affects sont la gangrène du Corps énergétique.

251. Aux fleurs fanées des Traditions, quelques Diamants scintillent encore, Mais peu.

252. Trouvez-les aux symboles Immortels que la vie perpétue. Ne restez pas attachés à leurs formes, Suivez le chemin qu’indique Leur lumière.

253. Les courbes trop sinueuses Sont à éviter mais souvent vous Ne pouvez pas puisque vous Les fabriquez.

254. Brefs et concis sur ce qui Est important, ne vous Étendez pas sur ce qui N’en vaut pas la peine. L’Énergie est précieuse.

255. Le Maître en incarnation ne Quitte pas le Plan de l’Expérience, Simplement Sa Conscience se déplace Sur les plans qui nécessitent Sa Présence.

256. Donner corps à la Lumière c’est Incarner le Vrai, le Beau, le Bon.

257. Oubliez vos tracas, les Soucis quotidiens ne sont que Les épines de la tige d’une Rose.

258. À certains moments vous Profitez de l’argent qui vous Est prêté le temps du service dans L’incarnation, il y a toujours une Raison. Soyez-en conscients.

259. Faites attention à l’argent du Groupe, il ne vous appartient pas, Ne vous donnez aucune bonne raison Pour le prendre, peut-être trouverez-vous Des prétextes pour l’emprunter. Toujours rendez-le.

260. Ne détournez jamais consciemment Une énergie. L’argent est une énergie. Être inconscient à ce stade-là n’est Jamais une excuse.

261. Vous disposerez de ce dont vous Avez besoin et certains chercheront à Vous léser. Passez outre mais ne gaspillez Rien.

262. Le temps d’une remise en question et Voilà que le mental s’affole et Se raccroche à n’importe quoi pour ne Pas sombrer dans l’inconnu.

263. Une œuvre n’est jamais achevée, Elle se continue sur d’autres plans, après La transition, si bien qu’elle précède la Naissance et voilà qui donne aux Œuvres en général un petit air D’éternité qui n’est pas que dans L’immortalité telle que les Humains la conçoivent.

264. Le Maître en incarnation doit Bouger beaucoup. Plus l’évolution Est avancée sur le plan initiatique et Plus les énergies telles des lampes Sont repérables sur les plans subtils. Il faut donc parfois brouiller les Pistes pour échapper aux attaques.

265. L’humour est une force extraordinaire ; Si vous faites rire en parlant de vous, À vos propres dépens, alors vous Êtes déjà loin sur la voie de l’être.

266. Fuyez la pesanteur, quelle qu’elle Soit. La vivacité d’esprit en dépend. C’est une qualité nécessaire à tout disciple.

267. Vivre seul demande une Force intérieure peu commune ainsi Qu’une grande richesse d’intériorité. C’est dans la solitude que se font Les contacts hiérarchiques les plus forts. Cependant il est un temps où Nous Pouvons mettre sur votre chemin une Âme compagne qui ne gênera en rien Ces contacts.

268. L’harmonisation des énergies D’un Maître en incarnation est Difficile et peut provoquer des troubles Chez lui comme chez les autres.

269. Bien souvent quand les joies se Multiplient, c’est que l’épreuve n’est Pas bien loin. Même au fond du gouffre, La Joie ne doit pas vous quitter.

270. Je lance vers vous des fils par Lesquels votre ascension vers la Hiérarchie est facilitée.

271. Le vin est un produit naturel que L’homme falsifie. En étudier le symbole apprend peu sur Le vin mais beaucoup sur l’homme à Travers les âges.

272. L’endroit où vous vous trouvez est Toujours le bout du monde pour Quelqu’un d’autre.

273. Dans la fraîcheur d’une fin de Soirée d’été, respirez à fond les Parfums ambiants, ils sont Messagers des mondes subtils.

274. La paix et le calme n’ont d’égaux que La paix et le calme. Il faut savoir s’y ouvrir et les Accueillir mais il faut aussi Savoir les irradier et les installer.

275. Le dernier des rayons du soleil a Cette nuance dorée qui donne à tout Ce qu’il touche des reflets que Même l’or ne communique pas, Surtout dans l’usage que l’on en fait.

276. En gestation, en créativité, en travail, En service, en initiation douloureuse, Soyez des flambeaux et marchez sous La bannière de Morya, œuvrez pour L’Humanité, avancez et bâtissez.

277. L’oubli n’est que l’effacement Progressif d’une mémoire qui ressuscite au présent, L’oubli est salutaire au mental puisqu’il en Lisse la surface.

278. Sous des oliviers, en quelque coin de Ciel bleu, vous trouverez la force de Continuer et la motivation toujours Renouvelée, toujours vivace. Arbre magique dont la conjugaison avec Le soleil et le climat, même en hiver, est Remarquablement favorable. Ne l’oubliez pas.

279. La grande mobilité du Maître en Incarnation L’emmène toujours à L’endroit le plus favorable au travail du Moment, quel que soit ce travail, Quel que soit le plan concerné, quel que Soit le service du moment, à l’intérieur Du Grand Service et du Plan.

280. Rien ne devrait jamais nuire aux Moments privilégiés de contact. Tant de Conditions doivent être réunies. Les Forces contraires le savent et tentent Toujours l’impossible pour enrayer les Moments favorables. Si possible, bougez et en quelque Endroit, œuvrez, œuvrons ensemble. Morya, disponible, veille.

281. Quand le corps physique est bien Reposé, les autres véhicules sont Alignés, et à n’importe quelle heure, Vous serez en condition optimale de Travail. Mais le repos doit être parfait. Veillez à être ce que vous appelez En forme.

282. À certains moments la vie du Maître en incarnation sur le plan Physique est une série de Va-et-vient extrêmement ordonnée qui Passerait facilement à l’œil extérieur Pour une bougeotte. Les lois intérieures du contact sont Encore inconnues et à déterminer, Cela viendra plus tard. Observez, Accompagnez ce mouvement, facilitez-Le si vous êtes sollicités ; c’est que la Vie quotidienne sur le plan physique de L’incarnation n’est que le reflet de Causes nombreuses dont les Véhicules sont maîtres. Les énergies sont un monde très Complexe, leur approche est une chose, La compréhension que l’on s’en fait Intellectuellement est autre chose. Quant à les vivre au maximum de Leurs effets nombreux est encore un Stade qui demande une grande Discipline et beaucoup de ce qui Pourrait apparaître comme des Concessions à certains. Des périodes d’ascétisme sur le plan Énergétique sexuel sont tout à fait Normales mais le Maître en Incarnation ne les vit pas comme Une ascèse, c’est une condition Tout à fait normale pour Lui, et Il la Vit comme telle, sans même la noter Plus particulièrement.

283. Par moments lorsque l’adversaire Frappe un grand coup, toutes les Énergies ashramiques sont Mobilisées, vous le savez. Pourtant, Dans l’incarnation, la solitude du Maître en incarnation est grande. C’est qu’Il représente dans Son Corps physique et Ses corps subtils, la Surface à abattre à Lui tout seul. Rendez-vous compte.

284. Les blessures sur les plans subtils Sont très douloureuses et descendent Rapidement au véhicule physique, Endommageant sa résistance. C’est là qu’il faut jouer serré car La méthode des Forces Noires est le Pilonnage, et il ne faut pas y Donner prise.

285. Pour une lampe dans la nuit, Le voltage des énergies est Comparable à des monceaux D’énergies surmultipliées tant L’ombre parfois absorbe goulûment La moindre lumière à ses Urgences latentes qui, telles des espionnes, Sont à l’affût sans cesse.

286. Toute coupure soudaine des Habitudes est excellente. Tout changement de programme de

Dernière minute peut être salutaire. Dans ces cas-là le célibat semble Obligatoire. Il l’est souvent. Seul un autre Maître peut comprendre Et accepter. Ou alors un disciple dont L’obéissance occulte est la clé.

287. Jamais encore le sol de l’incarnation N’a connu un couple de Maîtres. Et il n’en connaîtra probablement Jamais dans le sens où vous Entendez couple.

288. Donnez-vous les moyens d’être pour Faire ce que Nous attendons de vous En regard du Plan. Et vous aurez les moyens de faire.

289. Si le temps a les couleurs du jour, Le jour lui a les nuances brillantes Dont la nuit n’a pas eu raison. Au sol de l’incarnation gardez Brillantes les couleurs du jour.

290. De point en point vous Indiquez cette ligne directe dont Le service est la voie la plus sûre.

291. « Il n’y a qu’à… » est une Expression à bannir. « Il faut… » aussi. Que reste-t-il ? Le silence de l’action juste.

292. Les trèfles à quatre feuilles sont des Moments rares qu’engendre la nature. Où sont vos trèfles à quatre feuilles ?

293. Les courts-circuits psychiques sont Très graves. Le Feu déclenché en est Inextinguible et les dégâts très Souvent irréparables. Attention de ne pas survolter le Psychisme.

294. Pour travailler vraiment dans La ligne hiérarchique, à bannir : Toute revendication du

non-soi qui Installe un climat psychologique Nuisible au travail. Oubliez-vous au sein et au profit Du groupe.

295. À chaque problème sa difficulté et Sa solution. N’évitez pas les problèmes mais Remettez-les à leur place, ce ne sont Que des problèmes.

296. L’homme ordinaire s’accroche, Tant que faire se peut, au rationnel, L’aspirant baigne dans l’irrationnel Et s’en émerveille. Le disciple tente de rendre rationnel L’irrationnel car sa raison l’accepte. Seul le Maître en incarnation A résolu cette dualité et vit La Réalité qui ne connaît ni Rationnel ni irrationnel parce que Ce couple d’opposés est résolu.

297. Donnez de l’eau à n’importe quel Animal, il la boira. Seuls ceux qui Y vivent y plongeront et là, Indépendamment d’eux, le sel Fera la différence.

298. Ce qui veut dire qu’avant de Plonger au psychisme, il faut Savoir si nous supporterons le plongeon. Entre problèmes psychologiques et Plans subtils le sel corrosif de L’ego rouge est détruit.

299. Consciemment ou pas vous Vivez dans le psychisme, il vaut Mieux y évoluer consciemment. Freud en amenant cette dimension A beaucoup fait. Il faut aller beaucoup plus loin.

300. La psychologie ésotérique est, à L’avenir, ce que Freud fut au passé.

301. Tout travail n’est valable que Dans l’oubli de soi. Sinon il alimente Les exigences déguisées de l’ego. Méfiez-vous du besoin de reconnaissance, Il vous installe dans le regard des Autres et fausse toute activité même Humanitaire.

302. La somme de travail que peut Accomplir un disciple dans le Service est inépuisable. Il est regrettable néanmoins que Le disciple, en général, ne voit pas, ne Comprenne pas que le renoncement mène À un service large.

303. Trop souvent vous prenez prétexte de «

L’alimentaire » et du besoin pour Reléguer le service au tiroir du Superflu de votre temps.

304. Le Service est la principale activité De la vie du disciple. Prenez exemple sur Jésus. On n’exprime pas le Christ dans les Tiroirs de la vie mais dans un Engagement total, quelle que soit Cette vie. Cela demande énormément de COURAGE.

305. Le courage psychique est le Plus fort de tous ces petits courages Que vous exprimez. Il est sans cesse la plongée dans L’inconnu. Impossible sans l’oubli total de soi.

306. Les liens affectifs sont des Amarres de sécurité que vous Jetez sans cesse entre vous-mêmes et Vous-mêmes, ils n’ont strictement Rien à faire avec l’Amour.

307. Accomplissez et en accomplissant, Devenez.

308. Quelle Beauté que la communication Directe avec un Membre de la Hiérarchie En incarnation ! Si vous pouviez en distinguer la Trame délicate sur les plans subtils, Elle est le reflet des traces colorées que Laissent dans l’Espace les Énergies des Maîtres en contact

dans Un va-et-vient qui se stabilise en Sillon.

Plus la transmission est forte, Plus le sillon est vivace.

309. Un Maître en incarnation peut Travailler, et particulièrement Transcrire n’importe où, entouré de Gens même ; seules Le dérangeront Les agressions des affects dirigées Sur Lui. Ces agressions sont inhérentes aux Personnalités voire famille, environnement Donc en tant que disciples, Gommez vos affects et Ménagez-Le.

310. Court-circuiter le travail d’un Maître est une faute grave même si Elle est inconsciente.

311. La Joie au cœur le Maître en Incarnation dirige Ses énergies là Où le besoin est, dans l’instant.

312. La dévotion est une aspiration juste, Comme toute aspiration, elle ne Doit pas devenir le but d’une vie.

313. Le fanatisme n’est souhaitable en Rien. Ni en religion, ni en show-business, Ni en ésotérisme !

314. Que les priorités se fassent Claires dans vos esprits embués.

315. En dehors de ces épreuves qui Ouvrent les consciences, que les Joies contribuent aussi à les Illuminer.

316. Si la VIE UNE par l’intermédiaire De l’Esprit puis de la Matière se Voile d’un corps, à votre avis, Pourquoi ? Voilà un beau sujet de thèse à traiter.

317. La parole n’a priorité sur Le silence que lorsqu’elle est Foudroyante, c’est-à-dire juste.

318. D’où que vous vous tourniez Vous êtes toujours sur la périphérie D’un cercle dont le centre est le lieu de Votre intériorité. Où situez-vous cette dernière ? Où vous situez-vous ?

319. La Mythologie est une foison de Symboles. Il est intéressant d’y Pénétrer plus avant. Les archétypes que vous y découvrirez Vous ouvriront des horizons Illuminant sur vous-mêmes.

320. Le Temps est à l’Espace ce que La cascade est à l’eau. Il coule et nous passons.

321. Soyez ! Et J’ai envie de dire « Êtes ». La surprise de l’inattendu peut Débloquer en vous de vieilles défenses Mentales. Ne craignez pas l’inattendu.

322. Le jour où vous donnerez à Votre ennemi ce que vous donneriez à Un frère, ce jour-là vous approcherez Intellectuellement ce que « Impersonnalité » signifie.

323. Aux vibrations tenaces qui ne Manqueront pas d’envahir vos Véhicules, laissez-vous aller. Proches d’un Maître en incarnation, Si vous êtes perceptifs, vous les Reconnaîtrez.

324. De l’aube au crépuscule, Aimez. Du crépuscule à l’aube, Remettez-vous au sillage du Maître en incarnation et Ayez confiance. C’est un moment de purification Intense.

325. Ne transgressez rien, Traversez et osez aborder ce que vous Rencontrez, y compris vous-mêmes, Bien en face.

326. Aux temples grisonnants des Traditions et rituels vous pouvez faire Chanter encore des notes endormies Depuis longtemps. Si les coques des formes sont vides, L’esprit est encore en chacun de vous.

327. Chaque regard est une question, qui Seul possède la réponse. La réponse est valable lorsqu’elle est trouvée. Peu de réponses données sont efficaces.

328. La bonne question est souvent Préférable à la bonne réponse. Encore faut-il savoir la poser. Le Maître en incarnation a l’art de la Question parce qu’Il en connaît Les réponses.

329. Ne prenez pas le temps d’aimer, Donnez-le.

330. À la fleur fanée le temps se dérobe, À l’âme éclose

le Temps s’épanouit. Soyez l’âme fleur sur laquelle le temps N’a pas de prise. Soyez la fleur d’âme intemporelle.

331. La matin se lève, tranquille, sur L’ordre des choses qui vous entourent. Soyez-en conscients et rendez grâce à L’ordre magnétique universel qui Maintient chaque atome à sa place.

332. Soyez attentifs à Dieu et pas Au mot qui ne désigne que ce que Vous en avez fait ou imaginé.

333. À la plénitude de Vos véhicules bien Alignés, les énergies coulent Harmonieusement, installant un État de calme serein où, bien que sur le Plan physique, Vous participez, à la Fois, des autres plans. Pour le Maître en incarnation ce sont Des moments de Bien Être très Appréciables dans les tourmentes Énergétiques qui précèdent et Suivent ces instants.

334. Le rire franc, éclatant, le vrai Rire est une bénédiction que vous Devez cultiver. Il est rare.

335. Libres, vous ne l’êtes que quand vous Adhérez à la VIE UNE.

336. Pouvez-vous soutenir l’intensité du Regard de Morya ? Alors vous aurez la force de continuer ou De commencer à servir.

337. Le regard du Maître, direct et Intense, ne tergiverse pas.

338. On ne comble pas des lacunes Comme on comble un trou. Même pour combler un trou, on choisit Le matériau.

339. À la créativité de vos solutions Les problèmes ne tiendront pas la route.

340. Aux peuples qui se partagent la Planète apprenez la solidarité sans Laquelle aucun partage ne tient.

341. Dans une glace qui fond vous Retrouverez l’inconstance mielleuse Du paresseux.

342. Les hommes de pouvoir ne sont que Des hommes d’illusion.

343. La fonction en politique est une Opportunité d’entrer dans L’impersonnalité du service. Hélas, très peu d’hommes politiques En ont le sens juste.

344. La politique traite des affaires du Bien Commun, elle est une affaire de Bien Commun, elle est la Responsabilité de tous déléguée Par chacun.

345. Donnez à votre engagement Spirituel toute son ampleur et Tous vos engagements prendront alors Leur vrai sens dans une note claire, Celle de la Hiérarchie.

346. La sensation d’engorgement Ressentie au réveil à hauteur du Troisième œil est due à une Congestion énergétique localisée Dépendant soit du travail effectué Sur un autre plan durant la nuit, Soit d’une agitation ayant Empêché la pleine expression d’un Contact la veille. Les télépathes conscients, Maîtres en Incarnation, peuvent ressentir parfois Ce malaise qui n’a rien à voir avec Un mal à la tête ordinaire. Ils sauront de quoi Je parle.

347. Quand l’engorgement énergétique Est dû à une intégration filtrante D’énergies à purifier sur un autre Plan, il est en général accompagné De renvois, comme une difficulté à Digérer, ce qui est le cas ! Œuvrez et sachez ce que cela Implique sur le plan physique.

348. Le réseau noir d’énergies négatives Engendré et alimenté par les disciples Serait stupéfiant à vos yeux ébahis, à Votre regard, inconscient, de vos propres Négativités. C’est pourquoi la plupart du temps le Maître en incarnation, qui participe à Ce nettoyage nécessaire, n’en retient Pas le souvenir dans le cerveau. Ceci, pour éviter de surcharger la Pesanteur du plan physique. En fait pour L’épargner.

349. Il faut être forts pour Œuvrer en collaboration avec La Hiérarchie. Que l’énergétique VIE UNE vous Soutienne.

350. Si Dieu reconnaît les Siens, Les siens Le reconnaissent-ils ?

351. La croix qu’a connu Jésus le Maître Ne fait que symboliser celle que Chaque Maître en incarnation Connaît au contact des autres. La crucifixion se vit d’une façon Ou d’une autre, le Sang de Mon Calice en témoigne.

352. À Nous Tous, en charge du Plan, La Hiérarchie est un cœur qui Bat le rythme de la montée de L’échelle de Jacob par l’Humanité. Chaque barreau en est une étape Initiatique individuelle qui Amène au groupe une impulsion vers Le haut. Soyez le barreau, l’échelle et La montée et Œuvrez !

353. Parfois quand les courants Sont trop difficiles à la transmission, Distrayez-vous.

354. Chaque vie est une étape dont Les marches sont à la demeure ce que Les degrés sont au Temple.

355. La synthèse est une faculté de Perception globale dont L’inclusivité est la note-clé.

356. Appréciez la fluidité de cette Transmission dont la lecture est à Votre cœur une opportunité de Contact avec les énergies hiérarchiques.

357. Dans le cœur de la matière, Chaque atome bat le rythme de La montée de l’échelle de Jacob. Savez-vous ce que cela veut dire ? Pouvez-vous le déduire ?

358. Dans sa densité, la matière Évolue. Mais il faut l’accompagner.

359. Cette expression de l’Église catholique « Le Christ vivant » est Un pléonasme.

360. Comment apprendre à vivre, Comment vivre quand aux États-Unis, tous les trois-quarts D’heure, un meurtre est commis ? Il faut contribuer à accélérer les Prises de conscience.

361. Où le manque d’Amour, Où l’excès de sentiments, Où la recherche des émotions Ont-ils mené le monde ?

362. Est-ce de la mort de quelqu’un Ou de sa perte que vous avez du Mal à vous remettre ? Pourtant liées, ce sont deux Choses différentes. La première concerne l’autre, La seconde vous concerne directement.

363. Lorsque vous criez Morya, Il Est présent. Il suffit que votre Pensée l’effleure pour que Son Énergie afflue.

364. Aux gradins d’un cirque antique Le moindre murmure est perçu par Chaque spectateur. Nous sommes aux murmures ce que Le cirque est au monde et Les gradins à chacun de vous.

365. Si la comedia dell’arte Projette le théâtre aux

facéties de ses Parodies, c’est pour mieux donner La mesure du ridicule de ces Situations qui finalement sont Le quotidien. Comme au théâtre, prenez du recul, C’est un bon moyen d’en rire.

366. Dédramatiser, c’est Donner une chance au non-soi de Ne pas s’exprimer.

367. Quand le groupe a tant de mal à S’harmoniser, c’est que l’essentiel à Chacun des membres n’est pas le Même pour tous. Où est l’essentiel ?

368. Les larmes de rubis de ces Gouttes de sang qui ont coulé Aux souffrances pour emplir Le Calice sont autant de Pétales tombés dans le sillage D’un parfum immortel.

369. Dans la mobilité souple de Certains feuillages brillants, Vous trouverez l’expression du Souffle de la VIE UNE dans la Lumière de ses caresses.

370. Une grande ville n’est Jamais silencieuse. C’est pourquoi vos véhicules Y peinent.

371. Il suffirait de ne jamais entrer Dans l’écueil du dialogue Entre personnalités. C’est là le nid des rejets et des Revendications. C’est là que le mirage prend des allures de Vérité, d’évidence qui sont toutes Personnelles. C’est là le petit bout de la lorgnette.

372. Nous n’avons rien à prouver. Lorsque la perception se double de rejet, C’est que la note hiérarchique ne vous Atteint pas. À chaque rejet, demandez-vous Pourquoi, et pourquoi encore Jusqu’à une vraie raison. Parce que vous trouverez beaucoup de Prétextes qui ne seront pas suffisants.

373. La radiation émise par un disciple Engagé à Nos côtés et enthousiaste dans Le service est magnifique, c’est le Plus beau bouclier qui soit face aux Frères Noirs que vous côtoyez.

374. Qu’est-ce qu’une belle journée Pour vous ?

375. Demandez-leur ce que représente La vie pour eux? Ils vous parleront du quotidien, Alors, donnez quelques bouffées du Souffle de la VIE UNE. Un jour ou l’autre, en eux, une Tempête se déclenchera et le Souffle peut-être leur paraîtra familier.

376. Quand le centre du cœur est Ouvert, il n’y a plus de rejet possible.

377. Quand le centre du cœur est Ouvert, le discernement est roi.

378. La magie noire découle de Rituels précis axés sur le désir D’obtenir des résultats, quoi qu’il arrive. La magie blanche est un état dont Découlent des règles précises non viables Avant une certaine initiation. La première est un processus volontariste, La seconde, un état d’ « être » tout simplement.

379. Si un insecte se débat, Que faites-vous ? Vous n’intervenez pas, Vous l’achevez ou Vous l’aidez ?

380. Pourquoi est-il si difficile de Dire « Je t’aime » ? Parce que c’est l’engagement de Deux personnalités au lent Processus de l’enlisement illusoire. À moins que l’Amour ne se vive, Là, en dehors du « je ».

381. Les récriminations sont les crocs Enragés que le non-soi dirige Vers les autres, par peur de se blesser.

382. Nier, en soi, l’ombre et la lumière, c’est Nier la victoire de l’une sur l’autre. Mais laquelle?

383. Aux fantômes de vos égarements, Que la Force se substitue à L’évanescence.

384. D’où vient le vent ? De là où l’on veut vous déstabiliser.

385. Où que vous soyez, L’aube finira par se lever, mais La nuit tombera.

386. Que les questions s’expriment en paroles, Mais que les certitudes s’affirment au Silence du cœur.

387. Dans les cimetières de vos Désirs assouvis gisent, aux allées de Vos inconsciences, des envies latentes qui Rampent vers les grilles des prisons de La liberté.

388. Le courage est aux faibles ce que L’adversité est aux forts : inconnu !

389. Tout ce que la vie propose est à Prendre en considération. Par contre tout ce que vous Proposez à la vie demande réflexion. L’un et l’autre sont à méditer.

390. Les choses de la vie se transforment Indiciblement aux flots du changement. Où y placez-vous le choix ?

391. Vivre à la force du cœur et Travailler à la force du poignet. Aimer à la force de l’âme et Donner à la faiblesse des autres. Telle est la vocation du vrai Soldat du Christ.

392. Il faudrait que jamais L’offre ne force la demande, dans Aucun domaine des affaires humaines.

393. La manipulation est au mental ce que Le mensonge est au cœur : indigne.

394. L’aube, au matin opaque de L’incarnation, peut paraître menaçante. Tant de dangers entourent les disciples. Il faut travailler au cœur d’un Potentiel où chaque pas physique est Un danger. Confiez-vous à la force de l’Ashram et Œuvrez. La conscience des dangers de l’incarnation Ne vient qu’à ceux chez qui l’inversion est Consommée ; Je ne parle pas ici des Problèmes psychologiques bien sûr.

395. À ces matins difficiles, la tête est Lourde. Notez cette phase où l’énergie, durant La nuit, se concentre au centre du front Qui au lever devient douloureux, Englobant le devant de la tête Dans une douleur lourde désagréable. À ces moments-là, le souvenir symbolique Du travail sur les autres plans ne Peut parvenir au cerveau qui est Saturé. N’ajoutez pas l’inquiétude à ces Désagréments certains. Il n’y a pas de tumeur ou autre Horreur ! mais un travail intense Qui imprègne d’énergies lourdes les Véhicules. Ceci est valable pour les Maîtres Au-delà de la quatrième initiation. Pour les disciples, c’est occasionnel, Qu’ils se rassurent, cela viendra !

396. Les renvois, dès l’absorption de la Moindre gorgée, caractérisent ces États nauséeux, durant lesquels Vous ne pouvez rien absorber de Solide. Vous évacuez, Vous éliminez un Trop-plein saturant les véhicules et Ne Vous appartenant aucunement. Soyez bénis et aidés.

397. Dans la cordialité lumineuse de L’Ashram, soyez soutenus par des Énergies directes. Vues d’ici Vos Difficultés sont des ombres portées À effacer. Le puzzle du Plan en est Illuminé d’autant que Votre Travail de nettoyage le purifie Constamment.

398. Aux Maîtres en incarnation, Mes Frères, Je donne tout Mon soutien Face à ces disciples gris, qui, au plus Fort du travail, font inconsciemment Le jeu des Forces Noires. L’une des caractéristiques de ces Disciples-là est leur rejet total de ce Fait. Ils ne remettent même pas en question Leur travail énergétique. Dans ces cas-là, presque désespérés, La proximité des Frères Noirs est telle Pour eux qu’ils les prennent pour Nous. À ceux-là, ces disciples en voie de Sentier de gauche, il faut Impérativement couper le lien Mental avec le groupe. Très vite. Ce qui est très douloureux aux Véhicules du Maître sur le plan physique.

399. Que la Force de l’Ashram en Cohésion avec la force du groupe Fassent leur travail de destruction. Que le Premier Rayon agisse, J’ai dit !

400. Le travail d’évacuation, sur les Plans subtils, d’énergies contrariantes Au Plan de la Hiérarchie, est un Travail de groupe dont le Maître en Incarnation supporte seul les Face à face. Ces derniers vont du nœud noir Et inconscient du disciple en Question et remontent à la source Motivante des Frères Noirs avec Lesquels l’affrontement du Maître en Incarnation est inévitable. Tout cela parce que sur le plan physique Les autres disciples membres du groupe N’osent pas agir comme on le fait Dans n’importe quelle entreprise, en Éliminant l’employé qui ne convient pas. Les travaux dans l’incarnation Sont terriblement difficiles parce que Les disciples sous prétexte d’amour Confondent, encore une fois, tout.

401. Prenez conscience avec Vigilance des associés que vous Choisissez, avant d’être piégés aux Énergies matérialistes des Noirs. Ne vous liez pas sur la sympathie ou La bonne volonté. Seul le Maître en incarnation lie au Travail ceux qui sont purs, et les suit Sur le sentier dont les voies ne sont pas Toujours évidentes.

402. Ayez sans cesse à l’esprit et au Cœur que Nos Frères Noirs ont les Capacités de la troisième initiation, c’est À ce plafond qu’Ils demeurent et C’est suffisant pour tout le mal Fait au Plan et aux Maîtres. Le plan mental est redoutable.

403. Rendez-vous compte que la seule Aide dont puisse bénéficier le Maître En incarnation est votre conscience Objective à propos des dégâts des Frères Noirs afin qu’elle motive Votre vigilance et votre fermeté sur le Plan physique. C’est effrayant ! Quand on pense à Tous les pièges émotionnels et mentaux Dans lesquels vous êtes susceptibles de Tomber !!!

404. Dès que le canal noir est localisé et Dès l’apparition d’un Maître en incarnation Il l’est ; Soyez fermes. Soyez fermes. Soyez fermes. La fermeté est le reflet du Rayon I Nécessaire à l’évacuation rapide du Problème.

405. Donnez aux rois des couronnes, elles Leur reviennent. Donnez aux enfants de l’Amour, c’est Leur droit. Donnez aux énergies vos véhicules Purifiés, pour le Bien Commun et Donnez aux Maîtres de l’aide pour les Mettre en œuvre.

406. Dans la catastrophe matinale d’un Retour des plans subtils avec bataille Contre les Frères Noirs, outre le Malaise physique qu’impriment Leurs énergies sur les véhicules purs du Maître, il y a une sorte d’écœurement Que le plus beau des temps ne pourra Dissiper. Seul le contact hiérarchique Donnera au Maître en incarnation la Force d’y voir la conséquence logique Du travail de la nuit, dont profitent Les Frères Noirs pour asseoir leur pouvoir.

407. Vous rendez-vous compte de L’opportunité d’aide à tous que Représente le travail de groupe Actuel ?

408. Dans l’irréversibilité du choix Que le Maître en incarnation a fait, Se trouve Son bouclier le plus sûr.

409. Le calme profond, qui envahit le Véhicule physique dans chaque cellule Vibrante de VIE UNE et rétablit L’équilibre énergétique, fait partie de Cette Joie nécessaire au Service. Fermez les yeux et laissez votre corps Aller à cette force énergisante.

410. Quand Morya est proche, les Interférences se dissipent.À Mon contact, qu’il en soit ainsi.

411. À chaque pas purificateur, À chaque avancée de la Lumière, Une note claire résonne et L’Ashram en garde longtemps L’écho.

412. Durant la bataille face aux Frères Noirs, le corps énergétique est Suractivé, notamment certains centres En relation avec le travail ponctuel. C’est pourquoi, au réveil, le véhicule Physique en supporte les conséquences Comme un trop-plein se déversant Au-delà des limites de la forme et Mettant cette dernière sous pression.

413. Tous les détails ont tous de L’importance, sur tous les plans.

414. Qui dit détail, dit effet. Qui dit effet, dit cause. Qui dit cause dit VIE UNE. De la VIE UNE au détail, Une déformation énergétique est Peut-être vécue, à laquelle il faut Donner toute son importance, pour Prévenir des effets ultérieurs. Conscience et responsabilité sont ici Les Maîtres mots.

415. Une chose importante à savoir : Les Frères Noirs travaillent toujours Au niveau «personnalité » ; c’est là que Sont les failles. C’est là que sont aussi Leurs failles.

416. L’Amour n’est exprimé que dans L’impersonnalité. Les Frères Noirs n’aiment pas, Ils Revendiquent et rejettent sous Impulsion de pouvoir égoïste. Sachez Les démasquer. Aimez-Les. Telle est aussi la protection.

417. Il est préférable de ne pas se souvenir De certaines batailles. Notre Sœur LC En a vécu de lourdes, consciemment, Elle peut vous en parler.

418. Jaillissez de la Lumière, prêts au Combat et ne stipulez pas du Résultat, il n’est pas votre problème. Ne redoutez rien, Je suis à vos côtés.

419. On ne peut travailler aux plans Astral et mental que depuis le Plan physique de l’incarnation. Tout doit y être objectivé par le Cerveau et la conscience objective Afin de la rallier à la Conscience Divine et à la VIE UNE. Mais quel travail !

420. Le travail du Maître en incarnation Est à l’Humanité ce que Le travail individuel est à la personnalité. Rendez-vous compte et aidez-Le.

421. Les intestins peuvent aussi pâtir Du travail énergétique sur Les plans subtils.

422. On ne parlera jamais assez des Malaises ressentis par les Maîtres en Incarnation. C’est pourquoi Nous les expliquons.

423. L’équilibre énergétique d’un Maître En incarnation est sans arrêt menacé par les Forces environnantes qui, elles, sont Déformées. Cette tension constante Dans Ses véhicules est

Épuisante.

424. Il ne tient qu’à vous d’agir sur Vous-mêmes, de manière à ce que Les énergies reçues ne soient pas Déviées en forces. La Force Ashramique est toujours présente. Pour vous tous elle est énergie pure.

425. Le blanc rejette les forces et Absorbe l’Énergie. Il est inutile d’en porter avant d’avoir Réglé les problèmes énergies – forces – À certains moments, très lourds, le Maître en incarnation ne peut se Vêtir que de Blanc. Les raisons en sont claires.

426. Le noir absorbe énergies et forces. Il est un récupérateur occulte. Déduisez vous-mêmes les raisons Évidentes du nom des « Frères Noirs ».

427. Ces instants où les secondes se font Épaisses et collantes doivent tomber Au Seuil du Gardien afin d’être Balayées de lumière. Priez et œuvrez.

428. Les oracles, en Grèce, S’exprimaient par la Pythie. Le canal a toujours existé. Les Maîtres aussi. Mais le canal du Maître en Incarnation a évolué vers un Travail tout à fait nouveau en Correspondance avec cette Extériorisation que la Hiérarchie A décidée pour œuvrer plus Rapidement. Il y a urgence. Rendez-vous Compte de l’état planétaire actuel.

429. Chaque groupe est un point de jonction, Carrefour énergétique auquel les individus Mêlent leurs forces respectives. Connaissez vos forces afin d’en éviter le Poids au groupe.

430. Il faut pouvoir se diriger dans La nuit sans lumière artificielle. Votre propre lumière suffira si vous Acceptez de traverser la nuit. Mais réfléchissez bien, le choix est Délicat, ce n’est pas une partie de plaisir. Mais qui parle de plaisir ? À ce stade, seule la Volonté de Bien Compte, elle est un tremplin pour L’Humanité.

431. Rayonnez, Nos énergies vous Stimulent, Nous sommes proches de Vous Mes amis.

432. Ne soyez pas déstabilisés par L’imprévisible. Un disciple est en état d’alerte constant. Rien ne doit le surprendre.

433. Nul espoir de retour et Le don pour le don, à tous sans Exception, sans intérêt que le Bien Commun à l’Humanité ; Telle est la voie du disciple et le Sacerdoce du Maître en incarnation. 434. Quand l’image n’a plus aucune Importance au regard intérieur Non plus qu’à l’impact sur les Regards extérieurs, quand la Conscience est là, sur terre, le seul Espace Réel, quand la disponibilité Est totale à l’essentiel et ne se Soucie plus du tout du reste, alors, Vous avez l’Amour exprimé dans sa Neutralité comme une énergie de Puissance et c’est ainsi que le Couperet du mental outil tombe, Fulgurant et juste, sur tout ce qui Gêne l’incarnation de la VIE UNE, Marquant le paradoxe incompréhensible Aux hommes de ce qu’est le Maître en Incarnation qu’ils s’imaginent Toujours comme quelqu’un de bon.

435. Les Maîtres en incarnation Considèrent l’injustice des hommes Comme une faille de la conscience dont Découle la non-reconnaissance ; Ils ne S’en soucient que dans la mesure où Elle peut être une opportunité de Sabotage par les Forces noires et ne Rejettent jamais l’instrument Inconscient auquel Ils ont affaire.

436. L’Harmonie et l’impersonnalité Sont indissociables, comme la Sagesse l’est de la tête liée au cœur.

437. La résonance est au cœur ce Que le soupir est à l’harmonie musicale, Un respir en suspens entre temporel et Intemporel, entre objectif et Subjectif, entre plan physique et Plan subtil. La résonance est le point d’orgue Des symphonies spirituelles les plus Belles, composées en regard du Plan, Elles harmonisent le Souffle de la VIE UNE au sein de l’Humanité. Les Maîtres en incarnation en sont les Chefs d’orchestre.

438. Au plus fort des heures chaudes de La chaleur humide tropicale, vous Trouverez une analogie avec les Tentatives des Forces Noires à occuper Les mentals sur lesquels Elles jettent Leur Dévolu et qu’Elles cherchent à Manipuler. Lourdeur, brume lénifiante et Incapacité à agir ou à choisir Ouvrent le mental à ces nappes de Plus en plus handicapantes. Mais si Elles triomphent, alors, l’impression De clarté qui se dégage est un leurre

Auquel sont pris comme dans un Piège ceux qui en sont l’objet. Priez et entourez-vous de Lumière ; la Force de l’Ashram vous accompagne. Mais il vous faut triompher seuls.

439. En incarnation, aucun mental N’est à l’abri. Mais le Maître en Incarnation sait et vit avec lucidité Ces brumes impuissantes à Son contact. Pourtant Il en subit des conséquences Désagréables impossibles à éviter.

440. Le passeport de la VIE UNE est L’entrée dans l’intemporel. Les masques de l’éphémère tombent pour Donner libre cours à l’Infinité qu’ils Cachent aux grimaces de leurs Distorsions.

441. À vos âmes le temporel n’est que Séparativité.

442. À vos cœurs le temporel n’est que Compartimentation.

443. À vos intellects le temporel est Réalité objective.

444. Et à tous le temporel est un piège ou Une prison, dépendant du niveau D’évolution intérieure.

445. Au Maître en incarnation le Temporel est moyen, distance et Illusion. Ce n’est que le symbole de la Réalité que d’aucuns ignorent.

446. Dans la joie tourbillonnante d’une Marée qui monte, se cache le vide Immense de l’étendue de sable lisse de La marée descendante. C’est une image que vous pouvez Appliquer au mental.

447. Aux tons que vous donnerez, N’oubliez pas la note claire de La Hiérarchie. Elle seule traverse L’Espace, son ami, et le Temps, son Complice.

448. Le Temps se recueille en lui-même Dans le temporel, recueillez-vous de Même au temple du corps physique, Votre instrument.

449. Machiavel a la ruse mais Dieu a la Puissance neutre de la Motivation juste.

450. Que la vie vous soit douce ou Amère, qu’importe ? La seule Origine de vos troubles est vous-mêmes.

451. L’union sur le plan occulte est Un partage sur le plan physique. Travaillez-y.

452. Voilée de mousseline la forme se Devine. Déjà voilés de chair vous Utilisez la mousseline comme une Parure. Ôtez vos paravents et que L’essence apparaisse.

453. Les symboles sont des voiles qui Ne doivent pas se cristalliser aux Parures de vos bijoux. N’en faites pas des gri-gri.

454. Aux différences, ne vous accrochez Pas, sinon pour en dégager la Compréhension de la richesse dont La Divinité nous comble dans Sa Multiplicité.

455. Rouges, roses ou blancs, les Lauriers sont une même fleur.

456. Le parfum et le poison sont Parfois de même essence et Quand vous respirez l’un, vous Absorbez l’autre.

457. Le papillon est aux apparences ce que Son vol éphémère est à la vie.

458. À chaque soir suffit une aube,À chaque nuit

suffit un jour,À chaque homme suffit un Christ, À la terre suffira le Royaume des Cieux Dont vous êtes les constructeurs au Plan physique.

459. Aux visages rayonnants, à L’écoute intriguée, aux questions, Vous comprendrez que l’énergie véhiculée Par un Maître en incarnation touche Juste, là où la conscience sommeille mais Ne demande que le millimètre Indispensable à l’ouverture d’une porte.

460. Pensez que le vent amène toujours Dans ses rafales ou ses bises légères des Quantités d’ondes lointaines qui se Reconnaissent en vous tel le cri D’un enfant en souffrance ou la Plainte d’un cœur privé de liberté. Prêter l’oreille à ces souffles c’est Déjà amorcer la solution y Mettant un terme.

461. La violence vient du mental, le Cœur fermé y déverse son trop-plein D’énergie, déviant les forces en un Exutoire s’exprimant contre les autres. L’agressivité en est une forme mineure.

462. La conscience est au cœur ce que

 

L’intellect est à la tête, sans le raisonnement, Puisqu’elle est la voie directe de Dieu à l’homme.

463. Il faut avoir plongé dans les Abîmes que couvre tout sol pour Renaître à la lumière et revoir Le ciel.

464. Si dans l’aube créatrice vous ne Trouvez pas les bribes du travail de la nuit, C’est que le sommeil s’est poursuivi sur D’autres plans.

465. Tôt le matin le soleil a un Effet purificateur certain bénéfique à L’aura et au corps énergétique. Mais il ne faut pas en abuser.

466. Les fleurs s’épanouissent au soleil Comme à la caresse spirituelle de La Main de Dieu.

467. Le gardien du cœur n’est plus Celui que vous avez connu au Seuil menaçant de vous-même. Ce dernier dépassé, l’autre vous Accueille en son sein, déployant à Vos véhicules un tapis d’énergies Bienfaitrices.

468. Dans chaque seconde qui meurt Voyez la résurrection fulgurante que Le Temps fait à ses propres fins humaines.

469. La douleur est le lot humain Parce que la matière, dans sa densité, a Du mal à situer ses frontières. Et c’est normal, il n’y en a pas. C’est aux plans subtils de vos véhicules Que se trouvent les causes de vos souffrances. Étudier l’énergie c’est considérer le Corps énergétique comme le premier corps Humain dont le corps physique n’est que L’appartenance objective.

470. Quand le flux sanguin donne Vie à vos artères, pensez au souffle béni de La VIE UNE dont il n’est que le reflet. Plonger au monde symbolique c’est Soulever un à un les voiles qui vous Séparent encore de la VIE UNE.

471. La souplesse est au corps physique ce que La mobilité est à la vie quotidienne du Disciple. En exercices constants au Début, elle peut être pénible à acquérir ; Mais lorsqu’elle est un acquis, cette Seconde nature prend le pas sur la Rigidité première, donnant des Possibilités

renouvelées de service où le Désir n’est plus déterminant car la Volonté Divine peut enfin s’exprimer Totalement.

472. Si l’ombre est liée à la lumière, c’est Parce que la dualité s’exprime dès que Le Verbe est formulé.

473. Secrets espoirs de l’homme, où Sont les racines de vos désirs inassouvis ?

474. Donnez à la Joie des espaces, quelles Que soient vos humeurs, qu’Elle Puisse s’y épanouir en toute quiétude ; Les humeurs s’effaceront et la Sérénité les remplacera. C’est un exercice.

475. Ne faites pas comme l’insecte dont Le vol anarchique se cogne aux Vitres qu’il ne voit pas tant La lumière l’éblouit.

476. Dans la beauté du chat, Toute la Beauté du félin. Dans la fureur du félin, toute La puissance de l’énergie. Dans l’une et l’autre l’excès fait De l’animal l’image des Pulsions humaines au sein desquelles Vous vous débattez. Cependant Beauté et Énergie Sont à votre portée.

477. Comme une immense vague se Dépliant d’elle-même, le Maître en Incarnation déborde Ses énergies au Monde et rayonne pour Ses frères ; Comme une marée Il va et vient du Subtil au concret, et du dense à l’abstrait, Reliant, unifiant, synthétisant dansL’Énergie d’Amour.

478. Les priorités spirituelles ne sont Évidentes qu’à celui qui les choisit.

479. Lorsque les réactions dues aux Sentiments vous surchargent, Déposez le fardeau. D’un regard Je l’atomiserai, réduisant à Néant ces énergies négatives au service. Le Premier Rayon y mettra fin.

480. À chaque mot, à chaque geste, À chaque regard, à chaque contact, Dans toute relation, dans tout échange, Dans l’agressivité de l’autre, Dans son malaise, dans son refus, Dans la sympathie et l’Amour, Œuvrez et œuvrez encore pour le Plan Hiérarchique et l’Humanité.

481. La souplesse véhiculaire est un Outil très précieux. Elle permet D’agir à tous  moments, en Tous lieux, durant le sommeil ou En pleine journée, au milieu d’une Occupation quelconque. Tout à coup, Un véhicule s’absente, coordonnant Les autres dans leurs activités. Parfois sans savoir objectivement à Quoi exactement il est occupé, le Disciple sait qu’il travaille sur Un autre plan.

482. Ces états sont accompagnés d’un Calme « en suspens », une forme de Vigilante détente dans laquelle s’engouffrent Les bruits et discussions des activités du Moment que le Disciple reçoit comme un Fourmillement du plan physique qui N’est plus pour lui qu’au-dessous du Seuil de sa conscience.

483. Les roses carmines ont saigné aux Cœurs purifiés dont les croix ne Sont plus que des flèches pointées Vers le ciel.

484. Science sans conscience est ce Que le Soleil Spirituel Central est à La messe noire : absent. Donnez aux consciences les Tremplins spirituels de l’avenir du monde.

485. La Beauté n’est que le miroir que Dieu dépose à la disponibilité de Vos regards intérieurs. C’est en lui que vous dégagerez L’image de l’essence.

486. À l’aube morganesque de La nuit et du sommeil, l’impuissance du Cerveau à fixer, parfois, les souvenirs Hybrides qui en découlent, ajoute au Mystère de ces noces fugaces que L’inconscient arrose de ses messages Fulgurants.

487. L’Amour est cette pluie fertilisante Qui donne à chacun la possibilité inouïe De devenir enfin ce qu’il est.

488. Dans les racines profondes de L’Immortalité se trouvent les Fondements de l’âme du monde dont Vous êtes partie intégrée.

489. Dans l’agitation fébrile des Choses mondaines, avec l’énergie et Le rire, vous communiquerez encore mieux Cette Joie sublime dont L’attraction magnétique est Incompréhensible aux autres.

490. Donnez la VIE UNE, que chacun des Mots prononcés en soit imbibé et vous Recevrez abondamment ce flux dont Le réservoir divin

abreuve l’humanité Et que les serviteurs du monde transmettent, Influant la Vie au quotidien.

491. Dans la bise légère qui n’a pas Encore capitulé devant la chaleur du Jour qui s’installe, respirez Les parfums délicats qui se livrent peu à peu. Dans la soirée rafraîchie de ces journées Écrasantes, la lavande, plus particulièrement, Se libère de sa fragrance avec Brutalité. Son parfum est bénéfique à Vos corps subtils, reconnaissez-la.

492. Aimez le Bon, le Beau, le Vrai, Transmettez-les. Que l’éclat du regard, Le son de la voix, la clarté de l’élocution, La fermeté de l’âme, la stabilité du cœur,

La densité de la conviction mettent Le sceau sacré sur vos échanges, et que Les relations qui en découlent soient les Bases solides d’une créativité de Conscience. Le monde en a besoin.

493. L’Europe est comparable à un Foyer familial, les pays membres Doivent s’y entendre afin que la Paix puisse s’installer encore plus dans Le monde. L’entente commence dans le Couple, premier groupe au sein de L’humanité. Du premier couple européen, France-Allemagne, découlera cette Harmonie qui s’étendra à la famille Européenne. Mais attention l’Europe est un maillon De la chaîne humaine du monde et C’est en regard de la planète qu’elle Doit se construire et non en regard D’elle-même uniquement. Ne tombez pas dans l’écueil des États-Unis d’Amérique.

494. Les États-Unis s’opposent à la Marche constructive de l’Europe. Les Européens doivent faire de cette Dernière une conquête de l’esprit, de la Spiritualité, afin qu’un saint homme Tel que Robert Schuman n’ait pas Vécu pour rien.

495. L’Europe ne peut pas trouver son Unique base sur l’économie. L’économie doit vivre d’une base Spirituelle, ce qui n’est le cas nulle Part dans le monde. De l’Europe pourtant pourraient partir Les fondements justes d’une Démocratie bien vécue, si ce tournant Spirituel est pris. Soyez vigilants, œuvrez.

496. Les économistes, piégés par les Fausses valeurs du monde financier, Sont pris aux multiples méandres de La liberté irresponsable. De la bourse à l’entreprise, le ciment Des marches du pouvoir immobilise, En séchant, les pas novateurs qui Devraient être faits ; innover, c’est Donner à la créativité un espace Suffisant pour que les consciences S’y libèrent. Soyez des consciences lumineuses en Marche et que chacun de vos pas Porte l’empreinte des énergies hiérarchiques.

497. Les douceurs paraissent glauques au Sortir du gouffre de l’épreuve, car C’est la fermeté qui s’y est affirmée.

498. Dans le doute ne vous abstenez jamais D’invoquer la lumière.

499. Chacun est pour un autre, à un Moment donné,

La lumière qui se lève à l’Est de L’Intériorité.

500. Donnez au monde le reflet divin que Vous en captez.

501. Donnez aux autres la part divine que Vous avez en commun.

502. Au visage blafard du mensonge, Seule l’indifférence divine peut ôter Le masque.

503. Ne cherchez pas chez l’autre le Talon d’Achille, vous le découvrirez bien Assez tôt. Cherchez plutôt le point d’orgue Qu’il ne connaît pas lui-même et Faites-en résonner la note divine.

504. La vanité fait faire bien des erreurs, Doublée d’orgueil elle est une tour Imprenable que l’Amour seul peut Déstabiliser. Soyez fermes face à elle.

505. Il y a dans toute relation un Espace ambigu où les dents de scie Sont au mensonge et au «paraître » ce que Les conflits sentimentaux sont à L’Amour. Seul le Maître en incarnation ne

peut plus Être écorché par ces dents de scie.

506. Ne laissez pas la brume des Autres prendre le contrôle de vos humeurs. Débarrassez-vous d’abord des humeurs, La brume, alors, n’aura plus de prise Sur vous.

507. La solitude est l’instant d’un Pacte entre le cœur et l’Espace ; Libérez-y le cœur et que l’Espace en soit Le guide de votre conscience hors du Temps. De la solitude renaîtra ce que les Autres assassinent inconsciemment, cette Joie superbe, cet état de grâce qu’aux

Nuages des autres, vous pouvez perdre De vue. Dans la solitude revivez.

508. Je suis là, près de vous, Je suis là Où vous vous réunissez pour œuvrez au Plan ; parfois vous sentirez un parfum, Isolez-vous et soyez attentifs à ce qui Suivra. Morya vous aide.

509. Les volutes des plaisirs parties en Fumée retombent aux gradins de Vos cirques, les rendant glissants. Quittez le cirque, oubliez les plaisirs et Chassez-en la fumée. Le feu est éteint.

510. À la voix intime de vos exigences les Plus perverses, ne soyez plus sourds. Évacuez-les simplement au silence de Votre cœur qui sait, lui, que votre âme Y est étrangère.

511. Si des larmes embuent vos yeux Lorsque Je suis très proche, cela est Dû aux énergies qui envahissent Vos véhicules. Ne soyez pas surpris et Continuez à œuvrer.

512. Où que vous soyez, quoi que vous Fassiez, gardez Mon regard à Portée du vôtre. Rien ne résiste à La puissance énergétique du regard de Morya.

513. Dans l’ordre éblouissant que Masque le chaos qui précède tout Début important, il y a des Signes qui ne trompent pas. Les attaques des Frères Noirs en Font partie.

514. Ne fumez pas, ne buvez pas, Simplement par discipline et Parce que cela brouille l’impact Énergétique sur les véhicules.

515. Il y a, dans l’indifférence générale, Des lueurs spontanées dont l’étincelle Ne demande qu’à s’embraser.

516. Il est précieux au service de Savoir le Maître proche.

517. Lorsque c’est le cas, l’ensemble des Énergies hiérarchiques affluent vers Vous. Il y a toujours une raison Importante à cette Présence. Ne gâchez pas ces moments, ils Donnent au service une dimension Dont vous avez besoin. Le Maître en

incarnation, Mon Frère, Sait de quoi Je parle. C’est vers Lui Que, pour une raison précise, Nous Approchons parfois sur le plan physique.

518. Rendez-vous compte que finalement, Le besoin rencontre la réponse. Soyez à l’écoute du besoin et Donnez la réponse.

519. Aux différents monstres qui S’accrochent à vos basques, celui De la mesquinerie est le plus laid et Il prête son masque horrible à tant de Déviations psychologiques que sa Perversité le dilue aux exigences de Ces dernières, faisant oublier, par Leurs facéties, le petit moins que rien Dont elles sont nées.

520. C’est dans les moments de solitude Les plus intenses que l’appartenance à la Hiérarchie est la plus évidente. Le Maître en incarnation y ressent parfois Le trouble du sillage d’un souvenir que L’homme, en Lui, a vécu avant Sa Prise de conscience en tant que Maître Œuvrant sur terre.

521. Les montagnes sont des obstacles que Chacun soulève ou pousse, à sa façon. La seule énergie à y mettre est L’Amour.

522. Dans l’ivresse d’un moment D’abandon, ne perdez jamais De vue l’éphémère, symbole de la Réalité d’une illusion.

523. Bougez, œuvrez et donnez à chaque Acte le poids hiérarchique.

524. Que les Femmes Maîtres en incarnation Œuvrent à la complémentarité sublime de La coopération entre l’homme et la femme. Ici la créativité est en cause dans ses Pôles plus et moins, yang et yin. Amenez cette vision au cœur de l’homme et Prenez sa main en lui donnant L’énergie de l’âme.

525. Ouvrir l’âme à la dimension Universelle en y alignant la personnalité, C’est l’objectif de tout homme. En fait, Comme le cerveau ne travaille qu’à une Partie infime de son mécanisme, l’âme N’exprime qu’une parcelle de son potentiel Réel avant que la Personnalité ne soit Devenue un instrument docile et libre.

526. Au libre cours de vos échanges, Donnez l’impulsion de la VIE UNE, Sa réalité, Son unité, Son pouvoir synthétique ; L’Amour en résultera. Vivez-le.

527. Bien sûr il est impossible d’oublier L’ordre divin. Mais il est difficile, Ô combien, d’en maintenir l’harmonie Totale au sein de l’agitation des choses du Monde et des autres.

528. Les opportunités sont grandes, Sachez les reconnaître et ne les Manquez pas. Parfois vous aurez à Faire face à une double vie ou plus en Assurant un travail difficile sur Plusieurs plans à la fois. Soyez toujours attentifs à l’essentiel, L’agitation du plan physique Est toujours une charge inévitable et Utile car c’est là, que vous Incarnez le Beau, le Bon, le Vrai.

529. L’hypocrisie vous sera toujours Transparente, mais ne vous y attardez Pas. Elle n’est après tout qu’une Tentative de recherche d’équilibre à la Fragilité psychologique.

530. Au matin, dans l’élimination des Énergies rencontrées et traitées la nuit, Aidez à la purification en respirant Autant que possible un air pur, et en Profitant des rayons du soleil levant, Puis, matinal.

531. Un plan d’eau, le plus tranquille Soit-il, est toujours en mouvement sous Ses allures de miroir.

Demeurez attentifs aux mouvances de L’image que renvoie le miroir, et que Les symboles en éliminent le reflet.

532. Les fleurs sont apparemment D’humeur fantasque. Les parfums qu’elles Exhalent varient selon les heures, les Variations atmosphériques et l’entourage Même si vous ne les percevez pas.

533. Il suffit d’un instant d’abandon Pour concevoir un enfant. L’abandon n’est concevable sur le plan Divin que dans la fiabilité de la sécurité que L’Amour seul peut lui conférer. Quelle responsabilité !

534. Aux meurtrissures imparables Qu’il vous faudra assumer sur le Plan physique, demandez-vous toujours Quels sont les tremplins ainsi proposés.

535. Que vos choix soient l’aboutissement D’un équilibre dont la mobilité Oscille toujours entre plan physique, Plans subtils, et divin dans l’humain.

536. Plus le Maître en incarnation Côtoie de gens et plus Il a d’énergies Encombrantes à éliminer.

537. L’eau, la nature, la solitude Aident à l’élimination des énergies.

538. Prenez un bain chaud pour Rétablir l’alignement énergétique des Véhicules. La douche ne sert qu’à se débarrasser Des ondes négatives ambiantes. Baillez quand besoin est, sans jamais Vous retenir.

539. Dans toute journée intense de travail, Donnez la priorité au cœur et vous verrez Combien cela aidera à l’incarnation du Beau, du Bon, du Vrai. Un tourbillon Ascensionnel s’installe alors dont le Mouvement ne peut pas être stoppé.

540. Au courrier émis par le cœur, les Réponses sont inutiles. Ce qui est juste n’appelle aucun Commentaire.

541. Avec ceux qui commentent, soyez Vigilants ; leur vision n’est qu’un Rejet des brisures de leur miroir.

542. Comment s’harmoniser à la Note universelle ? En demeurant, libre de Référence, dans la mouvance constante des Impulsions hiérarchiques.

543. Lorsque le parfum se manifeste, un Moment de service important se prépare, Vous avez besoin d’assistance ou bien L’initiation est proche de son expression.

544. Un buisson de fleurs offre ses Couleurs aux regards, comme l’offrande Sacrée d’un rituel dont les parfums Enchantent les plans subtils. Le rituel n’est que gestes symboliques, son Importance est liée à la conscience des Officiants. Ne cherchez aucun pouvoir, rendez Grâce et hommage.

545. Les couleurs sont les qualités que la Nature offre d’elle-même afin de Différencier subtilement ses Apparences.

546. Que l’offre soit à la qualité ce que La demande est au besoin, afin D’équilibrer une nécessité sans la créer.

547. Trop de loisirs superficiels sont à La vie ce que l’excès de sel est à L’organisme. Un boursouflement Inutile engorge l’être qui joue avec Les hochets de l’avoir.

548. Doublez les effectifs de vos protections Afin que nul, hormis le juste, ne puisse Influer sur l’équilibre fragile des Véhicules.

549. Les louanges outrées sont la crème Chantilly des desserts de l’inefficacité. Quand le foie est surchargé, le Cœur s’en ressent.

550. Rire et parler avec tous, sans Distinction, sans a priori, et accepter D’en être pollué, consciemment, parce que Cela peut aider à faire passer le reste. Telle est aussi la tâche du Maître en incarnation et elle est Pénible aussi, c’est certain.

551. Quand la voix du silence se fait Pressante et que l’action est proche, la Tension s’intensifie et les malaises sont Déroutants. Reposez-Vous, isolez-Vous.

552. Les situations incontrôlées sont les Meilleurs tests d’adaptabilité qui soient. Créez.

553. Lorsque la douleur de l’épuisement Cercle le front du disciple, le travail se Poursuit quand même, pesant mais Efficace. Écoutez la note, invoquez et Transmettez.

554. La conscience, lorsqu’elle est professionnelle, Ne doit pas réduire ses limites à la seule Technique. Imprégnez-vous de l’humain Dans sa dimension la plus haute spirituellement.

555. Quand l’identité spirituelle est Trouvée, acceptée, transmettez cette Racine non par le discours mais par la Reconnaissance. Servez et Aimez.

556. Le temps, très court, de dire oui ou Non et l’implication bascule. L’engagement est au choix ce que Le renoncement est à la quête et Le non-attachement à l’Amour. À chercher l’Absolu, vous trouverez Peut-être quelques parcelles de vérité, qui, Mises bout à bout, feront les maillons Souples d’une chaîne de motivations. L’action suit la motivation.

557. Il faut trouver les « pourquoi » de Chaque « comment ».

558. Le blâme devrait précéder la chute de Manière à tenter de l’éviter.

559. L’harmonie planétaire devrait Trouver sa fluidité dans la Mobilité de chacun.

560. Qui dit organisation, planifie, Structure. Visez l’organisme de Façon à gommer les défauts Institutionnels au maximum.

561. Dans la vibration de l’onde vocale Se trouve le secret de la magnétisation Des auditeurs. Émettez, Nous Nous chargeons de L’impact.

562. L’équilibre est la voie du juste milieu, C’est connu. La voie est en vous, c’est connu aussi. Vous tracez vous-mêmes cette voie en Évoluant sur la ligne Cœur-âme qui est à l’homme ce que L’axe pôle Nord-pôle Sud est à La Terre.

563. Aux autres vous serez vous-mêmes, C’est-à-dire eux, lorsque vous aurez Intégré le fait que: Je ne peux rien sans l’autre, soit : Je peux tout pour l’autre.

564. Comprenez que les énergies sont très Difficiles à gérer même pour un Maître en incarnation, surtout pour Lui ; L’environnement et l’entourage sont Pour Lui des parasitages constants, Il Est obligé en fait d’harmoniser Constamment et c’est douloureux pour Tous Ses véhicules.

565. La nuit deux opportunités se présentent, Travailler à la purification du plan Mental, mais aussi à celle de certaines Intériorités à aider. Ces travaux aussi sont Pénibles aux véhicules et les énergies Doivent ensuite être filtrées et transformées Parfois, ce qui suppose un don de soi et Une indifférence divine totale à ce que vous Appelez « défauts » des autres.

566. Le centre Ajna lorsqu’il est congestionné Par un travail énergétique intensif Alourdit la tête, diffusant des maux Localisés à son emplacement, le front. Un travail intensif s’installe lorsque les Véhicules sont sollicités jours et nuits, Sans arrêt durant une période déterminée, Sur plusieurs plans à la fois. Même le corps physique, dans ces cas-là, a Du mal à récupérer par le sommeil. Ce Dernier fait est dû à l’intense mobilité des Autres véhicules dont les énergies Descendent dans le corps physique, Amenant à ce dernier une agitation Intérieure qu’il ne peut pas calmer, N’étant pas un principe, et que les autres Véhicules saturent par leurs activités Parallèles. Soyez attentifs à tous les signes.

567. Une très grande activité mentale Cause un blocage calme. Une trop grande activité sur le plan mental, Ceci est différent, peut amener des maux De tête localisés sur le troisième œil. Une grande activité astrale débouche Sur des visions et il en résulte une Fébrilité où le mirage joue un rôle important. Une activité sur le plan astral, et ceci est Différent, pollue le véhicule énergétique Et cause des malaises au corps physique. Les activités sur les plans astral et mental Donnent au Maître en incarnation des Difficultés multiples dont Il peut, avec le Temps, gérer les forces afin d’équilibrer Les diffusions énergétiques qu’Il rayonne Et les absorptions énergétiques qu’Il Transforme au sein de Ses propres véhicules.

568. Un grand malentendu s’est installé Après les indications fort justes de A.A.B. Un Maître en incarnation ne « se sert pas », Au sens où vous l’entendez, des Rayons. De par Son alignement véhiculaire et De par Sa pureté, selon les besoins, le ou Les rayons nécessaires « travaillent » par Son intermédiaire. Les Rayons ne sont Pas des outils, les Rayons sont des Qualités inhérentes à la Divinité qui S’exprime et leurs expressions passent par Les véhicules parfaitement coordonnés des Maîtres en incarnation. Pour tous les autres, des bribes de ces Expressions peuvent emprunter un ou Plusieurs véhicules, mais jamais, À quelque niveau d’évolution que ce soit, On ne se sert d’un Rayon comme d’un outil. Si bien que quant il est dit : « C’est avec le second Rayon (par exemple) Que le Disciple… », cela veut dire en Clair que c’est par les énergies du deuxième Rayon Qu’un certain travail se fait, mais Dans ceci ne voyez aucun volontarisme, C’est automatique. C’est pourquoi Seul Le Maître en incarnation agit juste en Permanence car Sa Personnalité est Apte à canaliser les expressions justes des Rayons selon les besoins ; Il n’y Réfléchit jamais, comme vous l’entendez.

569. Ne vous bloquez pas sur une Recherche des Rayons. Seule la Personnalité parfaitement intégrée Les véhicule, et à ce moment-là, plus Besoin d’analyser, cela se fait.

570. La recherche des Rayons pour les Rayons est un traquenard du non-soi Qui trouve là les justifications Nécessaires à ses lignes de Moindre résistance. Attention.

571. Les pièges de l’écriture ésotérique sont Difficiles à discerner puisque chacun y Trouve ce qu’il peut y mettre.

572. Pourtant, remarquez que l’expression Hiérarchique est de plus en plus nette.

573. Il est important de parler à l’homme Dans sa globalité, Le langage des Maîtres en incarnation, Énergétiquement imparable, s’adresse À la globalité de l’être et l’homme en Garde longtemps l’impact en lui.

574. Il est difficile d’imaginer Travail énergétique mieux fait que celui Accompli par le Maître en incarnation Au cours d’une réunion même s’Il ne Prononce que quelques mots.

575. Ne vous enfermez pas dans le Regard des autres. Pour échapper au Non-soi, il faut s’en échapper.

576. L’orgueil est une des barrières qui Nous Empêche de vous contacter. Pourquoi prenons-nous des médiateurs Comme A.A.B. ou H.P.B. ou LC ? Nous perdrions un temps fou à attendre Une disponibilité désintéressée et un Alignement indispensables à toute Indication venant de Nous. Un médiateur doit être disponible 24 heures sur 24 et en état constant d’ Alignement. Il doit consacrer sa vie au Travail hiérarchique, totalement, la Vie professionnelle, la vie sentimentale, La vie privée ne fonctionnant qu’en Regard du travail à accomplir. Parfois vous pensez vivre ainsi, c’est faux. Et Nous avons besoin de ces Maîtres pour Œuvrer et faire le lien avec vous. Ne vous prenez pas pour des Maîtres !

577. Avec le feu, l’eau se marie. Il ne faut pas empêcher ces épousailles. Mariage apparemment impossible qui Relie les énergies yin et yang en Un équilibre androgyne où les Pôles contraires sont réunis et où Les compléments se rejoignent dans La synthèse d’une quête commune Mais, pour un temps, différenciée. Lorsque avec le feu l’eau se marie, Soyez bénis, vous êtes reliés.

578. Il est des tourments que vous ne Vivrez pas deux fois. Il est une Joie que vous Vivrez à jamais. Les uns seront frappés du Sceau de l’oubli, tandis que L’autre, sans cesse renouvelée, ne Connaîtra pas de remise en question.

579. À ne jamais pardonner : L’hypocrisie. À ne jamais oublier : La trahison, la bêtise, même si Vous pardonnez, même si elles Vous laissent indifférents.

580. On vous a peut-être déjà dit : « Thèse, antithèse, synthèse : Foutaise ! » Bien sûr c’est grossier mais pas Entièrement faux car La synthèse est indépendante de Toute thèse ou antithèse.

581. Donne à tes enfants le Meilleur de toi-même, même si cela N’est pas à ton avantage. L’image avantageuse que tu donneras De toi-même fondra comme bonbon au Soleil de feu de leurs cœurs et de leurs Âmes. Tu en seras consumé et ce Sera dans l’ordre, un juste retour des Choses.

582. Au ciel d’une saison clémente, Il y a toujours un vent qui se lève à un Moment ou à un autre. Dès que le vent paraît, la Tempête est peut-être proche. Sachez reconnaître les vents.

583. Lorsque Jésus priait, l’univers Entier, par le Christ, était à genoux.

584. Il y a dans chaque image L’ombre d’un symbole. Chassez l’ombre, voyez le symbole et de Là, la vision est proche, même si Elle n’est, pour l’instant, que partielle.

585. Les heures les plus chaudes S’installent toujours dans La fraîcheur, à ne pas manquer, d’une Matinée trop brève.

586. Quand la fraternité ne tient Qu’à l’ambiance plus ou moins Réussie d’une loge maçonnique, elle Ne peut aller loin.

587. La fraternité, c’est l’Amour absolu Du plan animique, vécu, au quotidien, Dans la différence des corps, sans Distinction de sexe, sans attirance de Sexe.

588. L’Amour, dans un couple, devrait Avant tout être fraternel, ça n’est Qu’ainsi qu’il peut se Consolider sans se disperser.

589. L’Amour dans l’incarnation, ce Grand malentendu, devenu Mal entendant et mal vécu.

590. Aux renoncements, donnez le Champ libre de l’évacuation, au Choix le champ libre de l’arbitre, à L’Amour le champ libre des amours Difficiles qui en feront peut-être la Synthèse.

591. L’œil du Maître est le plus beau Projecteur pour votre âme. Mais ne faites pas du monde une Scène de théâtre pour autant.

592. La digue apporte aux forces marines L’assurance d’un rempart que Leur colère ne peut engendrer. Où situez-vous la digue de vos humeurs ?

593. Le souffle est à l’arbre ce que L’Amour est à la semence, une Caresse d’oxygène et de force vitale Sans laquelle nulle vie n’est possible.

594. Le souffle est pour tous mais N’abusez pas des caresses qui sont Votre responsabilité.

595. Dans tout ce que vous faites, Donnez de l’espace au temps afin Qu’il retrouve son intemporalité.

596. Pour cela un exercice : Plongé dans un travail quel qu’il soit, N’accordez aucune attention à l’heure, Ne laissez personne vous en distraire, ni Les enfants, ni les confrères, ni le Téléphone. À ces moments-là, remarquez Que ce sont les autres qui découpent Alors leur temps selon leur rythme du Moment qui est forcément différent du Vôtre. Le stress, dans vos vies citadines, Vient de là, le temps brisé aux rythmes Divers des autres n’est plus que Relativité. Psychiquement, nerveusement, Personne ne peut vivre constamment dans Cette relativité. Vous avez besoin d’authenticité. Recréez l’intemporalité au quotidien, Vous irez beaucoup mieux, et c’est la Source de la créativité. Donnez donc de l’espace au temps.

597. Les commencements, comme les aubes, Sont nimbés par la lumière de l’Est. Chaque début connaît un parcours Lumineux décroissant jusqu’à l’Ouest Pour renaître à nouveau aux assises Sûres que donne l’évolution. Lorsqu’un début prometteur s’amenuise Dans la lumière couchante de l’Ouest, Bénissez le renouveau qu’il annonce et Préparez vos énergies à la proche Clarté qui pointe bientôt à l’Est.

598. Plus la vague est dure, plus L’écume est légère. Le sable, gorgé d’eau et battu aux Marées absorbe les deux avant de Sécher, à la plate reculée du Cycle lunaire, sans empreinte. Vous êtes la vague, l’écume et le sable, Avec en plus, le privilège fabuleux qui Vous est donné d’en faire des outils.

599. Seul le Premier Rayon peut casser En l’autre les barrières psychologiques Réticentes et apparemment inébranlables. Mais attention ceci arrive lorsque, Vecteur du Premier Rayon, ce dernier S’exprime à travers vous mais non Sous l’effet de votre volonté. Le volontarisme spirituel est néfaste au travail Énergétique avec les Rayons.

600. Dans une armée, où se loge la Conscience ? Si c’est dans le patriotisme, Alors, où est la fraternité ? La défense universelle sera la base Nouvelle des armées traditionnelles.

601. Soyez fermes, d’abord avec Vous-mêmes, soyez tolérants mais N’acceptez pas n’importe quoi et Ensuite, seulement, vous pourrez Connaître la Compassion.

602. Dans les mots il faudrait Exprimer le Silence

qui est L’origine du Verbe.

603. De l’enthousiasme superficiel D’une joie vibrante, retenez L’éphémère et qu’il fleurisse au Parfum essentiel de l’âme pour Connaître la constance et perdurer.

604. En gage d’Amour donnez au Divin ce qui lui revient, c’est-à-dire Vous-même, complètement. La Joie, cette sagesse toute particulière, en Résultera.

 

CONCLUSION

 

Aux abîmes effrayants que l’humanité perpétue sur elle-même et son environnement, vous, disciples, devez amener la lumière occulte à laquelle vous avez accès.

Il ne suffit plus de dire, il faut agir.

Il ne suffit plus de dénoncer, il faut renoncer.

Quand les journalistes, les responsables politiques et tous les autres, admettront-ils que chacun de vous tous est responsable et que le changement, s’il n’est pas d’abord intérieur, ne sera pas ? Le chemin à parcourir doit absolument passer par soi même, par chacun de vous tous qui formez l’Humanité.

Il faut ouvrir les yeux des responsables afin de provoquer l’éveil de cette conscience toute puissante qui seule peut et doit changer le monde que vous avez installé, que vous êtes.

L’Europe est une opportunité qui doit relever ce défi. Elle peut être spirituelle et montrer la voie au monde. Elle doit être spirituelle et sauver le monde.

Les U.S.A. ont failli dans leur tâche et se retrou­vent en explosion économique inquiétante. La dé­bandade hallucinante de la violence rejaillira sur le monde entier tant que les erreurs économiques, sociales et individuelles ne seront pas reconnues, cernées et comprises par chacun dans sa propre responsabilité.

Les Américains sont un peuple aveugle et les fondations de leur société, mal assise sur le mas­sacre des Indiens indigènes, les ont menés à la faillite que l’on connaît.

Sur le plan occulte, il y a là une étude imparable à faire. Elle doit être faite. Qu’un disciple s’y mette et amenez au monde, à la conscience, ces erreurs qui ne doivent pas être commises. Vous savez parfaitement que les causes ne peuvent rester incomprises, alors éclairez-les.

ARRETEZ DE  DÉNONCER,

D’ANALYSER, DE TOURNER AUTOUR DES EFFETS.

Montrez à tous ce que c’est que de comprendre les causes, c’est le seul moyen de construire ensemble, dans la conscience de ce que peut être le monde, demain, si vous en prenez soin.

Vous avez en tant que disciple un travail énorme à ce propos.

Mon Ashram couvre l’Enseignement ésotérique mais aussi la politique et tout ce qui en découle. Nous avons besoin de votre courage. Lancez-vous dans l’action et sous Ma bannière il faut, dès à présent, œuvrer à cette conscience à éveiller, à stimuler et la mettre en marche vers une amélioration urgente.

Touchez les journalistes, les politiques, les citoyens et osez dire et dénoncer, osez agir mais surtout : OSEZ ÊTRE. C’est par là que Nous avancerons ensemble. Votre langage doit bouleverser les uns et les autres et l’énergie du Premier Rayon suivra pour faire son œuvre. Elle doit être mise en œuvre par vous tous.

Vous, Ma Sœur et disciple bien-aimée LC, un travail important Vous incombe en ce domaine. N’y renoncez en aucun cas.

Vous tous, œuvrez en ce sens.

L’urgence est grande, il faut absolument entrer de plain-pied dans le monde exotérique des effets et le renverser par la conscience. Vous avez beaucoup de travail.

Que des conférences soient organisées par des ésotéristes sans prononcer de mots compliqués adressés à une élite.

Parlez peuple, avec, pour les peuples. Oubliez ce que vous savez pour travailler dans la conscience. Je veux dire, ne vous adressez pas à des spiritualistes, adressez-vous largement à tous et provoquez la spiritualité, installez-la.

Il y a actuellement des possibilités dans tous les domaines, vous qui faites partie ou êtes dans la périphérie des Ashrams, soyez actifs, dans le monde et pour lui. Concertez-vous et agissez. Vous aurez Notre aide et obtiendrez des directives quand nécessaire. La Hiérarchie est à l’œuvre, il faut absolument que tous les responsables puissent en contacter les énergies afin de les transmettre. C’est à vous d’y participer.

La politique est un domaine brûlant en ce moment. Prenez toutes les opportunités pour accomplir ce travail. Le monde associatif est important aussi, ne le négligez pas, amenez-y vos énergies. Les masturbations ésotérico-occultes des disciples en mal de vertus sont des marginalités d’élitistes sans intérêt que Nous condamnons. Engagez-vous et sous la Bannière de Morya, travaillez à l’ouverture de conscience planétaire.

C’est un travail pour chacun sans exception, vous devez tous y contribuer d’une manière ou d’une autre. C’est dans tous les domaines sans exception, c’est ça la politique, c’est la vie de la cité et ses affaires. C’est par la conscience que cela se fera. Alors, œuvrez en ce sens et croyez bien que Nous sommes plus présents que jamais et plus proches. Nous sommes avec vous.

Que la conscience vive, qu’elle s’exprime, que la clarté illumine et que vos cœurs en soient les porte-paroles et les initiateurs.

Morya a parlé -Morya vous aide.

Mon Ashram est sur pied de conscience pour mener à bien cette tâche.

Qu’on se le dise.

Mes Frères, Mes Sœurs, qu’il en soit ainsi dans la bénédiction, l’Amour et parfois la destruction qui a sa place dans toute reconstruction.

Amour -Force    et Paix vous habitent en ce vaste projet de réalisation hiérarchique. À vous tous, Nos disciples,

COURAGE !

MORYA

CHRIST EN SOI

CHRIST EN TOUS

CHRIST EN VIE

MORYA

L.C.

1991

1.

Au bouquet foisonnant d’une nature reconnaissante, chaque feuille, chaque pétale, chaque teinte, chaque fragrance envoie au ciel les douceurs tendres et délicates de leurs formes ou de leurs effluves.

Dans cette offrande permanente dont les regards éblouis s’étonnent et que d’autres

ignorent de leur indifférence, un miracle renaît aux cycles de ses mouvements que

scandent les saisons, comme quatre clous que planterait à la terre un rayon cosmique

tout puissant.

L’homme, impuissant à cet ordre établi qui le dépasse, ne peut à volonté, que favoriser

l’expression de cette nature ou en détruire la beauté, saccageant à la fois ses dons

désintéressés et la conscience qu’il n’en a plus.

Aux efforts renouvelés de ses réussites technologiques et scientifiques, l’homme,

souverain dans ses choix, oublie que ses priorités assassinent la planète, sa demeure.

au lit asséché de la rivière morte, aux vagues inertes de la marée noire, aux branches

coupées, aux arbres étouffés, aux racines détruites, une marche inconsciente se poursuit

au sol dévasté, à l’air pollué, à la vie abîmée qui n’a d’ambition que de protéger et de

donner.

à la planète qui vous porte, au sol, aux chemins où vos pas se succèdent, aux routes, aux

rails que vous construisez pour des machines de plus en plus performantes, à la planète

qui vous porte, donnez un peu de la tendresse de votre cœur, donnez un peu de

l’attention de votre regard, donnez un peu de délicatesse d’âme.

En suspens dans l’ordre cosmique, la terre évolue et se maintient à l’espace temporel

d’un univers superbe.

À cet ordre-là, participez, vous êtes un élément primordial et intelligent, un maillon de

l’agencement divin.

Que vos vibrations ne détonnent pas à la symphonie des mondes, des règnes, à laquelle

vous êtes intégrés comme les arpèges harmonieux d’un verbe en devenir humain, en

saccageant, en détruisant les autres harmonies minérales et végétales, animales, dont

vous êtes les aînés pensants.

Que la chaîne des mondes se déroule aux univers manifestés sous l’égide attentionnée

des cerveaux réceptifs au divin dont tous sont issus.

de la ville aux campagnes en passant par la lune, les déserts et autres lieux vous

hébergeant, vous accueillant, de mers en montagnes, escaladez en vous-mêmes ces

degrés qui, sur l’échelle évolutive, vous responsabilisent individuellement, afin que

l’ordre divin, dans sa magnificence généreuse, soit respecté par un, donc par tous, peu à peu.

il y a dans la nature quelles qu’en soient les situations géographiques, des inspirations qui vous attendent, des merveilles à découvrir, des silences à écouter, des murmures à recevoir, des colères à comprendre, des joies à partager.

Il y a dans la nature des secrets de vous-mêmes qui sont prêts à se livrer, aux feuilles de mon jardin je vous ai dit un jour : apprenez du pin, il est le même été comme hiver. Apprenez de la fleur et de l’arbre, de l’herbe et des couleurs qui harmonisent les champs et les jardins, les forêts et les plages.

Apprenez de la mer et de ses marées, des vagues et de la lune qui les accompagne. Sur le sable millénaire la mer efface inlassablement de son écume les pas des humains qui s’obstinent à s’y promener, les marques que laissent les animaux, du plus minuscule au cheval galopant.

La nature est vierge d’elle-même, à chaque saison, à chaque jour qui passe, à chaque seconde, rien ne retient d’elle que ce qu’elle consent à faire renaître dans les cycles constants de ses renaissances sublimes. Apprenez de la nature. Apprenez d’elle, à être, tout simplement.

Dans la moindre tonalité, dans la plus légère nuance, dans les plus modestes ou les plus belles de ses manifestations, sereine ou épanouie, éblouissante ou déchaînée, tonitruante ou apaisante, elle n’a jamais rien des autres ou d’elle-même, tout simplement elle est. comme un ciel sans nuage, comme une pluie sans orage, comme un vent sans tempête, comme le sillage d’un bateau sur une eau limpide, elle n’a jamais rien, elle est tout simplement, sans avoir, sans opposition ou spéculation, sans rien, la nature, tout simplement, est.

En ses états, toujours différente et quand même elle-même, la nature est. Apprenez d’elle, c’est un monde symbolique aux multiples signifiances c’est un monde simple et ses évidences sont trompeuses. Tant de mystères y sont cachés.

Aux symboles qu’elle offre à vos regards, cherchez les secrets qu’elle attend de vous révéler.

Un zeste d’attention, un zeste d’observation et beaucoup d’amour vous ouvriront les portes symboliques des images que vous en recevez. Aimez la nature, elle vous le rendra au centuple.

C’est en elle que vous rechargez les délicates batteries de vos systèmes nerveux. C’est de prâna que vous les nourrissez. Sans elle vous ne seriez plus ce que vous pouvez devenir.

Pensez-y mais surtout, apportez-lui votre concours aimant, votre volonté de bien, et protégez la protection naturelle qu’elle vous offre, sans rancune, dès qu’en elle-même elle se retrouve, en l’état superbe de sa création.

Vous en êtes les gardiens, soyez vigilants et aimez ce qu’au centuple elle vous communique : son amour désintéressé, à tous, pour tous, sans distinction de race ou de rang social.

Aimez en elle ce que vous êtes, ce que vous n’êtes pas et ce que vous pouvez devenir à la lecture intérieure attentionnée de ses symboles.

2.

L’image radieuse d’un ciel qui se prépare à la nuit, la pluie torrentielle qu’il déverse sous les tropiques, la lourdeur moite ou glaciale du plomb de ces nuages qui couvrent vos têtes tandis que le soleil, immuable, au-dessus, continue sa vie dont les rayons vous

sont masqués.

Au ciel sur vos têtes qui détermine la clarté naturelle ou artificielle de la lumière dans

vos foyers, prêtez plus d’attention, il pourrait être comparable à ces perturbations que

vous vivez du mental et qui, liées à des causes personnelles, vous semblent extérieures à

vous-même.

Il ne s’agit pas ici d’entrer dans des directives symboliques qui ne deviendraient vite

que formules dont chacun voudrait s’emparer à tort.

Non, je veux simplement souligner autour de vous tous ces signes, toutes ces images qui

ne sont que symboles vivants, ils vous concernent tous mais la lecture en est différente

pour chacun puisqu’elle ne peut s’appliquer qu’à la compréhension du moment que

détermine votre évolution individuelle.

La beauté qui vous entoure et en dépit des horreurs dont le monde est truffé, les bonnes

choses qui s’organisent et se passent au mental éclairé de certains responsables.

Regardez vers Madrid aujourd’hui cette ouverture, ce matin 30 octobre 1991 de la

conférence de paix pour le moyen orient.

Et dites-vous que quoi qu’il arrive, cette initiative est bonne, elle a été inspirée par

l’ashram de premier rayon qui actuellement imprime au monde politique des idées

éclairantes dont le G.S.M11 est un bon relais et dont les politiques de haut niveau

perçoivent les points justes.

en ce nouvel âge dont l’aube difficile se lève malgré tout et auquel l’extériorisation de la

hiérarchie apporte son soutien et plus, je voudrais souligner ici l’importance de ne plus

fonctionner sur le plan physique en termes prévisionnels mais en mobilité instantanée,

tout peut changer d’une minute à l’autre, tant sur le plan objectif que sur le plan occulte,

le second déterminant les tournants du premier.

Pour le groupe global et l’ashram, pour nous, les prévisions se font à long terme dans la

mobilité, elles ne sont en fait que trajectoires spirituelles au sentier terrestre dont

l’itinéraire objectif devient relatif.

En ce nouvel âge, le prévisionnel est dépassé au profit de l’action globale en

mouvement ascensionnel dans la conscience individuelle dont l’appartenance collective

de l’humanité dépend.

Comme chacun le sait, l’efficacité du groupe et son point atteint sur le plan de l’échelle

initiatique, dépend de chaque évolution individuelle qui le compose ; au sein de

l’ashram, tous les degrés initiatiques sont présents mais tout en étant unis par le service,

les plus avancés taisent ce que les autres ne peuvent encore recevoir.

La conscience globale de l’ashram est un escalier dont chaque marche, lumineuse en

soi, est distincte des autres tout en formant ensemble le trajet ascensionnel à suivre par

tous.

De la marche la plus basse à ces rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa, du

disciple à la périphérie, de l’ashram à Sanat Kumara, la conscience de celui dont rien ne

peut être dit se déploie aux éventails multiples des potentiels individuels dont les choix

sont faits.

Choix de lumière et de service.

Ces choix une fois sincèrement faits, les difficultés inhérentes à chacun troubleront le

groupe exotérique, sans doute, car il est à la fois formateur et dépendant des plans

inférieurs.

Le groupe ésotérique peut en subir des secousses occultes, l’ashram, lui, dans son

centre, demeure, quant à la hiérarchie, elle en perçoit toutes les fausses notes, seul

Shamballa demeure hors de portée des plans inférieurs.

Que de fausses idées, que de mentalisations tordues se sont installées aux logiques des

Groupe des serviteurs du monde

disciples déstabilisés par leurs propres incompréhensions.

L’initiation de groupe, ou plutôt ce qu’ils en ont déduit de l’enseignement, a pris un tour objectif dense sur le plan physique, devenant une distorsion des indications données par A.A.B.

Attention, certains ont une approche plus juste, mais la majorité des étudiants sont dans l’illusion et même le mirage que le mental concret contribue à alimenter encore aux erreurs de ses dissonances.

Si vous visualisez les marches lumineuses de l’ashram, l’initiation de groupe, c’est cette lumière collective à laquelle s’ajoutent, marche après marche, les consciences illuminées des disciples.

L’apport de l’acquis individuel donne au groupe la lumière élargie de ses futures actions.

mais chacun continue d’évoluer seul, durement parfois, difficilement toujours, d’autant que seul le service, et l’engagement personnel, puis individuel font du groupe une entité spirituelle performante, malgré les failles personnelles dont le disciple, conscient, doit faire taire les plus fortes perturbations à la lumière du flambeau qu’il ne peut plus lâcher.

C’est cette démarche inconditionnelle, vers et dans la lumière, qui fait du groupe global un bâtisseur du nouvel âge en charge des énergies hiérarchiques à canaliser, et du disciple un initié dont la volonté s’exprime au fur et à mesure en termes divins uniquement.

Les disciples, dont la connaissance ésotérique dépasse le choix et l’amour en Christ, sont les plus dangereux et vont alimenter les manipulations des forces noires, avant de rejoindre définitivement leurs rangs.

L’ésotérisme est une science énergétique dont la précision n’a aucune vraie théorie fondée, en effet, seule l’expérience sur soi, en soi, peut fonder cette science sur des bases solides.

L’abstraction  toute  théorique  des  étudiants  de  bonne  volonté  qui  enregistrent mentalement en apprenant est extrêmement dangereuse. La théorie prend le pas sur la sensibilité.

Lorsqu’en plus l’aspiration Christique est absente, la notion impersonnelle d’amour est mal vécue, au mieux, ou, au pire, pas vécue, exposant le disciple à une aspiration occulte seule, alors qu’ici cette dernière devrait être tout amour. C’est là que se trouvent les pièges que rencontrent les étudiants à l’ésotérisme, parce qu’ils les installent.

La science de l’ésotérisme, science occulte du maniement des énergies, science des rayons, est une science qui ne s’apprend pas dans les livres.

Sa première approche est souvent littéraire mais sa pratique ne peut en aucun cas l’être. La technique est une chose, la pratique une autre et ce que vit l’initié est encore autre chose et cela n’en découle pas forcément.

Rien ici n’est systématique, tout est problématique, c’est pourquoi l’enseignement éclaire, donne des indications, mais ni moi ni aucun maître appartenant à la hiérarchie ne dissocions cette science fondamentale de l’être, du Christ en chacun. Il se trouve que de jésus, les hommes ont déduit la religion catholique. Mais le Christ, au-delà de toute religion, est universel et accessible à chacun. C’est à ce Christ cosmique, dont chaque corps physique est en puissance une lampe d’opaline, que vous devez aspirer.

Sans cette notion d’amour global, coopératif de l’ordre universel, du maintien et de la marche des éléments dans les différents mondes, ni vous ni moi ne sommes rien. Trop d’ésotéristes l’oublient, l’éludent ou pire, n’en ont aucune conscience, Christ se

résumant pour eux à un mot dont la connotation religieuse les gêne.

Rien n’est possible sans amour, et ce, dans aucun des domaines de la vie différenciée,

telle que vous la connaissez sur le plan physique.

Rien n’est possible sur les plans occultes sans amour, et ce, sur tous les degrés d’accès

au travail hiérarchique.

La hiérarchie elle-même est l’ashram du Christ, et cela porte à réfléchir.

3.

Pourquoi la hiérarchie est-elle l’ashram du Christ ? Chacun des maîtres de la sagesse, membres de la hiérarchie, est un homme (une femme) ayant réalisé en lui la lumière éternelle de Christ, devenant ainsi le fils de celui dont rien de peut être dit. Chacun de vous est un enfant de dieu, c’est vrai, de même que tout ce qui vit est forme exprimée par le souffle divin, mais l’homme qui réalise Christ en lui se place à la droite du père, comme le bras actif de la volonté divine de ce dernier et tout en étant à sa droite, devient conscience intégrée, pour une action globale, dont il est partie indifférenciée et identité fusionnée au sein même de l’unité qu’il forme avec celui dont rien ne peut être dit.

Chaque maître de la sagesse initié supérieur de haut degré est un Christ vivant, en action, au service des ses frères humains encore en quête de Christ. C’est ainsi que la hiérarchie est l’ashram du Christ, car chaque membre communie, en Christ réalisé, à l’action globale que le plan pour l’humanité définit. L’unité de chacun des maîtres avec celui dont rien ne peut être dit propulse la conscience divine de la hiérarchie tout entière qui en résulte, aux rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa, captant ainsi pour le triangle symbolique de la manifestation divine, les énergies de volonté et de pouvoir formatrices du dessein qu’ils connaissent, servent et organisent au plan hiérarchique.

Le maître de la sagesse initié supérieur est, en Christ, une double vision qui en permanence relie l’homme au divin et le divin en Christ.

Par l’extériorisation de la hiérarchie cette double vision s’exprime au plan objectif même si, tronquée par les regards des autres, elle se morcelle aux incompréhensions dont les disciples sont, en majeure partie hélas, responsables.

La double vision précitée du maître en incarnation est source constante d’étonnements fondés aux mentals clairs des non-ésotéristes. Le monde politique qu’elle influence en est un exemple.

Cette double vision, en revanche, est souvent dénaturée, abîmée, mise en cause par les disciples.

L’ésotérisme analytique est la gangrène du disciple. La hiérarchie, ashram du Christ, est en extériorisation au sein des sociétés. C’est ce qui amènera le royaume de dieu sur terre, parmi vous, faisant de la planète bleue une planète sacrée.

4.

La double vision du maître en incarnation est la première expression que la synthèse ouvre d’elle-même à la manifestation.

5.

Des cris du cormoran au vol blanc de la mouette, de ces traces sonores absorbées par le vent à ces arabesques invisibles qu’il efface aussitôt dessinées, la réalité matérielle objective n’est, dans ses effets, que transparence mobile à l’espace, déplacements d’air, invisibilité, impalpabilité.

Pourtant le son peut être perçu et le vol suivi des yeux.

Mais sitôt la mouette posée, immobile, sitôt le cormoran muet, alors l’espace garde les secrets des vibrations qui ont, un instant, animé de leurs vagues légères l’ordre tranquille de l’invisiblement présent.

Chacune de vos pensées suit le même trajet, soulevant l’invisible aux ondes matérielles impalpables de l’énergie qui se manifeste alors, à sa façon, créant aux plans concernés les formes que vos yeux ne capteront pas forcément.

Les processus énergétiques naturels ont tous des correspondances analogiques très intéressantes que vous pouvez lire au quotidien, pourvu que l’appel vers Christ, en vous, soit assez puissant.

6.

Les yeux d’un chat, sa patte, de velours ou agressive, ses courbes qui suivent chaque mouvement comme une invite à la grâce, toujours élégant, jamais vulgaire ou mesquin, chaque geste félin est une harmonie en soi qui, résumée à elle-même, dispense aux regards une beauté souple où le regard, l’éveil, l’abandon de l’animal sont autant d’offrandes.

Son extase ronronne et se fait douillette aux genoux accueillants, mais toujours prêt à bondir et à abandonner ce qui l’instant d’avant le ravissait.

Il peut, d’un coup d’œil, d’une patte souplement féline, quitter la chaleur la plus douillette pour le froid glacial si toutefois son indépendance en dépend. Le chat n’est ni manipulable, ni mendiant, il coopère en tendresse, crée en amour, sculptant au bon vouloir de l’instant une vie libre où l’amour a un vrai prix puisqu’il est choix sans cesse remis en question, puisqu’il est par-delà la séduction soumise, affirmation du choix du maître, dans les risques éventuels que cela comporte. Le chat est fidèle non pas par peur soumise, non pas par besoin de dépendance à la nourriture ou au gîte.

Le chat n’est fidèle que par amour et dans cette boule de fourrure minuscule que la chatte dépose à vos pieds, caressez la douceur du chaton ainsi présenté, elle est déjà exigeante de tendresse et généreuse d’amour. Comprenez le chat, il ne vous décevra jamais.

Sous ses apparences de froideur parfois ou d’indifférence, c’est la rigueur chaleureuse du rayon i qui s’exprime en lui, et qui est si rarement comprise. La force du chat est étonnante, sa résistance peu commune, ses exigences extrêmes, envers les autres, mais envers lui-même, notez sa propreté.

Dans l’éclair du regard, dans la beauté des yeux à demi-fermés ou attentifs, dans ses mouvements superbes de félinité harmonieuse, reconnaissez, ainsi que dans son caractère et son psychisme étonnant, la marque forte du rayon i et comprenez pourquoi cet animal fut en Grèce et en Egypte surtout un animal sacré. Il le demeure. J’ai dit !

7.

Les vagues géantes glissent ou se brisent sur de fiers rochers dont elles polissent les courbes et les angles de leur entêtement cyclique constant.

Sous ces caresses froides voire glaciales, les rocs continuent de dresser leurs silhouettes massives à la surface mouvante de leurs agresseurs, depuis des millénaires, sans faiblir, sans bouger.

La surface des rochers acquiert en brillance et en poli, ce que la vague brisée récupère au large d’elle-même, de cette mer qui l’anime et la pousse.

Chaque goutte de cette vague est un peu de vous-même, agressante et cassée, régénérée et écumante.

Chaque roc est un peu de vous-même, stable et vainqueur, fier et moqueur face à ces agressions permanentes qui n’atteignent que sa surface.

L’un passif, l’autre actif, le conflit qui les rapproche, les tient constamment solitaires, face à face belliqueux où personne n’a le dessus.

Il en est de même pour vous, jusqu’au mariage de la pierre avec l’eau lorsque la pierre devient vivante, elle épouse l’eau et en synergie commune, vous propulse au feu purificateur.

Quel que soit le nom que vous lui prêtiez, cette pierre, dite philosophale, ce graal, cette intériorité réconciliée à elle-même, cette beauté intérieure dont la synthèse est le firmament à atteindre, en un mot ce Christ vivant qui enfin s’exprime, est là, symboliquement déjà tout entier, dans cette image des vagues sur le rocher. À la pierre qui prend vie et se fond à l’eau qu’elle épouse enfin, pour suivre à son flot le mouvement éternel de la vie une, à cette pierre, identifiez les tous premiers pas de Christ en la matière.

De cette substance, Christ fera une énergie lumineuse éclatante dont le corps humain, transfiguré, deviendra l’opaline vivante.

Dans le roc et la vague, apprenez le privilège des épousailles de la pierre avec l’eau qui, jamais possible dans la nature est l’aboutissement de vous en Christ dans un accomplissement charnel du fils de celui dont rien ne peut être dit, sur terre. De ce fils, vous avez la nature, il vous reste à la spiritualiser en Christ et c’est votre privilège en tant qu’être humain.

Que la vague et le roc vous apprennent vos limites, que leurs épousailles, en vous, vous amènent en Christ. Qu’il en soit ainsi.

8.

Si le pied s’enlise aux sables mouvants, le moindre geste devient prélude mortel. Dans une situation aussi critique dont nul ne peut sortir seul, une réflexion vient immédiatement à la pensée : que n’a-t-on, avant, regardé où l’on mettait les pieds ? Est-il trop tard ? Jusqu’au dernier grain de ces sables humides entrant dans les narines, un souffle d’espoir vivace, entretenu par la vision du ciel au-dessus, ne quitte pas l’imprudent en danger de mort.

Où est le salut ? Pour tous, au point final de l’incarnation, la réponse sera individuelle. Mon conseil ? Regardez, avant, où vous mettez les pieds !

9.

Les douceurs angéliques des travaux d’hercule sont toujours postérieures aux efforts surhumains qui vous semblent les vôtres.

Pourtant à chaque étape, ce que vous accomplissez de vous-mêmes est à la hauteur de vos possibilités du moment.

Cela semble hors de portée simplement parce que le dépassement est la seule règle régissant le soi face à Christ.

À chaque dépassement de soi, la distance s’amenuise et la lumière croît. À chaque dépassement, Christ, à dose homéopathique, s’installe et gagne en vous par le chemin lumineux qui vous mène à lui.

Mais attention il vous faudra maîtriser, non seulement la lumière mais l’ombre aussi. Car tout fils de dieu réalisé en Christ doit, comme jésus, travailler au cœur de l’ombre pour y établir la lumière. C’est pourquoi à chaque Christ réalisé, les douceurs sont indifférentes tant le service est

primordial.

Et c’est ce service seul qui, mettant un baume à l’âme de tous, amène douceur en Christ au cœur de chacun.

Œuvrez aux travaux d’hercule et traversez l’ombre en la maîtrisant, afin que Christ glorifié resplendisse sous chacun de vos pas sur terre.

10.

Dans la pellicule blanchâtre d’un plâtre sec, les craquelures futures sont visibles à tous. Colmateur et friable, le plâtre n’est que superficiel, son matériau donne le change aux apparences sauvées mais la durée n’est pas son fort et il périra, entraîné à terre par ses propres faiblesses que la main de l’homme organise.

Ne plâtrez rien en vous, vos véhicules un jour ou l’autre en souffriraient, d’autant que les ouvertures béantes y sont incolmatables de l’extérieur. Seule la force intérieure les reprise de ses fils invisibles mais tenaces. Cette force vous ne la trouverez que dans l’obstination de votre avancée en Christ. À la lumière de vos faiblesses, ne plâtrez rien, continuez à la foi de votre conviction. Jésus alors ne sera pas venu pour rien. Bouddha n’aura pas préparé ce chemin pour rien. Que la force intérieure soutienne votre avancée dans la lumière. Qu’au creux de l’ombre, l’étincelle n’en soit jamais perdue, que Christ en vous s’impose déjà par l’amour dans votre cœur. Sa réalisation dans la chair suivra ; mais ne plâtrez rien.

11.

Dans la quiétude tranquille qui suit l’extase que donnent au corps les sens, vous pouvez percevoir le tout début, l’amorce de la béatitude que procure aux cellules la conscience qui y descend.

Quand chacune des cellules du corps est baignée par Christ réalisé en vous, la lumière est une aura, l’amour est l’état et vous devenez en votre chair de rédemption accomplie, une cellule pensante au sol de l’incarnation, de celui dont rien ne peut être dit. Christ est vivant. Christ est en vous. Son ashram vous est ouvert et vous êtes membre de la hiérarchie.

12.

À tous ceux qui se perfusent d’ésotérisme analytique, de rituels opératifs, de visualisations devenues dangereuses tant le mental aurait besoin d’être brisé en ses formes-pensées cristallisées, à tous ceux-là je suggère un intermède, une trêve de méditation, une grève de visualisation, un bol d’amour pur où le retour à la nature ouvre le regard intérieur sur chaque signe symbolique parlant à qui sait faire taire le mental pour écouter le cœur.

Un jour trois personnes en mon nom se sont réunies en un lieu dit « col du feu », une seule d’entre elles a compris le symbole. Elles se reconnaîtront toutes les trois ici.

qu’ont fait deux d’entre elles, qui n’avaient pas passé le col, de ce feu qui s’exprime ici? Aux signes flagrants que vous vivez, soyez attentifs.

Que la lecture qu’en fera le cœur efface celle du mental concret piégé par ses frontières parfois infranchissables.

Lisez dans la nature l’écriture symbolique qui ouvre au cœur les rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa.

Ces signes sont accessibles à tous, c’est l’écriture dont se sert la vie une pour communiquer à Christ sommeillant en vous, l’impulsion de l’enthousiasme de la découverte intérieure et de l’amour pour tous. Cet appel est le vôtre.

Aux feuilles de mon jardin, au sang de mon calice, vous en trouverez les repères dont les bornes, en vous-mêmes, sont autant de lumières à atteindre. L’écriture symbolique de la vie une installe au sol de votre évolution un jeu de piste divin où l’âme, hors du labyrinthe du non-soi, trouve les voies superbes qui mènent à Christ dans la chair, dans l’incarnation.

Lisez le symbole, la vie une en sous-tend chaque ligne, libérez-la de sa forme, de son image afin de vous en imprégner.

C’est ainsi que vous trouverez le chemin du groupe global et les moyens de servir mieux.

Que la voie du Christ s’ouvre à vous, que chaque signe, comme une flèche, vous indique cette voie dont les chemins différents vont tous vers la lumière pour y retourner après avoir plongé dans l’ombre à maîtriser.

Que la force soit en vous et que la lumière vous protège afin que Christ en vous, vive enfin.

13.

Dans l’ashram du Christ, la hiérarchie veille et œuvre en Christ avec Christ pour Christ. Là, chaque Christ ressuscité dans la chair s’ajoute à la conscience de celui dont rien ne peut être dit, ainsi qu’à la conscience collective de l’humanité.

De ce double pôle atteint, l’humanité se rapproche du père et ce dernier, objectivement parlant, précipite sur terre les pas de son fils au service des frères dont les consciences, en quête de Christ, n’y sont pas encore éveillées.

14.

En présence des énergies hiérarchiques, sous les auspices de Shamballa, au sein du groupe global, les voiles opaques qui masquent la lumière se soulèvent un à un. Tous les disciples contribuant à la formation de cette opacité sont automatiquement rejetés, par leurs propres énergies, de ce travail d’extériorisation de la hiérarchie dont le groupe global est le relais et le moyen.

À chaque rejet de l’ombre, la lumière avance, installant par ses éclats de fortes perturbations au sein des véhicules du disciple qui s’en va.

Mais ce disciple peut choisir de rester, si son engagement est plus fort que sa peur, si son courage spirituel est plus fort que son confort spirituel. Dans ses faiblesses, le disciple peut penser qu’il n’a pas le choix. C’est simplement que, pour l’instant, souhaitons lui, l’urgence de Christ en lui n’est pas assez impérieuse et que sa propre évolution spirituelle personnelle passe avant le service.

Que répondre à cela ? La réponse ne peut être qu’individuelle de même que le choix. Le maître en incarnation demeure face à ces disciples, disponible dans son impersonnalité et l’amour au travail, en tant qu’énergie, aide l’autre jusqu’au point de non-retour auquel le disciple, acculé, lâche le groupe global après l’avoir enrayé de ses énergies négatives que le maître en incarnation digère et intègre au filtre puissant de sa lumière en Christ, afin que le groupe global n’en pâtisse pas.

Dans le silence du maître en incarnation qui suit ce processus, le disciple victime de son auto-éjection, interprète mal ce qu’en lui-même le maître transmute par amour. C’est que le disciple ne peut que projeter ses propres références, faisant de sa propre

expérience le repère faux de la personnalité face à lui. C’est pourquoi le maître en incarnation demeure, en silence. Parce que Christ est à l’œuvre en lui.

15.

À la troisième initiation, lorsque l’âme est encore un relais du divin, les aubes transfigurantes ne sont que lumière étoilée au ciel de la paix intérieure. C’est là, juste avant ce passage initiatique mineur pour la hiérarchie que se dresse comme un noir drapeau le danger incontournable de la loge noire. La confrontation aura lieu, comme il se doit, puisqu’elle est le passe-droit à la crucifixion.

Pour que cette confrontation débouche sur la lumière et non son apparence, un seul objectif : Christ et son amour.

Car ceux qui vous tenteront, dans un face à face singulier ne vous feront pas peur, au contraire.

Mais en eux Christ n’est pas vivant, et ce manque-là, si votre aspiration demeure humble comme aux premières initiations passées avec succès, vous semblera le gouffre duquel, avec prudence, il faut s’écarter.

Ce gouffre est un vide du cœur aux parois sombres que l’amour, même dans ses premiers dérapages sentimentaux n’a jamais emprunté.

L’âme en bon relais du divin le sait mais votre mental se taira-t-il en sa faveur ? Le danger est là.

Cette confrontation a lieu sur le plan mental et si vous acquiescez à l’ombre, alors la clarté apparente sera toute mentale et l’illumination qui en découlera, analytique et sensitive.

C’est là, juste avant la troisième initiation que la pente se fait avenante et qu’elle tourne imperceptiblement vers la gauche.

Le disciple du sentier de gauche qui se croit dans la lumière est hélas de bonne foi. Un moyen ? Il n’y en a pas, à part, faites taire le mental afin que l’âme s’exprime et surtout, dans le doute, tournez toujours à droite. Mais comment savoir ? À cette question il vous faudra répondre seul. Tant de signes, tant de moyens, tant de chances vous sont donnés. Une chose encore : quand vous choisissez le sentier de lumière à droite, à ce moment-là, cela fait toujours plus mal puisque l’étape suivante est la crucifixion de la quatrième initiation ; et cela, si vous discernez, est très parlant.

16.

Dans des jardins italiens autour des villas belles d’une aristocratie que l’histoire garde aux mémoires des écoliers, vous verrez, les jours de pluie, des arcs-en-ciel légers à travers les feuillages denses aux allures tropicales.

Dans l’humidité de ces sous-bois verdoyants, les couleurs se mêlent aux parfums pour enchanter les sens et étonner les yeux.

Vos pas silencieux feront craquer quelques branches indisciplinées que des jardiniers distraits auront oubliées.

Dans ces couloirs de verdure, sous les voûtes diaphanes des arcs-en-ciel lumineux, l’ombre dense vous fera hésiter.

Où mener vos pas ? Et où vous mèneront-ils ? Le mieux sera de traverser, sans aucun doute possible, ces densités verdoyantes et sombres qui emprisonnent les lumières aux surfaces lisses de leurs feuilles, les maintenant prisonnières aux tentacules séduisantes de leurs branches tendues.

Par-delà ce parcours d’ombre et de lumières la luminosité radieuse d’un soleil éclatant se mire sur la surface miroitante d’un lac.

C’est le lac majeur de vos aboutissements, de vos détours, de vos hésitations. C’est la récompense de la marche héroïque d’un cœur que la densité ne parvient pas à dérouter, d’une âme que les sentiers non battus n’effraient pas.

Dans ce lac majeur, les scintillements mouvants des rayons du soleil sont l’avant-garde d’un soleil spirituel central, gardien de la lumière Christique. Il vous attend entre densité trompeuse et scintillements irradiants. Mais il est là et vous en décelez les signes.

17.

D’où vient le charme ? Il est imprécis, indéfinissable, en sa source, en ses effets. Il est intéressant de noter que ce petit mot a de grands effets puisqu’il désigne aussi bien un attrait positif qu’un envoûtement, loin de l’être. Méfiez-vous du charme, il est à double tranchant et ses effets sont pernicieux. C’est pourquoi le charme n’est en aucun cas la caractéristique de Christ en l’homme. Il est fort, trop magnétique, trop aimant, voire trop tranchant en ses effets sur les cœurs pour être charmant.

Au charme, on succombe, à Christ on parvient après luttes et efforts sur soi-même. Méfiez-vous du charme, il a l’ambiguïté perverse d’un regard indéfinissable dont on ne voit jamais vraiment la direction nette.

Le chemin vers Christ, en Christ est une voie douloureuse à l’intériorité qui, heureusement, manque de charme.

Si d’aucuns vous reprochent de manquer de charme, rassurez-les, Christ n’en exige aucun.

18.

À tous stades votre évolution est profitable pour celui que vous précédez. Encore faut-il qu’il sache qu’il est derrière vous.

C’est l’histoire éternelle de la non-reconnaissance et elle n’est pas prête de se résoudre.

C’est pourquoi, en fait, sur le plan objectif, l’expérience des uns ne sert pas aux autres.

Christ est difficilement reconnu en l’homme parce que, entre autres, les disciples, ces

ésotéristes analytiques, se font de lui une idée fausse et passent à côté du maître en

incarnation sans le reconnaître.

L’idée fausse en tout est le vrai problème du mental analytique. Les pensées qui en résultent sont encore plus navrantes. Christ pourtant est déjà là, parmi vous.

19.

Quand le crépuscule descend dans les roses chaleureux d’un soleil couchant, que les ombres chinoises des arbres s’y découpent, l’enthousiasme du regard humain s’y accroche, retenant des yeux la pénombre naissante que va engloutir la nuit. Là, en fin de jour, dans cette renaissance de la nuit, gardez au cœur la joie du service afin que les plans qui vous accueillent au noir d’encre du sommeil physique ne soient que conscience en continuité de lumière.

Christ réalisé installe en l’homme la lumière qui décrypte l’ombre et l’envahit, à tous moments, sur tous les plans, dans tous ses véhicules. Dans le crépuscule rosé sur lequel peu à peu déteint la nuit, la lumière de Christ garde aux yeux de chair la quintessence radieuse de son amour. La nuit devient transparente, elle n’existe plus à cette continuité de conscience qui

caractérise un Christ en incarnation.

Soyez la lumière éclatante des nuits sombres de vos frères en devenant des Christs vivants au sein du corps physique. À la gloire de celui dont rien ne peut être dit.

20.

Dire ou ne pas dire ce qu’en aucun cas il ne faudrait taire, telle est la préoccupation du mental troublé, perdu dans ses analyses. Le silence spirituel juste est bien autre chose.

En ne répondant à aucune question, sa réponse devient évidente à qui saura l’entendre. Êtes-vous de ceux-là ?

21.

Le lever du jour automnal a les nuances jaunes et mordorées des feuilles prêtes à tomber.

Dans cette clarté presque hivernale la luminosité des ocres jaunes illumine la pénombre du petit matin, offrant aux regards des incandescences douces et satinées d’où le feu, absent, a pourtant fixé les couleurs.

dans ce tapis qui couvrira bientôt le sol, s’annonce déjà la dépouille dorée d’un échelon de l’évolution dont le disciple se défait, prêt à avancer plus nu que jamais vers cet inconnu qu’il pressent et que vous appelez initiation.

Sur le tapis brun jaune de ces feuilles que vous foulez, l’automne, vous piétinez l’expérience de ceux qui ont vécu déjà ce vers quoi vous vous dirigez. Si les crissements de ces feuilles dorées sous vois pas maintiennent votre éveil, elles dissimulent pourtant les trous et accidents du chemin que votre mental ne saurait voir tant il est occupé ailleurs.

L’expérience des uns ne servant pas aux autres vous ne pouvez que fouler aux pieds la sublime nature dont se dépouillent ceux qui vous précèdent.

Ils sont en marche de devenir et inconscients de cette marche qui vous devance, vous regardez derrière vous pour voir s’ils vous suivent, vous n’apercevez alors que le brouillard de votre propre analyse qui embue votre mental.

Dans ce tapis automnal que vous foulez d’un pas inconscient, des lueurs jaunes d’or, Christiques, s’échappent et illuminent le sol.

Aveugles à ces parcelles de lumière Christiques, le regard levé vers le ciel de vos mirages, l’essentiel vous échappe.

L’essentiel ? C’est Christ en l’homme, par éclairs jusqu’à l’aboutissement de ses efforts sur terre, dans l’incarnation.

22.

Dans l’air obscur d’un plan intermédiaire où se mêlent à des bribes assourdies de paroles, des voix imprécises et des réponses folles à des questions informulées, l’homme Christ balaye du projecteur divin de son cœur, les recoins les plus sombres où se noie le discernement des disciples en difficulté.

Sans intervention directe, l’homme Christ ouvre une voie lumineuse aux regards les plus fermés dont certains n’ont même pas la possibilité d’entrevoir cette source lumineuse.

Êtes-vous de ceux-là ? Si l’ombre dans ces recoins est trop dense pour vous, alors priez et consacrez chaque pensée au divin.

Cela créera un aimant qui captera quelque lueur du projecteur divin et l’homme Christ s’y profilera. Que votre regard alors ne le quitte plus.

23.

Le passé, fané par essence, nourrit encore trop la mémoire qui s’y colle telle une sangsue.

Les grimaces et les sourires de certains souvenirs gênants perdent au fil des jours l’agressivité que le mental gomme à l’ego meurtri.

Les angles s’arrondissent ou s’accusent, c’est selon, et la vie à l’imparfait rend à l’ego ses faire-valoir et ses justifications commodes.

Pour qui va vers Christ, chaque instant est un renouveau permanent d’où le passé est exclu, et l’incarnation se déroule au fil de ces perles polies par les soumissions de l’ego. Aux oubliettes de la mémoire l’homme Christ ne retrouve jamais que la lumière du présent auquel le passé aboutit.

Comme un tremplin en plein ciel, le passé ne propulse vers la lumière du soleil Christique que ceux qui savent ne pas s’y appesantir.

En vous l’éternel présent déroule le tapis Christique de ses exigences lumineuses, laissez au passé les dépouilles successives qui allègent votre marche sur ce chemin. Allez ainsi et soyez bénis !

24.

Aux fonds sous-marins des lagons bleus, les coraux sont gris.

Ce n’est qu’à la lumière du soleil, à l’air libre, loin des profondeurs que leur teinte prend tout son éclat satiné et miroite aux couleurs orangées de leurs branches délicates. Il en est de même des qualités Christiques enfouies à l’inconscient. Elles ne donnent leur éclat lumineux que loin des couches profondes qui font barrière à la lumière de l’âme.

Dégagées des sombres couleurs grises où l’ego les enchâsse, elles s’épanouissent dans la libre éclosion d’un cœur émancipé de lui-même, lorsque sentiments et sensations ne sont plus que passé ressuscité au présent éternel de Christ glorifié en l’homme. Dans les nuances brillantes du corail que caressent les rayons du soleil, Christ se déploie comme un éventail vibrant ; analogie, comparaison, qu’importe ?! Avec l’âme qui, dans l’incarnation, a pris pleine possession de son instrument : la personnalité, à la palette colorée des qualités Christiques dont elle la pare.

Voyez en tout l’éclat, la lumière, la beauté qui de la nature à l’homme vous indiquent les signes, les symboles, les joies… et Christ en tout.

25.

Dans ces moments d’ivresse quand l’explosion des sens en un bouquet aux mille étoiles fait chanceler le corps et taire la pensée, l’esprit, qui préside aussi à cette communion charnelle, s’efface au mental calmé, alors qu’il devrait envahir la chair jusqu’à la transcendance à laquelle seul l’amour mène.

dans ces moments-là, ne pas renier ni corps, ni sens, ni esprit mais les marier, les synthétiser au miracle de l’humain qui résume en lui les dons privilégiés qu’il détient de celui dont rien ne peut être dit qui, en un premier temps, met au cœur et au corps de l’homme amour et désir, en un appel à la fusion dont la beauté doit aussi être vécue. Dans ces tous premiers préludes à l’amour, l’homme cherche déjà Christ maladroitement, en l’autre, alors que déjà le miracle réside au cœur en attente de la lumière intérieure.

Christ est déjà là, mais si loin, en cette abstraction que vous faites de lui, alors que la chair en est aussi dépositaire.

26.

Quand la main se pose sur une autre main.

quant le cœur s’ouvre à un autre cœur, quand les yeux cherchent un autre regard, quand la voix dépose sa douceur à l’écoute rebelle de l’autre, quand vous cherchez l’autre, quand vous trouvez en l’autre ce qu’en soi on appelle amour, quand l’espoir d’avoir trouvé l’autre s’appelle déjà bonheur partagé, dans votre aspiration à l’autre, dans ce désir d’amour partagé, dans ce don, cet échange, c’est Christ et sa lumière qui s’exprime déjà, au quotidien inconscient encore mais volontaire de plus beau, de mieux, d’amour. Toute relation vécue consciemment en Christ prend une dimension spirituelle étonnante et la synergie qui en découle est déjà une voie de lumière en Christ, vers Christ, en vous, à l’aide de l’autre. C’est très beau déjà.

27.

Quand l’orage pointe à l’horizon d’une union déçue, l’échec que vous en interprétez n’est nulle part ailleurs qu’en vous-même.

Chercher sans le savoir Christ en l’autre est une aberration, le trouver est une grande chance.

Mais en le trouvant, si vous-même n’avez pas encore réalisé Christ, où sont les bases de la relation ? À chacun de répondre, ici encore. À chacun de préparer les justes bases.

28.

Le nouvel ordre mondial dont on parle tant ne se trouve-t-il pas aux fondations individuelles des mentalités, dans les racines de la conscience globale de l’humanité qui ne sont que les expressions justes des consciences individuelles?

29.

N’oubliez pas les rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa. Un mot n’en efface jamais un autre. Un livre n’en efface jamais un autre.

Seul Christ en vous efface les inutilités et les dépassements vers d’autres cieux, d’autres rives, jusqu’à ces rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa où la synthèse hierarchie – Shamballa s’est accomplie dans la fusion des énergies de volonté de pouvoir et d’amour sagesse.

Prenez conscience de la gravité de cet acte d’amour de la hiérarchie vers celui dont rien ne peut être dit, en faveur de l’humanité.

30.

Comment préparer la transition qui met fin à l’incarnation ? En vivant chaque instant de la durée au plan physique comme un acte d’offrande à la fois de dieu vers vous et de vous vers vos frères.

Dans ce don de libre circulation énergétique, voyez en l’autre les besoins que vous avez et devancez les demandes.

Un seul moyen efficace de vivre ainsi est le service au plan.

Dans les énergies hiérarchiques, les maîtres connaissent et servent le dessein qui répond absolument aux besoins profonds des hommes.

L’humanité en bénéficie au travers du plan et dans cette progression dessein-plan se trouvent les énergies couplées des rayons i et ii, en ligne directe des rives sacrées de Shamballa.

vivez au quotidien les reflets brillants émeraude-diamant afin d’y soumettre vos véhicules et œuvrez ainsi en préparant sans vous préoccuper pour vous-même, la meilleure issue possible à une transition sereine. C’est dans le service aux autres que se trouve le salut de la rédemption en Christ.

31.

Donnez à la vie éternelle ses lettres de noblesse en vivant chaque seconde dans la continuité de Christ glorifié.

32.

Quand le chemin vous semble long, quand les épreuves vous semblent lourdes, quand le découragement s’accroche à vos pas, prenez un temps et dans l’immobilité du silence spirituel, retrouvez la solitude de jésus au mont des oliviers.

C’était avant la religion, un tête à tête avec le doute, un cœur à vide avec soi-même, un moment « sans », sans lequel Christ n’aurait peut-être pas vécu pleinement. Dans ce silence auquel le diable fait écho, retrouvez la force de la transfiguration qui approche, c’est un miroir divin dans lequel Christ prendra votre image.

33.

Quelles que soient les nationalités, les naissances, les religions des maîtres, la seule référence spirituelle en celui dont rien ne peut être dit est Christ vivant en l’homme. C’est lui qui fait de chacun un membre digne de son ashram, la hiérarchie. C’est en Christ vivant que peuvent être atteintes les rives sacrées de Shamballa, c’est en Christ que le service s’accomplit justement, c’est en Christ que l’homme crucifié renonce à lui-même au nom de l’amour de celui dont rien ne peut être dit. Chaque voie spirituelle, dépassant un jour forcément la sagesse de bouddha, mène à Christ. Les initiations supérieures font vivre Christ pleinement.

34.

Dans le silence ouaté de la nature enneigée qui vous entoure, la blancheur immaculée est visible même dans la pénombre.

La blancheur synthétique des attributs Christiques est visible au plus sombre des plans intermédiaires et c’est pourquoi elle y devient la cible des forces noires qui tentent de s’y plonger.

Pourtant la synthèse même est la frontière qu’elles ne peuvent franchir. Leurs traces au tapis blanc sont effacées par le maître en incarnation dans la retombée incessante de l’amour Christique sur tout ce qui est vivant.

Christ vivant en l’homme est un don constant d’amour dont le maître en incarnation témoigne.

35.

À la souplesse d’un jeune corps qui se plie pour mieux se détendre, le ressort devient moteur et le moteur action.

C’est de cette action combinée que naît l’instantanéité.

C’est dans l’instantanéité que la créativité conjointe de deux maîtres en travail de conscience à conscience s’exprime.

C’est dans cette expression qu’est formulée au mieux la synthèse. C’est cette synthèse qui est l’objet de la fusion Shamballa – hiérarchie. C’est de tout ce qui précède que sont porteurs l’extériorisation de la hiérarchie et

l’enseignement.

36.

De l’arbre de vie, le fruit de la sagesse ne tombe que lorsqu’il est mûr. De la vie en Christ, l’amour ne pleut que lorsqu’il est réalisé.

37.

En décryptant les pensées, vous n’atteindrez jamais l’idée.

En analysant vous n’entreverrez jamais la synthèse.

C’est en aimant que la vision s’apprivoise, c’est en donnant qu’elle se reçoit.

38.

Aux vertes moissons des joies de l’enfant, retrouvez les bourgeons de vos aspirations déçues.

C’est dans leur nouvelle floraison que vous décèlerez l’ivraie du bon grain semé et si les fleurs et les fruits que vous en récoltez ne sont pas trop piqués par les vers, alors c’est que les bourgeons premiers ne furent pas trop marqués par vos envies et désirs égoïstes.

Si c’était le cas, il faudrait, avant de semer à nouveau, examiner longuement en soi, ce qui de l’enfant a disparu totalement.

Innocence ? Joie ? Authenticité ? L’examen sera dur, volontaire, mais c’est à ce prix seulement que les fleurs spirituelles seront belles.

39.

Les poètes ont écrit les joies, les peurs, les sentiments, les déceptions, les dépressions, les beautés dont ils furent l’objet ou qui furent les objets de leurs rêves. Tout ici, du romantisme au réalisme, en passant par le surréalisme, tourne autour de l’objet, des objets.

Et il est pourtant question de l’impalpabilité de l’imagination et du talent. C’est parce que l’homme n’invente rien, il ne crée que ce que la vie lui donne ou lui retire, lui transmet ou le prive.

C’est pourquoi rares sont ceux qui ont dit Christ en sa lumière en son amour, en sa vie. Appréciez.

40.

Dans l’idéal, qui rencontre l’absolu ? Dans les idéaux, qui rencontre la perfection ? C’est parce que les idéaux créent des idoles que la vie s’en échappe dans sa perfection première.

C’est parce que Christ est devenu quelques clous dans les mains de jésus et tout ce sang coulé, que l’église l’a étiqueté comme un sauveur du monde mort. Les confessionnaux sont remplis de regrets vite oubliés et répétés parce que Christ est le sauveur.

Mais le plus bel hommage à Christ est de le réaliser en soi afin que l’homme devienne, comme jésus, un sauveur du monde illuminé en Christ et sa lumière, un enfant de dieu. Si Christ demeure une aspiration inaccessible, alors le maître jésus est mort crucifié pour rien ! Et il n’est plus que l’image d’une idole ! Quelle tristesse, quelle incompréhension, quelle responsabilité pour l’église qui se dit la sienne. Christ vivant est bien autre chose.

41.

Le plus beau symbole de la voie en Christ est celui du maître jésus dans sa montée au calvaire.

La couronne d’épines enserrant sa tête est tressée par ceux qui le nient. C’est à l’esprit qui vit en lui qu’elle s’attaque. Mais il est éternel et c’est pourquoi vous en êtes les dépositaires responsables, aussi.

42.

Christ est le maître des maîtres puisque c’est en lui avec lui qu’ils accèdent à la voie initiatique supérieure.

43.

Sublimée, exaltée, fortifiée, illuminée soit la personnalité qui vit de Christ, pour vous.

44.

L’archaïsme est à condamner.

Lorsqu’il atteint la tradition, il est aveuglement à l’inconscience objective. La frontière entre tradition et archaïsme se situe dans la conscience qui maintient la première en vie en rejetant les cristallisations mentales du second. La vigilance est de mise.

Si la tradition est bonne, elle peut devenir dangereuse au son creux de ses lettres mortes.

45.

Si l’histoire était contée en termes spiritualistes, sa mémoire collective serait celle de la communauté universelle, l’humanité tout entière, et les héros d’aujourd’hui ne seraient pas ceux auxquels pense chaque nation.

Mais c’est la vie en Christ qui ouvre les frontières des cœurs à la reconnaissance d’une communauté universelle fraternelle.

46.

Dans les bras aimants de sa maman, le bébé s’abandonne. Mais il ne peut que s’abandonner, même si les bras ne sont pas aimants. Toute une incarnation peut en être marquée, et n’invoquez pas le karma ou le destin pour éluder vos responsabilités d’amour envers tous, envers tout ce qui est vivant, il est trop facile ensuite de pleurer les morts ! Vous pleurerez moins sur vous et vous comprendrez mieux la mort si vous faites face à vos responsabilités d’amour tel qu’il doit être donné.

C’est votre quête de Christ qui vous l’enseignera. C’est en Christ que vous vivrez l’amour et que vous donnerez enfin. C’est ce qui mettra vos dons précédents à leur juste place qui n’étaient en somme que l’espoir de recevoir en retour. Vous étiez loin de l’amour en Christ !

47.

Aux erreurs que vous faites, ne bénissez le repentir que s’il vous empêche de récidiver. Lorsqu’un faux pas est systématique c’est qu’il y a un vice d’habitude dans le pied ou la jambe.

Il suffit parfois d’une bonne discipline de gymnastique pour redresser la colonne vertébrale et assurer les pas suivants. Quant aux vices de formes, on y pallie en dépassant la forme pour en trouver l’essence,

ils sont donc moins graves puisque l’esprit les sous-tend dans sa perfection divine à retrouver.

48.

Si la pente est rude, ne prenez pas de patins à roulettes.

En revanche, vous pouvez glisser sur la blancheur immaculée de la neige, à ski, vous ne tomberez que si vos mouvements sont faux, sur ces pistes faites et tassées aux poids de ceux qui vous précèdent.

49.

Infernale comédie que celle des faux semblants et des prétextes. À qui voit au-delà, les personnalités deviennent touchantes mais l’indifférence divine vécue en Christ les abandonne aux chemins perdus de l’ego parce que, à chaque étincelle de conscience possible, Christ en l’homme demeure disponible. Difficiles décisions qui dépendent de l’ego, ce non-soi souvent aveugle malgré ses bonnes volontés en chaque main tendue, en chaque silence à une agression, voyez Christ vivant en l’homme.

Mais vous ne le verrez pas, car vous ne verrez que les doigts de la main et le rejet du silence.

Et le maître en incarnation passera son chemin en demeurant, et vous croiserez le sien, inconscients, en vous éloignant.

50.

À la croisée de ces chemins qui ne mènent qu’à vous-mêmes, vos pas qui s’éloignent, tournent ou reviennent sur eux, font au sol des étoiles à cinq branches dans la boue, le sable ou l’herbe.

Cinq, symbole de l’homme aux incarnations de ses peines, ses joies, ses épreuves, en un mot sa vie longue de ces quelques années de plus dans le cycle de la réincarnation, quelques années nécessaires à l’accomplissement en Christ, pourvu que vous en soyez conscients.

Aux dessins de ces étoiles formées au sol de vos hésitations, une énergie vibrante les propulse à chaque transition, au ciel des exploits de chacun comme une indication d’un début de lumière en Christ.

De la lumière dans la boue, telle est pour chacun le fond et le sommet à connaître avant d’intégrer la boue pour en irradier, en Christ, la lumière.

51.

Le Christ n’est jamais complice, il est initiateur.

Ne lui demandez pas de vous comprendre de l’extérieur mais comprenez vous-même de l’intérieur afin d’y accéder.

52.

La vie telle que vous l’entendez est-elle belle ? Il est vrai qu’elle est pleine de beautés. Ces dernières n’ont rien à voir avec la moralité ou la justice des hommes. On peut donc en déduire que la vie est belle jusque dans ses laideurs qui n’en sont qu’expressions humaines.

Non, je ne manie pas le paradoxe, c’est une manière objectivement Christique de voir la vie dans son expression globale.

C’est ce qui fait que vous pouvez aimer d’une intensité égale un enfant normal ou un mongolien, un frère ou un assassin.

53.

Peut-être faites-vous preuve de discrimination, cela ne vous empêchera pas de manquer de discernement.

La discrimination est une démarche du mental concret alors que le discernement est déjà une approche Christique même ténue. Il est intéressant d’en faire l’objet d’une réflexion solitaire, dans le silence.

54.

L’hiver triomphe de l’automne épuisé le printemps renaît du silence hivernal et l’été éclatant s’épanouit de chaleur et de couleurs, de senteurs et de fruits. À quelque saison que vous traversiez, votre âge n’a rien à voir avec vos printemps. C’est l’énergie en vous qui retarde les rides, dynamise vos actes et réjouit vos véhicules au point de ne paraître que ce que vous êtes.

Soignez en vous la canalisation énergétique pour le service et observez accessoirement les miracles de la chair que Christ en vous réconcilie avec le temps.

55.

La durée et la réalité d’un mirage n’existent que par le regard dont elles dépendent.

La vision vous en délivrera car elle ne dépend pas du regard mais le dépasse.

Vous ne pouvez accéder à la vision que par la voie du Christ, seule réalité de l’homme.

56.

Un sourire peut être doux ou glacial et coupant comme une lame.

Que le vôtre soit accueillant et intérieur, comme une lueur Christique dans les yeux.

Ce sont les fenêtres de l’âme et c’est par là que Christ transparaît aussi.

57.

Le vent qui s’engouffre dans la vastitude d’un ciel bleu, chassant les nuages à renfort de feuilles mortes, l’automne, ce vent-là, purificateur et léger dans son volontarisme, est comparable à l’aspiration Christique que rien n’arrête.

suivez ces tempêtes en vous-mêmes jusqu’au bout de leurs nécessités, sans penser à demain, sans anticiper, juste en aimant très fort pour rejoindre Christ au cœur de vous-mêmes et le vivre enfin à la gloire de celui dont rien ne peut être dit.

58.

La fenêtre ouverte, face à un ciel balayé, regardez les silhouettes noires des corbeaux de vos illusions.

Aspirées par l’horizon au vol vertigineux de ces mirages qui disparaissent soudain sans laisser de trace, suivez-les au néant de l’effacement qui laisse à Christ, en vous, la page bleu ciel d’un début vierge de vous-même.

Là, sur cette page infinie peut commencer, pour vous, la belle histoire de Christ dont le flambeau fut transmis à chacun par le maître jésus.

Au bleu énergétique du rayon ii s’inscrivent les vibrations du mental illuminé de deux hommes réalisés en sagesse et en amour, bouddha et jésus.

En hommage à Christ, recevez ces énergies afin de les vivre pour les communiquer, pures et fortes, à la conscience globale de l’humanité.

59.

Dans les tensions quotidiennes que vous subissez, dans le brouillard qui envahit de

déprime le mental au creux de ses formes, priez, évitez de méditer à ces moments-là, vous ne feriez qu’empirer le processus d’extinction de lumière en attisant de visualisation cristallisante un mental en difficulté. Acceptez et priez. Christ est là.

60.

L’excès en tout est nocif et vous le savez bien.

Alors pourquoi vous obstiner ? Le processus de méditation est à double tranchant. Positif à certains moments il peut devenir canal négatif des énergies troubles d’un mental surmené et vous enfoncer au lieu de vous dégager, perturbant le groupe global et amenant chacun à une purification mentale éprouvante et parfois inconsciente. Le maître en incarnation qui y pallie, pourrait consacrer ses énergies à autre chose si vous ne vous attachiez pas à la lettre de l’enseignement mais à sa source, libérant votre attachement spirituel de ses contraintes aveugles.

Les réactionnaires spirituels existent, comme les autres réactionnaires, ils ne sont pas très « cool ».

Relâchez-vous et distrayez-vous de vous-mêmes, avec humour, amusez-vous. Le mental concret n’y résistera pas. La joie en Christ est aussi l’humour en l’homme.

61.

Des enjoliveurs aux roues de vos véhicules sont inutiles.

Laissez tomber les regards des autres, quoi que vous fassiez, la sobriété est la seule marque valable du disciple. La spiritualité se vit, elle ne se démontre pas. Extériorisée en Christ, elle devient un exemple et non une obligation. Donnez à tous envie de vivre Christ et pour cela, ne vous justifiez jamais, laissez faire le temps et œuvrez.

Un jour ou l’autre Christ en vous retiendra les regards et les cœurs. Il faut les laisser aller à eux-mêmes avant qu’ils ne puissent revenir en Christ reconnu. Pendant ce temps, demeurez et œuvrez dans le sillon lumineux où tombent les graines semées par Christ.

62.

Quand vous pourrez prendre en considération l’autre dans ses réactions les plus incompréhensibles afin de vous remettre en question, et parallèlement à ça, ne pas vous prendre au sérieux dans vos missions les plus importantes et vos choix fondamentaux jusqu’à pouvoir en rire alors Christ sera proche.

Quand riant de vous-mêmes, vous ferez très sérieusement le service qui vous incombe avec une légèreté que seul l’amour dispense.

Quand les lourdeurs du mental seront évanouies aux rires que l’humour provoque alors Christ se rapproche. Rire décrispe le mental. Pouvez-vous rire de vous-mêmes ?

63.

Soyez les pierres de feu des consciences primaires et dites-vous que le même mot désigne la conscience quel que soit son état jusqu’à la majuscule de la conscience divine. Et c’est rassurant puisqu’ainsi la globalité s’exprime en ses différents états dont elle

résume le tout. Bonne approche de la synthèse.

Approche Christique de la synthèse

64.

L’irrationalité n’est que le délestage de la raison au profit de la réalité. Allez expliquer cela à un rationaliste ! Si vous ajoutez que la réalité est à la raison ce que la raison est au cœur, alors peut-être lui entrebâillerez-vous une porte qu’il poussera peut-être un jour. Les « peut-être » sont ici la lueur Christique disponible à tous, saisie par peu…

65.

Un hymne à l’amour serait un chant sans commencement ni fin dont l’éternité s’accommoderait bien mal de la durée.

un hymne à l’amour ne s’embarquerait au vaisseau de l’incarnation que pour y braver la naissance et la mort   à la continuité sereine des vagues de la conscience dans l’éternité des marées soulevées par le souffle de celui dont rien ne peut être dit. Chaque individu sur terre en est un soupir, chaque cœur en augmente le crescendo mais le ton ne peut être donné dans sa justesse que par Christ. Un hymne à l’amour serait un hymne en Christ. Et vous pouvez tous l’entonner un jour afin d’en prolonger éternellement l’écho divin.

66.

Dans l’ivresse d’une joie humaine qui transporte le cœur, l’âme déjà peut être perçue et Christ entrevu.

Ne négligez pas les joies simples, pouvoir les apprécier est en soi un début de sagesse. Mais ne vous y perdez pas.

67.

Quand le ciel se fâche, aux éclairs de ses colères, tempérez vos impatiences et laissez l’intemporalité vous mener, écoutez vos intuitions et ne bravez pas les directives de la connaissance directe. Que l’âme vous guide sur les pas lumineux de Christ qu’elle annonce.

68.

Tous ceux qui sont en incarnation connaissent de grandes difficultés. L’idée reçue que le maître vit une sorte de nirvana sur terre est ridicule, d’où vous vient-elle ? Même Jésus-Christ n’a pas été épargné.

Pour les initiés supérieurs c’est parfois pire ! Alors, cessez de rêver à des maîtres que rien ne touche.

Redescendez sur terre, foulez le sol terrestre en Christ, et vous comprendrez votre douleur !

69.

La globalité des consciences en Christ peut travailler et comprendre ce que signifie le bien commun.

L’aboutissement de l’évolution individuelle en Christ n’a d’objectif que l’établissement du bien commun à travers la conscience de groupe. Et cette dernière est l’identification spirituelle à l’humanité tout entière par chacun.

70.

Cherchez Christ au quotidien, trouvez Christ au quotidien, exprimez-le au quotidien. Chaque seconde est saturée par le feu cosmique et seul l’homme Christ peut l’irradier complètement.

71.

Chaque changement porte en lui sa propre destruction.

N’ayez pas peur du changement pour autant.

Il est annonciateur de la marche évolutive inexorable vers Christ.

72.

S’il y a encore ceux que vous aimez et ceux que vous aimez moins, alors l’amour est encore pour vous au stade de l’étape. Il en faudra beaucoup pour arriver en Christ.

73.

À l’oubli indifférent que vous avez de votre propre passé, se mesure le stade évolutif de votre avancée en Christ.

74.

Donnez à la liberté ponctuelle que vous procure un plaisir sa juste mesure et continuez le chemin en rendant hommage à ce que l’humain a de divin, c’est-à-dire tout ce que vous y mettez de discernement dans les joies.

Ne reniez jamais l’humain, c’est par lui que Christ se développe, se réalise et s’exprime.

75.

La solitude en Christ du maître en incarnation n’est pas toujours sublime. Il peut lui arriver de s’y sentir orphelin au monde des hommes.

C’est une sensation humaine à laquelle il ne peut échapper sur terre, c’est un homme, avec tout ce que cela implique de l’incarnation.

76.

Quand le cœur, au sens humain du terme, est serré sans aucune raison, c’est que les tensions sont fortes et que la frontière de leurs limites est fragile.

77.

À la complexité des explications et des points de vue que donnent les « psy » sur la psyché, vous pouvez mesurer l’incompréhension, en général, que les uns et les autres ont du Christ.

En effet, la simplicité qui résulte de la réalisation en Christ est déroutante et mal perçue.

C’est pourquoi l’homme Christ, souvent, n’est pas reconnu, et particulièrement, hélas, par les disciples aveuglés par un ésotérisme analytique de mauvais aloi.

78.

Balayez les ombres du mental, dites le nom de Morya, mes énergies seront présentes. Soyez vainqueurs.

79.

Même quand c’est difficile, dans les plus lourdes épreuves, soyez confiants.

80.

La purification du cœur est chose douloureuse. Ne faiblissez pas.

81.

Le parfum de la présence des énergies ashramiques n’est pas toujours perceptible. À qui l’a senti une seule fois, il est impardonnable de ne pas en être baigné à jamais.

82.

Christ est une voie sans repos, pourtant des trêves vous seront accordées. Profitez-en pour aller de l’avant sans faillir.

83.

Si vous ajouter un rayon de soleil sur la transparence du cristal de roche, vous aurez une légère idée de l’irradiance du cœur réalisé en Christ.

84.

Des ailes d’anges se déploient dans la lumière pour abriter vos moments les plus coriaces. Il y en a.

À la caresse légère de ces ailes, des énergies Christiques en provenance de l’ashram du Christ vous enveloppent déjà, bien avant que le cœur vive en Christ.

85.

Communiquer le divin, c’est s’y abandonner jusqu’à ce que chaque cellule du corps physique en irradie la lumière, en toutes circonstances, y compris dans l’épreuve, inévitable sur terre.

86.

Il y a dans l’ordre divin une apparence de chaos dont les scientifiques sont conscients de l’extraordinaire organisation qui se retrouve dans la cohérence de l’organisme humain.

vivre Christ c’est maintenir cette cohérence au maximum des possibilités humaines qui sont toujours limitées par l’incarnation.

vivre en Christ c’est participer, en tant qu’être humain, à l’univers manifesté à la gloire de celui dont rien ne peut être dit.

vivre avec Christ c’est élargir sa conscience planétaire au mystère des univers incompris.

87.

Les schémas que la science essaie d’appliquer à la réalité recouvrent dix pour cent de la globalité inexplicable qui vous englobe.

Les 90 % restant, apparents en lumières colorées finies et en vastitude infinie, ne sont que le début de l’équation que l’on ne peut ni nommer ni définir, ni calculer. La science jette ses filets sur l’ensemble appréhendé et inappréhendable mais entre chaque maille vous échappe la réalité indiscutable de celui dont rien ne peut être dit.

88.

L’imagination la plus folle est incapable d’appréhender cette réalité qui à elle seule contient, dispense et autorise ce qu’en aucun cas l’homme ne peut élaborer. Seule la création artistique met l’homme en contact avec des bribes de cette réalité, ouvrant une voie intérieure qui précipite au cœur l’incommunicable.

89.

Dans la croix de jésus se trouve crucifié le symbole sur terre de cette réalité imprenable à l’homme, immortelle en dieu, fascinante en soi, du Christ dont l’éternité se temporalise à l’incarnation de ceux qui y accèdent, ils passent entre les mailles des filets scientifiques pour vivre l’inimaginable afin d’en témoigner l’ordre lumineux au cœur même de la chair.

90.

La vie une dépasse toutes les explications et libère l’inexplicable au mental humble du scientifique qui reconnaît son ignorance face à l’immensité d’une tâche qu’il ne peut que fragmenter.

Tandis que l’ésotériste analytique assassine dieu, le scientifique, marie madeleine du nouvel âge qui flirte en permanence avec dieu dans un embrasement cosmique frustrant, lui devient proche par son ignorance même.

91.

Essayer de comprendre les effets superbes et déroutants d’un ordre cosmique qui vous dépasse, c’est suivre au sien des éléments même de la création, la trace lumineuse d’un Christ universel exprimant en tout celui dont rien ne peut être dit. Reconnaître ce dernier, c’est appliquer la lumière à son propre mental et y balayer les idées reçues ou les démarches affirmatives, chères aux ésotéristes analytiques. Le scientifique est un enfant de dieu, fort de son mystère et admiratif des découvertes qu’il en fait.

Le scientifique a une conscience en état permanent d’ouverture, son mental en question n’est jamais enfermé par ce qui précède ou suit.

Le scientifique dont la démarche est un mouvement constant est bien plus proche et conscient de la vie une qu’un ésotériste analytique ne peut l’être. Le scientifique est un ésotériste, un vrai, alors que les ésotérico-mystiques oublient que la seule démarche valable en regard de celui dont rien ne peut être dit n’est en aucun cas affirmative mais spéculative dans la recherche de Christ en soi, en tous, en vie dans les mondes.

92.

La démarche scientifique est une démarche rationnelle qui reconnaît une réalité inimaginable donc irrationnelle. La science est un lien parfait entre la tête et le cœur.

Les ésotéristes devraient y réfléchir et cesser de postuler sur l’enseignement. Ce dernier n’étant que données, clés et moyens à une recherche pleinement consciente que seule la conscience peut vivre ensuite et exprimer.

Notre but est de vous permettre l’ouverture de certaine porte à certain moment, ce qui

se trouve derrière la porte est une recherche individuelle, propre à chacun qui vous

amène à une conscience globale de groupe dans la reconnaissance d’une humanité une,

dans la connaissance de l’autre à travers soi.

C’est l’amour en mouvement, c’est l’initiation en découverte, c’est la vie une en

réponse à des questions de plus en plus précises et de moins en moins formulables. C’est Christ de plus en plus présent en soi, en tous, en vie.

93.

Si au matin clair d’un renouveau quotidien la paix s’installe, remerciez la nuit dans sa lumière finie d’étoiles mortes, en elle vous reposez pour une lumière Christique infinie dont les étoiles ont vécu un instant d’éternité auquel vous participez par la temporalité de l’incarnation.

Où va la lumière des étoiles mortes ? En Christ, pour vivre en d’autres formes aux caractéristiques bien précises, elles ont un début, une fin dans la matière mais s’évanouissent ensuite au mouvement incessant de la vie une dont l’intention est sans objet.

Ce pourrait être la définition de Christ en tout, il est vivant et sans objet, indifférent aux formes, ressourcé par l’indéfinissable en celui dont rien ne peut être dit, il préside aux formes dans sa qualité essentielle d’informel. Christ est la question que pose la forme et sa réponse qui, elle, ne peut être que vécue.

94.

Au crépuscule des dieux se résume l’infortune des pouvoirs personnalisés qui ne peuvent avoir qu’un temps.

95.

Pourquoi avoir personnalisé le Christ ? Probablement par besoin tout humain de référence.

96.

Christ est l’accent infini qui évolue en soi, en chacun, en tous, en vie.

97.

Sacraliser Christ, c’est bien, le désacraliser est mieux encore puisque c’est l’amener au monde dans toute sa gloire par le canal divin de tous ceux qui le vivent.

98.

La prière serait une voie d’accès à Christ si elle n’était ni une demande, ni une affirmation, mais un constat de vie au quotidien.

99.

Quand on demande des faveurs par la prière, on met en branle certaines forces qui dépendent du niveau évolutif de chacun. Il est alors bon de se demander quelles forces accèdent éventuellement à la prière.

100.

Prier pour affirmer la lumière en soi et dans le monde, c’est donner à cette dernière une chance de plus d’éclairer.

101.

Prier c’est adhérer au divin sans condition. Votre vie quotidienne peut être une prière.

102.

Quand les feuilles mortes se perdent au vent de l’automne, quand les joies se fondent à l’oubli du cœur, quand le passé les ramène au présent qu’il encombre, quand les souvenirs se déforment au prisme de la mémoire, une certaine nostalgie noie le regard qui surnage aux images dépourvues de vie que retient le mental. Dans ces cas-là, priez, adhérez au divin, au présent, non comme à une bouée mais comme à une joie de l’instant lavée de vous-même, de ce qui fut un moment, un tremplin, un échelon de plus.

Dans ces cas-là pour ouvrir la voie aux énergies Christiques, priez l’instant, vivez la prière comme une grâce qui résume en vous la synthèse de ce qui fut et de ce qui est, pour ce qui sera demain. Christ en vous vivant. Dans ces cas-là, dans l’effort de vaincre, nous sommes proches de vous.

103.

Le temps n’a de réalité que dans l’intemporalité.

Vous ne l’atteindrez qu’aux abords des rives sacrées de Shamballa, dans la luminosité irradiante des vestiges de l’humain.

Nous vous donnerons la main pour y parvenir mais les pas ne peuvent être faits que par vos pieds, au sol terrestre, là où se fait la réalisation de Christ comme une œuvre de perfection à la gloire de celui dont rien ne peut être dit. Œuvrez et persévérez.

104.

Dans la flamme grandissante d’une bougie noire, la couleur fond aux flaques de la cire, libérant le blanc caché de l’intérieur. Toutes vos noirceurs peuvent être brûlées.

Le feu cosmique fortifie la flamme des bougies multicolores de ces moments différents de votre vie offerts comme autant de cierges en sacrifice de l’ego.

105.

Comme un Christ étoilé dont la réalité énergétique serait aux battements du cœur ce que le sang est à la vie, vous foulerez le sol terrestre comme des soldats dont la seule arme est l’amour.

Armés du feu de Morya vous aboutirez au désarmement à tous les stades, sur tous les plans, forgeant au quotidien les plus belles réalisations du nouvel âge dans tous les domaines.

Le monde politique sera désarmé par Christ vivant à l’œuvre sur le plan physique. Œuvrez en communion avec le feu cosmique et que le premier rayon participe à son ancrage au sol.

106.

C’est lorsque la liberté n’a plus besoin d’ailes que rien ne l’atteint plus. Christ est l’envol serein qui abolit les frontières.

Sans atterrissage ni décollage il est l’omnicentre de celui dont rien ne peut être dit, le reliant à vous aux multiples périphéries du service à l’humanité. Aux cercles infinis des besoins, posez ce centre comme une offrande à tous en vivant Christ dans l’amour du prochain, dans la réalité du groupe global.

107.

Dans l’atmosphère trouble d’un Christ en devenir, il faut un gros effort de courage pour faire taire le mental afin que le cœur s’exprime.

108.

Les souffrances et les peines d’un homme en devenir de Christ sont autant de clous et d’épines qui n’entameront plus que sa chair, une fois libéré.

109.

Sous l’ambre chaleureux d’une lumière d’été, l’étincelle glaciale de la lumière d’hiver est déjà présente.

Chaque joie et chaque peine sont à la lumière Christique l’annonce d’un éclat plus brillant.

110.

Le temps bascule aux expériences intérieures et le tunnel, éclaté à leur lumière étonnante, fait du chemin Christique, sur terre, un flamboiement embrasant qui absorbe chaque pas comme une offrande au père.

111.

Christ serein que vos agitations ne troublent pas. Christ troublant auquel vos perturbations aspirent. Christ étonnant auquel vos curiosités s’attachent. Christ lointain duquel vos pas se rapprochent. Christ si proche que votre regard ébloui le cherche encore.

112.

À chaque pas son devenir, à chaque crépuscule sa promesse de matin, à chaque début brille une étincelle, à chaque cœur sa flamme et au feu cosmique, ce Christ qui renaît en chaque homme.

À chaque homme le divin qui trace au sol de la planète terre les sillons profonds de l’éternité que recycle le temporel.

La beauté est entre vos mains, l’empreinte de vos pas la fixe à l’éphémère du moment, marquant du sceau de l’esprit ce qu’en vous vous devenez, à la gloire de Christ incarné. Travaillez et que la joie vous accompagne.

113.

Imaginez un soleil qui se fane et un regard qui s’éteint de n’en être plus éclairé. imaginez que les objets et les êtres, privés de lumière solaire, s’étiolent et s’effacent peu à peu des paysages mortels pour ouvrir au néant leurs contours fondus au plomb liquide des ténèbres. C’est ainsi que finiront ceux qui s’absentent de la lumière Christique.

114.

Écoutez le concert rythmé des battements que les cœurs émettent de par le monde. Au tambour de vos rejets les baguettes de la vivacité ponctuent des mélodies que vous ne chanterez jamais, à moins que les cœurs ne s’harmonisent pour entonner ensemble la gloire d’un Christ incarné dont ils ont le pouvoir d’amour rédempteur. Trouvez la mélodie, en rendant grâce, elle incarne le Christ aux sphères illimitées de sa source divine.

115.

Topaze, améthyste, émeraude, diamant, Christ a les reflets précieux des 4 rayons d’attributs.

Aux 7 qualités de la divinité il donne radiance et éclat en magicien d’amour auquel le pouvoir obéit et dont l’intelligence concrète n’est que précision subtile au monde des hommes.

L’humanité est à l’homme Christ le clavier aux touches légères où se déposent les trésors de son cœur afin de saisir les opportunités qui feront de chacun son frère.

116.

Des images aux pastels brillants et diaphanes sillonnent de leurs couleurs aux formes aériennes des plans subtils que vos véhicules peuvent parcourir. Mais n’oubliez jamais que c’est en l’homme, sur terre, dans son véhicule physique que Christ a le plus à faire pour le plan, pour servir l’humanité.

Ne vous attardez donc pas à ces plaisirs psychiques qui ne sont que la riviera de l’astral et dont vous ne ramènerez que souvenirs encombrants pour la mémoire. Christ incarné un jour par vous, par chacun, témoignera du royaume des cieux sur terre. Quand vous pensez au Christ, pensez incarnation, c’est là, aujourd’hui que tout se joue.

117.

Si l’anse est utile pour soulever la tasse, silence, lui est nécessaire pour la vider. Contenu et contenant sont marqués au synonyme d’un mot dont les  vibrations sont identiques.

Est-ce qu’une réflexion à ce sujet vous amènera au son qu’émet la bouche, ce haut-parleur des cordes vocales ? En relation avec les formes et l’abstrait ?

118.

La forme et l’abstrait. Le corps physique et Christ.

Où se trouve la réalité ? Où se trouvent les réalités ? Il y a beaucoup à donner en résonance de Christ vibratoire en vous, en l’homme, en tout.

119.

Après une journée agitée aux choses humaines, l’homme, l’être, le maître en incarnation laisse en lui couler les énergies Christiques ; au torrent de la source qu’il est devenu, Christ se déploie en lumière ciselée aux sept rayons pour inonder de ses vagues ce corps physique épuisé, voilier nécessaire à la traversée de l’incarnation, pôle dense, ancre, roc, support de celui dont rien ne peut être dit. Il faut apprécier ces moments-là, tous en bénéficient.

120.

Ne m’apprenez pas par cœur, vivez nos énergies, c’est bien plus important.

121.

Vous qui jugez sur des apparences de moralité, Christ n’est pas en vous. Pensez à jésus et à marie madeleine, Christ n’a pas condamné cette dernière.

122.

Tout jugement peut condamner. Christ, lui, aime.

123.

Des disciples pourront vous réciter de mémoire des passages entiers relatifs à l’enseignement parce que leurs mentaux s’y accrochent faute d’expérience de la réalité. Nous avons besoin d’initiés qui vivent, en incarnation, la réalité des mondes subtils dans la « normalité » d’un être humain dans un corps humain. N’oubliez pas que le mental concret juge et demande des preuves. Jésus en fut victime, H.P.B.En fut victime.

Quant à A.A.B. , la phase d’enseignement qui lui fut confiée est si mentale, que même le mental concret s’y est retrouvé.

Tant que ce dernier ne s’y sera pas cassé et perdu, alors les disciples ne comprendront pas la chronologie des enseignements.

Observez ceux des compagnons de route qui sont à la traîne, ce sont ceux qui raisonnent et discutent indéfiniment les détails de la personnalité. La source ainsi leur échappe. Christ est devenu pour eux un concept intellectuel. Voyez le travail et que dieu bénisse ceux qui perçoivent et reconnaissent.

124.

l’autoroute qui mène à Shamballa est formée de chaque luminosité cellulaire qu’affirme le corps physique d’un Christ incarné comme l’instrument divin, conscient, d’un travail spirituel dont la marche initiatique doit être rejointe et reconnue par chaque homme sur terre.

Cette autoroute est la synthèse du chemin épineux qui blesse et retarde, jusqu’à ce fil du rasoir coupant auquel résiste seul l’équilibre harmonieux, avec les pentes glacées de la solitude gestatrice où glissent un à un les plaisirs inutiles, qu’ils soient physiques ou spirituels.

Cette autoroute est la voie lactée des dépassements et des volontés de persister qui, tramée aux éveils de la conscience, établissent un contact vibratoire intense avec les impératifs du plan.

Sur cette autoroute les marques des véhicules sont aussi diversifiées que les êtres humains sont uniques.

Chacun est un prototype, seule la vitesse et la puissance sont, en commun, la synergie superbe qui pousse, au sol de l’incarnation, l’homme à son épanouissement intérieur. Autoroute en mouvement constant qui capte et renvoie la lumière en permanence pour mieux relier l’homme à Shamballa.

Christ est le pivot, le centre, la charnière en l’homme de cette trajectoire sublime que balayent sans relâche les projecteurs colorés des sept rayons à l’œuvre.

125.

Donnez à vos véhicules les moyens de rouler, de glisser, de décoller et de freiner. Leur repos n’est jamais un arrêt, simplement une suspension que le temps respecte. L’autodiscipline est le seul débrayage et vous pouvez seul en passer les vitesses. Bien plus que la lumière sur le chemin, Christ est en vous déjà l’étincelle qui permet le passage à l’acte. Ce dernier est indispensable à la réalisation Christique.

126.

De la chaîne du vélo au pneu en passant par la coque du navire ou la surface lisse d’une luge, tout ce qui peut faire avancer est positif dans la mesure où vous en êtes le patron.

C’est pourquoi tout moyen artificiel que la conscience pourrait réclamer est à déconseiller.

Agissez sur le corps physique pour affiner les véhicules mais n’agissez jamais sur la conscience pour accéder à d’autres états.

Ces états ne sont que fuites en avant et Christ ne peut s’y installer tant la lumière y est sujette à caution.

Seul le cœur est le réceptacle, les véhicules étant les moyens d’y accéder au mieux. C’est pourquoi, à qui le cherche, Christ n’a jamais rayonné ni irradié d’un état de conscience associé à la drogue.

127.

Lorsque l’effort se fait lutte, lorsque les secondes éclatent aux heures qui ne passent pas, lorsque la déchirure est profonde et que son sillon dans la chair grave une cicatrice douloureuse, libérez le souffle par la respiration, installez-vous dans la douleur, la lumière Christique que vous ne manquerez pas de recevoir d’un maître peut tout cautériser.

Laissez-vous aller à cette lumière, ne restez pas fixé sur le maître en incarnation, il est seulement l’aide à une étape de plus.

Oubliez-le dans la lumière retrouvée et continuez votre chemin, c’est celui de Christ incarné.

128.

Comme une étape de la vie une les corps physiques se succèdent au quotidien retrouvé. Les  vies,  sans  se  ressembler,  se  continuent  comme  un  ruban  aux  couleurs complémentaires, dans une logique spirituelle infaillible dont le déroulement rejoint forcément un jour ou l’autre, l’autoroute de Shamballa.

Christ préside à l’homme, jusqu’à ce que ce dernier, conscient, le rejoigne en lui-même, pour œuvre au sein de la hiérarchie afin que d’autres rubans multicolores se déroulent jusqu’à Shamballa.

129.

vivifiante comme une aube marine, la volonté est la marque iodée du devenir de Christ en l’homme.

130.

La vie spirituelle a ses tournants, veillez à toujours tourner à droite. Seul le cœur peut faire balance à la gauche afin de maintenir l’équilibre et de ne pas quitter le chemin. C’est ainsi qu’un jour Christ fera partie du voyage.

131.

Ne cherchez pas Christ dans la forme, il a toujours le visage de celui ou celle qui l’a réalisé.

132.

Dans l’évolution spirituelle, les répits ne sont que les coulisses de l’exploit. À chaque fois Christ y est un peu plus présent par sa lumière.

133.

Lorsqu’un arc-en-ciel plante ses couleurs au macadam d’une ville, rendez grâce à

l’invisible qui se manifeste ainsi concrètement aux regards.

Dans sa présence se trouve déjà son retrait, pourtant les yeux physiques n’oublieront pas cette réalité qui est tout le symbole des rayons, toboggans de la lumière Christique au sol terrestre.

134.

Le maître en incarnation laisse ouverte la porte du tabernacle du cœur, c’est que plus personne ne peut plus rien en piller. Christ est imprenable à qui n’a pas fait le chemin pour y accéder.

135.

Il est dans l’ordre que même au sein du foyer il vous arrive de vous sentir seul.

C’est qu’il y a des marches à monter seul.

De plus il est rare d’accéder aux mêmes marches en même temps.

Humainement c’est un concept douloureux.

Mais Christ en dépend.

136.

L’humour réel est plein de joie car il est détaché de la personnalité.

La moindre note acide en humour se colle sur l’autre.

Ce n’est plus de l’humour, c’est une forme d’aigreur projetée.

Riez d’abord de vous-même, si vous le pouvez.

Sinon, attendez d’en avoir les moyens.

L’aigreur est un acide qui attaque la lumière Christique.

137.

Quand le cœur dénonce ce que la morale énonce, c’est une ouverture, c’est un éclairage différent qui, déjà, annonce la première étincelle Christique. Méfiez-vous des moralisateurs, ils sont accrochés à leurs propres limites. vivre juste c’est vivre en harmonie avec les grandes lois naturelles en relation à soi-même et aux autres.

L’agression, l’agressivité sont toujours physiques ou mentales, jamais cordiales. C’est dans le cœur que Christ se manifeste.

138.

Soulevez les poids invisibles qui encombrent vos véhicules. Cette haltérophilie spirituelle est nécessaire à l’accession aux plans subtils. Il faut du courage, de la constance, beaucoup d’amour et un zeste d’indifférence à soi-même.

C’est le début du chemin qui mène à Christ. La longueur de la route dépendra de vous ainsi que les difficultés. Puis, Christ réalisé, la route du service dépend toujours de vous mais bien souvent les difficultés viendront des autres.

Mais Christ saura gérer énergies et silence afin de persévérer au sol de l’incarnation, dans le don.

139.

Il n’y a pas d’amour possible avec sentiments mais il n’y a pas de sentiments possibles sans amour. C’est ce conflit permanent en l’homme que Christ, une fois atteint, résout à jamais.

140.

Il y a des poids très lourds, des sacs de sable, des ornières et des précipices. Il y a des folies et des sagesses qui se ressemblent.

Il y a une joie qui les synthétise lorsque la folie n’a plus de poids et que la sagesse franchit les obstacles.

C’est Christ en soi qui en est témoin et acteur et les paires d’opposés sont alors forcées de faire la paix.

141.

Quel que soit l’instant, le moment est toujours bon à Christ pour s’exprimer.

142.

Double ou triple, quadruple ou plus, vous êtes toujours les faussaires du multiple et donc de la synthèse quand vous êtes encore dans le non-soi. Mais la lumière Christique est toujours présente quelle que soit votre pluralité. Laquelle de vos facettes la reflétera-t-elle ?

143.

Sur l’onde claire de vos moments les plus doux, la tendresse a une note particulière mais sentimentale.

Aux crêtes des vagues que vous y soulevez, la jouissance a une note particulière mais elle est sexuelle.

De la tendresse au sexe, l’amour humain ouvre un éventail que le cœur referme d’un coup sec lorsqu’il s’exprime en Christ, résumant à la synthèse la totalité des marées sentimentales qui mènent, vague après vague, à l’océan magnifique de l’amour Christique. L’humain est beauté, le divin est clarté, la synthèse en est amour.

144.

Aux voiles d’espérance que la conscience déchire en se plongeant à l’au-delà d’elle-même, vous trouverez, pas à pas, le sol stable de la mouvance évolutive comme l’expression même de l’équilibre en celui dont rien ne peut être dit.

145.

Lorsqu’il n’y a plus rien à dire, le silence devient éloquent.

C’est une forme que la parole rejoint pour que Christ s’exprime encore.

146.

Le cœur en habit de gala est somptueux mais le dépouillement lui sied à merveille et c’est dans cette sobriété ascétique que le rouge de l’amour prend toute sa dimension Christique, allié aux parois blanches de la synthèse qu’a fait l’intériorité d’elle-même.

147.

C’est quand le besoin personnel de l’or n’est plus présent que sa lumière peut aider à éclairer le monde. Christ a les reflets dorés du désintéressement.

148.

Tout disciple sur la voie Christique est conscient d’être le gardien de l’argent de la hiérarchie.

C’est pourquoi les moyens sont donnés au maître en incarnation pour subvenir aux besoins du plan et faire fructifier cette énergie pour ceux qui, après lui, seront en charge du travail.

149.

Christ a les ailes de l’absence, c’est vous qui lui donnez cet envol quand le doute se mêle aux énergies hiérarchiques à l’œuvre. Coupez les ailes au doute et demeurez dans la force de l’ashram.

150.

Dégagez l’âme de la mouvance de ces sables mortels qui étouffent le soi à l’enlisement du non-soi.

Seule l’apesanteur agit ici comme un courant Christique ascensionnel. Mais les moteurs en sont la volonté de lumière et la foi assurée de celui dont rien ne peut être dit.

151.

Vos forces dépendent du physique, votre force dépend de l’ashram, vos amours dépendent de vous, votre amour dépend de Christ. Aimez avec force.

152.

L’aveugle spirituel n’a de canne blanche que le bâton qu’il donne aux forces noires pour le guider. Le blanc attire les noirs mais la nuit est là pour les uns et l’autre.

153.

Aux forces matérielles, ouvrez-vous et tels des broyeurs d’ordures, épurez ce qu’elles peuvent canaliser de négatif.

La conscience ici est un vide-ordures appréciable dont l’éveil évacue au centuple ce qui a été réceptionné.

154.

Christ en conscience est amour en action.

155.

Les pleurs des enfants sont souvent des protestations à vos agitations ou inquiétudes injustifiées. Ces pleurs sont des sonnettes aux portes de votre inconscient.

156.

La lumière Christique est comme un soleil donnant pleins feux sur des yeux, le regard est aveuglé au point de ne plus en distinguer les objets alentour qu’elle éclaire.

157.

Miroir et porte close sont des moyens de passer au-delà de l’image ou de la situation présente.

Encore faut-il voir l’image et pouvoir actionner le bouton de la porte. Ceci implique un corps physique. Christ doit s’incarner, c’est sur terre que sa lumière doit être opérative.

158.

De l’immédiat au futur il y a une instantanéité masquée par les pas hésitants du devenir, vous devenez en Christ.

Et ceci est instantané mais vous ne le vivez pas encore. Une réflexion s’impose ici sur la synthèse.

159.

Quand la peau est coupée, le sang gicle.

Quand le cœur a été saigné, Christ vivant se dresse en l’homme pour agir sur terre.

160.

À ceux qui répondront à la vision et à l’amour par la critique personnelle, fermez la porte.

Ils insultent les énergies hiérarchiques et s’il faut le tolérer il ne faut pas l’accepter. C’est une trahison à Christ.

161.

vivre au quotidien sur le plan physique c’est survivre à beaucoup de choses. Vivre sur le plan ésotérique et spirituel c’est avoir survécu à tout.

162.

Les incarnations passées ne sont révélées que dans la mesure où le passé rejoint le futur au devenir de la race humaine, au présent et uniquement pour la compréhension de la continuité du travail.

Christ en continuité de conscience pour le service du plan est au maître en incarnation la clé de la globalité du temps que découpent ses incarnations. Et ce en regard des progrès de l’évolution de l’humanité à laquelle Christ se consacre. Voyez comme on est loin ici des personnalités dont il peut être question.

163.

Pour accompagner Christ en soi, Christ en tous, Christ en vie, reconnaissez les énergies dont il témoigne et servez le plan. C’est un moyen de le faire vivre quand on ne l’a pas encore réalisé.

164.

Être aimé ou rejeté est au processus initiatique ce que la sympathie et l’antipathie sont au cheminement amical, tantôt l’une tantôt l’autre se précèdent ou se succèdent tandis que l’amitié, si elle est réelle, n’en pâtit aucunement. Ce qui veut dire que l’amour existe en dehors de l’application qu’en font les personnes.

165.

Une fois atteint, Christ peut exister dans la personnalité, faisant du maître en incarnation le repère d’une évolution supra-cosmique à venir.

166.

Il faut simplifier les choses jusqu’au dépouillement de l’ego. Sur cette base épurée peut naître Christ.

167.

Dans les tâtonnements d’une conscience embuée de drogue, des éclatements lumineux

peuvent se produire.

Ils sont dangereux dans la mesure où ils ne correspondent à aucune base solide de réalité abstraite.

L’esprit en ressort atomisé comme l’image fragmentaire d’un kaléidoscope brisé. Quelques morceaux de miroir sans angle précis qui ne sont que poussière de souvenirs à la mémoire en péril de survie. Promesses de lumière qui ne sont que bribes incohérentes de Christ en péril d’homme.

168.

Sans peur, sans reproche, sans rien, vous partirez sur les routes en mon nom et sous ma bannière.

Tout vous sera facilité pour servir encore et encore jusqu’à Christ en l’homme réfractaire qui aujourd’hui le nie encore.

169.

De par celui dont rien ne peut être dit, de par les hommes et ce qu’ils en expriment, la lumière descendra sur terre, pour illuminer d’un rayon synthétique la valeur Christique des fragments du tout que révèle la multitude.

170.

Le vide est en tout parce que la vitesse le limite en le densifiant.

Un jour la science démontrera l’organisation des formes par leur vide, et l’espace vivra.

Christ en est la cohésion visuelle et interne.

171.

Lorsque vous tournez le dos au soleil les photons n’atteignent pas la rétine, c’est pourquoi la nuit vous paraît noire alors qu’elle est lumineuse. Christ est partout mais vous ne le voyez pas.

172.

Il serait juste de parler de Christ en termes de lumière, de luminosité, tout ce qui éclaire la conscience est courant Christique, tout ce qui illumine même un instant le cœur l’est aussi.

Il y a toujours quelque chose qui éclaire et quelque chose qui est éclairé. Chacun est à un moment donné l’ombre ou la lumière de quelqu’un. Christ à la fois éclairé et éclairant est lumière sur tout et tous.

173.

accueillant comme une terre d’asile, chaleureux comme un foyer de cheminée embrasé, vif comme une flamme crépitante au bois docile qui se consume, pourpre comme un soleil se couchant dans le froid d’une soirée d’hiver, le cœur physique, inconscient, bat pourtant le rythme du centre cardiaque que dilatent les énergies Christiques qu’il distribue.

Calice, réceptacle, graal, le cœur est le portail des énergies supérieures par lequel Christ glorieux avance en l’homme.

174.

Diffusée harmonieusement par celui dont rien ne peut être dit, la lumière de Christ est accessible à tous. De plus, quel que soit le stade évolutif, la vision en est partout, en tout, comme un «

plus » lumineux à la vie.

175.

À la gelée blanche qui tapisse le sol des matinées d’hiver, observez l’éclat cotonneux que peut prendre le blanc lorsque le gris opaque du ciel intercepte les rayons de soleil. Continuez cette application visuelle par une réflexion sur la personnalité, l’âme et le cœur. Où placez-vous Christ ?

176.

Aux joies souples que débride le temps, il y a une chronologie qui s’efface peu à peu – et c’est bien – tous les événements sont marqués par leurs effets et non par leurs dates. La continuité de conscience seule est le tapis rouge que le cœur déroule à Christ pour que les pas d’un homme, inscrits à l’amour de l’humanité, ancrent le plan aux recoins pragmatiques du plan physique afin que Christ un jour vive en vous, en tous.

177.

À chaque éveil la conscience acquiert lumière et force, à chaque éveil, l’ombre, attirée par la lumière se rapproche et renforce sa présence. La lumière Christique seule peut effacer l’ombre jusqu’à l’intégrer. L’éclat tranquille de l’amour Christique, seul, peut en même temps faire face à l’ombre et lui tourner le dos sans danger de récupération.

Omniprésente, la lumière Christique une fois acquise, aimante l’ombre et la transmute. À chaque particule d’ombre intégrée, Christ comme un diamant, reflète la diffusion globale du son premier du verbe que celui dont rien ne peut être dit émet en permanence.

C’est ainsi que Christ, comme un écho, résonne aux consciences humaines, prêt à répondre à qui en saisira la vibration.

178.

Dans l’Himalaya de vos pensées secrètes les plus élevées, nimbez vos aspirations, vos volontés, vos décisions, de lumière Christique et, si vous en croisez un, suivez le maître en incarnation.

Le chemin que vous prendrez ensemble ne sera pas facile au sol de l’incarnation, mais Christ en lui sera présent, ouvrant aux consciences les portes sacrées de l’éveil au nom de la hiérarchie et de son enseignement.

179.

Reconnaître et suivre la lumière de Christ c’est accepter en soi son éclat, c’est déjà l’avoir trouvée.

180.

Tout être humain est homme, ou femme bien sûr, avant de devenir maître en incarnation ou pas.

Rien de ce qui est humain ne lui est étranger.

De votre côté ne pinaillez pas sur la personnalité déroutante du maître en incarnation. Que pouvez-vous savoir ou même saisir de certaines actions ? Vous le gênerez en posant des questions.

Le maître en incarnation n’a à se justifier sur aucun plan parce qu’il est. À vous de faire le chemin en Christ.

181.

Une réflexion sur l’ashram du Christ, la hiérarchie, vous donnera la vision de la constance de Christ en l’homme, à condition que ce dernier soit constant en Christ. Vous en dégagerez aussi l’amour du maître pour les hommes ses frères. Ce qui est bon pour lui – Christ – est bon pour tous. Dans le cœur d’un maître l’humanité est reine et le don du sauveur du monde est total.

182.

Quand le vent pose à terre une feuille mordorée par l’automne, une âme s’envole de son enveloppe.

C’est cette interdépendance de l’homme et de la nature qui devrait vous faire prendre soin de la planète.

Interdépendance qui se fond dans le corps éthérique cosmique auquel tout et tous sont reliés.

Les racines de l’homme sont cosmiques, telluriques, humaines et cette globalité l’unit au tout, en Christ.

183.

Métaphores, images, analogies, comparaisons, tout est juste à la poésie lorsqu’elle traite du monde et exprime l’homme dans son appartenance universelle et cosmique. Soyez le verbe fait chair et écrivez au monde, en lettres d’or, vos actes comme une poésie vivante de l’être que vous devenez.

184.

Comme des stylos magiques remplis d’une encre sanguine, des serviteurs du monde tels Sadate ou Gorbatchev écrivent avec leurs corps, leurs esprits et leurs sangs les chapitres les plus utiles et les plus nobles de l’histoire de l’humanité. Ces hommes marquent leur temps comme le firent w. Churchill et f. Roosevelt. Il y en a d’autres, il y en aura d’autres, dans tous les domaines, à reconnaître et à aider.

185.

Dans la solitude d’un Christ incarné, vivez l’homme comme une formule mathématique qui se substitue à elle-même dans l’échelle des relativités qu’elle dépasse. Chaque lettre, chaque nombre y est une clé et l’équation finale a pour résultat Christ et pour base l’homme. Cette beauté est votre responsabilité à tous qui sont conscients en Christ.

186.

Je travaille en conscience avec notre sœur LC qui elle-même travaille en conscience avec vous.

Pouvez-vous imaginer la beauté de cette communication véritable où, de part et d’autre, le lien hiérarchique est reconnu et vécu clairement ? Alors vous pouvez en déduire les difficultés à surmonter sur tous les plans lorsque le travail se fait à sens unique, avec certains disciples aveugles à la lumière de Christ.

187.

La transparence du maître en incarnation est caution de son évolution supérieure mais bien sûr vous le jugerez, pour certains, d’après l’image que vous vous faites d’un

maître.

Évitez de mettre le maître sur un piédestal, vous le briseriez à vos idées fausses, faisant tomber à vos pieds la lumière Christique qui y est déjà mais que vous ne voyez pas tant la plupart d’entre vous sont occupés à la chercher ailleurs. Si la critique pouvait vous étouffer, vous seriez morts depuis longtemps!

188.

Pourquoi, à chaque fois que la lumière de Christ rayonne, la personnalité qui l’irradie est-elle dénigrée ? Pouvez-vous répondre à cette question ? Avez-vous remarqué que les charlatans, en général, attirent tous les suffrages ? C’est qu’ils savent se couler dans l’image que l’on attend d’eux, jusqu’à ce que leur double vie éclate au scandale financier ou de mœurs.

Si vous pouviez ne voir que la source divine en l’homme, cela seul compte et quel qu’en soit le débit, elle est en tous comme une goutte en devenir de filet d’eau ou un filet en devenir de torrent.

Soyez des adultes sur le plan spirituel, arrêtez de fantasmer aux images et aux idoles que vous aspirez à rencontrer et que votre pensée forme et déforme.

189.

Dans le voile timide d’une aube que le jour envahit, se détachent des fragments de symboles que le rêve a organisés à la lumière d’une nuit noire où la conscience, en charge d’elle-même et dégagée de la forme, se meut, tâchant de relier à l’objectivité des éléments, apparemment venus d’ailleurs et qui pourtant ne sont que morceaux du puzzle du soi.

Travail difficile voire épineux que de continuer, sur le plan physique, l’œuvre que la conscience élabore la nuit dans la symbolique spirituelle qui lui est propre et que vous appelez messages de l’inconscient. La lumière Christique est à ce dernier ce que le symbole est à la conscience objective.

190.

Il faut être mystique pour comprendre Christ mais il faut être occultiste pour le réaliser. La voie ésotérique pour y parvenir doit être spirituelle.

191.

Le réseau énergétique qui vous entoure a les nuances de vos réalisations et les accrocs de vos hésitations et de vos doutes.

La lumière Christique en est le phare directionnel, maintenez votre vision intérieure sur sa trajectoire.

192.

Quand l’avenir vous semble bouché, c’est que vous projetez le temps aux limites de vos anticipations.

Regardez en direction de Christ amour en vous et laissez vos efforts prolonger le canal lumineux qui s’ouvre.

193.

Entre les joies qui se morfondent et les pleurs qui se tarissent, donnez libre cours à l’enthousiasme, il est porteur d’énergies propulsantes qui aiguisent les forces et maintiennent le courant hiérarchique ascensionnel.

194.

Livrés à eux-mêmes, les cœurs des enfants s’ouvrent à des plans proches qu’ils viennent de quitter.

Apprenez-leur à jouer seuls, apprenez-leur à   gérer leur temps, leur autonomie est importante, elle est le creuset de leur créativité. Observez-les mais laissez-les jouer seuls autant qu’ils le peuvent.

195.

Le maître en incarnation sait certaines choses sur vous-mêmes dont vous seriez surpris. Et parfois il s’agit de choses purement objectives et ayant trait à votre vie, que vous croyez être seul à savoir. Il n’en abordera jamais le sujet et vous laissera seul maître de vous-même.

196.

Lorsqu’une maman sait que le père potentiel de son enfant n’est pas le vrai père, il a fallu en elle une dose de détresse immense pour sceller ce secret, à la peur du non-dire. Il n’y a pas de jugement possible et le père de l’enfant devient celui qui l’élève. Où est la lumière Christique qui fait de la mère, faussaire du sentiment, une maman avant tout ?

197.

Soulever une question est quelquefois une façon d’amener le cœur à répondre de lui-même.

198.

Donner aux gens en général l’opportunité de saisir une poignée de porte. Entrer ou sortir est une façon de traverser un problème et d’entrevoir son issue. L’amour Christique respecte ces opportunités et les provoque.

199.

La perversion est aussi étrangère à Christ que le steak à la vitrine d’un diamantaire. Mais celui qui fait commerce de diamants se nourrit aussi de steaks. Faut-il en déduire que pour être désintéressé il faut devenir végétarien ? Certainement pas.

Simplement il ne faut pas mélanger les steaks et les diamants et vous trouverez vos propres analogies à examiner à la lumière Christique d’une conscience intègre.

200.

C’est au creuset des journées les plus solitaires que le contact entre maîtres, de conscience à conscience, s’imprime aux pages blanches du cahier du transcripteur créateur.

Bien sûr le contact est permanent et s’exprime par le discours, l’acte et l’écriture mais, tout de même, la solitude préside à sa précision.

Vous pouvez en déduire que même au sein d’une assemblée le maître en incarnation est en état de solitude s’il est en état de transcription. Christ en lui fait office de paravent synthétiseur. Ces deux termes ici sont cohésifs et non antagonistes.

201.

Quand un aspect flagrant vous saute aux yeux, méfiez-vous à la fois de la forme et du regard.

Entres les deux une infinité de possibilités que la pensée même ne peut saisir. C’est dans la vie une dont le souffle est omniprésent que le murmure juste déclenchera la vision.

Demeurez sans a priori et suivez le mouvement du souffle de la vie une. Christ y est présent.

202.

À la rencontre de l’autre vous rencontrerez tous les sentiments agités par les passions humaines.

À la rencontre du maître en incarnation l’attirance existera comme une aimantation à l’essentiel et le reste disparaîtra.

C’est inconnu, parfois déroutant, c’est l’amour sans sentiment et ça se vit à l’intemporel des rencontres sur le plan physique. Soyez à l’écoute de l’expression Christique qui s’en dégage.

203.

Quand le groupe exotérique se réunit pour le service hiérarchique, toute la force de l’ashram du Christ, la hiérarchie, est présente. Au nom du Christ vous êtes alors habilités à œuvrer.

204.

Lorsque vous rongez le temps qui passe aux impatiences de vos attentes, vos espoirs prennent des allures de morts qui s’écroulent au bat-flanc du lit de vos réticences. Pour que l’espoir se transforme en action, redressez-vous, balayez vos réticences, secouez-en les poussières au vent qui passe sur le temps et calmez vos impatiences. L’intemporel prendra le pas sur l’attente, relativisant le superflu et l’accent mis sur l’essentiel sera le tremplin du pas suivant qui en deviendra Christique.

205.

À la goutte à goutte du temps, offrez la veine de votre bras droit aux énergies Christiques et agissez ! J’ai dit !

206.

Un périscope ne peut permettre de tout voir et pourtant il tourne sans arrêt. Seule la vision intérieure est immobile et globale.

Aux prothèses préférez la synthèse humain-divin que forgent les énergies bien comprises et qui épanouit Christ.

207.

Posées avec beaucoup de sérieux certaines questions sont risibles. C’est que les valeurs dépendent du niveau d’évolution atteint.

Le maître en incarnation répondra à tout mais il arrivera que les réponses décevront ceux qui en attendent d’autres en accord avec leurs idées reçues. Christ les déroute.

208.

Aux pétales des chakras que caressent les énergies Christiques, les couleurs s’animent pour ouvrir des couloirs spirituels vers chaque personne rencontrée. Ce lien invisible résiste à tous les problèmes et n’est volontairement coupé par le maître que lorsque les forces noires entrent abrupto dans le circuit. Mais il faut le discernement aiguisé du maître et sa connaissance globale pour savoir

laisser une chance et couper ce qui doit l’être.

209.

Vous tous qui amenez vos forces, vos énergies, votre volonté, votre détermination et votre amour au groupe global, à chaque passage difficile, Christ par l’intermédiaire de son ashram la hiérarchie est présent et vous soutient. La force des ashrams vous soutient en Christ.

210.

La voie humanitaire est aux serviteurs du monde ce que la voie ésotérique est aux sauveurs du monde.

Mais le sauveur du monde est un serviteur du monde alors que ce dernier n’est pas forcément encore un sauveur. Aidez les uns et les autres pour l’amour de Christ.

211.

Lorsque le sauveur du monde revient à l’incarnation par la voie normale de la naissance, il oublie volontairement son passé de serviteur du plan pour retrouver l’humain et y récapituler au sein de la chair ces choses qui font le quotidien. À l’exemple de jésus et de tout maître en incarnation il foule à nouveau le sol des embûches parce que rien de ce qui est humain ne doit lui être étranger. C’est ainsi seulement que Christ devient opérationnel dans un corps physique afin que la race humaine évolue dans l’amour, par l’amour, jusqu’aux rives sacrées émeraude-diamant de Shamballa.

Chacun y est attendu par l’écho du verbe de celui dont rien de peut être dit. Écho divin qui explose, à chaque arrivée, en bouquet énergétique diaphane que la synthèse, enfin atteinte, rend à l’humain-divin comme un hommage Christique à la chair transcendée et ressuscitée.

212.

Liée à Christ et à la chair, la rédemption mérite réflexion parce que vous devez la vivre dans votre corps physique.

213.

Quelles sont les raisons qui vous poussent à aimer ? L’amour n’a pas de raisons, il est sans objet.

C’est pourquoi les détails liés aux non-soi, aux personnalités sont sans intérêt. Observez que lorsque le maître en incarnation interrompt une relation, c’est qu’elle est brouillée par le mental et dévie doucement ou brutalement sur la pente noire des forces adverses.

Son silence alors n’est pas un manque d’amour mais un respect du libre arbitre de l’autre. Peu d’entre vous s’en rendent compte, ce qui en soi n’est pas important mais dommage.

214.

À chaque fois que l’amour est en cause, Christ est présent ou absent, c’est selon.

215.

Le chemin en Christ est difficile parce que la matière est une densité à subtiliser au sein de la chair.

Si vous saviez comme il est bien plus facile de vivre Christ sur les plans subtils. Mais tout ce qui touche à la densité, et le mental en fait partie, est bien pénible. C’est pourtant là qu’il faut l’exprimer afin que l’évolution se fasse aux pas physiques de la chair.

216.

Avez-vous remarqué que l’écriture de Morya ne peut pas être récupérée par le mental et donc déformée ? Après la phase confiée à A.A.B., il était nécessaire de revenir à la note de mon ashram.

Observez combien certains groupes expliquent et analysent l’enseignement au point de le morceler jusqu’à l’atomisation d’une possibilité de synthèse. Où sont les énergies Christiques ? Mangées par le mental analytique.

217.

Christ et le réservoir d’une infinité de possibilités inimaginables pour vous. Accéder à Christ c’est demeurer dans cette infinité.

218.

Les traditions gravées aux portes de l’humain permettent l’ouverture à ce que cachent leurs formes.

C’est en Christ que se trouve la clé de la vie des symboles qu’elles représentent. À condition d’en comprendre les symboles, la tradition est la corde d’argent qui relie l’homme au potentiel Christique.

219.

Dans les mains tendues d’un Christ la ligne de vie est au pourtour de l’humain ce que l’infinité est au ciel, et bien plus encore.

220.

Toutes peurs confondues, l’inquiétude qui émane de certains plans peut perturber les véhicules du maître en incarnation, parce qu’il est en incarnation. Est-ce clair ? Le brouillard n’atteint pas Christ mais ses énergies peuvent en être troublées.

221.

L’ivresse due à l’alcool ou à la drogue, quelle qu’elle soit, est un déplacement de véhicules qui se superposent, bloquant tout passage Christique d’énergie. De plus la superposition installe une frontière de lignes floues sur laquelle la conscience objective dérape aux fragments incohérents de visions qu’elle capte malgré elle.

Dans cette élimination d’alignement et de contrôle, la porte est ouverte à une foule d’entités incontrôlées qui vampirisent l’intériorité saccagée par les produits nocifs absorbés.

Le drogué n’atteint pas des états de conscience mais les fragments visuels des plans sur lesquels il se projette.

Le drogué n’a jamais accès à son inconscient mais à des bribes d’inconscient collectif accrochées aux plans inférieurs.

La gravité réelle de cette détérioration des véhicules est toujours mal vécue, endommageante jusque dans les cellules du corps physique, elle atteint ce dernier le rendant inapte à la rédemption en Christ.

La lumière s’éloigne du drogué qui lui court après dans une fuite éperdue de lui-même qu’il est incapable de contrôler.

C’est ainsi qu’à l’extrême, le drogué devient une marionnette de chair aux véhicules

élastiques où des forces de plus en plus négatives s’engouffrent.

Et ce jusqu’à l’overdose ou disjonctage total des véhicules qui coupe la corde d’argent.

À moins que les véhicules, plus du tout coordonnés, ne fassent de lui un être à la

conscience objective hébétée et en manque, coupé du subjectif par la réalité visuelle des

plans inférieurs dont il devient une poubelle.

La drogue est une forme de suicide ésotérique qui fait de la spiritualité la canne blanche de l’irrémédiable à plus ou moins courte échéance.

222.

Comme un jour qui change de peau dans la nuit qu’il relève, le voile de l’orient se lève chaque matin à l’horizon d’un ciel changeant.

De l’orient au coucher de l’occident la lumière fait un pont brillant sur lequel le corps s’active à ses occupations quotidiennes. Ce pont-là n’est pas choisi par l’homme qui le subit.

Que vos pensées, que vos cœurs, que vos consciences, à l’image de la lumière du jour, fassent un pont entre l’orient et l’occident de manière à ce que dans ce passage fluide se crée un va-et-vient de communication où l’échange, tant philosophique que pragmatique et humain, rapproche les hommes à l’essentiel qui les relie.

Christ présidera à ce pont et l’éclairera de son amour mais vous devez le construire vous-mêmes. Que la lumière Christique vous assiste.

223.

De fables et de contes, les fontaines poétiques coulent des sources du divin en l’homme afin que les cœurs, touchés par une grâce toute Christique, y soient accessibles et sensibles.

Aimez le beau qui est près du vrai afin que le bon en découle, et l’art en est le média par excellence.

224.

La formulation est importante dans toute expression, la forme habille ce qu’en abstraction la réalité est.

C’est l’homme qui habille Christ, il faut que le vêtement soit beau, il dépend des véhicules et du soin que vous en prenez. La voix habille le son que le cœur émet, son magnétisme est primordial.

225.

La nature murmure à l’oreille des poètes les secrets qu’elle détient du divin. C’est ce souffle à peine audible qui soulève les cœurs les plus tristes vers les âmes en attente.

Puisez à la nature les sources mêmes des silences du verbe. Christ, quelque part, les a motivés.

226.

Sourire est une façon de libérer joie ou tristesse.

C’est une communication subtile comparable à un soupir de la conscience.

227.

Quand des hommes se réunissent au nom de la paix, la hiérarchie, présente, envoie un messager.

228.

L’expression de ce messager a les notes Christiques des impératifs de l’amour. C’est un maître en incarnation à l’œuvre.

229.

Dans la lumière filante de ces étoiles qui ne tombent pas mais passent, l’insolite d’une lumière intemporelle disparue depuis longtemps marque la limite noire d’un ciel que le regard cerne.

Ces traces déjà inexistantes rejoignent le futur, dans leur trajectoire invisible à l’œil, vous ne saisissez que le pointillé fugace, dont la lumière, un instant, vous apparaît. Cette randonnée lumineuse est comparable au trajet de la lumière Christique en vous lorsque vous n’y êtes pas encore prêt.

230.

Ce sont les marées de vos émotions qui bousculent votre quotidien.

Tant que vous ne verrez que les marées de la vie, vous aurez du mal à tenir la barre.

231.

Si le passé vous mobilise, c’est que le présent vous échappe. Si le futur vous obsède, c’est que le devenir vous indiffère.

Mais c’est en reliant le passé au futur que le présent, en devenir constant, prépare les ouvertures de la demeure de Christ.

232.

La lumière Christique a les reflets d’une aube d’hiver rosée, chaleureuse en son début et indifférente dans sa luminosité à la saison et aux éléments environnants. Juste posée là, entre ciel et terre, elle offre aux regards la perfection de sa neutralité et aux cœurs le rayonnement qui se fond au jour.

L’âme en est inondée de beauté et la conscience, avide de sa permanence, guette au ciel de son déploiement la diffusion imperceptible qui ouvre au soleil naissant le tapis bleu de ses états diurnes.

233.

En Christ, devenez l’aube rosée des matins d’hiver de chacun.

Présidez au dégel des glaces du mental pour que l’amour Christique ouvre au ciel de leurs âmes les rayons du soleil spirituel aptes à éveiller le cœur. En Christ, aimez.

234.

Rester libre et n’engendrer aucun lien karmique était caractéristique des gurus de l’âge des poissons.

Devenir libre et se débarrasser de tout karma est la caractéristique des maîtres en incarnation. A.A.B.

A amorcé ce que sera le couple Christique avec son deuxième mari Foster B. Un couple Christique se prépare, ce sera une union du nouvel âge. Deux maîtres d’initiations différentes, l’un conscient, l’autre pas et je parle ici de la

conscience du stade initiatique atteint.

Ils ne seront pas très jeunes et leur union viendra après d’autres pour chacun. Ce qui fera jaser les ésotéristes, bien sûr, et étonnera les gens de bon sens. Le couple Christique est l’avenir de l’humanité.

Aspirez individuellement à Christ afin que le foyer en soit illuminé dans la synergie irradiante qui en découlera.

235.

Il serait bon de cesser d’envisager le couple comme une association de contraintes qui représente l’eau que chacun met dans son vin ! Une réflexion s’impose ici sur la liberté intérieure de chacun.

Tant que les concessions font partie de l’horizon du couple, l’un des deux est toujours frustré et à tour de rôle. Le couple Christique est tout à fait différent.

Vous le reconnaîtrez à son appartenance intérieure, à sa détermination hiérarchique et à son amour pour l’humanité, son véritable enfant. Il est tôt pour en parler, il faudra le voir vivre.

Ce n’est qu’un peu plus tard que des jeunes gens seront en mesure de fonder des foyers sur cette base Christique.

Le couple Christique fait partie du plan de l’extériorisation de la hiérarchie. Incarnant  jusque  dans  le  quotidien  les  valeurs  Christiques  fondamentales  qui commencent à bouleverser le monde, les maîtres en incarnation sont un témoignage vivant et humain de Christ.

236.

Où vont se loger les médisances ? Dans la honte et la culpabilité de ne pas, soi-même, assumer l’humain dans toute sa divinité et de n’aimer pas, ou de trouver laid, ces pulsions qui débordent le non-soi.

Le maître en incarnation n’est jamais débordé, il installe dans le corps physique une lumière cellulaire, à la gloire de celui dont rien ne peut être dit. Aimés par lui en Christ nous en devenons des parcelles marchantes au sol terrestre. Enfants du tout, rejoignant son absolu, synthèse de lumière d’amour et de vie une, nous déployons Christ aux cœurs de nos frères comme une invite à de plus justes relations humaines par l’action et la parole justes.

Mais ils vous fustigeront aux lanières laides de leurs noirceurs parce qu’ils ne savent encore que les éluder pour ne pas y voir leurs chutes répétées.

Passez en demeurant mes frères et sœurs et faites de l’humain la bénédiction sans réserve de celui dont rien ne peut être dit.

Les langues de vipère sont destinées à happer les insectes ; que leurs piqûres, quand elles ne le font pas, n’alimentent pas de venin vos actions divines dont la chair illuminée est le réceptacle.

Au mental des cellules, ils n’ont rien compris, à la chair illuminée non plus, ils ont fait de la lumière du Christ en jésus un phare qui n’éclaire plus qu’une idole. Il y a deux mille ans que cela dure et l’extériorisation de la hiérarchie doit changer cela. Les croix seront nombreuses ainsi que les crucifixions en paroles. Que chaque mot médisant soit un clou à enlever du symbole Christique de la croix mortelle afin que Christ, enfin, puisse vivre en tous.

237.

Aux divergences, regroupez les séparativités afin que la synthèse émerge.

Elle est faite de l’ensemble dont la base pyramidale est morcelée, encore. Rien n’est inutile puisqu’à l’humain tout est bon pour devenir. Ceci vous paraîtra dur peut-être ou injuste mais ce n’est que global. Il faut cesser de juger.

Vous pouvez condamner en vous-même, mais continuez d’essayer de comprendre. Il est des stades de réalisations destructeurs dont les noirceurs difficiles ne sont que les gouffres de perdition de l’homme aveugle en mal d’être.

À ces êtres malfaisants qu’il faut neutraliser offrez en Christ la compréhension que tout être humain est en droit d’attendre et de recevoir.

Ces stades évolutifs sont les corps inférieurs de l’humanité tout entière en lutte avec la lumière.

L’horreur qui en résulte est à peine soutenable à l’humain mais se résorbe dans la lumière qui avance lentement au rythme où vous l’installez.

Vous êtes donc aussi responsables, individuellement, et il est clair que c’est difficile à admettre pour beaucoup. C’est pourtant ainsi.

Plus chacun avance en Christ et plus ces bas instincts de l’humain sont soulevés et plus ils disparaissent, intégrés dans la lumière, jusqu’au dernier sursaut noir du dernier pécheur que le judéo-Christianisme condamne, mais que la divinité neutralise par la lumière forte de ses devenirs humains.

À l’apocalypse, donnez ses chances de retour et faites les efforts nécessaires et indispensables pour réaliser Christ afin que vive le monde, afin que les noirceurs, en bloc, soient digérées aux estomacs spirituels que vous remplirez consciemment des ratés et déboires sordides de la gangue de l’âme humaine, afin de tracer la ligne médiane qui, symboliquement du ciel au sol et de la tête au cœur, ouvrira le canal collectif vecteur des énergies Christiques à exprimer par l’humanité.

238.

Doublez, triplez, quadruplez, multipliez à l’infini les chances d’être pour tous en éveillant les consciences à elles-mêmes donc aux autres. L’amour Christique est une avancée de la conscience dans la lumière. Pour cela remettez le mental à sa place, ce n’est qu’un outil.

239.

Ne vous opposez à rien, digérez l’inacceptable et coupez les ponts du mental relationnel.

Christ en vous posera les actions justes et elles seront comprises par ceux qu’il éclaire déjà et en captent la lumière.

240.

il y aura des jours voilés de nostalgie, c’est que les plans subtils, très présents, ne font partie du plan physique que par la conscience que l’on en a.

Alors, bien évidemment, il y est parfois difficile de les vivre pleinement au sein d’une agitation permanente.

Il faudra vous isoler afin que l’avancée Christique en soit facilitée. Il y aura à la conscience objective des nuits de néant parce que les souvenirs seront épargnés à la mémoire. Ce qui sera bénéfique à la créativité.

Mais la clairvoyance du maître en incarnation demeure constante malgré tout, même si cela vous échappe parce que le mental ne fonctionne qu’en référence à ce que vous

saisissez intellectuellement encore.

241.

Où se trouve la morale ? Comment enrayer le laxisme ? Est-ce que des règles peuvent y pallier ? La démocratie a installé un état de droit indispensable à ceux qui ne « sont » pas encore.

Toute règle a ses déviations, toute loi à ses transgressions, tout homme a ses faiblesses. Il faut agir individuellement sur ces dernières afin que Christ vive et s’exprime dans le monde.

Les chances de l’humanité sont en chacun et c’est ensemble que vous avancerez dans la lumière Christique.

Éveiller les consciences demande cette lumière en Christ, c’est alors seulement que l’impact de la parole et de l’acte bouleverse les points de vue et casse ce qui permet l’éveil.

L’éveil est à la conscience ce que l’amour est au cœur.

Débarrassez la conscience des miasmes accrocheurs du mental comme l’amour nettoie le cœur des sentiments en général, car tout sentiment est porteur de son contraire et donc générateur de conflits ! Est-ce si difficile à comprendre ? C’est difficile à vivre et là se trouve le début des efforts.

242.

Donnez à quelqu’un l’ombre d’un début et il va aussitôt construire de son mental la logique déductive d’un fruit à venir.

Mais le fruit ne viendra jamais du mental, il a besoin de la lumière Christique pour arriver à maturité et Christ en soi est détaché du fruit.

Ce processus sublime est rassurant et permet aux maîtres en incarnation une liberté d’action que rien sur le plan occulte n’entrave et que rien sur le plan physique n’arrête.

243.

Il n’y a pas de manipulation possible sur quelque plan que ce soit, lorsque l’amour Christique est présent.

244.

Donnez au cœur la priorité, non pas par le sentiment mais par l’ouverture de l’accueil, et rompez si cet accueil est mal perçu, cela ne ferait que gâcher l’ouverture.

245.

Il n’y a pas d’inattention ou d’indifférence en Christ, il n’y a que des silences pleins de respect. À part bien sûr l’indifférence divine qui, elle, est une forme d’attention.

246.

Attendez l’espace et espacez le temps, tamisez la lumière à ceux qu’elle aveugle ; servir c’est ça aussi.

247.

Christ, à demeure en soi, c’est la possibilité d’être à plein temps, d’être ce que n’est pas l’autre, mais aussi ce qu’il est, à son stade.

248.

Quand l’aube s’éprend du matin au point de faire naître le soleil, imaginez l’âme en Christ et son irradiation par l’homme.

249.

Souple, belle, stable, constante, étale sont des adjectifs qui s’appliquent à la lumière Christique en soi et la mobilité les synthétise en l’homme.

250.

Des craquements se produisent aux charpentes mal assemblées. Cela arrive aussi aux véhicules mal gérés. Le travail sur soi est une constante de l’avancée en Christ. Une fois Christ réalisé, l’avancée s’appelle infinité et demeure en passant. Quant aux véhicules, une vigilance extrême est requise à leur bonne coordination. Usez du vin, de la cigarette, comme de granulés homéopathiques qui, de temps en temps,  alimentent  la  convivialité  humaine  mais  n’en  abusez  jamais,  ils  sont préjudiciables à une bonne coordination véhiculaire. Au maître en incarnation ce sont des moyens de ne pas être différent. Relisez « l’initié »2 .

251.

Le maître en incarnation sait toujours lequel des disciples fera le faux pas qui le fera chuter, tout en faisant exploser la lumière Christique au groupe en éliminant les indésirables.

Il est dans l’ordre que le maître en incarnation laisse faire, pour donner une chance au libre arbitre du disciple de n’être pas ce qu’il est et donc de ne pas se tromper. Le maître en incarnation ensuite respecte le silence intérieur dont l’écho Christique rétablit l’harmonie sur le plan occulte.

252.

À la transcription facile d’une coopération intelligente de conscience à conscience entre maîtres, vous récolterez au sillon lumineux ainsi ensemencé, plus tard, les arbres de vie aux feuilles miroitantes du soleil Christique.

Comme un petit miroir, chacune d’elle renvoie la facette à nettoyer de vos égarements les plus lumineux à l’objectivité.

Ce qui signifie qu’en toute honnêteté vous pouvez croire à une lumière alors qu’elle n’est qu’un fragment du miroir de vos imperfections.

La lumière en est si aveuglante qu’elle semble venir de l’extérieur, d’une source authentique, c’est ainsi que se fait le virage du sentier de gauche. Si les miroirs sont coupants, les feuilles, elles, sont nature et vie, vous pouvez encore les saisir ; les miroirs tombés et brisés au sol de l’expression Christique ne seront plus que poussière d’argent aux piétinements des erreurs passées. Les risques de coupure ne sont dus qu’aux aveuglements.

La lumière Christique n’aveugle pas le disciple consacré mais éclaire son chemin et illumine son cœur.

Vous voyez que tout est une question d’angle. Plus l’angle est obtus, plus l’aveuglement est grand. Il faut briser les lignes du mental, génératrices d’angles obtus, pour laisser à l’éventail

« L’initié »- éd. de la baconnière.

spirituel du cœur Christique la possibilité de se déployer aux circonférences dont les centres inconnus sont déterminants de celui dont rien ne peut être dit. Christ vivant en dépend et en découle.

253.

L’irrationnel a ses racines dans vos fantasmes.

Il faut beaucoup gommer et simplifier pour rejoindre la réalité.

254.

Aux souvenirs que le temps absorbe, l’oubli range ce qu’il élude aux tiroirs trop pleins de la mémoire.

Mais l’encombrement n’en demeure pas moins.

Il faut ouvrir ces tiroirs pour en jeter les superflus et en retenir les actions positives que les années ont additionnées.

C’est ce que fait le corps causal qui puise aux incarnations l’acquis positivant qui ressert au service.

Mais même le corps causal, sa mission accomplie, résorbe en ligne directe vers la monade les souvenirs désormais inutiles au maître.

Alors dépoussiérez vos tiroirs, faites le ménage afin d’alléger le travail du corps causal, le moment venu.

Le non-soi aime stocker ce qui en lui-même le rassure.

L’authenticité du dépouillement est une voie d’accès à l’homme pour les énergies Christiques à exprimer. Mais c’est à vous de préparer au mieux cette voie salvatrice.

255.

Lorsqu’on regarde le soleil en face on n’aperçoit plus les objets qu’il éclaire. N’attirez pas les regards, des points de vue justes en dépendent. C’est pourquoi les hautes fonctions ne permettent pas l’expression juste des énergies Christiques, les hommes auxquels elles échoient sont en butte aux regards qui les confondent avec leurs fonctions et entravent la bonne répartition du service. Le maître en incarnation s’il peut demeurer libre travaillera d’autant mieux mais il est vrai qu’il faut parfois cumuler la fonction et la maîtrise, ce qui est rare, de plus en plus.

256.

Dans l’imminence perfide d’un pouvoir accru, le mental s’emballe la mécanique ainsi lancée est une entrave au service.

L’anonymat est la fleur de lys qui couronne le succès du service. Mais pourtant certains d’entre les maîtres seront connus. Leur état transformera cette notoriété en reconnaissance. Aidez-les. J’ai dit !

257.

De troubles en chutes, les sens de l’homme s’émoussent aux tournants ludiques d’une course folle dont les nuits deviennent un enjeu paradisiaque.

l’homme acteur s’essouffle de stimulations artificielles qui ne comblent en rien les manques de plus en plus profonds qui l’assaillent, jusqu’au jour où, détruit en lui-même, assassiné par ses propres exigences physiques, le corps ne répond plus aux assauts répétés que pour protester dans le refuge de la maladie qui trouve là un lit commode

sinon douillet.

Quel gâchis que ce gaspillage de lumière intérieure aux néons blafards des bas-fonds nocturnes.

Et pourtant il faut que vie se fasse, qu’erreurs se passent jusqu’à ce gouffre certain où se plongent une à une les inconvenances accidentelles qu’accusent les véhicules. Il n’y a pas de bien ou de mal, il y a ce qu’on ne peut pas, ce qu’on voudrait et ce qu’on fait qui oscille entre les deux.

La conscience est là entre les deux chaises de l’avoir et de l’être, du non-être et de la lumière.

Mais au chaos personnel de cette nuit humaine de l’inconscience qu’il faut traverser, la lumière Christique est déjà présente dans l’aspiration à autre chose, même si on ne sait pas à quoi. Et c’est un début d’étincelle qu’il ne faut pas condamner, ni perdre de vue.

258.

Lorsque les forces sont canalisées par la violence il se produit une explosion énergétique dangereuse pour les véhicules.

Il est bon d’harmoniser les forces dans le corps physique en canalisant leur passage véhiculaire par le sport. Tous les adolescents devraient pratiquer le sport.

259.

Envers et contre tous, en Christ et avec tous, le maître en incarnation suit, au jour le jour, les directives intérieures qui peuvent sembler, à certains, curieuses, paradoxales ou contradictoires tant il est vrai qu’aux apparences, un souffle divin préside, en lui, aux formes.

260.

Lorsque l’image se superpose à l’essence, cette dernière demeure. Lorsque la forme se substitue au fond, Christ en danger d’aveuglement se tait. Donnez à Christ en vous les forces de la forme et gardez-lui l’énergie du fond afin d’exprimer, ici, le divin dans toute sa beauté.

261.

Christ en l’homme est mal compris.

Comment pouvez-vous comprendre la simplicité de cœur poussée à l’extrême, sans rien d’autre que l’amour, sans but, sans ambition, dans cette mobilité du mouvement de la vie qui, seul, en règle les contours harmonieux sur lesquels vous vous méprenez.

262.

Quand le temps d’être s’impose, quand la joie de se taire s’exprime, quand le divin souffle à l’homme ce que Christ incarné réalise, le maître en incarnation foule le sol terrestre et côtoie ceux qui peuvent agir afin de leur communiquer la vie une dont la globalité étanchera au monde la soif de ces valeurs spirituelles dont la sagesse et l’amour sont les deux piliers.

263.

La lumière de Christ est éclatante, la lumière en Christ est sérénisante, non pas pour soi uniquement, mais pour le monde. Car vous savez que Christ lui-même a eu ses moments d’épreuves et de doute,

exprimés par les corps de jésus.

264.

Que la vie est belle quand Christ radieux, dans le regard de l’homme, illumine chaque parcelle, chaque atome du quotidien.

265.

Quand le maître en incarnation transmet une idée, elle est imprégnée par la force de l’ashram et ne peut que bouleverser les points de vue et idées reçues, chers au mental.

266.

Comment vivre l’autre quand vous ne vous vivez pas encore vous-même ? Seul un Christ incarné sait vivre les autres, il est les autres.

267.

D’où que vous veniez, le soleil s’y lève et s’y couche.

La lumière en Christ ne dépend plus de ces cycles mais d’une synthèse dont la globalité n’est plus jamais entamée.

Les effets que vous pouvez observer de la vie y sont inclus mais leur séparativité n’y est pas prise en compte. La lumière en Christ est une constante que rien n’altère.

268.

Donner à tous le meilleur de vous-même, c’est installer dans les affaires du monde la lumière réalisée en Christ.

269.

L’eucharistie mal comprise est un symbole ambigu quand ceux qui vont communier font la démarche de recevoir Christ de l’extérieur.

270.

Cette démarche renouvelée tout au long d’une vie de pratiquant fait du Christ une réalité extérieure inaccessible à l’homme en demande. Jésus est votre frère à tous. Sa voie est donc la vôtre.

271.

Du ciel diamantaire d’un plan inconnu, des éclats de lumière vous parviennent. Votre âme les sait et votre cœur en perçoit l’énergie Christique naissante. Persistez dans la voie du cœur, abandonnez le mental à ses vaines manœuvres pour mieux les gommer.

272.

Ils auront de l’impact ces hommes, ces femmes Christ qui, grâce à l’extériorisation de la hiérarchie, s’incarnent.

Dans la densité du plan physique ils rayonnent déjà aux rayons divins qu’ils propagent dans les affaires du monde. Christ en soi est l’aube cristalline du royaume des cieux sur terre.

273.

De la liberté à l’autorité, il y a la cassure d’une frontière que le pouvoir mal assimilé a construite. Christ en déboute les limites afin que vive le cœur.

274.

De la réalité à l’actualité du monde il y a le paravent que les effets dus aux formes dressent.

Christ en nettoie les limites, repoussant sur l’horizon le voile léger masquant les causes. C’est le cœur qui soulève ce voile.

275.

Si la fureur tonne, si la colère éclate, comprenez que des forces se libèrent pour disparaître afin que l’énergie fluide puisse faire son chemin Christique au sein des véhicules dépoussiérés, mais libérer l’émotionnel ne veut pas dire s’y complaire ensuite par une récupération mentale.

Nettoyez bien cet outil du mental, il est comparable à la pioche du jardinier lorsqu’il l’a bien en main.

276.

L’âme qui s’exprime par la danse modèle le corps physique à ses exigences. Observez la beauté des mouvements de  la vie chez certains danseurs et l’envol qui propulse l’esprit hors des limites de la densité charnelle.

Les énergies Christiques y sont à tel point présentes que les larmes de joie peuvent venir aux yeux des profanes qui en ressentent l’intensité.

Christ en mouvement rejoint le cœur, l’âme et les sens, les nimbant de beauté, à la vérité des expressions ainsi sublimées.

277.

L’espoir se craquelle aux émotions malmenées. Les pensées tournent en rond au mental obsédé. La nuit ne porte plus conseil et le jour est lourd à porter.

L’amour glisse à ce genre de situation, il semble fuir et échapper aux sentiments survoltés.

Ne vous en étonnez pas. L’amour ne peut adhérer qu’à l’harmonie. Son épanouissement dépend du nid de l’intériorité de chacun. C’est Christ en chacun, Christ en tous qui célèbre sa sérénité harmonieuse. Ne troublez pas les énergies Christiques, le vide qu’elles vous laisseraient vous engloutirait au désespoir du cœur, tant ce dernier y aspire. Le mental n’est jamais l’ami du cœur.

Pourtant la tête et le cœur sont indispensables à l’extériorisation de la hiérarchie. Le maître en incarnation en a fait la synthèse à laquelle préside Christ.

278.

Un livre d’amour, consacré à Christ en l’homme, qui ne parle pas de sentiments mais d’énergies et de forces comme des plateaux d’une balance dont l’équilibre est à l’homme ce que l’amour est au monde.

Un maître en incarnation foulant le sol, à vos côtés, est le phare de cet amour dont le rayonnement balaye les esprits qu’il côtoie afin que les énergies Christiques imprègnent

les actions de tous et ouvrent les consciences à la globalité de l’humanité une. Un livre d’amour dont chaque mot est au sang de mon calice, une goutte importante, puisqu’elle inclut chaque être humain à la possibilité potentielle d’exprimer Christ un jour sur ce chemin évolutif où la spiritualité doit vivre mieux pour que chaque acte, chaque discours, soient en accord et que la force ainsi dégagée propulse dans le monde ce que la nécessité implique d’efficacité aux besoins.

un livre d’amour où l’indifférence divine marquée par le rayon un s’adoucit du bleu tendre du second rayon pour indiquer aux cœurs que l’amour n’a rien à voir avec les fluctuations des sentiments perturbateurs des personnalités.

Un livre d’amour Christique pour aimer mieux, comprendre et donner, ce qu’en chacun vous connaissez mal, ce qu’en chacun vous appréhendez : cette rectitude globale dont le cœur est la source et l’âme le témoin.

Une fois encore j’ai nommé l’amour comme le moyen de trouver et d’appliquer les solutions adéquates à tous les problèmes humains. L’éducation ne tient pas compte de cet amour-là.

Mièvre ou injuste elle ne communique pas cette dureté aimante sans laquelle l’enfant en demande des limites rassurantes à sa psychologie ne peut pas grandir à la sérénité neutre des sentiments.

Il y a beaucoup à faire, beaucoup à enseigner, beaucoup à apprendre. Mais l’important est cet effort constant sur soi à gommer le sentimentalisme primaire au profit d’un amour qui donne l’autonomie et la liberté et respecte le libre arbitre sans influence du mental et sans manipulation. Ce sera difficile.

Le monde politique est déformé, peu d’entre vous aiment vraiment comme Christ. Mais vous êtes en charge de Christ, il est votre responsabilité, c’est vous qui devez un jour ou l’autre contribuer à en incarner la globalité au sein de votre différence humaine face à l’humanité.

Christ est aux hommes ce que l’air est au monde, nécessaire à tous. Les chrétiens n’ont pas le monopole de Christ.

Si jésus l’a amené à l’incarnation c’est pour que tout un chacun en réalise les plus belles énergies au profit du bien commun dont la spiritualité est le ciment, le lien, l’osmose, la nécessité première.

Le monde de l’islam doit comprendre et réaliser Christ afin que les paroles et le message du prophète Muhammad ne soient pas réduits à de simples règles sociales vides d’amour.

Les lois, c’est bien, l’amour c’est mieux.

S’ouvrir à l’autre c’est rayer du mental le nationalisme et la priorité religieuse quelle qu’elle soit, au profit d’une spiritualité commune dans ses spécificités régionales. Aimer le monde c’est donner à Christ en soi la possibilité d’y vivre et de s’y exprimer au travers du merveilleux instrument divin qu’est l’être humain. Témoins de dieu sur terre, l’homme, la femme, leurs enfants, l’humanité, en charge de Christ, devront accueillir ces énergies et les communiquer.

L’extériorisation de la hiérarchie les y aidera, déjà, encore, toujours depuis le maître jésus, Christ est parmi vous et œuvre.

L’ashram du Christ, la hiérarchie, mon ashram ainsi que tous les ashrams participent à ce travail énergétique que vous devez contribuer à diffuser.

Un livre d’amour dont le message est Christ en soi, Christ en tous, Christ en vie, un livre d’amour pour l’humanité tout entière est donné aujourd’hui aux disciples du monde et à ses sauveurs pour les aider à installer ces énergies Christiques, indispensables à l’évolution du nouveau monde, aux cœurs de tous.

Un livre d’amour comme l’ébauche diurne, à la conscience objective de cette autoroute que l’humanité empruntera sur les traces de ces hommes Christ en incarnation, pionniers de demain, pionniers d’amour pour tous, artisans énergétiques de Christ à l’œuvre.

Jésus a été, Christ est. Soyez. J’ai dit !

EPILOGUE

À la pâleur diaphane d’un horizon nouveau, les maîtres en incarnation dirigent un regard de synthèse sur l’intériorité invisible qui vous englobe.

Dans le crépuscule humain de ces Christs à l’œuvre qui quittent le monde, le souvenir étonné bâtit ses idoles.

Mais comme l’abbé pierre, ce ne sont que des hommes au service, à reconnaître, à suivre, à aimer.

Au processus d’avancée inexorable de l’évolution, ils amènent leur pierre pour bâtir la fraternité solidaire dont la spiritualité est le ciment, hélas, novateur. Aux douces arabesques, aux vigueurs fermes, au désintéressement, à l’indifférence divine, à l’amour, ces hommes Christ sont un hymne à dieu, à celui dont rien ne peut être dit, à ce divin qui, en l’homme, fait la différence.

Aux marches du XXIe siècle, les pas de Christ en l’homme amorcent les changements que l’ébullition actuelle du monde anticipe.

Aux cycles de cette planète bleue soyez attentifs, repérez les énergies Christiques à l’œuvre, en certains, en chacun, en tous, bientôt.

Les diffuseurs de cette lumière des énergies Christiques pour le monde ont des noms aux consonances diverses de nationalités, de racines, de religions afin que la globalité résumant ces spécificités soit exprimée à travers les affaires planétaires. De Churchill à Roosevelt, de Sadate à Gorbatchev, de l’abbé pierre au dalaï lama, de mère Térésa, de robert Schuman, de jean Monnet, de Bernard Kouchner à tous, la lumière s’installe petit à petit aux yeux de tous. Soyez réflecteurs de lumière. Reconnaissez et aimez pour le bien commun. Christ est à la spiritualité ce que le courant électrique est à la lampe. L’interrupteur est entre vos mains.

À certains il reste encore à le trouver, à le poser, à d’autres à l’allumer, à tous à en disposer pour que l’extériorisation de la hiérarchie contribue, comme elle le doit, à installer aux cœurs les justes relations humaines qui seront la base des dialogues du monde nouveau.

L’amour n’a rien à faire de vos sentiments mais il est le seul à pouvoir gagner les cœurs à l’autonomie spirituelle dont Christ est porteur.

Dignes, justes, aimants, soyez en vos âmes des hommes en quête de Christ parce que l’avenir de l’humanité est en l’homme Christ que vous deviendrez. Ce livre d’amour en Christ, comme un héritage de l’humanité à l’humanité, passant par chacun de vous en cœur et en esprit.

Ce livre d’amour en Christ comme un message vivant que l’extériorisation de la hiérarchie donne au monde non pas comme un espoir mais comme une réalité, la réalité. Au mieux de ces énergies Christiques, aimez, servez, vivez, œuvrez pour le bien commun. Avec nous, en vous, agissez.

J’ai dit !

SUR INSTANCE DU MAITRE MORYA NOTE DE LA MEDIATRICE

Aux doubles racines de l’islam et de la chrétienté, je suis fleur de chair aux stigmates du monde actuel.

À la croisée du monde arabe et de l’Europe, je revendique une citoyenneté du monde qui prolonge mes racines à cet enseignement hiérarchique issu de la sagesse immémoriale qui grave, en écritures diverses, des moyens intérieurs propices à l’évolution globale de l’humanité dont je suis goutte et océan.

De l’identité à la citoyenneté, les frontières peuvent s’estomper, les barrières tomber, au profit de l’être, tout simplement, qui du nord au sud et de l’ouest à l’est a la spiritualité mouvante des religions ou philosophies qui en marquent les différences illusoires. Enfant de dieu, c’est ainsi que je reconnais en chacun, de par le monde, l’étincelle divine qui fait de nous des frères au même sang d’un calice qu’il nous faudra bien remplir d’amour.

La fraternité n’est pas un mot, non plus que la solidarité et si dans les cœurs déchirés, les clous des conflits s’enfoncent, ce sont des frères ennemis qui les plantent comme autant de revendications aux droits et à l’humain qui, loin de dépendre de conventions et de lois, ne dépendent que du cœur et de l’esprit.

Cœurs sans frontière, esprits sans limites, on n’enferme ni les uns, ni les autres. Ce sont des limites dont nous sommes prisonniers aux barreaux de nos concepts, et que nous forgeons nous-mêmes.

de ces grilles je ne retiens que l’espace qui sépare les barreaux pour nous permettre de mieux entrevoir un horizon libre qui offre à nos yeux l’avenir de nos lendemains par le devenir du présent, au quotidien, qui fait de nous des enfants maladroits de désirs et d’ambitions.

c’est lorsque la personne s’efface au divin qui l’habite malgré tout que l’homme prend sa dimension d’être aux polarités masculines ou féminines dont le sexe finalement n’est qu’une facette bien mal comprise.

Aux apparences de nos diversités, dégageons les spécificités toujours positives qui ajoutent à l’un sans léser l’autre.

La sagesse n’est qu’un éventail aux vérités multiples dont aucun de nous n’a le monopole mais  dont  les  facettes  peuvent  servir  le  bien commun. L’humanité est un clavier où toutes les notes sont divines.

Le jeu habile de la technique est une priorité mentale et si, forts de notre résonance divine, il nous venait au cœur d’émettre le son sans en jouer, alors la symphonie humaine prendrait une ampleur cosmique dont l’harmonie, en un premier temps, serait déroutante.

C’est ce qui se passe lorsqu’un homme Christ, loin du jeu du mental, exprime en lui, pour le bien commun, sa résonance divine.

À mes racines je dois une possibilité de synthèse qu’il m’a fallu vivre et dégager de cette fleur de chair qu’est mon aboutissement dans cette incarnation, le temps d’un soupir divin, où les silences sont invites à Christ en moi. Le « je », le « moi », le soi sont des moyens de réaliser Christ.

Une fois Christ réalisé, ils demeurent des moyens d’expression divine au service du bien commun et des autres.

De l’islam je retiens des lois pour vivre physiquement une discipline qui mène à dieu par la purification, mais où la femme n’a pas trouvé son identité en tant qu’enfant de dieu à part entière.

De la chrétienté se dégage Christ dans sa gloire illuminante qui fait de chacun, dans l’amour de dieu, des enfants de celui dont rien ne peut être dit.

Pour l’islam l’identité est affaire d’hommes et de femmes, séparés par des supériorités ou infériorités toutes humaines.

Pour la chrétienté l’identité est avant tout spirituelle, en Christ, à exprimer au superlatif de l’homme ou de la femme.

Aux deux religions je reconnais un chemin nécessaire sur le plan physique, au cœur du quotidien.

Le paternalisme de la chrétienté est désuet, il est temps de nous assumer dans l’autonomie spirituelle de Christ réalisé. Le légalisme de l’islam est obsolète car il va de soi aujourd’hui. Qui s’assume en identité spirituelle fait de l’autodiscipline son cheval de bataille à dompter et à diriger.

De cette synthèse, en dieu, de mes spécificités doubles ici-bas, je communique la fierté islamique de l’homme vivant à la gloire de son dieu et l’appartenance spirituelle de tout enfant de dieu, dans son corps soit d’homme ou de femme que la chrétienté porte en elle-même.

On a dit que la démocratie n’était pas l’affaire de l’islam.

C’est vrai, non pas pour les prétextes invoqués par ceux qui soutiennent cette thèse, mais parce que la démocratie est l’affaire de tous et de chacun.

La démocratie devrait être dégagée de la gangue de l’appartenance religieuse étroite, que l’inconscient collectif porte en lui, à nos consciences objectives limitées. La religion, c’est bien, la tradition, c’est bien, la sclérose en elles c’est moins bien. Cassons l’égoïsme à la lumière de l’amour Christique afin d’éclairer l’homme de l’intérieur, par le cœur. Ce terrain d’entente est le seul.

Dans les cœurs éclosent les mêmes fleurs superbes qui sont à l’humain des bouquets de spiritualité en commun.

Le mental et ses agressions projettent et digèrent des séparativités inutiles que l’homme en tant qu’être ne peut pas reconnaître.

Christ est universel et ce n’est pas parce qu’une religion, parce qu’un groupe de chrétiens le revendiquent qu’il leur appartient.

Christ appartient à tous si chacun, en soi, peut l’accueillir, le réaliser à la gloire de l’être, dans l’amour inconditionnel du monde et des habitants de la planète au grand complet.

De Christ à nous il y a l’homme, l’être humain quelles que soient ses racines et appartenances philosophiques ou religieuses. L’homme est un pont entre Christ et celui dont rien ne peut être dit. Christ fait de l’homme une passerelle entre le monde physique du quotidien et dieu. Il est notre privilège et notre potentiel.

De l’islam à la chrétienté c’est par l’homme que des mains se tendront afin que les cœurs se rapprochent en Christ.

Et les soufis, ces ésotéristes de l’islam, sans donner à Christ ce nom, savent que les énergies d’amour en marche à l’intérieur de nous sont les ponts à emprunter les uns vers les autres.

Mes doubles racines m’ont appris ces ponts, ce qui fait de ma vie une passerelle planétaire que la citoyenne du monde que je suis, reconnaissante à l’islam et à la chrétienté, jette par-dessus les races et couleurs de peau, afin d’aller droit à l’essentiel, cette spiritualité qui fait de nous tous des habitants du royaume de dieu dans la globalité universelle des créatures que nous sommes.

De l’inconscient au conscient c’est le cœur, par l’amour inconditionnel de Christ en l’homme, qui effacera les frontières dans le maintien du respect des spécificités qui feront de nos différences les marchepieds d’un monde nouveau, à bâtir ensemble. Et ici j’inclus tout ce qui fait le monde en dehors de ces doubles racines enrichissantes qui sont les miennes.

À savoir l’extrême orient à la philosophie duquel j’ai nourri ma spiritualité comme à une fontaine dont la source vive est aussi l’une de celles dont celui dont rien ne peut être dit nous abreuve.

C’est à cette reconnaissance de l’autre par l’âme unique de l’humanité que vivra la spiritualité universelle qui a motivé les droits de l’homme et les régimes démocratiques. Nous trouverons, j’en suis sûre, des voies nouvelles, ensemble, afin que les enfants à venir aiment comme nous ne savons pas encore aimer.

Cet amour est Christique parce que Christ, réalisé en jésus, nous en a montré la voie. Mais les hommes qui l’on suivi n’étaient qu’humains donc faillibles. Reconnaissons là l’essence et non les dogmes, l’homme Christ et non l’idole crucifiée. Nos crucifixions sont nombreuses, elles sont réelles et c’est l’homme qui crucifie l’homme.

Pour que cessent ces guerres, pour que vive l’amour, donne-moi ta main, ouvre-moi ton cœur, je ferai de même, comme je l’ai fait en moi-même entre la demi-arabe musulmane et la demi-européenne chrétienne dont je ne suis plus qu’une synthèse. Mon amour, fort, y est arrivé, et je vous y convie pour le bien de tous, dans l’expression divine du beau, du bon, du vrai pour de plus justes relations humaines.

L.C.4 décembre 1991

P.S.

Dans la puissance de cette lumière d’amour dont je suis médiatrice pour ce livre du maître Morya, j’ose être certaine de vous avoir communiqué ne serait-ce qu’une parcelle du divin qui œuvre en moi. Unie à vous, je nous en souhaite un bon usage.

DE  . . . SHAMBALLA  . . .

AUX CARAIBES

CARNET DE BORD

MORYA 1993

Le début de tout début, la force agissante de tout commencement pourrait être symbolisée par la nouvelle lune du bélier qui est en volonté de puissance la plus pure détermination que le premier rayon est chargé d’incarner en lumière .

Ce symbole est une réalité dont l’immense fluidité révélée se pose en principe de vie une, en énergies christiques disponibles, en faisceau irradiant dont l’humanité est réceptive et dont sont vecteurs les maîtres en incarnation .

L’enfant qui vient au monde à la nouvelle lune du bélier, est porteur de l’énergie forte du premier rayon dont le bélier est le signe diffuseur par excellence .

Au sein de l’extériorisation de la hiérarchie, un tel enfant, en christ, devient en sa maîtrise récapitulée, après cette maîtrise indispensable du processus véhiculaire adapté à nos travaux, un récepteur diffuseur d’énergies puissantes dont la mission qui n’est pas des moindres est d’être un porte-parole de la hiérarchie et l’exécutant conscient de ses travaux .

Il est à noter que les initiés s’incarnent en fonction de certaines données importantes correspondant à des cycles précis, ainsi qu’à des périodes favorables astrologiquement et qu’il est tenu compte des limitations dues aux conjonctions planétaires et astrales .

L’équipement véhiculaire est décidé en fonction de notes précises correspondant aux qualités divines des rayons, parce que les moyens sont prévus et donnés en fonction du travail à exécuter.

Le corps mental est un corps incisif actuellement, c’est l’outil de destruction des formes du plan mental, et à ces initiés qui doivent participer à l’épurante purification de la globalité de ce plan, cet outil doit correspondre en force et en neutralité au travail de cassure que requiert actuellement le projet hiérarchique .

Il est facile de comprendre pourquoi la note de mon ashram de premier rayon est accessible aux maîtres en incarnation et pourquoi ils seront aptes à travailler avec, quel que soit leur équipement véhiculaire .

a certains qui auront un travail précis, un mental de premier rayon permettra à la fois une expression d’une clarté peu commune concernant l’enseignement et les approches concrétisantes des abstractions les plus subtiles pour masse, et d’autre part une facilité déconcertante pour la destruction fracassante relative aux énergies les plus dures cristallisant le mental en ses formes .

A tous ces initiés dont l’équipement véhiculaire et son processus de coordination sera particulier individuellement et globalement synthétique dans le travail de la conscience de groupe, la reconnaissance intérieure sera immédiate et l’action, décuplée sur le plan physique par une synergie motrice, engendrera l’efficacité objective de la conscience de groupe ainsi vécue .

Des océans vibratoires offrent leurs marées roulantes aux cycles clairs de ces descentes en incarnations que des véhicules légers et mobiles comme l’air empruntent jusqu’au plan physique.

À ces voyages transparents que recueille l’opacité dense de la matière physique, les rayons en leurs nuances diaphanes modulent les corps qui se préparent, y inscrivant comme à une lyre les sonorités oubliées des ashrams que l’initié en ses corps devra remaîtriser .

a se retrouver ainsi sans cesse essentiellement, en synthèse des plans supérieurs, semblable en ses différences fondamentales mais unique et repérable en ses notes aux vibrations familières, l’initié en prenant ce chemin du retour ouvre en ses véhicules l’immensité disponible d’un cœur autonome et indépendant dont l’organe physique va battre à nouveau le rythme pour donner vie humaine en sa divinité à ce choix, amour absolu, qui ramène a ses frères et sœurs, hommes et femmes difficultés, la possibilité d’avancer plus vite en se montrant solidairement unie à cette humanité toute entière dont le plan en ses parties actionne et rassemble des bonnes volontés à la volonté de bien qui finalement conduit les uns et les autres, à leur rythme, à cet état d’amour christique qui seul amènera au monde ce changement de mentalités dont découleront les comportements à décider par chaque conscience, en toute responsabilité .

A ces cascades de notes fluides, le cristal des cœurs retentit comme un diapason dont le rythme secret est pourtant accessible, audible à tous mais dont chacun devra faire l’effort d’écoute .

A ces corps subtils, ses outils, que l’initié dans sa descente revêt comme capes successives qui se complètent, se coordonnent en processus vibratoire, la synthèse est présente, l’amour matériau principal et l’absence sur terre de la vision qu’ils ont acquise, ligne directe entre les plans sur lesquels leurs interventions sont prévues .

Mais l’oubli marque à la naissance physique cet état et c’est indispensable afin de gérer dans et depuis la matière du plan physique, tous les processus de conscience indispensables aux travaux de l’extériorisation de la hiérarchie .

a chaque coin particulier de la planète terre, dans chaque climat, a chaque pôle, où sera, pour et par le service amené l’initié, à chaque lieu, à chaque maison, à la nature en son patchwork multiple, à chaque voyage, à chaque ville et à chaque pays, à chacun, à chacune des déplacements ou résidences temporaires, correspond une particularité bien spécifique répondant exactement à un impératif du travail hiérarchique en cours .

Rien n’est laissé au hasard dès que le service et les travaux en cours ou a débuter sont en cause .

L’incarnation est précieuse et toute perte de temps, toute inconscience est à bannir absolument des démarches humaines et de la vie de chaque initié .

dans l’œuvre à accomplir, la conscience de groupe est le pivot et va rendre l’initié, d’une certaine façon, dépendant de ceux qui l’entourent, lui apportant parfois un soutien indispensable dans la logistique sur le plan physique et des handicaps lourds et répétitifs sur les plans subtils dont le plan mental est l’objectif principal .

Ces moments extrêmement difficiles sont les croix inévitables auxquelles l’initié sera cloué aux coups de marteaux implacables que les disciples inconscients lui assènent trop souvent .

La coupure par l’éloignement ou la coupure radicale par le mental sont les remèdes nécessaires À ce genre de handicap et l’initié devra les appliquer même si son cœur inclusif ne condamne jamais .

Le service en dépend ainsi que les travaux du groupe global et rien ne doit détourner l’initié des objectifs principaux que l’extériorisation de la hiérarchie à laquelle il participe doit accomplir .

Lorsque les marées vibratoires conductrices touchent le sol terrestre, l’initié encore en retrait est sous dépendance parentale et il ne sera pas rare en ce début de xxie siècle de voir les maîtres en incarnation de mon ashram et surtout de Shamballa, être en contact avec ce milieu parental afin de mettre sur rails, sur le plan mental, ces parents qui, même conscients, n’ont pas évacué certains nœuds problématiques qui échappent a leur conscience objective .

les épreuves déformantes, psychologiquement, rencontrées dans la vie quotidienne sont très difficiles à surmonter et lorsqu’elles le sont, ou que l’on croit qu’elles le sont, bien souvent les racines profondes qui ont alimenté le mental par la compréhension et l’analyse, même nécessaires en un premier temps, ces racines sont si ancrées dans la substance du plan mental que seul un maître en incarnation va pouvoir y accéder de par son état christique et casser ce que la personne n’a pu rompre en elle-même .

Ce travail doit être fait afin que ces racines mentales aux images symboliquement effrayantes ne polluent pas dès l’enfance le corps mental du petit enfant, initié de haut degré, ce qui retarderait l’approche objective de ses travaux et risquerait de compromettre la clarté occulte nécessaire à son développement spirituel .

Dans cette optique, une connexion est prévue pour tout initié de haut degré accédant à l’incarnation et de plus en plus, le travail précité se fera, en espérant que les parents qui demeurent libres quant à leurs choix, n’auront pas le rejet du maître en incarnation chargé de cette importante connexion .

Ce relais humain est d’une importance capitale et vous en connaîtrez les signes qui seront divulgués ultérieurement comme un apport, un accent aux problèmes éventuels ou prévus de l’incarnation .

Certains parents pour ne pas dire tous, étant bien évidemment en processus naturel de liens karmiques, auront du mal à accepter le maître en charge d’une connexion spirituelle dont l’initié devra bénéficier dès l’enfance .

Ces maîtres maniant la qualité de premier rayon de mon ashram n’entreront pas dans une relation affective avec l’enfant, ces maîtres sont chargés sur le plan physique de continuer une longue relation de travail planifiée et dont les plans subtils doivent bénéficier pour l’humanité, en conscience de groupe .

Il s’agit, ici, de poursuivre en conscience ce que l’incarnation fragmente en apparence .

Ces retrouvailles sur le plan physique assurent à l’initié enfant encore inconscient objectivement de son appartenance, à ne pas perdre le fil de conscience familier par l’entrée intempestive dans les formes affectives ou mentales d’une famille qui n’est que le moyen de naître .

Mis en relation dès leur naissance avec un maître en incarnation membre de la hiérarchie ou de Shamballa pour certains, ils se retrouvent en terrain occulte connu et ce lien sans aucune affectivité rétablit un équilibre à celle, parfois envahissante que les parents font peser sur lui ainsi que les familles .

Le centre d’intérêt et de gravité de l’enfant est ailleurs et c’est cet ailleurs que la hiérarchie en son travail extériorisateur lui propose par la connection avec l’un de nos membres en incarnation.

Comment concevoir dans le tendre regard d’un enfant aussi vif qu’énergétique, une conscience intérieure qui dépasse en sagesse et en amour, en évolution et en degré initiatique, de loin, de beaucoup celle des parents? La dépendance physique d’un enfant laisse supposer face aux repères connus des parents, une dépendance à la fois affective et intérieure .

L’éducation devient alors une inversion intéressante où l’enfant, éducateur et initié, devient un pôle que les repères actuels ne peuvent que faire régresser en regard des données initiatiques qui font de lui un sage méconnu .

C’est pourquoi, à ces enfants qui reviennent au chemin des sauveurs du monde, le lien hiérarchique sera maintenu par la connection avec un maître qui dans l’incarnation, sera en relation intérieure de service avec la conscience de l’initié qu’il reconnaîtra pour tel et ne pourra traiter comme un enfant uniquement .

Ce cheminement, dès l’enfance, avec un membre de la hiérarchie sera le pôle fort de l’incarnation de l’enfant et l’accompagnement intérieur, purement hiérarchique, sera dépourvu de toute affectivité et sera le lien terrestre liant deux consciences en fusion avant la naissance .

Car depuis le conseil de Shamballa, certaines relations sont prévues de manière à assurer une continuité cohérente au service dans le cadre de cette extériorisation de la hiérarchie dont les membres en incarnation ou y venant sont appelés à œuvrer ensemble de plus en plus .

Il y a dans la main du tout petit, la paume tendue vers le ciel de l’initié dont l’ouverture du cœur s’accommode de parents sensés favorisé l’épanouissement du processus véhiculaire choisi dans cette incarnation pour un service planifié précis .

A lire les signes en totale reconnaissance de la personnalité apparaissant dans ce sillage, rien ne doit être entravé et tout accompagné, en ne mêlant aucunement l’amour sentiment aux premières années .

Mais les affects propres aux parents seront autant de handicaps et pour ne pas les alimenter ou leur donner trop d’importance, de plus en plus, la personnalité du groupe global sera mise en relation avec l’enfant, ce tout-petit à l’immense conscience, afin que soient régulées les energies nécessaires à l’harmonisation prevue ainsi qu’à la coordination médiatique avec les plans supérieurs de conscience .

La personnalité et l’initié encore enfant seront immédiatement en contact intérieur où les consciences en identification, permettront la reconnaissance mutuelle et l’accueil dans l’incarnation .

La coupure apparente avec Shamballa que tout initié doit retrouver en conscience au chemin des sauveurs du monde ne sera plus que continuité de conscience en réalité d’appartenance et ces retrouvailles sur le plan physique ne seront que réalité posée dans l’expression, dans la matière et sur tous les plans concernés par le processus energétique qu’engendre le service en ses lois occultes .

Cette reconnaissance intérieure maintient sur tous les plans une stabilité dont le maître en incarnation de sixième degré porte la responsabilité face à la globalité de l’enfant qu’il est le seul à vivre avec ce dernier .

Les parents, eux, apprendront beaucoup ou auront à souffrir en leurs egos, c’est selon, pour ne pas entraver la marche évolutive récapitulative de l’initiation majeure à retrouver, il sera bon de dépoussiérer toute relation des sensibilités et nœuds psychologiques qui relient enfants et parents de par les problèmes particuliers de ces derniers .

Les routes seront semées d’embûches, c’est là que le maître en incarnation, en silence, gérant les énergies sur les plans intérieurs pourra, en servant de tampon, maintenir et rétablir les court-circuitages inévitables au statut même de parents .

La voie de la naissance traditionnelle est choisie en fonction d’une fraternité solidaire de tous sur ce chemin terrestre difficile, et c’est en vivant ce que vivent les hommes et les femmes que l’initié sauveur du monde rend son parcours crédible et sa compréhension, sa compassion, son efficacité et parfois sa dureté, qui n’est que neutralité, opératives pour les autres et le monde .

Aux pétales dispersés qu’éparpille le vent, des notes se posent à la portée du temps que l’espace en secret ouvre au cœur en partance .

A ces arrivées d’enfants-christ, le rythme ainsi créé forme des rails que la terre accueille, fondation mouvante, trajectoire légère que les pas aux empreintes emeraude-diamant reviennent faire au sentier des sauveurs du monde .

a ces notes colorées qui harmonisent de leurs tonalités légères et diaphanes les yeux de ces enfants-christ, la vision globale, un instant oubliée, libère en son espace universel des énergies fortes dont les expressions sur le plan physique s’organisent, attirées par une flamme de bougie qui n’est que l’idée perçue en son absolu de la flamme christique à retrouver aux dédales d’un parcours humain en souvenance d’ailleurs .

Cet ailleurs présent dont la vie n’est que le tapis et l’incarnation le vase au fond opaque que l’ouverture du cœur rend cristallin en ses résonances .

aux blondes échappées que la conscience objective fait en ces espaces sidérants qu’accueillent et bouleversent les idées reçues, les références données, les repères devenus obsolètes, l’homme, la femme ressent ce «quelque chose» de différent qu’émane le cœur ouvert et que sans l’ombre d’une hésitation, sans l’ombre d’un doute, va retenir le cœur, le regard, cette intuition qui, inconnue encore fait profiler à l’âme les merveilles à portée de vie qui vont croiser, le temps d’un moment, une vie difficile où se débat en ses illusoires rencontres, l’ego .

Cet instant-là est un échange energétique magnifique dont le potentiel, ressenti comme une attraction, va bouger au cœur des énergies déjà en mouvements instables d’évolution .

Quand un cœur ouvert en est l’objet, aucun lien karmique ne peut être engendré tant la conscience intérieure est porteuse d’aide et de recours au moindre besoin, négligeant l’envie qui est supposée en face, ce moteur trouble que l’illusion récupère en ses filets du mental pour former une projection de ce qui n’est en somme que besoin spirituel déguisé aux normes faussées des apparences .

Le cœur ouvert, en sa totale liberté, en sa globalité, inclut et exprime, vit et transmet la réalité, nue et débarrassée de tout mirage, de toute illusion .

C’est ainsi qu’il peut, en toute clarté, donner et recevoir sans interférence de l’ego, sans omission, sans rejet, sans rien que l’amour, pour tous, cet amour dont tous peuvent se nourrir et sans possibilité de déviation telle que familiale, amoureuse, passionnelle, filiale, amicale ou autre .

Dans cet espace grandiose d’un cœur ouvert en vivance, retrouver les forces universelles qui entrent aux fondements de l’intériorité est un moyen d’avancer harmonieusement sur la roue évolutive qui un jour ou l’autre, vous met, la tête en bas, hors de pouvoir d’action, les pieds renversés et avides d’un sol solide où poser ses pas .

Ceci est valable pour tout un chacun et pour l’initié qui enfant, adolescent et adulte va devoir récapituler les plusieurs révolutions de la roue initiatique de cette fortune intérieure, en conscience avec celui dont rien ne peut être dit .

Le maître en incarnation a alors la possibilité du dialogue intérieur, sans aucun discours apparent, avec cet enfant ou plutôt avec ce qu’il est et non son apparence .

De ce dialogue intérieur, jaillit la double appartenance qui en conscience existe depuis la hiérarchie ou Shamballa, mais n’est encore pas objectivable par la personnalité en incarnation qui  vient  d’arriver .

l’enfant est relié  en conscience  au maître  en incarnation  qui  va obligatoirement croiser son chemin, comme prévu, et cette appartenance hiérarchique commune va pouvoir être vécue plus facilement dans cette nouvelle incarnation de service, grâce a l’expérience humaine – hiérarchique de consciences objective et globale du maître en incarnation, cette reconnaissance, cette liaison forte, cette fraternelle solidarité des cœurs ouverts, je l’ai déjà mentionné, n’est jamais affective et ne doit pas l’être .

Aux sombres accents d’un océan démonté, le soleil plaque aux crêtes blanches des vagues les accents rieurs d’une nature en joie à laquelle l’homme, soucieux de ne pas se fier, prête en sa méfiance les projets les plus noirs .

Et pourtant à ces mouvements que créent et accompagnent la rotation des marées, l’harmonie naturelle profile ses changements de cycles, pour affirmer, en ses certitudes océanes, ce qu’est, dans le fond, l’apparence démontée d’une stabilité profonde .

L’équilibre ainsi revu et compris n’entraîne que beautés perfides à l’homme, qui trop statique en son mental, ne peut entrevoir la qualité harmonieuse qui défie temps et espace parce que, justement elle y participe, s’en nourrit et en renaît, plongeant au sein des formes matérielles les Longs rayons équilibreurs des divines qualités à exprimer .

Tout ceci est inquantifiable et de cycles en tempêtes, le soleil, véritable chef opérateur de ces scénarios ondoyants, offre à la nature le projecteur glorifiant de ses plus belles performances alors que, se cachant parfois, ses effets surprenants, en accusent la radicalité .

Aux regards glissant superficiellement aux choses de la vie, donnez ces accents impétueux, afin de voir ce que cachent en leurs lumières, les formes opaques du mental, nourries d’illusions et peuplées de mirages .

A ces spectacles chargés par les regards en leur subjectivité, à ces yeux aveugles, à ces scènes précises de troubles ravageurs, que délicatement le cœur parvienne à se reconnaître aux fenêtres béantes d’une nature qui, familière ou étrangère est toujours l’amie ou l’ennemie, selon que les mouvements cycliques ainsi perçus par l’homme s’accordent ou non à ce qu’il souhaite .

Mais si d’un cœur ouvert et donc serein, l’homme donnait à la nature son adhésion inconditionnelle, alors de cycles en fins et de débuts en initiations permanentes, il verrait en tout,   opportunité   intérieure   et   en   soi,   les   beautés   fulgurantes   imperceptibles aux conditionnements dont il est devenu le prisonnier .

A ces enfants qui arrivent au seuil terrestre du service, donnez l’amour de l’adhésion aux cycles naturels, quels qu’en soient les effets et ne taxez plus de beau un temps qui vous convient en vos envies les plus fortes mais voyez et dites la beauté que toute manifestation non désirée met en vedette dans la nature .

Ce qui revient à ne demander à la nature que ce qu’elle est dans l’instant et vous amènera en un second temps à tolérer en l’autre ce qu’il est et non ce que vous en voudriez obtenir .

pour ne plus vivre dans le discours, il faut être pour l’autre et dans la nature, le réceptacle parfait de ce qu’ils sont en l’instant .

La demande est une envie qui a ses sautes d’humeur .

L’attente en est le port fragile auquel la joie ne trouve pas de halte .

Soyez un port de joie auquel vents et marées trouveront la voie du cœur et dans l’enthousiasme servez non les envies mais les besoins .

Ainsi, ensemble, œuvrons .

J’ai dit! Aux voies sereines de la sagesse antique, apportez l’appui vivant de l’expérience, et d’un cœur de plus en plus serein et calme, ouvrez l’univers à toutes ses manifestations dans l’accomplissement de ses multiples apparences dont vous êtes .

Ainsi aimez .

Ainsi communiquez .

Ainsi transmettez .

Lorsque le vent se déchaîne aux tempêtes énergétiques d’un soleil brûlant, participez à ces caresses dont la synthèse, en divergeant, installe au monde ses complémentarités .

Et ainsi soyez vents et soleils en l’intériorité, vous pourrez alors apporter calme et mouvement, ces deux pôles évolutifs essentiels dont le cœur et l’âme ont besoin mais que dans son aveuglement l’ego fuit .

Exister en vibrant requiert stabilité et autodiscipline .

Ce qui vibre ne doit en aucun cas être le non-soi .

Ce qui vibre est ce qui en vous peut être transmis de divin, ce qui pour le plus grand nombre est utile .

N’en font partie ni la sexualité, ni les amours humaines trop sentimentales .

Ceci est bien loin de la vibration de l’ego qui nourrit l’existence d’envies renouvelées et de sensations vibrantes .

Que de malentendus!! Les enfants initiés en arrivance dans l’incarnation auront besoin de cette expérience de vie-là qui ne peut être vécue, et qui l’est, par les maîtres en incarnation membres de la hiérarchie .

Ces pôles non-affectifs, dépouillés des scorisantes faillibilités d’ordre purement psychologique leur seront nécessaires, comme l’air aux poumons, pour garder les fondements du lien indissoluble de l’appartenance hiérarchique .

Actuellement l’ordre purement humain en ses références établies ne permet pas ce détachement total que seuls connaissent les maîtres en incarnation .

Leur expérience de vie fondée sur la globalité des plans peut seule donner aux enfants les bases justes du non-attachement aux liens humains sourceurs de pathologies psychologiques handicapantes .

Les parents ne sont pour la plupart pas armés sur ce plan-là, l’affectivité est encore trop présente même si la conscience est grande .

«vivre et dire ; entre vivre et dire, il y aussi loin qu’entre intention de service et servir .

À l’enfant qui renaît en puissance d’énergies hiérarchiques, l’incarnation est une embarcation où la famille pèse au service .

Il en sera ainsi jusqu’à ce que les enfants, un jour, deviennent, dans l’incarnation et en conscience, les parents de leurs frères de la hiérarchie .

Ce qui nous amène dans un XXIe siècle bien avancé, voire un XXIIe siècle .

vingt-deux étant le nombre de l’adepte .

dans la turquoise ondoyante des caraïbes, observez le secret de la transparente densité qu’en globalité les plans supérieurs synthétisent au plan physique et dans le récipient d’eau que vous en prélèverez, voyez comme hors de la masse marine l’eau, totalement transparente, offre à l’œil une neutralité de couleur .

L’impersonnalité de l’initié y est analogue lorsque la personnalité est immergée à la densité de ses colorations physiques auxquelles se méprennent les disciples ignorants qui, encore, ne le vivent pas .

Comprenez au symbole de l’eau la fluidité mouvante d’une personnalité à l’œuvre sur le plan physique et de la complétude de ses colorations, retenez la richesse des notes mises en œuvre pour le service .

Et si vous le pouvez, immergez votre conscience à ces limpidités vibrantes du liquide turquoise dont l’œil se rassasie, en mer, et auquel le cœur aspire dans l’incarnation et sur tous les plans .

Mais le pourrez-vous? Il est parfois si difficile de voir en réalité ce que le cœur pressent de réalité .

Il est parfois si peu aisé de trouver les symboles en leurs analogies parlantes et d’en extraire la vie, par- delà l’apparence .

En ces eaux turquoises où plonge votre regard, laissez-vous aller à la richesse de la vie sous-jacente, comme il vous serait possible de le faire au cœur ouvert du maître en incarnation, Si seulement vous reconnaissiez en lui la profonde richesse de sa divine appartenance globale qui fait de la turquoise caraïbe sa sœur et par analogie un symbole lourd de signifiance au bruit berceur du rythme des rafales d’un vent fort, sondez l’espace «visuel que le paysage offre à votre regard et trouvez dans l’immobilité d’un pur ciel bleu, ce qui ne bouge aucunement, les nuages suspendus dans un ciel tropical .

En leur relief de clarté, en leur blancheur aux volutes grises, ils adhèrent à l’intemporalité malgré vents et marées .

À leur constance, à leur maculante blancheur enlacée aux deux, à leurs formes variées éphémères, à ce dénominateur commun du vent qui les réunit sans les disperser, ouvrez les yeux, plongez l’âme .

Là, face à vous, la nature en ses originalités fantasques force l’admiration et dévoile ce qui en l’homme vous échappe, spécialement lorsque c’est un cœur ouvert .

A ces vents qui rendent fous ceux qui n’entendent que leurs plaintes, projetant autour d’eux les abîmes castrateurs de leurs négligentes absurdités, à ceux qui n’ont qu’oreilles sans écoute et bruits sans signification à la bouche, à tous ceux-là les vents sont odieux et le cœur ouvert inconnu ou ignoré, lui qui peut d’un regard provoquer la tempête énergétique qu’attend votre âme pour se manifester .

Que la nature est belle en ces analogies à décoder ! Il y a dans chaque goutte d’eau de mer, la potentialité vibrante de la couleur globale de la masse marine d’un océan et pourtant la couleur dans la goutte est insaisissable à l’œil .

Il en est de même pour l’initié et l’humanité .

Le premier renferme en lui ce que la seconde est en son potentiel de réalisation .

Changer le monde ou en tout cas y devenir apte équivaut à voir en puissance l’humanité toute entière dans le cœur ouvert et en même temps un cœur ouvert potentiel en chaque membre de l’humanité .

C’est ce que l’extériorisation de la hiérarchie propose à ceux qui peuvent reconnaître .

Allez et reconnaissez, plongez aux océans, aux mers et que le cœur ouvert retienne votre attention, je ne peux que vous y souhaiter l’immersion en ses énergies et en toute conscience .

A ces dégradés de bleus et de verts que la mer et le ciel marient sur l’horizon, voyez la palette étonnante d’une création sans cesse renouvelée .

Aux ébauches qu’en esquisse le vent et que les regards tentent de fixer sur la carte d’un ciel en suspens, redessinez, aux bouleversements changeants qui s’y greffent, la mobilité sublime d’une nature en constant épanouissement et prenez pour exemple, en exemple, toute la magnitude dont elle vous comble, en laissant en vous une place en constance et en conscience à la mobilité que fait d’un regard neuf, la chance de ne pas construire mais de sans cesse découvrir ou créer .

Cet émerveillement-là est lié à l’enthousiasme de l’initié qui en mobilité de cœur, ouvre l’univers à la carte de l’incarnation qu’il parcourt en pionnier tel un avatar des temps modernes .

Osez .

Aimez .

Bougez et que, si le changement devient l’harmonie constante de vos actions, le rythme qu’il implique brise en ses accents tout ce qui gêne la créativité dont la base est le cœur et son ouverture le seul moyen .

Le corps physique repu ne connaît que nuisances, le corps physique, avide, ne connaît que plaisances, le corps physique rassasié ne connaît que constance en ses désirs renouvelés .

En ces atterrissages émotionnels et mentaux, le corps physique, sans être un principe le devient et aux principes de ces pulsions vives, le courant vital s’épuise et l’ego se repaît .

ces croix meurtrissantes qui crucifient les énergies supérieures, seront épargnées aux enfants membres de la hiérarchie qui s’incarnent actuellement, non par les parents, trop aveuglés souvent par les déviances sociales que plaquent aux distractions les regards affolés en leurs fuites débiles, mais par le maître en incarnation, placé au croisement de service dont les embranchements mènent aux parties du plan dont l’un et l’autre sont et sera en charge .

Aimez l’aube de chaque renouveau et en conscience accompagnez-la en sa lumière naissante jusqu’à maturité .

Ce service, même s’il vous paraît tout petit, est un projet hiérarchique et chaque début pour un maître en incarnation est pris en compte comme un trésor précieux, comme une joie profonde .

Chaque dérive porte en elle une possibilité de redressement dans le mouvement même qui vous y pousse, quand une prise de conscience se fait à ce sujet, surtout ne pas s’arrêter mais continuer dans le mouvement en orientant le cœur différemment .

A suivre le cœur sans pulsion sentimentale, on peut court-circuiter le mental, c’est ainsi qu’une dérive peut se transformer en tournant réellement positif si le rythme, accéléré par la conscience renaît de lui-même et crée ainsi sa propre harmonisation .

N’ayez pas peur de la dérive mais osez accentuer le mouvement, sans peur, pour ne pas perdre le rythme divin .

En cette nouvelle lune du bélier, en ce 23 mars 1993, le contact maintenu sans problème majeur (que ceux dus à ses travaux de digestion énergétique) est favorisé par un séjour à Punta Cana, en un endroit précis de la planète et pour des raisons particulières qu’il est bon de vous transmettre .

En effet ces raisons sont uniquement liées au service et non au plaisir de découvrir pour ma médiatrice, un lieu différent où n’entreraient en ligne de compte que repos et vacances, distractions et calme .

Ce point précis, situé en république dominicaine a été choisi en fonction du service et du contact énergétique en priorité .

Mais telles en sont les raisons diverses : 1)  climat tonique, c’est à Punta Cana que se trouve la frontière entre mer des caraïbes et atlantique, ce qui tonifie considérablement l’air qui ne ressemble pas ici au poids humide et chaud débilitant pour l’organisme, qui caractérise le climat tropical en général .

Ceci facilite une tonicité à la fois physique énergétique et mentale, importante .

2)  le travail de nettoyage du plan mental assuré constamment, sans considération de repos, par L .C ., avec tous les disciples participant à la conscience de groupe, est épuisant .

Arrivé à ce stade de travail, en fonction du groupe, le processus véhiculaire de L .C . avait un urgent besoin de mer, de soleil et de vents .

Ajoutez à cela que le besoin d’air pur, non pollué, était aussi, pour L .C . une urgence, compte-tenu de la pollution constante qu’elle rencontre sur tous les plans de service .

Et c’était l’endroit idéal .

3)    la cocoteraie ombrant ici la plage est une allégorie aux dévas du lieu, très présents et protecteurs .

le soleil joue à l’ombre et inversement l’ombre se repaît de soleil en un mouvement doucement bercé par les alizés qui, ici, sont autant de caresses aux corps qu’aux énergies supérieures dont elles facilitent l’apport et la transmission .

4)  la coupure mentale nécessaire, qui n’interrompt aucunement le travail avec les intériorités sur le plan mental, était indispensable .

Les disciples l’ont faite puisqu’ils ne peuvent imaginer le lieu non plus que le rythme de la vie quotidienne de L .C . qui continue les constats sans les inconvénients venant des disciples qui y sont liés .

5)   un travail particulier, lié au service et à l’extériorisation de la hiérarchie était prévu dans ce cadre de Punta Cana et il concerne un bébé en incarnation, initié, dont L .C . a la charge et la responsabilité sur les plans subtils qu’il fallait débarrasser de certaines énergies polluantes qui encombraient le corps mental de la mère en ses racines psychologiques .

Ce travail est accompli – ici .

6)  enfin ce que je travaille à communiquer, en identification de conscience avec L .C . demandait symboliquement un cadre précis, lié aux tropiques et ce, parce que vous le savez, tout ce qui est transmis dans cette phase de l’enseignement doit impérativement être vécu par le maître en incarnation qui en a la responsabilité .

7)   le club méditerranée, pourquoi? Parce que c’est la structure la plus pratique pour aller loin, rapidement et en toute sécurité et que vu la mobilisation actuelle sur la planète des forces noires, il est indispensable de ne pas prendre de risques inutiles .

L’obéissance occulte (voir le maître en incarnation, les groupes et Shamballa) n’est jamais remise en cause au stade de L .C . qui, quelles que soient les dites tentations mondaines d’éparpillement, ne peut absolument pas y «succomber» dès que le service est en cause et en priorité, ce qui est le cas .

Et maintenant pourquoi ai-je donné ces 7 points précis liés à ce séjour à Punta Cana? Parce que nous savons hélas que les disciples, n’étant pas aussi clairs qu’ils veulent bien le laisser entendre, pourraient un jour ou l’autre, se saisir des apparences à l’encontre des causes, semant au mental de chacun un trouble concernant L .C ., partant avec une amie au club méditerranée pour un séjour de vacances .

Ce qui n’est pas le cas .

L .C . dans chaque déplacement est motivée par le service et bien souvent quelques jours avant de partir, elle ne sait pas où elle ira ! La nouvelle lune du bélier est un renouveau permettant des initiatives nouvelles et des démarches novatrices, les sept points qui précèdent font partie de la vie même dans l’incarnation de l’extériorisation de la hiérarchie, où sans personnaliser, les données précises ne doivent plus être laissées aux mentais récupérateurs mais être livrées clairement, sans autre possibilité de déviations probables à une réalité que les maîtres se doivent de rendre accessible .

Et ici, j’ose espérer que c’est parfaitement clair .

La beauté toujours délicate d’un paysage, quel qu’en soit l’impact harmonique sur l’émotionnel ou la sensibilité, est une goutte d’intensité eternelle qu’une réalité, gavée en ses formes, engendre de mouvements dont l’intemporel seul semble avoir figé les douceurs .

Le regard s’y noie tandis que les yeux y fouillent avidement pour en déceler les moindres détails à fixer une fois pour toutes au souvenir que la mémoire en gardera .

Mais le mental ne sait que dévier et le souvenir deviendra forme lumineuse au cristal fragile de ses transparences fuyantes .

Et aux aubes qui se succèdent, les images, effacées, ne seront plus que mots vides de couleurs fanées .

Ce qui reste à l’ouverture du cœur est bien autre chose .

là, quand l’ouverture est acquise, l’univers intérieur, directement relié aux univers manifestés et potentiels, ourle de créativité l’essence même de ce qu’il a perçu, rendant à la beauté sa source réelle, il la rend accessible et impliquant à cette manifestation les énergies les plus hautes, ajoute à l’essence, un monde vibratoire invisible dont la rencontre avec un cœur, une âme, déterminera d’autres beautés, une autre créativité, et ainsi la chaîne spirituelle invisible de l’humanité poursuit son chemin aux racines divines de l’humain, dans l’incarnation, ancrant la lumière au sol par la voie simple du cœur que n’obstrue plus le mental .

C’est ici, ce que nous pratiquons, en identification de conscience avec ma sœur L .C .

La simplicité est en soi un élément essentiel à toute démarche quelle qu’elle soit, intérieure ou extérieure .

L’épuration qui y mène et en ouvre la voie n’est pas si simple, car tous les éléments qui se greffent à chaque pas, étaient déjà présents tout en échappant complètement à la conscience objective .

C’est pourquoi toute simplification, entreprise en toute conscience objectivement volontaire d’avancer est apparemment, et en réalités à dépasser, extrêmement compliquée .

La complexité engendre, par les prises de conscience, une quantité de parties oubliées, inconnues, insoupçonnées, refoulées, que le mental architecture, cache, déconnecte de ses priorités égotiques, afin de prendre le dessus .

Il y réussit très bien, car chacun lui donne avec beaucoup de constance les nourritures favorites de l’ego jusqu’à établir en ces structures bien agencées en leurs «trucs», des vérités si logiquement affirmées que personne, face à l’assurance de l’ego, ne mettrait en doute .

Et pourtant! La simplicité ne s’accomode de rien, et plus on y tend plus elle échappe, avalée par ces complications débordantes que le mental assoit comme logique simple, alors qu’elle est simplement fausse .

Le premier pas pour accéder à la simplicité est, quel que soit l’enjeu (la polémique, la critique, l’injustice même formulée par un autre sur soi) de l’accepter totalement comme une vérité qui s’applique et ne pas réagir contre .

Ceci, fait consciencieusement, pour tout, aide terriblement les énergies supérieures à accéder aux sinuosités psychologiques qui les bloquent au plan mental .

Il est donc important de faire taire toute réaction devant une attaque injuste ou une revendication .

En réagissant à ce qui vous semble injuste à votre égard, vous amplifiez ce qui a pu s’accrocher à quelque chose en vous .

en y donnant de la force énergétique puisée aux trois mondes, vous densifiez et affirmez en vous le noyau déjà existant, enfonçant les racines qui vous ont ébranlés, jusqu’à la réactiver plus sûrement et leur donnant prise encore un peu plus sur les plans concernés .

C’est ainsi que de réactions en réflexions aigres sur ce qui a blessé ou touché, se crée une forme mentale symbolique des effets, déterminée par la cause enracinée depuis l’enfance, une autre vie ou un événement traumatisant, et de réactions en réactions sont stimulées, restimulées des adhérences tentaculaires qui emprisonnent de plus en plus l’ego à ses propres pièges et cachent aux énergies de l’âme une voie simple et directe que le mental obstrue .

Donc, à la lumière de ce qui précède, ne pas rejeter ce que l’autre ou les autres vous mettent sur le dos, quoi que ce soit ; à l’accepter vous serez gagnant et dites-vous toujours que si une agression verbale vous touche jusqu’à motiver une réaction c’est que cette agression a touché effectivement en vous un point précis noué depuis longtemps et inconscient .

C’est pourquoi de deux choses l’une .

Ou bien l’agression est juste et vous avez intérêt à travailler tout de suite à la réaction, c’est-à-dire sur vous-même en conscience .

Ou bien c’est injuste et où est le problème puisque vous le savez?! Mais attention, si c’est vraiment le cas, c’est au silence de dieu que cela se règle et certainement pas en allant s’épancher sur ce qui a été dit et pourquoi, en remettant la faute sur l’autre .

La simplicité s’acquiert ainsi, elle est une détermination à contacter les plans supérieurs et leurs énergies, si nettes, qu’elles sont directes, brutales souvent et accessibles en rectitude, simplement .

Fuyez la complexité qui n’engendre au mental que formes supplémentaires et crée l’illusion au plan physique où elle se régénère parmi les labyrinthes des dédales psychologiques auxquels elle demeure confrontée .

Se simplifier c’est donner à la complexité une chance de se désagréger aux parties inutiles dont elle est formée .

etre simple c’est ne jamais croire que l’on est arrivé à quelque chose de fixe, c’est donner une chance à l’évolution de poursuivre son mouvement en nous et donc de ne jamais affirmer quoi que ce soit d’intérieur avant que cela ne soit vécu à tel point que les autres en soient, sans discussion, convaincus par leur cœur, s’il est ouvert un tant soit peu .

La grande force de la vraie simplicité est l’absence totale de susceptibilité .

C’est lorsque rien de l’autre ne peut s’accrocher à ce qui existe en vous .

Plus vous êtes exaspéré face à quelqu’un, plus ce quelqu’un vous met réellement face à votre ego donc à votre complexité, ingérable et destructrice, menteuse, hypocrite et inconsciente .

Compte tenu du fait que l’exaspération, le rejet, sont des formes toutes premières de la prise de conscience .

Mais quel travail il vous reste ensuite! C’est pourquoi il serait bon de commencer à la seconde .

L’orgueil est un gros handicap à la simplicité en tout parce que c’est le seul qui puisse faire taire, devant une agression, les réactions de l’ego, tant il est intimement convaincu et sûr de la stupidité de l’agression verbale qu’il remet en cause, sans remettre en cause les complexités dont l’ego est l’objet .

L’orgueil est bien dur à déraciner, il est l’eau et la terre, la nourriture et la base des racines du mental alimenté par ses propres déviations formelles sur lesquelles l’ego, avec assurance, se détermine et s’appuie .

Le maître en incarnation, purificateur du plan mental aura beaucoup de mal physiquement avec les digestions de ces énergies fortement teintées d’orgueil parce que les forces noires y sont à l’aise pour investir et récupérer .

Si le disciple à aider ne peut, en toute bonne foi, se débarrasser de la complexité de l’orgueil, il faudra, dans certains cas, renoncer à intégrer une telle conscience trouble à celle du groupe .

C’est alors que le maître en incarnation pour préserver la conscience du groupe global et ses véhicules, s’isolera afin de rompre le nœud même qui risquerait à la longue, non seulement d’entraver le service mais aussi de porter atteinte à ses véhicules .

Il y va donc de sa responsabilité face au service et uniquement du service .

Ce qui risque évidemment encore de n’être pas compris .

Donner à boire et à manger, aider revient souvent à détourner ceux qui en profitent de ceux qui y contribuent .

Je parle en fonction des egos et des personnalités donc face à la personnalité .

Mais c’est bien évidemment sans importance .

Les initiés de la grande loge blanche qui viennent en incarnation, en christ, auront du mal vu la complexité actuelle, à récapituler leurs initiations, de moins en moins toutefois puisque les contacts sont prévus avec des maîtres en incarnation de sixième degré de préférence et si possible, ces derniers ayant expérimenté ce travail bien particulier à l’extériorisation de la hiérarchie seront les enseignants les mieux placés pour l’intériorité à aider initiatiquement .

La vie de l’âme est précieuse à l’enfant qui s’incarne .

Pour l’initié qui arrive, elle est fondamentale et le corps causal qui en disparaîtra est rempli du projet hiérarchique qui n’est que continuité de travail et de conscience au maître bientôt opérationnel dans l’incarnation .

Aux initiés la vie n’est jamais donnée, elle est transmise, à charge pour le cœur d’y ouvrir totalement ses divines capacités à la synthèse inviolable qu’il vit ensuite et déjà .

C’est ainsi que le cœur à cœur n’est plus que globalité synthétique en ouvertures conjointes .

Ce, vu du plan physique que foulent les membres de l’ashram du christ – en toute conscience -même bébés! Lorsque la paix est au cœur, le temple de la vie est partout, en soi et donc où que l’on soit .

Lorsque l’ouverture du cœur est consommée, Shamballa par-delà, dedans et vers l’extérieur est présent, au sein de tout ce qui est entrepris .

Ces rives turquoise – saphir que les caraïbes déposent aux regards sont dans une certaine mesure le négatif de l’image idéale que vous pourriez imaginer des rives sacrées emeraude-diamant de Shamballa .

Et en cette contrepartie physique, la beauté commune et différente qui les distingue et les unit peut parler au coeur en toute quiétude afin d’en accélérer l’ouverture .

Echanger avec la nature jusqu’à l’osmose, dont la communion n’est que pâleur acidulée par l’ego, c’est recharger, au silence de dieu, les batteries humaines nécessaires au service du plan .

plonger ses véhicules à la globalité d’une nature qui s’offre, c’est vivre, d’un sort commun, une mise en danger du tout par les hommes et les femmes qui n’en ont pas encore compris toutes les beautés, toute la vitalité puisée, ici, en celui dont rien ne peut être dit, qui, d’une certaine manière, nient en eux, toute possibilité d’accès à plus, à mieux, à beau .

Même à l’oiseau qui pose ses pattes fragiles à la palme docile que berce le vent, accordez cette attention souveraine sans laquelle le divin ne peut tout à fait communiquer avec le cœur .

C’est par la communication que se fait l’osmose intérieure au tout, la communion ne fait que rapprocher deux expressions parallèles ou en dualité, sans régler les autres .

Plus la synthèse s’exprime et plus la communion qui vise l’union et non la fusion recule au monde d’une profusion qui s’auto-engendre .

Si tous les chrétiens qui communient tous les dimanches en christ l’avaient réalisée en eux-mêmes, y avaient accédé en volonté de conscience et en synthèse comme les cœurs ouverts, la planète connaîtrait moins de problèmes ! L’horizon n’est que l’ouverture à d’autres dimensions que le mental anticipe et connaît en ses formes, que la raison logicielle organise et que le cœur, lui, se contente d’intégrer en son ouverture, ajoutant horizon et ouverture en une succession de largeurs que rien ne l’eut arrêter ou limiter .

C’est ce que suggère un horizon qui se perd en mer, mais il faudrait y prêter réflexion et cœur .

Quand l’heure s’affirme aux composantes structurelles du temps, l’espace ouvre sa fuite à la raison qui ne peut en cerner les circuits illimitants, et les bases abstraites qui font des heures nos réalités s’estompent aux décalages horaires qui en découlent .

A ce langage commun codé par toute la planète, une réalité relative gère les journées et les nuits en leurs successifs retours et de l’Amérique à l’Europe, des caraïbes à la mer noire, du pacifique à l’atlantique, des hommes, des femmes, parlant d’un même fuseau horaire, le découpent aux différences d’un éloignement que seul l’espace-temps peut résoudre .

Mais qui s’intéresse à l’espace-temps du moment que l’heure tourne à ses abstractions logiques, décidées par l’homme et qu’il rythme maladroitement en ses déplacements forcés ou de plaisance .

mais quand une guerre éclate, de jour ou de nuit, ici ou là, l’homme ignore l’heure pour y rassembler ce qui le sépare de son ennemi et attaquer au mieux, réduisant l’espace à son bon vouloir temporel et accédant aux horaires remodelés qui arrangent ce même bon vouloir pour casser le rythme des autres .

S’arrangeant avec lui-même, pour lui-même, l’homme gère une planète qu’il domine de par sa technique et sa logique, mais dont l’essentiel, en lui, échappe encore a ses raisonnements les plus osés .

Ouvrez l’horizon en votre cœur et écoutez ce qu’en rythme grandiose la nature peut vous apprendre de vous-mêmes .

Si la plume court sur le papier tandis que les énergies y posent des mots aux courbes signifiantes, c’est que le calme paisible de l’identification de conscience a lieu d’être aux termes globaux de ses approches multiples .

Cette identification de conscience, vécue en pleine nature est un plus au travail et puissiez-vous chacun en percevoir la juste résonance puisée aux cieux et à la mer, aux vents et à la végétation, aux parfums, aux odeurs, aux bruits, aux chants des oiseaux, aux notes acides des grillons et à cet oxygène, à cette pureté limpide qui imprègne ici les cœurs ; que le mental en soit bousculé pour mieux lâcher prise à ces formes dures en surface et vides de fond .

A respirer la brise alizée présente à ces lignes, retrouvez en votre cœur le souffle puissant capable de bouger et de casser vos formes mentales .

Vous éviterez ainsi une surcharge de travail aux lourdeurs du plan mental au maître en incarnation et ainsi, aussi, vous servirez et serez utile à l’humanité toute entière .

Alors, qu’attendez-vous? Aucune opportunité n’est due au hasard .

Chaque rencontre, chaque impact énergétique qu’elle engendre, est une voie, un tremplin ou un test parfois .

Voir les écueils où ne pas retomber indique une compréhension intérieure, un pas sur l’ego et ses difficultés dont le tunnel sombre ne laisse pas entrevoir de sortie .

A chaque regard ou mot échangé, une ébauche d’esquisse sur soi prend forme et attention à la forme qui sera donnée et au sentier ensuite suivi .

Dans l’ivresse humaine d’un début amoureux, se trouvent à la fois l’illusion automatiquement présente, reflet des subjectivités en présence et la solution réelle de ce que devrait être cette relation qui peut-être n’est pas destinée à devenir amoureuse .

A ces illusions qui balladent leurs tentations d’un sentiment à un autre, faisant flancher les cœurs avides et dans lesquelles se perdent les têtes folles, sont pourtant cachées les justes réalités de la relation qui bien souvent échappent aux objectivités .

Et c’est ainsi que de mariages en adultères les fausses pistes sont suivies par des egos en déroute dont les chutes se transformeront en tremplins et les déceptions en apprentissages .

Pourtant aux regards, aux rires, aux cœurs, les rencontres ne sont pas fortuites et sans agresser la vie de l’autre, il y a parfois des rives à découvrir, des eaux où plonger, des pays à conquérir, des sentiments à dénouer et des lois à appliquer .

L’amour est toujours présent lorsqu’un des partenaires est un maître en incarnation .

Mais quand je mentionne ici l’amour, c’est ce qui, en général, dans une relation est laissé au vestiaire, au profit de sensations où de tiraillements en tiraillements, les amours s’épuisent de n’être pas .

L’amour dans une relation, quelle qu’elle soit, est la base et son réel projet intérieur .

À la rectitude de l’amour vous décèlerez la réalité de la relation, sa portée humaine, spirituelle et divine .

Mon frère D .K .1 a parlé de plus justes relations humaines, et elles sont de plus en plus nécessaires au monde .

Mais cela implique absolument l’amour en son total détachement, l’amour dont le cœur ouvert seul est capable, qui ne fait aucune différence entre les êtres .

Le sentiment n’a pas sa place ici, lui seul favorise les amours, alors qu’en amour, le favoritisme est inconnu, c’est-à-dire absent .

À la joie d’un échange donnez la clarté optimale de votre cœur et soyez aussi authentique qu’il vous est possible d’être .

D’un cœur ouvert, si vous en croisez un, vous apprécierez l’amour inconditionnel dont il vous englobera, rendant à votre cœur ce qui depuis longtemps échappe à votre conscience objectivement limitée .

Et si dans les choix que vous faites des erreurs se glissent, engageant à la légèreté des sentiments la vie des autres outre la vôtre, dites-vous qu’aux choix que vous ne faites pas, il en est de même et dès aujourd’hui, saisissez toute rencontre comme une opportunité de service, d’ouverture du cœur et d’amour .

Ceci est même valable dans le domaine des affaires, ne limitez rien à la relation amoureuse, au contraire .

Et ainsi vivez, en conscience si vous le pouvez, ce que vous avez à vivre .

en ces heures troublées où les sens n’ont plus que résonances utilitaires parce que les cellules vibrent réellement au divin et non à la vibration des autres, il est très difficile de communiquer l’état de clarté dans lequel la conscience christique, donc celle de l’autre dans l’absolu, se retrouve, par le cœur ouvert, en harmonie avec ce qu’est l’autre au moment, sans y répondre de la même manière .

Cet état d’amour qui passe par les moyens que sont les yeux, la parole, le contact, et n’est vécu que par l’ouverture du cœur chez l’initié, est une source de malentendus dont très peu discernent les tenants et aboutissants, les causes et leurs effets .

À ces besoins inconscients auxquels répondent les cœurs ouverts, aucun sentiment n’est présent non plus qu’aucune indifférence .

cet état d’amour accueille l’autre au constat de lui-même, dans cette apesanteur trouble qu’il ne sait remplir que de ce qu’il est, inconscient et aveugle à la réalité qui lui répond avec les atouts traditionnels à l’humain par cette immensité d’ouverture que tend le cœur de l’initié à l’écoute de l’autre, pour le service et ce qui en découlera .

A répéter encore et encore, sans se lasser, je l’ai dit et redit maintes fois mais cela me semble encore nécessaire .

Tout événement, tout fait important, toute rencontre, tout déplacement, tout séjour, tout, tout, absolument tout dans la vie de l’initié des degrés supérieurs se fait en fonction du service, pour le service et uniquement .

Plus rien de personnel n’est envisagé par plaisir ou désir de quelqu’ordre qu’ils soient .

Le cœur ici est en vedette et en jeu et rien de ce qui arrive ou pas à l’initié membre de la hiérarchie n’est gratuit dans le style «vivre pour vivre» .

Et dans l’aube mercenaire de ces soirées de contact, lorsque le front de l’initié en incarnation est lourdement chargé des problèmes des autres et des cassures qu’ils ont subies en leurs formes sur le plan mental, il est quasiment impossible à quelqu’un d’imaginer un seul instant d’une part, le travail ainsi accompli, d’autre part les apparences tout à fait normales d’une relation en sa réalité intérieure .

C’est ainsi que se passent, nuit et jour, les plus passionnants échanges énergétiques qui soient sous les yeux incompréhensifs mêmes des disciples .

Dans les douces mouvances des ombres palmées que les cocotiers posent, glissantes, sur le sable blanc, le ciel tropical joue avec les rayons lumineux d’un soleil franc qu’aucune ombre portée ne peut entamer ou faire reculer .

Et d’une voile gonflée qui passe ou d’un bateau qui vire, l’œil ne retient que le mouvement facile que les murmures fortement scandés de la mer et du vent rendent silencieux .

Djwhal Khoul .

Du filet de pêcheur lancé d’un geste large à l’équilibre du surfeur, l’homme, habile, se meut, aussi souple que les éléments qui l’entourent, aussi fort que les vents qu’il affronte .

Et dans l’ouverture du cœur de l’initié le soleil et l’ombre mouvante de l’incarnation se succèdent en leurs brillances souples, tandis qu’aux embarcations de ses véhicules, mers émotionnelles et vents forts du mental prennent en leurs filets les disciples dont les egos sont pêcheurs aux eaux troubles des tempêtes personnelles .

Mais le cœur ouvert, solide, les pieds fermement ancrés au sol physique, affronte vents et marées, en une mobilité parfaite qui ne suit que lumière intérieure .

A cette stabilité invisible, les inconvénients sont connus et lorsque d’un estomac lourd sont évacuées les energies nouées rencontrées la nuit, c’est de joie et d’amour qu’il est question .

C’est de la lumière et de son service que naît la purification .

À ces instants, à ces troublantes opérations véhiculaires, à ce processus universel, à ce projet hiérarchique, le cœur ouvert est entièrement dédié, en toute conscience, en amour et pour tous .

Alors allez expliquer après cela, la relation qui pour lui, en lui, avec l’autre ne peut être que claire, lumineuse, transparente .

Allez expliquer cela à tous ceux qui n’y étant pas encore, projettent sur autrui leurs propres fantasmes, et dont vous qui lisez êtes peut-être encore .

A ces malentendus à ces quiproquos, la gaieté du maître dans l’incarnation donne leur réelle dimension : sans importance .

La réalité des intériorités est seule essentielle quant à l’éveil qu’elle rend possible .

Et dans les nuits symboliquement agitées, donc lisez réellement symboliques, vitales et vivantes, dans ces nuits que les aubes roulent aux grèves du quotidien, se trouvent clairvoyance, connaissance directe et clés des problèmes et de leurs solutions .

Le consternant renversement constant de la continuité de conscience qui permet la vision globale de l’intérieur vers l’extérieur, place le maître, dans l’incarnation, en porte-à-faux latent avec les regards ignorants dont les apparences ne reflètent que leurs propres réalités .

a ces coquillages sublimes aux nacres ocrées que la continuité de conscience permet au cœur ouvert de ramener des eaux troubles des psychologismes rencontrés, sont inscrits en lumières scintillantes et en beautés sombres, les travers que l’humain a construit au plan mental, dans lesquels sont enracinées les problématiques d’un inconscient collectif chargé dont les images archétypales emprisonnent de significations torrides les moindres relations qui en sont entachées .

casser de telles formes et en dénouer les liens les plus subtilement inconscients revient à aimer bien au-delà des formes ce qui au sein même de leurs rondeurs et de leurs brisures, de leurs diagonales et de leurs bases apparentes rejoint, ne serait-ce que d’un souffle perverti, ce qui guide ici bas les empreintes invisibles des pas de christ en l’homme .

a cette sublimissime rencontre d’un souffle et d’une étincelle peut jaillir un feu qui, sans être amoureux, va systématiquement le devenir en toute honnêteté de déviance, à moins, à moins, qu’un cœur ouvert ne soit à la fois souffle et étincelle et n’englobe en son ouverture christique les plus violents conflits d’une intériorité en quête inconsciente .

Cette rencontre, alors, faite sur d’autres plans, connaîtra sa dimension réelle et rien d’attirant physiquement ne sera dévié de l’attraction irrésistible qu’une énergie christique provoque sur le souffle court d’une intériorité en difficulté .

Et si d’aventure le sexe en son épanouissement humain concrétisait charnellement la relation, ce ne serait qu’aboutissement normal de la fleur de chair dont vous avez l’essence du parfum capiteux et divin dans «de l’esprit au sexe»  .

Mais en cela rien du jeu de séduction ou de l’approche purement physique d’une relation homme-femme n’entre en jeu .

Simplement la rencontre avec un cœur ouvert crée un impact tel que le reste suit dans l’esprit et le cœur un peu troubles qui le croisent .

La réelle attraction est ailleurs et on peut la croire physique si les êtres sont beaux, et ils le sont.

Quand le calme revient, après digestion, au front lourd de l’initié, la joie est présente à son cœur d’homme ou de femme .

Qu’importent les difficultés quand les intériorités sont libérées .

Si ce travail particulier fait l’objet de toute notre attention, s’il est communiqué par notre sœur L.C ., c’est parce qu’elle le vit et vous savez déjà que tout ce qui est livré, en conscience, l’est par

un initié vivant cette continuité de conscience .

C’est l’une des règles actuelles de la hiérarchie .

Ainsi l’initié est amené là où s’exprimera au mieux ce qu’il vit en permanence, en fonction du service à remplir et des contacts à établir .

C’est pourquoi, lorsque notre sœur L .C . vous parle précisément de certains points c’est parce qu’elle les connaît parfaitement pour les vivre pleinement avec toute la joie, l’amour et les désagréments que cela suppose .

À ces enfants membres de la hiérarchie qui arrivent, tout cela doit être tranquillement communiqué non pas avec des mots comme un enseignement mais par l’intériorité, avec une conscience qui rapidement garde sa continuité, la retrouvant avec l’aide du maître en incarnation.

Il y a dans cette libre circulation énergétique une beauté étonnante .

Elle échappe encore à ceux qui en bénéficient par l’intériorité, et elle passe inaperçue aux autres car rien de mental ici ne peut en expliquer cette vie vibrante qui en caractérise les fonctionnements .

Pourquoi vie vibrante? Parce que la vie une, par le cœur ouvert, s’harmonise instantanément à la vibration rencontrée, jusqu’à l’épouser en dépit des différences de degré initiatique et de conscience .

Ces épousailles ont lieu en christ où l’initié stable en Shamballa, peut être l’autre sans être entraîné ou influencé de quelque manière que ce soit .

Car on ne devient pas l’autre, on est l’autre .

C’est cet état glorieux en christ dans l’incarnation qui renversera les mentalités et accélérera les changements de comportements dont les sociétés modernes ont un besoin essentiel .

A ces urgences de la planète, le cœur ouvert amène réponse et solutions, et sur la carte du plan qui le guide, avec la boussole hiérarchique pour centre et repère, dans le temps et l’espace, en Shamballa, le cœur ouvert donne, reçoit, impressionne, purifie en cassant et digère en aimant ce qui obstrue en polluant, ce qui bloque en détruisant et inversement .

Que tous les domaines soient concernés et concernent le cœur ouvert, c’est normal .

Il n’est pas éclectique il est globalisant, global et orbital à tous niveaux .

A le voir œuvrer depuis l’ashram du christ, sa mobilité et son obéissance, deux mots inadéquats mais que, je suppose, vous saisirez, il est superbe de voir la trame lumineuse qu’installe son passage et l’échange qui s’ensuit dans toute relation .

Un simple regard peut en installer le premier fil incandescent dont la lumière attractive, ensuite, ne pourra plus être oubliée et dont chaque début d’éveil est marqué .

Et si la nature, diaphane et arachnéenne en ses forces les plus vives harmonise ses paysages au retour des cycles qui en modulent les climats comme des symphonies que les sept notes soulèvent aux inspirations diversifiées des créativités toujours renouvelées  . . .

Et si les oiseaux, d’un chant commun aux accords différenciés en leurs notes particulières, ouvrent au ciel des abandons planants dont leurs ailes statiques, en vol, ont le privilège léger . . .

et si d’aiguë marine en limpidités aqueuses, l’écume se noie quand même de blanc laiteux aux sables roses des pas effacés, lissant aux gouttes cristallines tous les faux pas trébuchant aux coraux coupants des chagrins d’une vie et si . . . de demande en réponse, de besoin en capitulation, d’envies en désirs rebondissants, l’ego ramasse en tombant les béquilles de ses plaisirs assouvis, dépouillant le cœur de ses trésors et en masquant l’ouverture  . . . Et si . . . de saisons en mois et si de jours en heures  . . . de minutes en secondes  . . . et si  . . . à force de passer on demeurait immobile, à force de se lasser on devenait exigeant, à force d’aimer on devenait disponibles  . . . Et si de vagues en émotions, de formes en mentalités, de libertés en perversions et de soi à soi ou de «je» à rien, en jetant les dés de la vie à la poubelle d’un quotidien trompeur, et si . . . Et si en aimant plus, on aimait mieux  . . . alors il faudrait jeter aux poudres illusoires qui brillent et aveuglent, tous les fastes clinquants, et d’un seul et unique cœur, revenir à la simplicité qui de »si» en «mais», se perd aux forces négatives et conflictuelles ainsi engagées .

En essayant de ne plus rien compliquer, vivez l’éternel présent d’un cœur large, sans vous retourner et sans anticiper .

La simplicité est là, dans la clarté du regard qui ose, dans l’amour du cœur qui résonne en l’ouverture immense dont la conscience détient les clés .

Que la poésie nimbe chacun des mots que le cœur y met et que souvent la tête oublie ou ignore.

La simplicité réside dans l’expression pure du cœur, osée avec tous, à tous niveaux .

C’est pour signifier l’éternel présent que la synchronicité existe .

Décodée par jung et ainsi nommée par cet initié, elle est au présent la résurgence signifiante d’une instantanéité de conscience qui se pose, d’un signe, dans la matière, concrétisant ce qui de l’inconscient est supposé banni .

la synchronicité est le juste moyen et le repère absolu à qui n’est pas aveuglé totalement par l’ego pour faire un point net entre l’inconscient et la conscience objective, annulant l’un en son altérité négative-positive, et renforçant l’autre de cet acquis .

Encore faut-il, au présent, ne pas être aveugle aux signes vrais d’une réalité différente à laquelle la raison se heurte et le mental se refuse .

Si les papillons ne s’envolaient pas, us glisseraient au sol comme les voiles glissent sur la mer, mais un même souffle soulève et porte les uns tandis que les autres sont poussés en leurs trajectoires dirigeables .

En additionnant ces deux réalités, reconnaissez que c’est en les combinant que l’être humain, lui, évolue .

En effet le souffle verticalement est aussi important et essentiel que Dans son horizontalité il est nécessaire à l’action .

Soyez des ailes fortes qui même posées au sol, immobiles, avancent ensemble dans une synergie commune que créent les courants parfois contraires .

Et ainsi, servez .

Il doit y avoir dans l’approche silencieuse d’un être, une authenticité bouleversante à sa globalité .

C’est l’impact de tout maître en incarnation sur autrui .

Plus le bouleversement est fort, plus l’énergie motrice disponible qui s’en dégage est un outil utile à l’évolution .

C’est là qu’il ne faut pas tout mélanger .

Dans la violence d’une parole, dans l’attrait d’un regard, dans le magnétisme d’une voix, dans ses non-dits, se résume et se trouve un ensemble d’une cohérence troublante que seule la continuité de conscience peut exprimer avec une absolue justesse .

Le maître en incarnation en est globalement le vecteur .

Par une rigueur et une autodiscipline de fer, donnez-vous les moyens, la puissance de l’ashram suivra .

Cela ne concerne bien évidemment que le service et uniquement lui, même si parfois les apparences, trompeuses aux regards extérieurs, n’en sont pas conformes aux idées qu’ils s’en font.

Comme un grain de sable, invisible et piquant, poussez aux cœurs l’éveil qui y sommeille, quel que soit le prix du rejet qu’ainsi vous risquez de subir .

Ensuite, plongez ces rejets dans l’ouverture du cœur, c’est ainsi que disparaît la faiblesse du besoin de plaire .

Enfin délestée de ce handicap, la sagesse peut s’installer petit à petit au cœur qui s’ouvre peu à peu .

Dans ces journées graves que le cœur choisit pour ouvrir un espace en christ à l’autre, s’inscrit le constat d’intériorité que la nuit suivante, le maître dans l’incarnation fera, ainsi que la digestion énergétique physique qui lui succédera .

Ces journées belles et lumineuses de conscience en amour, et celles qui se lèveront, post-digestives, n’ont que le goût étonnamment doux et subtilement léger de l’inclusivité sans arrières-pensées subjectives qui en détonneraient l’harmonie .

Parce que le cœur qui en est responsable n’est qu’inclusivité, il n’est qu’amour et qu’en christ, il vit et communique, en toute rigueur, justesse, efficacité, ce qui, en tous demeure essentiel et fondamental .

A cette note christique reçue et vécue, répondez aussi juste que possible, votre évolution en dépend ainsi que la rapidité à avancer consciemment .

A y réussir, vous aimerez davantage et mieux .

Au terme d’un constat d’intériorité la note est trouvée, le son émis, la conscience objective du «constaté» troublée .

c’est ainsi que s’amorcent une à une les dissonances à évacuer, les scories à éliminer, les failles à trouver, les travaux à entreprendre, les souffrances à traverser, les larmes à verser, le lâcher prise à vivre et la joie à retrouver .

A ces paliers peu aisés qu’ouvre à l’intériorité le constat, est déjà présente la conscience de groupe, et le service, peut-être inconnu jusque là, placera des jalons aux prises de conscience qui suivront jusqu’à ouvrir aux points de vue des horizons insoupçonnés à expérimenter et à gérer .

A noter, après tout constat, la progression du travail en et de conscience, en ses étapes ingestives, gestatives et créatives .

Parfois la progression, enrayée par les substrats de l’ego, entravera d’un nœud nouveau le travail entrepris .

Mais si la responsabilité au et du service est réelle, ce passage ne sera que temporel et c’est la continuité de conscience du maître en incarnation qui d’une manière ou d’une autre apportera l’élément débloquant, y compris et surtout par son silence .

Si la joie qui habite le maître en incarnation vous était perceptible en sa grande luminosité, vous seriez confondu par tant d’amour exprimé .

Même sans la percevoir, elle vous irradiera et en amour vous epaulera .

Lorsque l’élément est en cause, la nature intervient .

Lorsque l’amour intervient, le cœur est en cause .

La joie commune à tout cela est une forme doucement explosive qui harmonise éléments, nature, amour et cœur à la symphonie cosmique de ces expressions divines en soi et humaines en celui dont rien ne peut être dit .

Et c’est sur les rives agitées de l’humain que se place cette harmonie dont chacun, en conscience, est responsable de l’harmonisation .

Ce qui fait de chaque cœur une note et de tous une mélodie qui pourrait chanter l’amour du monde .

equilibré, souple, mobile et plein de rigueur, chacun devient un pilier de l’harmonie universelle, ce qui est indispensable à la bonne marche des sociétés et propice à la recherche et à la découverte de nouvelles voies à explorer pour un monde différent et plus harmonieux, plus juste, en une démocratie à redéfinir en ses systèmes, sans faillir au fond dont les droits de l’homme sont porteurs .

Lorsque le temps s’implique aux voies qui se décident, le projet hiérarchique est présent en ses énergies et un maître est à l’œuvre sur terre .

Ensemble et en conscience, donnons une chance, toutes les chances à Shamballa de s’exprimer .

Les enfants qui arrivent depuis l’ashram du christ doivent trouver la voie déblayée .

Quand une intériorité, fourmillante des nausées de ses blocages, libère avec l’aide du maître en incarnation,   un   nœud   apparemment   insoluble,   immédiatement,   des   formes   mentales inconscientes encore ou toujours, roulent au tapis du psychisme et dans les jours qui suivent, à l’ombre de nuits agitées, un travail commence .

L’ego est saisi en ses parties séparées et le lien qui encercle ce foisonnement débordant casse, submergeant sensiblement une conscience objective malmenée en ses certitudes éphémères .

Dans cette pluie consternante qui glace de ses gouttes acides les sentiments crispés par l’émotionnel qu’a géré le mental, vont fondre jusqu’à dissipation, les forces conflictuelles qui doivent être évacuées .

et c’est dans le silence du cœur ouvert, en christ, que l’homme spirituel, va emerger de ses dépouillements successifs dont les façades et les carapaces seront brisées et effacées par le rayonnement du rayon un qui ne pardonne pas, puisque l’amour est seul en action, par là volonté de puissance qui l’anime en sa source depuis Shamballa .

Respirez et aimez l’essence même de ce que rien ne peut enlever à l’homme tant que son cœur y aspire et s’y ouvre, j’ai nommé christ en lequel nous vivons .

Il y a dans chaque départ un renouveau dynamique dont l’impulsion peut devenir motrice et le mouvement créateur pour peu que l’impact qui l’a motivé soit energétiquement celui d’un cœur ouvert .

Avant de le vivre, personne ne peut entrevoir ce que supposent vraiment les actions d’un cœur ouvert en son quotidien, non plus que sa réalité, d’une part parce que cela n’a rien à faire avec les sentiments, d’autre part parce que les apparences, souvent mal interprétées, le sont par les subjectivités qui y sont confrontées et non par l’objectivité d’une continuité de conscience .

Il est donc impossible d’expliquer un cœur ouvert et de même qu’il est incommunicable, vous pourrez quand même en saisir intuitivement les résonances réelles si vous y mettez tout l’amour dont vous êtes capable ; de toute manière, c’est difficile .

C’est en cernant vos propres faiblesses que vous parviendrez à comprendre la force d’un cœur ouvert .

Mais si vous êtes convaincus de vos propres forces, l’énergie dynamique du cœur ouvert vous échappera aux projections que vous y ferez .

Pour assurer des bases solides à l’évolution intérieure il faut donner aux faiblesses les chances indispensables d’éclore au soleil de l’âme afin de se faner aux perversions de l’ego avant de s’éparpiller au souffle divin de l’amour .

C’est ce souffle-là qui poussera les ailes de votre évolution intérieure au seuil stable du cœur pour une ouverture à consommer quotidiennement .

Quand sous un ciel clément de bleu la mer joue de ses couleurs irisées de vert, quand les vents adoucisseurs de soleil tapent de brise sa surface frémissante, quand le sable tranquille en garde chaleur et fraîcheur ambiantes sans autre but que celui de demeurer un sol souple aux pas en quête ou en joie, en tristesse ou en solitude .

Dans cet environnement unique les cœurs se verticalisent et s’ouvrent, comme fleurs de soleil et soleils de paix, recyclant en leurs notes retrouvées ce qui d’un mental ravageur définit et brise leurs amplitudes .

Où que vous soyez, si vous demeurez a l’écoute, le soleil en sa lumière eclatante donne à vos soucis et problématiques des flagrances imparables à ne pas éluder .

À ces rêves, porteurs des messages de l’inconscient, que vous ne ferez plus, l’aube portera des fruits que vous n’attendez pas et dans les changements qui en résulteront, vous trouverez les solutions que vous n’espérez pas .

Le présent aura eu raison de la somme incalculable des déformations que vous ne supputez pas.

Et dans la sérénité que vous ne connaissez pas, vous reconnaîtrez un cœur ouvert que vous n’attendez pas .

A vivre ces passages que vous ne supposez pas, vous apprendrez des tas de choses que vous ne savez pas .

Et l’expérience que vous n’avez pas, jaillira d’un moment que vous ne retenez pas .

Ainsi se vit ce qui ne s’apprend pas .

Ainsi se choisit ce qui ne s’attend pas .

Au cheminement de cordée de cette ascension holistique, les erreurs sont de cœur et les failles de mental .

Ouvrez donc le cœur pour combler les failles .

Lorsque la nature est si belle, offrez aux dévas qui y président le diapason du cœur qui rythme de reconnaissance et d’enthousiasme les inspirations, les contacts, les médiations ainsi facilitées.

Et dans la turquoise caraïbienne qui accueille votre corps physique comblé par l’apport direct des energies supérieures, offrez, dans la fraîcheur vivace qui apaise et régénère, la fraîcheur du cœur en son ouverture comme un réceptacle dont vous n’usez que divinement et pour le service essentiellement .

Quand, inconnu, un regard simplement croisé en dit plus long que prévu ou non, c’est peut-être un cœur ouvert et vous ne le saurez peut-être que plus tard, à la mesure des chamboulements et remises en questions .

Ceci est valable pour toutes les rencontres y compris sans cœur ouvert à l’horizon mais simplement, avec un cœur ouvert ce sera différent, inexplicable et parfois difficilement supportable car quelle qu’elle soit, la relation sera teintée d’impersonnalité .

Ce qui remet franchement de nombreuses choses à leur place tant par le miroir proposé que par les impacts qui ne cessent jamais .

Au cœur ouvert soyez disponibles et vous vivrez, mais en toute responsabilité ; œuvrez sur vous-mêmes par respect pour la conscience de groupe dont il demeure le tampon, le filtre et le pivot .

Quand le temps se fane aux excessives agapes que l’on en fait, où se noient les énergies spirituelles des cycles lunaires? Dans la périphérie de l’ego qui n’en retient que stimulation aux folies .

A cela plus rien ne doit vous pousser, de cela, une forte responsabilité doit vous tenir éloigné .

Le service est bien trop important et il concerne tant de domaines qui doivent retenir votre attention et votre créativité, que les éparpillements distractifs que vous pouvez connaître, auxquels vous ne pouvez vous laisser aller, ne sont que perte de temps rongé par les superficialités environnantes .

Servez et discernez .

Les repos, les éloignements, les vacances sont faites pour renforcer le service et sublimer son efficacité à tous niveaux .

quand en toute mobilité l’intériorité n’est plus que réceptacle sans obstacle, quand l’être en sa fluidité peut vibrer à toute fluidité nécessaire au service, utile aux autres, dans une conscience dont la globalité continuelle echappe à tous tout en leur étant présente, essentiellement présente; quand quelle que soit l’entreprise, l’esprit seul en motive les moindres détails sans considération de ces approches personnelles courantes aux meilleures volontés .

Quand tout cela est réuni et cohérent, les minutes ne sont que présent absolu en son éternité immuable et d’occupations en inspirations, le travail installe au plan physique la justesse pure qui depuis Shamballa peut exprimer ses plus belles notes en toute beauté .

Cet appel est une réponse et dans l’instantanéité de la transmission, un maître en incarnation de sixième degré en polarise, comme une antenne mais, de plus, en toute conscience créative, les plus belles arabesques divines qui prennent aux formes ainsi véhiculées toute l’ampleur cachée qui assure l’éveil du cœur et la responsabilité de conscience .

A ces sources claires dont chacun ne décode que ce qu’il peut, des torrents sont présents, ils sont energétiques et proviennent des ashrams en charge de l’extériorisation de la hiérarchie, de Shamballa, la puissance qui s’en dégage à l’évidence des plus belles réalisations et s’impose aux cœurs les plus fermés .

La surprise, l’étonnement voire le rejet auront raison des réticences énergétiques les plus dures, Parce que Morya veille, en charge du premier rayon pour cette période particulière de l’extériorisation de la hiérarchie et les travaux qui y sont liés .

Dans la tourmente agitée par les forces énergétiques incontrôlées rencontrées au plus proche de l’environnement, se posent les pires difficultés dont le maître en incarnation devra déjouer les pièges .

Aux formes substantielles du mental auxquelles il est confronté, la vie humaine a les inconvénients des sentiments mal gérés dont la pollution, inévitable, sans l’entamer, le gêne .

Aux râleurs, à ceux qui font la tête, inconsciemment persuadés de leurs justes perceptions, se noient aux illusions, se perdent aux mirages, le maître en incarnation, inapte à retenir d’une relation ce qui n’en est pas essentiel, non plus que d’en nourrir une action non destinée au service, est inutilement titillé par cet environnement .

La responsabilité des disciples qui travaillent avec lui est engagée bien plus qu’ils ne le croient, engageant du même coup la conscience du groupe global qu’il faut encore et encore épurer .

Jamais assez l’accent ne sera mis sur ces superficielles réactions qui troublent les énergies les plus hautes dans leur réception .

C’est pourquoi je le dis, le répète et le redis encore et encore, connaissant hélas trop le mental, et sachant bien que la répétition est utile jusqu’à ce qu’elle mène aux cassures qui doivent précéder l’expérience .

En ces eaux tranquilles où vos yeux se perdent, que vos corps physiques, sensibles, captent en leurs cellules la fraîche destinée d’une mobilité que rien n’entame ni des plongeons ni des bateaux ou skis qui en sillonnent les surfaces cristallines .

Cette mouvance, globale, accueille et entoure en leurs moindres mouvements les corps qu’elle reçoit en sa masse fluide, comme autant de gouttes différentes à intégrer, ce qu’elle fait remarquablement .

Mais que de pollutions l’homme y laisse, inconscient de cette beauté dont il devient responsable. . . que de pollutions, que d’agressions  . . . cette masse fluide d’une mer mobile est analogue à l’image de la conscience du groupe global et des intégrations avec leurs pollutions subies, dont le maître en incarnation a la charge épurative consciente .

Que vos réflexions face à la mer soient aussi profondes que ses fonds les plus secrets de manière à plonger un peu plus en vous-mêmes pour en extraire les agressions latentes dont l’ego a le secret .

puissiez-vous, en plongeant, au propre et au figuré, ressortir lavés de vous-mêmes et ainsi servir sans polluer la conscience du groupe global, sans encombrer de vos vieux schémas psychologiques les plans de travail dont le maître en incarnation a la responsabilité .

En soulageant ces plans, servez et aimez .

Et ainsi reconnaissez à la masse liquide de votre émotionnel, la capacité d’intégrer ses propres pollutions, sans râler, avec amour, responsabilité, choix .

La planète, aussi, en dépend .

À l’évasion ne donnez pas prise, elle est une forme de fuite, une parenthèse que plaque l’ego sur la vie et dans laquelle il lui faut faire vibrer les cordes distendues de l’arc de son egoïsme lassé de tout ce qui n’est pas lui .

A la fuite inconsciente à laquelle vous donnez le nom de vacances, la détente physique est importante bien sûr mais au disciple qui sert, les opportunités de repos sont des capacités de travail encore plus précis .

Ce qui est donné est donné pour l’humanité, pour le plan dont il faut faciliter la réalisation au mieux, au plus efficace .

A tout ce dont vous pouvez bénéficier en tant que disciples au service, offrez un cœur heureux et content .

tous ces privilèges concernent le service et non la personnalité et plus votre ego sera fort et plus vous serez en conflit avec le calme proposé, la sérénité à y acquérir ainsi que la capacité de travail a y améliorer, les contacts à maintenir, et les joies sublimes qui en joie synthétiseront au cœur ce qu’une aube nouvelle communiquera a vous tous qui travaillez au xxie siècle ; que l’enthousiasme soit l’élan prometteur de la responsabilité face au service et à l’humanité .

Ma bannière flotte au ciel de vos efforts à surmonter toutes les difficultés, au seuil de ce monde où beaucoup trop d’entre vous encore hésitent .

Au service, votre priorité, il est temps, dès à présent, où que vous soyez, de vous consacrer cœur et âme même si jusqu’à présent vos priorités étaient ailleurs .

A ces impératifs humains auxquels vous n’échapperez pas, accordez la simple importance qu’ils ont et sans que vous importe le regard des autres, avancez courageusement en dépit des jugements et autres critères dont subjectivités et objectivités vous affublent .

Rien n’est à retenir de tout cela et seul l’horizon infini du service doit retenir ce qui, par le cœur est possible .

À la neutralité de l’amour en action vous mesurerez l’efficacité impersonnelle .

N’y soyez ni indifférents, ni attachés, ni agressifs .

Ce pouvoir-là est divin et nourricier .

A la transparence du vent, attardez votre peau humide et dans cette caresse, vous sentirez déjà la morsure fraîche du soleil qui en disparaissant à l’ouest porte en son déclin le triomphe chaleureux d’un cheminement qui échappe à la nuit .

Ne vous y trompez pas .

Si le corps physique en est marqué, en sa continuité de conscience le processus véhiculaire, n’en est aucunement influencé puisqu’en lui-même, énergétiquement, il éclaire dans la nuit physique le repos des inconsciences qui se livrent à lui le temps d’une intériorité en question, en quête, en problème .

Soyez des soleils et au feu brillant de la nuit, éclairez d’une conscience globale ce que le cœur voit, sait, aide, solutionne .

Ensuite, à la journée qui suit, sans un mot, en digérant, regardez vivre ou mourir ce que vous avez éveillé et ainsi, en silence, servez .

La joie sera votre compagne et l’amour un état sans faiblesse puisque les humeurs et leurs sautes vous seront enfin inconnues .

Allez et servez .

Aimez et n’essayez de convaincre personne .

Les cœurs ont leur propre rythme et avant d’être ouverts, ils ne le sont pas!! Avez-vous profité de votre journée? C’est dommage peut-être qu’elle n’ait pu profiter de vous .

Transmettre n’est pas se servir d’abord et à la table copieuse des énergies divines il faut savoir offrir, nourrir et desservir les souillures éventuelles des consommateurs inconscients .

À tous les rythmes mélodieux qui soulèveront votre âme d’un enthousiasme renouvelé, accompagnez chaque note pour trouver le cœur de l’autre .

Sa conscience en sera éveillée et ensemble, paisiblement, sans un mot, vous serez unis parce que les notes sont les traits d’union entre les âmes dont les cœurs ont besoin pour leur ouverture.

En silence, chantez le corps et l’âme, le cœur et la nature et ensemble aimez .

Comme un déva déployant les couleurs de ses tonalités aux cieux paisibles d’un coucher de soleil, regardez, entendez, ce que la nature, épanouie en sa quiétude tropicale vous transmet en ses couleurs changeantes .

ne manquez rien de ces beautés éternelles et mobiles auxquelles le changement n’a de prise que sur les cycles infiniment renouvelés et en union divine énergétique, admirez ce qui fait partie de vous et en semble distinct .

lorsque le corps immobile n’est plus que réservoir tranquille à l’épanouissement calme de ces énergies captées à Shamballa, lorsque dans les relations et contacts le cœur seul en orchestre les partitions pour qu’en soit audible chaque atome d’amour en toute sa puissance, et quand tous les corps, tous les plans participent à cet état, en magnifient l’amplitude, alors c’est que l’ashram du christ tout entier est à l’œuvre tandis qu’un frère, une sœur, dans l’incarnation, médiatise en sa globalité consciente ce qu’en toute créativité novatrice il en transmet .

À cette diffusion synthétique une beauté telle est présente qu’elle ne peut s’exprimer que par amour .

C’est ce qui est fait .

Au libre cours de l’éventail horizontal qu’englobe un regard circulaire, vos rétines retiendront du sable, de la mer et du ciel des frontières douces que leurs paliers, comme des fondus enchaînés déposent au sol pour mieux charmer .

Si votre cœur en est comblé c’est que dans sa simplicité, il peut accéder à la joie sans fioriture, au contentement de l’être, sans overdose émotionnelle dont l’ego se délecte en se méprenant .

La joie est calme, elle est divine .

Discernez sans vous méprendre .

Et que le mécontentement d’être comble votre cœur autant que l’ego peut l’être des agitations de l’avoir .

Un grand pas ainsi sera fait .

Les bruits, le soir sous les tropiques, se mêlent à la tiédeur d’un ciel étoile et à leur écoute, vous pouvez retrouver ce brouhaha inlocalisable en ses parties que fait une intériorité troublée lorsque l’âme encore n’est pas active sur terre, quand ses énergies sont encore dévastées par l’inconscient psychologique d’une personnalité en difficulté, je dirai, en réactions .

la nuit tropicale a des appels sourds, des crissements stridents ou légers et sur fond de vagues marines, la constance des cris d’insectes, de bêtes, du grillon au rat, en passant par le crapaud ou les crabes qui rampent aux pelouses trouées par leurs pinces ; dans ce chevauchement tourmenté que capte l’ouïe non habituée, des assemblages, des superpositions, des jumelages de sons investissent la nuit et peuplent la nature .

A l’ouïe l’âme est semblable et les discordances peu familières qui encombrent la nuit de la personnalité sont les portes fermées, le paravent d’une action énergétique étouffée dont le seul exutoire est l’appel nocturne dont l’inconscient, en symboles, va venir combler les lacunes, informant la personnalité, lui soumettant les clés à utiliser .

Une décision est une responsabilité à prendre en considération, absolument, rapidement .

c’est le seul moyen de sortir de la nuit et, comme l’aube sous les tropiques, de trouver dans un petit matin, début clair souligné de tons lumineux ravivé par l’éclat d’un soleil brillant ou caché, cet appui des cieux dont la terre a besoin .

Pour que l’âme sur terre, s’exprime pleinement au sentier des disciples et sauveurs du monde, retrouvez vite en les connaissant, les divers bruits de votre nuit tropicale et dégagez-la du chaos pour en rendre limpide dès que possible l’aube des énergies d’une âme en attente .

Et ainsi, servez! Quand l’hiver investit l’ego anémié, quand la lumière de l’âme fait sa trouée en perçant les masses psychologiques inconscientes jusqu’à en dissoudre les formes éclatées, un maître en incarnation n’est pas loin, le cœur ouvert agit, il est alors souhaitable pour chacun d’en reconnaître consciemment, avec amour, les énergies en action .

Elles proviennent de Shamballa et si leur puissance vous intègre, il vous est toujours possible de les refuser .

Mais quelle perte de temps, quel gâchis! Quelle folie! Avec le temps, vous n’avancez pas, vous passez! Il n’y a pas de journée formalisante, il n’y a que des gens qui formalisent en se formalisant .

Ne soyez pas de ceux-là .

Tout sillage, qu’il soit d’écume, de parfum ou de pensée est une trace qui s’auto-annule en s’estompant .

L’écume est potentielle à la mer .

Le parfum potentiel à l’âme .

La pensée potentielle à l’homme .

Au cœur ouvert le potentiel devient source et Shamballa en émane comme une trace, un sillage dont les disciples doivent veiller à ce qu’il ne s’estompe pas .

Pour cela, vivre ce sillage en son bouillonnement et suivre coûte que coûte la trace de sa trajectoire, au blanc immaculé de la synthèse, l’écume, pour accéder au parfum, l’âme, afin que par la pensée, l’idée, en leur source commune soit vécue et communiquée .

Et à nouveau, analogue à la nature en ses symboles, vous trouverez par-delà, les causes dont est nourri le service en ses parties du puzzle divin à incarner .

Ainsi vous participerez à la synthèse de cet enseignement : En le vivant .

Il y a des fois, il y a des rois, il y a des joies .

Tous ont en commun l’éphémère .

Au temporel, tendez vers la joie .

Acquis, honneurs et émotions ne connaîtront plus ces débuts fastueux et prometteurs que clôt à l’humain l’éphémère, comme une porte ouverte qui claque .

À un corps physique qui passe, la lourdeur, la maladresse ou la beauté des formes ne sont que passagères, humaines et perfectibles aux apparences .

Tandis que christ au regard est lumière éternelle enfin captée .

Il ne reste plus qu’à la transmettre .

Et cela aussi vous donnera du mal au début .

Ce n’est pas si facile avant qu’il ne soit totalement vécu .

Soyez complices des formes parce que vous êtes armés de lumière et de beauté en christ .

Je suis à vos côtés .

A tous ces accrocs d’une vie en lambeaux, comment redéfinir en soi les justes coutures de l’habit? Sans faire le moine, en recousant! A l’ivresse baladeuse que le temps ne cerne plus, c’est bien, ne donnez plus de repère .

Traversez la folie, à jeun, c’est marcher vers la sagesse et donc vers l’amour, en christ .

Peu assument cette folie passagère en ses relents d’éternelle sagesse .

Aux moments les plus heureux de votre quête, ces instants de répit bénis où tout semble simple, vous aurez l’impression d’être arrivé .

Mais l’impression est fausse et le chemin très long .

Seul le maître en incarnation sait que les tracas ne cessent jamais dans l’incarnation, parce qu’il vit, dès le sixième degré, en Shamballa .

Aux plus belles des journées qu’il vous sera donné sur terre, n’oubliez jamais le service .

Et comment ne pas rire quand, au présent éternel, les erreurs du passé tentent de s’extraire de l’avenir? Parce que le présent n’est pas encore complètement vécu, vous y mêlez des «oui», des «mais», des «quand»  . . . qui ne sont qu’inquiétudes de l’ego à se détacher de lui-même .

Beaucoup de travail encore, facilité par le rire .

Riez et soyez bénis! S’il y avait dans le cœur un baromètre de l’amour, les marées y seraient plus basses qu’à leur tour et le soleil plus pâle que brillant .

C’est qu’alors la bonne mine se règle sur l’ego et non sur les énergies de l’âme .

A suivre les autres, il est impossible de se trouver .

Mais vous pouvez suivre un cœur ouvert puisqu’il vous a déjà trouvé et connu .

Vous pouvez donc en le suivant, accélérer le processus évolutif pour vous trouver .

Mais il vous faudra beaucoup d’humilité, et il serait bon d’en être capable .

Pensez à ces palmes tropicales qui s’évasent aux alizés, portées en souplesse par les troncs cerclés des cocotiers et adoptez en vous les mouvements souples des vents qui s’expriment aux pensées des autres afin de ne pas vous y laisser prendre .

Ensuite, sans être remis en question dans votre propre mouvement intérieur, vous pourrez casser ces formes-pensées .

Soyez la palme légère qui plie sans rompre et avec grâce cassez sans succomber parce que le rayon un est votre ami et que, apte à le manier, votre cœur est enfin ouvert .

Mais ne cassez rien sans amour .

Cet état est celui du maître en incarnation dont le processus véhiculaire énergétique est action instantanée .

Et comprenez, en admirant les verts bouquets de palmes se balançant aux alizés .

Apprenez et pratiquez .

Jamais nous ne le dirons assez .

tandis qu’au livre de la vie les chapitres différents se suivent et remplissent le blanc virginal de la vie de l’incarnation présente du maître, ceux qui font partie de cette histoire bien souvent n’ont aucune idée de ces mots et phrases qui, sans aucune racine psychologique, sans aucun lien karmique à régler, au débit du compte énergétique alloué en positif, règlent superficiellement ce qui s’installe pour encadrer un service hiérarchique précis qui, le temps d’une incarnation va déterminer la vie étonnante d’une personnalité qui peut tout aussi bien passer totalement inaperçue en sa réalité .

Shamballa, ici à l’œuvre, va imposer aux chapitres qui se suivent un rythme étonnamment fort, et tandis que s’inscrit une histoire non moins forte en ses épisodes divers, tandis qu’aucune mémoire n’en sera gardée sur les plans subtils que l’irradiance appliquée au quotidien des décisions les plus importantes qui, depuis Shamballa peuvent atteindre les objectifs terrestres d’une manière ou d’une autre, tandis que le plan, peu à peu, prend forme et que la société en reçoit l’impact, les plans subtils sont concernés, purifiés, nettoyés des énergies en suspens dont les notes discordantes doivent être évacuées .

Tandis que ce livre, un parmi d’autres, s’écrit aux archives christiques de la Hiérarchie, vous disciples, discutaillez pour savoir si oui ou non il est bon de le lire .

a ces bêtises mentales en effervescence, vous perdez le fil de cette histoire magnifique qui, depuis la nuit des temps, organise énergétiquement le monde en ses plus beaux projets dont l’humain en sa spiritualité est seul destinataire dans une organisation cosmique fluide qui dépasse de beaucoup ce que vous pouvez tenter d’imaginer très maladroitement avec ce que vous croyez déjà savoir et que seul le mental construit encore et encore .

A ce livre sublime écrit au calice du sang déversé à l’apport hiérarchique participez, non en tant que personnage inconscient vecteur des troubles dont l’intrigue se joue de l’essentiel, mais en disciples conscients, dont les cœurs adhèrent au processus énergétique des lois naturelles que chacun, un jour, en Shamballa, devra et pourra véhiculer jusqu’aux domaines du monde et aux consciences qu’il faudra contribuer à changer .

Soyez conscients surtout que le travail, avant tout est à faire sur vous .

a ce livre toujours rempli et sans cesse vierge en ses feuilles immaculées, la synthèse définit les contours lumineux à la note du rayon qui agit temporellement, tandis que les lignes des pages sont flèches de couleurs d’un arc-en-ciel en formation constante dont les courbes en s’arrondissant construisent aux cœurs les voûtes pastels d’une ouverture en celui dont rien ne peut être dit .

si de Shamballa, l’émeraude mêlée au diamant est enfin perceptible, c’est parce que dans ce livre de vie une appliquée en ses enseignements successifs, des initiés vivent en une histoire de vie dans l’incarnation des phases cycliques précises, appliquant par l’intelligence active, l’amour en action avec sagesse, ce qui revient à former au sol terrestre, le triangle de manifestation dont chaque pointe est l’apport des rayons majeurs un, deux, trois .

À ces cycles de services décidés depuis Shamballa correspondent des moments difficiles que l’initié décide consciemment de traverser, ainsi que des impondérables qu’il assumera en toute conscience .

L’extériorisation de la Hiérarchie, planifiée au mieux, ne peut tout prévoir dans les détails bien évidemment et il va de soi que l’initié, sur terre, est totalement responsable et que ses décisions sur ce plan terrestre engagent la Hiérarchie et la représentent .

À ce livre éternel qui raconte l’histoire spirituelle de l’humanité, chacun de vous, disciples, peut participer .

cette écriture commune retrace en ses détours en ses tournants en ses lignes droites, les repères des bornes à dépasser ou à suivre pour plus d’efficacité dans les travaux prévus pour le plan .

La conscience du groupe global y est présente ainsi que la conscience de Shamballa dont la personnalité, de plus en plus, sera messagère dès le sixième degré .

Mais aussi, les faits et gestes de cette dernière et les repères forts qui font d’une incarnation un phare à suivre, un phare aux luminosités hiérarchiques repérables aux consciences prêtes .

C’est dans ces faits et gestes d’un initié en conscience de Shamballa que, lisant les détails incompréhensibles ou étonnants, vous, disciples, passerez des effets aux causes par une lecture que christ en vos cœurs interpelle et souligne .

a ces paradoxes que vous croirez remarquer, à ces failles qu’il vous semblera comprendre ou débusquer, a ces silences et à ces phrases coupantes, a ces départs et à ces changements brusques d’idées ou de projets, une cohérence vous surprendra peut-être lorsqu’en vous, vous accéderez à la phase essentielle de ce livre, cette histoire spirituelle de fond qui, vous le comprendrez est la source et la motivation de tout le reste .

Et cette histoire que vous alimentez par votre évolution spirituelle aura les bonds et sursauts, les rebonds manquent, les frustrations et les agressivités que vous écrivez inconsciemment ou consciemment dans l’histoire de votre vie .

celle-ci n’est pas séparée du grand livre d’or de l’histoire spirituelle de l’humanité .

Vous êtes important et de vous aussi dépendra l’évolution créative des intrigues, rencontres, dépassements, celle de la conscience du groupe et la vôtre ; des evénements et épreuves qui seront consignés dans ce livre, dépendront les retournements, les épurations, les purifications auxquels vous aurez participé ou que vous aurez alimenté .

Vous êtes donc, disciples, chacun individuellement et pour le groupe, responsable en partie et pour sa globalité, de l’histoire spirituelle de l’humanité dont vous êtes co-créateurs .

que les règles simples qu’impliquent aux consciences et aux cœurs, aux mentalités et aux sociétés les valeurs fondamentales des droits de l’homme soient la base de votre action, de vos activités sociales, que les valeurs fondamentales, en celui dont rien ne peut être dit, soient leur complément naturel à travailler en application constante : amour, fraternité, solidarité et ce en respect total des libertés et spécificités de chacun .

Que le lien de médiation entre les valeurs spirituelles soit indissociable des valeurs d’une société qui ne les prône pas sans les vivre en les appliquant au quotidien .

Que l’éducation en soit le vrai vecteur, les enfants y ont droit .

Que jamais aucun de vous n’oublie, ne dissocie des droits, les devoirs qu’ils impliquent et que systématiquement, en application, le devoir soit évoqué et présent lorsqu’il s’agit de droit .

Et ce dès l’enfance, dès ce départ de la vie auquel chaque enfant a droit mais auquel il puisera la force de ces devoirs qui seuls donneront à ses moindres actes l’ampleur spirituelle négligée jusqu’à présent .

Et ce dans un esprit de laïcité absolue .

Ce pilier de la démocratie, comme d’autres, doit être souligné et vécu non plus en toute tolérance mais en toute lucidité de conscience .

La tolérance seule n’inclut pas les autres, seule la conscience y parvient en une ouverture où la tolérance n’est plus que réflexe inconscient tant il est évident .

Ce qui précède fait partie du prochain chapitre de ce livre d’histoire spirituelle de l’humanité .

droits de l’homme et devoirs en sont des données essentielles à développer et surtout, il me faut répéter encore et encore au nom de Shamballa et de la Hiérarchie toute entière, à APPLIQUER.

ne parlez plus, APPLIQUEZ, ce que vous lisez, ce que vous dites, ce par quoi vous êtes convaincus, vos idéaux puissent-ils être en constante créativité dans une totale mobilité .

Ne vous arrêtez pas aux mots, que l’action soit immédiatement engendrée dans l’enthousiasme afin qu’autour de vous les consciences soient soulevées, les cœurs transportés, les âmes libérées en leurs énergies les plus belles et APPLIQUEZ pour mieux COMMUNIQUER .

Il est si courant et habituel de vivre dans et par le mental que vous ne vous en rendez plus compte .

les discours ont la vedette et les textes en sont tellement travaillés dans la forme que toute substance vitale en est retirée au profit d’un langage élaboré qui, ne tenant compte que des concepts, banalise et réduit toute la portée du vécu en intellectualisant ce qui peu à peu devient, à force, une abstraction coupée du réel, cette réalité de la vie qui doit absolument tenir compte de la conscience et de sa force spirituelle sans quoi le mental prend la vedette, déstabilisant l’être au profit des conceptualisations visant à l’avoir .

l’avoir qui ne doit que contribuer à faire face aux réalités quotidiennes est devenu ainsi la priorité, le but, et la négligence absolue qui ignore l’être et fait de ce dernier le parent pauvre et famélique d’un monde en dépendance de consommation permanente que l’avoir ne peut même plus combler tant l’être affamé ne se contente plus d’apports extérieurs qu’il sait futiles; les valeurs fondamentales, déviées de leur source et récupérées ne sont plus que privilèges coupant de plus en plus la planète en pôles nord-sud qui ne sont pas géographiques mais économiques et dans laquelle, en sa partie nord, nous pouvons aujourd’hui compter l’est .

A ces non-sens, à ces contresens, à ces faux-sens que la politique consolide en colmatant, avec des bases de moins en moins solides, chaque consommateur met sa propre inconscience au gouffre dans lequel l’humanité, actuellement, sombre, faute de consciences intérieures réalistes et opératives .

C’est pourquoi chacun de vous est concerné .

C’est pourquoi les hautes énergies spirituelles doivent s’incarner ainsi que leur lumière révéler ces prochains pas que la conscience doit faire pour devenir planétaire et solidaire de tous .

Il faudra vous battre avec toutes les forces éclatées ou non de tous ces systèmes démocratiques que les discours ont modelé avantageusement mais dont l’application est demeurée au stade de l’aspiration chez beaucoup .

il faudra voir, dénoncer, donner en créativité de conscience des idées, des opportunités, des solutions nouvelles qui seront reprises, discutées, refusées, mais il faudra, sans aucun attachement à ces apparents échecs, continuer, avec acharnement et énergie décuplée, enthousiasmé et générosité, il faudra ne jamais baisser les bras, ne jamais économiser le cœur, ne jamais occulter la conscience, sans jamais se décourager, avec flamme parce que vous êtes des disciples et parce que vous êtes conscients .

Et à ces choix que vous ferez, à ces débuts que vous inspirerez, à ces actions que vous entreprendrez, à ces témoignages que vous donnerez, à tous ceux qui contacteront ces énergies dont vous êtes porteurs diffuseurs, il faudra donner l’étincelle christique sans laquelle rien de novateur pour l’humanité ne peut être réussi .

Mais à ces difficultés que vous rencontrerez, soyez ouverts, avec le cœur, comme aux beautés qui y passent et que vous transmettez, parce qu’alors, transformées par le cœur elles seront bientôt les ressorts d’autres tremplins accessibles à ceux qui les auront provoquées et que malgré tout rien en vous ne rejette puisque votre accès aux autres est d’âme et de cœur .

A certains d’entre vous, la glace hivernale des horizons les plus gelés ne donne pas la plus petite idée de la glace à rompre par les membres de la Hiérarchie en extériorisation .

A ceux-là il faudra faire fondre ces illusions mentales afin que les cassures nécessaires à leur épuration entraînent aussi ces marées humaines dont l’émotionnel pollue les sentiments dont l’amour un jour naîtra .

Mais il faut traverser et se défaire de ces horizons gelés d’un mental figé aux pièges de ses corruptibilités .

doublez les chances de l’humanité en aimant, doublez l’efficacité du service en vous maintenant en conscience de groupe, proche de ceux que vous reconnaîtrez comme membres à part entière de l’ashram du christ et de Shamballa, apportez vos énergies à ces travaux et œuvrez .

Quand les crabes ont peur, ils vont de travers encore plus vite ou, carapace collée au mur, ils le longent, dressés sur leurs pattes, pinces en l’air -affolés .

Quand les peurs inconscientes se mêlent aux certitudes de vos travers psychologiques, tels des crabes, votre affolement vous fait dévier de plus en plus .

Et tandis que les crabes vont selon leur nature cacher leur affolement sous la terre, vos peurs sombrent au trou noir de l’inconscient vous renfermant sur vous-mêmes comme des crabes sous la terre .

mais des crabes, outre les pinces qui coupent comme des mots qui lacèrent, outre la démarche déviante  . . . vous avez en plus une conscience et un discernement, une âme et un cœur vivaces… alors pourquoi ne pas vous en servir de manière à mieux servir et ainsi redresser la courbe déviée par vos travers et vos peurs et être utile à la globalité de la conscience humaine, du même coup .

Aux fées qui peuplent l’inconscient collectif, à ces archétypes heureux qui parcourent songes et contes, les enfants ont le cœur ouvert et pour peu que le message soit transmis par l’intermédiaire d’histoires créatives de conscience et en conscience, alors des énergies se promèneront aux corps des enfants ainsi stimulés, frayant une ligne directe entre cœur et âme, cœur et énergies supérieures .

Le mental, ignoré dans ce processus de transmission énergétique perdra de sa force cristallisante au profit d’une surface lisse et mobile en substance où fées et symboles promèneront leur énergie de vie sans figer des formes qui n’en sont plus .

Il faudra que les parents s’adaptent, ce qui ne sera pas si simple .

En tant que disciples soyez attentifs à ne pas encombrer inutilement le mental des enfants .

Ils auront besoin d’un bon outil, ne l’abîmez pas dès le départ en ne tablant que sur la raison .

Laissez s’installer ce qui peut descendre énergétiquement, même si cela vous échappe et soyez humbles pour ne pas compromettre les projets, les cycles, les moments prévus par la Hiérarchie, même si tout cela vous échappe, n’est pas tout à fait à portée de vos véhicules encore .

Les couleurs sont des bulles de temps aux couleurs de l’espace et de la plus irisée à la plus froide, de la plus chaude à la plus métallique, elles passent ou se fixent, gravant aux regards qui les contemplent la douceur même de l’énergie qui en transmet les vibrations .

Mais dans le souvenir qui vous en reste au cœur, les nuances perdent de leur tonalité puisque seule la vibration a sensibilisé ce que le souvenir peut en oublier .

c’est en mentalisant par trop le souvenir que les bulles rejoignant l’espace, éclatent au temps qui les absorbe pour ne laisser sur l’âme qu’une vague dont les mots, jamais, ne communiqueront l’essence .

mais si par chance votre cœur est déjà ouvert, alors, c’est l’essence qui y jettera l’écho global dont les 7 notes des rayons sont chargées, libérant l’éternel présent en actualisant au cœur la musique d’une nuance dont l’énergie seule a le secret; dans la lumière de la teinte retrouvée résonnera le son juste qui comme un point s’ajoutera aux pointillés que les mots posent aux phrases dont la poésie garde en ses beautés le mystère .

La bulle éclatée au cœur n’est alors que scintillement à son ouverture, prête à se reformer pour s’éloigner, gracieuse et fidèle au temps qui demeure tandis qu’elle passe .

A ces bulles délicates dont vos souvenirs sont pleins, l’oubli a déteint sur les nuances les plus sûres, affadissant d’un impact mental ce qui de vous s’accroche au passé et tente désespérément de le retenir .

Mais aux voyances des bulles les couleurs sont muettes lorsque d’une forme têtue on tente de les affubler, rayant d’un coup leur mobilité, niant d’un coup leur indépendance .

Et c’est pourquoi lorsque la beauté vous a touché profondément le cœur et l’âme, même les photos sont impuissantes à reproduire l’instant sacré de l’impact énergétique du choc doux que vous avez vécu .

Parce que toute forme en est absente même si c’est une forme qui l’a provoqué .

c’est pourquoi il est si important de ne rien retenir car ainsi les bulles dans leur mobilité passent et repassent, messagères de beauté pour plonger un jour totalement à l’ouverture du cœur qui n’en retient que le parfum d’une présence .

À ce moment-là, la beauté est en soi, intégrée au cœur par l’ouverture dont l’âme un jour a vécu en son corps une dissolution .

A cette renaissance qui correspond au 4e degré initiatique, celui du cœur ouvert, plus rien n’est retenu et dès lors les bulles des couleurs aux notes des 7 rayons deviennent en globalité les arpèges d’une symphonie intérieure que capte l’univers tout entier et qui est disponible à tous .

Le souvenir n’existe plus .

Inutile à l’éternel présent, il s’y épanche aux parfums des présences de ces cœurs, connus en d’autres temps de service, qui à nouveau apportent leurs énergies au travail actuel .

Dans le cadre de l’extériorisation de la Hiérarchie, respirez à fond, dans l’incarnation, les parfums subtils que connaissent vos âmes et qui, jusqu’à ce que l’ouverture du cœur les ait intégrés, se présenteront cycliquement, à certains moments .

ils sont un appel au service et une preuve, s’il est besoin, qu’un cœur ouvert à côté de vous crée en tonalités douces des bulles de couleurs sur lesquelles peuvent passer, aux nuances des rayons concernés, des parfums dont les manifestations correspondent à un plan de conscience au-dessous duquel les maîtres des initiations supérieures qui ne sont pas en incarnation ne descendent pas .

Soyez-y sensibles et surtout ne croyez pas ces parfums là pour vous prouver quoi que ce soit .

Par eux, avec eux et avec le cœur ouvert que vous côtoyez dans l’incarnation, servez et aimez, c’est que vous êtes là pour ça .

Chaque parfum est une couleur dont la bulle passe à portée de cœur, à vous d’en saisir la nuance .

A ce carnet de bord d’un voyage médiateur de L .C . et initiatique à une âme en récapitulation qui l’accompagne, de Shamballa aux caraïbes, plusieurs membres de mon ashram ont participé, auxquels ma présence est acquise .

À cette identification de conscience, Shamballa, cette conscience, le groupe global et la Hiérarchie sont concernés .

Ces notes sont puisées aux consciences activement créatrices de mes frères et sœurs et si, chargé de cette médiation «tétais présent, elles se sont exprimées avec certaines différences de tons dont la globalité, en synthèse est le réservoir .

ces notes particulières, puisées dans la conscience globalisante des maîtres, aux caraïbes, pour vous montrer d’une manière plus précise que la vie de Shamballa non plus que celle de la Hiérarchie, en leurs enseignements, en leurs expériences ne sont coupées du plan physique et de ce qu’y vivent les maîtres participant à l’extériorisation de la Hiérarchie .

L’enseignement n’est plus un rangement de plus au tiroir des commodités quotidiennes dont une spiritualité de bon aloi fait partie .

Non ! La vie spirituelle de nos frères les maîtres dans l’incarnation applique au quotidien les valeurs de la conscience en leur globalité afin d’exprimer en vivant la synthèse .

Je ne reviendrai pas sur les raisons du choix du lieu en république dominicaine pour ce travail ashramique auquel j’ai participé et que nous avons conçu, mais sachez que étude, éducation et énergies supérieures ont été présentes comme elles le sont dans la vie de ma médiatrice, à chaque seconde d’une temporalité peu facile à vivre .

La facilité de contact en cette nature où sont puisés des symboles qui poétisent ce carnet de bord est évidente d’une efficacité de travail à laquelle je m’associe en permanence .

Pour ne pas troubler certains esprits et encombrer les mentais des plus coriaces de noms récupérables en personnalités qui risqueraient d’amoindrir l’impact de tout ce qui précède, je ne mentionnerai pas les maîtres qui ont participé à ce travail mais leurs notes différentes vous seront peut-être perceptibles, voire familières .

Ma sœur L .C . est l’une de ces consciences à l’œuvre ici et ce travail de groupe résume en ses différences des expériences que vivent et transmettent donc des initiés en charge de travaux bien précis sur le plan terrestre .

notre souci à chacun, à tous en conscience, en devoir et en responsabilité est de faire passer avec assez de force l’importante nécessité d’appliquer enfin en pratique ce que vous savez intellectuellement afin de provoquer ensemble ce changement de mentalité qui commence par chacun .

Cela ne sera jamais assez pratiqué, ce message en soi est important, il y a trop de disciples ou de personnes spirituellement paresseuses .

Cette paresse ne peut plus être vécue comme elle l’est .

C’est un handicap à l’évolution et au service .

vivez les pieds dans l’incarnation et chaussez des souliers qui porteront loin vos pas, actuellement timides, en soutenant fort vos pieds .

Ne donnez pas prise aux forces noires inconsciemment en entrant de plain-pied donc de plein mental dans des discussions où vous ne convaincrez personne .

Ne travaillez plus dans les formes créées par les mots, travaillez dans les énergies et commencez par vous, par des efforts qui sont pénibles au début et demandent beaucoup de courage et beaucoup de discipline .

Cette discipline vous appartient, elle ne peut venir que de vous .

NE SOYEZ PAS PARESSEUX! Vous l’êtes! Redressez-vous, levez la tête, que le bouclier qu’offre le cœur en son ouverture vous motive, mais il ne fera pas le travail pour vous .

Il ne suffit pas de suivre le cœur ouvert, il faut appliquer vos propres énergies au service et pour cela : Élaguer, Purifier, S’auto-discipliner et faire preuve de courage et de volonté personnelle et spirituelle .

Où sont vos priorités? Où sont vos motivations? Pourquoi êtes-vous si mous? Si paresseux? Si mornes? Si fades? Comment voulez-vous changer le monde et les mentalités si vos propres comportements n’y tendent pas, pour vous-mêmes? D’abord? Il y a trop de mollesse en vous .

Les forces noires ont beau jeu avec cela et vous prêtez vos pas inconsciemment à des détours d’énergies indignes parce que vous ne faites pas les bons efforts .

Pratiquez le silence de dieu .

Appliquez tout ce qui vous est donné dans les six premiers livres de cet enseignement en sa troisième phase .

VOUS NE LE FAITES PAS! POURQUOI? Essayez de répondre à cette simple question .

L’astral vous submerge, le mental vous retient, séparé en vous-mêmes et non de ne pas vouloir être, vous glissez à la poésie qui vous porte le temps d’une lecture dans laquelle vous voyez des signes qui vous confortent et ensuite, persuadés pour cela d’être en contact, vous attendez  .

.

.

quoi? Relevez-vous, à chacun de prendre en conscience cette responsabilité de porter la bannière du service et de servir au mieux .

Où sont vos priorités? Ne vous laissez jamais abattre, relevez la tête et travaillez à christ en vous, sans relâche, vous perdez le contact avec vous-même sans arrêt, comment voulez-vous parvenir à maintenir une conscience de groupe saine? Vous la polluez .

Solennellement je vous demande ici d’appliquer, de pratiquer dans vos vies les efforts nécessaires au bon maintien de la santé globale du groupe .

Vous surchargez le plan mental et pourtant ce n’est pas faute de lire et de relire mais qu’en faites-vous ensuite? Où se situent vos efforts? Vous avez l’air de gamins titillant avec maladresse la patience et l’amour du cœur ouvert dont certains doutent encore .

Il est temps d’agir et pour cela, vous le savez, mais je vous en supplie, appliquez-le, il faut cesser toute réaction .

C’est un exercice à pratiquer dans le quotidien .

Non seulement vous ne le faites pas mais en plus vous êtes inconscients la plupart du temps de ne pas le faire .

Avec ce voyage de notre sœur L .C . aux caraïbes va se terminer ce carnet de bord alimenté par un travail en identification de conscience hiérarchique, depuis Shamballa .

À ces pages je vous demande d’être attentifs et de ne pas encore critiquer comme certains savent si bien le faire, faute de savoir mieux travailler! A tous je demande une volonté spirituelle en regard de l’application énergétique qu’implique cet enseignement qui, comme vous le voyez ici, est indissociable en ses parties physiques et subtiles .

TRAVAILLEZ, CECI CONCERNE LE SERVICE .

SERVEZ .

Secouez-vous, nous avons besoin de vos consciences au travail, de vos corps disponibles aux énergies hiérarchiques, de vos processus véhiculaires opérationnels sur tous les plans .

Ceci s’acquiert, vous en avez les témoignages, il ne tient qu’à vous d’y parvenir .

Vous avez les moyens, les outils et le potentiel .

SECOUEZ votre PARESSE .

BALAYEZ votre INCONSCIENCE .

CESSEZ toute MENTALISATION .

CESSEZ toute CRITIQUE .

CESSEZ toute AGRESSIVITE .

CESSEZ toute PLAINTE .

CESSEZ toute RALERIE – INUTILE .

CESSEZ toute POLLUTION EMOTIONNELLE . MENTALE .

CESSEZ toute MOQUERIE .

CESSEZ toute PROJECTION .

CESSEZ toute CALOMNIE .

 À ces neuf points précis attaquez-vous, dans le quotidien, afin de faire au silence de dieu les efforts pour en dépasser les limites .

PRATIQUEZ – APPLIQUEZ RIEZ DE VOUS-MEMES – Des éclaboussures que reçoit le maître en incarnation en ses véhicules purs, vous êtes responsables .

Les colorations, les ombres, les densités, les saletés qu’elles renferment piquent ses corps subtils aux mille et une aiguilles dont vous ne cessez d’asticoter la vie .

Les habitudes, les mauvais réflexes, les faux plis que vous ne cessez de plaquer sur les jours que vous abordez chaque matin en catastrophes psychologiques non réglées sont autant de fortes pollutions que l’initié responsable de la conscience de groupe va devoir éponger .

Votre indifférence à ce sujet n’a d’égale que votre étonnement stupide, après avoir travaillé ou en tous cas lu tout ce qui en a été dit, dévoilé, expliqué, vous vous attardez encore bêtement à tenter de savoir qui est qui en maîtrise et si c’est vrai .

Cette attitude dénote d’une manière infantile ce que vous êtes incapables de seulement imaginer parce que vous ne pouvez absolument pas y parvenir .

devant cette impossibilité due à la paresse dans l’effort, à un cœur en question sur l’autre comme en revendication à rabaisser à vos exploits peu glorieux ce qui n’est qu’amour en action, devant l’évidence qui ne satisfait rien en vous tant vous êtes occupés à la réduire à vos propres barrières, vous préférez discuter que travailler, pinailler que servir et, agissant ainsi avec la médiocrité mentale qui est à l’origine de ces attitudes déformées par une suspicion aiguillonnante de refus, vous pataugez dans un émotionnel mal géré que le mental récupère avec délice, les éclaboussures qui en jaillissent ne sont que boue infecte indigne d’un disciple .

Il est urgent de considérer l’extériorisation de la Hiérarchie comme aussi naturelle qu’efficace, aussi présente à l’incarnation qu’elle est présente au christ dans son ashram et de régler vos humeurs nocives en vous alignant aux corps subtils de vos délits grossiers, afin d’élargir ce couloir lumineux que l’extériorisation de la Hiérarchie maintient malgré vous, disciples en réaction .

Le monde va mal et vous contribuez ainsi largement à ce mal-être en disséquant aux tranches de vos difficultés non réglées, les suppositions mal venues que vous en projetez sur les initiés au travail .

Débarrassez-vous de vos propres conflits sans en éclabousser les membres de la Hiérarchie .

Votre agressivité est un signe certain d’orgueil revendicateur et de constat d’échec face à votre vie spirituelle à laquelle vous NE TRAVAILLEZ PAS .

Si mes propos vous semblent durs, c’est qu’encore ils touchent en vous certains points qui n’ont pas cédé, tout ce qui touche d’une manière apparemment dure est automatiquement lié à la correspondance inconsciente d’un problème qui n’est pas dépassé mais entretenu .

Quand on peut entendre cela c’est que l’on est prêt à faire le travail, quand on le conteste en rejetant  cette  apparente  dureté,  au  nom  de  l’humain,  c’est  qu’une  résistance  bloque inconsciemment le pas à faire .

Examinez sans détour et sans concession vos réactions et tout de suite commencez à agir sur vous afin de vous en dégager .

AVEC JOIE AVEC HUMILITE AVEC SIMPLICITE AVEC HUMOUR Ces quatre points sont à conquérir en amour du service et avec lucidité sur ce qui est à faire aujourd’hui pour l’humanité et qui passe aussi par votre conscience à chacun .

Tous les disciples doivent se prendre la main, se donner le cœur, relier les consciences afin de résoudre dualités et humeurs mesquines, de manière à ce que les éclaboussures disparaissent à la globalité d’une marée nouvelle, annonciatrice de ces nouvelles rives inaccessibles au mental et dont dépend l’évolution ainsi que les voies nouvelles sociales, économiques, démocratiques à trouver afin que soient résolus les problèmes majeurs qui encombrent le monde .

PRATIQUEZ APPLIQUEZ .

Les énergies puissantes présentes à cette phase de l’enseignement sont là pour cela, ne jouez pas les disciples sceptiques et même si vous ne pouvez y adhérer, alors travaillez et servez mais attention que le mental soit réellement remis à sa place pour ne pas servir trop facilement les forces adverses .

Restez immobiles et que votre réflexion se fasse au silence de dieu, afin de ne plus sauter à pieds joints dans ces courants contraires que vous produisez .

Les éclaboussures cesseront et déjà vous serez positifs puisqu’aucune agression venant de vous n’attaquera le travail de la Hiérarchie .

Mais cela demande un travail, des efforts, une reconnaissance et une volonté de bien pour l’humanité toute entière qui actuellement s’échappent aux éclaboussures que vous produisez .

Étant de ceux qui s’expriment plus par l’action que dans le discours, je vous demande, pour le service, d’agir plus que de parler, y compris sur vous-mêmes .

Moi Morya, je suis à vos côtés par la conscience du groupe global à laquelle vous pouvez participer si vous le décidez .

Je suis présent à cet enseignement et à tout ce qui est entrepris en fonction du service dont il traite .

Votre évolution individuelle vous regarde et vous en avez la charge .

Rejoignez-nous dans les rangs bénis de la Hiérarchie, le travail est urgent, l’urgence lourde et la lourdeur qui gangue l’humanité, à déblayer, à casser, à digérer, à transmuter en lumière .

À nos frères et sœurs présents parmi vous, ne donnez pas de votre gangue personnelle, c’est une surcharge colossale dont vous êtes inconscients .

Prenez en conscience, que le service par votre vigilance constante soit facilité .

Ils sont en charge d’actions ponctuelles dans les domaines sociaux, politiques et autres et ils doivent assurer une présence physique qui est sans cesse menacée par les éclaboussures de vos saletés personnelles .

Cessez tout cela .

TRAVAILLEZ SUR VOUS SANS COMPLAISANCE SANS JEREMIADE SANS RELACHE SANS MAUVAISE VOLONTE APPLIQUEZ PRATIQUEZ Si ce que vous avez lu jusqu’à présent ne vous a pas aidé, alors où est la solution? Répondez à cette question .

Et si par malheur vous connaissez par cœur des passages entiers de l’œuvre de mon frère D .K avec A .A .B .3, oubliez-les très vite, cela veut dire que votre mental seul s’en est saisi et que vous avez été incapables d’en vivre la phase initiatique .

Parce que tout passage initiatique bien assimilé en vie pratique ne laisse aucune trace mentale puisque par essence, elle tend au-delà .

Ce point est important, n’y réfléchissez pas, pratiquez-le .

PRATIQUEZ APPLIQUEZ SERVEZ .

La vie spirituelle doit être incarnée .

Cela demande beaucoup de travail, beaucoup d’efforts, beaucoup d’amour .

J’ai dit! Quand en ce bout du monde ensoleillé les eaux de l’atlantique se mêlent à celles des caraïbes, le calme fébrile des vagues océanes investit le calme turquoise de l’eau tranquille d’une mer sereine en ses lisses surfaces et là, entre sel et sel, entre soleil et soleil, aux peaux brunes des indigènes en survie, se profilent les mouvements lents que les âmes opprimées vivent entre pesos miséreux et dollars triomphants .

À cette vie ralentie par des ressources défectueuses, chacun, face à ces eaux apaisantes, repousse l’horizon aux rêves impossibles que peuplent des touristes avides d’eux-mêmes et indifférents aux autres .

dans un pays où les peintres à l’expression naïve pullulent, les ors et les ambres, les pierres locales et les coquillages vidés allument aux yeux des visiteurs des sursauts de consommation vite satisfaits et vite oubliés aux valises pleines que ne rempliront encore une fois que la douce frénésie d’un avoir qui, ici, ne coûte rien .

Et dans cette déformation des sociétés technologiques et économiques qui déversent ici leurs plus beaux spécimen en quête de plus, il est bon d’oublier l’être un peu plus, si c’est encore possible .

Ce que l’on fait .

Quand par hasard l’être, en énergies spirituelles fortes, dévoile en ses difficultés à s’imposer des Brèches dans l’ego qui vibre de mieux exister, alors, la personnalité, râleuse, est dérangée par ce travail, incongru à l’ego, qui ose, grâce à la nature et à la conscience, imposer ses phases exaspérantes .

A ces privilèges que la nature donne en sa profusante beauté, le cœur se fait sourd, occupé qu’est l’ego à demander plus de vacances, plus de repos, plus de bien être  . . . En ces eaux mêlées, superbes, qu’offre la nature à votre regard, examinez en vous les frontières subtiles où se mêlent encore calme et réaction, rejet et action, râleries inutiles et aspiration à ce qui n’est pas.

A se contenter de ce que l’ego paraît, on passe à côté du cœur qui, bientôt en berne, va chercher sous d’autres cieux ce qu’il n’a pas trouvé en lui .

3 Djwhal khoul et Alice Ann Bailey, deuxième phase de l’enseignement hiérarchique, éd .

lucis trust .

A ne pas se contenter de ne pas être plus ce que l’on est, le lieu devient havre de travail où la joie, comme une grande amie va satisfaire le cœur et faciliter aux énergies de l’âme le passage dans les choses du monde .

Et tandis que le cœur ouvert vivra cette nature en contact heureux et fructueux pour le service, examinez en vous, quand vous prenez des vacances, pourquoi elles vous sont données .

Moyen de service ou plaisir personnel? La réponse à cette question délimitera la distance à parcourir en vous-mêmes pour rejoindre la Hiérarchie, Shamballa et le service auxquels ils sont liés .

A ne pas s’oublier on se perd .

À se perdre aux problèmes psychologiques Des autres, on ne trouve que le moyen illusoire de s’oublier alors que la réalité n’en est qu’une piètre solution à ses propres problèmes .

Et ainsi, comme l’atlantique se mêle aux caraïbes, sans frontière précise que celle qu’en ont décidé les hommes, vous vous mêlez en vous mentant, sans frontières que celles qu’en a décidé l’ego .

Le regard perdu sur ces horizons marins magnifiques, puissent ces réflexions jaillir en vous comme un jet de conscience sur l’écran opaque de vos propres illusions, vidant, aux mirages qu’il vous reste, ces marées importantes qui noient en vous ce que vous croyez avoir réglé .

Que les vacances que vous prendrez dorénavant, et où que vous alliez ou choisissiez d’aller ne soient que tremplin à l’âme et ouverture au cœur .

Que chaque jour en soit l’opportunité d’une aube régénérante où, dans la joie vous accomplirez en conscience et sans râlerie intempestive ou regret ce qu’il y aura à accomplir energétiquement, et cela demandera des efforts, encore, encore et toujours .

ce carnet de bord, de Shamballa aux caraïbes avec pour départ paris et destination Punta cana, met en phase un travail de médiation, un travail énergétique puissant, un travail d’éducation, et un travail de communication, ces travaux en synthèse sont accomplis sur tous les plans à la fois et ma sœur L .C . en a assumé en totale impersonnalité les phases successives et simultanées en pleine conscience de Shamballa et de groupe global .

A cette joie qui l’habite ici et ailleurs soyez sensibles .

A cette synergie dynamique dont elle entraîne dans l’incarnation la conscience du groupe global, apportez vos énergies et retirez les forces par lesquelles s’expriment les soucis et difficultés de vos vies .

en ces eaux mêlées que le maître en incarnation de sixième degré est obligé de traverser coûte que coûte pour le service, effacez tant que vous le pouvez les frontières de vos egos afin que les vagues océanes de vos propres bouleversements ne noient pas la limpidité turquoise de la sérénité qui précède Shamballa en ses rives sacrées emeraude-diamant .

Aux séjours de vos déplacements, apposez le sceau de la Hiérarchie et que rien n’interrompe le service, que rien ne mette en sommeil ou en parenthèse la conscience .

Et si des algues sombres étalent leurs nappes noires au clair liquide de vos difficultés, brouillant au cœur le prochain pas auquel vous résistez, alors, lucides, connaissez en vous les blocages pour mieux les passer .

Les algues sont vivifiantes et la turquoise limpide des mers caraïbes peut s’en passer en sa transparence eclatante, de même que vos regards enchaînés peuvent se défaire des sombres plaques qui vous en sépare .

 

AIMEZ: LES PAYSAGES LES DEVAS LA GRACE LA BEAUTE VOUS-MEMES et LES AUTRES . . .   . . . en même temps, tendez de toutes vos forces énergétiques vers le cœur et le service qui en dépend .

Après, en Shamballa, tout pour ce service aura une juste place .

Et des lieux que ne choisit jamais vraiment le maître en incarnation de sixième degré jusqu’aux rencontres et contâtes avec nous qui s’y font, tout, absolument tout aura la note du service dans une discipline totale et en toute responsabilité et en toute conscience .

A ce carnet de bord, laissez aller votre cœur et en toute conscience, écoutez le cœur ouvert qui en a rythmé de ses battements humains de femme les plus belles résonances, donnant et œuvrant, au silence de dieu ou en ses expressions les plus sages, toute la folie lumineuse que jamais le mental ne peut connaître en ses formes dures .

Aux pages de ce carnet de bord de Shamballa aux caraïbes, vous avez entendu battre, dans l’incarnation, un cœur ouvert au service .

Puissiez-vous l’écouter .

Puissiez-vous l’aimer .

Puissiez-vous en suivre l’énergie christique, afin qu’ensemble nous puissions servir l’humanité .

Je suis avec vous .

J’ai dit! PUNTA CANA 30 mars 1993 13h40

 

 

 

 

ÉPILOGUE Il y a dans l’incarnation que je suis venue vous consacrer des moments qui me sont alloués .

Jamais personnels, ils correspondent à des projets particuliers qu’il m’est donné de vivre d’une manière agréable afin que le service, en ces points précis, soit facilité .

Punta cana correspond à l’un de ces moments qu’en tant que femme je peux apprécier et qu’en tant que médiatrice je peux assurer .

Si la discipline que je compte au temporel comme une loi humaine qui s’applique au divin et à l’humanité que je suis venue servir, a les priorités que la femme en moi ne remet plus en question, il y a des moments délicieux que je suis gré à la Hiérarchie de m’accorder .

–  un bain dans une eau cristalline, même s’il est fonction de l’écriture et y est soumis .

–  le regard d’un homme qui me plaît même s’il n’est, en aucun cas prioritaire et même si je le vis non en futilité mais en accompagnement agréable, même s’il me ravit sans me troubler, même s’il demeure sans me préoccuper, même si en abandon total, je ne devais plus jamais le croiser .

–   des rencontres chaleureuses où le cœur d’une jeune femme ou d’un jeune homme se livrent, instantanément et parlent d’une intimité ou d’une vie difficile que d’ordinaire ils taisent .

–   l’aide à une amie qui n’est avant tout qu’une âme encore maladroite et dont les réactions humaines me touchent sans me heurter, tandis que dirigées vers moi, elles heurtent les autres sans les toucher, ce qu’ils me disent, étonnés de mon calme silence ou de ma joie inaltérable .

–   dans la vaste solitude que je reconnais comme un bienfait des dieux, que j’aime et dont j’ai besoin pour le service, la douceur, ici à Punta cana, de n’être qu’une femme tandis que chaque jour, chaque nuit, sans cesse mon travail se poursuivait sur tous les plans .

Le bonheur tout humain de n’avoir pas à en parler, ni à témoigner ni à polémiquer, ni à convaincre, encore moins à vaincre ces formes dures qui sont plaquées aux soupçons et doutes qui me poursuivent .

Cette joie toute simple d’être parmi les autres, même si par moments, ils s’en étonnent sans bien savoir pourquoi .

–   au Québec, au Pérou, à new York, trouver des ouvertures qui se croient amicales et ne sont que connections nouvelles pour service à venir – parce que là il y aura du travail et que cela touchera des points particuliers de la société mondiale .

–   donner de l’amour, comme d’habitude sans rien dire et ne pas en être suspectée ni jugée faussement parce que dans le cadre du club méditerranée tout est insouciance loin des réalités .

et même sous les réflexions exaspérées d’une amie en difficulté, vivre pour les regards de ceux qui entendent une banale histoire conflictuelle et amicale alors qu’une intériorité est en question et un enfant initié en priorité .

–  vivre tout cela en conscience dans une nature sublime et amicale, douce et avenante, complice avec les dévas de cette régénération indispensable qui m’est offerte et à laquelle je participe en ce prâna, souveraine panacée dont les villes et l’environnement me privent jusqu’au malaise physique suffoquant que je vis si régulièrement entre villes polluées et mentais polluants .

– et faire mon travail comme un service renforcé au rythme des heures qui passent, des bains de mer et des cœurs et âmes qui jusqu’ici sont en quête et surnagent aux péripéties d’une vie à éclairer, à aimer .

En cette journée qui clôture le séjour dominé en tout par la note du service et les énergies de Shamballa, je rends grâce pour le privilège exceptionnel d’avoir pu travailler dans des conditions idéales .

En tant que membre de la Hiérarchie je remercie pour cette opportunité et cette facilité de contact que rien n’a troublé .

Rien .

En tant que femme j’apprécie la découverte d’un paysage et des conditions optimales dont ma santé, mon processus véhiculaire et mes énergies ont bénéficié pleinement et dont le rire a ponctué les plages de travail .

plaire n’a jamais été ma note-clé, encore moins maintenant, mais si en moi, ont plu, ont retenu les regards et les cœurs, ont touché les âmes, chez ceux qui ne savent rien de ma réalité et de ce travail hiérarchique qui m’occupe ici, si en moi donc, ont plu des points précis, je sais pour ma part, en toute conscience, que ce ne sont que les impacts forts de cette médiation constante qui magnétisent la femme et rendent accessible, dans l’ignorance de ceux qui y sont sensibles, ce que le cœur ouvert véhicule en ses possibilités illimitées .

Et que «plaire» dans ces conditions n’est qu’une responsabilité de plus qui s’ajoute en relativisant les regards et en mettant la conscience de groupe dont je suis le pivot sur terre en vedette à nouveau, ce qui, je le déplore, n’est pas bien compris par ceux qui «savent» et connaissent mon travail .

a cette beauté humaine de pouvoir être tout simplement une femme en vacances, ma responsabilité et ma conscience de membre de la Hiérarchie ont été renforcées par la liberté puisée au sein d’une nature si belle qu’elle en a marqué ce carnet de bord de ces accents symboliques, comme des virgules purement humaines, donc divines, de ce moment béni d’une incarnation .

J’en suis gré, j’en rends grâce, consciente de n’être que ce que je suis, mais heureuse d’en communiquer l’essence dé la note concernant le XXIe siècle tout entier et l’humanité que j’aime comme une sœur aux têtes multiples qui n’auraient pas toutes la raison et encore moins le cœur .

Puissent ces notes en ce carnet de bord, faire voyager votre cœur et que depuis Shamballa jusqu»aux caraïbes, mon accompagnement vous soit doux même si mon maître el Morya frappe à nouveau avec tout l’amour du rayon un lorsqu’il volatilise ce qui ensuite doit s’harmoniser un peu plus pour le bien de tous .

A tout ce que ces jours auxquels je suis passée va vous communiquer, je vous espère aussi présents en conscience que j’y suis, dans cette communication dont j’ai la responsabilité je vous souhaite toute la créativité dont le cœur a besoin pour qu’en son âme toutes les énergies soient stimulées .

En toute simplicité avec reconnaissance et joie, que le chemin continue, avec votre aide et votre soutien à tous, puisque ceux des maîtres sont acquis au mieux être de l’humanité auquel ensemble il nous est donné de travailler et de participer .

 

Votre sœur L . C .

 

31 mars 1993 – 5h

 

PUNTA CANA

CUANDO EL MAESTRO DICE “ADIOS”

Lo trágico para la mayor parte de las fraternidades religiosas se encuentra en el hecho de que el grupo reunido en un momento dado alrededor del guía genial que lo inspira y lo dinamiza está condenado a perecer de una muerte sin gloria, si no descubre en su seno a un sucesor capaz.

 

Vemos en nuestra época, a más de un grupo valioso aferrarse desesperadamente a las enseñanzas tradicionales transmitidas por el fuego del maestro, inquietos al ver como les alcanza la muerte espiritual.

 

Desgraciadamente, cuando desaparece el Maestro, dejando atrás un grupo de  hambrientos,  la Llama que él encendía se vuelve cada vez más pequeña, más débil.

 

Hay una ley espiritual que quiere que toda Luz descendida en un momento dado en el mundo sea sin cesar alimentada, si quiere permanecer viva.

 

El grupo incapaz de encontrar en él su alimento ya no podrá jamás guardar su Llama encendida.

 

La herencia espiritual de los grandes es encerrada en gruesos libros. Estos pasan de mano en mano. Numerosos son los que  los estudian, estudiando la letra, sin llegar a descubrir el secreto, la Luz escondida indiscutiblemente entre las líneas. Aquel que las lee debe poseer la clave y saber la manera, para poder liberar la Luz…

 

Ahora bien, solo estos que poseen interiormente una parcela de Luz divina por ínfima que sea, son capaces de reavivarla en parte. Ella renace en la medida del estado interior de su liberador.

 

Hay, esparcidos por el mundo, millares de libros que contienen un tesoro divino. ¿El resultado? Vedlo alrededor vuestro. Nadie tiene el poder de desenterrar el tesoro y gracias a él salvar a la humanidad. Hay algunos solitarios que comprendieron el mensaje encerrado en las herencias espirituales de los Guías precedentes. Ellos cumplieron su tarea compartiendo su saber con aquellos que querían escucharlos.

 

Desgraciadamente, la humanidad prisionera de su propia voluntad libre no quiere escuchar que los desaparecidos cuando vivían tuvieron que luchar con la incomprensión y la calumnia de sus contemporáneos.

 

Desde que un promotor espiritual anuncia: <<Un sucesor tomará mi lugar>>  una sorda discordia nace entre los discípulos bienamados.  Un intercambio mental de fuerzas-pensamiento fuertemente terrestres se establece entre ellos que no tiene nada de elevado. Cada discípulo se vuelve consciente de su importancia en el grupo y de la menor importancia del vecino.

 

Se alimenta de pensamientos de crítica, de odio y de envidia. Estos proliferan y el grupo es atacado en su seno por sus propios miembros.

 

Entonces se presentará otro guía. Quizás un hombre totalmente desconocido, un <<outsider>> y gracias a sus conocimientos, desvelará a los alumnos la herencia espiritual de su predecesor. Entonces pueden ocurrir dos cosas: o bien el grupo lleno de crítica verá al recién llegado con desconfianza o bien le abrirá el santuario de su corazón, lo reconocerá y lo aceptará.

 

Pues el verdadero guía espiritual, el elegido, es espontáneamente reconocido y aceptado por el verdadero alumno, el alumno serio. Ninguna duda a este respecto; su convicción, en cuanto a la veracidad del mandato del nuevo guía es absoluta.

 

Pero es preciso no perder de vista que diversos factores, en el campo dialéctico trabajan disimuladamente, a fin de conseguir que se extravíe el alumno que desea la Liberación.

 

Mancillan a placer el pensamiento del hombre despertando en él pensamientos de calidad inferior, creando situaciones que fuerzan al alumno a ocuparse  de hechos secundarios y de poco interés y acaparando hasta tal punto a su espíritu, que se le vuelve imposible pensar objetivamente.

 

Raros son aquellos que, en este mundo, siguen su vocación y más raros aún aquellos que la hacen servir para el bien de los demás.

 

Una agrupación religiosa que ha recibido la misión de trabajar en el mundo está expuesta a la influencia directa de las fuerzas de esta naturaleza, naturaleza que solo tiene razón de ser como orden de seguridad provisional, para aquellos que deben recorrer el Camino de regreso.

Lo que ocurre más frecuentemente es que el grupo religioso serio,  que nació para sembrar, sea absolutamente acaparado por las fuerzas del orden de emergencia ocupadas en realizar un objetivo diametralmente opuesto.

 

Desde que alguien recibe la fuerza y el coraje de invitar a sus semejantes a liberarse de la rueda del nacimiento y de la muerte, en el sentido realmente liberador, ve surgir las dificultades por todos los lados. Solo prosperan aquellos que han terminado los compromisos con las fuerzas de este mundo.

 

Las religiones que caminan en pareja con el mundo florecerán con él hasta su fin. Grandes guías vinieron al mundo y se fueron, dejando tras ellos alumnos provistos de un magnifico equipaje espiritual ¡con el cual, desgraciadamente, no sabían que hacer!

Eligieron entonces, según las normas de este mundo, otro guía que no estaba en condiciones de revelar los tesoros de la herencia espiritual. La prueba de esta penuria espiritual fue entregada, el grupo se volvió un grupo virtualmente muerto. Una fraternidad de letras muertas. Una comunidad de moribundos. La Llama ya nunca se volvió a encender, a pesar de la chispa escondida en la herencia.  Aquel que se había dejado tentar en volverse el sucesor veía muy bien que no tendría éxito en seguir las huellas de su predecesor;  en su angustia y por temor a la muerte espiritual, eligió emplear otros medios. Apeló a otra magia, se adueñó de rituales, patrimonio de otras fraternidades. Así es como una nueva comunidad veía el día y se presentaban  nuevos adeptos. El origen, la Llama divina inicial del grupo se perdía y fue reemplazada por una magia y un fuego que ya no salían del Manantial Divino, sino que eran inyectados desde fuera.

 

Numerosas comunidades religiosas se construyeron así pieza a pieza. Y miles de personas no dotadas de la fuerza y el reconocimiento infalible del guía, que poseen solo aquellos que portan en ellos una Chispa Divina, se perdieron. Continuaban formando parte de un grupo antidivino clasificado sin embargo como congregaciones divinas, universales o gnósticas.

 

Así es como el mundo es mantenido en vilo y apartado de su verdadero destino, pues pocos hombres saben que existen en los dominios invisibles de este mundo –allí donde viven aquellos que nos dejan-  organizaciones que sacan provecho de que el mundo permanezca en lo que es y que intentan prolongar la existencia del orden de emergencia temporal. Voto diametralmente opuesto a los designios de Dios.

 

Pues la morada del hombre, del Hombre original ¡no es el orden de aquí abajo! No, el Hombre original pertenece al orden divino.

 

Dos poderes están presentes en la escena del mundo.

 

La verdadera radiación divina atrae reacciones, reacciones de los guías de este mundo, reacciones de aquellos que reinaban sobre el Caos donde la Luz descendió, a consecuencia de una falsa actividad

 

La Luz ensombrecida en las formas humanas comenzó su camino en el mundo. Ella debe ahora regresar a su Fuente. No por un entrenamiento metódico del cuerpo humano en el que ha caído. No por la meditación que divide la personalidad en una estatura visible y otra invisible que permite a esta última acceder y viajar por el mundo invisible que pertenece, él también, al orden de emergencia.

 

El hombre dialéctico se volvió en el curso de los siglos, un experto en materia de métodos que consideran la liberación, aproximándosele muchísimo, ¡imitando a veces  hasta la confusión!

 

Desgraciadamente, aquellos que espiritualmente guían este mundo, conocen los medios que inducen a la humanidad al error y la conducen al abismo.

 

 

Y no hay nadie para  lamentar la muerte espiritual que entraña una estúpida experiencia.

 

¡No hay poder temporal que se interese verdaderamente en el Alma ni en el Espíritu!

 

Toda religión que se sintoniza con las vías del mundo os propone la felicidad. Una felicidad que podéis contemplar con vuestros ojos terrestres, que podéis experimentar con la ayuda de vuestros sentidos. En resumen, una felicidad que os llevará a un éxtasis  encantador… tal como sois. Ahora bien ¿Qué sois?

 

Sois un hombre de carne y de sangre, la personificación del saber humano.

 

Es de esperar que en el fondo de vuestro ser duerma aún un resto de vuestro origen divino, pero es muy probable que ya hayáis echado a perder este pobre pequeño resto.

 

Os dejáis encantar por falsas apariencias. Os dejáis tomar por un encantamiento que os conducirá a los dominios que os engañarán.

 

Pues nunca, nunca jamás, el hombre tal como es, será capaz de entrar en la Divinidad.

 

Poco importa aquel que os guíe, poco importa donde os lleve, ¡Todo es superchería!

 

Pues un contacto establecido con vuestro <<ser humano>> reposa sobre una unión con vuestra personalidad terrestre.

 

Tanto vuestra exaltación mística como vuestros ejercicios ocultos son igualmente funestos.

 

Cuanto más profundizáis en estas prácticas, más os herís y más os alejáis del Manantial donde debéis regresar. Se ven en nuestros días grupos que adoran al sol y que embelesados, en éxtasis, invocan al más allá y contemplan una aparición debida a su propia emoción; se abren así una puerta que da a los dominios invisibles de esta naturaleza.

 

Centenas de personas son así confrontadas con las fuerzas de esta naturaleza, de manera que ven imágenes, experimentan emociones que parecen divinas… ¡Porque no las disciernen!

 

Y los desgraciados ignoran que se les ha robado su éter-luz de los que ellos mismos tienen una  urgente necesidad para elevarse hasta la verdadera Liberación.

 

Millones de hombres son testigos en nuestros días de los <<milagros>> del cielo, es decir de la esfera reflectora.

 

Su pánico, su sorpresa, su admiración o poco importa el genero de su emoción, los abre, dejando derramarse su éter-luz.

 

Los Grandes Maestros han aportado su Mensaje a todos aquellos que querían escuchar y aquellos que lo han comprendido aspiran a reencontrar a aquel que los guiará más lejos. Pues, si hubieran podido avanzar solos, ya no permanecerían en este mundo. Serían desde hace mucho tiempo liberados y lo habrían demostrado por sus actos. Se habrían vuelto su propio Maestro. Pues, aquellos que son Maestros son reconocidos por aquellos que en verdad recorren el Camino.

 

El dolor será siempre el equipaje de los Mensajeros, el oprobio su recompensa, la desconfianza el fruto de sus palabras. Pero no son los hambrientos quienes les inflingen esto, en verdad no, no son ellos, pues el tiempo de su entrada aún no ha llegado. Aquellos que reconocen al Maestro en su Verbo, en sus actos, ya no vacilarán, pues saben que tienen necesidad de ser dirigidos.

 

Perded pues vuestro estado de hombre unido a la tierra; abrid vuestro ojo interior, a fin de ser videntes.

 

El camino de la Rosa y de la Cruz es un Camino excepcional que no es para todos. Es el Camino que exige coraje y una fuerza espiritual interior.

 

Es el Camino de los Hijos de Dios.

 

Pues un Hijo de Dios dispone de Fuerzas nobles.

 

Aquel que porta aún en él una chispa divina es un Hijo de Dios caído.

 

Aquel que, encadenado, es tocado interiormente por la enseñanza de la Rosacruz demuestra la presencia de su Chispa Divina.

 

¿Por qué, entonces, no habéis recorrido aún el Camino de la Transfiguración?

 

Una Comunidad espiritual es un grupo de hombres que creen en un mismo objetivo.

 

Por su aspiración exclusiva y parecida, crean un campo del Espíritu.

 

Esta aspiración está realmente centrada sobre la Divinidad y una Llama se encenderá en un campo del Espíritu de estas características.

 

Llama alimentada por el influjo de una región superior y vivificada por él.

 

Aquellos que moran en este Campo del Espíritu son fortificados. . Pueden ser incitados sobre el Campo de la Liberación.

 

Ellos mismos pueden santificarse,  <<reconstituirse>> en un campo de este tipo.

 

¿Quién podría rechazar el verse acogido por tal campo del Espíritu?

 

La Rosacruz os restituye la sabiduría de un lejano pasado. Aquel que lo escucha con el corazón la sentirá resonar en él y la comprenderá.

 

 

 

Aquel que busca el alimento espiritual es fortificado por este.

El mundo está hambriento del verdadero Espíritu. Ciertas Fraternidades poseen de nuevo este Espíritu en una forma santificada.

 

Cuando la Rosacruz dice que ella habla en virtud del Espíritu, no tenéis porque creer nuestras palabras.

 

Pues cualquiera aspira al Espíritu, desde lo profundo de su estado divino perdido reconoce este Espíritu.

 

Os saludaríamos con alegría si debierais venir hacia nosotros para escuchar y discernir.

 

Gnosis es conocimiento.

 

El conocimiento interior reconocido.

 

Un saber elevado por encima de todas las normas humanas.

 

Una Fraternidad gnóstica como la de la Rosacruz basa su enseñanza sobre este conocimiento.

Es una sabiduría que apareció al mismo tiempo que el mundo.

 

Es la enseñanza que proviene del pleroma y dada a la humanidad caída, para que pueda reencontrar el Camino de regreso.

 

La búsqueda sobre el plano horizontal os une a la tierra.

 

Si queréis ser liberados, vuestra búsqueda debe llevarse sobre las cosas que no son de este mundo.

 

Ahora bien, estas cosas están escondidas a los ojos de aquellos que no tienen nada que hacer en esto.

 

Vosotros que buscáis la Verdadera Vida, en verdad, todo os será desvelado.

 

 

 

 

 

 

Jan van Rickenborgh

 

 

 

 

 

TRANSFIGURACION

 

 

 

   Catharose de Petri

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Índice

 

 

Prólogo

 

I          La transfiguración

 

II         El sueño del cuerpo

 

III       El Imperio Celeste

 

IV       Tao

 

V         El sistema de santificación quíntuple

 

VI       Vicisitudes del destino

 

VII      El Aliento de la Vida

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo

 

 

Este pequeño libro pretende ser para el lector una lámpara a sus pies que brille para todos , para que, con el estudio de su contenido, obtenga discernimiento sobre la manera en que puede ser efectuada, en y a través de la vida material, la marcha ascendente y liberadora.

 

 

Catharose de Petri

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1

 

La transfiguración

 

 

La transfiguración es un método gnóstico que permite la realización de la endura. La endura consiste en sustituir totalmente al hombre mortal, aislado, producto de la naturaleza, por el hombre divino, inmortal, original, el verdadero hombre espiritual concebido en el plan de creación divino.

Es posible que esta afirmación decepcione profundamente a quienes mantienen la esperanza de poder asegurar la salvación de su yo por medio de la transfiguración. Ellos interpretan a su manera las famosas palabras de Jesús el Señor: Quien quiera perder su vida ‑por la endura‑, la conservará ‑por la transfiguración . Pero puesto que la transfiguración no es otra cosa que la propia endura, lo que, según las palabras de Jesús, se conserva no tiene relación alguna con ningún aspecto del ser dialéctico.

Pero la endura es algo completamente diferente a la muerte natural. El yo dialéctico, como conciencia central de la personalidad, puede estar muerto y haber desaparecido del candidato, aunque continúe viviendo la vieja personalidad de la naturaleza. La entrega de esa personalidad, por la descomposición de la materia, vendrá más tarde, lo más tarde posible, ya que la antigua personalidad puede ser empleada muy favorablemente al servicio del santo trabajo, ¡para rescatar a los hombres de la naturaleza de la muerte!

Se trata de vivificar el alma y transferirle el gobierno y la dirección de todo el estado de ser, sin poder y sin querer otra cosa que entregarse a esa dirección.

El candidato llega así al estado al que Pablo alude cuando dice: no yo, sino el Cristo en mí. Esto no quiere decir que en su yo natural permanezca oculto un aspecto crístico, sino que su ser está orientado hacia el alma despertada y renacida en el microcosmos.

En este camino no puede ser conservada ninguna parte de la conciencia del ser dialéctico. Lo único posible es conservar durante el mayor tiempo posible la vida de la antigua personalidad bajo la dirección del alma renacida. Vemos esto también en las figuras de Juan Bautista y Jesús el Señor, que en el sentido evangélico aparecen mucho tiempo como entidades diferentes, hasta que la primera culmina su tarea como personalidad.

Lo que se conserva es el alma que vive eternamente en el «Tao», tal como lo denomina Lao Tse.

Ahora bien, aunque en las palabras de Jesús se habla de «conservar», también se habla de «perder». Aquél que acepte perder su vida por Mí, la conservará. De ello se puede deducir que si el proceso no es aceptado, éste se efectuará fatalmente en sentido contrario: Aquél que quiera conservar su vida (según la naturaleza), la perderá.

Con esto se alude a una posible desnaturalización del microcosmos que rechaza el camino de la liberación del alma. El átomo séptuple del Loto es separado del microcosmos, el microcosmos se desintegra y sus partes integrantes regresan a su origen.

El camino de la endura por la transfiguración es, pues, la única forma lógica, natural y digna para acabar con la maldición que pesa sobre nuestra existencia y para ofrecer una solución positiva al problema de la humanidad.

Decimos esto con énfasis, porque el camino gnóstico ha sido considerado a lo largo de los siglos como antinatural. Pero recorrer el camino de nuestra vocación divina no puede ser, en ningún caso, antinatural, incluso aunque a veces pueda dar esa impresión.

 

Piense en los conocidos fenómenos del metabolismo. Todas las células del cuerpo humano se renuevan en el transcurso de algunos años. Sabemos con certeza que en un período de aproximadamente siete años el cuerpo obtiene una estructura completamente nueva, y que tan pronto como esta nueva estructura está presente, comienza una nueva sustitución, hasta que este proceso de metabolismo es cada vez más lento y se detiene con la decadencia de la vitalidad. La esclerosis y otros factores de degeneración provocan la llegada del fin inevitable. Tal proceso no conduce a nada, a nada en absoluto, y al respecto no puede hablarse de una muerte que conduce a la victoria.

¡Cuán diferente es lo que ocurre con la endura por la transfiguración! Dicho proceso aporta también un metabolismo, pero completamente distinto. Los átomos y las células de toda la personalidad son cambiados por la transfiguración y cargados de fuerza Mercuriana, la fuerza del devenir humano inmortal. Por este metabolismo, la personalidad dialéctica pierde su carácter natural y todo el ser se transforma. La fuerza Mercuriana se concentra sobre todo en el santuario de la cabeza y transforma casi todos los órganos del cerebro, como consecuencia de lo cual surge un nuevo poder de conciencia.

Esta transformación continúa hasta alcanzar los límites extremos de una extraordinaria capacidad, hasta que prácticamente desaparecen las características peculiares del ser dialéctico, y éste pierde su dominio sobre el microcosmos, por lo que su naturaleza ya no puede prevalecer y queda neutralizado.

En ese mismo instante, como impulsado por un poderoso fuego, el cuerpo ígneo del hombre‑alma se libera. Por este nuevo metabolismo, el peregrino pierde su típico ser dialéctico y, al mismo tiempo, renace el verdadero ser. Una vez cumplida su tarea, el peregrino puede desaparecer como un verdadero servidor. Entonces se produce una muerte que aporta la única vida verdadera.

¡Siga por ello con nosotros este camino de elevación hasta la verdadera victoria!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 2

El sueño del cuerpo

 

El sueño del cuerpo

es la lucidez del alma,

la oclusión de los ojos

es la visión verdadera.

Hermes Trismegistos

 

Debido a los múltiples obstáculos que le dificultan la entrada en el camino, y con el fin de esclarecer y dar profundidad a su comprensión para poder vencerlos, nos gustaría ponerle en contacto con una sabiduría muy antigua, cuyo origen se pierde en las brumas del pasado. Nos referimos a los Upanishads. Los Upanishads ya existían antes de que los pueblos hindúes conquistaran los países regados por el Indo y están íntimamente unidos a la sabiduría hermética.

El sentido profundo de la palabra compuesta «Upanishads» es: «desvelamiento del conocimiento espiritual oculto, con el fin de vencer a la ignorancia». Quienes quieran leer y comprender los Upanishads, necesitan una llave que les ayude a descubrir su secreto. Y, ¿de qué otra llave podría tratarse, sino del alma, de la posesión de la nueva calidad de alma? Ya que la sabiduría de los Upanishads solamente está destinada a quienes, estando en el camino del renacimiento del alma, intentan neutralizar los obstáculos.

He aquí un pequeño extracto de uno de los más grandiosos Upanishads:

 

Después de haber gozado de su estado de vigilia, y de haber visto el bien y el mal, él se apresura a volver a la entrada y al comienzo, a la vida de los sueños. Lo mismo que el águila, cansada de surcar el espacio, repliega sus alas y vuelve a su nido, así también el alma se apresura a volver al estado en el que, dormida, no desea nada ni tiene sueños.

El hombre tiene unas venas que se llaman «hitâ», finas como cabellos divididos en mil, llenas de blanco, azul, amarillo, verde y rojo. Cuando parece que los hombres le matan, cuando parece que le derriban, cuando un elefante parece perseguirle, cuando cae en un abismo, se imagina él mismo estos horrores que ve al despertarse. Cuando imagina estar en un estado divino inatacable, solamente entonces está en su mundo superior. Ni el bien ni el mal le persiguen, porque él se ha elevado por encima de todas las aflicciones del corazón. Cuando ya no ve más esto, ve realmente, aunque no ve, pues lo incorruptible hace que no haya fin para la visión del vidente.

 

El alumno avanzado en los misterios gnósticos, que ha renacido según el nuevo estado de alma, se ha convertido en un ser doble ‑por un lado hombre‑alma, por otro aún en su estado natural‑, que debe sacar el mayor provecho de este estado de ser. Por su estado de alma es perfectamente capaz de escapar a los peligros de las tempestades de los éteres nerviosos, ya que quien ha nacido al nuevo estado de alma, ha recibido la gracia de ver que el sueño del cuerpo es la lucidez del alma.

 

Es cierto que el hombre lleno de alma, que se consagra al Cuerpo Viviente de la Gnosis en entrega total, pasa una gran parte de la noche en el nuevo campo astral de la Escuela; éste es su mundo superior. En la serenidad de este campo, el hombre‑alma adquiere fuerza y conocimiento que le permiten recorrer su camino y realizar su misión cuando, después de algunas horas, deba regresar, revestida y prisionera del manto del nacimiento natural, a esta vida tan llena de las ilusiones de la naturaleza de la muerte.

El objetivo de la permanencia nocturna del alma en el nuevo campo astral de la Escuela, en la Cabeza de Oro del Cuerpo Viviente, es aprender a discernir perfectamente la gran ilusión y la confusión por la que deberá pasar en las horas durante las cuales el cuerpo está despierto, y así poder examinarse de forma perfectamente objetiva, con el fin de ya no ser víctima de ellas.

Las relaciones vitales del hombre nacido según el alma están completamente invertidas: hasta el momento de despertar, el alma está lúcida, está despierta, mientras que la vida diaria en el cuerpo es para ella una vida de sueños.

Por ello dicen los Upanishads:

 

Después de haber gozado de su estado de vigilia, y visto el bien y el mal, él se apresura a volver a la entrada y al comienzo, a la vida de los sueños (la vida diaria del cuerpo).

 

Lo mismo que el águila aspira en un momento dado a volver a su nido, está claro que también el alma aspira a volver lo más rápidamente posible a su verdadero lugar de reposo. Pero este regreso del alma a su verdadera morada cotidiana, depende por completo de su comportamiento en el cuerpo de la ilusión.

De regreso a este cuerpo sometido a la ilusión, el alma es confrontada inmediatamente y de forma muy íntima con el éter nervioso, con el «archaeus», es decir, con las corrientes kármicas en el fluido nervioso. El alma desciende en el cuerpo natural por uno de los nervios cerebrales y permanece completamente despierta en el centro de los santuarios de la cabeza y del corazón. Es difícil imaginar una unión más estrecha que la que existe entre el alma y el «archaeus».

Por esta razón se dice: El hombre tiene unas venas que se llaman «hitâ», finas como los cabellos divididos en mil, llenas de blanco, azul, amarillo, verde y rojo. El éter nervioso presenta todos los colores del espectro, en perfecta concordancia con el estado del ánimo, con los pensamientos, las voliciones y los deseos, y en general uno de los colores prevalece como dominante kármico.

El alma, cuando cada mañana ocurre lo que llamamos el despertar, se sumerge en este mar de éter nervioso, en esta cloaca del pasado. ¿Encuentra todavía extraño que los hombres sin alma o con un alma muy débil sean juguetes del éter nervioso? ¿No es acaso una gracia para el hombre‑alma recibir diariamente la ocasión de escapar a todos los peligros?

Explicaremos ahora el desarrollo de esta posibilidad. Debe saber que todo alumno entregado, cuya alma ha renacido, puede permanecer con su alma algunas horas, mientras el cuerpo natural duerme, en la Cabeza de Oro, que es el aspecto superior del Cuerpo Viviente.

Para comprender lo que allí ocurre, hace falta saber qué es en realidad el alma. Decimos generalmente que el alma es la rosa del corazón despierta. Esta expresión, suficiente para una indicación, es insuficiente para una descripción.

La rosa o átomo original es, en el corazón del microcosmos, el principio latente del hombre original verdadero. Por ello es evidente que tiene que ser séptuple, que debe poseer siete aspectos y que debe conocer siete necesidades fundamentales. El Cuerpo Viviente de una Fraternidad Gnóstica, de una Escuela de Misterios Gnósticos, debe responder completamente a los siete aspectos materiales del mundo del alma, ya que si la rosa quiere florecer, deberá recibir un séptuple alimento.

 

Cuando el capullo de la rosa en su ser abre sus pétalos a la radiación acariciante de las tres energías de ideación del Cuerpo Viviente, se hace indispensable que sea también alimentada por los otros cuatro alimentos, a saber: la materia mental pura, la sustancia astral pura, los éteres originales y también el aspecto material universal.

Cuando es posible nutrir al alma de forma séptuple, su manifestación vehicular posterior ya no tendrá ningún problema. Será simplemente una cuestión de tiempo y, compréndalo también claramente, una cuestión de destrucción de las resistencias del «archaeus».

Dese cuenta de la inefable gracia de encontrarse en semejante Cuerpo Viviente, y comprenda también por qué se le pide sin cesar que se consagre en oblación total a ese Cuerpo Viviente. Un niño podría comprender esta exigencia.

Solamente con la perfecta armonía y unificación entre la rosa del alma y el Cuerpo Viviente, la búsqueda magnética del alma y la atracción magnética de la Cabeza de Oro podrán crear las condiciones indispensables para que el alma pueda permanecer durante algunas horas al día en el santuario interior de la Escuela. Las puertas de este santuario están ampliamente abiertas para todos los que reúnan las condiciones exigidas.

 

Ahora podemos comprender un poco lo que ocurre durante la permanencia nocturna del alma en la Cabeza de Oro.

Cuando el alma ha entrado en el santuario interior de la Escuela, queda ligada por medio de un hilo fluídico con el sistema del nacimiento natural y con el microcosmos. Por esto, mientras respira en su propio mundo del alma, recibe al mismo tiempo una visión panorámica de toda la vida del hombre natural al que está unida. Ve los problemas de este hombre, las situaciones diversas en las que se encuentra, la calidad de su «archaeus», etcétera.

El alma tiene un gran interés por este conocimiento, pues deberá guiar y ayudar a la personalidad de la naturaleza en el camino de la transfiguración ‑a condición de que esta personalidad le permita asumir esta función‑, con el fin de que todo el sistema lleve a buen fin su camino de cruz.

Y ahora escuche bien: en la vida de cada alumno ‑cuando ha llevado a su «archaeus» hasta el estado de paz y ha descendido al silencio‑ llega un momento en que el alma, inmersa de nuevo en la carne, asume una enérgica dirección, una fuerte iniciativa en la vida de la personalidad mortal.

Las características de la vida mortal son: ilusión, quimera e irrealidad. Por consiguiente, el alumno cuya alma no está libre, no está todavía liberada, sigue siendo víctima de la ilusión y de la irrealidad.

Los Upanishads lo explican diciendo: Cuando muchos hombres parecen matarle, cuando un elefante parece perseguirle o cuando cae en un abismo, él se imagina sufrir estos horrores. Todo esto es irreal, ya que la ilusión se le aparece también en su estado pretendidamente despierto.

Sin embargo, cuando el hombre, guiado por el alma y fiel a sus sugerencias, recorre su camino desde la cuna a la tumba con la certeza absoluta de que: Nada puede ocurrirme sin el consentimiento de mi Padre celeste, estoy ‑según las palabras de los Upanishads‑ en lo Divino intangible; entonces él está literalmente, poco importa dónde y cómo, en el mundo del estado de vida liberador.

Ni el bien ni el mal le aprisionan, porque se ha elevado por encima de todas las aflicciones del corazón. Ha vencido a la muerte, ya que no hay fin para la visión del vidente, gracias a la indestructibilidad y a la incorruptibilidad del alma, que traspasa todo, irradia a través de todo y triunfa en todo.

 

 

 

 

 

 

Capítulo 3

 

El Imperio Celeste

 

 

¿Ha reflexionado alguna vez sobre la enorme influencia ejercida por una Escuela Espiritual sobre el mundo y la humanidad?

Una escuela de misterios está destinada, en un sentido muy especial, a quienes desean recorrer efectivamente el camino, a los que desean formar juntos el pueblo de Dios. Tiene además, por su tercer campo magnético, una influencia determinante sobre todos los acontecimientos humanos. Nunca debe subestimar este aspecto del formidable trabajo de liberación emprendido por la Fraternidad. Tal vez está usted tan ocupado en el trabajo y el objetivo esencial de la liberación, que tiende a olvidar los aspectos generales del trabajo benefactor de la Escuela.

En la Escuela se habla frecuentemente de la influencia del tercer campo magnético y de sus efectos, pero todas sus consecuencias y aspectos apenas son desvelados.

¿Sabe que aplicar el método del «no hacer», por la práctica de todos los aspectos de la ofrenda de sí mismo es un comportamiento muy revolucionario respecto al orden natural dialéctico? Pues bien, cuando el número de los que recorran los caminos de la Escuela sea suficientemente grande, éstos harán cambiar muy rápidamente el actual aspecto del mundo, así como las consecuencias finales de la actividad de radiación del tercer campo magnético. Menos del uno por ciento de la población mundial es capaz de modificar, por la práctica del Wu Wei ‑la práctica del «no hacer»‑, toda la estructura de nuestra sociedad desde un punto de vista social, político, económico y religioso, y la consecuencia de este hecho será la creación de un estado más que ideal, tomado dialécticamente.

 

La historia mundial ha conocido ya otras situaciones parecidas. Conocemos en la historia de la antigua China momentos en los que un gran número de hombres siguieron las huellas de Lao Tse, lo cual engendró unas condiciones de vida tan ideales, que se hablaba de China como del «Imperio Celeste», y de todos los rincones de la tierra se viajaba a China para estudiar su política.

Como consecuencia, rápidamente todo fue mal. Esto era inevitable, ya que semejante situación ideal no es más que un fenómeno en el radiante desarrollo de una Escuela Espiritual, un fenómeno transitorio ocasionado por la radiación de la Escuela Espiritual.

Por otra parte, el hecho de buscar la causa de este renacimiento en la política y no en el Wu Wei, hizo decaer la prosperidad rápidamente.

 

Usted sabe que este orden mundial se dirige hacia su final, y también conoce el estado lamentable que se concreta con una fulminante rapidez. Estas son las señales del final. Esto radica en el aumento del número de líneas de fuerza magnéticas, cuyo origen no puede encontrarse en esta naturaleza ordinaria.

Sin embargo, no es necesario en absoluto que el ocaso de este día de manifestación esté caracterizado exclusivamente por una profunda y atroz miseria, que sumerja cada vez más a la humanidad en una bestialidad extrema, para ser finalmente abandonada en tal estado de animalidad, ya que un nuevo esfuerzo de salvación en un nuevo día de manifestación tropezaría con enormes dificultades estructurales y fundamentales. Por ello es preferible que el final tenga lugar en una coyuntura altamente moral y mística, antes que en una situación diametralmente opuesta.

 

La gran bendición aportada por la Escuela Espiritual reside, pues, en que no se ocupa solamente de la salvación de todas las entidades a ella confiadas, sino que, al mismo tiempo, crea nuevas posibilidades, para todos los rezagados, en un reino celeste que, aunque temporal, despierta psicológicamente la esperanza de la liberación final.

Compare un hombre que perece en la más horrible miseria, con el hombre que perece en una esfera de dicha personal. El primero estará sumergido en el odio y la pasión, y será capaz de todo a causa de su egoísmo y del miedo desmesurado que le invade. El segundo, siempre consciente de la fragilidad de su dicha, será mucho más accesible al contacto gnóstico.

 

Es un privilegio poder testimoniar que la Escuela Espiritual, con sus hermanos y hermanas, no se contenta con separarse, por la práctica del Wu Wei, de un mundo en decadencia, sino que, por tal práctica, deja a los rezagados una gran dicha terrestre, con el fin de que precisamente por un ocaso en tal esfera de felicidad, quede establecida una base para que la Gnosis los encuentre y rescate.

Por ello, levántese y encuentre consuelo en el pensamiento de que por un alumnado positivo no sólo se ayuda a sí mismo y sirve a la Escuela, sino que sirve prácticamente a toda la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                        Capítulo 4

 

Tao

 

 

La Senda es la causa primera, comprendida en sí misma.

Ella era, es y será en toda la eternidad.

Su omnipotencia está limitada por el espacio y el tiempo.

De su Logos nació el alma del mundo.

 

Todos los Misterios son unánimes al decir que la Senda es la causa primera , ya que de las santas Fuerzas Divinas se manifiesta la vida verdadera, y es evidente que la verdadera vida es eterna. Se trata, por lo tanto, de que todos participemos en esta vida eterna, la veamos y conozcamos de nuevo.

Con este fin, la vida verdadera nos envía, en nuestro estado mortal, un haz de rayos de luz, fuerza y belleza, que establece así el puente por el que entraremos en la Patria original.

Cuando el alumno se mueve en «la Senda» o, según nuestra terminología, cuando el alumno se sabe aceptado en el nuevo campo de vida, sabe que el mundo del espacio y del tiempo le limita todavía.

 

El recto Camino es vibrar con su ritmo,

reconocer en cada respiración la universalidad.

Fundirse en su radiante luz,

de modo que sólo subsista la voluntad que todo lo anima.

 

El alumno está en el recto camino, el sendero que conduce, sin desviaciones ni caminos laterales, a la nueva vida liberadora, y el ritmo del camino de liberación está en él y a su alrededor. Este ritmo es como un cántico del Señor, como la corriente del río divino que emana de la Ciudad Eterna.

Cada respiración es como un latido, es la sangre viva a través de las arterias. Y así, de respiración en respiración, el alumno se une poco a poco con el universo divino. Todo su ser se vuelca hacia él; no existe para él nada más que la voluntad que todo lo anima, la cual le impulsa y conduce.

 

Del conocimiento crece el discernimiento;

el ser se refleja en el fenómeno.

La cohesión forma el granito,

hace que la comprensión aparezca ante nuestros ojos.

 

De forma natural, el alumno entra en un campo de nuevas percepciones sensoriales. Aprende a discernir, es decir, a contemplar, a apreciar el contacto divino. Cuando penetra así en el nuevo campo de percepción, es lógico que viva en él y que las consecuencias se demuestren en todo. El ser divino se refleja en este maravilloso peregrino. La fuerza de la ley de cohesión se muestra ante los ojos del candidato. Así como la ley de cohesión mantiene unidos a los átomos de una piedra de granito, por esta misma ley divina el nuevo ser del alumno será reunido para mayor gloria.

Oh poderosa energía que vivificas las formas,

que de la semilla haces brotar el roble,

que en el cielo haces girar las gigantescas ruedas

y haces crecer el Loto del limo sombrío.

 

La fiesta del despertar continúa. El roble crece de la tierna semilla de la renovación. ¿No personifica este gigante del bosque la unión del alumno con el Espíritu Santo universal? Y el loto blanco, delicado, puro, que se eleva del barro, ¿no simboliza la eclosión del principio de fuerza del Espíritu Santo en el alumno, el despertar de la Rosa latente?

 

Por esto, todo mortal busca en su vida

lo que le unirá a la palabra olvidada.

A veces un delicado acorde le arrebata y siente,

penetrado de respeto, el esfuerzo divino.

 

Es indudable que usted busca con nosotros la fórmula mágica olvidada, el «ábrete Sésamo» de los misterios. A veces crece en nosotros una débil sugestión de esta palabra olvidada. Entonces nuestro ser es tocado y, por un momento, «conocemos» cara a cara las intenciones divinas con respecto a nosotros, seres humanos caídos. Pero:

 

Cuando en las tinieblas irrumpe la luz,

el hombre se reconoce a sí mismo en el universo.

Entonces germina la palabra que, una vez expresada,

le libera del valle de lágrimas terrestre.

 

Si su comprensión se ha convertido en conciencia, si ve claramente el lugar que ocupa en el horror del campo de vida terrestre, sepa que le fue concedida una gracia infinita, ya que la palabra sagrada de la que usted no tuvo hasta ahora más que vagos ecos y débiles sugerencias, podrá germinar en usted como semilla divina.

Cuando esta semilla germina en su santuario del corazón, entonces rompe usted todos los obstáculos de su círculo de existencia, rompe los lazos de la conciencia, del alma y de la materia, y el dominador de este mundo pierde sobre usted todo poder. Por consiguiente, es comprensible y científicamente cierto que:

 

La Senda lo engendra y hace que «eso» crezca,

lo desarrolla, lo alimenta y lo perfecciona.

Madura y protege, hace morir y florecer,

en circuitos interminables.

 

Ella es el poder que guía a todas las cosas

y no posee nada más que su propia vida profunda.

No haciendo nada respira la eternidad.

Ella es el misterio que nunca será escrito.

 

Ante nuestra conciencia está el hombre radiante, despojado de todos los lazos de la naturaleza dialéctica. ¡El ha muerto y resucitado! Sin hacer nada, respira la eternidad.

El hombre de esta naturaleza está sin cesar en movimiento, lleno de actividad, siempre quiere hacer algo. El peregrino en el camino llega a penetrar en el secreto del «no hacer» de Lao Tse y no deja que el yo le domine. El Señor de toda Vida es quien quiere y quien actúa en él.

Cuando el alumno está unido nuevamente a «eso», al camino, al Tao, a la Gnosis, está en unión libremente consentida con lo Eterno, con el Reino de Dios en él, con el hombre‑Jesús en él. Y el Otro, que no se explica por la naturaleza, actúa, vive y es. El ser del yo ha desaparecido, está muerto para no existir nunca más en toda la eternidad.

 

Tomemos juntos la decisión de recorrer este camino de eternidad. ¡Venga con nosotros por las Puertas Eternas hacia la Vida Eterna!

 

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Las citas del Tao Te King que aparecen en este capítulo han sido extraídas del libro «Teh, universele bewustwording» de C. van Dijk, Amsterdam 1934.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                Capítulo 5

 

El sistema de santificación quíntuple

 

 

Chuang Tse, uno de los más conocidos discípulos de Lao Tse, escribe en una de sus obras :

El que ve su necedad, es ya menos necio, y quien se sabe en la ilusión, yerra ya menos. Quien está demasiado equivocado, nunca podrá deshacerse de su obcecación; el verdadero necio no será agudo en toda su vida.

Si tres hombres caminan juntos y uno de ellos está extraviado, ellos alcanzarán de todas formas su meta, ya que el extraviado está en minoría. Si por el contrario dos están extraviados, no alcanzarán su objetivo, ya que los extraviados están en mayoría.

Actualmente, todo el mundo vive en la ilusión, y, aunque estimulo a los hombres para que vayan por la buena dirección, no puedo convencerles de que la sigan. ¿No es esto lamentable?

 

Una vez conocida esta cita, comprenderá sin duda el significado y el objetivo del primer escalón de la quíntuple Gnosis universal, que lleva por nombre «discernimiento».

Adquirir discernimiento, en sentido gnóstico, no es poseer cierto conocimiento de las cosas o comprender un problema más o menos complicado. El discernimiento gnóstico, como primer escalón en el camino, significa en primer lugar auto‑desenmascaramiento.

Por esto se dice en la antigua enseñanza de la sabiduría: El que ve su necedad, es ya menos necio, y el que se sabe en la ilusión, yerra ya menos. El ser humano que descubre su propia necedad y percibe los velos de la ilusión en los que está envuelto, experimenta, al mismo tiempo, un gran deseo de escapar de su necedad y de su ilusión. Y, por el primer escalón, el del discernimiento que conduce al conocimiento de sí mismo, se siente, como una necesidad, el segundo escalón, el deseo de salvación.

Es evidente que el hombre equivocado nunca podrá rechazar su ceguera, pues no siente la necesidad de hacerlo, ya que, cegado por el error, vive en la ilusión de no vivir en la ilusión.

¡Qué bendición representa el ver su propia necedad! Quien llega a este punto, ya está desgarrando las redes de la ilusión.

El alma humana tiene cinco aspectos, conoce cinco estados de ser, posee cinco fluidos. En concordancia con ello, la Gnosis Universal también es quíntuple. Cada escalón de este quíntuple sistema de santificación produce la purificación y el cambio de uno de estos fluidos, y los prepara para su desarrollo particular.

La sangre es la base; si la sangre cambia, el ser se abre; por ello, el camino del discernimiento purifica la sangre. Luego viene el fluido hormonal, que sigue exactamente al proceso del cambio de la sangre, y el deseo de salvación entra como un suspiro por todo el ser. De esta manera es preparado el fuego de la serpiente, y la directa y actual inclinación del yo a su entrega vibra por la sangre, ascendiendo del plexo sacro. Como consecuencia de ello, el conjunto del fluido nervioso es conducido hacia una nueva actividad, hacia un nuevo comportamiento de vida, a recorrer los caminos de Dios, de modo que, en quinto lugar, y para terminar, el séptuple fluido astral de la conciencia se transforma, convirtiendo el renacimiento del alma en un hecho. ¡Qué privilegio poder descubrir su propia necedad en la luz desenmascaradora de la Escuela Espiritual!

Así como en un laboratorio se investiga sobre las propiedades de las diversas materias, cada alumno se ve colocado en las probetas del laboratorio alquímico de la Escuela Espiritual, las cuales están llenas de la luz reveladora de la Fraternidad. ¡Feliz el alumno que experimenta cómo se puede reaccionar con una capacidad sensorial nueva!

 

Quien no reaccione y quede prisionero de la necedad dialéctica, no alcanzará en toda su vida la claridad.

 

Observe, para terminar, un aspecto de la actividad bienhechora de la Escuela Espiritual. Suponga que, a pesar de los esfuerzos realizados en los talleres alquímicos de la Escuela, un tercio de los alumnos reaccionara negativamente, pues, por alguna razón, le falta el necesario discernimiento inicial, mientras que los otros dos tercios reaccionasen bien. En este caso es posible que los dos tercios que comprenden conduzcan al otro tercio hacia el objetivo:

Si de tres hombres que caminan juntos, uno de ellos está extraviado, los tres alcanzarán de todas formas la meta.

La relación no debe ser modificada en sentido desfavorable, de modo que los extraviados estén en mayoría. La inmensa importancia de la unidad de grupo aparece así con claridad ante usted. Un grupo pequeño perfectamente decidido puede ser, de manera irresistible, una gran bendición para muchos.

Quien penetra en los procesos del renacimiento del alma, crece en la gracia radiante junto a Dios y a los hombres.

 

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Las citas en este capítulo y en el siguiente han sido extraídas del libro «Uit de werken van Tsjwang Tse» de J. A. Blok, N. Kluwer, Deventer 1951.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                              Capítulo 6

 

Vicisitudes del destino

 

 

Tsien Wu dijo a Sun Siu Au: «Señor, usted fue tres veces primer ministro y no se sentía orgulloso de ello; fue cesado tres veces y no mostraba ningún abatimiento. Antes yo no tenía plena confianza en usted, pero ahora veo cuán regular y calmadamente pasa el aliento por sus fosas nasales. ¿Cómo domina su espíritu?»

Sun Siu Au respondió: «¿En qué aventajo yo a los demás hombres? Cuando el cargo me fue confiado, consideré que no debía rehusarlo. Cuando me fue quitado, pensaba que no debía conservarlo. Consideraba que tener o no ese cargo en nada cambiaba lo que yo era y que no había ninguna razón para mostrarme abatido. Esto era todo ¿En qué sobresalí yo de los demás? Además yo no sabía si el honor era para la dignidad del cargo o para mí mismo. Si el honor pertenecía al cargo, no era para mí, y si me pertenecía, no tenía nada que ver con el cargo. Con esta incertidumbre y tomando todo en consideración, no tenía ocasión para averiguar si los hombres me estimaban importante o ínfimo.»

Tsung Ni escuchó esto y dijo: «El verdadero hombre de antaño no puede ser descrito plenamente por los grandes sabios. La belleza no puede conducirle a la disipación y no puede ser asaltado ni por el ladrón más peligroso. Ni el emperador Fu Hi ni Huang Ti pudieron coaccionarle en base a su amistad. La vida y la muerte son acontecimientos llenos de importancia, y sin embargo, no podían alterar su ser más profundo, ¡cuánto menos le importaría el cargo y los privilegios! Con tal naturaleza, podía subir sin impedimentos a la montaña Thai, sumergirse sin mojarse en la charca más profunda, desempeñar la más humilde e ínfima función sin ser humillado por ello. Suya es la plenitud del cielo y de la tierra. Cuanto más daba a los demás, más le quedaba para él.

 

Esta cita de la obra de Chuang Tse se refiere a las vicisitudes del destino, tan numerosas en la vida de un hombre dialéctico y que pueden modificar completamente las situaciones en las que vive.

El protagonista del relato se evidencia como un hombre que está en el proceso del renacimiento del alma. Impasible, gracias a la elevación de su alma, tanto frente a su nombramiento como primer ministro, como ante la retirada de ese cargo. El realiza su tarea social y, cuando llega el momento, se desprende de su cargo. Este tipo de asunto no tenía nada que ver con su vida interior, a la que no daba ni quitaba nada.

Yo consideraba ‑dice‑ que tener o no este cargo, en nada cambiaba lo que yo era y que no había ninguna razón para mostrarme abatido. Esto era todo.

En efecto, él estaba por encima de las vicisitudes de la vida y aceptaba la situación tal como se le presentaba cada día. Esto no alteraba en nada la tranquilidad de su alma.

Pero consideremos el caso en que la persona
afectada, en virtud de su estado de ser, no ha escapado, de ninguna manera, al juego de las vicisitudes, participando completamente en ellas. En tal caso, el comportamiento que mostraba el ex‑primer ministro sería mentiroso, teatral y en disconformidad absoluta con la realidad.

Mientras el corazón no esté limpio de impurezas ni sea alcanzada la paz del alma, el hombre pasa por una multitud de experiencias, y estas experiencias están frecuentemente relacionadas con las vicisitudes del destino, que marcan profundamente nuestra vida y, a veces, nos golpean como si fuesen martillos.

¿Podemos decir en tal estado: «Esto no me concierne», o «Estoy por encima», o «Esto no me produce ni frío ni calor», o «Yo no me inmuto»?

 

Ciertamente no, porque esto sería dar prueba de que no se han comprendido, o no se quieren comprender, las causas que determinan sus experiencias y se rechaza las consecuencias relacionadas con ellas. Tal comportamiento demostraría ignorancia, orgullo o auto‑conservación, o una mezcla de los tres.

Cuando usted comete un error y la Fraternidad le corrige ‑y estas correcciones se producen siempre por las experiencias que le llegan‑ tiene el deber de demostrar, con humildad y agradecimiento, que está decidido a aprender la lección y a sacar las consecuencias de ello. Y si en ese momento le falta la sabiduría del discernimiento, debe pedir discernimiento y lucidez para saber el camino a seguir. Esta intervención en su destino se habrá grabado profundamente en su alma, lo cual contribuye a la purificación del corazón.

En estas situaciones todavía no puede comportarse como el ex‑primer ministro. El comportamiento de vida de este hombre está ennoblecido por sus elevadas cualidades del alma. Pero los que adoptan este comportamiento sin ser dignos interiormente, no hacen más que una imitación, lo que no proporciona ningún beneficio para el alma. Al contrario, así provocamos tensiones y reveses del destino más duros aún, los cuales parece que nos van a destruir, y durante mucho tiempo no nos queda ni un átomo de energía para dar un nuevo paso en el camino.

De vez en cuando, el alumno tiende a imitar las enseñanzas que la Escuela le da y llega fácilmente a vivir en la ilusión de haber alcanzado su objetivo desde hace mucho tiempo. La lengua sagrada pone especialmente en guardia contra esta forma de conducta.

 

En el relato que acabamos de leer, se dice que un hombre que se encuentra en el proceso del renacimiento del alma está inmunizado contra los peligros, y no puede ser «asaltado ni por el ladrón más peligroso». Pero el alumno cuyo estado es artificial, sea por la causa que sea, puede ser asaltado por el primer ladrón que venga. Nosotros le pedimos que analice bien este punto de vista, y que se persuada de que aún tiene mucho que aprender por propia experiencia y que se debe comportar en consecuencia.

Podría suceder que el miedo apareciera ahora en su alma y que usted dijera: «Mientras no haya triunfado contra las impurezas de mi alma, y todavía deba aprender mucho por propia experiencia, estoy a merced del primer ladrón que venga; a merced de una amenaza de la esfera reflectora, por ejemplo».

¡Esto no tiene por qué ser así! Quien emprende el camino y, reconociendo a fondo su debilidad, se somete a la Ley del Reino, verá que esta debilidad desaparece en la fuerza de la Gnosis y estará bajo su protección. Quien, en la angustia de sus experiencias, tiende su mano para ser salvado, sentirá que su mano es asida.

Pero quien dice: «Yo no necesito ayuda», no atrae hacia él las experiencias salvadoras, sino las de la decadencia.

¡Utilicemos el relato de Sun Siu Au para llegar al discernimiento!

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 7

 

El Aliento de la Vida

 

 

Chuang Tse ha escrito en una de sus obras un capítulo titulado «Perfección», donde dice:

Mi maestro Lie Tse dijo a Yin, el guardián de la frontera: «El hombre perfecto se mueve sin impedimentos bajo el agua, va por encima del fuego sin quemarse, se eleva sin miedo por encima de todas las cosas; permítame preguntarle cómo puede llegar a ello».

Yin, el guardián, contestó: «Esto es posible por la conservación del aliento perfecto. Esto no puede ser explicado como consecuencia de la habilidad o del valor. Ven, siéntate, voy a explicártelo.

Todas las cosas materiales tienen forma, sonido y color. De estas cualidades diversas vienen sus diferencias. Pero ninguna cosa puede alcanzar lo que las precedió a todas. Sólo son percepciones. Pero lo perfecto está por encima de las formas y de la posibilidad de ser transformado. Cuando alguien alcanza este estado y penetra en su culminación, ¿cómo podrían las cosas ofrecerle resistencia en su camino? El ocupará el lugar que le ha sido asignado, sin abandonarlo, quedando oculto en el tiempo sin huella. Con gozo observará la acción que otorga a todas las cosas un principio y un fin. Reconduciendo su naturaleza a la unidad, nutriendo su fuerza vital y concentrando su ser, puede irrumpir en el origen de todas las cosas. Al ser su naturaleza celeste perfecta y su espíritu indiviso, ¿cómo podría hacer mella en él cosa alguna?

Si un hombre ebrio se cae de un carro, se producirá quizás contusiones, pero no se matará. Sus huesos y sus articulaciones no difieren de las de los demás hombres, pero en el momento de la caída, el espíritu vital de este hombre estaba indiviso. En razón de su inconsciencia en el momento de la caída, las ideas de vida y muerte y el miedo no le han conmovido. Por este motivo no se ha roto ningún miembro. Por su estado de embriaguez, conserva la integridad de su cuerpo. ¡Cuánto más fuertemente se mostraría esto si se encontrara bajo la influencia de su naturaleza celeste! El sabio está protegido en su naturaleza celeste y ya nada le afecta.

 

Todo verdadero alumno de la Escuela Espiritual moderna se esfuerza por perfeccionarse, por santificarse. Intenta elevarse por encima de los siniestros parajes de la muerte y entrar en la vida nueva, después de haber hecho oblación de todo lo que pertenece a la naturaleza de la muerte.

Quien camina en este camino de santificación llega a liberarse absolutamente del miedo, la preocupación y el temor, y escapa del dominio de los eones de la naturaleza. Alguien así camina en la luz, al igual que El está en la luz, y se eleva por encima de las cosas de la muerte.

¿Cómo se puede conseguir esto? Conservando el aliento perfecto, ¡el aliento perfecto de la Gnosis!

Alguien que haya estado bajo la influencia de las corrientes ocultas supondrá, tal vez, que comprende estas palabras. Es el caso, por ejemplo, de quien han hecho ejercicios de euritmia, los cuales no son de ninguna utilidad para alcanzar la vida nueva de la que habla la Escuela Espiritual. Cuando el guardián de la frontera, Yin, hace alusión al «aliento perfecto», no se refiere ciertamente a esas técnicas respiratorias.

Sólo quien recorre el camino de las rosas se une con el aliento de la vida y con las fuerzas astrales de la Gnosis. En primer lugar, por la rosa del corazón, el esternón se hace apto para la nueva respiración y, en un momento dado, el sistema magnético del cerebro respirará también en la naturaleza de la vida eterna. Este cambio se realiza en el alumno progresiva y armoniosamente. A quien le ha sido dado vivir de este Aliento de Dios, sabe que este privilegio no es el resultado de ejercicios ni de técnicas, como tampoco del valor o de la resistencia.

 

Chuang Tse nos da esta explicación: todo en esta naturaleza tiene forma, sonido y color; ésta es la naturaleza de las innumerables formas; es la naturaleza espacio‑temporal, en la cual el siempre «diferente» se manifiesta también en el siempre «igual». Ningún ser espacio‑temporal puede ser igual a otro ser espacio‑temporal. Puede ser que cada uno de ellos imite perfectamente al otro, pero permanecen separados de todas formas. Ellos son solitarios, autónomos, extraños el uno al otro. Son simplemente percepciones, fenómenos, cosas.

A la vida nueva se eleva el hombre perfecto, después de haber recorrido íntegramente el camino de regreso, y en su fase final se escapa del dominio de la forma y del cambio, por encima de todos los aspectos y fenómenos del orden espacio‑temporal. Es imposible hacerse una idea de tal existencia, aunque es de hecho un estado de ser. En ningún caso pensemos en una forma glorificada, porque el hombre nuevo absoluto es una entidad que está por encima de la forma. Es ilimitado en lo ilimitado.

Quien penetra y participa en el aliento perfecto de la vida, entra en un proceso de crecimiento, que consiste en elevarse del algo dialéctico al nada divino. El que está en este proceso, se libera cada vez más de las barreras, de las limitaciones y de los fenómenos del mundo espacio‑temporal de la forma, y, finalmente, ya no encuentra ninguna oposición. El podrá tomar el lugar que le corresponde, sin abandonarlo y permanecer escondido en el tiempo sin huella: libre de la materia, libre de la esfera reflectora y, sin embargo, «siendo yo», libre de toda percepción dialéctica, oculto en el tiempo sin huella.

Quien respira en el aliento perfecto y recorre el camino de las rosas, conducirá su naturaleza a la unión original con la Gnosis. Por esto, cuando alguien recorre el camino de las rosas, ¿cómo podría haber todavía algo que perturbase su ser?

Si estas explicaciones le parecen algo abstractas, piense en que el embriagado por el alcohol se hace insensible. Ningún pensamiento de muerte, de vida, de miedo o de temor surge en él. El no tiene miedo, nada le perjudica, ni las cosas peores, porque, en ese estado, su conciencia está oscurecida o suprimida por el alcohol.

El candidato a la vida nueva abre sus puertas a la luz y a la fuerza de la Gnosis, y el aliento de la vida desciende sobre él. Está absorbido hasta tal punto, que la nostalgia, el miedo, la preocupación y el temor, así como cualquier limitación, desaparecen y ya no le dañan más. El entra en la tranquilidad del alma.

¡Que esta sublime sabiduría de hace 2500 años pueda fortificarle en su decisión de recorrer el Camino que conduce a la vida! ¡Quien recorre el camino, será libre eternamente en el misterio del tiempo sin huella!

 

 

SIETE VOCES HABLAN

por

Catharose de Petri

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

Prólogo

 

I      La séptuple prueba del estado de hermano o de hermana

 

II    El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía

 

III   La voz de la Escuela y la voz del alma

 

IV   Jesús mihi omnia

 

V    Chrestos- el nacimiento del alma,  Christos- la victoria del alma

 

VI   El aliento de vida

 

VII  El triángulo de fuego

 

VIII La radiación de la Escuela de la Joven Gnosis

 

IX    Las siete corrientes curadoras del alma

 

X     El Templo vivo

 

XI    Los tres cuerpos universales

 

XII   El único manantial de vida

 

XIII  La atmósfera astral de vida

 

XIV  Fe, esperanza y amor

 

XV   El comercio secreto con Dios

 

XVI  La verdad revelada

 

XVII  El factor gluten de la personalidad

 

XVIII La lectura de la rota

 

XIX   La constitución de la mesa

 

XX Los diez sefiroth

 

XXI Toda alma tiene parte en la resurrección del Cristo

 

XXII El prototipo de la nueva manifestación-alma

 

PRÓLOGO

 

Pueda serle claro al lector que

aquel que se decide a la rendición del yo

y se consagra voluntariamente al átomo original

-la Rosa del corazón-

entra en unión con la luz universal.

 

Esta luz habla y se manifiesta

cada vez más,

y mana como un manantial,

el manantial del conocimiento y de la sabiduría.

Que cosa exquisita y grandiosa

ser consciente de un

cierto conocimiento;

de no haber aprendido nada y sin embargo saber.

 

Poder siempre apelar

al manantial universal

para apagar la sed a otros;

poder y saber seguir una vía

que conduce al infinito;

peregrinaje que va de fuerza en fuerza.

 

Este pequeño libro, la abajo firmante desearía

de todo corazón

considerarlo como

un bastón de peregrino en vuestra mano.

 

Estudiando profundamente su contenido,

franquearéis

un primer escalón para salir de la conciencia

del yo dialéctico;

para deshaceros de la ilusión

y edificar en vuestro sistema el <<verdadero yo>>.

 

La humanidad está al comienzo de la

realización de una manifestación reveladora.

 

 

Septiembre de 1960               Catharose de Petri

 

 

 

 

 

 

I

 

LA SÉPTUPLE PRUEBA DEL ESTADO DE

HERMANO O DE HERMANA

 

Queremos llamar vuestra atención sobre la sublime figura de Juan en Patmos, el hombre que atravesando la transfiguración por la endura, ve en un momento dado, su <<día del Señor>> ante él, al hombre-alma viviente. En el Apocalipsis 1, versículo 9, leemos:

Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la perseverancia y en la comunidad en Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.

¡En estas palabras encontráis una corta descripción del verdadero aprendizaje de una Escuela Espiritual gnóstica! Tratemos de analizar esta definición.

Lo que nos llama la atención en primer lugar, es el nombre «Juan». Este nombre no es simplemente el de un hombre que históricamente vivió, sino que encierra las características de un alumno verdadero. El nombre nos indica que nos estamos ocupando de un hombre al que el Espíritu Santo ha tocado en un sentido misericordioso. Dicho de otro modo, en este hombre, en el Juan en Patmos, el sexto aspecto, el sexto circulo del ser aural, se vuelve activo.

A través de la lípika del séptimo anillo, las fuerzas y corrientes del sexto dominio cósmico penetran en su sistema. En consecuencia, el hombre-Juan es hermano de todos nosotros, siempre y cuando el espíritu santificante del reino del alma opere ya en nosotros también.

El pertenece en consecuencia a la gran Fraternidad humana en camino de formarse en las regiones terrestres, fraternidad reunida de todos los rincones del mundo, sin prejuicio de país, de clase, de pueblo o de raza. Cuando se trata de Fraternidad, es necesario que todos los miembros se reconozcan mutua y perfectamente en un momento dado. Pues algunos pueden muy bien decirse vuestro hermano o vuestra hermana y probaros, muy frecuentemente, exactamente lo contrario. En todos los casos, esta presentación es simplemente un medio de orientaros en una cierta dirección.

Esta es la razón de que el estado de hermano o de hermana según el orden del Espíritu Santo debe siempre demostrarse impersonalmente, de manera que tal prueba no pueda interpretarse de dos maneras. Además esta prueba debe siempre ser de naturaleza séptuple, según las características siguientes:

Todos deben

1. tener parte en la tribulación

2. tener parte en el reino

3. tener parte en la perseverancia

4. tener parte en la comunidad en Jesucristo

5. ser habitantes de la isla de Patmos;

6. y estar allí a causa de la Palabra de Dios; y

7. estar a causa del testimonio de Jesucristo.

Examinemos más de cerca esta séptuple prueba del estado de hermano o de hermana. El que es tocado por el espíritu santificante y libra de esa manera la prueba de la actividad del sexto candelabro del ser aural, experimenta desde ese momento la naturaleza dialéctica, en todos sus aspectos, como una aflicción, como una opresión. Nunca más dirigirá interiormente el gobierno de su vida hacia el simple plan horizontal, nunca más se fundamentará sobre él. Ese hombre se sabe desde ese instante, extranjero en la tierra; él se conducirá en concordancia; por eso será en todas partes reconocido su comportamiento, porque él » tiene parte en la tribulación».

Pero él no será por eso una sombra pesimista. No pertenecerá por eso a esos hombres agriados por una vida de desilusiones que escupen el amargor de su veneno sobre todos y sobre todo. No, un Juanista vivirá en la espera del «Reino». Se sabrá llamado al campo de vida del alma cuya fuerza de vida es amor, reposo y armonía. Por ello, a lo largo de sus días de exilio, esta espera del reino irradiará de él como un sol. Esta luz hará todos los días resplandecer visiblemente de él, el buen humor a través y a pesar de los tormentos eventuales.

El Juanista se reconocerá igualmente, esto es evidente, en su perseverancia, en su tolerancia, en su mansedumbre, por el amor que todo lo soporta. Y es así que tiene parte en la «perseverancia».

Numerosos, muy numerosos no obstante son aquellos que esperan un nuevo reino; que por esta razón, experimentan una gran serenidad y saben ejercer la perseverancia. Pero el único reino que tiene un sentido, que posee los valores de la eternidad, es el de Jesucristo, la elevación en tanto que hombre-alma, en el mundo del alma del sexto dominio cósmico. Por eso el Juanista confesará a Jesucristo en el sentido gnóstico y no lo verá pura y simplemente como una figura histórica, como una divinidad sublime siguiendo la interpretación teológica sino como el que debe nacer <<en nosotros>>. En una palabra, el juanista en el estado de Patmos estará «en la comunidad de Jesucristo»

A continuación será y se mostrará un habitante de <<la isla de Patmos». Es decir que practicará el aislamiento del yo, en lo posible, sin llamar la atención y teniendo en cuenta todos su deberes sociales. En la medida en que pueda, evitará claramente asociarse al mundo, y trazará alrededor de él, en lo posible, un círculo aislante de la naturaleza ordinaria.

Él lo hará <<a causa de la Palabra de Dios>> porque habrá profundizado en la Enseñanza Universal de donde sacará, con conocimiento de causa, todas las directivas de un comportamiento bien orientado.

Además, escogerá como ejemplo continuo la vida llena de testimonios, rica en pruebas de Jesucristo. Seguirá las huellas de todos aquellos que han recorrido el Camino de la Gnosis y que han dado abundantes pruebas.

El Juan de Patmos era un hermano así. Por todo su ser, por todos sus actos, libra la séptuple prueba de una verdadera disposición gnóstica. Él fue, en un sentido perfecto, un verdadero hermano. Que su ejemplo os calme la sed y os reconforte a fin de imitarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

EL TESTIMONIO DE JESÚS ES EL

ESPÍRITU DE LA PROFECÍA

 

Tomemos como introducción a este capítulo los versículos 5 a 10 del capítulo 19 del libro del Apocalipsis:

«Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes. Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria. Porque han llegado las Bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado, y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las Bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios. Yo me postre a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy tu compañero de servicio y el de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.»

 

Llamamos vuestra atención sobre el final de este texto: «porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía»

Esto contiene en su plenitud el significado histórico de toda lengua sagrada. El significado histórico de la Enseñanza Universal se encuentra en esto, que debe ser experimentada en el <<presente vivo>>. En tanto que puro dato histórico, la lengua sagrada es la mayoría de las veces más o menos torpe y ciertamente incompleta, frecuentemente en contradicción con ella misma, no concordando tampoco con los hechos, constatables además por otros medios.

Sin embargo si, de las informaciones de la lengua sagrada, extraemos siempre <<el espíritu de la profecía>>, profecía que se confirma sin cesar en el curso del tiempo en aquellos que buscan la Gnosis, entonces todo lo que es vago e incompleto cae inmediatamente y poseemos un tesoro, una abundancia de datos, de indicaciones y de directrices. Así es que la llamada llave histórica de la lengua sagrada no debe ser comprendida en el sentido: <<tal acontecimiento se produjo tal día de tal año, en las circunstancias siguientes>> sino como esto <<un hombre o un grupo tomó parte en el nuevo estado de vida realizando la ley gnóstica>> ¿Que sabemos nosotros de Jesús, en el sentido histórico dialéctico? Muchos de los aspectos que le conciernen se contradicen y la humanidad se divide, en consecuencia, en numerosos partidos. Y sin embargo todos se maravillan del acontecimiento dialéctico incognoscible de hace dos mil años, y sin embargo uno se pierde en las innumerables ilusiones místicas y uno continúa, lleno de devoción, las adoraciones y las genuflexiones.

No obstante la lengua sagrada da a conocer está exclamación <<Guárdate de hacerlo, el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía>> Haz en el presente lo que él hizo. Cumple, tú también, la santa ley.

Nosotros no somos dioses, somos hombres como tú, pero nosotros nos mantenemos en el campo de la resurrección donde, también tú, puedes estar. Entra en el nuevo reino gnóstico pues las bodas del Cordero han llegado ahora y también para ti. Su esposa se está engalanando ella misma de lino fino, resplandeciente y puro.

Puede ser que comprendáis estas palabras. El campo de la resurrección está preparado también en este día. El cuerpo vivo de la Escuela se extiende sobre todo el mundo. Está preparado para recibir a todos aquellos que quieran recorrer el camino de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz.

Vosotros comprenderéis que este nuevo campo sea puro y brille de pureza luminosa como un lino resplandeciente. Por ello debéis estar profundamente felices y llenos de alegría de que una bondad tan serena, tan prodigiosa os sea testimoniada, que unas posibilidades tan formidables estén abiertas.

Así pues, podréis concebir perfectamente el que un alumno serio, que se ha vuelto positivamente hacia el camino de la liberación y que respira enteramente en la Gnosis, sabiendo así que el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía, saboreara por así decirlo, en un momento dado, el campo de la resurrección, lo oirá como una vibración de alegría, lo experimentará como el murmullo de la verdadera agua viva.

De esta manera podréis vibrar al unísono con esta alegría imperecedera de saber que el campo de la resurrección es un presente vivo. Y alabar a la Gnosis en tanto que verídico servidor o servidora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

LA VOZ DE LA ESCUELA Y

 

LA VOZ DEL ALMA

 

Cuando el alumno de una Escuela Espiritual gnóstica, con toda la fuerza que está en él, está ocupado en <<enderezar>> los caminos para su Dios, llega muy rápidamente el momento en el que el ser-alma en el microcosmos, unido a la rosa del corazón, se despierta de su somnolencia y comienza a manifestarse. La oreja del alma es, ante todo, el corazón, el órgano sensible por excelencia a las radiaciones gnósticas y a las radiaciones electromagnéticas que vienen del sexto dominio cósmico. En el curso de este período, el corazón se vuelve cada vez más sensible a lo que se llama <<la voz del alma>>. Queremos tratar de explicaros en que consiste esta actividad y como el alumno puede comprenderla.

Cuando el alma, al comienzo del aprendizaje, no puede aún despertarse de su sueño de muerte, solo la voz de la Escuela puede hacerse oír al alumno. Las radiaciones gnósticas no tienen voz; ellas consisten simplemente en radiaciones que llegan hasta el santuario del corazón porque este es sensible a las radiaciones de la rosa, del átomo primordial. Esta rosa del corazón entra en actividad porque el hombre aspira a un nuevo estado de vida, lo desea, lo busca. En consecuencia, el corazón respira las radiaciones gnósticas, cuyo objetivo es penetrar en la circulación sanguínea.

Ello solo es posible con una colaboración inteligente y consciente del alumno. Por ello la voz de la Escuela debe dirigirse al alumno; debe volverle consciente de su estado, de su búsqueda y explicarle el porque de ello. Si el alumno acepta esta explicación, la voz de la Escuela puede ir más lejos, mostrándole como debe reaccionar a las radiaciones gnósticas, abriendo consciente y espontáneamente, su corazón a esta luz, volviéndola activa para un aprendizaje serio.

Conocéis la voz de la Escuela, los argumentos, la llamada acuciante, el consejo que la Escuela os da sin descanso. Si, desde entonces, escucháis esta voz y aceptáis conscientemente, con toda la inteligencia de vuestro corazón, la luz gnóstica, dejándola así operar en vuestra sangre, en vuestros fluidos nerviosos y, ulteriormente en todos los otros fluidos de vuestro estado de alma natural, llegará rápidamente el momento en el que el alma verdadera, superior, eterna, comenzará a despertarse de su aprisionamiento de eones y se volverá activa. Entonces, al lado de la voz de la Escuela, comenzará a hacerse escuchar la voz del alma. Comprenderéis que es una voz interior que, en el alumno mismo, le explica lo que la Escuela muestra y afirma. Entonces la voz del alma ayuda al proceso del nuevo devenir.

¡Sin embargo poner atención! El alma aún es incapaz, en este importante período de desarrollo del alumno, de aparecer como verdaderamente viva y de guiar y gobernar ella misma toda la vida. Ella solo puede sugerir, en discretos cuchicheos. Ella habla un lenguaje evocador que el corazón comprende por intuición y que le consuela.

Este período del aprendizaje es llamado <<período místico>>. Podemos leer en la lengua sagrada, toda la riqueza de esta vida mística, este maravilloso comercio entre el alma y el corazón. Y es cierto que aquel que, en esta relación con la Escuela y el alma, sigue las voces de estos dos amados -el alma y el corazón- no podrá nunca caer ni errar.

Dos docenas de Salmos, por ejemplo, testimonian largamente de esta prodigiosa vida mística. Demuestran todo lo que, en este período, el alma tiene que soportar a consecuencia de las pasiones tan divergentes del corazón. Debéis comprender esto y profundizarlo completamente.

Si pasáis revista a toda vuestra vida sentimental, sabréis hasta que punto está expuesta a toda clase de tensiones, manteniendo toda clase de lazos que pueden ser juzgados nefastos para el aprendizaje. Si la Escuela, por ejemplo, os muestra la necesidad de enderezar vuestros caminos y de perseverar en ellos incluso si ciertas consideraciones del corazón os incitan a quedaros en el mismo sitio, entonces estaréis inclinados a considerar la voz de la Escuela como, todo lo más, una posibilidad teórica.

Es precisamente entonces cuando la voz del alma comienza a hacerse oír. El alma despierta en vosotros un conflicto interior. Entráis en una lucha íntima más o menos violenta. Y dichoso entonces el hombre capaz de escuchar la voz del alma y de decir realmente, como en el salmo 119:

 

Te alabaré en la sinceridad del corazón

cuando haya aprendido las leyes de tu justicia.

 

Guiado por la voz del alma, purificar enteramente vuestro corazón, a fin de que la luz gnóstica pueda atravesarlo libremente. Pensar en las palabras que conocéis: <<Bienaventurados los corazones puros pues ellos verán a Dios>>, lo que quiere decir que un día, en el curso del proceso de santificación, encontrarán, corporalmente, al «Otro».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

JESÚS MIHI OMNIA

 

Cuando un hombre ha tomado la decisión de recorrer el camino de la redención y que usa la llave que le ha sido dada, a ello debe seguirle evidentemente un resultado. El buscador puede leerlo en el segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles. Las riquezas contenidas en este capítulo son tan prodigiosamente grandes que nunca estaremos lo suficientemente agradecidos por este presente divino.

 

Aquellos que aceptaron la palabra de Pedro fueron bautizados, y, en este día, el número de los discípulos aumentó alrededor de tres mil almas.

 

Esto demuestra que el camino no puede, para cualquiera presentar obstáculos insuperables. <<La promesa es para vosotros y para vuestros hijos>>, dice la Biblia.

Si el alumno ve ante él el camino y quiere realizar la transformación, no es necesario que quede atrás. Entonces persevera <<en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión fraternal, en la fracción del pan y en las oraciones>>. Ved en esto la característica del nuevo trabajo que la Escuela Espiritual tanto desearía emprender con muchos. Es evidente que cada uno, después de haber empleado la llave, perseverará en la enseñanza de la Escuela. Lleno de interés buscará beber continuamente en la fuente de todo lo que la escuela le enseña. Entonces los focos de la Escuela formarán una comunidad que vibra al unísono. Entonces cada Conferencia se volverá siempre y de nuevo una <<fiesta de las bodas>> en la que fluirá en abundancia <<el vino>>, el espíritu de la renovación.

Ello recuerda una antigua costumbre mágica de la verdadera comunidad de iniciados y de sus alumnos. Iniciados y alumnos reciben el espíritu de la renovación en su cáliz; si han <<regresado>>, levantan esta copa del Grial en sus manos extendidas y, llenas las copas, se conceden unos a otros su presente divino. Se ocupan de que todo lo que han recibido se sintonice en un solo tono, en una sola vibración. Unidos así en la Santa Cena, todos, de pie, con la copa del Grial en sus manos implorantes, se miran y se dicen, se desean y se lanzan un mutuo saludo de paz.

Así es como perseveran en la comunión fraternal y en la fracción del pan y velan por que cada uno reciba su parte. Se ayudaban mutuamente en la fracción del pan del Señor y ninguno quería adelantarse al otro porque se sabían unidos por una consolación y una bendición. Juntos invocaban de lo más profundo de su ser el santo nombre único: ¡<<Jesús mihi omnia>>! ¡Pueda ello ser así para vosotros!

 

Si ello es así, lo que es posible, emanará del trabajo un poder tan formidable que se harán milagros y señales, imprimiendo un impulso a la Escuela y una expansión que la conciencia de un profano no podrá explicar por la naturaleza ordinaria. Ciertamente, ¿que es lo que sería imposible para una falange de alumnos, bajo la vigilancia de la Fraternidad, y que realiza su trabajo enteramente en la fuerza del Cristo? ¿Que privilegio podría colocar a uno por encima de otro? ¡La gracia es para todos! El objetivo glorioso no está destinado a algunos elegidos. Solamente queriéndolo, con la apuesta de todo su ser, se posee todo, en comunidad con todos; demasiado para poder expresarlo, demasiado para poder representárselo. Si se ve y experimenta toda esta riqueza ¿que podría mantenernos todavía en la naturaleza dialéctica?

Un hombre que ha probado el mana incorruptible rechaza sistemáticamente de su ser todo lo que ha reconocido, por el análisis de si mismo, como ligado a la tierra. De esta manera va a construir la Morada del Espíritu Santo. Y es un hecho regocijante el que muchos alumnos estén ocupados en ello. Todos lo pueden lograr plenamente pues todo les es ofrecido para alcanzar el objetivo.

Para ello tenemos nuestros templos y nuestras canteras consagradas, consagradas al Espíritu Séptuple Universal y al servicio de la Séptuple Fraternidad Universal. La Comunidad de la Joven Gnosis se reúne cada día en sus templos para sintonizar su trabajo con la Lengua sagrada de la Fraternidad Universal y a sus siete rayos. Estos rayos se propagan de los lugares de servicio en todas las direcciones para propagar, si Dios lo quiere, la luz única y encenderla en los corazones. Alegría sin límites, en la simplicidad perfecta de los corazones.

La vida dialéctica es extremadamente complicada. Para aquellos que se encuentran en el nuevo proceso de vida, una vida clara como el cristal, simple y luminosa como el sol en su cenit, estos penetran en la verdadera esencia de la simplicidad. Comprender bien que esta no es una simplicidad superficial sino la simplicidad de la vida única, que es de Dios, la simplicidad del estado de alma viva, grandiosa y poderosa.

Por ello todos alaban a Dios y gozan del favor de Dios y de la humanidad. ¿Podría ser de otro modo para una falange de alumnos que se mantienen así en el templo único que han edificado juntos? De esta Comunidad, los niños de Dios se elevan diariamente hasta el círculo de la salvación.

Emplear la llave de la vida única a la que todos son llamados. Colocaros sobre la base del cambio total y contemplaréis la esencia y la vida de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

CHRESTOS – EL NACIMIENTO DEL ALMA

 

CHRISTOS – LA VICTORIA DEL ALMA

 

 

Los alumnos de la Escuela que han observado su desarrollo y su camino durante largos años sabrán que este desarrollo y este camino están caracterizados por fases que difieren claramente una de otra. Lejos de oponerse violentamente, estas diferencias tienen entre ellas un lazo lógico. Es como el éxodo del antiguo pueblo semita que abandonó Egipto por la Tierra Prometida. Es la historia de toda Fraternidad gnóstica en camino hacia una nueva realidad.

La primera fase es la de un grupo en formación que se vuelve claramente consciente de la fuerte opresión bajo la que vive, de su aprisionamiento; y, <<murmura>>, protesta, de manera distinta. Ello es totalmente explicable psicológicamente pues sube del subconsciente, a un grado cada vez más poderoso, la conciencia de una patria de un pasado anterior donde todo era diferente, mejor, si, muy bueno. Por ello, en esta primera fase, se presume, y claramente se esfuerza en ello, poder volver mejores, en el sentido más amplio, incluso muy buenas, las circunstancias personales o colectivas así como las condiciones exteriores del aprisionamiento. Aparecen una orientación oculta y una manifestación general de ética humana. Esta fase debe tomar fin, encontrar sus muros de manera absoluta, sus limitaciones, lo que todavía no se sabe en aquel momento.

Pues un reino de Dios «en la tierra» no es realizable; un verdadero orden en el sentido de una comunidad del mundo del alma no puede ser fundado en la naturaleza dialéctica. En efecto el orden de emergencia dialéctico se mueve por los opuestos.

El ocultista, es el orgulloso, el egocéntrico por excelencia que reconoce bien sus limitaciones, sin lagunas, pero quiere sobrepasarlas por la cultura del yo. Que esto sea imposible, que ello despierte precisamente el opuesto, es una cosa que escapa al hombre de la primera fase.

Así es como la magia blanca ha engendrado siempre la magia negra, pues cuando, por una cultura u otra, el yo ha alcanzado una cierta cima y es confrontado, en el mundo dialéctico, a los pares de opuestos, debe mantenerse y entablarse la lucha por la existencia. Así pues, el blanco se desliza hacia lo negro, con todas las consecuencias. Todo ello os es bien conocido.

Por ello si, después de una experiencia tan dolorosa, la idea de la patria perdida vive inquebrantable en el hombre de la primera fase, entra en la segunda: la fase de la huida, la fase del éxodo. En esta segunda fase se aleja visible y completamente de todo lo antiguo y rompe con los viejos lazos. Pasa entonces a la negación. Se retira en la viva y clara idea de que <<mi Reino no es de este mundo>>.

Y entonces… ¡entonces es el desierto! ¿Pues como encontrar en este mundo el Reino que no es de este mundo? ¿Como entrar en otra naturaleza con una individualidad enteramente salida de la naturaleza y que se desarrolla según el nacimiento natural? Por eso esta segunda fase es la del desierto. Se atraviesa el desierto de arena de la naturaleza de los opuestos. ¿Pero donde ir?  Así uno se pierde en estos meandros; Pues ir hacia el norte, o hacia el sur, hacia el este o el oeste… es todo uno. Por todas partes arena que se desliza entre los dedos.

¿Que importa, como dice el antiguo libro, que uno se levante temprano o que se acueste tarde? ¿No se come siempre el pan del dolor? No hay nada nuevo bajo el sol. Todo lo que es, y todo lo que vendrá, ya ha sido en los siglos pasados. En verdad, el Eclesiastés era un peregrino del desierto, el hombre de la segunda fase.

 

La noción viviente de que <<todo es nada>>, nada puede ser, esta marcha agotadora a través del desierto, tiene por tanto una consecuencia psicológica formidable. Aporta con ella, después de diversas convulsiones de miedo y rebelión, un apaciguamiento, un retraimiento del yo hasta la desaparición y el decaimiento.

Al comienzo, este declinar del yo por la experiencia desértica es penoso de ver; pero ello solo es temporal, pues este declinar del yo marca un nadir. Volverse uno mismo aproximadamente parecido a la arena del desierto termina esta fase pues, en este estado, se abre en el sistema del hombre una sensibilidad a una nueva luz. Este es un milagro de los más grandiosos. En el fondo de su miseria, el hombre ha encontrado la Gnosis, al menos su poder irradiante.

Aquel que, en esta fase desértica, ha encontrado esta luz, ha visto esta luz, entra en lo sucesivo en la tercera fase. Emprende el viaje hacia el Jordán, el viaje que lleva al estado de alma viva. La luz es una fuerza que confiere al peregrino el poder de pasar a una nueva actividad, para adquirir así la filiación divina y reencontrar la patria perdida.

Por ello esta fase ya no está caracterizada por un aspecto oculto de las cosas, por una tentativa de alcanzar el objetivo en y por el antiguo yo, sino que ahora se trata de la experiencia mística, la mística del reconocimiento, de la certeza y del amor. No ser nada, no poseer nada y estar no obstante iluminado por la luz, hace del hombre un místico, un reconocedor, que alaba a la luz y la exalta.

En esta experiencia de la luz la Escuela y el alumno se aproximan al manantial de la luz, del río de Dios. Una aproximación que solo puede tener un fin, el nacimiento del nuevo estado de alma, la realización del principio de la filiación divina.

Viene entonces la cuarta fase, la del camino de cruz de las rosas. Pues el grupo entrado en la cuarta fase debe <<devolver a casa>> el nuevo principio de vida que acaba de nacer en una naturaleza completamente extranjera y enemiga, guardarlo en seguridad y protegerlo de todo peligro.

En efecto, la Escuela y el alumno que pasa con ella la riviera, se encuentran en una tierra nueva, una verdadera <<Tierra Prometida>>. La luz que hace señales, que llama y propulsa, se detiene realmente encima de la gruta del nacimiento y en esta gruta algo absolutamente nuevo se ha despertado. Desde entonces el grupo se encuentra ante la tarea de hacer crecer lo nuevo y de vigilar el no cultivar sino transfigurar el suelo de su nacimiento y todo su medio. También la Tierra Prometida debe ser conquistada al enemigo. ¡Y este es el Camino de Cruz de las Rosas! Ello es seguir a Jesús el Señor en su camino de Belén al Gólgota.

Las rosas son los nuevos principios vitales liberados por el renacimiento del alma y estas rosas deben crecer hasta el pleno desarrollo. Por ello el verdadero Rosicrucianismo es expresamente cristocentrico -la transfiguración gnóstica absoluta- y no tiene el menor aspecto oculto. Los antiguos entre nosotros se acordarán del periodo y el momento en el que la Escuela confesó el rosicrucianismo puro, el rosicrucianismo de principio, y purifico así el aspecto filosófico y práctico de la verdadera Tierra Prometida. Aquel que es inflamado por el Espíritu de Dios debe estar dispuesto a morir en Jesús y atreverse, así, a ser un verdadero Rosacruz.

Entonces se entra en la quinta fase, que se llama <<el renacimiento por el Espíritu Santo>>. La quinta fase es la de <<los nacidos dos veces>>. El primer nacimiento se celebra en Chrestos, es el nacimiento del alma; el segundo es el de Christos, la victoria del alma sobre toda resistencia; la recreación de la tierra prometida, por la transfiguración; la unión del hombre-alma perfecto con el Espíritu, con el Padre mismo, con Poimandres; y la vivificación absoluta de la Nueva Jerusalén con su templo irradiante de la Cabeza de Oro.

Aquel que puede comprender este quíntuple camino de la Escuela y del candidato a los misterios gnósticos, descubrirá al mismo tiempo un poco la significación extraordinaria del periodo que viene, para todo el Cuerpo Vivo de la joven Gnosis[1] corresponderá plenamente al quíntuple camino que hemos tratado de describiros. En el nuevo reino gnóstico será explorado un camino del Egipto hacia la Nueva Jerusalén, o en otros términos, de la casa de servidumbre de la dialéctica hasta la vida liberadora del estado de alma viva.

En la medida que ello sea posible, la Escuela de la Joven Gnosis guardará esta vía abierta, en nuestra época, para todos aquellos que quieran recorrer este difícil y largo camino.

 

Y ahora que este enorme y maravilloso trabajo está realizado, para nosotros se abre el periodo de paz, de armonía, de profundo reposo de la gran comunidad de las almas. En los precedentes años de edificación, sin cesar era necesario desplazar los acentos, sostener numerosos aspectos del trabajo y del aprendizaje. Por ello, siempre existía el peligro de que uno de estos aspectos absorviera a muchos alumnos hasta tal punto que, para ellos se produjera un estancamiento en lo que concernía a su progreso personal. Pero ahora que la construcción está dispuesta, todos los aspectos –y en la Escuela y en la vida del aprendizaje- pueden ser y serán perfectamente equilibrados, para la bendición de todos. Todos os daréis cuenta y sentiréis rápidamente la actividad del nuevo periodo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

EL ALIENTO DE VIDA

 

En la Escuela Espiritual actual, tendéis, en tanto que alumnos serios, hacia la perfección, hacia la santificación. Os esforzáis en escapar de los lívidos valles de la muerte y, después de la ofrenda de todo lo que pertenece a la naturaleza de la muerte, elevaros en el nuevo campo de vida. Aquel que recorre el camino de la santificación se libera absolutamente del temor, de las preocupaciones y escapa a la influencia de los eones naturales. Aquel camina en la Luz, como El está en la Luz y se eleva por encima de las cosas de la muerte.

¿Como llegar a ello? ¡Guardando el aliento perfecto de la Gnosis! Solo el que va por la vía del camino de las rosas entra en unión con el aliento de vida, con las fuerzas astrales divinas de la Gnosis. En primer lugar, por la rosa del corazón, el esternón se vuelve sensible a la nueva respiración y en el momento psicológico el sistema magnético de la cabeza respirará, él también, en la naturaleza de la vida eterna. Este cambio podrá cumplirse en el alumno, progresiva y armoniosamente.

Sabéis probablemente que el alma humana tiene cinco aspectos, conoce cinco estados, posee cinco fluidos. Conforme a esto, la Gnosis Universal es, ella también, quíntuple. Cada uno de los grados de este quíntuple sistema de santificación se cuida en efecto de la purificación y del cambio de uno de los fluidos del alma y cada grado ejerce, además, una influencia sobre todos los otros fluidos del alma para prepararlos para su desarrollo particular.

La sangre es la base; el cambio en la sangre se vuelve abierto y por esta razón el camino de la comprensión es purificador de la sangre. Enseguida viene el fluido hormonal que sigue minuciosamente el proceso de cambio de la sangre; y como un suspiro, el deseo de salvación se insinúa en todo el ser. Así es como el fuego de la serpiente es preparado; la tendencia directa del yo a la rendición que brota del manantial del plexo sacro, vibra a través de la sangre; y, no podría ser de otra manera, todo el fluido nervioso empuja entonces hacia una actividad nueva, a un nuevo comportamiento, incita a seguir los caminos de Dios; de tal modo que, en quinto lugar y para terminar, el séptuple fluido astral de la conciencia cambia y efectúa así el renacimiento del alma.

Aquel a quien le es dado vivir del aliento de Dios sabe que solo existe una solución: el regreso al origen, el regreso a Tao, el camino del cielo. La rendición del yo al reino único, es el camino del cielo. Si continuamente os dejáis absorber por esta naturaleza, con toda la apuesta de vuestro ser dialéctico, es evidente que la naturaleza dialéctica os mantendrá en movimiento. Es el camino de los hombres. Hacer y sin embargo ser frenado, es la marcha de la humanidad. Si, en verdad el camino del cielo y el camino de los hombres, están extremadamente separados. Por esta razón debéis distinguirlos claramente el uno del otro.

Probar cada día, hermanos y hermanas, a representaros clara y netamente el abismo inconmensurable que separa vuestra esfera de existencia agitada y el reposo del pueblo de Dios que ya ha dirigido su camino a las vías transfigurísticas. Imposible dudar de la verdad de ello, pues esta gloria inmensa os fue contada de periodo humano en periodo humano. Es Tao que lleva y engloba todas las cosas. Es el camino del cielo que os eleva por encima de las cosas de todos los días.

El camino de los hombres, el curso habitual de la vida, os mantiene en esclavitud, lo sabéis muy bien. Así veis con una luz muy crecida, la diferencia de vida y establecéis en vosotros mismos vuestra actitud frente a ella y lo que os mantiene alejados de la vida gnóstica. Desde que hayáis visto claro en vosotros, desde que estéis bien           , solamente entonces podréis tomar la decisión de recorrer con fuerza, convicción interior y deseo de salvación, el camino de la regeneración. Solamente entonces os será dado vivir del aliento de Dios.

Lo sabéis, todo en esta naturaleza tiene forma, sonido y color: es la naturaleza multiforme. Es la naturaleza espacio-temporal, donde el siempre <<diferente>> se manifiesta en lo que es siempre y de nuevo <<lo mismo>>. Ningún ser espacio-temporal puede ser perfectamente igual que otro ser espacio-temporal.

Dos entidades aún cuando se imitan perfectamente, están sin embargo separadas; están totalmente aisladas, autónomas, así pues absolutamente extranjeras la una de la otra. Solo son perceptibles, son unos fenómenos, unos objetos.

En el nuevo campo de vida el hombre perfecto se eleva absolutamente por encima de la forma y el cambio, por encima de todos los aspectos y fenómenos del orden espacio-temporal. Aquel que entra en el aliento de vida perfecto, aquel que allí participa -y a Dios gracias, numerosos alumnos están allí- entra en el proceso de cambio. Ese se libera cada vez más de las limitaciones, restricciones y fenómenos del orden formal del espacio-tiempo y finalmente no encuentra más resistencia. Podrá tomar el lugar que le es atribuido.

Aquel que respira en el aliento perfecto de la quíntuple Gnosis Universal y va por el camino de las rosas convertirá su naturaleza restableciendo su unión original con la Gnosis, Por esta razón, para aquel que recorre el camino de las rosas, ya nada puede perturbar su ser.

Afirmamos sin rodeos que el aliento de vida cubre a todo candidato a la vida nueva que abre su ser a la luz, a la fuerza y a la gracia de la Gnosis. Será hasta tal punto absorbido por él que todo tormento, todo miedo o limitación ya no le tocarán, de manera que las dejará atrás.

El verdadero alumno de la Escuela espiritual gnóstica entra en el reposo del alma. ¡Aquel que recorre el camino se libera eternamente!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

EL TRIÁNGULO DE FUEGO

 

Quisiéramos deciros algunas palabras del orden del templo que los alumnos de una Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro tienen que respetar. Un orden del templo que no vale especialmente para nosotros, sino que es observado, en todo tiempo, en todos los lugares santos de la Fraternidad. Es decir, un orden del Templo que está destinado a todos.

Los usos y costumbres aplicados en el orden del templo no deben ser considerados como un decoro místico o exclusivamente como actos de respeto. Un Templo de la Rosacruz de Oro, consagrado al Espíritu Séptuple Universal, es un foco del Cuerpo magnético de la Joven Gnosis y es evidente que cada alumno, desde su entrada al Templo hasta su salida, este lleno del respeto más profundo, no por algún temor místico o bajo el prestigio de una autoridad, sino por comprensión inteligente y por experimentación. En efecto, un foco consagrado al Espíritu Séptuple Universal es un campo magnético, un campo de fuerza, un campo de vibración. Y se espera de todo alumno que al menos observe un poco la calidad de un campo tal y se comporte espontáneamente en relación, sintonizando consiguientemente su actitud, sus gestos y sus pensamientos a lo que sientan.

Así se espera de todos ellos que penetrando en una de las canteras consagradas justifiquen por una conducta digna su derecho a ser admitidos allí. Y directamente ya se podría hablar de abuso respecto a los alumnos que, haciendo uso del templo, tendrían un nivel de comportamiento inferior a las normas establecidas. Y el derecho de uso del Templo debería serles retirado.

¿Porque? os preguntaréis tal vez. ¡Bien! por razones evidentes. Cualquiera que desentona por su comportamiento en el Templo, desentona igualmente con relación al campo de radiación, a la cadena de la Fraternidad, a la Enseñanza Universal y al Santo Trabajo.

Que vuestro comportamiento sea siempre conforme a vuestro estado de ser, es una ley absoluta. Revela inmediatamente toda emoción o falta de emoción. Aún cuando os obliguéis a una actitud, el observador agudo puede establecer sin embargo el estado de ser verdadero.

El respeto surge espontáneamente de un estado fundamental. Este estado fundamental está presente en los focos de la Escuela Espiritual. No compareciendo este respeto, es que el estado de base no es sentido por el interesado; mas comprenderéis que el mal empleo del foco puede ser muy peligroso para el cuerpo.

Vosotros estáis reunidos en nuestros Templos en calidad de hermanos y de hermanas de la Joven Fraternidad Gnóstica y, como tales, habéis contraído una unión sacramental con la Escuela Espiritual; una unión que será, para todos sin excepción, determinante de vuestro futuro; determinante en el futuro sea para una caída sea para una resurrección; determinante en el futuro para todas vuestras relaciones con la Gnosis. En efecto, vuestra unión con la Escuela Espiritual no se establece con radiaciones del séptimo dominio cósmico, sino exclusivamente con las del sexto dominio cósmico, la esfera de vida de la humanidad-alma. Esto tiene un sentido profundamente mágico y claramente podemos distinguir tres estados:

1. Todo vuestro estado microcósmico, con todo lo que él encierra, debe realizar en el gran campo del Espíritu Séptuple Universal una séptuple revolución, en el curso de la cual un aspecto cada vez diferente de esta séptuple fuerza es puesta en interacción con los siete aspectos de vuestro ser.

2. después de esta séptuple preparación viene la experiencia misma que vivió Cristian Rosacruz cuando fue llamado a las Bodas sublimes del Cordero, a las Bodas Alquímicas.

3. La carta fue escrita en su corazón en caracteres indelebles de manera que pudo ponerse en camino. Atravesará enseguida dos puertas, pasará delante de dos porteros, antes de poder dirigir sus pasos directamente hacia el Templo de la liberación.

Estas experiencias tratan de un triple contacto de unión sacramental de los tres misterios gnósticos, que trazan en el ser un triángulo ardiente, que los Rosacruces clásicos llaman «Trigonum Igneum», el triángulo de fuego. El triángulo ígneo debe ser trazado en vosotros igualmente, a fin de que las radiaciones de los tres misterios de la Gnosis posean en vuestro ser una base orgánica definitiva, y que, sobre estos fundamentos, podáis penetrar en la extensión del dominio consagrado a la humanidad-alma.

Por esta razón es tan regocijante en conjunto, en calidad de núcleo colectivo, ofrecer al Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis una nueva manifestación que llene de alegría y de agradecimiento a la Fraternidad entera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

LA RADIACIÓN

DE LA ESCUELA DE LA JOVEN GNOSIS

 

 

A propósito del proceso que se desarrolla en la Escuela, proceso del nacimiento del alma y aquellos que le son afines, la endura y la transfiguración, es bueno indicaros, vista su importancia, diversos peligros del camino.

Sabéis que cuando entráis en la Escuela en tanto que alumnos, vuestra conciencia y vuestro estado de vida son poderosamente trabajados. La Escuela os explica la verdadera naturaleza del hombre natural y del orden del mundo dialéctico en el que este hombre vive y debe estar.

Cuando el alumno comprende estas enseñanzas, experimenta infaliblemente los efectos pues estas doctrinas de la Escuela están unidas al mismo tiempo a unas corrientes vitales, a unas corrientes radioactivas y electromagnéticas de doble naturaleza. Las corrientes radioactivas modifican y dividen las células; las corrientes electromagnéticas atraen al alumno a un nuevo campo de vida. Sois pues, por la Escuela, literal y corporalmente asidos hasta en cada átomo. Y es inevitable que esto suscite una reacción de la conciencia y del estado de vida.

Y os preguntamos: ¿Es siempre armoniosa esta reacción? ¿Estáis dispuestos a responder en todo momento, con un «SI» espontáneo a todo lo que la Escuela os proponga? ¿Comprendéis inmediatamente todo lo que la Escuela quiere haceros entender? ¿No hay una frecuente oposición hacia una cierta parte del proceso que la Escuela quiere realizar con vosotros? ¿No ocurre de manera que en un momento dado es vuestra razón la que se subleva y al instante siguiente vuestra sensibilidad? Otras veces, es vuestro estado natural ordinario el que se opone, ¿no es así?

Esta discordancia continua que aparece frecuentemente en los momentos de depresión en el aprendizaje es finalmente – debemos decíroslo- perjudicial para vuestra salvación. Las corrientes de la Escuela apelan en primer lugar a los centros de vuestra razón y despiertan bastante rápidamente un punto de conciencia situado en la proximidad de la pineal; y en segundo lugar trabajan fuertemente vuestro corazón, centro de vuestra sensibilidad y de vuestro estado de vida. Desde entonces, si en un cierto momento reaccionáis de manera discordante a la actividad de las radiaciones de la Escuela, tensiones más o menos fuertes aparecerán en el corazón y en la cabeza, pudiendo igualmente ocasionar diversas perturbaciones corporales. Entendiendo que estos momentos de desavenencias son inevitables para cada alumno, debemos hablar de «peligros en el camino».

El solo hecho de que las radiaciones gnósticas sean tan enteramente diferentes de las del estado natural debe ya volvernos la cosa muy comprensible. Naturalmente, no tenemos ninguna intención de hacer nacer en vosotros el temor al camino gnóstico sino advertiros, encontrar soluciones prácticas y aplicarlas.

Debemos decir, ante todo que la Escuela no es el lugar propicio para los espíritus dubitativos y enredadores, ni para los simuladores del aprendizaje, pues son precisamente estos los que más fuertemente estarán en discordancia con la radiación de la Escuela. En efecto, la energía de radiación de la Gnosis no encuentra en ellos ni el terreno preparado, ni deseo, ni voluntad de reacción positiva. Por esta razón, lo sabéis, la Escuela busca siempre -y esto en su propio interés- eliminarlos de su cuerpo. Pues es justamente este choque de radiaciones lo que despierta una gran malignidad, provoca desordenes mórbidos y los que se exponen serán siempre empujados al campo del Adversario.

Los ejemplos clásicos y los actuales, que se refieren a nuestra Escuela son legión. Así, es lógico que todo alumno tome la decisión positiva de confiarse enteramente a la Escuela y al camino o que decida no hacerlo y se retire inmediatamente. <<Todo o nada>> es aquí igualmente una regla. El «Todo» aniquilará muy rápidamente la discordancia y os hará pasar el punto muerto; «el nada» os devolverá a vuestro estado natural ordinario y a sus leyes.

Quizás os sorprendáis de que hayan en el camino unos peligros que os sean tan próximos y os toquen. Pero entonces ¿no sabéis nada de la ineluctabilidad de las actividades del Espíritu Santo? Aquel que se confía a las actividades del Espíritu Santo y no tiene del todo el deseo de ser realmente santificado es un hombre anormal. Cada uno lo comprenderá.

La pregunta, ahora puede plantearse: <<Si mi decisión de vida es el «todo» absoluto y mi ser natural en virtud de su estado de pecado, se encuentra acorralado en una tensión extrema y peligrosa para el cuerpo, << ¿existe una ayuda?>>

En efecto esta ayuda existe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IX

 

LAS SIETE CORRIENTES CURADORAS DEL ALMA

 

El alumno que realmente decide recorrer el camino y que está totalmente orientado sobre el gran objetivo a alcanzar, verá rápidamente abrirse la semilla del alma, el capullo de la rosa. En consecuencia, tal alumno se volverá perfectamente abierto y sensible a las corrientes curadoras que provienen del aspecto más elevado de la Quíntuple Escuela Espiritual.

Hay siete corrientes curadoras del alma. Están a vuestro servicio cuando aparecen dificultades corporales en vuestra marcha por el camino, ya provengan de tensiones discordantes o de otras causas. La base de la actividad de las corrientes gnósticas curadoras es un punto de contacto en la personalidad del alumno: una Rosa del Corazón activa.

El primer contacto curador de la Escuela de los Misterios da la fuerza vital; Hace desaparecer toda deficiencia en el candidato y lo fortifica para su tarea a condición de que este no se fuerce y no exija de su cuerpo un esfuerzo fuera de razón.

La segunda corriente curadora de la Escuela de los Misterios regula los procesos circulatorios de la fuerza vital; a estos corresponden los cambios vitales en el aparato digestivo, en el sistema linfático, en el sistema nervioso y además todos los procesos relativos a la maternidad.

La tercera corriente curadora de la Escuela de los Misterios se dirige a la sangre y a sus funciones; regula la actividad del hígado y es de gran importancia en la renovación del estado del alma.

La cuarta corriente curadora de la Escuela de los Misterios vuelve el cuerpo cada vez más apto para unirse al foco del sol gnóstico y para romper toda oposición de la naturaleza.

La quinta corriente curadora de la Escuela de los Misterios se dirige al santuario de la cabeza y al sistema del fuego de la serpiente; ayuda al candidato en la preparación del centro del alma y en la justa asimilación de la fuerza mercuriana en el santuario de la cabeza; al mismo tiempo, esta corriente influencia la <<voz>> y ayuda al alumno a expresar la palabra justa.

La sexta corriente curadora de la Escuela de los Misterios se dirige hacia la rosa del corazón y, cuando el alumno puede absorber el fluido gnóstico, regulariza las consecuencias de ello en la sangre.

La séptima corriente curadora de la Escuela de los Misterios es dirigida hacia los nuevos poderes creadores y las funciones del nuevo estado de conciencia: llevado por la séptima corriente, el alumno entra entonces en la morada del alma.

Estas siete corrientes remedian todas las dificultades que puedan presentarse en el curso del aprendizaje. Rápidamente llegará el momento en que la joven Fraternidad Gnóstica será autorizada para trabajar con estos rayos de fuerza, para la salvación de todos los hermanos y hermanas que tengan necesidad de ellos. Cuando el diagnostico de la enfermedad está fijado y cuando el hermano o la hermana interesada está absolutamente orientada sobre la Escuela, las corrientes ayudadoras partiendo del templo de Rozenhof, que son necesarias para su caso, son unidas a él. En cuatro días, el resultado se demostrará claramente.

Quizás sea bueno decir que esta ayuda verdaderamente gnóstica no excluye, evidentemente, el tratamiento de un médico. Al contrario en muchos casos, esta ayuda será muy deseable. Si, en casos difíciles, el médico se sabe sostenido por las radiaciones gnósticas de auxilio y de curación, se realizará una muy feliz combinación. El terreno médico y el terreno gnóstico de auxilio no se contrarrestan de ningún modo, a condición evidentemente de que el médico comprenda la esencia y la intención de la Gnosis.

 

X

 

EL TEMPLO VIVIENTE

 

Debéis saber de que manera el templo viviente, que mencionan todos los mitos y toda lengua sagrada, debe ser edificado; como la erección de un templo de este genero es posible y que se espera de todo alumno de una Escuela Espiritual gnóstica que sea el único jefe de obra. Si estáis convencidos de la necesidad de esta construcción, indudablemente poseeréis también alguna comprensión de la manera en que debe erigirse un templo de este género.

Aquel que entiende algo de estas cosas extremadamente importantes, comprenderá las palabras dirigidas a los Efesios:

Así pues, vosotros ya no sois extranjeros, ni gentes de fuera, sino que sois conciudadanos de los santos, gentes de la casa de Dios. Habéis sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo el mismo Jesucristo la piedra angular. En El, todo el edificio, bien coordinado, se levanta para ser un templo santo en el Señor. En El, vosotros sois también edificados para ser una morada de Dios en el Espíritu.

 

Este es un lenguaje que vosotros podéis comprender. No hay más que un único templo de iniciación, un único templo de los misterios, un único santuario de la liberación. Es el santuario que no puede edificarse más que con piedras vivas. Este es el gran milagro de la salvación ante el cual todos somos colocados, ahora que la Escuela Espiritual ha alcanzado la madurez requerida.

Así pues queda excluido que un templo de madera o de piedra deba o pueda remplazar jamás una realidad que debéis vivir vosotros mismos. Queda excluido que un guía o un sacerdote pueda continuar dirigiéndoos en virtud de su autoridad. Si debierais avanzar de esta manera, caeríais en la relación de sacerdote a profano., de autoridad a masa, de maestro a alumno. No podría tratarse de unificación en la Gnosis, de unificación en Cristo, de una Sancta Democratio. Por ello habéis sido informados sobre la historia de la vida de la Escuela, desde el comienzo hasta este momento. Es la historia de la construcción de un templo, con piedras vivas, construcción a la cual cada uno ha aportado su piedra para un todo bien coordinado.

En primer lugar un plan fue establecido por algunos. Ellos comprendieron, por la sangre de su nacimiento, el plan del divino Maestro Constructor y comenzaron como buenos arquitectos la ejecución de la maravilla. Pero comprenderéis que no se puede ejecutar un plan de este genero a no ser que se tengan suficientes piedras para construir, que cada piedra de construcción posea una solidez suficiente, que cada piedra tenga la comprensión del plan y esté dispuesta a cooperar en la realización del plan en feliz ofrenda total. Por ello los arquitectos de todas las épocas consagraban largos años al trabajo preparatorio, esperando sin cesar el deber hacer frente a los errores.

Los cimientos de un templo tan excepcional siempre debían ser excavados en país enemigo. Así se elevaban y aún se elevan de tiempo en tiempo tempestades y frecuentemente las piedras a construir no poseían la solidez suficiente. Sabéis que una piedra se solidifica al fuego: mientras más ardiente es el fuego, más sólida es la piedra. Ahora bien, atravesar el fuego de la experiencia cuesta tiempo, pena y sufrimiento. No pueden faltar las desilusiones.

Pero cuando el trabajo preparatorio está cumplido y se puede pasar a la construcción práctica, aparece como todo lo que aparecía como quimera e imposibilidades a los ojos de los pusilánimes, a los ojos de los extranjeros y a las gentes del exterior, va a manifestarse a los verdaderos ciudadanos como un prodigioso encantamiento.

Estamos al comienzo de un periodo en el curso del cual será formado y se demostrará el templo vivo. Primeramente ante vuestras miradas sorprendidas; pero vuestra sorpresa dejará lugar rápidamente a una comprensión y a una experiencia perfectas. Seréis una sola voz exclamando: << ¡No puede ser de otra manera!>>. Pues esta construcción de un templo vivo de naturaleza extraordinaria es la realización de una ley, de una santa orden natural.

Cuando los viejos libros de los Rosacruces clásicos hablan de una Morada del Espíritu Santo, consideran un templo vivo de estas características. Por ello los alumnos se reúnen, según los fundamentos de la quíntuple Gnosis Universal, en perfecta unidad de grupo, en la alegría y la ofrenda, para que el Cuerpo Vivo sea cada vez más intensamente vivificado.

Entonces se encenderá en las tinieblas de nuestro tiempo una luz que se verá a lo lejos. Ella hará señales a los buscadores y consolará a los solitarios. Ella levantará a los que están cansados; reunirá a todos en el nuevo eslabón de la Cadena de la Fraternidad gnóstica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                            XI

 

                                           LOS TRES CUERPOS UNIVERSALES

 

A veces habréis escuchado hablar de los tres Cuerpos Universales tal como se les llamaba en la antigua sabiduría, a saber el Cuerpo de la Enseñanza, el Cuerpo de la Alegría y el Cuerpo de la Transfiguración, con una distinción más, en este último Cuerpo, entre el Cuerpo Correspondiente y el Cuerpo de la Transmutación. El primer Cuerpo corresponde con el Universo y el campo del Padre que penetra todo; el segundo con el campo del Hijo que manifiesta la luz; el tercero con el campo del Espíritu Santo que cura y reengendra. El Padre nos da la posibilidad; el Hijo nos da la luz del conocimiento; el Espíritu Santo nos aporta, en la fuerza de Dios y en la luz del Hijo, el único camino de la liberación que todo lo engloba.

A continuación aprendemos, de la misma manera que lo comprendemos y lo experimentamos, que este camino de la liberación por el Espíritu Santo nos abraza a todos y ha hecho su morada en nosotros. Por ello, desde entonces todos tenemos parte en un nuevo escalón del mundo, en un nuevo orden del mundo, en una nueva naturaleza, en un nuevo campo de vida. El toque del Espíritu Santo nos ha hecho entrar a todos corporalmente en el Cuerpo de la Transmutación.

En la lengua sagrada del cristianismo todos estos Cuerpos o campos son llamados <<cielos>>. Si tenéis en cuenta esta denominación, muchas cosas se os volverán más claras leyendo y estudiando la Biblia, pues no puede ser que la palabra <<cielo>> pueda designar a la esfera reflectora. La esfera reflectora no tiene absolutamente nada que ver con no importa que cielo y no es otra cosa que el imperio de los muertos. Este imperio tiene su dominio propio. Es el reino de las sombras. Empleamos este término de <<reino de las sombras>> porque allí solo viven personalidades incompletas y divididas. En efecto, habiendo desaparecido su cuerpo físico y etérico, solo son sombras que viven allí una existencia temporal, ya sean estas sombras las de los malvados o las de los buenos.

La luz del Hijo ha descendido tanto en nuestro imperio de los muertos como en nuestro imperio de los vivos. La luz del Hijo se ofrece en ellos y por ellos. Muere allí y allí es enterrada. Pero a continuación se retira a su propio reino.

Aquel que quiere seguir a esta luz encuentra una puerta abierta <<hacia el cielo>> lo que quiere decir la puerta que da acceso en primer lugar al Cuerpo de la Transmutación.

La puerta del imperio de los muertos está y siempre ha estado abierta. La puerta del cielo se abre a aquellos que buscan la luz, que se unen a ella. Por ello se dice en el capítulo 4 del Apocalipsis:

Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.

Esta misma voz, evidentemente, resuena también en vuestras orejas. Vosotros también sois llamados ha realizar vuestro camino celeste, sobretodo ahora que por el Espíritu Santo, que reengendra, el Cuerpo de la Transmutación se extiende de nuevo sobre todo el mundo. Vemos realizarse al pie de la letra las palabras del salmo 104: El se cubre de luz como de vestidura; extiende los cielos como una cortina. Todo el libro del Apocalipsis es un testimonio de la manifestación de los tres Cielos de la Transfiguración, así como de la ascensión en ellos y de su progresión.

Quizás sea bueno recordaros a este respecto el relato evangélico conocido bajo el nombre de la <<Transfiguración en la montaña>>. Algunos discípulos fueron testigos de una glorificación de Jesús el Señor. Ello significa que Jesús se retiró por algún tiempo en el Cuerpo de la Transfiguración e hizo testigo de ello a sus discípulos.

Fueron, como lo narra Pablo, elevados en los cielos gnósticos. Ahora bien, como esta experiencia nueva para ellos los tomó desprevenidos, reaccionaron, en su espontaneidad, de manera totalmente errónea.

El mito coloca al lado de Jesús dos estaturas consideradas por los Israelitas de esplendor divino, las de Moisés y la de Elías; pero, enviados divinos de un periodo desaparecido, no tienen ninguna significación para el presente vivo de los discípulos. Así, desde que proponen elevar tres santuarios, luego igualmente uno para Moisés y uno para Elías, desde que pasan a la practica de un sacerdocio mágico gnóstico en este sentido, les es dado comprender el adaptarse exclusivamente a las indicaciones de Jesús el Señor, de servirle solo a él, considerando que Jesús el Señor es, para ellos, el <<Señor del presente vivo>>.

Así es como vosotros también, debéis concentraros siempre sobre el presente vivo y extraer de allí la única realidad para vuestro viaje celeste. Para todos vosotros hay un templo abierto en el cielo, en el verdadero país luminoso de la eternidad. Para entrar en él, es necesario estar realmente vivo, es necesario poseer esta vida que no conoce la muerte.

La luz, por su descenso en vosotros, se ha aliado con vosotros. Hacer también vosotros una alianza con ella.

Recorramos pues este totalmente nuevo camino celeste de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                           XII

 

                                                  LA ÚNICA FUENTE DE VIDA

 

Todos debemos aprender a conocer a Dios como la única fuente de vida, como el único Bien, como <<Tao>>, así como claramente nos lo dio a comprender Lao Tseu.

Lao Tseu, la gran fuerza rompiente del pasado de la humanidad, habla en su Tao, como en el presente hablamos en nuestra Escuela Espiritual, de la fuerza de radiación liberadora que emana de la Gnosis.

La <<vía>> o Tao de la que habla Lao Tseu orada una abertura de luz en el mundo caído, para efectuar una unión entre la rosa del corazón, o el átomo original en cada microcosmos, y la Fraternidad gnóstica de la salvación.

 

<<En la antigüedad habían, >> dice Lao Tseu, <<sabios filósofos que se consagraban a Tao; ellos eran imperceptibles, sutiles y penetrantes. Eran tan profundos que no se les podía comprender; eran reservados, prudentes, graves; se fundían como el hielo; eran simples; estaban vacíos. ¿Quien puede clarificar todas las impurezas de su corazón hasta alcanzar el reposo? ¿Quien puede nacer en Tao?>>

 

Cuando leemos, en el Tao te King, lo que trata del «no hacer», llave de la vida nueva, tal como la Escuela Espiritual habla de la rendición de si mismo al reino en nosotros, muchos problemas se elevan; problemas que surgen de los procesos de los misterios transfigurísticos.

Así ocurre, por ejemplo, con el problema de la conciencia. Hablamos de la conciencia del viejo hombre y de la conciencia del hombre nuevo. Se piensa generalmente que la conciencia del hombre nuevo es como un estado de conciencia más amplio, más poderoso, más bello y más completo que el que el hombre posee actualmente. Es decir un superlativo de conciencia. El hecho de que tan frecuentemente se suponga el poder cultivar, ampliar la conciencia-yo hasta alcanzar la conciencia del alma nueva, muestra que se adopta este punto de vista.

Por ello aparece tan extraño a la mayoría de los hombres que el Evangelio establezca la necesidad del declinar de la conciencia antes de poder adquirir la conciencia del hombre nuevo. Reconoceréis la necesidad de ello si aprendéis a conocer la diferencia inmensa entre los dos aspectos de conciencia. Esta diferencia no puede consistir pura y simplemente en una diferencia de frecuencia vibratoria. No, se trata de una absoluta diferencia de naturaleza.

Cuando la Enseñanza Universal habla de conciencia, ella considera algo totalmente diferente a lo que el hombre considera partiendo de su estado de ser. La conciencia que conocéis y poseéis es por naturaleza una conciencia llamada egocéntrica, que posee un centro claramente determinable, el centro-yo, del que proviene. Encontramos este centro en la región de la pineal, situado en la cima del tercer ventrículo de la cabeza.

Con la mayor frecuencia el hombre se jacta de esta conciencia. El se encuentra en esta naturaleza en tanto que la entidad más altamente desarrollada. Es llamado el rey de la creación, pero solo lo es de la creación dialéctica.

Sin embargo, la conciencia de la entidad a la que llamamos «hombre nuevo» o «hombre original» no proviene de un centro determinado y por ello es imposible que esta conciencia sea egocéntrica. Ella es fundamentalmente carente de yo, aunque haga empleo de la cuarta cavidad cerebral y dirija, por este centro, al hombre dialéctico.

Se podría definir lo más simplemente a esta conciencia nueva como una conciencia completa desprovista de centro-yo. Luego una conciencia tal no puede ser egocéntrica. El egoísmo que os es tan conocido debe ser totalmente extraño a esta conciencia. Comprendéis pues que si hablamos del estado impersonal del hombre nuevo, no debéis, en el primer momento, considerarlo en un sentido ético, luego moral – aunque ello fuera evidente– sino precisamente y ante todo, en su sentido esencial.

Esta es una maravillosa situación, probablemente difícil de comprender. He aquí pues un ejemplo. Sabéis que todo nuestro cuerpo material está constituido por células en cantidades innumerables, ellas mismas constituidas por átomos. Ahora bien, sabéis que cada una de estas células posee de hecho una especie de conciencia. Las experiencias y comportamientos de cada célula son transmitidos a la conciencia central por medio del sistema nervioso al que cada célula está unido.

Si, desde entonces, la conciencia celular era perfectamente equivalente a la conciencia central, el ser entero participaría de ella en su totalidad y ya no habría foco de conciencia, ni yo, y la práctica del no-yo ya no sería necesaria. Es más o menos así como se debe considerar el estado de conciencia del hombre nuevo. La nueva conciencia no posee un foco y se la puede definir como una conciencia que mora en todo el microcosmos, aunque naturalmente sirviéndose de órganos. Este microcosmos no posee un centro de conciencia sino que todo él es un centro de conciencia por la colectividad de los átomos tal como lo expresa el espíritu del plan de Dios. Este estado notable, la Biblia lo representa a veces como el de un ser que posee miles de ojos por delante y por detrás.

Si ahora podéis imaginaros este estado microcósmico, comprenderéis que aún es un estado parcial. Pues nosotros distinguimos el microcosmos, el cosmos y el macrocosmos. En el curso del desarrollo del hombre nuevo, sin embargo, todo lo «parcial» desaparece. El ser consciente microcósmico avanza hacia una conciencia cósmica y, de ahí, entra en el estado consciente macrocósmico.

Si comprendéis intelectualmente lo que decimos, tenéis que realizar lo que nos esforzamos en explicaros. Si ya no queréis reinar por más tiempo según vuestro estado natural dialéctico y subís en la conciencia microcósmica o conciencia-alma, vuestro estado es entonces uno entre muchos. Pero si vuestro microcosmos, como conciencia, se integra al estado de conciencia cósmica o estado de conciencia-espiritual, no puede faltar el reencontrar a innumerables microcosmos en una conciencia colectiva, la conciencia de la omnipresencia. Se trata entonces de una fusión absoluta porque toda separación cae. Ya no se puede hablar de «multiplicidad» sino exclusivamente de «unidad».

Es más magnífico aún cuando lo cósmico se eleva en lo macrocósmico, en la verdadera manifestación universal divina. Entonces toda lo diferenciado, lo múltiple de antaño, se vuelve absolutamente uno en aquel que es el Absoluto, que es el amor universal.

 

El «no-hacer» apunta pues a ser una aproximación dialéctica hacia la nueva conciencia. Es un ensayo para abandonar toda la dialéctica y sus resultados y entrar en este formidable desarrollo divino que solo puede conducir a la integración en Dios.

El «no hacer» os es aconsejado por Lao-Tseu a fin de colmar en la medida de lo posible la enorme diferencia entre dos mundos tan diferentes y de crear así una base para un comienzo de las nuevas fuerzas de conciencia escondidas en potencia en la rosa del corazón.

Por ello el alumno verdadero se deshace de su yo, deja de ser atacado por cualquier cosa y demuestra en su vida la rendición del yo para purificar así su corazón del fuego de las agitaciones. El yo se esforzará en la medida de lo posible por neutralizarse para que la vida del alma pueda tomar impulso. Aquel que sufre con alegría este proceso de aproximación recibe una corriente de radiaciones gnósticas llenas de gracia que conducen a todo el ser al campo del absoluto reposo, el verdadero silencio sacerdotal que es condicional, el estado de paz al interior del cual puede efectuarse el grande y santo trabajo de construcción del nuevo templo.

Puedan ustedes testimoniar rápidamente con Lao-Tseu:

Yo se, pues me he matado a mi mismo

y renazco de nuevo del espíritu.

Lo que me corrompía se ha corrompido a si mismo.

He entrado en la eternidad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          XIII

 

                                        LA ATMOSFERA ASTRAL DE LA VIDA

 

Sabréis que existen dos formaciones de nubes astrales; que hay en la atmósfera astral de la vida, una división en dos campos de vibración astral. Ello tiene consecuencias pues es evidente que se impone una elección absoluta.

Debéis decidir, mientras que aún es tiempo, si queréis pertenecer a una o a otra atmósfera astral. Nadie se ofenderá si decimos que en conjunto, nuestros alumnos viven habitualmente de estos dos campos: tan pronto estáis en la nube astral de la elevación, como un momento después os conectáis a la nube astral de la naturaleza terrestre.

Hasta el presente habéis podido resistir y un comportamiento parecido podía explicarse; pero la Escuela os ha recordado, desde hace numerosos años y casi día a día, que vuestro comportamiento debía cambiar rápidamente, considerando que hemos llegado ahora muy expresamente ante una bifurcación.

Nadie puede sorprenderse de esta marcha de las cosas pues un momento tal fue anunciado hace mucho tiempo. Cada una de las Fraternidades precedentes lo ha conocido. Tales épocas siempre han sido y siempre vendrán, y la Biblia no nos ha dejado en la ignorancia al respecto. Pensar simplemente en el discurso profético de Jesús el Señor que encontramos en Mateo 25, versículos 31 a 46 incluidos.

La separación de la atmósfera astral en dos partes está causada, ello es evidente, por una agitación astral muy poderosa. Una fuerza sideral de una alta frecuencia interviene. Y, considerando que esta fuerza sideral es el segundo aspecto de la Divinidad, se trata en este caso del Hijo que va a aparecer en toda su magnificencia.

En vista de este desarrollo, la humanidad es escindida en dos grupos: el de la derecha y el de la izquierda; las ovejas y los machos cabríos. Al grupo de la derecha se le dice: <<Tomar posesión del reino que os está preparado desde la fundación del mundo. >> A continuación, se desarrolla una maravillosa metáfora que debéis comprender bien para saber sacar la lección de ello. El Señor de la Vida dice:

 

Yo he tenido hambre y me habéis dado de comer;

He tenido sed y me habéis dado de beber;

He sido extranjero y me habéis acogido;

He estado desnudo y me habéis vestido;

He estado enfermo y me habéis visitado;

He estado en prisión y habéis venido a mí.

 

El hecho de que la atmósfera astral vaya a separarse tiene antecedentes. El Hijo de la Divinidad, el segundo aspecto de la Gnosis, siempre existió en la atmósfera astral pero primeramente como un hambriento, como buscando contacto con el hombre. Si el hombre reacciona, esta reacción es alimento para la Gnosis hambrienta que busca entrar en unión. De la misma manera, la Gnosis tiene sed de servir a los hombres y la gracia está con aquél, o aquella, que le da de beber. Así, por la reacción humana, el nuevo fuego astral crece. Se vuelve cada vez más poderoso hasta que, finalmente, toda su magnificencia se desplega.

La situación actual permite decir que la magnificencia de la nueva manifestación gnóstica ya ha llegado a la madurez. El Hijo de la Gracia ya no tiene necesidad, para crecer, de nuestra reacción. Está ocupado en manifestarse. De la suma de los esfuerzos proporcionados en el curso de los últimos siglos, va a realizarse la manifestación. La profecía se vuelve realidad. Las consecuencias, ahora, están trazadas y cada hombre deberá colocarse, según su naturaleza, del lado derecho o del lado izquierdo.

Esperamos firmemente que, por este discurso profético, veréis claramente, quizás una vez más, lo que la Joven Gnosis tiene que deciros a vosotros y porque debemos confrontaros a las ineluctables consecuencias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          XIV

 

                                                      FE – ESPERANZA – AMOR

 

Nos gustaría señalaros este maravilloso y magistral capítulo 14 del Evangelio de Mateo. Este capítulo está caracterizado por tres acontecimientos imponentes:

1. la decapitación de Juan Bautista,

2. el alimento de los cinco mil, y

3. la marcha de Jesús sobre el mar.

El hecho de que estos tres acontecimientos estén reunidos en un único capítulo tiene naturalmente una significación. Nos esforzaremos en poner de manifiesto primeramente esta significación para analizar a continuación los mitos mismos.

Cuando un hombre, partiendo de su estado natural, busca por primera vez los caminos de la Gnosis, pone en ello su corazón y su cabeza. Su corazón es el campo de su disposición de alma; su cabeza es el de su orientación de conciencia. Si todo se pasa bien, se despierta en él un estado de fe y la fe posee de nuevo estos dos aspectos, el de la cabeza y el del corazón. Impulsado por la cabeza y el corazón, el alumno recorre su camino. El desarrollo que sigue da lugar al renacimiento del alma.

El centro del alma está -todo alumno lo sabe- situado en la cabeza. Este centro del alma, este núcleo-alma, es el principio más dinámico de todo el ser humano, principio de donde salen todas las actividades directrices de la vida. En consecuencia, se puede decir que cuando el alma del hombre ha renacido, ha adquirido una nueva cabeza, se ha vuelto, comprendiéndolo según la vieja naturaleza, un hombre decapitado.

El principio-alma central, con el que el trabajo ha comenzado, ya no puede ser útil más tiempo al proceso; es reemplazado por una nueva cabeza, a saber la cabeza de un hombre nacido-Jesús.

La fe ha recolectado sus frutos y, sobre esta base, se puede progresar hacia un bien superior.

 

Desde que, en el hombre, algo brilla del nuevo estado de alma e irradia realmente, esta radiación es reanimante. Un hombre que posee en este sentido, una gran alma, entrega siempre la consolación al afligido, la ayuda al extraviado, y despierta la esperanza en el abatido. Por ello este hombre es siempre en la vida, el que aporta el alimento. De él emana un alimento maravilloso hacia todos aquellos que están en el desierto, muy alejados así de la casa.

Se puede comprender este alimento; sus causas y sus efectos se explican muy lógicamente. Por ello, en Mateo 14, después del relato relativo a las consecuencias del estado de fe, se coloca ahora el poema de la esperanza, que este alimento aporta a los cinco mil hombres sin contar a las mujeres y los niños.

Comprenderéis, que el total de los que son alimentados no tiene importancia y el hecho sobre el que el evangelista quiere atraer vuestra atención, es que, despertar de esta manera la esperanza en una vida humana se explica muy racionalmente. Por ello el número cinco es llamado el <<número de Mercurio>>, el número de la alta razón. Y se habla de cinco mil porque estas operaciones se refieren a la conciencia del hombre, a su alma y a todo su cuerpo.

Hay, a disposición de todas las masas aspirantes, <<cinco panes>> y <<dos peces>>, es decir el pan ofrecido con este imperecedero amor del prójimo que en todo tiempo fue y es simbolizado por el signo de los Peces.

 

A aquel que es así refrescado y alimentado con esta esperanza imperecedera, a este, le es dicho: << ¡Recorre ahora el camino! ¡Hazlo hoy mismo! ¡Realiza la ley de la liberación!>> Impulsados por el fuego de la esperanza, todos aquellos que quieren ser discípulos son por así decirlo forzados a subir a la barca y a navegar hacia la otra orilla, hacia el campo de la resurrección, por el proceso del Santo Grial.

Aquel que lo hace, aquel que responde positivamente a esta llamada, aquel que recorre el camino hacia la vida nueva, debe infaliblemente defenderse contra su propia naturaleza; debe navegar sobre el mar de la vida mientras que la tempestad de su propia naturaleza, con el viento contrario, se presenta cada vez más como adversario. ¿Quien podría mantenerse contra esto? ¿Quien podría resistir a esta violencia? ¡Nadie!

Sin embargo, toda alma en la que brilla realmente la esperanza, en tanto que alimento maravilloso, puede vencer, a condición de que no se desarrolle ninguna pusilanimidad; a condición de que el alumno conserve una orientación única y mantenga solidamente en la mano el gobierno. Entonces, en el momento más crítico, el amor divino vendrá ante él sobre las olas furiosas del mar de la vida para ayudar, para salvar, para redirigir hasta que sea alcanzada la otra orilla del campo de la resurrección.

 

Así permanecen la fe, la esperanza y el amor; pero el más grande de los tres es el amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                           XV

 

                                           EL COMERCIO SECRETO CON DIOS

 

Sacamos de la primera Epístola a los Corintios, capítulo 1, los versículos 17 al 31 incluidos:

 

«Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.

Pues está escrito: destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Donde está el sabio? ¿Donde está el escriba? ¿Donde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?

Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloria, gloríese en el Señor.»

Observaréis que Pablo es llamado a impulsar a todos lo que buscan y se vuelven hacia El hasta la cima del desarrollo del orden de emergencia, es decir hasta la sabiduría divina que justifica, santifica y salva.

Lo que glorifica al orden de emergencia, es el ascenso en la humanidad-alma. Y para ello es necesario un camino de cruz de las rosas, una purificación a través de las resistencias, para que sea restablecido lo original. Los servidores de la Gnosis, en todo tiempo, han tratado de ayudar a los hombres que se vuelven hacia ellos, en su progreso hacia la cumbre del desarrollo del orden de emergencia. Por ello el camino no es tan inhumano; no es un camino contra-natura, sino simplemente la última fase del camino de toda la humanidad, sobre el cual y en el cual el verdadero poder del pensamiento debe nacer y tomar la dirección de la vida. Y ahora ocurre que la humanidad erra en la fase lunar del período terrestre, es decir en la fase del cuerpo del deseo; retrocede siempre y de nuevo, y se ensombrece siempre y de nuevo en el pasado.

Por ello los servidores de la Gnosis vienen hacia ella con dos medios de salvación, con dos medios mágicos: el bautismo y el ministerio evangélico. No hace falta pensar en este caso en el bautismo de agua, de Juan, que era y es puramente simbólico, sino en el bautismo del Espíritu Santo. Este bautismo significa una unión con la Gnosis, una unión con el objetivo final del camino, una unión con el mundo de la humanidad-alma.

Suponer que estáis ante las puertas de la última fase del camino del orden de emergencia. Titubeáis mucho; ello os es muy difícil; estáis aprisionados completamente por las fuerzas del cuerpo del deseo que os dirigen totalmente y determinan vuestro más alto estado de conciencia. En ese momento, vienen hacia vosotros los enviados de la Gnosis que, según vuestra petición y con vuestro consentimiento, os bautizan con el Espíritu Santo, lo que significa que realizan una unión entre vosotros y el objetivo final del camino. Es tendido un hilo sólido entre vosotros y el objetivo único. ¿Sentís la extraordinaria importancia de esta unión mágica? Con la sola ayuda de esta unión, debéis ya poder realizar inquebrantablemente vuestro camino.

En tanto que alumno, habéis experimentado el bautismo del Espíritu Santo. El acto de la alianza con el Cuerpo Vivo representa este bautismo. Pero esta unión es igualmente algo diferente. Es también una línea de fuerza de naturaleza magnética, que se interesa por vosotros. Así es como nace una afinidad particular entre vosotros y la Gnosis. La lengua mística lo llama el <<comercio secreto con Dios. >> De este comercio secreto, podéis volveros enteramente conscientes reaccionando positivamente al ministerio evangélico.

¿Que quiere decir esto? Ello no consiste en un sermón o en una conferencia cada cierto tiempo, ni en la exposición de una ciencia secreta, sino que ello consiste en orientaros en la sabiduría divina, en la naturaleza, la esencia y el objetivo del pensamiento divino, sobre Manas el pensador. Es, además, una indicación, una guía práctica para seguir el hilo del bautismo que está unido a vosotros. El evangelio de la salvación debe ser seguido, aplicado y vivido.

Pablo dice a sus Corintios que sobretodo él no ha sido enviado para bautizar, sino más bien para anunciar el Evangelio. No dice esto por oposición al bautismo sino porque quiere, a este respecto, atraer toda su atención sobre el segundo aspecto del ministerio de la salvación gnóstica. Por esta misma razón os pedimos toda vuestra atención a las palabras de Pablo.

Pues vosotros estáis bautizados y unidos a la Gnosis; por ello ahora tenéis que vivirlo, volver verdadero este bautismo. Debéis, ahora que sois llamados a ello con tanta fuerza y elegido con tanto amor, acabar la última fase del camino del orden de emergencia, aceptando todas las consecuencias evangélicas.

Es inútil el extendernos más sobre la cuestión del bautismo, más bien primero sobre la vida nueva y el nuevo comportamiento de vida. Para esto es necesario indicar con fuerza que el camino del Evangelio parece locura, es insensato a los ojos de todo hombre que se encuentre aún en la conciencia del deseo… Influenciado por las dificultades de la vida, consideraréis como una locura la última parte del camino del orden de emergencia. Toda vuestra razón gobernada por el cuerpo del deseo comprende en efecto el camino y la vida de una manera diferente al Evangelio. Pero esta aparente locura es nada menos que la sabiduría de Dios y la misma victoria.

Esperamos de todo corazón que lo veréis así y que seguiréis el hilo del bautismo de la mano del Evangelio de la Liberación. Esperamos, que firmemente decidido, avanzaréis rápidamente, antes de que sea demasiado tarde para este período.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          XVI

 

                                                      LA VERDAD REVELADA

 

En el tercer capítulo de su Epístola a los Romanos, Pablo cita diversos Salmos que encierran sentencias herméticas originales. Pablo quiere revelar lo mismo que nosotros consideramos, a saber que no se puede encontrar el bien en este mundo de la naturaleza de la muerte. El escribe:

 

No hay justo, ni aún uno;

no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.

Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;

no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Sepulcro abierto es su garganta;

con su lengua engañan.

Veneno de áspides hay debajo de sus labios;

su boca está llena de maldición y de amargura.

Sus pies se apresuran para derramar sangre;

quebranto y desventura hay en sus caminos;

y no conocieron camino de paz.

No hay temor de Dios delante de sus ojos.

 

Sin duda conocéis estas sentencias, pero podemos suponer que las veréis con una luz completamente nueva. Estáis habituados a las fulminaciones de los sermones contra la dialéctica. Si la realidad y el estado de la naturaleza de la muerte son denunciados en la Biblia, el alumno de la Escuela Espiritual actual ciertamente no se ofenderá por ello. Pero cuando trazamos una línea de demarcación hermética muy severa y definimos vuestra propia situación a este respecto, os sentís ofendidos.

Las <<almas renacidas>> están exentas del severo juicio de Pablo, aquellas que se han liberado a la luz de la Gnosis; pero para todos los demás, es valido lo que se dice en el tercer capítulo de la Epístola a los Romanos:

 

No son ni justos, ni inteligentes;

no buscan a Dios;

están todos extraviados;

están pervertidos;

no hacen nunca el bien.

Su garganta es un sepulcro abierto,

se sirven de su lengua para engañar,

un veneno de áspides hay debajo de sus labios;

están llenos de maldición y de amargura;

sus pies se apresuran para derramar sangre;

el quebranto y la desventura están en sus caminos;

no conocieron el camino de la paz;

y el temor de Dios no está ante sus ojos.

 

Si estuvieran obligados a aplicar a ellos mismos estas palabras, podría ser que algunos entre nuestros lectores las consideraran como una reprimenda injuriosa, típicamente paulina y ciertamente no aplicable a una sociedad civilizada. <<Imaginar: ¡un veneno de áspides debajo de mis labios! ¿Como un hombre puede llegar a ahí?>>

Lo que Pablo considera es que bajo la lengua se encuentran algunas pequeñas glándulas linfáticas que abastecen a las necesidades salivares de la boca. Sin esta humidificación constante de la boca, no podríamos hablar. ¿Sabíais que la naturaleza y la calidad de la linfa están totalmente en concordancia con vuestra mentalidad, con las impulsiones de vuestra voluntad y las emociones de vuestra alma?

Por ello, frecuentemente, muy frecuentemente, la saliva es parecida a un veneno mortal. Y cuando habláis, cargados de tal veneno, vuestras palabras causan heridas profundas. Además os herís mucho más a vosotros mismos pues tal veneno de serpiente bajo vuestros labios tiene una poderosa influencia etérica; las vibraciones se expanden, por el paladar, hasta el espacio libre por encima de la raíz de la nariz y establecen allí una atmósfera donde todo puede florecer, salvo la maravillosa flor de oro.

Este <<veneno de áspides bajo los labios>>, que ahora tratamos, ¿no tendría algo de verdad? ¿algo que no podéis considerar como enteramente extraño a vosotros? También, ¿no sería de gran importancia el considerar más de cerca esta pequeña enumeración paulina? ¿No sería para vosotros interesante retirarlo al dominio del conocimiento de si mismo?

¿Quizás nos encontráis severos, mordaces y sarcásticos? Pero este no es de ningún modo el caso. Solo la verdad puede liberaros. ¿Porque entonces no ver la verdad de frente en este momento crucial tan importante de nuestra época? Si veis con valor ante vuestros ojos el análisis de Pablo con respecto al hombre natural, descubriréis que casi todo lo que establece puede, en toda su amplitud, seros aplicado igualmente.

Es imposible estudiar toda esta lista en un solo capítulo. Serían necesario muchos. Por ello, tomemos solamente el hecho de que <<no hacéis nunca el bien>>. Queda excluido que podáis, en tanto que hombre natural, hacer el bien absoluto. ¿Cuantas horas habéis pasado, en las semanas trascurridas, en diferir de opinión con los miembros de vuestra familia, o con vuestros colegas o con vuestros colaboradores en la Escuela, con respecto a lo que sería verdaderamente <<bueno>> para el interés de la Escuela, del trabajo o de la familia?

Ya os ha sido explicado que partís de normas de bondad muy personales y, según vuestra posición en la sociedad, según la naturaleza de vuestro carácter o las circunstancias, hacéis lo que otros juzgan bueno o forzáis a terceros a adoptar vuestras normas de bondad. Esto lo sabéis. Así es con las normas más simples y ordinarias de la vida. Y muchos, por amor a la paz, admitirían lo que, de manera convincente e indiscutible, no es bueno.

Esto es sin embargo más escabroso cuando se trata de principios elevados, a saber la verdad misma. ¿No ocurre frecuentemente que la verdad revelada sea malgastada y estropeada por vosotros, si, incluso gravemente mutilada? ¿Intencionadamente? ¿Traidoramente? De ninguna manera, pero si no se comprende la verdad, uno recortará algo, otro tendrá algo que añadir, un tercero la lanzara al cesto. Uno sostendrá la verdad por bondad ardiente; otro la contestará por la misma bondad ardiente. Un tercero buscará un compromiso.

¿Sabéis que es con esta dificultad con lo que más estamos ocupados en la práctica del trabajo para y en la Escuela? ¡La Escuela es dificultada por el mal y por el bien!

El mal se desenmascara rápidamente a si mismo y se neutraliza fácilmente. Pero las actividades de bondad son efectuadas públicamente y no podemos levantarnos contra ellas porque están llenas de <<buenas>> intenciones. ¿Comprendéis cuan <<malo>> es el llamado <<bien>>? ¡Por ello os recomendamos por vuestro interés esta pequeña enumeración de Pablo en su epístola a los Romanos! Y terminamos ahora con una cita sacada del Evangelio de Buda:

 

<<Los hombres sucumbieron bajo los fardos de la vida hasta que apareció el Hijo del Hombre. Y el Bendito indicó a los hombres el camino de regreso, el justo empleo del corazón y la justa aplicación de la cabeza. Enseñó a los hombres a ver las cosas tal como son, sin ilusión, y ellos aprendieron a actuar según la verdad divina. Les enseñó a recorrer el camino y transforma así a las criaturas dialécticas, irracionales, en seres realmente humanos, justos, buenos y fieles. Y para terminar, fue reservado un lugar donde la verdad pudiera habitar en todo su esplendor. Y este lugar, es el alma de la humanidad renovada.

El Señor de la Vida ha revelado la Verdad; la Verdad ha aparecido en la tierra y el Reino de la Verdad está fundado. Pero no hay lugar para la Verdad en el espacio, aunque este espacio no tenga fin. No hay lugar para la Verdad en el sentimiento: ni en sus satisfacciones, ni en sus sufrimientos. Como tampoco hay lugar para la Verdad en la razón. >>

 

Puedan estas últimas palabras, por un aprendizaje seriamente practicado, ser consideradas en adelante como no dirigidas a vosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          XVII

 

                                 EL FACTOR GLUTEN DE LA PERSONALIDAD

 

El factor <<gluten>> en la sangre determina el grado de densidad de la impiedad del sistema humano; cuando este factor gluten es roto y modificado por las radiaciones cósmicas actuales, sobre la base de un estado pecador ya cristalizado, sobre el que Karl von Eckartshausen llama con razón la atención[2], aparecen al lado de nuevas y grandes posibilidades, serios peligros para el alumno en el camino.

Entre todos estos peligros hay un fenómeno especialmente grave sobre el que debemos atraer vuestra atención encarecidamente. Es un fenómeno con el que sois confrontados en vuestro camino hacia la vida liberadora, a saber el riesgo de enfermedades causado precisamente por esta modificación del factor gluten.

Cuando las radiaciones de Acuario tocan el gluten de vuestra personalidad y os encuentran sin preparar, sin colaborar en el proceso, entonces vuestro cuerpo se vuelve receptivo a cinco afecciones diferentes o a cinco grupos de enfermedades que corresponden, como comprenderéis, a los cinco fluidos del alma. Estas enfermedades podrían pues manifestarse:

1. en el fuego de la serpiente teniendo como consecuencia afecciones de la médula espinal o de la columna vertebral;

2. en el fluido de la conciencia teniendo como consecuencia afecciones de la cabeza;

3. en las secreciones internas teniendo como consecuencia afecciones en todo el cuerpo, en los lugares y en los órganos más especialmente controlados por algunas de las glándulas endocrinas;

4. en el fluido nervioso con las afecciones anexas y final y principalmente,

5. en la sangre, fluido de base del alma, con afecciones en la sangre, con consecuencias muy extendidas.

 

Evidentemente no es nuestra intención hablaros extensamente y en el sentido en el que se hace ordinariamente de todas estas enfermedades y de sus consecuencias, así como de la manera como se las combate, juzgándonos incompetentes en la materia.

Convenceros del hecho de que hay cinco riesgos de enfermedad en la época moderna, que no se explican ni por la sangre del nacimiento ni por las infecciones. Si, incluso no se les puede asignar ninguna causa dialéctica directa ni constatar una predisposición cualquiera. Sabed pues que estas olas de enfermedades que afligen cada vez más a la humanidad no pueden curarse ni ser encauzadas por algún medicamento o algún método terapéutico dialéctico. Si queremos buscar la causa de todas estas dificultades corporales y combatirlas, es necesario simplemente constatar que el principio de ello reside en el hecho de una modificación del factor gluten por las radiaciones de Acuario. No se debe y no se puede combatir esta modificación sino que es necesario cooperar con ella con todo su ser y apostando su vida entera, místicamente, filosóficamente y prácticamente.

La última cena de la noche, la Santa Cena, no es solo una cosa deseable, ni simplemente una elevación mística a la que podéis decidir si acceder o no. No, de lo que se trata, es de una resurrección o de una caída.

Es evidente que, sin ser profetas, podemos ver por así decirlo ante nosotros que pronto la desmaterialización negativa de la masa será tan acelerada por el fuego de Urano que esta segará a la humanidad con epidemias y olas de enfermedades a gran escala. Kronos-Saturno, al servicio de Urano, vendrá sobre el mundo con su guadaña, como nos lo describen numerosas mitologías.

Además, ¿no es maravilloso y liberador que seáis convidados a ir al reencuentro del Portador de Agua para sintonizar, positivamente, vuestro ser a la nueva era que os ha abierto sus puertas?

¿No es maravilloso y liberador que seáis invitados a preparar la Santa Cena para todos vuestros hermanos y hermanas? Pues, haciendo esto, podéis prevenir muchos sufrimientos y muchas penas para innumerables seres que llamaréis hacia la sala de las bodas.

Ver que gran amor nos ha dado el Padre. Desde entonces, ¡Que vuestra fe también sea grande! ¡Que vuestra esperanza sea dinámica y en unión con el objetivo! ¡Que vuestro amor abrace al mundo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                         XVIII

 

                                                    LA LECTURA DE LA ROTA

 

Quizás conocéis la expresión: <<leer la Rota>>[3] y sabéis que esta lectura de la Rota sería una contemplación por el alma de su propio cielo microcósmico donde ha descendido la luz de Dios. Cuando se piensa en todo esto, todo el conocimiento terrestre se hunde en la nada. Se ha tratado de alcanzar de manera dialéctica el conocimiento interior de la consulta de la Rota, conocimiento reservado únicamente a los miembros de la Orden de los Perfectos.

Conocemos estos intentos bajo el nombre de astrología. Todos aquellos que han estudiado la astrología comprenderán en que medida todo lo que la concierne es un juego de niños comparado con la verdadera <<lectura de la Rota>>.

En la Fama Fraternitatis, R.C. leemos que los hermanos mayores de la Rosacruz encontraron el sepulcro de Cristian Rosacruz, al menos la puerta de este templo.

Antes de pasar esta puerta, consultaron con celo sus ciclos, su Rota. Y solo al día siguiente, penetraron respetuosamente en el espacio sagrado de la bóveda.

«Leer la Rota» es un acontecimiento santo y milagroso. Es escuchar la voz divina. Es percibir y comprender la voz de Dios. «Vivir de la Rota» es ir de la mano de Dios. No dar ningún paso sin la voluntad del Padre.

Todo ello concierne a una mística muy elevada que no se apoya sobre ninguna vida del sentimiento ni se parece al ascetismo, sino que es el conocimiento sublime del lenguaje de la luz. Dios habla en todo momento en el firmamento magnético de la sexta esfera microcósmica. La pura lengua divina puede ser percibida allí, y ser percibida allí por así decirlo por todos los órganos sensoriales.

Vosotros sabéis que la luz posee siete aspectos primarios y después un número igual de aspectos secundarios. A continuación, tiene innumerables matices de energía, en relación con un aumento o una disminución de frecuencia. Un solo rayo puede así mezclarse con otro de mil maneras. En consecuencia se desarrolla una extrema riqueza de lenguaje: la Lengua de los Cielos, el Lenguaje de Dios.

Cuando un hermano o una hermana está ennoblecido para la visión directa de su Rota -cuando se encienden para él las luces de la sexta esfera magnética y que todas estas luces envían sus rayos al hombre que se mantiene en el medio- es infalible que el candidato pueda ver, escuchar y experimentar en todo instante el Lenguaje de los Cielos.

«Leer la Rota» significa pues colocarse en su centro en meditación consciente; atentamente, dejar a las luces operar sobre si, comprender la lengua, la Palabra de Dios; y después, decidir, según lo que se ha comprendido, el actuar o no actuar.

Comprenderéis que esta voz, este consejo divino, nunca puede fallar ni ser juzgado especulativo. Pues la Rota se ajusta a cada microcosmos y la palabra de la Luz está exclusivamente destinada a este microcosmos. Esta pues fuera de lugar que aquel que lee y percibe este lenguaje pueda ser engañado.

En todos los tiempos, la lengua sagrada ha dado abundantes testimonios de esta inmutabilidad y de esta fidelidad divina. Y observaréis que la lengua divina solo es pura cuando viene hacia vosotros del firmamento magnético de la sexta esfera magnética.

El lenguaje de la séptima esfera es engañoso. Pues en él se manifiestan al mismo tiempo, las voces de los eones naturales y de todo lo que está unido a ellos. Por ello, para el candidato que no ha llegado del todo a su Belén y que se aproxima aún al misterio del Grial, es difícil comprender la Lengua pura de Dios. Pues en el camino hacia Belén, dos voces le hablan, la voz luminosa de la lípika de la naturaleza ordinaria y la de la nueva naturaleza. Cuando el candidato está absolutamente sin yo y que, no pidiendo nada para si mismo, se eleva hacia la Gnosis, orientado únicamente hacia el servicio a la humanidad, solo entonces la Luz de la Gnosis atraviesa a través de las nubes tenebrosas y puede percibir la voz de Dios.

Comprenderéis que incomparable privilegio representa para todo alumno, mientras no pueda, en su Rota, leer claramente la voz de Dios, escuchar la voz de la Escuela, que le aconseja, que quiere dirigirle, socorrerle en todo, que le precede en ofrenda de amor total, para que no se pierda en el laberinto dialéctico.

La Escuela es, como podéis saber, la Gnosis en manifestación, la Gnosis hecha carne, para ayudaros hasta el último paso en el difícil período de vuestra vida. La Escuela es el mensajero encarnado del Espíritu Santo que irradia hacia cualquiera que tenga necesidad de ella, la consolación de Belén, la luz de la ayuda.

Toda verdadera Escuela Gnóstica sigue un caminar seguro. Toda escuela gnóstica se realiza según un programa gracias al cual siempre se hace reconocer y por el que puede establecerse un control.

Expresamos la ferviente esperanza que serán sin cesar más numerosos aquellos a los que les será dado el consultar claramente su Rota, después y por la ofrenda intermedia de la Escuela de la Rosacruz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          XIX

 

                                          EL ESTABLECIMIENTO DE LA MESA

 

Quizás conocéis un poco este trabajo grandioso y formidable llamado en los misterios <<el establecimiento de la mesa>>. Todo hombre erige de hecho una mesa para si mismo. Ello significa que participa en una cena, en la preparación de la cual ha tomado una parte activa.

Todo hombre toma lugar en la mesa a la que pertenece. Y, comiendo el alimento que se encuentra preparado allí, es obligado a llevar una vida en concordancia con la calidad del alimento. Esto no es únicamente importante para el interesado; no, él ha establecido esta mesa y preparado este alimento igualmente para su «Señor» y para sus condiscípulos.

De todo hombre salen fuerzas y radiaciones que, sin detener el movimiento, actúan. Guardan en estado al grupo, la clase a la que este hombre pertenece. Todos los hombres de tal grupo forman una única Mesa Redonda y por las fuerzas que emanan de cada uno, en particular, todos los participantes se mantienen unidos en un solo cuerpo colectivo.

Os decimos esto con insistencia y a propósito, sobretodo para que veáis claramente que todo lo que habéis escuchado hasta aquí al respecto del establecimiento y de la preparación de la mesa no es un trabajo excepcional, reservado únicamente a algunos privilegiados, sino que vosotros estáis implicados en este trabajo. La magia gnóstica que os proponemos se inscribe enteramente en el marco de vuestras posibilidades.

El establecimiento de la mesa, ante el que la Escuela os coloca en esta época, tiene por objetivo haceros cambiar de mesa y de convidados. Un lugar está preparado y guardado libre para vosotros en otra Mesa Redonda. Por «Mesa Redonda» simbolizamos el <<aureum>> que reviste al alumno como un manto y, a continuación, el Cuerpo Vivo del grupo en tanto que conjunto.

Como manifestáis interés en esta cena de la liberación -lo que en razón de vuestro aprendizaje consideramos como evidente- estáis obligados a absteneros ante todo de una participación activa en otras Mesas Redondas; en otras palabras, estáis obligados a apartaros de todas las radiaciones e influencias electromagnéticas que no provienen de la Gnosis. Por ello en Corintios 10, Pablo advierte así a sus alumnos: » No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; no podéis participar en la mesa del Señor y en la mesa de los demonios»

Ello puede sonar duro a vuestros oídos, pero la intención de las palabras empleadas originalmente, es que toda fuerza de vida que se desvía de la Gnosis opera malignamente en el ser, es destructiva, luego demoníaca.

Es imposible que un hombre se aproxime a la Mesa del Señor y coma en ella, cuando se deja retener o se une conscientemente con fuerzas que lo apartan de ella. Por ello cada Mesa Redonda está protegida por una ley santa; y cada hermano o hermana de esta  mesa estará obligado a observar con la mayor minuciosidad los artículos y las ordenanzas. Pues cada uno de los participantes sabe muy bien que él no toma parte en la mesa para su única y propia realización sino que, por su participación, por su presencia, algo, como hemos dicho, va igualmente hacia todos sus compañeros de grupo.

Juntos preparan la mesa y comen y beben los unos para los otros. Esta es la cláusula más importante de la santa ley. Por esto las palabras de Pablo hablan de lo mismo, diciendo que cualquiera que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condena. En consecuencia podéis comprender que durante la santa cena de la que nos hablan los Evangelios, el traidor es expulsado en la noche.

No por unas palabras corrosivas, no por una santa indignación, ni por una detención cualquiera de la justicia, sino por el bocado del pan sacramental absorbido o por el trago de la copa del Grial. En efecto, aquel que se comporta indignamente en el nuevo campo de la resurrección de la Escuela es en el mismo momento rechazado a su antiguo campo de antaño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                           XX

 

                                                          LOS DIEZ SEFIROTH

 

La décuple preparación a la que son sometidos todos los alumnos de la Escuela Espiritual actual en el desarrollo del Cuerpo Vivo y el del grupo, es comparado en la Lengua Sagrada a un instrumento de diez cuerdas con el que el justificado acompaña su canto. Los siete y los tres que se vuelven uno son llamados los diez sefiroth, las diez emanaciones de la luz celeste en el hombre. Desde que existe una humanidad dialéctica, se ha hablado y escrito, y aún se hace, sobre estos siete, tres y diez aspectos de la vida mágica divina. De lo que debemos hablaros no es ciertamente una novedad de última hora. Llamamos simplemente a vuestra reflexión sobre estas cosas y estos antiguos valores de la vida divina, a fin de que comprendáis mejor que nunca vuestra propia vocación y vuestros propios valores. Sabéis que un conocimiento tal es necesario antes de poder ponerlo en aplicación.

Cuando vivís según los diez sefiroth, cuando os ajustáis mágicamente a las diez emanaciones de la luz celeste divina que viene hacia nosotros del sexto dominio cósmico, entráis literalmente en la vida sacerdotal.

¿No somos todos llamados a ser reyes y sacerdotes? La realeza es la coronación, la victoria, pero el sacerdocio implica la realización. Sin el sacerdocio, ninguna realeza real es posible. La vida gnóstica mágica considera el vivificar y liberar en vosotros este sacerdocio.

Cuando, en los próximos años del desarrollo en lo que concierne tanto a la escuela como a vuestra propia vida, entraréis en la vida y las obras gnósticas mágicas por excelencia, numerosas formas de sacerdocio serán necesarias; harán falta numerosos sacerdotes y sacerdotisas de grados diferentes. Primeramente será necesario que todos los alumnos de la Escuela participen en el sacerdocio en ellos mismos. Cuando los diez sefiroth centelleen así en cada uno, como diamantes, muchas otras formas y manifestaciones sacerdotales podrán desarrollarse.

Del grupo, en su conjunto, del grupo en tanto que unidad cerrada, unas actividades mágicas deberán ir hacia todos aquellos que buscan. Estas actividades mágicas deben ser guiadas y puestas en marcha por algunos sobre la base de la buena voluntad del grupo. Así pues esto volverá necesario para algunos un ministerio sacerdotal excepcional. Consecuentemente estos trabajadores serán revestidos de poder, pero este poder no arriesgará de ser aplicado en falso y de explotar a los otros. No, este sacerdocio solo podrá apoyarse sobre el poder de todos, sobre las radiaciones de los sefiroth.

Cuando las diez emanaciones de la luz celeste tomen cuerpo en los participantes del grupo, y que así las almas inmortales, en tanto que <<nueva conciencia>>, retomen la dirección en lugar de la antigua conciencia yo, los justos talentos aparecerán en cada uno. No se tratará, como es el caso en el reino animal por ejemplo, de una nivelación de los talentos, poderes y propiedades. Los representantes de una especie animal determinada son todos parecidos entre ellos; actúan todos igual en las mismas circunstancias. Las entidades que componen la humanidad-alma, aunque teniendo en común cualidades de alma excepcionalmente elevadas, mostrarán talentos muy diferentes, aunque todos dirigidos hacia el mismo y único objetivo.

Es mejor, en lo que concierne a esto, no establecer comparación con la humanidad del séptimo dominio cósmico, donde la gran diversidad de aptitudes es imputable a las diferencias de la sangre, de las razas y de los pueblos, a los métodos divergentes de educación, a las circunstancias sociales y biológicas diferentes.

La diversidad de los talentos de la humanidad-alma resulta de las diferencias en el estado de ser de los microcosmos. Comparando los microcosmos con piedras preciosas, se podría decir que cada microcosmos está tallado de manera diferente, que cada uno demuestra una diferencia de facetas y que particulariza e irradia la luz divina de manera muy personal. Así comprenderéis que, aunque perfectamente uno en la comunidad de las almas, el nuevo reino conocerá cargos y vocaciones diversas excepcionales, para la confirmación, el ordenamiento y la manifestación del conjunto.

Así es como, en el curso de los años transcurridos, algunos comienzan a construir un Cuerpo Vivo, en tanto que mensaje del nuevo reino salido del pasado. Dirigirán y realizaran este Cuerpo no por si mismos, sino por los otros que permanecen aún atados a la muerte y a la noche. Mantendrán y protegerán este Cuerpo al principio en tanto que propiedad personal. Desde el momento en que la construcción se acabe, poblarán de alumnos su edificio. Los traerán a la nueva morada para habitarla. Desde el momento en que esta población se haya vuelto autorealizadora y siga las vías de los diez sefiroth, todos los habitantes de la morada serán en ese mismo instante copropietarios y coherederos, al mismo tiempo que corresponsables. Nadie es ni se vuelve subalterno de los otros, sino que todos son en uno y uno en todos.

Podáis conocer y recorrer este camino de desarrollo, este camino de gracia. Puedan las diez emanaciones de la luz celeste estar rápidamente en vosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          XXI

 

                           TODA ALMA TIENE PARTE EN LA RESURRECCIÓN

                                                                  DEL CRISTO

 

Todos nosotros que hemos sido llamados hacia la Morada del Espíritu Santo podemos, debemos ser claramente conscientes de que si nuestra morada terrestre -nuestra estatura nacida de la materia- es demolida, tenemos un edificio de Dios en el nuevo campo astral no construido por la mano del hombre, una verdadera morada eterna. Este es el gran hecho liberador de la salvación al que vosotros estáis unidos. No tratamos de transmitir este hecho como un dogma, como una filosofía, sino el confirmarla en vuestra conciencia, conocido y experimentado como una certeza.

La filosofía hermética es la consideración gnóstica original de las certezas que pueden ser abrazadas y comprendidas, que son la llave de una puerta que abre al hombre la eternidad y cierra tras él el orden espacio-temporal.

Hay un campo astral de la Escuela -la Cabeza de Oro- y este campo tiene por tarea la posibilidad de despertar a toda alma dormida, a penas nacida a la vida consciente, al establecimiento de la unión con el Espíritu, unión que fue rota por la caída del microcosmos en el séptimo dominio cósmico. Por ello hablar solamente del Espíritu y de su gracia, creer simplemente que existe, no tiene ningún sentido. Ante todo el alma debe nacer, para que ella pueda restablecer esta unidad rota, y que una <<vida en Dios>> se vuelva una realidad. Este es el trabajo que la Gnosis actual os invita a emprender, a la manera de todos sus predecesores clásicos.

Aquellos que son llamados a este trabajo deben conocer la naturaleza de este, la necesidad y el objetivo. aquellos que quieren el camino que os muestra la Gnosis llegarán muy rápidamente a la certeza interior de que este camino conduce hacia la Gnosis de Hermes Trismegistos, que es la Gnosis del amor sirviente (el corazón) y la Gnosis del pensamiento (la cabeza), la Gnosis firmemente establecida en la eternidad y que, por esta razón, existe aún en toda su fuerza en nuestra época. Aquellos que quieren el camino que os muestra la Gnosis testimoniarán muy rápidamente con Pablo: <<Sabemos que tenemos un edificio de Dios…>>

Aquel que haya penetrado hasta este punto llegará ante una dificultad. Pues no es imposible que el viaje terrestre se vuelva muy penoso y haga suspirar a aquel que aspira a ser revestido por esta morada celeste del nuevo campo astral. Lo que significa que nace un deseo punzante de desembarazarse de la manera más rápida posible del vestido de la naturaleza de la muerte. Y aquellos que tienen este deseo lo traducen repetidas veces por las conocidas palabras: << ¡Oh! ¡Si este fuera el final!>>

Sin embargo este es un comportamiento muy erróneo y además muy peligroso. Haréis bien en reconocer este peligro. El alma dormida puede ser -y lo será- despertada a la conciencia, a un estado totalmente lucido en el nuevo campo, gracias a las poderosas corrientes polares que se hacen valer en ella. Toda alma resucitará en el campo del cristo; toda alma tiene parte en la resurrección del Cristo. Pero si, después de haber adquirido una certeza de unión, os mantenéis en este punto de vista de abandonar lo más rápidamente posible el valle de lágrimas de la naturaleza dialéctica, desconocéis totalmente la esencia de la naturaleza dialéctica y de su misión. Corréis el gran peligro, de en lugar de ser <<revestido>> por el nuevo estado de alma, ser encontrado <<desnudo>>.

La Gnosis os muestra claramente que el séptimo dominio cósmico es, en la experiencia espacio-temporal, un <<orden de socorro>>, y que tiene, en la base de la existencia en estos dominios, un plan. Un plan en el que cada entidad querrá colaborar completamente y de todo corazón cuando lo comprenda un poco. Los extremistas gnósticos, como lo fueron antaño los Maniqueos, quisieron romper, dejar, borrar; pero un gnóstico realista -como los de la Escuela de Alejandría- aceptará el plan que está en la base de su salvación y colaborará en él.

¿Como? Esforzándose en la medida de lo posible, como lo expresa Pablo, en <<que lo mortal sea tragado por la vida>>. Dios es el que os vuelve capaz de ello y quien pone a vuestra disposición, para este fin, una fuerza llamada Espíritu santo.

Comprenderéis que hay una diferencia muy grande entre un alumno que vive tranquilamente su pequeña vida de alumno, que bien orientado, en perfecta entrega de si mismo, en la esperanza y la fe, luego provisto de cualidades de alma, va al encuentro de su muerte y entra finalmente en el campo astral de la Escuela y un alumno que ha consagrado toda su vida dialéctica al servicio de Dios y de los hombres, utilizando por así decirlo cada segundo en ayudar, sostener y portar, obrando así por y para el Espíritu Santo. Comprenderéis que el <<alma despertada>> del primero no será de la calidad de alma del segundo. Este se ha esforzado por que su entidad mortal sea engullida en el fuego purificador de la vida al servicio, mientras crecía en una gran medida el estado de alma de la renovación.

Este punto de vista es totalmente demostrable. Aquel que conduce a la Rosa a la verdadera vida se vuelve en ese mismo instante un hombre salvado, liberado. Pero el vestido de la rosa debe ser tejido por la ofrenda del amor al servicio. La renuncia a si mismo y el deseo de ser revestido por la morada celeste no son suficientes; no, al lado de ello y por ello debe venir la ofrenda al servicio de la humanidad.

¿Donde? ¿En el mundo de los liberados? No, ¡en el mundo del sufrimiento! Así es como un servidor de la humanidad realizará enteramente el plan del orden de socorro. Y por esta ofrenda de amor, vencerá absolutamente. Revestirá el manto de oro.

Es la Gnosis la que os prepara para este fin, quien os ha vuelta capaces de ello, y quien os ha dado en garantía al Espíritu Santo. Si para los Maniqueos, la Gnosis era la del rompimiento y de la negación del mundo, Gnosis que puede ser ciertamente llamada vía, la Gnosis de Hermes Trismegistos, ella, es la Gnosis del amor sirviente, la Gnosis firmemente establecida en la eternidad y que, por esta razón, existe aún en toda su fuerza en nuestra época.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          XXII

 

                       EL PROTOTIPO DE LA NUEVA MANIFESTACION-ALMA

 

Refiriéndonos a nuestros capítulos precedentes, os colocamos ahora ante el capítulo maravilloso del Libro del Apocalipsis, capítulo 10, del que os transcribimos algunos versículos:

 

«Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.» (Versículo 4)

«La voz que oí del cielo hablo otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra. Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.» (Versículos 8 y 9)

 

El ángel que nos es presentado aquí es el prototipo de la nueva manifestación-alma. Está envuelto en la nube del nuevo status magnético; el séptuple arco iris del séptuple Espíritu Santo brilla por encima de su cabeza como prueba de que el sistema cerebral magnético está abierto para su descenso, posibilidad que se desprende del hecho de que su rostro es como el sol. En efecto cuando la fuerza luz gnóstica ha encendido el cuarto candelabro, la luz mana y ondea de la ventana de la frente; la prueba del nuevo estatus es marcada a continuación por las dos columnas ígneas del simpático, donde la corriente gnóstica puede penetrar enteramente.

En la mano el ser tiene un pequeño libro abierto. El libro <<abierto>> significa que la nueva entidad está unida a la plenitud eterna de la salvación, con la sabiduría que es de la Gnosis, y que puede leer en ella. Es un ser poderoso, que se lanza por encima de los campos dialécticos, elevado más allá de todas las proporciones dialécticas; se mantiene de pie sobre el mar y sobre la tierra. <<Cuando él grito, los siete truenos hicieron oír su voz. >> El alumno de la Joven Gnosis podrá plenamente comprender el sentido de estas palabras. Los siete truenos, o las siete voces como se las llama igualmente, son los siete aspectos del nuevo sistema del alma, con sus siete chakras.

Sabéis que un chakra es un principio de fuego magnético, un manantial magnético, una estación magnética, sintonizado con una de las siete corrientes magnéticas gnósticas. Por ello cada uno de los chakras tiene su vibración propia, su propia voz, su propio sonido, tan magnifico y tan poderoso que se comprende porque los antiguos poetas podían hablar de los <<siete truenos>> o de las <<siete cabezas>> que, reunidas, formaban el nombre lleno de magnificencia de Dios.

Este mismo prototipo os es presentado muy frecuentemente. Lo que Juan ha visto, vosotros lo habéis visto. Esta aparición os aporta un mensaje, tiene algo muy particular que deciros, a saber que debéis sellar y no escribir el poder, la bendición y la majestad de este ser. Lo que se entiende por esto, es que no debéis recordar estas cosas y conservarlas a la manera dialéctica, en el sentido de una preparación intelectual; que no debéis hablar de ello como lo hace la masa. Guardar silencio sobre esto. Que estas cosas os sean muy delicadas y muy sagradas para hacer de ello un tema de conversación ordinaria.

¿Cual es pues es sentido de esta aparición? Aquellos que la descubran, aquellos a quienes se manifestara este prototipo de la salvación, sabrán que ya no hay tiempo, que el tiempo ha llegado, que el tiempo se ha cumplido. Que el <<Hora est>> ha sido pronunciado; que el camino debe ser recorrido. Aquel que ve claramente ante él a este ser de la salvación puede saber: <<Ahora mi hora ha llegado>> ¡El séptimo ángel de la realización se ha hecho oír!>>

¿Que debéis hacer desde entonces? ¡Ve! ¡Toma el pequeño libro abierto en la mano del ángel! ¡Tómalo y trágalo! ¡Esa es la misión!

¡Recorrer el camino! ¡Actuar! <<Comer>>: realizar interiormente lo que os ha sido manifestado, y ya no lo contempléis exteriormente ni lo consideréis de manera filosófica. <<Toma el libro y cómelo; te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. >>

Ahora comprendéis estas palabras de Dios. Aquel que come la Gnosis divina y trata de realizarla en si mismo, come una contranaturaleza y lo que es amargor para la dialéctica atacará al ser natural. Un camino lleno de amargura será la consecuencia de ello; camino que sin embargo no conducirá a la muerte, sino a la vida, la vida que será dulce y exquisita como la miel, la vida de la renovación.

Aquel que se eleva en esta vida se mostrara como un verdadero servidor de la humanidad y un salvador de los hombres. Podáis comprender y realizar este magnifico capítulo del Libro del Apocalipsis.


    [1]En el tiempo en el que los grados interiores de la joven Escuela Espiritual gnóstica no estaban aún abiertos, se trataba exclusivamente de una <<quíntuple Escuela Espiritual>>. Pero la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis es actualmente séptuple en su manifestación y consecuentemente se habla de la Escuela Espiritual séptuple.

    [2]Ver su libro titulado «La nube sobre el santuario»

    [3]Ver J. van Rijckenborgh. La llamada de la Fraternidad.

 

 

 

 

 

LA TRIPLE ALIANZA DE LA LUZ

GRIAL ‑ CATAROS ‑ ROSACRUCES

 

 

 

 

 

 

POR

 

 

 

CATHAROSE DE PETRI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

 

 

24 de Diciembre de 1930 ‑ 24 de Diciembre de 1980

 

 

EL TESORO DE LOS CATAROS

 

-Tres alocuciones con motivo de la consagración el 1 de Junio

de 1969 del monumento del testimonio en Ussat‑les‑Bains.

 

I     Galaad

II    El tesoro inmaterial de los Cátaros

III   El tesoro material de los Cátaros

 

 

 

EL CAMINO DE LA LIBERACION

 

Cuatro alocuciones de la Conferencia de Julio de 1969

ante los alumnos de los Grados Interiores

del Lectorium Rosicrucianum

en el Centro de Conferencias RENOVA en Lage Vuursche.

 

IV   La quíntuple estrella de Belén

V    De la negación a la liberación

VI   La herencia del Santo Grial

VII  El campo de radiación magnético de la Escuela de la joven Gnosis.

 

 

 

 

 

24 DE DICIEMBRE DE 1930 ‑ 24 DE DICIEMBRE DE 1980

 

 

Esta edición de siete alocuciones de la Sra. Catharose de Petri conmemora los cincuenta años consagrados ininterrumpidamente al trabajo de la Rosacruz de Oro por la Gran Maestra de la Joven Fraternidad Gnóstica.

Por esto nos gustaría expresar nuestro gran agradecimiento y reconocimiento por el trabajo que ella ha realizado por la Escuela Espiritual y por sus alumnos; trabajo que se extiende en la actualidad por todas las partes del mundo.

El 24 de Diciembre de 1930, la Sra. Catharose de Petri recibió su sagrada misión de la Fraternidad de la Rosacruz de Oro. En el transcurso de estos cincuenta años de trabajo, la semilla fue derramada en el corazón de todos los que buscaban el Camino de la Rosacruz de Oro, el Camino del Cristianismo Universal, y deseaban recorrerlo.

Este trabajo, llevado a cabo junto al Sr. Jan van Rijckenborgh, debía conducir a la transmisión espiritual del Tesoro de los Cátaros, del que se habla en las tres primeras alocuciones.

Las cuatro alocuciones siguientes colocan al alumno ante el Camino de la Liberación, ante la tarea que debe realizar todo ser humano.

¡Que estos cincuenta años de trabajo de la Sra. Catharose de Petri puedan permitir a muchos recorrer el Camino hasta el final glorioso!

 

Lectorium Rosicrucianum

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL TESORO DE LOS CATAROS

 

 

 

 

 

Tres alocuciones con motivo de la consagración

el 1 de Junio de 1969

del monumento del testimonio en Ussat‑les‑Bains.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CAMINO DE LA LIBERACION

 

 

 

 

 

 

Cuatro alocuciones de la Conferencia de Julio de 1969

ante los alumnos de los Grados Interiores

del Lectorium Rosicrucianum

en el Centro de Conferencias RENOVA en Lage Vuursche.

 

 

 

 

 

 

 

 

Catharose de Petri

 

 

 

La triple Alianza de la Luz

 

Grial ‑ Cátaros ‑ Rosacruces

 

 

 

 

Hay una concentración de fuerza de luz en la que participan todos los hermanos y hermanas de la Cadena de la Fraternidad Universal. Esta concentración de fuerza de luz es el Santo Grial. El Santo Grial se ha vuelto, a través de los siglos, una potente concentración de Fuerza Liberadora. Es la Sangre Sideral del Cristo Universal. Es un campo de tensión tan intenso que no puede ser comparado con ningún otro.

 

Esta concentración de Fuerza Liberadora intensa es el tesoro de los Cátaros, el tesoro de la Rosacruz, y el tesoro de todos aquellos que a través de los siglos han sido hacedores del Oro imperecedero.

 

El tesoro del Santo Grial es toda la riqueza de la Cadena de la Fraternidad Universal, que actualmente ha sido también puesto a disposición de la Joven Fraternidad Gnóstica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

Galaad

 

 

Es para nosotros una gran alegría testimoniar, desde este Lugar de Servicio, que tenemos nuevamente en las manos el Hilo de Oro que une a los siglos, el Hilo de Oro de la Vida que nos ha unido tan sólidamente al pasado Gnóstico. Tanto el Sr. Jan van Rijckenborgh como la que les habla vimos desde nuestra juventud que el pasado gnóstico se iluminaba ante nuestras conciencias como factor de unión necesario a nuestra misión actual al servicio de la humanidad.

El Sr. Gadal decía a menudo que conocíamos perfectamente las cuevas subterráneas del Sabarthez. ¡En efecto! Por eso pudimos testimoniar con un «sí» absoluto. Desde nuestra más tierna infancia, llenos de vivencias kármicas, permanecíamos ya muy conscientemente con el vehículo etérico en las grutas, montañas y valles del Sabarthez, muy cerca del guardián de lo más elevado. En aquella época, puesto que nuestra conciencia de la personalidad apenas estaba aún al servicio del cuerpo físico, se nos calificaba de soñadores incomprendidos. Sin embargo, nuestra predestinación nos colocó ‑siendo aún muy jóvenes‑ ante la necesidad de cumplir en esta vida una tarea al servicio de la humanidad. Éramos perfectamente conscientes de ello. Y sobre la base de esta conciencia, en 1930 aceptamos, con perfecto conocimiento y total responsabilidad, la tarea que nos transmitió la Fraternidad de la Rosacruz de Oro. Desde ese momento, y partiendo de nada, erigimos y guiamos la Séptuple Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, conduciéndola a lo que es actualmente.

A medida que el campo de trabajo se extendía y que, por ello, el campo de radiación magnético de la Escuela Espiritual se ampliaba, crecían nuestras aspiraciones por encontrar un hombre viviente en la materia, un hombre que formaría el eslabón de unión. El Sr. Jan van Rijckenborgh y yo misma lo comentábamos a menudo, y sabíamos que debíamos esperar el momento psicológico propicio. A ambos nos faltaba en nuestro círculo directo de amigos una persona con la misma orientación y consciencia del trabajo de la Cadena de la Fraternidad Universal. No obstante, sabíamos que esa persona existía en el cuerpo físico, y que, como nosotros, alzaba con toda aspiración los ojos hacia las Montañas de donde le llegaría la ayuda. Sabíamos que este hombre estaba centrado con su conciencia gnóstica con la misma orientación en la única y vibrante vida del alma divina que lo engloba todo, que ofrece luz, amor y vida a todos aquellos que desean liberarse del sufrimiento y de la muerte de esta naturaleza. Nos faltaba el contacto directo y concreto con un amigo, que sería al mismo tiempo nuestro Hermano, con más edad que nosotros, y que a partir de una experiencia de la vida más rica podría hablar con nosotros sobre la Gnosis antigua, presente y futura, que en el fondo es siempre la misma.

 

Aspirábamos a encontrar a tal hombre, con madurez de alma, por quien irradiaría en el mundo y la humanidad un amor impersonal. Esperábamos encontrar al hombre grande de espíritu y alma, cuyo saber y calidad de alma garantizarían el trabajo de la Joven Fraternidad Gnóstica.

Este hombre llegó a nuestro camino en la persona del Sr. Antonin Gadal, del país de Sabarthez. El Hilo de Oro que nos une al pasado, al Manantial Universal, al último eslabón de la Cadena de la Fraternidad Universal, es el que nos unió hace 21 años. Es el Hilo de Oro del pasado, del presente y del futuro que unió nuestros caminos en los antiguos focos de la Cadena de la Fraternidad Universal. Este encuentro incorporó la Joven Fraternidad Gnóstica a la Cadena Universal, a la Fraternidad precedente de la Edad Media, por mediación del anciano Patriarca, el Sr. A. Gadal. Estas dos corrientes, vibrando al unísono, permitieron a la Joven Arca proseguir al mismo ritmo su curso hacia el Campo del Alma‑Espíritu con fuerzas renovadas. Las consecuencias incalculables de esta unión aparecieron más tarde.

Muchos de ustedes aún se acuerdan del 5 de Mayo de 1957, por la mañana, a las 10 horas, cuando en presencia de nuestro Hermano, el Sr. A. Gadal, de nuestro Gran Maestro, el Sr. Jan van Rijckenborgh, y de muchos alumnos y trabajadores de la Escuela Espiritual, tuvo lugar la ceremonia inaugural de la colocación de las dos piedras puestas a ambos lados del cubo que forma parte del monumento. Ese 5 de Mayo de 1957 nos hizo ver con claridad que estaba encerrado en el Plan de los Grandes la erección de un signo visible en medio de los testimonios imperecederos de las Fraternidades precedentes. Un signo visible en el corazón, en el centro de los grandes santuarios antiguos. En este 5 de Mayo de 1957 no sólo se puso la primera piedra, sino que también fue erigido un sencillo monumento. Un monumento de gran valor y sentido profundo.

La venta de nuestras propiedades en Ussat‑les‑Bains nos forzó a desplazar el monumento en cuestión a un terreno cercano, perteneciente a la Escuela Espiritual. Y así, el primero de Junio de 1969, un grupo de alumnos procedentes de cinco campos de trabajo diferentes: Francia, Alemania, Suiza, Brasil y Holanda, se encontraron alrededor del monumento para consagrarlo de nuevo a su objetivo y para añadir además dos piedras conmemorativas en los otros dos lados abiertos del cubo. La inscripción plasmada en estas dos piedras conmemorativas está en lengua francesa y confirma lo que está escrito en los otros dos lados.

 

El alto valor de este monumento en el valle del Ariège no ha cesado de aumentar. Los hombres que en el corazón de este sereno valle miran el monumento, son confrontados con el testimonio de la Verdad. Este testimonio no sólo es la prueba visible de la existencia de una Antigua Fraternidad Gnóstica, sino también de la existencia de una Joven Fraternidad Gnóstica viviente y muy activa en nuestros días. Este monumento simboliza que la Triple Alianza de la Luz: Grial, Cátaros y Cruz con Rosas, no es una simple etiqueta, sino el testimonio de una Verdad imperecedera. La Triple Alianza de la Luz ha existido siempre, ella es desde el principio de los tiempos y será siempre hasta el futuro más lejano, en verdad, hasta la eternidad.

Jan van Rijckenborgh había pedido a los hermanos que entonces fueron a Ussat‑les‑Bains que prepararan todo para construir un sencillo monumento que representara el símbolo que todos conocemos: el círculo, el triángulo y el cuadrado. Pensamos en una superficie en forma de círculo sobre la cual se colocaría un cubo, y encima de éste una piedra sideral. Pedimos a nuestros trabajadores someter el proyecto al Sr. Gadal, quien, después de reflexionar, nos hizo un gran honor, sintiéndose llamado a proponernos y a darnos permiso para depositar sobre el cuadrado superior del cubo, como símbolo principal, la Mesa del Altar de Belén.

Como ustedes saben, el Director de la Fraternidad precedente se colocaba detrás de este Altar en el transcurso de su Santo Servicio. Todo Perfecto guarda el más sagrado recuerdo de las horas sublimes vividas en el Santuario de Belén. Este es el símbolo original que nosotros, Joven Fraternidad Gnóstica, recibimos de las manos del Sr. A. Gadal, el Guardián de las grutas de Ussat‑les‑Bains. La Joven Fraternidad Gnóstica demuestra con este monumento, en el valle del Ariège, que, en nuestra época, quiere estar de verdad sobre el «Cuadrado de la Construcción». Todos nosotros, alumnos, aportamos nuestro sacrificio, y la Cadena Universal de las Fraternidades precedentes responde a ello con sus bendiciones. Sobre esta base, ya el 5 de Mayo de 1957 fue restablecido en el monumento el antiguo Santuario de Belén. Así es como el pasado, el presente y el futuro se funden en un estado existencial absoluto.

Junto al pergamino depositado en el centro del cubo se encuentran reunidos el pasado y el presente como una unidad universal:

 

11 un trozo de plomo del tejado de Montsegur;

21 una piedra del tejado incendiado de Belén;

31 otra piedra del tejado incendiado de Belén;

41 un pedazo de cerámica de los talleres de «les Eglises»;

51 un meteorito encontrado en el gran cementerio; y,

61 y 71 dos lapis ex coelis, es decir, dos meteoritos de naturaleza muy particular.

 

Un meteorito es una piedra de naturaleza sideral. Pero un lapis ex coelis es una piedra ofita, es decir, una cristalización de fuerzas. Es así como el 5 de Mayo de 1957, el legendario Tesoro Gnóstico fue confiado a la Joven Fraternidad Gnóstica. Estos atributos del pasado fueron depositados por el Sr. Gadal mismo en el hueco del Cubo.

¿Cómo debemos comprender este Tesoro Cátaro? De dos maneras: es un tesoro tanto material como inmaterial.

Y así, el domingo primero de Junio de 1969, por la mañana, nos encontrábamos reunidos alrededor del monumento del centro de iniciación de los Pirineos en Ussat‑les‑Bains, en el Sur de Francia. La primera parte de la ceremonia consistió en poner las dos placas conmemorativas sobre los otros dos lados del Cubo diciendo:

 

En el nombre de la Cadena de la Fraternidad Universal Crística;

 

en el nombre de las Fraternidades Precedentes:

la Fraternidad de los Cátaros y la del Santo Grial;

 

en el nombre del Gran Maestro de la Joven Fraternidad Gnóstica,

el Sr. Jan van Rijckenborgh;

 

y en la fuerza unificadora de la Triple Alianza de la Luz:

Grial, Cátaros y Rosacruces;

 

que nuestra esperanza descanse, primero, sobre los hermanos y hermanas reunidos aquí;

 

segundo, sobre todos aquellos en los que la Rosa imperecedera se ha despertado;

 

tercero, sobre todos aquellos que son dignos de recibir el antiquísimo Tesoro de los Cátaros, habiendo demostrado que son hombres maduros para ello, que sienten interiormente la necesidad de extender a su alrededor la bendición del Tesoro de valor imperecedero.

 

Terminada esta ceremonia, llegó el momento de unir de nuevo este monumento al tiempo, y para esto repetimos las mismas palabras pronunciadas ese memorable domingo del 5 de Mayo de 1957. Y así fueron leídos de nuevo ‑y ahora son leídos para ustedes‑ los versículos 43 al 55 del capítulo 31 del Génesis:

 

Labán respondió y dijo a Jacob: «Estas hijas y sus hijos son míos, sus ovejas y todo lo que tú ves es mío. ¿Y qué puedo hacer yo hoy por mis hijas y sus hijos? Ven, hagamos un pacto tú y yo, y sea un testimonio entre nosotros dos.» Entonces Jacob tomó una piedra y la erigió como monumento, y dijo Jacob a sus hermanos: «Recoged piedras.» Y tomaron piedras e hicieron un montón y comieron sobre él. Y Labán lo llamó en caldeo: Jegar‑Sahadutha, lo que significa «montón de piedras del testimonio», y Jacob con el nombre hebreo: Galed, lo que significa «montón de piedras del testimonio», cada cual según el uso de su lengua. Y Labán dijo: «Este montón de piedras es hoy testigo entre nosotros dos.» Por esto fue llamado Galaad. Y continuó: «Que vele el Señor por nosotros cuando nos hayamos separado uno de otro.» Y dijo aún a Jacob: «Que este montón de piedras que he levantado entre tú y yo sea testimonio para nosotros. Este lugar y esta piedra darán testimonio de que yo no lo pasaré contra ti, ni que tú lo pasarás para hacerme daño.» Entonces Jacob ofreció un sacrificio en el monte y llamó a sus hermanos para comer. Y comieron y durmieron aquella noche en el monte. Al día siguiente se levantó Labán de mañana, besó a sus hijos y a sus hijas y los bendijo. Y Labán regresó después a su lugar.

 

 

Después de algunos instantes de sereno silencio y de contemplación interior, los presentes comprendieron que el legendario Tesoro de los Cátaros estaba de nuevo a disposición de la Joven Fraternidad Gnóstica, que forma el último eslabón de la Cadena de la Fraternidad Universal Crística.

Y ahora nosotros debemos utilizarlo, pues la Luz de Belén ha liberado las rocas de sus bases. Para nosotros y para la humanidad sea la bendición del grandioso Reino de las Almas, bajo la forma de la radiación actual del Espíritu Séptuple Universal, desde ahora, y hasta lo que aún debe venir. Para una caída o para una resurrección.

¡Que en todos ustedes sea para una resurrección!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

El tesoro inmaterial de los Cátaros

 

 

A través de los siglos han aparecido diversas leyendas sobre el tesoro de los Cátaros, y sabemos que los enemigos de los Cátaros han hecho todo lo posible por apropiarse de él.

El Sr. Gadal, durante su estancia en Holanda en 1956, contó una experiencia espiritual que él vivió en la Catedral de Ussat‑les‑Bains, en la que vio a algunos hermanos y guías de los Cátaros descender secretamente por los muros de Montsegur, con el fin de poner en seguridad el tesoro, en los escondites secretos de las montañas. Tomaron para esto el famoso «camino de los Cátaros» hacia el Ariège, y muchos son los que afirman que este tesoro se encuentra en una de las grutas del valle del Ariège. Dichas suposiciones inspiraron numerosas búsquedas que resultaron infructuosas hasta la fecha.

Como lo hemos hecho notar en nuestra primera alocución, es necesario comprender el tesoro de los Cátaros bajo dos aspectos: uno material y otro inmaterial. No pretendemos decir que sabemos todo sobre estas cosas, pero vamos a tratar primero de hacerles ver qué es el tesoro inmaterial de los Cátaros. Podremos deducir así mejor en qué consiste el tesoro material, aunque no lo hayamos visto nunca. Pues así podremos establecer cuál será nuestra relación, en tanto que Joven Fraternidad Gnóstica, con este conocimiento, y qué consecuencias tendrá para los alumnos. Podemos afirmar sin duda que el tesoro inmaterial de los Cátaros es el mismo que el de cualquier Fraternidad Gnóstica de buena fe. Este tesoro consiste en inconmensurables riquezas para todos los que participan en el campo del Espíritu Universal. Todo lo dicho no resulta de una imaginación metafórica o mística, ¡sino que da testimonio de una realidad viviente!

 

La Escuela de la Rosacruz de Oro nos ha explicado muchas veces que quien recorre el Camino Gnóstico de Iniciación, primero debe abrir su corazón a la Fuerza de Luz de la Gnosis. Después debe tomar sobre sus hombros la cruz interior, que es la Rosacruz, y llevarla del santuario del corazón al santuario de la cabeza, o dicho de otro modo: debe ir de Belén al Gólgota. Este Camino de Cruz debe ser emprendido por el alumno que quiere obtener la piedad. Este es el tesoro que no puede ser guardado en tinajas de barro.

Este camino de cruz implica la muerte del yo y, por tanto, sufrimiento, debido a que dos corrientes de fuerza ‑la de esta naturaleza y la de la Gnosis, que no es de esta naturaleza‑, se encuentran en un mismo sistema vital. Por esto no es suficiente con creer en la Gnosis y en la Fraternidad Inmortal, sino que hay que aceptar el proceso de:

ser inflamado por el Espíritu de Dios,

perecer en Jesús,

y, sobre esta base, renacer por el Espíritu Santo.

 

Sólo entonces se obtiene la piedad, ¡el tesoro!

Ustedes percibirán que para conquistar esta piedad es necesario un gran amor. El Sr. Gadal nos escribió el 13 de Octubre de 1956 lo siguiente:

 

Montsegur, la imponente hoguera del sacerdocio gnóstico; Montréalp‑de‑Sos, la Fortaleza del Grial de Wolfram von Eschenbach y de Wagner, en cuya cripta, donde los Hermanos del Grial recibían su Iniciación, se conserva la señal de ese santo misterio. En los valles del Ariège y del Sos, en los espacios inmensos en las entrañas de la Montaña Sagrada de Ussat, vivían las Fraternidades Gnósticas que tanto amamos: los Rosacruces, los Cátaros y los Templarios. ¡Qué dicha reinaba en esa comunidad ideal! Por eso Occitania, es decir Francia del Sur, se volvía, de manera completamente natural, un Reino del Amor.

«¡Dios es Amor!» Esta era una de sus expresiones predilectas. ¡Este Reino del Amor conducía a la Fraternidad Universal! «Paz Profunda, Hermanos; Dios es Amor; las bellas consolaciones de Belén», eran como constantes bendiciones de sus labios. En ese Reino del Amor no había evidentemente la menor enemistad, pero desgraciadamente la existencia y actividad de ese Reino despertaban una cruel enemistad contra él, pues, ¿cómo se manifestaba este Reino del Amor?

 

Un Gran Maestro, asistido por una admirable Archidiaconesa, es decir, una Gran Maestra, dirigían con sus consejos toda la Fraternidad. Para ellos la Palabra no estaba encerrada en la Biblia; las Escrituras no estaban encadenadas en el Templo; no había ningún Dios encerrado en el Tabernáculo; ni tampoco había un Sumo Sacerdote como guardián del cielo y del infierno; ni esclavitud o muerte del espíritu. No, dos veces salvó Dios al mundo del materialismo y de la corrupción por la formidable revolución de la Gnosis: por los místicos, los gnósticos, los anacoretas, los grandes sabios de las grutas. Hizo que se irguiesen los Rosacruces, los Cátaros, los Leonistas, los Espirituales de Narbona y Calabria, contra el dogma irracional y la fe ciega. Fueron las iglesias, declaradas heréticas, de Juan y de Pablo, los Rosacruces y los Templarios, esos Hermanos de la Fraternidad Universal quienes, junto a los Cátaros, hicieron resurgir el Templo del Espíritu.

 

¡Es así, y no de otro modo, como se gana la piedad, el tesoro! Pero, ¿qué es entonces ese tesoro?

Ustedes saben ya teóricamente que el alma nueva nace en el corazón celeste, y, del corazón celeste, el alma penetra en un momento dado en el espacio situado detrás del hueso frontal. El alma ve y es confrontada con la luz y con la fuerza de radiación del espíritu, y en ese mismo instante toma posesión del tesoro incorruptible.

El espíritu que se proyecta en el alma participa en el campo del espíritu universal. El campo del espíritu universal se manifiesta en siete corrientes, siete corrientes de lo absoluto. Hablamos entonces del Espíritu Séptuple. Aquél que recibe o toma parte en él como alma renacida, participa al instante en todo lo que el Espíritu Séptuple, o Dios, es, supone o pretende. El posee el tesoro inmaterial, ¡lo más elevado y maravilloso que el hombre renacido pueda recibir!

 

En el Espíritu está:

la Vida absoluta,

el Amor absoluto,

la Inteligencia absoluta,

la Armonía absoluta,

la Sabiduría absoluta,

la Devoción absoluta, y

el Acto Liberador absoluto.

 

Traten de no considerar estos siete aspectos como separados entre sí, sino como formando una unidad, pues son interdependientes. Ustedes conocen sin duda a personas que supieron o saben hacer algo con sus vidas. Unas llenas de amor, otras muy inteligentes, y otras que demuestran por sus hechos cierta armonía, cierto arte de vivir. Ustedes conocen sin duda a hombres eminentes, activos y entregados. Pero aquél que toma parte en el Espíritu Séptuple universal recibe el tesoro séptuple, en el que cada aspecto se determina por los otros seis. Por la colaboración de los siete rayos del Logos, la Eternidad se manifiesta en el tiempo para el hombre liberado. Para el Hombre Alma‑Espíritu ya no hay más límites en el saber, en el conocimiento, en la maestría o en la actividad. Todos los límites, barreras, fronteras, desaparecen completamente y al instante nace y se desarrolla la relación entre el Hijo de Dios y su Padre. A partir de ese momento comienza un desarrollo progresivo de carácter universal, un crecimiento que por naturaleza no puede ser detenido. Este desarrollo representa una vida, una aspiración y un trabajo ininterrumpidos, sobre la base del tesoro incorruptible.

 

Este es el aspecto inmaterial del tesoro de los Cátaros, que fue y que es el tesoro de todos los iniciados. Por esto, todos los hijos de Dios poseen el mismo tesoro y son totalmente semejantes unos a otros. Por eso son y pueden ser uno, ya que nada les separa. Por esto tienen el mayor respeto uno del otro, a pesar de no encontrarse todos en el mismo nivel de crecimiento espiritual, pues hay ancianos y hay jóvenes hermanos y hermanas. Los ancianos están más adelantados en el proceso de santificación, y los jóvenes lo saben, lo ven y lo sienten. El anciano reconoce inmediatamente al joven y siente alegría en su corazón, una alegría inconmensurable, de que un nuevo hermano o hermana participe del eterno e inconmensurable tesoro. El anciano no tiene hacia el joven ningún sentimiento de superioridad, pues el Espíritu Universal no conoce el más o el menos. Entre los que han nacido según el Alma‑Espíritu reina una Sancta Democratio, una verdadera Libertad, Igualdad y Fraternidad. Lo que uno posee, todos lo poseerán; lo que uno consigue, todos lo conseguirán; lo que uno hace, todos lo harán.

Si después de haber reflexionado sobre todo esto, han comprendido con claridad, podrán deducir fácilmente en qué consiste el tesoro material de los Cátaros, qué es realmente. Y comprenderán que si este tesoro no se llega a encontrar nunca, ello no significaría la muerte de los pueblos, ya que si se tienen en cuenta las leyes espirituales, el tesoro inmaterial puede ser transformado, en todo momento, en tesoro material. Nada puede perderse, aunque no se encuentre. Nada puede ser destruido aunque esté pulverizado. Lo más que puede pasar es que se pierda un período de tiempo cuando, por ejemplo, un trabajo espiritual, que debe ser realizado en la naturaleza de la muerte, es imposibilitado; o bien cuando la ciencia o la técnica deforman una sabiduría inmaterial expresada en la materia. Pero lo único que la naturaleza de la muerte puede conseguir es «ganar tiempo». ¡Mas para Dios mil años son como un día! Y por esto, amigos, ¡el tesoro es imperecedero e inatacable, y la victoria está siempre asegurada!

Como confirmación de esto, citemos unas palabras del Sr. Gadal dirigidas a los alumnos de nuestra Escuela Espiritual en el mes de Mayo de 1957:

 

Al principio era la Palabra… y la Luz brilla en las tinieblas. Vean la estrella ígnea, la estrella luminosa, el Pentágono de Belén, que desvela lo inmaterial a lo material, el Consolamentum de los Perfectos. Los que fueron perseguidos y proscritos nunca abandonaron esta consigna, su consigna. Reconozcamos entonces que, a través de la oscuridad de la historia, la Luz Divina brilla más que nunca y manifiesta la Perfecta Verdad.

 

Ante esta conmovedora imagen, terminamos esta alocución diciendo:

¡Gloria a la Palabra del Santo Fuego Espiritual!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

El tesoro material de los Cátaros

 

Después de haber considerado lo que es el tesoro inmaterial de los Cátaros, reflexionemos ahora sobre el tesoro material, escondido en parte en los lugares secretos de las montañas de la Fraternidad Precedente y protegido por ella y que, llegado el momento, se revelará para un fin determinado.

 

Imaginen el desarrollo de una Joven Fraternidad Gnóstica que tuvo la misión de llevar, en su tiempo, el mensaje de salvación a la humanidad buscadora en la naturaleza de la muerte, recoger la cosecha de los campos y reconducirla a Casa. Tomemos como ejemplo a la Fraternidad de los Cátaros. Esta Fraternidad fue guiada desde el principio en su trabajo por seres liberados según el alma y el espíritu. Ellos tenían acceso al campo universal del espíritu y por ello a la plenitud del Espíritu Séptuple. Puesto que los siete rayos de Dios operaban en ellos, poseían interiormente el conocimiento de primera mano, fuerza de primera mano, en el sentido de la Gnosis. Estaban llenos del Espíritu Santo y realizaban su trabajo en y por el Espíritu Santo.

¿Qué trabajo? El de sembrar y cosechar. Ellos sembraban la Enseñanza Universal, esto es, ponían mágicamente la semilla en un suelo muy innatural para esa semilla y hacían que ella creciese para poder recoger un día la cosecha y llevarla a los graneros.

¿Cómo se efectuó y se efectúa hoy este trabajo? ¿Según una directriz universal? ¿Directriz inmutable, la misma en todo tiempo? No, los guías de los Cátaros, al igual que los guías de todas las Fraternidades gnósticas, debieron tener en cuenta el tiempo, el lugar y las circunstancias de la época. El mundo cambia sin cesar y pasa por diferentes estados de desarrollo que los trabajadores en la viña de Dios deben tener en cuenta. Los servidores deben obrar según el discernimiento que han adquirido y son totalmente responsables de las iniciativas que toman. Siguiendo las directrices de una ley universal y llevando el mensaje universal de la salvación, este mensaje debe ser siempre actual, dinámico, liberador y práctico en cada tiempo en que se manifiesta, pues en el mundo de la muerte todo mensaje antiguo es deformado, corrompido por mutilaciones, y por ello ineficaz e imposible de utilizar. Por esto, los guías Cátaros debieron liberar de nuevo, en su tiempo, la enseñanza, el método y su aplicación por el conocimiento directo del campo universal del espíritu. No hay ninguna excepción a la regla. Y así se comprenderá que el todo sea sincronizado con las radiaciones actuales del Espíritu Séptuple universal. El esfuerzo del trabajo así renovado traerá de nuevo sus frutos.

No es que los guías de los Cátaros dispusieran de viejos libros o de antiguos manuscritos de donde poder tomar el conocimiento y la sabiduría para, después, poder transmitirla y vivirla. No, ellos debían liberar por sí mismos el conocimiento, la sabiduría y el método de la Enseñanza Universal por medio del alma‑espíritu. Y lo mismo deben hacer todos, y también nosotros, queridos amigos. Nosotros mismos debemos liberar la piedad. Los Cátaros componían ellos mismos sus escritos, formulaban sus métodos, componían sus rituales y aplicaban su magia. ¡Y nosotros, que comparamos objetivamente su trabajo con el de las manifestaciones Gnósticas de otras épocas, decimos que ese trabajo es incontestablemente hermético! En todas estas manifestaciones escuchamos las voces de la única Verdad, semejantes entre sí como gotas de agua.

Lo que sí encontramos son finos matices en la realización práctica y también siempre grandes diferencias en la manifestación. Piensen en el hecho de que muchas antiguas Fraternidades no pudieron dirigirse a la masa más que con un lenguaje simbólico, mientras que la Joven Fraternidad Gnóstica, nuestra Escuela Espiritual, se dirige a sus alumnos con la mayor claridad posible y en lenguaje directo. Es el mismo mensaje universal, pero a través de un método modificado.

 

Así pues, tenemos la absoluta certeza de que cuando los guías de los Cátaros componían y aplicaban sus rituales y sus formulaciones, sus sacramentos y su magia, el fundamento de sus composiciones y aplicaciones era un conocimiento directo, transformado para su aplicación en la naturaleza de la muerte y adaptado a las radiaciones y leyes del momento. Dicho de otro modo: tesoros inmateriales transformados en materiales, en sustancia.

Comprenderemos que estos tesoros espirituales transmutados en materia pierden su fuerza en manos inexpertas, y se vuelven así peligrosos. Por esto el tesoro material de los Cátaros debe ser protegido, debe permanecer escondido, pues en manos inexpertas todo es de temer y la historia nos muestra sobradamente lo que sucede entonces.

Los Hermanos del Santo Grial han enseñado siempre un camino único y un método único. Ellos no lo tenían en secreto, pero tropezaban con la falta de fe, y sus adversarios creyeron siempre que escondían lo más importante, pues el hombre según la naturaleza quiere vencer en la materia, y por esta razón busca y continúa buscando el eslabón que falta, que no existe; ¡al menos para él!

Hemos constatado que el tesoro inmaterial de cada Fraternidad Gnóstica no puede ser descubierto más que en el Campo del espíritu universal mismo, por conocimiento gnóstico directo, y mientras ese tesoro del manantial eterno de todas las cosas permanezca encerrado en el interior del Grupo que tiene acceso a él, no hay que temer ningún peligro. Pero cuando ese tesoro se transforma en un trabajo material al servicio de la cosecha, entonces se presenta el peligro, y todo trabajo gnóstico corre el riesgo de ser dañado involuntariamente, la mayoría de las veces por alumnos y trabajadores entregados a la Gnosis, por entusiasmo tonto, por incomprensión de la tarea que les incumbe, de la meta y del valor, y sobre todo por falta de conocimiento de la magia. El trabajo puede ser dañado por la impertinencia de trabajadores, que aunque llenos de buenas intenciones, siguen tendencias personales.

Comprendan que no acusamos a nadie; simplemente lo constatamos y buscamos una solución. Por lo demás, pasamos al orden del nuevo día, del día que exige de cada alumno de la Gnosis un comportamiento que todos conocemos; del día que exige el comportamiento por el cual seremos juzgados.

Ustedes ya saben en qué consiste el tesoro material: a¿ en la enseñanza; b¿ en el método; c¿ en los medios. La enseñanza es siempre la misma en la Gnosis, pero el método, los medios y los aspectos en que se hace especial hincapié son diferentes en diversos puntos. Examinemos los tres aspectos citados; primero la enseñanza, que consiste en una parte desvelada, a continuación en otra parte desvelada a algunos, y por último en una parte no desvelada, preparada para un eventual día venidero. La literatura de nuestra Escuela Espiritual es la parte desvelada. La Fraternidad precedente no conocía este aspecto. Poseía sólo manuscritos, enseñanza oral y símbolos.

 

Supongamos que ustedes poseen todos los libros de la Escuela Espiritual; libros que se venden también en librerías y que están a disposición de cualquier comprador. Esto ya crea un peligro y una eventual resistencia hacia la Escuela, pues los enemigos de la Escuela Espiritual emplean nuestra literatura para el desarrollo de una oposición organizada. Sabemos que ciertos grupos pequeños utilizan nuestra literatura para servir a sus objetivos. La Dirección de la Escuela Espiritual lo sabe, pero acepta este riesgo y este peligro, porque debe hacerse conocer por el público buscador con los medios de publicidad actuales. La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro debe hacerlo en la agitada época en que vivimos, porque el tiempo apremia y porque en cada momento los cambios en las constelaciones influyen en la raza. La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro debe emplear su tiempo y darse prisa.

Pero todos ustedes pueden ayudar a reducir el peligro lo más posible, protegiendo así el tesoro de valor imperecedero. No hablen de la Enseñanza manifestada más que cuando les pregunten, y cuando sepan con seguridad que la pregunta es el resultado de un verdadero interés. ¿Por qué? Porque si yo les invito a ustedes a que me escuchen no conociéndoles, y ustedes vienen como enemigos o como mediums, lo que viene a ser lo mismo, la Escuela Espiritual corre un riesgo por mi causa.

Ustedes saben que la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro muestra al exterior cinco aspectos, y en estos aspectos irradia una enseñanza quíntuple, la cual, en virtud de su naturaleza no dialéctica, es siempre una enseñanza secreta. Por su esencia más profunda no podemos acercarnos al mundo con ella, pues encuentra siempre la hostilidad a causa de su esencia. Esta ya es una razón suficiente para que conserven en su corazón todo lo que oyen en nuestros Templos. Y esto concierne todavía más a la enseñanza que les es ofrecida en el tercer campo de trabajo de la Escuela, la Escuela de Conciencia Superior, y en el cuarto campo de trabajo, la Ekklesia.

Pero desgraciadamente, queridos amigos, en lo que concierne al secreto que los alumnos deben guardar con respecto a la Escuela Espiritual topamos todavía con una imagen lamentable. No queremos decir que guarden secreto por miedo de eventuales conspiraciones contra la Escuela o por experimentos extraordinarios o enmudecedores que se efectúen en ella, sino simplemente con el objeto de «no causar daños a nadie»; daños a la Escuela Espiritual, a terceras personas y a nosotros mismos. Ya que si se adaptan al yo las enseñanzas gnósticas y son atraídas al nivel del yo, ¡siempre ocasionan daños! Por esto la Escuela Espiritual y su dirección deben estar muy atentos con el fin de reducir al mínimo el factor de peligro.

Comprenderán ustedes que, en lo que concierne al uso de las enseñanzas y alocuciones de la Escuela, debe efectuarse un control muy riguroso. Y la verdad nos obliga a decir que, por incomprensión a este respecto, muchas veces no se tienen en cuenta nuestras recomendaciones.

 

¿Cuál es la causa? La falta elemental de una unión positiva con el Espíritu Séptuple universal, lo cual tiene por consecuencia un desarrollo insuficiente del elemento amor, del elemento inteligencia y del elemento sabiduría. Y por ello, la Escuela Espiritual, por amor hacia ustedes, por amor hacia la humanidad, por amor a su vocación y por amor hacia la Cadena de la Fraternidad Universal, debe establecer forzosamente reglas. Mientras la enseñanza gnóstica es irradiada en el aspecto más elevado de la Escuela Espiritual, no existe ningún peligro, pues existe allí en su aspecto inmaterial y allí sólo se puede llegar según el alma‑espíritu.

Les hemos dicho también que al tesoro material pertenecían también el método y los medios. El método se refiere a la manera de cómo debe ser realizado el trabajo en sus infinitos matices. Entendemos por medios, por ejemplo, nuestros Templos, los lugares consagrados donde se efectúa el trabajo, sin olvidar lo más importante: los rituales.

La organización de la Escuela Espiritual, su presentación, la organización de nuestros Templos y su empleo deben ser la imagen material, el reflejo de una realidad inmaterial. El trabajo efectuado tiene que ser puesto incesantemente a prueba para que se ajuste a estas exigencias, y en caso de inexactitudes hacer las correcciones oportunas. Si meditan al respecto, lo comprenderán.

Nos preguntamos: ¿Qué es un ritual? En la vida religiosa ordinaria, un ritual no es otra cosa que un marco místico, unas palabras de introducción y unas palabras de clausura. Para los que han venido a nuestra Escuela procedentes del catolicismo romano o de otro grupo religioso de este género, un ritual es de hecho un obstáculo interior. Por ello están contentos de ser desembarazados de él, pues sentían que un ritual constantemente repetido era como un hechizo que los tenía prisioneros. Sea como fuere, sepan que, en el encuadramiento de nuestras reflexiones, la enseñanza y el ritual van de la mano, son dos en uno, y no pueden ser separados, debido a que el ritual es el medio mágico para establecer la enseñanza en el hombre y en el mundo. Es el medio mágico por excelencia, pues neutraliza todo deseo egoísta.

¿Por qué los ritos de las iglesias dan una angustiosa impresión de encarcelamiento? ¡Porque son viejos! Porque proceden de radiaciones caducas. Los rituales que utiliza la Joven Fraternidad Gnóstica, los ritos, las invocaciones, las plegarias, los mantrams y las palabras explicativas e introductoras a la Enseñanza Universal son materializaciones directas del tesoro inmortal de la Joven Fraternidad Gnóstica, tomados de la unión con el Espíritu Séptuple universal, y son por ello sagradas e inatacables.

Vulgarizarlos, cambiarlos, negarlos, copiarlos o hacer de ellos un uso irrespetuoso no puede ser permitido. Estamos en un momento muy importante en el desarrollo de la Escuela Espiritual. Comprendan bien, queridos amigos, que se trata, ni más ni menos, que de la magia de la Escuela Espiritual. Se trata de poder establecer en el tiempo el medio y la enseñanza. Ha ocurrido ya varias veces que los rituales, entregados de buena fe en manos de trabajadores, fueron arbitrariamente cambiados, incluso contradecidos. Comprendan que esto no puede ser tolerado. Esta es la influencia que el enemigo clásico trata de infringir a la Magia de la Escuela Espiritual para debilitarla. Obrar así es como atentar contra el tesoro incorruptible de la Joven Fraternidad Gnóstica. Por esto, hermanos y hermanas:

 

¡Sean conscientes de todo esto!

La Llamada de la Gnosis resuena con claridad en nuestras vidas.

 

¡Sepan que la hora ha llegado!

¡Preparados desde hace tantos y tantos años, den testimonio, en grupo, de la Rosacruz inmortal!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

La quíntuple estrella de Belén

 

 

La hora tan esperada ha llegado en la que, reunidos en un grupo animado con el deseo de aproximarnos cada vez más a la Gnosis, podemos encontrarnos por algunos días en el Foco de Renova en calidad de miembros de la Escuela Interior, con el fin de unirnos a la luz invisible del Logos. Por ello tenemos que descubrir y sentir el profundo significado de este grandioso acontecimiento. Hacia todos los grandes del pasado se dirige el ruego de que la comprensión necesaria pueda entrar en los corazones de todos ustedes y que exista en sus almas un terreno bien preparado.

Nos hemos reunido en esta conferencia para alcanzar varios objetivos. Sin duda muchos de ustedes, si no todos, se han preparado seriamente para estos días, puesto que el objetivo esencial de nuestra reunión debe volverse realidad. Este objetivo sólo puede volverse realidad si estamos bien orientados; esta meta sólo puede ser comprendida interiormente y sentida en el Santo Grial. Es la unión verdadera, positiva, clara y consciente entre los miembros de la Joven Fraternidad Gnóstica y el eslabón precedente de la Cadena de la Fraternidad Universal, es decir, la Fraternidad que tomó el nombre de Rosacruz, la Fraternidad llamada de los Cátaros y la Fraternidad de los Constructores del Templo, la del Santo Grial. Esta triple Fraternidad Santa, en unión con los miembros de la Escuela Interior, debe ser claramente iluminada en estos días, tanto en nuestros corazones, como en todo nuestro ser y en nuestra alma.

Hablamos de una triple alianza y de un triple toque, ya que, sin este triple contacto, el Santo Grial no puede volverse realidad en ustedes en tanto que posesión interior. El Santo Grial sólo puede tomar cuerpo en aquellos que tienen el corazón puro y que, confesándolo positiva y efectivamente, se acercan a él por la gracia de un conocimiento santificado. Si hablamos de una unión positiva, se deduce que, en primer lugar, hay una unión negativa, una orientación que todos sentimos en común, unos estados de alma que todos sentimos, a los cuales hemos intentado reaccionar y que nos han conducido en el transcurso de los años a la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro.

En esta hora sagrada y llena de júbilo debemos comprender que un fuego positivo debe inflamarse sobre la base anteriormente establecida, y que ustedes tienen el deber de alumbrar personal y colectivamente esta maravillosa gracia. Para capacitarles a realizar este hecho, ustedes se encuentran en estos momentos en este Templo. ¡Toda la Cadena de la Luz quiere bautizarles en estos días para que se vuelvan sus hijos!

 

Es muy posible que la Cadena Universal de la Luz sea aún para ustedes un concepto vago, una noción abstracta. Si esta dificultad existe, hay que tenerla siempre en cuenta. Y para ello están ustedes aquí, para concretar lo que aún es tan abstracto. Estamos aquí estos días para que juntos experimentemos interiormente la radiación de la gran fuerza de Luz Gnóstica pura. Están presentes las posibilidades que permiten que la corriente del Fuego Gnóstico tome posesión de nosotros. Es así como seremos preparados para una tarea aún más grandiosa: la de hacer más radiante e intenso el campo de luz magnético, para que por él se pueda realizar en el mundo un trabajo que tendrá como resultado una nueva cosecha que podrá ser recogida para el Reino de Dios.

Queridos amigos, dense cuenta de que estamos reunidos en esta Conferencia para fines muy mágicos. Unánimemente estamos reunidos en la sala superior del templo, para la celebración de nuestro Pentecostés, la fiesta de la quíntuple Estrella de Belén. Y queremos comprobar todos juntos si las condiciones mágicas indispensables para el éxito de nuestras metas ya están presentes realmente en este momento. Comprenderán que estas condiciones mágicas sólo pueden conducir al éxito cuando el grupo entero las acepta. Por esta razón, las Sagradas Escrituras insisten tanto sobre el hecho de que la asamblea sea «unánime». Séanos permitido expresar la esperanza de que estén preparados para hacer que estas condiciones mágicas sean completamente activas en ustedes, de que ustedes las confiesen y las afiancen en su ser por su entrega total.

La Joven Fraternidad Gnóstica ha recibido ya hace años la bendición de la Cadena de la Fraternidad Universal. Sin embargo, se ha hecho totalmente necesario, en el estado de desarrollo actual del Santo Trabajo, que todos ustedes sean admitidos en la obra de construcción mágica de la Escuela Espiritual, y que perciban conscientemente su Bendición. Ustedes son admitidos ya sobre la base de su confesión total, de su aceptación absoluta, con el fin de que, por el fuego encendido en ustedes, la Escuela Espiritual pueda ser afianzada, y su trabajo continúe a partir de lo ya manifestado y realizado. Su confesión y aceptación totales implican, sin embargo, en primera instancia, el tejer «el vestido de la renovación», y después, la confección «del vestido del alma». Este grandioso esfuerzo de vida sólo puede desarrollarse en el Espíritu Santo y por el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo, el tercer aspecto de la Gnosis Universal, no baja a nosotros en un momento dado como un regalo del cielo, sino que debe ser conquistado por el alumno mismo. El alumno mismo debe construir un Campo del Espíritu Santo, y cuando dicho Campo del Espíritu Santo está preparado, el alumno entra en unión con la luz invisible del Logos. Y por esta unión, la Luz visible, el Hijo del Alma, se manifiesta. Para que un Campo del Espíritu Santo pueda establecerse, como un Arca de Noé en la dialéctica, se necesita cierta ayuda. Es imposible que el alumno pueda conseguirlo por sus propias fuerzas. En el Plan de Dios con la humanidad nada ocurre un segundo demasiado temprano o demasiado tarde.

En el transcurso de una fase del desarrollo de la humanidad, hay guías espirituales que se manifiestan y actúan entre los hombres, y que, bajo la influencia santificadora de las Fuerzas Gnósticas, preparan a cierto número de microcosmos para el camino de la endura, que lleva a la transfiguración y al nacimiento de la luz.

 

Estos guías espirituales, enviados de una Fraternidad precedente, son predestinados desde el seno de su madre para esta tarea. Esto se explica claramente en el Evangelio de la Pistis Sophia, en donde es descrito de manera detallada este proceso de predestinación divina, en el cual las Fraternidades precedentes, por medio de sus hierofantes, depositaban la semilla de la predestinación en el seno de las madres de los discípulos. Y debido a que la Gnosis no abandona nunca la obra de sus manos, es evidente el porqué y el cómo de su manifestación en nuestra época, y el porqué y de qué manera fue construido en nuestros días un campo magnético espiritual santo, al cual el divino Padre Universal se ha unido.

Ni por el yo, ni por la naturaleza de la muerte puede ser explicado este hecho; sólo la Gnosis puede hacerlo, pues ella realiza todo con su amor. También así, el quíntuple Cuerpo Viviente nació por el Espíritu Santo de la Gnosis Original. Este Cuerpo ha concretado y realizado el vestido del alma por medio del método sagrado. Y, a partir de este momento, la Comunidad Interior de la Escuela Espiritual, que está envuelta por este vestido del alma, puede calificarse, con derecho, con los santos nombres de la Gnosis. Entonces, a partir de este momento, la Joven Fraternidad Gnóstica se vuelve un hecho concreto, queriendo decir con esto que ella fue ennoblecida y autorizada para poblar su quinto campo de trabajo, que constituye la cima del quíntuple vestido, y considerada digna de conducir a sus miembros a la tierra prometida. De esta manera, los miembros del quinto campo de trabajo reciben todas las posibilidades y ocasiones de comenzar y continuar conscientemente el viaje del cumplimiento, a través del sexto campo de trabajo, el nuevo campo astral, hacia el séptimo campo de trabajo, el campo de la resurrección de las almas inmortales.

Sin embargo, antes de llegar ahí, lo que ha nacido y es ofrecido a la Gnosis Universal, y lo que pide que le dejen entrar, debe pasar por un último examen, debe superar una prueba. Por este examen debe mostrarse si el vestido del Alma ha sido formado progresiva y armoniosamente, o sea de la justa manera, es decir, si la quíntuple estrella ocupa una posición correcta con respecto a sus polos magnéticos. Este examen nunca puede fallar, sus conclusiones nunca pueden ser falsas, pues a partir de la posición de los polos magnéticos del vestido del alma de un determinado microcosmos, se puede deducir infaliblemente su verdadero estado existencial. Estos polos magnéticos nunca pueden mentir. La posición de los polos magnéticos depende irrevocablemente y está siempre orientada hacia la meta a la que aspira realmente la persona en cuestión. La Enseñanza Universal siempre ha constatado este hecho y siempre lo ha sabido.

 

Cada ser humano posee cierta orientación, aspira a algo, y la posición de sus polos magnéticos revela la dirección de la meta deseada. Cada hombre que aspira a algo teje alrededor de su personalidad un vestido etérico. Cada hombre sigue cierto camino, aplica cierto método y, en consecuencia, desarrolla cierto estado de alma. Mi personalidad y la de ustedes tejen un quíntuple vestido del alma, y los polos magnéticos de su campo de vida y del mío demuestran si su alma o la mía son un alma de la muerte o un alma de la Vida. Así comprenderán que en un momento dado deberá aparecer claramente si la punta superior de la quíntuple Estrella del cuerpo magnético de la Escuela Espiritual está orientada hacia la Gnosis, o bien si, por el contrario, su punta se dirige hacia abajo, con los pies en el aire. Si éste fuera el caso, quedaría demostrado que la Gnosis no era su meta, sino que su objetivo era la materia, una meta terrestre, es decir: la obtención de poder terrestre, gloria, honores y riqueza.

Cada alma, irradia luz, y proyecta a su alrededor su forma, su ser íntimo; de igual forma el quíntuple cuerpo manifestado hacia el exterior de nuestra Escuela Espiritual se proyecta claramente, en un momento dado, en la pantalla de la manifestación.

Comprenderán así que, como copartícipes de la Escuela Interior, y por ello miembros vivientes del campo de radiación magnético de la Escuela Espiritual, deben llevar su tarea sacerdotal, o eventualmente su futura tarea sacerdotal, a una claridad interior, a una realidad, en verdad, a través de un fuego luminoso, más deslumbrador que nunca hasta ahora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

De la negación a la liberación

 

 

Cada Fraternidad pasada tiene un guardián, un protector, un Patriarca que regresa voluntariamente a la esfera terrestre. Gracias al Sr. Gadal nos encontramos sobre un suelo clásico, unidos al aliento de la Fraternidad precedente y, lo que no es menos importante, unidos al indeleble sacrificio de sangre de miles de hombres. El guardián, el protector, el Patriarca que volvió voluntariamente, amó hasta tal punto al grande y tres veces santo trabajo en favor de la humanidad, que consintió con agrado en volver solo a los lugares del exilio. Pero ustedes saben que el que está en esta soledad, ¡está en comunión con la Gnosis! Por ello, damos las gracias a la Luz por su gracia maravillosa de que también nosotros hayamos podido saludar al Sr. Gadal, nuestro hermano y amigo, el Patriarca de la Fraternidad precedente. Estamos agradecidos por el gran privilegio de haber podido conocer y amar a este infatigable buscador y protector de los santuarios.

El Sr. Gadal fue durante su vida un representante viviente de los focos en la tierra del Sabarthez. Muchos de ustedes le han conocido. Por él, ustedes han sido unidos al testimonio viviente de la historia, al aliento de las Fraternidades precedentes. Muchos de ustedes le han oído hablar, algunos de forma directa y muy personal; ustedes han podido experimentar, gracias a él, la Fuerza de la Fraternidad precedente sin un esfuerzo que sobrepasase sus fuerzas. Y bien, ¿son ustedes positivamente conscientes, en este momento, de la gran alianza que, en tanto que grupo sacerdotal, han forjado con él? La historia a la que el Sr. Gadal les unió fue un medio para alcanzar la meta.

 

¿Qué meta? Queridos amigos, ¡la meta de su estado sacerdotal! Así comprenderán que, como copartícipes de la Escuela Interior de la Rosacruz de Oro, su unión con la Joven Fraternidad Gnóstica deben volverla una claridad absoluta, una realidad, un fuego luminoso. Pues sobre esta «claridad» reposa la unión consciente, grandiosa y positiva entre ustedes y el último eslabón de la Santa Fraternidad. Esta unión consciente y positiva debe ser conservada con honor de manera sólida y firme.

En lo referente a la mayoría de ustedes, hasta ahora sólo podíamos hablar de una unión negativa, la cual se expresaba, por ejemplo, en diversos estados de alma, de espíritu y de orientación que les hizo entrar en contacto con la Escuela Espiritual en un momento dado, en el transcurso de los años pasados. Examinemos ahora más profundamente la naturaleza y las causas de esta unión negativa, para sacar las irrecusables consecuencias de ello.

Primero les hacemos la pregunta: ¿Por qué está presente en ustedes esta inclinación indiscutible, este impulso interior hacia la Escuela Espiritual y la Gnosis? Para muchos de ustedes, la entrada en la Escuela se remonta ya a muchos años atrás, para otros, sólo unos años. Ustedes fueron atraídos hacia la Escuela Espiritual por un impulso interior. ¿Por qué? ¿Por qué estaba presente en ustedes esta tendencia? ¿Por qué se han dirigido hacia la Rosacruz, hacia el Santo Grial, hacia el Catarismo? Quizás respondan ustedes: «No lo sé, mis padres me han mostrado este camino quizás, sea una cuestión de tendencia sanguínea». O quizás digan sin más: «La Escuela empezó a interesarme». O también: «Después de tantas experiencias en la vida, sentí que la Escuela Espiritual era como mi verdadera casa». Puede ser que respondan también espontáneamente: «La Gnosis me tocó y me llamó». Muchas respuestas más pueden ser dadas, pero todas ellas no explican de hecho nada esencial; son simples constataciones.

Sin embargo, nosotros, miembros de los Grados Interiores de la Escuela Espiritual debemos saber con absoluta claridad la razón que nos ha conducido a la Escuela. Sólo la realidad fría y desnuda puede ayudarnos.

Ustedes saben que su microcosmos, destinado a una existencia eterna, tiene tras de sí un camino largo de eones. Su microcosmos ha albergado ya muchas personalidades, y cada una de ellas ha dejado su huella en el ser aural. Todas las experiencias de las diversas personalidades en su microcosmos han sido grabadas en el ser aural. Y la suma de esta carga se manifiesta ahora como una corriente de fuerzas magnéticas en cada nuevo habitante del microcosmos. Sabiendo esto, ¿qué conclusión hay que sacar? Que una fuerza kármica magnética está actuando en ustedes de una forma espontánea, sin su voluntad, llenando su sangre. Y es esta fuerza kármica la que les ha conducido hacia la Joven Gnosis. ¿Qué conclusión hay que sacar de esto? Que por lo menos la personalidad anterior en su microcosmos ya fue confrontada con la Triple Gnosis, y que en cierta forma ha reaccionado a ella.

 

El impulso magnético que emana de su ser aural es una fuerza muy sincera. Esta corriente de fuerza, cargada con todo lo que contiene el ser aural, corre en ustedes tan pronto como aparece una entidad natural en el microcosmos. Pero no hay nada de meritorio por su parte, y no puede decir: «yo he», o: «mi personalidad ha buscado a la Gnosis». ¡No, amigos! Por esto, esta fuerza aural, este destino ciego, es representado por una mujer con los ojos vendados. Este impulso magnético actúa automáticamente como un destino ciego. Así pues, el impulso kármico de su ser aural les ha conducido hacia la Gnosis. Su acercamiento y más tarde su unión con la Escuela Espiritual ha ido acompañado de muchas luchas. Todo esto resulta del conflicto dialéctico entre las tendencias naturales ordinarias y el impulso kármico del ser aural activo en ustedes. Este último les pone muchas veces, incluso diariamente, en dificultades; este impulso les coloca en situaciones incompatibles con las circunstancias naturales sociales, pues aunque su impulso kármico les lleva hacia la Gnosis, no pueden decir que por ello ustedes hayan recibido la Gnosis. En ustedes sólo hay, por el momento, una oscura inclinación hacia la Gnosis que proviene del ser aural. Son las particularidades características de su ser cósmico que les han conducido a la Escuela Espiritual.

Ustedes pueden pensar o decir: «Los alumnos de los Grados Interiores sabemos todas estas cosas. Hace tiempo que se nos habla de ello». En efecto, amigos, pero un grupo sacerdotal que ha respondido con un «Sí» a la llamada, un grupo que ha entrado ya en una fase de conciencia en cierta expansión ¡nos referimos a los miembros del Tercer Campo de Trabajo¿, debe osar afrontar cara a cara la realidad del momento.

Y así, aceptando esta realidad, debemos penetrar más profundamente detrás de los velos que recubren la Verdad. Y les preguntamos: si la personalidad que les ha precedido en su microcosmos ha vivido acontecimientos gnósticos y ha vislumbrado el Camino de la Liberación, ¿cómo es posible que no tengan un conocimiento consciente de esto? Si el camino gnóstico puede sacarles de la dialéctica, de la naturaleza de la muerte, en una sola vida; si en una vida se puede realizar en ustedes el renacimiento del alma‑espíritu, ¿por qué entonces, si su antepasado microcósmico ha conocido y experimentado interiormente la verdad universal, no son completamente conscientes del lugar tan especial que ocupan en este templo?

La respuesta es evidente: los antepasados en su microcosmos han visto efectivamente el Camino, han conocido el Camino, y han experimentado mucho de ese Camino, incluso han experimentado muy de cerca el Santo Grial, ¡pero han rechazado, por la razón que fuese, la gran oportunidad ofrecida! Los predecesores en su microcosmos han contemplado «Aquello» muy de cerca, han vivido muy cerca del Tao, han sentido muy de cerca el Gran Aliento, de forma que el ser aural ha recibido señales indelebles, hasta tal punto que su impulso magnético se manifiesta en ustedes.

Por esta razón, un alumno o un trabajador nos dice de vez en cuando al oír cierto dato expuesto en una alocución: «Esto también lo hemos oído ya hace veinte años durante una conferencia»; y nosotros quisiéramos responder: «¡No sólo hace veinte años han sido ustedes confrontados con la misma verdad universal, sino que ustedes llevan ya desde su nacimiento esta misma enseñanza de la verdad eterna!»

 

Y ahora la Cadena de la Fraternidad no puede hacer más que esperar que, durante esta vida, ustedes quieran manifestar la enseñanza de la verdad que tan bien conocen en ustedes mismos y por ustedes mismos al servicio del prójimo. Si es así, la llama de su conciencia dará testimonio de ello ante la Fraternidad.

Esto debe serles dicho a ustedes, miembros de los Grados Interiores, pues ustedes no pueden vanagloriarse de la situación descrita. Los predecesores en su microcosmos vivieron en un período que puede ser enmarcado entre hace 400 y 800 años, así pues en la época de la Fraternidad histórica. Los habitantes de nuestros microcosmos de esa época vivían, por ejemplo, cerca de los Cátaros. Vivían en el Sabarthez, el país de los «Bonshommes», de los hombres buenos. Vivían en los Países Bajos, en Alemania y en Suiza, donde las Fraternidades del Santo Grial y la Fraternidad de la Rosacruz clásica dejaron sus profundas huellas como una herencia indeleble.

Muchos de estos predecesores en nuestro microcosmos, de cuyo aliento magnético vivimos nosotros ahora, han traicionado o renegado de las antiguas Fraternidades de diversas formas. Ellos conocieron y sintieron la Gnosis muy de cerca, pero fueron aquellos de los que el Sermón de la Montaña dice que fueron los tocados pero que querían servir a Dios y a Mammon; que fueron tocados, pero fueron invadidos de angustia y de temor ante sus perseguidores; tocados que huyeron y abandonaron a sus hermanos y hermanas que permanecieron firmes e inquebrantables. Tocados que llegado el momento renegaron de la Luz; tocados que incluso en ciertos casos, en la hora del peligro, mataron a sus hermanos.

¡Tengan esta inexorable verdad ante sus ojos! Microcósmicamente hablando, fueron los que clavaron en la Cruz a nuestro Señor, en la persona de los hermanos y hermanas que traicionaron, abandonaron y renegaron. Por esto, amigos, la sangre inocente de esos mártires es como un fuego, un fuego de infierno magnético que les ha quemado, pues un tocado nunca puede borrar la marca de esta deuda en la sangre. ¡Un tocado no puede librarse nunca de esta marca en la sangre! Estos tocados se encuentran actualmente en este Templo; estos tocados se encontraron también en el pozo del que habla Johann Valentín Andreae en «Las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz».

¿Saben ahora quiénes son ustedes? No desesperen, pues tal como lo esperamos, todos ustedes han entrado ahora en una fase de la vida en la que se elevan de nuevo. No hace mucho tiempo, muchos de ustedes estaban aún en el fondo del pozo de los tocados; el pozo donde arde el fuego infernal. ¡Una situación sin duda de la que nadie puede vanagloriarse! Aquél que ha visto una vez la Luz y ha sido tocado por ella, y no viene, queda marcado por la Luz, es marcado por el Fuego de Hermes, con la señal de la culpa.

Ustedes comprenderán que sin reacción por su parte, sin recibir cierta señal, ustedes no pueden estar en la luz solar del Logos. El que ha visto una vez la luz y ha sentido su fuerza divina, el que se ha confiado una vez a la luz, es marcado por esta luz y ya no puede encontrar descanso. No encuentra descanso mientras no llega la ayuda.

 

Su vida de los años pasados ¿no ha estado marcada por la inquietud? ¿No han intentado de todas las maneras posibles escaparse o rebelarse contra esta inquietud? ¿No han buscado una salida? ¿No era eso enroscarse en el fondo del pozo de la mortificación? Ese hombre no encuentra descanso hasta que llegue la ayuda. ¿Ayuda de quién? ¡Ayuda de aquellos que fueron traicionados, quemados y martirizados por amor al Santo Grial! ¡Sí, de esos hermanos y hermanas llega la ayuda! Su señal, su reacción a la culpa, su ser adherido a esta culpa, es la unión con la herencia del Santo Grial. ¡Y ustedes no estarán nunca libres de esta herencia!

Los predecesores en sus microcosmos han separado los velos; el rayo de fuego ha penetrado hacia dentro, y a partir de ese instante, su microcosmos está unido a la herencia del Santo Grial, y ustedes no podrán nunca más deshacerse de ella, porque en este sentido están marcados. Marcados con la señal del fuego, sólo dos caminos se abren ante ustedes:

‑ o continuar torturándose en el fondo del pozo de la mortificación, con el fuego en sí mismos, el fuego del infierno que continúa ardiendo,

‑ o seguir las directrices de los herederos divinos y realizar su última voluntad.

 

Con el objeto de permitirles realizar esta última voluntad de los grandes según el espíritu, los liberados según el alma‑espíritu, los hermanos y hermanas del Santo Grial se acercan a ustedes. De esta forma la señal sangrienta de la culpa con el Grial puede ser transformada por ustedes y en ustedes en un Santo Grial de la perfecta redención. La llama del odio y el fuego devorador de un miedo indecible hicieron caer al microcosmos en el más profundo abismo, pero por el fuego del amor imperecedero llega siempre la Gnosis hacia los marcados por medio de sus predestinados, para elevar, con las cuerdas del amor, a los que han sido marcados.

Aquél que comprende esto se vuelve modesto y extremadamente silencioso. Se vuelve tan silencioso dentro de sí que llega a oír y percibir el amor de Dios. Y su respuesta será: «Por mí mismo no soy nada, ¡oh Gnosis! ¡Sé clemente con este pecador!» El que ha sido probado así, será guiado por una cuerda luminosa y conducido, como a través de un puente, al País de los Vivos, al país del Santo Grial.

Hermanos y hermanas, estas palabras de desenmascaramiento y declaración se dirigen a ustedes; para todos ustedes, sin excepción, ha llegado la hora. Las cuerdas de amor del pasado se han vuelto el presente. Aquí, en este instante, en este templo, las cuerdas de amor descienden al servicio de todos.

Y los grandes según el espíritu, aquellos que fueron traicionados y renegados, les saludan con las palabras del amor eterno:

 

Venid bienamados, acercaos, la Sala Nupcial está preparada.

¡Las manos de amor del Padre os saludan!

¡Venid! ¡El tiempo ha llegado!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

La herencia del Santo Grial

 

 

Cada alumno de la Escuela Espiritual, y en particular, cada alumno de la Escuela Interior, debe ser consciente de su unión negativa, es decir receptora, si desea que en un momento dado se produzca una reacción positiva y consciente a lo que la Escuela Espiritual denomina la Gnosis.

 

Sabemos que en cada alumno hay una fuerza magnética propulsiva procedente del ser aural que le inquieta y le impulsa en el pozo de la mortificación donde se encuentra. Esta fuerza magnética propulsiva asciende por la columna del fuego de la serpiente a través del plexo sacro, luego llena el aposento superior y desde allí se propaga por todo nuestro ser. De esta forma, el alumno entra en un fuego ardiente, en un brasero llameante. Este fuego no consume su ser, sino que provoca una búsqueda intensa en su vida. Este es un proceso que puede ocupar al hombre desde su nacimiento, y en el que sin duda todos nosotros participamos.

Sabemos ahora que este fuego ardiente que nos inquieta nace de las tensiones magnéticas que se desarrollaron a partir de los toques gnósticos, y sobre todo por las reacciones negativas a esos toques. Esto concierne especialmente a los anteriores habitantes de nuestro microcosmos. Por consiguiente nace en el hombre una tensión magnética que podemos denominar «culpa» ¡¿. Esta tensión magnética que les hemos descrito en estas alocuciones se resume, tal como lo hemos dicho, en la palabra «culpa». Una culpa es una concentración de fuerza de luz que no ha sido asimilada correctamente; una fuerza de luz personalmente invocada y a la que hemos reaccionado con un comportamiento de vida injusto o incluso reprobable. Y aquí reside lo maravilloso y lo poderoso de la naturaleza de la muerte, pues la humanidad misma crea, en diversos estados y grados, un fuerte potencial de culpa magnética, a la cual no puede escapar. Cada vida crea de hecho un potencial de culpa magnética, un proceso natural al que todo hombre está sometido. El objetivo de la naturaleza dialéctica es el confrontarles a ustedes con el elemento de la «culpa».

Después de la culpa viene siempre la expiación, que es un intento natural para liberarse de la tensión causada por la culpa. Esta expiación toma cuerpo en las fuerzas magnéticas que influyen en su vida y a las que ustedes intentan reaccionar. Todo esto tipifica su ser, su carácter, y todo su comportamiento es determinado por estas influencias. Por ello hay tantas diferencias entre nosotros; por lo menos diferencias que se pueden clasificar en varios grupos.

La expiación sigue a la culpa. Todos expiamos de una forma u otra, o tratamos de responder a la presión que ejerce nuestra culpa. Este es un intento natural para descargar dichas tensiones y liberarse de ellas. Por esto, cada ser humano busca una actitud frente a la vida que le permitirá, del modo psicológicamente mejor y más directo, responder a la presión kármica que sufre, tratando de aligerarla lo más posible. Hay situaciones, hay momentos en los que ustedes se sienten calmados, tan equilibrados como es posible, y por ello tratan de volver de nuevo a esos momentos tranquilos, con el fin de liberarse de la presión magnética de su culpa. Pero si luchan así contra sí mismos, estos momentos de desahogo temporal se volverán cada vez más escasos. Muchas formas de conducta humana son el resultado de una presión natural por amortiguar la propia culpa, por escapar a ella o esquivarla, para crear así más o menos un cierto equilibrio en la vida.

 

Todo hombre debe conocer la relación profunda entre la culpa y la expiación. Todo hombre, y particularmente el hombre sacerdotal, debe ser un psicólogo. Y ustedes comprenderán quizás que la expiación y la forma en que el hombre la practica puede aumentar precisamente la tensión que provoca la culpa, puesto que esta tensión de culpa no es utilizada en un sentido liberador. La humanidad, sobre todo en nuestros países civilizados, está cargada pesadamente de estas tensiones e intenta escapar a ellas por todos los medios con la ayuda de otras personas. Muchos psicólogos buscan las causas de estas tensiones. Tratan de dar a cada uno un poco de espacio, pero, como comprenderán, esto nunca es una solución en sentido liberador. La psicología en sentido dialéctico es un intento por mantener a la humanidad en cierto nivel dialéctico aceptable. En lo que concierne al problema de la culpa y de la expiación, casi toda la humanidad se encuentra aún en una fase experimental, pero nunca se encontrará en la dialéctica la solución a este gran problema, o hablando en la terminología de la Escuela Espiritual: nunca se podrá encontrar una solución al formidable despliegue de fuerzas magnéticas en nuestro sistema. Al fin todas estas tensiones magnéticas deberán conducir a la humanidad a la clara comprensión de la única solución, de la única receta psicológica a todas estas tensiones, que es elevarse en la clara luz del Santo Grial.

Ahora se podría preguntar: «¿Cuál es el pecado más grave?» Las opiniones de los hombres, grupos, pueblos y razas a este respecto son muy diferentes entre sí, sin embargo, una cosa es cierta, todas estas divergencias terminarán por unificarse, en su momento, en la única toma de conciencia clara de que el pecado más grave del que el hombre puede hacerse culpable es el pecado contra la luz universal de la verdad. Esta es la tensión de culpa última y más profunda que un hombre puede contraer. Por esta razón se dice en la Biblia que el pecado contra el Espíritu Santo no puede ser perdonado.

La humanidad en la naturaleza de la muerte desciende por diversos grados de culpa y expiación hasta el punto más bajo, y en este nadir nace una lucha casi insoportable, una conmoción llena de miedo, que conocemos en nuestros países civilizados en numerosos aspectos.

Una ilustración de un viejo escrito de Jacob Boehme representa un pozo abierto, en el cual penetra la luz. Pero en el fondo del pozo los hombres tratan de atravesar el muro. No ven la luz que irradia de lo alto. Su atención está dirigida enteramente hacia la voluntad que ellos tienen por abrir una brecha en el muro, por agarrarse con pies y manos a las piedras, para elevarse así por los muros abruptos y lisos. ¿Qué sucede entonces? Lo que le sucede al insecto, que trepa un momento y después cae, para después comenzar de nuevo.

La humanidad se comporta de la misma manera en nuestro mundo. Y cada uno colabora mientras no conoce la montaña de la purificación. Mientras no nos atrevemos a escalar la montaña de la purificación, todos intentamos atravesar los círculos infernales de los que somos prisioneros en un ir y venir perpetuos, y recaemos siempre hasta el punto más bajo, donde las tensiones de la culpa aumentan de tal forma que terminan por hacerse insoportables.

 

Toda alma buscadora es llevada hasta ese punto. Cuando el fardo de la dialéctica se vuelve demasiado pesado, sólo queda una solución: escalar la montaña de la purificación. Vean esta ascensión de la montaña de la purificación como la última salida. En la Escuela Espiritual denominamos a este camino de purificación la endura, el sacrificio de sí mismo. Aquél que se decide a empezar a vivir la endura, es elevado por la cuerda del amor que la Fraternidad arroja al fondo del pozo. Y lo importante es que, en su angustia, ustedes vean esta cuerda luminosa del amor y si lo desean, se dejen envolver con la fuerza de luz, de tal forma que, en un momento dado, sean elevados por encima del tiempo y del espacio.

La última voluntad de los herederos del Santo Grial, como lo hemos explicado en las dos alocuciones precedentes, debe ser ejecutada. Solamente entonces llegará el hombre a un equilibrio entre la culpa y la expiación. Solamente entonces habrá perdón de los pecados. Sólo entonces las palabras del «Padre Nuestro» se vuelven realidad: «Señor perdona nuestras deudas.»

Muchos de ustedes conocen el proceso y su realización personal, por el que las puertas que unen el ser aural con el plexo sacro se cierran. Sin embargo, algunos de ustedes podrían preguntar: «¿Es indispensable que recorramos aquí en la naturaleza de la muerte el camino que conduce al nadir a través de todos esos círculos infernales? Supongan que descubrimos con toda nuestra miseria que no estamos ni en la mitad del descenso, o que aún sólo hemos recorrido una ínfima parte del camino, ¿es indispensable que bajemos hasta el final?»

Sí, queridos amigos, esto sería absolutamente necesario si la Gnosis no existiera, si la Fraternidad de la Salvación no existiera. Los herederos del Santo Grial no permanecen inactivos encima de este infierno con sus cuerdas de amor. No, los herederos del Santo Grial vienen hasta ustedes, descienden hasta ustedes. Les envuelven, y a aquél que es suficientemente consciente de la naturaleza de la tensión de su culpa, le tienden una mano de luz. Y así se efectúa la unión positiva. Sea cual sea la situación en que se encuentren ustedes en este momento, esta situación puede volverse para ustedes, al instante, su punto más profundo. El instante actual puede ser su nadir, si en verdad ustedes quieren tomar la cuerda tendida, la mano salvadora. El hecho de que su nadir sea más o menos profundo que el de sus otros hermanos y hermanas carece completamente de importancia, siempre que ustedes reaccionen y respondan ya positivamente al toque del Santo Grial, siempre que reaccionen positivamente al toque de la luz universal.

Hay una concentración de fuerza de luz en la que participan todos los hermanos y hermanas pertenecientes a la Cadena de la Fraternidad Universal. Esta concentración de fuerza de luz es el Santo Grial y ustedes son tocados por la esencia de este Santo Grial. El Santo Grial se ha vuelto a través de los siglos una potente concentración de fuerza liberadora. Es la sangre sideral del Cristo Universal. Es un campo de tensión tan intenso que no puede ser comparado con ningún otro. El Santo Grial es simbolizado por un cáliz, a veces también por un corazón que derrama la sangre viviente. Es el capital de la Gnosis reunido en el transcurso del tiempo. Y nosotros perforamos en este tesoro incorruptible para volverles a todos radiantemente felices. Esta concentración de fuerza liberadora intensa es el tesoro de los Cátaros, el tesoro de la Rosacruz, de todos aquellos que a través de los siglos han sido hacedores del Oro imperecedero. Es el tesoro del Santo Grial. Es la riqueza de toda la Cadena de la Fraternidad Universal.

 

Este poder y esta concentración de intensa fuerza liberadora es el tesoro que ha sido puesto también a disposición de la Joven Fraternidad Gnóstica, de la que el Sr. Jan van Rijckenborgh es el Gran Maestro y director. Este tesoro imperecedero es capaz de volverles radiantemente felices si ustedes saben liberar algo de él.

Ante ustedes se encuentra clara y pura la herencia del Santo Grial. Y nosotros, miembros de los Grados Interiores, estamos reunidos en este Templo para ofrecerles esta herencia. La atmósfera de este Templo es sumamente apropiada para ello. Hagan en este instante de su pasado un presente radiante. La herencia del Santo Grial les es ofrecida. La herencia del Santo Grial no está simbolizada solamente por un Sol, sino que la herencia del Santo Grial es también un Sol. Es un poderoso campo de luz que quiere acogerles. Este potente campo de luz tiene cinco aspectos, cinco señales de la sangre, y estos cinco aspectos toman forma en la quíntuple Escuela Espiritual manifestada en la materia.

Cada cadena de doce puede hacer una realidad de la totalidad de los doce rayos que ustedes llevan en el corazón y en la cabeza. Por encima de esta totalidad irradia el Sol Gnóstico. Cada Joven Fraternidad Gnóstica que es admitida en la Cadena de la Fraternidad Universal y que ha entrado en el majestuoso Sistema Solar, es capaz de repartir esta Fuerza Solar a aquél que quiere recibirla, a aquél que deje entrar a esta gloriosa fuerza: la fuerza del renacimiento del alma, la fuerza del crecimiento del alma, la fuerza por la cual se manifiesta el vestido de oro, el vestido solar del alma, la fuerza del trabajo sacerdotal.

La tarde del jueves 17 de Julio de 1969, en el Templo de Haarlem, se emprendió el trabajo mágico en favor de ustedes. Ya entonces fueron tocados por la fuerza del Santo Grial, y el corazón abierto de la gracia les fue ofrecido, y juntos celebramos la Santa Cena en esta concentración de fuerza redentora. En ese momento les fue transmitido el elemento redentor positivo. Y finalmente, ese mismo 17 de Julio de 1969, de pie en el Templo principal de Haarlem, ustedes recibieron la herencia del Santo Grial sobre la base de su promesa de fidelidad. Ustedes han aceptado esta herencia y al instante se han sabido cambiados positivamente. Y la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro espera ahora de ustedes actos realmente sacerdotales. Comprendiendo con ello: conocimiento completo, obediencia a la santa ley del orden espiritual, y obediencia al santo trabajo.

 

¡Que aquél que tenga oídos para oír,

oiga lo que el Espíritu dice a las comunidades!

 

 

 

 

VII

El campo de radiación magnético

de la Escuela de la joven Gnosis.

 

Siempre ha existido un tesoro material, intacto, protegido por la Gnosis misma, por razones que, llegado el momento psicológico, serán explicadas con más detalle.

Otro aspecto por el cual el tesoro material de los Cátaros es mantenido escondido es que un dato mágico puede ser utilizado de dos formas, con el alma o con el yo. Si se les confiara el más puro, el más divino método mágico y ustedes lo utilizasen con el yo, su efecto sería, al instante, profundamente negro, aunque el mundo lo juzgara bueno.

Otro aspecto de la cuestión es que en el mundo hay quienes saben muy bien dónde está escondido el tesoro de los Cátaros y lo que contiene, pero no pueden acercarse a él, pues una radiación lo protege.

Pues bien, queridos amigos, el tesoro material de los Cátaros está compuesto de escritos, libros, rituales y de algunos objetos sagrados de culto, todo ello nacido de un conocimiento directo, y utilizados por sus poseedores con el alma‑espíritu para la liberación del mundo y de la humanidad. Es evidente que este tesoro, en manos incompetentes, representaría un peligro mortal, pues la magia ejercida por el yo y para el yo es siempre un peligro mortal y ata a la tierra.

Ustedes preguntarán: ¿No hubo siempre escritos gnósticos puros que cayeron en manos incompetentes? En efecto, circunstancias imprevistas y catástrofes permitieron a los incompetentes descubrir numerosos tesoros, pero su contenido es parcialmente inutilizable, por el hecho de que un método gnóstico concuerda con el tiempo en que debe ser utilizado, y se vuelve prácticamente inaplicable tan pronto como los rayos cósmicos se modifican.

¿No ocurre lo mismo con el tesoro de los Cátaros? ¡Sí y no! Los rayos cósmicos del Espíritu Séptuple describen órbitas a través del Universo. Vienen y se van según un determinado ritmo. Así, los que conocen las leyes del ritmo podrían repetir en momentos precisos, y revivificar en parte los antiguos sistemas mágicos, hasta los de la Lemuria, pero acompañados de muy extraños y angustiosos resultados, debido al cambio estructural del ser humano en el transcurso de los tiempos. Actualmente hemos entrado en una época en la que existe la misma fuerza cósmica poderosa que hace más de setecientos años. Por esto, si el tesoro Cátaro fuera descubierto por incompetentes, su empleo conduciría a la humanidad a indescriptibles desgracias.

Si esta antigua magia fuera ejercida por el yo, si en nuestra Escuela Espiritual aplicásemos esa antigua magia, el Cuerpo Magnético de la Escuela y sus diversos Campos de Trabajo no durarían mucho y de aquél no irradiaría ya ninguna fuerza liberadora.

 

Quizás dirán que circulan muchos libros pretendidamente de los Cátaros, en los que estarían descritos rituales y sacramentos. Nosotros respondemos que estos libros proceden de incompetentes, cuyo saber no es completo. Muchas veces estos libros son casi siempre el resultado del cerebro personal de sus autores, quienes han mutilado y falsificado los textos antiguos. Igualmente en la base de estos trabajos hay múltiples suposiciones que crean evidentemente numerosos peligros.

La Dirección Espiritual de la Escuela Espiritual de la Joven Fraternidad Gnóstica, sabiendo muy bien todo esto, ¡está extremadamente vigilante! Pues también la Joven Fraternidad Gnóstica debe luchar con muchas dificultades, y cada trabajo gnóstico futuro se encontrará colocado frente a los mismos problemas. Por esto, cada Fraternidad está obligada, y siempre lo estará, a tomar medidas de protección, no sólo en razón de la enemistad siempre presente, sino sobre todo por la ignorancia de sus amigos y colaboradores. Por ello, cada Fraternidad que veía llegar el fin de sus actividades estaba obligada a poner a cubierto lo más esencial de su tesoro y mantenerlo en seguridad. La desaparición sin traza alguna del tesoro Cátaro es válida únicamente para aquellos que son y están en esta naturaleza. Ha sido dicho ya en una explicación anterior que para los que se han elevado en el alma‑espíritu, nada está escondido, y nada puede quedar escondido. Por esto este tesoro es una prueba viviente de la actividad en diversos planos de la vida, de aquellos que cumplen su trabajo en la Cadena Universal.

Y ustedes se podrían preguntar: «Si el tesoro Cátaro no tiene utilidad ya en la dialéctica, ni la tendría sino como recuerdo u objeto de museo, puesto que cada vez hay que elaborar un tesoro imperecedero, ¿no valdría más haberlo suprimido por medios mágicos?»

¡No, queridos amigos! Si hiciesen esta pregunta, ustedes demostrarían no tener ninguna noción de magia. El hecho de confiar a la tierra una herencia Cátara pura, en tanto que enseñanza y magia, por el hecho de colocar materia pura en la materia de la muerte, una espada es plantada en la tierra que une al mundo y a la humanidad con una fuerza del juicio, a una destrucción, que redunda en beneficio de cada Fraternidad Gnóstica posterior. Cada cuerpo del alma y, por lo tanto, también el cuerpo etérico de la Escuela Espiritual, proyecta hacia el exterior una luz en la dirección de sus polos magnéticos, y así atrae hacia él a aquellos a los que se dirige su proyección de luz.

 

Se puede concluir, pues, que de la gruta del nacimiento, del suelo terrestre, se eleva un rayo de luz hacia las alturas, y que la estrella de cinco puntas, el quíntuple vestido etérico del alma, el quíntuple cuerpo etérico de la Escuela Espiritual irradia en el cielo de la manifestación en desarrollo. Y entonces se demostrará si en la gruta del nacimiento hay una vida y una actividad que buscan la Patria Divina de la vida universal, o bien, si la antigua serpiente de fuego horizontal continúa manifestándose. Si la estrella, como la Estrella de Belén, irradia con su punta dirigida hacia la vida divina universal, entonces los sabios, los magos gnósticos de antaño vienen del país de la aurora del espíritu, porque han visto en el campo de radiación magnético la radiante estrella. Ellos han visto con alegría y agradecimiento que una Joven Fraternidad Gnóstica verdadera vive la entrada, el progreso y el ascenso en un campo de liberados de la materia.

Según las leyes inmutables de los rayos magnéticos, la Joven Fraternidad Gnóstica recibe el oro del espíritu, el incienso de la unión con la Fraternidad de las Almas inmortales, y la mirra de la absoluta liberación del alma‑espíritu. Sobre esta base, la Joven Fraternidad Gnóstica recibe la realeza de la Gran Maestría. El sabio era el viejo Patriarca, que demostró su grandeza con humildad. Así pudo ser celebrada la fiesta gnóstica de la Paz de Belén de una forma totalmente consciente. Ni demasiado pronto, ni demasiado tarde, sino en el instante psicológico preciso: el de la prueba final.

El 5 de Mayo de 1957 la verdad inmutable de la Cadena de la Fraternidad Universal fue restablecida en la consagración mágica del monumento de Ussat‑les‑Bains y después de un tiempo de prueba de doce años, el testimonio de la verdad universal fue confirmado de nuevo, para el tiempo y la eternidad, el primero de Junio del año 1969, en medio del centro iniciático de Ussat‑les‑Bains. De todo ello les ha sido hablado en nuestros Templos, y la luminosa estrella de cinco puntas irradia en el campo etérico sagrado, y la gracia de la Gnosis está presente, guiada por los rayos de fuego llameante que parten del Espíritu Séptuple.

Ahora podemos dar testimonio ante ustedes de este Cuerpo Sagrado, y nos gustaría que ustedes tomasen conciencia de ello. Pues la Joven Fraternidad Gnóstica deberá volverse adulta ahora y con alegría servir a Dios y a la humanidad, con y por su colaboración total, ¡su absoluta colaboración, hermanos y hermanas de los Grados Interiores!

Hemos entrado en un período extraordinario y de una importancia capital, un período del cumplimiento. Y teniendo en cuenta que la humanidad no se ha preparado para este tiempo, sino que sólo sabe realizar un caos, se puede decir que: el tiempo de la decadencia, el tiempo del juicio ha comenzado, y todo será destruido en esta tempestad. Todos estos males llegarán sin duda alguna. Pero amigos, hemos podido ver que la grandiosa fuerza del amor universal interviene justamente en estos momentos, colaborando con la corriente del juicio, pudiendo así transformar aún mucho en bien y liberar a muchos hombres de una decadencia segura.

 

El día de un comienzo totalmente nuevo ha llegado. Una corriente de radiaciones nuevas se abre camino en el Universo y se derrama sobre nuestro planeta. Sólo esto podría significar ya su destrucción, pero esta corriente no persigue una destrucción, sino solamente el cumplimiento del Plan de Dios, que es el Amor mismo. Por esta razón, el Ángel del Séptimo Rayo clama: Esperad hasta que hayamos sellado la frente de los servidores de nuestro Dios. Ustedes pueden leer esto en el capítulo 7 del Apocalipsis. Nuestro Gran Maestro, el Sr. Jan van Rijckenborgh, nos dice a este respecto: Se puede hacer mucho por el mundo y la humanidad reaccionando correcta e inteligentemente, de forma justa y llenos de comprensión, captando, por ejemplo, las influencias proyectadas e irradiadas directamente sobre la humanidad. Este es un trabajo saludable que puede ser ejercido por un grupo preparado y por una Falange Sacerdotal verdadera.

Imaginen que nuestro grupo en preparación del Tercer Campo de Trabajo y la Falange Sacerdotal formasen juntos dicha estación de fuerza; entonces, por nuestra unión con la Cadena de la Fraternidad Universal, toda su fuerza podría irradiar en el Cuerpo Magnético de la Escuela Espiritual y en todos sus órganos, y allí donde la ayuda de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro y de sus trabajadores fracasase por el hecho de que su fuerza es aún débil, la Cadena de la Fraternidad Universal intervendría directamente.

Así se forma en el presente un Séptuple Campo de Radiación de una incomparable potencia, y nuestra debilidad se transformará en una fuerza grandiosa. Una corriente vertical está uniéndose a diversas actividades horizontales; ésta es la cruz de Jesucristo, la cruz de la victoria. ¡Pero esto es sólo el comienzo! Jesús dijo a sus discípulos: Vosotros haréis obras más grandes que éstas, pues la Idea de la liberación del alma‑espíritu será irradiada en el campo de radiación magnético de la Joven Gnosis y en todo lo que en él se encuentra; después será irradiado el puro Plan de Dios y su correcta ordenación; y para terminar la pura religión. En este poderoso campo magnético será imposible la existencia de cualquier mentira, calumnia y traición. ¡Y así el resultado será infaliblemente un Reino de Paz!

¡Que la cruz de la liberación, la cruz del amor, pueda servir para una grandiosa Resurrección de toda la humanidad! Con la mano del acto sobre Galaad, la roca del testimonio, todos confirmamos nuestra promesa de fidelidad, de amor y de disposición al sacrificio a la Joven Fraternidad Gnóstica, la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, con el fin de que el bálsamo de ayuda y de consuelo sea confirmado de nuevo en nosotros para el tiempo y la eternidad. Entonces no nos separaremos nunca más en toda la eternidad.

Nos deseamos mutuamente esta victoria en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA ROSACRUZ DE ORO

 

 

 

por

 

 

CATHAROSE DE PETRI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

 

Prólogo

1         La escuela espiritual en manifestación

2         El orden en el templo

3         La voz humana

4         El ojo, transformador de la fuerza de luz

5         Ser verdaderamente un ser humano

6         Los siete focos

7         La fuerza de luz de la naturaleza original pura

8         La corriente circular de la contranaturaleza

9         El campo envolvente de la nueva tierra

10        Y ocurrirá que todo el que invoque el nombre del Señor será bienaventurado

11        La medusa

12        El hombre‑alma en mí debe crecer y yo debo menguar

13        La tentación en el desierto

14        El santo sacerdocio del nuevo estado de vida

15        El nuevo vehículo astral, el manto de amor

16        El sellamiento de la frente con la nueva señal

17        La cosecha y la vendimia

18        La Gnosis le llama también a usted

19        La fase de la salvación ha comenzado ya

20        El regreso al corazón de su microcosmos

21        El simbolismo del templo

 

 

PROLOGO

 

 

El número cuatro de la Serie de las Rosas quiere interpretar para la humanidad el trabajo innegable de la Fraternidad Universal.

 

El quiere explicar y mostrar a la humanidad: por qué razón la Fraternidad Universal desciende en la decadencia terrestre; por qué razón la humanidad es invitada continuamente para recorrer ante todo el Único Camino de Liberación; por qué razón el hombre deberá desgarrar la vida ilusoria de la que él mismo es el autor.

 

Que el contenido de este pequeño libro pueda contribuir a mostrar a las almas buscadoras, que hayan adquirido alguna comprensión, el Camino de Santificación, para que en ellas se lleve a cabo la realización del Alma Espíritu.

 

Que una multitud numerosa experimente un día, corporalmente, que ella es colocada por la Joven Gnosis en este único Camino verdaderamente Liberador.

 

24 de Diciembre de 1960                                                                               Catharose de Petri

 

 

CAPITULO 1

 

 

LA ESCUELA ESPIRITUAL EN MANIFESTACION

 

 

Cada día de manifestación, formado de varios años estelares, contiene períodos durante los cuales el hombre caído recibe la ocasión de elevarse por encima de la naturaleza de la muerte.

 

En cada año estelar hay muchos momentos que se prestan particularmente a las actividades gnósticas.

 

Cada día de manifestación tiene naturalmente un comienzo y un fin, aunque para el hombre actualmente en manifestación estos dos extremos no pueden ser determinados: en primer lugar, porque los períodos de tiempo que intervienen aquí son inconcebiblemente largos, y, en segundo lugar, porque el “tiempo “ no es un fenómeno constante, sino sometido a la relatividad.

 

Durante cada día de manifestación la Gnosis desciende un incalculable número de veces a la naturaleza de la muerte con el propósito de poder remontar con una abundante cosecha. En consecuencia, en el transcurso de cada día de manifestación son ofrecidas a la humanidad caída numerosísimas ocasiones para poder formar parte de la cosecha de los liberados.

 

En el transcurso normal de lo que sucede durante un día de manifestación o en uno de sus años estelares, se hace perceptible el fin que se aproxima. Este fin de las cosas se puede reconocer por el nivel que alcanza la cultura dialéctica, cuando el conjunto de las creaciones del hombre y su cultura llega a tocar el núcleo de la génesis de la vida; entonces es cuando se alcanza el límite cultural de la vida dialéctica.

 

Se puede notar este final en la aceleración general del ritmo de vida, como si una fiebre se apoderara de toda la humanidad.

 

Se puede notar también la tendencia de la humanidad por querer descubrir los fundamentos de la existencia y asirlos fuertemente entre sus manos para asegurarse así su futuro.

 

Muy pronto, el mundo no ofrecerá ninguna posibilidad de vida según las normas de la naturaleza ordinaria. Llegará un día en que no habrá más alimentos y que todas las energías habrán sido agotadas. Y así es como se desencadena el gran peligro de la ciencia atómica.

 

La Gnosis ha previsto todo esto y trabaja febrilmente, antes de que llegue esta época, para recolectar su cosecha. Ahora bien, la Gnosis opera impersonalmente.

 

La Gnosis trabaja a través de una Escuela Espiritual Séptuple, que es su instrumento. Esta crea a su alrededor, por el sacrificio de sí misma, un campo de vida en el cual y por el cual la Fraternidad liberada puede proyectar la Fuerza necesaria a las personas que buscan la Liberación

 

Tal Escuela Espiritual Séptuple existe también en nuestra época. Ella ha tomado forma en la Comunidad denominada “Lectorium Rosicrucianum”. El gran instrumento para la cosecha ha vuelto a tomar vida.

 

 

Si una Escuela Espiritual quiere trabajar para liberar a la humanidad, ella debe ser quíntuple en su estructura manifestada. Ahora y de manera creciente, los alumnos del Cuerpo Viviente vivifican cuádruplemente a la Escuela Espiritual. Sin embargo, si la Gnosis y la Fraternidad quieren que su última cosecha regrese al Sexto Plano Cósmico antes de que se produzca la noche cósmica ‑la cual se acerca a grandes pasos‑ entonces hace falta, con rapidez y dinamismo, animar el quinto aspecto del Cuerpo Séptuple, el de los grados interiores, denominado la “Cabeza de Oro “. Deberá estar animado y poblado por almas renacidas en estado adulto. Estas almas renacidas deben elevarse desde el cuarto aspecto de la Escuela Espiritual, llamado “Falange Sacerdotal “, el cual constituye el eslabón de unión.

 

Ellas deben volver al nuevo Campo Astral radiante y luminoso por el gran sacrificio de sus actos, alegremente consentido y demostrado de manera efectiva al servicio razonable de Dios. Los que recorren voluntariamente el camino de cruz deben volverse conscientes de ello, ya que un cuerpo sin cabeza está muerto, y ninguna alma puede habitar en él. Un cuerpo en cuya cabeza vagabundean las quimeras del pasado o del ser yo del presente, es una forma resquebrajada.

 

Todo esto debe ser reconocido por los que quieren pertenecer a la Escuela Espiritual, ahora que los tiempos han madurado.

 

En estos momentos, una gran confusión se apodera en el mundo de todo lo que ella puede abarcar. Esta confusión existe, ya sea porque falta la cabeza, los pies, o ambos.

 

La humanidad está sin cabeza, o tiene la conciencia dividida, porque está privada de la verdadera Razón Divina. Está sin pies porque su dirección privada de razón no encuentra ninguna base sólida, lo que hace aparecer en el mundo un desinterés general. ¡Por lo tanto, el desmoronamiento es inevitable!

 

Una exigencia para nosotros y para la Escuela Espiritual Gnóstica consiste en no caer en tal desmoronamiento.

 

El Cuerpo Viviente de la Joven Gnosis debe poseer una cabeza de Oro resplandeciente, de donde puedan emanar dirección y fuerza liberadoras. Entonces habrá una larga fila de discípulos e interesados.

 

Así se trazará una larga cola de fuego en contraste con el rojo oscuro de la decadencia: la fila de los redimidos.

 

¡Que todos abran su corazón a la Gnosis para su purificación!

 

 

CAPITULO 2

 

 

EL ORDEN EN EL TEMPLO

 

 

Cuando un alumno dirige sus pasos hacia un Templo de la Escuela Espiritual de la Joven Fraternidad Gnóstica, es decir cuando un miembro de la Comunidad Religiosa “Lectorium Rosicrucianum” desea asistir a un Servicio en una de las Canteras consagradas, es deseable, en primer lugar, que conozca bien las reglas de disciplina usadas en el Templo, así como otras disposiciones que conciernen directamente a cada alumno.

 

Hace falta saber que los edificios del Templo, o los Centros, deben satisfacer un mínimo de exigencias de naturaleza gnóstica. Todos los emplazamientos de la Sede Internacional de Haarlem y numerosos edificios de nuestros Centros han demostrado durante treinta y seis años que satisfacen estas exigencias.

 

Pero es evidente que el grupo que periódicamente ocupa los edificios del Templo y de los Centros deberá comportarse también de una manera enteramente conforme al objetivo de estos edificios para mantener así el justo equilibrio en todos los aspectos. Por esto, en el transcurso de los años, se debió instar a los alumnos cada vez que una de las exigencias fundamentales fue más o menos descuidada.

 

En el Templo, o en la Cantera consagrada, son de rigor una gran calma y un gran silencio, pero es evidente que esta calma y este silencio son también necesarios en los espacios situados alrededor del Templo o de una Cantera consagrada. Por esto se pide continuamente a los alumnos que guarden absoluto silencio en los guardarropas antes y después de los Servicios, con el fin de que no se produzca un alboroto de conversaciones, ruidos y tumultos que rompen el silencio de manera disonante.

 

El orden clásico que debe reinar en el Templo de la Fraternidad de la Rosacruz de Oro pide a sus alumnos acoplarse gradualmente a sus disposiciones.

 

Un Templo es, en más de un sentido, un foco de la Cadena de la Fraternidad. El Templo es al mismo tiempo un foco del Cuerpo Viviente de la Joven Fraternidad Gnóstica, y, por lo tanto, es también un órgano vital del Cuerpo Viviente. Por consiguiente, el orden en el Templo no constituye un decoro, sino que corresponde a una conducta muy inteligente y responsable, conducta que no puede de ninguna manera ser forzada, sino que debe emanar espontáneamente como algo natural.

 

Todo alumno serio del Lectorium Rosicrucianum forma parte del Cuerpo Magnético de la Escuela espiritual y, evidentemente, cada alumno serio es una parte viva e integrante de este Cuerpo. Así, es lógico que se hable de un orden en el Templo.

 

Cuando los alumnos están reunidos en el Templo, el Cuerpo del Templo funciona, realizando un acto que el Cuerpo entero debe sostener con tranquilidad, armonía e inteligencia, y cada miembro del Cuerpo debe colaborar. Así, el Orden en el Templo ‑un justo comportamiento en el Templo‑ es una necesidad absoluta.

 

 

En relación con esto, diremos algunas palabras sobre el estado biológico adecuado del alumno que va a participar en el Trabajo del Templo. Nos referimos al estado corporal, y más especialmente al estado corporal que el alumno mismo puede determinar y dirigir, es decir, que puede ser guiado por la voluntad, la orientación, el comportamiento y la comprensión.

 

Para comprenderlo bien, sepa que no se trata de consejos de naturaleza ética, puesto que éstos son de poca calidad e ineficaces, pues no son más que moralismo y cultura dialéctica del bien que atan al mundo.

 

No, se trata de una necesidad absoluta en el Trabajo del Templo. Su cuerpo, lo que usted acostumbra a considerar su cuerpo, forma parte de un sistema más complejo, de un microcosmos.

 

Usted puede oír hablar frecuentemente en el podium de las actividades que tienen lugar en este microcosmos, y cómo actúa en él la Cadena de la Fraternidad Universal. Por consiguiente, es evidente que su conciencia le empuje a doblegar su cuerpo a las exigencias de todos estos procesos. Este cuerpo es completamente dialéctico y debe desaparecer, pero mientras el microcosmos no disponga de otra personalidad, el cuerpo deberá desempeñar un papel muy importante en todo el proceso que se realiza en el Templo.

 

Es necesario que comprenda ante todo que el cuerpo es un sistema de circulación de fuerzas espinales, astrales y etéricas.

 

En el Trabajo del Templo en particular, y en la vida del alumno en general, estas fuerzas que circulan en el cuerpo son empujadas a una actividad máxima. La piel, el sistema respiratorio, los tres santuarios, el fuego de la serpiente, la secreción interna, los cabellos y las manos desempeñan un papel muy importante en este proceso de circulación. Por esto, el alumno se compromete espontáneamente a hacer todo lo posible para mantener su cuerpo a la altura de estas exigencias.

 

Después de la introducción precedente, podemos establecer para nosotros mismos un esquema de cuidados.

 

El alumno de la Escuela Espiritual Gnóstica que quiere participar en el Trabajo del Templo debe lavar cuidadosamente su cuerpo para asegurar de la justa manera la respiración cutánea. La boca y la cavidad faríngea deben estar completamente limpias, de modo que la respiración pueda efectuarse correctamente, y por consiguiente también el hablar y el cantar. Esta pureza es sobre todo importante para el orador, pues mientras habla aporta con su respiración y su laringe cierto ritmo en el Templo, en relación con el tema y la tarea. Evidentemente, las manos y las uñas desempeñan también un papel muy importante.

 

A través de las palmas de las manos se irradian fuerzas que son divididas en diez rayos por los dedos. Unas manos no lavadas o sucias detienen ese proceso y pueden perjudicar el Trabajo del Templo, y un aliento descuidado puede traer al Templo mucha impureza.

 

También son muy importantes los cuidados del resto del santuario de la cabeza. El santuario de la cabeza es un microcosmos completo en pequeño dentro del macrocosmos. En el santuario de la cabeza están representadas todas las fuerzas del microcosmos y del macrocosmos.

 

 

Los servidores de la Gnosis se sorprenden mucho cuando observan que hay mujeres entre los alumnos que se tiñen los cabellos, o se hacen enjuagues de colores, únicamente con el fin de dar a su cabellera otro aspecto que el que tiene en realidad. Esto perturba totalmente la circulación de las fuerzas. ¡El campo de radiación del santuario de la cabeza es aniquilado así completamente!

 

Es absolutamente cierto y sin exageración que el uso de peróxidos y de tintes de cabello puede comprometer gravemente el futuro espiritual de un alumno de una Escuela Espiritual de buena fe; la pineal y su campo de luz son enteramente enquistados por efectos de los cabellos teñidos u oxigenados.

 

De esta manera, la Luz en el santuario de la cabeza, la Rosa Sagrada nunca podrá ser encendida. El alumno se vuelve hipernervioso, lo cual es muy comprensible, y no puede comportarse en el Templo como un alumno serio. Tal persona pone su luz debajo de un celemín.

 

¿Por qué hacen esto algunos alumnos? ¿Por parecer jóvenes o más jóvenes? Sin embargo, ¿que ganan con la apariencia? ¿No es acaso trágico? Cuando se es joven se quiere ser mayor o más mayor, y cuando se avanza en edad se quiere ser joven de nuevo. Es un correr detrás de sí mismo en el circuito cerrado de la dialéctica.

 

Evidentemente, no hay ningún inconveniente en cuidar los cabellos, pero hágalo con inteligencia y sensatez.

 

Para el alumno que quiere participar verdaderamente en el Trabajo del Templo, sea como alumno, sea como colaborador, las exigencias requeridas son muy importantes.

 

Naturalmente, en primer lugar son necesarias la pureza y la orientación del alma, y el cuerpo debe colocarse espontáneamente en concordancia. El cuerpo debe poder expresar perfectamente en todos sus aspectos, y en la medida en que nosotros podamos actuar sobre ellos, lo que somos interiormente.

 

Si uno quiere considerarse alumno de una Escuela Espiritual Gnóstica, si uno se estima un alumno serio, pero el estado del cuerpo y de la indumentaria, en lo relativo a los cuidados, quedan por debajo de las exigencias necesarias y realizables, es seguro que hay algo en el estado interior del alumno que no está en orden.

 

Todavía unas palabras dirigidas a las alumnas que no se sienten suficientemente arregladas si no se pintan los labios. El pintarse los labios, aunque sólo sea eso, perturba las funciones mentales; además daña los órganos sensoriales, el sentido del gusto y las funciones digestivas.

 

No quite el sol de la cabeza y trate de conseguir la nobleza de la faz del verdadero estado del alumno por los cuidados bien comprendidos del rostro y los cabellos.

 

Hace falta reflexionar sobre todas estas cosas, porque se trata del Sagrado Trabajo del Templo y del justo comportamiento como alumno.

 

Se trata de conducir a la Morada, por una Vida renovadora, a todos los que lo quieran.

 

 

De esto se puede concluir que un alumno de la Joven Fraternidad Gnóstica debe estar muy concentrado, cuando penetra en el Templo de la Rosacruz de Oro, sobre el trabajo que ha de realizar en colaboración con los demás alumnos. De esta manera, una visita al Templo no es ninguna rutina o una agradable costumbre, sino una orientación conscientemente dirigida.

 

Esto no tiene por qué sorprendernos, ya que nuestro trabajo diario también nos pide concentración y orientación consciente. En la vida diaria hay numerosas actividades que requieren toda nuestra atención para ser coronadas con éxito.

 

Lo menos que se puede esperar de los alumnos es que se comporten de la misma manera cuando entran en el Templo de la Rosacruz de Oro. No se trata de forzarse, produciendo esas tensiones nerviosas que a veces se vuelven una atmósfera tan perceptiblemente pesada.

 

Cuando el alumno, así concentrado, se dirige hacia el Templo, entra en un estado en el que se encuentra frecuentemente en su vida cotidiana, pero que, sin embargo, contiene algo excepcional. Cuando en la vida cotidiana se está ocupado con un trabajo que requiere toda la atención, uno no piensa en sí mismo. ¡Uno se pierde a sí mismo en su trabajo! Entonces puede ocurrir que, por un tiempo más o menos largo, todos los problemas y conflictos sean olvidados

 

¡Pues bien!, así debe entrar el alumno en el Templo, olvidándose totalmente de sí mismo. Así encontrará la prueba de que el olvido de sí no tiene nada de irreal o de extraño como algunos creen.

 

La diferencia entre esta actitud en la vida cotidiana y la preparación para una visita al Templo consiste solamente en la naturaleza del olvido de sí mismo. En efecto, hay diferentes aspectos y grados en el proceso del olvido de sí mismo. Es fácil olvidarse de sí mismo en cosas que retienen toda nuestra atención, en las cosas que amamos de corazón.

 

Para llegar al olvido de sí mismo, debe haber un motivo que lo englobe todo. Y nosotros podemos esperar de los alumnos de la Escuela de la Rosacruz de Oro (si al menos tienen amor por la Escuela y por el Camino Liberador) que la causa que conduce al olvido de sí mismo ‑la causa que engloba todo‑ esté para ellos en la Escuela.

 

Por esto estimamos natural que el que penetra en el Templo posea esta concentración, acompañada del olvido de sí mismo que le hace sumergirse enteramente en la tarea que hay que realizar.

 

Cuando el Templo es abierto antes del comienzo del Servicio y los alumnos penetran en él, se forma, en ese momento, un lugar de trabajo y una cadena de trabajadores, todos orientados hacia la misma tarea y ocupados en el mismo trabajo.

 

¿De qué trabajo se trata? ¡Conseguir la Santificación!

 

Cada Templo o Cantera consagrada de nuestra Escuela Espiritual tiene un Lugar de Servicio.

 

El Lugar de Servicio en el Templo es el lugar donde las fuerzas del Espíritu Séptuple Universal son derramadas, en conformidad con la orientación y las posibilidades de los trabajadores. Y a través del Lugar de Servicio, estas fuerzas son captadas por los trabajadores, siguiendo el método de la cadena. Esta cadena no debe tener interrupciones y sus eslabones deben ser orientados hacia el mismo objetivo y con la misma concentración.

 

 

De esta manera, todos los que están en el Templo son alimentados con el Pan de la Vida, con el fin de poder realizar, con este alimento, su tarea de alumnos en su vida cotidiana fuera del Templo.

 

Todo este proceso de interacción entre la Cadena de la Fraternidad Universal y los alumnos que participan verdaderamente en el Campo Magnético de la Escuela, es un proceso muy preciso y delicado.

 

Por esto, todos los alumnos son colocados ante una exigencia importante: Prepararse lo más minuciosamente posible para cada visita al Templo.

 

 

Capítulo 3

 

LA VOZ HUMANA

 

 

En el capítulo precedente se ha tratado en particular sobre la naturaleza del silencio. Un alumno bien orientado que forma parte de una Escuela Espiritual Gnóstica, amará el silencio, y permanecer callado será una de sus cualidades. Tal vez sea ahora deseable que le informemos desde otro punto de vista sobre estas cualidades útiles e indispensables, para esclarecer el “porqué “.

 

El hombre produce sonidos articulados por medio de la laringe, la cual posee en particular cuerdas vocales, con cuya vibración podemos producir conjuntos de sonidos y por consiguiente palabras.

 

Los matices vibratorios provienen de la variación de la tensión de las cuerdas vocales, así como de su posición respecto al aire soplado a través de la laringe. Esta es, junto con las cavidades de la boca y de la garganta, uno de los instrumentos de música más perfectos de que el hombre dispone. Se puede decir que la voz humana es el resultado de la colaboración de diversos órganos.

 

¿Sabe usted que nuestra voz y las palabras que pronunciamos dependen igualmente del conjunto de nuestra orientación, de nuestros pensamientos, de nuestra vida sentimental, de nuestras tensiones sanguíneas, de todo nuestro estado de ser?

 

¿Sabe que, además de dar a conocer nuestro estado de ser por nuestra voz, propagamos nuestro estado de ser total alrededor de nosotros por nuestra voz?

 

Esta exteriorización de nosotros mismos no sólo es debida a la radiación que emitimos, pues por nuestra voz activamos esta radiación en la naturaleza hasta el punto de hacer de ella un poder mágico.

 

Cuando alguien nos habla con una orientación personal y nosotros le escuchamos, todo su estado de ser es proyectado conscientemente en nuestro radio de acción y nosotros lo absorbemos.

 

Detrás de la voz del que nos habla no sólo hay ideas, sentimientos o actividades de la voluntad, sino también cuatro éteres en tres estados, o sea, doce aspectos. Y junto a la fuerza del aire que viene de los pulmones y que hace vibrar la voz, estos doce estados etéricos personales son proyectados en nuestro propio sistema, siendo la mayoría de las veces aceptados completamente por nosotros y, por consiguiente, activados.

 

Así, por nuestros diálogos tejemos numerosos lazos, enganchándonos irrevocablemente en esta red de la naturaleza como un insecto a una tela de araña.

 

Por eso, el alumno de una Escuela Espiritual de buena fe habla, en la medida de lo posible, de un modo impersonal. El verdadero alumno evita lo más posible la conversación banal. De vez en cuando se recuerda al alumno que es conveniente ante todo estar callado y tranquilo. De esta manera se protege a sí mismo y evita molestias a los demás.

 

Durante los contactos personales necesarios, la Escuela espera de sus alumnos que se comporten de manera que eviten todos los peligros para sí mismos y para los demás.

 

Un Templo no es simplemente un lugar de reunión. Un Templo de la Joven Gnosis es siempre un foco de intervención de la Fraternidad Universal, un “vacío en medio de la naturaleza de la muerte. Nuestros Focos, Templos y Centros de Conferencias fueron fundados y fortificados en el transcurso de numerosos años de trabajo y deben ser protegidos, conservados y respetados por todos. Por consiguiente, es necesario, ante todo, comprensión en relación con estas cosas. Durante la permanencia en el Templo de la Sede Internacional de Haarlem, donde frecuentemente están reunidos de novecientos a mil alumnos y a veces más, esta exigencia es muy importante, ya que si un gran número de alumnos arrastran los pies, carraspean, tosen o estornudan al mismo tiempo, el Campo del Templo sería deteriorado completamente.

 

Cuando un alumno se siente físicamente indispuesto debe abstenerse de ir al Templo, o al menos debe colocarse al final, para poderse alejar en caso necesario sin provocar trastorno.

 

La negatividad en el comportamiento dentro del Templo puede también expresarse por una tendencia a dormir. ¿Qué entendemos en general, por la noción de “negatividad “? Bajo este concepto entendemos el ser todavía incapaces de reaccionar al Campo del Templo y a la Esfera del Templo.

 

Si consideramos la Esfera del Templo como un polo positivo, para poder reaccionar a ella, usted debe formar el polo negativo. Cuando lo positivo y lo negativo se encuentran, se produce una chispa, una llama, y en consecuencia brota una luz; si es así, todo está bien.

 

Cuando esta chispa no se produce, el alumno se encuentra de hecho en un campo que le es totalmente extraño, en el cual no puede respirar, aunque a veces debe permanecer en él una hora entera. La consecuencia natural es entonces intranquilidad o tendencia a dormir, distraimiento o expulsión de la conciencia diurna. Ni la alocución más atrayente ni el Servicio más dinámico pueden cambiar nada, o como mucho sólo durante algunos momentos.

 

¿Por qué se produce esta negatividad tan penosa para las personas implicadas?

 

Para su tranquilidad hay que decir que, aparte de algunas excepciones, muchos alumnos principiantes reaccionan de manera totalmente negativa al Campo del Templo, pues teniendo en cuenta que la conciencia del corazón no se ha despertado todavía, ésta no puede reaccionar.

 

El Campo del Templo actúa únicamente sobre el corazón, sobre el aura del corazón, sobre el sistema magnético del corazón, cuyo foco es la “Rosa”.

 

Si esta conciencia del corazón no ha nacido todavía, la reacción es siempre negativa. Otra reacción es por el momento absolutamente imposible.

 

Lo que el alumno principiante sí posee es una Rosa del Corazón más o menos activa, o sea, un punto sensible. Usted puede comparar esto al estado de los orígenes de nuestra raza actual, antes de que nuestra conciencia mental despertase.

 

El hombre era entonces un ser consciente puramente biológico; en la cabeza sólo actuaba, como ahora, un poder sensorial quíntuple y una especie de sexto sentido, basado en una pineal más o menos sensible.

 

Esta glándula pineal era sensible a la Luz y en general a las impresiones vibratorias, las cuales podían despertar respuestas vagas y efímeras en la conciencia biológica. Esta pineal sensible creó también una cierta clase de inquietud, insatisfacción y ansiedad ante numerosos peligros.

 

Y lo mismo ocurre con los alumnos en general, en los que el átomo original del corazón se ha vuelto más o menos sensible.

 

¿Cómo prevenir la tendencia a la intranquilidad o al sueño en el Campo del Templo? Con esta pregunta tocamos el punto central de nuestro tema.

 

Nunca podremos aconsejar suficientemente a los alumnos que se preparen para todos los Servicios del Templo. Antes de un Servicio eviten, por ejemplo, cualquier exceso de actividad corporal; como alumno bien orientado vigile también más que nunca su alimentación, porque un régimen justo y sensato le evitará muchas dificultades.

 

Unas palabras todavía sobre la actividad de nuestros pensamientos. Cuando un pensamiento nace en nosotros y es examinado por nuestra comprensión, nace una luz, una radiación en el santuario de la cabeza. Esta luz es como el destello de una lámpara a través de una ventana. Un observador capaz podrá reconocer, por la naturaleza de la luz, qué clase de pensamientos ocupan al interesado. Además, es evidente que estas radiaciones de los pensamientos pueden actuar constructiva o destructivamente, auxiliadora o perjudicialmente, ser gnósticamente aceptables o degradantes.

 

Comprenderá ahora cuán necesario es tener la actividad mental bajo control cuando se dirige hacia el Templo, así como cuando entra y mientras permanece en él.

 

El espacio de un Templo lleno de pensamientos radiantes de amor y orientados hacia la ayuda, en total armonía con el Ritual y con todo el proceso del Templo, forma una poderosa radiación ígnea en nuestros países tan sombríos.

 

En la segunda Epístola de Pedro, capítulo primero, versículos 12 al 15, leemos:

 

“Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque lo sepáis y estéis fortalecidos en la Verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en esta tienda, el despertaros con amonestación, sabiendo que en breve debo abandonar esta tienda, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado.

 

También procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas.”

 

A través de los siglos se han tejido muchas leyendas alrededor de estas palabras de Pedro. También se piensa que hacen alusión al martirio que Pedro padeció en Roma.

 

Según esta explicación serían una especie de propaganda divina en favor del sufrimiento humano en general, y del martirio y las torturas en particular, ya que ¿no se lo había hecho saber el Señor a Pedro?

 

 

Para poder comprender la significación de estas palabras y profundizar en su significado transfigurístico, usted debe comprender en primer lugar que la palabra “tienda” designa una morada provisional, una especie de refugio de emergencia. Por eso, esta imagen puede ser empleada excelentemente para reflejar la meta de un transfigurista. Esta citación Bíblica puede ser comprendida así:

 

“Mi cuerpo dialéctico es una tienda en la que permanezco temporalmente, pero mi verdadera morada es en realidad completamente diferente. Y actualmente la Gnosis me hace saber que rápidamente podré cambiar mi morada temporal por la Única Verdadera.”

 

De ninguna manera se refiere a un martirio venidero, sino a un hecho gozoso, una santa penetración en la Vida Nueva estructural y microcósmicamente, es decir, la coronación del Ministerio Transfigurístico. El declive del cuerpo‑tienda sólo es un incidente. Por ello dice Pedro a continuación:

 

“Porque no os hemos dado a conocer la Enseñanza Universal siguiendo fábulas artificiosas; hacéis bien en estar atentos a ellas.”

 

Usted también, amigo o amiga de la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis, preste atención a esto, pues hasta ahora usted ha podido comprender quizás teóricamente éste o aquel misterio oculto, porque un misterio oculto puede ser comprendido por un desarrollo dialéctico progresivo, hasta llegar a cierta meta final. Una evolución semejante a la de un pequeño grano plantado que se vuelve planta, luego flor y después fruto. Pero el Misterio transfigurístico es más complicado. El no presenta un desarrollo basado en la personalidad ordinaria o en el yo superior, el ser aural, sino que implica el aniquilamiento del yo superior y del yo inferior según la naturaleza. Implica una transfiguración de todo el microcosmos, con el establecimiento de un nuevo firmamento y de una nueva personalidad, a partir del átomo original.

 

El que penetra en estos Misterios y es introducido en los procesos de aniquilamiento y ascensión, puede hablar entonces ‑en lo que concierne a la antigua naturaleza‑ de una morada temporal, de una tienda. Un alumno así orientado espera el momento que le será anunciado para dejar la morada temporal como la gloria maravillosa del coronamiento.

 

Cada servidor y cada servidora de la Gnosis se esforzará hasta el extremo para recordar, a todos los que quieran escucharlo, la poderosa y maravillosa Salvación del Renacimiento, que ahora puede ser realizada de nuevo.

 

 

 

 

Capítulo 4

 

 

EL OJO, TRANSFORMADOR DE LA FUERZA DE LUZ

 

 

Usted sabrá ahora que un Templo es un foco del Cuerpo Magnético de la Escuela Espiritual.

 

De la misma manera que el Cuerpo Magnético ‑el Campo de Fuerza de la Escuela‑ es, en un sentido más amplio, un foco de la Cadena de la Fraternidad Universal, de igual modo un Templo es, en sentido más restringido, un foco de intervención de la Fraternidad. Ambos focos están sometidos al crecimiento y a la expansión. No deduzca de esto que pudiera ser posible a algunas personas ambiciosas establecer una red de focos semejantes. Esto ha sido intentado en vano en el transcurso de los siglos, pero tal sistema sólo puede desarrollarse cuando forma parte de un cuerpo mucho más grande, del que toma Fuerza, poder y Vida.

 

Cuando un sistema de este género es emprendido en desunión con el Cuerpo más grande, al margen de la decisión y de la colaboración continuada del Verdadero Ser de la Fraternidad Universal, este esfuerzo, esencialmente sin vida, fracasará siempre. Por esta razón muchas actividades humanas, aunque alimentadas con dinero y esfuerzos, aunque dotadas de una numerosa colaboración y de una buena organización siempre están condenadas al fracaso.

 

La decisión primera, la actividad inicial para fundar un nuevo sistema‑célula en el marco de una Escuela Espiritual, debe emanar de la Cadena de la Fraternidad Universal, y en ningún caso de una iniciativa humana dialéctica particular.

 

Encontramos confirmada esta Ley en la estructura de la Relación Universal. Una célula que aporta la vida debe emanar siempre de una vida más grande y más amplia, de un cuerpo ya existente.

 

Por esto, los intentos habituales dialécticos presentan dos resultados: o un fracaso total, o una manifestación dialéctica completamente igual a sus creadores.

 

El que quiere volverse Hijo de Dios e intenta ayudar a los otros en su devenir Divino, no puede actuar movido por “la voluntad del hombre, la voluntad de la carne”. Sino que debe “haber nacido de Dios”, haber sido aceptado por la Gnosis.

 

En consecuencia, un Campo de Fuerza con su sistema de focos en el sentido de la Escuela Espiritual, no se explica por la naturaleza ordinaria; es el Templo “nacido de Dios”, “inflamado por el Espíritu Santo”, según el sentido del prólogo de Juan.

 

La Escuela de la Rosacruz de Oro vibra en la radiación Crística y por esta razón es un privilegio poder pertenecer a esta Escuela de la Joven Gnosis y visitar sus Templos.

 

Y los alumnos que lo comprenden, acoplarán su comportamiento a esto. No se comportan de manera estrictamente formalista, pues muchos son los que han sucumbido en el formalismo. El formalismo consiste en someterse a una serie de prescripciones, como por ejemplo: “Debo comportarme así; esto se puede hacer y esto no se puede”. Formalismo es fariseísmo. Un hombre formalista no obra por sí mismo, por convicción interior, sino según la ley.

 

En un círculo de personas que sólo se preocupan de la forma, no se puede ser uno mismo. Se puede apreciar fácilmente quién vive su aprendizaje de manera muy formalista. Tal alumno no se atreve a ser él mismo. Quien vive real e interiormente su estado de alumno nunca debe tener miedo de mostrar su verdadero yo tal como es en ese momento.

 

Para quien se centra en la forma, por ejemplo durante su permanencia en el Templo, su devoción comienza en un determinado momento y termina después del Servicio, pasando así de un extremo al otro.

 

Suponga que se le obliga a una devoción formal, entonces es inevitable que se produzca una reacción cuando en un momento dado se estima que ya no es necesario aplicar la ley.

 

En tanto que foco del Campo de Fuerza, un Templo no es un lugar rigurosamente delimitado, sino que el foco fluye en el Campo de Fuerza de una manera regulada. Por lo tanto, el alumno lo demostrará espontáneamente por su comportamiento.

 

¿De qué comportamiento, de qué actitud se trata? Normas formales harían nacer una cierta falsedad, o por lo menos un comportamiento forzado. Y un comportamiento forzado no puede mantenerse durante mucho tiempo. Por esto esperamos que el aprendizaje siempre sea vivido interiormente y que la conducta lo demuestre cada vez más.

 

Mientras avanzamos juntos en el crecimiento interior del alma, una manifestación exterior será la consecuencia evidente. Por esto rechazamos el formalismo y les invitamos a una preparación interior en vista de una tarea exterior.

 

La intervención de la Fraternidad comprende diversos estadios. El crecimiento del aprendizaje interior y el correspondiente comportamiento exterior deben marchar absolutamente a la par con el crecimiento escalonado de la manifestación del Campo de Fuerza y de los Focos.

 

Cuando un alumno de la Joven Gnosis está presente de manera seria en el Templo, entonces él es o se vuelve apto para ser tocado por las radiaciones que emanan de la Cadena de la Fraternidad Universal.

 

Entonces él ayuda también al derramamiento de una corriente de Fuerza en el Templo al servicio de todos los que están presentes y al servicio del Campo de Fuerza, cuya maravillosa tarea será comprendida ahora por usted.

 

Queremos explicar ahora brevemente cómo se produce este toque de la Fraternidad, cómo lo provocan los mismos que visitan el Templo y cómo podrán conseguir de este toque el máximo provecho para el Trabajo.

 

La actividad de la Gnosis en el Templo depende de dos factores. el primero está constituido por los que ocupan el Lugar del Servicio, y el segundo por los alumnos presentes en el Templo.

 

Entre estos dos factores debe desarrollarse un campo de fuerza. La calidad de este campo de fuerza es de gran importancia, pues nosotros, como alumnos, sostenemos este campo de fuerza, y su calidad es determinada, en particular, por nuestros órganos sensoriales.

 

Como usted sabrá, hay siete sentidos: cinco conocidos ampliamente y dos poco conocidos.

 

 

Hablar de la actividad de estos siete sentidos en este proceso nos llevaría demasiado lejos. Por esto atraemos su atención solamente sobre uno de ellos: el ojo, el órgano de la vista.

 

Usted sabe que el ojo irradia y capta rayos luminosos, activando así las otras funciones sensoriales. Nuestro ojo está siempre dirigido hacia un cierto punto, sea interior o exterior. El suscita el pensamiento, la voluntad, el sentimiento, o al menos actúa conjuntamente con ellos. Se dice del ojo que es el espejo del alma. El ojo está en contacto con el corazón y con la cabeza por medio de la hipófisis.

 

El ojo indica, por consiguiente, la naturaleza de la conciencia manifestada por el pensamiento, por la voluntad y por la actividad del corazón. Absolutamente todo puede ser leído en el ojo. El ojo habla un lenguaje.

 

Así, después de algunas consideraciones y reflexiones, podemos constatar que aparte de sus funciones ordinarias y conocidas, el ojo no sólo emite luz, sino también fuerza: una fuerza que puede realizar muchas cosas, ¡una gran fuerza mágica!

 

Profundizando en esto, constataremos que las fuerzas mágicas en relación con el ojo pertenecen a las más formidables de nuestro sistema vital.

 

Cuando están reunidos en el Templo, existen generalmente diversas posibilidades de radiación de los ojos.

 

Imagine que usted estuviese orientado de una manera puramente intelectual; o totalmente mística, encerrado en sus sentimientos; o de una manera oculta negativa; o indiferente; completamente ocupado con usted mismo o con otros, animado con pensamientos de rencor o de crítica; o, en cierta medida, con una atención ficticia, es decir, teatral, premeditada, o animado por intenciones particulares; entonces no hay duda de que la radiación, la fuerza de luz del ojo manifestará todas estas realidades.

 

De ello resultará una gran disonancia y no podrá hablarse de un campo de fuerza orientado hacia un mismo objetivo. En tal campo disonante, la Fuerza de Radiación de la Fraternidad no podrá manifestarse.

 

Cuando el oficiante llega al Lugar del Servicio, en general, apenas existe un Campo de Fuerza de Luz de orientación uniforme. Por esto el oficiante no sólo tiene que prestar atención a su ritual, a su alocución, o a su conferencia, sino que debe
saber que también está al servicio de la Escuela espiritual y de la intervención de la Fraternidad Universal. El debe tener conciencia de que debe dar a la Fraternidad Gnóstica la posibilidad de emitir su Fuerza. Por esto, el que dirige el Servicio tiene una gran responsabilidad que debe comprender bien.

 

Antes de comenzar el Servicio, examinará si existen los factores necesarios para tener éxito. Preparará con gran cuidado el espacio en el que debe trabajar (nos referimos a los oficiantes que realizan su trabajo al Servicio de la Comunidad Eclesiástica denominada “Lectorium Rosicrucianum”), ya que el grupo de alumnos no viene con la sola intención de verles y escucharles. Tampoco el oficiante está allí en consideración de los asistentes, sino al Servicio de la Escuela Espiritual y de la Gnosis, y, a este respecto, para realizar un servicio a los hombres. Por eso, la relación entre el trabajador en el podium y el grupo de alumnos presentes en el Templo es siempre de naturaleza muy especial.

 

 

Cuando el oficiante se instala en el podium debe ocuparse en primer lugar de que el campo de fuerza de luz inarmonioso sea enquistado, sea circunscrito.

 

Para hacerlo, invoca a la Fuerza de Gracia de la Cadena de la Fraternidad Universal, y en la medida en que puede liberar esta Fuerza en sí mismo, él la expande como un manto por encima de su auditorio.

 

¡Eso lo realiza con la mirada, con la Fuerza de Luz de sus ojos! No por un procedimiento mágico forzado, empujado por la voluntad; no mirando personalmente al auditorio, sino dirigiendo la mirada por encima de él; debe ser una radiación impersonal de los ojos por el toque lleno de gracia de la Fraternidad Universal.

 

Cuando este manto de Luz es desplegado, el oficiante debe cuidar de que no sea desgarrado, de que no se produzca ninguna perturbación en el Campo de Fuerza así realizado.

 

La Fuente de Luz Gnóstica puede irradiar entonces sus dones de gracia. Dones que deben ser puestos al servicio de los alumnos presentes en el Templo o en el Taller Consagrado.

 

La protección de este Manto de Luz debe obtenerse también por la mirada, por la radiación de los ojos, ya que el ojo es el transformador de la Fuerza de Luz.

 

Usted comprenderá que el oficiante nota inmediatamente dónde aparece un intento de perturbación en el Templo. Si él no lo viera, lo percibiría de manera sensorial o corporal.

 

Cuando el oficiante nota esa perturbación y sabe también quien la provoca, nunca se producirá un encuentro personal, sino que continuará con fuerza redoblada para mantener el todo.

 

Cuando este trabajo se ha realizado, “el Señor está en el medio”, “la Llama arde” y el oficiante pasa a la actividad siguiente: el Ritual, la alocución o la prosecución de la conferencia, con cuya ayuda él intenta transferir la Gracia del Campo de Luz a cada oyente. ¡Así nace la armonía y así se produce la efusión del Espíritu!

 

 

 

 

 

Capítulo 5

 

 

SER VERDADERAMENTE UN SER HUMANO

 

 

El cuerpo físico del hombre es vivificado y mantenido en cada átomo por un doble etérico o cuerpo vital. Por lo tanto, el organismo físico vive gracias al cuerpo etérico.

 

Se habla de un “doble”, porque el cuerpo etérico penetra y rodea todo el cuerpo físico, duplicando así al material. Son dos cuerpos que juntos forman uno.

 

También se sabe que estos dos vehículos del hombre están penetrados y rodeados por otro cuerpo, más sutil y más grande que los dos cuerpos citados, denominado cuerpo astral.

 

Por consiguiente, hay tres cuerpos que colaboran mutuamente en unidad y posibilitan la creación viviente: el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico.

 

Estos tres cuerpos se distinguen claramente. Los tres están organizados, tiene un sistema, una forma exterior que presenta una semejanza con el tipo del cuerpo material nacido de la naturaleza.

 

Cuando el hombre duerme, la personalidad compuesta de tres vehículos está dividida y el cuerpo astral está casi siempre muy activo de manera autónoma; entonces podemos reconocer claramente en el ser astral la imagen del que duerme.

 

No se debe suponer que esto define a la totalidad del hombre en manifestación. El que creyera esto, cometería un gran error, ya que el hombre dispone además de un poder del pensamiento, de un cuerpo del pensamiento. En realidad, es inexacto hablar en la actualidad de un “cuerpo mental”, ya que este cuerpo está todavía lejos de haberse desarrollado. En el inmenso período de tiempo del desarrollo humano, puede ser considerado como la adquisición más reciente de la humanidad. Todavía no puede ser considerado como el cuarto cuerpo que debe penetrar y rodear a los otros tres.

 

Es como mucho una actividad llameante y resplandeciente que se puede reconocer a la altura del santuario de la cabeza. Por consiguiente, no se puede decir que el hombre ya dispone plenamente de un poder del pensamiento. Lo que ahora posee no se asemeja en nada al poder del pensamiento desarrollado. E incluso cuando exista este poder del pensamiento, el ser humano no podrá ser denominado aún “Hombre” si no dispone de una triple manifestación espiritual en concordancia con los tres rayos primarios del Espíritu Séptuple, designados en la Escuela Espiritual como el Triángulo Equilátero.

 

Así podemos considerar al hombre verdadero y perfecto como una Manifestación Séptuple: cuatro vehículos y tres manifestaciones del Espíritu, formando un triángulo de manifestación espiritual y un cuadrado de construcción. Si usted se imagina así al hombre verdadero, entonces sabrá con certeza que el hombre, tal como lo conocemos, todavía no puede ser llamado “nacido” en el sentido divino absoluto. Estamos todavía en un estado de desarrollo; somos todavía, tal como dijo Pablo, “los no nacidos”. A la luz de esto, usted podrá examinar sus problemas y dificultades.

 

La vida que vivimos ahora no es una Vida Humana verdadera, porque todavía no poseemos las capacidades para llegar a ella, aunque sí las posibilidades. Nuestra expresión vehicular más elevada es el cuerpo astral, como en los animales; por eso Hermes Trismegistos nos agrupa con ellos.

 

El hombre que negativamente dispuesto lea y reflexione sobre todo esto, tal vez adopte el punto de vista siguiente: “¿Por qué preocuparnos e inquietarnos entonces? Nosotros somos «no‑nacidos», todavía en estado de desarrollo. Esperemos tranquilamente el momento de nuestro nacimiento, ya que entonces seremos verdaderamente hombres.”

 

Muchos hablan así, y rinden admiración a la doctrina de la evolución. “Primero estuvimos en el estado mineral, después en el vegetal, después en el animal y ahora estamos en vías de convertirnos en hombres. En el radio de acción de la era de Acuario, en la cual hemos entrado actualmente, podremos subir de nuevo un importante escalón de la escalera evolutiva.”

 

Está bien saber que la Escuela Espiritual rechaza categóricamente esta concepción, puesto que no se trata de una evolución que se realiza automáticamente y sin trabas.

 

Hubo una vez, en relación con nosotros, una evolución que se realizó bajo la Dirección Divina. Pero este período, esa fase, está ya muy distante de nosotros.

 

Tan pronto como los tres vehículos ‑el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral‑ se engranaron el uno en el otro en una bella y maravillosa unidad, y muy lentamente la “llama del pensamiento” fue encendida, una tarea fue asignada al hombre en desarrollo.

 

Esta tarea debe ser realizada por el hombre con una actividad plenamente autónoma.

 

Esta tarea puede ser llevada a cabo porque la colaboración de los tres vehículos pone al hombre en desarrollo en posesión de un alma, y porque la llama del pensamiento, apenas alumbrada en su joven pureza, da al hombre en desarrollo una comprensión suficiente de la Razón Divina, que le permite comer del Fruto del Árbol de la Vida que se encuentra en medio del Paraíso de Dios.

 

Usted debe saber que una gran parte de la ola de vida humana ha abusado de la Pureza Original, de la preparación para la auto actividad, y que se apartó de la Raza Original.

 

Nosotros debemos saber esto, y podemos saberlo, porque todos nosotros pertenecemos a las entidades que, como consecuencia de esta falta, forman en el presente el grupo humano todavía no nacido que yerra en la noche y la muerte, el sufrimiento y la pena, en medio de tantas aspiraciones. La muerte es nuestra compañera y la ilusión nuestro estado de vida. Hemos perdido nuestra Pureza Original. Un vestido abandonado es difícil de limpiar al principio, pero si tardamos mucho tiempo en intentarlo, será imposible limpiarlo. El vestido se deteriorará y no podrá volver a ser utilizado.

 

Y así, lo que sucedió antaño de manera dramática con una parte de la humanidad sólo sería un vago recuerdo de algo que ocurrió en el pasado original.

 

Pero, ¡gracias a Dios!, nuestros microcosmos pueden recibir, por revivificación, una nueva posibilidad de penetrar en un auténtico nacimiento como Hombre verdadero.

 

 

Si usted lo comprende interiormente, no querrá esperar un día más para aprovechar el tiempo mientras sea posible.

 

 

 

 

 

Capítulo 6

 

LOS SIETE FOCOS

 

 

La parte de la humanidad que constituye la Fraternidad que prepara el Camino está dividida en siete grupos.

 

Por consiguiente, partimos de la idea de que el Séptuple Logos Terrestre emite siete grupos de siete rayos. Estos cuarenta y nueve Rayos o Fuerzas forman juntos el Espíritu Santo, el Espíritu Santo Séptuple, o las Siete Jerarquías.

 

Es evidente que todo alumno que desea recorrer plenamente el Camino deberá aprender a reaccionar a estos cuarenta y nueve rayos. Pero usted comprenderá que no es posible colocar al alumno principiante bajo el poder completo de esta gran Fuerza de Luz. Por esto, la primera reacción del alumno será esforzarse por responder a uno de estos cuarenta y nueve rayos.

 

Pero no quiere decirse con ello que todos los hombres que emprenden esta tarea deben comenzar por reaccionar al mismo rayo de la Luz de cuarenta y nueve aspectos. Las reacciones son muy diferentes dado que hay siete veces siete, o sea, cuarenta y nueve posibilidades. Esta diferencia se puede atribuir a la sintonización fundamental del átomo‑chispa de Espíritu de cada uno.

 

La Enseñanza Universal dice que la Rosa del Corazón tiene cuarenta y nueve aspectos, y que por ello la sintonización de nuestro santuario del corazón con la radiación del núcleo de la mónada es diferente para cada uno.

 

Esta sintonización del corazón está relacionada, en primer lugar, con uno de los siete grupos de siete Fuerzas de Luz. Cuando este grupo particular de fuerzas llega a tocar a un ser, este contacto empieza solamente por uno de los siete rayos de este grupo.

 

Como la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis está poblada de alumnos verdaderamente serios, se puede decir que esta Escuela conoce cuarenta y nueve tipos humanos diferentes, por lo tanto, también cuarenta y nueve reacciones diferentes.

 

Tal vez ahora no se sorprenderá cuando vea que alguien reacciona a un toque de la Escuela de un modo completamente diferente al suyo. Ambos orientados hacia el mismo objetivo, y, sin embargo, con una percepción de las cosas muy diferente.

 

Puede ser que ahora comprenda claramente la función de los siete Focos, pues, por medio de ellos son diferenciados los cuarenta y nueve Rayos en el campo de vida dialéctico, para corresponder con los cuarenta y nueve aspectos del núcleo de la mónada.

 

Existen Siete Escuelas porque hay un Logos Terrestre Séptuple, un sistema de siete esferas que giran concéntricamente. Cada esfera emite siete Rayos. Por lo tanto, cada una de estas esferas deberá tener un foco en la séptima esfera, el campo de nuestra manifestación natural. Teniendo en cuenta que la Escuela de la Rosacruz de Oro es la Séptima Escuela de la Cadena Gnóstica Universal, existiendo ya las otras seis, y que nuestra Joven Escuela Gnóstica ha nacido de la sangre y de las lágrimas, se puede decir con certeza que el Gran Trabajo ha comenzado.

 

Desde hace algunos años, las cuarenta y nueve Fuerzas irradian sus influencias sobre el mundo y la humanidad.

 

Así se puede estar seguro de que cada alumno recibirá la radiación alimenticia que su interior necesita, siempre y cuando se trate de un aprendizaje serio. En el caso contrario entra en vigor la ley de la Sala Nupcial que usted quizá conoce.

 

Es muy raro encontrarse con alguien cuyo átomo‑chispa de Espíritu tenga exactamente la misma sintonización fundamental que el nuestro. El verdadero aprendizaje comienza siempre en la soledad, pero a medida que el hermano o la hermana progresa en el Camino de la Liberación se manifiesta un desarrollo que finalmente deberá conducir a una entera unidad con cada uno de los hermanos o hermanas.

 

Cuando las cuarenta y nueve posibilidades contenidas en la radiación del núcleo llegan a desplegarse en el corazón, entramos a formar parte de la Fraternidad Divina del Reino Inmutable.

 

Citemos ahora algunos ejemplos.

 

Queremos atraer su atención sobre los colores. En el espectro de los cuarenta y nueve Rayos Universales hay:

 

Siete colores rojos, siete colores naranjas, siete colores amarillos siete colores verdes, siete colores azules, siete colores índigos, y siete colores violetas.

 

Estos cuarenta y nueve rayos forman juntos la Única Luz Verdadera que es proyectada sobre la humanidad.

 

Usted no puede decir que la mitad de esta Luz le es suficiente. Las Siete Escuelas de la Cadena Universal Gnóstica forman un solo Sistema para el desarrollo completo del alumno.

 

Admitamos que usted es un alumno serio de la Joven Gnosis ‑por consiguiente, provisto de una Rosa del Corazón activa‑, entonces puede descubrirse usted mismo con la ayuda de la llave siguiente:

 

‑ los siete colores del rojo se relacionan en particular con la sangre; ‑ los siete colores del naranja, con el fluido nervioso; ‑ los siete colores del amarillo, con la conciencia; ‑ los siete colores del verde, con las actividades de la fe y de la esperanza; ‑ los siete colores del azul, con los sentidos; ‑ los siete colores del índigo, con la energía dinámica, y ‑ los siete colores del violeta, con el Campo de Radiación de la Redención, el Cuerpo Viviente de la Joven Gnosis.

 

El Lectorium Rosicrucianum constituye actualmente la Séptima Escuela. Por esto, en el aspecto de la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis, el color violeta es el rayo Conductor, la Fuerza Propulsora.

 

Así son emitidos cuarenta y nueve rayos por los Siete Focos, y el Trabajo de Santificación relativo a todo hombre debe comenzar por uno de los cuarenta y nueve aspectos de la radiación fundamental y del corazón, descrito por esta razón simbólicamente como una joya pulimentada.

 

 

Si combinamos de manera justa los siete veces siete colores, los cuarenta y nueve rayos, obtenemos el color blanco.

 

Entonces llevamos finalmente los vestidos puros, limpios, de un blanco inmaculado, tejidos con hilos ígneos de las cuarenta y nueve luces.

 

Estos vestidos se desarrollan, tal como lo dice la Biblia: “de la sangre del Cordero”. La sangre del Cordero hace alusión a la Plenitud de Radiación de los Siete Focos de la Cadena Universal que actúan colectivamente.

 

Es el Agua Viva, el Agua Viva de la Gnosis Universal, transmutada en un poder soportable por nosotros.

 

Este es el sacrificio de la Fraternidad Universal, que puede desarrollarse con toda su fuerza.

 

El sistema ha llegado a ser perfecto, y con plena realidad el Cordero de Dios puede ser, y será, preparado ahora para usted.

 

 

 

 

 

Capítulo 7

 

 

LA FUERZA DE LUZ DE LA NATURALEZA ORIGINAL PURA

 

 

De las Sagradas Escrituras se desprende muy claramente que la Tierra es el campo embrionario, el campo de desarrollo del género humano divino. Un simple examen nos hará descubrir fácilmente que el Evangelio es evidentemente hermético.

 

También puede verse innegablemente que ha de considerarse como excluida la posibilidad de que la perfección pueda ser alcanzada sobre la Tierra. Lean el Sermón de la Montaña y consideren los primeros versículos.

 

Esas palabras fueron pronunciadas una vez, hace mucho tiempo, ante un grupo sacerdotal, en el que la Razón Superior del Poder del Pensamiento Divino comenzaba a despertar. Un grupo ocupado en penetrar en el Mundo Divino y que fue llamado para la realización de una tarea sacerdotal en favor de todos los que luchan y trabajan en la tierra.

 

A ese grupo se le dijo: “Vosotros sois la Luz del mundo y la sal de la tierra”, lo que quiere decir que ha recibido la Luz, una nueva fuerza astral pura. Esta Luz deberá ser empleada en la Tierra por el hombre sacerdotal como fuerza depuradora y purificadora, para ayudar a los hombres que buscan.

 

El objetivo del trabajo de todos estos Enviados de la Cadena Universal es mostrado claramente y situado en su justa luz.

 

El Mundo Divino, al que el hombre verdadero es llamado, es frecuentemente denominado “el Reino” o “el Reino del Padre”.

 

Jesús el Señor vino para traer a la Tierra “el Evangelio del Reino”, y en ningún caso para establecer dicho Reino sobre la Tierra. Por esto, Jesús dijo (véase Mateo 10:34): “No penséis que ha venido para traer la paz sobre la Tierra. No he venido para traer la paz, sino la espada.” ¿Por qué la espada? Porque la vocación del hombre embrionario consiste en elevarse por encima del campo de creación terrestre en tanto que Hijo de Dios. Mas ¿No ocurre ahora, que una gran parte de la ola de vida humana, llamada durante esta era a elevarse hacia el estado de Hijo de Dios, yace, por autodestrucción, prisionera de las redes del campo astral, presa de la falsa luz de Authades y de todos los demás arcontes de los eones? El Hijo de Dios, el alumno de la Gnosis que ya participa en cierta medida en la Salvación liberadora, no puede realizar su verdadero nacimiento libremente. Por esta razón viene en su ayuda la espada del Santo Grial.

 

Es la espada de la bondad suprema, de la verdadera y absoluta justicia, de la pureza serena que se lanza a socorrer al prisionero. Es la espada que ha demostrado ser invencible a través de todos los tiempos, siempre que el prisionero invoque incondicionalmente esta Espada Luminosa y se someta a Ella por la ofrenda completa de sí mismo. En definitiva, esta Espada es la Fuerza de Luz de la Naturaleza Original Pura.

 

 

No obstante, el prisionero debe aprender a invocar esta Luz, ya que el hombre ordinario cree que invocar no es más que repetir una fórmula aprendida o las oraciones dichas por un pastor espiritual. Pero nosotros debemos comprender el tan conocido: “ora et labora”, ora y trabaja. Orar es trabajar; trabajar incansablemente en sí mismo en la Fuerza de la Luz.

 

Por esto la Pistis Sophia debe trabajar orando tres veces, tal como se expresa en sus trece cantos de arrepentimiento.

 

El hombre que aspira al nacimiento verdadero deberá volverse una Petra, una Roca. Es de lo que habla y testimonia Mateo en el capítulo 16.

 

El que entra en el estado del verdadero renacimiento es definido como un ser “pétreo”, es decir, un inquebrantable. Con tales hombres, la Luz Universal penetra en una comunidad indestructible, una comunidad ante la que no podrán prevalecer las puertas del reino de los muertos. Tales hombres recibirán entonces las llaves del Reino de los Cielos.

 

No hay un solo Portador de llaves, el Pedro histórico, pues todos los alumnos de la Escuela Espiritual deben convertirse en portadores y portadoras de llaves.

 

Solamente entonces serán revestidos de una gran fuerza, la cual puede ser comprendida y probada.

 

A estos fuertes se les dice: “Yo os daré las llaves del Reino de los Cielos, y lo que ataréis en la Tierra, será atado en los Cielos, y todo lo que desataréis en la Tierra, será desatado en los Cielos”.

 

¡Cada hijo de Dios recibe las llaves del Reino! Cada hijo de Dios tendrá la certeza de que todas las acciones y desarrollos de naturaleza astral desatados en la Tierra, y que destruye completamente como tales, también desaparecerán completamente en el Mundo Divino.

 

Cada hijo de Dios puede tener la certeza de que si consigue encender en él la Gloria del Espíritu Séptuple, asegurando así su renacimiento, estas Fuerzas Santas serán los aspectos de su ser en el Reino.

 

Un tesoro enorme de material bíblico nos permite constatar y confirmar la Enseñanza Hermética. Así, en el capítulo 7 del Apocalipsis leemos: “Una gran multitud, que nadie puede contar, una multitud de liberados, reunidos de todas las naciones de la Tierra”.

 

Y a la pregunta: ¿Quienes son éstos?, suena la respuesta: “Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios y le sirven día y noche en su Templo”.

 

Usted comprende estas palabras. Ellas son como un bálsamo para su alma. También usted lleva la señal del Hijo del Hombre en el estigma de su aprendizaje.

 

También a usted le es ofrecido pertenecer a la multitud de Liberados

 

¡Que por su auto‑actividad esto pueda convertirse pronto en realidad!

 

 

 

 

 

Capítulo 8

 

 

LA CORRIENTE CIRCULAR DE LA CONTRANATURALEZA

 

 

El alumno de la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis ha escuchado muchas veces que el campo de la existencia ‑con sus dos esferas‑ en el cual se realiza la rotación de nuestra rueda de vida, no es más que una parte mínima de la esfera que pertenece al sistema séptuple del Septenario Cósmico.

 

No podemos liberarnos de nuestro minúsculo campo de existencia porque somos prisioneros de un campo electromagnético. La fuerza gravitatoria de este campo nos tiene prisioneros en esta naturaleza. Sabemos que estos efectos electromagnéticos particulares radican en nosotros mismos, lo que hace que nuestra naturaleza, y por consiguiente nuestra vida, sea tal como es.

 

Desde el alba de nuestra caída, nuestro estado de ser fundamental ha producido una disonancia en el estrato terrestre de las fuerzas naturales, y esa inarmonía acelera intensamente el movimiento de nuestra rueda de vida.

 

Si tomamos con las manos un hilo de cobre fuertemente electrizado, no podremos despegarnos de él. De este mismo modo podemos considerar nuestra marcha de vida antinatural.

 

Nosotros hemos forzado las tensiones electromagnéticas de las fuerzas de la naturaleza y ya no podemos liberarnos de ellas. Una liberación verdadera sólo es posible cuando la corriente circular es cortada en nuestro propio ser.

 

La corriente circular de la contranaturaleza, en la cual todos los hombres están aprisionados desde hace tantos eones, ha ocasionado además un cambio estructural total de nuestra personalidad y de muchos otros aspectos de nuestros microcosmos.

 

El sistema de los centros de fuerza del ser aural, por ejemplo, ha sido modificado profundamente.

 

De esta forma, muchísimas personas se han adaptado totalmente a la corriente circular de la contranaturaleza, pues, al no conocer nada mejor, encuentran en ella su placer, su objetivo y la satisfacción de sus más íntimos deseos, de modo que precisamente de esta manera la mantienen intacta.

 

Tal vez usted se pregunte cuáles son esas fuerzas superiormente dotadas que dirigen esta contranaturaleza en tanto que jerarquía suprema. Por un lado hay una jerarquía que surge de la vida humana, pero esa jerarquía puede ser considerada, como mucho, como una subordinada de la jerarquía suprema que no proviene de la vida humana, pero que está estrechamente vinculada a ella. Intentemos desvelar este misterio.

 

Cuando se produjo la caída, fue engendrada una reacción disonante en el estrato terrestre de las fuerzas naturales. Esta reacción no debe ser considerada simplemente como una reacción ciega o mecánica, pues estaba vivificada. Del estrato terrestre de las fuerzas naturales, de la contranaturaleza, se desarrollaron poderosas entidades.

 

Estas fuerzas, estos eones de la dialéctica, viven y existen por la impureza humana. Estas son las fuerzas que ahora gobiernan a la humanidad en tanto que jerarquía suprema. ¡Gobiernan para autoconservarse! Puesto que nuestra existencia es su existencia, nuestra liberación significaría su caída, su desaparición. Pero hay que ver con claridad que una revolución cósmica no significa el fin de estas fuerzas. Como mucho son inactivadas, ¡“la bestia” es atada!

 

Por consiguiente, mientras haya hombres que por su comportamiento mantengan intacta la corriente circular de la contranaturaleza, los eones vivirán, la ley de gravitación de la contranaturaleza persistirá y la rueda de la vida y de la muerte continuará girando. Pero si el átomo‑chispa de Espíritu es inflamado por el Espíritu Divino Original, y así es encendido en nosotros otro Fuego, entonces seremos elevados a otra corriente circular y atraídos por otra fuerza magnética de gravitación.

 

Es evidente que al principio habrá una escisión, ya que nuestro microcosmos está entera, fundamental y estructuralmente adaptado a la corriente circular de la contranaturaleza, y no podrá ser admitido automáticamente en el nuevo Campo de Vida de manera fundamental y estructural. Para esto hace falta la Transfiguración.

 

Por esto el alumno principiante de la Escuela Espiritual vive de hecho en dos campos de existencia. En uno muere lentamente, y en el otro crece lentamente. El proceso concerniente a la muerte según la naturaleza es denominado “morir en Jesús el Señor”; el que concierne al crecimiento en la nueva Esfera de Vida es denominado “renacer por el Espíritu Santo”.

 

Ciertamente aparecerá con claridad que en este maravilloso proceso de redención llegará un momento en que, ni durante el sueño ni por la muerte natural, ya no seremos retenidos por mucho tiempo en las esferas del otro lado del velo, sino que nos elevaremos por encima de ellas. Uno de estos campos vibratorios disminuye, el otro campo vibratorio crece, y en este proceso se desarrolla un “vacío”, una “nada”.

 

En uno de los capítulos siguientes indicaremos cómo atraviesa el alumno este vacío.

 

 

 

 

 

Capítulo 9

 

 

EL CAMPO ENVOLVENTE DE LA NUEVA TIERRA

 

 

A medida que profundice en la Literatura de la Joven Gnosis, usted obtendrá una comprensión muy diferente; en un momento dado poseerá una noción completamente nueva en relación con el concepto “cielo”, del cual se nos habla en las Sagradas Escrituras.

 

La humanidad está de tal modo familiarizada con la idea de “cielo” y lo asocia tan automáticamente a la esfera reflectora de nuestro plano de vida, que se hace difícil y extraño el llegar a una comprensión diferente y más amplia.

 

Un cielo es un campo envolvente trazado alrededor de cierta creación. Cuando existe un cielo, también existe una tierra que vive y existe por su cielo o sus cielos.

 

Puesto que en el universo ordinario todos los cuerpos celestes son diferentes entre sí, también todas las constelaciones difieren entre sí.

 

Si estudiamos la constelación celeste del Nuevo Campo de Vida ‑con la cual los alumnos están estrechamente relacionados‑ descubriremos que no se puede hablar o escribir simplemente de un “cielo”, sino más bien de “cielos”.

 

Si reflexionamos sobre los tres misterios descritos en la literatura de la Escuela Espiritual, comprenderemos que estos tres misterios corresponden con tres cielos, con tres estados del Campo que envuelve nuestra Nueva Tierra. Se distinguen en total siete aspectos, que corresponden con el Espíritu Santo Séptuple de la Gnosis Universal.

 

En las Sagradas Escrituras, estos siete campos de radiación son denominados frecuentemente los “siete ángeles” y están en conexión con siete misterios o estados de desarrollo.

 

Todo alumno serio que entra en la Escuela Espiritual y está orientado hacia el objetivo de la Escuela, cumpliendo con las exigencias requeridas, es admitido en el Cuerpo Viviente de la Escuela y, en consecuencia, entra directamente en el Primer Misterio.

 

Usted debe intentar comprender que tal alumno es incorporado o elevado al primero de los cielos del Nuevo Campo de Vida. Eso significa que se vuelve sensible a un campo de radiación de naturaleza gnóstica que se adapta enteramente a su estado de ser. De esta manera, tal alumno ya no será tocado por un campo gnóstico de la naturaleza general, dirigido hacia los buscadores para llamarles, sino que será admitido en un campo de radiación, cuya estructura le permitirá ser unido al nuevo Cuerpo.

 

Los antiguos Rosacruces llamaban a esto “ser inflamado por el Espíritu de Dios”. Este es el verdadero despertar de la Rosa.

 

 

El que acepta esta unión realmente y está preparado para asumir las consecuencias implícitas a esta unión, será incorporado inmediatamente al segundo cielo, es decir, a un campo de radiación más fuerte que le conducirá al camino de cruz, con el fin de que se haga posible el nacimiento de la luz, la auténtica resurrección.

 

Por lo tanto, comprendemos que por esta entrada en el segundo de estos cielos el alumno se convierte en un verdadero Rosacruz. El une la Rosa a la Cruz. El sigue el Camino del Hijo y se vuelve un verdadero Cristiano. El muere en Jesús el Señor; él muere con Jesús el Señor; para resucitar verdaderamente.

 

Sólo de esta manera se abre el tercer cielo; es la ascensión al Tercer Misterio. Es la fuerza celeste que hace que despertemos y vivamos realmente en el Nuevo Campo de Vida. Esta fuerza celeste posibilita la verdadera percepción del alma, así como su total estado de lucidez.

 

Pablo habla con una gran modestia de esta grandiosa y sublime experiencia en la Segunda Epístola de los Corintios, capítulo 12, versículos 1 al 4:

 

“Ciertamente no me conviene glorificarme, pero os hablaré de las visiones y revelaciones del Señor.

 

Sé de un hombre en Cristo que hace catorce años ‑si en el cuerpo no lo sé, si fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe‑ fue arrebatado hasta el tercer cielo.

 

Y sé que este hombre ‑si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe‑ fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar”.

 

Ahora podrá comprender perfectamente estas palabras y analizarlas hasta en sus mínimos detalles.

 

Así aparece de nuevo que toda la Enseñanza Universal confirma y demuestra lo que nosotros debemos darle a conocer.

 

 

 

 

 

Capítulo 10

 

 

Y OCURRIRA QUE TODO EL QUE INVOQUE

 

EL NOMBRE DEL SEÑOR SERA BIENAVENTURADO

 

 

Si profundizamos por un instante en esta sentencia divina, sabremos que la invocación del Nombre del Señor es un proceso mágico que no puede ser comparado con la manera común de rezar del hombre religioso según la naturaleza.

 

Por esta sentencia extraída de Joel, descubrimos la magnitud de nuestra degeneración dialéctica y hasta qué punto hemos deshonrado el Sagrado Nombre de Dios.

 

En el mundo entero son invocados los Nombres Sagrados sin que se tenga realmente la más mínima intención de despedirse interiormente de la esencia de la vida dialéctica.

 

“Y ocurrirá que todo el que invoque el Nombre del Señor será bienaventurado”.

 

Los hombres hablan mucho de Dios y se disputan con vehemencia a causa de Su Ser y de Sus Obras. Exponen sabias argumentaciones y están en completo desacuerdo entre sí. Pero de hecho es sacrílego utilizar el Nombre de Dios mientras continuamos viviendo en la impureza.

 

Siempre debemos tener presente que “la Vida Divina está allí donde la vida dialéctica no está”, para expresarlo con los términos de Jacob Boehme. Sin embargo, el Reino Divino penetra e inflama todo.

 

En su concepción dialéctica, muchos piensan que el Reino de Dios está lejos, cuando en verdad está más cerca de nosotros que nuestra sangre y nuestra respiración. ¡Dios está en la Rosa del Corazón, Dios está en nosotros mismos! ¡Su Reino está en nosotros!

 

La pronunciación de un nombre es una actividad mágica. Así, por la expresión irreflexiva del Nombre de Dios y conversando sobre sus intenciones, se evocan numerosas reacciones profanas. ¡De esta manera mancillamos la Esencia de Dios!

 

Todo lo contrario ocurre con el hombre que es consciente de su decadencia y percibe la triste marcha circular dirigida por el espíritu de este mundo; con el hombre que lucha en la vida por romper las barreras de su prisión y, lleno de fe y de confianza, invoca el Sagrado Nombre de Dios y el de sus servidores.

 

Esta forma mágica de expresarse emana de una emoción lúcida, es decir, de una vibración del corazón. Entonces, en respuesta, a través de toda la resistencia, un Rayo del Espíritu Santo penetra en el alumno, llamándole a la Vida.

 

“Y ocurrirá que todo el que invoque el Nombre del Señor será bienaventurado”.

 

Entonces el Sol irradiará y la Rosa exhalará su perfume.

 

 

Los antiguos iniciados hablaban del Nombre Inexpresable de Dios, el cual se componía exclusivamente de consonantes. Los antiguos misterios relatan que pronunciar este Nombre sólo era posible para aquellos que habían aprendido a pronunciarlo.

 

Si partiendo de sus condiciones dialécticas se pone a buscar la exacta imagen sonora mantrámica del Nombre Inexpresable de Dios, podemos afirmar que usted podría buscar indefinidamente sin encontrarla nunca.

 

Pues estamos tan familiarizados con la función de la laringe y los poderes creadores que están unidos a ella, que se piensa que ninguna otra lengua podría ser expresada de manera audible sin intervención de la laringe.

 

Posiblemente piense que se trata de una imagen mental, ya que un pensamiento puede ser proyectado o enviado. Tal vez piense en una serie de sentimientos que el hombre puede desarrollar sin que la laringe tome parte activa. Pero tampoco en esto está el secreto de la pronunciación del Nombre Inexpresable del Señor.

 

Se trata a este respecto, de un “estado de ser”, de una realidad de vida que debe ser alcanzada y realizada. Se trata, en lo que a usted se refiere, de la suma total de su estado de vida en un determinado momento de su existencia; se trata de un comportamiento de vida.

 

Cuando el hombre pasa por muchas experiencias y su ser ha sido purificado suficientemente, como resultado global todo su ser engendra un sonido, una vibración particular. ¡Y este tono, esta vibración, es la pronunciación del Nombre Inexpresable de Dios! Vibración que al emanar de lo más profundo de nuestro ser puede ser la invocación del Nombre del Señor.

 

Antes de que el alumno pueda pensar en este estado de ser, antes de que pueda desarrollarse la más mínima actividad sentimental consciente en relación con esto, y antes de que quiera hacer vibrar en palabras sus ideas o sentimientos, este tono ya ha sido escuchado por Dios. De aquí, la frase: “Antes de que me llamen, Yo responderé”; puesto que el alumno ha madurado con todo su ser para la intervención Divina. Con todo su ser emite el tono, la vibración, en base a la cual el Espíritu Santo puede responder. Si este hecho dependiera de los pensamientos, sentimientos o palabras que a lo largo de los tiempos hemos enviado al espacio, ya nos habríamos adueñado como mínimo de todas las estrellas del cielo.

 

Pero no es así, ya que todo nuestro ser deberá acoplarse a lo que se exige de un alumno que se encuentra en el Camino Liberador. Si el alumno satisface estas exigencias, la vibración básica surge por sí sola; entonces todo su ser entona el canto del Nombre Inexpresable; entonces todo su ser es acordado con el propio Ser Divino.

 

¿Comprende la indicación oculta de que el Nombre del Señor se compone de consonantes?

 

“Y ocurrirá que todo el que invoque el Nombre del Señor será bienaventurado”.

 

La unidad con el Espíritu Séptuple Universal no se realiza hasta que la vibración básica emane del centro del ser real, que está en Cristo. Si usted quiere pronunciar el Único Nombre que lleva a la liberación, sólo lo conseguirá si brota de lo más profundo de su ser, del Alma de su ser purificada en el Fuego. Si llama de este modo, el Padre que está en el secreto le responderá.

 

 

“Y ocurrirá que todo el que invoque el Nombre del Señor será bienaventurado”, o “iluminado por el Espíritu Santo”.

 

Entonces, a través de toda resistencia, un rayo del Espíritu Santo tocará al alumno para llamarle a la Vida.

 

El que es tocado por esta lanza de fuego, y lleva consigo la señal de este contacto, es simbolizado por el peregrino que penetra paso a paso en las profundidades de Dios.

 

Que sean numerosos los que comprenden el Camino que conduce a la Vida y rinden testimonio por sus actos.

 

 

 

 

 

Capítulo 11

 

LA MEDUSA

 

 

Si usted conoce el funcionamiento de la ley de cohesión, entonces sabe que por la actividad de esta ley toda la humanidad forma una unidad en los campos de la dialéctica.

 

La humanidad dialéctica forma una colectividad, y como la totalidad de nuestro estado biológico constituye nuestra conciencia, usted puede concebir que exista una conciencia global, una conciencia representativa de toda la humanidad.

 

Esta conciencia global, representativa del mundo entero, es un fenómeno patente en los acontecimientos dialécticos procedentes del estado biológico de cualquier ser que se arrastra bajo el sol, en cualquier parte del mundo.

 

Cuando las Sagradas Escrituras hablan del príncipe de este mundo, atraen su atención sobre este hecho irrefutable.

 

La conciencia global envuelve este mundo como una nube, como una atmósfera. Nosotros pertenecemos a ella, somos uno con ella. Esta conciencia global tiene dos aspectos enteramente en concordancia con la naturaleza del ser humano: un aspecto bueno y un aspecto malo.

 

La faz del aspecto malo hace muecas como la Medusa, como Satanás. La faz del aspecto bueno se presenta como un espíritu luminoso y sublime. Ambos aspectos examinados en conjunto son denominados en la Epístola de Pedro “Lucifer”, lleno de grandeza y de cólera.

 

Si nos examinamos a nosotros mismos en esta realidad, vemos que nuestra conciencia está en completa armonía con la conciencia biológica global. Si nuestras reflexiones son malas, la conciencia global nos alimenta de su granero de abundancia y Satanás está con nosotros.

 

Si nuestras reflexiones y nuestras actividades son buenas, la conciencia global nos lleva al cultivo de la personalidad.

 

Estas dos corrientes de la conciencia global corresponden por consiguiente a las de nuestra conciencia personal, y por lo tanto, nuestra rotación alrededor de nuestro eje es igual a la rotación del mundo dialéctico. Nosotros somos uno con el mundo y con el espíritu del mundo, del mismo modo que somos uno con la humanidad.

 

Este estado de ser está enteramente descrito en todos los libros sagrados y puede ser demostrado de todas las maneras posibles. Pero hay pocas, desgraciadamente muy pocas personas que hayan experimentado esta verdad absoluta.

 

Nosotros podemos constatar intelectualmente que algo es absoluto, pero otra cosa es tener una experiencia tangible de ello.

 

La experiencia de la actividad del espíritu del mundo, la experiencia del cautiverio en que nos encontramos encerrados, la poseeremos solamente cuando, por un momento, seamos arrancados del espíritu del mundo y elevados por encima del nivel de nuestro estado biológico.

 

Solamente entonces se experimenta por completo la terrible y sofocante atadura de Satanás y las tentaciones engañosas de Lucifer. Solamente entonces experimentamos la lucha con el espíritu del mundo, el cual intenta sujetarnos en su atmósfera.

 

De esta experiencia, sólo pueden hablar los alumnos que han conocido la Radiación de la Luz de Cristo y el toque misericordioso del Espíritu Santo. Sólo en esta Luz y en esta Fuerza vemos y experimentamos el demonio del mundo en todo su horror.

 

Tal como lo narran todas las leyendas clásicas, el alumno principiante es objeto de la actividad de dos mundos; él debe escapar al dominio de la naturaleza para pertenecer eternamente a la Verdadera Luz. El momento crítico de la elevación fuera de la naturaleza de la muerte fue denominado por los antiguos maestros iniciados y sus alumnos con la expresión “ver la horrible Medusa”. Se dice que “el que ha visto una vez a la Medusa, quien la ha contemplado cara a cara, debe morir”.

 

La contemplación cara a cara del estado caído, de la verdad desnuda de la cultura dialéctica y sus resultados, que datan de eones, significa la muerte absoluta de todo el ser de la antigua naturaleza.

 

Todo alumno serio que contempla la naturaleza dialéctica en toda su realidad, y que es confrontado corporalmente con ella, la superará en una fracción de segundo. Por esto, ver a la horrible Medusa significa la gozosa elevación por encima del mundo caído y sus dos esferas.

 

El alumno que se encuentra en esta muerte, muere según la naturaleza del horror, pero los principios de la Vida Nueva en su microcosmos son vivificados por el Aliento de Amor de Dios, para que, en este Aliento Divino, crezca el nuevo Árbol de Vida y se despierte la Vida Nueva, para pertenecer con certeza y eternamente a la Verdadera Luz.

 

Que día a día pueda serle dado profundizar en estas cosas, para que vea cada vez mejor el Camino y sienta el calor imperecedero del Amor de la Fraternidad Universal.

 

 

 

 

 

Capítulo 12

 

 

EL HOMBRE‑ALMA EN MI DEBE CRECER Y YO DEBO MENGUAR

 

 

Pregunta: ¿Dónde se encuentra el centro de la conciencia dialéctica? ¿Cómo debe ser neutralizado? ¿Está en mí poder conseguir dicha neutralización?

 

Respuesta: En primer lugar, debe examinar en usted mismo la extensión del radio de acción de su centro de conciencia que reside en el santuario de la cabeza. En general, la vida consciente del hombre es muy limitada. Sobre todo, no confunda conciencia con poderes intelectuales, ya que sucede frecuentemente que cuanto mayor es el desarrollo intelectual, más vaga es la vida de la conciencia.

 

En cuanto a la pregunta: “¿De qué manera debe ser neutralizado el centro de la conciencia y si tiene el suficiente poder para llevarlo a cabo?”, debemos responder que en tanto que personalidad dialéctica, usted no posee el poder de hacerlo, sino que el secreto reside en la medida con que las radiaciones de la Luz tocan su átomo del corazón, atrayendo así a sus sistema nuevas fuerzas y nuevos éteres y fijándolos en su sangre.

 

En efecto, la nueva posibilidad de vida tiene todo su fundamento en una justa disposición de apertura en la recepción de la Radiación Crística, de ahí que la realidad existencial de la nueva raza que ha de venir sólo podrá constituirse en base a esta Sustancia de Vida Divina. Para poder llegar a ello es necesario, ante todo, que su estado sanguíneo natural cese de ser la fuente de energía de sus actividades en este mundo material.

 

¿Por qué? Porque su conciencia dialéctica sólo puede manifestarse a través de su ser sanguíneo. Usted neutralizará la conciencia dialéctica orientando todo su ser interior hacia el punto central de sus intenciones, o sea, transformarse un día en el Hombre Nuevo y ser admitido en el Campo de Fuerza de la Escuela Espiritual; recorriendo voluntariamente el Único Camino de la Vida que la Escuela Espiritual le muestra y para el cual ella le da la libertad interior de abrirse a la Fuerza de la Gnosis, que toma forma en el hombre‑Jesús sin pecado.

 

A medida que este proceso avanza en el alumno, la personalidad dialéctica se retira por si misma a un segundo plano y el rey‑yo cesa de reinar en su campo de vida dialéctico. Por esto, la destrucción de uno hace posible la construcción del “Otro en usted”. Ocurrirá entonces con usted como con Juan Bautista: se encuentra en el proceso, se prepara para él. Trabaja con dinamismo y, sin embargo, sabe que: “El que viene en pos de mí, es más fuerte que yo”. Es el proceso del gran sacrificio que el yo dialéctico puede realizar en la Fuerza Crística.

 

Si esta fase del trabajo preparatorio ha sido concluida, el hombre‑Jesús aparece. El Espíritu Original asume su tarea y Juan es decapitado y muere.

 

Pregunta: ¿Cómo se debe entender esto?

 

 

Respuesta: Debe saber que existen doce Fuerzas Celestes que deben dirigir el gran proceso de transmutación hasta la perfección, y que conducirán a la realización en Dios de la semilla sagrada. Muchas veces le hemos hablado de los doce discípulos, de las doce radiaciones de la Fraternidad Universal.

 

El misterio del Santo Grial es un Misterio de todos los siglos. Y, por la leyenda del Grial, usted conoce probablemente a los doce hermanos caballeros del Grial.

 

Cada uno de los doce caballeros tiene su propia tarea y su propio radio de acción. Estos doce campos de acción aparecen en el microcosmos en una división dodécuple del sistema nervioso, en los doce pares de nervios cerebrales, los cuales, cada uno, de manera especial, dominan los puntos magnéticos del santuario de la cabeza.

 

En el nuevo proceso alquímico, el proceso que nace de la confesión de nuestros pecados, cada uno de estos grupos de nervios es tocado y cambiado sucesivamente en la Nueva Fuerza.

 

El desarrollo de este proceso es diferente para cada persona. El hombre, en cualquier campo de vida donde se encuentre, se envuelve necesariamente con el vestido de su polaridad biológica. El vestido en el cual usted está envuelto, es decir su cuerpo etérico, su vestido psíquico, da testimonio de qué y cómo es usted.

 

Usted debe saber que el sistema microcósmico también posee en su exterior un aparato receptor dodécuple. Este aparato receptor dodécuple lo denominamos en su aspecto exterior “el sistema magnético”, y en su aspecto interior “el sistema nervioso dodécuple”.

 

La Gnosis, la Luz primordial pránica, enciende tanto los doce órganos exteriores como los doce interiores. Siempre es la misma Fuerza Gnóstica, aunque en determinado momento empleemos nombres diferentes para indicar algún aspecto del sistema.

 

Sólo hay una Fuerza, la Gnosis, la Luz Divina primordial pránica. Esta Fuerza única cumple todo en todos en este grande y poderoso organismo divino tan maravillosamente constituido.

 

El Lectorium Rosicrucianum y sus servidores esperan ardientemente el día en que los hijos de Dios dispongan plenamente de su dodécuple sistema magnético divino, con el que expresar la alabanza, la gratitud, la adoración, y su entrega al Padre de las Luces, al Logos eterno que es todo en todos.

 

 

 

 

 

Capítulo 13

 

 

LA TENTACION EN EL DESIERTO

 

 

Del mismo modo que Jesús el Señor fue tentado tres veces en el desierto de la vida, y que Buda fue atacado tres veces por el mal, también cada peregrino en el camino hacia la Nueva Vida del Alma será confrontado un día con el mal y deberá resistir hasta en la sangre de su corazón estas tres tentaciones y vencerlas como prueba personal.

 

Este es el camino que ningún alumno de una Escuela Espiritual Gnóstica puede evitar, ya que es una marcha muy natural de las cosas en el Camino Liberador, el cual debe ser recorrido hasta el último paso.

 

Cuando la Luz de la Gnosis ha tocado a un alumno y emprende su viaje a través del sistema vital del alumno, es inevitable que la antigua y la nueva naturaleza se enfrenten cara a cara.

 

Dos estados de conciencia se desarrollan en el alumno por el Toque de la Luz Gnóstica. Pues cuando el proceso de elevación ha progresado hasta el punto de provocar una tensión vital, y cuando las fuerzas naturales rechazadas ‑así como sus efectos‑ han alcanzado los límites de su campo de existencia, siendo para ellas cuestión de “ser o no ser”, estas fuerzas redoblarán sus influencias, quedando como única alternativa posible o la victoria del alumno o la ruina definitiva de estas fuerzas. La nueva conciencia del alma se establece en el sistema del alumno y quiere tomar las riendas de toda su vida para poder transfigurarle, es decir, renovarle. En este momento, las fuerzas naturales rechazadas que todavía ocupan los límites del sistema, formarán finalmente el último baluarte que el alumno tendrá que franquear para alcanzar la libertad total. Este último umbral es el más importante y decisivo.

 

Por eso muchos llegan a las puertas, pero muy pocos las atraviesan, ya que este último obstáculo parece fundamentalmente infranqueable, y la triple tentación de las antiguas fuerzas naturales que luchan por su existencia son todavía muy poderosas para ofrecerles resistencia.

 

El proceso del aniquilamiento según esta naturaleza se realiza con bastante rapidez hasta que se llega a cierto punto, pero cuando el límite extremo, el último umbral, está a la vista, la tensión se vuelve grande y, muchas veces, desgraciadamente, demasiado grande.

 

Se comprende que durante numerosos períodos de vida se haya presentado esta lucha como algo romántico, dando origen a muchos cuentos y leyendas, cuyo tema central giraba en torno a esta última batalla. Sin embargo, es necesario comprender bien su verdadera naturaleza, pues las leyendas y el romanticismo pueden despertar y mantener el miedo, y el miedo paraliza. Por esta razón le presentamos algunas indicaciones sobre esta lucha.

 

En muchos aspectos todo nuestro sistema microcósmico está gobernado por el ser aural. En este ser aural se encuentra una red de puntos magnéticos, de focos magnéticos, que envían rayos en todas las direcciones del sistema y así lo gobiernan.

 

No obstante, cuando el hombre recorre el Camino de la Renovación, atrae otras corrientes magnéticas, y en concordancia se encienden otras luces en el ser aural y se despiertan otros puntos magnéticos. Lentamente pero con seguridad, todas las antiguas líneas de fuerza magnéticas son rechazadas y pierden su dominio sobre el sistema. Finalmente la fuerza magnética en cuestión se retira hasta el punto magnético correspondiente del ser aural, lo que hace que estos puntos magnéticos estén fuertemente cargados, pero ya no pueden proyectar fuerzas. Ellos forman juntos “el umbral”, el núcleo de la antigua naturaleza, “el mal”.

 

Este mal debe ser expulsado definitivamente. Estos puntos nucleares conscientes deben ser apagados definitivamente para que no haya más huella del hombre antiguo.

 

Comprenderá que este último combate, la victoria sobre el antiguo campo de tensión, de la antigua naturaleza, tiene tres aspectos: el aspecto de la voluntad, el aspecto del deseo y el aspecto del pensamiento. Si estos tres aspectos son suficientemente puros y fuertes según la nueva naturaleza del alma, ningún alumno deberá temer este último encuentro. Pero si todavía hay impureza e inclinaciones hacia la antigua naturaleza, entonces el antiguo sistema magnético tomará de nuevo sus antiguos derechos, con todas las consecuencias que resultan.

 

¡Que esta exposición pueda ser para usted una enseñanza y, al mismo tiempo, una advertencia!

 

 

 

 

Capítulo 14

 

 

EL SANTO SACERDOCIO DEL NUEVO ESTADO DE VIDA

 

 

Queremos comenzar este capítulo citando algunos versículos de la Primera Epístola de Pedro, especialmente los versículos 13 a 16 y 23 del primer capítulo, y los versículos 1 y 5 del segundo capítulo:

 

“Por lo tanto, ceñidos los riñones de vuestra mente y viviendo sobriamente, tened vuestra esperanza completamente puesta en la gracia que os ha traído la revelación de Jesucristo.

 

Como hijos obedientes no os conforméis a los deseos que antes teníais, estando en vuestra ignorancia; antes, conforme a la santidad del que os llamó, sed santos en todo vuestro proceder, porque escrito está: «Sed santos, porque santo soy yo». Como quienes han sido engendrados, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios.

 

Despojaos, pues, de toda maldad y de todo engaño, de hipocresía, envidia y de todas las maledicencias.

 

Vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo.”

 

Usted es confrontado con estas palabras, porque de ellas resalta muy claramente de lo que es capaz un alumno en el Camino Liberador, en el estado de conciencia racional y moral.

 

Cada alumno de la Escuela Espiritual que recorre el Camino Liberador según su propia aspiración y su propia decisión, está perfectamente en estado de ceñirse los riñones de su razón en sentido gnóstico. Usted comprenderá este lenguaje figurativo.

 

En Oriente, los hombres tienen que ceñirse o recogerse la túnica para no ser obstaculizados en la realización de su trabajo.

 

La Escuela Espiritual de la Joven Gnosis se dirige, en primer lugar, a la razón con su Fuerza de radiación, y muestra que la Epístola de Pedro tiene por objetivo decirle que por este toque usted se vuelve apto para una actividad nueva e inmediata. Este toque racional suscita a continuación una conmoción moral. Y a continuación se le da un consejo que deberá tomar muy en serio. El hombre que se encuentra en esta conmoción moral está muchas veces tan inquieto y nervioso, que este estado le impide obtener resultados concretos. De ello resulta un diluvio de lágrimas y un profundo sentimiento de culpabilidad, al mismo tiempo que en él surge una multitud de propósitos contradictorios. Entre tanto, la conmoción pasa rápidamente, y como son tantas las cosas de la vida corriente que requieren de nuevo su atención, se demuestra que no es posible una verdadera cosecha como resultado de este primer toque. La conmoción mística no sensibiliza al esternón para el segundo toque y por esto la Bendición no vendrá.

 

Por esto se le dice: Usted sabe lo que la Escuela Espiritual pretende. Pues bien, cíñase los riñones de su entendimiento y prepárese inteligentemente para una actividad inmediata.

 

 

Por lo tanto, cuando el toque racional tenga lugar y usted esté enteramente abierto a él, entonces reciba con calma la conmoción moral. No se deje dominar por la emoción, pues esto le hace perder el control de sí mismo; deje que el proceso de transmutación actúe en usted con una gran calma, comprensión y lleno de alegre esperanza, de manera que la Corriente de Gracia de la Gnosis pueda ser inhalada por el esternón, pues éste es el alimento, el rocío, que la Rosa del corazón espera anhelante.

 

Ahora conoce el proceso. Cuanto más se revele ante usted el primer toque, más claramente verá el camino y, por consiguiente, la ignorancia en usted será destruida cada vez más. De esta manera, tranquilo y sereno, podrá discernir todo lo que es de esta naturaleza y considerar hasta dónde puede participar en ella, sin dañar su proceso de santificación, al cual se ha sometido y se somete libremente. La Santificación es su vocación.

 

La Escuela Espiritual busca la santificación de todos sus alumnos, y por ello es natural que el alumno lleve una vida santificante, puesto que ha sido capacitado para ello tanto moral como racionalmente. Usted puede llevar una vida santificante si permanece centrado continuamente en su aprendizaje, puesto que la Fuerza Imperecedera, es decir la Semilla de la Palabra viva y duradera, está en usted. En consecuencia, no es solamente deseable, sino necesario que de usted emane un nuevo y radiante comportamiento de vida, lo cual es posible. Así podrá ser desechada toda maldad, engaño, hipocresía, envidia y maledicencia, los cuales deben pertenecer al pasado. Estas son las cinco reacciones negativas en el estado del alumno, o mejor dicho, las cinco manifestaciones positivas de una fuerte egocentricidad.

 

Comprenda para qué es llamado y capacitado, y vea cuáles son los peligros que amenazan a estas posibilidades de santificación.

 

Prepárese totalmente para ser una Piedra de Construcción Viviente, ya que sólo como Piedra de Construcción Viviente podrá ser utilizado en la edificación del Gran Templo Universal, en el Sacerdocio Sagrado del Nuevo Estado de Vida.

 

 

 

 

Capítulo 15

 

 

EL NUEVO VEHICULO ASTRAL, EL MANTO DE AMOR

 

 

De la Primera Epístola de Juan, citamos los versículos siguientes:

 

“Dios es Luz y en El no hay tiniebla alguna. Pero si andamos en la Luz, como El está en la Luz, entonces estamos en comunión unos con otros. En eso conocemos que le hemos reconocido.

 

Pero el que guarda su palabra, en éste realmente el amor de Dios es verdaderamente perfecto; en esto conocemos que estamos en El. En esto hemos conocido el amor, en que Jesús dio su vida por nosotros; también nosotros tenemos el deber de dar nuestras vidas por nuestros hermanos.

 

Amémonos unos a otros con este Amor, y aquel que ama, ha renacido de Dios y reconoce a Dios”.

 

Podemos suponer que estas citaciones, extraídas de los cuatro primeros capítulos de la Primera Epístola de Juan, son suficientemente significativas para usted. Ahora mejor que nunca sabemos lo que la Lengua Sagrada Universal entiende por Luz y Amor. Dios, es decir, la Gnosis, es Luz, y por esta Luz existe el Amor.

 

En el Nuevo campo de Vida, el Cuerpo Magnético de la Escuela, ya no se habla del deseo para designar el aspecto astral del Alma, sino únicamente de Amor.

 

Las normas más elevadas en el sentimiento de la vida dialéctica siempre están encerradas en el marco del “deseo”. Por consiguiente, no existe persona dialéctica que no esté envuelta en el manto del cuerpo de los deseos, el cual es una esfera de fuerza astral atrayente, por la que el hombre siempre está unido a sus propios intereses, poniéndose constantemente límites.

 

Pero de igual modo que en la Luz de la Gnosis no existen las tinieblas ni contranaturaleza alguna, del mismo modo el Amor que brota de la Gnosis es absoluto, contiene todo y no excluye a nada ni a nadie, es omnipresente y unifica de manera absoluta. Por esto comprenderá que todos aquellos que en virtud de su estado de ser entran en el estado de vida del alma, “están mutuamente en comunión”. Una comunidad en la que no hay lugar para la imposición de intereses egocéntricos en detrimento de los demás.

 

Esta vivencia de grupo no puede ser comparada con la unidad del grupo que los alumnos de la Escuela anhelan en estos momentos y están ocupados en realizar. La unidad del grupo en el Campo Viviente del Alma es un estado de vida que resulta de una propiedad del estado de ser. Es imposible que tal unidad no estuviese presente en algún momento.

 

Nuestra unidad de grupo sólo es por el momento una aproximación, una tentativa imperfecta de la realidad futura. No es que sea mentira, ni engaño, sino algo parcial.

 

 

Por la fe y la esperanza, nos aproximamos al Nacimiento de la Luz de la ilimitada unidad de grupo del Amor, del cual da testimonio la Enseñanza Universal. Aquel que entra en el Nacimiento de la Luz y puede dejarse envolver por este manto de Amor, el nuevo cuerpo astral, demostrará por su estado de ser que conoce a la Gnosis “cara a cara”.

 

Tal hermano o hermana puede “guardar la Palabra”, es decir, demostrar que en él o en ella el Amor Divino se ha vuelto realmente perfecto. El Hombre‑Alma renacido demuestra que es digno del manto de Amor por la presencia de sus otros dos aspectos: el aspecto mental y el aspecto volitivo, antes de emprender su tarea liberadora de la humanidad en entrega total, ya que nunca ha habido un servidor o servidora de la humanidad en el sentido de la Gnosis, que ha llevado a buen fin su tarea en el desierto de la vida sin estar revestido de este Manto de Amor. El que no lo tiene, el que no lo posee todavía, es como mucho un aspirante que cree y espera, y, trabajando y afanándose, debe purificar aún su propio ser, y por esto recorre un camino de sufrimiento y aflicción, de penas y de lágrimas, y, por consiguiente, de amargas experiencias.

 

Pero usted comprenderá que sin la fe ni la esperanza, con sus altibajos, no hay Amor. Sin la entrega total bajo el empuje de la fe y de la esperanza, no hay serviciabilidad del Amor.

 

Por eso, ¡siga avanzando lleno de coraje y sin desfallecer! Un día el Nacimiento de la Luz le cubrirá y usted conocerá el amor y lo poseerá corpóreamente; ese Amor con que todos los grandes de todos los Tiempos nos han amado, aportándonos la total ofrenda de su Ser.

 

Así, un día usted podrá servir de esta manera a sus hermanos y hermanas y, realizando la Ley Sagrada por su entrega total al Amor, se autorrealizará y será revestido con su nuevo cuerpo.

 

Probablemente ha leído que en las antiguas Escuelas Transfigurísticas había un grupo de entidades llamados los “puros” o los “perfectos”. Ahora usted sabe por qué ellos pudieron merecer tal apelación.

 

El Amor de Dios se había vuelto perfecto en ellos. Ellos poseían el Manto del Amor, el nuevo vehículo astral y, en él y con él, podían servir a sus hermanos y hermanas.

 

 

 

 

 

Capítulo 16

 

 

EL SELLAMIENTO DE LA FRENTE CON LA NUEVA SEÑAL

 

 

En los dos libros apocalípticos de la Biblia se habla de una Señal o Sello, con el que ciertos hombres fueron marcados en la frente.

 

En Ezequiel (9:4) leemos:

 

“Pasa por medio de la ciudad, por medio de Jerusalén y pon una señal en la frente a los que gimen y suspiran a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella”.

 

Y en el Apocalipsis (7:3):

 

“No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hallamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios”.

 

Con estas palabras se da a entender claramente que todos los que llevan esta señal milagrosa poseen un “poder” que les permite liberarse de la marcha de la naturaleza y escapar así a la ley ineluctable de la decadencia y de los acontecimientos que la acompañan

 

En la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis se ha hablado muchas veces de esta señal misteriosa del “Hijo del Hombre”, como también es denominada. Pero deberá tener en cuenta que atraemos su atención sobre esta señal porque es una alusión especial sobre una radiación totalmente nueva y bien determinada de la hipófisis.

 

La hipófisis está situada encima de la médula en la cuarta cavidad del cerebro, por esto la Escuela Espiritual la denomina “el cuarto candelabro”. La Luz de este cuarto candelabro es irradiada hacia el exterior por la cavidad frontal. De la cavidad frontal, entre las dos arcadas superciliares, la luz del alma brilla hacia el exterior. El núcleo del alma está situado en la cuarta cavidad del cerebro, en el cuarto candelabro.

 

El sellamiento de la Nueva Señal de la frente, la Señal del Hijo del Hombre, es la misión confiada a todas las Escuelas Transfigurísticas para conectar con la Fuerza de Luz Gnóstica, de manera especial y exclusiva a todos aquellos que sufren bajo las abominaciones dialécticas y suspiran por la liberación.

 

El alma buscadora que se acerca a la Escuela Espiritual, se une a ella en primer lugar por la fe. En ese estado, el cuarto candelabro es preparado mediante la Rosa del corazón, la sangre y el sistema nervioso automático. En esta fase, uno de los lóbulos de la hipófisis es totalmente unido al nuevo estado del corazón, en el cual brilla ya la Rosa. Así es como la luz de la fe irradia en la frente.

 

De esta unión de la fe brota la esperanza, la cual hace posible el nuevo estado de vida, y, en consecuencia, el otro lóbulo de la hipófisis se vuelve receptivo a la Luz de la Vida.

 

 

Así, no sólo toda la hipófisis está unida al nuevo estado del corazón, sino que, por la receptividad del segundo lóbulo de la hipófisis, todo el instrumental de los sentidos y de la inteligencia del alma se vuelve sensible a la penetración directa del fuego magnético de la Gnosis.

 

Entonces el alumno ve acercarse el Milagro y la Señal en la frente se transforma de nuevo. Al lado de la característica de la fe se ve la señal de la Esperanza, la cual es una primera impresión de “la Vida Nueva” que crece en nosotros.

 

En ese momento, el alumno ha recibido la Nueva Señal. El es dotado de un poder. El recibe el primer don de gracia del Espíritu Santo.

 

Tal como podemos observar en las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz, con esta señal el alumno puede vencer, porque cuando está dispuesto a abandonar el yo y a ponerse en camino hacia el Templo de la Liberación, la corriente de Luz Gnóstica penetra por la puerta abierta de la hipófisis hasta la cima del santuario de la cabeza, hasta el centro cerebral de la pineal, donde está situado el núcleo del sistema magnético del cerebro.

 

Este alumno que poseía la Señal de la Vida, recibe ahora la Corona de la Vida, es decir, la unión magnética directa con la Gnosis a través del sistema magnético del cerebro. En este momento, el Alma Nueva nace, o también se puede decir que el alma antigua renace en el proceso de la transfiguración, porque desde este momento, los cinco aspectos del alma: la sangre, el fluido nervioso, el fluido hormonal, el fuego de la conciencia y el fuego de la serpiente están directamente unidos a la Luz Gnóstica.

 

De esta manera, cada uno puede controlar en sí mismo y por sí mismo si el renacimiento del Alma está próximo y qué distancia le separa del nacimiento efectivo del alma.

 

¿Está usted en la fase de la Fe y la Fe es suficientemente fuerte en usted para afrontar las pruebas de la vida? ¿Brilla ya en usted la Esperanza que perfeccionará la Nueva Señal? ¿ Ha encontrado ya una morada en usted el nacimiento de la Luz Divina en su fase final?

 

¡Usted posee sin duda alguna el Poder! ¡Utilícelo y triunfe! ¡Porque sólo podrá vencer con la Señal del Hijo del Hombre!

 

 

 

 

Capítulo 17

 

 

LA COSECHA Y LA VENDIMIA

 

 

En el capítulo 14, versículo 14 al 20, del Apocalipsis leemos lo siguiente:

 

“Miré y he aquí una nube blanca; y sobre la nube estaba sentado uno semejante al hijo del hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda.

 

Y del templo salió otro ángel, clamando con potente voz al que estaba sentado sobre la nube: Arroja la hoz y siega; porque la hora de la siega ha llegado, pues la mies de la tierra está madura.

 

Y el que estaba sentado sobre la nube arrojó su hoz a la tierra y la tierra fue segada.

 

Otro ángel salió del Templo que está en el cielo, y tenía también en su mano una hoz afilada.

 

Salió otro ángel del altar que tenía poder sobre el fuego y clamó con fuerte voz al que tenía la hoz afilada, diciendo: Arroja la hoz afilada, y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque sus uvas están maduras. El ángel arrojó su hoz sobre la tierra y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en la gran cuba del furor de Dios.

 

Y fue pisada la uva fuera de la ciudad, y de la cuba salió sangre hasta los frenos de los caballos por espacio de mil seiscientos estadios”.

 

Tal vez comprende el contenido de la cita que precede, extraída del Apocalipsis. Se trata de una doble recolecta: una cosecha y una vendimia, una cosecha del cuerpo y una vendimia de la sangre, del mismo modo que en la Santa Cena se reparte el Pan de la Vida y el Cáliz de la Sangre.

 

El aspecto dramático de este mensaje de la Biblia es el de la vendimia, porque cuando el grano es recolectado en los campos y está preparado para ser empleado, todavía puede ser conservado durante muchos años antes de ser molido. Pero las uvas deben ser prensadas inmediatamente en los lagares para obtener el vino.

 

Para comprender el profundo significado de este relato, debe considerar que la verdadera personalidad sólo puede elevarse de la sangre. Si un alumno de una Escuela Espiritual Gnóstica quiere ser cosechado de los campos de la vida, deberá estar preparado para la purificación de la sangre. La sangre de la naturaleza dialéctica inferior debe ser prensada y derramada para que un vino puro y limpio pueda crear una nueva personalidad.

 

El camino de la purificación de la sangre no es el simple camino de un comportamiento vegetariano con algunas reformas de vida más, sino que es un intenso y profundo camino de lucha cotidiana contra el propio pasado y contra todo lo que está escondido en el sistema magnético del ser aural. Sólo cuando su sangre esté purificada y se haya elevado en vibración ‑y esto sólo puede ser alcanzado por la aplicación de la Quíntuple Gnosis Universal manifestada en la Escuela Espiritual‑ usted estará preparado para la unión con el Agua de la Vida, con la Corriente Divina.

 

Cuando de este modo se puede beber el Cáliz del Nuevo Testamento, todo su ser será transformado por el Agua de la Vida.

 

El Agua de la Vida tiene dos aspectos: el Pan y el Vino. ¡Intente comprender el misterio encerrado en ese Mito de la Salvación!

 

Usted lleva en su corazón una semilla: la Rosa maravillosa. Si recorre el Camino, tal como es indicado en la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis, esa semilla madurará, y en el momento oportuno será cosechada por la Fraternidad de las Almas Inmortales, es decir, será aceptada con el fin de ser utilizada para su objetivo.

 

El objetivo consiste, en primer lugar, en que la sangre de la naturaleza dialéctica inferior, la sangre dominada por el plexo solar y el dios lunar, sea reemplazada por un nuevo estado de sangre en armonía con la Semilla del corazón.

 

Sólo entonces se puede hablar de una cosecha verdadera; sólo entonces puede celebrarse la Santa Cena con Pan y Vino; solo entonces la victoria se convierte en una auténtica fiesta.

 

¡Que esta victoria pueda ser celebrada pronto por usted!

 

 

 

 

 

Capítulo 18

 

 

LA GNOSIS LE LLAMA TAMBIEN A USTED

 

 

Este capítulo debe servir para introducirle en la vivencia de la Magia Gnóstica. Desde el punto de vista mágico, muchos alumnos de la Escuela Espiritual son todavía muy pobres. Esto no puede ser de otro modo, puesto que nadie puede aplicar la Magia Gnóstica sin perjuicio para sí mismo y para los demás, si no está completamente preparado. Por esto fue necesario que pasáramos por años de preparación antes de poder actuar mágicamente. Sin embargo, el tiempo ha llegado en que se puede hablar y escribir sobre la Magia Gnóstica, y ser introducidos en ella.

 

No es que esto sea comprensible, saludable, liberador y posible, sino que se ha vuelto una necesidad urgente para prevenir ciertos peligros.

 

El grupo de alumnos está ocupado desde hace mucho tiempo en absorber en la sangre Fuerzas Gnósticas. Estas Fuerzas constituyen la fuerza germinadora, la fuerza creadora de la Nueva Alianza establecida con los alumnos.

 

Ahora bien, usted comprenderá que un alumno no puede continuar absorbiendo continuamente estas fuerzas sin emplearlas en un momento dado. Acumular Fuerza sin utilizarla conduce a explosiones, rupturas, situaciones y comportamientos sumamente indeseables.

 

Nuestra imagen sanguínea ha sido y es cambiada por la absorción de elementos gnósticos, pero si no se producen actividades que concuerden con estos elementos, la imagen sanguínea enfermará nuestro cuerpo y enquistará todos los órganos de nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia. El resultado de ello es un debilitamiento de la memoria y un reblandecimiento de la conciencia muy grave.

 

Por esto no basta con alegrarse por la absorción de Fuerza Creadora de la Nueva Alianza, sino que debemos tomar clara conciencia de la seriedad del momento presente, en el que queremos enseñarles el desarrollo mágico gnóstico de la conciencia. Usted debe volverse consciente de las nuevas posibilidades en su ser e igualmente consciente de su fuerza.

 

Por consiguiente, usted debe entrar en la práctica de la Magia Gnóstica por el bien de usted mismo y de los demás. Usted debe ser consciente de esto en cada momento, con el fin de poder entrar en esta maravillosa Vida del desarrollo mágico de la conciencia.

 

La Biblia, que tal vez conoce muy bien, está llena de indicaciones, apelaciones y prescripciones gnóstico‑mágicas que se dirigen a todos nosotros para que podamos comprenderlas y aprender de ellas.

 

El grande y persistente peligro es que, estando todo preparado, usted deje pasar sus días con preocupaciones e infortunios terrestres por falta de desarrollo mágico de la conciencia.

 

 

Como se dice en el capítulo 3, versículo 16, de la Primera Epístola a los Corintios: “¿No sabéis que sois Templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyese el Templo de Dios, Dios le destruirá; porque el Templo de Dios, el cual sois vosotros, es santo. ¿No sabéis que vuestro cuerpo es el Templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros y que habéis recibido de Dios, y que no os pertenece a vosotros mismos?”.

 

Si usted es consciente de esto, intente vivir de este estado de conciencia y entonces se volverá, tal como se dice en el capítulo 3 del Apocalipsis, “un pilar en el Templo de la Gnosis. Del que venza haré una columna en el Templo de mi Dios, de donde nunca más saldrá. “El Reino de Dios ha venido a vosotros con gran fuerza”. “El Reino de dios está en vosotros”, dice Jesús el Señor.

 

Por consiguiente, tome conciencia de este estado de cosas.

 

Evidentemente, los que son invitados a franquear las puertas del Sexto Plano Cósmico son los más pequeños del nuevo Reino de la Humanidad‑Alma. En esto no nos hacemos ninguna ilusión. Pero el menos importante en este Reino Celeste, ¿no es acaso más grande que el representante más destacado de la antigua vida?

 

Por lo tanto, sea consciente de las posibilidades que le son ofrecidas por la Gnosis y saque las consecuencias que están ante usted. ¡Que el que pueda comprender, comprenda!

 

El que quiera recorrer realmente el Camino, podrá liberarse ahora de las fuertes influencias contrarias.

 

¡Que el que quiera realmente ser libre, desate ahora los lazos que le frenan! ¡Rompa sus cadenas; la Gnosis le llama también a usted!

 

 

 

 

 

Capítulo 19

 

 

LA FASE DE LA SALVACION HA COMENZADO YA

 

 

El conocimiento de la Salvación, la Enseñanza Universal de la Vida que se ha hecho muy actual, no necesita ser sometido a especulaciones, y sin embargo, el mundo y la humanidad tendrán que contar con su realidad inmediata.

 

La Escuela Espiritual de la Joven Fraternidad Gnóstica, a causa de su gran poder, expande diariamente una atmósfera especial alrededor de la tierra, y todos aquellos que entran en unión con esa Fuerza de Radiación Liberadora, así como aquellos que ya están unidos a ella, verán la Luz y experimentarán la Fuerza que de ella emana.

 

Se trata de la concentración de las Nuevas Fuerzas Magnéticas de la Séptuple Escuela de la Joven Fraternidad Gnóstica, transformadas en una vibración que se adapta en cierta medida a la de la humanidad dialéctica.

 

Aunque están todavía ocultos numerosos desarrollos intercósmicos, es seguro que los procesos naturales de la dialéctica serán perturbados por esta Radiación fuertemente Magnética.

 

Usted comprenderá que la humanidad ignorante considerará esto como una catástrofe que no podrá superar, pero el alumno de una Escuela Espiritual podrá permanecer tranquilo, ya que, tal como leemos en Mateo, capítulo 24, versículo 31: “Y enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y reunirán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro extremo de la tierra”.

 

En relación con lo que nos ocupa, podemos comparar las trompetas con las radiaciones que emanan de la Cadena de la Séptuple Fraternidad Universal. Estas radiaciones serán tan poderosas que darán la posibilidad de franquear los límites de la antigua vida a todos los que han obtenido la unión con estas radiaciones de Fuerza de Luz. Este proceso de salvación ya ha comenzado. La Joven Gnosis está preparada para realizar este grande y maravilloso Trabajo; sin embargo, usted sabe que también ahora son numerosos los que, a pesar de ser llamados para pertenecer a los salvados, no demuestran suficientes signos de reacción. La Lengua Sagrada emite este lamento: “Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”.

 

La significación de estas palabras trágicas es que a pesar de que muchos “pueden” en base a su estado de ser, relativamente pocos son los que realmente “quieren”, y este “no querer” tiene muchas veces su causa en una voluntad débil.

 

No ocurre acaso que muchos han perdido el coraje y desesperan diciendo: “¡No soy capaz de esto!” ¡Cómo se equivocan!

 

El hecho de que muchos hacen tantos sacrificios para obtener algo del maná de la Vida es una prueba de que llevan en su microcosmos un átomo‑chispa de Espíritu.

 

Por consiguiente, la Fuente del Espíritu vive dentro de cada uno de ellos. Hay Agua, Agua Viva para todos; sin embargo, usted debe extraerla por un comportamiento de vida especial.

 

El Agua Viva ‑el Renacimiento por el Agua‑ es la resurrección del Hombre Nuevo por los Cuatro Alimentos Sagrados. Seguro que usted no quiere ser tan tonto como para continuar caminando a través del desierto a través de la interminable arena, sin ver otra cosa que la línea horizontal. ¿Cuántas veces la sed le consumiría?

 

Sin embargo, si usted quiere descender a las profundidades de su ser, coloque en su ser la roca al desnudo y por un solo golpe de martillo, por un solo latido del corazón, el Agua Viva brotará. ¿Qué le retiene? Nada, pero sin duda usted ha olvidado dónde se encuentra la Fuente. Usted todavía intenta la aventura con lo irreal. Mientras le falte coraje, será retenido por la ilusión organizada que se desliza como la arena fina a través del puño cerrado.

 

El hecho de que muchos alumnos, si no todos, se unen por su propia voluntad a la Escuela Espiritual, da a los servidores la esperanza de que también usted se convertirá ahora en un verdadero voluntario.

 

El Camino de la Liberación se abre de nuevo ampliamente. El Portal de la Vida ha abierto sus Puertas. Usted no tiene más que entrar. Una ayuda incomparable le es ofrecida, pues la Joven Gnosis está a su lado.

 

 

 

 

 

Capítulo 20

 

 

EL REGRESO AL CORAZON DE SU MICROCOSMOS

 

 

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”

 

Cada alumno percibirá que este refrán no tiene nada que ver con las cosas cotidianas y usuales, sino que tiene un sentido mucho más profundo del que se ve a primera vista. Existe una separación absoluta entre las nociones y valores “tiempo” y “Eternidad”.

 

Siguiendo la concepción usual, el tiempo es una condición que se divide en horas y años, y la Eternidad es algo así como “un tiempo que dura siempre”, algo que se extiende después del tiempo. Esta concepción es, sin embargo, absolutamente errónea. El tiempo, la esencia del tiempo, no es otra cosa que “el tiempo que dura siempre”, y corresponde completamente con lo que la concepción popular adjudica al concepto de Eternidad.

 

Cuando el cuerpo físico no puede sostener más su realización existencial y muere, la otra parte del ser humano dialéctico se va hacia un plano y un estado de vida que también son medidos por el tiempo. Quien piensa que después de la muerte del cuerpo físico se pasa a una vida sin tiempo, está en un error completo.

 

La eternidad de que hablan las Sagradas Escrituras no se encuentra en el más allá. La Eternidad es la realidad existencial del Reino Inmutable, un mundo que no tiene ningún punto en común con este mundo. La entrada en la Eternidad significa la participación y la admisión en el Reino Inmutable y la desvinculación absoluta con el mundo del tiempo. Estos dos mundos existen simultáneamente. El mundo del cual habla la Fraternidad Gnóstica está más cerca de nosotros que nuestras manos y nuestros pies. La participación en esa Eternidad no comienza después de la muerte física, sino que puede ser inmediatamente un hecho absoluto. ¡Es una experiencia, un estado de ser en el presente!

 

El refrán: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, es una llamada a su inteligencia. Es evidente que estas palabras se dirigen únicamente a las personas que buscan interiormente la Realidad Eterna.

 

También usted busca la Eternidad, ¿no es cierto? ¿busca la Vida Nueva incorruptible? ¡Pues bien! Ella está aquí, en el presente.

 

El Éter perfecto le es ofrecido de doce maneras a los que quieren escapar de la ilusión del tiempo. Los que lo comprenden y quieren recorrer el Camino de la Transmutación, del cual hemos hablado tanto, ven ante ellos la Nueva Senda y pueden recorrerla.

 

Usted, tan habituado a medir todo con el tiempo, debe comprender que gracias al Amor infinito de nuestro Señor, la Senda Sagrada se abre entre usted y el Reino Inmutable. Ella está aquí en el tiempo para conducir a la Eternidad a todos los que quieran.

 

El Señor de toda Vida no dice al ladrón: “Mañana tu estarás conmigo en el Paraíso”, sino que dice: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

 

Por esto, no deje para mañana lo que pueda hacer hoy. No se aferre al tiempo, sino libérese, con el fin de que las Puertas de la Eternidad se abran para usted.

 

Así se puede establecer que, para el que quiere realmente recorrer el Camino, la única misión esencial es regresar al corazón de su microcosmos.

 

Cuando usted haya penetrado hasta este corazón, entonces su salvación estará a su lado. Pues en este corazón penetra la Fuerza de Radiación de la Gnosis, para impulsarle y conducirle hasta la Magnificencia Eterna del Reino Inmutable.

 

¡Entonces Dios estará con usted y en usted!

 

 

 

 

 

Capítulo 21

 

 

EL SIMBOLISMO DEL TEMPLO

 

 

Es posible que para muchos, dentro y fuera de la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis, no esté claro el motivo por el que está expuesto el símbolo de la Rosacruz de Oro en el Lugar de Servicio de los Templos y Talleres consagrados.

 

Además, en el centro del Templo de Renova hay una rosa en el centro de la fuente, sobre la cual irradian una luz de color violeta; y en el Templo de la Sede Central de Haarlem, en el Lugar del Servicio hay también una rosa en la fuente y, por encima de ella, otro símbolo en la pared, en el que aparecen los siete veces siete rayos de oro.

 

Estimando necesario que toda persona interesada sepa lo que la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro quiere expresar con estos signos exteriores, damos aquí algunas explicaciones más amplias al respecto.

 

Los alumnos de la Escuela de la Joven Gnosis que durante años han vivido el progreso del trabajo de la Escuela, saben que hubo a menudo cambios en lo que concierne al simbolismo de la rosa y de la cruz. Con el fin de explicar el porqué, es necesario volver a la época en que la Escuela se encontraba todavía en el estado del trabajo público.

 

Cuando el trabajo del Templo era aún accesible al público interesado, los Templos tenían como símbolo la cruz blanca, y en el corazón de esta cruz una rosa blanca. De este modo, los interesados que entraban en el Templo de la Rosacruz, en tanto que almas buscadoras, eran confrontados con una cruz y una rosa blanca. El símbolo de la rosa blanca les fue ofrecido, en el Templo, por la Fraternidad Juanista, anunciándoles la aproximación de la Luz Crística.

 

La rosa blanca simboliza el átomo‑semilla inmaculado en el santuario del corazón, el cual deberá ser coloreado de rojo con la propia sangre del corazón del alumno que comienza el Camino, por medio de la transmutación del ser de la personalidad, de forma que la rosa blanca se convierta en una rosa roja.

 

La rosa simboliza también el principio espiritual latente en el campo aural que envuelve como un manto a cada ser humano. Este manto es invisible a los sentidos humanos y en él está registrada toda la vida del camino personal a través de la materia.

 

Cuando después de muchos años la llamada de la Escuela fue irradiada, y un número suficiente de almas humanas hubieron franqueado el umbral de la Escuela Espiritual, ella tomó un carácter cerrado, y los que estaban en el Templo fueron colocados ante la rosa roja, considerándose que se habían unido con la sangre de su corazón a la Llamada de la Escuela.

 

La Dirección Espiritual de la Escuela ascendió con sus alumnos escalón tras escalón por la escalera del desarrollo, puesto que era necesario aportar a la rosa roja la Luz Eterna ¡la Luz del Espíritu Santo Séptuple! La religión exterior debía volverse en el alumno religión interior. La Enseñanza Universal debía ser reconocida interiormente y el símbolo debía llegar a ser una realidad viviente.

 

A medida que los alumnos ocupados en este trabajo experimentaron el toque de la Luz Gnóstica, volviéndose conscientes de ello, en los Templos fue cambiada la rosa roja por la rosa de oro y la cruz blanca por la cruz de oro.

 

La perspectiva y el discernimiento del alumno se ampliaron y la atención fue fijada en la rosa de oro y en la cruz de oro. Se puede considerar con seguridad que en estos momentos casi todos los alumnos confesionales de la Joven Gnosis han realizado en su interior la rosa roja y crecen interiormente hacia la realización de la Rosacruz de Oro.

 

El alumno confesional que pertenece a la Rosacruz de Oro ya no está orientado en principio hacia las cosas terrestres, aunque vive en la materia en tanto que hombre personal y se ocupa de sus deberes. La cruz de oro simboliza este estado de ser, mientras que la rosa de oro es la prueba visible de que el campo aural del alumno está impregnado por la Radiación y la Fuerza de Luz Crística.

 

De este modo se advierte que la rosa blanca que el alumno recibió al principio del alumnado, él mismo deberá colorearla. Nadie lo puede hacer por él.

 

Para el alumno en el Camino Liberador, desarrollar la rosa roja consiste en saber que todo su ser sanguíneo está unido a las exigencias consecuentes de la Cadena de la Fraternidad Universal. Sólo entonces puede haber un estado de apertura suficiente para que penetre la Luz Gnóstica, y, por ella, la Fuerza del Espíritu, de manera que todo el microcosmos del alumno sea bañado por la Luz de Cristo Jesús, nuestro Señor y Redentor.

 

En cada Templo o Taller Consagrado de la Comunidad Eclesiástica “Lectorium Rosicrucianum” donde la Rosacruz de Oro está colocada en el lugar del Servicio, constituyendo un foco de unión con la Intervención Universal, habrá una unión ininterrumpida con la Cadena Universal.

 

Se verá claramente que para el alumno confesional esta Rosacruz de Oro significa el objetivo final absoluto y simboliza la aurora de la realización en el Templo. Sería maravilloso que se pudiera decir de una multitud innumerable: “¡están en Camino!”.

 

Y vemos que lo que antes no era posible todavía, o no podía funcionar sino parcialmente, ahora se hace realidad para la humanidad. Desde hace algunos años, los siete focos de la Fraternidad Universal han llegado a su manifestación completa, y por este hecho, nos acercamos al Símbolo del Templo de la Sede Central de Haarlem: el símbolo de los siete veces siete rayos. Los siete Focos, con sus cuarenta y nueve rayos, son una ayuda intensa para los que lo desean de todo corazón, para quienes la Rosacruz de Oro que comienza a alborear se convierte en un Presente luminoso

 

Ha nacido un Fuego de Renovación, un Fuego de Renova. Por esto, en medio del Templo de Renova, consagrado a este nuevo trabajo divino, hay una Fuente, de cuyo centro, de cuyo corazón brota un chorro de agua resplandeciente. Durante los servicios, los alumnos se sientan en grupo alrededor de ella. Y en los alumnos serios ya se ha realizado en su propia vida algo de esta Rosa.

 

Como un hecho incontestable, colocamos nuestra rosa y nuestra cruz de vida en medio del Templo de Renova y las confiamos al Agua Viviente de la actual renovación.

 

 

Como símbolo, pensará usted. Naturalmente, pero un símbolo que nos coloca ante una posibilidad directa, concreta y absoluta, y, al mismo tiempo, da testimonio de ella. Este Símbolo de Renova es para nosotros la representación de un Presente luminoso.

 

Es el Presente y la Rosacruz de Oro es el futuro. Mediante este Presente renacido y tan lleno de gracia, debemos aproximarnos al Futuro.

 

El símbolo de Renova nos muestra, además, que el Corazón del Templo está iluminado por una luz de color oro‑violeta. Esto expresa el rayo predominante de la Séptima Escuela, que sirve de manto al Gran Trabajo que realiza la Escuela Espiritual y sus alumnos.

 

El manto violeta del sacerdocio real es un vestido que deberá tejer todo el que desee recorrer el Camino Liberador. Y el que realmente lo desee, será capacitado desde ahora para realizar este trabajo.

 

Si usted comprende todo esto, sabrá que la Comunidad Eclesiástica “Lectorium Rosicrucianum” recorre con sus alumnos un camino muy consciente, un camino que conduce a la Verdadera Liberación.

 

 

 

 

 

LA PALABRA VIVA

 

 

CATHAROSE DE PETRI

 Índice

      Prólogo                                                                  9

1  Caminar diariamente con Dios                            11

2  La cuarta dimensión                                            17

3  Los tres rayos fundamentales del Espíritu

Séptuple                                                             25

4  El séptimo sello                                                   31

5  Juan en Patmos                                                    37

6  La misión de la Escuela Espiritual                      42

7  ¿Muerte, dónde está tu victoria?                         46

8  El reino de los hijos de las serpientes                  51

9  El nacimiento del caduceo                                  55

10  La resurrección del hombre-templo                     57

11  La lucha, el objetivo y

la realización de la vida                                       63

12  Los tres fuegos de la gracia                                 71

13  Un viaje al País donde nace el Espíritu               79

14  La voz del silencio                                              84

15  La Triple Alianza de la Luz                                 88

16  Todo cambio comienza en la sangre                    93

17    El Apocalipsis y la misión de la Escuela

Espiritual                                                           103

18  El misterio de la magia gnóstica                        110

19  Los peregrinos de Emaús                                  117

20  El lugar central del cuerpo etérico                     123

21  La respiración del ser humano                           132

22  El canto de alabanza de Hermes                       135

23  El nacimiento del cuerpo mental                       140

24  El principio fundamental del bien                     147

25    La secreción interna y su significado

para la vida de la humanidad                            152

26  Jesús y Juan                                                       156

27  Del nacimiento natural al nacimiento divino     160

28  La Kundalini, fuerza de la eternidad                166

29  Inteligencia e intelectualidad                            177

30  Un nuevo Shamballa                                         182

31  El comportamiento de vida                               188

32    La enseñanza, la vida y el camino

de cruz del Cristo                                              193

33  La responsabilidad del trabajador                     199

34  El misterio de la Esfinge y la Pirámide             200

35  Bienaventurados los que aspiran al Espíritu      210

36  El Bien imperecedero                                        218

37  La transfiguración y el fin de los tiempos         223

38  El fuego del Espíritu Santo                               231

39  Preparaos para el gran Día del Señor                 237

40  ¿Qué no se debe hacer?                                     246

41  La llegada del pueblo de Dios a la tierra           251

42  El primer y el segundo camino                          260

43  Ha llegado el tiempo                                         266

44  La iluminación interior                                      274

45  Unidad – Responsabilidad – Orientación          278

46  La vocación de la mujer                                    286

Prólogo

 

 

Esta obra, compuesta de cuarenta y seis capítulos, tiene como objetivo transmitir el mensaje de la Salvación Viva —el mensaje de la Gnosis— a todos los que, desde su alma material, por un proceso de transmutación, quieren elevarse hasta el estado de hombre– alma–espíritu.

 

El camino de la liberación del alma debe ser recorrido por cada uno personalmente. Este libro expone con abundantes detalles cómo, dónde y de qué manera puede serlo.

 

¡Que pueda ser para todos los lectores una Palabra Viva!

 

La autora agradece a su muy estimado colaborador, el señor Pl. van der Kooij, su ayuda para dar forma y preparar estos textos para su impresión.

 

Marzo de 1989                                                                                      CATHAROSE DE PETRI

 

1

Caminar diariamente con Dios

 

 

Una cuestión tan vieja como el mundo, y que más de una vez ha conmovido a la humanidad, es saber si Dios está muy alejado de nosotros o, por el contrario, tan próximo que es posible experimentar su contacto.

En efecto, en la práctica de la vida diaria se ha podido observar que, para unos, Dios parece estar infinitamente lejano, mientras que, para otros, está tan próximo que, por así decirlo, es como si viviera bajo su mismo techo.

Aunque parezca que estas dos experiencias no tengan nada en común, lo cierto es que ambos casos ofrecen las mismas perspectivas y los mismos resultados a estos dos tipos de hombres. Tratemos de abordar con la mayor profundidad posible esta apremiante cuestión.

¿Qué se debe entender con la expresión «caminar diariamente con Dios»?

Dado que el hombre está dotado de un sistema respiratorio de inhalación y espiración, constatamos de inmediato que todos los hombres, sin excepción, respiran el amor de Dios, la luz de Dios y la fuerza de Dios por medio de la inhalación, aunque no sean conscientes de ello.

Como quizá  sepa, los místicos son muy conscientes de que con cada inspiración, que llena sus pulmones de oxígeno, penetran fuerzas espirituales y etéricas en el sistema humano. Además, por inverosímil que pueda parecer, por medio de la espiración, también es posible transmitir la fuerza, la luz y el amor de Dios.

En efecto, si un ser humano, gracias a la circulación sanguínea, fuera capaz de asimilar de manera correcta las fuerzas divinas inhaladas, entonces irradiaría pensamientos llenos de amor, una voluntad pura y actos absolutamente justos.

Así, por el sistema respiratorio, por medio de la inhalación y de la espiración, todos los hombres están a la misma distancia de Dios. La diferencia reside en que cada uno transmite la fuerza divina a su manera, según el estado de su desarrollo interior. Cada uno la transmite según la mayor o menor pureza del estado de su sistema sanguíneo.

De ahí esta frase bíblica tan importante: «No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre, sino lo que sale de ella», pues esto es lo que determina su estado de vida del momento. Dios se aproxima a todos nosotros y el hombre le hace entrar, sin el menor temor, en su dañado sistema. Y con un corazón más o menos glacial y un cerebro más o menos enfermo, quiere manifestar a Dios, quiere caminar con Él, y preferiblemente a diario.

En el mundo del misticismo se utiliza frecuentemente la expresión «caminar diariamente con Dios». El místico, lleno de sensibilidad, busca establecer en lo más profundo de su corazón un trato secreto con las fuerzas divinas; él vive con su «yo» su comunión con Dios, lo que le hace pensar que existe una relación armoniosa entre él y su Creador, y así busca llevarla a cabo.

Cuando, en tanto que seres racionales, nos orientamos de esta manera, se comprueba que tal caminar diariamente con Dios es imposible y que, en el mejor de los casos, es una forma de meditar diariamente sobre Dios.

Este asunto concierne a todo el mundo, tanto a hombres como a mujeres.

La mujer tiene la misma importancia que el hombre. En la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, se pretende que las alumnas adquieran el discernimiento y una clara conciencia de su inmenso poder y de su vocación sacerdotal, como se dice de las santas mujeres de antaño en los escritos sagrados de todos los tiempos. Se trata de una tarea al servicio de la Jerarquía Divina a la que están llamados todos los que comprenden las leyes de la luz divina. Sepa que el descenso del cielo de la Nueva Jerusalén, la realización de la nueva era, es el resultado de la colaboración de todos los seres que pertenecen al Reino de la Luz.

Por ello, hoy como antaño, tanto el hombre como la mujer son llamados a esta tarea. Que nos sea concedido experimentar en el presente la demolición de todos los obstáculos inferiores y su eliminación, de tal manera que así podamos elevar el Cristo interior hasta la luz inmutable.

Usted puede determinar por sí mismo si se encuentra realmente en la Luz de la Verdad, verificando las consecuencias de todos sus actos. Estas consecuencias, ¿son encarceladoras o tienen un efecto liberador?

Cuando las consecuencias de sus actos le encadenan, es decir, le atan a este orden natural, es porque únicamente actúa la dinámica de sus deseos naturales. Si estas consecuencias son liberadoras, el principio vital —la Luz de Jesucristo— realiza su obra en usted y le lleva a la edificación de un cambio vital completamente nuevo. Edifica una estructura vital completamente nueva. Colabora en la concreción del nuevo hombre-alma en usted. Participa en la realización de un nuevo Cielo-Tierra.

Dado que cada actividad reviste una forma concreta, puede edificarse una nueva construcción interior gracias a la actividad de su libre albedrío, que es sostenida por el Espíritu Santo.

Es, sobre todo, este principio del libre albedrío renovado, orientado totalmente hacia la realización de una nueva y luminosa vida del alma, el que le hará alcanzar la sabiduría que lo engloba todo, con el fin de que usted se manifieste completamente en el presente.

Así, tras la total demolición de su antiguo estado natural, edifica en sí mismo, en su campo etérico purificado, la estructura del hombre–alma imperecedero. De esta manera, por la actividad del Espíritu Santo, un día resucitará en usted el Hombre–Dios, al que ha entregado su cuerpo como templo, con el fin de que realice su tarea en usted y por medio de usted. Esta actividad, para la mirada esclarecida, tiene como único objetivo unirle a Dios.

Ahora bien, el hombre con el alma renacida no puede realizar ninguna tarea en un taller en el que subsisten los efluvios pestilentes del hombre corrompido. Esperamos que ahora vea claramente por qué su cuerpo debe responder a las exigencias de una vida renovadora antes de que pueda servir de templo.

Si, una vez decidido y dispuesto, trabaja en la realización de un alma radiante que penetra hasta la sabiduría divina y quiere manifestarse, entonces, Aquél que se ha elevado en usted se convierte en el Mediador.

En lo sucesivo este Hombre–Dios interior le hará caminar en la luz, como Él mismo está en la luz. Y Él, que está en usted, crecerá en la medida en que usted haga menguar su «yo», en que usted sea cada vez más pequeño en este mundo.

Entonces Él, renacido según el alma, estará «más cerca de usted que los pies y las manos», pues Él estará en su interior. Él le precederá y, caminando sobre sus huellas, usted Le seguirá, a Él que, en usted, estará totalmente renovado, a Él que ha resucitado.

Sobre este fundamento, estará diariamente en comunión con Él. No se trata de una fe mística oculta, sino de una unión de amor inquebrantable entre Dios y el hombre, unión que ya no conocerá ninguna separación, pues Él, que ha nacido y resucitado en usted, es uno con el Padre.

Realizando la ley de la luz en su propia vida, usted podrá, en un futuro próximo, caminar con Dios, que es luz, amor y fuerza, tan pronto como la ilusión cristiana sea transformada completamente en una verdadera vida cristiana.

Y también habrá comprendido que todos los hombres son impulsados dinámicamente a realizar esta tarea, tarea de un alcance tan grande que no existen palabras para expresarla. Pero nos gustaría que quedase claro que tanto la mujer como el hombre pueden llegar a ocupar el lugar más elevado de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro séptuplemente manifestada, con la condición de que satisfagan las exigencias.

Que muy pronto todos puedan participar en esta tarea, y que la paloma de la paz, con su mensaje de renovación, les cubra con su luz imperecedera. ¡Que así sea!

 

2

La cuarta dimensión

 

 

A menudo se ha comprobado que a muchos alumnos aún les resulta difícil formarse una imagen correcta y, por consiguiente, una idea precisa, del microcosmos, el cual, aun siendo de hecho un ser eterno, ha sido quebrado y dañado. Por lo tanto, nos gustaría examinar esta cuestión con detenimiento.

Una oleada de vida de almas o microcosmos fue engendrada y nació en la naturaleza astral original que envuelve el todo, por la radiación del pensamiento divino en la naturaleza original, de la misma forma que nuestros pensamientos producen una chispa en nuestro cuerpo astral. El microcosmos así nacido sigue un proceso de autorrealización, ya que el pensamiento divino late en el trasfondo de esta chispa astral. Así se liberan éteres en el campo de manifestación del microcosmos, los cuales se concentran alrededor de su núcleo o rosa, y adoptan la forma de la imagen del pensamiento que originó esta realización. De esta manera, a partir de la eternidad, un día fue creado el Hombre verdadero, unido al Padre de forma natural y espontánea.

Pero el hombre que, en tiempos remotos, abusó de su libertad y dio pruebas de su oposición, sabe demasiado bien en qué se ha convertido. El cuerpo glorioso del origen es incapaz de manifestarse. Ha desaparecido porque todo cuerpo material etérico tiene la particularidad de disgregarse completamente si no emana de un campo matriz astral. El factor animador original, el microcosmos, el alma, se ha vuelto inactivo, se ha vaciado y ya no está en condiciones de manifestarse. El Espíritu, el autor de esta maravillosa creación, se ha retirado.

Desde entonces, por un proceso de nacimiento terrestre, surge una personalidad unida a un alma. Esta personalidad es, en sí misma, otra maravilla del amor de Dios, pues forma parte del plan de salvación destinado a revivificar al hombre original caído. En efecto, la personalidad dialéctica, como entidad temporal, tiene la misión de liberar a su alma, a su microcosmos, del encarcelamiento, con el fin de que por la oblación de sí misma, por su esfuerzo endurístico, se funda totalmente con este Otro, a quien es necesario devolver la vida.

El microcosmos está actualmente unido a su sistema espacio-temporal. Pero cuando el espíritu, el alma y la personalidad transfigurada formen de nuevo una unidad, el microcosmos volverá a poseer el estado divino de la omnipresencia. Mientras éste no sea el caso, permanecerá quebrado y dañado. Por ello resuena sin cesar, para todos, la llamada para que realicemos la grandiosa obra de salvación, en y por la poderosa fuerza de la naturaleza original.

Por lo tanto, en primer lugar, esta grande y santa fuerza de luz de la naturaleza original debe penetrar e irradiar en todo su cuerpo. Ahora, se ha convertido en una exigencia para usted llegar a la iluminación por medio de su conducta y actitud ante la vida. Como Simeón, usted debe convertirse en un alma que busca el Espíritu. Por consiguiente, debe dirigir toda su vida, todo su comportamiento hacia esa meta. Entonces, en el momento psicológico apropiado, la gran luz penetrará en su microcosmos y usted la contemplará.

Para esto es necesario que coloque su sentimiento, su pensamiento y su volición bajo la fuerza de radiación del aliento divino, con el fin de que el alma se despierte a la vida en el cuerpo vital y se una al Espíritu Séptuple. El Cristo interior tomará la dirección del hombre Juan; y allí donde el «yo», por mucho que se consagrara, no podría tener éxito, el alma hará desaparecer todas las dificultades existenciales de la personalidad y la conducirá a la gran victoria, es decir, hasta la colina del Gólgota, hasta el preludio de la resurrección. Así se habrá realizado en el hombre la primera tarea de Jesucristo.

Sin duda, ahora comprende lo que acontece cuando el candidato a los misterios gnósticos, bajo el impulso de la llamada del Espíritu logra zafarse de los eones de la naturaleza y elevar su estado de alma hasta el Padre.

Habiendo penetrado en su templo interior, en lo más profundo de sí mismo, él ve. Ve al Otro, el Viviente. Y en esta experiencia de la pura “visión”, contempla la evolución de cada hijo de Dios caído que, desde la naturaleza de la muerte, se eleva hasta la vida liberadora.

Esta nueva visión está tan estrechamente unida a la intuición, que no puede ser concebida como algo separado de ella. Usted lo comprenderá perfectamente cuando descubra el sentido y la naturaleza de la verdadera visión. El nacimiento de la intuición, que es realmente el despertar del alma, se corresponde con el verdadero nacimiento del alma en el espacio abierto detrás del hueso frontal.

Despertar en el campo del alma–espíritu, entrar en la esfera astral pura del Cuerpo Vivo magnético, exige una visión absolutamente nueva, es decir, contemplar y entrar en lo que nosotros denominamos la cuarta dimensión del espacio.

El hombre conoce tres dimensiones: la altura, la longitud y la anchura, por las que percibe un espacio vital. Pero no importa cuán lejos extienda este espacio tridimensional o lo imagine, pues siempre tiene un límite, una frontera: Es una prisión. En nuestra época, verificamos que este encarcelamiento se experimenta de una manera inconsciente. En efecto, habiéndose explorado totalmente nuestro globo terrestre desde el punto de vista tridimensional, los astrofísicos intentan alcanzar otros cuerpos celestes. Bajo el desenfrenado impulso que actualmente ejerce la evolución sobre el ser humano, la humanidad experimenta cada vez más las limitaciones, se siente ahogada, asfixiada dentro de las tres dimensiones. ¡Y la ciencia reacciona de manera tridimensional, tratando de agrandar o ampliar este espacio lo más posible!

Resulta evidente que las actuales dificultades desaparecerían tan pronto como existiese una cuarta dimensión cuya realidad pudiera reconocer la ciencia. Pues bien, ¡esta cuarta dimensión existe! Es la dimensión que se llama la omnipresencia absoluta o ubicuidad. Nos gustaría llamarla la Realidad Omnipresente. Es la dimensión en la que el tiempo, la distancia, el pasado, el presente, el futuro, el ahora y el después, están abolidos.

Si la humanidad poseyera esta cuarta dimensión, no sería necesario intentar alcanzar Marte, Venus, la Luna o Mercurio, por ejemplo. Pues pensar en la Luna, en la cuarta dimensión, significaría encontrarse en ella. En resumen, poseer la cuarta dimensión, es poseer el don de la omnipresencia.

Para el ser humano, cuya visión es tridimensional, es muy difícil imaginarse tal poder. No obstante esta cuarta dimensión sólo es la puerta de la quinta, de la sexta y de la séptima dimensión.

Estas siete dimensiones forman igualmente el fundamento del átomo, el cual posee siete aspectos. En principio y fundamentalmente, el hombre es omnipresente, ya que está constituido existencialmente por átomos, aunque no es consciente de ello, pues su conciencia y sus capacidades actuales son tridimensionales.

La conciencia omnipresente posibilita que, si se desea, aún encontrándose en un lugar determinado, uno pueda desplazarse con esta conciencia a cualquier otro lugar sin cambiar de sitio.

La intuición es la puerta para su consecución. La nueva visión es el primer resultado de poseer la cuarta dimensión.

 

Tras esta breve exposición, comprenderá por qué es tan funesto ser receptivo a las influencias astrales de la naturaleza dialéctica ordinaria.

El campo de vida humano está totalmente mancillado y la atmósfera de la vida humana, con sus campos etéricos y astrales de causa y efecto, está impregnada de esta contaminación. Y como su campo de vida es igualmente su campo de respiración, tanto usted  como su descendencia son mantenidos prisioneros.

Por consiguiente, ¡cuán justa es la frase del Antiguo Testamento de que los pecados de los padres son castigados hasta la tercera y la cuarta generación! ¿Por qué solamente hasta la tercera o la cuarta generación? Porque una causa que lleva al pecado mantiene su vigencia a lo sumo hasta la tercera o la cuarta generación, aunque sus efectos frecuentemente engendran una base para un nuevo pecado.

Por eso, quien no cambia su comportamiento basándose en el alma despertada y no persevera, no alcanzará ningún objetivo gnóstico.

Toda magia se realiza por medio de la respiración. Quien no se protege de las influencias astrales nocivas se convierte, sin excepción, en víctima.

A medida que la personalidad tiende a desaparecer, va cambiando y es guiada por el alma, gracias a un comportamiento de vida nuevo y positivo, el quinto rayo del Espíritu Séptuple comienza a ejecutar su tarea.

Entonces se alcanza la cima de la montaña. Una nueva y prodigiosa luz toca al alumno y lo colma. Esta luz actúa únicamente de forma mental. Por primera vez en su vida, el alumno es capaz de pensar claramente, pues sus órganos mentales se han abierto a tal posibilidad.

Y, en perfecta armonía con la manifestación de los siete rayos del Espíritu Séptuple, se realiza la renovación de los sentidos, a condición de que el alumno realice lo que el proceso interior le exige. Entonces es sostenido por la Enseñanza Universal liberadora.

El quinto rayo corresponde a la inteligencia. Una vez que le haya sido permitido entrar en la esfera de actividad del quinto sentido, descubrirá de inmediato que la inteligencia es mucho más que un sentido. La inteligencia es el vehículo del pensamiento. La inteligencia es el vehículo del cuerpo mental. Cuando la inteligencia unida a la razón se despierta, significa que ha nacido el cuerpo mental, del que todavía carecen todos los hombres de la naturaleza de la muerte y sólo a partir de este nacimiento comienza el devenir del hombre verdadero.

En las antiguas enseñanzas, el hombre era designado por la palabra Adamas, con la que está emparentada la palabra man o manas, el pensador. La cooperación con el quinto rayo del Espíritu Séptuple por parte del alumno que aplica el nuevo comportamiento significa, por lo tanto, nada menos que el nacimiento y la manifestación reales del poder del pensamiento concebido por Dios, el verdadero cuerpo mental. Así es como se manifiesta la inteligencia unida a la razón.

Somos muy conscientes de la brevedad de esta explicación. No obstante, esperamos de usted que pueda poseer suficiente fuerza de alma activa, en el santuario de la cabeza, para comprender y discernir estas palabras.

 

 

3

Los tres rayos fundamentales

del Espíritu Séptuple

 

 

La raíz del sistema del fuego de la serpiente, el plexo sacro, está unida al sistema de fuerza de luz de la naturaleza dialéctica, el sistema del árbol del conocimiento del bien y del mal, o al sistema de fuerza de luz del Espíritu Séptuple Universal, el sistema del árbol de la Vida.

Se debe comprender correctamente que la sustancia original, en uno u otro caso, llega y penetra en su sistema por las corrientes de luz. La sustancia original es la materia de construcción, la sustancia cósmica fundamental. El triple sistema del fuego de la serpiente absorbe, por su raíz, este material de construcción, lo conduce hacia lo alto, hacia el santuario de la cabeza, y llena con él las siete cavidades cerebrales.

El hombre vive y existe por estas siete materias elementales, las cuales constituyen todo su estado de vida y determinan la densidad y la naturaleza de los diferentes cuerpos de su personalidad.

Así pues, existe una enorme diferencia entre estar unido, por el fuego de la serpiente, a uno u otro espacio, o estado de la sustancia original.

Cuando expresamos: «Dios es luz», queremos decir que el logos nos envía, con su luz, materiales de construcción con los que es posible ejecutar el plan previsto para nosotros y para la manifestación universal.

Existen siete corrientes de luz divina de naturaleza diferente; por consiguiente, existen también siete elementos primordiales de los que el hombre tendría que vivir y ser. Los antiguos los llamaban las siete armonías. El candidato a los misterios gnósticos debe reaccionar completamente a estas siete armonías, poseerlas y transmitirlas a las siete cavidades cerebrales, las cámaras de su estado de vida.

El hombre verdadero, en quien actúa un triple fuego de la serpiente, asimila un triple prâna fundamental por medio del triple árbol de la vida. Este triple prâna fundamental se concentra en las tres cavidades cerebrales superiores; en ese momento trascendental, él abre todo el ser a las otras cuatro corrientes de vida.

El hombre dialéctico, en quien los dos canales del simpático no están unidos al plexo sacro, es penetrado por una única corriente vital fundamental de la forma descrita; en consecuencia, las tres cavidades cerebrales superiores son llenadas con un solo y único «aliento de vida».

Comprenderá que la perturbación de un órgano tan esencial hace al hombre no solamente anormal, sino al mismo tiempo diferente, bajo todos los puntos de vista y todos los aspectos, de lo que está previsto en el plan original.

Los tres alientos vitales fundamentales deben colaborar en las tres cavidades cerebrales superiores para que se pueda hablar de la realización del hombre original. Estos tres alientos, fuera de los misterios, se pueden designar con los números 1, 5 y 7, o bien por la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El grupo de hombres dialécticos que sólo puede reaccionar al primer rayo se caracteriza por una tendencia irresistible hacia un comportamiento religioso. El grupo de los que  sólo pueden reaccionar al quinto rayo realiza un incesante esfuerzo por mejorar sus facultades intelectuales. Y el grupo que está en total concordancia con el séptimo rayo se mantiene afanosamente ocupado en tal o cual actividad.

¿Cómo es posible que, en un organismo tan perturbado, surja el deseo de restablecer lo que ha sido dañado para liberarse de la rueda del nacimiento y de la muerte?

En un momento dado este deseo brota del corazón, pues el corazón está estrechamente unido a las tres cavidades cerebrales superiores. Además, según
la Enseñanza Universal, es la sede del Hombre espiritual. Y nosotros sabemos que esto es verdad; lo sabemos por el átomo original, lo sabemos por el átomo reflector y por el botón de rosa oculto en nuestro corazón.

Por ello, vapuleado más o menos fuertemente y durante mucho tiempo por los golpes de Némesis, la fuerza del origen, el hombre acaba un día por oír hablarle una voz extraña en el corazón. Es la voz de la Esfinge, casi enteramente enterrada en las arenas del desierto, una voz que reclama suplicante la liberación.

Quien responde a esta voz, con piedad y devoción, y sigue el camino que le es mostrado desde hace años, puede restablecer el triple fuego de la serpiente. Desde ese instante, los tres rayos fundamentales del Espíritu Séptuple podrán llenar las tres cavidades cerebrales superiores, lo que tendrá consecuencias prodigiosas.

En la sexta cavidad cerebral se encuentra, por ejemplo, la famosa glándula pineal o epífisis. Tan pronto como recibe la fuerza nutricia divina, se realizan grandes cosas en la vida del alumno.

Quizás fuera bueno describir este fenómeno de forma más precisa. En el sistema humano la pineal funciona como un generador atómico. Dicho de otra manera, es la que determina la naturaleza, la estructura y la esencia del átomo que constituye la base del edificio de la personalidad. Los átomos que forman el cuerpo humano tienen cierta calidad y responden a un factor de cristalización preciso. Por consiguiente, esta calidad, en su conjunto, y las consecuencias inherentes están determinadas y engendradas por la pineal. La pineal emite átomos con una gran fuerza generadora.

Por lo tanto, resulta evidente que cuando el triple fuego de la serpiente es restablecido y los tres rayos fundamentales del Espíritu Séptuple pueden llenar con sus radiaciones las tres cavidades cerebrales superiores, la pineal es incitada a una nueva actividad totalmente diferente. El generador atómico producirá otros átomos, átomos nuevos, y los expandirá por todo el ser, como resultado de lo cual se producirá la transfiguración.

   En el testamento espiritual de la Fraternidad de la Rosacruz, se habla del sexto candelero, el cual debe ser encendido. Este sexto candelero representa la sexta cavidad cerebral, en la que se encuentra la pineal. Por consiguiente quien, como Rosacruz, enciende el sexto candelero, inicia la transfiguración.

En un interesante artículo periodístico sobre los materiales de construcción de la naturaleza, el dr. August Stern escribió, entre otras cosas, lo siguiente: «Los materiales de construcción de la naturaleza representan un papel preponderante en nuestro cerebro. Es una lástima que tantos eruditos, que estudian la conciencia del hombre, tengan tan pocas nociones de física nuclear. Sería necesario que regresaran a las aulas de la facultad para que comprendieran que la física constituye el fundamento de los procesos mentales que se desarrollan en nuestro cerebro».

 

En resumen, allí donde todos los alumnos forman en conjunto un foco de la Joven Fraternidad Gnóstica, deben saber que reflejan la luz espiritual omnipresente. Usted es llamado cada vez con mayor insistencia e impulsado con mucha más fuerza a la realización de una nueva creación, a una manifestación consciente del nuevo ser, por medio de un comportamiento del alma consciente, en una vivencia mágico-gnóstica, que comienza por una nueva actividad del corazón en el cuerpo material y acaba con la extinción de los últimos restos incandescentes de la antigua vida astral en el cuerpo astral.

Por consiguiente, cada vez se le pide con mayor insistencia que libere su propio cuerpo astral de la esfera astral de la naturaleza de la muerte. Se le proporciona todo lo necesario para la ascensión de su alma-espíritu en el éter de fuego eléctrico, el quinto éter emitido por el Espíritu Santo, de manera que el alma-espíritu despertada pueda  respirar, vivir y trabajar en él.

Que surgan refrescantes impulsos de su corazón, como consecuencia de su orientación gnóstica y de su receptividad a las fuerzas y radiaciones que afluyen hacia usted.

Que usted pueda recibirlas como un nuevo aliento que proviene del Espíritu Santo, estando armoniosamente sintonizado, según la naturaleza, el ser y la vibración, con la luz del alma-espíritu del campo de la resurrección.

Que la transformación del hombre exterior en el hombre interior se realice pronto «de forma perfecta» en usted.

 

 

4

El séptimo sello

 

 

 

 

La trayectoria de la vida de Juan Bautista a través del desierto se ve coronada con su encuentro con Jesús el Señor. Allí, a la orilla del Jordán, en el punto más bajo del camino, se encuentran cara a cara. Y en ese preciso instante, la conciencia nacida de la naturaleza desaparece, por decirlo así, como borrada de la personalidad, y el alma, el alma viva, la nueva creación, Jesús, recoge la llama de la conciencia. El alma vive y el Espíritu penetra en el ser, en quien y por quien la voz de Dios habla plenamente.

Así el hombre-alma, que todavía vive en la vieja morada del hombre-Juan, la morada surgida de la naturaleza, se vuelve apto para servir a numerosos propósitos. Acogido en la Cadena de la Fraternidad Universal, lleva el mensaje de Jesucristo hasta los lugares más profundos de la noche.

El hombre juanista se mantiene ahora en el campo del servicio, como servidor de la gran obra de la liberación, que la Gnosis siempre ha emprendido y sigue llevando a cabo en este mundo.

El Libro del Apocalipsis describe cómo Juan Bautista, Juan de Patmos, encuentra al «Otro». En un momento dado, el «Otro», el hombre celeste de la Cadena de la Fraternidad Universal, aparece ante el hombre-Juan. A continuación, tras esta confrontación, el joven hermano es admitido por la Gnosis Universal. Desde ese instante, él personifica el prototipo de hermano de la Orden de los Perfectos.

Leemos en el Apocalipsis, en el capítulo primero, que este trabajador nacido de nuevo recibe una misión. Debe dirigirse a las siete comunidades que están en Asia. Debe escribir una carta a estas siete comunidades, una carta de advertencia, un aviso que al mismo tiempo proporcione también consuelo. El hermano de la Orden debe comenzar por desplegar una séptuple actividad, una actividad que sirva, por decirlo así, como preparación para todo lo que debe acontecer a continuación.

El término Asia tiene muchos significados. Designa en particular a todos los que viven todavía en el cuerpo nacido de la naturaleza dialéctica, pero más especialmente a los que poseen una señal excepcional y son susceptibles de ser clasificados en siete tipos de hombres, los siete tipos receptivos a la Gnosis.

En la obra Dei Gloria Intacta*, se dice expresamente en la introducción que este libro sólo se dirige a quienes tienen el recuerdo de su filiación perdida, de su patria perdida. Estas personas poseen un irrefrenable impulso de búsqueda. Están en busca de la Luz.

Las siete cartas a las siete comunidades de Asia se dirigen a los siete tipos humanos que se encuentran en el campo de vida actual como preparación de lo que vendrá a continuación en el campo dialéctico, de todo lo que debe venir en relación con la Joven Fraternidad Gnóstica, la Fraternidad que se esfuerza en recorrer el camino que conduce a la Patria Eterna para alcanzar el objetivo final. El Apocalipsis nos revela, por consiguiente, todo lo que debe acontecer, el desarrollo de los reunidos en las siete comunidades.

Estas revelaciones comienzan por desvelar una visión celeste: Dios, lleno de majestad, sentado en su trono, es alabado con júbilo por los seres celestes. En su mano se encuentra el libro cerrado, el libro sellado con los siete sellos.

Tras la publicación de Dei Gloria Intacta, la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro ha continuado sus revelaciones. Durante muchos años, ha transmitido en su enseñanza y en su literatura el objetivo glorioso del santo porvenir, el objetivo grandioso del camino que conduce al campo liberador del alma-espíritu. Y, además, en la medida de lo posible, se ha anclado en el ser de centenares de alumnos. Le hemos explicado con detalle el porqué y el cómo de este asunto. El libro sellado con los siete sellos le ha sido leído muchas veces y le será leído siempre.

Pero no es suficiente leerlo y escucharlo, pues sólo proporciona la dirección y la definición del objetivo. Lo que importa es el propio objetivo. Lo que importa es que la Rosacruz de Oro esté viva. Pues la apertura de los siete sellos se refiere precisamente a este hecho. ¿Pero quién osa abrir el libro? ¿Qué criatura mortal dialéctica es capaz de hacerlo? ¡Nadie! Hasta pretender hacerlo le ha sido arrebatado.

No obstante, en el Apocalipsis se dice que ningún mortal debe temer, pues el hijo del Padre, el hijo de Aquel que está sentado en el trono, tiene el poder de liberarle. Un campo de radiación indeciblemente poderoso le impulsa a la realización. Y, además, en cada paso, estará acompañado de manera liberadora. El alma renacida que ha perecido en Jesús el Señor y ha resucitado con Él, el alma renacida unida al Espíritu, le precede a usted, hombre egocéntrico, en el camino de la salvación.

Por eso le hablamos de la Gnosis Universal, de la fuerza divina de la salvación, del Hijo de la Luz. Por eso debe orientarse hacia la Gnosis. Por eso usted, alumno de la Gnosis, está consagrado a ella. Por eso ha decidido llegar a ser una Pistis Sophia. Por eso aparece ahora el cordero, el alma viva, que abre sucesivamente los seis sellos. ¡Y la muchedumbre grita llena de júbilo!

Pero la apertura de los seis sellos desencadena grandes calamidades sobre la humanidad. Cada ser humano debe sufrir seis rupturas en su vida interior y exterior. Sin duda, la ruptura más terrible se produce en la sexta plaga que se desencadena sobre el candidato.

Lea atentamente la descripción de estas catástrofes en el Apocalipsis y verifique la realidad en su propia vida. Entonces sabrá hasta dónde ha avanzado en el proceso de este desarrollo, lo que ya ha atravesado, en qué fase se encuentra eventualmente y qué es lo que todavía le hace retroceder. Cada alumno de la Gnosis se encuentra, evidentemente, en un proceso de ruptura. Así son abiertos seis sellos, tanto en usted como en nosotros.

Finalmente, llega la apertura del séptimo sello, la última fase se aproxima. Éste siempre es un momento crítico en el desarrollo de toda Fraternidad Gnóstica, pues la apertura del séptimo sello abre un proceso tan inmensamente dinámico, acompañado de tal despliegue de fuerzas que, primero, todos los servidores del Señor deben ser marcados en la frente.

Por esta razón leemos al principio del Apocalipsis, capítulo 7, que el ángel del séptimo rayo grita: «¡Esperad!» Grita a los otros seis ángeles que, tocando sus trompetas, ya han vertido los seis rayos sobre las cabezas de la humanidad y deben cumplir la séptima etapa. El ángel de la trompeta dice: Esperad a que todos los servidores de Dios sean sellados en la frente, queriendo decir con ello que el principio del alma en desarrollo, la base del nuevo estado de conciencia, tiene que estar establecida por lo menos en el corazón y en la cabeza.

Con este fin, la primera etapa sería la unión magnética con la vida gnóstico-mágica, con el Espíritu Santo, el Consolador, el Cristo Universal. Una unión con la luz que debe estar totalmente exenta de máculas dialécticas. Sólo el establecimiento de tal unión permite la elevación absoluta del hombre-alma-espíritu.

Un deseo que emana de la sangre de todo el ser estimula y regula el correspondiente comportamiento. Este profundo anhelo de salvación apoya y simplifica la verdadera práctica del nuevo comportamiento, el único método para purificar la sangre y elevar su frecuencia vibratoria con ayuda de la hormona de la hipófisis.

No obstante, comprenderá que es necesario mantener de manera consciente e inteligente este anhelo del ser interior, pues de hecho es un estado magnético. El órgano de la inteligencia en la cabeza emite ondas magnéticas que reciben una respuesta del campo de radiación de la Gnosis, el campo supraterrestre. De esta manera usted realizará la unión magnética con el campo astral gnóstico:

–          Primero interiormente, por el átomo reflector del corazón,

–          Y, segundo, exteriormente, por medio de la pineal  en el santuario de la cabeza.

Esta unión magnética, que envuelve «al ser iluminado» y que es experimentada como un gozo sublime, consiste en una unión del éter nervioso con el campo etérico de la inmortalidad. Esto significa la liberación absoluta de toda unión con la materia. De esta forma, usted podrá experimentar consciente e inmediatamente la eternidad en el tiempo.

 

 

 

5

Juan en Patmos

 

En este capítulo vamos a intentar explicarle que la verdadera vida, la vida absoluta, que emana del Espíritu original y de la forma verdadera y absoluta, debe nacer del conjunto de los siete campos de vida del microcosmos. Debe tener claro en su conciencia que un Espíritu Séptuple posee vehículos cuyo origen se encuentra en las siete veces siete aspectos, o sea, en los cuarenta y nueve aspectos del ser absoluto. Un estado vehicular nacido solamente de una parte de estos aspectos siempre es caricaturesco. Por consiguiente, jamás existirá un cuerpo dialéctico perfecto.

La transfiguración se refiere al renacimiento del propio ser absoluto. El aspecto exterior de este ser es descrito con frecuencia en la Biblia de manera simbólica. El Apocalipsis, por ejemplo, nos ofrece un esbozo de él. Aquí nos referimos a la aparición de Juan en Patmos.

Juan es el hermano, el compañero radiante de amor por Dios, por su Fraternidad y por su prójimo. Este amor, en su fuerza de radiación y su potencia suprema, es absolutamente impersonal.

La séptuple fuerza de radiación de la Gnosis se divide en tres potencias, las cuales representan un papel en lo que nosotros llamamos el segundo nacimiento sideral, acontecimiento que tiene lugar en tres fases distintas. En primer lugar, distinguimos el toque, en segundo lugar, el desarrollo, y en tercer lugar, la realización.

La primera fase es denominada la fe en las Sagradas Escrituras. Por el toque del Espíritu Santo Séptuple es lanzado un puente entre el alumno y la vida nueva. El alumno que, en esta primera fase, oye hablar de la vida nueva tiene la impresión de oír una voz interior. Esta primera fase del segundo nacimiento sideral le inmuniza completamente, le protege y le salvaguarda contra la violencia de los acontecimientos futuros. Por eso se dice en el Evangelio: No temas nada, tu fe te ha salvado. Únicamente esta fe provoca el toque del Espíritu Santo.

En la segunda fase, el toque engendra el desarrollo. La realidad existencial del alumno es cambiada completamente por este toque. Se puede considerar este cambio como una preparación para la transfiguración.

Este segundo proceso hace que el alumno avance hacia su objetivo. Progresa en la gracia de Dios, crece en la nueva fuerza vital, fuerza designada por la noción esperanza, la esperanza de la vida eterna. Es la irrupción de la nueva fuerza astral en el santuario de la cabeza.

No temas nada, tu fe te ha salvado. Es la primera fase. La esperanza de la vida eterna confiere al alumno la vida nueva, la vida verdadera: es la segunda fase.

De esta vida nueva procede la realización. El segundo nacimiento sideral llega a ser una realidad, el proceso de la transfiguración puede comenzar. Sólo entonces el alumno se mantiene en el amor, el amor supremo. Por la fe, ha sido salvaguardado. Por la esperanza, comenzó a vivir; pero en el amor y por el amor, obtiene el poder y la realización: es la tercera fase.

Quienes entran así en la vida nueva reciben el poder de llegar a ser hijos de Dios. Poseer este poder significa obtener la libertad. Poseer este poder significa recibir la posesión de una herencia inalienable. Pablo habla de convertirse en «coherederos de Dios». Tan pronto como un alumno se ha convertido en coheredero de Dios, posee un poder. La llama sagrada de esta posesión positiva irradia como una luz en él y a su alrededor. El alumno se ha convertido en un servidor de la Cadena de la Fraternidad, un coheredero de Dios.

Como Juan en Patmos, ve físicamente ante él el prototipo de su verdadero ser del alma superior, nacido de Dios. Ve «el primero y el último», el que estaba muerto y que ha vuelto a la vida.

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación y en el reino y en la constante espera de  Jesús, estaba en la isla de Patmos, a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. En el día del Señor fui arrebatado en espíritu  y oí detrás de mí una voz potente, como la de una trompeta… (Apocalipsis I, 9-10)

Juan llegó a Patmos contemplando clara y nítidamente lo que el camino liberador exigía de él. Patmos quiere decir: nada, soledad, aislamiento total, distanciamiento absoluto. Por consiguiente, Juan había recorrido las tres fases del segundo nacimiento sideral: el toque, el desarrollo y la realización. Después llegó el momento de su completa elevación en la luz, el momento de convertirse en coheredero de Dios.

Para confirmar que el segundo nacimiento sideral había tenido lugar perfectamente en la tercera fase, Juan es confrontado con su alma celeste. Este punto culminante en el desarrollo del alumno se llama «el Día del Señor» o «el Séptimo Día». En el Día del Señor, el alumno celebra su unión con la radiación de luz de la Gnosis.

Esta corriente de fuerza de luz, este toque, alcanza entonces la pineal, se transmite al cerebelo y desciende por el bulbo raquídeo, la hipófisis y la médula a través del canal del fuego de la serpiente, causando en diversos puntos un ardor intenso. De esta manera el fuego del Espíritu penetra en el alumno como una espada.

Durante esta intensa experiencia de la tormenta del Espíritu, Juan oye resonar la trompeta: ¡No temas! Yo soy el primero y el último, el viviente. Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de la muerte y de la morada de los muertos. (Apocalipsis I, 17-18)

Juan ha recibido el sello absoluto del nuevo devenir. Es la confirmación de que una corriente de fuerzas de curación se verterá definitivamente sobre él hasta su salvación para la vida eterna. En este estado de ser, el alumno experimentará lo que llamamos «el ser absoluto». Lee en este ser como en un libro abierto;  ve y comprende; y puesto que el poder del amor irradia para él, se apresura a despertar a los demás y a fijar estas palabras en la sangre de su corazón: «Apresuraos mientras todavía estáis a tiempo». Ahora, usted también comprenderá el sentido de estas palabras. No tenemos la intención de darle una explicación natural, sino de mostrarle el camino de la vida como un trazo ígneo en la noche de los tiempos, para que pueda recorrerlo conscientemente hasta su Día del Señor, el Séptimo Día.

Que el Señor de toda Vida, el Espíritu Santo Séptuple, pueda conducirle a través de la noche de los tiempos hasta la luz inmutable. ¡Que Dios esté con usted!

 

 

6

La misión de la Escuela Espiritual

 

 

Sin duda habrá oído con frecuencia las palabras: Haréis cosas aún mayores que las hechas por Jesús el Señor ante vosotros, y estas otras: Que podáis llegar sin temor hasta las puertas de la Gnosis.  ¿Por qué le son dirigidas periódicamente estas palabras con tanto amor? Para que pueda responder a ellas, mientras recorre el camino, cada vez con mayor perfección y en total rendición de sí mismo, procurando no descargar sobre el grupo sus dificultades, sus tensiones y sus luchas, a veces tan intensas.

Sin duda, experimenta la fuerza del campo magnético-gnóstico con gran agradecimiento, y mucho más si se da cuenta de que el campo de radiación magnético posee un poder de expansión de importancia mundial. Nos encontramos en un año espiritual nuevo, ha comenzado la manifestación de una nueva era y, por una síntesis creadora del orden divino original, la radiación crística va a unir otra vez al hombre con este Orden divino. Este Espíritu divino, que no es prisionero del espacio tridimensional, conduce al hombre-alma a la vida, en el sentido divino más elevado.

La Escuela Espiritual tiene la misión de establecer en el tiempo la Escuela de los Misterios de la Joven Fraternidad Gnóstica. No obstante, se debe tener en cuenta que todo trabajo tiene forzosamente un carácter temporal. Comprenda esto muy conscientemente. Los servidores de la Gnosis vienen y van, para regresar en los momentos precisos. Por ello, en cada ocasión existe un comienzo y un final en el espacio y el tiempo.

Pues llegará un tiempo, dice Pablo en la segunda Epístola a Timoteo, capítulo 4, versículos 3 y 4, en el que los hombres no soportarán la santa doctrina… sino que llevados por su propio capricho, se rodearán de maestros que les halaguen el oído, y dejarán de escuchar la verdad, volviéndose de nuevo a los mitos.

Pero si usted, alumno serio de la Escuela Espiritual, sintoniza armoniosamente con el campo de radiación vivo y palpitante, entonces vibrará con él y seguirá el proceso de inspiración y espiración, que ejerce una acción estimulante y vivificante para la renovación de su sistema, tanto desde el punto de vista del espíritu como del alma y del cuerpo. En ese momento psicológico, todos los que son admitidos en el campo electromagnético de la Escuela Espiritual se consagrarán a un trabajo totalmente diferente.

   Este saber que la posibilidad de realizar un trabajo es solamente temporal en este valle de dolor y lágrimas, es un saber secular, pues se trata siempre del mismo fenómeno en el transcurso de los siglos. Pero, ante todo, el alumno verdadero aprenderá a conocerse a sí mismo, por iluminación interior venida de lo alto, gracias al espíritu y a la verdad que se manifiestan en lo más profundo de su ser. Sí, la propia Fraternidad de la Vida se le manifestará claramente como una fuerza de luz activa.

¿De qué manera se revela esta fuerza? Cuando existe  desacuerdo en la ejecución de un trabajo en el espacio y el tiempo, pero a pesar de ello se intenta guardar una buena armonía entre todas las partes y, sobre todo, se tiene una fe indestructible y absoluta en la única luz que todo lo vuelve perfecto, y por una buena orientación no se pierde de vista el elevado objetivo de la Escuela Espiritual, entonces la Fraternidad de la Luz tendrá ocasión de manifestarse, a quienes concierna, con toda su fuerza de luz y de amor.

En esta luz y en esta fuerza, la personalidad dialéctica aprende a ver todas las barreras que ella misma ha construido. La oposición irracional de la personalidad humana disminuye y, conscientemente o no, el alumno se orienta poco a poco hacia otra dirección. Él se compromete en un camino espiritual. Lo que inicialmente parecía imposible se realiza por sí mismo. En la fuerza de la radiación de amor de Cristo, los concernidos se unen entre sí sobre una base cada vez más sólida.

No obstante, para tener un éxito definitivo, se necesita satisfacer constantemente las siguientes condiciones:

–          primero, mantener la buena disposición mutua;

–          segundo, demostrar una absoluta buena voluntad;

–          tercero, en unidad, estar llenos del Espíritu único que todo lo abarca.

 

Lo que la personalidad humana era incapaz de realizar de antemano con razonamientos intelectuales, lo es entonces por la fuerza del propio amor divino, siempre que la personalidad se abra a esta fuerza de amor.

Por consiguiente, convierta la flor maravillosa que está en usted en la radiante rosa de los misterios gnósticos. ¡Sea fiel!

Esperamos, con todo nuestro corazón, que pueda experimentar conscientemente lo que acabamos de explicarle.

 

 

7

Muerte, ¿dónde está tu victoria?

 

 

En la primera Epístola a los Corintios, capítulo 15, versículos 35 al 49, leemos:

   Mas, alguno dirá: ¿Cómo resucitan los muertos y con qué cuerpo vuelven? ¡Necio! Lo que tú siembras, no nace, si primero no muere. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de nacer, sino un simple grano, por ejemplo, de trigo o de otra semilla cualquiera. Y Dios le da el cuerpo que ha querido; a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne: una es la de los hombres, otra la del ganado, otra la de las aves y otra la de los peces. Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres; y uno es el resplandor de los celestes y otro el de los terrestres. Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas. Una estrella se diferencia de otra por el resplandor.

   Así será también la resurrección de los muertos: se siembra en corrupción, se resucita en incorrupción; se siembra en vileza, se resucita en gloria; se siembra en flaqueza, se resucita en fortaleza; se siembra cuerpo animal, se resucita cuerpo espiritual. Si hay cuerpo animal, también lo hay espiritual.

   Por esto está escrito: El primer hombre, Adán, llegó a ser un alma viviente. El último Adán ha llegado a ser un espíritu vivificante. Sin embargo, no fue primero lo espiritual: primero fue lo animal y luego lo espiritual.

   El primer hombre, nacido de la tierra, es terrestre; el segundo es del cielo. Cual es el terrestre, tales serán también los terrestres; cual es el celeste, tales también los celestes. Y como llevamos la imagen del terrestre, llevaremos también la imagen del celeste.

 

Leyendo estas palabras, usted ya no se planteará la pregunta atribuida a los Corintios: ¿Cómo resucitan los muertos? Pues ahora sabe que es absolutamente imposible que la personalidad dialéctica, el ego dialéctico, el alma dialéctica, resucite en la incorruptibilidad.

Todas las entidades vivas, en el campo de la naturaleza de la muerte, todo organismo vivo, ya sea una planta, un animal o un hombre, obedecen a una única ley: el fluido que les anima corresponde a un determinado estado de las fuerzas magnéticas de la naturaleza dialéctica. Y ninguna de estas entidades, cualquiera que sea su estado, puede ser comparable, bajo ningún aspecto, a una manifestación que emana de la Gnosis. Lo que se despierta en la Gnosis, sólo puede manifestarse allí donde todo lo que existía antes es crucificado, muerto y sepultado, y ya no puede volver a revivir.

Cuando Pablo constata que un día podremos llevar la imagen del hombre celeste, no quiere decir que un día usted, como ego dialéctico, será renovado; sino que después del renacimiento del alma, es decir, después del renacimiento del ego —el triple yo del pensar, querer y sentir— su personalidad y sus vehículos llevarán temporalmente la nueva alma y el nuevo yo, al igual que Jesús el Señor después de su resurrección. Tras haber depositado la imagen del hombre terrestre, usted, con sus vehículos, llevará la imagen del hombre celeste.

Por ello, en la primera Epístola a los Corintios, capítulo 15, versículo 50, Pablo repite todavía una vez más con insistencia que, por consiguiente, la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios. Ellas son semillas corruptibles, despreciables y débiles, sin embargo, lo que resucita es el alma que realmente vive en la Gnosis. Tal es el gran milagro de la salvación: el que su personalidad dialéctica pueda servir de base para el comienzo del grandioso proceso de la transfiguración. Lo esencial es que el alumno comprenda esta maravilla, que participe en el proceso y lo continúe hasta el final.

Mirad, dice Pablo, voy a revelaros un secreto, os introduzco en un misterio, el misterio de que no todos debemos morir en el sentido habitual de la naturaleza, pero todos seremos trasformados realmente.

Este doble misterio se verificará también para usted si recorre los caminos exigidos. Escuche el misterio revelado por Pablo, misterio siempre actual y, por esta razón, siempre nuevo.

Quien comienza a recorrer el camino con gran seriedad y dedicación se une, como usted sabe, a la Gnosis, e inmediatamente algo del alma inmortal se manifiesta en él.

Cuando la personalidad de un hermano o hermana que se encuentra en este estado de preparación muere naturalmente, deposita su vestido material de la manera ordinaria. Sin embargo, ya ha sido unido con un gran misterio, porque la semilla de la inmortalidad estaba activa en ella y ya había germinado. Por esto, tal difunto no se ha disuelto totalmente como ocurre en los procesos normales de la naturaleza; para él, el proceso de salvación continúa en la parte del cuerpo magnético de la Escuela Espiritual que nosotros llamamos el campo etérico santificado del alma. Por ello todos nuestros fallecidos, que mueren así en el Señor, despertarán un día incorruptibles.

Pero si usted posee todavía su personalidad, por despreciable, débil y corruptible que sea, si está orientada en la dirección correcta, puede participar aquí abajo con su ayuda en el renacimiento del alma y sacar un gran beneficio de ello.

Por lo tanto, hay un doble misterio. Quien comienza el camino puede estar totalmente tranquilo. O bien muere según la naturaleza y se despierta, en su momento, en el campo liberador del alma; o bien despierta al nuevo estado del alma aquí abajo. En ambos casos, la resurrección es segura y absoluta.

Todos los que realmente recorren el camino de los misterios tienen la gloriosa certeza salvadora de la victoria inmediata sobre la muerte concreta y efectiva, la muerte definitiva. Por eso todo alumno serio puede exclamar con júbilo:

La muerte ha sido engullida por la victoria. ¡Oh muerte!, ¿dónde está tu aguijón? El aguijón que impulsa a vivir en la naturaleza de la muerte ha desaparecido.

Muerte, ¿dónde está tu victoria? La victoria de la muerte ha sido aniquilada.

Por consiguiente, manténgase firme, inquebrantable, afánese sin cesar en las obras del Señor, sabiendo por un saber claro y positivo que su trabajo, su autofrancmasonería, jamás será en vano.

 

 

8

El reino de los hijos de las serpientes

 

 

El principio de la realización del alma nueva es más accesible que nunca para los alumnos de la Escuela de la Rosacruz de Oro. El grupo de la Escuela Espiritual de la Joven Fraternidad Gnóstica ha dado un paso más en su desarrollo, un paso que le pondrá en situaciones totalmente nuevas, sin relación con lo terrestre, pero sin embargo totalmente reales. Cosas y valores que, según los datos de la Biblia, ya han prevalecido en un lejano pasado, o bien ocurrirán en un futuro todavía desconocido, llegan a ser para el alumno una realidad viva, un presente vivo.

En el Antiguo Testamento, fueron numerosos los que vivieron «bajo la nube», es decir en un campo astral especialmente preparado, mientras que, en el Nuevo Testamento, se dice que el Hijo del hombre regresará «en las nubes del cielo». Pablo exclama también ante sus alumnos: «Un día seremos admitidos en la nube», lo que quiere decir, en el campo astral gnóstico.

Y ahora, al alumno de la Escuela Espiritual, se le dicen las mismas cosas e igualmente se le coloca ante las mismas tareas. Pasado y futuro se unen al presente, y el alumno sabe lo que significa la nube en la que se halla el trono del Hijo del hombre. Sabe que es necesario asociarlo al nuevo campo de vida gnóstico en su aspecto astral y que ahora puede experimentar y ver esta nube.

De la gran abundancia de revelaciones que le son presentadas constantemente, tomamos un elemento que creemos necesario aclarar, por numerosas razones. Se trata del crecimiento y la manifestación del cuerpo del alma nueva.

Usted sabe que, gracias a la concentración y a la actividad del elemento mercurial en el santuario de la cabeza, la nueva conciencia del alma engendra la cabeza del cuerpo del alma nueva, y que únicamente este cuerpo del alma le permite morar en la «nube», el campo astral gnóstico. Por el alumnado y el contacto con las corrientes gnósticas que penetran por el corazón y la puerta del hígado nacen cualidades de alma puras y completamente nuevas, concentradas en la cuarta cavidad cerebral.

Si la fuerza de mercurio es liberada en medida suficiente y esta fuerza condiciona a su vez el santuario de la cabeza, las cualidades de alma reunidas, verdadero aliento de vida, son utilizadas como principios del nuevo estado de vida. Entonces, el santuario de la cabeza del cuerpo del alma se forma alrededor del mismo centro que la cabeza del cuerpo dialéctico y se extiende hacia el exterior como una aureola. Es el ornamento de la llama del fuego de Pentecostés. Esta cabeza incandescente está rodeada por un campo luminoso en cuya base brota como la cola de un cometa, lo que hace que el observador tenga la impresión de ver una serpiente de fuego en continuo movimiento y resplandeciente como la luz del sol. Ahora comprende la expresión «hijos de las serpientes», al igual que «la adoración de la serpiente».

En la Biblia, en un pasaje del antiguo relato velado del Libro de los Números, se narra cómo los peregrinos, habiendo salido del desierto y entrado en la Tierra Prometida en la que tienen que cumplir una tarea, se comportan injustamente con ciertos habitantes de este país. El significado de este relato es el siguiente: el alumno que ejecuta una tarea y se encuentra en conflicto con ciertas dificultades necesarias, puede relajar eventualmente su actividad y desviarla de su orientación en momentos críticos. En consecuencia, las imperfecciones del alma van a impedirle participar en el reino del hijo de las serpientes y van a cristalizar hasta tal punto el proceso que caerá enfermo y acabará por morir.

En el relato del Libro de los Números, capítulo 21, versículo 6, se dice: Entonces el Eterno envió contra el pueblo serpientes ardientes; ellas mordieron al pueblo y murió mucha gente. Como remedio, se aconsejó erigir una «serpiente de bronce», y cualquiera que hubiese sido mordido por las malas serpientes debía elevar los ojos hacia ella para permanecer vivo.

Ahora, sin duda, usted comprende esta cita. La serpiente de bronce es el símbolo del verdadero principio del cuerpo del alma nuevamente nacida gracias a la vida auténtica llevada por el alumno que se consagra al alumnado. Quien lleva este principio en sí, no puede permitirse regresar al antiguo estado de vida bajo pena de muerte. Por esta razón, todos deben mirar sin cesar a la serpiente de bronce, en otros términos: guardar la orientación en el camino en un servicio diario, para llevar a buen fin el proceso iniciado.

Que todos podamos ser «hijos de las serpientes», y recibir la fuerza para no desviarse del único camino.

 

 

9

El nacimiento del caduceo

 

 

 

Para reflexionar

 

La salvación divina debe ser anunciada a pesar de la oposición de las fuerzas cósmicas adversas y del combate a mantener contra los eones y los arcontes de la naturaleza.

La base del caduceo se sitúa en el plexo sacro. Si el alumno está orientado hacia la vida del alma nueva, verdadera e íntegramente, entonces una corriente asciende desde el plexo solar hacia el santuario del corazón. Así el músculo cardiaco se llena de una sangre muy especial.

Esta sangre se dirige hacia el santuario de la cabeza y allí circula. Así se purifica la cabeza y se establece el fundamento de la conciencia del alma.

Sobre esta base puede comenzar el proceso de cambio y se efectúa el contacto con el espíritu vivo. Cada día el alumno orienta su pensamiento hacia la vida superior, hacia la vida liberadora del alma, hacia el Espíritu. Si este proceso inicial es armonioso, se produce el crecimiento del alma y la unión con el Espíritu.

 

El caduceo comienza a formarse.

 

La unión con el alma viva se establece.

 

El alumno entra en el campo de vida liberador del alma-espíritu.

 

 

10

La resurrección del hombre-templo

 

 

 

Se espera del alumno que ponga en el primer plano de su vida el proceso de la transfiguración con una gran fuerza interior, y que tenga la pura y justa comprensión del estado de alma renacida.

¿Por qué se espera esto de él? Porque el estado de alma es la base del verdadero ser humano tal como lo contempla el plan de Dios. Por lo tanto, cada alumno debe llegar a ser claramente consciente de la ciencia divina de la santificación. Deben manifestarse suficiente apertura y pureza en el círculo de fuego de la pineal, con vistas al toque del Espíritu Séptuple y a la revelación del hombre original oculto en el microcosmos.

El único objetivo de la personalidad humana debería ser alcanzar el estado de alma-espíritu. La personalidad es el ser espacio-temporal en el que debe elevarse la forma eterna, el hombre-alma-espíritu. Éste es Juan, del que debe despertarse el hombre-Jesús. El hombre-yo, Juan, es necesario para la manifestación del hombre-alma-espíritu incorruptible. Y sólo cuando el hombre-Jesús se ha realizado, el hombre-alma-espíritu puede revelarse. Entonces se habla de Jesucristo.

De hecho, en el primer misterio del «Hombre», hay dos vidas, de las que una procede de la otra. El hombre-alma-espíritu es un hombre que se ha elevado por encima de la materia. El hombre-alma es una entidad con forma etérica. El hombre material es una entidad prisionera de la materia, salvo que se transfigure. El hombre-alma es una «cruz de luz» inviolable. El hombre material es una entidad aislada, que vive y existe en sí misma y por sí misma. El hombre-alma no conoce ninguna separación, pues está en la unidad absoluta.

¿Qué significa en este sentido la unidad absoluta? Podría imaginársela así: un grupo de entidades que viven conscientemente en la nueva naturaleza del alma, habiendo unido el alma al espíritu. Pues allí donde el alma imperecedera está presente, el Espíritu también lo está. Cuando el espíritu y el alma están unidos así, en tanto que participantes en el grupo, y el grupo piensa, vive y trabaja según los siete rayos, se desarrolla evidentemente una poderosa concentración astral, una concentración astral que ha adquirido forma y que tiene forma. Tal concentración expresa totalmente lo que es Dios, lo que Dios quiere y hace, en un grado de sublimidad que se corresponde con las cualidades del grupo.

No es sencillo para un hombre nacido de la materia vivir en esta verdad universal única, en esta única luz. Pues en la naturaleza inferior o material, la verdad única crea una determinada sombra. Dicho de otra manera: el razonamiento intelectual ordinario de los que viven siempre de la materia y en ella, casi siempre está en oposición y en conflicto con la única verdad del alma-espíritu.

Es fácil ver que el hombre es un ser dual: existe, por una parte, el hombre nacido de esta naturaleza, que es un instrumento; y existe, por otra parte, el hombre que es capaz de crecer gracias a la interacción de lo que es celeste y de lo que ha sido elevado por encima de la naturaleza terrestre, es decir, el hombre-alma.

Este último, el hombre-alma, también presenta un tercer aspecto: el hombre-espíritu. El hombre nacido de esta naturaleza jamás puede evolucionar. El hombre nacido de esta naturaleza es el «precursor», el hombre-Juan.

Veamos las cosas así: cuando el alma se despierta, adquiere su derecho a la vida y a un estado de vida; es decir, ella se va a orientar constantemente hacia su Patria.

Existen alumnos que, aunque posean cualidades de alma y una pura comprensión, dejan pasar su vida, dejan debilitarse su cuerpo y no emplean sus posibilidades. Ellos han perdido al menos toda una vida y se hallan ante numerosas y grandes incertidumbres:

 

–          en primer lugar, se dicen que han perdido su tiempo;

–          en segundo lugar, se preguntan cómo será el mundo en una próxima inmersión en la materia;

–          en tercer lugar, en qué momento su calidad de alma podrá despertar el pre-recuerdo de forma satisfactoriamente fuerte;

–          en cuarto lugar, qué influencias kármicas incontrolables le erigirán nuevos obstáculos.

 

Por ello le decimos: aproveche ahora las oportunidades y las posibilidades que le son ofrecidas. ¡Empléelas, hoy mismo!

El mayor riesgo es aquél sobre el que insiste Mateo en el capítulo 16, versículo 26, de su evangelio: ¿De qué le serviría a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? Pues bien, cuando el hombre-alma despertado puede morar en su puro estado de ser, permanecer verdaderamente vigilante y por ello ser fortificado, llega un momento en el que el alma debe ser rescatada y liberada de la cruz de la naturaleza, para que, perfectamente libre e inatacable, pueda entrar y salir del templo, del cuerpo nacido de la naturaleza.

Dése cuenta que el templo del cuerpo nacido de la naturaleza sirve para despertar al alma, lo que ocurre en el doble etérico, el cuerpo vital. Este cuerpo tiene la misma forma y estructura orgánica que el cuerpo material. Por ello, nuestra Escuela Espiritual dice que cuando el alma ha llegado a la madurez en el cuerpo vital, el hombre-alma es unido a este cuerpo vital, lo que resulta natural y lógico.

Éste es el motivo por el que estos dos cuerpos, el cuerpo material y el cuerpo vital, deben separarse el uno del otro cuando llegue el momento. El cuerpo vital debe ser desprendido de la cruz de la naturaleza. Este desprendimiento de la cruz es un fenómeno muy especial y meticuloso. Exige la supervivencia de ambos cuerpos, la resurrección de los dos cuerpos, y atrae su atención sobre seis lugares, seis puntos de la personalidad:

el corazón,

la cabeza,

las dos manos

y los dos pies.

En estos seis puntos el cuerpo vital del alma está unido al conjunto del vehículo que nosotros llamamos el templo del cuerpo nacido de la naturaleza. El corazón es la sede de la rosa. La cabeza, la sede del poder del pensamiento, por consiguiente, del espíritu. Los centros de las dos manos son los órganos del poder de actuación. Los centros de los dos pies son los órganos de la actividad motriz.

Todo este sistema puede ser simbolizado por la estrella de cinco puntas, la estrella de Belén, la estrella del Gólgota, el camino de cruz del Cristo. Este camino de cruz nunca fue ni es un martirio, sino una resurrección absoluta. Por consiguiente, el camino de cruz crístico es la resurrección del cuerpo vital del alma y, al mismo tiempo, la gran fiesta de la consecución del objetivo por el hombre-templo. Pues el templo del cuerpo nacido de la naturaleza y el hombre-alma moran en el mismo microcosmos, están encerrados en el mismo microcosmos. Como tales, son uno y, sin embargo, no lo son.

Este trabajo liberador fue realizado en el pasado por la Fraternidad precedente, la Fraternidad de los Cátaros; y hoy en día por la Joven Fraternidad Gnóstica. La grandiosa celebración que tenía lugar en la gruta de Belén de Ussat-les-Bains, en el sur de Francia, concernía al desapego, a la liberación de la naturaleza del hombre-alma, con respecto al hombre-templo según la naturaleza. Sólo a partir de ese momento el hombre-templo se convertía realmente en un sacerdote. Cualesquiera que fueran las violencias cometidas hacia tal hombre-alma, ya nadie podía dañarle. ¡Estaba liberado para siempre!

También usted debe aspirar a poseer, como Hermano o Hermana, el cuerpo vital liberado: el hombre-alma liberado.

 

 

11

La lucha, el objetivo y

la realización de la vida

 

 

 

Impresionados, por un lado, por los terribles reproches que los llamados ateos hacen a Dios, sin duda por incomprensión del sufrimiento del mundo, o tal vez generados por un sentimiento de compasión hacia el mundo y la humanidad; y por otro lado, afectados por la manera en la que los representantes de la iglesia explican el amor de Dios por sus criaturas, hemos decidido hablarle más concretamente del objetivo de la vida, del objetivo de su vida individual.

Por divergentes que sean las opiniones, todo el mundo está de acuerdo en afirmar que no es posible que la vida no tenga ningún objetivo, por la simple razón de que el hombre ha sido creado por Dios. Todo lo que Dios ha creado en su inmenso mundo, lo ha hecho con una grande y sabia intención, aunque el hombre no siempre se dé cuenta de ello y no comprenda lo que ocurre a su alrededor.

Pues, ¿cómo podría el hombre comprender las intenciones divinas cuando sus pensamientos y sus actos sólo contemplan su existencia personal? ¿Cómo podría entrever las sublimes intenciones de Dios, cuando su centro de gravedad aún está unido a la materia? ¿Y cómo podría arrogarse el derecho de juzgar a Dios que es puro Espíritu?

Y, sin embargo, es lo que actualmente se hace. Cuando el instinto de conservación domina, cuando los humanos no dejan de agredirse y por todas partes resuenan horribles gritos de sufrimiento, se hacen reproches a Dios, se dice que es imposible que Él sea amor, pues si fuera amor no podría soportar los horrores que acontecen en este mundo de tinieblas.

Esto es lo que claman quienes han perdido la fe y su esperanza en los hombres, quienes han visto a su alrededor tantas miserias e injusticias y han sufrido tanto que han decidido continuar su camino en solitario, sin Dios ni nadie. Por lo tanto, harán solos su camino,  buscando su salvación en sí mismos con el fin de asistir de lejos a toda esta agitación.

Quienes así piensan y actúan no son los más insensibles, cosa que no se puede decir de otros. La dura realidad les ha convertido en lo que son, y no han podido aproximarse a la santa luz que ellos llaman Dios. Descubrirán, llegado el momento, que por sí mismos no podrán hacer nada, ya que se encuentran en la materia, en medio del océano agitado de los hombres, para servir a la humanidad.

Nos hemos dado cuenta de que estos ateos, como se les llama, no son en absoluto los peores hombres; ya que la situación de un hombre resignado que gustosamente deja que los demás reflexionen por él, es mucho más grave.

Seguro que conoce personas convencidas de que Dios sabe lo que les conviene, o que repiten palabra por palabra lo que las autoridades religiosas les han dicho. ¿Pero cuántas veces les ha ocurrido que estas autoridades espirituales no supieran responder a las múltiples preguntas de las personas decepcionadas por Dios? Si no, ellas hubiesen respondido sin rodeos que si se busca la solución de todos los enigmas de la existencia, se debe comenzar por actuar en la propia vida. Pues sólo el actuar proporciona la experiencia y la experiencia proporciona la comprensión.

Las personas crédulas y resignadas son a menudo tibias, a las que nada calienta ni enfría, y que únicamente se mueven si están amenazadas directamente. Todas estas personas «bienintencionadas» no tienen ninguna preocupación por sus hermanos que luchan; sino que, por el contrario, menosprecian incluso a quienes se debaten por salvar su vida y la de otros. Pero jamás olvide que esta lucha por la vida es la que conduce a la justa comprensión del objetivo de la vida; y que sólo esta comprensión puede hacernos llegar a la realización de la vida. Por lo tanto, existen tres nociones que deben compartir todos los hijos de los hombres sin excepción: la lucha por la vida, el objetivo de la vida y la realización de la vida.

Todos los seres humanos están directamente concernidos en la lucha por la vida, que pueden ignorar durante cierto tiempo pero que un día deben aceptar. Todos persiguen un objetivo y todos esperan alcanzarlo. La única diferencia, en este circuito, es la espiral en la que cada uno se encuentre. Lo que la lucha por la vida representa para uno quizás no tiene ningún sentido para otro. El objetivo de la vida de uno, posiblemente no tiene ningún valor para otro. Y la realización de la vida que contempla uno, quizá ya ha sido alcanzada por otro. Sin embargo, todos sin excepción viven estas tres nociones.

 

Profundizar en estas tres nociones, en una sola exposición, nos conduciría demasiado lejos y correríamos el riesgo de ser superficiales a pesar de nuestra prolijidad.

Por consiguiente, limitémonos a tres grupos de hombres que, cada uno a su manera, aspiran a la realización de la vida.

En primer lugar, pensamos en los que, impulsados únicamente por un sentimiento humanitario, están dispuestos a dar su vida por el prójimo. Son naturalezas combativas que luchan por salvaguardar su vida y la de otros, y no soportan la injusticia de este mundo. Son los que experimentan el sufrimiento del mundo en su propia carne y deben cargar con este peso. Son hombres que no saben mucho sobre el porqué y el cómo de las cosas, pero cuyo pensamiento y visión constatan la misma realidad, y esto les basta para lanzarse al vacío.

No debe sorprendernos que conduzcan el combate con las mismas armas que quienes provocan sus emociones y a los que sólo sus ojos pueden percibir. A muchos, la idea de Dios les deja totalmente fríos, pues para ellos sólo tiene valor el triunfo en la materia.

Por consiguiente, ¿no es mejor luchar con las armas correspondientes a su estado que cubrirse santamente con el barniz de la falsa piedad? ¡Máscara hipócrita, actitud fingida! Estas personas son como pájaros con plumaje abigarrado que buscan una satisfacción en la falsa piedad, pero mantienen herméticamente cerrado el propio fondo de su ser, sin que jamás lleguen a trabajar en su ser y mucho menos aún profundicen en sus propios pensamientos. ¡Dése cuenta que usted tiene en sus manos el objetivo de su propia vida! Si verdaderamente quiere renovar su vida, usted mismo debe eliminar las falsas apariencias de santidad, desprovistas de toda vida.

El tercer grupo comprende, como hemos dicho al principio, a todos los que preguntan: «¿Por qué Dios no se manifiesta de otra manera? Si verdaderamente existe una intención superior detrás de la realidad, entonces ¿por qué ocurre todo lo que acontece en el mundo? ¿Por qué la fuerza divina no lo penetra todo, haciendo desaparecer lo que hay de malo e injusto?» Tales personas se dan cuenta de que su vida debe tener un objetivo, pero su existencia se ve agravada porque se sienten unidos a quienes sólo luchan por la vida material. Su visión realista de la humanidad les separa directamente de los del segundo grupo. Y deciden recorrer solos su camino, el camino de las experiencias amargas, en el que es preciso aprender a convertirse en hombre, en el verdadero sentido del término. Y convirtiéndose en hombres verdaderos, experimentarán que Dios es amor, que Dios es luz.

¿Acaso Dios no hace comprender al hijo de Dios que Él ha concebido un plan grandioso para el mundo y la humanidad? ¿Y no conocemos el significado de la frase: «Dios no abandona la obra de sus manos»? El plan que Él ha concebido para nosotros, sus hijos, debe ser ejecutado. Todas las tensiones, todos los dolores de este mundo son las consecuencias de la oposición de los hombres al plan de Dios, a sus actos de amor. La oposición al amor divino proviene de la desilusión, de ignorar que existe un plan que irradia en la fuerza de Cristo.

En esta fuerza y en esta luz experimentará que el amor de Dios le envuelve siempre con un manto de luz en sus horas de angustia espiritual. Pues Dios no deja jamás una oración sin respuesta. Sin duda, replicará: «¡Pero yo rezo! Imploro con todo mi ser la ayuda de Dios. Yo he luchado, pero no he recibido ninguna respuesta». La razón para que no reciba tal respuesta es que la ventana de su alma no está abierta de la manera correcta.

Quisiéramos darle el ejemplo de un hombre llamado a colaborar en el trabajo de salvación de la humanidad. Cuando él ha sido llamado al servicio, ha pensado: «Primero debo avanzar un poco más para cumplir mejor mi tarea».

Haciendo esto ha elegido un camino difícil, escarpado, cuajado de precipicios y de picos rocosos, pero quería primero progresar, pensando que debía haber avanzado mucho antes de poder dar algo a los demás. El servicio al que era llamado no estaba ni muy alejado, ni muy elevado, sin embargo, ¡primero quería triunfar! En efecto, desplegando esfuerzos sobrehumanos alcanza su objetivo a pesar de las emboscadas que amenazaban, en todo instante, con lanzarle abajo.

Pero, oh amarga desilusión, alcanzado el objetivo, lejos de la humanidad que había dejado tras de sí, se ha encontrado en una soledad glacial. Nadie parecía necesitarle, mientras que, muy por debajo, sus maestros, a los que él esperaba ver realizar su tarea en las alturas sublimes, hacían servicios inestimables con la poderosa ayuda de los que no habían buscado tan alto. Pensaba poder comprender y cumplir mejor su tarea manteniéndose por encima de las cosas, pero en esta sutil soledad, aprendió que el servicio a la humanidad se realiza en la materia, en el propio seno de la lucha por la vida.

Helo aquí completamente vacío. Las palabras pronunciadas abajo, al pie de la montaña, permanecen para él, que querría buscar tan alto, totalmente ininteligibles. Abandonado y solo, su ociosidad le permite observar fijamente el sol rojo sangre en el horizonte. En este momento, nadie necesita de él ni de su trabajo, a pesar del enorme esfuerzo que había hecho.

¿Qué conclusión podemos sacar? Que los hombres impulsados exclusivamente por el amor humanitario luchan para mejorar el bienestar material, para caer finalmente, tras cierta satisfacción, en una fatuidad que a la larga les hace totalmente ineficaces; o bien, gracias a su perseverancia y a su resistencia, adquieren un alma de una calidad tal que atrae necesariamente las fuerzas de la luz, las cuales le enseñarán a seguir el camino que el Cristo ha recorrido para ellos. La calidad de alma les conducirá al reconocimiento de la luz, al descubrimiento de Dios.

Quien creía poder triunfar solo, aislado de los demás, gracias a su pureza interior y a su conocimiento espiritual, experimentará, tras las duras lecciones de la vida, que su crecimiento individual no le ha aproximado al conocimiento de Dios, sino que el camino individual y el camino colectivo están unidos, que deben alcanzar la misma vibración por la unión entre la cabeza y el corazón, para que pueda cumplirse hasta el buen fin el camino liberador que conduce al objetivo espiritual.

Por lo tanto, la realización de su vida pasa por el desarrollo de sus poderes interiores en una elevación colectiva de la humanidad en Cristo.

Si seguís mi camino, dice el Cristo, comprenderéis la verdad y la verdad os liberará.

 

 

12

Los tres fuegos de la gracia

 

 

 

Tan pronto como el alumno, despertado a la luz, decide abandonar su antigua naturaleza y su antiguo estado de ser para convertirse en una criatura nueva, una creación nueva, comienza su camino de cruz y sigue los pasos de Jesús el Señor. La antigua naturaleza debe desaparecer, debe ser crucificada, abandonada. Pablo explicaba positivamente a sus alumnos: Pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. (I Corintios 2, 2). Ésta es la frase que les he comentado desde hace años en la Escuela Espiritual de muchas maneras y en todos los tonos.

Cuando un ser humano se decide a seguir la luz hacia donde ella le conduzca, debe aceptar un camino de cruz. Y quien se somete a él en la fuerza del fuego crístico se convierte al instante en un Rosacruz. Pues la rosa se abre, traspasada por el fuego del Padre, el fuego fundamental, lo que engendra una inquietud notoria. Quien consagra la rosa al camino de cruz, es un Rosacruz: un hombre que fija la rosa a la cruz. La rosa es llamada por el fuego del Padre. Todo el ser sigue el camino de cruz por el segundo fuego, el fuego de Cristo.

Y el alumno que sigue este camino de cruz, llevado, guiado, transportado por estos dos fuegos, que reconoce y acepta las consecuencias de estos dos toques como un acta de la alianza, que verdaderamente rubrica en su sangre tal camino, por consiguiente, que admite las consecuencias hasta en su comportamiento, este alumno enciende pronto el tercer fuego, el fuego del Espíritu Santo.

Pues desde el mismo instante en que comienza su camino de cruz, el camino de cruz de las rosas, se compromete a la transfiguración, al gran cambio en el que opera el tercer fuego, el fuego sagrado que transforma y renueva, el fuego que realiza la gran transformación, el fuego que impulsa al candidato hasta la realización. Tal es la vida gnóstico-mágica; y el triángulo de fuego, el Trigonum Igneum, se inflama en el candidato.

El fuego del Padre arde en usted, la luz del Hijo brilla en usted y por usted. Por el fuego del Padre ya está unido al círculo de la eternidad. La luz de Jesucristo le ha dado todo lo que usted debe poseer y saber para realizar el camino de cruz. Y cuando se decide a realizar el acto liberador de Jesús el Señor, inmediatamente el Espíritu Santo desciende sobre usted, cuya fuerza renueva todo y le conduce, en calidad de nueva criatura, hasta una nueva creación. La evolución actual del Cuerpo Vivo de la Joven Fraternidad Gnóstica exige del hombre gnóstico esta primera experiencia.

Sólo cuando los tres fuegos ardan en usted, podrá decir verdaderamente: Las cosas antiguas han pasado; he aquí que todas las cosas han devenido nuevas. (2 Corintios 5, 17). En efecto, dado que así se ha convertido en un Hijo del Fuego y ha atraído el triángulo de fuego llameante que irradia de la flamma, materia, mater —según la fórmula de Paracelso— de los tres lados del triángulo, como un nuevo fuego, se elevan seis nuevos poderes, dos en cada lado.

Estas seis emanaciones del fuego iluminan y rodean todo el santuario de la cabeza, el monte del Calvario, el lugar del cráneo. El monte del Calvario irradia luz, la luz de los tres fuegos. Entonces el candidato pronuncia su «consummatum est». Se han creado las condiciones para la construcción. El alumno ha resucitado en la vida nueva. ¡El fuego de Pentecostés arde!

Desde ese momento puede comenzar a construir verdaderamente de forma nueva. En lo sucesivo se mantiene, en sentido absoluto, «sobre la alfombra». Por lo tanto, la magia gnóstica nace del fuego sagrado. Quien no posee nada de tal fuego no puede hacer ninguna obra gnóstica, ni hacer un empleo fundamental de su vida. Por consiguiente, aún menos puede ser un alumno en el verdadero sentido del término. Sin el fuego sagrado, es imposible recorrer el camino de liberación. En efecto, todo debe comenzar y desarrollarse por el fuego de la renovación.

Por ello el alumno preparatorio ya debe tener un corazón en el que arda el fuego fundamental. Si carece de esta llama de fuego del Padre, será incapaz de comprender la lección del fuego, así como los actos y gestos de los «hijos del fuego». Quien no posee esta llama, dicho de otra manera, quien no posee la rosa del corazón, no puede comprender la enseñanza del fuego y jamás comprenderá los actos de los hijos del fuego. Por este motivo, en la Escuela Espiritual surgen toda clase de dificultades cuando son admitidas personas que no poseen este fuego.

Quizá se plantee la siguiente pregunta: «¿Acaso puede acaecer algún día lo que todavía no se ha producido? ¿Es posible que también el fuego se inflame en ellas, dado que están en la Escuela Espiritual?» ¡No, esto es imposible! ¡Se es un hijo del fuego de nacimiento o no se es! Llegar a serlo es imposible.

Debemos habituarnos a la idea de que en la tierra hay diferentes tipos de hombres. Existen hombres que, por naturaleza, no se sienten en su casa en la tierra, y otros en los que todas las células de su cuerpo deben su nacimiento y su crecimiento a la naturaleza dialéctica. Es una irresponsabilidad conducir a tales hombres a la Escuela Espiritual.

Un hijo del fuego puede desviarse. Un hijo del fuego puede pecar y, en consecuencia, perderse completamente. Pero, no obstante, continúa siendo siempre un hijo del fuego por la estructura de su microcosmos.

El ser aural de un microcosmos posee un foco. Este centro del microcosmos corresponde al corazón de la personalidad. Ahora se trata de saber qué principio arde en el corazón de la personalidad, ¿el principio de la luz original del Reino inmutable o un fuego en absoluta armonía con la naturaleza caída? Esto es lo que determina el estado de ser, la naturaleza profunda de un microcosmos.

Esto explica porque la Escuela Espiritual siempre muestra la mayor paciencia y la mayor indulgencia hacia quienes poseen esta señal pero aún están extraviados. Pues la Fraternidad de la Vida parte de la absoluta certeza de que, cuando un hijo o hija del fuego extraviado se orienta hacia el camino liberador del alma, tendrá la capacidad de superar la decadencia de su ser y de consagrarse a su regeneración.

¿Cómo se puede afirmar esto con tanta certeza? Pues bien, a causa de las propiedades del fuego. Usted sabe que el fuego arde y consume. Por lo tanto, si el fuego fundamental, el fuego del Padre, es encendido en alguien, si éste ha puesto el pie en el camino de la liberación del alma, entonces comienza un proceso de inflamación y consunción. Si su microcosmos se coloca en el cuadrado de la construcción, usted enciende el fuego ardiente y devorador.

Suponga que como hijo del fuego haya cometido muchos errores en su cuadrado de la construcción, que haya actuado como un constructor insensato. Imagine que hasta ahora haya conducido su vida y aprovechado sus posibilidades con gran torpeza; desde el punto de vista gnóstico, esto sería muy lamentable. Sin embargo, usted ha llegado a ser consciente de ello y empieza a trazar en usted el triángulo de fuego. Damos por descontado que es un alumno serio y se orienta hacia la Gnosis con esta oración:

 

Oh fuego saludable, ven, aproxímate,

            y libera en mí el celeste camino.

 

En ese mismo instante sobreviene la respuesta y comienza el proceso. En el Evangelio de Juan, se dice: Quien sigue al Hijo, sigue al Padre. Quien sigue al Hijo llama, al mismo tiempo, al Consolador. Lo que significa que los tres fuegos se inflaman todos a la vez. Quien comienza a seguir el camino traza inmediatamente el Trigonum Igneum, el triángulo de fuego, el cual comienza a arder enseguida.

Usted sabe que el fuego de los misterios es el principal y sublime símbolo de Dios, del Espíritu, de la Gnosis, del círculo de la eternidad. La rosa en usted es Dios potencialmente. Cuando comienza a arder el fuego sagrado, se desencadena un proceso ígneo. El propio Dios penetra en usted y le hace oír su voz.

Los antiguos Maniqueos mantenían la idea que, entre los hijos de Dios, la luz estaba mezclada con las tinieblas. Nosotros sabemos que es perfectamente cierto. En el hombre existen muchos elementos oscuros como consecuencia de su nacimiento en la naturaleza. Y, en él, éstos están mezclados con los elementos luminosos.

Por consiguiente, si usted emprende el camino liberador, las tinieblas en usted son asidas por el fuego que se ha encendido. Comienza un proceso ígneo: el propio Dios penetra en su ser. Por ello Pablo dice a estos alumnos: ¿No sabéis que sois el templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Y añade: Si alguno destruye el templo de Dios, Dios le destruirá, pues el templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros. (I Corintios 3, 16-17).

¿Qué quiere decir Pablo con ello? No alude a la corrupción causada por los demás, pues un alumno en el camino no puede ser corrompido por otros. Si el fuego del Padre arde en usted, ningún mortal puede apagar este fuego. No, usted sólo puede corromperse a sí mismo. Cuando emprende el camino en el triángulo llameante, está obligado a comportarse de forma totalmente diferente en el cuadrado de construcción, a adoptar un comportamiento absolutamente nuevo, ya que si no corrompe su propio templo, un templo que es de Dios.

Pablo dice en la primera Epístola a los Corintios, capítulo 3: Nadie puede poner otro fundamento que el que ha sido puesto, Jesucristo. Si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja —es decir, con intenciones dialécticas—, la obra de cada uno será puesta en evidencia; pues el día lo dará a conocer, ya que se revelará en el fuego, y el fuego probará la calidad de la obra de cada uno. Si la obra subsiste, recibirá su salario, y una sanción en caso contrario.

Comprenderá por qué, cuando un alumno de la Escuela Espiritual centra su vida en cosas accesorias, en valores dialécticos, suscita enormes resistencias en él. Si enciende el fuego sagrado pero al mismo tiempo se aferra con ambas manos a las cosas de la naturaleza ordinaria, entonces el fuego encendido para consumir todo lo antiguo, todo lo que es indigno de Dios, encontrará todavía más resistencia en él.

Por esta razón, muchos alumnos de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro no llegan a superar las numerosas dificultades que se presentan en su vida; porque, en su ignorancia, se resisten al fuego liberador que, sin embargo, ellos mismos han invocado. Despréndanse de lo que tienen que soltar.

Si alguien construye con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja, su obra será puesta en evidencia. El día la dará a conocer porque se revelará en el fuego, el fuego que usted mismo ha encendido. El fuego probará su construcción. Y si, habiendo sido probada por el fuego interior, su construcción permanece, recibirá su salario, dice Pablo. Pero si la obra de alguien es consumida, éste experimentará daño, a pesar de que él mismo sea salvaguardado, por y a través del fuego purificador.

 

 

13

Viaje al país donde nace el Espíritu

 

 

Leemos en la Epístola a los Efesios, capítulo 2, versículo 1 a 10:

   Vosotros estabais muertos por vuestras ofensas y por vuestros pecados, en los que en otro tiempo vivíais, siguiendo la corriente de este mundo, bajo el príncipe de las potencias del aire, ese espíritu que ahora actúa en los hijos de la rebeldía. También nosotros hemos vivido así en otro tiempo, llevados por la concupiscencia de nuestra carne, satisfaciendo su voluntad y sus malas inclinaciones, viniendo a ser, por nuestra conducta, hijos de la ira, como los demás…

   Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando muertos por nuestras ofensas, nos vivificó con Cristo; por gracia, habéis sido salvados; nos ha resucitado y nos ha sentado en los lugares celestes, en Cristo Jesús, con el fin de mostrar en los siglos venideros la soberana riqueza de su gracia, por su bondad hacia nosotros en Jesucristo.

   Pues por la gracia habéis sido salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios. No viene de las obras, para que nadie pueda gloriarse. Pues somos obras suyas, regenerados en Jesucristo, para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para que las practicásemos.

Cuando lee esta parte de la sublime Epístola de Pablo, descubre que da testimonio de su inmenso agradecimiento y alegría porque la Fraternidad, la comunidad de los Efesios, haya sido admitida en el campo magnético lleno de gracia de la plenitud cristocéntrica. Pablo dice aquí que estos alumnos de la Escuela Espiritual «han llegado a estar verdaderamente vivos». Y describe brevemente el proceso de salvación.

«Antaño», dice, «pertenecíais totalmente a la naturaleza de la muerte, por vuestras ofensas y pecados». No se deben contemplar estas ofensas como errores graves hacia el orden social y moral de la sociedad ordinaria dialéctica, sino que se trata de un tipo de criminalidad fundamental con respecto a la Gnosis. Todos los hombres llevan esta marca «en concordancia con la vida de este mundo» e imitan «al príncipe de las potencias del aire».

Cuando un ser humano no sigue su vocación de portador de la imagen de Dios, cuando por consiguiente no vence al mundo, la contranaturaleza se desarrolla, tanto en la esfera material como en el más allá. Todos estamos mancillados, por lo tanto marcados, por la sangre recibida en el nacimiento y por el karma creado. Esta marca es el signo de «los hijos de la rebeldía». Todos los alumnos de una escuela transfigurística son así, por naturaleza, «hijos de la ira». Esto no solamente es una verdad mística, sino un hecho real que se le presenta como la verdad desnuda, lo que excluye cualquier interpretación romántica al respecto.

Quien comprende todo esto y lo experimenta como una profunda verdad, se sentirá penetrado por una dicha indecible y quedará mudo de agradecimiento cuando descubra que su decadencia según la naturaleza y su existencia fundamentalmente inútil y pesadamente cargada se cambiarán, en la Escuela Espiritual Transfigurística, en una liberación total que, además, es una elevación libre de pecado.

Solamente entonces se podrá hablar de una vida que ofrece una verdadera perspectiva. Sólo entonces el ser humano tendrá ante sí un futuro: la posibilidad de manifestar en los siglos venideros la riqueza desbordante de la fuerza llena de gracia del Cristo. Pues quien es admitido en el Cuerpo Magnético de la Joven Fraternidad Gnóstica, quien experimenta los siete rayos del Espíritu Universal e inflama su candelabro de siete brazos, entra en un proceso de evolución y transmutación que, desde el punto de vista espacio-temporal, se desarrolla por los siglos de los siglos. Con sus hermanos y hermanas, emprende un viaje que le conducirá desde aquí abajo al campo astral divino, progresando de fuerza en fuerza, hasta que se le abran las puertas del Reino inmutable. Todo este recorrido es un viaje al país donde nace el Espíritu.

Esto es posible gracias a los sublimes dones gnósticos de salvación. Usted sólo tiene que emprender el camino, con todas las consecuencias de esta vida nueva, para que, tocado por el fuego lleno de gracia, transforme este alimento saludable en fuerza y, dotado con esta vitalidad, entre en la vida del alma-espíritu.

Para ser fieles a la verdad, añadamos que, aunque muchos alumnos de la Escuela Espiritual reciben diariamente, y a toda hora, esta fuerza y alimento, comprobamos que estas posibilidades dinámicas son todavía muy poco empleadas. Todos los alumnos que realmente aspiran a la Gnosis se han hecho más ricos por su relación ininterrumpida con el Cuerpo Magnético de la Escuela séptuplemente manifestada. Sí, ellos poseen verdaderos tesoros, pero son insuficientemente conscientes de ello. Consideran demasiado sus resultados dialécticos, que encuentran mediocres.

Pero observen que Pablo explica a los Efesios que ellos son salvados por la gracia y que son cargados con riquezas que no pueden explicarse por su estado dialéctico. «Es el don de Dios», dice, «esto no viene ni de vosotros ni de vuestras obras». Por ello, usted, que ha sido tocado por la Gnosis, debe mantener su posición totalmente diferente frente a estas cosas, dado que nosotros hemos sido «regenerados en Jesucristo, para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para que las practicásemos».

Si ahora comprende esta última frase, entonces ya sigue el camino correcto. Pablo quiere decir: no confunda las cosas de la naturaleza ordinaria con las de la Gnosis, pues usted no puede cambiar la naturaleza ordinaria. Usted está cargado con nuevas posibilidades para practicar un nuevo comportamiento, el cual no tiene nada que ver con la naturaleza ordinaria. Pues bien, ¡practíquelo!

Tras este cambio del alma, puede plantearse la pregunta: «¿Cómo puedo ejercer este nuevo comportamiento?» He aquí nuestra respuesta: «Puede ejercer este nuevo comportamiento en la unidad de grupo».

 

 

14

La voz del silencio

 

 

Entonces hablará al oído interior

la Voz del Silencio. Y dirá:

Si tu alma sonríe

bañándose en el sol de tu vida;

si tu alma canta

en su crisálida de carne y materia;

si tu alma llora en su castillo de ilusión;

si tu alma se debate para romper

el hilo de plata que le ata al Maestro;

sabe, oh discípulo,

que tu alma es de la tierra.

Cuando deseamos seguir a un alumno en el camino, debemos discernir bien dónde comienza este camino. En efecto, el camino comienza allí donde el alumno logra elevarse por encima de la prisión del nacimiento natural.

Ahora bien, este elevarse, sólo es posible si el deseo del corazón es suficientemente fuerte y puro, si el santuario de la cabeza está purificado de motivaciones y objetivos dialécticos ordinarios, y si el creciente poder del pensamiento se ha emancipado de la inteligencia inferior y ésta se ha colocado bajo la dirección de la razón.

Gracias a esta transmutación que se produce en la personalidad, el alumno favorece el crecimiento del alma que se convierte en un alma verdaderamente viva. Ahora bien, si el alma vive, se puede comenzar el camino. Entonces, el alumno es sacado del pozo del perecimiento por una de las siete cuerdas.

Habiendo encontrado así el camino y comprometiéndose a recorrerlo, el alumno oye por primera vez la voz del silencio, la voz de su Maestro. Este Maestro es el Dios interior, el Espíritu Virgen, que los antiguos gnósticos llamaban Christos.

Este Maestro debe comenzar por hablar al alumno. Sin esta voz, ninguna ayuda ni ningún maestro pueden hacer nada por él.

Christos es el Espíritu que desciende, que se une al ser nacido de la naturaleza por medio del alma. Este eterno Perfecto se dirige, esencialmente, al alma. Ahora todo depende de la forma en que se comporte el alma.

Se debe comprender bien esta situación, esta particular tarea del alma. Pues, de hecho, es atraída por dos mundos, por dos campos de vida, en los que interviene como mediadora. Por un lado, existe la realidad del mundo inferior, llamado tan justamente «la sala de dolor» en La Voz del Silencio, y en la que todo está preparado para hacer caer al hombre en la ilusión de la «gran herejía», y, por otro, existe un Orden de la vida del Espíritu. En realidad el alma debe expresarse en los dos mundos.

Por lo tanto, como sin duda comprenderá, el alma debe ser entrenada. Debe encontrarse continuamente preparada para hacer la elección correcta. Pues cada decisión equivocada puede provocar un gran desastre. Una vez reconocido esto, comprenda la advertencia de Ezequiel (18, 4): «El alma que peca debe morir».

Por consiguiente, si ella oye la voz del silencio, esta voz le servirá continuamente de guía. Únicamente siguiendo este guía, este Maestro, y obedeciéndole, será posible superar esta primera fase del camino extremadamente peligrosa.

La voz que nos advierte habla de una práctica que todos los humanos conocen muy bien. La vida del hombre nacido de la naturaleza presenta innumerables altibajos. Cuando se es joven, fuerte y con buena presencia, tal como se dice, todo va viento en popa, por consiguiente «se baña en los rayos del sol de la vida», canta en «la crisálida» de su cuerpo material. ¿Qué se le puede reprochar?

Pero muy pronto llega el momento en el que se da cuenta de que es prisionero en su «castillo de ilusión». Tan pronto se sumerge totalmente en el tumulto del mundo, como escucha la estruendosa voz de la gran ilusión. Es golpeado por el sufrimiento, que conlleva ardientes lágrimas, y por innumerables gritos de tormento y angustia que llegan a ensordecerle. Así que tan pronto tiene razones para ir con optimismo al encuentro de la vida, como es aplastado por un gran temor.

Entonces, desde el comienzo del camino, la voz del silencio, la voz de Christos, le habla, habla a su alma: «Que tu alma no se deje llevar por estos humores cambiantes del ser nacido de la naturaleza, ni se acomode a ellos. Manténte por encima de la felicidad y de la tristeza. No te dejes llevar por las alegrías ni por los dolores del momento. ¿Si te dejas por la agitación del siglo, cómo podrás alcanzar la eternidad?»

¡Retenga esto, hermano, hermana! Si su alma está agitada y es atraída por todas las emociones delmomento, romperá el hilo de plata que le une al Maestro. Le será imposible permanecer en el silencio,con Él, con Christos.

Sin caer en la indiferencia por la dicha y la desdicha de los que han nacido de la naturaleza —¿cómo podría hacerlo?—, el alma debe liberarse de toda emotividad, tanto de la alegría como de la tristeza, permaneciendo constantemente orientada hacia la sublime unión con Christos, sabiendo que así es como mejor puede ayudar al Espíritu, al Alma y al Cuerpo, que deben llegar a unirse.

 

 

15

La Triple Alianza de la Luz

 

Las leyes interiores de la Escuela Espiritual Séptuple de la Rosacruz de Oro están basadas en la fuerza nuclear y en su acción en los diferentes aspectos de esta escuela. Por consiguiente se debe comprender muy bien que una Escuela Espiritual no es un asunto de alguien en particular.

Cuando ha llegado a su completo desarrollo, una Escuela Espiritual posee un séptuple Cuerpo Vivo. Está formada por piedras vivas, lo que quiere decir que algunos millares de almas esperan su salvación del Cristo vivo. A Él, al Cristo vivo, le pertenece la Escuela Espiritual y sólo en su fuerza astral, en su sangre purificada, se puede realizar la gran obra de salvación.

Así, el verdadero servidor jamás se colocará en el centro, incluso aunque esté plenamente comprometido en el trabajo de la Escuela Espiritual. Los verdaderos servidores, dicen como el Cristo: «No tengo nada mío. Todo lo que poseo, todo lo que digo, lo he recibido de la Gnosis, de la Fraternidad de la Vida que se ocupa de mí, por medio de la Joven Fraternidad Gnóstica». Y como el Cristo, ellos también dicen: «Todo lo que poseo, todo lo que digo, lo he recibido de mi Padre, que está en los cielos». Tal es el profundo significado y fundamento de las palabras del Cristo, que los servidores enseñan y demuestran con su vida: Señor que no se cumpla mi voluntad, sino la Tuya.

   Cuando, desde el corazón de la Cadena Gnóstica Universal, un grano de trigo es depositado en el suelo tenebroso de la naturaleza de la muerte, sabemos que este principio de vida encierra la totalidad de la revelación de la salvación. Este principio de vida es por consiguiente el punto de partida. No se le puede ignorar.

Ocurre lo mismo para el camino liberador del alma que usted quiere recorrer. Antes de comenzarlo, todo lo que debe conducirle a la realización concreta de este camino está oculto en el corazón de la Escuela Espiritual.

La Cadena de la Fraternidad de Cristo y los dos miembros fundadores de la Escuela Espiritual forman, en conjunto, el Triángulo desde cuya cumbre irradia la Luz del Cristo, la Luz sagrada, que está al servicio de todos los que aspiran a ella.

Así, en un momento dado, el señor Jan van Rijckenborgh y la autora de estas líneas decidieron de común acuerdo liberar, en la Santa Luz de Cristo que se manifestaba, el camino que conduce al séptimo aspecto de la Escuela Espiritual, el campo de la resurrección, con el fin de que la elevación de todos los hermanos y hermanas, que van con nosotros y que vendrán tras nosotros, pueda un día llegar a ser «perfecta». Por ello, hoy todavía se aplica esta única regla: obediencia al santo trabajo universal.

La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, de la que forma parte en calidad de alumno, tiene su origen en una Comunidad de doce hermanos y hermanas de la Gnosis Universal.

Para ser precisos, esta comunidad existía desde el comienzo del siglo veinte, y todavía cuenta con doce miembros.

En la última parte del siglo precedente, la Triple Alianza de la Luz decidió desarrollar un trabajo mundial totalmente nuevo, de una dimensión completamente diferente a la que habría parecido posible con anterioridad, un trabajo cuya base debía encontrarse en Europa y, desde allí, expandirse por todo el mundo.

Para que este trabajo triunfara, sin duda alguna era necesario que fuera de naturaleza triple. La Triple Alianza de la Luz comprende como usted ya sabe:

la Fraternidad del Santo Grial,

la Fraternidad de los Cátaros,

y la Fraternidad de la Rosacruz.

A través de los siglos, estas tres Comunidades ejecutan juntas, en una Cadena Universal de Fraternidades, el gran plan divino, al servicio de Dios y del hombre:

el conocimiento del plan de Dios,

la toma de conciencia religiosa,

el arte de vital de la realización.

 

En el alba de este siglo se tomó la decisión de emprender este trabajo, completamente nuevo, de forma triple. Al Círculo de los Doce, que pertenecía a la última cosecha de liberados de la Cadena Universal de las Fraternidades, le fue confiada la enorme tarea de emprender el trabajo de la Triple Alianza de la Luz, actuando en unidad, en unión con la actividad de la Fraternidad de los Cátaros que tuvo lugar en el sur de Francia, en el país de Sabarthez, hace unos setecientos años.

Diversos servicios de templo abordan este grandioso aspecto sobre el que no podemos extendernos aquí, pero sí nos es posible decir que se ha realizado el gran milagro. La rosa de la total ofrenda del yo al santo trabajo se ha enraizado en la roca estéril de la naturaleza de la muerte. Y ahora vemos crecer el único edificio, el muro del templo, que reposa sobre la única piedra angular, el Cristo. Las hileras se superponen, unas sobre otras, en el muro del templo universal.

Y con el total sostenimiento de la Cadena Universal de la Fraternidad de Cristo, el trabajo se prosigue en nuestra época para hacer, de la manifestación viva del alma-espíritu, una fiesta de la cosecha con vistas a salvar de la noche de los siglos a las almas que buscan franquear positivamente la puerta del Santo Templo de Cristián Rosacruz.

 

¡Oh fuego divino séptuple,

inflámate en nuestro ser

en esta hora sagrada

de los Elohim de la Gnosis!

¡La Cámara Alta brilla,

claridad universal,

luz de Tu Majestad,

esplendor ilimitado!

 

Galaad resucita

de la tumba real,

testimonio gnóstico

de la Fraternidad.

Desbordantes de anhelo de salvación

elevamos nuestros cantos

de la nueva y triple Alianza.

La tarea es realizada otra vez.

 

Lejos resuena la llamada,

en el antiguo país:

Uníos, pues, al grupo

que unido va por el camino.

La Cadena se ha forjado otra vez

con almas vivas renacidas.

¡Los peregrinos cantan victoria

frente a la nueva mañana!

 

 

16

Todo cambio comienza en la sangre

 

 

 

En este capítulo quisiéramos tratar algunos aspectos que podrían ser de gran utilidad y valor para todos los alumnos. Por ello planteamos, sin preámbulos, si posee suficiente conciencia para comprender de lo que verdaderamente se trata en la Escuela Espiritual.

Debe darse cuenta, por sí mismo, de si es capaz de reaccionar de manera correcta al objetivo y a la naturaleza sublimes de la Escuela Espiritual. No dudamos que usted haya comprendido intelectualmente lo que se ha dicho hasta el presente en nuestros lugares de servicio. Ni de que, a partir de esta concepción intelectual, sin duda haya desarrollado cierta comprensión. E incluso, quizá, haya sabido retener esta comprensión como síntesis de todo lo que ha sido dicho.

Por supuesto que esto no está mal en sí, pero en el marco de su participación en el Cuerpo Vivo de la Escuela, no es suficiente. ¿Por qué? Porque además de su comprensión intelectual, también es necesario adquirir conciencia.

La gran misión de una Escuela Espiritual es transmitir el mensaje de salvación vivo, que guarda la Gnosis, a todos los que, partiendo de un alma material, quieren elevarse hasta el estado de hombre-alma-espíritu por un proceso de transmutación. Que usted muestre comprensión y sea gnósticamente sensible, es motivo de alegría para la dirección de la Escuela, pues sabe que la comprensión y la conciencia pueden hacer que muy pronto obtenga buenos resultados. Pero, ciertamente, no despreciemos lo menos esencial, pues habrá alumnos que puedan elevarse por encima del nivel medio de comprensión y de conciencia, mientras que también habrá quienes permanezcan por debajo. Por consiguiente, expliquemos algunos puntos que conciernen directamente al proceso de transmutación del hombre de la personalidad, aclarándolos si es posible.

Debe saber que todo cambio comienza en la sangre y que la purificación de la sangre, el cambio de la sangre, es la primera exigencia. A continuación, partamos de la idea de que todos los hombres provienen y viven de un principio vital central. Este principio de vida, o principio de fe, reside en la sangre. Dicho principio comporta siete aspectos y determina toda la personalidad.

Este séptuple aspecto del principio vital puede ser definido así:

  1. la idea,
  2. la fuerza astral,

3 a 6. los cuatro éteres,

  1. el factor gluten en la personalidad material.

Ahora comprende  que la sangre es mortal, corruptible; por lo tanto, debe ser consciente de que todos los hombres beben del cáliz de fuerzas sanguíneas corrompidas.

Quizá se pregunte: «¿También yo vivo de fuerzas sanguíneas corrompidas?» Le respondemos: «Sí, porque todos los hombres están y viven en una esfera vital cada vez más satánica, ya que existe una interacción entre ellos y todo lo que les rodea, entre ellos y la atmósfera en la que están sumidos». Siempre ha sido así en esta atmósfera vital dialéctica.

En el pasado, se sabía muy bien que todo cambio comienza en la sangre. Por ello, utilizando todo tipo de prácticas artificiales, se esforzaban continuamente en purificar, tanto como fuese posible, las fuerzas sanguíneas de la atmósfera en la que la humanidad vivía, para mantener en un determinado nivel los principios vitales del hombre.

Evidentemente, sólo se lograba en parte. En efecto, ¿qué hacían, por ejemplo, los antiguos sacerdotes? Observe que ignoraban la acción santificante y curadora de la radiación del Espíritu Crístico, de la que no eran conscientes.

Refirámonos, un momento, a los ritos sacramentales de los sacerdotes del Antiguo Testamento. Para comenzar, comprenda claramente que el principio vital contenido en la sangre de numerosos animales es, desde el punto de vista dialéctico, de naturaleza muy inocente. En la sangre de los carneros, de los corderos y de los bueyes no se encuentra nada que pudiera contener maldad.

En estos antiguos templos, se reunía una multitud de personas que vivían en todo y para todo como hombres dialécticos ordinarios y manifestaban de todas las maneras posibles su naturaleza pecadora. Esta muchedumbre atraía a su alrededor una nube astral tan infame y tan funesta que continuamente se podía temer lo peor.

¿Qué hacían entonces los sacerdotes de la época? Reunían a esta muchedumbre en los templos en los que quemaban incienso que proporcionaba a la sangre cierta receptividad. A continuación, mataban animales en los altares, de forma que su sangre chorreara en los vasos ceremoniales. Los vapores y olores de la sangre permanecían en suspensión en el templo y, añadiendo plantas, los hombres inhalaban las fuerzas vitales de la sangre animal. Así se producía cierta purificación  en su sangre, que se incrementaba al esparcir sobre ellos la ceniza de los huesos quemados de estos animales.

Hoy, cuando un médico prescribe un preparado a base de hígado animal, hace exactamente lo mismo que los sacerdotes de la antigüedad. La única diferencia es que hoy los extractos de hígado animal son administrados al paciente en forma de inyectables o píldoras. La preparación del hígado animal sirve para fortificar el principio vital de la sangre, lo que ayuda a soportar la vida dialéctica.

En el mismo orden de ideas, observemos que comer carne es, hasta cierto punto, lo que mantiene en pie al hombre de la masa. Este alimento, en efecto, purifica y apacigua diariamente la sangre humana sometida a impulsos todavía más funestos.

Posiblemente comprenderá que el vegetarianismo representa también una purificación, pues la savia de las plantas también procede de un principio vital central. Por consiguiente, para el hombre que no quiere seguir el camino liberador del alma-espíritu, poco importa si purifica los impulsos de su sangre y los mantiene en equilibrio con sangre animal o savia vegetal. A la luz del alumnado en una escuela espiritual, estos dos tipos de purificaciones, en el fondo, son principios inadmisibles.

En la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro somos vegetarianos porque, en el estado natural humano, es el camino de la menor resistencia para llegar a obtener una purificación de la sangre totalmente diferente. Pero dejemos de lado, por el momento, los motivos morales y éticos de nuestro vegetarianismo.

Consideremos ahora la purificación de la que habla el Nuevo Testamento, la purificación de la sangre por la sangre de Jesucristo: La sangre de Jesucristo nos purifica de todo pecado.

¿Quién es el Cristo? ¿O más bien, qué es la fuerza vital crística?

El Cristo es la plenitud de radiación de la Gnosis Universal. Es una fuerza que se concentra en el cuerpo etérico y se apodera completamente del yo material, si es evocada por el corazón del cuerpo astral con una orientación magnéticamente pura. Es una fuerza que renueva completamente el corazón y la cabeza. ¡En ella se llega a ser consciente, gnósticamente consciente!

Llegar a ser consciente es alcanzar la pura unidad del alma renacida con el Espíritu. Ésta es la verdadera idea central. Usted debe vivir de esta sangre, la sangre de Jesucristo. Esta sangre debe ser asimilada por el hígado. Esta sangre debe ser inhalada por usted. Debe vivir y existir a partir de esta sangre. Esta sangre es la Gnosis que le llama. Este principio es llamado sangre porque es absorbido por el corazón como fuerza de luz que hace cambiar la sangre.

Esta sangre, esta fuerza de luz, debe reemplazar a continuación el principio vital central, para que, de esta fuerza de luz, se eleve un hombre totalmente nuevo en el campo de la resurrección. «En verdad, en verdad, la sangre de Jesucristo nos purifica de todo pecado».

Nuestro ruego íntimo es que un día pueda concluir esta nueva Alianza de la sangre.

 

A propósito de lo que precede, citemos dos capítulos del Antiguo Testamento:

 

Oseas, capítulo 4, contra sacerdotes infieles y un pueblo infiel:

 

Escuchad la palabra del Eterno, hijos de Israel, pues el Eterno contiende con los habitantes del  país, porque no existe ninguna verdad, ninguna misericordia, ningún conocimiento de Dios en el país. Sólo hay perjurios, mentiras, asesinatos, robos y adulterios; se utiliza la violencia, se comete muerte sobre muerte. Por ello el país estará de duelo, y todos los que lo habitan languidecerán, y con ellos las bestias de los campos y los pájaros del cielo; incluso los peces del mar desaparecerán.

   Pero que nadie conteste, que nadie se entregue a los reproches; pues tu pueblo es como los que disputan con los sacerdotes. Tú caerás de día, el profeta caerá de noche contigo, y yo destruiré a tu madre. Mi pueblo es destruido porque le falta conocimiento. Puesto que has rechazado el conocimiento, yo te rechazaré, y tu serás despojado de mi sacerdocio; puesto que has olvidado la ley de tu Dios, yo también olvidaré a tus hijos.

   Cuanto más se han multiplicado, más han pecado contra mí: yo cambiaré su gloria en ignominia. Ellos se apacientan en los pecados de mi pueblo, están ávidos de sus iniquidades.

   Ocurrirá con el sacerdote como con el pueblo; yo le castigaré según su vida, le someteré según sus obras. Entonces comerán sin saciarse, se prostituirán sin multiplicarse, porque han abandonado al Eterno y sus mandamientos.

La prostitución, el vino y el mosto hacen perder el sentido. Mi pueblo consulta su madera, y su bastón que habla; pues el espíritu de la prostitución desvía, y ellos se prostituyen lejos de su Dios.

   Sacrifican en las cumbres de las montañas, queman incienso sobre las colinas, bajo los robles, los álamos, los terebintos cuya sombra es agradable. Por ello vuestras hijas se prostituyen y vuestras nueras son adúlteras.

   Yo no castigaré a vuestras hijas porque se prostituyan, ni a vuestras nueras porque sean adúlteras, pues los propios sacerdotes van aparte con prostitutas y sacrifican con mujeres libertinas. El pueblo insensato corre a su pérdida, pueblo que carece de comprensión.

Si te entregas a la prostitución, Oh Israel, que Judá no se sienta culpable. No vayáis a Guilgal, no subáis a Beth-Aven, y no juzguéis: ¡El Eterno está vivo! Pues Israel se revuelve cual becerra indomable. Ahora el Eterno le hará pacer como un cordero en amplias llanuras.

   Efraín está unido a los ídolos. ¡Déjale! Apenas han dejado de beber cuando se entregan a la prostitución; sus jefes están ávidos de ignominia. El viento les llevará en sus alas y se avergonzarán por sus sacrificios.

 

Isaías, capítulo 1, juicio del pueblo pecador de Israel:

 

Profecía de Isaías, el hijo de Amós, sobre Judá y Jerusalén en tiempos de Osías, de Jotham, de Achaz, de Ezequías, reyes de Judá:

 

¡Cielos, escuchad, tierra, oíd! Pues el Eterno habla: he alimentado y criado hijos, pero se han vuelto contra mí. El buey conoce su poseedor, el asno el pesebre de su dueño, pero Israel no conoce nada, mi pueblo carece de inteligencia.

   ¡Desdicha para la nación pecadora, para el pueblo cargado de iniquidades, para la raza de perversos, para los hijos corruptos! Ellos han abandonado al Eterno, han despreciado al Santo de Israel. Han retrocedido. ¿Qué nuevos castigos inflingiros cuando multiplicáis vuestras revueltas? Toda la cabeza está enferma y todo el corazón sufre. Desde la planta del pie hasta la cabeza, nada está en buen estado, todo son heridas, contusiones y plagas vivas, que no han sido ni curadas, ni vendadas, ni mitigadas con aceite.

   Vuestro país está devastado, vuestras ciudades son consumidas por el fuego, los extranjeros devoran vuestros campos ante vuestros ojos; ellos asolan y destruyen como bárbaros. Y la hija de Sión ha quedado como una cabaña en una viña, como una choza en un campo de pepinos; como una ciudad evitada. Si el Eterno de los ejércitos no nos hubiese conservado un débil resto, seríamos como Sodoma, nos pareceríamos a Gomorra.

   ¡Escuchad la palabra del Eterno, jefes de Sodoma! ¡Oíd la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra! ¿Qué debo hacer con la multitud de vuestros sacrificios?, dice el Eterno. Yo estoy saciado de holocaustos de carneros y de la grasa de becerros; no encuentro ningún placer en la sangre de los toros, de las ovejas y de los machos cabríos. Cuando os presentáis ante mí, ¿quién os pide que holléis mis atrios? Dejad de aportar vanas ofrendas: me horrorizan el incienso, las lunas nuevas, los sabbats y las asambleas; no puedo ver que el crimen se asocie a las solemnidades. Mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas; me molestan; no las puedo soportar.

   Cuando extendéis vuestras manos, desvió mis ojos de vosotros. Cuando multiplicáis las oraciones, yo no escucho: vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, suprimid la maldad de vuestras acciones de delante de mis ojos, dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad la justicia, proteged al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda.

   «¡Venid y defendeos!» dice el Eterno. Si vuestros pecados son como el carmesí, se harán blancos como la nieve. Si son rojos como la púrpura, se harán como la lana. Si tenéis buena voluntad y sois dóciles, comeréis los mejores productos del país. Pero si resistís y sois rebeldes, seréis devorados por la espada pues la boca del Eterno ha hablado.


 

17

El Apocalipsis y la misión

de la Escuela Espiritual

 

 

En la Escuela Espiritual, a menudo hablamos del desarrollo del triángulo ígneo, el triángulo formado por la línea de las radiaciones astrales que une el hígado, el bazo y el santuario del corazón. Es necesario que este triángulo sea poderosamente vivificado en el alumno candidato, es decir, que las radiaciones astrales de valor sutil sean atraídas en el corazón para que, desde la cima del triángulo, se eleve una fuerza nueva que llene todo el santuario de la cabeza.

Cuando el triángulo ígneo irradia en el santuario de la cabeza, el desarrollo del alma llega a ser una realidad. La base está constituida por un nuevo estado de conciencia del alma. La rosa de oro puede abrirse. Después de esta preparación, el séptimo rayo tiene la posibilidad de actuar en el alumno.

La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro se ha esforzado, en el curso de los últimos años, por colocar la señal del Hijo del Hombre en la frente de todos sus alumnos, desde los miembros del atrio y del trabajo para la juventud hasta los grados interiores. Un poderoso trabajo se ha desarrollado en la Escuela Espiritual.

Por ello ha llegado el momento, desde hace cierto tiempo, de la apertura del séptimo sello. Seis ángeles avanzan, cada uno con una trompeta, se dice en el Apocalipsis. Entonces aparece el resplandor dorado de un nuevo juicio. Los seis ángeles tocan las trompetas y se liberan poderosas radiaciones en el conjunto del universo dialéctico. Comprenderá que se trata de seis poderosas emanaciones gnósticas que conducen a un nuevo quebrantamiento.

Todos estos rayos están en relación con la constitución dodécuple del cuerpo humano. El conjunto de su sistema nervioso posee doce aspectos. Piense en los doce pares de nervios craneales que, a partir del santuario de la cabeza, se reparten por todo el cuerpo. Seis de estos doce aspectos tienen una tarea positiva, los otros seis, una tarea negativa. Las seis radiaciones negativas tendrán cierto efecto en el alumno, mientras que las seis radiaciones positivas reforzarán el proceso ya comenzado.

Todo el sistema nervioso, con sus doce pares de nervios craneales, deberá armonizarse con el proceso juanista. Por ello deben producirse doce rupturas. Son, sobre todo, el quinto y el sexto ángel quienes tocan las trompetas que ocasionan las más duras experiencias, experiencias simbolizadas por las nubes de langosta que se abaten sobre los hombres y por los espantosos caballos del infierno. Estos símbolos representan las agitaciones astrales del campo de respiración del alumno candidato a los misterios gnósticos.

Finalmente, se debe esperar el último toque de trompeta, que se anuncia con siete truenos. Estos siete truenos tienen relación con la santa ciencia de los siete rayos. Se trata de un toque del Espíritu Séptuple que presagia un ulterior desarrollo. Por lo tanto, el alumno debe comenzar por engullir un «pequeño libro con gusto muy amargo», alusión al importante punto de tocar fondo, al hecho de que cada alumno de una escuela espiritual debe vivir hasta el final en lucha y soledad.

A continuación, continúa el Apocalipsis, se verá obligado,  a medir los límites de la ciudad santa: Y me fue dada una caña semejante a una vara, diciendo: Levántate y mide el templo de Dios, el altar y a los que allí adoran. Pero el atrio exterior del templo, exclúyelo y no lo midas, pues ha sido dado a los paganos y ellos hollarán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses. (Apocalipsis 11, 1-2).

 

Así es como la Joven Fraternidad Gnóstica ha realizado el proyecto de su campo de trabajo gnóstico. Ella ha medido y ha edificado el nuevo Templo de Dios, en el que todos los que pertenecen a la Gnosis ocupan su lugar.

Pero la Escuela Espiritual también ha creado un refugio para uno de los aspectos fundamentales de su organización de trabajo: el atrio rosacruz. Éste tiene la tarea, en su tiempo, de permanecer en un segundo plano en el campo de vida dialéctico, con el fin de que exista un lugar de reunión para todos los que no pueden o no quieren seguirnos.

Vivimos el período en que la Escuela Espiritual gnóstica debe confirmarse en el tiempo. Éste comienza en pleno Apocalipsis. Pero pronto se manifiestan también todos los eones de la naturaleza con sus hordas para lanzarse sobre los servidores de Dios. Se presentan dos espantosos animales que buscan destruir el mundo, uno viene del mar y el otro de la tierra.

¿Pero qué ocurre? Todo el mundo comienza a adorarlos. La obra de la Escuela Espiritual avanza muy lentamente, progresa lentamente mientras que el mundo corre precipitadamente hacia su perdición. La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro aparece en nuestra época para afirmarse en el campo de trabajo gnóstico. En este período debe sufrir duros asaltos.

Pero, gracias a todas estas experiencias, tan necesarias y comprensibles según las leyes de la naturaleza, nace el Cristo. Dicho de otra manera, el alma llega a estar «viva» en el sistema de todos los que han sido encontrados fieles. La llama encendida en el santuario de la cabeza crece y se expande en un espacio más amplio. Esta llama va a renovar el santuario de la cabeza y todo su organismo, de forma que, en un momento dado, el Espíritu Séptuple en toda su plenitud podrá descender en el sistema. Así nace Jesucristo. Así el alma se une al Espíritu. Esto se acompaña con un desvelamiento maravilloso de todo el firmamento magnético.

Además el alumno percibe, en los misterios gnósticos, la aparición del Cordero, rodeado de los liberados de la Montaña de Sión. El campo astral gnóstico se abre ante el joven hermano o hermana. Y comprenderá que por este desarrollo, por estas radiaciones, todos los obstáculos serán vencidos. Las radiaciones del Espíritu Séptuple, diferenciadas en el nuevo campo astral y por él, impulsan a la acción. Estas radiaciones vierten el contenido de sus copas en el mundo, en los alumnos preparados para la vida gnóstica, aniquilando así todo lo que es dialéctico. Entonces todo lo que es de la tierra  y debe desaparecer, llora y gime de angustia.

Pero de nuevo el cielo retumba y resuena un himno de alabanza en honor de Dios: el reino de los mil años ha comenzado. El abismo se aleja del Reino gnóstico. Los alumnos, la Escuela Espiritual y los campos de trabajo gnósticos se manifiestan con potencia en el mundo.

Después, tras cierto tiempo, cuando la cosecha se ha completado y todo lo que puede ser rescatado de la tierra se ha reunido, sobreviene la última prueba: la bestia del abismo es desatada y se arroja sobre el campo de los santos.

Pero, y no podría ser de otra manera, la bestia es vencida. Entonces puede tener lugar la resurrección de los muertos. El nuevo cielo y la nueva tierra aparecen y se manifiestan, no sólo en la existencia de los que pertenecen a la Orden de los Perfectos sino en todos aquellos y para todos aquellos que pertenecen al campo de trabajo gnóstico. La obra de la Orden de los verdaderamente Vivos, es realizada de nuevo. Piense en el Cuerpo Vivo magnético de la Escuela Espiritual. Piense en el alumnado serio.

Quien verdaderamente quiere ser considerado un alumno serio de la Gnosis, deberá llevar en breve plazo el sello del que está  «verdaderamente vivo»; dicho de otra manera, si posee algo de la nueva fuerza del alma, entonces pertenece al grupo protegido por la fuerza del Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual. Y el nuevo cielo y la nueva tierra se desplegarán, no sólo para los Perfectos, sino para todos los que pertenecen a la Escuela Espiritual Séptuple. Entonces, de nuevo, será realizada la obra de la Orden de los verdaderamente Vivos.

Por consiguiente, en primer lugar, lo importante no es que se conozca la enseñanza, lo que importa sobre todo es que armonice su comportamiento con las leyes gnósticas. Su vida debe corresponder verdaderamente con lo que la Gnosis exige. ¡Se trata de un comportamiento orientado hacia la pureza!

 

Hemos intentado presentarle el Apocalipsis como el libro de las revelaciones de la Joven Fraternidad Gnóstica. Esfuércese por considerar este libro milagroso como un maravilloso y perpetuo programa de servicio, programa que constituye el propio fundamento de toda Gnosis. Querríamos hacerle sentir profundamente hasta qué punto la Escuela Espiritual de la Rosacruz avanza ahora, siguiendo las líneas de este programa, en dirección hacia la incontestable victoria. Puede observar en usted mismo en qué punto del desarrollo se encuentra. Usted mismo puede establecer si la Escuela Espiritual, hasta este instante, ha sido fiel a su misión, o si se ha desviado de su camino liberador y de su enseñanza. Y comprenda bien, hermano, hermana, que quien ha sido encontrado fiel jamás tendrá que desesperarse. Él, o ella, será liberado.

Ningún servidor, ninguna servidora de la Santa Fraternidad, de cualquier época, trabajando y acordándose de las poderosas palabras finales del Apocalipsis, ha dado jamás un paso fuera de este camino:

 

Si alguien excluye algo de las palabras del libro de esta profecía, Dios le suprimirá del árbol de la vida y de la ciudad santa, que se encuentran descritos en este libro. Quien atestigua estas cosas dice interior y perfectamente: Sí, Amén.

 

En verdad, he aquí el dichoso mensaje revelado a todos los que están deseosos de pertenecer a la Gnosis.

 

 

18

El misterio de la magia gnóstica

 

 

Le hemos explicado muchas veces que el drama vivido por el Cristo, el camino que Jesús el Señor recorrió de Belén al Gólgota, debe ser considerado en su totalidad con relación a uno mismo. Quien se dice cristiano, en el verdadero sentido del término, debe seguir paso a paso al Cristo desde el principio al fin, desde su nacimiento a su muerte y desde su muerte a su resurrección. Todos los escritos sagrados atraen la atención del buscador que quiere centrarse en el único camino de la vida hacia este hecho. Todos los acontecimientos de salvación tratan de atraer su atención sobre sucesos que deben realizarse en su propia vida.

Al comienzo de la Biblia se puede leer sobre el árbol de la Vida, que se erige en el centro del paraíso de Dios y del que el hombre adámico tenía derecho a comer, así como el árbol prohibido del conocimiento del bien y del mal. Usted sabe que el hombre adámico abandonó este hilo conductor tan necesario y lo que, a continuación, le ocurrió cuando, con sus compañeros de infortunio, hizo del Jardín de los Dioses una naturaleza de muerte.

Pero al final de la Biblia se nos instruye sobre el restablecimiento y la gran gloria de la renovación del árbol de la Vida. Cuando leemos el Apocalipsis, en el capítulo 22, nos llama la atención que el árbol de la Vida tenga un aspecto triple. Del trono de Dios surge un poderoso río, una corriente de Agua Viva. El Árbol de la Vida se encuentra en el centro de esta corriente, pero al mismo tiempo sobre las dos orillas: En medio de la calle y sobre los dos bordes del río había un árbol de la Vida que producía doce frutos.

Esta indicación es más que suficiente para que el alumno comprenda lo que significa este árbol triple. En efecto, se trata del sistema de fuego de la serpiente con sus tres canales: el propio fuego de la serpiente, así como los dos cordones del simpático. El fuego de la serpiente es la calle del medio, los dos cordones del simpático forman los dos bordes del río. Es conveniente recordarlo, pues el correcto funcionamiento de este triple sistema o, más exactamente, el restablecimiento de su correcto funcionamiento, está directamente unido al grandioso acontecimiento de la resurrección; sí, unido a todos los acontecimientos del grandioso drama crístico.

Una de nuestras obras describe con detalle cómo, en un momento dado, desciende la nueva corriente de vida,  cuando el alumno se une a ella, desde el santuario de la cabeza y por uno de los cordones del simpático, para irrumpir en el plexo sacro y remontar, a continuación, por el otro cordón del simpático hasta el punto de partida, el santuario de la cabeza. El restablecimiento de esta circulación es una condición absoluta para la realización de toda transfiguración.

El consejo, la orden dada al hombre del comienzo, de que comiera exclusivamente del fruto del árbol de la Vida estaba relacionado con la necesidad de no perturbar el proceso circulatorio del fuego de la serpiente. Ya que si este proceso se perturbara, la corriente del agua viva se estancaría de inmediato. Para comprenderlo, se debe saber que el plexo sacro es el fundamento, la propia raíz de la personalidad humana. Está unido a las siete esferas del ser aural y, por el séptuple sistema aural, al Espíritu Séptuple, a las siete corrientes de la manifestación universal, por consiguiente, al río eterno de Dios, la corriente de agua viva.

Sin duda, ahora ve claramente que cuando un hijo llamado por Dios se desvía del plan de Dios, del Espíritu de Dios, y esto es lo que ha hecho el hombre del comienzo, se desencadena al instante una gran perturbación, que se manifiesta en la propia raíz del hombre, en el plexo sacro. Comprenda también que tal perturbación alcanza la copa del árbol de la Vida, pues los doce frutos del árbol, las doce corrientes nerviosas que nacen en el santuario de la cabeza, envían una fuerza tan impía, tan discordante, a través del conjunto del sistema que todo el ser inicia su cristalización y degeneración.

Por lo tanto, el alumno de los misterios gnósticos debe comprender que su primera tarea es imitar a Cristo, es decir, restablecer completamente de la circulación perturbada del árbol de la Vida, del sistema del fuego de la serpiente. Por esta razón, con una piedad verdadera y el valor de una convicción inquebrantable, debe abrir el santuario del corazón a la luz de la Gnosis y así celebrar su fiesta de Belén.

A continuación, debe cargar su cruz sobre sus espaldas y llevarla hasta el Gólgota, hasta la cima del cráneo. Una vez allí, el antiguo yo del alumno de los misterios gnósticos debe perecer totalmente y, sobre esta base, el alumno celebrará el verdadero viernes santo, es decir, su primer día en el camino del perecimiento.

Estando así muerto, en lo que respecta a su estado dialéctico, deberá descender de la copa del árbol de la Vida, con la nueva fuerza de luz, hasta lo más profundo de sí mismo, el plexo sacro, con el fin de unir el Espíritu Séptuple al corazón original, la propia raíz de su ser: es el segundo día en el camino del perecimiento. Él ha descendido al reino de los muertos.

A partir de entonces comienza la victoria: el tercer día, la nueva corriente de vida, unida al trono de Dios, irrumpe en la tumba y sube hacia la cima, mostrando un nuevo fruto. El alumno celebra su resurrección.

Usted sabe que la purificación del triple fuego de la serpiente hace posible la resurrección en el reino de las almas vivas. Las raíces del árbol de la Vida deben poder asimilar directamente la Luz Séptuple original. Sólo entonces le será posible al servidor, a la servidora de la Rosacruz de Oro, vivir de nuevo del fruto del árbol de la Vida que está en el centro del paraíso de Dios.

Para comprenderlo, sepa que el plexo sacro, la raíz del sistema del fuego de la serpiente, absorbe continuamente y sin interrupción fuerza de luz, fuerza vital. Si la raíz del sistema del fuego de la serpiente es incapaz de asimilar directamente la fuerza vital, el agua viva de las siete corrientes divinas originales, entonces absorbe otras fuerzas de luz que manan en nuestro campo de vida: fuerzas de luz del espacio dialéctico ordinario, de los planetas y de sus lunas, del Sol, de nuestro sistema planetario y del sistema zodiacal.

Quien haya practicado astrología le dirá que el astrólogo tiene en cuenta influencias positivas y negativas, radiaciones benéficas y maléficas, en función de su ángulo de incidencia sobre el sistema vital en el momento del nacimiento. Ahora ve claro que la existencia está determinada directamente por la fuerza, el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.

La causa de estas situaciones variadas y bien conocidas de la vida que usted sufre cotidianamente reside en el hecho de que la raíz del sistema del fuego de la serpiente admite en la personalidad las fuerzas gemelas de la naturaleza dialéctica y así contamina los doce frutos del árbol de la Vida, el sistema nervioso dodécuple. Que quien se obstine en comer del árbol del conocimiento del bien y del mal no espere regresar al paraíso de Dios, al estado de alma viva.

Ciertamente, el hombre no sólo absorbe el mal como fuerza de luz en su sistema. Jamás ha sido planteado así. Como ser nacido de la naturaleza, muestra una mezcla de bien y de mal. Como una madeja inextricable, estas dos fuerzas gemelas naturales residen en su ser, de lo que resulta una gran fatiga, una falta de comprensión, la enfermedad, la cristalización y la muerte. Estas consecuencias son inevitables y se comprueba la exactitud de la antigua advertencia: El día en que comas del árbol del conocimiento del bien y del mal, morirás. (Génesis 2, 17).

Entonces, se plantea una pregunta: «¿Se puede escapar verdaderamente y de forma concreta a las fuerzas gemelas de la naturaleza dialéctica, y obligar al plexo sacro, a la raíz del sistema del fuego de la serpiente, a que admita en el cuerpo otras fuerzas, las fuerzas de luz divina de las siete corrientes del origen?»

Sí, ¡es posible! Y esta posibilidad es la que da su fuerza a la Gnosis. Esto explica por qué hablamos tan a menudo, en la Escuela de los Misterios de la Joven Fraternidad Gnóstica, de las siete corrientes originales que emanan del Padre. Estas siete corrientes del Logos no presentan ninguna mezcla de bien y mal, de luz y tinieblas. Son inmutables, omnipresentes e invariables en la manifestación de su fuerza.

Si la Joven Fraternidad Gnóstica consigue que un número suficiente de servidores y de alumnos vivan de esta séptuple fuerza universal, emanará desde el interior de este grupo una fuerza nueva, no terrestre, muy particular. Esta fuerza será como un maná puro, blanco, un alimento santo, que se ofrecerá cada día en el campo del nuevo Reino gnóstico, al servicio de todos.

¿Pero cuál es el secreto de la magia gnóstica? Consiste en la radiación de la fuerza de luz de composición no terrestre. Esto se produce porque los servidores y servidoras que elevan estas llamas luminosas en las tinieblas de la naturaleza de la muerte han liberado su fuego de la serpiente de las fuerzas del bien y del mal, abriéndolo a las fuerzas de luz del Espíritu Séptuple Universal.

 

 

19

Los peregrinos de Emaús

 

 

Tan pronto como la radiación de luz crística le ha tocado, es decir, desde que ha penetrado en su campo de respiración, aparece en usted una reacción que necesariamente desencadena un proceso interior.

Supongamos por un instante que este toque de la luz le conduce realmente al proceso de la resurrección, de la ascensión celeste y del descenso del Espíritu Santo, entonces su conciencia se da cada vez más cuenta de su estrechez, de sus límites, de su esterilidad, de su inconstancia, de su vacío y de su imperfección en esta existencia terrestre. Pero como, por el toque de la fuerza divina de radiación, usted ha experimentado algo de la majestuosa belleza y de la grandeza del Reino celeste, la conciencia de esta naturaleza sabe desde entonces que deberá perecer. Con ayuda de la Escuela Espiritual, el propio alumno comienza de forma sistemática el proceso que consiste en hacer crecer al «Otro en sí» con el fin de que la fuerza-luz recibida en su sistema pueda manifestarse.

¿Qué pasa en lo sucesivo en su microcosmos? Hasta este momento el Espíritu Santo no vivía ni obraba todavía en él pues, lo que el hombre llama «espíritu» sólo es el núcleo de la conciencia cuya forma manifestada es la fuerza activa del corazón, de la cabeza y del alma de esta naturaleza. En la medida en que el proceso de la luz progresa en el microcosmos, las fuerzas astrales de la Jerarquía de Cristo tienen mayores posibilidades de penetrar la estructura vital del alma humana gracias a los puros éteres vitales que mientras tanto se han desarrollado en el campo astral.

Como sabe, el átomo de la semilla divina está oculto en su microcosmos. En la medida en que la radiación etérica divina, viva y vibrante, penetre en usted, esta semilla será vivificada de nuevo por la fuerza con la que está polarizada, en razón de su poder potencial. Así se despierta el núcleo de conciencia del alma celeste. Y la conciencia, una vez despertada, visto su poderoso poder magnético, no deja de atraer hacia ella nuevos éteres puros, hasta el día en que, como una nube etérica vibrante encima del santuario, acepta hacer el viaje hasta la resurrección. Este viaje celeste está a su alcance si está dispuesto a hacer sitio a las radiaciones del Espíritu Santo. Así comienza el misterio del renacimiento.

Ahora se trata de saber si usted comprende este misterio, o bien si oyendo hablar de estas cosas usted está tan sorprendido como Nicodemo que no comprendía nada de este problema vital. Sin embargo, comprendía muy bien lo que significaba el cultivo de la personalidad, y estaba dispuesto a todo por ello. Su yo ya se veía en el camino liberador en el que el Señor de toda vida debía sostenerle, al igual que tantos alumnos quieren servirse de la Escuela Espiritual como de un trampolín desde el que elevarse hasta la vida del alma-espíritu.

Ahora bien, se trata del renacimiento por «agua y espíritu», como lo explica el hombre-Jesús. El alumno debe comprender bien esta exigencia ya que es el compendio de la Rosacruz de Oro.

El renacimiento por el agua es la resurrección del hombre-alma, en y por los cuatro éteres puros. Y el renacimiento por o en el Espíritu Santo significa que sólo el Espíritu Santo original, que es de Dios, puede entrar en el Reino. Se debe vivir de este Espíritu por el Cristo. Es lo que la Biblia llama «caminar diariamente con Dios».

Al respecto, pensamos en la maravillosa historia de los dos discípulos que se dirigían a Emaús. Usted encontrará este relato en el Evangelio de Lucas, capítulo 24. Éste nos lleva a los días inmediatamente siguientes a la resurrección del Cristo. Una gran agitación reina entre los discípulos, pues la mayoría tiene el siguiente problema: «¿Se ha producido realmente la resurrección? ¿Se ha realizado este acontecimiento desde hace tanto tiempo anunciado?» Y sobre todo: «¿Estaré yo, o los hombres en general, suficientemente abierto y preparado para darme cuenta de esta resurrección?»

El séptuple Cuerpo Vivo, el Cuerpo Gnóstico, está preparado. El campo astral gnóstico se ha desplegado en un nuevo campo de vida del alma, y este nuevo campo de vida se ha vuelto accesible al buscador lleno de aspiración. El alumno avanzado de la Escuela Espiritual se esfuerza, bajo el impulso y el ardor de las fuerzas y actividades de la comprensión y del sentimiento, por mantener su conciencia activa en este campo.

Y esto no solamente el alumno avanzado sino, de hecho, todos los alumnos que aspiran al nuevo devenir consciente del alma. Cada uno se pregunta: «¿También yo podré elevarme al campo astral gnóstico? ¿Se abrirá la puerta del Círculo de la Eternidad ante mí?»

¿Él, que ha dicho: «Yo soy la puerta», no se manifestará en usted? Pues, desde que alcanza este núcleo de conciencia, es decir, tan pronto como se sabe unido a la gloria de la paz eterna, que es la propia Gnosis, Él, Jesús, recorre sesenta estadios para ir de Jerusalén a Emaús. Quien es capaz de leer las Sagradas Escrituras, sabe que este trayecto significa que el alumno de la Escuela Espiritual avanza hacia el punto en el que las dos naturalezas se separan. Él se eleva en el no-ser y llega ante Emaús, es decir la fuente ardiente, la fuente ardiente de la plenitud gnóstica.

Él se encuentra, primero, con el no-yo de la personalidad y, en segundo lugar, con su alma abierta por la plenitud gnóstica. «Estos dos» son los que avanzan hacia Emaús. Pero mucho antes de haber alcanzado este lugar, y mientras el no-yo y el alma deliberan sobre la manera de afrontar la plenitud divina, Jesús el resucitado viene hacia ellos. Y ellos no Le reconocen. Jesús les acompaña, pero sus ojos están todavía velados, por lo que no Le reconocen.

Y Jesús les pregunta: «¿Por qué estáis tan tristes? ¿Qué os preocupa tan gravemente?» Todo alumno en este estado de ser que se dirige a Emaús oirá el susurro de la voz divina. Y este susurro debe darle valor en el camino e incitarle a la perseverancia en la última fase del proceso. Pues, ¿no se llama uno de ellos Cleofás, lo que quiere decir victorioso?

Pero el propio vencedor todavía no es consciente de su victoria. Por ello, protesta. Reprocha a Jesús su aparente superficialidad y su ignorancia. Él, Cleofás habla de su inquietud, habla del resucitado: «La tumba ha sido encontrada vacía. Algunos dicen que ha resucitado, y que Le han visto». El alma todavía velada expresa sus dudas y su irresolución.

Pero como Cleofás se dirige a Emaús sin dudar del objetivo y de la esencia de la Gnosis en su manifestación actual, y sólo está inseguro respecto a sí mismo, el susurro se hace oír con más fuerza. El vago contacto de Jesús toma forma poco a poco. La voz se intensifica, se refuerza. Las seis emanaciones se ponen a arder como lenguas de fuego.

 

Crea, por el fuego, el poder del pensamiento,

            Genera, por el fuego, los pensamientos,

            Engendra, por el fuego, la voz,

            Expresa, por el fuego, el Nombre.

 

La luz de la naturaleza ordinaria comienza a bajar, el sol del nacimiento desciende en el horizonte, la tarde cae, la crisis llega:

Cuando estuvieron cerca de la ciudad a la que iban, Jesús parecía querer ir más lejos. Pero ellos le urgieron, diciendo: Quédate con nosotros, pues se acerca la noche, el día declina. Y Él entró para quedarse con ellos. Mientras se encontraba en la mesa con ellos, Él cogió el pan, y tras haber dado gracias, lo partió, y se lo dio.

Jesús entra, parte el pan de la vida eterna y les da a comer a sus compañeros lo que ellos pueden soportar. La voz ha pronunciado la palabra clave: Por el fuego, crea la razón.

La puerta del Círculo de la Eternidad se abre de par en par. Y Cleofás, el victorioso, ve. Él ha vencido. Y, por séptima vez, la voz emana su sonido mágico: Por el fuego, crea la razón.

 

   Que quien tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las comunidades. A quien venza, le daré del maná oculto.


 

20

El lugar central del cuerpo etérico

 

 

 

 

El fuego astral del mundo determina totalmente la vida dialéctica. Todos los hombres nacidos de la naturaleza proceden y viven de él, al igual que el alma mortal. Pero también todos los hombres experimentan que esta manera de vivir, conservando el yo, sólo suscita divisiones, sufrimientos y desilusiones.

Mientras el hombre no viva, actúe y desee por el fuego de la gracia divina, mientras no realice el cambio fundamental y se esfuerce en estar en armonía con la fuerza astral gnóstica, con el fuego de la gracia divina, no se puede hablar de una verdadera vida tal como fue concebida en el origen.

El alumno que comienza a concienciarse de este hecho siente un profundo dolor, un dolor de un carácter totalmente diferente al de los sufrimientos de este mundo. Es un dolor que le impulsa hacia un nuevo saber que le permita poner fin, si ello es posible, a la inarmonía fundamental que ahora discierne interiormente de forma muy clara, a esa sucesión, aparentemente sin fin, de «subir, brillar, descender».

Este saber, este saber liberador al que aspira el alumno, esta ciencia de la liberación, está allí para todos. Este conocimiento ha venido a morar, con una increíble potencia, entre los hombres. Todo lo que debe saber le es literalmente deletreado y lo que ahora importa es que comprenda esta sabiduría, que tenga oídos para oír verdaderamente.

Pues lo que aprende en la Escuela Espiritual no consiste simplemente en consideraciones filosóficas, como muchos lo creían aún en el pasado, sino que se trata de una llamada constante y muy apremiante. Si en el pasado se hablaba de posibles acontecimientos futuros, actualmente la humanidad ha llegado a una situación en la que se producen transformaciones profundas y radicales en la esfera astral, a la que deberá reaccionar positiva o negativamente.

Por ello es importante hacer todo lo posible para permanecer receptivo, no sólo con el fin de comprender la agitación y las transformaciones astrales, sino sobre todo para asimilar sus inevitables consecuencias en lo más profundo de su ser y para asir la mano que, de nuevo, le es tendida en cada ocasión.

Debe adquirir una profunda comprensión de las nuevas condiciones atmosféricas y su significado para que, con total humildad, reaccione y actúe positivamente y, esto, sin tardar. Si no, las reacciones serán negativas. ¡No existe un camino intermedio!

Por consiguiente, trate de adquirir el conocimiento fundamental de la filosofía gnóstica, la correcta comprensión de la situación en la que ahora se encuentran la ola de vida humana y los alumnos de la Escuela Espiritual en particular, para que usted mismo, sobre dicha base, pueda determinar su comportamiento liberador.

 

La personalidad humana es de naturaleza muy compleja. Además de un cuerpo material, posee un cuerpo etérico y un cuerpo astral. También dispone de un poder del pensamiento, un cuerpo mental que todavía se encuentra en un estado de desarrollo muy elemental.

Ahora bien, el proceso de desarrollo gnóstico contempla devolver a esta cuádruple personalidad su vocación original divina, y ponerla completamente al servicio de esta vocación querida por Dios, pues únicamente sobre esta base es realmente posible una vida humana divina.

El deseo de entrar en el estado de hombre divino, en una corriente ininterrumpida de nuevas manifestaciones de vida, forma el núcleo central de la idea gnóstica. Este deseo está dirigido exclusivamente hacia la unidad con el Cristo.

Su conocimiento de sí mismo le lleva lo suficientemente lejos como para que sienta, de forma tangible, el gran abismo que existe entre su cuádruple personalidad y el Cristo. Usted se siente completamente indigno cuando experimenta, aunque sólo sea un poco, esta grandeza divina. Por ello sabe, y ve claramente, que es impensable que su cuádruple personalidad, nacida de la naturaleza, y el Cristo puedan unirse. Si esto ocurriera, su personalidad sería consumida.

No obstante, no se puede evitar o dejar para más tarde el encuentro con esta fuerza superior de liberación. No es posible ninguna acción retardadora en el curso de los grandes procesos evolutivos de la Gnosis, pues el desarrollo del mundo y de la humanidad progresa, sigue un curso determinado por el Logos, con o sin colaboración de las entidades concernidas.

Los cambios atmosféricos y los desarrollos en curso crean una situación muy apremiante para toda la humanidad. De nada sirve esforzarse en cultivar un aspecto de su cuádruple personalidad, o en provocar la división de ésta, con la esperanza de obtener la unión con el Todopoderoso. Pues bajo el efecto de los desarrollos atmosféricos actuales y futuros, toda imitación es y será totalmente desenmascarada.

Por consiguiente, es necesario atraer una vez más su atención hacia la cuádruple personalidad nacida de la naturaleza y, más particularmente, hacia el cuerpo etérico, denominado también doble etérico o cuerpo vital. En efecto, en este vehículo se sitúa el centro de gravedad del desarrollo de los tiempos que actualmente vienen.

Las presentes condiciones atmosféricas astrales y la permutación de las radiaciones inmanentes que provienen del Espíritu Séptuple, la Gnosis de la realización, obligan a que cada uno cambie radicalmente de orientación y, bajo numerosos aspectos, desplace su interés general desde el cuerpo material hacia el cuerpo etérico. Pues en este doble cuerpo etérico, en este «vehículo que está en el medio», debe fijarse la esencia de la conciencia liberadora.

Cuando en la Escuela Espiritual hablamos del renacimiento del alma, contemplamos la formación de un nuevo estado de conciencia del alma, que emana del cuerpo etérico y tiene su sede en este cuerpo. Este estado de conciencia va a dirigir la personalidad, mientras que el yo nacido de la materia debe prepararse para confiarse totalmente a esta dirección. Sólo entonces podrá comenzar la transfiguración de la personalidad, todavía prisionera de las cadenas de la materia.

Comprenderá que el cambio actual de las condiciones de radiación no sólo tiene consecuencias en la esfera material, aquí abajo, sino también en los planos de la naturaleza astral y etérica. La esfera de vida etérica es más compleja, está poblada de miríadas de seres y todavía está más mancillada que la esfera material. Toda la vida y agitación que tienen lugar en los planos etéricos son hostigadas por los nuevos valores de radiación de Urano, Neptuno y Plutón, por lo que todos estos seres de los campos sutiles desean ardientemente establecerse en la seguridad de la esfera material.

Por un lado, bajo la influencia de estas radiaciones, el doble etérico de una parte de la humanidad está siendo vivificado; aunque, con raras excepciones, se sea inconsciente de este vehículo etérico. Por otro lado, existen fuerzas y poderes que buscan cobijarse en un lugar seguro por lo que se arrojan sobre los vehículos etéricos en desarrollo de la multitud. Esto explica los insensatos crímenes que se cometen sin explicaciones plausibles en todo el mundo y en todas las capas sociales.

Al respecto, no sólo se produce una extensión de la criminalidad sino también numerosos comportamientos singulares, a menudo extremadamente ilógicos e impulsivos, que se encuentran en el límite de la criminalidad o justo por debajo, o que al menos se pueden considerar como inquietantes.

Quizá ahora tienda a pensar en la criminalidad que se produce lejos de su entorno, o en uno de sus conocidos cuyo comportamiento extraño, según usted, correspondería con lo que acabamos de explicar.

Pero aunque sus observaciones exteriores confirmen la punzante angustia de la humanidad, no obstante, es sobre usted mismo sobre quien debe aplicar nuestras observaciones en primer lugar. Pues mientras no viva del fuego de la gracia divina, de las fuerzas astrales gnósticas, su perturbado sistema magnético le hará vivir de la esfera astral de la muerte y de los éteres que emanan de ella, con todas las consecuencias que esto implica. Entonces usted es receptivo, como todo el mundo, a los éteres dialécticos ordinarios, saturados de vida antidivina.

Por ello, un verdadero alumno de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro mantendrá claramente esta elección ante sus ojos. En la oblación total de sí mismo al alma, se esforzará por vivir, trabajar y desear, por el fuego de la gracia divina, un doble objetivo:

En primer lugar, que el nuevo estado de alma tome forma en él o ella, para que el alma pueda quedar básicamente liberada.

En segundo lugar, para llegar a ser una piedra de construcción viva en el seno del grupo de la Joven Fraternidad Gnóstica, grupo que llegará a ser fuerte, interior y exteriormente, y consciente según el alma-espíritu.

Con ello, dará testimonio y probará que la angustia de los tiempos actuales vivida por la humanidad puede transformarse en bendición, pues tal es el objetivo de todos estos desarrollos atmosféricos en la Manifestación Universal.

Los alumnos de la Escuela Espiritual han sido informados muchas veces de la existencia del Cuerpo Vivo séptuplemente manifestado y del Reino de las almas vivas, en los que entran quienes han llegado a abandonar todo lo que tenía relación, por mínima que fuese, con la naturaleza de la muerte. Que la naturaleza y la esencia de todo esto pueda aclararse ante su conciencia, de forma que sepa distinguir lo que le sirve para alcanzar su paz eterna.

 

Según los Evangelios, Jesús vivió aún algún tiempo con sus discípulos tras su resurrección. Dicho de otra manera, se manifestó y se encontró entre ellos, varias veces, antes de subir al cielo.

Imaginémonos esta ascensión en el marco del alumnado de nuestra Escuela Espiritual: cuando un alumno, digno de ello, ha celebrado su resurrección y el fuego sagrado de Pentecostés irradia en la luz crística, la luz sublime de la Fraternidad de la Vida, ésta es todavía una luz singular que puede ser percibidacomo una vibración. Ahora bien, con esta única vibración no se puede realizar el renacimiento estructural, pues el ser humano es un organismo séptuple extremadamente complejo. Por un aprendizaje perseverante, en una orientación única, esta única vibración absoluta deberá subdividirse, escindirse en siete rayos claramente distinguibles los unos de los otros, de manera que formen los siete materiales de construcción del proceso de la transfiguración.

Usted sabe que el Espíritu Santo también es llamado Espíritu Séptuple. Y también sabe que Jesús, el Señor, ha dicho a sus discípulos: Cuando yo me vaya, os enviaré al Consolador que dará testimonio de mí. Dicho de otro modo, la ascensión de Jesús y la recepción del Espíritu Santo se refiere al proceso sagrado de la Fraternidad: la transformación de la única fuerza del fuego sagrado recibido de manos de la Fraternidad en una fuerza séptuple, un campo de vibración séptuple; la transformación de la fuerza crística en una séptuple luz que emana del Espíritu Santo, el Consolador, el Paráclito.

Los alumnos de los grados interiores son los que emprenden esta obra de transmutación y nosotros esperamos que también la lleven a buen término en nuestra Escuela Espiritual séptuplemente manifestada.

 

Ex Deo nascimur: inflamado por el Espíritu de Dios,

 

In Jesus morimur: muerto en Jesús el Señor,

 

Per Spiritum Sanctum reviviscimus: renacido por el Espíritu Santo.

 

 

21

La respiración del ser humano

Para reflexionar

 

 

La condición fundamental para todo devenir nuevo es una correcta asimilación de la actividad etérica divina. El alumno de una escuela espiritual se muestra profundamente agradecido por la inmensa gracia de la que es objeto por el hecho de que tales concentraciones de éteres puros puedan desarrollarse en el firmamento de su campo de respiración y de que vea, claramente, que esta concentración de éteres activos es la única capaz de acercarse al sol celeste central de su sistema microcósmico. La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro atrae constantemente la atención de sus alumnos hacia esta actividad etérica pura.

Cuando respiramos, teóricamente se puede inspirar y expirar alrededor de cinco litros de aire. Sin embargo, esto se produce muy raramente, ya que, en efecto, en una respiración ordinaria, se inhala aproximadamente medio litro de aire y se exhala otro tanto. Así se quedan, de forma permanente, unos tres litros de aire y éteres en los pulmones, de forma que sólo una parte de la atmósfera de los pulmones es renovada y, además, ocurre que durante la respiración sólo se consigue que en los pulmones haya una mezcla del aire retenido con un poco de aire fresco.

Observará que todo hombre está dotado de un sistema respiratorio, gracias al cual puede inhalar la luz de amor y la fuerza de Dios. Las fuerzas etéricas y espirituales penetran en nuestro sistema con la inhalación del oxígeno que llena nuestros pulmones; y con la espiración, teóricamente, restituimos al exterior esta fuerza, esta luz y este amor.

Si el hombre fuera capaz de dejar actuar a las fuerzas divinas correctamente, a través de la circulación sanguínea, sin duda alguna lo que emanaría de él sería puro y estaría lleno de amor, y sus actos estarían en concordancia con ello. Sin embargo, la realidad nos muestra que cada hombre absorbe y expulsa lo que ha asimilado a su manera, de acuerdo con su estado interior. Por consiguiente, cada uno expira la fuerza de Dios en total conformidad con su sistema sanguíneo, más o menos purificado. «No es lo que entra por laboca lo que mancilla al hombre, sino lo que sale porella», pues lo que sale es la imagen de su estado del momento.

Precisemos algo más: por el sistema respiratorio, se produce un intercambio de materiales, de la sangre al aire e, inversamente, del aire a la sangre. La sangre libera en el aire gas carbónico y vapor de agua, mientras que se carga de oxígeno, éteres y fuerzas espirituales. En el sistema capilar, la sangre es constantemente renovada a través del sistema de las arterias pulmonares que aportan sin cesar al corazón la sangre pobre en oxígeno, mientras que las venas pulmonares aportan sangre rica en oxígeno. Pero no sólo la sangre se renueva constantemente en los pulmones, sino que también el aire es reemplazado constantemente por aire nuevo, gracias al movimiento de la respiración.

Se trata, por lo tanto, de la inspiración y de la expiración del aire y de los éteres que afluyen al interior y son expulsados a continuación hacia el exterior.

El sublime hombre-alma-luz sólo empieza a irradiar en su propio campo de vida cuando el maná interior, que ha sido conquistado, es entregado de nuevo a través de la propia vida, obedeciendo la ley de amor al prójimo. Sólo entonces el hombre-alma-luz queda establecido en el corazón de su santuario, principalmente para irradiar la vida como luz.

Por lo tanto, la Escuela Espiritual está consagrada totalmente a la tarea de incitar a la humanidad a la renovación del corazón.

 

 

22

El canto de alabanza de Hermes

 

 

El canto de alabanza que cierra el octavo libro de Hermes es tan extraordinario, tan notable y se distingue de tal forma de los cantos de alabanza habituales que es bueno y necesario que nos detengamos en él muy particularmente.

 

¿Quién  podría alabarte suficientemente y de acuerdo con  tu valor?

¿Hacia dónde dirigir  mis ojos  para alabarte?

¿Hacia arriba? ¿Hacia abajo?

¿Hacia el interior o hacia el exterior?

No existe ningún camino, ningún lugar,

ninguna criatura que esté fuera de Ti;

todo está dentro de Ti y  todo proviene de Ti.

Tú das todo y no recibes nada:

pues Tú posees todo y no existe nada que no Te pertenezca.

 

 

¿Cuándo cantaré tu alabanza?

Ya que es imposible comprender tu hora y tu tiempo.

 

¿Y por qué cantaré Tu alabanza?

¿Por lo que has creado?

¿Por lo que no has creado?

¿Por aquello que has revelado?

¿O por lo que mantienes oculto?

¿Y con qué cantaré tu alabanza?

¡Cómo si algo me perteneciera!

¡Cómo si poseyese algo propio!

¡Cómo si fuese alguien diferente a Ti!

 

Pues Tú eres  todo lo que yo puedo ser,

Tú eres todo lo que puedo hacer,

Tú eres todo lo que puedo decir.

Tú eres todo y no existe nada fuera de Ti.

 

Tú eres incluso lo que no existe.

Tú eres todo lo que ha llegado a existir

Y todo lo que no ha llegado a existir.

Tú eres Espíritu, cuando es el alma-espíritu quien Te contempla,

Padre, cuando das forma a todo el universo,

Dios, cuando te revelas como fuerza activa universal,

El Bien, porque Tú has creado todas las cosas.

 

Lo más sutil de la materia es el aire,

lo más sutil del aire es el alma,

lo más sutil del alma es el espíritu,

lo más sutil del espíritu es Dios.

 

El núcleo de este canto de alabanza es la expresión de una impotencia, impotencia para cantar la alabanza al Padre del Universo de manera verdaderamente satisfactoria y justificada.

La Divinidad es tanto trascendente como inmanente, lo que significa que irradia en todos los planos cósmicos, que se manifiesta en todo y en todos, y que al mismo tiempo existe en lo no manifestado, donde no puede ser conocido. Por lo tanto, Ella es lo que puede ser conocido y lo que no puede ser conocido, el tiempo y la eternidad en su conjunto.

Basándonos en esta realidad, resulta evidente que quienes penetran en los misterios gnósticos meditan de manera muy diferente sobre la Divinidad en su adoración, alabanza y agradecimiento.

Usted sabe que el hombre religioso natural ordinario se imagina una representación más o menos majestuosa de la Divinidad, dependiendo de que sea más o menos cultivado, y se dirige a un Dios que supone existe en algún lugar, en general por encima de él. Cuando reflexiona respecto a Dios, como sería el caso aquí, con respeto, alabanza y agradecimiento, necesita un punto de concentración para su reflexión. Sin duda, usted mismo también busca tal punto de reflexión. Se orienta hacia un templo, hacia su lugar de servicio o su fuente.

¿Pero hacia dónde se debe orientar el gnóstico que ha comprendido la esencia de las cosas? En relación con Dios, el Padre, no encuentra ningún punto concreto hacia donde orientar su pensamiento. O, si lo encontrase, sólo sería una parte, un detalle ínfimo de la manifestación de Dios. Por ello, Hermes dice:

 

¿Hacia dónde dirigir mis ojos para alabarte?

¿Hacia arriba? ¿Hacia abajo?

¿Hacia el interior o hacia el exterior?

 

Puesto que lo trascendente es igualmente inmanente, no se puede definir de ninguna manera dialéctica. Ni como tiempo, ni como eternidad, ni como distancia, ni como orientación. Por consiguiente, ¡de ninguna manera!

Además, en este canto de alabanza, surge una pregunta que expresa Hermes Trismegistos: ¿Por qué cantaré tu alabanza?

¿El yo es algo que existe por sí mismo? ¿El microcosmos es autónomo? ¿El microcosmos, visto globalmente, posee algo propio?

¿No es verdad que el microcosmos, la personalidad y su estado de alma sólo son ínfimas partes, minúsculos aspectos, de la manifestación de Dios?

Así, Dios es todo lo que somos y todo lo que seremos, o incluso, lo que jamás seremos capaces de ser. De esta manera nos sumimos en el océano de la Manifestación Divina, en lo que supera con mucho toda alabanza, todo respeto y toda gratitud. ¿Acaso la Manifestación Divina no es el océano de la plenitud eterna, la propia inmensidad?

La parte más sutil de la manifestación de la materia es la atmósfera, el aire. La atmósfera, en su mayor sutilidad, es la sustancia astral pura. De esta sustancia astral se constituye el alma, el alma que amamos.

La propia esfera del alma comprende numerosos grados de sutilidad. En su cima, sus vibraciones pasan a las del Espíritu Séptuple del que nace Poimandres, que en su fusión con el alma engendra el Ánimo, el alma-espíritu. ¿Y el resultado del Espíritu Séptuple no es la eterna e incognoscible Divinidad?

 

Pues Tú eres  todo lo que yo puedo ser,

Tú eres todo lo que puedo hacer,

Tú eres todo lo que puedo decir.

Tú eres todo y no existe fuera de Ti.

 

Tú eres incluso lo que no existe.

Tú eres todo lo que ha llegado a existir

Y todo lo que no ha llegado a existir.

Tú eres Espíritu, cuando es el alma-espíritu quien Te contempla,

Padre, cuando Tú das forma a todo el universo,

Dios, cuando Tú te revelas como fuerza activa universal,

El bien, porque Tú has creado todas las cosas.

 

He aquí simplemente la expresión de un profundo, muy profundo asombro, una inmersión en el océano de la manifestación de Dios.

 

¡Que nos sea dado conocer la manifestación divina con los ojos del ser interior, como Dios se conoce a sí mismo, llenos de un mudo respeto y de una profunda alegría!

 

 

23

El nacimiento del cuerpo mental

 

 

Sabemos que los tiempos se aceleran. No se puede prever la celeridad ni fijarla, pero es cierto que ha comenzado la manifestación de un tiempo nuevo.

También está demostrado que el hijo de la sabiduría se reconocerá por su iluminación interior en relación con todas las cosas, y sobre todo por el espíritu y la verdad que están en lo más profundo de su ser. Vivificará en él la radiación de la luz divina y, con humildad y el abandono de su propia voluntad dialéctica, seguirá constantemente a la luz de la naturaleza divina, permitiendo así el cambio, la transformación de su naturaleza terrestre en una naturaleza celeste.

Pues la luz divina quiere formar parte de su ser. El último eslabón de la Cadena de la Fraternidad Universal de Cristo ha descendido en medio de nosotros y, ahora, debe orientarse de manera que la fuerza de radiación de Cristo y el aliento del Espíritu Santo puedan penetrar y manifiestarse en usted como fuerza activa.

Comprenderá que, para ello, es necesario velar para que la fuerza recibida no se pierda y no se vierta sobre el plano inaceptable de la naturaleza dialéctica. Por consiguiente, se necesita una correcta comprensión para la ejecución del plan de Dios para el mundo y la humanidad. Este gran plan divino ha sido concebido gracias a la colaboración de inmensas fuerzas de sabiduría y, ahora, es ejecutado por una innumerable multitud, capaz de contribuir eficazmente en dicha ejecución con la ayuda de la iluminación divina. Por esto, debe mostrar una correcta comprensión.

Y como todavía reina mucha incertidumbre con relación a esta conciencia divina iluminada, se suscitan a menudo un sinfín de preguntas de toda índole. Como por ejemplo: «¿Por qué los miembros de las Fraternidades Gnósticas han sacrificado casi siempre su cuerpo, su vida y sus bienes?»

Para comprenderlo claramente es necesario pensar en los movimientos cíclicos de los eones. De la misma manera que las siete corrientes del Espíritu Séptuple se manifiestan, también las corrientes astrales del «salitre corrompido» son mantenidas en movimiento. Estas corrientes presentan igualmente una periodicidad de entrada y de salida. En sus torbellinos arrastran fuerzas de odio y amenazas, de impiedad atmosférica y otros desastres. En La aurora naciente, Jakob Böhme nos dice del salitre: «Del centro eterno de la naturaleza nace el otro principio, como la luz nace del fuego. Cuando los siete espíritus originales se funden armoniosamente en una fuerza, provocan una desecación». Esta desecación es llamada «el salitre divino» por Jakob Böhme.

«El hombre está hecho con todas las fuerzas de Dios, con los siete espíritus de Dios. Pero como ahora está corrompido […] la naturaleza humana corrompida no comprende todavía esto. Cuando Dios creó a Adán, antes que Eva fuese formada de él, tenía una forma celeste; pero, en Adán, el salitre corrompido libró un combate con las fuerzas del árbol de la Vida.

Sin embargo, el Espíritu Santo no se deja asir por la carne pecadora; él se manifiesta como un relámpago, como el fuego que brota de una piedra cuando se la golpea. Pero cuando este relámpago radiante es captado por el corazón, se dirige hacia el cerebro por los siete espíritus; y allí se eleva como la aurora. Éste es también el objetivo. En esta luz, un espíritu ve a otro […] el uno oye al otro, y para cada uno de los dos es como si toda la divinidad se manifestara en él».

Quizás en lo sucesivo comprenda por qué lo que es demoniaco es arrastrado sin cesar por las corrientes astrales. Si estas corrientes del salitre corrompido no estuvieran en movimiento, en muy poco tiempo la Tierra sería totalmente inhabitable para toda vida razonable.

Sin embargo, comprenderá que lo que se mantiene en circulación no desaparece. El mal desatado por los hombres sólo puede ser mantenido separado, muy parcialmente, de la zona de peligro. Solamente puede ser impulsado y, por ello, existe una periodicidad de entrada y salida de estas corrientes; hay momentos en el que los peligros son agudos y otros en los que son mucho menos fuertes, para permitir que la vida de la humanidad recupere su aliento.

«Pero», se podría preguntar, «¿no sería útil conocer la periodicidad de estas corrientes para evitar sus ataques?»

La respuesta es que tal ciencia jamás será enseñada en una Escuela Espiritual Gnóstica pues los que verdaderamente viven en la luz del Cristo jamás serán alcanzados por las tinieblas sin la voluntad de nuestro Padre celeste. ¿Podría ser que la voluntad de Dios fuera que tantos fueran alcanzados por el sufrimiento cuando, sin embargo, deseaban servir a la humanidad? ¿Y por qué tantos grandes por el espíritu fueron asesinados? ¿Y por qué ellos, que vivían en la luz divina, tuvieron que ofrendar su sangre por el mundo y la humanidad?

Pues bien, porque tras su muerte y por ella, se liberaron poderosas fuerzas que permitieron elevarse progresivamente a la vida liberadora a un número aún mayor de buscadores. Su sangre vertida se convirtió así en una bendición, una grande y magnífica bendición para toda la humanidad.

Y nosotros, en nuestra Escuela Espiritual, participantes conscientes del campo de radiación magnético de la Escuela que engloba todo, con este sublime ejemplo ante nuestros ojos, sólo podemos esperar y desear conscientemente participar indefectiblemente, trabajando en la suprema fuerza del Cristo, en los nobles valores de la radiación de las siete veces siete corrientes del Espíritu Santo, con el fin de que jamás sea rota la unión adquirida con el campo magnético universal de la luz de Cristo.

Se debe poner fin a la ruptura y a la separación actuales entre Dios y su criatura. El Espíritu Séptuple hará todo lo necesario para restablecer la unión original entre Dios y el hombre, todo lo necesario para que la criatura en inarmonía sea impulsada otra vez hacia un equilibrio renovado.

Por lo tanto, es necesario que ante todo comprenda cuán absolutamente funesto es ser receptivo a las influencias astrales de la naturaleza dialéctica. El campo de vida humano está completamente mancillado y la atmósfera vital del ser humano está impregnada de esta suciedad, tanto en sus causas como en sus consecuencias etéricas y astrales. Y como su campo de vida es al mismo tiempo su campo de respiración, es prisionero hasta en su simiente, hasta en su posteridad. Cuán justa aparece entonces la frase del Antiguo Testamento: Dios castigó «la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación».

¿Por qué solamente hasta la tercera y la cuarta generación? Porque una causa de pecado es operante a lo sumo hasta la tercera o la cuarta generación. Sin embargo, sus efectos engendran generalmente nuevas causas de pecado.

Quien no comienza por cambiar su comportamiento, fundándose en el alma despertada, quien no lo pone en práctica ni persevera, no alcanzará el objetivo gnóstico. Toda magia se practica por medio del aliento. Quien es incapaz de preservarse de las influencias astrales nocivas se convierte totalmente en su víctima.

A medida que la forma de la personalidad perece por una nueva vida positiva, o sea, a medida que cambia y es regida por el alma, el Espíritu Séptuple comienza su tarea. Una maravillosa luz nueva toca al alumno y le llena. La actividad de esta luz es puramente mental. El alumno, por primera vez en su vida, puede tener un pensamiento puro, como consecuencia de que sus órganos mentales se han abierto a dicha luz.

En completa armonía con la revelación de los siete rayos del Espíritu Séptuple, se realiza una renovación sensorial, cuando el candidato a los misterios gnósticos cumple lo que le exige este proceso, el cual está respaldado por la Enseñanza Universal liberadora. Con más precisión: la razón corresponde al quinto rayo del Espíritu Séptuple. Introducido en la esfera de actividad del quinto sentido, descubre directamente que la razón es mucho más que un sentido. Es el vehículo del cuerpo del pensamiento, el vehículo del cuerpo mental. Cuando despierta la verdadera razón, nace el cuerpo mental, del cual todavía carecen todos los hombres de la naturaleza de la muerte.

En la antigüedad, la enseñanza daba al hombre el nombre de Adamas, cuya raíz es la palabra Man o Manas, que significa pensador. Para el candidato a los misterios gnósticos que observa el nuevo comportamiento, la colaboración con el Espíritu Santo, en particular con el quinto rayo de éste, conllevará perfectamente el nacimiento del verdadero poder mental concebido por Dios, la manifestación del verdadero cuerpo mental; por consiguiente, la manifestación de la inteligencia dotada de razón.

Concluyamos con esta oración interior del corazón: ¡Que el santuario de su cabeza pueda poseer suficiente fuerza de alma activa para comprender y asimilar totalmente estas palabras!

 

 

24

El principio fundamental del bien

 

 

 

 

Cualquiera que sea la dirección hacia la que intente desarrollar o cultivar la conciencia natural, en cualquier circunstancia y situación, esta conciencia será y seguirá siendo una conciencia animal.

Uno de los argumentos más pertinentes a favor de semejante constatación es que todo el campo de vida humano está dotado de conciencia. Toda la naturaleza de la muerte es un inmenso océano donde late la vida. Con ello no queremos decir que se expresen en ella un gran número de especies de vida diferentes; no, sino que el propio campo de la naturaleza de la muerte es en sí vida, conciencia. Por ello, todo lo que proviene de esta vida y de esta conciencia es de una misma y única naturaleza. La filosofía gnóstica le ha enseñado que la conciencia de un hombre está compuesta y formada por todos los átomos que constituyen su sistema. Así constatamos un hecho parecido. Si añade un colorante en el agua de una jarra de cristal, todo el contenido de la jarra es coloreado y adquiere las características del colorante.

El que un campo de vida contenga y constituya en su conjunto una conciencia se relaciona con lo que la Enseñanza Universal define como «el principio de la sustancia». A causa del principio de la sustancia, la conciencia de la naturaleza de la muerte otorga a todas sus criaturas una conciencia que ha surgido de esta conciencia colectiva.

Esta gran conciencia puede dividirse hasta el infinito, y todas las subdivisiones o creaciones pueden igualmente multiplicarse o subdividirse hasta el infinito, pero los resultados, las consecuencias no escapan a la conciencia colectiva. Por otra parte, no puede desearlo ni pretenderlo, pues tales resultados han surgido de la ley de la gran conciencia de la naturaleza. Esta conciencia única es la que anima al hombre y al animal. Ambos son creaciones de esta gran conciencia de la naturaleza. Por esto, queda perfectamente claro que, en el reino de la naturaleza, no se puede encontrar ninguna posibilidad liberadora.

Si éste fuera el caso, se habría encontrado desde hace mucho tiempo. Si existiese tal posibilidad, el Cristo no habría pronunciado la frase: Mi reino no es de este mundo.

 

Por consiguiente, ¿qué es la naturaleza de la muerte y cuál es la peculiaridad de la gran conciencia que reina en ella?

Esta peculiaridad es la alternancia del bien y del mal en el desencadenamiento de su fuerza de manifestación, de donde resulta un universo a la deriva.

Sería una locura pretender que no existe ningún bien en la naturaleza de la muerte, pero la naturaleza es incapaz de mantener este bien, barrido muy pronto por el juego de los cambios. Los valores del bien, en la naturaleza de la muerte, son por consiguiente ilusiones o están privados de toda fuerza fundamental.

De hecho, ¿cuál debería ser el principio fundamental del bien? El propio Espíritu. Que el Espíritu no esté presente en la naturaleza de la muerte, que esta naturaleza esté separada del Espíritu, confirma que no es pura y virgen, a pesar de todo el bien que se manifieste en ella. Además, este bien prueba que originalmente la naturaleza de la muerte debía ser totalmente diferente, o haber pertenecido a una naturaleza distinta, de la que fue separada por un incidente.

Ahora bien, todos los escritos sagrados intentan hacernos comprender la verdad, a saber que la naturaleza original y el principio de su sustancia eran absolutamente neutros. No eran buenos ni malos, ni una mezcla de los dos, sino neutros, por consiguiente, absolutamente puros, inmaculados y en total reposo. Contenían la vida, o conciencia, no manifestada. Quienes poseen algún conocimiento, saben que cada naturaleza encierra fuerzas y materias muy sutiles que explotan fácilmente, que sencillamente escapan a todo control y, una vez desencadenadas, se mantienen indefinidamente en manifestación.

Por ello, el primer hombre fue advertido para que sólo emplease estas fuerzas bajo la dirección del Espíritu, para que hiciese su camino únicamente por medio de los frutos del árbol de la Vida y para que no se desviase de ello bajo ningún pretexto.

El hombre actual es un producto de la calamidad desencadenada antaño. Él participa de esta calamidad, que impregna su naturaleza. Posee un gran conocimiento del bien y del mal.

Nosotros renegamos tanto de este bien como de este mal, pues ambos no representan la realidad.

El hombre sufre los dolores de la ilusión. Es torturado por la irrealidad. Vive en el tiempo, pero el tiempo es una ficción, por consiguiente, en realidad no vive.

No obstante, una chispa de lo Original mora profundamente hundida en su microcosmos. Y si esta chispa no está totalmente apagada, puede comenzar a resonar una llamada en él, como una voz que llega desde muy lejos. Una llamada para que regrese a la naturaleza original, que siempre existe en toda su pureza, y en la que el Espíritu puede actuar y, verdaderamente, actúa.

Una ilusión más otra siempre genera una nueva ilusión; y allí donde reina la ilusión, el Espíritu no desciende para unirse a ello. El volcán debe acabar por extinguirse. El fuego desencadenado debe saciarse y apagarse por sí mismo. Por ello, Jakob Böhme dice que Dios ha encerrado lo que es impuro.

Pero esto no quiere decir que en esta impureza no se encuentran aprisionadas innumerables chispas divinas. Por ello, el Señor de toda vida, y la Gnosis que está a su servicio, vienen a guiar a los suyos fuera de este brasero. Se trata de la realeza del Espíritu, de las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz.

El grandioso drama de la naturaleza de la muerte es que cada ser humano es conducido hasta el momento en el que acaba por concienciarse y experimentar que vive en un infierno. Tan pronto como esta concienciación de la violenta tempestad del bien y del mal se ha instalado en usted, como un saber absoluto adquirido por experiencia, usted puede intentar buscar y encontrar el verdadero estado de conciencia, en unión con Dios.

 

 

25

La secreción interna y su significado para el desarrollo vital de la humanidad

 

 

Como alumno de la Escuela Espiritual sabe hasta qué punto el mundo y la humanidad están en crisis, y cuán urgente es que todos los alumnos, tanto individualmente como en grupo, tomen una firme decisión respecto a su comportamiento y a su nueva actividad. Quisiéramos demostrarle esta necesidad con ayuda de algunos hechos.

El campo astral microcósmico del hombre se corresponde absolutamente con el campo astral de la naturaleza de la muerte, en concreto, con el campo de vida del hombre. Por ello, le alcanza toda la impiedad con la que está cargada la esfera astral del campo de vida. Como esta esfera astral es el gran receptáculo de todas las injusticias, mentiras y faltas cometidas en la esfera material, se puede considerar un milagro que todavía sea posible una vida verdadera en la esfera material, ya que el contacto entre estas dos esferas de vida es tan estrecho que es difícil imaginarlo más íntimo. Tal es la realidad. Que el hombre todavía pueda hablar de «vida» se debe a que el cuerpo material posee una maravillosa estructura. Posee un sistema que le permite resistir y protegerse, en la medida de lo posible, de las consecuencias de todos los peligros amenazadores del campo astral de la naturaleza de la muerte. Este sistema protector se sitúa en la muy conocida secreción interna. Las glándulas endocrinas cumplen, en particular, el papel de guardianas y protectoras.

Todo alumno de nuestra Escuela Espiritual sabe que la sustancia astral del campo de vida humano es conducida al sistema vital directamente por el hígado e indirectamente por los cuatro éteres. La puerta de acceso principal es el bazo, pero se debe añadir que todo el cuerpo respira los éteres. En cada segundo la sustancia astral del campo de vida ordinario tiene abundantes ocasiones de penetrar en el hombre, de forma que se le podría considerar como irremediablemente perdido.

Sin embargo, el sistema de secreción interna vigila para que el cuerpo sólo asimile las fuerzas e influencias de las que la conciencia, la herencia y el karma le han hecho digno, o bien a las que ellos le han sometido.

Las glándulas endocrinas son comparables a resistencias que dejan pasar las radiaciones comprendidas entre ciertas escalas de frecuencia y rechazan aquéllas que son de frecuencia inferior o superior. Si el hombre actúa según las normas de un comportamiento normal, por lo tanto vive, como se puede esperar, en un ser ordinario del orden de emergencia, su sistema de secreción interno establece el modo de protegerle de las influencias demasiado nocivas y agresivas de la esfera etérica. Gracias a esto, su vida personal y social todavía puede evolucionar; y en la mayoría de los casos, cada mortal tiene la posibilidad de ser salvado.

Pero es necesario darse cuenta de que todos los órganos del sistema humano, por consiguiente también la secreción interna, se manifiestan y actúan conforme a las leyes naturales en vigor, armonizadas con el orden de emergencia. Cuando se transgreden estas leyes, el sistema hormonal ya no puede rechazar las agresiones. Y entonces vemos en la vida ordinaria que la transgresión de las leyes naturales daña la secreción interna, cuyas consecuencias aparecen ya sea bajo forma de enfermedades, ya sea como un ensombrecimiento astral.

Por lo tanto, sin duda comprende que cuando las situaciones y las relaciones astrales son gravemente perturbadas, por ejemplo, a causa de las aplicaciones de la ciencia nuclear, nuestro orden de emergencia mantenido por las leyes naturales es completamente desequilibrado, lo que afecta directamente al desarrollo vital de la humanidad y, en particular, a su sistema de secreción interna. Estos órganos no soportan tal violencia y son obligados a admitir, en el sistema, influencias que ya no se explican por el estado de ser de la
persona en cuestión. Los excesos nucleares han hecho caer, literalmente, los velos entre el aquí abajo y el más allá, y numerosas fuerzas muy corrompidas tienen así la ocasión de manifestarse en la esfera material.

Sus víctimas más directas son, sobre todo, los jóvenes. Pues su sistema de secreción interna está todavía en desarrollo. En los casos más afortunados, se puede considerar apropiado que a los 28 años este sistema alcanza su madurez. Por ello, en nuestra época, los diarios publican numerosas agresiones criminales, robos y perturbaciones psíquicas, con todas las consecuencias inherentes, que precisamente son realizados por jóvenes. Y cuando, una vez arrestados, deben afrontar la justicia y las consecuencias de sus actos, a veces se encuentran desorientados pero, en general, completamente indiferentes porque la situación actual les ha debilitado y consumido desde hace ya tiempo.

No se debe considerar que, siendo estos jóvenes la cosecha de nuestro siglo, estaban predispuestos al crimen. No, se les debe ver como víctimas sin más, que han enfermado por las aplicaciones de la ciencia nuclear y sus desastrosos efectos en la secreción interna de todos.

Estos hechos demuestran claramente la importancia de una profunda renovación del comportamiento de la humanidad, que le permitiría escapar del campo astral de la naturaleza de la muerte y, por el contrario, le aseguraría la protección del campo astral del Cuerpo Vivo Universal y la luz protectora de la Cadena de la Fraternidad Universal de Cristo.

Así, la crisis del siglo es para todos los seres humanos un asunto personal.

 

 

26

Jesús y Juan

 

 

 

Usted sabe que el glorioso cuerpo del origen ya no puede manifestarse. Ha desaparecido, pues la característica de un cuerpo de materia etérica es ser reducido a la nada si el campo astral madre ya no le nutre. El factor animador original, el microcosmos, el alma, cae en letargo, se vacía y queda incapacitado para manifestarse. Y el Espíritu que había creado esta maravilla, se retira.

Por el proceso del nacimiento terrestre, una personalidad inicia su existencia y es unida a un alma. Esta personalidad es en sí otra maravilla del amor divino. Pues se la debe considerar en función del plan de emergencia que permite al hombre original caído volver a encontrar la vida. En efecto, la vocación de la personalidad terrestre, que aparece temporalmente, es liberar del encarcelamiento a su alma, su microcosmos, y, por la rendición de su yo, por su aspiración a realizar la endura, elevarse en este «Otro» que de nuevo debe ser llevado a la vida. Hacia todos resuena la llamada de la realización de esta grandiosa obra de salvación, en y por la poderosa fuerza de la naturaleza original.

Sabe que, en el comienzo de los Evangelios, aparecen dos personajes para explicar al hombre el camino y el inmenso y glorioso objetivo de la redención de sí mismo y para precederle en el camino, a saber, Juan y Jesús, Juan Bautista y Jesucristo. Estos dos hombres, estos dos profetas y salvadores, nos revelan la enseñanza de salvación crística en su inicio, en su progresión y en su magnífica victoria.

 

Juan es el hombre nacido de esta naturaleza que, como usted, está firmemente decidido a recorrer el camino de la gran liberación y aceptar de corazón todas las consecuencias. Hace el mayor sacrificio que puede hacer un hombre: el sacrificio de sí mismo. Sin embargo, es calificado de profeta y de bautista. Él anuncia el único camino de liberación posible para la criatura del orden de emergencia.

Como él mismo da ejemplo recorriendo este camino, de él emana una gran fuerza. Pues, por la purificación, se une de nuevo a la naturaleza original fundamental. De esta manera se encuentra en condiciones de hacer participar a los demás de esta magnífica fuerza. Y almismo tiempo, es un bautista, un comunicador de fuerzas, pues nada es más contagioso, nada incita más a una rica actividad que ver a alguien hacer lo que dice, vivir lo que enseña. Juan se presenta así, ante nosotros, como el prototipo del verdadero alumno de una escuela espiritual.

Todas las Fraternidades gnósticas que han actuado desde el inicio de nuestra era han declarado expresamente que la aparición de Jesucristo sólo era una «apariencia» y que su muerte en la cruz, por consiguiente, es una imposibilidad. Con ello quieren decir que Jesucristo no era un ser nacido de la naturaleza y, por consiguiente, tampoco podía poseer una personalidad cristalizada de carne y de sangre como la del hombre ordinario. Nosotros sabemos que el hombre-Juan, cuando ha realizado la parte principal de su obra, se fusiona y se convierte lógicamente, necesariamente, en el hombre-Jesús.

¿Quién es, por lo tanto, Jesús el Señor? En cierto sentido es la misma entidad que conocemos como Juan Bautista. Ya que, cuando Juan ha llegado al final de su camino por el desierto, una vez ha alcanzado el puntomás profundo, el punto más crítico, encuentra inevitablemente a Jesús en laorilla del Jordán. Esto significa que en el microcosmos del hombre-Juan, el «Otro», la forma original de materia etérica, se manifiesta de nuevo. A partir de entonces existen dos entes en el microcosmos: Juan y Jesús, el hombre original y el hombre nacido de la naturaleza.

¿Cómo es posible? Como servidor del Santo Grial, Juan purifica totalmente su conciencia cerebral y su cuerpo astral, y los armoniza con la naturaleza divina. En ese mismo momento el Espíritu se revela, la llamada del Padre resuena en el microcosmos. En su corazón Juan ve, como en un espejo, la faz del hombre original.

Con el asombro de tal reencuentro, al principio tiene lugar alguna confusión. Jesús le pide a Juan que le bautice, mientras que él esperaba lo contrario. Usted también podría preguntarse: «¿Por qué Jesús tuvo que ser bautizado por Juan?»

La respuesta es que un maravilloso misterio determina esta situación. El «Otro», el Original, se manifiesta bajo la forma natural de Juan en el camino de la endura. Juan se ha abandonado totalmente a Jesús diciendo: «Él, el Otro, debe crecer y yo debo menguar». Evidentemente Juan, cuya alma renacida se ha vuelto un alma divina que manifiesta a Jesús en él, va a poner su fuerza juanista nacida de esta naturaleza al servicio de Jesucristo en él, en una total ofrenda, con el fin de permitir que Jesús se revele a la humanidad.

Así, Jesús el Señor acepta su camino de cruz en la persona del hombre-Juan, para despertar en el microcosmos todo lo que allí han petrificado los siglos y para así purificarlo totalmente. Un acontecimiento histórico en verdad, y no en un solo hombre, sino, gracias a Dios, en millones de seres que ya nos han precedido.

Así, la muerte de Jesús en la cruz en la persona de Juan es la última, la verdadera última ofrenda de Juan, ya decapitado desde hace tiempo, en una ofrenda total de sí. A continuación viene la resurrección en la vida eterna.

Que un día también usted pueda encontrar a Jesús el Señor y seguirle hasta el fin glorioso.

 

 

27

Del nacimiento natural

al nacimiento divino

 

 

Cada Fraternidad gnóstica debe tener en cuenta la época en la que se manifiesta y asumir la tarea exigida en ese momento. La conciencia del hombre debe cambiar completamente y esto sólo es posible cuando percibe claramente el objetivo divino ante sí.

También la Joven Fraternidad Gnóstica tiene ante sí una tarea muy particular en la actual coyuntura. Tiene la misión, la tarea, muy clásica, de hacer todo lo posible por liberar en los corazones de los hombres a Cristo, la radiación crística, así como el potencial magnético del Espíritu Séptuple Universal. Tiene la tarea de ayudar a los verdaderos buscadores en el camino de la vida que libera el alma-espíritu, un camino que sólo se puede recorrer en la fuerza de radiación de Jesucristo, nuestro Señor y Liberador.

Todo alumno que conoce la enseñanza de la Rosacruz de Oro sabe que esta fuerza de radiación crística debe despertarse y elevarse en y desde el corazón, pues en él se encuentra la raíz original.

La iluminación y la resurrección tienen lugar en el santuario de la cabeza. Sólo cuando el maestro de la forma exterior se ha alejado, se erige, radiante, el hombre-alma vivo en el lugar previsto para él. Y asíuno de las tres señales queda grabado en el espejo de su frente:

la señal del hombre-yo,

la señal del alma que ha recibido la promesa de lagracia,

o la señal del Hijo del Hombre.

 

La purificación del corazón es un trabajo de naturaleza séptuple. El proceso de cambio es una actividad igualmente séptuple. Cuando se ha cumplido el proceso séptuple, el hombre se eleva hasta el renacimiento del alma-espíritu. Es la Rosacruz victoriosa. La puerta de la Eternidad se abre ampliamente.

Por ello, es muy importante que el hombre dé ejemplo. Esto es posible cuando sirve al «Otro en usted», cuando permaneceen una actitud de servicialidad en  este mundo. El hilo conductor para su consecución es el mantenimiento de una unidad, una responsabilidad y una orientación puras. El amor y la verdad deben acompañar, en cualquier circunstancia, al campo de radiación magnético.

Sabemos que también usted tiene como único objetivo el experimentar interiormente la radiación de esta grande y pura fuerza de luz gnóstica, y vivirinteriormente de ella. No puede ser de otra manera, pues si todos los campos de trabajo de la Escuela Espiritual séptuplemente manifestada se comportan conforme a las leyes magnéticas de radiación que nos llegan desde el campo astral gnóstico, entonces cada alumno se sabrá individualmente admitido en un campo de fuerza en el que podrá actuar en las mejores condiciones posibles.

Como consecuencia de los numerosos años de trabajo en nuestros talleres, en cada alumno se han liberado posibilidades para manifestar la fuerza de la corriente del fuego gnóstico. Podemos alegrarnos de saber que el campo de radiación crística y el campo de radiación magnética de la Joven Fraternidad Gnóstica, que engloba todo, no son unidades separadas. Por consiguiente, tampoco existe ninguna separación entre los diferentes campos de trabajo. Todos los alumnos serios pueden saberse admitidos y protegidos en el campo de radiación magnético de la Escuela Espiritual que lo engloba todo y siempre está arropado por el amor y por la verdad.

Si las palabras de la Fraternidad de la Rosacruz encuentran en usted un eco puro, por esta buena reacción sabemos que se encuentra bajo el firmamento de una nueva alianza. Da testimonio de ello por la receptividad de su alma despertada. El alma siente entonces la llamada como una fuerza. Si su personalidad desea ser guiada por la nueva fuerza del alma que se expresa en el santuario de la cabeza y consiente en colaborar, podrá servir a la gran obra.

Cuando consigue discernir si realmente es su alma la que ha tomado la dirección de su vida, aprende a comprender interiormente su voz y a responder a su llamada. Entonces se conciencia de la existencia de un campo astral divino, el campo de respiración de la fuente original, en la que todos los átomos son penetrados por las fuerzas divinas.

Estos átomos son la semilla de la serenidad divina, en la que el principio central de su alma-espíritu puede respirar y por la que su ser un día será armonizado con las vibraciones rítmicas del campo de radiación de la Fraternidad de la Vida, la Fraternidad Universal de Cristo. Por consiguiente, la unión con el Cuerpo Vivo de Cristo habrá tenido lugar.

Por esta unión, la luz espiritual que afluye se refleja en usted y por usted y así contribuye al desarrollo de los procesos correspondientes al plano material. El éter de fuego eléctrico empieza a actuar en usted. El reflejo de lo Invisible, de la Idea divina, comienza a desplegar su actividad en aquél cuya alma ha despertado. Amanece un día nuevo.

Sepa que el fuego del amor del Cristo cósmico vierte sus rayos sobre quienes consagran todo su ser a la construcción de un nuevo Cosmos Crístico y, por consiguiente, se ofrendan a sí mismos en este Nuevo Día del Señor. De esta manera, desde el alba del día de la caída Adámica, se trabaja para el mundo y la humanidad con objeto de anular las consecuencias del pecado y restablecer, en su antigua gloria, el paraíso perdido.

Elévese en este único y gran amor que nos llega de los Hijos de Dios y nos envuelve. Cuando la Gnosis logra salvar su alma y restablece en usted la fuerza como consecuencia de su elección eterna, ciertamente su prisión, sus cadenas, por pesadas que sean, serán aniquiladas por el inmenso poder de los Hijos de Dios, por la única llave que abre todas las prisiones.

La Escuela Espiritual Gnóstica no ofrece ninguna iniciación al hombre, sino la liberación total, latransfiguración de todo su ser. Quien quiere recorrer el camino de la liberación del alma y aprender a reaccionar a las muy sutiles vibraciones de los campos de vida superiores, puede ser elevado por encima del estado dialéctico natural.

Para precisar una vez más, decimos esto: la Fuerza, el Poder y la Idea divinos actúan en la serenidad de los campos de vida superiores. Él, el Señor de toda Vida, revela su Idea del mundo y de la humanidad en una parte de la sustancia astral original. El Espíritu de Dios incita a una manifestación determinada del Único Bien en el espacio astral planetario.

El Espíritu de Dios, en el campo planetario terrestre, está completamente centrado en el hombre nacido de esta naturaleza y en su tarea en la manifestación planetaria. Ahora bien, como este Espíritu de Dios es la fuerza y el poder supremos, cualquiera que sean las circunstancias de la existencia, resulta evidente que establecer un contacto, una relación, con esta gran fuerza divina será muy fácil si lo comparamos con las innumerables dificultades de la vida. Basta con satisfacer interiormente la ley del Espíritu divino, la ley del comportamiento y de la realización vital.

Esté seguro de que el resultado de la realización según esta ley se demuestra en el curso de cada vida, directa y perfectamente. Sin embargo, el amor también es la causa de experiencias dolorosas. ¿Pues, no existen muchas cosas que deben ser consumidas en usted? Por lo tanto, el alumno debe prepararse a ser tocado y purificado por el fuego ardiente del amor divino.

Observe ahora cómo actúa el Creador y cómo se realiza la creación: Dios siembra la inmortalidad en el cielo, el cambio en la tierra y, en todo el ser, el movimiento y la vida. Intente comprender estas palabras, pues revelan toda la Gnosis.

En relación con la Tierra Santa, el Orden Divino de las cosas es tal que existen dos aspectos: el nacimiento y la inmortalidad. En el nacimiento puro, en el que el alma ocupa el centro, se puede hablar de una situación de cambio permanente, cuyo objetivo es progresar, a partir del nacimiento, por un crecimiento de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia, en una continua inmortalidad.

Este nacimiento es contrarrestado en el nacimiento natural, frenado por las pasiones y sus consecuencias. Por ello, la enfermedad y la muerte, la muerte por quebrantamiento y aniquilación, siempre acompañarán al nacimiento natural.

Por consiguiente, la gran lección que todos los alumnos deben aprender y aplicar es ésta: pasar del nacimiento natural al nacimiento divino por la rendición de sí mismos.

Concluyamos con las palabras de la Rosacruz clásica:

 

Nacer de Dios, es decir, despertarse directamente a la vida nueva;

 

Morir en Jesús, aniquilar todo lo que pertenece a la antigua vida de la naturaleza y poner el pie en el camino de un nuevo nacimiento, para a continuación:

 

Renacer por el Espíritu Santo en la inmortalidad absoluta.

 

 

28

La kundalini: la fuerza de la eternidad

 

 

Vivimos en un tiempo de grandes perturbaciones. Vivimos una fase de desarrollo en la que periódicamente aparecen nuevas exigencias; un nuevo período en el que, por supuesto,  se manifiestan fuertes oposiciones. A causa del caos general, el mundo está a punto de explotar y la humanidad sufre los acontecimientos mundiales como si participara en la proyección de una película en algún cine.

Quisiéramos transportarle en pensamiento a un cine que, verdaderamente, es el mayor del mundo, un cine en el que el ciudadano paga gustoso el derecho de entrada para lograr, tras mantenerse en la fila de los insaciables, ser admitido por fin en el templo de las imágenes móviles.

Usted contempla un falso resplandor y unas falsas apariencias: otras tantas imitaciones de lo que en alguna época se llamaba la verdad y lo real. Lo que tiene ante sus ojos es una ilusión de la que el hombre, con la mirada turbada, se enorgullece, pues la imagen que le es mostrada en la oscuridad fascinante le atrapa para hipnotizarle. Todo es lujo y ostentación, producidos por máquinas sin alma para una multitud a la que su alma ha abandonado.

Cuando, tras un tiempo de oscuridad y una oleada de música ensordecedora, un número suficiente de intoxicados ha sido liberado, la multitud es empujada contra las cuerdas, como el ganado en un matadero, para dejar sitio a la oleada, cada vez mayor, de los que esperan, con el fin de que cada uno tenga la ocasión de meterse en la boca del monstruo. De esta manera se vigila, con meticulosidad, para que nadie escape del abismo del olvido. Con la rápida sucesión de las imágenes y un resplandor de falso placer se hace que el ciudadano tome un trago de olvido; pues sobre todo no debe aburrirse; no debe despertarse de su somnolencia de animal rumiante; tampoco debe tener tiempo para reflexionar, por lo que los acontecimientos deben producirse a toda velocidad.

No debe despertarse y todavía menos darse cuenta de que su existencia es completamente extraña a la única verdadera vida del alma, que emana de Dios.

No debe percibir que se le sirve este alimento envenenado para impedir que se inflame en él la chispa de luz. Por lo tanto, los acontecimientos deben producirse con una frenética rapidez para que nadie tenga tiempo de examinar lo que se le sirve.

Esta hábil maquinación, urdida con una astucia sin valores profundos, este embrutecimiento y esta degradación están controlados y dirigidos por los poderes y las fuerzas de este mundo.

Y por trágico que esto sea, en ausencia de todo valor fundamental profundo, la humanidad sufre los torbellinos de la existencia en un mundo que, sin embargo, está pensado como un pasaje hacia la realidad eterna. La mayoría de los hombres espera, sin cesar, nuevas sensaciones. La humanidad se encuentra totalmente prisionera en la nebulosa atmósfera de los movimientos astrales inferiores en el universo. Tal es la imagen de la humanidad actual.

Las agitaciones astrales son la causa del drama humano. ¿Qué se entiende por agitaciones astrales? Son fuerzas de luz de sustancia original. La fuerza astral es una fuerza atómica, dicho de otra manera, la fuerza astral está formada por átomos que se encuentran en cierto estado. La fuerza de luz astral es una corriente, un conjunto o una concentración de átomos que el hombre absorbe o asimila por el sistema de los chakras y que, a continuación, circula a través de toda la personalidad, de forma que ésta debe reaccionar y vivir de ella.

En la Epístola a los Efesios, Pablo describe de la misma manera la causa inherente a la incesante agitación dramática que caracteriza nuestro mundo y en la que la humanidad sencillamente participa, manteniendo brutalmente, de esta forma, esta agitación astral contraria a su propia naturaleza. En la Epístola a los Efesios, capítulo 6, versículo 12, leemos:

Pues nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que habitan en el aire. Por esto, ceñíos la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y manteneros firmes tras haber superado todo.

En general, el corazón de la humanidad parece totalmente cerrado, como consecuencia del encadenamiento de sentimientos y pensamientos mal orientados. La humanidad ya no comprende nada de las obras de Dios y, menos aún, de su fe en Cristo.

¿Usted lo ve de manera diferente? ¿La mayoría de los hombres, afectados por una psicosis de angustia irrazonablemente expandida por todo el mundo, sería capaz de abrirse a las fuerzas liberadoras del Reino de Dios, que no es de este mundo?

La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro todavía no lo ha notado demasiado, aunque su dirección esté convencida de que innumerables seres humanos en todo el globo terrestre aspiran ardientemente a un espacio vital totalmente diferente. A través de sus focos, la Escuela Espiritual lanza su llamada, desde el año 1924, a la liberación del alma en este mundo, pero la incesante aceleración de los tiempos contribuye a que cada llamada que emana de la Gnosis sea asfixiada previamente.

El Cristo ha dicho: Yo digo la verdad y no me creéis. La Escuela Espiritual y muchos de sus alumnos han de combatir no contra la carne y la sangre sino contra los principados, las potestades, los poderes de este mundo de tinieblas; en resumen, contra las fuerzas maléficas del universo.

¿Cómo alguien, apegado a la tierra en todos los sentidos, podría discernir la acción del bien y del mal? ¿Cómo, a quien le falta el calor del corazón, podría ser receptivo a la idea de la intervención divina y creer en ella, a la idea de que existe una fuerza de radiación crística que rescata y libera, de que hay una Fraternidad completamente consagrada a la humanidad?

No queremos entristecerle, pero debe ver bien la realidad de todas estas cosas. La Jerarquía de Cristo conoce esta realidad y, por ello, sus servidores deben decir estas duras verdades con el fin de que un día el cristiano verdadero se despierte y salga de la esclavitud a la que le somete su pensamiento oscurecido, un cristiano que acepte emprender el peregrinaje hacia el nuevo Cielo-Tierra.

Que este camino de desarrollo no es sencillo, lo saben demasiado bien quienes se encuentran en este proceso. Sin embargo, se puede decir que, en muchos de nosotros, la fuerza del Padre ya se manifiesta como una luz.

¿Qué se quiere decir con esto? Cuando el alumno es inflamado por la Luz del Cristo y comienza a asimilar las fuerzas divinas del Fuego del Padre, ocultas en lo más profundo de su ser, entonces sus actos expanden luz y calor. Las fuerzas divinas en él son liberadas. La chispa, que no era más que una brasa, se inflama en una sublime radiación. Él adquiere conciencia de que el nuevo hombre-alma ha nacido en él según las líneas de fuerza del orden divino, y de que el Espíritu de Dios ilumina al alma nueva, al menos mientras que aspire llegar a ser, real y seriamente, una brillante luz para los demás y se mantenga vigilante junto a las columnas de fuego de la luz espiritual que la Escuela Espiritual ha inflamado por medio de sus focos.

Este camino discurre a través de la amargura y de la decepción y jamás ha habido un servidor o servidora que, anunciando la luz de Cristo bajo el impulso interior del alma, haya podido hacer una excepción a esta ley. Pero, a través de las pruebas, todo alumno llega un día a la victoria.

Cuando trata de satisfacer la divina ley del amor, no tiene nada que temer, pues ha sido encontrado digno para realizar la sublime vocación humana de servir al mundo y a la humanidad. Así, y no de otra manera, adquirirá una nueva visión más amplia que acabará por hacerle penetrar en el interior de la luz espiritual.

Cuando Pablo dio testimonio del Evangelio de la Luz frente al gobernador Festo y al rey Herodes Agripa, ¿qué le dijeron éstos? ¡Que debía de estar loco por desvariar de esa manera!

El gobernador Festo, atacado de ceguera, no es el único en hablar así. Hoy, aún se emplea el mismo lenguaje. Si los servidores de una Escuela Espiritual auténtica no hablaran en razón de su convicción interior, ya habrían sido entregados desde hace mucho tiempo al «dios de este siglo».

Hoy en día, muchos falsos apóstoles y engañosos servidores se presentan en nombre del Cristo. El propio Cristo ha dicho de tales personajes: Tenéis por padre al diablo, y queréis realizar los deseos de vuestro padre. Desde el comienzo, él ha sido asesino y no se halla en la verdad, porque no hay verdad en él… Y yo, porque digo la verdad, no me creéis. (Juan 8, 44-45)

Igualmente leemos en el Nuevo Testamento que Satán puede presentarse como un ángel de luz (II Corintios 11, 14). ¿Qué podemos esperar, entonces, de sus secuaces? Si usted osa actuar como Pablo, la burla y la mofa le acompañarán. Pero que estas palabras sean su consuelo: No es el que a sí mismo se recomienda el que queda probado, sino aquel a quien el Señor recomienda. (II Corintios 10, 18)

Pablo es la confirmación de esta verdad cuando, con las manos encadenadas pero con el corazón radiante e iluminado por el amor, pues sus obras no son de este mundo, se encontró ante Agripa, la propia imagen de lo opuesto a él. Agripa, un soberano del mundo que tiene el corazón encadenado aunque es libre para actuar, ya que sus obras son completamente semejantes a las de este mundo. Pablo, espíritu libre, fue totalmente consciente de encontrarse ante esclavos de este mundo caído.

Sin embargo, Agripa fue lo suficientemente poderoso en este mundo como para encadenar a Pablo con el fin de impedirle realizar la grandiosa obra de Dios. Pero nada ni nadie podría retener a Pablo. ¿Cómo podría ser de otra manera? Pues quien ha inflamado en él la verdadera luz espiritual osa mostrarse abiertamente; y a quien se estima capaz de hacerlo en la fuerza de Dios, se le caerán las cadenas de las manos como recompensa.

La Joven Fraternidad Gnóstica no deja pasar ningún instante sin dar a sus alumnos la comprensión del plan divino para el mundo y la humanidad, e indica el camino para liberarse de las dominaciones, de los poderes astrales y de las fuerzas animadas de la naturaleza de la muerte.

 

En primer lugar, se debe saber que el hombre habita un espacio vital en el que cada actividad tiene su reflejo que conlleva un efecto secundario. Este reflejo es una imagen reflejada, antinatural, caricaturesca. En el mundo astral también está proyectado, reflejado, el gran objetivo de la vida. La gran realidad de la vida del alma divina está representada allí, al igual que todos los aspectos y consecuencias de la vida inferior, de forma multicolor.

Cuando el Logos se manifiesta en su triple aspecto, aparece en nuestro campo de existencia un triple reflejo caricaturesco. Por ello, tras el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, se manifiestan «las dominaciones, los poderes, los príncipes de este mundo». ¿Cómo explicarlo?

El cuerpo astral es el más importante de los cuatro cuerpos de la personalidad; es el cuerpo fundamental que, de hecho, determina el estado de toda la personalidad. Este cuerpo astral une el hombre al cuerpo magnético que le rodea, a las fuerzas que operan en él y a diversas corrientes astrales.

Por la exhalación astral, el hombre transmite a su entorno lo que ha absorbido. Ocurre lo mismo con los alumnos de nuestra Escuela Espiritual y ésta lo tiene en cuenta. Debe hacerlo, pues de vez en cuando hay personas que, en cierta medida, pueden ser un peligro para ella y frenar su trabajo. Ellas traen fatales influencias astrales a la Escuela Espiritual, sobre todo en nuestra época.

Nuestra opinión sobre estas personas debe basarse en su cuerpo esencial, por lo tanto, en su cuerpo astral y no sólo en su semblante amable, simpático o gentil. En este asunto, tampoco son los sentimientos sino la pura y penetrante visión del trabajador la que debe guiarle. Si todavía le falta esta pura visión, entonces debe atenerse a las reglas establecidas por la Escuela Espiritual sin desviarse de ellas.

Gracias a Dios, muchos alumnos ya están en camino de alcanzar el estado de alma renacida, con el que se puede construir los vehículos del nuevo estado del alma-espíritu.

La Escuela Espiritual quiere hacer consciente, a cada alumno, del hecho de que es llamado a colaborar en la ejecución de un plan grandioso, el plan de salvación para el mundo y la humanidad. Comprenda bien lo que lo que significa ser consciente. No se trata sencillamente de dar a conocer los acontecimientos futuros o su desarrollo, esto tendría poco sentido. Si no que, por ejemplo, cuando llega a ser consciente de tener que colaborar en la vivificación de una línea de fuerza radiante y luminosa que rodea al mundo entero, usted comprenda que recorriendo el camino de la liberación del alma, cada alumno de la Escuela Espiritual suministra una excepcional y necesaria contribución a la vivificación y coronación de la gran obra sagrada de la Fraternidad de Cristo.

«¿Verdaderamente puedo hacer esto?» se preguntará quizá. Sí, usted puede en calidad de alumno, pues es miembro del Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual. Este Cuerpo Vivo le rodea con todas sus radiaciones de amor, con toda su fuerza gnóstica mágica. Esta fuerza, este amor, le permite penetrar hasta lo más profundo del conocimiento de sí mismo y de la sabiduría.

El átomo de su corazón tiene un lazo de naturaleza etérica con su microcosmos. Es una fuerza de fuego, un poder radiante que irrumpe en su sangre y en su fluido nervioso.

En el santuario del corazón, en el átomo del corazón y alrededor de él, encontramos la fuente purificadora y realizadora del alma, la kundalini. En nuestra filosofía llamamos a esta kundalini la fuerza electromagnética de salvación, la fuerza de la eternidad, fuerza con cuya ayuda el alumno puede atravesar la esfera astral. La fuerza de la kundalini que se eleva desde el plexo sacro es llamada la fuerza de fuego que transfigura el sistema de la personalidad.

En esta fuerza de la rosa, el alumno puede realizar todo. En esta fuerza de la rosa, un día recibirá un nombre nuevo. En esta fuerza de la rosa, será llamado según el Cristo, nuestro Señor, y su nombre será Cristián Rosacruz.

Si, en calidad de alumno de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, ayuda a forjar la corona de oro de la realización, el agradecimiento, el amor y la fuerza de toda la Fraternidad mundial se vertirán sobre usted.

 

 

29

Inteligencia e intelectualidad

 

 

Sin duda, ningún alumno negará que una nube de sufrimiento planea sobre la tierra, una nube tan indeciblemente sombría que parece imposible escapar de ella. El Sol brilla y las radiaciones luminosas intentan traspasar estos negros cúmulos, pero las pasiones humanas egocéntricas hacen surgir, cada vez, nuevos gritos de dolor y alimentan todavía más estas sombrías nubes, mientras la humanidad, en general, permanece silenciosa, asiente y calla por la sencilla razón de que no tiene nada positivo con lo que contrarrestarlas.

Pero los alumnos de una Escuela Espiritual no honrarían su calidad de portadores de la luz si también acallaran la voz que habla en ellos y dejaran a los hombres en su inconsciencia actual. ¿Los seres receptivos pueden realizar un trabajo liberador del alma dejando hablar a su corazón en tiempos agitados? Ciertamente no, pues si no se desarrolla enseguida una energía dinámica, además de la receptividad, uno se dejará conducir muy fácilmente por los deseos de vagas aspiraciones.

Existe un océano de luz, pero la humanidad no lo ve pues su conciencia está oscurecida. De esta luz emanan impulsos hacia la humanidad, pero ésta reacciona negativamente a ellos. Todos los medios se esfuerzan en ocupar los pensamientos de la humanidad en todo tipo de inclinaciones inútiles, para así cerrarla definitivamente a la corriente ininterrumpida de los impulsos liberadores del alma que continuamente le son enviados.

Se necesita inteligencia para reconocer los ataques de las tinieblas que, en un instante, turban la esfera pura de su entorno para transformarla en una atmósfera sombría, inquietante, irrespirable.

¿Sabía que las potencias de las tinieblas sienten predilección en hacer un mal uso de su pura y, sinembargo, extremadamente peligrosa bondad, cuando ésta no está iluminada por la luz de la razón? Si quiere ser verdaderamente un digno servidor del Cristo, deberá contornear un sinfín de arrecifes y evitar muchos cenegales. Deberá reflexionar más de lo ordinario en cada uno de sus actos, sobre todo en los que apelan a su bondad. Si verdaderamente desea llegar a ser un servidor de Cristo necesitará, en una palabra, de su inteligencia.

Está claro que todo lo que no es inteligente desde el punto de vista cristocéntrico está condenado a desaparecer, porque la relación de la triple manifestación de Dios no es armoniosa. Pero si usted es capaz de desarrollar la triple manifestación de Dios de una manera armoniosa, incluso imperfectamente al comienzo, fracasarán todos los ataques de las fuerzas tenebrosas sobre usted, ya que les faltará uno de los tres aspectos, es decir, la luz o el amor.

El ser triple debe llegar a ser totalmente receptivo e, impulsado por el amor de Dios, estar perfectamente dispuesto a actuar de forma concreta. Si pretende ser inteligente, todo acto debe haber nacido de Dios, inflamado en la sabiduría de Cristo y purificado por el Espíritu Santo. La fuerza invisible del fuego del Padre debe sumergirse en el amor de Cristo, para ser fecundada, radiante de luz, por la fuerza formadora del Espíritu Santo.

En este mundo material, la Idea debe provenir del plan divino, establecido en los planos del pensamiento abstracto. A continuación, la Idea debe ser iluminada por la sabiduría del amor realizado por el hombre, después debe ser adaptado a las circunstancias de la época para, una vez fecundada por las fuerzas creadoras del Espíritu Santo, convertirse en un acto liberador inscrito en el Libro de la Vida.

Un hombre inteligente no tiene necesidad de estar extremadamente desarrollado intelectualmente. Sobre todo no confunda inteligencia e intelectualidad. En general, por inteligencia se extiende un desarrollo intelectual. Según esta definición, todo profesor debería ser inteligente, aserción que la Escuela Espiritual rechaza.

La intelectualidad no es otra cosa que el resultado de un cerebro bien entrenado. La inteligencia, sin embargo, exige un poder mental desarrollado: esto es, un espejo iluminado por el espíritu humano que reacciona correctamente a los impulsos divinos e ilumina la razón.

Si la intelectualidad hubiese podido liberar al mundo, muchos ya serían libres. Pero, por desgracia, la humanidad se ha hundido más profundamente que nunca en los pozos de la sinrazón.

Todo lo que no es inteligente está condenado a desaparecer antes o después. Todo lo que no está en relación armoniosa con la triple manifestación divina será destruido. El hombre se deja absorber tan rápidamente por la mascarada de los acontecimientos que permanece ciego a las alegrías que deberían colmarle. Cuanto más brillante es la luz solar, más nítidas son las sombras. Los ojos de los hombres son como los de los topos, están tan cegados por la oscuridad que sólo perciben la manifestación aparente de los poderes tenebrosos, pero no saben que tienen su origen en la manifestación de mayor resplandor de los servidores de la luz.

Si quiere ser verdaderamente inteligente, jamás deberá cerrar los ojos ante la cruda realidad, y estará obligado a descubrir sus fundamentos. Lo que determina su inteligencia no es solamente la medida de su saber y de su comprensión sino, sobre todo, la manera en que los emplea. Su inteligencia exige de usted una actuación hábil y sistemática, su firme determinación y su comprensión del plan divino, como nos fue enseñado por Jesucristo.

¿Pero qué es la inteligencia? La inteligencia es la fuerza purificada del Espíritu Santo: la Epigénesis. Es el impulso divino para emplear la inteligencia y el sentimiento, la voluntad y el amor, en la realización del plan de salvación de la humanidad. Es el cayado mágico de Moisés, la fuerza liberadora de Mercurio, que desplaza la conciencia hacia los planos espirituales.

Pero quizá se preguntará: «¿cómo pueden tener inteligencia los poderes de las tinieblas?». Pueden tenerla únicamente porque sustraen la fuerza de amor necesaria de la sangre del alma del Cristo sacrificado y de la multitud que sirve a estos poderes conscientemente o no. Pero llegará el día en el que el Cristo liberado y la humanidad de almas liberadas los desterrarán para siempre.

Trate de vivir, de hora en hora, más conscientemente. No olvide jamás su origen divino. Escape del horror de la muerte por la fuerza liberadora de Cristo. Por el resplandor radiante de su espíritu santificado acreciente todavía más la gloria de la majestad de Dios. ¡Esto es la inteligencia!

Que el resplandor radiante de su vida santificada ilumine la tierra tenebrosa.

 

 

30

Un nuevo Shamballa

 

 

Leemos en el Evangelio de Mateo, capítulo 24, versículos 3-14 y 23-31:

 

Estando él sentado en el Monte de los Olivos, llegaron sus discípulos, y en un aparte, le preguntaron: «Dinos, ¿cuándo ocurrirá esto, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?»

   Jesús les respondió: «Cuidad de que nadie os seduzca. Porque vendrán muchos usando mi nombre y diciendo: Yo soy el Cristo, y engañarán a muchos. Oiréis hablar de guerras y de rumores de guerras. No os alarméis porque es preciso que eso ocurra.

   Pero aún no es el fin. Pues se elevará una nación contra otra, y un reino contra otro. Y habrá, aquí y en diversos lugares, hambre y terremotos. Todo esto será solamente el principio de los dolores. Entonces os entregarán a la tortura y os matarán; y seréis aborrecidos por todos los pueblos a causa de mi nombre. Entonces muchos sucumbirán y se traicionarán y se odiarán mutuamente. Surgirán muchos falsos profetas y engañarán a muchos. Y el rebosar de la injusticia, enfriará el amor de la mayoría. Pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará. Primero, se predicará este Evangelio del Reino en el mundo entero, para que sirva de testimonio a todas las naciones. Después vendrá el fin».

   Entonces, si alguno os dijere: “¡El Cristo está aquí o allá!”, no le creáis. Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas. Harán grandes prodigios y milagros, hasta el punto de seducir, si ello fuera posible, a los elegidos. Mirad que os lo he predicho. Si, pues, os dicen que “está en el desierto”, no vayáis, si “en una celda”, no lo creáis. Porque, como el relámpago surge en oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. Y allí donde yace el cadáver, allí se juntarán los buitres.

   Enseguida, después de la tribulación de esos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y los poderes del cielo se tambalearán. Entonces aparecerá en el cielo el Hijo del Hombre, y todas las tribus de la tierra golpearán sus pechos, y verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. Y enviará a los ángeles con potentes trompetas, y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde uno al otro extremo del cielo.»

 

Sin duda conoce las palabras citadas anteriormente, de las que dan testimonio no sólo el Evangelio, sino también las Epístolas de Pablo y el Libro del Apocalipsis: Y en estos días, el Sol se oscurecerá, la Luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y los poderes del cielo se tambalearán. Entonces aparecerá sobre las nubes del cielo el Hijo del Hombre con gran poder y majestad.

En la época en la que vivimos, es muy importante atraer su atención sobre estas palabras. Cuando se fuerza el sistema de secreción interna de un hombre, una de las consecuencias más evidentes es un incremento de la sensibilidad sensorial. Y usted sabe lo que conlleva y ocasiona, muy a menudo, tal sensibilidad.

Se puede ser sensitivo por múltiples razones. Lo más frecuente es que los factores hereditarios, o bien el karma, desempeñen un importante papel. Igualmente puede ocurrir que los hombres mantengan su secreción interna en un estado sensitivo inarmónico, indeseable, practicando, por ejemplo, ejercicios de ocultismo. Muchas personas pueden ser consideradas más o menos receptivas, en algunos aspectos de su sistema sensorial.

En general se determina una sensibilidad relativa en

la esfera de la vida emotiva,

la esfera del oído,

la esfera de la vista,

la esfera mental.

Los mecanismos sensoriales en cuestión son entonces «más receptivos». Son «más sensibles», su radio de acción es más grande y son más o menos capaces de entrar en contacto con un factor de radiación más elevado.

Esta sensibilidad supranormal en uno u otro sentido no es ni será peligrosa, con la condición de que el yo no la cultive con todo su ser y crea estar particularmente favorecido o dotado con capacidades fuera de lo común. Pues, entiéndalo bien, esa sensibilidad supranormal siempre es una sensibilidad a la esfera astral de la naturaleza de la muerte, puesto que ésta es la esfera vital del hombre.

Comprenderá perfectamente que casi todas las enfermedades relativas al sistema nervioso, que dan lugar a conductas anormales, están causadas por una sensibilidad exacerbada del yo, lo que va alterando completamente la secreción interna. Entonces se abre una puerta a las fuerzas del más allá, con todas las desagradables consecuencias que se desprenden de ello. Estos hechos, conocidos desde siempre, pueden servir de introducción a lo que sigue:

Desde hace bastantes años mucha gente, sobre todo médicos y psiquiatras, están sorprendidos por el gran incremento, en todo el mundo, del número de personas supranormales o paranormales, fenómeno que va acompañado de un rápido crecimiento de una sensibilidad excesiva.

Ahora verá usted las causas. La revolución astral de la atmósfera vital de la humanidad, provocada de manera forzada, ha tocado primero, y continúa tocando, las sensibilidades negativas en toda su diversidad. Esto explica que hoy, en el mundo entero, los establecimientos en los que se cuida estas enfermedades estén abarrotados.

Pero los grandes sufrimientos no han hecho más que comenzar. Pues en el período en el que nos encontramos, todos los hombres llegarán a ser sensitivos a causa de las anormales condiciones del campo de vida astral. Casi todo el mundo experimentará manifestaciones psíquicas supranormales, la mayoría de las cuales tendrán su sede en la región de la hipófisis, lo que por una parte significa la ampliación del radio de acción de la vista, del oído y de la sensibilidad y, por otra parte, una actividad sobrecogedora de los diversos instintos inferiores, con todas sus consecuencias para el cuerpo y el alma.

En resumen, la multitud se volverá clarividente de forma involuntaria, como decimos en la Escuela Espiritual, lo que significa que estos fenómenos se producirán al margen del sistema nervioso autónomo. Llegará el momento en que la mayoría de los hombres percibirán claramente los movimientos de la esfera etérica y lo experimentarán de una manera poco agradable.

A continuación, vendrá el período de los falsos cristos. Habrá falsos cristos y falsos profetas, que harán señales y milagros hasta el punto de extraviar, si fuera posible, a los elegidos.

Usted comprende que una vida paranormal tan espantosa, despertada de forma tan artificial, no procurará ningún poder de discernimiento razonable, ninguna posibilidad de protección y, además, servirá de base perfecta para la gran farsa.

Los falsos profetas proferirán grandes alabanzas al progreso de la humanidad y, sobre todo, a las perspectivas que ofrecerá la ciencia nuclear.

Sin embargo, cada desarrollo comporta dos aspectos, ofrece dos perspectivas, pues el hecho de forzar la esfera astral provoca irrevocablemente, en un momento dado, un poderoso aflujo de corrientes que provienen del campo astral de la Tierra Santa.

La fuerza de luz así producida ensombrecerá la luz más viva y más clara del Sol y de la Luna. El fuego poderoso se manifestará así con gran fuerza, es decir, como una frecuencia vibratoria enorme que dejará instantáneamente estupefactos a todos los falsos cristos y profetas. Y a través de la visión paranormal de la desconcertada multitud se percibirá, en la medida de lo posible, esta nueva manifestación, aunque sólo sea durante un breve instante. Un tiempo muy efímero, pues en la violencia de este fuego, como última respuesta, se producirá una reacción geológicade gran intensidad.

Y en medio de esta inmensa violencia, los hombres desconcertados entreverán a los Hijos de Dios de la Cadena de la Fraternidad Universal de Cristo, la cual salvará y sostendrá su último eslabón, la Joven Fraternidad Gnóstica, por el establecimiento de un nuevo Shamballa.

 

 

31

El comportamiento de vida

 

 

Como probablemente usted sabe, la personalidad nacida de la naturaleza sólo constituye la tercera parte de la creación divina. Es la creación del instrumento complejo del hombre en su totalidad. Sin embargo, este hombre sólo puede merecer el nombre de «hombre» cuando los otros dos aspectos del hombre verdadero están integrados en el instrumento, en la forma física, de manera que el hombre triple se manifieste según el espíritu, el alma y el cuerpo.

Por consiguiente, cuando el ser nacido de la naturaleza adquiere conciencia de su vocación, debe buscar, encontrar y hacer posible la unión santa con las otras dos partes —el alma y el espíritu—, en una oblación de sí mismo. Recorrer este camino, poner en práctica este proceso, tal es la intención de la Gnosis Universal.

El principio fundamental de la liberación es la posesión del cuerpo del alma. Este cuerpo del alma se manifiesta, nace, tan pronto como el alma en su nuevo estado entra en unión, puede entrar en unión con el Espíritu Séptuple. Entonces se desarrolla un campo luminoso de fuego, incandescente, que se despliega como una vestimenta esférica alrededor del alumno. Este centelleante campo luminoso es el grandioso principio de la renovación.

¿Pero cuándo puede celebrarse la unión entre el alma y el espíritu con sus maravillosas consecuencias? Tan pronto como el alma ocupa su lugar. ¿Dónde está la sede del alma? En el espacio abierto tras el hueso frontal.

Pero es imposible que el alma ocupe este lugar automáticamente. Debe conquistarlo, pues en el cuerpo nacido de la naturaleza el espacio que se encuentra detrás del hueso frontal es el trono del yo, la conciencia nacida de la naturaleza. Si el alumno no llega a reemplazar el yo por el alma, no será posible que el Espíritu descienda de forma realizadora. Y el alma, el vestido de las bodas, no podrá manifestarse.

En primer lugar, es necesario que se manifieste un anhelo de liberación, acompañado de un desapego interior del mundo ilusorio. Entonces, en segundo lugar, se produce la entrada del alma en el santuario del corazón. En tercer lugar, se debe impulsar el alma hacia lo alto, lo que sólo es posible por la diaria y concreta abnegación del yo. En cuarto lugar, como resultado, se produce la unión del Espíritu con el alma en el santuario, lo que implica la manifestación del nuevo vestido del alma. Entonces la quinta tarea debe consistir en transferir la conciencia renacida al nuevo vestido y despertar lo que Hermes llama «Poimandres», el nuevo estado de conciencia del alma.

El alumno que ha escalado estos cinco peldaños, domina y controla todo su sistema a partir del nuevo estado de vida, lo que le hace decir a Hermes: «Yo me he abandonado a mí mismo para resucitar en un cuerpo inmortal. Ya no soy el que era, sino que he renacido del Ánimo».

 

He aquí un breve bosquejo del nacimiento del quíntuple cuerpo del alma, de la quíntuple estrella radiante del nacimiento de Belén: descubrir la vida por el abandono de sí mismo. ¿Ve las grandiosas perspectivas de liberación presentes en el sistema humano? Quien vive en el cuerpo del alma encuentra su filiación divina y entra en la eternidad.

Si coloca este objetivo único ante sí, comprende por qué se trata de una triple Alianza de la Luz: de una Fraternidad de la Rosacruz, de una Fraternidad de los Cátaros y de una Fraternidad del Santo Grial.

Esta triple Alianza forma una unidad indisoluble con nueve aspectos que constituyen la verdadera humanidad. El hombre verdadero en sentido divino es quien pone en práctica lo que aprende y confiesa, y los frutos de su comportamiento alimentan al mundo y a la humanidad. Según nuestras concepciones, tal es la grandiosa llamada que emana de la Joven Gnosis:

recibir la enseñanza,

dar testimonio de un comportamiento evidente,

y, como resultado, realizar un trabajo liberador.

 

Ahora que, en general, la ciencia nuclear se ha convertido en una ciencia aplicada y en muchos países existen reactores nucleares con toda clases de fines, el mundo y la humanidad se han sumido en la vía de la desmaterialización a marchas aceleradas. Así regresa el antiguo tiempo de la Atlántida.

No existe nada nuevo bajo el sol. Las antiguas leyendas hablan de dos islas de la civilización Atlántida: la Isla Blanca y la Isla Negra. Nosotros vemos claramente ahora revivir la Isla Negra en la civilización aria.

¿Pero vemos tan claramente la Isla Blanca? ¿Se trata verdaderamente de una Isla Blanca? ¿Existe un dominio, una esfera, una corriente de vida en la que todas las personas de buena voluntad son protegidas y colocadas en una corriente de desarrollo diferente?

¿Comprende claramente que tal ciudadela de salvación y de liberación debe aparecer rápidamente? ¿Siente que es el momento crucial?

¿Qué se debe hacer? Debemos disponer de un grupo de almas vivas tan grande como sea posible.

Un alma viva es un hombre que posee el vestido de las Bodas. Un alma viva, en el verdadero sentido de la palabra, es un hombre convertido en un hijo de Dios. Tal alma viva es omnipresente, se mantiene en la eternidad, es inatacable y, además, dispone del cuerpo nacido de la naturaleza como instrumento para recoger la cosecha.

¿Cómo alcanzar, en calidad de alumno de la Escuela Espiritual Gnóstica, este estado de alma viva?

Satisfaciendo las normas de la Triple Alianza de la Luz. Usted dispone de la enseñanza. Póngala en práctica inmediatamente, de hora en hora, en la vida cotidiana. Por consiguiente, se trata de la conducta y actitud ante la vida. Entonces, rápidamente aparecerán los frutos que podrán saciar a muchos hambrientos. El eje alrededor del que todo gira es el comportamiento de vida.

 

 

32

La enseñanza, la vida y el camino de

 cruz del Cristo

 

 

Una alocución dirigida a los trabajadores de la Escuela Espiritual

 

Todos nosotros sabemos cuanto ha cambiado la psique humana y que ha alcanzado un estado de crisis; cuán angustiados, extremadamente nerviosos y cada vez más enfermos están los seres humanos. También sabemos que la iglesia y el estado, como en el pasado, quieren tener una mayor influencia sobre la humanidad, y a qué loca velocidad ésta se separa de la iglesia y de la religión. El estado degenera y la humanidad se plantea la pregunta: «¿Qué va a ocurrir ahora?»

Nosotros conocemos las causas de todo esto. Los hombres han llegado al límite, para una caída o para una resurrección. Es una señal que usted debe comprender. Es necesario que entienda que esto le concierne personalmente.

Los procesos del gran cambio de todos los seres humanos avanzan ahora más rápidamente que nunca. Y debemos cumplir este profundo cambio con la grandiosa Fraternidad mundial.

Todos los días percibe el nerviosismo de la gente. La situación es tal, ¡que son casi inaccesibles! Todos están tan psíquicamente perturbados y tan gravemente enfermos, en ciertos aspectos, como jamás lo han estado antes. La mayoría tiene el corazón o la cabeza, o incluso los dos, afectados negativamente. Por eso, ahora más que nunca, la gran Fraternidad mundial nos necesita para establecer el contacto con la humanidad. La humanidad se encuentra asida al proceso de fermentación del gran cambio, sin ser claramente consciente de ello. Así pues, la Fraternidad necesita una comunidad que lo comprenda y, por lo tanto, viva y actúe en consecuencia. A esto somos llamados todos. A esto es llamado cada uno de nosotros.

¿Lo lograremos? ¿Sabe usted lo que tiene que hacer en calidad de trabajador de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro?

Estos últimos años se ha hecho lo imposible para aniquilar a nuestros trabajadores y destruir nuestro trabajo, tanto desde el exterior como desde el interior. Nosotros conocemos la destrucción exterior, como ya se ha dicho, pero ¿conoce también el proceso de destrucción interior, causa de tantas dificultades?

Dicho de otra manera, afrontamos el choque entre la conciencia creciente del alma y la naturaleza humana ordinaria. La fe, la fuerza de la fe emana del alma; mientras que la simple naturaleza sólo es animal. Por eso, la situación es tan compleja. El hombre sólo puede tener fe hasta donde llega su fuerza del alma. A partir de ahí, siempre está confundido. Por lo tanto, le lanzamos una llamada: esté con nosotros en esta hora de importancia mundial, al servicio de la Fraternidad de la Vida, en la medida en que se lo permita su fuerza de alma. ¡Y usted ya lo ha demostrado!

Nos encontramos, por lo tanto, ante un nuevo período de trabajo. Ahora se trata de dar prueba de las palabras: Si tu fe es como un grano de mostaza, dirás a esta montaña: muévete de aquí y ella se moverá. Nos referimos a la magia que se apoya en esta fuerza de la fe. Por ello siempre debe preguntarse: «¿De qué armas dispongo apoyándome en la fe?»

Las palabras que le han sido dirigidas, sin duda alguna, le han mostrado claramente que está ante un período crítico. Está claro que sólo podrá ponerse al servicio de todos los que le son confiados gracias al invencible amor impersonal.

Además, es necesario que permanezca por encima de todo lo que trata de dañarle. Usted triunfará, por muy cansado y contrariado que esté, siempre que utilice sus fuerzas de forma inteligente y reflexiva, y por el efecto mágico de que todo lo inferior que le es enviado siempre regresa a su origen. Tal ofrenda de amor no significa de ninguna manera una pérdida sino una victoria. Ante todo, es necesario velar para que nadie pueda perjudicarle. ¡Pues esto es posible!

Es posible participar en la vida de Jesús el Señor de tres maneras:

–          primero, por su enseñanza, considerándola como superior a todo;

–          segundo, por su vida, poniéndola en práctica en su propia vida;

–          tercero, por su camino de cruz, siguiendo su camino de cruz, que es un camino de sacrificio consciente según la carne.

De esta manera, si Dios lo permite, pronto un gran número de amigos se nos unirán para comenzar el nuevo período de trabajo.

Les pedimos que se sostengan los unos a los otros con sus más puros pensamientos, oraciones y actos. Muestren una clara comprensión de todo lo que es necesario para el triunfo del gran plan de la Escuela Espiritual. No se decepcionen ni un segundo por lo que pueda ocurrir, pues la Fraternidad de las almas inmortales y su santo trabajo les llamará según sus posibilidades y sus méritos, en el momento y al lugar justos. Por ello «el objetivo del trabajo no soy yo, Señor, sino Tú».

Esperamos de todo corazón que encuentre, en su tarea, la serenidad espiritual, la armonía del alma y el desarrollo corporal. Y que en calidad de trabajador en la viña de Dios, sepa crear una atmósfera sana, franca y pura, en total concordancia con nuestros ideales espirituales. Si usted puede comprometerse con ello, las bendiciones de Dios descenderán sobre todo su trabajo.

Rogamos también que nuestros monitores de la juventud, y en particular los responsables, sepan arropar y dirigir a los jóvenes que son confiados a sus cuidados, por y en la fuerza de radiación de la única verdadera vida; y para que formen trabajadores para el futuro sobre esta misma base.

Quisiéramos añadir que doce miembros de la Dirección Espiritual Internacional han recibido la misión de velar seriamente para que, en los diferentes campos de trabajo de la Escuela Espiritual, sea dada a los buscadores la enseñanza en su totalidad. Ellos deben vigilar para que ningún trabajador de la Escuela Espiritual ataque la base fundamental del trabajo; para que el objetivo liberador de la Escuela Espiritual, es decir, el proceso de liberación del alma-espíritu permanezca puro; y para que el contenido de la literatura, eventualmente vuelto a utilizar en las alocuciones, no sea desviado hacia el plano horizontal.

Como servidor de la Joven Fraternidad Gnóstica, ¿podría aportar a la humanidad y a la multitud de alumnos algo distinto de lo que ya ha tomado forma y vida en el Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual? ¿No trasmitiría una enseñanza equivocada?

En el curso de todo trabajo que usted efectúe al servicio de la Escuela Espiritual, piense siempre en su enseñanza, en su vida y en su camino de cruz, con el fin de que, por su trabajo en la fuerza de Cristo, realice su vida en usted. «Por mí mismo nada soy. Todo lo que he realizado proviene de mi Padre», dice Jesucristo, nuestro Señor. ¿Acaso se considera más importante que Él?

Comprometiéndonos con humildad, agradecimiento silencioso del corazón y gran determinación, clausuramos hoy el período anterior. Nosotros, los trabajadores, inauguramos el trabajo exterior, público, de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, y decidimos renunciar a todo comportamiento ambiguo y primitivo.

 

 

33

La responsabilidad del trabajador

 

Para meditar

 

Un órgano enfermo no puede ser revivificado por el sistema nervioso central. Las reacciones que emanan de la parte enferma tienen un efecto muy funesto en el sistema nervioso central.

Por consiguiente, cada trabajador de la Escuela Espiritual deberá ser consciente de su gran responsabilidad. Un solo órgano enfermo puede enfermar a todo el cuerpo y, por así decir, paralizarlo.

En este espíritu y con esta comprensión somos dirigidos, sin cesar, a comenzar una nueva tarea.

Un trabajador sin dinamismo o sin comprensión puede echar a perder todo el trabajo.

La Escuela Espiritual, en tanto que cuerpo, es a menudo un instrumento de alta precisión; una insignificancia puede ocasionar una gran perturbación.

Que los trabajadores en la viña de Dios no dejen de reflexionar en este aspecto y saquen las correspondientes consecuencias.

34

El misterio de la Esfinge y de la Pirámide

 

 

 

Es imposible dar una imagen de la realidad eterna del Reino inmutable. En el mundo dialéctico no existe forma, sonido, color, sentimiento o pensamiento que se le pueda comparar.

Por consiguiente, la verdad eterna jamás puede ser expresada de forma perfecta; es imposible transmitirla de boca a oído; y ninguna pluma sabría describirla. Es totalmente imposible, incluso para los más sublimes iniciados. Sólo existe una única posibilidad: que el ser humano encuentre las respuestas a sus preguntas angustiosas y apremiantes de la vida en el santuario de su propio corazón, en las profundidades interiores del contacto divino, cuando la ilusión del yo se haya disipado completamente.

La verdad y la realidad de la Patria perdida siempre han permanecido ocultas en la sombra de lo que es llamado el séptimo sello. Cuando alguien pretende representar el misterio eterno de forma humana, encerrarlo en el corsé de la naturaleza dialéctica, se le profana y  escapa. Lo que queda de él no posee ninguna fuerza y carece de todo poder liberador; a lo sumo, sólo puede encadenarlo a la rueda de la gran ilusión.

En cierta medida, la verdad sólo puede ser demostrada por el ejemplo vivido. Quien quiere conocer la verdad debe acercarse a ella. No es posible decir: «Háblame de la verdad, dime algo sobre ella. Entonces podré decidir si quiero o no acercarme a ella». Quien quiere conocer la verdad debe pasar de inmediato a la acción.

Aprehender la sabiduría es, desde el primer segundo, una cuestión de peregrinaje. Cuando un rayo de la sabiduría universal comienza a manifestarse en el peregrino, lo hace con el único y exclusivo objetivo de permitirle actuar de forma apelante, liberadora y auxiliadora. Tal es el secreto del camino: Dios es amor.

En un momento dado, tal alumno se vuelve a encontrar en una situación muy difícil, pues en él se ha producido una división. Por un lado, se encuentra con la imposibilidad de dar a conocer la luz; por el otro, tiene el deber y el impulso de dar testimonio de ella, lo cual es completamente contradictorio.

La antigua simbología, absolutamente universal, representaba esta situación bajo la forma de un hombre-animal; por ejemplo, como una Esfinge, un ser de aspecto divino, con la mirada fija en los horizontes infinitamente lejanos de la aurora, pero cuyo resto es un animal, con sus garras hundidas en la encarceladora arena del desierto.

Por ello no podemos considerar a la Esfinge como un elemento independiente de los misterios de la Gran Pirámide. En el antiguo Egipto se daba a los miembros de la realeza el título de «imagen viva de la esfinge del Señor del Universo», dicho de otra manera, de un dios solar descendido a la materia.

Con seguridad, usted comprende este símbolo. El hombre es un ángel caído en una existencia dividida: una parte del microcosmos está en el campo de vida original, pero incapaz de la menor actividad; la otra parte, ha sido arrojada a la pasión de la existencia dialéctica. ¡La Esfinge es el hombre!

Este conocimiento se ha perdido repetidas veces y ninguna palabra hace alusión a ello en las Sagradas Escrituras. Se ha perdido y, como la Esfinge, se ha vuelto a encontrar varias veces completamente enterrado bajo las arenas del desierto. Este signo tallado en piedra, que desafía los siglos, hipnotiza a los turistas que, tal como dicen, sienten respeto aunque no lo comprendan.

Sin duda, muchas personas comenzarán a darse cuenta cuando la ilusión de su vida se desgarre en jirones en el curso del futuro desarrollo del mundo. Entonces quizás se acordarán de la estela que se erige entre las patas de la Esfinge. El relato que allí está grabado, en resumen, es el siguiente:

El príncipe Tutmosis, hijo de un rey egipcio despejó la Esfinge de las arenas. Tenía la costumbre de recorrer el desierto para cazar bestias salvajes. Un día, hacia el mediodía, se dispuso a reposar a la sombra de la Esfinge y se durmió. Entonces soñó que la Esfinge le hablaba en estos términos:

«Mírame, hijo mío, Tutmosis, yo soy tu Padre. Mi faz y mi corazón se vuelven hacia ti, pues tú me perteneces. Considera mi estado como el de alguien que está confinado. La arena del desierto en la que estoy sentada, amenaza con enterrarme. He esperado el momento en el que tú hicieses lo que está en mi corazón, pues yo sabía que tú eres mi hijo y mi protector.»

 

En calidad de alumno de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, comprenderá este lenguaje de la esfinge. También usted la ha desenterrado y este ser se dirige igualmente a usted en este lenguaje cada vez más claro.

El antiguo conocimiento perdido de la transfiguración se ha vuelto a descubrir en nuestra época, no por el estudio o la lectura, sino por un peregrinaje, por un proceso de vida, siguiendo verdaderamente el camino; por el esfuerzo, por las radiaciones del campo de fuerza magnética.

Ahora también usted ve el estado del hombre dialéctico: un ser maniatado, a quien la influencia de la naturaleza amenaza constantemente con asfixiar. El hombre es un dios caído en el estado humano dialéctico. Es un dios convertido en un hombre según nuestra naturaleza.

Planteemos ahora una pregunta que cae por su propio peso, el problema lógico: «¿Cómo, una vez caído, puede volverse de nuevo un dios? ¿Cómo Tutmosis, el hijo perdido, regresa a casa de su Padre?»

Todas las filosofías universales han expuesto este problema y su solución: nosotros, seres humanos, debemos convertirnos en dioses. Los grandes mensajeros de la humanidad eran dioses convertidos en hombres para enseñarnos, con el ejemplo de su vida, cómo volver a ser dioses.

Cuando este problema se impone muy claramente en su vida, entonces sabe que él ha surgido «en la lucha», que el camino para llegar allí está lleno de dificultades y sufrimientos. Como el príncipe Tutmosis, debe desenterrar de las arenas del desierto su esfinge, su propio problema. Si se sustrae un solo segundo a este trabajo, zozobra de nuevo en el abismo sin fondo de esta naturaleza. Y de nuevo se sentirá uno con ella, se acostumbrará a ella. Debe comprender que cuando el alma abatida se pregunta: «¿Cómo, en mi decadencia, puedo convertirme en un dios?», el solo hecho de plantearse esta pregunta da la suficiente fuerza para volver a emprender el camino como peregrino y buscar la respuesta.

Por consiguiente, se puede decir que, quien ha visto la Esfinge, entra en la Pirámide.

 

La Pirámide es el templo de la resurrección. No es un templo para adorar ni para celebrar cultos o actos simbólicos. Es un templo para instruir y una tumba funeraria. Es un templo que ha dado lugar, exotéricamente, a muchas mistificaciones; pero como la pirámide ha sido construida en piedra, es imposible destruir su mensaje esencial.

En nuestra opinión, las cosas son de tal manera que todos aquellos que han descubierto la Esfinge desde su interior, a quienes se ha dirigido ésta como al príncipe Tutmosis, comprenderán incondicionalmente el lenguaje de las piedras de la Pirámide. Intentemos comprender algo de este lenguaje.

La Pirámide es un edificio grandioso e imponente. Puede imaginársela si sabe que su altura alcanzaba originalmente casi 147 m y que la longitud de uno de sus lados es de 230 m, lo que representa una superficie enorme. El interior —tal como se conoce hasta ahora—es muy extraño.

Existen partes de la pirámide completamente desconocidas. Nosotros descubrimos en el conjunto una imagen perfecta del microcosmos que debe realizar la transfiguración. Además está trazada la vía por la que el proceso debe ser emprendido y dirigido en autofracmasonería total.

El nombre original de la Gran Pirámide era «Horizonte de Chufú», noción que se puede traducir por «perspectiva completa del camino que muestra la Pirámide».

Para comprenderlo se debe sondear el concepto egipcio de «Chufú». Esta noción define la naturaleza dialéctica, expresa la existencia de una separación fundamental, un abismo infranqueable entre este mundo y el Reino original. «Chufú» indica el camino de la liberación. Él eleva al candidato a la vida del alma. Podríamos hablar de la radiación del Espíritu Santo que penetra el ser microcósmico, no sólo para mostrar el camino al candidato, sino también para asistirle.

El mundo del pensamiento antiguo consideraba que Chufú actuaba en oriente, en el país de la aurora. El candidato era «el hijo del Sol que iba al encuentro de la aurora». Con la ayuda de Chufú, se elevaba al campo de áloes de Ra, el dios del Sol, Cristo. Este símbolo de los áloes es comprensible. La esencia de esta planta es muy olorosa y agradable, es un perfume muy apreciado en oriente. Por lo tanto, el candidato era conducido al país nutricio imperecedero del que habla el Libro de los Muertos. Sin duda, ha oído hablar del Libro de los Muertos egipcio. Éste es al menos su nombre actual. Pero en los tiempos más remotos se llamaba a este libro enigmático El Ritual, que también se podría denominar El Proceso.

Hoy en día se habla del «Libro de los Muertos» porque aparentemente relata el viaje de los muertos a través de los planos de transición, la entrada de los muertos en los campos celestes del más allá. Pero si usted compartiera esta opinión, como muchos egiptólogos, cometería un gran error.

Así como las personas religiosas piensan que el Reino de los Cielos se encuentra en las esferas del más allá, los practicantes del culto egipcio también lo pensaban. Entonces, igual que ahora, se carecía del suficiente conocimiento de la Enseñanza Universal. De la misma manera que entre nosotros quedan rastros indelebles de la Enseñanza Universal y los testimonios transfigurísticos nos hablan a través de todo lo que existe si uno escucha con atención, lo mismo ocurría en el país del Nilo, país de la antigua y gloriosa civilización del pasado. Y uno de los testimonios eternos de antaño y de hoy era, y es, El Ritual, El Proceso, El Libro de los Muertos.

Este libro no es de origen egipcio. Existía mucho antes que los egipcios. Es un monumento curiosamente indemne de la Enseñanza Universal, cuyo lenguaje jeroglífico es tan velado que sólo es comprendido por los que tienen ojos para ver y oídos para oír, por lo que los sacerdotes del mundo dialéctico no han considerado necesario mutilarlo. No obstante, se han servido de él para establecer todo tipo de cultos naturales, los cuales son explicados en otros escritos. Por ello podemos decir que más allá de la cultura egipcia surgen tres poderosos testimonios:

  1. la Esfinge,
  2. la Pirámide u Horizonte de Chufú,
  3. el Ritual o el Proceso.

Y, o maravilla, estos tres testimonios forman una unidad. Son un conjunto.

Ya hemos visto cómo la Esfinge lanza la llamada y cómo la Pirámide presenta el camino. El Ritual enseña el proceso, la manera de recorrer el camino.

De esta manera, se puede decir que la Pirámide es el monumento de piedra del proceso. Todo aquello de lo que da testimonio el Ritual está representado en la Pirámide. Todo lo que ha sido tallado en la Pirámide es explicado por el Ritual. Aquello a lo que nos invita la Esfinge, la liberación del hombre celeste, es aclarado por el Ritual y la Pirámide, se nos describe minuciosamente, paso a paso, desde el comienzo hasta el final.

Hemos dicho que la Esfinge mira hacia el este, está orientada hacia el horizonte oriental, el horizonte de Chufú, hacia el campo de áloes de Ra. Pues bien, la cámara del rey, en la Pirámide, el objetivo final del camino, el regreso del candidato a su patria, es llamado en el Ritual «la cámara del Gran Oriente». Aquello que la esfinge despierta, se realiza en el Gran Oriente.

Ciertamente, si usted conoce el antiguo Ritual clásico y, guiado por él, entra en la Pirámide, en tanto que alumno de la Escuela Espiritual todo le parecerá muy conocido, como si todo le fuese familiar desde hace mucho tiempo. Y verá claramente que la Escuela Espiritual quiere desde el principio acompañarle por este camino, camino que siempre es el mismo, tanto ayer como hoy. Este camino recorrido por nuestros predecesores desde hace millares de años, que ellos han tallado en piedra, han descrito en un Ritual y cuya herencia ha sido salvaguardada para nosotros hasta hoy, nos permite ponernos al servicio de los demás en el trabajo internacional de nuestra Escuela Espiritual.

Ahora, comprenda que ha llegado el momento de tener una conciencia clara y una certeza nítida con relación a toda la tarea a realizar, con lo que se obtendrá un resultado más fuerte y más poderoso. Y ésta será también su misión como alumno de la Escuela, la de sintonizar con esta conciencia y esta certeza.

 

La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro enseña que la cronología de la Gran Pirámide se refiere a la intervención en la Tierra de la Fraternidad que viene a auxiliarnos. Con la regularidad de un reloj, esta Fraternidad realiza su trabajo según un plan preciso, de era en era, sin obstáculos. Y como una especie de reflejo, nosotros vemos cumplirse la marcha de la humanidad dialéctica a través de las eras.

El desarrollo del nuevo período ha comenzado en agosto de 1953 y se manifestará con claridad aproximadamente en el año 2000. Sin embargo, dudamos que este período sea lo que hoy en día se imagina, aunque muchos gritos de alegría llenarán el aire.

Preparémonos con el fin de que nuestra Escuela Espiritual responda a las exigencias del urgente trabajo por venir.

 

 

 

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Bienaventurados los que aspiran al Espíritu

 

Comprobamos con alegría, que bajo el impulso de la llamada del Espíritu Divino, un gran número de alumnos de la joven Fraternidad Gnóstica trabaja para elevar su alma hacia el Padre de las Luces, para emanciparse de los eones de la naturaleza, de forma que crezca el radio de acción de los poderes de su alma y  no se hagan conjeturas sobre el Espíritu Divino, sino que se comience a conocerle.

No obstante, el conocimiento de Dios, aunque importante, debe ser un medio y no, ciertamente, un objetivo final. Pues de lo que se trata es de la posesión del alma-espíritu. Sólo la posesión del alma-espíritu le convierte en un hombre verdadero, un hombre verdaderamente espiritual. Ni siquiera en su estado renovado del alma podrá ser jamás verdaderamente feliz. El alma renovada continúa buscando, deseando, mientras no esté inflamada en y por el Espíritu de Dios. Si usted busca el Espíritu de Dios —y lo hace según su estado de alma—, sólo será verdaderamente dichoso cuando encuentre al Espíritu, lo reciba y se manifieste a través de usted y en usted.

Bienaventurados los que aspiran al Espíritu, así comienza el Sermónde la Montaña en su lenguaje sublime. Usted conoce estas palabras a las que está unido de una manera muy especial pues, sin exagerar, se puede decir de todo alumno de una escuela espiritual gnóstica que él ya estaba «sediento de Espíritu» mucho tiempo antes de entrar en dicha escuela, aunque no lo supiese. La mayoría de los alumnos que han entrado en la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro no sabían que estaban sedientos espiritualmente; en el mejor de los casos se sabían buscadores, buscadores innatos, buscadores por su propia sangre.

Por eso la frase de Jesús: Quien busca, encontrará, les llega con mayor fuerza, la comprenden. Buscan para encontrar. Buscan un estado de vida que se corresponda mejor con su estado de ser, que les aporte satisfacción.

Al principio, no se interesan mucho por saber enqué consiste este estado de ser, esta forma de vida. Además, no pueden expresarlo, pues, ¿acaso no lo habrían encontrado mucho antes si hubiesen tenido el conocimiento?

Ser buscador es de hecho un estado enfermizo, un defecto psíquico, que se puede comparar con la nostalgia. Pues bien, todos nuestros alumnos, a excepción quizá de algunos, son buscadores, buscadores del templo perdido. Éste es el comienzo. Y nosotros le decimos: de hecho, en lo más profundo de su ser, usted busca el Espíritu de Dios, añora el espíritu. Por ello ha comenzado su peregrinaje.

Desde hace mucho tiempo usted ha sido confrontado, en nuestra Escuela, con la llamada del Espíritu Santo. Es una llamada que resuena cada vez con más fuerza en nuestra Escuela Espiritual. Esta llamada inquieta a muchos alumnos que se preguntan qué hacer con ella. Apenas hemos comenzado el camino, cuando ya muchas sombras oscurecen nuestra visión, y existe una gran inercia ante las perspectivas que nos abre la filosofía gnóstica. ¿Cómo responder a la llamada de lo más Sublime?

Y, sin embargo, muchos alumnos están sedientos de Espíritu, desde hace ya mucho tiempo. La diferencia entre el pasado y la actualidad es que su aspiración y la llamada del Espíritu se han aproximado. El Espíritu busca establecer un contacto con ellos. No tienen ninguna razón para inquietarse, sino por el contrario un motivo de gran alegría y agradecimiento.

Pues, en una escuela como la nuestra, la revelación de lo más Sublime sólo puede facilitar el descubrimiento, acrecentar la comprensión y acelerar la marcha. Además, ningún alumno puede ser forzado o sorprendido un solo instante por una fuerza a la que todavía no sepa responder.

Para hacérselo comprender, quisiéramos hablarle del Cuerpo Vivo magnético y de su desarrollo. Ya se ha hablado muy a menudo de él, pero a nuestro juicio subsisten todavía algunos malentendidos.

Sabe que hablamos de un Cuerpo Vivo quíntuple que se manifiesta muy claramente en la materia. Igual que en el cuerpo humano, en que cada órgano, cada parte, cumple su función, lo mismo ocurre con los cinco aspectos del Cuerpo Vivo de la Escuela, activos en la materia.

La Cantera de la Juventud y atrio del Lectorium Rosicrucianum forman los lugares de acogida del Cuerpo de la Escuela para todos los que buscan en algún sentido, por consiguiente, para todos los que están sedientos de espíritu en lo más profundo de su ser. Resulta evidente que, en estos lugares de acogida, no se trata de cargar sobre el buscador, como necesidades directas, las exigencias más pesadas, ¡como si se le colgase del cuello las muelas de molino! En estos talleres debe prevalecer una acogida digna, en la que el soplo del Espíritu expanda calma, paz y amor, y una serenidad que sólo existe en los talleres de la verdadera Fraternidad.

Desde el inicio, el Espíritu responde en estos lugares a las palabras del Cristo: Venid a mí, vosotros que estáis fatigados y cargados, y os daré reposo. El reposo es la característica del verdadero comienzo. El reposo para los buscadores fatigados y acosados. Este reposo del Espíritu, característica de nuestra acogida en los centros, debe fluir desde la cima de la montaña, la cumbre del Cuerpo Vivo.

Este reposo es al mismo tiempo una vibración protectora que mantiene alejados a todos estos buscadores que todavía deben ser purificados de la influencia de la naturaleza. La vibración del reposo del Espíritu no puede ni debe forzar a ningún ser humano, aunque, sin embargo, sea una confrontación con el propio Espíritu. Quien ha dado este primer paso ya ha vuelto a encontrar al Espíritu.

Quien ha experimentado la vibración del reposo espiritual, por consiguiente, quien tenía necesidad de él, quien ya no podía pasar sin él, entra de forma natural en el segundo aspecto de la Escuela Espiritual. Pues por el reposo del Espíritu se desarrolla una aspiración más fuerte que nunca, que se manifiesta como un estímulo perceptible por un sistema nervioso a menudo demasiado alterado. Se ha descubierto el camino y ahora se desea saber, adquirir el conocimiento profundo. Entonces entra en el seno del Lectorium Rosicrucianum, segundo aspecto de la Escuela.

Pero no se puede decir que la característica del Lectorium Rosicrucianum sea «el reposo», sino todo lo contrario. Tras la calma viene la tempestad, la tempestad de la sabiduría y del conocimiento de Dios. Esta tempestad, esta corriente de fuerza intensa, no sólo debe hacer entrever el camino, sino también darlo a conocer. Hablamos intencionadamente de «tempestad» porque el Lectorium Rosicrucianum sustenta un campo de vibración capaz de mantener a distancia todo impulso astral ordinario que emana de los eones. Por consiguiente, esta tempestad debe actuar en favor de los alumnos que aún están completamente bajo la influencia de los eones.

Usted sabe, por propia experiencia, que no encuentra tranquilidad en el Lectorium Rosicrucianum, ni tiempo para adormecerse en un misticismo somnoliento. Con la regularidad del plan establecido, llueven los golpes sobre su corazón y su conciencia. Regularmente es asido y colocado ante las consecuencias de su alumnado. El camino es colocado a plena luz del día. Ésta es la segunda confrontación con el Espíritu.

Después se realiza la tercera confrontación, en la Escuela de la Conciencia Superior. Este aspecto del Cuerpo Vivo está destinado exclusivamente a los que, habiendo atravesado la tempestad, deciden recorrer el camino, escalar la montaña, y quieren llegar sin demora a la obra más importante, la endura, la gran rendición del yo que evocan estas palabras de Jesús: Quien quiera perder su vida por mí, la ganará.

Está claro que todos los que son capaces de entrar en el santuario de la Escuela de la Conciencia Superior están unidos al tercer rayo del Espíritu orientado sobre los centros de todo su ser, los cuales posibilitan el renacimiento del alma.

Cuando este proceso se realiza en un alumno, la naturaleza de todo el camino cambia profundamente. Hasta entonces sólo había sido un espíritu receptivo, el objeto de una confrontación; toda su actividad se situaba en la atmósfera de la rendición del yo y, por consiguiente, en el abandono fundamental del estado de vida de los eones.

Pero ahora, en el siguiente paso, el cuarto, el alumno de los misterios recibe una tarea: la tarea de transmutar la luz para todos los que están en el Cuerpo Vivo. En esta etapa, el alumno debe entrar en la unidad de grupo y en el servicio del alma. Lo que, en verdad, es un verdadero servicio sacerdotal.

A partir de entonces, quedará claro si verdaderamente se puede hablar de renacimiento del alma; si no, el alumno deberá regresar al tercer aspecto de la Escuela, pues sépalo, nadie puede ni debe ser forzado.

Este cuarto estado está vinculado a una radiación del Espíritu que, exclusivamente, contempla favorecer y reforzar el crecimiento del alma nueva y permite que el candidato concernido resista los ataques del adversario. La característica del cuarto rayo es la fuerza, la obtención de la fuerza que permite acceder a la verdadera filiación divina; esta fuerza se concreta en una oleada de bendiciones al servicio de todo el cuerpo en el campo magnético de la Escuela.

Entonces se abren las puertas para entrar en el quinto aspecto. La cima del Cuerpo Vivo que actúa en la materia ha sido alcanzada. En este aspecto del Cuerpo Vivo, el hambriento llega al suelo nutricio al que aspiraba desde el comienzo. En este quinto aspecto, el candidato encuentra y experimenta conscientemente la fuerza y la radiación del Espíritu Santo. Todos los caminos se encuentran allí, y se realiza la unión consciente con el campo astral gnóstico.

La actividad de las hermanas y de los hermanos del quinto campo de trabajo al servicio de todos los que se encuentran en el Cuerpo Vivo se caracteriza por trabajar con las siete llamas del Espíritu Santo.

Este proceso se realiza, exclusivamente, sobre la base del principio fundamental Jesucristo. La Escuela Espiritual, en el transcurso de todos los años de su existencia, se ha vinculado muy fuertemente a este principio fundamental y la totalidad de su enseñanza revelada está establecida en este principio central liberador.

 

 

 

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El bien imperecedero

 

Unas palabras dirigidas a la juventud

 

 

A veces se habla del «bien imperecedero» y quisiéramos explicarle con mayor precisión esta expresión con el fin de ampliar o agudizar su conciencia. Aunque los cambios de la vida son normalmente progresivos, sin embargo, uno puede hacerse súbitamente consciente de los mismos.

Ahora bien, no resulta fácil reflexionar sobre el bien espiritual mientras la personalidad, todo el ser, todavía esté atado a las cosas de la tierra. En sí, esto no sería demasiado grave si, además, el hombre no cometiera con ello un gran error. ¿Cuál? El error habitual que consiste en suponer que sería una estupidez, sobre todo para un hombre cultivado, admitir francamente que no tiene suficiente amplitud de miras. Y cuando, en este caso, uno se interesa en las cosas del espíritu, se cultiva esta apariencia de piedad, esta falsa devoción, esa mentira que consiste en buscar el Reino Divino con palabras, mientras que al mismo tiempo se aspira con todo su ser al reino terrestre.

Estas palabras encierran el secreto que explica todas las dificultades que inundan el mundo actual. Se da testimonio del Reino Divino con palabras. «No obstante» se dice «no debo perder de vista que a fin de cuentas vivo en la tierra, por lo que es necesaria cierta seguridad, es lo mínimo que debo a mis allegados».

Si tal es su idea, ¿hasta dónde piensa llegar? ¿Acaso las posesiones materiales protegen su cuerpo material contra todos los acontecimientos imprevistos? Usted sabe que éste no es el objetivo del «bien imperecedero». ¿Pero cuál es entonces? Tratemos de aclarar esta cuestión.

El Nuevo Testamento nos enseña: Id por el mundo y predicad el Evangelio a todos los pueblos de la Tierra. Pero para transmitir el Evangelio, primero es necesario comprenderlo y vivirlo uno mismo; en otras palabras, nadie es capaz de realizar un trabajo constructivo si no ha comenzado este trabajo en sí mismo.

Como miembro de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, usted sabe que, con sabiduría y reflexión, las Jerarquías creadoras dejan que nazcan los seres humanos en un determinado ambiente, país, raza, en los que tienen asignado un lugar en función de sus cualidades espirituales. Todo movimiento cuyos dirigentes y miembros no cumplen esta condición está condenado a derrumbarse como un castillo de naipes o a mantenerse por medio de la violencia material o de la magia negra.

Si quiere llegar a construir el alma imperecedera —es decir, el bien imperecedero—, entonces deberá satisfacer las siguientes tres condiciones: En el Antiguo Testamento, Dios le ofrece, a través de la voz de sus profetas, la idea según la cual usted debe vivir. En Cristo, le ofrece el ejemplo a seguir. Gracias el Espíritu Santo, le ofrece, por su fuerza creadora, la posibilidad de seguir este ejemplo.

¿Qué significa esto? Que, primero, debe abrirse a la Idea divina para realizar el trabajo de acuerdo con el plan de creación. En segundo lugar, que debe ofrecer todo su amor de forma desinteresada para la realización de esta idea. Y, en tercer lugar, que debe ejecutar y llevar a cabo este trabajo con toda la energía que le proporciona la Fuerza del Espíritu Santo que ha sido despertada en usted.

Para tener éxito en la construcción del alma es necesario que conozca el secreto de su estructura. Todas las construcciones visibles de Dios poseen una estructura a cuyo alrededor se edifica el cuerpo. De igual manera, las construcciones invisibles ¾y aquí pensamos en la construcción del alma-espíritu¾ deben tener una estructura, sin cuya presencia no se podría formar la sustancia del alma. ¿A qué estructura nos referimos? Por supuesto, a la cruz. La cruz alrededor de la cual se desarrollan plenamente siete nuevos centros de fuerza, siete chakras, en un nuevo sistema del fuego de la serpiente.

Sea consciente de que si no acepta la cruz del Cristo, jamás llegará a edificar el alma pues le faltará la estructura. Para edificar el alma, debe ofrendar su personalidad y, preste atención, debe hacerlo con amor.

Si quiere triunfar, deberá además renunciar a toda la fuerza de alma adquirida. Deberá ofrecer las fuerzas auténticas y puras, las fuerzas de luz astrales y etéricas puras. En efecto, de esta forma ofrece a su edificio un nuevo cuerpo, un nuevo cuerpo etérico que le permitirá vivir y producir frutos. En esto consiste la construcción del alma. Éste es el «bien imperecedero».

¿Siente usted, lector maduro, la importancia de un conocimiento más amplio? Nuestra juventud adquiere desde muy joven la experiencia que los más ancianos han tardado toda una vida en obtener. De esta manera, veremos, sin ninguna duda, jóvenes de dieciocho años poseer la madurez espiritual de muchos ancianos. Por ello, es absolutamente necesario que exista un estrecho contacto entre «la gran obra» y la juventud con sus monitores para la transmisión de la experiencia adquirida. Si entre nuestros hijos se manifiestan «espíritus maduros», ya desde muy jóvenes podrán realizar un trabajo importante. Esto evita, o al menos limita, el peligro de cristalización.

El drama de los adultos reside en el hecho de que, en general, reciben la enseñanza demasiado tarde para llegar a ser, por una aplicación seria de la misma, verdaderos pioneros. Sepa que no será probablemente posible mantener «la gran obra» al nivel alcanzado, ni elevarla, sin trabajadores surgidos de los grupos de la juventud. Un trabajo como el nuestro debe tener detrás de él a grupos florecientes de jóvenes activos, si no llega a ser demasiado pesado en la cúspide.

Por ello, chicas y chicos, vuestra actividad, vuestra perseverancia y vuestro ejemplo probarán el valor de nuestro trabajo. Sed emprendedores. Atreveos a ir hacia la vida. Ciertamente, a quien acepta la vida conscientemente para extraer lecciones de ella, por duras que sean, le será dado todo para llegar a un buen fin.

Dad vuestro total y desinteresado amor a la realización de esta idea. Ejecutad y llevad a cabo el trabajo con toda la energía con la que os capacite la fuerza del Espíritu Santo recibida. Pues la juventud sólo tiene una tarea según las palabras de un joven poeta:

 

Con el valor supremo de vuestro inmenso amor,

Arriesgadlo todo para ganarlo todo.


 

37

 

La transfiguración

en el final de los tiempos

 

 

 

 

Hace millones de años que la humanidad nacida de la materia deambula por el campo terrestre. Desde hace millones de años, la humanidad caída trabaja para abrirse camino a través del nadir de la materia, para transformar el curso involutivo en una evolución, con el fin de proseguir su viaje hasta la Morada del Padre. Desde hace millones de años, las entidades divinas se esfuerzan por llevar a su plenitud la conciencia mental orgánica de la humanidad, con el fin de que cumpla su elevada vocación: realizar la transfiguración.

¡Cuántas calamidades no habrá sufrido la humanidad terrestre, que no sólo no ha recorrido el camino de la transfiguración, sino que por el contrario se aferra a su granito de tierra, para ser preservada de la cristalización!

Lemuria, enorme continente que se extendía desde el sur del océano Pacífico hasta el oeste de África (del que Madagascar, el Himalaya, Sumatra, Australia y la isla de Pascua son vestigios) ha sido destruido por el fuego y las erupciones volcánicas, que arrastraron en su caída a la mayoría de los lemurianos, conocidos como los hijos de las tinieblas, los cuales por su instinto de conservación cometieron los más horribles crímenes y perecieron; mientras que los demás, conocidos como los Hijos de la Luz y la Sabiduría, escaparon.

La Atlántida, situada en el lugar donde hoy se encuentra el océano Atlántico y de la que Irlanda, Inglaterra, Escocia y las Azores son vestigios, sirvió de campo de desarrollo a la humanidad caída. La Atlántida dio nacimiento a siete razas, y de una de éstas surgió la raza madre del actual período ario. La quinta sub-raza, los semitas del origen, fue elegida con este fin porque poseía el germen de la inteligencia de donde nació la astucia atlante, la sagacidad que degeneró en mal.

Mucho antes de la caída de la Atlántida y, como previsión, los elegidos de la raza semita fueron conducidos hacia el este, al actual territorio de Israel; más tarde, un pequeño grupo fue dirigido más lejos, al desierto del Gobi. A continuación, la Atlántida desapareció de la faz de la tierra engullida por las aguas. Ocurrió lo mismo que con la desaparición de Lemuria, sólo perecieron los atlantes impíos de la Isla Negra, mientras que los de la Isla Blanca escaparon al diluvio. Con el fin de establecer una raza raíz aria tan pura como fuera posible, se dictaron leyes muy severas, entre las que se encontraba la de no contraer matrimonio con miembros de otras razas. Pero fueron numerosos los que infringieron esta ley, lo que ocasionó, como ya hemos mencionado, la marcha hacia el Gobi de un pequeño grupo seleccionado.

Así se estableció la raza raíz aria hace aproximadamente un millón de años. Después, esta nueva raza formó un gran pueblo, sus entidades se reencarnaron en número creciente, lo que provocó, doscientos mil años más tarde, la primera emigración.

La raza aria se dirigió hacia el sur y se mezcló con los habitantes de la India, donde apareció la primera sub-raza, la raza indo-aria. Tras lo cual, se formaron sucesivamente:

Segundo: la sub-raza babilonia-asiria-caldea,

Tercero: la sub-raza pérsica y grecolatina,

Cuarto: la sub-raza céltica,

Quinto: la sub-raza germánica y anglosajona.

Las cuatro primeras sub-razas arriba mencionadas han conocido su hora de gloria cultural. De hecho, es posible verificar estas aserciones en los libros, y maravillarse del florecimiento de estas civilizaciones, que, sin embargo, han desaparecido en el curso de los tiempos.

¿Qué ocurre con el europeo, que pertenece a la quinta sub-raza? En él, el germen de la comprensión se ha desarrollado completamente. ¿Pero, para qué ha empleado su inteligencia? ¡Para desarrollar la tan jactanciosa cultura europea! ¡Para hacer la guerra con los medios más refinados! ¡Para inventar la bomba atómica y la de hidrógeno! ¡Para crear estos siniestros ingenios enviados al espacio para aterrizar en la Luna o en otros planetas! ¡Para dañar así los cinturones de Van Allen y, al mismo tiempo, perturbar la armonía del universo! Hasta el presente, el europeo ha utilizado su inteligencia para el mantenimiento de su vida atea e impía.

¿Por qué se extraña de que el fuego impío, en las más altas esferas, se haya convertido en un brasero ardiente que amenaza con verterse sobre la humanidad? ¿Le sorprende que los filósofos hayan predicho la caída de occidente? ¿Es sorprendente que desde hace tanto tiempo se haya anunciado que el Reino Unido y Europa perecerán por el fuego? ¡Seguro que no!

 

En nuestra Escuela Espiritual, hacemos una distinción esencial entre la iniciación antigua y la actual, entre la iniciación anterior a la era cristiana, y la del período posterior. El hombre nacido antes del comienzo de la era cristiana tenía la posibilidad de realizar el renacimiento del alma. El hombre nacido durante el período cristiano ha podido y todavía puede realizar la transfiguración, es decir, puede realizar en él el hombre-alma-espíritu. Puede realizarlo, ya que dispone de la razón. Ésta permite llegar a ser un gnóstico, lo que significa: un hombre que conoce su verdadera vocación, alguien que sabe. La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro ofrece a sus alumnos la posibilidad de seguir realmente el camino de la transfiguración, gracias al Cuerpo Vivo magnético, el Arca edificada en el transcurso de los últimos sesenta años, y así escapar al próximo diluvio.

¿Ha reflexionado alguna vez en la razón por la cual la Escuela ha sido fundada precisamente en Holanda?

Se dice que es porque los holandeses son el pueblo más individualizado, por consiguiente, el más cristalizado. No obstante, nosotros opinamos que también ha intervenido otra elección. Sabe, probablemente, que Holanda está colocada bajo el signo de
Cáncer, simbolizado por un cangrejo. Sin embargo, en el célebre zodiaco del Templo de Dendera, en Egipto, Cáncer es representado en forma de coleóptero, de escarabajo. Era el emblema del alma, y, tanto en los tiempos antiguos como en los místicos modernos, se considera que Cáncer representa la esfera del alma, la puerta de la vida en el zodiaco.

Cáncer es también el signo del nadir, el pie de la cruz que debe ser erigido en su vida y en cuyo signo debe vencer. Por ello se puede leer en Cristianapolis, de J.V. Andreæ, que el candidato sale a navegar con el barco «Fantasía» sobre el mar académico, enarbolando el pabellón de Cáncer.

¿No debe usted también plantar, a partir del nadir y en calidad de alumno o de futuro alumno, la cruz en su vida y penetrar en el nuevo campo de vida por la puerta de la vida, pasando por la Escuela Espiritual? Tal es la elección decisiva ante la que está colocado.

Probablemente sabe que el signo de Cáncer está gobernado por la Luna. Si ahora su elección le lleva a la vida terrestre, será dominado por las fuerzas del cuerpo celeste mortal que percibe con los ojos materiales; pero si su elección le lleva al camino de la vida, será dominado por los ángeles de la Luna, las fuerzas del Espíritu Santo.

 

Supongamos que su elección haya recaído en el campo de la vida del alma. No por ello es menos víctima de la rutina cotidiana, del modo de vivir. ¿Y no va a suspirar como Pablo: El bien que quiero hacer, no lo hago, pero el mal que no quiero hacer, lo hago?

En calidad de alumno de la Escuela Espiritual, ha sido admitido en el Cuerpo Vivo. Esto significa que recibe la radiación de fuerzas astrales y etéricas puras. Por esta razón, se verifica también para usted esta otra cita del iniciado Pablo: Todo lo puedo por Cristo que me da la fuerza. Así, en la fuerza crística, por auto-francmasonería, podrá resistir los ataques de los fantasmas que eventualmente se abalancen sobre usted.

Es tiempo de meditar profundamente y de practicar el nuevo comportamiento del alma que, tantas veces y desde hace numerosos años, hemos presentado a los alumnos. Vivimos un período grandioso: La era de Acuario ha comenzado su curso y el portador de agua vacía su cántaro de Agua Viva sobre la humanidad. ¿Quién podría decir: «Yo no puedo recorrer el camino hacia la Vida»?

¿Por qué esperar todavía? Los tiempos del final han llegado. Lo notará en los acontecimientos y en la degeneración que aparecen en el mundo. Lo notará en los numerosos misterios que nuestra Escuela desvela a sus alumnos, y ello para que se cumplan las palabras de la Confesio Fraternitatis R.C.: «Ahora debemos aclarar una cosa, oh hombres mortales, a saber que, una vez más, Dios ha decidido conceder al mundo ¾cuyo fin sobrevendrá poco después¾ la verdad, la luz y la autenticidad, a las que Él hizo salir con Adán del paraíso para mitigar la miseria humana».

¿Qué va a hacer ahora? ¿Dejarse arrastrar por el próximo diluvio? Su microcosmos, sujeto a esta tierra desde hace millones de años, deberá volver a comenzar su desarrollo a partir de un nuevo período lemuriano, para todavía ser retenido prisionero algunos millones de años en el nadir de la materialidad.

¿O escapará usted de las olas, gracias a la barca celeste, el arca, el Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual, porque ha acabado finalmente por poner en práctica los preceptos transmitidos, por cumplirlos?

En este caso, usted es un Maestro Constructor que realiza la unidad entre el agua y el fuego. En efecto, los conceptos son comparables al elemento agua y su cumplimiento al elemento fuego. A partir de ese momento usted vivirá el verdadero cristianismo y recorrerá realmente el camino de la vida.

Como Juan Bautista, endereza los caminos de Dios en usted. Despierta a la vida la Rosa en usted, el Cristo. Progresa en la senda. Recorre su camino de cruz, su camino de Rosacruz. La nueva alma crece en usted. Y, aunque vive su crucifixión, progresa y celebra la fiesta de su resurrección. El alma-espíritu ha nacido.

Finalmente, tiene lugar el descenso del Espíritu Santo, la unión del alma y del Espíritu. Entonces, celebra las bodas alquímicas de Cristián Rosacruz.

Por fin, el hombre que durante tanto tiempo ha deambulado por la tierra, que durante tanto tiempo ha sido prisionero de la tierra, se libera y, como hombre-alma verdadero, como Manas ¾el Pensador en el sentido más elevado del término¾ tiene la posibilidad de proseguir su viaje hacia la eternidad en tanto que ser pensante.

La transfiguración ya no es para usted una posibilidad, sino que llega a ser una realidad y puede exclamar, como Pablo: la muerte ha sido engullida por la victoria, ¿muerte dónde está tu aguijón?

Ha vencido a la muerte y entra vivo en la eternidad. ¡Que muy pronto pueda participar de ella!

 

 

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El fuego del Espíritu Santo

 

 

 

 

Sabe que cada actividad de la vida de un ser humano está determinada por la naturaleza de la esfera astral, de la fuerza astral que le permite actuar. Así pues, si existiera una armonía perfecta entre todos los hombres y si, por consiguiente, esta armonía estuviese presente en su sistema magnético, todos ellos emitirían corrientes magnéticas semejantes y se mantendrían mutuamente en equilibrio. Pero los sistemas magnéticos están perturbados y el macrocosmos, que alimenta a estos sistemas, es impío. Por ello, son diferentes las necesidades vitales de los hombres y se contraponen, y los hombres se oponen mutuamente con una hostilidad fundamental, biológica y estructural, lo que involuntariamente suscita resistencias, incluso allí donde los seres humanos se encuentran como alumnos de nuestra Escuela Espiritual.

Todos comprenderán que cada día del alumnado exige una orientación pura y una concentración, así como la utilización de fuerzas puras y serenas para romper las resistencias y abrirse camino a través de la vida. Incluso si usted es el hombre más modesto que exista y recorre su camino con la mayor prudencia, no obstante será culpable de magia natural, porque siempre se crean situaciones que le fuerzan a actuar. Por consiguiente, comprenda que toda utilización forzada o concentrada de fuerza astral, cualquiera que sea, ata a la tierra y actúa de forma destructora.

Usted siente que no puede hablarse del bien en tal situación. El bien social o moral está siempre unido al mal. Qué justas parecen las palabras del Cristo: Nadie es bueno, ni uno solo. ¡En efecto! Sin duda, se podrá imaginar el suspiro de Nicodemo: Entonces, Señor, ¿quién puede alcanzar la bienaventuranza? En verdad, ¡se trata de un problema angustioso!

Y es de una urgente necesidad llevar este oprimente problema al corazón de su alma, pues debemos encontrar la solución en el plazo más breve. Una vez más le recordamos que le urge cambiar, de forma profunda y radical, toda su manera de vivir. Sí, la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro quiere dar verdaderamente un sentido a su vida. Si, como alumno en el camino, sus esfuerzos quieren ser liberadores, ha llegado el momento de que se plantee la pregunta: «Señor, ¿quién puede alcanzar la bienaventuranza?»

Nadie es bueno, ni uno solo. Nadie es bueno si es juzgado según el principio fundamental de la naturaleza de la muerte. El bien nacido de este principio jamás puede construir ni realizar algo definitivo. Las obras de este bien son tridimensionales, por lo tanto, temporales. Por muy cultivada que esté su voluntad, por reconfortante que sea para la cabeza y para el alma, ella está unida a la tierra, a la propia esencia de la muerte.

La medida de su bondad varía según los individuos. Por esta causa, usted experimenta constantemente los límites, llega a una crisis. Pero la Fraternidad de la Vida siempre le invita y le eleva de nuevo hasta ese «Otro», que lo engloba todo. Toda hermana y hermano que quiere recorrer este camino liberador debe prepararse para su propia ascensión.

Usted sabe muy bien que existe una solución para cada problema de la vida. Si esta solución no existiese, ¿por qué se iba a acercar la Cadena de la Fraternidad a los campos de trabajo de la Joven Gnosis?

La solución del problema de la vida no es únicamente de naturaleza filosófica, sino que, en primer lugar, exige de usted una orientación seria y un comportamiento verdadero y efectivo que esté en concordancia con ella.

La Fraternidad de la Vida desciende en cada alumno y éste debe orientarse hacia el campo astral gnóstico por un proceso de purificación. Si lo hace con una profunda aspiración, entonces lo emotivo se calmará interiormente, lo colérico se refrenará y, en una orientación pura, aprenderá a ser silencioso y a escuchar; a escuchar de tal forma que comprenderá lo que Nicodemo no comprendía porque pensaba que ya lo sabía todo perfectamente.

En Pentecostés, nuestros pensamientos se dirigen hacia el fuego del Espíritu Santo. ¿Cómo actúa este fuego? En primer lugar, el Espíritu Santo desciende en el hombre a través del aliento sagrado. Las fuerzas del Espíritu Santo penetran en el campo de respiración por el fuego de la gracia. Estas fuerzas llenan las cavidades del sistema pulmonar. A continuación, alcanzan la sangre y cuando, así cargada, la sangre ha adquirido suficiente conciencia, suscita un nuevo saber en el santuario de la cabeza, una nueva y séxtuple percepción sensorial que, como llamas, como lenguas de fuego, brotan del hombre.

Cuando Pablo dice, en su primera Epístola a los Corintios, capítulo 3: Vendrá el día en que todo se manifieste, él quiere decir que el día del fuego lo revelará todo. Pues ese día siempre revela, tanto si se vive de las fuerzas del campo astral gnóstico, como si se es vivido y asido por el fuego que determina la marcha dialéctica del mundo.

En nuestros días la humanidad se ha sumido en la marcha infernal de este mundo y es torturada por el fuego del infierno. Usted ve con claridad, dadas las características y las fuerzas opuestas de esta naturaleza, que esta tortura durará tanto tiempo como el hombre continúe errando en el mundo dialéctico. Todo sufrimiento puede ser el preludio de sufrimientos todavía mayores.

Además, se pueden distinguir altibajos en esta marcha del mundo. Existen ascensos que provocan alegría y agradecimiento; pero, en el transcurso de sus vagabundeos aquí abajo en la materia, ¿ha conocido alguna vez una alegría, ha experimentado un agradecimiento ilimitado, al que no siguiera un ineluctable descenso?

Ahora, ¿cómo experimenta todos estos sufrimientos y experiencias múltiples y variados? ¿Por qué nos hacen padecer y mantenernos en vela? ¿Por qué se graban tan profundamente en el ser humano?

La causa es el fuego. Cada experiencia, sí, todas sus experiencias son provocadas por el fuego astral. Es por el fuego astral que vive el hombre, e igualmente, por el fuego astral, vive el alma mortal. Este fuego astral mantiene al yo. Cuando el hombre se glorifica de su yo y todo lo que hace está centrado en su yo, demuestra que vive del fuego infernal y por el fuego infernal. ¡El día siempre lo manifestará!

¿El hombre puede verificarlo por sí mismo? ¡Sí, lo puede verificar! Todo mortal tiene la posibilidad de hacerlo invariablemente. Pues todo lo que el fuego de esta marcha del mundo hace que se manifieste, más pronto o más tarde provoca el sufrimiento, despierta el dolor, no ofrece ninguna satisfacción, acrecienta el hambre y la sed más ardiente.

Los mitos y las leyendas describen como en los planos infernales, además de intolerables sufrimientos, reina una guerra perpetua tan atroz, tan espantosa, que incluso la pluma de Dante no sabría describir el horror que representa. La lucha nace de los sufrimientos, del hambre y de la sed. Sufrimiento, esfuerzo y privación, colocan al hombre fuera de sí y en un estado de locura. Él se arroja sobre los demás para agredirles y perjudicarles de una u otra manera.

Conviene comprender que hay dirigentes que, conociendo la miseria social de la humanidad, buscan hacerla desaparecer y prevenirla, para así eludir la lucha. Esta idea es muy buena y merece ser realizada en la medida de lo posible en la naturaleza, pero jamás se podrá suprimir en este mundo la causa profunda de la miseria, del hambre y de la sed. El fuego continuará ardiendo ¾lo que expresan Sísifo y el tonel de las Danaides¾ hasta el día en que sea el fuego de la gracia el que anime la aspiración, el trabajo y la vida del hombre.

Cuando por esta aspiración, por este camino de cruz, el terreno de construcción esté suficientemente purificado, el primer fruto de la renovación será el nacimiento del alma inmortal.

El Salmo 16, en el versículo 10, evoca a tal alma: Tú no abandonarás mi alma en el Seol de los muertos. No dejarás que tu bien amado vea la corrupción, y en el Salmo 18, versículo 6 y 4: Los lazos del Seol me atenazaban, la muerte me tenía en sus garras. Invoco a Yahvé, digno de toda loa, y me hallo a salvo de mis enemigos.

Quien sabe hacer que nazca el nuevo estado de alma por el aliento del fuego sagrado es liberado de los infiernos; él escala la montaña de la purificación y en verdad puede cantar:

 

En el atrio de la Morada del Señor,

en medio de ti, ¡oh Patria nueva,

oh Jerusalén!  Aleluya, Sí, Amén.


 

39

 

Preparaos para el gran Día del Señor

 

 

 

La ciencia nos enseña que el lugar de la Tierra en el espacio celeste está muy bien determinado, tanto por la atracción del Sol como por la repulsión de su fuerza de radiación luminosa.

Lo semejante atrae a lo semejante. Aunque al hombre le gustaría sustraerse a la fuerza de gravedad, en tanto que hombre de materia dialéctica  le resulta imposible. Pues sin la gravedad, no podría mantenerse sobre la Tierra.

Esta fuerza de atracción es tan poderosa que vibra en todas las fibras de su cuerpo y no le sirve de nada el que tienda ardientemente los brazos hacia la luz. Ella lo anonada inexorablemente y lo mantiene en su pequeñez.

Un sencillo ejemplo lo muestra perfectamente. Considere dos plantas de la misma especie: una es plantada en el soleado jardín y la otra colocada tras una ventana. En poco tiempo, notará que la planta del jardín, bajo la radiación directa del Sol, es baja y ancha, mientras que la planta de interior, grácil, crece en altura.

Cuando antaño, Dios Padre, expulsó al hombre lejos de Él, en el espacio inconmensurable, bajo la forma de una chispa divina independiente, con el fin de que emprendiera el peregrinaje que debe conducirle desde el inconsciente a la omniconsciencia, su lugar en el espacio fue determinado por la manera en la que se identificó, por medio de sus sentidos, con la materia de los planos en los que la vida le colocaba. Cuanto más se unía a la tierra, más lo rechazaba la luz. Mientras que el hombre permanezca oscuro y sólo sea capaz de absorber la luz y el calor, la tierra le retiene prisionero de la fuerza de su campo de acción.

Pero el hombre es originalmente una chispa divina, un hijo de la luz, y por ello cae enfermo bajo las continuas caricias de la tierra o, en términos más cortantes, bajo su encanto él se nutre de la muerte. Debe regresar a la luz, lo quiera o no. En la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro hemos hablado muchas veces de la actuación de los ángeles de la Luna con relación a la salvación de la humanidad en el transcurso de los tiempos remotos del desarrollo de la tierra. Los valores espirituales que el hombre ha establecido en su vida emanan de luz solar, despertada por las fuerzas de la Luna en lo más profundo de su ser interior, que surge como un círculo de oro alrededor de la fuerza oscura del fuego: el aspecto del Padre, la herencia divina en su ser, la herencia que el hijo pródigo empleó únicamente para su protección egoísta, hasta el momento en el que, comprendiendo su perdición, se levantó, desilusionado, diciendo: Me levantaré e iré a mi padre.

Cuanto más crece usted, mayor conciencia tiene de la espantosa fuerza de la ilusión. Al igual que Judas entregó a Jesús a los doctores de la ley, de la misma manera la ilusión es una de las doce fuerzas en su camino que le traicionará sin cesar hasta que comprenda profundamente su esencia. Entonces, como Judas, ella huirá, y usted, liberado de su nefasta influencia, se unirá de nuevo a la ilusión para colaborar en la liberación de la humanidad de la que forma parte indisolublemente.

Si no puede disociarse de Judas, si no puede desatarse de la ilusión, permanecerá dando vueltas dentro del círculo vicioso de las doce posibilidades vitales. Pero si logra liberarse, entonces el eslabón que falta le dará la posibilidad de alcanzar una espiral de vida superior.

En la narración de la crucifixión, leemos entre otras frases: Hacia las doce, las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta las tres de la tarde, eclipsando al sol; y el velo del Templo se rasgó por la mitad. (Lucas 23, 44-45)

Ésta es la mayor de las victorias, al lado de la más profunda desilusión. Esta lucha debe ser vivida por cada hijo de los hombres si verdaderamente quiere realizar a Jesucristo en lo más profundo de sí mismo.

El aún hombre primario, instalado en la materia, quiere disfrutar de sus sentidos, hasta el día en que, profundamente desilusionado, se separa de ello para arrojarse de nuevo, todavía más ardientemente, en los brazos de una nueva quimera. Por todos los medios, permitidos o no, él se empeñará, por ejemplo, en amontonar bienes materiales hasta que los abandone, profundamente decepcionado.

Tal hombre quizá se eleve, bajo los duros golpes de la vida, hasta un comportamiento admirable, para también renunciar a él por desilusión. Puede que entonces se sumerja en la iglesia cristiana, hasta que también pierda esta ilusión y comprenda finalmente lo que el sacrificio del calvario exige de él.

Y, habiendo llegado a la cima del amor a los hombres, suspendido de la cruz de la abnegación, descubrirá que incluso la radiante luz del Sol es una ilusión. Pues el poderoso ángel de fuego que antaño gozaba de la más alta estima divina es un espíritu de influencia inconmensurable. Esta influencia es tan amplia que, lleno de presunción, expulsó al Sol de su órbita, lo expulsó del centro de nuestro sistema, de forma que sus rayos están impregnados con su aliento de fuego venenoso.

De esta forma todas las criaturas que viven gracias a la luz solar son prisioneras de la ilusión, la luz artificial con la que Lucifer ha abierto nuestros ojos para atarnos todavía más fuertemente al mundo de la ceguera. Pues el Sol material, en comparación con la luz radiante y liberadora de Cristo, es más oscuro que la llama de una vela en una inmensa caverna.

Pero los ojos humanos están ciegos a esta radiante luz de Cristo, al igual que los ojos de los topos a la luz del Sol.

Si persevera en su camino de cruz y continúa escalando el monte Calvario, es decir, si continúa ascendiendo hacia lo más elevado que se puede alcanzar en la vida ¾con el fin de entrar en Acuario tras haber cumplido un sacrificio total en perfecta impersonalidad y haber ofrecido el agua de la vida a todos los que la necesitan¾, entonces el velo del templo se desgarrará por la mitad. Y por vez primera contemplará, libre de toda ilusión, la plena magnificencia de la luz universal de Cristo, y usted se sabrá unido a ella, se sabrá incorporado a ella para siempre.

Por la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolla en usted, aprende a purificar la luz solar recibida de la exhalación traicionera del demonio. Y el Padre en usted, el fuego saturnino inmaculado, brillará en el resplandor radiante de Urano, dicho de otra manera, en un radiante amor universal.

Pero no olvide jamás que lo que le permite este desarrollo es la fuerza viva de Cristo, que penetra toda la Tierra. Es el fuego del Padre, eterno, verdadero, inextinguible, que manifiesta a su Hijo con un amor total pero que, por desgracia, es invisible para el hombre envuelto en la ilusión. El Padre hace que nazca esta luz de sí mismo. El Hijo nos la explica y dice: «Sed mis imitadores». Usted únicamente puede cumplir esta tarea en la fuerza del Espíritu Santo. El Espíritu Santo se ofrece a la humanidad en y por las fuerzas activas de los ángeles de la Luna. Pero éstos tampoco estuvieron a salvo de la influencia traicionera del fuego ardiente y consuntivo de Lucifer, el ángel de la perdición. Así, pagando el precio del amor de Cristo, el espíritu humano puede desarrollarse de una manera doble:

O bien manifestándose bajo el impulso del ángel luciferino de perdición, con una perspicacia sin alma, al ardiente instinto de posesión, con una frialdad desprovista de amor, siguiendo los frenéticos impulsos de la sangre, sumergido en una religión mutilada en la que Cristo es ignorado o, simplemente, considerado como un hombre bondadoso, fiel de una religión que ensombrece el indecible sufrimiento del Cristo bajo oleadas de invocaciones sentimentales al «dulce Jesús» que tanto ha sufrido en la cruz, pero sobre todo bajo una hábil prolijidad de ideas recibidas y de una caridad jactanciosa.

O bien, allí donde se revele el Espíritu Santo, él se expresará con total sencillez, impulsado por la fuerza del Espíritu Crístico Universal. No difundirá opiniones nefastas sobre el Cristo, sino que por sus obras dará testimonio de Él. Empleará mágicamente la fuerza de luz de la que dispone para la realización del plan de salvación divino, con el fin de abatir, como Sansón, los bastiones de la impiedad.

Pero, ¿puede hacerlo? ¿Y cómo lo haría?

Puede, gracias a la Escuela de los Misterios de la Joven Fraternidad Gnóstica, que sirve a Cristo y transforma la luz que recibe de Él en el campo magnético de la Escuela Espiritual, y la irradia con el nivel vibratorio adecuado. La Escuela de los Misterios ayuda a la humanidad que busca, con el fin de que ella utilice la santa fuerza creadora que brota del campo de la naturaleza purificada, por el desarrollo interior del alma, por la iluminación del corazón y de la cabeza, y por la actividad liberadora de las manos.

Si consideramos el corazón como el núcleo solar del ser, vemos cómo el corazón muere según la naturaleza, y cómo, por el contacto con el Espíritu santificado, se despierta cada vez más el santuario del corazón, que es inundado por la radiación crística.

Si el corazón material es completamente receptivo a la voluntad del núcleo del corazón tocado por la Gnosis, entonces el dominio del mal será totalmente vencido. Entonces el hombre podrá realizar la tarea recibida de Dios. Podrá «comer el cordero Pascual», para ayudar a la humanidad a regresar a la Morada del Padre, por puro altruismo. Entonces se realizarán las palabras del Evangelio de Marcos (14, 12-16):

 

El primer día de los panes ázimos, cuando se inmolaba la Pascua, Le dijeron sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que celebres la Pascua?»

   Él envió a dos de sus discípulos y les dijo «Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre con un cántaro de agua; seguidle, y donde entre, decid al dueño: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está la sala para celebrar la Pascua con mis discípulos?’ Él os mostrará una sala en el aposento superior, grande, alfombrada y dispuesta. Preparadla allí.

   Los discípulos fueron, llegaron a la ciudad, hallaron como Él había dicho, y prepararon la Pascua».

 

El Lectorium Rosicrucianum puede declarar que, en tanto que canal de la Escuela de los Misterios de la Joven Fraternidad Gnóstica, cumple la función lunar en la vida de la humanidad: El Lectorium Rosicrucianum no le aporta consuelo, sino que le enseña cómo participar en la liberación del alma-espíritu. Con ello, le enseña a triunfar sobre la dualidad de las fuerzas de atracción y de repulsión. También usted, como habitante de la Tierra, es atraído al mismo tiempo por la luz de Cristo, lo que le da la posibilidad de dar el primer paso seguro en el camino de regreso al plano divino de la creación original.

Pero para ello usted necesita adquirir una comprensión pura. Debe estar en este mundo sin ser de este mundo. Debe ser capaz de alejarse con total sinceridad de lo que la tierra le ofrece, para que pueda emplear la fuerza de luz recibida y transmitirla a los que quieren recorrer con nosotros el camino de desarrollo del alma-espíritu.

En la gracia, será liberado en Cristo por la fuerza del Espíritu Santo, con el fin de despertar al Hombre verdadero y contribuir a la mayor gloria del Padre de las Luces.

Cuando, por una vida consagrada y purificada, haya unido así en usted la luz del Padre y la luz de amor del Hijo, obtendrá la fuerza interior para arrojar a las tinieblas exteriores al príncipe de este mundo, y será capaz de ofrecer el agua viva a todos los que estén sedientos.

Utilice el viento favorable que la Escuela de los Misterios de la Joven Fraternidad Gnóstica hace soplar sobre la Tierra, con la ayuda de Dios, por medio del Lectorium Rosicrucianum. La lucha quizá sea intensa, pero la victoria es segura, pues:

 

El sol se cambiará en tinieblas,

y la luna en sangre,

antes de la llegada del día del Eterno,

de este día grande y terrible.

Entonces, quienquiera que invoque

el nombre del Eterno será salvado.

(Joel 2, 31-32)

 

 

40

 

¿Qué debo dejar de hacer?

 

 

 

 

El tema que sigue fue abordado en una tarde de Centro a la que la autora tuvo el placer de asistir.

Una vez pronunciada la alocución habitual del responsable del Centro, los alumnos tuvieron la posibilidad de plantear preguntas, especialmente sobre el tema tratado.

Entre los alumnos se encontraba una alumna muy anciana que tenía un problema y que, según ella, hablaba en nombre de la mayoría de las personas presentes. Dicha alumna planteó la siguiente pregunta: «¿Qué debo dejar de hacer? Lo que debo hacer, ya lo sé: todos los libros de la Escuela tratan de ello ampliamente. Lo que quiero saber es lo que no debo hacer».

Naturalmente, hubiera sido más sencillo responderle con esta frase: «¡No debe hacer nada que pueda perturbar lo que usted hace!» Pero ella no habría aceptado una respuesta tan lacónica. No había llegado aún al grado de conocimiento de sí mismo alcanzado por Pablo cuando él planteó el mismo problema, pero de otra manera: El bien que quiero hacer, no lo hago, y hago el mal que no quiero. Pero tras esta cita de Pablo, nuestra vieja amiga reiteró, con más insistencia aún, que ella sabía muy bien lo que tenía que hacer, pero no lo que no debía hacer. Se llegó a un punto difícil, pues ella esperaba una respuesta positiva.

Si realmente hubiese tenido una idea clara sobre lo que verdaderamente tenía que hacer, en una auténtica orientación gnóstica, sin duda también hubiese sabido lo que no debía hacer para no perturbar su actividad. Por ello, se le podía responder así: «No haga nada que la desvíe de la Gnosis».

Nosotros realizamos nuestros deberes de hombres en este mundo dialéctico tan armoniosamente como es posible, sin fanatismo ni exaltación. Por ejemplo, buen número de inquietudes y obligaciones, a menudo de naturaleza dialéctica, acompañan la organización de las conferencias. No se debe olvidar que nuestros Centros de Conferencias han sido edificados única y exclusivamente para que los alumnos se sirvan de ellos, así como para recibir y servir igualmente a los posibles buscadores de la Gnosis. Por consiguiente, nos sometemos a estas tareas en tanto que servidoras y servidores. Como tales, nuestro trabajo en los Centros de Conferencias, así como en cualquier otro aspecto de la Escuela Espiritual, está absolutamente orientado a la Gnosis, incluso cuando se trata de manejar la pala y la escoba.

El siguiente ejemplo va en el mismo sentido: cuando tengo que preparar una alocución, no voy con anterioridad al cine a ver una película y a mezclarme con una multitud ávida de sensaciones. No lo hago porque el cine sólo me distraerá en el plano dialéctico, mientras que la redacción de una alocución exige una orientación absoluta y única al servicio de la Gnosis. Por consiguiente, para hacer algo de orientación gnóstica, dejo de hacer cualquier otra cosa. Quisiera añadir aquí una observación personal: no quisiera dejar de decir que yo no voy al cine, salvo raras excepciones, y estas excepciones a veces se han presentado.

En resumen, el alumno serio no debe hacer nada que corra el riesgo de perturbar, aunque sólo sea un poco, el conjunto de las actividades orientadas a la Gnosis.

 

A continuación, nuestra anciana amiga quiso que le describiésemos el nuevo campo de vida. Sí, ¿pero qué responder y cómo? Ella formuló su pregunta con cierta belicosidad, exigiendo una respuesta clara y neta.

La respuesta comenzó con una explicación filosófica sobre el Espíritu de Dios y su principio central, el Sol divino, para después centrarse en el plan previsto por el Logos para la humanidad. Se estableció una comparación entre el Sol divino, por un lado, y la llama de la conciencia del hombre dialéctico, por otro lado, así como de la atracción que ambos ejercen sobre un campo de respiración compuesto de éteres.

El primero de estos campos es puro y divino. El de la personalidad, primero debe ser purificado por un proceso de transformación. Sólo una vez que este proceso se produzca, puede tener lugar alguna aproximación con vistas a un contacto entre estos dos campos. Y a este efecto, en calidad de intermediaria, apareció entre nosotros la Escuela Espiritual Sèptuple de la Rosacruz de Oro.

Nuestra interlocutora, de hecho, no pedía una explicación filosófica del establecimiento del nuevo campo de vida, sino únicamente «¿Cómo es el nuevo campo de vida?». Habría sido más sencillo responderle como sigue:

«El nuevo campo de vida, atmosféricamente, es comparable a pequeñas nubes luminosas en un cielo claro iluminado por el Sol. Estas nubes claras y luminosas no son empañadas por ninguna sombra ni oscuridad, al igual que el campo gnóstico no conoce sombra ni oscuridad. Este campo es perceptible para una mirada orientada muy afinada: es una sustancia etérica sutil, atravesada por la luz.»

Quizá esta imagen pueda servir de referencia. Se necesita algún punto de apoyo para permanecer siempre dispuesto a abrirse a la fuerza de radiación séptuple de la Gnosis Universal, de tal manera que ella le conduzca a la salvación eterna.

 

Epílogo

 

    ¡Oh, danos hombres!

 

   Oh, danos hombres llenos de fuerza y de valor

   hombres purificados en el fuego sagrado,

   fuertes como héroes en la lucha y en los combates,

  serenos y pacientes en la angustia y el dolor.

 

   Oh, danos hombres puros como el aire de las cimas,

   fieles y verídicos en lo más profundo de su ser,

   seres en cuyos ojos, radiando claridad,

   el cielo anuncie la fiesta del alma.

 

   Oh, danos hombres unidos a Dios,

   quienes, bajo la cruz, sobre sí mismos triunfaron,

   hombres solares que se sacrifican bendiciendo,

   y en cuyo ser vemos a Dios.

 

   Oh, danos hombres llenos de amor y de fuerza,

   dedicados al servicio con gran humildad.

   Que, llenos de fe, estén dispuestos a arriesgarse,

   hombres que oran, llevados por Dios.

 

   Yo te oigo preguntar: ¿Dónde están tales hombres?

   Oh Alma, he aquí mi respuesta a tu pregunta:

   Uno solo sobre la tierra alcanzó la perfección,

   todos los demás… aún están creciendo en valentía.

 

   Mira en ti, no busques en el exterior,

   así tú mismo acabarás,

   si te sumerges en las fuentes de la Vida,

   por llegar a ser un Hombre

   del que Dios pueda servirse.

 

(De un poeta desconocido)

 

 

41

 

La llegada del pueblo de Dios a la Tierra

 

 

 

Todos los humanos que moran aquí, en el campo terrestre, deben regresar al punto de partida: el estado de alma inmortal. Tienen que elegir entre dos vías:

Volver al punto de partida dialéctico, en la ilusión, en tanto que «alma de muerto».

O bien regresar al punto de partida Adámico, en tanto que alma-espíritu viva.

Si escogen el primer camino, tienen que comprometerse completamente con este campo de existencia.

Si escogen el regreso al punto de partida Adámico, entonces deben recorrer el camino que les conducirá hacia un campo de vida totalmente diferente.

Se trata de un campo de radiación que les capacita para llegar a ser hijos de Dios. Para pertenecer a este campo de vida, para regresar a este punto de partida que la Fraternidad de la Luz nos indica, es necesario ser un cristiano.

La palabra Cristo significa «ungido». Ser cristiano es, por lo tanto, estar ungido. Para recorrer el camino de liberación del alma, se necesita estar ungido, consagrado, iniciado. Pero para esto, se necesita una fuerza interior.

Convertirse en iniciado, estar iniciado, es una elevación comprendida en el interior de las leyes de la naturaleza mortal. Recibir esta unción es adquirir una radiación del alma por medio de la nueva esencia del fuego de la serpiente.

Esta unción también puede ser adquirida por medio de la Palabra divina. En lo abstracto: por la Palabra divina. Concretamente, de manera impersonal, por medio de los servidores admitidos por la Fraternidad de la Luz.

¿Qué es la Palabra divina? La Palabra divina significa originalmente la fuerza de radiación de la Gnosis. Es una radiación que emana de la Fraternidad de la Luz.

En el prólogo del Evangelio de Juan, leemos: Al comienzo era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba desde el comienzo con Dios.

En resumen, la Palabra de Dios es el aliento divino que emana de la Gnosis, del Reino de la Luz, de la Fraternidad de la Vida. Por consiguiente, la Palabra divina es radiación. Esta Palabra está, y estará, en el comienzo de toda nueva era. Esta radiación contiene la vida absoluta y esta vida es luz absoluta para todos los hombres. Es la luz que conduce a la liberación del alma-espíritu. Esta luz brilla en las tinieblas.

Aunque la luz viene hacia cada uno, aunque el sol gnóstico brilla sobre todo y todos, las «tinieblas» no pueden percibir esta luz. Por ello la Palabra se dirige de otra manera hacia quien le pertenece, con el fin de concretar lo que es desconocido y abstracto para el hombre dialéctico.

Esto se realiza a través de los servidores de la Palabra. Dicho con otras palabras: la Fraternidad viene hacia la humanidad. Cuando la humanidad es incapaz de ir hacia la Fraternidad, la Fraternidad viene hacia la humanidad. De la misma manera se manifiestan a la humanidad los servidores de la Escuela de los Misterios de la Joven Fraternidad Gnóstica.

¿Qué es un servidor de la Palabra? Un servidor de la Palabra es un enviado de la Fraternidad instruido en los Misterios de la Luz. Tal servidor, yendo hacia los hombres, les aporta la Palabra, la Luz. Él expande la radiación de la luz de la Gnosis en este mundo tenebroso y la une, si ello es posible, al corazón de la humanidad.

Un servidor irradia horizontalmente la luz transmutada de la Fraternidad. La humanidad es asida por esta radiación horizontal y en quienes son receptivos y capaces de reaccionar a ella se produce una apertura. El hombre se abre así a la luz vertical, a la Palabra abstracta de Dios.

A quien ha sido tocado por el servidor de la Gnosis, la acción de la Fraternidad le permite aprender a abrir los ojos, le enseña a ver la luz de la Palabra divina. Cuando la radiación vertical ha descendido en la radiación horizontal transmutada, la cruz es plantada en el hombre. Por la intervención de la Fraternidad en las tinieblas de la existencia terrestre, la cruz es literalmente plantada en el alumno. Con lo que el camino de la transfiguración, el camino vertical hacia lo alto, es abierto a todo alumno serio.

En la Epístola a los Hebreos, capítulo 4, versículo 12, está escrito: Pues la palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que una espada de doble filo, que penetra hasta dividir alma y espíritu, coyunturas y médula; ella juzga los sentimientos y los pensamientos del corazón.

El objetivo es la dislocación del alma natural dialéctica. La espada es plantada en el alma natural. Es como si el alma natural fuera partida y así se hiciera sitio en el fuego de la serpiente para una elevación en el camino de la vida. Este golpe de espada aniquila el antiguo estado de alma y, en el espacio así obtenido, puede nacer el alma nueva. La espada llameante de doble filo que sale de la boca de Dios puede ser considerada como la doble actividad de la Fraternidad: un derramamiento horizontal y vertical de fuerza de luz.

La Palabra divina es una realidad viva, vibrante, inatacable. Si usted es capaz de confesar esta realidad inatacable, comprenderá la letra de la verdad. Conocer la verdad es conocer el proceso de la transfiguración.

Entrar en la verdad, identificar la verdad con la sangre del corazón, quiere decir que quien conoce la letra de la verdad se convierte en un realizador de la verdad. Y entonces le ocurre lo siguiente:

Primero: conoce la letra de la verdad;

En segundo lugar: pone abiertamente en práctica la

verdad concreta;

En tercer lugar: experimenta la verdad.

Si comprende esta triplicidad, ha encontrado la triple Palabra. La bendición de Dios reposará sobre usted y el poder de la Comunidad del Espíritu será su recompensa.

En conjunto, los servidores de Dios forman el pueblo de Dios en la Tierra. En todos los escritos sagrados se trata del pueblo de Dios. Dejemos a un lado la cuestión de si Jesús el Señor ha sido, en el sentido ordinario del término, un servidor de la Gnosis por la sangre. Las Sagradas Escrituras dicen de él que era un gran sacerdote de la Orden de Melquisedec. Éste es un estado de ser que supera con mucho la sangre, la nacionalidad y la raza. El pueblo de Dios es una comunidad de servidores que moran en todos los países de la Tierra, y que pertenecen a todas las razas y a todos los pueblos.

Esta Fraternidad auxiliadora puede ser considerada como la vanguardia de la Cadena Universal de la Fraternidad de Cristo. Todos estos servidores están ocupados en un solo y único trabajo. Usted puede reconocerles por el hecho de que ninguno de ellos pretende establecer el Reino de Dios en esta naturaleza. Ellos le remiten sin excepción al punto de partida Adámico del alma-espíritu viva.

Ésta es una afirmación muy realista, pues en usted mora una chispa del Espíritu eterno. Por esta razón, muchos ya han hecho una clara separación entre la materia y el espíritu. Pero no es necesario que esta palabra «materia» le haga pensar inmediatamente en todo aquello a lo que ha renunciado como ataduras a la materia tosca. Sino que debe llevar el sentido de la palabra materia hasta su propio ser. Entonces llegará a la conclusión de que la materia no es más que lo opuesto al espíritu.

En la materia prevalecen igualmente fuerzas moleculares positivas y negativas. Por la composición completamente dialéctica de esta materia, se lleva a cabo una continua destrucción de la misma en el cuerpo. En efecto, la materia está habitada por una vida que no hace más que construir y destruir sin cesar.

En el Espíritu, las fuerzas positivas y negativas colaboran justamente para crear una unidad desconocida, de la que nace incesantemente un cuerpo totalmente nuevo. Como el Espíritu es eterno, no conoce la destrucción. Existe un incesante crecimiento, una creación siempre en movimiento.

Tal es el proceso en el que todo alumno serio de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro debe comenzar a participar. En cada alumno mora una chispa del Espíritu eterno, en la que se encuentra la vida perfecta, es decir, una vida sin destrucción.

Le decimos que ahora puede elegir: ya sea participar efectivamente en la vida imperecedera del alma, o bien evolucionar en la prisión de la materia, y por lo tanto, comenzar de nuevo a construir lo que será destruido una y otra vez.

Así es como el que vive aún en la personalidad y piensa por medio de ella, continúa participando inconscientemente en la materia. Si usted hubiera hecho realmente la elección, se habría escapado de todas las miserias y de todas las dificultades que a veces pesan tanto sobre sus hombros.

Comprobamos que vive el alumnado, que aspira seriamente a la liberación del alma, pero la voz que le urge, tanto interior como exteriormente, para que haga su elección y abandone sus últimas reticencias, en general, no la escucha.

Mientras todavía espere algo de este mundo, mientras todavía no haya puesto las cosas en claro consigo mismo, mientras todavía corra tras todo tipo de objetivos dialécticos, sepa que la Escuela Espiritual no quiere forzarle en nada. Esto no tendría ningún sentido, pues es usted mismo quien lleva su camino hasta su fin lógico.

En la Epístola a los Hebreos, capítulo 13, versículos 7 y 8, se dice: Acordaos de vuestros pastores que os anunciaron la palabra de Dios; y, considerando el éxito de su conducta, imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y eternamente.

Comprenda, por consiguiente, que es tiempo de considerar conscientemente su participación en la Morada Sancti Spiritus y aceptarla.

Tal como usted es ahora, ¿se atreve a elevar al  corazón el fuego de esta Morada?

Si usted responde que sí, las horas y los días por venir lo probarán. Y todo el grupo de alumnos se declarará como una sólida unidad, y los resultados no tardarán. El campo etérico del alma, purificador y curativo, se aproximará y será saludado conscientemente con un grito de alegría. Reconocerá «al que viene» como proveniente del mismo campo espiritual para el que usted se perfecciona y del que ha experimentado el contacto interior. Entonces, todo dolor interior será disuelto en lo que es totalmente nuevo y lleno de alegría. Entonces, podrá celebrar conscientemente este encuentro.

Para quien aspira conscientemente, la elección no será difícil. La Gnosis da al alma el valor para realizar esta elección. Si usted, conscientemente, desea morir según la naturaleza para elevarse en la vida del alma-espíritu, sepa que la Luz de las Luces está con usted.

Y si permanece así, imperturbable «en la luz», el gran milagro se realizará. La espada le traspasará, una espada llameante de doble filo, y escuchará la voz:

 

Yo te bautizo en el nombre del Padre,

            Y del Hijo,

            Y del Espíritu Santo.

 

Es admitido, entonces, como miembro activo del Santo Grial, que ha tomado forma en la Escuela de los Misterios de la Joven Fraternidad Gnóstica, el más joven eslabón de la Cadena de la Fraternidad Universal de Cristo.

 

 

42

 

El primer y el segundo camino

 

 

 

 

Usted sabe que se espera del alumno que instaure el proceso de la transfiguración, con gran fuerza, en su propia vida y que adquiera la justa y pura comprensión del estado de alma-espíritu renacida. El estado de alma-espíritu es el fundamento de lo verdaderamente humano, tal y como está previsto en el plan divino. El alumno avanzado en los misterios divinos debe ser claramente consciente de la ciencia divina de la santificación.

A este efecto, retrocedamos hasta el estado preadámico, hasta lo que las Sagradas Escrituras llama el paraíso. Quisiéramos remontar con usted hasta el tiempo en el que el hombre todavía podía elegir libremente de entre dos vías: la del árbol de la Vida y la del árbol del bien y del mal. Sabe que la primera es aquella en la que el cuerpo, el alma y el espíritu se acoplan completamente al único plan de Dios, en total armonía y unión con el orden de las cosas. Sin embargo, el hombre sólo conoce de forma teórica el desarrollo y la finalidad de este camino.

Sin duda, se da cuenta de que este primer camino presenta dos aspectos: uno positivo y otro negativo. El aspecto positivo consiste en avanzar armonizando confesión de fe con actividad, para elevarse en el plan de Dios y actuar muy positivamente en el campo del Espíritu, por consiguiente, totalmente en el Espíritu. El aspecto negativo consiste en dejarse encandilar por un determinado estado de felicidad, dejarse absorber por las especulaciones negativas y místicas. Los dos tipos de hombre que recorren este primer camino pueden ser definidos como espíritus vírgenes.

La segunda vía corresponde también a dos tipos de hombres: primero, el tipo positivo que, esforzándose y forzando la naturaleza, sigue su propio camino fuera del plan divino, fuera del Espíritu, pero sobre la base del alma, no para servir a su propia persona, sino para mayor gloria de Dios, de su creación y de sus criaturas. No obstante, carece de la unión con el Espíritu, aunque lo conozca.

El segundo tipo de hombre, que sigue el segundo camino, experimenta su propia autonomía. Vive casi por completo de su propia actividad y, por consiguiente, sólo persigue un único objetivo: sus propios intereses y su propia gloria. Él no conoce el Espíritu y menos aún lo posee. Por ello se le define como el tipo negativo del segundo camino.

Ahora queremos advertirle que los dos tipos de hombres que siguen el segundo camino experimentan muchos sufrimientos. Conoce la frase: El día que comas del árbol del bien y del mal, morirás. No hay necesidad de recordarle las muy conocidas características de la naturaleza de la muerte, es inútil entretenerse con ello. Comprenderá que tengamos en cuenta que muchos alumnos de nuestra Escuela Espiritual, en lo que se refiere a la conciencia y al egocentrismo, se encuentran todavía anclados en la naturaleza de la muerte.

Como alumno, usted ha decidido regresar conscientemente a la patria original del Padre. Tras haber errado durante miles de años ¾después de haberse establecido un cultivo del alma y de haber conocido de nuevo al Espíritu¾, se ha producido un ardiente deseo de pertenecer al primer tipo de hombre que recorre el segundo camino, provocando grandes cambios en usted y renovando la naturaleza de su vida, pero esto con total autonomía y bajo su propio autogobierno. No obstante, como hombre-yo, usted está dispuesto a tener en cuenta la enseñanza de la Escuela de los Misterios de la Joven Fraternidad Gnóstica, sobre cuya base va a intentar armonizar enseñanza y vida. Si usted es el prototipo de tal tipo de hombre, entonces desgraciadamente seguirá siendo semejante a sí mismo. Esto no le permitirá elevarse por encima de los sufrimientos, de las aflicciones y de la muerte.

Hemos entrado en un período en el que los rayos del Espíritu Séptuple se vierten sobre la humanidad. El primero es el rayo de la voluntad y del poder, y usted debe comprender profundamente que su influencia le estimula fuertemente a encaminarse a la actividad positiva del segundo camino. Pero, en su actual estado de desarrollo, usted sólo conoce al Espíritu sin todavía poseerlo, de forma que irá al encuentro de grandes sufrimientos.

Por esta razón, pensamos que es necesario emitir, mentalmente, esta advertencia al Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual. El aliento de Dios, la Gnosis, la Joven Fraternidad Gnóstica, quieren hacerle regresar a la patria divina del Padre en tanto que ser humano positivo en posesión del Espíritu. Por consiguiente, su comportamiento debe dar testimonio de un cambio absoluto.

Tal como hemos establecido claramente, usted tiende a entregarse a la actividad positiva del segundo camino, actividad marcada por el conocimiento del Espíritu pero no por la posesión del Espíritu. Sin embargo, esta actividad positiva es, por el momento, la de un alma material. Por ello, de momento, no puede entrar en el mundo del alma-espíritu viva, en el sagrado campo vibratorio del árbol de la vida, el campo de vida del alma.

En el «hombre» de los misterios, de hecho hay dos vidas, debiendo surgir la una de la otra. El hombre-alma-espíritu es un ser que ha sido elevado fuera de la materia; el hombre-alma es una entidad con predominio etérico. El hombre material es una entidad unida a la materia, salvo que esté transfigurado.

El hombre-alma-espíritu es una intangible «cruz de luz». El hombre nacido de la materia es una entidad aislada que vive y existe en sí misma y para sí misma. Para el hombre-alma-espíritu no existe ninguna separación, pues vive en la unidad absoluta.

Puede imaginárselo así: un grupo de entidades que vive conscientemente en la naturaleza del alma, que no es de este mundo, y que ha unido alma y espíritu. Pues allí donde hay un alma incorruptible, también está el espíritu. Así, teniendo alma y espíritu unidos, pensando, viviendo y actuando por sus siete rayos, este grupo desarrolla, de forma evidente, una poderosa concentración astral, la cual adquiere una forma y una estructura. Tal concentración expresa totalmente lo que es Dios, lo que quiere y hace, con un grado de sublimidad que corresponde a la calidad del conjunto del grupo.

Pero parece que, para un hombre nacido de la materia, no es tan sencillo vivir en esta verdad universal y en esta única luz. Pues la única verdad proyecta una especie de sombra en la naturaleza inferior o material.

Una vez reconocido esto, del alumno avanzado en el camino debe emanar un comportamiento absolutamente nuevo, un comportamiento en concordancia con el del hombre positivo del primer camino, que no sólo conoce perfectamente el Espíritu, sino que sobre todo lo posee. Éste es el comportamiento de la verdadera religión, la religión del Espíritu, la religión del pensamiento, en la que debe entrar el alumno en esta etapa de desarrollo.

Y, sin embargo, en el mundo, las religiones establecidas han omitido, en la práctica, precisamente este asunto, que es lo único y absolutamente necesario. Es cierto que hay que hacer un inmenso esfuerzo para servir al mundo y a la humanidad. Se efectúa un prodigioso trabajo ético, pero los sufrimientos de la humanidad permanecen e incluso se incrementan. Conoce todo esto, por lo que ocurre cotidianamente en la vida.

¿A qué se debe? A la ausencia del Espíritu, al abandono de la religión del Espíritu. Por esto, la religión del Espíritu representa el regreso al plan original, a la vida absoluta. No existe otro camino.

Usted debe llegar a la celebración de su plena consagración al Espíritu, de forma dinámica y vivificante, según la Orden del Espíritu, para que él mismo pueda encontrar acceso en usted. Se trata nada menos que de la formación del Santo Grial, del campo de la resurrección. Recuerde cotidianamente las palabras de la Rosa Mystica 190:

 

La pureza de su fuego mental

dará a su alma un gran crecimiento,

y le hará vivir eternamente

en el nuevo campo astral.

 

 

43

 

El tiempo ha llegado

 

 

Alocución dirigida a los miembros

de la Escuela Interior

 

 

Es un inmenso privilegio para la Escuela Espiritual haber podido formar, con la ayuda indispensable de la fuerza de radiación de Cristo, un verdadero campo magnético gnóstico, que se eleva cada vez más por encima de las características terrestres y en el que reina, además, una elevada orientación hacia el objetivo, una paz profunda.

Tal estado sólo puede ser adquirido si cada participante recorre el camino cada vez más perfectamente, en una oblación cada vez más perfecta; y si vigila con extremo cuidado para no descargar sobre el grupo sus dificultades y tensiones personales, ni el fardo, a veces tan pesado, de su propia lucha.

Como miembro del grupo nuclear, experimentará con agradecimiento la existencia de este campo magnético gnóstico y mucho más si llega a concebir su poderoso significado y su importancia para el mundo entero.

Dado que un campo astral como el de la Escuela Espiritual se asemeja, cada vez más, a las radiaciones gnósticas y dado que la Joven Fraternidad Gnóstica realmente ha ocupado su lugar en la Cadena Universal de la Fraternidad de Cristo, le es posible llegar a ser gnósticamente consciente. Sobre esta base, también podemos declarar que con los miembros de la Escuela Interior, hemos alcanzado una nueva fase espiritual, en la que hemos entrado juntos.

La liberación del hombre sediento de luz sólo puede proceder de la síntesis creadora del Orden Divino original, o bien del Espíritu Santo que será derramado sobre todos. Sólo entonces, el hombre podrá convertirse en el espejo perfecto de la luz espiritual omnipresente.

Comprenda profundamente la idea de que una creación sólo existe mientras algunos extraigan un resultado positivo de las posibilidades recibidas. ¡Pero los tiempos se aceleran! Y como la marcha del mundo y de la humanidad es mucho más rápida de lo que uno jamás hubiera supuesto, se puede ciertamente decir que estos procesos están «muy próximos» y «en vías de desarrollo», aunque su vibración y su ritmo dependen de numerosos factores completamente ajenos al estado de nuestro mundo. Ni siquiera podemos prever ni establecer con certeza su alcance. Lo que es cierto es que los nuevos tiempos han comenzado y que, de nuevo, la Radiación Crística unirá al hombre a esta síntesis creadora.

Este Espíritu divino, no unido a lo tridimensional, conduce al hombre-alma hacia la vida, en el más elevado sentido espiritual.

Y por este Espíritu Santo, en la fuerza y la luz de Cristo, vamos a esforzarnos ahora en vivir en nuestra Escuela Interior «un caminar diariamente con Dios», según la expresión bíblica. Si verdaderamente su vida estuviese establecida en esta luz divina, su ser sería tocado por una fuerza «antiproteínica», dicho de otra manera, por una nueva materia de unión primaria totalmente diferente que deberá acabar por expresar la realidad de su vida. En cuanto a los procesos de desarrollo y de circulación de las fuerzas vitales primarias, a los alumnos de la Escuela Interior se les pide que actúen con los nuevos materiales de construcción etéricos, según un plan ordenado y proyectado de antemano.

En calidad de miembro de la Escuela Interior, ocupa un lugar especial en los diversos aspectos de nuestro trabajo y de nuestro campo de trabajo, campo del que vive y en el que actúa diariamente, y en el que se esfuerza trabajando para eliminar las numerosas situaciones penosas que comporta el trabajo en la materia. La inmunidad del Cuerpo Magnético, el derramamiento del Espíritu y las bendiciones de la Cadena de la Fraternidad Gnóstica Universal sólo son asegurados si el campo astral de cada uno, así como el del Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual, es y permanece impermeable a toda influencia de esta naturaleza y si su elevada vocación divina está en concordancia con él.

Cada agitación astral que se produzca en usted, frecuentemente provocada por un movimiento de su emotividad y de su actividad mental, provoca la correspondiente agitación en la esfera astral del Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual. Ello produce una fusión inarmónica de este campo con el campo astral ordinario de la naturaleza de la muerte. Uno puede imaginarse fácilmente las posibles consecuencias: la ruptura del Cuerpo Magnético y sus pobladores con la Cadena de la Fraternidad Universal de Cristo y el Espíritu. Como consecuencia de ello, el Cuerpo Vivo y todos los suyos serían inmediatamente entregados a los eones de la naturaleza de la muerte y a todas sus fuerzas.

Por consiguiente, comprenda por qué insistimos en que usted, que pertenece a este grupo excepcional, tome una decisión tan positiva como definitiva, y que su vida se corresponda con las exigencias mínimas para los hombres-alma que realmente aspiran al descenso del Espíritu.

Nuestra tarea es establecer la Escuela de los Misterios de la Rosacruz de Oro en el tiempo, pero teniendo en cuenta que todo trabajo es forzosamente temporal. Comprenda muy conscientemente estas palabras.

Los servidores de la Gnosis vienen, después se retiran, para regresar en momentos precisos. Por lo tanto, siempre hay un comienzo y un final en el espacio y el tiempo. Existe, por ejemplo, un tiempo en el que hay buscadores y en el que los oídos se abren a la voz de la Gnosis. También hay un tiempo en el que los oídos se cierran otra vez. Existe, por tanto, un tiempo para realizar la tarea con fuerza y dedicación, en la que se emplean a todos y todo. Pues el fin se aproxima.

Llega el tiempo en el que ya no se podrá emplear la fuerza y en el que la red ya no podrá ser arrojada al océano de la vida humana. Y este tiempo se aproxima.

En ese instante psicológico, todos los que han sido admitidos en el campo electromagnético de la Escuela de los Misterios, y han emprendido el viaje a partir de aquí abajo, se volverán hacia un trabajo totalmente diferente del que se hace actualmente en estas regiones hostiles. Siempre se ha sabido que las posibilidades del trabajo son temporales en el «valle de lágrimas», pues se trata de un fenómeno secular. Lean lo que Pablo dice en la segunda Epístola a Timoteo, capítulo 4, versículos 1 a 7:

Te conjuro delante de Dios y de Jesucristo, que ha de juzgar a vivos y muertos, y en el nombre de su aparición y de su reino, predica la palabra, insiste en toda ocasión, favorable o no, reprende, censura, exhorta, con toda dulzura y doctrina.

   Pues vendrá un tiempo en el que los hombres no soportarán la sana doctrina; sino que deseando oír cosas agradables, se buscarán maestros que halaguen su oído y, apartando los oídos de la verdad, se volverán hacia las fábulas.

   Pero tú vela en todo, soporta los sufrimientos, haz obra de evangelista, cumple plenamente tu ministerio. Pues yo voy a ser derramado en libación y está cerca el tiempo de mi partida. He combatido el buen combate, he terminado la carrera, he guardado la fe.

Esto es lo que dice Pablo. Pero escuche bien: estas palabras toman fuerza en la fase que actualmente atraviesa la Escuela Espiritual y ésta es la razón por la que atraemos su atención sobre ellas.

Usted conoce directamente y de cerca el trabajo de la Escuela Espiritual en sus múltiples aspectos. Ha comprobado hasta que punto le caracteriza la fórmula siguiente: «¡Es necesario hacerlo ahora mismo, pues es el momento!» Por ello, la Escuela Espiritual presenta sin cesar la imagen de una actividad intensa y la idea continua del instante presente. Para cada uno «el tiempo puede haber llegado» en cualquier momento. Cada instante es «el momento», a pesar de las diferentes individualidades, pues en la bondad, según el Cristo, también se produce crecimiento individual.

En nuestro campo de radiación magnético colectivo, ya hemos alcanzado, desde hace mucho tiempo, un punto crítico. Usted lo sabe. Y como este campo de radiación es una unidad que respeta la individualidad, usted debe llegar a una decisión individual consciente. La cuestión, por consiguiente, es ésta: o actúa, vive y «está» con Cristo en el campo del alma-espíritu, en la esencia absolutamente nueva; o, con el nombre de Cristo en sus labios, usted sigue utilizando su fuerza para salvaguardar este mundo dialéctico.

Pues bien, comprendiendo con claridad nuestra época, acepte la misión de la Fraternidad de las Almas Inmortales, y conságrase totalmente al servicio del objetivo que la Escuela Interior presenta a sus miembros.

Sabe que el santuario del corazón, el santuario de la cabeza y el santuario de la vida —es decir, la fuerza fundamental del alma en devenir— son de la mayor importancia para la vida del servidor en la viña de Dios. El corazón, a causa de la presencia del átomo del corazón y de la fuerza de la kundalini que se concentra a su alrededor; el santuario de la cabeza, porque todos los hilos de la auto-realización se anudan allí y porque todo el nuevo devenir depende de la apertura a la radiación del alma desde el espacio situado detrás del hueso frontal, el altar de la maravillosa flor de oro; y, en tercer lugar, usted percibe claramente que el estado de alma en crecimiento requiere su constante y absoluta atención.

De hecho, es posible que en el curso de sus ocupaciones diarias, cualesquiera que sean, conserve en el trasfondo de su ser la fuerza nuclear y su principio, y la haga irradiar a través de todo en su corazón, en su cabeza y en su alma.

¿Se esforzará, por consiguiente, con perseverancia y con el sostén de la Cadena Universal de Cristo, para llegar al objetivo gnóstico de la vida, con ayuda de las líneas directrices desarrolladas aquí?

Cuando tome esta decisión en lo más profundo de sí, ante su tribunal interior, recibirá la bendición que le está reservada en la vida nueva. Haga, de la maravillosa flor de oro que ha recibido, la rosa radiante de los misterios gnósticos. Sea fiel, como le será fiel la Fraternidad de las Almas inmortales, entre las cuales el señor Jan van Rijckenborgh, nuestro guía de la Joven Fraternidad Gnóstica, es la más próxima a nosotros.

Quien tenga oídos para oír, hoy ha escuchado lo que muy pronto acontecerá.

 

 

44

 

La iluminación interior

 

 

Alocución dirigida a los miembros

de la Escuela Interior

 

 

El comportamiento exigido hoy, a todos los alumnos, es el de la iluminación. La propia Escuela de los Misterios, bajo la forma del Santo Grial, ha sido siempre un cuerpo etérico iluminado. Nuestra Escuela exterior era, hasta el presente, más bien una estructura dialéctica, lo que explica los numerosos riesgos de altibajos que la Escuela Espiritual ha conocido.

Lo importante, en nuestra Escuela Interior, es que la luz y la fuerza que emanan del campo astral gnóstico se manifiestan en todos los aspectos de la Escuela Espiritual por el sistema magnético del fuego de la serpiente y por todo el núcleo del sistema nervioso, el núcleo del sistema de los 144.000.

Para el transfigurista, el estado de iluminación sólo se realiza por una unión consciente con el campo fraternal de las almas inmortales, o dicho de otra manera, con el campo de resurrección del alma. La Escuela Interior tiene la tarea de acelerar este proceso y dinamizar a sus miembros para que obtengan, ante todo, suficiente poder y fuerza para resistir al adversario. La Escuela Espiritual, como unidad en un determinado estado, es unida a la luz y, como consecuencia, puede realizar un contacto consciente, en el sentido original de la palabra, con dicha luz del campo astral gnóstico.

El primer paso será la unión magnética con la vida gnóstico-mágica, la unión con el ser crístico universal, una unión con el Espíritu Santo. Una unión de luz, por consiguiente, exenta de toda mácula dialéctica. Sólo cuando se ha establecido esta unión, se hace posible de nuevo la elevación absoluta del hombre-alma-espíritu.

Es muy regocijante poder decirle que los primeros signos de esta sublime elevación se han manifestado en medio de nosotros. Como prueba, hemos recibido un testimonio visible del círculo de nuestros alumnos. Nos gustaría hacerle partícipe de ello:

 

«En el corazón del templo del alma-espíritu del Santo Grial, se encuentra la fuente de agua viva. Es el cristal fluido que por la fusión de la luz divina original se vierte en las aguas de la verdadera elevación del alma como un fuego poderoso del Espíritu.

Es la fuente que, en este momento, coloca todos los eslabones de la Cadena Universal en el eterno presente: el eterno presente, la palabra del principio, la luz que brilla en la oscuridad. Es el misterio de la luz que se manifiesta por la intervención del poderoso fuego del Espíritu.

Es el poderoso fíat creador, pronunciado en las santas esferas etéreas. Es el agua del alma, por encima de la cual planea el Espíritu. Es la Tierra Santa del verdadero devenir humano.

Así la luz del Grial, viva y vibrante, ha comenzado su marcha triunfal en el campo magnético del Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual. Es el signo que aparece en la aurora de la mañana de la resurrección.

El grupo nuclear ha comenzado a ejecutar la tarea que le ha confiado Dios: la obra de la magia gnóstica. Es el núcleo que va a cimentar el Cuerpo Vivo en el corazón del templo del alma-espíritu del Santo Grial.

Es la mañana de la resurrección en el Santo Grial. La entrada en el primer templo de la Santa Trinidad, el templo del éter de fuego, el templo de la quintaesencia: el quinto elemento básico. Es la entrada en el campo de vida de las almas inmortales.

La semilla viva, depositada en el campo del Cuerpo Magnético, demostrará concretamente el nacimiento del alma reconquistada, pues es absolutamente cierto que la puesta en práctica hermética del proceso de cambio permitirá descubrir la entrada del segundo y del tercer templo. Y a la pregunta del discípulo en el camino: «Padre, ¿serán salvadas todas las criaturas?», le será respondido con certeza: «Sí, todas serán salvadas, como el toque de trompeta de la mañana de la resurrección que nos llama a comenzar la obra de Dios.»

Este testimonio le hace comprender, más que nunca, que estamos suspendidos de la cruz incandescente que cada día debemos vivificar de nuevo, pues sólo esta vivificación refuerza nuestra experiencia.

Por ello, sobre todo debemos observar un comportamiento positivo, en calidad de verdaderos guardianes de la puerta, trabajando al servicio de la humanidad en la fe y en la confianza. Una vez realizada nuestra «vía dolorosa», el camino de la rosa y de la cruz, llega el momento de la resurrección. Llega entonces el descenso de la cruz. El cuerpo de fuego, el cuerpo del alma-espíritu, se libera, aunque unido de una manera muy particular a la personalidad purificada. Y este descenso de la cruz, esta iniciación, lo experimentamos como una sensación prodigiosa, pues entonces la eternidad se une al tiempo de forma muy positiva.

Que gracias a una orientación pura sobre el único objetivo, en total unidad y libertad, en la fuerza del amor divino, pueda su cuerpo de fuego, el cuerpo del alma, ser llenado para siempre con las vibraciones sagradas del Espíritu Santo. Que Dios esté con usted y le bendiga.

 

 

45

 

Unidad – Responsabilidad – Orientación

 

 

 

Alocución dirigida a

la comunidad de la Cabeza de Oro

 

En el campo de radiación magnético de la Escuela Espiritual existen una Escuela exterior y una Escuela interior. En el primer aspecto de la Escuela Exterior se distinguen: la Cantera de la Juventud, el alumnado preparatorio y el alumnado probatorio. El segundo aspecto conlleva el alumnado confesional.

En la Escuela Interior se distinguen: la Escuela de la Conciencia Superior, el tercer aspecto, y el trabajo de la Eklesia, el cuarto aspecto. A partir del cuarto aspecto se desarrolla la Comunidad del Grial. El proceso de desarrollo de la Comunidad del Grial conduce al candidato hacia el primer grado interior del quinto aspecto de la Escuela Séptuple: la Comunidad de la Cabeza de Oro. Después siguen todavía el sexto y séptimo aspecto de la Escuela Espiritual.

Para que triunfe esta construcción jerárquica de nuestra Escuela Espiritual, debe colaborar como servidor con toda su comprensión y percibir plenamente su responsabilidad. A lo largo de las líneas ascendentes de la Jerarquía de Cristo se dibuja todo el proceso de la transfiguración, para todos los que desean recorrer el camino de la liberación del alma. Cristián Rosacruz, por ejemplo, aparece como una individualidad que supera todas las pruebas de la vida material, de la vida del alma y del espíritu con la fuerza del alma-espíritu totalmente despertada, aunque él da testimonio de ello con gran modestia.

A este respecto, usted ve claramente que el grado de madurez determina la actividad de la radiación del alma-espíritu. Por consiguiente, si todo va bien, cada verdadero Rosacruz, cualquiera que sea la situación en la que se encuentre, se sentirá y se sabrá llamado a la acción. La pureza del Cuerpo Vivo magnético, las radiaciones y las bendiciones espirituales de la Cadena Universal de Cristo, que son asimiladas sobre esta base, sólo están aseguradas si la Dirección Espiritual Internacional y la Comunidad de la Cabeza de Oro están en armonía y unidad absolutas en lo que concierne al plan divino y a la misión recibida de Dios. Que usted responda a esta exigencia, sólo depende de usted.

De hecho nuestra Escuela Espiritual y todos sus trabajadores directos, con ella y por ella, están sometidos a una prueba y a una tensión continuas. Es lógico, ya que todos están sometidos sin cesar a pruebas personales. Consideradas a la luz de la tarea que le es confiada en la vida así como en el marco de la Escuela Espiritual, estas cosas se presentan para que dé testimonio de su fidelidad a la Gnosis de manera concreta. Se espera de cada uno que no sea encontrado dormido, como los discípulos en Getsemaní, en el momento más importante y actual para la Escuela Espiritual. Por estas razones, continuamente son planteadas apremiantes exigencias de manera dinámica y positiva.

Por ejemplo, debe percibir profundamente su unidad en tanto que Comunidad de la Cabeza de Oro y vivir sólo de ella. Todo tiene que ser sometido a esta unidad. Se debe comportar como verdadero hermano y hermana, con todas las consecuencias que esto implica.

Sobre la base de esta unidad total y según los criterios de una amistad verdadera, pura y elevada, ha sido unido en el santuario del quinto campo de trabajo, de una manera sacramental, con el campo de la Fraternidad de las almas inmortales. Esto implica directamente que, por su unión, también participa en el sufrimiento de Cristo, porque la participación en este sufrimiento significa al mismo tiempo que se une gustoso a la humanidad para la salvaguarda de la fe y de la salvación.

Por consiguiente, les ha sido confiada esta tarea: que permanezcan fieles los unos a los otros, en la unidad, pase lo que pase. Tal es su camino de cruz. Tal es su Monte Calvario, en el que tiene lugar, físicamente, un declinar total y por el que su vida es íntimamente unida al sufrimiento de Cristo. Únicamente por esta ofrenda usted alivia el sacrificio de Cristo, ayuda al Cristo, a la Jerarquía Crística, y contribuye a la iluminación del alma-espíritu, tanto para usted mismo como para su prójimo.

La Comunidad de la Cabeza de Oro comprende miembros del primer, del segundo y del tercer grado interior. Además, este último grado comporta cuatro subdivisiones, por consiguiente, siete grados en total, siete fases de desarrollo que conducen al Campo de la resurrección.

Pero lo que ahora importa, en primer lugar, es saber que usted es consciente de sus responsabilidades en relación con todo lo que ocurre en la Escuela Espiritual. Y una posible injerencia, por su parte, en lo que pasa en la Escuela, no tiene nada que ver con «meterse en lo que no le concierne»; no tiene nada que ver con mezclarse en asuntos personales de otro alumno.

Lo que ante todo importa es que usted mismo, tanto en su vida privada como en su comportamiento, en tanto que servidor de la Escuela Espiritual, se empeñe en aplicar la ley de la orden del espíritu en el más absoluto sentido del término.

Cuando un servidor de la Gnosis se consagra a imitar a Cristo, se esfuerza por vivir totalmente según la ley de la orden del espíritu y da testimonio de ello, se convierte en un ejemplo vivo para los demás, cualquiera que sea su situación privada, y de él irradia la verdadera vida espiritual en todo lo que hace y dice.

Por ello sólo se puede seguir la ley de la orden del espíritu por una fe absoluta en esta ley y en el puro proceso de la endura. Un intercambio armonioso con el campo de radiación magnético de la Escuela Espiritual sólo se producirá si está presente esta trinidad: unidad, responsabilidad y orientación pura sobre el único objetivo liberador. Sólo por la realización de la ley de la unidad, la responsabilidad y la orientación se puede triunfar en la manifestación séptuple de la Escuela Espiritual, tanto desde el punto de vista gnóstico y filosófico como estructural y material. En esto, la ley del orden del espíritu se adapta para proteger de posibles daños al candidato introducido en los misterios gnósticos o en los grados interiores superiores, cuando, por ejemplo, la vida y la enseñanza no pueden ser llevados con la necesaria armonía, a causa de un determinado comportamiento.

Un comportamiento consciente que emane del alma llama, cada vez con mayor insistencia, y suscita, cada vez con mayor fuerza, a una nueva creación y a la revelación consciente de una nueva criatura por medio de un comportamiento vital gnóstico-mágico, comenzando por una nueva actividad del corazón en el cuerpo físico, y acabando con la extinción de las últimas llamas de la antigua vida astral del cuerpo astral. Por lo tanto, cada alumno, y en particular el servidor de Dios, debe liberar su propio cuerpo astral de la esfera astral de la naturaleza de la muerte.

La sabiduría divina desaparecida está enterrada en lo más profundo del ser humano, enterrada detrás de las siete puertas del misterio del microcosmos divino. Sólo si la sabiduría divina es liberada de nuevo, se abre el santo de los santos, y el hombre, que mientras tanto ha llegado a ser un extranjero en esta naturaleza, puede entrar en el templo de la realización.

Usted que pertenece a la Comunidad de la Cabeza de Oro debe ser consciente de que forma, junto con los demás, el foco de nuestra Escuela Espiritual. En tanto que individuo y como comunidad, debe considerarse un espejo. Cuando usted se mira en un espejo, éste le muestra lo que es. El espejo de la Comunidad de la Cabeza de Oro le muestra lo que es la Escuela Espiritual pero también lo que es usted mismo.

Tal como es la Comunidad de la Cabeza de Oro, así es la Escuela Espiritual. En efecto, la Comunidad de la Cabeza de Oro es el resultado de la quíntuple Escuela Espiritual manifestada en la materia. Lo que usted es, en tanto que Comunidad del quinto campo de trabajo, es incontestablemente el libro abierto de la Escuela Espiritual. En tanto que tal, la Comunidad de la Cabeza de Oro refleja el estado de ser cualitativo de toda la Escuela Espiritual. Por lo tanto, la Comunidad de la Cabeza de Oro está sujeta al estado cualitativo de nuestra colectividad, tanto en el sentido positivo como en el negativo.

Ciertamente, la liberación del hombre que aspira a la luz se produce exclusivamente por una síntesis creadora del Orden Divino original, es decir, del Espíritu Santo, que se expande sobre todos. Sólo entonces el hombre puede ser el reflejo perfecto de la luz espiritual que es omnipresente. Quien vive verdaderamente de la fuerza de radiación crística vuelve a encontrar su antigua gloria divina, gracias al principio creador del Orden divino, dicho de otra manera, se vuelve perfecto en un nuevo cuerpo séptuple. ¡Que quien pueda comprenda estas palabras de la Gnosis!

Pero si todavía esto no es posible, entonces el servidor de Dios debe unirse tan estrechamente como le sea posible a las disposiciones de la orden espiritual. Ninguna ley del Espíritu puede perjudicar a alguien que pertenece a una orden espiritual, alumno o servidor de Dios. Por el contrario, la salvaguarda total de su vida del alma superior está asegurada y también la elevación en las esferas puras de la vida superior.

El objetivo de la Escuela Espiritual es exclusivamente preparar a los alumnos para la elevación del alma-espíritu en el quinto éter, el éter de fuego eléctrico liberado por el Espíritu Santo, con el fin de que el alma-espíritu despertada pueda respirar, vivir y trabajar en él. Para ello se necesita que el hombre exterior se transforme en su totalidad en hombre interior. Y dado que este proceso sólo puede ser llevado a cabo por el éter de fuego eléctrico, debe mantenerse alerta para no ser quemado o consumido.

Si verdaderamente usted quiere seguir a Jesucristo en su camino de cruz y ser admitido en la Orden sagrada de las Almas de luz, es necesario que su orientación sobre el objetivo liberador sea positiva.

 

 

46

 

La vocación de la mujer

 

 

 

 

La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro a menudo elimina sistemáticamente, ideas, cosas y nociones establecidas en la vida ordinaria. Por este motivo,  podemos oír suspirar con frecuencia: «Apenas me he acostumbrado a cierta idea, a cierta noción, cuando es reemplazada por otra nueva».

Naturalmente, no es agradable ser despertado frecuentemente con sobresaltos, justo en el momento en el que se pensaba haber llegado a buen puerto. Sabemos que esto hace que muchos de ustedes se sientan sorprendidos. Pero comprendan claramente que la Escuela Espiritual no tiene otro objetivo que abrir su corazón a una radiación de fuerza astral, totalmente nueva. En efecto, debe adquirir la pura comprensión de la nueva dimensión en la que evoluciona la vida de un alma totalmente nueva.

Hay aspectos de su vida actual de los que piensa: «¡Pero, esto es absolutamente elemental! ¡Es el propio fundamento de la existencia!» Pero en cada ocasión es necesario que usted abandone o modifique estos puntos de vista.

Ocurre lo mismo con la firme convicción, compartida por la mayoría de la humanidad, de que la gloria, el trabajo y la vocación de la mujer culminan casi completamente con la maternidad, tal como se la conoce en la naturaleza terrestre.

Esta maternidad es cantada por numerosos poetas; es fijada en la conciencia de innumerables pensadores y exaltada por la religiosidad de la iglesia. El estado y la iglesia hacen todo lo posible por preservar el principio de la maternidad según la naturaleza.

En el romanticismo, la maternidad también es altamente sublimada. De hecho, todo el romanticismo gira alrededor de esta noción. La maternidad dichosa o desdichada es exaltada en numerosos aspectos.

En las jóvenes ya se encuentra, inconscientemente, el deseo de la maternidad. En los hombres es menos evidente el deseo de paternidad, aun estando muy presente el fundar una familia. El deseo de fundar una familia es el objetivo y la meta de innumerables seres humanos.

Entre los judíos, por ejemplo, una familia sin hijos era una familia maldita y la esterilidad, causa de divorcio. ¿Y cuántas mujeres estériles hay que llegan a toda clase de excesos, únicamente para dar salida a este íntimo impulso amoroso?

Existen padres totalmente volcados en sus hijos. Lo que es perfectamente lógico, pues es su propia carne y su propia sangre las que hablan. Nacidos en su familia según la naturaleza, piensan para sus hijos una educación y unas normas culturales y sociales que se correspondan con las tendencias dominantes en la época: «¿Qué hará mi hija, qué hará mi hijo?» Normas buenas o malas, racionales o irracionales, para que al menos se le pueda considerar como una persona «civilizada».

 

Dése cuenta de que el mantenimiento del género humano es una ley de la naturaleza. Esta ley hace de la maternidad y de la paternidad un gozo y un deber. Por otra parte, la familia puede poseer un grado muy elevado de espiritualidad. Por la gracia ilimitada de Dios, la luz de la Fraternidad es dispensada abundantemente a los seres humanos en el matrimonio natural. Y el hijo es santificado por la radiación de amor de sus padres.

La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro repite con insistencia que ella comprende la necesidad de que, en un próximo futuro, una nueva generación pueda proseguir la tarea de los mayores. Además, en nuestra Escuela Espiritual, consideramos el matrimonio como un sacramento, al igual que el sacramento del bautismo.

No obstante, es necesario hacer de todo esto un tema de profunda reflexión, al menos si usted se encamina al nuevo devenir del alma. Pues, ¿no ha sentido en usted, alguna vez, la sed de otra maternidad, de una paternidad distinta a la terrestre ordinaria?

La maternidad según esta naturaleza es una consecuencia de la caída en este orden de emergencia. Si está decidido verdaderamente a recorrer con seriedad el camino de la transfiguración, este problema se le presentará irrevocablemente. En la vida del alma del ser humano liberado de las normas terrestres, existe una nueva maternidad, y cada alumna de una escuela espiritual auténtica debe aspirar a esta nueva y divina maternidad.

Es necesario saber qué implica esta nueva maternidad divina. Y sólo cuando tenga un conocimiento interior de ello, podrá vivir en función de este conocimiento, sin forzar nada.

La primera mujer mencionada en la Biblia es Eva. Ella es para nosotros el prototipo del hombre-alma original según su manifestación femenina.

¿Quién es Eva? Este nombre significa «Madre de las Almas vivas». Es la portadora de la corriente de vida humana en la manifestación universal. Lo mismo que Adán es representado cabalísticamente por el número nueve, el número de la humanidad, Eva es representada cabalísticamente por el número siete, el número del Espíritu Santo.

Si deja que actúe en usted la imagen verbal de Adán y Eva, en el sentido de la Biblia, un mundo de conocimientos se abrirá ante usted. Entonces ve al hombre-alma en sus dos manifestaciones: el aspecto masculino y el aspecto femenino del microcosmos.

Si deja actuar en usted la imagen verbal de Adán, entonces ve una sabiduría divina, un plan divino que debe ser llevado a la plenitud por el empleo de la clave correcta. Esta plenitud se manifestará con la condición de que haya:

Primero: la más pura inteligencia.

Segundo: el fuego sagrado que inflama la idea de Dios en el gran reino de la vida.

 

Éste es el Hombre según su existencia divina, según su manifestación divina.

Pero este Adán divino sólo puede manifestarse plenamente si existe el polo femenino, Eva, la Madre de las Almas vivas.

Allí donde existe la libertad hay un poderoso dinamismo, por eso es necesario que el ser sea modelado según las exigencias de la manifestación universal, o sea, manifestación en y por el amor universal. La dinámica, el gran sacerdote, la voluntad, debe obedecer el grandioso Plan de Dios, y la llave de la que dispone el Adán del comienzo sólo puede ser empleada en el marco del inexpresable amor universal.

Y allí donde las dos radiaciones de nuestra corriente de vida, el polo masculino y el polo femenino, son reunidas en la manifestación universal de Dios, para encender e irradiar el fuego sagrado de la más pura inteligencia, allí Eva celebra su grandiosa maternidad. Ella protege el fuego sagrado contra todas las agresiones con su ofrenda de amor. Entonces se convierte en la Sacerdotisa del Fuego Sagrado.

Así es como trabaja el aspecto femenino del hombre-alma en el Reino de los Cielos. Así lleva ella el mundo, el orden del mundo, la marcha del mundo.

El aspecto masculino del hombre-alma es el que obedece, pues él sabe, él conoce el Plan de Dios. Él sabe que su dinámica, su voluntad superior, forma la llave básica con y por la que puede ser desvelado el inexpresable amor universal y, por consiguiente, por la que puede llegar a la manifestación.

 

Numerosas son las mujeres que en este mundo han presentido el estado de la maternidad universal. Pero por falta de una correcta comprensión del Plan de Dios, expresan hasta hoy sus sentimientos de forma humana, lo que tiene como consecuencia que sus bienintencionados esfuerzos terminan siempre en un callejón sin salida.

Por consiguiente, ¿cuál es la grandiosa vocación de la mujer que quiere recorrer el camino liberador? Es la liberación consciente del alma divina, basándose en la ley de amor universal.

 

Sin las sacerdotisas, en el proceso de elevación,

no existe cosecha de almas liberadas.

 

Se debe reconocer que el gran éxito de los Esenios, de los Maniqueos, de los Cátaros y de la Orden de Shiddha, se ha debido a los miembros femeninos de estas órdenes. Con gran agradecimiento interior, rendimos homenaje a estas santas mujeres de todos los siglos.

 

Y nuestra intensa plegaria en el presente es que, en el campo de trabajo gnóstico, sea erigido un Templo del fuego sagrado inmutable en agradecimiento a las mujeres que, comprendiendo su santa vocación y aceptando la maternidad universal, han hecho posible la liberación eterna.

Por lo tanto, si el hombre tiene sed de manifestación en el sentido universal, ésta sólo puede ejecutarse por el amor universal de la mujer.

 

Que todos ustedes, tarde o temprano,

puedan saborear la iluminación

de esta misión divina.

 

Que la Gnosis les acompañe continuamente

en el camino de Vida. Amén.

 

PESTAÑA DE LA SOLAPA:

 

La Palabra Viva

Catharose de Petri

 

Las letras, colocadas en cierto orden, forman una palabra escrita. Pero la palabra sólo se convierte en una «palabra viva» cuando es portadora de una fuerza que se eleva muy por encima de nuestras dimensiones terrestres, cuando es capaz de inflamar al hombre con una comprensión y una sabiduría que van más allá de las limitaciones temporales de este mundo. A esta fuerza la denominamos Gnosis.

 

La autora de este libro, Catharose de Petri, bebió de las fuentes de este conocimiento y sus palabras fueron verdaderos heraldos de la fuerza gnóstica.

 

Por esto, los cuarenta y seis capítulos singulares de este libro, se convertirán en una fuente inagotable de fuerza, en palabras realmente vivas, para quienes anhelen ardientemente la liberación del alma.

 

 


Extracto de La voz del silencio, H.P. Blavatsky, Ed. Teosófica, Amsterdam.

J. van Rijckenborgh, El hombre nuevo que viene, segunda parte, cap. V, p. 201, Ed. del Lectorium Rosicrucianum, Madrid, España, 1989.

Extraído de La Gnosis egipcia original, Tomo II, Cap. 33, de J. van Rijckenborgh. Próxima aparición en castellano.

Ánimo: el principio del alma-espíritu renacida. Véase La Gnosis Egipcia original, tomo I, p. 35, de Jan van Rijckenborgh, Fundación Rosacruz, Zaragoza, España, 1999. (N. del T.)

EL SELLO DE LA RENOVACIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

Ex Deo nascimur,

In Jesu Morimur,

Per Spiritum Sanctum Reviviscimus

 

En el eterno camino en espiral de la vida,

el hombre es enviado por Dios en su Creación,

a fin de perfeccionarla.

 

Podáis encontrar en este libro,

El Sello de la Renovación,

la Mano de Dios, que, en el Amor del Cristo,

se tiende hacia sus hijos

para que se eleven en su gloria divina

y en la Fuerza de su Espíritu Santo.

 

Nacido de Dios,

Aniquilado en Jesús el Señor,

Renacido por el Espíritu Santo.

 

 

Noviembre 1959           CATHAROSE DE PETRI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

La Estrella de la esperanza y de la realización

 

 

Consideramos importante introducirles en los aspectos más internos de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro. Muchos de los alumnos son muy jóvenes todavía en el trabajo de la Escuela de la Joven Gnosis y para estos en especial sería ventajoso y necesario obtener una imagen del desarrollo de nuestra Escuela para que puedan apreciar su amplio fundamento.

 

Ya funcionan los Talleres y los Focos que son necesarios en el Reino Gnóstico de Europa para poner en práctica el Grandioso Plan que es el fundamento de todas las cosas. La Escuela Espiritual de la Joven Gnosis es capaz de realizar la tarea que le fue confiada. Para poder comprender esto y las consecuencias incalculables que van unidas, les explicaremos lo que viene a continuación.

 

Es necesario informarles, en primer lugar, que todas las Fraternidades que constituyen la Cadena Gnóstica Universal son Fraternidades dignas de este nombre, lo que quiere decir que en la época en que realizaron su misión evangélica, no solamente llevaron a cabo esta misión llamando y precediendo a los hombres hacia la Vida Liberadora, sino que al mismo tiempo podían llevar su cosecha entera al Orden de Liberación. Con este fin, cada unas de estas Fraternidades tuvo necesidad de un período más o menos de desarrollo, cosa que se comprenderá según los progresos de cada una. Mientras esta madurez no había sido alcanzada, era ayudada por la Fraternidad precedente, cuyo desarrollo, ni que decir tiene, se encontraba así frenado, ya que una Fraternidad no puede elevarse en un campo de trabajo superior hasta que la Fraternidad que le sigue pueda asumir plenamente el trabajo en la naturaleza de la muerte.

 

Para esta continuación se necesita que la Fraternidad siguiente sea una quíntuple Fraternidad en sentido perfecto. Dicho en lenguaje místico, esta Fraternidad debe hacer lucir la estrella de Belén por encima de los sombríos países de la naturaleza de la muerte.

 

¿Cuál es entonces el significado práctico de una Quíntuple Fraternidad Gnóstica?

1º Debe poseer y debe poder hacer funcionar una institución para ponerse en contacto con el público que busca, y que, por consiguiente, sea capaz de pescar a los hombres del mar de la vida. Como usted sabe, nosotros poseemos tal institución en nuestra Sociedad Rosicruciana.

2º Debe tener a su disposición un instrumento con el que todos los que vienen a la Escuela puedan ser introducidos metódicamente en el conocimiento de la Salvación. La enseñanza debe ser dada de forma que también el alumno medio vea que no existe ninguna otra oportunidad de Salvación que la de entrar en el Camino de la Liberación por la rendición del yo. Nosotros poseemos tal instrumento en el Lectorium Rosicrucianum.

3º Debe poder disponer de un organismo que pueda llevar a la rendición del yo, la abolición del ego, a los que lo quieren realmente y lo demuestran, lo que les permite participar realmente en la denominada vida interior por el nacimiento del Alma. Nosotros poseemos tal organismo: es la Escuela de Conciencia Superior, donde cada uno puede festejar en tres años esta maravillosa y magnífica victoria.

 

4º La Fraternidad debe tener a su servicio un grupo de servidores y servidoras selectos, que actúe de manera gnóstico‑mágica en los procesos de circulación necesarios con nuevos fluidos vitales, dando así al Cuerpo Viviente las fuerzas necesarias para vivir realmente. Nosotros poseemos esta Comunidad Sacerdotal en nuestra Ekklesia, que diariamente cumple esta magnífica misión.

5º También tiene que haber un organismo que funcione en el Nuevo Campo Astral del Reino Gnóstico, además de en otros lugares, para restablecer la Vida Liberadora del Reino de las almas y hacer entrar en él a todos los hermanos y hermanas que son dignos de ello. O dicho en lenguaje del Evangelio Gnóstico de la Pistis Sofía, debe existir un treceavo eón perfectamente constituido. La Joven Fraternidad dispone de tal organismo: es su Comunidad de la Cabeza de Oro.

 

Así vemos que la Joven Gnosis ha alcanzado en la actualidad la madurez, liberando a la Fraternidad precedente de más de una preocupación. A partir de ese momento, la Estrella de Belén brilla de nuevo sobre todos los países de Europa, dónde la aurora gnóstica ha aparecido.

¡La Estrella de la Esperanza y de la Realización!

Ya que existe desde hace poco una nueva Escuela Espiritual Gnóstica completa, un nuevo grupo de Perfectos se prepara para cumplir con su tarea de la cabeza, del corazón y de las manos a través de los países de las tinieblas. De este modo la Joven Fraternidad Gnóstica se ha convertido en una Escuela de los Misterios, respondiendo a su vocación original, y su valor equivale al de cada una de las fraternidades precedentes de la Cadena Universal. Esto es, en verdad, una justa razón para elevar nuestras voces llenas de agradecimiento, de adoración y de alegría, por haber podido llevar a buen fin nuestra tarea tras largos y angustiosos años.

 

¡Pero todavía hay mucho más! Cuando una Quíntuple Fraternidad Gnóstica cumple verdaderamente su misión, ella tiene la libertad de llevar a la Morada del Padre a todos los que vienen a ella.

 

Este es uno de los aspectos del denominado «Reino de los mil años». Un reino de mil años es período durante el cual una Fraternidad protegida por los tres rayos principales del Espíritu Séptuple no puede experimentar, en el transcurso de su trabajo, ninguna dificultad proveniente de cualquier actividad que se presenta en la naturaleza de la muerte para perturbar y destruir la cosecha de los Hijos de Dios.

 

Nosotros esperamos que puedan percibir estas cosas o sentirlas un poco para que puedan entender la importancia de la época en la cual hemos entrado.

Cuando una Fraternidad Gnóstica consigue construir el edificio de su ciudadela en país enemigo, se la da fuerza para permitirle limitar temporalmente el radio de acción de la antigua serpiente, para que pueda cumplir su misión sin ser molestada.

Un período de este género tiene incalculables consecuencia.

¿Ve usted con nosotros que ha sido establecido un pasaje, una vía protegida y segura, un camino de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo? Y esto quiere decir entre otras cosas que numerosos prisioneros y esclavos de la esfera reflectora y los que cautivos de su estado de ser no han podido proseguir su desarrollo porque su microcosmos no puede ser vaciado, que todos tienen ahora la posibilidad de participar en la Vida Liberadora.

 

 

Hay un ejemplo millares de almas no liberadas todavía que, en el transcurso de los siete últimos siglos, después de que la Fraternidad precedente tuvo que retirarse de la esfera de la materia, fueron matados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios; hombres que negaron en aquel entonces a la Bestia de la dialéctica y a sus representaciones eónicas fantasmagóricas, y que así, puros de pecado mortal, rindieron un gran servicio a la humanidad; hermanos y hermanas valerosos que, a pesar de su muerte heroica, no pudieron entrar en el mundo del estado del alma viva porque no poseían la señal de la Liberación, el sello del Alma Nueva.

 

Su sacrificio por el mundo y la humanidad y su amor infinito por todos los que debieron sufrir amargamente en la naturaleza de la muerte fueron tan grandes, que no pudieron ser vaciados microcósmicamente y no pudieron recorrer por ello el camino de los otros mortales. Estos seres permanecen en un plano que se podría calificar de limítrofe entre el sexto y el séptimo plano cósmico. Muchos de ellos, los que pudieron ser tomados un poco en consideración, fueron liberados ya por la Fraternidad precedente y admitidos en la Vida Liberadora. Los otros no obstante, tuvieron que esperar, porque las condiciones en la esfera de la materia no permitieron que estos microcosmos se reencarnasen, ya que su potencial de fuerza les habría ocasionado de nuevo un sufrimiento muy profundo e inmerecido. Por esto, estas almas tuvieron que esperar a que fuesen creadas las condiciones propicias, condiciones realizadas por la Joven Fraternidad Gnóstica.

 

Ahora pueden descender en el tiempo y entrar en la Morada del Padre siguiendo el rápido y sublime Camino de la Iniciación Gnóstica. Es evidente que el Grupo que puebla el Cuerpo Viviente, y continuará poblándolo en un futuro próximo, dará nacimiento a generaciones de valor extraordinario.

 

En el Grupo de la Joven Gnosis nacerán durante los diez y veinte próximos años, hombres que demostrarán tempranamente una orientación positiva y unas posibilidades marcadas. Estos seres jóvenes todavía, harán avergonzarse a los mayores, pero les enmudecerán de alegría ante el impulso que ellos darán al Grupo y los progresos que ocasionarán.

 

Por esto no debemos inquietarnos más en cuanto al futuro de la Escuela.

La peregrinación a la Nueva Jerusalén será emprendida y llevada a buen fin por un grupo lleno de jubilo, cada vez mayor y más fuerte.

Durante mucho tiempo se demostrará la Bendición de la Gnosis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

El Espíritu y el Espíritu Santo

 

 

Evangelio de Juan capítulo 1, versículos 32, 33 y 34:

 

«También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu descender del cielo como una paloma y pararse sobre él. Yo no le conocía, pero El que me ha enviado a bautizar con agua, Aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo, y yo le vi y rindo testimonio de que él es el Hijo de Dios.»

 

 

Notarán que en este texto se hace una distinción entre Espíritu y Espíritu Santo. El Espíritu se convierte en Espíritu Santo cuando puede descender sobre un hombre y puede permanecer en él. Este es un hecho extremadamente extraordinario e instructivo, y la Doctrina Universal moderna lo ratifica.

 

El Espíritu es la esencia de la Gnosis, la esencia del Reino Inmutable, la energía de la Vida Nueva.

 

Hay un abismo profundo aparecido por la pureza y la inmensa diferencia en el grado vibratorio entre el Espíritu Divino y el principio de la conciencia del que vivimos en tanto que hombres dialécticos.

 

La esencia de la Vida original puede ser entregada a un hombre cuando este libera en su interior, de forma profunda y estructural, el camino en su microcosmos a través de una orientación perfecta hacia el objetivo único: servir incondicionalmente a la humanidad en su servicio a la Gnosis. Entonces desciende en él el Espíritu, y este Espíritu se vuelve Espíritu Santo, Espíritu Santificante y Curador.

 

Ustedes saben lo que entendemos por «rendición del yo». Mientras quede en la auto‑rendición tan siquiera una ligera huella de alegría y satisfacción personales, de que el «yo»quiera dejar su charco de lágrimas para ir hacia la Eterna Patria, el Espíritu no podrá comunicarse con nosotros, puesto que esto sería un estado más refinado de egocentrismo y significaría una sujeción a la tierra.

 

No, el Espíritu del Reino de Dios sólo puede revelarse en nosotros cuando manifestamos nuestra auto‑rendición sirviendo de manera perfecta a la humanidad. Y en este servicio no deben haber ninguna satisfacción personal. Así lo dice nuestro canto de Templo 73:

 

«Señor, te entrego las alegrías,

incluso la alegría de servir.»

 

El «yo» tampoco debe quedarse en el servicio. El servidor debe ofrecerse en holocausto para la multitud, incluso para los adversarios, en un estado de no‑yo absoluto. Este estado, libre de satisfacción personal, le inmuniza igualmente contra el sufrimiento que es su consecuencia. Entonces el Espíritu se convertirá en Espíritu Santo. El Espíritu Santificante estará permanentemente en el alumno. Y este Espíritu será un Espíritu curador perfecto.

 

Este servicio impersonal a la humanidad estará orientado hacia las leyes de la Vida Liberadora, y es generado por ellas. Es tan completamente impersonal que excluye la alegría al igual que la tristeza, la auto‑satisfacción o el sufrimiento.

 

La Manifestación del Espíritu tiene lugar con mucha frecuencia con la ayuda para llegar a la verdadera Vida Divina. Pero esta ayuda sólo podrá ser liberadora en sentido absoluto cuando el Servicio a la Gnosis se transforma en un servicio a la humanidad se transforma en un servicio a la Gnosis:

 

¡Entonces hay cosechadores!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

El Verbo de la Alianza Gnóstica

 

 

En el capítulo 8 del Evangelio de Juan, versículo 51 aparecen las siguientes palabras:

 

«En verdad, en verdad, os digo, si alguno guarda mi palabra, no verá la muerte.»

 

Deseamos aconsejarles ahora que comprendan estas palabras de Jesús el Señor de una manera diferente de la usual. Evidentemente, se puede traducir: «Jesús el Señor designa de esta manera la Enseñanza Universal que El anuncia; El se refiere a la Manifestación Divina que aporta. El aplica esta Enseñanza Universal, la sigue con un comportamiento de vida positivo, y entra así en la vida renovadora, vencerá a la muerte.

 

Esto, naturalmente es correcto y seguramente usted lo ha interpretado de esta manera. No obstante, si asocia este versículo 51 al prólogo del Evangelio de Juan, esta asociación le lleva a un plano muy distinto de compresión.

En este prólogo se dice: «Al principio era la Palabra». Aquí no se habla de la difusión de una Enseñanza Universal. La Palabra debemos comprenderla aquí como sinónimo de Fuerza. Al principio era la Fuerza Divina. Esta Fuerza Divina era y es Dios.

 

Sobre esta base relean el texto precitado: «En verdad os digo, si alguien guarda «la Palabra», la acepta, la oye, la siente y reacciona a ella, nunca verá la muerte».

 

La Palabra es, pues, una Fuerza, un Sonido, una intensa y poderosa vibración electromagnética. La Palabra es la Consonancia del Espíritu Santo Séptuple.

 

Hay siete corrientes de Fuerza Divina, y en su concordancia emiten la Palabra, la manifestación de la energía divina. Cada uno de los siete rayos divinos pueden manifestarse perfectamente porque cada rayo tiene siete subdivisiones. Por consiguiente, pueden imaginarse fácilmente que se trata de siete veces siete rayos, o sea, cuarenta y nueve rayos. Estos cuarenta y nueve rayos constituyen conjuntamente la Palabra Única de Dios.

 

Cuando los alumnos penetran en el Templo de Haarlem ven encima del lugar del Servicio este grandioso símbolo de la Palabra Única, concretizada en una Estrella de cuarenta y nueve rayos.

 

Se podría preguntar: ¿No se puede dar a este símbolo magnífico otra significación? ¿No se puede dar al prólogo del Evangelio de Juan otra explicación también exacta? ¿No se puede decir, por ejemplo, con la misma certeza: «Al principio era el Amor»?

 

Ciertamente, el Amor de Dios estaba también al principio. Sin embargo, para que el Amor Divino pueda revelarse, la Palabra debe ser pronunciada. Es percibida la consonancia de todos los rayos y el sonido es producido.

El Sonido, la Palabra, es la fuerza más poderosa de todo el Universo. Por esto el Espíritu Santo penetra tan poderosamente en el destino de los seres humanos y de las cosas, ya que el Espíritu Santo es siempre el Séptimo Rayo. Y cuando se manifiesta el Séptimo Rayo, la lira de siete cuerdas vibra continuamente, y la Palabra Divina es percibida.

 

Es grandioso reflexionar sobre esto y comprender que la realización de Dios se efectúa por el Sonido, la Fuerza más poderosa del Universo. Sin embargo, esta no es la razón determinante de nuestro planteamiento. Lo que nosotros queríamos hacer comprender ante todo, es que en lo que concierne al Cuerpo Viviente de la Escuela se ha realizado el día de Pentecostés. La Luz y la Fuerza del séptimo Rayo se vierten en le Cuerpo Viviente de la Joven Gnosis, donde la Palabra del comienzo ha sido pronunciada.

 

A la luz de lo antedicho, escuchen las palabras de Jesús el Señor: «Si alguien guarda mi palabra, no verá nunca la muerte».

 

Pablo dice en Corintios 1, capítulo 15: «El último enemigo que será destruido es la muerte». Este último enemigo es vencido por la Fuerza del Espíritu Séptuple, por la Fuerza de la Palabra.

 

La Palabra Viviente, esta Fuerza extraordinaria, actúa en estos momentos en el Cuerpo Viviente de la Escuela, y con esto se nos da a todos la posibilidad de destruir al enemigo.

 

Sería necesario profundizar en este punto, pues puede ser que haya alguien que tome todo esto al pie de la letra, y lo interprete en el sentido de inmortalidad en la materia.

No se trata en absoluto de que se pueda conservar indefinidamente el cuerpo físico nacido de la naturaleza, y substraerlo de la muerte. En el transcurso de los siglos se ha buscado una solución de este género y se han hecho toda clase de experimentos para obtenerlo. Pero el resultado de estos intentos fue invariablemente negativo, y de hecho muy triste.

 

Por esto deseamos hacerles la pregunta: ¿Qué es en realidad la muerte? ¿Se han planteado alguna vez esta pregunta? Cuando se la hagan, tienen que distinguir claramente ciertos valores. Decir que existe la muerte, es admitir que hay «vida». ¿Puede ser considerada como «vida» la vida del hombre‑animal? a la noción «vida» se le pueden dar diversas significaciones. Se puede sustituir la palabra «vivir» por ejemplo «existir». El hombre según la naturaleza existe en efecto. Y la muerte es simplemente la supresión de esta existencia.

 

La Enseñanza Universal, no obstante, relaciona con la noción «vida» otra significación más elevada y profunda. En consecuencia, si nuestra visión de la «vida» cambia, también cambiará la de la muerte.

 

Antes de ir más adelante queremos dejar a un lado los conceptos biológicos sobre la vida y la muerte y reflexionar sobre la verdadera «vida».

 

En el microcosmos yace el plan de una vida humana divina verdaderamente perfecta. La Enseñanza Universal habla de una vida séptuple totalmente en concordancia con el Espíritu Séptuple. Especificando más se habla de la «trinidad superior» y de la «cuadruplicidad inferior», de los imperecedero y de lo perecedero.

La trinidad superior, el aspecto imperecedero, es denominado en la Enseñanza Universal: Espíritu (Poimandres), alma‑Espíritu, y Conciencia Racional Superior, que se eleva por encima de la naturaleza.

La cuadriplicidad inferior está compuesta aquí del cuerpo cuádruple que el Hombre Superior emplea para expresarse y demostrarse. La Enseñanza Universal habla, en cuanto a este cuádruple estado vehicular, de «perecedero», porque al transfigurarse, el cuerpo se modifica sin cesar, siguiendo minuciosamente las fluctuaciones del Espíritu.

 

Por el contrario, nuestra vida perecedera, es decir, nuestra vida dialéctica, es perecerá en el sentido de una muerte absoluta, de un aniquilamiento total después de la vida. La vida perecedera proviene de cierto prana de vida que se comunica a la semilla humana y del que se explica el nacimiento y desarrollo de una personalidad.

Nosotros intentamos hacerle ver claramente que la pretendida vida humana no es más que una forma de reacción en cadena de nuestro cuerpo cuádruple, que está sometido a la muerte. En ella no hay nada y no habrá nunca nada de la «Trinidad Superior». Esta es la razón por la cual Hermes habla de la humanidad manifestada sobre la tierra como de un género animal, lo que es en efecto el caso.

 

¿Dónde está entonces la Trinidad Superior en la existencia de nuestro microcosmos: Espíritu, Alma‑Espíritu y Conciencia Racional Superior? Pues bien, ella no se manifiesta en nuestro microcosmos, su presencia en él es sólo potencial. Está como «muerta», y mientras no sea llamada a la vida no se puede hablar de una vida verdaderamente humana.

 

Por esto el cuerpo cuádruple avanza en una reacción en cadena desenfrenada, y se imagina vivir, mientras que la Trinidad Superior está prisionera en su muerte. ¡Y esta es la muerte que hay que vencer! Esta muerte es el último enemigo; en verdad, el enemigo único y fundamental.

 

¿Ve ahora el terrible drama que se efectúa en la naturaleza de la muerte? Esta reacción en cadena. ocasionada por la pasión de procreación de la cuadruplicidad inferior, hace que la apariencia de vida humana se transforme inevitable e irresistiblemente en una muerte absoluta. Y a esto se añade los esfuerzos continuos por arrastrar hacia abajo, por reducir a la Trinidad Superior‑Espíritu, Alma‑Espíritu y Conciencia Racional Superior que no pertenece a esta naturaleza‑ para impulsarle así a la vida y conferir a la dialéctica un estatuto eterno.

 

Ahora bien, ¿qué exige la Gnosis de nosotros? La cuadruplicidad inferior tiene que sacrificarse en autorendición a la Trinidad Superior. Esta se despertará entonces, y la cuadruplicidad inferior será sometida a un proceso de transmutación y de transfiguración. Se elevará en el Hombre verdadero, y juntos despertarán a la vida al Hombre divino original del principio. Esta es una manera de obrar diametralmente opuesta a la anterior.

 

El Espíritu Santo del Cuerpo Viviente nos capacita para ello, o sea, para vencer a la muerte más fundamental que existe, la muerte en vida del Elemento Superior en el microcosmos.

Quien llega a vencer esta muerte se despide irrevocable de la muerte inferior de la naturaleza.

 

 

 

 

 

IV

 

El único camino para la Vida

 

 

Leemos en el Evangelio de Juan, capítulo 10, versículos 1 al 18:

 

«En verdad, en verdad os digo: El que no entra por el redil de las ovejas, sino que sube por otra, ése es un ladrón y salteador. Más el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; a sus ovejas llama por su nombre y las saca. Y cuando ha sacado fuera  todas sus ovejas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

 

Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no entendieron que era lo que decía. Volvió, pues, Jesús a decirles:» En verdad, en verdad, os digo, yo soy la puerta del redil de las ovejas. Todos los que antes de mi vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, saldrá y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tenga vida por las ovejas; ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye porque es asalariado y no le importa las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí, así como el Padre me conoce y conozco al Padre; y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil, aquéllas también debe atraer y oirán mi voz; y habrá un sólo rebaño y un sólo pastor. Mi Padre me ama porque doy mi vida, para volverla a tomar; nadie me la quita si no que yo mismo la doy, tengo para darla, y poder para volverla a tomar: Tal mandamiento recibí de mi Padre».

 

En el capítulo 9 de su Evangelio, versículos 1 al 7, Juan cuenta la curación de un ciego de nacimiento sumergido en el agua del estanque de Siloé. El agua origina un campo astral muy excepcional, el de la Plenitud Gnóstica, gracias al cual el hombre puede ser salvado de las tinieblas de este mundo. Siloé significa literalmente «excepcional», y esta significación confirma la autenticidad del mensaje de la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis que se siente fuerte respecto al Evangelio que  ella aporta.

 

Toda la filosofía de la redención se encuentra confirmada sin interrupción por la Doctrina Universal, por los Evangelios y también por numerosas maneras más.

 

Todos nosotros , en virtud de nuestro nacimiento natural, somos ciegos de nacimiento, lo que quiere decir que nuestro estado de vida, nuestro estado de ser, excluye absolutamente la verdadera percepción. No obstante, quien consciente, con comprensión y practicando el único comportamiento de vida justo, se lava en el estanque de Siloé, entra en la Luz de la Liberación, recorre el Camino y entra en el redil.

 

El redil es el campo de Vida que se abre a nosotros cuando podemos revestirnos con el manto maravillosa del nuevo poder del pensamiento. Entonces y solamente entonces, el hombre se vuelve consciente del nuevo campo de Vida, del 6º plano cósmico. Entra completamente en este nuevo campo de Vida, el nuevo estado de ser, que es conservado para todos, al cual se nos invita a entrar y para el cual somos elegidos.

 

Así pues, no hay más que un sólo camino que conduce al redil: el Camino de cruz‑crístico, que libera en nosotros el Fuego Gnóstico, la luz de Oro de donde puede correr el elixir de oro, del cerebelo a la pineal, y con su formidable resultado en los talama optici.

 

Ustedes saben probablemente que los talama optici son los grupos de células a las que llegan las ramificaciones de la pineal.

De quien no recorre el Camino y no abre esta Puerta sino que se introduce por otra parte, se dice que un ladrón y un asesino. El se apropia de fuerzas sobre humanas, que por su indignidad no puede dirigir ni dominar, y por lo cual será el asesino de numerosos órganos y numerosas posibilidades de su tan complejo microcosmos. Existen diversos métodos ocultos que capacitan al hombre para subir «por otra parte» a la zona cerebral de la pineal, y que permiten obtener cierto poder nuevo.

 

Pero repetimos con insistencia que esto no puede conducir más que a una catástrofe. Porque es absolutamente imposible que un hombre que ha adquirido ilegítimamente un poder tan grandioso pueda mantener el control sobre lo que el mismo ha desencadenado. Cada uno de nosotros comprenderá que un poder de este género sólo puede ser beneficioso para quienes han franqueado la puerta del renacimiento del Alma. ya que entonces y solamente entonces, existen suficientes garantías para un justo empleo de los dones divinos; sólo entonces puede ser horadado la fuente del Espíritu Séptuple en la pineal.

 

El hombre dialéctico que quiere así lo dones de Dios basándose en su estado natural, es una criatura a la que hay que comparecer. El fuego que se desencadena en él es un fuego impío. Comprenda que no puede ser un buen pastor. Es evidente que muchos de los que escuchan estas cosas, no podrán ni querrán comprender mientras que otros se enojarán mucho. Cuando Jesús el Señor habla de ello, los mercenarios entran en ira. Por esto debemos advertirles seriamente.

 

No sólo los métodos ocultos, también diversos comportamientos falsos, abren el fuego impío de la parte del cerebro regido por la pineal. Cuando esto sucede ese evidente que los talama optici expanden en la totalidad del sistema microcósmico un manto impío, una atmósfera funesta. Quien está a este estado se destruye  así mismo por completo; es su propio ladrón y asesino.

 

Les ha sido explicado ya que la actividad de la zona cerebral de la pineal, en su estado dialéctico, es puramente negativa mientras el Alma no ha nacido, y hasta que hayan sido colocados los siete «pesos» en su sitio.

 

Por consiguiente, quien por medio artificial de especie oculta excita parte del cerebro regido por la pineal a un trabajo positivo, pero la fuerza empleada es de naturaleza únicamente egocéntrica, éste comete un crimen con consecuencias profundas. Tales personas dañan hasta tal punto su sistema que están prácticamente perdidas para el proceso transfigurístico en este estado de vida.

 

Un resultado secundario espantoso para estas entidades, es que las partes de la personalidad que no desaparecen inmediatamente con la muerte, continuaran existiendo durante mucho tiempo en el más allá y sus planos. Se han creado en sí mismas una apariencia de eternidad. Pertenecen a los grupos que menciona la Pistis‑Sophia en su Evangelio Gnóstico‑, que retienen y frenan con todos los medios posibles el proceso de la pistis‑sophia. Su apariencia de eternidad depende, en efectos, de una explotación científicamente ejercitada sobre los habitantes de la esfera de la materia, tal como alumno de la Escuela Espiritual Gnóstica debería saber.

 

Por esto, cuando no se quiere recorrer el Camino, es preferible dejar la pineal en su estado negativo, en lugar de entrar por otra parte en el redil y convertirse así en un ladrón y un asesino para sí y los demás.

 

Pueda nuestra más sincera plegaria ser que entremos por la Puerta única en el redil, afín de que seamos encontrado Buenos Pastores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

El discernimiento, primer escalón en el camino

 

 

Leemos en el Evangelio de Juan, capítulo 14, versículos 1 al 11: «Espero no se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; así no fuera, yo os lo hubiera dicho; Voy pues, a preparar un lugar para vosotros.

 

Si me fuere y os prepararé lugar, vendré otra vez, y os tomaré en mí mismo, para que donde estoy, vosotros también estéis, y sabéis a dónde debo ir, y sabéis el camino.

 

Le dijo Tomás: Señor no sabemos a dónde vas, ¿cómo pues podemos saber el camino?

 

Jesús le dijo: Yo soy el camino y la verdad, y la vida, y nadie viene al Padre sino por mí.

 

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor muéstranos al Padre y nos basta.

 

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre ¿cómo pues, dices tú: Muéstranos al Padre?

 

¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?. Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras».

 

El discernimiento es el primer escalón de la quíntuple Gnosis Universal. Para progresar en el camino de la Salvación, el discernimiento es indispensable. Sin embargo, es un hecho que este discernimiento falta frecuentemente en muchos alumnos de una fase preparatoria gnóstica. Esta situación puede llamarse clásica, y el trabajo gnóstico, en el transcurso de sus intentos de salvación de los hombres, tropezó con esta misma dificultad en el pasado.

 

Encontramos la prueba en el texto del Evangelio de Juan, en el Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sabéis a donde voy, y vosotros conocéis el camino». Nosotros también conocemos este camino; numerosos hermanos y hermanas, cada uno según su estado de ser, viven este único Camino dándonos su ejemplo. En la época de que habla el Evangelio de Juan, el Camino de la Salvación era igualmente vivido públicamente, los discípulos fueron instruidos de todas las maneras posibles y todos eran llevados por la Luz Gnóstica del Campo Paternal. Y no obstante hubo quienes respondieron a la palabra de Jesús: «Vosotros sabéis a dónde voy» como Tomás: «Señor, nosotros no sabemos a donde vas». Y esta monstruosidad a continuación:»¿Cómo podemos conocer el camino?».

 

El nombre Tomás implica la idea de una cosa doble y dividida. Si ustedes saben esto, entonces comprenden esta situación. Tomás es el tipo de hombre que oscila siempre entre dos pensamientos; es el que mantiene dos luces encendidas: la luz de la naturaleza ordinaria y la Luz, el resplandor de la Gnosis.

 

Quien no puede decidirse, quien no llega a tomar una decisión definitiva con respecto a los problemas de la vida, descubrirá, de vez en cuando, los momentos importantes de su existencia, que la Luz Gnóstica, que el resplandor del alma, se retira más o menos. Esta Luz se apaga y sólo quedará visible la luz natural. Y guiado por esta luz terrestre, no se puede comprender las intenciones de la Gnosis ni hacer madurar el verdadero discernimiento. Y entonces el discernimiento ya no es una puerta abierta ante nosotros; entonces tenemos oídos que no pueden oír. Y quien no llega a actuar como debería, porque es el juguete de estas trágicas circunstancias, sólo puede ser ayudado por las palabras de Jesús el Señor: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, «Nadie viene al Padre sino por mí».

 

Estas palabras atraen la atención sobre el alma y sus formidables posibilidades. Aquí Jesús insiste diciendo: «Si vosotros me conocieseis, también conocerías a mi Padre,» ya que allí donde el alma irradia, allí donde el alma persevera, allí se manifiesta incontestablemente el Espíritu, el Padre. Pero para el alma que no puede perseverar a causa de sus estado dividido, la enseñanza no puede ser repita y se encontrará situada ante realidades nítidas y desnudas.

 

Jesús el Señor es el maravilloso símbolo de la Luz Gnóstica tal como se manifiesta en el Alma Nueva. Esta Luz ha descendido en muchas entidades de la tierra. Igualmente puede manifestarse en nosotros. Y esta Luz es el Camino y la Verdad; ella abre a la verdadera Vida. No hay otro método en esta Luz reside toda la Verdad; y el que ve esta Luz y prueba la Verdad debe vivir de ella. El que vive de la Luz Gnóstica llega al Padre. Por consiguiente, si ustedes dicen sin cesar, » Mi camino es difícil, mi desarrollo se cumple muy lentamente, hay tantos obstáculos en el camino», nosotros les respondemos: «Ustedes nunca han cambiado verdaderamente los intereses de su vida».

 

Allí donde el Alma Nueva luce, donde el resplandor del alma se extiende, se manifiestan el Camino, la Verdad y la Vida.

 

Por esto es una certeza absoluta que «nadie va al Padre más que por la Luz Gnóstica manifestada». Un alma‑Tomás, una alma dividida que no puede deshacerse de su dualidad, no puede llegar a una convicción concreta. Se queda en la duda agitada sin cesar entre ideas opuestas y se queda en tanto que hambriento, pobretón y desdichado que se agota y no puede liberarse de su pobreza imaginaria. Pero cuando el alma‑Tomás se entrega a la Luz Universal que se manifiesta en él, el alma supera su dualidad; penetra en el camino, en la Verdad y en la Vida.

El alma que se esfuerza por ir hacia la libertad, encuentra otra dificultad que tiene que vencer. Dificultad personificada por Felipe en su diálogo con Jesús. Para comprenderla analicemos primero la figura de Felipe. A Felipe se le puede designar con el hombre que vive en las nubes; el hombre que se complace en ideales y castillos imaginados, y que por esto niega la realidad. El hombre que en un momento dado puede ver lo inmediato, pierde la pista y se separa totalmente de la realidad perfecta.

 

Es el hombre que está entrando de forma tan ideal en un nuevo estado de vida que olvida y niega el camino situado entre la naturaleza dialéctica y la vida nueva. El habla del camino…sin cumplirlo. Cuando dicho hombre llega al acto, éste es realizado generalmente olvidándose de su prójimo. Felipe puede hablar de la vida nueva de manera muy interesante, puede mostrarles castillos en el aire como por encanto y es un artista, pero un artista del cual se dice que cultiva el arte por el arte como ocurre muchas veces en este mundo. Nos da impresiones de belleza pero no realiza esta belleza en su propio estado de vida..Por el contrario un artista es aquél que por la Gracia de Dios está orientado sin tregua hacia la felicidad eterna, hacia el Camino, la Verdad y la Vida. Felipe es el hombre que un momento dado, no sabe ya que hay un Camino, una Verdad y una Vida; que no sabe ya que hay un camino que recorrer y un comportamiento de vida que cumplir, está fuertemente sorprendido, disgustado de que las situaciones le rebasen, las cuales no llega a dominar; se irrita al ser confrontado con el abismo a sus pies. Por esto por defenderse a sí mismo, desembocará rápidamente en la negación.

 

Piensen en un árbol majestuosamente coronado por una cúpula frondosa. Extiende a lo lejos sus ramas y su gloria. ¿Cómo ha llegado a ser lo que es ? Gracias a la fuerza poderosa que estaba en potencia en la semilla. Entonces es justo decir que el árbol es la prueba directa de esta fuerza. Vamos a decir ahora: ¿Muéstranos la fuerza? No, no lo decimos porque sería una gran estupidez.

 

Hay una radiación‑Jesús, hay una energía, una fuerza del alma nueva. Muchos la poseen y nosotros podemos poseerla también. La fuerza de radiación gnóstica y el resplandor del alma pueden activarse en nosotros. El resplandor del Alma ha actuado a través de los siglos y ha realizado muchos milagros. Ha manifestado, por ejemplo, la Escuela Espiritual Moderna, esta Escuela ha avanzado en pocos años  de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia.

 

Diríamos ahora: «Muéstranos la Fuerza». No, lo decimos pues esto sería prueba de una insensibilidad y de una incomprensión imperdonables. Pero el hombre‑Felipe en la Escuela Espiritual Moderna negará la prueba, porque estando sin cesar en las nubes, busca la prueba en las nubes, en lo abstracto. Niega lo concreto, lo cercano, está aparentemente ciego. Así pierde su comprensión de las circunstancias y los indispensables progresos de las cosas, vive como un borracho que vive su santidad en su embriaguez y que se conduce incorrectamente en su comportamiento de vida escupiendo en la cara a su creador.

 

También nosotros les hablamos del nuevo campo de vida. Les confrontamos con la maravilla del misterio del espíritu, pero al mismo tiempo nos encontramos unos a otros en nuestra propia realidad. Nos decimos mutuamente: » Vamos juntos hacia el mismo objetivo, en la Fuerza que nos es ofrecida, en la Fuerza que nos es demostrada, en Jesús que se ha manifestado en nosotros».¡ Y por ello: venzan en ustedes tanto a Tomás como a Felipe. Abandonando, desde ahora la dualidad y los sueños en las nubes demuestren un comportamiento de vida nuevo y positivo. Actúen de forma destructora con respecto a sí mismo. Sigan los preceptos de una moral y una ética elevadas. Ejerciten así el Arte Real de la construcción poniendo los pies sólidamente sobre el Santo Tapiz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

Judas, el prototipo del humanitarista

 

 

Leemos en el extracto del Evangelio de Juan, versículos 16 al 20 del capítulo 14:

 

«En cuanto a mí, yo rogaré al Padre, y os dará al Consolador para que esté con vosotros eternamente; es el Espíritu de verdad, el cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le reconoce, pero vosotros le conoceréis porque morará con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros. Todavía un poco de tiempo, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.»

 

En el capítulo precedente hemos descrito dos problemas en lo que concierne al aprendizaje gnóstico, como nos presenta el Evangelio de Juan en las figuras de Tomás y Felipe. Examinemos ahora un tercer problema del hombre que encontramos en la práctica de este aprendizaje en la figura de Judas que poseemos en el capítulo 14 del Evangelio de Juan, cual inmenso tesoro de sabiduría gnóstica.

 

Se dice que éste no es el Judas Iscariote que traiciono a Jesús, sino el otro Judas del Evangelio. Es el prototipo del humanitarista extremado; es el hombre que quiere estrechar contra su corazón a la humanidad entera, el hombre que quiere demostrar a cada uno su amistad redentora y activa.

 

Este hombre, bajo aspectos de cualidades magníficas, crea un problema profundo desde el punto de vista gnóstico. Para comprenderlo debemos analizar el texto bíblico citado.

Jesús el Señor dice a la falange íntima de sus discípulos: «Yo no o dejaré huérfanos, volveré a vosotros dentro de poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros, sí me veréis: puesto que yo vivo, también vosotros viviréis».

 

Y entonces viene la pregunta: ¿Por qué tú te harás conocer a nosotros y no al mundo?

Ven ustedes aquí reside el problema. El hombre con el complejo humanitario quiere exceder a la Gnosis en su práctica de amor científica. Nosotros le hemos descrito sobre el hombre con alma dividida y sobre el hombre que vive en las nubes. Y aquí tienen ahora al salvador de los hombres, que se vuelve el destructor de los hombres y por ello su mayor enemigo y uno de los mayores factores que obran en contra del Santo Trabajo.

Vamos a tratar de explicarles de dónde procede este problema.

Si sacamos un pez del agua para dejarlo en la tierra, lo matamos porque el animal es alejado de su elemento de vida natural. Si usted coloca a un hombre en la esfera de vida de la Gnosis tiene que considerar antes sino lo ha sacado de su elemento vital natural.

¿Cómo saberlo? Determinando la señal que caracteriza a este hombre. Dicha señal debe responder a algunas condiciones.

 

1º Es necesario que la esfera de vida dialéctica se haya convertido para este hombre en una prisión asfixiante.

2º Es necesario que un elemento de búsqueda positivo y nuevo hable en él claramente.

3º Dicho hombre debe vivir ya espontáneamente «como si fuera de una nueva naturaleza» según leyes nuevas. El debe hacer tentativas quizás aún ridículas, por recorrer un camino nuevo.

 

Si esta señal está ausente, dicho hombre no es apto para el campo gnóstico, o por lo menos no es apto todavía. El que no hace caso de estas reglas, causa siempre un gran daño al hombre que no posee la señal.

Imaginen por un momento que su intervención haga entrar demasiado pronto a cierta persona en la Escuela Espiritual. Es casi seguro que no puede mantenerse en ella, que entra en conflicto con la Escuela y que debe ser alejada del campo de trabajo. Partiendo a menudo con gran odio. La consecuencia es que por su indudable experiencia amarga, se perderá para siempre el órgano de búsqueda normal de este hombre, y a causa de esta experiencia no querrá entrar más en la Escuela. Con otras, el alumno que actúa así con dichas consecuencias, ha matado un alma.

 

Ahora debemos decir que más  de un trabajador de la escuela, empujado por su complejo humanitario y con las mejores intenciones, es culpable de más de un crimen del alma de este género. Es así de sencillo como lo dice Juan en el capítulo 14:

«El que me ama cumple mi palabra, y mi Padre le amará y nosotros vendremos hacia el y haremos morada en él. El que no me ama tampoco cumple mis mandamientos.»

…..con todas las consecuencias resultantes.

Por ello debemos respetar éstas en interés de las almas. Muchos trabajadores con este complejo humanitario se vuelven víctimas de compasión para con el sufrimiento humano. No queremos arrebatarle esta compasión y no intentaremos nunca endurecer su corazón. Al contarlo a los hombres, los que despiertan su compasión. Muestre siempre la grandeza de su corazón. No hace más que honrarle. Pero no trate de ayudar por compasión, haciendo entrar en la Escuela Espiritual, a los que no están todavía maduros para ello.

 

Todo hombre dialéctico sufre grandes penas, es la característica del orden de naturaleza en que vivimos. Y por este sufrimiento y la experiencia que la acompaña maduran las almas a tal punto que empiezan a mostrar la triple característica definida anteriormente.

 

Cuando no posee esta característica, deje entonces tranquila al alma natural en su elemento…hasta que se le vuelva insoportable e intente salir de ella. Hasta este momento conténtese con ayudarle en el plano dialéctico.

Dé de comer a los que tienen hambre, y de beber a los que tienen sed, vistan a los que tienen frío y por el resto no hable de la Única Salvación cuando no se interesan en ello, y no fuercen dicho interés.

 

Hemos creído nuestro deber dar estas advertencias, para que comprendan que la Escuela es la que prepara el camino, en primer lugar para sus alumnos, pero además para conducir a la Gnosis a los buscadores y perdidos.

Por ello el alumno puede ayudar a la Escuela en esta tarea con mucho gusto. Pero debe hacerlo con gran prudencia y por ello advertimos: ¡ cuidado con no dañar las almas!

 

 

 

VII

 

 

La luz de la Gnosis que descubre y desenmascara

 

 

Leemos ahora los ocho primeros versículos del capítulo 15 del Evangelio de Juan:

 

«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador, todo sarmiento en mí que no da fruto lo corta y todo el que da fruto lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros, lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí como yo en él ése da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera como el sarmiento y se seca, luego lo recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis, y lo conseguiréis, la gloria de mi Padre está en que me deis mucho fruto y así seréis mis discípulos.»

 

Si estas palabras encuentran eco en usted, entonces comprenderá que se refieren aquí a la Ley del Amor Divino, que reglamenta las relaciones entre la Gnosis y el hombre que busca a la luz Liberadora. Si, en tanto que alumnos de la Escuela Espiritual moderna, usted quiere avivar realmente su unión con el Cuerpo magnético de la Renovación, si, con seriedad, se comporta con arreglo a esta unión llena de gracia, usted sin excepción, son los sarmientos fructíferos. Y esto quiere decir que el proceso de la Renovación se ha emprendido y avanza paso a paso.

 

Ninguno de nosotros necesita preguntar más: «¿Soy capaz?». Y ninguno de nosotros necesita culparse con la conocida palabra: «¿Quién soy?» ya que el que vive en esta unión seriamente en virtud de sus posibilidades, por modestas que sean, en él se demostrarán las fuerzas de Luz portadoras de fruto. Una simple rendija horadada entre el postigo del tragaluz que guarda en tinieblas el espacio subterráneo, por pequeña que sea, es suficiente para que la luz se infiltre en la profundidad de la oscuridad.

Pero preguntará, cuando la luz penetre en las tinieblas de la bóveda, no aparecerá al día todo lo que estaba escondido en la sombra? ¿La luz no descubrirá la densa capa de polvo y las telas de araña, la ruina sin esperanza del estado humano?

La respuesta a esta cuestión se encuentra en el versículo antes citado: «Todo sarmiento que da fruto lo limpia para que dé más fruto».

La Luz descubridora de la Gnosis no se limita a desenmascarar despiadadamente, sino que también y ante todo nos ayuda con todo su amor y nos purifica absolutamente. La Luz gnóstica no es sólo un reflejo como el que emite una lámpara, sino que al mismo tiempo es una energía de luz que lleva a cabo algo concreto en nuestro sistema de la personalidad.

Y nadie necesita preguntar: ¿Esta Luz salvadora no me va ha destronar? Ya que si nos dirigimos seriamente hacia la Gnosis, es decir, si aspiramos con todo anhelo a la Gnosis, la Luz gnóstica obra siempre de manera curativa, ayudadora y propulsiva. esta es una Ley de amor inmutable y universal. La Luz no nos abandona nunca si nosotros no la abandonamos.

Pero hay aún más, y también esto debe brillar ante usted, como un Sol: «Vosotros estáis ya limpios por la Palabra que os he anunciado».

La Escuela Espiritual Gnóstica le habla en su centros de la Luz, y mientras que usted escucha y así está concentrado orgánicamente en la Luz de la Gnosis…mientras abre su alma a lo que le quiere tocar, la unión se intensifica cada vez más y el proceso de purificación, el proceso de curación puede realizarse más intensamente que nunca, con la gracia crística.

Nosotros, hombres espacio‑tiempo, medimos todo en función del tiempo y la distancia. Por esto para nosotros hay una distancia infinita y un espacio‑tiempo ilimitado entre el presente y el objetivo, a causa de nuestra conciencia dialéctica. Ahora bien para la Luz eterna de la Gnosis, el toque es una unión perfecta, y esta unión es una purificación absoluta.

Ustedes están ya purificados cuando se unen con la Gnosis. Perciben todo cuando se entregan a Ella. y entonces se hace valer un resultado en el estado de su personalidad dialéctica, el cual se manifiesta en una serie de acontecimientos en el transcurso de   la lenta marcha de los tiempos.

Por esto pudo Jesús decir al ladrón. «En verdad, tú estarás hoy conmigo en el Paraíso».

En la Escuela Espiritual nos hemos vuelto …. por la palabra de la alianza Gnóstica que fue sellada en nosotros. A partir de entonces, el que permanece en la Luz, el que ya no permitirá que una escisión se produzca en su unión con la Gnosis, descubrirá que la Luz permanece eternamente en él.

Y todo lo que ansíe teniendo esto como base le será dado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

 

Este es mi mandamiento: amaros los unos a los otros

 

 

Leemos en el Evangelio de Juan capítulo 15, los versículos 9 al 17:

 

«Como el Padre me amo, yo también os he amado a vosotros. Permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos del Padre, y permanezco en su amor.

Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es mí mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.

Nadie tiene mayor amor que el da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo más siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído de mi padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado a que vayáis y deis fruto que permanezca de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. lo que os mando es que os amáis los unos a los otros. Más que nunca hasta ahora tomamos conciencia del amor Divino tan excepcional que nos ha tocado en la Escuela de los Misterios Moderna, y de la sobrehumana radiación de amor que nos quiere liberar de la noche del orden mundial espacio‑tiempo.

Quizás se ha preguntado usted, después de haber sido confrontado muchas veces con la escuela: ¿por dónde debo empezar ahora que veo ante mí la enorme tarea del Camino? La respuesta es: «Este es mi mandamiento : Amaros los unos a los otros». Esta es la primera condición esencial de su estado de alumno. Usted podría conocer todo, querer todo, y hacer todo, pero si no tiene el amor, no es ni tiene nada.

Insistimos intencionadamente sobre el Amor que es la Gnosis, el Espíritu. Este Amor no tiene nada en común con la ola de sentimentalismo y de emociones dialéctica conocida por todos nosotros. Pues este Amor, en razón de nuestro estado natural no está en nosotros ni con nosotros, como mucho está junto a nosotros.

No tiene sentido reprocharnos mutuamente la falta de amor; no tiene sentido poetizar y escribir de manera romántica sobre este amor. Pues el Amor Verdadero nos coloca ante la realidad fría y desnuda, la realidad de nuestro estado natural dialéctico ordinario y nos sitúa así cara a la exigencia práctica de la vida.

He aquí, pues, por donde hay que empezar: con la realización de una condición elemental de vida, y en esto no hay nada romántico. ya que el amor de Dios, cuando nos acercamos a El y aceptamos sus exigencias, es como la espada de los mitos y leyendas. esta espada nos hiere y penetra hasta nuestra sangre.

«Este es mi mandamiento: amaros los unos a los otros».

«Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor» «Nadie tiene mayor amor que el da su vida por sus amigos».

Cientos de personas se reúnen en la Escuela Espiritual Moderna. Vienen de todas las partes de la vida dialéctica, nacidas de la naturaleza, llenas de egocentricidad y empujadas por naturaleza a odiar a Dios y los hombres. Todos ellos se reúnen juntos en un grupo.

Un fuego de llamas caracteriza esta unidad. El juego de llamas de sentimiento , de amor o de odio según la naturaleza, de simpatías y antipatías, de pro y contra. Es un juego de llamas…pero nunca el Fuego de Pentecostés.

Se puede decir a lo más, que nosotros nos juntamos y nos mantenemos unidos por una aspiración común de búsqueda y por el toque mágico procedente del Cuerpo magnético de la Escuela.

Ahora que nosotros, hombres y mujeres somos confrontados con este Cuerpo Vivo, se nos dice: » Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros».

¿Qué significa esto?

Esto significa que nosotros, en primer lugar, tenemos que apagar el juego de llamas del fuego satánico que arde en nosotros y que nos empuja los unos contra los otros. De la ceniza de este fuego apagado, de este no‑ser, puede desarrollarse entonces el Amor que es de la Gnosis.

Quien en sí esta brasa del fuego impuro puede entregarse a sus amigos, ocupados aún en realizar este trabajo de extinción. ¿Cómo se debe demostrar este servicio fraternal? Ni con sentimentalismo, ni con el relumbrón de la apariencia, sino con la negación de sí mismo, con la entrega del yo en serviciabilidad absoluta, subestimando totalmente el dolor, la ignominia y la calumnia que esta serviciabilidad engendra.

En efecto, apagar el fuego satánico del yo de otros causa heridas, aporta sufrimientos a su vida. Quién persevera y lleva a cabo este trabajo es un verdadero hermano, una verdadera hermana, llenos de amor en sentido gnóstico.

«Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando» así dijo Jesús el Señor. Forjemos juntos esta cadena de hermanos y hermanas, a fin de que El Amor de Dios, que sobrepasa toda comprensión llegue a nosotros y permanezca en nosotros.

Ofrecemos este sacrificio del servicio a los hombres a cada uno, no agachando la cabeza y pensando: ¡Oh que horrible! sino sintiéndose penetrado por una alegría profunda, ya que estas cosas nos dice la Gnosis para que como dice Jesús el Señor: «que mi alegría esté con vosotros y que vuestra alegría sea perfecta».

 

Es extremadamente importante que comprendamos el sentido profundo de la palabra «alegría» tal como se emplea en el Evangelio de Juan. En la Gnosis, la alegría es un estado de ser; es el estado de ser de la Vida Nueva, la cual penetra con un verdadero estado de alegría a quien entra en ella.

En nuestra naturaleza conocemos una alegría que nunca puede ser estática. Nuestra alegría hace relevo continuo con la tristeza, con la depresión y la indiferencia, con toda clase de situaciones que despiertan lo contrario de ella. Por esto nuestra alegría es como mucho un estado sentimental pasajero que casi nunca corresponde con la realidad, y que por ello puede ser una falsa alegría que puede convertirse en tragedia.

No obstante, en la Gnosis hay un estado de ser que es verdadera alegría. Un nuevo estado de ser que irradia de cada célula y que está unida por completo a todo el sistema.

Es una alegría indestructible que no nos abandona ni en transcurso de experiencias tal vez fuertemente dolorosas.

Tiene que ser una experiencia triste para los Liberados en la Luz, el ver a buscadores errar en la noche y llegar a un comportamiento de vida profundamente reprochable. Sin embargo la alegría de estos grandes es perturbada por ello. Este estado de alegría es para nosotros una realidad existencial desconocida. Pero no es presentado. Entrará en este estado, quien recorra el Camino y cumpla sus condiciones.¡Este estado estará en él y se cumplirá en él!

 

 

 

IX

 

Bañemos en la Luz de la Sabiduría

 

 

 

Puede usted leer en el Evangelio de Juan, capítulo 1.. los versículos 5 al 11:

 

«Pero ahora me voy al que me ha enviado y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? sino que vuestros corazones se han llenado de tristeza por haberos dicho esto. Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy no vendrá a vosotros el Consolador; pero si me voy, os lo enviaré; y cuando él venga convencerá al mundo en lo referente al pecado, a la justicia y al juicio, en lo referente al pecado porque no creen en mí, en lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el príncipe de este mundo está condenado».

 

Comencemos por traducir estas palabras en nuestro lenguaje actual, para que ninguno de nosotros piense que se trata de un asunto histórico entre Jesús el Señor histórico y sus discípulos.

La verdad, la realidad de la Escuela Espiritual Gnóstica es que después de su aparición desaparecerá.

Después de la instalación y del anclamiento de la Escuela Gnóstica en el tiempo, después de su manifestación en el campo de vida del séptimo plano cósmico ‑campo de vida lleno de engaños, y apenas ‑ la Escuela con su Cuerpo Entero debe ponerse en movimiento hacia el campo de vida del Alma, el sexto plano cósmico. Si fuera así la Escuela no tendría razón de ser ni finalidad en el ser del tiempo. Por esto la Escuela, en cuanto es fundada y preparada para su misión, empieza con su tarea: Marcharse de aquí.

Es una tarea que el hombre dialéctico la mayoría de la veces no puede comprender, y que le llena de tristeza.

 

Pero comprenda que con la separación de este lugar de muerte, se engendra una corriente que le ayuda a salir de aquí. Y a través de la actividad de esta corriente ascendente, serán numerosos los que no deberán despedirse de los que se van, puesto que de esta forma crearán un lazo con ella y se irán con ella también. la Escuela, preparada para su tarea, cierra sus Puertas y no las abre de nuevo si no es bajo ciertas condiciones. Doce: prepárense, pues nos vamos. La Escuela parte hacia la nueva morada de las Almas. Ella se separa de la oscura y dura tierra.

 

Para ello se necesita Fuerza. Cuando esta Fuerza es puesta en acción, aplicada y utilizada, cuando se siente el movimiento, nace al mismo tiempo una corriente que nos atrae impulsa y ayuda.

Y como resultado, aparece una radiación totalmente desconocida por el mundo hasta entonces. Un factor estimulante completamente nuevo paras las almas buscadoras; serán para ellas una ayuda insospechada. Y así, entendemos la Palabra: «porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Consolador».

El Paráclito, la radiación de ayuda, sólo puede desarrollarse cuando la Escuela celebra su despedida del mundo.

¿Entiende usted uno de los objetivos más importantes del trabajo gnóstico?

La despedida de la Escuela del mundo tiene el propósito de poner en movimiento la corriente que debe estimular al mundo. Por esto aparece en la traducción de la Biblia de forma tan bella la palabra: «Os conviene que yo me vaya». Es saludable y curativo para ustedes.

Quizás se haya preguntado alguna vez si el despliegue momentáneo que se lleva a cabo en la Escuela Espiritual concuerda con el resultado.¡ Cuánta energía es utilizada para un efecto benéfico debe ser y será suficiente cuando la Escuela se entrega a su Objetivo. Nosotros, el Grupo actual, formamos el combustible energético, formamos la posibilidad que la Escuela necesita para marcharse. Si decidimos poner todo en juego para elevarnos a la Vida Nueva, y vuestro cohete despega así del suelo, la radiación auxiliadora en ese instante se convierte en realidad.

La corriente engendrada, arrastrará a gran número de entidades y las hará entrar en el Nuevo Reino. Y esta corriente, esta ayuda abrirá los ojos del mundo, mostrándole su pecado y la justicia y el juicio para su vergüenza. Y el mundo caerá asombrado como numerosas almas se liberan para elevarse a un destino superior. Esta corriente auxiliadora será tan fundamental que ningún adversario prevaldrá contra ella. La historia del Gnosticismo da fe de que la Corriente auxiliadora que siguió a la separación del núcleo gnóstico, pudo arrastrar a miles de almas con ella.

He aquí expuesta ante nosotros, bajo una luz radiante, el significado del evangelio sagrado de Juan.

¡Bañémonos en esta Luz de la Sabiduría!

Que ella nos afirma y consuele.¡Podamos cumplir nuestra misión en esta Luz, en esta Fuerza y en este Consuelo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

X

 

 

Los siete escalones del nuevo devenir del Alma

 

 

Queremos comentar ahora sobre los últimos versículos del capítulo 16 del Evangelio de Juan, los versículos 12 al 15:

 

«Mucho podría deciros aún, pero ahora no podéis cargar con todo. Pero cuando el Consolador venga, el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.

El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo comunicará a vosotros, todo lo que tiene el Padre es mío, por esto he dicho: Recibirá de lo mío y os lo comunicará a vosotros».

Nosotros les hemos dicho como se forma el Paráclito o auxiliador, la corriente auxiliadora y portadora del Cielo‑Tierra que parte. Usted puede percibir que este Paráclito existe desde hace mucho tiempo, puesto que todas las Fraternidades precedentes han dado nacimiento a tal Corriente y cada una de ellas ha reforzado y vivificado esta Corriente  con su aportación rendida. Lo mismo ocurre en el presente. la Fraternidad existente en el presente se une al tipo racial humano actual y a su estado de conciencia. Es así como, primero, la grandiosa Corriente auxiliadora del pasado se une a la humanidad actual y, segundo de esta forma, por la despedida del mundo de la nueva Fraternidad, el Paráclito es dinamizado, vivificado y se vuelve activo de nuevo.

Sin esta revivificación, el auxiliador del comienzo solo podrá ser encontrado ni entendido por los grupos de buscadores del tiempo presente. así comprenderemos que si nosotros continuamos con nuestro trabajo sacrificándonos y entregándonos totalmente, el Espíritu de la Verdad se elevará y se hará valer cada vez más claramente en el mundo.

Una enorme Corriente de la Verdad, de la Revelación de los acontecimientos venideros, se manifestará en el mundo.

Todos los países y pueblos serán conmovidos por esta Verdad como por un diluvio, tal como se empieza ya a percibir. El mundo y la humanidad son obligados, por así decir, a sobrepasar sus propios límites y su mirada se dirige a acontecimientos intercósmicos, a su relación con la manifestación universal, para que todos sepan que la humanidad debe ser un instrumento condescendiente en magnífico plan de salvación divino. El Espíritu de la Verdad, no hablará por él mismo, lo que quiere decir que no se manifestará como una entidad central, como una divinidad, pues todos nosotros sabemos lo que ocurriría en este caso, Millones de hombres caerían de rodillas, en adoración enmudecida, otros le renegarían. Una violenta lucha estallaría en y en contra; y los eones naturales de nuestro séptimo plano cósmico abusarían de cada situación en virtud de su naturaleza.

No, la Verdad conmoverá ahora al universo bajo forma de misterio. ahora aquí y después allá. Ahora como un murmullo silencioso, ahora como una tempestad. En un momento hablará de cosas casi incomprensibles e insospechadas, para testimoniar a continuación de manera absolutamente clara; todos serán tocados, tanto grandes como pequeños, los sabios de este mundo como los hombres sencillos.

Así se despertará un «Goodwill», una buena voluntad intencional, a favor de la Gnosis. todos los verdaderos buscadores, los que aspiran profundamente a la Verdad, serán conducidos a los focos de la Nueva Fraternidad que parte, a fin de ser arrastrados en su corriente de gracia. Esto es el aspecto general de esta prodigiosa magnificencia. Hay otra, otro aspecto muy particular, del que debe usted tomar conocimiento. Cuando usted sube por los siete peldaños del nuevo devenir del alma, es evidente que participa intensamente en el Espíritu de la Verdad el cual le dará a conocer toda la Verdad que puede serle revelada, anunciará todos los acontecimientos venideros.

Sí, incluso si acaba usted de penetrar en este momento el primer escalón del nuevo devenir del alma, el Espíritu de la Verdad posee ya una base en su sangre que le permite manifestarse ahora en usted.

Esta es la razón por la cual cuando en la Escuela se habla de nuevo de la vida redentora, muchos de nosotros aceptan y experimentan directamente estas cosas como Verdad porque el Espíritu de la Verdad habla y se manifiesta ya en su sangre.

Así pueden saber todos con claridad lo que ocurrirá en ellos de forma cada vez más rápida en un futuro muy próximo. La Verdad, la Fuerza de la Sabiduría eterna del mundo del estado del Alma‑viva, crecerá en usted en la medida que suba los siete escalones del Devenir del Alma.

Esta Verdad le unirá de manera indisoluble con la Salvación eterna de la Gnosis Universal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XI

 

La Oración Sacerdotal(I)

El que conoce la Luz

va de magnificencia en Magnificencia

 

Atraemos su atención sobre las palabras del capítulo 17 del Evangelio de Juan, conocido como la Oración Sacerdotal Suprema. habrá leído este lenguaje supremo y sublime y comprendido quizás su mágica influencia. Sin embargo, percibirá también la importancia y la necesidad de comprender el contenido de esta oración, a la luz de la enseñanza de la Escuela Espiritual moderna.

 

Le hemos hablado ya de la importancia que los gnósticos de nuestro tiempo dieron y dan aún al Evangelio de Juan. Todos nosotros sabemos que es una fuente de grandes tesoros imperecederos y cuyo valor es inmutable. Analicemos para empezar, los tres primeros versículos del capítulo 17:

«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, ya que le has dado poder sobre toda carne, para que dé también vida terna a todos lo que tú le has dado. Esta es la vida eterna: que reconozcan en ti el único Dios Verdadero y tu enviado Jesucristo».

Usted sabe que estas palabras fueron pronunciadas al poco del arresto de Jesús. Desligada de los sentimientos deseados propagados y cultivados intencionadamente por el mundo religioso‑natural, esta Oración Sacerdotal Suprema jubilosa expresa la alegría de una tarea cumplida. Pues la expresión «la hora ha llegado» no designa la hora del martirio que empieza, el comienzo de un calvario, sino la hora de la coronación de un camino de cruz y de rosas.

Usted puede ver este camino de cruz y rosas con la senda que usted mismo debe recorrer; pero usted debe considerarlo también como el camino que hemos de recorrer en la Gnosis emprende un camino, cumple un proceso, afín de poder servir a todos los que quieren servirla. Y a esto se refiere la Oración Sacerdotal Suprema.

Pues ese himno de alabanza no se refiere a cierta personalidad aparecida en la historia a tal cual fecha, sino al hecho y gracias a Dios, al triunfo conseguido por la Gnosis, tantas veces repetido en la historia.

Si nosotros le recordamos este sublime canto de alegría, no es para conmemorar un hecho ocurrido hace ya casi 2000 años, sino la coronación del desarrollo de un trabajo gnóstico actual realizado en nuestro siglo, para nuestra época, para todos los elegidos por la Gnosis. Por esto ha llegado la hora de la glorificación del Hijo a fin de que el Hijo glorifique al Padre.

Considere aquí exclusivamente al Hijo como la Luz radiante del primer Misterio. El Hijo es la Luz, el Fuego gnóstico que ahora parte del Rayo fundamental para dirigirse hacia la humanidad en nuestra época. Y la glorificación de esta Luz indica que ella ha alcanzado su propósito; que un resultado se demostrará y guardará su cosecha en los graneros.

La glorificación no significa una muerte sombría después de sufrimientos indecibles, sino que expresa el nacimiento de un rayo gnóstico y la realización de su tarea grandiosa, la cual demostrará ahora sus resultados sumamente maravillosos. Le hemos querido colocar ante esto: la glorificación del Hijo Gnóstico que ha llegado ahora, la Luz que ha cumplido ahora su obra coronándola con un resplandor triunfal.

¿Cuáles son las señales del triunfo? Se trata del hecho glorioso de que una Luz gnóstica, un poder divino » que no es de este mundo», ha obtenido poder sobre «la carne», esto quiere decir sobre los hombres nacidos de la naturaleza que yerran en las tinieblas, los cuales han realizado una unión de manera definitiva con la Luz que se la puede considerar «eterna».

El que está unido con el Hijo, con la Luz del primer Misterio ha alcanzado la eternidad.

¿Qué es la Vida eterna?

«Que te conozcan a ti, la única y verdadera Gnosis».

Deben entender la palabra «conocer» aquí Sinónimo de «estar unidos». así pues, quien conoce la Luz avanza de magnificencia en magnificencia y de fuerza en fuerza.

¿Vamos acordar nosotros también de vivir de hoy y en adelante de la conciencia que nos da esta unión?

¡Penetrados por la Luz, alcanzamos la Eternidad que se eleva por encima del tiempo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XII

 

El nombre de la Gnosis Manifestada

 

La Oración Sacerdotal Suprema (2)

 

 

Leemos los versículos 4 al 8 de la Oración sacerdotal: «Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar, y ahora Padre, glorifícame Tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes de que el mundo fuese. He manifestado Tu nombre a los que me has dado, sacándoles del mundo. Tuyos eran y Tú me lo has dado, y han guardado Tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de Ti. Porque yo les he comunicado lo que Tú me comunicaste, ellos han aceptado verdaderamente que vengo de Ti, y han creído que Tú me has enviado».

Como acabamos de decirle, La Oración Sacerdotal es un canto de alegría que celebra un trabajo gnóstico extremadamente importante. La Escuela ha orientado su conciencia desde ya hace muchos años hacia la cadena universal de la Fraternidad Gnóstica. Un nuevo eslabón debe ser aportado siempre a esta cadena. Y la iniciativa para forjar todo nuevo eslabón debe venir en primer lugar del anterior eslabón de la cadena, y a continuación, de algunas entidades aptas para ellos que yerran en las tinieblas de la dialéctica.

Resumamos en algunas palabras dicho proceso: En el transcurso de la historia mundial de la dialéctica fue fundado siempre un nuevo Reino Gnóstico en el mundo. La Radiación fundamental vivificadora siempre vino » de lo alto», es decir del campo magnético del reino gnóstico precedente. Si tal trabajo tiene éxito, apareciendo como resultado una fuerte reacción ‑no reacción descontrolada de aquellos más o menos sensibles, sino una reacción organizada, una  fusión ordenada de buscadores sensibles y de los que escuchan y tienen buena voluntad‑, así pues, cuando esta unión es establecida y el núcleo para el nuevo Reino Gnóstico está formado, la Fraternidad precedente puede seguir su iniciativa personal y elevarse hacia la senda de la libertad en un nivel superior.

Imagínese que un grupo de entidades entra en perfección en el nuevo estado de vida. todos ustedes saben que el Amor es la semilla de todo nuevo devenir, y por ello el corazón de la comunidad de los liberados, mira, lleno de misericordia hacia los que se han quedado atrás aún prisioneros. Esta radiación de Amor; Llena de Compasión; No es sólo exaltación espontánea. No, es enviada conscientemente de forma organizada. Pero, el hecho de emitirla, crea consecuencias para todos los que colaboran en ella. En efecto cuando estando en libertad usted es arrebatado por la compasión hacia los que están prisioneros todavía frena usted su proceso. ya que la comprensión es un lazo que le liga a los prisioneros. Usted quiere sacarles de sus celdas por el dinamismo de su compasión, y cuando los prisioneros reaccionan tendiendo los brazos‑ le retienen fuertemente.

Así, comprenda usted que en tanto que «liberado» tiene que llevar un pesado fardo y tiene que llevar a cabo un sacrificio indecible.

Y entonces una alegría sin medida le arrebata cuando se da cuenta: «mi tarea se ha cumplido; los prisioneros están liberados, mi sacrificio no fue en vano; por mi sacrificio los prisioneros fueron rescatados».

Pues la liberación de los prisioneros significa que este eslabón puede seguir su camino ascendente y que pueden y deben utilizar la libertad ya obtenida. Los prisioneros liberados se hacen cargo de su misión en el momento previsto.

Ahora comprenderá los versículos de la Oración Sacerdotal Suprema citados anteriormente. En el círculo fraternal precedente están llenos de regocijo después del sacrificio realizado: «yo te he glorificado en la tierra y he acabado la obra para los que Tú me has dado. Y ahora Padre, glorifícame en Ti con la gloria que me espera, en virtud de mi libertad». Hemos revelado a los hombres prisioneros en nombre de la Gnosis: ellos han conservado la palabra, la han aceptado y han reconocido su verdad. Ellos han creído. Entienda así el enorme significado del hecho de la vivificación actual del nuevo Reino gnóstico.

El que cree, y recorre realmente el Camino, libera a su propio microcosmos y ayuda a sus co‑prisioneros. Pero ¡Oh alegría!, liberamos también en un nivel superior, a los que se entregaron por nosotros en sacrificio inmenso para posibilitar nuestra salvación.

Todo este devenir, este proceso, está en relación con la práctica de la Palabra: «La Gnosis ha amado tanto al mundo que ha enviado a su propio Hijo para nuestra redención».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIII

 

Insensible al mal

La Oración Sacerdotal (III)

 

 

Atraemos su atención sobre los versículos 9 al 14 del capítulo 17 del Evangelio de Juan:

«Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; más estos están en el mundo, y yo voy a ti, Padre Santo; a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.

Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre, a los que me diste, los guardé y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la escritura se cumpliese.

Pero ahora voy a ti, y habló esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.

Yo les he dado tu palabra y el mundo los aborreció, porque no son del mundo como tampoco yo soy del mundo.»

 

Después de todo lo que le pudimos comunicar del canto de alegría de la Fraternidad Gnóstica precedente, usted no tendrá ninguna dificultad en comprender el trozo citado de la oración sacerdotal suprema.

La Gnosis no invoca ninguna fuerza de ayuda para el mundo o para un orden dialéctico y tampoco para la que colaboran totalmente en dicho orden. No, todos los eslabones en la Cadena Universal de la Fraternidad envían su ayuda al nuevo eslabón forjado. Y a pesar de que la joven unidad de grupo que se acaba de formar está todavía en el mundo, pertenece ya a la cadena gnóstica.

 

Las Fraternidades precedentes, que realizaron el gran sacrificio de amor por nosotros se han unido con nosotros y, por esta unión del gran auxiliador, nos hemos vuelto uno con todos los liberados de la Luz. De aquí viene la alegría de los grandes enviados: «Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío y yo he sido glorificado en ellos».

 

Ahora que la Fraternidad precedente ha llevado a cabo su sacrificio, y ve su esfuerzo coronado con éxito, una nueva fase comienza.

La Joven Unidad de grupo, unida a la Cadena Universal ha aprendido como debe dividir y liberar la Fuerza atómica gnóstica. Ahora debe demostrar que es capaz de volar son sus propias alas. Esto engendra evidentemente algunas situaciones más o menos críticas. Por esto, una llamada recorre toda la Cadena, todas Fraternidades: «Estemos despiertos».

La Fraternidad precedente se retira del trabajo para el mundo, dejando sola a la Joven Fraternidad. De aquí las palabras: «Padre Santo, Santa Fuerza del Padre, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno».

Comprenden, se trata de esto de que sean «uno» dicho de otra manera que formen juntos una unidad. El momento ha llegado en que la joven Escuela Gnóstica debe demostrar su fuerza de existencia, demostrar sus posibilidades, subrayar su nacimiento con hechos. Y el núcleo de este conjunto de pruebas por dar es la unidad de grupo. Como nuevo factor de vida práctico. El coro jubiloso de los Auxiliadores prosigue: «Cuando estaba con ellos en el mundo yo los guardaba en tu nombre, a los que me diste, yo los guarde y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición». Pero ahora la Joven Fraternidad ha alcanzado la edad adulta; se pasa una página del libro y unas manos nuevas deben llenar la página blanca con caracteres nuevos. Todos somos llamados para esta tarea. Y todos somos capaces de contribuir en ella, ya que el hijo de la perdición ha sido expulsado.

 

¿Quién o qué es el hijo de la perdición?

Este hijo personifica el dominio de la naturaleza y sus eones que quieren sumergir todo trabajo gnóstico que comienza en una multiplicidad de ideas, en una bella apariencia sin contenido. sí, fuerzas que quieren disolver el trabajo de una obra al servicio del mundo. ¡Pues bien! este hijo, esta fuerza que bajo una multitud de formas ataca a todo trabajo joven ha sido aniquilada totalmente y no puede ejercer ya ninguna influencia en la esencia de nuestra obra. Su aniquilamiento en este sentido es cosa absolutamente imposible.

Esta situación tan regocijante se expresa claramente en la Oración sacerdotal: Yo hablo esto en el mundo para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Así nos ha sido dada la palabra. así ha sido reforzada la palabra en nosotros. así el nuevo eslabón está en la cadena en calidad de participar en las posibilidades de liberación desarrolladas totalmente.

 

Leemos a continuación en la Oración sacerdotal: » Yo no te ruego que les apartes del mundo, sino que los liberes de mal».

Si hay alumnos de la Escuela Espiritual moderna que suponen que avance en el Camino implica una retirada total del orden mundial dialéctico, unido al mismo tiempo con » dulce farniente» en el nuevo Campo de Vida, estos se engañan enormemente.

 

Tomar parte en el nuevo campo de Vida no significa, para el nuevo eslabón forjado de la Cadena Universal, abandonar este mundo. Sino que «estar en el mundo sin ser del mundo» hasta que se haya realizado por completo el Grande y Santo trabajo de salvación.

 

Lo que la Joven Fraternidad nueva puede esperar legítimamente » es ser salvaguardado del mal». El universo entero está poblado de un número incalculable de dioses; queremos decir con esto que  hay entidades y grupos de entidades que envían al mundo las radiaciones ideo‑motoras de una calidad muy inferior. Tales radiaciones no provienen de la Radiación fundamental, sino que están constituidas del éter reflector o de gas de hidrógeno. La Fuerza ideo‑motora verdadera y divina es la radiación fundamental. Usted conoce ya el proceso: la Radiación fundamental engendra la radiación astral en tanto que «medio de alimentación del alma». este alimento se manifiesta en los cuatro éteres santos. La materia‑pensamiento o la fuerza pensamiento pertenece a estos cuatro éteres santos.

Ahora bien hay numerosas fuerzas que intentan influenciar a su alma a través del yo del hombre o de conciencia, subyugándola con ideas. hay también impulsos que perturban su vida sentimental, la de su voluntad y la de sus actos.

Por consiguiente, el maligno, es decir el no‑gnóstico, emplea cuatro caminos para intentar influirles. De esta forma el alma es unida al ego mismo, y el yo ordinario se vuelve el factor dominante en su vida.

Esta noción de «el mal» hay que comprenderla tal como se utiliza en la Oración sacerdotal, en tanto que «no gnóstico».

Pues todo lo que es de la naturaleza dialéctica es perecedero, y así en relación con la nueva naturaleza, absolutamente malo y nefasto. Está claro, así que innumerables de los buscadores sinceros, son víctimas de radiaciones ideo‑motoras que entran en el alma y la subyugan de la manera descrita. El alma es dañada así muy gravemente y este estado de alma es responsable de las ansias a veces tan bestiales hacia las que el alma es empujada. La Fraternidad precedente, llena de alegría, constata que, a pesar de que la Joven Fraternidad debe permanecer en el mundo durante mucho tiempo, aún es insensible sin embargo » al malo», es decir a influencias funestas. ¿Cómo es posible esto? Se preguntará.

La solución de este aparente enigma es muy sencillo: Cuando el buscador ha alcanzado el límite en el plano horizontal y puede escapar a las multiplicidad de ideas, la verdadera fuerza ideo‑motora divina se acerca y le toca, si tiene aún fuerza para ello, pero no por una de las cuatro vías del ego, sino en la rosa del corazón, y penetra directamente hasta el centro del alma. la Gnosis va hacia el alma siempre por el camino de la negación del yo humano. Para que el alma libre del yo, se despierte a la otra vida nueva, y como resultado de esta nueva alma se puede hablar también de un hombre nuevo.

No vamos a discutir aquí si las almas manchadas y desnaturalizadas de los hombres tienen derecho a este don de gracia, En la Gnosis reina la Ley del Ley del amor Universal, y esta ley no habla de «derecho», sino de «posibilidad». Por consiguiente, la cuestión que se plantea en un momento dado es está ¿Existe alguna posibilidad de tocar tal o cual alma? Si hay posibilidad, la ayuda es concedida. El hombre ordinario, con sus ideas de derecho no entiende esto y habla de «gracia» como usted sabe.

Quizás es posible percibir ahora en todo su amplitud las consecuencias de esta aproximación gnóstica a la rosa del corazón. La nueva alma se eleva y gracias a ella un cuádruple poder aparece.

Y, en un momento dado se puede hablar de un nuevo yo, al igual que hay una nueva alma.

El nuevo yo y sus cuatro poderes cambian las estructuras de los órganos del pensamiento, de la voluntad, de los sentimientos y de las actividades. Este cambio desarrolla una insensibilidad total a las fuerzas de ideación de la naturaleza ordinaria. El candidato que en este desarrollo franquea el límite, que alcanza un criterio en ese mismo instante se vuelve insensible «al mal».

Entonces se realiza la grande maravillosa y divina realidad: estar en el mundo, pero no ser del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIV

 

Santifíquese para todos los que aún buscan

 

Oración Sacerdotal Suprema (4)

 

Leemos  los versículos 16 al 19 del capítulo 17 del Evangelio de Juan:

«No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

Como Tú me enviaste al mundo así yo les he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad».

 

El que lee estas palabras con cierta comprensión sentirá latir su corazón de alegría y de gratitud, ya que se indica aquí el Santo Método de Salvación emprendido por la Gnosis para un determinado grupo de entidades. Entre los escritos gnósticos descubiertos en Egipto hace algunos años, y entre los que se encuentran el Evangelio de la Verdad del que se habla en la Escuela, se encontró también «el Evangelio de las tres naturalezas». La humanidad está dividida en este escrito en tres grupos principales, con motivo de los cuales este Evangelio dice: «la generación neumática que es luz de luz y espíritu del espíritu se apresuró a acercarse a su «cabeza» cuando ésta apareció y formo un cuerpo para su cabeza. Esta generación recibió la Gnosis y se dirigió a Ella en la fe..

Pero la generación hyliqua, que es absolutamente extraña a la Gnosis, será separada en tanto que tinieblas por el brillo de la Luz.

En el primer grupo encontramos hombres abiertos hasta tal punto a la Gnosis, y cuyo ser tiene una necesidad tan imperiosa del contacto y de la realización de la Luz que, cuando la Luz aparece, van rápidamente a su encuentro, aspiran a una unión directa y tratan de responder a ella por la formación de un cuerpo. Construyen una escuela con la materia de la naturaleza a fin de servir a la Luz y de ofrecerle una morada. Ellos reciben la Gnosis con celo cuando ella se manifiesta.

A este grupo de hombres se aplica especialmente las palabras de la Oración Sacerdotal Suprema.

Pues, aunque nacidos de la naturaleza, en su ser profundo no son de este mundo, de la misma manera que Jesús el Señor no era de este mundo. Estos orientados hacia el Espíritu y estos cautivos del espíritu, estos neumáticos pueden estar convencidos de que ellos recibirán de nuevo y de forma continua la santificación, serán ayudados sin interrupción por el contacto salvador de la luz Universal. Por ello está escrito: «Santifícales por tu verdad, tu palabra es Verdad».

Comprendemos que por la presencia de estos «neumáticos», de estos tocados por el Espíritu, de este grupo menos caído de la humanidad, grandiosas posibilidades de gracia se liberan. Ya que por su nacimiento en la naturaleza, este grupo está en unión con el segundo, el que se denomina la generación síquica, que no es «luz de la luz», sino «luz del fuego». Estos últimos aspiran a la salvación, la buscan y la desean, pero han caído por debajo de la posibilidad de reconocer a la Luz directamente. Cuando la Luz aparece no la ven. Por esto deben ser ayudados por medio de los «neumáticos».

Así, cuando la Luz aparece, los «neumáticos», que la reconocen inmediatamente, deben santificarse y luego son enviados al mundo a fin de que los síquicos crean en la Luz. Y la Oración Sacerdotal nos la da a entender: «Como Tú me enviaste al mundo, así yo les he enviado al mundo».

Nosotros debemos comprender así la gran Ley de la Vida Gnóstica: todo servidor y toda servidora debe santificarse urgentemente para servir a los demás. Jesús el Señor dice: «Y por ello yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad».

Poco importa que pertenezcan a la primera o a la segunda de estas naturalezas humanas, que seamos «portadores de la Luz» o «creyentes», todos en tanto que participantes en el Cuerpo Vivo de la Escuela, tenemos el deber de santificar nuestras vidas. Ya que éste es un factor de suma importancia. El que está santificado puede santificar a otros, el que posee algo puede compartirlo con los demás. La Lengua Sagrada lo dice así: «Sed Santos ya que yo también soy Santo».

Este poderoso mántram tiene un sentido profundo; pues el que está en la Luz, la refleja en un ámbito espacioso. Se convierte en un faro para los que buscan el Camino y, por resplandor de su Luz, permitir reconocer al ser de las tinieblas.

Aporta así la verdad y la claridad, de forma que nadie pueda ya perderse.

Por esto santifíquese con fuerza, según las normas y reglas de la Gnosis. Santifíquese para todos los que buscan todavía a fin de ellos puedan ser santificados también por la Verdad.

Entonces todos ustedes pueden salvar a todos los que aspiran a la Luz, gracias a esta poderosa certeza interior: «Sed Santos ya yo también soy Santo».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XV

 

LA ORACIÓN SACERDOTAL SUPREMA (V)

 

EL VERDADERO HOMBRE DE ACUARIO

 

Vimos en el capítulo anterior que el Evangelio de las Tres Naturalezas diferencia los siguientes tres tipos de hombres:

el tipo de los espirituales directos, los neumáticos;

el tipo de los creyentes, los psíquicos;

y el tipo de los ligados a la naturaleza, la generación hílica (material).

Ahora podría ocurrir que usted se inquietara y le atormentará la pregunta: <<¿Soy para la Gnosis un ser espiritual directo o simplemente un creyente, es decir, un ser caído?>> El hecho de que se plantee esa pregunta y que sienta temor por esta causa, prueba ya directamente que usted pertenece al segundo grupo. Pues el espiritual ve la luz, la conoce o la reconoce, se apresura hacia ella, la abraza y acepta todas las consecuencias.

Si este desenmascaramiento le oprime en gran medida, debemos añadir sin demora que no existe ningún motivo para la inquietud ni el temor, puesto que la Oración Sacerdotal Suprema incluye muy expresamente a este segundo tipo de hombres en su radiación. Seguimos leyendo en el capítulo 17 del Evangelio de Juan, los versículos 20 a 26 inclusive:

 

Mas no ruego solo por ellos, sino también por los que crean en mi a través de su palabra, para que todos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que Tu me enviaste. Yo les he dado la gloria que tu me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos, y Tu en mi, para que sean perfectos en la unidad, y así el mundo conozca que Tu me enviaste y que los amaste como me amaste a mi.

Padre, yo quiero que también los que me diste estén conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la que me has dado; pues tu me amaste antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te conoce, pero yo te conozco, y ellos han conocido que Tu me enviaste. Yo les he dado a conocer Tu nombre y lo daré a conocer aún para que el amor con que Tu me has amado este en ellos y yo en ellos.

 

Sin duda alguna, estas palabras harán desaparecer toda inquietud. La Oración Sacerdotal Suprema es un compendio de todos los esfuerzos del Espíritu Séptuple en favor de la humanidad. Y descubrimos claramente que toda la humanidad está incluida en este esfuerzo, a excepción del tercer tipo ya que éste no puede reconocer a la Gnosis y todavía necesita realizar otra circunferencia, otra rotación en el tiempo.

La Gnosis ha venido por tanto para los conocedores y para los creyentes, para los dos tipos de hombres primarios. La meta es que todos se vuelvan una misma cosa. La Cadena Universal de la Gnosis quiere fundir estos dos tipos en un nuevo eslabón en la Cadena de Oro, de manera que se establezca una unidad indestructible en gran magnificencia.

 

Por consiguiente, debería serle en cierto modo indiferente el que sea un neumático o un psíquico, siempre y cuando aproveche las oportunidades y posibilidades que se le ofrecen. Entonces estará allí donde está la Gnosis. Para ello su disposición y su riqueza de actos deben estar dirigidas principalmente hacia el objetivo de sustituir la conciencia del yo por la conciencia del alma.

La Escuela, después de muchos años de preparación, ha asumido la tarea de realizar este fin en ustedes y con ustedes, para que el sello de la renovación brille un día sobre sus frentes. Hay que dar a conocer mucho aún, muchísimo sobre este tema para que todos comprendan con claridad lo que se espera de un alumno gnóstico, y en que consiste su salvación de grandes peligros.

Los grupos religiosos naturales y la literatura mundial exponen con frecuencia que la conciencia del yo y el concepto de individualidad generado en consecuencia, son el súmmum de una creación divina. ¡Pero esto no es así en absoluto! La conciencia del yo con todo lo que conlleva es, a lo más, una fase de desarrollo en un orden de emergencia divino que sirve para llevar a un microcosmos caído nuevamente de regreso a la morada original del Padre.

El que quiera conservar la conciencia del yo, perecerá; esto quiere decir que la rueda giratoria del mundo le hará regresar de nuevo a un punto de partida dialéctico, para subir una vez más a su punto culminante legítimo, y así sucesivamente, hasta que … sí, hasta que el hombre <<quiera perder su vida para encontrarla>>; esto significa que este dispuesto a abandonar su conciencia del yo para encontrar la liberadora conciencia del alma.

Nosotros y todos nuestros semejantes poseemos un alma, es decir un órgano del alma con los efectos correspondientes. Pero una conciencia del alma es algo totalmente distinto.

Quien obtiene la conciencia del alma se ha vuelto un hombre completamente diferente, un hombre nuevo; él está liberado de la rueda del mundo y en sentido gnóstico se ha vuelto un verdadero hombre de Acuario. Solo entonces el amor que está en la Gnosis puede manifestarse en él plenamente. En este estado de ser, él toma conciencia de que su unión con la Gnosis sólo será perfecta cuando todos los que aspiran al Espíritu se hayan abierto en la misma orientación del alma al campo magnético de la plenitud.

Mientras solo le apremie la obtención de su propia salvación individual, la Oración Sacerdotal Suprema no se cumplirá en usted. La Oración sacerdotal Suprema testimonia de la vivencia interior profunda y consciente de que la verdadera felicidad y la magnificencia únicamente se pueden encontrar en la unidad con el Padre, es decir, poseyendo una conciencia del alma que ha nacido de Dios.

Cuando los conocedores y los creyentes están unidos en un campo magnético en el que se irradia la intervención divina, acontecerá una santificación en el Padre y en el Hijo. Nosotros nos reunimos a menudo en tales circunstancias en nuestros focos. ¡Pueda el misterio del devenir consciente del alma nueva desarrollarse en nosotros con claridad y magnificencia!

El Evangelio nos dice: <<El Reino de los Cielos está en vosotros>>. Ahora bien, en tanto que alumno de la Escuela Espiritual Transfigurística, usted también sabe que el nuevo reino creciente está en y por encima de nosotros.

Lo que le queda por hacer ahora es: ¡Servir al glorioso proceso en usted! El que sirve a la Gnosis se sirve a si mismo. El que sirve a la Gnosis sirve a su prójimo. El que libera el Reino en él puede ayudar también a otros a despojarse de sus vestiduras de muerte.

¡En dicho hombre se cumple entonces toda la Oración sacerdotal Suprema!

 

 

 

 

 

 

 

 

XVI

 

LA COMUNIDAD DE LA CABEZA DE ORO

 

Leemos en Pedro 1, capítulo 2, los versículos 1 al 10:

 

Deponed pues toda la malicia, todo engaño y toda clase de hipocresía, envidias o calumnia y anhelad, como niños recién nacidos, la leche pura de la razón para que por ella crezcáis para la salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor. Habiéndoos acercado a El como una piedra viva, desechada por los hombres, más para Dios escogida y preciada. Vosotros también, como piedras vivas, edificaros como casa espiritual y sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Pues se dice en la Escritura: He aquí que pongo en Son la piedra angular, escogida y preciosa; y el que creyera en ella, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, es un preciado bien; pero para los incrédulos, la piedra desechada por los constructores que ha venido a ser una piedra angular, será una piedra de tropiezo y causa de escándalo; pues ellos tropiezan en la palabra y no creen en ella, para lo cual fueron también destinados.

Mas vosotros sois la raza escogida, el sacerdocio real, el pueblo santo, el pueblo de la propiedad, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois el pueblo de Dios; que anteriormente no estabais en la misericordia, pero que ahora habéis alcanzado misericordia.

 

Si puede comprender de la forma debida la palabra que le es revelada en la Escuela Espiritual Gnóstica, entonces percibirá hasta en cada fibra de su ser su significado trascendente y su grandeza. Entonces la salvación oculta en la Gnosis es colocada muy cerca de usted.

Si, en caso de ser necesario, todavía desea encontrar una confirmación a los temas ya tratados anteriormente, puede dirigirse a la enseñanza universal o a la Biblia, por ejemplo a la Primera Epístola de Pedro, capítulo 2. En las diferentes traducciones de la Biblia los citados versículos se han interpretado con frecuencia de forma muy distinta. Al parecer, los traductores de la Biblia no sabían nada de la jerarquía gnóstico-mágica y de sus procesos al servicio de la humanidad. Compare entre si las diferentes traducciones de la Biblia.

 

<<Más vosotros sois la raza escogida, el sacerdocio real, el pueblo santo, el pueblo de la propiedad, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su maravillosa luz; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois el pueblo de Dios, que anteriormente no estabais en la misericordia, pero que ahora habéis alcanzado misericordia.>>

 

Todos los que buscan y se despiertan en el corazón de rosa forman juntos una raza escogida, un sacerdocio real, un grupo liberado de la naturaleza, a condición de que quieran vivir y actuar de manera mágico-gnóstica a partir de las fuerzas nucleares y del principio del grupo de los servidores gnósticos, quienes vienen al mundo para llamar a la luz maravillosa a los que son dignos de ello.

Todos los que comprenden esto y lo llevan a cabo son reunidos en un único grupo, en un único cuerpo, por la fuerza de gracia de la magia gnóstica.

Los hierofantes de una plenitud gnóstica manifestada son siempre copartícipes de este grupo que en la Escuela llamamos la Cabeza de Oro. A tal comunidad pertenecen todos aquellos que en una existencia anterior o en esta vida, han recibido el Consolamentum, y que por ello pueden proteger aquello con lo que -y por lo que- han sido sellados.

La Comunidad de la Cabeza de Oro, cuando realmente es una comunidad apostólica, nunca se coloca en el centro, aunque a pesar de ello no deja de ser el centro de atención en un sentido muy particular. Esto se puede apreciar, entre otras cosas, en el capítulo 20 del Evangelio de Juan:

<<Jesús les dijo: ¡La Paz esté con vosotros! Como me envió el Padre, así también os envío yo a vosotros; y habiendo dicho esto, les sopló y les dijo: recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonaréis los pecados, les serán perdonados, y a quienes se los retuvierais, les serán retenidos.>>

Estas palabras expresan muy claramente la verdad de todo lo que es revelado en la Escuela Espiritual Gnóstica. La grandiosa y magnífica misión de los grandes servidores universales de la salvación fue y es transmitida siempre jerárquicamente a los miembros del quinto aspecto de una escuela espiritual gnóstica. Y siempre de nuevo resuena el mántram de los Grandes: <<¡Como me envió el Padre, así también os envío yo a vosotros!>>

Con estas palabras son unidos algunos con un grano de semilla que ha sido tomado de la sangre del corazón de la Jerarquía Crística. Usted es enviado con esta semilla Jesús a un campo de trabajo, a fin de erigir la fuente de la vida en el centro de una muchedumbre buscadora y desesperada. Para ello está unido a una fórmula electromagnética como manantial de fuerzas vitales; y su misión consiste en utilizar y aplicar esta fórmula.

Cuando algún hombre se dirige hacia esta fuente para pedir ayuda o fuerza para la liberación, entonces los servidores unen al hombre con esta fuerza para que ella coloque la señal de la cruz sobre su frente. Así pues, cuando los servidores de la fuente admiten de esta manera a algún alumno, se cumplen las palabras: <<A quienes perdonarais los pecados, les serán perdonados>> Este perdón de los pecados no se refiere en absoluto a un milagro y aún menos a la determinación de un sacerdote dialéctico, que de forma arbitraria, o bien simplemente por el hecho de que alguien vaya hacia él, otorga una supuesta absolución. Tales prácticas surgen de una verdad deformada y perdida, la verdad sobre la intervención de los servidores de la Gnosis en el tiempo.

Cuando un hombre cualquiera es unido con una fuente de la plenitud gnóstica, es decir, con un campo gnóstico electromagnético, y este hombre, por su propia preparación seria, aplica la voz y el nombre, entonces ejecuta sobre sí mismo todo el proceso del toque gnóstico; en tal caso sus pecados deben ceder por el momento, para finalmente desaparecer.

Esto significa al mismo tiempo que si la voz y el nombre son empleados por un sentido del deber, simplemente por ser una regla del orden de la Escuela, sin que el que las emplea se eleve hasta el nivel vibratorio de la fuente y de sus protectores desde el interior, plenamente consciente, con comprensión absoluta y en base a una aspiración interior, no se producirá nada esencial en el sentido de una liberación gnóstica. Al contrario, en ese caso evocaría y extendería sobre si mismo y sobre el auditorio las fuerzas del adversario. Las consecuencias serían entonces una gran desilusión y debilidad de fuerzas en sentido liberador.

Para este hombre la fuente se secaría y ya no sería el manantial original de todas las cosas. Se convertiría en victima de la <<voz>> y del <<nombre>>. En este caso no se podría hablar del perdón de los pecados. Por ello, el perdón de los pecados de los hierofantes es siempre un proceso que debe ser realizado por el alumno mismo.

Ahora también comprenderemos obviamente el otro aspecto: <<A quienes les retuvierais los pecados, les serán retenidos>>.

Cuando alguien entra en el campo de trabajo con intenciones impuras, a pesar de no poder ser ayudado ni unido al proceso de salvación, porque representa un peligro para los demás, entonces es apartado de la fuente: la radiación del campo de la fuente es cerrado para él y así su estado dialéctico permanece inalterable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVII

 

EL EVANGELIO TRANSFIGURÍSTICO DE LA VERDADERA REDENCIÓN

 

En el último párrafo del Evangelio de Marcos encontramos estas palabras (capítulo 16, versículos 15 a 18):

 

«Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará; mas el que no crea será condenado. Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre arrojarán demonios, hablarán nuevas lenguas, ahuyentarán a las serpientes y si tomarán una bebida mortífera no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y estos sanarán.»

 

El estado de ser descrito aquí detenidamente y sus resultados son de un genero muy especial que no puede ser aplicado en ningún caso a las incontables multitudes de creyentes que actualmente posee el mundo en diversas gradaciones. Tampoco los guías de esta muchedumbre responden al tipo de hombre descrito en el Evangelio.

Aunque este hecho se lamenta por doquier y a lo largo de todos los siglos, y siempre existe el esfuerzo por atraer en tiempos de crisis de la humanidad, a una multitud tal de servidores del Evangelio, todos estos intentos, no obstante, no aportaron ni aportarán resultado alguno, a excepción de algunas figuras negativas por quienes el intento se convierte siempre de nuevo en una caricatura.

Comprenderá claramente que la capacidad del comportamiento liberador que describe el Evangelio de Marcos tiene una significación extremadamente profunda, y que los poderes a los cuales hace alusión, exigen una explicación muy detallada. Pero tal explicación no es ni posible ni deseable. Aquí solo pretendemos darle una idea general sobre el estado de vida de aquellos que están creciendo en el Espíritu Séptuple de un cuerpo magnético; pues es este el estado que considera el evangelista.

En primer lugar se hace referencia a dos tipos de estados diferentes, a saber, el de la fe y el del bautismo.

El estado de la fe en Cristo consiste, como usted sabe, en el hecho de estar unido a la Gnosis y con su fuerza de radiación a través del campo magnético del esternón. El estado del bautismo es el de la unión con la Gnosis y con su fuerza de radiación a través del campo magnético del cerebro de la pineal. Se hace referencia por tanto al candidato que ha renacido en la Gnosis con toda su alma quíntuple, y es evidente que este hombre heredará la <<bienaventuranza>>, es decir, toda la plenitud de la transfiguración salvadora, pues tal hombre está integrado en el proceso. Ahora también queda claro lo que debemos entender bajo el termino <<condenación>>. Esto no es, como imaginaban los antiguos, ser consumidos por tormentos infernales, sino el final de un estado de vida en tanto que almas mortales, la cual no tiene ya sentido sin el camino de salvación. El microcosmos es desembarazado así de semejante peso inútil, poniendo fin a un deterioro aún mayor y pudiendo recibir así un nuevo portador de imagen.

Es importante comprender bien la verdadera misión encomendada: <<Id y predicad el evangelio a toda criatura>>. El evangelio transfigurístico de la verdadera redención debe ser anunciado, evidentemente, a todos los que quieran escucharlo. Y ahora ha llegado el tiempo para realizar esta misión evangélica de la única manera correcta posible.

¿Que hacen actualmente los servidores de la Escuela Espiritual? Ellos ofrecen su entusiasmo, su amor y su inteligencia como sacrificio para las multitudes que todavía buscan. Ellos también aportan el sacrificio de su tiempo y con frecuencia el de su salud. Ellos todavía no pueden hacer otra cosa, pues se encuentran aún en la primera fase de su autorevelación.

Su sistema del esternón está abierto y por ello ya han unido así la rosa a la cruz y se han vuelto en verdad Rosacruces. Sin embargo no han efectuado todavía su camino hacia el monte calvario, el lugar del cráneo. No han expresado todavía su <<Consummatum est>>, porque su sistema magnético del cerebro no se ha abierto aún a la Gnosis. En este sentido no están bautizados todavía.

Sin embargo, todos los que recorren el camino interior crecerán ahora más rápidamente que nunca en la gracia del Espíritu Séptuple, la cual se manifiesta cada vez más en el Cuerpo Vivo de la Escuela. Y así, la verdadera enunciación del evangelio será posible únicamente para los que forman parte de un Cuerpo Vivo semejante.

Los trabajadores del futuro expulsarán demonios, ellos hablarán nuevas lenguas y ahuyentarán a las serpientes; una bebida mortífera no les hará daño, y sanarán a los enfermos.

Imagínese bien la situación. Los servidores de la Escuela que forman parte del Cuerpo Vivo y operan a partir de y por la gracia del Espíritu Séptuple, serán confrontados cara a cara con una muchedumbre de buscadores del camino. Ya sólo por su palabra llameante, ellos arrojarán las fuerzas de Authades y sus hordas fuera del campo de respiración de los buscadores. Ellos atacarán el fuego de la serpiente de los buscadores y las serpientes allí presentes de la kundalini dialéctica. Todas las fuerzas magnéticas y corrientes de la naturaleza ordinaria no

tendrán ya poder sobre ellos, y así purificarán y curarán los sistemas muy enfermos de los buscadores rápidamente y con un dinamismo increíble, siempre y cuando ellos se muestren receptivos a una penetración directa de la Gnosis. Usted comprenderá que de esta manera, con este método, puede ser liberada una multitud enormemente grande según nuestros conceptos.

Es nuestro ruego diario que esta anunciación del evangelio para toda criatura que lo merezca pueda realizarse lo más pronto posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVIII

 

LA PIEDRA BLANCA DE LA PRUEBA

 

Cuando del corazón de la Cadena Gnóstica Universal es depositado un grano de semilla en el abismo oscuro de la naturaleza de la muerte, sabemos que en este principio vital se encuentra escondida la totalidad de la manifestación de salvación. Este es el comienzo. Por consiguiente, el que niega este principio es un hombre muy necio. Antes de que usted empiece a recorrer el camino, ya se encuentra por tanto en el corazón de la Escuela, en el foco de la Escuela, todo lo que debe conducir a la realización práctica de su camino. Incluso antes de que usted se halla unido a la Escuela, la salvación ya le está esperando.

La fuerza magnética escondida en el corazón de la Escuela, la fórmula de la salvación, es llamada en la Biblia frecuentemente <<el nombre>>. Cuando se dice: <<Todos los que invocan el nombre del Señor, serán bienaventurados>>, entonces se alude a todos los que se unen de forma absoluta a la fórmula magnética sobre la que se sustenta la Escuela Espiritual.

Cuando en el capítulo 2 del Apocalipsis se dice a la Comunidad de los Efesios: <<Soportas y tienes paciencia y trabajas a causa de mi nombre sin desfallecer>>, se hace referencia sin lugar a dudas al trabajador que obra en comunión con la fuerza fundamental de la semilla.

Puede ocurrir, no obstante, que algún trabajador actúe con el nombre en su sentido general, como tantos en la Escuela Espiritual, que hablan sobre la Gnosis y su salvación sin desplegar ninguna fuerza. ¿A que se debe esto? Pues bien, a que ha abandonado el primer amor. Por eso encontramos en el siguiente párrafo del capítulo 2 del Apocalipsis: <<Pero tengo contra ti que has olvidado tu primer amor>>.

La Gnosis que emprende su trabajo en los oscuros lugares de la vida, se manifiesta desde el principio en su totalidad. Su amor absoluto, con el que todo tiene que ser manifestado, está unido directamente al corazón de cada trabajo gnóstico comenzado en este mundo. Este es el punto de partida.

El amor de Dios se manifiesta siempre en primer lugar en perfección. El está relacionado con el corazón del templo espiritual y sus guardianes destinados para este fin. Por ello no debe pensar aquí en una abstracción, pues en nuestro orden de existencia el amor divino tiene que manifestarse siempre en la carne.

El amor de Dios, si quiere ser efectivo, debe ser revelado y dado a conocer, debe ser confirmado en el tiempo. Pues sin este maravilloso poder magnético el trabajo no puede realizarse y no se debe esperar ningún resultado. Por esto el amor de Dios está unido siempre a algunos servidores y servidoras destinados para este fin, quienes lo protegen, lo propagan, y lo mantienen encendido, pase lo que pase.

El que desconoce o niega esta base primaria de todo verdadero devenir superior, abandona el primer amor. Por esta razón el buscador debe aprender a reconocer, a comprender de donde ha caído, con que no está unido, que no aplica. Si esto se logra, entonces el concernido puede aprender a acercarse al trabajo básico y llegar a aplicarlo. Entonces vuelve a su primer amor que le está esperando.

Entonces se transforma. Recibe la <<piedra blanca de la prueba>> o bien se convierte en esa piedra. El amor de Dios, el amor primero es la piedra angular, y en la Epístola de Pedro leemos: <<También vosotros, en tanto que piedras vivas, edificaros en casa espiritual y en sacerdocio santo>>.

El que recibe la piedra blanca de la prueba es un hombre especial, un elegido que, en el ardor del amor divino, se vuelve blanco, se vuelve puro. Un nombre nuevo es inscrito en la piedra blanca de la prueba, el nombre que, según la leyenda antigua, está compuesto de siete letras. Los antiguos decían que el nombre de Dios está compuesto de siete letras; y la piedra blanca de la prueba debe reflejar el amor de Dios manifestado en y a través del hombre, para que sea cincelado sobre la piedra angular y el nuevo templo se pueda elevar hasta la eternidad.

Que la magia gnóstica le transforme pronto en una piedra blanca de la prueba. ¡Que quien pueda comprender, comprenda!

                                     EL NUEVO CADUCEO DE MERCURIO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL APOCALIPSIS DE LOS TIEMPOS

NUEVOS

 

 

 

CINCO CONFERENCIAS DE

RENOVACIÓN <<AQUARIUS>>

 

 

 

 

 

POR

 

 

CATHAROSE DE PETRI

 

Y

 

J. VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

I BILTHOVEN 1963

 

II CALW 1964

 

III BAD MÜNDER 1965

 

IV BÂLE 1966

 

V TOULOUSE 1967

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL NUEVO CADUCEO DE MERCURIO

 

 

EL APOCALIPSIS DE LOS TIEMPOS NUEVOS V

 

 

QUINTA CONFERENCIA DE RENOVACIÓN <<AQUARIUS>>

TOULOUSE 1967

 

 

 

 

 

 

POR

 

CATHAROSE DE PETRI

 

Y

 

J. VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

 

 

Prólogo……………………………………..

 

 

I La influencia del Serpentario y del Cisne……….

 

 

II El nuevo fluido astral y sus efectos……………

 

 

III Las siete corrientes de la Luz divina…………..

 

 

IV La revolución intercósmica que viene……………

 

 

V El testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz…..

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

 

Para permanecer fieles a la decisión que tomamos de que aparecieran, en la colección El Apocalipsis de los Tiempos nuevos, los textos de las Conferencias <<Aquarius>> organizadas durante siete años consecutivos por la Escuela Espiritual Internacional de la Rosacruz de Oro a partir de 1963, publicamos aquí el contenido de la quinta Conferencia que se desarrolló en Francia, en Toulouse, en julio de 1967.[1] El tema no necesita apenas comentarios para los buscadores: la evolución del mundo y de la humanidad, que hemos anunciado desde hace años y sobre el cual nuestras obras ponen especialmente el acento, está en camino de realizarse irremediablemente. Testimonia de manera cada vez más concluyente de la angustia y de la impiedad en la que el hombre se encuentra por su culpa, en razón de su ceguera en lo que le concierne y por falta de verdadero conocimiento. Este quinto tomo de la colección lanza una luz sobre el futuro, muestra el loco curso del mundo y la crisis que avanza a grandes pasos; indica al mismo tiempo el único camino de salvación. En la angustia creciente de esta peligrosa época, puedan abrirse los ojos de un gran número, para que lleguen, mientras aún hay tiempo, a comprender las posibilidades de elevación liberadoras que contiene el Apocalipsis de nuestro tiempo.

 

 

Catharose de Petri

j. van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

LA INFLUENCIA DEL SERPENTARIO Y DEL CISNE

 

 

Apertura

 

Quisiéramos abrir este servicio de Templo con las palabras tantas veces citadas de Antonin Gadal: <<Hermanos y Hermanas, que las bellas consolaciones de Belén se viertan sobre todos vosotros.>>

Amen.

 

Leemos en el libro de Antonin Gadal «En el camino del Santo Grial»:

<< Yo mismo, si soy digno de ello, soy el Templo racional de Dios.

Jesucristo, su Hijo, es el simulacro viviente de una Majestad viviente. Un alma instruida en la Verdad es su Altar. Y con respecto a los honores que es necesario rendirle, a los sacrificios que es necesario ofrecerle, consisten únicamente en simples y puras oraciones.>> Amen

 

<<Oh Cristo, oh divino Maestro, he conservado los tres elementos de la perfección:

La Pureza de mis manos,

la Pureza de mi boca,

la Pureza de mi corazón.>> Amen, si , Amen.

 

Ritual

 

Leemos, del capítulo 31 del Génesis, los versículos del 44 hasta el 51:

<<Labán dijo a Jacob: Ven, hagamos alianza, yo y tú, y que ello sirva de testimonio entre yo y tú! Jacob tomó una piedra y la levantó por monumento. Jacob dijo a sus hermanos: Recoged piedras. Tomaron piedras e hicieron un montón; y comieron allí sobre el montón. Labán lo llamó con un nombre caldeo, Jegar Sahadduta, (montón del testimonio); y Jacob lo llamó Galaad (el mismo significado pero en hebreo), cada uno según el justo empleo de su lengua. Labán dijo: Qué este montón sirva hoy de testimonio ene yo y tú. Por eso se le dio el nombre de Galaad. Y añadió: Qué el eterno vele sobre ti y sobre mí cuando nos hayamos separado uno del otro. Labán dijo aún a Jacob: He aquí este montón, y he aquí este monumento que he levantado entre yo y tú. Que este montón sea testigo.>> Amen.

 

Concentrándonos sobre esta cita del Génesis, esperamos tener éxito en la tarea que debemos efectuar con los alumnos del Lectorium Rosicrucianum.

La Joven Fraternidad Gnóstica también ha erigido el montón del testimonio, en Francia, el 5 de mayo de 1957 en el valle del Ariège, en Ussat les Bains. también, hace diez años, el Lectorium Rosicrucianum concluyó una alianza con todos los predecesores de la gran Cadena de las Fraternidades. Hasta este día, la Joven Fraternidad Gnóstica ha sido fiel, a través de todos los obstáculos, al Cristo y a su Jerarquía. Y estamos llenos de una profunda gratitud hacia Dios cuyo poder y fuerza se manifiestan en y por la Fraternidad de la Vida, la Escuela Espiritual de la Joven Gnosis y sus alumnos- de que esta quinta Conferencia haya podido tener lugar.

De la misma manera que los Perfectos, los puros de la Cadena de la Fraternidad gnóstica de antaño, cada alumno serio del Lectorium Rosicrucianum deberá vivir, a través de muchos combates, el proceso de la liberación.

Los alumnos y trabajadores de la Escuela Espiritual han desplegado una intensa actividad, tanto sobre el plano espiritual como sobre el plano material, para preparar el acontecimiento que representa esta quinta Conferencia de <<Aquarius>> mantenida en este año de 1967 en la ciudad de Toulouse.

El nuevo cielo y la nueva tierra van a manifestarse no solamente para los perfectos sino para todos los que quieran pertenecer a la Gnosis. Y si la Joven Fraternidad Gnóstica, por su trabajo y sus esfuerzos, ha podido contribuir a ello, es que la tarea de los verdaderos vivos es de nuevo realizada. Y el que es testigo de ello dice interior y absolutamente: <<Si! Amen.>>

Así es escrito el prefacio del Gran Libro de la Joven Gnosis. Volvemos ahora esta página, y al instante, si Dios quiere, vamos a comenzar una nueva tomando la firme resolución:

de ser fieles a Dios,

fieles a la Fraternidad de la Vida,

fieles a la Joven Fraternidad Gnóstica

que se manifiesta en y por el Lectorium Rosicrucianum, a fin de que se eleve en cada uno de nosotros la señal grandiosa, la señal del testimonio. Entonces todo lo que será tratado en el curso de esta quinta Conferencia de <<Aquarius>> se cumplirá como una realidad precisamente por eso poderosa. Amen

 

 

 

 

 

 

Primera alocución

 

Quisiéramos comenzar esta quinta Conferencia por un recuerdo de lo que hemos mencionado en varias ocasiones en nuestras alocuciones en el curso de los últimos meses. Numerosas corrientes y fuerzas electromagnéticas provenientes del espacio se concentran en las regiones cercanas a nuestro planeta y ya han entrado en contacto con el campo magnético de la tierra.

Esta situación alcanza una fase muy crítica. Por ello es absolutamente necesario que atraigamos de nuevo vuestra atención sobre el tema. Añadamos a esta advertencia el anuncio ya hecho en 1615 en la Confessio Fraternitatis R.C., El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz:

 

<<Dios ya ha enviado unos mensajeros de Su voluntad, unas estrellas aparecidas en el Serpentario y el Cisne, las grandes señales de su poderoso Consejo, a fin de enseñarnos que, cuando todo lo que el genio humano ha descubierto fuera reunido, lo haría servir para su orden escondido. El Libro de la Naturaleza es en consecuencia desvelado ante nuestros ojos, pero muy raros son aquellos que pueden leerlo y más raros aún los que pueden comprender­lo.>>

 

Si pudierais comprender perfectamente el sentido de esta comunicación de los Hermanos de la Rosacruz, comprenderíais que esta Fraternidad tiene al menos unos cientos de años de adelanto sobre el nivel científico de la élite de nuestra humanidad. Ella ha desarrollado además unos poderes que sobrepasan largamente todas las capacidades humanas conocidas. Sigamos  a estos sublimes mensajeros.

Los autores del Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz nos dicen, en el capítulo ocho, estar seguros de que ellos deben aún callar secretos o al menos expresarse en términos extremadamente velados, <<en muy poco tiempo llegará la época que se aproxima a grandes pasos>> en que toda la humanidad terminará por comprender, <<después de que el mundo sea despertado de su sueño de embriaguez bebido en la copa emponzoñada.>>

Qué significan estas palabras?

Sabemos en nuestra época que el Serpentario y el Cisne son constelaciones. Para nuestra inteligencia, son de una grandeza inimaginable y se mueven a velocidades igualmente inimaginables a través de la sustancia original, en tanto que grandes purificadoras y correctoras divinas de las profanaciones de la manifestación universal. Esta es al menos una de sus funciones.

Los antiguos Rosacruces estaban perfectamente al corriente del papel del Serpentario y del Cisne. Sabían también que la humanidad había llegado al fin de su viaje a través de la naturaleza de la muerte y que casi había alcanzado el punto más bajo, el nadir. En razón de la concentración de fuerzas del nadir, la humanidad entera, en la imposibilidad de progresar normalmente, ha caído en unas tinieblas cada vez más densas y en un letargo psíquico que ha llevado consigo una degeneración y además una perdida total del poder de la comprensión, de la razón y de la facultad de reaccionar al Plan divino.

Comprender bien que antes de que este punto fatal fuera alcanzado, todo había sido hecho para evitar tal sueño. Unas impulsiones religiosas que reposaban sobre bases filosóficas sólidas llegaron a toda la humanidad. Fueron enviados mensajeros a todos los pueblos de todas las razas, en el curso de este periodo, para mostrar y enseñar el único camino de la liberación antes de que los siglos alcanzasen este punto crítico. Y el mayor enviado jamás aparecido entre los hombres vino a revelar y a confirmar en el tiempo su mensaje de salvación. Fue Jesús, el portador del Cristo.

Sin embargo el gran adversario, el traidor, el anticristo se manifestaba al mismo tiempo de manera claramente visible. A la humanidad que se aproximaba a este peligroso punto crítico, aportó y prodigó el primer veneno. Llevó a los labios de los hombres que eran sensibles a ello la copa envenenada que los embriagó:

hundiendo el santuario de la cabeza en el sueño de la ilusión,

aniquilando la sensibilidad del corazón y

haciendo que degenerasen los órganos de los sentidos y de la secreción interna, conjunto de consecuencias de un desarrollo completamente erróneo que acabaron en la desnaturalización del fuego de la serpiente, con todos los efectos que resultaron.

El contenido de la copa envenenada que provocó este profundo sueño es la ilusión que se tiene la costumbre de llamar el desarrollo cultural de la humanidad, <<sueño>> que está en camino de llegar a su fin, inaugurando una fase muy angustiosa, cruel y dramática.

 

En el curso de este periodo de letargo del que acabamos de hablar, se manifestaron en el mundo entero una orientación y unas corrientes intelectuales, materialistas y psíquicas extremadamente funestas, causantes de grandes perjuicios a nuestro cosmos, al campo de vida mismo de la humanidad entera así como a la atmósfera de nuestro mundo, hasta el punto que el campo de respiración ha terminado por ser también totalmente envenenado. El reino animal como el reino vegetal está en vías de desaparición, y el reino humano es presa de enfermedades temibles. En resumen el conjunto de nuestro planeta con todos sus habitantes se encuentra en un estado de degeneración avanzado, situación tan grave que la tierra arriesga de volverse un elemento anormal, disonante, en la manifestación universal.

Ver claramente que ello no es solo un peligro para el mundo y la humanidad (comienzan a darse cuenta aquí y allá, lo que prueba un comienzo de despertar) sino también la causa de una desarmonía en el sistema solar y de una perturbación del orden universal. Y este perjuicio será resentido en un muy vasto espacio alrededor del sistema solar. Pues no es difícil comprender que la violación de un cuerpo divino -en este caso un planeta- significa la violación de todos los cuerpos divinos, así pues la violación de toda la manifestación universal. Por ello las señales poderosas del Consejo de Dios, el Serpentario y el Cisne, se ponen intensamente en movimiento como fue predicho el la Confessio Fraternitatis R.C…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….., El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz.

 

Cuales son las correcciones purificadoras que debemos esperar sobre nuestro planeta? Pregunta a la que el alumno de una escuela espiritual busca una respuesta directa.

Hemos dicho que el Serpentario y el Cisne son dos constelaciones que atraviesan el espacio a una velocidad indecible y ejercen su influencia sobre los cuerpos celestes con los que entran en contacto, ya en un sentido positivo, ya en un sentido negativo, construyendo o rompiendo según las necesidades. Unos astrónomos han establecido que los campos de radiación del Serpentario y del Cisne han entrado en contacto con el campo terrestre. Así pues estas constelaciones ya actúan sobre nuestro campo de vida; es una realidad actual!

Con que objetivo, he ahí la pregunta. La respuesta cae de su peso: purificación! Esta purificación comienza por el campo electromagnético de la tierra, en su parte más exterior. Ahora bien ello, en un momento dado, termina por impregnar las capas más exteriores de nuestra atmósfera, o sea sucesivamente:

la esfera de vida astral,

la esfera del éter reflector,

la esfera del éter luz,

la esfera del éter vital,

la esfera del éter químico

y finalmente todo el mundo material en todos sus aspectos.

 

Conocéis sin duda la acción de un campo de radiación electromagnético. Tan pronto como toca las capas exteriores de un cuerpo cualquiera, su fuerza de radiación penetra ya directamente hasta el núcleo, el principio más interior de este cuerpo. Queremos decir con ello que todo lo que pertenece al campo terrestre ya resiente ahora las influencias del Serpentario y del Cisne que tocan hasta el núcleo de la tierra. En otros términos, como el contacto de los campos de radiación del Serpentario y del Cisne ejerce una acción correctora y que su objetivo es la purificación, la humanidad entera sufre este contacto desde el comienzo del proceso.

Ahora bien la potencia y los efectos de este proceso aumentan en la medida en que la radiación penetra cada vez más nuestro planeta y ello hasta su núcleo, y por ello refuerzan muy dinámicamente las intenciones del Plan del Logos. Y ello explica perfectamente numerosos fenómenos que aparecen en este momento en nuestro campo de vida. Pensar aquí en la tensión nerviosa que no para de aumentar en la mayoría de los seres humanos del mundo entero. Ello se explica enteramente por este proceso, lo que, con la retirada de las fuerzas lunares de las que ya hemos hablado[2], conduce rápidamente a una crisis que cambiará al hombre, ya sea regenerándole, ya haciéndole caer en un estado profundamente anormal que pronto terminará por destruirlo completamente.

Se formula la pregunta: <<Como hablar de un cambio para bien en unas condiciones de extremas tensiones de este tipo?>>

Sabéis sin duda que el santuario de la cabeza es, entre otras, un foco de concentración para las radiaciones astrales. La calidad de esta sustancia astral determina la acción de las fuerzas etéricas del hombre, sus posibilidades de funcionamiento, su naturaleza, en resumen sus propiedades. Si alguien posee unas cualidades de alma puras y verdaderas, posee pues la fuerza del alma, la luz del alma y sobre todo la vida del alma. Tal hombre asimila una sustancia astral superior, pura, que el campo de vida ordinario no explica, sino que le llega de una manera supranormal. Encontrándose el hombre entera o parcialmente en un estado tal elabora, por transmutaciones alquímicas en el santuario de la cabeza, un éter luz particularmente puro.

El éter luz, entre otras funciones, mantiene y preserva los órganos y los poderes sensoriales humanos. Comprenderéis bien que un hombre en el estado descrito -que está en camino de adquirir un alma nueva por su comportamiento- no experimentará las radiaciones del Serpentario y del Cisne como una calamidad, como una corrección o una punición, sino como una ayuda inmensa, como una fuerza que acelera mucho el proceso del desarrollo y del afinamiento de los sentidos, proceso que romperá las resistencias de la naturaleza ordinaria. Ahora comprenderéis como este proceso natural, comenzado en nuestra era, actúa de manera muy acelerada para una resurrección o para una caída.

Así pues en el presente va a demostrarse si habéis utilizado positiva o negativamente las ocasiones ofrecidas por Dios, si habéis vuelto operantes, o estáis en camino de hacerlo, todas las posibilidades que son las vuestras en virtud de vuestro estado de hombre.

 

 

Oración final

 

Como miles de puras corrientes,

como rayos de oro y plata,

como meridianos de fuerza luminosa

que invitan al alumno a la Fiesta Nupcial,

el ser es colmado de Fuerza Divina

que, en ondas rítmicas,

revela todo el Poder de la Danza Sagrada

de la que hablaban los antiguos.

 

Vengan, dancen esta danza

en la esfera santificada,

y diríjanse hacia la Casa del Sol.

 

Celebren de nuevo la Realeza

y calmen su sed en el Eterno Manantial.

 

 

 

 

Hermanos y Hermanas,

 

La Fraternidad del Grial

está reunida,

llena de amor

y en ofrenda total,

para volver

en el presente vivo

hacia aquellos que sufren,

y luchar con coraje

por una nueva aurora. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

EL NUEVO FLUIDO ASTRAL Y SUS EFECTOS

 

Apertura

 

Es nuestra esperanza y nuestra oración el encontrarnos juntos ante la faz del Espíritu Séptuple Universal en la comunidad de la Rosa y de la Cruz. Amen.

 

Oración

 

De nuestro corazón agradecido

sube hacia el Triple Santo Logos esta plegaria:

Concédenos Tu ayuda en todos nuestros esfuerzos

para que podamos comprender el sentido profundo

de esta Conferencia;

para reforzar lo más posible

el dinamismo de nuestra aspiración,

para estimular en nosotros

la inclinación a la ofrenda del yo,

para que estemos completamente abiertos

al nuevo comportamiento de vida,

para que podamos entrar,

como hombres conscientes

y con plena percepción,

en el Cuerpo Magnético Vivo de la Escuela Espiritual.

 

Podamos contemplar claramente

los caminos que conducen

a la Transfiguración del alma.

Esta es nuestra ferviente plegaria,

Oh Sublime Jerarquía de la Gracia. Amen.

 

Ritual

 

Mientras que los hombres nacidos de la naturaleza estén persuadidos de que el hombre-alma, que vive aún en el presente en la antigua morada juanista que proviene de la naturaleza, debe un día manifestarse plenamente, permanecerán como una mezcla, como un compuesto de bien y de mal. Como una maraña inextricable, estas fuerzas gemelas naturales están presentes en toda vida. De ello resulta una gran fatiga, un debilitamiento de la comprensión, la enfermedad, la cristalización y la muerte. Estas consecuencias son ineluctables y la antigua advertencia se revela muy justa: <<El día en que comas del árbol del conocimiento del bien y del mal, morirás.>> La Gnosis de todos los tiempos lo recuerda  a sus alumnos, para ayudarles.

Si mira el problema de frente, el alumno serio se pregunta: <<¿Se puede uno apartar de las fuerzas dobles de la naturaleza dialéctica y forzar al plexo sacro, raíz del fuego de la serpiente, a admitir en el cuerpo otras fuerzas, la fuerza luz divina de las siete corrientes originales?>>

Si, amigos míos, se puede! La Gnosis encuentra su fuerza en esta posibilidad.

En la Escuela Interior se habla frecuentemente a los alumnos de las siete corrientes originales que emanan del Padre. Y no hay ninguna mezcla de bien y de mal, de luz y de tinieblas en las siete corrientes del Logos. La manifestación de su fuerza es omnipresente e invariable. Y si nuestra Escuela Espiritual tiene éxito en hacer vivir a sus alumnos de esta Fuerza universal séptuple, emanará del grupo un nuevo poder, muy particular y no terrestre. Esta Fuerza será como un alimento, un alimento santo, un maná blanco y puro, que será especializado diariamente en cada campo de vida al servicio de todos.

En esto reside el misterio de la magia gnóstica: la radiación de una fuerza luz de composición no terrestre es emitida, a partir del momento en el que los servidores y las servidoras que elevan estas antorchas de luz en las tinieblas de la naturaleza de la muerte han liberado su fuego de la serpiente para permitir la entrada del Espíritu séptuple universal. Amen.

 

Leemos en el Apocalipsis, capítulo 7, versículos 9 a 17:

 

<<Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presciencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.

Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rortos delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, quiénes son, y de donde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol ya no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.>>

Amen.

 

Segunda Alocución

 

Después de lo que hemos explicado en nuestra primera alocución, está claro que es extremada­mente importante conocer sobre que se basa el comportamiento. En general eso es así, pero en la hora presente, en este momento crucial de los siglos, es una exigencia que se impone. apues las experiencias hechas en la vida dependen enteramente de ello.

Ya hemos dicho que si dos campos magnéticos entran en contacto, las radiaciones del más poderoso penetran directamente hasta el corazón del más débil. En el curso de la penetración de las nuevas fuerzas, son sucesivamente conquistados y transformados:

a) el campo astral de la tierra y del hombre,

b) el campo del éter reflector de la tierra y del hombre,

c) el campo del éter luz de los dos,

d) el campo del éter vital de los dos.

Si examinamos este desarrollo, está claro que todos hemos ya sentido y sufrido esta serie de influencias de las dos maneras mencionadas anteriormente. Esta es la razón por la que la humanidad evoluciona en dos direcciones claramente opuestas.

Hace ahora casi tres años, precisamente a partir de agosto de 1964, que un gran movimiento, un movimiento nuevo, ha tomado a la humanidad. Por un lado, una parte de la humanidad se esfuerza cada vez más en llegar rápidamente a una renovación espiritual total, con todas las consecuencias que ello implica. Por otro lado, la segunda parte de la humanidad se resiste fuertemente a toda renovación. La razón de ello es, para limitarnos a la Escuela Espiritual, que tal iniciativa de renovación, por ejemplo, está considerada como una tentativa hecha para arrastrar a los alumnos a un circulo de trabajadores aprisionándolos en un comportamiento opuesto a los principios humanistas elementales, como el de la libertad de opinión. Releer una vez más «La Fraternidad mundial de la Rosacruz» el segundo tomo de la colección «El Apocalipsis de los Tiempos nuevos».[3]

Queremos así mostraros claramente que las primeras influencias del campo corrector de Serpentarius y Cisne que han tocado al mundo, comenzaron a afectar a la Escuela Espiritual actual de manera perfectamente perceptible desde 1964, tanto en un sentido negativo como positivo. Durante los tres años siguientes, se desarrolló el nuevo proceso al que hoy es sometida la humanidad. Se pueden seguir paso a paso las diferentes fases.

La nueva sustancia astral extranjera ha comenzado a penetrar en el santuario de la cabeza de los hombres, y como se trata de una sustancia astral que proviene de un mundo estelar totalmente extraño a la humanidad, se concibe el que unas ideas que se salen de lo ordinario, extremadamente inquietantes y peligrosas, surjan en la cabeza de muchos hombres.

Ved esto claramente: el santuario de la cabeza de la mayoría está enteramente sintonizado con la vida ordinaria, es decir con la sustancia astral del campo de vida dialéctico, al nadir alcanzado por la humanidad en la materia. Si una sustancia astral extranjera penetra en un santuario de la cabeza dispuesto así, no obtendría de ello un suplemento de inteligencia, una extensión o ampliación de esta, una obtención de nuevas capacidades, etc, sino que se manifiesta una confusión creciente, sobre todo si se intenta reaccionar a las nuevas impulsiones con poderes puramente dialécticos de los que se dispone y con los que el cuerpo entero se regula. Cómodamente deduciréis donde va a llevarnos esto después de las numerosas experiencias de los años pasados. Pensar, por ejemplo, en la sorprendente evolución del arte, de la ciencia y de la religión, dominios tan extendidos que solo podemos tocarlos por encima rápidamente.

Cada vez más frecuentemente aparecen concepciones y representaciones singulares calificadas como arte abstracto. Cuanto más locas son, más se las exalta y se las admira, mezclas de realidad, de fantasía, de engaño y de esnobismo. Puede ocurrir que, sin razón aparente, una combinación de colores extraños surja en el santuario de la cabeza, sin forma concreta, y que se intenta pintarlos de una manera o de otra. Si una tal combinación de colores se agita en la cabeza de un hombre, este, según su fantasía, puede creer que ha recibido una impresión de un ser vivo desconocido. Si es modelador o escultor, entonces el arte calificado de abstracto se enriquece con una representación más.

Las nuevas concentraciones astrales del santuario de la cabeza que acabamos de evocar no afectan únicamente a la conciencia, sino a todo el sistema sensorial, luego a todos los órganos que forman parte de él.

Se puede decir lo mismo del sistema de secreción interna. Este también reacciona a las fuerzas e influencias que actúan en el santuario de la cabeza. De ello puede resultar que un tipo de hombre muy materialista, en reacción negativa a la extraña influencia astral, llegue a desviarse singularmente al materialismo histórico, a raciocinar y a teorizar en lo concerniente a una divinidad hiper-materialista ejerciendo una fría dictadura. Pero es igualmente posible, en función del estado de la secreción interna, que un individuo haga aparecer una obra literaria rezumando la obscenidad y la impostura premeditada.

Todas estas cosas son la consecuencia de la gran anormalidad causada por la reacción negativa a la sustancia astral extraña que nos llega de Serpentario y del Cisne. En este contesto no olvidemos las vías extrañamente sinuosas de las diversas comunidades religiosas que, a causa de estas mismas influencias, pierden pie.

Es inútil precisar que esta evolución se amplificará mucho en los próximos años. Pero no deseamos, en esta Conferencia, describir detalladamente todo lo que así debe ocurrir. Vosotros mismos lo descubriréis, ya personalmente, ya en vuestro entorno. En el presente es mejor que dirijáis vuestra atención sobre el lado positivo de este proceso, luego hacia lo que servirá para vuestra alegría eterna.

Si un ser humano posee reales cualidades de alma y aspira diariamente a reforzarlas, particularmente purificando el fuego de la serpiente y volviéndolo más positivo, de ello resulta infaliblemente que el fluido astral concentrado en el santuario de la cabeza será purificado, se volverá más irradiante y rechazará todas las influencias dialécticas que antes se manifestaban allí. Naturalmente el aparato sensorial y la secreción interna se adaptarán a ello, y el organismo entero será mucho más receptivo a un desarrollo gnóstico real. Y en la medida en que las radiaciones del Serpentario y del Cisne penetren a un hombre tal, ya no se tratará para él de una evolución plena de ilusiones alucinatorias o destructivas, sino de un rápido desarrollo, positivo y constructivo en el nuevo estado de vida. Amen.

 

Oración final

 

Podamos adquirir cada día

un Discernimiento más profundo

del Objetivo Liberador de la Escuela Espiritual:

Hacer que nuestras almas mortales

se eleven en la inmortalidad.

 

Quien recorre el Camino

de la floración de la Rosa

entra en los Países de la Vida.

Hay una muerte en la rueda

del orden espacio-temporal.

Este es el futuro

del estado de alma dialéctico.

 

Y hay una Endura,

una oblación del ser al reino,

al alma inmortal en nosotros.

Es la Muerte de Oro

a la que la Fraternidad Universal nos llama.

La Muerte de Oro que es una Resurrección.

 

¡Oh Puerta de Oro,

que cada uno de nosotros

pueda ser recibido por Ti! Amen.

 

Bendición final

 

<<Bienaventurados los que lavan sus ropas,

a fin de tener derecho al árbol de la Vida

y entrar por las puertas de la Ciudad!

 

Yo, Jesús, he enviado a mi ángel

para certificaros estas cosas en las iglesias.

Yo soy el retoño y la posteridad de David,

la estrella brillante de la mañana.

 

Y el Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!

Y el que escucha dice: Ven.

Y aquel que tiene sed, venga;

que aquel que quiera,

tome el agua de la vida, gratuitamente.>> Amen

 

Hermanos y Hermanas

Que la gracia del Cristo sea con todos. Amen.

 

 

III

 

LAS SIETE CORRIENTES DE LA LUZ DIVINA

 

Apertura

 

Sabiéndonos reunidos bajo la radiación de la Santa Rosacruz:

Ex DEO nascimur,

In Jesu morimur,

Per Spiritum Sanctum reviviscimus. Amen

 

Pueda la Vía nueva abrirse

para todos aquellos que, desde el interior,

se vuelvan hacia el Nuevo Reino.

Puedan los Misterios de la Gracia

ser desvelados a todos los

que recorren el Único Camino.

 

Oh Espíritu de Salvación,

Tu que has tomado el corazón de la naturaleza de la muerte

y, de este corazón, irradias Tus Rayos

hasta el fondo de los antros más tenebrosos,

Tu nos haces vivir verdaderamente,

mientras que aún tropezamos

en las sombras de la noche.

 

Tu nos enderezas

al comienzo del Camino

que conduce a Tus Riquezas.

Y que así, la cabeza alta,

podamos ir,

a través de la noche y la bruma,

hacia la Libertad de los Hijos de Dios. Amen.

 

<<Si tu alma sonríe

bañándose en el sol de tu vida;

Si tu alma canta

en su crisálida de carne y materia;

Si tu alma llora

en su castillo de ilusión;

Si tu alma se debate

para romper el hilo de plata que lo ata al Maestro;

Sabrás, discípulo,

que tu alma es de la tierra.>> Amen.

Ritual

 

<<El alumno iniciado entraba resueltamente en el dominio del Espíritu. Trabajar, no por el alimento que perece, sino por el que subsiste en la Vida eterna, y que el Hijo del Hombre os dará, pues éste es a quien el Padre, Dios, marcó con su sello.>> Jesús lo había ordenado; solo hay que obedecerle. <<Aquel que cree en mi vivirá incluso después de la muerte; y cualquiera que viva y crea en Mi, no morirá jamás.>>

No era fácil para el alumno iniciado comprender enseguida la gran importancia, el valor espiritual de las divinas palabras. La religión consiste en servir al Espíritu. La fuerza del bautismo y del contacto espiritual que resulta de ello son gracias del cielo, el anuncio del Espíritu Santo para completar la Revelación. Todo ello se añadía poco a poco al primer saber del alumno iniciado y comenzaba a mostrarle el Evangelio cátaro en su letra y en su espíritu.

Se veía entre los Esenios, con los que Jesús pasó varios años; revivía en sueños su vida de retiro y silencio, y hacía compara­ciones importantes y útiles en lo que concernía a los Perfectos. Los Esenios estudiaban con gran atención las virtudes ocultas de las plantas y de los minerales; algunos poseían el don de la profecía. Hacían tres años de noviciado para entrar en la Cofradía. Después de eso: comunidad de comida, vestiduras sagradas, oracio­nes, silencio, prohibición de jurar, aversión a la mentira, humildad, moralidad ejemplar y tradición esotérica de los Profetas. Y también, lo que no se le escapaba: santificación de la conciencia, libertad individual, purificación por una vida austera, observación minuciosa de los deberes de la Orden. De ahí estas conclusiones lógicas:

Liberada de los lazos del cuerpo como de una larga esclavi­tud, el Alma alza el vuelo con alegría[4]>> Amen.

 

Comprender que la Rosacruz universal tiene en todos los tiempos la misión y la tarea de sostener, no importa como y no importa donde, los esfuerzos realmente liberadores de los hombres, sin perder de vista que la Rosacruz, sirviente del Cristo universal, también toma directamente iniciativas.

En el tan conocido antiguo centro de los Cátaros, en el valle del Ariège, en el Sur de Francia, había, y todavía hay, una gruta llamada la gruta del Gran Maestro. Quien era este Gran Maestro? Este no era un Cátaro sino un Rosacruz! Representaba a la Fraternidad de la Rosacruz entre los Cátaros. Daba su sostén y su ayuda, en la medida de lo posible, y unía a los Cátaros a los que les serían próximos hasta en la eternidad.

El Gran Maestro de la Rosacruz, junto a la Fraternidad de los Cátaros, no practicaba nunca la magia de la iglesia. La magia consiste en sostener por una fuerza un cierto propósito, una doctrina, una aspiración, para ejercer así una influencia sobre los hombres. Por ello la magia, para ser utilizada en un sentido verdaderamente divino, debe estar sometida a leyes rigurosas, pero leyes que también deben cambiar constantemente en razón de la evolución de la humanidad.

La magia de la iglesia está fundada sobre la kundalini del cuerpo astral y, como tantas magias, reposa enteramente sobre las fuerzas de los antiguos misterios lunares. Hasta el comienzo de nuestra era, era aún posible, aunque en una menor medida, trabajar un poco con la kundalini del cuerpo astral. Pero ya la enseñanza del Cristo iba a interpenetrar estas practicas. Y desde hace dos mil años ningún verdadero Rosacruz ha utilizado ninguna otra fuerza de la kundalini que la del corazón, la del alma. Desde hace dos mil años es una exigencia absoluta para todos los que quieren ejercer la verdadera magia: es decir, impulsar a los hombres a hacer nacer en ellos el alma-espíritu viviente y considerar esto como la misión de nuestra época. Amen.

 

Tercera Alocución

 

 

Como os hemos explicado, las radiaciones y fuerzas que provienen del Serpentario y del Cisne y que tocan al mundo y a la humanidad, tienen dos efectos netamente distintos, un efecto negativo y un efecto positivo.

El efecto negativo es provocado por el hombre mismo al pertenecer aún totalmente a la naturaleza dialéctica, que considera como el único objetivo de su vida, a la que su inteligencia está perfectamente sintonizada y todos sus proyectos están orientados sobre esta naturaleza de la muerte. El efecto positivo está también provocado por el mismo hombre si está enteramente orientado en el desarrollo de su alma, es decir sobre su liberación de la naturaleza de la muerte. En este caso estas radiaciones le ofrecen asistencia, dinamismo y posibilidad de realización.

Comprender que las radiaciones del Serpentario y del cisne no modifican psicológicamente en nada las actividades y los objetivos del Espíritu Séptuple. Por el contrario, las aceleran! Esto es lo que vuelve tan notable y tan particular la época en la que vivimos: una fuerza intercósmica interviene para acelerar la ejecución del Plan divino en sintonía con el Consejo de Dios. Pues comprenderéis que si la humanidad ha alcanzado el nadir ello no concierne únicamente a la tierra sino que entraña una reestructuración del universo. Y son el Serpentario y el Cisne quienes se ocupan de esto.

Así es evidente que hemos entrado en un periodo que exigirá de todos nosotros una decisión. Lo que llega ha sido anunciado desde hace siglos, numerosos mensajeros nos han precedido en este proceso, y ahora para nosotros es el tiempo de responder. De la misma manera que el universo sigue el desarrollo del plan divino y que evidentemente cada cosmos participa de ello, de la misma manera cada microcosmos forma parte integral de ello, de preferencia de manera positiva y sino negativamente. Hoy como ayer estamos pues doblemente orientados.

 

Sabéis que el concepto <<Mercurio>> es el tema central de esta Conferencia. Pensamos aquí en el caduceo de Mercurio, en el bastón de Moisés. que tenemos la costumbre de designar como el fuego de la serpiente y que es necesario utilizar para recorrer el camino hasta el objetivo. He aquí porque todos tenemos el deber de poner el sistema del fuego de la serpiente en la justa condición.

El fundamento, la raíz del fuego de la serpiente, el plexo sacro, está unido ya a la fuerza luz de la naturaleza dialéctica, hablando simbólicamente al árbol del conocimiento del bien y del mal, con todas las consecuencias negativas que ello implica; ya a la fuerza luz del Espíritu Séptuple universal, designado simbólicamente como el árbol de la Vida. El proceso del descenso de la humanidad en la naturaleza de la muerte hasta el nadir de la materialidad, proceso que implica toda la historia del mundo, termina ahora para dejar lugar a un proceso de elevación, el proceso del árbol de la Vida. Por ello se formula una cuestión lógica: <<¿De los frutos de que árbol vivís vosotros?>>

Por su raíz, el plexo sacro, el triple sistema del fuego de la serpiente, absorbe todos los materiales de construcción y todas las fuerzas de las que tiene necesidad nuestro sistema vital, el microcosmos, y las transmite a los diversos órganos. El órgano central a partir del cual todos estos materiales y fuerzas ejecutan su tarea después de haber sido absorbidos por el plexo sacro, es el santuario de la cabeza.

Para ser precisos añadamos que hay siete corrientes de luz divina diferentes de las que el hombre debe vivir. Son los siete elementos primordiales llamados por los Antiguos <<las siete armonías>>. El candidato a los Misterios gnósticos debe poder reaccionar perfectamente a estas siete armonías. Debe poseerlas todas y portarlas en él en las siete cavidades cerebrales, reservas del alimento que determina su estado de vida. El hombre verdadero, que dispone de un triple sistema del fuego de la serpiente en actividad, absorbe por este triple árbol de vida un triple prana fundamental. Este es concentrado en las tres cavidades cerebrales superiores y este prana es tan importante que abre el ser entero a las otras cuatro corrientes.

En el hombre dialéctico ordinario del tipo actual, en quien los dos canales del sistema simpático no están unidos por el plexo sacro, una única corriente vital puede penetrar de la manera evocada, y de ello resulta que en las tres cavidades cerebrales superiores esta única corriente asegura su tarea, evidentemente muy parcialmente. veréis que una perturbación de este órgano fundamental volverá al hombre no solamente anormal sino también diferente bajo todos los conceptos de lo que el plan preveía para él. Las fuerzas del Serpentario y del Cisne intervienen pues en este periodo de crisis para poner fin a este desarrollo erróneo.

Sin duda os preguntareis como restablecer la tri-unidad aniquilada en el plexo sacro, pues esto es lo primordial.

Los tres alientos de vida fundamentales deben colaborar absolutamente, en las tres cavidades cerebrales superiores, para que verdaderamente pueda manifestarse el hombre original. Toda santificación debe partir de la base del fuego de la serpiente, de la base del caduceo. Esto es lo que explica que hablemos del plexo sacro como de la base de toda santificación. Según la enseñanza velada de los Misterios, el plexo sacro une al hombre al punto de partida, al comienzo de su viaje hacia el nadir, un viaje de millones de años sobre el rió de la vida. En un primer tiempo, el descenso del rió era necesario en tanto que camino de experiencias bajo la égida del árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero en el presente es necesario remontar el rió guiándose en el árbol de la Vida. Todo hombre debe efectuar este doble viaje, sostenido por su caduceo.

En estas condiciones se comprende que, desde que comienza el viaje de regreso, el viaje hacia lo alto, es necesario que el fundamento del fuego de la serpiente cambie de función, luego de actividad. Durante mucho tiempo la humanidad ha buscado, por la vía de la psicología, la solución del gran problema: Como encontrar el camino que lleva hacia lo alto? Un grupo era arrasado por el deseo irreprimible de adoptar un comportamiento religioso; otro por el deseo intenso de aumentar sus capacidades intelectuales, sus conocimientos; un tercero buscaba una solución entre mil y una manera, desplegando para ello una actividad desenfrenada.

 

Como es posible, se preguntarán, que en un organismo complejo tan degradado resurja el deseo de restablecerse y liberarse de la rueda del nacimiento y de la muerte?

Tarde o temprano, en efecto, este deseo sube del corazón, del santuario del corazón, que está estrechamente unido a las tres cavidades cerebrales y además se encuentra que es la sede del hombre espiritual. Sabéis que este deseo es justo. Lo sabéis por el átomo original, el capullo de rosa escondido en vuestro corazón. Cuando un ser ha sido durante bastante tiempo duramente golpeado por los golpes del destino, es decir por las fuerzas originales, en un momento dado escucha una voz inhabitual hablar en su corazón. Es la voz de quien ha llegado al fin de un proceso que no ha tenido éxito, prácticamente nunca. Es el resultado de penas perdidas de esfuerzos sin numero sobre el plano horizontal, un resultado que actúa tan poderosamente en el estado sanguíneo que entonces del fondo del corazón puede salir un grito, una llamada de socorro. Es la voz de la esfinge casi enteramente sepultada en las arenas del desierto. Es la voz que lanza una llamada suplicante por la liberación. Y aquel que responde a esta voz con piedad y fervor, en entrega total, sin irritación ni rebelión ante todos los obstáculos dialécticos, siguiendo el camino que nos es mostrado desde hace tanto tiempo, este se verá capaz de restablecer el triple fuego de la serpiente.

Una vibración de frecuencia más elevada reunirá entonces en el plexo sacro los dos canales del fuego espinal del espíritu hasta entonces separados. Así será restablecido el proceso de circulación desde hace tanto tiempo perturbado y que ata al hombre a la tierra. En ese instante los tres rayos fundamentales del Espíritu Séptuple llenarán de nuevo las tres cavidades cerebrales superiores del santuario de la cabeza, con consecuencias prodigiosas. Por ejemplo, en la sexta cavidad cerebral está la famosa glándula pineal. Tan pronto como ella reciba el nuevo alimento original divino en toda su fuerza, grandes cosas van a ocurrir en la vida del alumno.

Quizás sería bueno, a modo de preparación, señalar por adelantado los aspectos de la actividad del fuego de la serpiente de los que hablaremos más tarde. La pineal actúa en el sistema humano, en particular como un generador de átomos. Por ello queremos decir que la pineal determina la naturaleza, la estructura y la esencia misma de los átomos que están en la base de la construcción de la personalidad. Los átomos de los que está compuesto nuestro cuerpo tienen una cierta calidad. Aunque los átomos de todos los hombres provienen de una única sustancia fundamental, su naturaleza y su vibración cambian completamente desde que entran en contacto con la pineal. Es pues evidente que, desde que la circulación del fuego de la serpiente es restablecida y que los tres rayos fundamentales del Espíritu séptuple irradian plenamente las tres cavidades cerebrales superiores, la actividad de la pineal cambia totalmente. Este generador produce nuevos átomos, átomos diferentes y los vierte en el ser entero. Y os daréis cuenta que de ello resultará la transfiguración.

En El Testamento Espiritual de la Fraternidad de la Rosacruz, se dice que el sexto brazo del candelabro debe inflamarse. Aquí se hace alusión a la sexta cavidad cerebral donde se encuentra la glándula pineal. Ello significa en el sentido de la Rosacruz:

1. comprometerse en un nuevo proceso vital,

2. participar en la evolución del mundo nuevo enarbolando firmemente en la mano derecha el caduceo del fuego de la serpiente restablecido,

3. ser absolutamente capaz de escalar, en la vida presente, el camino de regreso, el camino que lleva hacia lo alto,

4. comenzar la transfiguración estando en el mundo, pero ya no siendo del mundo.

 

 

 

Epílogo

 

El alumno de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro se compromete desde lo más profundo de si mismo a realizar en el más alto nivel su deber según la materia, el alma y el espíritu. La realización de este deber significa pues: conocer este deber, desearlo de todo corazón y realizarlo con alegría. Este conocimiento, este deseo y esta realización suponen, en particular, una comprensión y una percepción perfectas de las leyes superiores del verdadero devenir del hombre y de las relaciones de las corrientes de vida entre ellas. Toda anomalía en este dominio está en oposición con la Voluntad divina y debe ser totalmente rechazada.

El alumno de la Escuela Espiritual actual se compromete a ser de una integridad absoluta hacia si mismo, hacia los demás y hacia Dios. No vacilará en llegar hasta el olvido de si mismo- incluso según el alma y el cuerpo. El olvido de si mismo significa que, impulsado por un amor verdadero, conscientemente se da por entero a la comunidad que forma el grupo. El olvido de si mismo significa la liberación del alma. <<Quien quiera perder su vida por mi la conservará.>> Amen.

 

Oración final

 

Hermanos y Hermanas

Para aquellos que tienen una voluntad pura

es de nuevo el tiempo

de volverse hombres verdaderos

en el verdadero sentido del termino.

A vosotros volverá el honor particular

bajo la luz de la estrella ardiente

de volveros almas liberadas.

El divino Maestro dijo una vez:

<<Yo soy el alfa y la omega.>>

El os guiará por el Camino de las Estrellas. Amen

 

 

 

 

IV

 

LA REVOLUCIÓN INTERCÓSMICA QUE VIENE

 

Apertura

 

Reunidos en la fuerza de radiación de la Santa Rosacruz, que sean multiplicados en vosotros la gracia, el amor y la paz por el conocimiento de Dios, en la santificación del Espíritu, en obediencia y en unión por la sangre a Jesús el Señor.

Amen.

 

<<El amor de Dios se ha manifestado hacia nosotros en que Dios ha enviado a su Hijo único en el mundo a fin de que vivamos por él. Y conocemos que moramos en él y que él mora en nosotros, en que, por el Hijo, nos ha dado su Espíritu.>> Amen.

 

Prólogo

 

<<En el nombre de Dios, protector del Universo:

Aquí abajo, oh alma, está el mundo material, la morada del deseo  insatisfecho, del miedo, de la degeneración y de la aflicción.

Allí arriba está el mundo del Espíritu, la morada de la paz, la liberación del miedo, la alta nobleza y la alegría.

Tu has visto, oh alma, y has experimentado estos dos mundos. Elige ahora uno de ellos conforme a tu experiencia.

Tu has salido, oh alma, de un cierto tronco y de este tronco eres una rama. Sea cual sea la distancia entre la rama y el tronco, siempre permanecen en unión, en contacto, de manera que cada rama recibe del tronco su alimento. Si algo se interpone entre el tronco y la rama, ésta ya no sería alimentada, se secaría y moriría. Medita en lo anterior, oh alma, y convéncete de que estás destinada a regresar a tu Creador, que es el tronco del que has salido.

Por ello libérate de las manchas y de los fardos de este mundo material, que te impiden regresar al mundo superior que es el tuyo, y al tronco del que has salido.>> Amen

 

Ritual

 

<<Lo que vivía el Rosacruz de la Edad Media observando los procesos de la naturaleza es una santa ciencia. Lo que vivía: su disposición al sacrificio espiritual, sus alegrías profundas, los grandes fenómenos de la naturaleza, incluso el dolor y la pena, los acontecimientos sublimes y alegres que se presentaban a él durante sus experiencias, todo ello obraba en él de manera liberadora y saludable. Todo lo que en el tiempo fue depositado en él reposa en la hora actual en las raíces más profundas, más interiores del ser humano.

Como encontrar ahora las fuerzas escondidas que conferían antaño la vista etérica? Las encontramos cuando, por meditación y concentración serias, nos abandonamos enteramente a la vida interior del alma […] Entonces se producirá lo que, por el instante, está reservado a un pequeño numero y que Pablo vivió en el camino de Damas: la percepción del Cristo etérico, que aparecía de manera supra-sensorial a la humanidad. Antes el hombre debe llegar de nuevo a la contemplación espiritual de la naturaleza […] El hombre no llegará a esta contemplación espiritual mientras no haya atravesado un proceso de transmutación interior, que solo es posible a lo largo del camino de la ciencia espiritual […].

El bautismo del Jordán, en el que el Cristo descendió en el cuerpo de Jesús de Nazaret, y el misterio del Gólgota prepararon a la humanidad para contemplar y experimentar -en el curso de este milenio […]- al Cristo en el cuerpo etérico. Cristo solo vino a la tierra una sola vez en un cuerpo de carne. Se debe poder comprenderlo! El regreso del Cristo significa: la contempla­ción suprasensorial del Cristo en el cuerpo etérico.

Cualquiera que quiera recorrer el justo camino de desarrollo deberá adquirir el poder de percepción del ojo espiritual. La humanidad no progresaría si el Cristo debiera manifestarse en un cuerpo físico una vez más. Cuando regrese, se manifestará en el cuerpo etérico.

Lo que las diversas religiones fueron capaces de ofrecer fue reunido por Cristian Rosacruz y el Colegio de los Doce. La consecuencia de ello será que todo lo que las religiones han ofrecido cada una en particular, lo que sus fieles han intentado realizar y lo que ardientemente han esperado, todo ello será ahora presente en la impulsión crística. La misión de los tres mil años futuros es cultivar y hacer crecer la comprensión de las impulsiones crísticas. A partir del siglo veinte, todas las religiones serán unidas en el misterio de la Rosacruz. Ello se volverá posible en los tres mil años futuros, pues ya no será necesario enseñar a la humanidad por medio de documentos escritos, sino por la contemplación directa del Cristo, y la humanidad comprenderá lo que Pablo vivió en el camino de Damas: la humanidad experimentará ella misma la experiencia de Pablo.>>[5]

 

Cuarta alocución

 

Como os hemos explicado, desde el origen de los tiempos una intervención divina universal tiene lugar para el mundo y la humanidad, actividad que designamos habitualmente como la del Espíritu Santo Séptuple. Es el Espíritu Santo quien guía a la humanidad paso a paso según el plan que está en la base del universo. Mientras que la humanidad aceptó esta dirección divina, y que la psiquis humana se ajusto a ello enteramente, todo fue bien. Pero mientras que la conciencia humana aumentaba y las diversas estructuras orgánicas alcanzaban su pleno desarrollo, comenzó evidentemente un periodo muy peligroso, pues el hombre debió asumir por si mismo en una cierta medida el curso de su vida y su evolución ulterior. La intención del Logos era que su confianza en Dios, su comprensión de la manifestación universal y su libre voluntad debían guiarla en esto. De la misma manera que un recién nacido debe un día aprender a caminar, de la misma manera comenzó, no hace mucho tiempo, un periodo en el que el hombre debió desarrollar y ejercer su libertad en tanto que uno de sus atributos absolutos.

Comprenderéis que en ese momento, una estrecha vigilancia y, en caso de necesidad, una firme intervención fueran necesarias en razón de los riesgos incurridos, no únicamente por la corriente de vida humana sino también y sobre todo, desde el punto de vista intercósmico, por el orden universal, por toda la creación. He aquí por que vemos en nuestra época intervenir al Serpentario y al Cisne, ello a fin de prevenir o neutralizar los numerosos peligros que amenazan al mundo y a la humanidad, al sistema solar y al universo entero. Sin ninguna duda lo comprenderéis.

Pero igualmente comprenderéis que unos acontecimientos insólitos van a sobrevenir sobre la tierra como en su entorno directo. Esta es la razón por la que decimos que, en este periodo particular, esta intervención intercósmica provocará muchos fenómenos atmosféricos inhabituales así como perturbaciones de la técnica respiratoria.

Todas estas influencias atmosféricas ejercerán un poderoso efecto, en particular sobre las capacidades sensoriales del hombre, especialmente sobre la vista que se volverá también una percepción interior. Estas nuevas capacidades que se desarrollarán incidentalmente desvelarán una gran parte de lo que era hasta entonces invisible y escondido como detrás de un muro, por ejemplo los habitantes de la esfera reflectora y su entorno.

Bajo las mismas influencias, el campo de radiación del polo norte de nuestro planeta revelará sus misterios. Será entonces posible ver y conocer a los habitantes de las regiones situadas bajo la superficie de la tierra, pues la revolución intercósmica modificará enteramente la evolución de ellos también. Todo ello se producirá en particular por numerosas erupciones volcánicas que transformarán considerablemente las profundidades de la tierra de la misma manera que el aspecto exterior de los continentes y los mares.

 

Otro aspecto de este nuevo desarrollo del mundo -que se debe considerar como lo contrario del camino descendente que lleva al nadir, es decir como el camino que sube a la Casa del Padre- es el establecimiento de relaciones intercósmicas con los habitantes de otros planetas y cuerpos celestes. En efecto, estos nos visitarán y aprenderemos muchas cosas de las que aún no tenemos ninguna noción.

Nos contentamos con abordar estos aspectos de este próximo futuro con una mirada profética. Los aspectos científicos y técnicos no son de nuestra competencia. Por primera vez en el mundo, todos aquellos cuyos ojos serán abiertos, o tengan la capacidad de abrirse, percibirán y conocerán la Fraternidad santa y bendita de las Almas inmortales de la que ya hemos hablado ampliamente.

<<Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron. En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en numero de siete mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dijeron gloria al Dios del cielo. El segundo ay pasó; he aquí el tercer ay viene pronto.

El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo:

Te damos gracias Señor Dios todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y fuerte granizo.>> (Apocalipsis 11. 12-19)

Es evidente que dos grupos de hombres se separarán claramente en el medio de esta revolución: primeramente, el grupo de los que ya han comprendido el objetivo de la vida y trabajan para sintonizarse y armonizarse a este, como por ejemplo la comunidad internacional del Lectorium Rosicrucianum; aquellos cuyos ojos se abran ahora por primera vez bajo el choque del retorno de las cosas y que no estén completamente encerrados en la baja vida material; aquellos que, aplicando la fuerza de amor en su posesión, puedan ahora abrirse así siendo dado que esta fuerza de amor vuelve receptivo; o aún aquellos que, gracias a una orientación puramente religiosa, sean capaces de encontrar el eslabón ausente que habían perdido en el antiguo curso de su vida.

Todos estos formarán un conjunto de elementos apropiados, el fundamento de una verdadera falange sacerdotal, de una escuela interior que les introducirá en una nueva comunidad, una comunidad de verdaderos cristianos, fundando su fe en la bondad, la verdad y la realidad, en comunión directa con la Jerarquía del Cristo.

Después estará el segundo grupo, el grupo de los que, de una manera o de otra, están psíquicamente dañados. Es desmesuradamente grande y cuenta con millares de humanos: primeramente los que, karmicamente, están pesadamente cargados y vienen al mundo dotados con una personalidad ya gravemente atacada;

en segundo lugar los que han dañado profundamente el santuario de la cabeza por sus practicas mentales e intelectuales;

en tercer lugar, en los que la corrupción de las costumbres es tal que la secreción interna, el sistema sensorial y el santuario del corazón enteros están tan depravados que una vida no bastará para restablecerlos;

y en cuarto lugar, para hablar en general, aquellos que, por mediación ya de la religión natural, ya de la ciencia, o del arte, han cometido tan grandes pecados hacia la humanidad que no podrán simplemente expiarlos. Sin embargo estos hombres también deberán ser ayudados. Ellos caen, <<bajo el juicio>>, según la expresión bíblica. Este juicio no es sin embargo una sanción, como piensa el hombre medio, sino una terapia destinada a asistirlos y a curarlos sin que el resto de la humanidad tenga que sufrirlo.

Para este fin todos estos tipos de hombres son conducidos por el Logos a unos dominios particulares, en que sus comportamientos ya no podrán perjudicar al resto de la humanidad. Pues, como sabéis, el mundo con toda la humanidad forma actualmente un gran hospital, un inmenso asilo de desequilibrados psíquicos, en el que ya no hay suficiente lugar, de hecho, para atender a todo el mundo. Es pues justo decir que nos encontramos absolutamente entre la espada y la pared, y que evidentemente el Serpentario y el Cisne intervendrán sobre este punto en el orden universal de las cosas.

Como se pasará? Hablaremos de ello en nuestra próxima alocución. Amen

 

 

Epílogo

 

<<Como el sol es la alegría de los que buscan su luz, así el Señor es mi alegría pues El es mi sol. Sus rayos me han resucitado de la muerte y su luz ha expulsado las tinieblas de mi rostro. Por su gracia he recibido unos ojos y he visto su santo día.

He recibido oídos y he comprendido su verdad. He ganado el poder de meditar sobre la verdad y por su mediación me he regocijado. He abandonado la vía del error; he ido a Él y en ello he recibido la salvación en abundancia. Según la grandeza de su bondad, me ha dado; me ha tratado conforme a su generosidad principesca.

Gracias a su nombre, he adquirido la incorruptibilidad y por su gracia he renunciado a la corrupción. La muerte ha desaparecido ante me faz; una vida inmortal ha surgido para mi sobre la tierra del Señor. Esto es revelado a sus creyentes y atribuido sin reservas a todos los que se confían a él.>> Amen.

 

 

Oración de bendición final

 

Cuando un alumno o un servidor al servicio de la Fraternidad de la vida reniega de la Joven Fraternidad Gnóstica por miedo al futuro, la reacción del fuego de la serpiente es funesta para la radiación de la Gnosis.

Demostrar en todas las circunstancias vuestro aprendizaje por actos puros. La Gnosis se revelará entonces como la única vía de liberación del alma.

Hermanos y hermanas, que la fuerza de radiación llena de gracia del Cristo sea con todos vosotros. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

EL TESTIMONIO DE LA FRATERNIDAD DE LA ROSACRUZ

 

Apertura

 

Que por vuestra orientación y vuestra concentración en la Gnosis y su Gracia, podáis asimilar la Fuerza-luz de la única manera justa, a fin de que experimentéis plenamente la acción purificadora. Amen

 

Prólogo

 

<<Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas. Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo. Por tanto de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os enseñe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, y vosotros estáis completos en él que es la cabeza de todo principado y potestad.

En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.>> Amen. (Pablo, Epístola a los Colosenses, cap. 2)

 

Ritual

 

<<Por tanto, que nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entrometien­dose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la cabeza, en virtud de quién todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, Por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?. Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia.>> Amen. (Pablo, Epístola a los Colosenses, cap 2 y 3)

 

El cuerpo es sembrado en la corrupción, el menosprecio y la debilidad, dice Pablo en la primera Epístola a los Corintios, cap 15, pero lo que es redirigido, resucitado y transmutado, es nada menos que la incorruptibilidad, la gloria y la fuerza. Pues que ocurre cuando se realiza verdadera­mente el camino liberador? Se trabaja en constituir y en edificar un cuerpo del alma dotado de grandes y eternas cualidades espirituales. Cuando se descubre que en este mundo no se encuentra ningún lugar en el que reinen la serenidad, la paz, la seguridad, la libertad y la alegría; cuando se comprende que se puede calificar de ilusión tanto las cosas reales como las irreales, entonces llega la hora en la vida en la que nace el deseo de un bien diferente, de un bien superior.

Aquel que sigue a una aspiración parecida, luego la escucha, pone el pie en el camino del renacimiento del alma. Es el camino que lleva a los campos de vida de la bienaventuranza y de la paz eternas. La enseñanza semítica secreta habla del Palacio del Amor, los Gnósticos, de la plenitud de la Luz eterna; los Budistas, del Nirvana y los Cristianos del Reino de los Cielos.

Pero antes de poder comprender el camino liberador, el camino de la vida del alma, es necesario que haya rendición consciente de la conciencia yo a la Plenitud de la Luz eterna, un abandono de si mismo que no puede dañar nadie, declara la Biblia. Por ello aquel que gana el alma encuentra al Espíritu.

El alma no puede alcanzar la morada de la bienaventuranza si antes no se ha hecho la unión con la sustancia de la cual ha salido. La intuición está fundada sobre el poder del alma de conocer en su totalidad la plenitud divina universal, que se manifiesta en cada átomo de los siete dominios cósmicos. Esta manifestación constituye la esencia del Espíritu, con el cual el alma se une por su poder de intuición y de la cual va a vivir y ser. Esta es la razón por la que comprendemos bien la advertencia emitida en un antiguo escrito hermético: <<Desgraciada el alma que prefiere el matrimonio terrestre de su cuerpo terrestre a su esposo divino, el Espíritu.>> (Cita del Libro de las Llaves, escrito egipcio).

 

Es conocido que en el mundo reina una gran confusión en lo que concierne a la noción y la esencia del Espíritu. Sea como sea, no hay la menor duda de que el hombre solo puede celebrar la unión con el Espíritu si en él ha nacido el alma inmortal. Todos somos invitados por la Fraternidad de la Vida a celebrar esta fiesta, la fiesta de la endura, la fiesta que no puede dañar a nadie.

En la doctrina budista de salvación es dicho: <<Emprende este camino y pon fin al sufrimiento. En verdad soy yo quien predica el camino, yo que he encontrado como curar las heridas de las flechas del sufrimiento. Pero tu mismo debes hacer el esfuerzo de curar.>> Y en el Evangelio de Mateo, en el versículo 13 del capítulo 7, leemos: <<Entrar por la puerta estrecha. Estrecha es la puerta y angosto el camino que llevan a la vida […] Seguidme.>>

Os rogamos, penetrar en el camino estrecho y dejaros guiar fuera de las corrientes agitadas de la existencia, hacia la alegría, la paz y el reposo de la vida del alma-espíritu.

Que vuestros pensamientos, en el camino, os fortifiquen y os inciten a la perseverancia. Emplear las horas del día, esperar vuestra hora! Amen.

 

Quinta Alocución

 

Pensar bien que esta revolución compleja del mundo y de la humanidad, de la que os hemos hablado, tendrá innumerables consecuencias y modificará completamente el aspecto de nuestro mundo. Pero antes de dar una vista global de ello, esforcémonos en estudiar algunos detalles que más o menos nos conciernen a todos.

Comencemos por dar un vistazo al campo de la religión natural, en el campo de las iglesias y las sectas, luego en el campo de vida de los que creen haber encontrado el fundamento de la vida religiosa en la lectura literal de la Biblia o otras escrituras santas, y que han fundado sobre ello su ciencia y su teología, conocimiento puramente universitario, a partir del cual unos profesores, doctores e instructores han dispensado su enseñanza a innumerables personas y las han orientado en su vida presente y futura. Ciertamente no negamos el saber intelectual de los llamados sabios, pues penetrar en el conocimiento de las lenguas antiguas y todo lo que se relaciona con ello, exige inmensos esfuerzos y una inteligencia extraordinaria, por los cuales debemos tener el mayor respeto.

Pero comprender que estudiar por ejemplo el griego el hebreo el latín etc., descifrar la escritura cuneiforme los hieroglíficos y otros, quizás nos acerca más a las ideas del pasado -y permite la comparación con las de hoy- pero no nos acerca ni un milímetro a la gran Realidad absoluta. Lo que el pasado nos ofrece en este vasto dominio, gracias al inmenso trabajo y a la búsqueda encarnizada de un gran numero de eruditos, es seguramente muy bello y en general magnífico de leer y de profundizar en ello, pero, repitámoslo, no nos acerca ni un milímetro a lo que la antigua filosofía china llamaba Tao.

también es necesario tener en cuenta que el conocimiento de las generaciones pasadas fue trascrito de manera muy velada, frecuentemente escondido bajo símbolos impenetrables, o incluso traducido incorrectamente ya intencionalmente o bien por otras razones.

Un gran miedo fue la razón fundamental de ello. Pues ya conocéis los usos en vigor de nuestros <<santos>> padres: en cada época determinada, toda desviación de las concepciones religiosas era castigado con la muerte o por suplicios atroces. Así pues se puede decir que la verdad era enseñada de la manera como se la comprendía en un momento dado, lo cual no era cada vez más que una pequeña parcela de la verdad. Pues es completamente imposible, conocer la verdad por el mental, por el intelecto.

Desde la manifestación universal, siempre hubo progresión en el transcurso de las cosas; no progresión en el sentido de un cambio perpetuo, sino progresión ininterrumpida hacia un objetivo definido. La aproximación puramente intelectual a una época del pasado puede dar eventualmente un cierto conocimiento de las ideas y de la vida de esta época, pero nada de la única Verdad que todo lo engloba, de su comienzo, de su progresión y de sus intenciones. Para ello es necesario haber adquirido el estado de alma viviente, es decir que el fuego de la serpiente haya sido purificado y haya llegado a la madurez, en otras palabras disponer de un estado vehicular adulto en el mismo tiempo en el que vivimos, en el periodo actual en el que hemos entrado.

El estado vehicular del periodo que acaba de finalizar está completamente superado. En este periodo, el objetivo supremo en todas partes buscado era adquirir elevadas capacidades intelectuales acompañadas de todo el accesorio académico. Pero en el periodo en el que hemos entrado, el santuario de la cabeza debe de volverse apto para un desarrollo totalmente diferente necesitando fuerzas y principios electromagnéticos diferentes.

Ahora que el descenso de la humanidad hacia su nadir está convirtiéndose en ascenso, y que entramos en un nuevo periodo, se vuelve muy urgente que se opere un giro total del intelecto en dirección del crecimiento del alma-espíritu. Ahora y siempre resuena en el mundo este grito: instrucción, instrucción! Nosotros no nos oponemos a ello, a condición de que la instrucción permanezca en los límites de lo estrictamente necesario. Aún escuchamos a padres y madres decir: <<Mi hija, o mi hijo, tiene todavía un examen que pasar y después …ella habrá llegado, él habrá llegado!>> Donde? No lo dice pues de ello no sabe nada! Se verá más tarde! La ilusión del objetivo a alcanzar era, y siempre es, el pretendido <<éxito>>, con felicitaciones de preferencia, el éxito del <<yo>> duro como la piedra!

Estas palabras son sin ninguna duda penosas de escuchar para aquellos de entre nosotros, muy numerosos, que han hecho estudios universitarios, que poseen diplomas y creen estar en la cima de la escalera, pero que se vienen abajo en el curso de los desarrollos ya comenzados. Si os decimos todo esto, es para que desarrolléis pronto vuestras posibilidades, sin ninguna duda brillantes, de una manera totalmente diferente.

Mirar pues alrededor de vosotros: En que se ha convertido hoy el mundo? En los dominios políticos, económicos y sociales, las ruinas se amontonan. Y alrededor de todo se multiplican los escombros humeantes donde yacen muertos y heridos! En cuantos de ellos el desarrollo corporal está irremediablemente dañado? E innumerables son los enfermos mentales!

En cuanto a los hombres reputados en buena salud, deben respirar una atmósfera envenenada y poluida. Sin hablar de los millones de seres vivientes sobre un suelo totalmente desecado en el que mueren casi de miseria. Por ello, no perdiendo de vista esta realidad, se ve que es absolutamente indispensable que las fuerzas de Serpentarius y del Cisne intervengan para salvar este mundo gravemente mutilado que corre a su perdición. Se trata de restablecer las numerosas degradaciones infligidas:

por encima de la tierra,

sobre la tierra,

bajo la tierra,

y en la tierra.

Durante este proceso de restablecimiento, la parte de la humanidad que aspira a unas posibilidades de vida realmente nuevas espera el grandioso momento en el que aparecerá la salvación, la fuerza y la realeza de nuestro Dios y el poder del Ungido del Señor.

Entonces aquellos que habrán adquirido la conciencia del alma se despertarán <<del sueño de embriaguez bebido en la copa envenenada>> que les había hecho hundirse en una inconsciencia total, e irán al encuentro del nuevo sol, de la nueva aurora, <<temprano de mañana, el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, regocijantes y llenos de alegría.>>

El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz, Confessio Fraternitatis R.C., tan justamente aplicable a todos los acontecimientos, fue antaño enviada a todos los eruditos de Europa y de otras partes; y, daros cuenta, a todos los que tenían sed de verdad.

 

Suponiendo que, vosotros también, tenéis sed de la verdad, nos volvemos de nuevo hacia vosotros para deciros, después de todo lo que os hemos contado durante esta quinta Conferencia de <<Aquarius>>: leer y meditar una vez más seriamente el mensaje de la Confessio Fraternitatis R.C., El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz. Entonces conoceréis y, si Dios quiere, penetrareis perfectamente en la intención y los objetivos de la Fraternidad de la Rosacruz, tanto en el pasado como en el presente.

Es necesario mucho esfuerzo, dicen los Rosacruces, para hacer creer a alguien una cosa todavía invisible. Pero cuando aparezca pronto a la luz del día lo que os hemos anunciado, muchos estarán avergonzados de las dudas que mantenían. De todas maneras estamos seguros que será proclamado en muy alta voz en el futuro lo que decimos aún ahora con palabras encubiertas y titubeantes. Deseamos de todo corazón que ello se produzca lo más rápidamente posible.

 

Entre que tipo humano podremos encontrar hombres verdaderamente sedientos de la verdad en el sentido de los Rosacruces?

A esta pregunta respondemos: en primer lugar entre aquellos que han nacido de padres puros, habiendo dado a sus hijos una educación digna, sin haberlos forzado mentalmente de ninguna manera. En este tipo de hombre se despierta un deseo profundo de la vida liberadora, abriéndose a las verdaderas soluciones de los problemas de la existencia.

En un tiempo como el nuestro, muchos encontraran que es un gran problema educar a sus hijos de manera verdaderamente justificada psíquicamente. Ahora que el mundo alcanza el fin de un periodo y que se anuncian profundos cambios, sentirán pesar mucho esta gran responsabilidad. He aquí lo que os aconsejamos: manteneros en la medida de lo posible a distancia de los hechos y gestos ordinarios de la humanidad que, sin reflexionar ni comprender, sigue las huellas y el ejemplo de los que, por su vida, se unen a la tierra.

Preparar a vuestros hijos para la venida del nuevo día que se aproxima hablándoles mucho de ello. Un deseo inmenso, una profunda esperanza y una fe inquebrantable constituirán una ayuda poderosa en ese caso. Y uniros hoy lo más pronto posible, si aún no lo habéis hecho positivamente de verdad, a los que se les puede llamar <<los firmes y decididos>>, la falange sacerdotal de los verdaderos gnósticos. Pues este grupo estará en estado de recibir la ayuda del Serpentarius y del Cisne que, por sus fuerzas de radiación y su intervención en provecho de la humanidad entera, vuelven las cabezas y los corazones particularmente sensibles a los tiempos nuevos. Si el alma de estos hombres se desarrolla realmente, su fuego de la serpiente podrá ya ser considerado como el guía de su vida gracias a una fuerza de radiación particular, una guía muy mágica, ejerciendo una influencia extremadamente poderosa. Solo aquel que es capaz de comprender la inmensa importancia de poseer este guía triunfara ante todo. Será un precursor, el anunciador del nuevo y verdadero caduceo de Mercurio, el cetro que triunfa a todo y a todos.

Que todos obtengáis el nuevo caduceo de Mercurio, ese es nuestro deseo, esa es nuestra plegaria. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

Epílogo

 

Aquellos que viven del alma-espíritu,

y avanzan en esta luz brillante,

aquellos que se ponen en camino

para socorrer a los peregrinos

y ofrecerles la asistencia

a la que tanto aspiran,

en sus penosos esfuerzos,

en su alma sufriente,

 

Estos envuelven a todos los buscadores

con el manto de luz de la Gnosis,

que, ardiendo doblemente con un fuego ardiente,

revela la única Verdad.

Vivir la plenitud de la luz

en la inmensa fuerza del amor,

es encontrar la espada del Espíritu,

que espera el verdadero buscador. Amen.

 

 

Oración de bendición final

 

Dios es amor. Y quien mora en el amor, mora en Dios y Dios en él.

Hermanos y Hermanas, que la gracia, el amor y la fuerza del Cristo Jesús, nuestro Señor, vengan sobre todos vosotros y permanezcan en todos vosotros! Amen.

 

 

 

 

 

 


    [1]A causa del fallecimiento de J. van Rijckenborgh ocurrido en 1968, fue decidido anular las dos últimas Conferencias <<Aqua­rius>>.

    [2]J van Rijckenborgh, El camino liberador de la Rosacruz, colección El Apocalipsis de los Tiempos Nuevos, Tomo IV

    [3]J. van Rijckenborgh, Rozekruis Pers, Haarlem, Países Bajos

    [4]Extraído de En el camino del Santo Grial, cap.IX, Antonin Gadal, Rozekruis Pers, Haarlem, Países Bajos, 1983

    [5]Traducido de Rudolf Steiner, Das esoterische Christentum. Dornach, 1962 p.76. y siguientes.

 

 

 

 

EL CAMINO LIBERADOR DE LA ROSACRUZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CAMINO LIBERADOR

 

DE LA ROSACRUZ

 

 

EL APOCALIPSIS DE LOS TIEMPOS NUEVOS IV

 

 

 

Cuarta Conferencia

 

de Renovación

 

<<AQUARIUS>>

 

BÂLE, 1966

 

 

 

POR

 

CATHAROSE DE PETRI

 

Y

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

 

Prólogo

 

CONFERENCIA PUBLICA:

 

I  ¿Quienes son los Rosacruces?

 

SERVICIO DE APERTURA POR EL PRESIDIUM SUIZO:

 

II  <<Bienaventurados aquellos que escuchan la palabra de Dios y que la guardan>>

 

CUARTA CONFERENCIA INTERNACIONAL

<<AQUARIUS>> POR CATHAROSE DE PETRI Y JAN VAN

RIJCKENBORGH:

 

III  El desarrollo del poder del pensamiento

 

IV  La naturaleza superior

 

V  La primera penetración

 

VI  Iniciación y autoiniciación

 

VII  La victoria sobre el anti-hombre

 

SERVICIO DE CLAUSURA POR EL PRESIDIUM SUIZO:

 

VIII  El verdadero agradecimiento

 

PRÓLOGO

 

 

Esta publicación ambiciona dar a conocer al publico las alocuciones y rituales de la cuarta Conferencia <<Aquarius>> dada en Bâle en agosto de 1966. En el primer capítulo, el lector encontrará las alocuciones de la reunión pública que precedió a esta Conferencia. La Conferencia <<Aquarius>> propiamente dicha, mantenida por el Señor Jan van Rijckenborgh y la Señora Catharose de Petri, es el objeto de los capítulos III al VII, mientras que los textos de apertura y clausura del presidium suizo se encuentran reagrupados en los capítulos II y VIII.

Pueda el contenido de este libro hablar y testimoniar de él mismo. Ningún hombre deseoso de encontrar conscientemente su lugar en nuestra época trastornada puede dispensarse de una reflexión profunda sobre lo que está en camino de realizarse hoy, en todos nosotros y por todos nosotros, de manera irresistible. Esta cuarta obra de la serie «El Apocalipsis de los Tiempos Nuevos» debe servirnos de hilo conductor. Es nuestra esperanza y nuestro ruego que estas publicaciones ayuden a un gran número de buscadores a comprender las señales de la época y a sacar las consecuencias de ello en el momento oportuno.

 

 

Las Ediciones de la Rosacruz de Oro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALOCUCIONES

 

DE LA CONFERENCIA

 

PÚBLICA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

¿Quienes son los Rosacruces?

 

Nos sentimos penetrados por una gran alegría y llenos de un profundo agradecimiento por que nos sea permitido desearos aquí, esta tarde, la bienvenida en el nombre de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, el Lectorium Rosicrucianum. Como ha sido anunciado, nos gustaría hablaros de los Rosacruces y más especialmente poner a la luz algunos aspectos de esta Fraternidad.

Si examinamos el pasado, constatamos que en el curso de los seiscientos a setecientos últimos años, se ha hablado siempre de los Rosacruces. Sin embargo esta Fraternidad sublime existe desde hace mucho más tiempo. Esta Orden fue fundada inmediatamente después de la caída de la humanidad, y recibió por revelación divina el conocimiento del camino a lo largo del cual la humanidad puede de nuevo liberarse del abismo profundo en el que se ha hundido.

Aunque esta Fraternidad inmortal no trabajó jamás en otro objetivo que el de la liberación de la humanidad, hubo de sufrir sin embargo, a lo largo de los siglos, numerosas calumnias y persecuciones. Siempre se ha intentado hacer fracasar su trabajo, y ello siempre ha pasado de la manera más simple que consiste en abusar de su nombre fundando movimientos engalanándose con el nombre de la Rosacruz, pero persiguiendo otros fines diferentes.

No obstante llega rápidamente el tiempo en el que una gran parte de la humanidad comienza a comprender y a penetrar la verdad en lo que concierne a la Rosacruz. De la red de mentiras y engaños tendida desde la más alta antigüedad alrededor de esta Orden sublime, se elevará finalmente un monumento de belleza incomparable e inmaculado, a saber: «el Cristianismo universal de los Rosacruces».

Este cristianismo solo ha sido comprendido, en el curso de los siglos, por una minoría de personas. Pero pronto se aproxima el día en el que muchos hombres, como fue el caso para Saúl, aceptarán con una gran emoción en un momento dado, como Pablo, la Luz y el Amor de la Cruz, y se despertarán de su ceguera espiritual, ¡con la mirada nueva!

 

¿Quienes son de hecho los Rosacruces?

 

Como se acaba de decir, los Rosacruces forman la Fraternidad más antigua conocida. Mucho antes de que se hablara de los grandes guías espirituales de la antigüedad, ya existía una Iglesia interior -la Comunidad de la Rosacruz universal. De esta comunidad interior de la luz provienen todas las grandes y sublimes entidades que obraron para la humanidad caída. Por ello los Misterios familiares a los Rosacruces encierran todo lo que puede ser conocido en lo concerniente al hombre, la naturaleza y Dios. Todo sabio que haya vivido fue alumno de esta Fraternidad y recibió de ella la verdadera sabiduría.

Los Rosacruces solo sondean un único libro: el Libro de la Vida. Su lugar de reencuentro es el Templo del Espíritu Santo, que penetra la naturaleza entera. Para los elegidos, como dice la Fraternidad, este Templo es fácil de encontrar, pero a los ojos de la gran masa permanece escondido. Sus secretos están a la disposición de todo hombre capaz de recibirlos. El hecho de guardar las cosas secretas no proviene de una falta de buena voluntad para comunicarlos, sino exclusivamente de una receptividad insuficiente de parte de aquellos que están a la búsqueda de la Sabiduría divina.

Ahora bien para volver a los hombres receptivos a la verdad, a la sabiduría y al amor divinos la Fraternidad de la Rosacruz trabaja en este mundo. Ella no realiza este trabajo solamente con palabras, sino que en primer lugar con una fuerza de radiación que se dirige al corazón mismo del hombre. En medio de esta fuerza de radiación, intenta despertar en muchos el átomo chispa de espíritu, el centro espiritual lleno de misterio situado en la cima del ventrículo derecho del corazón humano. Cuando se tiene éxito en poner en movimiento en el corazón humano este núcleo de vida escondido, esta chispa del alma, puede resultar de ello un maravilloso proceso, designado como el renacimiento del alma.

Es un proceso de crecimiento interior en el curso del cual el alma nuevamente nacida se expande cada vez más, volviéndose cada vez más luminosa para elevarse un día hasta una gloria indecible, y penetrar con sus radiaciones espacios infinitos. Además de la grandiosa liberación ofrecida así al hombre, este proceso procura también ayuda y bendición a todos aquellos que suspiran aún en las cadenas de la vida terrestre, pues la luz psíquica del amor divino que se despliega se vuelve la redención de muchos.

 

Con el fin de poder alcanzar este objetivo elevado de la mejor manera y lo más rápidamente posible, la Escuela Espiritual De la Rosacruz de Oro fue llamada a la existencia hace numerosos años como instrumento en las manos de la Fraternidad. En ella no se prescribe ningún dogma sino que  se recibe una nueva fuerza en vistas del renacimiento. En efecto la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro forma un campo de fuerza, un campo de radiación salido del Espíritu Santo.

Un campo tal de radiación es edificado por enviados de la Fraternidad de la Rosacruz que han adquirido la libertad y la inmortalidad en el curso de una existencia terrestre anterior, y que han regresado a la tierra voluntariamente al servicio de su prójimo.

Tenemos esta tarde el gran privilegio de tener entre nosotros a dos enviados de la Fraternidad de la Rosacruz, fundadores de la Escuela Espiritual actual: el Señor Jan van Rijckenborgh y la Señora Catharose de Petri. Estos dos enviados forman el núcleo del nuevo trabajo gnóstico de la Rosacruz para nuestra era.

De este foco espiritual emanan sin interrupción unas radiaciones, unas corrientes de luz astral pura. Todos aquellos que se aproximan voluntariamente a la Escuela Espiritual actual, y desean vivir de este manantial central, que es amor, son unidos a estas fuerzas y a estas radiaciones. Desde ese instante, esos hombres son tomados en un proceso alquímico, que comienza en el átomo del corazón y llega a su coronación en el tiempo requerido en el triple renacimiento del espíritu, del alma y del cuerpo.

 

La alquimia de los Rosacruces

 

En 1919, el físico inglés Ernest Rutherford tuvo éxito por primera vez en la transmutación del átomo por vía experimental. Sometiendo átomos de nitrógeno a un bombardeo de partículas alfa obtuvo la formación de átomos de oxígeno y átomos de hidrógeno. Bajo el punto de vista de la transmutación de los elementos, era un éxito de la ciencia atómica moderna. El antiguo deseo de transmutar los metales viles en oro precioso parecía más cerca de realizarse. Se creyó así haber descubierto el secreto de los antiguos alquimistas, dicho de otra manera el arte de hacer oro, es decir haber resuelto el enigma de la alquimia. Así no se sorprenderá de oír designar a la actual transmutación de los núcleos atómicos como una alquimia moderna.

Sin embargo, esta interpretación se funda sobre un gran error pues, en la alquimia verdadera, en el arte de hacer oro, no se trataba del oro exterior, terrestre, sino más bien de procesos microcósmicos muy secretos, que forman desde los tiempos más remotos el núcleo de los Misterios divinos. Es importante pues comprender la transmutación de los metales viles en oro precioso como un símbolo, pues el arte de hacer el oro verdadero concierne a procesos espirituales que tienen como característica al alma, en vistas del renacimiento absoluto, de la recreación completa del ser humano. Así la verdadera alquimia se refiere al oro del espíritu.

La piedra de los sabios, que tantos hombres han buscado vanamente, no se encuentra en el reino mineral; esta piedra de construcción divina está escondida, como un grano, en el corazón humano. ¡El Reino de Dios está en el ser humano mismo! La esencia del Espíritu está concentrada en un punto escondido del corazón humano. Allí es donde se encuentra la piedra de los sabios.

 

Como ya hemos indicado, existe, en la cima del ventrículo derecho del corazón humano, un misterioso centro espiritual: <<el grano de trigo Jesús>>, <<la Rosa del corazón>>, o en términos más actuales, el <<átomo chispa de espíritu>>, o también el <<átomo crístico>>. Es en esta semilla del alma donde dormita el formidable poder de resurrección del hombre interior, el hombre celeste hecho del oro de la sustancia original pura.

La formación de este <<hombre interior>>, de este portador de luz, constituye un arte verdaderamente real. No es un proceso natural en el sentido ordinario de este termino,, sino un proceso espiritual alquímico. Por ello tal proceso debe comenzar en el átomo chispa de espíritu del corazón. Solo este átomo, como el elixir de oro, como la piedra de los sabios oculta en el hombre, tiene el poder de transmutar el plomo de la naturaleza en oro del espíritu.

De la fuerza de radiación del átomo chispa de espíritu -o átomo crístico- nace el alma nueva que, a partir de su centro, va a construir un nuevo cuerpo. Este cuerpo del alma posee una espléndida radiación color oro, y rodea al ser humano como un vestido de oro. Quien sabe tejer tal vestido de luz dorada obtiene de nuevo la unión con el Espíritu divino.

de esta fusión del alma y del Espíritu, de estas Bodas alquímicas -como los antiguos Rosacruces llamaban a este proceso alquímico- nace <<el Hijo de la Plenitud>>: el Hombre celeste interior.

 

En tanto que hombres modernos sabemos que energía formidable está escondida en el átomo, y sabemos también que peligros espantosos acompañan a la fisión nuclear experimental, peligros de los que muchos de los sabios atómicos responsables son, ellos también, perfectamente conscientes. Pero ellos no pueden decidirse a renunciar a estos experimentos porque son por así decirlo impulsados por una fuerza interior.

La enseñanza de la Rosacruz actual también nos da a conocer que además del foco atómico del corazón, es decir el átomo chispa de espíritu o átomo crístico, aún existe en el hombre otro foco atómico que se sitúa en el santuario de la cabeza. este átomo de la cabeza, llamado también átomo luciferino, ardía antaño en la luz del átomo del corazón o átomo crístico. En ese tiempo el átomo luciferino de la cabeza era el reflejo del átomo del corazón. La unidad cabeza-corazón era sí efectiva, y el pensamiento del hombre se dejaba guiar por el Espíritu, por Dios.

Pero esta gloriosa unidad fue rota. Desde tiempos inmemoriales el átomo luciferino a dejado de obedecer al átomo crístico del corazón, atribuyéndose la dirección de todo el sistema humano y lo ha desorganizado estructuralmente bajo todo punto de vista. El intelecto humano está así inflamado en Lucifer de manera que hostiga al hombre tomado en la reacción en cadena de los pensamientos coercitivos: el hombre nacido de esta naturaleza no vive, ¡es vivido!

En razón de esta fuerza mental impía, el proceso alquímico que se efectúa entraña así un doble efecto: exteriormente, la explosión y la destrucción, e interiormente, la cristalización y la muerte. Solo si el hombre regresa a la alquimia verdadera, para lo cual el renacimiento del alma es una condición absoluta, se le volverá posible liberar al hombre celeste interior y por este hecho obtener la libertad eterna.

 

Experimentamos una alegría inmensa de poder hablaros de estas cosas, aquí, en Bâle. En efecto, hace 440 años vivía en esta ciudad Théophraste Paracelsus von Hohenheim, llamado comúnmente Paracelso, que, aunque no fue comprendido por sus contemporáneos, era un alquimista autentico, cuyo nombre os es sin duda conocido.

Durante un corto período, Paracelso ocupó en la universidad de Bâle la cátedra de profesor de ciencia y de medicina, asumiendo enteramente las funciones de médico de la comuna. Estaba dotado del discernimiento y la fuerza, y las aplicó en el sentido de una química interior en vistas de la liberación del hombre interior, lo que hizo de él un verdadero médico, un verdadero cirujano, un verdadero curador, de la que la santificación del ser humano era la misión más profunda.

Restablecimiento, curación representan siempre, tomado en este sentido, santificación, sobre el fundamento del alma nueva, del alma renacida.

 

 

El misterio del alma

 

<<¿Para que le serviría a un hombre ganar el mundo entero, si perdiera su alma?>>.

Sobre estas palabras dirigidas un día por Jesús a sus discípulos reposa todo el edificio de la verdadera alquimia, el edificio del renacimiento de Agua y de Espíritu. En tanto que eslabón entre el espíritu y el cuerpo, el alma tiene una significación preponderante, pues, por su naturaleza divina pura como <<alma-espíritu>>, es el interprete luminoso del Espíritu incognoscible y, además, vuelve posible la entrada de la fuerza del Espíritu en el cuerpo.

Sin alma no hay conciencia, y por ello ninguna unión con la manifestación del Espíritu. Por ello brota como un grito a través del universo entero el deseo de cada ser animado, el deseo primordial de seguridad y de paz que expresan las palabras:

<<¡Salva a mi alma, oh Dios!>>

La exhortación a la renovación del alma, al renacimiento del alma, atraviesa como un hilo de oro los Evangelios y los escritos sagrados de todos los tiempos, y hace tantas veces referencia a esta exigencia que se llega involuntariamente a hacerse esta pregunta: <<¿Que es en verdad el alma?>>

 

El alma es un fuego, un principio ígneo. Por ello se habla del fuego del alma. Según la terminología de la Rosacruz actual, este fuego es de hidrógeno ardiendo en el oxígeno. Sabemos que sin fuego no hay combustión, ni transmutación de la materia. En el hombre también tienen lugar procesos de combustión, luego de transmutación.

En el universo visible, llamado por Jacob Boehme: <<la casa de la muerte>>, es un fuego impío el que está encendido, una concentración de hidrógeno que no arde conforme al plan divino de las cosas. Desde siempre la Enseñanza universal designa a este fuego impío por <<Lucifer>>. Todo ser nacido de esta naturaleza porta en si este fuego impío como la llama del alma. <<En este fuego>> dice Shankara, <<son echados, como en una corriente ininterrumpida de ofrendas, los objetos del deseo, por los cuales el universo visible viene a la existencia.>> Este principio psíquico luciferino dota al ser nacido de esta naturaleza de una conciencia determinada, su conciencia natural personal, y de una actividad mental y emocional en conformidad. Es lo que permite decir que el pensamiento humano está inflamado en Lucifer y acarrea resultados en correspondencia. Si conserváis ello ante vuestros ojos, veréis claramente porque el mundo y la humanidad son tal como son.

 

Según la Enseñanza universal, el espacio entero, el universo, está lleno de sustancia original. Esta materia original está constituida de átomos de elementos variados disociados. Es la materia de donde proviene toda la creación y por la cual es edificada. Se puede así comparar al hombre a una pila atómica, pues su forma corporal cuádruple también está constituida de innumerables átomos. Estos átomos están polarizados con el fuego psíquico impío que arde en el ser humano nacido de esta naturaleza. Su polarización indica siempre la dirección de la existencia espacio-temporal propia al orden dialéctico del mundo. Y como la vida de este mundo solo es una <<apariencia de vida>> y que no se puede volver permanente una apariencia, la forma corporal humana se deteriora siempre de nuevo en la muerte, y los átomos que esta forma libera regresan a su origen. Así pues si queremos vencer a la muerte, es necesario que los átomos de nuestra personalidad sean receptivos a una polarización diferente. Para hacer esto es necesario que apaguemos el principio de fuego luciferino y que otro fuego psíquico se encienda en nosotros: el Fuego crístico.

En el centro de nuestro microcosmos, en nuestro corazón se encuentra el átomo chispa de espíritu, el átomo crístico ya mencionado. Este átomo pertenece a un mundo de un orden diferente al de los átomos de nuestra forma corporal. Es el átomo del que el poeta dijo: <<Un solo átomo divino valdría más que mil paraísos.>> Cuando este átomo divino se vuelve activo en el corazón, de este se desprende una nueva fuerza, santificante. Una nueva luz comienza a manifestarse en el corazón. Es lo que podemos llamar el nacimiento del alma nueva, el alma divina.

Cuando esta nueva luz del alma, esta luz crística se pone a brillar en nuestro corazón y se expande a través de nuestro ser, todos los átomos de nuestra personalidad son abrazados por esta corriente espiritual. Entonces la polarización de los átomos cambia progresivamente; se espiritualizan. De ello resulta una nueva conciencia, una nueva mentalidad. En otros términos, por el alma nueva y la nueva conciencia, la fuerza espiritual afluye en el cuerpo y realiza su transfiguración. ¡Este es el misterio del renacimiento evangélico!

Es necesario que, en primer lugar, renazcamos según nuestra alma mortal, y que a continuación construyamos el cuerpo del alma. Entonces, de lo que se llama el <<plomo>> de la naturaleza nacerá <<el oro del Espíritu>>. Entonces lo mortal será revestido de lo inmortal como lo expresa Pablo en la primera Epístola a los Corintios: << Es sembrado corruptible, resucita incorruptible. Es sembrado despreciable, resucita glorioso. Es sembrado impedido, resucita lleno de fuerza. Es sembrado cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual. Si hay un cuerpo animal, hay también un cuerpo espiritual. Por ello está escrito: el primer hombre, Adam, se volvió un alma viviente. El último Adam se ha vuelto un espíritu vivificante.>> ¡Podamos todos ser profundamente penetrados por esta gran verdad!

 

 

 

 

La Rosacruz en nuestra época

 

Estamos al principio de una nueva era del mundo. El período que está ante nosotros es generalmente llamado la era de Acuario, Aquarius, o el Portador de agua, por el hecho de que el punto vernal ha entrado en el signo zodiacal de Acuario. Así comienza un capítulo nuevo de la evolución de la tierra y de la humanidad, pues las influencias de la era de Acuario que se abre se hacen sentir cada vez más fuertemente, y a causa de ello el mundo y la humanidad sufrirán cambios de una importancia capital.

En concordancia con esta revolución cósmica una fuerza de radiación de frecuencia muy elevada viene a nosotros, cuyo poder no cesa de aumentar y que ha salido del campo de vida del hombre original. La atmósfera terrestre también está tocada por esta revolución cósmica. Ahora bien dado que sabemos cuanto depende el hombre de la atmósfera que le rodea, su sustancia respiratoria, podemos representarnos que, si nuestra atmósfera cambia, ello debe necesariamente tener una enorme influencia sobre el comportamiento físico, moral y espiritual de la humanidad. En razón de estas nuevas influencias que emanan de las radiaciones intercósmicas, la composición de la atmósfera terrestre sufre progresivamente un gran cambio, y ello con un propósito divino profundo. Si el hombre no sabe adaptarse a ello según el cuerpo, el alma y la conciencia, en un momento dado, bajo el efecto de las leyes naturales, se encontrará ante dificultades insuperables, tanto en lo que concierne al cuerpo como al alma.

Por otra parte, la era de Acuario contiene en si misma grandes y gloriosas posibilidades. Pues aquel que sepa reaccionar de manera positiva a esta fuerza atmosférica crística verá el nuevo sol, el sol del Espíritu, levantarse en su vida. En el curso de este período, será en efecto posible para el hombre liberado, el hijo de Dios, regresar a la Casa del Padre.

Sin embargo, para reaccionar a esta fuerza atmosférica del Cristo, el hombre tiene necesidad de un intermediario, el alma nueva renacida. Pues solo esta alma-espíritu es capaz de adaptarse armoniosamente al desarrollo cósmico actual. El hombre nacido de esta naturaleza, como ya hemos establecido, no posee esta alma-espíritu; y ella no le caerá del cielo. Dispone del alma natural, del principio de fuego luciferino, pero después de la muerte esta alma natural se disgrega si no ha renacido en el curso de la vida.

Por ello esta cuestión es para nosotros decisiva: <<¿Como llegar al renacimiento del alma? ¿De que manera adquirir el alma-espíritu? ¡Las frecuencias vibratorias de las puras corrientes de fuerza de la sobrenaturaleza, y las de las corrientes de fuerza del Reino de Dios, son demasiado elevadas para ser asimiladas por el alma natural! ¿Como superar esta dificul­tad?>>

Es aquí donde la Fraternidad de la Rosacruz entra en escena como intermediaria. Ella baña a todos aquellos que buscan la renovación del alma en un campo de fuerza, un campo de radiación cuya vibración puede ser soportada por el hombre nacido de la naturaleza, y con la que puede trabajar para su curación. Este campo de radiación brilla con una gran magnificencia y se una al foco formado aquí, en la tierra, por los enviados de la Fraternidad.

Estas radiaciones se dirigen hacia todos aquellos que aspiran a ello, y en particular hacia el corazón de aquellos que, para unirse a ella, se aproximan a la Escuela Espiritual. Dicho de otra manera, la Escuela Espiritual es un poderoso campo electromagnético en el que diversas radiaciones, vibraciones y fuerzas están activas, para despertar a la vida espiritual superior a todos aquellos que penetran en ella. Queda excluido que un hombre pueda participar en la vida divina únicamente sobre la base de una devoción ordinaria o de una religión establecida.

Antes de que el alma pueda desplegarse, nuestra antigua forma natural debe romperse. El átomo chispa de espíritu, la Rosa del corazón, para abrirse a la vida nueva, debe recibir continuamente, día y noche, una radiación de luz en armonía con su esencia. Por ello el ser humano es colocado ante la cuestión de saber si va a dejarse arrastrar por las corrientes de fuerza intercósmicas que mueven el universo entero, en un rompimiento y en una trituración continuas, o si tomará la mano salvadora tendida para salvarle del dominio de la muerte.

Hablamos de la Rosacruz actual, porque ella transmite una fuerza de radiación adaptada a nuestro tiempo. Los caminos que, en otro tiempo, llevaban a la liberación ya no pueden ser recorridos hoy, porque la situación cósmica y atmosférica se ha vuelto diferente, y el hombre de hoy debe adaptarse a esta nueva situación.

 

La Escuela Espiritual de la Rosacruz actual tiene estos días, del 23 al 27 de julio, su cuarta Conferencia internacional de renovación <<Aquarius>>. Alumnos de numerosos países europeos y también del otro lado del mar, son reunidos aquí para recibir una intensa efusión de fuerza espiritual.

Esta Conferencia está destinada solo a los alumnos de la Escuela Espiritual. Sin embargo la luz que será liberada aquí durante estos días, y cuya radiación es de gran amplitud, puede ayudar a todos los hombres de buena voluntad, para que aquellos que están aun en el exterior encuentren la luz y recorran sus caminos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SERVICIO DE APERTURA

 

 

por el Presidium Suizo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

<<DICHOSOS AQUELLOS QUE ESCUCHAN LA PALABRA

DE DIOS Y LA GUARDAN>>

 

Voto

 

Todos nosotros, admitidos en el Cuerpo magnético de nuestra Escuela Espiritual, nos elevamos hacia la Luz de las luces, a fin de que libere en nosotros la nueva fuerza del alma para la vida nueva.

 

 

Oración de apertura

 

Luz Original que emanas de la Vida Divina:

podamos ser santificados por Ti.

Que Tu Reino descienda sobre nosotros.

Que Tu Voluntad actúe en todo nuestro ser

en armonía con Tu Naturaleza Divina.

Con este fin,

concédenos cada día Tu Pan Sagrado.

 

En la Fuerza de Tu Contacto

rompemos todas las ataduras

que se oponen a Tus Intenciones,

Y perdonamos y olvidamos todo

lo que el mundo y la humanidad

nos han causado por su estado natural.

 

Que Tu Luz Misericordiosa

Borre enteramente nuestro Karma,

sobre la base de nuestro nuevo

comportamiento de vida.

 

Protégenos, oh Luz, en la tentación,

y líbranos del mal

cuando intente apoderarse de nosotros.

 

En Ti está la Vida Nueva,

y la Fuerza,

y la Magnificencia,

por toda Tu Eternidad. Amen.

 

 

 

 

Ritual

 

<<

 

Este pasaje de la «Fama Fraternitatis R.C.» proyecta la luz sobre Teofrasto Paracelso von Hohenheim, que vivió temporalmente aquí, en Bâle, hace 440 años y que trabajó aquí, pero que, lo mismo que en otras partes, no pudo revelarse como habría querido. Así la obra de su vida permaneció inacabada; es decir que no pudo ni ser conocido de la justa manera, ni tener toda su eficacia, lo que equivalió para toda la humanidad a una perdida inestimable.

Por esta razón Rudolf Steiner, en su tiempo, recibió de la Fraternidad la tarea de continuar el trabajo de Paracelso. Rudolf Steiner vino a Bâle en 1913 y trabajó hasta su muerte en Dornach, cerca de Bâle, donde el Goetheanum da testimonio de su actividad creadora. Sin embargo, aquí igualmente, la misión real de la Fraternidad permaneció inacabada en lo que concierne a sus aspectos más profundos. Por ello el trabajo de Paracelso es llamado a manifestarse en el seno de nuestra Escuela Espiritual. Nuestro Gran Maestro prosiguió esta misión de la Fraternidad en el curso de la primera Conferencia <<Aquarius>>. Puesto que, festejamos, aquí, en Bâle, nuestra cuarta Conferencia <<Aquarius>>, nos es permitido ver en ello una señal según la cual esta misión ha tomado vida en nuestra Escuela y encontrará en ella, en el tiempo futuro, si Dios quiere, su difusión para la curación y el levantamiento de la humanidad caída. Amen.

 

Para los alumnos llamados a la curación, es decir a la santificación en un Cuerpo magnético gnóstico, la ayuda médica solo constituye uno de los aspectos en el proceso fundamental de la liberación. Pues, visto dialécticamente, un hombre puede tener perfecta salud mientras que es invariablemente la victima de la enfermedad dialéctica que se manifiesta por la muerte y la aniquilación. Por ello el alumno es llamado a la vida indestructible.

Esta curación fundamental, esta santificación, tiene un comienzo y un fin. Comienza en el Cuerpo magnético de una Escuela espiritual gnóstica y termina en el nuevo Campo de vida, donde penetra el hombre gnóstico tres veces renacido. Un Cuerpo magnético gnóstico se forma bajo la dirección de enviados de la Fraternidad universal, enviados que, entre otras cosas, poseen <<el tesoro de la joya maravillosa>>, expresión que designa a la Rosa del corazón que ha alcanzado su perfecta actividad, y que, con la fuerza del Amor divino que ellos irradian, buscan y restablecen lo que se ha hundido en las tinieblas de la naturaleza dialéctica. Es en esta <<semilla>> que emana de la Gnosis donde el alumno encuentra de nuevo su <<primer amor>>, es decir el amor de la unión directa con Dios, del que el hombre, en un momento dado, se ha apartado por presunción  e ignorancia. Ningún mortal puede pues rechazar este <<primer amor>>, este restablecimiento de la unión consciente con la Gnosis, con Dios. Aquel que lo hace rechaza por ello mismo el camino, así como las posibilidades renovadoras de este camino.

Los enviados de la Gnosis encuentran, es verdad, adeptos en el campo terrestre, pero frecuentemente ocurre que estos hacen un uso incorrecto o un empleo demasiado limitado de la semilla divina ofrecida por la Gnosis, ya por falta de comprensión, ya por un gran egocentrismo. La corriente de la Gnosis no encuentra entonces ningún receptáculo en el cual pueda vertir y dirigir el proceso de renovación.

Pero desde que nace en el alumno la disposición a remitirse plenamente a este principio gnóstico central, en la renuncia a si mismo al servicio de la humanidad, la corriente de la renovación se adueña de él y lo hace avanzar por el camino de la vida. Del centro de su microcosmos una fuerza nueva, una nueva luz comienza a crecer. Es el nacimiento del alma nueva, que se anuncia y crece diariamente en fuerza y en gracia, si el alumno permanece íntimamente unido al principio central del Cuerpo magnético. Así encuentra en si mismo el reposo al que siempre podrá retirarse. Incluso si, más tarde, se elevaran tempestades en él o alrededor de él, desde entonces le sería posible desplazar siempre los acentos de su vida hacia la nueva alma que crece en él, hacia el hombre interior que se desarrolla en él. Tal estado de ser confiere una alegría interior y una confianza aún desconocidas, y hace que se pueda soportar con serenidad tanto la enfermedad como la debilidad corporal.

<<Por ello, Hermanos y Hermanas, no perdamos el coraje, pues aunque nuestro hombre exterior se destruya, nuestro hombre interior se renueva día a día. Pues nuestras ligeras aflicciones del momento presente producen en nosotros, más allá de toda medida, un peso eterno de gloria, porque ya no miramos a las cosas visibles, sino a las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, pero las invisibles son eternas.>> Amen

 

 

Alocución

 

<<Dichosos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la guardan>>. Amen.

Ha llegado el momento en el que el gran acontecimiento de esta cuarta Conferencia tan particular de <<Aquarius>> puede revelarse a todos. Si os habéis preparado para ella de la buena manera, sois entonces conscientes de que vuestro <<antiguo vestido>> pertenece al pasado. Las normas del pasado ya no tienen curso hoy. Lo que subsiste es lo que sois en este momento.

El Libro de la Vida está ante nosotros. Ahora está abierto ante nosotros. Cada página comienza por el enunciado de una misma y única misión interior, cada palabra está penetrada por ella: <<Dichosos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la guardan>>

Un único plan forma la base de todo el universo, y este plan no está constreñido por límites. No tiene ni comienzo ni fin, como a veces podría suponerlo el hombre nacido de esta naturaleza. Este plan se distingue de una manera muy particular por una ley infalible. Todas las criaturas que viven según esta ley realizan, sin excepción, la misión interior.

Se puede aceptar o rechazar una misión exterior. En el mundo dialéctico, el hombre quiere conocer primeramente en que consiste la misión, lo que está en relación con ella, que ventajas puede eventualmente sacar de ello o de que responsabilidades tendrá que encargarse. Solamente cuando ha pesado todo bien responde con un si o un no. Una misión interior es siempre una parte del plan de creación, plan que ofrece miríadas de aspectos. Todos estos aspectos, de los que no se puede hacer ninguna representación, forman el conjunto que designamos como <<plan de creación>>.

No se puede descuidar ninguna subdivisión. Así toda misión interior porta en si su propia ley; pues si todo el plan de creación responde a una ley, lo mismo debe ser necesariamente para cada una de sus subdivisiones. Si negamos la misión interior, si la rechazamos, rechazamos la misión dada por Dios.

La caída de la humanidad comenzó cuando una parte de esta humanidad negó la ley divina, ya no la realizó, y se alejo de la misión divina. La primera caída del hombre marcó el comienzo de la crítica. Es preciso considerar que el origen de la crítica está en relación con la caída del hombre. En el plan de creación, el hombre-dios sigue un desarrollo. Por una parte, realiza su misión en el seno de la unidad, en obediencia ininterrumpida; por otra parte, es precisamente la realización de esta misión la que lo hace avanzar.

Todo desarrollo representa una boya, una piedra de toque. Una piedra de toque constituye un criterio. Esta se desprende directamente de la ley. Cuando en el universo una misión interior es realizada según la ley y en un orden armonioso, bien podemos considerarla como realizada pero no como terminada. En un cierto sentido la realización es un fin, pero en realidad, es el comienzo de la misión siguiente.

Este fin y este comienzo, tan difíciles de comprender para nosotros, humanos, constituye precisamente el criterio. En otras palabras y más simplemente, cada criterio es una prueba. Cuando una misión está realizada como ahora lo comprendemos, la obra pasa por la prueba antes de la nueva misión. Toda misión puede y debe ser realizada en armonía con la ley divina. Por ello un Rosacruz sabe que, para Dios, todo es posible.

Ahora concebimos la estrecha relación que existe entre la noción de criterio y la de crítica. Si no realizamos la misión confiada por Dios, ejercemos la crítica en el verdadero sentido de este termino. La Rosacruz sabe que, en la aceptación de todo lo que le es dado, en la aceptación de su misión interior, la realización está implicada.

 

¿Que recibe el hombre vivo en unión con Dios? ¡Todo para realizar la misión de Dios! Ahora bien recibir sobrentiende aceptar, y ello ocurre cuando aceptamos lo que recibimos. En la medida en que un hombre no acepta la misión interior, tampoco puede recibirla. Entonces permanece en la crítica.

En tanto que un hombre no acepta la misión confiada por la Gnosis, no está exento de crítica. Esta crítica, esta manera de combatir la ley de Dios constituye, expresado en términos muy moderados, la mayor estupidez que un ser puede cometer.

Sin embargo todos conocemos muy bien esta misión particular, esta misión sagrada. Ella no está únicamente consignada en la Biblia; para todos nosotros, alumnos de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, está grabada en la piedra de base del Templo de Cristian Rosacruz:

<<A todos aquellos que La han recibido

Ella les ha dado el poder

de volverse hijos de Dios.>> (Juan I,12)

Si aceptamos esta palabra, todo está a nuestra disposición para realizar la misión recibida. Por ello el universo entero está penetrado por las palabras: <<Dichosos aquellos que reciben la palabra de Dios y la guardan.>>

El santo trabajo, para Dios, el mundo y la humanidad, significa el <<deber>> voluntariamente aceptado. Si, <<es lo que es preciso que hagamos>>, <<el santo deber>> que tan bien conocemos. Que gracia el poder seguir, aquí juntos, en la unidad de las almas, la llamada interior: <<Realizar libremente, voluntariamente, la voluntad del Padre.>>

 

<<Dichosos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la guardan.>> Desde que un hombre puede escuchar, desde que se vuelve un constructor, cuando está en el movimiento, en la realización y puede conservar todo lo que ha recibido, un ser divino tal está lleno de beatitud. Un ser tal satisface todos los criterios con agradecimiento.

Cuando estamos en estado de aceptar nuestra misión, estamos absolutamente exentos de toda crítica, de toda lucha. Ya no se nos encuentra pues debatiéndonos contra la maldad y la enemistad, pues estas cosas ya no hacen presa en nosotros. Ya no tenemos que preguntarnos: ¿Debo hacer esto o aquello? ¿Debo ir o quedarme? Pues durante todo el tiempo en que el hombre se desplaza por el largo camino de la naturaleza dialéctica, el camino horizontal, está obligado a preguntarse si debe ir a izquierda o derecha. Pero si se encuentra en la casa de Dios, la morada Sancti Spiritus, tal pregunta ya no se formula para él.

 

Y ahora, queridos amigos, tenemos tras nosotros la marcha penosa a través de las trampas de la naturaleza. Ahora que hemos llegado a la montaña, olvidamos que el camino hasta la cima presenta más de un pasaje peligroso. Pero para todos aquellos que los han discernido, el peligro se reduce a la mitad.

Todos tenemos detrás de nosotros experiencias muy variadas. Más de uno fue a veces rodeado por una niebla tan espesa que ya no podía dar un paso ni hacia adelante ni hacia atrás. Cuán precioso era, en tales momentos, llegar a la reflexión interior y, en la fuerza de la fe, avanzar sobre el único camino, el camino estrecho que sube hasta la cima donde la forma muere. Sin duda os ha ocurrido a veces, por ejemplo, perder un objeto inútil y volveros sobre vuestros pasos y de buscarlo como un loco negligiendo la advertencia de no regresar hacia atrás. Quien no se da la vuelta se da cuenta bastante rápido que, no solamente la cosa perdida no tenía ningún valor, sino que habría sido un obstáculo para su progreso futuro. Otra vez, se os ha quitado un peso. En lugar de estar agradecidos, os habéis opuesto a ello. Entonces habéis entablado la lucha, armado hasta los dientes, y en el fuego de la batalla os habéis olvidado, tanto mentalmente como sentimentalmente, de la palabra liberadora que os acompaña por todas partes.

Vuestra presencia aquí, en esta cuarta Conferencia de <<Aquarius>>, prueba que habéis reaccionado positivamente a la palabra de la Gnosis. A pesar de todos los obstáculos, habéis permitido al Otro en vosotros el asistir a esta Conferencia tan particular. ¡No lo lamentéis, alegraros de ello! Si se os retiran las viejas normas, no busquéis retomarlas, ¡dejarlas donde están! Nos es ofrecida a todos una norma superior. Ella está ahora en el medio de nosotros y nos guía hacia la cima donde la forma muere. Hermanos y Hermanas, que la última incertidumbre, la última mala hierba de la duda, amarga y venenosa, desaparezca en la hora presente. Vuestros últimos esfuerzos, sin duda enormes en parte, vuestras tentativas sinceras son recompensadas.

¿Porque hemos sufrido tantos tormentos? ¿Cual era pues la causa de todo este sufrimiento? ¿No lo sabemos? En la Biblia se dice: <<Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento>> Así pues si el pueblo de Dios, que posee este conocimiento y es llamado según este conocimiento a cumplir su misión, no fuera encontrado preparado para cumplir la voluntad de Dios con convicción, ¿cuales serían las consecuencias? ¡Comprendéis cuan estúpido y triste sería nuestro comportamiento entonces! ¡Si, amigos míos, más que eso todavía! Seríamos la causa de una nueva caída. Podéis, podemos todos nosotros volvernos culpables una vez más?

Tendríamos todos el conocimiento, si, habríamos recibido todo, si hubiéramos estado dispuestos a <<aceptarlo>>. Hemos vivido tres Conferencias de <<Aquarius>>. ¡Por tres veces ya nos hemos vuelto culpables!

Ciertamente, esto no es agradable de escuchar. Pero es más saludable reconocerlo que persistir en el error. Todos aquellos que han asistido a la Conferencia de <<Aquarius>> de Renova saben que una llave nos fue ofrecida allí. No una llave ordinaria, sino una <<llave maestra>> que abre las puertas que debemos franquear. Es la llave de la disponibilidad, la disponibilidad para realizar la misión interior.

Nosotros lo sabemos, no podemos rechazar una misión interior sin caer en la crítica, y ¡la crítica hacia la Gnosis! ¿Hemos aceptado esta llave, la llave de la disponibilidad? ¿La hemos empleado?.

Y ¿que le ocurre a una llave que no se hace servir, que permanece inutilizada? Que se puede perder; también puede sernos tomada de nuevo hasta una mejor ocasión.

Esta ocasión particular llegó, incluso muy rápidamente, con la segunda Conferencia de <<Aquarius>>, en Calw, en 1964. Allí, la llave maestra nos fue ofrecida por segunda vez, y que ya se encuentra en el Templo de Cristian Rosacruz. Muchos la han recibido con agradecimiento. Muchos se han puesto al trabajo con esta llave, como ocurrió también en Renova, después de la primera Conferencia de <<Aquarius>>, pues, sin este trabajo, una Escuela Espiritual no podría existir. ¿Hemos empleado todos, sin descanso, esta llave de la disponibilidad?.

En Bad Münder, por tercera vez, tuvo lugar la Conferencia de <<Aquarius>>. Entonces ocurrió algo muy clásico, algo que quizás habéis escuchado, algo que un hombre experimentó hasta en la médula de los huesos: antes del comienzo de la Conferencia, el gallo cantó tres veces. Pedro negó tres veces a su Señor. No estaba aún dispuesto a morir por su Señor.

¡Pero Pedro no podía negar una cuarta vez a su Señor! Purificado por su arrepentimiento, realizó con obediencia la tarea cuya carga había recibido. Y nosotros que estamos reunidos aquí, que hemos venido hasta aquí, ¿estamos dispuestos a recibir esta llave mágica de la disponibili­dad? Dispuestos a utilizarla, en obediencia absoluta a la Gnosis  hasta la eternidad? Nosotros que estamos ahora tan íntimamente unidos a la Fraternidad, portamos, dentro de nosotros, la joya liberadora, la palabra liberadora de Dios, que nos da la posibilidad, en el curso de esta Conferencia de <<Aquarius>> tan particular, de recibir esta llave para la eternidad. La disponibilidad para la ofrenda es la ley del universo. Sin embargo ofrenda significa liberación. Se trata de una ascensión, de una liberación. El pensamiento natural no puede comprender el sentido profundo de la verdadera ofrenda. Pero aquel que ha franqueado totalmente el antiguo pensamiento, que ha abierto la puerta de la disponibilidad a la ofrenda, que ha pasado por esta puerta, sabe que la noción de ofrenda tiene una significación diferente que la admitida por la conciencia biológica. La ofrenda de amor de Osiris se repite para todos los hombres. La ofrenda de amor de Jesucristo debe ser realizada por todo hombre nacido al estado de hombre verdadero.

Cuando todos nos hallamos vuelto conscientes de que el <<grano de trigo>> de Jesucristo se encuentra en el corazón de cada ser que encontramos, ¡ya no golpearemos más al otro en la mejilla derecha! Ya no podremos dar a nuestro prójimo piedras por pan.

Aquel que, en calidad de alumno de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro deposite el vestido usado de las normas antiguas, en el curso de esta cuarta Conferencia <<Aqua­rius>>, recibirá la llave de la disponibilidad.

En las próximas horas, nos quedan por tomar las últimas disposiciones, con el corazón preparado y la cabeza purificada. No dejéis ya ningún lugar a los pensamientos inferiores y negativos. El único peligro que aún puede obstruirnos el camino es el pensamiento negativo. Aquel que, en el curso de esta Conferencia, dejara penetrar en él, aunque fuera un único pensamiento negativo, abrirá la puerta del pasado en lugar de la que da a la liberación.

 

En nuestra época, se habla mucho de virus generadores de enfermedades. La ciencia no ha decidido aún la cuestión de saber si es necesario clasificar a los virus entre los cristales, considerarlos como criaturas vivas o como una forma de manifestación todavía imposible de definir.

Nosotros, alumnos de la Escuela Espiritual, no tenemos necesidad de ocuparnos en búsquedas científicas o médicas sobre los virus. Somos conscientes de la naturaleza del campo vibratorio en el que tales virus nacen, se desarrollan y se reproducen, vemos claramente, sin búsqueda profunda, que en la serenidad de un campo vibratorio gnóstico ¡ningún virus puede nacer ni encontrar un suelo nutriente!

Es muy simple; un campo de vida puro, que responde a una vibración electromagnética elevada, no puede ser el campo de existencia de un virus, de un organismo vivo inferior. Todos aquellos que están integrados en el campo de fuerza de nuestro Cuerpo Vivo, que viven en él y trabajan en concordancia con su carácter distintivo, no tienen nada que temer de los virus generadores de enfermedades.

No obstante es necesario ser conscientes sin cesar que en tanto los pensamientos de un alumno permanezcan al mismo nivel que los del ser humano nacido de la naturaleza, en tanto que su antiguo pensamiento biológico esté activo en él y lo domine por así decirlo, se encuentra aún en el campo electromagnético inferior. Por este hecho este alumno participa de hora en hora en todas las causas y en todos los efectos del orden de la naturaleza dialéctica. A decir verdad, él lo mantiene, él y sus miríadas de virus de todas las especies. Un poder mental que funciona con el éter reflector de una humanidad degenerada mantiene la pena y el dolor, y lo incrementa cada día. Tal hombre está bien en el movimiento, pero en el movimiento de una época escabrosa. En lo que concierne a nuestra misión interior, se encuentra pues en la contra-corriente, luego en la crítica.

Todo mal empleo de la fuerza creadora, ya sea por el pensamiento, la voluntad, el deseo o la palabra, todo abuso de las funciones creadoras hormonales, todo ello es <<crítica>>. Ahora bien esta crítica hacia el Creador de todas las cosas lleva a la autodestrucción, a la cristalización y a la muerte.

 

¿Que podéis hacer en el curso de las próximas horas, por vuestro prójimo, por vosotros mismos, aquí, en esta ciudad e Bâle? ¡No hagáis nada! En la medida que os sea posible, guardar silencio; no solamente exteriormente, sino ante todo interiormente, pues entonces el silencio exterior caerá de su peso. Vigilar que no pueda nacer ningún virus de la crítica en el curso de esta cuarta Conferencia <<Aquarius>> en la vibración electromagnética tan elevada y tan sublime. No tenéis que luchar con vosotros mismos para liberaros de la crítica, no, estáis todos simplemente exentos de la crítica puesto que habéis llegado al estado de la <<aceptación>>.

Liberado, purificado, perfectamente equipado, el Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual obtendrá, de la fuerza del fuego del Espíritu Santo, una nueva fuerza de manifestación, de manera que todos podrán verdaderamente recibir la sagrada misión interior. En la fuerza del Espíritu Santo, aceptaremos la misión de la Gnosis para el mundo y la humanidad, y la realizaremos por toda la eternidad.

Podamos saber que nos hemos vuelto <<uno>>, luego que estamos dispuestos para recibir de nuestros Grandes Maestros la misión de esta cuarta Conferencia <<Aquarius>>, la misión de la Fraternidad. <<Dichosos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la guardan>>. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

Oración final

 

De nuestro corazón agradecido

irradia hacia la Gnosis nuestra plegaria:

 

Concédenos Tu Ayuda

en todos nuestros esfuerzos,

para que podamos comprender el sentido profundo

de los días venideros,

para reforzar lo más posible

el dinamismo de nuestra aspiración,

para estimular en nosotros

la inclinación a la ofrenda del yo,

para que estemos completamente abiertos

al nuevo comportamiento de vida,

para que podamos entrar como hombres conscientes

y con plena percepción,

en el Cuerpo Magnético Vivo de la Escuela.

 

¡Oh sublime Jerarquía de la Gracia!

Nuestra ferviente plegaria es que

podamos contemplar profundamente

las sendas que conducen

a la transfiguración del alma.

 

Bendición final

 

Esta es la oración que hacemos unos por otros: seamos testigos vivientes de las fuerzas de luz que realizan en nosotros la Transfiguración.

 

Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CUARTA CONFERENCIA

INTERNACIONAL

<<AQUARIUS>>

 

 

 

 

 

por

 

CATHAROSE DE PETRI

 

y

 

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

 

EL DESARROLLO DEL PODER DEL PENSAMIENTO

 

Sabemos que estamos reunidos aquí en un momento extremadamente relevante del desarrollo en curso de nuestra Escuela Espiritual. El día del Señor ha llegado, es decir el día de la realización de la misión que hemos recibido de la Fraternidad de la Rosacruz de Oro. Por ello ésta es nuestra oración: Que os abráis constantemente a la plenitud astral de esta cuarta Conferencia de <<Aquarius>>, de un alcance tan excepcional, para que su fuerza activa os revele su omnipresencia luminosa e irradiante. Amen.

Llenos de un profundo agradecimiento de sabernos en presencia de aproximadamente dos mil alumnos, reunidos en el Centro de Bâle del campo de trabajo suizo para este gran acontecimiento, en este momento sublime os deseamos cordialmente la bienvenida en calidad de alumnos de nuestra Escuela Espiritual séptuplemente manifestada. Pueda el trabajo realizado aquí volverse una bendición para todos los que han decidido recorrer efectivamente el camino de la vida liberadora del alma. Amen, si, Amen.

 

 

 

Prólogo

 

Un nuevo firmamento se ha extendido

por encima de nosotros.

Una nueva Jerusalén

ha descendido ante nosotros.

Un nuevo Taller -una Forja Sagrada-

ha sido abierta para nosotros.

Sus aspectos son tres, nueve y dieciocho.

 

Los Tres Mundos son los Tres Cuerpos:

el de la Enseñanza, el de la Alegría

y el de la Transfiguración,

del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

El Padre sostiene el Todo,

llena el Todo,

e impulsa el Todo.

 

El Hijo revela al Padre por Su Luz.

Nos toca con Su Luz.

Nos salva por Su Luz.

 

El Espíritu Santo nos admite en Su Taller

y nos enseña el Santo Oficio.

Él unifica nuestro estado de ser

con la Nueva Fortaleza

y nos hace franquear las Puertas.

 

Así, el Hombre Nuevo se vuelve Hijo de Dios

con nueve aspectos.

La trinidad del Padre,

la del Hijo

y la del Espíritu Santo se manifiestan en él.

 

Y puesto que en el Nuevo Reino

él es hombre-mujer en sí mismo,

y ya no existe separación alguna,

estando lo positivo y lo negativo

plenamente unidos en él,

bajo la nueva cúpula celeste,

él se ha vuelto el Hombre Nuevo Divino. Amen.

 

 

Ritual

 

Todos habéis oído hablar frecuentemente de la magia gnóstica. La magia gnóstica es un trabajo que solo puede ser ejercido si existe:

en primer lugar, un Cuerpo Viviente,

en segundo lugar, un grupo de alumnos consagrados, los cuales

en tercer lugar, han hecho aparecer la necesidad de aplicar concretamente la magia gnóstica.

Sabéis lo que hay que comprender por la expresión <<Cuerpo Viviente>>. El Cuerpo Viviente es una criatura que respira, elevada por encima de la esfera astral dialéctica. Es un concepto mental, astral y etérico que abarca un grupo de almas vivas como en una esfera, como en una morada del Espíritu Santo.

Por su naturaleza magnética, el sistema así formado atrae hacia él átomos. En el fuego astral, de un calor muy intenso, estos átomos son disociados, después de que las fuerzas así liberadas sean agrupadas. De ello resulta la formación de éteres de naturaleza muy especial, que la comunidad de las almas, el <<cuerpo más interior>> del Cuerpo magnético de la Escuela Espiritual, debe recoger y convertir.

Este <<Cuerpo interior>> posee sus propios órganos, su propio organismo. Todos estos órganos se determinan los unos a los otros, dependiendo unos de otros. Su justo funcionamiento determina el estado de salud, luego también los intercambios vitales, del cuerpo viviente de la Escuela Espiritual. En efecto las fuerzas liberadas en la comunidad de las almas de la Escuela Interior deben simultáneamente poder ser admitidas por el grupo de la Escuela exterior, el Lectorium Rosicrucianum; y sobretodo ser asimiladas por las personas presentes. En este caso, los intercambios vitales entre la Escuela exterior y la Escuela interior alcanzan la armonía prevista en el Plan de Dios. Entonces la muerte del Cuerpo Viviente se vuelve imposible y la comunidad de las almas cosecha en el cuerpo de todo el grupo los más abundantes frutos. Pues si los miembros de la comunidad de las almas recorren interiormente en la verdad el camino con sus múltiples aspectos, tendrán a su disposición, de manera constante y directa, un organismo de iniciación perfecto.

A partir de este momento, la Escuela Espiritual no será ya únicamente una escuela exterior, presentando siete aspectos y una organización temporal, sino simultáneamente una creación muy concreta, viva y que respira, en la que todas las almas pueden participar. Si, todos los que tienen buena voluntad y aspiran a la liberación del Alma espíritu serán conducidos hacia el campo liberador del Alma Espíritu; Así, de manera completamente lógica, es asegurada y consolidada la unión del grupo entero con el Cuerpo Viviente de Cristian Rosacruz. Amen.

 

 

Primera Alocución

 

Ya hemos llamado vuestra atención sobre el hecho de que el comportamiento del hombre sufre un cambio evidente, de naturaleza psíquica claramente perceptible, cada vez más ostensible y reconocible por todos, cambio que no cesa de intensificarse y acelerarse. Se realiza uniforme­mente en todas las razas, sobre toda la tierra, de tal modo que se puede decir que hay un fenómeno psíquico universal, un proceso psíquico que no perdona a nadie, esté donde esté en este mundo.

Las diferencias individuales que se manifiestan de manera muy diversa son atribuibles al karma personal. La causa fundamental permanece sin embargo absolutamente igual para toda la humanidad y ningún hijo de los hombres puede substraerse a esta marcha evolutiva.

Estamos advertidos de que este cambio psíquico comenzó a principios de nuestro siglo, de manera a penas perceptible al comienzo, pero ahora, y más especialmente estos últimos diez años, interviene cada vez más claramente, de manera que se puede hablar de una crisis general de la humanidad que toca al mundo entero, de arriba a abajo y de izquierda a derecha.

 

Si buscamos la causa de esta crisis, descubrimos que se sitúa en el sistema nervioso del hombre, ya presentando serios síntomas de degeneración acarreando desde ahora un resultado negativo, ya sufriendo tensiones temibles en razón de numerosos fenómenos en curso de evolución, de manera que aún no se puede decir cual será el resultado final, ya sea que, a consecuencia de diversas reacciones positivas, esté todavía en camino de ofrecer al mundo un tipo humano totalmente nuevo, cuya tarea es, hoy, liberarse de los pañales de un nuevo nacimiento.

 

Se puede considerar el sistema nervioso bajo dos aspectos: el sistema nervioso cerebro-espinal, que determina la facultad de pensar, y el sistema simpático.

La voluntad del hombre puede utilizar el sistema nervioso cerebro-espinal, al menos en parte. Luego se puede utilizar el pensamiento por medio de la voluntad. Pero siendo la voluntad un aspecto del hombre terrestre ordinario nacido de esta naturaleza, es pues una parte del <<yo>>, de la naturaleza-yo, la cual hace uno con la naturaleza del deseo del hombre. En la practica de la vida ordinaria, el poder del pensamiento es absolutamente victima de la voluntad, el cual es el instrumento natural del dominio y de la utilización de la facultad de pensar. Es pues evidente que, puesto que la voluntad es un aspecto de la naturaleza del deseo, todo el poder mental forma igualmente parte de él.

Así la gran dificultad viene de que el poder mental, destinado a ser un factor indispensa­ble del devenir del hombre superior -dicho de otra manera un devenir libre de los obstáculos y de las cadenas de la materia bruta inferior- está hasta tal punto prisionero, atado y mutilado por este aprisionamiento, que todo lo más se puede hablar de un estado de conciencia inferior, animal.

Ahora bien, retener bien esto: Incluso si conocemos el desarrollo de las facultades mentales, de las que se sufre el entrenamiento desde la infancia hasta el absurdo, este desarrollo no puede ser otra cosa, esencial y conforme a las leyes naturales, que un desarrollo de un estado de conciencia inferior, animal, con, por supuesto, ¡todas las consecuencias que se derivan de ello!. La prosecución de una línea de desarrollo inferior por unos seres llamados a un bien superior, unos seres que han alcanzado el límite de su descenso en la naturaleza, lleva obligatoriamente a la catástrofe, a la aniquilación completa. Puede que aún no podáis comprender porque es precisamente ahora cuando debe producirse la catástrofe, y que os hagáis la pregunta: << ¿Porque no antes, o más tarde?>>

Así pues que esta crisis se desencadene ahora y se extienda cada vez más responde a una causa precisa. Al lado del sistema nervioso cerebro-espinal, tenemos también, como ya hemos dicho, el sistema simpático o automático. A este sistema pertenece en particular el sistema del fuego de la serpiente, que va del plexo sacro a la pineal. Hasta el comienzo de nuestro siglo el sistema nervioso automático estaba enteramente, o parcialmente, bajo el control de las fuerzas lunares por intermedio del cerebelo. Gracias a esta intervención, el aniquilamiento completo del hombre por la naturaleza del deseo inferior fue fuertemente frenado, y órganos muy importantes fueron preservados de la destrucción y de la degeneración.

Estos esfuerzos para conservar al hombre nacido de la naturaleza fueron sostenidos por lo que se llama las religiones lunares o religiones de raza. Las religiones de raza se adaptaban en todo a la naturaleza de las diferentes razas y se esforzaban, por la religiosidad, de llevar a las entidades concernidas a neutralizar en la medida de lo posible las codicias naturales inferiores, a santificar aunque fuera un poco la voluntad y a volver así posible un pensamiento nuevo y más elevado. Las religiones lunares o religiones de raza, ejerciendo un control sobre el sistema nervioso automático, han preservado a la humanidad hasta hace poco tiempo de una caída mucho más profunda frenando su descenso en la medida de lo posible. Sin embargo frenar una caída significa al mismo tiempo detener un proceso de desarrollo. En efecto, en lo que concierne a la humanidad, la misión es ésta: desarrollar de manera autónoma el pensar verdaderamente superior, liberar el estado de alma superior. Es evidente que prevenir o disminuir los riesgos de esta misión no representa una progresión sino que solo aplaza su ejecución.

 

Las fuerzas lunares ahora han dejado de controlar el cuerpo humano y las religiones lunares ya no producen ningún efecto, porque el desarrollo negativo del intelecto humano ha hecho su seguridad inútil y hace crecer la incredulidad.

De hecho, el estado del hombre demuestra que el hombre-yo ha alcanzado su propio desarrollo y que sus codicias naturales se dan libre curso; ninguna fuerza de control tiene ya efecto. Numerosas influencias inferiores se vierten sobre la humanidad y ésta se contorsiona, en la tempestad de las fuerzas desencadenadas, para poder mantenerse.

Esta es la causa de la crisis que hace estragos actualmente en toda la humanidad. Hemos sido fuertemente puestos en guardia contra esta crisis desde hace unos siglos y sobre todos los tonos. Ella ha sido anunciada como inevitable a menos que el hombre no emprenda por si mismo su propio camino de evolución de la manera justa, es decir en Cristo y por el Espíritu santo, que se manifiestan planetariamente. Desgraciadamente, la humanidad, en e curso de los últimos siglos, ha sido privada de las justas instrucciones, y en consecuencia ella se ha extraviado casi totalmente. Desde hace siglos la vida se desarrolla en una tormenta que crece sin cesar, en medio de la cual la humanidad debe atravesar el <<mar académico>> de las experiencias por sus propias fuerzas, es decir gracias a las posibilidades recibidas, luego perfectamente equipado para alcanzar la otra orilla, Caphar Salama, la Ciudad de la Paz.

Todos conocéis probablemente  el plan sublime que está en la base de nuestra existencia, plan que, en primer lugar, preveía el desarrollo de una personalidad perfectamente organizada, a fin de que a continuación esta personalidad tome en la mano su expansión ulterior en un sentido más elevado y más vasto, en una autorrealización perfecta.

La semilla desciende hasta lo más bajo, hasta el nadir. A continuación, por la autorrealización, conforme a las leyes naturales, la flor maravillosa hará su aparición. Así es como el objetivo de la creación divina es revelado y demostrado de abajo hacia arriba. pero dificultades y peligros variados aparecen en el curso de este desarrollo. En efecto he aquí lo que esto es, lo repetimos:

El Logos establece el plan. El hombre es creado y enteramente equipado. Desde que este plan ha llegado a su ejecución según su intención inicial y que el hombre está verdaderamente en estado de <<vivir>>, debe ponerse el mismo a la obra. Entonces la belleza y la sublimidad del plan en su realización divina debe demostrarse.

Entonces es cuando el hombre se pone a la tarea a la que es impulsado por Dios. Hay hombres que, para hacer esto, ponen en juego todas las capacidades recibidas del Logos y, evidentemente, igualmente el intelecto.

Pero se puede utilizar el intelecto de dos maneras. Es posible, después de experiencias innumerables hechas en el pasado en el curso de la edificación de la personalidad, utilizarlo para hacerlo de manera que se manifieste el verdadero poder del pensamiento, el cual, a partir de la naturaleza, se alza hasta el ser divino. Pero también es posible creer que el intelecto es ya el poder del pensamiento divino, con todas las consecuencias que se derivan de ello.

Sabéis que este es el caso de muchos hombres. Este hecho proviene en particular, de que no se disciernen las intenciones de las religiones naturales del pasado, que todas sin excepción se dirigían a la humanidad en un sentido simbólico. Una de las consecuencias del mal empleo del intelecto, como lo revela especialmente nuestra época de una manera pasmosa, es siempre la destrucción, el obscurecimiento del cerebro, lo que hace que en general no pueda ser empleado de la justa manera.

Los hombres que se llaman <<Rosacruces>> forman parte de aquellos que han comprendido esto y utilizan sus facultades intelectuales  de la buena manera, es decir según las intenciones del plan divino. El nombre mismo de <<Rosacruz>> indica el camino que han seguido para utilizar sus facultades intelectuales de la única y justa manera. Y son los Rosacruces quienes se dirigen  a vosotros en esta Conferencia.

 

Así comprenderéis claramente que se han formado en nuestro mundo dos grupos de hombres y porque son teórica y prácticamente diametralmente opuestos:

– El grupo enteramente orientado sobre el desarrollo del intelecto, y dirigido por aquellos que esperan exclusivamente de ello la salvación,

– y el grupo que hace una diferencia tajante entre el intelecto y el poder del pensamiento, que así pues solo desarrolla el intelecto en los límites normales, para hacer progresar a continuación el verdadero poder del pensamiento según un método determinado y con la ayuda de un órgano presente en estado latente en el mismo hombre.

Llamamos a este camino <<La Vía Real>>, mientras que el primero es el de la decadencia completa por el encadenamiento a la rueda del nacimiento y de la muerte, camino que, en este final de período cósmico, conduce a una desnaturalización general, camino de miseria y de pena, que conduce a todo el mundo a una gran catástrofe, camino casi infinito, con rodeos innumerables.

Pero nuestra intención es hablaros, en el curso del próximo servicio, de esta maravillosa joya, el órgano que todo hombre lleno de aspiración puede y debe utilizar para elevarse fuera de la naturaleza ordinaria y entrar en la verdadera naturaleza superior.

 

 

 

Oración final

 

El Nuevo Poder irradia en la comunidad devota,

y todo el resplandor de la Gnosis se manifiesta

ahora que la Joven Gnosis penetra

en el Nuevo Campo Astral

con seguridad y fuerza.

 

Un canto se eleva del corazón

de los que van a contemplar

cómo el Amor de Dios realiza un camino

en los hijos de la naturaleza

que se preparan enteramente

para ser Hijos de Dios,

Iniciados de la Gnosis.

 

 

 

Coro de Templo

 

La sublime majestad de la Gnosis

Se revela, plena de gloria.

Escuchar, he aquí la hora de la liberación.

Dejaros bautizar por el Espíritu de Dios

La Rosa de Oro y la corona de llamas,

Muestran el trono de los Misterios.

Vosotros que durante tanto tiempo erráis a lo lejos,

Ved, la mañana eterna se ilumina.

 

El cuadrado de la construcción está dispuesto,

La cima del triángulo sólidamente tallada.

Absolutamente inquebrantables,

Edificar vuestra alma.

La Triple Alianza de la Luz

Entona su canto de alabanza poderoso,

¡Ve como una sólida roca,

La señal de la victoria de Dios!

 

 

Bendición final

 

Hermanos y Hermanas,

 

Puedan las bendiciones de esta cuarta Conferencia de <<Aquarius>> expandirse con profusión sobre todo vuestro trabajo.

Que la gracia de Jesucristo sea con todos. Amen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

LA NATURALEZA SUPERIOR

 

Voto

 

En el nombre del Todo, y del campo que todo lo penetra, el Padre.

En el nombre del campo revelador de la Luz, el Hijo.

En el nombre del campo recreador del Espíritu Santo.

 

El Padre nos da la posibilidad.

El Hijo nos da la Luz del Conocimiento.

El Espíritu Santo nos aporta,

En la Fuerza de Dios y la Luz del Hijo,

El único y universal camino de la liberación. Amen.

 

Coro de Templo

 

Dios ha escrito su palabra de amor,

En el corazón de cada uno.

Y quien despierta esta palabra a la vida,

Recibe un poder maravilloso.

Encuentra el camino de la casa paterna,

El camino de la Rosacruz de Oro,

Y en este campo etérico nuevo,

El alma se despierta a la vida.

Dios hace don de su Amor

Y de su Fuerza a aquellos que le aman.

A aquel que lo acepta,

da el poder de vencer a la noche.

Dulcemente las luces antiguas se apagan.

La fuerza solar de la Gnosis sube al cenit.

Cargados de la nueva fuerza,

entramos en el Templo de Dios.

 

Gloria sea a Ti, oh padre.

Gloria sea a la Palabra del Comienzo,

Gloria sea al Espíritu del Fuego. Amen.

 

Prólogo

 

Abran perfectamente su corazón.

Escuchen la Voz interior,

después de haber terminado el combate.

 

Elévense con sus dos alas

por encima del mundo de la ilusión.

Quieran, en el presente, ir hacia su Padre.

 

La Espada del Espíritu Santo ahuyenta el mal,

y el adversario se aparta de ustedes.

 

Y purificados y limpios,

habiendo concluido el viaje,

el Hijo de la Plenitud se engalana

con la exigencia cumplida.

 

Ritual

 

<<Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mi en beneficio de la obra, no sé entonces que escoger.

Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe, para que abunde vuestra gloria de mí en cristo Jesús por mi presencia otra vez entre vosotros.

Solamente que os comportéis como es digno del Evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios. Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí.

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocuparos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Hacer todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.>> (Epístola a los Filipenses, 1, 19-30 y 2, 12-15)

 

 

Coro de Templo

 

Oh hombre que vagabundeas sobre esta tierra, ¿Hacia que, hacia que?

¿No sabes que eres hijo de Dios?

Regresa hacia la verdadera vida,

depositada por Dios en tu corazón.

Regresa de nuevo hacia el Padre

y cambia tu destino.

 

De lo alto de los cielos he aquí que ahora

la Luz desciende.

¡Entra! ¡Entra!

Rayos de fuego iluminan la visión,

rompen los viejos lazos,

abren los países nuevos,

preparan los caminos para nuestro Dios.

 

La fuerza de Acuario nos rodea.

¡Entra! ¡Entra!

El amor de Urano prepara ahora nuestro camino.

Perdida en torrentes de fuerza,

he aquí que la vida renace de nuevo,

y que el amor rodea nuestro destino futuro.

 

Sin duda veis con nosotros la inmensa importancia que presenta esta cuarta Conferencia de <<Aquarius>>. ¿Pues para que sirve?.

En lo que concierne a la Escuela Espiritual, el mundo ordinario y la humanidad, solo observan la entrada exteriormente visible de un cierto número de alumnos y de trabajadores, por ejemplo en nuestro Templo principal de Haarlem, o en nuestros lugares de conferencias o en nuestros centros; o todavía más lo que se expresa en nuestras obras. En resumen se ve la imagen temporal de la Escuela Espiritual. Pero el otro aspecto, el más importante, el estado interior de la Escuela Espiritual, solo puede mostrarse al exterior por medio de un cierto simbolismo, y también por los actos vivos.

Solo aquellos que saben ven, detrás de los símbolos, la gran realidad y tienen parte en ella. Está pues la realidad del espacio y del tiempo, pero también hay otra realidad, la de la eternidad. Entre las dos se colocan unos símbolos, unas ideas, unas doctrinas. Sin embargo, ahora que la realidad eterna ha entrado de nuevo en la realidad del espacio-tiempo, y se ha manifestado en ella, es necesario que todos nosotros comprendamos que estos dos aspectos no pueden ser separados uno del otro. Pues el espacio-tiempo es una parte de la eternidad, de la misma manera que la dialéctica pecadora es el aspecto impío del Orden mundial perfecto.

La realidad eterna en la que tenemos parte en tanto que alumnos de la Escuela Espiritual gnóstica persigue un doble objetivo:

primeramente, participar sin pecado en la vida corrompida, a fin de reunir a aquellos que buscan y sufren para impulsarlos hacia la vida interior. Se trata de la Escuela exterior, el Lectorium Rosicrucianum.

En segundo lugar, hacer entrar en la liberación del alma-espíritu a aquellos que participan en la vida interior y divina del alma: se trata de la Escuela interior.

Nuestro vehículo corporal debe ser pues el servidor del alma. Rodeamos a nuestro cuerpo de vestidos para protegerlo contra el frío y otras influencias atmosféricas. Además es evidente que no nos olvidaríamos de cuidar puntualmente nuestro aspecto exterior, que debe corresponder evidentemente a la calidad interior.

Ocurre lo mismo con la imagen temporal de la Escuela Espiritual. Ella se esfuerza constantemente en hacer frente a esta tarea, y la organización temporal exterior se emplea en ello al máximo. Y allí donde los trabajadores de la Escuela Espiritual alcanzan el extremo límite de su actividad en el orden espacio-temporal, allí la Escuela interior de la Rosacruz de oro debe ir también más lejos. En su cima están los miembros del quinto y del sexto aspecto con, en el centro, la Dirección Espiritual del Lectorium Rosicrucianum, compuesto de siete miembros: por una parte, un descenso hasta lo más profundo de la actividad terrestre, y por otra parte, una elevación hasta las más altas cimas a las que se puede acceder, para que todos los símbolos se vuelvan, y sean, verdad y realidad. Amen.

 

 

Segunda alocución

 

El hombre moderno que comienza a comprender algo del objetivo de su existencia y se dirige hacia un estado de vida en concordancia, encuentra en la sociedad donde vive dos grandes dificultades, dificultades que tienen consecuencias diversas y que hacen aparecer algunos problemas. Se pueden designar sucintamente estas dificultades como las del pasado y las del futuro.

Conforme a las leyes naturales, el pasado lega al hombre su fardo kármico, y de ello resulta que el hombre tiene que luchar sin descanso contra toda clase de discordancias, Si no sostiene este combate interior, diariamente fortificará <<al antihombre>> en su personalidad.

A aquel que se vuelve consciente de su misión en la vida, el futuro suscita grandes preocupaciones por el hecho de que las reglas sociales, los hábitos de la vida, las costumbres, frecuentemente ratificados oficialmente por leyes y decretos, luego inevitables, se oponen de manera natural al camino que debe seguir.

En resumen su situación es la siguiente: el curso de su vida natural termina en el punto más bajo. Su personalidad ha cumplido todos los deberes conforme a las leyes científicas naturales del curso de esta vida. Así pues está dispuesto para el gran viaje de regreso hacia la Casa paterna. Estaría pues en condiciones de ponerse en camino. Podría ir de la naturaleza mortal de este mundo hasta la nueva naturaleza, la naturaleza totalmente diferente, la naturaleza superior llamada el <<Reino de los Cielos>>.

Por su camino hasta el nadir, ya ha recibido todo lo que es necesario para el viaje, lo necesario está dentro de él. Pero la gran dificultad es que el hombre nacido de la naturaleza no sabe nada, de hecho, de este gran viaje, nada del camino de desarrollo que debe emprender. La sociedad se ha adaptado a esta ignorancia orientándose exclusivamente sobre la vida surgida de la naturaleza y su desarrollo es el objetivo único al que todos somos llamados.

Las autoridades, que habrían debido saber más de ello, han omitido instruir al hombre de nuestra era que busca su verdadero destino en la vida, pues ellas mismas, por negación de lo único necesario, han perdido su comprensión, su facultad de discernimiento, y se mantienen por lo tanto en la forma social del momento, y no hacen más que especular sobre una vida después de esta vida, ¡luego sobre la muerte!

 

Pues bien, en esta situación, es necesario que nosotros que nos hemos puesto al servicio del gran plan divino de desarrollo, busquemos en todo nuestro propio camino, que lo encontremos y lo recorramos. Es pues en una situación que se nos ha vuelto absolutamente extraña, con los ojos abiertos sobre los peligros que nos engañan e inducen a error, que vamos ha hablaros del gran plan de desarrollo, el Plan divino que está en la base de nuestra existencia. Nuestra individuali­dad al completo, con todo lo que forma parte de ella y puede estar comprendido bajo ese nombre, en resumen, nuestro microcosmos, es de hecho un ser doble. Uno de estos seres está manifestado, es el ser nacido de esta naturaleza, el ser mortal. El otro no está aún manifestado.

Es importante que comprendáis esto correctamente. Muchos órganos de aquel que aún no ha nacido en vosotros están presentes en vuestro ser nacido de la naturaleza, luego en el estado de materia bruta. Y ello es absolutamente necesario para que la Gran Obra se realice. Pues es necesario que el hombre efectúe este trabajo desde abajo. Así pues le son necesarios unos órganos materiales para poder llevar acabo un trabajo no material.

Es un asunto delicado, pues si debiéramos emplear los órganos en cuestión únicamente para fines exclusivamente materiales, ello fracasaría absolutamente, y nos opondríamos completamente al proceso de desarrollo de nuestro ser tal como está comprendido en el Plan divino, y haciendo esto bloquearíamos totalmente nuestra vocación. Esta utilización errónea provoca procesos de degeneración, como sin duda comprenderéis por lo que precede. Este es uno de los significados de las palabras tan conocidas de la Biblia: <<Estar en el mundo, pero no ser del mundo.>>

A los órganos en cuestión pertenece, en particular, el corazón, al menos una parte determinada del santuario del corazón; además el santuario de la cabeza, del que señalamos especialmente el intelecto, la hipófisis, la glándula pineal y la sustancia cortical gris del cerebro. También existen otros órganos que conviene añadir a continuación de los primeros, entre otros los órganos de secreción interna y el cerebelo. Todos estos órganos deben ser empleados para una doble función: una función en el mundo de la caída y al mismo tiempo una función en el otro orden de la naturaleza del que hemos hablado como la <<naturaleza superior>>.

La naturaleza superior, el otro orden natural, se manifiesta por un justo uso de los órganos en cuestión. Estos órganos atraen hacia ellos sustancias extremadamente delicadas, de naturaleza atómica desconocida aquí abajo. Penetran en los diversos centros latentes de nuestro ser y se manifiestan en ellos conforme a su destinación.

Así es como, gracias al antiguo ser y con su ayuda, crece y se desarrolla en nosotros el ser nuevo. Progresivamente, el nuevo ser se manifiesta y se expresa, aunque de una manera diferente a la que estamos habituados en tanto que seres nacidos de esta naturaleza… tan totalmente diferente que ninguna comparación es posible. Este camino de desarrollo está enteramente en concordancia al que nos es esbozado en el Nuevo Testamento. Pensar, por ejemplo, en la primera Epístola de Pablo a los Corintios:

<<La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarara pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa… ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?>>

En la época en que se escribían estas palabras, se conocía aún esta verdad según la cual, en nuestro microcosmos, habita la muerte pero también la Vida. La muerte, no en el sentido de algo inútil y superfluo, sino como algo que termina, a fin de poder construir y dar cuerpo a algo que no termina.

El pensamiento intelectual da un ejemplo sorprendente de lo que tratamos de decir. El pensamiento intelectual es una facultad limitada, pero se la considera y se sirven de ella como si ella fuera el objetivo final de todo. Se la califica de <<yo soy>>, de alma, de espíritu, y se la carga con el mayor número de mercancías posibles: especulaciones, suposiciones, cosas superfluas así como todo lo que se llama conocimientos.

Desde que este camino funesto sobrepasa cierto límite, se manifiesta entre otros, una degeneración de la sustancia cortical gris y la persona se vuelve inapta para las exigencias del camino de desarrollo humano. La Gran Obra que debe realizarse en el Templo ya no puede realizarse. Tienen lugar tempestades y daños cada vez más graves. Reflexionar pues en la advertencia valida para todos:

 

¡Si alguien destruye el Templo de Dios,

será destruido por Dios,

Pues el Templo de Dios es santo,

y este Templo sois vosotros!

 

 

Oración final

 

La Rosa del Alma busca en tu ser

la Libertad que le ha sido prometida.

Ella ha sido elegida para la Gloria.

Devuélvele lo que le fue arrebatado.

 

Por todo el esfuerzo endurístico,

tu vida encuentra un sentido profundo,

y el objetivo de tu sacrificio: el Alma,

será conducida por ti hasta el Cielo.

 

Cuando tu misión llegue a su fin,

contemplarás el Ser del Alma.

Y en esa última hora entrarás en una muerte

que es la Vida perfecta.

 

Por ello, entra en la Rosaleda

y respira Sus Aromas.

Que la Gnosis esté en todos tus caminos.

Entra en la paz Profunda.

 

Bendición final

 

Hermanos y Hermanas,

 

os rogamos: ¡prepararos para recorrer los nuevos caminos pues el tiempo ha llegado!

Podáis todos comprender la significación grandiosa de esta vía de liberación que os hace aproximaros a los altares de la gran liberación. La Bendición de Dios descenderá en vosotros y actuará en vosotros. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                           V

 

                                                    LA PRIMERA PENETRACIÓN

 

Saludo de apertura

 

En el nombre de la Fraternidad de la Vida, nos ponemos de nuevo al servicio gnóstico del mundo y de la humanidad. Amen.

 

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos de la Fuerza interior. Amen.

 

Rogamos para que las bendiciones de este nuevo día se expandan abundantemente sobre vosotros y en vosotros. Amen.

 

Prólogo

 

Podamos, oh Gnosis,

poner nuestro pie en el Camino.

Podamos consagrar nuestro estado de vida

al Objetivo para el que está destinado.

 

Hemos recibido todo gratuitamente

y debemos ofrecerlo al grandioso y magnífico

milagro del nacimiento del Alma.

Nosotros que hemos sido admitidos

en el Cuerpo Vivo

de la Joven fraternidad Gnóstica,

hemos recibido la Semilla de la Luz Eterna.

 

De esta manera es sembrada en la Naturaleza

la Semilla del Espíritu,

para que nuestra naturaleza se consagre

al Servicio del Espíritu y, de lo natural,

se despierte el nuevo Cuerpo del Alma.

 

Que todos podamos comprender

el Misterio de la Redención. Amen.

 

 

Ritual

 

En los Templos de la Rosacruz de Oro, tres símbolos forman la base sobre la que debe edificarse el gran trabajo de salvación en Cristo.

Primeramente, está la Biblia, como testimonio de la Palabra divina.

En segundo lugar, somos confrontados a la Rosa del santuario interior.

Y en tercer lugar, está el indispensable Candelabro, que está ante Dios.

 

La Biblia representa el símbolo de la Enseñanza universal, el Plan de Dios, el gran objetivo de la Tierra perfecta, luego el fundamento de todo el trabajo a realizar para el mundo y la humanidad.

La Rosa, en el santuario del corazón, debe ser sintonizada con este objetivo sublime y sagrado. Es necesario verificar sin cesar si la obra a emprender progresa correctamente sobre este plan de base.

 

A continuación es necesario asegurarse de que el Candelabro está efectivamente encendido. El Candelabro encendido nos ofrece la fuerza espiritual séptuple de la Llama universal, que da la capacidad de alcanzar el objetivo liberador.

 

Sobre esta triple verificación se apoya la construcción que deben edificar los obreros de la viña de Dios. El resultado mostrará si el trabajo ha sido realmente realizado conforme al Plan divino de salvación. Para ello es conducida ahora a manifestarse la Escuela interior de la Rosacruz de Oro. De la Escuela interior debe emanar la Fuerza espiritual propulsiva gracias a la cual podrá sostener y portar a la comunidad de las almas.

Proyectando las tres luces, la Escuela interior tendrá que vigilar -sin actividad exterior- la manera como se efectúen los procesos en el Cuerpo Vivo de nuestra Escuela Espiritual. Ello es lo mismo que decir que la Escuela Interior realizará su tarea al interior del Cuerpo magnético, con la ayuda de las Fuerzas fundamentales liberadas de la Biblia, de la Rosa y del Candelabro. Ello significa, entre otras cosas, que, en la Escuela Interior, el Fuego sagrado debe estar presente y actuando para la interpretación de la Palabra divina.

Además, este fuego sagrado debe arder constantemente en el lugar consagrado al trabajo, en el Templo, y en el santuario interior.

Por último, será necesario velar por el empleo que es hecho del fuego del Candelabro, y por el resultado de la puesta en acción del Fuego espiritual.

Presentando así las cosas, la cuestión siguiente permanece siempre viva: ¿la unidad constante del corazón y de la cabeza con el cuerpo alma-espíritu de Cristian Rosacruz es real?

 

El proceso de desarrollo del alma-espíritu es sometida sin descanso a un triple examen:

¿Que le falta al Fuego sagrado de los trabajadores que representan este Fuego?

¿Por que causa este Fuego no produce eventualmente ningún efecto?

Incluso si el Fuego sagrado está totalmente presente, y produce efecto, ¿el trabajo es realmente ejecutado en total pureza, luego está justificado?

Sino, ¿cual es la causa? ¿Y cual es el resultado de ello? ¿Este resultado está en concordancia perfecta con el Fuego sagrado, es decir, muestra una objetividad perfecta? ¿Se observa, en toda cosa, una reacción absolutamente impersonal? ¿El amor impersonal del prójimo irradia exteriormente en la fuerza de la ofrenda de si mismo, que hace decir interiormente: <<Señor, que no se haga mi voluntad, sino la tuya>>?

Ello solo es así cuando se ha respondido positivamente a todas estas condiciones que las fuerzas liberadas en los vehículos más exteriores del Cuerpo magnético de la Escuela Espiritual son puestas en marcha de la justa manera, sin que sea perjudicado el Cuerpo Viviente, y que, en la radiación de amor impersonal de la Escuela interior, el Fuego sagrado del alma-espíritu, sin ninguna interrupción, se propague, estimule y emplee de la justa manera por los trabajadores.

Así, gracias a las Fuerzas liberadoras activas del Cuerpo más interior, un cambio vital armonioso se realizará, y ello reforzará enormemente a la Escuela exterior en su trabajo de sostén al servicio de los hombres que buscan. En conformidad absoluta con la calidad de la Escuela interior y de la Escuela exterior de la Rosacruz de Oro, ¡la misión a nosotros confiada por la Fraternidad de la Vida tendrá éxito sin ninguna duda! Amen.

 

 

Tercera alocución

 

Ayer tarde dijimos que el hombre mismo es capaz de perjudicar gravemente el Plan de Dios que ha tomado forma en él, de manera que en un momento dado este plan ya no puede realizarse y el hombre se vuelve victima absolutamente pasiva de todo el fardo kármico de su ser. Es una de las principales causas de las violentas tensiones nerviosas de nuestra época y a causa de ello numerosos son aquellos a los que ya no se les puede considerar como responsables de sus actos y que caen cada vez más bajo. En la Escuela espiritual ya se ha hablado tantas veces de esto en el curso de los últimos meses que ya no hay razón para entrar más en los detalles. Que baste constatar una vez más a este respecto que la humanidad ha entrado en una crisis muy grave y ahora se trata de examinar de que manera es posible, por actos autónomos, escapar a esta crisis.

Hablamos intencionadamente de actos autónomos, pues si el hombre fuera liberado de sus dificultades por una fuerza extranjera o divina, se reencontraría a pesar de todo ante las mismas dificultades en un momento dado. En efecto son únicamente los actos autónomos, que vuelven posibles los órganos destinados a este efecto ya en su posesión, los que pueden verdaderamente llevarle a la libertad.

 

Así, tomar en consideración el corazón que late en vuestro cuerpo, luego que vive. Además llevar vuestra atención muy especialmente sobre la Biblia, que contiene, de hecho, todo lo que debéis saber sobre el corazón.

Nuestra personalidad posee dos clases de músculos: los músculos voluntarios y los involuntarios. Los primeros dependen de la voluntad pero no los segundos. Los músculos voluntario son incapaces de ayudarnos a alcanzar el objetivo que nos es asignado porque están enteramente controlados por el <<anti-hombre>> en nosotros. Por las mismas razones ocurre lo mismo con los músculos involuntarios, dirigidos por el sistema nervioso simpático.

Ahora bien ahora se trata de emprender la lucha contra la crisis que os ha tomado y contra las fuerzas e influencias enemigas que os tienden trampas. ¡Es necesario romper ésta sujeción! Es necesario obtener el control de un músculo involuntario que esté en relación directa con el sistema nervioso cerebro-espinal, luego también con el cerebro.

Solo tenemos un único músculo involuntario de este tipo: es el corazón. El corazón tiene de particular que también se puede hacer servir de manera voluntaria. Está pues sometido a dos influencias: el anti-hombre en nosotros puede controlarlo, pero igualmente el hombre superior.

Por ello es posible hablar de la lucha del corazón. Esta lucha, es necesario emprenderla, este combate, nos es necesario a todos vivirlo. A este respecto el Nuevo Testamento pone el acento cuando dice en las Bienaventuranzas: <<¡Dichosos aquellos que tienen el corazón puro pues ellos verán a Dios!>>

 

Cuando reflexionamos en el corazón, descubrimos un maravilloso proceso. Probablemente sabéis que la actividad mental disocia las células nerviosas y las destruye. Ahora bien la sangre puede y debe restablecer lo que así es destruido.

Cuando el santuario del corazón está verdaderamente <<abierto>> a la Luz de la Gnosis y se ha purificado, y que la sangre purificada del corazón afluye en el sistema cerebro-espinal del santuario de la cabeza, se produce allí, además de la purificación, una puesta en orden así como el restablecimiento de la verdadera destinación de los órganos y de las posibilidades del sistema entero del hombre nuevo, sistema cuya sede está esencialmente en el santuario de la cabeza.

El corazón encierra una fuerza, la fuerza purificadora de la sangre: es la fuerza de la Rosa. Cuando esa fuerza se vuelve activa en vosotros, cuando la habéis despertado y liberado, luego cuando la Rosa del corazón se ha abierto verdaderamente, la sangre que fluye a través de las cavidades del corazón, esta sangre que representa la totalidad del tipo humano será purificada por esta nueva fuerza. La abertura de la Rosa tiene lugar gracias al deseo intenso de una vida superior, de una vida liberadora, asociada a una gran sed de ayudar a otros, a aquellos que son probados por las tempestades de la existencia.

Así es como la sangre natural, la sangre que porta la imagen completa de nuestro estado de hombre pecador, es purificada en el corazón. A fin de indicar la significación mágica, el inmenso significado de este proceso, se dice en el Sermón de la Montaña: <<¡Bienaventurados -es decir «sanados»- aquellos que tienen el corazón puro, pues ellos verán a Dios!>>

En efecto ¿Que ocurre? Si, por el desarrollo del corazón, la fuerza del Amor afluye en el santuario de la cabeza por medio de la circulación cefálica, directamente unida al sistema cerebro-espinal, la sangre purificará la sangre purificará la sustancia cortical gris tan gravemente deteriorada en muchos individuos.

Pues esta sangre pura atacará aquellos centros cerebrales que están cargados de egocentrismo, neutralizará la red de los pensamientos egocéntricos y los arrojará del sistema.

A continuación esta pura fuerza sanguínea depurará completamente de todo egoísmo las actividades mentales y expulsará de ellas aquello que revele codicia.

Así, progresando paso a paso, esta actividad de la nueva fuerza sanguínea debilitará, y después hará desaparecer al viejo hombre con su yo y todo su cortejo de iniquidades kármicas. El hombre nuevo, la naturaleza superior, se despertará.

Por último, después de haber realizado su trabajo en el santuario de la cabeza, la corriente sanguínea volverá a descender, atacando así al cuerpo entero por la fuerza purificadora del corazón.

Es únicamente de esta manera como el hombre superará las graves mutilaciones físicas que resultan de su nacimiento en esta naturaleza, y verá desaparecer los velos que le separan de la viviente realidad de la naturaleza superior.

 

La primera abertura se realiza así. En efecto, la purificación de la fuerza de Amor libera el camino para los tres centros latentes del santuario de la cabeza. El primero se encuentra directamente detrás del hueso frontal (detrás de la raíz de la nariz), el segundo en el centro del encéfalo y el tercero en la cima. Bajo la acción constante de esta sangre pura que sube del corazón, estos tres centros se abren completamente.

Entonces contemplamos la aurora naciente: en el horizonte el alma renacida comienza a brillar. En el habitáculo de la Rosa de oro, el centro frontal se vuelve consciente. Las cadenas que retenían al hombre cautivo de sus deseos inferiores naturales desde hacía tanto tiempo son rotas: el efesio, el habitante de la frontera, ha realizado la penetración en el nuevo país.

Este es, en resumen, el proceso al que llamamos <<la primera penetración>>. Sabed, sin embargo, que la victoria no llegará quizás tan rápidamente como vosotros esperáis. Pero estar seguros de que, si perseveráis en el camino que acabamos de describiros, todo os será posible en la fuerza del Cristo. Pues la fuerza del Cristo nos purifica de todo pecado. Y si algunos de entre vosotros creen quizás que suspendemos vuestras necesidades, vuestras miserias y vuestros deseos profundos en el perchero de la religión de esta naturaleza, esperando lo mejor en el futuro, quisiéramos haceros ver claramente lo que entendemos por <<Cristo>>.

Hubo un tiempo en el pasado en el que el camino de la liberación no estaba aún abierto para todos los hombres. Solo eran admitidos aquellos que eran llamados por los mismos hierofantes y conducidos por ellos hacia los santuarios. Era el tiempo en el que las antiguas religiones de raza estaban aún plenamente en actividad, el tiempo de la era de la Luna, en el que el sol, la luna y la tierra estaban unidas de una manera especial y formaban una triunidad y ello hasta el momento en que la manifestación siguiente apareció en el curso de la evolución cósmica. El Espíritu crístico se manifestaba como salvador, material y espiritualmente a la vez. Sabéis que la fuerza solar es indispensable para toda la vida sobre la tierra. Ella provee de lo necesario a la tierra entera y a todo lo que vive sobre ella. En este sentido, el hombre depende del sol enteramente.

Ahora bien el hecho de que el hombre sea una criatura de Dios y dependa del sol es la prueba de que el sol, la tierra, la humanidad y el mismo Logos están unidos entre ellos según un plan. Y el hecho de que la manifestación del hombre tal como es repose sobre un poderoso plan de evolución en vías de realización, nos dice que la manifestación material del Logos solar es una mano tendida de Dios.

La manifestación espiritual del sol es igualmente un hecho real, de ahí viene que el Cristo sea llamado también <<Espíritu solar>>. Esta manifestación espiritual apareció cuando aún existía la trinidad cósmica de la que acabamos de hablar; fue recibida directamente por la Luna y de allí enviada por los Ángeles de la Luna hacia la tierra y la humanidad. Como ya hemos dicho era en el tiempo de las religiones de raza. Pero en un cierto período, en la aurora de la era aria, la energía solar espiritual fue irradiada directamente hacia la tierra. A partir de ese momento el Cristo se unió directamente a la humanidad -para una resurrección o para una caída. Un desarrollo absolutamente nuevo comenzó, desarrollo que todos conocéis. conocéis el mito de la estrella de Belén que se apareció a los Sabios de Oriente.

Nuestra esperanza y nuestro ruego son que comprendáis lo que tiene de incontestable estas palabras de Angelus Silesius: <<Si Cristo naciera mil veces en Belén y no en vosotros, estarías no obstante perdidos. En vano contempláis la cruz del Gólgota si no habéis edificado en vosotros el corazón de la Rosa.>>

 

 

Oración final

 

Nosotros emprendemos la tarea

que corresponde al Alma.

Y con ímpetu, nuestra barca de vida

cruza el agua de la vida,

el mar de la naturaleza.

Y todos los que recorren el Camino junto al Grial,

ven lucir, en la otra orilla, la Cruz de Salvat

y las cúpulas de la Ciudad.

 

Y detrás de nosotros queda el pasado

que se sumerge en las brumas.

 

La Llamada de la Gnosis

resuena cada vez con más fuerza,

como campanas que cantan y vibran

en las ondulantes esferas etéricas

impregnadas de bendiciones.

 

¡E innumerables son las filas

de los que van con nosotros! Amen

 

Bendición final

 

En esta cuarta Conferencia de <<Aquarius>>, en la luz y en la fuerza del Espíritu divino santificante, podáis todos seguir la vocación que os viene de Dios, y concluir vuestra tarea en calidad de hombres-alma. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

INICIACIÓN Y AUTOINICIACIÓN

 

Voto

 

Queridos amigos,

Que el pan de la Vida sea vuestro alimento;

que el vino del Espíritu os reconforte;

que la sal purificadora os transforme

dándoos la incorruptibilidad. Amen.

 

Pueda la Luz del Cristo estar continuamente cerca de vosotros. Amen.

 

Oración de apertura

 

A El, que es poderoso para liberaros

según la buena nueva de la salvación

y el contacto de la Fraternidad del Cristo,

según la revelación de la Gnosis

guardada bajo el sello del silencio a lo largo de los siglos,

pero que se manifiesta hoy

siguiendo el mandamiento del Eterno,

y quiere conduciros en la obediencia

sobre el camino sagrado,

a El, el único Dios sabio,

sea la gloria

por toda la eternidad. Amen.

 

 

Ritual

 

<<Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.>> Amen. (Epístola a los Gálatas, 3, 23-28)

 

Los aspectos del camino liberador, presentes en el Cuerpo magnético de la Escuela Espiritual, constituyen un desarrollo directo y armonioso del verdadero aprendizaje y garantizan un despliegue muy rápido de todas las fuerzas y poderes que pertenecen a todo el microcosmos, desde el instante en el que un hombre entra en el campo de búsqueda de la Escuela Espiritual hasta la hora última de su entrada liberadora en la Tierra Prometida. La condición para ello es la fe en Jesucristo, una fe irradiante. ¿Que quiere decir?

No creáis que Jesucristo sea un ser divino exterior a vosotros. No, desde el primer comienzo, Cristo, el Gran Portador de la salvación, está escondido dentro de vosotros como una semilla, un capullo de rosa, como el último vestigio de un ser original divino. Si nos consagramos a este último vestigio del ser original divino que solo puede manifestarse en la radiación del sol universal, manantial de toda vida, la semilla escondida da nacimiento al hombre-Jesús, es decir al hombre-alma perfecto. Es la verdadera fe, la fe real la que engendra este proceso, este camino de rosas. Aquel que recorre este camino se vuelve un verdadero hijo de Dios, y progresa de fuerza en fuerza. Amen.

 

Supongamos un instante que aspiráis a seguir el camino liberador pero que en realidad aún no lo hacéis, y que los aspectos de vuestro comportamiento se demuestran totalmente contrarios. Ello significa que tenéis la capacidad de seguir el camino, pero que aún os dejáis retener demasiado por toda clase de representaciones ilusorias propias a vuestra individualidad y por sus amargas consecuencias.

¿Cuantos hay entre vosotros que, de tiempo en tiempo, son todavía demasiado victimas de su personalidad, mientras que son no obstante conocidos como alumnos de la Escuela Espiritual y así pues integrados en el Cuerpo magnético de la Escuela. Este Campo magnético es de una gran serenidad; no es de este mundo. Por ello todo alumno que no confiesa aún la fe real en Jesucristo y se agarra a la personalidad dialéctica representa un peligro para el sistema magnético de la Escuela Espiritual: infringe una herida al cuerpo del grupo.

Este cuerpo del grupo soporta sufrimientos casi intolerables. Porta los estigmas de todos los actos egocéntricos. Comprenderéis que no puede sufrir estos tormentos sin restricciones, sería destruido antes de alcanzar el gran objetivo. Estas impulsiones egocéntricas invadirían al grupo. Y en lugar de una entrada en la Tierra Prometida, el camino de los alumnos se perdería rápidamente en las arenas del desierto. Amen.

 

Muchos de entre vosotros comprenderán que la Escuela Espiritual debe tener medios a su disposición. Su facultad de soportar continuos asaltos debe ser mantenida en ciertos límites, dado que su gran objetivo es, finalmente, hacernos volver a todos a la casa paterna. Para ello sirve la ley del orden del Espíritu. Hay libertad inmediata, libertad total para aquellos que están realmente establecidos en la fe en Jesucristo. Estos <<justificados por la fe>> deben ser protegidos por la ley del orden del Espíritu. Los reglamentos y estipulaciones, la organización, las convenciones y directivas que limitan a todo el mundo solo son coaccionantes para aquellos que no han llegado aún verdaderamente a la fe en Jesucristo y se dejan a veces arrastrar por la conciencia de la personalidad.

En cambio, aquellos que son libres se unen ellos mismos por medio de la fe. Ellos mismos son su propia ley. Aquellos que aún no han experimentado que viven y permanecen en la fe inquebrantable en Jesucristo son retenidos por el sistema de protección de la Escuela Espiritual. Examinar pues ahora vosotros mismos si ya os habéis encontrado en conflicto con las directivas espirituales de nuestra Escuela Espiritual. Si es que si, es que en ese momento aún no habíais llegado a la fe en Jesucristo. Todos tenéis en vosotros mismos este criterio: ¿es la ley la que os mantiene en el camino liberador del alma o ya es la fe?

Si lo veis claramente, estaréis agradecidos a la ley por juzgaros a fin de conduciros, al interior de sus límites, hasta la fe, luego hasta la libertad. Si lo veis claramente, sabréis interiormente que muchos infringen heridas al Cuerpo Vivo magnético, heridas aceptadas y soportadas en un amor perfecto por el alumno.

Pueda esta explicación concerniente a la Comunidad en Cristo-Jesús y vuestra participación en la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro determinar vuestro futuro comportamiento. Amen.

 

Cuarta alocución

 

Cuando la apertura está hecha en el santuario de la rosa del corazón, y que la sangre de la renovación circula en el santuario de la cabeza, vivificando los tres centros latentes de vuestra naturaleza superior, el hombre nuevo, el hombre superior ha renacido. Entonces la columna de la conciencia que, al principio, no se elevaba más allá del pensamiento intelectual y buscaba una salida en todas las direcciones, en el medio de la confusión dialéctica y bajo la influencia de los deseos inferiores, puede ahora elevarse hasta su cima legítima: las agujas de las torres del Olimpo. La edificación del hombre nuevo, del hombre llamado por el Logos, comienza a partir de ahora. Aquellos que comprenden verdaderamente todo lo que nos ha sido expuesto en el curso de esta cuarta Conferencia de <<Aquarius>>, y muy especialmente el tema de hoy, pueden saberse <<iniciados>> en el sentido literal de la palabra, es decir introducidos en un nuevo curso de desarrollo.

Comprenderlo bien, amigos míos: la iniciación en el sentido clásico se refiere a un método empleado en el pasado, sobre el cual innumerables seres se hipnotizan aún y del que se aprovechan toda clase de especuladores en el mundo entero.

 

Cuando la masa de los hombres estaba aún enteramente dirigida por las religiones de raza, porque la edificación de la personalidad no estaba todavía acabada y el poder intelectual solo estaba aún en un estadio preliminar, solo casos aislados, en los diferentes pueblos, habían sobrepasado el nivel de desarrollo de sus semejantes. Estos hombres, que podían ser de un gran valor para la humanidad eran iniciados en unos templos previstos para ello. Lo que les era ya revelado en ese momento y lo que se esperaba de la humanidad en un futuro lejano era objeto de una clara exposición, a fin de que estuviesen en condiciones de prepararse para servir realmente a la humanidad cuando llegara el momento. estas iniciaciones eran siempre extremadamente secretas, pues el pueblo, en razón de su estado de ser, no habría comprendido nada, y así pues ello habría sido para ellos un tema de confusión y de dificultades.

Pero actualmente el hecho es que el cuerpo racial está completamente desarrollado. El hombre nacido de la naturaleza está dotado de todas las facultades necesarias, y se encuentra ahora colocado ante el desarrollo de su naturaleza superior. Todo lo que, antes, formaba parte del dominio de la iniciación constituye ahora los primeros pasos en el camino de la naturaleza superior, la cual debe ser realizada por la autorrealización. Si queréis conservar la palabra <<iniciación>>, hablar entonces de auto-iniciación. El método de curación, el método de la auto-iniciación, todos lo habéis recibido. Desde el punto de vista cósmico, la fuerza del Cristo, el Espíritu Crístico, se encuentra en el centro de nuestro planeta. Esta fuerza penetra con su radiación la tierra entera. Desde el punto de vista microcósmico, esta radiación divina se comunica a nuestro ser entero: el Cristo está pues en nosotros. Se trata ahora únicamente de abrirle el santuario de vuestro corazón. Entonces esta fuerza, la fuerza de la Rosa, se transmitirá a vosotros de la manera indicada en el santuario de vuestra cabeza, con todas las consecuencias liberadoras que resultan de ello. Nadie puede privaros de esta fuerza, nadie os puede arrebatar esta gracia, salvo vosotros mismos.

De la misma manera que en el pasado, la humanidad recibió la ayuda de los Hierofantes de la Luna, de la misma manera en un muy próximo futuro ella será asistida por la Fraternidad de la Rosacruz de Oro. Así todos aquellos que, en este momento crucial de los tiempos extremadamente importante, tomen en serio la marcha de su vida y quieran recorrer en total conocimiento de causa el camino del devenir de una conciencia superior, llevando las fuerzas de su sangre a un nivel más elevado, todos estos se beneficiarán de la ayuda de la Fraternidad de la Rosacruz de Oro, a quienes los Hierofantes de la Luna han transmitido esta tarea secular y universal, y han dado pues, por nosotros y con nosotros, el primer paso en el camino de la auto-realización.

¡Nosotros tenemos en encargo de transmitiros este mensaje! A partir de este momento la realización de nuestro destino depende de manos humanas. Esta es la razón por la cual, al lado del Lectorium Rosicrucianum, sabemos que en lo sucesivo está la Escuela Interior.

En el Lectorium Rosicrucianum, os beneficiáis de lo más elevado que hay en la enseñanza de la Rosacruz, enseñanza absolutamente conforme y acorde al camino de la humanidad tal como ella ha debido realizarlo en el pasado y sobre el cual deberá comprometerse en el futuro. Ahora que el criterio y el objetivo del antiguo camino se han alcanzado, al menos en lo que concierne al fundamento y a la preparación, es necesario emprender la realización del futuro. En efecto, para que una enseñanza tenga un sentido y de resultados, es necesario que sea aplicada, que sea realizada. Por lo tanto esto es lo que hacemos en la Escuela Interior de la Rosacruz de Oro.

Así la enseñanza y la vida están en concordancia mutua. Quisiéramos daros un ejemplo de esta realización. Os hemos explicado como la fuerza de la sangre purificada, sintonizada con el principio y el objetivo de la renovación y preparada en el corazón del hombre, sube al santuario de la cabeza, y como allí efectúa, primeramente, una purificación, y, en segundo lugar, gracias a esta purificación, una liberación de los poderes latentes, que permiten el nacimiento de la aurora de un día nuevo.

Así es como todos los verdaderos candidatos, en el curso de su viaje hacia lo alto, llegan a esta parte del sistema cerebro-espinal llamada <<Torre del Olimpo>> por Cristian Rosacruz en «Las Bodas Alquímicas de C.R.C.. Si habéis leído este capítulo del Testamento Espiritual de los Rosacruces, habréis comprendido que la subida a esta torre no ocurre sin dificultades. Se pone a disposición de los candidatos, cuerdas, escaleras y alas. Pero, a fin de prevenir toda arbitrariedad, es la suerte la que decide a quien será dada una cuerda, una escalera o unas alas. La razón de ello está clara: en efecto, en el estado actual del hombre, el sistema cerebro-espinal aparece como más o menos dañado. Por ello la tarea de la purificación y de la preparación es para cada uno de vosotros muy diferente pues los obstáculos de unos no son los mismos que los de otros.

Pero si se persevera y se sigue el consejo de aquellos que nos ayudan, la victoria no podrá faltar, una victoria que consiste en la reconquista de la muy antigua y clásica realeza del Espíritu.

 

 

Epílogo

 

Bendiciones de la Salvación,

cuán grandes y maravillosos son Vuestros Caminos.

Cuan rica es Vuestra Gracia.

Quien consigue abrir Vuestras Fuentes

es colmado por el Agua Viva,

cuyas corrientes brotan sin cesar

de las Profundidades de la Manifestación Divina.

Os damos las gracias por venir a tocarnos.

 

En el intenso Fulgor de Vuestros Campos,

entonamos nuestro canto,

el canto de alegría, agradecimiento y adoración.

Ya que Vosotras no desdeñáis a los indignos.

Vosotras queréis considerarnos

portadores de imagen

llamados a una meta elevada.

 

Que sean numerosos los que, con nosotros,

puedan saborear la Paz de Vuestro Contacto. Amen.

 

 

Bendición final

 

La tierra corre a su fin.

No queda más que un corto período de tiempo.

¡Emplearlo!

Entonces el Señor de la Vida

vendrá con gran Poder y Majestad.

A El, al Cristo,

pertenece el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra,

la fuerza, el poder y la gloria, por toda la eternidad. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

LA VICTORIA SOBRE EL ANTI-HOMBRE

 

Voto

 

Gnosis,, fuerza del Templo de la liberación,

a todos aquellos que están unidos a Ella,

a todos aquellos que invocan su Santo Nombre,

Hermanos y Hermanas,

sean la Gracia y la Paz de Dios, nuestro Padre,

y del Señor Jesucristo,

en comunión con el Espíritu Santo. Amen.

 

 

Prólogo

 

Aquel que ya no aspira a los bienes terrestres, y considera como insignificante atravesar la naturaleza de la muerte,

se despertará en el extremo refinamiento

del estado de alma viva. Amen.

 

De esencia sutil, se sustraerá

al juicio dialéctico de los hombres

que yerran aún en las tinieblas

y solo conocen las limitaciones de la vida inferior. Amen.

 

Aquel que entra en la luz de la omniconsciencia,

y se esfuerza en sondear los dominios de la Gnosis

comprenderá la profundidad infinita

hacia la que el alumno se ha puesto en camino. Amen.

 

 

Canto de coro

 

A Ti, nos aproximamos, oh Padre,

Amor radiante, fuerza que brota de manantiales profundos.

El alma resplandece,

y del pináculo de las torres

El Espíritu de Dios desciende en mi.

 

Nacidos de la Gnosis, en nosotros la Luz luce,

y ante la aurora las tinieblas desaparecen.

Jubiloso, un himno nuevo resuena,

nosotros cantamos, oh Dios,

a la grandiosa perspectiva

de regresar hacia Ti.

 

Tu bendices a todos aquellos que, un día, cayeron,

y titubean, ciegos, en la noche oscura.

Brilla en nuestros corazones,

eclipsa la ilusión del sufrimiento,

¡Ven, oh Espíritu Santo!

 

 

 

 

Extracto de la Primera Epístola de Pedro, capítulo I, vers. 3 a 9

 

<<Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarchitable, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.>> Amen.

 

Ritual

 

La Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro hace todo lo posible para poner en la mano del alumno la llave que,, aplicada como conviene, debe permitirle volverse un hombre alma-espíritu, para que la Puerta de las puertas le revele el pasaje.

Incluso los alumnos preparatorios saben que solo la decisión de la voluntad no es suficiente para llegar a la gran realización de la vida. <<La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios.>> En esta primera fase, la enseñanza de la Escuela Espiritual actúa sobre la conciencia de la personalidad. Se trata aún, al principio, de una fe en las cosas que no se pueden ver con los ojos materiales.

Cuando, a continuación, abriéndose espontáneamente y confiándose plenamente a la fe, la Enseñanza universal es asimilada y digerida, el contacto del Espíritu Santo es una certeza absoluta. Así se espera de parte de los alumnos, tanto preparatorios, probatorios como confesionales una buena orientación sobre el objetivo y la esencia del plan de Salvación en Cristo, a fin de que las radiaciones del Espíritu Santo puedan actuar en ellos y que la enseñanza de la Rosacruz de Oro ilumine su conciencia. Así se puede asociar a los alumnos del Lectorium Rosicrucianum con las figuras de Zacarías y de Elisabet del Evangelio de Mateo. Llevaban una vida santificada, al servicio de los otros y en la entrega de si mismos. Sin embargo esto no representaba más que una etapa en el peregrinaje del hombre, que se podría considerar como el prólogo del proceso del desarrollo siguiente.

La segunda fase es la de un triple contacto lleno de prâna vital divino. Es en este triple contacto por el gran aliento de vida divina que nace el hombre Juan, quien será, en el curso de su vida, al mismo tiempo el profeta y aquel que rompe.

Entre tanto, el yo de la naturaleza se vuelve consciente de que este estado de vida debe también romperse para que una realidad más elevada se anuncie. Interiormente el hombre-Juan sabe que su existencia del momento no es más que una fase en el sistema de creación del Plan de Dios para el mundo y la humanidad. Ahora el objetivo es aproximarse al hombre-Jesús.

En el curso de esta tercera fase, todo el dinamismo de la conciencia de la personalidad se retira a segundo plano del ser; el hombre-Juan se introduce en el Atrio de la Escuela Interior. Las fuerzas de radiación originales universales entran en unión directa con el alumno. Se puede comparar al alma que se despierta, nacida de los valores etéricos totalmente nuevos, con el hombre niño-Jesús.

La vida del alumno va a continuación a sintonizarse armoniosamente con la enseñanza del Amor universal. La cuarta fase del proceso de desarrollo se introduce entonces: la puerta de la Escuela Interior se abre para el hombre-Juan. Amen.

 

Después de la apertura de la puerta de la Escuela Interior, un cambio enorme se efectúa en el microcosmos. Si la personalidad, muy conscientemente, no ocupa ya el proscenio, el hombre-alma-Jesús avanza progresivamente y crece en el microcosmos bajo un triple aspecto.

En primer lugar, un nuevo yo astral superior se desarrolla en el campo de manifestación del alumno.

En segundo lugar, la imagen del hombre inmortal resucita en su campo etérico.

Y en tercer lugar, en la personalidad se elabora la estructura de líneas de fuerza completamente nuevas de la forma alma-espíritu.

Como el proceso de desarrollo que realiza el hombre-niño Jesús es la obra del Espíritu Santo, es en sentido perfecto sin pecado y justo ante Dios. De ahí viene que testimonie ulteriormente en su vida: <<El Padre y yo somos uno>>. Por la aniquilación total del hombre-Juan, un Hijo del Hombre madura que está en este mundo, pero no es de este mundo. La tarea del Hijo del Hombre consiste en ser un testimonio vivo de la realidad de una vida en una forma de manifestación divina, la cual se aproxima a la humanidad.

Esta fase lleva al hombre-alma hacia el hombre de la eternidad: Cristo. La quinta fase comienza. Jesús el Señor muere según la naturaleza, no porque está en estado de pecado sino como mediador de la Nueva Alianza. Resucita de la tumba de la naturaleza; lo grosero, lo terrestre se ha separado enteramente de él, y cuando, al fin, sube al cielo, es el hombre-alma-espíritu, el hijo de Dios, Cristo, el Hijo único, quien va a manifestarse. Entonces únicamente se revela el verdadero hombre celeste, quien encuentra su coronación en Cristo.

 

Estos son los cinco procesos de transmutación que debe vivir cualquiera que quiera recorrer la vía que lleva a cristo, antes de alcanzar el fin del camino liberador. Así pues ahora sabemos que hay un proceso quíntuple que conduce fuera de las tinieblas hasta la luz eterna:

1. el camino del hombre de la naturaleza al hombre civilizado;

2. la penetración del hombre civilizado hasta el estado de hombre que ha llegado el límite de la vida santificada, que la Escritura Santa designa como el estado de Efesio;

3. el desarrollo del Efesio hasta el hombre que rompe la naturaleza;

4. el ascenso de aquel que ha roto la naturaleza hasta Jesús, el hombre sin pecado;

5. el desarrollo del hombre Jesús hasta el estado de ser crístico, el Hijo único de Dios.

 

¡Puedan todos aquellos que han sido recibidos en el campo magnético de nuestra Escuela Espiritual llevar un día este quíntuple proceso de salvación a buen fin! El mántram con el que abrir la puerta de este camino son estas poderosas palabras: <<Todo lo puedo por Cristo que me da la fuerza.>> Amen

 

 

Quinta alocución

 

Cuando los centros del cerebro relacionados con la conciencia superior, presentes en estado latente en la mayor parte de los seres humanos, son más o menos vivificados de la manera indicada, y despertados de su larguísimo sueño, se puede decir que el Espíritu se vuelve vivo. Desciende de la cima del santuario de la cabeza en el sistema nacido de la naturaleza. A partir de ese momento, tanto el sistema nervioso cerebro-espinal como el sistema nervioso automático pasan bajo el control del alma-espíritu. Se ha realizado entonces, literalmente, una apertura y una fuerza nueva irradia toda la forma corporal, con resultados extremadamente notables.

Cuando el Espíritu puro se manifiesta en el microcosmos, cuando lo divino se expresa en la materia, entonces el Espíritu tiene una tarea inmensa que realizar. Todo lo que es material, todo lo que ha nacido de la materia debe ser purificado y transmutado. Cada átomo debe sufrir una metamorfosis, adquirir una composición diferente, a consecuencia de lo cual su esfera de actividad.

El átomo se manifestará en la materia aunque de una manera absolutamente diferente, pero al mismo tiempo se abrirán a él otros dominios. Recibirá lo que llamamos el don de la <<omnipresencia>>. Sin embargo antes de que el polo positivo de la mónada pueda realizar este trabajo, es decir la manifestación del Espíritu en tanto que hombre superior, otra tarea debe aún ser realizada.

Cuando el Espíritu es vivificado en el hombre, debe manifestarse de dos maneras: primeramente, como una fuerza espiritual realmente nacida del alma; y en segundo lugar, como una capacidad del corazón y de la razón fundada en el Espíritu.

Hay personas que muestran cualidades de alma y testimonian de ello, pero como son aún susceptibles de ser alcanzadas y heridas por el aguijón de la naturaleza dialéctica, por lo que ha salido de la naturaleza, el alma y la razón permanecen por debajo de un cierto nivel. De tiempo en tiempo, todavía pecan. Ahora bien vosotros sabéis lo que se dice en la Biblia: <<El alma que peca debe morir>>.

Solo cuando la unidad del Espíritu, del alma y de la razón se ha realizado verdaderamente y cuando verdaderamente es trazado este triángulo superior, solo, entonces el verdadero trabajo superior y liberador puede comenzar. Consideramos como una preparación todo lo que precede.

El trabajo a ejecutar a continuación reviste cuatro aspectos: El vehículo astral, el vehículo etérico y el cuerpo material deben ser verdaderamente animados y colocados bajo el control real de la razón, absolutamente en concordancia con las leyes del Espíritu, las leyes del nuevo estado de vida. Todo lo que es de la naturaleza debe ser perfectamente penetrado por el aliento del Espíritu de la nueva naturaleza.

Realizada esta triple tarea, viene la cuarta: el ataque y la expulsión del anti-hombre. Es importante comprender esto correctamente.

El anti-hombre (hemos elegido esta expresión a propósito) es de hecho antinatural pero sin embargo muy real. Ahora bien toda la construcción que hemos emprendido puede ser bloqueada por él en un momento dado. Tratemos de explicarlo.

 

Durante un tiempo de una duración casi inimaginable, el antiguo estado de ser, el estado de ser natural, ordinario, ha evolucionado. Siempre ha sido una misma y única idea, la del devenir del hombre, la que ha fundado esta marcha evolutiva. Era necesario que el estado de nacido de esta naturaleza alcanzara su completo desarrollo antes de internarse en el estado de la naturaleza superior.

De ahí viene que en el pasado, el estado de ser del hombre se haya encontrado siempre en el plano de la evolución natural ordinaria, tal como la constatamos en toda la naturaleza. El hombre que conocemos actualmente es de hecho una especie animal superior. Es necesario mirar esta verdad de frente, incluso si se esfuerza en rechazarla. La prueba de ello está en el hecho de que, por ejemplo, ¡se intente de tiempo en tiempo transformar un mono en hombre! Si el hombre hubiera permanecido como la criatura ordinaria del origen, nacida de la naturaleza, no hubiera existido la más pequeña huella del <<anti-hombre>>.

Pero después de la evolución debida a las religiones de raza, se produjo un cambio. A un ritmo muy prudente, y tan lento que ha cubierto miles de años, se llegó a inculcar en el hombre una cierta moralidad. Se produjo una diferenciación entre, por un lado, el estado totalmente natural del hombre, con sus costumbres vitales, donde no se podía detectar la más pequeña huella de pecado, y por el otro lado un hombre más elevado, un hombre diferente. Así es como fue dado el minúsculo primer pasito en la dirección del devenir de un hombre nuevo. Y a medida que este proceso se proseguía, el anti-hombre apareció poco a poco. Todo lo que era propio al antiguo hombre, todo lo que pertenecía a sus costumbres, todos sus hechos y gestos, sus codicias, sus deseos y aspiraciones, se acumularon bajo la forma de una violenta oposición -una especie de auto-defensa. El anti-hombre encontró evidentemente en todo mortal de su genero un aliado que tenía las mismas clases de necesidades y de deseos. Entonces en la medida en que este hombre nacido de esta naturaleza se adaptaba a unas leyes y a unas reglas de vida más elevadas, y que su moralidad alcanzaba un plano más alto, se desarrolló una lucha entre lo que se llamó <<el maldito>> y las influencias divinas, entre lo demoníaco y lo divino, entre el hombre de origen natural, que perdía terreno, y el hombre en desarrollo guiado por los dioses de cada raza.

Conocéis la ley natural. Aquel que es débil se defiende, y muy frecuentemente el ataque es una forma de defensa. He aquí pues brevemente explicado como el anti-hombre se constituyó en nosotros. Es producto de una ley natural, que, hasta la hora actual, se opone a la marcha de las cosas según el plan divino que se realiza progresivamente. El lucha para defenderse hasta la última chispa de su fuerza vital.

 

Se puede constatar, sin exageración, que el anti-hombre en nosotros alcanza actualmente su mayor poder. En efecto, durante la larga serie de siglos en el curso de los cuales el tipo del hombre nacido de esta naturaleza ha evolucionado, y durante la lucha entre el hombre que aspiraba a elevarse y el anti-hombre que crecía en él, el ser humano fue como sobrecargado de pecados. De ello resultó un sentimiento de culpabilidad que hoy se ha vuelto muy fuerte en muchos, pero el anti-hombre es en cambio tan poderoso que en general la humanidad da pruebas de una especie de abandono, de resignación al estado astral del momento. Una turbación tal como la que vivimos actualmente es siempre la prueba de que una ley del Espíritu cruza la ley natural, y que la humanidad, buscando su aliento, amenaza con perder el coraje. El fardo del pecado, sobrecargado por el anti-hombre, se ha amontonado tan alto que, sobre la línea horizontal, ya no hay casi ninguna salida.

Quizás comprendáis ahora, al menos eso esperamos, que el camino de la Rosacruz, del que esta cuarta Conferencia de <<Aquarius>> tiene por misión volveros conscientes, ofrece la única solución posible. Pues solo por este camino se puede, sin lucha, expulsar al anti-hombre del microcosmos. No hay un ser vivo que, habiendo pasado, como es el caso para nosotros y nuestros semejantes, por el camino de desarrollo que acabamos de describir, pueda escapar de esta tarea. El orden de la naturaleza, en vosotros, debe finalizar ahora que un punto determinado se ha alcanzado. Si ello no se hace de la manera normal, en la calma, la paz y la alegría, ello se hará al principio en la disensión.

En todo caso, en el día determinado, el orden del Espíritu de nuestro planeta, Jesucristo, cruzará el orden de la naturaleza, y el desarrollo del pasado, que se ha vuelto para la humanidad un camino hacia el abismo, un camino que hace de ella <<la bestia>>, será detenido. Sino, el universo entero terminará por ser desnaturalizado, con todas las consecuencias que derivan de ello.

El desarrollo impío de la ciencia, que aparece tan claramente y que conduce al hombre al borde del abismo, no amenaza solamente a nuestro planeta con una catástrofe, sino que se ha vuelto actualmente una amenaza intercósmica, no tanto por la voluntad consciente del hombre, sino más bien por el anti-hombre que, por medio de la facultad de pensar de sus víctimas, los hombres de ciencia, busca causar daño al orden divino mismo.

Comprenderéis pues que ahora es necesario intervenir, como el Apocalipsis testimonia claramente. El <<número de la bestia>> es evidentemente el número de la humanidad caída. Existe una unidad absoluta entre estas dos cosas, es una ley científica natural.

Por ello una intervención cósmica se prepara, un proceso de purificación y de cambio, de restablecimiento y de curación. Oímos hablar de la caída de Babel y percibimos el canto de bendición que ello suscita. Oímos hablar de la derrota de la bestia y de la tropa de sus profetas, de la detención del desarrollo del anti-hombre, y del nuevo cosmos que se desarrolla por este hecho.

 

Hermanos y hermanas, lo que ahora va a pasar cósmicamente en el mundo y alrededor del mundo -y que será considerado por la humanidad como una gran catástrofe- todo ello será percibido de antemano por aquellos que quieran seguir el camino de la Rosacruz, que quieran liberarse, y se liberen del anti-hombre en ellos. En ellos también será necesario que el orden espiritual de Jesucristo cruce el orden natural y sus consecuencias. Os hemos indicado el camino para ello.

Por tres veces Jesús el Señor, después de haber sido elegido para el orden espiritual, y de haber recibido la fuerza para ello, tuvo que probar que estaba enteramente liberado del anti-hombre en él: <<Entonces Satán le dejó, y he aquí que unos ángeles vinieron al lado de Jesús y le servían>>.

Vamos así la reencuentro del orden espiritual de la renovación. Amen.

 

Oración de clausura

 

Luz Original que emanas de la Vida Divina:

podamos ser santificados por Ti.

Que Tu Reino descienda sobre nosotros.

Que Tu Voluntad actúe en todo nuestro ser

en armonía con Tu Naturaleza Divina.

Con este fin,

concédenos cada día Tu Pan Sagrado.

 

En la Fuerza de Tu Contacto

rompemos todas las ataduras

que se oponen a Tus Intenciones,

Y perdonamos y olvidamos todo

lo que el mundo y la humanidad

nos han causado por su estado natural.

 

Que Tu Luz Misericordiosa

Borre enteramente nuestro Karma,

sobre la base de nuestro nuevo

comportamiento de vida.

 

Protégenos, oh Luz, en la tentación,

y líbranos del mal

cuando intente apoderarse de nosotros.

 

En Ti está la Vida Nueva,

y la Fuerza,

y la Magnificencia,

por toda Tu Eternidad. Amen, si, Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oración de bendición final

 

Hermanos y hermanas,

 

Nuestra misión, en esta cuarta Conferencia <<Aquarius>>, era transmitir al grupo completo de alumnos el ruego urgente de la Fraternidad de la Vida de que se prepare en vistas de las cosas futuras, conforme a la esencia de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro.

 

¿Queréis, en la medida que ello os sea posible, comenzar a hacerlo? ¿Cada uno en el nivel en el que se encuentre en este momento en calidad de alumno?

 

Amigos míos,

 

Que el fuego de la renovación os toque.

Que la naturaleza de la Vida os renueve día a día.

Que el átomo nuevo os conduzca

hasta la aurora de la liberación. Amen.

 

 

Canto de coro

 

El Señor os bendiga y os guarde.

Que haga lucir sobre vosotros Su Faz

Y os de Su Paz. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SERVICIO DE CLAUSURA

 

por el Presidium Suizo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

EL VERDADERO AGRADECIMIENTO

 

 

 

Voto

 

Señor de toda vida,

Fuerza-Luz del amor,

Espíritu Santo Séptuple Universal,

Tócanos, y penetra todo nuestro ser. Amen.

A Ti consagramos nuestros corazones preparados,

nuestras cabezas purificadas,

la fuerza activa de nuestras manos. Amen.

 

Podamos, en todo tiempo, ser encontrados dispuestos

para realizar Tu sagrada misión,

Tu voluntad, hasta en la eternidad. Amen.

 

Oración

 

Que la Fe pueda liberarse en nosotros

en un sentido mágico.

Que el estado de fe pueda ser demostrado

por todos nosotros de forma triple,

como una Esperanza imperecedera,

como una Prueba interior poderosa,

como una Vida Nueva de Actividades Positivas

en un nuevo comportamiento autoliberador.

Entonces los Tres Misterios Gnósticos

habrán realizado en nosotros su primer recorrido.

 

El primero, el Misterio Fundamental,

despertará la Luz de la Esperanza

en el Santuario del Corazón.

 

El segundo, el Misterio de Cristo,

hará que las corrientes astrales divinas

entren en nuestro ser,

de tal manera que por el hígado

se produzca la experiencia interior viva

de que la Gnosis está unida a nosotros.

 

El tercero, el Misterio del Espíritu Santo,

nos colmará con sus Alimentos Sagrados

de modo que seamos capaces de vivir la Vida

en una orientación continua.

 

Que muy pronto pueda irradiar de todos nosotros

el brillo de este majestuoso y magnífico

triángulo de la Fe. Amen

 

 

Oración

 

Oh Promesa Divina plena de Majestad:

nuestro agradecimiento es profundo

por Tu Gracia Maravillosa

de que Tú misma quieras habitar en nosotros

como una Rosa de las Rosas,

y de que nos sea permitido

llevarte cada hora de cada día

en el santuario de nuestro corazón

Que alegría sentimos por saber

que estamos envueltos desde ahora

por un Zodíaco Apostólico microcósmico,

y que este dodécuple Lazo de la Renovación

nos lleva de la Aurora de la Nueva Mañana

hasta el cenit de la Consumación.

Podamos responder muy pronto

a Tu Acto de Amor

estando completamente preparados.

 

Fuente le Luz llena de Gracia:

habita en el centro de nuestro estado de alma

y engalánanos a todos nosotros

con Tu Dodécuple Vestido de Luz. Amen.

 

Ritual

 

He aquí un extracto de la «Sabiduría de Salomón»: <<La justicia es el camino de la sabiduría. Amar la justicia. Dirigir vuestro pensamiento sobre el Señor, vuestro Dios. Si, buscarle con un corazón puro. Pues no se deja encontrar por los vanidosos y los arrogantes. Para aquel que pone su confianza en El, se hace visible.

La sabiduría de Dios no viene a un alma malvada, y no habita en un cuerpo sujeto al pecado. El Espíritu Santo huye de aquellos que tienen el corazón falso. El Espíritu Santo no sabría estar allí donde reina la mentira y la injusticia.

La sabiduría es un espíritu dulce, pero no deja sin castigo a aquel que se entrega a la maledicencia, pues Dios es testigo de todos los pensamientos. En verdad conoce todos los corazones y escucha todas las palabras.

El universo está lleno del Espíritu del Señor, El que es omnipresente conoce todo lo que decís. Por ello aquel que altera la verdad no puede permanecer escondido. La ley que lo castigará no puede dejar de manifestarse. Por ello guardaros de la mala acción. ¡Preservar vuestra lengua de la maldición de la palabra falsa! Pues lo que secretamente os deslizáis en la oreja no se disipará sin provocaros daños. La boca que miente mata al alma, pero aquel que vive según la rectitud vivirá eternamente.

 

 

 

 

 

Oración de Salomón para pedir la sabiduría

 

Dios de mis padres,

Señor de toda bondad,

Tu que has creado todo por Tu palabra

y que has formado al hombre por Tu sabiduría

para que reine sobre todo lo que ha sido creado por Ti,

y que rige el mundo,

en la santidad y la justicia,

y que es conducido por un corazón puro,

Señor, concédeme la sabiduría.

Hazla descender de Tu lugar santo,

envíala a fin de que more en mi,

y que actúe en mi,

a fin de que discierna tu voluntad.

Tu sabiduría percibe todas las cosas.

Oh que sea ella la que conduzca mi comprensión

y mi inteligencia en todas mis actividades,

y que me preserve por su sublimidad.

¿Pues quien conoce el consejo de Dios?

¿O quien puede sondear la voluntad del Señor?

Los pensamientos del hombre mortal

son vagos, seductores y peligrosos.

Tu sabiduría preserva a todos aquellos que la han recibido. Amen.

 

Todos aquellos que son encontrados dispuestos a vivir en conformidad con la sabiduría, obtienen la verdadera sabiduría.

La verdadera sabiduría, que está cerca de Dios, no puede ser comprada, ni enseñada en una escuela dialéctica cualquiera.

De Dios recibimos la posibilidad, la fuerza de la fe, la fuerza del amor, la fuerza creadora del acto puro, para la realización del plan de creación. Quien tiene parte en la fuerza liberadora hará don de ella a todos aquellos que estén preparados para recibirla.

Demos, y formaremos parte de aquellos que reciben. De la misma manera que la sustancia original aumenta dándose ella misma, lo mismo ocurre con los seres que tienen discernimiento y comprensión, y actúan en consecuencia. Amen.

 

 

Alocución

 

Con este servicio acaba la cuarta Conferencia de <<Aquarius>>. El trabajo comenzó el 11 de julio en estos edificios, con el fin de acogeros a todos desde el 21 de julio. Es superfluo el describiros la suma de los esfuerzos que se han hecho antes o durante esta Conferencia. Aquellos que han sido testigos de ello saben la extensión y la diversidad de este trabajo. Por ello nos gustaría pronunciar unas palabras de sincero agradecimiento para todos aquellos que han colaborado en la realización de este grandioso acontecimiento.

 

Queremos hablar del agradecimiento que tenemos hacia aquellos que nos han aportado su ayuda de manera tan desinteresada. Pero también podemos concebir el agradecimiento de una manera muy diferente.

La Biblia está llena de palabras de alabanza y de gratitud hacia el Creador. Así leemos en el Salmo 56, versículo 13 y 14:

<<Sobre mí, oh Dios, están tus votos; Te tributaré alabanzas. Porque has librado mi alma de la muerte. Y mis pies de caída, para que ande delante de Dios en la Luz de los que viven.>>

tenemos, nosotros también todas las razones para estar agradecidos. En el curso de esta cuarta Conferencia, hemos podido experimentar la profusión de bendiciones de la Fraternidad y nadie ha sido excluido de ellas.

Si no lo habéis experimentado conscientemente aquí mismo, ciertamente lo notaréis a vuestro regreso a casa; pues, todos, hemos cambiado después de estos días.

Por ello, al final d esta Conferencia, queremos testimoniar nuestra gratitud con estas palabras del salmista: (Salmo 28, vers. 6 y 7):

<<¡Bendito sea el Eterno! que oyó la voz de mis ruegos. El Eterno es mi fortaleza y mi escudo; en El confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico lo alabaré.>>

Tal gratitud, que sube de un corazón purificado hacia la Gnosis, es mucho más que el enunciado de unas simples palabras. De ella emana una vibración. Y así una fuerza es evocada. Cuando, interiormente, de lo más profundo de nuestro corazón, experimentamos el agradecimien­to, nos unimos a la fuerza liberadora, la cual no podría ser otra cosa que una mano tendida para nuestra salvación. Sin embargo esta gratitud debe subir espontáneamente de las profundidades de nuestro corazón y no reposar sobre ningún cálculo.

Si este sentimiento resultara de un cálculo puramente egoísta, seríamos como un ahogado que se agarra tan convulsivamente a su mejor amigo deseoso de salvarlo que arriesga con arrástralo también en el ahogamiento. ¿No ocurre frecuentemente lo mismo con nosotros? La mano que la Fraternidad nos tiende, no la tomamos, es decir que la rechazamos o nos apoderamos de ella muy violentamente, con toda nuestra personalidad. Por ello nuestra gratitud debe ser una oración que se eleva de un corazón purificado.

Ahora conocemos, pues se nos ha mostrado de una manera extremadamente clara estos días, los formidables poderes que dormitan en nuestro corazón y que podemos despertar. Sabemos igualmente que estas fuerzas una vez liberadas deben subir a la cabeza para vivificar allí los órganos de este santuario todavía en estado latente. Pero no bloqueemos la corriente de estas fuerzas liberadoras con nuestro intelecto y nuestros pensamientos. Si queremos que se desarrolle una nueva conciencia, es necesario que la maravillosa flor de oro comience a brillar. Y ello solo es posible si las fuerzas pueden afluir, sin obstáculos, del corazón al santuario de la cabeza.

Hemos aprendido igualmente, durante estos días, que la Fraternidad de la Rosacruz nos concederá toda la ayuda imaginable con tal que aceptemos voluntariamente las consecuencias del camino de la Rosacruz y que la realización de nuestro trabajo sea una realización autónoma.

Ciertamente, para esta Gran Obra, que todos deseamos realizar sin ninguna duda, es necesario coraje y perseverancia. Pero si nos armamos de paciencia frente a nosotros mismos, ello debe tener éxito. Pues la Fraternidad, ella también, testimonia de una paciencia infinita en tanto que no soltemos su mano.

 

Cuando hablamos de la Fraternidad, a quien nosotros deseamos testimoniar nuestra gratitud, no pensamos solamente en todos los hermanos y hermanas que nos han precedido y que ya desde hace mucho tiempo forman juntos la Cadena de los Liberados, pero muy especialmente al grupo de Enviados que han descendido  a nuestro campo de existencia para llamar a la vida a la Rosacruz actual.

Pensamos en el circulo de la Rosa Mystica, y en particular en sus dos representantes: Jan van Rijckenborgh y Catharose de Petri. A ellos va nuestro agradecimiento por la paciencia sobrehumana y el amor con los que han sostenido el trabajo durante estos años largos, difíciles y amargos, trabajo que en estos días tuvo la coronación.

Hermanos y hermanas, nuestra esperanza y nuestro ruego son que conservéis en vuestro corazón y en vuestra cabeza las ricas bendiciones de la Fraternidad de la Rosacruz recibidas en el curso de esta cuarta Conferencia de <<Aquarius>>. Si habéis tomado la firme resolución de recorrer realmente el camino de la Rosacruz, sabréis entonces con una certeza absoluta -incluso si debierais, por un momento, sentiros abandonados por todo y por todos- que la Fraternidad de la Rosacruz está con vosotros en todo tiempo y en toda circunstancia. En esta disposición de espíritu, experimentaréis en todo vuestro ser una gran e inmensa gratitud, el verdadero agradecimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oración

 

Quien mantiene su alma orientada hacia la Gnosis,

golpea con su vara las rocas de los obstáculos

y abre la Fuente del Eterno Secreto.

 

Quien abre su corazón a la Luz Insondable,

se orna con el Manto del Amor Imperecedero.

 

Quien armoniza su pensamiento

con el Consejo Secreto de Dios,

puede participar en la Esencia de la Sabiduría.

 

Quien con su voluntad renovada

realiza la Voluntad de Dios,

entra en el Orden de Melquisedek.

 

Quien de esta manera pasa al acto,

entra en el Nuevo Campo de vida.

 

 

Hermanos y Hermanas:

Honremos, sirvamos y realicemos

la quíntuple Gnosis Universal

por este quíntuple servicio mágico.

 

 

Oración de bendición

 

Que por vuestra ofrenda total,

vosotros también sirváis a la Joven Fraternidad Gnóstica,

esa es nuestra oración interior.

 

Que el Dios de la paz os perfeccione

en todas las buenas obras,

a fin de que hagáis su voluntad,

y realicéis en vosotros lo que Le es agradable,

por Jesucristo, a Quien sea

la Eternidad por toda la eternidad.

 

Elevados en la luz de Dios,

Purificados en la gracia de Cristo,

Renovados por el Espíritu Santo,

 

Hermanos y Hermanas al servicio de la Gnosis,

Que vuestros caminos sean luminosos como la aurora,

vuestras fuerzas como las de los fuertes,

y vuestros actos como los de los santificados. Amen.

                          LAS PODEROSAS SEÑALES DEL CONSEJO DE DIOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                           EL APOCALIPSIS

 

                                                  DE LOS TIEMPOS NUEVOS

 

                     CINCO CONFERENCIAS DE RENOVACIÓN <<AQUARIUS>>

 

 

 

 

 

 

 

                                                                       POR

 

                                                     CATHAROSE DE PETRI

 

                                                                          Y

 

                                                  JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

                                                 I-BILTHOVEN 1963

                                                II-CALW 1964

                                               III-BAD MÜNDER 1965

                                                IV-BÂLE 1966

                                                 V-TOULOUSE 1967

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                   ROZEKRUIS PERS- HAARLEM- PAÍSES BAJOS

 

 

 

 

                                                 LAS PODEROSAS SEÑALES

 

                                                     DEL CONSEJO DE DIOS

 

                                 EL APOCALIPSIS DE LOS TIEMPOS NUEVOS III

 

                                                 TERCERA CONFERENCIA DE

                                               RENOVACIÓN <<AQUARIUS>>

                                                         BAD MÜNDER, 1965

 

 

 

 

                                                                       POR

 

                                                     CATHAROSE DE PETRI

 

                                                                          Y

 

                                                  JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                    ÍNDICE

 

 

 

 

 

 

                Prefacio…………………………………

 

              I Un nuevo sistema solar…………………….

 

             II Las influencias de Urano, de Neptuno y de

         Plutón…………………………………..

 

            III La fuerza de radiación de Plutón……………

 

             IV Un nuevo cielo y una nueva tierra…………..

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                 PREFACIO

 

 

 

 

 

            En la serie titulada el Apocalipsis de los tiempos nuevos, esta tercera publicación contiene toda la materia -alocuciones y rituales-  de la que fue objeto la tercera Conferencia de <<Aquarius>>, mantenida en agosto de 1965 en Bad Münder, Alemania.

            Las influencias de Acuario que se evocan en ella se han vuelto perceptibles en todos los dominios, y constituyen un testimonio formal del buen fundamento de las advertencias emitidas por la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro actual. Ésta afirma, desde hace ya mucho tiempo que: <<¡Los tiempos han llegado!, ¡Éste es el comienzo, todo es desenmascarado!>>.

            Es nuestra esperanza y nuestro ruego que sean numerosos, muy numerosos, los seres humanos capaces de comprender el sentido profundo de las palabras dirigidas aquí a cada uno y de sacar de esta obra la fuerza liberadora que encierra. Esa es la intención con la que ha sido escrita.

 

CATHAROSE DE PETRI                                                  JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                           I

 

                                                UN NUEVO SISTEMA SOLAR

 

 

Ha llegado ahora el gran momento de desearos una muy cordial bienvenida al comienzo de esta tercera Conferencia de renovación <<Aquarius>> de 1965. Somos muy conscientes del significado extraordinario de este momento. ¿No es un acontecimiento magnifico el que nosotros, en calidad de alumnos del Lectorium Rosicrucianum, estemos más decididos que nunca a seguir a la Rosacruz de Oro hacia el único gran objetivo que nos es indicado: la liberación del alma y del espíritu: y que así nos sea permitido encontrarnos aquí en un grupo de más de dos mil personas, sobre el terreno y los edificios de nuestro nuevo Centro de Conferencias <<Van Rijckenborgh>>, con el fin de meditar juntos, en total comunión, sobre la maravillosa gracia que nos espera en cuanto hayamos vencido los obstáculos que se levantan en nosotros mismos.?

            En el curso de esta tercera Conferencia de <<Aquarius>> recibiréis las instrucciones concretas y directas para emprender y seguir inmediatamente un camino.

            Esto es lo que hace que este deseo de bienvenida represente por si solo una llamada a la acción, una llamada a una actividad instantánea.

            Y vuestra presencia, aquí, en este Templo, es ya una prueba de que camináis con nosotros. Sobre esta base, en tanto que cadena de hermanos y hermanas, vamos a vivir, en esta ciudad de Bad Münder, nuestra tercera Conferencia de <<Aquarius>>.

 

                                                                                                                                 Amen.

 

            Cuando acabamos de recibir la gracia de este instante en el que la antorcha de la Luz ha sido encendida en el Templo <<Van Rijckenborgh>>, nos colocamos en total humildad, permaneciendo claramente conscientes, bajo la irradiante Luz de la única llama, y confesamos ante el tribunal interior, en presencia del Espíritu Séptuple Universal:

     ¡En el nombre del Santo y triple Logos,

            En el nombre de la Séptuple Luz liberadora universal,

            En el nombre de Su Fuerza, Jesucristo, nuestro Señor:

            Obediencia al Triple y Santo Logos,

            Obediencia a los poderes y a las radiaciones gloriosas de la Santa Luz Séptuple,

            Obediencia al Gran Maestro de la cadena de la Fraternidad universal, Jesucristo!

 

                                                                                                                                 Amen.

     ¡Puedan todos aquellos que están presentes aquí

            ser encontrados dignos de recibir

            la bendición llena de gracia de la Santa Fraternidad!

                                                                                              Amen, si, Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera Alocución

 

Con una gran alegría en el corazón, en el nuevo entorno de nuestro Centro de Conferencias de Bad Münder, os deseamos la bienvenida al comienzo de esta tercera Conferencia de <<Aquarius>>, Conferencia que, en el curso de los próximos días, será para todos el centro de nuestro interés.

            Vamos a esforzarnos, queridos amigos, en subir el tercer peldaño de una escalera que tiene siete en total. Probablemente sabéis que tenemos la intención de organizar en total siete Conferencias de <<Aquarius>> y nos parece bueno llamar una vez más vuestra atención sobre este hecho. De tiempo en tiempo recibimos de aquí y de allá, los ecos de quejas que conciernen a los grandes esfuerzos y los grandes gastos que implican empresas parecidas y también los perjuicios que eran así causados a los proyectos de trabajo más específicamente nacionales, y que por ello se trataría de un fardo muy pesado para los diversos aspectos del reino gnóstico. Pero aquellos que hablan o piensan así no conocen el proceso que todos los hijos de Dios están obligados a poner en practica, proceso destinado a liberarnos y que, desde el comienzo, ha sido ordenado por el <<Consejo de Dios>>. Esto es lo que hace que juzguemos necesario describir brevemente el principio fundamental, la base de este proceso de salvación, con el fin de que lo comprendáis y que, habiéndolo comprendido podáis con mayor motivo apreciar la bendición de este tercera Conferencia de <<Aquarius>> participando plenamente en el trabajo que debe realizarse en ella.

            Sabéis que el sistema solar del que nuestra tierra forma parte forma una unidad en la que participan sus menores elementos, las influencias y los efectos de sus radiaciones pueden ser determinadas y previstas de antemano. Así pues es el conjunto de estas poderosas radiaciones del sistema solar que nosotros conocemos las que han dado nacimiento, entre otras, a la humanidad terrestre actual, al hombre en su aspecto material, con su séptuple personalidad provista de grandes poderes y grandes talentos. Pero el limite de lo que es humanamente accesible por el momento se sitúa en el punto más bajo, en el nadir de la materialidad. Sin embargo sabéis que el hombre es llamado a resucitar fuera de este campo de vida que ahora se ha vuelto para él una prisión y que para hacerlo debe poseer una nueva personalidad, una personalidad transfigurada, que en general designamos como <<hombre-alma>>.

            Debemos llegar a una resurrección y después ir más lejos todavía. Comprenderéis que llegar a la resurrección con la antigua personalidad, es decir la que actualmente es la vuestra, está absolutamente excluido. Un renacimiento es necesario. Y como todo renacimiento se efectúa gracias a radiaciones, a radiaciones intercósmicas para lo cual han servido hasta ahora las radiaciones planetarias de nuestro sistema solar en particular, es evidente que otras radiaciones deben servir para la resurrección tan necesaria hacia la cual nos encaminamos. Se trata pues de radiaciones diferentes de las que hasta ahora disponíamos.

            Por eso otro sistema solar, otro sol, otros planetas y otro zodíaco van a entrar en escena y a actuar sobre la vida humana. Esto explica las palabras veladas del Apocalipsis, capítulo 21: «Y yo vi un nuevo cielo y una nueva tierra, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no estaba.»

            Éste gran cambio está ya en curso. La revolución completa de todo el universo está efectuándose. En la Escuela de la Rosacruz de Oro hemos hablado y hablamos frecuentemente de los tres planetas de los Misterios, Urano, Neptuno y Plutón, tres planetas que pertenecen al nuevo sistema solar que nos asistirá en el curso del muy próximo camino de desarrollo.

            En los años futuros, y en un tiempo previsible, otras tres fuerzas planetarias añadirán sus influencias a las precedentes, pero como estas influencias no se ejercen sobre toda la humanidad, son aún desconocidas. En total habrán pronto seis planetas de los Misterios que harán sentir su influencia. Formarán los seis escalones del camino que el hombre nuevo deberá escalar. De estos seis aspectos saldrá el séptimo, que deberá realizar el hombre nuevo.

            Así comprenderéis quizás porque tendremos siete Conferencias de <<Aquarius>>. Cada alumno debe emprender la ascensión de los siete grados, de los siete escalones que deben ser ascendidos, y cada uno tendrá que sintonizarse armoniosamente con las siete nuevas poderosas influencias. Ello explica porque, todos aquí reunidos a la vista de nuestra tercera Conferencia de <<Aquarius>>, vamos a meditar sobre el tercer planeta de los Misterios, ¡Plutón!. Pues este tercer planeta tiene, en la séptuple serie, lo que se llama una posición clave; cambiará tanto el aspecto del mundo entero como el de toda la humanidad. Y en esto no nos será concedido, como en el pasado, ¡la libertad de elección!. En el pasado, podíamos permitirnos ser religiosos o no.

            En el pasado teníamos la posibilidad de elegir entre diferentes confesiones.

            En el pasado vagábamos en el nadir de la materialidad, mantenidos más o menos en equilibrio por el sistema solar que conocemos.

            Pero todo esto en el presente va a cambiar. La humanidad entera es impulsada en una cierta dirección. Y ahora se trata de saber si queréis o no seguir el movimiento. Si, como el hombre estaba habituado a hacer en el pasado, decidís «esperar todavía un poquito» para ver de donde sopla el viento, lo lamentaréis más tarde enormemente pues estas vacilaciones os causaran grandes perjuicios.

            Podemos decíroslo y estamos obligados a ello: <<¡Así es como esto pasará!>>

            Nos ha sido concedido poder demostrároslo en el curso de los próximos días.

            Y provistos de estas pruebas regresaréis a vuestros hogares al fin de la Conferencia.

 

Epílogo

 

Para aquellos que viven en el campo magnético de la Escuela Espiritual, la separación no existe.

            El campo magnético de la Escuela Espiritual está ahí para todos, derrama su Luz para todos. Cuando la fuerza de expansión de la Escuela Espiritual, por intermedio de sus focos, inflama la Luz incognoscible en las tinieblas, son liberadas para todos nuevas posibilidades.

            Es lo que hace que sea tan importante el que cada alumno en particular se vuelva consciente de que aquí se verifican las palabras: <<Uno para todos y todos para uno>>, y que en cualquier lugar del mundo donde él resida, tiene parte en el trabajo concreto de la Joven Fraternidad Gnóstica,

            primeramente por su dedicación al grande y santo trabajo;

            segundo, por la prueba efectiva de un comportamiento basado en el alma, y

            en tercer lugar, asumiendo la unidad de grupo, tanto por su cabeza como por su corazón.

            De ello resultará un incremento de la fuerza del proceso de transmutación operado por la Luz. Y todos nosotros, que hemos tenido el privilegio de asistir a la inauguración del Centro de Conferencias y a la consagración del Templo <<Van Rijckenborgh>>, somos unánimes en nuestro sentimiento de alabanza, de abnegación y de reconocimiento hacia la cadena de la Fraternidad Universal entera, en la Fuerza de radiación en la cual todo esto ha podido ser realizado.

                                                                                                                      Amen.

Oración final

Hermanos y Hermanas,

Tocados por la Luz de la Sabiduría divina:

Que la Paz, la Libertad y la Fuerza

se vuelvan vuestros,

desde ahora

y por la eternidad.

                                                           Amen.

 

 

 

                                                                          II

 

                                LA INFLUENCIA DE URANO, DE NEPTUNO Y

                                                                DE PLUTÓN

 

Voto

 

Nuestra esperanza y nuestro ruego es que podamos encontrarnos mutuamente en la Fuerza liberadora de la Rosa y de la Cruz.

 

Oración de apertura

 

Espíritu Eterno e Irresistible,

que por Tu Fuerza

todo y todos sean santificados.

 

Que Tu Reino venga sobre nosotros.

Que Tu Voluntad se realice por igual

en todos los planos

de la decadencia dialéctica.

 

Concédenos hoy Tu Pan Imperecedero

y perdónanos nuestras deudas kármicas

en la medida en que nos liberamos

perdonando a nuestros deudores.

 

Condúcenos

fuera de la tentación

y líbranos

de nuestro adversario microcósmico.

 

 

Ritual

 

Nosotros que buscamos las huellas de los secretos escondidos, sabemos que en todo el universo reinan el sistema y el orden, que el universo se realiza de eternidad en eternidad según leyes imperecederas.

            Nosotros que desgarramos poco a poco los velos que nos separan de lo inexpresable, descubrimos el Plan en toda su realización.

            Nosotros que examinamos las relaciones entre macrocosmos y microcosmos, vemos el grandioso equilibrio universal.

            Nosotros que escalamos los estrechos peldaños de la escalera de Mercurio para elevarnos conscientemente en los mundos invisibles, vemos a las corrientes de vida de los reinos de la naturaleza ondular en el éter.

            Nosotros que nos aproximamos al Gran Silencio, escuchamos la voz del Silencio.

            Nosotros alumnos de la Escuela Espiritual que entramos en el Templo del Espíritu, concebimos la gloria del pensamiento abstracto.

            Nosotros servidores del Fuego, escrutamos profundamente los manantiales del poder humano

            Nosotros sabemos a que es llamado el hombre desde siempre.

            Nosotros que cosechamos las rosas en el jardín de Fohat vemos como en un encantamiento de los sentidos, el camino de desarrollo lanzarse como el relámpago de un horizonte al otro.

            Nosotros que aumentamos así nuestra ciencia, que ampliamos nuestro horizonte, que acrecentamos nuestra conciencia, cargamos nuestras fuerzas de energía dinámica, vamos de asombro en admiración, pasamos de la profunda sorpresa a la adoración balbuceante y llegamos a la humildad y al servicio a Dios.

            Nosotros de los que se dice que glorificamos la fría razón, experimentamos un saber que culmina en una convicción interior profunda.

            Nosotros nos inclinamos ante la majestad divina, pues en una búsqueda profunda, la mano de Dios se vuelve aparente en todos los reinos y sentimos la fuerza que está detrás de todo, la fuerza sublime que lanza nuestro planeta a través del espacio, la fuerza que es la Luz del mundo: Cristo.

                                                                                                                                 Amen.

 

 

            La humanidad busca la liberación, ¡pero la liberación está ya ahí!

            La humanidad busca un héroe poderoso, ¡pero el héroe está ya ahí!

            La humanidad busca una filosofía liberadora, ¡pero esa filosofía está ya ahí!

            Están quienes buscan una magia liberadora, ¡pero esa magia está ya ahí!

            La Fuerza de las fuerzas mora entre nosotros, y nosotros debemos volverla manifiesta al mundo y a la humanidad. <<Sin mi nada podéis>>, dice el Cristo. Ante esta realidad el alumno es el primero en inclinarse. ¡Si, de aquel que bebe del manantial del saber exotérico, se puede ya decir que tiene la certeza de la fe, cuanto más grande será la Fuerza de la fe de aquel que es capaz de asimilar el alimento sólido del aspecto gnóstico de la Palabra de Dios!.

            Sois llamados a algo tan grandioso, tan sublime y tan prodigioso que faltan las palabras para describirlo. La magia del cristianismo ilumina todo intensamente y está más próxima que las manos y los pies. Ella se encuentra en una enorme abundancia en el Evangelio. Ella está en las manos de los «eternamente Grandes», los cuales ya no pueden cometer faltas.

            Ésta magia es tan magistral que hace hablar a las piedras y que el Libro muerto, el Evangelio colocado sobre el altar, se vuelve vivo por el Amor de Dios, y proyecte chispas de fuego que ponen en fuga a aquellos que pertenecen a las tinieblas. ¡La magia del Cristianismo está ahí ante vosotros!. Es la Fuerza de Dios, la Fuerza Divina que lleva a la bienaventuranza. Y tenemos que aportaros este evangelio porque sabemos que la renovación completa de la humanidad depende finalmente de ello, y porque ha sido concebido con este fin. Pues el Evangelio es una síntesis mágica, un reflejo de la mismísima palabra viviente, que mora entre nosotros.

            Y de la misma manera que este libro prodigioso, en tanto que formula mágica, hace retroceder a la oscuridad y puede romper la maldición del mal, la Palabra viviente romperá con fuerza la maldición y el anatema que pesan sobre el mundo, y llamará a la humanidad a la era nueva.

            Por ello es tan importante esta época. En efecto, como declara abundantemente el Libro maravilloso: <<¡El tiempo ha llegado!>>.

 

                                                                                                          Amen.

 

 

 

Segunda alocución

Desde hace algunos años, la humanidad entera está inmersa en un formidable movimiento intercósmico, el movimiento de la gran transfiguración, transfiguración que está realizándose en varias etapas.

            Se trata de una turbación que toca a la humanidad en su conjunto, que no omite a nadie y que pone a cada uno ante la gran elección: ¡la resurrección o la degeneración!.

            Un ejemplo del pasado puede aclarar lo que tenemos que deciros. En el tiempo de la Atlántida, la atmósfera de nuestra tierra era mucho más pesada y más densa que hoy. Estaba entre el aire y el agua. Así el fenómeno de la respiración tal como tiene lugar actualmente era desde el punto de vista orgánico absolutamente imposible. En esta época, el vapor del agua mezclado con el oxígeno era inhalado por dos órganos que colaboraban con la tiroides y estaban colocados a la derecha y a la izquierda de la garganta; entonces era disociada en agua y en aire y el exceso de agua era eliminado después del organismo.

            Los pulmones tal como son hoy día no estaban aún desarrollados y estaban en el cuerpo humano en el estado de boceto del nuevo sistema respiratorio futuro.

            Cuando la atmósfera terrestre cambió, volviéndose menos densa, más ligera, más sutil, despejándose, y el sol traspaso por primera vez las nubes, el mantenimiento de la existencia humana volvió necesario el sistema pulmonar. Todos los que no se adaptaron a tiempo a este cambio fundamental de la atmósfera terrestre perecieron, o al menos degeneraron.

            El movimiento intercósmico actual persigue, de hecho, un objetivo absolutamente parecido, aunque situado sobre un plano diferente. El movimiento intercósmico del tiempo de la Atlántida tenía por tarea, en particular, liberar el santuario de la cabeza del hombre purificándolo del exceso de agua del cual estaba impregnado a consecuencia de las condiciones atmosféricas del momento. Después de esta purificación, el intelecto del hombre se liberó y desde entonces tomó cada vez más conciencia del nadir de la materialidad.

            Cuando los primeros supervivientes de la Atlántida llegaron en masa a los continentes deshabitados de entonces, progresivamente el hombre alcanzó el punto más bajo de su descenso, y fue necesario que se volviera plenamente consciente de ello. Después de la Atlántida, se desarrollo pues un periodo cultural muy rico, destinado a volver al hombre consciente de todos los aspectos y facetas de este nadir. Así el mundo y la humanidad alcanzaron poco a poco las condiciones de un nuevo Apocalipsis completamente diferente: el periodo de la gran resurrección.

            Antes de ir más lejos, atraemos vuestra atención sobre un aspecto particular de la evolución de la humanidad. El microcosmos encierra en él dos caminos de desarrollo que nadie debe perder de vista y ante los cuales todos estamos colocados. Primeramente, un desarrollo que parte del origen: un descenso hasta un nadir determinado; y segundo, a partir de ahí, una elevación hacia el punto inicial.

     ¿Quizás comprendéis la razón de ello? El microcosmos encierra un plan, y con él todas las posibilidades de su realización; y el cosmos y el macrocosmos realizan ahí una tarea directriz y estimulante, una tarea de asistencia. Pero para que el plan divino se realice de este modo, un sistema de autorrealización debía ser puesto en marcha cuanto antes. Ahora bien, al principio, no era en absoluto esa la cuestión. El microcosmos no estaba entonces dotado más que de una chispa divina y no poseía aún nada más. Ciertamente esta chispa encerraba el todo, pero era necesario que esto se realizara, se manifestara. Para comenzar, una personalidad se desarrolló en el microcosmos, una personalidad que era mortal. En efecto, ella no se había constituido por si misma, sino que influencias exteriores la habían formado progresivamente, influencias que cooperaban en la realización del plan.

            En cuanto a la inmortalidad, debía resultar de la autorrealización con el fin de que el plan de Dios tuviera éxito a la perfección. En el momento en que, en alguna parte del mundo, por la autorrealización, un ser humano remonta del nadir de la materialidad y realiza el plan divino, un grito de alegría resuena a través del universo entero como prueba de este triunfo efectivo. Ello explica que la constitución de la personalidad preceda al proceso de autorrealización.

            Así pues la personalidad mortal debía ser constituida por fuerzas exteriores al hombre, para a continuación llegar a la conciencia de si misma, y después, en esta conciencia creciente, volverse accesible al bien y al mal de todo genero. A continuación debía pasar por innumerables y variadas experiencias, tanto buenas como malas, a fin de que, lo repetimos, a través de todas estas experiencias aparezca en el microcosmos un yo verdadero y que en definitiva el Misterium Magnum, la Gran Obra, pueda comenzar: el proceso de la resurrección, el gran cambio total, la transmutación de la entidad mortal en entidad inmortal.

            Esperamos que ahora veáis claramente que el camino de la resurrección debe comenzar siempre por el yo verdadero. También en esto el cosmos y el macrocosmos colaboran con el ser humano.

            Pero, atención, primero se trata de la construcción del hombre, y después del descenso y de la realización de la personalidad. Después de lo cual será necesario hacer vivir a esta personalidad como un yo verdadero. pero comprenderéis perfectamente que hacer vivir así a esta personalidad exige otras fuerzas distintas que las que fueron necesarias para su construcción. Por ello, al comienzo del Apocalipsis de la resurrección y en el curso de su desarrollo, se trata de un nuevo cielo y una nueva tierra.

            Por esta razón, actualmente sufrimos el efecto de las influencias de los tres primeros planetas del nuevo cielo-tierra, aparecidos, según los antiguos Rosacruces, en las constelaciones de Serpentarius y el Cisne. Estas tres fuerzas, estos tres planetas de los Misterios llamados Urano, Neptuno y Plutón, están ahora preparándonos y llevándonos a la madurez con vistas a la mañana de la resurrección. Estas tres influencias no <<construyen>>, pues ya no queda nada que edificar en el hombre, pero ejercen sus influencias. Ellas hostigan al hombre, le arrojan en el gran conflicto de la vida, un conflicto más violento que nunca. Le llevan por un camino cada vez más estrecho para impulsarle finalmente a la autorrealización. ¡Por esta razón haced lo que debe ser hecho! ¡Responder a las exigencias de los tiempos actuales! ¡Cumplir los decretos del Consejo de Dios!

            Para hacerlo es absolutamente necesario una triple impulsión que incite a la acción:

            una influencia que actúe sobre el santuario del corazón;

            una influencia que actúe sobre el santuario de la cabeza;

            y finalmente, una fuerza que mostrará quienes son capaces de seguir los nuevos caminos y a los que todavía son eventualmente inaptos.

            Cuando se os propone seguir tal o cual camino, es a ustedes a quienes corresponde aceptarlo o rechazarlo. En ese momento podéis decir: <<Mañana decidiré si lo emprendo o no>> Así es a vosotros a quienes corresponde reaccionar de inmediato o rechazarlo, como es tan frecuentemente el caso en la vida.

            Este proceso de desarrollo futuro que, de hecho, ya ha comenzado, ya no podéis ignorarlo. Estáis forzados a reaccionar a él, es imposible hacerlo de otra manera. Así aparecerá claramente quien se encuentra a la derecha o a la izquierda de la línea de demarcación.

     ¿que debemos pensar de todo esto? Muchos se lo preguntan. Se preguntan porque aún no pueden ajustarse, total y firmemente, a la gran exigencia planteada a todos los hombres. La realización de esta gran exigencia comporta, como ya hemos dicho, tres aspectos:

            un aspecto en el que la puerta se abre ampliamente;

            un aspecto en el que se aprecia plenamente la salvación escondida detrás de la puerta;

            un aspecto en el que el regreso hacia la antigua existencia, el regreso hacia los tiempos pasados en el sentido dialéctico, está totalmente excluido.

            Para el hombre comprometido en el proceso, no hay regreso. La puerta se abre cuando la fuerza creadora del hombre, la cual es un poder mágico de una potencia inimaginable, se desata, se libera de todas las pasiones y emociones inferiores, de toda la vida inferior, y sirve exclusivamente al objetivo al cual está destinado. Quizás vosotros tenéis una concepción totalmente diferente de la fuerza creadora del hombre. Es uno de los aspectos del hombre físico, un aspecto, una fuerza que en un momento dado ya no se sabe como emplearla, que se busca el exteriorizarla de una u otra manera, incluso obteniendo el aval de la sociedad. La fuerza creadora absolutamente liberada es la base de toda autorrealización, es la condición de todos los poderes realmente superiores.

            Quizás es difícil y delicado exponer este problema ante todos vosotros, pero la profunda degradación de la humanidad actual y la serie siempre creciente de problemas sexuales de nuestro tiempo nos obligan a reflexionar en ello en el sentido positivo gnóstico. Sabéis que la humanidad entera se moviliza momentáneamente de manera puramente negativa para evitar que no se rebasen ciertos límites. Del lado gubernamental, bajo la incitación de un fuerte equipo científico, se esfuerzan en encontrar, de una manera igualmente negativa, una solución a los problemas que amenazan actualmente el orden del día.

            Conocéis el sorprendente crecimiento demográfico mundial. Se puede determinar el día en el que este crecimiento se volverá una catástrofe, no únicamente a causa del número de seres humanos sino sobretodo a causa del numero de anormales. El ritmo de nacimientos se acelera rápidamente en un verdadero frenesí, impulsado por la poderosa fuerza de Urano.

            También sabéis, y permitirnos hablaros de ello, que para innumerables individuos, la unión física representa el más alto ideal. Este ideal es cada vez más estimulado y mancillado por la literatura, el cine y los otros numerosos medios actuales. Toda la sociedad se ajusta a ello y piensa que es una condición del matrimonio. De la misma manera sabéis, y por ello os hablamos de esto, que en nuestros días estas cosas están degenerándose. Se intenta contener el fenómeno en el interior de ciertos límites con el uso de anticonceptivos variados con el fin de neutralizar lo mejor posible las consecuencias. La Iglesia y el Estado trabajan en ello, desgraciadamente obligados y forzados. La homosexualidad, este estado mórbido, considerado antes como reprensible, juzgado por los escritos sagrados de todos los tiempos como absolutamente condenable, y al cual se atribuía incluso un carácter criminal, está actualmente en vías de ser socialmente reglamentado bajo el control benévolo de las diferentes autoridades policiales. En Inglaterra, por ejemplo, se ha propuesto el admitir este fenómeno pura y simplemente, de considerarlo y tratarlo como un comportamiento humano normal.

            Todo esto, que constituye la realidad de hoy, lo más actual, os es presentado aquí como prueba de que la gran crisis en la que la humanidad debe entrar ha comenzado realmente. Y ello nos obliga a hablaros de ello. Pues es precisamente porque la fuerza creadora humana pone al hombre en posesión de un poder indeciblemente grande, que siempre, en todas las épocas, ha recibido la advertencia de servirse de ella de la manera justa. Y si ahora, como quizás es el caso en muchos de vosotros, estáis reflexionando interiormente en este elevado objetivo, una enorme y maravillosa riqueza se abre a vosotros.

            No se trata de una encarnizada lucha interior por guardar cueste lo que cueste la continencia y permanecer en ella. Pero aquellos que logren, de la justa manera, disociar las funciones de la hipófisis, en el santuario de la cabeza, de los órganos inferiores, es decir de la vida animal inferior, liberarán una serie de poderes superiores que abrirán ampliamente ante ellos la puerta de la resurrección.

            Naturalmente será necesario hablaros ampliamente de todo esto, por ejemplo durante nuestras conferencias, pues habrán malentendidos a aclarar y esclarecer muchas cosas que conciernen al comportamiento. En efecto, como comprenderéis, no se debe forzar a nadie en este dominio.

            Es necesario que sepáis todo esto. Es necesario ahora que sepáis claramente lo que hay que hacer y no hacer, pues el tiempo urge y la angustia de la humanidad no cesa de aumentar. Comprender ante todo que los poderes creadores del hombre en su conjunto son los medios más importantes para regresar al Padre del origen. Es con este objetivo que nos han sido dados, así pues debemos servirnos de ellos de la justa manera.

 

 

Epílogo

 

He aquí que nuevas vías

se perfilan a lo lejos

para toda la humanidad.

Y aquellos que se internan en ellas

no están cerca de ver el final de ello.

Siempre más adelante,

van de fuerza en fuerza,

y de magnificencia en magnificencia.

Su vestido de luz irradia los nuevos valores,

y el brillo de la Majestad divina.

La Gran Fraternidad está agradecida

de que la profecía se realice,

y que después de esfuerzos infinitos,

el verdadero saber se vuelva realidad.

La evidente verdad

se ofrece a nuestros ojos

en un nuevo vestido.

Y lo que fue largo tiempo velado

se revela a la luz del alba.

La gratitud sube de nuestros corazones

hasta el trono del Padre.

Entramos en la sala de las Bodas

el Espíritu coronando la pineal.

Si, es ahora

cuando la vida verdadera

nos penetra completamente.

Vamos pues al reencuentro

del Señor de toda vida

cuya fuerza corona

el Nuevo País.

 

                                                           Amen.

 

 

 

Oración final

 

Orientémonos, ahora y en el futuro, sobre la fuerza de la Gnosis. Que la Gnosis incite la fuerza de radiación del Cristo, que porta en ella, a manifestarse en nosotros y a abrir largamente el camino de la liberación. Os rogamos: crecer en la gracia y el conocimiento de Jesucristo, nuestro Señor, que nos ama, nos libera de nuestros pecados por su sangre y nos hace sacerdotes y reyes para su Padre. A El sean la Gloria y el Poder por toda la eternidad.

                                                           Amen.

 

 

 

 

                                                                         III

 

                                     LA FUERZA DE RADIACIÓN DE PLUTON

 

Voto

 

Nacidos de Dios

Muertos en Jesús el Señor

Renacidos por el Espíritu Santo

 

                                               Amen.

 

La Gracia y la Verdad se reencuentran.

La Justicia de Dios y su Paz purificadora

forman el divino par sagrado

en la suprema Razón divina.

 

                                               Amen.

 

La Verdad se abre un camino

en la naturaleza de la muerte,

para ofrecer sus fuerzas al peregrino.

Cualquiera que, con perseverancia,

cumpla la Verdad,

experimentará la gracia de sus poderosas fuerzas.

 

                                               Amen.

 

Prólogo

 

Aquellos que viven del alma-espíritu,

y caminan en esta luz radiante, aquellos que se ponen en camino

para asistir a los peregrinos,

y dispensarles toda la ayuda

de la que tienen un deseo tan grande,

en el pesar del esfuerzo

en el dolor del alma,

Estos envuelven a los buscadores

en el manto de luz de la Gnosis

doble fuego flameante,

que abre totalmente la puerta

de la única Verdad.

Vivir de esta doble Luz

en la gran fuerza del Amor,

es haber encontrado

lo que espera el verdadero buscador:

la espada del Espíritu.

 

                                   Amen.

Ritual

 

<<Dios ha enviado ya unos mensajeros de Su Voluntad, unas estrellas aparecidas en la Serpiente y el Cisne, las grandes señales de su poderoso Consejo, con el fin de enseñarnos que, si todo lo que el genio humano ha descubierto fuera agrupado, El lo haría servir para su orden oculto. El Libro de la Naturaleza es desvelado en consecuencia ante todos los ojos, pero rarísimos son aquellos que pueden leerlo y más raros aún los que pueden comprenderlo. De la misma manera que la cabeza humana posee dos órganos para escuchar y dos para ver, dos para sentir y uno para hablar y que sería inútil exigir a los ojos el que hablen y que las orejas vean, de la misma manera hubieron épocas que vieron, otras que escucharon y otras que sintieron. Y en poco tiempo vendrá la época que se aproxima a grandes pasos en el que la lengua recibirá el honor de expresar todo lo que antes ha sido visto, escuchado y sentido. Antes de que el mundo sea despertado de su sueño de embriaguez bebido en la copa emponzoñada, el hombre ira al encuentro del Sol naciente, muy de mañana, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, jubiloso y lleno de alegría.>>

                                                                                                                                 Amen.

 

Ritual

 

Las poderosas señales del <<Consejo de Dios>> que estamos tratando se identifican con los tres planetas de los Misterios, Urano, Neptuno y Plutón. Urano, el renovador del corazón, Neptuno, el renovador de la cabeza y Plutón, el recreador final.

            Por Urano aprendéis a pensar con el corazón, en otras palabras a dominar vuestra caótica emotividad, de manera que vuestros sentimientos, dominados, orientados, en tanto que síntesis crística verdadera y justa expresión del corazón, no herirán, ni lastimarán, ni destrozarán más, si no que todo lo volverán bueno, puro y pleno de amor. La positividad de Acuario consiste en servir al cristo. Es Acuario quien debe conducirnos a Neptuno, la renovación de la cabeza. Abandonarse completamente a la negatividad de Urano significaría el envenenamiento y el rompimiento por la negatividad de Neptuno. Pero si es el resplandor de la luz divina de Neptuno quien nos penetra, entonces se produce, después de la renovación del corazón, después de la comprensión perfecta del amor verdadero, la renovación de la cabeza, el despertar en el ser abstracto que inflama la chispa divina. Habiendo confesado: <<Jesu mihi omnia>>, Jesús es todo para mi, el hermano liberado de la Rosacruz pronuncia jubiloso: <<Jesu, Deus et homo>>, Jesús, Dios y hombre.

            Dios y el hombre son unidos, el Hijo perdido ha regresado a su patria.

 

                                                                                                                                 Amen.

 

Ritual

 

Al lado de todas las fuerzas propulsivas del mundo de Urano y de Neptuno, la actividad recreadora de Plutón es la más importante para el hombre despierto y preparado.

            Pues Plutón ejerce una influencia vigorosa, él, el porta-antorcha que lanza su tea en la casa carcomida, en lo que está caduco y corrompido.

            Cualquiera que es verdaderamente cristiano actúa. <<No es quien dice: Señor, Señor, sino el que hace la voluntad de mi Padre quien heredará el Reino de Dios.>> – <<Lo que habéis hecho a uno de los más pequeños de mis hermanos, a mi me lo habéis hecho.>> ¡Esto es Plutón! Para la liberación gnóstica individual, Plutón es el recreador, el regenerador del poder creador sagrado del hombre.

 

            Plutón, la fuerza de la realización.

            Plutón, la fuerza que todo lo hace nuevo.

            Plutón, la fuerza que conduce a la humanidad más allá de su límite.

            Plutón, la fuerza del nuevo sistema solar, que testimonia que todo lo antiguo ha desaparecido.

            Plutón, el Espíritu de Vida santificante.

            Conocemos la obra regeneradora del Consejo de Dios revelado en el Serpentario y el Cisne. Por ello queremos:

            Comprometer todo nuestro corazón a la tarea de Urano

            toda nuestra inteligencia a la tarea de Neptuno,

            Y entregarnos a la actividad perseverante y recreadora de Plutón.

 

                                                                                                          Amen.

 

Tercera Alocución

 

En la primera alocución de esta tercera Conferencia <<Aquarius>>, hemos podido decir que las primeras actividades de los tres planetas del nuevo Apocalipsis, en el cual hemos entrado, se han vuelto hoy efectivas. Hemos establecido que estas tres radiaciones ya no son activas de manera constructiva en el hombre, pues ya no queda nada que edificar o preparar en la personalidad nacida de la naturaleza. Por ello estas tres fuerzas de radiación primarias lo incitan ahora a la realización por si mismo de los poderes y de los aspectos que dormitan en él.

            Nosotros decimos que la primera tarea que debe realizar en este proceso es liberar sus fuerzas creadoras de las pasiones e instintos inferiores, de manera que la hipófisis sea completamente liberada para la vida superior. A esto se añade una segunda actividad planetaria que podríamos designar como el nuevo cielo-tierra. Esta actividad está enteramente orientada sobre la expansión de la mónada, sobre la actividad de la mónada del ser humano. La mónada es la chispa divina, es la fuerza que manifiesta a Dios en el hombre. Es la fuerza que existe desde el origen, la que, desde el origen tomó forma en nuestro microcosmos. Esta gran fuerza, comprenderlo, no puede manifestarse en el hombre a no ser que la fuerza creadora sea purificada y liberada enteramente para fines superiores. La fuerza creadora humana debe consagrarse pues enteramente al objetivo único superior en la base de toda la creación. Esta fuerza es purificada en primer lugar por su sumisión completa a la mónada, sin que ninguno de sus aspectos sea empleado para otros fines.

            En nuestras explicaciones precedentes hemos sacado a la luz de manera muy precisa los hábitos y comportamientos sexuales del hombre dialéctico nacido de la naturaleza. Pero muchas otras actividades necesitan el empleo de su fuerza creadora. Así pues la realización de las tareas cotidianas exigen frecuentemente un empleo excesivo de las capacidades intelectuales. En principio es necesario tener en cuenta que todo trabajo intelectual, que toda actividad mental necesita el empleo de la fuerza creadora. Así pues ahora se trata para cada alumno de verificar si la utilización intelectual que hace de esta fuerza así como sus pensamientos están justificados. Si este no es el caso, ello le encadena a la naturaleza ordinaria, lo que impide a la mónada manifestarse.

            Sin exageración se puede afirmar que todo alumno hace mal uso de su santa fuerza creadora en cada hora de su vida. Y es cierto que todo el Sermón de la Montaña está fundamentado sobre esta única gran exigencia, cada palabra del Sermón de la Montaña atrae la atención sobre los grandes y espléndidos poderes que Dios ha conferido al hombre y sobre su deber de usarlo de la única y justa manera. El nuevo estado del alma se instaura únicamente si la mónada puede verdaderamente descender en el sistema nacido de la naturaleza, es decir después de que sea liberada y purificada la hipófisis. Solamente en ese momento se puede hablar de vida verdaderamente superior, de inmortalidad. Entonces se liberan muchos poderes y facultades, demostrando en particular una sabiduría absoluta y un saber absoluto.

            Comprender claramente que la gran tarea que nos es encomendada durante esta tercera Conferencia de <<Aquarius>> concierne a la santificación completa de la naturaleza de nuestro amor, la santificación completa de nuestras capacidades intelectuales y de la actividad de nuestros pensamientos. Si este gran trabajo es realizado, o progresa por el camino de la victoria, las funciones de la pineal operarán según la intención original, y, en esa misma hora, la segunda fuerza de radiación primaria realizará también su misión.

            Ahora si comprendéis profundamente estas condiciones elevadas, y en absoluto nuevas, sabemos de antemano que muchos de vosotros dirán, o pensarán suspirando: <<¿Pero quien puede realizar esto? ¡Ese trabajo es de tal profundidad, abarca tantas cosas, pide tanto tiempo y en todo caso es tan absolutamente revolucionario que es imposible para un ser humano cualquiera realizarlo en el transcurso de una sola existencia!>>

            En ese caso, nuestra demostración se reduciría inmediatamente a una especie de sermón moralizador. ¡Ahora bien, lecciones de moral las habéis recibido ya tantas veces! Nadie tiene ya ningún interés en ellas: <<¡Pero todo eso ya lo sabemos! ¡Quien no sabe que en general el amor humano de nuestros días ha caído en los bajos fondos del infierno? ¿Quien no sabe que el intelecto humano, su empleo en el mundo y la manera como se cultiva han hecho franquear a los hombres las fronteras de la criminalidad? ¿No somos todos victimas de esa situación? Y luchar contra ello sería algo imposible. La demostración de hoy no es de ninguna manera actual. ¡En esta tercera Conferencia de <<Aquarius>>, de hecho, perdemos nuestro tiempo!>>

            Si veis las cosas bajo este ángulo lo comprenderíamos perfectamente. Estamos acostumbrados a ello. Ello no hace más que reflejar en realidad, el estado del hombre desesperado, del hombre vencido. Pero ahora permitirnos mostraros un aspecto absolutamente nuevo de estos problemas tan antiguos. Pues probablemente sabéis que innumerables son los que han luchado intensamente en el transcurso de los siglos para vencerse a si mismos en las cosas inferiores.

            Y ahora os revelamos un aspecto enteramente nuevo, la existencia de una tercera fuerza de radiación, una fuerza primordial, la de Plutón. Esta fuerza cambia completamente la situación del mundo y de la humanidad, la situación que tan bien conocemos, luego también la nuestra. La fuerza de Plutón pone a toda la humanidad ante una situación ineluctable: el presente absoluto y una serie de posibilidades totalmente nuevas. Por sus influencias, que se ejercen tanto sobre el sistema nervioso como sobre el estado sanguíneo, la secreción interna y el fuego de la serpiente, Plutón crea la abertura para sus radiaciones. Por así decirlo os abre a ello a la fuerza. Os prepara para ello.

            Llamamos a esto una polarización. Actualmente el hombre está polarizado en relación a Plutón y a sus objetivos. El resultado es que debe ser impulsado a un nuevo comportamiento. ¡Lo que antes no podíais hacer, en lo sucesivo lo haréis sin problemas!.

            Además, la elección del momento de actuar ya no pertenece al hombre. Nosotros decimos que Urano y Neptuno impulsan a la santificación de las funciones creadoras generales del intelecto humano. Y Plutón estimula todas estas influencias hasta un punto culminante, hasta una crisis y por el hecho de su polarización pone además al hombre directamente cara a las condiciones requeridas, de cara al hecho realizado.

            Esperamos haber presentado claramente la situación tal como está evolucionando. Constatareis con nosotros que lanza una luz totalmente nueva sobre estos problemas tan antiguos, de manera que cada uno tiene el deber de tomar conocimiento de ellos y de satisfacer las condiciones requeridas hasta que la situación definitiva de estos problemas sea lograda. Pues es necesario llegar a una solución, sea positiva o negativa. La solución positiva consiste en aceptar las condiciones planteadas y responder a ellas. En el caso contrario, estar preparado para sufrir las consecuencias de ello.

            Sin embargo es posible que las razones de todo esto no os sean aún suficientemente manifiestas. Lo que sigue debe permitiros precisarlas aún más.

            Los tres planetas de los Misterios, que llevan actualmente el destino de la humanidad hacia su juicio y que nos tienen en sus manos para lo mejor o para lo peor, nos conducen como sabéis a un Apocalipsis absolutamente nuevo, Apocalipsis que nos ha sido predicho desde hace siglos, y más especialmente desde el comienzo de nuestra era. En el curso de los siglos todo ha sido anunciado por las profecías y actualmente usted está completamente al corriente de estas cosas.

            Esta es la razón por la cual es necesario considerar, en su colaboración mutua, a estas tres poderosas influencias que nos tienen bajo su influencia. Mientras que hace algunas decenas de años, digamos unos veinte años, casi se podían calificar de estática a la antigua condición humana ya todos los problemas que se relacionan con ella, considerándolas como características del hombre animal y especificas de la especie, Urano y Neptuno han agitado la situación.

     ¡Comprenderlo! La situación ya no es la que era hace veinte años. Todo está en fermentación, todo está en efervescencia. Ya no se puede hablar de estabilidad. Cada uno, comprendiendo en ello al hombre negativo, ve más o menos que ahora debe tener lugar una intervención. Por todos los lados se buscan soluciones. Toda la humanidad se dirige en una dirección bien determinada a causa de problemas cada vez más agudos y críticos.

            <<¿Pero en que dirección?>> preguntarán muchos. ¿Quizás en la de la perdición definitiva?

     ¡No! Esta agitación general en la que todos toman parte es responsabilidad de Plutón. Todo bajo el sol está bajo la influencia de Plutón, podríamos decir que cada uno de nosotros es tomado por la gracia, arrastrado más allá de un cierto límite en su vida, y colocado en un nuevo estado de ser, un estado que puede considerarse como el fundamento del nuevo estado de vida, el punto en el que el nadir de l materialidad se transmuta en camino de resurrección.

            Bajo la influencia de Plutón, muchas de las habituales tensiones del hombre de la naturaleza lo abandonan casi por si solas. Va a encontrarse en un estado absolutamente nuevo. De lo que ahora se trata, y ésta es la razón de que durante esta Conferencia tratemos este tema, es de saber si todos nuestros hermanos y hermanas reconocerán en ellos mismos este nuevo estado de vida. Luego no penséis: <<¿Pero que es lo que me sucede?>> ¡Que extrañas ideas se me ocurren en la actualidad sobre todas las cosas, cuán ajeno me siento a todo ello! De esta manera, un poco angustiados, tratareis de desembarazaros de todas estas influencias. No, tener fe en lo que se ha apoderado de vosotros. Reconoceros interiormente en este nuevo estado de ser para que nazca en vosotros la fe y poseáis una total confianza. De esta manera encontrareis el coraje para uniros a este estado con todo vuestro ser interior. No se os dice:<<Es necesario que realicéis esto o aquello, ahora se os coloca a la fuerza frente a unas exigencias a las que no habríais podido satisfacer hace un tiempo.>> No, amigos míos, un proceso se efectúa en vosotros, por vosotros y con vosotros. Y queremos volveros perfectamente conscientes de este proceso.

            A veces reaccionareis de manera extraña, nos damos cuenta perfectamente. Pero sabemos lo que está pasando en todos vosotros. Y es nuestro ruego y nuestra esperanza que podáis ahora llevar a bien este proceso de la justa manera, seguirlo de manera positiva. Nadie sabría escapar a él, todos deben afrontarlo. Podréis emprenderlo real y positivamente en virtud de las numerosas posibilidades innatas en todos vosotros debidas a la evolución del hombre.

            Desgraciadamente habrá un grupo de hombres que no podrá realizarlo, aunque todos experimentan la misma influencia. Y la causa de ello es su pasado. Estos seres siguen otro camino de desarrollo, sobre una espiral inferior.

            No seáis de esos, ¡Tal es nuestra ferviente oración!

 

                                                                                              Amen.

 

 

 

Oración

 

Oh Fraternidad sublime,

nosotros te lo pedimos:

Tu que, por el camino de las estrellas,

nos abres tu morada,

muéstranos la vía

a la que Tu nos llamas

y revela Tu esplendor

a los verdaderos buscadores.

Conocemos tus mandamientos,

radiantes de bendiciones,

resplandecientes de éteres,

manifestando Tu fuerza.

La única llave para acceder a la Luz,

es el acto verdadero,

que exige el comportamiento del alma

de quien va hacia Ti.

 

                                   Amen.

 

Oración final

 

Al final de este Servicio de Templo tan particular,

nosotros os rogamos:

Estar en la alegría, volver al Camino derecho,

escuchar las exhortaciones,

Tener un mismo sentimiento,

permanecer en paz,

y el Dios del Amor

y de la Paz

se manifestará pronto en el tiempo.

                                   Amen.

¡Oh Dios y Padre,

Pueda la gloria de la victoria

brillar sobre nuestro siglo!

                                   Amen.

 

 

 

 

 

 

 

                                                                         IV

 

                                    UN NUEVO CIELO Y UNA NUEVA TIERRA

 

 

Cuarta Alocución

 

<<Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y la mar ya no estaba. Y yo, Juan, vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén descender del cielo ante Dios. Y escuche una voz diciendo: He aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres.>>

 

Reflexionemos una vez más estas palabras, para que seamos profundamente penetrados por el objetivo de esta tercera Conferencia <<Aquarius>>. Hemos entrado en una nueva era, en una época perfectamente nueva, de la que ha hablado la lengua profética de todos los tiempos. Es de ello de lo que era necesario volveros conscientes, esa era nuestra misión en el curso de estos días.

            Ante todo lo que importa es que comprendierais perfectamente que el nuevo cielo-tierra que se extiende por encima de nosotros es el nuevo cielo de un sistema solar diferente, un sistema solar escondido detrás de aquel que conocemos y cuyas tres radiaciones despliegan ahora su fuerza. Así la mañana de la resurrección ha comenzado, y ahora es necesario que, perfectamente conscientes, en total positividad, vayáis al encuentro de esta aurora y saquéis todas las consecuencias de ello. Quizás las cosas pasarán de manera inesperada para vosotros, pero comprender con nosotros que el tiempo no es un factor de la eternidad. El tiempo es una ilusión dialéctica. Lo que es eterno ha existido siempre, es sin comienzo ni fin. Con estas palabras queremos simplemente mostraros claramente que el nuevo cielo-tierra, el nuevo sistema solar, siempre ha existido, que los iniciados de todos los tiempos han existido siempre unidos a él y que viven enteramente en de él. Lo que pasa actualmente, es que el nuevo cielo-tierra está desvelándose al hombre dialéctico. Lo que es eterno se abre un camino hasta el tiempo, para dar a conocer su presencia al hombre todavía prisionero.

     ¿Porque? ¡Con el fin de concederle la gracia de la ayuda divina! La eternidad desciende en el tiempo para concedernos la Gracia, el Amor y la Fuerza para elevarnos fuera de la naturaleza de la muerte, que se vuelve para nosotros una maldición. El fuego resplandeciente de la resurrección nos rodea y lo que muchos pensaban que debían interpretar como un intenso tormento es en realidad la llama purificadora del incendio destinado a consumir todo lo impío y a abrirnos el camino ascendente.

            Si en el presente sois capaces de percibir todo esto, si tenéis realmente la fe, la fe que desplaza montañas, la fe que es también un saber verdadero, todos vosotros sois Hijos de Dios. Entonces las tres llamas de la renovación de las que os hemos hablado estos días vendrán siempre en socorro de vuestras debilidades eventuales; os fortificarán si corréis el riesgo de caer en la impotencia, y ellas os harán triunfar.

            Sin embargo comprender todo esto como necesario, ¡Comprenderlo perfectamente bien! Ya no se trata de decir: <<Hay que tener paciencia, ya llegará, esperemos tranquilamente.>> No, la Luz nace del deseo puro y en la lucha; esa es la autorrealización; esa es la Gran Obra; ¡ese es el Misterium Magnum!.

            Conocéis vuestros problemas. Vais a distinguirlos cada vez mejor. Para vosotros son tantas heridas punzantes. Al principio, creíais que todas esas heridas os eran infligidas por los otros; y frecuentemente os dais la vuelta, llenos de cólera y de maldad: <<¡Es ella, es él la causa de todo!>> Y justo en ese momento habéis descubierto que en realidad ello subía de las profundidades de vuestro propio ser interior. Lo agrio y lo dulce, ¡toda esta amargura brotando del fondo de vosotros mismos! Ahora bien, en medio de este sufrimiento, de lo que se trata ahora es de ajustar vuestra orientación sobre el único objetivo y de perseverar hasta el final.

            Al final de esta Conferencia de <<Aquarius>>, confesamos juntos:

            que vamos a mantenernos hasta el final,

            y caminar hasta el final amargo,

            para llegar al buen fin.

     ¡Será entonces cuando la salvación se aproximará!

     ¡Será entonces cuando todo estará bien!

 

                                                                                  Amen.

 

                               LA FRATERNIDAD MUNDIAL DE LA ROSACRUZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                            EL APOCALIPSIS DE LOS TIEMPOS

                                                                   NUEVOS

 

 

 

                                                  CINCO CONFERENCIAS DE

 

                                               RENOVACIÓN <<AQUARIUS>>

 

 

 

 

 

 

                                                                       POR

 

                                                      CATHAROSE DE PETRI

 

                                                                          Y

 

                                                     J. VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                  I Bilthoven 1963

                                                 II Calw 1964

                                               III Bad Münder 1965

                                                 IV Bale 1966

                                                  V Toulouse 1967

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                LA FRATERNIDAD MUNDIAL

 

                                                           DE LA ROSACRUZ

 

 

                                 EL APOCALIPSIS DE LOS TIEMPOS NUEVOS II

 

 

 

 

 

                                 Segunda Conferencia de Renovación <<Aquarius>>

 

                                             Centro Cristian Rosacruz, Calw, 1964

 

 

                                                                        Por

 

                                                      CATHAROSE DE PETRI

 

                                                                          Y

 

                                                   JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                         Traducido del Francés

                                                               de la 2. edición

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                    ÍNDICE

 

 

 

 

 

 

Prólogo

 

I. El hombre Juan

 

II El plan de salvación del mundo y de la humanidad

 

III El cuerpo etérico de Cristian Rosacruz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                  PRÓLOGO

 

 

Como continuación a la edición del libro titulado El Vestido de Luz del Hombre Nuevo, que contenía toda la materia de nuestra primera Conferencia de Renovación <<Aquarius>> mantenida en el mes de agosto de 1963, en Lage Vuursche, en los Países Bajos, presentamos hoy a todos los verdaderos buscadores, por los mismos motivos y con el mismo espíritu, el contenido integral de nuestra segunda Conferencia <<Aquarius>> dada en agosto de 1964 en Calw en Alemania.


            Si la realidad de lo que publicamos no tiene resonancia interior en ellos, no les pedimos que crean en ello: el desarrollo de la era del Portador de Agua, de la era de Acuario testimoniara por nosotros.

            Puedan ser numerosos los que, guiados por una comprensión nueva, se decidirán a seguir al Portador de agua para que en ellos y por ellos  se manifieste también la verdad del Camino de la liberación.

 

 

 

                                                           CATHAROSE DE PETRI

 

                                                           J. VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                           I

 

                                                          EL HOMBRE-JUAN

 

Apertura

 

Ahora que experimentamos la gracia de participar en este trabajo tan particular de encender la antorcha de la Luz en el Templo de Cristian Rosacruz, nos colocamos en total humildad, aunque muy conscientemente, bajo la radiante luz de la única llama, y confesamos ante el tribunal interior y ante la faz del Espíritu Séptuple Universal:

 

En el nombre del Triple Santo Logos,

En el nombre de la Séptuple Luz liberadora,

En el nombre de Su Fuerza, Jesucristo, nuestro Señor,

 

Obediencia al Triple Santo Logos,

Obediencia a los Poderes y a las Radiaciones gloriosas de la Santa Luz Séptuple,

Obediencia al Gran Maestro de la Cadena de la Fraternidad Universal, Jesucristo.

                                                                                                                                             Amen.

 

Podamos ser encontrados dignos de recibir la bendición llena de gracia de la Santa Fraternidad.

                                                                                                                      Amen, si, Amen.

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera Alocución:

 

En el curso de esta segunda Conferencia de <<Aquarius>>, queremos colocarles ante el Camino octúple, el clásico Camino de los dos cuadrados. Es aquel que ya nos fue mostrado por Hermes Trismegistos. Atrae nuestra atención sobre el doble trabajo que debe emprender cualquiera que se diga un verdadero rosacruz.

            Vosotros sabéis lo que entendemos por cuadrado de la construcción. Es el cuadrado sobre el que debe realizarse el trabajo en vistas a la vida nueva, el trabajo que debe llevar al segundo nacimiento sideral. Pero es evidente que antes de poder edificar una verdadera construcción, es necesario primeramente preparar los cimientos. Es necesario purificar, nivelar el terreno. Y para estar seguros de que los cimientos sean lo suficientemente sólidos para la nueva realización, es preciso excavar profundamente. Esta es la razón por la que se trata del segundo cuadrado de la construcción, el cuadrado de la preparación, pues una justa preparación es la condición indispensable de toda construcción. Así los dos cuadrados son inseparables. Colocados uno encima del otro, forman la cifra 8, el número de Saturno. Este está representado como una puerta por la que solo pasan aquellos que están verdaderamente purificados. Quizás ahora comprendáis porque os colocamos, desde el comienzo de esta Conferen­cia, ante este Camino octúple.

            Admitiendo que todos sepáis que la construcción, en el sentido de la Escuela Espiritual, exige previamente un proceso de rompimiento, comprenderéis pues claramente que la nueva Fraternidad mundial que se manifiesta y actúa en nuestros días, debe con total evidencia satisfacer esta característica del Camino octúple. Así pues es lógico que en el curso de una Conferencia que tiene por objetivo explicar la intervención y la naturaleza de la nueva Fraternidad mundial, os propongamos estas dos imágenes, estas dos nociones:

            el rompimiento, y

            la realización.

            Después pondremos claramente a la luz la naturaleza fundamental de aquellos que quieren pertenecer a la nueva Fraternidad mundial.

            Al fin evocaremos unas preguntas muy actuales:

1. ¿Que armas, que medios empleará esta Fraternidad para alcanzar su objetivo?

2. ¿Hasta donde llegará en su aplicación?

 

Todos comprendemos que, puesto que la humanidad, después de un período de alrededor de 26.000 años, ha entrado ahora de nuevo en una era de Acuario, la cosecha de los siglos debe ser recuperada. Por ello la humanidad entera es colocada bajo un nuevo campo de radiación y en unas condiciones atmosféricas totalmente nuevas, lo que es fácil de constatar un poco por todas partes. Acuario está vertiendo su cántaro de Agua viva sobre toda la tierra, y, en estas nuevas condiciones cósmicas y atmosféricas, un nuevo tipo de hombre va a manifestarse y constituirse y se adaptará enteramente al campo de vida formado nuevamente y se conducirá totalmente en armonía con él.

            La humanidad no conoce a este hombre nuevo y sin embargo, cuando se manifieste, le parecerá singularmente familiar, pues los escritos sagrados y la Enseñanza universal han predicho y anunciado su advenimiento, su devenir y su tarea.

            Ahora se hace la pregunta: ¿como se manifiesta este nuevo tipo de hombre? ¿En que consiste esta renovación? ¿En que señales se reconoce a este hombre?.

            Esta es la respuesta: ¡Es el hombre que sondea enteramente la esencia y la naturaleza del primer nacimiento sideral y todas sus consecuencias! Decide firmemente recorrer el camino de regreso y para ello se vuelve hacia el santuario de su propio corazón, hacia la Rosa del corazón llamada también <<el Señor de la gruta>>, para liberar la fuerza que se encuentra allí encerrada y utilizarla.

            La Rosa del corazón encierra una fuerza séptuple, que corresponde a los siete universos y que conduce a los siete nacimientos siderales. Atraemos sobre todo vuestra atención sobre el hecho de que el primer nacimiento sideral se refiere a esta parte de la realidad dialéctica que existía antes de la caída. Y como ninguna fase del camino de evolución puede ser omitido, está claro que la primera fase concierne al regreso al estado preadámico, cargado de tesoros de una experiencia secular.

 

Esta es la marca del hombre nuevo visto globalmente. Para más detalles, decimos que la radiación de la Rosa del corazón está dotada de una fuerza atómica que no tiene nada de terrestre. Cuando un alumno de la Escuela Espiritual libera esta fuerza y tiene éxito en llenar con ella todo su ser, en hacerla circular a través de él, es inevitable que toda su existencia cambie y se vuelva, en particular, mucho más etérea. Todo el santuario de la cabeza, con maravillosa disposición, será provisto de propiedades completamente diferentes. Y así nacerá finalmente una entidad que se sitúa entre el tipo humano del primer nacimiento sideral y el del segundo, una entidad que aún está en el mundo pero ya no es de este mundo.

            Es el hombre-Juan que comienza a manifestarse, y poco importa que aquí se refiera a Juan Bautista, a Juan el Evangelista o al Juan del Apocalipsis. Por <<Juan>> se designa al hombre en quien el Espíritu Séptuple ha realizado un poderoso trabajo de transmutación. El hombre a quien el Espíritu Santo Séptuple testimonia su gracia. Es el hombre que se aparta de la vida tranquila ordinaria, porque ella es para él como un desierto. Este hombre, como Juan Bautista, va hacia aquellos que le buscan y, por una transfiguración del santuario de la cabeza en el curso de la cual el hombre-alma se realiza, se transmuta hasta tal punto que se funde finalmente en aquel al que llamamos Jesús el Señor.

            Este hombre tiene ahora más de tres dimensiones, se ha vuelto cuatridimensio­nal. Nosotros lo llamamos Juan-Jesús. Cargado de sus tesoros, ha regresado a la aurora del primer nacimiento sideral, para elevarse a continuación en el segundo nacimiento sideral, en el Reino de los Cielos. Y ahora va a comenzar su gran trabajo al servicio del mundo y de la humanidad, trabajo que se puede calificar de camino de cruz. El camino de cruz que antaño fue mostrado por uno de los Grandes es ahora seguido y realizado por aquel que, resucitado Juan-Jesús, es en lo sucesivo llamado Cristian Rosacruz.

            Cuando el camino de cruz, el camino octúple de los dos cuadrados, ha sido realizado del principio al fin por un hombre como nosotros, en imitación de Cristo y en tanto que Cristian Rosacruz, este ve en toda su brillante belleza, en el momento de la gran victoria, la piedra de toque blanca, la piedra cúbica, la cruz transformada en cubo, como señal de la tarea realizada en calidad de hombre-alma-espíritu.

            Desde entonces, siguiendo a Cristian Rosacruz, la Gran Fraternidad puede desarrollarse, la Fraternidad mundial del nuevo tipo de hombre, que está llamado, en la medida de lo posible, a salvar a la humanidad entera. Y cuando la era de Acuario llega y comienza a expandir sobre nuestro campo de vida su fuerza resplandeciente, despunta el día en el que va a realizarse las palabras de la Primera Epístola de Pedro, capítulo 2, versículos 4 a 9:

 

<<Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Por la cual también contiene la escritura: He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no será avergonzado.

            Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo , y roca que hace caer.>>

 

He aquí que estas palabras van ahora a convertirse en realidad. Y estamos reunidos aquí para reflexionar en la manera como esto se producirá.

 

Así pues sabemos que el hombre-Juan, el nuevo tipo humano, aunque estando en el mundo material, ya no forma parte de él en su estado de ser presente. Este hombre se ha vuelto inmortal, no puede ser ni matado, ni hecho prisionero, ni caer bajo ninguna ley terrestre. Ningún ser humano de nuestro tipo puede comparársele a él. Dispone de posibilidades y de medios de los que ninguna entidad de este mundo podría servirse ni siquiera un segundo.

            Queremos hacer comprender que la Nueva Fraternidad mundial, la comunidad de la Rosacruz viva, establece un poder espiritual en medio de la agitación de los pueblos y ello por primera vez en la historia del mundo, un poder espiritual que se dará a conocer en los tiempos futuros.

            ¿Con que objetivo? No para condenar al mundo y a la humanidad en los tiempos apocalípticos en curso, sino para ayudarlos y salvarlos; no para mezclarse en política, no para perderse en la multiplicidad de los problemas en los que la humanidad actual está como abrumada, sino para expandir la luz allí donde ello sea juzgado útil y necesario a fin de que los ciegos vean.

            Sabéis bien que la humanidad en general es completamente ignorante y, aunque posee ojos, es totalmente ciega. La causa de este aprisionamiento es la condición de sus dirigentes. En efecto, los ignorantes no sabrían conducir a los otros al conocimien­to. Los ignorantes están en la imposibilidad de dar una dirección.

            La ignorancia es la causa de la caída actual, la caída profunda. De ahí la lamentación del profeta: <<¡Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento!>>

            ¿Se puede considerar a un hombre culpable porque siga a la autoridad del que depende?. Ciertamente, ¡no! ¿Y se puede acusar a un dirigente que cree realizar su tarea correctamente? ¿No son los dos víctimas de su educación y de las circunstancias? Por ello la Fraternidad mundial debe actuar con una extrema circunspección y una gran prudencia para que su actividad sirva a todos los hombres y que el resultado sea lo más eficaz posible.

 

En nuestra segunda alocución examinaremos la manera como se realizará este grandioso trabajo para que todos sean salvados si ello es posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          II

 

 

                                   EL PLAN DE SALVACIÓN DEL MUNDO Y DE

 

                                                           LA HUMANIDAD

 

 

 

Oración (Rosa Mystica 155)

 

 

Oh Señor de Poder,

mi alma está ávida y sucumbe de anhelo.

Mi corazón y mi alma

claman por el Agua Viva:

¡Bienaventurada, Tú que abres el Camino!

 

Oh Dios y Escudo, mira el rostro de tu servidor.

Más vale un día en Tu Templo

que mil días en cualquier otro lugar.

Un único sonido de Tu Canto es fuerza y felicidad.

Tú eres mi roca.

 

Alabanza a Ti, Palabra.

Alabanza a Ti, oh Sabiduría.

Alabanza a Ti, Espíritu.

Alabanza a Ti, oh Santo.

Alabanza a Tu Honor.

 

Nosotros te alabamos, señor,

te damos las gracias.

Luz en la que no existe oscuridad alguna.

 

                                                                       Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rosa Mystica 159

 

Quien vive en el Cuerpo del Alma es omnipresente.

Ya no mida el tiempo y la distancia.

Para él ya no hay fronteras.

Está aquí, presente.

 

Quien habiendo unido el Espíritu,

el Alma y el Cuerpo

ha sido inflamado por el Espíritu de Dios,

entra en las Eternidades

y contempla el Designio de Dios

que se desvela ante él.

 

Las fuentes de Acuario vierten todos sus dones,

nutren a quienes se elevan,

allanan sus senderos,

y calmarán la sed a todos.

 

                                                           Amen.

 

 

 

Ritual

 

Extracto de la Epístola a los Romanos, capítulo 14:

 

<<Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. porque Cristo para esto murió y resucitó y volvió a vivir, para ser señor así de los muertos como de los que viven.

            Pero tú, por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: «Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios». De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. Porque el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el espíritu Santo.>>

 

La respuesta la leemos en la segunda Epístola a Timoteo, capítulo 2, versículos 11 a 13: <<Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáramos, él también nos negará. Si fuéramos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo.>>

 

Al comienzo del siglo veinte, una nueva ramita creció en el árbol de la Sabiduría y llevó el alto nombre de Cristian Rosacruz. En la época de la iniciación de este retoño, el Dr. Rudolf Steiner habló detalladamente de Cristian Rosacruz en su alocución del 27 de septiembre de 1911, en Neuchâtel. Os leemos algunos fragmentos de esta alocución:

 

<<¿En qué consiste el misterio de Cristian Rosacruz? Hablar de Cristian Rosacruz implica una gran confianza en los misterios de la vida espiritual, no solamente con respecto a la persona sino en relación a los grandes secretos de la vida espiritual. Cristian Rosacruz es una individualidad que obra tan bien cuando está encarnada en un cuerpo físico como cuando no lo está. Ella no obra solamente en tanto que entidad física y por medio de fuerzas físicas, sino ante todo espiritualmente, por medio de fuerzas superiores.

Como sabemos, el hombre no vive solamente para sí mismo, sino en unión con el gran desarrollo de la humanidad. Cuando el hombre ordinario muere, su cuerpo etérico se disuelve en el universo. Sin embargo una parte de este cuerpo etérico disuelto es siempre conservado, así pues siempre estamos rodeados por los cuerpos etéricos de los fallecidos, para nuestra salud o para nuestro perjuicio. Operan en nosotros, ya para bien ya para mal, según seamos buenos o malvados. en este sentido experimentamos ampliamente la acción de los cuerpos etéricos de las grandes individualidades. Así del cuerpo etérico de Cristian Rosacruz emana una gran fuerza capaz de operar sobre nuestra alma y nuestro espíritu. Es nuestra tarea aprender a conocer estas fuerzas. Y nosotros las llamamos en tanto que Rosacruces…

            El origen de la corriente rosicruciana se remonta al siglo trece. Dos personali­dades excepcionalmente dotadas fueron elegidas para ser iniciadas. la iniciación se había vuelto posible a la salida de este corto período de obscurecimiento.

            En un cierto lugar de Europa… se constituyó una alta logia espiritual, un colegio de doce hombres que habían recogido en ellos la totalidad de la sabiduría espiritual de los antiguos tiempos así como la de su propia época…

            El karma de la humanidad había sido regulado de tal manera que en siete de estos doce hombres se había encarnado lo que la humanidad había conservado de los restos de la antigua sabiduría atlante…

            A estos siete se añadieron otros cuatro que, no tenían la capacidad de ver los antiguos períodos transcurridos, como los siete primeros sabios. Pero estos cuatro veían retrospectivamente lo que la humanidad había adquirido de la sabiduría oculta en las cuatro épocas de la cultura post-atlante. El primero era capaz de investigar la época proto-hindú; el segundo, la época proto-persa; el tercero la época egipcia y caldeo-babilónica; el cuarto, el período cultural greco-latino.

            En el siglo trece, estas cuatro entidades se unieron a los otros siete en un colegio de sabios. El doceavo era aquel que tenía menos recuerdos pero era el más dotado intelectualmente y debía consagrarse, en particular, a las ciencias exotéricas…

            Estas doce corrientes de sabiduría diferentes trabajaban juntas como una totalidad… Era necesario pues hablar de doce individualidades excepcionales… Este colegio de doce funcionaba en parte gracias a la clarividencia asociada al recuerdo y a la sabiduría intelectual. Los siete sucesores de los siete Rishis podían recordar su antigua sabiduría; los otros cinco representaban la sabiduría de las cinco culturas post-atlantes. Así estos doce representaban toda la sabiduría atlante y post-atlante…

            Sin embargo el comienzo de una nueva cultura solo fue posible porque un treceavo apareció en el medio de los doce. Este último no era un erudito en el sentido de la época. Era una individualidad cuya encarnación se remontaba al tiempo del Misterio del Gólgota.>>

 

En el próximo servicio, durante el ritual, veremos quien era este treceavo.

                                                                                                                      Amen.

 

 

Segunda Alocución

 

Toda nuestra sociedad, como experimentamos y constatamos actualmente, está presta a caer en el pozo de la ruina. todo está preparado para hacerla volver al punto cero. Si consideramos, por ejemplo, las experiencias atómicas, sabemos bien que modifican las condiciones atmosféricas del mundo entero. Y la humanidad se entretiene /divierte con este falso argumento contundente: ¡El mínimo de radiación admisible no se ha sobrepasado! ¡Pero lo que es un mínimo admisible, nadie lo sabe!.

            Está al corriente de que toda transformación forzada y no natural de las condiciones de radiación de nuestro campo de vida, debe ser considerado como funesto para la humanidad. Entonces lo que se denomina <<mínimo admisible>> es la dosis en la que el hombre no muere directamente.

            Por esta desnaturalización, la humanidad es no obstante golpeada por una muerte mucho más grave, a saber la muerte psíquica, la degeneración psíquica, que amenaza con no perdonar a nadie. Se constatan cada vez más trastornos psíquicos alrededor de nosotros, lo que hace suponer que existe en alguna parte un foco de numerosos fenómenos mórbidos, foco encendido y mantenido por un grupo muy dotado de doctos intelectuales, generalmente estimados y honrados, e incluso a veces profesores de renombre. Como sabéis,  enormes sumas son destinadas para sus búsquedas, a fin de permitirles proseguir tranquilamente su actividad.

            La sociedad, poco más o menos toda la sociedad, los aprueba y los sostiene financieramente.

            Otro aspecto de esta locura, es que los otros reinos naturales son también alcanzados. El conjunto del reino vegetal está envenenado por esta desnaturalización atómica y ya no puede proveer alimento normal a la humanidad.

            Sin querer pretender una exposición completa, lo que sería imposible, es preciso reconocer que la producción de la industria química contribuye ampliamente a esta situación. Tomemos por ejemplo un producto artificial, un producto de síntesis de tal o cual origen; una vez sobre vuestra mesa parece totalmente válido mientras que no lo es de ninguna manera. Estos descubrimientos nos son igualmente presentados por personas muy dotadas intelectualmente y conocidas por ser grandes amigos de la humanidad. Por esta razón, son honrados, condecorados y sostenidos financieramente.

            Las enfermedades, los trastornos psíquicos que resultan de ello, dicen ser a su vez curados por otros productos, por otros descubrimientos químicos. Pues sabemos
que actualmente la industria farmacéutica, como se la llama, cura todo. Hay remedios para todo y contra todo. Ninguno de nosotros, nadie, tiene ya que preocuparse. Y lo que aún no existe no tardará en aparecer, ¿no es verdad?, ¡pues nuestros químicos tienen todas las posibilidades! Ahora bien los médicos son prácticamente coaccionados a ponerse al servicio de la industria química. Cada día, reciben documentación, revistas, consejos varios sobre todo lo que han de hacer y no hacer.

            ¿Estáis al corriente, no? Lo sabéis desde hace mucho tiempo o bien lo suponíais. De tiempo en tiempo se dispara la señal de alarma, porque unos bebes nacen sin brazos o sin piernas, por ejemplo, lo que ha sido completamente provocado por una pequeña experimentación, por una nueva tentativa de algún laboratorio químico.

            ¿Es ello criminal? Pues bien no, no se puede hablar de criminalidad, pues el interesado, nuestro químico, ardiendo de amor por su prójimo y de entusiasmo en su laboratorio, quería ayudar a la humanidad; y en este caso particular a las futuras madres. Los médicos que prescriben los medicamentos a sus enfermos son el pabellón que cubre la mercancía. Pensemos solamente en los procesos dramáticos efectuados a este respecto en Bélgica. Estos también, todos lo sabéis. ¿Pero que otra cosa podemos hacer, nosotros y nuestros semejantes, que informar los unos a los otros de nuestra gran inquietud en cuanto al futuro de la humanidad? podemos igualmente escribir un artículo en una revista o en un periódico cualquiera si, al menos, la redacción tiene a bien aceptarlo. también nos es posible publicar nuestras objeciones con forma de libro, pero en el mejor de los casos sólo es un número restringido de lectores quien es puesto al corriente.

            Los autores del desastre, comprenderlo bien, no son unos criminales en el sentido absoluto. No son individuos que, deliberadamente quieran llevar directamente a la humanidad a su perdición. Son la ciencia, la iglesia y el estado. En resumen, son las autoridades quienes dan y toman la dirección. Es únicamente la ignorancia fundamental de la humanidad entera, la cual aprende solamente por experiencia. Son los conflictos fundamentales de nuestra humanidad que mantienen a los hombres divididos en grupos, y son las necesidades de estos grupos las que impulsan a las autoridades cada vez más lejos en la experimentación.

            La humanidad se lamenta, la humanidad pide socorro: y las autoridades se reúnen y comienzan a experimentar. La ciencia fundamental, la ciencia original, ha desaparecido completamente de su cerebro, de su conciencia.

            Conociendo todo esto, se puede adoptar el siguiente punto de vista: tomemos nuestras distancias, ya no queremos tener nada que ver con todo esto, nos volvemos hacia la naturaleza. ¿No nos ofrece la naturaleza todo lo que necesitamos? Ahora bien, ¿es así? Psíquicamente, el hombre ya es completamente víctima de la ilusión en la que se debate la humanidad. En realidad, actualmente se mantiene aparte de la naturaleza. En conclusión, y una vez más, la naturaleza ya no puede ayudar al hombre. Además, los productos naturales son totalmente tratados (bajo pretexto de protegerlos) con toda clase de sustancias químicas que han pulverizado sobre nuestros árboles frutales, sobre las legumbres y las demás plantas necesarias para la alimenta­ción. Y estos productos se vuelven indispensables, en particular porque al mismo tiempo se extermina a una multitud de pájaros.

            Pero vayamos aún más lejos. Terminamos por fiarnos de los productos cultivados de la manera llamada <<bio-dinámica>>. Pero entonces olvidamos el envenenamiento siempre creciente de la naturaleza, de nuestra esfera de vida entera, en razón de la desnaturalización por las radiaciones. Allí donde volváis vuestra mirada, todo está envenenado y desnaturalizado.

            Finalmente llegamos a la conclusión que se degrada y deteriora la naturaleza entera. Sabéis que ya no se hacen experiencias atómicas en la atmósfera, al menos oficialmente. Una serie de protestas las ha detenido por el momento. Ahora se pasa a las experiencias atómicas en las profundidades del suelo.

            ¿Sabéis que estas experiencias atómicas subterráneas son infinitamente más peligrosas que las que se hacen en la atmósfera? Ellas ya han dañado totalmente, o dañarán, al menos los tres estratos terrestres superiores situados bajo nuestro estrato.

            ¿Sabíais que en los estratos terrestres situados bajo el nuestro habitan entidades? ¿Sabíais que estos estratos inferiores son campos de evolución? Pues están desnaturali­zados. A ello se añade el hecho de que todos los materiales fisibles son extraídos de los minerales encontrados en la tierra, ciertamente, pero polarizados por otros planetas. Así, ya desde hace siglos, se sabía que el hierro, tal como lo encontramos en nuestro planeta, está polarizado por las radiaciones de Marte, es decir vuelto vivo, irradiante, activo. La naturaleza es, y siempre lo ha sido, mantenida en vida por la actividad del hierro; los alimentos reciben de él todo su valor, pues no ignoráis que muchos de los que absorbemos contienen más o menos hierro. Quizás comprendáis ahora lo que significa polarizar el hierro: es volver este elemento activo, irradiante.

            En el mismo sentido, en el reino natural, el uranio es polarizado, vuelto activo, por el planeta Urano, el neptunio por Neptuno y el plutonio por Plutón. Ello quiere decir que unas radiaciones precisas, que emanan de los tres planetas de los Misterios, vuelven estos metales activos en nuestra vida, siguiendo cierta ley natural universal, para que en un momento dado nuestro santuario de la cabeza se abra en vistas a la gran realidad.

            Pero este no es el caso desde hace mucho tiempo. La degradación forzada de estos tres elementos ha despojado a nuestro planeta, en particular, de las grandes y maravillosas fuerzas divinas. El Espíritu de nuestro planeta es así muy fuertemente dificultado en sus actividades. Al mismo tiempo, la armonía de nuestra tierra con las otras fuerzas del Cuerpo Solar está perturbado completamente.

            Luego se es confrontado a una contra-naturaleza (de hecho hay de que reírse), una contra-naturaleza que vuelve absurdos todos los métodos llamados biodinámicos. Además añadamos que ello vuelve la fitoterapia absolutamente negativa.

            Así pues es preciso concluir -y nuestra intención es poner esta conclusión a plena luz- que toda la actividad humana está completamente bloqueada y que somos colocados ante consecuencias indescriptibles. Hasta que punto la situación puede ser salvada y en que aspectos, no sabemos nada de ello, pero la imagen general que os hemos dado justifica nuestra conclusión: toda la máquina humana, la vida social entera está bloqueada, con todas las consecuencias inevitables.

            Pero aún hay más, mucho más. Pensar simplemente en el aumento de la circulación. Un niño comprendería el que este fenómeno deba conducir a un mar de sangre y lágrimas.

            Si consideráis todo lo que acabamos de decir, ¿podéis designar un sólo verdadero culpable, Es imposible. Pues cada uno da lo mejor de si mismo y cada uno es serio a su manera. Simplemente se debe constatar que toda la humanidad está enferma, victima de una ignorancia fundamental. Por ello el mayor pecado que nos atormenta es una ignorancia que resulta de la degeneración y de una cristalización en rápida extensión.

            Después de esta constatación, no nos detengamos en los fenómenos, no discutamos sobre el grado de gravedad de tal o cual aspecto. ¿Qué ganaríamos en querellarnos y en amontonar crítica sobre crítica, Pues, en efecto, ¡hay mil razones para criticar!

            ¿Es necesario creer en tal o cual organismo; en tratar de fundar una nueva Fraternidad mundial terrestre para combatir todo esto; recorrer el mundo llenándolo de palabras y escritos para advertir a la humanidad? ¡Ah! amigos míos, por muy sincera y pura que fuera vuestra intención, ello ya no tendría, ya no podría tener ningún éxito.

            Lo que hace falta es la entrada en escena de una nueva Fraternidad mundial, pero en un sentido totalmente diferente, una Fraternidad mundial que llevaría de nuevo a toda la humanidad por la buena vía. Sin embargo ella debería provenir de un orden mundial diferente del nuestro, de otro campo de vida, y obrar con las fuerzas que no tienen nada que ver con no importa que fuerza dialéctica humana. Pues todo nuestro campo de vida está envenenado, desnaturalizado, y entre tanto nuestras autoridades están decididas a  encargarse de todo, luego se disponen a reaccionar de la manera habitual. Nuestro campo de vida, como dice pablo, está enteramente sometido a los <<espíritus malvados>> de la atmósfera.

            Por ello esta nueva Fraternidad mundial debe salir también de nuestra humanidad para poder actuar sobre nosotros a partir  del campo de vida liberador y entrar en contacto con aquellos que están en el punto de perderse y deben ser reencontrados.

            ¡Dios sea alabado, esta fraternidad mundial de la Rosacruz viva existe! En particular ella está en relación estrecha, desde hace numerosos años ya, con el Espíritu del planeta, con las fuerzas que vienen del centro de nuestra tierra, para hacerlas concordar con el corazón del Cuerpo solar. Sino, desde ya hace mucho tiempo, nuestra tierra ya habría desaparecido con sus habitantes, habría sido aniquilada. Así es conservado el equilibrio indispensable, pero de manera muy anormal.

 

Habréis comprendido, con la lectura de las conferencias del Dr. Rudolf Steiner que, en un pasado reciente, esta nueva Fraternidad mundial de la Rosacruz viva desplegó una gran actividad y que es necesario considerar y que está en condiciones de tener una acción considerable. Ahora sabemos porque y vemos que es la única solución.

            La nueva Fraternidad ha previsto los tiempos que hoy vivimos. Ella sabía que debían llegar. Ella no ha esperado a que se presentasen los acontecimientos para prepararse para poder reaccionar en el buen momento de la justa manera. Se nos ha encargado el aclararos completamente estoy de colocaros frente  a la gran realidad. Así pues ahora es preciso reflexionar en la manera y los medios con los que esta comunidad va a trabajar en el próximo futuro. Con este fin os presentamos la imagen siguiente para proseguir con el tema en la tercera alocución.

            Desde el comienzo de la Fraternidad de la Rosacruz, desde la edificación de la morada Sancti Spiritus, el gran Plan, el Plan magnífico estaba preparado, no para dejar hundirse al mundo y a la humanidad sino para salvarlos. Es un plan de salvación que debe desarrollarse a partir de la base. El piensa poner fin a la dominación ejercida por la esfera reflectora; aportar a toda la humanidad una nueva educación; dar a cada grupo humano, a cada pueblo, una dirección enteramente conforme a la naturaleza particular de este grupo, de este pueblo; en la idea fundamental que esta Fraternidad pondrá fin a toda violencia, a todo egocentrismo inconsiderado que entrañe temibles consecuencias kármicas.

            Sin forzamiento, toda la humanidad será colocada de nuevo en la corriente de evolución ineluctable del alma viva. Para ello será necesario llevar de nuevo a su punto de partida inicial, que nosotros designamos por el estado de vida pre-adámico, al desarrollo intelectual actual que es orgulloso, destructor y que lleva directo a la demencia.

            Ello implica evidentemente una enseñanza diferente y nueva. ¿Comprendéis ahora la iniciativa tomada por el Lectorium Rosicrucianum de fundar una escuela para instruir a vuestros hijos? Nos atrevemos a esperar que veáis claramente como y porque razón la humanidad entera amenaza con hundirse. Desde entonces, ¿confiaríais de todo corazón a vuestros hijos a escuelas sintonizadas con una sociedad así, entregándolos a la edad de seis años, luego indefensos, a la degeneración o como mínimo poniéndo­les luego ante la necesidad de una gran lucha?

            No tenemos nada que decir contra el poder de comprensión del hombre, es un privilegio maravilloso, un privilegio divino. ¡Pero es necesario hacer de este privilegio un justo empleo! Por ello una escuela nueva es una necesidad urgente para vuestros hijos, a quienes tenéis tan sujetos, a quienes mimáis de tal manera como constatamos cuando jugáis o discutís con ellos en el césped de nuestros Centros de conferencias. Si amáis realmente a vuestros hijos, comprender estas cosas y sostener nuestro trabajo en vistas a llegar a una enseñanza totalmente nueva.

 

Se trata pues de dar a la humanidad una nueva base de vida original y naturalmente de colocar en primer plano el aspecto espiritual que determina el objetivo perseguido.

            Cuando la Fraternidad universal emprenda su acción, la primera condición, la primera necesidad, sin embargo, será de disponer aquí, en la tierra, de un grupo que recoja sus indicaciones, las comprenda aunque sea un poco y colabore con ellas. en efecto, todo debe ser invertido, y será preciso tomar urgentemente medidas radicales en el mundo entero para restablecer al menos el campo de respiración de la humanidad. Las radiaciones, en lo que concierne a su aspecto atómico, deben regresar a su antiguo estado, La naturaleza entera tendrá que restablecerse tal como fue una vez y tal como fue concebida en el origen. Una armonía perfecta con el conjunto del Cuerpo solar deberá ser reencontrada. Además, aquellos que se presentarán como guías y como autoridades deberán hacer prueba de una alta moralidad, de una firme disciplina personal así como de un mínimo de comprensión en cuanto al único objetivo asignado a la humanidad. Y evidentemente será necesario que toda especulación teológica, con su cortejo de consecuencias, tome fin y que la única gran Verdad, en tanto que Iglesia del Espíritu, gobierne al mundo y a la humanidad en colaboración con el estado.

            Es evidente que si se quiere tener alguna certeza de éxito en la evolución y la ejecución de este plan, son necesarias grandes fuerzas. Ahora bien estas fuerzas están ahí, están plenamente preparadas y concentradas en lo que llamamos la Fraternidad de la Rosacruz viva, o Fraternidad juanista, de la que ya os hemos dado a conocer su naturaleza. Desde ese momento, este plan está a punto de ejecutarse en la aurora de la era de Acuario. Y se comprende que este grandioso y magnífico acontecimiento, la regeneración de toda la humanidad sobre el plano terrestre, precederá a la verdadera transfiguración del segundo nacimiento sideral.

            Para este trabajo grandioso, será necesario asegurarse la comprensión, la aceptación de muchos hombres para que colaboren de manera elemental. Veréis que esta tarea necesita ahora la unión con un grupo determinado de seres humanos capaces de comprender. Hacen falta hombres de acción inteligentes y verdaderamente dinámicos, animados por un gran deseo interior y que esperan impacientemente las iniciativas de la nueva Fraternidad mundial.

            Veis ahora que es necesario un Lectorium Rosicrucianum poblado de hermanos y hermanas que, según las palabras evangélicas, esperan el <<Día del Señor>> y tienen la capacidad de captar las radiaciones de la salvación viva para expandirlas allí donde sean necesarias. Tenemos pues que colaborar plenamente y de todo corazón en la magnífica iniciativa de la Fraternidad de la Rosacruz para que el menor número posible de entidades se pierda.

 

Nuestra esperanza y nuestro ruego es que comprendáis esta misión como debéis. Cooperar todos con nosotros y comprender que esta cooperación ya no puede consistir en este aprendizaje ordinario que hemos constatado hasta este día en muchos alumnos. Está muy bien ser de los nuestros, estamos extremadamente agradecidos porque seáis alumnos, pues así estáis en el campo de radiación, pero comprender que ¡el momento ha llegado! Ahora tenemos necesidad de vuestra colaboración, ¡de vuestra colaboración integral e incondicional! Y esta colaboración no debe consistir exclusivamente en palabras, sino que debe demostrarse en vuestra conducta y en vuestros actos por un comportamiento nuevo y positivo.

            Si queréis verdaderamente esto, esperar con un corazón lleno de alegría los días futuros y guardar en vuestras almas la paz y el reposo. Pues ningún cabello de vuestras cabezas será tocado si, deliberadamente, colaboráis con todo vuestro poder, como hombres verdaderamente vivos, según la intención de Dios. Nada extraordinario os es exigido: tal como sois, podéis participar, podéis acompañarnos.

 

                                                                                                                      Amen.

 

 

 

Epílogo (Rosa Mystica 179)

 

Así como el embrión en gestación

se despliega maravillosamente,

y un día nace con un grito de vida

a la luz de esta Tierra,

así está el Hijo de Dios aún en devenir,

latente en el seno de la Tierra,

en el campo del mundo.

 

Puro retoño, no adulto todavía,

del Árbol de la Vida imponderable,

situado en el centro del Jardín de los Dioses

y coronado por el Espíritu Séptuple,

el cual recompensa con su Fruto

al Hombre Verdadero.

 

Cada uno debe realizar la Vida Verdadera

por la autoliberación del Alma,

y responder a su Vocación

por un comportamiento elevado y redentor.

 

Los demonios se esfumarán

tan pronto como la ilusión desaparezca.

¡Y la Paz colmará al Grupo,

la Fuerza del Número Perfecto!

                                                                                  Amen.

 

 

Bendición de clausura:

 

Yo se que nos está próxima, Padre,

la gran fuerza de la filiación divina,

y quien quiere emplear esta fuerza

se mantiene en la tempestad como sobre una roca.

 

                                                                                              Amen

 

La radiación de Amor del Cristo Jesús sea con todos.

 

                                                                                              Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                         III

 

                               EL CUERPO ETÉRICO DE CRISTIAN ROSACRUZ

 

Apertura

 

Nuestra esperanza y nuestro ruego es que podamos reencontrarnos en la fuerza liberadora de la Rosa y de la Cruz.

                                                                                                                      Amen.

 

Siete caminos forman la única vía de la liberación.

Siete luces constituyen el candelabro que está ante Dios.

Espíritu Santo Séptuple, fortifícanos y consuélanos por tu gracia.

                                                                                                                      Amen.

 

Gloria a Ti, oh Padre.

Gloria a la Palabra del comienzo.

Gloria al Espíritu del fuego.

                                                                                                                      Amen.

 

Fragmento del capítulo 87 del Evangelio de los Doce:

 

<<La tarde del primer día de la semana, cuando las puertas de la casa donde estaban reunidos los alumnos fueron cerradas, Jesús vino, tomó lugar en el medio de ellos y les dijo: <<La paz sea con vosotros>>. Se desconcertaron y creyeron ver un espíritu. Pero El les dijo: <<Ved, soy el mismo que visteis en otro tiempo. Un espíritu puede en efecto aparecer en carne y en huesos tal como veis que yo soy. Mirar mis manos y mis pies, tocarme y mirarme.>> Diciendo esto, les mostró sus manos y su corazón. Entonces los discípulos se alegraron de ver al Señor. Tomás, uno de los discípulos, les había dicho: <<En tanto que no vea las heridas hechas por los clavos en sus manos y no pueda hundir mi mano en su corazón, no lo creeré.>> Por ello Jesús le dijo a Tomás: <<Ves mis manos, mi corazón y mis pies. Acerca tus manos, y de incrédulo, vuélvete creyente.>> Tomás le respondió: <<Mi Señor y mi Dios.>> Y Jesús le dijo: <<Tomás, porque has visto, has creído. Bienaventurados aquellos que creen sin ver.>>

 

                                                                                                                      Amen.

 

Algunos fragmentos de la conferencia dada el 27 de septiembre de 1911 por el Dr. Rudolf Steiner sobre Cristian Rosacruz.

 

<<El treceavo era una individualidad que se había encarnado en los tiempos del misterio del Gólgota. En las encarnaciones siguientes, se había preparado para la tarea por un corazón humilde, por una vida consagrada y piadosa. Era una gran alma, un hombre piadoso, profundamente místico que había nacido con estas cualidades y no las había adquirido. Este treceavo crecía bajo la vigilancia y los cuidados de los doce y recibió de cada uno de ellos toda la sabiduría que pudieron darle.

            Por lo tanto los doce, estando cada uno de ellos lleno y persuadido de su tarea espiritual y profundamente penetrado por el cristianismo, eran conscientes del hecho de que el cristianismo exotérico de la iglesia no representaba más que una imagen deformada del cristianismo verdadero… Estaban convencidos de que sus doce corrientes contenían toda la vida espiritual; y cada uno de ellos actuaba sobre su alumno siguiendo sus fuerzas propias. Su objetivo era realizar la síntesis de todas las religiones. Sin embargo eran consciente de que su objetivo no podía ser alcanzado por medio de una teoría sino bajo la acción de la vida espiritual…

            Mientras que las fuerzas espirituales del treceavo se multiplicaban hasta el infinito, sus fuerzas físicas declinaban hasta el punto de que la unión con la vida exterior casi cesó y se realizó un acontecimiento que solo podía tener lugar una vez en la historia, uno de esos acontecimientos que tienen lugar cuando las fuerzas macrocósmicas trabajan juntas en vistas de los frutos que un acontecimiento así hace madurar…

            Al cabo de algunos días, el cuerpo de este treceavo se volvió completamente transparente… En breves fórmulas como cortas oraciones, los doce dejaron afluir su sabiduría en el treceavo mientras que este yacía como muerto. Este estado tomó fin de tal manera que el alma del treceavo se despertó como un alma nueva, Alguna cosa estaba presente en esta alma nueva, como un nuevo nacimiento de los doce sabios, de manera que los doce pudieron, ellos también, aprender del joven hombre una realidad nueva.

            En el curso de algunas semanas, el treceavo devolvió a los sabios la sabiduría que había recibido de los doce, pero bajo una forma enteramente diferente, dada como por el mismo Cristo. Lo que les reveló, los doce lo llamaron el verdadero cristianis­mo, la síntesis de todas las religiones. Ellos hicieron una distinción entre el cristianismo de su época, y este verdadero cristianismo.

            El fruto de la iniciación del treceavo ha sido conservado en tanto que supervivencia de su cuerpo etérico, al interior de la esfera espiritual de la tierra. Este mismo cuerpo etérico, sutilmente espiritual, irradió y resplandeció de nuevo a partir del mundo espiritual, a través de la nueva personificación, la encarnación del siglo catorce. Y esta es la individualidad de Cristian Rosacruz. El fue el treceavo en el círculo de los doce, y fue llamado así a partir de esta encarnación.

            Esotéricamente, desde el siglo trece, ya es Cristian Rosacruz, y no es llamado así exotéricamente hasta el siglo catorce. Y los alumnos de este treceavo son los sucesores de los otros doce del siglo trece. Son los Rosacruces.

            Por las actividades de los Rosacruces, el cuerpo etérico de Cristian Rosacruz se vuelve de siglo en siglo cada vez más fuerte, cada vez más poderoso. Este cuerpo etérico no trabaja solamente por Cristian Rosacruz, sino también por todos sus alumnos.

            Desde el siglo catorce, Cristian Rosacruz siempre se ha encarnado de nuevo. Así las radiaciones del cuerpo etérico de Cristian Rosacruz igualmente se hacen sentir en el siglo diecinueve. Consagrándose al cuerpo etérico de Cristian Rosacruz que se ha vuelto tan poderoso, el hombre podrá adquirir una nueva clarividencia y unas fuerzas altamente espirituales serán sacadas a la luz. Pero esto solo será posible para aquellos que sigan realmente la enseñanza de Cristian Rosacruz.

            El siglo veinte tiene ahora la tarea de volver este cuerpo etérico tan poderoso que sea capaz de obrar exotéricamente. Todos aquellos que puedan ser tomados por él deben contar con vivir la experiencia de Pablo en Damas. Hasta aquí, este cuerpo etérico solo ha actuado sobre las escuelas espirituales de los Rosacruces. En el siglo veinte habrán cada vez más personas que experimentarán su acción y así experimenta­rán al Cristo en el cuerpo etérico, en tanto que aparición.

            Es el trabajo de los Rosacruces el que permite experimentar la aparición del Cristo en el cuerpo etérico. El número de aquellos que están en condiciones de hacer esta experiencia se volverá cada vez más grande. Esta reaparición es debida al grandioso trabajo realizado por los doce durante los siglos doce y trece.

            Si sois capaces de ser un instrumento de Cristian Rosacruz, podéis estar seguros que la más pequeña de las actividades de vuestra alma será una actividad para la eternidad.>>

                                                                                                                                 Amen.

 

 

Tercera alocución

 

Trataremos de explicar la manera como la nueva Fraternidad mundial, bajo la señal del hombre-Juan, entrará en acción cuando
sea dada la señal. Siendo la gran dificultad comenzar, este comienzo tendrá lugar a la ocasión de un acontecimiento que tendrá lugar en la atmósfera, como una señal percibida por una muchedumbre numerosa, en numerosos países, luego imposible de negar, habiéndose encargado la prensa mundial en difundirlo.; una señal que muchos reconocerán como anunciada, sean los que sean los comentarios que se hagan al respecto. Pero no nos aventuremos en especulaciones, y volvamos al corazón del asunto.

            Se producirán una serie de incidentes en relación con acontecimientos que se sitúan todos en el plano social, habiendo atraído la atención general e imposibles de disimular. Diversos grupos de autoridades, unos consejos de ministros, por ejemplo, o otras agrupaciones políticas que incluyen a representantes de las diversas ramas científicas, asumiendo su función de una manera o de otra, directores de negocios de todo genero, reunidos en consejos de dirección, todos estos hombres que dirigen el mundo, serán confrontados a situaciones muy particulares.

            En sus asambleas, en los momentos psicológicos, unos miembros de la Fraternidad universal intervendrán entre estos grupos que innegablemente tienen la autoridad. Se manifestarán en su cuerpo etérico invisible, pero su voz será claramente percibida. Interviniendo así en estas reuniones y comisiones de estudios dirán, por ejemplo, a los participantes:

            <<Señores, tomamos aquí la palabra para mostraros claramente que debéis invertir completamente vuestra manera de actuar actual. Ya no debéis actuar como lo habéis hecho hasta el presente. Nos dirigimos a vosotros porque, de una manera o de otra, vuestra tarea es servir a los hombres. Por ello en lo sucesivo será necesario tener por único objetivo la salvación absoluta, el bien absoluto de toda la humanidad; y a partir de este momento todo vuestro trabajo debe depender de ello. En lo sucesivo es necesario que toda forma de violencia pertenezca al pasado; que todos los instrumentos de la violencia sean destruidos; que ningún perjuicio sea infligido a la naturaleza creada por Dios, ni tampoco al reino animal ni al reino humano. Y por lo tanto que abandonéis las experiencias que vuelvan este perjuicio posible, bajo el aspecto que sea; que las detengáis inmediatamente.

            En el plano internacional, seréis llamados a tomar la dirección, cada uno a vuestra manera, cada uno según vuestra tarea, de un método de educación de la humanidad absolutamente diferente.>>

            Así hablará la voz. Algunos hermanos citarán las palabras de las Santas Escrituras: <<Aquel que os habla tiene en su mano derecha las siete estrellas y camina en el medio de los siete candelabros de oro.>>

            Este mensaje será transmitido, en la medida de lo posible al mismo tiempo y en todo el mundo, a todos aquellos que ello concierne; y se esperarán sus reacciones.

            Como prueba de la seriedad y de la gravedad de este mensaje, todos aquellos que se opongan o simplemente lo nieguen serán, en los días y semanas que seguirán, como neutralizados, durante algún tiempo, físicamente y psíquicamente, pero sin morir. Se trata aquí de una neutralización en la que los interesados serán prevenidos con anterioridad. Serán atraídos algún tiempo al dominio etérico, es decir al cuerpo etérico de Cristian Rosacruz, que se concentra alrededor de la tierra para operar exotéricamente, para actuar exteriormente.

            Quizás habéis sufrido un accidente una vez en vuestra vida. Por ejemplo, habéis tenido una caída a consecuencia de la cual habéis perdido el conocimiento durante algún tiempo. Puede que, mientras os habéis hundido en la inconsciencia, algunos centros cerebrales hayan continuado sin embargo funcionando de la manera habitual y que vuestra conciencia haya tenido la percepción clara, pura y positiva del campo etérico. Así pues podéis imaginar ahora lo que le ocurre a tal persona. Su inconscien­cia no es total, como si hubiera recibido un golpe de martillo en la cabeza. Ella es llevada a un estado de neutralidad física, de una manera que actualmente no podemos aclarar; ella se vuelve súbitamente consciente en el dominio etérico, pero exclusiva­mente en el cuerpo etérico de Cristian Rosacruz.

            En ese momento no se trata de una alucinación cualquiera en la esfera reflectora, sino de una atracción a una realidad superior absolutamente nueva e increíble. El interesado se acordará de que fue prevenido de antemano de esta experiencia. Entonces verá claramente lo que significa la vida, porque es llamado <<hombre>>; a qué ha sido llamado en calidad de autoridad gubernamental, o como colaborador de una gran empresa, por ejemplo; porque ha estudiado economía o está diplomado en una cierta rama científica. Comprenderá perfectamente que es a fin de estar enteramente al servicio de la humanidad, en entrega total de si mismo.

            Después de haber aprendido esta lección, volverá a su antiguo estado de ser. Pues comprenderéis que la grande y santa Fraternidad no podría mantener a ninguna autoridad en el lugar que fuera sino colaborara de todo corazón en la realización del gran Plan entregándose a él totalmente. Os daréis cuenta que una manera tan espectacular de intervenir será necesaria para convencer a toda esta gente tan segura de si misma de que existen en el mundo otros poderes que los de la iglesia, el estado, la policía y los cañones. Todas las autoridades deberán ser sacudidas en su seguridad, sobre la escena del mundo entero. Y ello ocurrirá de la manera en que os ha sido descrita. Y comprender que solo se procederá a esta entrada en escena en caso de extrema urgencia. Esta intervención tendrá lugar en un momento en el que se podrá decir: ¡es el instante supremo!

            En las Santas Escrituras, esta señal de la que acabamos de hablar es llamada <<la señal del Hijo del hombre>>. Se trata de una intervención de la Fraternidad universal en razón de lo que podríamos llamar una perturbación electromagnética, de un «cortocircuito» de las fuerzas acumuladas en la atmósfera, y de los daños causados por un grupo al que aún no hemos citado, el de los eminentes científicos que envían al espacio, en perjuicio de lo que no conocen, mísiles y cohetes y hacen toda clase de experimentaciones, sin hablar de las explosiones atómicas en las capas superiores de la atmósfera.

            Todo esto reunido ha desarrollado un campo de tensión que no solamente es perjudicial  para la salud de la humanidad, luego a todos aquellos que habitan la tierra, sino sobretodo al mínimo de armonía necesaria entre la tierra y las otras partes de nuestro macrocosmos. Esta cohesión, esta unidad con el universo es extremadamente perturbada por estas artimañas de niños mimados, cuya consecuencia es una primera reacción de las diversas capas atmosféricas, visible y perceptible por la humanidad entera.

            Y esta es la señal, la señal de la última crisis, que la Fraternidad universal ha esperado para comenzar su trabajo de intervención radical. Lo que Rudolf Steiner anunció y que es citado en el ritual se realiza ahora, en nuestro siglo veinte, o al menos va a comenzar. Y solo cuando todos estos dirigentes, más o menos forzados, quieran escuchar y obedecer y sean enteramente sacudida su confianza, la humanidad podrá ser salvada de la perdición. Ya lo sabéis pues ya os lo hemos dicho: la Fraternidad va a actuar en este sentido.

            Así pues lo que debe tener lugar es una reeducación de toda la humanidad, por las autoridades habituales de cada estado y de cada pueblo. No se trata pues, como fue el caso durante los siglos y los años pasados, de un esfuerzo por invertir toda una civilización, para provocar una revolución mundial enteramente dialéctica. Ciertamente esta no es la intención de la Fraternidad universal. Sabéis, como también lo dicen los textos sagrados, que cada pueblo recibe el gobierno que merece. Pues bien, los gobiernos de los pueblos de Europa y de los países exteriores, los gobiernos que conocéis serán forzados, por la intervención de la Fraternidad universal, a guiar a los pueblos, a sus países, a los hombres hacia una organización totalmente nueva. Esta reeducación de toda la humanidad se acompañará naturalmente de una serie de medidas internacionales. Y esto comenzando inmediatamente para prevenir explosiones ulteriores sean las que sean.

            Y así tendrán lugar una serie de desarrollos de naturaleza económica y social que durarán evidentemente unos años para habituar a la humanidad al nuevo período en el que ha entrado. Numerosos grupos científicos deberán reorientarse totalmente para adaptarse a las situaciones sociales modificadas y mantener así su autoridad. La ciencia no será destronada pero, si no coopera con voluntad plena, será forzada a plegarse a las exigencias de la Doctrina universal y a las del Plan de la Gran Fraternidad.

            Así pues todas las causas de un nuevo karma desarmonioso serán gradualmente aniquiladas y cada uno tendrá el tiempo y la ocasión de adaptarse completamente. En resumen, se trata aquí de una curación progresiva de todos y cuando esta curación haya alcanzado un cierto punto, y que los conflictos físicos más graves hayan desaparecido, puede que el hombre de la masa se haya vuelto entonces lo suficiente­mente maduro para comprender el gran objetivo de la existencia humana. En estas condiciones, las prisiones se vaciarán y se volverán superfluas.

            Y ya no habrá necesidad de tantos hospitales puesto que esta curación física de toda la sociedad y de la humanidad entera hará desaparecer completamente muchas enfermedades y numerosos comportamientos mórbidos.

 

Un detalle extremadamente importante de este proceso de regeneración concierne evidentemente a la actitud y la conducta de las diversas iglesias y de sus servidores. Sabemos que hay muchos teólogos extremadamente serios que aspiran a la curación de la humanidad, y que estarán dispuestos a consentir todo para aportar el verdadero cristianismo. Por lo tanto cuando comprendan el sentido de ello bajo la dirección de la iglesia del Espíritu, ciertamente desearán colaborar de todo corazón.

            Y comprenderéis que todos los meandros de la teología, los artificios intelectuales, y las practicas que derivan de ello sobre el plano religioso, desaparece­rán, rechazadas por los mismos hombres. En la medida que sea necesario, aquellos que estén muy seguros de ellos mismos serán desenmascarados. Esperamos de todo corazón que, en interés de todos, el conjunto de estos acontecimientos puedan ser llevados en buenas condiciones.

 

Pero dejemos ahora este punto para atraer vuestra atención sobre otro aspecto de la intervención de la Fraternidad universal, del que debemos tener conocimiento en calidad de alumnos de la Escuela Espiritual actual para no ser víctimas de ello. Queremos hablar del gran cambio y de la transformación de lo que designamos como <<esfera reflectora>>, la esfera del otro lado del velo de la muerte. Hemos hablado, durante años, de la esfera reflectora tal como es, tal como la ha creado el comportamiento de la humanidad. Si la Fraternidad aniquilara a la fuerza esta esfera reflectora, en realidad no sería una solución. Lo que hace falta, es la reeducación de la humanidad, volver superfluo el fenómeno de la esfera reflectora, luego que desapareciera por así decirlo por si misma.

            Por ello debéis daros cuenta que los habitantes actuales de la esfera reflectora y todos los desarrollos de esta estarán en peligro en breve plazo. Así pues veréis que dramática evolución tendrá lugar en estas esferas de nuestro planeta, evolución que ya ha comenzado en la hora actual. Las radiaciones crecientes de Acuario y los cambios atmosféricos que las acompañan conciernen especialmente a los dominios etéricos de la tierra. Por lo tanto si las características del cuerpo racial del hombre ordinario permanecieran iguales que en el día de hoy, los casos de demencia se multiplicarían en masa. Las influencias etéricas crecientes a las que todo el mundo se volverá sensible podrían provocar las más grandes catástrofes.

            Hay que esperar pues que las personas sensitivas, en particular, corran el riesgo de ser poseídas, o al menos que reciban influencias altamente indeseables. Esperamos que podréis ser capaces de representaros todo esto. También debéis prestar mucha atención a vuestro comportamiento y a las señales de la futura acción de la Fraternidad universal.

            En concordancia con el proceso de reeducación que se desarrollará a partir de la base, la Fraternidad universal limpiará y purificará igualmente los dominios etéricos, y neutralizará la esfera reflectora. Como hemos intentado explicaros, todo ello se desarrollará en una perfecta cohesión. En consecuencia, numerosas entidades de la esfera reflectora tratarán, en su huida, en su extrema angustia, de agarrarse a los seres vivos de la tierra. Por ello os aconsejamos a todos el alejar de vosotros todo peligro en vosotros volviéndoos exclusivamente hacia la Fraternidad viva de la Rosacruz tan positivamente como sea posible, hacia el poderoso cuerpo etérico de nuestro Padre y Hermano Cristian Rosacruz.

            Podría ocurrir que unas entidades, miembros de la Fraternidad de la Luz, quisieran de una manera  o de otra manifestarse a vosotros. Pero atención, bajo cualquier forma en que se os pudieran aparecer en un futuro próximo o aún alejado, ellos lo harán siempre en y bajo la señal de la Rosacruz viva. Ellas no harán nunca una observación aduladora en lo que concierne a uno de los aspectos de vuestro ser-yo. Jamás emplearán la adulación para colocaros sobre un pedestal en el que no estáis en vuestro lugar. En efecto, por el momento, todos somos mortales, todos peregrinos que, tropezando penosamente, van hacia la Vida liberadora. Y no penséis que uno solo de estos peregrinos pueda recorrer este camino orgullosamente, con la cabeza alta y la conciencia-yo golpeándose el pecho. Las entidades de la esfera reflectora que quieran establecer con vosotros una unión deben siempre obtenerla de vuestro yo. esta es la importante señal que todos podéis reconocer. Y ellas siempre tratarán, con un lenguaje adulador, el llevaros a las nubes. Por contra los hermanos de la Rosacruz no se rebajarán jamás a ello. Os pondrán siempre, sin ninguna excepción, ante vuestra tarea de alumno y de servidor de la Gran Obra.

            Así vemos que un esfuerzo intenso y perfectamente inédito es emprendido para salvar a la humanidad, y al mismo tiempo para ayudar a todos aquellos que se han preparado para la realización del gran Objetivo. Comprenderéis ahora que privilegio maravilloso tenéis, alumnos de la Escuela Espiritual actual, de aprender todo esto de ante mano, y que se haga el esfuerzo de hacer de vosotros, desde ahora, pioneros, hombres capaces de arrastrar consigo con un poderoso abrazo a aquellos que, desde el punto de vista psíquico, tienen más dificultades que vosotros y que habrán sido obligados a adaptarse en una fracción de segundo. Suponer que, toda vuestra vida, hayáis girado vuestra mirada en el plano horizontal; que en cada segundo todo vuestro tiempo haya estado hasta el presente ocupado por vuestras ocupaciones o por vuestros estudios. ¡Que cambio, que giro tendréis que dar entonces cuando resuene la voz de lo alto y debáis consagraros a la tarea que se os ha adjudicado por la voluntad de Dios! Esperamos que nos será permitido el hablaros aún ampliamente de estos poderosos desarrollos a los que la humanidad se acerca rápidamente.

            Es nuestra esperanza y nuestro ruego el poder, en el curso de esta Conferencia de <<Aquarius>>, alcanzar el objetivo previsto, de responder en una cierta medida a la misión que nos ha confiado la Fraternidad, a saber: abriros los ojos ante las cosas futuras; prepararos, aunque nosotros no podemos forzar nada, a seguir el camino con nosotros; y de haceros comprender que los días y las horas del Apocalipsis se aproximan a nosotros.

            Lo que ahora va a comenzar, no es ni más ni menos lo que el Apocalipsis designa como el reino de los mil años. ¡Que aquel que tenga oídos para escuchar, oiga lo que el Espíritu Séptuple dice a la Comunidad!

            Aquel que escuche, y actúe en consecuencia, no será dañado por la futura evolución, que será con toda evidencia una revolución.

            Para terminar, añadamos que os hemos transmitido esta promesa de parte de la Fraternidad, de parte de Dios.

 

Epílogo

 

El Cordero recibe el Libro sellado (Apocalipsis 5):

 

<<Yo vi un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz : ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aún mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

            Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

            Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos que decían a gran voz:

            El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.>>

 

                                                                                                                      Amen, si, Amen.

 

Oración de clausura

 

Nuestra esperanza y nuestro ruego son el encontraros permanentemente en el campo de radiación etérico de Cristian Rosacruz.

                                                                                                                      Amen.

 

 

 

 

 

 

                                 EL VESTIDO DE LUZ DEL HOMBRE NUEVO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                    ÍNDICE

 

 

 

 

 

 

 

 

Prologo

 

I   El vestido de luz del Rosacruz

 

II  El nuevo comportamiento quíntuple

 

III El regreso del Cristo y la nueva manifestación etérica

 

IV  La comunidad del Espíritu Santo

 

V   Preguntas y respuestas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                 PROLOGO

 

El trascurso de la Vida Universal, que dirige el desarrollo de la ola de vida humana, suscita en el presente la revelación de la era de Acuario y su Apocalipsis, cuyas consecuencias serán liberadoras pero también desenmascarantes, provocando todo ello grandes conmociones.

Al comienzo de este mes de agosto de 1963, la Escuela Espiritual de la Rosa cruz de Oro apela a sus alumnos de todas las canteras de trabajo a reunirse en su centro de Conferencias de Renova, en Bilthoven, para prepararlos para el cambio radical que seguirá a los futuros acontecimientos. Conforme a su tarea y a su misión, la Escuela Espiritual actual se dirige a todos los que buscan para que comprendan las señales de los tiempos., muestra la antigua vía que conduce a la realización gloriosa del verdadero destino del hombre. He aquí porque hemos tomado la decisión de publicar íntegramente el material de nuestra Conferencia <<AQUARIUS>>, incluyendo los rituales.

Formulamos la íntima oración de que ello pueda ayudar lo más posible a comprender interiormente el camino de Acuario.

Aquel que escuche en verdad la voz de Acuario, aquel que perciba verdaderamente este camino, lo seguirá con alegría y reconocimiento. Pueda la cosecha ser abundante y magnifica.

 

Catharose de Petri

 

Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

                                      EL VESTIDO DE LUZ DEL ROSACRUZ

 

 

APERTURA

 

Ahora que nos es permitido acometer este grandioso acontecimiento y desearos la bienvenida en este lugar que, durante algunos días, será el centro, el foco en el que celebraremos la Fiesta de Renovación <<Aquarius>> que os convencierais profundamente de la importancia y de la grandiosa significación de esta poderosa reunión, y de la inmensa responsabilidad que vamos a asumir juntos, en tanto que alumnos de una verdadera Escuela Espiritual, durante los próximos días.

Nos hemos reunido de todos los lugares del mundo para llevar a cabo una tarea exclusiva, para recibir, al servicio de la Fraternidad Universal, una misión absolutamente única. Así os pedimos a todos una enorme vigilancia y una total dedicación. Pues, cuando una gran masa se reúne, puede ocurrir que un cierto numero se deje distraer por futilidades. Así os suplicamos: ¡Haced lo necesario para que ello no ocurra!. Lo que es necesario que ocurra es que nuestra reunión, que se podría calificar de masiva, aumente la concentración de la fuerza espiritual en décuple expansión y que el resultado sea en consecuencia. ¡Confiamos en ello, Hermanos y Hermanas! Que esta sea la grande y magnifica bendición de esta Conferencia.

Nos deseamos mutuamente: que el Fuego de este Foco de Gracia irradie como una señal indefectible por encima de nuestras regiones tenebrosas. Amen.

 

 

VOTO

 

Admitidos en el Cuerpo magnético de la Séptuple Escuela Espiritual del Lectorium Rosicrucianum, nos elevamos todos hacia la Luz de las Luces, con el fin de que Ella libere en nosotros la nueva Fuerza de Alma para la Vida Nueva. Amen.

 

ORACIÓN

 

Oh Tú, Eterna Luz Imperecedera,

rompe nuestras cadenas y

libéranos de las ilusiones de la materia.

Elévanos hasta Tu Corazón de Amor radiante,

y que las llamas ígneas de Tu Fuego de Gracia

nos purifiquen.

Haznos comprender la Gloria Majestuosa

de Tu Manifestación Universal

para el mundo y la humanidad.

Únenos a todos los que sufren,

a todos los que buscan

y luchan por la Liberación,

para que podamos dar,

a todos los que no te han encontrado todavía

lo que recibimos de Ti,

cambiando para ellos la cruz de la naturaleza

en Cruz de la Liberación,

en las que las Rosas de Inmarchitable Belleza

se abren en Tu Luz Inmutable. Amen.

 

 

RITUAL

Sabéis que un microcosmos tiene una similitud perfecta con un macrocosmos. Pensad aquí en el axioma hermético <<¡Como es arriba así es abajo!.>>

En el macrocosmos encontramos planetas, soles, sistemas zodiacales, constelaciones y sistemas de vías lácteas, dependiendo unos de otros, formando juntos un todo y movidos por un sol central único. Vemos la misma imagen en nuestro microcosmos. También allí planetas, soles y diversos sistemas tienen una tarea a cumplir en la unidad del microcosmos. Toda esta manifestación que se extiende en el espacio, en lo que para nosotros es el infinito es portada y sostenida por un Orden, por una regla.

Vemos claramente que la manifestación universal es una, que todas las formas fenomenales se encuentran y son dependientes unas de otras. Una perturbación en este orden sería fatal para el Gran Todo.

Comprenderéis esto si pensáis hasta que punto unas causas mínimas pueden tener a veces graves consecuencias en nuestro cuerpo.

Supongamos que, por la intervención arbitraria de los habitantes de un planeta cualquiera, un cuerpo celeste totalmente extraño a nuestro sistema solar nazca siendo atraído hacia allí; de ello resultaría una perturbación de todo el sistema solar. Imaginar que por una creación arbitraria de nuestro sol, unas formas nuevas de manifestación, no acordes al universo manifestado, dominan nuestro sistema solar; de ello resultaría una perturbación de todo el universo. Por ello, cuando una perturbación cualquiera interviene en la Manifestación universal, es lógico que aparezca una ley natural para corregir, aislar y neutralizar. De allí las conocidas palabras: «Es preferible para ti que uno de tus miembros perezca y que tu cuerpo entero no sea lanzado a la gehenna.»

Nuestro microcosmos es un universo reducido. Y el sol central, el sol invisible de nuestro sistema microcósmico, es el Espíritu. De este sol central salieron, en el prepasado, creaciones conformes al Plan divino. A una de estas creaciones la llamamos el Hombre Celeste. Desde un punto de vista astrosófico, este Hombre Celeste estaba constituido por un sol primordial con dos aspectos, sol y luna, y cinco planetas. Este séptuple sistema poseía un foco espiritual, una radiación de luz igualmente séptuple, y una forma aparente, un aspecto material glorioso, también de carácter séptuple. Así es la imagen del Hombre celeste, imagen descrita también en el Apocalipsis: «Un ángel que tiene siete estrellas en la mano derecha», prueba de que las influencias planetarias han sido dominadas de la justa manera.

En un momento dado del lejano pasado, emanó del sol central microcósmico una criatura profana que corrompió el sistema microcósmico entero, volviéndolo así impío.

El hombre celeste fue obligado a actuar, a vivir experimentalmente, fuera del Plan universal.

Ahora bien el Hombre celeste era un Espíritu poderoso y si esta manifestación se hubiera mantenido, habría provocado grandes desastres en el macrocosmos. Por ello fue neutralizado por intervención divina. Poco a poco se apagó y fue forzado a manifestarse por medio de tres nuevos círculos séptuples, adaptados a la creación impía. El hombre dialéctico es el resultado de todo ello, el cual no es ni siquiera la sombra del Hombre Original, y cuyo radio de acción se encuentra completamente reducido. Prisionero del campo de vida dialéctico, prisionero en un cierto estrato terrestre, únicamente conserva una fracción de la libertad original: la libertad de hundirse más profundamente o de regenerarse.

Ninguna regeneración ocurre por si misma, sino únicamente por el Amor y la Gracia de Dios, que no deja perecer la obra de sus manos. La primera victoria del Espíritu Santo sobre el hombre de hoy, es que este llegue al conocimiento de su propio estado. <<Hombre conócete a ti mismo.>>

 

Desde hace ya numerosos años, por medio de nuestra Escuela Espiritual, una llamada vibra en el vasto mundo, una llamada a comprender ante todo, el Misterio del Reino de Dios. Aquellos que comprenden la llamada y presten oídos a ella serán puestos en condiciones de seguir definitivamente el camino de regreso al Reino Inmutable del Origen.

 

 

PRIMERA ALOCUCIÓN

 

Hermanos y hermanas, nos encontramos ahora reunidos, por primera vez, para esta Conferencia en esta inmensa tienda-Templo, con vistas a la celebración de la Fiesta de Renovación de <<Aquarius>>, y debemos todos comprender, por qué y con qué objetivo nos hemos reunido aquí; por qué hablamos de una fiesta que pide nuestro profundo recogimiento y para la cual nos hemos preparado desde hace tanto tiempo con un fervor cada vez más sostenido.

Sabemos que estamos en la aurora de un nuevo Día; el día de una experiencia absolutamente nueva, para el mundo y la humanidad. Y comprenderán, sin que sea necesario insistir, que este nuevo Día nos empuja a una exigencia nueva: la realización de un comportamiento totalmente nuevo; una nueva manera de actuar, una nueva orientación, serán una necesidad. Nosotros y nuestros semejantes deberemos responder a esa exigencia por un acto personal positivo. Si nuestra reacción es negativa, entonces el nuevo desarrollo nos cogerá desprevenidos y nos arrastrará hacia su torbellino.

Si les afirmamos esto, es porque sabemos que un nuevo campo de radiación intercósmico envuelve nuestro mundo. Ha alcanzado una intensidad y una fuerza de expansión suficientemente fuerte para que se perciba, descubra y experimenten sus influencias. Éstas provocarán una revolución total del mundo y de la humanidad en un plazo relativamente corto. A nuestro parecer, este periodo se desarrollará en una veintena de años más o menos.

Todos esos desarrollos fueron profetizados hace tiempo y se encuentran en la mayor parte de las doctrinas metafísicas de todos los pueblos. Esas profecías se propagaron bajo forma velada por medio de relatos fantásticos, leyendas y parábolas. La predicción, el mito y el símbolo nacieron y los acontecimientos futuros se transmitieron bajo la capa de acontecimientos históricos perdidos en las brumas del pasado. Se vieron entonces aparecer las teologías con sus diversas interpretaciones, las cuales provocaron las grandes divisiones de la humanidad. La historia mundial nos muestra bien cual fue el precio: ríos de sangre y el caos; caos que constatamos en nuestros días en todos los medios religiosos. Los acontecimientos futuros pondrán fin a todo esto y solo quedará esta gran realidad de la que hemos hablado al comienzo de este Servicio.

Se volverá el centro de interés de todos los hombres. Comprendan bien que podemos, en tanto que grupo, filosofar sobre estos temas elevados y emitir una poderosa corriente de pensamientos. Sin embargo resultará que ahora todas las cosas, sobre las que fijamos nuestra atención son como transmitidas y grabadas en cada uno.

Así se revelará esta única y gran Verdad de la que ningún mortal podrá desprenderse: la verdad relativa al hombre mismo y a su destino final. La Única Razón sustituirá a muchas especulaciones. Y la Religión verdadera y viva, conquistará las cabezas y corazones de innumerables seres sin que sea necesario para ello recurrir a la propaganda y la publicidad.

Precisemos enseguida cual es ésta Religión Única y Universal. La tendencia espiritual que se prepara, que se manifiesta ahora, será colocada bajo el signo de la Rosacruz viva; el nombre de Cristian Rosacruz estará en muchas bocas, como una noción viva, demostrable, como una realidad comprobada. Ya que este nombre no hace alusión a un ser que existe o que ha existido, sino a un estado de ser que debe desarrollarse en todo hombre. Ese estado de ser que, en un lejano pasado, se consideraba que debería aparecer y que a continuación se manifestó como deseo, es imitado en nuestra época por numerosos buscadores y especuladores, con todas las consecuencias que ello conlleva. Ese estado de ser se volverá una necesidad en un próximo futuro, un comportamiento único, imperioso para cada uno, que será decisivo para lo que llamamos la vida o la muerte. Sin embargo, eso está unido al estado actual de lo que nosotros llamamos el «vestido de luz».

Nos gustaría separar lo que hemos hablado de los aspectos fantasmagóricos y apocalípticos, ya que debemos situarnos ante la realidad misma. En nuestra filosofía llamamos vestido de luz al conjunto coherente de los diversos fluidos vitales del hombre. Se compone de la sangre y del sistema sanguíneo, del fluido nervioso y de su sistema, de las secreciones internas, del fuego de la serpiente y de la llama de la conciencia. El conjunto de esos fluidos produce ya, en el estado natural, una luz etérica diferenciada muy fuerte. Por eso hablamos del vestido de luz, como se habla a menudo en el Evangelio gnóstico de la Pistis Sophia. Comprendan pues que esta noción es conocida desde siempre por los que saben. Cada hombre, cada mortal lleva este vestido de luz y se comprende inmediatamente que la calidad y el carácter de esos fluidos vitales, que operan conjuntamente, determinan la frecuencia vibratoria del hombre. Fijan su orientación general en la vida. Así mismo es muy importante saber, que nuestro estado de salud está condicionado por nuestro vestido de luz. Salud y enfermedad están siempre en relación con el estado de nuestro vestido de luz. La calidad y la naturaleza de los fluidos vitales, van a empujar al hombre, bien a permanecer en el estado animal terrestre tan conocido o a adquirir capacidades regeneradoras y liberadoras que le permitan escapar del estado animal.

Esta elevación, esta ascensión, esta resurrección fuera de ese estado (¡es decir del estado animal de nuestro vestido de luz!) se ha vuelto en nuestra época absolutamente necesario para cada uno. Esta necesidad se volverá en poco tiempo urgente en razón de la actividad del nuevo campo de radiación. Sin embargo repetimos con insistencia, que la elevación sobre la que atraemos su atención, no se trata de una clase de desarrollo automático, algo parecido al crecimiento del niño de pecho hasta la edad adulta. No, todos estamos situados aquí ante la necesidad de una elección personal. Por eso hemos hablado el año pasado, con insistencia cada vez más grande, del nuevo comportamiento.

 

¿Quién de entre ustedes práctica ya ese nuevo comportamiento? ¿Han hecho ya en su vida la única elección decisiva? Digámoslo, esta elección no es solamente deseable, no puede ser decidida simplemente en un momento de exaltación o en un arrebato religioso sino que es absolutamente necesario y es preciso hacerlo de forma muy lucida en los tiempos futuros y que están muy cercanos. Es la signatura del nuevo comportamiento que cada uno debe adoptar personalmente. Todos ustedes deben vivir y comprobar este proceso corporalmente. También hablamos de autorrealización. Pues bien, este proceso de elevación, este proceso de resurrección, esta autorrealización, está totalmente unida al grandioso y maravilloso misterio del hombre en el sentido más elevado del término, la Mónada. Por ello les hablamos desde hace tanto tiempo de festejar este principio de ascensión, de elevación fuera de la naturaleza de la muerte. Es preciso que se decidan: Que se comprometan en ese proceso o no, con todas las consecuencias que ello conlleva.

¡Ya que solo existen dos caminos! El de la elevación regeneradora, o el del descenso degenerativo. Entre los dos, todos tenemos ahora aún la libre elección. Sin embargo, ninguno de nosotros podría decir de cuanto tiempo dispone aún la humanidad para hacer esta elección decisiva y demostrar también un nuevo comportamiento. Por ello nuestra Fraternidad estimó de gran importancia elegir una fecha (en los dos meses muy críticos de agosto y septiembre de 1963, que correspondían al inicio del desarrollo intercósmico indicado) y de llamar a todos los hermanos y hermanas que viven verdaderamente en la Escuela Espiritual actual a asistir a esta poderosa convención de Renova. Les hemos convocado pues hermanos y hermanas, por mandato de nuestra Fraternidad. Además, tenemos la tarea de ponerles sin palabras superfluas, ante el espíritu de la elevación que comienza. Tenemos el mandato de hacerles tomar, en la medida de lo posible, una decisión vital muy clara. Y estamos al mismo tiempo encargados de decirles que, por esta decisión vital, nos es permitido implorar la bendición de la Fraternidad, la Fraternidad Universal.

Repetimos con insistencia que, durante estos días, esta bendición se expandirá sobre todos nosotros, si toman positiva e interiormente esta única decisión, con el fin de comprometerse sobre esta base en la gran autorrealización. Ya que ahora ven claramente que va con ello su admisión en un proceso poderoso. Gracias a él, precederemos a la humanidad en esa corriente de desarrollo nuevo que, tal como hemos dicho, tendrá lugar cada vez más claramente y cada vez más expresamente, bajo el signo de Cristián Rosacruz. Por este hecho, atraemos de nuevo vuestra atención sobre vuestro vestido de luz. Sin entrar ahora en explicaciones detalladas ( lo que ya hemos hecho a menudo) les preguntamos: <<¿Qué cuidados aportan a su vestido de luz? ¿Qué hacen a este respecto en tanto que estudiantes rosicrucianos?>> Si nos examináramos en el instante presente, descubriríamos en general un tenue resultado: principalmente tal vez el haberse vuelto vegetariano, de poner en práctica esta reforma alimentaria bajo el principio del vegetarianismo. ¿Pero saben ustedes, amigos míos, que los resultados del vegetarianismo en nuestro vestido de luz son casi totalmente neutralizados por una cantidad de materias indeseables que circulan en nuestra sangre?. Solo con la absorción de un alimento ordinario normal, es suficiente. Pensemos aquí en todas las sustancias químicas y sintéticas mezcladas con nuestro alimento. Pero al lado de todo esto ¿qué cuidados toman ustedes respecto a su éter nervioso en tanto que este éter debe soportar las más duras tensiones en nuestros días? ¿Qué hacen al respecto?.

¿Qué hacen para el justo funcionamiento del fuego espiritual espinal? ¿Han reflexionado alguna vez que tienen a este respecto una tarea que realizar? Lo que nos toca de más cerca es, el cuidado del sistema de las secreciones internas; porque la mayor parte de las enfermedades, la humanidad toma conciencia poco a poco de ello, tienen relación directa con una perturbación de ese sistema, perturbación que uno se esfuerza, a menudo, en neutralizar por lo que se llama «remedios» o, si es necesario, por intervenciones quirúrgicas.

¿Y qué puede decirse de los cuidados aportados a la llama de su conciencia? ¿Han prestado alguna vez atención a ello? Se dice: «tengo una conciencia, la conciencia existe». Se cree con ello que esto basta. Se dice también: «esta persona pertenece a tal o tal tipo, tiene tal o cual línea de carácter». Sobre esta base están fundamentadas nuestras relaciones mutuas. Sin embargo les preguntamos: ¿Se habituarán al pensamiento de que su quíntuple vestido de luz forma un sistema único e indivisible? Repetimos con insistencia: todo lo que llamamos síntomas, signos de enfermedad, son provocados y mantenidos por una desarmonía que interviene en el vestido de luz. Las influencias hereditarias que engendran esas perturbaciones desaparecerán cuando sometan, firmemente, su vestido de luz a las leyes vitales que le conciernen. Y triunfarán si empiezan esto desde su juventud, desde su infancia. Si el hombre vigila de la justa manera, el estado de su vestido de luz, ninguna debilidad ni enfermedad le hará obstáculo. Este pensamiento es tal vez para ustedes totalmente nuevo.

No obstante el servicio de ayuda del «Rozenhof» recibe de tiempo en tiempo una carta de agradecimiento por su ayuda y sus socorros milagrosos, señalada a veces incluso por profanos, este restablecimiento es, muy frecuentemente debido en una gran parte, al alumno enfermo mismo. Ya que, forzado un poco por las circunstancias, ha dado los cuidados necesarios a su vestido de luz. Y aseguramos que los médicos que están entre nosotros obtendrán, en un muy próximo futuro, los más grandes resultados si se esfuerzan en ayudar a reconstituir, en el sentido más absoluto, el vestido de luz de los enfermos que se dirijan a ellos. Es preciso que comprendan que, si quieren verdaderamente ayudar, su propio vestido de luz debe responder a un mínimo de exigencias.

<<¿Qué es pues este vestido de luz?>> Es, en el cuerpo, en el yo material, el representante del doble etérico. Hablamos del doble etérico para mostrarle claramente que el yo material vive exclusivamente por medio de este doble, de este cuerpo vital. Vivimos gracias a nuestro cuerpo etérico o, más precisamente gracias a nuestro vestido de luz. Los átomos materiales del que nuestro yo material está compuesto no poseen ninguna vida independiente sin la colaboración de los átomos etéricos. Es pues lógico que digamos: tan sólo es posible expresarse en nuestro mundo físico en tanto que criaturas vivas, gracias al vestido de luz.

Pero es igualmente razonable añadir: la misión de su vestido de luz no consiste exclusivamente en la vitalización y mantenimiento del cuerpo material; esto es accesorio. La misión real de su vestido de luz es mucho más elevada. Pero su realización depende de la forma en que ustedes la empleen aquí, ahora y en un próximo futuro.

Si ustedes comprenden, entonces sentirán la necesidad de prepararlo  para su tarea grandiosa y magnífica. La higiene del cuerpo físico es de una extrema importancia. Todo el cuidado que ustedes le aportan con este fin es excelente y muy loable. Pero lo es mucho más el cuidado de su cuerpo de luz. Es para todos nosotros, en un próximo futuro, la tarea más importante. Debemos preparar nuestro cuerpo de luz para su tarea grandiosa y magnífica. He aquí el pensamiento esencial que está en el corazón de nuestra Fiesta de Renovación de <<Aquarius>>. Ahí se encuentra la llave del comienzo de la elevación.

 

Clausura

 

La Piedra angular Jesucristo es la fuerza original, la realidad de ser del reino de los Cielos. Esta Fuerza, propulsada por el Amor de Dios que busca lo que está perdido, se adapta perfectamente al estado de ser de cada uno.

Desde que somos encontrados dispuestos a construir sobre esta Única Piedra angular, comienza el gran proceso de cambio. Es un nacimiento diario y una muerte diaria. Es elevarse diariamente y recibir el toque de la Plenitud de Dios.

 

Al toque nosotros le llamamos Jesús.

A la posibilidad la llamamos Cristo.

A la causa la llamamos Amor de Dios.

Y el Templo del Espíritu mismo,

la Luz que irradia del Templo en su plenitud,

es el Espíritu Santo. Amen

 

Oración final

 

Por los misterios de la Salvación, elegidos herederos, y considerados como residentes en la Cámara del Tesoro de la Luz, sirvámonos todos de la Llave del santuario interior, para hacer surgir la Vida, está es nuestra esperanza y nuestro plegaria. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          II

 

                               EL NUEVO COMPORTAMIENTO QUÍNTUPLE

 

Apertura

 

Frente al Espíritu Santo Séptuple,

En el nombre de la Triple Alianza de la Luz,

En la Fuerza de aquel que es eterno,

Jesucristo nuestro Señor,

nos ofrecemos en el altar de la Gnosis Universal,

y nos consagramos al santo trabajo de la Gnosis,

a la Escuela espiritual y a sus alumnos,

para una verdadera redención y liberación. Amen.

 

Voto

 

Honor, alabanza, gloria y adoración

sean a Dios el Padre

y al Hijo,

por el cual el Espíritu se manifiesta,

por los siglos y los siglos,

ahora y por toda la eternidad.

 

Amen, si Amen.

 

Ritual

 

Podemos afirmar que el renacimiento del alma solo tiene lugar en el campo magnético de una escuela espiritual. Nuestra Escuela dispone de tal campo. Vivir fuera de este significa permanecer sin más, en el nivel de las capacidades biológicas. En el Campo de radiación Crístico, las capacidades biológicas del alumno en el camino están impregnadas por las radiaciones de fuerza del Espíritu de la Vida Universal, de manera que <<la Fuerza Crística sostiene su debilidad.>> En otras palabras, es el Espíritu santo quien obra en el Campo de fuerza de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro.

Cuando decimos: <<Nuestra Escuela Espiritual dispone de un campo de radiación magnético>>, muchos alumnos podrían tomar esto por un dogma, pues todos no experimentan conscientemente aún el toque de este campo de radiación. Es sin embargo necesario que todos los alumnos sepan lo que es un cuerpo magnético, como está constituido y como se constata su presencia.

Así pues es necesario distinguir, primeramente, el campo de radiación de la cadena de la Fraternidad Universal y, en segundo lugar, el campo de fuerza de los <<enviados>>.

El campo de radiación de la Fraternidad Universal está poblado de entidades cuyo estado de vida es el de la Naturaleza superior. Ellos se han elevado fuera de la materia. Forman una Jerarquía de seres cada vez más puros, cada vez más santos, cada vez más divinos; una gran jerarquía de espíritus humanos que revelan conscientemente la Luz del Espíritu Santo. Podemos decir de ellas que son miembros del Cuerpo de Cristo. Son uno con nosotros, razón por la cual forman una columna de luz entre el reino que no es de este mundo y nuestra naturaleza.

Esta Jerarquía de la Luz se manifiesta rodeándose de un circulo de <<enviados>>, circulo directamente unido a la Luz divina, cuyos rayos penetran al mundo de la decadencia para salvar lo que allí arriesgue de perderse.

¿De donde vienen pues estos enviados? No solamente están dotados de lo que llamamos el prerecuerdo, sino que muestran una cierta predisposición, están predestinados aunque todavía encadenados a su constitución biológica.

La <<Fama Fraternitatis>> nos enseña que, desde el alba de la humanidad, la Enseñanza Universal acompañó a Adam cuando sucedió su caída. Lo que quiere decir que desde el primer segundo de la caída, fueron emprendidas tentativas de salvación y se constituyó un circulo de enviados. La forma corporal del hombre no era aún muy cristalizada. Su cuerpo celeste no había muerto aún y su sistema dialéctico continuaba su evolución.

En esta situación, se formó un grupo de hombres en el medio de los otros, al corazón de los cuales, además de su prerecuerdo, estaba inscrita una sensibilidad particular al contacto de la Jerarquía Crística, a voluntad de la cual esta capacidad podía despertarse. Los antiguos místicos designaban a esta predisposición como el <<Tesoro de la Joya maravillosa>>, considerando para ello una cierta actividad del fuego de la serpiente.

En todos los periodos de la humanidad se ha acudido al servicio de estas personas predispuestas, llegadas a una vocación tal por una razón u otra y que se habían vuelto dignas de ello por su comportamiento. Se dice que todos los enviados llevan la Joya maravillosa, es decir que, en ellos, el fuego de la serpiente está en un estado determinado. Si tal es el caso, el Alma Espíritu, cuyo núcleo está situado en la cabeza, establece sus focos en el corazón, la cabeza y la pelvis, y por este hecho opera allí como espíritu santo.

Numerosos portadores de esta Joya, sin embargo, no cuentan como enviados. ¿Por qué? Porque su Joya no está suficientemente desembarazada de la escoria terrestre. Está aún demasiado sumergida en la materia y sometida a las pasiones dialécticas. Sin embargo, el día en que estén enteramente consumados en el plano de la naturaleza y hayan alcanzado sus propios límites, será posible que su Joya se ponga a brillar.

Es necesario comprender de la justa manera la expresión <<estar consumados en el plano de la naturaleza>>. Hay seres unidos a la rueda del nacimiento y de la muerte que llegan al mundo con la firme resolución, desde su juventud, de servir al alma y, por ella, de servir a los otros, ello a despecho de todos; ellos cuentan como enviados. Todos los demás deberán primeramente curar, en el Campo de radiación Crístico, las heridas que se han infligido, antes de poder transmitir el Grial con una fuerza plena de juventud, con una fuerza sagrada.

Todos los enviados portan la misma característica: sirven desde su juventud; se mantienen a distancia de la vida inferior; trabajan en la mayor pureza posible, experimentan que la naturaleza, en ellos, está consumada; la vida dialéctica no les ofrece ya ninguna base real.

Bien, una escuela espiritual autentica está formada por un grupo de enviados que se reconocen por esta prueba crédible. Hay enviados de diversos grados, pero es muy difícil de determinar a causa de las grandes diferencias individuales. Sin embargo, cada enviado, en colaboración con los otros, edifica un campo de fuerza, un campo de trabajo magnético, con el que la Fraternidad entra en comunicación en el momento requerido.

La Fraternidad de la Rosacruz, en tanto que Orden, forma una unidad superior. Por otra parte, una gran diversidad de hermanos y de hermanas realizan independientemente su misión en numerosos países. Todos tienen sin embargo esto en común: están unidos entre ellos por su misión, unidos a Jesucristo por su Joya, unidos a su tarea por su comportamiento.

Estos hermanos y hermanas reconocen su mutua comunidad por esta triple unión.

El ser así dispuesto comienza su tarea relativamente joven. Expande alrededor de él la luz que porta en él y, en esta luz, comienza sus preparativos. Si estos encuentran gracia a los ojos de la Cadena de la Fraternidad Universal, la Jerarquía se une a la luz de su Joya, a la luz que su Joya emite, propaga e irradia. Es así como se forma un campo magnético.

En el Campo de fuerza de los enviados, actúa en particular la Fuerza de Alma llena de gracia del Cristo y la Esencia creadora que es el éter fuego del Espíritu santo. Por la actividad del éter reflector, del éter luz y del deseo superior, los pensamientos abstractos se desarrollan en el campo magnético, a fin de que se expresen allí las radiaciones divinas bajo la forma de la Enseñanza Universal, con la exclusión de todo pensamiento concreto susceptible de deformar las sugestiones divinas.

Hermanos y hermanas, de un campo magnético así os llega una llamada. En un campo de fuerza así estáis integrados después de haber tomado personalmente vuestra decisión. Vuestra unión consciente con el Cuerpo magnético de la Escuela Espiritual debe realizarse sobre la base de la triple ley fundamental de los Misterios crísticos:

 

Unidad – Libertad – Amor. Amen.

 

 

Segunda alocución

 

Hemos visto, en nuestra primera alocución, que el estado de su vestido de luz determina todo su futuro. Si penetran en esta idea, se sentirán obligados a ponerse a trabajar, ya que habrán comprendido que es el conjunto de los fluidos vitales los que animan la personalidad. Y ahora sabéis que vuestro vestido de luz está llamado a un bien superior, a un orden superior, a un estado duradero, eterno. Por su vestido de luz, el vestido del alma, deberán resucitar; este no debe de tener nada en común con el estado actual de la naturaleza de la muerte. La resurrección del Cristo se encuentra enteramente en este Misterio. El hombre etérico es el hombre del futuro.

<<Naturalmente>> dirán, <<después de la muerte existiremos en un vehículo mucho más sutil.>> No, amigos míos, esto no es lo que queremos decir. El proceso de elevación del cual les hablamos es un proceso del cual toda la personalidad, el cuerpo material incluido, participa o se abstiene de participar. Ahora es posible explicarles la forma en que este proceso opera, ya que el próximo futuro va a manifestar aspectos de este desarrollo.

Según nuestra filosofía, los átomos materiales que forman nuestro vehículo físico son huecos y están penetrados por átomos etéricos de forma prismática. Represéntense esto: un átomo material hueco penetrado por un átomo etérico prismático; es esta unión quien da vida al átomo material, el cual depende totalmente del átomo etérico que le penetra. El átomo material vive gracias al átomo etérico y, en consecuencia, se puede decir que todo el fenómeno material, la manifestación material completa esta subordinada a una ley vibratoria que confiere diversas propiedades a las diferentes clases de átomos y que estos se expresan a continuación de una cierta manera. En el caso de la coordinación habitual con los distintos átomos etéricos, los átomos materiales se manifiestan, como ustedes saben, bajo la forma de materias sólidas, liquidas o gaseosas.

Ocurre de diferente manera cuando las propiedades vibratorias de las siete clases de átomos etéricos aumentan de frecuencia, se vuelven más dinámicas y más ardientes. En otros términos si, como en nuestros días, el quinto éter aumenta su potencial y se vuelve predominante en nuestra vida, el estado de la materia que conocemos como sólido, liquido o gaseoso va a cambiar totalmente.

Les presentamos estos hechos científicos naturales para que sepan que la filosofía de la Rosacruz es una filosofía científica clara, aunque por el momento aún sea desconocida. Cuando el quinto éter intervenga con fuerza en la marcha del mundo, en la marcha de la humanidad, la manifestación material se volverá por lo menos más sutil, se disolverá y será enteramente liberada de sus cadenas.

Este proceso de espiritualización, este proceso de transformación de la materia, es triple. El relato de la resurrección de Jesucristo en tres días procede igualmente de este conocimiento universal. Como sabéis se dice que los que se dirigieron al sepulcro descubrieron que la piedra de la entrada había sido apartada y que la tumba estaba vacía.

Este relato, contrariamente a su intención, ha olvidado completamente el mensaje del conocimiento universal. Se habla de milagro, pero lo que se produce no es un milagro. Ya que cuando la vibración de las fuerzas etéricas se modifican volviéndose más finas, tiene siempre lugar lo que se llama <<la transfiguración>>. Se trata en particular de una transferencia de los fenómenos materiales en los fenómenos etéricos, de un cambio de las manifestaciones materiales en manifestaciones etéricas. Por eso el relato de la resurrección dice que la tumba de Jesús el señor fue encontrada vacía. El cuerpo material había desaparecido; atravesando la muerte, se había elevado a una vida totalmente diferente y nueva.

Así descubrimos que en el mensaje Crístico de la salvación de hace 2000 años aparece la filosofía de la Rosacruz. La filosofía de la Rosacruz no es otra cosa que la revelación Crística. Por ello la Escuela Espiritual siempre ha afirmado con fuerza que estaba centrada sobre Cristo. Ya que, a partir del cristianismo primitivo, los desarrollos deben desembocar en una época como la nuestra, en donde un campo de radiación intercósmico pondrá a plena luz todos los misterios y reducirá a la nada todos los cuentos y leyendas que los explican; la realidad tomará el lugar de todo esto.

 

Si pasamos a un estudio más detallado del vestido de luz descubrimos que el milagro de la vida entera está unido a él. El microcosmos y su principio central, la Mónada, está íntimamente unido al santuario del corazón. De hecho, desde el comienzo de su vida, la Mónada siempre ha tenido la posibilidad de manifestarse en el hombre material gracias al poder magnético del esternón y así irradiar al timo que se encuentra detrás de éste. Si el alumno ha creado las justas condiciones, el timo, órgano de secreción interna, se carga de esta fuerza maravillosa que debe subir hasta el santuario de la cabeza para iluminarlo.

¿No ven ustedes en ello la indicación que da la revelación cristiana de la salvación? En efecto, la vida de Jesús relatada en el Nuevo Testamento ¿no está totalmente orientada sobre un punto único: el lugar del cráneo, la colina del Gólgota? Pierdan sus ilusiones, rasguen los velos de la leyenda y contemplen la única verdad liberadora. Partiendo del corazón, la Vía dolorosa sube al santuario de la cabeza hasta la colina del Gólgota, hasta ella.

Si el corazón del hombre está verdaderamente en estado de aceptar la fuerza de la Mónada, las condiciones vitales de la renovación son creadas. Entonces se pone a brillar, en el santuario de la cabeza, la Joya maravillosa de la que se habla en el ritual. Entonces el candidato se vuelve apto, es realmente apto, para tomar su lugar en la balanza con vistas a soportar la <<pesada de los siete pesos>>. Ustedes conocen esta expresión sacada de las Bodas Alquímicas de Cristián rosacruz. Es el proceso de base que debe suscitar, y que suscita, el desarrollo de nuestro vestido de luz.

Si piensan ustedes en los cinco fluidos del vestido de luz, comprenderán que, al lado del proceso de la secreción interna y de la purificación de la sangre, el desarrollo que se produce en Belén, el lugar del nacimiento, el santuario del corazón, hasta la colina del Gólgota, es ante todo un proceso de un alcance extraordinario respecto al éter nervioso. Queremos decir que el fluido nervioso, el éter nervioso, debe volverse perfectamente receptivo al toque de la Luz.

Supongamos que el santuario del corazón sea inflamado por el Fuego ardiente del Espíritu y que ese Fuego se eleva hasta el lugar del cráneo para expandirse a continuación por todo el vestido de luz y que ustedes hayan envenenado su sistema nervioso, su éter nervioso. No es una cosa imposible de imaginar: piensen aquí en las tensiones actuales, en los esfuerzos desesperados de muchos por mantenerse socialmente o por ascender de una u otra forma a lo alto de la escala social. Someten así a su éter nervioso a una tensión extrema; la sublimación de vuestro vestido de luz es entonces absolutamente imposible. ¡No pueden servir a dos maestros a la vez! Les es imposible abrirse a la luz del Espíritu deseando a la vez, con todas sus fuerzas, realizar sus ambiciones sociales. Estos dos modos no sabrían ir a la par.

Cuando el fluido nervioso no es guiado suficientemente en la buena dirección, en general, existe envenenamiento de la sangre y el santuario de la cabeza ofrece pocas posibilidades en cuanto a la vida liberadora. Hay que aprender estas cosas aquí, durante nuestra Fiesta de Renovación de <<Aquarius>>, ya que durante estos días ustedes tomarán la decisión de seguir perfectamente a la Escuela Espiritual, y deberán, sea como sea, purificar su vestido de luz.

Piensen a este respecto en las tres cruces colocadas en el lugar del cráneo, la colina del Gólgota: en el centro, la cruz del Señor y, en una parte y en la otra, las cruces de los dos asesinos.

Ese relato presenta un símbolo maravilloso de la gran realidad que concierne a todos los seres humanos. Cuando hemos realizado nuestro camino de cruz de las rosas y la luz del Espíritu, unida a la pineal, brilla en la cima del santuario de la cabeza, en la cima de la serpiente de fuego, entonces si todo va bien, los dos asesinos aparecen.

¿Quienes son o más bien qué son?. El primero nuestro yo egocéntrico con su comportamiento egoísta duro como una piedra. Es preciso que sea eliminado para no renacer más. El segundo representa la psique del hombre actual. Cuando de joven ustedes entran en el mundo se les inculcan toda clase de costumbres como a patadas, como a martillazos; se les fuerza a tomar las argollas de los hábitos, a adoptar las reglas de este mundo. Y ustedes avanzan así…¿hacia qué? Ustedes no saben nada. Solo tienen una certeza: que deben avanzar hasta que la muerte llegue. ¡Lo que ocurra a continuación sólo Dios lo sabe! He ahí a lo que son confrontados.

Si ustedes han soportado todo esto en su juventud, han sido apagadas en ustedes numerosas capacidades y aniquiladas muchas posibilidades. Muchos aspectos de su ser que prometían para el futuro, han sido así neutralizados por la coacción del hábito, coacción que les ha subordinado a la naturaleza de este mundo y neutralizado todas sus posibilidades superiores.

Pero si ustedes toman hoy la decisión de recorrer el camino de la revelación Crística de la salvación, el camino de la Rosacruz viva, al lado de la cruz del egocentrismo aniquilado, se levantará la segunda cruz en donde se elevará, con toda humildad, la voz de aquél que poseía las posibilidades elevadas pero largo tiempo desatendidas: <<¡Señor te hemos reconocido!>> A lo que le es respondido: <<Yo te digo, tu estarás hoy conmigo en el nuevo estado de vida.>> ¿Comprende ahora el sentido de las tres cruces en la colina del Gólgota?

Si seguimos el camino de la humanidad en general, las funciones del santuario de la cabeza se encontrarán totalmente aisladas y se esclerotizarán y solo elaborarán clichés. El hombre se vuelve entonces incapaz de modificar en un sentido positivo la orientación, la naturaleza de su vestido de luz. El fuego de la serpiente, que controla en particular todos los procesos nerviosos, no está en condiciones de hacerle tomar iniciativas liberadoras. ¿No ocurre lo mismo entre muchos de ustedes? Tienen fe en los valores y las fuerzas del otro reino; tienen la certeza interior y pueden razonarlo científicamente pero ¿tienen la fuerza de tomar una iniciativa positiva y liberadora? Han tardado demasiado en clavar la espada en su propio ser. La voluntad que, en la cima de la serpiente de fuego, está en relación con la pineal, permanece unida a todo lo antiguo, a las viejas costumbres; y los ojos, cuyos poderes dependen igualmente de la pineal, tan solo captan a la larga las imágenes del mundo; permanecen girados hacia lo bajo, sobre la línea horizontal.

Las decimos todo esto y debemos decirlo, para mostrarles claramente que si quieren tener parte en las nuevas posibilidades de nuestra época, deben muy rápidamente, en este mismo instante, darse completamente media vuelta y abrir ampliamente la puerta de su corazón. Ya que según las palabras del añorado profesor de Hartog: <<lo que el corazón rechaza, no entra en la cabeza.>> Su corazón debe estar totalmente exento de crítica.

La crítica envenena el éter nervioso más gravemente que lo que podríais imaginar. Hay que rechazar todas las barreras erigidas en usted por la crítica. Numerosos son los hombres cuyo estado de ser es totalmente semejante al de ustedes. Tienen las mismas aspiraciones, trabajan como ustedes y están unidos al grupo como ustedes y su personalidad está mancillada, cargada de faltas como la suya.

Hacia todos, su corazón debe estar totalmente libre, sin aversión, sin crítica. Debe rechazar esa falta de amor, pues vuelve su corazón totalmente inaccesible. Sentirán pues ahora con nosotros la necesidad de cambiar lo más rápidamente todo esto. No por motivos culturales. Si su vestido de luz no está en el estado requerido, toda su cultura no es más que un vestido que les oprime y que les será tomado de nuevo o rápidamente desgarrado. Ciertamente no por motivos culturales, sino a causa del toque del nuevo campo de radiación intercósmico que nos abraza a todos, a nosotros y a nuestros semejantes, como le hemos explicado.

Os hemos hablado del dodécuple campo de radiación piramidal del zodíaco. desde el eclipse del 20 de junio de 1963, es cada vez más activo. Durante el año que viene, este campo de radiación aumentará de día en día hasta unirse inevitablemente a nuestro campo de vida, arrastrando toda clase de consecuencias.

Este nuevo campo de radiación se orientará literalmente sobre el santuario de la cabeza de cada ser humano, más especialmente sobre la cima, hacia el circulo de fuego de la pineal. Falta por saber si el proceso de cambio al que estarán sometidos todos los hombres sin excepción, tocará a estos en un sentido positivo o negativo. Todo depende de su capacidad de reacción actual. Vamos a darles alguna idea sobre ese proceso y podrán así establecer en si mismos cuanto difiere para unos y para los otros; como se volverá para unos una resurrección, una elevación, pero para los otros una caída absoluta.

Supongamos pues, primeramente, que su vestido de luz está suficientemente preparado (a ese respecto piensen en el más detallado Evangelio Gnóstico de la Pistis Sophia). Han sintonizado totalmente su voluntad a la Voluntad divina. Su vestido de luz se esfuerza en recibir el Soplo de Dios y de comprender Su Voluntad. Y están preparados interiormente para tomar toda medida y ha aportar todo cambio necesario, para su aprendizaje. En pocas palabras, se han unido en la medida de lo posible a las nuevas influencias de radiación que les envuelven.

Si ese es su estado de ser personal, se dirigen sin duda, con una gran apertura, al reencuentro con la Mónada, ya que el campo de radiación ha llenado por así decirlo todas las lagunas aún existentes. (La Mónada es el Espíritu mismo, el aspecto más elevado y más divino del hombre. La Mónada es el verdadera Hijo de Dios, la Chispa divina misma). En ese mismo instante empieza para el candidato una nueva mañana. Su vestido de luz es de una luminosidad espléndida y maravillosa, envolviendo el vestido material con el Manto de oro de las Bodas. Con justicia el vestido de luz unido a la Mónada es llamado en los textos sagrados <<el manto de oro de las Bodas>>. Es el nuevo cuerpo del Alma. Cuando la unión íntima del vestido de luz y de la Mónada se ha vuelto fuerte y sólida, se desarrollan una serie de propiedades nuevas y antes absolutamente imposibles.

Dos de entre ellas aparecen muy deprisa. Primero el vestido de luz se separa completamente del vehículo material. Este existe aún, pero el vestido de luz se ha liberado de él. Aún trabaja con ese vehículo material, pero ya no está sometido a ciertas leyes naturales. La segunda propiedad es la liberación del mundo tridimensional, de las fuerzas de la pesadez de la naturaleza inferior y, por ello, si se lo desea, una elevación absoluta y el reencuentro con la Fraternidad de la Vida en las nubes del cielo. Esperamos explicarles, en nuestra próxima alocución lo que entendemos por ello; en cuanto al desarrollo negativo que sufrirán forzosamente los que no han preparado a tiempo su vestido de luz y sobre lo cual hemos callado hasta ahora, intentaremos igualmente esclarecerlo para ustedes en nuestra próxima alocución.

 

Si desean purificar su vestido de luz en el sentido del que hablamos, les exhortamos entonces a tomar de corazón el consejo de adoptar un quíntuple comportamiento nuevo. Y consideren bien que la liberación verdadera no vendrá jamás permaneciendo sentados en su sofá u ocupándose únicamente de su biblioteca o de sus tesoros, permaneciendo como un erudito de salón. Si no hacen nada por sus semejantes, la bendición siempre tardará. Y después la Luz se retirará. Por eso les decimos: La primera condición para todo alumno verdadero de la Rosacruz de oro es siempre: Ofrecer su sangre, aportar su ofrenda sobre el altar del servicio; desvivirse por sus semejantes, por muy penoso que eso sea y en caso de necesidad hasta desfallecer. Esta es la exigencia. ¡La vida liberadora no viene sobre las alas del viento!, vertir su sangre, tal fue el ejemplo grandioso, el magnífico ejemplo dado por todos nuestros antepasados de la Comunidad de la Rosacruz Viva; llevado por la idea central única: Jesucristo.

Si ustedes deciden vertir también su sangre, hacer ese sacrificio por el mundo y la humanidad, la segunda condición se manifestará: la calma, la serenidad tan necesaria para su éter nervioso; y después en tercer lugar, emanará de usted una radiación de éter nervioso que les permitirá ayudar siempre a los demás en sus desgracias.

En cuarto lugar, si perseveran, encontrarán firmemente sujeto a sus manos el Bastón de Moisés. A partir de entonces, dominarán el fuego de la serpiente y, por medio de ese fuego, avanzarán hacia el objetivo final.

Para finalizar, en quinto lugar, recibirán la comprensión, la comprensión que nadie puede darles, la única comprensión que deben ustedes mismos adquirir gracias a la luz interior. Sin embargo, una vez más y no lo olviden jamás, esta luz interior se desarrolla exclusivamente si vierten su sangre en imitación de Jesucristo.

 

Epílogo

 

Así queremos con celo hacer todo lo que pueda estimular la abertura de la Rosa del corazón y abandonar lo que pudiera dificultar ese proceso.

Nosotros sellamos esta decisión:

Entramos en la plenitud

de la vida del nuevo comportamiento.

Desvelar con nosotros este secreto.

¡Estad con nosotros en esta vida!

Entonces aparecerá el resultado:

la extinción del fuego infernal.

Entonces nos aproximaremos juntos

al altar ardiente y secreto de Dios.

 

 

Bendición final

 

Nos deseamos los unos a los otros

volvernos testigos vivientes

de las Fuerzas de Luz

que realizan en nosotros la Transfiguración. Amen

 

 

 

 

 

                                                                         III

 

                                    EL REGRESO DEL CRISTO Y LA NUEVA

                                                MANIFESTACIÓN ETÉRICA

 

 

Voto

 

Que la Misericordia, la Paz y el Amor

sean multiplicados en ustedes,

por Dios el Padre,

en Jesucristo nuestro Señor,

en la Comunidad del Espíritu Santo. Amen.

 

Oración

 

Señor, henos aquí ante Tu Faz.

No te pedimos más Luz,

sino oídos que comprendan Tu Palabra de Amor.

 

No anhelamos una Fuerza mayor,

sino hacer un empleo más justo, día tras día,

de lo que nuestra alma ha recibido de Tu Mano.

 

No pedimos, Señor, nuevos dones,

sino sólo la capacidad de calmar la sed a otros

con la Fuente interior que Tú has establecido. Amen.

 

Ritual

 

Cuando la Fraternidad universal de los Hijos de Dios emprende un trabajo en favor de una ola de vida particular, esta actividad no es nunca experimental ni sometida a ningún factor especulativo. En su base se encuentra siempre un plan. Este plan emprendido en el momento justo triunfará perfectamente. Así, cuando la Fraternidad de los Hijos de Dios, en la era aria, comenzó su trabajo por la humanidad, con el fin de dar a conocer la Única Verdad y propagarla, el éxito estaba asegurado de antemano.

Este trabajo a largo plazo es triple; conoce tres fases. En la primera fase, la Cadena Universal obra para la humanidad, en la segunda, obra con la humanidad y en la tercera, por la humanidad.

Ello quiere decir que, en los primeros tiempos de la era aria, cuando el cuerpo racial de la humanidad apenas era aún capaz de manifestar, en la esfera de la materia una conciencia un poco despierta y que aún no se trataba de una vida un poco consciente, fueron los Hijos de Dios quienes dirigieron a la joven humanidad y regularon el curso de su vida y todos los procesos relacionados con ella. Así pues en esta época, esta Fraternidad sublime obraba literalmente para la humanidad.

En la segunda fase, la conciencia de la joven humanidad había madurado y se había desarrollado suficientemente. El hombre seguía su camino a través de los dominios terrestres hasta el nadir de la materialidad. El desarrollo intelectual aumentó hasta tal punto que la Verdad, que se encontraba en la base de toda existencia, pudo serle revelada.

Desde ese instante, los Hijos de Dios se aproximaron directamente a la humanidad. Comprenderéis cuan necesario era esto. Pues ¿como el hombre habría podido conocer por si mismo esta Única Verdad? Debía serle revelada por aquellos que vivían en ella.

Desde entonces comenzó este poderoso y magnífico periodo humano que nos cuentan nuestras leyendas, el periodo en el que los Dioses aparecieron en la tierra y moraron en ella con los hombres, entre los hombres en tanto que verdaderos Sacerdotes y reyes. Es así como la Verdad permaneció en el medio de nosotros. Así es como la Verdad nos llamó a regresar hacia nuestra verdadera patria. Entonces nació el tercer periodo. El hombre había escuchado la verdad. El hombre había visto la Verdad viva tomar forma en muchos. La gran apertura se había efectuado. El hombre debía ahora probar que podría realizar la liberación por sus propias fuerzas. En lo sucesivo, la Verdad debería ser conocida en la humanidad y por ella misma. El Sacerdocio real humano había nacido. Entonces los Hijos de Dios se retiraron a sus propios dominios de vida para aportar, desde allí, toda ayuda y toda directiva que se revelara necesaria.

Es necesario ver claramente que, tan lejos como se remonte la memoria del hombre, siempre hubo una jerarquía humana de sacerdotes-reyes, inquebrantable e indestructible, enteramente sintonizada y unida a la Cadena Universal de los Hijos de Dios. Pensar en la Orden de Melquisedec. Pensar en Jesucristo nuestro Señor, un Hijo de Dios nacido de los hombres. Los siglos han difuminado su mensaje a la humanidad, ¡pero la verdad vive! Ella permanece a través de todos los siglos, y aquellos que la anuncian siempre se darán a conocer. Amen.

 

 

Os leemos un fragmento del 90avo capítulo del evangelio de los Doce

 

De nuevo los Doce se reunieron al interior del circulo de las palmeras; y uno de ellos, Tomás, preguntó a los otros: ¿Que es la verdad? Una única y misma cosa se presenta diferentemente a diferentes pensadores y se presenta incluso diferente a un mismo poder del pensamiento, en tiempos diferentes. ¿Que es entonces la verdad?.

Mientras que discutían, Jesús apareció en el medio de ellos y dijo:

<<La verdad única y absoluta solo está en Dios; pues ningún hombre, ni ningún grupo de hombres conoce lo que solo dios conoce, aquel que es todo en todos. La verdad se manifiesta a los hombres según su facultad de comprenderla y de acogerla. La verdad tiene numerosas facetas y uno no ve más que una pequeña faceta, otro ve otra, y uno ve más que el otro según le es dado.

Observar este cristal: la luz única se manifiesta en las doce caras, si, en las cuatro veces doce caras; y cada cara refleja un rayo luminoso; uno considera una de las caras, otro otra cara; sin embargo, solo una luz brilla en todas las caras. Para cada uno sin embargo la Verdad es tal como la ve, según su propio pensamiento y hasta que una verdad superior le sea revelada en el momento requerido. Al alma que puede recibir una luz más elevada, más luz le será aportada.

No juzguéis a los otros para no ser juzgados. Más de uno me dirá: «Señor, Señor, hemos propagado Tú Verdad con celo» pero yo les diré: «No, habéis sido celosos para que los demás compartieran vuestra comprensión y no aceptasteis ninguna otra verdad.»

La fe sin el Amor está muerta. El Amor es la realización de la ley. La Verdad es el gran poder de Dios. La Verdad triunfará finalmente de todo error. Sin embargo la Santa Ley que yo he dado es para todos clara, equitativa y buena.

Puedan todos mantenerse en ella para la Salvación de su Alma.>>

Amen.

 

 

 

 

 

 

 

Tercera alocución

 

<<El día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De golpe vino del cielo un ruido como el de un viento impetuoso, y lleno toda la casa en donde estaban sentados. Unas lenguas, parecidas a lenguas de fuego, se les aparecieron, separadas las unas de las otras, y se posaron sobre cada uno de ellos y fueron llenados del Espíritu Santo y se pusieron a hablar otras lenguas, según el Espíritu les daba por expresarse.>>

 

Ustedes conocen esta parábola extraída de los Hechos de los Apóstoles ¿Verdad? Ella nos va a servir para llegar al corazón del asunto que hoy nos ocupa y que les ha conducido hasta esta Conferencia. Y les decimos: Un nuevo campo de radiación procedente de la naturaleza superior nos envuelve, a nosotros y a nuestros semejantes. En la medida en que se vuelve suficientemente fuerte, ese campo de radiación actúa sobre nuestro vestido de luz, que hemos descrito otra vez más detalladamente estos días atrás. Nos alcanza en el santuario de la cabeza, en esta parte que corresponde al circulo de fuego de la pineal. Cuando sufrimos ese toque, nos llega bajo la forma de numerosas impresiones auditivas y visuales. Lo escuchamos como un ruido de trueno o bien percibimos radiaciones y efectos luminosos que se comunican a todo el grupo.

Esta experiencia es totalmente lógica y se la puede explicar y comprender muy bien. Ya que la estructura orgánica del santuario de nuestra cabeza ¿no es capaz de recibir las mínimas impresiones, las impresiones más sutiles? He ahí porqué los que se han preparado seriamente y pueden así recibir espontáneamente las impresiones de la Naturaleza superior, experimentarán al principio como una intensa emoción que se comunicará al santuario de la cabeza bajo forma de luz y de sonido. Y esto es solo un principio. Es como un primer estremecimiento que les recorre. Si han sintonizado de la justa manera su voluntad al tiempo nuevo que viene, y todos debemos reflexionar en ello, entonces se abre el círculo de fuego de la pineal. Por esa apertura, la Mónada desciende en el círculo de fuego y se une, se une a la pineal.

En el caso que no sepan aún lo que hay que entender por <<apertura>>, recuerden nuestras exposiciones sobre las Bodas Alquímicas de nuestro Padre, Hermano Cristián Rosacruz: Para que tal apertura se produzca, es preciso que sea aniquilado el rey que domina nuestro sistema, el ser yo ordinario, en sus diversos aspectos, con todas sus afinidades y tendencias.

Una vez adquirida esta apertura en la cima del fuego de la serpiente, la Mónada, el Espíritu vivo mismo, puede descender en el circulo de fuego. En ese instante todo su cuerpo de luz, todo su ser se estremece, es abrazado, inflamado y, en su vestido de luz, esta fuerza ardiente le desata de su cuerpo físico.

Tal vez pueda ahora representarse como en ustedes todo va a cambiar, como si hubiesen sido tocados por una formidable emoción. Les decimos estos días, que el vestido de luz representa al doble etérico de su cuerpo físico. Ciertamente, en ese nuevo estado de ser que intentamos explicar, este vestido de luz continua realizando sus funciones en el cuerpo físico. Pero ha adquirido además una total libertad de acción. su vestido de luz ha sido desatado, liberado, como aspirado hacia el círculo de fuego de la pineal, siendo ustedes total y plenamente conscientes. La Lengua sagrada designa a ese estado por la expresión <<estar en el mundo, pero no ser de este mundo>>.

El Espíritu, la Mónada, llena totalmente el vestido de luz, sus mínimos aspectos, cada uno de sus átomos. Entonces Él establece su foco en la pineal, de la que procede la voluntad y la conciencia.

Tal vez comprendan que, cuando la Eternidad se introduce así en el tiempo, cuando el Espíritu se manifiesta en él, todos los aspectos temporales del vestido de luz son como engullidos! Toda su naturaleza, con todos sus fluidos vitales, está totalmente sintonizada con el Espíritu Vivo que la ha penetrado. Y en el mismo instante, es difícil de decir como, (Pablo habla de un instante preciso en donde todo esto tiene lugar, en donde el Espíritu es recibido y donde todo ha cambiado) al instante mismo pues empieza la fase de la transfiguración, en el curso de la cual, el alumno vive simultáneamente en dos mundos: El mundo de la decadencia y la Naturaleza superior. Pero atención, no en un estado de trance cualquiera, no por medio de una miserable imitación oculta, no traspasando los dominios que llamamos esfera reflectora, sino gracias a la nueva conciencia que luce, clara y completa: Participación en el mundo del Espíritu vivo, el dominio de la Fraternidad, en los dominios del sexto y séptimo grado de la Escuela Espiritual.

Esto significa poseer el cuerpo ordinario tan conocido, mientras está libre de ese cuerpo, independientemente de él. Estar independiente de los sufrimientos corporales que podríais aún sufrir, de los eventuales tormentos que ese cuerpo sufre. Estar libre, viviendo, verdaderamente. Pablo dice: <<En el cuerpo o fuera del cuerpo, estamos en el Señor.>> La muerte entonces es vencida. Llegado su tiempo, el cuerpo físico será simplemente depositado en el estado en que se encuentre en ese momento. Cuando el vestido de luz retorne a los dominios del Espíritu, el cuerpo material desaparecerá de una manera muy especial o enigmática en apariencia, como lo dejan suponer los Evangelios en muchos casos. La forma en que se produce esta desaparición depende totalmente del grado de adelanto del proceso de la transfiguración. Ya que es un Espíritu santificante, un Espíritu curador el que viene hacia ustedes en la Mónada para un desarrollo totalmente nuevo, en el momento en que les ha liberado de su pretendido estado <<de ser viviente>>.

Actualmente experimentan este estado como una vida trepidante aunque no tiene nada en común con la vida. Solo hay una Vida verdadera, la que resulta de la entrada del Espíritu en la pineal. Por ello ya no se agarren con todas sus fuerzas a la existencia terrestre, ya que desde el origen son llamados a esta Vida verdadera.

Si pueden ahora representarse ese proceso y vivirlo por poco que sea, comprenderán también que los que reciben la Mónada en el círculo de fuego de la pineal y comprueban su influjo en el vestido de luz, que estos hablen al instante otras lenguas, es decir las lenguas que el Espíritu les da a hablar.

¿Comprenden estas palabras? No se trata de esas habladurías mediumnicas, de toda la cháchara que se oye en las sesiones de espiritismo. (¡Es totalmente incomprensible, que tantas personas participen aún en eso!) No es tampoco un ensombrecimiento por una entidad cualquiera, sino de hablar el único lenguaje universal del Espíritu, comprendido por todos aquellos que buscan verdaderamente al Espíritu.

Deberían poder representarse -puesto que estudiamos ya desde hace tantos años con ustedes la Enseñanza Universal- como cambian todos los aspectos, toda la estructura orgánica de la cabeza cuando la Mónada desciende y que unida a la pineal, llena ese santuario, mientras que el chakra de la laringe, ese maravilloso sistema del que se podría decir que dirige el santuario de la cabeza, es dirigido por el Espíritu. Entonces este órgano creador superior se abre totalmente, y habla, debe hablar en otras lenguas. En el momento en que ese importante centro funciona como debe, es siempre el lenguaje del Espíritu el que expresa la palabra. Y se comprende lo que la Lengua sagrada dice al respecto, por ejemplo: <<Dios habla, y ello es. El ordena, y ello es>>.

Lo que se ha vuelto así activo, es el gran poder mágico universal. Este estado es siempre imitado por especuladores y por esta razón les preguntamos: ¿Han comprendido en que sentido universal el Espíritu se dirige a la Comunidad?

 

Este es el corazón del mensaje de la Conferencia de Renovación de <<Aquarius>>: La manifestación del Espíritu, el descenso del Espíritu de Dios, del Verbo de Dios en el hombre, la pertenencia a la filiación divina, el regreso del Cristo, la iniciación en los Misterios de la Rosacruz Universal, la edificación de la Iglesia verdadera, única y universal, que va a comenzar ahora, en nuestra época, gracias al descenso de la atmósfera apropiada que nos envuelve a todos, a nosotros y a nuestros semejantes. La situación que vivimos actualmente se ha producido frecuentemente en el pasado de la humanidad cada vez que una cosecha debía ser acogida y entrojada en el tiempo. se puede decir que ese proceso es literalmente el retorno del Cristo, el regreso absoluto.

En la siguiente alocución trataremos de decirles como deben comprender el Espíritu Santo, lo que es en realidad. Y verán entonces claramente que, en todas las manifestaciones del espíritu Santo, hay una progresión sistemática. se habla de un regreso del cristo, de una cosecha que debe entrar en los graneros. Pero la futura cosecha que va a empezar es muy diferente de todas las precedentes.

Les hemos descrito cual era la reacción ideal y perfecta al toque intercósmico, que permite un reencuentro absoluto, cara a cara. Pero decimos para tranquilizarles que todos los que no están, o no están aún admitidos en el sentido absoluto en este poderoso proceso -y que se podría pensar que la salvación les abandona- no se encuentran forzosamente del lado malo de la línea de separación que va ensanchándose. No, debemos mostrarles los diferentes grados del desarrollo positivo. Todos, podréis entrar en el Único Reino. Os lo decimos sin ninguna exaltación mística. Pero es preciso que se pongan manos a la obra, ahora, hoy. Pues cualquiera que no lo haga estará irrevocablemente sometido al desarrollo negativo.

En el transcurso de uno de los últimos Servicios de Templo en Haarlem, hemos hablado de las consecuencias generales del nuevo campo de radiación válido para todos los hombres en el mundo.

Igualmente les hemos recordado durante un servicio de nuestra Conferencia de <<Aquarius>> que, dentro de poco, se desarrollará gradualmente la vista etérica. Ya que, cuando ese nuevo campo de radiación toque el círculo de fuego de la pineal, resultará como mínimo un reforzamiento de la actividad del tálamo óptico, esas ramificaciones nerviosas sutiles que unen la pineal a los ojos. Y es así como unas turbaciones de la vista se declararán en los que no han oído jamás hablar de la preparación del círculo de fuego de la pineal. Oirán hablar mucho, en un próximo futuro, de diferentes enfermedades de los ojos. Por otra parte la vista etérica se desarrollará, la cual nada tiene que ver, anotarlo bien, con la vista espiritual. Hemos hablado ya de esta vista espiritual que es un desarrollo perfecto y muy especial de la pineal en relación con la Mónada.

La vista etérica se desarrolla siempre por los nervios ópticos. Un afinamiento de nuestra estructura orgánica conllevará un funcionamiento diferente de los ojos que designamos como la vista etérica. Comprenderán que esta vista etérica por si sola provocará ya en esta mundo un formidable cambio. Nada menos que una revolución mundial, que concernirá a todos los pueblos.

Ya que imagínese un poco que, en los días futuros, mientras que hasta ese momento solo se veían cosas materiales, súbitamente percibir los dominios sutiles que nos rodean, aumentando vuestro espacio vital y ¡que esto le ocurra a toda la humanidad!. Participará de repente en otro campo de existencia, en una vida extremadamente diferente, en la vida que vuelve posible nuestra existencia en la materia y que determina toda nuestra existencia material. Ya que, desde el punto de vista material, hemos dicho, que es gracias a nuestro doble etérico que existimos.

Pues bien, toda la humanidad se pondrá progresivamente a ver en el dominio de la vida etérica, la parte etérica de la esfera reflectora. Todos los hombres participarán personalmente en esta vida. Toda la humanidad tendrá pues acceso a la esfera reflectora en sus diversos aspectos y será victima de sus terribles ilusiones. Los velos de esta escena se apartarán delante de los hombres, que descubrirán que la vida en la esfera reflectora no tiene tras ella ningún plan superior, y que está totalmente fundada en la ilusión.

Al fin, penoso detalle, se descubrirá toda la hez, toda la miseria etérica que, mucho más que la de la esfera material, devora nuestro vestido de luz y vive de él. Nuestros medios actuales de limpieza no pueden nada contra ello. Si tiene las manos sucias, puede lavarlas. Si no se sienten limpios pueden tomar un baño. Pero, queridos amigos, centenares de baños sucesivos no les quitarán la suciedad de la esfera etérica que les envuelve tal vez por todos los lados.

La higiene corporal actual no es de ninguna utilidad. La única cosa verdaderamente necesaria, es el nuevo comportamiento, nada más. En un próximo futuro, solo el comportamiento será el verdadero método de purificación. En efecto, gracias al nuevo comportamiento, su vestido de luz cambia, otra radiación emana de ustedes y con este hecho apartan toda la miseria etérica.

Comprenderán que, cuando la humanidad conozca esos nuevos desarrollos, todo el orgullo, toda la ilusión, toda la presunción caerá. El hombre se dará cuenta que, aunque llamado a lo que hay de más elevado, es a menudo y bajo muchos aspectos el ser que ha caído en lo más bajo y que está más unido a la tierra. esta situación provocará violentas reacciones psíquicas en innumerables humanos, lo que les empujará a buscar de nuevo. Intentarán encontrar una salida a esta situación de la que empiezan ahora a tomar conciencia. Intentarán encontrar otras formas de purificación y otros métodos de elevación. Respetarán otros valores humanos en relación, como hemos dicho, con el comportamiento, no solamente relativo a la vida exterior sino sobretodo a la vida interior.

A la luz de todo lo que les acabamos de decir, vean ahora que notable porvenir, que porvenir apasionante le espera a la humanidad, así como los desarrollos extraordinarios que va a vivir y esto porque el nuevo campo de radiación intercósmico, el Espíritu Santo, toca el círculo de fuego de la pineal.

Y tan solo les hablamos de una parte de las consecuencias que conllevará la vista etérica para la humanidad. Podríamos estudiar innumerables líneas de desarrollo futuras. Sin ninguna duda tendremos la ocasión próximamente a propósito de los acontecimientos. Sería posible entretenerlos durante horas con todo lo que será desenmascarado en el futuro. Y no exageramos de ninguna manera diciéndoos que estos acontecimientos provocarán una revolución social completa.

¿Piensan que alguien osaría aparecer sobre el podium si alguno viera como se presenta su vestido de luz y a que fuerzas etéricas está unido? ¡Ciertamente no asará mostrarse si no satisface un mínimo de condiciones! El nuevo desarrollo psíquico contribuirá mucho a la revelación de la verdad.

 

Este <<abajo las mascaras>> va a desarrollarse en los días, en los meses y años futuros. Y tenemos una misión que cumplir a este respecto durante esta Conferencia. Les hemos descrito la evolución de los que pueden entrar ya en la vía liberadora. Hemos visto que el mundo nuevo se abre para los que es posible calificar de alumnos verdaderos.

Comprenderéis pues que se va a producir un cambio total en la Escuela Espiritual en el curso de los meses y años próximos. No podemos contentarnos con hablarles y remitirnos a ustedes para que pongan en práctica nuestras palabras. La Escuela Espiritual debe formar rápidamente una comunidad de hombres y mujeres que practiquen efectivamente el nuevo comportamiento. Solamente entonces constituirá en nuestro mundo la Fuerza constructora y de socorro que empieza a mostrar. Una nueva enseñanza se adaptará a esta evolución en la Escuela Espiritual, enseñanza fundada exclusivamente sobre hechos que cada uno podrá verificar.

Debemos pues describirles igualmente las condiciones de vida mínimas que hay que satisfacer hoy. Indicamos esas condiciones a los que aceptan emprender una marcha liberadora, pero que, por una razón cualquiera, no lo han empezado todavía.

¿Saben porqué? La razón es de las más clásicas. Cuando la llamada resuena: ¡Id al encuentro del esposo! estamos todos entonces prodigiosamente atareados. <<Pero es que tengo que hacer primero esto; tengo que ir a ver como va aquello; tengo aún algo que arreglar; tengo que poner orden en mi vida profesional, ¡no puedo dejarlo todo plantado!>> etc. Así es como lo describe la Lengua Sagrada y como lo confirma la práctica. Todos tenemos terriblemente cosas que hacer; estamos todos ocupados en todo y en nada, en tanto que lo más importante, lo más sublime, lo dejamos para el final. Todo esto debe ahora pertenecer al pasado.

 

Queremos al fin hablarles del desarrollo de los que conocen bien el Camino pero no quieren en absoluto recorrerlo. Les recordamos que hace años encontramos a un joven que nos dijo: <<Yo se que tienen razón. Se cuan justo es el camino que ustedes siguen. ¡Pero yo no lo haré, no lo haré!>> Y lo declaraba con toda la energía que estaba en él. Este hombre que conocía el camino, el proceso, pero estaba totalmente decidido a no seguirlo tuvo un fin miserable, un fin terrible.

Les decimos eso no solamente para advertirles, sino para señalarles también la profunda seriedad de nuestros argumentos y la gravedad de los tiempos que vivimos. Se trata ahora del <<todo o nada>>.

Esperamos conocer mañana su decisión.

 

 

Oración de clausura

 

Abran perfectamente su corazón.

Escuchen la Voz interior,

después de haber terminado el combate.

 

Elévense con sus dos alas

por encima del mundo de la ilusión.

Quieran, en el presente, ir hacia su padre.

 

La Espada del Espíritu Santo ahuyenta el mal,

y el adversario se aparta de ustedes.

 

Y purificados y limpios,

habiendo concluido el viaje,

el Hijo de la Plenitud se engalana

con la exigencia cumplida. Amen.

 

 

Bendición final

 

Sabed que la unidad con el Espíritu Universal Séptuple se realiza solamente cuando la vibración fundamental emana del centro del ser real, que es en Cristo.

Y todos aquellos que llaman así serán bienaventurados, es decir iluminados por el Espíritu Santo. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                         IV

 

                                     LA COMUNIDAD DEL ESPÍRITU SANTO

 

Voto

 

Nos encontramos en la Luz irradiante del Espíritu divino y sabemos que,

si estamos verdaderamente reunidos aquí sobre la base del Alma viva, comprenderemos y entenderemos totalmente la palabra pronunciada.

Amen.

 

<<¡Oh profundidad de la Riqueza,

de la Sabiduría y de la Ciencia de Dios!

¡Cuan insondables son Tus juicios,

e incomprensibles Tus caminos!

¿Pues quien ha conocido el pensamiento del Señor,

o quien ha sido Su Consejero?

¿Quien Le ha dado primero,

para que haya de recibir compensación?

Es de El, por El y para El que son todas las cosas.

A El sea la Gloria por todos los siglos. Amen.>>

 

Rosa Mystica 69

Tres candelabros arden vivamente,

las tres veces siete Luces.

Ellos no pueden iluminar sin más

el Camino de la Salvación.

 

Los negros velos de la noche

nos mantienen prisioneros.

No hay ayuda que pueda aplacar

el ardiente deseo.

 

Hasta que en el Santuario del Corazón

comienza el gran combate,

y el yo apaga el candelabro

causante de todo el sufrimiento.

 

Una Nueva Luz irradiará entonces

con tres veces siete colores.

Y el corazón florecerá como una Rosaleda

en toda su magnificencia.

 

El candelabro de la Cabeza

saludará entonces al Espíritu.

Y ved, el Alma Renacida

va al encuentro de su Dios.

 

Juan I

 

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porqué era primero que yo. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.>>

 

Ritual

 

<<Que vuestra luz luzca ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos.>>

Aquel que deja verdaderamente a <<su luz brillar ante los hombres>>, como lo expresa la Doctrina Universal y toda la Lengua Sagrada, debe hacerlo en un estado de conciencia nuevo en desarrollo. La conciencia-yo que el hombre posee y conoce solo es capaz de expresarse en las esferas de vida de la naturaleza de la muerte. Es incapaz de entrar en la realidad de la verdadera Vida y de impulsar al alma a un estado consciente.

Es pues evidente que cualquiera que quiera ser un alumno verdadero de una Escuela Espiritual Gnóstica debe, después de un cierto tiempo de preparación y de orientación, despojarse de su antiguo estado de conciencia para dar al nuevo estado de conciencia la posibilidad de manifestarse. Llamamos ascensión de la montaña al proceso que conduce a ello. Cuando este proceso tiene éxito, el alumno participa efectivamente en el nuevo estado de conciencia, que es al mismo tiempo un estado del alma viva y centelleante. Este alumno, que se ha vuelto un discípulo, posee una nueva fuerza-luz que proviene de su propio ser interior, y debe ir, con esta fuerza-luz del alma viva hacia el mundo y la humanidad. ¡Es esta luz la que debe brillar ante los hombres! Pues únicamente por esta luz pueden ser ayudados los buscadores y llegar más rápidamente a resultados liberadores.

Únicamente por esta luz los hombres unidos por el mal pueden ser desligados del mal que los encadena y recibir la posibilidad de volverse buscadores.

Únicamente por esta luz el mal, con sus efectos totalmente destructores, puede ser circunscrito al interior de los límites naturales.

Únicamente por esta luz las esferas de vida del hombre pueden ser suficientemente purificadas y conservadas para volverse realmente campos de desarrollo para los que son llamados a ser Hijos de Dios en el sentido más profundo.

Si nuestra Escuela Espiritual quiere ocupar su lugar en el poderoso y maravilloso trabajo al cual es llamada ella también, sus miembros deben dar la prueba y el testimonio de la posesión de esta luz.

Cada uno comprenderá que después de los numerosos años de orientación y preparación que nos han sido concedidos, la llamada actual resuena para todos nosotros: <<Hacer irradiar la luz ahora, claramente, ante los hombres, para que vean y descubran los resultados de vuestras obras.>> Amen.

 

 

 

 

Cuarta alocución

 

<<Entonces la señal del Hijo del hombre aparecerá en el Cielo.>>

Conocen sin duda estas palabras del Evangelio de Mateo, capítulo 24, así como muchas otras de este capítulo. Es un pasaje particularmente oscuro del Nuevo Testamento, pero esta profecía está basada en un hecho científico. Todos los que están acogidos en el campo de Luz de la filosofía de la Fraternidad Universal conocen el pasado, el presente y el futuro. tienen el conocimiento de la evolución del mundo.

He ahí porque, como el autor del Evangelio de Mateo, los antiguos Hermanos presentaban siempre las cosas muy concretamente, como si ellas anunciarán un acontecimiento presente. Sabían pues que el Día del Señor no podía llegar en no importa que momento, sino también que todos los hombres debían prepararse para ello en su vida presente. Por eso redactaban sus profecías para un presente absoluto, eterno.

En cuanto a nosotros, les presentamos esas cosas de la misma forma, porque el tiempo ha llegado. Lo que los antiguos profetizaron va a realizarse en nuestros días y entonces sabrán que esos hermanos no eran de ningún modo unos exaltados. Cuantas veces habrán pensado: ¡Hace dos mil años que se ha profetizado tal o cual cosa y aún no hemos visto nada! ¿No será una fábula? Sin embargo, comprenderán ahora porque la profecía de los acontecimientos futuros fue ya hecha hace dos mil años.

Los grandes procesos de modificación de la atmósfera de nuestro mundo se han vuelto visibles; se revelan un poco por todas partes y traen con ellos <<la señal del Hijo del hombre>> En efecto, las condiciones atmosféricas determinan el valor de las radiaciones que ejercen su poder sobre el hombre en un cierto momento. El desarrollo de esos fenómenos toma e influencia pues su vestido de luz, que es llevado a un cierto estado. Así es como es determinada la marcha de las cosas y el destino de la humanidad. la naturaleza de las radiaciones empuja a la humanidad a una cierta manifestación; por ello influencian su vestido de luz, armoniosamente o no.

Así, de las fuerzas cósmicas e ínter cósmicas, depende el destino de la humanidad. El Hijo del hombre es el Espíritu viviente. El Hijo del hombre es todo lo que vive y está en el Espíritu, por el Espíritu y con el Espíritu. Por eso el Hijo del hombre es la viviente Fraternidad misma. Vivimos, existimos gracias a nuestro vestido de luz. Cuando la Vida Divina Universal, de la que todos hemos salido, debe comunicar o aportar algo a la humanidad -por que cierto periodo está llegando a su fin y le sucede un nuevo escalón del destino- es lógico y razonable que esto se produzca por medio de un campo de radiación especial, que envuelve a la humanidad e influencia sus actividades bajo todos sus aspectos.

Por esto el Vestido de Luz de Dios engloba al vestido de luz de los hombres al cual, todos, deben adaptarse. Nadie escapa a esta exigencia, nadie escapa a esta influencia. Lo importante ahora es saber como el Vestido de Luz de Dios os tocará y también en que estado de ser se encuentran en ese momento, ya que las reacciones resultantes dependen del estado de ser del momento; de él depende todo nuestro destino. ¡Atención, en efecto, la Fraternidad no actúa jamás de forma arbitraria!

Todo hombre recibe en el momento requerido lo que necesita. El nuevo campo de radiación que nos envuelve proviene del Amor divino, incluso si lo sentimos como un fardo pesado, como un castigo. Para propulsar a la humanidad hacia un bien superior, el nuevo campo de radiación posee todo lo que el hombre necesita, todo lo que puede soportar.

Consideren entonces lo siguiente: Un gran número de entre ustedes está en la Escuela Espiritual desde hace numerosos años. A todos ustedes se les plantea la pregunta: ¿Han empleado efectivamente todos estos años de la justa manera? ¿Han utilizado todos los medios de la única manera para llegar a la autorrealización? Si este no es el caso, es comprensible que el nuevo campo de radiación no les haya tocado de manera muy armoniosa; entonces deben considerar toda esa desarmonía en su vida como una gracia infinita. No es ni un castigo, ni una venganza, sino el Amor de Dios que es irresistible. Y si sienten ese toque de una forma inarmoniosa, como un latigazo, es que es preciso que así fuera.

 

Antes de seguir digamos una vez más que la humanidad debe pasar por doce fases de evolución. Ella recibe esas doce influencias, atraviesa esos doce desarrollos en el transcurso de un solo año estelar (esotérico). En cada uno de ellos, tiene una cierta tarea que realizar. Se habla también de estos doce aspectos, de estas doce influencias zodiacales como de doce hermanos que están alrededor de nosotros y cerca de nosotros.

El periodo de Acuario que va ahora a comenzar está perfectamente sostenido por los once hermanos restantes, lo que explica porque vemos actualmente aparecer una pirámide zodiacal dodécuple. En esta marcha evolutiva dodécuple, en el transcurso de esos doce periodos, intervienen siempre siete fuerzas, siete manifestaciones etéricas para una santificación, así pues para curar y salvar. El Cuerpo etérico curador, que es el de las siete fuerzas que provienen de los doce hermanos, de los doce signos del zodiaco, descienden hacia nosotros en nuestra época; nos toca y quiere salvarnos, al menos ponerse a nuestro servicio, ayudarnos.

En el transcurso de un año estelar, en cada una de las doce fases de evolución de la humanidad, el Cuerpo etérico que nos toca es diferente del precedente. La regularidad, la hora de la realización de esta ley universal no puede ciertamente ser parada por nada ni por nadie; ya que esto en un momento dado no gustaría a alguien, por ejemplo. Todos, de arriba a abajo, tanto el señor Kennedy, presidente de los Estados Unidos como el señor Krouchev, que dirige la Unión Soviética, deben conformarse a ello. El Espíritu Santo viene hacia todos, el Cuerpo Séptuple del Espíritu nos penetra a todos.

Y si, ahora, esta mañana (ya que el día ha llegado), evocamos el Cuerpo sagrado de nuestro Padre Hermano Cristián Rosacruz, este cuerpo nos tocará en función de nuestro estado de ser del momento.

Hablamos de Rosacruz porque nuestro vestido de luz es un sistema de focos de fuerza en forma de cruz. Cuando separan las piernas y los brazos, ven netamente dibujarse la forma de una estrella, en la que debe figurar la Rosa y la Cruz. Esta rosacruz constituye pues su vestido de luz con numerosos centros de fuerza, o «rosas», que se manifiestan en forma de estrella de cinco brazos.

Es todo este sistema el que debe, en nuestra Rosacruz viva, consagrarse al Cristo, confiarse al ser Crístico, identificarse con Él, volverse perfectamente uno con Él.

Por eso hablamos de Cristián Rosacruz. Y ahora que les colocamos en ese campo de radiación, ahora que los siete aspectos del Espíritu Santo Séptuple nos tocan, nuestra Mónada penetra en nuestro sistema y es la señal del Hijo del hombre al que saludamos como Dios de Dios, Espíritu del Espíritu.

Sin embargo, si esto no es aún posible es siempre una poderosa fuerza de purificación que nos toca como una espada. Cuando el Espíritu fluye, nadie, retengan bien esto, nadie puede sustraerse a Él. Esta espada puede alcanzarnos, perforarnos, desgarrar nuestro vestido de luz y mostrarnos muy claramente lo que, hasta ahora, nos impedía recibir una bendición de valor eterno. Quienes lo experimentan reciben, en esta fuerza particular de radiación y por ella, el medio de realizar el gran y santo trabajo, el Misterium Magnum esperado por todos ustedes. Cualquiera que sea su estado de ser, recuerde bien que todos están en condiciones de realizar el gran trabajo gracias a la Fuerza recibida aquí esta mañana. Pero vigilen no obstante igualmente lo siguiente: No sabemos de cuanto tiempo disponen aún.

 

Y ahora habrán comprendido sin duda, con la ayuda igualmente de los autores del Nuevo testamento, que este tiempo de preparación empezó hace alrededor de dos mil años: <<¡Preparaos! ¡El tiempo ha llegado! ¡Vigilar a fin de no ser tentados!>>. Los hermanos lo han establecido así en previsión del día de hoy, con los ojos fijos en el tiempo que se ha vuelto actual.

Nadie puede decir: No lo sabía. Tal vez han tardado demasiado tiempo en poner al día su reacción positiva.

Miren como la comunidad actual del Espíritu santo, que procede del Espíritu santo y existe por Él, vive interiormente. Pero, cuidado, ¡no intentamos ponerles en un estado de trance o exaltación mística! Queremos más bien echar una mirada lúcida sobre esas cosas, examinarlo todo fríamente, científicamente. Y pedimos toda su atención ya que esta misión que hemos recibido, estas palabras que vamos a pronunciar, es el espíritu quien nos las dicta.

La comunidad de tres mil almas, aquí presente en este Templo, recibe plenamente los dones de gracia del Espíritu Santo. Lo que es ofrecido aquí es para todos ustedes sin excepción. Todos recibimos los dones de gracia actuales, del Espíritu santo y por Él. Y ustedes están ya dentro o tal vez aproximándose. Toda la comunidad de los que han penetrado y de los que se aproximan con el corazón a la Escuela Espiritual están acogidos en el flujo del Espíritu. Todos son admitidos en ese campo de radiación, todos sin excepción.

¿Como es posible, preguntarán? Para comprenderlo, consideren ahora la imagen que da la Escuela Espiritual actual: en la cima se mantiene la Comunidad de la Vida.

Y de tiempo en tiempo podemos evocar al Gran Maestro de la Cadena Universal. Por debajo se reagrupan: el Consejo de Ancianos, la Comunidad de la Cabeza de Ora, la Falange Sacerdotal llamada Ekklesia, la Falange Sacerdotal en preparación, a la que llamamos la Escuela de la Conciencia Superior.

Vemos a continuación una comunidad ya muy fuerte de alumnos confesionales, una comunidad de alumnos probatorios, una comunidad de alumnos preparatorios y los que pueblan el atrio. Está además la viviente comunidad de la Juventud.

Todos estos aspectos son agrupados bajo el término de Comunidad de la Rosacruz. Sobre toda esta Comunidad, sobre este Cuerpo Vivo, afluyen los dones de gracia del Espíritu santo. Y ninguno de entre nosotros debe sentirse o considerarse demasiado débil. Ya que en la Comunidad actual del Espíritu santo, todos somos inconmensurablemente fuertes.

Aclaremos esto. En nuestra Escuela Espiritual llamamos al Espíritu Santo, el Espíritu Séptuple. En el transcurso de los doce periodos que conforman un ciclo sin fin, en una progresión continua, siete fuerzas se nos aproximan. Se manifiestan sin cesar como siete rayos de la Razón divina para establecer en el tiempo el Plan de Dios para el mundo y la humanidad. Ahora bien, comprendan que es imposible que el Plan de Dios cese de ejecutarse por la razón que sea. Evidentemente debemos colaborar con él en concordancia con los objetivos perseguidos, sino toda resistencia es rota como por una violenta tempestad, no como un castigo, sino para eliminar lo que no responde a ello. Piense ahora en el poderoso símbolo que domina el podium del Templo de Haarlem que representa el vestido de luz del ser humano, una estrella quíntuple, un verdadero Rosacruz vivo. Esta luminosa estrella está rodeada por un circulo, el círculo zodiacal, el círculo de los doce hermanos que se manifiestan a toda la humanidad bajo una forma cada vez diferente y de donde provienen las siete veces siete gradaciones etéricas del Espíritu santo.

Estos siete veces siete toques están destinados para realizar plenamente el vestido de luz de cada uno. Este símbolo no es pues, como podría creerse, un signo perteneciente al pasado, el engloba presente, pasado y futuro. Ya que, comprenderlo bien, al igual que, de años estelares en años estelares, se suceden los doce periodos humanos, igualmente los siete veces siete aspectos del Espíritu Santo llevan, con una fuerza-luz siempre en aumento, la efusión de fuerza hasta su punto culminante, que será alcanzado en un futuro lejano.

Comprendemos así que la efusión del Espíritu santo se refiere a una fuerza indivisible y extraordinaria, que siempre fue la misma y que es y será siempre la misma. Esta manifestación divina en el hombre sigue, al mismo tiempo que este, una vía, un proceso de desarrollo, y vemos representado en el símbolo de Haarlem está vía de desarrollo de la presencia de Dios en nosotros, de Dios que se manifiesta en nuestro vestido de luz.

Pero es preciso que el hombre escoja el mismo ese camino. Es necesario que tenga verdaderamente la voluntad de recorrerlo. Por ello, a quien desee volverse alumno, le es formulada esta pregunta esencial en la Escuela Espiritual: ¿Está dispuesto a aceptar las consecuencias de su elección? De lo contrario, la persona no está en su sitio en la Escuela Espiritual. Todo hombre es bienvenido a ella, pero debe aceptar las consecuencias del camino. Hemos establecido esto por el Espíritu Santo y en Él. El toque del Espíritu es intransigente. Debe ser vivido con todas las consecuencias que resultan de ello.

Cuando el ser humano invoca al Espíritu Santo, debe seguir el camino de los doce hermanos. Debe decidirse positivamente y demostrar esa decisión por su comportamiento. Ya que el Espíritu Santo sólo actúa exclusivamente de forma liberadora, el Espíritu Séptuple solo es verdaderamente salvador cuando se ha hecho, real y verdaderamente, la elección del camino.

Si no el Espíritu Séptuple es para nosotros tan solo una fuerza natural superior, que nos arrastra en la rueda perpetua del nacimiento y de la muerte, en la sucesión de los periodos en los que el curso se ajusta a las leyes de la naturaleza.

Si no obstante aceptan conscientemente la efusión del Espíritu Séptuple, les toca entonces en su vestido de luz y en un momento dado, ya no les es posible renegar de su influencia. Si la rechaza, es evidente que una desarmonía aparecerá en sus diversos fluidos vitales. Así se explican las turbaciones psíquicas. Una vez suprimida esta desarmonía las turbaciones desaparecen y, como saben, la muerte es vencida.

Si alguien hace realmente la elección y recibe con este hecho al Espíritu Santo en su vestido de luz, esta persona está entonces unida, atada al Espíritu El descenso del Espíritu Santo en su sistema lo cambia, o lo compromete en el proceso de cambio. Pero si no se mantiene en la ley nueva que va a gobernar su vida, surgirán las más grandes dificultades, como sin duda comprenderán.

Por el contrario si escoge recibir esta fuerza poderosa, esta fuerza divina, adaptándose totalmente a sus leyes, entonces el Espíritu Séptuple desciende sobre ella, sin desplegar no obstante todo su poder y sus cuarenta y nueve aspectos. ¿Quien de nosotros lo soportaría? No, el Espíritu Santo solo se manifiesta por una fuerza a la que cada uno puede responder en su estado de ser del momento. Recibimos solo lo que podemos soportar, a lo que podemos satisfacer. Piensen a este respecto en la parábola de los talentos. Ya tengan diez o uno sólo, serán juzgados con respecto a lo que han recibido.

Vemos pues que, en el transcurso de los siglos, hay momentos en donde el desarrollo normal de los procesos naturales vitales cambia radicalmente. Nos acercamos muy rápidamente a un momento así, a una verdadera crisis mundial de la humanidad, a una revolución total. Suponemos que esto tendrá lugar en los dieciocho a veinte próximos años, como ya hemos dicho, o tal vez más pronto. ¿Comprenden que, en lo que a nosotros concierne, esta situación no puede tolerar ningún aplazamiento. Y esto es lo que explica esta Conferencia. Pero comprenda al mismo tiempo, que no queremos coaccionarles de ninguna manera.

Esperamos que ninguno de ustedes, por no haberse preparado, sea cogido desprevenido por la violencia y las fuerzas de los acontecimientos futuros. Ya que es cierto que la humanidad, no estando preparada, encontrará numerosas dificultades. Por ello la Fraternidad Universal se esfuerza hasta el extremo para ahorrarle esta violencia a la mayor parte de la humanidad.

Eso explica, en particular, la presencia y las actividades de la Escuela Espiritual actual. La Escuela Espiritual de la Rosacruz aparece siempre cuando los tiempos van a cambiar. Viene bajo múltiples aspectos, con el fin de que nadie sea excluido de su influencia y de que todos puedan beneficiarse de su trabajo. Vivir el aprendizaje preparatorio no es para nadie un arte imposible de aprender. Si están dispuestos según su estado de ser a recorrer el camino que les indicamos con todas sus consecuencias, entonces la degeneración de los procesos naturales le serán ahorrados y se elevarán directamente en la comunidad de los hijos de Dios. Relean una vez más la profecía tan conocida que figura en los Textos Sagrados. Lo que transmite bajo la forma de profecía se vuelve hoy realidad. Y, una vez más, cuando se aproxima semejante crisis, la Escuela Espiritual aparece siempre con el fin de ir hacia los que arriesgan con perderse (lo que pocos hombres evitarán en el sentido profundo) y de reunir en el redil a todos los que ella encuentre.

La Escuela Espiritual forma un Cuerpo Vivo con siete aspectos, que comprenden siete grados, desde los alumnos preparatorios hasta el Consejo de los Ancianos. Este último constituye el sexto aspecto, pero hay aún un séptimo. Algunos, en nuestra comunidad, representan entre ustedes este séptimo aspecto. Y ahora, a esta comunidad, del alumno más mediocre al más avanzado, le es propuesto aceptar las Leyes del Espíritu Santo y de aplicarlas interiormente.

Aceptando y siguiendo esta proposición, el grupo forma al instante una comunidad exclusiva que se distingue excepcionalmente del resto de la humanidad. Entonces resuena de nuevo para nosotros las palabras ya citadas: «Dejar vuestra Luz brillar ante las hombres a fin de que vean vuestras buenas obras y que glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos».

Supónganse que deciden en el presente, con toda la fuerza que está en ustedes, abrirse al descenso del Espíritu Santo. Reciben entonces este Espíritu en su ser, en su propia Rosacruz. Al mismo instante irradian la luz de la comunidad de la Rosacruz de Oro en medio de las tinieblas de este mundo. Y empujados por los acontecimientos mundiales, innumerables serán los que se lanzarán ardientemente hacia la Escuela Espiritual para entrar, si ello es posible, en esta viviente comunidad de liberados. Vengan con nosotros; esta comunidad sigue el camino recto, un camino exclusivo, que conduce directamente hacia lo alto. La fuerza de todos está allí para todos. En verdad el fuerte lleva al débil ya que la magia del Amor Divino vigila para ello.

Pero para esto, compréndalo una vez más, existe una exigencia de base absoluta: Que tomen la decisión de acceder a esta comunidad del Espíritu Santo y que su decisión se muestre por un comportamiento positivo. Tan solo así se constituye la Escuela Espiritual, en verdad y en realidad. Tan solo así la Escuela Espiritual responderá a sus objetivos y estará en medida de reconducir verdaderamente a casa a todos los que pertenecen al Cuerpo Viviente.

No vamos a lamentarnos, en general, de la pureza de nuestra Escuela Espiritual actual. Formamos en el conjunto una excepción bastante notable por nuestra sintonía. Sin embargo la gran crisis se aproxima y como pronto se tratará en la comunidad de los hijos de Dios, <<de ser o no ser>>, debemos decidirnos a exigir de ustedes, que dicen pertenecer a la comunidad actual de Cristian Rosacruz, una promesa clara y una decisión positiva.

Si aceptan esto, entonces la primera comunidad cristiana de este siglo se volverá una realidad, una comunidad que profundiza verdaderamente la amplitud y el hecho de «ser Cristo» y que, en verdad, lo confiesa. Si desean seguir con nosotros, hermanos y hermanas, los caminos del futuro, tengan a bien levantarse.

 

            Decidimos unirnos bajo las alas del Espíritu Santo. Decidimos y nos prometemos mutuamente consagrar toda nuestra vida a la comunidad de la Santa Rosacruz y de demostrarlo por nuestro comportamiento. Amen

 

He aquí que ello está bien, hermanos y hermanas, he aquí que está muy bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

Oración de clausura (Apocalipsis 22, 17-21)

 

<<Y el Espíritu y la Esposa dicen: ¡ven!

Y el que oye, diga: ¡ven!

Y el que tiene sed, venga;

y el que quiera, tome del Agua de la Vida gratuitamente.

Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este Libro:

Si alguno añadiere a estas cosas,

Dios traerá sobre él las plagas que están descritas en este libro.

Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta

profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida y de la Santa Ciudad y de las cosas que están escritas en este Libro.

El que da testimonio de estas cosas dice:

Ciertamente vengo en breve. Amen.

¡Si, ven, Señor Jesús!.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros.>> Amen.

 

Bendición final

 

Hermanos y hermanas, henos aquí de nuevo, en tanto que humanidad en la fase de la efusión actual del Espíritu Santo.

Que, tocados por este Espíritu, lleven a buen fin la tarea de su aprendizaje, esa es nuestra esperanza y nuestro ruego. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          V

 

                                               PREGUNTAS Y RESPUESTAS

 

La Conferencia de Renovación <<Aquarius>> terminó con una reunión en el Templo, en el transcurso de la cual fueron respondidas algunas preguntas hechas por los alumnos. Publicamos aquí esas preguntas y las respuestas dadas por el Señor J. van Rijckenborgh.

 

 

1 EL SIMBOLO «AQUARIUS»

 

Pregunta: ¿Que significa nuestro símbolo «Aquarius»?

 

Respuesta: Nos encontramos, nosotros y nuestros semejantes, al inicio de un nuevo periodo de la humanidad. Un campo de radiación intercósmico que nos envuelve totalmente inaugura, dirige y pondrá fin a este periodo en el tiempo requerido. Designamos este principio de la manera clásica como un salir el sol, una aurora, la señal de un nuevo Día que despunta. A partir del momento en que puede contemplarse esta aurora, el mundo es tocado por el resplandor radiante de la nueva era, compuesta de siete veces siete radiaciones del Espíritu Santo. Fíjense en las señales de oro que se pueden descubrir en el campo azulado. Es la forma en que simbolizamos el descenso y la actividad del Espíritu Santo.

Tal como lo hemos explicado en esta Conferencia, el Espíritu Santo acompaña a la humanidad por un camino. Desde el alba de la manifestación humana, el Espíritu Santo guía a la humanidad por este camino. Pues bien, actualmente, en el periodo que empieza para la humanidad, ese camino está colocado bajo el signo de Acuario, Aquarius. Este signo está representado en nuestro emblema por las dos líneas sinuosas que simbolizan el Agua Viva derramada sobre la humanidad, el Agua Viva que, según la Lengua Sagrada, nos es ofrecida gratuitamente. De este modo nuestro emblema pone el acento en el periodo que viene, la era de Acuario está cerca. Es, como ya saben, un signo del zodíaco, uno de los doce signos que, por el heraldo de Acuario, el planeta Urano, es unido a la humanidad, a la tierra. El símbolo muestra, al interior del signo de Urano, una espada perforando la tierra, traspasando el mundo. Acuario y su planeta dominante, Urano, trabajan pues completamente en concierto como se deduce del emblema.

Urano es lo que llamamos un planeta de los Misterios. Cuando los Misterios, de los cuales les hemos hablado durante estos días de Conferencia, vienen sobre la humanidad y ejercen sobre ella su influencia, el planeta Urano juega un gran papel. Urano abre al hombre. Urano conduce al hombre por caminos totalmente fuera de la tierra, por encima de la tierra. Por ello algunas personas, influenciadas por Urano de forma negativa, a veces pueden dar pruebas de excentricidad así como de talentos excepcionales, que no saben en que emplear y que manifiestan de forma extravagante. Esta tendencia es la señal de una influencia negativa, típica de Urano. Los que reaccionan positivamente se comportan de otra manera. No podemos sin embargo entrar ahora en más detalles ya que esto como en casi todas las cosas que conciernen a nuestra filosofía se podría hablar de ello sin fin.

 

2. LA FRATERNIDAD DE LA VIDA

 

Pregunta: Durante la Conferencia de Año Nuevo, en Calw, nuestro Gran Maestro dijo que en el transcurso de la fiesta <<Aquarius>>, entidades de las Fraternidades que nos precedieron estarían entre nosotros y serían vistas no solamente espiritualmente sino corporalmente. Actualmente esto es para nosotros un enigma.

 

Respuesta: En efecto nos acordamos de todo lo que fue dicho en Calw. En lo que concierne a <<Aquarius>> podemos decir que esta Fiesta ha tenido éxito por encima de toda esperanza, en el sentido más perfecto, y superado en mucho la fiesta de Wezak de otras veces. Queremos decir con ello que la Fraternidad precedente ha estado en efecto entre nosotros. Estoy convencido que muchos de entre ustedes han sentido estas impresiones. Puedo afirmar expresamente que la Fraternidad estaba entre nosotros en la realidad de su existencia. Los hermanos y hermanas del nuevo reino estaban con nosotros de una forma muy especial. Tal vez estaban ustedes sentados en el transcurso de un servicio al lado de uno de ellos. ¡No esperen, sin embargo, que ellos desfilen como un cortejo, aquí, en el lugar del Servicio! no va con su naturaleza. La Fraternidad del Nuevo País solo decide venir entre nosotros si ello es necesario. Y es cierto que, si por lo menos son alumnos serios, han estado en contacto con tales hermanos y hermanas sin darse cuenta. Remitámonos a este respecto a la Lengua sagrada.

Es posible que pueda decirse de alguno de entre vosotros: «Sus ojos estaban ciegos con el fin de que no pudieran ver» ¿Porqué no lo han percibido? En verdad amigos míos, ¡esas cosas ocurren siempre por su bien!. Lo repetimos con insistencia: todo lo que les ha sido transmitido aquí, lo hemos recibido nosotros mismos para transmitírselo. No existe ninguna asamblea en el marco de la Fraternidad de la Rosacruz en la que pueda decirse: «Hoy, la Fraternidad nos ha olvidado» o «Ella no estaba con nosotros» . La Fraternidad de la Vida vela día y noche sobre todos nosotros. Y por ello amigos, si no han experimentado aún la vida interior como lo hubieran deseado, les decimos: Esperen tranquilamente su hora y manténganse en lo que hemos decidido juntos. En el momento favorable esas cosas se revelarán a ustedes.

Es preciso decir adiós a las visiones de ciertos místicos a quienes los hermanos y hermanas liberados aparecen en un momento dado revestidos con ropa blanca. No se trata de eso. Conocen tal vez esta forma de representarlos: agitando palmas y cantando de la mañana a la noche. Es seguramente interesante de ver durante cinco minutos, como máximo, ¡pero muy rápidamente aburrido a morir! Hay que adoptar, y esto es lo que cuenta, otro punto de vista. El contacto con la Fraternidad Universal es cotidiano, pero en general sus ojos están ciegos para que no puedan verlo, ¡por lo menos de la forma en que piensan que deben verla! Esperamos poder hablarles de todo esto en un próximo futuro, a través de los hechos mismos. Para terminar le repito que no estamos decepcionados bajo ningún aspecto respecto a esta Conferencia; por el contrario ha sobrepasado nuestras esperanzas.

 

 

 

 

3. NUESTROS HIJOS

 

Pregunta: Puede usted darnos más amplias informaciones sobre las eventuales reacciones de nuestros hijos en lo que concierne a los grandes cambios futuros.

 

Respuesta: Quisiéramos decir que deben vigilar particular y escrupulosamente a sus hijos en los tiempos futuros. Ya que, en el medio de los remolinos de nuestra época, en donde el gran adversario, del que frecuentemente hemos hablado, ataca con todas sus fuerzas, cualquier cosa puede ocurrirles. Será, y es ya, como un huracán durante el cual se busca reunir lo más rápidamente posible todo lo que tiene valor antes de ponerse al abrigo. Piensen un instante en la terrible catástrofe y en el espantoso maremoto que tubo lugar hace algunos años en Zelanda y en el Brabante Occidental. Cada familia tubo que escoger sin vacilación la justa dirección para escapar de la muerte. Les damos este ejemplo a propósito de sus hijos. No tienen necesidad de llevarlos de forma draconiana; actualmente los niños ya no lo soportan. En nuestros días ya no se les puede imponer, como en el ejercito, tal o cual deber. Esto está excluido. El niño es hasta un cierto punto demasiado libre para esto, demasiado liberado de las coacciones.

Deben envolver a sus hijos con solicitud y con un gran amor día a día. Deben dialogar con ellos e intentar preservarlos de todo ataque posible. Y presten sobre todo atención a la televisión. Si algo deben prohibir expresamente, es mirar la televisión.

¿Que ocurre en efecto en las horas de los programas para los niños? Los pequeños amigos se llaman: «¡Venir, va ha empezar!» Hay que enseñar a sus hijos a permanecer libres, enseñarles a decir un <<no>> positivo. Ya que no hay en nuestra época nada más peligroso para ellos. A este respecto les hemos hecho llegar algunas publicaciones y les hemos advertido de diferentes formas. ¡Sean pues prudentes! Y es evidente que, tanto tiempo como el niño se encuentre en el campo de radiación de sus padres, tanto tiempo como esté, en el sentido más literal, bajo las alas de su padre y de su madre, su comportamiento personal es de primerísima importancia.

Lo esencial no es la forma en que ustedes se comporten afuera, en la sociedad o en otra parte, sino ante y por encima de todo, ¡su comportamiento en casa! ¿Reina en ella una atmósfera serena? Si sus hijos crecen en un interior sereno, lo que es una exigencia mínima, entonces ustedes les ayudan por encima de toda medida.

 

4. LOS HIJOS MINUSVALIDOS

 

Pregunta: He comprendido el origen de las enfermedades y dolencias de la humanidad; sin embargo, podría usted mostrarnos como estas se explican en los niños y sobre todo en los bebes.

 

Respuesta: A este respecto, usted sabe cual es, en particular, la responsabilidad de los químicos, que fabrican experimentalmente numerosos remedios; algunos se han revelado extremadamente nocivos para la generación futura. Si ocurre que tiene un hijo minusválido es para ustedes una gran pena. Y compartimos su pena, su dolor. Sin embargo, hermanos y hermanas, nada se produce por azar. Conocen la ley de causa y efecto que gobierna la vida humana. Si tiene usted un hijo minusválido, no pregunten la causa, seguramente no se podría encontrar; además si la conociera les parecería absolutamente razonable. A este respecto no busquen jamás la causa en los otros, sino siempre en la realidad de su propia existencia.

Si toman conciencia, pueden humildemente empezar de todo corazón su aprendizaje sobre la base de esa realidad, confesarla, vivirla, a fin de que su hijo, su hijo minusválido, sea bañado, envuelto por la Luz maravillosa que viene hacia ustedes gracias a la Fraternidad. ¿Que mejor destino se puede desear para su hijo? Entonces esto irá bien y ustedes aceptarán plenamente el sufrimiento, la tristeza que les es enviada. Y si existe la mínima posibilidad de ayudar a sus hijos sobre cualquier aspecto, conocen el trabajo del <<Rozenhof>>; el servicio de ayuda del <<Rozenhof>> hará todo lo que está en su poder con este propósito.

Lo que sin embargo es de primerísima importancia, es su propio estado de ser, que recae sobre sus hijos. Ya que si una gota de agua limpia, una gota de agua perfectamente pura, cae en un foso de barro, la pureza desaparecerá al mismo tiempo que la gota de agua. Por eso les repetimos, intenten, de abajo hacia arriba, en su familia, en su casa, dejar acceso a la Luz. Y recibirán toda la ayuda posible.

 

 

5. EL GRAN ADVERSARIO

 

Pregunta: Estoy en la Escuela desde hace seis años. La he reconocido interiormente como la única salvación. Y no obstante, en ciertos momentos, siento en mi una resistencia total, unida a sentimientos de angustia, probablemente la angustia primitiva del yo animal. Es el caso, por ejemplo, cuando escucho ciertos mantrams o en el momento de un reencuentro con los representantes de la Cabeza de Oro. Sufro esta situación pues no la quiero pero ella viene del fondo de mi ser. ¿No es preferible que vuelva a alumno preparatorio?

 

Respuesta: No, amigo, esto no es deseable. En efecto ¿que ocurre en realidad? Cuando la Luz nos toca, despertamos al gran adversario. No considere a este como un demonio exterior, sino como una resistencia interior, una resistencia que está en usted. El hecho de que su adversario personal se ponga a actuar contra usted y provoque en usted tensiones es la prueba que la Luz interviene en su vida.

Les recordamos a este respecto el Evangelio de la Pistis Sophia, la lucha intensa que esta debe soportar y que este Evangelio nos describe en detalle. La Pistis Sophia tiene naturalmente momentos de duda profunda -piensen en los cantos de arrepentimiento- y aunque ella lo exprese de otra forma, ella cae en el estado que es el suyo. <<¿No es preferible que me detenga?>> Ya que empieza por penetrar hasta detrás de los velos del treceavo Eón, pero siempre es inmediatamente rechazada, reenviada hacia su estado natural. En efecto, ¡nada puede omitirse en el camino!. Hay que combatirlo todo, vencerlo todo y el adversario, en ustedes, se sublevará hasta el último momento.

¿Como se ha desarrollado en su sistema este adversario? Es comprensible. Ustedes saben que esta vida no es la primera y única que atraviesan. Hay numerosas detrás de ustedes en la naturaleza de la muerte. Y en esta naturaleza han transgredido a menudo, antaño, las leyes del Señor, han cometido muchas faltas. Es lógico, de otra forma no estarían aquí. Esto es evidentemente valido para todos.

En consecuencia se desarrolla en ustedes un ser que resiste, un ser del pecado y una situación astral que el vivifica. Sin embargo, esta última (y esto no es agradable de escuchar) no desaparece sino que vuelve en cada nuevo nacimiento, en cada nueva vivificación de la personalidad. Es a esta situación a la que somos confrontados y, como Jesús el Señor, debemos saldarla. Como se dice en los Evangelios, antes de seguir la Vía Dolorosa, Jesús tubo que afrontar a Jesús en él.

Pues bien, como Jesús el Señor, que ha dado el ejemplo, debemos también arreglar las cuentas con el adversario presente en nosotros. Y por eso, usted que ha preguntado, no esté inquieto. Tenga plenamente confianza en su aprendizaje. Ya que todos ustedes han recibido, en estos días, lo que tienen necesidad para tratar a ese fatal adversario de forma que no vuelva más.

El adversario en ustedes es un ser ilusorio, aunque realmente viviente, al igual que la esfera reflectora entera existe si bien es una ilusión absoluta. ¿Desean aún un ejemplo? Piensen en el libro de Gustav Meyrink titulado: «El Ángel de la Ventana de Occidente». Piensen en el héroe de ese relato que llega al jardín de la iniciación, pero que sin embargo está confrontado aún con su adversario. Este último que se manifiesta en él bajo toda clase de apariencias, surge en esta historia bajo la forma de una espléndida criatura femenina que le seduce, llevándole hasta un punto que podría serle fatal. En un momento dado, y justa a tiempo, se da cuenta y ve que esta seductora criatura desaparece en la nada para siempre. Se eleva entonces, si mal no recuerdo, un vapor pestilente con olor a muerte. Todo termina aquí. Si el interesado hubiese dado un paso más, hubiera sido precipitado en el abismo, dice el relato.

He aquí una imagen que, bajo muchos aspectos, ilustra la realidad. Por ello, amigo que hace esta pregunta, no cometa la tontería de decir: <<Voy a volver al aprendizaje preparatorio>> o <<vuelvo al atrio>>. Esto en general significa, aunque no siempre, el principio del fin. Es el adversario en usted el que os sugiere <<¡No te comprometas, no lo lograrás, no eres lo suficientemente fuerte!>> Y le presenta toda clase de deseos terrestres ilusorios, como por ejemplo fumar vuestro pequeño cigarrillo. etc. No vuelva pues, querido amigo, al estado de alumno preparatorio. ¡Permanezca firme!.

 

 

6. LAS DOCE FUERZAS DEL ZODIACO

 

Pregunta: Con profunda gratitud hemos recibido el Mensaje divino y nos alegramos ahora de poder seguir efectivamente el camino. ¿Podemos preguntarle donde comienzan las doce fuerzas zodiacales? ¿Es con Acuario? ¿Y porque se habla de Rosacruz actual?

 

Respuesta: La calificamos de actual para indicar que la Fraternidad de la Vida no opera de la misma manera que hace, por ejemplo, doscientos años. Es verdad que les hemos dicho durante esta Conferencia que los desarrollos del Zodiaco y que los rayos del Espíritu Séptuple que alcanzan a la humanidad en el curso de estos diferentes periodos siguen con ella un camino evolutivo. Por esto la situación no es semejante en cada periodo. Podría ocurrir que en cierto momento les propusiéramos cosas totalmente diferentes de las propuestas por una antigua Fraternidad de hace unos cientos de años.

En general, en occidente, se dice que los signos del zodíaco empiezan por Aries y termina con Piscis. Pero es un dato arbitrario ya que, el zodíaco no tiene principio ni fin. Los procesos zodiacales de los que hemos hablado envuelven el campo de desarrollo como un círculo de eternidad. Se podría decir, sí, hay que decir: el zodíaco empieza en nuestros días por el signo de Acuario, Aquarius, esto es lo que es necesario actualmente para nosotros. Como hemos dicho, el zodíaco nos envuelve como una cadena de doce hermanos que poseen toda la sabiduría, todas las posibilidades puestas a disposición de la humanidad desde la aurora de la manifestación humana, pero el acento se encuentra siempre en un aspecto diferente. ¿Cuantas veces ha pasado ya la humanidad por una era de Acuario? No obstante la que viene será totalmente diferente a la precedente. Es preciso tenerlo claro, no vivimos en un universo estático sino en una Manifestación universal divina muy dinámica, siempre en progresión, propulsando y elevando siempre más al mundo y a la humanidad, así como a todas las otras olas de vida, hacia una gloria y una majestad cada vez más grandiosa. Hacia donde nos llevara esto, ninguna criatura podrá concebirlo jamás.

 

 

7. EL TOQUE DEL ESPÍRITU SANTO.

 

Y para terminar, he aquí una carta que les leemos en parte: <<Desde hace algún tiempo, noto un contacto con el Espíritu Santo, tanto en los Servicios en el Templo de Haarlem como en el de Renova. Mi sangre reacciona allí y tengo mucha calor. Alguien me ha dicho que encontraba esto muy regocijante. Mi pregunta es la siguiente: Mi conciencia superior no ha aparecido todavía ¿A que se debe este fenómeno?…>> Vienen a continuación cierto número de suposiciones.

 

Respuesta: Amigo que pregunta esto, permítanos decirle ¡que se equivoca completamente! Ese toque que usted siente no viene del Espíritu Santo. Cuando Este toca a un hermano o a una hermana, la reacción es completamente diferente. Se trata entonces de <<ser o no ser>> del <<todo o nada>>. Lo que probablemente ha sentido proviene de ciertas tensiones que se vuelven contra usted. Puede que sea incordiado por su glándula tiroides, responsable de estos síntomas cuando se está sometido a fuertes tensiones que provocan un calentamiento de la sangre.

Amigos míos, han tenido que soportar a veces, estos días, el poderoso toque del Espíritu Séptuple. Este toque solo, es individual cuando el interesado ha llegado a una cierta apertura del santuario de la cabeza, muy especialmente en el espacio cerebral que envuelve la pineal. Así pues, a esta glándula, está unida la voluntad completa. Se trata pues de someter nuestra voluntad a Dios y de implorarle interiormente: <<Señor, que Tu voluntad se haga>>. Cuando esto tiene lugar, y si su vestido de luz lo permite, La Mónada desciende a él.

Hemos oído decir que algunos hermanos y hermanas han pedido a uno de nuestros oradores una oración mantrámica. ¡Queridos amigos sean prudentes! Solo pueden utilizar mantrams si su vestido de luz satisface unas exigencias mínimas, y consecuentemente recorren el camino de renovación demostrándolo por su comportamiento. Entonces llega el momento en que pronuncian esta oración: <<Señor hágase Tu voluntad>>. Es totalmente imposible que el Espíritu Santo llegue a tocarles si su vestido de luz está totalmente cerrado, y si no han mostrado aún un cambio positivo en su comportamiento. Ya que el toque del Espíritu Santo sólo sería para ustedes una fuente de tormentos.

Y aún esto será diferente cuando, pronto, el campo de radiación intercósmico toque a la totalidad de la humanidad. Llegado ese momento, ninguna demora podrá ser tolerada ya que todo se realizará de forma irrevocable. Cada uno deberá entonces rendir cuentas por su propio comportamiento.

 

 

Palabras finales

 

Hermanos y hermanas, no encontramos ninguna palabra para expresar la gratitud que nos llena por haber estado reunidos durante estas jornadas de la Conferencia de Renovación <<Aquarius>>.

Cuando más tarde entren en sus hogares, tengan la seguridad de que la Bendición estará con ustedes, que la Fraternidad estará cerca de ustedes, sobre todos sus caminos, así como en los momentos difíciles de su vida. Amen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NO HAY ESPACIO VACIO

 

 

 

                               Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo

 

 

Los temas tratados en esta edición han sido tomados de las Conferencias que fueron dadas por el Lectorium Rosicrucianum en el año 1958 en el Centro de Conferencias «Renova», en Holanda.

 

Con mirada visionaria, el Sr. Jan van Rijckenborgh transmitió una grandiosa imagen del cosmos, microcosmos y macrocosmos, y colocó muy encarecidamente a los oyentes ante la necesidad de una elección definitiva entre el camino de la muerte y el camino de la vida.

 

Así, muchos años más tarde, en un período en que la humanidad se esfuerza por conquistar el espacio, el contenido de estas alocuciones se ha vuelto aún más actual que en aquellos tiempos.

 

Nos alegra sobremanera el poder ofrecer en forma de libro estos artículos, hasta ahora publicados en revistas, a un círculo mayor de lectores.

 

Que esta edición pueda contribuir a que muchos buscadores descubran la Luz de la Verdad.

 

La Editorial

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1

Las corrientes magnéticas

 

 

 

La fuerza de la gravedad y los fenómenos inherentes a ella son, en general, bien conocidos por todos. La actividad gravitatoria es debida al formidable poder magnético de nuestra Tierra; de hecho, nuestro planeta es un gigantesco imán. No sólo los polos, sino cada centímetro cuadrado de su superficie irradia este poder magnético.

 

Un imán posee dos propiedades características: atrae y repele. ¿Qué atrae y qué repele? Atrae objetos, cuerpos, corrientes y fuerzas que le son afines, que le son simpáticos, y repele todo lo que no es afín a él. Estas dos propiedades características del imán se distinguen claramente en el campo magnético de la Tierra. La corriente repelente es, al mismo tiempo, irradiante, por ello es la que manifiesta las cualidades del planeta. De esta forma, todo lo que está en relación armoniosa con estas cualidades es inhalado por la corriente atrayente.

 

El comportamiento antipático, por lo tanto, es solamente una de las propiedades de la corriente magnética irradiante del campo terrestre. Esta corriente se comporta antipáticamente frente a fuerzas, cosas y estados que, por su naturaleza, son enemigos y perjudiciales para el planeta. Esta corriente vigila para que nada que no sea bueno pueda penetrar en él. La corriente antipática apoya así a la corriente atrayente: cuando la corriente antipática identifica a algo como enemigo o como dañino para el planeta, es decir, no bueno o discordante, entonces la corriente simpática no lo aceptará. Las leyes de simpatía y antipatía son, pues, leyes simplemente naturales, de suma importancia para el laboratorio de la naturaleza. No obstante, también pueden degenerar y volverse muy desagradables, dañinas y peligrosas. Si la desnaturalización supera ciertos límites, hasta la vida en la Tierra podría volverse imposible.

 

La corriente magnética irradiante es, lógicamente, aquélla que muestra las necesidades y menesteres del planeta, con el fin de que la corriente atrayente pueda recibir e inhalar del campo intercósmico los elementos necesarios. El campo magnético de la Tierra es, pues, un campo de respiración, con una manifiesta inhalación y exhalación.

 

Como sabemos, la Tierra y todo lo que vive en ella necesitan:

 

1º  materiales sólidos, líquidos y gaseosos,

2º  éteres, y

3º  fluidos astrales.

 

Por otra parte, en concordancia con ello, la Tierra posee también tres cuerpos: la esfera material, la esfera etérica y la esfera astral.

 

El magnetismo terrestre se puede diferenciar de la misma manera. Tanto la corriente atrayente como la corriente irradiante poseen propiedades y vibraciones físicas, etéricas y astrales. Por ello, los tres cuerpos de la Tierra que hemos mencionado forman, en colaboración con esas corrientes magnéticas, un gran laboratorio químico, donde se fabrica, o transmuta para su utilización, todo lo que la Tierra y sus olas de vida necesitan. Por consiguiente, un planeta se autoabastece en casi todos los aspectos.

 

La gran fuente de las fuerzas magnéticas terrestres se encuentra en el interior de la Tierra. Esta fuente es alimentada a su vez por el Sol, del cual deriva. Por esta razón, la Tierra puede ser considerada con justicia como «hija directa del Sol».

 

Además, la Tierra es «la madre de todos nosotros». Ella está polarizada de determinada manera, esto quiere decir que en el manantial magnético de la Tierra se encuentran dos puntos muy sensibles, conocidos en la superficie como los dos polos magnéticos. La posición del eje magnético de la Tierra y todos sus movimientos están determinados por el Sol, el cual rige todas las situaciones del sistema solar. De esta manera, todos los procesos magnéticos que tienen lugar en la Tierra y a su alrededor, así como los procesos químicos y todos los aspectos vitales, muestran una forma que les es propia, una configuración atómica propia y una polarización atómica especial, totalmente diferente de la de otros planetas de nuestro sistema solar. Por ello, cada planeta tiene un sistema magnético diferente.

 

Puesto que todos los planetas que conocemos son hijos del mismo Sol, es evidente que a pesar de sus diferencias existe un cercano parentesco, así como importantes intereses comunes, que deben ser recíprocamente respetados. El Sol, con todos sus hijos, forma una gran familia muy unida, en la que todos sus miembros trabajan juntos.

 

Es indispensable que expliquemos el mecanismo de toda esa cooperación, con el fin de que nadie se encuentre desprevenido ante los acontecimientos mundiales actuales y venideros, pues nuestra Tierra está siendo de nuevo un hijo de la familia solar que llena de grandes preocupaciones a los demás miembros de la familia.

 

Hemos indicado que en la Tierra hay dos corrientes magnéticas, y hemos visto cuáles son sus funciones. Les hemos explicado además que la economía de la naturaleza es dirigida, guiada y ordenada por esas fuerzas magnéticas. Por lo tanto, alrededor de la Tierra hay un gran campo magnético, en el que se pueden reconocer las corrientes atrayentes y repelentes. Si ascendiésemos en espirales horizontales hasta los confines más alejados de este campo, descubriríamos que, en un momento dado, ambas corrientes pierden sus propiedades dinámicas específicas y pasan a una tranquila y calmada radiación vertical, más interiorizada, en la que ya no subsiste el proceso alquímico terrestre.

 

En esta zona magnética neutra, la Tierra muestra su verdadero rostro, su realidad resquebrajada. Con los demás planetas ocurre lo mismo. De esta manera, los diferentes planetas tienen un lugar de encuentro. En este campo, donde las corrientes magnéticas han llegado a la calma, se encuentran los hijos e hijas del Sol, y allí confluyen todos los resultados magnéticos de las entidades planetarias. A pesar de la diferencia en las fórmulas vibratorias y en la polarización de sus átomos, existen entre ellos muchos puntos e intereses comunes.

 

Por este campo surge un laboratorio alquímico intercósmico, una radiación intercósmica. Cuando los campos magnéticos han llegado al estado de reposo, se envían corrientes recíprocamente; la radiación de todos es puesta a disposición de cada uno, bajo la dirección del Padre. Muchas mitologías tienen su fundamento en la actividad de estas radiaciones excepcionales. También la enseñanza gnóstica acerca de los eones se apoya en ello.

 

Todavía existen otras influencias magnéticas verticales, aparte de las radiaciones magnéticas específicamente terrestres que, sin embargo, nunca son «forzantes», a menos que la Tierra perturbase hasta tal punto su propio laboratorio, que los demás miembros de la familia se viesen obligados a intervenir. El conjunto del sistema solar es una gigantesca y poderosa esfera, llena de diversidad y de numerosas particularidades planetarias. Todas las formas de vida planetaria se acoplan entre sí y dependen unas de otras.

 

Por ello, es científicamente cierto afirmar que las discordias, las luchas, las guerras y las experiencias atómicas que actualmente perturban la vida de la Tierra, provocan una perturbación en el seno de la gran familia solar. Las antiguas mitologías gnósticas lo ponen de manifiesto claramente en sus relatos sobre la lucha de los eones. En nuestro tiempo estamos confrontados corporalmente con los resultados de las experiencias atómicas, y apenas pasa un día sin que los diarios relaten las proezas científicas, la construcción y lanzamiento al espacio de nuevos cohetes y satélites artificiales, la construcción de ingenios interplanetarios, así como episodios del misterio de los platillos volantes, que aún está por esclarecer.

 

En la gran unidad macrocósmica ‑donde nuestra Tierra, en tanto que cosmos, es un miembro de la gran familia solar‑ el hombre es un microcosmos, un planeta en pequeño. Nuestro campo microcósmico y todo lo que se encuentra en él, inclusive nuestra personalidad, están en concordancia con el campo cósmico terrestre y, por lo tanto, con el campo macrocósmico solar. En muchos aspectos, somos hijos de la Tierra, y cada átomo de nuestro pequeño cuerpo celeste, e igualmente de nuestro microcosmos en forma de esfera, está polarizado con el campo magnético terrestre y por ello concuerda con él. Todos tenemos, pues, el máximo interés por todo lo que ocurre y se desarrolla alrededor de la Tierra y en su interior, en el laboratorio de la naturaleza y en el sistema solar, porque estamos estrechamente unidos a ello. Una perturbación del cosmos, nuestra Tierra, ocasiona una perturbación del macrocosmos, el sistema solar, y también una perturbación en el microcosmos, nuestro cuerpo y sus aspectos, tanto densos como sutiles. Es así como los problemas de nuestra vida se explican siempre por procesos, desarrollos y conflictos magnéticos.

 

Nuestra «Madre Tierra», en tanto que cosmos, es hija del Sol, pero el hombre, en tanto que microcosmos, también lo es. Los habitantes de todos los planetas de nuestro sistema solar son nuestros hermanos y hermanas, y lo que nosotros llamamos Gnosis es la verdad y la realidad de todo lo que, en la totalidad del sistema solar, es inherente a la más elevada idea divina.

 

Un hombre verdaderamente gnóstico ya no es un habitante de esta Tierra, sino del Sol. Con esto nos referimos al sistema solar como una unidad, como un cuerpo de la Tierra Santa, y a la unión magnética que dicho hombre ‑en tanto que microcosmos‑ mantiene con Dios y con su Plan. El proceso magnético gnóstico conduce a esta grandiosa y maravillosa meta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 2

 

 

La Tierra y el Cielo‑Tierra

 

 

 

En el capítulo anterior les hemos mostrado que el sistema solar es una esfera magnética, un sistema de corrientes magnéticas que se complementan y colaboran entre sí. Estas corrientes se influyen y se corrigen mutuamente cuando, de alguna manera, el Gran Plan Divino corre el riesgo de ser perturbado.

 

Ahora queremos observar más de cerca la naturaleza de estas perturbaciones, sus causas, sus estados y sus consecuencias. En primer lugar, atraemos su atención hacia la corriente de vida que en gran parte domina la Tierra, a saber: la humanidad.

 

La humanidad recibió la Tierra como morada, con la misión de habitarla, dominarla y engrandecerla. Para comprenderlo, basta con pensar en los mitos y leyendas sobre la creación, reflejados en los Libros Sagrados y en la Enseñanza Universal.

 

Nacida de la tierra, de la materia, es decir, de las fuerzas y de los principios magnéticos de la Tierra, la humanidad fue colocada en la naturaleza para engrandecerla y conducirla a su realización por medio de sus posibilidades naturales. Existe, pues, una interacción entre nuestro planeta y la humanidad, así como una interdependencia. El hijo (la humanidad) recibió de su madre (la Tierra) determinados poderes. Por su naturaleza, entre ellos hay un lazo de amor, y está claro que el hijo es la continuación de la misma idea que fundamenta a la Madre.

 

En esta unidad y dependencia mutua, el hijo representa la continuación del desarrollo de la Gran Idea, y está dotado de poderes que, en cierta forma, sobrepasan a los de la Madre. El hijo está facultado, por ello, tanto para continuar formando a la Madre, como para destruirla.

 

La humanidad posee una fuerza electromagnética obtenida de la Madre Tierra y mantiene con ella una interacción. Así mismo, esta fuerza puede espiritualizar la Tierra con su poder magnético, lo que quiere decir que está capacitada para transformar los tres cuerpos de la Tierra en un sentido liberador. Esta es, ésta era la Idea de Dios en la que todo encontraba su fundamento.

 

Hablamos a propósito en pasado, debido a que la colaboración entre la Madre y el Hijo no ha seguido esta línea de desarrollo. Desde hace eones se ha seguido una línea de desarrollo totalmente distinta.

 

Ustedes deben comprender que a la larga no se puede ni oponer resistencia, ni violentar la Idea de Dios. La Idea de Dios respecto a la humanidad debe cumplirse siempre, ya sea armoniosa o inarmoniosamente.

 

En el transcurso de la historia mundial, vemos que la humanidad no ha cumplido con su vocación original en el orden divino provisional. Ella se ha desviado de la Gran Idea y la ha violentado; ella siguió sus propios caminos. Las consecuencias se vengaron en la Madre. Entre el cuerpo de la Madre y sus fuerzas magnéticas, por un lado, y la humanidad, por otro, se creó una inarmonía y, como consecuencia, los cuerpos de la Madre se densificaron y endurecieron cada vez más. Los vehículos de la humanidad se cristalizaron y degeneraron en la misma medida.

 

Como consecuencia de ello surgió la maldad y la destrucción; «una intensa amargura y terrible cólera», como diría Jacob Böhme. La cólera de Dios se encendió sobre la humanidad y su Madre; mejor dicho, la humanidad misma encendió ese sombrío fuego rojo, y la Madre reaccionó, pues no podía actuar de otra forma, ya que las radiaciones magnéticas de la Tierra, sus actividades magnéticas, se corresponden exactamente con el comportamiento de la humanidad.

 

Esta maldad y todas sus consecuencias se propagaron de manera natural por todo el sistema solar. Es así como se encendió en el sistema solar la ardiente antorcha de la inarmonía. En el transcurso de la historia de la humanidad se desarrollaron conflictos magnéticos intercósmicos que hicieron sentir sus consecuencias en todos los planetas y que encendieron la cólera en cada uno de ellos y en su humanidad.

 

Quizás vean también con claridad que los sabios y los guías de la ola de vida predominante en cada planeta, a partir de un momento determinado no interpretaron los resultados de la cólera y sus efectos como las consecuencias del pecado de la propia humanidad ‑aunque la iglesia hable de «pecado»‑, sino como simples fenómenos naturales, como fenómenos cósmicos e intercósmicos, como tempestades y anomalías magnéticas, que demostraron sus efectos de una u otra forma.

 

En el instante en que la cólera tocó a la totalidad del sistema solar, la humanidad de cada planeta se encontraba obviamente en un punto de desarrollo determinado. Algunas humanidades se encontraban en un nivel de desarrollo mucho más avanzado que el de nuestra humanidad, mientras que otras estaban por debajo del mismo. Hablamos al respecto de «desarrollo» desde un punto de vista muy concreto.

 

Poco importa en qué planeta y por qué humanidad se encendió la cólera, lo que es cierto es que todos los habitantes del sistema solar tuvieron que tenerlo en cuenta y seguir una línea de desarrollo determinada: o la línea de desarrollo que procedía directamente de la Idea de Dios, o la línea de reacción a la cólera por resistencia, violencia o instintos naturales. Es decir: o la línea de desarrollo inteligente, o el camino de desarrollo instintivo‑natural. El camino elegido dependió del grado de desarrollo alcanzado por la humanidad cuando la cólera llegó a ella. Nuestra humanidad siguió la línea instintivo‑natural.

 

Por esta división fundamental acaecida en todo el sistema solar, fueron creados dos sistemas solares en el mismo instante en que la cólera se produjo. El antiguo sistema solar fue cerrado, por así decirlo, dando cabida en él a las miríadas de entidades aprehendidas por la cólera. El nuevo sistema solar nació de la necesidad, pues «Dios no abandona la obra de sus manos».

 

Por lo tanto, hay dos universos, el gnóstico y el dialéctico, y, por consiguiente, también hay dos desarrollos: uno original y otro temporal en el mundo de la cólera, con el fin de que quienes se encuentran en él puedan un día liberarse de él y unirse de nuevo al Original.

 

Si como consecuencia del advenimiento de la impiedad existen dos desarrollos y dos sistemas solares, podemos imaginar que se formaría un tercero en el caso de que la cólera también fuese encendida en el primero. La Idea de Dios se impone siempre; nada puede oponerse a ella.

 

Así podemos imaginarnos también que debe existir un intercambio entre los dos sistemas solares desarrollados dentro del Plan básico de nuestra humanidad. Por esta razón, se dice que Dios ataca siempre al mundo de la cólera, y también que, por ello, en todos los tiempos son ofrecidas las posibilidades ‑posibilidades magnéticas‑ para acceder de nuevo al desarrollo del origen. He aquí por qué se dice que Dios es Luz, y que la Fraternidad de la Luz es una Cadena Universal.

 

Así les hemos explicado por qué existen dos sistemas magnéticos en nuestra manifestación intercósmica: un sistema magnético de la muerte, en el que participamos todos, y un sistema magnético en el que ningún hombre participa, a no ser a través del Camino Rosacruz.

 

Volvamos ahora a nuestro punto de partida. Hay dos sistemas solares muy diferentes entre sí, pero que, no obstante, se explican el uno por el otro. Ambos han nacido y han devenido en el transcurso del desarrollo intercósmico histórico.

 

En relación con esto existen dos estados planetarios que nosotros designamos indistintamente como Tierra: el planeta Tierra que conocemos y en el que habitamos, y una Tierra Celeste como «Planeta de los Misterios», el Cielo‑Tierra que Juan pudo percibir y que, al igual que la Pistis Sophia, «vio» en un momento determinado.

 

Veamos ahora de qué manera natural se cumple el desarrollo de la Tierra y de qué manera, también natural, debe actuar el «Cielo‑Tierra» sobre la «Tierra».

 

La Tierra es igual que el conjunto del sistema solar al que pertenece. Todo el sistema solar está en la naturaleza de la muerte, en el espacio donde la cólera ha sido encendida y actúa. Como ya hemos dicho, todos los planetas y sus habitantes han tenido que pasar por diversas fases de desarrollo, cada una con una estructura de la personalidad característica: son más grandes o pequeños que nosotros, más bellos o más feos, según nuestros gustos. A este respecto tenemos que decirles que las imágenes mitológicas que describen las diferentes religiones contienen mucha verdad.

 

Todas estas entidades tan diversas, al margen de sus estructuras tan diferentes, tienen su origen en la misma idea. Sus niveles culturales son muy diferentes. Se podría decir que la cima de su cultura fue «helada» cuando la cólera se extendió por el sistema solar. Desde entonces, ninguna humanidad ha conseguido superar la cima de su cultura lograda antaño, a no ser que, habiendo regresado a su origen, haya entrado en su Planeta de los Misterios.

 

En estos momentos hay, en nuestro sistema solar, al menos un planeta despoblado, en el que ya no hay signos de vida, porque todos sus habitantes continúan su desarrollo, por transfiguración, en el Planeta de los Misterios correspondiente al planeta en cuestión. El planeta del mundo de la cólera se encuentra, sin embargo, todavía en el sistema solar, con el fin de no perturbar el orden natural de dicho sistema.

 

También comprenderán que en el sistema solar de la cólera, el miedo, la autoafirmación y la lucha por la existencia forman la base esencial de la vida. En nuestro sistema solar hay humanidades que, en el momento en que la cólera las tocó, conocían y dominaban perfectamente la ciencia de los átomos y sus propiedades. Nuestra humanidad poseía también algunos rudimentos de esta ciencia extraordinaria, que trata de uno de los fundamentos de nuestra existencia planetaria, pero estos conocimientos eran insuficientes para poderla dominar. Por esta razón, cuando de tiempo en tiempo nuestra humanidad alcanza de nuevo la «cima helada» de su cultura, entonces se vuelve un peligro mortal para todo el sistema solar. Muchas humanidades del sistema solar son conscientes de ello, y ese es el motivo por el que nuestra Tierra es mantenida incesantemente bajo control, sobre todo en los tiempos presentes, en los que hemos alcanzado de nuevo la cima de nuestra cultura.

 

Las otras humanidades, en las que la cima de su cultura es más elevada que la nuestra, no emplean los resultados de la ciencia atómica. ¡Está absolutamente prohibido! Tampoco la emplean para fines pretendidamente pacíficos, pues saben que significaría el suicidio completo y la destrucción de los fundamentos planetarios. Tampoco utilizan explosivos. Ellos hacen uso de la ciencia de las líneas de fuerza magnética y de las energías contenidas en ellas. Con su ayuda pueden moverse a través de todo el sistema solar, dado que pueden suprimir la fuerza de la gravedad. En el siguiente capítulo intentaremos describirles cómo lo hacen.

 

Durante todas nuestras explicaciones deben tener presente la absoluta certeza de que todas las manifestaciones y actividades de los habitantes del espacio intercósmico, tienen su origen y su explicación en la naturaleza de la muerte y en su necesaria autoprotección.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 3

 

 

                                                   Los OVNI.

 

 

 

Ya les hemos explicado que hay dos corrientes magnéticas terrestres primarias: una de atracción y otra de repulsión. Estas corrientes se mueven en forma de espiral hasta alcanzar grandes alturas por encima de la Tierra y, a continuación, pasan a adquirir una posición más vertical con respecto a ella.

 

Imaginen ahora que un cuerpo proviniese de una distancia enorme y llegase a entrar en contacto con la corriente magnética terrestre atrayente. Veríamos entonces que este cuerpo se acercaría a la Tierra primero verticalmente, para después iniciar un movimiento en espiral, giratorio, alrededor del planeta y alcanzar así, finalmente, la Tierra. Si después este cuerpo tomara contacto con la corriente magnética repelente del cuerpo terrestre, entonces podría emprender el mismo viaje en dirección contraria.

 

También hemos intentado explicarles que, junto al magnetismo terrestre, en el campo terrestre pueden distinguirse corrientes magnéticas completamente extrañas, y que éstas no son atraídas ni repelidas por la Tierra. Estas corrientes llegan de los demás cuerpos celestes de nuestro sistema solar. Ellas están emparentadas con el magnetismo terrestre, porque pertenecen a la gran unidad de nuestro sistema solar, al cual también pertenece la Tierra. Pero, debido a que sus vibraciones son diferentes, al igual que su estructura atómica, encuentran poca o ninguna resistencia entre los diversos campos magnéticos. De esta manera, todas las corrientes magnéticas planetarias entran en contacto recíproco por mediación de radiaciones casi verticales, a pesar de que los ángulos de incidencia son diferentes.

 

De esta misma manera, se podría explicar cómo puede viajar un cuerpo procedente de uno de los planetas más alejados de la Tierra, por ejemplo de Neptuno, propulsado por la corriente repelente neptuniana, dirigiéndose así hacia la Tierra a través de todo el sistema solar. En el campo magnético terrestre, ese cuerpo se adaptaría por uno u otro proceso a la corriente atrayente neptuniana y así podría efectuar infaliblemente su viaje de regreso.

 

Imaginen ahora que una humanidad haya estudiado las diversas corrientes magnéticas planetarias de cada planeta y haya comprobado su naturaleza, de modo que, finalmente, conociesen todas las fórmulas magnéticas planetarias de todos los planetas.

 

Supongan además que esta humanidad consiguiera construir un ingenio capaz de superar, gracias a su propia radiación repelente, la fuerza de atracción de la corriente planetaria atrayente. Entonces estarían capacitados para neutralizar su propia fuerza de atracción planetaria y además poseerían la capacidad de trasladarse por sí mismos, y abandonar su planeta con un vehículo aéreo equipado con este ingenio.

 

Ustedes comprenderán también que este ingenio se puede conectar al campo magnético terrestre para poder efectuar así, cuando se desee, vuelos horizontales sobre la superficie de la Tierra. El regreso se efectuaría conectándose, con mucho cuidado, a la corriente atrayente, es decir, la fuerza magnética del propio planeta y, sin que el viaje tuviera el carácter de una caída, emprender el retorno hacia el planeta originario.

 

Todo esto ocurriría sin el empleo de elementos explosivos y sin experimentos que perjudicasen la base fundamental del sistema solar. Además del ingenio en cuestión, debería disponerse de vehículos espaciales, cuya composición y aleación metálica respondiera a todas las exigencias.

 

Pues bien, debemos decirles que diversas humanidades planetarias poseen el saber teórico y práctico para poder construir tales vehículos espaciales. Poseían este conocimiento ya antes de que la cólera se encendiera en el universo dialéctico. Los relatos de todos los tiempos sobre los platillos volantes, y todo lo que en estos últimos años nos ha sido dado a conocer nos lo demuestra incontestablemente.

 

Nos falta el saber científico y técnico para darles una explicación satisfactoria de la composición exacta del ingenio propulsor. A lo sumo podemos transmitirles una imagen tal como lo vería un profano. Como ustedes saben, la electricidad es un fenómeno que acompaña a cada corriente magnética. Allí donde hay fuerza magnética, allí también hay electricidad. Por consiguiente, en el universo existe un gigantesco poder eléctrico que nunca puede agotarse. En el transcurso de los tiempos, nuestros científicos han demostrado que sería posible captar la electricidad atmosférica o cósmica. También ocurre a veces que diversos instrumentos son destruidos por violentas descargas de electricidad atmosférica.

 

Sea como sea, los viajeros del espacio poseen el conocimiento y el instrumentario necesarios para captar y concentrar la electricidad cósmica donde quiera que se encuentren, pudiéndola concentrar en un espacio relativamente pequeño. Con esta ayuda ellos crean, en su vehículo y a su alrededor, un campo electromagnético. Y, polarizando a voluntad este campo positiva o negativamente, es decir, sintonizándose con su corriente polar septentrional o meridional, pueden abandonar su planeta o regresar a él.

 

La velocidad de sus vehículos depende de la intensificación o debilitamiento del campo magnético en cuestión. Si pueden suponer, además, que los navegantes espaciales son capaces de conectar su ingenio con cualquier campo magnético planetario, se podrán imaginar que los viajes espaciales son para ellos tan simples, como para nosotros andar en bicicleta.

 

Estas explicaciones son, naturalmente, insuficientes para un técnico y están lejos de haber aclarado todas las dudas. No podemos, sin duda, dar una explicación suficiente a todas las posibles preguntas técnicas, dado que en la Escuela de la Rosacruz de la Oro no nos acercamos a estos problemas desde un punto de vista técnico. Pero podemos afirmar con toda certeza, que una entidad que sepa trabajar con la corriente electromagnética, es capaz de resolver muchos de estos problemas.

 

Añadimos insistentemente que todo esto pertenece por completo al ámbito de las olas de vida en el reino dialéctico de la naturaleza de la muerte.

 

Todo vandalismo en el campo de los átomos ‑y cada experimento con la ciencia atómica es vandalismo‑ se transmite instantáneamente a las corrientes magnéticas terrestres y se manifiesta en ellas, perturbando de esta forma la colaboración existente en el sistema solar.

 

Hemos visto que el sistema solar es un sistema magnético. Si la humanidad terrestre, movida por instintos ciegos, atacase las bases del sistema intercósmico, por el empleo de bombas atómicas o por experimentos con energías inimaginablemente elevadas, la desorganización así provocada afectaría a todos los planetas. Innumerables reacciones en cadena tendrían como consecuencia, en un momento dado, el suicidio y la muerte de todos los habitantes del sistema solar.

 

Naturalmente también existen muchas otras causas de desorganización del campo magnético terrestre y, por ello, del sistema solar, pues cada estado impío de la humanidad causa tales perturbaciones. Pero cuando la técnica y la aplicación desenfrenada de la ciencia sirven a la impiedad, los peligros crecen hasta lo inconmensurable.

 

A pesar de que en todos los tiempos se ha hablado de visitas interplanetarias con vehículos espaciales, tales visitas están hoy a la orden del día, y estamos seguros de que en la actualidad no pasa un segundo sin que un gran número de tales vehículos esté presente en nuestra atmósfera.

 

Podemos preguntar: ¿Qué hacen estos vehículos y sus tripulaciones en nuestro campo de vida? ¿Simplemente observar? ¿Investigar? ¿Nos quieren atemorizar con su presencia? ¿Nos amenazan con un ataque masivo?

 

A estas preguntas sólo se puede responder, diciendo que no tienen necesidad de observar nada, pues ellos saben mejor que nosotros lo que está ocurriendo aquí. Por ello tampoco necesitan investigar, pues el pasado les ha enseñado lo que les espera cuando la humanidad llega al apogeo de su civilización. Tampoco pueden atemorizar al hombre de la masa, pues éste, tomado como tal, se doblega a sus autoridades y las sigue ciegamente, y precisamente estas autoridades niegan todos los fenómenos de que les hemos hablado, y la prensa y la radio generalmente les siguen. Además, los ingenios espaciales evitan en lo posible los grandes centros urbanos, con el fin de pasar desapercibidos.

 

Tampoco se puede considerar que pretendan efectuar un ataque, por lo menos todavía no, pues la destrucción, por ejemplo, del gran arsenal de todo género de bombas atómicas, traería como consecuencia una horrorosa catástrofe para todo el sistema solar.

 

No, la continua presencia de vehículos espaciales en nuestra atmósfera terrestre ‑que en cualquier caso no todos provienen de otros planetas‑ tiene otra explicación. Ellos están continuamente ocupados en la reconstrucción del campo magnético terrestre, desgarrado por las alteraciones y azotes ocasionados por la humanidad. Desde los polos magnéticos de la Tierra, donde aterrizan continuamente, hay grupos de vehículos espaciales trabajando permanentemente para restablecer, ordenar, limpiar y regular la vibración de la corriente atrayente y la de la repelente; ellos rectifican y alimentan sin cesar los campos magnéticos desgarrados, con el fin de mantener, bien que mal, el gran laboratorio intercósmico.

 

Es evidente que estos vehículos espaciales realizan un trabajo muy útil, ya que sin su ayuda, la Tierra, junto con el sistema solar, ya hace tiempo que habría puesto fin a este Día de Manifestación.

 

Pero este trabajo tiene lugar, predominantemente, por simple autoprotección. Deben comprender que todas estas entidades no pueden suprimir ni liquidar definitivamente toda la impiedad generada por la humanidad terrestre.

 

La humanidad misma tiene que borrar su propio karma. Por ello, esta «limpieza» de la atmósfera terrestre, en realidad no es otra cosa que una concentración de toda la impiedad. Esta concentración tiene lugar allí donde las líneas de fuerza horizontales se vuelven verticales. Esa concentración ha alcanzado actualmente tales proporciones, que es casi visible y, sin cesar, crece en tamaño y densidad.

 

Es comprensible que debido a ello surja un nuevo peligro, a saber: una concentración de extrema malignidad, lo que la convierte en doblemente fuerte y peligrosa. Esta concentración de malignidad posee también un opuesto. Por el proceso que acabamos de señalar, tiene lugar también una concentración de las cualidades morales, mentales y religiosas de la humanidad. Es, pues, una concentración del bien dialéctico, frente a la concentración de la maldad.

 

En este ángulo de nuestra existencia, estas dos concentraciones se manifiestan en un sentido totalmente nuevo. Comprenderán ahora por qué hay quienes dicen que en el campo terrestre han aparecido dos nuevos satélites.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 4

 

 

                                                  Lilith y Lulú

 

 

 

Por lo expuesto en nuestro capítulo anterior, habrán comprendido que las medidas de autoprotección, tomadas por las humanidades planetarias, tienen por objetivo limpiar la esfera magnética de la Tierra de las impiedades causadas por los hombres. De otro modo, la impiedad irradiada dañaría a todos los demás sistemas magnéticos que pertenecen al sistema solar. Este daño podría ser fatal para la totalidad del sistema magnético.

 

Debemos ver, empero, que esta purificación no representa la destrucción de todos los valores, materias y fuerzas impías, sino que como mucho significa una concentración de todos los desarrollos disonantes, una aglomeración en el aire de toda la malignidad. Los vehículos espaciales que se encargan de este trabajo, se acoplan a las radiaciones terrestres originales puras de nuestro planeta dialéctico, es decir, tal como deben ser según el plan de emergencia en el que se basa nuestro sistema solar.

 

Todo lo que la humanidad produce y que no se comporta de la manera correcta respecto a esta radiación fundamental, es concentrado, por este trabajo depurativo, en un punto determinado del campo magnético de la Tierra, allí donde las radiaciones magnéticas espirales toman una dirección vertical. Si reflexionamos sobre todo lo que la humanidad hace, que no está en armonía con la radiación terrestre fundamental, llegaremos a la conclusión de que tiene que haber dos concentraciones.

 

En primer lugar, debemos poder comprobar que todo el mal que la humanidad engendra por el pensamiento, la voluntad y los actos, ocasiona desórdenes magnéticos. Si añadimos a ello las consecuencias del vandalismo atómico y demás desenfrenos científicos, vemos una concentración de todo el mal de la humanidad en manifestación actual.

 

En segundo lugar, debemos poder comprender que las mil y una especulaciones de la humanidad en el campo de la religión y del humanitarismo burgués, tampoco están en relación correcta con la radiación fundamental de la Tierra; por ello, también éstas son concentradas y neutralizadas de las corrientes fundamentales.

 

Estas dos concentraciones están presentes en nuestra época y con el tiempo se han hecho tan densas, a causa de la atracción de la materia, que se han vuelto perceptibles. Se habla de dos lunas, de dos nuevos cuerpos celestes, aparte de la Luna que conocemos. Estos cuerpos son aglomeraciones de fuerzas electromagnéticas, por lo que se puede hablar de dos campos electromagnéticos. Puesto que han sido alejadas del campo magnético terrestre y llevan una existencia propia, no pueden mancillar por el momento el sistema solar con su impiedad. Sus funciones eran peligrosas para el sistema solar, porque influían al campo magnético terrestre.

 

Mas, aisladas como están, intentan dirigirse hacia sus creadores. Esto es impedido de momento por una operación de equilibrio. Es evidente que lo que hemos creado nosotros mismos permanece ligado a nosotros. Lo que ha ascendido de la Tierra, es atraído otra vez por el colectivo de la humanidad. No obstante, todavía no puede derramarse sobre nosotros, debido a que la corriente terrestre repelente lo impide por el momento.

 

Sin embargo, de estas dos lunas parte una actividad que influye a quienes están polarizados con ellas por su estado de vida. Esta influencia ya tiene terribles efectos, aun cuando todavía no se viertan plenamente sobre la Tierra.

 

También estará claro para ustedes, que llegará un momento en que el potencial magnético de estos dos cuerpos celestes pasajeros se volverá tan fuerte, que su radiación magnética superará a la corriente terrestre repelente. Cuando llegue este momento, las dos lunas se verterán sobre la Tierra; caerán literalmente sobre la Tierra, causando catástrofes indescriptibles. Ello hará que la vida en la Tierra, tal como la conocemos, se vuelva completamente imposible.

 

Las circunstancias actuales son un aplazamiento de la ejecución, tanto para la humanidad como para la Tierra y para todo el sistema solar. Hasta un niño comprendería que el género de vida actual de la humanidad en todos los campos representa, para estas mensajeras de la impiedad, un gran alimento y, por consiguiente, un aumento de su potencial magnético. La humanidad misma invoca el día de su destrucción.

 

La luna más perniciosa de las dos, la cargada de la maldad más abismal, ha sido llamada por los antiguos «Lilith». Lilith es representada por una mujer dispuesta y capaz de ejecutar todo lo que hay de más abyecto y animal. La otra luna, alimentada con la ilusión de la bondad burguesa, es llamada Lulú. Es representada también por una mujer que, con su bondad sin profundidad, sin trasfondo y sin valor, seduce a la humanidad y la encadena al error.

 

La Enseñanza Universal habla de las lunas de los misterios, que aparecen de tiempo en tiempo en la historia de la humanidad, y cuando aparecen y se vuelven visibles, para la humanidad suenan las campanas fúnebres.

 

Comprendemos que Lilith y Lulú ya han aparecido y desaparecido muchas veces en la historia del mundo. Lo que su aparición y desaparición significa, habrá quedado claro para ustedes. La manifestación actual representa para la humanidad la conocida frase: «Colocada en la balanza, pesada y… encontrada demasiado ligera». Habrán comprendido bien que estas dos lunas son a la vez campos de vida. Esta vida corresponde, naturalmente, con el propio estado impuro de las lunas. Se podría describir la naturaleza y las condiciones de esta vida, pero nos abstendremos de hacerlo, pues las descripciones les producirían un pánico inconmensurable, y las imágenes les seguirían durante mucho tiempo, de día y de noche. Esta actividad de nuestros pensamientos adelantaría el día de la catástrofe; tanto más, cuanto toda esta vida, a pesar de sus formas gigantescas y grotescas, les parecería muy conocida.

 

Las dos lunas de los misterios son espejos que, por sus propiedades particulares, reflejan y vivifican de forma especial y exhaustiva las acciones de la humanidad. Quizás conozcan ustedes la historia, que también ha sido filmada, en la cual un hombre se mira al espejo y ve, en la imagen del espejo, además de a sí mismo, a otro ser provisto de vida propia. Esta dualidad vuelve casi loco al hombre en cuestión y provoca toda clase de complicaciones. Comprenderán que la idea en la que el autor se inspiró es completamente conocida y verdadera.

 

¿Por qué les decimos todo esto? No sólo porque, como miembros de la humanidad, tengamos que temer también las influencias de Lilith y Lulú. Les decimos esto, principalmente porque todo ello tiene un sentido muy particular y profundo para ustedes, puesto que ustedes quieren recorrer el Camino de la Rosacruz.

 

Su microcosmos es un mundo en pequeño y, en muchos aspectos, su personalidad domina e influye a ese microcosmos. Se puede decir que ustedes son la humanidad de su microcosmos. Si ustedes recorren el Camino, con toda la seriedad que pueden aportar, entonces ocurre algo en su sistema microcósmico, que tiene gran parecido con la actividad de los platillos volantes, con el trabajo que realizan las tripulaciones de los vehículos espaciales ‑tal como les hemos descrito‑ en beneficio propio y con el fin de aplazar la catástrofe para la humanidad.

 

Cuando su sistema microcósmico es inundado por la radiación electromagnética de la Gnosis, es apartada toda la impiedad e inarmonía contenidas en este sistema. Así es purificada la totalidad del campo magnético microcósmico de su personalidad y de su ser aural. Esto sucede casi siempre sin que ustedes sean conscientes de ello. El simple hecho de que el Fuego Gnóstico toque a la Rosa del Corazón, ya produce una purificación parcial en su campo magnético.

 

Pero que nadie suponga que esta purificación es total. Se trata solamente de una expulsión. Al igual que en nuestro cosmos, se desarrolla una doble concentración, una Lilith y una Lulú, conocida bajo el nombre de «Guardianes del Umbral».

 

Ellos son de ustedes; ustedes los han creado; ellos permanecen con ustedes hasta que ustedes mismos los disgreguen y aniquilen conscientemente. Mientras esto no tenga lugar, se mantendrán como una amenaza constante en un punto determinado de su campo magnético, al exterior de su ser aural.

 

Tan pronto como ustedes abandonan su orientación exclusiva hacia la Gnosis, sea por el motivo que sea, y recaen en sus viejas costumbres, en una impiedad de cualquier índole, entonces se unen al instante con sus dos guardianes. Y, como un rayo, ellos se arrojan contra ustedes como llamas de fuego, con todas las consecuencias implícitas. Muchos estados enfermizos, predisposiciones hereditarias y conflictos nerviosos están en directa relación con ello.

 

Por lo tanto, es una gracia intensa el que por la simple unión con la Gnosis tenga ya lugar tal purificación. Pero también es extraordinariamente necesario que destruyan, por sí mismos, el montón de inmundicias viviente y vibrante de su propio ser.

 

Es magnífico saber que, por un nuevo comportamiento de vida, no tienen nada que temer de ambos guardianes en su microcosmos. Es magnífico saber que si perseveran, ambos guardianes ‑que en un principio parecían gigantes en cuanto a su estatura y fuerza‑ flaquearán y disminuirán hasta cesar de existir. A este proceso se le denomina «pasar ante el Guardián del Umbral». Es la inquebrantable perseverancia en el Camino.

 

Por ello es tan funesto, para quienes recorren el Camino y son purificados sin cesar por el Campo de Fuerza, cuando dejan entrar otra vez a sus guardianes. A la larga nadie puede soportarlo. Todo el sistema microcósmico se consume de tal modo, que existe la posibilidad de que se pierda por completo.

 

Por último comprenderán ahora por qué los hijos de la Luz, cuando abandonan la Luz, caen más profundamente que los hijos de la oscuridad. Esto es debido a que, por su caída, primeramente son desorganizados completamente por sus propios guardianes, para a continuación volverse víctimas indefensas de los dos guardianes del mundo.

 

El Camino es maravillosamente bello y lleno de gracia. Quien se encuentra en él, puede ser verdaderamente libre desde el primer segundo. Pero también puede llegar a ser una piedra de molino para quienes ni comprenden ni quieren ni actúan.

 

¡Que nadie lo olvide!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 5

 

 

                                  El Camino de Cruz de las Rosas

 

 

 

Han podido comprobar cómo se incrementa la nocividad de nuestra atmósfera vital y cómo ésta es purificada por medio de una intervención intercósmica, concentrando esta nocividad en una región de la atmósfera.

 

Por un lado, estas medidas pretenden que la radiación cósmica, que parte de la Tierra hacia el resto del sistema solar, sea sintonizada con las exigencias del sistema solar, con el fin de reducir todo lo posible el riesgo existente para el sistema solar, ocasionado por los estados atmosféricos terrestres extremos.

 

Por otro lado, y esto debería estar claro, la aglomeración, la concentración de las fuerzas impías y envenenadas, creadas y alimentadas por la humanidad, no puede significar en absoluto que con ello los peligros para la humanidad sean alejados también. Por esto, la concentración de impiedad colectiva en la luna Lilith se ha vuelto un intenso campo de radiación, un espejo que refleja hacia el hombre lo que él mismo creó.

 

Todo esto debe conducir irrevocablemente a un envenenamiento general más intenso de todas las situaciones vitales humanas, a un estado cada vez más deplorable y lamentable, tanto en sentido individual como social. Una línea de desarrollo degenerativa se abrirá paso, cuyo plano de inclinación, hasta entonces horizontal, adoptará una línea vertical.

 

Los acontecimientos tomarán este rumbo inevitablemente, y por ello seremos testigos de una intensa y dramática lucha. Una lucha entre el grupo que conscientemente se vuelve cada vez peor, y el grupo que ansía el bien. Pues como hemos dicho, al lado de Lilith se muestra Lulú como una concentración de todas las radiaciones de la bondad burguesa, dialéctica y humanitarista, así como de los esfuerzos religiosos. Es la concentración de la aspiración humana hacia el bien que, por otra parte, no tiene sentido en el sistema de nuestro orden provisional, ya que este deseo proviene de la idea, que siempre reaparece y que es mantenida en vida artificialmente, de que este mundo ‑nuestra naturaleza y nuestra manifestación material‑ podría ser desarrollado hasta la perfección.

 

Por esto, los grupos que buscan el bien intentarán impedir y neutralizar la oscuridad de la noche que se abre paso, con medidas tales como propaganda, congresos, testimonios, alianzas, horas de rezos y concilios. Los nombres santos serán invocados a cada segundo, pero sin resultado alguno (1). La rotación de la rueda no puede ser detenida.

 

Es evidente que la mayoría de los hombres todavía no ha comprendido que existe, sin duda alguna, un Camino de Liberación, un camino de libertad eterna para el mundo y la humanidad. Y aunque este camino fuese conocido, no se podría modificar nunca a nuestro gusto o voluntad, aunque se utilizara toda la bondad concentrada de Lulú. Por esto, tanto el «bien» dialéctico como el «mal» dialéctico conducen a la decadencia.

 

Puesto que todos estos procesos están actualmente en fase de desarrollo y dado que ya nos encontramos plenamente en los años de la decisión, ya no disponen de tiempo para acercarse de manera puramente filosófica a los caminos de Dios, tal como la Gnosis los revela, ni para observarlos atentamente desde todos los ángulos y considerar si tal vez debe o no debe recorrer el Camino de la Vida seriamente.

 

Independientemente de que lo crean o no, de que lo comprendan o no, les aseguramos que el curso de las cosas se ha invertido definitivamente.

 

En el futuro próximo ustedes podrán reconocerlo cada vez con mayor claridad. Ustedes deben haber decidido ya si partirán con el grupo de los llamados hacia la Meta de la Liberación.

 

Este es el grupo que se distancia y se libera del mal, que se ha aislado del campo de radiación de Lilith y que nunca emprenderá la lucha contra el mal con ayuda del susodicho «bien», pues sabemos que el susodicho bien es la reacción frente al mal y, por lo tanto, está unido a él de la misma forma que Lulú es la hermana gemela de Lilith, consanguínea e idéntica. Son frutos del mismo árbol.

 

El grupo de elegidos en la Gnosis tiene otras normas. Deja el mundo al mundo y da al César lo que es del César. Los signos de los tiempos son para ellos un estímulo para redoblar sus esfuerzos. Este grupo pasa con seriedad, de manera gnóstico‑mágica, al nuevo comportamiento de vida, que exige unidad de grupo, carencia de lucha, orientación exclusiva, armonía en el cambio de las actividades y nueva serviciabilidad.

 

Por la unidad de grupo, los débiles de entre los llamados se vuelven fuertes, y el Cuerpo Viviente se vuelve cada vez más vital.

 

Por la carencia de lucha, neutralizamos todos los ataques de Authades y la fuerza de la Cabeza de León. Con la carencia de lucha y en tanto que grupo, hacemos más en un año por el mundo y la humanidad, que todo lo que en una eternidad consiguen los esfuerzos bienintencionados de la masa. Con la no combatividad, el autoaislamiento y la autonegación, privamos al mal de su suelo nutricio.

 

Al autoaislamiento llegamos por la orientación exclusiva hacia la Gnosis, hacia su meta y hacia su santificación.

 

Nosotros reforzamos la unión con la Gnosis por medio de la armonía en el cambio de nuestras actividades.

 

Es así como, de día en día y de hora en hora, somos bañados con la Plenitud Gnóstica, con el Agua de la Vida; y viviendo de ella y existiendo en ella, recibimos fuerza, una nueva fuerza, una fuerza no terrestre, para salvar del mar de la vida a muchos que buscan y aspiran a la salvación, de modo que por la nueva serviciabilidad, sean puestos a salvo dentro del Cuerpo Viviente del grupo de los elegidos.

 

Ustedes conocen esta línea de pensamiento de la liberación. Estamos entrando en la nueva realidad y, por ello, cada hombre dialéctico que llega a la frontera del cambio de los tiempos, se ve confrontado siempre ante dos realidades: la realidad dialéctica y la realidad de la renovación, la realidad de la vida liberadora.

 

El hombre debe escoger ahora entre una de las dos. Ustedes se preguntarán: ¿Conocemos ya la realidad de la Vida Gnóstica renovadora? Nosotros no podemos mostrarles una realidad, si ustedes no se encuentran completamente en ella. Ustedes conocen su propia realidad, porque se encuentran en ella, porque son una parte de ella, y no es necesario que les hablemos de lo que ustedes piensan y experimentan de esta realidad.

 

En tanto que candidatos al Camino, ustedes han llegado a la frontera de la Vida Liberadora. La unión con la Escuela Espiritual constituye el puesto fronterizo. Ustedes saben perfectamente cómo es y en qué se convertirá su realidad. El miedo que les produce todo ello y la búsqueda ardiente les han conducido hasta el límite de la nueva realidad.

 

Es posible que ustedes ya estén, desde hace tiempo, en esta frontera, y vean en la lejanía el brillo del alba, de modo que la nueva realidad sea para ustedes algo más que simple imaginación, que simple suposición.

 

El privilegio de permanecer en la frontera en la justa orientación es la fe. La fe es una fuerza, un gran poder. Es una fuerza referente a las cosas que todavía no se ven ni se poseen.

 

Mas esta plenitud de la fe, esa fuerza de la fe, quiere atraerles, introducirles, hacerles constatar. Esta misma idea se encuentra en la palabra «Abraham» y en la imagen del barquero del Estigia.

 

¿Hay suficiente fuerza de fe en ustedes para emplearla en el fin para el que está destinada? La fuerza de la fe está destinada únicamente a ser empleada para atravesar la frontera hacia la nueva realidad. Si no emplean dicha fuerza de esta forma, ella se queda sin efecto, se vuelve inútil y se convierte en una etiqueta metafísico‑cultural en su mísera realidad.

 

Si sobreviniese en alguien alguna vacilación al respecto, la causa sería una falta de fuerza de fe. Sin este poder, nadie es capaz de entrar en la Vida Gnóstica y realizar el nuevo comportamiento de vida. Los Rosacruces clásicos hacían alusión a la fuerza de la fe, la base de la vida liberadora, con las palabras: «Ex Deo nascimur», es decir, ser inflamado por el Espíritu de Dios.

 

La Escuela de la Rosacruz se encuentra en la frontera y ustedes vienen a esta frontera. Un intercambio tiene lugar entre la Escuela Espiritual y el hombre que se ha dirigido a ella. La Luz de la Escuela Espiritual, una Luz que no es de este mundo, penetra en su sangre por mediación de la Rosa.

 

Así se produce una fermentación, un proceso sanguíneo, con el fin de establecer en la sangre la fuerza de la fe. El hombre tiene que atravesar el mar de las ataduras y las inclinaciones dialécticas de la sangre; una división debe tener lugar. En la medida en que este hombre, que se ha unido como alumno a la Escuela Espiritual, está preparado para ello y acepta el dolor de las oposiciones, allanará un camino por la nueva fuerza de la fe que le hará atravesar la frontera. Por ello al comienzo del Evangelio se habla de: «Enderezad los caminos para vuestro Dios.»

 

Sólo cuando ustedes han comenzado este proceso, puede comenzar el Camino de Cruz de las Rosas. El Camino de Cruz de las Rosas, al que los Rosacruces clásicos aludían con: «In Jesu morimur», es decir, morir en Jesús el Señor, aniquilarse en El, según todo su estado natural y su estado del yo. El verdadero Camino Rosacruz es un proceso que se desarrolla al otro lado de la frontera, al otro lado del mar de los obstáculos de la sangre; así pues, en la Nueva Realidad. Es el proceso del Renacimiento del Alma.

 

Por esta razón, al mismo tiempo que el «In Jesu morimur», resuena el «per Spiritum Sanctum reviviscimus», la resurrección por el Espíritu Santo. Quien recorre el Camino Rosacruz de la destrucción de la naturaleza, renacerá al mismo tiempo por el Espíritu Santo de los Cuatro Nuevos Éteres, de los Cuatro Alimentos Sagrados, según el estado del alma y el estado de vida. El avance de un proceso determina el desarrollo del otro.

 

Nos encontramos ahora ante la manifestación de los Cuatro Nuevos Éteres en su realidad transfigurística.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 6

 

 

                                             Desmaterialización

 

 

«Inflamado por el Espíritu de Dios;

muerto en Jesús el Señor;

resucitado por el Espíritu Santo.»

 

 

 

En estas palabras de la Rosacruz clásica, encontramos una descripción muy breve  de lo que la Gnosis se propone y ha realizado desde el origen de los tiempos hasta nuestros días.

 

Aquél que se despliega en la fuerza de la fe, la fe en la realidad gnóstica de un estado de vida nuevo, aquél que recibe esta fe, es inflamado por el Espíritu de Dios. Este poder contiene una fuerza gnóstica que fluye continuamente en el sistema, penetra en la sangre y llega así a la totalidad del sistema sensorial. La fuerza de la fe debe ser empleada de forma armoniosa y positiva, es decir, en el sentido del manantial de la fe, de la Gnosis.

 

Si el alumno no hace esto, vacila o duda, entonces se vuelve un hombre muy desequilibrado e inquieto. Pues, consumido por un continuo desgarramiento interior, todo su sistema vital es destruido. En este caso sería mejor que se destruyese esta fuerza de la fe, antes que permanecer en tal estado de desgarramiento. Quien ha recibido la fuerza de la fe, y no recorre el Camino, se vuelve el más desgraciado de todos los hombres.

 

Ocurre igual que con un medicamento que sólo puede ser empleado si se observan reglas de vida muy meticulosas. Si se observan esas reglas, el medicamento cura. Si se hace caso omiso de estas reglas, el remedio obra de forma contraria a su finalidad.

 

La intención y los efectos de la fuerza de la fe en el sentido de la Gnosis, son a menudo subestimados por los alumnos de la Escuela Espiritual. En general, se entiende por estado de fe cierta orientación del corazón y de la cabeza, del sentimiento y del intelecto; una orientación proporcionada o desarrollada por el nacimiento o la condición social, y que una situación nueva puede modificar arbitrariamente.

 

Pero, ¿saben ustedes que un estado de fe, incluso el más primitivo, significa siempre una unión, un lazo con un campo de fuerza existente fuera del hombre? Todo mortal mantiene, consciente o inconscientemente, tales lazos. Por una unión de este tipo se explica toda su vida, su estado y sus actos.

 

Por ello tiene que ser examinado siempre con seriedad, a qué campo de fuerza está unido el alumno, de qué campo de fuerza vive o con qué campo de fuerza está en conflicto, así como por qué un alumno, en determinadas circunstancias, actúa o no.

 

Cuando la Escuela Espiritual ha llevado a cabo dicha investigación, ha de determinarse cómo debe ser tratado el alumno. Ha de determinarse si él o ella debe ser sostenido en su combate o debe ser abandonado; si esta neutralización ha de llevarse a cabo dentro o fuera de la Escuela, o si es preferible que sea apartado inmediatamente de la Escuela. Pues deben considerar que cada hombre está unido, en parte consciente y en su mayor parte inconscientemente, a campos y fuerzas ajenos.

 

De vez en cuando se acepta a alguien como alumno, y se transige con él, aun cuando rápidamente dé muestras de no formar parte de la Escuela. Tal persona es utilizada por fuerzas enemigas de la Escuela, con el fin de entorpecer de una u otra manera el Trabajo. Con calma, se deja que la energía necesaria para ello se consuma sin que ocasione daños, y sólo después se procede a una separación de la Escuela, pues es más fácil canalizar una erupción volcánica, que tapar el cráter del volcán antes de la erupción, ya que de esta forma ¡la erupción sería después mucho más violenta! Con la aplicación de esta psicología gnóstica se evita toda lucha.

 

Nos gustaría centrar su atención en este campo de la ciencia gnóstica, pues posiblemente pueda ser para todos nosotros una contribución a un mejor conocimiento de sí mismo. Como ustedes saben, viven en cada instante de determinados sentimientos, pensamientos, impulsos de la voluntad y actos. Ustedes se encuentran en medio de un mar de exteriorizaciones de vida. Sin duda hay instantes de calma, pero casi siempre domina una intensa agitación, alternando con una profunda depresión y desesperación. Se producen violentas tempestades con fuerza huracanada, y así flota su pequeña barca en el mar de la vida, a merced de todos los vientos.

 

Decimos a propósito «de todos los vientos», con el fin de que observen con atención de qué se trata realmente. Ustedes están continuamente ocupados en mantener el timón con un rostro inalterable, si es usted un hombre, o con un semblante severo, si es usted una mujer. Sin embargo, con su pequeña barca, no se alejan ni un paso del mismo sitio. Ustedes envejecen de día en día, su vitalidad se agota, hasta que el manantial se seca y entonces llega el final. Un día navegan con el viento del norte hacia el sur; al día siguiente el viento del sur les devuelve a su punto de partida. Y así sucesivamente, del oeste al este y del este al oeste, en todas las direcciones de la brújula.

 

Es lo mismo que ocurre en el cuarto de los niños, donde la madre o la niñera les entretienen constantemente con bonitos juegos, para que sean buenos y no cometan travesuras. Así es también la Tierra, semejante a un inmenso cuarto de los niños, donde se ha organizado un juego lúgubre con todos los hombres, para que no ocasionen daños a los eones de la naturaleza. Siguiendo el ejemplo elegido, podemos decir que el «juego de la fe» es el más utilizado, el que proporciona mejor distracción en el cuarto de los niños y en el que todos, quieran o no, deben participar.

 

Quizás sepan ustedes que, según la ciencia gnóstica, su corazón está dividido en siete partes. Esta estructura séptuple corresponde, por un lado, con la estructura séptuple del santuario de la cabeza y, por otro, con los siete aspectos de la personalidad, así como con los siete estados del microcosmos en su totalidad.

 

Nuestro corazón es la puerta principal de entrada de todo nuestro ser y se puede decir, en un doble sentido, que lo que la cabeza no quiere, no entra en el corazón, y que lo que el corazón no quiere, no entra en la cabeza. Esto significa que cuando su orientación intelectual muestra un estado determinado, entonces no se puede modificar su orientación sentimental en tanto que poder magnético. Cuando su orientación sentimental está sintonizada a cierta frecuencia, toda su inteligencia, su razón, es entonces determinada por ello. Corazón y cabeza se mantienen mutuamente prisioneros. En este encarcelamiento el hombre vive una vida totalmente inútil, aunque extremadamente llena de actividad; es una vida en el cuarto de los niños, caracterizada por el agotamiento y la fatiga regular, hasta que la muerte pone punto final.

 

Ustedes saben esto, aunque a veces protesten ante ello, ya que a menudo se consideran extraordinariamente importantes. Y entonces muestran un semblante impenetrable o ponen una cara piadosa y seria.

 

Ustedes lo experimentan. Todos estamos ocupados con nuestro viaje hacia la muerte, en el cuarto de los niños. Todos estamos atados, prisioneros, encadenados a la corriente magnética, a la que fuimos unidos al comienzo, en virtud de nuestro nacimiento, de nuestro estado natural, de nuestro karma.

 

Y así es para con cada uno de nosotros, sin excepción. Somos dirigidos por un campo magnético, con todo lo que en él habita y bulle, que se encuentra al exterior de nosotros. Nosotros somos su producto y vivimos de este campo, el cual determina nuestra fe.

 

Por naturaleza todos somos animistas, ligados a la naturaleza, adoradores naturales. Porque no podemos actuar de otra forma, ni en el caso que demos pomposas denominaciones a los diferentes juegos de nuestro cuarto de los niños.

 

Al hacer constar esto, somos absolutamente evangélicos en el sentido clásico. Basta con que recuerden el conocido tercer capítulo de la Epístola a los Romanos:

 

«Nadie es justo, ni siquiera uno.

Nadie es sabio.

Nadie busca a Dios,

Todos se han extraviado.

Juntos se han vuelto vanos.

No hay nadie que sea bueno,

ni siquiera uno.

Sepulcro abierto es su garganta.

Con su lengua urden engaños,

veneno de áspides hay bajo sus labios.

Su boca rebosa maldición y amargura.

Sus pies son veloces para derramar sangre.

Calamidad y miseria abundan en sus caminos.

La senda de la paz nunca la conocieron.»

 

Así afirmamos de manera irrefutable, que el hombre no elige su estado de fe, sino que se trata aquí de un estado de ser fundamental, de la dependencia del hombre natural con su mundo, con su campo de respiración, con sus eones naturales, de los que vive y es. En esto no hay excepción. Por consiguiente, no hay nadie que por naturaleza busque a Dios.

 

¿Qué es, pues, un buscador? Es el hombre natural que, de una forma u otra, se encuentra en dificultades. El hombre natural es, por nacimiento, un buscador de la felicidad, pero nunca la encuentra. Sufre y es quebrantado sin cesar en su naturaleza.

Por ello, la búsqueda no tiene nada de excepcional, es un fenómeno humano general. Para la mayoría sólo significa elegir una posición en las agitaciones de las oposiciones, y cambiarla constantemente, tanto en el aspecto social, como en el plano ético y místico. Todo hombre tiene necesidades éticas y místicas, tiene su ética y mística particular.

 

La música de baile moderna satisface las necesidades místicas de muchos; es un descenso al nivel de los ritmos y estructuras de las fuerzas lemurianas, de los tiempos antiguos y oscuros de la prehistoria. Al lado de esto, vemos que los descendientes de los lémures, los africanos, intentan alcanzar un peldaño más elevado con sus «espirituales», la música típica de los templos blancos de la Atlántida. En ello observamos un descenso de la raza blanca y un ascenso de la raza africana. De nuevo se confirman las palabras: «Los últimos serán los primeros.»

 

La ética y la mística de un hombre están siempre en concordancia con sus aspiraciones sociales. Por esto la iglesia, tal como la conocemos, es una iglesia de la dialéctica, una servidora fiel de la humanidad.

 

El movimiento de las oposiciones tiene un ritmo que reacciona a toda clase de influencias. Así descubrimos que, en nuestro período de vida, este ritmo se ha acelerado alarmantemente, como consecuencia de los procesos magnéticos y fenómenos atmosféricos que conocemos.

 

Como ustedes comprenderán, esto va acompañado de una búsqueda por parte de la humanidad cada vez más agitada e intensa. En el movimiento de las oposiciones, los hombres buscan siempre un lugar seguro, el lugar más seguro. A causa de su múltiple orientación mística, consideran que esta búsqueda es la búsqueda de Dios.

 

Sin embargo, esto no significa buscar verdaderamente a Dios, sino un efecto recíproco, en constante crecimiento, entre el hombre y el campo de fuerza del que vive. Esto nos conduce ante un problema, el mismo problema ante el que se encontró Pablo cuando llegó al mundo griego y halló una múltiple búsqueda de Dios y un intenso esfuerzo místico, pero no la verdadera búsqueda de Dios.

 

Colóquense ustedes mismos ante este problema. Todo hombre está descontento por naturaleza y, por consiguiente, es un buscador, provisto de una fuerza de fe fácilmente explicable. Esta le impulsa a buscar, le hace encontrar, perder, buscar de nuevo y encontrar, y de nuevo permanecer con las manos vacías, y todo esto a una velocidad cada vez mayor.

 

Millones de hombres bailan sus bailes sexuales lemurianos al ritmo del Hot‑Jazz, de la misma manera en que se reunía a la masa en los templos lemurianos y se excitaba su instinto de reproducción, para hacerla descender aún más profundamente en la materia.

 

Adviertan ‑si pueden‑ cómo se realiza una desmaterialización, una salida de la materia, un rechazo del mundo, no en sentido liberador, sino en sentido retrógrado, como un regreso a los tiempos arcaicos, sin el menor beneficio. La gran destrucción por el fuego ha comenzado. El proceso tiene lugar ante nuestros ojos, es decir, ante los ojos de quienes pueden verlo.

 

Pregúntense ahora: ¿Participamos en este proceso? ¿Somos arrastrados, en este proceso, a una búsqueda eterna como el legendario «judío errante»?

 

¿Quién es su Dios? ¿A quién les une su fe? ¿Quizás llamen a su dios «Gnosis»? Pero, ¿es en verdad así?

 

Ustedes saben cuán numerosos son los que tienen frecuentemente en los labios la palabra Cristo y, en cambio, se dejan arrastrar por los torbellinos del mundo. Ustedes no son hipócritas, pero sus tendencias místico‑naturales podrían embaucarles. El misticismo le da a todo un barniz de belleza, fervor y encanto; da a cada uno lo que desea. ¿No podría ocurrir que se estuvieran engañando? ¿Nos permiten colocar este problema con insistencia ante ustedes?

 

El estado de fe al que se refiere la Gnosis no se adapta a nuestro estado natural, a ningún estado natural. Se trata del toque de la Rosa del Corazón efectuado por el campo de fuerza de la Gnosis moderna.

 

¿Quién puede establecer esta unión? Sólo el buscador que, por desesperación o discernimiento, ha hecho callar los instintos naturales que le mueven.

 

Quien posee esta unión, es inflamado por el Espíritu de Dios. Es inundado por una Fuerza que, en todos los sentidos y aspectos, en cada matiz, es diametralmente opuesta al impulso natural que le hacía obrar hasta entonces. Quien obedece a esta Fuerza, quien sigue a esta Voz, es un verdadero creyente en el sentido de la Gnosis.

 

A raíz de esto se desarrolla un proceso de desmaterialización. La casa de la servidumbre es abandonada. Pero no se trata de ser expulsado a las tinieblas del pasado remoto, a la división de los sexos, donde todos se espían y atacan entre sí, sino de una marcha hacia el mundo de la Humanidad‑Alma, hacia la Nueva Jerusalén.

 

Por lo tanto, la Era de Acuario ha comenzado con un proceso de desmaterialización para toda la humanidad. Mas este proceso es llevado a cabo por dos caminos estrictamente separados, con dos metas diferentes. ¿En qué camino se encuentran ustedes? No más tarde, ¡sino ahora!

 

Por esta razón, queremos dirigirnos exclusivamente a quienes se encuentran en el buen camino. A ellos podemos darles las indicaciones concernientes a los procesos que ya están en desarrollo.

 

¿Pueden ustedes saludar así el Día de Acuario?:

 

«Alimentos Santos, Fuerza de Renovación.

Agua Viva, oh Poder Divino,

Fuentes de la Vida, oh Núcleos del Fuego,

¡tócanos en esta hora!»

 

¿Recorren ustedes el Camino de la Rosa y de la Cruz? ¿Está orientado su corazón hacia la verdadera salvación? Es decir, ¿dejan a la Rosa regir, en orientación exclusiva, en la totalidad de su séptuple corazón?

 

Estas son algunas de las preguntas que les planteamos, ¡pues ha llegado el tiempo del gran cambio!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 7

 

 

                        El Muy Anciano y la Leyenda de Hoël Dhat

 

 

 

Nuestra vida transcurre en un espacio. Nosotros hablamos de un orden espacio‑temporal, es decir, un «espacio» en el que todo está sometido a un fenómeno que denominamos «tiempo». Con esto queremos expresar que todo lo existente tiene un comienzo y un fin, un ascenso y un descenso; en pocas palabras, es dialéctico.

 

A la ascensión la llamamos nacimiento; al descenso, muerte. En el punto en el que la muerte ha llegado a ser total y el microcosmos está completamente vacío, comienza de nuevo el nacimiento. Todo lo que acontece, ya ha existido; todo lo que existe, está destinado a perecer.

 

Este orden dialéctico, este orden espacio‑temporal, en el que la muerte es una inexorable compañera para todo y para todos, encierra grandes secretos. Es necesario intentar desvelar algo de estos secretos, con el fin de vivificar su comprensión y discernimiento respecto a la necesidad de la Transfiguración. Si tenemos éxito en nuestro empeño, comprenderán muchos procesos que tienen lugar en su vida y a nuestro alrededor, hasta ahora incomprensibles. Comprenderán su sentido, y así podrán decidir si quieren colaborar ilimitadamente en estos procesos o si quieren abandonarlos completamente. Cuando reflexionamos sobre los procesos de la vida y de la muerte y hablamos de ellos, la mayoría de las veces nos limitamos a las diversas formas de vida que conocemos y con las que tenemos un contacto inmediato.

 

Como sabemos, la Rosacruz enseña que todo lo que entendemos por «nuestra personalidad», está sometido a la muerte. Esto quiere decir que todos los cuerpos que componen nuestra personalidad, al igual que la conciencia que vive en ella ‑que nosotros denominamos nuestro «yo»‑, no se pueden mantener en ninguna de las dos esferas del orden espacio‑temporal; son totalmente aniquilados, disueltos. Lo que queda es solamente el microcosmos, que, una vez vacío, se hace con un nuevo habitante, puesto a disposición por el proceso de conservación terrestre.

 

Pero, ¿saben ustedes que existe otro proceso de muerte en el microcosmos?

 

Mientras nosotros, nacidos de la naturaleza del orden espacio‑temporal, vivimos en nuestro espacio, nos encontramos en un proceso de muerte. Este morir se lleva a cabo en un espacio de tiempo de unos cien años como máximo. Todo esto les es conocido.

 

Sin embargo, en este orden espacio‑temporal existe otro proceso de muerte que puede durar millones de años; es la muerte del «Otro» que, igual que ustedes, está encerrado en el mismo microcosmos. Cuando cierran para siempre los ojos en la esfera material y yerran un tiempo por la esfera reflectora, entonces ese «Otro» en su microcosmos tendrá, tal vez, que recorrer todavía, a través de tiempos inconmensurables, su camino de muerte. A ese «Otro» lo hemos llamado hasta ahora «la Rosa», y sabe que esta Rosa es un punto de contacto de la Radiación Gnóstica, un contacto entre dos mundos.

 

Ahora bien, detrás de esa Rosa se encubre un gran secreto. Detrás de la Rosa se encuentra oculta en el microcosmos una mazmorra, un sepulcro, en el que está encadenado el «Muy Anciano», el Perpetuo Agonizante, que lleva consigo las torturas y experiencias de sus diversos compañeros mortales que estuvieron cerca de él.

 

En este orden espacio‑temporal trabajan grandes fuerzas que pretenden hacer morir lo antes posible al «Muy Anciano», oculto tras la puerta de la Rosa dorada sanguínea, con el objeto de que sólo quede en el microcosmos una cicatriz como recuerdo y ya no exista ningún peligro para el orden espacio‑temporal.

 

Por otro lado, grandes fuerzas están activas para hacer llegar al «Muy Anciano» su pan de vida a su celda, con el fin de mantenerlo en vida y alargar su mísera existencia, con la esperanza de poder liberarle de su agonía y salvarle de todos los peligros.

 

Expresado en pocas palabras, ocurre así: En cada microcosmos se encuentran dos entidades, nosotros mismos y el Otro, el Muy Anciano.

 

Ustedes mismos, que están sometidos totalmente a la naturaleza de la dialéctica, que tienen su comienzo y su fin en el tiempo.

 

Y el Otro, prisionero en esta naturaleza, a pesar de no ser de esta naturaleza. El tiene su origen en un estado de vida completamente distinto, pero, a causa de un incidente acaecido en tiempos muy remotos, se ha hundido en el de ustedes. El no vive realmente; por decirlo así, quedó congelado en el orden espacio‑temporal, desvanecido, en trance, en un trance de muerte. Su vida se va apagando con imperceptible lentitud en el frío del mundo.

 

Si este proceso de muerte se consumase, esta muerte sería mucho más horrorosa que la nuestra. Cuando una entidad, que está destinada a ser eterna, cae en un campo de muerte, tal estado se asemeja al de un suicida. Es un estado, al que no se puede escapar y que en la Lengua Sagrada es denominado «las tinieblas exteriores».

 

En su campo de vida microcósmico inmediato prevalece así un estado extremadamente complicado. En él son vividas dos vidas, ambas son mortales, si bien una de ellas transcurre como a cámara lenta. Sin duda, alguna vez podrá ser explicado completamente cómo ha surgido esta dramática y extraordinaria situación, pero por de pronto ya se puede comprobar que la situación es, en efecto, tal como la describimos.

 

En relación con esto, piensen en una de las frases que se encontraron escritas en la lápida del templo funerario de Cristián Rosacruz: «No hay espacio vacío».

 

La Enseñanza Universal nos dice que, tanto en nuestro mundo como en el superior, la Sustancia Original es séptuple. Además, cada estado o cada principio se divide en siete grados de densidad y de tipo, y así sucesivamente. De esta manera, resulta una cantidad desconocida para nosotros de espacios en los siete espacios o planos originales, y a su vez estos siete espacios deben ser vistos como una unidad. Vista en su totalidad, esta unidad manifiesta la totalidad del universo. Todo está comprendido en esta unidad. En esta unidad de sustancia fluye el Aliento Divino.

 

La humanidad, empero, identifica su experiencia del espacio y de este orden (su realidad vital dialéctica) con el único objetivo divino absoluto. Nosotros sabemos que la sustancia a partir de la cual existe y vive nuestra humanidad, es totalmente diferente a las otras sustancias y espacios. Por esto, los habitantes de la Tierra, que sólo experimentan su propia manifestación de la sustancia y de la materia y sólo conocen su propio espacio, y que por ello son como ciegos ante las otras sustancias, creen que el universo es sólo espacio vacío.

 

Pero no hay ni un milímetro, ni un átomo de espacio vacío. Una entidad de otro espacio de la manifestación universal no podrá expresarse en nuestro orden espacio‑temporal; no podrá vivir ni existir en él. Si tal entidad vivía una vida eterna en «su» espacio, en tanto que prisionera en este espacio‑tiempo conocerá a la muerte como la esencia de vida. No obstante, en tanto que entidad eterna no sufrirá la muerte en nuestro sentido. Por ello su destino será «las tinieblas exteriores».

 

En todos los relatos de la Enseñanza Universal y de la Lengua Sagrada, se ve con claridad que de hecho un número muy grande y desconocido de entidades de un campo de manifestación más elevado y más perfecto, se hundió en el nuestro. Inmediatamente después de esta caída, ya no se pudieron manifestar más, debido a la naturaleza totalmente distinta del campo de manifestación dialéctico. Y así estaban irremediablemente perdidos. En otros tiempos habían sido hijos de la Luz, sin embargo ahora se volvieron hijos de las tinieblas.

 

Todo esto es explicable científicamente. Las posibilidades naturales son siempre limitadas. Nosotros, en tanto que seres que respiramos por los pulmones, no podemos respirar en el agua ni tampoco en un espacio sin aire. Tan pronto como se perturba fundamentalmente nuestro estado natural, ya no podemos sobrevivir.

 

Así ocurre también en los múltiples espacios de la manifestación universal. Queda excluido que una criatura sea transplantada del espacio de su naturaleza a otro espacio que no corresponda con su naturaleza, porque las manifestaciones son básicamente diferentes.

 

Posiblemente sepan, por la enseñanza de la Rosacruz, que el espacio dialéctico de la manifestación universal nunca estuvo previsto como campo de vida para entidades humanas. El espacio dialéctico tuvo y tiene, según su esencia, una finalidad totalmente diferente.

 

No obstante, cuando en el pasado más remoto muchas entidades se hundieron en este espacio dialéctico, en este caos de los opuestos, y así quedaron irremediablemente perdidas, el Logos quiso desarrollar para ellas una manifestación de salvación.

 

Una manifestación de salvación, una manifestación de curación, está siempre limitada en el tiempo, está sometida al tiempo y no es concebida como perdurable. Por ello, todos nuestros microcosmos están sometidos a esa manifestación de salvación. Esto explica también nuestra presencia en el microcosmos, la presencia del ser espacio‑temporal. En tanto que seres vivientes en este orden, somos llamados a vitalizar, por la puerta de la Rosa, al prisionero, al caído, al congelado, al Hombre Original, al «Muy Anciano». Somos llamados a llevarle, en calidad de precursores, a través de las fronteras de nuestro espacio natural. Por lo tanto, dar la posibilidad al caído en nuestro microcosmos de regresar a su Patria.

 

Al mismo tiempo, la manifestación de salvación para el «Muy Anciano» es para nosotros una buena nueva de salvación. A nosotros, seres temporales, sometidos a nuestra naturaleza, nacidos y consagrados a la muerte, nos es prometida la eternidad en la Patria del Muy Anciano, si nos consagramos a la tarea para la cual existimos.

 

Si quedamos absorbidos por nuestro compañero, abandonamos con él los espacios del tiempo, para entrar en los espacios de la Vida Eterna. Si en tanto que verdaderos servidores y servidoras queremos realizar nuestra tarea en la casa de servicio microcósmica, tendrá lugar el gran milagro de que lo temporal será absorbido por lo eterno. Por el «no‑ser» de la naturaleza, por el «no‑hacer» de nuestro yo de la naturaleza, seremos escogidos todos como Hijos de Dios y atravesaremos la puerta de la Rosa.

 

Para poder recorrer este maravilloso camino, tenemos que destruir todas las ilusiones relativas a lo espacio‑temporal. En el punto divisorio de la frontera del tiempo tenemos que despedirnos de las fuerzas espacio‑temporales, ya que, en virtud de su esencia, las fuerzas espacio‑temporales intentan atarnos siempre a la naturaleza de su tierra.

 

En todo esto se basa la maravillosa leyenda de Hoël Dhat, que Gustav Meyrink empleó para componer su fantástica novela «El ángel de la ventana de occidente». Es una historia en la que no ha sido olvidado ningún aspecto del camino que todos nosotros tenemos que recorrer. Si analizamos la leyenda de Hoël Dhat, descubrimos lo siguiente:

 

En el relato se habla de una espada. La espada, la cruz, es el símbolo del hombre. En los antiguos misterios se habla de una espada invencible, magníficamente forjada, con piedras preciosas engastadas. Es el hombre eterno, que vive en los espacios no dialécticos del universo.

 

Este hombre se llama Hoël Dhat. «Dhat», llamado siglos más tarde «Dee», significa «el Bueno». «Hoël» hace alusión al ser original en la eternidad de Dios. El hombre de este estado, la espada engastada de piedras preciosas, vive en un paraíso, en un jardín, en medio de una Fraternidad, cuyos miembros se llaman «los Jardineros».

 

Uno de estos seres reales se hundió en los espacios del tiempo. Así, uno de los descendientes de Hoël Dhat pierde su espada real, su esencia real. Cae prisionera de Iván el Terrible. Ya no existe para ella ninguna esperanza. También cae en poder de la Reina Isabel de Inglaterra. Y entonces nuevamente irradia la esperanza. Sin embargo, se pierde completamente el recuerdo de la espada. Muchos la toman por una daga, una navaja, un abrecartas, algún objeto útil para la naturaleza dialéctica. Su noble forma es alterada.

 

Hasta que finalmente uno de los descendientes de la manifestación de salvación recorre el camino de la Santificación, purifica la espada de su maldición y de la sangre de la naturaleza inferior, y la lleva de regreso a sus antepasados, al Jardín de los Jardineros. El héroe que realiza esto es John Dee, «Juan el Bueno», el precursor de Jesús, el hermano que penetra en el sepulcro para liberar al «Otro». El es llamado «el buen servidor que se consagra a la Rosa dorada sanguínea».

 

Gustav Meyrink ha conseguido hacer comprensible, de forma sublime, los altibajos del Camino de la Liberación. Esperamos, por lo tanto, que su libro pueda ser para ustedes una gran ayuda en su camino y que pueda dar profundidad a su discernimiento en su viaje hacia el Jardín de los Jardineros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 8

 

 

                  El camino de la izquierda y el camino de la derecha

 

 

 

Todos sabemos que vivimos en un período de tiempo, en el desarrollo de los acontecimientos mundiales espacio‑temporales, denominado «los días del final». La Enseñanza Universal quiere expresar con esta alusión que de un período dominante se pasa a otro totalmente nuevo, en el que surgen otras condiciones de vida, otras fuerzas y situaciones totalmente distintas. En una época de transición como ésta, innumerables hombres ven derrumbarse sus castillos en el aire. Decepcionados, con sus ilusiones destruidas, se vuelven receptivos, en cierto sentido, a impulsos nuevos, a consecuencia de sus amargas experiencias.

 

Las épocas de transición siempre van a la par, están unidas a nuevas radiaciones electromagnéticas. Cada uno de nosotros puede comprender que, en tales tiempos, toda la humanidad se vuelve extremadamente sensible, nerviosa, irritable y capaz de los comportamientos más extraños. Con un poco de reflexión se puede comprender también que, justo en estos tiempos, una fuerte actividad parte de la Gnosis, en su intercesión en favor de la salvación de la humanidad. En todo caso, un hombre dialéctico en desequilibrio estará más preparado y dispuesto para escuchar la Voz de la Gnosis, que el hombre que todavía está completamente absorbido por su aspiración natural.

 

Por ello se dice en las Sagradas Escrituras: «Ocurrirá al final de los días, dice Dios, que verteré Mi Espíritu sobre todo lo que vive. Vuestros hijos e hijas profetizarán, los jóvenes tendrán visiones y los ancianos sueños.» (Hechos 2:17)

 

Esto será acompañado por una fuerte actividad de los Misterios, para dar a conocer todo lo que antes estaba escondido, con la esperanza de que muchos lo vean, lo reconozcan y presten oído a ello, pues quien ve, reconoce y oye, también puede reaccionar.

 

Las facultades y la actividad de nuestro organismo sensorial dependen de los cinco fluidos del alma. Dado que el estado de nuestra alma difiere del de cualquier otro y está coloreado de manera muy personal, todos oímos y vemos de una manera muy individual. Nuestro ojo derecho está en unión muy directa con la pineal y la parte del cerebro correspondiente. Por el contrario, nuestro ojo izquierdo ha surgido del pensamiento cerebral, mental y habitual, del intelecto natural, y se encuentra unido a él. En relación con esto, tenemos que tener en cuenta que nuestro aparato racional se explica por la vida de los deseos, por el cuerpo de los deseos, y es regido y controlado por éste. Por ello, se puede decir que el ojo izquierdo es dominado por el hígado.

 

Con esto queremos que vean con claridad que un hombre que todavía no ha sido «inflamado por el Espíritu de Dios» y que, por lo tanto, no ha abierto su alma a la Luz de la Gnosis, es realmente «un tuerto». En todo caso, el ojo derecho todavía no puede ser empleado para la percepción interior, porque el acceso que conduce a la parte del cerebro de la pineal pasa por un camino desde la hipófisis ‑colocada en el centro del alma‑ hasta la pineal. En el embrión humano, los ojos crecen desde lo profundo de la sustancia cerebral hacia afuera. Mientras la pineal no esté abierta a la Luz Gnóstica, el ojo derecho no podrá percibir ni inflamar esta Luz.

 

Visto mística y gnósticamente, el ojo sirve para encender la luz o para estimular la luz ya encendida. Lo que poseemos interiormente, es buscado y atraído por el ojo y aspirado, en tanto que oxígeno espiritual, para determinadas necesidades de luz.

 

En la mayoría de los hombres, el ojo derecho sirve para apoyar al izquierdo, es decir, está sometido a éste. Por lo tanto, cara a su verdadera función, está ciego, inactivo. En este estado, vemos al mundo y a la humanidad exclusivamente a través del espejo de nuestro deseo y del pensamiento cerebral sometido a éste. Por ello, la función de nuestros ojos está centrada completamente en el yo, es autoconservadora. Miren hacia donde miren, todo ocurre a partir del deseo: ¿Qué me satisface? ¿Qué puede servir de alimento al yo? ¿Qué es útil para mi dicha?

 

También podríamos querer acercarnos a la Gnosis y a sus Misterios de esta manera, pues no existe ningún mortal ni ningún animal sobre la tierra que no busque la felicidad: la satisfacción de los instintos naturales, el placer del comer, la gloria después de la muerte, la felicidad del nido caliente. También la masa que ve con el ojo izquierdo, cuando está en apuros, examina a su manera la Gnosis y su manifestación para ver de qué manera puede emplearla para el mantenimiento de su propio estado. Algunos hombres intentarán acercarse a la Gnosis como búsqueda natural, como exploración de regiones desconocidas, como una forma del instinto de autoconservación y autoprotección. Sin embargo, ustedes comprenderán fácilmente que tales hombres no pueden comprender la Gnosis, porque no ven realmente la Luz; se acerquen por donde se acerquen a la Gnosis, llegarán a las más absurdas interpretaciones, explicaciones y conclusiones.

 

Este comportamiento ha sido siempre un gran peligro para los servidores gnósticos y sus escuelas. La manifestación del Espíritu es vertida sobre toda carne; sin embargo, lamentablemente, no toda carne consigue ver de la única manera justa, ya que a menudo las reacciones sensoriales conducen a estados inadmisibles.

 

Lo mismo ocurre con nuestro oído. El oído derecho trabaja junto con el ojo derecho, al igual que el oído izquierdo lo hace con el ojo izquierdo. Lo que el ojo ve, lo percibe el oído. Sabemos que la luz posee una vibración más elevada e intensa que el sonido. Por ello la luz es determinante para el sonido. En la naturaleza ordinaria vemos primero la luz del rayo y sólo después oímos el estruendo del trueno.

 

En lo referente a la intervención gnóstica en favor de la humanidad, ocurre casi siempre lo contrario. Debido a que los hombres son insensibles a la Luz, la Voz toca primero a los hombres. Sin embargo, todavía no es la Voz de la Luz misma, sino la voz de la Escuela Espiritual y sus servidores y servidoras. Cuando el oído derecho no es suficientemente receptivo para comprender, ni siquiera un poco, todo es percibido entonces por el oído izquierdo y así traducido al ojo izquierdo, es decir, al yo natural. Considerando la situación biológica general del hombre, comprenderán cuán necesario es que la Gnosis se sirva del método de enviar servidores.

 

«Voz y Nombre» es decir, fuerza y finalidad de la Luz, deben ser traducidos y aportados a todos los hombres. Este método es, para todos los que lo tienen que aplicar, un camino de sufrimiento y aflicción. La palabra que es aportada, la llave ofrecida para obtener la verdadera percepción sensorial, es rechazada y ridiculizada. El trabajo de los servidores despierta odio y oposición, tal como ha ocurrido siempre cuando los que están en el camino de la derecha se dirigen a los que, por su estado natural, se mantienen en el camino de la izquierda.

 

El trabajo de la Escuela Espiritual y su elevada actividad en este período de la humanidad, deben verlos como un intenso esfuerzo por facilitar el acceso al Espíritu que es vertido sobre toda carne, y hacer realidad un cambio verdadero y básico de las facultades sensoriales en los hombres, o sea, un esfuerzo por que el ojo derecho y el oído derecho respondan a la Llamada del Espíritu.

 

El sacrificio realizado en este sentido por los servidores de la Gnosis, dará un resultado negativo en lo que respecta a la mayor parte de la humanidad, en forma de oposición y odio, burlas y persecuciones de todas las formas imaginables e inimaginables. Todos los que sirven a la Luz, saben todo esto de antemano. Ellos aceptan de todo corazón esta espina en la carne, si el sacrificio de la Luz es aceptado por los que buscan la Luz de verdad.

 

Los que pueden aceptar y aceptan positivamente el sacrificio de la Luz, demostrarán su estado de ser por una clara y reconocible conducta, por un comportamiento de vida nuevo. Cuando un hombre recibe oídos para oír y ojos para ver, en la Biblia esto significa que el ojo derecho y el oído derecho, en virtud de la nueva actividad del alma, se han vuelto sensibles a las vibraciones gnósticas.

 

Ambos sentidos del camino de la derecha influyen entonces en los del camino de la izquierda, esto quiere decir que el intelecto se adapta, los hábitos mentales oxidados son atacados, la totalidad de la vida de los sentimientos y de los deseos es convulsionada por la Luz juzgadora. La gran demolición de la totalidad del estado natural comienza por el hecho de que un hombre empieza a comprender y a ver algo del Espíritu que es vertido sobre la humanidad. Dicho en pocas palabras, la totalidad del estado de las facultades sensoriales se invierte completamente, y esto aporta consecuencias imprevisibles. El hombre inicialmente orientado hacia la izquierda comienza a estar en el camino correcto, en el camino de la derecha.

 

Sin duda han oído hablar a menudo de la «conversión». Pues bien, la verdadera conversión es, ante todo, una transformación sensorial. Si la Escuela Espiritual moderna consiguiera una conversión tal en ustedes, podría considerar que su trabajo en ustedes habría sido coronado por el éxito. Pues el cambio sensorial, del que hemos hablado, está unido al correspondiente cambio del ser aural de su microcosmos. Este cambio abre el templo funerario donde está prisionero el «Muy Anciano», sobre el que ustedes han leído en el capítulo anterior.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 9

 

 

                       El proceso oculto y el proceso transfigurístico

 

 

 

En el capítulo anterior les hemos explicado cuál es la diferencia que existe entre las funciones sensoriales del hombre dialéctico de la masa y las del grupo de hombres que recorren el Camino. Nos referimos a esta diferencia hablando de los hombres que recorren el camino de la izquierda y de los que emprenden el camino de la derecha, debido a que los órganos sensoriales situados en el lado derecho del cuerpo tienen una función y un origen orgánico diferente a los situados en el lado izquierdo.

 

Así se manifiesta una vez más que el orden divino de emergencia es previsor en todo, y también que el hombre nacido de la naturaleza dialéctica, puede ser, en el pleno sentido de la palabra, el servidor de su morada microcósmica, si se orienta hacia su verdadera vocación divina. Su tarea consiste en despertar al hombre espiritual (la imagen de los ojos muertos) caído en la prisión microcósmica, en unirse a él, con el fin de que así pueda emprender el viaje de retorno a la Patria Original.

 

El hecho de que las funciones orgánicas del hombre dialéctico actual, el tipo de hombre predominante hoy, ya no respondan a la finalidad original, da lugar a muchas ilusiones. El hombre dialéctico está caído, mancillado, desnaturalizado. Ha perdido incluso el recuerdo de su vocación. Ya no conoce el plan del orden de emergencia. Y hasta el mismo orden de emergencia, debido a una serie de fuerzas naturales, ha perdido el equilibrio.

 

Así pues, comprobamos que casi todos los hombres, en virtud de la función de sus órganos, se encuentran en el camino de la izquierda. Las fuerzas de los órganos que se encuentran en la parte derecha son dominadas por los de la izquierda, lo que significa prácticamente que son dominadas por el yo natural, por el cuerpo del deseo, por el yo primitivo del sistema hígado‑bazo.

 

Quien quiera recorrer el Camino, deberá someterse a dos procesos de desarrollo que se realizan paralelamente, pero que tienen una meta completamente distinta, y que tienen que ser bien diferenciados uno del otro.

 

Si dijésemos a los hombres: «Recorran el camino de la entrega del yo al Otro; pasen por la puerta de la Rosa y despierten al hombre espiritual en su microcosmos; ofrezcan el yo natural al Hijo de Dios en ustedes», o sea: «Recorran el Camino de Juan en el desierto», entonces diríamos la verdad y expresaríamos completamente una necesidad; sin embargo, habríamos expresado una verdad ante todo negativa, porque el tipo de hombre dialéctico actual no puede recorrer sin más el Camino de Juan. Todo el ser del hombre dialéctico actual ya no es apto para ello en virtud de su estructura orgánica. El estado del hombre de hoy no se corresponde ya con el plan de emergencia.

 

Si el hombre quiere recorrer el Camino de Juan, el camino que nos dice que «él debe crecer y yo menguar», la entidad nacida de la naturaleza, la cuádruple personalidad, la forma humana mortal, debe ser primeramente reconstituida. Ella debe ser reconstruida; tiene que ir a los astilleros para volverse un barco de vida que pueda recorrer el camino de la derecha. Sólo entonces el hombre podrá llevar su barco de vida hasta la única Meta por el Camino de Juan. Expresado evangélicamente: Hay que volverse Juan para poder ser Jesús.

 

Por esto parece que a veces incurrimos en contradicciones. Debemos atraer su atención hacia los dos procesos necesarios: volverse Juan para poder seguir a Jesús al otro lado del Jordán. Así pues, por un lado dirigimos su atención hacia el sexto plano cósmico, hacia el Nuevo Campo de Vida, hacia el Mundo del Alma, hacia la supresión total de su estado natural, y por otro lado les hablamos de los procesos corporales y de los órganos que deben corresponder a fines determinados. Por ello se nos ha dicho en ocasiones: «Por un lado predican el aniquilamiento de la naturaleza y, por otro, su desarrollo. ¿Cómo explican esto?»

 

En este capítulo obtienen la respuesta. Para que una máquina responda a su función, debe ser apropiada y estar completamente preparada. El ser humano natural no está capacitado en absoluto para responder a ese elevado objetivo transfigurístico. Además, existe el peligro de que cuando se muestran con claridad ambos procesos al hombre, y se los analiza filosóficamente, éste se interese únicamente por el proceso de desarrollo regenerativo del estado natural, es decir, por el proceso oculto, pero no por el proceso de la ofrenda de sí mismo, el proceso transfigurístico, o que, en el mejor de los casos, el proceso transfigurístico sea desplazado a un vago segundo plano.

 

A muchas Escuelas Espirituales del pasado, después de un buen comienzo, les ha ocurrido esto. Sus alumnos se hundieron en el proceso oculto y olvidaron el transfigurístico. Se tenía interés por Juan, pero no le seguían en su marcha hacia Jesús en el desierto. Semejante peligro existe siempre para cada Escuela Espiritual.

 

Las radiaciones cósmicas y atmosféricas actuales corregirían, empero, semejante falta, si se diese el caso. Las radiaciones del nuevo período han atacado a todos los hombres para hacer que la desmaterialización sea de nuevo una realidad. Cuando un hombre emprende actualmente el proceso oculto, sin estar interesado en absoluto por el proceso transfigurístico ‑para el que justamente el oculto debería hacerle apto‑, entonces la fuerza de la desmaterialización del actual universo magnético le devolverá rápidamente a la dirección negativa, al estado remoto de la raza lemuriana. Entonces este hombre se apartará, sin demora, de la Escuela Espiritual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 10

 

 

                                              La única solución

 

 

 

Hemos entrado en una época en la que, quien quiera hacer algo para intentar desprenderse de la preocupación habitual dialéctica que no conduzca a la verdadera meta de la Liberación, sufrirá serios ataques de esquizofrenia.

 

Ocurrirá que la masa reunida en las iglesias será excitada por un sermón que inducirá al éxtasis ‑según la forma del espectáculo de conversión americano extraordinariamente lamentable, que también, en su desconcierto, empiezan a utilizar las iglesias europeas‑ y como consecuencia de ello, dicha masa será presa de una obsesión colectiva. La fuerza negativa de la desmaterialización estallará entonces como una bomba y la mayoría ya no se podrá reponer más. La masa evitará las iglesias, y la iglesia será víctima de su actual propaganda, dejando atrás numerosas víctimas.

 

También ocurrirá que quienes asistan a toda clase de sesiones metafísicas, abandonarán las localidades con una demencia incurable. Un envenenamiento moral general se extenderá en todos los hombres orientados negativamente, y pronto ocurrirá que nadie tendrá necesidad de estar en duda respecto a los demás. Sólo habrá blanco o negro, y en medio nada más.

 

Ocurrirá que, pasajeramente, el hombre sólo se sentirá seguro en la dura vida dialéctica, sin el menor idealismo o consuelo cultural. En las interpretaciones efectuadas por orquestas de música clásica, de música de orientación idealista ‑tal como la Novena Sinfonía de Beethoven, con el magistral y maravilloso «todos los hombres serán hermanos»‑, ocurrirá que, en las salas de conciertos, esta música desencadenará en los oyentes los nuevos impulsos que atacan a la sangre.

 

Ocurrirá que durante la percepción por el oído de esas ondas sonoras, centenares de personas se encontrarán mal en las salas de conciertos, pues con las ondas sonoras a las que se abrieron, penetrarán las radiaciones de los nuevos tiempos. Todos los órganos orientados hacia la derecha se volverán de repente negativamente receptivos y esos hombres serán completamente dominados, con todas las consecuencias inherentes.

 

Por ello, ya nadie podrá permitirse pasatiempos en los que sean sensibilizados especialmente los sentimientos morales cultivados, si no se quieren exponer a grandes percances, de los que, en la mayoría de los casos, ya no podrán recuperarse. Nadie podrá entonces «aparentar» ni podrá quedarse a la expectativa ante los acontecimientos.

 

Les decimos esto para hacerles ver claramente, que la Escuela Espiritual de la Rosacruz les propone la transformación de la personalidad, realizada en los brazos seguros de la Gnosis. Si siguen a Juan hasta el Jordán y, a través del Jordán, van al encuentro de Jesús el Señor, hasta el templo funerario de Cristián Rosacruz, sólo experimentarán felicidad, alegría y elevación. Quien tiene el Hijo, posee la Vida Nueva.

 

El regreso ya no es posible para nadie. Sólo pueden intentar retirarse en la pétrea masa dialéctica. Muchos se separarán del grupo que sigue avanzando, con el fin de elevarse por medio de cultura negativa, religión natural, música u otro arte, o por medio de la ciencia. Sin embargo, sin excepción alguna, serán atrapados por el acelerado proceso negativo de la desmaterialización. No existirá la más mínima posibilidad de evasión, de huida, para nadie.

 

Sólo hay una solución: seguir a Cristo siendo como Juan. Restablecer el cuerpo racial del orden de emergencia dialéctico y, con su ayuda, recorrer el Camino Rosacruz, el Camino que les hemos descrito lo más detalladamente posible en los capítulos precedentes de este libro.

 

Esperamos y pedimos, ¡que ustedes no desechen nuestro consejo!

 

 

                                                   LUZ SOBRE EL TÍBET

 

                                                           por

 

 

                                      J. VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                             I

 

                                                         LUZ SOBRE EL TÍBET

 

La invasión del Tíbet por una armada china en el curso del año 1950, nos incita a hablar de esta región misteriosa y especialmente de los acontecimientos que van a producirse en este país, en un futuro próximo. Las relaciones entre el Tíbet y el resto del mundo, así como la posición que deberá asumir en el curso de la evolución futura, van a absorber enteramente nuestra atención.

Pasaremos por alto a la China, su estado actual, su poder o su futuro. Los motivos de orden político que han impulsado a la China a invadir el Tíbet, y que se encuentran escondidos tras las apariencias exteriores, no serán tampoco evocadas. Nuestro propósito es esencialmente sacar a la luz la vía que lleva a un fin fatal, que va a clausurar el inmenso drama del mundo, un fin que nadie puede detener.

He aquí las consecuencias de este acontecimiento:

– El velo del profundo misterio que envuelve al Tíbet desde hace siglos será levantado;

– Un poder inmenso, de un carácter muy particular, será establecido;

– Numerosos acontecimientos extraños van a producirse, y el mundo entero tomará conocimiento de ellos, y sufrirá de diversas maneras, las consecuencias.

En la interacción de los hechos dialécticos, todas las razas, naciones e individuos se encuentran levantados unos contra otros. Sin embargo, si ello se considera según los motivos del antagonismo mutuo y de la instigación recíproca, las consecuencias son muy frecuentemente diferentes de lo que se esperaba. Esta diferencia es debida al hecho de que los motivos y las actividades políticas solo constituyen aspectos totalmente indirectos y secundarios de las grandes directivas según las cuales la historia del mundo está en camino de realizarse. Detrás de estos acontecimientos actúan fuerzas totalmente contrarias. La batalla que se muestra, y sus motivaciones, escapan sin embargo a la humanidad media.

En correlación con la revolución mundial cuyos aspectos evolucionan según las vías cósmica, atmosférica y espiritual y sobre la cual atraemos la atención del lector ya hace años, conviene facilitar una explicación sobre lo que realmente es el Tíbet, sobre lo que pasa allí, y consecuentemente, sobre lo que promete aportar el futuro.

A manera de introducción, citamos algunos datos generales, que quizás conocéis, pero que no es inútil recordar aquí:

 

TÍBET-: Es el nombre de un vasto país montañoso del Asia central situado entre el grado 27 y 39 de latitud norte. Esta situación privilegiada es especialmente notable, pues el Tíbet, como luego explicaremos, en razón de su situación geológica, está en situación de controlar al mundo entero, y esto más aún por que la zona situada entre los grados 20 y 50 de latitud Norte es la menos poblada del mundo.

 

El «TECHO DEL MUNDO» está bordeado por todos los lados por cadenas de altas montañas, de las cuales la más conocida es el Himalaya, que lo delimita al Sur.

Su población pertenece a la raza mongola, una de las más antiguas del globo. Por ello posee una disposición religiosa natural, así como una fuerte inclinación a la magia religiosa, a través de la cual habla aún la antigua Atlántida.

Este estado ha servido de base para el desarrollo del lamaísmo, que es una deformación dialéctica completa del budismo original. El lamaísmo está implantado en el Tíbet en miles de monasterios. Un tercio de la población masculina tibetana pertenece al estado eclesiástico, a la cabeza del cual está simbólicamente colocado el Dalaï Lama.

El termino «lama» quiere decir «sacerdote»; el lamaísmo es pues una reglamentación del sacerdocio. La orden más importante es la de los «bonetes amarillos»; constituye una jerarquía oficial que comanda enteramente la vida política exterior del país y mucho más allá. Los «bonetes amarillos» viven en estado de celibato; están sometidos a una ley jerárquica muy severa, y, lo que constituye una de sus características exteriores, practican una vida estrictamente basada sobre la oración mágica.

Los arciprestes, o superiores de los monasterios, forman, de hecho, un orden aparte. La muerte no debilita en absoluto su poder ni su influencia, puesto que se reencarnan inmediatamente. Su reencarnación es anunciada con anterioridad; los padres y el lugar de residencia son designados, siendo tomadas todas las precauciones para excluir errores. Esto explica porque los superiores de los monasterios son aún niños. La ventaja de este procedimiento, perpetuando su poder, es evidente.

La orden de los arciprestes posee un Consejo que ejerce el poder real, estando a su cabeza un duunvirato:

-el Dalaï Lama en Lhassa,

-el Tashi Lama en Tashi-Lhumpo.

El Dalaï Lama y el Tashi Lama deben llevar una vida contemplativa y meditativa. Son considerados como semidioses, siendo reverenciados y adorados como tales. Son los representantes directos de la jerarquía lamaística.

De estos dos jefes, el Tashi Lama es el más poderoso y el más misterioso. El Dalaï Lama aparece frecuentemente en publico, atrayendo la atención sobre él. El Tashi Lama vive retirado y actúa en secreto: él es el verdadero gran maestro del «Techo del mundo».

El lector atento habrá notado sin duda que existe una fuerte similitud entre el lamaísmo y el catolicismo romano; en efecto, no hay diferencia entre la verdadera naturaleza de estos dos sistemas jerárquicos; por una parte, el Tashi Lama, rodeado de su Consejo de superiores, y por otra, el Papa, asistido por su Consejo de cardenales. Sus objetivos son parecidos y numerosos de sus métodos son similares en cuanto a su carácter y a su aplicación.

La única diferencia esencial reside en la manera como es concebido el desplegamiento más elevado del poder.

Para este efecto, el lamaísmo aplica el método de la concentración, es decir: concentrar el poder sobre un punto. Por esta razón, el «Techo del mundo» puede ser llamado la fuerza más considerable entre las potencias dialécticas.

El catolicismo romano aplica el método de la penetración: una ostentación permanente del poder por la conquista de las almas.

Antaño, no reinaba la paz entre estas dos jerarquías; por ello fue proyectada una invasión de misioneros al Ticket, pero esto fue un fracaso. Ni la misión católica romana, ni los misioneros protestantes han tenido jamás la posibilidad de ejercer allí la menor influencia, pues la entrada al Ticket era prohibida a la casi totalidad de los misioneros, y en algunos casos de excepción en el que llegaban a penetrar allí, su paso era un fracaso.

En el presente la paz parece reinar, si se considera que durante la «semana internacional de oración» organizada por la iglesia de Roma, que dicho sea de paso, es un método copiado a sus colegas orientales, no se ha dicho ni pío del lamaísmo.

Se puede añadir, para ser completos, que existe aún un cierto numero de jerarquías competitivas menos importantes, tales como el Islam, el Hinduismo, la Iglesia Anglicana y numerosos grupos menores resultantes de la dislocación del Protestantismo.

Una manera del Status Quo es mantenida entre las dos jerarquías más poderosas, Roma ha hecho lo que era necesario para impedir al Occidente que conociera el verdadero rostro del Ticket, de manera que el mundo occidental ignore el carácter profundo del «Techo del Mundo». De esta manera, el punto de vista occidental y la interpretación del cristianismo han podido salvaguardar su influencia. Por otra parte, Tashi-Lhumpo solo está orientado hacia el poder real; luego la necesidad de permanecer desconocido es cultivado allí con toda consciencia. Por ello la actitud de Roma a este respecto, debe ser considerada finalmente, como muy ventajosa para Tashi-Lhumpo.

El lector debe comprender que la posición que nosotros tomamos al respecto del lamaísmo no afecta de ninguna manera a los tibetanos en tanto que seres humanos. En virtud de nuestra misión, condenamos solamente el sistema de magia natural religiosa utilizada por el lamaísmo. En virtud de su inclinación natural pronunciada por la religión, los tibetanos se han vuelto las propias victimas de su sistema.

Idénticamente, cuando tomamos posición con respecto al catolicismo romano, no se trata para nosotros más que de un sistema mágico religioso y no de las personas sometidas a esta religión

Antes de concluir este capítulo, debemos de restablecer toda la verdad sobre el Tíbet.

Existe un cristianismo verdadero, universal, que no puede ser comparado al cristianismo de la iglesia oficial y no ofrece nada en común con él. Este último solo es una sustitución occidental que violenta a la verdad, en relación al cristianismo Universal, y encerrando esta verdad en un corsé de motivos e intenciones puramente terrestres. Se observa un estado similar en lo que concierne al lamaísmo; a partir del Budismo Universal original, se ha efectuado una deformación oriental de magia natural, llamada injustamente budismo del norte.

Además existe en el Tíbet, otra Fraternidad, una Fraternidad que ejerce sus actividades en bien de otros puntos del mundo en el nombre de la Unidad, de la Libertad y del Amor. Esta Fraternidad solo reconocía una única jerarquía: la Jerarquía Divina del Reino Primordial que no es de este mundo. Ella solo tiene un objetivo: el de liberar a la humanidad caída, a toda, de la desilusión y de la decepción que la retienen unida a este mundo, en la pena y el sufrimiento y reconducirla hacia el Reino Primordial, el Reino Inmutable. Esta es la verdadera Fraternidad, según Juan. Un conjunto de testimonios que resonaban y resuenan aún en los oídos de la humanidad errante: «Preparar los Caminos del Señor pues el Reino de los Cielos está próximo».

Allí donde este grupo aparecía y continua apareciendo, en la parte oriental del Tíbet, ha sido rodeado y velado por un gran numero de leyendas, de mitos y de fábulas, de contra-verdades y semi-verdades que conviene rechazar completamente. Aún en el presente, una falange de está Fraternidad de Testigos está activa en el Este.

Con el fin de descartar toda especulación sobre las actividades presentes de esta Fraternidad, desearíamos señalaros un hecho apuntado en el pasado y confirmado por todos los Escritos Universales:

En la pagoda de PI-YUN-TI, cerca de Pekín existe una sala que contiene las estatuas de 500 Lohans.

Un Lohan es un hombre al servicio activo de la Vida Universal, un Servidor en el sentido sublime. Más o menos un siglo antes de nuestra era cristiana, una centena da Lohans que, por supuesto, no habían todos alcanzado el mismo grado de desarrollo, se reagruparon en alguna parte de la China. Se habían escapado de su patria de origen, las Indias, a causa de las terribles persecuciones a las que los Budistas los habían expuesto. Fueron obligados a huir, pues se habían comprometido a:

-No vengarse,

-no dejarse arrastrar en ningún conflicto,

-y continuar su acción en tanto que su obra no estuviera acabada.

Ellos eran los sucesores de un gran número de Lohans difuntos y, como tales, discípulos de Tathagata, el Perfecto. Como a todos los Lohans, se les llamaba: «Aquellos-con-la-Voz-Dulce», en virtud de su actitud para cantar y recitar «Mantrams» de una manera correcta, mágica y eficaz.

Recitar o cantar un «mántram» no es un acto de oración. Un «mántram» es una frase mágica y si se trata de un «mántram» original, divino, el ritmo desarrollado por el canto se combina con la ley primordial de las causas divinas, enteramente en armonía con la calidad, la voluntad y los actos del cantante, el Lohan que está en este mundo, pero ya no es de este mundo.

Los mantrams, cantados por los Lohans, irradiaban a través de las esferas como dulces cánticos, como una manifestación de glorioso poder divino, como una respuesta de amor a sus sanguinarios enemigos, para la bendición de toda la humanidad, para aquellos que buscaban el camino de regreso hacia la Patria original.

Así pues, por un acto mágico, predicaban la Única Buena Ley. No luchaban, no se vengaban y trabajaban en tanto que su tarea no estuviera realizada. Cantaban las estrofas de los verdaderos Dioses.

El lamaísmo se ha apoderado de esta magia de los Lohans que fue y sigue siendo utilizada en la inmensa obra de salvación de la humanidad caída, para metamorfosearla en una irrisoria imitación, bajo la forma de magia natural, con la finalidad de encadenar al mundo y a la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                             II

 

                    EL DOMINIO MÁGICO DEL TIBET SOBRE LA HUMANIDAD

 

La manifestación de nuestro orden natural dialéctico es séptuple: así pues hay siete estados de agregación, siete grados de manifestación en el campo dialéctico. Los sólidos pueden ser cambiados en líquidos, los líquidos en gas, los gases en éter químico, el éter químico en éter vital, el éter vital en éter luz y este último, al fin, en éter reflector.

El éter reflector es una sustancia pura, primordial, una sustancia cósmica madre. Todos los niveles de manifestación situados por debajo, hacia los sólidos de nuestro campo de vida material inmediato, son mezclas de éter reflector, afectados por las actividades de nuestro estado de conciencia. El estado y la actividad de la conciencia humana determina así el séptuple proceso de transformación fuerza-materia, de la materia primordial en formas concretas, y de todos los niveles intermedios.

La conciencia humana, con su aparato sensorial, su alma, los sentimientos experimentados por el corazón y la voluntad, se encuentra incorporada bajo una forma dada en un mundo sometido al tiempo y al espacio, es colocada en un estado de presión. Ella no ve lo que se encuentra ante sus ojos y solo actúa en función de lo que es perceptible a su vista limitada. Está encadenada a la manifestación séptuple del mundo dialéctico.

Tomemos el caso de un hombre angustiado en este mundo, que sufre, no por dolor corporal ni a causa de la lucha por la vida de cada día, ni a causa del individualismo extremo que impulsa a sus semejantes a detestarse y a perjudicarse, sino a consecuencia del hecho de que no ignora el ser un extranjero aquí abajo, o dicho de otra manera alguien que no pertenece a este mundo, y que consecuentemente sufre la maldición de la búsqueda experimental. Este estado ya constituye una gracia por si mismo. El sufrimiento es debido al hecho de que algo se estaba despertando en su conciencia, totalmente extraño al séptuple proceso dialéctico. Por otra parte comienza a darse cuenta de que el «yo», en tanto que ser separado, no puede separarse de este proceso alquímico natural y que no se sabe nada sobre el medio practico de liberarse de ello. Así pues se encuentra arrastrado en la reacción en cadena de consecuencias infinitas de causas y de efectos de la transmutación dialéctica.

No estando el hombre en medida utilizar de la justa manera el éter reflector primordial, cuando piensa, es por clichés, y lo mismo en relación a su querer, sus aspiraciones y sus acciones; todo ello, son actividades clichés. Ellas funcionan en efecto, de una manera totalmente automática, según el tipo de hombre al que pertenecemos; actúan siguiendo la impulsión natural de la sangre, conforme a nuestro tipo racial, nacional o familiar. Desde que nos resistimos a esta impulsión, y con plena consciencia e intencionadamente, actuamos diferentemente, entonces violentamos el sistema alquímico séptuple al que estamos unidos, el cual, en estas condiciones, se deteriora. Una contra naturaleza, un campo de tensión de las contra-fuerzas se va a elaborar y nuestra forma de existencia va a derrumbarse.

Así es como una vida concluye por la muerte, y como la muerte, a su vez, se vuelve vida. Así pues, por nuestra resistencia, nos encadenamos a la rueda y la mantenemos en rotación.

Si el lector comprende la situación, que también es la suya, puede hacerse esta pregunta: «¿Que hacen entonces los Lohans de la Fraternidad de Juan?»

Cantan los dulces cánticos de TATHÂGATA y, gracias a estos cánticos mántricos, emiten una radiación, un poder de amor, percibido por los buscadores, y «los extranjeros de este mundo», que aún son receptivos. Esta radiación penetra -a través del amor aural que es el portador de nuestra herencia kármica- en el campo de respiración, y a continuación, de tiempo en tiempo, vibra a través de la personalidad. Por la gracia de esta Proyección Universal de la Luz que nada deteriora el proceso séptuple de la naturaleza, la Escuela Espiritual será finalmente descubierta por este tipo de hombre.

Desde que un buscador ha encontrado el camino de la Escuela Espiritual, después de un periodo durante el cual se sentía extranjero, entiende y percibe los cantos de los Lohans de una manera diferente. En la medida en que comprende las enseñanzas exteriores de la Escuela y que está dispuesto a aprovecharlas, es confrontado con un nuevo proceso, un segundo contacto con la Gnosis que se establece en su sangre.

¿Como es ello posible en el seno del proceso alquímico natural, tan parecido a una prisión? Si esta pregunta surge en vosotros, pensar en lo que hemos dicho a propósito de los cantos mántricos de los Lohans:

Un mántram no es una oración, es una invocación mágica, cuyo ritmo está conforme a la Ley original de las causas Divinas. Está enteramente basado sobre la calidad, la voluntad y los actos del cantante que, viviendo en este mundo, ya no es del mundo. Así es como el campo de radiación de la Escuela Espiritual es mantenido por los Lohans. Al lado de un estado dialéctico lo más puro posible, encontramos en este campo otro estado que no puede apenas ser explicado por la naturaleza ordinaria, de un nivel vibratorio cuyo contacto no es perjudicial para el proceso natural.

Cuando un candidato entra en la Escuela Espiritual y demuestra una justa comprensión, cuando está dispuesto a realizar un acto de auto liberación (pues esta es la condición preliminar) comienza a respirar en el campo de poder así preparado, y haciendo esto, sintoniza su estado sanguíneo con el campo de poder, que, a su vez, transformará los órganos que engendra la sangre y el sistema de secreción interna.

Consecuentemente, la Orden de los Lohans, por su actividad mágica, ha contactado con la Ley Primordial de las Causas Divinas. Ha hecho uso de la sustancia original pura del éter reflector, y, en virtud de su actividad mental mágica, ha sido enteramente impregnado del conocimiento de lo que deseamos hacer en tanto que seres cautivos de la naturaleza. Y durante nuestra permanencia en la Escuela Espiritual, la Orden da la impulsión para una nueva reacción en cadena, una nueva serie de conexiones de fuerzas y un nuevo paso séptuple hacia lo alto. A condición que mostremos la comprensión correcta y que estemos dispuestos a ello, este nuevo paso séptuple tomará forma de realidad en nuestra sangre y se expresará en cada fibra de nuestra personalidad.

Desde el comienzo del aprendizaje, el candidato se encuentra pues en medida, por el Acto de Gracia de la Fraternidad Divina y siempre que adquiera la comprensión suficiente, de participar «en el nuevo trayecto del éter, aunque éste, por el momento, solo alcance un grado elemental. Sin embargo, este nuevo grado constituye una base indispensable para el desarrollo futuro del candidato. En ausencia de tal base, la conexión con la Escuela Espiritual solo presenta una ventaja, el de abrir un vinculo profundo en el ser aural, a continuación de lo cual, en una encarnación posterior, el microcosmos guardará el recuerdo de la experiencia adquirida anteriormente.

¿Que le ocurre a un hombre, cuando el eslabón de la sangre nuevamente impregnada, se encuentra unida a la Orden de los Lohans? La consecuencia de ello es: «volverse Dios», pues el candidato va a neutralizar sus impulsiones dialécticas y a tratar de llevar la rueda de la vida a un punto muerto, de manera que después de haber alcanzado un cierto perfeccionamiento de la manifestación de la sangre, el nuevo fuego de la serpiente y el nuevo fuego de la conciencia pueden nacer. Los cantos de los Lohans, la fuerza-vibración divina de los «Exaltados», acarrean entonces el nacimiento de un nuevo «YO», el Cristo interior en el candidato, con todas las consecuencias inherentes a la Transfiguración.

Cuando nos es dado observar todo esto y estamos en condiciones de comprender aunque sea un poco, la grandeza y la exaltación de esta obra de liberación y de concebir una parcela del amor inconmensurable que se propaga y conduce esta obra, podemos preguntarnos de nuevo: ¿Que hace entonces el efecto mágico-lamaístico, con su grosera imitación de los dulces cantos de los Lohans?

Tratemos de comprender la respuesta, pues ella es extremadamente importante para la cosecha que debe ser entrojada.

Ahora vamos a ocuparnos exclusivamente de la magia terrestre, de la magia natural. Y estos son los objetivos, brevemente resumidos:

-mantener la naturaleza terrestre no divina y

-cultivar esta naturaleza.

¿Porque la magia natural tiende hacia estos objetivos determinados con todos los medios de los que dispone? Para que exista y se propague fuera de los grados séptuples de conexión, los siete estados reunidos de la transmutación de la fuerza en materia de esta naturaleza dialéctica.

Un hombre que se vuelve un criminal está obligado a proseguir sus actividades criminales, con el fin de escapar a las consecuencias. Esto es una reacción en cadena: Un acto vuelve necesario el siguiente. Cuando un hombre vive en la ignorancia y, completamente inconsciente, es atado a la rueda de la no santidad, es posible otorgar el perdón, la compasión y el amor compasivo.

Pero cuando un hombre ha adquirido la ciencia mágica, cuando ha profundizado en el proceso alquímico séptuple natural y cuando sabe como llegar hasta el fondo de sus secretos y después utiliza este saber para el mantenimiento de la naturaleza, entonces tal hombre se carga de una inmensa responsabilidad, pues viola, compromete y sabotea los esfuerzos de redención de la Fraternidad Divina, cuyo destino es llevar de vuelta a la humanidad caída a la Patria Perdida, el Reino de Dios.

Además tal hombre se carga de una culpabilidad considerable, puesto que la esencia de la «dialéctica», el carácter del mundo en el que se desarrolla nuestra existencia, significa: auto-afirmación a expensas de otros. Este es el destino de este orden mundial. Por esta razón, el mago natural se aferra espasmódicamente a su objetivo. Dado que la realización de sus miras deriva de la autoafirmación, arrastra a millones de hombres en su obra impía.

 

¡Escuchar pues!:

Una fraternidad altamente «dialéctica» se ha concentrado en la meseta tibetana.

Esta fraternidad posee miles de monasterios servidos por una multitud de sacerdotes que celebran y realizan sus ritos mágicos. Ella actúa conforme a un plan poderoso y ejerce su influencia hasta en los más recónditos lugares del planeta. Ella está perfectamente al corriente de lo que pasa en el mundo; nada escapa a su vigilancia.

En el corazón de esta poderosa actividad, se denota sin embargo un punto débil fundamental, a saber que ella no puede nada contra la obra de amor de la Fraternidad de Juan, contra los cantos mántricos de la Orden de los Lohans. Cualquiera que se encuentre en la Luz de esta Fraternidad es inatacable. Aquel que desea encontrar la Luz sigue el camino de la Victoria. La Fraternidad de Juan se excluye del barullo del mundo:

-pues ella no se venga,

-no entra en ninguna lucha,

-y su tarea no finalizará en tanto que el último hombre que pueda ser salvado, no se encuentre realmente a salvo.

 

Todo esto, lo escribimos no para despertar en vosotros una sensación de alarma, sino, de pie en la fortaleza irradiante del Cristo, deseamos explicaros estas cosas, con el fin de que podáis, por una reacción positiva, experimentar pronto la libertad, cuando respiréis en el medio del poderoso campo de los Lohans, habiendo comprendido y encontrándoos dispuestos.

 

 

 

                                                                            III

 

                                                    EL METODO LAMAISTICO

                                                DE DOMINACIÓN DEL MUNDO

 

Vamos a daros ahora otras indicaciones en cuanto al método de dominación del mundo, aplicado por la fraternidad lamaística del Ticket. Para este efecto, es bueno tratar primeramente de hacerse una idea de lo que es esta fraternidad. Sin embargo, no es necesario para esto irse al Ticket, pues, aplicando la ley de analogía, podemos con seguridad obtener una vista del conjunto perfectamente exacta.

Conocemos igualmente fraternidades de religión natural en Occidente, que disponen de miles de focos y de otros tantos sacerdotes, celebrando y realizando ritos mágicos. La imagen general que obtenemos según su comportamiento hace descubrir toda la gradación dialéctica de las magias: blanca, gris y negra.

Lo que caracteriza a un hombre de esta naturaleza es que en virtud de su existencia, sirve a este mundo y está obligado a servirlo, sea en el lado del bien, sea en el lado del mal, o en una confusa mezcla de estos dos aspectos. Estudiando atentamente al ser humano, descubrimos que, sea el que sea el lugar en el que se encuentre el punto principal en este ser, esta mezcla de bueno y de malo está siempre presente, aunque pueda estar profundamente escondida. Esto es una necesidad fundamental, biológica, una ley de la naturaleza que Pablo expresó con estas palabras: «El bien que yo deseo hacer, no lo hago, pero el mal que no deseo, lo hago». La lucha por el bien, en este mundo, resulta de la resistencia natural al mal; esta es una de las realidades más crueles de la «dialéctica». Aunque las gentes intentan esconder este hecho detrás de frases y palabras, nadie puede ser bueno sin mal y viceversa; incluso la criatura más criminal tiene inclinaciones y cualidades que tienden hacia el bien. Cualquiera que, considerando todo esto superficialmente, lo negara, debería pensar en las palabras del Cristo: «Que aquel de entre vosotros que esté libre de pecado le lance la piedra el primero».

El humanitarismo mismo, no está exento de uno de los elementos más determinantes del egoísmo: el egocentrismo. Este traza toda la vía, del blanco al negro. Vamos a demostrároslo.

Existe en el Ticket, un grupo que, aunque totalmente anclado a la tierra, invocan el nombre de Shamballa. Este es un error capital, exactamente como en Occidente, en el que un gran numero de comunidades religiosas naturales, invocan el del Cristo.

Este grupo tibetano de Shamballa da de tiempo en tiempo, unas conferencias que se pueden asimilar a las reuniones de oración que duran varios días. Tales practicas se ejercen igualmente en Occidente. En el curso de estos reencuentros, pensamientos de amor y de bondad «dialécticos», diversamente matizados, son irradiados sobre el mundo entero. Pero todo ello no tiene más valor que un intento de vaciar con un cubo toda el agua del océano; pues la inmensa masa de los sacerdotes lamaísticos juegan allí simultáneamente toda su gama de actividades «dialécticas» y ello por intermediación de criaturas que, animadas de honorables intenciones, creen hacer bien. Solo, un grupo restringido conoce el objetivo real de esta puesta en escena y no ignora a los autores de ello.

El conjunto de la vida dialéctica es una existencia SHAM, una ilusión, una irrealidad. En esta vida SHAM existen diversas gamas de ilusiones. Las influencias que recibís corresponden exactamente a vuestro estado de ilusión particular. Suponiendo que seáis del tipo humanista, no seríais tocados, en este caso, por las palabras y las impulsiones que se dirigieran a otro tipo humano. Inmediatamente manifestaríais una resistencia. Este es el caso para todos los tipos de hombres, sin excepción, tales como: religiosos, ocultos, materialistas, científicos, etc…

Se puede decir con certeza que, cuando una u otra de estas poderosas fraternidades mundiales desea ejercer su influencia y su poder sobre el mundo y el genero humano de forma completa, debe estar en condiciones de influenciar con éxito, todas las formas de ilusión. Estaréis pues en medida de deducir fácilmente  que todos los esfuerzos desplegados en este mundo y este coro de voces y de tendencias aparentemente discordantes, tomadas en su sentido más profundo, derivan de un origen común, pues todas las impulsiones se refieren a este mundo, a este cosmos, a esta naturaleza, a este hombre, a nuestro yo; ellas chocan con todas las posibilidades que se encuentran allí contenidas y que deben ser liberadas por la evolución; además, ellas sugieren que gracias a la buena voluntad y al esfuerzo positivo de todos, gracias a un duro trabajo y a una cierta dosis de auto-sacrificio, y gracias al amor mutuo, o con la ayuda de Nuestro Señor bienamado, todas las cosas pueden ordenarse en un lapso de tiempo muy breve. ¡Con la única condición de que cooperemos convenientemente y nos tendamos la mano unos a otros, todo ira bien!

Cantos de este tipo, que ciertamente no provienen de los Lohans, concurren en mantener la ilusión y son emitidos permanentemente en una gama de tonos cuyo volumen no cesa de aumentar, pues un gran terror y un miedo por la vida animan a aquellos que se mantienen en segundo plano y llevan las riendas de este juego de títeres. Los tiempos en efecto están revueltos, y este periodo de la vida del mundo camina hacia su fin. Mientras que la noche cósmica comienza a extenderse sobre el mundo y la humanidad, nuestra esfera de vida colectiva e individual se encuentra envenenada por el aflujo de estos cantos mágicos naturales. Todo el genero humano es subyugado sin saberlo, por este sutil y demoníaco veneno.

Quisiéramos recordaros una vez más, lo que ya hemos dicho con respecto a la reacción en cadena en el seno del proceso de revelación alquímico de la naturaleza, proceso en el cual estamos engranados, en el cual participamos automáticamente por el intermedio de nuestra corporeidad. Tomada por la ilusión y nacida de la ilusión, nuestra alma piensa por clichés o se entrega a especulaciones excesivas. La misma observación se aplica a nuestro querer, a nuestras aspiraciones y a nuestros actos. La reacción en cadena que comienza en el éter reflector y acaba en el éter químico, engendra el movimiento continuo de todo lo que había sido puesto en acción en el éter reflector, hasta las formas en cuestión; todo ello, lo repetimos, se efectúa de manera automática. Las facultades de nuestro aparato sensorial están plenamente sintonizadas a ello. Nuestro sistema nervioso en su mayor parte, a fin de impedir toda desviación, funciona también, automáticamente, pues, como sabéis, el sistema nervioso simpático escapa al control de nuestra voluntad. Por último, las secreciones internas constituyen por su parte, un sistema de antenas que no solo reciben  impresiones, sino también fuerzas y mezclas.

En la vida ordinaria, ciertas fabricas producen artículos semi-fabricados, utilizados por otras fabricas que entregan artículos terminados. Ahora bien, en nuestro proceso individual séptuple, alquímico, de revelación y de transmutación de la fuerza en materia, la humanidad vive casi exclusivamente de productos semi terminados; dicho de otra manera, vive por medio de mezclas de éteres, preparados según recetas perfectamente elaboradas. Existen alimentos para cada categoría de ilusión. Científicamente preparados de antemano, es suficiente con tragarlos.

Ya hemos mencionado que el ser «dialéctico» ordinario es incapaz de controlar por si mismo, el proceso alquímico séptuple, pues una ley de la naturaleza no se lo permite. Si fuera posible, cada uno crearía su propio mundo y su propia esfera de vida, en el sentido absoluto del termino; y el cosmos desaparecería en una violenta deflagración. Pero por medio de ejercicios ocultos, se vuelve posible desarrollar una hipercapacidad con la ayuda de la cual este control podría, en parte, tomar forma. Tal posibilidad es explotada por la fraternidad lamaística con la finalidad de mantener al genero humano y al mundo en los límites del esquema de revelación dialéctico, para estar en condiciones de conservar intacta, su propia existencia.

¿De que manera se realiza esto? ¡La vida dialéctica comporta una inclinación natural a cometer automáticamente el suicidio!. Una disposición tan esencialmente contraria a la naturaleza requiere fatalmente un proceso de disolución natural y de destrucción. Toda ilusión entraña, al cabo de cierto tiempo la explosión. Por ello la caída humana, en un estado contrario a la naturaleza, constituía desde el origen, un estado transitorio, un trayecto en forma de espiral descendente que conducía irremediablemente y de nuevo, hacia la libertad y la resurrección futuras, provistas de una suma necesaria de experiencias útiles. Bajo el efecto de esta magia, nuestra existencia en el campo de vida natural se ha vuelto una triste y sombría prisión.

Por esta magia, el Ticket trata pues de alimentar la ilusión del hombre, manteniéndolo en un estado de sufrimiento y de miseria y aportándole, a manera de consolación, los aspectos seductores de una pseudo cultura. El conjunto de la humanidad, con sus infinitos matices, sufre esta magia.

Los pensamientos son fuerzas que revisten una forma; como tales, son productos semi terminados, compuestos etéricos de toda naturaleza.

Cuando los pensamientos encuentran su expresión en un libro o en una exposición, volviéndose a continuación objetos susceptibles de acaparar vuestra atención, entráis en contacto con los productos semi terminados de su autor y vuestros pensamientos se encuentran sintonizados para asimilarlos. Cuando existe una cierta conformidad entre vuestra manera de pensar y la del escritor, absorbéis el producto semi terminado; penetra entonces en vuestro campo respiratorio, en vuestra aura, y ejerce su influencia sobre vuestro sistema vital; este se encuentra entonces sintonizado como un diapasón sobre una longitud de onda determinada, la onda de los pensamientos transmitidos, y vuestra sangre es unida a ello. El autor de estos pensamientos ya no tiene necesidad, desde entonces, de escribir un libro o un artículo; ya no tiene necesidad de dirigirse a un auditorio, con el fin de influenciaros. Le bastará con emitir, de vez en cuando, pensamientos exactamente sintonizados con vuestro tipo receptivo, conforme a vuestra ilusión. Permanecéis así encadenados a la rotación de la rueda.

La razón por la que os hablamos de la temible imitación lamaística del método de salvación de los Lohans, ¿se os presenta ahora con la suficiente claridad? ¿habéis comprendido el hecho de que la Ciencia Sagrada de la Obra Divina de Amor realizada por los Lohans en un auto sacrificio permanente por la liberación de la humanidad, es imitada por el lamaísmo con el fin de oprimir a esta misma humanidad?

A partir de su poderoso foco situado en el TECHO del MUNDO, la más formidable fabrica de productos semi terminados imaginable, la fraternidad lamaística, día tras día y noche tras noche, emite haces irradiantes de pensamientos sobre el conjunto de la humanidad. Todos estos haces encadenan a la humanidad a la rueda y al reforzamiento del proceso «séptuple dialéctico» del mantenimiento del orden natural no divino. Los lamas tibetanos están obligados a contribuir a ello, pues estas fuerzas tienen su origen en la misma cadena séptuple y en la misma escala alquímica séptuple.

Quizás sabéis como, en palabras, por la literatura, el arte o la ciencia, la psique de cada uno es vaciada en uno de estos moldes innumerables; pero todos tienen una particularidad común: son, de hora en hora, cada vez más estrechamente atornillados a la rueda de la ilusión. ¡Pero lo que quizás ignoráis aún, es que todas estas fuerzas exteriores son manifestaciones de la magia soberana del TECHO del MUNDO!

después de haber expuesto claramente los «medios», vamos a explicar ahora lo que esta magia es capaz de realizar.

Al final de este capítulo, el lector estará en medida de comprender que los pensamientos constituidos de mezclas de éteres, como productos semi terminados destinados a objetivos precisos, pueden no únicamente ser emitidos o irradiados, sino que realizan necesaria y forzosamente una acción en la existencia de sus mismos creadores. Así la intoxicación mental permanente, impuesta a la humanidad, produce una formidable auto intoxicación entre estos magos. Dicho de otra manera: el destino de estar encadenado, infligido a la humanidad, se vuelve ipso facto el destino de la fraternidad lamaística. Toda esta inmensa miseria del genero humano así creada, alcanza de regreso, a aquellos que la provocan … y esto porque no es posible hacer marcha atrás en este camino fatal. El temor y el instinto de autodefensa obligan a la fraternidad lamaística a continuar su obra, a esforzarse en crear una cultura, a elevar a la humanidad, a conducir al mundo a un nivel superior, a dar al genero humano una «evolución más marcada». Por ello dicha fraternidad debe, por medio de una actividad poderosa e incesante, esforzarse en ganar la batalla contra una más alta comprensión que permitiría a los hombres atravesar el secreto de sus intenciones. Esta es también la razón por la cual esta fraternidad desea algo imposible que se opone a la ley de la naturaleza: quiere que la humanidad, que pertenece a esta naturaleza, alcance el plano súper humano. La fraternidad lamaística prosigue, con este fin, un destino tal como lo describe Nietzsche, en su «Zaratustra» y, finalmente, en el paroxismo del furor se verá obligada a exclamar con desesperación: «¡Oh Cristo, la Victoria, pese a todo, es Tuya!»

Se vuelve así totalmente claro que toda la humanidad se encuentra en peligro permanente a causa del curso del destino, que se origina de este espasmo de auto defensa organizada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                            IV

 

                                                    EL METODO LAMAISTICO

 

                                   DE DOMINACIÓN DEL MUNDO (continuación)

 

Las reflexiones precedentes nos harán comprender mejor que las aplicaciones de la magia, en la vida dialéctica, solo son posibles en el marco del esquema de manifestación terrestre séptuple. Como hemos dicho justamente, el mago puede actuar por medio de:

-los sólidos,

-los líquidos,

-los gases,

-el éter químico,

-el éter vital,

-el éter luz y

-el éter reflector.

El éter reflector es la materia primera más importante, pues contiene todas las posibilidades de manifestación de la forma. Así todos los elementos de densidad más acentuada, son mezclas de sustancia original.

La sustancia original es extremadamente tenue. Se sitúa en el límite de la percepción humana. Se habla del éter reflector pues esta sustancia posee entre otras, la facultad de retener y de reflejar las  ideas. Esta cualidad es utilizada por la fraternidad lamaística para asegurar su dominio sobre la humanidad.

Los cuatro éteres tienen características muy definidas, a lo largo de las cuales se desplazan. Ahora bien, a ciertas horas, y bajo ciertas constelaciones planetarias, las corrientes en cuestión se desplazan vigorosamente de Este a Oeste. Además, ciertas horas y la influencia de las constelaciones correspondientes, revelan ser más propicias que otras para gravar las ideas en el éter reflector. Durante estos momentos especialmente favorables a efecto de la conducción, unas corrientes de ideas de todo tipo se propagan a gran velocidad a partir del TECHO del MUNDO. Así el éter reflector es impregnado de ciertas ideas y, contaminado de este modo, expande una atmósfera determinada prácticamente a través del mundo entero.

Los diferentes centros del cerebro del hombre, principalmente la glándula pineal, son sensibles a la influencia de este éter reflector. Así pues puede decirse con certeza que todas las ideas con las que el éter reflector está impregnado, son «fotografiadas» por el cerebro de los hombres sensibles a este genero de fenómenos.

Si poseéis alguna noción en cuanto al funcionamiento de la televisión, no ignorareis que las imágenes están compuestas de algunos segmentos o de un gran número de segmentos, imágenes de una textura fina o grosera, pueden ser transmitidas a distancia. De la misma manera, las imágenes transmitidas hacia el cerebro humano, por el canal del éter reflector, pueden ser distinguidas y clasificadas en imágenes de elevada vibración por los cerebros cultivados, y a una velocidad más lenta por los cerebros menos refinados e incultos. Estas imágenes pueden ser transmitidas directamente a los sentidos, a la inclinación y a los instintos del hombre, pero también pueden presentar un carácter religioso, oculto , humano o más general.

Cuando el espíritu humano es tocado por este genero de impresión, ello se transmite, en la mayoría de los casos, a nuestra conciencia. Si la impresión se armoniza con el tipo de nuestra ilusión, respondemos a ello con pensamientos reflejados. Dicho de otra manera, proyectamos alternativamente hacia el éter reflector, nuestras reacciones a la impulsión recibida; así pues, cuando la corriente regresa hacia sus emisores de origen, es posible verificar, por medios técnicos ocultos, cual ha sido el resultado de la radiación emitida.

Una vez establecido el contacto de la manera descrita, el proceso de influencia continua. Se dice a veces de una persona tal «que se ha calentado» con respecto a una idea; Ahora bien, este «calentamiento» se produce de verdad pues, cuando el pensamiento impregna nuestro cerebro y alcanza nuestra conciencia, toca al mismo tiempo nuestra sangre y engendra con ello un cierto calor. Es necesario ver en ello, la actividad del éter reflector que, manifestándose en la sangre, hace del hombre una fuente independiente de calor. Es igualmente el éter luz el que vuelve posible el funcionamiento ordinario de los órganos de los sentidos, tales como: la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto. El ojo es, también, conservado por las fuerzas del éter luz.

Ahora podéis comprender lo que ocurre. Cuando, después de los resultados, se vuelve claro que la primera actividad en el éter reflector ha sido coronado por el éxito y que muchas de las marionetas han sido contaminadas por la idea transmitida, la fraternidad lamaística prosigue su obra. Por medio de rituales sabiamente elaborados, es establecida una unión por las ondas del éter luz. Estos ritos son repetidos diariamente, en varias ocasiones, en miles de monasterios y templos. Este éter luz es producido por medio de danzas mágicas, de música, de mantrams, de incienso y de concentración. Desde que la corriente «pasa», es dirigida de Este a Oeste, de la misma manera que anteriormente. Esta corriente va dirigida de manera natural a los que ya recibieron la primera acometida, según la ley de atracción de las fuerzas iguales. Simultáneamente, la primera actividad mental es repetida con una gran energía, pues la repetición, la repetición incesante, una continuación ininterrumpida del bombardeo es una de las armas más poderosas del ocultismo.

Podemos, ahora, ver con precisión lo que es esto. Si el hombre fuera dejado a sus propios dispositivos, en tanto que ser que forma parte de una masa, como una bestia en un rebaño, entonces la impulsión mental desaparecería rápidamente. Pero siendo la impulsión incansablemente repetida y acompañada por un flujo de éter luz inyectado con un resultado tal que ciertos hombres literalmente «se calientan» , se ve la consecuencia de la impulsión que sufren. Dicho de otra manera: por medio de la proyección de la idea y de la inyección de éter luz, todo el sistema cabeza-corazón (la parte más importante de nuestra corporeidad, aparte de nuestra conciencia) se encuentra aprisionada.

Toda la idea completa de los emisores circula en lo sucesivo en la sangre y si la calienta, está última se vuelve inmediatamente móvil y muy activa. «Calentarse con respecto a una idea significa que el pensamiento ha sido aferrado por la idea». «Tener el corazón caliente en la labor implica que el corazón está en el mismo estado». La consecuencia de estos dos estados es que toda la percepción del hombre y el funcionamiento de sus sentidos son instintivamente sintonizados con la idea transmitida, pues el éter luz produce y alimenta nuestro sentido de la vista, no únicamente fisiológicamente, si no también psicológicamente. Ser sensible a las impulsiones mágicas del éter luz significa en verdad, que nuestras manos y nuestros pies son atados, que nuestra vista es desviada de la realidad y sintonizada enteramente con las intenciones del objetivo que nos es impuesto por la fuerza de la que sufrimos la influencia.

Somos entonces degradados hasta volvernos lo que se nos pide; henos aquí como animales humanos dirigidos como perros policías.

Cuando un hombre es alcanzado por la inyección de éter luz causada primeramente por la magia del templo, el proceso se desarrolla a una velocidad supersónica. En esos casos, las impulsiones del éter vital y del éter químico generalmente ya no son necesarias. Consejos y directivas son suficientes. Estos son suministrados al hombre por unas criaturas de segundo plano, apareciendo en tanto que autoridades, portavoces, escritores, o trabajando en sus parroquias. El equipo cerebro sensorial mágicamente condicionado del hombre, reaccionará entonces siguiendo las directivas y los consejos recibidos, creyendo que lo hace según su propia voluntad y sus propias impulsiones. En realidad, realiza como un autómata, todo lo que es exigido de él, desde el TECHO del MUNDO.

El éter vital controla la propagación de la especie y supervisa las energías de la propagación. sabéis que la teología y la filosofía de la moral indican al hombre como debe vivir y trabajar en vista de la propagación de la especie. Ahora bien, si podéis observar las cosas más profundamente, y no desde el único punto de vista biológico, comprenderéis, después de lo que precede, que cuando nuestra vista es paralizada por inyecciones de éter vital, basta con tener alguna pobre autoridad conforme a nuestro estado visionario artificialmente despertado, a fin de que sea «dinamizado» y «mantenido» como conviene al proceso de adherencia. Trabajamos desde entonces en la extensión y la propagación de lo que pensamos que son nuestras ideas, nuestras sensaciones y nuestras aprensiones, o bien designamos a otro para hacerlo. Un instinto de propagación se extiende sobre nosotros, despertado y alimentado por el flujo de éter vital, atraído por nuestras propias reacciones. Este instinto de propagación es un instinto de conservación y, desde el punto de vista psicológico, se demuestra esencialmente sexual, conservador, primitivo y tenaz.

Nos volvemos literalmente esclavos y, desde abajo, propagamos exactamente lo que nos ha sido ordenado propagar a consecuencia de la actividad primaria, que proviene del exterior, que nos ha tocado. La cadena es cerrada. Para asegurarse una mayor seguridad, la autoridad se mantiene los ojos abiertos y vigila el estado del éter químico, lo que les permite sacar de los alimentos y de decidir la calidad de los alimentos que nos son necesarios en un momento dado. Gracias al tipo de alimento prescrito por la autoridad y al uso de narcóticos, el estado existencial del hombre se encuentra confinado en un estrecho circulo. Pues, en realidad, el valor del alimento está determinado no por su origen (es decir de un reino cualquiera de la naturaleza), sino en función de los éteres químicos respectivos, presentes en las mezclas sin número, así como en los diferentes aceites etéricos.

Desde ese momento, la fraternidad lamaística solo tiene una preocupación: velar porque el éter químico suspendido por encima de nuestras regiones sea de una calidad especifica. Los animales, las plantas y los frutos que contienen este éter nos sirven de alimento o son absorbidos por nuestro organismo de una u otra manera, el éxito descontado por la precitada fraternidad se encuentra así asegurado.

sabéis que algunas naciones crecen, mientras que otras diezman rápidamente. La causa de este fenómeno reside en la estrategia oculta que lleva al estado deseado el campo de éter vital por encima del país en cuestión.

Conviene ser concisos a pesar de todo lo que podríamos aún deciros. Precisemos por lo tanto la razón del celibato impuesto a los sacerdotes subordinados al orden de los «bonetes amarillos» y a otras ordenes religiosas del mismo tipo, que ejercen su actividad en este mundo. Contrariamente a lo que podríamos suponer, no son los motivos de castidad, ni los de un desarrollo más elaborado los que predominan. Cuando las funciones del éter vital son suprimidas forzadamente, un impulso aumentado del instinto de procreación se despierta, pero que se manifiesta de una manera inesperada. La histeria fanática de un celo convertido crea un estado que puede incitar a las entidades consideradas a cometer cualquier cosa. El frenesí de la persecución religiosa ha sido desencadenado de esa manera y repetidamente ha hecho manar la sangre a mares. Esta es la razón por la que han sido inyectadas concentraciones de éter vital a los voluntarios del celibato forzado. Sin esta condición los resultados esperados no hubieran sido posibles. Siendo peligrosamente contagioso un frenesí tal, un solo fanático está en condiciones de arrastrar a todo un grupo de exaltados a acciones desconsideradas; este es un proceso en el que la sexualidad juega un gran papel.

Acabamos de daros un resumen general de la funesta imitación que hace el lamaísmo de la obra de salvación asegurada por los Lohans. Quisiéramos concluir diciéndoos que la crisis que sacude nuestra época y el curso natural de las cosas en los reinos terrestres van a engendrar una resistencia contra la magia de los lamas que está en vías de alcanzar el punto culminante de su poder.

Esto anuncia el comienzo de su declive y de su proceso de desintegración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                             V

 

                                             CONCLUSIONES Y REFLEXIONES

 

La humanidad se encuentra al alba de una era totalmente nueva del desarrollo de la revolución cósmica, espiritual y atmosférica en la cual ya hace algunos años que entramos.

Las exposiciones que preceden han permitido darse cuenta de la influencia que posee el Tíbet, en tanto que catalizador de las fuerzas ligadas a la tierra, y cuan encadenadas mantienen estas fuerzas al mundo y a la humanidad en la tristeza y la pena. Ahora bien, con la evolución de las cosas, esta plaza fuerte es atacada, a consecuencia de lo cual la concentración de las fuerzas que nos dificultan es reducida a la nada en el curso de un proceso que tendrá importantes y numerosas consecuencias.

Es evidente que la fraternidad lamaística intentará reagrupar las fuerzas dispersas, tentativa que acarreará ineluctablemente una producción intensiva de fuerzas etéricas.

La esfera química del mundo material está poblada por diferentes formas de vida; es lo mismo en lo que concierne al mundo del más allá. Esta lucha formidable por la existencia adoptará cada vez más el carácter de un campo de auto defensa. La fraternidad lamaística, por medio de la magia, tratará de aumentar artificialmente, hasta un calor febril, la tensión tempestuosa de los nervios que ha predominado en el mundo durante tanto tiempo, con la finalidad de incitar a la humanidad a acciones abyectas que serán a continuación amargamente lamentadas.

Si esta tentativa fracasa, tal como esperamos y creemos, se desarrollará en el seno de la fraternidad lamaística un estado de crisis que provocará actos desesperados. Estos se manifestarán por fenómenos ígneos violentos en la atmósfera, resultando de el formidable forzamiento de la voluntad de los magos que imponen sus imperativos a la humanidad.

Os hemos explicado de que manera las ideas pueden ser injertadas en el éter reflector; quisiéramos, ahora, deciros como el trabajo es efectuado por la fraternidad lamaística.

Nosotros también gravamos sin cesar, pero sin ningún forzamiento, nuestros pensamientos en el éter reflector. Sin embargo nuestra actividad (casi siempre descontrolada) del pensamiento no tiene una influencia tan fuerte como la anteriormente descrita. Los magos lamas realizan su obra por medio de la concentración consciente de la voluntad. Las ideas a transmitir son incorporadas al éter todo lo solidamente posible con la ayuda de la voluntad y dirigidas hacia el objetivo asignado. La voluntad es un fuego devorador. la voluntad es la fuerza mágica más notable que existe en el hombre. la voluntad de un hombre es su capacidad más poderosa, sobretodo para obrar en el éter reflector, lo que la vuelve peligrosa en el sentido de que arriesga a escapar de nuestro control.

¿No es este el caso más frecuente para nosotros? ¡Cuanto perjuicio, causado muy frecuentemente por falta de control de si mismo!

Pero si es verdad que la voluntad y su magia están sometidas a leyes muy definidas, no están menos limitadas por leyes naturales. Así el éter reflector, siendo un fuego cósmico, puede ser forzado por la magia de la voluntad. la consecuencia de ello será una reacción en cadena de diversos fenómenos ígneos en la atmósfera, descritos en los mitos como el ataque de millares de salamandras, entidades que moran en el éter reflector y en el éter luz.

Este fuego modifica a su vez la composición de la atmósfera, exigiendo por parte de la humanidad reacciones muy particulares. Los cambios cósmicos serán perturbados. El interior de la tierra vomitará fuego y llamas y surgirán muchos otros acontecimientos, que no pueden ser mencionados en el marco de esta exposición.

¡Todo lo que acaba de ser dicho puede hacer plantearse muchas preguntas! ¿Como es posible que la fraternidad lamaística, haciendo prueba de una inteligencia tal,, se permita llevar las cosas tan lejos? Sin duda, esta fraternidad conoce mejor que cualquiera, las consecuencias de la violación de las leyes naturales.

¿Que es lo que puede provocar en estos magos un pánico tal? Seguramente no temen a los Lohans, puesto que este grupo de servidores de Dios no se venga y no busca ningún conflicto.

¡No! La fraternidad de los lamas está llena de un temor mortal, a causa de otra fraternidad de magia muy poderosa, que, según la realización de los destinos del Universo es guiada en sus actividades por una actitud y un objetivo muy diferente. Es igualmente una fraternidad de naturaleza dialéctica pura, pero que, expandiendo la idea de una paz absoluta, opone un contraste total en relación a las impulsiones lamaísticas de miedo, caos y pensamientos belicosos. Mientras que las impulsiones grabadas en el éter por la fraternidad lamaística se desplazan de Este a Oeste, la otra fraternidad dirige sus flujos de poder siguiendo el eje Norte-Sur, con resultados totalmente contrarios.

Recalquemos con fuerza, que esta fraternidad que ha desenterrado el hacha de guerra contra su enemigo lamaístico, no presenta ningún carácter común con la Orden de los Lohans. Su aparición es la consecuencia de una ley natural que gobierna los dominios de vida terrestres; toda acción entraña una reacción; una fuerza que se concentra desencadena una contra fuerza.

Nuestro propósito no es desarrollar aquí en detalle lo que se debe pensar de esta misteriosa contra fuerza tan temida de los lamas, ya que esta exposición solo tiene un objetivo: lanzar un poco de luz sobre la realidad enloquecida del Ticket de los lamas contribuyendo así a la urgente y necesaria comprensión de las razones profundas que dificultan el despertar y la auto liberación del genero humano, enredándolo en los lazos de las tinieblas, de la tristeza y del agotamiento.

Aquellos que en una cierta medida, se dan perfecta cuenta de la influencia profundamente trágica de todo esto, y que, conscientes cada vez más de su responsabilidad, desean sacudirse el yugo de esta nefasta influencia, a fin de poder contribuir a la obra inmensa de la liberación del genero humano, aquellos muestran el camino de la Liberación, la única Vía que lleva a la liberación real del hombre. Esta Vía permanece abierta y acogedora para todos aquellos que desean tomar la mano que les tiende la Fraternidad Universal del Reino Inmutable.

LOS SECRETOS

DE LA FRATERNIDAD

DE LA ROSACRUZ

ANÁLISIS ESOTÉRICO DEL TESTAMENTO ESPIRITUAL DE LA ORDEN DE LA ROSACRUZ

POR JAN VAN RIJCKENBORGH

 

La   llamada   de   la   Fraternidad   de   la   Rosacruz (Fama Fraternitatis R. C.)

El   testimonio   de   la   Fraternidad de   la  Rosacruz (Confessio Fraternitatis R. C.)

Las bodas alquímicas de Cristian Rosacruz (Chymísche Hochzeit Christiani Rosenkreutz, anno 1459)

 

 

 

 

 

EL TESTIMONIO

DE LA FRATERNIDAD DE LA ROSACRUZ

ANÁLISIS ESOTÉRICO DE LA CONFESSIO FRATERNITATIS R.C.

POR JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

Índice

El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz

1.    La reforma del mundo

2.    Serpentario y Cisne (I)

3.    Serpentario y Cisne (II)

4.    Serpentario y Cisne (III)

5.    El nuevo lenguaje de la magia

6.    El libro maravilloso

7.    La transmutación de los metales y el remedio supremo

8.    Seudo-alquimia

 

 

 

 

 

 

El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz

Dirigida a los eruditos de Europa

¡Saludos al lector!

 

Aquí encontrará, estimado lector, treinta y siete razones que constituyen el fundamento de nuestras reflexiones. Tal como están expuestas en esta Confessio, puede compa­rarlas entre sí y después meditar sobre ellas, para que pueda comprobar por sí mismo si son de su interés. Sin duda, nuestra preocupación más íntima es la de transmi­tirle la creencia en aquello que aún no ha visto la luz del día. Sin embargo, tan pronto como todo esto se vuelva realmente visible, nos parece que nos avergonzaremos de las actuales interpretaciones. Y así como ahora, sin mayor peligro, llamamos al Papa el anticristo —lo que antaño era considerado un crimen capital en todas partes— así sabemos que en el futuro se hablará en voz alta de lo que aquí y ahora expresamos de forma velada y vacilante.

Que usted, lector, pueda desear de todo corazón, junto con nosotros, que esto suceda lo más pronto posible.

La Fraternidad de la Rosacruz

 

I

Oh mortales, no toméis por inventados todos los rumores que han llegado a vuestros oídos sobre nuestra Fraternidad por la llamada de la Fama R.C., ni opinéis recelosos que son el resultado de nuestra arbitrariedad, pues, ahora que el mundo está a punto de desplomarse al llegar este período a su fin, es Jehová quien invierte el curso de la naturaleza y revela sin más, incluso a quienes ni siquiera piensan en ello, lo que antaño fue buscado con grandes esfuerzos y por medio de una labor infatigable. Él lo ofrece ahora a los que manifiestan desearlo, a la vez que también lo impone a quienes no lo quieren; para que los hombres piadosos se vean aliviados de las fatigas de esta vida humana y sea dominada la fuerza de las tempestades, provocadas por la inconstancia de la fortuna; y para que los malvados vean aumentados sus pecados y los castigos que merecen.

Opinamos que nuestro objetivo y nuestro empeño, con los que llevaremos a cabo la voluntad de nuestro sublime Padre, les quedarán suficientemente claros a través de la Fama. También pensamos que no se nos puede acusar de ninguna herejía, ni de malas intenciones contra el estado —ya que condenamos los sacrilegios de los que es objeto nuestro Señor Jesucristo, de los que son culpables tanto Oriente como Occidente (entiéndase, tanto Mahoma como el Papa)— y tanto más por cuanto ofrecemos nuestras ora­ciones, nuestros misterios, y además un tesoro conside­rable en forma de oro, al jefe supremo del imperio. Sin embargo, nos ha parecido oportuno, por respeto hacia los eruditos, dar más amplias explicaciones de aquellos pasajes de la Fama que pudieran parecer demasiado breves o que no se hubieran podido expresar en otras lenguas*. Con ello esperamos poder conseguir la estima de los eru­ditos y hacer más aceptables para ellos nuestras refle­xiones.

 

II

En lo que respecta a la purificación de la filosofía, en la medida en que esto deba ser emprendido ahora, ya hemos explicado que está enferma. Pese a las numerosas afirma­ciones que le atribuyen una buena salud, para nosotros no cabe duda que su fin se aproxima.

No obstante, al igual que habitualmente la naturaleza proporciona un remedio contra una enfermedad nueva e insólita en el mismo lugar donde ésta apareció, así surgen, en medio de los más virulentos síntomas de enfermedad de la filosofía en nuestro país, suficientes y excelentes reme­dios para su curación, lo que permitirá que recobre la salud y que, como nueva o renovada, aparezca en un mundo cuya renovación es inminente.

Sin embargo, para nosotros no existe más filosofía que la coronación de todas las facultades, ciencias y artes. Ella abarca, por lo que concierne a este siglo, sobre todo la teo­logía y la medicina y, en menor grado, la jurisprudencia. Es una filosofía que escudriña el cielo y la tierra con un arte de disección formidable, o que, para decirlo de forma abreviada, expresa suficientemente que el hombre como individuo es un microcosmos. Los más modestos entre los eruditos encontrarán, en cuanto acepten nuestra invitación, cosas todavía más sorprendentes que las que hasta ahora han creído, admirado y proclamado.

 

III

 

Si queremos desvelarles en pocas palabras nuestras refle­xiones, debemos esforzarnos en no provocar asombro acerca de nuestro llamamiento, y resaltar claramente que el que desvelemos estos grandes secretos no significa para nosotros que pierdan su valor*, ni que no tengamos reparo en sembrar por doquier los rumores de su existencia**.

Pues, en efecto, es legítimo pensar que, en muchas per­sonas, nuestra inesperada complacencia suscitará confu­sión, ya que aún no han experimentado las revelaciones del sexto período y no han podido leer ni el presente ni el futuro en la rotación del mundo. Ocupados en los contra­tiempos propios de su época, deambulan en este mundo como ciegos que, incluso a plena luz del día, sólo distin­guen aquello que pueden tocar con sus manos.

 

IV

 

En relación con el primer párrafo del capítulo anterior, opinamos que las observaciones de nuestro Padre Cristian sobre todas estas cosas que fueron descubiertas, trabajadas y ampliadas a través de la inteligencia humana desde la creación del mundo, sea por revelación divina, sea por la ayuda de los ángeles y de los espíritus, o bien por una com­prensión penetrante o por la experiencia de apreciaciones cotidianas, son tan notables que, aunque Dios Todo­poderoso decretase la destrucción de todos los escritos, su excelencia y su esplendor podrían servir a la posteridad como nuevos fundamentos para las ciencias, sobre los que edificar una nueva fortaleza de la verdad. Puesto que el edificio abandonado está tan deteriorado, tal vez esto sería más fácil que ampliar un vestíbulo, o colocar unas ven­tanas que permitieran la entrada de más luz en las habita­ciones, o cambiar puertas, escaleras y otras muchas cosas, de acuerdo con nuestras intenciones.

¿Cómo podrían parecemos de tan poco valor, cosas tan elevadas? ¿No será que sólo nos fueron dadas para que adquiramos conocimiento? Más bien, ¿no estarían pen­sadas para utilizarlas a su debido tiempo? ¿No nos com­placería encontrarnos en la paz y el sosiego de esta única verdad, que los hombres han buscado en tantos laberintos y caminos tortuosos, si realmente hubiese sido la intención de Dios que el sexto candelero fuera reservado sólo para iluminarnos a nosotros? ¿No nos bastaría con no tener que preocuparnos del hambre, ni de la pobreza, ni de la enfer­medad, ni de temer a la senilidad? ¿No sería maravilloso vivir para siempre así, como si hubiésemos vivido la his­toria del mundo desde sus orígenes;- hasta su fin? ¿No sería maravilloso habitar en un lugar tal que los pueblos que vivan más allá del Ganges no pudieran disimular sus actos, ni los peruanos privarnos de sus consejos? ¿No sería deli­cioso poder leer en un único libro que nos permitiera leer, comprender y retener el contenido de todos los libros que han existido y que están por venir y aparecer? ¿Cantar de tal manera que nuestros cantos, en lugar de atraer rocas hacia nosotros, atrajesen piedras preciosas; en lugar de bestias feroces, atrajesen a los espíritus; en lugar de Plutón*, a los poderosos príncipes de este mundo?

Oh, hombres mortales, diferente es el designio de Dios y diferente vuestro beneficio, ya que por vosotros se decidió aumentar y acrecentar en esta época el número de miembros de nuestra Fraternidad. Nosotros, que no fuimos receptores de tales tesoros por méritos propios, ni habíamos esperado ni previsto tal cosa, hemos recibido este designio con gran alegría interior, y lo llevaremos a cabo con gran fidelidad, de forma que ni siquiera nos con­moverán los lamentos de los hijos que algunos miembros de nuestra Fraternidad tienen, porque sabemos que estas riquezas inefables no pueden ser heredadas y sólo pueden ser transmitidas con discernimiento.

 

V

 

Si ahora, en referencia a la segunda parte, alguien nos pidiese cautela porque ofrecemos por doquier nuestros tesoros sin la menor distinción, porque no preferimos en absoluto a la gente piadosa, de ciencia, sabios e incluso a las altas personalidades principescas, sobre la plebe, no nos ofenderemos por ello. Sin lugar a dudas, este reproche no estará injustificado, pero estamos convencidos de que nuestros misterios no alcanzarán nunca al común de los hombres, aunque lleguen a oídos de todo el pueblo en cinco lenguas. Por una parte, porque sabemos con total seguridad que los necios no serán conmovidos por ellos. Por otra parte, porque lo que nos ayuda a reconocer la dig­nidad de quienes son aceptables, no es medido por su curiosidad sino por la regla y la norma de lo que nos fue revelado.

En consecuencia, aunque el clamor de los indignos sea mil veces repetido, aunque se ofrezcan mil veces, Dios ha querido que nuestros oídos no escuchen a ninguno. Y nos ha envuelto con sus nubes de tal forma que ninguno de sus servidores puede ser forzado ni obligado con violencia. Nadie puede vernos ni reconocernos, a menos que haya adquirido los ojos del águila.

Por lo demás, si la Fama ha tenido que ser redactada en todas las lenguas conocidas, es para no negarle dicho conocimiento a quienes no han podido ser instruidos en las ciencias; Dios no ha querido excluirles de la dicha de esta Fraternidad, que por otra parte está dividida en grados. Así, por ejemplo, los habitantes de la ciudad de Damcar viven bajo un orden político completamente diferente al del resto de los árabes; porque Damcar es regentado exclu­sivamente por sabios, que promulgan leyes diferentes con el beneplácito del rey.  Introduciremos en Europa un ejemplo de ello (el cual se encuentra en nuestro poder, habiendo sido descrito por nuestro padre Cristian), tan pronto como se cumpla lo que tiene que precederlo. Entonces, nuestra trompeta resonará ampliamente y con una intención inconfundible; bien entendido que sucederá en cuanto que aquello —que algunos pocos, utilizando un lenguaje encubierto, susurran como venidero— colme la tierra públicamente.

Así como, también desde Alemania, el Papa fue arro­jado de su sede y pisoteado, con gran violencia y de manera impetuosa, después de muchas y tímidas críticas por parte de almas piadosas contra su tiranía, así su ruina definitiva ha sido desplazada a nuestra época, durante la cual será percibida la fuerza demoledora de la garra del león y un nuevo rugido de éste pondrá fin a su rebuznar. Sabemos que tales acontecimientos ya han llegado a oídos de eruditos alemanes, cuyo comportamiento y testimonio silencioso dan prueba del respaldo general.

 

VI

 

Valdría la pena investigar todo el tiempo transcurrido desde 1378, año del nacimiento de nuestro Padre Cristian, hasta nuestros días. Y considerar los cambios del mundo de los que él mismo ha sido testigo en los 106 años de su existencia, y de cuántas experiencias hemos sido here­deros, nuestros padres y nosotros mismos, tras su biena­venturada muerte.

La concisión que nos hemos impuesto como objetivo nos obliga a tratar este tema en otra ocasión. A quienes no menosprecian nuestras amonestaciones, les bastará que en esta ocasión hayamos abordado ligeramente el tema, a través del cual se podrán preparar para después entablar unos lazos más estrechos con nosotros. Ciertamente, a quien le sea dado contemplar y comprender la interrelación de los grandes caracteres que Dios ha grabado en el edificio del mundo, cuya constante renovación se opera a medida que alternan los reinos, y sepa elevarse basándose en ellos, sin duda ya es uno de los nuestros, aunque en este instante no sea consciente de ello.

Así como sabemos que tal persona no desdeñará nuestra invitación, así le prometemos por nuestra parte que no será conducido por caminos erróneos, como también prometemos no poner en ridículo ni la ingenuidad ni las esperanzas de quienes se presentan ante nosotros, aspirando a pertenecer a nuestra comunidad, bajo el sello del silencio. Por el contrario, a los malvados, a los hipócritas y a quienes tienen como único objetivo la curiosidad, les comunicamos que será imposible que, por culpa de ellos, fuéramos llevados a la perdición, o que seamos forzados en contra de la voluntad de Dios. A éstos les esperan, en verdad, los castigos anunciados en la Fama, ya que sus impías maquinaciones terminarán por caer sobre sus cabezas.

No obstante, nuestros tesoros permanecerán, por el contrario, absolutamente inviolables hasta que llegue el León para reivindicar, tomar y recibir los tesoros que ser­virán para la consagración de su Reino.

 

VII

Así debemos declarar, oh hombres mortales, lo siguiente: que una vez más Dios ha decidido conceder al mundo, cuyo fin sobrevendrá poco después, la verdad, la luz y la dignidad, a las que hizo salir del paraíso con Adán para ali­viar la miseria humana. Por lo tanto, será necesario que ahora cese toda aberración, toda oscuridad y atadura, las cuales se han infiltrado paulatinamente —con el progreso de la rotación de la gran esfera— en las ciencias, en los hechos y en los gobiernos de los hombres, por cuya causa éstos se han ido oscureciendo.

De ello resulta, en efecto, tal infinidad, tal diversidad de opiniones, falsificaciones y doctrinas erróneas, que incluso hacen difícil la elección a los más inteligentes de los hombres, ya que el prestigio de los filósofos por un lado, y la verdad comprobada a través de la experiencia por el otro, les confunden en su juicio. Cuando todo esto sea abolido, como creemos que ocurrirá, y sea reempla­zado por unas directrices eternamente inmutables, lo será gracias a los hombres dedicados a esta tarea. Sin embargo, habrá que agradecer el conjunto de este gran trabajo a la encrucijada de los benditos tiempos presentes.

Al igual que reconocemos los méritos de muchos espí­ritus excelentes, que con sus testimonios han realizado una aportación considerable a la futura reforma, no deseamos

en absoluto atribuirnos el honor de que nos fuera enco­mendada en exclusiva una obra tan enorme. Más bien, por el Espíritu de Cristo nuestro redentor, testimoniamos que antes que falten ejecutores del designio de Dios, se ofre­cerán las piedras.

 

VIII

 

Para dar a conocer Su voluntad, antaño Dios ya mandó mensajeros; a saber, astros que han aparecido en las cons­telaciones de Serpentario y Cisne. Como grandes señales de Su poderoso designio, ellos podrían enseñarnos en verdad, si previamente fuese unido todo lo descubierto por la perspicacia del ser humano, de qué manera Él quiere que Sus decretos ocultos sean provechosos. Por lo tanto, el Libro de la Naturaleza estará abierto y será revelado ante los ojos de todo hombre, aunque sólo unos pocos serán capaces de leerlo en su totalidad, y menos aún de com­prenderlo.

Así como en la cabeza humana existen dos órganos para oír, dos para ver, dos para oler y uno para hablar, y sería inútil exigir a los oídos que hablasen o a los ojos que oyesen, así también han existido épocas durante las cuales se veía, otras en las que se oía, y otras en las que se olía. Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agigan­tados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento ha sido visto, oído y olido. Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana temprano, alegre y jubiloso, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente.

 

IX

 

Así como Dios ha introducido sus caracteres y su alfabeto en las Sagradas Escrituras, también los ha grabado con cla­ridad en la maravillosa obra de la creación, en los cielos, en la tierra y en los animales; para que podamos reconocer con antelación el oscurecimiento de la iglesia y su dura­ción, tal como el astrónomo prevé los eclipses solares y lunares.

De estos caracteres hemos extraído sin excepción toda nuestra magia y, basándonos en ella, hemos compuesto una nueva lengua, que exprese la esencia de las cosas. Por ello, no sería de extrañar que nos expresáramos torpemente en las demás lenguas, así como en este latín. Después de todo, sabemos que estas lenguas no tienen comparación con las de Adán o las de Enoch, las cuales fueron sepultadas bajo la confusión babilónica.

 

X

 

Sin embargo, no debemos dejar de exhortar que, mientras quede alguna pluma de águila* que dificulte nuestro obje­tivo, nosotros les aconsejamos que lean y apliquen perma­nentemente la Santa Biblia. Que quien se sienta satisfecho con ello, sepa que se está acercando a nuestra Fraternidad. Así como la esencia de nuestras reglas es que, en esta obra maravillosa que es el mundo, no hay ninguna letra que no haya sido grabada en nuestra memoria, de la misma manera consideramos nuestros semejantes y más próximos a nosotros a quienes tienen este libro único, la Santa Biblia, como el resumen y la quintaesencia del mundo entero, objetivo y término de su vida, de sus estudios y de todo su empeño.

A ellos, no les pedimos que tengan siempre el conte­nido de este libro en sus labios, sino que lleven su propó­sito a este mundo, adecuándolo al conjunto de períodos y edades. Pues tampoco entra en nuestras costumbres vulga­rizar las Sagradas Escrituras, como sucede con algunos que, ante la infinidad de interpretaciones, intentan man­tener en pie la interpretación de su grupo, o con otros que la trivializan con la vieja maldad, dado que son tan moldeables como la cera, para que sirva tanto a teólogos como a filósofos, sanadores y astrólogos.

Más bien deseamos profesar en público que, desde los comienzos de este mundo, no ha existido un libro superior, mejor y más saludable que la Santa Biblia. Bienaventurado quien la posee, más bienaventurado aún quien la lee, y el más bienaventurado es quien ha profundizado en su conte­nido, mientras que quien es capaz de comprenderla y obe­decerla se asemeja a Dios.

 

XI

 

Acerca del juicio emitido por nosotros, sobre los impos­tores, en cuestión de transmutaciones de metales* y del remedio supremo del mundo, esto es lo que queremos decir: no queremos menospreciar en absoluto este don de Dios. No obstante, como este don no conlleva el incesante conocimiento de la naturaleza y, sin embargo, la filosofía sí enseña este conocimiento, además de una infinidad de otros misterios de la naturaleza, quedará claro que prefi­ramos las enseñanzas de la filosofía y que estimulemos a los espíritus más lúcidos y perspicaces a que estudien con exactitud la naturaleza, en lugar de tintar metales.

Insaciable debe ser la avaricia de quien ha llegado a ser indiferente a la pobreza, a las contrariedades, a las enfer­medades y que incluso se ha elevado por encima de toda la humanidad, hasta el punto de dominar aquello que ator­menta, angustia y martiriza a los demás. Seguro que tal hombre, finalmente, siempre se vuelve hacia las locuras de la naturaleza, construyendo casas, emprendiendo guerras y perdiendo la humildad, ya que piensa que posee suficiente oro y un río de plata inagotable.

El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. Él otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfarrones a la soledad; un justo castigo para el embustero romano, el cual se ha desbordado de blasfemias contra Cristo y, pese a que en Alemania ha sido descubierta toda su abominación, incluso en pleno día se aferra a su mentira, hasta el punto de colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo.

Vendrá un tiempo en que esta víbora cesará de sisear y en el que su triple corona será reducida a la nada, tema del que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra asamblea.

 

XII

 

Al término de nuestra Confessio, deseamos recordar dili­gentemente que conviene rechazar la mayoría, si no todas las obras de los seudo-alquimistas, quienes por gusto pasan el tiempo abusando inútilmente de la Santa Trinidad y engañando al público con extrañas figuras y propósitos oscuros, esquilmando el dinero de los simples. Nuestro tiempo conoce una proliferación de gente de esa clase, entre quienes se encuentra un excelente actor del anfitea­tro, un hombre muy importante y lo suficientemente listo como para engañar a sus semejantes. Este tipo de personas mezcla al enemigo de la dicha humana entre el buen grano, con la esperanza de menguar el crédito de la verdad, ya que la verdad es sencilla y desnuda, mientras que la men­tira, por el contrario, se viste imponente y majestuosa, y se cubre con un velo de sabiduría divina y humana.

Evitad y huid de estas obras, vosotros que sois sabios, y buscad refugio entre nosotros. Nosotros no queremos en absoluto vuestro oro, sino que por el contrario os ofre­cemos inmensos tesoros. No queremos hacernos con vues­tros bienes bajo el pretexto de daros a cambio tal o cual tintura fabulosa, sino que deseamos haceros partícipes de los nuestros. No queremos poneros ante enigmas, sino invitaros a una explicación sencilla y clara de nuestros misterios. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospitalidad, sino que os invitamos a nuestras casas más que majestuosas.

Sabed que no actuamos según nuestro capricho, sino según el Espíritu Divino. Tal como nuestro muy amado Padre lo ha dispuesto en su testamento, y el tiempo actual lo exige de nosotros.

 

XIII

 

¿Cómo os encontráis, hombres mortales, ahora que sabéis que proclamamos a Cristo con toda inocencia y pureza, que condenamos al Papa, que servimos a la verdadera filo­sofía, que llevamos una existencia digna y decente e invi­tamos a muchos —y sobre todo a quienes, como nosotros, son testigos de la luz que irradia de Dios— a una coopera­ción unánime?

¿No pensáis ahora, por fin, después de haber meditado sobre vuestros dones, después del discernimiento que poseéis de las Sagradas Escrituras, y después de haber considerado el estado tan defectuoso e imperfecto de las artes, aspirar a la curación junto a nosotros? ¿No pensáis que debéis ofrecer vuestras manos a Dios, el cual cumple con la obra, y que os debéis dedicar a las exigencias de este siglo?

Hacedlo y tened por seguro el provecho: seréis benefi­ciarios y herederos de todos los bienes que la naturaleza ha esparcido por todas las partes del mundo, unificados y concentrados en vosotros, como en el centro del Sol y de la Luna. Entonces podréis borrar del mundo todo lo que ensombrece la inteligencia humana y obstaculiza su acti­vidad, así como todo lo excéntrico y no coincidente con el círculo.

 

XIV

 

En cuanto a vosotros, que buscáis satisfacer vuestra curio­sidad, o sois atraídos por el brillo del oro o, para decirlo más claramente, vosotros que, aunque hoy todavía sois honestos, corréis el riesgo de veros fácilmente corrom­pidos por la afluencia imprevista de tantos bienes, que incitan a hundirse en la ociosidad y a lanzarse a una vida lujuriosa y de excesos, a vosotros os rogamos que no turbéis con vuestra barahúnda intempestiva nuestro sagrado silencio.

Sabed que, aunque existe una panacea capaz de curar todas las enfermedades, ésta siempre será inaccesible a quienes Dios quiere inquietar, castigar o corregir con enfermedades. Igualmente, aunque seamos capaces de pro­porcionar al mundo entero riqueza y enseñanzas, así como de liberarlo de innumerables calamidades, no nos daremos a conocer a nadie, ni nadie nos conocerá, sin el consenti­miento de Dios. Incluso, es impensable que alguien parti­cipara y disfrutara de nuestros bienes en contra de la voluntad de Dios. Antes de que pudiera acceder a la dicha de encontrarlos, perdería su vida.

La Fraternidad de la Rosacruz

 

 

 

 

 

 

 

ANÁLISIS ESOTÉRICO DE LA CONFESSIO FRATERNITATIS R.C.

 

Así debemos declarar, oh hombres mortales, lo siguiente: que una vez más Dios ha decidido conceder al mundo, cuyo fin sobrevendrá poco después, la verdad, la luz y la dignidad, a las que hizo salir del paraíso con Adán para aliviar la miseria humana. Por lo tanto, será nece­sario que ahora cese toda aberración, toda oscuridad y atadura, las cuales se han infiltrado paulatinamente con el progreso de la rotación de la gran esferaen las cien­cias, en los hechos y en los gobiernos de los hombres, por cuya causa éstos se han ido oscureciendo.

De ello resulta, en efecto, tal infinidad, tal diversidad de opiniones, falsificaciones y doctrinas erróneas, que incluso hacen difícil la elección a los más inteligentes de los hombres, ya que el prestigio de los filósofos por un lado, y la verdad comprobada a través de la experiencia por el otro, les confunden en su juicio. Cuando todo esto sea abolido, como creemos que ocurrirá, y sea reempla­zado por unas directrices eternamente inmutables, lo será gracias a los hombres dedicados a esta tarea. Sin embargo, habrá que agradecer el conjunto de este gran trabajo a la encrucijada de los benditos tiempos presentes.

Al igual que reconocemos los méritos de muchos espí­ritus excelentes, que con sus testimonios han realizado una aportación considerable a la futura reforma, no deseamos en absoluto atribuirnos el honor de que nos fuera enco­mendada en exclusiva una obra tan enorme. Más bien, por el Espíritu de Cristo nuestro redentor, testimoniamos que antes que falten ejecutores del designio de Dios, se ofre­cerán las piedras.

Confessio Fraternitatis R.C., capítulo VII

 

1

La reforma del mundo

Reconozcamos con sinceridad que nos hemos vuelto per­sonas superficiales. Nuestra cultura occidental sigue una línea horizontal. No conoce las inmensas alturas de la radiante realidad y carece de la profundidad de una vida interior. Toda ella es forma, forma determinada por la moda. Todo el aparato con el que estamos tan familiari­zados, todo el organismo con su complejo entramado, está enfermo, mortalmente enfermo, pues ya no tiene alma.

El idealismo está sometido a límites y se ha convertido en materialismo adornado con algunas flores marchitas. La ciencia ha caído completamente en un camino que no con­duce a ningún lugar y la teología está desde hace años tan muerta como la vieja era de la Atlántida. Una y otra vez aparece en el horizonte la faz con la corona de espinas, mientras que la sulfurosa fetidez del humo de la pólvora envuelve incesantemente la Tierra con amplios remolinos. Y las voces de las iglesias resuenan cargadas de tópicos, de sermones sobre un Dios totalmente desconocido, de bal­buceos sobre un Cristo al que no conocen ni perciben y al que, a pesar de todo, se crucifica a diario.

Los hombres buscan y buscan, pero se entregan sin condiciones a esta civilización, a esta cultura, y esto es algo estéril. Por supuesto, usted sabe todo esto. Sus perió­dicos y sus libros hablan de ello. Usted lo conoce y lo comenta. De antemano, está básicamente de acuerdo con dichos artículos y escritos.

Pero, ¿por qué no le afecta? ¿Por qué no se rompe algo en su interior? ¿Por qué no percibe la vibración de la eter­nidad en el tiempo? ¿No nos sucede como a «Elckerlyc»1 en el drama medieval del mismo título? La muerte, como enviada de Dios, viene hacia Elckerlyc y le dice: «Elckerlyc, ¿a dónde vas tan engalanado? ¿Ya has olvi­dado a Dios?»

¡Por supuesto! Con toda nuestra civilización cristiana hemos olvidado a Dios; se nos escapa lo esencial, lo apre­miante, lo único necesario para la verdadera salvación.

Esto no es un sermón. Los rosacruces no se interesan por los sermones. Sólo se trata de conmoverle y decirle: elévese por encima de la superficialidad y perciba la rea­lidad. ¿No comprende que el Logos está interviniendo en nuestra civilización enferma? ¿Que el universo se encuentra en un cambio y que algo va a suceder?

¿Qué hace usted realmente? Trabaja desde la mañana hasta la noche, quizás para ganarse el pan de cada día. Se ajusta a la vida corriente. Se preocupa por su jubilación. Se esfuerza y trabaja ajetreadamente en casa o en cualquier otro lugar. Mata el tiempo con sus libros o conciertos. Pero con esto, ¡uno no realiza su vida como ser humano! ¿Sabe usted, tan siquiera, a qué es llamado el hombre? ¿Sabe usted de lo qué es capaz el hombre?

¡Somos de linaje divino! ¡Hemos sido creados según la imagen de Dios! En nosotros arde la chispa divina. Esto no son palabras banales, dulces y piadosas, sino llamas vivas de la eterna verdad. ¡Tiene que liberarse de sus limita­ciones, de su espíritu de esclavo! ¡Tiene que tomar conciencia de su realeza!

Estas palabras sonarán al hombre, en tanto que animal gregario, como una locura, como una completa necedad. Pero nosotros escribimos aquí para personas receptivas a la Gnosis o al menos para aquellos hombres que estén abiertos a la fuerza apelante de la verdadera Rosacruz.

La misión de la Orden de la Rosacruz y sus servidores es mostrar los caminos de la liberación, pues todos están doblegados por la esclavitud del cuerpo, del alma y de la conciencia. Debe comenzar a crecer en usted una nueva santa pasión, el anhelo de la santa liberación, sobre la que cantan los salmos clásicos; debe despertarse el verdadero conocimiento de Dios, debe hacerse realidad el caminar diario con Cristo.

Miles de personas afirman que conocen a Cristo. Sus labios repiten Sus palabras, pero sus corazones perma­necen inconmovibles y las cabezas no Le comprenden. Ellos saben de un santo sacrificio en el remoto pasado, pero de la faz con corona de espinas que ahora se puede divisar en el horizonte, no saben nada. Sin consideración, tal como pisotean la hierba, extinguiendo la tierna vida de la naturaleza, pasan de largo ante la faz suplicante, quizás porque estén atentos a las informaciones bursátiles.

Por ello la misión de la Orden de la Rosacruz consiste en decirle quién, qué y cómo es Cristo, qué quiere de usted este poderoso Espíritu Solar, qué quiere y qué hace por usted. No se trata de juntar las manos devotamente para rezar o cantar un himno, no se trata de mantener una actitud negativa, con la esperanza de que Él lo hará todo bien. ¡No! ¡Es usted quien tiene que hacerlo! Esto es lo grandioso del cristianismo. En usted debe arder el fuego de amor del Espíritu. En usted debe liberarse la mariposa real, para que pueda abandonar la pocilga y regresar hacia su Padre. Cristo es una fuerza: el Logos. El mueve el universo de su ser. Él lo es todo en todos, con la condición de que reaccionemos consciente y dinámicamente al Espíritu de Dios.

Si conoce algo de ese éxtasis santo, ya no podrá sen­tirse a gusto mirando y esperando, sino que se unirá a quienes están preparando el nuevo mundo. Muchos hom­bres son víctimas de esperanzas frustradas. Los crueles años han destruido sus tiernos deseos y también su anhelo de Dios. Han descuidado su pensamiento y los centros del sentimiento se han embotado. Se han suicidado en vida, aunque su cuerpo todavía esté vivo. Pero el alumno de la Escuela de Misterios no debe temer que sus esperanzas se vean frustradas, pues los dones que recibe son espléndidos en extremo y superan sus más audaces esperanzas.

De esta manera, el alumno se convierte en ejecutor de los designios de Dios. Así puede hablar con gran positi­vismo, porque él se ha elevado sobre la línea horizontal y conoce la reforma mundial venidera.

Y este positivismo toma forma en la Confessio Fraternitatis, para aportar el mensaje de la liberación a todas las almas esclavizadas que buscan y se esfuerzan en la actualidad.

El séptimo capítulo de la Confessio, con el que que­remos comenzar, nos coloca ante un grandioso y terrible conflicto. Sabemos que la irrupción de la corriente de verdad, luz y dignidad, mencionada en este capítulo, es inminente. No se imagine un lapso de tiempo de unos cuantos años, sino el comienzo de una nueva era, en la que la nueva luz y la nueva verdad puedan desarrollarse plena­mente sin obstáculos.

Además sabemos que una cantidad de pioneros cada vez mayor se está preparando para este inmenso y formi­dable trabajo, al que usted también es llamado. Nunca fal­tarán servidores que lleven a cabo los designios de Dios.

Pues sabemos que los designios de Dios, el desarrollo del plan, el nuevo devenir, se ejecuta sin interrupción y con una fuerza irresistible. Pero también sabemos, y permí­tanos tenerlo presente, que entre este saber positivo y su aplicación se encuentra la multitud, los millones de igno­rantes, el rebaño.

Quizás pueda verlo como un enorme cuadro simbólico: por un lado, la luz que se acerca; por el otro, el plan de Dios, representando de una u otra forma lo dinámico en el devenir de los tiempos; y en el centro, la gran multitud de la corriente de vida humana, coronada por el relativamente insignificante número de pioneros, que ejecutan los desig­nios de Dios. Así la corriente de vida humana está cubierta por una Tri-unidad: la voluntad de Dios, su corriente de sabiduría y su actividad en algunos pioneros.

¿Comprende lo dramático de esta situación? Vivimos en una sociedad tan degenerada que ya no ofrece ninguna posibilidad para un desarrollo posterior. Todo el sistema tiene que ser renovado; pero los dirigentes y mantenedores del sistema no lo ven, y la gran mayoría es demasiado inconsciente.

No obstante, la nueva era se acerca. ¡Los designios de Dios son inevitables! Los pioneros trabajan febrilmente. Lo nuevo no se puede obstaculizar. La consecuencia será una horrenda catástrofe, un desastre que irrumpirá por todas partes con la fuerza de un huracán y despedazará el mundo actual. Sólo entonces los verdaderos dirigentes podrán tomar las riendas del desarrollo posterior de la humanidad.

¿Reconoce la necesidad de todo esto? ¿Existe otro camino? ¿Tienen que seguir suspirando todavía el mundo y la humanidad durante millones de años, en sistemas sin salida?

Por este motivo, es necesario el divino proceso de demolición. Todo esto debe infundirle gran seriedad. Pues sabe que Sodoma y Gomorra no hubieran sido destruidas si se hubiese encontrado en ellas un número suficiente de justos. ¡Estamos ante el mismo caso! Podemos ayudar a aliviar en gran parte el dolor que llegará al mundo si, como pioneros, nos lanzamos con todas nuestras fuerzas a nuestro trabajo y hacemos todo lo posible en influir a la humanidad y conducirla a la vida verdadera. Y el que la nueva era se esté acercando a nosotros tan poderosamente debe ser considerado realmente como la consecuencia del gran trabajo de los pioneros.

Que usted pueda comprender que no nos impulsa el deseo de expandir el Lectorium Rosicrucianum, sino el verdadero deseo de servir a Dios y a los hombres con todo nuestro corazón, toda nuestra alma y toda nuestra razón. Por eso también le apremiamos a que una su esfuerzo al servicio del grande y santo trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

Para dar a conocer Su voluntad, antaño Dios ya mandó mensajeros; a saber, astros que han aparecido en las cons­telaciones de Serpentario y Cisne. Como grandes señales de Su poderoso designio, ellos podrían enseñarnos en verdad, si previamente fuese unido todo lo descubierto por la perspicacia del ser humano, de qué manera El quiere que Sus decretos ocultos sean provechosos. Por lo tanto, el Libro de la Naturaleza estará abierto y será revelado ante los ojos de todo hombre, aunque sólo unos pocos serán capaces de leerlo en su totalidad, y menos aún de com­prenderlo.

Así como en la cabeza humana existen dos órganos para oír, dos para ver, dos para oler y uno para hablar, y sería inútil exigir a los oídos que hablasen o a los ojos que oyesen, así también han existido épocas durante las cuales se veía, otras en las que se oía, y otras en las que se olía. Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agi­gantados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento ha sido visto, oído y olido. Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana tem­prano, alegre y jubiloso, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente.

Confessio Fraternitatis R.C., capítulo VIII

 

2

Serpentario y Cisne (I)

 

Como alumnos de la Rosacruz sabemos que los aconteci­mientos futuros serán diferentes de los del presente, y hemos descubierto que el mundo va a experimentar una renovación. Aunque éste no sea un punto de vista genera­lizado, estamos tan familiarizados con él, que para noso­tros no sólo representa una hipótesis, sino una realidad gnóstico-científica. De esta manera, nuestro punto de vista ya está dando origen a un estudio detallado de la nueva era, para que cuando se vislumbren determinados desarrollos no tengamos por qué permanecer en la incertidumbre, sino que podamos centrarnos de inmediato en nuestro objetivo. Por ello, quisiéramos reflexionar ahora sobre este objetivo y considerar algunas particularidades que se manifestarán al principio de lo nuevo y durante su realización, lo cual es necesario tener en cuenta.

Como hemos dicho, el alumno de la Rosacruz está sufi­cientemente capacitado para orientarse de forma efectiva y concreta. Conoce a los verdaderos mensajeros de Dios, de los que da testimonio la Confessio Fraternitatis, y les ha oído hablar.

Con nuestro enfoque mágico de la vida también miramos hacia las estrellas, y sabemos que la Confessio hace alusión a los tres poderosos principios vitales de los tiempos venideros, a saber, los planetas Urano, Neptuno y Plutón. Cuando se escribió la Confessio, estos tres cuerpos celestes todavía no habían sido descubiertos por la astro­nomía exotérica, pero los gnósticos tenían en cuenta estos importantes planetas de misterios desde tiempos inmemo­riales y conocían el significado de estas poderosas señales de los designios de Dios. Incluso ahora, en nuestros tiempos, cuando Urano, Neptuno y Plutón ya son cono­cidos y se han descrito sus trayectorias y divulgado sus influencias por los seudo-astrólogos, parece haber pocas personas que sepan leer y profundizar en el Libro de la Naturaleza, a pesar de que en realidad se encuentra abierto ante todo el mundo.

Urano, Neptuno y Plutón, estas tres fuerzas divinas no sólo son ideas sublimes hacia las que la humanidad se ele­vará gradualmente, sino poderosas leyes y principios pri­mordiales que serán totalmente realizados y que vencerán la degeneración, la imperfección y la criminalidad, de tal forma que, como dice la Confessio:

«Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana temprano, alegre y jubiloso, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente.»

Pero aún no hemos llegado a dicho punto. Millones de personas suspiran cuando les alcanza el primer rayo de sol y les despierta de su sueño. Agobiados por preocupaciones y penas, millones de hombres ven cómo el Sol Divino se coloca velozmente en órbita alrededor de la Tierra. Cada día trae nuevas crueldades, nuevos estímulos degenera­tivos.

Pero llegará el día en el que cada criatura humana se dirigirá con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, alegre y animada, al encuentro del Sol cuando éste se eleve al amanecer. No piense que éstas son palabras tranquilizadoras, semejantes a las que se usan para calmar a personas nerviosas: «Tranquilícese, mañana será un nuevo día y todo se arreglará.»

«Con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol» es una fórmula pro­funda y refinada. Es el lenguaje de los iniciados, una des­cripción poética de la vida de los iniciados. Y cuando usted despierte de su sueño, también podrá y querrá hacer lo mismo.

«Con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol» es una indicación simbólica de las tres fuerzas divinas: Urano, Neptuno y Plutón. Urano es el renovador del corazón, Neptuno el renovador de la cabeza y Plutón el realizador, el dinámico, el que avanza, el demoledor.

¿Qué significa poseer un corazón abierto? Estas pala­bras suelen comprenderse de forma completamente errónea o parcial. Algunos dicen que una persona con el corazón abierto se caracteriza por realizarlo todo con amor, y otros que tal persona es extremadamente sensible y excepcionalmente bondadosa. Un gnóstico, no obstante, no se conforma con este tipo de vaguedades. La ciencia gnóstica demuestra que el corazón de quienes se preparan correctamente para el alumnado gnóstico se transforma, incluso físicamente. La parte del corazón que se encuentra más cerca de la espina dorsal, del fuego espiritual espinal, cambia hasta tal punto que todo el corazón comienza a trabajar como músculo voluntario. El espíritu humano llega a ser capaz de controlar conscientemente el corazón, que es el motor del cuerpo. Por esta razón, el alumno puede, entre otras cosas, penetrar conscientemente en los planos inte­riores cuando es necesario.

Las fuerzas de Urano realizan en nosotros esta gran transformación. Cuando el alumno ha alcanzado este punto en su desarrollo, es capaz de dominar conscientemente sus sentimientos. Puede dirigir sus sentimientos, pensar con su corazón. Con otras palabras, nunca más será víctima de sus emociones, de sentimientos incorrectamente orientados. Ya no romperá los corazones y las vidas de los demás con una tormenta de sentimientos que se derraman sobre ellos de manera incontrolada.

¿Ha conocido usted alguna vez a un hombre que pudiese pensar con el corazón, que fuese capaz de sentir de forma consciente? A veces, una persona de este tipo puede parecemos fría, insensible y sin corazón, pero en ella arde un fuego intenso. Este fuego no se expande inútilmente, ni quema, ni abrasa. Es el fuego eterno, sin pasión ni emo­ción, pero que es enviado directamente hacia quienes yerran en la oscuridad. Es el fuego del amor, que nunca crea conflictos sino que todo lo torna puro y agradable.

Sólo si comprende algo de todo esto, podrá hablar de amor. Tiene que aprender a pensar con el corazón, y todo lo que posiblemente exista aún en usted tiene que estre­llarlo contra las rocas de los logros absolutamente imposi­bles. No olvide jamás que en la Gnosis y en la Escuela de Misterios de la Rosacruz está cincelado con profundas letras, visible para todos: «Todo o nada».

En nuestro tiempo, las fuerzas de Urano son impresio­nantes, formidables, extraordinariamente dinámicas. Las experimentamos como intuición.

¿Qué es la intuición? En general se dice que la intui­ción es un sentimiento repentino, un pensamiento súbito procedente del exterior, en ocasiones premonitorio. Pero estas explicaciones también son muy vagas. Intuición, en sentido absoluto, es la relación diaria con Dios, una vida ininterrumpida en Cristo. Nosotros decimos que es armo­nizarse con el mundo interplanetario del espíritu de la vida, de forma que las vibraciones de ese mundo puedan ser recibidas por nuestro cuerpo preparado y grabadas en nuestra conciencia. Esto es intuición.

Urano es como un fuego. Es el Cristo que quiere regresar hacia nosotros en las nubes del cielo, tal como está escrito. Esto significa que El quiere descender hasta nosotros como la rosa blanca y llenar todo nuestro sistema vehicular, de forma que pueda ser visto como una estrella dorada en las nubes aurales de nuestro ser, como el funda­mento de todo nuestro pensar, querer y actuar.

Pero como sabe, cuando el Cristo regresa, cuando se cumple en nosotros la grande y santa ley de Urano, la con­secuencia es una gran transformación. Si lee el profético capítulo 24 del Evangelio según Mateo, teniendo presente lo dicho anteriormente, lo comprenderá mejor.

Aparte de la fuerte influencia individual, también existe una acción generalizada de Urano: la ley de Cristo que se cumple en este mundo, la tormenta de fuego de Acuario. Esta tormenta de fuego entra primero en contacto con el sexo femenino de nuestra ola de vida.

La filosofía de la Rosacruz nos enseña que la mujer posee un cuerpo vital positivo y un cuerpo físico negativo. A causa de esta constelación, las mujeres, por lo general, están más capacitadas para recibir las vibraciones globales de Urano, demostrar su fuerza dinámica en este mundo y ofrecer, a quien lo anhele, el fuego del amor de Cristo.

Por ello, las mujeres desempeñarán un papel muy activo en la futura revolución del mundo y desarrollarán grandes fuerzas. Por esta razón, en la Escuela de la Rosacruz ha aumentado constantemente, en los últimos años, el número de mujeres que han emprendido el alum­nado. Si en los inicios, los hombres eran mayoría, ahora lo son las mujeres.

Esto se debe a que la Escuela de la Rosacruz es utili­zada como escuela de preparación para la tarea de las mujeres en los futuros procesos de desarrollo. Así como en el pasado, por sus cualidades venusianas y por su sacri­ficio, la mujer supo transformar la fuerza bruta del hombre y moderar su animalidad marciana, ahora tendrá que rea­lizar de nuevo un enorme, un inmenso sacrificio para, por medio del fuego de amor de Urano, destruir la ilusión inte­lectual en la que permanece prisionera la parte masculina de nuestra ola de vida, lo cual produce indescriptibles sufrimientos a la humanidad, y así renovar el pensamiento. Por ello, las mujeres tienen ante sí una gloriosa y gran labor a realizar, una tarea de salvación general, por medio de una organización activa de perseverancia puramente femenina, no con violencia y armas, sino guiadas por Cristo y el fuego de amor de Urano.

Como reacción negativa a la radiación de Urano vemos, en algunos países, la formación de batallones mili­tares de mujeres. Este error es una reacción inconsciente a los grandes fenómenos que pronto aparecerán. Si tiene en cuenta de lo que una mujer es capaz, si observa su papel en la historia del mundo y en las intrigas políticas, podrá ver que muchas páginas de la historia del mundo han sido escritas por las mujeres. Casi siempre desde un segundo plano, aunque no por ello de una manera menos positiva. Y si piensa en la influencia que la mujer puede ejercer en el hombre, comprenderá que la mujer está absolutamente capacitada, por todas sus cualidades, para acabar con el actual estado de las cosas.

«Así como en la cabeza humana existen dos órganos para oír, dos para ver, dos para oler y uno para hablar, y sería inútil exigir a los oídos que hablasen o a los ojos que oyesen, así también han existido épocas durante las cuales se veía, otras en las que se oía, y otras en las que se olía. Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agi­gantados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento ha sido visto, oído y olido.»

Aquí no se trata de charlas, sino de hablar en sentido gnóstico-científico. Hablar como acción creadora, tal como Dios habla y es. Él ordena, y se realiza. Hablar como acto.

Amigas, reconozcan su tarea. Tomen la iniciativa en estas cosas. Y comprendan bien que se trata de un trabajo arduo, de una cruz que deben elevar, ya que muchos, muchísimos, se volverán contra ustedes. Salven al mundo por el amor y con el acto de amor. Comprendan que deben liberarse de sus limitaciones. Muchas mujeres tienen un horizonte demasiado limitado, y piensan que toda su labor consiste en las tareas domésticas y la educación de los niños. Sienten muchas tendencias primitivas, como el ins­tinto maternal y la necesidad de sentirse protegidas. No crean tampoco que la degeneración del mundo sólo es culpa de los hombres, que están esperando desamparados y acobardados la ayuda de las mujeres. Comprenderán que esta idea no es la correcta.

El espíritu de Dios mora en ambos sexos y expresa la alta vocación del ser humano. Ambos sexos deben cola­borar en el mundo en un plano de completa igualdad. El trabajo de la humanidad sólo puede prosperar si, tanto el hombre como la mujer, reconocen su mutua dependencia y construyen la nueva casa para los hermanos y hermanas que nos acompañan.

Como servidores de Acuario aspiramos con toda nuestra fuerza a esta igualdad en todos los campos de la vida, y mostramos a nuestras hermanas su nueva gran labor en el futuro devenir mundial. Una actividad salva­dora del mundo que suprimirá toda la arrogancia intelec­tual.

Así como las mujeres aceptan y soportan todo durante la gestación de una vida individual, la traen al mundo con dolor y la mantienen, así también son llamadas por el amor de Urano, la fuerza revolucionaria de Acuario, a mantener la vida de la humanidad y conducirla a un nivel superior.

En Serpentario y Cisne brillan tres estrellas: Urano, Neptuno y Plutón. Son señales poderosas de los designios de Dios. En este capítulo le hemos trasmitido algo sobre las elevadas intenciones de Urano, para que pueda refle­xionar sobre ello. Las fuerzas regeneradoras de Neptuno y las fuerzas de Plutón, que destruyen lo vigente, no son menos importantes.

En Serpentario y Cisne, la serpiente y el cisne, irradian tres poderosos mensajeros de Dios. De la sabiduría clásica de la serpiente de Serpentario, y del cisne como símbolo de la pureza original y del amor, se elevan tres poderosas fuerzas: Urano, el renovador del corazón, Neptuno, el renovador de la cabeza, y Plutón, el realizador, el que avanza dinámicamente y demuele.

Permítanos que sin cesar intentemos comprender con claridad las leyes eternas de Dios, que vienen hacia noso­tros desde Serpentario y Cisne.

 

3

Serpentario y Cisne (II)

 

La filosofía gnóstica es una ciencia peligrosa. Uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos dijo: «A más sabiduría, mayor sufrimiento, y quien aumenta el conoci­miento, acrecienta el dolor».

El conocimiento al que se refería este filósofo es el conocimiento interior, el conocimiento gnóstico. Él había experimentado que, cuando uno intenta acercarse verdade­ramente a esta fuente de toda sabiduría, es sumergido en el fuego de la purificación. Había experimentado que las llamas de este fuego eterno generan un conflicto interior destructivo. Había descubierto que cuando uno se acerca a este fuego espiritual se desatan fuerzas que ya no pueden volver a ser atadas.

La filosofía gnóstica es una ciencia peligrosa. Para el buscador anhelante que penetra en los santos templos de la sabiduría, ya no hay regreso posible; tiene que avanzar o sucumbir, lo que inevitablemente sucede, pues responde a una ley universal. El alumno que por la entrega total de sí mismo intenta prepararse para el servicio en favor de la humanidad, experimenta un gran dolor en su camino de elevación. Y también la ola de vida humana experimenta un gran dolor en su camino de desarrollo. Por todo el mundo resuenan gritos de aflicción. Son los dolores de parto de la humanidad; es una ley universal. Los cuerpos o vehículos superiores del hombre se desarrollan. La rueda del mundo gira en eterna espiral y cada espiral conlleva sus propias exigencias. La humanidad es obligada a orientarse, a adaptarse en consecuencia, a seguir tales exigencias.

Pero entonces la fuerza de la naturaleza inferior, la pétrea garra de la cristalización, empieza a presionar. La dualidad hace acto de presencia. Al principio, en su eterno intento de compromiso, el hombre intenta salvaguardar lo uno y lo otro. Y entonces aparecen el desgarramiento y el dolor, ¡Quien aumenta la sabiduría, acrecienta el dolor! ¡O se produce la decadencia! Retroceder, detenerse, significan la perdición.

La sabia providencia ha fijado este tremendo proceso de dolor en concordancia con las posibilidades de desa­rrollo de la humanidad en el tiempo y en el espacio. La filosofía gnóstica es una ciencia tan peligrosa porque su aplicación comporta la aceleración de ese proceso, que se encuentra en la esencia de las cosas.

Seguramente comprenderá que, por lo tanto, un hombre que elige el proceso acelerado tendrá que soportar muchos dolores y superar y resolver, en un tiempo redu­cido, muchos conflictos. Pero si es fuerte y ha descubierto algo de la luz verdadera, si ve sus radiantes destellos en el horizonte de la vida, podrá atravesar el Rubicón para unirse a la legión de pioneros.

El hombre que reconoce el esfuerzo de Dios, el sufri­miento de Cristo en este mundo y con este mundo, elige, rebosante de alegría, el proceso acelerado, porque también él quiere ayudar, porque quiere liberar a Dios y al hombre, y guiar a la humanidad a la realización. Este proceso ace­lerado es la prueba más clara de la ley universal del amor. Si no existiese la posibilidad de recorrer de esta forma el camino, ello significaría la existencia de una laguna en la concepción del universo.

Existen dos caminos hacia la liberación. Vamos a lla­marlos el camino del amor y el camino de la ley. Si usted quiere rescatar a alguien de los infernales abismos de las fuerzas inferiores, evidentemente no le sacará a cámara lenta, sino que le agarrará con mano firme y le subirá rápi­damente hacia la luz salvadora. Esto es amor. ¿No siente este misterioso impulso en su vida? ¿No siente cómo el aliento de Dios le toca continuamente? ¿No oye la llamada universal de Dios en el mundo? ¿No comprende el len­guaje del amor? ¿Percibe, ve la santa Presencia? ¿Comprende usted el impulso del amor, que quiere sacarle del engaño, de sus limitaciones, hasta la verdadera libertad?

Que su respuesta no sea: «Se me rompe el alma cuando oigo la llamada y no puedo obedecerla, porque rápida­mente soy retenido por las ataduras de la naturaleza inferior>>.

No intente entender estas cosas con su intelecto. Compréndalas con sus sentimientos más profundos. Entonces, podrá reconocer que el camino de la iniciación es el camino del amor. Aunque sólo comprenda una dimi­nuta parte de ello, ya ha puesto su pie en el camino y será elevado fuera de la constante rotación del tiempo hacia la paz eterna de Dios. Entonces se podrá elevar en la amplia claridad del amor sin forma. Semejante amor nos ha sido mostrado por el Padre enviándonos a Su Hijo: Cristo.

Es a Él a quien amamos con toda nuestra alma, con todo nuestro corazón y con toda nuestra razón. Éste es el santo criterio de la Fraternidad de la Rosacruz. Ésta es la levadura de Acuario. Entiéndalo bien: ¡nosotros servimos a Cristo!

Y queremos hacerlo de hecho y en verdad. Nosotros somos revolucionarios en sentido esotérico, porque hemos percibido en nuestras vidas el misterioso esfuerzo del amor, porque queremos mostrar a la humanidad el camino de la liberación y precederla en ese camino.

Al igual que nuestro padre Cristian Rosacruz, cabeza mística de la Fraternidad de la Rosacruz, vino a la huma­nidad con las manos extendidas y ofreció sus misterios y sus tesoros de oro espiritual, así nuestra misión consiste en continuar su obra según su ejemplo, en el amor de la auto-negación. Si siente o comprende algo de todo esto, podemos hablar con usted sobre Neptuno, uno de los sublimes mensajeros de los designios divinos, de la misma manera que en el capítulo precedente le hemos hablado de Urano.

Llamamos Urano al renovador del corazón y Neptuno al renovador de la cabeza. Aquí vuelve a demostrarse que la arquitectura cósmica concuerda con los fundamentos del cristianismo. Si quiere salir de las tinieblas hacia la luz, lo primero que necesita es renovar el corazón: Urano. Si desea despertar como un renacido en el espíritu, entonces lo primordial es morir en Cristo: Urano. Antes de que el mundo pueda despertar de la más profunda noche terrenal hacia un nuevo amanecer deben crearse las condiciones necesarias, abrirse los caminos en los que pueda ser encon­trado y comprendido Cristo: Urano.

Si quiere comprender a Dios a través de Neptuno, pri­mero tiene que comprender a Cristo a través de Urano: «Nadie ha visto jamás a Dios, sino el Hijo Unigénito del Padre que nos lo ha dado a conocer.» «¿Cómo podemos amar a Dios, a quien no hemos visto y, al mismo tiempo, odiar a nuestro hermano?» ¿Cómo podemos ser religiosos en sentido abstracto y, al mismo tiempo, pisotear concretamente la religión con nuestras cabezas, corazones y pies?

Por ello, lo que se encuentra primero, antes de cual­quier reflexión: ¡es Cristo! Él es todo en todos, es la llave de oro de la puerta de Dios. Éste es el mensaje de Urano, ésta es la esencia de toda magia gnóstica. Si deja fuera de sus consideraciones mágicas la síntesis de Cristo, se entrega a la magia negra. Si rechaza el mensaje de Urano en este mundo, prefiere las tinieblas a la luz.

Por esta razón, tal como nos cuenta la historia simbó­lica, la primera inscripción que se encuentra esculpida en la tumba de Cristian Rosacruz es: Jesús mihi omnia – Jesús es todo para mí.

Así queremos seguir, a través de las puertas de Urano, hacia Neptuno y apartar los velos de Isis. El fuego de Cristo penetra a través de las puertas de la rosa blanca. Es el fuego purificador, que conmueve el corazón y estimula la hipófisis a una vibración superior. Así llega la noche. Por ley natural, las horas de la noche siguen al atardecer, después de que Cristo haya venido a nosotros. Entonces somos enviados a la noche del mundo para que realicemos nuestro trabajo como verdaderos mensajeros de la luz. Quien se ha convertido en una antorcha por el fuego de Cristo, es un auxiliador, un heraldo del acto; carga con la cruz. ¿Sabe qué significa servir a Cristo en la noche terrestre? Significa cargar con la cruz, y eso causa dolor.

Pero a la noche le sigue la alborada, la aurora de la rea­lización. Neptuno, el divino, viene a nosotros en la albo­rada y deja sus huellas en el maravilloso y delicado órgano que todos poseemos: la glándula pineal. Allí, en el lugar del cráneo, se consuma la crucifixión y ascendemos en la resurrección hacia las alturas del mediodía, hasta Plutón, donde celebran su triunfo las fuerzas del Espíritu Santo, donde se alzan las llamas del fuego de Pentecostés y desaparece definitivamente el velo de Isis. Entonces resplan­dece la diadema sobre la frente del alma humana, el fíat creador es pronunciado y percibido. El hombre se ha vuelto realmente Hombre.

Neptuno es el renovador de la cabeza, el hombre creado a imagen de Dios. La cabeza es un intérprete de la idea divina. Éste es el camino del alumno, el camino del Hijo de Dios.

Pero el hombre corriente sigue estando encadenado a la vida inferior. Todavía no puede percibir las voces de las fuerzas espirituales. Sin embargo, Neptuno hace su tra­bajo. Tal como el Padre obra a través del Hijo, así el Hijo obra por medio del Padre.

Si el hombre que ha sido llamado sigue uniéndose a lo inferior y no se quiere liberar, aparece Neptuno como envenenador, portador de caos, impulsor de la crisis, fomentador de la decadencia, provocador del cáncer, como el dios de la antigua alianza. ¿Comprende ahora por qué se encuentra en la Biblia un Antiguo Testamento? Dios es un fuego devorador, mientras el hombre sea incapaz de aceptar el fuego de Cristo. Reconozca las tensiones ner­viosas, la carga eléctrica de nuestro tiempo como la lla­mada de Urano, y la continua degeneración natural como el proceso de envenenamiento de Neptuno, que prosigue hasta la muerte por medio de Plutón. Sombría y tenebrosa es la faz de la humanidad que; con la cabeza inclinada, pro­sigue su camino.

Pero Neptuno es a su vez el renovador de la cabeza y el «desintoxicador», el renovador de los principios, el santo creador, por quien y a través de quien son todas las cosas. Por ello vuelve a resonar la llamada de la liberación en el mundo. Por ello, la Confessio Fraternitatis habla de las señales   de  los   designios   de   Dios   que   irradian en Serpentario y Cisne. Por ello resuena, en este mundo roto, la llamada de Neptuno para la renovación de la cabeza, para el renacimiento.

Los servidores de Dios, los alumnos de la Escuela de Misterios, se someten a esta llamada para construir el pro­ceso de la renovación de abajo hacia arriba. De esta manera dejamos atrás la meditación mística y nos colo­camos con los dos pies sobre el duro suelo, para comenzar con nuestra misión.

Al igual que Urano, entre otras cosas, impulsa el movi­miento femenino, así Neptuno nos aporta un nuevo sis­tema de educación, un «nuevo concepto de escuela», como el que ya se ha puesto en práctica hoy en día en las escuelas de la Rosacruz. La nueva escuela guiará a los adolescentes más maduros según aquellos criterios que los Hermanos Mayores han mostrado a la humanidad, con el fin de que todas las fuerzas superiores del hombre puedan desarrollarse y conducirle hacia su verdadero destino en la era de Acuario: la unidad entre espíritu, alma y cuerpo.

Vivimos en un tiempo en el que todo el sistema educa­tivo está dirigido a satisfacer las exigencias del orden natural vigente. Los niños y las niñas son adiestrados para ser herramientas de la decadencia institucionalizada. La caza de títulos provoca mucho sufrimiento entre los jóvenes. Los mejores embusteros y los más hábiles impos­tores gozan de un bienestar material, y sus trayectorias son mostradas a la juventud como modelo del verdadero ser humano. Y ustedes, padres, que mandan a sus hijos a ins­titutos y universidades por atávico orgullo familiar, ¿saben qué les espera a sus hijos en este tipo de instituciones de enseñanza? ¿Saben cuan alejados están de todos los valores eternos? ¿Saben hasta qué punto abandonan a sus hijos a una paulatina y horrible intoxicación? Lo hacen porque la sociedad exige diplomas, pedazos de papel sin ninguna clase de valor, como se ha demostrado en la prác­tica miles de veces. ¡Pero ustedes se esconden tras su miedo! ¿No se demuestra también con ello, que los padres pueden ser los enemigos más grandes de sus hijos, como ha dicho un gran pedagogo?

Pero ya basta de todo esto, todos nosotros lo hemos comprobado. Mas sólo con la comprobación no es sufi­ciente. En eso se reconoce al alumno de la Gnosis, al ser­vidor del fuego, porque rompe con los moldes y la crista­lización, y construye una nueva morada. El nuevo sistema de enseñanza se armonizará con el único objetivo de la existencia y proporcionará una educación dirigida a la crea­ción de profesionales que sirvan verdaderamente a la humanidad, sin las mentiras sociales de nuestro tiempo y sin las influencias embrutecedoras de la decadencia.

«Quien aumenta la sabiduría, acrecienta el dolor.» Ahora que reflexiona sobre estas cosas y se amplía el hori­zonte de su pensamiento, empezará a sentir cuántas conse­cuencias conlleva. Si empieza a participar con nosotros en la construcción, si se une a las filas de los pioneros, le espera mucho dolor. La ciencia interior que nos impulsa a la acción desencadena el conflicto interior y nos empuja al desgarramiento. Por ello, la ciencia gnóstica es una ciencia peligrosa.

Sin embargo, su único componente es amor. ¿Percibe esta misteriosa necesidad en su vida? ¿Siente que el aliento de Dios pasa una y otra vez ante usted? ¿Siente esta santa Presencia? ¿Entiende el esfuerzo del amor que quiere ele­varle de su engaño, de sus limitaciones, hasta la verdadera libertad?

Usted lo comprende y lo entiende, y por esta razón no puede retroceder. Si la santa Presencia le ha tocado, alre­dedor de usted se cierra el círculo mágico, del que ya no puede escapar. Y juntando las manos, balbucea con noso­tros la poderosa oración de Cristian Rosacruz: ¡Jesús mihi omnia!

 

4

Serpentario y Cisne (III)

 

Hemos descubierto que las poderosas señales de los desig­nios divinos, a las que se hace referencia en la Confessio, se identifican con los tres planetas de los misterios: Urano, Neptuno y Plutón. Urano es el renovador del corazón; Neptuno, el renovador de la cabeza; y Plutón. el regene­rador definitivo.

Por Urano se aprende a «pensar» con el corazón o, dicho con otras palabras, a controlar los sentimientos caó­ticos, de forma que nuestra vida sentimental ya no hiera, dañe o perjudique, sino que, de manera controlada y diri­gida, lo transforme todo en bueno, puro y apacible. Cuando esto ocurre, la vida emocional se vuelve la verda­dera síntesis de Cristo y el corazón se manifiesta de la manera correcta. Por esta razón, sentimos en nuestros días, como experiencia personal, el caos en la vida sentimental. Esta fuerza devoradora atraviesa nuestro ser como una tempestad, trastornando, hiriendo y haciendo añicos lo que se encuentra en su camino, poniendo a prueba a los mejores de entre nosotros con sus calamidades y aflic­ciones. No pasa un día sin que nos llamen por teléfono o nos hablen de fracasos matrimoniales y de todo tipo de acontecimientos nefastos que se introducen a la fuerza en la normalidad de las cosas cotidianas; los hombres se quejan de sus esposas, y las mujeres de sus maridos.

Hombres y mujeres destruyen de forma vandálica, cons­ciente o inconscientemente, la dicha, la paz, el desarrollo y el karma de otros.

Es comprensible que quienes son influidos más fuerte­mente por Urano, también sean los primeros en ser alcan­zados por esta influencia negativa de Acuario. Pero tam­bién está claro que la tormenta de fuego de Acuario no puede desembocar en un caos de la vida sentimental. Pues si el hombre persiste en esta negatividad, lo que al prin­cipio tenía que ser una ascensión al cielo, se convierte en un descenso a los infiernos. No hay ni siquiera uno entre nosotros que no haya tenido que superar esta prueba de una u otra manera, que no se encuentre ante ella o que no tenga que encontrarla en el futuro. Lo importante es saber si, cuando se enfrente con esta prueba, sucumbirá ante ella y será encontrado inadecuado para la nueva era o si, por el contrario, la superará y renacerá por la otra tormenta de fuego de Acuario.

¿Cómo se llega a este renacimiento? Comprendiendo la verdadera síntesis de la señal celeste de Cristo, así como por la abnegación y la renuncia de sí mismo. El Urano mís­tico dice: «Quien quiera perder su vida, la conservará». Esto implica la completa negación de lo personal, la des­trucción de nuestras ataduras; esto quiere decir, abandonar el círculo del yo para servir a la humanidad y cargar cons­cientemente con el sufrimiento colectivo y los dolores de toda la humanidad, y así volver activa la chispa divina. La abnegación, la impersonalidad, el «ser todo en todos», es uno de los elementos más liberadores del Sermón de la Montaña.

¿Qué es lo más importante en nuestra época? ¿Que seamos felices? ¿Que obtengamos la liberación? ¿Que estemos seguros según el cuerpo, el alma o el espíritu?

¡Pues esto es lo que generalmente busca la gente! Si busca la liberación de su personalidad, jamás la encontrará. Ésta es su búsqueda del cielo; ¡pobres cristianos! Si nuestros familiares y sobre todo nosotros mismos ganásemos el cielo, estaríamos satisfechos.

Pero se trata de algo inmenso: la liberación de la huma­nidad. Por eso vienen hacia la humanidad los grandes del Espíritu. Por eso sufre y soporta el Espíritu de Cristo, y por eso un grupo de pioneros, ya hace muchos años, esco­gieron como divisa, como idea directriz, «obediencia a la obra». Obediencia a la obra, al santo trabajo de Dios. Para conseguirlo, todo lo demás tiene que desaparecer. «Quien ama a su padre y a su madre más que a mí, no es digno de mí», dice el Cristo. Con otras palabras: si el Cristo interior ha de nacer en usted, si quiere encontrar la liberación y la felicidad verdaderas, ya sabe cuál es el camino. Esta es la actividad de Acuario en sentido positivo, esto es servir a Cristo. La actividad de Acuario tiene que conducirle a la renovación de la cabeza, a Neptuno.

Si reacciona negativamente a Urano, la consecuencia inevitable es el envenenamiento y la división procedente del Neptuno negativo. Pero si emprende la gran empresa con la que le confronta el cristianismo, entonces irrumpe el divino resplandor de luz de Neptuno. A la renovación del corazón, a la realización del amor verdadero, le sigue la renovación de la cabeza, el despertar en el ser abstracto, que inflama la chispa divina. El fuego ardiente consume los velos de Isis y se realiza el gran milagro. Después del «Jesús mihi omnia – Jesús es todo para mí» el hermano de la Rosacruz liberado exclama lleno de júbilo: «Jesús, Deus et homo – Jesús, Dios y hombre». Dios y el hombre han sido unidos. El hijo pródigo ha vuelto a casa.

La Confessio Fraternitatis quiere ser completa. Por eso tenemos que hablar ahora de Plutón. Con toda la actividad de Urano y Neptuno en el mundo, la actividad de Plutón es para el hombre claro y despierto, finalmente, la más importante. Plutón es la fuerza activa, el portador de la antorcha, el que lanza la antorcha a la casa carcomida, a lo podrido y ajado.

Resulta muy bello hablar de ello, ¿pero cómo lo reali­zamos? ¿Cómo arrancamos de nuestro corazón y de nuestra cabeza lo corrompido y lo vil? ¿Cómo nos libe­ramos de la miseria? ¿Comprende que esto es lo más importante? Para ello necesita al espíritu de Plutón.

Hay hombres que corretean durante toda su vida como «niños buenos», con sus ideales, sus programas, sus veladas navideñas, sus lágrimas de Viernes Santo y sus huevos de Pascua. Cuando se los han comido, la felicidad se ha acabado. Por ello la humanidad es arrojada al infierno, que ella misma se ha creado, con sus iglesias y campanarios, con los cánticos de iglesia y salmos, con sus poetas, pensadores y filósofos de andar por casa, con sus alumnos de la Rosacruz y sus estudiantes de otras filo­sofías esotéricas. Con sus libros y fórmulas, es arrojada al infierno.

¡Quien es realmente cristiano, actúa! «No todos los que dicen Señor, Señor, entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en los cielos.» «Lo que le habéis hecho al menor de mis her­manos, me lo habéis hecho a mí». ¡Esto es Plutón!

Si está impregnado de este espíritu, puede comprender a Plutón. Plutón es el realizador, el demoledor, el recons­tructor. Plutón es, en la liberación individual gnóstica, el reconstructor, el regenerador de las santas facultades crea­doras del hombre. Lo superior sólo puede realizarse en la medida en que lo inferior haya sido reconocido y neutrali­zado. Y nadie debería pensar que lo que es aplicable al individuo, no es aplicable a la multitud.

El desarrollo de la humanidad se realiza según un plan determinado. Aprendemos, como alumnos de la Escuela Espiritual, que cada espíritu tiene que llegar a ser una entidad autocreadora, a imagen y semejanza de Dios. Por eso tenemos que consagrarnos al servicio de la liberación de la humanidad, pues este trabajo forma la base para el desarrollo ulterior, en forma de espiral, y constituye un escalón en el camino de la humanidad. Para eso tienen que desaparecer todos los obstáculos en nuestra vida, y por eso se castiga severamente todo abuso de las funciones crea­doras.

Este trabajo lo realiza Plutón, el santificador espíritu de la vida. Él lo realiza a través de nosotros, a través de la humanidad. Los diferentes pueblos son un elemento de prueba recíproca para los demás, porque la masa todavía es demasiado inconsciente. Por ello se necesitan fuertes con­mociones. Las esperamos claramente conscientes. Nosotros conocemos la actividad regeneradora de los designios de Dios, que Él ha manifestado en Serpentario y Cisne, y por ello vamos a emplear todo nuestro corazón para la tarea de Urano, toda nuestra razón para la tarea de Neptuno, y el acto realizador y reconstructor de Plutón.

Así le servimos a Él, que es, fue y será, al Señor de la Vida, a Cristo que todo lo colma, el comienzo y el final de toda actividad rosicruciana. Este Cristo se ha entregado prisionero en la Tierra según la regla eterna de la ley uni­versal del amor. Ahora la sangre de este santo se vierte gota a gota, con una monótona regularidad, en el jardín de Getsemaní. La lucha ha comenzado de nuevo.

Y la humanidad sigue durmiendo tranquilamente. Y Él, que padece, grita de dolor, y su grito estremece al mundo entero. «¿No podéis velar conmigo una sola hora?» Y siguen las tan duras palabras divinas, que suenan como un amargo sarcasmo: «Seguid durmiendo. Mirad, aquél que me va a traicionar, ya está cerca».

 

Así como Dios ha introducido sus caracteres y su alfabeto en las Sagradas Escrituras, también los ha grabado con claridad en la maravillosa obra de la creación, en los cielos, en la tierra y en los animales; para que podamos reconocer con antelación el oscurecimiento de la iglesia y su duración, tal como el astrónomo prevé los eclipses solares y lunares.

De estos caracteres hemos extraído sin excepción toda nuestra magia y, basándonos en ella, hemos compuesto una nueva lengua, que exprese la esencia de las cosas. Por ello, no sería de extrañar que nos expresáramos torpe­mente en las demás lenguas, así como en este latín. Después de todo, sabemos que estas lenguas no tienen comparación con las de Adán o las de Enoch, las cuales fueron sepultadas bajo la confusión babilónica.

ConfessioFraternitatisR.C.,

 

5

El nuevo lenguaje de la magia

Quien estudia con profundidad la Confessio, seguramente llegará a la conclusión de que este antiguo escrito no es una confesión de fe en el sentido corriente, es decir, no se trata de una exposición dogmática de lo que es compatible o no con la convicción de los rosacruces, sino que al con­templarla detenidamente se manifiesta como una poderosa profecía. Si dejamos a un lado la rudimentaria opinión exotérica, que a veces parece tan ingenua, se nos revela su sentido universal, ilimitado, y vemos que el luminoso camino de la verdad se extiende como un amplio arco de horizonte a horizonte.

Este arco de la promesa refleja todos los colores visi­bles e invisibles, que en realidad son inherentes a los sonidos de la armonía de las esferas, de manera que no sólo podemos hablar de un espectro de colores, sino tam­bién de un espectro de sonidos. Se trata de una ley contra la que un artista mágico nunca atentará. Si el buscador uti­liza la llave correcta para esta antigua sabiduría, abre una corriente de sabiduría tan inmensa, tan penetrante, que quedará fascinado.

En el campo astral existe un lugar llamado la Montaña Sagrada. El alumno que se acerca por primera vez a la Montaña Sagrada intenta escalarla. Con una fuerza colosal quiere escalar el escarpado risco ya que, al contemplar la montaña, piensa en una prueba que debe ser superada. Extiende sus manos y tensa sus músculos. Pero tan pronto como intenta asirse a los primeros salientes, para impul­sarse hacia arriba, sus manos se aferran al vacío: las rocas son irreales. La Montaña Sagrada no es un macizo de piedra, sino que está constituida por fuerza.

Ante este descubrimiento, el alumno se tambalea. Entonces intenta penetrar progresivamente en el interior de la montaña. Pero, al primer paso, es repelido. Es como si su cabeza chocase contra una pared. La Montaña Sagrada se transforma para él en lo contrario. La fuerza se le mani­fiesta como materia. Esta es la ilusión de nuestra era, una ilusión de la que incluso son víctimas los filósofos. Hegel tropezó con ella en su dialéctica, la falacia sobre la relación entre fuerza y materia y sus interacciones en este orden de la naturaleza caída. El hombre se aferra a la materia y trata de elevarse con ella; quiere ascender escalando la materia, pero en el intento descubre que las formas materiales son relativas, que en realidad no existen, que son ficticias, efí­meras. Entra así en crisis y, al descubrir que la materia es fuerza, intenta atravesarla, pero entonces se manifiesta la dialéctica. La fuerza le repele y él se revuelca en la materia de la relatividad. Se rasca con un trozo de teja. El drama clásico de Job se repite miles de veces.

El hombre que no acepta a «Job», que no conoce a «Job», se encierra en la dialéctica. Al ascenso le sigue la caída, al progreso el retroceso, en una sucesión sin fin. Así el misterio de la Montaña Sagrada sigue siendo un enigma sin solución.

De Job se dice: «En todo esto, Job no pecó». Su fe inte­rior y su confianza permanecieron inquebrantables. Así el alumno encuentra el método con el que puede «abrir» la montaña, pronuncia la palabra, expresa la fórmula mágica, por la que se manifiesta el arco del Señor. La puerta se abre, el peregrino puede entrar.

¿Qué palabra, qué fórmula mágica es pronunciada? ¿Con qué milagro se elimina toda la dialéctica?

El mayor de los milagros se encuentra en la simpli­cidad de las cosas. Todos conocen las palabras mágicas. Las encuentran en su Biblia. En sus oraciones las han repe­tido infinidad de veces. Las han vaciado de contenido.

La fórmula mágica, con la que el alumno abre la puerta de la Montaña Sagrada, está contenida en las palabras pro­nunciadas por Cristo, el fundador de los misterios cris­tianos: «Hágase Tu voluntad».

Cuando una persona pronuncia estas palabras sin una comprensión correcta, le sobreviene la calma, la espe­ranza, el pensamiento de que una fuerza exterior, Dios, ya lo hará todo. Pero el alumno en el camino, que ha descu­bierto que la voluntad universal se manifiesta en su ser más profundo y que quiere revelarse a través de él, el alumno que ha penetrado en la Montaña Sagrada por el servicio de amor que se entrega en oblación, conoce la calma de la seguridad, conoce la fuerza divina que yace en él, y se acerca a la Montaña Sagrada con estas palabras, que no deberían pronunciarse muy a menudo. Al igual que Moisés en la narración simbólica del Antiguo Testamento, golpea con su vara la montaña y con su magia hace brotar el agua de la vida. Así, el alumno que ha madurado para ello es acogido en la montaña de la realización y es sumer­gido, por el agua viva, en una sabiduría inconmensurable. Es acogido en la esencia ilimitada de las cosas, de donde no es posible volver a caer.

Toda sabiduría se protege a sí misma. Usted no puede alcanzar la sabiduría con manos impuras, pero no obstante, está ahí para todos. Antiguamente toda sabiduría se irradiaba a través de los estrechos canales de las escuelas de misterios, porque no era posible hacerlo de otra forma, ya que el hombre aún se encontraba en una fase de desarrollo infantil y no podía entender la sabiduría de otra manera. Pero ahora se enseña un nuevo lenguaje de la magia, que no hemos inventado nosotros, sino que ya se hablaba en la Confessio Fraternitatis y que en estos años prodigiosos se está imponiendo sobre nosotros.

La misión de la Escuela de Misterios, del maestro, de los hermanos mayores, de los servidores de Dios y de todos los demás medios auxiliadores, ha cambiado com­pletamente por la intervención del sublime Espíritu de Cristo en nuestro tiempo. Ahora se trata del camino y de la propia vida.

Todos los grandes de espíritu se han esforzado, tanto durante la fase de involución como al principio de este pro­ceso de evolución que está comenzando, por desarrollar en los grupos pioneros todos los valores que capacitan al ser humano para avanzar hacia la Montaña de la Realización. El camino está allanado desde hace eones y nuestro orga­nismo espiritual y material está totalmente equipado para recorrerlo. El arco de la promesa ha estado brillando en el firmamento espiritual desde los tiempos de Noé. Así el camino es la base, el puente dorado hacia la meta. Cristo y sus servidores trabajan en el mantenimiento de este puente, el cual es atacado constantemente por las fuerzas de la magia negra.

Y aquí está la propia vida, aquí estamos nosotros. Tenemos que recorrer este camino en la fuerza de Cristo, paso a paso. La meta no es el camino, sino la propia vida. En esta obra de la creación eterna, en la que nos corres­ponde un papel principal como espíritus puros, se trata de que las entidades humanas lleguen a ser conscientes. Éste es el gran drama que representamos juntos desde hace millones de años.

También forma parte de ese desarrollo el que las escuelas de misterios, tal como las conocemos del pasado, sean disueltas y renovadas completamente. Cuando Cristo envió a los sanadores y éstos regresaron, después de rea­lizar su trabajo, entusiasmados y llenos de fuerza, les dijo: «En verdad os digo, cosas más grandes que éstas haréis». Al igual que ahora Cristo y sus auxiliadores tienen que formar para nosotros el puente de la realización y mante­nerlo, así también en el futuro nosotros tendremos que ser el puente para aquellos hermanos y hermanas que todavía no han encontrado el camino. Por eso, todos los que son conscientes, todos los que han oído la llamada de esta voz interior, son conducidos hacia la Montaña Sagrada. En esta montaña son transformados en la piedra de oro, la piedra de los sabios, y con estas piedras se construye el arco del Señor, el puente dorado.

Cuando Pablo dice: «Trabajad para vuestra bienaven­turanza con temor y temblón), no está diciendo que cada uno mire por sí mismo y Dios cuidará de todos; sino que establece la exaltación de la hermandad en la verdadera amistad. Nadie puede alcanzar su liberación sin la libera­ción de los demás. Todos tenemos que esperar a todos los demás. Juntos formamos una única jerarquía de seres, un cuerpo, un organismo palpitante.

Por esta razón la enemistad y el odio no tienen sentido, ya que por la aplicación de una ley natural la enemistad y el odio se convierten en amor y amistad. Por eso debemos amar a nuestros enemigos y hacer el bien a quienes nos odian. Éste es el cumplimiento de la ley más elevada y de los profetas. Ésta es la más elevada lógica que usted puede comprender.

Pero la ley del amor no es suave. ¡Exige todo o nada! La ley del amor tampoco significa pacifismo. La ley del amor destruye.

“Dios es amor”, decimos repitiendo las Sagradas Escrituras. Pero Dios es también un fuego devorador. Para que la ley del amor se cumpla en y con respecto a nosotros, es necesario romper absolutamente con todo lo viejo.

El amor no crece en una tierra corrompida, el amor no prospera en la oscuridad, el amor no admite compromiso. El amor verdadero es lo absoluto desde el remoto comienzo. Con esto queda todo dicho. Este impulso del amor supera y destruye todo lo que se opone a él. El amor lo puede todo. Tenemos que construir el puente de la rea­lización por medio de la abnegación. Sobre nuestras espaldas, por nuestro sacrificio, los hermanos y hermanas podrán dar un nuevo paso en el desarrollo humano, incluso quienes nos odian y hasta nuestros enemigos. Toda alma que colabora en esta inmensa tarea, puede impedir mucho derramamiento de sangre. Toda alma que escucha la voz que llama, pero la rechaza, dicta su propia sentencia.

Ahora hemos utilizado el nuevo lenguaje de la magia. Los caracteres de este lenguaje fueron grabados diáfana­mente, durante su milagrosa creación, en los cielos, en la Tierra y en los animales, para que pudiéramos reconocer con antelación lo que está por venir. De todos estos carac­teres hemos extraído nuestra escritura mágica. En estos años estamos hablando una nueva lengua, porque hemos abandonado los viejos modos de proceder, y ya no podemos seguir hablando el antiguo latín. Además, tam­poco queremos hacerlo. Las lenguas del pasado, el antiguo modo de ver las cosas, bajo el que vivimos y padecemos, ya no concuerdan con la lengua de Adán ni con la de Enoch.

«Adán» es el camino de la humanidad. «Enoch», el sendero de la iniciación. Es imposible para un hombre acercarse a la puerta de «Babel», a la puerta de la realiza­ción, mientras siga hablando el antiguo lenguaje: la babiló­nica confusión de las lenguas. ¿Reconoce por qué son tan críticos los tiempos en que vivimos, y qué nos hace sentir tan terrible ansiedad? Todos los sistemas de liberación que han sido ideados actualmente por hombres, se basan en el antiguo lenguaje. Todo idealismo está unido al «antiguo latín». La iglesia y el culto religioso están firmemente anclados en él.

La Escuela de Misterios se ha manifestado ahora públi­camente, porque hasta los buscadores en el camino esoté­rico, incluso los que aspiran con seriedad, todavía siguen expresándose, en mayor o menor medida, en el «antiguo latín», todavía siguen aferrándose a este mundo y a su conocida falsedad. Por ello, un nuevo lenguaje de la magia tiene que abrir primero los cielos y sacudir el mundo hasta en sus cimientos, porque la ley del amor, con su «todo o nada», lo exige así. Entonces el hombre podrá escuchar y entender la lengua de Adán y la de Enoch, y la Escuela de Misterios podrá cumplir totalmente su misión.

Como un tremendo gemido, la llamada de Dios recorre rápidamente el mundo resonando como el sonido de un trombón. Los iluminados gritaban antaño: «¡Oh, si se des­garrasen los cielos!» y realmente: ¡los cielos se desgarran! Y se percibe el nuevo lenguaje que ha sido extraído de las señales eternas de Dios. Es la llamada de Acuario, del cris­tianismo vivo.

Usted ve las nubes oscuras, pero tras ellas brilla e irradia la luz de la Montaña Sagrada. Pronunciemos el mántram sagrado conscientemente, con positivismo, impulsados por la ley del amor que quiere salvar a la humanidad. Entonces se abrirán los cielos y se mostrará el arco de la promesa. La puerta de la realización, la Babel verdadera, se abrirá, y podrá oírse el coro invisible, acom­pañado de címbalos y flautas: «Ésta es la puerta del Señor, a través de la cual pasará el pueblo liberado.» ¡Hágase tu voluntad! – Amén.

 

 

 

Sin embargo, no debemos dejar de exhortar que, mien­tras quede alguna pluma de águila que dificulte nuestro objetivo, nosotros les aconsejamos que lean y apliquen permanentemente la Santa Biblia. Que quien se sienta satisfecho con ello, sepa que se está acercando a nuestra Fraternidad. Así como la esencia de nuestras reglas es que, en esta obra maravillosa que es el mundo, no hay nin­guna letra que no haya sido grabada en nuestra memoria, de la misma manera consideramos nuestros semejantes y más próximos a nosotros a quienes tienen este libro único, la Santa Biblia, como el resumen y la quintaesencia del mundo entero, objetivo y término de su vida, de sus estu­dios y de todo su empeño.

A ellos, no les pedimos que tengan siempre el conte­nido de este libro en sus labios, sino que lleven su propó­sito a este mundo, adecuándolo al conjunto de períodos y edades. Pues tampoco entra en nuestras costumbres vul­garizar las Sagradas Escrituras, como sucede con algunos que, ante la infinidad de interpretaciones, intentan man­tener en pie la interpretación de su grupo, o con otros que la trivializan con la vieja maldad, dado que son tan moldeables como la cera, para que sirva tanto a teólogos como a filósofos, sanadores y astrólogos.

Más bien deseamos profesar en público que, desde los comienzos de este mundo, no ha existido un libro superior, mejor y más saludable que la Santa Biblia. Bienaventurado quien la posee, más bienaventurado aún quien la lee, y el más bienaventurado es quien ha profun­dizado en su contenido, mientras que quien es capaz de comprenderla y obedecerla se asemeja a Dios.

Confessio Fraternitatis R.C., capítulo X

 

 

 

 

6

El libro maravilloso

Nosotros, buscadores del misterio oculto, sabemos que en todo el universo reina el sistema y el orden, y que el universo se desarrolla de eternidad en eternidad según leyes imperecederas.

Nosotros que, paso a paso, vamos apartando los velos que nos separan de lo inexpresable, descubrimos el plan en cada realización.

Nosotros, que indagamos las relaciones entre macro­cosmos y microcosmos, reconocemos el magnífico equilibrio existente en todo.

Nosotros, que subimos por los estrechos peldaños de la escalera de Mercurio, para elevar nuestro ser cons­ciente en los mundos de lo invisible, vemos fluir en el éter las corrientes de vida de los reinos de la naturaleza.

Nosotros, que nos acercamos al gran silencio, escuchamos las voces del silencio.

Nosotros, alumnos de la Escuela Espiritual, que entramos en el Templo del Espíritu, alcanzamos la gloria del pen­samiento abstracto.

Nosotros, servidores del fuego, escrutamos profunda­mente las fuentes del poder humano. Sabemos, desde siempre, cuál es la vocación del hombre.

Nosotros, Cosechadores de rosas en el jardín de Fohat, vemos brillar en un instante, como en un arrobamiento de los sentidos, el camino de desarrollo de horizonte a horizonte.

Nosotros, que de este modo multiplicamos nuestra ciencia, ensanchamos nuestros horizontes, ampliamos nuestra conciencia, cargamos nuestras facultades con energía dinámica, pasamos de la sorpresa a la admiración, de un profundo asombro a una balbuciente adoración, a la humildad, al servicio de Dios.

Nosotros, de quienes se dice que tenemos el frío raciocinio en la más alta estima, experimentamos cómo nuestro conocimiento culmina en una profunda convicción reli­giosa.

Nosotros nos inclinamos ante la majestad de Dios, porque toda investigación profunda revela la intervención de Dios en todos los reinos, porque experimentamos la fuerza que se encuentra detrás de todo, la fuerza sublime que mueve a nuestro planeta a través del espacio, a saber, la Luz del Mundo: Cristo.

Tal como ya hemos asegurado con insistencia tantas veces, la Orden de la Rosacruz es, sin ninguna restricción, cristocéntrica, y no sólo en sentido abstracto, sino hasta en los mínimos detalles y, por supuesto, igualmente en lo que res­pecta a su terminología, que es puramente cristiana. El abandono de la terminología cristiana no sería justificable desde el punto de vista gnóstico-científico y privaría a nuestro movimiento, a nuestro trabajo en el mundo, de la fuerza que tanto necesita. Vamos a intentar explicarle el porqué.

En nuestra época existen innumerables y excelentes representantes de la humanidad que transmiten a las mul­titudes muchos y elevados valores espirituales y morales, valores que son necesarios para la continuidad de la vida que sigue el plan de Dios para el mundo, y que tienen que ser transmitidos con fuerza a ciertos grupos. Pero todas estas cosas realmente bellas no pueden equipararse con el cristianismo. En el mejor de los casos, podríamos decir que dilucidan algunas consecuencias del cristianismo o que apuntan a un camino que conduce al cristianismo vivo.

Nosotros somos alumnos de la Escuela de la Rosacruz de Oro. Explicamos el lenguaje de nuestro Padre y Hermano Cristian Rosacruz y de sus hermanos. Queremos ser servidores de la Escuela de Misterios de Occidente. Queremos ser heraldos de la enseñanza de la sabiduría de occidente. Queremos anunciar la religión mundial que se nos ha manifestado, el cristianismo gnóstico vivo, cuya esencia está destinada a colmar el mundo, y no sólo según su espíritu y su verdad —ya que esto se sobrentiende— sino también con su terminología.

Lógicamente, algunos comentarán: «¿Cómo puede tener una mentalidad tan estrecha alguien que se llama alumno de la Escuela Espiritual y cuya meta es la demoli­ción de este orden natural, como para aferrarse tan minu­ciosamente a unas simples palabras, a una terminología? ¿Acaso no conoce la frase: «Ay de quien tome el vestido de la Tora por la propia Tora»? ¿No es cierto que el vestido no es lo importante? ¡Es algo secundario! Aquí debemos tener en cuenta lo esencial».

A esto replicamos, con todo el respeto debido a los grandes trabajadores que actúan en este mundo —pues todo contribuye al bien—, que precisamente nosotros, como alumnos, como sucesores de nuestro Padre Cristian Rosacruz, defendemos con todas nuestras fuerzas la termi­nología cristiana, porque es mágica y representa la fuerza de nuestra Orden. Puede que el vestido de la Tora no sea esencial, no sea lo principal, pero sin embargo, no es inútil ni secundario. ¿Qué alumno serio no apreciaría que el ves­tido, en sentido espiritual, sea el reflejo de lo interior?

Tanto si lee la Biblia de forma exotérica como esoté­rica, usted está sujeto a la profunda fascinación de su inmensa magia. El vestido y el ser se han convertido en una maravillosa unidad, y usted tiene que conocerlo para poder acercarse a los misterios crísticos. Incluso simple­mente como libro, por su presencia, la Biblia ejerce un efecto misterioso, una fuerza extraordinaria.

¿Qué es un libro, un libro cerrado en su librería? Algo muerto. ¡Pero no ocurre lo mismo con su Biblia! Usted ve dicho libro en el foco de nuestros templos. ¿Está allí como simple elemento decorativo? ¿Se trata quizás de un pia­doso símbolo místico y nada más? No, este indecible ele­mento mágico, este foco de la sabiduría de Cristo en la oscuridad de este mundo puede, incluso sólo como libro, purificar la atmósfera de nuestros templos de todas las fuerzas malignas. ¡Ellas no se atreven a acercarse al libro abierto!

Los enfermos invadidos por fuerzas astrales saben, al igual que nosotros, que el libro abierto crea a su alrededor un círculo mágico protector. Por ello la terminología bíblica es una de las condiciones para nuestra proclama­ción. No existe ningún otro libro sagrado en el mundo que ejerza tal influencia.

Otro ejemplo que queremos darle se basa en una opi­nión exotérica cristiana muy simple: Un alma sencilla que ansia la sabiduría, la liberación de sus temores, por la lec­tura de la Biblia ya se coloca – aunque suceda sin que com­prenda prácticamente nada- bajo la fascinación, la influencia de su fuerza mágica, realiza ya un aspecto de lo que llamamos fe. Si lee el capítulo 11 de la Epístola a los Hebreos, comprenderá de lo que es capaz la humanidad cuando está animada por la fe. «Y si tuvieseis una fe tan pequeña como un grano de mostaza, podríais mover mon­tañas».

¿De qué fe se habla aquí? ¿De fe en una u otra termi­nología? Naturalmente que no. Aquí se habla de fe en Cristo, que no sólo es una idea, sino una fuerza que gobierna y domina toda la realidad de nuestra existencia. Esta fuerza se nos ha manifestado con un vestido determi­nado, que no ha sido confeccionado por nosotros, sino por los Señores del Destino, que dan a cada uno lo que requiere para su desarrollo espiritual. Este vestido es man­chado, escupido, desgarrado e incluso negado por muchas iglesias en sus aspectos más elementales, pero, a pesar de todo, la forma nos acompaña como una ayuda de Dios.

¿Puede ahora comprender la fuerza de fe, el poder del Evangelio, que no nos habla de forma abstracta, sino que allí donde es necesario, se vuelve clara, resplandeciente, precisa e irrefutable?

La humanidad busca la liberación, pero la liberación ya está aquí.

La humanidad busca un héroe fuerte, pero el héroe fuerte ya está aquí.

La humanidad busca una filosofía salvadora, pero esta filo­sofía ya está aquí.

Hay hombres que buscan la magia liberadora, pero esta magia ya está aquí.

La fuerza de las fuerzas vive entre nosotros y tenemos que llevarla a la conciencia del mundo y de los hombres.

Algunos hombres hablan de un profundo humanismo que debe extenderse en este tiempo. Bien, pero tal expresión aclara muy poco. No se puede hablar en absoluto de pro­fundo humanismo si no recorremos el camino de la huma­nidad. En ese camino encontramos a Cristo, y Él nos dice: «¡Sin mí, nada podéis!»

Ante esta realidad se inclina también, en primer lugar, el alumno. Si incluso en el hombre sencillo, que bebe la «leche» del manantial del saber exotérico, se puede hablar de seguridad de fe, ¡cuánto más será entonces la fuerza de fe, la certeza en la fe, de quienes pueden tomar el «ali­mento sólido» del aspecto gnóstico de la palabra divina! Ellos son llamados a algo tan imponente, sublime y colosal, que no podemos encontrar palabras para expre­sarlo.

La magia del cristianismo lo abarca todo y está más cerca que las manos y los pies. Ha sido erigida como una alta torre en la Biblia. Es sostenida por los eternamente grandes, los Señores del Destino, que están por encima de todo error. Esta magia es tan magistral que hace hablar a las piedras. El amor de Dios hace que el libro muerto cobre vida y destelle ardientes chispas, que hacen huir a todo lo que pertenezca a la oscuridad.

¡La magia del cristianismo está ahí para usted! Es la fuerza de Dios, el ofrecimiento de la ayuda de Dios, la fuerza de Dios para la bienaventuranza. Debemos apor­tarle este Evangelio porque sabemos que de ello depende, y por él es realizada, toda renovación definitiva de la humanidad, pues la Biblia es una síntesis mágica, un reflejo de la propia palabra viva que mora entre nosotros. Como fórmula mágica, este libro maravilloso puede ahu­yentar la oscuridad y romper el hechizo del mal, de la misma manera que la palabra viva romperá con fuerza el hechizo y la maldición bajo cuyo peso camina encorvado este mundo, y llamará a la humanidad hacia una nueva era. Estos tiempos son tan importantes porque —según nos lo explica muy detalladamente el libro maravilloso— el tiempo ha llegado.

Ahora que le ha sido dado un conocimiento esotérico elemental ya puede usted comprender qué fuerza se encuentra en esta magia y qué inexpresable manantial de fuerza está contenido en la palabra viva y en su reflejo, la Biblia. Y si su fe en todo esto fuese pequeña como un grano de mostaza, podría mover montañas.

¿Comprende ahora qué pretendemos con nuestro tra­bajo? Queremos realizar la exigencia de la Biblia de forma gnóstico-científica con las armas del amor. Si, a pesar de haber sido reiteradamente mancillado con las tachas de este oscuro mundo, este libro maravilloso posee fuerza como síntesis mágica, cuánta más fuerza se liberará si emplea esta fórmula mágica conscientemente.

No somos nosotros quienes le hablamos; sólo somos portavoces de la sabiduría contenida en la Confessio Fraternitatis. Allí puede leer:

No debemos dejar de exhortar que, mientras quede alguna pluma de águila que dificulte nuestro objetivo, nosotros le aconsejamos que lea y aplique permanente­mente la Santa Biblia. Que quien se sienta satisfecho con ello, sepa que se está acercando a nuestra Fraternidad. Así como la esencia de nuestras reglas es que, en esta obra maravillosa que es el mundo, no hay ninguna letra que no haya sido grabada en nuestra memoria, de la misma manera consideramos nuestros semejantes y más próximos a nosotros a quienes tienen este libro único, la Santa Biblia, como el resumen y la quintaesencia del mundo entero, objetivo y término de su vida, de sus estudios y de todo su empeño.

Unas pocas plumas de águila obstaculizan nuestro avance. Todos los hombres llevan muy dentro de sí la conciencia de su realeza. Todos ellos perciben, en sus mejores momentos, la vibración de su chispa divina en el interior, pero todas estas sugestiones son sólo una débil sombra de lo que vendrá después. Son algunas plumas sueltas del ves­tido de la futura águila, y aunque los niños puedan jugar con trozos de tiesto, los adultos, sin embargo, no deben conformarse con pedazos de la totalidad.

El todo sólo puede formarse cuando el hombre acepta conscientemente la fuerza que realiza todo en todos, cuando pasa de la sorpresa a la admiración, del profundo asombro a una adoración balbuciente, de la humildad a una alegre y jubilosa exaltación de la Luz del Mundo: Cristo. Porque:

Aunque Cristo hubiese nacido mil veces en Belén, si no ha nacido en ti, seguirías estando perdido.

 

 

Acerca del juicio emitido por nosotros, sobre los impos­tores, en cuestión de transmutaciones de metales y del remedio supremo del mundo, esto es lo que queremos decir: no queremos menospreciar en absoluto este don de Dios. No obstante, como este don no conlleva el incesante conocimiento de la naturaleza y, sin embargo, la filosofía sí enseña este conocimiento, además de una infinidad de otros misterios de la naturaleza, quedará claro que prefi­ramos las enseñanzas de la filosofía y que estimidemos a los espíritus más lúcidos y perspicaces a que estudien con exactitud la naturaleza, en lugar de tintar metales.

Insaciable debe ser la avaricia de quien ha llegado a ser indiferente a la pobreza, a las contrariedades, a las enfermedades y que incluso se ha elevado por encima de toda la humanidad, hasta el punto de dominar aquello que atormenta, angustia y martiriza a los demás. Seguro que tal hombre, finalmente, siempre se vuelve hacia las locuras de la naturaleza, construyendo casas, empren­diendo guerras y perdiendo la humildad, ya que piensa que posee suficiente oro y un río de plata inagotable.

El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. El otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfarrones a la soledad; un justo castigo para el embustero romano, el cual se ha desbordado de blasfemias contra Cristo y, pese a que en Alemania ha sido descu­bierta toda su abominación, incluso en pleno día se aferra a su mentira, hasta el punto de colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo.

Vendrá un tiempo en que esta víbora cesará de sisear y en el que su triple corona será reducida a la nada, tema del que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra asamblea.

Confessio Fraternitatis R. C, capítulo XI

 

7

La transformación de los metales y el remedio supremo

Dirigir la atención de quienes quieren escucharnos hacia los fundamentos cristocéntricos de la Fraternidad de la Rosacruz podría hacer que se pensara que toda la manifes­tación de la Rosacruz se centra en el estudio de la Biblia, en la descripción de los valores interiores de la Biblia y en la definición de normas para un comportamiento de vida cristiano.

Si usted ha tenido este pensamiento, tenemos que decirle que con lo dicho se trata de dejar claro el funda­mento sobre el que se apoya toda vida realmente gnóstica, ya que siempre existe el peligro de que se olvide el prin­cipio fundamental básico, se enturbie el principio original, se sepulten las fuentes de donde mana el agua viva, con el consiguiente perjuicio.

Por ello, desde el principio de su actividad hasta ahora, los rosacruces han dicho: reflexionad sobre el cristia­nismo, ¡pues el cristianismo, Cristo, es una fuerza! Es el principio impulsor, dinámico, del que nada ni nadie se puede separar.

En esto reconocemos al verdadero rosacruz, en que confiesa a Cristo y, ciertamente, no con imágenes abs­tractas, ni de forma velada, de la que se pueda deducir cualquier cosa, ni por medio de la así llamada nueva obje­tividad, ni por supuesto utilizando otra terminología, sino porque persevera en la elevada magia de la Biblia y pro­clama, como nuestro Padre Cristian Rosacruz, con un absoluto positivismo, con tranquilidad y firmeza: «Jesús mihi omnia – Jesús es todo para mí».

Así se coloca la base de forma concreta, se ilumina con claridad y se renueva constantemente con toda la fuerza, porque sobre este fundamento tienen que ser erigidos el trabajo y el esfuerzo gnóstico-científico del individuo y de la humanidad. Con decir que «Jesús es todo para mí» no se acaba el asunto, ya que, con la profunda convicción alcan­zada por la investigación gnóstico-científica, el alumno se pone a trabajar para asumir y realizar su misión en el cosmos.

Esta misión nos deja perplejos por su envergadura y significado. La Fraternidad de la Rosacruz, como Escuela de Misterios de Occidente, se sumerge en los indecibles y profundos secretos con los que trabaja. Despierta fuerzas latentes en el microcosmos y el macrocosmos, amplía su radio de acción y desarrolla las más sublimes posibilidades que están latentes en el hombre. Su camino es un camino de héroes, un trabajo titánico, en el que al mismo tiempo está presente una sensación de profunda dependencia, de que existe una fuerza, un poder sublime, que les capacita para todo: «¡Jesús es todo para mí!»

Quienes dirigen la Escuela de Misterios de Occidente, o quienes son admitidos como alumnos, dominan en mayor o menor grado las fuerzas denominadas «la trans­mutación de los metales» y «el remedio supremo». Aquí penetramos en el campo del verdadero trabajo rosacruz: La alquimia del trabajo de curación. No obstante, en el trans­curso de los tiempos, nada ha sido tan mal comprendido como estas dos expresiones de la Rosacruz.

Alquimia

Con respecto a la alquimia existen dos interpretaciones. Una de ellas ve en la alquimia la transmutación de los metales en sentido literal. Seguramente conocen los anti­guos grabados que muestran al alquimista rodeado de sus retortas y alambiques, ocupado en toda clase de miste­riosos procesos que culminan en el arte de transformar metales innobles en oro. La otra interpretación es diametralmente opuesta a la primera y considera la transmuta­ción de los metales como algo puramente espiritual. En este caso, se trataría de liberar el oro del espíritu de los límites de la vida inferior y elevarlo a una realidad supe­rior. La primera opinión es totalmente errónea. La segunda, como descripción de una de las aspiraciones de la humanidad, contiene parte de verdad; pero sigue sin decir nada con respecto a la alquimia de los rosacruces.

¿Qué es la alquimia? Un estudio más profundo, un des­garramiento de los velos nos lo mostrará. Nosotros vivimos con nuestros vehículos materiales, consciente­mente, en la esfera química del mundo material, en el nadir de la materialidad. Este mundo material se compone de elementos, fuerzas, minerales y metales.

El mundo material caído en el que vivimos está inmerso en una esencia espiritual, que es la fuerza de Cristo. La incesante tarea de esta esencia espiritual con­siste en restablecer el mundo material en su pureza ori­ginal, e impulsar a la vida que se desarrolla en él hacia el camino que le está predestinado. Cristo, que todo lo colma, recibe la ayuda de la Escuela de Misterios de Occidente para que se culmine esta misión. Detrás de todo proceso de renovación o destrucción se encuentra la Orden de la Rosacruz, trabajando febrilmente a su servicio en todos los planos y con toda su organización. Esto es alquimia, la alquimia de los rosacruces.

Esta alquimia lo abarca todo y es muy concreta. No basta con decir: «Se trata de liberar el oro simbólico del espíritu». Naturalmente que se trata de esto; ésta es, en resumidas palabras, la meta de la humanidad. Sin embargo, la alquimia pone en marcha el proceso para alcanzar este objetivo.

Un alquimista rosacruz es, por lo tanto, un hombre que colabora en la regeneración del mundo y de la humanidad de todas las formas posibles. En todos los campos de la ciencia, del arte y de la religión se puede reconocer el maravilloso proceso alquímico. No existe ninguna ciencia que esté excluida de los procesos alquímicos rosicrucianos. Tras las bellas artes se encuentra un poderoso deseo de renovación: la alquimia. Detrás de la meditación religiosa de los individuos yace el impulso dinámico hacia una orientación absoluta: la alquimia.

Somos testigos del derrumbamiento de todo un sistema social y de la desaparición de métodos caducos, anti­cuados, y percibimos un irresistible impulso por alcanzar un renacimiento total, que se expresa de múltiples formas. Este es el efecto del fuego, las llameantes lenguas de fuego bajo las retortas de los alquimistas.

¿Reconoce que así la alquimia se convierte para usted en algo vivo? ¿Reconoce que no puede relegarla a la Edad Media, en la que los magos intentaban transformar metales innobles en oro? ¿Comprende que la alquimia está muy cerca de usted, que es el latido del corazón de nuestros tiempos, que puede ver sus llamas, que puede sentir la acti­vidad de los Hermanos Mayores, que puede oír el siseo de la masa en ebullición en las calderas de cobre?

Naturalmente, se trata de la liberación del oro espiritual. Pero en todos los tiempos escuchamos las voces y vemos la actividad de los trabajadores de Dios, de los alquimistas, los transmutadores de los metales innobles en el mundo material.

Así los Hijos del Fuego atizan el fuego eterno bajo las retortas de Dios. Lo innoble es arrojado a su interior; arde ante el Señor, y de la ceniza se eleva un nuevo fénix, el pájaro de fuego.

El remedio supremo

La humanidad que lucha en el mundo material ignorando la verdadera meta de su existencia y de su combate, ha sido dolorosamente herida y dañada en todos los sentidos. Física, moral y espiritualmente, el hombre muestra toda clase de defectos y complejos. De esta realidad surge la obra universal de curación.

Así como la alquimia se ocupa de la renovación de la humanidad, el remedio supremo debe producir hombres nuevos, sanos, que puedan emprender su tarea en un nuevo mundo. De nada serviría que sólo se construyera una casa nueva, también tiene que haber hombres que vivan en ella. Por eso la alquimia está indisolublemente unida al remedio supremo. Por eso los rosacruces, en todas las épocas, siempre fueron sanadores y pudieron ayudar a los enfermos que les eran confiados. Un hilo de oro recorre la historia del mundo, el hilo de oro de la ayuda y del con­suelo, que han podido ser aportados a muchos enfermos físicos y psíquicos. Los hermanos de la Rosacruz siempre han ocupado un lugar preeminente en esta obra de cura­ción y también son los que, en última instancia, renuevan los métodos para la consecución del objetivo.

En nuestra tumultuosa época, la alquimia y el remedio supremo trabajarán codo con codo para originar una nueva manifestación, una nueva revelación, como el mundo no ha visto jamás. El proceso al químico impulsará a miles de personas, consciente o inconscientemente, hacia un com­pleto renacimiento del hombre y de la sociedad. Un nuevo resplandor de felicidad y alegría se mostrará en los rostros cenicientos de millones de hombres que ahora están mar­cados por el miedo y la desesperación. Nunca debemos olvidar que el Padre nos ha mostrado tan gran amor, que ha enviado entre nosotros a Su Hijo, el Cristo. Y, así, sucederá que el remedio supremo descenderá hacia nosotros, el remedio que curará innumerables y espantosas enferme­dades del cuerpo y del alma. Es una nueva revelación de la panacea de los rosacruces. Así son aceleradas las rota­ciones de la rueda del tiempo. Después de una noche angustiosa, la humanidad despertará en una nueva mañana.

Pero detrás de esto se esconden, a pesar de toda su magnificencia, grandes peligros. Hemos tratado algo sobre los secretos ocultos de la Escuela de Misterios y hemos comprobado que los Hermanos y sus servidores trabajan a nuestro alrededor y entre nosotros, y que la escuela de experimentación de los misterios es la vida real en toda su amplitud. Y precisamente por esta razón, y porque la pro­cedencia y la manifestación de toda alquimia y curación en todas las formas de vida y conocimiento, no nos conducen siempre al contacto directo con el eterno manantial de todas las cosas (porque algunos se ocupan de toda clase de problemas, totalmente inconscientes de las fuerzas de radiación que residen tras ellos), es necesario que quien esté ocupado en la realización actual de estos procesos, se purifique primero en la sabiduría de Cristo.

La práctica de la vida verdadera nos enseña que todo saber, toda fuerza y toda acción son utilizados errónea­mente, si no tienen su origen en la fuente eterna y no han sido purificados por ella. El hombre siente en sí una pode­rosa fuerza y, desde su egocentrismo y autoafirmación, uti­liza esta fuerza para metas que ocasionan dolor, tormento y desesperación a otras personas; que provocan ansiedad por el oro, las guerras y los crímenes. Así descubrimos que una fuerza originalmente santa se convierte en una caída. Los alumnos que están fascinados por la magia, deberían tener esto en cuenta. En cuanto olvidan, en cuanto niegan el fundamento de su trabajo y esfuerzo, éstos se convierten en una caída.

El proceso del fuego es un proceso acelerado y por ello en este camino existen también grandes peligros. Si los trabajadores ocupados en el proceso al químico de la reno­vación de la humanidad no están animados por las justas motivaciones, corren el riesgo de sufrir un accidente y dañarse a sí mismos con las llamas que se encuentran bajo las retortas, o con la explosión de sus preparados.

Quienes preparan y buscan el remedio supremo deben comprender bien que no serán considerados aptos y jamás lo serán, y que serán apartados del trabajo con total segu­ridad, si no tienen en cuenta el principio fundamental. En este contexto se dice en el capítulo 11 de la Confessio:

«El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. El otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fan­farrones a la soledad».

Los trabajadores humildes y silenciosos de este mundo penetran en la naturaleza, en la esencia de todas las cosas.

Son los que trabajan sin descanso, no para ser vistos por los hombres, sino porque la voluntad de Dios tiene que ser ejecutada.

En este mundo la impostura se encuentra invariable­mente ante una dura sentencia. A través de todos los tiempos, la impostura ha sido destruida por completo. Cuando la falsedad se apodera de las instituciones públicas, forma un obstáculo para el desarrollo ulterior. Por eso, en los próximos años desaparecerá el orden social actual y será sustituido por otro que esté más en armonía con el origen de todas las cosas.

Pero ante todo, la humanidad se separará en los pró­ximos años de las seudo-religiones. Si reflexiona profun­damente sobre el dolor y la miseria que nos aporta el mundo, y si quiere encontrar sus causas, descubrirá que la iglesia está cargada con la mayor y más profunda de las culpas. La iglesia que se denomina la representante de Cristo en la Tierra, que se cree capaz de administrar los santos sacramentos, la iglesia que afirma interpretar y pro­mulgar la verdad en toda su amplitud, es la causa de la mayor miseria, es el origen de tanto materialismo.

Cristo, en su tiempo, rechazó la iglesia. Él llamó a los sacerdotes «sepulcros blanqueados, por fuera blancos y llenos de magnificencia, pero por dentro llenos de osa­mentas y veneno». Realmente el proceso de decadencia avanza inexorablemente y con gran fuerza. No quedará piedra sobre piedra.

Debemos volvernos una nueva Iglesia, fundada sobre la verdad y que proclame la verdad. La Confessio Fraternitatis le profetiza la siguiente sentencia:

«El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. El otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfa­rrones a la soledad; un castigo justo para el embustero romano, el cual se ha desbordado de blasfemias contra Cristo y, pese a que en Alemania ha sido descubierta toda su abominación, incluso en pleno día se aferra a su men­tira, hasta el punto de colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo.

Vendrá un tiempo en que esta víbora cesará de sisear y en el que su triple corona será reducida a la nada, tema del que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra asamblea».

Dios es un fuego devorador. Si se burla del fuego sagrado y de su misión, el fuego le asirá. Será destruido en el pro­ceso alquímico y el remedio supremo pasará de largo ante usted. A través de los cambiantes tiempos resuena el rít­mico tictac del reloj de Dios, que funciona eternamente. Las agujas avanzan lentamente. Segundo tras segundo, se va cumpliendo el tiempo, hasta que sea indicada la hora en la que, por ley se ejecute, la sentencia. Claras y profundas campanadas anunciarán entonces por todo el mundo la hora del juicio; pero, gracias a Dios, también la hora de la nueva era será anunciada a la humanidad, en la que ya no habrá lugar para la cabeza de Jano con sus dos caras.

 

Al término de nuestra Confessio, deseamos recordar dili­gentemente que conviene rechazar la mayoría, si no todas las obras de los seudo-alquimistas, quienes por gusto pasan el tiempo abusando inútilmente de la Santa Trinidad y engañando al público con extrañas figuras y propósitos oscuros, esquilmando el dinero de los simples. Nuestro tiempo conoce una proliferación de gente de esa clase, entre quienes se encuentra un excelente actor del anfiteatro, un hombre muy importante y lo suficientemente listo como para engañar a sus semejantes. Este tipo de personas mezcla al enemigo de la dicha humana entre el buen grano, con la esperanza de menguar el crédito de la verdad, ya que la verdad es sencilla y desnuda, mientras que la mentira, por el contrario, se viste imponente y majestuosa, y se cubre con un velo de sabiduría divina y humana.

Evitad y huid de estas obras, vosotros que sois sabios, y buscad refugio entre nosotros. Nosotros no queremos en absoluto vuestro oro, sino que por el contrario os ofre­cemos inmensos tesoros. No queremos hacernos con vues­tros bienes bajo el pretexto de daros a cambio tal o cual tintura fabulosa, sino que deseamos haceros partícipes de los nuestros. No queremos poneros ante enigmas, sino invitaros a una explicación sencilla y clara de nuestros misterios. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospita­lidad, sino que os invitamos a nuestras casas más que majestuosas.

Sabed que no actuamos según nuestro capricho, sino según el Espíritu Divino. Tal como nuestro muy amado Padre lo ha dispuesto en su testamento, y el tiempo actual lo exige de nosotros.

Confessio Fraternitatis R.C., capítulo XII

 

8

La seudo-Alquimia

Quien estudia la filosofía esotérica, reconoce con rapidez el objetivo de la alquimia de los rosacruces y descubre que no se trata de laboratorios misteriosos con venerables per­sonajes, reclinados sobre crisoles y retortas, observando el resultado de sus extraños experimentos. Identificar a los rosacruces con los hacedores de oro de la Edad Media es una mistificación histórica, o tal vez los antiguos her­manos de la Orden actuaron así para desviar la atención de su verdadera ocupación. De la misma manera, hoy en día, muchas fuerzas inspiradas por la Orden de la Rosacruz realizan su verdadero servicio de forma completamente inadvertida, gracias a sus sencillas ocupaciones.

El significado gnóstico-científico oculto del término «alquimia» está relacionado con la gran tarea mundial de las Escuelas de Misterios. La verdad es muy sencilla, pero a la vez muy perturbadora. Debemos erradicar de su pen­samiento cualquier idea de secretismo. Los hermanos no realizan encuentros nocturnos en siniestros parajes, ni tam­poco románticas reuniones, capaces de cortarnos la respi­ración, en casas en medio del bosque, en las que se oyen misteriosos ruidos y de cuyas viejas chimeneas salen densas nubes de humos caprichosamente coloreadas por los gases procedentes de la combustión de extraños prepa­rados. Estas historias quizá podrían servir como cuentos para noches de invierno, o como venganza secreta para provocar una pesadilla a un huésped no deseado. Sin embargo, nadie debería suponer que la historia de los rosa-cruces tiene algo que ver con cuentos terroríficos. La verdad es sencilla, pero a la vez muy perturbadora. La verdad sólo pueden percibirla quienes comprenden el pal­pitar de estos tiempos.

Todo cuerpo celeste es una síntesis material de grandes fuerzas y sublimes principios que sirven al desarrollo de las diferentes olas de vida. Conocemos estas fuerzas con el nombre de metales y elementos, y desde el principio de las cosas hasta el día de hoy han estado influyendo sobre la vida en desarrollo. Originada por la mutua interacción de estrellas y planetas, siempre ha tenido lugar una constante transmutación de los metales y elementos, por lo que se puede hablar, literalmente, del gran laboratorio cósmico de Dios.

La filosofía de la Rosacruz enseña que el cuerpo mate­rial debería ser un reflejo del espíritu. Por ello se dice en la Biblia: «Somos creados a su imagen y semejanza». Por consiguiente, nuestro cuerpo material es un cuerpo celeste en pequeño y, a su vez, una síntesis material de metales y elementos. Así percibimos, tanto en el mundo de lo pequeño como en el de lo grande, el imponente trabajo que se lleva a cabo en el laboratorio cósmico de Dios.

Todo lo que ha sido, es y será, es generado por el cons­ciente y hábil juego y contra-juego de fuerzas y elementos: Él dispone y es. Él ordena y existe. De este juego y contra­juego de fuerzas y elementos surgen todos los cuerpos celestes y todos los cuerpos humanos. El hombre cons­truye su casa de esta materia primordial que se encuentra dispersa por doquier y que es reunida de todas partes. Los elementos y metales existentes en todas partes —la Fama Fraternitatis constata enfáticamente que no hay espacio vacío— son reunidos e impulsados en el espacio por la fuerza de Dios en un movimiento de remolino, y así nacen soles que proclaman la gloria del universo: «Los cielos anuncian la gloria de Dios y el firmamento proclama la obra de Sus manos».

Así vemos cómo se realiza en nosotros y a nuestro alre­dedor el gran milagro, y nuestras manos se unen en ora­ción ante Él, ¡que pensó los mundos, y fueron creados! Así el gnóstico lee el lenguaje de las estrellas y de su corazón se eleva un jubiloso agradecimiento por el hecho de que le haya sido permitido sondear algo de este sublime alfabeto mágico. El gnóstico se encuentra ante las retortas de Dios; ve el juego y contra-juego de las fuerzas; contempla las inmensas rotaciones y formaciones en el gran laboratorio alquímico cósmico, la obra de Dios, el primer aspecto de la Santa Trinidad, la manifestación del gran reino de la naturaleza, que también se manifiesta de forma triple.

Hemos nacido según la naturaleza y según la natura­leza debemos perecer, tal como toda manifestación mate­rial vuelve a sucumbir en el caos, a no ser que la fuerza de Cristo empiece a brillar sobre nosotros, y alcancemos el renacimiento. Éste es el segundo aspecto de la alquimia, y este segundo aspecto es la alquimia de los rosacruces, en el que se encuentra la palanca de la realización.

Del primer aspecto de la alquimia procede, por ejemplo, la ciencia química. Las fuerzas contenidas en los metales y elementos pueden y deben ser aprovechadas por el hombre y su civilización. Estas fuerzas activas en el laboratorio alquímico actúan con un objetivo determinado. Incluso tras un examen superficial se puede percibir que el sublime método de Dios actúa perfectamente hasta en los más pequeños detalles. Este método y su objetivo nos son explicados por medio de la segunda fórmula alquímica. Esta fórmula es la base de la religiosidad de la humanidad. Hasta el día de hoy se han ido sucediendo una religión tras otra, y ahora experimentamos el verdadero despertar del cristianismo, cuya interpretación esotérica nos explican los rosacruces. El iniciado Pablo dice de Cristo: «Él nos explica al Padre», y el fundador de la Orden de la Rosacruz dice al respecto: «Jesús es todo para mí». La filosofía de los rosacruces nos enseña que el espíritu de Cristo ha extendido su aura alrededor de nuestro planeta. Estamos rodeados por Él, como en un círculo; y, si queremos alcanzar la realización, sólo podemos hacerlo a través de Él.

Éste es el segundo proceso alquímico. Es un proceso puramente espiritual, puramente místico, que obtiene en la filosofía rosacruz una base razonable. Esta filosofía no es una filosofía mental, sino una síntesis del pensar con el corazón, por la que la religión cristiana deberá volverse una fuerza viva en la vida del hombre. Sólo cuando se haya realizado algo de esta fuerza viva, se podrá hablar de «rea­lización» en la Escuela de Misterios de Occidente.

Así el alumno alcanza el tercer aspecto de la alquimia, el tercer aspecto de la Santa Trinidad: la realización, la Gnosis. En el tercer aspecto encuentra su explicación el objetivo del primero, tal como es hecho posible por el segundo. Todo este desarrollo está descrito en los cuatro evangelios, a los que debemos considerar como cuatro métodos de iniciación.

Los discípulos, después de su regeneración material, fueron guiados por Cristo hasta la realización del día de Pentecostés. Toda realización sólo puede ser alcanzada en los misterios de Occidente por esta vía, pues este camino se encuentra sincronizado con la Triple Ley universal cósmica. La Triple Ley se manifiesta en una infinita diver­sidad de aspectos en cada principio vital. Así se puede reconocer que la alquimia de los rosacruces, a fin de cuentas, se basa en una verdad sencilla, pero también espe­cialmente inquietante. ¿Por qué? Porque se descubre la gran distancia que existe entre la meta y la actual fase de desarrollo de la ola de vida humana.

Por eso, la Confessio Fraternitatis advierte insistente­mente contra toda seudo-alquimia, es decir, contra todos los métodos y prácticas que desvían de la meta y de la esencia de las cosas. La seudo-alquimia ha penetrado pro­fundamente en todas las formas de manifestación del hombre y de la sociedad. Ella es la respuesta de lo nega­tivo ante lo positivo.

La seudo-alquimia también se manifiesta triplemente. En el primer aspecto, vemos la degeneración de la materia densa, el mundo del materialismo, el mundo del egoísmo, el mundo de Lucifer. En el laboratorio cósmico de Dios vemos que todas las fuerzas actúan conjuntamente para lo bueno, lo bello y lo verdadero, en un eterno esfuerzo por crear la base de la evolución. En el laboratorio infernal de la seudo-alquimia, el soberano absoluto es el egocentrismo y la bella interrelación de las fuerzas degenera aquí en un antagonismo de principios y de intereses, en una situación altamente explosiva que encierra inevitables peligros, en la que los demonios acechan a los condenados, manchados de sangre, como las bestias del abismo.

El segundo aspecto de la seudo-alquimia es la carica­tura del misticismo. Las ovejas que todavía no disponen del pensamiento libre y quieren percibir a Cristo por medio de las iglesias, son cambiadas en trueque por sus pastores, como mercancía, a los acechadores demonios del mal. Esto se debe a que  su  caricatura de misticismo  se encuentra todavía profundamente anclada en el primer aspecto, el egocentrismo, elevado a la categoría de pilar del orden social.

Y así el tercer aspecto de la seudo-alquimia completa la siniestra burla del ridículo. Se muestra la sarcástica carica­tura de la ambición oculta, el astuto y perspicaz enemigo que se mezcla entre la buena semilla. Ofrece monstruosos símbolos y relatos misteriosos, que prometen iniciaciones y liberación. Aquí se trata, en breves palabras, del ocul­tismo negativo que conduce a caminos espirituales abe­rrantes y a prácticas oscurantistas, cuyo objetivo es la obtención de ventajas económicas u otras ventajas mate­riales. Este ocultismo, la caricatura de la aspiración a la realización, muestra, quizá más dramáticamente que la iglesia, la terrible degeneración. Quienes quieren alcanzar lo más elevado conducidos por el egocentrismo, cometen la más terrible de las maldades.

La verdad es muy sencilla, pero a la vez muy perturba­dora. La verdad enseña que la renovación material es una ley mundial. La verdad enseña que todo egocentrismo debe ser absorbido por el amor al prójimo. La verdad enseña que este renacimiento sólo es posible por el santo método del cristianismo. Y la verdad enseña que toda rea­lización, el cumplimiento de la Triple Ley, sólo es posible si los requisitos previos se han cumplido totalmente.

La verdad es muy sencilla, pero a la vez muy perturba­dora. Es perturbadora porque descubrimos que los vol­canes amenazan con entrar en erupción con una fuerza demoníaca. Perturbadora, porque descubrimos que el mis­ticismo pueril no posee suficiente fuerza interior ni discer­nimiento para poder romper, en Cristo, el hechizo y el maleficio. Perturbadora, porque los misterios, lo más sagrado y puro, son asaltados por los más carentes de escrúpulos. El cumplimiento se asemeja a una copa, al cáliz de las pruebas. Quien bebe indignamente de él, bebe su propio juicio.

La verdad es muy sencilla. Por eso dice la Confessio:

« Evitad y huid de estas obras, vosotros que sois sabios, y buscad refugio entre nosotros. Nosotros no queremos en absoluto vuestro oro, sino que por el contrario os ofre­cemos inmensos tesoros. No queremos hacernos con vues­tros bienes bajo el pretexto de daros a cambio tal o cual tintura fabulosa, sino que deseamos haceros participes de los nuestros. No queremos poneros ante enigmas, sino invitaros a una explicación sencilla y clara de nuestros misterios. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospita­lidad, sino que os invitamos a nuestras casas más que majestuosas.»

Ésta es la llamada de los Señores de la Sabiduría que que­remos transmitirle.

La verdad es muy sencilla, pero difícil de cumplir. La verdad es muy sencilla, pero su exigencia es inmensa. La verdad es inconmensurablemente rica, pero se encuentra en una elevada montaña. Quien quiera encontrarla, tiene que buscar el camino.

Buscad y encontraréis. Llamad y se os abrirá.

 

 

 

LAS CARACTERÍSTICAS

SECRETAS

DE LOS ROSACRUCES

 

 

 

 

Un miembro de la Orden Rosacruz puede ser reconocido en dieciséis características. Quien sólo posee alguna de estas características, no es un miembro del Grado más elevado, pues el verdadero Rosacruz las posee todas.

 

 

1 El Rosacruz es paciente

 

Su primera y más importante victoria es la conquista de su propio ser. Es la victoria sobre el león que ha herido seriamente a algunos de los mejores discípulos de la Rosacruz. Él no puede derrotarlo por medio de un ataque salvaje y desconsiderado, sino que debe someterlo por medio de la paciencia y la perseverancia.

El verdadero Rosacruz intenta vencer a sus oponentes por medio de la bondad, y a quienes le odian por medio de dones. Él no acumula imprecaciones sobre su cabeza, sino los carbones ardientes del Amor. Él no persigue a sus enemigos con la espada o con contrariedades, sino que deja que la paja crezca junto con el grano, hasta que ambos están maduros y la naturaleza los separa.

 

 

2   El Rosacruz es amistoso

 

Él nunca se muestra triste o decaído o con un semblante sombrío o despectivo. Él actúa amistosa y amablemente respecto a todos, y siempre está dispuesto a ayudar a otros.

Aunque se diferencia de la mayoría de las demás personas, él se esfuerza de todas formas por adaptarse a sus costumbres, formas y hábitos, en la medida en que se lo permite su dignidad. Por ello es un agradable camarada, sabe entenderse con ricos y pobres y moverse en todas las clases de la sociedad, de modo que conquista el respeto de todos, pues él ha vencido sobre todas las costumbres.

 

 

 

3   El Rosacruz no conoce la envidia

 

Antes de que se le permita el acceso a la Orden, él debe superar la terrible prueba de aplastar la cabeza de la serpiente de la envidia; ésta es una tarea grandiosa, pues la serpiente es astuta y se esconde con facilidad en un rincón.

El Rosacruz siempre está satisfecho de su destino, pues éste es tal como él lo ha merecido. Los privilegios y riquezas de los que otros disfrutan no le inquietan, sino que siempre desea lo mejor a los demás.

Él sabe que siempre recibirá lo que merece, y no le importa que otro tenga más que él.

Él no espera ningún favor, sino que entrega su simpatía y afecto con ecuanimidad.

 

 

4   El Rosacruz no habla por hablar

 

El sabe que el hombre no es otra cosa que una herramienta en la Mano de Dios, y que con su propia voluntad no puede realizar nada provechoso, pues ello queda reservado solamente a la Voluntad de Dios oculta en el hombre.

Él da a Dios todo el honor, sin dar prioridad a lo perecedero.

Para realizar su tarea, él no actúa precipitadamente, sino que espera hasta que el Maestro, que está al exterior de él y en él, le dé la orden para que lo haga.

Él reflexiona a fondo las cosas sobre las que habla, y no usa nunca palabras impías.

 

 

5   El Rosacruz no es vanidoso

 

Con ello demuestra que en él vive algo verdadero y que no se asemeja a un globo inflado. No se aflige por la alabanza y el desprecio, ni aún menos se siente turbado cuando se le contradice o cuando choca con el desaire.

Él vive en sí mismo y se alegra de la belleza de su mundo interior, pero ni se le ocurre mostrar lo que posee ni se jacta de los dones espirituales que tal vez ha conquistado.

Cuanto más grandes son sus dones, mayor aún es su modestia, y aún más estará dispuesto a obedecer la Ley.

 

 

 

6    El Rosacruz no es rebelde

 

Él siempre intenta cumplir con su deber, comportándose en concordancia con el orden legal existente. Él no se distrae en superficialidades ni en ceremonias. La Ley está escrita en su corazón; todos sus pensamientos y actos están gobernados por ella.

Su dignidad no se encuentra en su apariencia exterior, sino en su verdadero ser interior, que puede ser comparado con una raíz de la que surgen todos sus actos.

La belleza interior de su Alma se expresa en su exterior y graba su sello en todos sus actos.

La Luz en su corazón puede ser vista por un iniciado en sus ojos; es el espejo de la Imagen de Dios en él.

 

7    El Rosacruz no es egoísta

 

Nada es más obstaculizante para el desarrollo espiritual y para el despliegue del Alma que una conciencia limitada y un carácter egoísta.

El verdadero Rosacruz siempre estará más ocupado en el bienestar de los demás que en el suyo propio.

Él no tiene un interés personal cuando protege o cuando actúa benéficamente. Él busca únicamente hacer el bien y nunca desaprovecha una ocasión que se brinde para ello.

 

 

8    El Rosacruz no es irritable

 

Está claro que un hombre que trabaja para el bienestar general de la comunidad será odiado por quienes no obtienen ningún provecho personal en ello, pues el egoísmo se opone a la magnanimidad, y las exigencias de los individuos no siempre pueden armonizarse con los intereses colectivos. Por este motivo, el Rosacruz será obstaculizado a veces por los hombres limitados y de visión estrecha; se le atacará con calumnias y sus intenciones serán tergiversadas. Los ignorantes le juzgarán sesgadamente, los insensatos se burlarán de él y los necios harán escarnio de él.

Sin embargo, todos estos acontecimientos no pueden alterar o inquietar el ánimo del verdadero Rosacruz, ni tampoco pueden perturbar la armonía divina de su Alma, pues su confianza se basa en la contemplación y en el saber de la verdad en él. La oposición de mil ignorantes no podrá ocasionar que deje de realizar actos que él sabe que son nobles y buenos, incluso aunque con ello ponga en peligro su propia felicidad y su vida.

Habituado y capacitado para mantener ante su conciencia lo divino como hilo conductor, no podrá ser seducido por las tentaciones de la materia, sino que se sujetará firmemente a la realidad eterna misma.

Rodeado de esferas angelicales, cuyas voces escucha, no será alterado por la furia y los gritos de los animales.

El vive en comunión con los seres nobles que un día fueron hombres como nosotros, pero que transfiguraron y ahora están al margen del ámbito de lo inferior y cotidiano.

 

9   El Rosacruz no piensa mal de otros

 

Quienes piensan mal de otros, no ven otra cosa que el mal que existe en ellos mismos reflejado en los demás.

El Rosacruz siempre está dispuesto a reconocer el bien en todos.

La tolerancia es la virtud por la que el Rosacruz se diferencia especialmente de otros y por la que puede ser reconocido.

Cuando una cosa parece dudosa, pospone su juicio sobre ella hasta que ha examinado su núcleo. Mientras no se ha formado un juicio, está más inclinado a tener una buena opinión sobre ella que a tener una opinión mala.

 

10    El Rosacruz ama la justicia

 

Por ello nunca se erige como juez de los errores ajenos, ni aún menos desea parecer sabio por el hecho de desaprobar las carencias de otros. Tampoco retiene las habladurías ni se ocupa de las necedades de sus semejantes, más de lo que le ocuparía el zumbido de una mosca o el salto de un mono. Él no se complace en debates, disputas o reproches políticos o personales. No aspira a la astucia del zorro, ni a la doblez del cocodrilo, ni a la rapacidad del lobo, ni tampoco se alegra por agitar la suciedad. La nobleza de su carácter le eleva a una esfera situada muy por encima de tales nimiedades y despropósitos.

Puesto que se ha elevado por encima de la esfera de influencia sensorial en la que los seres mortales corrientes buscan su felicidad y satisfacción, él vive con quienes por principio no piensan nada malo ni gozan de las injusticias ocasionadas a sus hermanos o se alegran de su ignorancia y de su desdicha. El se alegra por estar en sociedad con quienes aman la verdad y están rodeados de la paz y la armonía del Espíritu.

11  El Rosacruz ama la verdad

 

Ningún diablo es más maligno que el engaño y la calumnia. La falta de conocimientos es algo insignificante, pues la fuente de todo el mal es la falsedad y la mentira. El calumniador siempre se alegra de haber encontrado algo sobre lo que edificar su mentira, para hacerla así crecer hasta formar una montaña.

Frente a ello está la Verdad. Ella es el rayo de luz del eterno manantial del Bien, que tiene la fuerza de transformar a los hombres de nuevo en seres divinos.

Por ello, el Rosacruz no busca otra luz que no sea la Luz de la Verdad, y en esa Luz no se alegra en soledad, sino en comunión con todos los que son veraces y están colmados de la majestad divina, vivan ellos en esta tierra o en las regiones espirituales, y él la comparte ante todo con los perseguidos, los oprimidos y los sencillos, los cuales han de ser salvados por la Verdad.

 

12   El Rosacruz sabe callar

 

Los falsos no aman la verdad. Los necios no aman la sabiduría. El verdadero Rosacruz da preferencia a quienes prefieren la verdad, frente a quienes la pisotean.

Él mantiene sus conocimientos encerrados en su corazón, pues en el silencio está contenido el poder. Igual que un ministro no cuenta a otros los secretos del rey, el Rosacruz no habla sobre las revelaciones aportadas por el Rey en él, el cual es más noble y sabio que todos los reyes y príncipes terrestres, pues éstos gobiernan únicamente gracias a su poder y fuerza.

Él sólo interrumpe su silencio cuando el Rey le encarga hablar, pues entonces no es él mismo quien habla, sino la verdad que habla a través de él.

 

13  El Rosacruz cree lo que sabe

 

El cree en la inmortalidad de la Ley Eterna, y que toda causa tiene un efecto. El sabe que la Verdad no puede mentir, y también que las promesas que le ha hecho el Rey serán cumplidas, siempre que él mismo no lo impida.

Por ello, él es inaccesible al temor y a la duda, y construye en una confianza ilimitada sobre el principio fundamental de la verdad, el cual ha tomado vida y conciencia en su corazón.

 

 

14    La esperanza del Rosacruz pervive

 

La esperanza espiritual es la convicción segura, que brota del conocimiento de la Ley Eterna, de que las verdades reconocidas por la fe crecen y serán llevadas al cumplimiento.

Es el saber que emana del corazón, el cual se diferencia completamente de las sutiles especulaciones intelectuales del cerebro.

Su fe se apoya sobre la roca de la percepción directa y no puede desmoronarse.

Él sabe que en cada cosa, por muy mala que pueda parecer, yace encerrado un núcleo bueno, y el espera que en el curso del desarrollo, ese germen crecerá y todo podrá ser dotado de una nueva forma en el bien.

 

15 El Rosacruz no puede ser vencido por el sufrimiento

 

Élsabe que no hay luz sin sombras, que no hay nada malo sin algo bueno, y que la fuerza sólo puede crecer por la resistencia.

Una vez que ha reconocido la presencia del principio divino en todo, los cambios exteriores son para él de poca importancia y no merecen una atención especial.

Su meta principal es mantener su posesión espiritual y no perder la corona que ha conquistado en la lucha de la vida.

 

16  El Rosacruz siempre será miembro de su Orden

 

Los nombres no son muy importantes.

El principio fundamental que sustenta la Orden de la Rosacruz es la verdad, y el que conoce la verdad y la sigue en la práctica de la vida, es miembro de la Orden que es guiada por la verdad.

Incluso si todos los nombres fuesen cambiados y todos los idiomas fuesen transformados, la verdad seguiría siendo la misma, y quien vive en la verdad, viviría incluso cuando todos los pueblos hubiesen sucumbido.

 

Estas son las dieciséis características del verdadero Rosacruz, las cuales le fueron reveladas a un peregrino por un ángel. Él sacó el corazón del peregrino y lo sustituyó por un carbón ardiente que ahora arde ininterrumpidamente y esparce sus llamas por amor a la Fraternidad Universal de la Humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS BODAS ALQUÍMICAS

 

 

 

DE

 

 

CRISTIAN ROSACRUZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS MISTERIOS

 

DE LA FRATERNIDAD

 

DE LA ROSACRUZ

 

 

 

 

Análisis esotérico del Testamento Espiritual

 

 

de la Orden de la Rosacruz

 

 

por

 

 

 

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I           La Llamada de la Fraternidad de la Rosacruz (Fama Fraternitatis R.C.)

 

II         El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz (Confessio Fraternitatis R.C.)

 

III       Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz (Chymische Hochzeit Christiani                                    Rosencreutz anno 1459) (en dos tomos).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS BODAS ALQUÍMICAS

 

DE

 

CRISTIAN ROSACRUZ

 

 

 

Análisis esotérico de Chymische Hochzeit

 

Christiani Rosencreutz Anno 1459

 

por

 

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

SEGUNDA PARTE

 

 

1996

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Traducido del francés

Título original:

De Alchemische Bruiloft van Christian Rozenkruis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

Prefacio

 

LAS BODAS ALQUÍMICAS DE CRISTIAN ROSACRUZ, SEGUNDA PARTE

 

Tercer Día (continuación)

Cuarto Día

Quinto Día

Sexto Día

Séptimo Día

 

TERCER DÍA (CONTINUACIÓN)

 

1         Necesidad de la purificación astral

2         Las diez anécdotas

3         La polarización invertida

4         La Virgen Alquimia

5         Las diez fuerzas nuevas del cumplimiento

 

CUARTO DÍA

 

6         La fuente original de los Misterios

7         El nuevo vestido de Cristian Rosacruz y la decoración del

Toison de Oro

8         La escalera real de la sala de las Bodas

9         El campo de vida del Macrocosmos solar

10        Las seis personas reales

11        El altar y los ornamentos de la Sala de las Bodas

12        Las estatuas animadas

13        Los pajes y las vírgenes

14        La representación teatral en la Casa del Sol (I)

15        La representación teatral en la Casa del Sol (II)

16        La representación teatral en la Casa del Sol (III)

17        La decapitación de las seis personas reales

18        Los siete embarcaciones y las siete llamas

 

QUINTO DÍA

 

19        El Misterio de Dama Venus

20        El altar de la tumba de Venus

21        El entierro de los seis ataúdes vacíos

22        La expedición de las siete embarcaciones a la Torre del

Olimpo

23        Las ninfas y la Perla real

24        La Torre del Olimpo

25        La obra se realiza en la Torre: el primer piso

 

SEXTO DÍA

26        Las escaleras, las cuerdas y las alas

27        La primera muerte y la segunda muerte

28        El segundo piso de la Torre

29        La liberación del vestido del alma

30        La resurrección del Hombre nuevo

31        Cristian Rosacruz, modelo de auto-realización

 

EPÍLOGO

 

32        El Séptimo Día de la Creación

 

Notas explicativas

 

Glosario

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lista de las ilustraciones

 

 

 

–           Ilustración de la primera edición de las Bodas

alquímicas

–           Jean Valentín Andreae a la edad de 62 años (1648)

–           La ley de la Orden de los Caballeros de la Piedra de Oro

–           Marca tipográfica de Conrad Scher, impresor de la primera

edición de las Bodas Alquímicas

–           Las tres parejas reales

–           El león y el grifo

–           La imagen de Nabucodonosor

–           Las siete embarcaciones sobre el mar

–           La entrega de la perla

–           Cristian Rosacruz sobre la muralla

–           La resurrección del hombre nuevo

–           La caída de Babilonia

–           El Apocalipsis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo

 

Con la aparición del segundo tomo de «Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz», con el que se completa la edición de las tres obras que constituyen los Secretos de la Fraternidad de la Rosacruz, insistimos una vez más en el hecho de que este análisis esotérico del sublime escrito de Johan Valentín Andreae no tiene por objeto el satisfacer una cierta curiosidad intelectual.

En concordancia con el espíritu de la obra de Andreae, no tenemos ningún otro interés que el de esclarecer, para los hombres verdaderamente interesados, el Único Camino de Vida descrito en las Bodas Alquímicas, con el fin de conmover lo más íntimo de su ser, despertar y nutrir a lo que aspira, en ellos, a la Luz Liberadora de la Verdad viva. No se deben esperar por tanto explicaciones detalladas de este veladísimo relato. ¡Sería necesario que dedicáramos a ello, si hubiera sido de utilidad, un gran número de tomos! Ahora bien, el buscador verdaderamente serio, el alumno en el camino, no lo necesita y no le proporcio­naría ningún servicio. Pues todos los misterios se desvelan, en el momento oportuno, a quien verdadera­mente recorre el camino. Este libro le ayudará revelándole ciertos elementos, tan clara y concretamente como sea posible o deseable, de forma que se interne en el Único Camino de santificación y de liberación y que, con los santuarios del corazón y de la cabeza abiertos, se encuentre en condiciones de descubrir la Luz irradiante que le espera, inmutable, detrás de cada palabra de este texto.

¡Que el Espíritu que protege y guía, en el Camino de la liberación, pueda despertar a un gran número de hombres e inspirarles el acto liberador!

 

 

Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Página colocada como guarda en la primera edición de Las

Bodas Alquímicas, Estrasburgo, 1616

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS BODAS ALQUÍMICAS

DE

CRISTIAN ROSACRUZ

AÑO 1459

SEGUNDA PARTE

 

 

 

 

 

 

 

 

Desvelados, los misterios se envilecen,

y profanados, pierden su fuerza.

No arrojes, pues, perlas a los puercos

ni prepares lechos de rosas a los asnos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Johan Valentín Andreae a la edad de 62 años (1648)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tercer Día (Continuación)

 

 

 

Más tarde el paje refirió esto a la Virgen, quien me regaño varias veces al respecto; en efecto, ya era la hora de la cena y me había entretenido tanto en el globo, que llegué a la mesa casi el último. Me apresuré pues a volverme a poner mis vestidu­ras, que antes me había quitado, y me encaminé hacia la mesa. Los servidores me acogieron con tantas reverencias y signos de respeto que, completamente confuso, no me atrevía a levantar los ojos. Razón por la que, sin darme cuenta, pasé al lado de la Virgen que me esperaba; enseguida se dio cuenta de mi turbación, me tomó por el vestido y me condujo a la mesa.

Me disculpo por no hablar ahora de la música y de otras maravillas pero, no sólo me faltan las palabras para describirlas como convendría, sino que no sabría agregar nada a las alabanzas que de ellas hice antes. En resumen, no había allí sino el producto del más sublime arte.

Durante la cena contamos nuestras ocupaciones de la tarde, sin que yo dijera nada de nuestra visita a la biblioteca y a los monumentos, y cuando el vino nos tornó comunicativos, la Virgen nos dijo:

«Nobles Señores, en estos momentos estoy en desacuerdo con u­na de mis hermanas. Tenemos un águila en nuestros apartamentos y la cuidamos con tanto celo que cada una de las dos querría ser su preferida, lo que nos produce muchas discusiones. Para zanjar el asunto, un día, decidimos ir a verla las dos juntas y convinimos que pertenecería a aquella a quien mostrara mayor amabilidad. Cuando realizamos el proyecto llevaba, según mi costumbre, un ramo de laurel en las manos, mientras que mi hermana no llevaba ninguno. Una vez que el águila nos vio, tendió a mi hermana el ramo que tenía en el pico y, a cambio, me pidió el mío que le di. Las dos dedujimos que cada cual era la preferida. ¿Qué debemos hacer ahora?»

La prudencia con la que la Virgen planteó esta pregunta nos complació grandemente a todos. Y todos hubiésemos deseado encontrar la respuesta. No obstante, como las miradas de muchos se dirigieron hacia mí, deseando que fuera el primero en manifestar mi parecer, mi espíritu se turbó de tal manera que no pude responder sino planteando a su vez el mismo problema de una manera diferente. Así pues, dije:

«Noble Señora, gustosamente respondería si no tuviera una cierta inquietud. Yo tenía dos amigos profundamente apegados a mí, pero como ignoraban a cual de los dos otorgaba mi preferen­cia, decidieron acercárseme corriendo con la convicción de que aquel a quien yo acogiese primero tendría mi predilección. Sin embargo, como uno no podía seguir al otro, se quedo atrás lamentándose. A quien llegó el primero, le recibí con sorpresa.

Cuando me explicaron la finalidad de su carrera, no pude decidirme a dar una solución a su problema y debí postergar mi decisión hasta que yo mismo tuviera claros mis propios sentimien­tos.

La Virgen se sorprendió con mi respuesta y comprendió mi intención. Respondió: «¡Vaya! estamos en paz, pediré a los demás la solución».

Pero mi historia les había instruido y quien me sucedió habló así:

«Recientemente, en mi ciudad, fue condenada a muerte una noble dama. Pero como su juez tuvo piedad de ella, proclamó que quien quisiera entrar en liza por defenderla, probando su inocencia mediante un combate, sería admitido a esta prueba. La doncella tenía dos pretendientes, de los cuales uno se armó inmediatamente y se presentó en el palenque en espera de un adversario. Un poco después llegó el otro, pero como había llegado demasiado tarde, decidió combatir y dejarse vencer para que la doncella salvara la vida. Cuando terminó el combate, ambos reclamaron a la joven dama. Así pues, decidme Señores ¿a quién pertenece?»

La Virgen no pudo dejar de decir: «Creía que os enseñaba y heme aquí cogida en mi propia trampa; sin embargo, desearía saber si otros conocen la respuesta.»

«Ciertamente no, respondió un tercero, nunca me contaron aventura más sorprendente que la que me ocurrió a mi mismo. Amaba en mi juventud a una joven honrada, y para conseguir mi objetivo tuve que servirme de la ayuda de una vieja comadre, la cual me llevó con ella. Pero los hermanos de la joven nos sorprendieron cuando estábamos los tres reunidos.

Fueron presos de una cólera tan violenta que quisieron matarme. Finalmente, a fuerza de súplicas, me hicieron jurar que las tomaría a las dos alternativamente como mujeres legítimas, cada una un año. Y decidme, Señores, ¿por cuál debo comenzar, por la joven o por la vieja?»

Esta historia nos hizo reír largo rato, aunque se oían cuchicheos, nadie quiso pronunciarse.

A continuación, el cuarto comenzó como sigue:

«En una ciudad vivía una honorable dama de la nobleza querida por todos y en especial por un gentil hombre. Este insistía tanto que para desembarazarse de él, acabó prometiéndole acceder a sus deseos si la conducía, en pleno invierno, a un jardín de exuberante verde lleno de rosas floridas; de fracasar, no debía insistir nunca más. El gentilhombre recorrió el mundo en busca de un hombre capaz de realizar semejante cosa. Finalmen­te encontró un anciano que prometió hacerlo a cambio de la mitad de sus bienes. Habiéndose puesto de acuerdo en dicho punto, el anciano cumplió lo prometido y el galán invitó a la dama a ir a su jardín, el cual, en contra de lo que se podía esperar, apareció lleno de verde y agradablemente cálido. Acordándose de su promesa, ella le suplicó que se la permitiera

ir una  vez más junto a su esposo, a quien ella expresó su dolor entre lloros y sollozos. Este, convencido de su fidelidad, la

envió para satisfacer al pretendiente que a tan alto precio la había adquirido. El gentilhombre quedó tan fuertemente conmovido por la equidad del esposo que, temiendo pecar si tomaba una esposa tan honrada, la devolvió con todos los honores a su señor. Pero cuando el anciano conoció la probidad de ambos, decidió, aún siendo pobre como era, devolver todos los bienes al gentilhombre. Yo no sé, nobles señores, quién de estas tres personas es la más magnánima.»

Nos callamos, pues no sabíamos verdaderamente qué decir. La Virgen sólo dijo que continuara algún otro.

El quinto comenzó así: «Nobles señores, no haré grandes discursos. ¿Quién es más dichoso, el que contempla el objeto que ama o el que no deja de pensar en él?»

«El que lo contempla», dijo la Virgen.

«No» repliqué. E iba a abrirse la discusión cuando un sexto tomó la palabra:

«Nobles señores, tengo que contraer matrimonio. Puedo elegir entre una joven, una casada y una viuda, ayúdenme a salir de apuros y yo os ayudaré a resolver las cuestiones precedentes.»

«Cuando se puede elegir la cosa es aceptable, respondió el séptimo, pero en mi caso es distinto. Durante mi juventud amaba a una hermosa y honrada joven con todo mi corazón y ella me correspondía, sin embargo no podíamos unirnos a causa de los

obstáculos suscitados por sus amigos. Ella se casó con otro hombre, honesto y bravo, que la trató con respeto y amor, hasta el momento en que ella, esperando un bebé, sufrió un desvaneci­miento tal que todos pensaban que estaba muerta. Se la enterró con magnificencia en medio de la aflicción general. Pensé que tras su muerte podría abrazar a esta mujer que no había podido ser mía en vida. Con ayuda de un sirviente la desenterré a la caída de la noche. Cuando abrí el ataúd y la estreché en mis brazos, me di cuenta de que su corazón todavía palpitaba, primero débilmente, pero cada vez con más fuerza a medida que yo la calentada. Cuando tuve la certeza de que todavía vivía la llevé subrepticiamente a mi casa; reanimé su cuerpo con un precioso baño de hierbas y la confié a los cuidados de mi madre. Dio a luz un hermoso niño que hice cuidar con tanta atención como a la madre.

Dos días después le conté para su gran sorpresa lo que había pasado, pidiéndole que en lo sucesivo se quedara en mi casa y fuera mi esposa. Ella se mostró reticente: esto podía apenar a su esposo que siempre la había amado fielmente, pero por lo ocurrido se veía obligada en el presente a amar tanto a uno como al otro. Al regreso de un viaje de dos días, invité a su esposo a mi casa y le pregunté si acogería bien a su difunta mujer si ella apareciera. Cuando me respondió afirmativamente, llorando con amargura, le traje a su esposa e hijo, le conté todo lo que había acontecido y le pedí ratificara con su consentimiento mi unión con ella. Después de una larga disputa tuvo que renunciar a discutir mis derechos sobre la mujer. Sin embargo, la discusión continuó a propósito del hijo.»

La Virgen le interrumpió con las siguientes palabras: «Me sorprendente saber que hayáis podido aumentado el dolor de este hombre.»

«¿Qué hubiese tenido que hacer?» preguntó. Se organizó una discusión entre nosotros; la mayoría era del parecer que había hecho bien.

«Pues no» dijo, «le devolví a los dos, tanto a su mujer como a su hijo. Decidme ahora, nobles señores, ¿qué fue mayor la rectitud de mi acción o la alegría del esposo?»

Estas palabras agradaron tanto a la Virgen que hizo circular la copa en honor de ambos.

Las otras historias contadas a continuación fueron tan embrolladas que no pude retenerlas todas, sin embargo, aún recuerdo la siguiente historia contada por uno de mis compañeros: Algunos años antes un médico había comprado madera para la época de frío, se calentó por este medio durante todo el invierno, pero cuando llegó la primavera revendió esta misma madera con lo que resultaba que la había usado sin hacer el menor consumo de ella.

«Sin duda debió hacer magia» dijo la Virgen,» pero el tiempo ha pasado y hemos llegado al final de la cena.»

«En efecto», respondió mi compañero, «que quien no pueda resolver estos enigmas lo haga saber a los demás por medio del conveniente mensajero. No creo que se le pueda negar esto.»

En este momento se recitó la acción de gracias, y todos nos levantamos de la mesa más alegres y satisfechos que cebados de alimentos. Sería deseable que todos los banquetes y festines terminasen de esta manera.

Cuando nos hubimos paseado un poco por la sala, la Virgen nos preguntó si deseábamos asistir al inicio de las Bodas. Uno de nosotros respondió: «Oh, sí, Virgen noble y virtuosa.»

Entonces, mientras conversaba con otros, despachó a un paje en secreto. Se había vuelto tan afable con nosotros, que me atreví a preguntarle su nombre. La Virgen no se molestó en absoluto con mi audacia y respondió sonriendo. «Mi nombre es igual a cincuenta y cinco y sin embargo sólo tiene ocho letras; la tercera es el tercio de la quinta; si la agregamos a la sexta, forma un número cuya raíz excede a la primera letra en una cantidad mayor que la letra tercera, raíz que es la mitad de la cuarta. La quinta y la séptima son iguales. La última también es igual a la primera y ambas, junto con la segunda, suman  tanto como la sexta que, a su vez, tiene cuatro más de lo que tiene la tercera tres veces. Y ahora, dime noble amigo, ¿cuál es mi nombre?»

El problema me pareció bastante difícil de resolver; sin embargo no me amilane y pregunté: «Virgen noble y virtuosa, ¿no podría conocer una sola de las letras?» «Por supuesto, dijo, es posible» «¿Cuánto vale la séptima? pregunté.» «Tanto como señores

hay aquí», respondió. La respuesta me bastó y pude fácilmente encontrar su nombre.(1). La Virgen se mostró muy satisfecha por ello y nos aseguró que nos serían desveladas muchas cosas más.

Pero he aquí que vimos aparecer varias vírgenes magnífica­mente vestidas que hicieron su entrada con gran pompa. Iban precedidas por dos pajes que iluminaban su camino. El primero de dichos pajes tenía una cara alegre, ojos claros y formas armoniosas; el segundo tenía un aspecto irritado y, como luego me di cuenta, todos sus deseos tenían que cumplirse. En primer lugar los seguían cuatro vírgenes. La primera bajaba constante­mente los ojos y sus gestos revelaban una profunda humildad. La segunda era igualmente una virgen casta y púdica. La tercera se sobresaltó al entrar en la sala; más tarde supe que no podía permanecer donde hay demasiada alegría, la exuberancia la enervaba. La cuarta llevaba algunas flores, símbolo de sentimien­tos de amor y de generosidad. Estas cuatro vírgenes eran seguidas por otras dos, engalanadas con un poco más de suntuosidad, que nos saludaron cortésmente. La primera vestía un traje azul tachonado de estrellas de oro; la segunda llevaba un vestido ornado con finas rayas rojas y blancas; ambas tenían, en la cabeza, pañoletas ligeras y vaporosas que les sentaban admirable­mente.

Al final vino una que llevaba una corona pequeña en su cabeza y sus miradas se dirigían con más frecuencia al cielo que a la tierra. Creímos que era la novia, si bien no lo era, aunque por el honor, la riqueza y el rango la sobrepasaba en mucho, y fue ella quien a continuación ordenó el desarrollo de las Bodas.

Imitamos a nuestra virgen y nos prosternamos a sus pies, a pesar de toda la modestia y piedad que mostraba. Nos tendió la mano a todos y cada uno al tiempo que nos decía que no nos sorprendiéramos, pues era lo mínimo que podía ofrecernos. Nos exhortó a elevar nuestros ojos al Creador, a reconocer su omnipotencia en todo lo que estaba sucediendo, a perseverar en el camino que habíamos emprendido y a emplear estos dones para gloria de Dios y la salvación de los hombres.

En resumen, sus palabras tan diferentes de las de nuestra Virgen, un poco más mundanas, me penetraron hasta la médula de los huesos. «Y tú, me dijo a continuación, tú has recibido más que los demás, intenta pues también dar más». Esta recomendación me sorprendió mucho.

A la vista de las vírgenes y al son de la música, creímos que íbamos a bailar. Pero no había llegado todavía el momento.

Las pesas de las que hemos hablado antes, estaban aún en su sitio. La Reina ‑ignoro todavía quién era‑ invitó a cada una de las vírgenes a que tomase una de ellas y después dio la suya, la última y más pesada, a nuestra Virgen, indicándonos que la siguiéramos. Nuestra suficiencia había disminuido notablemente; me di cuenta que nuestra Virgen era demasiado buena con nosotros y que en absoluto inspirábamos tan alta estima como casi empezábamos a creer. Así que la seguimos en fila y fuimos conducidos a una primera sala, donde nuestra Virgen suspendió la pesa de la Reina, mientras cantábamos un hermoso canto espiri­tual.

En esta sala no había nada precioso salvo algunos espléndi­dos libros de oraciones, ejemplares únicos. En el centro, un reclinatorio en el que la Virgen se arrodilló y a cuyo alrededor nos prosternamos al tiempo que repetíamos la oración que leía en uno de los libros. Pedíamos con fervor que estas Bodas se realizasen para gloria de Dios y para nuestro bien.

A continuación llegamos a la segunda sala donde la primera virgen colgó a su vez el peso que llevaba, y así continuamos hasta que se cumplieron todas las ceremonias. Entonces la  Reina nos tendió de nuevo la mano y se retiró acompañada por sus vírgenes.

Nuestra presidenta aún permaneció un instante entre nosotros; pero como eran casi las dos de la madrugada, no quiso retenernos por más tiempo. Aunque me pareció observar en este momento que se complacía con nuestra compañía, nos deseó buenas noches, nos dijo que durmiésemos tranquilos y así se separó de nosotros, amistosamente, casi de mala gana.

Nuestros pajes habían recibido instrucciones y nos conduje­ron a nuestras respectivas habitaciones, acostándose en un segundo lecho instalado en la misma habitación, por si necesitá­bamos de sus servicios. Ignoro cómo estaban dispuestas las de mis compañeros, pero mi habitación estaba toda ella guarnecida con tapices y cuadros maravillosos y amueblada regiamente. Pero lo que verdaderamente me complacía en extremo, era la compañía de mi paje, capaz de hablar tan elocuentemente de todo y tan versado en las artes, que le escuché con gusto aún durante casi una hora, antes de acostarnos hacia las tres y media de la madrugada.

A decir verdad, fue mi primera noche tranquila, pese a que un sueño inoportuno me impidió disfrutar del reposo enteramente a mi gusto, pues toda la noche soñé que me obstinaba en abrir una puerta que no cedía, hasta que finalmente conseguí abrirla.

Estas fantasías turbaron mi descanso, hasta que por fin la llegada del día me despertó.

 

 

                                                                   Cuarto Día

 

 

 

Aún descansaba en mi cama, mirando tranquilamente los cuadros y los admirables motivos de decoración cuando, de repente, oí resonar los acordes de las trompetas, como si preparase ya el cortejo nupcial. Mi paje, fuera de sí, saltó de su lecho como un loco, con el rostro tan alterado que más parecía muerto que vivo. Imagínese mi angustia cuando me dijo que justo en ese momento mis compañeros estaban siendo presentados al Rey. Mientras me vestía a toda prisa, maldiciendo mi pereza y llorando a lágrima viva, mi paje ‑que estuvo listo antes que yo‑ abandonó la habitación para enterarse de la situación. Volvió enseguida con la feliz noticia de que nada estaba perdido, que sólo había faltado al desayuno pues no habían querido despertarme en atención a mi avanzada edad, pero que ya era hora de que lo siguiera a la fuente en la que estaban reunidos la mayoría de mis compañeros.

Esta noticia me calmó y alentó, acabé de vestirme rápidamen­te y seguí a mi paje hasta la fuente.

Tras los saludos de costumbre la Virgen se burló de mi pereza y me condujo a la fuente, de la mano. Allí comprobé que el león tenía una gran losa grabada, en lugar de su espada. La examiné con atención y descubrí que provenía de monumentos antiguos y que había sido transportada aquí expresamente para su mayor gloria. Su inscripción estaba un poco borrosa a causa de su antigüedad. La reproduzco a continuación con exactitud para que cada cual pueda reflexionar al respecto:

 

 

HERMES PRINCEPS

POST TOT ALLATA

GENERI HUMANO DAMNA,

 

DEI CONSILIO:

ARTISQUE ADMINICVLO,

MEDICINA SALVBRIS FACTVS

HEIC FLVO.

 

Bibat ex me qui potest: lauet, qui vult:

turbet qui audet:

 

BIBITE FRATES, ET VIVITE.

 

 

 

Esta inscripción era fácil de leer y de comprender, por lo que sin duda la habían colocado aquí porque era más cómoda de descifrar que cualquier otra.

Tras habernos lavado primero en esta fuente, bebimos en una copa de oro. Después volvimos con la Virgen a la sala para vestirnos con nuevas vestiduras, que estaban enteramente tejidas con hilos de oro y magníficamente decoradas con flores. Además cada uno recibió un segundo toisón de oro incrustado de piedras preciosas, de donde emanaban influencias múltiples que correspondían con la fuerza activa de cada uno. Habían suspendido de ellos una pesada placa de oro en la que figuraban el Sol y la Luna frente a frente. El reverso tenía grabadas estas palabras:

 

El resplandor de la Luna

igualará al del Sol

y la luz del Sol

será siete veces más brillante

que en el presente.

 

 

Nuestras anteriores joyas fueron depositadas en una cajita y confiadas a un servidor. Después nuestra Virgen nos hizo salir en orden.

Ante la puerta nos esperaban ya los músicos, vestidos con terciopelo rojo guarnecido con un galón blanco. Entonces se abrió otra puerta, que antes siempre había estado cerrada, y que daba acceso a una escalera de caracol, la escalera real. La Virgen nos condujo al son de la música y nos hizo subir los 365 escalones. En esta escalera vimos reunidas preciosas obras de arte y cuanto más subíamos más admirables eran; finalmente llegamos a una sala abovedada repleta de frescos, donde nos esperaban 60 vírgenes, ricamente vestidas. Se inclinaron cuando nos acercamos y les devolvimos la reverencia lo mejor que pudimos; después de lo cual fueron despedidos los músicos, que tuvieron que volver a bajar la escalera y la puerta fue cerrada.

Al tintineo de una campanilla apareció una hermosa virgen que dio a cada uno una corona de laurel y nuestra Presidenta recibió una rama. Durante este tiempo, se levantó un telón y contemplé al Rey y a la Reina entronizados en toda su majestad y esplendor.

Si no me hubiera acordado de las tan amigables amonestacio­nes que me dio la Reina, la víspera, habría comparado, desbordan­te de entusiasmo, esta gloria indecible con el cielo. Pues verdad es que la sala resplandecía de oro fino y pedrerías, pero el vestido de la Reina era tan magnífico y tan resplandeciente que era incapaz de sostener la mirada en ella. Así como las estrellas en el cielo se superan unas a otras, esto sobrepasaba en sublimidad todo lo que yo había tenido por bello hasta este día.

Habiéndose aproximado nuestra Presidenta, cada una de las vírgenes tomó a uno de nosotros por la mano y nos presentó al Rey con una profunda reverencia, tras lo que la Presidenta dijo: «En honor a Vuestras Majestades Reales, graciosísimos Rey y Reina, los Señores aquí presentes han afrontado la muerte para llegar hasta Vos. Vuestras Majestades se alegrarán de ello con razón, pues la mayoría están cualificados para engrandecer vuestro Reino y sus Dominios, como Vuestras Majestades se darán cuenta por sí mismos, examinando a cada uno de ellos. Desearía, por lo tanto, poder presentarles muy respetuosamente a Sus Majestades, con el humilde ruego de que mi misión se considere terminada y de informarles de mis hechos y gestos con cada uno de ellos.» Después depositó su rama de laurel en el suelo.

En aquel momento hubiera sido conveniente que alguno de entre nosotros dijera algunas palabras. Pero como permanecíamos silenciosos, el viejo Atlas avanzó y dijo en nombre del Rey:

«Sus Majestades Reales se alegran infinitamente de vuestra llegada y os otorgan su Gracia Real a todos juntos así como a cada uno en particular. Igualmente están muy satisfechos del cumplimiento de tu misión, querida Virgen, por lo que te será concedido un don real. No obstante, desean que continúes todavía hoy cuidando de estos huéspedes, pues no pueden sino tener una gran confianza en ti.»

La Virgen recogió humildemente su rama de laurel y nosotros nos retiramos, por primera vez, acompañados de ella.

Esta sala era rectangular por delante, cinco veces más ancha que larga, pero, en el otro extremo, en el lado de la salida, tomaba la forma de un hemiciclo completando así la imagen de una pérgola, un gran pórtico, en el que estaban colocados en círculo tres espléndidos tronos, estando el del centro un poco más elevado que los otros dos. En cada uno de ellos estaban sentadas dos personas; en el primero un viejo rey de barba gris y su esposa ‑que por el contrario era joven y bella. Un rey negro en plena madurez estaba sentado en el tercer trono, y a su lado una vieja y frágil mujer, sin corona y velada. El trono del medio estaba ocupado por dos adolescentes. Estaban coronados con laureles y encima de ambos se encontraba suspendida una enorme y preciosa corona. No eran, ciertamente, tan bellos como yo los imaginaba, pero es así como debía ser.

Detrás de ellos, en un banco circular, se habían colocado un gran número de viejos. Cosa sorprendente, ninguno de ellos llevaba espada o cualquier otra arma. Además tampoco vi ningún guardia sino tan sólo a determinadas vírgenes, de las que nos acompañaron en la víspera, que se habían sentado a lo largo de los dos lados del hemiciclo.

No puedo dejar de relatar que el pequeño Cupido revoloteaba por allí, en particular alrededor de la gran corona. De vez en cuando, se sentaba entre los dos amantes y les sonreía jugando con su arco. A veces, simulaba tirar sobre uno de ellos. En resumen, el pícaro era tan malicioso, que no dejaba en paz ni a los pájaros que, numerosos, volaban por la sala y les hostigaba tanto como podía.

Las vírgenes se divertían con él y, cuando llegaban a atraparlo, no escapaba sin esfuerzo. Así este pequeño tuno aportaba mucho regocijo y diversión.

Delante de los Soberanos, se erigía un altar pequeño pero bello, sobre el que había colocado un libro cubierto con terciopelo negro, salpicado por incrustaciones de oro. A su lado había una lucecita en un candelero de marfil que, aunque pequeña, ardía sin cesar con una llama tan inmóvil, que no la hubiéramos reconocido con un fuego a no ser porque el pequeño Cupido soplaba encima de vez en cuando.

Junto al candelero, un globo o esfera celeste giraba alrededor de su eje de forma muy artística. Delante, un pequeño reloj provisto de música coronaba una fuente de cristal de donde brotaba continuamente un agua pura, color rojo sangre. Al lado, una calavera daba refugio a una serpiente blanca tan larga que, pese a que rodeaba otros objetos, tenía la cabeza en un ojo y la cola en el otro. Así que nunca salía enteramente de la calavera.

Pero cuando a Cupido se le ocurría hostigarla un poco, entraba en ella con una velocidad asombrosa.

Además de este altarcillo, se observaban aquí y allá en la sala prodigiosas estatuas que se movían como si estuviesen vivas, y hacían cosas tan curiosas que me es imposible describirlas todas.

Cuando entramos habían resonado cánticos tan maravillosos que, de hecho, yo no sabía si venían de las vírgenes que habían permanecido en el interior o de las propias estatuas.

Abandonamos la sala con nuestras vírgenes, satisfechos y dichosos por este recibimiento. Nuestros músicos nos esperaban y bajamos en su compañía la escalera de caracol; a continuación la puerta fue cuidadosamente cerrada y echados los cerrojos.

Cuando estuvimos de vuelta en la sala, una de las vírgenes exclamó: «Me sorprende hermana, el que te hayas atrevido a mezclarte con tanta gente». Nuestra Presidenta respondió, refiriéndose a mí: «Hermana, no temo a nadie más que a éste.» Estas palabras me causaron pena, pues comprendí que se burlaba de mi edad, pues en efecto yo era el más anciano. Pero, sin embargo, me consoló una vez más prometiéndome librarme de esta carga si mantenía buenas relaciones con ella.

Después de lo cual se sirvió la comida; cada uno se colocó al lado de su virgen, cuya instructora conversación absorbía toda nuestra atención. Pero no me está permitido revelar los temas de sus charlas ni de sus pasatiempos. La mayoría, no obstante, habían tratado sobre las Artes. Lo que me permitió notar que tanto los ancianos como los jóvenes eran muy doctos.

No cesaba de preguntarme cómo encontrar la juventud, pues este aspecto me entristecía un poco. La Presidenta se percató de ello y dijo entonces: «Sé muy bien lo que le falta a este jovencito. Sospecho que estará más contento mañana, si me acuesto con él esta noche.» Estas palabras les hicieron reírse a carcajadas y, aunque el rubor me enrojeció las mejillas, no pude evitar reírme de mi situación.

Uno de mis compañeros queriendo vengarme del ultraje que había sufrido por parte  de la Presidenta, dijo: «Espero que no solamente nosotros sino también las demás vírgenes, den testimo­nio en favor de nuestro hermano y certifiquen que nuestra Presidenta le ha prometido dormir con él esta noche.»

«Lo haría gustosa», respondió ella, «si no temiera molestar a mis hermanas eligiendo sin su consentimiento, ¡al mejor y más bello!»

«Querida hermana» exclamó de repente una de ellas, «notamos que tu alta función no te ha vuelto orgullosa. Si nos permites sortearnos a los Señores aquí presentes, te concederemos gustosas el privilegio.»

Nosotros consideramos esto como una broma y reemprendimos nuestras conversacio­nes. No obstante, nuestra Presidenta no pudo evitar hostigarnos y dijo de nuevo: «Señores míos, ¿y si dejamos a la suerte el cuidado de decidir quiénes dormirán juntos hoy?»

«Bien» dije yo, «si no hay otro remedio, no podemos rehusar esta oferta.» Convinimos en hacer la experiencia inmediatamente después de la cena; nadie quiso permanecer en la mesa durante más tiempo, por lo que nos levantamos todos y cada uno se puso a caminar de arriba a abajo, con la virgen que le fue asignada desde el principio. Pero la Presidenta dijo: «No, no es así como debe hacerse. Veamos lo que decidirá la suerte.»

Después de lo cual, se nos separó y se produjo una discusión entre ellas sobre el procedimiento a emplear. Lo cual no era sino una simulación, pues inmediatamente nuestra Presidenta propuso que nos colocáramos en círculo, en un orden cualquiera. Entonces, ella nos contaría comenzando por sí misma y la séptima persona debería aceptar indiferentemente a la séptima persona siguiente, fuera una virgen o un señor. No sospechamos ninguna trampa, por lo que todo ocurrió así. Creíamos estar bien mezclados los unos con los otros, pero sucedió que las vírgenes estaban dispuestas entre nosotros conociendo de antemano su lugar. Nuestra Presidenta comenzó a contar: la séptima persona resultó ser una virgen, la séptima siguiente de nuevo una virgen; la siguiente otra virgen por tercera vez, y así continuó la cosa hasta que, para nuestra gran sorpresa, todas las vírgenes hubieron salido del juego sin que hubiese sido designado ninguno de nosotros. Nos quedamos pues solos, pobres miserables, obligados a soportar grandes burlas y a reconocer que habíamos sido engañados hábilmente.

Sin embargo, ¡quien nos hubiese visto colocados de la forma que estábamos, antes hubiese supuesto que el cielo se desplomaría a que no todos seríamos eliminados! Así acabó la broma y tuvimos que aceptar gustosamente que las vírgenes se rieran a costa nuestra.

En este momento, el turbulento y pequeño Cupido vino a unirse a nosotros de parte de Sus Majestades Reales, para ofrecernos un trago de una copa de oro; pidió también a nuestra Presidenta que se presentase delante del Rey, y nos explicó que no podía quedarse más tiempo con nosotros y no lo tuvo ni siquiera para entregarse a sus festivas manifestacio­nes de amor. Por consiguiente, le dejamos emprender de nuevo el vuelo, dándole las gracias con deferencia y humildad.

Mientras tanto, la alegría impulsó las piernas de mis compañeros que organizaron rápidamente un baile, con el consenti­miento de las vírgenes, poniéndose todos a danzar. Preferí mirar que participar. En efecto, sus pies alados se movían hábilmente, como si supieran hacerlo desde hace mucho tiempo.

Después de algunos bailes, nuestra Presidenta volvió y nos anunció que los artistas y aspirantes habían propuesto, a Sus Majestades Reales, representar una comedia en su honor y para su divertimiento, antes de su marcha. Sería del agrado de su Majestad Real, si quisiéramos asistir a la representación y acompañar a Su Majestad a la Casa del Sol, como El lo explicó graciosamente. Entonces fuimos a transmitir humildemente nuestro agradeci­miento por el honor que se nos hacía y ofrecimos con deferencia nuestros modestos servicios, no sólo en esta ocasión sino en cualquier circunstancia, lo que la Virgen Le transmitió.

Poco después, ella nos advirtió que debíamos esperar en orden a Sus Majestades Reales, en la galería donde fuimos rápidamente conducidos. No permanecimos allí mucho tiempo, pues el cortejo real estaba preparado aunque sin el menor acompaña­miento musical. Abriendo el cortejo marchaba la Reina desconocida que estuvo ayer entre nosotros, llevando una pequeña y preciosa corona y vestida con satén blanco. Lucía solamente un pequeño crucifijo hecho con una única perla, la cual había sido abierta precisamente ese día entre el joven Rey y su Prometida.

Tras ella, venían las seis principales vírgenes en dos filas; llevaban la joya del Rey cuyo sitio era el altarcillo. A continuación venían los tres reyes, el novio en el centro, sencillamente vestido con un ropaje de satén negro de corte italiano. Llevaba un pequeño sombrero redondo, negro, adornado con una pluma negra, pequeña y puntiaguda; se descubrió amable­mente ante nosotros, para mostrarnos sus buenas disposiciones. Por nuestra parte, Le hicimos una reverencia, así como a los otros, tal y como se nos había prescrito.

Tras los reyes, venían las tres reinas, dos de las cuales estaban ricamente ataviadas. Tan sólo la de en medio estaba también completamente vestida de negro; Cupido llevaba la cola de su vestido. A continuación se nos indicó que siguiéramos pues venían las vírgenes y, por último, el Viejo Atlas cerraba el cortejo.

Después de haber desfilado a lo largo de múltiples pasillos ricamente decorados, acabamos por llegar a la Casa del Sol para asistir con el Rey y la Reina a la comedia presentada, en una tribuna de ceremonias que se había construido allí mismo.

Estábamos a la derecha de los reyes, pero a cierta distan­cia; las vírgenes estaban en el lado izquierdo, a excepción de aquellas que habían recibido las insignias reales. A estas últimas, se las designó un lugar particular, en la parte más alta. Los demás servidores debieron colocarse entre las columnas y contentarse con ello.

Como esta comedia ofrecía numerosos aspectos interesantes de meditar, no puedo evitar hacer un breve resumen de la misma.

En primer lugar, aparecía un viejo Rey con algunos servidores; le hacen entrega, ante su trono, de un cofrecito que se había encontrado flotando en las afueras, según se le dijo. Al abrirlo, encuentran una niña, algunas joyas y un pergamino lacrado dirigido al Rey. El Rey lo abre y una vez que ha leído la misiva se pone a llorar. Después explica a sus servidores cómo, desgraciadamente, el rey de los Moros había invadido el reino de su tía y había masacrado a toda la descendencia real, excepto esta niña. El había proyectado siempre casar a su hijo con la hija de su tía. Jura, pues, consagrar al Moro y a sus cómplices una enemistad eterna y vengarse de lo que ha pasado. Al mismo tiempo, ordena que se críe tiernamente a la niña y que se presten a la lucha contra el Moro. Estos preparativos y la educación de la niña (confiada a un viejo preceptor cuando fue algo mayor), ocupaban todo el primer acto con refinadas diversiones y dignas de elogios.

Como intermedio fue presentado el combate de un león y de un grifo; la victoria la obtuvo el león, lo que es muy comprensible.

En el segundo acto, entró en escena el Moro, un negro lleno de astucia. Con despecho, se entera de que su crimen ha sido descubierto y que una niña había escapado gracias a unas artimañas. Entonces se pregunta qué estratagema emplear para vencer a tan poderoso enemigo, cuando el medio para hacerlo se lo proporcionan unos refugiados, llegados a su país empujados por el hambre.

Cuando inesperadamente, la niña cae de nuevo en sus manos, la hubiera hecho estrangular inmediatamente, de no haber sido engañado por sus propios cortesanos de forma milagrosa. Este acto termina, pues, con una victoria del Moro muy particular.

En el tercer acto, se reúne contra el Moro, en nombre del Rey, un gran ejército mandado por un viejo y valiente Caballero. Este invade el reino del Moro, liberando a la joven de la torre por la fuerza y la proporciona vestidos nuevos, después se erige con rapidez una bella tribuna en la que ella se sitúa.

A continuación aparecen doce enviados del Rey, a los que el Caballero anteriormente citado les dirige estas palabras: su muy gracioso Señor y Rey no sólo había salvado a la niña de la muerte por segunda vez, ni la había hecho educar regiamente (aunque ella no se condujo siempre como habría debido), sino que Su Majestad la había elegido además, entre muchas, como esposa para su joven Señor e Hijo, y deseaba hacerle la gracia de realizar sus desposorios efectivos, con la condición de que ella se comprome­tiera a adquirir hacia su Majestad las siguientes obligaciones. Sobre las que se leían en un documento algunos bellos preceptos, dignos de ser citados si ello no nos llevara demasiado lejos. En resumen, la joven juraba observarlas exactamente y agradecía la gracia concedida de la manera más distinguida.

Después todos entonaban un canto de alabanzas a Dios, al Rey y a nuestra Presidenta, tras lo cual abandonan la escena. Para abreviar el tiempo, se nos presentó los cuatro animales que se le aparecieron a Daniel en su visión y que describió tan detalladamente, cada uno de los cuales tiene un significado tan particular.

En el cuarto acto, la prometida entra en posesión de su reino perdido, es coronada y recorre ampliamente el escenario, con gran alegría, con todas sus galas; a continuación llegan enviados para transmitirle sus felicitaciones y para contemplar su magnificencia. Sin embargo, ella no mantiene durante mucho tiempo su piedad, comenzando a lanzar a su alrededor miradas atrevidas, a hacer signos de cabeza a los embajadores y señores, afirmando con fuerza su personalidad.

El Moro, enterado pronto de su conducta, no quiere perder semejante ocasión. Como su preceptor no la vigilaba suficiente­mente, se deja fácilmente deslumbrar por grandes promesas y, desconfiando de su Rey, busca cada vez más, en secreto, los favores del Moro. Este se aprovecha con diligencia, vuelve a adquirir el control sobre ella con su concurso, y la subyuga con tan bellos discursos que obtiene la sumisión de todo su reino.

En la tercera escena de este acto, él la hacía poner, completamente desnuda, atada a un poste de un grosero patíbulo y la azotaba cruelmente, tras lo cual ordenaba matarla.

Era tan penoso ver semejantes cosas, que las lágrimas acudieron a los ojos de muchos de entre nosotros. A continuación, la joven es arrojada, desnuda, a un calabozo, para esperar allí la muerte, que deberá producirse por envenenamiento. El veneno no la mata pero la cubre de lepra. Este acto resultó, para la mayoría, profundamente trágico.

Como intermedio se expuso en el escenario la estatua de Nabucodonosor equipado con armas y toda clase de otras cosas en la cabeza, el pecho, el vientre, los muslos y los pies, ornamen­tos de los que hablaremos posteriormente.

En el quinto acto, el joven Rey era informado de lo que pasaba entre el Moro y su futura esposa. Se dirige a su Padre con el ruego de que no sea abandonada en su triste situación. Su Padre atendía su ruego y enviaba mensajeros para consolarla en su enfermedad y cautividad, pero también para mostrarle su irreflexión. No obstante, ella no quería recibirles, estando dispuesta por el contrario a hacerse la concubina del Moro, lo que ocurría. Y todo ello se le informaba al joven Rey.

Tras lo que aparecía un grupo de bufones, cada uno de los cuales tenía una varita mágica con la que, en un cerrar de ojos, hacían y deshacían, a toda velocidad, un gran globo terrestre, fantasía agradable de corta duración.

En el sexto acto, el joven Rey decidía desafiar al Moro en combate, realizándolo. Y aunque el Moro fue vencido, muchos creyeron que el joven Rey había muerto también. Sin embargo, éste volvía en sí, liberaba a su prometida y se preparaba para las Bodas, después de habérsela confiado a su preceptor y a su capellán.

El primero la atormentaba mucho, hasta el momento en que era el sacerdote quien desempeñaba este papel y se comportaba tan malvadamente, que parecía querer superar a todo el mundo en crueldad. Esto acaba por llegar a oídos del Rey, quien enviaba urgentemente a alguien para acabar con el dominio del sacerdote y ataviar a la Prometida para las Bodas.

Después de este acto, se presentó en escena un enorme elefante artificial, que transportaba un amplio palanquín con dos músicos; fue muy admirado por todos.

En el último acto, el Prometido hacía su entrada con un fasto y una magnificencia difíciles de imaginar, y yo me preguntaba sorprendido cómo era posible semejante cosa. La Prometida avanzaba a su encuentro con igual solemnidad y todo el pueblo gritaba: ¡Vivat Sponsus, vivat Sponsa! (4)

La representación de esta comedia fue, para todos, un medio con el que felicitar al Rey y a la Reina de forma solemne lo que, como yo mismo comprobé, les proporcionó un inmenso placer.

Finalmente los actores desfilaron con pompa, varias veces alrededor de la escena y, por último, cantaron en coro:

 

I

 

La magnificencia de este tiempo

Nos da una gran alegría

Totalmente consagrada a la Fiesta Real.

Cantad, pues, todos, que resuene:

Que la dicha sea a Quien nos da la felicidad.

 

 

II

 

La bella Esposa

Tan esperada

Le es confiada ahora.

Recibimos lo que deseamos:

Dichoso quien ve ahora el futuro.

 

 

III

 

Ellos salvaguardan mucho tiempo la herencia paterna.

Creced en el honor:

Que millares nazcan de vuestra sangre.(5)

 

 

Los actores se retiraron entonces y la comedia acabó en medio de gritos de alegría y de testimonios de aprobación, en particular de las personas reales. Comenzaba a caer la noche cuando también nosotros partimos en el orden descrito anteriormente y seguimos a las personas reales, subiendo una escalera de caracol, hasta la sala anteriormente citada en la que las mesas ya estaban puestas y ricamente servidas.

Era la primera vez que estábamos invitados a la mesa real. En el centro de la sala fue colocado el altarcillo donde se depositaron los seis emblemas reales. El joven Rey se mostró muy afable con nosotros. Sin embargo, no estaba verdaderamente alegre y, aunque nos hablaba de vez en cuando, suspiró varias veces, de lo que el pequeño Cupido se burló con todo tipo de bromas.

Los ancianos Reyes y Reinas se mostraban muy graves, salvo la esposa del viejo Rey quien, sólo ella, tenía ahora un aire alegre cuya causa se me escapaba.

Mientras que las personas reales se instalaban en la primera mesa, nosotros tomamos asiento, solos, en la segunda y, en la tercera, tomaban asiento algunas vírgenes notables. Los hombres y las vírgenes que quedaban debieron ocuparse del servicio. Todo ocurrió en medio de tal serenidad y de tan profundo silencio, que apenas me es posible hablar mucho de ello. Tan sólo puedo indicar que las personas reales sentadas a la mesa estaban vestidas para la comida con ropajes deslumbrantes, blancos como la nieve. Por encima de la mesa pendía la gran Corona de Oro mencionada anteriormente, cuyas piedras preciosas habrían bastado para iluminar ellas solas la sala. A continuación se encendieron todas las luces en la Llama del altar, pero el porqué, a decir verdad, no lo sabía. Observé que el joven Rey envió varias veces alimento a la serpiente blanca del altar, lo que me hizo reflexionar.

Durante este banquete de fiesta, fue el pequeño Cupido quien parloteó; no quería dejarnos tranquilos, en especial a mí, y constantemente hacía cosas singulares. Sin embargo, no reinaba ninguna alegría especial, desarrollándose todo en silencio. Como incluso no se oía ninguna música, presentí un peligro inminente; cuando se nos preguntaba, había que dar respuestas cortas y concretas y contentarse con ello. En resumen, todo parecía tan extraño, que el sudor comenzó a inundarme; creo que incluso una persona con mucha sangre fría habría perdido el valor.

Terminada la cena, el joven Rey ordenó que se le llevase el Libro del altar, que abrió a continuación. Nos preguntó una vez más, por mediación de un  hombre anciano, si le permaneceríamos fieles, para lo bueno y para lo malo. Dimos nuestra aquiescencia, temblando. A continuación nos preguntó, con tono triste, si queríamos comprometernos hacia El, por escrito, a lo que no podíamos negarnos. Debía ser así.

Así pues, nos levantamos todos, uno tras otro, para inscribir, de propia mano, nuestro nombre en el Libro. Cuando firmó el último, se trajo la fuente de cristal y una copa de cristal en la que las personas reales bebieron cada una a su vez. Después se nos tendió también a nosotros y se la hizo pasar al resto de los presentes; esto se llamaba «Haustus Silentii».(5a)

A continuación todas las personas reales nos estrecharon la mano, advirtiéndonos que, si no les permaneciéramos fieles, no les volveríamos a ver jamás, lo que nos conmovió verdaderamente provocando nuestras lágrimas. De nuestra parte, nuestra Presiden­ta confirmó categóricamente, una vez más, nuestra firme promesa de fidelidad, lo que por fin les contentó.

Entonces, resonó una campana y las personas reales palide­cieron a tal punto que nos desalentamos totalmente. Cambiaron sus vestidos blancos por otros negros. La sala fue completamente cubierta con terciopelo negro, incluidos el suelo y el techo. Todo estaba preparado con anterioridad. Se alinearon las mesas alejándolas de allí, y todo el mundo se sentó en círculo en los bancos, nos vestimos también con ropas negras y nuestra Presiden­ta, que había salido un momento antes, volvió a entrar. Llevaba seis cintas de tafetán de seda negra que puso en los ojos de las seis personas reales. Una vez que éstas no veían nada, los servidores depositaron apresuradamente seis ataúdes cerrados y, en medio, un trono negro y bajo. Por fin entró un hombre de gran talla, negro azabache, que llevaba un hacha afilada en sus manos. Después de haber conducido al primer viejo Rey al trono, le decapitó súbitamente y su cabeza fue envuelta en un lienzo negro. Se recogió su sangre en una gran copa de oro y se depositó ésta cerca de él, en el ataúd que se cerró y fue deslizado a un lado.

Ocurrió lo mismo con los demás, y me estremecí pensando que me llegaría también el turno. Pero no ocurrió nada de esto. En efecto, cuando las seis personas fueron decapitadas, el hombre negro volvió a salir seguido de otro que lo decapitó, a su vez, justo delante de la puerta, cogió su cabeza así como el hacha y las colocó en un cofre.

La Boda me parecía verdaderamente sangrienta, pero como ignoraba lo que todavía iba a pasar, dominé mis impresiones hasta el momento en que conociera más.

Nuestra Presidenta nos aconsejó que nos mantuviéramos tranquilos, cuando vio que algunos de nosotros se sofocaban y se ponían a llorar. «Su vida está, actualmente, en vuestras manos», dijo ella, «si me seguís, su muerte engendrará mucha más vida.»

Después de lo cual, nos urgió para que fuésemos a dormir y para que no nos inquietáramos pues todo iría bien para ellos. Nos dio las buenas noches, añadiendo que debía ir a velar a los muertos. Así fue hecho y cada uno de nosotros fue conducido por su paje a su dormitorio.

Mi paje me habló abundantemente de numerosos asuntos; pienso a menudo en él, pues yo estaba lleno de admiración por su inteligencia. Acabé por comprender, sin embargo, que su intención era el provocarme sueño. Fingí dormir profundamente, pero permanecí despierto porque no podía olvidar a los decapitados.

Mi habitación daba al mar, al que veía bien pues la ventana estaba junto a mi cama. Apenas había sonado la duodécima campanada de medianoche cuando percibí, de repente, un gran fuego sobre el agua: lleno de espanto, abrí precipitadamente la ventana para ver lo que pasaba. Entonces vi avanzar, a lo lejos, siete barcos, rodeados de luz. Una llama oscilaba por encima de cada uno, revoloteando de aquí para allá, descendiendo de vez en cuando, de tal manera que me vino la idea de que eran los espíritus de los decapitados. Los bajeles se aproximaban lentamente a la orilla, con sólo un capitán a bordo de cada uno. Cuando tocaron tierra, vi ir a nuestra Virgen a su encuentro con una antorcha, mientras que se llevaban, tras de ella, los seis ataúdes cerrados y el cofre, que fueron colocados respectivamente en cada barco. Ante esta visión desperté a mi paje, el cual me lo agradeció cordialmente; habiendo corrido durante toda la jornada, su sueño le habría hecho perderse el acontecimiento que, por lo demás, le era conocido.

Una vez los ataúdes fueron depositados en los barcos, se apagaron todas las luces. Las seis llamas partieron juntas por el mar, de forma que no quedó más que una única luz que vigilaba sobre cada barco. Algunos cientos de guardias que vigilaban la orilla hicieron entrar a la Virgen en el Castillo, cuyos cerrojos corrió cuidadosamente, comprendí, por consiguien­te, que ya no pasaría nada en lo sucesivo, y que debía esperar al día.

Nos abandonamos pues al descanso. Yo era el único cuya habitación daba a la bahía, luego el único que había podido ver todo esto. Muy fatigado, me hundí en el sueño en medio de mis numerosas reflexiones.

 

 

Quinto Día

 

Acabada la noche, el día tan ardientemente esperado despuntaba, lo que me hizo saltar vivamente de la cama, sin haber dormido suficientemente, aguijoneado por el deseo de saber cómo continua­ban los hechos. Después de haberme vestido y haber descendido la escalera como de costumbre, comprobé que me había adelantado, no encontrando a nadie en la sala. Entonces rogué a mi paje que me acompañase a visitar el castillo y me mostrara los parajes más interesantes. Tan gentil como siempre, bajamos algunos escalones subterráneos hasta una gran puerta de hierro, en la que estaban inscritos las siguientes palabras, en grandes letras de cobre:

 

 

 

letras

 

 

 

He copiado estos caracteres en mi agenda de notas(6). Mi paje abrió esta Puerta y me condujo, llevándome de la mano, a lo largo de un corredor oscuro hasta una pequeña puerta que estaba entreabierta. No había sido cerrada la víspera tras la salida de los ataúdes, me dijo.

Desde mi entrada, me apercibí de la cosa más maravillosa que la naturaleza haya creado jamás. En efecto, la cripta tenía como única fuente de luz algunos carbunclos de singular grosor. Este tesoro pertenecía al Rey, como más tarde supe. Lo más importante y bello que allí vi era, en medio, un sepulcro tan precioso que me sorprendió no estuviese mejor guardado. El paje me respondió que debía en todo caso dar gracias a los astros, cuya influencia me permitía contemplar, actualmente, cosas que todavía ningún ojo humano había visto jamás, a excepción de los servidores del Rey.

El sepulcro era triangular; en el centro, se veía una pila de cobre pulido, el resto era de oro puro y piedras preciosas. De esta pila salía un ángel que tenía en sus brazos un árbol desconocido. Del árbol caían sin cesar gotas a la pila; cada vez que se desprendía un fruto, se transformaba en agua que fluía en tres pilas de oro contiguas. Este altar era llevado por tres animales: un águila, un buey y un león que se mantenían sobre una peana extremadamen­te preciosa.

Pregunté a mi paje el sentido de la inscripción. Respondió: «Aquí yace Venus, la bella señora, que hizo perder la dicha, el honor, la salud y la prosperidad a tantos grandes hombres».

Después señaló una trampilla de cobre situada en el suelo, diciendo: «Por aquí es posible descender más abajo si es vuestro deseo.» «Os acompañaré a todas partes», respondí y descendí los peldaños. Estaba completamente oscuro, pero el paje abrió rápidamente un armarito en el que ardía una lámpara perpetua. En ella encendió una de las antorchas colocadas al lado. Me sobresalté, fuertemente inquieto, y le pregunté si le estaba permitido hacerlo. El me respondió: «Las personas reales reposan todavía, no tengo nada que temer.» En este momento, descubrí un lecho pomposo rodeado de magníficas cortinas, que mi paje entreabrió. Y vi a Venus, acostada completamente desnuda (él había levantado también la manta), tan bella y tan graciosa que quedé clavado en el sitio; no sé todavía si era una estatua o un cuerpo sin vida lo que yacía allí; en efecto, estaba completamen­te inmóvil y yo no osaba tocarla. Después la cubrió de nuevo con la manta y corrió las cortinas. No obstante, su imagen se me ha quedado como grabada en los ojos.

Pronto divisé detrás del lecho una placa, grabada con un texto misterioso:

 

 

letras

 

 

 

Pregunté a mi paje el sentido de esta inscripción.(7) El rió y me prometió que lo sabría algún día. Después apagó la antorcha y subimos. Mirando ahora todas las puertas con más detenimiento, vi brillar en cada rincón lámparas de pirita(8) que me habían pasado desapercibidas con anterioridad. El fuego era tan vivo que más bien parecía venir de una piedra preciosa que de una lámpara. Con su calor, el árbol no cesaba de fundir todo produciendo siempre nuevos frutos.

«Escuche», dijo el paje, «lo que he oído a Atlas decir al Rey: «cuando el árbol se haya disuelto completamente, Venus despertará de nuevo y será Madre de un Rey».»

Mientras que hablaba, y quizás me hubiese hecho otras revelaciones, entró volando el pequeño Cupido quien parecía disgustado por nuestra presencia allí. Pero viéndonos más muertos que vivos, acabó por reírse y me preguntó qué espíritu me había conducido hasta aquí. Respondí temblando que, habiéndome perdido en el Castillo, había llegado aquí por azar, y que mi paje tras buscarme por todas partes, acabó encontrándome aquí, por lo que esperaba que no se tomara la cosa a mal.

«Está bien, viejo curioso», dijo Cupido, «me habrías jugado una mala pasada si hubieses descubierto esta puerta. Será mejor que la cierre.» Dicho esto, puso gruesas cadenas a la puerta de cobre por la que habíamos descendido recientemente.

Di gracias a Dios que Cupido no nos hubiese sorprendido antes; mi paje me quedó agradecido por haberle ayudado a salir de esta situación difícil. «Pero,» continué Cupido, «no puedo dejaros sin castigo por haber casi sorprendido a mi Madre bienamada.» Tras estas palabras, aproximó a una pequeña lámpara la punta de una de sus flechas para calentarla un poco y me pinchó con ella la mano. Apenas si me di cuenta del pinchazo en ese momento, pues estaba contentísimo por haber resuelto fácilmente la situación y haber salido tan bien librado.

Mientras tanto, mis compañeros se habían lavado y reunido en la sala; me reuní con ellos, haciendo como si acabara de levantarme. Cupido que iba cerrando tras de sí todas las puertas con cuidado, vino también con nosotros y tuve que mostrarle mi mano. Perlaba todavía una gota de sangre, lo que le hizo reír con ganas; al mismo tiempo previno a los demás para que me vigilaran pues pronto sería mi aniversario. Nos sorprendió que Cupido pudieses estar tan alegre y sin pena, tras los tristes aconteci­mientos de la víspera. En efecto, no mostraba la menor sombra de tristeza.

Durante este tiempo nuestra Presidenta se había preparado para la marcha. Estaba totalmente ataviada con terciopelo negro, pero conservaba siempre su rama de laurel; sus vírgenes también las tenían.

Cuando todo estuvo dispuesto, nos invitó a beber para prepararnos a continuación para el cortejo nupcial. Lo que hicimos sin perder un instante siguiéndola enseguida al Patio. Allí habían seis ataúdes; mis compañeros se imaginaban que contenían las seis personas reales. Yo conocía la superchería pero ignoraba lo que iba a ocurrir con los otros ataúdes. Cerca de cada ataúd estaban ocho hombres enmascarados. Cuando la música comenzó (era tan triste, tan melancólica que me sentí mal), los hombres izaron los ataúdes y debimos seguirles en el orden prescrito hasta el jardín que conocíamos, en medio del cual estaba erigida una construcción de madera adornada con una magnífica cornisa alrededor del techo, que reposaba sobre siete pilares. En el interior había seis tumbas abiertas y una piedra al lado de cada una de ellas, mientras que en el centro se erigía una piedra redonda y hueca.

Los ataúdes fueron descendidos en sus sepulcros en silencio y, con muchas ceremonias, se deslizaron las piedras por encima y todo fue cerrado cuidadosamente. El pequeño cofre debía ser depositado en el centro. Así mis compañeros fueron engañados pues no podían imaginar que los cadáveres no se encontraban en el interior de los ataúdes. Por encima, flotaba un gran estandarte en el que estaba pintado un Fénix, para engañarnos todavía un poco más, sin duda. ¡Cuán agradecido estaba a Dios por haber visto más que los demás!

Una vez terminados los funerales, la Virgen se colocó sobre la piedra del medio e hizo un breve discurso en el que nos exhortó a permanecer fieles a nuestra promesa, a no tener miedo de las dificultades que nos aguardaban y a ayudar a renacer a las personas reales enterradas recientemente y, con este objetivo, a subir sin pérdida de tiempo a la Torre del Olimpo para buscar allí el remedio necesario.

Asentimos enseguida y la seguimos por otra puerta hasta la orilla, donde los siete bajeles mencionados anteriormente esperaban, vacíos. Las vírgenes suspendieron en ellos sus ramas de laurel y, después de que hubimos subido en seis de estos barcos, nos dejaron partir, en nombre de Dios, acompañados con sus miradas hasta que nos perdimos de vista. Después regresaron al Castillo acompañadas de todos los guardias.

Cada bajel arbolaba una gran bandera marcada con un emblema particular. En cinco barcos se veían cinco «corpora regula­ria»(9). En el mío, en el que se encontraba la Virgen, había un Globo. Bogamos en un orden preciso, llevando en cada barco sólo dos náuticos.

A la cabeza marchaba el pequeño barco a, en el que me parecía iba el Moro. A bordo iban doce músicos que tocaban muy bien. Su emblema era la Pirámide.

Después seguían, costado con costado, los tres bajeles b, c y d, en el que estábamos distribuidos. Yo iba en el bajel c. En el centro, bogaban los dos más bellos y más majestuosos, el e y el f. Iban sin nadie a bordo, adornados con ramas de olivo y su pabellón arbolaba el Sol y la Luna. Por último, venía el barco g, en el que se encontraban cuarenta vírgenes.

 

 

 

esquema de los barcos

 

 

 

Después de haber atravesado la bahía, llegamos por un canal a plena mar donde nos esperaban sirenas, ninfas y diosas marinas; tan pronto nos vieron, enviaron una nereida para hacernos entrega de un regalo de Bodas. Era una gruesa y preciosa perla fina como jamás de había visto, ni en nuestro mundo, ni en el nuevo, por lo redonda y brillante que era.

La Virgen la aceptó graciosamente, después la ninfa preguntó si podríamos detenernos un momento allí y recibir también a sus compañeras. La Virgen consintió de todo corazón, hizo que parasen los dos grandes barcos de en medio y agrupó a los otros a su alrededor formando un pentáculo.

 

 

 

dibujo

 

 

A continuación, las ninfas se colocaron alrededor formando un círculo y se pusieron a cantar con voz melodiosa:

 

 

 

I

 

El amor es lo más bello que hay sobre la tierra,

Nada es más noble, ni más elevado,

Por él llegamos a ser semejantes a Dios,

Y el sufrimiento no nos aflige más.

Por nuestro canto honramos al Rey,

Que se alegre todo el mar.

Nosotros preguntamos, ¡respondernos!

 

 

II

 

¿Quién, un día, nos dio la Vida?

El Amor.

¿Quién nos devolvió la Gracia?

El Amor.

¿De dónde hemos salido?

Del Amor.

¿Cómo nos hemos perdido?

Por falta de Amor.

 

 

III

 

¿Quién nos ha engendrado?

El Amor.

¿Quién nos ha cuidado, nos ha vigilado?

El Amor.

¿Qué debemos a nuestros padres?

El Amor.

¿Qué les hace siempre tan pacientes?

El Amor.

 

 

 

IV

 

 

¿Qué nos hace vencer?

El Amor.

¿Cómo encontrar también el Amor?

Por el Amor.

¿Dónde hacer brillar las buenas obras?

En el Amor.

¿Quién puede hacer la unión de dos?

El Amor.

 

 

 

V

 

Por ello, cantamos todos,

Que resuenen los cantos de

Homenaje y alabanzas al Amor,

Que pueda crecer,

En nuestro Rey, en nuestra Reina,

Su cuerpo está aquí, su Alma está lejos.

 

 

VI

 

Y si vivimos,

Dios nos dará

El transmitirles el Amor, con gran Fuerza,

Para que adquieran una gran Potencia

Con el fin de que, por este Fuego de Amor,

Juntos se fundan durante la Hora Sagrada.

 

 

VII

 

Entonces este sufrimiento, con gran alegría

Transmitido a muchos jóvenes,

Se transformará en Eternidad Divina.

 

 

Cuando hubieron acabado este canto, de temática y melodía magníficas, comprendí que Ulises hubiese hecho taponar los oídos de sus compañeros y me sentí el más desgraciado de los hombres por no haber sido creado por la naturaleza como estas criaturas adorables. La Virgen se despedía con rapidez y ordenaba ponerse en marcha. Con lo que las ninfas, que habían recibido por recompensa una larga banderola roja, partieron dispersándose en el mar.

Esta vez, sentí que Cupido comenzaba a actuar también en mí, lo que dice poco en mi honor. Pero como mi ligereza no sería de ningún provecho para el lector, simplemente dejo constancia de ella. Respondía precisamente a la herida recibida en la cabeza en mi sueño del Primer Día. Por tanto, si alguno quiere un buen consejo, que se abstenga de ir a contemplar a Venus en su lecho, pues Cupido no lo tolera.

Algunas horas más tarde, casi al término del viaje realizado conversando agradable­mente, divisamos la Torre del Olimpo. La Virgen ordenó entonces que se anunciase nuestra llegada mediante las salvas de ordenanza, lo que fue hecho. Enseguida vimos desplegarse una gran orillama blanca y salir a nuestro encuentro una barquita de oro. Cuando se nos aproximó, distinguimos en ella a un anciano, el guardián de la Torre, quien, con algunos compañeros vestidos de blanco, nos acogió amistosamente y nos condujo hasta la Torre. Se erigía sobre una isla con forma de cuadrado perfecto, rodeada de una muralla tan ancha y sólida cuyo diámetro era de 260 pasos. En su interior, descubrimos una bella pradera y jardines donde crecían frutos desconocidos por mí; a continuación, otra muralla circundaba la Torre.

Esta parecía constituida por la yuxtaposición de siete torres redondas, siendo la del centro un poco más alta. Se interpenetraban también en el interior y formaban siete pisos.

Cuando llegamos a las puertas, fuimos conducidos a lo largo de la muralla a una cierta distancia, con el fin de que los ataúdes pudiesen ser transportados a la Torre sin nuestro conocimiento, como comprendí fácilmente, aunque mis compañeros no se dieron cuenta de nada. Inmediatamente después nos conduje­ron al piso inferior, magníficamente pintado. Pocas distracciones encontramos allí, pues era un laboratorio. Debimos lavar plantas, piedras preciosas y otras materias, para extraer la savia y la esencia, poner todo en frascos y guardarlos como reserva. Nuestra Virgen ponía tanto celo y diligencia que se bastó para darnos trabajo a cada uno de nosotros. Así, fue preciso trabajar duro en esta isla, hasta el momento en que fue hecho lo necesario para la resurrección de los cuerpos decapitados.

Durante este tiempo, como supe más tarde, tres vírgenes se ocupaban de lavar cuidadosamente los cadáveres en la primera sala.

Por fin, cuando los preparatorios estuvieron casi termina­dos, nos trajeron por todo alimento una sopa y un trago de vino, de lo que saqué en conclusión que no estábamos aquí para divertirnos. Cuando hubimos ejecutado la tarea de la jornada, tuvimos que contentarnos con dormir sobre una manta que pusieron en el suelo.

Como no tenía sueño, salí a pasear por el jardín. Acabé por llegar hasta la muralla y, como el cielo estaba muy claro, pasé unos momentos maravillosos observando la bóveda estrellada; después descubrí casualmente unas escaleras de piedra roída que conducía a la cima de la muralla. La Luna brillaba con una gran vivacidad, lo que me enardeció, decidiendo subir y contemplar la mar, que estaba en absoluta calma. Y aprovechando tan excelente ocasión para meditar sobre la astronomía, descubrí que esta misma noche tenía lugar una conjunción de planetas que no se repetiría antes de un largo tiempo.

Cuando hube contemplado durante mucho tiempo el mar y fue casi medianoche, percibí, en el momento en que sonaban las doce campanadas, como avanzaban desde lejos las siete Llamas, llegaban a la cima de la Torre y se posaban sobre la flecha. Tuve un poco de miedo pues, inmediatamente de posarse las Llamas, el viento comenzó a agitar las olas. Después las nubes pasaron delante de la Luna y mi alegría se cambió en tal espanto que apenas tuve tiempo de encontrar la escalera para volver a entrar en la Torre.

No puedo decir si las Llamas permanecieron allí mucho tiempo o partieron, pues con semejante oscuridad no osaba salir nuevamente. Por consiguiente, me arrojé sobre mi manta Fuente de nuestro laboratorio.

Así, también el Quinto Día acabó con prodigios.

 

 

 

 

 

Sexto Día

 

A la mañana siguiente, después de ser despertados unos por otros, permanecimos juntos un momento preguntándonos en qué iba a acabar todo esto. Algunos sostenían que los reyes muertos encontrarían la vida simultáneamente; otros rechazaban esta idea porque, pensaban, la desaparición de los más ancianos tenía por objeto no sólo dar la vida a los jóvenes, sino también permitir su crecimiento(10). Algunos creían que no estaban muertos, que otros habían sido decapitados en su lugar. Cuando hubimos intercambiado nuestros pensamientos durante bastante tiempo, el Anciano entró, nos saludó, se aseguró de que todo estaba dispuesto y de que los procesos estaban suficientemente avanza­dos. Como habíamos actuado de forma que no tuviera nada que decir de nuestro celo, reunió todas las retortas y las puso en un cofre.

A continuación aparecieron unos jóvenes que llevaban escaleras, cuerdas y grandes alas que depositaron ante nosotros antes de marcharse. Entonces el Anciano dijo estas palabras: «Queridos hijos, cada uno de vosotros deberá llevar consigo, durante toda la jornada, uno de estos tres objetos. Os está permitido escogerlos o echarlos a suerte.» Respondimos que preferíamos escoger, pero el dijo: «No, la suerte decidirá.»        Después tomó tres papelitos. En uno escribió «escalera», en otro «cuerda», en el tercero «alas». Los puso en su sombrero, tras lo cual cada uno sacó un papel y debió coger lo que le fue asignado. Los que recibieron una cuerda pensaron que eran los más afortuna­dos; yo obtuve una escalera, lo que me fastidió mucho pues tenía una longitud de doce pies y era bastante pesada. Tuve que llevarla mientras otros podían enrollarse fácilmente la cuerda alrededor de ellos. En cuanto a los del tercer grupo, el viejo les fijó las alas tan sabiamente que parecía como si les hubiese crecido en la espalda.

A continuación, cerró un grifo y la Fuente dejó de manar agua, y nosotros debimos quitarla del centro de la sala. Cuando, por fin, todo el resto fue sacado fuera, tomó el cofre con las retortas, nos dijo adiós y cerró la puerta tras de sí, tan sólidamente que nos creíamos prisioneros de la Torre.

No había transcurrido un cuarto de hora cuando se abrió, por encima de nosotros, una trampilla redonda por la que vimos a nuestra Virgen que nos interpeló, saludó y nos mandó subir.          Quienes tenían alas franquearon rápidamente la trampilla; los que teníamos escaleras comprendimos instantáneamente su utilidad; pero los que tenían una cuerda se encontraban con dificultades. Pues cuando algunos de nosotros había subido, recibía la orden de izar su escalera. Finalmente se fijó a las cuerdas garfios de hierro y cada uno debió trepar, mejor o peor, no sin hacerse ampollas en las manos. Cuando todos hubimos subido, la trampilla fue cerrada y la Virgen nos recibió amigablemente.

Esta sala tenía la misma dimensión que la Torre y estaba franqueada por seis bellas capillas, un poco más altas, a las que se accedía subiendo tres peldaños. Nos distribuyeron en ellas, con el fin de que rogásemos por la vida del Rey y de la Reina. Durante este tiempo, la Virgen entraba y salía por la pequeña puerta, hasta el momento en el que estuvimos dispuestos. Apenas hubimos cumplido este deber, franquearon la puerta doce personas (nuestros anteriores músicos) y depositaron en medio de la sala un objeto extraño y oblongo, que mis compañeros tomaron por una Fuente. Comprendí, sin embargo, que contenía los cadáveres. La base de este cofre tenía la forma de un cuadriláte­ro y, en efecto, era lo suficientemente grande como para recibir seis personas, colocadas unas sobre otras.  Luego las doce personas vuelven a salir para recoger sus instrumentos con los que ejecutar una música agradable, para acompañar la entrada de la Virgen y sus servidoras. La Virgen llevaba un pequeño cofre, las demás solamente llevaban ramas y lamparitas, algunas también antorchas encendidas. Se nos entregó inmediatamente estas antorchas con las que debimos colocarnos alrededor de la Fuente; primero venía la Virgen (A), rodeada por sus vírgenes que llevaban ramas y lámparas (c); después estábamos nosotros con las antorchas (b); a continuación los músicos en línea recta (a); por último las otras vírgenes (d), igualmente en línea recta. Ignoro de dónde venían las vírgenes: ¿habitaban en la Torre o habían sido conducidas a ella durante la noche?

Como todas sus caras estaban cubiertas con un fino velo blanco, no reconocía a ninguna.

 

 

dibujo

 

 

La Virgen abrió el cofre en el que se encontraba un objeto redondo, envuelto en un doble forro de tafetán verde. Lo depositó en el caldero superior que cerró con una tapadera provista de reborde y taladrada con pequeños agujeros. A continuación vertió un poco de los líquidos preparados por nosotros la víspera; entonces la Fuente se puso a burbujear y su contenido a fluir en el caldero por cuatro pequeños conductos. Bajo el caldero inferior había numerosos clavos puntiagudos, en los que las vírgenes suspendieron sus lámparas, con objeto de calentarle y hacer hervir el agua. Desde el momento en que comenzó a hervir, fluyó gota a gota, por los numerosos agujeritos, sobre los cadáveres y estaba tan caliente que acabó por disolverlos y licuarlos completamente. ¿Qué era el objeto superior, de forma redonda, que estaba envuelto? Mis compañeros no lo sabían todavía. No obstante, yo comprendía que era la cabeza del Moro, la cual suministraba al agua tal calor.

En (b), el contorno del caldero grande también estaba horadado con numerosos agujeros. Las vírgenes introdujeron en ellos sus ramas; lo que no sé si era verdaderamente necesario o simplemente formaba parte de la ceremonia. Fuera como fuese, la Fuente rociaba continuamente a las ramas, lo que amarilleaba el agua que goteaba en el caldero. Esto duró casi dos horas, durante las cuales la Fuente manaba el agua que recogía, aunque cada vez más débilmente.

Entretanto, los músicos se habían marchado y nosotros nos paseábamos de un lado a otro de la sala, la cual estaba decorada para ofrecernos cumplidamente con qué pasar el tiempo. Había imágenes, lienzos, relojes, órganos, fuentes y otras cosas parecidas; no habían olvidado nada.

Por fin se terminó la operación y la Fuente cesó de fluir. Entonces la Virgen hizo que trajeran un globo de oro. Encima de la Fuente se encontraba un grifo, por el que hizo verter en el globo la sustancia disuelta de las gotas de agua hirviente. Una gran parte era de un rojo muy vivo. Toda el agua que quedaba en el caldero superior fue vaciada. Después se retiró la Fuente que ahora era mucho más ligera. No puedo decir si la abrieron a continuación y si todavía contenía algún residuo útil procedente de los cadáveres, lo que si sé es que el agua recogida en este globo era tan pesada que seis de nosotros, e incluso más, no podían llevarlo, mientras que el globo sólo, dado su tamaño, no debía necesitar más que las fuerzas de un solo hombre.

Después de haber hecho pasar el globo por la puerta, con grandes esfuerzos, quedamos de nuevo solos. Al escuchar que en el piso superior alguien caminaba de aquí para allá, eché una ojeada a mi escalera.

Había que escuchar las extraordinarias ideas que mis compañeros se hacían de la Fuente. Persuadidos de que los muertos yacían en el Jardín del Castillo, no podían interpretar lo que pasaba. Por lo que agradecí a Dios que me hubiese mantenido despierto justo en el momento oportuno y me hubiese mostrado los acontecimientos que me permitían comprender mejor todo lo que hacía la Virgen.

Pasó un cuarto de hora, después se abrió la trampilla de encima de nuestras cabezas y se nos ordenó subir, lo que hicimos como en la víspera con la ayuda de las alas, de las escaleras y de las cuerdas. Me sentía un poco molesto porque las vírgenes tuviesen la posibilidad de subir por un camino diferente, mientras que nosotros debíamos esforzarnos tanto. Entendía perfectamente que debía existir una razón concreta y que debíamos dejar que el Anciano hiciese también algo. Por otra parte, sus alas sólo habrían servido a las vírgenes, en el caso de que hubiesen tenido que subir por la trampilla.

Terminada la prueba y cerrada la trampilla vimos, en medio de la sala, el Globo de Oro suspendido de una fuerte cadena. En esta habitación, sólo había ventanas que alternaban  con igual número de puertas que recubrían un enorme espejo pulido. La disposición óptica de espejos y puertas era tal que, en cuanto se abrían las ventanas del lado del Sol y se mostraban los espejos abriendo las puertas, brillaban soles en toda la circunferencia de la sala, y ello pese a que este astro, que ahora resplandecía por encima de toda medida, no diera sino en una sola puerta. Por una sabia refracción, sus rayos iluminaban todo el Globo de Oro suspendido en el centro, el cual, al estar pulido y reluciente, brillaba con un resplandor tal que ninguno de nosotros podía mantener abiertos los ojos. Fue preciso que miráramos hacia el exterior, hasta el momento en el que el Globo alcanzó la temperatura adecuada y se obtuvo el efecto deseado.

Debo decir aquí que los espejos eran para mí la cosa más extraordinaria que la naturaleza hubo puesto a la luz, pues si de todos se reflejaban soles, el Globo de en medio brillaba todavía más fuerte, de forma que no pudimos soportar ni un momento su resplandor, igual al del mismo Sol.

Finalmente la Virgen ordenó recubrir los espejos, cerrar las ventanas y dejar enfriar un poco el Globo. Lo que tardó siete horas. Creímos hacer bien, dado que podíamos tomarnos algún reposo, reconfortándonos con una comida. Esta comida fue, una vez más, muy filosófica y, en verdad, no había peligro de que nos excediéramos sin que por lo demás nos faltase lo necesario.

Además, la esperanza en la alegría próxima, con la que la Virgen nos sostenía sin cesar, nos mantenía tan dichosos que olvidábamos nuestros esfuerzos y nuestras incomodida­des.

También certifico que mis compañeros, aún siendo de origen noble, no pensaron jamás en su cocina y en su mesa, sino que se complacían con sólo seguir esta aventura científica y meditar, en consecuencia, en la Sabiduría y Omnipotencia del Creador.

Después de esta ligera colación, nos dispusimos a trabajar de nuevo, dado que el globo se había enfriado lo suficiente. Con muchas dificultades y esfuerzos, tuvimos que desatarlo de la cadena y depositarlo en el suelo. A continuación, habiendo recibido la orden de cortarlo por la mitad, discutimos la forma de hacerlo. Finalmente, fuimos de la opinión que una punta de diamante sería lo más conveniente para ello. Tras haber abierto el globo por este medio, descubrimos que en su interior no había ninguna sustancia roja, sino un grueso y hermoso huevo blanco como la nieve. Nuestra alegría llegó al colmo cuando comprobamos que había sido un éxito, pues la Virgen no había dejado de inquietarse con la idea de que la cáscara fuese quizás todavía demasiado frágil.

Después nos pusimos en círculo alrededor del huevo con tanta alegría como si lo hubiésemos puesto nosotros mismos. Sin embargo, enseguida la Virgen hizo que se lo llevaran; después nos abandonó de nuevo y cerró cuidadosamente la puerta tras de ella como siempre. Ignoro lo que pudo hacer con el huevo una vez sacado fuera, y tampoco sé si lo ha sometido a un proceso secreto, aunque no lo creo.

Una vez más, tuvimos que esperar reunidos, durante un cuarto de hora, para la apertura de la tercera trampilla y, cuando se produjo, trepamos al cuarto piso con ayuda de nuestros equipa­mientos. En esta sala encontramos un gran caldero de cobre, lleno de arena amarilla, calentado por un pequeño fuego. El huevo se encontraba enterrado allí con la finalidad de que alcanzase su desarrollo completo. El caldero era de forma cuadrada. En un lado de estos, dos versos estaban grabados con grandes caracteres:

 

ver letras ….

 

En el otro lado, se encontraban estas palabras:

 

ver letras …

 

En el tercer lado, había una sola palabra:

 

ver letras …

 

Más sobre el fondo figuraba una inscripción completa así concebida:

ver letras …

 

A los sabios dejo el juzgar si la inscripción se refería a la arena o al huevo. Yo tengo mi opinión y no la callo.            Cuando se hubo terminado la incubación, el huevo fue retirado del caldero. No tuvimos necesidad de romper la cáscara, pues el pájaro que se encontraba en él se liberó por sí mismo, rápidamente, y apareció muy contento, aunque deforme y cubierto de sangre. Le depositamos, en primer lugar, sobre la arena caliente; después la Virgen nos ordenó que le atáramos sólidamen­te antes de darle de comer, sino nos daría mucho que hacer. Lo hicimos e inmediatamente le dimos de comer. Su alimento consistió en la sangre de los decapitados, diluida una vez más en un agua preparada. Tras lo cual, el pájaro creció tan rápidamente ante nuestros propios ojos, que comprendimos muy bien por qué la Virgen nos había advertido. Daba picotazos y zarpazos a su alrededor, tan hostilmente que si hubiera podido atrapar a alguno de nosotros, hubiera dado buena cuenta de él.

Era completamente negro y muy indómito; después se le dio otro alimento, quizás la sangre de otra persona real. Entonces se le cayeron todas sus plumas negras, que fueron reemplazadas por plumas de un blanco níveo. Se calmó un poco, se hizo más sociable, pero todavía desconfiábamos de él.

Después de haber comido por tercera vez, sus plumas adquirieron colores tan bellos como jamás había visto en mi vida.

Luego se mostró tan manso y tan zalamero hacia nosotros que, con el consentimiento de la Virgen, le desatamos.

«Es justo ahora, dijo esta, que el pájaro ha recibido la vida y una perfección sin igual, gracias a vuestro celo, y con el consentimiento del Anciano, conviene que sea consagrado por nosotros con alegría». Tras lo que ordenó que se sirviese la comida con el fin de reponer fuerzas, ya que ahora el trabajo más difícil estaba hecho y podíamos alegrarnos de la tarea cumplida.

Esto nos puso de buen humor; pero el hecho de llevar todavía los vestidos de duelo nos parecía un poco absurdo. La Virgen preguntaba a unos y a otros, sin duda para descubrir quién, de entre nosotros, podría ocuparse de la siguiente tarea. Se preocupaba sobre todo de la fusión y se alegraba mucho cuando alguno daba pruebas de un gran saber hacer, como un artista en particular.

La comida no duró más de tres cuartos de hora, que pasamos, en gran parte, cerca de nuestro pájaro al que era preciso alimentar sin descanso. Aunque ahora ya no crecía más. Después de la comida apenas se nos dejó tiempo para digerirla; en efecto, cuando la Virgen salió con el pájaro, se nos abrió la trampilla de la quinta sala; penetramos en ella de la forma descrita anteriormente y ofrecimos nuestros servicios.

En esta sala estaba preparado, para nuestro pájaro, un baño de agua coloreada con un polvo blanco, de aspecto similar a la leche. En este agua, que inicialmente estaba fría, metimos al pájaro, encontrándola muy agradable. Bebía de ella y retozaba alegremente. Sin embargo, cuando las lámparas colocadas debajo comenzaron a calentarla, nos costó mucho trabajo mantenerlo allí; por lo que colocamos una tapadera al caldero y le dejamos que  sacara la cabeza por un agujero, hasta que perdió sus plumas y se hizo lampiño como un ser humano. No obstante, el calor no le causó ningún daño, lo que no dejó de sorprenderme, pues sus plumas se consumieron completamente y colorearon el baño de azul.

Por fin, liberamos al pájaro, que saltó él solo del caldero, tan liso y brillante que daba placer verlo. Sin embargo, como estaba un poco agitado, fue preciso ponerle un collar con una cadena y pasearlo a lo largo de la sala.

Mientras tanto, se encendió un gran fuego bajo el caldero para hervir el agua del baño tanto y tan bien, que se transformó en una piedra azul (16). La cogimos y la trituramos, después la pulverizamos contra otra piedra y finalmente pintamos con ella toda la piel del pájaro. Era realmente curioso verle, pues ahora era totalmente azul, excepto la cabeza que permaneció blanca.

Así acabó el trabajo en este piso. Después de la marcha de la Virgen y de su pájaro azul, se nos pidió que subiésemos al sexto piso a través de la trampilla, lo que hicimos. Pero una vez allí, un sentimiento de grave aprehensión nos embargó; en efecto, en el centro de la sala, se alzaba un altarcillo exactamente parecido al que he descrito en la sala del Rey. Los seis objetos citados se encontraban colocados en él, el séptimo era el propio pájaro. Al cual se le presentó, en primer lugar, la fuentecilla de la que bebió un gran trago. Después dio un picotazo a la serpiente blanca, que sangró abundantemente. Tuvimos que recoger esta sangre en una copa de oro y verterla en la garganta del pájaro, que se debatía fuertemente. Después introducimos la cabeza de la serpiente en la fuente, lo que le devolvió la vida, reptando enseguida a la calavera, sin que la volviera a ver durante mucho tiempo.

Simultáneamente el globo giraba sin parar, hasta el momento que se realizó la conjunción deseada. Luego el reloj dio la una.

Cuando se produjo una nueva conjunción, el reloj dio las dos. Por último, cuando observamos la tercera conjunción anunciada por el reloj, el pobre pájaro puso él mismo su cuello en el libro, totalmente sumiso, y se dejó cortar la cabeza por uno de nosotros, que había sido designado por la suerte. Pero ni una sola gota de sangre se vertió antes de que se le abriera el pecho. En ese momento, la sangre brotó de golpe, fresca y clara como una fuente de rubíes. Su muerte nos entristeció, pero comprendimos que debíamos aceptarla, pues nuestra ayuda no podía venir de un simple pájaro.

Desocupamos el altar, después ayudamos a la Virgen a reducir a cenizas, por medio de un fuego encendido con la lámpara, el cuerpo que yacía sobre el altar así como la placa que estaba suspendía sobre él. Luego purificamos varias veces estas cenizas y las depositamos cuidadosamente en un cofre de madera de ciprés.

No puedo pasar por alto la burla de la que yo y otros tres fuimos objeto. Una vez que habíamos recogido las cenizas con cuidado, la Virgen pronunció las siguientes palabras:

«Dignos Señores, nos encontramos aquí en la sexta sala y sólo nos queda una. Allí, nuestros esfuerzos acabarán y volvere­mos al Castillo para despertar a nuestros muy Graciosos Señores y Damas. Habría deseado que todos los aquí presentes se hubiesen comportado de manera que hubiese podido alabarlos ante nuestro Venerados Rey y Reina y obtener para vosotros una justa recompen­sa. Pero, lamentándolo mucho, he encontrado entre vosotros a cuatro operarios perezosos e indolentes» ‑mientras decía esto me señaló a mí y a los otros tres‑ «y como no quiero hacerles sufrir el castigo merecido, por amor a todos y a cada uno en particular, he decidido, a fin de que su falta de celo no quede impune, excluirles de la séptima operación, la más noble; después de lo cual ya no tendrán ninguna deuda con Sus Majestades Reales.»

¡Puede imaginarse en qué estado de ánimo me puso este discurso! La Virgen mantenía tal seriedad que las lágrimas corrían por nuestras mejillas, al tiempo que nos sentíamos los más desgraciados de los hombres.

Luego la Virgen hizo llamar a los músicos por uno de los numerosos sirvientes que siempre la acompañaban, los cuales nos hicieron pasar la puerta al son de los clarines con tanta ironía y burla, que de tanto reír apenas podían tocar. Pero lo que más nos entristeció fue que la Virgen se riera tan fuerte de nuestras lágrimas, de nuestra indignación y de nuestro abatimiento; y quizás de que algunos de nuestros compañeros se alegraran de nuestra desgracia.

Pero todo cambió de forma inesperada. Apenas hubimos franqueado la puerta, los músicos nos dijeron que nos alegrásemos y les siguiésemos por la escalera de caracol que conduce al tejado, por encima del séptimo piso. Allí, encontramos al Anciano, que no habíamos vuelto a ver, ante un pequeño horno redondo. Nos recibió amistosamente y nos felicitó de todo corazón por haber sido elegidos por la Virgen. Por poco se muere de risa cuando se enteró de nuestra aflicción, precisamente en el momento en que alcanzábamos una felicidad semejante. «Queridos hijos míos», dijo, «que esto os enseñe que el hombre no conoce nunca el bien que Dios le otorga».

Tras estas palabras, la Virgen llegó corriendo con el cofre, se burló mucho de nosotros, vació las cenizas en un recipiente y llenó el cofre con otra sustancia, diciendo que ahora debía ir a engañar un poco más a los demás artistas, y que nosotros debíamos ejecutar mientras tanto lo que el Anciano nos encargara hacer, con el mismo celo que antes.

Nos dejó y se presentó en la séptima sala, convocando allí a nuestros compañeros. Ignoro el inicio de la operación que hizo con ellos, pues no sólo les fue prohibido hablarnos de ello, sino que, debido a nuestra tarea, no pudimos observar a través del suelo. Nuestro trabajo consistió en humidificar las cenizas con el agua que habíamos preparado, con el fin de obtener una fina pasta; después, poner este preparado en el fuego hasta alcanzar la temperatura correcta; a continuación, verterla caliente en dos pequeños moldes, o formas, y dejarlas enfriar un poco.

Una vez hecho, tuvimos la oportunidad de ver a nuestros compañeros a través de una hendidura del suelo. Estaban muy atareados alrededor de un horno, donde con gran diligencia cada uno debía avivar el fuego soplando por un tubo, y todos soplaban hasta casi perder el aliento; creían realmente que su suerte era mejor que la nuestra. Esto duró tanto tiempo que el Anciano nos convocó a trabajar, por lo que no puedo decir qué pasó a continuación.

Abrimos los moldes y vimos dos estatuillas casi traslúcidas, radiantes y de tal belleza que jamás ningún ojo humano había contemplado: un muchachito y una niñita, que tan sólo medían cuatro pulgadas. Lo que más me sorprendió, es que no estaban rígidos sino que eran tiernos y delicados, como cualquier ser humano; pero estaban privados de vida y tuve la convicción de que la estatua de Venus había sido hecha de la misma manera.

Comenzamos por acomodar estos dos niños, bellos como ángeles, en dos pequeños cojines de satén, después los contempla­mos durante bastante tiempo, tanto y tan bien que estábamos como deslumbrados por tal esplendor.

El Anciano nos volvió a la realidad y nos dio por tarea el introducir en las bocas de las estatuillas, gota a gota y sin parar, la sangre del pájaro recogida en la copa de oro. Como consecuencia de lo cual, crecieron a ojos vistas y, a medida que crecían, se hacían más hermosas. Todo artista que se hubiese encontrado allí, se habría avergonzado de su arte ante esta creación de la Naturaleza. Las estatuillas crecieron tan rápidamente que debimos retirarlas de los cojines para extender­las sobre una amplia mesa cubierta con terciopelo blanco.

El Anciano nos encargó ponerles un tafetán blanco, fino y doble, hasta el pecho, lo que hicimos con desgana a causa de su indecible belleza. En resumen, incluso antes de haber consumido toda la sangre de la forma descrita, ya alcanzaban  las justas proporciones de un adulto. Tenían los cabellos rizados, rubios como el oro y, comparada con ellos, la imagen de Venus que había visto antes, valía bien poco. Sin embargo, aún  no tenían ni calor ni sensibilidad naturales. Eran estatuas sin vida, pero con colores vivos y naturales. Temiendo el Anciano que creciesen demasiado, debimos dejar de alimentarlos. Entonces, recubrió su rostro con el mismo tafetán e hizo colocar antorchas alrededor de la mesa.

Aquí debo prevenir al lector para que en absoluto considere esas antorchas como indispensables, pues la intención del Anciano era impedirnos ver el descenso del Alma‑Espíri­tu en ellas. Y no lo hubiéramos notado, en efecto, si yo no hubiese visto ya antes las Llamas por dos veces. No desengañé a mis compañeros, e incluso el Anciano no supo que yo había visto algo más. Nos dijo que nos sentásemos en un banco delante de la mesa.

De repente, la Virgen apareció con los músicos y todos los objetos necesarios. Llevaba dos magníficos vestidos blancos como jamás antes había visto en el Castillo, que no sabría describir pues, me parecía que sólo podían ser de cristal puro, sin embargo, flexibles y opacos, de forma que no existen palabras para describirlos. Los depositó sobre una mesa y, tras haber hecho colocar a sus vírgenes en círculo, sentadas en bancos, se puso a ejecutar muchos pases de manos alrededor de la mesa con el Anciano, con el único objeto de desviar nuestra atención. Como ya he dicho la escena ocurría bajo el tejado que tenía una forma extraña. El interior estaba formado por siete semiesferas y la del centro, un poco más alta que las demás, tenía en su cima una pequeña abertura redonda, entonces cerrada, que ningún otro notó.

Tras múltiples ceremonias, entraron seis vírgenes, cada una de las cuales llevaba una larga trompeta, alrededor de la cual estaba enrollado un tejido verde luminiscente, como una corona. El Anciano cogió una y tras haber quitado algunas luces, descubrió el rostro de las dos formas humanas, luego colocó la extremidad en la boca de uno de los cuerpos de forma que la parte superior, y más ancha, de la trompeta fue a ajustarse en la abertura del techo de la que acabo de hablar. Mis compañeros miraban fijamente a las estatuas, ¡mientras que mis pensamientos se dirigían a otro lugar! Tan pronto como el adorno, o corona, que rodeaba la trompeta fue inflamado, vi abrirse la abertura de la bóveda y descender por la trompeta un vivo resplandor de fuego que penetró en el cuerpo sin vida. Tras lo cual la abertura se cerró y la trompeta fue retirada. Mis compañeros tuvieron la ilusión, debido a la forma en que ocurrió, de que la vida llegó al cuerpo gracias al fuego del adorno pues, apenas la estatua hubo recibido el Espíritu, abrió y después cerró los ojos, aunque casi sin moverse.

Por segunda vez, el Anciano, puso sobre su boca la extremi­dad de una trompeta, puso el fuego e hizo pasar el Espíritu por este canal. La operación se repitió por tres veces para cada una de las estatuas, después todas las luces fueron apagadas y sacadas. A continuación se extendió, de nuevo, sobre ellas el terciopelo que cubría la mesa, mientras que se desplegaba y preparaba inmediatamente un lecho de viaje. Se los llevó allí completamente envueltos, y les alojaron delicadamente uno junto al otro, después de haberles descubierto. Se corrieron las cortinas y durmieron durante bastante tiempo.

Llegado este momento, la Virgen se ocupó de ver cómo se comportaban los otros artistas. Estaban de buen humor, como me dijo ella más tarde, pues debían trabajar el oro, lo que es un significante aspecto del Arte, pero ciertamente no el más importante, ni el más necesario, ni el mejor. Retenían una porción de las cenizas, de manera que creían pura y simplemente que la razón de ser del pájaro era producir oro, y que por este medio se devolvería la vida a los cadáveres.

Durante este tiempo permanecimos sentados en silencio esperando que los esposos despertasen; lo que ocurrió a la media hora aproximadamente. De repente apareció el petulante Cupido quien, tras saludarnos, voló hacia ellos y tras la cortina les molestó hasta que se despertaron. Al despertar, se sorprendieron mucho pues pensaban que habían estado durmiendo desde el momento de su decapitación.

Tras haberles despertado de esta manera, y después de haberse reconocido mutuamente, Cupido les dejó con el fin de que pudiesen reponerse un poco más. Mientras tanto vino a jugar con nosotros y, finalmente, hubo que ir a buscar a los músicos y dejar que la alegría se manifestase.

Luego la Virgen, quien tras saludar humildemente al joven Rey y a la joven Reina (que se sentían todavía ligeramente débiles), les besó la mano y les ofreció los dos magníficos vestidos descritos anteriormente, con los que se cubrieron. Después de lo cual se mostraron.

Ya habían  sido erigidos dos espléndidos tronos. Se sentaron en ellos y les saludamos con extrema deferencia. El Rey nos lo agradeció, muy afable, y nos aseguró una vez más su merced.

Como eran las cinco, no podíamos retrasarnos más. Cuando los objetos más importantes fueron embarcados, fue preciso acompañar a la joven Pareja real hasta el barco, a través de la escalera de caracol y de todas las puertas y cuerpos de guardia. Subieron en él con algunas vírgenes y el pequeño Cupido, después se marcharon tan deprisa que desaparecieron rápidamente de nuestra vista. Dos majestuosos bajeles se dirigieron a su encuentro y, tal y como se me dijo, recorrieron varias millas en cuatro horas.

Después de las cinco, se encargó a los músicos que embarca­sen todo y se preparasen para el regreso. Como se retrasaron en realizar esta tarea, el Anciano hizo salir una parte de sus soldados, ocultos hasta entonces en el interior de la muralla de forma que no los habíamos visto. Me pareció entonces que la Torre estaba perfectamente equipada para su defensa.

Estos soldados hicieron que preparásemos rápidamente nuestros equipajes y tan sólo nos faltaba cenar. Cuando se sirvieron las mesas, la Virgen nos reunió con nuestros compañe­ros, ante los cuales debimos adoptar un aire compungido y contener la risa. A cada instante, se reían de nosotros, aunque algunos mostrasen alguna compasión. Durante la cena el Anciano se sentó entre nosotros mirándonos fijamente. Nadie pudo pronunciar un razonamiento, por inteligente que fuese, que no supiera refutar o rectificar, o desarrollar, aprovechando para darnos una buena y sabia lección. Junto a él he aprendido gran cantidad de cosas, y sería conveniente que cada uno se dirigiese a él y tomase sus lecciones a pecho; muchos devolverían entonces menos mal.

Al acabar la cena, nos hizo visitar sus habitaciones alojadas en los bastiones y llenas de objetos de arte. Allí vimos tantas maravillas de la naturaleza, y tantas copias de ésta, debidas al ingenio humano, que habíamos podido permanecer viéndolas durante un año. Permanecimos allí hasta bien entrada la noche, a la luz de nuestras lámparas.

Por fin, cuando el sueño venció la curiosidad de ver otras cosas, se nos condujo a la muralla, donde encontramos no sólo camas extremadamente confortables, sino dormitorios particular­mente suntuosos, lo que nos sorprendió por el contraste que suponía con lo poco con que habíamos tenido que contentarnos, bien o mal, la víspera.

En semejante dormitorio, saboreé un profundo sueño y como estaba tranquilo y fatigado por el incesante trabajo, el dulce murmullo del mar me sumergió en un sueño tranquilo y reconfortan­te, un sueño ininterrumpido que duró desde las once hasta las ocho de la mañana siguiente.

 

Séptimo Día

 

Apenas me hube despertado, a las ocho pasadas, me arreglé a toda prisa, pues deseaba estar de nuevo en la Torre. Pero los pasadizos en la muralla eran tan tenebrosos y numerosos, que anduve perdido bastante tiempo antes de encontrar una salida. Lo que les ocurrió también a los demás, pero al fin nos encontramos en la sala abovedada inferior, donde se nos proporcionó vestidos completamente amarillos, así como nuestros Toison de Oro. La Virgen nos explicó que éramos Caballeros de la Piedra de Oro, extremo que ignorábamos hasta entonces.

Una vez que hubimos acabado nuestros preparatorios y tomado el desayuno, el Anciano nos gratificó a cada uno con una moneda de oro. En una cara se leían estas palabras: AR.NAT.MI., (17), en la otra: TEM.NA.F.(18)

Después nos exhortó una vez más a que jamás obrásemos contra estas dos máximas, ni nos creyésemos superiores.

Tras lo cual, fuimos conducidos a la orilla del mar, donde nuestros bajeles esperaban tan suntuosamente engalanados , que si no se hubiesen llevado todas estas bellas cosas antes, tal engalanamiento no habría sido posible. Los barcos eran doce, seis para nosotros y seis para el Anciano. Este hizo ocupar los suyos únicamente con soldados bien armados, pero se vino en el que estábamos todos reunidos. En el primero se encontraban los músicos, de los que el Anciano disponía también de cierto número. Estos últimos nos precedieron para hacernos pasar el tiempo más rápido. Nuestros pabellones arbolaban los doce signos del zodíaco y el nuestro llevaba el signo de Libra. Entre otras cosas, teníamos también a bordo un espléndido y maravilloso reloj que marcaba los minutos. El mar estaba tan en calma, que la navega­ción fue particularmente agradable.

Pero lo que superó todo fueron las palabras del Anciano, que sabía acortar el tiempo con narraciones prodigiosas, tan bien que hubiese navegado con él toda la vida.

Sin embargo, navegábamos con una rapidez sorprendente, pues apenas habíamos viajado dos horas cuando el capitán anunciaba que divisaba el mar casi totalmente recubierto de navíos, por lo que llegamos a la conclusión que salían a recibirnos, y efectivamente así era. Cuando hubimos dejado el mar abierto y tomado el canal, del que ya hemos hablado, para entrar en la bahía, divisamos quinientos navíos, uno de los cuales destellaba reflejos de oro puro y piedras preciosas. A bordo del mismo se encontraban el Rey y la Reina con otros Señores, Damas y Doncellas de egregia cuna.

Tan pronto como estuvimos a su vista, se dispararon las salvas por una y otra parte, y el estruendo de las trompetas, tambores y címbalos fue tal que todos los bajeles oscilaron. Cuando se nos aproximaron, nos rodearon y lanzaron el ancla.

Entonces, en nombre del Rey, el Viejo Atlas avanzó y nos hizo una corta pero bella arenga en la que nos deseaba la bienvenida y quería saber si el Regalo Real estaba preparado.

Mis compañeros se preguntaban sorprendidos cómo había resucitado el Rey, persuadidos como estaban de que eran ellos quienes tenían que despertarle de nuevo a la vida. Les dejamos que siguieran sorprendidos y fingimos encontrar también el hecho muy extraño. Después del discurso de Atlas, nuestro anciano habló a su vez. Respondió de forma más particular, deseando al Rey y a la Reina dicha y prosperidad (19) y les ofreció un bello cofrecito. Ignoro lo que contenía, pero vi como fue entregado a Cupido que revoloteaba entre ellos dos.

Después de este discurso, se disparó de nuevo una salva de cañón, como signo de alegría y continuamos navegando juntos bastante tiempo, antes de llegar a la orilla, cerca del primer Pórtico por el que había entrado al principio. Una gran multitud de cortesanos esperaba allí, con algunos centenares de caballos.

Cuando atracamos y desembarcamos, el Rey y la Reina nos estrecharon la mano a todos muy amistosamente, después de lo cual montamos en los caballos.

Ruego ahora al lector que no atribuya lo que sigue a mi orgullo ni a mi deseo de vanagloriarme, sino que admita que si no fuera absolutamente necesario relatarlo, habría silenciado resueltamente el honor que me fue otorgado.

Todos fuimos repartidos entre los Señores, excepto el Anciano y yo, pobre indigno, debimos cabalgar al lado del Rey, llevando cada uno un estandarte blanco como la nieve marcado con una cruz roja. Desempeñaba este papel a causa de mi edad; en efecto, teníamos uno y otro una larga barba gris y cabellos grises. Además, yo había colocado mis insignias en mi sombrero, lo que el joven Rey notó enseguida. Me preguntó si era yo el que había comprado esas insignias en el Pórtico. Como afirmé muy humildemente, se rió de mí y añadió que en lo sucesivo no tenía necesidad alguna de comportarme ceremoniosamente con él, pues «yo era su padre». Después me preguntó con qué las había comprado y le respondí «con agua y sal». Completamente sorprendido, me preguntó quién me había hecho tan sabio. Lo que me dio una mayor confianza y le conté lo que había acontecido con mi pan, la paloma y el cuervo. Disfrutó con este relato y me dijo expresa­mente que en dicha circunstancia Dios me había concedido una gracia particular.

Llegamos en este momento al primer Pórtico en el que permanecía el guardián vestido de azul. Este llevaba en la mano una petición. Cuando me vio junto al Rey, me la tendió con el humilde ruego de que me acordara de la lealtad que me había testimoniado y le favoreciera ante su Majestad. Entonces pregunté al Rey sobre este guardián. Me respondió con benevolencia, que era un célebre y eminente astrólogo, que había gozado de gran renombre ante su Señor y Padre. Pero que habiendo afrentado un día a Venus, al haberla contemplado en su lecho, había sido castigado a guardar la primera puerta, hasta el momento en que alguien le liberase de esta carga. Entonces pregunté si era posible que fuese liberado. «Sí», dio el Rey, «si se encuentra a alguien que haya pecado tan gravemente como él, este último ocupará su lugar y él será libre.»

Dichas palabras me turbaron profundamente pues mi corazón me decía que yo era culpable de la misma falta; sin embargo no dije nada, y tendí la petición al Rey. Apenas la hubo leído, se sobresaltó hasta tal punto que la Reina, que cabalgaba tras nosotros con nuestras vírgenes y la otra Reina de la que he hablado con ocasión del colgado de las pesas, lo notó y le preguntó el significado de la carta. Pero no quiso responder nada, guardó la carta y comenzó a hablar de otras cosas, hasta el momento en que, a las tres en punto, llegó al Castillo.

Habiendo descabalgado, acompañamos al Rey a la famosa sala, después éste llamó inmediatamente al Viejo Atlas, con el que se retiró a un gabinete particular, y le mostró la carta. Atlas, sin dilación, regresó a caballo hacia el portero para obtener explicaciones sobre este asunto. A continuación el Rey se sentó en compañía de su esposa y los demás Señores, Señoras y Donce­llas. Nuestra Virgen se puso entonces a alabar mucho el celo, la aplicación y el trabajo de que habíamos hecho gala, y pidió que se nos recompensara de manera real y que ella fuese mantenida en sus funciones.

Después el anciano se levantó, afirmó que todo lo que había dicho la Virgen era exacto y que, por tanto, sería justo que se nos satisfaciera en los dos puntos. Debimos retirarnos un instante. Entonces decidieron que cada uno formulara un deseo, que le sería concedido; en efecto, no se dudaba que el más sabio formularía el mejor deseo y, por ello, deberíamos reflexionar hasta después de cenar.

Entretanto, el Rey y la Reina, para entretenerse, habían iniciado un juego que se parecía al ajedrez, pero cuyas reglas eran distintas. En este juego, los vicios se oponían a las virtudes; así se podía ver claramente de qué manera los vicios tendían trampas a las virtudes y cómo evitarlas. El desarrollo del juego tenía tanto sentido y era tan delicado que sería deseable que poseyésemos un juego semejante.

Durante este tiempo, regresó Atlas e informó en secreto. El sudor inundó todo mi cuerpo, pues mi conciencia no me dejaba tranquilo. Entonces el Rey me hizo leer la petición, cuyo contenido era más o menos el siguiente:

Para comenzar, deseaba al Rey dicha y prosperidad y que su descendencia fuese numerosa. A continuación, hacía saber que hoy era el día en que debía ser liberado, según la promesa real. Pues Venus había sido dejada al desnudo, una vez más, por uno de sus huéspedes; a este respecto sus observaciones no podían engañarle. Si su Majestad Real procedía a una investigación minuciosa y paciente, confirmaría la verdad de sus descubrimien­tos; pero si no fuese así estaba dispuesto a permanecer durante toda su vida en el Pórtico. Por lo cual, pedía humildemente que se le permitiese asistir al banquete, por su cuenta y riesgo, pues esperaba descubrir en él al culpable y obtener la libertad anhelada.

Todo ello estaba expuesto extensamente, con términos escogidos que me permitían asegurar la habilidad de su autor. No obstante, recibí una fuerte impresión y deseaba no haberla vista jamás. Sin embargo, reflexioné en la posibilidad de ayudar al portero con mi deseo. Pregunté, por tanto, al Rey si podía liberársele por otro medio. «No», respondió, «pues este asunto es verdaderamente muy particular; pero podemos, sin embargo, acceder a su deseo de asistir a la cena.» Así pues, envió alguien a buscarle.

Durante este tiempo, las mesas habían sido dispuestas en una sala en la que nunca habíamos estado todavía, la cual estaba decorada tan perfectamente que me es imposible decir nada al respecto. Se nos introdujo en la misma con un ceremonial y una pompa muy particulares.

Pero esta vez Cupido no estaba con nosotros, estaba, me dijo, algo irritado por la afrenta que se hizo a su madre. Para decirlo todo, lo que yo había hecho y la petición transmitida suscitaba la tristeza general. Para el Rey, era delicado someter a sus huéspedes a una investigación, sobre todo porque los que aún ignoraban el asunto, lo conocerían. Por consiguiente, encargó al portero, que había llegado en ese momento, que mantuviese una atenta vigilancia, y se comportó tan alegremente como pudo.

Finalmente se recobró la animación y se intercambiaron toda clase de temas agradables y escogidos. Es inútil relatar aquí de qué manera fuimos tratados y las ceremonias que tuvieron lugar, pues no sería de ninguna utilidad para el lector y no serviría en nada a mi intención. Todo era abundante y testimoniaba más del Arte y del talento humano que del deseo de darnos muchas bebidas. Fue verdaderamente la última y más suntuosa comida a la que asistí.

Tras el festín, se retiraron rápidamente las mesas y se colocó en círculo un cierto número de magníficos sillones, en los que nos sentamos con el Rey y la Reina, los dos Ancianos, las Damas y Doncellas de la  corte.

Después un hermoso adolescente abrió el magnífico libro del que ya he hablado (20). Entonces Atlas se colocó en medio de nosotros y habló así:

«Su Majestad Real no ha olvidado lo que habéis hecho para El y con que celo habéis cumplido vuestra tarea. Por ello, en recompensa, os hace a todos Caballeros de la Piedra de Oro. Por consiguiente, es indispensable que hoy, no tan sólo juréis fidelidad a Su Majestad Real sino que os comprometáis mediante juramento, a observar los artículos siguientes, con el fin de que su Majestad Real sepa cómo debe comportarse respecto a sus aliados.»

Después de lo cual, Atlas hizo que el adolescente leyera los artículos siguientes:

 

I. Señores Caballeros, jurad que no reconoceréis como fundamento de vuestra Orden a ningún demonio o espíritu, sino siempre al único Dios, vuestro Creador y a su Servidora, la Naturaleza.

 

II. Que repudiaréis cualquier idolatría, impudicia e impureza y no mancharéis jamás vuestra Orden con semejantes vicios.

 

III. Que ayudaréis con vuestros dones a los que los necesiten y sean dignos de ellos.

 

IV. Que no emplearéis este honor para adquirir gloria y celebridad en el mundo.

 

V. Que no querréis vivir más tiempo que el que Dios quiera.

 

Este último artículo nos hizo reír largamente y sin duda lo pusieron para eso.

Fuera como fuese, debimos prestar juramento sobre el Cetro del Rey. Entonces fuimos consagrados Caballeros con la Solemnidad en uno y, entre otros privilegios, se nos dio poder sobre la Ignorancia, la Pobreza y la Enfermedad, con el fin de que dispusiéramos de ellas como buenamente nos pareciera. Esto fue confirmado a continuación en una pequeña capilla, hacia donde se nos condujo a todos juntos en cortejo, y en la que dimos gracias a Dios. Yo colgué entonces, en homenaje a Dios, mi sombrero y mi Toisón de Oro, que dejé allí, en conmemoración eterna. Y como cada uno debía escribir su nombre, tracé las siguientes palabras:

 

 

Summa scientia nihil scire.

Fr. Christianus Rosencreutz,

Eques auei Lapidis,

Anno 1459. (21)

 

 

 

(ver texto del libro)

 

La Ley de la Orden de los Caballeros de la Piedra de Oro.

 

 

Los demás escribieron otras cosas, cada uno de acuerdo con lo que juzgaba acertado. A continuación fuimos conducidos de nuevo a la sala donde fuimos invitados a sentarnos, mientras se nos recomendaba reflexionar rápidamente sobre el deseo que queríamos formular. El Rey se había retirado con los Suyos al gabinete particular. Cada uno fue llamado por turno, así que desconozco las peticiones de mis compañeros. Por lo que me concierne, pensaba que, por amor a mi Orden, nada sería más loable que demostrar una virtud digna de elogio. Me pareció también que nada era tan meritorio, ni más difícil para mí, que el agradecimiento. Por ello, aunque hubiese preferido otra cosa, me dominé y resolví liberar al guardián del Pórtico, mi benefac­tor, a pesar del riesgo que corría.

Cuando fui llamado, se me preguntó si, yo que había leído la petición, no había notado o sospechado  nada en relación al culpable. Entonces, sin turbarme, comencé a contar todo lo que había pasado y cómo, por ignorancia, había llegado hasta el lecho de Venus; y  me ofrecí a todos para soportar las consecuencias de mi acto. El Rey y los demás Señores se sorprendieron mucho por esta inesperada confesión y me pidieron que me retirase un instante.

Se me volvió a llamar y Atlas me explicó que, a pesar de la pena de Su Majestad Real por la desdicha que acontecía a su huésped preferido, no le era posible derogar la antigua costum­bre; que no podía borrar mi deuda de otra forma que liberando al portero y ocupando yo su lugar. Esperaba que otro haría pronto un acto reprensible para que yo pudiera regresar a la casa. Sin embargo, no podía contar con ser liberado antes de la celebración de las Bodas de Su futuro Hijo.

Creí morir cuando escuchaba este veredicto y comencé por maldecirme y maldecir mi lengua charlatana por no haber sabido callarse. Finalmente recobre el valor y, resignado a lo inevita­ble, conté como este portero me había dado una insignia y recomendado al otro guardián. Gracias a su ayuda había triunfado en la prueba de la balanza y acabado por participar en todos los honores y alegrías recibidos. Por ello, era mi deber mostrarme agradecido a mi bienhechor y, como no podía actuar de otra manera, agradecía el veredicto y aceptaba gustoso forzarme en hacer algo en favor de quien me había permitido alcanzar tan alta dignidad. No obstante, si podía pedir un deseo, desearía regresar a mi casa, de forma que este hombre sería liberado por mí y yo por mi deseo.

Se me respondió que este deseo no era realizable, sino habría podido también liberarle con desearlo. Su Majestad Real estaba satisfecho de ver que me acomodaba tan bien a las circunstancias, temiendo que no me diese cuenta de la miserable situación en la que me había puesto mi curiosidad.

Después de lo cual, el buen hombre fue liberado y yo debí retirarme entristecido. Después fueron llamados los demás; salieron todos muy contentos, lo que me entristeció más, pues pensaba verdaderamente debería permanecer en el Pórtico hasta la muerte.

Me atormentaba el saber qué haría y cómo pasaría el tiempo en él. Por fin, pensé que era demasiado viejo y que lógicamente no me quedaba más que unos pocos años de vida. Esta pena y una vida tan triste me llevarían rápidamente a la tumba y pondrían fin a mi trabajo de portero; podría también conducirme rápidamen­te al cementerio durmiendo beáticamente. Me venían, con profu­sión, muchos pensamientos de este tipo. Tan pronto me entristecía por haber contemplado cosas tan admirables y estar en lo sucesivo privado de ellas, como me alegraba por haber sido llamado, antes de mi muerte, a tanta alegría y haber sido dispensado de una salida infamante. Este fue la última tribulación que debía sufrir, la más fuerte y dolorosa.

Mientras estaba inmerso en estos pensamientos, los demás estaban preparados y, tras haber deseado las buenas noches al Rey y a los Señores, fueron conducidos a sus habitacio­nes.

En cuanto a mi, pobre miserable, no había nadie para mostrarme el camino y debí además sufrir otras burlas; y para que no me quedara ninguna duda de mi futura tarea, me pusieron en el dedo el anillo que llevaba mi predecesor.

Finalmente, el Rey me advirtió que le veía ahora por última vez en su forma actual, y que debía conducirme de acuerdo a mi misión y no en contra de mi Orden. Después, me tomó en Sus brazos y me abrazó, con lo que saque la conclusión de que mañana por la mañana me encontraría en mi pórtico.

Sin embargo, cuando todos me hubieron dirigido algunas palabras amistosas y tendido la mano, recomendándome a la Protección de Dios, fui conducido por los dos Ancianos, el Anciano de la Torre y Atlas, a una habitación magnífica en la que se encontraban tres lechos sobre los que nos acostamos. Pasamos aún casi dos … (Aquí faltan dos hojas in quarto). Y cuando creía que sería el guardián del Pórtico, a la mañana siguiente, él, el autor de este escrito, regresó a su patria).

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marca tipográfica de Conrad Scher, Impresor de la primera edición de las Bodas Alquímicas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ANÁLISIS ESOTÉRICO

 

DE LAS

 

BODAS ALQUÍMICAS

 

DE

CRISTIAN ROSACRUZ

 

SEGUNDA PARTE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TERCER DÍA

 

DE LAS BODAS ALQUÍMICAS DE

 

CRISTIAN ROSACRUZ

 

 

(CONTINUACIÓN)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más tarde, el paje refirió esto a la Virgen, quien me regañó varias veces al respecto; en efecto, ya era la hora de la cena y me había entretenido tanto en el globo que llegué a la mesa casi el último. Me apresuré pues a volverme a poner mis vestidu­ras, que antes me había quitado, y me encaminé hacia la mesa. Los servidores me acogieron con tantas reverencias y signos de respeto que, completamente confuso, no me atrevía a levantar los ojos. Razón por la que, sin darme cuenta, pasé al lado de la Virgen que me esperaba; enseguida se dio cuenta de mi turbación, me tomó por el vestido y me condujo a la mesa. Me disculpo por no hablar ahora de la música y de otras maravillas pero, no sólo me faltan las palabras para describirlas como convendría, sino que no sabría agregar nada a las alabanzas que de ellas hice antes. En resumen, no había allí sino el producto del más sublime arte.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

 

NECESIDAD DE LA PURIFICACIÓN ASTRAL

 

En épocas remotas hubo un tiempo en el que los grandes guías espirituales de la humanidad, unidos en la Fraternidad Universal, hicieron todo lo posible para ayudar al hombre dialéctico a perfeccionar su cuerpo material. Es preciso empezar por experi­mentar y soportar el campo de vida dialéctico en su totalidad, comenzar por descubrir los límites de nuestro orden de emergencia en toda su amplitud, ya que bebemos de la copa de la vida con un organismo perfectamente acorde con este orden de emergencia.

¡Poseemos un cuerpo material! Como individuos, como hombres que viven en sociedad, comprobamos y experimentamos la vida, en la medida en que es posible y necesario en este campo de existencia. Y como actualmente casi hemos vaciado  completamente la copa de la vida, aparecen tres posibilidades de reacción:

‑ una reacción psíquica que inspira el deseo de cambiar, de mejorar, de perfeccionar la vida material;

‑ una reacción psíquica que lleva a renunciar a la vida material, para elevarse hacia otro estado de  vida;

‑ o la combinación notable y a menudo completa de estos dos reflejos psíquicos, en consecuencia, aspiraciones naturales muy poderosas junto con un inmenso deseo de liberación; muchos de nosotros conocen bien estos dos estados de ser.

En nuestro campo de vida, tres grupos de hombres con mayor o menor aspiración, se distinguen claramente.

El primer grupo está totalmente dirigido por aspiraciones materiales y humanas en la línea horizontal. Se proponen contribuir al progreso del mundo y de la humanidad, en los planos cultural, social y humanitarista, ideal que, ciertamente, no podemos ni debemos criticar. Ya que, si bien en el sentido gnóstico, tal progreso es imposible, la purificación y el descubrimiento del yo, que van a la par con altas aspiraciones terrestres, son siempre importantes y necesarias. Desde un punto de vista realista, ciertamente numerosos aspectos del campo de vida material son susceptibles de mejorar. Intentarlo es útil, importante y necesario.

El segundo grupo comprende a los hombres que, habiendo dicho adiós al mundo, lo abandonan completamente. En consecuencia, trazan una línea de demarcación estricta entre los dos campos de existencia: el de este mundo y el del Espíritu, considerando imposible todo compromiso, toda fusión entre los dos. Cada cierto tiempo, este segundo grupo aparece en la historia del mundo, a veces son gnósticos, otras fanáticos, pero siempre extremistas. Piense, por ejemplo, en las diferentes sectas actuales o de un próximo pasado, en la vida de los claustros y en el movimiento de los Maniqueos, tan revelador desde este punto de vista.

El tercer grupo sigue la vía del término medio. Puesto que el Reino de Dios no es de este mundo y la carne y la sangre no pueden heredar el Reino, estos hombres comprenden claramente que la vida material no está desprovista de sentido, y saben que es aquí abajo donde existe la posibilidad fundamental de la gran transformación, de la transfiguración, del renacimiento de Agua y de Espíritu. Por ello, la Gnosis, infaliblemente, se manifiesta en la vida material, utiliza vías y medios materiales, y tiende a permanecer entre los humanos.

Sin querer extendernos en esas tres reacciones psíquicas, planteamos la siguiente pregunta: «¿De dónde proceden las motivaciones psicológicas que determinan completamente al hombre?»

Naturalmente, conocemos la respuesta: «Del cuerpo del deseo, del cuerpo astral, del subconsciente, de la esfera de los deseos, de la vida afectiva, nuestra psique. ¡De estos estados de ser que dependen de la herencia e influencias kármicas!» Todo ello nos es bien conocido. A cada instante nos damos cuenta, una vez más, de la forma en que actúan nuestras tendencias y nuestros deseos.

Pero, ¿conoce bien su propio cuerpo del deseo, su cuerpo astral? ¿Lo conoce tanto como su cuerpo físico?

Podemos afirmar que no conoce nada de su cuerpo astral, absolutamente nada, literal y físicamente; que está aún en los rudimentos en cuanto a la forma de dominar ese cuerpo, para conducirlo y dirigirlo.

No queremos ofenderle con nuestra afirmación. Tan sólo exponemos un hecho de gran importancia. Y que se necesita aprender a conocer y dominar el cuerpo astral, así como el físico. Incluso debe tenerse el mismo cuidado con el cuerpo astral que con el físico. Por esto, la Fraternidad Universal atrae expresamente nuestra atención sobre este punto.

Por la mañana nos lavamos, vestimos; aseamos nuestros cabellos, uñas, dientes. Acto seguido, nos reponemos con alimento y bebida. Sabemos lo que precisa nuestro cuerpo; le damos reposo a horas fijas. Si sentimos dolor, tomamos medidas para calmarlo. ¿Qué no hacemos respecto a los cuidados corporales y al cultivo del cuerpo? A veces alcanza lo absurdo.

Pero, ¿qué cuidados proporciona diariamente a su cuerpo astral? Incluso la idea le parece rara. No se le ocurriría manchar con lodo o inmundicias su cuerpo, objeto de tantos cuidados. Esto tan sólo lo hace el perrito, que a veces encuentra placer en ello. ¿Por qué? Porque el animalito no es siempre consciente de su cuerpo; ya que sólo es poseedor de una conciencia parcial.

Pero ¿sabía usted que, con respecto a nuestro cuerpo astral, actuamos igual que el perrito? Cuando su perro entra enlodado, lo advierte inmediatamente y lo baña. Pero cuando usted entra en algún lugar con su cuerpo astral cubierto de lodo, nadie lo advierte, ¡ni siquiera usted! Sí … tal vez después, a menudo cuando es demasiado tarde.

He ahí lo peligroso. Está cuidándose las uñas para aparecer limpio y aseado y tal vez en ese mismo instante, cae sobre su cuerpo astral una  carretada de basura. ¡Sólo más tarde se da cuenta! Debe reflexionar sobre esto, ya que la suciedad astral corrompe los cuatro cuerpos de la personalidad. Tanto el cuerpo físico como el cuerpo etérico y el cuerpo mental, participan de las miserias del cuerpo astral. Cuando sus hijos vuelven sucios de jugar y les riñe, tal vez no tenga usted un aspecto mucho más limpio, en ese preciso instante, visto desde el astral.

¿Comprende el grave problema que plantea su ignorancia en esta materia? ¡Este es el problema de toda la humani­dad! ¡Por esto se habla tanto actualmente de psique, de ayuda psicológica y de psiquiatras. Y por lo que se desea pasar por tests y exámenes psicológicos. Puede que la palabra «psique» no le diga nada. Sin embargo, esta palabra designa todo lo que se esconde detrás de lo visible, todo lo que se encuentra por debajo del plano de conciencia.

Aquí aparece un nuevo peligro, ya que ha germinado en el cerebro de una multitud de especuladores y de criminales, un gran número de métodos, llamados psicológicos que, en nuestros días, hacen estragos entre los hombres bajo la máscara de la ciencia.

Digamos que, todo lo que teme en su vida, todos sus disgustos, todas sus miserias y tensiones, todo lo que hace y no hace, tienen por causa la falta de conocimiento y de control de su cuerpo astral.

Suponga que alguien comete un acto disparatado e insensato, que provoca grandes dificultades y, acto seguido, sea conducido hacia un psiquiatra. Este último intentará determinar los motivos iniciales de este acto demencial. En cuanto los conozca, intentará transmitir a la psique motivaciones diferentes, inversas y borrar las consecuencias del acto demencial por medio de «shocks», en el caso de que sea posible. Si no lo logra, el enfermo puede causar mucho daño a otros por su conducta, romper el corazón de sus amigos y separarse de sus hermanos humanos.

Razón por la cual una Escuela Espiritual gnóstica aplica una psicoterapia muy diferente de lo que comúnmente se designa  bajo este término. Esta obra ha sido escrita para aclararle todas estas cosas y unirle a Ella, gracias al mensaje que nos transmite Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz.

La tarea de la Escuela Espiritual es ayudarle a adquirir el control de su propio cuerpo astral, en sentido liberador y, en consecuencia, de ofrecerle la pura dicha, la felicidad inexpresa­ble que supone la verdadera curación de todo lo que conlleva sufrimiento, enfermedad y muerte. Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz trazan el camino completo que lleva a esa felicidad inalterable, el camino de la liberación, que se recorre me­diante la práctica de la imitación de Jesucristo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante la cena contamos nuestras ocupaciones de la tarde -sin que yo dijera nada de nuestra visita a la biblioteca y a los monumentos- y cuando el vino nos tornó comunicativos, la Virgen nos dijo:

            «Nobles Señores, en estos momentos estoy en desacuerdo con una de mis hermanas. Tenemos un águila en nuestros apartamentos y la cuidamos con tanto celo, que cada una de las dos querría ser su preferida, lo que nos produce muchas discusiones. Para zanjar el asunto, un día, decidimos ir a verla las dos juntas y convinimos que pertenecería a aquella a quien mostrara mayor amabilidad. Cuando realizamos el proyecto llevaba, según mi costumbre, un ramo de laurel en las manos, mientras que mi hermana no llevaba ninguno. Una vez que el águila nos vio, tendió a mi hermana el ramo que tenía en el pico y, a cambio, me pidió el mío que le di. Las dos dedujimos que cada cual era la preferida. ¿Qué debemos hacer ahora?

            La prudencia con la que la Virgen planteó esta pregunta nos complació grandemente a todos. Y todos hubiésemos deseado encontrar la respuesta. No obstante, como las miradas de muchos se dirigieron hacia mí, deseando que fuera el primero en manifestar mi parecer, mi espíritu se turbó de tal manera que no pude responder sino planteando a su vez el mismo problema de una manera diferente. Así pues, dije:

            «Noble Señora, gustosamente respondería si no tuviera una cierta inquietud. Yo tenía dos amigos profundamente apegados a mí, pero como ignoraban a cual de los dos otorgaba mi preferen­cia, decidieron acercárseme corriendo con la convicción de que aquel a quien yo acogiera primero, tendría mi predilección. Sin embargo, como uno no podía seguir al otro, se quedó atrás lamentándose. A quien llegó el primero, le recibí con sorpresa. Cuando me explicaron la finalidad de su carrera, no pude decidirme a dar una solución a su problema y debí postergar mi decisión, hasta que yo mismo tuviera claros mis propios senti­mientos»/»y al no poder tomar una decisión, la dejé pendiente con la esperanza de hallar un buen consejo.»

            La Virgen se sorprendió con mi respuesta y comprendió mi intención. Respondió: «¡Vaya! estamos en paz, pediré a los demás la solución.»

                                                                       Las Bodas Alquímicas de C.R.C.      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

LAS DIEZ ANÉCDOTAS

 

Hemos demostrado, o por lo menos así lo creemos, lo necesario que es aprender a conocer y a dominar el propio cuerpo astral.

Para conseguir tan considerable e importante tarea, se necesita, como primera exigencia, unas cualidades de alma y un aprendizaje: nuevas cualidades de alma, desarrolladas por la Rosa del Corazón, que influyen en la sangre y en el fluido nervioso; un aprendizaje extremadamente serio, demostrable por actos.

Las nuevas cualidades de alma también se manifiestan por una higiene mental, una vida mental nueva y purificada. Por medio de los pensamientos, tenemos acceso a nuestro cuerpo astral y lo hacemos actuar. Cada pensamiento desencadena inmediatamente una actividad astral, en completo acuerdo con la naturaleza, la calidad, el contenido y la fuerza del pensamiento. La naturaleza de nuestro mental, es de gran importancia para la calidad y la conservación de toda nuestra personalidad.

Pero lo más importante es la higiene mental, es la organiza­ción psíquica y física del cuerpo astral. Es preciso que el alumno sepa lo que puede y debe de hacer al respecto. Pues el cuerpo astral emite éteres que contribuyen a la edificación y al mantenimiento del cuerpo físico.

Las nuevas cualidades de alma, en tanto que fuerza y perfume de la rosa, vuel­ven al cuerpo físico receptivo a las impresiones e influencias astrales más elevadas, que transcienden la naturaleza. Este estado de ser protege también contra las influencias inferiores. En efecto, cuanto más finas son las vibraciones del cuerpo, más elevadas son; y, por tanto, las influencias inferiores tienen dificultad en penetrar en el alumno.

Además, el aprendizaje serio asegura al candidato una unión armoniosa con la parte astral del Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual. Y las agresiones a las que, por su debilidad, el candidato difícilmente resiste, son fácilmente superadas en la fuerza del Cuerpo Vivo.

Así pues, lo verdaderamente importante para quien tiende hacia una renovación de la vida, en el sentido de las Bodas Alquímicas, es que debe adoptar un comportamiento del cuerpo astral consciente y puro, vigilando al mismo tiempo la buena orientación del cuerpo físico. Si falta ese comportamiento astral práctico o se está realizando sólo parcialmente, no hay celebra­ción de las Bodas Alquímicas. El alumno se estanca en un punto determinado del camino, sin avanzar ni un milímetro. Encuentra las mismas dificultades que la Pistis Sophia, que se esfuerza por hacer su aprendizaje  correctamente pero que, sin cesar, es derribada por las fuerzas de los eones, es decir, por las numerosas y distintas influencias contrarias que actúan en el cuerpo astral, y cuya víctima es la cuádruple personalidad.

Las Bodas Alquímicas, a las que el candidato aspira, implican el establecimiento de una unión de naturaleza triple. El alma renacida, la personalidad cuádruple y el Espíritu, deben llegar a la unidad perfecta en el campo microcósmico.

 

Volvamos al Tercer Día de las Bodas Alquímicas. Recordamos al lector que, en la primera parte, hemos mencionado y explicado aspectos muy importantes de la preparación que es necesaria para la unión del Espíritu, del Alma y del cuerpo. En la fase de las Bodas Alquímicas que inicia la segunda parte, el candidato ya ha dado pruebas de que:

1. el nacimiento del alma ha tenido lugar en él,

2. ha adquirido suficiente receptividad para comprender la Llamada a la Vida nueva, que emana de la Gnosis Universal, y reacciona positivamente, y en consecuencia,

3. está preparado para sacrificarse por amor al camino de la liberación;

4. prácticamente quiere ir al descubrimiento del Templo de la Iniciación ; y

5. ha superado la prueba de las siete pesas.

Entonces, al Tercer Día, tiene lugar la entrada en el Templo de la Iniciación y se adquiere el conocimiento perfecto de su estructura y de su finalidad, tal como lo hemos descrito al final de la primera parte.

El particular estado astral del candidato, del trabajador, está en interacción con el Foco astral de la Fraternidad llamado el «Globo» en las Bodas Alquímicas, y reacciona siempre con precisión al estado real de la tierra; así pues, ese estado astral asigna exactamente al candidato su sitio en el Trabajo. En los grandes talleres de actividad astral de la Fraternidad, los trabajadores que se han vuelto dignos pueden, tal como dijimos, estudiar minuciosamente el Trabajo en su conjunto y la tarea particular que les es confiada.

Para ese estudio, y de acuerdo con las orientaciones de cada uno sobre el camino, todos participan regularmente en la simbólica sagrada Cena. El conjunto de los problemas que surgen, son considerados y debatidos. En Las Bodas Alquímicas, durante el transcurso de tal Cena, se dan diez lecciones al candidato invitado a participar en el Tercer Día, como Cristian Rosacruz. Se presentan bajo forma de anécdotas cortas o enigmas, que animan aparentemente la conversación.

Por ejemplo, la historia de las dos hermanas y del águila, y la pregunta sobre cuál de las dos es la preferida del ave. Una de las hermanas lleva una rama de laurel en la mano, la segunda no. Vemos que el águila da la rama de laurel que tiene en el pico a la segunda, y muestra el deseo de recibir, y recibe, la rama de la primera, tras lo cual, cada una de las dos hermanas cree ser la preferida.

Para comprender este problema, debe recordarse lo que hemos dicho sobre al águila. El Águila es el símbolo del nuevo estado de vida, cuyo fundamento absoluto es el Alma; también simboliza la atmósfera de vida indispensable para el Alma, el Alma‑Espíri­tu, en la que puede elevarse hasta las más sublimes alturas. Las dos hermanas del relato se entregan totalmente al Águila, al Alma‑Espíritu. Una y otra aman de todo corazón el nuevo estado de vida. Pero surge la tan usual pregunta, el problema psicológi­co, con que se encuentran un día todos los alumnos: «¿Amo suficientemente al Alma?». Mi auto‑ofrenda al Alma ¿es total?. La nueva fuerza del Alma ¿puede actuar y manifestarse en mí? ¿Estoy en la buena vía? En el punto en el que me encuentro ¿qué comportamiento es el mejor y el más eficaz?»

Veamos ahora lo que sucede en el relato. La rama de laurel es el símbolo de la esperanza, la esperanza interior infalible, el símbolo de la vida continuamente orientada, de la fuerza y de la curación. Las Fraternidades de la antigua Gnosis, también veneraban mucho el laurel y utilizaban frecuentemente ramas en sus Templos en el transcurso de los Servicios. Aún hoy, podemos encontrarlo en la entrada de la antigua gruta de la Iniciación, la gruta de Belén en Ussat. (22)

Volviendo al relato: el Águila, poderoso símbolo de la unión establecida entre el Alma y el Espíritu, recibe una rama de laurel de una de las dos hermanas:  los más ardientes deseos de ésta van hacia el Alma viviente, al Alma‑Espíritu, al Águila. Y el Águila acepta su amor. Pero al mismo tiempo dona la rama, la esperanza, a la que todavía no la tiene. La intención  es colocar a quien estudia Las Bodas Alquímicas, ante el hecho constante de que el Amor divino, que debe llegar a ser una realidad en el Hombre verdadero, es ofrecido a toda criatura, irradiando sobre buenos y malos, sin distinción alguna.

El Amor divino está en todo y en todos. Es indivisible. Para El no existe ni más ni menos. Así pues, el hombre realmente renacido según el Alma, puede vivir de esta Ley maravillosa. Asimismo, la radiación de Amor del Alma se dirige a todos, en perfecta igualdad. No podría ser de otro modo. Con una esperanza infalible, va hacia todos los que precisan ayuda; hacia quienes buscan; hacia los que están perdidos y heridos; y también hacia quienes se oponen aún totalmente a su exigencia regeneradora. El Alma no pone jamás límites a su Amor, a su servicio de Amor. Persevera en su fidelidad por toda la eternidad.

Si se medita sobre estas cosas, ya no se confunde el Amor divino, que se expande en todo y en todos, con la afabilidad virtuosa y poco lógica desplegada por ciertas personas, en ciertos medios; actitud superficial, e inútil, y por tanto perniciosa. El Amor divino, que el Hombre‑Alma verdadero lleva a todos, con una radiación igual para todos, ayuda o sanciona, edifica o aniquila. Da a cada uno lo que precisa, comportándose de forma totalmente impersonal. No tiene ninguna intención egocéntrica.

Después de estas consideraciones sobre el Amor divino, quisiéramos mostrarle, respecto a la historia del Águila, que la primera condición para adquirir el dominio del yo astral, es obtener la completa uniformidad de las vibraciones de su cuerpo astral. Cuando ha alcanzado este equilibrio absoluto, la puerta de las Bodas Alquímica se abren de par en par ante usted. Tiene ciertamente la posibilidad. El cuerpo astral tiene la aptitud. Para mostrárselo mejor, le recordamos que el cuerpo astral, o cuerpo del deseo, posee tres poderes: atracción, repulsión e igualdad. Este tercer poder, la igualdad (no confundir con neutralidad o indiferencia) es una radiación dinámica, igual, objetiva, impersonal, inmutable, dirigida con uniformidad absoluta a toda criatura de Dios. Cuando su alma en crecimiento llega a ese estado, ya no hay lugar para la agitación de las pasiones y los violentos movimientos emotivos, con todas sus consecuencias. Permanece entonces, como candelabro luminoso, en el gran Templo de Dios.

Cuando la serenidad de la Luz astral no está aún en su posesión, su emotividad astral reviste tres aspectos. Está en continua lucha contra sí mismo y lo que está fuera de sí mismo. Busca y atrae lo que desea con fuerza. Rechaza, por tanto combate, lo que le contradice y desagrada. Permanece indiferente hacia todo lo que no le interesa, lo que no ama, todo lo que internamente le es hostil. Entonces toda su personalidad se disgrega en el torbellino incesante de sus sensaciones y de las influencias recibidas.

Si, fortificado por el Alma, se eleva hasta la igualdad de la que acabamos de hablar, hasta el equilibrio de las vibraciones astrales, de forma natural atraerá, así pues recibirá, lo que es bueno, pero sin emotividad. Y lo que no es bueno no podrá penetrar en usted. No malgastará la mínima parcela de energía en las cosas que no lo precisen o no valgan la pena, sea cual sea el lazo que tenga con ellas.

Mediante el equilibrio astral, dará testimonio de un comportamiento en perfecta concordancia con el Sermón de la Montaña. Amará a los que le odian. No resistirá a los malos y bendecirá a los que le maldicen. Y esto, no de forma personal y egocéntrica (la personalidad egocéntrica es incapaz de comportar­se según el Sermón de la Montaña), sino gracias a las cualidades y a la nobleza del Alma.

 

La segunda anécdota de Cristian Rosacruz, que es una respuesta a la primera, y otras muchas de las diez, nos parecen ahora evidentes. Las preguntas inextricables de la dialéctica, que se presentan sin cesar, como por ejemplo: ¿quién se beneficia más o menos de su simpatía? ¿Quién tiene más o menos derecho? ¿Qué hacer o no hacer? Todo esto desaparece totalmente, una vez alcanzado el equilibrio astral, debido a que el Alma no se plantea jamás esta problemática.

Algunas preguntas, no obstante, permanecen; como, por ejemplo, la de la asociación de por vida de dos seres humanos. Examinemos si los demás relatos nos aclaran este punto, y qué consejos nos dan respecto al dominio total del cuerpo astral que se precisa adquirir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero mi historia les había instruido y quien me sucedió habló así: «Recientemente, en mi ciudad, fue condenada a muerte una noble dama. Pero como su juez tuvo piedad de ella, proclamó que quien quisiera entrar en liza por defenderla, probando su inocencia mediante un combate, sería admitido a esta prueba. La doncella tenía dos pretendientes, de los cuales uno se animó inmediatamente y se presentó en el palenque en espera de un adversario. Un poco después llegó el otro, pero como había llegado demasiado tarde decidió combatir y dejarse vencer para que la doncella salvara la vida. Cuanto terminó el combate, ambos reclamaron a la joven dama. Así pues, decidme Señores ¿a quién pertenece?

            La Virgen no pudo dejar de decir: «Creía que os enseñaba y heme aquí cogida en mi propia trampa; sin embargo desearía saber si otros conocen la respuesta.»

            «Ciertamente no», respondió un tercero, «nunca me contaron aventura más sorprendente que la que me ocurrió a mi mismo. Amaba en mi juventud a una joven honrada y, para conseguir mi objetivo tuve que servirme de la ayuda de una vieja comadre, la cual me llevó con ella. Pero los hermanos de la joven nos sorprendieron cuando estábamos los tres reunidos. Fueron presos de una cólera tan violenta que quisieron matarme. Finalmente, a fuerza de súplicas, me hicieron jurar que las tomaría a las dos alternati­vamente como mujeres legítimas, cada una un año. Y decidme, Señores, ¿por cuál debo comenzar, por la joven o por la vieja?»

            Esta historia nos hizo reír largo rato y, aunque se oían cuchicheos, nadie quiso pronunciarse.

            A continuación, el cuarto comenzó como sigue:

            «En una ciudad vivía una honorable dama de la nobleza querida por todos y en especial por un joven gentilhombre. Este insistía tanto que para desembarazarse de él, acabó prometiéndole acceder a sus deseos si la conducía, en pleno invierno, a un jardín de exuberante verdor lleno de rosas floridas; de fracasar, no debía insistir nunca más. El gentilhombre recorrió el mundo en busca de un hombre capaz de realizar semejante cosa. Finalmen­te encontró un anciano que prometió hacerlo a cambio de la mitad de sus bienes. Habiéndose puesto de acuerdo en dicho punto, el anciano cumplió lo prometido y el galán invitó a la dama a ir a su jardín, el cual, en contra de lo que se podía esperar, apareció lleno de verdor y agradablemente cálido. Acordándose de su promesa, ella le suplicó que se la permitiera ir una vez más junto a su esposo, a quien ella expresó su dolor entre lloros y sollozos. Este, convencido de su fidelidad, la envió para satisfacer al pretendiente que a tan alto precio la había adquirido. El gentilhombre quedó tan fuertemente conmovido por la equidad del esposo que, temiendo pecar si tomaba una esposa tan honrada, la devolvió con todos los honores a su señor. Pero cuando el anciano conoció la probidad de ambos, decidió, aún siendo pobre como era, devolver todos los bienes al gentilhombre. Yo no sé, nobles Señores, quién de estas tres personas es la más magnánima.»

            Nos callamos, pues no sabíamos verdaderamente qué decir. La Virgen sólo dijo que continuará algún otro.

            El quinto comenzó así:

            «Nobles Señores, no haré grandes discursos. ¿Quién es más dichoso, el que contempla el objeto que ama o el que no deja de pensar en él?»

            «El que lo contempla», dijo la Virgen.

            «No», repliqué. E iba a abrirse la discusión cuando un sexto tomó la palabra:

            «Nobles Señores, tengo que contraer matrimonio. Puedo elegir entre una joven, una casada y una viuda, ayúdenme a salir de apuros y yo os ayudaré a resolver las cuestiones precedentes.»

            «Cuando se puede elegir la cosa aún es aceptable», respondió el séptimo, «pero en mi caso es distinto. Durante mi juventud amaba a una hermosa y honrada joven con todo mi corazón y ella me correspondía, sin embargo, no podíamos unirnos a causa de los obstáculos suscitados por sus amigos. Ella se casó con otro hombre, honesto y bravo, que la trató con respeto y amor, hasta el momento en que ella, esperando un bebé, sufrió un desvaneci­miento tal que todos pensaban que estaba muerta. Se la enterró con magnificencia en medio de la aflicción general. Pensé que tras su muerte podría abrazar a esta mujer que no había podido ser mía en vida. Con ayuda de mi sirviente la desenterré a la caída de la noche. Cuando abrí el ataúd y la estreché en mis brazos, me di cuenta de que su corazón todavía palpitaba, primero débilmente, pero cada vez con más fuerza a medida que yo la calentaba. Cuando tuve la certeza de que todavía vivía la llevé subrepticiamente a mi casa; reanimé su cuerpo con un precioso baño de hierbas y la confié a los cuidados de mi madre. Dio a luz un hermosos niño que hice cuidar con tanta atención como a la madre.

            Dos días después la conté para su gran sorpresa lo que había pasado, pidiéndole que en lo sucesivo se quedara en mi casa y fuera mi esposa. Ella se mostró reticente: esto podía apenar a su esposo, que siempre la había amado fielmente, pero por lo ocurrido se veía obligada en el presente a amar tanto a uno como al otro. Al regreso de un viaje de dos días, invité a su esposo a mi casa y le pregunté si acogería bien a su difunta mujer si ella apareciera. Cuando me respondió afirmativamente, llorando con amargura, le traje a su esposa e hijo, le conté todo lo que había acontecido y le pedí ratificara con su consentimiento mi unión con ella. Después de una larga disputa tuvo que renunciar a discutir mis derechos sobre la mujer. Sin embargo, la discusión continuó a propósito del hijo.»

            La Virgen le interrumpió con las siguientes palabras: «Me sorprende saber que hayáis podido aumentar el dolor de este hombre.»

            «¿Qué hubiese tenido que hacer?» preguntó. Se organizó una discusión entre nosotros; la mayoría era del parecer que había hecho bien.

            «Pues no,» dijo, «le devolví a los dos, tanto a su mujer como a su hijo. Decidme ahora, nobles Señores, ¿qué fue mayor la rectitud de mi acción o la alegría del esposo?»

            Estas palabras agradaron tanto a la Virgen que hizo circular la copa en honor de ambos. Las otras historias contadas a continuación, fueron tan embrolladas que no pude retenerlas todas, sin embargo, aún recuerdo la siguiente historia contada por uno de mis compañeros: Algunos años antes un médico había comprado madera para la época de frío, se calentó por este medio durante todo el invierno, pero cuando llegó la primavera revendió esta misma madera con lo que resultaba que la había usado sin hacer el menor consumo de ella.

            «Sin duda debió hacer magia» dijo la Virgen, «pero el tiempo ha pasado y hemos llegado al final de la cena.»

            «En efecto», respondió mi compañero, «que quien no pueda resolver estos enigmas lo haga saber a los demás por medio del conveniente mensajero. No creo que se le pueda negar esto.»

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

3

 

LA POLARIZACIÓN INVERTIDA

 

Nos encontramos ahora ante una tarea muy delicada, tratar de esta parte del Tercer Día de Las Bodas Alquímicas que sirve de preliminar a este capítulo. No recordamos que, a lo largo de nuestro trabajo en la Escuela Espiritual, hayamos tenido que hablar de tan numerosas historias de amor tan sorpren­dentes. Pero sería pueril ignorar simplemente esta parte de Las Bodas Alquímicas.

Además, pronto verá, así lo esperamos, cómo esas pseudo his­torias de amor tienen un sentido profundo. Aparentemente superfi­ciales, tienen un gran significado. Se podría decir que, el autor de Las Bodas Alquímicas, debía tener razones bien fundadas para mantener oculto lo que no estaba destinado a oídos profanos. Intentemos comprenderlo adecuadamente.

Suponga que una parte de la humanidad, guiada por el nuevo estado de alma, sepa realizar el perfecto equilibrio del poder astral, dado que, liberada en el Amor divino, irradia ese Amor desde el interior, como una luz que brilla uniformemente sobre todo y todos. De acuerdo con nuestras reflexiones precedentes veríamos, cómo los miembros de ese grupo, habrían creado una unidad de la que darían testimonio. Pues todos los que reciben la influencia del Amor divino en un alma regenerada, se juntan y se funden en unidad. De ahí se desarrollan relaciones muy diferentes entre los dos sexos, entre hombres y mujeres, llevados así hacia su verdadero destino.

Así pues, cuando un alumno ha neutralizado su propio caos astral (en el relato de Las Bodas Alquímicas, quien ha llegado al conocimiento del interior del globo), quien inflamado por el Amor divino, se ha vuelto un Hombre‑Alma que irradia uniformemen­te sobre todo y todos de forma ineluctable, afronta el problema de lo que llamamos «Virtud». La Virtud siempre va después del Amor. O más bien: la Virtud camina siempre al lado del Amor. Por esto en la Enseñanza universal, se habla del camino de la misteriosa Virtud. Con ello queremos decir que, cuando ese poderoso estado astral nuevo se despierta en el candidato y la nueva fuerza de Alma se implanta en él, entonces aparece al mismo tiempo una práctica de vida nueva llamada «Virtud». Es una ley divina que obliga, con su ayuda y bajo su guía, a irradiar, a manifestar y a practicar ese Amor; y cualquiera que sean las reglas y limitaciones a las que estamos sometidos en la naturale­za de la muerte, ese Amor se vuelve bendición. Dicha Ley es la Virtud, la misteriosa
Virtud.

La Virtud es el bien. Un hombre virtuoso es un hombre de bien. Y esta Ley de la Virtud tiene, entre otras exigencias, la de jamás infligir a los demás, directamente o de la forma que sea, ningún agravio, ofensa, pena, dolor, ni siquiera en la forma de expresar su amor.

En el estado de Alma viva está presente la Ley de la Virtud, lo mismo que el Amor. Pero, para el ser nacido de la naturaleza dialéctica, no es cosa fácil mantenerse en la Virtud, a causa del pecado y de la extrema confusión en la que vive y del caos que reina en su cuerpo astral. Por esto el candidato, que todavía es un ser de la naturaleza, aún siendo digno de entrar en la Sala de las Bodas, debe tener en cuenta, día tras día, e incluso hora tras hora, la Ley de la Virtud. Esta ley debe estar grabada en toda su personalidad para servirle de freno. Ya que quien no sabe emplear el freno de la Virtud, se destruirá tarde o temprano o, como se ha dicho, causará daños a muchos. En este terreno todo error se paga. Puede decirse que el problema de la Virtud es el talón de Aquiles del buscador.

La Virtud se aplica a numerosas cosas de la vida y el candi­dato debe testimoniarlo. Pero nada es más importante que una regla sólida en las relaciones entre los sexos, una regla basada en el amor y en la virtud. Comprenderá que no trataremos todas las posibles conductas y situaciones complicadas entre los sexos, en la naturaleza de la muerte, respeto a las cuales se podrían es­cribir millares de historias. Tampoco es éste el objetivo de las anécdotas relatadas en el Tercer Día. Intentemos extraer la verdadera intención.

 

Siguiendo su naturaleza masculina o femenina, el Hombre‑Alma (a quien naturalmente hay que tomar como base de partida), no busca solamente colaborar con el otro, sino que se compromete com­pletamente. El Amor, que está por encima de todo y todos, evi­dencia esta colaboración. Puede irradiar tanto sobre la humanidad como sobre una raza, un pueblo, un grupo o un individuo.

Y el Logos ha ordenado las cosas de forma que la humanidad, si quiere actuar poderosamente, debe tener y tendrá en cuenta lo que llamamos la «polarización invertida». Le hablamos de la colaboración entre hombres y mujeres, en perfecta igualdad, pero respetando la polarización inversa. ¿Qué entendemos por ello? Hay que saber que los vehículos de la personalidad masculina no están polarizados como los de la personalidad femenina.

El cuerpo mental del hombre está polarizado negativamente, el de la mujer positivamente.

El cuerpo astral del hombre está polarizado positivamente, el de la mujer negativamen­te.

El cuerpo etérico del hombre está polarizado negativamente, el de la mujer positivamente.

El cuerpo físico del hombre está polarizado positivamente, el de la mujer negativa­mente.

El hombre y la mujer necesitan manifestarse en campos dife­rentes y precisamente por la polarización contraria, podrá obte­nerse una buena colaboración, exactamente proporciona­da, al servicio de la Santa Fraternidad. Cuando uno u otro sexo sale de su campo, nacen siempre complicaciones y dificultades; en el momento que el hombre ya no es masculino y la mujer femenina, el trabajo está cambiado, ralentizado. ¡Entonces la situación es mala, sin virtud!

Ejemplo: como el cuerpo mental del hombre es negativo, así pues receptivo, es capaz de inspiración. Como el cuerpo mental de la mujer es positivo, así pues radiante, la inteligen­cia femenina, en nuestra naturaleza, está más dotada de razón pero también más limitada. El cuerpo astral del hombre está altamente dinamizado y lleno de fuego; el de la mujer es más receptivo, así pues más abierto a las influencias. El cuerpo etérico del hombre es receptivo, el de la mujer, por el contra­rio, es radiante, creador. En cambio es de nuevo lo contrario con relación al cuerpo físico: radiante, creador en el hombre, receptivo en la mujer.

Por tanto, en los dos, el principio radiante es creador y el principio receptivo es generador. A causa de la negatividad del cuerpo mental masculino, el hombre, en la Gnosis, es más receptivo a las radiaciones directas del Espíritu, que es positi­vo. En razón de la positividad del cuerpo mental, la mujer, en la Gnosis, es más receptiva a la Luz y a la fuerza del Alma, que es negativa. Por ello se habla del Espíritu en masculino y del Alma en femenino. El Espíritu representa el aspecto del Padre y el Alma el de la Madre. En el transcurso de los siglos, se ha desvirtuado muchísimo las verdades de la Enseñanza Universal relativa al tema de los sexos.

Así vemos que los dos sexos se necesitan y deben llegar a una colaboración muy inteligente, para que sus respectivos campos de trabajo, se interpenetren con armonía. Y esta colabora­ción debe realizarse ahora bajo la citada regla del Amor y de la Virtud. Es evidente que, al respecto, reina en el mundo un total desorden, que arrastra a las dos partes hacia una desgra­cia indecible. De esta desgracia de esta confusión no deseamos ha­blarle aquí. Sino que más bien queremos hacer un estudio profun­do a favor de lo que acabamos de decir, sobre la polariza­ción invertida pero equivalente del hombre y de la mujer, compren­der su gran sabiduría y extraer las consecuencias. A cada hombre y a cada mujer se le ofrece colaborar en el seno de la gran Comunidad de las Almas. Todo esto nada tiene que ver con el matrimonio terrestre y sus problemas, aún cuando lo uno no excluya lo otro.

Tenga en cuenta que, en el desarrollo de la vida humana (y éste es también el significado de los enigmas y anécdotas de Las Bodas Alquímicas), numerosos hilos kármicos se entrelazan i­rremediablemente, en otras palabras, que los hombres son conduci­dos los unos hacia los otros, y forzados a decidirse y actuar en consecuencia.

En cualquier circunstancia, el candidato totalmente digno de los Misterios gnósticos adoptará siempre un punto de vista y una forma de actuar tales, que pondrá su propia persona después de los intereses del otro, o de los demás, siguiendo así totalmen­te las normas de la misteriosa Virtud.

Cuando se mantiene en esa Ley, toda la tristeza que provoca un pequeño sacrificio material se convierte en una alegría grande y serena. ¡Ya que nuestro sufrimiento sólo dura un tiempo! En cambio la victoria del Alma es eterna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este momento, se recitó la acción de gracias y todos nos levantamos de la mesa más alegres y satisfechos que cebados de alimentos. Sería deseable que todos los banquetes y festines terminasen de esta manera.

            Cuando nos hubimos paseado un poco por la sala, la Virgen nos preguntó si deseábamos asistir al inicio de las Bodas. Uno de nosotros respondió: «Oh, sí, Virgen noble y virtuosa.»

            Entonces, mientras conversaba con otros, despachó a un paje en secreto. Se había vuelto tan afable con nosotros, que me atreví a preguntarle su nombre. La Virgen no se molestó en absoluto con mi audacia y respondió sonriendo: «Mi nombre es igual a cincuenta y cinco y sin embargo sólo tiene ocho letras; la tercera es el tercio de la quinta; si la agregamos a la sexta, forma un número cuya raíz excede a la primera letra en una cantidad mayor que la letra tercera, raíz que es la mitad de la cuarta. La quinta y la séptima son iguales. La última también es igual a la primera y ambas, junto con la segunda, suman tanto como la sexta que, a su vez, tiene cuatro más de lo que tiene la tercera tres veces. Y ahora dime, noble amigo, ¿cuál es mi nombre?»

            El problema me pareció bastante difícil de resolver; sin embargo, no me amilané y pregunté: «Virgen noble y virtuosa, ¿no podría conocer una sola de las letras?» «Por supuesto, dijo, es posible» «¿Cuánto vale la séptima?», pregunté. «Tanto como señores hay aquí», respondió. La respuesta me bastó y pude fácilmente encontrar su nombre. La Virgen se mostró muy satisfe­cha por ello y nos aseguró que nos serían desveladas muchas cosas más.

 

 

 

                                                                       Las Bodas Alquímicas de C.R.C.      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4

 

LA VIRGEN ALQUIMIA

 

Ya hemos expuesto ampliamente lo que la Enseñanza Universal en­tiende por el Camino de la misteriosa Virtud. Damos estas preci­siones porque Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz hacen hincapié en este punto, presentándolo incluso como la condición indispensable para penetrar en la profunda esencia de este escrito.

Creemos poder afirmar sin exageración que, en toda la obra, no hay ningún pasaje con un sentido más velado, y por este mismo hecho, se trata de uno de los aspectos más importantes. El Camino de la misteriosa Virtud es la llave del cumplimiento perfecto.

 

Todos los que están reunidos en el Templo de la Iniciación, senta­dos para la Santa Cena del Tercer Día, son candidatos firme­mente decididos a recorrer el Camino. Han satisfecho todas las condiciones elementales, han vencido en la prueba de las siete pesas, en ellos, todo egoísmo ha desaparecido y el nuevo estado de alma ha nacido. El que se encuentren en compañía distinguida, significa que se han distanciado de la vida inferior. Ahora, en el transcurso de lo que se toma como simples conversaciones de mesa, deben demostrar que se han comprometido suficientemente en el Camino supremo de la misteriosa Virtud.

De acuerdo con esas conversaciones e historias contadas por los acompañantes, se ve que los asistentes conocen el camino y están preparados para aceptar las consecuencias. Y cuando la Virgen que preside la cena les pregunta si desean que las Bodas Alquímicas empiecen, resuena su respuesta: Sí, noble y virtuosa Doncella. Y para señalar una vez más la extrema importancia del Camino de la misteriosa Virtud, a la pregunta de Cristian Rosacruz, el nombre de la Virgen le es revelado de forma velada. Su nombre es Alquimia (23), nombre que, naturalmente, nos resulta familiar. En efecto, reconocemos aquí la idea de la Transfiguración.

Quien quiere realizar en sí la transfiguración, debe entablar un proceso de transmutación alquímica. Es imposible que semejante proceso se inicie sobre la base de un interés trivial, o de una decisión ordinaria. No, para poner en acción semejante fenómeno, es necesario que se creen condiciones absolutas y determinadas, una serie de condiciones cuyo conjunto constitu­ye una fuerza que podemos llamar Alquimia. Esta fuerza es un potencial, no se ha realizado nada todavía, es una promesa, una virgen. El alumno adquiere interiormente esta posibilidad al­química por su ofrenda a la Rosa del corazón, por el nuevo nacimiento del alma y, el nuevo estado de alma alcanzado, por la unión con los siete Rayos del Espíritu, es decir con las siete pesas, de las que hay que soportar su peso (de gravedad) y otras exigencias que se deben satisfacer.

En esta situación, aparece un nuevo estado astral en todo el microcosmos y en el campo de respiración, síntesis alquímica de las fuerzas que actúan incluso sobre la más pequeña partícula del microcosmos. Se ha creado la necesidad de la transfiguración y el candidato no puede hacer sino consentirlo; mejor aún ¡está obligado!

Cuando se ha constituido ese nuevo estado fundamental, el interesado ha dado su primer paso en el Camino de la misterio­sa Virtud: un Camino que tan sólo puede recorrer en el Amor y por el Amor, en la Virtud y por la Virtud. Un Amor que es de Dios, que es el propio Dios. Un Amor revelado por el Segundo Rayo del Espíritu séptuple, y que se vuelve Luz, gracias a la sustancia astral pura del sistema microcósmico.

Se dice en las Sagradas Escrituras: «Dios es Espíritu, Dios es Amor, Dios es Luz» Vea esto en el proceso alquímico de abajo hacia arriba, el Alma nacida, el estado astral nuevo se constitu­ye y se expande en el sistema. Entonces el Espíritu viene, que es Amor y que hace la Luz.

Y mientras el proceso progresa en esa Luz, la Virtud consiste en un comportamiento totalmente nuevo y altamente signi­ficativo, que nada tiene en común con la naturaleza de la muerte y está en absoluta conformidad con el principio de polarización inversa de los sexos. Comprendemos ahora que el Camino de la misteriosa Virtud, concierne a la larga transmutación alquímica del candidato, fundada sobre un estado nuevo y guiada por la conciencia.

Tenga cuidado: la presencia de Alquimia no conlleva el desarrollo automático del proceso, es preciso que toda su  conciencia siga a Alquimia, la fuerza presente en usted, con gran resolución y positividad. Es maravilloso que Las Bodas Alquímicas atraigan especial­mente nuestra atención sobre este punto, con la pregunta de Alquimia: «¿Vuestro deseo es que las Bodas empiecen?» Para que el candidato responda con un «¡Sí!» firme, es necesario que comprenda que la fuerza que le conduce se llama Alquimia, y que quien invoca semejante fuerza ya no puede rechazarla. Hay que responder, si no es de forma positiva, lo será de forma negativa. Pues, cuando está fuerza de Alquimia divina liberada en nosotros no engendra un comportamien­to nuevo, entonces no se produce ningún proceso de transforma­ción, ninguna transmutación alquímica, sino un proceso de destrucción, un proceso de consunción: en pocas palabras, el fenómeno habitual de extinción y disgregación, pero a un ritmo acelerado.

Podemos ver todas esas complicaciones alrededor nuestro en el mundo. Los ejemplos abundan. Bien por observación personal, a través de la historia, o por relatos, todos conocemos a hombres que son un ejemplo de entrega y de abnegación. Puede estar seguro que, todos aquellos que hacen tal entrega en el transcurso de su vida, despiertan algo del Alma verdadera, volviéndose, al mismo tiempo, un poco receptivos a la influencia de los Siete Rayos del Espíritu séptuple. En este caso liberan en ellos, espontáneamen­te, la fuerza de Alquimia, sin saberlo y sin darse cuenta de la posibilidad que le es ofrecida. Sí, ¡sin haber oído hablar jamás de la Vida liberadora y del Camino de la misteriosa Virtud!

Con ello progresan sobre el camino de una bondad notable, pero en sentido totalmente dialéctico. Suscitan, así, mucho sufri­miento en su vida; no el sufrimiento purificador y libera­dor de la transmutación, sino el de un quebranto inútil, pudiendo lle­gar hasta enfermedades por desorganización de las células. Ya que no se comprende el elevado sentido de la vida y las podero­sas fuerzas liberadoras evocadas, no pueden provocar la reacción de base que permita desarrollarse el proceso liberador.

Admitamos que lo hayamos comprendido bien; que hayamos entra­do en el Templo de la Iniciación; que, por nuestra ofrenda total, hayamos encontrado y reconocido a Alquimia, nacida del Espíritu, del Amor y de la Luz; que se nos haya planteado también la pregunta:  «¿Desea que la Fiesta de las Bodas comience ?» y que hayamos respondido de todo corazón: «¡Sí!» Entonces, ana­licemos las consecuencias de esta respuesta positiva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero he aquí que vimos aparecer varias vírgenes magníficamente vestidas, que hicieron su entrada con gran pompa. Iban precedidas por dos pajes que iluminaban su camino. El primero de dichos pajes tenía una cara alegre, ojos claros y formas armoniosas; el segundo tenía un aspecto irritado y, como luego me di cuenta, todos sus deseos tenían que cumplirse. En primer lugar los seguían cuatro vírgenes. La primera bajaba constantemente los ojos y sus gestos revelaban una profunda humildad. La segunda era igualmente una virgen casta y púdica. La tercera se sobresaltó al entrar en la sala; más tarde supe que la exuberancia la enervaba. La cuarta llevaba algunas flores, símbolo de sentimien­tos de amor y generosidad. Estas cuatro vírgenes eran seguidas por otras dos, engalanadas con un poco más de suntuosidad, que nos saludaron cortésmente. La primera vestía un traje azul tachonado de estrellas de oro; la segunda llevaba un vestido verde ornado con finas rayas rojas y blancas; ambas tenían, en la cabeza, pañoletas ligeras y vaporosas que les sentaban admirablemente.

            Al final vino una que llevaba una corona pequeña en su cabeza y sus miradas se dirigían con más frecuencia al cielo que a la tierra. Creímos que era la novia, si bien no lo era, aunque por el honor, la riqueza y el rango la sobrepasaba en mucho y fue ella quien, a continuación, ordenó el desarrollo de las Bodas. Imitamos a nuestra Virgen y nos prosternamos a sus pies a pesar de toda la modestia y piedad que mostraba. Nos tendió la mano a todos y cada uno al tiempo que nos decía que no nos sorprendiéra­mos, pues era lo mínimo que podía ofrecernos. Nos exhortó a elevar nuestros ojos al Creador, a reconocer su omnipotencia en todo lo que estaba sucediendo y a emplear estos dones para gloria de Dios y la salvación de los hombres.

            En resumen, sus palabras tan diferentes de las de nuestra Virgen, un poco más mundana, me penetraron hasta la médula de los huesos. «Y tú», me dijo a continuación,»tú has recibido más que los demás, intenta pues también dar más». Esta recomendación me sorprendió mucho.

            A la vista de las vírgenes y al son de la música, creímos que íbamos a bailar. Pero no había llegado todavía el momento. Las pesas de las que hemos hablado antes, estaban aún en su sitio. La Reina -ignoro todavía quién era- invitó a cada una de las vírgenes a que tomara una de ellas y después dio la suya, la última y más pesada, a nuestra Virgen, indicándonos que la siguiéramos. Nuestra suficiencia había disminuido notablemente. Me di cuenta de que nuestra Virgen era demasiado buena con nosotros y que en absoluto inspirábamos tan alta estima como así empezábamos a creer. Así que la seguimos en fila y fuimos conducidos a una primera sala, donde nuestra Virgen suspendió la pesa de la Reina, mientras cantábamos un hermoso canto espiri­tual.

            En esta sala no había nada precioso, salvo algunos espléndi­dos libros de oraciones, ejemplares únicos. En el centro, un reclinatorio en el que la Virgen se arrodilló y a cuyo alrededor nos prosternamos al tiempo que repetíamos la oración que leía en uno de los libros. Pedíamos con fervor que estas Bodas se realizasen para gloria de Dios y para nuestro bien.

            A continuación llegamos a la segunda sala donde la primera virgen colgó a su vez el peso que llevaba y así continuamos hasta que se cumplieron todas las ceremonias. Entonces la Reina nos tendió de nuevo la mano y se retiró acompañada por sus vírgenes.

            Nuestra presidenta aún permaneció un instante entre nosotros; pero como eran casi las dos de la madrugada, no quiso retenernos por más tiempo. Aunque me pareció observar en este momento que se complacía con nuestra compañía, nos deseó buenas noches, nos dijo que durmiéramos tranquilos y así se separó de nosotros, amistosamente, casi de mala gana.

            Nuestros pajes habían recibido instrucciones y nos conduje­ron a nuestras respectivas habitaciones, acostándose en un segundo lecho instalado en la misma habitación, por si necesitá­bamos de sus servicios. Ignoro cómo estaban dispuestas las de mis compañeros, pero mi habitación estaba toda ella guarnecida con tapices y cuadros maravillosos, y amueblada regiamente. Pero lo que verdaderamente me complacía en extremo, era la compañía de mi paje, capaz de hablar tan elocuentemente de todo y tan versado en las artes, que le escuché con gusto aún durante casi una hora, antes de acostarnos hacia las tres y media de la madrugada.

            A decir verdad, fue mi primera noche tranquila pese a que un sueño inoportuno me impidió disfrutar del reposo enteramente a mi gusto, pues toda la noche soñé que me obstinaba en abrir una puerta que no cedía, hasta que finalmente conseguí abrirla.

            Estas fantasías turbaron mi descanso hasta que por fin la llegada del día me despertó.

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5

 

LAS DIEZ FUERZAS NUEVAS DE LA REALIZACIÓN

 

Hemos hablado extensamente de la fuerza que nos guía en el proceso de Las Bodas Alquímicas, la fuerza llamada Alquimia, que hace nacer y crecer el Espíritu, el Amor y la Luz y la ofrenda de sí mismo. Es la fuerza astral nueva que conduce a la realiza­ción el proceso completo de la transfiguración, la fuerza que debe poseer imprescindiblemente el candidato, si quiere recorrer con éxito el Camino de la misteriosa Virtud.

Siguiendo el relato vemos como, a continuación, entran en la sala nueve personas, dos hombres y siete mujeres. En la luz de la nueva fuerza astral, se manifiestan nueve líneas de fuerza, nueve acciones, nueve aspectos: dos rayos completamente positi­vos, de fuerza creadora, realizadora, y siete rayos negativos, de fuerza receptiva, regeneradora. Las Bodas Alquímicas nos los representan así: un primer joven , lleno de vivacidad, de buen aspecto; y un segundo, con aire dinámico y un humor vivo, chispeante.

Cuatro jovencitas, la primera humilde y sumisa, la segunda modesta y miedosa, la tercera tímida y reservada, la cuarta radiante de amor.

Después aparecen dos jovencitas vestidas algo más suntuosa­mente. La primera lleva un vestido azul cielo, constelado de estrellas de oro, la otra lleva un vestido verde rayado con listas rojas y blancas.

La última llevaba una corona en la cabeza y su mirada se dirige más hacia el cielo que la tierra. Esta postrera joven es una Reina. Dicha Reina pronuncia estas palabras: Elevad los ojos hacia vuestro Creador Todopoderoso. Continuad el Camino que habéis emprendido y servid a Su Gracia para la gloria de Dios y la salvación de los hombres. Para finalizar dice aún dirigiéndose a Cristian Rosacruz: Has recibido más que los demás, procura también dar más a cambio.

 

Intentemos comprender qué significa, empezando por la última imagen.

La Reina que aparece en escena no es la Esposa, el Alma renacida, aunque por el honor, la riqueza y el rango, la supera con mucho y , como veremos, es ella quien conduce a continuación las Bodas. Esta Reina encarna una fuerza verdaderamente real, la nueva Fuerza astral del vehículo astral totalmente purificado, es decir, liberado del campo astral de esta naturaleza pecadora. Esta Fuerza, asociada a la nueva voluntad, impulsa todo el proceso que debe recorrer el Alma renacida.

No confunda al Alma renacida con la conciencia ordinaria, surgida de la naturaleza. El Alma renacida suscita una nueva conciencia, al lado de la conciencia dialéctica ordinaria y opuesta a ella. Por dicha razón también la Fuerza astral nueva, la llamada Reina, exhorta al candidato a perseverar, cueste lo que cueste, en la vía que ha emprendido.

Vemos que el Alma, en tanto que foco, posee aún siete aspectos. La Rosa tiene siete aspectos, siete pétalos. Uno de esos pétalos es Alquimia. El despertar del Alma hace nacer siempre un estado astral nuevo.

Después surge la nueva lípika, el nuevo firmamento magnéti­co. Esta fuerza aparece con un vestido azul cielo, constelado de estrellas doradas, los puntos de oro magnéticos simbolizan la total purificación aural y kármica. Esta nueva lípika ofrece muchas nuevas posibilidades; liberándose diversas fuerzas para la realización de la vida nueva. Por esto se dice que este personaje lleva un vestido verde, color de la esperanza, con rayas rojas y blancas: el blanco esplendoroso de la Divinidad incognoscible que sirve al candidato, y el rojo de la energía dinámica.

Resulta evidente que a partir de ahí, pueden manifestarse de nuevo cuatro aspectos; el cuatro, hace alusión al cuadrado de la construcción. La construcción no está aún edificada, pero los elementos están presentes y las condiciones reunidas. Por esto, estas cuatro personas, aunque puras y radiantes de amor, son excesivamente modestas y temerosas. ¡Pues la obra no está realizada!

Así el Alma, corazón de la Rosa, posee siete ayudantes, Alquimia incluida. La obra se realizará; la Rosa de siete pétalos llegará a su pleno desarrollo; efectivamente, los constructores están en sus puestos, simbolizado por los dos jóvenes que preceden el grupo llevando lámparas. El primer constructor, representa el prototipo del edificio: bello de formas y aspecto: pues el plan a realizar, es el Alma viva verdadera. El segundo constructor es la perseverancia firme, la energía dinámica intransigente, liberada por las nuevas posibilidades.

Así es como se presenta la manifestación de Alquimia: el Alma y las nueve fuerzas. Este conjunto forma el número diez, cifra de la realización virtuosa. La gran Obra, la Obra Santa puede realizarse. La fase preparatoria ha terminado.

En consecuencia, puede llevarse a buen término una nueva tarea. Habiendo servido las siete pesas para la prueba del juicio, en la famosa escena de la balanza, ahora, bajo la tensión de las nuevas posibilidades, deben ser llevadas a su lugar habitual. Por esto, las siete vírgenes, bajo la dirección del Alma, toman una pesa cada una, para dejarlas en su sitio. El Alma penetrará en cada uno de estos lugares. También, en cada uno de ellos, entrará la virgen llevando la pesa. ¿Comprende usted esta grandiosa tarea?. Los siete lugares corresponden a las siete cavidades cerebrales. En cada una de ellas, uno de los rayos del Espíritu Séptuple se fija y se asocia a uno de los aspectos de la Rosa del Alma. Las fuerzas del Espíritu y las fuerzas del Alma se unen en la gran obra. En el Templo interior, en lo más profundo del ser, el Alma y el Espíritu han sellado ya, en principio y en potencia, las Sagradas Nupcias. Y ahora, lo que tiene que acontecer, es la gran transmutación, la grandiosa edificación del nuevo cuerpo, del nuevo estado vehicular.

Vemos como el candelabro de siete brazos de la cabeza se inflama con una nueva y maravillosa luz, la luz de la nueva mañana.

Así finaliza el Tercer Día de Las Bodas Alquímicas. El Primer Día es el Día de la llamada, el Día del descubrimiento del Templo. El Segundo Día es el Día en el que el Templo aparece inicialmente como el Templo del Juicio. Y el Tercer Día es el Día del que acabamos de hablar: el Juicio ha pasado y el Templo se ha vuelto verdaderamente un lugar de Iniciación, en donde las fuerzas y los instrumentos necesarios para un nuevo trabajo son colocados en su sitio.

Tras lo cual anochece. El lugar del servicio, el lugar de la construcción, conoce un período de reposo. El reposo de la preparación, durante el cual, Cristian Rosacruz aún es perseguido sin descanso por un sueño opresivo: se abalanza encarnizadamente contra una puerta que no quiere abrirse, pero que, bajo sus esfuerzos, termina por ceder.

Esta puerta alude al punto débil del fenómeno  completo de la transmutación alquímica. Las fuerzas del Alma y del Espíritu deberán servirse, todavía durante mucho tiempo, de la antigua personalidad nacida de la naturaleza, que permanece y siempre puede oponer más o menos resistencia. Por esto, la inquietud de Cristian Rosacruz durante la noche del tercer al cuarto día no es imaginaria. ¡Es necesario emplear todas las fuerzas adquiridas para obtener la apertura de la puerta, y para mantenerla abierta! Pero siempre es posible realizarlo con la ayuda de los dos jóvenes, mencionados anteriormente: la fuerza de la Idea, del Plan, y la fuerza de la Energía dinámica; fuerzas que están a la disposición de todo candidato que se encuentre en las condiciones descritas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CUARTO DÍA

 

DE LAS

 

 

BODAS ALQUÍMICAS DE

 

CRISTIAN ROSACRUZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aún descansaba en mi cama, mirando tranquilamente los cuadros y los admirables motivos de decoración cuando, de repente, oí resonar los acordes de las trompetas, como si se preparase ya el Cortejo nupcial. Mi paje, fuera de sí, saltó de su lecho como un loco, con el rostro tan alterado que más parecía muerto que vivo. Imagínese mi angustia cuando me dijo que justo en ese momento mis compañeros estaban siendo presentados al Rey. Mientras me vestía a toda prisa, maldiciendo mi pereza y llorando a lágrima viva, mi paje -que estuvo listo antes que yo- abandonó la habitación para enterarse de la situación. Volvió enseguida con la feliz noticia de que nada estaba perdido, que sólo había faltado al desayuno pues no habían querido despertarme en atención a mi avanzada edad, pero que ya era hora de que lo siguiera a la fuente en la que estaban reunidos la mayoría de mis compañeros.

            Esta noticia me calmó y alentó, acabé de vestirme rápidamen­te y seguí a mi paje hasta la fuente. Tras los saludos de costumbre la Virgen se burló de mi pereza y me condujo a la fuente, de la mano. Allí, comprobé que el león tenía una gran losa grabada en lugar de su espada. La examiné con atención y descubrí que provenía de monumentos antiguos y que había sido transportada aquí expresamente para su mayor gloria. Su inscrip­ción estaba un poco borrosa a causa de su antigüedad. La reproduzco a continuación con exactitud, para que cada cual pueda reflexionar al respecto:

 

 

 

                                   YO, HERMES, ORIGEN Y FUENTE.

                                   DESPUÉS DE TODOS LOS PREJUICIOS

                                   INFLIGIDOS AL GENERO HUMANO,

                                   YAZCO AQUÍ

                                   -POR DECRETO DIVINO

                                   CON LA ASISTENCIA DEL ARTE-

                                    COMO REMEDIO REGENERADOR.

 

                                   QUIEN LO PUEDA, BEBA DE MI.

                                   QUIEN LO DESEE, SE PURIFIQUE EN MI.

                                   QUIEN OSE, ME AGITE.

 

                                   BEBED, HERMANOS Y VIVID.

 

                                   AÑO 1378.

 

Esta inscripción era fácil de leer y de comprender, por lo que sin duda la habían colocado aquí porque era más cómoda de descifrar que cualquier otra.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

6

 

EL MANANTIAL DE LOS MISTERIOS

 

Siguiendo nuestro relato, hemos llegado al Cuarto Día de Las Bodas Alquímicas. El análisis que vamos a emprender exigirá una atención y una concentración mayores, dado que el tema a tratar se vuelve más abstracto. En efecto, la descripción del proceso continua y, para comprenderlo, debemos elevarnos a pensamientos tan elevados que, de forma general, nos son totalmente ajenos, extraños. Comprobará, también, que tendremos que apoyarnos en motivos bastante insólitos.

Al final del Tercer Día, como hemos visto, se han reunido todos los elementos necesarios para las Bodas Alquímicas y terminado todos los preparativos. La Gran Obra va a empezar. Por ello, el candidato debe permanecer alerta. No puede permanecer ocioso ningún instante. El proceso de la transfiguración no conoce tregua ni reposo; se impone la mayor vigilancia. Al principio del Cuarto Día, Cristian Rosacruz despierta bruscamente de su sueño a causa del sonido de una trompeta: es esperado, se le espera en la Fuente.

La Fuente de la que beben los candidatos, el Cuarto Día, es el Manantial de Agua Viva directamente unida al Espíritu de Vida. Ahora que el candelabro de siete brazos del santuario de la cabeza arde de forma nueva, y que el alma séptuple se ha unido al Espíritu Séptuple, la Fuente del Espíritu mana abundantemente. El León de la Fuente, visto ya en el Tercer Día, ya no tiene la espada del juicio sino una tablilla de piedra muy antigua, cuya inscripción está un poco desdibujada, deteriorada por el tiempo.          Cristian Rosacruz reconoce de inmediato que esta tablilla procede de la antigua sala del tesoro visitada la víspera, y comprende que su presencia está motivada por alguna razón. También descubre inmediatamente que la inscripción atrae la atención sobre el gran objetivo y la verdadera naturaleza del proceso que debe empezar ahora. Dice la tablilla:

 

Yo, Hermes, origen y fuente,

Después de todos los prejuicios

Infligidos al género humano,

Yazco aquí

Por decreto divino,

Con la asistencia del arte

Como remedio generador

 

He aquí, expresado de forma tal vez inesperada, el punto de partida de toda reflexión rosicruciana, de toda reflexión gnóstica: Hermes es la Fuente original.

Toda sabiduría auténtica y liberadora, toda religión verdadera tiene su fuente en Hermes Trismegisto, Hermes el Tres Veces Grande.

Se comprende entonces que nosotros, que pertenecemos a la Joven Fraternidad de la Rosacruz de Oro, lógicamente testimonie­mos de esta Fuente original, estudiemos nuevamente los antiguos libros de Hermes, nos esforcemos en reconstruirlos y en eliminar las alteraciones.

¿Quién era, o mejor, quién es Hermes? Hermes es la revela­ción del propio Espíritu, la Fuente original que desea aliviar a todos los hombres. El texto sigue: «¡Muchos prejuicios han sido infligidos al género humano!» ¡Y la fuente ya no le es accesible! Los efectos de cristalización de sus prejuicios han marcado y marcan siempre profundamente al hombre. Se trata también de un Decreto divino, por el que vemos ofrecerse el Arte que procura la salvación, el Arte Real, gracias al cual la Fuente universal puede volver a ser accesible a todos los que la buscan y desean purificarse en ella, a fin de restablecerse y curarse. Los que ejercen y aplican el «Arte puro» regresan así a la Fuente original.

La humanidad dialéctica nunca ha dejado de ejercer ese «Arte puro», desde el alba de los tiempos hasta nuestros días. Se puede decir que la Triple Alianza de la Luz, la alianza del Grial, de los Cátaros y de la Rosacruz, representa el conocimien­to religioso y místico más antiguo y más puro; transmite la sabiduría original auténtica, la más antigua y más pura, y sirve siempre al desarrollo del género humano con eficiencia, desde los tiempos más remotos y de la forma más pura. No decimos esto para alardear de ser los más antiguos, sino para mostrar claramente lo que, desde el alba de la historia humana, se interpone entre la Fuente original y la humanidad con el fin de oscurecer la Única Luz. Como sabe, en los medios clericales se nos da a menudo el nombre de secta; seríamos un grupo disidente de la Iglesia. Pero ¡la Rosacruz y la Triple Alianza de la Luz existían mucho antes que la Iglesia! En todos los tiempos trabajaron aquí abajo Mensajeros de la Luz, como Buda, Lao Tse, Jesucristo, Zoroastro, etc. Dieron testimonio de la Fuente original, indicaron a los hombres que la vida impía les había separado de esta Fuente, a la que debían volver purificándose. Les mostraron el camino.

Pero ¿qué hicieron las Iglesias? No siguieron el Camino de regreso, sino que presentaron a los propios Mensajeros como el objetivo supremo, como dioses. Consignaron sus palabras en escritos sagrados, dijeron que esos escritos eran la Fuente original y fabricaron, a partir de ella, su teología.

Naturalmente, no queremos disminuir ni un ápice nada de la naturaleza y la gloria de los Grandes, pero, como comprenderá, ellos jamás han tenido la intención de hacer teología. Lo que debe hacerse es recorrer el Camino que vuelve a la Fuente original, y no conformarse con las disertaciones sobre la Fuente original.

Ocurre que: ¡unos no se contentan con palabras, sino que actúan y recorren el Camino, en tanto que otros hablan de El hasta perder el aliento, pero no dan un solo paso! Así pues, todo lo que se dice sobre la Fuente original no tiene ningún sentido. Hay que acercarse a la propia Fuente, ir hacia Ella. Solamente entonces las palabras de Jesús el Señor se realizan: «El que bebe de la Fuente original, no tendrá nunca más sed por toda la eternidad»

Comprenderá pues claramente, por qué Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz han sido escritas de forma tan velada y conservadas desde hace siglos como un precioso tesoro. Ya que si este escrito hubiese sido más accesible, no hablaríamos de él, hace tiempo que habría desaparecido. O bien, lo que habría quedado estaría tan alterado, que nadie podría ya comprenderlo. Haría tiempo que habría caído en manos del viejo enemigo, y conocemos bien el resultado.

El carácter secreto de los escritos sagrados siempre ha tenido, y tiene, por finalidad su preservación. ¡Y con razón!

Juntos, como espectadores interesados, hemos recorrido los tres primeros Días de ese guía misterioso. Hemos visto de qué forma un buscador verdadero puede acercarse a la Fuente original de los Misterios, la Fuente original del Espíritu; cómo, por una auto‑ofrenda que excluye totalmente al ego y por el renacimiento del alma, ese buscador hará crecer una fuerza astral nueva en su campo de respiración, y cómo «Alquimia» suscita el desarrollo de nueve fuerzas, de nueve radiaciones, de nueve posibilidades de transfiguración y las hace actuar en todo el ser.

Hemos visto cómo el Espíritu, la propia Fuente original, despierta en el ser un punto de contacto séptuple y enciende siete luces en el santuario de la cabeza. El Candelabro arde. «Es inflamado por Dios e ilumina la Rosa la cual, al abrirse en la Fuente, despliega toda su belleza.»

Se sobrentiende que el candidato, que ha llegado a esta etapa del Camino, al inicio del Cuarto Día, bebe directamente de la Fuente original del Padre. Aprende, por experiencia directa, el mensaje transmitido por el León: el Arte Real lleva consigo un poderoso remedio, capaz de curarlo todo, que mana aquí abundantemente.

Por esto se dice:

Quien lo puede, bebe de mí

Quien lo quiere, se purifica en mí.

Quien se atreve, me agita.

Bebed, hermanos y vivid.

 

Estas palabras son tomadas del texto sagrado de Hermes. Nos son muy conocidas, pues se citan en el Nuevo Testamento. Jesús el Señor y Pablo en particular las predican y dan testimonio. Sus palabras son iguales a las de Hermes.

Piense en el signo zodiacal de Acuario, al que se refieren los Hermanos en cada celebración de la Santa Cena. El Vino de la Nueva Alma es el símbolo de la Fuente original.

Comprende ahora, porqué la Rosacruz actual afirma que en el transcurso de cada año estelar, en sentido esotérico, llega un momento en el que la propia Fuente original se ofrece a los humanos, y en el que el Cántaro de Agua se derrama sobre el mundo y la humanidad, como prueba final destinada a establecer quién es capaz, y quién no, de beber el Agua Viva.

Quienes puedan vivirán. Quienes no puedan, morirán. El tiempo de la prueba ha llegado. Por ello nos preparamos a fin de que, en poco tiempo, también a nosotros se nos pueda decir:

 

Báñate en Mí, ¡tú que eres digno!

Purifícate en Mí, tú que lo deseas,

Quien se atreva vivirá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Tras habernos lavado primero en esta fuente, bebimos en una copa de oro. Después volvimos con la Virgen a la sala para vestirnos con nuevas vestiduras, que estaban enteramente tejidas con hilos de oro y magníficamente decoradas con flores. Además cada uno recibió un segundo toisón de oro incrustado de piedras preciosas, de donde emanaban influencias múltiples que correspon­dían con la fuerza activa de cada uno. Habían suspendido de ellos una pesada placa de oro en la que figuraban el Sol y la Luna frente a frente. El reverso tenía grabadas estas palabras:

           

                        El resplandor de la Luna

                        igualará al del Sol

                        y la luz del Sol

                        será siete veces más brillante

                        que en el presente.

 

            Nuestras anteriores joyas fueron depositadas en una cajita y confiadas a un servidor.

 

                                   Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7

 

EL NUEVO VESTIDO

DE CRISTIAN ROSACRUZ

Y LA CONDECORACIÓN DEL TOISÓN DE ORO

 

 

Vivirá quien sacie su sed en la Fuente de donde brota el Manantial de todas las cosas, en el que los Hermanos de la Rosacruz apagan su sed. El se lava en el Agua Viva, y bebe ese néctar en la copa de oro del Espíritu.

Es fácil comprender por qué, en éste y otros pasajes, el oro es escogido como símbolo. Cristian Rosacruz bebe en una copa de oro; recibe un nuevo vestido tejido con hilos de oro y magnífica­mente decorado con flores, y después un Toisón de Oro engastado con piedras preciosas. Del Toisón de Oro pende una pesada pieza de oro, en la que están representados el Sol y la Luna, el uno frente a la otra, y en cuyo reverso figura esta máxima:

 

El resplandor de la Luna

igualará al del Sol

y la luz del Sol

será siete veces más brillante

que el presente.

 

Todas las decoraciones recibidas anteriormente le son quitadas y apartadas. Tan sólo tienen un valor histórico. De esta forma, los candidatos con sus nuevas galas, suben la escalera de  caracol, la escalera real.

Queremos explicarle, ahora, el significado de ese cente­lleante bagaje de oro, después intentaremos subir la escalera de los nuevos elegidos.

Examinemos, primero, qué características tienen los hombres que llegan al Cuarto Día. En ellos la Rosa del Alma,  el Corazón del Microcosmos, se ha abierto. Alquimia (es decir, la pura sustancia astral nueva que nada tiene que ver con la naturaleza de la muerte) ha tomado posesión del campo de respiración. Las siete pesas están en su lugar, lo que significa que los siete aspectos elementales del Espíritu séptuple iluminan, de forma nueva, las siete cavidades cerebrales y han encendido, de nuevo, el candelabro de siete brazos.

En dicho instante, el candidato está equipado para el inicio de la Fiesta de las Bodas. Maravilloso bagaje, en verdad, con el que es verdaderamente posible penetrar hasta el aspecto más elevado del Campo de la Resurrección. Pero ese bagaje no es todavía suficiente para poder subir la escalera real, la escalera de caracol, dicho de otra forma, para ejercer una tarea práctica como miembro de la Cabeza de Oro.

Por esto se plantea la necesidad de un nuevo vestido y de una nueva condecoración del Toisón de Oro. Sin duda, comprende que se alude aquí a nuevas realizaciones y nuevos aspectos que se manifiestan en el candidato. En el gran proceso de transfigu­ración, tres entidades deben ir unas hacia las otras, o sea, el Espíritu, el Alma y el cuerpo.

El cuerpo ha nacido de la naturaleza. El Alma emana del microcosmos despertado. Y el Espíritu proviene del exterior, su origen no es ni la naturaleza, ni el microcosmos. Estas tres entidades deben volverse una.

La unión del alma y del Espíritu no será difícil, pero es preciso que ambos se unan a la personalidad, al cuerpo cuádruple; es una necesidad alquímica. Ahora bien, la personalidad cuádruple no tiene un constitución capaz de ser reabsorbida pura y simplemente en esta triple unidad.

El trabajo preliminar ha sido llevado a cabo. Hay un principio de comprensión. Las tres entidades convergen. Pero el proceso debe ir más lejos. Por esta razón el candidato, a medida que progresa, reviste cada cierto tiempo nuevos vestidos, se pone a nuestro criterio, extraños disfraces. Como comprenderá, la vestimenta no representa una simple ropa exterior. Para alcanzar el sentido profundo hay que comprender bien la poderosa acción que ejerce, Alquimia, el nuevo campo astral microcósmico, sobre el candidato que ha llegado al Cuarto Día.

Hemos dicho más de una vez que el nuevo campo astral difiere completamente, en naturaleza y vibración, de la composición astral de la personalidad de la naturaleza. La fuerza de Luz es mucho más potente, de una frecuencia más alta y, por tanto, actúa mucho más profundamente sobre la personalidad.

Hemos dicho también que las siete «pesas» se encontraban en las siete cavidades cerebrales, dicho de otra forma, que el elixir de fuego que llenaba las siete cavidades cerebrales, sufría una modificación total de naturaleza y de principio. Acto seguido, la actividad superior de la fuerza de Luz comu­nica una nueva «sed» a la personalidad de la naturaleza. El candidato debe, pues, saciarse en el Manantial del Agua Viva. Interiormente no puede hacer otra cosa.

Así descubrimos cómo el cuerpo nacido de la naturaleza, que ha llegado a este estado de ser bajo la influencia de la nueva actividad mental, absorbe las radiaciones espirituales. Con ello la personalidad adquiere una vibración muy particular, cuyo resultado será la modificación de su campo astral. Alquimia libera éteres específicos, éteres nuevos. «El maná» empieza a caer. Se produce la elaboración de «Alimentos santos»: un éter reflector que vibra, muy poderoso, un éter‑luz fuertemente luminoso y radiante y dos éteres inferiores nuevos, actuando profundamente y de forma dinámica. Ahora vemos claramente el nuevo vestido con el que se nos muestra Cristian Rosacruz. El vestido tejido con hilos de oro con maravillosos motivos florales, es el nuevo vestido etérico que aparece después del nuevo vestido astral, el vestido etérico de la renovación, el manto de oro de las Bodas. Demuestra que la transfiguración se está realizando. El cuerpo del deseo, el cuerpo astral surgido de la naturaleza, así como el cuerpo etérico, el cuerpo vital que proviene de la naturaleza, ya están en curso de transformación y disolución.

El Toisón de Oro lo confirma. Debe uno imaginar este ornamento colgando del pecho del candidato, a la altura del esternón y sostenido por la cadena alrededor del cuello.

De hecho, se atrae la atención hacia el esternón, palabra que significa «radiante» Piense en las numerosas representaciones místicas, en las que emanan del esternón una radiación de oro. En el gran proceso alquímico que nos ocupa, de la fuerza radiante y activa del esternón surge una transformación claramente perceptible. Tiene como engastadas piedras preciosas que rutilan en cantidad de siete. ¿Por qué siete? Porque tras la formación del nuevo vestido, en primer lugar, se abrirá el corazón y será traspasado hasta la última fibra. Sin duda sabe que, por su naturaleza, los átomos del corazón difieren de los demás átomos del cuerpo; son diferentes porque la actividad del corazón central del microcosmos, el Átomo original, modifica los átomos del corazón existentes al nacer y los conserva transformados.

Además, el santuario del corazón está en estrecho contacto con el santuario de la cabeza. Cuando el Espíritu penetra en las siete cavidades cerebrales, el corazón está obligado, forzado a seguir Sus impulsos. Lo mismo que al inicio la fuerza del Alma que pasa por el corazón abre el santuario de la cabeza, de igual modo la radiación del santuario de la cabeza cambia la actividad del corazón. Se establece, pues, un íntimo  contacto entre:

el corazón del microcosmos, la Rosa blanca,

el corazón físico del cuerpo,

y el corazón del santuario de la cabeza, la Rosa de oro.

El Toisón de Oro de centelleantes piedras preciosas, se ha hecho realidad.

Examinemos, ahora, la medalla de Oro con la esfinge del Sol y de la Luna, acompañadas de las siguientes palabras:

 

El resplandor de la Luna

igualará al del Sol

y la luz del Sol

será siete veces más brillante

que en el presente.

 

Naturalmente, es el Espíritu quien conduce y marca la intensidad del proceso. Desde siempre, en el lenguaje original de Hermes, el Sol y el Oro son símbolos del Espíritu, la Luna y la Plata lo son del Alma. El símbolo del Toisón de Oro sobre el esternón materializa, pues, la unión del Espíritu y del Alma, del Sol y de la Luna.

Aquel cuyo corazón se eleva así en Dios, se une así a Dios, realiza físicamente, en su corazón de carne, la experiencia de la unidad restablecida entre el Espíritu, el Alma y el cuerpo.

La transfiguración, la verdadera Unión alquímica es, pues, una fiesta que se celebra en primer lugar en el corazón. El Alma irradia con la radiación del Sol, la radiación de Poimandres, mientras que el Espíritu que ha descendido en la carne avanza hacia una gloria cada vez mayor. La Orden de Caballería del Toisón de Oro da testimonio directamente del total renacimiento del alma. ¡Que esta perspectiva de futuro nos reconforte a todos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Después nuestra Virgen nos hizo salir en fila. Ante la puerta, nos esperaban los músicos, vestidos con terciopelo rojo guarnecido con un galón blanco. Entonces se abrió otra puerta, que antes siempre había estado cerrada, que daba acceso a una escalera de caracol, la escalera real. La Virgen nos condujo al son de la música y  nos hizo subir los 365 escalones. En esta escalera vimos reunidas preciosas obras de arte y cuanto más subíamos más admirables eran; finalmente llegamos a una sala abovedada repleta de frescos, donde nos esperaban 60 vírgenes, ricamente vestidas. Se inclinaron cuando nos acercamos y les devolvimos la reverencia lo mejor que pudimos; después de lo cual fueron despedidos los músicos que tuvieron que volver a bajar la escalera y la puerta fue cerrada.

            Si no me hubiera acordado de las tan amigables amonestacio­nes que me dio la Reina, la víspera, habría comparado, desbordan­te de entusiasmo, esta gloria indecible con el cielo. Pues verdad es que la sala resplandecía de oro fino y pedrerías, pero el vestido de la Reina era tan magnífico y tan resplandeciente que era incapaz de sostener la mirada en ella. Así como las estrellas en el cielo se superan unas a otras, esto sobrepasaba en sublimidad todo lo que yo había tenido por bello hasta este día.

 

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8

 

LA ESCALERA REAL DE LAS BODAS

 

Hemos hablado ampliamente del significado del nuevo vestido de oro con el que debe revestirse Cristian Rosacruz, la mañana del Cuarto Día, y de la condecoración del Toisón de Oro. Hemos visto que al inicio de la transfiguración, el corazón y la cabeza sufren, soportan un cambio manifiesto.

Equipados así, los candidatos son conducidos hacia una puerta, que Cristian Rosacruz no había visto hasta entonces, la cual da acceso a la escalera real, una escalera de caracol con 365 peldaños. La puerta de esta escalera se abre siempre ante el candidato cuyo estado de ser podría calificarse de mercuriano.

Reconocemos, en el número 365, el número de Mercurio, número que en este sentido evoca una fuerza y una actividad mercurianas, así como un estado mercuriano. Mercurio llamado el mensajero de los dioses, exige, cual necesidad vital, que el Alma se una a las radiaciones del Espíritu con el fin de que, unidos, puedan manifestarse en el cuerpo físico y por él.

Cuando la fuerza del Alma se alía a la fuerza del Espíritu, algo se abre en lo más profundo de la naturaleza humana, a condición de que esta abertura tenga lugar en el sentido del verdadero aprendizaje gnóstico. Mercurio ha sido siempre el gran símbolo de la iniciación:

El símbolo de la Luna, símbolo del Alma

el símbolo del Sol, símbolo del Espíritu

el símbolo de la Cruz, símbolo de la materia.

 

Este camino atraviesa la materia como un camino de cruz, en total autorendición. Es el camino de cruz del no‑yo, el camino de cruz de Juan: «El debe crecer y yo debo disminuir. No yo, sino el Otro en mí.»

El hombre que recorre este camino conquista el Alma y el Espíritu. Y por poco que se abra al Alma, está obligado a recibir también al Espíritu. Soporta la prueba de las siete pesas. Las siete pesas son colocadas en su lugar. En su cabeza, el Agua Viva inunda las siete fuentes de conciencia y no puede hacer otra cosa que beber de esta Agua, es decir, vivir por Ella y actuar por Ella. Inmediatamente comienza el proceso de la Transfiguración, es el inicio de la fase mercuriana,
fase que conlleva tres aspectos: el Espíritu, el Alma y el cuerpo. Sería preferible decir: el Alma, el Espíritu y el cuerpo. Ya que, en este proceso, el Alma viene primero. Es la Esposa que espera al Esposo. Y cuando el alma, el Espíritu y el cuerpo son llevados los unos hacia los otros y el candidato se vuelve el símbolo vivo de Mercurio, se abre la escalera de caracol, el pasaje real único y directo entre la cabeza y el corazón; así, en un momento dado, el chakra del corazón es la puerta abierta.

 

Antes de seguir adelante, le recordaremos una vez más que, en el ser natural, la conciencia mora en el corazón y la cabeza, que el candelabro de la conciencia arde en el corazón y la cabeza y que existe un divorcio entre estos dos aspectos de la concien­cia. No se puede hablar de unidad. Las razones y consideraciones del corazón son, en general, absolutamente diferentes de las de la cabeza. Y  como el corazón está en unión directa con el cuerpo astral, el corazón ejerce un poderoso dominio sobre la cabeza, por esto se dice: «Lo que el corazón no quiere, no entra en la cabeza.»

Dado que en el ser nacido de la naturaleza el factor astral «corazón», es decir el alma, juega el papel principal, la conciencia cerebral, alimentada por el fluido astral de las siete cavidades cerebrales, tan sólo ejerce la conocida función intelectual; a continuación los distintos centros cerebrales se acoplan perfectamente al estado natural y terminan por cristali­zarse hasta tal punto que cualquier cambio es imposible, debiendo el interesado doblegarse bajo el peso de los males, de la miseria y del sufrimiento. Pues la inteligencia, con los principios intelectuales que recibe, ¡no puede discernir ya otra vía! De manera que los seres nacidos de la naturaleza recorren su camino dotados de un alma nacida de la naturaleza, hasta que sobreviene el fin.

Al inicio del Cuarto Día aparece un estado absolutamente diferente. Anteriormente no se trataba de una verdadera manifes­tación de Mercurio. Pues, en el hombre nacido de la naturaleza, el santuario de la cabeza es un templo que el corazón, es decir los instintos naturales, profana completamente. Su inteligencia, únicamente está ocupada en resolver los problemas para su conservación y en la lucha por la existencia. Cuando la filosofía hermética califica de hombre‑animal, es decir, de ser animado sin más, al hombre nacido de la naturaleza, tiene toda la razón.

Pero en el estado de ser descrito en el pasaje que analiza­mos, el corazón ha redimido su falta capital contra la cabeza, por el total abandono de todo deseo instintivo.

El corazón se ha abierto bajo el efecto de los siete rayos del Corazón central del microcosmos. El alma está renovada, una nueva nube astral se despliega en el campo de respiración y el Espíritu puede tocar el candelabro de siete brazos del santuario de la cabeza. El sacrificio de la sangre ha abierto a la fuerza un camino hacia lo alto.

Y se abre una nueva puerta; se forma un equilibrio entre el corazón y la cabeza, entre el Alma y el Espíritu. Ya que lo que se encuentra en la cabeza está, también ahora, en el corazón. Lo que se halla en el corazón está también en la cabeza, en el santuario superior. El Toisón de Oro da fe de ello.

A partir de lo cual Alquimia pone al candidato en condicio­nes de seguir, por el fuego de la serpiente, el nuevo camino hacia lo alto. Sube los peldaños conducido por la Virgen, Alquimia. Y llegan a la cima, «bajo una bóveda pintada donde los reciben 60 vírgenes suntuosamente vestidas.»

Ciertamente habrá leído u oído que la pineal,  el brazo más alto del candelabro, se comparaba con una rosa o con un loto de 60 pétalos. Comprende, pues, lo que este pasaje quiere mostrarle. Es la descripción del primer encuentro del candidato con el Rey la Reina y la presencia de todos los aspectos y de todas las fuerzas de su conciencia.

El Alma mora en el lugar asignado por orden divina, es decir, en el santuario superior, cerca del Rey, cerca del Espíritu. Esta gran victoria del Alma es de una importancia inconmensurable para el candidato. El Alma es substraída al corazón, con el fin de que las radiaciones espirituales del Espíritu Séptuple accedan a las siete cavidades cerebrales. Entonces el Alma y el Espíritu aseguran el control de toda la existencia, con lo que desaparece la división causante de tantos dolores. También Cristian Rosacruz exulta literalmente de gozo cuando dice:

Si no me hubiera acordado de las tan amigables amonestacio­nes que me dio la Reina, la víspera, habría comparado, desbordan­te de entusiasmo, esta gloria indecible con el cielo. Pues verdad es que la sala resplandecía de oro fino y pedrerías, pero el vestido de la Reina era tan magnífico y tan resplandeciente que era incapaz de sostener la mirada en ella.

Tal vez será conveniente, para terminar que esclarezcamos más algunos detalles del conjunto, con el fin de volver más concreto lo que podría parecer aún demasiado abstracto.

En principio, hablemos un poco más sobre la escalera de caracol que conduce a la Sala de las Bodas Reales. Es el símbolo de la unión entre el chakra del corazón y el chakra superior de la pineal. Cuando el Alma ha renacido y los siete brazos del candelabro arden en la serenidad y la unidad, se desarrolla literalmente en el cuerpo, entre la cabeza y el corazón, una unión de luz etérica que no entraña ningún aspecto anatómico. Esta unión está constituida por éter reflector y éter luz, éteres mentales y sensoriales, animados visiblemente por un movimiento en espiral. Es lo que simboliza la escalera de caracol.

En fin, echemos un vistazo preliminar a la Sala de las Bodas, la parte del cerebro que acoge la pineal y que es la sede de la más alta revelación del Espíritu, a condición de que esté unida al Alma. En esta parte del cerebro que acoge la pineal, no sólo se proyecta la lípika del microcosmos, sino también la lípika del mundo del Alma viva. Teniendo en cuenta que esta posibilidad aparece con la resurrección del Alma que emana del Corazón central del microcosmos, se comprende que la Reina haya producido tan deslumbrante impresión en Cristian Rosacruz:

Así como las estrellas  en el cielo se superan unas a otras, esto sobrepasaba en sublimidad todo lo que yo había tenido por bello hasta este día.

¡Efectivamente! Ahora lo veremos claro. ¡Sin olvidar que todo esto no es más que un comienzo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Habiéndose aproximado nuestra Presidenta, cada una de las vírgenes tomó a uno de nosotros por la mano y nos presentó al Rey con una profunda reverencia, tras lo que la Presidenta dijo: «En honor a Vuestras Majestades Reales, graciosísimos Rey y Reina, los Señores aquí presentes han afrontado la muerte para llegar hasta Vos. Vuestras Majestades se alegrarán de ello con razón, pues la mayoría están cualificados para engrandecer vuestro Reino y sus Dominios, como Vuestras Majestades se darán cuenta por sí mismos, examinando a cada uno de ellos. Desearía, por lo tanto, poder presentarles muy respetuosamente a Sus Majestades, con el humilde ruego de que mi misión se considere terminada y de que se tenga conocimien­to de cómo la he cumplido interrogando a cada cual y de informarles de mis hechos y gestos con cada uno de ellos.

            En aquel momento hubiera sido conveniente que alguno de entre nosotros dijera algunas palabras. Pero como permanecíamos silenciosos, el Viejo Atlas avanzó y dijo en nombre del Rey: «Sus Majestades Reales se alegran infinitamente de vuestra llegada y os otorga su Gracia Real a todos juntos así como a cada uno en particular. Igualmente están muy satisfechos del cumplimiento de tu misión, querida Virgen, por lo que te será concedido un don real. No obstante, desean que continúes todavía hoy cuidando de estos huéspedes, pues no pueden sino tener una gran confianza en ti.»

            La Virgen recogió humildemente su rama de laurel y nosotros nos retiramos, por primera vez, acompañados por ella.

            Esta sala era rectangular por delante, cinco veces más ancha que larga, pero, en el otro extremo, tomaba la forma de un hemiciclo completo así la imagen de una pérgola, un gran pórtico, en el que estaban colocados en círculo tres espléndidos tronos, estando el del centro un poco más elevado que los otros dos. En cada uno de ellos estaban sentadas dos personas; en el primero un viejo rey de barba gris y su esposa ‑que por el contrario era joven y bella. Un rey negro en plena madurez estaban sentado en el tercer trono, y a su lado estaba una vieja y frágil mujer, sin corona y velada. El trono del medio estaba ocupado por dos adolescentes. Estaban coronados con laureles y encima de ambos se encontraba suspendida una enorme y preciosa corona. No eran, ciertamente, tan bellos como yo les imaginaba, pero es así como debía ser.

            Detrás de ellos, en un banco circular, se habían colocado un gran número de viejos. Cosa sorprendente, ninguno de ellos llevaba espada o cualquier otra arma. Además tampoco vi ningún guardia sino tan sólo a determinadas vírgenes, de las que nos acompañaron en la víspera, que se habían sentado a lo largo de los dos lados del hemiciclo.

            No puedo dejar de relatar que el pequeño Cupido revoloteaba por allí, en particular alrededor de la gran corona. De vez en cuando, se sentaba entre los dos amantes y les sonreía jugando con su arco. A veces, simulaba tirar sobre uno de ellos.

En resumen, el pícaro era tan malicioso que no dejaba en paz ni a los pájaros que, numerosos, volaban por la sala y les hostigaba tanto como podía.

            Las vírgenes se divertían con él y, cuando llegaban a atraparlo, no escapaba sin esfuerzo. Así este pequeño tuno aportaba mucho regocijo y diversión.

 

 

                                   Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz

 

 

 

 

9

 

EL CAMPO DE VIDA DEL MACROCOSMOS SOLAR

 

Siguiendo el comentario de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, debemos tratar ahora un asunto que nunca ha sido abordado en la Escuela Espiritual, un asunto que esclarecerá de forma totalmente nueva el proceso por el cual pasan esta Escuela y sus alumnos. La explicación se ha vuelto necesaria, porque el Cuarto Día nos coloca simple y llanamente ante esta realidad y estaría fuera de nuestro propósito mantener velado dicho tema.

Estábamos en el momento en que Cristian Rosacruz, después de subir la escalera de caracol, había entrado en el santuario de la pineal y había contemplado al Rey y a la Reina en todo su esplendor.

Siguiendo el texto, vemos que la Virgen que guía al grupo de los candidatos, la Virgen Alquimia, hace una declaración al Rey y a la Reina, pidiéndoles consideren como terminada la misión que les concierne. A lo cual le responde el Viejo Atlas.

Acto seguido el grupo pasa a otra sala en donde hay tres espléndidos tronos reales dispuestos en círculo. El de en medio está algo más elevado que los otros dos. En el primero están sentados un viejo rey de barba gris y su esposa, que contrariamente es joven y bella; en el tercero, un rey negro de mediana edad y cerca de él, una delgada y vieja mujer; en el centro están sentados dos jóvenes con sendas coronas de laurel sobre sus cabezas; en tanto que, por encima de ellos, está suspendida una gran y magnífica corona. Cristian Rosacruz está visiblemente decepcionado; no les encuentra tan sublimes como los había imaginado. Recordemos la presencia de Cupido, que revoloteaba juguetón por todas partes, en particular alrededor de la gran Corona.

Permanezcamos ahí por el momento y reflexionemos sobre el sentido de todo esto.

Cuando un niño nace, proviene de una posibilidad de realización incluida en el campo de vida terrestre. Todos somos, en tanto que seres nacidos de la naturaleza, literal y físicamen­te «de la tierra, terrestres». Nuestro microcosmos, que nos envuelve, que nos ha adoptado en tanto que ser nacido de la naturaleza, pertenece a un grupo de microcosmos que se explican totalmente por el campo de vida terrestre.

La personalidad de la naturaleza difiere del microcosmos en cuanto que la personalidad, en esta fase actual de su existencia, es mortal y el microcosmos no. Las experiencias de cada personalidad son depositadas y grabadas en el ser aural, es decir, en la memoria de la lípika, el universo microcósmico de los focos magnéticos. Así, a la larga, el microcosmos adquiere un enorme bagaje de experiencias, principalmente cogidas de la vida dialéctica, cuyas características son la fugacidad, la inconstancia, o sea la falta de fundamento y de realidad.

Naturalmente, esta irrealidad tiene una finalidad. Demuestra que la intención del Logos no es,  ciertamente, la de transformar lo irreal en real, es decir, darle un destino, un objetivo. Cada vez que una entidad lo intenta, aparece una cristalización, un endurecimiento que, tal como sabemos, debe ser roto y, efectivamente, ¡termina por ser destrozado! A este quebrantamiento lo llamamos «muerte», porque es el fin último, lleno de incidentes, de la naturaleza dialéctica. Todo sufrimiento, en su esencia profunda, se debe a que el hombre te­rrestre se aferra a lo que es de naturaleza irreal. Esperamos que lo comprenda.

Puede, pues, preguntarse: ¿cuál es el objetivo del microcosmos nacido de la naturaleza y de la personalidad nacida de la naturaleza, tal y como se manifiestas en el gran campo de dicha naturaleza?

Comprenda bien, que la Tierra, nuestro mundo en su extrema y misteriosa compleji­dad, no tiene tampoco una finalidad en sí. La Tierra es un planeta, dicho de otra forma, un elemento del sistema solar. Ahora bien, el sistema solar como unidad grandiosa y superior, como campo de creación sublime e inmensamente grande, nos muestra aquí la vía. Visto en su unidad debe, efectivamente, considerársele como una esfera con poderosa radiación y cuya Luz lo engloba todo. Así pues, un campo de vida más elevado, otro dominio cósmico donde rige un orden de vida totalmente diferente, que en nada puede ser comparado al de la naturaleza dialéctica, y que llamamos el Orden del Alma viva.

Pero la personalidad nacida de la naturaleza, envuelta por el microcosmos nacido de la naturaleza, concibe un gran deseo, una gran aspiración que la lleva hacia ese Orden de Vida superior. Esto no está exento de lógica. Cuando se experimenta la irrealidad y en un momento dado se ve lo irreal como tal, se empieza por intentar hacer real lo que es irreal, hasta que, reconociendo la imposibilidad de tal intento, se abandona para dirigirse hacia el mundo del Alma viva. Ese mundo no es ni la esfera reflectora, ni el reino de los muertos (que tan sólo es un campo cósmico en el que se intenta aún, con fragmentos de la vida anterior, prolongar su irrealidad), sino el campo de vida macrocósmico del sistema solar.

Penetrar en el mundo del Alma viva, no es ser trasplantado a otro planeta o al sol, sino elevarse para participar en un campo de vida, cuya realidad y existencia depende del sistema solar completo. Teniendo en cuenta que la Tierra es una parte de ese gran sistema y que el microcosmos ha salido de la Tierra, es evidente y comprensible que el deseo de nacer en ese otro campo de vida, ese campo de vida sublime, es innato en cada uno. El despertar de ese deseo innato, la aparición del deseo de ir hacia el verdadero destino humano, va a la par con una clara modificación, un visible debilitamiento del interés hacia la naturaleza dialéctica, hacia el mundo de la naturaleza.

Naturalmente, ese nuevo anhelo, esa nueva disposición de espíritu, esa nueva orientación, es la disposición del alma nueva, la orientación del alma nueva, orientación verdadera. El interés por lo irreal decrece, o desaparece; el interés por el verdadero destino humano despierta. No obstante, como el alma es una animación comparable a una carga de energía motriz con vistas a ir en cierta dirección, alcanzar un cierto objetivo, no es nunca la fase terminal en sí misma, sino una fuerza, una posibilidad de alcanzar la fase terminal y un objetivo determinado. Se llega al objetivo mediante una determinada disposición del alma. Así, quien ha adquirido el nuevo estado de alma, o se dedica a adquirirlo, entra en contacto con nuevos aspectos de la vida, aspectos pertenecientes al campo de vida del macrocosmos solar. De forma que cada uno encuentra, por primera vez en su existencia microcósmica, donde sea y de la forma que sea, la propia Esencia del Espíritu, objetivo único de toda vida  manifestada.

Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz empiezan, pues, en una realidad superior. Pero esa realidad superior no puede aparecer, no aparecerá hasta que el nuevo anhelo, el nuevo estado de Alma esté lo suficientemente avanzado. Ya que ese nuevo deseo transforma algo en el santuario de la cabeza  transformación notable que tendrá lugar en el interior y exterior de la parte cerebral que protege la pineal.

La pineal emite una radiación y posee un aura. Se podría hablar de un microcosmos en el microcosmos. El nuevo deseo, el nuevo estado de Alma cambia la forma de respirar de la pineal. Afluyen fuerzas y radiaciones diferentes. Y, ahora, es preciso llegar a fijar las nuevas radiaciones en un vehículo muy cristalizado, y hacerlo de tal forma que puedan actuar en el sistema de la personalidad y en el del microcosmos.

Como ya hemos dicho, es necesario y apremiante fijar las nuevas radiaciones en las siete cavidades cerebrales de forma fundamental. Estas cavidades se llaman también los siete espejos o las siete pesas. Con estas condiciones, comprende usted por qué el candidato que afirma recorrer el camino que lleva al Espíritu, o que tiene la intención, deberá mostrar que satisface esta  exigencia básica. Si éste es el caso, entonces los siete rayos del Espíritu penetran el santuario de la cabeza y, de ahí, se reflejan y se proyectan séptuplemente en el corazón, en el sistema nervioso y en sus cuarenta y dos plexos. Entonces se manifiesta el primer toque séptuple del Espíritu en el ser completo del hombre nacido de la naturaleza. El Logos de la Tierra ha engendrado un hijo de Dios. Y este hijo de Dios puede subir la escalera de caracol, el camino que sube y se eleva hasta el aura de la pineal, para contemplar el milagro y empezar la celebración de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10

 

LAS SEIS PERSONAS REALES

 

Los que, gracias a la preparación del alma de la que hemos hablado, están en condiciones para realizar la subida en espiral, o sea que pueden penetrar en el centro de la pineal, dan vida al centro de percepción más poderoso que un humano pueda poseer.

Con la pineal es posible ver, no sólo como con el ojo ordinario, sino también recibir al mismo tiempo la imagen, la impresión de lo que es percibido; absorber, por así decir, fuerzas y radiaciones y fijarlas en el sistema, lo que es posible también mediante el ojo ordinario, pero indirectamente. Por ello se habla de varias «salas», de cuya existencia tendremos conocimiento en los Días siguientes. Una sala corresponde a la propia pineal; otra sala al espacio situado detrás del hueso frontal, al aura de la pineal. Es ahí, en este sistema tan /complejo y totalmente desconocido, único punto de contacto del Espíritu tal como se manifiesta en el microcosmos solar, donde el candidato es colocado en presencia de la fuerza y de la naturaleza fundamentales de la Realeza.

Esta fuerza ejerce claramente dos acciones, posee dos aspectos: un aspecto positivo y otro negativo, un aspecto masculino y otro femenino. Las Bodas Alquímicas hablan a este respecto del Rey de la Reina. Esta fuerza gemela, que aparece tan a menudo en la naturaleza y que es necesaria para que el aspecto masculino, positivo, pueda ser calificado de creador y el aspecto femenino, negativo y regenerador, calificado de realizador. Ahora bien, esos dos rayos, indisolublemente unidos, atraviesan en un momento dado al candidato. Por ello el relato indica que Cristian Rosacruz y sus compañeros contemplaron al Rey y a la Reina en toda su majestad y quedaron muy impresionados por el radiante esplendor que emanaban.

Cuando el Viejo Atlas, personaje sobre el que hablaremos más adelante, pronuncia en nombre del Rey y de la Reina algunas palabras de agradecimiento a los candidatos y éstos van a salir con la Virgen, ven bajo la bóveda de la salida, tres magníficos tronos, estando el del medio un poco más elevado que los otros dos. En cada uno están sentados dos personajes: en el primero un viejo rey de barba gris, con su joven y bella esposa; en el tercero un rey negro de mediana edad, teniendo a su lado una mujer cubierta con un velo, frágil, y anciana. El asiento del medio está ocupado por los dos jóvenes. Veamos lo que estos seis personajes representan en le proceso del Cuarto Día.

 

En primer lugar, el viejo rey canoso simboliza la madurez por la experiencia, que se ha constituido parte integrante de la entidad manifestada. ¡Cuántas personalidades, venidas a la existencia, habrá conocido nuestro microcosmos en su marcha sobre la Tierra Madre! ¡Qué tesoro de experiencias acumuladas en el ser aural del microcosmos! Ahora bien, la suma de esas experiencias es puesta a disposición del candidato. No existe ninguna duda respecto a que quienes se han elevado en el camino de la liberación hasta el Cuarto Día, tendrán el poder y el deber de utilizar este tesoro de forma totalmente nueva.

Por esto vemos, al lado del viejo rey canoso, una joven y bella reina; ella personifica las nuevas y numerosas posibilida­des, que la marcha consciente sobre el camino de la autorealiza­ción concede al candidato.

En segundo lugar, vemos un rey negro de mediana edad y a su lado, una vieja mujer cubierta con un velo. ¿No es el emblema de la gran copa de amargura, que ha tenido que vaciar el hombre en devenir, caminando desde eones a través de la materia y de la noche? El negro es la imagen de la noche y de las tinieblas, el negro es la imagen del luto, el negro es la imagen del sufrimien­to, de la penitencia y de la purificación. El negro simboliza las múltiples faltas y el comportamiento erróneo.

¡Cuánta madurez no habrá adquirido el hombre en devenir, en su errar! ¡Qué cosecha de experiencias, que cosecha de amarguras!

Por todo ello, puede muy bien servir ahora a los dos jóvenes sentados en el centro. No están aún coronados: la victoria que han llevado es aún virtual. Por esto sólo tiene, en el presente, coronas de laurel sobre la cabeza. Pero una bella corona de gran valor está suspendida encima de ellos.

Los dos jóvenes son las figuras centrales de la grandiosa y nueva obra, que efectivamente se ha hecho posible: deben alcanzar la Realeza perfecta. Por ésta razón aparece ahora Cupido, la radiación de amor del Espíritu designado en la antigua sabiduría bajo el nombre de Fohat. Representa la nueva fuerza vital electromagnética que envuelve completamente al candidato que ha llegado este estadio, fuerza omnipresente, que toca a todas las cosas, en todos sus aspectos, lo renueva todo y hace posible todo.

Hemos , pues, levantado un poco el velo sobre las particula­ridades del relato, aparentemente imaginario, y entrevisto la realidad de la gran fiesta que va a comenzar en el transcurso de esta fase de las Bodas Alquímicas.

 

En el marco de lo expuesto, nuestra atención se centra igualmente sobre la colocación de los ancianos sentados detrás de los tronos reales. Esta imagen es también clásica. Personifican a fuerzas llenas de madurez y delicadeza que, ahora, van a jugar un papel en el gran proceso; estas radiaciones existen desde la fundación del Universo; la Enseñanza Universal las presenta como los Asistentes del Muy Anciano.

¿Quién es el Viejo Atlas, quién es el Muy Anciano? En el instante en que las fuerzas gemelas, correctamente ilustradas por un joven rey y una joven reina que deben alcanzar la Realeza perfecta, atraviesan al candidato, se manifiesta en él el personaje designado en el relato como el Viejo Atlas. Es la fuerza concreta activa que, emanando del Muy Anciano, le precede. Subrayamos que esas fuerzas santas sólo son descubiertas `por los alumnos que de forma efectiva siguen todas las reglas y aspiran, efectivamente, a la Realeza del Espíritu. La presencia del Viejo Atlas les permite adquirir el conocimiento directo. ¡En él encuentran a su «maestro»!

Cuando el Santo Muy Anciano se manifiesta (al que encontra­remos en particular, en el Sexto y Séptimo Día), se revela siempre en los santuarios superiores y jamás en otro lugar. Es el venerable guardián de la Torre, el Hombre-Espíritu original, el Espíritu Santo, el Hijo divino. Es la gran y única Fuerza fundamental del Espíritu, que se manifiesta en un doble rayo; «en abstracto», la Trinidad divina que debe concretarse en el candidato. Bajo la figura del Viejo Atlas, toma forma en el centro de la pineal. Puede usted comparar este Hombre-Espíritu, este Hijo divino, con un doble microcosmos, que resplandece con una vida sublime y se manifiesta exclusivamente en el Macrocosmos solar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Delante de los Soberanos, se erigía un altar pequeño pero bello, sobre el que había colocado un libro cubierto con terciopelo negro, salpicado por incrustaciones de oro. A su lado había una lucecita en un candelero de marfil que, aunque pequeña, ardía sin cesar con una llama tan inmóvil, que no la hubiéramos reconocido con un fuego a no ser porque el pequeño Cupido soplaba encima de vez en cuando.

            Junto al candelero, un globo o esfera celeste giraba alrededor de su eje de forma muy artística. Delante, un pequeño

reloj provisto de música coronaba una fuente de cristal de donde brotaba continuamente un agua pura, color rojo sangre. Al lado, una calavera daba refugio a una serpiente blanca tan larga que,

pese a que rodeaba otros objetos, tenía la cabeza en un ojo y la cola en el otro. Así que nunca salía enteramente de la calavera.         Pero cuando a Cupido se le ocurría hostigarla un poco, entraba en ella con una velocidad asombrosa.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11

 

EL ALTAR Y LOS ORNAMENTOS DE

LA SALA DE LAS BODAS

 

Antes de proseguir los comentarios del Cuarto Día, quisiéramos examinar un punto que hemos dejado de lado, a saber: el discurso que dirige la Virgen Alquimia al Rey y a la Reina, a la entrada de los candidatos en la Sala de las Bodas. Ciertos pasajes precisan reflexión, y tal vez podamos comprenderlos mejor después de las explicaciones precedentes.

Dijo: En honor de Sus Majestades Reales estos Señores han llegado aquí con gran peligro de sus vidas.

Y en otra parte: Porque la mayoría tienen las cualidades requeridas para engrandecer vuestro Reino y sus Dominios.

En estos dos pasajes, vemos claramente el funesto peligro de los métodos ocultos, que tienen a forzar de una u otra forma el maravilloso sistema de la pineal. La consecuencia de ello es la total destrucción de este sistema, así pues, la aniquilación de todo lo ya adquirido de humano. Se cierra así la única salida posible desde nuestra prisión hacia el exterior, hacia la libertad.

Cuando se piensa en el larguísimo camino que debe recorrer el hombre de corazón carnal, en el interior de la esfera de desarrollo terrestre, se comprende porqué se dice que los Señores han hecho el viaje hasta la Sala de las Bodas con peligro de sus vidas. Peligros que han afrontado en honor de sus Majestades Reales y porqué la mayoría posee las cualidades requeridas, para engrandecer el Reino y sus Dominios.

Lo que significa: primero, que su deseo de recibir el Espíritu Santo era y permanece justo y puro, es decir, el camino del renacimiento del alma, en entrega total de sí mismos, como consecuencia de lo cual han encontrado el pasaje hacia la Cámara alta, después de haber demostrado que los siete chakras de la cabeza, las siete pesas, estaban preparados para asegurar su tarea.

Atraemos su atención sobre este punto, porque hemos dicho que todo lo que penetraba en el sistema de la pineal se proyecta­ba, mediante los siete espejos de la cabeza, en el corazón, en el sistema nervioso y en todos los órganos del cuerpo.

La pineal es un órgano de respiración de y percepción. Por su medio inhalamos el prana que nos hace vivir y existir, prana negativo o positivo; bueno o malo. Todo nuestro estado de ser, comprendidos los átomos de nuestro cuerpo concuerda por completo con este alimento. Existencialmente estamos en perfecto equili­brio con el prana inhalado. Por tanto, es muy peligroso condicio­nar la pineal, lo que podría esclavizarnos totalmente a la naturaleza de la muerte.

En todo tiempo se han utilizado plantas, perfumes y diversas técnicas respiratorias para influir las glándulas de secreción interna, el éter nervioso y el fuego de la serpiente, para actuar sobre ellos, para reprimirlos y después llevarlos a cierto estado correspondiendo con los precisos objetivos buscados. Son métodos negativos, extremadamente peligrosos, destinados a influir el cuerpo negativamente, a actuar sobre la pineal para obtener ciertos efectos. Por ejemplo, el incienso es un narcótico que abre la pineal a las influencias mágicas de ciertas iglesias.

No nos extenderíamos sobre las actuaciones ocultas si, en estos últimos años, no se hubiese extendido y empleado una infinidad de pretendidos remedios y terapias que, por ignorancia, tan sólo pueden tener como resultado final la degeneración total del sistema de la pineal. Por lo tanto, se imponía un toque de atención.

En efecto, en los tiempos que corren ¿qué hombre no sufre de tensiones nerviosas, no tiene conflictos en su vida y en lo más profundo de sí mismo? De ahí nacen todas las situaciones difíciles. La razón de ello es que un gran número de radiaciones provenientes de la naturaleza dialéctica y de los eones, radiaciones pues naturales, penetran en el aura de la pineal, ocasionando repercusiones en todo el sistema. Y cuando, por toda clase de medios negativos, nos esforzamos en eliminar las consecuencias sin suprimir la causa, entonces provocamos la degeneración de la pineal. Destruimos la única puerta que se abre a la libertad.

Tan sólo hay una forma posible de cerrar este sistema de la pineal a las influencias de la naturaleza y de abrirlo al Hijo de la Plenitud: el renacimiento del alma. Y sólo los métodos psicológicos de curación, necesarios para ese proceso, serán necesarios para ese proceso, serán válidos para el hombre venidero.

Las Bodas de Cristian Rosacruz atraen la atención sobre el método de curación por excelencia, que pone fin a todas las enfermedades y a todos los sufrimientos. Lo comprenderá cuando descubra a qué proceso está sometido el candidato, durante el transcurso de ese desarrollo.

Insistimos sobre este hecho: ¡no piense que el único gran combate a sostener, sea sólo el del renacimiento del alma! Por si esta declaración le inquieta, citamos las palabras de Pablo: «El Evangelio de Jesucristo está reservado para los fuertes.» Cuidado, Pablo no habla del Evangelio de Jesús, el Místico del alma. Este evangelio no existe, si bien algunos lo desearían vivamente! ¡Pablo habla de Jesucristo! Es decir, del Hombre-Alma en el que se manifiesta el Hijo de la Plenitud. Sólo entonces puede comenzar la gran creación alquímica.

Es el camino de cruz, que empieza en el Jordán, allí donde el Espíritu desciende sobre Jesús el Señor, bajo forma de paloma, camino de cruz que concluye con la Resurrección en el nuevo estado de vida, el Macrocosmos solar.

Preste atención: ¡el descenso del Espíritu tiene lugar en el santuario de la cabeza; y la Resurrección también tiene lugar en dicho santuario!

Entre estas dos fases se realiza el camino de cruz, el camino de la Rosacruz. Piense a este respecto en el nombre de Cristian Rosacruz. Después de la venida del Cristo, después del nacimiento del Espíritu, puede llevarse la Cruz con Rosas hasta el buen fin.

 

Después de lo que acabamos de decir, entremos nuevamente al interior de la pineal para contemplar las tres parejas reales. Vemos también un pequeño y hermoso altar, sobre el cual hay un libro envuelto en terciopelo negro, «salpicado de incrustaciones de oro». A su lado arde con serena luz un candelabro de marfil. Vemos además una esfera celeste, un globo que gira sobre sí mismo como un reloj, una fuente de cristal por la que mana un líquido rojo sangre, y una calavera sobre la que serpentea una serpiente blanca. Descubrimos también unas admirables estatuas animadas, que ejecutan cosas prodigiosas. Intentemos mostrar el sentido de todo esto.

Un altar es un lugar de ofrenda. Está claro, pues, que esta sala real, en el centro de la pineal, es la de la ofrenda total de una nueva naturaleza que es posible adquirir. Ahora, unidos el Espíritu, el Alma y el cuerpo deben, en ofrenda total de sí mismos, transmutarse alquímicamente en un Hombre nuevo, el Hombre divino verdadero. Por ello, vemos como arde serenamente el candelabro de marfil al lado del globo. No es un globo terrestre sino celeste, el poderoso símbolo del macrocosmos solar.

Que esta ofrenda es la ofrenda de la sangre está claramente representado por la susurrante fuente. La eternidad debe manifestarse en el tiempo, para luego escapar de él. Hay momentos decisivos en el curso de este desarrollo, en el que la presencia de un reloj puede recordárnoslo. Pues en esos momentos ponen la vida en juego; éste es el significado de la calavera y del libro envuelto con terciopelo negro, en el que, siguiendo este simbolismo, deben ser inscritos los nombres de todos los que, ante el altar, aceptarán hacer la ofrenda total de sí mismos.

La serpiente blanca que serpentea sobre el altar, cuyo centro lo ocupa la calavera, representa la Sabiduría divina siempre activa. La Sabiduría y la Perfección divinas, el renacimiento completo y total y la inmortalidad absoluta, que deben ser realizados por el Espíritu divino y en El.

Las Bodas Alquímicas nos muestras la vía por la cual, a través de la muerte, alcanzar la Vida y a no establecer dogmas, sino a seguir un proceso de autorrealización. Este es el profundo significado de ese altar.

Recordemos, a este propósito, las tan conocidas palabras de Jesucristo: «Quien pierda su vida por Mí, la ganará.» El altar se levanta ante las seis personas reales, en la región de la pineal, órgano destinado a convertirse en una corte de justicia y un lugar de ejecución de sentencias, tal como veremos más adelante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Además de este altarcillo, se observaban aquí y allá en la sala prodigiosas estatuas que se movían como si estuviesen vivas, y hacían cosas tan curiosas, que me es imposible describirlas todas.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12

 

LAS ESTATUAS ANIMADAS

 

En nuestras reflexiones respecto a todo lo que se ofrece a la vista de Cristian Rosacruz, el Cuarto Día, en la Sala de las Bodas, lugar que simboliza el órgano cerebral de la pineal, hemos omitido la siguiente frase:

 

Además de este altarcillo, se observaban aquí y allá en la sala prodigiosas estatuas que se movían como si estuviesen vivas, y hacían cosas tan curiosas, que me es imposible escribirlas todas.

 

Para poder comprender este pasaje, es preciso saber primero que la parte externa de la pineal está recubierta con una capa granulosa, parecida a la arena. Esos «granos de arena» son minúsculos, tan minúsculos que esta glándula tan pequeña (no más grande que un guisante), puede tener centenares sobre su superficie. El interior de la pineal está constituido, en parte, por una sustancia brillante, amarilla o dorada. Los granos son más grandes que los de la cara externa. En los niños, no se ven esos granos de arena en la cara externa de la pineal, pero en los jóvenes los hay en cantidad. Durante el crecimiento del ser humano, desde la juventud hasta la madurez, su número se incrementa hasta cierta edad, y después desaparecen gradualmen­te.

Los fisiólogos han demostrado mediante toda clase de experiencias, que los esoteristas tenían razón, y tienen razón cuando pretenden que el conjunto de esos «granos de arena» ejercen una función muy importante en el sistema de la pineal.

Tienen en particular una estrecha relación con la actividad del pensamiento, así como con la memoria y la inteligencia. Estos descubrimientos han tenido lugar sobre todo en estos últimos años, por lo que, sin ninguna duda, pueden hallar información en la literatura correspondiente. La falta de estos pequeños corpúsculos, por ejemplo en la superficie de la pineal, pueden dañar seriamente la actividad del pensamiento e incluso anularla.

Los corpúsculos situados en el interior de la pineal, son cristales que dependen del estado hereditario y kármico del interesado. La pineal sufre la influencia de parientes y ancestros, mediante factores hereditarios, y también de la esfera astral del microcosmos, mediante factores kármicos. El conjunto determina la calidad de la pineal, como instrumento de percepción y asimilación. En la mayoría de los alumnos, estos dos aspectos están particularmente desarrollados.

Así es como se forman los cristales externos de este órgano, los cuales corresponden a las diversas zonas cerebrales y a todo el sistema de los chakras. Las radiaciones de esos cristales despiertan la actividad correspondiente, en todo el sistema. Se sobrentiende que el éter nervioso, presenta una imagen concor­dante. Según las predisposiciones hereditarias y kármicas del niño, la pineal demuestra una mayor o menor receptividad mental a la fuerza de Luz de la Gnosis. Incluso es posible que al nacer existan ya tales cristales en la pineal. Comprende, ahora, la inestimable ventaja de un comportamiento perfectamente justo y positivo de los padres, durante el período prenatal del bebé.

No obstante, cada cual, por su karma y su herencia, cobija en sí un «rey negro» y debe tenerse en cuenta. Por ello Las Bodas Alquímicas, tal como hemos visto, señalan la presencia de este rey. Nuestro primer deber es unir en nosotros todos los elementos que permitan asegurar la feliz realización de las Bodas Alquími­cas.

Entonces se produce el gran combate, la gran obra empieza. ¡Y es muy importante que se pueda realizar este combate desde la juventud! ¡Que ventaja para el niño tener padres que comprendan todo esto y actúen en consecuencia! Visto desde este ángulo, el ser padres constituye un inmenso privilegio, una maravillosa tarea y una gran misión.

Comprenda, pues, que es vital hacer que el niño se sumerja en una atmósfera digna de la única vocación del hombre. Cuando los ojos de la pineal son ejercitados, a temprana edad, para captar la atmósfera mental del comportamiento gnóstico, se le enseña interiormente a dirigir sus pasos hacia el Camino. Entonces se activan muy pronto las posibilidades de la pineal de ese niño. Y cuando crezca, podrá concebir mentalmente el Camino, no mediante una lección aprendida de memoria, sino como una cosa natural. Ya que el cristal de los ojos de la pineal tiene el poder de mandar una fuerza vital, un influjo vital a través de todo el ser. Esta fuerza conduce al cuerpo y al alma en la misma dirección.

Pero debe comprenderse también, que se puede hacer mal uso de esa maravillosa estructura y lastimar el poder de la pineal, con todo tipo de sistemas educativos de la naturaleza de la muerte. Y si algo del fuego de la kundalini original ya no pudiera tocar a la pineal, ni a algunos de sus ojos, en los numerosos niños que reciben tal educación, ninguno podría escapar de la prisión de la naturaleza de la muerte; tendrían que combatir aún más duramente para liberarse.

Quisiéramos mostrar también el gran peligro de ciertos hábitos mentales. Muchos persisten en una actividad mental, que consiste en mantener activos ilusiones o sueños que llevan a un comportamiento erróneo o negativo. Si se mantiene lo bastante una vida mental escabrosa de ese género, en un momento dado aparece una tensión psíquica. Y los efectos de esta tensión pueden actuar tan fuertemente, que los pensamientos profundamente escondidos empujan a actos indeseables o a la inactividad total.

 

Después de lo que antecede, comprenderá ahora lo que quieren decir las maravillosas estatuas citadas en el relato, estatuas animadas, como vivas, ejecutando cosas singulares. Todo hombre posee semejante galería de maniquíes en los corpúsculos de la pineal y a menudo se convierte en su víctima. Las mentes estereotipadas se explican de esta forma. Esto sólo es provechoso en ciertos casos, por ejemplo, cuando la actividad mental de los años jóvenes ha sido tal que, espontáneamente, el cuerpo y el alma se comprometen a realizar el gran proceso de liberación. Pero en numerosos casos, esta galería de maniquíes no es otra cosa que el resultado de la actividad mental del «yo», incapaz de hacer recorrer el camino de liberación al cuerpo y al alma, o bien, conduciéndoles a la inacción total. He ahí por qué esas figuras ofrecen extraños espectáculos, tan extraños que compren­demos a Cristian Rosacruz cuando dice: Me es imposible explicar­los todos.

Esperamos haber conseguido, mediante estas explicaciones, esbozar el maravilloso instrumento que se encuentra en el santuario de la cabeza, del que tenemos un conocimiento ínfimo, a pesar de que deberíamos prestarle una constante atención. Así, pues, ¡esté y permanezca vigilante!

 

 

 

 

 

 

 

Abandonamos la sala con nuestras vírgenes, satisfechos y dichosos por este recibimiento. Nuestros músicos nos esperaban y bajamos en su compañía la escalera de caracol; a continuación la puerta fue cuidadosamente cerrada y echados los cerrojos.

            Cuando estuvimos de vuelta en la sala, una de las vírgenes exclamó: «Me sorprende, hermana, el que te hayas atrevido a mezclarte con tanta gente». Nuestra Presidenta respondió, refiriéndose a mí: «Hermana, no temo a nadie más que a éste.» Estas palabras me causaron pena pues comprendí que se burlaba de mi edad, pues en efecto yo era el más anciano. Pero, sin embargo, me consoló una vez más prometiéndome librarme de esta carga si mantenía buenas relaciones con ella.

            Después de lo cual se sirvió la comida; cada uno se colocó al lado de su virgen, cuya instructiva conversación absorbía toda nuestra atención. Pero no me está permitido revelar los temas de sus charlas ni de sus pasatiempos. La mayoría, no obstante, habían tratado sobre las Artes. Lo que me permitió notar que tanto los ancianos como los jóvenes eran muy doctos.

            No cesaba de preguntarme cómo encontrar la juventud, pues este aspecto me entristecía un poco. La Presidente se percató de ello y dijo entonces: «Sé muy bien lo que le falta a este jovencito. Sospecho que estará más contento mañana, si me acuesto con él esta noche.»

            Estas palabras les hicieron reírse a carcajadas, y aunque el rubor me enrojeció las mejillas, no pude cortar reírme de mi situación.

            Uno de mis compañeros, queriendo vengarme del ultraje que había sufrido por parte de la Presidenta, dijo: «Espero que no solamente nosotros, sino también las demás vírgenes den testimo­nio en favor de nuestro hermano y certifiquen que nuestra Presidenta le ha prometido dormir con él esta noche.»

            «Lo haría gustosa», respondió ella, «si no temiera molestar a mis hermanas eligiendo sin su consentimiento ¡al mejor y más bello!»

            «Querida hermana», exclamó de repente una de ellas, «notamos que tu alta función no te ha vuelto orgullosa. Si nos permites sortearnos a los Señores aquí presente para ser nuestros compañeros de lecho, te concederemos gustosas ese privilegio.»

            Nosotros consideramos esto como una broma y reemprendimos nuestras conversaciones. No obstante, nuestra Presidenta no pudo evitar hostigarnos y dijo de nuevo: «Señores míos, ¿y si dejamos a la suerte el cuidado de decidir quienes dormirán juntos hoy?»

            «Bien», dijo yo, «si no hay otro remedio, no podemos rehusar esta oferta.» Convinimos en hacer la experiencia inmediatamente después de la cena; nadie quiso permanecer en la mesa durante más tiempo, por lo que nos levantamos todos y cada uno se puso a caminar de arriba a abajo, con la virgen que le fue asignada desde el principio. Pero la Presidenta dijo: «No, no es así como debe hacerse. Veamos lo que decidirá la suerte.»

            Después de lo cual, se nos separó y se produjo una discusión entre ellas sobre el procedimiento a emplear. Lo cual no era sino una simulación, pues, inmediatamente nuestra Presidenta propuso que nos colocáramos en círculo en un orden cualquiera. Entonces ella nos contaría comenzando por sí misma y la séptima persona debería aceptar indiferentemente a la séptima persona siguiente, fuera una virgen o un señor. No sospechamos ninguna trampa, por lo que todo ocurrió así. Creíamos estar bien mezclados los unos con los otros, pero sucedió que las vírgenes estaban dispuestas entre nosotros conociendo de antemano su lugar. Nuestra Presiden­ta comenzó a contar: la séptima persona resultó ser una virgen, la séptima persona siguiente, de nuevo, una virgen; la siguiente otra virgen por tercera vez, y así continuó la cosa hasta que, para nuestra gran sorpresa, todas las vírgenes hubieron salido del juego sin que hubiese sido designado ninguno de nosotros.  Nos quedamos pues solos, pobres miserables, obligados a soportar grandes burlas y a reconocer que habíamos sido engañados hábilmente.

            Sin embargo, ¡quien nos hubiese visto colocados de la forma que estábamos, antes hubiese supuesto que el cielo se desplomaría que no que todos seríamos eliminados! Así acabó la broma y tuvimos que aceptar gustosamente que las vírgenes se rieran a costa nuestra.

            En este momento, el turbulento y pequeño Cupido vino a unirse a nosotros de parte de Sus Majestades Reales, para ofrecernos un trago de una copa de oro; pidió también a nuestra Presidenta que se presentase delante del Rey y nos explicó que no podía quedarse más tiempo con nosotros, y no lo tuvo ni siquiera para entregarse a sus festivas manifestaciones de amor. Por consiguiente, le dejamos emprender de nuevo el vuelo, dándole las gracias con deferencia y humildad.

            Mientras tanto, la alegría impulsó las piernas de mis compañeros que organizaron rápidamente un baile, con el consenti­miento de las vírgenes, poniéndose todos a danzar. Preferí mirar que participar. En efecto, sus pies alados se movían hábilmente, como si supieran hacerlo desde hace mucho tiempo.

            Después de algunos bailes, nuestra Presidenta volvió y nos anunció que los artistas y aspirantes habían propuesto, a Sus Majestades Reales, representar una comedia en su honor y para su divertimiento, antes de marchar. Sería del agrado de su Majestad Real, si quisiéramos asistir a la representación y acompañar a Su Majestad a la Casa del Sol, como El lo explicó graciosamente. Entonces fuimos a transmitir humildemente nuestro agradecimiento por el honor que se nos hacía y ofrecimos con deferencia nuestros modestos servicios, no sólo en esta ocasión, sino en cualquier circunstancia, lo que la Virgen Le transmitió.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13

 

LOS PAJES Y LAS JOVENES

 

Siguiendo el relato del Cuarto Día de Las Bodas Alquímicas, hemos subido con mayor o menor dificultad el camino espiral, según nuestras posibilidades, y hemos estudiado la región cerebral de la pineal, con el fin de percibir la verdadera tarea que cada candidato debe realizar después de la preparación requerida.

Ahora, descendemos nuevamente por la escalera de caracol y la puerta está cerrada provisionalmente con cerrojo. Le sigue un intermedio aparentemente frívolo y voluptuoso. Por lo menos, las historias de amor parecen desentonar en este relato. Pero antes de juzgar definitivamente, examinemos el texto más detenidamente. Si alguna vez un escrito ha sido cubierto con un espeso velo, para desviar la comprensión del lector no autorizado, es realmente éste.

 

Cuando los candidatos abandonan la cámara de la Torre y descien­den la escalera de caracol, se dice que están acompañados por doncellas o vírgenes.

Ya hemos tenido ocasión de hablar de estos personajes. En Las Bodas Alquímicas, parece que hay muchas vírgenes y pajes; a cada candidato se le atribuye una doncella y un paje. ¿Qué significa?

He aquí la respuesta: cuando convertidos en verdaderos candidatos a los Misterios gnósticos, hemos adquirido el Alma nueva, entonces es natural y evidente que la fuerza de luz afluya en la pineal. Esos principios espirituales tiene, al inicio, dos polos, negativo y positivo, dos aspectos, masculino y femenino.

La antigua sabiduría china hablaba de Yin y Yang. La corriente de estas dos fuerzas de luz espirituales, llamadas en Las Bodas Alquímicas «el Rey» y «la Reina», recorre todo el sistema de la personalidad y se reparte, pasando por los chakras y los numerosos centros sensoriales, en centenares de radiaciones y de influjos varios. Así pues, un gran número de pajes y muchas doncellas actúan, en el candidato, al servicio de la Gnosis.

Cada alumno que se compromete en el gran proceso llamado Bodas Alquímicas, posee su propia naturaleza, su propio pasado y se encuentra en una situación muy particular en medio del mundo aparente. En este particular estado siente la influencia especial de las chakras, que actúan de forma muy íntima: le ayudan a abrir todas las puertas, o le censuran y le provocan tensiones.

Se comprende, pues, por qué cada candidato a los Misterios gnósticos dispone de un paje propio y una doncella. En el relato de Las Bodas Alquímicas, éstos personifican las modalidades y particularidades de la manifestación de las fuerzas Yin y Yang en el candidato; a veces las dos juntas, a veces la una como fuerza realizadora, el paje, a veces la otra como fuerza reveladora, la doncella.

Cuando los candidatos, después de haber recibido la poderosa visión de la gran obra en la cámara de la Torre, donde han podido contemplar al Rey y a la Reina, son llevados al plano ordinario, cada uno está acompañado de una doncella.

Vemos, acto seguido, en la víspera, a la Doncella que dirige al grupo de candidatos, su Presidenta, burlándose de Cristian Rosacruz. Pero lo consuela prometiéndole liberarle de este peso si se muestra amable con ella. Cristian Rosacruz reflexiona largamente sobre estas palabras. Es molestado en su reflexión por estas palabras de la Doncella: Estoy segura que si durmiera a su lado esta noche, mañana estaría más alegre. Todos ríen, Cristian Rosacruz enrojece y ríe a su pesar.

Después acontece la escena en la que se ve que no se trata de un encuentro amoroso entre las doncellas y los candidatos. ¡En efecto, el azar lo decide de otra forma!

Tal vez comprenda ahora lo que debe de pensarse al respecto. La superchería tiene la siguiente explicación: cuando la fuerza del Espíritu Santo empieza a manifestarse en el candidato como una corriente positiva y negativa y estas dos corrientes se dividen en gran número en el sistema, el yo ordinario, el hombre ordinario nacido de la naturaleza, el antiguo estado de ser y sus orientaciones, no podrían en ningún caso ejecutar una unión con ellas. En su actividad positiva y negativa, las radiaciones de la Gnosis nos ayudan, nos aclaran, nos sostienen pero no se asocian jamás a lo que proviene de la naturaleza de la muerte. Las fuerzas de la nueva naturaleza no podrían unirse a la antigua naturaleza.

No obstante, para quien recorre el Camino, la promesa de que será liberado del debilitamiento, de la dialéctica de la muerte, así pues, de su vejez, se realizará plenamente (¡sea cual sea el número de vidas durante las cuales ha errado en el mundo de la caída!) Ya que el Espíritu Séptuple, en su doble manifestación, nos acompaña hasta el cumplimiento final, sin poder ni querer actuar en nada que conserve la naturaleza. El «yo» no obtiene nada de esta Santa Actividad para sí mismo. El «yo» obtiene todo cuando no desea nada para él.

Detrás de estos episodios aparentemente dignos del Decame­rón, aparece una verdad consoladora, alta y sublime. La Luz gnóstica nos acompaña en todas nuestras vías. Incluso el Amor divino permanece en nosotros. Pero es imposible menoscabar esta Majestad.

Quien comprende esta gran verdad, quien la experimenta, quien la confiesa interiormente y en consecuencia toma medidas, comprenderá la conclusión que hay que sacar del episodio. Cupido, la fuerza del Amor divino, sobreviene para dar, a los que asisten a la Fiesta, un trago de la copa de oro de parte de Sus Majesta­des Reales.

Si ha comprendido lo que hemos dicho, si no intenta asociar lo que es santo con lo que no lo es, verá claramente que quien va por delante de la efusión de la Gnosis como se debe, reforzará mucho en él la acción positiva del Espíritu Séptuple. Por esto, la Fuerza séptuple que reciben los participantes en la Fiesta de las Bodas con gran efusión, va acompañada siempre de una gran alegría, simbolizada en el relato por una animada danza: un nuevo ritmo vital se impone a los que se aproximan a las Bodas Alquímicas, ritmo que culmina con el anuncio de una reunión de todos en la Casa del Sol.

 

Después de algunos bailes, nuestra Presidenta volvió y nos anunció que los artistas y aspirantes habían propuesto, a Sus Majestades Reales, representa una comedia en su honor y para su divertimiento, antes de su marcha. Sería del agrado de su Majestad Real, si quisiésemos asistir a la representación y acompañar a Su Majestad a la Casa del Sol, como El lo explicó graciosamente.

 

La danza de las doncellas con los candidatos a las Bodas Reales, simboliza la efusión de la nueva kundalini en sus numerosas ramificaciones y la reacción de los candidatos en su existencia. De ahora en adelante, en todos los aspectos de su vida, deberán contar con la Gnosis que les toca con un ritmo regular. Por esta razón en el relato se dice: Los pies alados de mis compañeros se movían hábilmente, como si supieran hacerlo desde hace mucho tiempo.

Así, y no de otra manera, es como se prepara uno para las Bodas Reales. Acto seguido, tiene lugar la comedia en la Casa del Sol y es a partir de ahí cuando los candidatos se pondrán en marcha.

La Casa del Sol es el santuario del corazón. El Sol es el Espíritu, el Rey y la Reina mismos. El corazón es el lugar en el que debe permanecer el Espíritu, cuando se haya unido perfecta­mente con el Alma, cuando se hayan celebrado las Bodas Reales, de forma completamente real y en total perfección.

La pineal, centro de gran importancia, es el punto de penetración del Espíritu. En el transcurso de su subida en espiral hacia las alturas, el candidato descubre que el Rey y la Reina están ya presentes, pero no han sido coronados todavía.

¿Para qué esta efusión? Para unir plenamente el estado del corazón, el Alma del neófito, al proceso que se desarrolla, a partir de entonces, progresivamente. Usted ya sabe que hay que distinguir entre el Alma y el Alma que tiene el conocimiento. Gracias a Dios, numerosos alumnos de la Escuela Espiritual han adquirido el Alma nueva, en ellos, está despierta e irradia. Pero debe estar orientada, unida, incitada al saber, llevada al conocimiento, proceso del que se ocupa sin cesar la Escuela Interior de la Joven Fraternidad gnóstica.

El Alma nueva es únicamente una radiación. Cuando el Espíritu no la dirige, está entregada al azar y al yo, siempre vivo, está empujada a actos negativos.

En el episodio del Cuarto Día, la corriente de la kundalini del Espíritu Séptuple penetra en el centro de la pineal, entra directamente en unión con el corazón, teniendo en cuenta que éste buscaba ya, con un profundo deseo del Alma, el camino de subida en espiral hacia las alturas. En ese momento, el gran proceso de la transmutación alquímica se graba directamente en el Nous, de forma que el Alma «conocerá como es conocida». Dicho de otra forma, el estado del corazón del Hombre-Alma-Espíritu debe volverse tal que lleve continuamente hacia  el acto justo, el acto orientado hacia el Espíritu. En el transcurso de esta preparación del corazón, la representación teatral da a cada candidato, como principal interesado, una imagen de la gran obra a realizar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poco después, ella nos advirtió que debíamos esperar en orden a Sus Majestades Reales, en la galería donde fuimos rápidamente conducidos. No permanecimos allí mucho tiempo, pues el cortejo real estaba preparado aunque sin el menor acompañamiento musical. Abriendo el cortejo marchaba la Reina desconocida que estuvo ayer entre nosotros, llevando una pequeña y preciosa corona, y vestida con satén blanco. Lucía solamente un pequeño crucifijo hecho con una única perla, la cual había sido abierta precisamente ese día entre el joven Rey y su Prometida.

            Tras ella, venían las seis principales vírgenes en dos filas; llevaban la joya del Rey cuyo sitio era el altarcillo. A continuación venían los tres reyes, el novio en el centro, sencillamente vestido con un ropaje de satén negro de corte italiano. Llevaba un pequeño sombrero redondo, negro, adornado con una pluma negra, pequeña y puntiaguda; se descubrió amable­mente ante nosotros para mostrarnos sus buenas disposiciones. Por nuestra parte, le hicimos una reverencia, así como a los otros, tal y como se nos había prescrito.

            Tras los tres reyes venían las tres reinas, dos de las cuales estaban ricamente ataviadas. Tan sólo la de en medio estaba también completamente vestida de negro; Cupido llevaba la cola de su vestido. A continuación, se nos indicó que siguiéra­mos, pues venían las vírgenes y, por último, el Viejo Atlas cerraba el cortejo.

            Después de haber desfilado a lo largo de múltiples pasillos ricamente decorados, acabamos por llegar a la Casa del Sol para asistir con el Rey y la Reina a la comedia presentada, en una tribuna de ceremonias que se había construido allí.

            Estábamos a la derecha de los reyes, pero a cierta distan­cia; las vírgenes estaban en el lado izquierdo, a excepción de aquellas que habían recibido las insignias reales. A estas últimas, se las designó un lugar particular, en la parte más alta. Los demás servidores debieron colocarse entre las columnas y contentarse con ello.

            Como esta comedia ofrecía numerosos aspectos interesantes de meditar, no puedo evitar hacer un breve resumen de la misma.

 

En primer lugar, aparecía un viejo Rey con algunos servidores; le hacen entrega, ante su trono, de un cofrecito que se había encontrado flotando en las aguas, según se le dijo. Al abrirlo, encuentran una niña, algunas joyas y un pergamino lacrado dirigido al Rey. El Rey lo abre y una vez que ha leído la misiva se pone a llorar. Después explica a sus servidores como, desgraciadamente, el rey de los Moros había invadido el reino de su tía y había masacrado a toda la descendencia real, excepto esta niña. El había proyectado siempre casar a su hijo con la hija de su tía, jura, pues, consagrar al Moro y a sus cómplices una enemistad eterna y vengarse de lo que ha pasado. Al mismo tiempo, ordena que se críe tiernamente a la niña y que se apresten a la lucha contra el Moro. Estos preparativos y la educación de la niña (confiada a un viejo preceptor cuando fue algo mayor), ocupaban todo el primer acto con refinadas diversio­nes y dignas de elogios.

            Como intermedio fue presentado el combate de un león y de un grifo; la victoria la obtuvo el león, lo que es muy comprensi­ble.

            En el segundo acto, entró en escena el Moro, un negro lleno de astucia. Con despecho, se entera de que su crimen ha sido descubierto y que una niña había escapado gracias a unas artimañas. Entonces se pregunta qué estratagema emplear para vencer a tan poderoso enemigo, cuando el medio para hacerlo se lo proporcionaban unos refugiados, llegados a su país empujados por el hambre.

            Cuando inesperadamente, la niña cae de nuevo en sus manos, la hubiera hecho estrangular inmediatamente, de no haber sido engañado por sus propios cortesanos de forma milagrosa. Este acto termina, pues, con una victoria del Moro muy particular.

            En el tercer acto, se reúne contra el Moro, en nombre del Rey, un gran ejército mandado por un viejo y valiente Caballero. Este invade el reino del Moro, liberando a la joven de la torre por la fuerza, y la proporciona vestidos nuevos, después se erige con rapidez una bella tribuna en la que ella se sitúa.

            A continuación aparecen doce enviados del Rey, a los que el Caballero anteriormente citado les dirige estas palabras: su muy gracioso Señor y Rey no sólo había salvado a la niña de la muerte por segunda vez, ni la había hecho educar regiamente (aunque ella no se condujo siempre como habría debido), sino que Su Majestad la había elegido además, entre muchas, como esposa para su joven Señor e Hijo, y deseaba hacerle la gracia de realizar sus desposorios efectivos, con la condición de que ella se comprome­tiera a adquirir hacia su Majestad, las siguientes obligaciones. Sobre las que se leían en un documento algunos bellos preceptos, dignos de ser citados si ello no nos llevara demasiado lejos. En resumen, la joven juraba observarlas exactamente y agradecía la gracia concedida de la manera más distinguida.

            Después todos entonaban un canto de alabanzas a Dios, al Rey y a nuestra Presidenta, tras lo cual abandonan la escena.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

14

 

LA REPRESENTACIÓN TEATRAL

DE LA CASA DEL SOL (I)

 

Hemos explicado detenidamente por qué, en un momento del aprendizaje, la kundalini del Espíritu, después de haberse impuesto en todo el sistema de los chakras, se manifiesta directamente en el santuario del corazón, con el fin de dar al Alma nueva el conocimiento completo del gran y santo proceso que va a iniciarse en ella, la Fiesta de las Bodas propiamente dicha.

La comedia representada describe la educación del Alma. Muestra de forma simbólica, todos los detalles del proceso que se grabará en el Alma. Los personajes reales, de los que se han tenido conocimiento en el espacio de la pineal, penetran en la gran sala del santuario del corazón. Los candidatos interesados en el asunto son colocados a la derecha de la compañía real, mientras que las doncellas se sitúan a la izquierda.

La designación de estas plazas señala una vez más que, cuando el Alma nueva renacida es elevada al conocimiento, el candidato está unido de forma muy positiva a la Sabiduría del Alma y a su destino. Entonces empieza el primer acto de esta interesante comedia. Intentemos comprender la intención, como si fuésemos espectadores.

 

Primer acto

Al igual que Moisés fue descubierto por la hija del faraón en una canastilla de junco sobre las aguas del Nilo, una bella niña es encontrada en una canastilla flotando sobre el agua y es llevada ante un anciano rey. Es la única rescatada de una familia real masacrada por el rey de los Moros. El anciano rey había proyecta­do precisamente casar a su hijo con esta joven princesa en el momento debido y, ¡he aquí, que le es presentada como última descendiente de su línea! Al igual que Moisés fue educado en la corte real de Egipto, esta joven princesa es adoptada de inmediato por el anciano soberano, que ordena educarla con cariño y partir a luchar contra el criminal rey de los Moros.

El episodio del primer acto es claro. Una ola de vida humana se forma. Una ola de vida que debe realizar un plan divino completo. Una ola de vida en la que cada entidad es elegida y llamada, con el fin de alcanzar el sacerdocio real, un estado humano divino. Sabemos que una gran parte de esta ola de vida es objeto de una oscura traición, se traiciona a sí misma en el transcurso de su marcha hacia el nadir de la materialidad.

Sabemos como el sentimiento ilusorio de superioridad del hombre de carne ha corrompido y lastimado todo el sistema, aislando el Alma, concebida para servir de intermediaria entre el cuerpo y el Espíritu; como en lo sucesivo el núcleo del Alma, que es inmortal, se encuentra solo y abandonado en el océano de la vida. Al fin, el Espíritu, que es pariente del Alma, decide salvarla, educarla, regenerarla y darle su verdadero destino.

El principio fundamental de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro es asegurar de nuevo el crecimiento, desplegar nuevamente la belleza del núcleo radiante de la mónada, el átomo original, el capullo de rosa y, como soberano, colocarlo nuevamente en el corazón de la Cruz, el hombre de carne. Esta tarea fundamental es el único objetivo de la Triple Alianza de la Luz; tarea que tiene por base el Alma y el conocimiento perfecto. Todo lo que se aparta, todo lo que se opone es ignorado y rechazado, y debe serlo. A este respecto, el verdadero alumno adopta el punto de vista de Pablo, quien declara de forma auténticamente hermética: «Me he prometido no conocer otra cosa que Jesucristo y Jesucristo crucificado», es decir, el Alma unida al Espíritu que reina en el centro de la personalidad transfigurada.

Como intermedio entre el primer y el segundo acto, asistimos al combate del León con el Grifo, combate verdaderamente lleno de esperanza, ya que el Grifo es aquí el clásico Dragón alado, el fuego de la serpiente sin purificar aún, que amenaza continua­mente al Alma. El León simboliza la fuerza del Amor divino, que siempre resulta vencedor en la batalla.

 

Segundo Acto

 

En el segundo acto vemos aparecer nuevamente en escena la fuerza tenebrosa y destructora que pone al Alma en peligro. El moro descubre que un miembro de la familia real se le ha escapado y, para atraer a la joven, utiliza una estrategia que da resultado. Acto seguido ordena matarla, pero es traicionado por sus propios servidores.

Esta segunda lección que todas las Almas en el camino de renovación deben aprender, y no perder jamás de vista. Cuando el Alma empieza a animarse y se vuelve hacia su único destino, o sea cuando influencia a la personalidad (lo que Hermes entiende por «la luz del Alma»), llama irresistiblemente a la fuerza curativa del Espíritu pero también a la fuerza de la kundalini dialéctica, la fuerza de la naturaleza ordinaria, representada por «el Moro», la antigua voluntad, por Authades, la fuerza de cabeza de león en la Pistis Sophia. Esta fuerza penetra por el fuego de la serpiente y vivifica el plexo sacro, sede de todo el pasado kármico. Ningún alumno puede evitar el caer nuevamente cada vez bajo el dominio de esta influencia negativa. Así pues, el Alma está en continuo peligro porque diversas influencias la traicio­nan sistemáticamente.

Para entenderlo, piense por ejemplo que en el transcurso del desarrollo del Alma viva, mientras que ella influencia al hombre en su cuerpo, se presentan sin cesar situaciones, comportamientos y costumbres de la antigua vida que, a la luz del Alma nueva, no son defendibles y deben ser abandonados. Estas viejas costumbres han dejado en el sistema marcas etéricas y astrales. Ahora bien, desde el momento en que todo ello no es alimentado directamente por el comportamiento, empiezan a tener hambre. Estas formas astrales hacen actuar la serpiente dialéctica, la kundalini natural. Por esto en el segundo acto se dice que refugiados empujados por el hambre, proporcionan una estratagema al Moro. Así, aumentan incesantemente las tensiones en el Alma, que es la víctima o corre el riesgo de serlo.

Pero se produce un gran prodigio: el Moro es engañado por sus propios servidores, de forma milagrosa dice el relato. En efecto, el Moro tiene dos clases de servidores, ya que en su campo de existencia y en su fuerza dinámica, coexisten las fuerzas dialécticas contrarias. Así pues, cuando las tinieblas suscitan el mal, puede resultar el bien en razón de la naturaleza misma de la dialéctica. Todos conocemos el juego engañoso de estos cambios: el bien que se transforma en mal y el mal que se convierte en bien. Piense en los numerosos casos, de la historia mundial, en los que realizaciones obtenidas con fuerzas y medios importantes, y un enorme gasto de inteligencia, han dado invariablemente resultados contrarios.

Por esto, todos los adversarios, grandes o pequeños, terminan siempre, de una u otra forma, por ser engañados por sus propios servidores. De ahí que también el Alma escapa periódica­mente a la trampa del mal. Aunque el Alma sea salvada periódica­mente, no por ello está liberada de su aprisionamiento y aislamiento, pues no puede manifestarse en el campo de las fuerzas contrarias. Este es el tema del siguiente acto.

 

Tercer Acto

Una gran tropa marcha contra el Moro. La princesa es liberada, recibe nuevos vestidos y ocupa su sitio sobre un estrado. Su salvador hace un discurso y declara, en particular, que es elegida entre muchas para ser la esposa del Hijo del Rey. Comunica esta noticia a los doce enviados del Rey, símbolo de los doce pares de nervios craneanos que transmiten a la conciencia los impulsos dirigidos al Alma. Pero ese noviazgo real tan sólo puede realizarse, si ella acepta expresamente satisfacer unas severas condiciones. Vemos que lo promete y agradece la gracia concedida.

El tercer acto finaliza con un canto de loor a Dios, al Rey y a la Joven.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                         15

 

LA REPRESENTACIÓN TEATRAL

EN LA CASA DEL SOL (II)

 

Hablaremos aquí del significado del tercer acto de la comedia representada en la Casa del Sol, el santuario del corazón. Sabemos que el Alma está salvada, pero no está liberada, su aislamiento es total aún. Está y permanece prisionera del cuerpo físico, en donde dominan numerosas fuerzas de la contra-naturale­za. Pero vemos ahora que una gran armada se dirige contra el Adversario, simbolizado por el Moro.

Esta fuerza armada representa la Cadena Universal de la Gnosis, manifestándose mediante una Escuela Espiritual gnóstica como  Joven Gnosis, Joven Gnosis establecida en país enemigo. Todas las almas que desean y buscan verdaderamente la vida liberadora, pueden ser liberadas y lo serán por su admisión en el Cuerpo Vivo, con sus características astrales y etéricas particulares, y recibirá nuevos vestidos.

El vestido natural del alma es la personalidad, el hombre físico. Este vestido debe ser renovado mediante una transfigura­ción perfecta. Tal es el vestido que indica el relato, el vestido de luz, el manto de Oro de las Bodas, más especialmente llamado el vestido del Alma. Este vestido confiere, al Alma iluminada, la libertad de acción fuera del cuerpo físico. Examinemos de qué se trata.

Quien es admitido en el Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual actual, aquel cuya alma está liberada y que ha obtenido el medio para desarrollar el principio del Alma nueva, el capullo de rosa, recibe del Cuerpo Vivo fuerzas astrales nuevas, o sea, fuerzas etéricas nuevas. Estas son otorgadas como alimentos santos. Gracias a ellas el alma se construye una especie de cuerpo, el soma psychikon, un vestido de sustancia psíquica y material, el manto de Oro de las Bodas, con el que se envolverá.

Este vestido del Alma no tiene casi ninguna relación con el hombre físico, aunque éste colabora sin cesar con el Alma mientras es posible. Pone el Alma en condiciones de manifestarse, a veces totalmente independiente del cuerpo físico, de realizar lo que se llama viajes, es decir, en condiciones de experimentar, crecer y establecer los contactos necesarios.

Señalemos que este fenómeno nada tiene que ver con la división de la personalidad practicada en el ocultismo, ni con la que se realiza durante el sueño. A menudo, durante el sueño del verdadero alumno, la parte sutil de la personalidad permanece cerca del cuerpo físico, en tanto que el Alma y su vestido, si lo posee, sigue su propio camino, totalmente independiente de la esfera reflectora. Este estado de ser tan particular sólo puede ser alcanzado, si el hombre físico colabora mediante la rendición del yo.

Así pues, cuando el Alma es liberada así de su aislamiento, o participa en el proceso de liberación, está llamada a ser la esposa del Hijo del Rey. Comprenda bien esta expresión: tan pronto el Alma ha renacido y ha sido liberada de su aislamiento, el Espíritu Séptuple se une a ella, preparándose las verdaderas Bodas Alquímicas. Pero la fiesta de esta verdadera unión tan sólo podrá producirse, si las condiciones son observadas de forma absoluta y el Alma se entrega a ello expresamente. Entonces el Espíritu podrá unirse al Alma en unidad absoluta. Entonces el hombre carnal será transformado por la transfiguración y el Espíritu, el Alma y el cuerpo formarán una Trinidad.

En la comedia, la joven liberada promete con rapidez, pero se demuestra enseguida que ¡una promesa hecha bajo juramento , no siempre se mantiene!

Existen muchas Almas iluminadas, llenas de conocimiento, favorecidas con el nuevo vestido y unidas hasta cierto punto al Espíritu Séptuple, así pues, susceptibles de ser llamadas «novias del Cordero», pero todavía incapaces de progresar hasta las verdaderas Bodas Alquímicas, porque no mantienen la sublime promesa hecha al Espíritu y la violan constantemente. Se dan la vuelta perpetuamente para girarse hacia el hombre carnal.

Así permanecen, con la personalidad, unidas a la rueda del nacimiento y de la muerte, al igual que los hombres carnales a los que se han unido por el nacimiento, los cuales son terres­tres, pertenecen por entero a la Tierra con todo lo que esto implica.

Estas almas sufren grandes miserias, aunque conozcan el camino de la libertad y sean capaces de recorrerlo. Hay que considerar, pues, que la humanidad comprende cinco tipos de hombres:

1.         el hombre material con un alma dormida, el hombre de la masa;

2.         el hombre material con un alma iluminada;

3.         el hombre material con un alma liberada, envuelta en su nuevo vestido;

4.         el alma liberada que, aceptando la ley del Espíritu, realiza la gran obra de la transfiguración;

5.         el Hombre-Espíritu verdadero, despertado a la vida, tal como        es deseado por Dios.

Descubrimos, pues, la importancia de la representación teatral. Nos enseña la gran vocación del Alma. ¿Tal vez tiene usted ya un Alma muy iluminada? ¿Tal vez un aprendizaje serio a hecho de usted un alma liberada? Pero ¿cuantas veces en este estado ha traicionado su elevada vocación?

Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz quieren consti­tuirle un Alma que posea el conocimiento, y situarle ante el gran problema de su vocación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para abreviar el tiempo, se nos presentó los cuatro animales que se le aparecieron a Daniel en su visión y que describió tan detalladamente, cada uno de los cuales tiene un significado tan particular.

            En el cuarto acto, la prometida entra en posesión de su reino perdido, es coronado y recorre ampliamente el escenario, con gran alegría, con todas sus galas; a continuación llegan enviados para transmitirle sus felicitaciones y para contemplar su magnificencia. Sin embargo, ella no mantiene durante mucho tiempo su piedad, comenzando a lanzar a su alrededor miradas atrevidas, a hacer signos de cabeza a los embajadores y Señores, afirmando con fuerza su personalidad.

            El Moro, enterado pronto de su conducta, no quiere perder semejante ocasión. Como su preceptor no la vigilaba suficiente­mente, se deja fácilmente deslumbrar por grandes promesas y, desconfiando de su Rey, busca cada vez más, en secreto, los favores del Moro. Este se aprovecha con diligencia, vuelve a adquirir el control sobre ella con su concurso, y la subyuga con tan bellos discursos que obtiene la sumisión de todo su reino.

            En la tercera escena de este acto, él la hacía poner completamente desnuda, atada a un poste de un grosero patíbulo y la azotaba cruelmente, tras lo cual ordenaba matarla.

            Era tan penoso ver semejantes cosas, que las lágrimas acudieron a los ojos de muchos de entre nosotros. A continuación, la joven es arrojada, desnuda, a un calabozo, para esperar allí la muerte, que deberá producirse por envenenamiento. El veneno no la mata, pero la cubre de lepra. Este acto resultó, para la mayoría, profundamente trágico.

            Como intermedio se expuso en el escenario la estatua de Nabuconodosor equipado con armas y con toda clase de otras cosas en la cabeza, el pecho, el vientre, los muslos y los pies, ornamentos de los que hablaremos posteriormente.

            En el quinto acto, el joven Rey era informado de lo que pasaba entre el Moro y su futura esposa. Se dirige a su Padre con el ruego de que no sea abandonada en su triste situación. Su Padre atendía su ruego y enviaba mensajeros para consolarla en su enfermedad y cautividad, pero también para mostrarle su irreflexión. No obstante, ella no quería recibirles, estando dispuesta por el contrario a hacerse la concubina del Moro, lo que ocurría. Y todo ello se le informaba al joven Rey.

            Tras lo que aparecía un grupo de bufones, cada uno de los cuales tenía una varita mágica con la que, en un cerrar de ojos, hacían y deshacían, a toda velocidad, un gran globo terrestre, fantasía agradable de corta duración.

            En el sexto acto, el joven Rey decidía desafiar al Moro en combate, realizándolo. Y aunque el Moro fue vencido, muchos creyeron que el joven Rey había muerto también. Sin embargo, éste volvía en sí, liberaba a su prometida y se preparaba para las Bodas, después de habérsela confiado a su preceptor y a su capellán.

            El primero la atormentaba mucho, hasta el momento en que era el sacerdote quien desempeñaba este papel y se comportaba tan malvadamente, que parecía querer superar a todo el mundo en crueldad. Esto acababa por llegar a oídos del Rey, quien enviaba urgentemente a alguien para acabar con el dominio del sacerdote y ataviar a la Prometida para las Bodas.

            Después de este acto, se presentó en escena un enorme elefante artificial, que transportaba un amplio palanquín con dos músicos; fue muy admirado por todos.

            En el último acto, el Prometido hacía su entrada con un fasto y una magnificencia difíciles de imaginar, y yo me preguntaba sorprendido cómo era posible semejante cosa. La Prometida avanzaba a su encuentro con igual solemnidad y todo el pueblo gritaba: ¡Viva el Esposo! ¡Viva la Esposa!

            La representación de esta comedia fue, para todos, un medio con el que felicitar al Rey y a la Reina de forma solemne lo que, como yo mismo comprobé, les proporcionó un inmenso placer.

            Finalmente los actores desfilaron con pompa varias veces alrededor de la escena y, por último, cantaron en coro:

 

                I

            La magnificencia de este tiempo

            Nos da una gran alegría

            Totalmente consagrada a la Fiesta Real

            Cantad pues todos, que resuene:

            Que la dicha sea para Quien nos da la felicidad.

 

                II

            La bella Esposa

            Tan esperada

            Le es confiada ahora.

            Recibimos lo que deseamos:

            Dichoso quien ve ahora el futuro.

 

                III

            Ellos salvaguardan mucho tiempo la herencia paterna.

            Creced en el honor:

            Que millares nazcan de vuestra sangre.

 

Los actores se retiraron entonces y la comedia acabó en medio de gritos de alegría y de testimonios de aprobación, en particular de las personas reales. Comenzaba a caer la noche cuando también nosotros partimos en el orden descrito anteriormente y seguimos a las personas reales, subiendo una escalera de caracol, hasta la sala anteriormente citada en la que las mesas ya estaban puestas y ricamente servidas.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

16

 

LA REPRESENTACIÓN TEATRAL

EN LA CASA DEL SOL (III)

 

 

Después de haber profundizado lo máximo posible sobre el significado de la comedia representada en la Casa del Sol, comedia que sintetiza las Bodas Alquímicas, estudiemos los cuatro últimos actos.

Imaginémonos lo representado; recordemos que en el primer acto, el núcleo radiante de la Mónada es llevado al interior del santuario del corazón del hombre físico, como un hijo encontrado, abandonado. La conciencia que lo dirige posee, en ese momento, dos aspectos, el del bien y el del mal. Hay pues en él un viejo rey canoso y un rey negro. El alma nueva es recibida por el rey canoso, con la esperanza de que se casará, se unirá al Espíritu Santo. Para alcanzar este objetivo, este rey entabla una lucha contra el Moro, con todas sus fuerzas, ya que conoce los peligros que provienen siempre de dicho campo. En el segundo acto, el Moro entra en escena, consigue coger al alma nueva y la hace prisione­ra.

En el tercer acto vemos salir a todas las fuerzas del bien para liberar una vez más al alma; el acto es coronado por el éxito. El alma, que se ha vuelto algo consciente por los sufrimientos soportados, es llamada entonces para una tarea y se compromete haciendo promesa de fidelidad. Se vuelve un factor dominante en la vida del candidato.

Aquí la representación se interrumpe. Hay un momento de espera: el efecto de la promesa se propaga en toda la personalidad, y en el campo de respiración que la envuelve. Acto seguido, en un intermedio se representa a los cuatro animales de la visión de Daniel.

El primero, que describe el Libro de Daniel capítulo 7, se asemeja a un león con alas de águila; el segundo a un oso; el tercero a un leopardo con cuatro alas y cuatro cabezas; el cuarto es horroroso y con una fuerza extraordinaria. Difiere de los animales precedentes. Uno de sus numerosos cuernos tiene ojos con forma de ojos humanos y una boca con palabras arrogantes.

Esta visión alude a los cuatro aspectos del nadir de la materia a los cuales la humanidad será confrontada; así, pues, a los cuales cada candidato conocerá, en el sufrimiento y en la lucha, hasta la victoria. Y, como sucede a menudo en la vida, generalmente el último combate es el más violento.

Ningún candidato puede evitar que el alma, que se ha vuelto consciente, pase por todos estos sufrimientos. En el proceso que vuelve al alma consciente, estas experiencias son necesarias para ennoblecerla, con vistas a su elevación a la dignidad real, triunfante y sublime, la realeza de los Santos del Muy Alto.

En este mismo capítulo 7 del Libro de Daniel, igual que en Las Bodas Alquímicas, se trata del Santo Muy Anciano, es decir, del propio Espíritu.

Este intermedio entre el tercer y cuarto acto muestra que, sea como sea, cada alumno deberá recorrer el camino que lo elevará fuera del nadir de la materialidad, y que es dar pruebas de inteligencia, de comprensión y de razón, el acortar al máximo posible el sufrimiento y la permanencia de los hombres en este nadir.

 

Cuarto Acto

 

El cuarto acto empieza en una profunda alegría. El alma, bajo el aspecto de la joven princesa, toma posesión en principio de su reino perdido, el hombre de carne y de sangre; se convierte en su estrella polar, es coronada reina. Pero sabemos que en él reina siempre la antigua voluntad, simbolizada por el Moro, que coge nuevamente al alma nueva-renacida.

Esto nos recuerda los infortunios de la Pistis Sophia. La cual es constantemente objeto de los ataques de las criaturas de Authades. La nueva alma, débil aún, no puede estar a la altura. La vida dialéctica es de una diversidad tal, de una complejidad tan grande, la vida social tan absorbente bajo tantos aspectos, la contra naturaleza actúa de forma tan escondida que la nueva alma sucumbe rápidamente.

Se dice también que su gobernante no la vigila lo suficien­te. ¿Quién es este personaje? Cuando el «Nous», el Alma-Espíritu, el núcleo radiante de la Mónada, comienza a animarse en el santuario del corazón, inmediatamente la luz del alma irradia el cuerpo y alcanza los diferentes fluidos. Rápidamente es tocada una parte de la conciencia y empieza a satisfacer, poco o mucho, las exigencias de la nueva alma. En este estado de ser, ocurre que estamos, por instantes, totalmente orientados hacia el aprendizaje, así pues, damos al alma la ocasión de desarrollarse. Pero esta participación se debilita a menudo, sobre todo en los momentos importantes; sin duda usted lo sabe por experiencia.

En esta fase, la piedad de la prometida no dura demasiado y cae de nuevo bajo el dominio del Moro. Durante este período, psicológicamente explicable, ocurre que muchos alumnos se marcha. Empiezan a «perder confianza en el joven rey» y vuelven en cautividad hacia el Moro. O, para emplear la terminología del Evangelio de la Pistis Sophia: el alma es despojada de la mínima porción de Luz que la queda.

Por ello se vuelve mortalmente débil, como desnuda, privada de todo Vestido de luz y condenada a muerte. Ya que el veneno del mal de la contra-naturaleza terminará por matarla, sin duda alguna. Pero el relato prosigue. La lepra invade al alma, enfermedad devoradora; por tanto, durante largo tiempo, ¡el núcleo radiante de la Mónada es conducido lejos del camino de regreso!

Como intermedio, a los candidatos de las Bodas Alquímicas, les es presentada la estatua de Nabucodonosor. ¡Hecho muy significativo! El Libro de Daniel, al cual alude el intermedio precedente, relata como esta estatua se rompe en mil pedazos. El aspirante a la Fiesta de las Bodas Alquímicas debe comprender la advertencia. La estatua de Nabucodonosor representa una Escuela gnóstica en posesión de un Cuerpo Vivo con diferentes aspectos. Si el núcleo de tal Escuela se compusiera de almas leprosas, el Cuerpo Vivo entero, tan sutil, se hundiría.

Así pues, las fuerzas del Adversario le atacan para despojarle de su fuerza de Luz, no lo hacen tan sólo para retenerle en su reino, sino sobre todo para eliminar la Escuela, en usted y por usted. Por ello, la Escuela Espiritual actual repite incesantemente que el comportamiento del alumno debe responder a la Enseñanza.

 

Quinto Acto

 

Conservemos vivo todo esto y examinemos el quinto acto. Allí donde está el Alma, se manifiesta también el Espíritu. Allí donde está la Esposa, está también el Esposo. Cuando el alma se encuentra sin fuerzas ya no reacciona a las nuevas influencias de la pineal, éstas últimas van a esforzarse en reactivar los buenos elementos que permanecen en el hombre nacido de la naturaleza. Pero, al principio, el alma permanece sin reaccionar. Sí, rechaza todo contacto con el Espíritu; al igual que el alumno, en ese estado, rechaza totalmente la Escuela Espiritual gnóstica y se arroja a los brazos del Moro. En este período, el alma tiene la ilusión de haber escogido la mejor parte, de haberse liberado de una mentira.

Por esta razón, después del quinto acto, vemos en el intermedio diversos bufones que, mediante poderes ilusorios, construyen un mundo al que hacen desaparecer de inmediato.

 

Sexto Acto

 

Pero el Espíritu de Paracelso, el Espíritu de la Cadena Univer­sal, no renuncia. En el sexto acto, El se adueña otra vez de todo el ser y abate al Moro. Imponiéndose de nuevo, libera a su esposa y la confía a su gobernante y a su capellán. El primero la tortura muchísimo y el otro se muestra lleno de maldad.

Este episodio contiene una lección que debemos profundizar. Ya que el alumno, en el momento en que el alma leprosa y débil es liberada y empieza a recibir una nueva vitalidad, se acusa de todas las formas posibles, se hace reproches, haciéndose toda clase de violencias en razón de las inevitables reacciones del yo de la naturaleza.

Tal vez conoce usted, por experiencia, estos momentos en los que se hacen toda clase de penitencias después de una falta. No deja a su alma ni un instante de reposo. No le da la ocasión de reencontrarse a sí misma. El gobernante y el capellán, en usted, no le dejan tranquilo.

Le atormentan sin cesar. Le laceran con toda clase de acusaciones personales sin ningún sentido. Debe discernir claramente la relación que existe entre la forma nacida de la naturaleza, con su bien y su mal, y la nueva animación introduci­da en el sistema.¡No torture a su alma! ¡Libérela! Déjela prepararse para la Fiesta de las Bodas.

 

Séptimo Acto

 

En el séptimo acto, con el encuentro de la Esposa y del Esposo finaliza la representación. El Alma y el Espíritu, que por primera vez se ven uno al otro, se elevan juntos hacia el bien superior.

El final es pues feliz. Pero comprenda ¡tan sólo es el final de una pieza teatral! Por esto, es superada inmediatamente por la realidad de las propias Bodas Alquímicas. La noche del Cuarto Día empieza a caer, y toda la compañía de las personas reales y de los candidatos va necesariamente a subir la escalera de caracol, para una cena verdaderamente real. El alma liberada sube para celebrar la Ultima Cena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Era la primera vez que estábamos invitados a la mesa real. En el centro de la sala fue colocado el altarcillo donde se depositaron los seis emblemas reales. El joven Rey se mostró muy afable con nosotros. Sin embargo, no estaba verdaderamente alegre y, aunque nos hablaba de vez en cuando, suspiró varias veces, de lo que el pequeño Cupido se burló con todo tipo de bromas.

            Los ancianos Reyes y Reinas se mostraban muy graves, salvo la esposa del viejo Rey quien, sólo ella, tenía ahora un aire alegre cuya causa se me escapaba.

            Mientras que las personas reales se instalaban en la primera mesa, nosotros tomamos asiento solos, en la segunda y en la tercera tomaban asiento algunas vírgenes notables. Los hombres y las vírgenes que quedaban debieron ocuparse del servicio. Todo ocurrió en medio de tal serenidad y de tan profundo silencio, que apenas me es posible hablar mucho de ello. Tan sólo puedo indicar que las personas reales sentadas a la mesa estaban vestidas para la comida con ropajes deslumbrantes, blancos como la nieve. Por encima de la mesa pendía la gran Corona de Oro mencionada anteriormente, cuyas piedras preciosas habrían bastado para iluminar ellas solas la sala. A continuación se encendieron todas las luces en la Llama del altar, pero el porqué, a decir verdad, no lo sabía. Observé que el joven Rey envió varias veces alimento a la serpiente blanca del altar, lo que me hizo reflexionar.

            Durante este banquete de fiesta, fue el pequeño Cupido quien parloteó; no quería dejarnos tranquilos, en especial a mí, y constantemente hacia cosas singulares. Sin embargo, no reinaba ninguna alegría especial, desarrollándose todo en silencio. Como incluso no se oía ninguna música, presentí un peligro inminente; cuando se nos preguntaba, había que dar respuestas cortas y concretas y contentarse con ello. En resumen, todo parecía tan extraño, que el sudor comenzó a inundarme; creo que incluso una persona con mucha sangre fría habría perdido el valor.

            Terminada la cena, el Joven Rey ordenó que se le llevase el Libro del altar, que abrió a continuación. Nos preguntó una vez más, por mediación de un Hombre Anciano, si le permaneceríamos fieles, para lo bueno y para lo malo. Dimos nuestra aquiescencia, temblando. A continuación nos preguntó, con todo triste, si queríamos comprometernos hacia El, por escrito, a lo que no podíamos negarnos. Debía ser así.

            Así pues, nos levantamos todos, uno tras otro, para inscribir, de propia mano, nuestro nombre en el Libro. Cuando firmó el último, se trajo la fuente de cristal y una copa de cristal en la que las personas reales bebieron, cada una a su vez. Después se nos tendió también a nosotros y se la hizo pasar al resto de los presentes; esto se llamaba «la Bebida del Silencio»

            A continuación todas las personas reales nos estrecharon la mano, advirtiéndonos que, si no les permaneciéramos fieles, no les volveríamos a ver jamás, lo que nos conmovió verdaderamente provocando nuestras lágrimas. De nuestra parte, nuestra Presiden­ta confirmó categóricamente, una vez más, nuestra firme promesa de fidelidad, lo que por fin les contentó.

            Entonces, resonó una campana y las personas reales palide­cieron a tal punto que nos desalentamos totalmente. Cambiaron sus vestidos blancos por otros negros. La sala fue completamente cubierta con terciopelo negro, incluidos el suelo y el techo. Todo estaba preparado con anterioridad. Se alinearon las mesas alejándolas de allí, y todo el mundo se sentó en círculo en los bancos, nos vestimos también con ropas negras y nuestra Presiden­ta, que había salido un momento antes, volvió a entrar. Llevaba seis cintas de tafetán de seda negra que puso en los ojos de las seis personas reales. Una vez que éstas no veían nada, los servidores depositaron apresuradamente seis ataúdes cerrados y, en medio, un trono negro y bajo. Por fin entró un hombre de gran talla, negro azabache, que llevaba un hacha afilada en sus manos. Después de haber conducido al primer viejo Rey al trono, le decapitó súbitamente y su cabeza fue envuelta en un lienzo negro. Se recogió su sangre en una gran copa de oro y se depositó ésta cerca de él, en el ataúd que se cerró y fue deslizado a un lado.

            Ocurrió lo mismo con los demás, y me estremecí pensando que me llegaría también el turno. Pero no ocurrió nada de esto. En efecto, cuando las seis personas fueron decapitadas, el hombre negro volvió a salir seguido de otro que le decapitó, a su vez, justo delante de la puerta, cogió su cabeza así como el hacha y las colocó en un cofre.

            La Boda me parecía verdaderamente sangrienta, pero como ignoraba lo que todavía iba a pasar, dominé mis impresiones hasta el momento en que conociera más.

            Nuestra Presidenta nos aconsejó que nos mantuviésemos tranquilos, cuando vio que algunos de nosotros se sofocaban y se ponían a llorar. «Su vida está, actualmente, en vuestras manos», dijo ella, «si me seguís, su muerte engendrará mucha más vida.»

            Después de lo cual, nos urgió para que fuésemos a dormir y para que no nos inquietáramos pues todo iría bien para ellos. Nos dio las buenas noches, añadiendo que debía ir a velar a los muertos. Así fue hecho y cada uno de nosotros fue conducido por su paje a su dormitorio.

            Mi paje me habló abundantemente de numerosos asuntos; pienso a menudo en él, pues yo estaba lleno de admiración por su inteligencia. Acabé por comprender, sin embargo, que su intención era el provocarme sueño. Fingí dormir profundamente, pero permanecí despierto porque no podía olvidar a los decapitados.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17

 

LA DECAPITACIÓN DE LAS SEIS PERSONAS REALES

 

 

 

Cuando la representación teatral ha finalizado y la noche del Cuarto Día llega, los candidatos a las Bodas Alquímicas se reúnen en la sala superior, la cámara alta, con el fin de compartir por primera vez una verdadera cena real. Tal vez comprenda lo que esto significa. Efectivamente, usted conoce la misión evangélica de la «preparación de la cena en la sala superior.»

Los candidatos ven de nuevo el pequeño altar del que ya hemos hablado: el altar en donde están colocados los emblemas de la dignidad real. En la cámara alta, sabemos, se encuentran seis personas reales: el viejo rey canoso y su joven esposa; el rey negro de edad, acompañado por una mujer anciana, débil y cubierta con un velo; y dos jóvenes, no coronados todavía, si bien pende por encima de sus cabezas una inmensa corona. Les siguen jóvenes vírgenes y damiselas, después los candidatos a las Bodas Alquímicas.

La gran corona de oro, suspendida encima de la mesa, difunde una maravillosa luz radiante. El joven rey hace llegar, varias veces, alimento a la blanca serpiente del altar. Pero, sin embargo, no reina ninguna alegría en particular; todo transcurre en un silencio asombroso. Cristian Rosacruz está muy emocionado por esta atmósfera singular. Veamos el significado de esto.

 

Después de todo lo que hemos dicho, reconocerá sin duda a las seis personas reales. En el hombre nacido de la materia hablan dos voces, dos naturalezas: la voz de lo que llama el bien y la de lo que llama el mal. Las dos tienen un aspecto positivo y negativo, un polo masculino y femenino. Están representados en la sala superior, el santuario de la cabeza, por cuatro persona­jes: los reyes y sus esposas.

Si el rey negro y su esposa representan el mal, debe comprenderse esta noción del «mal» en sentido auténtico de la filosofía gnóstica. ¿Qué es el alma? No solamente es mal el que es criminal, inferior y malo. El mal, en sentido de la Gnosis, es todo lo que ata al hombre físico al nadir de la materia y quiere hacerle encontrar ahí su destino.

¿Qué es el bien? En sentido de la filosofía gnóstica, todo lo que el hombre físico hace en el nadir de la materia (donde no se halla su verdadero destino), para descubrir la vida pura y verdadera cuya existencia intuye en mayor o menor medida.

Vemos, pues, que el bien y el mal están emparentados entre sí, que son inseparables en este mundo corruptible, que van continuamente en dirección opuesta y se mantienen mutuamente en movimiento de forma dialéctica. Lo que uno hace el otro lo destruye. Así la naturaleza de la muerte mantiene al hombre alejado de su destino. Los cuatro personajes en la sala superior simbolizan esta idea.

Evidentemente, cuando los hombres ven el círculo vicioso que les encarcela a la rueda giratoria, surge un profundo deseo, en el buen aspecto de su ser, el poderoso anhelo de encontrar una salida, una solución. Una aspiración y un esfuerzo les lleva hacia el bien positivo que, de hecho, podría realizarse. Este bien es el Bien original, un bien que no conlleva un doble aspecto.

Cuando un hombre concibe tal anhelo, un anhelo nacido de la experiencia, el santuario del corazón se abre a la radiación del núcleo de la mónada; nace así la joven princesa, un alma de un principio totalmente diferente. Esta joven alma, esta joven soberana es el quinto personaje de la sala superior. A su lado, vemos al joven soberano, personificación de la notoria y creciente influencia del Espíritu Séptuple.

Así la fuerza del Alma nueva y la fuerza del Espíritu Santo, si bien todavía no coronados (ya que las Bodas, la unión, no ha tenido lugar), se encuentran ya en medio de los bien conocidos soberanos de la naturaleza dialéctica.¡En verdad, excepcional y singular situación!

Vemos, así mismo, que el aspecto negativo del rey negro es muy viejo y decrépito y está simbolizado por una mujer al borde de la tumba, en tanto que el aspecto negativo del rey canoso es joven y lleno de vitalidad. La aspiración al bien, que ya no es estorbada por el mal moribundo, abre una nueva posibilidad, con la entrega total de sí al «Otro» que debe crecer. Este aspecto también aparece como una entidad dispuesta a morir.

La primera muerte es la muerte según la ley. La segunda es la de la rendición de sí mismo, la muerte de Juan. En cuanto un hombre rechaza la naturaleza dialéctica, es decir, se separa de ella, el mal muere. En cuanto un hombre llama al Alma a la vida, el bien relativo muere. Entonces la entidad concernida es liberada, está libre. Ya que en ese mismo instante van hacia ella el Alma en el corazón y el Espíritu en la pineal, la reina y el rey nuevamente llamados pero todavía no coronados.

¿Qué significa esto? Estas manifestaciones del Alma y del Espíritu, que no son terrestres, deben penetrar la forma nacida de la naturaleza, hacerse prisioneras de esta forma de muerte. Deben penetrar en la tumba de la naturaleza. La gran ofrenda del Alma y del Espíritu, significan también para Ellos una muerte. Por esto se dice en el Evangelio de Juan: «Dios ama tanto al mundo que envió a su Hijo único con el fin de que nadie se pierda, sino que cada uno tenga la Vida eterna.»

Reconocemos nuevamente aquí el sentido del poderoso símbolo de la calavera sobre el pequeño altar, y en donde se enrosca la serpiente blanca como la nieve: es el símbolo de la vida que debe surgir de la muerte, la Vida eterna verdadera.

Así comprendemos que al final del Cuarto Día, las Bodas Alquímicas se acercan a un punto crítico, una cima y a la vez un abismo: Gólgota, es decir, la muerte de las seis personas reales. Pero a esta muerte le sigue una resurrección, gracias a una intensa experiencia alquímica. En otro enfoque gnóstico del proceso de salvación, a este aspecto se le designa como «la montaña en donde muere la forma». Quien alcanza la cima de la montaña, ve surgir una aurora grandiosa y maravillosa.

Quien acepta esta muerte que lleva a la Vida, debe compren­der que se trata de un poderoso proceso de transmutación de todos los valores, un proceso con el que debe colaborar de forma totalmente consciente y con conocimiento de causa.

Por esto el Muy Anciano, el Hierofante de los Misterios pregunta a cada candidato si está preparado para permanecer fiel al rey y a la reina, es decir, a colaborar totalmente con el proceso de transmutación y si quiere sellar su promesa firmando en el Libro de la Vida. Después de lo cual, cada uno recibe lo que llamamos Haustus Silenti, un Sorbo de Silencio, la Copa del Olvido: «¡Todo lo antiguo ha desaparecido!»

Cuando el candidato a los Misterios ve su decisión como un hecho realizado, le envuelve una paz profunda y maravillosa, que sacia plenamente al ser interior.

 

Y ahora se realiza la muerte misteriosa. En la cámara alta son decapitados sucesivamente seis personas: las seis personas reales y el misterioso personaje que ha tenido que darles muerte. Los seis cuerpos son colocados en féretros, en los que se coloca, a su lado, la copa de oro que recogió su sangre. Tan sólo la cabeza del séptimo personaje es colocada en un pequeño cofre.

Después de lo cual, a los candidatos le son dirigidas estas profundas palabras: Sus vidas descansan ahora en sus manos, si me siguen, su muerte engendrará mucha más vida. Acto seguido, todos son invitados a descansar. Pero Cristian Rosacruz no puede conciliar el sueño. No puede olvidar a los decapitados, lo cual es comprensible.

¿Tal vez piense en el misterioso ejecutor de la sentencia quien, después de la ejecución, fue matado a su vez? Este personaje simboliza la voluntad del candidato. A la voluntad se la califica de gran sacerdote (24); es el operador mágico del ser nacido de la naturaleza, el que actúa en nosotros y quien, el Cuarto Día, se da muerte a sí mismo con los otros seis.

La Fraternidad precedente llamaba a esta muerte que conduce a la Vida, la endura, y el cristianismo original la calificaba de «muerte voluntaria en Jesús el Señor.» Es la muerte que lleva a la Resurrección: «quien acepte perder su vida por Mí, hallará la Vida». Esperamos que comprenda todo esto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi habitación daba al mar, al que veía bien pues las ventanas estaban junto a mi cama. Apenas había sonado la duodécima campanada de medianoche cuando percibí, de repente, un gran fuego sobre el agua: lleno de espanto, abrí precipitadamente la ventana para ver lo que pasaba. Entonces vi avanzar, a lo lejos siete barcos rodeados de luz. Una llama oscilaba por encima de cada uno, revoloteando de aquí para allá, descendiendo de vez en cuando, de tal manera que me vino la idea de que eran los espíritus de los decapitados. Los bajeles se aproximaban lentamente a la orilla, con sólo un capitán a bordo de cada uno. Cuando tocaron tierra, vi ir a nuestra Virgen a su encuentro con una antorcha, mientras que se llevaban, tras de ella, los seis ataúdes cerrados y el cofre, que fueron colocados respectivamente en cada barco. Ante esta visión, desperté a mi paje, el cual me lo agradeció cordialmente; habiendo corrido durante toda la jornada, su sueño le habría hecho perderse el acontecimiento que, por lo demás le era conocido.

            Una vez los ataúdes fueron depositados en los barcos, se apagaron todas las luces. Las seis llamas partieron juntas por el mar, de forma que no quedó más que una única luz que vigilaba sobre cada barco. Algunos cientos de guardias que vigilaban la orilla hicieron entrar a la Virgen en el Castillo, cuyos cerrojos cerró cuidadosamente; comprendí, por consiguiente, que ya no ocurriría nada en lo sucesivo, y que debía aguardar la llegada del día.

            Así pues, tratamos de descansar. Era el único cuya habita­ción daba sobre la bahía, por tanto el único que había podido ver todo esto. Estaba tan fatigado que me dormí pese a mis numerosas reflexiones.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

18

 

LAS SIETE EMBARCACIONES Y LAS SIETE LLAMAS

 

En lo más profundo del ser, yacen en silencio los siete persona­jes de los cuales hemos hablado, los siete aspectos del alumno: los cuatro primeros aspectos, las cuatro fuentes de conciencia del ser nacido de la naturaleza, los dos aspectos superiores, los del Alma y del Espíritu, que se han ofrecido con los cuatro primeros, y el Señor de la vida y de la muerte, el gran sacerdote de la voluntad que ejecuta la sentencia y muerte con los condenados.

Y ahora avanzan sobre el mar, sobre el océano de la plenitud astral, siete embarcaciones coronadas por flamantes luces. No nos cuesta ningún trabajo reconocer esas siete luces, los siete Rayos del Espíritu Séptuple. Pues cuando el candidato les ha abierto un camino, el Espíritu Séptuple desciende en él. Cuando esas siete embarcaciones se acercan a tierra, es decir, tocan al candidato en lo más profundo de su ser, los siete aspectos de sí mismo que han muerto por la endura, el aniquilamiento voluntario en Jesús el Señor (los seis féretros que contienen los cuerpos inanimados de las seis personas reales, así como el pequeño cofre que encierra la cabeza y la espada de la voluntad), son llevados hacia las siete llamas y depositados en los siete barcos. Seis llamas del Espíritu parten entonces, mientras que una sola queda atrás como guardián; su luz envuelve las naves y se unen a la voluntad purificada y nuevamente orientada, haciéndola apta para ejecutar el trabajo regenerador del constructor.

Ahora, la sala superior, el santuario de la cabeza, se ha vuelto completamente apto para el poderoso proceso que se realizará el Quinto, Sexto y Séptimo Día: la resurrección y la maduración de la nueva conciencia, que se mantiene en el resplandor de los siete rayos del Espíritu.

 

Es preciso que percibamos y consideremos profundamente la lección que esconde todo esto.

Quien quiere realizar las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, debe saber primero qué hace y por qué lo hace: es el Primer Día.

Sus motivos deben ser puros y sus deseos deben estar en concordancia, por esto debe soportar siete pruebas; es el

Segundo Día.

Todo lo que no es santo debe ser consumido, todo lo falso y ficticio, así como todo instinto del yo, debe ser arrancado: es el Tercer Día.

Después de lo cual todo el estado de conciencia del ser nacido de la naturaleza, debe elevarse en la doble luz de la Gnosis, morir voluntariamente por la endura: es el Cuarto Día.

Al final de este día, sobre dicha base, es posible la efusión del Espíritu Santo. El Espíritu Séptuple coge, en el alumno, todo lo que ha muerto por la endura, con vistas a su transfiguración y a su resurrección total. Con este fin, uno de los siete rayos permanece cerca del candidato, para realizar el trabajo inicial, el trabajo de base. Es el Primer Rayo, llamado «el Señor de la Vida y de la Muerte».

Sus seis hermanos se van hasta el cumplimiento del trabajo de base, el trabajo del restablecimiento.

 

Después de haber sondeado todo ello conscientemente, Cristian Rosacruz agotado, cae en un profundo sueño junto con su paje. Se inicia un tiempo de reposo. El Cuarto Día ha finalizado.

El candidato que ha comprometido todo su ser natural, iluminado y sostenido por la Gnosis a causa de ello, ha muerto por la endura; entra ahora en el Quinto Día, perfectamente guiado, sostenido y regenerado por el propio Espíritu Santo. Del Espíritu, por el Espíritu y en el Espíritu son todas las cosas. A partir de ese momento, el candidato se vuelve Gran sacerdote, pues el Primer Rayo del Espíritu Séptuple inflama su nueva voluntad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

QUINTO DÍA

 

DE LAS

 

BODAS ALQUÍMICAS DE

 

CRISTIAN ROSACRUZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acabada la noche, el día tan ardientemente esperado despuntaba, lo que me hizo saltar vivamente de la cama, sin haber dormido suficientemente, aguijoneado por el deseo de saber cómo continua­ban los hechos. Después de haberme vestido y haber descendido la escalera como de costumbre, comprobé que me había adelantado, no encontrando a nadie en la sala. Entonces rogué a mi paje que me acompañase a visitar el castillo y me mostrara los parajes más interesantes. Tan gentil como siempre, bajamos algunos escalones subterráneos hasta una gran puerta de hierro, en la que estaban inscritas las siguientes palabras, en grandes letras de cobre:

 

                                                          AQUÍ YACE VENUS,

                                                          LA BELLA SEÑORA,

                      QUE HIZO PERDER LA DICHA, EL HONOR, LA SALUD Y LA

                                PROSPERIDAD A TANTOS GRANDES HOMBRES.

 

Mi paje abrió esta Puerta y me condujo, llevándome de la mano, a lo largo de un corredor oscuro hasta una pequeña puerta que estaba entreabierta. No había sido cerrada la víspera tras la salida de los ataúdes, me dijo.

            Desde mi entrada, me apercibí de la cosa más maravillosa que la naturaleza haya creado jamás. En efecto, la cripta tenía como única fuente de luz algunos carbunclos de singular grosor. Este tesoro pertenecía al Rey, como más tarde supe. Lo más importante y bello que allí vi era, en medio, un sepulcro tan precioso que me sorprendió no estuviese mejor guardado. El paje me respondió que debía en todo caso dar gracias a los astros, cuya influencia me permitía contemplar, actualmente, cosas que todavía ningún ojo humano había visto jamás, a excepción de los servidores del Rey.

            El sepulcro era triangular; en el centro, se veía una pila de cobre pulido, el resto era de oro puro y piedras preciosas. De esta pila, salía un ángel que tenía en sus brazos un árbol desconocido. Del árbol caían sin cesar gotas a la pila; cada vez que se desprendía un fruto, se transformaba en agua que fluía en tres pilas de oro contiguas. Este altar era llevado por tres animales: un águila, un buey y un león que se mantenían sobre una peana extremadamente preciosa.

            Pregunté a mi paje el sentido de la inscripción. Respondió: «Aquí yace Venus, la bella señora, que hizo perder la dicha, el honor, la salud y la prosperidad a tantos grandes hombres.»

            Después señaló una trampilla de cobre situada en el suelo, diciendo: «Por aquí es posible descender más abajo si es vuestro deseo.» «Os acompañaré a todas partes», respondí y descendí los peldaños. Estaba completamente oscuro, pero el paje abrió rápidamente un armarito en el que ardía una lámpara perpetua. En ella encendió una de las antorchas colocadas al lado. Me sobresalté, fuertemente inquieto, y le pregunté si le estaba permitido hacerlo. El me respondió: «Las personas reales reposan todavía, no tengo nada que temer». En este momento, descubrí en lecho pomposo rodeado de magníficas cortinas, que mi paje entreabrió. Y vi a Venus, acostada completamente desnuda (él había levantado también la manta), tan bella y tan graciosa que quedé clavado en el sitio; no sé todavía si era una estatua o un cuerpo sin vida lo que yacía allí; en efecto, estaba completamen­te inmóvil y yo no osaba tocarla. Después la cubrió de nuevo con la manta y corrió las cortinas. No obstante, su imagen se me ha quedado como grabada en los ojos.

           

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

19

 

EL MISTERIO DE LA DAMA VENUS

 

Al final del Cuarto Día, el hombre nacido de la naturaleza, el viejo hombre, perece por la endura. Sus siete aspectos son depositados en las maravillosas embarcaciones. Los siete Rayos del Espíritu Universal tocan al candidato, cuyo yo natural ha desaparecido, y le envuelven con la luz y la fuerza del Primer Rayo, el Señor de la Vida y de la Muerte. Intentemos comprender lo que significan estas indicaciones veladas. El cuerpo nacido de la naturaleza no es en sí mismo el objeto de la creación. Es un instrumento, un medio, para realizar otro nacimiento, alcanzar otro objetivo. Cuando la personalidad nacida de la naturaleza quiere neutralizar el instinto del yo, que infringe grandes daños al cuerpo físico, se liberan otras fuerzas y nace una nueva alma, que vive exclusivamente de las fuerzas divinas. Si ese nuevo aspecto, que se ha constituido por así decirlo prisionero de la personalidad natural, quiere realmente alcanzar la resurrección, entonces siete nuevos núcleos de conciencia y de vida deben reemplazar los siete antiguos núcleos siempre «vivos». Dicho de otra forma, los Misterios de la Rosacruz llevan al restableci­miento esencial y fundamental del estado humano puro y original, así pues ideal, concebido por el Logos; este proceso debe empezar partiendo de la simple realidad, de la personalidad nacida de la naturaleza.

Esta grandiosa resurrección puede tener por base la personalidad natural, si usted comprende el proceso y si, en función de sus posibilidades, consagra su tiempo y sus capacida­des.

Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz nos dan el método, nos describen la manera de realizar esta grandiosa recreación cuya llave es la voluntad del hombre.

Pero la voluntad natural pura y simple no es suficiente. La voluntad del ser nacido de la naturaleza, el instinto del yo, debe llegar primero a un punto muerto en el mundo de la naturale­za perecedera. Y que la simple voluntad del yo, capaz de grandes realizaciones, nada puede hacer en el camino de la inmortalidad. Quien así lo ha reconocido, quien ha experimentado y comprobado su impotencia como ser natural, desea y busca intensamente la verdadera liberación. Ahora bien, justo en ese momento la radiación fundamental de la mónada, la fuerza de la Rosa, irradia el santuario del corazón.

Esta es la vía que indica la Sabiduría Universal y la Lengua Sagrada: «Bienaventurados los que aspiran al Espíritu, pues de ellos es el Reino de los Cielos».

En el Cuarto Día, tal como hemos visto, la fuerza animadora de la Gnosis renueva también la voluntad. El estado de la voluntad mide el desarrollo del aprendizaje. La voluntad es la fuerza que domina todo el ser.

Pero la pregunta que se plantea ahora es: ¿qué quiere y cómo lo quiere usted? Esta es la razón por la que hemos dado a la voluntad el nombre de Gran Sacerdote, en nuestro libro Dei Gloria Intacta. Cuando la nueva alma se ha vuelto realidad bajo la dirección de la voluntad, la endura, la gran preparación del ego, la oblación total del ego, debe empezar. El Cuarto Día comproba­mos que la voluntad renovada y la fuerza de alma, hacen desapare­cer todos los elementos dialécticos de la conciencia, los seis soberanos y que, a su vez, la voluntad es decapitada.

Pero en el mismo instante, el Primer Rayo del Espíritu Séptuple hace aparecer la nueva voluntad. Es el Primer Rayo quien empieza la gran recreación. Por esta razón, las otras seis llamas se retiran temporalmente sobre el mar, tal como leemos en el relato.

En esta fase del proceso, reconocemos ahora el fundamento y la realidad de la efusión del Espíritu Santo, efusión única que hace posible el aniquilamiento del ego. Es entonces cuando la aurora del Quinto Día se levanta.

 

Mientras que el yo instintivo y el yo consciente de la naturaleza mueren en Cristian Rosacruz, al tiempo que la nueva voluntad hace su morada en él y las embarcaciones esperan «en la orilla del mar», grandiosos símbolos de la evolución posterior del proceso, Cristian Rosacruz descubre al alba del Quinto Día, que en el momento en que la nueva voluntad aparece, así pues, cuando el Primer Rayo del Espíritu Santo Séptuple se vuelve activo, las otras seis Llamas depositan sus poderosos principios en lo más profundo del ser. Son los seis principios que despierta a la vida y vuelve activos la nueva voluntad.

El relato nos narra como la nueva voluntad de Cristian Rosacruz despierta y se dirige a explorar el Templo de la Iniciación, el templo de las profundidades del ser. Justamente decimos que «se dirige a explorar», ya que ese momento señala el inicio del trabajo que lleva a la verdadera resurrección. Baja a la cripta del corazón, a fin de unir, como hombre sacerdotal, su voluntad regenerada con todos los elementos vivificantes que sabe están presentes.

El santuario del corazón humano, incluso el del hombre caído en lo más bajo, esconde una poderosa fuerza, capaz de realizarlo todo: la fuerza y el poder del Amor, fuerza de la que se dice que es el propio Dios, y de la que da un magnífico testimonio la epístola a los Corintios (1,13) en un vibrante canto de alabanza. Debe considerársela, en verdad, como la fuerza fundamental del estado humano divino. La Enseñanza Universal designa esta fuerza fundamental como el centro espiritual del hombre microcósmico, la chispa divina escondida en la naturaleza. Los Rosacruces hablan de la Rosa del Corazón; Las Bodas Alquímicas le dan el nombre de Venus, tal como se deduce de la inscripción que Cristian Rosacruz descubre sobre la puerta del panteón:

 

Aquí yace Venus,

la bella Dama,

Que hizo perder a tantos grandes hombres,

Dicha, honor, salud y prosperidad.

 

¿Cómo podemos interpretarlo? Sabemos que, en el mundo ordinario, esta fuerza fundamental oculta en la naturaleza gobierna e impulsa a todos los hombres. Es impensable que el yo instintivo, que caracteriza al hombre terrestre, esté totalmente desprovisto de toda propensión al amor, el cual le impulsa a la acción. El hombre natural, nacido de la tierra, no busca tanto la posesión y la longevidad como dicho amor, del que no puede ni tan siquiera concebir su sublimidad. Ya que el amor, digamos el Amor con mayúscula, es en definitiva lo único suficientemente grande para dar a la vida su plenitud. «Si poseyera todo, si dominara todo y si todas mis obras fueran buenas, pero no tuviera Amor, no poseería nada ni sería nada», dice Pablo.

Los que viven en este valle de lágrimas, que son arrastrados y perseguidos por esta fuerza fundamental ¿cuántos errores han cometido por su causa? ¡Cuántas consecuencias terribles y fatales, cuántos efectos que cristalizan la vida dialéctica del hombre natural se produce bajo el impulso de esta fuerza fundamental! Pues el hombre dialéctico busca en el exterior de sí mismo, lo que está en el interior. ¡Busca en los demás lo que sólo se puede manifestar en las profundidades de su yo regenera­do! Por esto puede decirse, sin exageración, que todas las uniones terrestres que no están fundadas en la fuerza de la Rosa reconquistada y regenerada, incluso si nos proporcionan una apariencia de felicidad o evocan la idea de una aceptación perfecta, a pesar de ello son una fuente inagotable de preocupa­ciones, aflicciones, angustias y sufrimientos. El callejón sin salida a que conduce toda cohabitación en la naturaleza, «la boda clásica», demuestra ampliamente hasta qué punto la vida dialécti­ca, en su ideal, es vana e irrealizable.

Descienda pues a la tumba, hasta el corazón de la fuerza divina fundamental, y acepte con nosotros: «Aquí yace la Belleza y el Esplendor que hizo perder, a tantos grandes hombres, dicha, honor, salud y prosperidad.»

Si descubre la fragilidad y la vanidad de la felicidad del hombre dialéctico, bien por un matrimonio desgraciado, bien por sus hijos, la enfermedad o las mil y una miserias de la vida ordinaria, si comprende que todo esto nada tiene que ver con la esencia divina del Amor y que bebe de esta copa amarga sin encontrar el Camino de renovación, entonces se endurece, su corazón se petrifica y en usted la hostilidad o la indiferencia se desarrollan hacia todo lo que vive. Quien ha llegado a esta situación está perdido.

Por esto, ¡bienaventurado quien, comprendiendo su miseria, aspira al Espíritu, pues así descubre el Camino de la liberación! Si en el camino llega hasta la aurora del Quinto Día descubre, en un momento dado, el Tesoro real y contempla con sus propios ojos la Venus de los misterios, real y desvelada, un ser de una belleza perfecta e indescriptible, celeste e inviolable, hasta el punto que Cristian Rosacruz permanece clavado en el sitio.

El objeto del Quinto Día es aclarar este misterio. La nueva voluntad del hombre sacerdotal tiene la misión de liberar el Amor divino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pronto divisé detrás del lecho una placa, grabada con un texto misterioso:

 

                                                 CUANDO EL ÁRBOL SE HAYA

                                                DISUELTO COMPLETAMENTE,

                                              VENUS DESPERTARA DE NUEVO

                                                   Y SERÁ MADRE DE UN REY

 

Pregunté a mi paje el sentido de esta inscripción. El rió y me prometió que lo sabría algún día. Después apagó la antorcha y subimos. Mirando ahora todas las puertas con más detenimiento, vi brillar en cada rincón lámparas de pirita que me habían pasado desapercibidas con anterioridad. El fuego era tan vivo que más bien parecía venir de una piedra preciosa que de una lámpara. Con su calor el árbol no cesaba de fundir todo produciendo siempre nuevos frutos.

            «Escuche», dijo el paje, «lo que he oído a Atlas decir al Rey: cuando el árbol se haya disuelto completamente, Venus despertará de nuevo y será Madre de un Rey.»

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

20

 

EL ALTAR DE LA TUMBA DE VENUS

 

 

Hemos hablado extensamente del Tesoro real escondido en el corazón de todos los humanos, llamado chispa divina, Rosa, Venus, Amor universal. Este principio esencial del Hombre verdadero emite una radiación a la que el hombre no puede reaccionar perfectamente a causa de su propia naturaleza. Se podría decir que este principio lo lanza a los caminos del mundo mientras que, por incomprensión, no cesa de buscarlo, de desearlo, de oír su llamada sin descubrirlo jamás en su plenitud. Esto dura hasta el momento en que, a imitación de Cristian Rosacruz, por fin llega a abrirse un camino hasta el secreto de su corazón, gracias a la transmutación fundamental de los distintos aspectos del yo de la naturaleza.

El camino que sigue la humanidad nacida de la naturaleza puede parecer trágico. Pero observe que, por muy trágico que parezca, es el más directo para alcanzar el Único Objetivo. Pues, es imposible que alguien logre un día encontrar el verdadero Tesoro real escondido en cada criatura y no sepa qué hacer con su descubrimiento. No, en la base de todo esto existe un Plan, una Razón divina, un desarrollo progresivo que es en sí una maravilla. Los que se acercan a la Gnosis deben, un día, conocer este Plan, este proceso. Por esto hablamos de ello a la luz de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz.

 

Decíamos que una radiación emana de la chispa divina, de Venus que yace como muerta. El relato menciona un altar colocado al lado del monumento funerario, símbolo del estado de muerto-viviente. Triangular, hecho de cobre, de oro y piedras preciosas, sostenido por un águila, un buey y un león; en medio, en un pilón de cobre pulido, se erige un ángel, un serafín que eleva en sus brazos un árbol desconocido disolviéndose. Incesantes gotas caen del árbol al pilón; cada vez que un fruto cae, se transforma en agua, que se derrama en tres pilones de oro contiguos.

¿Qué se nos dice aquí de la Chispa divina escondida? Todo lo que debemos saber: basta con comprender el lenguaje de los símbolos, para entender perfectamente lo que se nos transmite.

El hombre nacido de la naturaleza posee un cuerpo compuesto de elementos. Dicho de otra forma, la personalidad cuádruple está constituida por fuerzas y materias elementales, que poseen la naturaleza y llevan la imagen y la marca del mundo dialéctico, pero cuya cohesión no es duradera por estar sujeta a disgrega­ción. Resumiendo, este cuerpo compuesto de elementos materiales, nada tiene en común con la naturaleza divina y la esencia del mundo original. Por esta razón Hermes Trismegistos insiste en la imposibilidad, para este cuerpo constituido de elementos que pertenecen a la naturaleza de la muerte, de servir de medio de expresión al cuerpo glorioso, ni en la esfera de la materia, ni en la esfera reflectora de nuestro dominio existencial.

El Logos, por su esencia, vigila para que cada tentativa con vistas a una tal realización no se malogre jamás, en tanto que, por su esencia, El asegura la realización del Plan concebido para la realización de la gran transmutación. Así pues, cuando actuamos contra la ley, la consecuencia inevitable es la muerte; y cuando se cumple la ley, ésta confiere la vida, también de forma inevitable.

¿Cuál es la esencia del Logos? ¿Qué ley central rige todo el universo? La ley del Amor universal, el principio divino oculto en cada criatura.

El principio divino del Amor, oculto en nosotros, emite una radiación que toca a todo nuestro ser. Esta radiación es doble: conlleva un aspecto positivo y otro negativo, que colaboran en tanto que elementos creador y regenerador, con vistas a un resultado común, la realización del ser.

Por esta razón el altar está hecho en cobre y oro, así como todos los objetos que allí se encuentran. El cobre es el símbolo del principio negativo receptor y el oro, el símbolo del principio positivo emisor.

Vemos, acto seguido, que el altar es de forma triangular y está adornado con piedras preciosas, en tanto que encima brillan rubíes de un grosor especial. El triángulo equilátero siempre ha sido el símbolo de la sabiduría divina que se ofrece a la inteligencia digna de ella, se encarna en ella y provoca ciertos efectos. Aquí vemos de nuevo los dos aspectos: creador y generador.

Las piedras preciosas representan la gloriosa corona de la victoria. Así, de la chispa divina y del altar del corazón, se eleva hacia las alturas una poderosa radiación, como un árbol que se ramifica profusamente en todas las direcciones. Es la radiación del Amor divino universal, oculto en lo más profundo de cada uno de nosotros, y presente en todo tiempo y lugar. Esta fuerza de amor tiene dos polos: uno creador y otro generador. Esta fuerza de amor está en nosotros en el punto de encuentro con Dios.

La fuerza creadora, como la generadora, presenta dos aspectos. Por esto Cristian Rosacruz ve el águila, el buey, el león y el ángel, símbolos clásicos de los cuatro elementos, el aire, la tierra, el fuego y el agua, elementos de los que también está compuesta nuestra personalidad de la naturaleza.

Comprendemos ahora el sentido de todas estas indicaciones. La Chispa divina que está en nosotros, nos penetra con una cuádruple radiación, la radiación que corresponde a la naturaleza original; con ello ataca la cuádruple personalidad de la naturaleza de la muerte, estructurada a partir de los cuatro elementos corrompidos y mantenidos por ellos. Así pues, los cuatro rayos del Amor universal penetran en los cuatro principios inferiores del hombre, dando por resultado un quebrantamiento, una muerte, una disgregación, o sea, una disolución según la expresión de las Bodas Alquímicas.

De esta forma el Amor divino realiza constantemente el Plan en nosotros: nos conduce a la muerte, así pues a un renacimiento, o nos conduce a la Vida, por una transformación y una disolución químicas.

 

Consideremos este proceso así: la fuerza original del Amor nos invade y desencadena un proceso de asimilación, es decir, la transformación de la sustancia material en sustancia original: son las gotas de «agua» que se derraman.

Supongamos ahora que, conociendo este proceso y viendo con claridad el camino tomado por la humanidad dialéctica, en calidad de auténtico alumno de la Gnosis, despliega usted toda su energía para vivir, como Cristian Rosacruz, los cuatro días que acabamos de describir. Es imposible que no se establezcan resultados muy diferentes entre sus cuatro principios inferiores y los cuatro rayos del altar interior. La oblación que hace de sí mismo va a crear una armonía, cuyos resultados se simbolizan con los frutos que caen en la pileta de cobre que lleva el Serafín. Los frutos que se licuan son recogidos en los tres pequeños pilones de oro: son la sangre, el éter nervioso y la secreción interna. El hombre que recorre el camino de Cristian Rosacruz, libera en él tres nuevas fuerzas puras y positivas. Son, literalmente, los frutos del Amor divino, los frutos del hombre nacido de la naturaleza que se ha entregado a este Amor. En verdad, a todos los que le aceptan, ¡este Amor les da la fuerza para volverse hijos de Dios!

Comprendemos, pues, la imposibilidad de realizar la gran obra de transmutación y de liberación, sin haber liberado en uno mismo esta triple fuerza. Por ello, el oro de este triple elixir, confiere la Realeza y llama a la Vida al rey y a la reina, como veremos más adelante. Estas tres fuerzas están simbolizadas también en la Santa Cena. Son las que realizan la Resurrección.

A la luz de todo ello, comprendemos mejor la frase del Quinto Día, grabada cerca de la Venus yaciente, inmersa en un sueño de muerte: Cuando el árbol esté totalmente disuelto, me despertaré y seré Madre de un Rey.

Quien se compromete en el proceso gnóstico de transformación y de formación de la conciencia, emprende literal y físicamente una transmutación alquímica en el fuego siempre más ardiente del Amor, el cual transforma los viles metales en metales preciosos hasta obtener oro puro. No es el cultivo o la división de la personalidad, sino únicamente la renovación alquímica de la personalidad, lo que lleva al Gran Objetivo: Las Bodas de Cristian Rosacruz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras que hablaba, y quizás me hubiese hecho otras revelacio­nes, entró volando el pequeño Cupido, quien parecía disgustado por nuestra presencia allí. Pero viéndonos más muertos que vivos, acabó por reírse y me preguntó qué espíritu me había conducido hasta aquí. Respondí temblando que, habiéndome perdido en el Castillo, había llegado aquí por azar, y que mi paje tras buscarme por todas partes acabó encontrándome aquí, por lo que esperaba que no se tomara la cosa a mal.

            «Está bien, viejo curioso», dijo Cupido, «me habrías jugado una mala pasada si hubieses descubierto esta puerta. Será mejor que la cierre». Dicho esto, puso gruesas cadenas a la puerta de cobre por la que habíamos descendido recientemente.

            Di gracias a Dios que Cupido no nos hubiese sorprendido antes; mi paje me quedó agradecido por haberle ayudado a salir de esta situación difícil. «Pero», continuó Cupido, «no puedo dejaros sin castigo por haber casi sorprendido a mi Madre bienamada.» Tras estas palabras, aproximó a una pequeña lámpara la punta de una de sus flechas para calentarla un poco y me pinchó con ella la mano. Apenas si me di cuenta del pinchazo en ese momento, pues estaba contentísimo por haber resuelto tan fácilmente la situación y haber salido tan bien librado.

            Mientras tanto, mis compañeros se habían lavado y reunido en la sala ; me reuní con ellos, haciendo como si acabara de levantarme. Cupido que iba cerrando tras de sí todas las puertas con cuidado, vino también con nosotros y tuve que mostrarle mi mano. Perlaba todavía una gota de sangre, lo que le hizo reír con ganas; al mismo tiempo previno a los demás para que me vigilaran, pues pronto sería mi aniversario. Nos sorprendió que Cupido pudiese estar tan alegre y sin pena, tras los tristes aconteci­miento de la víspera. En efecto, no mostraba la menor sombra de tristeza.

            Durante este tiempo nuestra Presidenta se había preparado para la marcha. Estaba totalmente ataviada con terciopelo negro, pero conservaba siempre su rama de laurel; sus vírgenes también las tenían.

            Cuando todo estuvo dispuesto, nos invitó a beber para prepararnos a continuación para el cortejo nupcial. Lo que hicimos sin perder un instante siguiéndola enseguida al Patio. Allí había seis ataúdes; mis compañeros se imaginaban que contenían las seis personas reales. Yo conocía la superchería pero ignoraba lo que iba a ocurrir con los otros ataúdes. Cerca de cada ataúd estaban ocho hombres enmascarados. Cuando la música comenzó (era tan triste, tan melancólica que me sentí mal), los hombres izaron los ataúdes y debimos seguirles en el orden prescrito hasta el jardín que conocíamos, en medio del cual estaba erigida una construcción de madera adornada con una magnífica cornisa alrededor del techo, que reposaba sobre siete pilares. En el interior había seis tumbas abiertas y una piedra al lado de cada una de ellas, mientras que en el centro se erigía una piedra redonda y hueca.

            Los ataúdes fueron descendidos en sus sepulcros en silencio y, con muchas ceremonias, se deslizaron las piedras por encima y todo fue cerrado cuidadosamente. El pequeño cofre debía ser depositado en el centro. Así mis compañeros fueron engañados pues no podían imaginar que los cadáveres no se encontraban en el interior de los ataúdes. Por encima, flotaba un gran estandarte en el que estaba pintado un Fénix, para engañarnos todavía un poco más, sin duda. ¿Cuán agradecido estaba a Dios por haber visto más que los demás!

            Una vez terminados los funerales, la Virgen se colocó sobre la piedra del medio e hizo un breve discurso en el que nos exhortó a permanecer fieles a nuestra promesa, a no tener miedo de las dificultades que nos aguardaban y a ayudar a renacer a las personas reales enterradas recientemente y, con este objetivo, a subir sin pérdida de tiempo a la Torre del Olimpo para buscar allí el remedio necesario.

            Asentimos enseguida y la seguimos por otra puerta hasta la orilla, donde los siete bajeles mencionados anteriormente esperaban, vacíos. Las vírgenes suspendieron en ellos sus ramas de laurel y, después de que hubimos subido en seis de estos barcos, nos dejaron partir, en nombre de Dios, acompañándonos con sus miradas hasta que nos perdimos de vista. Después regresaron al Castillo acompañadas de todos los guardias.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

21

 

EL ENTIERRO DE LOS SEIS FÉRETROS VACÍOS

 

Después de lo expuesto anteriormente, se comprende que el hombre natural, el hombre egocéntrico, no pueda actuar en el maravilloso proceso de radiación de la Rosa en el santuario del corazón, con todas las consecuencias que desencadena, a causa de su carácter progresivo y lógico; tampoco sabría dirigir este proceso mediante prácticas ocultas, en tal o cual dirección. Es la propia vida, el comportamiento real del hombre, sus pensamientos, su voluntad y sus actos, los que determinan la radiación y el desarrollo de este árbol del corazón milagroso. Tal es el principio fundamental del aprendizaje gnóstico. El alumno pondría su salud en peligro si intentara actuar artificialmente en las funciones del corazón. Tal tentativa incluso podría costarle la vida.

Por esta razón se dice, en las Bodas Alquímicas, que penetrar en la tumba de Venus está totalmente prohibido. Pero el candidato no debe permanecer en la ignorancia de los efectos de este poderoso proceso antes de encontrarse con el hecho consuma­do. Por el contrario, es un perpetuo intercambio el que se produce entre la Fuerza divina y su conciencia. Este hecho viene ilustrado por la intervención de Cupido. El pequeño dios alado, el servidor de Venus, advierte sin cesar al candidato de sus progresos y de sus errores, mediante sus conversaciones, sus consejos y sus flechas.

Hemos visto ya a Cupido en Las Bodas Alquímicas. Observamos ahora que interviene como guardián del santuario del corazón. Pincha en la mano a Cristian Rosacruz con una flecha ardiente para castigarle, supuestamente, por sus obstinadas exploraciones e investigaciones del camino. La observación que hace Cupido, inmediatamente después, a los compañeros de Cristian Rosacruz, esclarece este episodio. Cuando con la flecha ardiente del rayo del Amor universal pincha la mano de Cristian Rosacruz, éste sangra. Lo que prueba que es capaz de reaccionar al toque. Está herido en la mano, la parte del cuerpo que ejecuta los actos. Después, se hace alusión a la fiesta que pronto se celebrará, el Día de la boda definitiva, el Día de las Bodas Alquímicas, en las que será un participante activo.

 

Acto seguido viene la escena del entierro, que transcurre al compás de una música triste y con vestidos enlutados, aunque los féretros depositados en la tumba estén totalmente vacíos. En efecto, sabemos que los restos de los seis soberanos y de la antigua voluntad han sido confiados a las siete embarcaciones, las siete barcas celestes del Espíritu Santo. Para completar la mistificación, de la que forma parte, un gran estandarte con el emblema del Fénix, el símbolo de la resurrección, ondea encima de las tumbas.

Esta escena debe entenderse de la siguiente manera: la muerte por la endura de los siete antiguos aspectos de la conciencia, que el candidato realiza voluntariamente, no puede ser comparado en absoluto con la muerte natural efectiva. Y aunque esta muerte lleva a la Vida. ¡Esta completa neutralización de la antigua naturaleza, permite el despertar de la nueva naturaleza! Por esto la Gnosis ha afirmado siempre, que la muerte de Jesús el Señor tan sólo ha sido una apariencia.

Si hablamos de las Bodas Alquímicas, debemos hacerlo también, aunque sea muy sucintamente, de los Misterios gnósticos. La muerte por la endura no es un acontecimiento que se produzca en algunos segundos, como un relámpago; es un período de la vida al final del cual el yo termina por morir, un período en el que el yo de la naturaleza enmudece, un período de soledad pero también de una riqueza creciente, un período en el que el Primer Rayo del Espíritu Santo, el nuevo Gran Sacerdote, la nueva voluntad, hace su aparición en el que se descubre un nuevo horizonte que sale de las brumas de la conciencia ordinaria. Esto explica el porqué Cristian Rosacruz da testimonio de su profundo agradecimiento hacia Dios, por haber podido percibir más cosas que los demás.

 

Al final de la ceremonia, la Virgen pronuncia sobre las tumbas una oración de un profundo sentido: que el alumno permanezca fiel a su promesa, que en este período de silencio no se deje descorazonar por los posibles sufrimientos o dificultades venideras; que trabaje con todas sus fuerzas para devolver la vida a los fallecidos, y vaya sin demora a la Torre del Olimpo para procurarse el remedio necesario para su resurrección.

Esta claro que se inicia aquí el período de trabajo consagrado a la formación de la nueva conciencia. Ahora, toda la atención se orienta hacia el viaje hasta la Torre del Olimpo.

Veamos lo que este episodio da a entender. Según la mitología clásica, el Olimpo es la montaña en la que residen los Dioses. En las Sagradas Escrituras y la Enseñanza Universal, las montañas de este género juegan un papel importante. Tienen multitud de nombres, cuyo sentido es en realidad el mismo: lugar, foco de redención. En la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro actual, hablamos de la puerta que da acceso al nuevo Campo de Vida, de la entrada a la Cabeza de Oro, el Campo de la Resurrec­ción.

Simplemente se podría decir que, cuando el candidato está maduro para franquear esa puerta, se da cuenta de ello. Ahora bien, el relato indica con insistencia que debe viajar en esta dirección para procurarse el remedio apropiado, capaz de provocar la revivificación. Le son pedidos, pues, nuevos actos.

Más adelante, en el Quinto Día, un pasaje, que comentaremos detalladamente, nos recuerda que todos los candidatos se embarcan en las siete naves que todavía fondean en la orilla del mar y en las que se encuentran los siete féretros que contienen los restos materiales de los soberanos decapitados. Las barcas bogan sobre las aguas de la bahía y después sobre el mar, para alcanzar tras algunas horas la isla donde se alza la Torre del Olimpo. Esta isla es un cuadrado perfecto, rodeada de una ancha muralla, cuyo diámetro es de 26O pasos. En esta descripción del Mar, de la Muralla y de la Isla, vemos el símbolo de la Fraternidad universal de Cristo: el Círculo, el Triángulo y el Cuadrado:

el Mar es el Círculo de la Eternidad.

la Muralla es el Triángulo de la verdadera Fuerza creadora divina del hombre, que se manifiesta mediante la pineal, la hipófisis y la tiroides regeneradas;

la Isla es el Cuadrado de la verdadera construcción: la total ofrenda del yo en Cristo.

Recuérdese que el Olimpo, según la mitología griega, es la morada de los dioses inmortales. La cima de esta morada es la Unidad, la muralla es el triángulo, el fundamento es el cuadrado.

La cifra 260 cabalísticamente corresponde al nº 8, a Saturno; junto con el nº 0, representa el tránsito en la Vida, que el candidato del Quinto Día está efectuando. Pero este tránsito tan sólo es posible mediante las siete nuevas radiaciones astrales que emanan del triángulo mencionado, triángulo que la santifica­ción de los candidatos inflama con un fuego resplandeciente. Ya hemos hablado de estas siete emanaciones al  tratar de las Siete Pesas. Estamos ahora al centro del asunto. El candidato ha nacido según el alma, ha muerto según la naturaleza y ha sido tocado por el Espíritu Séptuple que deja en él el Primer Rayo, como una luz para iluminar su nuevo camino; sobre las aguas de la bahía siete barcas esperan en la orilla.

Vea en las aguas de la bahía el símbolo del aura que envuelve la pineal, que forma un vasto campo de luz alrede­dor de la cabeza, sobrepasándola en mucho. Estas aguas, este mar de luz de la pineal es el punto de contacto particular entre el Espíritu Séptuple y el candidato que se ha vuelto digno de tal aconteci­miento. En el Cuatro Día, las siete llamas que están encima de la siete barcas, aparecen en el interior de esta bahía de luz, en tanto que le han sido quitados al viejo hombre los siete brazos del candelabro, «le han sido arrebatados de la cabeza» y son llevados en la siete barcas. La vieja naturaleza con una oblación total de sí misma, ha accedido a la felicidad de la salvación y se ha aniquilado en el fuego de las llamas del Espíritu ¡una muerte que lleva a la Vida!

Ahora bien, las siete barcas permanecen atrás. Son las siete cuerdas que atan continuamente al candidato al gran Objetivo, convertirse en un Hombre verdadero, y lo unen al Olimpo, la morada de los Inmortales, cuya cima es una unidad séptuple y el fundamente un cuadrado perfecto.          Y ahora, es el grandioso momento en el que los candidatos, gracias a su preparación, ¡están en condiciones de emprender el verdadero viaje hacia el gran Objetivo!  La unidad se establece fundamentalmente entre el Espíritu, el Alma y el cuerpo, el cual ya jamás se resistirá. Esta es la victoria a la que nos lleva la Fuerza de Amor fundamental, oculta en lo más profundo de nosotros mismos. Usted que busca la verdadera liberación, debe también llegar un día  a la Isla cuadrada, la «Alfombra», el Cuadrado de la Construc­ción. Es el deber de todos.

Sabemos que después de la preparación exigida, el hecho de «mantenerse sobre la alfombra» inaugura, para cada alumno, un período de actividad personal, lleno de tensión y de esfuerzos. Por esto hablamos del Cuadrado de la Construcción, cuyo elemento más relevante es el comportamiento. Lo que cuenta no es lo que se sabe, lo que se aparenta o lo que se dice, ¡sino lo que se hace!

Quien intente recorrer el Camino sin adoptar el nuevo comportamiento exigido por la Gnosis, no tiene lugar en la actual Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada bajel arbolaba una gran bandera marcada con un emblema particular. En cinco barcos se veían los cinco cuerpos geométri­cos regulares. En el mío, en el que se encontraba también la Virgen, había un Globo. Bogamos en un orden preciso, llevando en cada barco sólo dos náuticos.

            A la cabeza marchaba el pequeño barco a, en el que me parecía iba el Moro. A bordo iban doce músicos que tocaban muy bien. Su emblema era la Pirámide.

            Después seguían, costado con costado, los tres bajeles b, c, y d, en el que estábamos distribuidos. Yo iba en el bajel c. En el centro, bogaban los dos más bellos y más majestuosos, el e y el f. Iban sin nadie a bordo, adornados con ramas de olivo y su pabellón arbolaba el Sol y la Luna. Por último, venía el barco g, en el que se encontraban cuarenta vírgenes.

 

                                                        (esquema de los barcos)

 

Después de haber atravesado la bahía, llegamos por un canal a plena mar donde nos esperaban sirenas, ninfas y diosas marinas; tan pronto nos vieron, enviaron una nereida para hacernos entrega de un regalo de Bodas. Era una gruesa y preciosa perla fina como jamás se había visto, ni en nuestro mundo, ni en el nuevo por lo redonda y brillante que era.

            La Virgen la aceptó graciosamente, después la ninfa preguntó si podríamos detenernos un momento allí y recibir también a sus compañeras. La Virgen consintió de todo corazón, hizo que parasen los dos grandes barcos de en medio y agrupó a los otros a su alrededor formando un pentágono.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

(dibujo)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

22

 

LA EXPEDICIÓN DE LAS SIETE BARCAS HACIA LA

TORRE DEL OLIMPO

 

Como introducción, citemos las poderosas palabras de la Fama Fraternitatis R.C.:

 

Inflamado por el Espíritu de Dios,

Muerto en Jesús el Señor,

Renacido por el Espíritu Santo.

 

Esta invocación es la síntesis de todo el Camino. El aspirante a los Misterios de la Rosacruz, a los Misterios de la Triple Alianza de la Luz, debe en primer lugar estar animado e inflamado por el Espíritu Séptuple, gracias a una vida totalmente consagra­da a la nueva orientación y al Alma nueva. De lo que resultará un séptuple aniquilamiento incondicional y total de la naturaleza en Jesús el Señor. Esto significa que el yo, así como los distintos aspectos del principio animador de la naturaleza, deben morir por la Endura. ¡Pues la personalidad nacida de la naturale­za es un instrumento vivificado por las fuerzas vitales natura­les! Si estas fuerzas vitales llegaran a faltar, la personalidad dejaría de existir y se disgregaría rápidamente. El yo de la naturaleza es pues el principio conservador del cuerpo y nada más.

Este principio conservador del cuerpo, este dueño temporal del instrumento corporal, debe recibir el Espíritu y la nueva alma como el verdadero Rey y la verdadera Reina, es decir, como las únicas fuerzas directoras del sistema humano. Por ello, el dueño temporal del cuerpo debe jugar el papel de servidor de un ser desprovisto de yo, por un proceso que llamamos la endura, con el fin de que sea el Espíritu y el Alma, el Rey y la Reina, quienes gobiernen y conduzcan todo el sistema hacia el bien supremo, la liberación total. La fase inicial de tal devenir lleva el nombre de renacimiento o resurrección, palabra interpre­tada erróneamente por las malas exégesis bíblicas.

Este renacimiento debe dar lugar invariablemente a una transfiguración, a un profundo cambio de todo el sistema humano, a fin de adaptarlo, de apropiarlo a la Vida omnipresente en todos los dominios de la materia y del espíritu. Esta transformación o «transfiguración» no es posible sin la posesión inmanente del Alma-Espíritu. Por esta razón los Rosacruces hablan de Bodas Alquímicas, es decir, de un descenso del Alma-Espíritu en el cuerpo, de un desarrollo consciente del Alma-Espíritu en el cuerpo, con el fin de hacer posible la transfiguración.

Así pues, al inicio del Quinto Día, la endura ya se ha realizado. Las fuerzas de la antigua conciencia se han retirado, están muertas y enterradas. El yo ha sido reabsorbido en el no-ser. Y ahora debe acontecer el retorno a la Vida, el renacimien­to, la resurrección de la nueva y perfecta conciencia humano-divina. Con este fin las siete barcas, de las que tanto hemos hablado, dejan las aguas de la bahía por las de la alta mar y navegan hacia la Torre del Olimpo.

Ya hemos explicado que las aguas que rodean el Templo, representan el campo de la pineal, el radio de acción de la pineal, glándula que rige la personalidad. Hasta allí hemos visto llegar y partir a las siete luces del Espíritu. Habiendo perecido el yo por la endura, se establece un nuevo lazo entre el campo de la pineal y el Campo astral puro, el Espíritu de la Vida intercósmica pura y original. En unión con este Campo debe prepararse y realizarse ahora la resurrección. La vía ya está abierta y en esa dirección se dirigen las siete barcas después de haber dejado las aguas de la bahía por las de alta mar.

Como sabe, la palabra «mar» representa desde siempre, en la simbología religiosa, los espacios sagrados en donde el Espíritu se manifiesta en su plenitud. En todo tiempo se ha comparado la Plenitud divina, el Espíritu Santo, con el mar, el océano de la Manifestación divina.

Este es también el significado de María. María deriva de la palabra mare, mar. El hijo de Dios, el hombre nuevo, debe nacer de María, el Mar, el Océano de la sustancia astral original pura. Como comprenderá, es también la Madre de Dios, la Madre del hijo de Dios.

Comprenderá también, la inmensa traición que la Iglesia ha perpetrado a la humanidad, afirmando que María es una mujer nacida de la naturaleza, convertida un día y para siempre, física y literalmente, en la madre de Dios. Ahora ya sabe qué pensar sobre este dogma. La Madre, María, Mare, es el Mar, el océano de la Manifestación divina, gracias a la cual se realiza la transfiguración. Hacer de María un ser meramente humano o una divinidad irremplazable es una atrocidad y un pecado. La Iglesia lo ha utilizado como sostén para mantenerse; ha hecho una realidad de un cuento de hadas, un cuento en donde el símbolo de la virgen y de la inmaculada concepción ocupan el lugar central, lo cual es lógico.

 

Cuando el candidato, preparado y equipado como hemos indicado, se compromete a realizar el gran y santo trabajo de la resurrec­ción, las siete barcas se adornan con ramos de laurel, símbolo de una indefectible esperanza. Cada barca enarbola una bandera con un símbolo particular; y sobre todo navegan en un orden determinado. Hay dos timoneles a bordo de cada una y en la última están las cuarenta jóvenes. Cristian Rosacruz ha subido en la barca designada con la letra c, cuya enseña representa un globo. Aclaremos el sentido de todo esto.

El orden de las siete barcas es: una barca en cabeza, seguida por tres en la misma línea, después dos y una al final.

 

(dibujo)

 

Si se imagina esta disposición, verá claramente una doble cruz, la Cruz de Bouan (25): la antigua cruz de los cruzados del Santo Grial, el poderoso símbolo gnóstico de la resurrección, adornán­dose aquí en su centro con la Rosa. Cristian Rosacruz está en la barca c, que lleva el globo como signo distintivo, símbolo de la tarea mundial de la Rosacruz.

Se dice que los signos de las cinco barcas tienen relación con los cinco polígonos regulares, mientras que la barca a lleva el signo de la pirámide. Se alude a los cristales regulares. La pirámide es igualmente una cristalización que encontramos por doquier en la naturaleza.

 

Cuando el candidato progresa hacia su objetivo, y establece la unión con el mundo del Espíritu, con el océano de la plenitud de Vida, esta unión tiene por consecuencia un aflujo de fuerzas nuevas. Así pues, a estas fuerzas le corresponden formas cristalinas nuevas puras, pues no hay espacio vacío. Nuevas fuerzas significan nuevas manifestaciones, es decir, la justa combinación de los átomos salidos de Dios, ¡ni que decir tiene! Por esto se encuentran dos timoneles en cada barca. Simbolizan el polo positivo y el polo negativo, necesarios para asegurar la correcta y regular combinación de las fuerzas.

La barca g, base de la cruz de la victoria, está definida por la presencia de las cuarenta jóvenes. Las barcas c y f, las más bellas y majestuosas, llevan respectivamente el emblema del Sol y la Luna.

¡Sin duda ya habrá comprendido! El número cuarenta expresa la plenitud de la manifestación en la Luz de la eternidad. La Luna y el Sol, símbolos del Alma y el Espíritu, se manifiestan exclusivamente mediante los actos liberadores, así pues, por la regeneración del centro de la vida, el santuario del bazo. Este hecho aparece claramente en la disposición de las siguientes barcas, donde la e y f, la Luna y el Sol, el Alma y el Espíritu en su esplendor inigualable,

 

(dibujo)

 

ocupan  la posición central, mientras que Cristian Rosacruz, en la barca c, hace pasar la antigua conciencia regenerada, convertida en principio director, desde el corazón al santuario de la cabeza, a fin de que en cooperación con el Alma y el Espíritu, se realice el trabajo recreador del proceso alquímico. La estrella de cinco puntas inscrita en el pentágono, símbolo del hombre liberado, da prueba de la conquista de esta nueva realidad.

Así, el nuevo proceso que empieza el Quinto Día, es presentado de forma esotérica, cabalística, científica y gnóstica, a todos los que son capaces de percibirlo, y los iniciados saben de qué se trata.

Cuando esta notable flota, descrita por Cristian Rosacruz, sale de la bahía y alcanza el mar de la plenitud, tiene lugar el encuentro con la encantadora muchedumbre de sirenas y ninfas, que ofrecen una perla preciosa como regalo y entonan, en honor del Espíritu Séptuple, las siete estrofas de un magnífico canto que vamos a comentar detalladamente en el siguiente capítulo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A continuación las ninfas se colocaron alrededor formando un círculo y se pusieron a cantar con voz melodiosa:

 

                                                                           I

 

                                      El amor es lo más bello que hay sobre la tierra,

                                               Nada es más noble, ni más elevado,

                                           Por el llegamos a ser semejantes a Dios,

                                                Y el sufrimiento no nos aflige más.

                                               Por nuestro canto honramos al Rey,

                                                      Que se alegre todo el mar.

                                        Nosotros preguntamos, vosotros respondéis:

 

                                                                          II

 

                                                  ¿Quién, un día, nos dio la Vida?

                                                                    El Amor.

                                                  ¿Quién nos devolvió la Gracia?

                                                                    El Amor.

                                                       ¿De dónde hemos salido?

                                                                   Del Amor.

                                                     ¿Cómo nos hemos perdido?

                                                             Por falta de Amor.

 

 

 

                                                                          III

 

                                                     ¿Quién nos ha engendrado?

                                                                    El Amor.

                                           ¿Quién nos ha cuidado, nos ha vigilado?

                                                                    El Amor.

                                                ¿Qué debemos a nuestros padres?

                                                                    El Amor.

                                              ¿Qué les hace siempre tan pacientes?

                                                                    El Amor.

 

                                                                          IV

 

                                                         ¿Qué nos hace vencer?

                                                                    El Amor.

                                               ¿Cómo encontrar también el Amor?

                                                                 Por el Amor.

                                            ¿Dónde hacer brillar las buenas obras?

                                                                  En el Amor.

                                           ¿Quién puede hacer la unión de los dos?

                                                                    El Amor.

 

                                                                          V

 

                                                       Por ello, cantamos todos,

                                                      Que resuenen los cantos de

                                                  Homenaje y alabanzas al Amor,

                                                             Que pueda crecer,

                                                En nuestro Rey, en nuestra Reina,

                                            Su cuerpo está aquí, su Alma está lejos.

 

                                                                          VI

 

                                                                  Y si vivimos,

                                                                Dios nos dará

                                          El transmitirles el Amor, con gran Fuerza

                                               Para que adquieran un gran Poder,

                                         Con el fin de que, por este Fuego de Amor,

                                         juntos se fundan durante la Hora Sagrada.

 

                                                                         VII

 

                                         Entonces este sufrimiento, con gran alegría

                                                   Transmitido a muchos jóvenes,

                                             Se transformará en Eternidad Divina.

 

Cuando hubieron acabado este canto, de temática y melodía magníficas, comprendí que Ulises hubiese hecho taponar los oídos de sus compañeros y me sentí el más desgraciado de los hombres por no haber sido creado por la naturaleza como estas criaturas adorables. La Virgen se despedía con rapidez y ordenaba ponerse en marcha. Con lo que las ninfas, que habían recibido por recompensa una larga banderola roja, partieron dispersándose en el mar.

            Esta vez, sentí que Cupido comenzaba a actuar también en mí, lo que dice poco en mi honor. Pero como mi ligereza no sería de ningún provecho para el lector, simplemente dejo constancia de ella. Respondía precisamente a la herida recibida en la cabeza en mi sueño del Primer Día. Por tanto, si alguno quiere un buen consejo, que se abstenga de ir a contemplar a Venus en su lecho, pues Cupido no lo tolera.

 


 

23

 

LAS NINFAS Y LA PERLA REAL

 

Así avanzan, hacia la Torre del Olimpo, los siete rayos de la conciencia muerta según el yo. En cuanto ha sido alcanzado el mar de la viva plenitud divina, tiene lugar la unión con la atmósfera pura, el encuentro con la muchedumbre de ninfas y sirenas que, después de ofrecer la perla, cantan juntos un himno en honor al Amor divino.

Naturalmente, comprenderá que lo que aquí se indica no es solamente un cuento agradable. Cuando la Rosacruz habla de ondinas, ninfas, sirenas y otros espíritus de la naturaleza, atrae nuestra atención sobre un estado particular de conciencia. Teniendo en cuenta que no hay espacio vacío, es comprensible que cada espacio esté poblado de fuerzas y de aspectos correspondien­tes.

Sabemos también que todos los espacios y campos de manifes­tación se interpenetran. El tiempo y la distancia son conceptos del mundo tridimensional. En realidad, toda la Manifestación divina es omnipresente, así pues, está más cerca que nuestras manos y pies. Es posible experimentar, ahora mismo, la Otra Realidad, la Realidad superior.

La naturaleza de la conciencia, conciencia esencial y fundamental séptuple es determinante. Nuestra conciencia natural reacciona séptuple y perfectamente a todo cuanto existe en el campo de manifestación dialéctico. Se puede decir que incluso aunque no se quiera reaccionar, no se puede evitar. Opera en nosotros mediante uno o varios de los siete sentidos. Y es una gran bendición que los sentidos no perciban, ni sientan todo lo que existe en el espacio de la naturaleza dialéctica que atañe a la humanidad. Como consecuencia de la intervención forzada de la ciencia, se están produciendo ciertos cambios actualmente ¡y veremos a buen seguro los resultados!

 

Regresemos al relato. El hombre cuyo ego ha muerto, avanza hacia la serenidad del campo astral de la manifestación divina. La endura tiene como característica, por ley natural, el que cierra la conciencia séptuple a las influencias de la naturaleza de la muerte. La hace inaccesible a las fuerzas que operan en ella; despierta a un nuevo mundo, comprueba y experimenta la naturaleza y la esencia de ese nuevo espacio. Las primeras experiencias del hombre despierto tienen siempre relación con el mundo etérico.

Desde su nacimiento terrestre, un niño empieza a asimilar los elementos constructivos del campo etérico natural, los cuatro alimentos de la naturaleza dialéctica. Percibe los colores y las vibraciones y se impregna de ellos. En los primeros años de su vida, está en contacto con los seres naturales de la esfera etérica. Después los cuatro alimentos dialécticos le provocan el despertar del «yo soy», es decir, el despertar en la esfera de la materia, en la que llega a ser, poco a poco, completamente consciente.

Lo mismo ocurre para el aspirante a los misterios gnósticos. A la endura, a la muerte del yo, le sucede, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, la entrada en el aspecto etérico de la nueva vida; así empieza el nuevo nacimiento. Al mismo tiempo absorbe los cuatro alimentos, pero esta vez son los cuatro alimentos santos, las nuevas fuerzas etéricas. El aspecto etérico se graba profundamente en él y deja su señal en el santuario de la cabeza, en el lugar, citado tan a menudo, del espacio abierto situado detrás del hueso frontal, que es un foco incandescente. La nueva imagen etérica recibida en la primera fase del nacimien­to se cristaliza y forma un foco ardiente, volviéndose una de las bases más importantes de la vida ulterior. Mediante este cristal (se podría decir: dirigido por este cristal) el hombre renacido registra el nuevo mundo material y vive en él. Este es el significado de la perla, cristalización que aparece en el interior de la concha de la ostra.

Como hombres dialécticos, todos poseemos un cristal, una perla de esta clase en la cavidad frontal. Y cada uno debemos descubrir por la experiencia si se trata de una perla valiosa. El género de vida que se lleva, pone en evidencia si la perla es un cuerpo regular o irregular.

En el hombre dialéctico, si todo va bien, el principio etérico de base siempre debe ser arrancado de la cavidad frontal y reemplazado por uno nuevo. Quien no lo consigue o no experimen­ta la necesidad es un desdichado, digno de lástima. Comprenderá, sin duda, el papel capital de los padres en la incrustación y la cristalización de la perla, en el interior de la cavidad frontal de su hijo.¿Se han orientado ya hacia la Escuela Espiritual y hacia la nueva vida antes de su nacimiento?, ¿son buscadores de la Gnosis?, ¿es pura su conducta? ¿desean adquirir una conciencia nueva superior, o están totalmente inclinados hacia la tierra? preguntas decisivas que condicionarán las experiencias del niño en el campo etérico.

Vemos que a Cristian Rosacruz le fue quitado su antiguo cristal desde el inicio de las Bodas Alquímicas. Cuando es izado fuera del pozo del aniquilamiento, recibe una «herida en la cabeza»; en este episodio se alude nuevamente a ello. Gracias a su aspiración y a sus esfuerzos, le es retirado el antiguo cristal: esta es la primera condición de un aprendizaje libera­dor.

 

Volvamos al texto. Cuando un hombre accede al nuevo estado de vida y su conciencia séptuple, que ha sufrido la muerte por la endura, busca la resurrección, la imagen etérica del nuevo estado de vida empieza a grabarse en él, lo que provoca en la cavidad frontal la aparición de una cristalización, la perla preciosa, con todos los efectos que conlleva. Si la señal en la frente no cambia, significa que el nuevo estado de vida no ha sido realizado aún. El refranero popular es a menudo el medio de expresión de un saber intuitivo, y no en balde se dice que quien no ha aprendido aún la gran lección de la existencia «se golpea la cabeza contra los muros».

¿Por qué la perla que recibe Cristian Rosacruz es de un valor inestimable? ¡El texto lo explica perfectamente! El nuevo campo de vida respira literalmente el Espíritu y la fuerza de Amor que viene de Dios. Debe comprenderse de forma completamente nueva la palabra amor, de la que se hace tan mal uso. El Amor, en el sentido verdadero del término, es una fuerza electromagné­tica, una radiación que expresa la afinidad y la simpatía. La Enseñanza universal designa también el Amor universal como el rayo de luz indisociable del Único, que no puede hacer más que unirse al Alma. Es una fuerza divina activa, marcada con el sello de la Plenitud de la Vida, el Mar de la plenitud, «Mare», María, la Madre del mundo, la Madre del Dios de Amor, con sus dos características: la gracia y la misericordia. Esta Fuerza universal divina es el más elevado de los atributos divinos. Conlleva siete aspectos. Lo que explica por qué las fuerzas naturales del nuevo estado de vida entonan un canto en siete estrofas:

 

1.         Nada hay más bello ni más sublime que el Amor divino.

2.         La manifestación universal emana del Amor divino.

3.         ¿Cuál es nuestro deber hacia Dios y hacia el prójimo? Hacer irradiar concretamente este Amor.

4.         ¿Cómo vencer al mundo y al mal? Exclusivamente por el Amor divino.

5.         ¿Quiénes cantan el canto sublime del Amor? Los que quieren alcanzar la realeza del Espíritu.

6.         Razón por la que el coro de los que experimentan este Amor no formula más que un sólo y único ruego: que todos los que están separados de Dios entren en la corriente unificadora del Amor.

7.         Así conocerán, para toda la eternidad, el verdadero estado de Hombre-Dios.

 

Quienes entienden perfectamente las siete estrofas de este canto y realizan un trabajo por su aceptación de la endura, saben por experiencia que el Amor, que es de Dios, no ejecuta una acción sentimental emocional debilitante, sino que es una fuerza fe voluntad divina que se manifiesta en una creación visible.

Por  esto el Amor ha recibido el nombre de Segundo Rayo de la Divinidad. Quienes experimentan el fuego de este brasero, debe manifestarlo con su entrega total al servicio del mundo y de la humanidad, de forma positiva y no negativa. Fingir el Amor, representa un suicidio sin ninguna utilidad y es negativo. Lo positivo es manifestar la Voluntad divina, y con ello triunfar y alcanzar la victoria.

El hombre que, en el Camino, llega a unirse a esta Fuerza divina se enlaza, por ello mismo, a las fuerzas naturales del nuevo estado de vida con un lazo color sangre. Está indisoluble­mente unido por la sangre y por necesidad vital.

Este es el poderoso impulso que anima a Cristian Rosacruz. Esto explica por qué dice: Esta vez me apercibía que Cupido empezaba a actuar también en mí, a través de la herida recibida en la cabeza del Primer Día.

El nuevo cristal, de forma regular y de gran belleza, el signo del Hijo del Hombre, empieza a irradiar sobre su frente. Es el signo de su Orden.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunas horas más tarde, casi al término del viaje realizado conversando agradablemente, divisamos la Torre del Olimpo. La Virgen ordenó entonces que se anunciase nuestra llegada mediante las salvas de ordenanza, lo que fue hecho. Enseguida vimos desplegarse una gran oriflama blanca y salir a nuestro encuentro una barquita de oro. Cuando se nos aproximó, distinguimos en ella a un anciano, el guardián de la Torre, quien, con algunos compañeros vestidos de blanco, nos acogió amistosamente y nos condujo hasta la Torre. Se erigía sobre una isla con forma de cuadrado perfecto, rodeada de una muralla tan ancha y sólida cuyo diámetro era de 260 pasos. En su interior, descubrimos un bella pradera y jardines donde crecían frutos raros, desconocidos por mí; a continuación, otra muralla circundaba la Torre.

            Esta parecía constituida por la yuxtaposición de siete torres redondas, siendo la del centro un poco más alta. Se interpenetraban también en el interior y formaban siete pisos.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

24

 

LA TORRE DEL OLIMPO

 

Entonces la Torre del Olimpo se hace visible a los viajeros que se dirigen hacia las Bodas Alquímicas. Un gran estandarte blanco, símbolo de paz, ondea a lo lejos en señal de bienvenida y una barquita de oro boga a su encuentro, en la que está el Anciano, el guardián de la Torre, asistido por algunos compañeros vestidos de blanco.

Ya hemos descrito que la isla forma un cuadrado perfecto, en cuyo centro se encuentra una construcción compuesta por siete torres redondas, unidas entre sí formando un todo, de las cuales la del centro es la más alta. Una larga y sólida muralla la rodea, cuyo diámetro es de 260 pasos, y cuya construcción tiene siete plantas, Los candidatos son conducidos a este complejo, para que allí realicen la Gran Obra.

Para comprender bien todo esto, es preciso profundizar y prestar la máxima atención posible, ya que el final del Quinto Día da la clave de lo que va a seguir.

Hemos descrito cómo recibe el candidato el nuevo cristal, la «perla de gran valor», y cómo Cristian Rosacruz participa del séptuple principio del Amor universal, el Segundo Rayo del Espíritu Séptuple. Esta Fuerza de Amor, le invade por completo y, en tanto que renacido, le hace percibir el aspecto etérico fundamental del nuevo estado de vida.

Y ahora, sobre el Mar de la Plenitud de la Vida, los viajeros alcanzan la isla en la que brilla la Torre del Olimpo. Dicho de otra forma, es el momento del gran encuentro con la fuerza central de la Vida nueva y esto, no como una sublime efusión abstracta, sino como un encuentro consciente. Intentemos definir la naturaleza de este encuentro.

 

Citemos, para empezar, la notable frase de la Enseñanza Univer­sal: «La contemplación del Espíritu sólo es posible cuando el Alma está en presencia del Anciano de los Días.»

Cuando Cristian Rosacruz llega a la Torre, es acogido por el Anciano de los Días. Se trata de un encuentro nuevo, real y concreto. El «Anciano de los Días» es, exactamente, la Fuerza de Liberación que desciende y se manifiesta en el microcosmos, y penetra en el centro de la pineal. Es la Fuerza gracias a la cual los Tres se vuelven Uno: el Espíritu, el Alma y el cuerpo. Así pues, es el inicio de la realización del verdadero estado de Hombre-Dios.

Cuando piensa en los Tres que deben volverse Uno, y evoca el tercer elemento, el cuerpo, no debe pensar en su personalidad en su actual estado, sino en el que se encontrará una vez transformada.

Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz tienen por objetivo el renacimiento del Rey -el Espíritu- y de la Reina -el Alma-, renacimiento que tiene como consecuencia el que el tercer elemento, una vez transfigurado -la personalidad, el cuerpo- pueda manifestarse en su auténtica realidad tal como Dios la concibió. Es una triple operación en la que debe concretarse:

la manifestación del Espíritu, el Rey.

la manifestación del Alma, la Reina,

y la manifestación de la personalidad, Cristian Rosacruz.

Para que algo pueda concretarse, es preciso que previamente exista en el abstracto, al menos bajo forma de valores y virtudes reales. Aquí se designa a la Trinidad divina, bajo su forma abstracta no manifestada, como el Santo Anciano, el Muy Anciano o el Anciano de los Días y sus compañeros. Esta Trinidad abstracta debe descender concretamente en el candidato como valor, como material de construcción alquímico, para ser transmutada concretamente por él. De esto se trata, ¡nada menos!

Esta grandiosa actividad, la única gran misión de nuestra existencia, es el fundamento del símbolo de la Joven Gnosis: el círculo, el triángulo y el cuadrado colocados bajo la Luz del Séptuple Candelabro. Son el Mar, la Muralla, la Isla y el Anciano con sus compañeros.

 

Supongamos que usted está maduro para la Fiesta de las Bodas, así pues, que posee un alma más o menos viva y que ha hecho silencio­so a su yo -su cuerpo físico- y que, por consiguiente, ha recibido también el toque del Espíritu.

¿Qué es la conciencia-egóica? Como ya dijimos: es el conjunto de las fuerzas vitales de los átomos de su sistema. ¿De dónde proviene la fuerza vital de los átomos? Del creador, que ha exhalado su aliento vital en la sustancia original. La conciencia-egóica, en cierto sentido, ha nacido también de Dios, pero el aliento vital del átomo, desde el punto de vista filosófico, no es perfecto, debe conjugarse con otros valores divinos para poder realizar el gran Plan de Dios.

Para volver a su actual estado interior, le preguntamos: ¿de dónde viene el Alma viva? La fuerza de Alma es la fuerza del núcleo de la Mónada o microcosmos. ¿De dónde procede? Pues bien, del Padre de todas las cosas, al igual que el Alma.

¿Quién os llama al nuevo estado de vida? ¿Quién os llama, con el fin de liberaros? ¡El propio Espíritu, que toca su ser en lo más profundo! Toca tanto su Alma, como al yo reducido al silencio. Entonces el tercer elemento, la propia fuerza del Rey, el Espíritu, permanece cerca de usted, alrededor de usted, en usted.

Pero los Tres elementos no está unidos, no forman todavía Uno. En esta situación, no hay aún manifestación, realización ni curación posible. No es más que una preparación hasta el fin del gran viaje hacia la Isla. En este instante tiene lugar el reencuentro cara a cara con el Más Anciano, momento en que la fuerza del Rey, el Espíritu, se une en sentido no terrestre a la Madre, el Mar, que es el Alma, la Reina. El Espíritu y el Alma inseparables, están presentes en el Muy Anciano como fuerzas divinas que contienen la idea, el principio y la simiente del cuerpo concebido por Dios. De esta forma se hace posible la filiación, de forma natural y en conformidad con la ley.

Se trata pues de un valor divino que contiene una trinidad, la trinidad del Padre, la Madre y el Hijo; el Rey, la Reina y Cristian Rosacruz, los cuales se han vuelto el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo como consecuencia de las deformaciones provocadas por el dogmatismo cristológico de la Iglesia. Esta trinidad es, en abstracto, el gran Plan de creación de Dios, el plan divino unificador; el gran principio original, llamado el «Anciano que santifica», o el «Anciano de los Días», en la Cábala. El aspirante a los Misterios gnósticos que viaja hacia la Isla cuadrada, encuentra al Guardián de la Torre y a sus compañeros; esta tri-unidad divina unificará en él sus tres principios, su trinidad.

El Espíritu desciende en él bajo forma de un fuego poderoso. Se une al alma purificada. El Rey y la Reina se hacen uno por el renacimiento. Juntos realizan la filiación concebida por Dios, engendran la personalidad perfecta del Hombre-Dios: Cristian Rosacruz.

El Evangelio proclama la misma enseñanza a condición de tener oídos para oír, y de alejarse radical y totalmente de los dogmas de la Iglesia, dogmas de la ignorancia y de la traición. Jesús el Señor nace de María por el Espíritu, después el Espíritu desciende sobre El en forma de paloma. Vemos formarse nuevamente la tri-unidad, a consecuencia de un poderoso trabajo, positivo y perfecto, basado en el Cuadrado de la Construcción. La Gran Obra de la liberación, el «llegar a ser perfecto» y la unifica­ción deben tener lugar bajo la guía del Santo Anciano.

Cristian Rosacruz ha encontrado su Dios en el sentido absoluto del término. La obra más sagrada a la que es llamado es a ser aspirante a los Misterios gnósticos, debe realizarse ahora en la Torre del Olimpo.

El Sexto Día nos introduce en ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando llegamos a las puertas, fuimos conducidos a lo largo de la muralla a una cierta distancia, con el fin de que los ataúdes pudiesen ser transportados a la Torre sin nuestro conocimiento, como comprendí fácilmente aunque mis compañeros no se dieron cuenta de nada. Inmediatamente después nos condujeron al piso inferior, magníficamente pintado. Pocas distracciones encontramos allí, pues era un laboratorio. Debimos lavar plantas, piedras preciosas y otras materias, para extraer la savia y la esencia, poner todo en frascos y guardarlos como reserva. Nuestra Virgen ponía tanto celo y diligencia que se bastó para darnos trabajo a cada uno de nosotros. Así, fue preciso trabajar duro en esta isla, hasta el momento en que fue hecho lo necesario para la resurrección de los cuerpos decapitados.

            Durante este tiempo, como supe más tarde, tres vírgenes se ocupaban de lavar cuidadosamente los cadáveres en la primera sala.

            Por fin, cuando los preparativos estuvieron casi terminados, nos trajeron por todo alimento una sopa y un poco de vino, de lo que saqué en conclusión que no estábamos aquí para divertirnos. Cuando hubimos ejecutado la tarea de la jornada, tuvimos que contentarnos con dormir sobre una manta que pusieron en el suelo.

            Como no tenía mucho sueño, salí a pasear por el jardín. Acabé por llegar hasta la muralla y, como el cielo estaba muy claro, pasé unos momento maravillosos observando la bóveda estrellada; después descubrí casualmente unas escaleras de piedra roída que conducía a la cima de la muralla. La Luna brillaba con una gran vivacidad, lo que me enardeció, decidiendo subir y contemplar el mar, que estaba en absoluta calma. Y aprovechando tan excelente ocasión para meditar sobre la astronomía, descubrí que esta misma noche tenía lugar una conjunción de planetas, que no se repetiría antes de un largo tiempo.

            Cuando hube contemplado durante mucho tiempo el mar y fue casi medianoche, percibí, en el momento en que sonaban las doce campanadas, como avanzaban desde lejos las siete Llamas, el viento comenzó a agitar las olas. Después las nubes pasaron delante de la Luna y mi alegría se cambió en tal espanto, que apenas tuve tiempo de encontrar la escalera para volver a entrar en la Torre.

            No puedo decir si las Llamas permanecieron allí mucho tiempo o partieron, pues con semejante oscuridad no osaba salir nuevamente. Por consiguiente, me arrojé sobre mi manta y me dormí rápidamente al son del agradable y tranquilo murmullo de la Fuente de nuestro laboratorio.

            Así, también el Quinto Día acabó con prodigios.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

25

 

LA OBRA REALIZADA EN LA TORRE:

 

EL PRIMER PISO

 

 

 

El último trabajo, el más santo, empieza ahora en el interior de la Torre del Olimpo. El triple misterio divino, que reside en el Logos bajo forma de unidad indivisible, debe ahora dividirse alquímicamente en el candidato, de forma que cada uno de sus elementos se vuelvan positivos y activos, tras lo cual estos tres aspectos deben colaborar entre sí en tanto que tri-unidad. He aquí el objetivo más elevado de toda magia: la colaboración ideal entre el Espíritu, el Alma y el cuerpo; entre lo masculino, lo femenino y su hijo; entre el Rey, la Reina y Cristian Rosacruz.

Ahora bien, este trabajo empieza en la parte inferior de la Torre, la parte de la Torre de la Iniciación transformada en laboratorio. Allí se les lleva, a los candidatos, plantas, piedras preciosas y diferentes materias, que deben lavar para después extraer la savia y la esencia. Preparaciones que servirán para la reanimación de los cuerpos decapitados.

Vemos, pues, que el trabajo que converge en la unificación de los Tres, empieza lógicamente por la extracción de las fuerzas vitales etéricas puras, los cuatro alimentos santos que se encuentran en la Isla, el Cuadrado de la Construcción.

Como ya dijimos, el principio fundamental de estas fuerzas es el Amor divino. Comprenderá que, en este primer trabajo de la Torre, todos los candidatos deben testimoniar de que poseen suficiente fuerza de Amor y pueden liberarla suficientemente, para llevar de forma efectiva la obra sagrada a buen fin.

Una vez finalizada la tarea del día, todos descansan, pero Cristian Rosacruz no puede conciliar el sueño y sale. En su paseo se encarama sobre la alta muralla que rodea la isla, con el fin de contemplar el mar que la envuelve. Acto seguido, observa una singular conjunción de planetas.

El trabajo del Cuadrado de la Construcción, el trabajo en sí mismo, el trabajo para la Escuela Espiritual y la Vida, para el mundo y la humanidad, sólo tiene sentido si está fundamentado en el principio del Triángulo y orientado hacia el círculo que lo engloba todo. El Quinto Día quiere mostrar una vez más todo esto a quienes se acercan a ello. Todo lo que hacemos, en cada momento, debe tener por base y por realidad el Único Objetivo. Quien lo olvida o renuncia a ello, tan sólo trabaja al servicio del yo o contrae costumbre inútiles.

Por ello, el alumno serio debe ascender diariamente a la muralla que rodea la isla, el Cuadrado de la Construcción, para contemplar desde allí el Círculo de la Eternidad, el inmenso Mar de la Plenitud, con el fin de determinar si vive de hábitos o de la radiación constructora positiva. Quien vive de la plenitud de la radiación gnóstica constantemente, ve las siete Llamas de la Salvación sobre la cima de la Torre; está pues seguro de alcanzar la victoria después de realizada la tarea. (La conjunción de planetas representa radiaciones coincidentes.)

Así termina el Quinto Día de las Bodas Alquímicas. Preparé­monos para las explicaciones del Sexto Día, donde vemos, en espíritu, la ascensión de Cristian Rosacruz a la Torre séptuple.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEXTO DÍA

 

DE LAS

 

BODAS ALQUÍMICAS DE

 

CRISTIAN ROSACRUZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la mañana siguiente, después de ser despertados unos por otros, permanecimos juntos un momento preguntándonos en qué iba a acabar todo esto. Algunos sostenían que los reyes muertos encontrarían la vida simultáneamente; otros rechazaban esta idea porque, pensaban, la desaparición de los más ancianos tenía por objeto no sólo dar la vida a los jóvenes, sino también permitir su crecimiento. Algunos creían que no estaban muertos, que otros habían sido decapitados en su lugar. Cuando hubimos intercambiado nuestros pensamientos durante bastante tiempo, el Anciano entró, nos saludó, se aseguró de que todo estaba dispuesto y de que los procesos estaban suficientemente avanzados. Como habíamos actuado de forma que no tuviera nada que decir de nuestro celo, reunió todas las retortas y las puso en un cofre.

            A continuación aparecieron unos jóvenes que llevaban escaleras, cuerdas y grandes alas que depositaron ante nosotros antes de marcharse. Entonces el Anciano dijo estas palabras: «Queridos hijos, cada uno de vosotros deberá llevar consigo, durante toda la jornada, uno de estos tres objetos. Os está permitido escogerlos o echarlo a suerte.» Respondimos que preferíamos escoger, pero el dijo: «No, la suerte decidirá.»

            Después tomó tres papelitos. En uno escribió «escalera», en otro «cuerda», en el tercero «alas». Los puso en un sombrero, tras lo cual cada uno saco un papel y debió coger lo que le fue designado. Los que recibieron una cuerda pensaron que eran los más afortunados; yo obtuve una escalera, lo que me fastidió mucho pues tenía una longitud de doce pies y era bastante pesada. Tuve que llevarla mientras otros podían enrollarse fácilmente la cuerda alrededor de ellos. En cuanto a los del  tercer grupo, el viejo les fijó las alas tan sabiamente que parecía como si les hubiese  crecido en la espalda.

            A continuación cerró un grifo y la Fuente dejó de manar agua, y nosotros debimos quitarla del centro de la sala. Cuando, por fin, todo el resto fue sacado fuera, tomó el cofre con las retortas, nos dijo adiós y cerró la puerta tras de sí, tan sólidamente que nos creímos prisioneros de la Torre.

            No había transcurrido un cuarto de hora cuando se abrió, por encima de nosotros, una trampilla redonda por la que vimos a nuestra Virgen que nos mandó subir.

            Quienes tenían alas franquearon rápidamente la trampilla; los que teníamos escaleras, comprendimos instantáneamente su utilidad; pero los que tenían una cuerda se encontraban con dificultades. Pues cuando alguno de nosotros había subido, recibía la orden de izar su escalera. Finalmente se fijó a las cuerdas garfios de hierro y cada uno debió trepar, mejor o peor, no sin hacerse ampollas en las manos.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

26

 

LAS ESCALERAS, LAS CUERDAS Y LAS ALAS

 

 

Vemos claramente que los Tres deben volverse Uno, a saber: el Espíritu, el Alma y el cuerpo, o el Padre, la Madre y el Hijo. Denominamos este proceso de unificación como las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz. Es, ante todo, una transformación total: el renacimiento del ser nacido de la naturaleza dotado de un cuerpo material, es decir, el hombre.

El hombre dotado de un cuerpo tiene siete aspectos, llamados igualmente vehículos. Distinguimos, de abajo hacia arriba:

1. el cuerpo material,

2. el cuerpo etérico,

3. el cuerpo astral,

4. el cuerpo mental,

5. el yo-mental,

6. el yo-emocional,

7. el yo-consciente.

Los tres últimos representan lo que llamamos el triple ego. El conjunto de este sistema vital séptuple debe ser renovado, vuelto perfecto con la ayuda y bajo la dirección del Espíritu Séptuple, por medio del núcleo del microcosmos, el Alma inmortal.

Todos conocemos la misión de nuestra vida: unos como datos filosóficos; otros como vaga aspiración; los demás como una lección aprendida de memoria. Todos los alumnos de la Escuela Espiritual actual han oído hablar de uno u otra forma. pero seremos verdaderos alumnos cuando pongamos concretamente en práctica esta única y gran misión existencial. Todo aspirante a las Bodas Alquímicas debe emprender esta tarea vital, de lo contrario su alumnado no tiene ningún sentido. Sino no hay aprendizaje, sino tan sólo una simple presencia en la Escuela por una razón cualquiera, hay que ponerle fin lo más rápidamente posible.

 

El alumnado empieza, naturalmente, por el nuevo comportamiento. Para empezar, debe ponerse en práctica en el cuerpo físico, o sea en la vida diaria; debe ser claramente visible y perfectamente manifiesto. En cuanto los alumnos dan testimonio incontestable de ello, en su ser y por su conducta -como es el caso para los invitados que han sufrido con éxito la prueba de la balanza y que, tras las experiencias del Cuarto y Quinto Día, van a vivir el Sexto Día- son conducidos en la Torre del Olimpo como verdaderos aspirantes a las Bodas Alquímicas. Allí son colocados de la manera correcta ante la única tarea séptuple de la unificación que, de abajo hacia arriba, debe realizarse en el cuerpo séptuple.

Al inicio del Sexto Día, los candidatos son reunidos en el piso superior de la Torre séptuple para una última santificación de su vida, de su comportamiento y de su cuerpo material. Ahora se inicia el gran trabajo concreto de transmutación y de la regeneración, es preciso que el cuerpo, con más saber y conoci­miento, satisfaga lo mejor posible a la condición exigida, lo pruebe y muestre los resultados de forma categórica.

Recordará que en el Quinto Día, el piso inferior de la torre es presentado como un laboratorio en el que los candidatos trabajan, desde su llegada, para extraer toda clase de materias, distintas savias y esencias. ¿De qué trabajo se trata? Los distintos fluidos del cuerpo que constituyen la base de renova­ción, como la sangre y el éter nervioso, deben satisfacer un mínimo de condiciones, antes de que pueda empezar el proceso. ¡Cada candidato tiene trabajo para dar y tomar! No obstante, en la mañana del Sexto Día, el Anciano vuelve para ver si todo está preparado, lo encuentra todo correcto.

Entonces algunos jóvenes entran llevando escaleras, cuerdas y alas. A partir de este día, todos los candidatos deberán llevar uno de estos tres objetos durante el resto del proceso. La cuestión es saber si podrán elegir libremente o si la atribución será determinada por la suerte. Finalmente el Anciano decide que se echará a suertes.

Este pasaje significa que, en los cinco Días precedentes, los candidatos tuvieron efectivamente la libertad de equiparse de uno de los tres atributos presentes y que, el Sexto Día, el día de la realización, la elección no tiene ya sentido. Pues es el estado interior quien decide la forma en que se subirá de un piso al inmediato superior, en que uno se elevará fuera del cuerpo material para llegar a ser consciente en el doble etérico, en los dominios etéricos, y estar activo allí.

Para lo que hay tres posibilidades: utilizar una escalera, una cuerda o unas alas. Si se le diera a elegir, probablemente elegiría las alas. A Cristian Rosacruz le es dada una escalera, lo que al principio no le satisface completamente, pues es larga y pesada. Pero cambia totalmente de opinión y su satisfacción es completa cuando comprende el significado de la escalera, de la cuerda y de las alas.

 

El candidato que recibe una escalera es el que, por un alumnado serio, pone siempre el acento en el acto; quien preparándose para la vida liberadora, busca vivir cada paso en la perfección, lo que le permite acumular un gran número de experiencias. Tal alumno empieza por cambiar en sí el fuego de la serpiente. Se podría definir el sistema del fuego de la serpiente, como un camino que se eleva del plexo sacro hasta la región pineal, un camino al cual le corresponde perfectamente el sistema de las chacras. Quien prepara este camino, lo abre y lo purifica gracias a actos liberadores, gracias al nuevo comportamiento, y puede siempre acceder a esta vía ascendente del fuego de la serpiente por la conciencia interior. Por tanto, siempre es posible subir esta escalera y alcanzar el más elevado de los siete aspectos de la personalidad, es decir, el yo consciente, el más alto aspecto del ego, el cual le corresponde el Espíritu. Cristian Rosacruz recibe una escalera y la encuentra pesada de llevar, a causa de la gran responsabilidad que recae sobre él por este mismo hecho.

 

El segundo tipo de alumnos serios descrito, vive totalmente de la fe y de una total devoción a la enseñanza y a la vida que se desprenden de ellas. El conocimiento y la acción resultan de la fe, pero lo importante es la fe, en el corazón.

El alumno del primer tipo vive de la conciencia; no hay duda pues que posee la fe y el conocimiento. Recibe una escalera. El alumno del segundo tipo es místico y vive por el corazón. Recibe una cuerda por la que subir y volverse consciente en el segundo aspecto del ego, el yo emocional, al que le corresponde el alma.

 

El alumno del tercer tipo presentado en el texto como alumno serio, vive esencialmente del saber; no se trata del saber adquirido, sino del conocimiento en sentido de visión y compren­sión mentales. No indicamos aquí la puesta en reserva de determinados datos intelectuales en el centro del cerebro y su impresión en la memoria; esto nada tiene que ver con el saber, ni con el conocimiento, ni incluso con la verdadera comprensión.

Puede suceder que, cuando al Escuela Espiritual gnóstica aborde cierto tema del que no ha tenido nunca conocimiento, se vea súbitamente transportado a la esfera del tema en cuestión, que se eleve como con alas, que discierna claramente los diferentes aspectos y los perciba en su interior. Esta es la función del tercer aspecto del ego, el yo mental purificado, al cual le corresponde el hombre material después de la purifica­ción.

La fe y los actos del alumno del tercer tipo, dependen pues, del grado y la calidad de su visión mental interior. La compren­sión y los actos del hombre del segundo tipo, dependen del grado y la orientación de su fe. Por su estado de conciencia, tan sólo el hombre del primer tipo, el propio Cristian Rosacruz, reúne la fe, la conciencia y la acción en una tríada perfectamente equilibrada. En él, se ha abierto el triple ego. Está claro que los hombres del segundo y tercer tipo deben intentar llegar a ser hombres del primer tipo.

Todo alumno serio que, después de la quíntuple preparación, puede vivir el Sexto Día, posee como mínimo, las alas de la visión mental interior o la cuerda de la certeza de la fe que le unen al Eterno. Con lo cual le es posible penetrar en la Torre del Olimpo y progresar hasta la Fiesta del Cumplimiento. Pero comprenderá que todos los candidatos deben tender a la perfección y a la plenitud del hombre del primer tipo, a la posesión personal de la escalera con la que podrán, en cada momento, subir o descender en el espacio deseado, al igual que Cristian Rosacruz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

27

 

LA PRIMERA MUERTE Y LA SEGUNDA MUERTE

 

 

Hemos intentado exponer porqué los candidatos a las Bodas Alquímicas en la Torre del Olimpo son equipados con escaleras, cuerdas o alas, para acceder a los distintos pisos de la Torre. Hemos dicho que se trata de tres categorías de alumnos, de las cuales sólo una puede alcanzar directamente la Vida verdadera y liberadora, escapar al cuerpo material y entrar en el mundo del Alma viva, porque estos alumnos dominan, por una parte, íntegra­mente el triple ego y, por otra, han sabido unirse al Alma-Espíritu.

Prosigamos a la luz de los datos que disponemos ahora. Volvamos al piso inferior de la Torre del Olimpo, descrito al final del Quinto Día. Debe comprenderse que sólo han penetrado los que han perdido todo egocentrismo. Han recorrido totalmente el camino juanista de la aniquilación del yo y han sufrido la muerte de la endura. Todos los personajes que juegan un papel en el yo son decapitados, como Juan Bautista, y estos muertos vivientes son conducidos a la Torre del Olimpo para una transfi­guración total. Ya hablamos de ello en detalle.

En el piso inferior, los candidatos admitidos deben probar que el estado de su cuerpo físico no constituye un obstáculo para su subida a los pisos superiores. Se hace entonces evidente que, tras la purificación del cuerpo material, después de la decapita­ción de los seis aspectos dominantes, el cuerpo etérico deberá sufrir la prueba. Para entender esto, hagamos una analogía con la muerte de los seres humanos.

En primer lugar el cuerpo físico muere, el corazón deja de latir y la conciencia abandona el cuerpo material. No obstante, el cuerpo etérico vive aún algunos días, durante los cuales está más o menos unido al cuerpo material. La segunda fase de la muerte tiene lugar cuando la conciencia, el yo, deja igualmente el cuerpo etérico. La tercera fase se relaciona con el abandono del cuerpo astral.

En las quinta, sexta y séptima fases, vemos el aniquilamien­to de la propia conciencia. Las Sagradas Escrituras denominan a lo que sucede de la segunda a la séptima fase como «la segunda muerte».

Para la mayoría de los hombres, las tres últimas fases son puramente teóricas, ya que la conciencia no es lo suficientemente fuerte para mantenerse mucho tiempo. En general, en la última fase vemos producirse rápidamente una total volatilización de los restos de la conciencia.

Observamos como el conjunto del habitual proceso de la muerte natural presenta una analogía perfecta con lo que sucede en la Torre del Olimpo. La Torre, asentada sobre el Cuadrado de la Construcción, tiene también siete pisos, a los que debe subir el candidato. Existe, como vemos, un octavo espacio donde debe acontecer una gran maravilla después de la muerte séptuple: la Vida nueva absoluta.

El Sexto Día de las Bodas Alquímicas pretende mostrar claramente que la muerte es siempre un proceso séptuple y que lo mismo ocurre respecto a la muerte viviente del transfigurista. Pero en este último caso existe una inmensa diferencia, el proceso séptuple constituye un poderoso desarrollo que lleva a la Vida, un aniquilamiento de todo lo impío, que permite la resurrección de lo que es santo e incorruptible. Inmediatamente después se muestra de forma efectiva que la victoria es completa. Tal vez encuentre decepcionante, muy triste, que la Escuela Espiritual gnóstica insista continuamente sobre la autorendición del ego, la muerte viviente del hombre material, y que la presente como liberadora.

¿Será un error? ¡En absoluto! Tenga muy claro que el camino de la libertad debe empezar por la endura, la autorendición del ego, aquí abajo, en el mundo engendrado por la naturaleza. La Escuela Espiritual hace tantos esfuerzos para conducirle hacia ello, que no tiene sentido insistir una vez más sobre el proceso ulterior. Lo esencial es que nada le impide ir hacia adelante. Y quien, aquí abajo, ha muerto por la muerte de la endura ¡puede seguir adelante! Lo que importa es ser plenamente consciente de ello.

La conciencia de ideales, tan estimada en general, no tiene al respecto ningún significado. En el Cuadrado de la Construcción, en cada fase del camino, el ser es consciente de todos sus actos y gestos. Si se eleva al piso superior, es la prueba de que ha realizado plenamente el trabajo donde estaba. Si este no es el caso, su escalera, su cuerda o sus alas, o sea su conciencia, se ven muy débiles. A este respecto, la conciencia de ideales es siempre una ilusión, una especulación y traiciona un deseo.

Acepte como axioma que la muerte es siempre séptuple y que existe un octavo aspecto, la Puerta de Saturno. Es preciso recorrer este camino tanto en la vida natural como en la vida espiritual, pero con la gran diferencia del resultado final. Ya que para el hombre natural, la Puerta de Saturno es la muerte total, la nada absoluta, la supresión de toda vida, en tanto que para el hombre que recorre el Camino, la Puerta de Saturno es la gran victoria sobre la muerte, la resurrección en la Vida liberadora.

«Cuán largo y desconcertante es el Camino», dirá usted. ¡Sí! Tal vez comprenda ahora por primera vez la razón de nuestra insistencia sobre la muerte viviente, por el comportamiento totalmente nuevo que representa la autorendición. Ya que si realiza bien la tarea asignada en el primer piso de la Torre, de forma que no subsista ninguna falta, no tendrá que volver a este piso. Esto quiere decir que escapa a la rueda del nacimiento y de la muerte, así pues, que la segunda muerte ya no podrá hacerle nada.

Supóngase que, en esta vida, logra realizar la rendición del yo, la endura. Traspasa así la primera fase de la muerte que conduce a la Vida.

¿Lo encuentra desconcertante? Sí, es posible pero seguramen­te no es inquietante ya que, en el interior del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis, en el interior de la barca celeste, prosigue el proceso de elevación. Anteriormente hemos llamado a esta esfera de elevación «el vacuum de Shambhala». Los antiguos iniciados de la India hablaban del Nirvana. El vacuum de Shambhala es un campo situado en el interior del séptimo dominio cósmico y un campo de naturaleza dialéctica pero al abrigo del mal y de las dolorosas oposiciones de la naturaleza de la muerte; en pocas palabras, un campo de naturaleza original perfecta, la naturaleza dialéctica purificada del mal, una morada de paso para alcanzar sin obstáculos el Bien superior. Hablamos de este campo como la Cabeza de Oro. Este nuevo campo astral de la Joven Gnosis es de tal naturaleza que es susceptible de ayudar, sobre el camino de la elevación, a nuestros hermanos y hermanas muertos según su cuerpo, liberados de la rueda del nacimiento y de la muerte y en posesión de su conciencia.

Si, aquí abajo, en la vida engendrada por la naturaleza, llevamos la victoria, lo que es posible, no nos separaremos más y continuaremos progresando juntos, de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia.

 

Cuando usted sigue nuestras proposiciones, utilizando sus posibilidades y responde a la llamada que viene de Dios, navega en unión hacia la Isla cuadrada. Allí aborda y penetra en el espacio inferior de la Torre séptuple, que le rodea por todos lados. Es el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis, en el que nadie puede impedirnos el elevarnos si cumplimos la Santa Ley. El gran conflicto entre el tiempo y la eternidad desaparece. Ya no nos asalta la angustia de la muerte. Estamos eternamente unidos a la Cadena universal y admitidos en Ella para siempre.

Limitémonos aquí al inicio del Sexto Día. Leyendo la parte del relato que trata de las escaleras, las cuerdas y las alas, se habrá preguntado sin duda en qué le puede concernir, en la hora actual, en su vida presente. Ahora comprenderá lo mucho que le atañe, cuán estrechamente le concierne.

Meditemos ahora sobre el significado del segundo piso de la Torre del Olimpo. Pueda entonces beneficiarse de una profunda comprensión, pues la fuerza que nos lleve a la victoria será más potente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando todos hubimos subido, la trampilla fue cerrada y la Virgen nos recibió amigablemente.

            Esta sala tenía la misma dimensión que la Torre y estaba flanqueada por seis bellas capillas, un poco más altas, a la que se accedía subiendo tres peldaños. Nos distribuyeron en ellas, con el fin de que rogásemos por la vida del Rey y de la Reina. Durante este tiempo, la Virgen entraba y salía por la pequeña puerta a, hasta el momento en el que estuvimos dispuestos. Apenas hubimos cumplido este deber, franquearon la puerta doce personas (nuestros anteriores músicos) y depositaron en medio de la sala un objeto extraño y oblongo, que mis compañeros tomaron por una Fuente. Comprendí, sin embargo, que contenía los cadáveres. La base de este cofre tenía la forma de un cuadrilátero y, en efecto, era lo suficientemente grande como para recibir seis personas, colocadas unas sobre otras.

 

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

28

 

EL SEGUNDO PISO DE LA TORRE

 

 

En un momento dado, la atención del candidato se desvía del dominio de la materia hacia el dominio etérico, del espacio inferior de la Torre hacia los espacios superiores. A medida que sabe que la endura se realiza, se orienta progresivamente hacia la vida etérica, que es de gran importancia y para la cual el hombre posee un vehículo, el vehículo etérico o cuerpo vital.

El desarrollo del séptuple proceso de elevación, del «morir para vivir», utiliza igualmente de continuo un manantial o fuente de Vida. Por ejemplo, si la conciencia se eleva del dominio material al dominio inmediato superior, la fuente del dominio que se deja cesa de manar, y comienza a brotar de la del dominio superior.

La primera fuente, la del piso inferior, ha lavado todas las preparaciones, las ha purificado y afinado para santificar la propia materia con vistas a la siguiente fase. Recuerde este punto que es muy importante. La fuerza de la Gnosis, la fuente de Agua Viva que mana para nosotros, hombres nacidos de la naturaleza, actúa de forma que nos permite realizar el trabajo, el deber, la misión de nuestra vida. ¡La fuente de Vida de la Gnosis mana para que esto sea posible en nuestro campo de existencia! Si, de una u otra forma, no realiza este único deber, si lo rechaza, si es negligente, la fuente gnóstica cesa de manar para usted. Así pues, si un día llega a pensar que pueda pasar sin su ayuda, tenga por seguro que su comportamiento no es bueno, que por una u otra razón, no permanece en el camino correcto.

El candidato bien orientado y perseverante ve abrirse ante él, en un momento dado, un segundo campo de existencia: ¡el campo etérico! Accede bien con una cuerda, con una escalera o gracias a sus alas. Para muchos el campo etérico es una palabra vacía de sentido; otros niegan positivamente su existencia, mientras que algunos lo experimentan efectivamente. Pues todos poseemos un cuerpo etérico perfectamente organizado y equipado. Es lógico que, cuando la conciencia pasa del dominio material al dominio etérico, el candidato viva y exista en el mundo etérico de forma directa y perfecta. Es un error, sí, es absurdo intentar alcanzar algo del campo etérico mediante un entrenamiento del cuerpo material y de los órganos físicos. Todas las formas conocidas de clarividencia y de ocultismo negativo reposan en este error y todas, sin excepción, tienen consecuencias deplorables.

¡El campo etérico es un campo situado fuera del campo material pero lo penetra al mismo tiempo por todas partes! La sustancia que lo compone es más fina que la materia líquida y gaseosa del campo material. Dicho de otra forma, los átomos etéricos tienen una estructura diferente a los átomos materiales. Estas dos clases de átomos se interactúan. El átomo etérico tiene forma de prisma y penetra en el átomo material para vivificarlo. La función esencial del campo etérico es dar vida a toda manifestación material. Por esta razón el cuerpo etérico es llamado también cuerpo vital.

 

Se dice que cuando los candidatos penetran en el nuevo espacio de la Torre, ven seis bellas celdas, un poco más elevadas, a las que se accede mediante tres peldaños. Es una evidente alusión al cuerpo etérico respecto al cuerpo físico. Efectivamente, el cuerpo etérico está unido al físico mediante seis puntos vitales. Existen otras uniones, pero estos seis puntos son claramente visibles. El trabajo que los candidatos deben realizar con el cuerpo etérico y el dominio etérico, pone constantemente en juego estos seis puntos vitales.

Uno de estos puntos se encuentra en la cabeza, otro en el corazón, dos en las palmas de las manos y dos en los pies. En las Sagradas Escrituras están simbolizados por la corona de espinas de Jesús el Señor, por el golpe de lanza en el costado y por los clavos de las manos y los pies. En el Sexto Día se atrae la atención del candidato hacia estos seis puntos.

Se dice que los candidatos son distribuidos en las seis celdas, con el fin de rezar por la vida del rey y de la reina. Comprenda bien de lo que se trata, ya que la Enseñanza universal demuestra que rezar es aún una forma de acción sutil.

Para el occidental, en general, rezar es a lo sumo una práctica de piedad a menudo fastidiosa, un ritual en desuso. Pero para el gnóstico, la oración es un acto mágico, la verdadera interpretación de la clásica expresión ora y labora.

Aquellos en los que el yo está muerto, en lo que el alma les dirige totalmente, no tienen ya intereses personales. Así como la vida ordinaria del yo ata por completo al hombre a la tierra, de igual forma la vida del Alma ata totalmente al hombre al grupo, a la humanidad. La aspiración del Alma, se orienta así sin cesar hacia la realización del estado de ser que permite trabajar, con el máximo éxito, para la humanidad en general y para el grupo que tiende a la liberación, en particular. Por ello, la aspiración de los hombres dotados con una nueva Alma, culmina en un intenso esfuerzo con el fin de adquirir el nuevo estado de conciencia séptuple. Ya que, como usted sabe, ¡a tal estado de conciencia le corresponde tal estado de vida!

Así pues, en la Torre del Olimpo el candidato escapa a la naturaleza de la muerte para ganar, por una séptuple «muerte viviente», la nueva vida séptuple, con el único fin de servir plenamente a Dios y a la humanidad.

 

Afirmamos aquí, para que quede bien claro, que en esta segunda parte de la Torre, no se efectúan en absoluto prácticas de ciencia oculta con vistas a disociar el cuerpo etérico del cuerpo material, con el objeto de utilizar el cuerpo etérico indepen­dientemente del cuerpo físico. Por esto, uno se sirve de los seis puntos vitales citados anteriormente. Ciertas sociedades ocultas, que se denominan indebidamente Rosacruces, preconizan este tipo de ejercicios, pero el resultado es siempre una falsificación de la verdadera Rosacruz. ¿Con qué fin desarrollar la conciencia del campo etérico de la naturaleza de la muerte, permaneciendo totalmente centrado en el yo? ¿Ve la inutilidad y el peligro extremo de tal actitud?

Hemos dicho que la función del mundo etérico y de la corriente etérica es dar vida, mantener la vida en toda la creación. Así pues, si el mundo material parece funesto bajo muchos aspectos, ¡está claro que este mal proviene del campo etérico! La adquisición de la conciencia de lo que se llama dominios superiores, no libera ni da ningún poder, sino que aumenta el sufrimiento y la miseria y agrava los efectos de las fuerzas opuestas de la naturaleza de la muerte.

Verá claramente que las Bodas Alquímicas no conllevan sufrimiento. E insistimos de nuevo en el hecho de que en la Escuela Espiritual nadie es forzado a establecer una unión con el mundo etérico. Esta unión se realiza cuando se adquiere la certeza de que los éteres puros, designados en la Enseñanza Universal como los cuatro alimentos santos, penetran el sistema humano.

¿Cómo tener la certeza de recibir estos éteres? La respuesta es: aspirando, aquí, en el cuerpo físico, a tener un nuevo comportamiento; consagrándose totalmente a ello, con un deseo infinito, empeñando todo su interés y su inteligencia y actuando de forma evidentemente nueva. Si pregunta:» ¿Cómo empezar el camino? »       He aquí la respuesta: «¡Por un nuevo comportamiento!»

Puede conseguirlo si su deseo se orienta en esta dirección, si pone todo su interés. Debe aspirar a la Luz con la intensidad que desea aire alguien que se ahoga. Entonces, nacerá la nueva Alma, y la vida de esta Alma engendrará fuerza y poder, así pues, producirá éteres nuevos.

Al principio ocurre a menudo que aspiramos al nuevo estado de vida, pero nuestro deseo es como la vista de un bello dibujo, la lectura de un hermoso libro o la audición de una magnífica música: tan sólo nos da un placer momentáneo. Es un placer estético, sin más. El comportamiento no ha cambiado con ello. Ya que la vida depende del estado etérico natural que nos vivifica. ¡Su cuerpo vital dirige su vida!

No hay ningún hombre que, liberado de esta cárcel, no corrija profundamente su comportamiento. Si su aspiración a la Vida liberadora es suficientemente grande, pero su comportamiento lo obstaculiza y le pone en evidencia, tenga el valor de romper todos los impedimentos. Rómpalos con todas sus fuerzas. Inmedia­tamente los nuevos éteres afluirán y, si se mantiene sobre el Cuadrado de la Construcción, forzará así a su cuerpo vital a regenerarse de abajo hacia arriba.

Entonces llegará el momento en que podrá penetrar conscien­temente en la vida etérica. ¡Y su camino de dolor ya no será penoso, sino todo lo contrario! Su orientación hacia el Camino de la fiesta de las Bodas vivificará totalmente los seis puntos vitales citados. Formará la viva Rosacruz, en que se habrá convertido usted mismo.

Así es como rezará, es decir, como se concentrará por completo en su deber, en la tarea a ejecutar con su cabeza, su corazón y sus manos, mediante un acto de magia pura.

A partir de ese momento se situará en usted el milagroso sarcófago, donde yacen, como sin duda comprenderá, los cuerpos de la reina y del rey fallecidos, a los que sus rezos, es decir, sus actos de magia pura, despertarán a la Vida

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luego, las doce personas vuelven a salir para recoger sus instrumentos con los que ejecutar una música agradable, para acompañar la entrada de la Virgen y sus servidoras. La Virgen llevaba un pequeño cofre, las demás solamente llevaban ramas y lamparitas, algunas también antorchas encendidas. Se nos entregó inmediatamente antorchas con las que debimos colocarnos alrededor de la Fuente; primero venía la Virgen (A), rodeada por sus vírgenes que llevaban ramas y lámparas (C); después estábamos nosotros con las antorchas (b); a continuación, los músicos en línea recta (a); por último las otras vírgenes (d), igualmente en línea recta. Ignoro de dónde venían las vírgenes: ¿habitaban en la Torre o habían sido conducidas a ella durante la noche? Como todas sus caras estaban cubiertas con un fino velo blanco, no reconocía a ninguna.

 

                                                                     (dibujo)

 

La Virgen abrió el cofre en el que se encontraba un objeto redondo, envuelto en un doble forro de tafetán verde. Lo depositó en el caldero superior que cerró con una tapadera provista de reborde y taladrada por nosotros la víspera; entonces la Fuente se puso a burbujear y su contenido a fluir en el caldero por cuatro pequeños conductos. Bajo el caldero inferior había numerosos clavos puntiagudos, en los que las vírgenes suspendie­ron sus lámparas, con objeto de calentarle y hacer hervir el agua. Desde el momento en que comenzó a hervir, fluyó gota a gota, por los numerosos agujeritos, sobre los cadáveres y estaba tan caliente que acabó por disolverlos y licuarlos completamente. ¿Qué era el objeto superior de forma redonda, que estaba envuelto? Mis compañeros no lo sabían todavía. No obstante, yo comprendía que era la cabeza del Moro, la cual suministraba al agua tal calor.

            En (b), el contorno del caldero grande también estaba horadado con numerosos agujeros. Las vírgenes introdujeron en ellos sus ramas; lo que no sé si era verdaderamente necesario o simplemente formaba parte de la ceremonia. Fuera como fuese, la Fuente rociaba continuamente a las ramas, lo que amarilleaba el agua que goteaba en el caldero. Esto duró casi dos horas, durante las cuales la Fuente manaba el agua que recogía, aunque cada vez más débilmente.

            Entretanto, los músicos se habían marchado y nosotros nos paseábamos de un lado a otro de la sala, la cual estaba decorada para ofrecernos cumplidamente con qué pasar el tiempo. Había imágenes, lienzos, relojes, órganos, fuentes y otras cosas parecidas; no habían olvidado nada.

            Por fin se terminó la operación y la Fuente cesó de fluir. Entonces la Virgen hizo que trajeran un globo de oro. Encima de la Fuente se encontraba un grifo, por el que hizo verter en el globo la sustancia disuelta por las gotas de agua hirviente. Una gran parte era de un rojo muy vivo. Toda el agua que quedaba en el caldero superior fue vaciada. No puedo decir si la abrieron a continuación y si todavía contenía algún residuo útil proceden­te de los cadáveres, lo que sí sé es que el agua recogida en este globo era tan pesada que seis de nosotros, e incluso más, no podían llevarlo, mientras que el globo sólo, dado su tamaño, no debía necesitar más de las fuerzas de un sólo hombre.

            Después de haber hecho pasar el globo por la puerta, con grandes esfuerzos, quedamos de nuevo solos. Al escuchar que en el piso superior, alguien caminaba de aquí para allá, eché una ojeada a mi escalera.

            Había que escuchar las extraordinarias ideas que mis compañeros se hacían de la Fuente. Persuadidos de que los muertos yacían en el Jardín del Castillo, no podían explicarse lo que pasaba. Por lo que yo agradecí a Dios que me hubiese mantenido despierto justo en el momento oportuno y me hubiese mostrado los acontecimientos que me permitían comprender mejor todo lo que hacía la Virgen.

            Pasó un cuarto de hora, después se abrió la trampilla de encima de nuestras cabezas y se nos ordenó subir, lo que hicimos como en la víspera con la ayuda de las alas, de las escaleras y de las cuerdas. Me sentía un poco molesto porque las vírgenes tuviesen la posibilidad de subir por un camino diferente, mientras que nosotros debíamos esforzarnos tanto. Entendía perfectamente que debía existir una razón concreta y que debíamos dejar que el Anciano hiciese también algo. Por otra parte, sus alas sólo habían servido a las vírgenes en el caso de que hubiesen tenido que subir por la trampilla.

            Terminada la prueba y cerrada la trampilla, vimos, en medio de la sala, el Globo de Oro suspendido de una fuerte cadena. En esta habitación, sólo había ventanas que alternaban con igual número de puertas que recubrían un enorme espejo. La disposición óptica de espejos y puertas era tal que, en cuanto se abrían las ventanas del lado del Sol y se mostraban los espejos abriendo las puertas, brillaban soles en toda la circunferencia de la sala, y ello pese a que este astro, que ahora resplandecía por encima de toda medida, no diera sino en una sola puerta. Por una sabia refracción, sus rayos iluminaban todo el Globo de oro suspendido en el centro, el cual, al estar pulido y reluciente, brillaba con un resplandor tal que ninguno de nosotros podía mantener abiertos los ojos. Fue preciso que miráramos hacia el exterior, hasta el momento en el que el Globo alcanzó la temperatura adecuada y se obtuvo el efecto deseado.

            Debo decir aquí que los espejos eran para mí la cosa más extraordinaria que la naturaleza hubo puesto a la luz, pues si de todos se reflejaban soles, el Globo de en medio brillaba todavía más fuerte de forma que no pudimos soportar ni un minuto su resplandor, igual al del mismo Sol.         

            Finalmente la Virgen ordenó recubrir los espejos, cerrar las ventanas y dejar enfriar un poco el Globo. Lo que tardó siete horas. Creíamos hacer bien, dado que podríamos tomarnos algún reposo, reconfortándonos con una comida. Esta comida fue, una vez más, muy filosófica y, en verdad, no había peligro de que nos excediéramos sin que por lo demás nos faltase lo necesario. Además, la esperanza en la alegría próxima con la que la Virgen nos sostenía sin cesar, nos mantenía tan dichosos que olvidábamos nuestros esfuerzos y nuestras incomodidades.

            También certifico que mis compañeros, aún siendo de origen noble, no pensaron jamás en su cocina y en su mesa, sino que se complacían con sólo seguir esta aventura científica y meditar, en consecuencia, en la Sabiduría y Omnipotencia del Creador.

                                                                       Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

29

 

LA LIBERACIÓN DEL VESTIDO DEL ALMA

 

Si se desea que dure y se mantenga el nuevo estado de vida que se relaciona con la entrada en los grados interiores, con la entrada en el campo de vida de la liberación, Shambhala, es preciso que todo el cuerpo etérico y el cuerpo físico se armonicen. La fuerza del Alma nueva debe demostrar su supremacía. Vamos a explicar ahora la forma en que ese trabajo debe realizar­se.

Tengamos en cuenta, para empezar, los detalles siguientes que menciona el texto:

1.         Hay seis bellas celdas,

2.         un misterioso cofre, dispuesto a lo largo, conteniendo los seis aspectos de la conciencia,

3.         un pequeño cofre, en el que se encuentra un objeto redondo: la cabeza del Moro, la antigua voluntad,

4.         también hay un manantial, una fuente,

5.         hay jóvenes vírgenes y los candidatos,

6.         estandartes y lámparas,

7.         por último, todos estos aspectos, objetos, llamas y fuerzas reunidos, se combinan en el transcurso de un poderoso proceso, con vistas a un resultado determinado.

 

Examinemos, inicialmente, las seis celdas del segundo espacio de la Torre. Se reparten en ellas a los candidatos, con el fin de rezar por la resurrección del Rey y de la Reina, es decir, obrar mediante actos mágicos sutiles. Las seis celdas corresponden a los seis puntos vitales del cuerpo etérico. Es preciso ahora que estos seis puntos sean tocados y su actividad reconvertida.

Se accede a estas celdas por tres peldaños. Este detalle nos es familiar, ya que se accede también por tres peldaños al lugar del servicio en nuestros Talleres consagrados. Estos peldaños simbolizan el trabajo realizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, es decir, que se trata de realizar la tri-unidad del hombre verdadero, la del Espíritu, del Alma y del cuerpo.

Todo está orientado con vistas a empujar el cuerpo etérico a una séptuple actividad. Una corriente etérica que emana de la cabeza del cuerpo etérico se dirige hacia la cabeza del cuerpo material. Una corriente etérica que emana del corazón del cuerpo etérico, se dirige hacia el corazón del cuerpo material. Dos corrientes etéricas que emanan de las manos del cuerpo etérico, se dirigen hacia las dos manos del cuerpo material y dos corrientes etéricas que emanan de los pies  del cuerpo etérico, se dirigen hacia los dos pies del cuerpo material.

La corriente orientada hacia la cabeza, contempla el desarrollo de una nueva actividad de la conciencia. La corriente orientada hacia el corazón, quiere suscitar una nueva ida emocional duradera. La corriente orientada hacia las dos manos, quiere vitalizar un nuevo trabajo. Y la dirigida hacia los pies, tiende a asegurar la progresión de este trabajo.

 

(dibujo)

 

El candidato llama y libera conscientemente, por medio del cuerpo etérico, estas seis corrientes vivas de fuerzas santifi­cantes y vivificantes y las orienta hacia el punto central del segundo espacio de la Torre, en el proceso al que el texto alude.

Observamos la acción regeneradora y santificante de la corriente etérica sobre los seis puntos vitales citados, allí donde el cuerpo etérico se une al cuerpo físico, así como la aparición y la existencia literales y efectivas, en el vehículo etérico del candidato, de la Estrella de Belén, demostración manifiesta del inicio de la completa liberación del Alma.

Observe que, en la personalidad nacida de la naturaleza, el cuerpo etérico funciona de forma automática y sigue fielmente el comportamiento del cuerpo físico. No obstante, gracias al nuevo comportamiento de los grados interiores, los procesos del cuerpo etérico son vividos y dirigidos conscientemente, de forma que la Estrella de Belén resplandece. Esta regeneración era el objetivo de la iniciación mayor en los Cátaros.

 

¿Qué hay en medio del segundo piso de la Torre? Un extraño objeto oblongo, que por una parte se asemeja a una fuente y por otra a un gran receptáculo en el que es posible colocar a seis personas. Sin duda reconoce este objeto en toda su extensión, el sistema del fuego de la serpiente, sistema que corona el santuario de la cabeza. Es el sarcófago de los seis soberanos decapitados, o sea los dos aspectos de la conciencia objetiva, los dos aspectos de la nueva conciencia. En la hora crucial de su encuentro , de su unión, estas seis entidades son paralizadas y neutralizadas.

Ahora bien, seis nuevas corrientes etéricas se dirigen hacia el sarcófago, hacia esta tumba, hacia este árbol de Vida, que es al mismo tiempo un foco de fuego intenso (razón por la cual hablamos del fuego de la serpiente), y una fuente, ya que circulan en ella fluidos ígneos: la pequeña circulación sanguí­nea, el manantial del éter nervioso, el centro de la secreción interna y el fuego de la serpiente. Estas corrientes etéricas emanan del cuerpo etérico, en lo sucesivo dirigido conscientemen­te por el verdadero alumno de los grados interiores, por quien, vuelto consciente, se mantiene en el Pentagrama, en la Gruta de Belén.

Durante este séxtuple trabajo mágico, resuena una música melodiosa. Doce músicos hacen su entrada, acompañando a la Virgen y a sus sirvientes que penetran en la sala como para una fiesta de la Luz. En efecto, llevan estandartes, lámparas encendidas y ramos simbólicos cogidos de los árboles siempre verdes que se elevan en la Vida eterna.

Sin duda comprende de qué se trata. ¿Ha oído ya hablar de los doce pares de nervios craneanos que, salidos de la cabeza, se extienden por todo el cuerpo como ramas del árbol de vida, estrechamente unidas al sistema del fuego de la serpiente? Pues bien, los músicos representan los doce pares de nervios craneanos en el sistema vital del candidato. En cuanto los Hermanos de la Rosacruz pronuncian sus oraciones, en las seis celdas del segundo piso de la Torre del Olimpo (entiéndase : las seis nuevas corrientes etéricas), todo el sistema nervioso está dinámicamente revitalizado. Una poderosa vibración, la melodiosa música, anima al éter nervioso, con lo cual todo el sistema vital está vivificado por nuevas fuerzas vitales que se introducen como llamas, bajo el aspecto de un círculo que envuelve al candidato y de una forma alargada que corresponde al fuego de la serpiente.

 

Rodeado por las llamas, el cofrecito que oculta la cabeza de la antigua voluntad, la cabeza del Moro, se abre ahora. Usted sabe que esto representa la fuerza y la razón crucial que han llevado el alumno a la endura, gracias a la rendición y a la ofrenda total del ego. El principio crucial de la ofrenda del ego, reaparece con una fuerza redoblada en el proceso alquímico que se está realizando. Con el calor que se desarrolla, los seis aspectos restantes se fusionan, en el santuario de la cabeza, así pues, en el fuego de la serpiente, con el séptimo aspecto, el principio de síntesis fundamental que une todo. Por esto se dice en el texto: (El agua) se derramaba (…) sobre los cadáveres y terminó por disolver y licuar completamente de tan caliente como estaba.

La poderosa intervención del cuerpo etérico en el proceso de nueva creación, hace de la endura un fenómeno irreversible. La abertura está asegurada. El nuevo estado de ser se ha vuelto fundamental: el candidato no puede ya retroceder. Ha entrado definitivamente en los grados interiores ya que ahora ha adquirido, después del dominio del cuerpo físico, el dominio del cuerpo etérico. Ha franqueado la Puerta de Saturno. Ahora la fiesta de la Resurrección puede pasar a la siguiente fase: la que se realiza totalmente en el cuerpo astral.

El resultado de lo sucedido en el cuerpo material, aparece en el cuerpo etérico. Así pues, ahora debe desarrollarse la siguiente fase en el cuerpo astral, que engloba tanto al cuerpo etérico como al cuerpo físico.

A este efecto es traído un globo de oro que representa, por una parte, el cuerpo astral situado en medio del microcosmos y, por otra, el santuario de la cabeza del alumno transfigurado, en particular la región de la pineal, la cual debe renovarse totalmente. Es el lugar del calvario, Gólgota, la base de toda resurrección.

Sin duda, habrá oído hablar de la fuerza de radiación de la pineal. Es representada por un globo de oro, y con razón el símbolo del globo terrestre es utilizado para concretar la vivificación de la pineal en la formación de la conciencia gnóstica, la conciencia omnipresente, es decir, la conciencia perfecta.

El elixir compuesto obtenido por el fuego etérico es transvasado al globo. Y, mientras que éste es retirado del segundo piso de la Torre, los candidatos ven abrirse la tercera planta, a la que acceden nuevamente con la ayuda de las alas, de las escaleras o de las cuerdas. Según los resultados adquiridos, la actividad de los candidatos se desplaza del campo etérico al campo astral.

El sistema de la pineal está íntimamente unido, primero, al cuerpo astral que forma un gran óvalo a nuestro alrededor; segundo, por el cuerpo astral, al ser aural séptuple del microcosmos, donde se encuentran, como ya sabemos, los puntos magnéticos de la lípika. El relato da una visión fiel de todo esto.

Cuando los candidatos llegan a la tercera planta, ven el globo de oro suspendido de una cadena en el centro de la sala. En esta sala, sólo hay ventanas, separadas unas de otras por un espejo que puede cubrir una puerta. Todas las ventanas y espejos están ópticamente dispuestos de forma que, cuando los rayos del Sol atraviesen una ventana y se reflejen en un espejo, la luz proyectada hacia el interior se refleje miles de veces.

La apertura o cierre de las puertas ante los espejos cambia la proyección de la luz. Y al igual que, en la segunda planta, las nuevas corrientes etéricas salidas de las seis celdas afluían al centro de la sala, asimismo la luz que penetra por las ventanas, reflejada por los espejos, se concentra en el centro de la tercera planta, en el lugar donde estaba suspendido el globo de oro. Este está tan magníficamente pulido, que los rayos le abrazan con una luz cegadora y le llevan a un intenso calor.

Cristian Rosacruz ve, por todas partes, soles irradiando cada uno su Luz y por encima del resplandor dominante de la pineal, el globo. Comprendemos que, en este espacio, todas las radiaciones de los puntos magnéticos de la lípika se reúnen en la región de la pineal, que contiene la síntesis alquímica del trabajo ya realizado. El proceso del aniquilamiento se desarrolla en el cráneo, en el «lugar del cráneo».

Una radiación mágica opera nuevamente y el resultado aparece de inmediato. Cuando este fuego ha hecho su obra, al cabo de cierto tiempo, se interrumpe la operación. Las ventanas se cierran y se cubren los espejos. Ahora, es preciso que el globo que se ha calentado al blanco y su contenido sean enfriados.

 

 

 

Después de esta ligera colación, nos dispusimos a trabajar de nuevo, dado que el globo se había enfriado lo suficiente. Con muchas dificultades y esfuerzos, tuvimos que desatarlo de la cadena y depositarlo en el suelo. A continuación, habiendo recibido la orden de cortarlo por la mitad, discutimos la forma de hacerlo. Finalmente fuimos de la opinión que una punta de diamante sería lo más conveniente para ello. Tras haber abierto el globo por este medio, descubrimos que en su interior no había ninguna sustancia roja sino un grueso y hermoso huevo blanco como la nieve. Nuestra alegría llegó al colmo cuando comprobamos que había sido un éxito, pues la Virgen no había dejado de inquietar­se con la idea de que la cáscara fuese quizás todavía demasiado frágil.

            Nos pusimos en círculo alrededor del huevo con tanta alegría como si lo hubiésemos puesto nosotros mismos. Sin embargo, enseguida la Virgen hizo que se lo llevaran; después nos abandonó de nuevo y cerró cuidadosamente la puerta tras de ella como siempre. Ignoro lo que pudo hacer con el huevo una vez sacado fuera, y tampoco sé si lo ha sometido a un proceso secreto, aunque no lo creo.

            Una vez más, tuvimos que esperar reunidos, durante un cuarto de hora, la apertura de la tercera trampilla y, cuando se produjo trepamos al cuarto piso con ayuda de nuestros equipamientos. En esta sala encontramos un gran caldero de cobre, lleno de arena amarilla, calentado por un pequeño fuego. El huevo se encontraba enterrado allí con la finalidad de que alcanzase su desarrollo completo. El caldero era de forma cuadrada. En un lado de estos, dos versos estaban grabados con grandes caracteres:

 

                                       NO CESÉIS DE ORAR, MIS BIENAMADOS,

                                           SI LO DESEÁIS, ORAD POR EL ORO.

 

En el otro lado, se encontraban estas palabras:

 

                                          LA CURACIÓN REPOSA EN LA LANZA

 

En el tercer lado, había una sola palabra:

 

                                                           HÁGASE (ASÍ SEA).

 

Mas sobre el fondo figuraba una inscripción completa así concebida:

 

                            LO QUE EL FUEGO, EL AIRE, EL AGUA Y LA TIERRA

                           NO HAN PEDIDO EXTRAER DE LA SANTA SUSTANCIA

                                    DE NUESTROS REYES Y NUESTRAS REINAS,

                                   LA MULTITUD DE ALQUIMISTAS HONESTOS

                                        LO HA RECOGIDO EN ESTE CALDERO.

 

                      ANNO 1459-ESPRIT-AME-CORRPS-P.H.M.D. (=PARACELSUS

                  HOHENHEIMENSIS, MEDICINAE DOCTOR)-ALPHA,OMEGA (26)

 

                                                                       Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

30

 

LA RESURRECCIÓN DEL HOMBRE NUEVO

 

Cuando el trabajo a realizar en el tercer piso de la Torre del Olimpo ha terminado, se les concede un momento de reposo a los candidatos y, estando el globo de oro lo suficientemente frío, lo desatan de su cadena depositándolo en el suelo, tras lo cual tienen la obligación de cortarlo en dos partes iguales. En su centro aparece un gordo y bello huevo, blanco como la nieve. Aquí finaliza la estancia de los Hermanos de la Rosacruz en el tercer piso de la Torre; su actividad seguirá en el piso siguiente, que es el cuarto.

 

Expliquemos todo esto. La endura se inicia por un comportamiento puro y verdadero, de naturaleza triple, siguiéndole un nuevo elemento dinámico, bipolar, que debe vivificar la conciencia y el subconsciente. Ahora bien, esta unión es imposible, por esto se desarrolla una fuerza crucial destinada a neutralizar la conciencia. El alumno alcanza entonces un estado interior comparable a la «nada» absoluta. Pero debe despertar de esta nada, debe salir de este estado que ya no es el de un hombre nacido de la naturaleza, debe resucitar de esta «muerte», pues debe recorrer el camino de cruz completo.

La primera fase del camino de cruz consiste en tomar la decisión de recorrerlo y en adoptar un comportamiento absoluta­mente nuevo, con tendencia al total abandono de la naturaleza de la muerte. Calificamos este comportamiento como específico de los grados interiores. Se trata de juntar fuerzas con vistas a llevar el camino de cruz a buen fin. Es armonizarse total y completamen­te con el nuevo estado de vida.

Una vez realizada esta primera fase, empieza la segunda en la que se manifiesta una nueva actividad importante del cuerpo etérico, el segundo cuerpo, sublimado hasta el punto de aparecer como Estrella de Belén. La perseverancia en el nuevo comporta­miento, abre esta posibilidad. Mediante un intenso calor, los seis rayos del cuerpo etérico vivificado, se fusionan con los seis aspectos neutralizados de la personalidad. En lo sucesivo, los tres aspectos bipolares se hacen uno. Todo el pasado perteneciente a la naturaleza de la muerte zozobra y muere. Al ser de nacimiento natural, al «yo» nacido de la naturaleza, se le dirigen las palabras: «Estarás conmigo en el paraíso.»

Así permanece aún una cruz viva, la cruz de la nueva vivifica­ción. El resultado de todo ello es transmitido ahora al globo de oro, penetra en el centro de la pineal.

La tercera fase empieza ahora en el Gólgota. El camino de cruz toca a su fin. Todas las fuerzas de luz de la lípika del sexto círculo aural irrumpen en el cuerpo astral y proyectan sus rayos sobre el globo de oro. El fuego astral se orienta hacia el centro de la pineal, donde está grabada la síntesis de los resultados del camino de cruz. Los diferentes aspectos vividos de este camino son abandonados, el camino de cruz está realizado, «Consummatum est», todo ha terminado, no en el dolor sino en una gran alegría pues, al fin, aparece el primer resultado definitivo del proceso.

El globo de oro es cortado por su centro con ayuda de una punta de diamante ofreciéndonos la visión de un magnífico huevo, blanco como la nieve. Intentemos aclarar esta escena.

Ponga nuevamente su atención en el globo de oro: representa la pineal llamada a una nueva función en tanto que foco del nuevo estado de conciencia. La pineal es la puerta que abre todo el sistema de la personalidad al Espíritu Séptuple, de arriba hacia abajo, y al Alma de abajo hacia arriba. Debe poseer la doble realeza absoluta, bipolar, del Rey y de la Reina, con el fin de que las Bodas Alquímicas se realicen perfectamente. El Espíritu y el Alma quieren, efectivamente, hacer su morada en la pineal, es preciso que su simiente, el principio de su fructificación, esté presente, es decir: en primer lugar, la simiente, el fruto de una vida vivificada por la Luz gracias al nuevo comportamien­to; en segundo lugar, la simiente, el fruto del Espíritu que, en virtud del calor irradiado poderosamente por la lípika, envuelve el globo de oro.

Cuando esta doble fructificación tiene lugar, aparece el resultado. Siguiendo el relato, el globo es cortado con una punta de diamante. Sin duda sabe que, en el marco mineral, el diamante es el producto del fuego solar cósmico y, si es puro, la sustancia más dura que existe. En el simbolismo gnóstico, un objeto cortado por un diamante, significa la intervención del propio Espíritu. Entonces aparece el huevo, magnífico y de una blancura deslumbrante.

Si tiene algún conocimiento del simbolismo universal, sabrá que el huevo significa, en general, el renacimiento por el Espíritu Séptuple, el Espíritu Santo, el Espíritu Universal. Ya que el huevo encierra en potencia una vida absolutamente nueva. Esta vida está. Debe manifestarse y se manifestará. El color simbólico del Espíritu es el oro; es el color aural del Espíritu cuando penetra el cuerpo astral. La región de la pineal que encierra las nuevas fuerzas y posibilidades, no puede tener otro color que el del oro, ni otra forma que la de un globo. Cuando este globo de oro está abierto y el huevo aparece, resplandecien­te de oro y de blancura, el nuevo nacimiento, la resurrección se ha realizado.

El Tercer Día, el sepulcro vacío está abandonado en el jardín de José Arimatea. En el tercer piso de la Torre del Olimpo, el Hombre nuevo se encuentra en el círculo de la Eternidad divina.

El globo de oro da nacimiento al huevo que encierra la vida nueva completa, como el círculo da nacimiento al Uno. Fuera del círculo va hacia el gran día el Hombre divino verdadero y perfecto. Del círculo, de la tumba, resucita Jesucristo, el Hombre semejante a Dios.

Arimatea es la deformación de la denominación de un antiguo escrito titulado Aritmética, es decir, Santa Magia de los números, que trataba respecto al «Uno que sale del círculo», y forma así la cifra 10, el más sagrado de los números.

El Tercer Día, en el tercer piso de la Torre del Olimpo, la resurrección del Hombre verdadero, el Hombre nuevo, es virtual­mente un hecho.

Ahora, ese Hombre nuevo debe manifestarse en el cuarto piso. Por esto se dice que ¡las peregrinaciones del Cristo, después de su resurrección, duraron cuarenta días!

Vemos que los relatos evangélicos son mitos, símbolos, cuentos destinados a la humanidad ordinaria, de los que la Iglesia, en su traición, hace que se considere su forma externa como la verdad. Comprenderá que en su época, los autores de las Bodas Alquímicas  y Joan Valentín Andreae tan sólo podían transmitir la verdad, de forma velada, a los que eran capaces de comprender.

 

Sigamos, ahora, el desarrollo del nuevo estado de vida del iniciado. Penetremos para esto en el cuarto piso de la Torre. Decimos que allí se encuentra un gran caldero de cobre lleno de arena amarilla, donde el huevo está enterrado y es calentado. Este caldero tiene forma de cubo, con la cruz mágica enroscada. Es la cruz de la victoria, que lleva en sí el renacimiento.

Como ya sabe, la pineal está cubierta con pequeños granos amarillos, parecidos precisamente a granos de arena. Son de la mayor importancia ya que su número, diferente para cada hombre y muy variable, determina sus cualidades, su radio de acción y sus posibilidades de manifestación. Así pues, debe comprenderse esta indicación como sigue: el huevo blanco y oro, la pineal regenerada, es sumergida ahora en el baño de arena amarilla. En el cuarto espacio, el del nuevo poder del pensamiento, todo lo que el huevo encerraba está dotado de posibilidades de expresión. Por anticipado, está previsto que el radio de acción sea lo más grande posible y que la manifestación de la renovación pueda empezar inmediatamente.

Por último, en un instante crítico, al candidato se le confía una fórmula, que citaremos bajo una forma más explícita, que hará superflua toda explicación. Esperamos y deseamos que la comprenda tal como debe ser entendida:

 

«¡No ceséis de trabajar, mis bienamados! Si lo deseáis orad por el Oro del Espíritu.

 

Pues su curación descansa en la Fuerza de la Lanza del Santo Grial.

 

Es la voluntad del Logos que así sea.

 

Lo que el Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra no han podido extraer de la Santa Sustancia de nuestros Reyes y nuestras Reinas, la multitud fiel de los verdaderos alquimistas la ha recogido en su caldero.»

 

De ahí resucitará, una vez realizado el proceso, por la unidad restablecida del Cuerpo, del Alma y del Espíritu,

 

El Tres Veces Grande, el Sublime, el Salvador,

El Portador del Remedio Universal,

El que es el Primero y el Ultimo,

El Alfa y la Omega,

El Principio y el Fin.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

31

 

CRISTIAN ROSACRUZ

MODELO DE AUTORREALIZACIÓN

 

«¡No ceséis de trabajar, mis bienamados! Orad por el Oro del Espíritu, pues vuestra curación descansa en la Fuerza de la Lanza del Santo Grial. Tal es la Voluntad del Logos.»

 

Estas palabras mágicas, dirigidas a los candidatos que se encuentran en el cuarto piso de la Torre del Olimpo, en el Sexto Día, sirven también para usted, lector interesado. Mientras que pertenezca a los que aspiran a la liberación, en tanto desee seguir a Cristian Rosacruz en el camino de las Bodas Alquímicas, estas palabras se dirigen también a usted: ¡comprométase, siga el camino, ore y trabaje! Trabaje con perseverancia y ábrase, mediante el nuevo comportamiento, al Oro del Espíritu, a las Fuerzas purificadoras, compasivas y dinámicas de la Gnosis. Entonces, con total seguridad, progresará paso a paso, pasando las etapas que hemos explicado en relación a Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz.

¡Que vencerá, es cosa cierta! ¿Por qué? Porque este Camino es la realización de la Voluntad del Logos, de Dios. Porque, si obedece la Ley universal del Todo, nada podrá impedirle liberar y revelar la «Perla de gran valor», el Capullo de Rosa, oculto como un Tesoro incomparable en el santuario de su corazón.

Explicándole el camino de Cristian Rosacruz, queremos despertar en usted la comprensión de todo este proceso; por anticipado, como en una visión, queremos hacerle percibir el esplendor inimaginable del estado de Hombre verdadero, al que también está llamado: es el camino que tarde o temprano todo hombre debe recorrer. Una vez más, ¡tal es la Voluntad del Logos!

 

Y ¿hasta dónde llevar su mirada ahora? Le hemos descrito tanto como es posible las distintas etapas del «devenir consciente», y las actividades vitales del candidato, desde el inicio de la concepción hasta la formación del huevo blanco y oro, símbolo de la pineal totalmente preparada, en la que el Espíritu desciende para unirse al Alma: ¡las Bodas Alquímicas! Como testigo ocular, ha podido seguir de lejos toda la evolución de Cristian Rosacruz.

En este momento, el relato ha llegado a un punto en el que el Alma-Espíritu se manifiesta, donde la transfiguración se realiza, en el que la nueva conciencia omnipresente hace penetrar a Cristian Rosacruz en el campo de vida del Alma viva, dicho de otra forma, en los campos de conciencia que se elevan muy por encima de la conciencia tridimensional, ahí donde esta última no puede seguir a Cristian Rosacruz.

Este hecho nos impide, por el momento, aclararle más lo que sigue del relato, Le hablaríamos de estados que no son accesibles a la conciencia ordinaria, y para los cuales no sabríamos encontrar material de comparación en nuestro mundo tridimensio­nal. Caeríamos en puras consideraciones intelectuales y técnicas, que nada le dirían, que no servirían para nada a su desarrollo interior, que rebasarían el carácter sublime de las cosas de las que tratamos aquí, y le haría violentarse.

Por ello, le decimos que, al igual que los últimos velos se levantan poco a poco ante Cristian Rosacruz, lo mismo se levantarán ante los que siguen el mismo camino que él, el verdadero Camino de la Iniciación de Jesucristo, con la misma fidelidad y la misma abnegación. Para ellos todos los misterios se aclararán y tendrán acceso a todos los maravillosos esplendo­res de la inexpresable cámara del Tesoro, que Dios guarda como herencia en el corazón de cada hombre.

Si no pierde de vista el rico ejemplo, el anhelo puro y vivificador y la imagen de éxito que da Cristian Rosacruz, comenzará y seguirá efectivamente su viaje hacia la sala de las Bodas con alegría y perseverancia, en tanto que un saber interior el hará decir, a todo lo largo de este camino de experiencia poderoso y bendecido: «¡Estoy en camino! El viaje ha empezado y … conozco el final garantizado: el Regreso a la Casa de mi Dios!»

¡Que un gran número, una multitud, pueda alcanzar la victoria sobre este camino!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EPÍLOGO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

32

 

EL SÉPTIMO DÍA DE LA CREACIÓN

 

Una vez que hemos llegado al final de nuestro desarrollo sobre el Camino de Cristian Rosacruz, queremos aclarar aún un aspecto de todo el trabajo de Cristian Rosacruz, del que hablan las Bodas Alquímicas, reflejado en su unión con el presente vivo; la insistencia sobre el hecho que el camino es de un interés directo para cada buscador en nuestra época. Veremos de forma más clara que estas cosas nos tocan a todos; que conciernen al desarrollo de todos, así pues también al suyo, llegaremos a una comprensión más profunda de que aquí se encuentra el Camino que ofrece una salida al desequilibrio y al caos que se expanden por todas partes y caracterizan nuestra época de transición, designada a menudo como los Tiempos del Final.

 

Digámoslo una vez más, para partir de una idea cabal a fin de llegar a una correcta comprensión: el hombre, el ser humano verdadero, es un microcosmos, un sistema vital muy complejo, de forma esférica, de naturaleza séptuple, del cual nuestra personalidad es tan sólo un aspecto. Como consecuencia de lo cual el restablecimiento del ser humano, dañado en el transcurso de su largo, larguísimo camino hasta el nadir de la materialidad, se realiza en siete fases: los Siete Días de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz.

Ahora bien, el microcosmos es, de hecho, una estructura de líneas de fuerza de naturaleza divina; es un plan detallado, un plan en vías de realización. En la fase de la existencia terrestre, lo que quiere decir que en el microcosmos, el espacio puesto a disposición de la personalidad en manifestación, concuerda absoluta y completamente con el plan sobre el cual está fundado el microcosmos. Diversos grupos de átomos ocupan el microcosmos para dar una primera expresión a este plan.

Comprenderá que las fuerzas que dirigen este proceso son de orden elevado y disponen de una gran inteligencia; asimismo, para que el plan se realice, se precisa la colaboración absoluta de todos los aspectos del sistema: la colaboración fundamental entre lo que llamamos el Átomo original del microcosmos y el hombre en vías de manifestación. La pregunta más importante es: ¿alcanzará a manifestarse el Átomo original, la Rosa del corazón, sin desfallecimiento? Lo que ocurriría, por ejemplo, si los padres de un niño que se desarrolla son puros, conocen el Plan y desean verdaderamente estrechar en su corazón un hijo de Dios, un hijo que tenga la voluntad y el poder de recorrer el Camino; un hijo que, al igual que Cristian Rosacruz, tenga la voluntad y el poder de devolver la vida a la columna de la conciencia, al fuego de la serpiente.

El hombre que tiene esta voluntad, deberá conocer y dominar el secreto del átomo, o sea, el secreto del infinitamente pequeño que encierra, sin embargo, lo infinitamente grande. A este propósito, recordemos que el átomo presenta siete aspectos: las cuatro fuerzas etéricas, la sustancia astral y la sustancia mental de nuestro planeta, así como el aspecto material.

Cada planeta engendra sus propias criaturas, según las características del espíritu del planeta considerado. A grandes rasgos, todos los habitantes de nuestro sistema solar deben tener entre ellos una semejanza, es decir, deben ser reconocibles como tipo de hombre; pero, sin duda comprenderá que la esencia, la naturaleza y la estructura, así como las condiciones atmosféricas de cada planeta difieren unos de otros. Razón por la cual el átomo terrestre no puede parecerse al de otros planetas. Pero, no obstante, la última palabra no ha sido pronunciada al respecto.

Cuando el alumno de la Escuela de los Misterios domina más o menos en él el fuego de la serpiente, su Torre del Olimpo progresa paso a paso, en la medida de sus fuerzas y sus poderes, sigue un Camino de desarrollo que no tiene fin: avanza continua­mente de magnificencia en magnificencia. Entonces es admitido directamente en la Escuela del Logos del Planeta. Y como sabemos que Quien dirige nuestro Planeta es Cristo, el Espíritu solar, comprendemos que la evolución del candidato debe elevarlo, por lo menos, por encima de la Tierra e incluso hacerle salir de ella.

Quien domina el fuego de la serpiente, en el sentido de un desarrollo del Alma-Espíritu (¡ya que existe también un desarro­llo oculto del fuego de la serpiente!) verá revivir el santuario de la cabeza, como lo hemos explicado. Recorrerá el Camino del crecimiento en sus mínimos detalles, bajo la dirección de su Señor y Salvador. Es el camino más seguro que uno pueda imaginar­se. Ya que, amigo mío, compréndalo bien: ¡las posibilidades del átomo se realizan bajo la dirección del Espíritu del Planeta! Si un alumno no está maduro para el paso siguiente, nadie podrá forzarle a darlo, ni tan siquiera él. Ya que únicamente las fuerzas que encierran los átomos en su sistema, son las que van a permitirle dar el paso siguiente. Así nadie puede ser forzado en nada. Cada uno marcha a su propio ritmo, de fuerza de alma en fuerza de alma, sobre el camino de la victoria.

Ahora le pedimos preste toda su atención: en el curso de su evolución, la humanidad ha alcanzado el nadir de la materializa­ción, el punto absoluto más bajo. Así pues, la materia no puede volverse ni más dura ni más densa. Simultáneamente, vemos llegar los Tiempos del Fin y el gran giro hacia lo alto. Este giro se concretará en lo que se podría designar como espiritualización de la materia; no en sentido de una glorificación de la materia, sino en el sentido de una gran sutileza. Pensamos, incluso, que este fenómeno, más o menos, ha empezado. Indica una elevación progresiva de la materia; en otros términos, se trata de lo designado en el Apocalipsis como: «la caída de Babilonia». La materia, todas las instituciones materiales y todo lo que se mantiene gracias a la materia, no podrán subsistir más como todavía es posible actualmente. ¡Pues la constitución atómica de la Tierra va a cambiar por completo!

Por ello, se hace evidente que el hombre materialista, endurecido, que ha puesto toda su esperanza y aspiración en la materia, no podrá sostenerse. Pronto toda la humanidad será separada por una línea divisoria, como consecuencia de este cambio de estructura y de calidad del átomo terrestre.

Entiéndalo bien, la humanidad no será aniquilada por algunos dragones, reptiles u otros monstruos, como ciertos relatos, cuentos y leyendas simbólicos dan a entender. ¡Es el propio hombre material quien pronunciará su propio juicio! Lo cual es bien distinto. Los que se dicen materialistas serán juzgados, según su naturaleza, por la materia; deberán soportar las consecuencias de su orientación hacia la materia.

Por esto atraemos su atención una vez más con insistencia, tal como lo hacemos en la Escuela Espiritual desde hace decenas de años, sobre este punto crucial: su estado de conciencia. Su estado de conciencia está determinado y dominado principalmente por el fuego de la serpiente, una de cuyas extremidades se encuentra en el santuario de la cabeza. Ahora bien, lo que es posible en las condiciones y según las posibilidades de nuestra época, adaptar el fuego de la serpiente a las exigencias del Plan de Dios; el Plan de Dios para el mundo y la humanidad.

Sabiendo todo esto, podemos prever más o menos cual será el futuro del mundo y de la humanidad. Las condiciones atómicas de nuestro espacio se modifican y, como hemos alcanzado el punto más bajo de la materialización  y al mismo tiempo de nuestro descenso, dichas condiciones se modifican en sentido de ascenso, de una elevación. ¡El descenso de nuestro orden de existencia se transforma en ascenso! Un nuevo cielo y una nueva tierra se desvelan.

Nadie sabe con qué rapidez se desarrollará. Nadie sabe de cuánto tiempo disponemos aún para unirnos a uno de los grupos que serán salvados. Pero podemos afirmar con toda certeza que quien ha oído la Voz y que, de todo corazón se acopla al Plan, así pues, adquiere efectivamente un Alma, el elemento fundamental del Plan divino, éste se une al Espíritu y será socorrido de una u otra forma. Prácticamente nadie debe perderse. Así pues, todo depende de la orientación y del comportamiento consecuente de cada uno.

En el relato del Apocalipsis, por ejemplo, se habla de un grupo de hombres dedicados al proceso de salvación, pero que aún no han recibido el signo del Hijo del Hombre, ni la marca en la mano derecha. Para ellos, el proceso de liberación ha empezado durante su vida terrestre, el fuego de la serpiente se manifesta­ba más o menos pero, a causa de su muerte, el proceso no ha podido progresar debido a la desaparición de diferentes partes de su personalidad. La transformación de los átomos había adelantado el curso de su desarrollo. Tales hombres son reagrupa­dos y guardados en un lugar temporal, con el fin de ser salvados en un momento dado.

Por ello, le decimos: tanto tiempo como viva aún aquí abajo en calidad de hombre de la materia, tiene aún la posibilidad de ser salvado, a condición que empiece a transformar en usted el fuego de la serpiente. Compréndalo bien, querido amigo, será ayudado hasta el último momento. Ya que el deseo más profundo de nuestros liberadores, los servidores de la Gnosis, es que nadie se pierda.

Imagine, si es posible, que toda la evolución de la humanidad, con sus luchas, no haya servido para nada. Imagine que todo este camino deba empezar desde cero. El tiempo que se precisaría sería inconmensurable. Platón habla de algunos millares de años. Pero los escritos del mundo entero proponen una duración de más de 80.000 años, y esto tan sólo para el inicio del proceso. Tal período de espera es simplemente inimaginable.

Por esta razón repetimos insistentemente que en lo que al hombre concierne, el trabajo de la creación divina, cuya duración en el libro de la Génesis es de seis días, no ha terminado todavía. La humanidad sigue aún el curso de formación. El Séptimo Día de la Creación, el Día del Cumplimiento, el Gran Día de Dios, empieza en el momento justo en el que un solo hombre se pone manos a la obra para forjarse un Alma. ¡He aquí lo único importante!

Bajo esta luz, la vida que llevamos en la materia es secundaria. Lo importante es tener Fuerza de Alma, cualidades de Alma. El hombre que posee cualidades de Alma no tiene que preocuparse, ya que «quien conquista el Alma, conquista el Todo» Quien edifica el Alma, edifica la Eternidad. Y ninguna maravilla del mundo puede comparársele.

¿No es, pues, una bendición que esta Aurora aparezca en el horizonte­ ? No anunciamos la triste nueva de una gran catástrofe, no decimos: ¡el Tiempo del Fin ha llegado, todo va a morir! No, a usted buscador, que aspira a la salida liberadora, le decimos: la salvación por la transmutación, la salvación por la renova­ción, he aquí la Fuerza, he aquí la Aurora que se eleva en el horizonte. Todo el grandioso y maravilloso trabajo de la Fraternidad de la Rosacruz se realiza en esta certeza. Podría decirse que la Rosacruz aparece, en los Últimos Días, con el fin de socorrer y servir a los que la aceptan.

Nunca han faltado guías para mostrar a la humanidad el Único Camino. Desde el alba de su existencia, esos guías le muestran ese Camino. Pero los hombres tan sólo han conocido una Fraterni­dad de la Vida que les presentó la viva Cruz con Rosas, y que aún hoy sigue presentándosela. Es la Fraternidad de la Rosacruz que irá siempre al frente de la humanidad con la Cruz con rosas, hasta el triunfante final, hasta la victoria.

Por esto la Fraternidad de la Rosacruz es la última Fraternidad. Y por ello se da con pleno derecho el nombre de Cristian Rosacruz. La viva Fraternidad de Cristo ha eternizado séptuplemente las siete Rosas, el séptuple Átomo original, el cual es capaz de despertar al fuego de la serpiente de su sueño de muerte, nuestra única esperanza, nuestro único socorro.

¿Podemos imaginar algo más maravilloso que poder entrar en el Jardín de las Rosas, la Rosaleda de la Eternidad, donde se manifiesta la propia Vida, la vida divina, de magnificencia en magnificencia, como un nacimiento sin fin?

Así la muerte ya no existirá. La Vida se volverá luz, una luz nacida en el Jardín de la Rosas, la Rosaleda del Espíritu Santo. El sepulcro de la vida material debe cerrarse para todos nosotros. Usted ha alcanzado un cierto punto en el camino de su vida. Y ahora se puede preguntar: «¿Dónde estoy, dónde se halla este punto? ¿Está ya más allá de la frontera tras la cual todo empieza de forma nueva?»

¿No? Entonces, ¡tenga cuidado! ¡Ya que el nuevo Inicio es el Séptimo Día, el Día del Señor, su Dios! Y es muy importante que la mañana de ese Día se levante en su vida. ¡Que usted pueda ser un testigo radiante!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas explicativas

 

 

 

Página

 

La mayor parte de los signos y criptogramas que se encuentran en Las Bodas Alquímicas han sido descritos, por R. Kienast entre otros, J.V. Andrea und die vier echten Rosenkruetzer-Schriften, Leipzig, 1926. El criptograma que figura al final del texto hermético:

 

(ver criptograma)

 

lo ha explicado de la siguiente forma (página   ):

 

(texto)

 

Esta cifra 1378 es el año del nacimiento de Cristian Rosacruz. (Jan van Rijckenborgh, El testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz, capítulo 6. Rozekruis Pers, Haarlem 1983). Citando esta cifra, el autor ha querido decir: «Beba el remedio regenerador que brota de la fuente original hermética, y vivan de él. Si lo hace, Cristian Rosacruz nacerá en usted.»

 

Página

 

Los señores (ver del dibujo: S1 hasta S9) se colocan de tal forma que una doncella está siempre a su derecha o a su izquierda. Pero las doncellas (J1 hasta J9) lo hacen de forma que se encuentran siempre que sea posible de dos en dos. De lo que resulta que un sólo señor (S1) se encuentra situado entre dos doncellas. En el lado opuesto, una doncella (precisamente la virgen Alquimia, J1) se coloca entre dos señores. Si ella empieza a contar, la séptima persona es siempre una doncella. Si ella cuenta hacia la izquierda: J1 elige J4, J2 elige J6, J3 elige J7, etc… ¡El emparejamiento con los señores no se produce nunca!

 

(dibujo)

 

La astuta disposición de las doncellas

 

 

Página

 

La explicación de este criptograma se encuentra un poco más lejos en el texto. Kienast (Pág. 77) lo analiza de la siguiente forma:

 

ver texto

 

Para ser completo publicamos asimismo el código utilizado:

 

ver texto

 

 

Página

 

Según el código citado, este criptograma, se explica de la siguiente forma (Kienast, página 79):

 

ver texto

 

Se vuelve a encontrar esta explicación un poco más lejos, en el texto.

 

 

Página

 

La pirita es un sulfuro; este cristal tiene a menudo la forma de un cubo o de un pentágono dodecaedro, es decir, de un poliedro formado por doce pentágonos regulares. Si cuatro luces de pirita arden alrededor de la cripta del corazón donde reposa la Dama Venus, es decir el Amor divino, a la espera de la resurrección que tendrá lugar gracias a la entrega de sí mismo que realiza el candidato, esto significa que este lugar sagrado es guardado por las doce corrientes primordiales universales, que serán devueltas al alma inmortal en el momento adecuado. Es el aura divina que irradia alrededor del átomo original. Cuando el alma inmortal (el hombre que se mantienen en el pentáculo) ha resucitado y recibe nuevamente su herencia, las doce fuerzas originales, Venus está preparada para poner al Joven Rey en el mundo.

 

 

Página    y

 

Las reglas al final de la inscripción sobre el caldero de cobre:

 

ver texto

 

pueden ser divididas en cuatro grupos (Kienast, Pág. 90) a saber:

 

ver texto

 

Esta fecha es mencionada igualmente por Andreae en el título de su obra. Representa el final del viaje de Cristian Rosacruz. Desde el punto de vista cabalístico se puede comprender como sigue:

 

1 = Dios, fuente de todo, de quien y por quien son todas las cosas;

4 = cifra del cumplimiento y de la perfección;

5 = cifra del alma resucitada, el hombre nuevo;

9 = cifra de la humanidad liberada.

 

En consecuencia, el año 1459 puede ser considerado como el de la alegría del Señor, en el transcurso del cual un hombre, en la fuerza de Dios, el Padre, recorre hasta el final el camino de la perfección, así pues, celebra su resurrección como hombre nuevo, y así él es en sí mismo la garantía de la liberación de toda la humanidad. Por esta razón la cifra 1459 representa igualmente el número 10, que indica el regreso hacia la tierra original, el cumplimiento del plan de salvación previsto por el Logos. Tal es el mensaje, verdadero compendio espiritual, que J. V. Andreae nos transmite, al inicio y al final de su obra

 

ver dibujos

 

= Espíritu                                           Estos tres signos

= Tierra = Cuerpo                              forman juntos el símbolo de

= Alma                                                           Mercurio:

(3)

= P                              Paracelso, es decir, el Sublime

= H                             Hohenheimensis, es decir: la ciudadela de la

salvación,

= M                             Medicina )

= D                             Doctor   ( es decir, médico supremo

 

En este orden de ideas remitimos al lector interesado a La llamada de la Fraternidad de la Rosacruz de Jan van Rijckenborgh, capítulo 22. El vocabulario, el itinerario y la vida de Paracel­so.Rozekruis Pers, Haarlem, 1983.

 

(4)   Omega girado y Alfa estilizado, juntos por la cruz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Glosario

 

 

Alma Espíritu: El camino de la Endura, el camino del aprendizaje de una Escuela Espiritual Gnóstica tiene como primer objetivo, despertar el Alma Inmortal de su estado latente. Cuando el Alma despierta de su sueño de muerte, la unión con el Espíritu Universal, con Dios, se restablece. Este restablecimiento de la unión del Espíritu y del Alma, de Dios y del hombre, se demuestra por la resurrección llena de gloria del «Otro», el regreso del Hijo perdido, el Hombre verdadero en nosotros, a la Casa del Padre. El Alma que lograr celebrar esta unión, unión con lo que la Gnosis egipcia llama «Poimandres», es el Alma-Espíritu. Es la unión de Isis y de Osiris, del Alma y del Espíritu, del Padre y del Hijo, de Cristo y de Jesús; es la realización de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, la boda del Esposo celeste con

la Esposa celeste.

 

Año estelar esotérico: Período de 26000 años aproximadamente, llamado Día de Mani, al final del cual debe entrar una nueva cosecha en los graneros del Gran Cosechador. En el flujo y reflujo de los grandes períodos de tiempo que atraviesa el ser humano en el camino de las experiencias, determinadas propiedades deben desarrollarse en él. Los que, en cada período, parecen satisfacer en cierta medida las exigencias cósmicas del Gran Plan Divino, tienen entonces la ocasión de dar un paso hacia adelante en el camino elegido. A ellos en particular se dirige el mensaje: «Enderezad los caminos del Señor. Mantened vuestras lámparas encendidas, pues no sabéis a qué hora llegará el Esposo». Acuario, el Portador de Agua, derrama el Agua Viva, la Luz de Amor que despierta, socorre y vuelve cada vez para llevar a casa «las ovejas perdidas», a los hombres preparados para encontrarla y reaccionar a Ella positivamente.

 

Átomo-chispa de Espíritu: Ver Rosa del Corazón.

 

Átomo original o Átomo Crístico: Ver Rosa del Corazón.

 

Authades: En el evangelio de Valentín, la Pistis Sophia, símbolo de la voluntad impía del hombre nacido de la naturaleza, llamado también la fuerza con cabeza de león. Las criaturas de Authades son las fuerzas impías, engendradas por la voluntad egocéntrica del hombre, fuerzas que aseguran la supervivencia de los eones (Ver Eón).

 

Cuadrado de la Construcción: Cuatro es el número perfecto, la base del cubo. Esto significa que únicamente sobre la fuerza que proviene de Cristo, puede uno cimentar el Edificio imperecedero. Quien se mantiene verdaderamente sobre la Alfombra, encuentra el puro Cuadrado de construcción. Dicho de otra forma, la cuádruple personalidad, en unión consciente con las tres Fuerzas originales que llevan y manifiestas el Universo (el Triángulo), realiza su trabajo en el interior del Círculo de la Eternidad.

 

Campo astral, nuevo: Ver Cuerpo Vivo.

 

Campo de respiración: Es el campo de fuerza directo que asegura la vida de la personalidad. Es el campo que hace la unión entre el ser aural y la personalidad, campo en perfecta concordancia con la personalidad, ya que atrae y rechaza las sustancias y las fuerzas necesarias para la vida y la conservación de la persona­lidad.

 

Cuerpo Vivo: También conocido bajo el nombre del Nuevo Reino gnóstico. Es el campo astral gnóstico formado con pura sustancia astral original, constituido por la Joven Fraternidad gnóstica, en cooperación con la Cadena Universal gnóstica, de la que es el más joven eslabón. Activa en dos mundos (el campo de la Resurrec­ción del Sexto Dominio Cósmico y nuestro campo de existencia del Séptimo Dominio Cósmico) pone durante la cosecha, al hombre que busca verdaderamente la liberación, en estado de entrar en el campo de la Resurrección tras su ascensión al Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis. El Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis es, para la cosecha de nuestra época, el Arca citada en la Génesis. Por medio del Cuerpo séptuple de fuerzas liberadoras y en cooperación con la Cadena gnóstica universal, la cosecha de hoy debe ser recogida y puesta en los graneros de la Vida nueva. Es «la Majada del Buen Pastor» de la que habla el Nuevo Testamento.

Este Cuerpo Vivo forma, provisionalmente, un puente entre los dos dominios cósmicos. El Cuerpo Vivo encarna todas las fuerzas de las que tiene necesidad el alumno para franquear este puente hacia la Vida. Se ha formado en Europa para extenderse, a partir de allí, por todo el mundo. Su llamada para que despertemos es lanzada a toda la humanidad.

 

Dialéctica: Nuestro campo de existencia actual en el que todo se manifiesta por pares de opuestos: noche y día, luz y tinieblas, alegría y dolor, juventud y vejez, bien y mal, vida y muerte, etc., están unidos indisolublemente; se suceden inevitablemente y se engendran mutuamente. Por esta ley fundamental, en nuestro campo de existencia todo está sometido a un cambio y una demolición incesantes, en el «subir, brillar y descender». Por esta ley, este campo de existencia es un dominio limitado, en el que reinan el esfuerzo, el dolor, la aniquilación, la enfermedad y la muerte. Contemplado desde un plano superior, la dialéctica es la ley de la actuación de la Gracia divina la cual, por la aniquilación y la renovación incesantes, previene la cristaliza­ción definitiva del hombre (por tanto su caída definitiva) y le ofrece sin cesar una nueva posibilidad de manifestación. Por ello, el hombre recibe de nuevo, en cada instante, la posibilidad de conocer el único objetivo de su existencia y de seguir el Camino de regreso por la Transfiguración, es decir, el renaci­miento de Agua y de Espíritu.

 

Escuela Espiritual: La Escuela de los Misterios de los Hierofan­tes de Cristo que permite, a todos los que aceptan recorrer el Camino de Cristian Rosacruz, acceder a este estado.

 

Endura: La muerte por la endura (término del Catarismo) es la muerte del ego; es característica e inevitable si se quiere recorrer el Camino. Es la muerte cotidiana de la que habla Pablo, y la que Jesús el Señor pone como condición a los que quieren seguirle: «Aquellos que pierdan su vida (según la naturaleza) por Mí, encontrarán la Vida».

 

Enseñanza Universal: No se trata de una enseñanza en el sentido habitual del término, tampoco la podemos encontrar en los libros. Fundamentalmente es la Viva Realidad de Dios por la que la conciencia que se ha hecho digna, la conciencia hermética o conciencia-Poimandres, aprende a leer y a comprender la Sabiduría Universal del Creador.

 

Eón: Los Eones son formaciones monstruosas de fuerzas naturales impías, engendradas en el curso de los tiempos por los pensamien­tos, voluntades, sentimientos y pasiones de los hombres caídos y separados de Dios. Aunque los hombres sean sus creadores, no pueden controlarlos, y los eones los tienen en su poder, formando las irresistibles potencias autoconservadoras que les impulsan hacia los caminos trillados de la impiedad, consolidando así los lazos que les atan a la rueda de la vida dialéctica.

 

Espíritu Santo Séptuple: El tercer aspecto de la triple manifes­tación divina. Es el amor del Padre que lo engloba todo, explicado por el Hijo, que irradia en un poderoso campo de radiación séptuple a la humanidad caída con el fin de salvar lo que está perdido. Bajo la dirección y con ayuda de esta Fuerza Séptuple Universal se manifiesta en la Fraternidad Universal que el proceso de transfiguración puede cumplirse. En este proceso, el Espíritu Séptuple hace de nuevo su morada en el candidato. Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz son la unión del Alma Inmortal con el Espíritu Séptuple.

 

Fuego de la serpiente: El fuego del Alma o de la conciencia localizado en la columna vertebral. El sistema del cerebro y de la médula espinal.

 

Gnosis: a – El aliento de Dios, Dios, el Logos, la Fuente de todas las cosas, manifestándose como Espíritu, Amor, Fuerza y Sabiduría Universales;

b – La Fraternidad Universal en tanto que soporte y manifestación del campo de radiación del Cristo;

c- El Conocimiento vivo que está en Dios y que compartirán aquellos que, por el renacimiento del alma, han llegado a renacer en la Luz divina y a adquirir la conciencia-Poimandres, el estado de conciencia de Cristian Rosacruz del final del Quinto Día.

 

Hermes: Hermes Trismegistos, el Tres Veces Grande. Expresión que designa el estado espiritual sublime del que dan testimonio, en particular, los ocho libros del Corpus Hermeticum, comentado y publicado por Jan van Rijckenborgh, en cuatro volúmenes apareci­dos en las Ediciones de la Rosacruz de Oro Rozekruis Pers, Haarlem).

 

Lípika: La lípika (el ser aural o firmamento) representa el conjunto de fuerzas, valores y ataduras que son el resultado de la vida de las diferentes personalidades aparecidas en el campo de manifestación. Todas estas fuerzas, valores y uniones forman en conjunto las luces, los astros del firmamento de nuestro microcosmos. Estas luces son focos magnéticos que, de acuerdo con nuestra naturaleza, determinan la calidad del campo magnético espiritual, es decir, la naturaleza de las fuerzas y sustancias atraídas de la atmósfera al sistema microcósmico, por consiguien­te, admitidas en la personalidad. Por tanto, nuestra personalidad depende de la naturaleza de estas luces. Así pues, la transforma­ción de la personalidad debe estar precedida por la del firmamen­to, por la de las luces. Y esto sólo es posible por la ofrenda del ser-ego, el quebrantamiento total del ego o autorendición.

 

Microcosmos: El hombre en tanto que pequeño mundo, minutus mundus, complejo sistema vital esférico en el que se puede distinguir, desde el interior hacia el exterior: la personalidad, el campo de manifestación, el ser aural y el séptuple campo magnético del Espíritu. El Hombre verdadero es un microcosmos. Lo que se entiende por hombre en nuestro campo de existencia sólo es la personalidad mutilada de un microcosmos degenerado. Y nuestra conciencia actual es la conciencia del campo de existen­cia al que pertenece el cuerpo.

 

Naturaleza de la muerte: Vivir, vivir verdaderamente, es Ser eternamente. En nuestra presente existencia domina sin embargo la ley del campo y de la aniquilación incesantes. Todo lo que, aquí abajo, nace se dirige hacia su aniquilación desde el mismo momento de su nacimiento. Encontramos, por tanto, que lo que llamamos vida no es sino una existencia aparente, una gran ilusión. Por ello es estúpido, carente de sentido, agarrarse tan fuertemente a ella como lo hacen casi todos los hombres. El dolor del quebrantamiento que sin cesar sufrimos todos profundamente y al cual nos oponemos tan inútilmente, nos conduce muy rápida­mente a la idea de que no es la dialéctica, de que no es esta naturaleza de la muerte el campo de vida destinado al hombre, sino la Naturaleza de la Vida, el campo de vida adámico original denominado en la Biblia, Reino de los Cielos. El deseo irreprimi­ble de una felicidad duradera, de una paz duradera, de un amor constante, de una vida eterna, provienen del núcleo de Vida original que duerme en cada uno de nosotros, el principio original del Hombre Inmortal Verdadero. A partir de este Átomo original o átomo Cristo (ver más adelante), a partir de este Reino oculto, el «Reino  de Dios en nosotros», por un cambio de vida completo en la Gnosis, este Hombre Inmortal Verdadero resucitará y regresará a la Naturaleza de la Vida, a la Casa de su Padre.

 

Nous: El santuario del corazón del hombre dialéctico completamen­te vaciado y purificado de toda influencia o acción de la naturaleza, que vibra armoniosamente en concordancia con la Rosa, con el átomo chispa de espíritu. (Término de La Gnosis original egipcia).

 

Orden de Socorro: Ver dialéctica. Expresión de la filosofía Rosacruz que significa que nuestro campo de vida actual no es el destinado por Dios a nuestra humanidad, sino un campo temporal, una esfera de paso, una organización de ayuda mientras que los hombres deban seguir necesariamente el camino de las experiencias en el mundo caído de la dialéctica: «¿No sabéis que sois dioses?» – «Sois llamados a la libertad» – «Sed por tanto perfectos como vuestro Padre celeste es perfecto».

 

Pentáculo: El pentáculo, en los Misterios Gnósticos, es la Estrella de cinco puntas del hombre cuya alma ha renacido, el hombre encima del cual irradia la Estrella de Belén. Las cinco puntas de la Estrella están unidas entre sí. Son los cinco puntos luminosos del hombre regenerado según la cabeza, las dos manos y los dos pies. En las antiguas representaciones, el punto de la derecha (a) (ver página …) permanecía abierto, para significar que el Alma renacida se ponía a actuar invariablemente, con una ofrenda continua de su sangre, para sus semejantes todavía no liberados.

 

Pistis Sophia: a – Nombre de un evangelio gnóstico del siglo II, atribuido a Valentín y conservado intacto, que enseña el camino de la redención en Cristo, el camino de la transmutación y de la transfiguración. b – También es el alumno verdadero que persevera hasta su realización.

 

Prana: Fuerza vital. Hay un Prana de liberación, es la corriente del Amor divino que nos es ofrecido por la Gnosis; y un Prana de muerte, las fuerzas que se vierten en nosotros y fuera de nosotros atraídas por un comportamiento unido a la línea horizontal y completamente orientado a la tierra, comportamiento que nos ata cada vez más a la rueda de la vida y de la muerte.

 

Rosa del corazón: Denominación mística del átomo-chispa de Espíritu (llamado también átomo original o átomo crístico). Coincide aproximadamente con la cima del ventrículo derecho del corazón y es el centro matemático del microcosmos. Es una supervivencia rudimentaria de la Vida Original divina. La Rosa del Corazón (grano de trigo de oro – Jesús o Joya maravillosa en el Loto) es el germen de todo un nuevo microcosmos, la semilla divina conservada en el hombre caído como promesa de gracia, con el fin de que un día añore su origen y se sienta lleno del anhelo por regresar a la Casa del Padre. Entonces nace la posibilidad de que se encienda la luz del Sol espiritual, la luz de la Gnosis, de que se despierte el botón de la rosa dormido y, gracias a una reacción positiva y a una orientación perseverante y clarividente por parte del alumno, que comience el proceso lleno de gracia que conduce a su regeneración total según el plan de salvación divino.

 

Santuarios del corazón y de la cabeza: La cabeza y el corazón están destinados a servir de lugares consagrados a la acción divina en el hombre y por el hombre que ha restablecido la unión con el Espíritu, la unión con su Poimandres. En correspondencia con este sublime destino, la cabeza y el corazón, tras una purificación completa, fundamental y estructural en el camino de la endura, llegar a están maravillosamente unidos, como verdade­ros santuarios al servicio de Dios y de Su intervención en el mundo y en la humanidad. Llegar a ser conscientes de este elevado destino impulsará y exhortará sin cesar al alumno en el camino a purificar completamente sus pensamientos, deseos, sentimientos y actos de todo lo que se opone a su elevada vocación.

 

Alfombra, «estar en la alfombra»: Expresión masónica que designa la actitud interior del candidato que se esfuerza por realizar en él, con seriedad, dedicación y perseverancia, la Quíntuple Gnosis Universal, quíntuple camino interior que, en las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, acaba con una perfecta realiza­ción.

 

Cabeza de Oro: Aspecto del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis. Pertenece al campo de los Grados interiores de la Séptuple Escuela de los Misterios. Es el campo de resurrección, llamado también Nuevo Campo de Vida, la Nueva Jerusalén, el «Reino de Dios».

 

Transfiguración: El renacimiento evangélico por Agua y Espíritu, según el Espíritu, el Alma y el Cuerpo. Es un proceso por el cual la muerte se reviste de inmortalidad; el proceso alquímico por el que todo lo que no es santo desaparece volviéndose santo. Es la transformación del vil metal en oro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Citas o notas al pie de las páginas)

 

(1)       El nombre de la Virgen es Alchimia, donde A=1, L=11, C=3, 4=8, i=9, M=13 y de nuevo I=9, A=1. En total 55, como la Virgen había dicho. Debemos esta solución al matemático y filósofo G.W. von Leibnitz (1646-1716). Parece que Andreae se ha basado en el valor numérico de las letras según su orden en el alfabeto, así pues, A=1, B=2, C03, etc… Los calculadores atentos notaron que la letra L habría debido valer 12 y no 11. Se supone que esta pequeña complicación ha sido puesta intencionadamente por Andreae – que era un excelente matemático – con el fin de hacer más difícil la solución de este problema.

 

(2)       Traducción: Yo Hermes, origen y fuente, después de todos los prejuicios infligidos al género humano, surjo aquí – por decreto divino, con asistencia del arte – como remedio regenerador. Quien pueda, beba de mí. Quien lo desee, se lave en mí. Quien ose, me agite. Bebed, hermanos y vivid – 1378 – Para esta fecha, ver las notas explicativas en la página … (329?).

 

(3)       Ver notas explicativas.

 

(4)       ¡Viva el Esposo! ¡Viva la Esposa!

 

(5)       Se alude a Isaías 60:22: «El más pequeño llegará a ser un millar, y el menor una poderosa nación».

 

(5a.)La bebida del Silencio.

 

(6) Aquí yace Venus, la bella dama, que hizo perder a tantos grandes hombres felicidad, honor, salud y prosperidad. Ver también notas explicativas.

 

(7)       Cuando los frutos de mi árbol estén completamente disueltos, me despertaré y seré madre un rey. Ver también notas explicati­vas.

 

(8)       Ver las notas explicativas.

 

(9)       Los cinco «cuerpos regulares» ya conocidos por Pitágoras, a saber, el tetraedro o poliedro regular de cuatro caras, el octaedro o poliedro de ocho caras, el dodecaedro o poliedro de doce caras y el icosaedro, poliedro de veinte caras. En 596 Johann Kepler publicó en Tubinga una disertación Prodromus dissertationum cosmographicarum en la que se comparaba los corpora regularia como instrumentos de ayudas cósmicas con las órbitas de los planetas. Así relacionó el poliedro de cuatro caras o pirámide, y Saturno, etc…

 

(10)     Aquí: el desarrollo de todos los poderes latentes del hombre. Esta palabra «crecimiento» (la multiplicatio de los alquimistas) hace alusión a la misión asignada, en todos los tiempos, a la humanidad: «Id, creced y multiplicaros» Pero esta palabra ha sido rebajada e interpretada sobre el plano material por el hombre caído. Esta misión impone a los espíritus vírgenes el hacer crecer en fuerza y en luz la chispa divina, la mónada, en el fuego divino que arde en ellos, para la gloria y la realización del plan de creación y, como entidades autocreadores, el multiplicarse.

 

(11)     Hasta ahora el significado literal de este dístico, no ha sido descifrado todavía. Desde el punto de vista exotérico se puede leer: No dejéis de rezar, mis bienamados. Si lo deseáis, rogad por el oro.

 

(12) Se pueden leer estas palabras así: La curación reposa en la lanza.

 

(13) ¡Así sea!

 

(14) Lo que el fuego, el aire, el agua y la tierra no han podido extraer de la santa sustancia de nuestros reyes y de nuestras reinas, la multitud de alquimistas honestos lo ha recogido en este caldero.

 

(15) En el año 1459. Espíritu, alma, cuerpo. P.H.M.D. (=Paracel­sus Hohenheimensis, Medicinae Doctor) Alfa. Omega. Ver también las notas explicativas.

 

(16) Aquí se hace alusión al procedimiento que en la terminología alquímica se describe con el término calcinatio.

 

(17) Ars naturae ministra: el arte es un servidor de la naturale­za.

 

(18) Tempora natura filia: la naturaleza es hija del tiempo.

 

(19) Ver página (49?), nota (10?)

 

(20) Ver página (25?)

 

(21) El saber más grande es saber que nada sabemos. Hermano Cristian Rosacruz, Caballero de la Piedra de Oro, en el año 1459.

 

(22) En Ussat-Ornolac (Ariège) se encuentran aún los restos del plan del gran templo de iniciación de los Cátaros, Belén. El alumno que, después de un año de preparación en la Montaña sagrada, celebraba su iniciación en Belén, accedía al estado de alma nueva, el estado de los puros, de los perfectos y, fran­queando la Puerta mística, volvía al mundo para consagrarse a la humanidad sufriente al servicio de Cristo.

 

(23) Ver página (18?), nota (1?)

 

(24) Ver Jan van Rijckenborgh. Dei Gloria Intacta. Rozekruis Pers, Haarlem, 1983.

 

(25) Esta antigua cruz de las cruzadas del Santo Grial, en el valle de Ariège, en Ussat-Ornolac, es el símbolo del hombre que, después de su aniquilamiento en Jesús el Señor, comparte la gloria de la resurrección. Este hombre renace de agua y de espíritu, en quien el Cristo interior ha resucitado.

(26) Ver notas explicativas.

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS BODAS ALQUÍMICAS

 

DE

 

CRISTIAN ROSACRUZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS MISTERIOS

DE LA FRATERNIDAD

 

DE LA ROSACRUZ

 

 

 

 

 

 

Análisis esotérico del Testamento espiritual

de la Orden Rosacruz

 

 

por

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En tres volúmenes:

 

I.    La llamada de la Fraternidad de la Rosacruz (Fama Fraterni­tatis A.D. 1614)

 

II.   La Confesión de la Fraternidad de la Rosacruz (Confessio Fraternitatis A.D. 1615)

 

III.  Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz (Chymische Hochzeit Christiani Rosencreutz anno 1459 ‑ A.D. 1616)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS BODAS ALQUÍMICAS

 

DE

 

CRISTIAN ROSACRUZ

 

 

 

(Análisis esotérico de Chumische Hochzeit Christiani Rosencreutz

anno 1459 ‑ A.D. 1616)

por

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

PRIMERA PARTE

 

Traducido del francés

Título original:

DE ALCHEMISCHE BRUILOFT

VAN

CHRISTIAAN ROSENKRUIS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROLOGO

 

 

En el momento de comprometernos a publicar estos comentarios de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, nuestros pensamientos se dirigen espontáneamente hacia Johann Valentín Andreae, autor de esta obra de los Rosacruces clásicos. Andreae y su obra se destacan cual verdadera antorcha, cuya luz todavía irradia por doquier en nuestros días. Y cuando es necesario que surja una nueva luz en el mundo, al servicio de la gran obra de liberación de la humanidad, ésta es encendida y unida a la Llama inextingui­ble del antiguo Candelero.

Acordándonos de esto, nos sentimos llenos de agradecimiento interior ‑ahora que ha llegado el momento, probablemente por primera vez en la historia‑ por poder desvelar el mensaje de Salvación al que Johann Valentín Andreae ha dado forma en esta obra, de manera tan ingeniosa. Dedicamos este libro a todos los que aspiran al conocimiento vivo y vivido del Camino de Libera­ción, y quieren hacerse dignos de él.

¡Que puedan llegar a ser muy, muy numerosos; una multitud que nadie pueda contar!

 

Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SUMARIO

 

Prólogo

Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz (Desde el

Primer Día a la primera parte del Tercer Día)

Introducción

 

EL PRIMER DÍA

 

1          La víspera de Pascua

2          La carta de invitación

3          C.R.C. se hace consciente de su propia indignidad

4          El sueño de C.R.C.

5          La cuerda salvadora

6          C.R.C. se prepara para el viaje

 

EL SEGUNDO DÍA

 

7          Los cuatro caminos

8          El encuentro con la paloma y el cuervo

9          ¡Alejaros, si no sois dignos!

10        Las seis linternas

11        El Templo del Juicio (I)

12        El Templo del Juicio (II)

13        La corriente del Número perfecto

 

 

EL TERCER DÍA

 

14        La balanza y el juicio

15        Los siete pesos (I)

16        Los siete pesos (II)

17        Las cuatro rosas

18        Las seis sentencias

19        Las comidas del Juicio

20        El lugar del Juicio

21        La ejecución de las sentencias (I)

22        La ejecución de las sentencias (II)

23        El Unicornio, el León y la Paloma

24        El Fénix

25        El Águila, el Grifo y el Halcón

26        El criterio astral

27        La biblioteca real de la cámara funeraria

28        El reloj y el globo

 

Epílogo

Glosario

 

 

 

 

 

 

 

LAS BODAS ALQUÍMICAS

 

DE

 

CRISTIAN ROSACRUZ

 

 

 

 

 

AÑO 1459

 

 

 

 

 

Desvelados, los misterios se envilecen,

Y, profanados, pierden su fuerza.

Así pues, no arrojes perlas a los cerdos

Ni hagas lechos de rosas para los asnos.

 

 

 

 

 

 

ESTRASBURGO

IMPRENTA LAZARI ZETZNERS

 

 

ANNO MDCXVI

 

 

 

 

 

 

 

PRIMER DÍA

 

 

 

Una noche, la víspera de Pascua, estaba sentado ante mi mesa y, después de haber conversado con mi Creador mediante una humilde oración, como tenía por costumbre, y de haber meditado profunda­mente sobre los grandes misterios (por los que el Padre de la Luz me había mostrado ampliamente su Majestad), iba a preparar en mi corazón un pan ácimo puro, con mi querido Cordero pascual, cuando, de repente, un viento impetuoso se levantó con una violencia tal que creí ver desmoronarse la montaña bajo la que había excavado
mi morada. Sin embargo, como nada parecido me había ocurrido por tentativa del diablo (el cual me había atormentado muchas veces), recuperé el valor y proseguí mi meditación hasta el momento en que, de forma inhabitual, alguien me tocó la espalda, lo que me espantó hasta tal punto que, aunque al mismo tiempo sintiera un gozo como no puede conocer la flaqueza humana sino en parecidas circunstancias, no me atreví a volver la cabeza. Terminé sin embargo volviéndome, pues continuaban tirando de mis ropas reiteradamente. Una maravillosa forma de apariencia femenina se encontraba allí, cubierta con un vestido azul suntuosamente constelado de estrellas de oro, como el cielo. En su mano derecha llevaba una trompeta de oro puro, en la que estaba grabado un nombre, que llegué a leer pero que me está prohibido revelar; en su mano izquierda, tenía un grueso paquete de cartas escritas en todas las lenguas, que debía distribuir, como supe más tarde, en todos los países.

Tenía unas alas grandes y magníficas, completamente cubiertas de ojos, gracias a las cuales podía elevarse en los aires y volar más rápido que el águila.

Quizás hubiera podido observar otros detalles que la concernieran, pero como se quedó junto a mí muy poco tiempo, y yo aún estaba aterrorizado y sorprendido, no me fijé en más. Apenas me había vuelto, buscó en su paquete de cartas y encontró al fin una pequeña carta que depositó con respeto en mi mesa; después desapareció sin decir una sola palabra. Mas al alzar su vuelo, tocó tan fuerte su bella trompeta que el sonido resonó por toda la montaña, y no pude oír mi propia voz durante casi un cuarto de hora.

Tan desdichado era que, no sabiendo que partido tomar ante esta imprevista aventura, caí de rodillas y pedí a mi Creador que me salvaguardara de todo lo que amenazara mi salvación eterna; a continuación, lleno de angustia y temor, cogí la carta que encontré tan pesada como si toda ella fuera de oro macizo. Examinándola con atención, descubrí el minúsculo sello que la cerraba, sobre el que estaba finamente representada una cruz, con esta inscripción: «In hoc signo + vinces» (Con este signo, vencerás). Este descubrimiento me tranquilizó plenamente pues sabía, con certeza, que al diablo no le agradaría este sello y que, por otra parte, no lo usaba. Abrí la pequeña carta con precaución y encontré escrito, con caracteres de oro sobre campo azul, los siguientes versos:

 

 

 

Ha llegado el día, ha llegado el día,

Para quien puede presentarse a las Bodas del Rey.

Si has nacido para participar en ellas,

Elegido por Dios para la alegría,

Puedes escalar la montaña

Donde se erigen tres templos

Y allí contemplar el Prodigio.

Sé vigilante,

Examínate.

Si no te has purificado

Las Bodas, ciertamente, te dañarán.

Quien no lava sus pecados

Será encontrado demasiado ligero.

 

Al pie figuraba:

 

«Sponsus et Sponsa» (El esposo y la esposa)

 

Leyendo esta carta estuve a punto de desvanecerme. Se me erizaron los cabellos y un sudor frío bañó mi cuerpo. Comprendía que se trataba de las bodas que me habían sido anunciadas, siete años antes, en una visión; esperadas desde hace tiempo con gran deseo y previstas por cálculos y análisis extraídos de mis posiciones planetarias, no obstante, jamás había supuesto que se acompañarían de condiciones tan severas y tan arriesgadas. Antaño, me había imaginado que, en efecto, bastaría con presen­tarse a las bodas para ser un huésped bien acogido y estimado; y hete aquí que se me hablaba de una elección divina de la que, en lo que a mi respecta, no me había sentido merecedor. Descu­bría también, cuanto más me examinaba, que en mi cabeza sólo había incomprensión e ignorancia con relación a las cosas ocultas; que tampoco era capaz de comprender las cosas más sencillas de mis ocupaciones cotidianas. Que todavía estaba menos destinado, por mi nacimiento, a profundizar y conocer los secretos de la naturaleza. A mi parecer, la naturaleza podía encontrar, en cualquier lado, un discípulo más virtuoso a quien confiar tesoros tan preciosos, aunque estuviesen sometidos al tiempo y al cambio. Descubrí igualmente que mi cuerpo, mi comportamiento exterior y el amor fraterno a mi prójimo, no eran aún verdaderamente puros y sin máculas.

Me parecía que el aguijón de la carne estaba aún presente en mí, dirigido especialmente hacia la consideración y el lujo de este mundo y no hacia la salvación de mis semejantes. De tal manera que calculaba sin cesar los medios para acrecentar rápidamente mi beneficio personal, edificar grandiosas construc­ciones, inmortalizar mi nombre en este mundo, y mantenía muchos otros pensamientos carnales del mismo tipo.

Sin embargo, fueron las oscuras palabras relativas a los tres templos, las que me preocuparon especialmente; incluso después de muchas reflexiones, no llegué a esclarecerlas y quizás no las hubiera comprendido nunca sin una milagrosa revelación. Oscilando entre el temor y la esperanza, no encontrando en mí más que impotencia y flaqueza (de forma que no podía tomar una determinación y me inquietaba la invitación), acabé por recurrir a mi vía habitual más segura: antes de abandonarme al descanso, hacer el profundo y ardiente ruego de que mi buen ángel se me apareciera, por decreto divino, para guiarme en mi incertidumbre, tal y como ya me había sido otorgado, algunas veces, anteriormen­te. Y una vez más ocurrió, gracias a Dios, bajo forma de una preciosa y severa advertencia para mi bien y para ejemplo y enmienda (para mi bien y el de mi prójimo) de mi prójimo. Apenas me hube dormido, tuve la impresión de encontrarme en la torre oscura de una prisión, atado con pesadas cadenas, junto con otros innumerables hombres. No había el menor rayo de luz, y nos agitábamos como un enjambre de abejas, agravando aún más nuestra aflicción los unos a los otros. Ninguno de nosotros podía ver nada, sin embargo percibía como algunos se esforzaban en elevarse por encima de los demás, cuando sus hierros y sus cadenas eran tan sólo un poco más ligeros. En verdad, nadie tenía mucha ventaja sobre los demás; estábamos suspendidos, unos sobre otros, como un racimo de uvas.

Habiendo permanecido mucho tiempo juntos en esta miseria, tratándonos mutuamente de ciegos y presidiarios, finalmente oímos el sonido de numerosas trompetas, acompañado de redobles de tambores, ejecutados con una maestría tal que nos regocijó y reconfortó en nuestra desdicha.

Al son de esta música, el techo de la torre fue levantado y cayó sobre nosotros un poco de luz. ¡Habría que haber visto entonces esta agitación! Pululábamos en desorden, hasta el punto de que quien estaba un poco por encima de los demás, caía bajo sus pies. Cada uno quería estar en la posición más elevada y yo mismo, sin vacilar, a pesar de mis pesadas cadenas, luchaba por desprenderme y me alce sobre una piedra que pude alcanzar. Pero, también allí, fui atacado por los demás, defendiéndome como pude con manos y pies. Sólo teníamos un pensamiento: que todos seríamos liberados. Pero ocurrió de otra manera. En efecto, cuando los señores que nos miraban desde arriba, por la abertura de la torre, se hubieron divertido un poco con nuestros gemidos y agitación, un anciano completamente cano nos ordenó que nos tranquilizásemos. Cuando hubimos obedecido, pronunció las siguientes palabras, si la memoria no me es infiel:

Con sólo que el género humano

no hubiese mirado demasiado alto,

habría recibido grandes bienes,

por la justicia de mi Madre.

Pero como tan sólo hace su voluntad,

permanece con grandes tormentos,

y prisionero de la noche.

 

Pese a todo, mi Madre bienamada no quiere

ver que se ha desviado.

Ella hace brillar en la luz

los esplendores de sus riquezas,

si bien ello ocurre raramente,

a fin de mostrar la realidad,

ya que sino sólo se vería ilusión.

En honor a la fiesta,

celebrada hoy,

para rendirle una mejor ofrenda,

se realizará una buena obra:

se descenderá ahora una cuerda.

Quien se cuelgue de ella,

encontrará la libertad.

 

Apenas hubo pronunciado estas palabras, la anciana Dama ordenó a sus servidores que lanzaran siete veces la cuerda dentro de la torre y que la subieran con los que permanecieran asidos a ella. Dios me permita describir detalladamente la agitación que nos embargo: cada uno trataba de apoderarse de la cuerda, obstaculi­zándonos mutuamente por esa misma razón. Transcurridos siete minutos sonó una campanilla: a esta señal los servidores izaron cuatro personas esta primera vez. Para mi mayor desdicha, yo estaba, como ya he dicho, subido en una piedra adosada al muro de la torre, lo que me imposibilitaba aproximarme a la cuerda, que pendía en el centro, fuera de mi alcance.

Se descendió la cuerda una segunda vez. Pero las cadenas de la mayoría eran demasiado pesadas y sus manos demasiado débiles para mantenerse asidos, de forma que caían arrastrando a muchos de los que quizás se hubieran mantenido. Más de uno fue descolga­do por algunos de los que no habían llegado a alzarse, tanta era la envidia de unos hacia otros en nuestra gran miseria. Compadecí sobre todo a quienes eran tan pesados que se les arrancaban las manos del cuerpo sin que lograran subir. Ocurrió, pues que, en las cinco primeras veces, sólo fue izado un pequeño número. En efecto, cuando sonaba la señal, los servidores izaban la cuerda con tal rapidez, que la mayoría de los que la habían cogido caían unos sobre otros. La quinta vez subió vacía. Así que muchos de nosotros, entre los que me contaba, comenzamos a perder la esperanza de ser liberados e imploramos a Dios para que tuviera piedad de nosotros, y nos sacara de estas tinieblas, ya que las circunstancias eran propicias; algunos fueron escuchados. Pues, cuando la cuerda descendió por sexta vez, varios se agarraron firmemente y, cuando remontándose se balanceó, se aproximó también a mí, sin duda por voluntad divina. Rápidamente la cogí, de forma que me encontré por encima de los demás y así, contra toda esperanza, salí por fin de la torre. Mi dicha era tan grande que no sentí las heridas que me había producido en la cabeza con una piedra puntiaguda mientras subía, antes de ayudar a izar la cuerda por séptima y última vez (tal y como se había realizado las veces precedentes). El esfuerzo hizo que se esparciera la sangre sobre mi ropa pero, en mi alegría, no me apercibí en absoluto.

La última subida de la cuerda, traía el mayor número de prisioneros; entonces la anciana Dama la hizo quitar y encargó a su hijo, un hombre de mucha edad (lo que me sorprendió muchísimo), que transmitiera un mensaje a los prisioneros que aún quedaban en la torre. Tras una corta reflexión, dijo estas palabras:

Queridos hijos que estáis reunidos abajo,

lo que estaba previsto, desde hace tanto tiempo,

por fin se ha realizado,

y ello, por la gracia de mi Madre,

concedida a vuestros amigos.

No envidiéis su suerte,

ya que bien pronto vendrán tiempos felices

en los que todos los hombre serán iguales,

donde ya no habrán pobres ni ricos.

 

Así pues, a quien se exige mucho,

deberá trabajar mucho;

a quien le es confiado mucho,

deberá mostrar que construye.

Cesad, pues, en vuestros lamentos:

¡tan sólo faltan algunos días!

 

Una vez fueron pronunciadas estas palabras, el techo fue colocado otra vez sobre la torre, mientras resonaban de nuevo las trompetas y los timbales. Pero el sonido de los instrumentos no era lo suficientemente fuerte para apagar los lamentos de los prisioneros de la torre, lo que me hizo llorar. Poco después, la anciana Dama se sentó con su hijo en dos sitiales dispuestos al efecto, y ordenó contar a los liberados. Cuando supo su número, lo inscribió en una tablilla de oro y preguntó el nombre de cada uno de nosotros, que igualmente fue anotado por un paje. A continuación nos miró uno tras otro, suspiró y dijo a su hijo, de forma que se pudiera oír claramente:» ¡Ay, cómo compadezco a los pobres hombres de la torre! ¡Hubiera permitido Dios liberar­les a todos!» A lo que su Hijo respondió: «Madre, Dios así lo ha dispuesto, y no debemos oponernos. Si todos fuéramos señores y poseyéramos los bienes de la Tierra, ¿quién nos serviría la comida cuando estuviéramos en la mesa?» Tras lo cual la madre se calló, pero al poco dijo: «Liberemos a esta gente de sus cadenas», lo que se hizo al instante. Estaba casi el último de la fila y, a diferencia de los demás, no pude resistir el hacer una reverencia a la anciana Dama, y agradecer a Dios que, por su mediación, hubiera tenido a bien, en su gracia paternal, sacarme de las tinieblas a la luz. Otros siguieron mi ejemplo y se inclinaron ante la anciana Dama. Por último, cada cual recibió, como viático, una medalla conmemorativa de oro en la que estaban grabados, por un lado, el Sol naciente y, por el otro, si la memoria no me falla, las tres letras D L S (Deux Lux Solis: Dios Luz del Sol).

A continuación todos quedamos libres para regresar a nuestras ocupaciones, exhortándosenos a servir al prójimo para gloria de Dios y a no decir lo que nos había sido confiado. Hicimos la correspondiente promesa y nos separamos. A causa de las heridas causadas por mis cadenas, avanzaba con dificultad y cojeaba de ambas piernas. La anciana Dama se percató pronto de ello, se puso a reír, me llamó junto a ella y me dijo: «Hijo mío, no te aflijas por tu imperfección, sino que acuérdate de tus flaquezas y agradece a Dios que te permita participar, mientras que aún vives en este mundo y a pesar de tu imperfección, de una luz tan elevada; sopórtalas (guarda tus heridas) por amor a mí».

En este momento, las trompetas sonaron de nuevo, lo que me sobresaltó hasta el punto de despertarme. Entonces me apercibí que todo había sido un sueño, pero estaba tan profundamente grabado en mi conciencia, que continuaba preocupándome y tenía la impresión de sentir todavía las heridas de mis pies. Fuera como fuese, comprendí que Dios me permitía asistir a la celebra­ción de unas bodas secretas y misteriosas; así con una confianza infantil, agradecí a su divina Majestad, rogándole me mantuviese continuamente en el respeto que Le profesaba, que llenara diariamente mi corazón de sabiduría y de comprensión y que, sin mérito alguno por mi parte, me condujese con su gracia hasta el objetivo anhelado.

Después de lo cual, me preparé para el viaje, me vestí con lino blanco y ceñí mis riñones con una cinta rojo‑sangre que se cruzaba en mi espalda. Coloqué cuatro rosas rojas en mi sombrero, para que se me distinguiera más fácilmente entre la muchedumbre.

Aconsejado por un sabio, tomé como provisiones pan, sal y agua, de los que me serví en momentos determinados, con mucho provecho. Antes de abandonar mi cabaña, dispuesto para la marcha y vestido con mi ropa nupcial, me postré, rogando a Dios me guiase, en lo que fuera a sucederme, hacia un buen fin. Y prometí ante la faz de Dios que, si alguna cosa me era revelada por Su gracia, no la emplearía para obtener honor y prestigio en este mundo, sino para gloria de Su nombre y al servicio de mi prójimo. Habiendo formulado este voto, salí de mi celda lleno de esperanza y alegría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDO DÍA

 

 

Desde que salí de mi celda y llegué al bosque, me pareció que todo el cielo y todos los elementos se habían engalanado para las bodas. En mi opinión, los pájaros cantaban más agradablemente que nunca y los cervatillos saltaban tan alegremente a mi alrededor, que mi viejo corazón exultaba de alegría y entusiasmado, por su ejemplo, me puse a cantar a toda potencia:

Regocijaos, amados pajarillos

y alabad a vuestro Creador.

Elevad vuestro claro y puro canto

hasta vuestro Dios, a lo más alto de los cielos.

El ya ha preparado vuestro alimento,

y os lo dará justo cuando haga falta;

aceptarlo todo con agradecimiento.

 

¿Por qué afligiros

y quejaros de que Dios

os haya hecho pajarillos?

Dejad de plantearos

el porqué no os hizo hombres.

Callaos, pues tal era su sabio deseo,

llevad con agrado vuestro ligero fardo.

 

 

 

¿Y entonces yo, pobre lombriz,

discutiría con Dios?

Con violencia, en la tempestad celeste,

¿lucharía contra el gran Arte?

Dios no se deja atosigar.

Que el indigno se abstenga.

¡Oh hombres, estad satisfechos!

 

No os ofendáis

si no os hace emperadores.

Quizás habéis ofendido Su nombre,

Pensad bien en esto.

El ojo de Dios desafía toda oscuridad.

El ve en el fondo de vuestro corazón,

¡vigilad, pues, para no ofenderle jamás!

 

Y mi canto, surgiendo del fondo de mi corazón, se derramó a través del bosque resonando en todas partes. Las montañas me enviaban el eco de mis últimas palabras cuando al salir del bosque entraba en un hermoso y verde prado. Allí se entrelazaban tres magníficos cedros cuyas largas ramas ofrecían una soberbia y acogedora sombra, de lo que me alegré mucho, pues, a pesar de que no había andado demasiado, mi ardiente deseo me había fatigado rápidamente. Así que corrí hacia los árboles para reposar un poco. Al acercarme más, vi un cartel fijado en uno de ellos en el que, con líneas elegantes, habían escrito las siguientes palabras, que leí rápidamente:

«¡Dios te proteja, invitado! Si nunca has oído la noticia de las Bodas reales, entonces sopesa exactamente estas palabras:

Por nuestra mediación, el Esposo te propone elegir entre cuatro caminos que conducen hasta el castillo del Rey, salvo que te extravíes siguiendo caminos desviados.

El primero es corto pero peligroso, pues está lleno de obstáculos en los que puedes fácilmente fracasar.

El segundo es más largo, a causa de sus largos rodeos, pero ciertamente va en la dirección correcta. Es llano y fácil, a condición de no desviarse ni a la derecha ni a la izquierda, y esto con la ayuda de una brújula.

El tercero es la verdadera vía real, pues reconforta el corazón con toda clase de alegrías y de espectáculos principes­cos. Sin embargo, hasta hoy, sólo un hombre entre mil ha llegado a seguirle.

Por el cuarto camino, no se ha permitido a ningún mortal alcanzar el objetivo, pues su potencia consume, y sólo los cuerpos incorruptibles pueden soportarlo. Elige, pues, cual de los tres quieres seguir y ya no te desvíes de él. Sabe, sin embargo, que el camino que elegirás te ha sido atribuido por el destino ineluctable y que también te está prohibido volverte atrás un sólo paso, sin que tu vida peligre.

Esto es lo que queríamos que supieras. Si tomas a la ligera esta seria advertencia, recorrerás el camino en medio de los mayores peligros, con grandes quejas y lamentos. ¡Si te conside­ras culpable de la más mínima infracción a las leyes del Rey, date media vuelta mientras aún sea posible y regresa con rapidez a tu casa, por el mismo camino que viniste!»

 

Tan pronto hube leído este escrito, toda mi alegría se desvaneció y, después de haber cantado tan alegremente un momento antes, me puse a llorar amargamente.

Veía perfectamente los tres caminos ante mi y comprendía que podría escoger uno, llegado el momento; pero temía elegir el que estaba atestado de rocas y piedras, pues podía encontrar en él una muerte lamentable; o si era el camino largo el que me era adjudicado, podría extraviarme o incluso tener un accidente en el curso de tan largo viaje; tampoco podía esperar que, entre mil, fuera precisamente yo quien pudiera escoger la vía real. También veía ante mi el cuarto camino, pero estaba de tal manera rodeado de llamas y vapores, que no me aventuraría por él. En esta incertidumbre reflexioné durante mucho tiempo si iba a regresar o iba a elegir una de las cuatro vías. Muy consciente de mi indignidad, me consolaba sin cesar pensando en el sueño en el que había sido liberado de la torre, sin que, no obstante, me fiara demasiado de él.

Dude tanto tiempo entre todas estas posibilidades, que un profundo agotamiento sobrevino a mi cuerpo, el cual reclamó su alimento. Cogí, pues, el pan y lo corté en pedazos. Entonces vi una paloma blanca como la nieve encaramada en un árbol, cuya presencia me había resultado inadvertida hasta ese momento, y que descendió como quizás lo hacia a menudo; se posó con total confianza a mi lado, que repartí mi pan con ella. La paloma lo aceptó y su belleza me reconfortó de nuevo un poco. Pero la vio un cuervo negro, enemigo suyo, que se abalanzó rápidamente sobre ella, para apoderarse de su pedazo de pan, y como no era el mío el que quería sino el suyo, la paloma optó por huir.

Ambos volaron hacia el sur, lo que me entristeció y disgustó hasta tal punto que, sin reflexionar, perseguí al insolente cuervo y así me introduje contra mi voluntad en la vía predesti­nada y, sobre la extensión de un campo de aproximadamente un acre, espanté al cuervo y liberé a la paloma.

Entonces me di cuenta de que había obrado sin reflexionar y que ya me encontraba en un camino que me estaba prohibido abandonar bajo pena de un castigo severo. Me habría consolado de ello si, para mi pesar, no hubiera dejado mi zurrón con mi pan bajo el árbol, sin que pudiera volver a recogerlos. Pues apenas me volvía, soplaba en mi dirección un viento tan violento que sólo le faltó voltearme. Sin embargo, si continuaba mi camino, dejaba de sentirlo. Comprendí fácilmente que oponerme al viento me costaría la vida. Así pues, tome pacientemente mi cruz sobre mi espalda, me puse en camino y decidí, puesto que no se podía hacer otra cosa, hacer todo lo posible para llegar antes de que se hiciera de noche.

A pesar de las numerosas bifurcaciones ‑probablemente falsas‑ guardé siempre la dirección correcta gracias a mi brújula, pues no quería desviarme un paso del meridiano, aunque el camino fuese a veces tan rocoso y poco practicable, que creía haberme perdido.

Mientras caminaba, pensaba continuamente en la paloma y en el cuervo, sin llegar a comprender su significado.

Al fin divisé a lo lejos, sobre una alta montaña, un pórtico espléndido; a pesar de que estaba muy, pero que muy alejado de mi camino, me apresuré hacia él porque el sol acababa de ocultarse tras los montes sin que, aún de lejos, hubiera visto abrigo o refugio. ¡Atribuía este descubrimiento únicamente a Dios, que bien hubiera podido dejarme continuar mi camino cegando mis ojos, con el fin de que no hubiese visto el pórtico! Como ya he contado, me apresuré y, cuando llegué, las últimas luces del crepúsculo aún me permitieron distinguir el conjunto.

Era un pórtico real admirable, ornado con una multitud de magníficos grabados de escenas y símbolos, cada uno de los cuales tenía un significado muy particular, como supe más tarde. En el frontispicio había una placa, de bastante gran tamaño, que tenía esta inscripción: ¡Procul hinc, procul ite prophani! (¡Lejos de aquí, alejaros profanos!) y todavía otras palabras que se me ha prohibido revelar.

Cuando llegaba al pórtico, apareció súbitamente un descono­cido vestido con ropa azul celeste. Le saludé amablemente. Respondió a mi saludo, pidiéndome enseguida mi carta de invita­ción. ¡Oh! qué alegría me dio haberla traído conmigo, pues fácilmente la habría podido olvidar, como había ocurrido a otros, según me dijo. Se la enseñé enseguida y no sólo se mostró muy satisfecho, sino que, con gran sorpresa mía, me testimonió un gran respeto y me dijo: «Entre, hermano, es usted para mi un huésped bienvenido». Me pidió a continuación que le dijese mi nombre y, cuando le respondí que era el hermano de la Rosacruz Ro­ja, experimentó una agradable sorpresa. Después me preguntó: «¿Hermano, no tiene nada con qué comprar una insignia?» Le respondí que mi fortuna era exigua, pero que le ofrecía con gusto lo que pudiera agradarle de entre los objetos que poseía. A petición suya le regalé mi cantimplora de agua, y me dio a cambio una insignia de oro en la que estaban grabadas estas dos letras: S.C. (Spes, Charitas: Esperanza, Amor). Me exhortó a pensar en él, ya que esto me sería muy útil. A petición mía, me indicó el número de invitados que habían entrado antes que yo.

En fin, por amistad me dio una carta sellada para el segundo guardián. Mientras me entretenía hablando con él, llegó la noche; en la puerta encendieron un recipiente lleno de pez, para que pudieran orientarse los que aún no estaban en el camino. El camino que conducía al castillo estaba cerrado por ambos lados con altos muros y bordeado por hermosos árboles frutales de todas las especies. En cada lado del camino había tres árboles en los cuales estaban colgados faroles, cuyas luces habían sido ya encendidas con una espléndida antorcha por una hermosa virgen, vestida también de azul. Me entretuve más de lo prudente en admirar tan soberbio y exquisito espectáculo.

Finalmente, tras haber recibido las instrucciones pertinentes, me despedí del primer guardián. Mientras caminaba, me asaltó el deseo vehemente de conocer el contenido de la carta, pero como no podía sospechar ninguna descortesía por parte del guardián, resistí la tentación y continué mi camino hasta el otro pórtico. Este era casi idéntico al primero, pero adornado con esculturas diferentes, de un significado misterioso. Sobre la placa fijada en el frontispicio se leía: «Date et dabitur vobis» (Dad y se os dará). Un feroz león encadenado bajo este pórtico, se irguió nada más verme y me recibió con fuertes rugidos. Esto despertó al segundo guardián que estaba tendido sobre un bloque de mármol, el cual me exhortó a que no me inquietara ni tuviese miedo. Expulsó al león que retrocedió y cogió la carta que le tendí temblando. Habiéndola leído, me dijo con gran respeto: «¡Bienvenido, en nombre de Dios, sois el hombre al que deseaba ver desde hace largo tiempo!. A continuación me presentó una insignia preguntándome si tenía algo con que cambiarla. Como ya no me quedaba más que la sal, se la ofrecí y la aceptó dándome las gracias. Esta insignia también tenía solamente dos letras: S.M. (Sal Menstrualis: Sal Purificadora).

Cuando me disponía a hablar con este guardián, una campana se puso a tañer en el castillo, aconsejándome vivamente el guardián de que me apresurase, ya que sino todas mis penas y mis esfuerzos serían vanos, ya que arriba comenzaban a apagar todas las luces. Puse en práctica su consejo de forma tan precipitada que olvide despedirme de él, tal era mi temor y no sin razón. En efecto, a pesar de la rapidez de mi carrera, ya me alcanzaba la virgen y tras ella apagaban todas las luces. No hubiera podido encontrar el camino si no me hubiera iluminado con su antorcha. Y apenas si pude deslizarme detrás de ella para entrar, pues la puerta se cerró tan bruscamente que quedó cogido el borde de mi capa. Y allí tuve que dejarla porque ni yo, ni los que me habían aconsejado amablemente ante el pórtico, pudieron convencer al guardián para que abriera nuevamente la puerta. Aseguraba que había dado la llave a la virgen, la cual se la había llevado al patio.

Durante este tiempo, contemplé aún el pórtico. Era una tan espléndida obra maestra, que en todo el mundo no había otro que lo igualase. A cada lado se levantaba una columna. Sobre una había una estatua sonriente con la inscripción: Congratulor (me congratulo contigo). Sobre la otra, una estatua de cara triste con la inscripción: Condoleo (sufro contigo). En pocas palabras, eran figuras y palabras tan oscuras y misteriosas, que incluso el hombre más instruido de la Tierra no sabría interpretarlas. Pero, si Dios lo permite, en breve las describiré y explicaré.

Al atravesar ese pórtico tuve que decir mi nombre de nuevo; fui inscrito el último en el pergamino destinado al futuro esposo. Sólo entonces me fue entregada la verdadera insignia destinada a los invitados; era más pequeña que las otras, pero mucho más pesada. En ella estaban grabadas las letras S.P.N. (Sponsi Praesentandi Nuptiis: éste es en las bodas el invitado del esposo).

Además, se me dio un par de zapatos nuevos, pues el suelo del palacio estaba enlosado con mármol claro. Como me resultaba agradable dar mis viejos zapatos a uno de los pobres que, con compostura, se sentaban frecuentemente bajo el pórtico, los regalé a un viejo.

Acto seguido, dos pajes que llevaban antorchas me condujeron a una pequeña habitación, donde se me hizo sentar en un banco, mientras ellos colocaban las antorchas en dos agujeros perforados en el suelo, marchándose y dejándome sólo. De repente oí un ruido, pero no vi nada y hete aquí que me cogieron varios hombres a la vez; como no los veía, me vi obligado a dejarlos hacer a su guisa. No tardé en darme cuenta de que eran peluqueros, les pedí que no me apretaran tan fuerte, pues estaba dispuesto a hacer lo que quisieran. Me soltaron entonces y uno de ellos, que seguía siendo invisible, me cortó diestramente los cabellos en la cima del cráneo respetando, sin embargo, los largos mechones, encanecidos por la edad, de la frente que caían a la altura de los ojos y sobre las orejas.

Debo confesar que al principio me dejó casi sin valor, pues cuando me sentí zarandeado tan irresistiblemente, sin ver a nadie, creí que Dios me había abandonado a causa de mi arrogancia.

Finalmente, los peluqueros invisibles recogieron cuidadosa­mente los cabellos cortados y se los llevaron; entonces los dos pajes entraron riéndose con ganas de mi terror. Apenas habían intercambiado algunas palabras conmigo, cuando una  campanilla tintineó de nuevo señalando la convocatoria de una asamblea, según me dijeron. Me invitaron a seguirles, precediéndome con antorchas que iluminaron una infinidad de c pasillos, puertas y recodos, hasta conducirme a una gran sala.

Una multitud de invitados se apretujaba en esta sala: emperadores, reyes, príncipes y señores, nobles y burgueses, ricos y pobres, así como no pocos bribones, lo que me sorprendió mucho, y pensando en mi me decía: «¡Qué tonto has sido habiéndote atormentado tanto por este viaje! ¡Estas gentes que tan bien conoces y que nunca has estimado están también aquí, mientras que tú, con todas tus plegarias y súplicas, a duras penas si has podido entrar el último!».

Sin duda fue el diablo quien me inspiró estos pensamientos y muchos otros, pese a todos mis esfuerzos por rechazarlos. Mientras tanto, varios de los que me conocían me interpelaban: «Hermano Rosacruz, ¿también está usted aquí?» «Si hermanos, respondí, la gracia de Dios me ha ayudado a mí también, a entrar aquí» Se rieron de mi respuesta y encontraron ridículo que invocara a Dios por una cosa tan simple. Cuando preguntaba a cada uno por el camino que habían seguido, la mayoría contaba que habían escalado los roquedales.

Entonces, unos toques de trompetas ‑que no veía‑ sirvieron de señal para comer. Cada cual se colocó según el rango al que le parecía tener derecho y tan bien lo hicieron, que yo y otros pobres como yo apenas si encontramos un hueco en la última mesa. Poco después, entraron los dos pajes y uno de ellos pronunció una oración tan bella y admirable que mi corazón se alegró interior­mente. Sin embargo, algunos de los grandes señores no sólo no les prestaban la menor atención, sino que se reían entre ellos, gesticulaban, mordisqueaban sus sombreros y se divertían con muchas otras bufonadas. Después sirvieron la comida, y todo estaba tan primorosamente ordenado, que me pareció que cada invitado tenía su propio sirviente, aunque no viese a nadie. Cuando los chistosos estuvieron saciados y el vino les hizo perder toda moderación, se pusieron a vanagloriarse y a fanfarro­near. El uno habría echo esto, el otro aquello, y los más insignificantes gritaban más fuerte. Todavía hoy no puedo evitar irritarme cuando recuerdo los actos sobrenaturales e imposibles sobre los que oí hablar. Para acabar, cambiaron sus sitios; aquí y allá, los presuntuosos se deslizaban entre los señores y se vanagloriaban de acciones de tal envergadura, que no hubiera bastado la fuerza de Sansón o de Hércules para realizarlas. Uno quería liberar a Atlas de su peso, el otro sacar al Cerbero tricéfalo de los infiernos. Pero los grandes señores no cometían la estupidez de creerles.

Los malvados acabaron por mostrar tanta audacia, que no prestaron atención alguna a los golpes que, de vez en cuando, a modo de advertencia recibieron en los dedos con los cuchillos. Y cuando uno de ellos hubo hurtado una cadena de oro, los demás quisieron tratar de hacer otro tanto. Uno pretendía oír el susurro del cielo, un segundo contemplar las ideas de Platón, un tercero enumerar los átomos de Demócrito. Varios incluso habían inventado el movimiento perpetuo. Es cierto que muchos me parecían inteligentes pero, desdichadamente para ellos, tenían demasiada buena opinión de sí mismos. Para acabar, había uno que pretendía hacernos creer pura y simplemente que veía a los criados que nos servían. Y habría continuado con sus jactancias, si uno de los criados invisibles no le hubiese dado un bofetón tan sonoro en su boca mentirosa de forma que, no solamente él, sino también muchos de sus vecinos, quedaron mudos como peces.

Para gran satisfacción mía, todos aquellos a quienes estimaba guardaban silencio y mantenían una total compostura en medio de este bullicio; se guardaban mucho de elevar la voz pues se consideraban, en su ignorancia, incapaces de penetrar en los grandiosos misterios de la naturaleza de lo que, por añadidura, se sentían demasiado pequeños.

A causa de esta algazara, casi habría maldecido el día en que llegué a tal sitio, pues veía con dolor como los personajes sentados en la cabecera de la mesa eran lisonjeros y ligeros, mientras que, incluso en mi discreto rincón, no se me dejaba tranquilo, puesto que uno de los bribones me había tratado insolentemente de ¡grandísimo bobo! Como aún ignoraba que hubiese otra puerta que franquear, suponía que, durante todo el tiempo que durasen las bodas, se me trataría de forma burlona, desdeñosa e indigna, lo que no había merecido ni por parte del esposo ni de la esposa. ¡Se podría haber elegido mejor a otro para hacer de bufón de las bodas!

He aquí a qué impaciencia puede conducir a las almas sencillas las contradicciones de este mundo. En realidad, esto formaba parte de la enfermedad que yo había tenido en el sueño, como lo he relatado anteriormente.

El vocerío aumentaba cada vez más. Había también quien se jactaba de visiones inventadas e imaginarias, y contaban sueños espantosos y de una falsedad evidente. A mi lado estaba sentado un hombre calmado y distinguido que hablada de vez en cuando de cosas más elevadas. Acabó por decirme: «Mire, hermano, si alguien quisiera conducir por el camino correcto a semejantes obstinados, ¿le escucharían?

«Ciertamente no», le respondí.

«Así es ‑dijo‑ como el mundo quiere ser engañado a toda costa y cierra sus oídos a quienes no buscan sino su bien. Fíjese bien en ese adulador y observe con qué tonterías y sandeces intenta atraer la atención sobre él. Mire allí como otro se burla de la gente con palabras misteriosas e inauditas. Pero créame, llegará un tiempo en que se les quitará las máscaras y disfraces a estos mentirosos, para que todo el mundo vea los bribones que se ocultan detrás.  Entonces, quizás, serán respetados aquellos a los que antes no se les estimaba».

Mientras hablaba, el tumulto se hacía cada vez más violento. De repente, se elevó en la sala la más bella e impresionante música que jamás había oído en mi vida. Todo el mundo se calló a la espera de lo que iba a suceder. La música estaba ejecutada con todos los instrumentos de cuerda imaginables, tan armoniosa­mente que me quedé como de piedra, completamente ensimismado, con gran sorpresa de mis vecinos. Esto duró cerca de media hora, durante la cual nadie dijo palabra, pues desde el momento que alguien quería abrir la boca, recibía un manotazo inesperado, sin saber de dónde venía. Como no veíamos ningún músico, pensaba, cuánto me habría gustado examinar todos los instrumentos que utilizaban. Al cabo de media hora, la música cesó de repente sin que nos fuera posible ver ni oír de dónde procedía.

Pero pronto resonó, delante de la puerta de la sala, una estridente y resonante fanfarria de trombones, trompetas y timbales, tan magistralmente como si el propio emperador de Roma hubiera hecho su entrada triunfal. Después la puerta se abrió sola y el estruendo de los trombones se hizo tan potente que apenas era soportable.

Al mismo tiempo, me pareció que penetraron miles de luces en la sala, moviéndose solas con un orden tan perfecto que nos dejó extremadamente impresionados; por último, los dos pajes de los que ya hemos hablado entraron, con antorchas llameantes, iluminando a una bella virgen sentada sobre un trono de oro, magnífico y triunfal, que avanzaba por sí sólo. Tuve la impresión de que era la misma que, poco antes, en el camino, había encendido y apagado las luces. Asimismo, creí reconocer entre los servidores a los que estaban de guardia bajo los árboles que bordeaban el camino. No obstante, ya no llevaba el vestido azul sino una túnica deslumbrante, blanca como la nieve, centelleando oro puro y tan radiante que apenas osamos mirarla. Los dos pajes estaban vestidos igual, aunque un poco más sencillamente.

Cuando la virgen llegó en medio de la sala, descendió de su trono y todas las luces se inclinaron ante ella. Nos levantamos todos de nuestros bancos, quedándonos cada uno en nuestro sitio. Cuando nos fuimos inclinando, ella ante nosotros y nosotros ante ella, saludándonos respetuosamente unos a otros, ella comenzó a hablar con voz suave, en estos términos:

El rey, mi gracioso señor,

os espera ahora no lejos de aquí,

así como su prometida quien, por la vida,

le ha concedido ya su mano.

Durante mucho tiempo os han esperado,

y han preparado todo para vuestra llegada.

A cada uno, según sus medios,

muestran gran respeto y compasión,

y desean desde el fondo de su corazón,

liberaros de cualquier dolor,

a fin de que las próximas fiestas nupciales

curen a cada uno de sus padecimientos.

Después de lo cual de nuevo, con todas sus luces, se inclinó graciosamente y continuó:

 

La carta que os ha invitado

prohíbe claramente que se presente aquí

todo hombre a quien las fuerzas de Dios

no hayan favorecido, desde hace mucho tiempo,

con sus dones,

y a quien, lleno de aspiración,

no esté envuelto ya por ellas;

aunque nadie, seguramente,

tenga la audacia y la arrogancia de pensar

que, sin estos dones de Dios,

se puede presentar en la sala de bodas.

Así pues, a quien se encuentra en el campo del bien,

le son prometidos todos los bienes.

Alegraros vosotros de que en estos tiempos difíciles

sean numerosos los que, aquí, esta suerte esperan.

Algunos están endurecidos y son groseros,

ya nada les conmueve en la materia.

Penetran aquí en lugares

donde no han sido llamados.

A fin de que ningún impostor se encuentre aquí,

de que ningún bribón ciegue a los demás,

y de que, en la calma, sin turbación,

seáis elegidos para las bodas más puras,

será necesario, mañana, tolerar

que cada uno de vosotros sea pesado,

y que sea claramente medido

lo que en sí cada uno ha olvidado.

Si hay alguno en el grupo

a quien esta llamada perturbe,

que se coloque a un lado,

sin esperar más tiempo.

Para él la gracia está perdida,

mañana será oído.

Aquel cuya conciencia tiene algo que decir,

no será sacado de la sala,

mañana se le dará la libertad:

pero que no vuelva más en esta vida.

Que quien mire su pasado sin turbación,

salga con su servidor,

quien le mostrará su habitación,

donde podrá pasar la noche.

Quien se dirija hacia la balanza,

con el alma aparentemente serena,

sino su sueño será abrumador,

y se apercibirá de ello rápidamente.

Los demás permanezcan aquí esta noche;

¡quien presuma de sus fuerzas,

es preferible que se vaya

a fin de que todo marche bien para cada uno!

 

Cuando terminó este discurso, la virgen se inclinó de nuevo y se volvió a sentar alegremente en su trono. Después las trompetas resonaron una vez más, lo que no impidió a algunos exhalar un profundo suspiro.

A continuación las luces fueron traídas una vez más de forma invisible, pero un gran número permaneció en la sala y se acercaron a nosotros: una luz para cada uno de nosotros.

Nuestro desconcierto era tan grande, que apenas puedo describir los pensamientos y gestos melancólicos que fueron intercambiados. No obstante, la mayoría de nosotros decidió esperar la pesada, con la confianza de poder marchar en paz si esto acababa mal.

Yo tomé rápidamente mi resolución; como mi conciencia me mostraba mi estupidez y mi indignidad, decidí permanecer con los demás en la sala y contentarme con la comida ofrecida, antes de aguardar un descalabro inminente, con los peligros correspondien­tes. Después de que casi todos fueron conducidos por su luz a una habitación en alguna parte (cada uno a la suya como supe más tarde), quedamos nueve, entre ellos quien me había hablado en la mesa. A pesar de todo nuestras luces no nos abandonaron. Al poco tiempo llegó uno de los pajes, ya mentados, cargado «con un grueso paquete de cuerdas y nos preguntó muy seriamente si estábamos decididos a permanecer allí. Cuando hubimos asentido suspirando, ató a cada uno de nosotros en un rincón determinado, después desapareció con nuestras luces, abandonándonos en la oscuridad en tan miserable estado.

Muchos de nosotros sentimos la opresión de la angustia, y yo mismo no pude retener mis lágrimas. Guardamos un profundo silencio, abrumados por el dolor y la aflicción, aunque nadie nos había prohibido. Además, las cuerdas estaban anudadas de forma tan sorprendente, que nadie pudo cortarlas y menos aún desatarlas y quitarlas de los pies. Tampoco podía consolarme con el pensamiento de las grandes afrentas que esperaban a quienes habían ido a reposar, mientras que nosotros estábamos en disposición de pagar nuestra audacia en una noche. Terminé por dormirme con pensamientos melancólicos. En efecto, aunque muy pocos de nosotros llegaron a dormirse, yo no pude evitar el sumirme en el sueño a causa de mi fatiga. Durmiendo, tuve un sueño y, aunque su significado no sea de gran importancia, no me parece superfluo contarlo. Soñaba que estaba sobre una alta montaña. Ante mí se extendía un gran valle, donde se amontonaba una multitud innumerable de seres humanos. Cada uno estaba suspendido del cielo por un hilo atado a su cabeza. Unos estaban colgados muy altos, otros más bajos, algunos estaban incluso a ras de tierra. Un anciano que volaba a su alrededor, con unas tijeras en las manos, cortaba un hilo por aquí, otro por allá. Los que estaban próximos al suelo, caían rápido y sin ruido, pero cuando tocaba a alguien que pendía a una cierta altura, su caída hacía temblar la Tierra. Algunos tenían la suerte de colgar de un hilo que se estiraba de manera que llegaban al suelo antes de que el hilo fuera cortado. Sus cabriolas me divertían mucho, y me complacía grandemente cuando uno de los que se habían mantenido mucho tiempo en el aire, para escapar a las bodas, caía vergonzosamente arrastrando a algunos vecinos en su caída.

También me alegré cuando algunos de los modestos que se habían contentado con estar cerca del suelo, desaparecía con una discreción tan maravillosa que sus vecinos no se daban cuenta.

Cuando mayor era mi dicha, uno de mis compañeros de encarcelamiento me empujó, con tan mala fortuna, que me despertó, pero no quise hablar. Sin embargo, reflexioné sobre mi sueño y lo conté a mi hermano que, al igual que yo, estaba acostado a mi lado. Me escuchó con satisfacción y deseó que fuera el presagio afortunado de alguna ayuda.

Pasamos el resto de la noche conversando sobre esta esperanza, y esperando con impaciencia que llegara el día.

 

 

 

 

 

 

 

 

TERCER DÍA

 

(Primera parte)

 

Desde que el radiante día comenzó a despuntar y el resplan­deciente Sol, ascendiendo por encima de las montañas, reanudó la tarea que se le ha confiado en lo alto del cielo, mis compañeros de combate se levantaron también y comenzaron a prepararse, poco a poco, para la prueba. Uno tras otro llegaron a la sala, nos deseamos buenos días y nos preguntamos cómo habíamos dormido durante la noche.

Viéndonos atados, muchos se rieron de que hubiésemos capitulado tan indignamente y no hubiésemos preferido tentar nuestra suerte como ellos, para ver que es lo que pasaba; sin embargo, algunos cuyo corazón capitulaba, se guardaron de aprobarlos. (.. tentar nuestra suerte como ellos; sin embargo, algunos cuyo corazón palpitaba temeroso …). Nosotros nos disculpamos por nuestra necedad, esperando que bien pronto seríamos liberados y justificados a pesar de sus bromas; por otra parte, ellos no estaban todavía seguros y quizás les aguardaba el mayor de los peligros.

Finalmente, cuando todos estuvieron reunidos, resonaron de nuevo trompetas y timbales, como la víspera, y no pudimos evitar pensar que el esposo ‑la mayoría de nosotros no le había visto todavía‑ iba a presentarse ahora. Pero fue de nuevo la doncella de la víspera, totalmente vestida de terciopelo rojo y con un cinturón blanco. En su cabeza llevaba una corona verde de laurel, que le sentaba maravillosamente. Sin embargo, en esta ocasión, su cortejo no estaba compuesto por lucecitas sino por unos 200 hombres armados, vestidos como ella de rojo y blanco. Nada más levantarse de su trono, vino derecha hacia nosotros, los prisioneros, nos saludó y nos dirigió estas breves palabras:

«Mi exigente Señor se ha alegrado mucho de que algunos de vosotros sean conscientes de su mísero estado, y lo tendrá en cuenta a su favor». Reconociéndome por mi vestido, se rió y me dijo: «¿También tú te has sometido al yugo? ¡Y yo que creía que estabas tan bien preparado!» Estas palabras me hicieron llorar.

Después, ordenó que nos desataran y que nos reagrupáramos en un lugar desde el que veríamos bien la balanza. A continuación dijo: «Podría ocurrir que esto acabe mejor para vosotros que para tantos audaces que aún están libres.»

Durante este tiempo, una balanza de oro macizo fue suspendi­da en el  centro de la sala, al lado de la cual se dispuso una mesita recubierta de terciopelo rojo, sobre la que se depositaron siete pesas: primero una pesa bastante grande, después cuatro  más pequeñas aparte; y por último, igualmente aparte, otras dos pesas grandes. Todas estas pesas eran tan pesadas en proporción con su volumen, que nadie hubiera podido creerlo ni comprenderlo.

Todos los hombres armados llevaban, entre otras cosas, una espada desenvainada y una sólida cuerda. Fueron reunidos en siete grupos, tanto como pesas y, de cada grupo, fue elegido un hombre para manejar cada una de las pesas.

Después de lo cual, la Virgen se situó en su elevado trono, hizo una reverencia y, a continuación, dijo con una potente voz lo siguiente:

 

Quien entra en el estudio de un pintor

y, sin comprender nada de pintura,

habla de ella con énfasis dándose importancia,

será el hazmerreír de todos.

Quien se introduce en la Orden de los artistas,

sin haber sido elegido,

y se vanagloria de ser un gran artista,

se merece las burlas que le esperan.

Quien se presenta en las Bodas

sin haber sido invitado,

y entra lleno de engreimiento

es recibido con sorna.

Quien sube a la balanza

y, levantado por las pesas,

vuela por los aires con violencia,

sabe que será el hazmerreír de todos.

 

Apenas acabó de pronunciar estas palabras, ella ordenó a los pajes que colocaran en fila a todo el mundo y los hicieran subir uno tras otro a la balanza.

Enseguida uno de los emperadores, lujosamente vestido, subió sobre un platillo después de haber hecho una reverencia a la Virgen. Entonces, cada encargado colocó su pesa en el otro platillo y, ante la sorpresa de todos, el emperador resistió. Pero la última pesa fue demasiado pesada y fue izado en el aire, con gran tristeza por su parte. Me pareció que esto provocó la piedad de la Virgen, que hizo un gesto a los suyos para que se callasen; el buen emperador fue atado y entregado al sexto grupo.

Después de él, otro emperador se colocó orgullosamente sobre la balanza, no sin antes haber ocultado bajo sus vestidos un enorme libro, pensando que así no fracasaría. Apenas resistió hasta la tercera pesa cuando fue despiadadamente arrastrado hacia arriba; aterrorizado, se le escapó el libro y todos los soldados se pusieron a reír. Lo ataron y fue entregado al tercer grupo.

Varios emperadores siguieron la misma suerte. Su fracaso provocó carcajadas y fueron atados. Después apareció un emperador de pequeña estatura con barba morena y rizada, quien, tras la reverencia habitual, también subió en el platillo. Resistió tan firmemente, que pienso que incluso si las pesas hubieran sido más numerosas no se habría movido. La Virgen se levantó con viveza, se inclinó ante él, e hizo que le pusieran un vestido de terciopelo rojo, además le dio una rama de laurel, de las que tenía una provisión al lado, y le invitó a sentarse en los peldaños de su trono.

Sería muy largo de contar aquí todo lo que ocurrió a los demás emperadores, reyes y señores; pero no puedo pasar por alto que, contra lo que yo esperaba, muy pocos fueron los nobles personajes que triunfaron en la prueba, por adornados que fuesen con muchas virtudes. Unos resistieron a tal o cual pesa; otros a dos, y aún algunos a tres, cuatro e incluso cinco pesas; no obstante, pocos fueron los que finalizaron la prueba. Todos los que fracasaban fueron duramente ridiculizados por los grupos.

Después de que los nobles, los sabios y otros hubieron pasado la prueba, sólo se encontró en sus grupos una o dos personas, frecuentemente ninguno, que hubiera resistido todas las pesas. Finalmente, les llegó el turno a piadosos señores, mistificadores del pueblo, y a los hacedores de falsas «piedras de los Sabios». Se les colocó en la balanza con tanta burla que yo mismo, a pesar de mi tristeza, estallé en carcajadas, e incluso los prisioneros no pudieron dejar de reírse. La mayoría no tuvieron necesidad de esperar al juicio del tribunal; fueron expulsados de la balanza a latigazos y conducidos a sus grupos con los otros prisioneros.

De la multitud inicial, quedaron tan pocos que apenas me atrevo a decir el número; entre ellos se encontraban, sin embargo, altos personajes; todos fueron honrados con un vestido de terciopelo y una rama de laurel.

Terminada la prueba, sólo quedábamos nosotros en un rincón, con las manos atadas, entonces avanzó uno de los capitanes y dijo: «Noble Señora, si place a su Gracia, ¿no se podría pesar a esta gente que reconoce su inaptitud, sin riesgo para ellos y sólo para nuestro entretenimiento, para ver si por azar hubiese alguno bueno entre ellos?»

Para comenzar, esto me inquietó mucho pero, en mi pena, me consolaba de no haber sido expuesto a la vergüenza ni echado del platillo a latigazos. En efecto, estaba convencido de que muchos de los que ahora eran prisioneros, lamentaban no haber pasado antes diez noches en la sala con nosotros.

Pero como la Virgen daba su consentimiento, debía hacerse; fuimos liberados de nuestras ataduras y colocados uno a uno en el platillo. Muchos fracasaron, pero no fueron ridiculizados ni golpeados, sino que tranquilamente fueron conducidos a un lado. Mi compañero pasó el quinto, dio el peso

admirablemente mientras le aclamábamos, en particular el capitán que había intercedido por nosotros, y la Virgen le concedió los honores habituales. A continuación, dos fueron lanzados al aire de nuevo. Yo era el octavo. desde que, todo tembloroso, hube subido al platillo, mi compañero sentado ya abajo con su vestido de terciopelo rojo, me miró con aire benevolente y la Virgen esbozó una sonrisa. Resistí todas las pesas. La Virgen ordenó entonces que me elevaran por la fuerza y tres hombres se colgaron en el otro platillo, sin conseguirlo. Entonces uno de los pajes se levantó de un salto y gritó con toda su fuerza: «¡Es él!» Y otro respondió: «Devolvámosle la libertad», lo que fue aceptado por la Virgen.

Después de haberme admitido con las ceremonias requeridas, se me concedió el poder liberar a uno de los prisioneros de mi elección. No tuve necesidad de reflexionar mucho tiempo, escogí al primer emperador, del que me había apiadado desde el princi­pio. Rápidamente fue puesto en libertad y se unió a nosotros con todos los honores. Cuando el último fue pesado y encontrado demasiado ligero, la Virgen se apercibió de las rosas que había quitado de mi sombrero y tenía en la mano; me pidió graciosamen­te, por medio de su paje, que se las ofreciera, a lo que accedí gustoso.

De esta forma se terminó el primer acto a las diez de la mañana y las trompetas, que nunca veíamos, resonaron una vez más.

Durante este tiempo, los soldados debieron retirarse con los prisioneros, en espera de la sentencia. Se formó un jurado, compuesto por siete capitanes y nosotros mismos, con la Virgen como presidente, y convinimos que cada uno daría su opinión respecto a la suerte que deberían correr los prisioneros. La primera idea fue la de condenarles a una muerte más o menos cruel, en la medida en que hubiesen infringido las exigencias impuestas. Otros querían mantenerlos prisioneros. Pero estas dos propuestas no gustaron ni a la presidenta ni a mí. Finalmente, el asunto fue resuelto por el emperador que yo había liberado, por otro príncipe, por mi compañero y por mí mismo de la siguiente manera: en primer lugar, los señores más eminentes serían conducidos fuera del castillo discretamente; se podría poner a los demás fuera con más burlas, desnudándoles y haciéndo­les correr totalmente desnudos; los últimos serían azotados o echados por los perros.

Se dejaría partir sin ninguna sanción a quienes, la víspera, habían capitulado por sí mismos; sin embargo, los imprudentes y los que, en el transcurso de la comida de la víspera se habían comportado de forma indecente, serían castiga­dos en su cuerpo y en su alma, según su  comportamiento.

Esta proposición gustó a la Virgen y obtuvo la mayoría. Además se serviría todavía una comida a todos, de lo que se les informó rápidamente. El anuncio de la sentencia fue retrasado hasta el mediodía. De esta manera acabó el consejo.

Entonces la Virgen se retiró con su séquito a sus aposentos habituales; en la sala, se nos indicó la mesa superior, rogándo­nos que nos contentásemos con ello hasta que el asunto estuviera completamente zanjado. Después nos conducirían ante el Esposo y la Esposa y, con esta esperanza, aguardamos tranquilamente este momento.

Mientras tanto, los prisioneros eran reunidos en la sala y colocados cada uno según su rango. Se les ordenó que se comporta­ran más convenientemente que la víspera, consejo superfluo, pues el valor hacía mucho tiempo que les había abandonado. Para no faltar a la verdad y sin adular a nadie, debo testimoniar que en general fueron los grandes personajes quienes mejor supieron acomodarse a esta situación inhabitual. Su comportamiento, ciertamente, era torpe pero sincero. Ellos no veían a los servidores, mientras que para nosotros eran ahora visibles, lo que me alegraba mucho. Tan agraciados como fuésemos por la fortuna, no nos vanagloriábamos ante los demás, sino que nos dirigíamos a ellos y les animábamos diciéndoles que las cosas no les irían tan mal. Les hubiese gustado conocer la sentencia, pero se nos había prohibido tan formalmente hablar de ello, que nadie dejó escapar una palabra. Les consolamos lo mejor que supimos, bebiendo con ellos a fin de que el vino les animara un poco.

Nuestra mesa estaba recubierta de terciopelo rojo y guarnecida de vasos de plata y de oro puro, lo que los demás observaban con sorpresa y dolor. Antes de sentarnos, los dos pajes entraron y nos ofrecieron a cada uno de nosotros, en nombre del Esposo, el Toisón de Oro  coronado por un León alado, pidiéndonos que lo llevásemos en la comida y así honrar el nombre y la dignidad de la Orden (en la que su Majestad nos recibía hoy y nos confirmaría pronto con la solemnidad debida). Aceptamos esta distinción con la mayor humildad, prometiendo hacer obedientemente todo lo que su majestad gustara ordenarnos. El paje tenía también una lista en la que estábamos inscritos en un  orden preciso; y si callo aquí mi rango, es por temer hacerme culpable de orgullo, lo que significaría cometer una falta contra la cuarta pesa.

Nuestra comida era tan copiosa que pedimos, a uno de los pajes, si nos estaba permitido dar un poco a nuestros amigos y conocidos prisioneros. Nos lo concedió sin ninguna objeción y cada uno de nosotros les hizo servir abundantemente por medio de sus servidores, que continuaban siendo invisibles para ellos. Por tal razón ignoraban de dónde les venían los alimentos, así que quise llevarlos yo mismo a uno de los dos. Apenas me había levantado, cuando un servidor vino tras de mí a decirme que deseaba amistosamente advertirme que, si un paje me viera, advertiría al rey, lo que me costaría ciertamente muy caro. Pero como era el único en haberme visto, no me traicionaría si, en lo sucesivo, respetaba mejor la dignidad de la Orden. Después de estas palabras, me empujó tan violentamente en mi asiento, que durante un buen rato no osé moverme en mi silla. Sin embargo, le agradecí lo mejor que pude su leal advertencia, en la medida en que el miedo y la turbación me lo permitieron.

Poco después resonó de nuevo el sonido de trompetas. Ya sabíamos por experiencia que ello anunciaba a la Virgen, y nos preparamos para acogerla. Entró, con su habitual cortejo, sentada en su alto sitial; dos pajes le precedían llevando uno,. una copa de oro y el otro, un pergamino. Habiéndose levantado con gracia, tomó la copa de manos de su paje y nos la ofreció diciendo que nos era enviada en nombre y por orden de su majestad, con el ruego de hacerla circular en su honor. Su tapa llevaba una Fortuna de oro, moldeada con arte, que tenía en la mano una banderola roja ondeante; ante esta imagen, bebí con menos buen humor, pues conocía suficientemente la crueldad de la Diosa Fortuna.

La Virgen estaba condecorada como nosotros con el Toisón de Oro y el León, de lo que saqué la conclusión que sin duda era la presidenta de la Orden. Le preguntamos el nombre de esta Orden, pero respondió que el momento de revelarlo llegaría cuando estuviese zanjado el asunto de los prisioneros. Pues sus ojos estaban aún cerrados; con lo que, lo que nos ocurría aquí, no podía sino irritarles y ofuscarles, aunque no fuera nada en comparación con el honor que nos esperaba.

Después, ella recibió de manos de otro paje el acta dividida en dos partes. Dirigiéndose al primer grupo de prisione­ros, leyó poco más o menos lo siguientes: «Debían reconocer haber creído demasiado fácilmente en libros engañosos y haber tenido una buena opinión de sí mismos, motivo por el que habían ido al castillo sin ser invitados. Una vez en el interior, quizás la mayoría había tenido la intención de dar un gran golpe, a fin de vivir seguidamente en una gloria y un lujo más grandes. De suerte, que los unos habían incitado a los otros, haciéndoles sufrir tanta vergüenza y burlas que merecían ser gravemente castigados.»

Entonces, lo reconocieron humildemente tendiendo la mano, después de lo cual se dirigió con severidad al otro grupo más o menos en estos términos: «Con todo conocimiento de causa y convicción interior habían hecho libros engañosos, llenos de puras invenciones, engañando y embaucando a otros de forma que habían atentado gravemente a la dignidad real. Sabían pertinente­mente que imágenes sacrílegas y seductoras habían forjado, no habiendo respetado ni siquiera a la Trinidad divina, utilizada por ellos para burlarse de todo el mundo. Ahora se veía claramen­te por medio de qué prácticas habían intentado descarriar a los huéspedes sinceros y desviar a los ignorantes. Todos sabían hoy que se habían declarado abiertamente culpables de impudicia, prostitución, libertinaje y otras impurezas, todas ellas contrarias al orden público de nuestro Reino. En suma, sabían que habían envilecido ante los humildes a la misma Majestad Real; por ello deberían reconocer como cierto que eran traidores, misera­bles e infames, que merecen ser castigados y separados de los hombres honrados».

Quienes sabían fingir rechazaban esta  confesión, pero como la Virgen les amenazaba con la muerte (por juramento) y, por otra parte, el otro grupo se violentaba contra ellos, acusándoles unánimemente de haberles desviado malignamente de la Luz; para evitar lo peor, y forzados por las circunstancias, acabaron por reconocer sus faltas. Añadieron que lo que había pasado no debía tenérseles en cuenta con demasiado rigor, pues sus víctimas eran señores deseosos de entrar en el castillo a cualquier precio, quienes, con este fin, les habían prometido fuertes sumas de dinero. Todos los culpables habían pues rivalizado en astucia para obtener su parte. Esto es lo que había ocurrido, pero como habían fracasado, estimaban no haberlo hecho peor que los señores. Si estos últimos no hubiesen creído que al menos alguno de entre ellos hubiera podido entrar con seguridad, no habrían escalado con ellos los muros con sus riesgos y peligros por tan poco. Se habían comprado sus libros con tanta ansia que quienes no podían subsistir de otra manera, eran forzados a comenzar por este género de engaño. Así pues, esperaban que, con toda seguridad, no se les imputaría nada condenable, pues habían satisfecho, como corresponde a servidores, la petición expresa de los señores.

Intentaban disculparse con discursos de este tipo. Sin embargo, se les respondió que su Majestad Real había decidido castigar a unos más duramente que a los otros. Lo que invocaban para su defensa era verdad en parte, por ello los señores no escaparían al castigo, pero quienes se habían presentado con tanta impudicia y, sin duda, habían seducido a ignorantes contra su voluntad, debían prepararse para la muerte; la misma suerte esperaba a quienes, por la lectura de libros engañosos, habían ofendido a su Majestad Real, lo que resaltaría claramente de sus propios escritos y obras.

Esto produjo el que muchos comenzaran a quejarse lastimosa­mente. Se arrojaron de rodillas, llorando, gimiendo, suplicando, pero todo ello fue en vano. Estaba muy sorprendido de que la Virgen pudiese permanecer impasible ante ellos; en efecto (aunque la mayoría nos hubiese causado muchos dolores y sufrimientos) su miseria despertaba nuestra piedad y nos conmovía hasta hacernos llorar.

Ella envió rápidamente a su paje que regresó con todos los coraceros que estaban este día alrededor de la balanza. Se ordenó a cada uno que reuniese a los suyos y les condujera en orden al gran jardín de la Virgen; lo que se efectuó de forma que un coracero marchaba siempre al lado de un prisionero. Me asombré de que cada uno reconociera al suyo tan fácilmente.

No obstante, se permitió a mis compañeros de la víspera entrar sin cadenas en el jardín, para asistir a la ejecución de la sentencia. Cuando todos hubieron salido, la Virgen se levantó y nos rogó que nos sentáramos en los peldaños de su trono, a fin de que también estuviéramos presentes. No rehusamos, dejamos todo sobre la mesa ‑excepto la copa que la Virgen había confiado a la custodia del paje‑ y, engalanados con nuestros suntuosos vestidos, fuimos conducidos sobre el trono, que avanzaba por sí mismo tan suavemente que se deslizaba en el aire; una vez hubimos llegado así al jardín, nos levantamos todos.

Este jardín no era particularmente bello, pero me complació que la disposición de los árboles fuese tan refinada; había también una magnífica fuente, adornada con escenas maravillosas, inscripciones y signos extraños (de los que me ocuparé, si Dios lo permite, en un próximo libro). En este jardín, estaba erigido un estrado de madera recubierto con bellas telas, pintadas con arte. Cuatro galerías se superponían. La primera, más bella que las demás, estaba cubierta con una cortina de muaré blanco, de forma que no podíamos ver quien se ocultaba tras ella. La segunda estaba vacía y descubierta. Las dos últimas estaban a su vez cubiertas con muaré rojo y azul.

Cuando llegamos al estrado, la Virgen se inclinó hasta tocar el suelo, lo que nos impresionó mucho. En efecto, era fácil suponer que el Rey y la Reina no estaban lejos. Después de habernos inclinado respetuosamente también, como cumplía, la Virgen nos condujo por una escalera de caracol hasta la segunda galería, donde ella se sentó en el sitial superior y nosotros ocupamos nuestro sitio en el orden precedente. No puedo contar aquí sin criticar, la forma en que se comportó conmigo el emperador que había liberado, tanto en este lugar como anterior­mente en la mesa; que debería haber sido muy consciente del triste estado y del abatimiento que había padecido, si le hubiesen obligado a esperar la sentencia en medio de burlas parecidas mientras que, ahora, gracias a mi intervención, era elevado a un rango y una dignidad tan considerables.

 

En esto, la virgen que me había llevado la invitación al comienzo y que todavía no había visto, se aproximó a nosotros; tocó la trompeta y después pronunció la sentencia con voz potente.

 

«Su Majestad Real, mi noble Señor, hubiera querido, de todo corazón, que todos los aquí reunidos, por el hecho de haber sido invitados, hubiesen aparecido con cualidades suficientes para asistir en gran número a la bienaventurada fiesta nupcial dada en Su honor. Pero, como Dios todopoderoso lo ha dispuesto de otra manera, su Majestad no debe quejarse, sino conformarse con las antiguas y buenas costumbres de este Reino. No obstante, para que sea alabada por todas partes la clemencia natural de su Majestad, ha decidido, con todos sus nobles y consejeros, mitigar conside­rablemente la sentencia habitual. Por ello, en primer lugar, a vosotros, señores y monarcas, os concede no solamente la vida sino también la libertad, por lo que os ruega amigablemente que os resignéis a no asistir a la fiesta dada en Su honor sin rencor, y que penséis más bien que, aparte de esto, Dios todopoderoso os ha impuesto ya más de lo que podéis soportar con calma y decoro, y que El distribuye sus dones de una manera incomprensible para nosotros. Así vuestra reputación no sufrirá en absoluto por el hecho de que nuestra Orden os rechace, pues no somos todos aptos para ello. No obstante, como habéis sido seducidos por infames pícaros, éstos no quedarán impunes. Además su Majestad ha decidido, en un plazo breve, suministraros un catálogo de obras heréticas, o «Index Expurgatorius», para que en lo sucesivo distingáis, con más discernimiento, el bien del mal.

Y como su Majestad tiene igualmente la intención de inspeccionar su biblioteca, con el fin de sacrificar a Vulcano las obras engañosas, os pide que Le ayudéis y que hagáis otro tanto con la vuestra de tal forma ‑espera Ella‑ que el mal y la malignidad desaparezcan en el futuro. Además, que esto os disuada de volver aquí de manera tan irreflexiva, a fin de que ya no tengáis que dar, como hoy, la excusa de haber sido engañados y que no seáis objeto del odio y del desprecio de la mayoría. Por último, como el país exige de vosotros un tributo, su Majestad espera que nadie tendrá dificultades para depositar una cadena o lo que tenga en su poder, con lo que nos separaremos como amigos y, conducidos por nosotros, regresaréis entre los vuestros.

A quienes no han resistido a la primera, segunda tercera y cuarta pesa, su Majestad no quiere dejarles partir tan fácilmente,; pero para que también ellos experimenten su clemencia, ordena se les desvista totalmente y salgan de aquí desnudos.

Quienes han sido encontrados demasiado ligeros para la segunda y la quinta pesa, serán, además de desnudados, marcados con un hierro una vez, dos veces y más según su ligereza. Quienes fueron elevados solamente por la sexta y la séptima pesa, serán tratados con más misericordia».

Esto continuó así: para cada combinación de pesos fue pronunciada una sentencia, pero sería demasiado largo contar todo aquí.

«Quienes renunciaron ayer voluntariamente, pueden partir libremente, sin ninguna sanción. Para acabar, los malos, mistificadores del pueblo, que no han resistido a ninguno de los pesos, serán castigados corporalmente o condenados a muerte, según el caso, por la espada, por la cuerda, por el agua o por los azotes. Estas sentencias serán ejecutadas sin clemen­cia, como ejemplo».

En este instante, nuestra Virgen rompió su bastón. La otra virgen, apenas terminada la lectura, sopló en la trompeta y avanzó con gran deferencia hacia los que estaban detrás de las colgaduras.

No puedo evitar revelar aquí al lector algo relativo al número de prisioneros. Los que habían resistido una pesa eran siete; veintiuno equilibran dos pesas; treinta y cinco, tres pesas; treinta y cinco, cuatro pesas; veintiuno, cinco pesas y siete habían resistido seis pesas. Entre los que habían llegado a la séptima pesa, pero no habían resistido, se encontraba el que yo había liberado. Por otra parte, numerosos eran los que habían fracasado totalmente, pues para muchos, todas las pesas habían descendido.

Había anotado todo y descontado con cuidado en mi cuaderno, cuando estaban ante nosotros como ya he indicado. Era realmente sorprendente que entre todos los que tenían un cierto peso, no había uno idéntico a otro. Pues si treinta y cinco habían resistido tres pesas, uno equilibraba las pesas una, dos, tres; otro las pesas tres, cuatro y cinco; un tercero las pesas cinco, seis y siete, y así sucesivamente, de manera que, por curioso que parezca, entre los ciento veintiséis encontrados demasiado ligeros, ninguno era semejante a otro. Sin embargo, yo podría decir el peso de cada uno de ellos si el tiempo lo permitiera. Espero, no obstante, que este aparecerá claramente más tarde, así como la explicación.

Terminada la lectura de esta sentencia, los señores se alegraron mucho, pues no habían osado esperar una sentencia tan clemente, después de semejante severidad. Así que dieron más de lo que se les exigía, se desprendieron de sus cadenas, joyas, oro, plata y otras cosas, de todo lo que tenían encima, y se marcharon respetuosamente.

Aunque se prohibió a los servidores reales burlarse de nadie al marchar, algunos burlones no pudieron contener su risa. Desde luego, era bastante risible verles desaparecer lo más rápidamente posible, sin mirar para atrás. Algunos pidieron que se les mandara el catálogo prometido, certificando que, para sus libros, actuarían según el deseo de su Majestad. Se les aseguró de nuevo su envío. En la puerta se les hizo beber un trago de olvido, a fin de que nadie recordara su infortunio. A causa de su discerni­miento se les dejó pasar, pero ya no debían volver jamás de esta manera. Sin embargo, si algo les fuera revelado, y esto servía también para otros, se les acogería gustosamente como invitados.

Entretanto, se había desnudado a algunos e, incluso en esto, se hicieron distinciones de acuerdo a los méritos de cada uno. Algunos eran enviados desnudos, sin más castigo; a otros les ataron campanillas y cascabeles, y algunos incluso fueron expulsados a latigazos. En suma, había tal diversidad de castigos que no puedo citarlos todos aquí. Por fin, llegó el turno de los últimos. Esto llevó más tiempo pues antes de ahorcar a unos, decapitar a otros, ahogar o ejecutar de otras maneras a otros, pasó mucho tiempo. Durante la ejecución, las lágrimas me fluían abundantemente de los ojos, no a causa del castigo, merecido por su impudicia, sino por el pensamiento de la pequeñez humana, que hace que nos ocupemos siempre de lo que está sellado para nosotros tras la primera caída.

Así fue como se vació el jardín que rebosaba de gente un momento antes, quedando sólo los soldados. Cuando todo hubo terminado, se hizo un silencio que duró cinco minutos, y apareció un unicornio de gran belleza, blanco como la nieve, que llevaba un collar de oro en el que estaban grabados algunos caracteres. Avanzó hacia la fuente y se arrodilló sobre las patas delanteras, como para rendir homenaje al León, que estaba tan inmóvil encima de la fuente, que yo lo había confundido con una estatua de piedra o de bronce. Este cogió rápidamente la espada desenvainada que tenía entre sus garras y la rompió por la mitad, de forma que los trozos, me pareció, cayeron a la fuente. Después rugió, hasta el momento en que una paloma blanca vino a traerle una rama de olivo que tenía en su pico; el león la tragó rápidamente, con lo que quedó satisfecho. El unicornio regresó a su sitio, lleno también de alegría.

A continuación la Virgen nos hizo descender del estrado por la escalera de caracol y nos inclinamos una vez más ante la cortina. Debimos lavarnos la cara y las manos en la fuente y después, en el mismo orden, esperar un instante a que el Rey regresara a la sala por un pasaje secreto; a continuación también fuimos conducidos fuera del jardín, al lugar donde morábamos anteriormente, al son de una música maravillosa, con pompa y magnificencia, mientras charlábamos amigablemente. Esto ocurría hacia las cuatro de la tarde.

Para ayudarnos a pasar el tiempo agradablemente, la Virgen nos asignó un paje a cada uno: No sólo estaban suntuosamente vestidos sino que eran notablemente instruidos hasta tal punto, que discurrían sobre una infinidad de materias tan sabiamente, que sentíamos vergüenza de nosotros mismos. Se les ordenó que nos llevaran a visitar el castillo ‑sólo ciertos lugares determina­dos‑ y que nos distrajeran, teniendo en cuenta nuestros deseos en la medida de lo posible. Después la Virgen se despidió de nosotros diciendo, para consolarnos, que nos acompañaría en la cena, a fin de celebrar a continuación la ceremonia del colgado de las pesas. Nos rogó que esperásemos pacientemente hasta mañana, día en que seríamos presentados al Rey.

Cuando se marchó, cada cual hizo lo que quiso. Unos contemplaban las hermosas inscripciones, que copiaron preguntán­dose sobre sus extraños caracteres. Otros se reconfortaron comiendo y bebiendo. En cuanto a mí, me hice guiar por mi paje a través del castillo con mi compañero, visita que jamás lamentaré en toda mi vida. Entre otras muchas antigüedades espléndidas, se me mostró la cámara funeraria del Rey, donde aprendí más que en todos los libros del mundo. Había allí un fénix magnífico, sobre el cual publiqué un tratado hace dos años. Tengo la intención de publicar también tratados particulares sobre el león, el águila, el grifón, el halcón y otros, pues podrían ser útiles para algunos, y adjuntaré croquis y descripciones. Lamentaba que mis otros compañeros hubiesen desaprovechado el poder contemplar estos preciosos tesoros; pero, al mismo tiempo, pensaba que era la voluntad de Dios quien así lo había decidido.

De hecho, gracias a mi paje, había tenido mi mayor alegría; ya que en efecto, cada uno, siguiendo sus disposiciones, había sido conducido por su paje a los lugares que le gustaban. Ocurrió que fue al mío al que confiaron las llaves que me hicieron beneficiario, antes que a todos los demás, de esas felices circunstancias. Pues, aunque mi paje invitó a otros a visitar las tumbas, creyeron que éstas estaban en un cementerio y que, si había algo que valiera la pena ver, siempre podrían ir en otro momento. No privaré a mis alumnos agradecidos el que puedan contemplar los monumentos que ambos hemos reproducido, de los que hemos copiado las inscripciones.

Se nos mostró, a ambos, la admirable biblioteca, tal como era antes de la reforma. Aunque mi corazón se regocije cada vez que pienso en ella, no deseo hablar más que un poco de la misma, pues su catálogo aparecerá pronto. A la entrada de esta pieza, se encontraba un gran libro, como jamás había visto, conteniendo la reproducción de todas las figuras y sañas, de todos los pórticos, de todas las inscripciones y enigmas, etc., existentes en todo el castillo.

Aunque hubiésemos prometido hablar de ello también, quiero guardar todavía esto para mí, y aprender primero a conocer mejor el mundo. En cada libro estaba pintado el retrato de su autor. Creí comprender que muchos de estos libros debían ser quemados, a fin de que desaparezca el menor recuerdo de estos dignos personajes.

Después de habernos esforzado por comprender todo, íbamos a salir cuando un paje se aproximó al nuestro, le cuchicheó algo al oído, se le dio inmediatamente las llaves, con las que subió las escaleras de caracol.

Nuestro paje, muy demudado, nos contó, ante nuestra insistencia, que su Majestad no quería que nadie viese la biblioteca y las tumbas. Por consiguiente, nos pidió, si apreciábamos su vida, que no habláramos de ello con nadie, pues él ya había negado el hecho y que las hubiésemos visitado. Ambos oscilamos entre la angustia y la alegría, pero el hecho quedó oculto y ya nadie supo de ello.

Habíamos pasado tres horas en los dos lugares, lo que jamás he lamentado.

Sin embargo, habiendo sonado las siete, no se nos llamó a comer. Pero nuestra hambre era soportable, gracias a las renovadas distracciones y, con semejante recibimiento, habría ayunado gustoso durante toda mi vida.

Entretanto se nos mostró bellas fuentes, minas y diversos talleres llenos de obras de arte, cada una de las cuales sobrepasaba a todas las nuestras reunidas. Estas salas estaban dispuestas en semicírculo, a fin de que confluyesen sobre el precioso reloj, que decoraba el centro de una torre magnífica, y poder orientarse sobre el curso de los planetas que se encontraban maravillosamente representados en él. Allí comprendí nuevamente, sin dificultad, lo que falta a nuestros artistas, aunque no sea mi tarea informarles de ello.

Al fin, llegué a una sala espaciosa que ya se había mostrado hacía bastante tiempo a los demás. En medio se encontraba un globo terrestre de un diámetro de 30 pies. Casi la mitad de la esfera estaba bajo el suelo, a excepción de una pequeña parte recubierta de escalones. Dos hombres hacían pilotar fácilmente el globo sobre sus goznes, de forma que siempre se veía la parte situada por encima del horizonte. Aunque comprendí inmediatamente que este globo tenía una utilidad determinada, no llegaba a descubrir para qué servían los anillos de oro fijados en diversos lugares.

Mi paje se puso a reír y me aconsejó que los examinara atentamente. Acabé por descubrir que el oro marcaba igualmente mi patria. Mi compañero buscó entonces la suya e hizo el mismo descubrimiento. Ocurría lo mismo para la patria de todos los que habían permanecido allí. Entonces el paje nos informó, que la víspera el viejo Atlas (así se llamaba el astrónomo) había mostrado a su Majestad Real que todos los puntos de oro  correspondían perfectamente a la patria de cada uno. Por ello, viendo que yo me subestimaba, aunque mi patria estaba marcada con un punto, había persuadido a uno de los capitanes para que solicitara que fuésemos también colocados en la balanza, sin daño para nosotros cualquiera que fuese el resultado, puesto que la patria de uno de nosotros mostraba un signo particularmente favorable. Y no era sin alguna razón, que el paje que tenía más poderes me había sido atribuido. Yo mostré un gran agradecimiento y miré con mucha atención a mi patria, descubriendo que junto a los anillos había algunos hermosos trazos, lo que sin embargo no lo digo para alabarme o vanagloriarme. En este globo, vi todavía muchas otras cosas que no quiero hacer públicas. Cada uno debe comprender por sí mismo por qué cada ciudad no tiene un filósofo.

A continuación, el paje nos hizo entrar en el globo. Estaba hecho de tal forma, que en el espacio que representaba el mar, se encontraba una placa que ocupaba el menor espacio posible, sobre la que estaban indicadas tres misiones y el nombre del constructor. Se la podía levantar con precaución y acceder, por una pasarela, al centro donde había sitio para cuatro personas. No había apenas más que una plancha redonda donde sentarse y desde la que observar las estrellas, incluso en pleno día (oscurecía ya en estos momentos). Me parecieron puros carbuncos que irradiaban con tal esplendor, con un orden y una trayectoria tan perfectas, que yo no hubiera querido irme de allí.

 

INTRODUCCIÓN

 

Quien se sumerge en la elaboración del trabajo gnóstico, descubre que es comparable a la subida de una escalera. En cada instante, es posible escalar un nuevo peldaño de la escalera de caracol de la torre, y mirar de vez en cuando por las ventanas, siempre en ascenso, nuevas perspectivas que dejan mudo de agradecimiento y aclaran de forma sorprendente nuestra compren­sión de las vías de salvación. Así pues, henos aquí al principio de una serie de exposiciones sobre las experiencias que realizó Cristian Rosacruz en el camino de las Bodas Alquímicas, como si nosotros mismos estuviésemos invitados a este extraordinario banquete. Y quizás muchos lectores, así lo esperamos, descubrirán rápidamente que no pueden permanecer como meros espectadores. Un contacto, cualquiera que sea, con la realidad viva de la que hablan las Bodas Alquímicas, jamás deja de ejercer una influencia estimulante en el buscador verdadero, y de despertar en él el deseo de participar verdaderamente en su propia vida. Por ello, lector, partamos juntos como si acompañásemos a Cristian Rosacruz en su viaje, con un anhelo creciente en el alma, y preparémonos para ver desvelar los misterios que encierran un nuevo campo de vida de la mayor importancia para nosotros, el nuevo campo de vida de la Escuela de los Misterios, el tercer Templo entre los tres Templos, nuestra morada desde el mismo instante en que somos alumnos, por el lazo establecido con la Escuela Espiritual actual, pero donde quizás no podemos entrar aún de forma consciente, porque el nacimiento de la luz, el renacimiento del Alma, no se ha producido todavía en nosotros.

Ciertamente, existe ya una interacción entre nosotros y el nuevo campo de vida, la nueva morada, la nueva Jerusalén. Esta interacción tiene lugar gracias a la radiación de la luz gnóstica y a nuestro contacto con los hermanos y hermanas que se encuen­tran ya en el nuevo estado de ser. En el curso de los aconteci­mientos futuros, esta interacción tendrá aspectos y efectos diferentes, porque, bajo la influencia de los planetas de los Misterios, se producirán importantes procesos, que conciernen tanto a cada alumno en particular como al grupo en su conjunto.

Los acontecimientos y declaraciones futuras serán pronto de una gran importancia para el grupo, y para cualquiera que esté preparado. Pero para quienes permanezcan en actitud de observar y esperar, se arriesgan a tener grandes dificultades, muy desconcertados y muy engañados. Pues se debe tener muy en cuenta, que cuando aparezca el Esposo, todos los invitados reunidos en la sala de Bodas habrán encendido su lámpara, la llama del Alma nueva, y se habrán provisto de aceite en cantidad suficiente.

Por ello, para prepararnos para los sucesos futuros y tomando la antorcha en recuerdo de Johann Valentín Andreae, vamos a hablar del camino que conduce al nuevo campo de los Misterios gnósticos y de sus efectos, sobre todos los que le siguen. Lo haremos basándonos en las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz. Es uno de los títulos clásicos más conocidos de la Fraternidad de la Rosacruz y, podemos añadir, uno de los más controvertidos. Pues son innumerables los que han escrito, polemizado y divagado a propósito de esta obra. Se han levantado inflamadas discusiones en cuanto a su valor y significado; se han acumulado los interrogantes sobre su contenido. ¿Cuál era la intención del autor? ¿Era serio o bromeaba? Se inclinaban por esta última hipótesis, sobre todo porque Johann Valentín Andreae pasaba por haber escrito esta obra a la edad de 16 años; pero también porque el tema es tratado bajo forma de una historia fantástica, que en nuestra época sería un buen argumento para sobresalir.

Ahora bien, las Bodas Alquímicas describen de forma detallada, concreta y luminosa, todas las iniciaciones de C.R.C., y esto tan claramente que no se podría imaginar mejor; se dan todas las explicaciones, sin omitir una sola particularidad.

¿Quién era, o más bien, quién es Cristian Rosacruz? Es el prototipo del Hombre verdadero, del Hombre nuevo, del Hombre original, el verdadero cristiano , que ha liberado a Cristo en él, recorriendo el camino de la Cruz en la fuerza de la Rosa.

El camino que debe seguir el hombre dialéctico en ruta hacia la liberación, es el camino de la Gnosis quíntuple. Y es el camino de la Cruz. La Cruz es el encuentro de dos líneas de fuerza diametralmente opuestas. Ella significa un cambio total, una transformación de las fuerzas, una transmutación alquímica.

La Rosa, en nosotros, debe ser unida a su verdadero campo de vida, el campo de la inmortalidad. La Rosa debe ser liberada por el camino de cruz de la transfiguración. Por ello hablamos de Rosacruz. Esta obra debe realizarse en la fuerza de Cristo, la fuerza electromagnética de la Vida Universal. Por ello, el hombre que sigue realmente este camino y va hasta el final, es un Cristian Rosacruz.

Somos Rosacruces cuando recorremos el Camino hasta el final. Llegamos a ser Rosacruces cuando nos comprometemos en ello. Y quien comienza a caminar en el Camino realiza naturalmente todo tipo de experiencias. Para todos, es muy importante saber si estas experiencias, y sus consecuencias, son justas, si corres­ponde al Camino, si de día en día, en cada paso, las reacciones son buenas.

Pues todo alumno que recorre el Camino encuentra en las Bodas Alquímicas sus propias experiencias y sus consecuencias, como si fuese un resumen extremadamente fiel de su propia ruta. El lenguaje, el contenido y el plan del libro responden completa­mente a esta intención. Pero quien no quiere seguir este Camino, quien no tiene la menor intención de ello, no comprende absoluta­mente nada del mismo. Puede tener ideas sobre todo y disertar abundantemente de ello, pero permanece completamente al margen.

Cuando se sigue el Camino, por consiguiente se realiza la experiencia, es imposible explicar todas las sutilidades a un observador exterior. Esta obra, en realidad, no se ha escrito en absoluto de una manera velada, como piensa el observador exterior. Para quien recorre el Camino, es una clara confirmación de sus propias experiencias.

Ahora se podría preguntar: Entonces, ¿es sensato hablar de ello, ahora, a los que todavía no hacen la experiencia? He aquí nuestra respuesta: este libro quiere ser una llave del Camino. Ahora bien, quien tiene conciencia de haber recibido una llave, sabe también que existe una puerta que esta llave abre; y allí donde hay una puerta, hay una casa. Esta casa es la morada de la humanidad. De esto es de lo que queremos hacerles conscientes. Es la casa que Cristo llama «La Morada de mi Padre».

Las Bodas Alquímicas describen el Camino que conduce a esta Morada y nos hace entrar en ella. Existen tres vías para comprender las Bodas Alquímicas con éxito:

 

‑ la del portador de llave,

‑ la del principiante

‑ la de la experiencia vivida.

 

El portador de llave sabe que le espera una casa, que le ha sido destinada una herencia. En cada instante en que él lo quiere seriamente, puede acceder a la casa. Por tanto, el portador de llave es ya rico, pues posee ya el conocimiento, aunque sea parcial.

El principiante abre la puerta y ve inmediatamente confirma­das sus suposiciones iniciales. Con la visita de las primeras habitaciones, sabe ya, sin grandes especulaciones, como será el resto de la casa.

Quien ha experimentado, encuentra todo confirmado de una forma que supera con mucho sus suposiciones y sus esperanzas. Así llega a ser poseedor.

A todo lo largo de este triple proceso, las Bodas Alquímicas pueden ser un guía, pero sólo para aquel o aquella que realiza esfuerzos serios.

Ciertamente, ya se ha dicho, el tema de la obra es totalmen­te fantástico. Durante siete días, Cristian Rosacruz participa en ceremonias y pruebas variadas, para llegar a ser al final Caballero de la Piedra de Oro. Los siete días están precedidos de un prólogo y de un sueño. A continuación, nos encontramos con largas descripciones novelescas, entre las que se encuentra el pesaje de las virtudes de cada candidato. Muchos reyes, emperado­res y señores no resisten el primer juicio, la primera pesa, y son expulsados después de haber recibido diversos castigos.

Los sabios y los nobles son ridiculizados, los piadosos señores y pretendidos magos presentados como impostores, trabajadores de una pseudo piedra de los sabios, y son expulsados del platillo de la balanza a varazos y latigazos.

Otros son jactanciosos; uno oye celestes murmullos, un segundo contempla el mundo de las Ideas de Platón, un tercero cuenta los átomos de Demócrito, un cuarto ha inventado el «perpetuum mobile», el movimiento perpetuo. Pero no conocen la renuncia a todo instinto del yo, a toda jactancia y vanidad. En ninguno están muertos los deseos, de muerte natural.

Sólo una gran modestia y el conocimiento del yo hacen triunfar a C.R.C.

Y cuando, al final de las pruebas, debe grabar su nombre en una pequeña capilla, escribe:

 

«El mayor saber, es saber que no sabemos nada».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL

 

PRIMER DÍA

 

DE LAS

 

BODAS ALQUÍMICAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primer Día

 

 

Una noche, la víspera de Pascua, estaba sentado ante mi mesa y, después de haber conversado con mi Creador mediante una humilde oración, como tenía por costumbre, y de haber meditado profunda­mente sobre los grandes misterios (por los que el Padre de la Luz me había mostrado ampliamente su Majestad), iba a preparar en mi corazón un pan ácimo puro, con mi querido Cordero pascual, cuando de repente, un viento impetuoso se levantó con una violencia tal que creí ver desmoronarse la montaña bajo la que había excavado mi morada. Sin embargo, como  nada parecido me había ocurrido por tentativa del diablo (el cual me había atormentado muchas veces), recuperé el valor y proseguí mi meditación hasta el momento en que, de forma inhabitual, alguien me tocó la espalda, lo que me espantó hasta tal punto que, aunque al mismo tiempo sintiera un gozo como no puede conocer la flaqueza humana sino en parecidas circunstancias, no me atreví a volver la cabeza. Terminé sin embargo volviéndome, pues continuaban tirando de mis ropas reiteradamente. Una maravillosa forma de apariencia femenina se encontraba allí, cubierta con un vestido azul suntuosamente constelado de estrellas de oro, como el cielo. En su mano derecha llevaba una trompeta de oro puro, en la que estaba grabado un nombre, que llegué a leer pero que me está prohibido revelar; en su mano izquierda, tenía un grueso paquete de cartas escritas en todas las lenguas, que debía distribuir, como supe más tarde, en todos los países.

            Tenía unas alas grandes y magníficas, completamente cubiertas de ojos, gracias a las cuales podía elevarse en los aires y volar más rápido que el águila.

            Quizás hubiera podido observar otros detalles que la concernieran, pero como se quedó junto a mí muy poco tiempo, y yo aún estaba aterrorizado y sorprendido, no me fijé en más. Apenas me había vuelto, buscó en su paquete de cartas y encontró al fin una pequeña carta que depositó con respeto en mi mesa; después desapareció sin decir una sola palabra. Mas al alzar su vuelo, tocó tan fuerte su bella trompeta que el sonido resonó por toda la montaña, y no pude oír mi propia voz durante casi un cuarto de hora.

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

1

 

LA VÍSPERA DE PASCUA

 

La narración comienza una noche, la víspera de Pascua.

Toda narración de este género debe comenzar así. Usted sabe que Pascua es la fiesta de la Resurrección. Y puesto que su celebración es cercana al 21 de Marzo, fecha en la que el Sol entra en la estación de la primavera, se puede considerar con derecho como la fiesta del renacimiento de la naturaleza. Acabado el invierno, la primavera llega. Y sabemos con certeza que esta fiesta se celebra desde hace millones de años. Evidentemente ha sido adornada con todo tipo de etiquetas religiosas, pues con su celebración, se daban gracias a los dioses.

En la actualidad, la celebración de la Pascua en las diversas iglesias se acompaña con numerosas charlas insustancia­les sobre la resurrección de Cristo. Por otra parte, durante este tiempo, en la iglesia, todo el mundo piensa en el hecho históri­co: «Hace mucho tiempo, el Cristo ha resucitado de entre los muertos», o bien, inconscientemente, en los huevos de Pascua, en los dulces, en las deliciosas comidas que nos esperan, etc… Así pues, todo el mundo está sometido a un acontecimiento natural y nadie escapa a ello.

Sin embargo, el comienzo de las Bodas Alquímicas contempla algo muy diferente.

Todo ser humano no hace sino prepararse sin cesar para la fiesta de la resurrección. Todo ser humano se prepara para el futuro, en un plano puramente dialéctico y social. Lo que es realmente necesario dado que vivimos aquí, en este mundo, el mundo del espacio‑tiempo, en el que cada uno debe prever diariamente el porvenir. En algunas horas el «hoy» se convierte en el «ayer» y el «mañana» se vuelve el «hoy». Esto es inevita­ble. Y como, en el mundo del espacio‑tiempo, esta espera del porvenir es lo único que poseemos, estamos pues desprovistos de todo, y somos pobres como Job.

C.R.C. no habla de la resurrección cotidiana en el plano dialéctico, sino que contempla la resurrección en el nuevo campo de Vida, la Vida original, Vida hacia la que se dirige la Escuela Espiritual. Cuando un hombre posee tal aspiración, cada día es para él «la víspera de Pascua».

Animado por este anhelo cotidiano, sabe que, en efecto, este día llegará. No se puede decir otro tanto, ni de lejos, de los deseos dialécticos; este es el motivo por el que la lucha se perpetua en este mundo.

No obstante, muchos alumnos de la Escuela Espiritual, asumiendo naturalmente los deberes inevitables de la existencia ordinaria, alimentan un deseo superior, el de entrar en la Vida nueva. Razón por la que siempre se encuentran en «la víspera de Pascua».

Para este tipo de alumnos, la orientación reviste un aspecto muy particular en la vida presente. Pues saben que son llamados, por la Escuela, a entrar en el Reino gnóstico. Resulta evidente que este Reino no es solamente la Escuela en su aspecto exterior, público, sino especialmente el Templo de los Misterios, el nuevo campo astral del Reino del Alma, el Templo unido a la Escuela interior, el Templo que Ella ha edificado de nuevo. Cada alumno sabe que este nuevo Templo de los Misterios le llama. Además, sabe que esta llamada tiene un carácter muy personal. Por tanto, se trata que de haber oído la llamada general, se prepare para la llamada personal.

Cristian Rosacruz menciona ésta preparación personal mediante la expresión: «Preparar, con su Cordero pascual, un pan puro y sin levadura».

Ahora, si experimenta este anhelo nuevo y actual, si lo siente aunque sea un poco, sepa que ello conlleva una búsqueda, una búsqueda con vistas a satisfacerlo. Todo deseo engendra una tendencia a satisfacerlo, a saciarlo. Quien conoce este deseo superior y esta búsqueda, quien está ya en la víspera de Pascua, está ocupado en preparar, con su Cordero pascual, un poco de pan puro y sin levadura. Pues, conociendo ya algo de su deseo de realización, y buscando por consiguiente satisfacerlo, experimen­ta toda clase de decepciones en sus esfuerzos para alcanzar su objetivo.

El éxito no es inmediato. Las decepciones son necesarias para aprender lo que es útil y lo que no lo es. A continuación se produce una clarificación, una purificación. Pero después de numerosos intentos para preparar un «pan puro», a menudo, en un momento dado, llega el éxito. La Luz gnóstica nos toca, a nosotros, alumnos, y se mezcla con las fuerzas dialécticas, lo que siempre desencadena un proceso de fermentación. En este momento, nuestra tarea consiste en crear, en establecer una nueva base de vida con la Fuerza de Luz gnóstica, y esto fuera del proceso de fermentación.

Si se persevera en el esfuerzo, esta búsqueda, esta preparación y todas las situaciones que resultan del deseo superior, reciben de repente una respuesta: se levanta un viento tan impetuoso que el candidato se pone a pensar: «¡La montaña en la que está excavada mi morada va a volar en pedazos bajo su violencia!»

Se debe comprender correctamente el significado de esta tempestad. Se trata de una tempestad magnética. Todo hombre vive de una cierta fuerza astral, de un cierto campo magnético. La tempestad en cuestión se desencadena con la recepción de influencias nuevas, por la entrada en unión con un campo magnético diferente, cuyas radiaciones son completamente opuestas a las de la naturaleza ordinaria. Experiencia evidentemente muy notable y siempre extremadamente inquietante. Las radiaciones de este otro campo magnético son asimiladas por el corazón. Sus ondas y vibraciones nos impregnan con una fuerza que corresponde con la pureza de nuestra sangre, con el grado de pureza de nuestra aspiración. El acontecimiento no tiene lugar una sola vez, sino muchas veces, como atestigua la narración de Cristian Rosacruz. Esto no es nuevo para él, por lo que no le inquieta.

Acontece que algunos, que sufren la tempestad magnética por primera vez, experimentan tal angustia que rechazan, o hacen que muera en ellos, el puro deseo; después de lo cual llevan una vida muy desgraciada.

Si los esfuerzos son cotidianos, tal contacto tiene lugar varias veces, después de lo cual cesa. Numerosas tempesta­des se desatan y luego pierden su fuerza. Pero cuando un buscador de la vida nueva se armoniza sin cesar, de manera más o menos correcta, con su deseo superior, llega un momento en que la tempestad se desencadena, persiste y ya no se calma. Las radiaciones del nuevo campo magnético ya no le abandonan. Permanecen sin cesar alrededor de él, en él y toman la dirección de su vida.

A partir de ello, participamos en dos campos magnéticos. El nuevo influjo tiene por nombre «Virgo Lucifera», la Virgen portadora de la Luz. Pues bajo su influencia, por su contacto permanente, nace la Vida nueva en el nuevo Templo.

Antes de conseguirlo, deben ocurrir muchas cosas. Pero las bases han sido puestas, las posibilidades existen, por lo que la entrada al Templo se ha presentado como una invitación a la que uno puede consagrarse.

Pues bien, en un sentido o en otro, todos los alumnos de la Escuela Espiritual reciben la invitación. Muchos, por su aprendizaje han recibido una invitación exterior, que es también una unión. Muchos conocen la violencia de las tempestades magnéticas, y pueden decir que han recibido una invitación interior.

De cualquier forma que sea, todos los que quieren participar de la Vida nueva, deben prepararse en el menor tiempo posible para recibir semejante invitación.

¡Pues el momento ha llegado!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Tan desdichado era que, no sabiendo que partido tomar ante esta imprevista aventura, caí de rodillas y pedí a mi Creador que me salvaguardara de todo lo que amenazara mi salvación eterna; a continuación, lleno de angustia y temor, cogí la carta que encontré tan pesada como si toda ella fuera de oro macizo. Examinándola con atención, descubrí el minúsculo sello que la cerraba, sobre el que estaba finamente representada una cruz, con esta inscripción: «In hoc signo + vinces» (Con este signo, vencerás). Este descubrimiento me tranquilizó plenamente pues sabía, con certeza, que al diablo no le agradaría este sello y que, por otra parte, no lo usaba. Abrí la pequeña carta con precaución y encontré escrito, con caracteres de oro sobre campo azul, los siguientes versos:

 

            Ha llegado el día, ha llegado el día,

            Para quien puede presentarse a las Bodas del Rey.

            Si has nacido para participar en ellas,

            Elegido por Dios para la alegría,

            Puedes escalar la montaña

            Donde se erigen tres templos

            Y allí contemplar el Prodigio.

            Sé vigilante,

            Examínate.

            Si no te has purificado

            Las Bodas, ciertamente, te dañarán.

            Quien no lava sus pecados

            Será encontrado demasiado ligero.

 

Al pie figuraba:

 

                        «Sponsus et Sponsa» (El esposo y la esposa)

                                                           Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

2

 

LA CARTA DE INVITACIÓN

 

 

Después de la explicación de la primera página de las Bodas Alquímicas, es probable que comprenda sin dificultad la segunda.  Ahora conoce el origen de lo que usted experimenta bajo el nombre de «tempestad». Es un toque magnético nuevo, muy particular, que se ha hecho posible por una purificación previa, la purificación del buscador del Templo de los Misterios. Gracias a esta purificación, el ser se vuelve sensible al toque, de forma consciente. El punto de contacto es la rosa del corazón, único punto posible hasta que el santuario de la cabeza y el sistema magnético del cerebro, no están separados totalmente del campo magnético ordinario del mundo dialéctico.

El toque consciente se experimenta ahora como una llamada. Resuena como un sonido de trompeta que nos traspasa. En muchos textos sagrados se habla de esta llamada. Leemos en ellos como la voz de Dios resuena en la tempestad, en medio del trueno o de otros fenómenos naturales; la violencia del contacto magnético lanza al candidato a la confusión, porque ninguno de sus órganos está adaptado a las radiaciones que vibran a través de su cuerpo. Soporta estas radiaciones, pero ni uno sólo de sus órganos puede reaccionar a ellas.

En tan imprevista aventura, no se sabe qué hacer. Por esto, cada uno reacciona de forma totalmente personal.

C.R.C. se dispone a rezar, se podría decir que pide auxilio a la Fraternidad. Todo alumno puede hacer esta petición, esta súplica, esta oración; todo alumno verdadero es digno de ella.

En esta disposición C.R.C. coge la carta de invitación en su mano.

El toque deja huellas y el candidato ya no será jamás el hombre de antes. Se puede decir que quien ha sido llamado una vez lleva un signo, un sello, una cicatriz, una quemadura, una marca en el santuario del corazón, exactamente en el esternón, el espejo del corazón (la palabra «esternón» significa: irradiante).

Quien ha sido marcado así, permanece siempre receptivo a otros toques del nuevo campo magnético. Está abierto a la Gnosis: el capullo de rosa ha florecido, se ha abierto. Quien ha llegado hasta ahí, ya no puede retroceder. Marcado por la Fraternidad, llevará siempre el sello de la Orden en los glóbulos rojos de su sangre. Por esto, C.R.C. encuentra este sello sobre la carta, sello en el que está grabada una cruz con esta inscripción: «Con este signo vencerás». Quien está marcado con el sello de la Fraternidad está tranquilo y con razón. En efecto, es el símbolo de la Orden, símbolo incontestable. Esta marca en la sangre y en el cuerpo, permite reconocer a los demás y ser reconocido.

Es comprensible que sea por este símbolo y en él como se triunfa. Ya que no es una simple marca exterior, sino la prueba del toque y una base de construcción. Quien construye sobre esta base no puede ser engañado y todo mal y todo peligro huyen ante la aparición de este signo, hecho que hay que tener en cuenta. Es, pues, un signo de reconocimiento, al mismo tiempo que un signo protector, un amuleto. Se comprende ahora el origen de las narraciones y leyendas sobre los amuletos y piedras mágicas.

Que C.R.C. reciba una carta no tiene nada de particular; en las Sagradas Escrituras abundan imágenes parecidas donde Dios, la Gnosis, «escribe en el corazón». Pablo dice en la segunda epístola a los Corintios: «Sois una carta de Cristo» y habla «de las tablas de carne del corazón» y Pedro de «la persona oculta en el corazón».

Cuando un hombre ha sido tocado, cuando ha recibido la marca de la Orden, debe entonces poder leer la carta y comprender el sentido del contacto. Generalmente pasa mucho tiempo antes de que descubramos que hemos recibido una carta. Pero es mucho mejor comprenderlo pronto pues antes se reacciona, con lo que podemos evitar así muchos peligros.

C.R.C. comprende inmediatamente la intención de la carta y la traduce como sigue:

 

Ha llegado el día, ha llegado el día,

Para quien pueda presentarse a las Bodas del Rey.

Si has nacido para participar en ellas,

Elegido por Dios para la alegría,

Puedes escalar la montaña

Donde se erigen tres templos

Y allí contemplar el Prodigio.

 

Recordemos que la obra tiene por título: «Las Bodas Alquímicas de C.R.C.».

En ella se trata del proceso de la transfiguración, de la regeneración de todo el ser, de una elevación al campo de Vida original, de una unión con este campo de Vida para la transfigu­ración. Para que la fiesta pueda empezar, es preciso ser digno, debe haberse nacido para ella. Y se ha nacido para ella, se ha sido designado para ella, cuando se lleva el sello de la Orden grabado en el esternón. En cuyo caso, el Camino está libre, se puede recorrer y escalar la montaña donde se erigen tres templos.

La Orden posee tres Templos. El Templo es un taller de trabajo, un lugar de servicio, donde se exige una ardua labor.

El primero es el Templo de la Fe: de la comprensión y de la rendición del yo.

El segundo es el Templo de la Esperanza: de la santificación y de la regeneración.

El tercero es el Templo del Amor: de la realización.

En el primer Templo, el viejo hombre se constituye prisionero de la Gnosis, de las fuerzas crísticas de salvación.

En el segundo Templo el viejo hombre disminuye por la endura, mientras crece en él el Hombre nuevo, el Otro, el Inmortal.

En el tercer Templo, se realiza la obra y se celebra la Fiesta de la victoria, la Fiesta del regreso.

Todo alumno debe atravesar estos tres talleres de trabajo, estos tres Templos.

Quien ha recibido el sello de la Orden puede y debe emprender la tarea, tarea inmensa y maravillosa; pero que preste atención a la advertencia:

 

Sé vigilante,

Examínate.

Si no te has purificado,

Las Bodas, ciertamente, te dañarán.

Quien no lava sus pecados

Será encontrado demasiado ligero.

 

Esta advertencia llega en el momento preciso. Quien ha recibido el signo de la Orden está preparado para seguir el Camino. En efecto, está abierto al campo magnético nuevo y puede elevarse. Pero si quiere servir a dos señores a la vez, vivir de dos campos magnéticos opuestos, todo su ser será extremadamente perturbado. Su vida se vuelve un infierno, su cuerpo un gran tormento. Quien quiere vivir las Bodas Alquímicas de C.R.C. pero se aferra al mismo tiempo a su antigua vida, descubre que el resultado es una unión aún mayor a la tierra. Es igualmente imposible posponerlo para más tarde, diciéndose a sí mismo: «Aún un poco esto; otro poco aquello». Se puede soportar la tensión de los dos campos magnéticos, con la única condición de seguir la vía de Juan Bautista, de Juan el Precursor, el camino de quien reacciona directamente diciendo: «El, el Otro, debe crecer y yo debo menguar».

Así pues, es preciso que el candidato tenga en cuenta el peligro lógico de la advertencia de la carta. Ninguna persona llamada por la Orden es presionada. Cada uno puede seguir su propio ritmo y cumplir sus deberes normalmente. Mas, una orientación y una perseverancia consecuentes, en dirección al Objetivo, son absolutamente necesarias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Leyendo esta carta estuve a punto de desvanecerme. Se me erizaron los cabellos y un sudor frío bañó mi cuerpo. Comprendía que se trataba de las bodas que me habían sido anunciadas, siete años antes, en una visión; esperadas desde hace tiempo con gran deseo y previstas por cálculos y análisis extraídos de mis posiciones planetarias, no obstante, jamás había supuesto que se acompañarían de condiciones tan severas y arriesgadas. Antaño, me había imaginado que, en efecto, bastaría con presentarse a las Bodas para ser un huésped bien acogido y estimado; y hete aquí que se me hablaba de una elección divina de la que, en lo que a mi respecta, no me había sentido merecedor. Descubría también, cuanto más me examinaba, que en mi cabeza sólo había incompren­sión e ignorancia con relación a las cosas ocultas, que tampoco era capaz de comprender las cosas más sencillas de mis ocupacio­nes cotidianas. Que todavía estaba menos destinado, por mi nacimiento, a profundizar y conocer los secretos de la naturale­za. A mi parecer la naturaleza podía encontrar, en cualquier lado, un discípulo más virtuoso a quien confiar tesoros tan preciosos, aunque estuviesen sometidos al tiempo y al cambio. Descubrí igualmente que mi cuerpo, mi comportamiento exterior y el amor fraterno a mi prójimo, no eran aún verdaderamente puros y sin máculas.

            Me parecía que el aguijón de la carne estaba aún presente en mí, dirigido especialmente hacia la consideración y el lujo de este mundo y no hacia la salvación de mis semejantes. De tal manera que calculaba sin cesar los medios para acrecentar rápidamente mi beneficio personal, edificar grandiosas construc­ciones, inmortalizar mi nombre en este mundo, y mantenía muchos otros pensamientos carnales del mismo tipo.

            Sin embargo, fueron las oscuras palabras relativas a los tres templos las que me preocuparon especialmente; incluso después de muchas reflexiones, no llegué a esclarecerlas y quizás no las hubiera comprendido nunca sin una milagrosa revelación. Oscilando entre el temor y la esperanza, no encontrando en mí más que impotencia y flaqueza (de forma que no podía tomar una determinación y me inquietaba la invitación), acabé por recurrir a mi vía habitual más segura: antes de abandonarme al descanso, hacer el profundo y ardiente ruego de que mi buen ángel se me apareciera, por decreto divino, para guiarme en mi incertidumbre, tal y como ya me había sido otorgado, algunas veces, anteriormen­te. Y una vez más ocurrió así, gracias a Dios, bajo forma de una preciosa y severa advertencia para mi bien y para ejemplo y enmienda y para el bien de mi prójimo.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

3

 

CRISTIAN ROSACRUZ ADQUIERE CONCIENCIA

DE SU PROPIA INDIGNIDAD

 

Cristian Rosacruz ha recibido su carta. Y a medida que va comprendiendo su significado, le inunda un sudor frío. Reconoce al signatario de la invitación; sabía desde hacía tiempo como le llegaría: por el deseo de la Gnosis, abriéndole su corazón. Pero ahora que la carta está ahí, se siente terriblemente desamparado.

Póngase en su lugar.

Supongamos que usted también conociese la naturaleza de la invitación, que supiese cómo le llegará; que su inteligencia y su orientación hacia la Escuela de los Misterios le permitiesen comprender perfectamente de qué se trata; que estuviese totalmen­te informado y que tuviese de ello una visión concreta. Dado que esta visión, esta imagen del porvenir se ha  concretado en la Escuela Espiritual, evocada mediante las palabras y los contactos mutuos y llevada por el campo de fuerza de la Escuela.

Estamos seguros de que si ahora fuese tocado por las fuerzas magnéticas nuevas y el Sello de la Orden estuviese grabado en sus glóbulos rojos, a nivel del esternón, se encontraría igualmente extremadamente desconcertado.

Hablar, filosofar sobre los efectos de tal contacto, considerar el hecho como visionario, es totalmente diferente a encontrarse ante el acontecimiento, sabiendo que no se trata de volver hacia atrás. Contemple una vez más ese pasaje de la carta de invitación:

 

Sé vigilante,

Examínate.

Si no te has purificado,

Las Bodas, ciertamente, te dañarán.

Quien no lava sus pecados

Será encontrado demasiado ligero.

 

Finalizadas las ensoñaciones idealistas, hay que avanzar: si no se mueve o da marcha atrás, surgirán dificultades, tales como males físicos y tensiones psíquicas. Mientras un alumno de la Escuela Espiritual se obstine en idealizar el camino de la liberación o en hablar de él, no hace más que ponerse un traje de iniciado, confeccionado por él mismo con todos sus sueños, y mirándose al espejo dice: ¿Cómo me sienta?, en tanto que otro que hace lo mismo le responde: ¡No te sienta bien del todo!

 

¿Comprende usted hasta qué punto tales actuaciones revelan tan sólo teoría?

 

Quien ha recibido el sello es admitido en un proceso, en cuyo desarrollo el yo no puede jugar otro papel que el de la rendición total, el de la endura, el del aniquilamiento, que debe realizar en la fuerza de la Gnosis. El candidato es colocado en el centro del proceso con sus cualidades interiores del momento, a pesar de sus faltas y defectos aún presentes.

Puede, pues, imaginarse la desolación de C.R.C. desde que recibió el sello.

¿Qué posee de hecho? Ciertamente el signo de la Orden está grabado sobre su esternón pero, por lo demás, sólo comprueba la resistencia y ceguera existentes en él en lo concerniente a las cosas ocultas, así como su incapacidad por comprender las cosas asequibles a sus sentidos que, sin embargo, debe hacer cada día. Tiene la impresión de no valer nada y piensa que se podrían encontrar candidatos mucho más aptos que él. Su cuerpo, su comportamiento exterior, su amor al prójimo ¿son bellos y puros? ¿No le quedan deseos de las cosas de este mundo?

Sobre todo le sorprenden las oscuras palabras relativas a los tres templos, cuyo significado se le escapa:

Un templo donde orar, lo que ya conoce.

Un templo en donde abandonarse a las meditaciones místicas, lo que  igualmente conoce.

Un templo en donde reunirse, lo que también conoce.

Un templo en donde ir a escuchar, lo que asimismo conoce.

Pero ¿un templo que sea un lugar de trabajo, en el que entrar como obrero?

 

Así, el nuevo hermano o la nueva hermana oscila entre la esperanza y el temor. C.R.C. tiene una gran angustia interior. Se examina constantemente pero sólo se halla debilidad e impotencia. Consciente de no poder hacer nada por sí mismo, está desconcertado por la advertencia amenazadora que acaba de leer. Razón por la cual recurre al medio más seguro que habitualmente emplea: antes de reposar reza instantánea y ardientemente, con el fin de que su buen ángel se le aparezca, por decreto divino, para guiarle en su incertidumbre; lo que sucede, gracias a Dios, como a menudo anteriormente.

C.R.C. se somete a la única rendición del yo requerida a un verdadero alumno: no la rendición en tanto que método cultural, sino el abandono de sí en la gracia, como en la desgracia, con la esperanza de que el Camino le será mostrado interiormente.

Para terminar, aún algunas observaciones sobre el «buen ángel»

¿De qué o de quién se trata?

No podemos hablar en este libro ampliamente de ello pues el tema nos llevaría al desarrollo de otra materia distinta. Basta con  decir, que el ángel es una fuerza natural, un ser natural que vive en el espacio de nuestro campo de vida, un punto focal del séptimo círculo aural. El «buen ángel» en cuestión es una fuerza que se desarrolla, gracias a los intercambios que tienen lugar entre un alumno y un centro-foco director del sexto círculo magnético.

Todos nuestros hechos y gestos dialécticos presentes y pasados, crean a nuestro alrededor, en nosotros, un campo de fuerza. Lo mismo ocurre para toda la vida gnóstica.

De hecho, tenemos un buen ángel y un mal ángel que, en los momentos señalados de nuestra vida, nos ayudan o nos dificultan. Llamar espontáneamente, ardientemente, a su buen ángel es pues gritar con toda su alma: «Ya no sé qué debo hacer. Señor ¡ayúdame! Entonces llega la respuesta de la Gnosis, por medio del campo de fuerza del Bien que se extiende a nuestro alrededor.

Y el interesado recibe una impresión del Camino a seguir, generalmente en sueños o mediante una visión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Apenas me hube dormido, tuve la impresión de encontrarme en la torre oscura de una prisión, atado con pesadas cadenas, junto con otros innumerables hombres. No había el menor rayo de luz, y nos agitábamos como un enjambre de abejas, agravando aún más nuestra aflicción los unos a los otros. Ninguno de nosotros podía ver nada, sin embargo percibía como algunos se esforzaban en elevarse por encima de los demás, cuando sus hierros y sus cadenas eran tan sólo un poco más ligeros. En verdad, nadie tenía mucha ventaja sobre los demás; estábamos suspendidos, unos sobre otros, como un racimo de uvas.

 

        Habiendo permanecido mucho tiempo juntos en esta miseria, tratándonos mutuamente de ciegos y de presidiarios, finalmente oímos el sonido de numerosas trompetas, acompañadas de redobles de timbales, ejecutados con una maestría tal que nos regocijó y reconfortó en nuestra desdicha.

            Al son de esta música, el techo de la torre fue levantado y cayó sobre nosotros un poco de luz. ¡Habría que haber visto entonces esta agitación! Pululábamos en desorden, hasta el punto de que quien estaba un poco por encima de los demás, caía bajo sus pies. Cada uno quería estar en la posición más elevada y yo mismo, sin vacilar, a pesar de mis pesadas cadenas, luchaba por desprenderme y me alcé sobre una piedra que pude alcanzar. Pero, también allí fui atacado por los demás, defendiéndome como podía con manos y pies. Sólo teníamos un pensamiento: que todos seríamos liberados.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

4

EL SUEÑO DE CRISTIAN ROSACRUZ

 

Cristian Rosacruz, el hombre marcado en el corazón con el sello de la Orden, es llamado, tal como hemos dicho, para un trabajo de creación, la transfiguración, proceso al que debe entregarse por completo.

Pero considerándose totalmente incapaz, indigno, no preparado, no sabe qué hacer. Hemos explicado ampliamente las razones. Al borde del agotamiento, se duerme y, durante el sueño, sueña algo que le explica claramente su situación.

Le parece encontrarse, con muchos otros, en la torre de una prisión oscura, cargado de cadenas. No penetra ningún rayo de luz y los prisioneros se agitan como un enjambre de abejas. Cada uno intenta elevarse por encima de los demás, cuando sus hierros o cadenas son tan sólo algo más ligeras. Nadie ve nada: todo es tinieblas. Los prisioneros sólo pueden darse cuenta de la lucha a través del oído y del tacto. No obstante, ninguno tiene mayor ventaja sobre los demás, pues todos están suspendidos unos sobre otros, como un racimo de uvas, como un enjambre de abejas.

De esta forma, C.R.C. describe la realidad del mundo dialéctico como un caos bullicioso de individuos egocéntricos.

Y, compréndalo bien, todos están, sin excepción, fundamen­tal, estructural y sensorialmente en la misma situación. No existe ninguna diferencia entre ellos. Esta masa que lucha está compuesta de entidades que poseen el átomo‑chispa de Espíritu y C.R.C. forma parte de ella. Ciertamente, todos sienten su extrema miseria y todos intentan situarse en el mejor sitio. Están hundidos en las tinieblas porque no ven la causa de su miseria. La perciben pero ignoran su origen; por ello se pelean y se acusan unos a otros violentamente.

Usted sabe cuan exacta y completa es esta descripción de la realidad. En este mundo, por ejemplo, se podrían alinear hasta perderse de vista los movimientos, los grupos y las iglesias que se dirigen virulentos reproches e intentan apropiarse de la posición más destacada.

Esta posición se define desde el punto de vista económico, social, político o religioso, y se evalúa de acuerdo con el número de seguidores.

Pero, ¡la realidad es que esta multitud se agita «en» el agujero del calabozo y no «fuera»!

En otras palabras: la condición es y persiste la misma para todos, se haga lo que se haga. Sin embargo, nadie lo ve a causa de la oscuridad; y la lucha continua indefinidamente entre los hombres que, en ese preciso momento, están en el estado de C.R.C., sin hablar de los demás.

De repente la situación cambia. Mientras todo el mundo se tacha de ciego y de presidiario, resuena el sonido de numerosas trompetas y el repicar de tambores.

Pero la lucha no cambia. Todas esas personas angustiadas continúan actuando de la misma forma. La lucha, no obstante, provoca agotamiento y, a pesar de su aspecto negativo, una especie de purificación, una especie de anemia. La sangre pierde algo de su ardor y el hombre anémico gana sensibilidad.

La personalidad obtiene así alguna receptividad hacia un campo magnético distinto. No se trata, pues, ni de mérito, ni de comprensión, sino de una consecuencia de la lucha. Quien obtiene alguna percepción de las radiaciones gnósticas no ha cambiado, ni se ha elevado, sino que simplemente se ha sensibilizado por las circunstancias de la vida dialéctica.

Después leemos que en el momento en que resuenan trompetas y timbales, se levanta la tapa de la torre, lo que permite la entrada de un poco de luz en el interior. La sensibilidad crece al mismo tiempo que el agotamiento; se transforma en sensibilidad a la nueva Luz, traduciéndose en un deseo de la sangre, una exasperación de la sangre; en esta Luz se ve mucho mejor que antes el estado en que nos hallamos (1). Cada uno se esfuerza por elevarse y C.R.C. dice: «yo mismo, sin dudarlo, a pesar de mis pesadas cadenas, luchaba por abrirme paso y me alcé sobre una piedra que pude alcanzar. Pero, también allí, fui atacado por los demás, defendiéndome como podía con manos y pies. Sólo teníamos un pensamiento: que todos seríamos liberados»

 

Ser sensible al Otro no tiene. pues, su causa en alguna perfección cualquiera sino en el agotamiento; ni en un cambio del ser, sino en una especie de anemia; la causa no es tampoco una francmasonería personal, ya que todos estos prisioneros están aún sólidamente encadenados.

En esta situación, la de innumerables personas, se desarro­lla sin cesar la posibilidad de ser socorrido, así pues, sin necesidad de cualquier mérito personal. No se engañe a este respecto: nadie es mejor que otro, nadie es bueno, ni uno sólo. ¡Qué consuelo para C.R.C. atormentado por su propia imperfección, después de recibir el sello de la Fraternidad! Nadie puede formar parte de la Orden sobre la base de sus propios méritos. «Todos se han alejado» dice las Sagradas Escrituras. Nadie debe tener complejo de inferioridad.

La acción de la Fraternidad Universal consiste en hacer descender una cuerda siete veces. En cada período de agotamiento de la humanidad, la Fraternidad salvadora ejecuta este trabajo séptuple que se expresa, entre otros, por la creación de una Escuela Espiritual. Y el resultado de tal actividad es, natural­mente, el desencadenamiento de nuevas y violentas luchas, desde las más monstruosas a las más innobles.

 

Pero volvamos ahora con C.R.C.:

¡»Había que haber visto entonces esta agitación! Pululábamos en desorden, hasta el punto de que quien estaba un poco por encima de los demás, caía bajo sus pies. Cada uno quería estar en posición más elevada y yo mismo, sin vacilar, a pesar de mis pesadas cadenas … ¡me defendía como podía con manos y pies!»

 

El haber recibido el sello de la Orden no significa aún una elevación. Los portadores de capullos de rosa, golpeados, deshechos en su yo, por consiguiente abatidos, anémicos, son tal vez los mayores pecadores; hasta ahí su lucha no difiere de los combates normales, más que en la medida en que no la conducen a fines dialécticos, sino para liberarse en el sentido que sea.

Quienes han recibido el sello de la Orden, no han realizado ningún mérito por el que vanagloriarse. Reciben el gran y maravilloso privilegio de seguir el camino de la verdadera liberación. El sello es una prueba de admisión, no por mérito sino por la gracia.

El sello de la Orden aunque no sea el signo de una elevación es, efectivamente, la prueba de una separación, de una emancipa­ción de la naturaleza dialéctica. Sobre esta base el alumno puede empezar la Gran Obra.

Sin duda, habrá comprendido que la Escuela Espiritual de la joven Fraternidad Gnóstica, particularmente en Europa, es la institución que lanza las siete cuerdas al fondo del calabozo de la vida presente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Pero ocurrió de otra manera. En efecto, cuando los señores que nos miraban desde arriba, por la abertura de la torre, se hubieron divertido un poco con nuestros gemidos y agitación, un anciano completamente cano nos ordenó que nos tranquilizásemos. cuando hubimos obedecido, pronunció las siguientes palabras, si la memoria no me es infiel:

 

            Con sólo que el género humano

            no hubiese mirado demasiado alto,

            habría recibido grandes bienes,

            por la justicia de mi Madre.

            Pero como tan sólo hace su voluntad,

            permanece con grandes tormentos,

            y prisionero de la noche.

 

            Pese a todo, mi Madre bienamada no quiere

            ver que se ha desviado.

            Ella hace brillar en la luz

            los esplendores de sus riquezas,

            si bien ello ocurre raramente,

            a fin de mostrar la realidad,

     ya que sino sólo se vería ilusión.

 

            En honor a la fiesta,

            celebrada hoy,

            para rendirle una mejor ofrenda,

            se realizará una buena obra:

            se descenderá ahora una cuerda.

            Quien se cuelgue de ella,

            encontrará la libertad.

 

            Apenas hubo pronunciado estas palabras, la anciana Dama ordenó a sus servidores que lanzaran siete veces la cuerda dentro de la torre y que la subieran con los que permanecieran asidos a ella. Dios me permita describir detalladamente la agitación que nos embargo: cada uno trataba de apoderarse de la cuerda, obstaculizándonos mutuamente por esa misma razón. Transcurridos siete minutos sonó una campanilla: a esta señal, los servidores izaron cuatro personas esta primera vez. Para mi mayor desdicha yo estaba, como ya he dicho, subido en una piedra adosada al muro de la torre, lo que me imposibilitaba aproximarme a la cuerda que pendía en el centro, fuera de mi alcance.

            Se descendió la cuerda una segunda vez. Pero las cadenas de la mayoría eran demasiado pesadas y sus manos demasiado débiles para mantenerse asidos, de forma que caían arrastrando a muchos de los que quizás se hubieran mantenido. Más de uno fue descolga­do por algunos de los que no habían llegado a alzarse, tanta era la envidia de unos hacia otros en nuestra gran miseria. Compadecí sobre todo a quienes eran tan pesados que se les arrancaban las manos del cuerpo sin que lograran subir. Ocurrió, pues que, en las cinco primeras veces sólo fue izado un pequeño número. En efecto, cuando sonaba la señal, los servidores izaban la cuerda con tal rapidez que la mayoría de los que la habían cogido caían unos sobre otros. La quinta vez subió vacía. Así que muchos de nosotros, entre los que me contaba, comenzamos a perder la esperanza de ser liberados e imploramos a Dios para que tuviera piedad de nosotros y nos sacara de estas tinieblas, ya que las circunstancias eran propicias; algunos fueron escuchados. Pues, cuando la cuerda descendió por sexta vez, varios se agarraron firmemente y, cuando remontándose se balanceó, se aproximó también a mí, sin duda por voluntad divina. Rápidamente la cogí, de forma que me encontré por encima de los demás y así, contra toda esperanza, salí por fin de la torre. Mi dicha era tan grande que no sentí las heridas que me había producido en la cabeza con una piedra puntiaguda, mientras subía, antes de ayudar a izar la cuerda por séptima y última vez (tal y como se había realizado las veces precedentes). El esfuerzo hizo que se esparciera la sangre sobre mi ropa pero, en mi alegría, no me apercibí en absoluto.

            La última subida de la cuerda, traía el mayor número de prisioneros; entonces la anciana Dama la hizo quitar y encargó a su hijo, un hombre de mucha edad (lo que me sorprendió muchísimo), que transmitiera un mensaje a los prisioneros que aún quedaban en la torre. Tras una corta reflexión, dijo estas palabras:

 

            Queridos hijos que estáis reunidos abajo,

            lo que estaba previsto, desde hace tanto tiempo,

            por fin se ha realizado,

            y ello, por la gracia de mi madre,

            concedida a vuestros amigos.

            No envidiéis su suerte,

            ya que bien pronto vendrán tiempos felices,

            en los que todos los hombres serán iguales,

            donde ya no habrán pobres ni ricos.

            Así pues, a quien se exige mucho,

            deberá trabajar mucho;

            a quien le es confiado mucho,

            deberá mostrar que construye.

            Cesad, pues, en vuestros lamentos:

            ¡tan sólo faltan algunos días!

 

            Una vez fueron pronunciadas estas palabras, el techo fue colocado otra vez sobre la torre, mientras resonaban de nuevo las trompetas y los timbales. Pero el sonido de los instrumentos no era lo suficientemente fuerte para apagar los lamentos de los prisioneros de la torre, lo que me hizo llorar. Poco después, la anciana Dama se sentó con su hijo en dos sitiales dispuestos al

efecto y ordenó contar a los liberados. Cuando supo su número, lo inscribió en una tablilla de oro y preguntó el nombre de cada uno de nosotros, que igualmente fue anotado por un paje. A continuación nos miró uno tras otro, suspiró y dijo a su hijo, de forma que se pudiera oír claramente: «¡Ay, cómo compadezco a los pobres hombres de la torre! ¡Hubiera permitido Dios liberar­les a todos!» A lo que su hijo respondió: «Madre, Dios así lo ha dispuesto, y no debemos oponernos. Si todos fuéramos señores y poseyéramos los bienes de la Tierra, ¿quién nos serviría la comida cuando estuviéramos en la mesa?» Tras lo cual la madre se calló, pero al poco dijo: «Liberemos a esta gente de sus cadenas», lo que se hizo al instante. Estaba casi el último de la fila y, a diferencia de los demás, no pude resistir el hacer una reverencia a la anciana Dama, y agradecer a Dios que, por su mediación, hubiera tenido a bien, en su gracia paternal, sacarme de las tinieblas a la luz. Otros siguieron mi ejemplo y se inclinaron ante la anciana Dama. Por último, cada cual recibió, como viático, una medalla conmemorativa de oro, en la que estaban grabados, por un lado, el Sol naciente y, por el otro, si la memoria no me falla, las tres letras D L S (Deux Lux Solis: Dios, Luz del Sol).

            A continuación todos quedamos libres para regresar a nuestras ocupaciones, exhortándosenos servir al prójimo para gloria de Dios y callar lo que nos había sido confiado. Hicimos la correspondiente promesa y nos separamos. A causa de las heridas causadas por mis cadenas, avanzaba con dificultad y cojeaba de ambas piernas. La anciana Dama se percató pronto de ello, se puso a reír, me llamó junto a ella y me dijo: «Hijo mío, no te aflijas por tu imperfección, sino que acuérdate de tus flaquezas y agradece a Dios que te permita participar, mientras que aún vives en este mundo y a pesar de tu imperfección, de una luz tan elevada; sopórtalas-guarda tus heridas- por amor a mí».

       En este momento, las trompetas sonaron de nuevo, lo que me sobresaltó hasta el punto de despertarme. Entonces me apercibí que todo había sido un sueño, pero estaba tan profundamente grabado en mi conciencia que continuaba preocupándome y tenía la impresión de sentir todavía las heridas en mis pies. Fuera como fuese, comprendí que Dios me permitía asistir a la celebración de unas bodas secretas y misteriosas; así, con una confianza pueril-infantil, agradecí a su divina Majestad, rogándole me mantuviese continuamente en el respeto que Le profesaba, que llenara diariamente mi corazón de sabiduría y de comprensión y que, sin mérito alguno por mi parte, me condujese con su gracia hasta el objetivo anhelado.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

5

 

LA CUERDA SALVADORA

 

Hemos explicado en qué circunstancias y por qué entidades la Escuela Espiritual actual se compromete y realiza esta obra. Es un trabajo séptuple, el trabajo de las siete cuerdas lanzadas al fondo del calabozo.

Debe representarse la cuerda como una línea de fuerza magnética, una corriente de fuerza magnética, mediante la cual se realiza el trabajo. Hemos dicho que el debilitamiento de la sangre en el hombre, le volvía sensible a fuerzas magnéticas distintas, siendo al mismo tiempo consciente de ello. La sangre, como no ignora, tiene siete aspectos, su composición es séptuple. La sangre debe llegar al debilitamiento de manera séptuple. Por consiguiente, hay siete grupos cuya aspiración y lucha difieren, y siete sensibilidades diferentes a la actividad de la Fraterni­dad, la cual actúa de forma séptuple.

Por esto existen siete Escuelas Espirituales diferentes, dispersas en el campo del mundo, trabajando, dentro de lo posible, para los siete grupos, así pues, para hombres suscepti­bles de empezar de muy distinta forma que nosotros.

A cada uno de estos grupos que aspiran, luchan y se pelean en el calabozo, les es ofrecida una posibilidad razonable de escapar de las garras de la muerte.

Las siete cuerdas no son lanzadas simultáneamente. Las siete líneas de fuerza magnética diferentes son activadas progresiva­mente, una tras otra, a fin de obtener una buena decantación y una correcta evolución. En el texto se ve claramente como C.R.C. sólo puede coger la «sexta cuerda, gracias a que estaba sobre una piedra, contra el muro de la prisión»; lo que significa que ha podido ser izado en la fuerza de Cristo y por el Espíritu Santo, en razón de la firmeza de sus esfuerzos conscientes para la consecución del Objetivo.

Tan sólo un pequeño número, muy exiguo, ha salido las cinco primeras veces. Esto es debido a la lucha que se muestra constante en los actos de violencia, engendrados por los celos y el odio y, por otra parte, al hecho de que cinco de las siete líneas de fuerza magnética pueden elevar tan sólo a pocos hombres. La mayor parte de los que pertenecen a estos cinco grupos sanguíneos, son seres tan unidos a la naturaleza (sus cadenas son muy pesadas, sus manos muy débiles) que aún no son aptos para ser socorridos, en razón del estado de su sangre, aunque perciban algo de la luz y reaccionen. Sin embargo, también les son lanzadas cuerdas y reciben todos su posibilidad. Ya que la igualdad de posibilidades para todos, es una de las reglas de la Orden.

C.R.C. es izado en la sexta cuerda; observamos como una piedra puntiaguda le hiere entonces la cabeza, y que sólo se percata de ello cuando, con los demás, ayuda a lanzar la séptima y última cuerda, cuyo esfuerzo mancha de sangre su ropa.

Cuando se es tocado en el átomo del corazón por la luz magnética nueva de la Escuela Espiritual y, al igual que C.R.C., se pertenece al sexto grupo sanguíneo ‑grupo en el que domina el amor a la humanidad y el amor al prójimo‑, tal herida en la cabeza rompe las líneas de fuerzas magnéticas de la naturaleza dialéctica. Simbolizan la desaparición de lo que obstaculiza la ventana del Alma.

Una vez que la cuerda ha sido izada por última vez, el calabozo es cerrado por un tiempo.

Lo que significa que la Escuela Espiritual no obra permanen­temente, sino que una vez realizada su tarea, se retira para ser reemplazada, en el momento preciso, por un grupo que exteriormen­te aparece como nuevo. Motivo por el que hablamos de la Escuela Espiritual actual. Entre dos fases activas de las siete, existe siempre una pausa que se conoce por el cese del trabajo exterior, después de lo cual comienza una nueva Escuela, joven y dinámica.

La decisión del cierre corresponde a la «Vieja Dama». Lo que nos hace pensar en el «Hijo de la Viuda». Los «Hijos de la Viuda» son liberados, iniciados, partícipes de la Vida universal, que trabajan para la salvación de la humanidad.

La expresión «Hijo de la Viuda» es un buen símil. Antaño, la humanidad caída formaba parte del campo de fuerza llamado «La Madre». Ese campo procedía de la plenitud divina, y vivía en unidad con el Padre divino. Desde la caída, ese campo, esta «Madre» fue separada del Padre y permaneció viuda. Ese campo‑ma­dre se esfuerza en restablecer la unidad rota, buscando a Quien ha perdido. Desde entonces todos los que colaboran en este restablecimiento, todos los que son dignos de participar, son llamados «Hijo de la Viuda».

La leyenda de Hiram Habiff nos da un ejemplo de ello.

En el Evangelio de Lucas, 7, se narra la admirable historia del «hijo de la viuda de Naìm». Naín significa «pradera, campo», así pues, un campo de trabajo de la Fraternidad. Ahora bien, se dice que el hijo de la viuda ha muerto. Entonces Jesús se adelanta y le despierta de entre los muertos. «Y el muerto se sentó y se puso a hablar y Jesús le devolvió a su madre».

Cuando una de las actividades de los «Hijos de la Viuda» cesa, se da siempre a conocer bajo forma de una exhortación al valor: «Hombres, cesad en vuestras lamentaciones, sólo un poco de tiempo más. ¡Pronto volverá un tiempo feliz, en el que todos serán iguales, no en un sentido dialéctico sino en un sentido nuevo!».

Se puede reaccionar sentimentalmente y decir: «¡Qué pena que la salvación de la humanidad caída tenga lugar por oleadas- etapas!» Pero el que algunos no puedan ser salvados, durante cierto período de actividad, en razón de su estado de sangre, muestra la necesidad de una periodicidad en la realización de los esfuerzos de salvación emprendidos por la Gnosis. Es preciso que la sangre de los hombres se haya vuelto receptiva a la actividad de la Luz, y que la fuerza de perseverancia sea suficiente.

Siguiendo la narración del sueño de C.R.C., vemos como todos los que han sido izados del pozo, son liberados de sus cadenas y reciben una medalla de oro, que deberán llevar durante el viaje. Por un lado está representado el sol naciente y por el otro, las letras D.L.S.

Todos los rescatados vuelven a su trabajo, con el deber de servir a su prójimo por Amor a Dios y de guardar silencio sobre lo que se les ha confiado, tal como prometen.

En ese momento suenan nuevamente las trompetas y C.R.C. se despierta, sale de su sueño y comprende. Comprende que no hay que inquietarse por su debilidad. Quien recibe el sello de la Orden, recibe al mismo tiempo unos medios totalmente nuevos. El pasado es borrado. Dicho hombre es liberado de sus hierros.

C.R.C. recibe el viático bajo forma de una moneda. Por un lado resplandece la aurora naciente, el nuevo día. El viajero debe orientar su brújula hacia el sol naciente. Por el otro lado de la moneda se encuentran las tres letras D L S (Deus, Luz, Solis), lo que da a entender que el candidato está, en su cuerpo físico, unido a la Gnosis (Deus).

Como resultado, tiene en él, la luz (Lux) de la Vida Nueva. Pertenece, pues, a la Nueva Fraternidad, Fraternitas Solaris, la Fraternidad del Sol.

Se podría decir también que estas tres letras representan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Deus: el Padre

Lux: la Luz del Hijo

Solator: la fuerza de la gracia del Consolador.

Sobre esta base, base inmensa, cada uno puede empezar su viaje y coronarlo de éxito.

Esperamos ardientemente que, gracias a lo que precede, pueda usted también, lector, comprender la clave, asir la llave de su propio Camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Después de lo cual, me preparé para el viaje, me vestí con lino blanco y ceñí mis riñones con una cinta rojo‑sangre que se cruzaba en mi espalda. Coloqué cuatro rosas rojas en mi sombrero, para que se me distinguiera más fácilmente entre la muchedumbre.

            Aconsejado por un sabio, tomé como provisiones pan, sal y agua, de los que me serví en momentos determinados, con mucho provecho. Antes de abandonar mi cabaña, dispuesto para la marcha y vestido con mi ropa nupcial, me postré, rogando a Dios me guiase en lo que fuera a sucederme, hacia un buen fin. Y prometí ante la faz de Dios que, si alguna cosa me era revelada por Su gracia, no la emplearía para obtener honor y prestigio en este mundo, sino para gloria de Su nombre y al servicio de mi prójimo. Habiendo formulado este voto, salí de mi celda lleno de esperanza y alegría.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

6

 

CRISTIAN ROSACRUZ SE PREPARA PARA EL VIAJE

 

 

Después de todas las experiencias del primer día, y especialmente a causa de su sueño, C.R.C. sabe que le es concedido presentarse a la misteriosa y secreta ceremonia de las Bodas. La llamada para ir a las Bodas no es un hecho exterior, sino una experiencia interior muy profunda, a consecuencia de la cual madura su comprensión, descrita en el relato bajo forma de un sueño.

Todos conocemos la extrema importancia de la comprensión. Comprender un proceso por el cual se debe pasar ya es una experiencia en sí. Pero hay que aprender a distinguir entre la comprensión intelectual y la penetración interior, que es de lo que se trata aquí.

Comprender intelectualmente es una actividad dialéctica del cerebro, es cargarse la memoria de alguna forma. Es un fenómeno de la conciencia, inherente al hombre nacido de la naturaleza, un proceso basado, entre otros, en las propiedades de la sangre; siendo la sangre uno de los elementos animadores de nuestra vida.

Uno puede cargarse intelectualmente la memoria con las cosas más insensatas, es decir, con los mayores disparates; cosas que se asimila una sola vez y que deben ser rechazadas más tarde.

El saber intelectual no es pues la sabiduría. Por tanto, un hombre muy intelectual no es un sabio. Su existencia es dirigida por su saber intelectual, así pues, las adquisiciones se acumulan en su memoria.

La conciencia egoica consigue que cooperen la cabeza y el sistema hígado‑bazo. El alma‑sangre juega entonces el papel de mediadora y el corazón no es más que un aparato que bombea la sangre.

El Hombre verdadero, es el hombre dirigido por el Alma verdadera. Pues el alma realiza su obra por medio de experien­cias, y tan sólo a través de las experiencias la comprensión madura. La comprensión es una adquisición interior. Solamente esta adquisición interior puede activar el cerebro correctamente, de la manera prevista originalmente, y cargar la memoria, así como otro centro denominado centro de la sabiduría, de forma liberadora.

Le es muy difícil al hombre actual, que sólo es una apariencia de hombre, imaginarse tal estado. La vida dialéctica está regida por fuerzas que actúan de forma que el alma no aproveche jamás las experiencias vividas, que éstas sean interpretadas siempre de forma inexacta, y sirvan exclusivamente para la conservación de la vida personal, centrada en el yo. La vida dialéctica se opone a la ley natural y obliga al ser a servir al yo, por una voluntad y una actividad mentales irracio­nales. Las consecuencias son: miseria, pena, amargura, aprisiona­miento permanente del Alma verdadera. Pues el alma‑sangre del hombre dialéctico tan sólo tiene un papel puramente orgánico, es un simple elemento del cuerpo físico. Y el cuerpo que protege la personalidad, se dobla bajo los latigazos de la conciencia cerebral, el yo. La conciencia del Alma ya no existe. El Alma verdadera es un tesoro perdido, un órgano que jamás ha sido utilizado para su verdadera finalidad, y que jamás ha tenido la posibilidad de desarrollarse.

Vemos ahora claramente que para que haya Bodas Alquímicas, inmortalidad real del hombre y resurrección de una humanidad nueva, es preciso ante todo estar dotado de un alma realmente viva. El alma dañada, en letargo desde tanto tiempo, debe volver a la vida. Los ojos del alma, que están muertos, deben iluminarse nuevamente. Debe nacer una verdadera conciencia del alma que ejerza un poder absoluto sobre la conciencia del cerebro. Sólo entonces, es posible la transfi­guración.

Hace tantos siglos que la humanidad está tan degradada, por una conciencia privada de razón y moral, que toda la personali­dad, completamente degenerada, se ha vuelto inhumana hasta en su raíz, hasta en su simiente. Por ello, es preciso que primero se despierte la conciencia del Alma, y luego nazca. Solamente entonces la entidad podrá empezar a curar el gran mal causado a la personalidad.

Esta curación denominada Bodas Alquímicas empieza en Belén, con el nacimiento del Alma verdadera. El nacimiento del alma tiene esencialmente lugar en el transcurso del primer día de las Bodas Alquímicas, es pues necesario que el candidato haya adquirido primero alguna comprensión, sin el concurso de un guía intelectual. Esta profundización interior se adquiere, gracias a un nuevo estado sanguíneo, por la irrupción de las fuerzas de radiación gnósticas en la sangre, por las corrientes del Alma verdadera. La receptividad a estos fenómenos proviene de la aspiración a la Gnosis, y esta aspiración es engendrada por las experiencias amargas (experiencias actuales, o heredadas en el ser aural, es decir no por parentesco, o las dos a la vez).

Por tal aspiración, que viene de las profundidades de la sangre, el hombre recibe las influencias de la Gnosis. Entonces el corazón deja de ser una simple bomba. Pues las influencias gnósticas una vez admitidas en la sangre, actúan sobre la conciencia cerebral; quien se somete puede entonces dejarse guiar por esos influjos nuevos, que trabajan en su sangre, siendo el primer signo de un posible nacimiento del Alma, el primer síntoma de una nueva conciencia del alma. (La hipófisis actúa en la cabeza a nivel de la conciencia cerebral, en la Rosa del corazón a nivel de la conciencia del alma).

La llamada a las Bodas Alquímicas procede de una aspiración y de un proceso que despierta la comprensión profunda. C.R.C. lo describe bajo forma de un sueño. En este proceso, el alumno ve y vive esta llamada en perspectiva, y comprende su significado con el corazón y la cabeza. Su comprensión se profundiza aún más. Tal adquisición debe ser suficientemente sólida para engendrar  un acto liberador.

¡Y es el fin del Primer Día de los Bodas Alquímicas!.

El alumno siente, comprende interiormente que la Gnosis le prepara para participar en las Bodas secretas. Por ello está lleno de confianza y agradecimiento, ya que está decidido a recorrer el Camino.

Vemos ahora, a la luz del estado descrito anteriormente, que el relato de C.R.C. es el testimonio de un alumno de estas características.

«Comprendí que Dios me permitía asistir a la celebración de unas Bodas secretas y misteriosas; así, con una confianza infantil, agradecí a su divina Majestad, rogándole me mantuviese continuamente en el respeto que Le profesaba, que llenara diariamente mi corazón de sabiduría y de comprensión y que, sin mérito alguno por mi parte, me condujese con su gracia hasta el objetivo anhelado.

Después de lo cual, me preparé para el viaje, me vestí con lino blanco y ceñí mis riñones con una cinta rojo‑sangre que se cruzaba en mi espalda. Coloqué cuatro rosas rojas en mi sombrero, para que se me distinguiera más fácilmente entre la muchedumbre.

Aconsejado por un sabio, tomé como provisiones pan, sal y agua, de los que me serví en momentos determinados, con mucho provecho. Antes de abandonar mi cabaña, dispuesto para la marcha y vestido con mi ropa nupcial, me postré, rogando a Dios me guiase, en lo que fuera a sucederme, hacia un buen fin».

 

El ropaje de lino blanco que se pone C.R.C., demuestra que se ha purificado y preparado para los procesos futuros.

La prueba de ello es la cinta rojo sangre, que pasa dos veces sobre el santuario del corazón, después sobre los hombros y el sistema del hígado y del bazo. El alma‑sangre está, pues, abierta a la Gnosis.

Las cuatro rosas representan el Cuadrado de la Construcción sobre la Piedra Angular, Jesucristo, es decir: devoción inque­brantable, inteligencia activa, armonía creadora, abnegación y comportamiento sacerdotal, basados sobre la Fuerza del Alma y esclarecidos por ella. El hombre que puede colocar estas cuatro rosas en su sombrero, siempre será reconocido de entre el gentío-multitud, tal y como la vida lo demuestra.

Los misterios gnósticos harán que necesariamente avance el proceso en tal hombre. Progresará de fuerza en fuerza.

El primer día finaliza con el estado de ser de la primera preparación.

C.R.C. promete, ante la Faz de Dios, no utilizar para su provecho lo que le sea revelado, sino usarlo para la gloria de Dios y al servicio de su prójimo. Pues ésta es la característica de este nuevo estado, del nuevo estado de la sangre, de la posesión de la Rosa.

C.R.C. empieza así el Segundo Día, con pan, sal y agua, el triple viático que le ha sustentado hasta entonces.

Más adelante hablaremos sobre el significado de este viático.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL

 

SEGUNDO DÍA

 

DE LAS

 

BODAS ALQUÍMICAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Desde que salí de mi celda y llegué al bosque, me pareció que todo el cielo y todos los elementos se habían engalanado para las bodas. En mi opinión, los pájaros cantaban más agradablemente a mi alrededor que mi viejo corazón exultaba de alegría y entusias­mo por su ejemplo, me puse a cantar a toda potencia:

 

            Regocijaos, amados pajarillos

            y alabad a vuestro Creador.

            Elevad vuestro claro y puro canto,

            hasta vuestro Dios, a lo más alto de los cielos.

            El ya ha preparado vuestro alimento,

            y os lo dará justo cuando haga falta;

            aceptarlo todo con agradecimiento.

 

            ¿Por qué afligiros

            y quejaros de que Dios

            os haya hecho pajarillos?

            Dejad de plantearos

            el por qué no os hizo hombres.

            Callaos, pues tal era su sabio deseo,

            llevad con agrado vuestro ligero fardo.

 

            ¿Y entonces yo, pobre lombriz,

            discutiría con Dios?

            ¿Con violencia, en la tempestad celeste,

            lucharía contra el gran arte?

            Dios no se deja atosigar.

            Quien nada valga, siga su camino.

            Que el indigno se abstenga

            ¡Oh hombres, estad satisfechos!

 

            No os ofendáis

            si no os hace emperadores.

            Quizás habéis ofendido Su nombre

            Pensad bien en esto.

            El ojo de Dios desafía toda oscuridad.

            El ve en el fondo de vuestro corazón,

            ¡vigilad pues para no ofenderle jamás!

 

            Y mi canto, surgiendo del fondo de mi corazón, se derramó a través del bosque resonando en todas partes. Las montañas ,me enviaban el eco de mis últimas palabras cuando al salir del bosque entraba en un hermoso y verde prado. Allí se entrelazaban tres magníficos cedros cuyas largas ramas ofrecían una soberbia y acogedora sombra, de lo que me alegré mucho, pues, a pesar de que no había andado demasiado, mi ardiente deseo me había fatigado rápidamente. Así que corrí hacia los árboles para reposar un poco. Al acercarme más vi un cartel fijado en uno de ellos en el que, con líneas elegantes, habían escrito las siguientes palabras, que yo leí rápidamente:

            «¡Dios te proteja, invitado! Si nunca has oído la noticia de las Bodas reales, entonces sopesa exactamente estas palabras:

            A través nuestro el Esposo te propone elegir entre cuatro caminos que conducen hasta el castillo del Rey, a condición de que no te extravíes siguiendo caminos desviados.

            El primero es corto pero peligroso, pues está lleno de obstáculos en los que puedes fácilmente fracasar.

            El segundo es más largo, a causa de sus largos rodeos, pero ciertamente va en la dirección correcta. Es llano y fácil, a condición de no desviarse ni a la derecha ni a la izquierda, y esto con la ayuda de una brújula.

            El tercero es la verdadera vía real, pues reconforta el corazón con toda clase de alegrías y de espectáculos principes­cos. Sin embargo, hasta hoy, sólo un hombre entre mil ha llegado a seguirle.

            Por el cuarto camino, no se ha permitido a ningún mortal alcanzar el objetivo, pues su potencia consume, y sólo los cuerpos corruptibles pueden soportarlo. Elige, pues, cual de los tres quieres seguir y ya no te desvíes de él. Sepas, sin embargo, que el camino que elegirás te ha sido atribuido por el destino ineluctable y que también te está prohibido volverte atrás un sólo paso, sin que tu vida peligre.

            Esto es lo que queríamos que supieras. Si tomas a la ligera esta seria advertencia, recorrerás el camino en medio de los mayores peligros, con grandes quejas y lamentos. ¡Si te conside­ras culpable de la más mínima infracción a las leyes del Rey, date media vuelta mientras aún sea posible y regresa con rapidez a tu casa, por el mismo camino que viniste!»

                                   Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

7

 

LOS CUATRO CAMINOS

 

El Primer Día de las Bodas Alquímicas ha pasado y Cristian Rosacruz deja su cabaña, lleno de alegría, para iniciar su viaje hacia la sala de las Bodas.

El Primer Día debía liberarle de sus cadenas elementales. Somos liberados de esas cadenas cuando el alma, en su principio mismo, para empezar con el fluido sanguíneo, está lo suficiente­mente establecida en el santuario de la cabeza, y que el hombre se vuelve capaz de desarrollar una fuerza absolutamente nueva suficientemente grande, para perseverar y hacer lo que el viaje exigirá de él.

Sabemos ahora que esta fuerza no es el simple resultado de una decisión, de un proyecto bien meditado o de consideraciones de orden sentimental, sino que debe ser engendrada por la calidad del alma, cuya sede es la sangre y la conciencia. Cuando el alma se convierte en nuestro guía, por la plenitud gnóstica que impregna la sangre, somos liberados de las cadenas elementales, y el viaje así como el proceso pueden empezar.

 

Pero ser liberado de las cadenas elementales no significa aún ser liberado de todas las dificultades del camino que conduce a las Bodas.  Sería absurdo pretenderlo. Nuestro estado está aún bien lejos de ser ideal, en razón de nuestro nacimiento dialéctico en la materia; pero la posibilidad de realizar este ideal está presente. Y el proceso de realización toma la forma de un viaje de Belén a Gólgota.

Cuando las dificultades aparecen, es maravilloso poder decir, porque se sabe de forma absoluta: «Las dificultades existen, es innegable, pero no me afectarán. Poseo la fuerza interior de seguir adelante.» No hay por qué tener zozobra, estar inquieto, tener miedo. Se precisa solamente la certidumbre y la calma interiores, y comprender como dirigir el barco en medio de los escollos.

Pero el hecho de estar liberado de sus cadenas esconde aún una dificultad, y el Segundo Día da precisiones al respecto. Hay seres que por naturaleza se sienten seguros de sí mismos, se sienten muy fuertes y que podrían pensar: «Lo hago todo, lo puedo todo, lo sé todo. Nada puede pararme.» Actualmente, ciertos métodos educativos dialécticos tienden a dar seguridad al niño desde su juventud. Se trata, no obstante, de una cultura dialéctica fundada sobre la ignorancia y la brutalidad.

Se podría, en efecto, confundir este estado de ser con el de una persona liberada de sus cadenas, y suficientemente madura interiormente para poder soportar todas las dificultades en el sentido de la Gnosis. Por ello, el que se dispone a seguir el camino, debe saber sobre qué se fundamenta esta liberación de las cadenas terrestres. Deben aprenderlo por la experiencia, comprenderlo en profundidad hasta en su sangre. Es la única forma de saber si se ha vivido efectivamente el Primer Día.

Con este fin, C.R.C. se pone en marcha con gran entusiasmo,  con gran alegría y cantando. Atraviesa primero un bosque, y llega a una verde pradera en donde hay tres magníficos cedros. Sobre uno de ellos, descubre un letrero con indicaciones sobre los cuatro caminos que conducen a la Sala de las Bodas.

Entonces aparece la primera dificultad: ¿qué camino elegir? Para cada uno hay un pro y un contra. Vemos a C.R.C. indeciso, no sabiendo qué hacer. La certeza de estar liberado trasmitida por su sueño, liberado de la prisión, le tranquiliza,  pero parece faltarle aún en ese momento una justa visión interior del camino.

Observemos la situación y analicémosla.

Vemos claramente que el alma debe vivir de un saber experimental y de una conciencia nueva. El saber debido a la experiencia, permite sacar conclusiones y comprender con certeza las cosas que van a venir. En consecuencia, se pueden encontrar directrices sobre el camino a seguir.

Así es cómo C.R.C. se pone en marcha, sabiendo por experien­cia que podrá hacer el viaje. ¡Pero todavía no ha hecho la experiencia en sí mismo del viaje! Tan sólo sigue una línea directriz.

Cuando un hombre llega a despejar una línea directriz a partir de su experiencia, tiene siempre la esperanza de lograr su propósito. Así, con estas disposiciones, C.R.C. sale del bosque y llega a una verde pradera. El color verde simboliza aquí la esperanza. Lleno de animación, C.R.C. se dirige hacia los tres cedros para descansar un poco bajo su sombra.

¿Qué simbolizan los tres cedros? Sabemos que el Templo de Salomón estaba hecho con madera de cedro. La madera de cedro juega un gran papel en la Escritura Sagrada. Es la expresión que designa el material más bello, más noble y sólido que se puede emplear para una construcción. Los tres cedros sobre la verde pradera de la esperanza, forman un santuario, un santuario interior. Pueden compararse con el triángulo del tapiz mágico del cumplimiento universal; representan los tres primeros aspectos de la Gnosis, que se manifiesta:

1. en la sangre,

2. en la Luz que nos toca,

3. en la comprensión interior liberadora.

Guiado por la esperanza, C.R.C. medita sobe el triángulo que se revela en él. En este santuario interior, la Gnosis puede establecer su morada. Ella puede utilizar este santuario. Mientras medita, C.R.C. descubre al inicio del viaje, lo que llamamos la «tabula mercurialis», el letrero que le da las indicaciones, es decir,  la nueva comprensión que habla en su fuero interno. La voz del alma le advierte con estas palabras: «¡Dios te proteja, invitado! Has oído hablar del Camino, eres invitado por el Rey. Presta tu atención en los cuatro caminos.

El primero es corto pero peligroso.

El segundo es largo, llano y fácil, a condición de recorrer­lo con una brújula y no desviarse ni a derecha, ni a izquierda. ¡Pero tiene largos desvíos!.

El tercero es la verdadera vía real, pero hasta hoy, un sólo hombre entre millares ha logrado recorrerlo.

El cuarto es inaccesible para los mortales, sólo cuerpos incorruptibles pueden soportarlo.

¿Cuáles son esos caminos, los cuatro tan difíciles y peligrosos? Advirtamos que tan sólo podemos seguir el camino que nos es destinado, el camino para el cual estamos maduros y que corresponde a nuestro estado.

Pero cómo saber cuál es el nuestro?

¿Cómo razona C.R.C. para salir de su incertidumbre y cómo, en ese momento, llega a la nueva conciencia, formada por la experiencia?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Tan pronto hube leído este escrito, toda mi alegría se desvaneció y, después de haber cantado tan alegremente un momento antes, me puse a llorar amargamente.

            Veía perfectamente los tres caminos ante mi y comprendía que podría escoger uno, llegado el momento; pero temía elegir el que estaba atestado de rocas y piedras, pues podía encontrar en él una muerte lamentable; o si era el camino largo el que me era adjudicado, podría extraviarme o incluso tener un accidente en el curso de tan largo viaje; tampoco podía esperar que, entre mil, fuera precisamente yo quien pudiera escoger la vía real. También veía ante mí el cuarto camino, pero estaba de tal manera rodeado de llamas y vapores que no me aventuraría por él. E n esta incertidumbre reflexioné durante mucho tiempo si iba a regresar o iba a elegir una de las cuatro vías. Muy consciente de mi indignidad , me consolaba sin cesar pensando en el sueño en el que había sido liberado de la torre, sin que, no obstante, me fiara demasiado de él.

            Dude tanto tiempo entre todas estas posibilidades que un profundo agotamiento sobrevino a mi cuerpo, el cual reclamó su alimento. Cogí, pues, el pan y lo corté en pedazos. Entonces vi una paloma blanca como la nieve, encaramada en un árbol, cuya presencia me había resultado inadvertida hasta ese momento , y que descendió como quizás lo hacia a menudo; se posó con total confianza a mi lado, que repartí mi pan con ella. La paloma lo aceptó y su belleza me reconfortó de nuevo in poco. Pero la vio un cuervo negro, enemigo suyo, que se abalanzó rápidamente sobre ella, para apoderarse de su pedazo de pan sin prestar la menor atención a mi presencia, por lo que la paloma optó por huir.

            Ambos volaron hacia el sur, lo que me entristeció y disgustó hasta tal punto que, sin reflexionar, perseguí al insolente cuervo y así me introduje contra mi voluntad en la vía predesti­nada y, sobre la extensión de un campo de aproximadamente un acre, espanté al cuervo y libré a la paloma.

            Entonces me di cuenta de que había obrado sin reflexionar y que ya me encontraba en un camino que me estaba prohibido abandonar bajo pena de un castigo severo. Me habría consolado de ello si para mi pesar, no hubiera dejado mi zurrón con mi pan bajo el árbol sin que pudiera volver a recogerlos. Pues apenas me volvía, soplaba en mi dirección un viento tan violento que sólo le faltó voltearme. Sin embargo, si continuaba mi camino, dejaba de sentirlo. Comprendí fácilmente que oponerme al viento me costaría la vida. Así pues, tome pacientemente mi cruz sobre mi espalda, me puse en camino y decidí, puesto que no se podía hacer otra cosa, hacer todo lo posible para llegar antes que se hiciera de noche.

                                                                       Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

8

 

EL ENCUENTRO DE LA PALOMA

Y EL CUERVO

 

Existen, pues, cuatro caminos que conducen al objetivo preliminar del viaje de C.R.C. Los ve ante él. Uno de ellos le está destinado: esto quiere decir que todo hombre debe ejecutar el acto liberador justo, inspirado por un alma viviente liberadora.

He aquí una pregunta importante: ¿cómo puede coger siempre el buen camino sin equivocarse, un alumno que empieza a mostrar esa calidad de alma? Una vez más, la continuación del relato nos lo enseña:

«Dudé tanto tiempo entre todas estas posibilidades que un profundo agotamiento sobrevino a mi cuerpo, el cual reclamó su alimento. Cogí, pues, el pan y lo corté en pedazos. Entonces vi una paloma blanca como la nieve, encaramada en un árbol, cuya presencia me había resultado inadvertida hasta ese momento, y que descendió como quizás lo hacia a menudo; se posó con total confianza a mi lado, que repartí mi pan con ella. La paloma lo aceptó y su belleza me reconfortó de nuevo un poco. Pero la vio un cuervo negro, enemigo suyo, que se abalanzó rápidamente sobre ella, para apoderarse de su pan sin prestar la menor atención a mi presencia, por lo que la paloma optó por huir.

Ambos volaron hacia el sur, lo que me entristeció y disgustó hasta tal punto que, sin reflexionar, perseguí al insolente cuervo y así me introduje contra mi voluntad en el avía predesti­nada y, sobre la extensión de un campo de aproximadamente un acre, espanté al cuervo y liberé a la paloma.

Entonces me di cuenta de que había obrado sin reflexionar y que ya me encontraba en un camino que me estaba prohibido abandonar bajo pena de un castigo severo. Me habría consolado de ello si, para mi pesar, no hubiera dejado mi zurrón con mi pan bajo el árbol sin que pudiera volver a recogerlos. Pues apenas me volvía, soplaba en mi dirección un viento tan violento que sólo le faltó voltearme. Sin embargo, si continuaba mi camino, dejaba de sentirlo. Comprendí fácilmente que oponerme al viento me costaría la vida. Así pues, tome pacientemente mi cruz sobre mi espalda, me puse en camino y decidí, puesto que no se podía hacer otra cosa, hacer todo lo posible para llegar antes de que se hiciera de noche».

 

Los esoteristas dialécticos piensan que sólo hay dos vías; la de la cabeza y la del corazón. Dicho de otra forma: la vía oculta y la vía mística.

Ahora bien, existen cuatro caminos de salvación:

1. el camino esotérico,

2. el camino de evolución,

3. el camino de la magia gnóstica,

4. el camino astral.

Por camino esotérico, no designamos lo que se entiende  con ello en nuestros días: la cultura del yo y el desarrollo de ciertas cualidades por ejercicios y esfuerzos apremiantes, como la práctica del yoga y todo lo que se incluye bajo este nombre.

Tampoco un entrenamiento exclusivo científico‑intelectual, en donde el corazón, el aspecto místico, no tiene ninguna participa­ción. Nosotros, designamos así la posibilidad, fundamentada sobre una calidad interior verdadera, presente desde el nacimiento, o sea, proveniente del pasado del microcosmos, de llegar en el transcurso de una sola vida (es decir, con un número de años relativamente corto) a una total rendición del yo y a una transfiguración fabulosa, movilizando y utilizando todas las cualidades interiores; la posibilidad, en consecuencia, de entrar en el Reino con gran lucha.

Las Sagradas Escrituras dicen de tales hombres que hacen violencia al Reino de los Cielos. Son representados con justicia como emperadores y reyes en las Bodas Alquímicas. En este camino, existen tan grandes peligros ‑egocentrismo, imperfección, desvío y degradación tan completa, que alcanza incluso a los átomos corporales‑ que decididamente debemos desaconsejarlo, incluso si fuese practicable.

Llamamos al segundo camino, el de la evolución. Es la vía de desarrollo de los que reaccionan a la llamada interior, al despertar por una intensa aspiración y se esfuerzan en purificar y elevar su vida; pero es la personalidad que es vista como el animal a cultivar y a elevar. Tales hombres se apoderan ávidamen­te de todo lo que respira belleza, pureza y refinamiento  interior, como alimento vital, de forma que a la larga, por la expansión y el crecimiento de la vida interior, el amor al prójimo y el compromiso sincero al servicio de los hombres aparecen. Tal sublimación del comportamiento desarrolla igualmen­te cualidades de alma, pero como le falta la comprensión liberadora, el camino de liberación no es descubierto, y se avanza sobre una base errónea, la de la cultura de la personali­dad. Hacen falta numerosas vidas llenas de experiencias en este camino llano y fácil, a lo largo del cual , sin embargo, por falta del justo entendimiento, podemos dar miles de vueltas, girar en redondo por mil desviaciones y perdernos en mil vías sin salida, para que la conciencia reconozca que existen límites infranqueables, y que el alma agotada de errar y de empezar sin descanso, recuerde de nuevo al Espíritu y se dirija a El.

La Escuela Espiritual conoce también personas que, a pesar de las cualidades excelentes, su amor y su abnegación, sorprenden por su pasividad respecto al Camino, la total o casi falta de acción sobre sí mismas. Su comportamiento como alumnos es irreprochable, pero desprovisto aún de lo justamente necesario para la gran realización: el justo entendimiento, empujando a la acción sobre sí en el sentido de la Gnosis, el verdadero espíritu de franc‑masonería personal, el acto mágico que libera. Por ello, tales alumnos deberán madurar por la experiencia, en el transcur­so de su aprendizaje, hasta el momento en que descubran la verdadera naturaleza y las exigencias del camino de liberación seguido por C.R.C.

El cuarto camino está excluido para nosotros. Sólo puede ser seguido por entidades que, después de su muerte, muestren tantas cualidades propias del Alma nueva y una orientación interior tal, que pueden mantenerse en el microcosmos con una parte de su personalidad y arriesgarse a confiar su cuerpo astral al fuego astral nuevo.

Queda el tercer camino, la verdadera vía real, el camino de la magia gnóstica, el camino donde el capullo de Rosa despierta de su sueño de muerte , el camino que nos es ofrecido a todos, el camino de las verdaderas alegrías reales.

Sin embargo, hasta hoy, a penas unos pocos han conseguido seguirlo hasta la liberación final; esto se debe a que el yo juega continuamente malas pasadas al hombre, el cual prefiere la ilusión temporal a la salvación eterna.

Uno se obliga a subir la escala social para alcanzar una posición en la sociedad. Para este fin se impone los más grandes sacrificios. Voluntariamente acepta grandes riesgos. Esto durante algunos años, hasta que un día una crisis cardiaca u otro mal nos alcanza, ¡ya que los males van más rápidos que nosotros!

El rechazo o la aceptación del camino de liberación no es problema de fe o de falta de fe, como en su día se ha pretendido. ¡No se duerman en la ilusión!

Lo que es necesario, es la aspiración profunda de volverse un hombre verdadero; de lo contrario, no se puede salir del estado animal ordinario. Por esto se dice en el Sermón de la Montaña: «Ahí donde está tu tesoro, ahí está tu corazón».

La Escuela Espiritual actual corresponde total­mente al tercer camino, la vía real , ya que el segundo y el cuarto están excluidos, en tanto que el primero sólo es válido para algunos. Y puesto que es usted alumno de esta Escuela, vigile pues, como C.R.C., en tomar el camino que lleva al Templo de la Iniciación, a la Sala de las Bodas.

Ante la elección a realizar, C.R.C. tiene hambre de una solución; llama a sus cualidades interiores, a lo que ha adquirido interiormente. Come de ese pan y lo comparte con la paloma blanca. Pero ¡inmediatamente aparece el cuervo negro!

Cuando el candidato avanza hacia las Bodas Alquímicas, dos voces hablan siempre en él: las voces de las dos naturalezas. La nueva naturaleza del Alma en formación, habla en nombre de la Gnosis; la antigua naturaleza habla en nombre del yo dialéctico.

Estas dos voces, evidentemente, están siempre opuestas la una a la otra. Es imposible ponerlas de acuerdo. La lucha entre ellas durará hasta que la antigua naturaleza desaparezca.

Es extremadamente fastidioso y terriblemente desconcertante, tener que oír estas dos voces. Para quien hace la experiencia y busca un compromiso, es decir, intenta escoger una voz interme­dia, las cosas van siempre mal. En un momento dado, uno se encuentra con las manos vacías, e incluso peor que esto.

Quien ha descubierto y vivido este fenómeno, a menudo en el sufrimiento, toma la resolución de no escuchar nunca más la antigua voz. Así pues, ignorará al cuervo negro, el yo , el protector del yo, y defenderá sin cesar a la paloma blanca, al Alma nueva.

La voz de la Gnosis, la Luz en nosotros, no fuerza jamás. Se aparta siempre de la lucha. Se contenta con vibrar en la serenidad.

La voz de la naturaleza, en revancha, intenta continua­mente eclipsar la influencia del otro y de dirigirnos. Esto crea siempre una tensión interior, sobre todo al tomar una decisión. En esta situación si el alumno se gira interiormente hacia la voz del alma, espontáneamente, o sea, cuando expulsa lejos de él al cuervo negro y quiere afirmar sus cualidades interiores para que puedan expresarse, se coloca siempre en el buen camino, el camino totalmente conforme a su destino.

No existe ninguna excepción a la regla, incluso si se tiene la impresión de lo contrario. Es un axioma del Camino de Vida; quienquiera que siga la voz del alma es siempre e invariablemente victorioso y bendecido, porque el desarrollo del alma no está nunca centrado en el yo y forma parte de un proceso que conduce al objetivo prescrito por Dios.

La voz del yo ordinaria  es una ficción; tan sólo en apariencia nos presenta un objetivo, para desviarnos de inmedia­to. El yo es extremadamente fantástico y siempre solitario, y al fin no nos deja más que ruinas.

La  conciencia cerebral dialéctica es una conciencia de por sí aislada; conduce al hombre al individualismo, a una inmensa soledad y, para terminar, es como si lo abandonara en una ciénaga.

La conciencia del alma toma su fuente de una gran comunidad, llamada Comunidad divina. El alma desligada de sus cadenas, tiene la posibilidad de unirse a la totalidad de la Comunidad de los Hombres‑Almas, así como de recibir la fuerza. Por poco que nuestra alma esté despierta, somos atraídos hacia esa gran Comunidad divina, que conlleva tres aspectos.

Primeramente, se habla de una Comunidad del Padre, la Rosacruz. Es el primer Misterio gnóstico, el cual actúa  con la rosa del corazón, la chispa latente del Espíritu, que despierta el verdadero mental.

Por esta actividad, somos llamados y unidos a la Comunidad de los Puros; es el segundo Misterio gnóstico, el cual actúa con el nuevo manto astral y suscita la orientación verdadera.

Por esta actividad se desarrolla entonces la Comunidad del Espíritu Santo, la Comunidad del Santo Grial, tercer Misterio gnóstico, el cual actúa con el nuevo cuerpo etérico, poniéndolo en estado de actuar de forma liberadora y salvadora.

El que permanece, interiormente, constantemente fiel a esta triple Comunidad, será siempre vencedor. Por ello las Sagradas Escrituras la designan bajo el nombre de ¡Comunidad de la Consolación!

He ahí la forma de seguir siempre por el buen camino; y vemos como C.R.C. emplea interiormente este medio, de forma espontánea, fuera de toda elucubración intelectual. En efecto, la espontaneidad es una exigencia absoluta. Si no hay espontanei­dad hay fracaso: el acto indica una moral teológica.

 

Esta es, pues, la base de la unidad de grupo gnóstico, la condición para ser admitido en la unidad de grupo de los Hombres‑Almas verdaderos, tal como la primera Epístola de Juan, 1, 5‑7 hace alusión:

«La nueva que hemos aprendido de El y que les anunciamos, es que Dios es luz y que en El no hay tinieblas.

Si decimos que tenemos  comunión con El y andamos en tinieblas, mentimos, pues la verdad no está con nosotros. Pero si andamos en la luz , como El mismo está en la luz, estamos mutuamente en comunión, y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica de todo pecado».

Hemos comprobado en el relato, que C.R.C. se mantiene sobre esta base. El de forma espontánea protege la paloma blanca, así pues, va sobre el buen camino. Se da cuenta que, en un momento dado, la nueva conciencia le ha lanzado en una vía, en la cual ya no le está permitido retroceder.

He ahí una característica del alma: las cosas hechas son irrevocables.

C.R.C. ha dejado su hatillo con su pan bajo el árbol, ya no puede irlos a recoger. En cuanto lo intenta, se levanta un fuerte viento que se lo impide.

¿Qué significa?

Tener una bolsa de pan se refiere a una costumbre dialéctica bien conocida. Se quiere hacer acopio de reservas de lo que es usual. Quiere uno prepararse contra toda eventualidad. Nadie puede negar que es necesario a menudo en la naturaleza de la muerte. Hay que contar con posibles riegos, por ejemplo, la falta de alimento en un momento dado.

Respecto al Alma viviente, este comportamiento sería, por contra, totalmente falso; en efecto, el que existe y vive por el alma bebe de una fuente de Fuerza viviente que brota constante­mente. En semejante situación la bolsa de pan, para provisiones, es totalmente superflua.

Además, el Hombre‑Alma debe irradiar al exterior, distribuir a su alrededor, inmediatamente, todo lo que libera en él como fuerza de Alma viviente. Por ello, el Hombre‑Alma no deja para mañana lo que puede hacer hoy. La fuerza del alma fluye de la fuente eterna, divina, de la gran Comunidad de los hijos de Dios.

El pan simboliza aquí el primer Misterio gnóstico, que actúa en colaboración con la rosa del corazón. El pan es el producto de la fuerza de alma nacida de la sangre. Poseer esta fuerza significa trabajar con ella, irradiar con ella, aquí y ahora y no de la manera típicamente dialéctica, a la espera del momento oportuno. Por ello, C.R.C. avanza con sumisión inteligente hacia la siguiente etapa del camino liberador.

C.R.C. se pone en marcha con pan, agua y sal. Tal vez sea el momento de explicar lo que Valentín Andreae quiere decir.

El Pan de vida atrae nuestra atención sobre lo que llamamos el primer Misterio, el Misterio de la Rosacruz.

El cántaro lleno de Agua de Vida, es el segundo misterio, el Misterio de la Fraternidad de los Puros.

La Sal de la Vida atrae nuestra atención sobre el tercer Misterio, el Misterio del Santo Grial.

El que penetra estos tres Misterios, quien se pone en marcha con el pan, el agua y la sal puede celebrar la verdadera Santa Cena. Puede realizar su resurrección, su resurrección en la Cabeza de Oro, el aspecto más elevado del Cuerpo Viviente de la Escuela Espiritual actual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            A pesar de las numerosas bifurcaciones ‑probablemente falsas‑ guardé siempre la dirección correcta gracias a mi brújula, pues no quería desviarme un paso del meridiano, aunque el camino fuese a veces tan rocoso y poco practicable que creía haberme perdido.

            Mientras caminaba, pensaba continuamente en la paloma y en el cuervo, sin llegar a comprender su significado.

            Al fin divisé a lo lejos, sobre una alta montaña, un pórtico espléndido; a pesar de que esta muy, pero que muy alejado de mi camino, me apresuré hacia él porque el Sol acababa de ocultarse tras los montes sin que, aún de lejos, hubiera visto abrigo o refugio. ¡Atribuía este descubrimiento únicamente a Dios, que bien hubiera podido dejarme continuar mi camino cegando mis ojos con el fin de que no hubiese visto el pórtico! Como ya he contado, me aproximé a él con el mayor apresuramiento y, cuando llegué, las últimas luces del crepúsculo aún me permitieron distinguir el conjunto.

            Era un pórtico excepcionalmente bello, un pórtico real admirablemente ornado con una multitud de magníficos grabados de escenas y símbolos, cada uno de los cuales tenía un significado muy particular, como supe más tarde. En el frontispicio había una placa, de bastante gran tamaño, que tenía esta inscripción: ¡Procul hinc, procul ite, prophani! (¡Lejos de aquí, alejaros profanos!) con otras inscripciones de las que se me ha prohibido severamente revelar.

            Cuando llegué al pórtico, apareció súbitamente un desconoci­do vestido con ropa azul celeste. Le saludé amablemente. Respondió a mi saludo, pidiéndome enseguida mi invitación. ¡Oh! qué alegría me dio haberla traído conmigo, pues fácilmente la habría podido olvidar, como había ocurrido a otros, según me dijo. Se la enseñé enseguida y no sólo se mostró satisfecho, sino que, con gran sorpresa mía, me testimonió un gran respeto y me dijo: «Entra, hermano, pues eres para mi un huésped bienvenido». Me pidió a continuación que le dijese mi nombre y, cuando le respondí que era un hermano de la Rosacruz Roja, manifestó agradable sorpresa. Después me preguntó: «¿Hermano, no tienes nada con qué comprar una insignia?» Le respondí que mi fortuna era exigua, pero que le ofrecía con gusto lo que pudiera agradarle de entre los objetos que poseía. A petición suya le regalé mi cantimplora de agua, y me dio a cambio una insignia de oro en la que estaban grabadas estas dos letras. S.C. (Spes, Charitas: Esperanza, Amor).Me exhortó a pensar en él, ya que esto me sería muy saludable. A petición mía, me indicó el número de invitados que habían entrado antes que yo.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

9

 

¡LEJOS DE AQUÍ, SI NO ERES DIGNO!

 

C.R.C. progresa en el camino que le es destinado, que le ha sido indicado por la voz del alma, a la cual obedece espontáneamente. Se nos cuenta con qué seriedad, con qué precisión extrema  se dirige para no desviarse del meridiano, ni tan siquiera un paso. Hay tantas bifurcaciones y el camino a menudo es tan rudo y poco practicable, que cree haberse perdido.

El que está siguiendo el camino, después de su visita al santuario interior, el santuario de los tres cedros, puede comprenderlo perfectamente y sentirlo con C.R.C. Ya que, de vez en cuando en el camino, se duda efectivamente de haber escogido la vía correcta. Entonces, uno debe escuchar con atención la voz del alma. Y, una vez más, se verá si se tiene suficiente fe y confianza para comprenderla exacta y perfectamente.

Todos los alumnos en el camino son, por momentos, presa de la angustia. La angustia es uno de los mayores obstáculos; viene del campo de respiración, del ser aural. En el campo de respira­ción dominan nubes de angustia, que intentan sumergirnos diariamente. Cada vez que nos dejamos llevar por el miedo a vivir, por ejemplo, nos situamos en una desviación. Por ello, es preciso meditar sin cesar en la lección de la paloma y el cuervo, que sea siempre el centro de nuestro interés y vigilancia. Guiados por la voz del alma y olvidados de nosotros mismos, sacrifiquémonos al servicio. Cuando se vive el olvido de sí mismo, la angustia no puede acometernos. Ya no se piensa en sí mismo. Todos debemos aprenderlo por la experiencia.

La voz del alma tiene tres tonalidades, ejerce tres acciones. Tal vez sería más exacto hablar de tres voces.

Durante el crecimiento del alma, tres voces se dejan oír progresivamente. Corresponden a los tres Misterios, los tres Misterios gnósticos citados anteriormente.

La primera voz empieza a manifestarse cuando la radiación gnóstica puede penetrar en el santuario del corazón y, por la rosa, despertar la comprensión interior en el santuario de la cabeza.

La segunda voz empieza a hablar cuando la fuerza de esta alma, la fuerza gnóstica, ejerce su poder en nuestro campo de respiración; cuando la radiación gnóstica traspasa el manto sideral. El órgano físico correspondiente es el hígado. La tercera voz del Alma, correspondiente al tercer Misterio gnóstico, comienza a dejarse oír cuando al corriente de fuerza gnóstica toca el cuerpo etérico, el cual trabaja en colaboración con el bazo, en el cuerpo físico. Así pues, la voz del Alma habla tres lenguajes, los de las tres Fraternidades que hemos designado ya como la Fraternidad de la Rosacruz, la Fraternidad de los Puros y la Fraternidad del Santo Grial. C.R.C. ha demostrado su dominio de uno de los tres lenguajes por lo menos, el del corazón, del esternón, el canto de la rosa; es el lenguaje del primer Misterio, que irradia del corazón y despierta la compren­sión en el santuario de la cabeza. Está claro que el que se encuentra en el primer Misterio, debe realizar el proceso de reparación para la entrada en el segundo Misterio. El segundo Misterio atrae la atención sobre el manto sideral, el campo de respiración. Ahí, cada uno debe aprender a resistir todas las fuerzas del campo de respiración y vencerlas. El campo de respiración, el manto sideral, debe ser totalmente purificado.

 

Sigamos el relato. En un momento dado C.R.C. divisa a lo lejos un espléndido pórtico, el del Templo de la Iniciación, que da acceso a la Cabeza de Oro, el pórtico que abre, en el Templo de los Misterios, la cima del Cuerpo Viviente Séptuple de la Escuela Espiritual actual. Con este hecho C.R.C. demuestra que está preparado para hablar el segundo lenguaje del Alma. Se trata de pasar de la conciencia espacio‑temporal a la conciencia omnipre­sente, la verdadera conciencia del Alma. Efectivamente, el que puede escrutar esta conciencia, ve indudablemente ante él el pórtico de los Misterios universales. En lo alto, en el frontis­picio, hay una advertencia. Esta advertencia se relaciona con una sorprendente actividad, sobre todo respecto al hígado.  El hígado es un órgano destinado especialmente a captar las radiaciones astrales, que el cuerpo precisa para purificar la sangre. Es un órgano extraordinariamente importante para purificar la sangre. Cuando el Alma ha nacido, o sea, cuando al rosa del corazón se ha despertado y la fuerza del Alma brilla en el santuario de la cabeza, esto significa también que el hígado logra ejercer una nueva actividad, ya que éste coopera siempre con el corazón. Estos dos órganos dependen uno del otro.

Usted sabe que cuando la Gnosis logra tocar a un hombre, la sangre se modifica. Para que esta modificación sea duradera, es preciso que el hígado trabaje en perfecto acuerdo con el nuevo estado sanguíneo. Ya hemos dicho que el hígado es un órgano de purificación. Todo lo que no está en concordancia con la sangre, es expulsado por el hígado. Se comprende, pues, que si el proceso gnóstico no se mantiene y permanece en una sola radiación de la sangre, el fluido gnóstico es eliminado rápidamente de la sangre por la actividad natural del hígado. Es necesario que, en el momento preciso, el hígado se vuelva receptivo al toque gnóstico. A este efecto la fuerza gnóstica atraviesa el campo astral, el campo de respiración del microcosmos. El hígado está encerrado en una especie de malla. Esta malla es un sistema de antenas muy complejo, destinado a captar toda clase de radiaciones astrales. Cuando en el transcurso del segundo Misterio la Gnosis penetra en el campo de respiración, que el corazón funciona ya en Ella y que la sangre se vuelve receptiva, el hígado acepta también las radiaciones gnósticas y retiene el fluido gnóstico en la sangre. Lo que penetra en el corazón ya no es rechazado por el hígado, sino por el contrario, es favorecido por su actividad. Atraemos expresamente su atención sobre este fenómeno para hacerle comprender que, en un momento dado, el proceso fisiológico del alumno de la Rosacruz se realiza de forma diferente al del hombre ordinario. Desde el inicio, las bases de la gran transfiguración son realmente colocadas. C.R.C. alcanza el pórtico obedeciendo a la voz del Alma. La nueva actividad del hígado empieza a manifestarse y se encuentra fuertemente estimulada. Considerables energías nuevas son liberadas en la sangre. Usted sabe que las energías corporales están sometidas, en el más alto grado, a la influencia del sistema hígado‑bazo y dependen de él. Así C.R.C. se dirige rápidamente hacia el pórtico, con gran energía, sin preocuparse ya de su camino, de hecho, ese pórtico está fuera del camino que debe seguir. He aquí una parte muy misteriosa de las Bodas Alquímicas. El camino señalado en las Bodas Alquímicas, no es otra cosa que el trazado del sistema de fuego de la serpiente, el camino que hay que recorrer de abajo hacia arriba en el proceso gnóstico; al contrario del oculto, en donde se intenta de arriba hacia abajo, lo que conlleva siempre terribles consecuencias. Cuando el Alma ha despertado en el santuario de la cabeza, el camino debe ser recorrido de arriba hacia abajo. Pero, en un momento dado, en el transcurso del descenso al fuego de la serpiente, hay que girar a la derecha, hacia el hígado. Por ello, cuando C.R.C. percibe el pórtico del hígado, es correcto el que se aparte del camino y corra hacia él (señalemos de pasado, que el camino descendente sigue el cordón del gran simpático, hasta el plexo sacro (1)).

Cuando C.R.C. se acerca lee esta inscripción encima del pórtico: «¡Alejaos si no sois dignos!» Lo que significa: «Si no está usted iniciado, si todavía no ha llegado ahí, no fuerce esta vía de desarrollo, ya que le dañaría. Nadie debe, ni puede precipitar nada en este terreno».

 

Está claro que al inicio del camino en el que C.R.C. se comprome­te, el toque va primero al corazón. En cuanto el corazón se ha vuelto receptivo a la Gnosis, empieza la transformación, una transformación literalmente corporal.

El santuario del corazón posee numerosos poderes radioactivos, cuando el fluido gnóstico nos toca, la estructura celular del corazón se modifica bajo la acción de una nueva fuerza radioactiva. Es por esto que, una vez situado en el camino, es totalmente desaconsejable retroceder; de hecho, es imposible. Las Bodas Alquímicas insisten mucho sobre este hecho. Por ello, se dice que cuando C.R.C. intenta retroceder, se levanta una violenta tempestad. Cuando hemos empezado a modificar la estructura de nuestra personalidad hasta en los átomos del cuerpo, no es posible decir en un momento dado: «¡Ahora ya no sigo adelante!» Cuando el órgano del corazón se ha acordado con las radiaciones gnósticas, las radiaciones dialécticas habituales terminan, a la larga, por dejar de afectarnos. Observará que la transfiguración empieza a realizarse desde el inicio del camino. El corazón que se confía a la Gnosis es siempre de un tipo determinado. Se puede decir lo mismo del hígado. En el momento en que el hígado se ha unido a las radiaciones siderales gnósticas y las absorbe, el alumno debe emplear estar energía especial de la sangre al servicio de la Gnosis. De ahí la advertencia, que habla por sí misma: «¡Alejaos si no sois dignos!».

Después, C.R.C. llega ante el guardián del pórtico, el cual viste de azul celeste. (El azul es el color de la luz sideral. La radiación del hígado también es azul, precisamente por su relación con las radiaciones astrales). El guardián debe descubrir ahora, si C.R.C. es digno o no de participar a las Bodas Alquímicas. Por ello le pide su carta de invitación, carta de C.R.C. lleva consigo. Si se encuentras en el primer Misterio, todos ustedes llevan su invitación consigo. ¡En el santuario de su corazón! Cuando la Gnosis le ha tocado en el santuario del corazón, cuando las llamas del fuego de la Gnosis han tocado su corazón, cuando le ha traspasado, el esternón testimonia de ello; ya que con razón la palabra esternón significa «que irradia». El estado del esternón es la carta viviente que traduce la calidad de nuestra vida. Todo candidato serio, lleva esta carta viviente en el santuario de su corazón. Cuando por parte de la Gnosis se le pida su invitación, muestre su corazón abierto. Si ha llegado así al primer Misterio, llevando las cuatro rosas en su sombrero, entonces sí es usted un invitado bienvenido. Esta carta, es decir, el estado particular del esternón, e la base que determina la abertura de la rosa. Por ello se dice en las Sagradas Escrituras que Dios, la Gnosis, sondea el corazón del hombre. Comprende usted ahora esta expresión sagrada. Cuando el corazón testimonia del nuevo estado de ser, se es acogido con esas palabras: «¡Entra hermano, eres para mí un huésped bienvenido!».

Y cuando se pregunta su nombre, responde: «Soy un hermano de la Rosacruz roja». La ley de Cristo está grabada en su corazón; en él la rosa roja se ha abierto. Un Rosacruz rojo es ante todo un hombre que se esfuerza en alcanzar el segundo Misterio. Es por esto que este hermano de la Rosa roja y de la Cruz se da el nombre de Cristian Rosacruz sin dudarlo. No es un Rosacruz sin más, no; la chispa‑espíritu, la rosa, se ha puesto en él al servicio de la luz astral de Cristo!

Con esto queremos decir que:

El esternón tiene el poder de atraer las  osas hacia las cuales nos llevan nuestros deseos. Abrimos nuestro corazón a nuestros deseos. En consecuencia, atraemos fuerzas astrales por el hígado. Estamos envueltos por un campo astral poderoso; vivimos en un océano sideral impetuoso. A cada latido del corazón, el hígado absorbe fuerzas siderales. Así pues, cuando el corazón se abre al misterio gnóstico, llega siempre una respuesta, se produce un contacto, se desarrolla un proceso. Pero, al mismo tiempo, hay que permanecer orientado por entero hacia Jesucristo, nuestro Señor, es decir, hacia el campo astral de la Gnosis. Ya que lo que necesita para alcanzar el objetivo es fuerza sideral del  campo crístico, del sexto plano cósmico, del nuevo Campo de Vida. En consecuencia, uno no puede contentarse con decir: «Soy Rosacruz», esto no significa nada. Existen, como ya sabe, numerosos grupos con este nombre. Pero sólo hay una Rosacruz crística. Tan sólo hay un tipo de hombre que puede ponerse el nombre de Cristian Rosacruz. ¿Lo comprende? Esos hombres además de ser hermanos de la Rosacruz, llevan el nombre de Cristian Rosacruz y recorren el camino en las radiaciones crísticas, en el campo astral de los Hierofantes de Cristo.

En cuanto C.R.C. franquea el pórtico debe primero comprar una insignia, una medalla de oro. La recibe a cambio de su cantimplo­ra de agua. Como recordará, se había puesto en marcha con pan, agua y sal. Abandonó su pan bajo los cedros; su cantimplora la dejó en el pórtico, Ya que ahora, además del Pan de Vida, posee también en él el Agua de Vida; posee ahora en sí mismo el pan y el vino. Se ha vuelto un verdadero cristiano. Si no se quiere o no se puede ser cristiano en este sentido, se permanece siempre atado a la naturaleza dialéctica.  Si, en consecuencia, profunda­mente interesado usted ha abierto su corazón a la Gnosis, pero no en el sentido positivo y perfectamente cristiano, no en el deseo absoluto del otro Reino, sin ofrecerse totalmente, entonces permanece usted siendo un hombre del tipo dialéctico ordinario quien, en un momento dado, es como un vaso lleno en el que no cabe nada más. La gran corriente sanguínea que se vierte al hígado por la vena aorta, es comparada en la Enseñanza Universal a una corriente de agua de o vino. Usted, alumno de la Escuela de los Misterios, haga de forma que un día sea capaz de canalizar esta corriente de fuerza nueva.

Piense en la Santa Cena, donde se ofrece al candidato el pan y el vino; se trata de lo siguiente: cuando alguien entra en la Escuela de la Rosacruz de Oro no está únicamente unido a una enseñanza sino también a una fuerza. Todos reciben dos fuerzas. En cada servicio de Templo le son dispensados el pan y el vino; el pan para realizar el primer proceso del corazón; el vino del Espíritu, el agua de vida, a fin de abastecer provisionalmente la función regeneradora del hígado, ya que en el alumno principiante no puede aún cumplir con su nueva función. Es con este viático que hay que intentar seguir el camino. El pan y el vino alimentan y reconfortan al inicio del camino.

Pero, naturalmente, respecto a la auto‑realización, se espera que usted se vuelva lo más rápidamente posible su propia autoridad en la materia; que sea capaz de procurarse directamente el pan y el vino.

Al inicio, el pan y el vino son ofrecidos como material gnóstico de construcción del Alma, para poder empezar el trabajo. Sin embargo, tan pronto como el pórtico se abre por sí mismo, esta energía indirecta es reemplazada por energía sideral directa. Por esto C.R.C. da al guardián del pórtico su cantimplora de agua, con la que alivió su sed hasta entonces; ahora, ya no precisa ese alivio; desde el punto de vista gnóstico se ha vuelto autónomo. La prueba de ello es el signo distintivo que recibe, una pieza de oro, con sólo dos letras grabadas, S y C, iniciales de las palabras Spes Charitas. Nos gustaría traducirlas así: «La Esperanza bien fundada de la manifestación del Amor divino está ahora en usted».

 

Pero volvamos a nuestras explicaciones. Digamos: animado por un profundo deseo de la Gnosis, penetra usted en el primer Misterio; en consecuencia, la rosa del corazón se abre y el fluido gnóstico invade su sangre. Y se enciende en el santuario de su cabeza la nueva Luz; lo atestigua la cinta roja que se pone en sus hombros y las cuatro rosas que lleva en el sombrero. Y así se pone en marcha. No se contenta en ir simplemente en dirección a los Misterios, sino que sobre todo está usted animado de un vivo deseo en acceder al Misterio crístico, es decir, a la patria original, al campo astral de la Gnosis. Con ello se desarrolla una nueva actividad en el campo de respiración. El hígado extrae nuevas fuerzas, las cuales renuevan día a día la sangre, de forma que recibe siempre más energía para seguir el camino y perseve­rar.

El que interiormente realiza esto, el segundo Misterio puede alimentar la esperanza bien fundada de la manifestación del Amor divino.

El Amor divino, el Amor universal es la energía más alta, más noble, más pura; gracias a él se realiza también el tercer Misterio, el Misterio del Grial y se desarrolla la magia del Amor. Para ello, C.R.C. posee aún un tercer poder prestado, la sal. Pero, como veremos, es preciso que lo abandone pronto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            En fin, por amistad me dio una carta sellada para el segundo guardián. Mientras me entretenía hablando con él, llegó la noche; en la puerta encendieron un recipiente lleno de pez para que pudieran orientarse los que aún estaban en el camino. El camino que conducía al castillo estaba cerrado por ambos lados con altos muros y bordeado por hermosos árboles frutales de todas las especies. Habían colgado un farol en uno de cada tres árboles(En cada lado del camino había tres árboles) en los cuales estaban colgados faroles cuyas luces habían sido ya encendidas con una espléndida antorcha por una hermosa virgen, vestida también de azul. Me entretuve más de lo prudente en admirar tan soberbio y exquisito espectáculo. Finalmente, tras haber recibido las instrucciones pertinentes, me despedí del primer guardián. Mientras caminaba, me asaltó el deseo vehemente de conocer el contenido de la carta, pero como no podía sospechar ninguna descortesía por parte del guardián, resistí la tentación y continué mi camino hasta el otro pórtico. este era casi idéntico al primero, pero adornado con esculturas diferentes, de un significado misterioso. Sobre la placa fijada en el frontispicio se leía: «Date et dabitur vobis» (Dad y se os dará). Un feroz león encadenado bajo este pórtico se irguió nada más verme y me recibió con fuertes rugidos. Esto despertó al segundo guardián que estaba tendido sobre un bloque de mármol, el cual me exhortó a que no me inquietara ni tuviese miedo. Expulsó al león que retrocedió y cogió la carta que le tendí temblando. Habiéndola leído me dijo con gran respeto: «¡Bienvenido, en nombre de Dios, sea(sois) el hombre al que deseaba ver desde hace largo tiempo!

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

10

 

LAS SEIS LÁMPARAS

 

Recordará que C.R.C. se puso en marcha con pan, agua y sal. Sin embargo, los dejó cerca de los tres cedros, en el momento de ponerse espontáneamente sobre el camino que conduce al objetivo en línea recta. Así ha realizado para sí mismo el primer Misterio. Recordemos la función del primer Misterio: dar diariamente al alumno el alimento del Alma nueva, que extrae directamente de la Fuente eterna de todas las cosas. La parte recibida debe ser utilizada el mismo día, en un don total de sí y lleno de amor al servicio de todos. Añadamos que el pan, el primer impulso de la Gnosis que penetra en el esternón, debe alcanzar el centro del alma, el santuario de los tres cedros. Cuando el centro del alma, el santuario de los tres cedros es alcanzado, solamente entonces el hígado, este órgano maravilloso, está suficientemente influenciado para poder retener los elementos gnósticos, en lugar de expulsarlos.

Una vez alcanzado este objetivo, el hígado se amolda al nuevo comportamiento del Alma, hasta el momento en que se abre, por sí mismo, a los influjos gnósticos directos del segundo Misterio. Entonces, este Misterio se vuelve una completa realidad para el alumno. Se comprende que, a partir de ese momento, sean liberadas en el alma‑sangre considerables energías, transmitidas a todo el cuerpo por la vena aorta, poniendo al alumno en estado de realizar grandes cosas. La energía vital indirecta liberada por el corazón, es reemplazada entonces por la que proviene directamente del hígado. Las fuerzas siderales penetran por el hígado, las cuales transmiten a la sangre grandes energías.

C.R.C. puede, pues, dejar su cantimplora de agua al guardián del pórtico y, como hemos dicho, recibir una insignia de oro, el sello de la Esperanza y del Amor. Puede ahora, con razón, mantener la esperanza de ver manifestarse el Amor divino del tercer Misterio, el Misterio del Santo Grial. Puede, confiadamente, dar por descontado la realización total de la continuación del proceso. Y así se dirige hacia el guardián del segundo pórtico.

Entretanto ha llegado la noche, todo se ha oscurecido. Cuando la puerta del hígado se abre a la Gnosis y que las funciones de este órgano escapan cada vez más a las influencias astrales dialécti­cas de la naturaleza ordinaria, todo lo que pertenece al mundo dialéctico se oscurece para el alumno. Si el hígado y sus funciones cambian de la forma descrita, elementos importantes del sistema del alumno son separados completamente de la naturaleza dialéctica y sus manifestaciones. En principio, el corazón ya no funciona para la naturaleza; le sigue lo mismo para el hígado. Y como este órgano es fuente considerable de energía, está claro que cuando una gran parte no está ya unida a la naturaleza dialéctica, ésta pierde todo su color y esplendor para el alumno. Este último no corre ya el peligro de desviarse en el mundo, ni de malgastar su tiempo en futilidades de la naturaleza de la muerte, hasta tal punto que ésta se convierte en noche para él.

Cuando la luz del sol dialéctico se apaga, la noche cae sobe la naturaleza de la muerte. Pero inmediatamente, ‑y no podría ser de otro modo‑ ¡brilla la aurora de un nuevo día! Por un lado es la noche, pero por el otro ¡es la luz! La energía nueva que afluye muestra que una nueva fuente de luz empieza a actuar en el alumno.

Por ello, una doncella vestida de azul (alusión a la nueva actividad del hígado) enciende todas las luces de las linternas colgadas de los árboles de los cuales, tres por cada lado, bordean el camino hacia el castillo.

Este detalle alude a las funciones del hígado. Los tres árboles de cada lado del camino y sus linternas encendidas, representan las fuerzas que emanan de la nueva fuente de energía. Cada árbol tiene una linterna: tres a la derecha y tres a la izquierda, símbolo de una actividad positiva y otra negativa. Dos veces tres fuerzas, polarizadas positiva y negativamente. Dos fuerzas atrayentes, dos repulsivas y dos neutralizantes, estando así representada la función completa del sistema hepático. Las fuerzas astrales penetran por el hígado. En el caso del alumno son fuerzas astrales provenientes del sexto plano cósmico, del nuevo campo de vida. El hígado atrae fuerzas pero rechaza al mismo tiempo lo que no es útil ni saludable tan bien, que el alumno está definitivamente protegido.

Ninguna influencia sideral nociva puede ya penetrar por la puerta del hígado. Pero existen otras entradas, otras vías de acceso, por las que las fuerzas enemigas pueden invadir el sistema del alumno que ha llegado a esta parte del camino.

Piense por ejemplo, en los distintos puntos del sistema del fuego de la serpiente, y en las diversas funciones respiratorias del santuario de la cabeza. Piense también, en el

candelabro de siete brazos, citado a menudo en la Escuela. Es evidente que, por esos otros caminos, pueden infiltrarse fuerzas enemigas en la sangre del alumno. Pero ahora, el hígado posee una fuerza neutralizante. Se comprende que, ante las fuerzas enemigas que intentan invadir la sangre del alumno, para desviar su camino o su visión, ese factor neutralizante une y expulsa todas las influencias nocivas, representa una gran protección. ¡Este triple sistema del hígado es extraordinariamente útil para el alumno! Estas tres fuerzas siderales unidas, le son una ayuda poderosa, una potente fuente de luz. C.R.C. posee, en lo sucesivo, una triple luz interior en el sistema del hígado y del bazo.

Así pues, sigue su camino hacia el guardián del segundo pórtico, ornado igualmente de esculturas e inscripciones. En la placa del frontispicio lee: «¡Dad y se os dará!» Bajo este pórtico descansa un león, quien lo recibe con fuertes rugidos. El León simboliza aquí el guardián del nuevo estado de vida, del Templo del Santo Grial, el Templo del Amor, el Templo del tercer Misterio.

El que consigue pasar ante el León se introduce inmediata­mente en la gran transfiguración, entra en el nuevo campo de vida: el renacimiento empieza para él. Así se vuelve uno ciudadano de la Cabeza de Oro, el campo de la Resurrección. Sabemos que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios. Tan sólo el hombre transformado, el hombre renacido, puede acceder a un estado de vida verdaderamente puro.

 

Resumamos brevemente otra vez, lo que es necesario para lograr entrar en el nuevo campo de vida, el campo de la Resurrección. Primero, es preciso un principio  vital, engendrado por el corazón.

Segundo, es preciso una energía vital nueva poderosa, en relación con el hígado.

Tercero, es preciso una sustancia vital nueva para el gran cambio de la transfiguración.

Es decir, un principio vital nuevo, una energía vital nueva y una sustancia vital nueva. (se podría poner principio, energía y sustancia vitales nuevos). La sustancia vital nueva es el material con el que se formará el Manto de Oro de las Bodas. Los nuevos materiales de construcción son liberados en el cuerpo etérico, relacionado con el bazo del cuerpo físico. Tal vez ya sepa que el bazo es un órgano que absorbe los éteres. Y los éteres son, en sentido absoluto, materiales de construcción. En las Bodas Alquímicas de C.R.C. son designadas como la sal. La sal es cristalizante, conservadora y purificadora.  El alumno que empieza a seguir el camino actúa, al inicio de su desarrollo, con los antiguos éteres, los éteres naturales, no dispone aún de éteres nuevos. Por ello al comienzo, se esfuerza en purificar el máximo posible los antiguos éteres de la naturaleza de la muerte. Intenta «extraer lo que se encuentra allí», para servir a la ejecución de su plan: participar en la vida del Reino inmutable. De ahí el comportamiento elemental y las reglas que adopta el alumno confesional. Se esfuerza, al inicio, en remar con los remos de que dispone. Para ello, mantiene los remos en el mejor estado posible.

Pero los verdaderos materiales de construcción, los materiales de construcción nuevos que precisamos, no pueden en absoluto provenir de los antiguos éteres. Estos están totalmente desprovistos de valor para el nuevo campo de vida. Por ello, es preciso disponer primero de un nuevo principio vital, a partir del cual se desarrolla una nueva energía vital, por mediación del segundo Misterio. Y cuando el hígado está preparado para asegurar perfectamente el desarrollo ulterior, y el alumno recibe los cuatro alimentos santos, los éteres nuevos, la nueva sustancia vital, los nuevos materiales de construcción penetran en su sistema.

Al igual que el hígado, el bazo se cierra a las fuerzas naturales, a los antiguos éteres, y se abre a los cuatro éteres celestes del origen. El tercer aspecto de la Gnosis, el tercer Misterio se realiza en el alumno. Ya no recibe «la sal» de la naturaleza ordinaria, sino los materiales de construcción etéricos de la nueva naturaleza. Esos materiales etéricos se designan en las Bodas Alquímicas, con las letras S M: Sal Menstrualis, la sal purificadora. La nueva sustancia penetra el sistema, una nueva sal, una sal regeneradora se diferencia en el organismo. Y esta sal, es el elemento que asegurará la transfigu­ración efectiva y, en primer lugar, constituirá el Manto de Oro de las Bodas. Este es el significado de la segunda insignia que recibe C.R.C.  Otro detalle sorprendente: la carta de recomenda­ción que C.R.C. debe transmitir. El primer guardián lee la carta, grabada en el corazón de C.R.C. Pero la segunda carta hace alusión a la nueva fuente de vida que surge en el alumno. Sin duda, comprenderá usted ahora las palabras del Evangelio de Marcos (9,51): «Tened sal en vosotros mismos». Así hablaba Jesús el Señor a sus discípulos. Y si nos es permitido recibir la sal, no le hagamos perder su sabor. Este es el caso cuando no la empleamos. Por ello ¡viva el presente! No espere recibir la sal de la vida al día siguiente, más tarde. Empiece ahora armado de toda su confianza, su fe, su perseveran­cia, apoyándose en su estado de ser del momento. Progresará rápidamente y, en unidad de grupo con sus hermanas y hermanos, avanzará en el camino con paso decidido hasta la Cabeza de Oro, el campo de la Resurrección.

Por ello está escrito en las Bodas Alquímicas: «Cuando me disponía a hablar con el segundo guardián, una campana se puso a tañer en el castillo, aconsejándome vivamente el guardián de que me apresurase, ya que sino todas mis penas y mis esfuerzos serían vanos, pues arriba comenzaban a apagar todas las luces. Me puse pues en marcha precipitadamente».

En cuanto a usted, quiera Dios que, lo más rápidamente posible, llegue el día en que el guardián pueda decirle:

«¡Bienvenido en nombre de la Gnosis, sois el hombre al que deseaba ver desde hace largo tiempo».

            A continuación me presentó una insignia preguntándome si tenía algo con que cambiarla. Como ya no me quedaba más que la sal, se la ofrecí y la aceptó dándome las gracias. Esta insignia también tenía solamente dos letras: S.M. (Sal Menstrualis: Sal Purificadora).

        Cuando me disponía a hablar con este guardián, una campana se puso a tañer en el castillo, aconsejándome vivamente el guardián de que me apresurase, ya que sino todas mis penas y mis esfuerzos serían vanos, ya que arriba comenzaban a apagar todas las luces. Puse en práctica su consejo de forma tan precipitada que olvide despedirme de él, tal era mi temor y no sin razón. En efecto, a pesar de la rapidez de mi carrera, ya me alcanzaba la virgen y tras ella apagaban todas las luces. No hubiera podido encontrar el camino si no me hubiera iluminado con su antorcha. Y apenas si pude deslizarme detrás de ella para entrar, pues la puerta se cerró tan bruscamente que quedó cogido el borde de mi capa. Y allí tuve que dejarla porque ni yo, ni los que me habían aconsejado amablemente ante el pórtico, pudieron convencer al guardián para que abriera nuevamente la puerta. Aseguraba que había dado la llave a la virgen, la cual se la había llevado al patio.

       Durante este tiempo, contemplé aún el pórtico. Era una tan espléndida obra maestra, que en todo el mundo no había otro que lo igualase. A cada lado se levantaba una columna. Sobre una había una estatua sonriente con la inscripción: Congratulor (me congratulo contigo). Sobre la otra, una estatua de cara triste con la inscripción: Condoleo (sufro contigo). En pocas palabras, eran figuras y palabras tan oscuras y misteriosas, que incluso el hombre más instruido de la Tierra no sabría interpretarlas. Pero, si Dios lo permite, en breve las describiré y explicaré.

            Al atravesar ese pórtico tuve que decir mi nombre de nuevo; fui inscrito el último en el pergamino destinado al futuro esposo. Sólo entonces me fue entregada la verdadera insignia destinada a los invitados; era más pequeña que las otras, pero mucho más pesada. En ella estaban grabadas las letras S.P.N. (Sponsi Praesentandi Nuptiis: éste es en las bodas el invitado del esposo).

            Además, se me dio un par de zapatos nuevos, pues el suelo del palacio estaba enlosado con mármol claro. Como me resultaba agradable dar mis viejos zapatos a uno de los pobres que, con compostura, se sentaban frecuentemente bajo el pórtico, los regalé a un viejo.

            Acto seguido, dos pajes que llevaban antorchas me condujeron a una pequeña habitación, donde se me hizo sentar en un banco, mientras ellos colocaban las antorchas en dos agujeros perforados en el suelo, marchándose y dejándome sólo. De repente oí un ruido, pero no vi nada y hete aquí que me cogieron varios hombres a la vez; como no los veía, me vi obligado a dejarlos hacer a su guisa. No tardé en darme cuenta de que eran peluqueros, les pedí que no me apretaran tan fuerte, pues estaba dispuesto a hacer lo que quisieran. Me soltaron entonces y uno de ellos, que seguía siendo invisible, me cortó diestramente los cabellos en la cima del cráneo respetando, sin embargo, los largos mechones, encanecidos por la edad, de la frente que caían a la altura de los ojos y sobre las orejas.

       Debo confesar que al principio me dejó casi sin valor, pues cuando me sentí zarandeado tan irresistiblemente, sin ver a nadie, creí que Dios me había abandonado a causa de mi arrogancia.

            Finalmente, los peluqueros invisibles recogieron cuidadosa­mente los cabellos cortados y se los llevaron; entonces los dos pajes entraron riéndose con ganas de mi terror. Apenas habían intercambiado algunas palabras conmigo, cuando una  campanilla tintineó de nuevo señalando la convocatoria de una asamblea, según me dijeron. Me invitaron a seguirles, precediéndome con antorchas que iluminaron una infinidad de c pasillos, puertas y recodos, hasta conducirme a una gran sala.

            Una multitud de invitados se apretujaba en esta sala: emperadores, reyes, príncipes y señores, nobles y burgueses, ricos y pobres, así como no pocos bribones, lo que me sorprendió mucho, y pensando en mi me decía: «¡Qué tonto has sido habiéndote atormentado tanto por este viaje! ¡Estas gentes que tan bien conoces y que nunca has estimado están también aquí, mientras que tú, con todas tus plegarias y súplicas, a duras penas si has podido entrar el último!».

            Sin duda fue el diablo quien me inspiró estos pensamientos y muchos otros, pese a todos mis esfuerzos por rechazarlos. Mientras tanto, varios de los que me conocían me interpelaban: «Hermano Rosacruz, ¿también está usted aquí?» «Si hermanos, respondí, la gracia de Dios me ha ayudado a mí también, a entrar aquí» Se rieron de mi respuesta y encontraron ridículo que invocara a Dios por una cosa tan simple. Cuando preguntaba a cada uno por el camino que habían seguido, la mayoría contaba que habían escalado los roquedales.

            Entonces, unos toques de trompetas ‑que no veía‑ sirvieron de señal para comer. Cada cual se colocó según el rango al que le parecía tener derecho y tan bien lo hicieron, que yo y otros pobres como yo apenas si encontramos un hueco en la última mesa. Poco después, entraron los dos pajes y uno de ellos pronunció una oración tan bella y admirable que mi corazón se alegró interior­mente. Sin embargo, algunos de los grandes señores no sólo no les prestaban la menor atención, sino que se reían entre ellos, gesticulaban, mordisqueaban sus sombreros y se divertían con muchas otras bufonadas. Después sirvieron la comida, y todo estaba tan primorosamente ordenado, que me pareció que cada invitado tenía su propio sirviente, aunque no viese a nadie. Cuando los chistosos estuvieron saciados y el vino les hizo perder toda moderación, se pusieron a vanagloriarse y a fanfarro­near. El uno habría echo esto, el otro aquello, y los más insignificantes gritaban más fuerte. Todavía hoy no puedo evitar irritarme cuando recuerdo los actos sobrenaturales e imposibles sobre los que oí hablar. Para acabar, cambiaron sus sitios; aquí y allá, los presuntuosos se deslizaban entre los señores y se vanagloriaban de acciones de tal envergadura, que no hubiera bastado la fuerza de Sansón o de Hércules para realizarlas. Uno quería liberar a Atlas de su peso, el otro sacar al Cerbero tricéfalo de los infiernos. Pero los grandes señores no cometían la estupidez de creerles.

       Los malvados acabaron por mostrar tanta audacia, que no prestaron atención alguna a los golpes que, de vez en cuando, a modo de advertencia recibieron en los dedos con los cuchillos. Y cuando uno de ellos hubo hurtado una cadena de oro, los demás quisieron tratar de hacer otro tanto. Uno pretendía oír el susurro del cielo, un segundo contemplar las ideas de Platón, un tercero enumerar los átomos de Demócrito. Varios incluso habían inventado el movimiento perpetuo. Es cierto que muchos me parecían inteligentes pero, desdichadamente para ellos, tenían demasiada buena opinión de sí mismos. Para acabar, había uno que pretendía hacernos creer pura y simplemente que veía a los criados que nos servían. Y habría continuado con sus jactancias, si uno de los criados invisibles no le hubiese dado un bofetón tan sonoro en su boca mentirosa de forma que, no solamente él, sino también muchos de sus vecinos, quedaron mudos como peces.

            Para gran satisfacción mía, todos aquellos a quienes estimaba guardaban silencio y mantenían una total compostura en medio de este bullicio; se guardaban mucho de elevar la voz pues se consideraban, en su ignorancia, incapaces de penetrar en los grandiosos misterios de la naturaleza de lo que, por añadidura, se sentían demasiado pequeños.

            A causa de esta algazara, casi habría maldecido el día en que llegué a tal sitio, pues veía con dolor como los personajes sentados en la cabecera de la mesa eran lisonjeros y ligeros, mientras que, incluso en mi discreto rincón, no se me dejaba tranquilo, puesto que uno de los bribones me había tratado insolentemente de ¡grandísimo bobo! Como aún ignoraba que hubiese otra puerta que franquear, suponía que, durante todo el tiempo que durasen las bodas, se me trataría de forma burlona, desdeñosa e indigna, lo que no había merecido ni por parte del esposo ni de la esposa. ¡Se podría haber elegido mejor a otro para hacer de bufón de las bodas!

            He aquí a qué impaciencia puede conducir a las almas sencillas las contradicciones de este mundo. En realidad, esto formaba parte de la enfermedad que yo había tenido en el sueño, como lo he relatado anteriormente.

            El vocerío aumentaba cada vez más. Había también quien se jactaba de visiones inventadas e imaginarias, y contaban sueños espantosos y de una falsedad evidente. A mi lado estaba sentado un hombre calmado y distinguido que hablada de vez en cuando de cosas más elevadas. Acabó por decirme: «Mire, hermano, si alguien quisiera conducir por el camino correcto a semejantes obstinados, ¿le escucharían?

            «Ciertamente no», le respondí.

            «Así es ‑dijo‑ como el mundo quiere ser engañado a toda costa y cierra sus oídos a quienes no buscan sino su bien. Fíjese bien en ese adulador y observe con qué tonterías y sandeces intenta atraer la atención sobre él. Mire allí como otro se burla de la gente con palabras misteriosas e inauditas. Pero créame, llegará un tiempo en que se les quitará las máscaras y disfraces a estos mentirosos, para que todo el mundo vea los bribones que se ocultan detrás.  Entonces, quizás, serán respetados aquellos a los que antes no se les estimaba».

            Mientras hablaba, el tumulto se hacía cada vez más violento. De repente, se elevó en la sala la más bella e impresionante música que jamás había oído en mi vida. Todo el mundo se calló a la espera de lo que iba a suceder. La música estaba ejecutada con todos los instrumentos de cuerda imaginables, tan armoniosa­mente que me quedé como de piedra, completamente ensimismado, con gran sorpresa de mis vecinos. Esto duró cerca de media hora, durante la cual nadie dijo palabra, pues desde el momento que alguien quería abrir la boca, recibía un manotazo inesperado, sin saber de dónde venía. Como no veíamos ningún músico, pensaba, cuánto me habría gustado examinar todos los instrumentos que utilizaban. Al cabo de media hora, la música cesó de repente sin que nos fuera posible ver ni oír de dónde procedía.

            Pero pronto resonó, delante de la puerta de la sala, una estridente y resonante fanfarria de trombones, trompetas y timbales, tan magistralmente como si el propio emperador de Roma hubiera hecho su entrada triunfal. Después la puerta se abrió sola y el estruendo de los trombones se hizo tan potente que apenas era soportable.

            Al mismo tiempo, me pareció que penetraron miles de luces en la sala, moviéndose solas con un orden tan perfecto que nos dejó extremadamente impresionados; por último, los dos pajes de los que ya hemos hablado entraron, con antorchas llameantes, iluminando a una bella virgen sentada sobre un trono de oro, magnífico y triunfal, que avanzaba por sí sólo. Tuve la impresión de que era la misma que, poco antes, en el camino, había encendido y apagado las luces. Asimismo, creí reconocer entre los servidores a los que estaban de guardia bajo los árboles que bordeaban el camino. No obstante, ya no llevaba el vestido azul sino una túnica deslumbrante, blanca como la nieve, centelleando oro puro y tan radiante que apenas osamos mirarla. Los dos pajes estaban vestidos igual, aunque un poco más sencillamente.

            Cuando la virgen llegó en medio de la sala, descendió de su trono y todas las luces se inclinaron ante ella. Nos levantamos todos de nuestros bancos, quedándonos cada uno en nuestro sitio. Cuando nos fuimos inclinando, ella ante nosotros y nosotros ante ella, saludándonos respetuosamente unos a otros, ella comenzó a hablar con voz suave, en estos términos:

           

            El rey, mi gracioso señor,

            os espera ahora no lejos de aquí,

            así como su prometida quien, por la vida,

            le ha concedido ya su mano.

            Durante mucho tiempo os han esperado,

            y han preparado todo para vuestra llegada.

            A cada uno, según sus medios,

            muestran gran respeto y compasión,

            y desean desde el fondo de su corazón,

            liberaros de cualquier dolor,

            a fin de que las próximas fiestas nupciales

            curen a cada uno de sus padecimientos.

           

Después de lo cual de nuevo, con todas sus luces, se inclinó graciosamente y continuó:

 

            La carta que os ha invitado

            prohíbe claramente que se presente aquí

            todo hombre a quien las fuerzas de Dios

            no hayan favorecido, desde hace mucho tiempo,

            con sus dones,

            y a quien, lleno de aspiración,

            no esté envuelto ya por ellas;

            aunque nadie, seguramente,

            tenga la audacia y la arrogancia de pensar

            que, sin estos dones de Dios,

            se puede presentar en la sala de bodas.

            Así pues, a quien se encuentra en el campo del bien,

            le son prometidos todos los bienes.

            Alegraros vosotros de que en estos tiempos difíciles

            sean numerosos los que, aquí, esta suerte esperan.

            Algunos están endurecidos y son groseros,

            ya nada les conmueve en la materia.

            Penetran aquí en lugares

            donde no han sido llamados.

            A fin de que ningún impostor se encuentre aquí,

            de que ningún bribón ciegue a los demás,

            y de que, en la calma, sin turbación,

            seáis elegidos para las bodas más puras,

            será necesario, mañana, tolerar

            que cada uno de vosotros sea pesado,

            y que sea claramente medido

            lo que en sí cada uno ha olvidado.

            Si hay alguno en el grupo

            a quien esta llamada perturbe,

            que se coloque a un lado,

            sin esperar más tiempo.

            Para él la gracia está perdida,

            mañana será oído.

            Aquel cuya conciencia tiene algo que decir,

            no será sacado de la sala,

            mañana se le dará la libertad:

            pero que no vuelva más en esta vida.

            Que quien mire su pasado sin turbación,

            salga con su servidor,

            quien le mostrará su habitación,

            donde podrá pasar la noche.

            Quien se dirija hacia la balanza,

            con el alma aparentemente serena,

            sino su sueño será abrumador,

            y se apercibirá de ello rápidamente.

            Los demás permanezcan aquí esta noche;

            ¡quien presuma de sus fuerzas,

            es preferible que se vaya

            a fin de que todo marche bien para cada uno!

 

Cuando terminó este discurso, la virgen se inclinó de nuevo y se volvió a sentar alegremente en su trono. Después las trompetas resonaron una vez más, lo que no impidió a algunos exhalar un profundo suspiro.

            A continuación las luces fueron traídas una vez más de forma invisible, pero un gran número permaneció en la sala y se acercaron a nosotros: una luz para cada uno de nosotros.

            Nuestro desconcierto era tan grande, que apenas puedo describir los pensamientos y gestos melancólicos que fueron intercambiados. No obstante, la mayoría de nosotros decidió esperar la pesada, con la confianza de poder marchar en paz si esto acababa mal.

            Yo tomé rápidamente mi resolución; como mi conciencia me mostraba mi estupidez y mi indignidad, decidí permanecer con los demás en la sala y contentarme con la comida ofrecida, antes de aguardar un descalabro inminente, con los peligros correspondien­tes. Después de que casi todos fueron conducidos por su luz a una habitación en alguna parte (cada uno a la suya como supe más tarde), quedamos nueve, entre ellos quien me había hablado en la mesa. A pesar de todo nuestras luces no nos abandonaron. Al poco tiempo llegó uno de los pajes, ya mentados, cargado «con un grueso paquete de cuerdas y nos preguntó muy seriamente si estábamos decididos a permanecer allí. Cuando hubimos asentido suspirando, ató a cada uno de nosotros en un rincón determinado, después desapareció con nuestras luces, abandonándonos en la oscuridad en tan miserable estado.

       Muchos de nosotros sentimos la opresión de la angustia, y yo mismo no pude retener mis lágrimas. Guardamos un profundo silencio, abrumados por el dolor y la aflicción, aunque nadie nos había prohibido. Además, las cuerdas estaban anudadas de forma tan sorprendente, que nadie pudo cortarlas y menos aún desatarlas y quitarlas de los pies. Tampoco podía consolarme con el pensamiento de las grandes afrentas que esperaban a quienes habían ido a reposar, mientras que nosotros estábamos en disposición de pagar nuestra audacia en una noche. Terminé por dormirme con pensamientos melancólicos. En efecto, aunque muy pocos de nosotros llegaron a dormirse, yo no pude evitar el sumirme en el sueño a causa de mi fatiga. Durmiendo, tuve un sueño y, aunque su significado no sea de gran importancia, no me parece superfluo contarlo. Soñaba que estaba sobre una alta montaña. Ante mí se extendía un gran valle, donde se amontonaba una multitud innumerable de seres humanos. Cada uno estaba suspendido del cielo por un hilo atado a su cabeza. Unos estaban colgados muy altos, otros más bajos, algunos estaban incluso a ras de tierra. Un anciano que volaba a su alrededor, con unas tijeras en las manos, cortaba un hilo por aquí, otro por allá. Los que estaban próximos al suelo, caían rápido y sin ruido, pero cuando tocaba a alguien que pendía a una cierta altura, su caída hacía temblar la Tierra. Algunos tenían la suerte de colgar de un hilo que se estiraba de manera que llegaban al suelo antes de que el hilo fuera cortado. Sus cabriolas me divertían mucho, y me complacía grandemente cuando uno de los que se habían mantenido mucho tiempo en el aire, para escapar a las bodas, caía vergonzosamente arrastrando a algunos vecinos en su caída.

       También me alegré cuando algunos de los modestos que se habían contentado con estar cerca del suelo, desaparecía con una discreción tan maravillosa que sus vecinos no se daban cuenta.

            Cuando mayor era mi dicha, uno de mis compañeros de encarcelamiento me empujó, con tan mala fortuna, que me despertó, pero no quise hablar. Sin embargo, reflexioné sobre mi sueño y lo conté a mi hermano que, al igual que yo, estaba acostado a mi lado. Me escuchó con satisfacción y deseó que fuera el presagio afortunado de alguna ayuda.

            Pasamos el resto de la noche conversando sobre esta esperanza, y esperando con impaciencia que llegara el día.

11

 

EL TEMPLO DEL JUICIO (I)

 

En el relato de Cristian Rosacruz, se ve en varios lugares- y claramente en el texto que acaba de ser citado- como el alumno debe, en el curso de todas las fases que le es necesario atravesar, consagrarse totalmente y sin restricción al Camino de la Liberación para no arriesgarse a tropezar con grandes obstáculos, o dejar escapar las posibilidades que se abren ante él. De la misma manera que nada debe obstaculizar al capullo de Rosa hasta su eclosión, para que llegue a la profusión y a la magnificencia de los colores, de las líneas y de las formas, de la misma manera el alumno debe buscar su crecimiento y su desarrollo interior con un celo y una orientación sin desfallecer. Como esto aparece cada vez más en el desarrollo del relato, Cristian Rosacruz da la imagen de un alumno bien preparado; ahora bien pasa por los pelos el tercer portal antes de que se cierre. E incluso deja allí un trozo de su manto, que se ha quedado allí cogido.

Es necesario comprender esta imagen. Ningún hombre que recorre el Camino de regreso, la vía que, del abismo dialéctico, lleva al Reino del Origen, no realiza esta ascensión, con todas las banderas y oriflamas desplegadas. El Hijo perdido que vuelve hacia su Padre es un hombre contrito, arrepentido, consciente de su insignificancia y de su impotencia, que sabe que no puede proseguir su duro viaje con seguridad, sin la Fuerza de Aquel que lo ha precedido, el Cristo. C.R.C. se da claramente cuenta que jamás habría podido encontrar su camino, si no hubiera tenido a su lado a la Virgen, la Luz que le acompaña.

La primera cosa que C.R.C. constata, en el tercer portal, es el esplendor que emana de él. El alumno por experiencia vivida sabe que se aproxima a la sala de las Bodas y por ello está lleno de una alegría interior inmensa que no puede compararse con ninguna felicidad terrestre. Las dos estatuas de este portal que llevan las inscripciones «Congratulor» y «Condoleo» («Me regocijo contigo» y «sufro contigo») no le quitan nada a ello, pero acentúan la naturaleza y la profundidad del Camino de experiencias que sigue Cristian Rosacruz.

El camino de regreso es, literalmente, muerte permanente y permanente crecimiento en la renovación. Todo lo antiguo, lo impío, debe desaparecer completamente para dejar lugar a lo perfectamente santo, a lo incorruptible. Los dos procesos se funden uno en el otro. Son inseparables y llevan a la Vida, a la verdadera Vida. Es aceptando en primer lugar el «descender para subir», es primeramente por el «In Jesús morimur» que se vuelve posible el «Per Spiritum Sanctum reviviscimus». Es únicamente de esta manera como el alumno, en virtud del sello interior que porta, se vuelve «a las Bodas, el invitado del Esposo». Y a todo lo largo de estos procesos, durante todas sus experiencias, la Luz de la Gnosis, la Luz del Amor de Cristo lo acompaña como un guía, que lo pone en movimiento y lo protege en el Camino de Cruz de las Rosas, la Vía Dolorosa.

¿Como el alumno franquea interiormente el tercer portal?

¿Cual es el nombre que hace que lo reconozcan como un «invitado bienvenido»?

Hemos visto antes:

como, en primer lugar, el corazón del candidato se vuelve receptivo a la Gnosis;

como, a continuación, por la fuerza del Misterio que brota del corazón, la comprensión profunda se despierta en el santuario de la cabeza;

como, entonces, por la purificación de la vida mental, el manto astral, el campo de respiración, se purifica y el hígado se abre al flujo directo de las fuerzas astrales liberadoras;

y como, al fin, por la perseverancia, el fluido astral nuevo libera en el cuerpo etérico los éteres nuevos, los materiales que permiten la formación del Manto de Oro de las Bodas del Alma, y como, por medio del bazo, estos actúan en el cuerpo físico.

Después de esta triple purificación preliminar, que dota al alumno de un principio vital nuevo (salido del corazón), de una energía vital nueva (transmitida por el hígado) y de una sustancia vital nueva (encauzada por el bazo), la preparación a las Bodas, a la Unión Alquímica del Alma y del Espíritu, puede tener lugar allí donde se sitúa la sala de las Bodas: el santuario de la cabeza. Gracias al trabajo del alumno, el centro del alma, que está situado detrás del hueso frontal, en la cuarta cavidad cerebral, donde reside el yo natural en razón del nacimiento en la naturaleza, se enciende a la Luz del Alma. A esta señal, el guardián del tercer portal reconoce el nombre por el cual se dirige a Cristian Rosacruz: «Hijo del Hombre». Este es el nombre que inscribe en el Libro de la Vida; esta es la señal que une directamente a Cristian Rosacruz al Esposo, al Espíritu, a la Mónada microcósmica. Por esta señal Cristian Rosacruz recibe la autorización y el poder de tomar parte y de cooperar en la Fiesta de las Bodas Alquímicas.

Pero es evidente que, en lo sucesivo, si, mucho más que anteriormente, su comportamiento debe portar definitivamente la marca de esta unión sublime. De la misma manera que Moisés cerca del Zarzal ardiente escucha estas palabras: «Quítate los zapatos de tus pies, pues el lugar sobre el que te encuentras es tierra santa», así Cristian Rosacruz debe ahora quitarse sus zapatos, abandonar definitivamente lo antiguo, todo lo antiguo.

A continuación dos pajes que llevan unas antorchas lo conducen a una pequeña habitación, colocan su antorcha en dos agujeros del suelo y lo dejan solo. Después se oye un ruido y C.R.C. siente como dos hombres se lanzan sobre él; lo agarran con manifiesta violencia. Parece que sean barberos. Pero él no los ve y les pide que lo traten con un poco más de consideración, puesto que está dispuesto a hacer lo que quieran. Le rasuran entonces la parte superior de la cabeza correctamente y con elegancia. Semejante tratamiento afecta a C.R.C., que no ve a nadie, hasta el punto de hacerle perder casi todo el coraje. Pero su irritación parece sin motivo, pues los dos pajes vuelven pronto y se ríen de su miedo.

¿Que quiere decir todo esto?

La formación de la conciencia omnipresente, la conciencia del Alma verdadera, que debe resplandecer en el candidato a las Bodas Alquímicas, a fin de que pueda participar conscientemente en el gran proceso de santificación que va a tener lugar, depende también, orgánicamente, del establecimiento de una unión entre la pineal y la hipófisis. La pineal es el órgano de percepción superior, pero en el hombre nacido de la naturaleza, se ha vuelto negativo y ya no realiza la función de puerta de acceso del Espíritu y de su actividad. La hipófisis, situada en el centro del Alma, pequeño órgano de la más alta importancia, que controla casi todas las funciones esenciales de nuestro cuerpo, estaba unido antaño a la pineal por el puente ardiente de las fuerzas de la kundalini. Como consecuencia del nuevo comportamiento, que resulta de la elevación de las vibraciones de la hipófisis, ésta unión es restablecida en el alumno y es gracias a ella que tiene lugar el nacimiento de la Luz divina en el santuario de la cabeza, así como la formación de la conciencia nueva, el nacimiento del verdadero poder de pensar.

En su escalada interior hacia la realización, que le volverá consciente en el Templo de los Misterios, Cristian Rosacruz a continuación de la triple purificación de la que acabamos de hablar, siente la fuerza de la kundalini santa brotar del anillo de fuego que rodea la pineal, tocar y encender ésta así como la hipófisis, restableciendo de este modo la unión entre ambas. El alumno no reconoce inmediatamente, no recibe directamente de manera armoniosa este doble y poderoso contacto, que lo fulmina. Este influjo se precipita sobre él, en él, y su Luz le ciega temporalmente, de tal manera que se cree en las tinieblas. Ella irradia el santuario de la cabeza, lo rodea de una vibración duradera poderosa, y purifica las corrientes de éteres que salen por los cabellos, exactamente en el emplazamiento de la octava cámara de la torre, bajo la parte superior del cráneo, la «Colina del Gólgota», el lugar donde, pronto, durante la fiesta de las Bodas, la divina Alquimia comenzará su trabajo de metamorfosis.

Pero muy rápidamente C.R.C. se restablece un poco de su consternación inicial: las fuerzas de Luz que le sirven (representadas en el relato por los pajes) están a su lado y le hacen comprender que no hay ninguna razón de tener miedo.

¡Al contrario!

Ahora Cristian Rosacruz está dispuesto a entrar en el Templo de la Iniciación. Pero para su asombro y para su tristeza, le parece que hay allí numerosas personas que no están del todo en su lugar, tal es su convicción. Hablan alto y hacen mucho barullo. Considera por su nombre que, visiblemente, han entrado por un medio diferente a él. Es pues muy comprensible que se pregunte: «¿He soportado tantas penas y dificultades para esto?» A la pregunta de algunos: «Ah ¿Usted también aquí, Hermano Rosacruz?» El responde: Si, hermanos, la Gracia de Dios me ha ayudado, a mi también, a entrar aquí»», y se burlan de él. En efecto encuentran ridículo pretender que un asunto tan pequeño necesite de la ayuda de Dios.

 

Después la señal de pasar a la mesa es dada.

Para comenzar los alumnos son puestos en relación directa con la fuerza astral pura del Templo del Portal. Pero muy pocos reaccionan a este contacto directo de una manera positiva, es decir en función del nuevo principio del Alma presente en ellos. Los más numerosos, y con gran diferencia no pueden hacer otra cosa que responder con su conciencia dialéctica, lo que se manifiesta, dada su negatividad, por un egocentrismo exacerbado nada disimulado, que provoca las escenas vergonzosas pero reveladoras descritas en detalle en el relato.

En el medio de todo este alboroto, resuena frecuentemente una música maravillosa como la de numerosos instrumentos de cuerda (pero no se ve ninguno), que lleva a todo el mundo a la calma. La serenidad del Sexto Dominio cósmico se expande, como para purificar la esfera astral del Templo del Portal, ensuciado por los buscadores indignos, y preparar lo que va a seguir ineluctablemente: el anuncio del próximo juicio. Es la primera confrontación con la gran exigencia impuesta a cada uno de los que desean entrar en la sala de las Bodas. Las puertas se abren, y, majestuosamente, en una armonía y una pureza perfectas, la Luz afluye en el Templo, según su propia ley, la ley del servicio pleno de amor, colocando al alumno ante su primera prueba preparatoria: «¿Tienes de ti mismo un conocimiento suficiente? ¿Te sabes suficientemente dispuesto interiormente para reencontrar al Esposo, el Espíritu, para ser su invitado a la Fiesta Santa? ¿Sabes seguro si eres digno de ello?»

Sigue entonces una llamada de advertencia ya enunciada al candidato en la carta de invitación: sobretodo no aparezcas en la sala de las Bodas sin ser digno de ello.

A continuación la Luz desaparece de nuevo, y cada uno es abandonado a su propia búsqueda. Pero fiel a la gran Ley del Amor que rige el Universo, deja detrás de ella una pequeña luz cerca de cada alumno, en cada alumno, para servirle, en la medida de lo posible.

A continuación, viene el momento del juicio de si mismo, que resulta del examen del yo y del sincero conocimiento de si mismo, como lo exige la Luz. La mayoría parecen no tener el estado requerido; sin embargo se obstinan en considerar la Vía de las Bodas Alquímicas bajo un ángulo especulativo, de la misma manera que en el mundo dialéctico, se razona, se decide y se ocupa de todo de una manera especulativa. Pero aquel que quiere aproximarse a lo que es Santo, que quiere recorrer con éxito el Camino de la liberación, deberá ineluctablemente cumplir las condiciones requeridas. Pues profundamente, lo que el ser desea se expresa invariablemente por las palabras: «Se santo, pues Yo soy santo». Quien no tenga conciencia de ello experimentara que «las Bodas le causaran daño».

Al final nueve candidatos, entre ellos Cristian Rosacruz, piensan no cumplir las condiciones exigidas: llenos de vergüenza se dejan atar con cuerdas hasta la mañana siguiente, el Día del Juicio.

¡Que belleza hay en esta parte del relato!

¿Que hombre, en efecto, entre los que intentan salir del estado de hombre caído, en la inestabilidad de este mundo, es digno de aparecer ante la Luz inmaculada del Orden divino?. ¿Quien, sabiéndose un «Hijo perdido», es digno de aparecer ante la faz del Padre? No dijo Cristo, a propósito del hombre dialéctico: «¿Que me decís del bien? ¡No hay nadie bueno, ni siquiera uno solo!».

Los nueve candidatos son conscientes de esto: nueve, la cifra de la humanidad madura para el Camino de la liberación; nueve, los ciento cuarenta y cuatro mil de los que habla el Apocalipsis. Profundamente conscientes de su indignidad, se entregan en total humildad y sin condiciones, a la Luz de la Gnosis, y ¡se dejan unir por Ella! En el abandono total de ellos mismos, sabiendo que solos no pueden nada, se confían a la Luz que juzga; ¡y es justamente eso lo que pide como condición de admisión!. Solo por una rendición tal de nuestro yo terrestre, por nuestra renuncia total, la Luz del Espíritu, la Luz del Cristo, puede establecer en nosotros su morada. Solo «muriendo así en Jesús el Señor» se puede realizar el renacimiento por el Espíritu Santo.

En el curso de la última noche de su conciencia terrestre, C.R.C. ve entonces en sueños que: «Quien cuelga alto, cae de alto».

«Quien se eleva, será bajado; quien se baje será elevado».

Es una ley del camino de la Liberación, del cual Cristian Rosacruz tendrá la plena confirmación en el Tercer Día.

 

 

 

12

 

EL TEMPLO DEL JUICIO (II)

 

 

Hemos dicho que Cristian Rosacruz se había sorprendido extremadamente, entrando en el Templo de la Iniciación, al constatar que a su parecer mucha gente no estaba allí en su lugar, demostrándolo totalmente por su conducta.

La pregunta se impone: ¿Como es eso posible?

¿Como alguien puede entrar en el Templo de la Iniciación mientras que sus disposiciones interiores prueban que no tiene la madurez necesaria?.

Lo comprenderemos profundizando en la verdad que nos transmiten las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz.

 

Sabéis que los siete dominios cósmicos se interpenetran. En un cierto sentido, forman un todo, un Universo, un Templo, una Morada divina. Además, como nos muestra la lógica, hay, en esta gran Morada divina, puntos o dominios que son esferas de transición entre un dominio y otro. Pues todos estos dominios se deslizan unos en otros. Pero también hay esferas en las que la séptima parte cósmica deja de existir y donde la naturaleza, las vibraciones y la plenitud de radiación pertenecen ya completamente al Sexto Dominio cósmico.

Ahora bien el Templo donde nos conduce el Segundo Día de las Bodas Alquímicas es una esfera intermedia, un dominio de transición. Es la razón por la cual se habla de un portal, de un edificio de entrada. Y detrás de esta construcción de entrada, detrás de este Templo, se encuentran aún otros dos Templos, como se ve en la invitación a las Bodas, donde se trata de tres Templos *.

 

El séptuple Cuerpo Viviente de la Joven Gnosis está rodeado por un campo astral, del cual una parte, la cima, se divide en tres aspectos, en tres Templos.

El primero es el Templo del Juicio, una esfera intermedia, un dominio de paso, donde el alumno debe mostrar si posee o no cualidades de alma lo suficientemente grandes para satisfacer las exigencias de una Comunidad de Almas perfectas.

El segundo Templo es esta Comunidad de Almas perfectas.

Y el tercer Templo es el de la Comunidad divina, el Templo del nacimiento del Espíritu.

Pero atención, no se puede hablar de la Comunidad de Almas de la Joven Gnosis como de un grupo rigurosamente separado. El estado de separación es un concepto dialéctico, un hecho dialéctico.

La Comunidad de Almas comprende a todos los que están regenerados según el alma. es la totalidad de la Cadena Universal, la gran muchedumbre que nadie puede contar; la Falange en la que, en virtud de su naturaleza, se fundan todas las Fraternidades y todos los grupos que han encontrado y recorrido el Único Camino.

Así se comprende porque C.R.C, y también nosotros si seguimos el Camino, encontramos en el primer Templo, el campo del Juicio, el espacio situado entre el séptimo y el sexto Dominio cósmico, a todos los que intentan, de una manera o de otra, en no importa en que grupo o escuela, alcanzar un nuevo estado de vida. Todos los que se esfuerzan para ello de no importa que manera se encuentran en este campo.

Ahora podéis representaros la profunda consternación, la gran decepción de Cristian Rosacruz; y comprenderéis que se pregunte: «Me he causado tanto mal para esto?»

La permanencia en esta esfera astral, en efecto, ¡no es agradable! Mientras que al comienzo solo aspiramos a la paz absoluta, a la calma inmensa de la Vida liberada, que decepción, después de haber pasado tanto mal para llegar hasta aquí, de estar obligado a constatar que los que más firmemente creen haber llegado, mientras que no están allí en absoluto, son los que más charlatanean y se empujan a los primeros lugares.

 

¿Pero no veis como la Ley de la Libertad universal va a demostrarse aquí?

Os esforzáis en conocer y poseer la Verdad, creéis que habéis llegado a ella, creéis haber convertido la Verdad en valores positivos, en lo más profundo de vosotros. ¡Y bien, tenéis el poder, si, tenéis incluso el deber de testimoniar de ello, aquí, en el primer Templo!

¿No veis, ahí también, como la ley de la Gracia universal se demuestra?

Marcado con el sello de la Vía real, os esforzáis en luchar, ya habéis luchado por alcanzar la Verdad, y creéis sin duda no haber llegado a nada, lo contrario de los que se imaginan tenerlo todo tan bien logrado.

Ahora bien, según vuestro estado de ser, sois llevados hacia un umbral astral, y vuestro estado astral determinara si se os concederá o no acceder al Tercer Día de las Bodas Alquímicas. Todos los que realmente quieren librarse de la naturaleza de la muerte son confrontados a este criterio astral, son atraídos hacia este umbral astral como el hierro por el imán. Y como ya se ha dicho: este umbral astral, es el Templo del Juicio.

 

Así el Tercer Día comienza con el fuego del Juicio en el Templo del Portal. Y sabéis de que manera este juicio es pronunciado y después ejecutado.

Cada alumno debe estar en medida de resistir sobre la bandeja de la Balanza la carga de los siete pesos. Comprenderéis sin ninguna duda lo que representan estos pesos. Son los siete Rayos del Espíritu Séptuple, a los cuales el alumno verdadero debe reaccionar.

Aquel que no reacciona positivamente a estos siete rayos es devuelto a su propio estado de ser, el del hombre nacido de la naturaleza de la muerte. Aquel que quiere separarse de la naturaleza dialéctica, pero no posee aún las cualidades requeridas, es ininterrumpidamente rechazado de allí. Esto no es una sanción, es la Ley. Entonces, alumno, cuando sufráis la inexorable influencia de la naturaleza ordinaria y reinen en vosotros el mal y el dolor, sabed que aún no es el momento para vosotros de franquear el Templo del Portal. No sabríais pasar este umbral astral: las llamas del Fuego astral os lo prohíben.

 

Ahora miraros vosotros mismos, en vuestra vida presente. El Tercer Día se levanta, por un tiempo, sobre la humanidad entera, dicho de otra manera los Rayos del Espíritu Séptuple aumentan mucho su poder y llevan a la humanidad al juicio. Todos los que están llenos de aspiración, todos los que, de una manera u otra, se dicen religiosos, en el sentido que sea, todos los que creen haber comprendido «Esto», sufren durante las horas del sueño, la experiencia del nuevo Campo astral, son pues conducidos al Templo del Portal. Por otro lado, las fuerzas de los siete Rayos suscitan en la vida social ordinaria situaciones y circunstancias que son, manifiestamente, otras tantas ejecuciones del Juicio.

 

¿Sentís hasta que punto es necesario, si queréis libraros de la caída lemuriana ya visible en este mundo, el llevar vuestro aprendizaje con la mayor seriedad, con el fin de poder franquear el Portal, más allá del cual se introduce el proceso de elevación llamado «Bodas Alquímicas»?.

Pues si deseáis volveros servidores y servidoras de la Luz Gnóstica, es necesario también que poseáis la ciencia de la Vida nueva, que guardéis la fuerza de la Vida nueva, que seáis verdaderos sacerdotes.

Revestiros pues, como Cristian Rosacruz, del verdadero vestido del orden de vuestro aprendizaje. Y realizar con nosotros la gran misión del nuevo Reino gnóstico, que ha sido fundado para reunir y ayudar a todos los que quieren verdaderamente intentar equilibrar la carga de los siete Pesos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13

 

LA CORRIENTE DEL NÚMERO PERFECTO

 

Cuando, en 1958, consagramos y pusimos en servicio el centro de Conferencia «Cristian Rosacruz», en Calw, se nos preguntó: tal centro ¿es realmente necesario?

Sobre un plano más amplio, la escuela de la Rosacruz de Oro ¿es muy necesaria?

¿No existen ya en el mundo un gran número de escuelas, de centros, canteras de trabajo, que pertenecen a toda clase de movimientos y grupos llenos de ideales?

¿Debe responderse: «Pero los demás grupos, los otros movimientos no son válidos; no hay nada mejor que lo nuestro»?

¡No, mil veces no!

Europa, América, Asia tienen millares de instituciones que son buenas, muy buenas. En todo momento, en todos los dominios del mundo dialéctico, se han hecho encarnizados esfuerzos de bondad, tanto y tan bien que no es posible, ni permitido hacer la menor crítica.

¿Piensa usted, tal vez, que todos los esfuerzos desplegados sobre la Tierra, en los campos esotéricos, humanitarios o religiosos, tan sólo son vanos y negativos? ¡En absoluto!

Por consiguiente, cuando se le cita varios movimientos espirituales de buena fe, que tienen por fundamento y objetivo el amor y el servicio a la humanidad, no puede usted expresar esta simple observación: «¡no hay nada mejor que lo nuestro!».

Cuando reflexionamos sobre el trabajo de la Escuela de la Rosacruz actual, nos preguntamos: ¿cómo tenemos el coraje de fundar, aún, una escuela al lado de tantas otras? ¿No aumentamos así la dispersión de los esfuerzos en el campo espiritual? ¿Por qué elevar la voz tan alto, en un coro ya tan ruidoso? ¿Tenemos la aprobación y la ayuda de los Grandes?

Vamos a explicarle ese derecho.

Una vez que lo hayamos hecho, juzgará usted por sí mismo si puede o no ejercer ese derecho con nosotros.

Tan sólo en este caso, y solamente si comprende el justo fundamento interior de nuestra intervención, podrá usted profundizar las verdades que vamos a exponerle.

En este mundo se hacen, tal como acabamos de constatar, inmensos y persistentes esfuerzos de bondad. Estos esfuerzos son sosteni­dos y repetidos en gran escala; lo cual es necesario porque, en este mundo de fuerzas opuestas, toda bondad se vuelve en su contrario.

El mito del paraíso terrestre expone esto de forma simbóli­ca: el hombre‑Adán aprendió a comer del fruto del Árbol del Conoci­miento del bien y del mal. En este Árbol no había dos clases de frutos, uno bueno y otro malo, tan sólo un fruto, sin calidad duradera, es decir, el bien cambiándose sin cesar en mal, después en bien y así sucesivamente. Por esta razón la sabiduría hermética dice que, en este mundo, el bien tan sólo es un mal menor. Esto dice Jesús el Señor al pronunciar: «Nadie es bueno, ni siquiera uno».

En este hecho científico natural la Rosacruz de Oro encuentra su justificación, su fundamento: el verdadero Bien, el único Bien existe únicamente en Dios, y en el Espíritu séptuple, que procede de El.

Si logramos unirnos a este Espíritu, a vivir de El y por El, somos entonces realmente, en sentido exclusivo, una Escuela de la Rosa y de la Cruz.

 

De tiempo en tiempo, en las fases críticas y transitorias de la historia mundial, aparece una escuela que, en virtud de su naturaleza y su llamada, se mantiene completamente apartada de los esfuerzos de bondad del mundo. Son las épocas en donde las circunstancias naturales favorecen la afluencia de un sólo Bien en el corazón de los hombres, que se abren a El y viven para El.

Entonces, no intervenimos en la batalla del bien, no nos situamos ni tan siquiera por encima, permanecemos de­cididamente fuera.

En tanto que Comunidad de la Rosacruz de Oro, hemos fundado un reino gnóstico, en donde hemos formado un Cuerpo Vivo gnóstico, organismo de iniciación viviente para todos los que desean entrar en él. El Espíritu Santo descenderá sobre todos los que quieran cumplir las condiciones de la iniciación. Se manifestará a ellos. Se liberará en ellos.

¿Qué condiciones?

Consiste en la realización de una ley séptuple, la Ley del Espíritu Santo séptuple, con la que no se puede transgredir.

Para hacerle conocer esta Ley del Espíritu Santo séptuple, la Ley de la entrada en la vida liberadora, vamos a hablarle ahora  del Tercer Día de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, nuestro prototipo a todos, el hombre que, en nosotros, debe volver a la vida, el verdadero Hijo de Dios.

 

Después de todo lo precedente, comprenderá usted mejor que nunca, que todos los candidatos que han llegado al Templo de la Iniciación, el Templo del Pórtico, sean sometidos a la prueba de los siete pesos, antes de proseguir el camino del gran cambio, de

la transmutación.

Debíamos decirle todo esto, como introducción al Tercer Día de las Bodas Alquímicas. E insistimos: no le hablamos de las Bodas Alquímicas para explicarle su significado, ¡sino para que se realice en usted!

Comprensión, entendimiento, significa conciencia en la gnosis, pero la mismo tiempo, unión simultánea con el corazón. Usted sabe que es larga la fila de los que intenta penetrar en el Templo de la Iniciación, y que tienen razones personales para hacerlo. La mayoría tienen una gran bondad, a veces incluso una extrema bondad. Pero, para no ser hallado demasiado ligero en el Templo de la Iniciación de la Gnosis, deben responder al número perfecto, al número séptuple, el número del Espíritu séptuple, el número de Dios.

Como candidatos al camino de la liberación todo deben saber esto, deben reflexionar sobre esto.

Es preciso prepararse lo más rápido posible, con diligencia. Ahora que la era Acuario ha comenzado, la corriente de gracia de la plenitud gnóstica fluye hacia nosotros con toda su fuerza: la corriente del número perfecto.

¿Está preparado para pasar la prueba?

 

La ceremonia de la iniciación que la Escuela celebra con sus alumnos, le conduce ante la balanza, en la que se colocará en virtud de su aprendizaje. Este aprendizaje sólo tiene sentido si se da cuenta de la relatividad de toda bondad terrestre y que, manteniéndose en lo único necesario, el número perfecto, al ser pesado no será encontrado demasiado ligero.

La obra santa ordenada por el Padre desde el origen, llama a todos los que aspiran de verdad a la liberación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL

 

TERCER DÍA

 

DE LAS

 

BODAS ALQUÍMICAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                           Tercer Día

 

                        (Primera parte)

 

 

 

            Desde que el radiante día comenzó a despuntar y el resplan­decien­te Sol, ascendiendo por encima de las montañas, reanudó la tarea que se le ha confiado en lo alto del cielo, mis compañeros de combate se levantaron también y comenzaron a prepararse, poco a poco, para la prueba. Uno tras otro llegaron a la sala, nos deseamos buenos días y nos preguntamos cómo habíamos dormido durante la noche.

            Viéndonos atados, muchos se rieron de que hubiésemos preferido tentar nuestra suerte como ellos, para ver que es lo que pasaba; sin embargo, algunos cuyo corazón palpita­ba temeroso, se guardaron de aprobarlos. Nosotros nos disculpamos por nuestra necedad, esperando que bien pronto seríamos liberados y justificados a pesar de sus bromas; por otra parte, ellos no estaban todavía seguros y quizás les aguardaba el mayor de los peligros.

            Finalmente, cuando todos estuvieron reunidos, resonaron de nuevo trompetas y timbales, como en la víspera, y no pudimos evitar pensar que el esposo ‑la mayoría de nosotros no le habían visto todavía‑ iba a presentarse ahora. Pero fue de nuevo la virgen de la víspera, totalmente vestida de terciopelo rojo con un cinturón blanco. En su cabeza llevaba una corona de laurel que le sentaba maravillosamente. Sin embargo, en esta ocasión, su cortejo no estaba compuesto por lucecitas sino por unos doscien­tos hombres armados, vestidos como ella de rojo y blanco. Nada más levantarse de su trono, vino derecha hacia nosotros, los prisioneros, nos saludó y nos dirigió estas breves palabras:

            «Mi exigente Señor se ha alegrado mucho de que algunos de vosotros sean conscientes de su mísero estado, y lo tendrá en cuenta a su favor». Reconociéndome por mi vestido, se rió y me dijo: ¿También tú te has sometido al yugo? ¡Y yo que creía que estabas tan bien preparado! Estas palabras me hicieron llorar.

            Después, ordenó que nos desataran y que nos reagrupáramos en un lugar desde el que veríamos bien la balanza. A continuación dijo: «Podría ocurrir que esto acabe mejor para vosotros que para tantos audaces que aún están libres».

            Durante este tiempo, una balanza de oro macizo fue suspendi­da en el centro de la sala, al lado de la cual se dispuso una mesita recubierta de terciopelo rojo, sobre la que se depositaron siete pesas: primero una pesa bastante grande, después cuatro más pesadas aparte; y por último, igualmente aparte, otras dos pesas grandes. Todas estas pesas eran tan pesadas en proporción con su volumen, que nadie hubiera podido creerlo ni comprenderlo.

            Todos los hombres armados llevaban, entre otras cosas, una espada desenvainada y una sólida cuerda. Fueron reunidos en siete grupos, tantos como pesas y, de cada grupo, fue elegido un hombre para manejar cada una de las pesas.

 

            Después de lo cual, la Virgen se situó en su elevado trono, hizo una reverencia y, a continuación dijo con una potente voz lo siguiente:

 

 

 

            Quien entra en el estudio de un pintor

            y, sin comprender nada de pintura,

            habla de ella con énfasis dándose importancia,

            Será el hazmerreír de todos.

           

            Quien se introduce en la Orden de los artistas,

            sin haber sido elegido,

            y se vanagloria de ser un gran artista,

            se merece las burlas que le esperan.

 

            Quien se presenta a las Bodas

            sin haber sido invitado,

            y entra lleno de engreimiento

            es recibido con sorna.

 

            Quien sube a la balanza,

            y, levantado por las pesas,

            vuela por los aires con violencia,      

            sabe que será el hazmerreír de todos.

 

 

 

14

 

 

LA BALANZA Y EL JUICIO

 

En nuestras explicaciones del prólogo del Tercer Día de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, hemos visto que todos los seres que, en este mundo, aspiran de alguna manera a un bien superior, experimentan una transformación astral. Son numerosos, pues hay que contar todos los que tienen un sentido religioso serio; Todos los que, por vías esotéricas, están a la búsqueda de una liberación a la condición humana y del mundo. Ahora bien, esta tendencia determina en todos un cambio típico del cuerpo astral.

Sabemos que el cuerpo astral, sutil, envuelve y penetra el cuerpo material de la personalidad. Sabemos, también, que todos los cuerpos de la personalidad cooperan unos con otros. Por ejemplo, el fluido astral penetra en el cuerpo físico por el hígado; así pues, el hígado determina la naturaleza del corazón y el estado del cerebelo. A su vez, el cerebelo controla la circulación de las corrientes en el fuego de la serpiente.

La naturaleza de nuestros deseos, de nuestras aspiraciones, de nuestros pensamientos, voluntades y acciones está grabada siempre en la sustancia del vehículo astral. Comprendemos pues, cómo los grupos de hombres mencionados anteriormente, transmiten el vehículo astral su naturaleza interior, sus intenciones y aspiraciones.

El estado del vehículo astral determina, asimismo, la naturaleza de las experiencias nocturnas, experiencias realizadas durante el sueño. Incluso si, al despertar, no recuerda ninguna de esas experiencias o, a lo sumo, muy poco, con sueños confusos y engañosos, el lugar en que va durante el sueño, el campo astral de respiración, en donde permanece y recupera fuerzas para el día siguiente, concuerda perfectamente con su mentalidad, deseos y actos. En consecuencia, durante el sueño, los hombres son atraídos por el campo astral correspondiente a su respiración.

Uno puede representarse la aspiración de los hombres, en todos sus grados, como peldaños de una escalera cuya contraparte está en el mundo astral. En la cima de la escalera, se manifiesta un estado astral que corresponde a las más altas aspiraciones que el hombre sea capaz, en virtud de su estado ordinario de ser natural. Todo lo que sobrepasa este grado no pertenece ya a la tierra, no pertenece ya al séptimo dominio cósmico, sino a la esencia del sexto domino cósmico, el mundo del estado de alma viviente.

Se podría decir que, en ese estado de ser extremo, se ha llegado a un límite, a un umbral, en el que se será juzgado con un criterio astral o, como en las Bodas Alquímicas, en el Templo del Pórtico. Si un hombre desea franquear la puerta de ese Templo, entonces debe poseer absolutamente la naturaleza, el estado de alma viviente.

Ahora bien, todos sabemos, conociendo la naturaleza humana, que los hombres dialécticos dotados de las más altas aspiraciones son, a veces, extremadamente cargantes en sus presunciones, y que pueden ser peligrosos para ellos mismos y los demás. En efecto, existen muchas damas y caballeros cuya presunción, en virtud de su posición social y familiar, es tan grande como una montaña, ilusionan su entorno hasta tal punto que los desgraciados pierden todo equilibrio psíquico.

Durante las horas nocturnas del sueño, esos presuntuosos saltan sobre los peldaños de la escalera astral y, con mucho alboroto, se sitúan en primera fila en el Templo del Pórtico, queriendo así alcanzar el umbral astral y traspasarlo. Su deseo, hasta cierto punto es muy puro, comprensible, pero la ilusión que les es propia, dada su necedad, les hace retroceder de su puesto. Ya que es imposible saltarse un peldaño, pasar una fase astral, sin satisfacer a la Ley del estado de ser correspon­diente.

 

Volvamos, ahora, al Tercer Día de las Bodas Alquímicas. Vemos como en la sala del Templo, del Templo del Pórtico, son reunidos a fin de ser apreciados en su justo valor, de ser juzgados, todos los que, en un momento dado, se encontraban en el umbral astral en cuestión.

En este grupo, se distingue claramente tres tipos de hombres: los que están llenos de ilusiones, los malhechores y los encadenados.

El Segundo Día nos ha mostrado quienes eran los encadenados. El alumno que sigue seriamente el camino que la Gnosis revela, que recorre la vía real consagrándose plenamente, llega durante el sueño, por su naturaleza y sin forzar, al umbral astral. Para él, el sueño del cuerpo es la lucidez del alma: gracias a su estado de ser es conducido al interior del Primer Templo, como la cosa más natural.

Pero tal candidato siente allí su total indignidad. En efecto, en la clara luz del alma, ve y profundiza perfectamente su propio estado natural; ya no se imagina nada sobre sí mismo y rechaza, fundamentalmente, todas las ilusiones. Cuando un hombre ha aniquilado su yo, adquiere un gran conocimiento de sí, que le hace ver claramente, por una parte, la pureza sublime del mundo del estado de alma viva y, por otra parte, el enorme fardo del pasado dialéctico. Sin embargo, no puede apartarse del Templo del Pórtico pues ese es su sitio, aunque él no lo sabe aún.

Este estado psíquico viene asociado de un sentimiento de estar encadenado, de ser impotente, indigno y, no obstante, de no poder marcharse. Por ello, las Sagradas Escritu­ras y la Enseñanza Universal siempre dan testimonio de que quien encuentra y percibe la Luz, comienza por caer como muerto.

¿Comprende usted que la conciencia de estar así encadenado es un poderoso testimonio del estado de «no ser» y, al mismo tiempo, de la imposibilidad de ser engañado por esta experiencia? Ya que el verdadero estado de ser, el vestido astral que llevamos, es aquí determinante.

Naturalmente, sabe que el cuerpo astral se describió como un ropaje, un vestido. El ropaje de su estado, el vestido de su condición no es aquí algo que uno se pone para aparentar lo que no es; el manto astral muestra por su radiación, color y vibración, quién se es y qué se es. Esto explica el siguiente episodio, respecto a C.R.C.: «Cuando la Virgen me apercibió en mi ropaje, rió y dijo: Vaya ¿tú también bajo el yugo? ¡Y yo que creía que te habías preparado con esmero!»

Estas palabras llenan de lágrimas sus ojos. Cree que se ríen de él. Pero el manto astral no miente ni halaga: por su vestido, C.R.C. ha sido encontrado digno. Tan sólo debe confirmar esta dignidad en su conciencia por medio de la prueba.

Sabemos ahora que la balanza, en la que serán pesados los candidatos, es de oro puro; que se trata de siete pesas; que hay siete grupos de caballeros, cada uno con la espada desenvainada en su mano y con una cuerda sólida; que siete caballeros son elegidos en función de los distintos pesos, conjunción que se expresa por el número 28 (1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7); en fin, que las siete pesas no tienen el mismo valor. La primera es bastante grande, después hay cuatro pequeñas yuxtapuestas, luego dos grandes separadas entre sí.

 

Para quien conoce las cosas de la Gnosis, esta corta enumeración le es evidente. En el Templo del Juicio, cada candidato es probado y juzgado por el Espíritu Séptuple y por las siete Fraternidades del Santo Grial correspondientes, que actúan en el mundo en nombre de la Cadena universal. Cada rayo de la santa Luz séptuple está representado por una Fraternidad del Grial. Y allí donde cada Fraternidad del Grial, conforme a su tarea única, monta guardia al lado de una de las pesas, difunde nuevamente la Luz séptuple completa, vemos reaparecer los siete veces siete rayos, como una fuerza de luz alrededor de la Estrella de Belén.

La balanza es de oro macizo.

¿Sabe que el metal que conocemos bajo este nombre, se compone de otros siete metales conocidos que se han fusionado, que se han combinado según una determinada fórmula, para formar uno sólo? ¿Comprende que la balanza de oro representa la esencia misma del juicio, el criterio del juicio del Espíritu séptuple en el Templo del Juicio?

 

¿Entiende ahora por qué llamamos «Manto de oro de las Bodas» al vestido astral que corresponde a los siete rayos? ¿y qué es lo que nos revela el número veintiocho de los caballeros del Toisón de oro? Representan, en su conjunción, el símbolo del sol, el número del sol, el símbolo del oro, que encierra no sólo el amor de Dios, el gran impulso hacia el renacimiento, sino también el Juicio.

Hemos dicho que las pesas no son todas del mismo grosor. Su diferencia señala el hecho de que los siete rayos conocen fases de actividad poderosa y de actividad decreciente, que determinan el comportamiento de los hombres y entorpecen ciertas obligacio­nes en momentos dados.

Por último, las pesas son tan pesadas, en relación con su volumen, que ningún hombre podría creerlo ni comprenderlo.

En efecto, ningún hombre del mundo dialéctico podría soportar la gravedad de esas pesas. Para ello se debe haber renacido según el alma y encontrado su Poimandres.

Es significativo que todas las pesas no tengan el mismo valor ni la misma forma. Tres grandes están separadas de cuatro más pequeñas yuxtapuestas.

Vamos a intentar explicar el sentido de esta disposición y sus diferencias. Corresponden al significado, objetivo y actividad conjunta de los siete rayos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Apenas acabó de pronunciar estas palabras, ella ordenó a los pajes que colocaran en fila a todo el mundo y los hicieran subir uno tras otro a la balanza.

            Enseguida, uno de los emperadores, lujosamente vestido, subió sobre un platillo después de haber hecho una reverencia a la Virgen. Entonces, cada encargado colocó su pesa en el otro platillo y, ante la sorpresa de todos, el emperador resistió. Pero la última pesa fue demasiado pesada y fue izado en el aire, con gran tristeza por su parte. Me pareció que esto provocó la piedad de la Virgen, que hizo un gesto a los suyos para que se callasen; el buen emperador fue atado y entregado al sexto grupo.

            Después de él, otro emperador se colocó orgullosamente sobre la balanza, no sin antes haber ocultado bajo sus vestidos un enorme libro, pensando que así no fracasaría. Apenas resistió hasta la tercera pesa cuando fue despiadadamente arrastrado hacia arriba; aterrorizado, se le escapó el libro y todos los soldados se pusieron a reír. Lo ataron y fue entregado al tercer grupo.

            Varios emperadores siguieron la misma suerte. Su fracaso provocó carcajadas y fueron atados. Después apareció un emperador de pequeña estatura con barba morena y rizada, quien, tras la reverencia habitual, también subió en el platillo. Resistió tan firmemente, que pienso que incluso si las pesas hubieran sido más numerosas no se habría movido. La Virgen se levantó con viveza, se inclinó ante él e hizo que le pusieran un vestido de terciope­lo rojo, además le dio una rama de laurel, de las que tenía una provisión al lado, y le invitó a sentarse en los peldaños de su trono.

            Sería muy largo de contar aquí todo lo que ocurrió a los demás emperadores, reyes y señores; pero no puedo pasar por alto que. contra lo que yo esperaba, muy pocos fueron los nobles personajes que triunfaron en la prueba, por adornados que fuesen con muchas virtudes. Unos resistieron a tal o cual pesa; otros a dos, y aún algunos a tres, cuatro o incluso cinco pesas; no obstante, pocos fueron los que finalizaron la prueba. Todos los que fracasaban fueron duramente ridiculizados por los grupos.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

15

LAS SIETE PESAS (I)

 

Hemos indicado que, en el campo astral crítico, existen tres grupos de entidades que van a soportar, lo quieran o no, el proceso del pesaje.

 

En primer lugar, le corresponde al grupo de los que, por su ideal de bondad, encuentran la forma de entrar en el mencionado campo astral crítico.

 

En segundo lugar, al grupo de los pícaros y de los perversos quienes, con métodos ocultos negativos,. han adquirido ciertas facultades astrales, con las que penetran en el campo astral durante el sueño; y en tercer lugar, al grupo de los que, con una vida llena de abnegación al servicio de los demás, nada esperan ya del mundo dialéctico y consiguen así elevarse hasta el Templo del Pórtico.

 

El comportamiento de todos estos hombres ha ocasionado un cambio en su cuerpo astral; a causa de esta modificación, el Espíritu séptuple puede tocarles, o sea juzgar su estado de ser, a fin de comprobar si tienen o no la capacidad de desarrollarse en sentido liberador.

Cuán admirable y consolador es pensar que ningún ser humano podría ser olvidado. No es el juicio de los hombres lo que inclina la balanza en cada caso, sino que el estado de su vestido, el ropaje de su condición, el manto de su cuerpo astral, es el que decide. Es, pues, conmovedor saber lo que le ocurre a C.R.C. en el Templo del Juicio.

Como octavo de su grupo, debe también situarse sobre la balanza. Ahora bien, no se hace ninguna ilusión en cuanto al resultado ‑lo que no podría ser de otro modo‑. Pero, para su sorpresa, resiste las siete pesas. Y cuando se le intenta lanzar fuertemente hacia arriba, para lo que se ordena a tres hombres que se coloquen en el otro platillo de la balanza, no ocurre nada. La balanza no se mueve. Entonces resuena el grito: «¡Es él! ¡Liberadle!

 

Desearíamos, ahora, esbozar para usted el significado de todo esto.

Primero, es preciso comprender el sentido del número siete.

Imagínese a un hombre que, por su vida de búsqueda, por su aspiración, lucha por responder al objetivo de la existencia, y pasa por las continuas transformaciones astrales indicadas. Sube la escalera astral y va, durante su sueño, de experiencia astral en experiencia astral, hasta alcanzar el umbral astral mencionado anteriormente. Llega hasta el límite de las posibilidades dialécticas y ve abrirse ante él la puerta del Primer Templo, el Templo del Pórtico, el Templo del Juicio.

De lo que antecede, puede deducirse que sólo un verdadero alumno de la Escuela Espiritual puede encontrarse en ese Templo durante las horas nocturnas. Que un alumno no tenga aún la posibilidad de estar presente en ese campo de conciencia astral, durante las horas de sueño, demuestra siempre que otras ambicio­nes vitales le retienen, que otros deseos ocupan aún un lugar central y predominante en su vida. El vestido de su estado, su manto astral lo demuestra. Los rayos del Espíritu séptuple no podrían actuar en tal persona de forma liberadora y santifica­dora.

¡Al contrario!

En el momento que un hombre penetra en el Templo del Juicio, se inicia la prueba. Es puesto inmediatamente en contacto con los siete rayos del Número perfecto.

Comprenderá que los candidatos no suben de una vez los peldaños que llevan a la balanza, sino de forma continua, noche tras noche. Ya que es todo un proceso el que se desarrolla, el proceso del Templo, el proceso de la Iniciación. Por ello, cuando el alumno despierta por la mañana, lleva a menudo en él en la vida cotidiana ordinaria, las huellas de las experiencias nocturnas hechas en el Templo. Pues, en la vida cotidiana ordinaria, debe aprender la gran lección, la lección del Número perfecto. Las instrucciones recibidas deben ser ejecutadas directamente, por un acto completo, deben ser grabadas a fuego en el alumno.

 

Por ello, debe comprender esta verdad profunda: junto con su aprendizaje exterior en la Escuela Espiritual, hay un aprendizaje interior de la mayor importancia.

 

Ha llegado el momento de ponerle en guardia. No comience a explicar sus sueños, sus experiencias y encuentros nocturnos. Ya que sería la prueba de que la esfera astral en la que pasa la noche durante el sueño, no es la de la Escuela, no es la del primer Templo de la Rosacruz de Oro. En efecto, en este Templo se trabaja exclusivamente sobre la base de las nuevas cualidades de alma. Las experiencias que se desarrollan sobre esta base en la conciencia, no son jamás en forma de imágenes, sino que graban directamente en nuestra conciencia nuestras faltas y errores; son totalmente instructivas para la vida personal íntima, y no se prestan a confidencias. Y estas informaciones jamás son halagado­ras para el yo de la naturaleza.

En el mejor de los casos, es preciso que nuestra vida de vigilia y la de sueños transcurran con un ritmo continuo, en un movimiento rítmico con dos polos, dos esferas de vida. En la esfera de vida de vigilia es preciso realizar actos concretos, basados en las instrucciones y experiencias de la segunda esfera, la de la vida del sueño. Y sólo cuando la cosecha es suficiente, el resultado positivo, el candidato puede pasar hacia el segundo Templo.

Así pues, preste atención, se trata de que sea admitido, en primer lugar, en el proceso de formación y desarrollo de la Gnosis. Sólo entonces puede entrar, fructíferamente, en unión con el esplendor grandioso del Número perfecto, del Espíritu Santo.

 

Hay, pues, siete lecciones que aprender, siete aprendizajes que vivir, siete virtudes que adquirir, siete cualidades que poseer. Es preciso que se realice un cambio séptuple. Las experiencias de la balanza están en relación con un proceso de iniciación.

Tenemos ahora el deber de hablarle de ello.

Es un asunto delicado, del que se habla sólo de tiempo en tiempo y parcialmente, ya que la Fraternidad no tiene por costumbre hacerlo. El método normal es siempre éste: cada candidato debe llegar a descubrir por sí mismo, sin intermedia­rios, el camino de la iniciación del que vamos a hablarle. ¿Por qué ir en contra de esta costumbre?

Porque es necesario que la sala de las Bodas del nuevo campo astral se llene. ¡El tiempo apremia! ¡A Europa le queda tan sólo un corto espacio de tiempo! Las cosas ocurren así, para forzar­nos, si fuese posible, a entrar en el nuevo Reino. Este método inhabitual, es empleado para que tomemos conciencia de las posibilidades que se nos ofrecen hoy en día.

 

Ahora bien, acaba de oír hablar de siete pesas: tres grandes y cuatro pequeñas unas al lado de las otras.

Las tres primeras iniciaciones a los pequeños misterios, que primero hay que vivir, se relacionan con:

el verdadero conocimiento de Dios

el verdadero conocimiento del Amor universal

y el verdadero conocimiento de la Sabiduría.

Estas son las tres pesas primordiales que, aunque de forma, valor y aspecto diferentes, no pueden considerarse separadamente. Son los tres lados de un triángulo equilátero.

Son las tres primeras auto‑iniciaciones que cada alumno del Templo del Pórtico debe realizar, sobre la base de su estado astral, y transformar en actos concretos en su conciencia de vigilia. Son, en primer lugar, los tres rayos del Espíritu séptuple, a los que debe reaccionar con un comportamiento positivo.

 

¿Qué es el verdadero conocimiento de Dios?

Hay que aprender a conocer a Dios como la única Fuente de vida, como el Bien único. Como «Aquello», como «Tao», según la expresión de la antigua Sabiduría china. No de forma teórica, dogmática, sino en verdad y realidad.

No se trata de una orientación mística y tampoco d una comprensión intelectual, sino de un aniquilamiento total del yo, de una abertura de todo el ser al primer rayo del Número perfecto. Como consecuencia de lo cual, una fuerza infinita, una certeza inquebrantable y una bondad insondable tocan al candida­to, le envuelven y toman posesión de él. Gracias a todo esto nace, por primera vez en la vida de este hombre, una base e vida sólida, que nada tiene en común con la de la existencia ordina­ria. Esta base es la que el hombre gnóstico debe descubrir ante todo. Debe poder ser encontrado sobre esta Roca. Tal es la primera pesa a la que debe resistir.

Acto seguido, debe unirse al conocimiento del Amor. El conocimiento del Amor universal, se eleva muy por encima de todo lo que es dialéctico.

Los que resisten la segunda gran pesa, se elevan en una síntesis, síntesis de vida en la que ya no hay simpatía o antipatía hacia nadie, con todas las consecuencias astrales que se desprenden de ello. Sólo subsiste un interés fundamental hacia todas las criaturas, y el deseo ardiente de arrastrar todo lo creado, en un abandono eterno, hacia el Objetivo único que es el fundamento de la creación.

En el estado de ser de quien ha sido tocado por el segundo rayo del Número perfecto, ya no existe un interés creciente o decreciente: todo y todos, sin excepción, están envueltos por el Amor, que es de Dios.

 

Y cuando el segundo rayo ha ejercido su poder sobre el alumno, el tercer rayo, que es el conocimiento de la Sabiduría, se despliega por entero. Entonces ‑comprenda bien esto bien en esto‑ ese hombre ya no puede decir: «Poseo la Sabiduría. Soy un sabio». No, accede a la Sabiduría, penetra la Sabiduría. Puede usted compararla a la luz del sol, en la cual uno se baña, a la luz del sol que calienta y reconforta, que da la vida. Esto es el tercer rayo: un Sol poderoso. Quien camina en la luz de ese Sol, accede a al Sabiduría universal, y la recibe en cada aliento, apoyándose en los dos primeros rayos.

Entonces ese hombre está totalmente armado para seguir la vida de la ofrenda al mundo y a la humanidad.

El triángulo equilátero está trazado. El triángulo se alza. Acto seguido viene el cuadrado de construcción, la práctica de las cuatro pesas restantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Después de que los nobles, los sabios y otros hubieron pasado la prueba, sólo se encontró en sus grupos una o dos personas, frecuentemente ninguno, que hubiera resistido todas las pesas. Fi­nalmente, les llegó el turno a piadosos, mistificadores del pue­blo, y a los hacedores de falsas «piedras de los Sabios». Se les colocó en la balanza con tanta burla que yo mismo, a pesar de mi tristeza, estallé en carcajadas, e incluso los prisioneros no pudieron dejar de reírse. La mayoría no tuvieron necesidad de esperar el juicio del tribunal; fueron expulsados de la balanza a latigazos y conducidos a sus grupos con los otros prisioneros.

            De la multitud inicial quedaron tan pocos que apenas me atrevo decir el número; entre ellos se encontraban, sin embargo­, altos personajes; todos fueron honrados con un vestido de tercio­pelo y una rama de laurel. Terminada la prueba, sólo quedába­mos nosotros en un rincón, con las manos atadas; entonces avanzó uno de los capitanes y dijo: «Noble Señora, si place a su Gracia, ¿no se podría pesar a esta gente que reconoce su inapti­tud, sin riesgo para ellos y sólo para nuestro entretenimiento, para ver si por azar hubiese alguno bueno entre ellos?»

            Para comenzar, esto me inquietó mucho pero, en mi pena, me consolaba de no haber sido expuesto a la vergüenza ni echado del platillo a latigazos. En efecto, estaba convencido de que muchos de los que ahora eran prisioneros, lamentaban no haber pasado antes diez noches en la sala con nosotros.

            Pero como la Virgen daba su consentimiento, debía hacerse; fuimos liberados de nuestras ataduras y colocados uno a uno en el platillo. Muchos fracasaron, pero no fueron ridiculizados ni golpeados, sino que tranquilamente fueron conducidos a un lado. Mi compañero pasó el quinto, dio el peso admirablemente mientras le aclamábamos, en particular el capitán que había intercedido por nosotros, y la Virgen le concedió los honores habituales. A continuación dos fueron lanzados al aire de nuevo. Yo era el octavo. Desde que, todo tembloroso, hube subido al platillo, mi compañero sentado ya abajo con su vestido de terciopelo rojo, me miró con aire benevolente y la Virgen esbozó una sonrisa. Resistí todas las pesas. La Virgen ordenó entonces que me elevaran por la fuerza y tres hombres se colgaron en el otro platillo, sin conseguirlo. Entonces uno de los pajes se levantó de un salto y gritó con toda su fuerza: «¡Es él!» y otro respondió: «Devolvá­mosle la libertad», lo que fue aceptado por la Virgen. Después de haberme admitido con las ceremonias requeridas, se me concedió el poder liberar a uno de los prisioneros de mi elección. No tuve necesidad de reflexionar mucho tiempo, escogí al primer empera­dor, del que me había apiadado desde el princi­pio. Rápidamente fue puesto en libertad y se unió nosotros con todos los honores.

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

16

 

LAS SIETE PESAS (II)

 

Debemos hablarle ahora de las cuatro pesas más pequeñas que cada candidato debe soportar, tras haber demostrado que puede sa­tisfacer las exigencias de las tres pesas superiores fundamenta­les.

Recordará lo que nos revelan las tres grandes pesas del Número perfecto. Atraen la atención sobre el verdadero conoci­miento de Dios, del Amor Universal y de la Sabiduría. Llama­mos a esta trinidad: el triángulo equilátero de fuerzas, que coloca realmente al candidato en condiciones de elevarse hasta el servicio a Dios y a la humanidad.

 

Se sobrentiende que el candidato a los pequeños Misterios debe:

 

1. ser, y poder ser, de una abnegación inquebrantable;

2. expandir la armonía a su alrededor en la ejecución de su servicio y por su servicio;

3. seguir una vía de desarrollo coherente y lógica en su trabajo  y por su trabajo;

4. ser un verdadero sacerdote en todos los aspectos del ejercicio  de su servicio.

 

Tales son las tareas asignadas por los cuatro rayos del Número  perfecto, tareas que sólo pueden ser ejecutadas y llevadas a buen término, si el triángulo de las tras grandes pesas ha sido trazado.

Examinemos, ahora, el cuadro de la construcción bajo diferentes puntos de vista y empezaremos por el habitual método de analogías.

Nosotros, hombres de este mundo, somos incapaces de ser inquebrantables en nuestra entrega, partiendo de posibilidades y fuerzas dialécticas. La práctica humana de la entrega, en el mundo dialéctico,  depende demasiado de la estima o el desprecio, de la buena o mala reputación, de las simpatías o antipatías, o sea, del bien y del mal, del amor y el odio, con todos los matices intermedios.

El hombre nacido de la naturaleza es, también demasiado per­sonal para poder ser absolutamente impersonal. Es, además, demasia­do indiferente hacia su prójimo para, en caso de necesi­dad, volcarse y sacrificarse por él. Resumiendo, en la naturaleza de la muerte, la abnegación humana es demasiado dependiente de toda clase de factores, y está influida por muchas circunstancias adicionales, para ser absolutamente inquebrantable.

Y, no obstante, es precisamente por esa abnegación

absoluta, inquebrantable, como debe empezar todo verdadero

servicio, en el sentido del Espíritu séptuple. Lo que se puede considerar como sobrehumano. Pero no lo es del todo, cuando

poseemos el triángulo equilátero. Se sobrentiende que,

tratándose del trabajo para el mundo, al servicio de la Gnosis,

la comunidad de los trabajadores debe tener una abnegación por lo menos inquebrantable y sin desfallecimientos.

¡Es la mínima exigencia!

Una vez empezado el trabajo, debe ser llevado a buen término, a pesar de la buena o mala reputación, de las menti­ras, calumnias, persecuciones y encarcelamientos, del dolor y sufri­miento. En razón de todas estas influencias el candidato debe ser y permanecer inquebrantable. El resultado no debe tenerse en cuenta. Naturalmente, los criterios ordinarios no tienen cabida. Se trata de la total abnegación en la tarea dada, de una vez por todas; de una entrega sin límites hasta el último momento, el último suspiro.

Es el secreto para el éxito en el santo Trabajo y así ha sido en todos los tiempos. Este ha sido también el gran milagro­. En cada ocasión, en la historia del mundo, el número de trabaja­do­res con entrega inquebrantable parece extremadamente restringi­do. En cada ocasión se contó con muy pocos verdaderos cosechado­res. Sin embargo, cada vez la cosecha fue milagrosamente grande, ya que nadie puede sondear el misterio de la enorme fuerza que emana de la entrega inquebrantable. Y es que la entrega libera la fuerza, la majestad del cuarto rayo del Número perfecto. Cuando su entrega es inquebrantable, todo el flujo del cuarto rayo se derrama sobre usted. Día y noche, esta fuerza está cerca de usted, a su alrededor y en usted. Y así se realiza el trabajo.

Todo, realmente todo, puede realizarse por la entrega inque­brantable.

Comprenda bien que no se trata de una entrega a cualquier ideal, a una quimera, a una idea agradable, sino de entregarse al santo Trabajo universal, al Logos, a Dios. A un trabajo que reposa en Dios mismo, a un trabajo que debe ser realizado, un trabajo para el que, en todos los tiempos, son buscados trabaja­do­res e incluso se podría decir que son implorados.

Ahora, no suspire, ni diga quejumbroso: «¡Qué perseverancia hay que tener! ¡Qué vitalidad deberá poseerse!»             Hablando así, se sitúa en el lado dialéctico del problema. Ahora bien, las Sagradas Escrituras dicen: «Mi fuerza se realiza en tu debili­dad».

Por ello, a menudo las personas de poca vitalidad natural son las que tiene la más dinámica abnegación. Ya que se siente­n inflamados por el fuego de una misión sublime, asignada por Dios. Y saben que no quieren y no pueden comportarse de otra forma, pues así encuentran la alegría y la paz.

Quien puede consagrarse a esa tarea, en una entrega inque­brantable, descubrirá sirviendo crea la armonía. La gran idea del Logos es realizar un Orden racional y sublime. Y quien se pone al servicio del Logos, termina por expandir ese Orden a su alrededor.

Por ello, el quinto aspecto del Número perfecto es la «Armo­nía creadora». Pero presten atención: tal armonía se obtiene, por así decirlo, con gran lucha. Pues, la santa y gran Obra, debe realizarse en la naturaleza de la muerte, es decir, en

país enemigo; y ¿cómo hablar de armonía en la naturaleza de la

muerte?

¡Sin embargo, la obra se realiza!

¿De qué armonía se trata?

De una armonía que no tiene sentido para el hombre endureci­do. Ya que es la armonía de la Paz de Belén, de la Amistad y serenidad de los hijos de Dios. Es la armonía de alma.

Quien siente aún las palabras de la Escuela y de sus servido­res como ataques, como latigazos, como golpes de espada, puede estar seguro que es incapaz de oír y vivir como un hombre cuya alma ha nacido, sino exclusivamente como un ser egóico. Para el hombre‑yo, toda la Escuela es discordante, altamente contrana­tura. pero cuando el alma, su alma se abre, entra usted en la alegría de los hijos de Dios. Comprueba entonces, que los servidores de Dios tienen un sólo objetivo, una única tarea:

elevarle en la paz y la armonía del pueblo de Dios.

 

Si visita los antiguos santuarios de la Fraternidad de los Cáta­ros, en el tenebroso ambiente de las grutas, le será imposible imaginar, en tanto que hombre de este siglo, que fue allí donde los hermanos y hermanas de los tiempos pasados encontra­ron la serenidad del pueblo de Dios. Pero cuando el alma ha nacido, cuando el alma se ilumina en el corazón del microcos­mos, todo lo tenebroso, todo lo dialéctico desaparece totalmente. Entonces, oímos las voces jubilosas de los jóvenes hermanos y hermanas, que entran por primera vez en la paz y exclaman con alegría: «¡El Grial!»

El Grial ofrece a todos la Luz inmutable.

 

El significado de las dos pesas inferiores, ya no es difícil de comprender.

Se puede deducir de lo que antecede que los servidores de Dios, el hermano y la hermana de la Rosacruz, realizan un trabajo siguiendo un plan lógico, elaborado en sus mínimos detalles conforme a la razón superior de la Gnosis universal. Es evidente que, en ningún caso, querrán apartarse de este plan.

El desarrollo intelectual actual se caracteriza, sin duda alguna, por la cantidad de planes de todo tipo, cuyo seguimiento hace cambiar el rumbo de tantas personas; uno se ahoga en la multiplicidad de ideas. El servidor de Dios está, a veces, como sumergido en una oleada de proyectos con objetivo loable, promovidos ciertamente por personas bien intencionadas, pero que son en el fondo a menudo muy malos. Ahora bien, sus inspira­dores, las fuerzas que les han hecho nacer, saben bien que todo plan que no venga de la Gnosis fracasa irrevocablemente en este mundo, o que sus efectos, incluso aparentemente saludables, serán nocivos, ya que el bien dialéctico es un mal menor. Pa­ra nosotros está claro que, responder a las exigencias del sexto rayo, no es otra cosa que orientarse irrevocablemente hacia el único plan de Dios para el mundo y la humanidad, con profunda obediencia a nuestra elevada vocación.

Suponemos que ahora verá claramente lo que es el verdadero sacerdocio gnóstico. El verdadero sacerdote es el servidor de Dios y de los hombres. Es el servidor de Dios con una entrega inquebrantable, reconocida, ejercida con sangre y lágrimas. De hecho, y exclusivamente, es el servidor de todos los hombres.

Así debe ser el estado de ser del Rosacruz verdadero. El estado de ser del Cristian Rosacruz de las Bodas Alquími­cas.

Con ese estado tal hombre se aproxima al primer Templo, el Templo del Pórtico. Va a pasar la prueba fundamental del Número perfecto. Entonces es, con pleno derecho, Caballero del Toisón de Oro. La razón por la que nos es propuesto este ejemplo, es evidente. Ya que, nosotros que también aspiramos a las Bodas Al­químicas, participaremos en el mismo proceso de desarrollo si todo va bien. Que esto lo comprenda claramente: si lo desea, usted también puede volverse y ser como C.R.C. Como resumen, deseamos atraer su atención sobre dos cosas.

Primero, sobre el hecho de que cuando C.R.C. resistió todas las pesas con lo que la balanza permaneció inmóvil, tres hombres intentaron levantar el platillo a la fuerza.

Y segundo, que le fue concedido a C.R.C., después de su victoria, el poder liberar a uno de los prisioneros.

Con relación al primer punto, se puede señalar que una vez realizado el trabajo de auto‑iniciación preparatorio , si el candidato responde a la existencia fundamental del Número per­fecto, queda aún un triple examen final, una triple prueba. Esta prueba emana directamente del Santo Grial, prueba que no tiene por objetivo, como se pretende por ignorancia en ciertas narracio­nes, inducir al candidato al error con astucias y estrata­gema. Se trata de una prueba vibratoria, de una sintoniza­ción con la vibración fundamental de la Triple Alianza de la Luz.

No se nos permite hablar más al respecto.

Con relación al segundo punto: el mago de la Gnosis no sirve tan sólo a la humanidad en general sino que, en un momento dado, está también preparado para ayudar concreta y definitivamente a un alma humana perdida en el océano de la vida, si es digna de ello, y salvarla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Cuando el último fue pesado y encontrado demasiado ligero, la Virgen se apercibió de las rosas que había quitado de mi sombrero y tenía en la mano; me pidió graciosamente, por medio de su paje, que se las ofreciera, a lo que accedí gustoso.

            De esta forma se terminó el primer acto a las diez de la mañana y las trompetas, que nunca veíamos, resonaron una vez más.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

17

 

LAS CUATRO ROSAS

 

Si ha leído las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, recordará que cuando se dirigía hacia las Bodas Reales, C.R.C. llevaba cuatro rosas en su sombrero. Ahora bien, vemos que inmediatamente después de la prueba del pesaje, ofrece esas cuatro rosas, a petición, a la Virgen quien, en tanto que representante del Rey, dirige el procedimiento previsto para los distintos candidatos.

Entre otros significados, estas cuatro rosas se refieren a las cuatro pesas inferiores, de las que hemos hablado detallada­mente. Las hemos comparado con el Cuadrado de la construcción, al igual que hemos comparado las tres pesas superiores soportadas por C.R.C. en el Triángulo equilátero, base fundamental de toda construcción gnóstica. Queda, pues, excluido que un hombre pueda situarse sobre el Cuadrado de la construcción, en el sentido en que lo entiende la Triple Alianza de la Luz, si no toma como punto de partida el Triángulo fundamental.

Dicho de otra forma, cuando C.R.C. se pone en marcha hacia el Templo del Juicio, el primer Templo de la Iniciación, satisface ya, esencial y fundamentalmente, la exigencia de las siete pesas. Por ello, al inicio de su viaje, lleva cuatro rosas rojas en su sombrero.

De lo que se deduce, tal como lo hemos visto:

1. que su entrega es inquebrantable;

2. que al servicio de la humanidad, y por dicho servicio, sabe crear la armonía;

3. que en su trabajo, y por ese trabajo, puede seguir una vía de evolución lógica;

4. y que en todos los aspectos de su comportamiento, de su trabajo y de su servicio, es un hombre sacerdotal.

Cuando un alumno se compromete así, en rendición total, puede esperarse que un día, como C.R.C., tenga conciencia de estas en las Bodas Reales. Con anterioridad a esta invitación consciente a las Bodas ya había sido llamado, siete años antes, en un sueño, mediante una visión concreta; lo que da a entender que el proceso de auto‑realización, tal como lo concibe la Fraternidad de la Rosacruz, dura siete años, conoce siete períodos o fases, de acuerdo con el Número perfecto de las siete pesas.

La mayoría de los alumnos que se han unido a la Escuela Espiritual por sí mismos, es decir, sin estar influidos por otros, se acordarán que tomaron su decisión como atraídos hacia la Escuela por una influencia indefinida. La idea de la Escuela ya no les ha abandonado. De vez en cuando, a raíz de toda clase de conversaciones y acontecimientos, esta Idea se volvía casi visible para ellos; eran empujados, llamados desde el interior, a entrar en unión con la Escuela y a comprometerse en el proceso de siete fases. Pues, sepa que la Escuela tal como la conoce es un taller, una forja, donde se efectúa el trabajo de las siete fases, donde se estudia la obra completa de las siete pesas, de forma totalmente experimental.

Cuando hace ese trabajo seriamente, cuando se consagra por completo al noble trabajo de la fabricación del oro, la Idea que permanecía en el exterior de usted como una visión, en un momento dado, fija su morada en usted. En siete fases, la radiante luz de la Gnosis se alojaría en las siete cavidades de su corazón y, sobre esta base, la gran obra tomará forma en toda la morada microcósmica; hasta que, terminada la preparación, sea posible finalmente recibir conscientemente la invitación a las Bodas Reales, las Bodas Alquímicas, en cuyo curso el Espíritu inmanente desciende en nosotros, Poimandres penetra en nosotros. Previamen­te, todo el trabajo del alma debe realizarse a partir de las reglas del Triángulo y el Cuadrado, las normas de la Alfombra de la Renovación.

 

Con ello, usted comprende ahora que todo lo descrito, en las Bodas Alquímicas de C.R.C., puede convertirse en su propia historia. Por tanto, puede preguntarse si el séptuple proceso del Camino, desde el instante de la visión hasta la toma de concien­cia, puede conducir a la realización siguiendo, tan sólo, las reglas apuntadas. Debemos responder que las radiaciones o influencias que mediante una visión transmiten al hombre receptivo, la ideal del camino, provienen del campo astral, en el que se sitúa el primer Templo de los misterios de la Rosacruz, del que ya hemos hablado.

Es el campo que puede designarse como el límite extremo de lo realizable en el mundo dialéctico; es el campo en el que el estado astral del hombre nacido de la naturaleza accede a la pureza del sexto Dominio cósmico. Allí existe un foco de donde emanan poderosos fluidos, que llaman al hombre a renacer como Hombre verdadero. Todos los que son sensibles a ellos experimen­tan su influencia. Primero, desde el exterior, como una visión. Más tarde, cuando se han puesto manos a la obra, desde el interior, como de un foco situado en su propio cuerpo astral; cada vez más consciente, más concretamente, hasta alcanzar un estado de ser que les hace capaces de resistir sin angustia la carga de las siete pesas, y lo suficientemente nobles para participar en las Bodas Alquímicas. Entonces el alumno puede prepararse al descenso del Espíritu inmanente; en ese momento avanza la mediadora: la Virgen.

Se habrá preguntado varias veces, sin duda, por qué en el relato figuran todas esas vírgenes, pajes o jóvenes que entran en escena como servidores del Rey y acompañan al candidato en el transcurso del proceso de transmutación alquímico.

Pues bien, antes de la total aparición del Espíritu inmanente, de Poimandres, como el Rey y la Reina, en el transcur­so del proceso de iniciación microcósmico, se manifiesta un fluido espiritual como mensajero del Espíritu inmanente que se difundi­rá.

Este fluido se manifiesta, primero, como veremos claramente, bajo dos aspectos: uno femenino, receptor y otro masculino, activamente realizador. Un aspecto que contribuye a que el sistema sea receptivo a los procesos futuros, y otro aspecto que estimula y conduce a esos procesos.

Como radiaciones de Poimandres, esos dos mensajeros del Espíritu Puro encuentran al candidato que ha obtenido la capacidad, y le reciben en el primer Templo de los Misterios.

Podemos comprender ahora perfectamente, la corta frase del tercer Día: «Cuando el último fue pesado, la Virgen vio las rosas que yo había quitado de mi sombrero y que tenía en las manos. Por medio de un paje me pidió graciosamente que se las ofreciera, lo que acepté gustoso».

El alumno capaz ha dado la prueba positiva de su estado de ser y sale airoso de la prueba de la balanza. Ha sido pesado con las siete pesas del Número perfecto y no ha sido encontrado demasiado ligero. No se registra la prueba en ninguna parte, de forma abstracta, sino que se traduce por la posesión de un bien absoluto, y de valores con los que trabajar, mediante una fuerza que sitúa a todos quienes la poseen, en el estado de verdadero servidor de Dios y de los hombres, en el sentido absoluto del término.

Las cuatro rosas del Cuadrado de la construcción ya no están en el sombrero, como símbolo de un avanzar perfectamente orientado sobre el objetivo, sino que C.R.C. las tiene en las manos: ¡está preparado para actuar!

Entonces llega el Espíritu, en la persona de un paje y una Virgen para recibir de él las maravillosas rosas del acto. Un candidato capacitado ha entrado en la sala de las Bodas y es acogido cordialmente. El proceso alquímico que conduce a la realeza del Espíritu, puede ahora comenzar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Durante este tiempo, los soldados debieron retirarse con los prisioneros, en esta de la sentencia. Se formó un jurado, compuesto por siete capitanes y nosotros mismos, con la Virgen como presidente y convinimos que cada uno daría su opinión respecto a la suerte que deberían correr los prisioneros. La primera idea fue la de condenarles a una muerte más o menos cruel, en la medida en que hubiesen infringido las exigencias impuestas. Otros querían mantenerlos prisioneros. Pero estas dos propuestas no gustaron ni a la presidenta ni a mí. Finalmente, el asunto fue resuelto por el emperador que yo había liberado, por otro príncipe, por mi compañero y por mí mismo de la siguiente manera: en primer lugar, los señores más eminentes serían conducidos fuera del castillo, discretamente; se podría poner a los demás fuera con más burlas, desnudándoles y haciéndo­les correr totalmente desnudos; los últimos serían azotados o echados por los perros.

            Se dejaría partir sin ninguna sanción a quienes, la víspera, habían capitulado por sí mismos; sin embargo, los imprudentes y los que, en el transcurso de la comida de la víspera, se habían comportado de forma indecente, serían castigados en su cuerpo y en su alma, según su comportamiento.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

18

 

LAS SEIS SENTENCIAS

 

Volvamos ahora al campo astral, del que ya hemos hablado, en el que se encuentra el Templo del Juicio, el primer Templo situado en la frontera que separa las realizaciones más elevadas del mundo dialéctico de la serena pureza del Mundo del estado de Alma viva; el Templo en el que todos podemos entrar, cuando estamos dispuestos a transformar la idea gnóstica de liberación en realidad viva; el Templo al que también accedemos cada noche durante el sueño, a condición de que la vida diurna lo permita. Durante el sueño, el cuerpo astral está siempre en plena actividad.

Hemos explicado ya que numerosos hombres y grupos, que no pertenecen al cuerpo magnético de una Escuela Espiritual Gnóstica y se oponen posiblemente de forma positiva a los esfuerzos y trabajos de tal Escuela saben, no obstante, penetrar en el astral del primer Templo, o son capaces de entrar en la esfera de influencia de dicho campo. Por esta razón, los que pueden observar conscientemente la vida de esa esfera astral, descubren que las personas que se encuentran en el Atrio del Templo del Juicio, no son siempre con mucho, las que convienen, las aptas y bien orientadas.

Por ejemplo, se puede ser atraído por las radiaciones astrales, en razón de sus aspiraciones humanitarias o místico‑re­ligiosas.

Es posible, igualmente, ser asido por la radiación del Templo en función de una cultura extrema de la personalidad, lo que ha provocado grandes modificaciones de las secreciones internas en el santuario de la cabeza.

Por último, también es posible con toda clase de métodos ocultos y sin poseer las cualidades interiores requeridas, hacer que la personalidad, por consiguiente el cuerpo astral, sea capaz de entrar conscientemente en contacto con la radiación del Templo.

Bien por ilusión, egoísmo agudo, impulso criminal o inclinación hacia los altos valores gnósticos, tales personas tiene tendencia natural a penetrar en el campo astral nuevo. Tras de lo cual existe el deseo de ampliar su propio radio de acción, o de escapar a ciertas situaciones no deseadas. Por lo que es comprensible que, en el Templo el Juicio y en su campo astral correspondiente, intervengan poderosas fuerzas correctoras, con el fin de devolver, al lugar que les corresponde, a los que son indignos o no están preparados aún.

La forma en que se realiza, ha sido expuesta en el relato de forma simbólica y romántica. Intentaremos ahora explicarle, siguiendo dicho velado y romántico relato, cómo se efectúa el reenvío bajo la acción de las leyes astrales naturales, de forma que ningún indigno o inapto pueda deslizarse a través de las mallas de la red.

Se mencionan siete formas de reenvío:

1. unos son enviados fuera del Templo en silencio,

2. algunos son expulsados de forma infame,

3. otros son desnudados y reenviados desnudos,

4. encontramos el grupo de los que son azotados y acosados por los perros,

5. están los que pueden retirarse a su pesar y sin castigo,

6. y, por último, los malintencionados que son castigados, muy seriamente, en su cuerpo y alma.

 

Imagínese, primero, a un hombre muy humanitario, que vive totalmente en el interior del tan restringido círculo de la existencia orientada en el ego. Este hombre espera todo de la vida de este mundo y, en esta vida y por ella, se entrega por completo al servicio de la humanidad. A menudo se trata de un hombre religioso en todos su aspectos, que lleva una vida muy piadosa. Por su obra y su conducta, merece frecuentemente la estima y el respeto de todos.

Puede imaginarse fácilmente como, un hombre de este tipo, expresará sus altas y nobles aspiraciones en el cuerpo astral, en particular por medio de un poderoso deseo de servir al mundo y a la humanidad de una u otra forma. Busca, desea lo mejor y más elevado para ella. Como consecuencia de lo cual, con toda certeza será tocado por el ardiente foco central citado anteriormente, que tan sólo tiene un objetivo: la salvación del mundo y de la humanidad. ¡Pero en sentido positivo y absolutamente liberador!

Por lo que estas dos disposiciones astrales, aún teniendo un punto en común, se rechazan mutuamente a causa de la oposición de los dos órdenes de naturaleza, la naturaleza de la muerte y el Reino que no es de este mundo. Al más noble humanitarista le es imposible superar la gran distancia que le separa del mundo del Alma. Basándose en la orientación errónea de su estado astral, es conducido fuera del Templo en un silencio absoluto. No merece ningún castigo ya que, visto su tipo, no existe hombre mejor que él. Pero ignora su alto destino, su vocación sublime. Y, aunque hijo de Dios, debe ser reconducido a su errático caminar, a causa de su ignorancia; hasta el día que, en este vagar descubre su ineficacia e inicia la búsqueda de la causa de ello y de la Verdad que le liberará.

Pero hombres así son la excepción. Los demás están, más o menos, cargados de deudas. Piense, por ejemplo, en las autorida­des religiosas que, de forma totalmente especulativa, apoyándose en bases intelectuales sin fundamente riguroso, engañan a pueblos enteros y los mantienen prisiones, condenados por su ilusión. Esas personas, deliberadamente, se han cargado de responsabilidades que emanan de su ser astral. Crean innumerables demonios en el mundo astral, pero son tocadas también por la fuente astral del primer Templo, del que acabamos de hablar.

Debe verse correctamente la compleja situación de esos hombres. Por nuestros pensamientos, llevamos nuestro cuerpo astral a un determinado estado de actividad. El cuerpo astral es como el fuego. Semejantes radiaciones liberan éteres que incitan a reaccionar a todo el cuerpo con sus funciones sensoriales, conforme al impulso del pensamiento.

Piense, ahora, en todos esos poetas, pensadores, escritores, filósofos, jefes de estado y demás que, por una razón cualquiera, influyen en los pensamientos de las masas: estos pensamientos forman, orientan y condicionan de múltiples maneras el saber del mundo. Eso se hace mediante libros, instituciones educativas, discursos, radio, televisión, periódicos, etc.. Millones de personas que sigue, por estos medios, a esas autoridades, son engañadas por medio de los procesos desencadenados en la esfera astral.

Pero la propia multitud de jefes y autoridades también son influidos astralmente, cargados astralmente por quienes les alaban, leen y se hacen eco de ello. Pues la fe libera fuerzas y corrientes de naturaleza astral en dirección a la fuente y al objeto de esta fe. De forma que, los jefes y autoridades son aprisionados a su vez, si bien terminan por dejarse coger ellos mismos a sus especulaciones. Son empujados hacia el criterio astral que acabamos de hablar, cargados efectivamente de deudas, pero también cercados por las consecuencias de sus faltas.

Ahora bien, al contacto con el sereno campo astral del origen, el cuerpo astral de las autoridades en cuestión, es cogido de forma muy particular. Porque, en su vehículo astral,  se liberan fuerzas que no corresponden en absoluto a su verdadera naturaleza.

Al inicio del proceso, el pensamiento personal autónomo ya no tiene influencia sobre el cuerpo astral, lo que provoca caos y desorden en la vida personal, y origina todo tipo de incidentes indeseables, más o menos graves.

Examinemos más de cerca la situación en el atrio del Primer Templo, después del pesaje. Pensemos en el abismo de las horrorosas corrupciones astrales. Comprende fácilmente que numerosas fuerzas astrales demoníacas, acosen en el Templo del Juicio a millares de entidades sensibles a las influencias astrales de la Gnosis, pero incapaces de comprenderla, y esto por métodos ocultos, empujándolas a realizar mayores esfuerzos para penetrar a la fuerza en el mundo de las almas vivas, y más exactamente, para abrir una brecha por la que huir de la condición infernal del fuego astral.

Todos quienes, de forma especulativa, se dejan manipular de esta forma, son fustigados por la ley astral en función de sus actos.

No se debe concebir esas puniciones, de las que se habla ampliamente en las Sagradas Escrituras, como sanciones en sentido dialéctico, o sea venganzas, sino como reacciones necesarias a la protección absoluta del único proceso de liberación, la protección del Plan de Dios para el mundo y la humanidad; así pues, también de las personas concernidas. Ya que incluso, a quienes el fuego astral consume horriblemente, sufren ese tormento, a fin de guardar hasta el último momento la posibilidad de participar en la verdadera libertad.

¿Por qué las Bodas Alquímicas aclaran este aspecto tenebroso de la vida humana?

Para colocarle ante la absoluta necesidad de verdad, lealtad y realidad; a usted que es llamado por la visión de la Gnosis y que desea acercarse de los Misterios. Ya que sólo la Verdad
puede liberarle.

Sea pues, en todo, sincero y auténtico.

No especule en nada.

No se deje llevar por el instinto del yo o las pasiones.

Ya que, entonces, evoca las fatales tensiones astrales que aniquilan sus facultades de discernimiento, y le hacen retroceder cada vez más en el camino del desarrollo.

Desde el inicio, siga tan sólo el camino que sea seguro: el camino de las cuatro rosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Esta proposición gustó a la Virgen y obtuvo la mayoría. Además, se serviría todavía una comida a todos, de lo que se les informó rápidamente. El anuncio de la sentencia fue retrasado hasta el mediodía. De esta manera acabó el consejo.

            Entonces la Virgen se retiró con su séquito a sus aposentos habituales; en la sala, se nos indicó la mesa superior, rogándo­nos que nos contentáramos con ello hasta que el asunto estuviera completamente zanjado. Después nos conducirían ante el Esposo y la Esposa y, con esta esperanza, aguardamos tranquilamente este momento.

            Mientras tanto, los prisioneros eran reunidos en la sala y colocados cada uno según su rango. Se les ordenó que se comporta­ran más convenientemente que la víspera, consejo superfluo, pues el valor hacía mucho tiempo que les había abandonado. Para no faltar a la verdad y sin adular a nadie, debo testimoniar que en general fueron los grandes personajes quienes mejor supieron acomodarse a esta situación inhabitual. Su comportamiento, ciertamente, era torpe pero sincero. Ellos no veían a los servidores, mientras que para nosotros eran ahora visibles, lo que me alegraba mucho. Tan agraciados como fuésemos por la fortuna, no nos vanagloriábamos ante los demás, sino que nos dirigíamos a ellos y les animábamos diciéndoles que las cosas no les irían tan mal. Les hubiese gustado conocer la sentencia, pero se nos había prohibido tan formalmente hablar de ello, que nadie dejó escapar una palabra. Les consolamos lo mejor que supimos, bebiendo con ellos a fin de que el vino les animara un poco.

            Nuestra mesa estaba recubierta de terciopelo rojo y guarnecida de vasos de plata y de oro puro, lo que los demás observaban con sorpresa y dolor. Antes de sentarnos, los dos pajes entraron y nos ofrecieron a cada uno de nosotros, en nombre del Esposo, el Toisón de Oro coronado por un León Alado, pidiéndonos que lo llevásemos en la comida y así honrar el nombre de la dignidad de la Orden (en la que su Majestad nos recibía hoy y nos confirmaría pronto con la solemnidad debida). Aceptamos esta distinción con la mayor humildad, prometiendo hacer obedientemente todo lo que su majestad gustaría ordenarnos. El paje tenía también inscritos en un orden preciso; y si callo aquí su rango, es por temer hacerme culpable de orgullo, lo que significaría cometer una falta contra la cuarta pesa.

            Nuestra comida era tan copiosa que pedimos a uno de los pajes si nos estaba permitido dar un poco a nuestros amigos y conocidos prisioneros. Nos lo concedió sin ninguna objeción y cada uno de nosotros les hizo servir abundantemente por medio de sus servidores, que continuaban siendo invisibles para ellos. Por tal razón ignoraban de donde les venían los alimentos, así que quise llevarlos yo mismo a uno de los dos. Apenas me había levantado cuando un servidor vino tras de mí a decirme que deseaba amistosamente advertirme que, si un paje me viera, advertiría al rey, lo que me costaría ciertamente muy caro. Pero como era el único en haberme visto, no me traicionaría si, en lo sucesivo, respetaba mejor la dignidad de la Orden. Después de estas palabras, me empujó tan violentamente en mi asiento, que durante un buen rato ya no osé moverme en mi silla. Sin embargo, le agradecí lo mejor que pude su leal advertencia, en la medida en que el miedo y la turbación me lo permitieron.

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

19

 

LAS COMIDAS DEL JUICIO

 

A todos los que penetran en el nuevo campo astral, en el Templo del Juicio, les son ofrecidas dos comidas, y son despedidos en razón de su estado de ser:

una primera comida a su entrada,

una segunda justo antes de la ejecución de la sentencia.

Ahora bien, los que han entrado de forma positiva en el Templo y han pasado la prueba de la balanza con éxito, participan en las dos comidas. Estas simbolizan las efusiones astrales recibidas a la entrada, influencias, de hecho, decisivas.

Analicemos esta parte del relato.

Suponga que penetra en un campo astral sin relación alguna con la naturaleza de su propio estado astral. Penetra por algunas de las razones que hemos comentado. Para empezar, ese nuevo medio lo oprimirá o sorprenderá.

También es posible que reaccionar, al principio, mostrando una agitación exagerada o haciendo mucho alboroto. O que, con aire de seguridad, muestre maneras altivas e importantes; o incluso, que adopte la tan conocida actitud del que declara: «¡No me diga más, ya sé todo!»

Hay que recordar que en el Segundo Día de las Bodas Alquímicas, a C.R.C. le sorprenden las distintas reacciones que observa en los que están, en el atrio del Templo del Juicio, para tomar la primera cena.

Debe comprender que se trata, en primer lugar, de sondear el ser aural, ya que su estado astral determina su conducta y todo cuanto el estimo le tiene reservado. ¡Y no olvide que todo está unido a su vida mental! Ya que el pensamiento es el principio que inflama, mientras que la esfera astral es el gran fuego que realiza.

Cuando se ha servido la primera comida, todos los asistentes son forzados, por el impulso astral fundamental del Templo, a mostrarse tal como son, a manifestar las fuerzas de las que viven. Estos son los testimonios reveladores, que hacen inclinar­se la balanza y determinan el juicio, es decir, la suerte de los interesados.

La primera comida logra, pues, como efecto general  desenmascarar, esclarecer y descubrir.

 

Para comprender las causas psicológicas de reacciones tan diferentes, hay que tener en cuenta que el Campo astral de la Fraternidad no puede ser comparado, en absoluto, con el campo astral de los seres nacidos de la naturaleza. Si un hombre está muy orientado hacia la Fraternidad, y se ha puesto en marcha con las cuatro rosas en su sombrero, la experiencia con esta primera corriente astral le da una reserva y una modestia extremas. Si, con todo lo que hay en él, busca la santificación y ha tenido amargas experiencias, el primer toque de la corriente astral de santificación, que emana de la Fraternidad, conmoverá lo más profundo de su ser y le volverá silencioso. Pero, si se trata de un buscador de felicidad egocéntrica, perseguido por el corres­pondiente estado astral, entonces la corriente astral fundamental le dará un sentimiento de bienestar superficial, que le hará decir: «Pues bien, lo he conseguido, he ganado» La desilusión y las llamas infernales del fuego astral, aparecerán más tarde.

Esas personas se encuentran en un supuesto estado de iluminación; hablan sin ton ni son, y se burlan de los candidatos serios y de su pretendida mediocridad.

 

En la segunda comida, los papeles se han intercambiado. Los charlatanes, los burlones y los que han cantado victoria están prisioneros; en tanto que los encadenados, los abrumados del inicio, están libres.

¿Cómo ocurre esto?

La explicación es la siguiente: Durante la primera comida, el cuerpo astral es cargado, lo que conlleva una reacción más o menos fuerte de la conciencia. Pero durante la segunda comida, la fuerza astral con la que estaba cargado el cuerpo astral reacciona totalmente, de forma que el cuerpo etérico es forzado a actuar, lo mismo que el cuerpo físico.

Acto seguido, el poder mental experimenta y comprueba todas las consecuencias.

Cuando un alumno serio hace un verdadero uso de la Idea liberadora trasmitida, es decir, se pone en marcha con las cuatro rosas en su sombrero, ocurre que el primer toque del fuego astral de la Serenidad le abate. Pero a continuación, bajo su influencia, acaba por descubrir que su larga preparación ha vuelto apto, al conjunto de su sistema, para soportar ese poderoso fuego y reaccionar positivamente a él. Quien, al inicio, parecía tan indeciso y débil, se vuelve fuerte como una roca. Y por ello, éstos reciben, en nombre del Esposo, el Toisón de Oro con el León Alado; pueden beber en la Copa del Grial coronada con la Fortuna de Oro.

 

El Toisón de Oro, el León Alado, la Fortuna de Oro ¿conoce esos símbolos? El Caballero del Toisón de Oro, es un hombre dotado de un cuerpo astral renovado, totalmente purificado de las manchas terrestres. Lleva un vestido de Oro, el Manto de Oro de las Bodas y está marcado por el sello de la quíntuple promesa[1] :

1. Caballeros, Juren: No consagrar jamás su Orden a ningún demonio o espíritu, sino al Único Dios, nuestro Creador y a Su Servidora, la verdadera Naturaleza.

2. Detestar toda idolatría, impudicia e impureza, y no ensuciar su Orden con tales vicios.

3. Ayudar con todos sus Dones, a los que son dignos y están necesitados.

4. No desear este honor para alcanzar la gloria y estimación en este mundo.

5. No querer vivir más allá de lo que Dios les permita.

 

El León Alado es el símbolo del Amor divino, que actúa en toda la personalidad por la plenitud del toque astral.

La Fortuna de Oro es la diosa de la felicidad, la mayor felicidad que un hijo de hombre puede alcanza. La felicidad del Alma viva, que permite progresar hasta el Espíritu vivificador.

Esta felicidad es un estado eterno que  nada tiene que ver con la felicidad tan frágil, tan caprichosa, que el nacimiento en la naturaleza de la muerte puede ofrecer al hombre.

 

Ahora, comprendemos perfectamente por qué, durante la segunda comida, quien no es suficientemente serio ve conscientemente su inaptitud y la causa de la falsedad de sus ambiciones y de sus actos. Pues quien penetra en el cuerpo astral o se desarrolla en él, actúa en la personalidad. Esta es la utilidad del fuego infernal; no es un castigo infringido por el fuego, sino una lección que él graba en nosotros.

Por esto, la Virgen lee a los condenados el veredicto, enumerando las causas y los efectos. Lo que conmueve mucho a C.R.C. Las lágrimas caen por sus mejillas, pero nada puede hacer por los condenados. Ellos son objeto de piedad, pero no de una piedad fuera de lugar.

En la fuerza de la Luz, tan sólo puede uno ayudarse a sí mismo. Quien cae al fondo, adquiere conocimiento del mismo. Y sólo es posible elevarse nuevamente si, desde el fondo del pozo, se llega a coger la cuerda, y se sitúa verdaderamente en el camino con las cuatro rosas en el sombrero.

El arrepentimiento siempre sigue a la culpa. Nadie puede salir, por la fuerza del foso de las serpientes del mundo dialéctico. Quien lo intenta, experimenta los golpes del destino, desencadenado por él mismo. Si desea salir de la tumba, debe llevar hasta el final la cruz con rosas; las siete rosas, cuyo florecimiento y perfume dan testimonio del restablecimiento glorioso de la actividad de los Siete Rayos universales.

Debemos llamar su atención sobre otro punto que merece su examen: quien es admitido por la Fraternidad, al final de su viaje con las cuatro rosas, ya ha sido reenviado anteriormente varias veces. En efecto, sabemos ahora que se trata de un proceso; nadie debe pensar realizarlo sin tener dificultades y dar pasos en falso.

En otros términos: tal vez, nosotros también hemos formado parte del grupo de los prisioneros que, aunque serios, no podían aún ser admitidos. Y, por tanto, también hemos participado en las dos comidas del Juicio y sufrido las consecuencias inherentes.

Pero esté seguro de que, actualmente, nos beneficiamos de la compasiva ayuda de la Fraternidad. Así es como hay que entender ese detalle, aparentemente pueril, de las golosinas que los jóvenes Hermanos del Grial pueden hacer llegar a sus amigos y conocidos, de entre los condenados, durante la segunda comida.

Toda alma que aspira verdaderamente, con esfuerzos reales, es una amiga y recibe en cada instante la ayuda necesaria. Usted también se beneficia o se benefició de esa ayuda, sobre todo en los momentos en que más la necesitó.

Sin embargo, cuando ofrece esta ayuda, la Orden pone la condición fundamental de que la misma jamás será personal. Un ser nacido de la naturaleza desea un maestro, un guía, una autoridad que, sosteniéndole, le sirva de apoyo y de ayuda para lavar la ropa sucia de su karma. En este caso, no se puede sobrepasar el estado de ser nacido de la naturaleza, ya que permanece el egocentrismo. Por ello, quien ayuda verdaderamente, no establece jamás contacto personal. Por esta razón C.R.C. es reprendido por el paje, cuando intenta espontáneamente actuar de esta forma.

Lo único importante es que esta ayuda sea dada de forma que el alumno, sintiendo una fuerza impersonal poderosa, pueda tomar la decisión correcta de un comportamiento justo.

Quien desea salir de la tumba de la naturaleza de la muerte, recibe la ayuda necesaria, pero él mismo debe realizar la obra de salvación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Poco después resonó de nuevo el sonido de trompetas. Ya sabíamos por experiencia que ello anunciaba a la Virgen, y nos preparamos para acogerla. Entró, con su habitual cortejo, sentada en su alto sitial; dos pajes le precedían llevando uno,. una copa de oro y el otro, un pergamino. Habiéndose levantado con gracia, tomó la copa de manos de su paje y nos la ofreció diciendo que nos era enviada en nombre y por orden de su majestad, con el ruego de hacerla circular en su honor. Su tapa llevaba una Fortuna de oro, moldeada con arte, que tenía en la mano una banderola roja ondeante; ante esta imagen, bebí con menos buen humor, pues conocía suficientemente la crueldad de la Diosa Fortuna.

            La Virgen estaba condecorada como nosotros con el Toisón de Oro y el León, de lo que saqué la conclusión que sin duda era la presidenta de la Orden. Le preguntamos el nombre de esta Orden, pero respondió que el momento de revelarlo llegaría cuando estuviese zanjado el asunto de los prisioneros. Pues sus ojos estaban aún cerrados; con lo que, lo que nos ocurría aquí, no podía sino irritarles y ofuscarles, aunque no fuera nada en comparación con el honor que nos esperaba.

            Después, ella recibió de manos de otro paje el acta dividida en dos partes. Dirigiéndose al primer grupo de prisione­ros, leyó poco más o menos lo siguientes: «Debían reconocer haber creído demasiado fácilmente en libros engañosos y haber tenido una buena opinión de sí mismos, motivo por el que habían ido al castillo sin ser invitados. Una vez en el interior, quizás la mayoría había tenido la intención de dar un gran golpe, a fin de vivir seguidamente en una gloria y un lujo más grandes. De suerte, que los unos habían incitado a los otros, haciéndoles sufrir tanta vergüenza y burlas que merecían ser gravemente castigados.»

        Entonces, lo reconocieron humildemente tendiendo la mano, después de lo cual se dirigió con severidad al otro grupo más o menos en estos términos: «Con todo conocimiento de causa y convicción interior habían hecho libros engañosos, llenos de puras invenciones, engañando y embaucando a otros de forma que habían atentado gravemente a la dignidad real. Sabían pertinente­mente que imágenes sacrílegas y seductoras habían forjado, no habiendo respetado ni siquiera a la Trinidad divina, utilizada por ellos para burlarse de todo el mundo. Ahora se veía claramen­te por medio de qué prácticas habían intentado descarriar a los huéspedes sinceros y desviar a los ignorantes. Todos sabían hoy que se habían declarado abiertamente culpables de impudicia, prostitución, libertinaje y otras impurezas, todas ellas contrarias al orden público de nuestro Reino. En suma, sabían que habían envilecido ante los humildes a la misma Majestad Real; por ello deberían reconocer como cierto que eran traidores, misera­bles e infames, que merecen ser castigados y separados de los hombres honrados».

            Quienes sabían fingir rechazaban esta  confesión, pero como la Virgen les amenazaba con la muerte (por juramento) y, por otra parte, el otro grupo se violentaba contra ellos, acusándoles unánimemente de haberles desviado malignamente de la Luz; para evitar lo peor, y forzados por las circunstancias, acabaron por reconocer sus faltas. Añadieron que lo que había pasado no debía tenérseles en cuenta con demasiado rigor, pues sus víctimas eran señores deseosos de entrar en el castillo a cualquier precio, quienes, con este fin, les habían prometido fuertes sumas de dinero. Todos los culpables habían pues rivalizado en astucia para obtener su parte. Esto es lo que había ocurrido, pero como habían fracasado, estimaban no haberlo hecho peor que los señores. Si estos últimos no hubiesen creído que al menos alguno de entre ellos hubiera podido entrar con seguridad, no habrían escalado con ellos los muros con sus riesgos y peligros por tan poco. Se habían comprado sus libros con tanta ansia que quienes no podían subsistir de otra manera, eran forzados a comenzar por este género de engaño. Así pues, esperaban que, con toda seguridad, no se les imputaría nada condenable, pues habían satisfecho, como corresponde a servidores, la petición expresa de los señores.

            Intentaban disculparse con discursos de este tipo. Sin embargo, se les respondió que su Majestad Real había decidido castigar a unos más duramente que a los otros. Lo que invocaban para su defensa era verdad en parte, por ello los señores no escaparían al castigo, pero quienes se habían presentado con tanta impudicia y, sin duda, habían seducido a ignorantes contra su voluntad, debían prepararse para la muerte; la misma suerte esperaba a quienes, por la lectura de libros engañosos, habían ofendido a su Majestad Real, lo que resaltaría claramente de sus propios escritos y obras.

            Esto produjo el que muchos comenzaran a quejarse lastimosa­mente. Se arrojaron de rodillas, llorando, gimiendo, suplicando, pero todo ello fue en vano. Estaba muy sorprendido de que la Virgen pudiese permanecer impasible ante ellos; en efecto (aunque la mayoría nos hubiese causado muchos dolores y sufrimientos) su miseria despertaba nuestra piedad y nos conmovía hasta hacernos llorar.

       Ella envió rápidamente a su paje que regresó con todos los coraceros que estaban este día alrededor de la balanza. Se ordenó a cada uno que reuniese a los suyos y les condujera en orden al gran jardín de la Virgen; lo que se efectuó de forma que un coracero marchaba siempre al lado de un prisionero. Me asombré de que cada uno reconociera al suyo tan fácilmente.

            No obstante, se permitió a mis compañeros de la víspera entrar sin cadenas en el jardín, para asistir a la ejecución de la sentencia. Cuando todos hubieron salido, la Virgen se levantó y nos rogó que nos sentáramos en los peldaños de su trono, a fin de que también estuviéramos presentes. No rehusamos, dejamos todo sobre la mesa ‑excepto la copa que la Virgen había confiado a la custodia del paje‑ y, engalanados con nuestros suntuosos vestidos, fuimos conducidos sobre el trono, que avanzaba por sí mismo tan suavemente que se deslizaba en el aire; una vez hubimos llegado así al jardín, nos levantamos todos.

            Este jardín no era particularmente bello, pero me complació que la disposición de los árboles fuese tan refinada; había también una magnífica fuente, adornada con escenas maravillosas, inscripciones y signos extraños (de los que me ocuparé, si Dios lo permite, en un próximo libro). En este jardín, estaba erigido un estrado de madera recubierto con bellas telas, pintadas con arte. Cuatro galerías se superponían. La primera, más bella que las demás, estaba cubierta con una cortina de muaré blanco, de forma que no podíamos ver quien se ocultaba tras ella. La segunda estaba vacía y descubierta. Las dos últimas estaban a su vez cubiertas con muaré rojo y azul.

 

 

20

 

EL LUGAR DEL JUICIO

 

 

Esperamos que veréis como algo evidente, que el hecho de querer acceder a la fuerza a un campo astral más elevado, más santo, que no corresponde a nuestro propio estado astral, siempre se vuelve contra nosotros. Todo buscador serio aspira, la mayor parte del tiempo inconscientemente, al campo astral puro de la Fraternidad Universal. Tal aproximación no es evidentemente castigada nunca, pero solo permite una unión y una verdadera permanencia en el atrio de la salvación si el estado astral personal ha sido puesto en armonía con el del Primer Templo. Es una ley, una ley absoluta de la naturaleza, que protege el Edificio sagrado de la Fraternidad. Estará ahora claro para vosotros como se opera esta protección, como actúa esta ley: por medio de los Siete Rayos del Espíritu Séptuple, de los Siete Pesos de las Bodas Alquímicas.

Cada Templo de la Fraternidad, cada lugar de trabajo consagrado de la Triple Alianza de la Luz es un lugar en el que el Espíritu no está presente únicamente de manera séptuple, sino donde se expresa igualmente de manera séptuple.

Aquellos que entran en estos lugares, por la razón que sea, y desean permanecer allí, no deben contentarse con conocer a este Espíritu en teoría y testimoniar de él en teoría, sino que deben poseer este Espíritu, gracias a un cuerpo y un alma capaces y preparados.

El Primer Templo del Espíritu, tal como es esbozado en el Tercer Día de las Bodas Alquímicas, es un campo astral de este tipo, en el que se manifiesta de una manera determinada la plenitud séptuple del Espíritu. Por ello es necesario que cada uno de los que entran en este campo pueda física, psíquica y espiritualmente, equilibrar los pesos de estas influencias, en consecuencia reaccionar armoniosamente a ellas.

Son muchos en este mundo quienes tienen un cierto conocimiento de la Enseñanza del Espíritu, pero sus numerosas equivocaciones les impiden siempre vivir la Vida del Espíritu.

Comprender bien esto para poder penetrar enteramente en las intenciones de las Bodas Alquímicas. Quien conoce bien la Enseñanza del Espíritu, pero no la vive no es obligatoria­mente fútil e indigno según nuestros criterios, pero su vida, entregada a los eones, es un error, una equivocación.

En la vida natural dialéctica, no conocemos más que dos culturas: la cultura de la materia y la cultura del alma.

La cultura de la materia comprende la cultura del cuerpo; y sabéis todo lo que se hace en este mundo para mantener el cuerpo. Los principios y prácticas de higiene están estrechamente unidas a la protección de la salud. Pensar aquí en las numerosas ramas del deporte, en el establecimiento de mejores relaciones sociales, en la construcción de viviendas, en los esfuerzos en vistas a mejorar el equilibrio alimenticio, de protegerse de la polución industrial, de mejorar las condiciones de trabajo, de extender los cuidados médicos, etc., etc.

En cuanto a la cultura del alma, tener en cuenta todos los grupos que se preocupan de cuestiones morales o religiosas sobre el plan natural.

¿Que es el alma, el alma natural? La conciencia que anima la personalidad.

Cada átomo de la personalidad posee un principio vital, una fuerza vital. Ahora bien, la suma de las fuerzas vitales de todos los átomos de la personalidad forma la conciencia, llamada falsamente espíritu. La cultura de esta conciencia tiene lugar puramente en el plano físico y material, lleva al plano metafísico de la esfera reflectora, y asegura la fusión de estos dos planos. En efecto, por esta conciencia, se busca la cultura de la materia. Esta conciencia se esfuerza en idealizar a la personalidad, cultivarla y así pues divinizarla. El alma natural y el cuerpo cooperan en este objetivo. Pero estas tentativas tienen sus reflejos en la esfera reflectora, es decir en el campo astral de nuestra vida dialéctica. Y como sabemos estos reflejos no llevan a la liberación. Al contrario, retienen al hombre cada vez más prisionero, con todas las consecuencias que ello conlleva.

 

Pensemos aquí en la orientación actual de la Antroposofía y en su practica de la euritmia. Es una tentativa de expansión del cuerpo por el alma, en un sentido altamente idealista. ¿Pero cual es el alto ideal que conduce a esta practica? Tiene por origen una pretendida enseñanza del Espíritu, pero que no es otra cosa que una enseñanza del alma.

Y atención: ¡una enseñanza del Espíritu es algo muy diferente a una vida del Espíritu! Una enseñanza del Espíritu puede ser comprendida de manera intelectual, pero si es comprendida con la razón, en su esencia profunda, puede unir a una gran fuerza, que emana de la verdadera enseñanza del Espíritu, conmover intensamente el cuerpo y el alma, provocar un giro completo en dirección a la Vida verdadera, incitando a «morir para vivir», a perderse para resucitar, y llevar así a la transfiguración. Gracias a la vida del Espíritu, por esta transfiguración, el Espíritu penetra en un Alma nueva y un cuerpo regenerado y hace allí su morada.

Con ésta única condición se entra en la tercera fase: la cultura del Espíritu.

Los hechos lo muestran claramente, el hombre natural hace malabarismos continuamente, en su ignorancia y su error, con la fuerza del Espíritu, con la verdadera enseñanza del Espíritu, tal como aparece por ejemplo en la Escritura Santa. Por ello, conscientemente y de buena fe, algunos hacen de la enseñanza del Espíritu una ciencia del alma negativa; la deforman, la ponen en practica y así establecen un reino divino que no tiene nada que ver con el verdadero Reino. A partir de una ciencia del Espíritu, que no se comprende, se extiende y se practica una ciencia del alma, como hace la teología.

 

De este modo son evocadas fuerzas, son liberadas y utilizadas de manera completamente torcida, porque nadie está ya en condiciones de hacer una justa aplicación de ellas.

Steiner, por ejemplo, con la euritmia, pretendía algo muy diferente de lo que han hecho de ella sus discípulos.

 

Es necesario saber todo esto para comprender plenamente las palabras dirigidas a los prisioneros, el Tercer Día. Ellos no han resistido los Siete Pesos, mientras que, sin embargo, habían penetrado en el Primer Templo. Han sido pesados y encontrados muy ligeros. La sentencia les será aplicada. Son todos conducidos a un jardín, donde se encuentra una fuente maravillosa. Sobre los lugares del juicio, se eleva un estrado de cuatro plantas:

la primera está oculta por una cortina de seda blanca, de manera que no se ve lo que está escondido detrás,

la segunda es un espacio vacío, abierto,

la tercera está tapizada de seda roja,

y la cuarta de seda azul.

La fuente testimonia que el Espíritu siempre es resplandeciente y vivo; que el manantial divino nunca dejara de manifestar su Fuerza viva.

Y en el jardín de Dios, en el Campo de manifestación de la Vida, se erige este estrado singular, en donde todos seremos juzgados.

Es del Agua viva del Espíritu, es por esta Agua que se despierta el Alma verdadera, el Alma renacida, la Madre de la Vida. En realidad, la reina, es la conciencia llegada a este estado, llamada, ennoblecida para unirse al Espíritu verdadero, al rey.

La unión de este rey y de esta reina es la base de la Vida verdadera, en el sentido sublime de las intenciones divinas. Ello explica el color blanco de la primera planta. Es la Luz divina que, saliendo del misterio, se manifiesta de nuevo, en cuanto el Espíritu y el Alma, los polos positivo y negativo de la Monada, pueden unirse.

Lo que esta doble unidad crea en nosotros es de naturaleza triple:

1. en el espacio abierto del segundo piso, debe manifestarse una vida liberada, visible, evidente, demostrable probada, llena de acciones;

2. un nuevo estado de alma, un cuerpo del Alma verdadero (el color rojo representa la nueva sustancia astral del alma) debe desarrollarse, mientras que

3. el alma y el cuerpo deben engendrar: la nueva razón, el nuevo pensamiento, el estado humano divino (de ahí el color azul); es decir, el ser humano vestido del manto de oro de las Bodas, la estrella de cinco puntas, la estrella de Belén.

El jardín del primer Templo de la Fraternidad, con todo lo que se encuentra allí, nos pone frente a ésta gran Tarea: vivir del Espíritu, vivir por el Espíritu, vivir con el Espíritu; lo que se vuelve posible gracias al Agua viva del séptuple Manantial resplandeciente. Aquel que no quiere o no puede realizar esta gran Tarea, aquel que la caricaturiza, descubre que es como un muro infranqueable, un lugar donde se es juzgado.

Quien quiere derribar el muro experimenta la ineluctabilidad de esta Exigencia, y la inviolabilidad del Plan del sublime Espíritu divino.

 

 

 

 

 

            Cuando llegamos al estrado la Virgen se inclinó hasta tocar el suelo, lo que nos impresionó mucho. En efecto, era fácil suponer que el Rey y la Reina no estaban lejos. Después de habernos inclinado respetuosamente también, como cumplía, la Virgen nos condujo por una escalera de caracol hasta la segunda galería, donde ella se sentó en el sitial superior y nosotros ocupamos nuestro sitio en el orden precedente. No puedo contar aquí, sin criticar, la forma en que se comportó conmigo el emperador que había liberado, tanto en este lugar como anterior­mente en la mesa; que debería haber sido muy consciente del triste estado y del abatimiento que habría padecido, si le hubiesen obligado a esperar la sentencia en medio de burlas parecidas mientras que, ahora, gracias a mi intervención, era elevado a un rango y una dignidad tan considerables.

            En esto, la Virgen que me había llevado la invitación al comienzo y que todavía no había visto, se aproximó a nosotros; tocó la trompeta y después pronunció la sentencia con voz potente:

            «Su Majestad Real, mi noble Señor, hubiese querido, de todo corazón, que todos los aquí reunidos, por el hecho de haber sido invitados, hubiesen aparecido con cualidades suficientes para asistir en gran número a la bienaventurada fiesta nupcial dada en Su honor. Pero, como Dios todopoderoso lo ha dispuesto de otra manera, su Majestad no debe quejarse, sino conformarse con las antiguas y buenas costumbres de este Reino. No obstante, para que sea alabada por todas partes la clemencia natural de su Majestad, ha decidido, con todos sus nobles y consejeros, mitigar conside­rablemente la sentencia habitual. Por ello, en primer lugar, a vosotros, señores y monarcas, os concede no solamente la vida sino también la libertad, por lo que os ruega amigablemente que os resignéis sin rencor a no asistir a la fiesta dada en Su honor, y que penséis más bien que, aparte de esto, Dios todopode­roso os ha impuesto ya más de lo que podéis soportar con calma y decoro, y que El distribuye sus dones de una manera incompren­sible para nosotros. Así vuestra reputación no sufrirá en absoluto por el hecho de que nuestra Orden os rechace, pues no somos todos aptos para ello. No obstante, como habéis sido seducidos por infames pícaros, éstos no quedarán impunes. Además su Majestad ha decidido, en un plazo breve, suministraros un catálogo de obras heréticas, o «Index Expurgatorius», para que en lo sucesivo distingáis, con más discernimien­to, el bien del mal.

 

Y como su Majestad tiene igualmente la intención de inspeccionar su biblioteca, con el fin de sacrificar a Vulcano la obras engañosas, os pide que Le ayudéis y que hagáis otro tanto con la vuestra de tal forma ‑espera Ella‑ que el mal y la malignidad desaparezcan en el futuro. Además, que esto os disuada de volver aquí de manera tan irreflexiva, a fin de que ya no tengáis que dar, como hoy, la excusa de haber sido engañados y que no seáis objeto del odio y del desprecio de la mayoría. Por último, como el país exige de vosotros un tributo, su Majestad espera que nadie tendrá dificultades para depositar una cadena o lo que tenga en su poder, con lo que nos separaremos como amigos y, conducidos por nosotros, regresaréis entre los vuestros.

            A quienes no han resistido a la primera, segunda, tercera y cuarta pesa, su Majestad no quiere dejarles partir tan fácilmente; pero para que también ellos experimenten su clemen­cia, ordena se les desvista totalmente y salgan de aquí desnudos.

            Quienes han sido encontrados demasiado ligeros para la segunda y la quinta pesa serán, además de desnudados, marcados con un hierro una vez, dos veces y más según su ligereza. Quienes fueron elevados solamente por la sexta y la séptima pesa, serán tratados con más misericordia.»

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

21

 

LA EJECUCIÓN DE LAS SENTENCIAS

 

Hemos visto que el estrado de cuatro pisos, erigido en el jardín del Primer Templo de la Fraternidad, es una protección, un símbolo vivo del único y verdadero estado humano divino. El que desea alcanzar ese estado debe satisfacer ciertas exigencias, exigencias que conciernen a sus cualidades internas. Debe satisfacer las siete exigencias del verdadero aprendizaje de la Rosacruz de Oro, debe soportar las Siete Pesas.

De lo contrario, la hora del verdadero aprendizaje no ha llegado. Ya que el Templo de la Iniciación, es decir, el campo astral de paso del cual se trata, está estrictamente protegido por el Séptimo Rayo del Espíritu. Por ello, todos los que, por cualquier razón, penetran en ese campo astral de conciencia y no son dignos, son reenviados. Y la forma en que se efectúa este reenvío, depende completamente del estado interior personal de los intrusos.

Intentaremos analizar ahora la ejecución de las sentencias, es decir, el objetivo y los efectos del reenvío, siguiendo las descripciones de las Bodas Alquímicas.

Naturalmente, el único propósito e intención fundamental de la Fraternidad Universal, es poder acoger a todos quienes se acercan y recibir a todo el mundo en el Templo de la Iniciación. Ni que decir tiene que esto puede ser en virtud de la ley del Amor universal, de la que la Triple Alianza de la Luz está completamente impregnada. No obstante, el Amor a pesar de su profundo deseo, debe respetar la Ley sobre la que el Reino está fundado, la Ley del Espíritu, que incluye también el Amor. Se sobrentiende que, en nuestra esfera de vida, nadie será tratado con más severidad que la necesaria, en el curso de su aprendizaje y para su salvación, y que todo reenvío, cualquiera que sea, se hará con toda la suavidad que dicha exigencia permita.

En la escena del reenvío se atrae la atención, en primer lugar, sobre el grupo de los intrusos que han sido engañados y arrastrados por el incentivo de la ganancia, o bien por la atracción del renombre, del honor y de la consideración. Son designados como emperadores, reyes y señores.

Usted sabe que existen pseudo‑fraternidades de la Rosacruz, que sólo tienen de común, con esta Fraternidad, el nombre. Estos embaucadores hacen numerosos adeptos distribuyendo muchos títulos rimbombantes, símbolos complicados, diplomas e insignias honoríficas. Llega un momento en que los miembros de esos grupos viven totalmente convencidos, por autosugestión, de que son muy superiores, están muy avanzados, muy elevados, y son muy importantes. No obstante, psicológicamente sufren grandes daños, ya que sus llamados iniciadores les ejercitan con toda clase de ejercicios para conseguir que, por la ilusión mental de una realización tan alta como sublime, se vuelvan astralmente sensibles al campo de la Fraternidad verdadera. Pero allí, como pueden suponer, son categóricamente reenviados. Mas pueden partir libremente. Y, como el proceso de reenvío es interior y tiene lugar generalmen­te durante las horas de sueño, su dignidad aparente no sufre menoscabo. Sin embargo, la ley del Amor exige que vuelvan, al ambiente de la vida burguesa habitual, distintos a cuando llegaron, ya que fueron engañados por los perversos. Por esto se les da, o se resignan en tomar, lo que se designa bajo el nombre de Index Expurgatorius, un purgante podríamos decir, un remedio depurativo, destinado a purificar.

Debe considerar este proceso de purificación tan sólo bajo el punto de vista esotérico. No se trata de una intervención milagrosa; simplemente, cuando algún indigno penetra en el campo astral de la Fraternidad, es depurado y purificado por el fuego astral que no puede soportar. Con lo que experimenta cierta purificación en su estado de ser.

Puede ocurrir que un desgraciado que ha sido engañado así, se despierte infinitamente mejor que cuando se durmió. Al despertar descubre, en su ambiente de vida habitual, que buena parte de su interés por la pseudo‑fraternidad de los Rosacruces ha disminuido. La influencia del engaño se esfuma y los engañado­res pierden una víctima. Pero existe un inconveniente: la víctima, que ha pasado por todas esas angustias y decepciones, puede interrumpir su búsqueda y continuar viviendo en la naturaleza de la muerte sin deseo liberador, ni resultado positivo.

Por sus actuaciones, los engañadores lastiman de por vida a innumerables personas. Este es uno de los mayores pecados que se pueden cometer. Es un pecado más grave que un asesinato, pues es hacer morir un alma, una conciencia.

Es preciso que comprenda bien el peligro de esas cosas. Por ello, le indicamos la existencia, por ejemplo en América, de cierto movimiento rosicruciano que propone diplomas, decoracio­nes, insignias, títulos y símbolos, así como toda una serie de ejercicios. Este grupo mantiene edificios y templos que son como palacios, promete todo y no da nada, salvo que ata a sus adeptos un poco más a la esfera reflectora.

Esos movimientos son como un cáncer en el cuerpo de la humanidad; sus víctimas son innumerables. Y nadie les acusa porque subsisten en la naturaleza de la muerte, colaborando con sus prácticas de muerte.

Esperamos que estas explicaciones le muestre claramente la situación.

 

Volvamos al relato. Decíamos que las personas engañadas, pero purificadas por el Index Expurgatorius, no recaerán tan fácilmente en el error.

 

Para disminuir su deuda, según las Bodas Alquímicas, deben abandonar un collar, joyas u otras cosas preciosas en el Jardín del Templo. A la luz de lo dicho anteriormente, comprenderá esta imagen: las insignias honoríficas y otras distinciones proporcio­nadas por falsas fraternidades, llevan a menudo mantrams robados. Tienen forma de objetos que unen a las fuerzas más santas y llevan los nombres más sagrados. Conociendo un poco esas cosas, sabemos que no está exento de peligro para el interesado. En efecto, esos objetos pueden desencadenar fuerzas de efectos deplorables, si no se ha aprendido a dominarlas por sus cualida­des interiores, ni a emplearlas de la manera justa. Por ello se pide a las personas engañadas el abandono de sus insignias que, en realidad, han sido robadas.

 

Si reflexionamos sobre lo que antecede, vemos cada vez con más claridad los peligros inherentes a la naturaleza de la muerte, en la que todos los humanos, incluso sin malicia, corren el riesgo de ser víctimas incalculables veces.

 

La vida se vuelve imposible. Por ello, la Fraternidad del Santo Grial, trabajando continuamente para la salvación del mundo y de la humanidad, nos dispensa la gracia de purificar sin cesar la atmósfera de nuestra vida. Por esto, el texto de la sentencia leído por la Virgen en el jardín hace alusión a Vulcano, a quien el señor del Templo ofrecerá todos los escritos engañosos, a fin de que los destruya.

Vulcano designa el sol interior, el gran foco del fuego astral del sistema solar santo y universal, de donde emana una poderosa radiación purificadora que, hasta cierto punto, puede y debe ser utilizada por el Triple Alianza de la Luz, para proteger a la humanidad ignorante y pesadamente cargada.

Hasta aquí, hemos considerado el castigo aplicado a las personas engañadas. Analicemos ahora, el caso de los que han penetrado en el santuario, por magia negra u otras actividades negativas. Un grupo será reenviado desnudo. Un segundo grupo será reenviado igualmente desnudo, pero marcado además por el hierro candente.

Los malvados más temibles serán fustigados corporalmente o bien condenados a morir con la espada, ahorcados, ahogados o a zurriagazos.

Así el Patio del Templo es purificado totalmente y vuelve a su gran y serena paz. Tan sólo quedan los que han pasado las pruebas elementales de aptitud, en quienes se puede proseguir el proceso de iniciación.

 

 

            Esto continuó así: para cada combinación de pesos fue pronunciada una sentencia, pero sería demasiado largo contar todo aquí.

            «Quienes renunciaron ayer voluntariamente, pueden partir libremente, sin ninguna sanción. Para acabar, los malos, mistificadores del pueblo, que no han resistido a ninguno de los pesos, serán castigados corporalmente o condenados a muerte, según el caso, por la espada, por la cuerda, por el agua o por los azotes. Estas sentencias serán ejecutadas sin clemen­cia, como ejemplo».

            En este instante, nuestra Virgen rompió su bastón. La otra virgen, apenas terminada la lectura, sopló en la trompeta y avanzó con gran deferencia hacia los que estaban detrás de las colgaduras.

       No puedo evitar revelar aquí al lector algo relativo al número de prisioneros. Los que habían resistido una pesa eran siete; veintiuno equilibran dos pesas; treinta y cinco, tres pesas; treinta y cinco, cuatro pesas; veintiuno, cinco pesas y siete habían resistido seis pesas. Entre los que habían llegado a la séptima pesa, pero no habían resistido, se encontraba el que yo había liberado. Por otra parte, numerosos eran los que habían fracasado totalmente, pues para muchos, todas las pesas habían descendido.

            Había anotado todo y descontado con cuidado en mi cuaderno, cuando estaban ante nosotros como ya he indicado. Era realmente sorprendente que entre todos los que tenían un cierto peso, no había uno idéntico a otro. Pues si treinta y cinco habían resistido tres pesas, uno equilibraba las pesas una, dos, tres; otro las pesas tres, cuatro y cinco; un tercero las pesas cinco, seis y siete, y así sucesivamente, de manera que, por curioso que parezca, entre los ciento veintiséis encontrados demasiado ligeros, ninguno era semejante a otro. Sin embargo, yo podría decir el peso de cada uno de ellos si el tiempo lo permitiera. Espero, no obstante, que este aparecerá claramente más tarde, así como la explicación.

            Terminada la lectura de esta sentencia, los señores se alegraron mucho, pues no habían osado esperar una sentencia tan clemente, después de semejante severidad. Así que dieron más de lo que se les exigía, se desprendieron de sus cadenas, joyas, oro, plata y otras cosas, de todo lo que tenían encima, y se marcharon respetuosamente.

            Aunque se prohibió a los servidores reales burlarse de nadie al marchar, algunos burlones no pudieron contener su risa. Desde luego, era bastante risible verles desaparecer lo más rápidamente posible, sin mirar para atrás. Algunos pidieron que se les mandara el catálogo prometido, certificando que, para sus libros, actuarían según el deseo de su Majestad. Se les aseguró de nuevo su envío. En la puerta se les hizo beber un trago de olvido, a fin de que nadie recordara su infortunio. A causa de su discerni­miento se les dejó pasar, pero ya no debían volver jamás de esta manera. Sin embargo, si algo les fuera revelado, y esto servía también para otros, se les acogería gustosamente como invitados.

            Entretanto, se había desnudado a algunos e, incluso en esto, se hicieron distinciones de acuerdo a los méritos de cada uno. Algunos eran enviados desnudos, sin más castigo; a otros les ataron campanillas y cascabeles, y algunos incluso fueron expulsados a latigazos. En suma, había tal diversidad de castigos que no puedo citarlos todos aquí. Por fin, llegó el turno de los últimos. Esto llevó más tiempo pues antes de ahorcar a unos, decapitar a otros, ahogar o ejecutar de otras maneras a otros, pasó mucho tiempo. Durante la ejecución, las lágrimas me fluían abundantemente de los ojos, no a causa del castigo, merecido por su impudicia, sino por el pensamiento de la pequeñez humana, que hace que nos ocupemos siempre de lo que está sellado para nosotros tras la primera caída.

 

                                                                       Las Bodas Alquímicas de C.R.C

 

 

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LA EJECUCIÓN DE LAS SENTENCIAS (II)

 

 

 

Para acabar, los malos, mistificadores del pueblo, que no han resistido a ninguno de los pesos, serán castigados corporalmente o condenados a muerte, según el caso, por la espada, por la cuerda, por el agua o por los azotes. Estas sentencias serán ejecutadas sin clemen­cia, como ejemplo».

Aquí son enumeradas cuatro formas de castigo, pudiendo ser aplicadas juntas o combinadas parcialmente según el caso.

A las formas de magia más negras corresponden primeramente como sabemos: el despido después de ponerlos al desnudo, y el desnudarlos, el marcaje con hierro y

el despido.

Examinemos lo que ello significa.

Estar desnudo es una expresión simbólica frecuentemente utilizada en la lengua sagrada. Se dice, por ejemplo, que «estamos todos desnudos ante Dios», lo que quiere decir que todos nuestros movimientos emocionales, todos los razonamientos de nuestro corazón y todas nuestras reflexiones mentales son descubiertas por el Observador iniciado. Estamos todos como al desnudo ante la Majestad del Espíritu. Pero es difícil considerar esto como un castigo.

Es diferente si se considera que el hombre manifestado, es decir la personalidad en el microcosmos, adquiere ciertas características en el curso de su vida.

Los factores hereditarios y el karma, combinados en el subconsciente, dan al hombre características propias. Se vuelve un tipo determinado, con posibilidades diversas, buenas y malas. Todas las estructuras orgánicas, como la secreción interna, el circulo de los plexos, el corazón, los órganos de la cabeza y del plexo solar cambian totalmente en función de todas estas posibilidades y particularidades. Añadir a esto el cuerpo etérico, el cuerpo astral y los diversos fluidos vitales y tendréis ante vosotros la personalidad completa del hombre manifestado, cubierto por todos sus vestidos.

Desde el punto de vista de la ciencia esotérica, el vestido del hombre es pues el conjunto de posibilidades y características que posee, que ha adquirido y que expresan y vuelven visibles su naturaleza y su tipo.

Hay hombres con el vestido muy sospechoso. Pero también los hay que están llenos de promesas y ello se ve en el vestido que portan. E incluso si este vestido fuera utilizado de manera totalmente errónea, mancillado y herido por ignorancia, por lo menos se podría decir de ellos que «¡tienen posibilidades!»

El vestido es calificado de precioso porque ha sido tejido en el curso de todas las vidas manifestadas en el microcosmos. Así pues es un producto de millones de años, conservado en las cámaras del tesoro del ser aural.

Consideremos ahora el caso de uno de estos malvados, a los que hace alusión el Tercer Día, el hombre que ha engañado a innumerables personas y las ha lanzado a la desgracia de la manera descrita. Cierto es que tales hombres poseen un magnetismo individual muy pronunciado, y llevan un vestido extremadamente rico, tan cargados como están de muchas fuerzas y posibilidades en razón de su pasado kármico. Pero cuando no utilizan sus capacidades como debieran, de la única y justa manera, evidentemente se vuelven un peligro mortal para su prójimo. Como disponen de un gran conocimiento, de grandes fuerzas y de las posibilidades correspondientes, pueden ser una bendición o un peligro mortal para sus semejantes.

Cuando la vida manifestada procede del yo, de la materia, del ser-yo, del ego, de la simple entidad nacida de la naturaleza, el vestido que se posee es siempre utilizado para reforzar el yo, para enriquecerse materialmente y mantenerse a expensas del prójimo. Esa es la marca de todos los «nacidos de la naturaleza».

El inmenso tesoro kármico del hombre «nacido de la naturaleza», orientado sobre su yo, hace de él lo que las Bodas Alquímicas llaman un malvado y un mistificador del pueblo.

Ahora bien, como veis, estas personas son enfermos. Son físicamente y psíquicamente perturbados. Ocupan en la vida lugares importantes y, vista su perturbación y su vestido, están en condiciones de hacer caer a innumerables seres en el abismo, a espaldas de las autoridades de este mundo, al abrigo de las acusaciones y condenas de la justicia de este mundo; ¡y sin ser conscientes de sus fechorías!.

Pero he aquí que se manifiesta, en plena y clara luz, la justicia de la Triple Alianza del Grial, de los Cátaros y de la Rosacruz. Esta justicia no implica ningún castigo. En efecto, a la luz de lo que precede, ¿Que significa ser «devuelto desnudo»?

Examinemos el caso de una persona perturbada psíquicamente como acabamos de hablar: ella está dotada de un egocentrismo duro como el hierro, por otra parte, en razón de su pasado, lleva un vestido preparado para ejercer una gran autoridad.

¿Estaría permitido dejarle actuar entre los hombres? ¿Se puede tomar esta responsabili­dad? ¿Hacia la humanidad, hacia ella que está enferma?

¡Ciertamente no!

Por ello tales personas, cuando entran en contacto con la Triple Alianza de la Luz, en la esfera astral de la Fraternidad (y todas se encuentran allí tarde o temprano), son desvestidas por el fuego mágico purificador de esta esfera astral; dicho de otra manera su personalidad es despojada de todo su pasado kármico. Un pasado kármico poderoso, unido a una personalidad de un egocentrismo exacerbado, peligroso para la humanidad, es una anomalía de la que no se sabría responder. Por ello la unión entre el karma y la personalidad es quemada por el fuego astral, en el lugar del plexo sacro o en una o en varias de las siete cavidades cerebrales. La personalidad es entonces confiada a si misma, a su carácter natural y ya no puede provocar daño a sus semejantes. Ese es el significado de la expresión «ser devueltos desnudos».

¿No creéis que este llamado castigo es una poderosa prueba de amor hacia todos los hombres, y más particularmente hacia el enfermo capaz de causar tanto daño y tristeza?.

Además el vestido kármico neutralizado no es destruido. ¡Eso es imposible! Pues no se excluye totalmente que tal «miserable y malvado» pueda recibir un día su herencia, su derecho de primogenitura, ¡pero esta vez al servicio de la humanidad!.

Queremos mostraros brevemente por ello que existe una Ley del Espíritu, con la cual la Fraternidad debe inteligentemente colaborar en tanto que Ejecutora de los decretos del Consejo divino.

Dicho esto, hay, según el caso, agravamiento o aligeramiento de la pena. «Ser devuelto desnudo» y «marcado al hierro» significan que la personalidad no es únicamente privado de su vestido kármico, sino que sufre además la quemadura de uno de los centros más importantes de su cuerpo físico; así pues el cuerpo nacido de la naturaleza mostrará en el gran día que no ha salido indemne de las perturbaciones provocadas por la misma persona y que lleva en ella huellas duraderas.

Ser marcado al hierro significa que la personalidad sufre tempestades astrales, con todo lo que resulta de ello para el cuerpo material.

Ser castigado por la espada significa ser perturbado en la sangre por el aumento del factor gluten, de donde resulta un hundimiento cada vez más profundo en la materia.

Ser castigado por la cuerda significa que los mentirosos sufren un estancamiento más o menos grande de los chacras del cuello y de la garganta, es decir de las fuerzas creadoras superiores.

Ser castigado por el agua señala perturbaciones del sistema respiratorio, la ruptura de la unión con la esfera etérica y el campo astral inferior (la atmósfera es siempre representada por el elemento agua).

 

Ser golpeado con varas simboliza lesiones orgánicas, deficiencias físicas.

Intencionadamente hablamos  muy brevemente de estos castigos en ésta última parte de nuestra exposición; no es ni útil ni agradable extenderse sobre todas las causas de las enfermedades apoyándose en hechos y ejemplos. Ante todo se trata de ver claramente que, para la protección de la humanidad, una ley espiritual castiga de manera científica todo asesinato del alma o tentativa de este genero; y de mostraros la importancia de la acción protectora de la Fraternidad universal que, en tanto que Servidora de Dios, tiene la tarea de extender y vivificar el Campo astral puro y sereno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Así fue como se vació el jardín que rebosaba de gente un momento antes, quedando sólo los soldados. Cuando todo hubo terminado, se hizo un silencio que duró cinco minutos, y apareció un unicornio de gran belleza, blanco como la nieve, que llevaba un collar de oro en el que estaban grabados algunos caracteres. Avanzó hacia la fuente y se arrodilló sobre las patas delanteras, como para rendir homenaje al León, que estaba tan inmóvil encima de la fuente, que yo lo había confundido con una estatua de piedra o de bronce. Este cogió rápidamente la espada desenvainada que tenía entre sus garras y la rompió por la mitad, de forma que los trozos, me pareció, cayeron a la fuente. Después rugió, hasta el momento en que una paloma blanca vino a traerle una rama de olivo que tenía en su pico; el león la tragó rápidamente, con lo que quedó satisfecho. El unicornio regresó a su sitio lleno, también, de alegría.

            A continuación la Virgen nos hizo descender del estrado por la escalera de caracol, y nos inclinamos una vez más ante la cortina. Debimos lavarnos la cara y las manos en la fuente y después, en el mismo orden, esperar un instante a que el Rey regresara a la sala por un pasaje secreto; a continuación también fuimos conducidos fuera del jardín, al lugar donde morábamos anteriormente, al son de una música maravillosa, con pompa y magnificencia, mientras charlábamos amigablemente. Esto ocurría hacia las cuatro de la tarde.

            Para ayudarnos a pasar el tiempo agradablemente, la Virgen nos asignó un paje a cada uno: no sólo estaban suntuosamente vestidos, sino que eran notablemente instruidos hasta tal punto, que discurrían sobre una infinidad de materias tan sabiamente, que sentíamos vergüenza de nosotros mismos. Se les ordenó que nos llevaran a visitar el castillo ‑sólo ciertos lugares determina­dos‑ y que nos distrajeran, teniendo en cuenta nuestros deseos en la medida de lo posible. Después la Virgen se despidió de nosotros diciendo, para consolarnos, que nos acompañaría en la cena, a fin de celebrar a continuación la ceremonia del colgado de las pesas. Nos rogó que esperásemos pacientemente hasta mañana, día en que seríamos presentados al Rey.

            Cuando se marchó, cada cual hizo lo que quiso. Unos contemplaban las hermosas inscripciones, que copiaron preguntán­dose sobre sus extraños caracteres. Otros se reconfortaron comiendo y bebiendo. En cuanto a mí, me hice guiar por mi paje a través del castillo con mi compañero, visita que jamás lamentaré en toda mi vida. Entre otras muchas antigüedades espléndidas, se me mostró la cámara funeraria del Rey, donde aprendí más que en todos los libros del mundo. Había allí un fénix magnífico, sobre el cual publiqué un libro especial hace dos años. Tengo la intención de publicar también tratados particulares sobre el león, el águila, el grifón, el halcón y otros, pues podrían ser útiles para algunos, y adjuntaré croquis y descripciones. Lamentaba que mis otros compañeros hubiesen desaprovechado el poder contemplar estos preciosos tesoros; pero, al mismo tiempo, pensaba que era la voluntad de Dios quien así lo había decidido.

 

                                            Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

23

 

EL UNICORNIO, EL LEÓN Y LA PALOMA

 

Ni que decir tiene que todos los candidatos a las Bodas Alquími­cas realmente serios, es decir, los que responden a las exigen­cias mínimas impuestas por el Espíritu se sienten, en un momento dado, liberados interiormente de las agitaciones dramáticas debidas al veredicto de la balanza. Entran en la calma y el silencio de la serenidad espiritual, el reposo de la unidad con el Espíritu, la paz que Jesús el Señor promete a todos los que siguen su ejemplo. Sólo entonces aparecen y se imponen los objetivos reales del verdadero aprendizaje.

 

Por esto, en las Bodas Alquímicas vemos entrar el Unicornio blanco como la nieve llevando un collar de oro, al León que monta la guardia cerca de la fuente, y a la Paloma blanca que vuela llevando en su pico una rama de olivo. Usted conoce esas alegorías. El Unicornio, el León y la Paloma simbolizan lo sublime del Triángulo de fuego resplandecien­te, el Triángulo Ígneo de la Rosacruz clásica. Representan los tres Rayos primordiales del Espíritu Séptuple. Cuando en el candidato arde interiormente el Triángulo de fuego, es digno de penetrar en el Templo de la Iniciación. Ya que el Triángulo resplandeciente vuelve al candidato receptivo a la totalidad del Espíritu Séptuple.

 

La Biblia habla a veces del unicornio. En el libro de los Números se dice: «Las fuerzas de Dios son las del unicornio.»

En el magnífico Libro de Job, leemos: «¿Querrá el Unicornio estar a tu servicio y pasar la noche en tu pesebre? ¿Podrás atarle tu cuerda al cuello, para que abra surcos tras de ti?»

Y en el Salmo 29: «La voz del Señor agita el Líbano y el Sarión como un joven unicornio. La voz del Señor hace brotar llamas de fuego.»

Esas citas muestran que el unicornio es el símbolo de un ideal espiritual sublime, de una orientación exclusiva sobre un punto único. El unicornio es blanco, decimos, blanco como la nieve y lleva un collar de oro en el cuello; significa la voluntad nueva, serena, purificadora, dirigida por el Espíritu, la nueva voluntad inflamada por el Primer Rayo del Espíritu Séptuple, el primer aspecto del Triángulo resplandeciente.

Quien está verdaderamente inflamado por el Espíritu de Dios, actúa a partir de un estado nuevo de la voluntad, orientado exclusivamente sobre un único punto. Quien tiene la nueva voluntad dispone de las fuerzas divinas. Descubre en él la particularidad de ser totalmente servido por el unicornio.

De vez en cuando, ponemos nuestra voluntad como un yugo sobe nuestra espalda. intentamos darla ciertas tareas. Nos decimos: «¡En adelante haré esto y no aquello!» Luchamos así contra nosotros mismos. No lo haga más, pues con este método jamás obtendrá ningún resultado.

Pero cuando la nueva voluntad haya nacido en usted, en virtud de la calidad de su alma y del nuevo comportamiento, entonces el unicornio pasará la noche en su pesebre, según la expresión de las Sagradas Escrituras. Lo que significa que la nueva voluntad determina totalmente su estado de vida, de forma espontánea, desde el interior de sí mismo, de manera que ya sólo es posible hacer un auténtico servicio a Dios. Incluso durante el sueño ‑por ejemplo, cuando no tiene usted el control directo de su personalidad‑ la nueva voluntad determina sus vías y sus actos, en perfecta concordancia con su tarea, con el camino que debe recorrer, con el proceso que debe seguir.

 

Entonces «ata el unicornio a los surcos del campo de cosecha» Un campo labrado y con surcos, en el que el campesino siembra el grano. Cuando la nueva voluntad se ha inflamado en usted, toda su vida muestra un armonioso y poderoso orden. El unicornio está atado a los surcos del campo de cosecha y, si es posible, quita las malas hierbas y rompe los terrones de la tierra.

La voluntad es un fuego poderoso. La Voz del señor abrasa con llamas de fuego llenas de poder y de gloria, la voluntad del que está inflamado con el Espíritu de Dios. La voluntad es el instrumento mágico más poderoso del hombre. Si su voluntad no está inflamada por la Voluntad de Dios, no podrá jamás realizar un acto gnóstico mágico.

 

El símbolo del León es también muy revelador. Es el símbolo del Amor divino, universal y omnipresente, o sea, el símbolo del Segundo Rayo del Espíritu Séptuple. Que duda cabe, que quien posee el unicornio posee igualmente la fuerza del león. Ya que Dios es Amor.

 

Conoce usted sin duda el símbolo relativo al león. Leemos en el Apocalipsis, 10: «Y él gritó con voz potente, como ruge el león. Cuando gritó, los siete truenos hicieron oír sus voces.» Lo que significa: cuando el amor de Dios puede manifestarse en un ser humano, en el mismo instante desciende el Espíritu Santo.

Es preciso ponerle en guardia, como lo hacen la Biblia y todos los mensajeros espirituales, contra el falso amor, representado igualmente con el símbolo del león. No hablamos aquí de los movimientos emocionales, ni de sus efectos y límites bien conocidos, que se traducen en simpatía o antipatía, sino del supuesto amor que se insinúa en el mundo, como una serpiente silbante, veneno de víbora de la naturaleza de la muerte, de la que ciertas personas son su mismísima imagen. Imitando la voz de Dios y con dulce sonrisa, premeditan un asesinato, el asesinato de un alma humana. Cuando el alma es asesinada, el alma es mancillada y firma siempre la sentencia de muerte del cuerpo. En efecto, una vez quebrada el alma, el cuerpo perece irremisible­mente, pues la enfermedad se instala, con lo que el cuerpo ya no puede mantenerse y fallece antes de tiempo.

 

Como elementos del Trigonum Igneum aparece primero, el unicornio, símbolo de la voluntad inflamada en Dios, centrada hacia un punto único, orientada hacia un único objetivo; segundo, el león, símbolo del Amor Universal que lo engloba todo. El hombre inflamado por el Espíritu de Dios es tocado y totalmente abrasado por el Amor que lleva el universo. A partir de ese instante, la fuerza de Amor de la eternidad se vuelve la nota fundamental el alimento de toda su existencia.

Cuando un candidato a los misterios gnósticos se acerca al Templo de la Iniciación y, habiendo vivido la agitación astral del país de la frontera, entra en la paz y la calma del jardín de las Rosas, es normal que el unicornio haga su entrada y se adelante para rendir homenaje al león, que está de guardia cerca de la fuente, ya que la Voluntad de Dios y el Amor de Dios son la esencia misma del Jardín. La entrada del unicornio significa que quien ha llegado al Jardín de la Rosas, renuncia totalmente a volverse hacia la naturaleza de la muerte. El león  sostiene entre sus garras una espada desnuda. Cuando el unicornio, la voluntad inflamada en Dios, entra en el Jardín de la Iniciación, el león rompe la espada y tira los trozos en la fuente, el Manantial de las Aguas. Con ello da testimonio de que el fuego del juicio se ha retirado, con lo que el único y verdadero trabajo de las Bodas Alquímicas puede empezar. Un poderoso rugido resuena como un grito de alegría. Como respuesta a este grito, una paloma blanca como la nieve llega a tiro de pájaro, llevando en su pico una rama de olivo.

Usted sabe que la paloma es el símbolo del Espíritu. Recuerde el Bautismo del Jordán en el que Jesús el Señor recibió el Espíritu bajo forma de paloma. La paloma con una rama de olivo es el símbolo del Tercer Rayo del Espíritu Séptuple: es la inteligencia activa, entregada y dedicada totalmente a Dios, el Rayo que completa el Trigonum Igneum. La paloma representa aquí el comportamiento inteligente, siempre al servicio de la única y verdadera paz, la paz de Dios. La obra debe ser realizada en la Paz y por la Paz.

Por esto, la paloma lleva un ramo de olivo.

Por ello, se lo lleva al León.

Por eso mismo, la Única Paz, que es de Dios, desciende sobre el jardín.

Qué maravillosa sabiduría, qué gran belleza: el fuego de la voluntad forma uno de los lados del triángulo; la clara luz blanca de la Paz configura otro lado. En la Gnosis, el hombre simboliza el fuego y la mujer la luz. La base del triángulo, el eslabón que une el todo es, pues, el Segundo Rayo, el del Amor universal. ¿No es lógico que ese Triángulo resplandezca con una poderosa fuerza?

¡Así es el Trigonum Igneum!

 

Comprenderá ahora las palabras del Apocalipsis 11: «Daré a mis dos testigos el poder de profetizar durante 1260 días (símbolo del número 9, el número de la humanidad) vestidos de saco (el ropaje del arrepentimiento, el del sacrificio por el mundo y la humanidad). Son los dos olivos y los dos candeleros que están ante el dios de la tierra. Y nadie podrá dañarlos.»

¿Comprende usted esta grandiosa magia? ¿La magia que se manifiesta en la Joven Gnosis, como se manifestó en todas las Fraternidades precedentes? La característica de todas las Fraternidades gnósticas es ésta: la dirección interior emana de un hombre y de una mujer llamados directamente para ello. Forman los dos lados del Triángulo que se erige hacia lo alto, sosteni­dos por el Segundo Rayo del Espíritu Séptuple, testigos inataca­bles del Logos universal, del Triángulo resplandeciente situado en el centro de la Naturaleza de la muerte, ante el dios del mundo.

He ahí la fuerza de la Gnosis: los dos olivos erigidos nuevamente cada vez: el fuego (el Primer Rayo) y la Paz que sobrepasa toda comprensión (el Tercer Rayo), inmerso en la fuerza del Amor de dios (el Segundo Rayo). Por esto, la Joven Gnosis que posee esta característica sin habérsela atribuido ella misma, es una verdadera Escuela de los Misterios gnósticos. Por esto la palabra de la Epístola a los Romanos, 11,17 a 24, se dirige a los alumnos serios: «has sido desgajado del olivo silvestre e injertado, contrariamente a tu naturaleza, al olivo gnóstico.»

La paloma vuela con una rama de olivo y se acerca al león que, furioso, devora la rama con satisfacción. El unicornio regresa a su sitio, igualmente lleno de alegría.

¿Comprende usted este lenguaje, lenguaje extraño, lenguaje de los misterios?

En el verdadero Jardín de la Fraternidad, en la Escuela de los Misterios, el representante del Tercer Rayo confía al Amor universal y a su Fuerza, a todos quienes son dignos de entrar, después de que el representante del Primer Rayo ha creado la posibilidad. Así las ramas del olivo silvestre son desgajadas y substraídas al dios de este mundo e injertadas en el Tronco único.

 

No debe sorprendernos la presencia de una fuente en el jardín de la Fraternidad, ya que la fuente es siempre la imagen de las continuas radiaciones de Sabiduría y de Fuerza del Espíritu universal. Por esta razón, en el Apocalipsis 21, se dice: «Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin, a quien tenga sed le daré del manantial del agua de la vida, gratuitamente.»

Por esta razón, una inagotable corriente de sabiduría, de amor y fuerza fluye a través de la Joven Gnosis, fuente viva de Agua divina, en la que todos los que son receptivos pueden lavarse la cara y las manos. Por esto se lee en el texto: «Tuvimos que lavarnos la cara y las manos en la fuente, y con el mismo orden, esperar un instante a que el Rey regresara a la sala por el pasadizo oculto. Después fuimos conducidos, también, fuera del jardín en donde estuvimos anteriormente.»

¿De qué Rey se trata? Hay que comprenderlo bien para descubrir cuán cercano nos es todo lo que se describe en las Bodas Alquímicas. El Templo de la Iniciación descrito en el libro es totalmente semejante al del Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis. Es un campo de desarrollo espiritual, estrechamente unido a la Cadena gnóstica universal ya que emana de Ella. Es el propio Espíritu quien opera en ese campo, a partir del Séptimo Aspecto, el Campo de la Resurrección, la Cabeza de Oro. En nombre del Espíritu, en nombre del Rey, están presentes aquí el Unicornio, la Paloma y el León, el Trigonum Igneum, personificado por los dos miembros que dirigen la Escuela Interior. A todos los alumnos ennoblecidos, les dan la bienvenida en el Jardín de la Fraterni­dad y juntos engrandecen el Cuerpo Vivo, como un sólo grupo, todos iguales en la Gnosis, uno para todos y todos para uno.

En cada acto necesario, el propio Espíritu interviene en el Cuerpo Vivo. Entonces todos los rayos que Le representan, así como los servidores y servidoras, hacen fluir una poderosa corriente de luz y de fuerza en todos los aspectos del Cuerpo Vivo, y el Espíritu se retira nuevamente a os dominios de la Cabeza de Oro, el campo de Resurrección.

Bañados con el Espíritu, los candidatos son entregados a su estado de ser, con el fin de que cada cual realice el proceso de transformación alquímica que le es propio.

Aunque entregados a su estado de ser, todos trabajan no obstante en condiciones excepcionales, ya que lo pueden hacer en el Cuerpo Vivo gnóstico, en la Morada de la Fraternidad. Tal vez están aislados, pero jamás desamparados. Y en este estado de gracia tan particular, tienen el deber y el poder de realizar la gran obra. Es un estado de gracia particular porque todo candidato admitido a morar en el Cuerpo Vivo, se beneficia constantemente, cuando es conveniente y necesario, de la ayuda del propio Espíritu Santo.

Por ello se dice en el texto: «Mientras tanto, la Virgen se despidió de nosotros, ya que al día siguiente, debíamos ser presentados al Rey.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

24

 

EL FENIX

 

Todos los candidatos que han sido pesados y no han sido encontra­dos demasiado ligeros, asisten a la escena maravillosa de la fuente, de donde mana el Agua de Vida, y se encuentran entonces de forma completamente nueva en el santuario de la Iniciación. Terminada su preparación, se colocan ahora fuente al gran proceso del auto‑desarrollo gnóstico.

Comprenda bien, ahora, que es preciso asociar el castillo, en el que se encuentran los candidatos y en donde se va a desarrollar la auto‑iniciación, a lo que llamamos el Cuerpo Vivo de la Escuela de los Misterios. Se lo hemos mostrado claramente, no busque el Templo de la Iniciación de nuestro Padre‑Hermano Cristian Rosacruz en el exterior de la Escuela, sino en el interior. Algunos de los alumnos han considerado hasta ahora, sin duda, la palabra Cuerpo Vivo como una denominación simbólica de nuestro trabajo y de nuestra esfera de grupo. Pero cuidado, !el Cuerpo Vivo es mucho más que eso!

Todos los que se han elevado al Trigonum Igneum, el Triángulo resplandeciente, saben esto.  Cuando su ojo interior se abre, saborean el privilegio de conocer y examinar, como C.R.C., las posibilidades, maravillas y tesoros del Cuerpo Vivo.

¿Tal vez se pregunte cómo se formó ese Cuerpo Vivo? ¿Fuimos nosotros quienes lo establecimos, asistidos de un grupo pequeño de compañeros, aunque la cosa parezca imposible? Profundizando en el texto de las Bodas Alquímicas, se comprueba que el castillo en cuestión es ya muy antiguo y esconde tesoros seculares. Se puede, pues, responder a esta lógica pregunta que el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis es muy reciente, muy joven, exageradamente joven, pero al mismo tiempo extremadamente viejo.

Hasta hoy, en la Escuela, hemos presentado constantemente este Cuerpo Vivo como un campo de trabajo, edificado de abajo hacia arriba desde 1924.

Empezado por algunos, continuado por un grupo cada vez más numeroso, ese campo de trabajo se concentró, multiplicó sus líneas de fuerza, atrajo cada vez más fuerza, desplegó posibili­dades cada vez mayores y, finalmente, participó en el Espíritu, el cual se manifiesta en la Cabeza de Oro, el Campo de Resurrec­ción.

Esto es exacto. Pero lo que habíamos callado hasta el presente, es que a partir del momento en que la Joven Gnosis se colocó totalmente en la Cadena universal, recogió la herencia de la Fraternidad precedente y fue otorgado a los dos dirigentes espirituales el estado de Gran Maestro, recibió aún algo más, el clásico Templo de la Iniciación, guardado en la Cadena universal según el modelo original. Lo que significa que todo, realmente todo lo que puede servir a la paz y a la libertad, a la manifes­tación y al verdadero desarrollo del hombre; todo lo que se ha probado que es justo y bueno desde hace siglos, permanece como Idea, Idea del Espíritu, y como Fuerza, Fuerza de expresión astral, en el poderoso campo de vida de toda la Cadena universal. Nada de todo esto podrá perderse jamás. En el transcurso de los siglos, cada Fraternidad sucesiva, por su experiencia y sufrimiento, añade objetos valiosos a ese inmenso tesoro.

En el momento en que una Joven Gnosis surge del campo de batalla de los siglos, como de la noche, cuando llega a desarro­llar un cuerpo Vivo y aparece en la Luz de la nueva mañana, se intensifica un contacto magnético entre Ella, por una parte, y la Cadena universal por otra. El Tesoro de los Ancianos es transmitido entonces, poco a poco, al Cuerpo Vivo del nuevo eslabón de la Cadena, conforme al desarrollo de la Fuerza de Luz de la Joven Gnosis, hasta el momento en que se vuelven los dos concéntricos y formen una unidad. A partir de ese instante toda la Fraternidad universal incluyendo el nuevo eslabón, está en el mundo pero ya no es del mundo. Y todo lo que la Cadena universal es, fue y será, puede entonces ser conocido por cada uno de los que se han vuelto dignos.

Quien se entrega a los grandes preparativos que acabamos de esbozar, entra en el Cuerpo Vivo y al mismo tiempo en todas las cámaras del tesoro de toda la Cadena universal. Por esto se dice:

«A continuación también fuimos conducidos, fuera del jardín, al lugar donde morábamos anteriormente, al son de una música maravillosa, con pompa y magnificencia, mientras charlábamos amigablemente. Esto ocurría hacia las cuatro de la tarde. Se nos asignó un paje a cada uno, para visitar el Castillo, pero sólo ciertos lugares determinados.»

Quien penetra así en el Cuerpo Vivo, el cual es también el Cuerpo Vivo de toda la Cadena universal, comprenderá que esta entrada sólo puede acontecer en un momento único: a «las cuatro de la tarde.»

¿A qué hora tendrá lugar el encuentro?

La respuesta resuena de inmediato: «¡A las cuatro de la tarde!»

¿Comprende el lenguaje de los Constructores? Cuando el sol de su desarrollo preparatorio alcanza su cenit y acto seguido suena la cuarta hora, el Cuerpo Vivo universal se abre para usted. El número cuatro es el número de la realización y al mismo tiempo el del Cuadrado de la construcción. Este número indica que ha sido colocada una nueva base, a saber, la única base posible: el propio Espíritu. Tan sólo en esta única base puede ser erigida la Construcción eterna, la Construcción que se eleva hasta los cielos, la torre de la salvación verdadera y fundamental. Esta torre ha sido y es imitada de innumerables formas. Piense, por ejemplo, en la historia de la Torre de Babel. Desde los tiempos más remotos, el nombre de Dios, el nombre del Espíritu, la única base de toda verdadera construcción, fue escrito a menudo con cuatro letras, forma mágica de dar la llave que conduce al Espíritu.

En el antiguo Egipto, Hermes Trismegisto es llamado Thot. en inglés se designa al Espíritu con la palabra «Lord», en francés «Dios», en alemán «Gott», en holandés «Heer». Si usted también se pregunta: «¿Cuándo entraré en el Cuerpo Vivo, con ojos para ver y oídos para oír?» La única respuesta posible es: «¡A las cuatro de la tarde!»

Para Cristian Rosacruz la hora ha sonado. En el relato de su entrada, la atención se centra en la cámara funeraria del Rey en donde dice, «aprendí más que en todos los libros del mundo» esta cámara funeraria representa, como puede comprender, la totalidad de la herencia espiritual y astral de la Cadena universal.

Citemos el Fénix, el Águila, el Grifo y el Halcón, cuatro animales de los Misterios, lo mismo que el Unicornio, la Paloma y el León.

La alusión hecha de esos cuatro animales, en las Bodas Alquímicas, da la impresión de que se trata de un incidente, pero el iniciado comprende de inmediato su significado.

Empecemos por el Fénix, el pájaro de fuego. Cristian Rosacruz cita el Fénix en primer lugar, después de su entrada en la cámara funeraria real, y lo califica de «Fénix espléndido». En efecto, este pájaro es el símbolo vivo de la resurrección de los muertos. Este símbolo ha sido utilizado de innumerables formas en todos los tiempos. Los gnósticos de todos los tiempos lo han utilizado mucho. Este pájaro de fuego está grabado en innumerables piedras gnósticas, para significar que la eternidad resucita siempre de la tumba del tiempo. Comprenda el sentido profundo de esta palabra: usted es llamado a la libertad, a resucitar de la muerte de la naturaleza. Entrando en la cámara funeraria real descubrirá, en primer lugar, el fénix, ¡la victoria sobre la muerte! La Fuerza de la eternidad, el Pájaro de Fuego, hecho uno con todo el Cuerpo Vivo universal.

El símbolo del Fénix ha llamado siempre la atención, en particular de los románticos. Por ello, existen cantidad de leyendas que, de una forma u otra, se refieren a esta única verdad.

 

Una antigua leyenda judía habla de un pájaro inmenso que a veces aparece en la Tierra; anda sobre el Océano en tanto que su cabeza sustenta el cielo. Ahora comprendemos esta leyenda. Ya que el Fénix, la gran fuerza de resurrección de la eternidad, es la característica del antiguo Cuerpo Vivo de la Cadena universal, formado desde los tiempos más remotos, desde la manifestación de la primera Fraternidad hasta la Joven Gnosis de nuestros días: Luz poderosa, Fuerza poderosa, majestuoso Fénix, que da la vuelta al mundo, se mantiene sobre los océanos y tiene la cabeza en las alturas del cielo.

Ese cuerpo y esa Fuerza descienden sin cesar sobre la Tierra, uniendo así la tierra al cielo, inmensa escalera que todos pueden subir, hasta la victoria final y el descubrimiento de la Luz por el último buscador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

25

 

EL ÁGUILA, EL GRIFO Y EL HALCÓN

 

Siguiendo nuestra descripción de los cuatro animales de los Misterios, de los que habla el Tercer Día de las Bodas Alquími­cas, llegamos al Águila.

Los significados del símbolo del águila son múltiples. En las Sagradas Escrituras, en la Enseñanza Universal, se hace constante alusión a esta ave real. Y es real, pues ella vuela preferentemente muy alto en el cielo, y simboliza a veces el elemento aire. También es designada como el símbolo del Alma‑Es­píritu y de la Vida. Representa asimismo la fuerza vital y la fuerza de voluntad; su signo es la estrella de cinco puntas. El azufre se asocia al Águila: el Cuarto Evangelio, el de Juan, también.

Intentemos penetrar en su verdadero significado, basándonos en estos datos.

 

Todo cuerpo respira, toda criatura, desde la inferior a la superior, necesita una sustancia atmosférica para mantenerse. Esto es verdad en cada manifestación de la naturaleza fundamen­tal, es verdad en todo el universo. El Águila, la reina de los aires, considerándola como símbolo, es como la dominadora del elemento aire, elemento vital sin el que ninguna criatura puede pasarse.

El Águila, según las Bodas Alquímicas, está presente en el Cuerpo Vivo universal, en las cámaras del tesoro de salvación; simboliza la sustancia vital, de la que todo aspirante a los Misterios gnósticos precisa para poder vivir en el Cuerpo Vivo universal. A esta sustancia vital indispensable, en la Escuela, la llamamos normalmente Gnosis; la Gnosis necesaria para nuestra alma, el estado de nuestra alma, el renacimiento de la misma. Es la atmósfera del Cuerpo Vivo universal, atmósfera en la que todos debemos aprender a respirar, en la que todos debemos vivir.

Si sigue el Camino, si llega allí, por la rendición de sí mismo, su alma está entonces preparada para entrar en el Cuerpo Vivo universal y para vivir la vida de un microcosmos perfecto. Usted se eleva entonces hasta el interior del Cuerpo Vivo y, al igual que el águila, domina perfectamente ese nuevo elemento, en el que debe vivir.

El Águila aparece como el símbolo del alma nueva y de la vida nueva.

Le hemos hablado anteriormente de la Joven Gnosis, edificada y realizada a partir de la base. Pero antes de erigir tal construc­ción, se necesitan constructores. Ahora bien, los constructores no caen del cielo. Son llamados sin cesar por la Gnosis, de forma positiva y dinámica.

Antes de iniciarse el trabajo de la nueva construcción, tan sólo existe la Cadena universal, el Cuerpo Vivo sublime, alejado en los dominios de la pura sustancia astral. Cuando una Joven Gnosis se edifica, debe empezar a construirse y, cuando cierto estado de vibración, de fuerza vital y de fuerza de voluntad se forma, el águila desciende súbitamente de las alturas y, al igual que el rayo hendiendo el aire, golpea al trabajador en el corazón con un golpe terrible.

Podemos, tal vez, comprender qué sucede. Todo el potencial atmosférico del Cuerpo universal es puesto al instante, física­mente, a disposición del trabajador. Se establece una unión entre el trabajador desde abajo, y la Fraternidad desde arriba. Al mismo tiempo hay una unión entre la Cadena universal y la Joven Gnosis en formación; una unión que busca expresarse en la persona del trabajador llamado a ello. El trabajador golpeado así por el Águila, la fuerza del Primer Rayo, no cometerá entonces más errores, gracias a esta fuerza de la que ahora es depositario,  conducirá a buen fin el trabajo empezado, a condición de que lo fundamente en el Amor universal, o sea, se confíe al Segundo Rayo del Espíritu Séptuple y permanezca fiel a su vocación; en consecuencia, la Joven Gnosis se une a la Cadena universal como digno eslabón, de suerte que el joven cuerpo vivo se eleva completamente en el Cuerpo Vivo universal.

Además, está claro que el Espíritu Séptuple, el conjunto de los siete rayos del Espíritu está presente en la Cadena univer­sal, y también en el Cuerpo Vivo universal en el que la Joven Gnosis es admitida. Ese Espíritu Séptuple resplandeciente forma parte irrevocablemente de la nueva atmósfera, de la atmósfera astral pura. Y como cada Rayo del Espíritu Séptuple puede ser simbolizado por una estrella de cinco puntas, estrella que es símbolo del águila, podemos comprender por qué en la Gnosis Universal, las siete estrellas, los siete pentáculos son el signo del Gran Maestro de la Orden. Es también el símbolo del Alma‑Es­píritu, que sostiene las siete estrellas en su mano derecha. Así comprendemos por qué se asocia el Águila al pentáculo.

Los cuatro evangelios, como usted sabe, tienen cada uno un carácter propio. El evangelio de Juan se distingue claramente de los otros tres, es particularmente gnóstico. Respira completa­mente en a atmósfera de la Gnosis, se baña en la atmósfera de la Gnosis. Emana totalmente del Cuerpo Vivo universal. Por esto este evangelio está unido al campo de radiación de la Gnosis y, así pues, al Águila.

 

El Grifo, el animal de los Misterios que descubre acto seguido Cristian Rosacruz en la bóveda real, es también fácilmente explicable. Sin duda, habrá visto una representación del Grifo. A veces se utiliza como figura heráldica en los blasones. La parte superior de este animal es un águila, la inferior un león. Tiene orejas puntiagudas y una larga cola sinuosa. Algunas fábulas señalan que el animal tiene garras y dos alas poderosas. La mayoría de dichas fábulas son originarias de oriente.

 

En ellas el Grifo se representa a menudo como guardián del oro, guardián del tesoro. Por ello está consagrado al sol. Oriente es el lugar por donde sale el Sol.

 

Todos los que penetran en el Camino se vuelven simbólicamente hacia oriente, la región del Sol naciente. Es el lugar, por excelencia, en donde encontrar la luz, pero es preciso empezar esta búsqueda ante el guardián, ¡el Grifo! Se le llama también el «guardián de la luz que aún no ha iluminado jamás ni la tierra ni el mar». Es el símbolo de la fuerza protectora del Cuerpo Vivo universal, el guardián de las cámaras del tesoro de Salvación, en donde ningún hombre impío puede entrar. La fuerza protectora es pues águila con el águila, león con el león y fuego como el sol.

 

Después se trata del halcón. Símbolo del mortal unido a lo inmortal; y también de la cruz egipcia, de lo vertical unido a lo horizontal.

Comprendemos por qué Cristian Rosacruz cita el último a este animal de los Misterios, ya que el halcón explica el objetivo del Cuerpo Vivo universal. ¿Por qué la Gnosis le invita a elevarse en el Cuerpo Vivo? Porque, tal como sabemos, es el gran Templo de la Iniciación, en el que se manifiesta el Espíritu a fin de transformar lo inferior en superior y donde lo mortal es absorbido por lo inmortal.

Se dice que, en los antiguos templos de los Misterios egipcios había dos pilas bautismales. Una adornada con cabeza de halcón y la otra, con cabeza de otro animal de los Misterios. Esas dos fuentes vertían simultáneamente su corriente de agua sobre el alumno. Una simbolizaba la muerte que tenía que soportar voluntariamente, en rendición de sí mismo, y la otra consagraba al candidato al nuevo estado de vida. Este doble bautismo significaba «morir para vivir» o, según las palabras de Jesús el Señor, «perder su vida para ganarla».

Todo hermano o hermana que vivía ese profundo y mágico cambio, exclamaba, al Final, en un canto de alegría: «¡Mi Dios, mi Sol, Tú has derramado sobre mí tu esplendor!».

 

Según el evangelio, una de las frases que pronunció Jesús el Señor sobre la cruz fue: «Eli, Eli, Lama sabathani», lo que significaría: «¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandona­do!»

Ahora bien, esta frase es una alteración voluntaria de los «Padres de la Iglesia». Originariamente era: «Eloi, Eloi, Lamah azabvtha‑ni», lo que significa: «¡Elohim, Elohim, Tú has derramado sobre mí tu esplendor» o «¡Cómo me has exaltado!». Si en su adaptación, los redactores de la Biblia, que transcribían los antiguos escritos herméticos, hubiesen dejado expresar a Jesús el Señor las palabras clásicas, se habría sabido que todo el Evangelio estaba sacado de la filosofía hermética clásica. Lo que los fundadores de la nueva religión de la iglesia querían impedir. Tanto más, en cuanto que la ceremonia de las dos pilas es objeto de muchas representaciones del antiguo Egipto. De ahí que Valentín Andreae haya hablado de forma velada en las Bodas Alquímicas. La única posibilidad que tenía de derramar su fuerza de amor sobre la humanidad, en el sentido más amplio, y de realizar un trabajo válido, era la de ejercer la profesión de teólogo. En esa época un trabajo gnóstico era imposible, y tan sólo podía ser proseguido, manteniéndolo en el más grande de los secretos y en grupos muy reducidos. Debido a su función de teólogo y de servidor de la Iglesia del Estado, no podía desenmascarar abiertamente esta gran traición. No obstante, lo hizo en las Bodas Alquímicas con su alusión al halcón.

Que nos sea concedido el poder decir con todos los iniciados de todos los tiempos: «Mi Dios, mi Sol, Tú has derramado sobre mí tu esplendor.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            De hecho, gracias a mi paje, había tenido mi mayor alegría; ya que en efecto, cada uno, siguiendo sus disposiciones, había sido conducido por su paje a los lugares que le gustaban. Ocurrió que fue el mío al que confiaron las llaves que me hicieron beneficia­rio, antes que a todos los demás, de esas felices circunstancias. Pues, aunque mi paje invitó a otros a visitas las tumbas, creyeron que éstas estaban en un cementerio y que, si había algo que valiera la pena, siempre podrían ir en otro momento. No privaré a mis alumnos agradecidos el que puedan contemplar los monumentos que ambos hemos reproducido, de los que hemos copiado las inscripciones.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

26

 

EL CRITERIO ASTRAL

 

Hemos hablado ampliamente de los llamados animales de los Misterios, que Cristian Rosacruz descubre en el Templo funerario: el Fénix, el Águila, el Grifo y el Halcón. Ellos ilustran eficazmente un estado de vida absolutamente nuevo, revelado a Cristian Rosacruz durante el Tercer Día de las Bodas Alquímicas.

Son los símbolos de la sepultura real, que no debemos imaginar como una tumba en un cementerio, tal como lo subrayan nuestros comentarios. Pasamos a explicar ahora de qué se trata.

 

Leemos que en realidad, está prohibido entrar en el Templo funerario y contemplar lo que hay en él. Esto significa que todo lo que Cristian Rosacruz ha visto, pertenece al conocimien­to secreto y velado de la Fraternidad universal. Este conocimiento sólo es dado a quienes son dignos; aquellos a los que, en razón de su estado de ser, pueden verdaderamente entrar en la sepultura funeraria, para orientarse de forma filosófica sobre los acontecimientos futuros. Por ello el autor de las Bodas Alquími­cas, aunque está prohibido, da indicaciones muy veladas sobre el contenido de la cámara funeraria.

Lo hace, en primer lugar, para servir a quienes han franqueado ya el límite; en segundo lugar, porque el autor sabe que, en breve plazo, será publicado el catálogo de la biblioteca que se encuentra en la sepultura. Lo que significa que sabe que llegará el tiempo en que se hará público algún conocimiento del tema, a fin de ayudar a los buscadores que, apoyándose en una realidad fatal e inaceptable, quieren saltar por encima del abismo hacia la vida liberadora. Creemos, pues, tener el derecho de levantar un poco el espeso velo que encubre todos estos datos. Asistimos, en la hora actual, a la caída general de la humanidad. Ahora bien, en períodos de esta índole, la Fraternidad emprende un gran trabajo para intentar salvar, en un supremo esfuerzo, el máximo posible de entidades. Tan sólo es posible salvar un alma humana de una caída cierta, si el Espíritu puede darle nuevamente la vida, y si está capacitada para recorrer el Camino en tanto que trinidad, trinidad del Espíritu, del Alma y del cuerpo, en donde el cuerpo se vuelve un flexible y digno instrumento al servicio del Alma‑Espíritu.

 

Se trata pues de seis animales de los Misterios, de una bibliote­ca real, tal como existía antes de la Reforma y de un grueso libro como Cristian Rosacruz no había visto jamás, que contenía un resumen de todas las figuras, salas y puertas del Gran Templo, así como todas las inscripciones, enigmas etc. En suma, un resumen de todo lo que se podía ver en la ciudadela del Templo y que siempre podemos ver. Ciertas cosas no han sido detalladas en nuestro texto. Se indica solamente que todos los libros de esa biblioteca llevaban el retrato de su autor, y que muchos de dichos libros debían ser quemados.

 

Hemos hablado ya de los dos campos de la esfera reflectora, entre lo que se extiende un dominio intermedio, el Templo del Juicio, el Templo de la Iniciación.

El primer campo astral es el de la naturaleza de la muerte, es decir, de toda la Tierra y de todo lo que se relaciona con el ser nacido de la naturaleza, de la humanidad dialéctica ordina­ria. Es el campo de la esfera reflectora *, del que cada uno sabe cuán impío y contra natura es.

El segundo campo astral es el de la Tierra Santa, u campo de una serenidad y pureza muy elevadas, que se distingue sobre todo del primero por una elevada vibración. Existen aún otros muchos campos de este género alrededor de nuestro planeta. La característica de esos campos, es que difieren unos de otros por el número de sus vibraciones.

¿Qué es un campo astral? ¿Qué es, en general, la sustancia astral?

La sustancia astral se compone de átomos especiales. Es la sustancia original, el substrato cósmico que se encuentra en todo el universo, hecho que los Rosacruces clásicos expresaban con el axioma: «No hay espacio vacío.»

Un campo astral es una concentración de tales átomos. Encontramos en todo el espacio, concentraciones de sustancia original que tienen, en general, tal o cual forma, siendo esférica al inicio. Un campo de ese género se constituye por medio de una fuerza. Una idea, por ejemplo, es una fuerza de ese tipo. Basta una sola chispa de pensamiento para provocar una concentración, una concentración de átomos de sustancia astral. Una sucesión de pensamientos ejerce pues una enorme fuerza. Los átomos de la sustancia original son extremadamente sensibles; reaccionan inmediatamente, ya que pertenecen a la Naturaleza fundamental, la materia base de todo el universo.

El hombre atrae hacia sí el campo astral que corresponde con su estado mental; y todos estamos en cierto estado mental, todos tenemos una vida mental y nuestro campo astral particular, nuestro cuerpo astral, está en el estado correspondiente. Es de naturaleza y de valor parecidos e incluso, en cierto momento, de aspecto parecido a las ideas emitidas y siempre de aspecto semejante al que las emite. Los átomos de la sustancia original son extremadamente fluidos, y toman inmediatamente el aspecto correspondiente a las fuerzas que los mueven.

De vez en cuando, por ejemplo durante la noche, durante el sueño del cuerpo, el campo astral personal toma el aspecto de nuestro ser. Razón por la cual se habla de cuerpo astral. En horas de vigilia, ese cuerpo astral es tan sólo una concentración de sustancia original que envuelve el cuerpo.

Comprende usted ahora, que la naturaleza vibratoria de nuestro cuerpo astral determina el tipo de fuerzas atraídas o rechazadas. El tipo vibratorio determina siempre el elemento de protección y defensa de nuestro campo astral.

Así pues, cuando su mental, la vida de sus pensamientos, es de una calidad superior, de un valor elevado y sus pensamientos son verdaderamente puros, su cuerpo astral, su campo astral individual, alcanza una vibración superior. Cuanto más sutil sea su vida mental, más puros y elevados serán sus pensamientos, más altas serán las vibraciones de su campo astral. Si en este momento, por ejemplo, sus pensamientos vuelan muy alto y se unen con los nuestros en las corrientes espirituales de las Bodas Alquímicas, y si se siente unido a ellos, su cuerpo astral alcanza inmediatamente una vibración superior, cuya serenidad sentirán directamente.  En el mismo instante se vuelve insensible, inaccesible a todas las vibraciones opuestas e influencias inferiores, recibiendo tan sólo lo que corresponde a su tipo vibratorio del momento. Así pues, si nos elevamos en una vibración astral superior, y el hecho se verifica en particular para los alumnos en grupo, se produce como resultado una apertura a las radiaciones de la Fraternidad. Todos lo comprenderán. Tenemos en nuestras manos tanto nuestra libertad, como nuestro encarcelamiento. Siempre podemos elevar el tipo vibratorio de nuestro cuerpo astral, mediante un comportamiento nuevo y puro, basado sobre las verdaderas cualidades de alma. Es la única forma de dejar el campo inferior, penetrar en el campo superior de la serenidad astral y degustar los frutos. Recorrer el camino es realizar una marcha evolutiva, que tiene por resultado la elevación del tipo vibratorio astral de nuestro ser mediante un comportamiento nuevo, una orientación nueva y consecuente.

Los alumnos de una escuela espiritual gnóstica que no han comprendido aún esto, son víctimas a menudo de las variaciones de intensidad de su tipo vibratorio y de las consecuen­cias correspondientes, a causa del continuo cambio de comportamiento. Tan pronto estamos equilibrados interiormente, como con una gran tensión, nerviosidad o malignidad. Esta inestabilidad daña gravemente nuestro cuerpo astral. Lo alteramos y toda nuestra personalidad paga las consecuencias. Por esas continuas oscila­ciones, nuestro vehículo etérico, es decir nuestro organismo físico, se agota. Piense también en las consecuencias de la cólera, una de las más terribles enfermedades del hombre.

Fíjese bien que, cuando decimos que podemos la vibración de nuestro cuerpo astral por un nuevo comportamiento, más puro, tan sólo pronunciamos una fórmula de ciencia o culta, una fórmula conocida por todos los grupos ocultistas.

Por ello añadimos: ¡ese nuevo comportamiento debe emanar de las nuevas cualidades del alma! Esta es la condición. Ya que cada ser‑yo dotado de una fuerte personalidad, es decir, poseedor de una fuerte voluntad y mucha positividad, puede decidirse por un comportamiento determinado, de la naturaleza que sea. Innumera­bles son los ejemplos. Todo lo que realice, por un acto decidido de la voluntad, tendrá como consecuencia una elevación del tipo vibratorio astral y, acto seguido, le cerrará un campo vibratorio y le abrirá otro más elevado. Pero si desea participar en los fenómenos descritos en las Bodas Alquímicas, en nada le ayudará una decisión de su voluntad. Es cambiar un mal por otro. Ya que una apertura astral, en el sentido de la Gnosis, debe responder a las siete condiciones, a las Siete Pesas, tal como ahora ya sabe. Por ello, cuando el hombre‑yo  se esfuerza, a la manera de la ciencia oculta, en adoptar cierto comportamiento y persevera en su tarea, el resultado será tan sólo una apertura a la esfera reflectora y a sus imitaciones. Sólo las nuevas cualidades del alma y el desarrollo resultante, permiten una verdadera rendición del yo, la endura total. Quien vive por el alma y del alma, abandona todo instinto de conservación del yo y se entrega totalmente al servicio de Dios y de la humanidad. Con ello aprende el camino del sufrimiento, y el don de la Cruz y de la Rosa. Quien abandona así su yo, entra en la tumba del Templo de la Iniciación, donde encuentra el camino que lleva a la cima de la torre, desde donde se elevará hasta el campo de vida astral nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Se nos mostró, a ambos, la admirable biblioteca, tal como era antes de la reforma. Aunque mi corazón se regocije cada vez que pienso en ella, no deseo hablar más que un poco de la misma, pues su catálogo aparecerá pronto. A la entrada de esta pieza, se encontraba un gran libro, como jamás había visto, conteniendo la reproducción de todas las figuras y salas, de todos los pórticos, de todas las inscripciones y enigmas, etc., existentes en todo el castillo.

            Aunque hubiésemos prometido hablar de ello también, quiero guardar todavía esto para mí, y aprender primero a conocer mejor el mundo. En cada libro estaba pintado el retrato de su autor. Creí comprender que muchos de estos libros debían ser quemados, a fin de que desaparezca el menor recuerdo de estos dignos personajes.

            Después de habernos esforzado por comprender todo, íbamos a salir cuando un paje se aproximó al nuestro, le cuchicheó algo al oído, se le dio inmediatamente las llaves, con las que subió las escaleras de caracol.

            Nuestro paje, muy demudado, nos contó, ante nuestra insistencia, que su Majestad no quería que nadie viese la biblioteca y las tumbas. Por consiguiente, nos pidió, si apreciábamos su vida, que no habláramos de ello con nadie, pues él ya había negado el que las hubiésemos visitado. Ambos oscilamos entre la angustia y la alegría, pero el hecho quedó oculto y ya nadie supo de ello.

            Habíamos pasado tres horas en los dos lugares, lo que jamás he lamentado.

            Sin embargo, habiendo sonado las siete, no se nos llamó para comer. Pero nuestra hambre era soportable, gracias a las renovadas distracciones y, con semejante recibimiento, habría ayunado gustoso durante toda mi vida.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

27

 

LA BIBLIOTECA REAL DE LA CAMARA FUNERARIA

 

Después de lo que hemos dicho sobre los dos campos de la esfera astral, el de la naturaleza de la muerte y el de la Tierra Santa, le creemos capacitado para comprender lo que sigue.

Todo campo astral está lleno de vida y de movimiento.

¿Qué vida y qué movimiento?

El factor determinante es la vibración del campo astral en cuestión. En el campo puro y sereno aludido en las Bodas Alquímicas, el campo astral de la Fraternidad, además de la sustancia astral en su estado general, encontramos numerosos focos magnéticos, concentracio­nes muy positivas y muy poderosas de sustancia astral, que son otras tantas reacciones con respecto a las ideas, tendencias y actividades de los hombres que viven en un campo definido. Estas condiciones son provocadas y determinadas por el comportamiento de todos los que pueden vivir en dicho campo.

Le hemos mostrado hasta qué punto y con qué rapidez la sustancia astral reacciona a las fuerzas e influencias. Imagíne­se, pues, la gran belleza, la alta sabiduría y la verdad que manifiesta un campo astral tan sublime como el de la Fraternidad.

Toda la sabiduría que posee un hombre, sabiduría que es al mismo tiempo una fuerza, se proyecta en el campo astral en el que ese hombre vive. Si ese campo astral es de naturaleza universal y sublime, si esa fuerza tiene un valor eterno, se perpetúan y se vuelven activas.

Debemos atraer su atención hacia la naturaleza y la calidad de las proyecciones astrales del campo de la naturaleza de la muerte, en la que todo es engendrado por el ego nacido de la naturaleza. Según la calidad del ego, las proyecciones astrales responden a especulaciones, a quimeras, a tendencias egocéntri­cas, a instintos de dominación o a religiosidad natural.

Por ello es evidente que mucha actividad de vida astral como se produzca en la esfera reflectora, ¡esta vida está basada en la ilusión, la mentira, la impostura y la muerte, así como en un estado cada vez más sombrío de la conciencia! Así pues las proyecciones astrales, en el campo de la naturaleza de la muerte, no son duraderas ni eternas; son, salvo excepciones, débiles, fantasmagóricas, desprovistas de poder y, en razón de su discordancia, se destruyen unas a otras, disolviéndose. ¡Afortu­nadamente!

Es fácil imaginar cuán real, concreta y total es la vida que emana del campo astral de la Fraternidad, ya que está engendrada y mantenida por la sabiduría, la verdad y la eternidad; por la bondad, la verdad y la justicia; por la unidad, la libertad y el amor, y está totalmente sostenida por el Espíritu. ¡Una vida astral de este género engendra una actividad totalmente distinta a la que conocemos en la naturaleza de la muerte!

Debemos comprender que las proyecciones astrales, una vez en funcionamiento, liberan éteres que dan nacimiento a manifesta­ciones materiales, en la vida material.

Para conocer el estado de la esfera reflectora, no es necesario realizar encuestas, dado que el campo astral de la naturaleza de la muerte se proyecta en nuestra vida material, bajo la acción de los éteres. Tal como es el campo de vida materia, que tan bien conocemos, tal es la esfera reflectora, su campo astral correspondiente.

Por analogía, podemos imaginar tranquilamente la naturaleza del campo astral de la Tierra Santa. Ya que del campo astral, despertado a la vida por ella, se liberan igualmente éteres, los cuatro alimentos santos, que a su vez dan nacimiento a manifesta­ciones materiales, muy concretas, de naturaleza eterna. Resulta evidente que tal vida no puede expresarse en la naturaleza de la muerte.

Estas cuestiones han sido, sin duda, suficientemente clarificadas como para proseguir con nuestras explicaciones el Tercer Día de las Bodas Alquímicas.

¿Qué sentido tienen las informaciones dadas sobre el Gran Templo de la Iniciación de la Fraternidad? Ese Templo no está en la esfera reflectora, aunque ésta posee una imitación. Si bien, tan sólo se trata de un decorado; si uno se acercara a este edificio fantasmagórico, se comprobaría que sólo es viento. Por el contrario, en el campo astral de la Fraternidad, el Templo es un poderoso hogar de combustión, al servicio de designios sublimes, de los que vamos a hablar para empezar.

Del Templo de la Fraternidad universal emana una séptuple radiación, en siete direcciones distintas. Esta radiación no es dirigida deliberadamente con cierta intención o en determinada dirección, sino que corresponde totalmente a la acción de un Ley de la naturaleza, que la es fundamental.

En primer lugar, de ese Templo irradia una séptuple influen­cia sobre la naturaleza de la muerte. Y también sobre la conciencia de los individuos sensibles ella, así pues, de forma puramente mental.

Después esa corriente se dirige al cuerpo astral de los hombres que pueden admitir esa radiación.

A continuación sobre el cuádruple cuerpo etérico.

Y por último, se manifiesta e el cuerpo físico.

La luz de la radiación séptuple difundida por el Espíritu Séptuple, tiene por naturaleza una vibración muy elevada y será recibida, total o parcialmente, por los verdaderos buscadores; por los que están, según las Bienaventuranzas, «hambrientos de Espíritu». Cuando, gracias a un aprendizaje serio, a su entrega total al camino de liberación, esa séptuple corriente le toca y puede establecer una unión con usted, se establece un puente entre usted y el sublime estado de Alma viviente. A partir de entonces, le es abierto el camino de forma esencial y fundamen­tal., A partir de entonces, puede escalar el camino y franquear el puente.

Deseamos que pueda ver claramente que esa radiación séptuple se manifiesta de manera séptuple en los siete  dominios cósmicos, como una poderos Luz del Sol vivo, del Santo Grial universal siete veces séptuple.

Respecto al texto de las Bodas Alquímicas debemos decir que la preciosa biblioteca, descubierta por Cristian Rosacruz en la cripta del castillo, no suscita más interrogantes. Ya que en el foco de un campo astral, se conservan siempre las ideas, fuerzas, desarrollos y poderosos impulsos que provienen de la sabiduría de las entidades sublimes, que han formado ese campo y ese foco. Estos valores están presentes en el Templo de la renovación y permanecerán allí como fuente de ideas, teniendo su fundamento en el propio Espíritu de Vida. Por ello, no puede perderse ni el menor fragmento de esta sabiduría.

Cuán deplorable aparece, a su lado, la acción de ciertos grupos que, desde hace siglos, se esfuerzan por encontrar vestigios de enseñanzas sapienciales en los escritos, para esconderlos o hacerlos desaparecer, con el fin de que la mayoría de los hombres no pueda encontrar el espíritu que les anima.

El verdadero buscador encontrará siempre la Sabiduría que precisa. Ya que la verdadera Sabiduría es imperecedera, intangi­ble, infalible, y está guardada en la biblioteca del campo astral. Todos los pensamientos de sabiduría son conservados. En el dominio astral toman forma de acuerdo con la naturaleza, orientación, objetivo de los pensamientos en acción; y también a menudo, la forma de quienes los han emitido. Por esto se dice que el retrato de los autores estaba en la cripta funeraria. Pero muchos de los libros debían ser quemados, con el fin de borrar su recuerdo.

Cada vez que la imperecedera sabiduría, fundada sobre el Espíritu, es proyectada en la esfera astral, la proyección permanece. Y si el autor de la proyección está aún activo, si la sabiduría proyectada tiene relación directa, por ejemplo, con una tarea que los trabajadores están realizando, entonces en esa proyección se verá siempre la imagen, del hermano o la hermana  a quien debe su origen, de quien es su creador.

Cuando este último ha realizado su trabajo, terminado su tarea, el retrato se borra. Desaparecer. ¿Por qué? Porque no se trata de mostrar, en el foco astral, la imagen de los hermanos y hermanas de la Fraternidad universal. Se trata exclusivamente de la Sabiduría. Se trata exclusivamente de la Fuerza. De lo que se puede hacer con esta Sabiduría y esta Fuerza. El creador de la proyección original, en tanto que alma viva, se retira deliberadamen­te. Para él esto es correcto: Absorberse completa­mente en la Comunidad de almas vivas. Ahí no se piensa ni en la consideración, ni en el agradecimiento. El alma viva no se proyectará jamás personalmente. La imagen que aparece cuando el trabajador realiza una tarea, aparece en virtud de una ley natural, ya que la proyección astral forma uno con su creador. En  la morada de las almas vivas, la proyección subsiste pero la imagen de su creador desaparece.

Debemos dirigir nuestra atención en particular sobre el gran libro de la cripta, que contiene todas las figuras, salas, puertas e inscripciones que se encuentran en el Gran Templo, dando una visión general de la ciudadela del Templo. Todo ello tiene relación con la gran maravilla que siempre debe realizar una verdadera comunidad de almas vivas, y más exactamente con la maravillosa construcción colectiva, perfectamente ajustada. Las almas vivas, allí donde moren, donde estén diseminadas en la tierra, cooperan conjuntamente en la construcción de la ciudadela del Templo, sin que una destruya lo que la otra construyó. La sabiduría y la fuerza que se desprenden de un alma viva se ajustan siempre, se adhieren siempre armoniosamente a la fuerza y a la sabiduría de otras almas vivas, aún cuando no se conozcan. En este mundo y en la esfera reflectora, lo que uno construye es destruido por otro. Y esto es así tanto para el individuo como para los pueblos. Cuando un pueblo adopta una ley, otro adopta la contraria. Un régimen sostenido por un partido llega hoy al poder, y establece cierta forma de estado. Pero antes o después, llegará otro que lo cambiará todo radicalmente. Cuando un filósofo desarrolla una idea concreta, surge otro con conceptos opuestos. Los dos sistemas, lejos de complementarse, tienden a eliminarse.

Así ocurre siempre en la naturaleza de la muerte.

En el dominio de las almas vivas corre de otra forma. Si somos almas vivas, trabajamos continuamente en armonía para la construcción de la poderosa Morada de las almas vivas: la ciudadela del Templo. Por ello, cada vez que se descubre un elemento de Sabiduría gnóstica, se ajusta con los demás elementos de esta Sabiduría. Y la única Verdad confirma siempre la verdad de estos elementos. Las ideas pueden mostrar variacio­nes y concernir a ciertos aspectos particulares, sin que por ello está en menor armonía las unas con las otras.

Las almas vivas hablan un solo lenguaje. Y cualquiera que sean los matices, siempre hay una unidad fundamental, pues a fin de cuentas tan sólo existe una Sabiduría, una única Verdad fundamental. Así, inevitablemente, todos los servidores del Espíritu construyen juntos el Gran Templo de la Eternidad. Desde el origen de los siglos hasta la hora presente, mantienen la ciudadela del Templo en toda su belleza. Todos los que verdadera­mente viven del Espíritu y Le pertenecen, aportan día a día, año en año, vida tras vida, su contribución al gran Libro de la Santa Realidad, en el que todo puede leerse y contemplarse, absoluta­mente todo.

Quien desee leer ese Libro, quien desee examinarlo, debe ennoblecerse y entrar en la Comunidad de las Almas vivas.

Entonces penetrará en la ciudadela del Templo y ¡se volverá, él mismo, una piedra viva de ese Templo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Entretanto, se nos mostró bellas fuentes, minas y diversos talleres llenos de obras de arte, cada una de las cuales sobrepasaba a todas las nuestras reunidas. Estas salas estaban dispuestas en semicírculo, a fin de que confluyesen sobre el preciosos reloj, que decoraba el centro de una torre magnífica, y poder orientarse sobre el curso de los planetas que se encontraban maravillosamente representados en él. Allí comprendí nuevamente sin dificultad, lo que falta a nuestros artistas, aunque no sea mi tarea informarles de ello.

            Al fin, llegué a una sala espaciosa que ya se había mostrado hacía bastante tiempo a los demás. En medio se encontraba un globo terrestre de un diámetro de 30 pies.  Casi la mitad de la esfera estaba bajo el suelo, a excepción de una pequeña parte recubierta de escalones. Dos hombres hacían pilotar el globo sobre sus goznes, de forma que siempre se veía la parte situada por encima del horizonte. Aunque comprendí inmediatamente que este globo tenía una utilidad determinada, n llegaba a descubrir para qué servían los anillos de oro fijados en diversos lugares.

            Mi paje se puso a reír y me aconsejó que los examinara atentamente. acabé por descubrir que el oro marcaba igualmente mi patria. Mi compañero buscó entonces la suya e hizo el mismo descubrimiento. Ocurría lo mismo para la patria de todos los que habían permanecido allí. Entonces el paje nos informó, la víspera, que el viejo Atlas (así se llamaba el astrónomo) había mostrado a su Majestad Real que todos los puntos de oro corres­pondían perfectamente a la patria de cada uno. Por ello, viendo que yo me subestimada, aunque mi patria estaba marcada con un punto, había persuadido a uno de los capitanes para que solicita­ra que fuésemos también colocados en la balanza, sin daño para nosotros cualquiera que fuese el resultado, puesto que la patria de uno de nosotros mostraba un signo particularmente favorable. Y no era sin alguna razón, que el paje que tenía más poderes me había sido atribuido. Yo mostré un gran agradecimiento y miré con mucha atención mi patria, descubriendo que junto a los anillos había algunos hermosos trazos, lo que sin embargo no lo digo para alabarme o vanagloriarme. En este globo, vi todavía muchas otras cosas que no quiero hacer públicas. Cada uno debe comprender por sí mismo porqué cada ciudad no tiene un filósofo.

            A continuación el paje nos hizo entrar en el globo. Estaba hecho de tal forma que en el espacio que representaba el mar se encontraba una placa que ocupaba el menor espacio posible, sobe la que estaban indicadas tres misiones y el nombre del construc­tor. Se le podía levantar con precaución y acceder, por una pasarela, al centro donde había sitio para cuatro personas. No había apenas más que una plancha redonda donde sentarse y desde la que observar las estrellas, incluso en pleno día (oscurecía ya en estos momentos). Me parecieron puros carbunclos que irradiaban con tal esplendor, con un orden y una trayectoria tan perfectas, que no hubiera querido irme de allí.

 

                                               Las Bodas Alquímicas de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

28

 

EL RELOJ Y EL GLOBO

 

A lo largo de este capítulo vemos como es preparado y organizado el campo astral de la Fraternidad, en sus mínimos detalles. Cristian Rosacruz relata como en el transcurso de su visita, se le muestra las bellas fuentes del Castillo, las minas  y los talleres llenos de obras de arte.

Para comprender lo que esas fuentes representan, se debe saber que, para que un foco astral se inflame en un campo astral, se precisan ciertas sustancias astrales como combustible. Por tanto, de la naturaleza fundamental deben afluir sin cesar nuevas sustancias para mantener ese fuego, para conservar ese foco. Tales fuentes, tales manantiales, deben manar permanentemente para mantener la actividad. Si no sucediese así, si no estuviesen horadadas, el foco astral se apagaría pronto.

Sabemos que de las minas son extraídos materiales útiles y preciosos.

 

En los talleres consagrados al Arte, al Arte Real, se elaboran ciertos preparados.

 

Tal vez comprenda ahora la intención de este texto. En el campo astral, en el campo astral de la Fraternidad, hay un manantial de fuerza perpetua y un vertido continuo de diferentes materiales particulares. Por este medio, las radiaciones y fuerzas que emanan de ese foco son difundidas sin interrupción, y la obra que debe realizar la Fraternidad es edificada y realizada.

Con el fin de asegurar ese movimiento eterno, todo el espacio, todos los lugares de trabajo son orientados hacia un punto central, definido en las Bodas Alquímicas como un precioso reloj situado en el centro de la torre. Este reloj está unido al foco central del Espíritu universal, y es este Espíritu quien mantiene la torre y su reloj.

Así pues, cuando un trabajo determinado se inicia y permanece constantemente orientado sobre el Espíritu y el Gran Objetivo, las fuentes, los manantiales y los tesoros de las minas no se agotan jamás; y el reloj permanece en perpetuo movimiento. Un manantial, una mina horadada de esta forma, continua produ­ciendo tanto tiempo como sea necesario.

El texto nos desvela, acto seguido, el Gran Objetivo por el que ese foco fue efectivamente vivificado y se estableció la ciudadela del Templo. El globo, que gira constantemente, da respuesta a las eventuales preguntas.

El globo representa aquí, la proyección del mundo de los hombres que viven en las tinieblas. Toda la naturaleza dialéctica de la humanidad caída se proyecta, cual globo, en el campo astral de la Fraternidad. Dado que la Fraternidad examina continuamente ese globo, conoce en cada instante los lugares más amenazados de este valle de lágrimas. En él están indicados los lugares del mundo en los que se debe empezar y proseguir la Gran Obra. Quienes entra en el Templo de la Iniciación, pueden encontrar todas las indicaciones concernientes a la tarea que les incumbe, a condición de que se preparen interiormente y se orienten hacia el globo.

En varias ocasiones, hemos tenido la ocasión de decirle que la sustancia astral es una sustancia de fuego, una sustancia formada por átomos incandescentes. Nuestro cuerpo astral es, pues, un cuerpo poderosamente luminoso. Nos envuelve y penetra por todas partes, estando él mismo rodeado de un campo magnético séptuple, en donde se halla la lípika: el microcosmos.

Examinando el interior de la lípika vemos, tanto en el hombre como en el cuerpo vivo de un grupo o en un microcosmos, una red de puntos magnéticos que giran sobre su órbita, semejan­tes a joyas. Cristian Rosacruz da testimonio del desarrollo de su conciencia interior, cuando explica que su paje le hace penetrar en el globo para contemplar este espectáculo. Estamos sorprendi­dos de que, para el Alma viva que sigue el camino de la autoini­ciación, la vida colectiva y la individual sean absoluta­mente una. En efecto, después de haberse orientado en el campo astral de la Fraternidad, en la gran obra y en la realización de su propia tarea, Cristian Rosacruz descubre, por vez primera en el transcurso de su evolución, su propio cielo y el radiante esplendor de las nuevas luces que se han encendido: los planetas magnéticos microcósmicos en rotación, que atraen fuerzas del exterior para transmitirlas al interior, y establecen un intercambio incesante con los distintos planos y elementos del campo astral que les rodea.

Esta apertura de la conciencia a la nueva realidad interior que ha hecho nacer el aprendizaje, tiene lugar porque Cristian Rosacruz se encuentra realmente «sobre la alfombra», sobre el verdadero cuadrado de la construcción, sostenido por las tres misiones inscritas sobre el globo y el nombre de su constructor.

¿Qué quiere indicar Cristian Rosacruz?

Las tres misiones a realizar, en la fuerza recreadora y purificadora de la Gnosis, son la vivificación del Triángulo superior de la pineal, la hipófisis y la tiroides, vivificación que permite el descenso efecto del espíritu, el polo de la mónada, y la alabanza y glorificación de Su Nombre por la Criatura.

La perseverante construcción del Cuadrado que, en el cuerpo físico, se apoya en el esternón, el bazo y las dos cápsulas suprarrenales, provoca, en un momento dado, la apertura del bulbo raquídeo, como puerta de acceso al santuario de la cabeza, lo que tiene como consecuencia lógica la cooperación armoniosa de esos cuatro centros de fuerza inferiores con los tres centros superiores; así queda asegurado el nacimiento efectivo de la nueva conciencia.

 

Así pues, cada candidato ante el Templo de la Iniciación, debe poner orden y regular de la manera correcta el sistema magnético microcósmico. Tal debe ser el objetivo supremo del comportamiento práctico del alumno. La lípika, el sistema magnético, arrastra el fuego astral del cuerpo astral en un movimiento determinado, con todas las consecuencias que se producen sobre los vehículos de la personalidad y en nuestra vida. Así por ejemplo, la sustancia astral puesta en movimiento, va a influir en el hígado e introducir en la sangre, en ciertas condiciones, fuerzas que nos harán vivir y actuar. A menudo vivimos obligados y forzados, ¡ya que nuestra existencia es conforme al fuego astral que penetra en nuestro hígado!

Esta fuerza une igualmente todos los centros nerviosos entre sí. Incluso se puede decir que el éter nervioso proviene del fuego astral, del cuerpo astral  El sistema nerviosos, el fluido nervioso en particular, es la causa de muchas dificultades, tanto en nuestro cuerpo como en nuestra vida. Por ejemplo, es el que hace nacer los perniciosos sentimientos de simpatía u antipatía.

El fluido nervioso astral determina igualmente el estado y la calidad de la secreción  interna. Todos los órganos de secreción interna arden y funcionan exclusivamente por el fuego astral. Asimismo, es él quien determina todas nuestras emociones. En resumen, nuestra naturaleza, nuestro carácter, nuestro comportamiento así como la calidad de nuestra voluntad, emanan del estado del cuerpo astral. En consecuencia, el cuerpo astral gobierna nuestra vida.

Nuestro comportamiento debe contemplar el cambio profundo de nuestro cuerpo astral  He ahí la llave. Si no lo logramos, todos nuestros esfuerzos son vanos.

Por consiguiente, ¿cómo comportarnos?

¿Qué podemos hacer al respecto?

Podemos hacer diversos tipos de reformas en nuestra vida. La más importante es, y debe ser, la rendición del yo. Si realiza seriamente todas las reformas olvidando la rendición de sí mismo, el abandono de su yo, todos sus esfuerzos serán vanos. ¿Por dónde iniciar la rendición del yo, la crucifixión de la voluntad personal? Por el yo, por la conciencia del cuerpo físico; por todo lo que hierve y se agita en nuestro cuerpo astral; por todo lo que produce la anarquía astral que invade nuestra vida. Todo debe iniciarse por el «yo».

El yo, a lo largo del camino de experiencias descubre que algo no funciona en nuestra vida; que todo marcha al revés; que sólo se hallan dificultades, sufrimientos y desorden;  y así hasta el día que comprendemos la palabra: «quien pierda su vida por Mí, ganará el Reino, ganará la nueva Vida.»

Pero aquel que no quiera poder la vida de su yo, quien no quiera dar su yo al Alma viva, ¡no alcanzará la Vida inmortal del Alma!

Cuando se ha comprendido verdaderamente esto, cuando se ha comprendido la necesidad de esta advertencia, se abre el camino de la rendición del yo, de la ofrenda de sí, mística, gnóstica y práctica, al Alma verdadera, a la rosa del corazón. Esta rosa, que sabemos situada en el corazón , en el ventrículo derecho, no es tan sólo el centro geométrico de nuestro microcosmos, sino también el corazón de nuestro cuerpo astral. La rosa debe florecer; su desarrollo, su floración significa el renacimiento del Alma.

En el corazón de la rosa, en el corazón de nuestro sistema astral está oculta la imagen mental original del Padre, del Logos, del Principio original de nuestra existencia, la Idea eterna que Dios se hace de nosotros, su criatura. Por ello, el hombre gnóstico, sin ninguna reticencia, consagra a la rosa su conciencia, su yo, su caos astral. Cuando la rosa, principio original, es despertada, cuando nuevamente emana una fuerza, vemos al fin alborear el alba, aparecer la aurora.

En el momento que la rendición del yo, con todo lo que conlleva, se acerca a su realización, cuando el encuentro fe Jesús el Señor con Juan Bautista se celebra realmente en la orilla del Jordán, el Alma se abre, la rosa del Alma revive e inmediatamente el Espíritu desciendo sobre ella como una paloma. Y entonces se comprende la cita evangélica: «Este es mi Hijo bienamado, en quien he puesto toda mi complacencia.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EPÍLOGO

 

 

 

1

 

Regresando a los motivos que nos han decidido a publicar estos comentarios de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, nos sentimos en la obligación de desarrollar algunas consideraciones, persuadidos de que es necesario situar de nuevo, de manera aún más evidente, el tema tratado aquí en la realidad contemporánea. Demasiado tiempo se ha considerado exclusivamente esta obra de Valentín Andreae como un texto esotérico extremadamente interesante a escudriñar para tratar de descubrir en él las intenciones profundas.

Pero ha llegado el tiempo de levantar el velo sobre estos episodios aparentemente novelescos, de colocarlos a la plena luz de nuestra época y de mostrar hasta que punto indican el camino que permite elevarse por encima de las miserias, de los sufrimientos y de las aflicciones de la vida dialéctica. Más que nunca en nuestra época la humanidad espera que se le señale con el dedo esta dirección. La angustia, la angustia interior que impulsa a tantos seres a la desesperanza, ha tomado incluso a los hombres más materialistas y los dispone a la reflexión; ahora bien esta angustia reclama a grandes gritos, por así decirlo, que se ponga claramente a la luz la Única Salida posible. Esta Salida es a la que el Cristo hace alusión con las palabras: «A menos que no renazcáis de Agua y de Espíritu, no entrareis en el Reino de Dios», y por estas: «La carne y la sangre no pueden heredar el Reino».

Los que están un poco introducidos en el conocimiento de las cosas que, detrás de las apariencias, determinan la realidad de la vida humana, saben que hace relativamente poco tiempo, ciertas Jerarquías de seres, llamados habitualmente Ángeles de la Luna, daban ayudar a conducir el destino de la humanidad según el Plan divino. Debían velar para que este desarrollo de la humanidad se hiciera en una cierta progresión, al interior de limites precisos, sin producir demasiadas heridas a una relativa libertad, necesaria para la formación de la conciencia humana, y si es posible prevenir una evolución catastrófica del poder mental del hombre.

Cuando llego el momento en el que una parte importante de la humanidad dispuso de un poder mental que le permitía comprender el Plan divino, así como el camino que lleva a la realización, se vuelve necesario pedirle que asumiera ella misma aún más. Ese momento era desde hace mucho tiempo esperado por las jerarquías que la dirigían. La aparición de lo que llamamos históricamente la era cristiana marca el comienzo de la época en la que estas Jerarquías de la Luna comenzaron a retirarse para dejar lugar a la nueva vía de evolución que se abría ahora a la humanidad: es decir la que conduciría al hombre, bajo la égida del Cristo y de su Jerarquía, al estado de Alma viva y al restablecimiento de la unión con el Espíritu.

Así pues nos encontramos realmente, en tanto que hombres, en un gran momento crucial de la historia de los tiempos, lo que explica el inmenso desarrollo que se manifiesta en todos los dominios. Todos los valores antiguos se tambalean o escapan al hombre, lo que le quita la seguridad de la que tiene tanta necesidad.

Desde el comienzo de este siglo, las fuerzas de la Luna se han retirado totalmente, y la autorrealización queda como la única salida para el hombre en el estado en el que está, estado del que no tiene casi conciencia. Las antiguas normas, prescripciones y leyes religiosas, morales y otras, dadas en el curso de los tiempos por las Jerarquías de la Luna, han relajado su influencia sobre la humanidad, quien tiene el sentimiento de encontrarse en el vacío. El hombre titubea, busca desesperadamente nuevas certezas, nuevas formas, nuevos principios con los cuales sentirse aunque sea un poco en seguridad. Pero no los encuentra. Y no los encontrará en tanto que continúe buscando fuera de él.

La humanidad ha entrado en el período de la autorrealización, período cuyo principio fue anunciado con estas palabras: «El Reino de Dios está dentro de vosotros. Buscar primeramente el Reino y el resto os será dado por añadidura.»

Pero ahora una angustiosa pregunta se presenta: «La humanidad está dispuesta para esto? ¿Se ha preparado para esta gran tarea ineluctable?.

 

Examinemos esta pregunta.

Todos tenemos puntos de vista personales sobre la existencia; no únicamente sobre la existencia si no sobre la humanidad y sobre la sociedad. Los seres que conocemos, con los que nos relacionamos, se encuentran todos bajo la iluminación de nuestro juicio. Nadie escapa al fuego de este juicio.

Es esta característica, común a todos, de juzgar la que hace que cada uno este como encerrado en su propio circulo de existencia y que ya no pueda librarse de él. Pues nuestra visión de la vida, del mundo y de la humanidad, y por ello todos nuestros pensamientos y nuestros actos están determinados por el centro de nuestra conciencia actual, plenamente activa: la hipófisis. Cuando nos encontramos, recibimos unos de otros impresiones que se fijan en la conciencia y forman el juicio.

El centro de nuestra conciencia actual da forma a nuestro pensamiento, a nuestra mentalidad, nuestras opiniones y, además a todas las actividades del santuario de la cabeza. Estas son así mantenidas y guardadas en un cierto estado. De esta manera todos los accesos de este santuario son como tapiados, luego todas las vías de una justa comprensión y, en consecuencia, de una reacción justa ante una época diferente, ante una época nueva, son cerradas.

Nuestra educación, la sangre de nuestros antepasados y nuestro propio karma han provocado esta situación.

A la vista de todo ello nos preguntamos: «¿Donde reside el progreso de la inteligencia, tan universalmente alabada?» ¿Se ha desarrollado verdaderamente la psiquis del hombre?.

¿Nuestra visión del prójimo, de la vida y del mundo es autentica y absoluta?

¡Desgraciadamente sabemos que no! Nuestras experiencias de ello son siempre más amargas y decepcionantes. ¡Se reconoce al árbol por sus frutos! Y nosotros los humanos,¿Que frutos recolectamos?

Ciertamente, hemos experimentado, aquí o allá, con este o aquel, una cierta polaridad, pero seguramente nada perfecto. Por otra parte, ¿Que es la perfección? ¿No tenemos ninguna certeza en la materia, solo podemos hablar de ello teóricamente.

A ello se añade que en razón de la retirada de las fuerzas de la Luna, que intervenían desde hace ya tanto tiempo de manera reguladora, todo y todos son tomados en un ritmo infernal, en una carrera frenética, a la búsqueda de certezas que se revelan como inencontra­bles, porque nuestra vida, nuestros pensamientos son despojados de casi todos los valores en los que confiábamos y que nos son arrancados de las manos.

Ningún puente puede ser tendido sobre las antiguas vías, para que un hombre se acerque a otro para edificar algo o para ayudarle. Ningún ideal, de nuestros días, encuentra suelo firme. La prisión donde el «yo» está encerrado, guardado y reforzado desde hace siglos, está demasiado poderosamente vigilado por lo que llamamos el «antihombre», el antihombre que vive en nosotros! Este conjunto de fuerzas que apuntan a nuestra conservación, acumuladas por el instinto inmemorial, salidas de los bajos fondos milenarios de nuestro ser inferior, se oponen a todas las fuerzas de elevación, a todos nuestros esfuerzos y deseos de liberación. ¿Y ahora?

Si, tenemos nuestros ideales, nuestros principios, nuestras reglas de vida. Por que estamos llenos de deseo, nos esforzamos en vivir como hombres. Y sobre la base de los ideales, principios y reglas de vida, creemos ser algo. Pero somos cada vez más conscientes de chocar contra un muro, de llegar a una frontera, muro y frontera infranqueables.

¿Que debe pasar ahora para que, de nuevo, haya en nuestra vida del espacio, una perspectiva?.

 

Pensemos ahora en la experiencia tan amarga de Cristian Rosacruz, cuando le es al fin permitido, después de una larga vida de esfuerzos sostenidos y de orientación justa, penetrar en el Templo del Atrio de la Sala de las Bodas. Os acordáis del relato. Cristian Rosacruz resiente el terrible contraste entre lo que resulta de una vida ordinaria perfectamente egoísta, y lo que reclama de nosotros el camino de la santificación.

Si recorréis el Segundo Día de las Bodas Alquímicas y os dais cuenta del desorden que C.R.C. encuentra en el Templo del Atrio, descubriréis al mismo tiempo como se aplica la situación descrita no únicamente al camino de aprendizaje del que hemos hablado, sino también de manera típica a todo lo que pasa en el presente alrededor de nosotros. Esta conformidad es por otra parte perfectamente lógica. Pues lo que el camino del aprendizaje define no es otro que la vía evolutiva que, pronto o tarde, será finalmente por el que deberá pasar la humanidad entera. Periódicamente, la humanidad que se ha alejado del Camino de Dios. recibe golpes de reprimenda bajo la forma de intervenciones cósmicas, con el objetivo de prevenir desviaciones más grandes, o incluso a veces su aniquilamiento total.

Es al fin de un período tal, al final de un año estelar esotérico donde nos encontramos hoy. Y es la razón por la cual el fragmento de las Bodas Alquímicas citado antes se aplica tan directamente a nuestra existencia presente.

La humanidad de hoy no es ciertamente ni más culpable, ni más enfermo, ni más mutilado que antes. Al contrario, el hombre de hoy es generalmente más cultivado que antaño y más inteligente. Sin embargo como ya hemos dicho, la humanidad está ante el muro, ella ha llegado a un limite, el limite de lo que puede ser alcanzado en el espacio tridimensional. Y, detrás de este limite, todo, literalmente todo, es fundamentalmente diferente.

El primer escalón evolutivo del hombre llega a su fin, en el período que corre hasta nuestros días. La humanidad es reenviada a si misma y a sus responsabilidades. Por ello encuentra tantas dificultades. Por ello actualmente el mundo nos parece tan espantoso. Y el fardo sobre el cual la humanidad gime hoy y que, en muchos aspectos, es casi imposible de soportar, no se aligerará más que cuando los hombres hayan comprendido y aceptado la naturaleza de su responsabilidad.

En razón de la confusión, nacida de la incomprensión, reina por todas partes alrededor de nosotros en el mundo, y ello en un gran numero de dominios, un desarrollo psíquico que sobrepasa todo lo que ha existido en el pasado. Se busca una salida por todas direcciones. Cegado por lo que es calificado de «ola de prosperidad», ola que ha invadido todos los países llamados civilizados, el hombre tiende a asegurarse primeramente la seguridad material. Además, persigue el progreso científico, y quiere sobretodo, gracias a las ciencias, maniobrar para salirse el mismo del callejón sin salida. Las hipótesis científicas, de las cuales la mayor parte neglige o ignora lo que es reconocido como humanamente admisible, se acumulan hasta formar esta montaña, este muro, detrás del cual el hombre trata de disimularse, siendo presa como es de las dificultades que se ciernen detrás de todo esto, conscientemente o no. El hombre se da entonces aires de importancia, o ostenta inútilmente un ardor y una energía increíbles al trabajo; y muchos se ilusionan en la esperanza de que el caos del momento no es más que la matriz de una grande y noble renovación, donde el hombre, con sus poderosas capacidades técnicas, podrá al fin construir un mundo enteramente nuevo, cuya civilización culminaría en unas alturas sin precedentes.

En realidad, la humanidad está en una condición más crítica que nunca. A pesar de todas sus proezas científicas, el hombre ha sido pesado y repesado, y encontrado definitiva­mente demasiado ligero.

Que se nos comprenda bien: es la humanidad quien se coloca ella misma en la balanza, quien se sobreestima en la creencia de que sus creaciones exteriores, o lo que ella toma por creaciones, servirán finalmente de criterios cuando tenga lugar su proceso interior. Pues es únicamente el proceso interior el que contará en el momento del futuro Juicio de la humanidad.

Volvamos una vez más a la situación de la que Cristian Rosacruz es testigo en el Templo del Atrio, en medio de una muchedumbre cuya obstinación y autoestima exagerada le hace creer que está preparada para entrar en un estado de vida superior. Más imprudente que nunca, la humanidad muestra su desnudez en su vestido mancillado.

Por ello hacemos de nuevo la pregunta: hombres ¿donde vamos?.

¿De que brújula fiarse en el próximo futuro?

Los hombres ¿recuperarán a tiempo la razón? ¿Sabrán verdaderamente encontrar el Único Camino que tiene una salida?

O bien, ¿Será necesario que la Fraternidad Universal de Cristo, la Gnosis universal, intervenga en persona?

 

Por poco que reflexionemos en estas preguntas, constatamos en seguida que no tenemos ninguna base de partida o casi ninguna. En efecto, cada individuo está sometido en su psiquis, de un tiempo a otro, digamos para ser francos casi diariamente, a violentas perturbaciones, a intensas conmociones. Sabéis que lo que uno encuentra bueno y quiere realizarlo, otro lo rechaza y lo contesta.. La lucha y la inteligencia que lleva a la lucha, aumentan continuamente. Desde hace mucho tiempo se ha descubierto que cuanto más afina su inteligencia el hombre, más peligroso se vuelve. Así pues el hombre es, tanto en las cosas grandes como en las pequeñas, el enemigo del hombre sea cual sea el traje ridículo que busque para disfrazar esta realidad, para satisfacer las exigencias de la civilización. Místicamente, se conocen bien las palabras «Amaros los unos a los otros», pero en la practica simplemente es un encogerse de hombros.

Dada la naturaleza egocéntrica del yo, fundamento de la lúgubre evolución de la que hace prueba el mundo, los hombres son enemigos unos de otros y, como tales, han tomado la costumbre de luchar y de buscar los medios cada vez más refinados para extender su dominio unos sobre otros, si es posible de manera inofensiva.

¡En este momento disponemos en el mundo, de medios susceptibles, no tanto de exterminar a poblaciones enteras- ello no sería humano- como de neutralizarlas psicológica­mente! Tal será por otra parte el fin.

Se trata pues de preguntarnos si podemos y si queremos servir a la humanidad, como y por que medios. Nosotros también, en tanto que Joven Gnosis de la Rosacruz actual, nos esforzamos en recorrer un camino, con el fin de romper los obstáculos psíquicos de manera radical, de manera que el centro del alma, el centro de la conciencia, en el santuario de la cabeza, pueda sin cesar llenarse de las Fuerzas divinas. ¡ese es el Camino de nuestro aprendizaje! El centro de la respiración debe ser activado por las fuerzas vivificantes y, gracias a este proceso de salvación, el hombre pueda pasar a los actos verdaderamente liberadores, y escapar así de este campo de existencia sometido a la muerte continua.

Queremos y debemos recorrer este Camino, en un sacrificio total, al servicio de todos los que lo desean, conforme al gran mandamiento del Señor de toda Vida.

 

Nosotros, hombres, hemos caído en lo más profundo de la materialidad. Y ahora que hemos alcanzado este nadir, que hemos llegado a una frontera, que nos encontramos ante un nuevo momento crucial del desarrollo humano, debemos escaparnos por el camino de las alturas, un camino que franquea la frontera y pasa al, lado donde todo es diferente y donde nada, absolutamente nada, ni social, ni personalmente, puede ser comparado a la antiguo.

Muchos de los medios empleados antiguamente se han vuelto inutilizables o se están volviendo. por ejemplo, la antigua mística en nuestros días ha perdido casi toda su fuerza. Bajo este punto de vista, Dios como se le llama hoy, está bien muerto.

Se hablaba igualmente, antes, de la tríada que formaban la religión, el arte y la ciencia, como de un elemento de base de nuestra civilización. Ahora bien esta tríada está también en vías de desaparición. ¡Tan pronto estos tres se combaten a muerte, como se alían de vez en cuando!

Hacemos una vez más la pregunta: ¿Como invertir los obstáculos que nos impiden franquear el muro fronterizo ante el cual nos encontramos?

¿Cual es el remedio supremo para todos nuestros males?

 

 

 

2

 

 

Sin ninguna duda estaréis de acuerdo con nosotros: el estado efectivo del mundo y de la humanidad ofrece una imagen poco edificante. Tendríamos razones para acobardarnos.

Hay tan pocos talentos reales, hombres auténticos, y su pequeño numero no es ni escuchado ni creído por la masa. No son creídos porque el estado psíquico de la humanidad se degrada cada vez más y la influencia del antihombre se vuelve cada vez más fuerte. La humanidad llega así al termino de su viaje hasta el nadir de la materialidad. Y como ya hemos dicho, el arte, la ciencia y la religión, tal como las conocemos en el presente, no aportan ya ningún auxilio y no abren ningún horizonte. Entonces ¿Cuales son las perspectivas que se ofrecen a la humanidad?.

Impotente y sin esperanza, ha llegado a un limite y pide realizarse por si misma. ¡Tarea para la cual no está de ninguna manera preparada! Por ello preguntamos una vez más ¿Que perspectiva se ofrece al hombre? ¿Donde está el medio supremo que permita franquear el limite, tanto al exterior como al interior de nosotros?

La Joven Fraternidad Gnóstica responde entonces: hoy, el estado de impotencia en el que se encuentra la humanidad, da la ocasión de una poderosa intervención mundial por parte de la Séptuple Fraternidad crística del Mundo. Una intervención tan radical, tan fulminante y tan total que el orden entero del mundo será cambiado por ella.

Veamos una vez más los hechos principales.

En primer lugar, hemos dicho, las fuerzas de la Luna se han retirado totalmente; Estos Poderes, estos Ángeles de la Luna pertenecen a una corriente de vida que, bajo ciertos puntos de vista, nos han precedido en la vía de la evolución pero que no forman parte de la corriente humana. Su tarea, frente al hombre, era ayudarle en el camino que conducía al nadir de la materialidad, de estar dispuesto a acompañarlo hasta el limite extremo del descenso total.

Ahora es un hecho realizado. Por ello la Séptuple Fraternidad del Mundo al servicio de la Jerarquía crística, en Su Nombre y bajo Su Mandato, debe tomar entera y totalmente la iniciativa de guiar a la humanidad. Que el período de transición nos de, al comienzo, el espectáculo de un inmenso desarrollo o de una catástrofe inminente, ya lo hemos explicado. En efecto es evidente que cuando un hombre es colocado ante el camino de la autorrealización, en el sentido de una real elevación fuera de la materia, en el sentido de un viaje de regreso a la Patria Original, es muy necesario que esté en estado de hacerlo. Y si hay obstáculos es necesario que los aleje.  ¡Que hay obstáculos, innumerables obstáculos, lo sabemos muy bien!

¡Que hay innumerables dificultades, lo experimentamos todos los días!

Y que, en el caos del momento, en este período de transición hacia lo que se anuncia como ineluctable, se manifiestan turbaciones psíquicas en un numero muy grande, también lo sabemos.

Sabemos igualmente que con las fuerzas y posibilidades de las que se ha servido la humanidad hasta el presente, y continua sirviéndose, no tiene ninguna esperanza de salir de ello, ni la menor posibilidad eventual de curar los males que amenazan con llevarnos al abismo. Esto es lo que los hombres deben de aprender ahora. Aprender al precio de amargas experiencias y en total sumisión a la cruel realidad.

«Quien no tenga ni la voluntad ni la capacidad de escuchar, deberá aprender por la experiencia». Esta sentencia no se aplica únicamente a la educación de los niños y a la del individuo, también es una ley de la evolución humana.

Los sufrimientos soportados, una vez llegados al limite, y esto es lo que vivimos en el presente, hacen comprender profundamente que el orden del mundo, el orden de la humanidad instaurado por el hombre es absolutamente falso, y resulta de un desarrollo aberrante, contrario al orden cósmico, que el hombre niega totalmente.

Desde el punto de vista social, económico, científico y religioso, así como en todos los dominios que tocan el desarrollo o el mantenimiento de la vida colectiva, la humanidad está absolutamente en un punto muerto o pendiente de llegar a ello. Y la miseria psíquica del momento, la nuestra como la de nuestros hermanos humanos, ni que decir tiene que marcha a la par. Esta experiencia de primera mano, por la cual nuestra propia creación colectiva es llamada a juzgarse a si misma, jamás ha sido hecha aún por la humanidad, que nosotros sepamos. Es necesario que percibamos totalmente conscientes lo que esta experiencia debe enseñarnos y experimentar y sufrir profundamente el sufrimiento de ello. Y cuando el hombre haya padecido este inevitable sufrimiento y asimilado activamente sus lecciones, que el como y el por que comiencen a iluminarse en su conciencia, descubrirá que ninguna sociedad comunista, socialista, democrática, fascista, religiosa o atea tiene sentido; y que además ningún progreso es posible sobre la base de la mentira o de la astucia, cuya practica se ha vuelto tan corriente en las relaciones entre los hombres y los pueblos.

Entonces la Séptuple Fraternidad del Mundo tomará la iniciativa, con el fin de reorientar la marcha del genero humano llegado al punto muerto, y liberar a la humanidad de su aprisionamiento y de su enfermedad creciente.

¿Como, porque iniciativa?

Ciertamente no por medio de una llamada o de una acción sobre el plano internacio­nal. Aún menos por una gran ofensiva de la prensa o otros medios publicitarios. Ciertamente tampoco abriendo templos, aquí o allí, aunque muchos guardaran su razón de ser, evidentemente.

No, se trata de una iniciativa que tocará simultáneamente a la humanidad entera, comprendiendo entre ellos a los más primitivos e incluso a los más criminales y más endurecidos de los hombres. Una iniciativa que no podrá ser ignorada ni negada por nadie. Esta intervención , como mínimo, durará veinticuatro horas, en el dominio más sutil de la materia, es decir en la atmósfera, de manera que los ojos de todos lo verán, que los oídos de todos lo escucharán y que los órganos sensoriales al completo de los que está provisto el ser humano, reaccionarán a ello. Una intervención de la Séptuple Fraternidad del Mundo que se dirige a todos los hombres y a todas las razas. Será la obra común de todas las Fraternidades que forman parte de la Cadena universal. Ello ira a la par con un enorme derramamiento de fuerza electromagnética, que afectará todo el organismo humano y provocará una profunda reacción en todos los individuos. Esta reacción en particular, instaurará en un cierto momento un preciso orden determinado en el santuario de la cabeza de todos los hombres que muestren alguna semejanza con lo que nosotros llamamos el Hombre-Alma-Espíritu.

En consecuencia los hombres dispondrán en ese momento de ciertos conocimientos de primera mano y del uso del Tercer Ojo. La humanidad se volverá en ciertos momentos, visionaria, y penetrará por así decirlo en el Plan de Dios para el mundo y la humanidad. Comprenderá su tarea real y su misión y lo que ocurrirá si falta a ella.

No es difícil hacerse una idea de lo que será la reacción de la mayor parte de los hombres frente a esta demostración de la Fraternidad Universal. En la Fuerza de radiación de esta iluminación momentánea, que conocerá todo el ser humano, deberá llegar a decisiones radicales.

La demostración de la que hablamos tendrá lugar, necesariamente, tres veces, después de lo cual quedará fuera de dudas que incluso los espíritus más groseros habrán comprendido los que les queda a hacer o no hacer.

Así la puerta de la Vida nueva será abierta ampliamente. Pues sin duda comprenderéis que no solamente la psiquis de algunos será regenerada, en la medida de lo posible, si no que en el momento de esta experiencia y por ella, así como bajo la acción de la poderosa Fuerza de Luz, tendrá lugar una purificación profunda de todos los seres humanos, de todas las esferas de vida.

A ello seguirá una conmoción  de la sociedad tan considerable e impresionante que, literalmente, nada de lo que existe actualmente se le podrá comparar. El camino de la humanidad entera será dirigido según siete nuevas vías de desarrollo. El fenómeno concernirá a todas las razas y no habrá ningún dominio en el que no tengan lugar profundos cambios.

El Alma-Espíritu descenderá, de tal manera que el hombre discernirá cada vez mejor entre el bien y el mal, es decir entre lo que está conforme o no al Plan divino. Todas las sandeces que corren en materia de religión caerán en desuso. La teología en tanto que ciencia desaparecerá totalmente e, inútil es decirlo, muchas cosas cambiarán en otros dominios científicos.

Tratar de representaros todo esto, por ejemplo, sobre el terreno de la moral, en el dominio de las ciencias de la naturaleza y de sus objetivos, o en lo que concierne a la vida de las grandes aglomeraciones urbanas y todo lo que se refiere a ello. En resumen, habrá una revolución mundial general a la cual no escaparán más que algunos rincones de nuestro planeta.

 

Hablamos de estos acontecimientos lo más simplemente posible, con la intención de prepararos para ello. Decimos pues que un proceso tendrá lugar, al cual la humanidad deberá adaptarse, y que la tomará en su conjunto. Nuestra humanidad está en el presente profundamente enferma. En todos sus aspectos ha alcanzado el chancro de la mentira, de la ilusión y de la impostura, y roída por la grave enfermedad de sus múltiples especulaciones. ¡Que inmensa bendición será cuando el conjunto de la humanidad sea arrastrada en el proceso de curación psíquica! ¡ Desde hace ya mucho tiempo nos golpeamos en la frontera que nos es asignada, con el fin de poder pasar! Bien, este pasaje nos será concedido. La humanidad entera conocerá un estado de vida diferente. Y se pueden evaluar las consecuencias de ello. ¡Que inmenso trabajo de reforma deberá entonces emprenderse en cada país y en cada pueblo! Pues cada uno será puesto ante la tarea de realizar, armoniosa y progresivamente, el gran Plan divino para el mundo y la humanidad por la autorrealización.

La Escuela Espiritual actual testimoniará entonces enteramente de su papel de Servidora de la Fraternidad. En el nombre de la sublime Morada Sancti Spiritus, que es la suya, en el nombre de su Séptuple Cuerpo Viviente, la Fraternidad de la Rosacruz no tolerará nada que no este en armonía con el Gran Plan.

De la manera descrita, la humanidad conocerá una evolución cultural totalmente nueva, en una línea verdaderamente ascendente. Todas las ilusiones psicológicas descritas en las Bodas Alquímicas, en el Segundo Día, sueños de grandeza y de vanidad personal, serán rotas de manera que cada uno encuentre, si ello es posible, alguna razón. Muchos caerán de su pedestal, pero al mismo tiempo muchos descubrirán por primera vez todas las gracias con las que fueron favorecidos en su existencia.

Así engrandecerán la Verdad y la Realidad. Los velos de la apariencia caerán. Unos procesos que apuntan a todos, sin excepción, a transformar estructuralmente la naturaleza humana de manera armoniosa se desarrollarán. Cuando el psiquismo de todos los hombres sea conducido por nuevos caminos, cuando la luz se eleve gradualmente sobre ellos, el cuerpo de la raza humana se volverá más sutil y la acción de las fuerzas de la gravedad cambiará, lo que entrañará consecuencias inmensas.

 

La Escuela Espiritual actual, ha efectuado, en su estructura interior, modificaciones determinadas, con el fin de prepararse, con sus alumnos, para este nuevo futuro. En tanto que Escuela de la Rosacruz de Oro, cooperamos, en total entrega de nosotros mismos, con la Gran Fraternidad del Mundo, pues se puede contar con nuestra parte, en lo que va a seguir, en un Amor al sacrificio verdadero.

Por ello, todos los que podéis comprender la naturaleza autentica de esta llamada, prepararos en la medida en que seáis capaces para ello. Consagraros enteramente al gran trabajo de servicio de la humanidad, que necesita un numero importante de servidores y servidoras.

 

 

3

 

 

Nos dirigimos, en el presente, a todos los que se preparan totalmente conscientes para el próximo futuro y se dan cuenta de los futuros acontecimientos. A todos los que poseen una personalidad, animada por una conciencia orientada sobre el objetivo grandioso y magnifico que está en la base de nuestro microcosmos, a fin de despertar de su sueño de muerte y de comprometer en una vida nueva al último resto del Hombre original, enterrado en el corazón de nuestro microcosmos como una semilla imperecedera.

Esta semilla imperecedera, en el corazón del microcosmos, hace decir a la Escritura Santa: «El Reino de Dios está dentro de vosotros», si, ¡Dios mismo está dentro de nosotros; cosa primordial, totalmente olvidada por el hombre de hoy! Por una enseñanza falsa desde hace siglos, el hombre ha olvidado que no debe buscar el Reino de Dios fuera de si mismo. Es evidente que si buscamos al exterior lo que está al interior, no lo encontraremos jamás, y nos alejaremos de ello cada vez más. Consecuentemente caeremos mucho más rápido y más desesperadamente en el poder del antihombre, que vive en cada uno de nosotros.

 

Llamamos Rosa, Rosa del corazón, al último resto del Hombre original, el principio crístico presente en nosotros. Desde que la personalidad nace en el microcosmos, la Rosa del corazón corresponde al corazón de esta personalidad y puede manifestarse en él, si las condiciones necesarias son reunidas. La Rosa no forma parte de ninguna manera de nuestra personalidad, y no puede ser definida desde el punto de vista psicológico. La Rosa es una parte orgánica de nuestro microcosmos, ha estado siempre a la disposición de la personalidad dispuesta a aceptar su alta y única vocación y a dar pruebas de ello por sus actos y su conducta. En este caso, decimos que «La Rosa es atada a la Cruz», a la cruz de la personalidad. Ello significa que el hombre, dinámicamente dirigido hacia la buena dirección, recibe en el santuario del corazón el Grano de mostaza de la renovación y se vuelve un verdadero Rosacruz.

¿Pero que ocurre entonces?

Cuando un ser humano ha tomado la decisión de poner su persona y su vida al servicio de la alta vocación a la cual Dios le llama, y se aproxima en total humildad al Camino, entra entonces en contacto con el Campo de radiación de la Gnosis universal. Es un campo de radiación sublime, de naturaleza cósmica, en el cual la semilla divina, el último resto del Hombre original, puede prosperar y desarrollarse. La Semilla imperecedera está en la imposibilidad de abrirse en el campo de la naturaleza dialéctica corrompida. Aquel que se agarra a ella, que continua interesándose por ella y lleva toda su atención hacia ella, corre hacia el aniquilamiento, en el camino de toda carne. Tal hombre no podrá jamás llamarse un Rosacruz, ni ser nunca, con Cristian Rosacruz, un hermano de la Rosacruz Roja.

Todos precisamos de la luz del Sol gnóstico, cuando queremos recorrer el verdadero camino de salvación, de la luz de ese Sol, de la fuerza de ese Sol, que brilla en el corazón de nuestro planeta.

Pero, al mismo tiempo, el hombre que debe llevar a la luz la Simiente divina, que debe ayudar y servir a la Rosa incesante­mente, durante largos años, sigue siendo una personalidad que depende totalmente de la naturaleza dialéctica. De este hombre se ha dicho: «La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, o sea, no pueden penetrar» Este hombre es quien debe iniciar y llevar a buen fin la Gran Obra.

Sorprendente situación ¿verdad?

Tan sorprendente que quien penetra totalmente en su significado, se estremece de alegría y gratitud.

El hombre que ata la Rosa a la Cruz, une temporalmente la dialéctica y la Gnosis, el tiempo y la eternidad.

Esto es, ni que decir tiene, imposible según las leyes científicas de la naturaleza, un estado insostenible. Ahora bien, la personalidad supera esta imposibilidad, entregándose totalmen­te al servicio de la Rosa del corazón, a la Simiente imperecedera que está en ella. Se trata de una entrega tan absoluta que quien la realiza, se prepara a morir la muerte alquímica de la entrega de sí. Cumple la Palabra: «Quien quiera perder su vida por Mí, encontrará la Vida.» Así pues, quien se consagra a la Rosa, en total rendición del yo, llega a la transfiguración. Es una aniquilación existencial y consciente en la endura absoluta. Es el proceso que han vivido tantas Fraternidades del pasado.

 

El ser dialéctico que se consagra así a la Rosa inmortal del corazón, sabe que accede a un campo de radiación que no es el suyo. Sabe que será consumido, existencialmente, en su totalidad. Se consagra al Fuego, a la brasa de la purificación divina.

Comprenda el poderoso sentido, el profundo significado de los relatos antiguos que han llegado hasta nosotros. Se trata de un prodigio: si consagramos nuestro ser mortal al Fuego divino, ¡ese Fuego se vuelve, para nosotros, Vida!

El hombre dialéctico cuya naturaleza no cambia, sigue inexorablemente el camino de la muerte. Y, un día, nada quedará de él.

Pero quien recorre el Camino de la endura, en una entrega total de sí mismo, consagrándose totalmente al Hombre original que está en él, es asido alquímicamente por el Fuego de su camino de cruz, disuelto y transformado en un Hombre nuevo, el Hombre que surge de la Simiente imperecedera. Resucita bajo la forma del

«Otro». En él y por él, se realiza  las verdaderas y completas Bodas Alquímicas, parecidas a las descritas por Cristian Rosacruz. Su aniquilamiento voluntario, su endura, es «morir para vivir», una resurrección en el Incorruptible. Al contrario de la muerte dialéctica, que conlleva inevitablemente la destrucción de la naturaleza.

¿Quién es este Hombre nuevo que nos llama y nos hace señas desde el otro lado de la frontera a la que hemos llegado ahora?

Es el Hombre‑Alma, el viajero absoluto de la eternidad, en quien el Alma ha renacido.

El hombre dialéctico que acepta morir por la ofrenda de sí a la Simiente imperecedera, el hombre que quiere volverse un verdadera Rosacruz, entra en la eternidad por las puertas de la muerte voluntaria, gracias a la transfiguración alquímica. Usted sabe que hay mucho que decir a este respecto; que deberá saber y soportar mucho antes de poder recorrer el camino de salvación, el camino de la muerte en Jesús el Señor; que deberá seguir el Camino de cruz de las Rosas, una sublime vía dolorosa. Pero sobre todo no flaquee, no interrumpa jamás su esfuerzo. De lo contrario se perderá en toda clase de especulaciones y no sabrá jamás si sus esfuerzos son suficientemente grandes. Y siempre será la víctima de multitud de fuegos fatuos, e incluso se arriesgará a perder completamente su camino.

Pensemos, al respecto, en el lamento manifestado por Jesús el Señor: «¡Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento!»

Por ello, el candidato que quiere entregarse al camino de la Rosa, al camino del servicio liberador, deberá seguir la vía séptuple descrita en detalle en las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz. Es el camino del renacimiento, del nuevo nacimiento del Hombre original, un camino que atraviesa siempre el valle de la muerte. Un renacimiento implica una muerte, con el fin de que algo diferente, más noble, más elevado y más sublime reciba la posibilidad de manifestarse. Por esto ese camino se caracteriza, por un lado, por una alegría profunda y un desarrollo interior nuevo y poderoso, por el otro, por un dolor y un sufrimiento relativos, durante cierto tiempo. Es el sufrimiento del Fuego purificador que aniquila lo vil y lo impío, a fin de preparar el lugar para el imperecedero, el puro y el inmaculado.

Todos los que ven la angustia y el sufrimiento de la humanidad actual y sienten la llamada de la Gnosis en lo más profundo de su corazón, no pueden hacer otra cosa que decidirse a seguir el séptuple Camino de la elevación y del servicio.

Numerosos son lo que, desde su más tierna infancia, tan aprendido a buscar el Reino de Dios, el Reino de Cristo, fuera de ellos mismos, de forma que disipan todos los valores, todas las fuerzas que poseen para establecer ese reino en sí mismos. Lo que debería fundarse en ellos, lo proyectan fuera, como la imagen de un espejo deforme. Una imagen que no tiene vida ni realidad y que es el fruto de la ilusión.

A todos éstos, dirige su llamada la Escuela Espiritual actual de la Gnosis, la Luz lanza su llamada: «¡Vuelva al camino!» usted también puede vivificar el Principio divino que está en usted, la Rosa del corazón que está situada en el santuario de su corazón. También en usted, la sangre mágica de lo nuevo, puede realizar el milagro del nacimiento.

El camino que le indicamos, no lo busque fuera, allí donde hallará tan sólo ilusiones y nubes, sino gírese al Reino de Dios que está dentro de usted. Abra la puerta del Mundo divino y, por su perfecta ofrenda alquímica, libere al Hombre inmortal, el Hombre‑Alma que está en su corazón. ¡Con la Rosa del corazón posee la llave!»

!Podamos ir todos por delante del futuro gran cambio del mundo, por delante de la Mañana de la realización!


    [1]Ver el Séptimo día

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EVANGELIO GNÓSTICO

 

 

 

DE LA

 

 

PISTIS SOPHIA

 

 

 

 

 

 

explicado por

 

 

 

 

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

en la Ecclesia Pistis Sophia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                           ECCLESIA PISTIS SOPHIA

El nombre de este   periódico tiene un sentido profundo. Recuerda a una comunidad arcaica cuyo   origen se remonta al alba de la época aria. Ella se manifiesta claramente en   la hora actual en el mundo entero. Esta sublime comunidad de la Gnosis   Universal tiene por objetivo revelar al mundo y a su humanidad el conocimiento   que lleva a la sabiduría. Este conocimiento no depende de ningún modo de la   inteligencia ordinaria, sino que conduce a la comprensión interior. Ocasiona   una actividad alquímica intensa en el sistema humano y, conscientemente,   libera en él una fuerza a la que se puede llamar, por un lado la Sophia y por   el otro el Espíritu Santo.

Es al servicio de esta Ecclesia Pistis Sophia que   trabaja el Lectorium Rosicrucianum, con el fin de restituir a los buscadores   los aspectos fundamentales de la Enseñanza Arcaica Universal. El Lectorium   Rosicrucianum pertenece a un conjunto de escuelas gnósticas, que tienen por   tarea ayudar y servir al buscador serio y, por escalones sucesivos,   reconducirlo a la casa del Padre.

J. Van. RIJCKENBORGH

1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imaginad a un alumno del Lectorium Rosicrucianum que acaba de entrar en nuestra escuela. Verle como un alumno serio que sabe, por haberlo comprobado lo que quiere la dialéctica y que está por descubrir la verdad, la ineluctabilidad del Misterio Transfigu­rístico. Verle como a un alumno que de todo corazón ha buscado y ha encontrado la Escuela Espiritual.

Se podría designar a este alumno como un candidato de primer grado. Daros cuenta de que su yo dialéctico es aún el motor central, causa de sus actividades. La Rosa del Corazón está todavía oculta en el capullo. El firmamento aural magnético está aún intacto. El Yo superior es todavía el factor dominante en su vida.

Y he aquí que guiado por las sugestiones de la Escuela, conducido interiormen­te por una comprensión adquirida, va a ejercitarse en la rendición de si mismo. Da sus primeros pasos en el camino de la Endura. Trata de mantenerse en ello sin flaquear demasiado; en resumen, no le pone a ello demasiada mala cara.

Se puede, en ese instante, decir de él, que es <<un nacido Juan Bautista>>, que es un alumno de segundo grado. Sin embargo el yo ordinario, aunque ocupado en disminuir, no está menos presente, y el Yo superior dialéctico está completo todavía. La Rosa del corazón, el embrión del nuevo Microcosmos, ciertamente no está abierto de manera positiva. El alumno sabe que existe pero <<el humo del fuego>> aún no es visible para él. Sin embargo se mantiene, convencido de que recorre resuelta­mente el camino endurístico. El endereza los caminos para su Señor. Según el ser interior dialéctico, disminuye. Modifica su conducta, sus actividades, pero sin desplegar para esto un gran esfuerzo nervioso, sin imponerse una rígida coacción de la cual apenas seria dueño. No, el actúa espontáneamente y lleno de confianza, y es el corazón repleto de Amor el que desempeña el trabajo de autofrancmasonería.

 

En consecuencia se ven abrirse en un momento dado, los pétalos de la corola exterior de la Rosa del Corazón y los primeros rayos del alba penetran en ella. A tal alumno lo llamamos un candidato de tercer grado. La Lengua Sagrada llama a este estado de nacimiento: <<el nacimiento de Jesús>>, que vio el día algunos meses después de Juan. Daros cuenta que en el curso de esta fase, el yo ordinario esta siempre presente, así como el yo superior dialéctico. El sistema magnético de la naturaleza ordinaria está todavía completamente intacto. La Rosa no está aún más que en su primer estado de eclosión.

Así pues el proceso continua. El camino del Juanista se cumple con alegría. La rendición se perfecciona hasta el extremo limite. El fondo, el nadir es alcanzado. En el curso de este proceso la rosa florece gradual­mente, el nuevo microcosmos aparece y desvela su secreto. Este es el momento en que Juan transmite su iniciativa al Jesús recién nacido. Ya no es más el yo, sino el Alma la que guía al ser entero. Llamamos a este alumno un candidato de cuarto grado. Este grado al cual el alumno es promovido no se obtiene por la intermediación de terceros, de un iniciado, de una escuela, sino exclusivamente recorriendo el camino de autofrancmasonería.

Llegado a este punto aún se presenta un obstáculo. Si es verdad que la rosa se ha vuelto, en la vida del alumno, la luminosa dominadora de su sistema, no es menos verdad que el yo superior dialéctico, el sistema magnético de la naturaleza ordinaria, la unión predominante con la naturaleza de la muerte, aún está absolutamente intacta. Por esta razón el alumno del cuarto grado aún no está realmente liberado. La barrera más importante no ha desaparecido: El yo superior debe ser vencido.

Este es un grandioso, un maravilloso y formidable proceso en todos sus numerosos aspectos. El yo superior no había sido hasta este momento, más que un adversario negativo, incluso en más de un caso, y bajo ciertas relaciones, un colaborador, pues todavía puede, con lazos dialécticos, retener y guardar prisione­ros, a los alumnos del cuarto grado.

Podéis representaros una autorendición, plena de belleza mística y de piedad, sin que ella esté necesariamente acompañada de una actividad rompiente con la materia. El hecho de poder imaginar tal practica mística prueba que ella es posible en la naturaleza ordinaria. En esta practica el yo superior ordinario queda como un usurpador, lo que tiene como consecuencia que todo resultado místico es irradiado electromagnéticamente en la naturaleza de la muerte, reforzando esta misma naturaleza, guardando su estado.

Se vuelve pues indispensable que el candidato que quiere alcanzar el quinto grado neutralice al yo superior. Aquel que se decide a ello tiene una extraña experiencia. Se da cuenta de que el adversario, que era negativo, se vuelve positivo. Ya no es cuestión de directrices benévolas, de colaboración. No, el candidato se encuentra al fin delante de su enemigo natural, el enemigo secular, el enemigo del comienzo. Debe librarse del vestido de la naturaleza ordinaria.

El enemigo que desde el principio le tiene prisionero no es ni un demonio, ni una entidad de la esfera reflectora, sino un simple firmamento aural magnético en el cual el karma entero se encuentra escondido. Diversas entidades pueden emplear este firmamento, esto es evidente, pero aquel que llega a vestir el nuevo Vestido de Luz, ya no es accesible a ninguna entidad de la esfera reflectora.

Es necesario que el candidato de cuarto grado recorra el camino de la liberación; camino concretizado entre otras cosas, por la tentación de Jesús en el desierto, descrito en el Evangelio. Este relato narra la manera en la que el alumno del cuarto grado atraviesa su propia esfera reflectora y la aniquila. Está claro que aquel que atraviesa así al ser aural de su propia naturaleza dialéctica, con la mirada fija en el único objetivo, siempre estrechamente rodeado del Vestido de Luz de la Rosa Divina, atraviesa al mismo tiempo la esfera reflectora cósmica.          Aquel que aniquila el firmamento microcósmico ordinario se vuelve impercep­tible para el firmamento macrocósmico de la naturaleza dialécti­ca. Nada de la naturaleza de la muerte puede ya retener a un alumno tal. Si él está todavía en el mundo, no forma ya parte de él. Es para tales alumnos del cuarto grado, en el curso de nuestro estudio del Evangelio de la Pistis Sophia,que es dicho: <<Regocijaros y estremeceros de alegría pues sois bendecidos en beneficio de la humanidad entera que vive sobre la tierra. Sois los que salvaréis al mundo.>>

El firmamento macrocósmico engloba a la totalidad de la humanidad caída y la guarda prisionera en el medio de fuerzas electromagné­ticas. Con el fin de volver nuestra encarcelación más concreta, el macrocosmos utiliza, para este efecto, los firmamen­tos microcósmicos que están alrededor de nosotros y que por consi­guiente nos son particulares. Así pues desde el momento en que llegáis a romper vuestro caparazón microcósmico, a aniquilar el sistema electromagnético que os retenía prisioneros, se puede decir que habéis debilitado el firmamento macrocósmico otro tanto. Luego, en el momento en que juntos recorremos el camino, paralizamos científicamente los poderes de la naturaleza, a los Eones de la naturaleza, y salvamos así al mundo y a su humanidad caída.

Así pues, desprendiendo del proceso que os muestra la Escuela Espiritual, toda palabrería oculta y mística, desembara­zándo­lo de todo sentimentalismo inútil, lo examinamos a la luz de una realidad despojada de toda fantasía, en el silencio y la serenidad de la única verdad. Lo que importa no es poetizar el proceso, soñar con él, cantarlo, hablar de él con el corazón desbordante de emoción, sino saber lo que verdaderamente hacéis.

Con este fin os hacemos la pregunta: ¿Cual es en realidad la fuerza de atracción que os domina?, ¿Cual es la fuerza de atracción que, según la ciencia natural, rige vuestro  sistema? ¡Esta es la pregunta predominante!

La misión que la escuela se ha fijado es arrancar a sus alumnos de la influencia de la naturaleza. Vuestro primer deber es el de llegar al cuarto grado, con el fin de poder explorar seguidamente el camino que conduce del cuarto grado al quinto. Imaginaros que todo un grupo de alumnos del cuarto grado poseen el manto de oro de la rosa; que todos están revestidos de este vestido de bodas del que más tarde os haremos conocer su naturaleza, sus propieda­des y sus virtudes; y que en este estado, continúan realmente su viaje, rompiendo la materia sin cesar. ¿Que se produciría?. Se produciría lo que cuenta la Pistis Sophia en su onceavo capitulo:

<<Y ocurrió que cuando vi el Misterio de todas esas palabras en la veste que me fue enviada, en aquel mismo momento me la puse. Y fui hecho luz por excelencia, volé a la altura y llegue a la puerta del firmamento hecho luz por excelencia sin que hubiera luz que se me asemejara. Y todas las puertas del firmamento se agitaron sobre si mismas, y todas a la vez se abrieron. Y los Arcontes, las Potestades y los Ángeles que hay en él, todos se perturbaron a causa de la gran luz que Yo poseía. Y contemplando la veste de luz con que Yo estaba revestido, que era luz, vieron el Misterio sobre el que estaban escritos sus nombres. Se estremecieron y todas las ataduras con que estaban ceñidos se soltaron. Cada uno cesó en su rango y prosternándose todos ante Mi me adoraron, diciendo: «¿Como el Señor del Universo nos ha atravesado sin que hayamos tenido conocimiento de ello?»

Y todos a la vez, en el interior de sus interiores, cantaban himnos, pero no me veían, sino que veían tan solo la luz. Se hallaban en medio de un gran temor y se estreme­cían. Y entonaban himnos en el interior de los interiores.>>

El Evangelio de la Pistis Sophia nos dice aquí que el hermano y la hermana del cuarto grado que han recibido el vestido de la rosa y están ocupados en recorrer el camino del quinto grado, hacen derrumbarse el firmamento dialéctico, sus valores, su orden.

El sistema magnético es roto completamente, las relaciones se pierden, los sistemas se dislocan. Se trata en este caso de la anulación de las leyes de la gravitación dialéctica:

los lazos caen y cada punto magnético deja su orden.

Ver el Misterio «sobre el que estaban escritos sus nombres» es una noción, una expresión conocida de la Doctrina Universal.

El nombre, en el sentido original significa:»el verdadero estado de ser». Tenemos un nombre, un estado de ser. Por esta razón la Escritura Santa dice:»El Señor conoce a cada uno de nosotros por su nombre». Desde ese momento, cuando tenemos un «nombre», es decir un estado de ser, de una naturaleza inferior al misterio divino, vemos el misterio en cuestión, su inconmensurable profundidad, por ejemplo como una manifestación de su luz, pero no percibimos la realidad.

Así es como comprendemos que, aquel que, en tanto que hermano o hermana de la RosaCruz, comienza el viaje hacia el cielo con el vestido de la rosa, no puede ser detenido por unos poderes y unas fuerzas terrestres de la esfera reflectora, pues el suyo es igualmente invisible. Por esta razón es dicho:<<Pero no me veían, sino que veían tan solo la luz. Se hallaban en medio de un gran temor y se estreme­cían>>. Y las entidades de luz, unidas a la rueda de los nacimientos y de las muertes decían:

-<<¿Como el Señor del Universo ha pasado a través de nosotros, sin que lo hayamos sabido?>>.

¿Como? Es muy simple:»¡Lo que es escondido a los sabios y a los racionales de este mundo es revelado a los Hijos de Dios!».

Hagamos pues que esta revelación se vuelva para nosotros una realidad y ayudemos a los otros a descubrir esta misma realidad.

 

Í N D I C E

INTRODUCCIÓN…………………………………………………………………………………………………… 2

PRÓLOGO……………………………………………………………………………………………………………. 3

1     LOS MISTERIOS INCOGNOSCIBLES…………………………………………………………………….. 6

2     LOS CINCO PROCESOS PSICOLÓGICOS………………………………………………………………… 9

3     LA INQUIETUD FUNDAMENTAL……………………………………………………………………….. 14

4     EL ALUMNO EN LA ENCRUCIJADA DE CAMINOS…………………………………………………. 19

5     LA CONCIENCIA DE LA REVELACIÓN……………………………………………………………….. 26

6     LA TEMPESTAD MAGNÉTICA…………………………………………………………………………… 31

7     UN NUEVO CIELO Y UNA NUEVA TIERRA…………………………………………………………… 50

8     REENCUENTRO CON LA ESCUELA ESPIRITUAL…………………………………………………… 56

9     EL TRIÁNGULO DE FUEGO………………………………………………………………………………. 63

10   EL MAESTRO DE LA PIEDRA……………………………………………………………………………. 69

11   LOS ARCONTES DE LOS EONES………………………………………………………………………… 59

12   EL NACIMIENTO DE JUAN……………………………………………………………………………….. 63

13   LA FUERZA DEL PEQUEÑO IÂO EL BUENO………………………………………………………….. 68

14   LA FUERZA DEL GRAN SABAOTH……………………………………………………………………… 74

15   LOS CINCO ASISTENTES…………………………………………………………………………………. 79

16   EL MARAVILLOSO ÁTOMO PRIMORDIAL…………………………………………………………… 85

17   SANGRE, FUEGO, NUBE…………………………………………………………………………………… 90

18   TÚ ERES AQUEL QUE SALVARÁ EL MUNDO ENTERO……………………………………………. 94

19   EL SEÑOR NOS CONOCE A TODOS POR NUESTRO NOMBRE……………………………………. 99

20   LA VENTANA DE ORIENTE Y LA VENTANA DE OCCIDENTE………………………………….. 104

21   EL VESTIDO DE LUZ DE LA RENOVACIÓN………………………………………………………… 109

22   VENCER LA FUERZA DE GRAVITACIÓN…………………………………………………………… 114

23   TERROR DE LOS ARCONTES, LAS POTENCIAS Y LOS ÁNGELES…………………………….. 119

24   EL ZODIACO, PRISIÓN DODÉCUPLE…………………………………………………………………. 125

25   DESTITUCIÓN DE LOS CUATRO SEÑORES DEL DESTINO……………………………………… 130

26   EL MENSAJE DE DICHA DE LA ESCUELA ESPIRITUAL…………………………………………. 135

27   EL MISTERIO DEL TRECE EÓN……………………………………………………………………….. 139

28   CREACIÓN DEL TRECE EÓN…………………………………………………………………………… 144

29   EL FIN DE LOS HORÓSCOPOS…………………………………………………………………………. 152

30   ANIMACIÓN PARA LA MUERTE – ANIMACIÓN PARA LA VIDA………………………………. 157

31   UN NUEVO SOL Y UNA NUEVA LUNA……………………………………………………………….. 163

32   LA AFLICCIÓN DE LA PISTIS SOPHIA………………………………………………………………. 168

33   LA INFLUENCIA DE AUTHADES……………………………………………………………………… 172

34   EL CONFLICTO MAGNÉTICO………………………………………………………………………….. 176

35   LA FUERZA CON CABEZA DE LEÓN…………………………………………………………………. 182

36   JALDABAOTH: FUEGO Y TINIEBLAS………………………………………………………………… 186

37   LOS TRECE ARREPENTIMIENTOS…………………………………………………………………… 191

38   PRIMER ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA HUMANIDAD……………………………… 195

39   SEGUNDO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA CONCIENCIA……………………………. 200

40   TERCER ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA HUMILDAD………………………………… 205

41   CUARTO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DEL ROMPIMIENTO……………………………… 209

42   QUINTO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA RESIGNACIÓN…………………………….. 214

43   EL MISTERIO DEL QUINTO ARREPENTIMIENTO………………………………………………… 218

44   SEXTO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA CONFIANZA…………………………………. 223

45   EL MISTERIO DE LAS TRES FUERZAS-LUZ………………………………………………………… 228

46   SÉPTIMO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA DECISIÓN…………………………………. 233

47   OCTAVO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA PERSECUCIÓN……………………………. 237

48   NOVENO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA ABERTURA……………………………….. 242

49   LA MURALLA DE LOS DOCE EONES…………………………………………………………………. 246

50   CAUSA FUNDAMENTAL DE LA ENFERMEDAD Y DE LA MUERTE…………………………… 250

51   LA FUERZA DE RADIACIÓN CRÍSTICA…………………………………………………………….. 252

52   SANTIAGO, EL HOMBRE QUE POSEE LA GNOSIS………………………………………………… 256

ECCLESIA PISTIS SOPHIA…………………………………………………………………………………… 260

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

El escrito de la Pistis Sophia del bien conocido gnóstico Valentino –que nació en Alejandría y vivió en el siglo II- fue descubierto por un londinense, el doctor Askew. Después de la muerte de este último el manuscrito fue comprado en 1785 por el Museo Británico, donde está conservado bajo la designación de Codex Askewianus.

La traducción al holandés del Libro I de la Pistis Sophia seguida de comentarios detallados, a que se consagró Jan van Rijckenborgh en los años sesenta de este siglo, aparece en una época en que muchos se plantean la cuestión del origen, de la naturaleza y del objetivo de la Gnosis.

Esta obra da, a la luz de la Gnosis, respuestas directas al problema del verdadero destino del hombre y muestra la dirección a seguir para realizar este destino: el estado de alma viviente.

La Pistis Sophia habla de dos corrientes, representando dos ondas electromagnéticas. Una de estas corrientes está definida como la corriente del conocimiento, la Pistis, y la otra como la corriente de la sabiduría, la Sophia: Una corriente totalmente acorde con el saber accesible a los humanos en todas las épocas, de manera que la humanidad entera puede no solamente descubrir esta emanación sino que debe también reaccionar a ella absolutamente. La otra corriente, aunque perfectamente neutra frente a este mundo, irradia en este mundo con en fin que de que cada uno de los que buscan a Dios, después de haberse desviado, separado de la Pistis de la naturaleza, pueda acabar por encontrar la Sophia, sí, ¡pueda finalmente volverse la Sophia él mismo!

En la hora actual, en una época en la que muchos sentimientos gnósticos, acompañados en grados diversos de una gran sed y de un inmenso deseo interiores, impulsan a los humanos a buscar más o menos conscientemente la liberación, a descubrir, si es posible, la fuente de su inquietud y a alcanzar el objetivo de su aspiración, Jan van Rijckenborgh, cuya palabra ha sido siempre tan aclaradora, ha descrito a la luz de la Gnosis las expresiones a veces oscuras de la Pistis Sophia.

Así vemos las dos emanaciones, la de la Pistis y la de la Sophia, provenir del mundo de la naturaleza espiritual. La Pistis despierta y estimula la inquietud de la muchedumbre de los hombres en el mundo del espacio tiempo y trabaja la inteligencia humana de forma extremadamente intensa; mientras que la Sophia, la segunda emanación, se dirige al pequeño número, «los habitantes del límite» de los que habla Pablo en la Epístola a los Efesios (3,19), con el fin de liberarlos de la naturaleza de la muerte y de elevarlos a los dominios del Pleroma divino.

La Sophia representa el estado del alma nueva, la conciencia del alma nueva; ella despierta el mental del alma nueva en los elegidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

En razón de la muerte del autor «Jan ‘Van Rijckenborgh (1896-1968)», esta obra no esta terminada desgraciadamente.

El autor explica en ella cómo es posible, lo mismo que la Pistis Sophia penetrar detrás del velo del decimotercer Eón. Da aclaraciones completas sobre la nueva fuerza-luz que se revela corno una llamada, una nueva tarea a realizar en la existencia, un deber que es necesario cumplir para que triunfe, no la muerte, sino la Vida verdadera, la única Vida.

Muchos lectores se preguntarán: «Pero ¿qué son estos misterios del Decimotercer Eón?» He aquí la respuesta: «Los misterios del Decimotercer Eón son  los Misteriosde la Fraternidad  universal de Cristo» o como dice Jacob Boehme: «Es Cristo quien toma el corazón de la naturaleza caída”.

El Decimotercer Eón, o Campo de fuerza universal, hace surgir en tanto que fuerza-luz el quinto elemento de base de la sustancia primordial -el éter de fuego o éter eléctrico- al mismo tiempo que los otros cuatro estados etéricos. El Decimotercer Eón perdura eternamente. De este orden, de este campo de fuerza, no puede ser sustraída absolutamente ninguna fuerza. El Hombre-Alma-Espíritu vive del Decimotercer Eón. A todos aquellos que aceptan a Jesús el Cristo, éste les da fuerza y el poder de vivir del Decimotercer Eón.

¿Cómo vivir de este Decimotercer Eón? El candidato a los Misterios gnósticos es puesto ante trece cambios del alma, pruebas de viva lucha que debe atravesar para asegurar el verdadero renacimiento del alma. Los trece arrepentimientos de la Pistis Sophia ilustran estos giros completos del alma.

  1. En el primer canto, la Pistis Sophia descubre la naturaleza dialéctica y la condenación de la humanidad. Ella entona el Canto de la Humanidad. 
  2. En el segundo canto llega al descubrimiento de su estado natural. Es el Canto de la Conciencia.
  3. A partir de ahí ella deja oír el Canto de la Humildad frente a la Única y Verdadera Luz.
  4. Después viene el Canto del Rompimiento: el yo es enterrado.
  5. El Canto de la Resignación viene a continuación: la Pistis Sophia hace la entrega total de sí misma.
  6. Sobre esta base resuena el Canto de la Confianza, en el que se implora a la Luz con una fe y una confianza totales.
  7. En el séptimo arrepentimiento, la Pistis Sophia canta el Canto de la Decisión. Es la elevación o la caída.
  8. A continuación tiene lugar la persecución. Los eones de la naturaleza atacan con fuerza a la Pistis Sophia, que entona el Canto de la Persecución.
  9. Después del Canto de la Abertura, ella se desembaraza positivamente de su enemigo.
  10. A continuación, canta el Canto del Ruego escuchado. La Pistis Sophia ve por primera vez a la Luz de las luces.
  11. La fuerza interior de la fe es sometida a la prueba final. La Pistis Sophia deja oír el Canto de la Prueba de la fe.
  12. Sufre ahora la gran prueba que se puede comparar a la tentación en el desierto. Ella canta el Canto de la Giran Prueba.
  13. Al fin su treceavo arrepentimiento es el Canto de la Victoria: El alma se ha elevado, ve y encuentra al Espíritu, su Poimandres.

He aquí la base que da al lector la posibilidad de meditar sobre la Sabiduría y sobre la Fuerza Divinas, las cuales deben encontrar acceso en el ser humano que se ha preparado para ello. La Sabiduría y la Fuerza son las primeras condiciones para poder seguir concretamente el camino de la liberación del alma y llevarla al buen fin.

Lectores, el hecho de que ustedes puedan recurrir a la Enseñanza universal que se ha conservado a través de los siglos, les debe mostrar que nunca serán dejados solos a lo largo de todos sus esfuerzos, La Fraternidad universal de Cristo caminará siempre a su lado e incluso les precederá para sostenerles en caso de necesidad.

Con los Misterios Gnósticos de la Pistis Sophia, resuena una vez más la llamada divina sobre el mundo yla humanidad. Es una llamada destinada ante todo a hacer comprender los grandes Misterios del Reino de Dios; y todos los que la escuchen serán capacitados para realizar el camino de retorno hacia el Campo de Vida Original. Cada ser humano tiene por tanto necesidad de la Sophia, dicho de otra manera, de la Sabiduría superior y divina: es una estrella que le es dada y que brilla ante él con el fin de que pueda orientarse en el camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Pistis Sophia atraviesa

 

todas las esferas de los eones,

tras haber purificado en el Gólgota

el santuario de su cuerpo.

Ninguna fuerza del mal puede impedir

que abra su voluntad al Espíritu.

Entonces, cantando sus benditos cantos,

Ella entra… en la eterna fiesta del amor.

 

2 ABRIL 1990                          CATHAROSE DE PETRI

 

 

 

 

 

1   LOS MISTERIOS INCOGNOSCIBLES

Nos gustaría hablaros en esta serie de artículos, del Evangelio de la Pistis Sophia, uno de los escritos más antiguos y más auténticos que el mundo conoce. Y tomándolo como base, podréis constatar que el milagro presente que se desarrolla delante de nuestros ojos tiene sus fundamentos en la Doctrina Universal de todos los tiempos.

¡La Pistis Sophia! Ella es el símbolo del pensador que, cansado de la dialéctica, busca la sabiduría liberadora. Está personificada por una mujer que aspira a la iniciación; vencida según la Pistis, su pensamiento reflexivo, está en condiciones de recibir en lo sucesivo, de y por la Sophia, la sabiduría divina.

La Pistis Sophia es el Evangelio Gnóstico por excelencia: la sabiduría de todos los tiempos es allí revelada, reunida, ofrecida a los hombres en un lenguaje nuevo. Sin embargo la expresión de este lenguaje es tal, que queda cerrado a todo lector incompetente y protegido por ello de las alteraciones exteriores. Citamos: «Y sucedió que cuando Jesús hubo resucitado de entre los muertos, pasó once años hablando con sus discípulos, enseñándoles los lugares de los primeros Preceptos, así como los lugares del Primer Misterio, que se halla velos adentro en el interior del primer Precepto, el mismo que es el veinticuatro Misterio; y también las cosas que están en la segunda Estancia del Primer Misterio que se halla delante de todos los Misterios:

«El Padre, bajo la forma de Paloma.»

Y dijo Jesús a sus discípulos:

«He venido del Primer Misterio, el mismo que es el último Misterio, el Veinticuatro».

Los discípulos no conocieron ni entendieron esto, porque ninguno estaba dentro de aquel Misterio; antes bien, pensaban. que dicho Misterio era la cima del Universo y cabeza de todo cuanto existe; y pensaban que era el fin de todos los fines.»

Aquel que quiere descubrir el sentido de estas palabras, debe partir del nivel de existencia que le es propio, si quiere tener éxito en su investigación. Nuestro campo de existencia, el campo de vida dialéctico, puede ser científicamente dividido y visto bajo doce aspectos, doce estados. El Zodíaco dialéctico dodécuple se manifiesta por doce aspectos naturales. Ahora bien, cada uno de estos doce aspectos teniendo su reflejo, su proyección, su dominio reflejado, su esfera reflectora, tiene como resultado el que nuestro campo de vida tenga veinticuatro aspectos naturales de los cuales doce están comprendidos según la esfera de la materia y doce según la esfera reflectora. No importa que pueda, si así lo desea, estudiar estos veinticuatro aspectos, sea por vía mística, sea por vía oculta; la rueda de nuestra vida gira sin interrupción al interior de estos veinticuatro aspectos. Son los veinticuatro Misterios de la dialéctica, de la ilusión. ¿Comprendéis entonces, porque la Pistis Sophia dice que Jesús no ha dicho ni una palabra sobre estos misterios y que no es de ellos de donde proviene?.

El hombre natural que ha atravesado sus propios misterios llega en un momento dado, a un límite; llega al termino de su universo electromagnético y, según el lenguaje de la Pistis Sophia, se encuentra delante de un Precepto, un Orden, que ni siquiera el mago más experto podría transgredir: el circulo «no más lejos»; pues solamente entonces, es colocado delante de un Misterio real, el primero para él; delante de un enigma insoluble… ¡El mundo de las Almas le esta cerrado!.

Y es de los dominios de esta primera prohibición de lo que habla Jesús, de los dominios delante de los cuales el investigador natural se encuentra como delante de un muro. Es de este verdadero Primer Misterio de lo que conversa y enseña a sus discípulos. Y la Pistis Sophia repite para más precisión que Jesús habló del Primer Precepto que es el Veinticuatro Misterio yendo del interior hacia el exterior, el límite donde termina, por consecuencia, el campo dialéctico y donde comienza otro campo situado fuera de toda la esfera reflectora. Si habéis llegado a pensar que la filosofía de la Rosacruz Moderna salió del cerebro de un hombre moderno, desengañaos y escuchar un antiguo lenguaje de dos mil años, la misma síntesis de una sabiduría vieja ya hace cien mil años.

El hombre simple, llegado al limite de su esfuerzo se cree en presencia de su Dios supremo. Todos los dominios que le eran accesibles, los ha explotado y poblado de ídolos, mientras que no reserva más que un banal y estúpido respeto al Dios de más allá de la frontera.

Jesús, Él, enseña a sus alumnos los Misterios incognoscibles, aquellos que constituyen la realidad que es la única verdadera liberación y dice:

-«Yo vengo del Primer Misterio detrás del velo».

El dominio de Cristo, lo sabemos, es igualmente un campo con veinticuatro aspectos, doce espacios magnéticos positivos y doce reflejos de estos espacios. Es del reflejo de uno de estos espacios de donde irradia el Padre, bajo la apariencia de una Paloma.

En el lenguaje Gnóstico, la paloma es siempre uno de los símbolos más grandiosos del Espíritu Santo Séptuple, del Séptuple Microcosmo, del Séptuple Universo, como los Siete Amen o los Siete Truenos. La Pistis Sophia habla también de las Siete Vocales que, juntas, forman el nombre del único Dios.

Desde ese momento, para el hombre de la naturaleza llegado al termino de sus posibilidades y de sus poderes, llegado a la frontera del Primer Precepto, ante el Verdadero Incognoscible, ¡es el Séptuple Espíritu Santo quien irradia de este Incognoscible! Es la llamada del Santo Nombre de Dios emitido por el Nombre mismo. Por esta razón la Pistis Sophia dice luego:

-«¿Buscas secretos? Sabe que ningún secreto es superior a este, pues él conducirá a tu Alma, a la Luz de las Luces».

Nada está más alto que el secreto de las siete vocales y sus cuarenta y nueve fuerzas y su número. De las fronteras de nuestro campo de existencia, los siete rayos vienen hacia nosotros y edifican sus Focos sobre la tierra.

En plena crisis de la historia del mundo, resuena de nuevo la Voz, el Secreto de las Siete Vocales y sus Cuarenta y nueve Fuerzas. ¿No os hemos informado ampliamente de la Séptuple Fraternidad Mundial y sus cuarenta y nueve, sus siete veces siete aspectos?. Desde este momento, vosotros que queréis recorrer el Camino de las Rosas, darle al Santo Trabajo todo vuestro esfuerzo, daos a él enteramente. Se trata de conducir a las Almas renovadas a la Luz de las Luces.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2        LOS CINCO PROCESOS PSICOLÓGICOS

 

Tomando como base el Evangelio de la Pistis Sophia, acabamos de mostraros como la Enseñanza Universal de todos los tiempos confirmaba la sabiduría moderna y le daba el esplendor de la belleza clásica. En el Evangelio Gnóstico, Jesús, el Señor, dice de Él, que es un enviado de un Campo de Vida no comprendido en los veinticuatro campos dialécticos.

Unas condiciones electromagnéticas limitan nuestro campo de vida dialéctico. Este campo cuenta con doce aspectos y doce reflejos de estos aspectos. Aspecto y reflejo están en una relación positivo-negativo. El hombre de la naturaleza puede, si lo desea, explorar estos veinticuatro aspectos, investigarlos, incluso conocerlos. Terminada esta experiencia, los veinticuatro misterios naturales estudiados y comprendidos, se encuentra delante de un límite inevitable, es colocado delante de! verdadero Primer Misterio, delante de lo verdaderamente desconocido, delante de lo inaccesible.

A lo inaccesible, le llama Dios, El Absoluto Invisible. Así pues, juzga necesario testimoniar a este invisible un respeto estúpido, un respeto desprovisto de inteligencia. Hecho esto, se vuelve a sumergir en sus propios misterios y queda prisionero de los veinticuatro campos de vida naturales, enredado en ellos como en una tela de araña. Coloca allí a sus ídolos y los idólatra.

La Pistis Sophia declara, desde el principio y con fuerza, que Jesús-Cristo no es de este reino, de este orden del mundo, sino que es un enviado de lo desconocido, inaccesible a nuestra naturaleza.

¿Con qué fin? os preguntaréis. ¿Y por qué? Si nos encontramos delante de los verdaderos Misterios Divinos como ante un muro, y, si nuestros poderes no nos permiten más que errar en los veinticuatro campos propios a nuestro mundo, ¿Qué sentido le damosa la venida de Jesús que testimonia de la realidad divina misma y nos explica al Padre?.

¿Qué otra interpretación para esto que la de hacer comprender al hombre de la naturaleza, que, cuando haya reconocido la ilusión en la cual vive, abandonando su aberración, regenerando su microcosmo, pasará las puertas de lo desconocido en camino hacia su verdadera patria, el Reino Inmutable, el Reino que no es de este mundo? ¿Comprendéis que por esto viene hacia nosotros la Fraternidad?.

El Evangelio que vosotros conocéis no contiene más que los primeros rudimentos de la revelación Crística. Allí donde termina este Evangelio, comienza la Pistis Sophia. Ella relata y explica, a aquellos que se abren a su enseñanza, a Cristo y su Misión.

El Evangelio de la Pistis Sophia comienza, como ya hemos dicho, después de la Resurrección; presenta a Jesús hablando a sus discípulos y comienza así: «Cuando Yo estaba con vosotros en la vida ordinaria, antes de mi resurrección, jamás os hablé de los veinticuatro misterios naturales, pues Yo vengo de aquel, que para el hombre natural es realmente el Primer Misterio. Yo lo he dejado para venir hacia vosotros, el Primer Misterio que se encuentra en el límite del veinticuatro misterio natural».

En su primera manifestación, en efecto, Él no habló jamás de la Vida Original mas que de una manera general.

Continuando la lectura de la Pistis Sophia, descubrimos, velados, algunos formidables procesos psicológicos. Estos procesos son reconocidos por los alumnos llegados a este grado de comprensión. Controlar en vosotros mismos si formáis parte del primer proceso que vamos a describimos.

Se refiere a un aspecto de la Escuela Espiritual Moderna que conocéis muy bien y con la cual estáis familiarizados. Os hablamos en nombre de la Fraternidad Universal, la del Otro Reino, de las dos naturalezas: El Orden de Dios y el orden dialéctico.

Este fue el primer trabajo de Jesús. Él apareció entre nosotros y la radiación magnética nueva que, apenas perceptible, emanaba de su ser, se dirigía de manera muy elemental, a nuestro átomo espiritual. Él sugirió a los hombres la existencia de la Vida Original, la presentó filosóficamente, pero sin precisión de detalles.

Por otra parte no tenía ninguna posibilidad de hacerlo de otra manera, considerando que no se puede conocer la Vida Nueva sino se forma parte de ella. Y es sobre la única base del átomo primordial despertado, que la Vida original se vuelve clara, testimonia poderosamente de su presencia, establece en nosotros una certeza indefectible, y nos hace decir, a la manera de más de un alumno: «No comprendo todavía, pero se que es verdad y ya no puedo pasarme sin ello».

Este primer toque hace nacer y desarrollarse simultáneamente en nosotros el segundo proceso psicológico. La naturaleza en la cual estáis forzados a vivir depone su máscara, se os aparece como una naturaleza de la muerte a la cual vuestro ser pertenece, por esencia. Nada es descuidado para que estos dos procesos actúen en vosotros.

Lo importante es saber si estos dos procesos operan realmente y se fijan en vuestro ser. Esta experiencia, un tercer proceso, de la manera más natural, se hace valer y se desarrolla. Vuestro ser entero desea ardientemente la gloria del Reino Inmutable. En consecuencia la naturaleza de la muerte se os vuelve cada vez más extranjera; os consideráis, frente a ella, como un extranjero; la abandonáis sin ningún sentimiento y le decís adiós.

Pero si este tercer proceso se hace esperar, es necesario ver la causa de ello en el hecho de que el átomo original permanece cerrado como un capullo. Por lo tanto, no interpretáis, en su justa falta de valor a la naturaleza de la muerte y todavía vivís en la ilusión. Así pues no tenéis la Fe, y vuestra esperanza en la Vida Nueva no es un fuego inextinguible. No podréis desde ese momento amar a la Escuela; al contrario, la contradiréis sin parar, la resistiréis, y esto se explica perfectamente.

Además, es cierto que cuando hablemos de cosas y de cuestiones que en el fondo no queréis, cuando os mostremos y expliquemos una imagen del mundo que no podéis admitir os indignaréis y la rehusaréis. Conclusión: Un proceso psicológico inevitable nacerá en vosotros, no deseado por la Escuela, pero fuertemente explicable.

Lo trágico de esta situación es que, en lugar de dejar la Escuela, aquel al que le sucede esto se agarra, en general, desesperadamente a ella, mientras que de hecho ella le quema. La causa de este trágico drama, es, que en el fondo, él no puede pasar de la Escuela porque el proceso de destrucción por el fuego le es necesario.

Felizmente, y Dios sea alabado por ello, unas centenas de alumnos en la Escuela conocen estos procesos, los aceptan, progresan, evolucionan y llegan a mantenerse en un cierto estado. Pues la evolución de este proceso se subdivide en estados; primeramente, el alumno es confrontado con la vida nueva vista como un misterio; segundo, la máscara detrás de la cual la vida dialéctica esconde su penuria, su pobreza, cae; tercero, el alumno siente nacer en él la fe en la vida nueva, la esperanza de integrarse un día en ella, el amor a la Escuela y a su Trabajo; al mismo tiempo la alienación, el desligamiento natural de la vida dialéctica, aumentan.

Llegado a este punto, no creáis que el trabajo de la Escuela terminó, pues la Escuela de los Hierofantes de Cristo continua su trabajo. Ella desvela un cuarto proceso y os dice: La Gloria y la Majestad de la Vida Nueva va a seros revelada. Desde ahora no os hablaremos más de ello abstractamente, sino muy concretamente, seréis confrontados con la Vida Nueva de manera positiva, pues la hora ha llegado en la que comienza el viaje, el éxodo.

Vuestra primera reacción será un sentimiento de alegría y de felicidad. «Y sucedió que los discípulos reunidos en el Monte de los Olivos, recordando estas palabras, llenos de jubilo y alegría, se decían unos a otros: «Dichosos somos, más que todos los hombres de la tierra porque el Salvador nos ha revelado estas cosas y hemos recibido la plenitud y toda perfección». Frecuentemente hemos percibido esta alegría en numerosos alumnos. Debéis saberlo por haberlo experimentado.

Ahora bien, este cuarto proceso de reconocimiento y alegría es seguido de un quinto, en contradicción tan aparente con el precedente, que el candidato desconcertado y desengañado, presa del desencanto, se imagina haberlo perdido todo. Tiene la convicción de que todo ha desaparecido, se cree un réprobo y la amargura y la ansiedad roen su ser.

Para explicar este estado, es necesario no perder de vista al candidato, el cual, en y por la certeza de su Fe debe ser elevado y llevado por la vía directa; es confrontado con este objetivo, con un nuevo poder irradiante electromagnético.

Un nuevo campo magnético se ofrece a su vista y este primer contacto tiene, para él y sobre su sistema, extraños y prodigiosos efectos.

«Y sucedió en la decimoquinta luna del mes de Têbêth, que una grandiosa fuerza de Luz, de una especial y espléndida claridad, apareció detrás de Jesús. Su resplandor era tal que ninguna medida era capaz de determinar la Luz con la cual estaba unido. Esta Luz provenía del Misterio Divino, y penetro el veinticuatroavo Misterio de la naturaleza. Y esta Fuerza de Luz descendió sobre Jesús y le rodeó por todas partes mientras que estaba sentado a una cierta distancia de sus discípulos. Estos últimos vieron la Luz y fueron deslumbrados. Vieron numerosos rayos de Luz, los cuales no se parecían; todo era bañado por un inconmensurable y fulgurante resplandor que se extendía desde la tierra hasta el cielo. Y los discípulos estaban atemorizados, turbados y confusos. Las fuerzas del cielo estaban agitadas y todos los Eones, sus Dominaciones, su orden y la tierra entera compartían esta agitación. Los discípulos creyeron que el mundo quizás iba a ser enrollado como un vestido y su emoción era grande y juntos lloraban, desde la treceava hora del quinceavo día hasta la novena hora del día siguiente.»

Cuando para el candidato, él tiempo ha llegado, es decir, cuando su amor por la verdadera vida se ha vuelto suficientemente grande a consecuencia de la quemadura de la Fe y de la Esperanza -cuando su aversión, su desapego por la naturaleza dialéctica es tal que eso permite una nueva experiencia- en resumen, cuando la quinceava luna del mes de Têbêth ha llegado, el microcosmo es enteramente cogido y rodeado por una nueva y grandiosa fuerza electromagnética, toque tan intenso y tan extraño, tan absolutamente insólito e inacostumbrado, que su primer efecto es hacer nacer el desconcierto, la desesperación.

El Campo de Radiación de la Séptuple Fraternidad Mundial ocasiona el desconcierto, el desespero, cuando impetuosamente echa cimientos en nosotros, y el temor, la inquietud nos oprimen. Nos parece estar más cerca de la destrucción que de la liberación.

¿No es normal, en efecto, que la Luz intensa nos parezca, de buenas a primeras, tinieblas?, ¿no confirman muchos relatos esta experiencia?, ¿no es, lógico que un contacto intenso, cargado de fuerza magnética nueva, paralice a la naturaleza de la muerte, y le quite toda fuerza y todo poder? Y esto tanto más cuanto que esta fuerza magnética se hace sentir cuando la nueva conciencia, el nuevo yo, no ha nacido todavía.

Ahora bien, sabed y retened que por esta experiencia del alma abatida, después de la alegría que aporta la buena nueva, que por esta quinta prueba psicológica, se desarrolla la continuación del proceso que es la liberación renovadora, decisiva e inmediata.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3   LA INQUIETUD FUNDAMENTAL

 

Sobre la base de un texto extraído del Evangelio de la Pistis Sophia, os hemos indicado anteriormente, de que manera la Fraternidad Universal opera con relación a la humanidad. Hemos tratado de demostramos que no es necesario que fijarais vuestra atención en un alumno avanzado en el Camino del nuevo devenir humano. Esto podría haceros creer que él tiene unas cualidades extraordinarias y, en consecuencia, volveros pesimistas en cuanto a vuestro propio estado, y, por un complejo de inferioridad o un sentimiento de indignidad, haceros decir:

«¡No, imposible!, yo no tengo las condiciones requeridas». Esperamos haber demostrado que la oferta de la Fraternidad, su mano tendida, es para todos y no excluye a nadie.

Acordaros en Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, de la descripción del pozo, que es la naturaleza de la muerte. La cuerda que descendía al pozo no apuntaba a nadie en particular; ella no estaba allí para uno por la exclusión de otro. No, estaba allí para todos, y los que la pueden coger y quedar suspendidos de ella, son sacados fuera del pozo.

Todos aquellos que se encuentran en el Atrio de la Escuela de la Rosacruz, la Escuela Espiritual Moderna, y que se molestan en visitar nuestros focos, pueden saber, reflexionando inteligentemente sobre el Camino de la Liberación, como puede ser recorrido, desde el primero hasta el último paso, por cada uno de nosotros en particular.

Os hemos mostrado el desarrollo progresivo del hombre que busca la liberación. Desde entonces, con el esquema delante de los ojos, podéis, analizándolo, descubrir a que punto del camino habéis llegado, o bien en que punto habéis dejado de avanzar. La primera fase del Camino se refiere a la Fuerza de radiación magnética  elemental que, partiendo de la Fraternidad Universal, se dirige hacia todos los hombres y los influencia. Es necesario saber que aquel que posee un átomo original no tiene ni siquiera tiempo de reaccionar, sino que es forzado a ello. Porque esta fuerza es la cuerda lanzada en el pozo de la ruina. Es porque esta fuerza es perceptible a los humanos que se la denomina «Llamada».

Observad, que no somos nosotros quienes os llamamos; nosotros no hacemos más que hablaros de esta llamada, explicárosla, pues ella viene a vosotros directamente y no por nuestra intervención. Es una fuerza que vibra por el mundo, y que hace vibrar conforme a su naturaleza, a nuestro átomo original. Esta fuerza nos hace presentir la vida, nueva, nos envía sugestiones de ella y este conocimiento de las cosas futuras se concretiza en una maravillosa filosofía que actúa sobre el átomo original, lo turba y lo conmueve de manera excepcional.

Si habiendo conocido la luz y acordándoos de ella se os encierra en las tinieblas; si llevando todavía en vosotros, encapsulado, un principio de esta luz, percibierais de repente una llamada emanando de ella y que llega a vosotros hablándoos de ello, ¿no reaccionaríais?, ¿no os sentiríais conmovidos? ¿y no creéis que lo que más os perturbaría sería menos que lo que os diría el hecho de oír hablar de ello? Solo la palabra, su resonancia, «LUZ», ¡ya os eleva por encima de vuestro nivel ordinario!.

Añadamos, no obstante que esta reacción espontánea encubre un peligro, que ya se cobro más de una victima, paralizando las mejores buenas voluntades. Para demostrároslo, veamos claramente la situación tal como se presenta.

Existe una Fraternidad Universal. Ella envía su radiación por el mundo. Esta radiación es impersonal. Tiene por misión conmovemos, por medio del átomo primordial. Esta perturbación hace que ya no aceptéis la naturaleza de la muerte tal como se presenta ante vosotros y os ponéis a buscar otra cosa.

Y entonces un día oís hablar de ciertas cosas; escucháis y comprendéis que se habla de la luz; esto os interesa, e inmediatamente estáis tentados de reuniros con el que habla. Otros vendrán que harán la misma cosa. Todos hallarán condiciones favorables para hablar de esta luz que, vista de esta manera, tiene sin embargo una perfecta falta de sentido. La emoción que les hace hablar respondiendo a la vuestra, hace que los aceptéis como hermanos y hermanas. Esto puede provocar una ralentización en la marcha de vuestro desarrollo. ¿Cómo?

Así: Los hábiles servidores de esta naturaleza, y estos son numerosos, saben muy bien, ¡ay! que, cuando se habla de la luz a los buscadores de luz, cuando se les deslumbra con abundantes palabras, se les seduce, por ejemplo, con las ventajas de las organizaciones, sectas e iglesias que dicen seguir a la Luz. Atiborrándoles el cerebro con innumerables especulaciones sobre ella, se les desvía de su búsqueda. ¡Numerosos son los ingenuos, los cándidos, aquellos que son simples de buena fe, que permanecen suspendidos en las redes tendidas con tanto refinamiento!

Ahora bien, sabed que ningún mortal, ni en la tierra ni en el cielo, es capaz de arrancar del santuario de vuestro corazón al Átomo Primordial, la Rosa de las Rosas. Lo que desgraciadamente si que es posible, es inducir a esta rosa al error, desviarla de su reacción natural que es el volverse hacia la luz del Sol Eterno. De la misma manera que en los cálidos invernaderos, las flores se abren precozmente por medio de lámparas solares, igualmente se puede rodear al capullo de rosa con el brillo de la falsa luz de las especulaciones metafísicas. Se puede de esta manera y ello durante encarnaciones, dar a millones de portadores del capullo de rosa la ilusión de la liberación.

Este engaño tiene lugar sin cesar en este lado del velo, gracias a la repetida promesa de que se encontrará en el más allá el cielo y a Jesús el Señor. Cuando se es el juguete de esta ilusión, una vez llegado al más allá, la reencarnación debe producirse, debido a que para el microcosmo ello es un proceso biológico indispensable. Cada hijo de la rosa, que, por su delicado capullo, busca el beneficio de la Luz Universal, es atacado por una magia refinada. La magia de una cultura vieja de eones.

Esta magia natural emplea todo y a todos para llegar a sus fines. Lo hace porque puede hacerlo. Incluso puede emplear también a nuestra Escuela, y a la palabra transfigurística de Jesús el Señor y de otros grandes. Podéis ser cogidos por esta magia natural en el momento preciso en el que reflexionáis en la única realidad.

Os preguntamos si, en el estado en que ahora os encontráis, la Escuela de la Rosacruz Moderna os conduce a la satisfacción, a la paz interior. Si es que sí, es que vuestro rosal encalló en el invernadero de la magia de la cultura natural, pues es imposible que un átomo chispa de espíritu encuentre, en la naturaleza de la muerte la satisfacción y la paz. Si ello fuera así, ello probaría que algo en vosotros no está en orden. ¿Cómo podría estar en paz un hijo de la luz con el larguísimo tiempo que hace que el no ha entrado en el Reino de la Luz?.

No obstante, observad que no queremos decir con ello que deba reinar sin cesar en él una ansiedad desmoralizante, un temor perpetuo que se exteriorice por una fisonomía triste. Pues un hijo de la Luz invisible puede ser de un humor muy igualado, muy equilibrado, gracias a su certeza de estar sobre el Camino de la Patria. Pero la calma amanerada y la paz barata, frutos de un compromiso con la naturaleza, son, en él, imposibles. Un Hijo de la Luz, en efecto, conoce la experiencia de Jesús en la tierra: como él, no sabe donde poner sus pies y no tiene una piedra para reposar en ella su cabeza. Fundamentalmente, no encontrará esto en ninguna parte aquí abajo.

Es pues indispensable que os preguntéis: ¿Que me aporta interiormente la Escuela? ¿Aún es capaz de turbarme, de inquietarme? ¿Despierta aún en mi un angustioso deseo? o bien ¿ya no hay en mi vida ninguna agitación? o ¿He llegado al punto en que todo me entra por una oreja y me sale por la otra? Y nosotros os preguntamos: ¿Estáis siempre en el Proceso? o bien ¿Vuestro Satán, vuestro yo superior, vuestro ser aural ya os ha dominado, os ha puesto ya fuera de combate?.

Hagámonos todos, en esta hora, esta pregunta, pues sabemos, o al menos debemos saber, que estamos en peligro cada hora de día y de noche.

Aquel que no se da cuenta de esto y dice: «¡Vamos!, ¡vamos! ¡no exageremos y no hagamos un drama! no posee la señal pedida del primer grado elemental de la Escuela.

El hijo de la Rosa que nace en este mundo no tiene nada en común con este. Él no ha reconocido ni encontrara un lugar donde poner sus pies, ni una piedra donde reposar su cabeza. Todo le es extranjero, es un exilado. Cuando él busca liberarse para reencontrar su destino divino natural, se esfuerzan en retenerle prisionero en los lugares de su exilio, inculcando en él hábitos que le adormecerán, forzándole, por ejemplo, a tomar y a aceptar por verdadero el sonido de falsas campanas, jirones de falsa luz. ¡Este es el peligro!.

¿Conocéis la fachada detrás de la cual se esconde este peligro, este único peligro de ceguera y falsificación? ¿Sabéis donde toma cuerpo? ¡Él toma cuerpo en lo que se hace llamar «Iglesia» y no lo es!.

Quizás ahora diréis: «A este respecto yo no tengo ningún temor, estando afiliado a la Rosacruz». Si habláis así, es que vosotros subestimáis la influencia de las iglesias, pues la magia ejercida por los tentáculos de esta hidra se extienden mucho más lejos de lo que vosotros os creéis. Poseen también un poder irradiante. Este poder paraliza al buscador de la luz en tanto que su influencia es cristalizante. Ella paraliza, coagula la impulsión hacia la Luz. El resto, la organización de las iglesias, el aparato exterior visible al público, es secundario.

En el curso de los siglos ha habido siempre una conspiración, un complot, urdido contra aquellos que portan en ellos un capullo de rosa y quisieran ver florecer su rosal. El peligro que constituye esta conspiración se vuelve más agudo de hora en hora. Sobre todo no creáis que quisiéramos sugerimos así una creencia en los demonios; no, no queremos alarmaros, sino conduciros a una simple y elemental experiencia personal.

¿Os sentís siempre y a pesar de todo un verdadero buscador de la Luz? ¿De hecho, estáis aún turbados y llenos de inquietud? ¿Sabiendo lo que se arriesga en esta lucha, estáis, a causa de esto, en perpetua agitación, llenos de una actividad tan grande que os hace temblar? ¿Tenéis en vosotros algo de la fuerza de expansión de la que habla el salmista, esa fuerza que, en un momento dado, os hace regocijaras, y al instante siguiente, sentir la amenaza hasta en el fondo de vuestra alma? ¿Sentís los muros amenazadores levantarse alrededor de vosotros? ¿Sí? Entonces, ¡la gracia de un estado de alumno viviente es vuestra parte! Si este no es el caso, y si soistodo calma y serenidad, beatamente felices allí donde estáis, sin pedir nada más, entonces: atención pues es más que cierto que la influencia cristalizante os tiene en su poder y le quita a vuestro rosal el suelo alimenticio del que tiene necesidad. Y se vuelve indispensable que busquéis la causa de esta parada en vuestro desarrollo, ¡si, no obstante, tenéis el coraje de ello!

En cuanto a nosotros, si hemos llegado a devolveros la antigua y saludable inquietud que no os dejaba un respiro, sí, sihemos tenido éxito en este punto, estamos agradecidos a Dios, pues, haciendo esto, os hemos arrancado del abrazo de vuestro enemigo particular, ocupado en estrangularos.

Todo hombre portador de un capullo de rosa en el corazón es tocado por la fuerza de radiación elemental de la gnosis. De este hecho nace en él una gran inquietud, una turbación profunda. Servidores de la Gnosis vienen hacia vosotros, os hablan de la Luz y testimonian de ella. Y ahora sois vosotros los que tenéis que distinguir lo que hacen, pues ésta es la señal. Ellos no quieren tranquilizaras tontamente, calmar vuestra turbación; no, lo que ellos quieren es llevaros al buen camino, colocaros en ángulo recto sobre el Camino. Pues detrás de vuestra inquietud se esconde la noción de ser un extranjero aquí abajo, la noción de estar en el exilio, la noción de no pertenecer a este mundo.

Si esa experiencia os debiera ser eliminada, ello representaría el asesinato de vuestra energía dinámica, indispensable para haceros progresar sobre el Camino de la Liberación. Aquel que está en este punto muerto, aquel que se hunde en una falaz quietud, que acepta, admite y examina todo con un entendimiento suave, esté prueba que se ha vuelto victima de esa institución que se hace llamar injustamente «Iglesia».

 

 

 

 

 

 

4   EL ALUMNO EN LA ENCRUCIJADA DE CAMINOS

 

¡Quiera Dios que hayamos devuelto o despertado en vosotros, algo de esta fuerza expansiva tan necesaria, de esta inquietud inicial y fundamental que es la señal distintiva y característica de los hijos e hijas de la Gnosis!

Todo hombre que tiene un capullo de rosa en el corazón, es tocado por la fuerza irradiante elemental que emana de la gnosis. Está fuerza es la fuerza de Luz emitida por la séptuple Fraternidad Universal y aquel que es tocado por esta Luz está sin discusión bajo la influencia de una turbación intensa y la experimenta. ¿Por qué? Porque esta fuerza de luz es diametralmente opuesta a la naturaleza dialéctica. Ahora bien, esta fuerza penetra vuestro sistema por intermediación del átomo primordial, el capullo de rosa, y cuando se hace valer, es como si estuvierais forzados a respirar en una atmósfera que os es extranjera y que vuestro sistema estuviese, pese a todo, obligado a inhalar.

Conjuntamente a la llamada gnóstica, los servidores van a todos los países a hablar a los hombres de esta Luz que emociona a aquellos que portan en el corazón un germen divino. Testimonian de ello y su intención no es tranquilizar la inquietud creciente del buscador, pues esta inquietud es precisamente la prueba de una reacción que ellos desean.

¿Que hacen entonces los trabajadores gnósticos? Canalizan esta turbación, esta inquietud, le dan un sentido. Explican el objetivo de esta reacción y colocan «en ángulo recto y bien verticalmente» sobre el camino, al alumno que quiere realizar este Camino. Frecuentemente hemos comparado esta inquietud con una pila cargada con una energía nueva, la cual debe   ser utilizada, porque esta turbación es una fuerza expansiva.

Luego es indispensable, que todo alumno de  la Escuela Espiritual Moderna sepa si conoce esta turbación, si siente esta santa inquietud, o sila ha conocido. En ese caso  se puede decir que es admitido con toda la razón en la Escuela, que ha entrado en el proceso que la Escuela muestra a sus alumnos.

Si, por el contrario, no conoce esta inquietud, que se considere como que no es aún, en el fondo, un alumno verdadero. Este segundo estado se origina en una influencia cristalizante que tiene poder sobre él, influencia que arranca el rosal de su suelo nutritivo. Ya hemos explicado las causas de esta cristalización, de este dormir sin sueños del átomo primordial. Se refieren al hecho de que el interesado está estrechamente unido, identificado con las fuerzas de la naturaleza, está subyugado por ellas.

Ahora quisiéramos hablaros de la fase siguiente del santo contacto. Dos posibilidades se presentan ante aquel que es tocado en el corazón por las radiaciones de la Séptuple Fraternidad Universal, el cual experimenta por consecuencia una turbación sagrada y ha recibido de los trabajadores de la Fraternidad la explicación de esta confusión y su objetivo.

He aquí las posibilidades: En la primera, el alumno ve crecer en él el ardiente deseo de participar en la realidad nueva, en otras palabras, el ardiente deseo de salvación.

En la segunda, siente al contrario desarrollarse en él una oposición, una aversión, incluso una animosidad y finalmente nace el rechazo pertinente de seguir el camino.

Todo alumno es colocado, en un momento dado, ante una elección decisiva. Experimenta o un deseo inmenso de la vida nueva que la fuerza de expansión, despertada por la inquietud sagrada, alimenta de la energía suficiente para alcanzar el objetivo, o una aversión por este camino, el rechazo obstinado de seguirlo y la consecuencia inevitable: La auto-neutralización.

El campo de fuerza de la Escuela es en la actualidad lo suficientemente fuerte para provocar estas reacciones. Así pues, tened todos cuidado en comprender la naturaleza, la esencia, la profundidad de la elección con el fin de que, cuando os encontréis ante la bifurcación, sepáis lo que tenéis que hacer. Daos cuenta de que no se trata de elegir después de una madura reflexión, después de haber sopesado pros y contras, ni bajo la incitación de una emoción. No, aquí se trata de una reacción psicológica inevitable, inexorable, en el sentido de:

«No puedo hacer de otra manera». Reacción que no es jamás una coacción o el resultado de la presión de terceros, sino de la manifestación de una realidad interior irreprimible, que no lleva consigo ninguna ilusión, exaltación o sugestión.

En efecto, se podría suponer que es posible encontrar en el Atrio a alumnos que allí no están en su lugar, lo que podría inquietar a algunos. Sabed que es algo imposible en una Escuela como la nuestra, una Escuela tan viva como lo es la Rosacruz. Cada alumno en el Atrio es obligado, llevado hacia la bifurcación, a declararse fuertemente consciente. La Doctrina Universal dice, como sabéis, que la verdad, la realidad, acaban siempre por aparecer al entendimiento de todo candidato, considerando que la Verdad debe, inevitablemente ser liberada.

Veamos ahora como se desarrolla esta declaración tan personal. Primeramente ¿De qué manera nace este deseo de la vida nueva, este deseo de salvación?, ¿Queréis, cada uno por sí mismo, determinarlo? Para facilitároslo vamos a repetiros las condiciones requeridas:

Primero: Es necesario que seáis tocados por la radiación elemental de la Séptuple Fraternidad Universal. Esta es la primera manifestación de un contacto, es la mano tendida de la Fraternidad.

Segundo: Si soisportador de un Átomo-Chispa de Espíritu y vuestra manera de vivir lo permite, seréis turbados, conmovidos por una santa inquietud.

Tercero: Habiendo orientado, los trabajadores de la Fraternidad, vuestra inquietud hacia su verdadero objetivo, comprenderéis vuestro estado en la dialéctica y vuestro estado de alumno y finalmente llegaréis a comprender que hubo y hay todavía una vida original, y que vuestra manifestación microcósmica actual no es más que una caricatura del estado original.

Siestáis de acuerdo con lo que os decimos; si todo esto está claro ante vuestros ojos, será vuestra manera de vivir la que determinará, como resultante de esta experiencia interior, si «ha nacido un deseo», si una cierta lucidez os da una necesidad indestructible de la vida nueva.

¿Por qué manera de vivir es pues determinado este deseo? Por las experiencias vividas.

La verdadera comprensión nace, en efecto, de las experiencias registradas por la sangre, experiencias que no tienen nada de superficiales, sino que al contrario son muy conscientes. Fácilmente comprenderéis que ni la filosofía, ni la fe en mandos, ni la aceptación benévola de un sistema cualquiera, ni la sumisión a las circunstancias familiares, pueden engendrar el estado psicológico requerido. Solo la experiencia despierta el deseo de salvación. Un alumno debe poder certificar la veracidad de la filosofía de la Escuela por la experiencia vivida personalmente.

Evidentemente, es posible que vuestro subconsciente haya acumulado ya bastantes experiencias, como resultado de un largo pasado que ya está en vuestra sangre; lo que hace que, desde el comienzo de vuestro estado de alumno, tengáis conciencia de haber pasado por más de una experiencia. En otras palabras, tenéis en vosotros, en vuestra conciencia, y vividas en el pasado, experiencias de índole espiritual referidas a la Enseñanza Universal, y así habéis llegado al estado tan bien descrito en el Salmo 42:

«Como una cierva suspira detrás de las corrientes de agua,

Así mi alma suspira detrás de Ti, ¡Oh mi Dios!

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.

¿Cuándo iré y me mostraré ante la faz de Dios?

¿Por qué, ¡Oh alma mía!, estás abatida e inquieta en mí?»

Observad que, cuando este deseo nace, no podéis atribuirlo ni a una decisión de vuestra voluntad, ni a un consejo recibido, sino que no puede tratarse más qué de un estado psicológico que llena todo el ser hasta en sus fibras más íntimas, hasta las más ínfimas. Así pues, es una aspiración interior y no puede ser de otra manera. Es una orientación exclusivamente espiritual, una nueva polarización.

Encontraréis esta reacción muy bien descrita en las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz. El candidato, colocado ante varios caminos, debe hacer una elección, cuando una circunstancia fortuita le hace tomar por uno de ellos espontáneamente, como impulsado por un instinto interior, precisamente por el que conduce al Templo Interior.

Quizás ya habéis experimentado la sensación de que vuestra vida es guiada; que sin saberlo ni quererlo, seguís cierto camino. Esto es verdad. No veáis esta experiencia como el resultado, la influencia de fuerzas fuera de vosotros que dirigen vuestra vida en un sentido determinado, sino verlo como un estado interior que domina vuestro ser, que gobierna las reacciones de vuestra sangre, que determina vuestros pensamientos. Aquel que experimenta el deseo que acabamos de describir, invoca y llama hacia él a las fuerzas magnéticas de la Vida Nueva. Estas fuerzas hacen alcanzar el objetivo, incondicionalmente, de la manera que acabamos de indicar.

Examinemos ahora la segunda posibilidad de la que hemos hablado: La conducta contraria de aquel que rechaza el camino, y termina en la autoneutralización, es decir el caso en que llegando el interesado a la bifurcación, toma el mal camino. Sigamos el mismo desarrollo que en el primer caso.

Un hombre es tocado por la luz elemental de la Fraternidad, y nace la turbación. Un trabajador de la Escuela orienta al interesado hacia el objetivo a alcanzar, mostrándole el  buen camino, lo hace todo para hacerle tomar «una buena salida». Le da un consejo exclusivo: «Él, el otro en ti, debe crecer; tu yo, el yo de la antigua naturaleza, debe disminuir; endereza los caminos para tu Señor». Así es como este hombre llega, él también, a la bifurcación. Ahora bien, el no toma, sin embargo, el camino del deseo de salvación. ¿Por qué? Porque las experiencias de su vida todavía le hacen tomar otras direcciones.

Aunque dominado por un sentimiento interior idéntico, el segundo candidato no puede recorrer el camino que el primero ha emprendido. Disponiendo los dos de un átomo-chispa de Espíritu, tocados los dos por el mismo campo magnético elemental de la Gnosis, los dos en contacto con la Escuela Espiritual, eligen un camino diferente, impulsados cada uno por la aspiración interior nacida de la experiencia adquirida por su conciencia.

Cuando se sabe esto, uno ya no se sorprende si un alumno abandona la Escuela, si, sidebe abandonarla. Es la Escuela misma la que conduce a esta autodeclaración. Sin duda se puede lamentar este hecho, pero llegará un momento, evidentemente, en que el interesado, madurado por las experiencias e impulsado por un deseo interior diferente, hará una elección mejor, más juiciosa. Sise busca el móvil que, en un caso cualquiera, impulsa a la persona en cuestión a abandonar la Escuela, porque es conducida a ello por una autodeclaración, se encuentran una gran diversidad de motivos. Uno dirá: « No puedo seguir el camino, pues debo cuidar a mi anciano padre o a mi anciana madre y ello me ocupa todo mi tiempo». Este es un complejo filial que expulsa el deseo. Otro dirá: «Me retiro, pues no puedo forzar a mi anciana madre a volverse vegetariana y ella me exige que yo haga como ella». Para un tercero será: «Mi mujer me lo prohíbe», o bien: «Mi marido se opone a ello».

O más aún: «La educación de mis hijos ocupa todo mi tiempo». A continuación, están los «yo» desengañados, ocupados en edificar en la vida muy concienzudamente su propia gloria y que, desenmascarados, sé vuelven violentamente contra la Escuela. Esta también la categoría de los que esperan aún mucho de este mundo, que tienen ambiciones y desean realizarlas. Están también aquellos que, hastiados de vivir en la naturaleza de la muerte, se hacen reproches sin parar, y vueltos hacia el pasado, frenan el presente porque se dejan dominar por la conciencia de sus faltas. Desgraciadamente en todos estos casos, es el mal camino el que se toma.

Esta también el grupo de los que conducidos hasta la bifurcación, no llegan a elegir. Se titubea, se trata de mantener en la neutralidad, no se desea ni se rechaza. En estos se descubre un comienzo de cristalización, de petrificación.

En resumen, estamos obligados a constatar que aquellos que se encuentran en el Atrio de la Escuela son forzados, en un momento dado, a declararse. Es una necesidad vital. Esta magnífica necesidad, es uno de los objetivos de la Escuela. Cada candidato, sobre la base de su estado psicológico interior, se muestra tal y como es realmente.

Es así como la Escuela ve desarrollarse dos corrientes: Una formada por los que portan en ellos un deseo intenso de liberación y están seguros de su admisión en el nuevo campo de vida. El otro formado por los que, en un momento dado, bifurcan y regresan a su punto de partida.

Comprenderéis con nosotros que el «todo o nada» de lbsen, y las palabras de Jesús el Señor: «Si no abandonáis todo lo que poseéis, no podéis ser mis discípulos», no consisten en una cierta manera de ver las cosas, a la cual uno se puede adherir por decisión de la voluntad, sino que es un comportamiento que crece, que aumenta a continuación de las experiencias. Es un cáliz que es necesario beber hasta la ultima gota. ¡De este cáliz nadie escapa!

Y cuando la conciencia se encuentre colocada ante las decisiones a tomar, serán la naturaleza y las calidades de las experiencias las que serán dominantes. Todos somos guiados por la suma de las cualidades adquiridas por la conciencia, cualidades fijadas y arrastradas por la sangre.

Y Dios sea alabado, nunca, nunca jamás, nos abandonará la Fraternidad Universal. Sin cesar nos toca con sus rayos saludables, testimonia de su incesante presencia y nos empuja hacia la bifurcación. Frecuentemente somos devueltos a nuestro punto de partida, pero un día llegará en el que llegaremos a alcanzar las alturas, las cumbres en las que reina como dueño y señor el deseo de salvación, con el fin de contemplar allí el alba de una nueva mañana.

 

 

 

 

 

 

 

5   LA CONCIENCIA DE LA REVELACIÓN

 

Como recordaréis, nos hemos propuesto, basándonos en el Evangelio de la Pistis Sophia, daros una idea del Misterio del Nuevo Devenir Humano. A este efecto hemos estudiado y profundizado juntos diferentes aspectos de la cuestión y hemos descubierto que la base elemental del nuevo devenir era incontestablemente la presencia en la parte superior del ventrículo derecho del corazón, del átomo-chispa de espíritu, o Capullo de Rosa.

Todo hombre que posee este Capullo de Rosa, -¡qué lo posee todavía!- se vuelve consciente de ello cuando llega a constatar en él un estado elemental, rudimentario, un estado típico que se abre paso desde la juventud, que da forma a su carácter, a su ser, a su manera de actuar; estado que designamos como turbación o inquietud del corazón, y que igualmente calificamos como una inquietud santa, para designar el lado sagrado de esta turbación que demuestra una búsqueda de la salvación, un deseo de curación.

Explicamos este estado constatando que en la persona en cuestión, ello resulta de una perceptibilidad especial a las influencias electromagnéticas que no son de esta naturaleza, pero que se dirigen al átomo-chispa de Espíritu, siendo conscientemente aceptadas por él y derramadas en el sistema entero.

¿De donde provienen estas radiaciones electromagnéticas? Provienen de lo que llamamos la Fraternidad Universal.

La Fraternidad Universal nos envía este campo de radiación magnético y, por medio de sus siete campos operatorios, lo mantienen conscientemente en nuestro campo de vida. Toda entidad portadora de un átomo espiritual que reaccione a esta radiación, es turbada, conmovida e inquietada por ella.

Esta explicación simple y lógica es la verdad, la simple realidad de la interpretación poética o mística refiriéndose a la Voz, la Llamada de Dios que toca a los hombres. Esta es igualmente la verdad, la simple realidad en lo que concierne la reacción personal de Dios con respecto al comportamiento individual de los hombres.

El misticismo infantil del hombre religioso dice: «Dios lo ve todo y lo escucha todo».

Hay una cierta verdad escondida en este dicho popular, pues sabemos que todo campo electromagnético reacciona conforme a la manera como reaccionan los cuerpos tocados por su influencia. La manera de actuar de un hombre unido a cierto campo magnético determina la reacción de este campo magnético.

Resumiendo, decimos que todo portador de capullo de rosa es tocado por la radiación enviada conscientemente por un campo magnético, sumergido como una red en el mar de la vida. Este portador sufre, día y noche, la influencia de esta emanación que, diariamente, hace aumentar su turbación y su inquietud.

Así es como, según el refrán citado anteriormente, es confrontado con la vida nueva. Este misterio le rodea, le, cerca, y no puede desasirse de su encantamiento. Este misterio hace de él un buscador, un inquieto, que no deja de hacerse preguntas sobre la vida y sus secretos, quiere profundizar en las causas de su existencia. Hace que se sienta un extranjero en la tierra, que sea por naturaleza «romántico», siempre a la búsqueda de lo otro, de un otro, de un alter-ego; siempre a la búsqueda de lo maravilloso.

Una vez bien preparado el campo de vida de los hombres, la Fraternidad Universal envía servidores, que fundan escuelas, atrayendo alumnos por diversos medios. Estos enviados hablan a los hombres de la inquietud santa y sagrada que les anima, explicándoles su procedencia, la intención de esta turbación. Testimonian de la Gnosis, de su llamada, hacen comprender lo que es su campo magnético; y cuando encuentran buscadores ávidos de escuchar, y capaces de escuchar, continúan hablándoles de la vida original, desenmascarando así al mundo dialéctico. Les explican su estado actual y su intención evidente es guiar a sus alumnos, conducirles hacia la relación particular, la armonía interior, que pueden obtener y mantener con el campo magnético en cuestión.

Esta relación armoniosa podríamos denominarla «la fe», la fe en la vida nueva, la esperanza de ser un día admitidos y comulgar en ella. Esta fe y esta esperanza hacen que de una manera muy natural, el alumno llegue a amar a la Escuela y a su trabajo, lo que tiene como consecuencia el alejarse todavía un poco más de la vida dialéctica. Ésta termina por pesarle y se le vuelve absolutamente extranjera. Aquí se puede hablar igualmente de un deseo inconmensurable que se basta a sí mismo, que no pide nada más.

Sin embargo es posible, por el contrario, como os hemos explicado precedentemente, que un temor fundamental paralice al alumno y le haga rehusar el comprometerse en esta vía. Ello se produce cuando las experiencias que ha sufrido no han sido lo suficientemente concluyentes, cuando la materia ejerce aún sobre él un cierto encanto, cuando su conciencia no ha registrado suficientes fracasos que tengan como resultado un adiós irrevocable a la naturaleza.

Pero cuando un deseo sin medida crece en el alma del candidato, cuando la plenitud de la corriente gnóstica del campo magnético se expande ampliamente en su ser por la Rosa del Corazón, entra en un nuevo estado de ser. Y el resplandor, la magnificencia, la majestad y la gloria de la vida nueva se le revelan. Esta repleto, lleno de una alegría profunda, de un reconocimiento infinito, de un entusiasmo sin limites.

Daos cuenta sin embargo que no se trata aún más que de una revelación, de una perspectiva y no de la estabilidad de un estado definitivo. Aunque envidiable este estado no es aún más que un grado más elevado de la certeza aportada por su fe. Este grado, este escalón es llamado «revelación». Este aporta un conocimiento particular del verdadero conocimiento de la Gnosis, y como deseamos profundizar en este importante tema, lo abandonamos aparentemente para abrir un paréntesis.

Una fraternidad oculta, un poder jerárquico dialéctico, que prácticamente quiere ejercer una influencia sobre la humanidad, toma siempre como base de su influencia un campo magnético. Así se comprende el gran número de campos magnéticos más o menos activos en nuestra atmósfera. ¡Más de una red es lanzada en el mar de la vida dialéctica! Pensad en las influencias tibetanas, en la magia que, desde la «Torre del mundo», mantiene a la humanidad cómo en una red. Pensad en la magia de ciertas iglesias que, con la misma intención, crean y mantienen un campo de este género. Así tenemos la certeza de que más de una influencia magnética es ejercida sobre nosotros; infame parodia del campo magnético de la Fraternidad Universal, que ha de provocar preocupación y hacer temer la impostura y el engaño.

No obstante tranquilizaos, pues un buscador serio no será nunca la víctima de tal duplicidad. ¿Por qué? Porque siguiendo el principio de las leyes magnéticas universales, todo campo magnético está obligado, en un cierto momento a declarar y manifestar su verdadera naturaleza.

Si, en consecuencia, esta revelación debía hacer nacer una duda, un pensamiento, en contradicción con la naturaleza fundamental del candidato, éste mantendría la libertad de substraerse a esta influencia magnética, la libertad de neutralizar el interés previamente suscitado. Comprended desde este momento que una revelación no es únicamente una ampliación de los poderes de la conciencia, sino que al mismo tiempo es una piedra de toque, un medio, un don de control. La revelación demuestra la verdad y la verdadera naturaleza de la fuerza nuclear inicial del campo magnético en cuestión.

No se puede ser una victima inconsciente. ¡Más de un sin sentido es despachado en la materia! La entidad portadora de un capullo de rosa que busca realmente la liberación, puede perfectamente «probar» si los espíritus son o no de la Gnosis. Puede hacer empleo de su «Don de Control». Pues repetimos que todo campo magnético está forzado a manifestarse, a revelarse. Cuando ello no se produce, es que la revelación no es profunda- mente deseada por el interesado, que en el fondo, se siente a gusto en la radiación elemental de tal o cual influencia. Voluntariamente deja que abusen y que le engañen los agentes del campo en cuestión.

La señal, la característica de estos agentes es que exigen de su rebaño, la fe del carbonero en dogmas caducos, en tradiciones trasmitidas de edad en edad, y presentadas como inatacables y divinas. Este fárrago tradicional es una barrera real a la búsqueda del investigador serio. Encuentra allí, si quiere satisfacer su tendencia, saciar su deseo de saber, una ciencia forjada de muchas piezas con esa intención. Los estudiantes deben aprender de memoria esta ciencia en latín y en griego. Se les pide además, el sumergirse en el estudio de viejas lenguas muertas, profundizar en mil y un autores, buscando lo que dice uno y lo que confiesa otro. Y no siendo esto suficiente, les es necesario además, estudiar y conocer un cierto número de rituales mágicos. Después de siete años de este lavado de cerebro (esta propaganda falsa), con el cerebro sobrecargado y deteriorado, los desgraciados terminan por creer realmente que son lo que se les ha dicho y repetido: unos sacerdotes, los guías espirituales del pueblo.

Evidentemente no se trata aquí de revelación, pues su revelación, es la letra y una compilación de textos. Y esto debe parecerles suficiente. En realidad no comprenden que en realidad no saben nada de nada; que, engañados, se les maneja a su antojo y que, cuando son devueltos a la vida y a la sociedad, están corporalmente trastornados. Es con la ayuda de este método que se impide, que se mata en su germen la posibilidad de la revelación.

Permitidnos ahora preguntamos si vuestra certeza ¿se basa en vuestra biblioteca y en lo que vuestro cerebro, inteligentemente, ha retenido? En ese caso, permitidnos deciros además que ello es muy lamentable, pues desgraciadamente es vuestra culpa y prueba que sois víctimas de la influencia de un campo magnético cualquiera de la naturaleza ordinaria que os cierra el camino de la revelación.

Volvamos a nuestro punto de partida. Aquel al que, gracias al proceso evocado, la, fe en la Gnosis llena de un deseo inextinguible, es conducido a la revelación. A consecuencia de la relación armoniosa que mantiene con la Gnosis y su campo magnético, tal candidato llega a ser una pequeña luz, una pequeña llama, en el centro, en el núcleo de este campo magnético que se revela a él, es decir se abre a él, se declara a él.

En el apocalipsis de Juan esta revelación se presenta como una confrontación del candidato con aquel que era, que es y que será por toda la eternidad, con el verdadero Hombre celeste; ¡falta mucho para ello! pero el hombre celeste se le aparece en perspectiva. ¿Comprendéis que diferencia hay entre el saber y la revelación?.

Observad además, que esta revelación no es única, sino que se repite en una serie de desarrollos cada vez más precisos. Y puede ocurrir que desvelándose ante vuestros ojos maravillados algo tan magnífico, exclaméis, balbuceantes: «Que formidable revelación» y que os quedéis mudos de agradecimiento. Os sentiréis entonces como los discípulos de Jesús en el monte de los olivos, y del que el Evangelio de la Pistis Sophia nos repite estas palabras: «En verdad, nosotros somos elegidos por encima de todas las criaturas de la tierra». ¡En efecto!

Esta revelación que os toca y que se despliega ante vuestra conciencia, es la conciencia jupiteriana que algunos experimentan como una certeza del porvenir, la presciencia de que este don les será un día concedido.

Sabed que podéis tenerla, poseerla en el presente, en cuanto hagáis el camino. Si nosotros poseyéramos todos esta conciencia de la revelación, en ese instante mismo hablaríamos, veríamos, experimentaríamos -tal como lo expresan los verdaderos místicos- que descansamos en el corazón, en el seno eterno del Padre de todas las cosas.

Ahora bien, esta revelación de la conciencia es todo lo más una fase, la fase final del camino Juanista y, consecuentemente, completamente dialéctico aún. Esta conciencia es la base sobre la cual se apoya la última elección, la decisión ultima y concluyente.

 

 

 

 

 

6        LA TEMPESTAD MAGNÉTICA

 

Sabéis que la intención de la Escuela es iniciaros en el misterio del nuevo devenir humano. No hemos dejado de insistir en el hecho de que es necesario ver este misterio como que puede ser un acontecimiento real, que puede sobrevenir en el presente vivo, actual. Acontecimiento, en el cual todos podéis, sin excepción, participar, desde el momento en que vuestros deseos se vuelvan hacia ello.

Observemos que algunas personas consideran este misterio como un problema a resolver. Haciendo un estudio de ello, desean, antes de acometer una solución, conocer todos los aspectos, todos los datos, a la manera de un transeúnte detenido ante un escaparate, y seducido por el buen gusto del escaparatista.

Ahora bien, la Gnosis no se deja exponer como una mercancía, sino que se desvela a los que vienen hacia ella en la angustia apremiante de su alma. En consecuencia es imposible que la Gnosis se vuelva una enseñanza presentada en la universidad. No, la Gnosis es para aquellos en quienes arde un deseo abrasador. Es para los alumnos de la Escuela Espiritual que, animados por un verdadero deseo de salvación, comprenden el objetivo, las intenciones de la obra a realizar. Todos aquellos que están en este estado son aceptados por ella, como alumnos.

Sabéis que la base elemental del nuevo devenir es poseer un átomo divino o capullo de rosa: el principio vital inicial que se encuentra en la parte superior del ventrículo derecho del corazón. Os volvéis conscientes de la presencia de este principio gracias a un estado de ser especial, una turbación creciente a la que se podría calificar de «inquietud psíquica».

El sujeto en cuestión es sensible a los efectos de un cierto grupo de influencias electromagnéticas enviadas a este mundo por lo que nosotros llamamos la Fraternidad Universal. Estas influencias provienen de un campo magnético que no tiene nada que ver con la naturaleza dialéctica que, por otra parte, es incapaz de explicar la proveniencia de estas. Estas influencias no pueden ser aceptadas ni registradas, ni por la conciencia ordinaria, ni por el fuego de la serpiente, ni por las glándulas de secreción interna, ni por nada que sea corporal, sino que son sentidas y asimiladas exclusivamente por el átomo divino.

Comparado con el resto de la composición anatómica de la personalidad, este átomo original es un principio extrañísimo y singular. Su estructura es absolutamente diferente de todo lo que conocemos; no corresponde a ningún grupo de la sustancia primordial del campo de vida ordinario. Por esta razón lo encontramos (como un capullo de rosa protegido y escondido en verdes bractéolas) perdido en el fondo del santuario del corazón, hasta que la radiación gnóstica venga a despertarlo.

Es cierto que toda entidad portadora de átomo chispa de espíritu reaccionará en un momento dado a las radiaciones de esta irradiación. La primera reacción será, como ya sabéis, una inquietud, una turbación, porque la rosa del corazón, el séptuple principio del verdadero hombre primordial, aspira a regresar a su patria. Desde el momento en que el capullo de rosa comienza a mostrarse sensible a los rayos que le tocan, un ardor se desarrolla, un reflejo, una proyección. Esto actúa sobre la personalidad entera por la circulación cefálica (aquella que por la aorta y la subclavia derecha, hace subir la sangre al cerebro) y en consecuencia opera sobre los centros nerviosos de la materia gris.

De esta manera opera la llamada divina en el hombre. Es una atracción magnética que han cantado los poetas de todos los tiempos, puesto que experimentaban la influencia de ella, así como los pensadores y ciertos novelistas que testimoniaban de esta turbación en sus escritos. Esta llamada mágica conduce a los simples, a los no complicados, a sobrepasar su timidez para ir con franca seguridad, con confianza al encuentro con la Luz de los Misterios. Así es como se confirma que es la simplicidad, el candor quien encontrará siempre el camino más corto hacia el objetivo: «La Filiación Divina».

Conociendo así la naturaleza, el objetivo de la inquietud psíquica, ¿qué otra cosa podría pretender que el incitar al hombre a buscar? «Buscad y encontraréis» no son palabras vanas, sino una ley primordial; consecuentemente estad convencidos que el alma que busca, impulsada por una turbación de este tipo, encontrará infaliblemente lo que busca. Para aquellos que son los juguetes del tiempo, esta búsqueda puede parecer larga y necesitar quizás más de una vuelta de la rueda. Un hecho permanece seguro: Aquél que busca encontrará.

El contacto inicial de la Gnosis, en busca de las almas predispuestas es de una simplicidad tal que, con una sonrisa, se la puede calificar de magnífica. ¡Sonrisa de asombro y de respeto, sonrisa tranquila de reconocimiento infinito!

En efecto, ninguna alma puede ser olvidada, considerando que la plenitud de la radiación que parte del séptuple manantial se extiende sobre el mundo entero y que toda entidad portadora de un átomo espiritual debe reaccionar aunque se encontrara perdida en la selva, o en un desván cualquiera de una gran ciudad. Esta plenitud de radiación, este perfecto haz de luz, no prende el violento incendio de una crisis. No, es una llamada tranquila, constante, que opera según leyes magnéticas constantes a las que el cristal atómico primordial debe responder.

Así es como el alma humana es conducida a una cierta madurez y como encuentra, en su momento, a la Escuela Espiritual donde los trabajadores hablan de la naturaleza de la búsqueda y de sus causas, donde explican el origen de esta nueva radiación magnética. Y llega el momento en que ayudada por el prerrecuerdo, el alma «reconoce» y entra en la alegría. El buscador ha encontrado algo.

Sin embargo, no es más que una etapa en el camino y es al trabajador gnóstico al que ahora le incumbe guiar la nostalgia de aquel que se ha vuelto «un extranjero en la tierra», con el fin de que termine por entrar en una relación íntima, armoniosa, con el nuevo campo de tensión magnética del que acaba de tomar conciencia. La simple reacción, sin consejo ni directivas, podría dar lugar a un comportamiento caricaturesco, pero la reacción subsiguiente a la comprensión es lo que llamamos la «Fe».

Creer en la vida nueva es sinónimo de amar la vida nueva. Así es como el candidato es llenado por un deseo casi infinito de este notable estado, verdaderamente bello y grandioso.

Comprended que cuando la Gnosis nos llama y nos atrae, y que impulsados por este poderoso deseo, abandonamos todo por encontrarla, dos fuerzas se conjugan: la atracción de la Gnosis y nuestro impulso hacia ella. Esto no puede conducir más que hacia una gloriosa y maravillosa entrevista con lo Divino; una entrevista que vuestra preparación vuelve corporal, clara y lucida, no con un maestro o un adepto, sino que manifestándose por un descenso de fuerzas que es necesario ver como Pentecostés, como «el Descenso del Fuego Divino». Considerad esta entrevista como una nueva etapa en el Camino.

Es este reencuentro el que, en nuestro vocabulario, llamamos «La Revelación». Esta unión es directa, de primera mano y da al candidato el conocimiento particular de la verdadera naturaleza de la Gnosis. Esta revelación, experimentada por su conciencia, es para él un medio de control y hace de él, tal como lo traduce la Pistis Sophia: «Un elegido por encima de todos los hombres de la tierra». Una revelación es pues un saber, sin preparación intelectual. La revelación hace descender al candidato hasta lo más profundo de la quintaesencia, mientras que los conocimientos generales no van más allá de! exterior de las cosas.

A medida que el despliegue de su conciencia ilumine más al candidato, ella le coloca ante una última elección decisiva en su camino Juanista. La elección decisiva tiene lugar en lo que nosotros llamamos la quinta fase, la fase descrita como sigue a continuación en el Evangelio de la Pistis Sophia y que vosotros ya habéis escuchado:

«Ocurrió en la quinceava luna del mes de Têbêth que una poderosa fuerza de luz apareció detrás de Jesús; su claridad era tal que no había medida capaz de explicar la luz a la cual estaba unido. Esta energía luminosa descendió sobre Jesús, lo rodeo por todas partes, mientras que se encontraba a cierta distancia de sus discípulos. Estos vieron la luz y fueron deslumbrados; vieron numerosos rayos que no se parecían entre ellos, el todo englobado por un resplandor luminoso que, partiendo de la tierra, tocaba el cielo. Y los discípulos estaban atemorizados y confusos y las fuerzas del cielo fueron agitadas. Esta agitación alcanzó a los eones, a sus dominios, a sus órdenes y a toda la tierra y los discípulos creyeron que la tierra quizás sería enrollada como un manto y estaban muy excitados. Y lloraron juntos desde la tercera hora del quinceavo día hasta la novena hora del día siguiente».

Cuando el candidato puede penetrar en esta fase de la revelación que acabamos de describir, en cuanto se puede hablar, con respecto a él, de un saber personal, de la facultad personal de «probar» todas las cosas, cuando para él ya no se trata de someterse ante una autoridad o una enseñanza, pues la sumisión pasiva a dejado su lugar a la comprensión directa, cuando se puede decir de él que después de haber escuchado la llamada, la ha comprendido, la ha asimilado y está en condiciones de asumir la responsabilidad, entonces una tempestad magnética es provocada en el sistema microcósmico del alumno, tempestad cuyas fases son sucintamente descritas en el extracto de la Pistis Sophia que acabamos de citaros.

Este relato, lo encontraréis igualmente en el Apocalipsis, en las Bodas Alquímicas dé Cristian Rosacruz, en los evangelios donde se habla de la barca en el mar de Tiberiades, en «Cristianópolis» de Juan Valentín Andreae y también en tantos otros viejos manuscritos. Esta tempestad magnética es tan violenta, tan intensa, tan extraña, tan extraordinaria que lo primero que provoca es confusión y desconfianza; uno se cree más cerca de la exterminación que de la liberación.

Ahora bien, es en el curso de este abatimiento profundo donde continúa el proceso de la liberación renovadora. Cuando el candidato acepta las condiciones impuestas por la tempestad magnética, esta experiencia de la muerte de la que deben testimoniar todos los que pasan por esta agonía deriva del hecho de que, por la intensidad del nuevo contacto magnético, el «yo de la naturaleza» es, por así decirlo, paralizado. Es puesto fuera de combate, mientras que el nuevo foco de la conciencia no está aún activo. En otras palabras, la experiencia en cuestión demuestra que, por el hecho de aproximarse al foco del nuevo campo magnético, el candidato llega a una crisis.

Es como si estuviera ante un muro en la que se halla una puerta, una puerta que puede abrirse, él lo sabe, pero es necesario poseer la llave, es preciso tener el poder de abrirla. Ahora bien, este poder no le será dado por la cultura de la personalidad, no depende de la buena voluntad de un maestro, pues ningún maestro, ningún adepto, os abrirá la puerta aún cerrada. La única llave que abre esta puerta, es una conciencia totalmente nueva, un nuevo yo, base de una personalidad nueva.

He aquí vuestra elección: Tenéis el deber de decidir si estáis dispuestos a abandonar completamente al viejo rey, al viejo hombre, al viejo foco de la conciencia, que se demuestra absolutamente incapaz de entrar en el nuevo campo magnético. En resumen, os queda decidir formalmente si estáis de acuerdo, o no, en llegar «hasta la consumación del camino». La revelación gnóstica es la entrada en materia, el preludio de esta decisión.

Aquel que llegado a este punto del camino, se niega a aceptar las consecuencias de este, poco importa la razón que le retiene, ya sea el miedo, el temor o su egocentricidad, en todo caso, no puede regresar hacia atrás. Si la gracia de un «sorbo de olvido» no le fuera concedida, sería abandonado a esa caricatura suprema de la Gnosis a la que se llama en el mundo, el ocultismo.

Expliquémonos:  Durante la fase de la revelación, el candidato ha adquirido tantos conocimientos sobre la Gnosis, que llega a poder imitarla, que llega a querer practicarla, en un campo de vida que no está ni  calificado, ni es apto, que no posee ninguna de las propiedades requeridas. (Se puede decir lo mismo de la religión del mundo). La única consecuencia de esta manera de actuar es el desarrollo, la confusión, el desorden, cada vez más grande y más irreparable, del mundo y de la humanidad; una egocentricidad reforzada, es decir más dinámica y más vigorosa; una cultura intensificada de los poderes del yo dialéctico, ya sea denominada blanca o negra, cristiana o pagana.

Estamos persuadidos de que todos concebís la extrema importancia del momento, de la hora en que os será necesario elegir.

¿Elegiréis el camino de la verdadera liberación, el camino que mostraron Buda y Cristo, el camino de la negación absoluta del yo de la naturaleza perdiendo así una vida en provecho de otra? ¿O bien queréis continuar siguiendo el camino de la ilusión, el camino en el que vuestro yo se jacta de ser “Rey”?

Escuchad entonces: Si elegís esta última alternativa, el camino de la cultura de la personalidad, el átomo-germen recaerá en su sueño y perderéis la unión con el nuevo campo magnético.

Si elegís la otra, tomaréis, ante la puerta todavía cerrada, la firme resolución de recorrer el camino del aniquilamiento del yo. Proseguiréis así el camino que lleva a la Vida y, calmada la tempestad, dominada su violencia, conoceréis el reposo, el reposo del “Populi Dei”, del “Pueblo de Dios”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7   UN NUEVO CIELO Y UNA NUEVA TIERRA

 

Es necesario, antes de continuar nuestros comentarios sobre la Pistis Sophia, explicaros la naturaleza y la esencia de un campo magnético. Hablamos tan frecuentemente del campo magnético de la vida nueva y del de la naturaleza ordinaria -y nuestra atención está tan frecuentemente orientada, en la Escuela Espiritual, sobre las influencias magnéticas de todo género que sufrimos a pesar nuestro- que se vuelve indispensable que cada alumno comprenda de lo que se trata, que se haga de ello una representación justa y clara. La doctrina universal no puede ser explicada y comprendida en su conjunto a no ser que la veamos en función de las fuerzas magnéticas. Esta imperiosa necesidad es tanto más verdadera en una época como la nuestra ya que un gran número de acontecimientos no pueden ser explicados más que por las influencias magnéticas.

Así pues abordemos el tema con una cita de la tumba de Cristian Rosacruz. «No hay espacio vacío». Las significaciones que se pueden dar a esta sentencia son múltiples, hasta tal punto que se puede sin exageración tacharlas de infinitas. Se puede decir que lo que llamamos el espacio, la inmensidad, es el campo de un numero también infinito de desarrollos.

Estos desarrollos, que se interpenetran, se engloban y se completan los unos y los otros, se distinguen, sin embargo, por la diferencia de sus leyes magnéticas de base: cada desarrollo tiene su sistema magnético propio, sus leyes magnéticas propias, existiendo todos no obstante en el mismo espacio. Vemos un sol y otros cuerpos celestes importantes de los que manifiestamente sufrimos las influencias. Sabemos que pertenecemos a su sistema, que hay un orden que engloba y rige el todo y en el que todos los factores casi infaliblemente colaboran. Sabemos que el conjunto es mantenido por una grandiosa ley natural que envuelve todo y que evoluciona en espirales según las normas de una ley magnética fundamental. Nuestra imagen del mundo, nuestra imagen del espacio, las impresiones que recibimos del universo, nuestra propia naturaleza, nuestro estado, la situación y configuración de nuestro microcosmo, todo, absolutamente todo, es engendrado y se explica por la misma ley magnética fundamental.

No se puede decir de nuestro universo que es una ilusión en el sentido de que no hay existencia, pero cuando hablamos del mundo «dialéctico», cuando Jacob Boehme habla de la «naturaleza de la muerte», el espacio visible comprendido en el firmamento, entre los planetas y las estrellas, ello quiere decir que esta manifestación, que este universo es impío, antidivino, que no puede identificarse con la naturaleza divina, que no se explica por ella. Así pues esta naturaleza es una “ilusión» en caso de que queramos comprenderla, a ella o a una de sus partes, como divina.

Los hombres siempre han ridiculizado, a través de los siglos, a los transfiguristas que hablan de un Reino Inmutable, de un reino que no es de este mundo, preguntando dónde se le puede encontrar. A este respecto se ha hablado de quimeras, de visiones, de exaltaciones, etc. Nunca se ha comprendido e incluso más de un alumno seria puesto en un aprieto para responder si sele preguntara maliciosamente donde se encuentra.

Podemos imaginar un acontecimiento, una catástrofe, que pueda, como cuenta Mateo en el capitulo 21, hacer desaparecer un cielo y una tierra. Los astrónomos conocen estrellas que nacen y otras que desaparecen. No obstante cuando una cosa desaparece en el universo, otra aparece en su lugar. Incluso si su disposición, su orden cambia, el universo subsiste. El sol podría apagarse, lo que significaría el declive de nuestro sistema solar pero el universo no dejaría por ello de existir. Los telescopios sondean y detectan muy lejos en el espacio; telescopios todavía más potentes exploran los espacios donde ningún ojo humano ha penetrado. Y se discute y disputa planteándose el problema: ¿El universo es finito o infinito? Se sabe que los rayos de la luz, después de haber realizado su curva, su trayectoria, regresan a su punto de partida. Se sabe que hay estrellas que se alejan unas de otras a una velocidad inmensa y otras que se aproximan. Se habla de un universo que, como una respiración, se dilata y se encoge. Todo esto, sobre la base de nuestra imagen del mundo, de nuestra visión del universo, sobre la base de la ley magnética fundamental de nuestro orden.

No es pues sorprendente que el hombre religioso vea el Reino de Dios en la esfera reflectora o sobre algún planeta que se podría alcanzar por la navegación aérea. ¡Quizás habéis leído relatos de este tipo! Y el alumno debutante en la escuela puede exclamar aparentemente: “¡Bah! ¡Que importa! ¡Si el Reino divino no está ni aquí ni en la esfera reflectora es que está en otra parte!».

Pero, ¡disculpad!, podríais recorrer el universo en todos los sentidos y nunca encontraríais el Reino de los Cielos; porque este reino no puede ser contemplado, no se puede penetrar en él, más que sobre la base de una ley diferente, de otro orden magnético.

Una ley magnética proviene de la radiación de una idea que, actúa sobre la sustancia primordial del espacio. Por esta idea, bajo su impulsión, un universo se manifiesta con toda su diversidad de formas y de fuerzas.

Ahora bien, nosotros constatamos la existencia de una naturaleza de la muerte, de un universo de la muerte y sabemos que la idea en la base de este universo es impía, antidivina y que jamás podrá volverse divina. Si la idea en la base de nuestro universo hubiera sido divina, nunca hubiera podido engendrar un universo antidivino.

Así pues es necesario llegar a  admitir que hay otra idea y otra Gnosis, como consecuencia otro campo magnético y, también, como consecuencia, otro universo más próximo que las manos y los pies, moviéndose y estando esencialmente allí donde la naturaleza de la muerte no está: ni al exterior, ni al interior, ni en lo alto ni en lo bajo, sino omnipresente… ¡y por lo tanto más lejano que el, cuerpo celeste más alejado!

Imaginad sucesivamente lo que sigue: Estamos aquí reunidos, en el mismo espacio, cada uno tenemos una idea, una visión de la vida y un comportamiento en consecuencia; todos somos diferentes unos de otros, diferentes en naturaleza y vibración; también nuestro estado magnético es diferente. Nuestra idea y sus efectos nos rodean como una nube y cada uno de nosotros vive en su pequeño mundo propio, en su orden y ello en el mismo tiempo y el mismo espacio. Esto es para haceros comprender, para daros conciencia del hecho de que pueden existir, juntas, en el mismo espacio, al lado de la ley magnética fundamental que está en el origen de nuestro orden dialéctico y del universo al cual este orden pertenece, otras leyes magnéticas fundamentales.

La pura y original Idea de Dios establece un orden, forma un universo. Este universo no puede ni corromperse ni ser dañado ni mutilado. Pues, la radiación de la Idea de Dios es inmutable, invencible, irresistible, siempre la misma, y el universo divino ha sido, es y será por siempre.

La verdad es que nosotros somos caídos de este universo, nosotros nos hemos hundido y hemos ido a parar a un universo movido por otra idea. Nuestra existencia ha debido adaptarse a ella y la gnosis no puede, en esta naturaleza de la muerte, manifestarse como una plenitud.

Sin embargo desde que un hombre caído llega a entrar en contacto con el campo magnético fundamental, el universo original se ofrece de nuevo a él, pues el hecho de entrar en contacto, de tener parte en otro campo magnético, significa la posesión de otra conciencia, de otra personalidad, de otro microcosmo.

Comprended que hay otra tierra, otro sol, otro firmamento, otro universo. Este universo original, inútil de crear pues existe y ha sido por siempre, no puede desaparecer. Hoy es el mismo que fue ayer… inmutable.

Si, desde ahora, provisto de estos nuevos datos, estudiáis la Biblia, constataréis que trata de dos cosas importantes: una presentando una catástrofe cósmica en el universo dialéctico, el universo en el que todo nace y muere sin cesar; y otra presentando un candidato que llega, por una nueva conciencia, a contemplar de nuevo el universo divino, real.

Estas dos informaciones son a veces confundidas, comprendidas una por otra y vistas así: un cielo que desaparece accidentalmente, a consecuencia de la catástrofe, es seguido de uno nuevo que debe suceder a la catástrofe.

Ahora bien, lo que desaparece para reaparecer, es, en cambio, la rotación del mundo dialéctico, rotación que vemos producirse en el microcosmo, en el macrocosmo y en el universo entero de la naturaleza de la muerte. Pero cuando leemos en el Apocalipsis 21: «Después, vi un nuevo cielo y una nueva tierra; pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido», hace alusión al alumno que ve desaparecer el universo de la ilusión y entra en el universo Divino Por la Transfiguración.

Ahora, sabed que la Escuela Espiritual y la Fraternidad Universal quieren haceros vivir el mismo acontecimiento en el presente. ¿Cómo? ¿De qué manera? Poniendo en practica lo que diariamente os enseñamos y os explicamos: Volverse una Pistis Sophia, hacer lo que ella hizo. .

Acabamos de deciros que el universo original procede de una idea. Hay un núcleo fundamental, un sol y, como consecuencia un campo de radiación, una   radiación magnética. Se distinguen, en este gran campo magnético del Sol divino, siete esferas, siete rayos, o siete ángeles, para hablar como la Lengua Sagrada. Ahora bien, contando con que los campos magnéticos se interpenetran, está claro que nuestra naturaleza de la muerte y la naturaleza de la Gnosis están muy próximas una de la otra. El átomo divino en nosotros nos vuelve sensibles a la esfera exterior del campo de radiación divino. Uno de los siete ángeles coloca el sello sobre nuestras frentes, abre y conquista nuestra conciencia dialéctica y la ofrece a la Gnosis.

Así es como experimentamos la luz del Sol divino en nuestro microcosmo y sentimos a esta luz llamarnos y atraernos. A medida que reaccionamos a esta llamada, dejamos los campos exteriores y nos aproximamos al núcleo solar divino. Del exterior vamos hacia el interior, hasta que, avanzando sin titubear por el camino, seamos al fin hasta tal punto atraídos hacia el interior por estas fuerzas magnéticas que un cambio existencial nacerá y se hará valer. Desde que este cambio sigue su curso, vemos aparecer un nuevo cielo y una nueva tierra, como si una cortina fuera apartada, y ya no tenemos necesidad ni de la luz del sol ni de la luz de la luna.

Esperamos poderos describir este proceso, abriéndonos camino desde el exterior hacia el interior, con el fin de haceros comprender de manera precisa lo que debe experimentar la Pistis Sophia en camino hacia la Divina Sophia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8   REENCUENTRO CON LA ESCUELA ESPIRITUAL

 

En el curso de nuestra última exposición, nos hemos propuesto familiarizaros con la idea de que hay más de un universo comprendido en el interior de un espacio tiempo, os hemos precisado que no queríamos hablar de un universo eventualmente tan alejado que los telescopios más perfeccionados no lleguen a captarlo en su campo visual, sino que más de un universo estaba comprendido en el interior de este mismo espacio limitado por las tres dimensiones que reinan en el mundo dialéctico.

Como hombres dialécticos, nos hemos hecho una imagen del mundo. Sabemos que pertenecemos a un cierto universo. Todo lo que los telescopios más poderosos pueden percibir e incluso lo que se encuentra más allá, en consecuencia la totalidad del espacio insondable y todo lo que está comprendido en él, pertenece a la naturaleza de la muerte, es decir a un orden en el cual se afirma una ley natural dialéctica constante que conocemos perfectamente y que resumimos con estas palabras: subir, brillar y descender. Este es un estado, un orden en el que una de las características es la vida y la muerte, ocasionadas por cambios incidentales incesantes, con todas las consecuencias de esta inestabilidad.

En resumen, nuestro universo, el universo del cual somos el producto y al cual pertenecemos, es lo que es por la ley electromagnética que está en su base, por el juego de diversas actividades de la gravedad, al interior de un grupo de posibilidades determinadas. Lo que tiene por resultado el mantener el conjunto en estado. Este conjunto forma un todo cuyas partes están subordinadas unas a otras y se influencian mutuamente.

Así pues la tierra está influenciada por el sistema solar y por el zodíaco; ella es una unidad, comprendida en una más grande, a su vez comprendida en una más grande todavía y así sucesivamente, hasta que contemplamos el conjunto como una gran unidad, un gran Todo.

Ahora bien, fácilmente se puede demostrar que esta unidad universal tiene una idea en su base y que el conjunto representa la actividad de esta idea.

Sabemos que una idea despierta una vibración; que esta vibración opera en la sustancia primordial, produce allí una actividad y que esta actividad se vuelve una manifestación, una realización. ¡Bien!, a la actividad la llamamos el campo magnético y a la realización el universo en perpetua manifestación. La idea fundamental libera de una cierta manera el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno y el carbono, y asegura su cohesión armoniosa. Algunos átomos son forzados a dividirse y a reunirse según ciertas leyes y forman así los elementos.

Ahora bien, acordémonos que puede ser demostrado que la idea en la base de nuestro universo es antidivina. Podemos probar su esencia antidivina por la actividad, la manifestación y la realización que provienen de ella y deducir de ello que debe de haber allí un universo diferente, que procede de otra idea, la Idea divina. Esta debe demostrar y manifestar otra actividad, otra manifestación, debe de estar provista de una constelación etérica diferente y demostrar, consecuentemente, según su principio y su resultado, un ser totalmente diferente.

Así pues comprendemos que este universo diferente no tiene necesidad de otro espacio para manifestarse, sino simplemente de otra idea, de otro campo magnético, considerando que dos campos magnéticos diferentes pueden muy bien exteriorizar y actualizar en un mismo y único espacio sus manifestaciones respectivas, absolutamente diferentes, sin que se perciba nada de la manifestación vecina. La única cosa que puede ocurrir es que los dos campos magnéticos se perturben mutuamente, cuando criaturas de campos diferentes tienen entre ellas cualquier relación.

Sabemos que una parte de las criaturas de nuestro universo pertenecían, antes de nuestro tiempo, al universo divino, no en su manifestación actual, que es la de esta naturaleza, sino en una manifestación totalmente distinta, manifestación de la que no queda mas que un único principio, al que nosotros llamamos átomo original, así como un sistema magnético latente en el ser aural. Actualmente, el átomo se ha hundido en el sueño, en el letargo y el sistema magnético del ser aural está reemplazado por otro sistema magnético actualmente en vigor.

Está claro que aquel que posee un átomo primordial espiritual, «una rosa del corazón» que antaño florecía en otro universo y que se abría en una incomparable belleza, ha conservado una cierta sensibilidad, una predisposición a captar las emanaciones del campo magnético divino.

Nuestro campo microcósmico puede ser perturbado por el campo cósmico divino. En consecuencia, puesto que pertenecemos, como colectivo y como individuo, al universo dialéctico, transmitimos esta perturbación a todo el cosmos dialéctico. Así en parte somos de la naturaleza divina y en parte de la naturaleza de la muerte. Luego forzosamente los dos campos magnéticos se perturban el uno al otro. La Lengua Sagrada explica místicamente este fenómeno diciendo por ejemplo que «Dios no deja perecer la obra de sus manos» o bien «Él envía a su Hijo con el fin de salvar lo que estaba perdido, o que «Él está furioso por el pecado de sus hijos».

Confrontado ante unos hechos científicos, todo alumno puede admitir y comprender que si él tiene, en el corazón, un capullo de rosa, si consecuentemente él es un hijo de Dios, sufre las influencias del campo exterior de radiación del universo divino. Además, aquel que no se contenta con sufrir este efecto, sino que encima lo experimenta y lo reconoce conscientemente, se encuentra corporal y perfectamente en el círculo exterior gnóstico.

Ahora bien, este campo de radiación exterior de la Gnosis es incontestablemente magnético, aunque nunca en la medida en la que podría volverse catastrófico, pues ciertamente una atracción muy fuerte sería perjudicial para el éxito y solo podría tener como resultado la separación de una manera brutal del principio original del sistema en el cual actúa, lo que desde luego no es la intención divina.

¿Cuál es entonces esta intención? Ella implica que el sistema caído se ofrece voluntariamente a sufrir la transfiguración. El sistema caído debe volverse en su totalidad un sistema divino y regresar al universo divino. Se puede comparar el campo de radiación exterior a un contacto, a una llamada, a una señal, a una silenciosa advertencia, sin ninguna coacción, sin atracción magnética forzada. El contacto basta, en efecto, para hacer nacer en el corazón una ligera y suave radiación que se dirige a la conciencia dialéctica y a la que la conciencia reacciona por una turbación, con una inquietud. Sabéis esto, os lo hemos explicado frecuentemente. Unas impulsiones nuevas nacidas en el ser dialéctico operan sobre la conciencia dialéctica que es, a decir verdad, invitada a seguir la voz, es decir las sugestiones del átomo primordial.

Así es como ocurren las cosas: Evidentemente la conciencia dialéctica ignora que esta cosa, a la que nosotros llamamos átomo primordial, existe y que ella lo sigue. Esta conciencia está tan habituada en su mundo imperfecto, incompleto y antidivino, a experimentar sin cesar y a especular, es impulsada hasta tal punto por las circunstancias a buscar ella misma la felicidad, que siempre supone que actúa absolutamente por propia iniciativa; aunque enteramente egocéntrica, sin embargo es conducida. Así pues está claro que todo portador de un capullo de fosa no puede escapar a la influencia de la impulsión gn6stica.

Se desarrollan, bajo la influencia de esta fuerza, las series de acontecimientos que todos conocemos, considerando que fuimos constantemente los juguetes o que quizás aún lo somos. Son las volteretas y las acrobacias del yo dialéctico que quiere sacar provecho de la diversidad de sus intereses y verlos triunfar: es la lectura de cantidad de libros -son las mil y una sesiones, reuniones y conferencias a las que es de la mayor importancia asistir- los movimientos y agrupaciones de las que forma parte, donde se ejerce a veces una función- es sentir la cabeza fatigada por cantidad de nulidades- es flotar constantemente entre la esperanza y el temor -quizás también es sublevarse contra la voz interior que se impone a nosotros de cien maneras- es jugar al hombre seguro de si mismo, incluso al «iniciado», al «llamado». En resumen, es el guirigay y la confusión de decenas de millares de hombres que se comportan, ellos y su entorno, según un conocido cliché. Todos habéis oído ya citar el ejemplo de ¡los pozos en los que se levanta la tapadera! El rayo de sol que penetra en el interior hace huir a la miseria, revela un bullicio indescriptible, el enloquecimiento de un hormiguero sobre el que se ha puesto el pie.

Esto ya lo sabéis, pero estad ahora atentos: esta confusión, este atolladero, este caos, puede durar mucho tiempo, incluso toda una vida… hasta que al fin nace la fatiga, el cansancio. ¿Por qué? Porque el ser aural o yo superior no sabe ya que hacer. En efecto, en el curso de las experiencias referidas más arriba, el yo superior había siempre tratado de guardar la iniciativa, guiaba al yo inferior por allí por donde éste podía encontrar satisfacción y comer a sus anchas. Esto era dar piedras por pan, pero durante todo el tiempo en que el yo se contentara con ello, la rueda continuaría girando.

Ahora bien, llega un momento en el que el yo inferior, el yo, está harto de este juego de engaño y en el que el sistema magnético del ser aural o yo superior ya no es capaz de darle satisfacción. El yo superior está fatigado, el firmamento dialéctico demuestra un debilitamiento de su intensidad luminosa; lo que ocasiona una perturbación magnética evidente que no provoca únicamente una radiación luminosa nueva del átomo primordial, sino que hace que el campo de luz correspondiente del ser aural sea tocado por la radiación magnética gnóstica y revivificado. Un rayo magnético perfora inmediatamente un camino en el santuario de la cabeza en un punto preciso llamado mesencéfalo. Desde que este punto es alcanzado, una impulsión profunda toca las cápsulas suprarrenales regidas por esta parte del cerebro, una energía nueva recorre el cuerpo y el yo reacciona por primera vez a la llamada de la Gnosis.

Tal hombre está maduro entonces para el segundo campo de radiación gnóstico. Es en este segundo campo donde el alumno entra en contacto con la Escuela Espiritual os hacemos observar que el interesado ha podido muy bien conocer la Escuela Espiritual en un primer período, incluso haberse vuelto miembro, pero solo haberlo comprendido hasta ese momento como un simple movimiento, un grupo parecido a tantos otros. Es en el segundo período cuando el alumno llega a conocerla de una manera muy diferente. En este período, la amará y la servirá por necesidad interior, con un ímpetu, con un entusiasmo tan irreprimible que ya nunca la abandonará. Desde ese momento, el alumno prueba el sabor anticipado de la Casa Paterna.

Esperamos que todos vosotros hayáis pasado ya por esa experiencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9   EL TRIÁNGULO DE FUEGO

 

El candidato a los misterios transfigurísticos, confrontado por primera vez a la gloria y a la majestad del nuevo campo de vida que es, como sabéis, la radiación magnética del sexto dominio cósmico, lo experimenta como una tempestad magnética, con todo lo que ella pueda tener de violento. En los torbellinos de esta tempestad cree que ha llegado su última hora, pues la sufre como un rompimiento.

Frecuentemente hemos hablado de estas cosas y conocemos la causa de esta profunda emoción. Llegado el apaciguamiento, el alumno, familiarizándose con este nuevo estado, llega insensiblemente a distinguir la estructura de este nuevo campo magnético. La luz de él es infinita, expandiendo rayos en abundancia. Estos rayos no se parecen entre ellos, son de naturaleza y vibración diferentes, pero sin embargo forman parte de uno solo, brotando
juntos del mismo manantial.

Estas radiaciones se dividen en tres grupos. La Pistis Sophia constata su presencia, pero apoyada en el hecho de que provienen de una única y misma majestad:

«La Luz era de tres clases distintas: el primer grupo era con mucho la más resplandeciente, el segundo o el del medio era excepcional y el tercero, es decir el superior, excelente.»

¡Resplandeciente! ¡Excepcional! ¡Excelente! -Superlativos que no tienen nada que envidiarse pero que sin embargo distinguen a un grupo de otro.

Esta triple luz es llamada el Vestido de Luz de Jesús el Señor para expresarnos de manera mística y cuando empleamos términos científicos, decimos que esta triple luz es la naturaleza, la esencia del campo gnóstico electromagnético. El alumno que se aniquila en Jesús el Señor recibe este vestido de luz. Este vestido tiene por símbolo un triángulo, es el «trígono ígneo», el triángulo de fuego de la Confessio Fraternitatis R.C.

Respondamos, para comenzar, a la pregunta: ¿Por qué este vestido de luz, está compuesto por tres grupos, por tres aspectos?. Un campo magnético está formado por un polo positivo y un polo negativo. Esto tiene por consecuencia el formar un tercer aspecto. Este tercer aspecto es el resultado o, dicho de otra manera, la luz que brota del reencuentro de lo positivo y de lo negativo. «Lo excepcional» y «lo excelente» se encuentran y el resultado es «lo resplandeciente». La antigua sabiduría hablaba del fuego, de la llama y de la luz; la Biblia los indica como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y vosotros sabéis que el Espíritu Santo es conocido como una luz. Pensad en Pentecostés y en el descenso del Espíritu Santo. Este descenso vuelve el vestido perfecto.

Este triángulo de fuerzas es llamado «manto», «vestido». Este vestido de luz es pues un vehículo, un cuerpo. La lengua sagrada lo llama igualmente el vestido de bodas, el vestido de oro de las bodas, debido, a su resplandor extraordinario y maravilloso. Debido también al hecho de que este vestido permite al candidato entrar en la Vida liberada.

Este vestido de bodas es consecuentemente el vestido electromagnético por excelencia, el principio electromagnético del que vive el hombre gnóstico. Sin embargo no se le puede llamar a este vestido el cuerpo físico, el cuerpo-alma, sino el vestido, el principio, el triángulo con la ayuda del cual y por el cual puede realizarse el renacimiento. Este vestido de las bodas es pues indispensable para cada candidato.

Este principio electromagnético en tanto que vestido, en tanto que cuerpo, tiene diferentes propiedades. Hay un aspecto «conciencia», y un aspecto «deseo». Aquel que lo posee tiene una mentalidad totalmente nueva, un nuevo yo, un ser del deseo absolutamente nuevo y un nuevo cuerpo cuádruple.

La suma del pensar, del querer, del sentir y del desear humano forma la conciencia. Esta suma es el principio electromagnético del cual y por el cual vive el hombre. Este principio electromagnético son juntos el corazón y la cabeza y la parte «forma» de la personalidad humana proviene de este principio. Este principio domina y atrae, reúne y divide a los cuatro éteres. Este principio lleva a los cuatro éteres a una cierta vibración y la personalidad humana, según su forma es como lo quiere este principio. Los cuatro éteres edifican la forma, el vestido de luz da la fuerza, el «trígono ígneo» es el arquitecto.

Así pues es evidente que el primer trabajo de cada alumno consiste en tejer el manto de luz. Este nuevo vestido de luz solo se vuelve real cuando el descenso del Espíritu Santo ha tenido lugar. Aquel que no posee aún los dos primeros lados del triángulo puede suplicar al Espíritu Santo que descienda, pero ello es una perfecta sin razón, para la persona en cuestión, cuando se trata del espíritu de la renovación absoluta.

Todo hombre posee un vestido de luz, todo hombre está en el centro de un triángulo y todo hombre construye sobre el cuadrado de las actividades etéricas. Todos partimos de una luz de la conciencia, de una mentalidad, de una voluntad, de un deseo, que hace que existamos. Digámoslo pues una vez más: todos poseemos un triángulo, ¿pero este triángulo es el vestido de oro de las bodas, esa grandiosa luz cuya intensidad deslumbra a la Pistis Sophia?.

Poseemos, según la naturaleza, un vestido dialéctico tejido por el campo electromagnético de la impiedad. Este vestido no permite ir ante el Esposo. Nuestro principio electromagnético no nos permite tomar parte en otra vida distinta a la de este mundo.

Debemos, por consecuencia, práctica, corporal, orgánica y perceptiblemente vivir de un nuevo principio electromagnético. Si os es difícil creernos, sabed que todas las enseñanzas universales y todos los libros sagrados testimonian de esta exigencia. La Rosacruz habla de ello diciendo: que es necesario ser inflamado por el Espíritu de Dios- ex Deo nascimur; que es necesario morir en Jesús- in Jesu morimur; y que es necesario ser revivificado por el Espíritu Santo- per Spiritum Sanctum reviviscimus.

Éste es el verdadero «trígono ígneo», el triángulo de fuego. El trabajo inicial, el trabajo más importante es llegar a estar en posesión de este triángulo de fuego. Representa por sí solo el trabajo del alumno. Entonces ¿cómo llegaremos a tejer este indispensable manto de oro de las bodas?.

«Ser inflamado por el Espíritu de Dios» se refiere a la rosa que se abre en el santuario del corazón. Este nuevo estado de la rosa nos hace conocer nuestro propio estado, nuestro lamentable estado de caída, de sufrimientos y        tristezas y nos permite considerar el camino en sus numerosos aspectos, en sus aspectos liberadores. Y la Escuela Espiritual esta allí para servirnos sin cesar de guía y sostén. Ella nos aporta una increíble riqueza de conocimientos divinos.

Sabiendo todo esto, habiéndole escuchado y probado, comprendemos que somos invitados a admitir, después de haberlo asimilado todo bien, la necesidad de un proceso, sabiendo que este proceso, solo estamos autorizados a llevarlo a buen termino, a ejercerlo. Aquel que no lo hace, aquel que, confinándose en la filosofía y la enseñanza teórica, las toma por objetivo, este no asistirá a la eclosión de la rosa, la verá marchitarse, la verá perder su belleza y su perfume. Pues lo importante no es saber sino hacer.

La Escuela de la Rosacruz que vosotros conocéis se encuentra enteramente bajo la característica del primer lado del triángulo de fuego y ella solo consigue su objetivo en el alumno cuando se declara dispuesto a pasar al período activo del proceso, es decir a trazar el segundo lado del triángulo.

Cuando el alumno es serio y actúa concienzudamente, la Escuela está allí para servirle. El segundo lado del triángulo es, como sabéis, «morir en Jesús el Señor». Viviendo, trabajando, realizando conscientemente lo que se pide gracias a las fuerzas que sin interrupción tocan la rosa y la vivifican -cuando el candidato no repele el trabajo impuesto -cuando con constancia avanza -cuando con la rosa realiza su camino de cruz y une la rosa a la cruz -cuando comprende, al lado del polo positivo, el valor del polo negativo del nuevo campo de vida, el campo electromagnético de los nuevos poderes -cuando, finalmente, termina así su calvario -está claro que el Consolador, el Espíritu Santo, el Paráclito, vendrá hacia él, descenderá sobre él, demostrando la realización consumada.

Entonces es el momento de la fiesta de Pentecostés, es decir el tercer lado del triángulo de fuego. Terminado el camino de cruz, el alumno entra en la realización prometida y una luz es encendida, la del Espíritu Santo, ante el resplandor de la cual la luz dialéctica debe borrarse. Entonces, allí, la Escuela Espiritual acompaña al candidato en los aspectos superiores del Cuerpo Viviente. El vestido de oro de las bodas es tejido. La nueva conciencia está presente, la triplicidad de un nuevo pensar, querer y desear. Y la personalidad puede continuar transfigurando, según la forma, sobre la base de un nuevo cuadrado.

Pero, diréis vosotros, el triángulo y el cuadrado están englobados en un circulo por el yo superior. ¿Que le ocurre al yo superior cuando llega la manifestación del Vestido de Luz?.

Ya os hemos hablado muy frecuentemente de este tema bajo diferentes aspectos. Por un lado son unas palabras místicas y por otro un verdadero testimonio gnóstico. Sea el que sea, existe el peligro de quedarse ya en la palabra, ya en el testimonio, de revestirse de ello, de esconderse detrás de mucho dogmatismo sin haber vivido, en el fondo, el pasaje. Así pues se vuelve indispensable explicaros este pasaje de un estado a otro, de una manera diferente, demostrando así la inutilidad del dogmatismo cuando. no está en relación con la verdadera penetración de la luz.

Todo átomo posee un núcleo, un -¡nucleus!-. Tiene nueve aspectos. Este nónuple estado se divide en tres grupos de tres aspectos: la primera tríada es la parte del núcleo cargada positivamente, la segunda tríada es negativa y la tercera es neutra. Cuando un átomo es dividido o, dicho de otra manera, es roto por un proceso especial, una cantidad enorme de energía es liberada. Los sabios atómicos, hasta ahora, lo han hecho de una manera infantil, lo que hace que únicamente una parte de la energía del átomo sea liberada, porque de ninguna manera el átomo es dividido en nueve al ser la energía empleada insuficiente para la división total. Cuando se consiga dividir el átomo según una nónuple fórmula y se aplique este rompimiento, se podrá decir que las horas de la humanidad estarán contadas. Una catástrofe final tendrá lugar, pues esta nónuple ruptura del átomo ocasionará una reacción en cadena, inflamará un inmenso fuego en el cosmos que sufrirá las consecuencias de ello.

Ahora bien, la Luz, la grandiosa Luz de la que habla el Evangelio Gnóstico de la Pistis Sophia, se refiere al mismo desencadenamiento nónuple, un desencadenamiento atómico de tres veces tres, pero referida a la Rosa del Corazón, al átomo primordial y al ser aural.

Aquel que en el sentido real de la palabra, recorre el camino del Juanista, es decir el camino del holocausto del yo, llama hacia él a una formidable energía, la energía de la gnosis. Esta energía ocasionará, en un momento dado, una resplandeciente reacción en cadena del átomo primordial. Esta reacción en cadena alcanzará muy rápidamente a todos los átomos de la personalidad en concordancia con la naturaleza del átomo primordial. Por consecuencia, se puede decir de aquel que efectúa un desencadenamiento parecido que ha unido la rosa a la cruz, la ardiente rosa púrpura abierta. Puede entonces decirse un verdadero Rosacruz.

Podéis hora comprender cuanto difiere un verdadero Rosacruz de un hombre dialéctico. Las diferencias atómicas son incomparables. Solo el verdadero Rosacruz es un verdadero portador del vestido del alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10   EL MAESTRO DE LA PIEDRA

Decíamos que el «trígono ígneo» simboliza el vestido llameante y luminoso de la nueva alma. La Pistis Sophia dice de la luz de este vestido que es resplandeciente, excepcional y excelente.

El candidato que desea realmente la liberación, la transfiguración, debe ante todo, por un esfuerzo asiduo, elaborar este nuevo manto. Su progreso depende de ello. El átomo primordial, la rosa del corazón, es la base indispensable en el tejido de esté nuevo manto.

Desde que se comienza este trabajo, se es por derecho un hermano o una hermana de la Rosacruz.

Este manto es designado, en la Lengua Sagrada y en la Enseñanza Universal, por nombres diversos: el manto de oro de las bodas, el vestido sin costuras, el descenso del Espíritu Santo. Nosotros hablamos de él como del triángulo de fuego, del Fénix o del dragón alado, el dragón de seis alas. Todos los grandes instructores, todas las escuelas espirituales han demostrado la necesidad de poseer este manto y han enseñado la manera de tejerlo. Pensad en los evangelios su nota dominante es la renovación del alma.

El hombre dialéctico, el hombre ordinario, posee un alma mortal, un revestimiento mortal correspondiente y una conciencia mortal, igualmente conforme al valor del alma. Este revestimiento del alma mortal comprende, entre otras:

el fuego de la serpiente

la razón

la voluntad

el deseo y el sentimiento

el fluido nervioso

la sangre y los átomos físicos.

Se puede, globalmente, llamar conciencia al yo, al ego, al principio vital electromagnético del hombre.

Este estado físico mortal debe ser completamente cambiado y renovado, gracias a un principio electromagnético absolutamente diferente. Si el alumno tiene éxito, si realiza este cambio, se puede decir de él que teje un nuevo manto para revestirse a continuación con él. La transfiguración se efectúa en el interior de este manto. Repetimos brevemente como es este proceso. Aquellos que quieren reconstituir «el ser de la renovación» deben comprender que es necesario, ante todo, trazar el triángulo de base. Todo depende pues de su habilidad, de su talento de arquitecto y de sus capacidades de masón.

El primer lado del triángulo corresponde a la abertura de la rosa en el santuario del corazón. Es el «Ex Deo nascimur»: inflamado por el Espíritu de Dios. Por la rosa que se abre, reconocemos nuestro estado de ser caído. Cuando la rosa es despertada, ella actúa y vemos el camino con los diversos aspectos de su desarrollo liberador. Cuando buscamos, instintivamente impulsados por la rosa, la Escuela Espiritual nos acoge; nos incita a entrar en este proceso en el que la emotividad psíquica juega el papel principal; ella nos ayuda a orientarnos. Nos inunda con la verdad, nos baña con un incomparable tesoro de conocimientos que se refieren a la salvación.

Habiendo así trazado el primer lado de vuestro triángulo, conviene preguntaros si aceptáis espontáneamente, desde lo más profundo de vuestro corazón, las consecuencias que implica la primera parte del proceso, a saber: vivir de las fuerzas que recibe la rosa, trabajar sobre vosotros mismos con estas fuerzas, romper los obstáculos que os retienen prisioneros y perderos diariamente, de manera práctica y sin interrupción, en la gracia en la que estáis sumergidos.

Aquel que hace esto traza el segundo lado del triángulo de fuego: «In Jesu morimur»: morir en Jesús. Unas fuerzas positivas tocan vuestro corazón y reaccionáis. Es el reflejo normal de todo ser alcanzado, por una gran fuerza de luz. Vuestra primera reacción será orientaros minuciosamente, observar y reflexionar.

Esta reacción indispensable y espontánea, evidentemente es insuficiente. Si osquedáis ahí, permaneceréis como un simple contemplador, que no toma ninguna parte en la acción. Ninguna armonía operante nacerá entre vuestro ser íntimo y la fuerza de luz, permaneceréis tal y como erais antes. ¡No cambiaréis en nada!

Pero si, después de la primera reacción, abrís perfectamente vuestro ser a la Gnosis, si, comprendiendo la profundidad de las palabras evangélicas, repetís después de ellas: «No mi voluntad, sino la Tuya, Señor», os volvéis un hombre impresionable que se abandona sin restricción al contacto gnóstico. En otras palabras: una matriz, un receptáculo, un polo negativo ideal va a desarrollarse al lado del polo positivo y, del contacto de estos dos polos, algo debe nacer. Sabéis que del reencuentro de dos polos opuestos brota una chispa, una llama, un fuego.

Es este fuego el que constituye el tercer lado de nuestro triángulo: el aspecto realizador, ¡el fuego triunfante! Arde cada vez más intensamente, a medida que el alumno avanza, metódicamente, en el rompimiento de su yo… Hasta el momento en que, de repente y como un relámpago, el Espíritu Santo está allí, incandescente, ¡emoción intensa, huracán impetuoso! ¡El triple vestido de luz está acabado! El renacimiento por el Espíritu Santo puede comenzar. El triángulo de fuego está inscrito con caracteres indelebles

El candidato va a pasar ahora a la erección del cuadrado. Su nuevo estado de alma le permite -gracias a los nuevos principios electromagnéticos que han entrado en él y que actúan en su sistema como una conciencia, es decir como poderes manejables- transformar y asimilar de manera muy diferente las fuerzas etéricas. Puede ser alimentado por los Alimentos Santos, los doce panes de la Proposición, los cuatro éteres triples.

Grandes cambios se operan entonces en el candidato; un nuevo cuerpo físico se erige lentamente, en virtud del alma; el antiguo cuerpo será empleado durante tanto tiempo como sea necesario en la vida de aquí abajo. Es así como se eleva una nueva construcción, sobre la base del cuadrado, por el triángulo de la renovación.

Nos queda explicaros el círculo. El círculo simboliza el ser aural, el yo superior. El yo superior del hombre de la naturaleza es el guardián de la idea de la vida actual; está constituido por el karma de tiempos infinitamente largos. El yo superior dispone de un firmamento electromagnético cuyo producto es el vestido de luz dialéctico. Este firmamento es un sistema solar: comporta doce puntos magnéticos principales y numerosos puntos secundarios.

Desde que el alumno está en el santo proceso, desde que emprende la santa labor del triángulo de fuego y sobre todo cuando persevera, una asombrosa transformación se opera en el ser aural. Doce principales puntos magnéticos nuevos son vivificados en él. Abrir su corazón a la rosa, es colocar las bases de esta transformación y está claro que, cuando estas doce fuerzas magnéticas nuevas operan, amplias posibilidades son puestas a la disposición del candidato ocupado en los cimientos de su cuadrado.

Así es como debe comenzar y proseguir la construcción hasta la victoria. Aquel que celebra esta victoria es por derecho un Maestro-Constructor, un Maestro de la Piedra. Puede servir perfectamente al mundo y a la humanidad.

La característica de este genero de hombres, su señal, nos ha sido descritas por la Pistis Sophia- «Regocijaros y estar en la alegría, pues, cuando yo me preparaba para el mundo, me llevé conmigo, tal como os lo he expuesto desde el principio, doce fuerzas. Estas fuerzas, las había recibido de los doce Liberadores del Tesoro de la Luz, según el mandamiento del Primer Misterio».

Aquel que se ha vuelto un Maestro de la Piedra puede ayudar a otros. Aquel que tiene dinero puede distribuirlo. Aquel que tiene pan puede alimentar. Aquel que tiene amor puede propagarlo.

Cuando el triángulo de fuego y el santo cuadrado están englobados en el círculo en el que irradian y centellean los doce liberadores, esta fuerza dodécuple puede ser transmitida a otros. Aunque vuestra lípika no posea aún estas luces, ellas ya están presentes en el Cuerpo Viviente. Por ellas, ya podéis comenzar vuestra construcción.

Retened pues que cualquiera que progrese diligentemente en su construcción, haciendo lo necesario para ser ennoblecido, por ser digno de la vida liberadora, recibe en su propio firmamento aural -don de gracia directo de la Fraternidad- los doce liberadores.

En ese mismo instante, en sentido microcósmico, tal alumno ya no es de este mundo».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11   LOS ARCONTES DE LOS EONES

 

Os hemos explicado, en nuestro articulo precedente, el maravilloso cambio que aparece en el ser aural desde que el alumno progresa en el santo proceso de desarrollo del triángulo de fuego.

Este cambio se refiere a la aparición de doce nuevos puntos magnéticos en el ser aural; forman en el interior del microcosmo un nuevo zodiaco y desarrollan un nuevo sistema magnético. Todos los verdaderos buscadores, los buscadores sinceramente consagrados a la única luz crística, reciben estas doce fuerzas nuevas, «los doce liberadores de la Tesoro de la Luz», tal como lo expresa la Pistis Sophia.

Aquellos que entran en este estado de ser experimentan en verdad la realidad viva de las palabras. «Todos los hombres de este mundo han recibido su alma de la fuerza de los arcontes de los eones, pero la fuerza que se encuentra en vosotros es mía. Vuestras almas pertenecen al Perfecto»

¿Quiénes son los Arcontes de los Eones? Son los poderes que reinan sobre el universo de la muerte y lo conducen. No penséis en este caso únicamente en todo lo que reside en la esfera reflectora, sino sobre todo en las potencias formidables que gobiernan los sistemas solares, los sistemas zodiacales así como las formaciones más grandes aún que rigen la naturaleza de la muerte.

Cuando, después de su caída, la humanidad adámica fue eliminada del universo original, un universo absolutamente nuevo, un universo dialéctico fue creado para ella. Universo que, en lo que concernía a sus leyes y a sus fuerzas naturales, debía adaptarse enteramente a la naturaleza completamente cambiada de la humanidad Adámica.

Esta humanidad fue dividida en un número infinito de grupos y de formaciones y unida a un número, igualmente infinito, de estrellas. Cada grupo recibió un guía, un Dios racial, un Señor. Estos son los dioses, los dominadores, que la PISTIS SOPHIA llama los Arcontes de los Eones.

Está claro que estos dioses raciales no tienen ni la misión, ni el poder de hacer regresar a la vida original a las entidades que están bajo su dependencia. Ellos experimentan la necesidad de cultivar los sistemas que dirigen, de alzarlos hasta el objetivo que ellos tienen asignado en la manifestación universal, para volver así sus trabajos aceptables para la Gnosis. La maldición que pesa sobre ellos, es que nunca alcanzaran su objetivo, y su sufrimiento viene de que las entidades que les están subordinadas se substraerán todas, un día, a su sujeción, por la Transfiguración.

No supongáis, cuando hablamos de los Arcontes de los Eones, que estas fuerzas sean modelos de negrura y de maldad o que sus vicios sean los de las heces de la civilización. ¡No!, ellas representan, más bien las virtudes más elevadas que pueda alcanzar el mundo dialéctico, ellos exteriorizan los más bellos aspectos imaginables de un orden de naturaleza, en el fondo, antidivino. Desde cierto punto de vista se les podría llamar súper efesios, los habitantes del extremo límite del mundo.

Sin embargo su manera de reaccionar en este estado es absolutamente diferente a la humanidad adámica. El hombre adámico elevado al estado de efesio aspirará a su morada original, no tendrá más que un deseo: Abandonar los lugares de su servidumbre. Los Arcontes, ellos, no pueden conocer este deseo porque ellos son los Cosmocrátores, los creadores del complicado sistema del universo de la muerte. Ellos continuarán sus actividades, serán forzados a obedecer a su naturaleza hasta el momento en que (cuando la última entidad caída haya escapado, por decisión personal, a su influencia) su universo pueda ser abolido.

Daos cuenta pues que los Arcontes, y todas las entidades que han recibido de ellos su alma, pueden llegar a una cultura muy elevada; que, visto lo que ellos sugieren, se puede hablar, bajo su punto de vista, de fraternidad y de amor de los hombres, de bondad, de verdad y de justicia. Sabed además que ellos mantienen un Devachán, un cielo supremo, de una belleza y de una felicidad inimaginables… absolutamente extranjero por lo tanto a la verdadera libertad.

Es indispensable que aquellos que quieren recorrer el camino de la Transfiguración y renovar su alma gracias a los doce Libertadores originales del Tesoro de la Luz, sepan estas cosas con el fin de evitar todo error o confusión. Ellos tienen el deber de no dirigirse, de no volverse más que hacia el aspecto esencialmente liberador de la pura Enseñanza Universal y de la Manifestación Cristiana de la salvación. Que ellos hagan pues, desaparecer de su entendimiento todo lo que es específicamente Semita y Mosaico.

Al decir esto no pensamos en el pueblo semita pues numerosos judíos fueron, y son, transfiguristas. Pensad aquí en las diez tribus de Israel desaparecidas y en la, santa secta de los Baälchem, todavía conocida en nuestros días. Decíamos antes que cuando la raza-madre semítica comenzó su camino y su desarrollo en la historia del mundo, era visiblemente una organización de los Arcontes de los Eones, de la misma manera, evidentemente, que todas las otras divisiones raciales.

El dios-guía de esta raza semítica no era ciertamente «El Absoluto», sino uno de los innumerables arcontes a quien incumbía especialmente, por un tiempo más o menos largo, la dirección de nuestro planeta. Encontraréis una prueba de nuestra manera de ver en Deuteronomio 32, versículos 8 y 9: «Cuando el Altísimo, (el Absoluto) separó a los hijos de los hombres y dio a cada nación su herencia, estableció los limites de los pueblos y tuvo en cuenta a los Hijos de Israel (la raza semita); así la porción de “Jehová” es su pueblo y Jacob su parte de herencia». «Jehová” no es pues el Altísimo sino el dios de la alianza de Israel. Y es lógico que bajo una conducta tan sobrenatural, los semitas pasaran una gran parte de su tiempo en alabanzas de reconocimiento: «Jehová solo nos conduce y no hay con él ningún dios extranjero». «Yo invocaré el nombre de Jehová, da gloria a nuestro Dios».

¡He aquí una expresión típicamente dialéctica! En la Estática, el Absoluto es y permanece absoluto. En la dialéctica un Arconte puede aumentar gracias a la obediencia de sus hijos y se llena de cólera cuando se sublevan contra su voluntad.

En consecuencia, se puede decir que Moisés era un Hierofante de los Misterios Jehovitas, de los Misterios semitas, de la manera en que cada Arconte-guía tiene sus misterios. Moisés era pues una poderosa entidad, según las normas dialécticas, pero su alma era, evidentemente, la de un Arconte que aceptaba plenamente y tenía por divino lo que decía su dios:

«Sabed pues que soy Yo quien soy Dios

y que no hay ningún dios conmigo.

Yo hago vivir y Yo hago morir.

Yo hiero y Yo curo,

y nadie puede salvar

lo que mi mano deja escapar»

Vosotros sabéis que la raza semita estaba dividida en doce tribus. Esta es «su parte de la herencia», es Jacob y su descendencia. ¡Nosotros sabemos lo que ha hecho está descendencia! . Cuando las tribus nómadas de los antiguos semitas entraron en Chanuan, mataron a los que se encontraban allí para hacerse los dueños. ¡Su Dios exigía que nadie quedara con vida! Y si hubo humanitaristas entre los semitas de ese tiempo, su dios debió hacerles pagar muy caro esta falta.

Más tarde, cuando el pueblo semita llegó al país conquistado donde se había hecho tabla rasa de una sublime y magnífica cultura, la egipcia, continuaron exterminando y destruyendo a la población. La tribu más belicosa fue la de Dan que, descontento de los límites que le habían sido asignados, ocupó el reino vecino, lo diezmó y tomó posesión de él en el nombre de Jehová. «Dan» significa «juicio» o «justicia»; ¡El lado dialéctico de esta justicia no se nos escapa!

Es inútil, por otra parte, tener escrúpulos pues las almas de este mundo han recibido toda su fuerza de los Eones. Podéis, hasta ahora, encontrar alrededor de vosotros la prueba de que las figuras-guías dominantes de nuestro planeta son las más humildes y más fieles servidoras de los Eones. El slogan «ojo por ojo, diente por diente» de la antigua ley mosaica, recibida de la mano de su dios, es aún en nuestros días, el “leitmotiv» de la masa y del individuo. Si en el presente no se habla más de Jehová sino del Cristo, hasta un niño comprendería que no se trata más que de un falso Cristo

Todos nosotros, que somos los descendientes de las antiguas tribus-madres, en quienes se agitan y bullen, en el inconsciente y viniendo de la radiación directa de nuestra lípika, las sugestiones del tenebroso pasado, debemos comprender que no hay más que una salida, una solución: lanzarnos a cuerpo descubierto en el proceso de liberación con el fin de que un día se pueda decir también de nosotros:

«La fuerza que se encuentra en vosotros es mía, Jesús el Señor y vuestras almas pertenecen al Reino Original»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12   EL NACIMIENTO DE JUAN

 

Leemos, en el Evangelio de la Pistis Sophia. «Jesús dice: Y sucedió que cuando estaba en medio de los Arcontes de los Eones miré desde lo alto hacia el Cosmos de los hombres, por mandato del primer Misterio, y hallé a Isabel, la madre de Juan Bautista, antes de que lo hubiera concebido. Y sembré en ella la fuerza del pequeño Iâo, el bueno, que está en el medio, para que pudiese predicar anteriormente a Mí y preparar mi camino y bautizar con el agua de la remisión de los pecados. Es está fuerza la que se encuentra en el cuerpo de Juan.

Y en el lugar de los Arcontes, destinado a recibir las almas, encontré también el alma del profeta Elías, entre los Eones de la esfera; lo tomé y recibí también su alma, guiándola hasta la Virgen de la Luz: ésta la entregó a sus resplandecientes, que la condujeron a la esfera de los Arcontes y la introdujeron en el útero de Isabel

Es así como la fuerza del pequeño Iâo, que está en el medio, y el alma del profeta Elías se encontraron juntas en el cuerpo de Juan Bautista.»

De esta manera el autor del Evangelio de la Pistis Sophia trató de explicar a los alumnos de su Escuela Espiritual algunos datos que, en la Biblia, son bastante oscuros e incomprensibles. Ahora bien, como la mayoría de entre nosotros no encontrarán lo suficientemente explícito este comentario del secreto del nacimiento de Juan, vamos a analizarlo juntos. No consideremos a Juan en su calidad de personaje histórico, sino que veámoslo como un tipo de hombre, el tipo que puede ser llamado, en efecto, el precursor de Jesús.

Antes de que las radiaciones crísticas puedan, en un momento dado, tomar forma en un hombre, confiriéndole así la dignidad de «hombre Jesús», este hombre debe pasar primeramente por el estadio de «hombre Juan». Debe pasar por un preproceso, el de Juanista. Por ello, en el Evangelio, Juan precede siempre a Jesús; es una prefiguración valida para todas las épocas. Así pues, todo alumno de la Escuela Espiritual que emprende el Camino manifiesta su intención realizando, en la fuerza del Juanista, las condiciones impuestas a Juan. No puede tomar la decisión de ser un Juanista, sino únicamente la decisión de volverse Juanista.

Hay, en efecto, en el desarrollo del hombre de esta naturaleza, varios estadios; en consecuencia, también hay varios tipos y subtipos. Se pueden distinguir:

  1. el tipo del hombre dialéctico ordinario y sus subtipos;
  2. el tipo Juan, aquel que puebla la Escuela Espiritual;
  3. el tipo Jesús, el del hombre nuevo liberado;
  4. el tipo Cristo, el del hombre divino.

Según los datos de nuestros evangelios y los del evangelio de la Pistis Sophia, se trataría, para el tipo Juan, de un nacimiento maravilloso, es decir, no la puesta en el mundo de un recién nacido, sino de una entrada en un estado de ser no dialéctico. El camino comporta tres nacimientos. Es una maravillosa resurrección que se realiza en tres estadios sucesivos:

  • · El nacimiento de Juan -que los Rosacruces expresan por las palabras: «ser inflamado por el Espíritu de Dios»;
  • · El nacimiento de Jesús -que los Rosacruces expresan por las palabras: «morir en Jesús»;
  • · El nacimiento de Cristo -que los Rosacruces expresan por las palabras: «renacido por el Espíritu Santo».

El primer nacimiento es la condición esencial de la transfiguración; el proceso del segundo nacimiento es el desarrollo del proceso de la transfiguración; el tercer nacimiento es la realización de la transfiguración.

Este esquema encierra la transfiguración perfecta; lo importante para nosotros es saber si hemos entrado, de hecho, en el proceso del primer nacimiento, el de Juan. Y, lo repetimos, este nacimiento es ya extraordinario por si mismo, pues ¡no se es un Juan solo por la decisión de ser un Juan! Se comienza por tomar la resolución de internarse en el camino, bien decidido a cumplir las condiciones que ello implica y que aportan los factores indispensables.  En esto reside lo maravilloso de este nacimiento. Es un estado de ser engendrado por un comportamiento fuertemente concreto, pues el factor principal es el abandono de toda egocentricidad.

Retomemos,  con el fin de definir concretamente el tipo Juanista, algunos puntos importantes del trabajo a realizar. Para comenzar, una pregunta: ¿Cuáles son las consideraciones predominantes de un verdadero alumno de la Escuela Espiritual?

Un verdadero alumno debe haber, llegado, por amargas experiencias, a la conclusión de que este mundo, este orden natural que no es más que una continuación ininterrumpida de necesidades y  de muerte, de sufrimientos y de penas, no puede ser el orden divino; que consecuentemente es inútil y sin interés querer mejorarlo y que toda actividad en la materia y sobre el plano horizontal es tiempo perdido y no lleva a nada.

Por otra parte solo le queda esta constatación, pero en el fondo de sí mismo busca una salida. Una inquietud le atormenta, le trabaja su sangre y le hace buscar al Otro. Mejor informado, estaría ciertamente dispuesto a aceptar todas las condiciones, por muy draconianas que fuesen, para llegar a su objetivo. Bien, los alumnos de este genero los -llamamos por el nombre de sus prototipos en el Evangelio Isabel-Zacarías. Aquel que llega a este estado -y hay muchos de estos en la Escuela Espiritual- reúne las condiciones esenciales del primer nacimiento maravilloso. Así es como se realiza:

«Hallé a Isabel, la madre de Juan Bautista, antes de que lo hubiera concebido». Es lógico decir que aquel cuya sangre está turbada por una inquietud emite una cierta radiación magnética. Es esta vibración la que entra en contacto con el manantial de energía que la Pistis Sophia llama la fuerza del pequeño Iâo el bueno, que está en el medio.

¿Qué es esta fuerza? Es aquella que, como dice Jacob Boehme, “ha tomado a la naturaleza de la muerte en su corazón». Es la fuerza fundamental apelante del cuerpo gnóstico de la Cadena Universal, que opera en el mundo dialéctico. Es una fuerza que no proviene directamente del nuevo campo de vida, pero que tiene relación con él; toma cuerpo en el campo de la naturaleza dialéctica y es asimilado por ella, se asimila en ella. Por tanto está separado de ella y no actúa más que en los hombres del tipo descrito anteriormente.

Este campo de fuerza es pues accesible a todo hombre dialéctico sin que sea obligado, por ello, a lanzarse a un estado de ser contra natura. Este campo de fuerza, este campo del medio – es decir que está en el centro de la naturaleza de la muerte- tiene, con la Gnosis, la misma relación que la Escuela Espiritual con el nuevo campo de vida. Este campo es llamado el del «pequeño Iâo el Bueno» con el fin de expresar que, aunque operando en la dialéctica, se encuentra sin embargo bajo la égida y dirección de las fuerzas divinas originales. En respuesta a la angustia del alma del tipo precitado, la fuerza de este campo es sembrada en él y unida al corazón y al átomo que en él se encuentra.

Acabado este primer trabajo, comienza la segunda fase del proceso: «En los eones de la esfera, encontré, además, para Juan, en el lugar del alma de los arcontes, la fuerza de alma del profeta Elías».

La Pistis Sophia ve en esta fuerza de alma del profeta Ellas la suma de la herencia de la sangre que todos los liberados en la Luz han reunido en la naturaleza y que opera en ella. Todos aquellos que han recorrido el camino y se han deshecho de la influencia de la naturaleza dialéctica dejan en la naturaleza de la muerte la herencia de sangre de su triunfo. Aquellos que se desarrollan en el camino reciben en un momento dado esta herencia; la comparten simultáneamente con la fuerza que está en el medio.

Todo hombre, lo quiera o no, recibe su parte de herencia sanguínea. Cuando somos fuertemente atados al grupo -familia, pueblo, raza- del cual formamos parte y no llegamos a liberarnos radicalmente de él, somos obligados a aceptar la herencia sanguínea del grupo entero, evidentemente cargado pesadamente. Luego, no vivimos nuestra vida, pues vivimos según     la sangre de nuestra herencia.

Si por el contrario, avanzamos por el camino trazado, sintiéndonos, en el fondo del corazón, unidos por nuestro estado de ser a la fuerza que está en el medio de nosotros, recibimos al mismo tiempo una parte concordante de la herencia de la sangre, un tesoro sanguíneo, el tesoro sanguíneo de los triunfadores, las fuerzas de la comunidad viviente de los hermanos y hermanas que nos precedieron en el camino.

Esta herencia se acrecienta de siglo en siglo, se ha vuelto un tesoro inmenso. Es este tesoro de la sangre el que recibe Isabel en su seno. Es así como la fuerza del pequeño Iâo «que está en el medio» y el alma del profeta Elías se encuentran juntas en el cuerpo de Juan el Bautista, a fin de que pueda ser el precursor, el que prepara el camino y bautiza con el agua de la remisión de las faltas y libra del karma por otra estructura del alma.

Así es como se realiza el primer nacimiento maravilloso. Está compuesto de tres factores:

  • · un pre-estado de ser, el estado «Isabel-Zacarías»;
  • · un contacto con la fuerza de radiación de un campo magnético seleccionado en esta naturaleza;
  • · un estado de ser que permite recibir la herencia sanguínea de nuestros ascendentes gnósticos y vivir de ello.

Aquel que realiza estas tres condiciones puede ser un precursor, puede explorar un camino derecho y, sostenido así, escapar al yugo kármico y prepararse para celebrar el segundo nacimiento maravilloso, el del reencuentro con Jesús el Señor.

Así es como hemos descubierto lo que es indispensable para volverse un verdadero alumno, comprendiendo al mismo tiempo que podemos llegar a este estado en cuanto nuestro tipo responda a las condiciones lógicas enunciadas.

Lo que, aparentemente, aún nos retiene, es que tratamos de servir a dos maestros y somos así forzados a sufrir el yugo de la herencia sanguínea de la naturaleza de la muerte, la herencia del plano horizontal que no lleva a nada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13   LA FUERZA DEL PEQUEÑO IÂO EL BUENO

 

Cuando pensamos en las prescripciones de nuestros evangelios, observamos que se trata, al principio, de una familia: un sacerdote, Zacarías y su mujer, Isabel. Le es predicho que de ellos nacerá un hijo, el profeta Juan. El mismo anuncio tiene lugar, algún tiempo después, en otra familia, ésta en devenir, estando José y María solo prometidos. Este anunciamiento tiene de particular que de María nacerá, de manera milagrosa, Jesús el Señor y ello sin la intervención de su compañero.

Juan nace, Jesús nace. Juan hace su trabajo y desaparece desde que Jesús el Señor comienza el suyo. Esta inversión de personajes sobre la escena evangélica tiene lugar por el intermedio de un bautismo en las aguas del Jordán. Y el evangelio continúa hablando de la vida de Jesús.

El lector quizás sabe que la Rosacruz moderna insiste en el hecho de que no es necesario limitar la significación de los relatos evangélicos a su simple alcance histórico, sino verlos como acontecimientos siempre actuales, unos acontecimientos que se renuevan en todas las épocas.

Ello parece absurdo e imposible a los que no comprenden ni el sentido de las indicaciones evangélicas, ni la profundidad de sus precisiones. Ello parece extraño a los que solo conocen de la vida su forma exterior, a los que se inclinan ante los dioses, ante los semidioses e ídolos; en resumen, ello es absurdo para los que no han sobrepasado el estado de la fe religiosa natural y ordinaria.

Aquellos que conocen la Doctrina Universal y que confiesan su estado de alumnos de una Escuela Espiritual saben y confirman, por haberío experimentado, la verdad de esta exégesis. Os lo hemos explicado basándonos en el contenido del auténtico evangelio gnóstico de la Pistis Sophia. Así pues, repetimos que deben haber tres nacimientos:

el de Juan,

el de Jesús,

el de Cristo.

El primero de estos nacimientos maravillosos depende de un estado de ser. Es necesario, para llegar a él, pertenecer a un cierto tipo de hombre, a una clase particular. Es necesario que las duras y amargas experiencias de la vida, la necesidad y la muerte, el sufrimiento y la tristeza, hagan comprender la futilidad de la naturaleza de la muerte, mostrándola como un callejón sin salida, una ratonera a la que no se le ve escapatoria; que, royéndole la inquietud al ser y trabajando la sangre se llegue a la búsqueda para escapar a la esterilidad de los ensayos dialécticos.

La pareja Zacarías-Isabel personifica muy bien este genero de hombre y aquel que se encuentra en este estado puede ser tocado por la radiación de la fuerza del pequeño Iâo el Bueno, «que está en el medio”. Iâo es una radiación electromagnética, es la fuerza gnóstica fundamental «que ha tomado la naturaleza de la muerte en su corazón». Esta radiación es desconocida por esta naturaleza, es supranatural.

¿Qué es entonces esta fuerza? ¿Por qué se hace sentir en el mundo de la naturaleza?

Ella es la respuesta divina a la llamada del alma en peligro, ella es el reflejo divino a la desesperanza humana. El hombre tocado por esta respuesta sobrenatural se abre lentamente a su consuelo; una nueva visión le visita; ve con otros ojos; la fuerza del pequeño Iâo opera en él.

La Escuela Espiritual moderna, teniendo esta fuerza a su disposición, la emplea en sus actividades incluso más simples. Es el primer rayo de la intervención fraternal que se da con el objetivo de salvar a los hombres. Todos aquellos que han sido admitidos en la Escuela Espiritual lo han sentido desde su primer contacto con su trabajo y su enseñanza. Es como si unas placas le cayeran de los ojos, como si un velo se desgarrara; la vida entera toma otro sentido.

Que nadie, sin embargo,  vaya a creer que esto sea un fin. ¡Esapenas un comienzo! No es mas que un estado prenatal, el simple anuncio de un nacimiento posible.

Es necesario ahora, después de la ampliación del poder visual de la conciencia, después de esta escapada por nuevos horizontes, sobre la base de la nueva visión y permaneciéndole fiel interiormente, poner manos a la obra y comenzar el trabajo, firmemente decidido, lleno de una feroz energía.

Estar seguros de que si este deseo está en vosotros y va aumentando, seréis consolidados, revigorizados y puestos en estado de realizar un acto de verdadera francmasonería, gracias a una segunda fuerza de radiación. Esta segunda fuerza se llama el nacimiento de Juan o el renacimiento de Elías. Dicho de otra manera, el candidato entra en unión con la fuerza sanguínea de todos los liberados, recibe la herencia de la sangre que es una radiación sideral. Es unida en su sangre con los hermanos y hermanas que nos precedieron en el Camino.

Esta herencia es un tesoro sanguíneo, es el tesoro de la sangre de los triunfadores, es la fuerza, el privilegio de una comunidad viva. Ahora bien, vosotros podéis disponer de esta fuerza; podéis utilizarla para llegar, vosotros mismos, al resultado: trabajar para vuestro propio perfeccionamiento a la vista del Reino, como verdaderos alumnos, verdaderos francmasones.

Podríais preguntarnos: los poderes humanos, los aspectos de lo humano, sus exteriorizaciones, sus defectos, sus fallos, ¿no está todo conforme con el contenido de su sangre? Ciertamente y no podéis realizar lo que vuestra sangre no contiene en semilla. ¿Comprendéis ahora, porque decimos que un nuevo nacimiento es indispensable y que la consecuencia de este nacimiento será que, habiéndose vuelto heredero, recibiréis vuestra parte de la herencia, condición sine qua non de un nuevo devenir? Desde el momento que respondéis a las condiciones demandadas, recibís automáticamente vuestra parte de la herencia.

Y la Pistis Sophia continúa sus explicaciones de la Doctrina Universal: «Prosiguiendo de nuevo su discurso, Jesús dijo: «Sucedió después de estas cosas qué, por mandato del Primer Misterio, miré desde lo alto hacia el Cosmos de los hombres y encontré a María, que es llamada mi madre, en lo que se refiere al soma material. Hablé con ella bajo la figura de Gabriel, y cuando ella se hubo elevado hacia Mí introduje en ella la primera fuerza, que tomé de Barbelo, esto es, el soma, que yo he portado en la altura. Y en el lugar del alma introduje en ella la fuerza que recibí del gran Sabaôth, el bueno’, que está en el lugar de la derecha»».

Dos rayos del nuevo campo electromagnético están ahora activos en el alumno que os describimos: el rayo que calma al buscador y le hace entrever, a lo lejos, la Patria y el rayo de la herencia sanguínea que dinamiza al alumno, lo incita al trabajo, lo lleva a actuar, de hecho, en realidad un perfecto Juanista.

Así ocupado, el ser interior del alumno crece, se vuelve de un género nuevo, al que los evangelios personifican por la pareja José-María.

¡Pero atención! Si es verdad que el hombre de la dialéctica es el objeto de cuidados particulares, ello ocurre por su solicitud y probando que trabaja sobre sí mismo. Este trabajo, que realizamos sobre nosotros mismos con la ayuda de los dos primeros rayos de la verdad inmutable y eterna que nos comunica su ardor sobrenatural, no es mas que la francmasonería. Juan en nosotros hace una brecha, se fragua un camino a través de las trabas, los obstáculos, las dificultades de la vida. El resultado de este trabajo solo puede ser atribuido a José el Carpintero, aquel que estructura el armazón, el francmasón.

El cambio que aporta conduce al alumno a una crisis, a un término, a un límite. En este punto, las posibilidades dialécticas cesan, están normalmente agotadas. A este estado se le llama María. Ahora bien este estado del microcosmos, este estado «María», es la consecuencia del trabajo de José el Carpintero; es así como se comprende hasta que punto están íntimamente unidos; dos en uno, confundidos.

¿Sin embargo podéis, cuando os examinéis, saber si vuestro trabajo preparatorio de carpintero es suficiente para deciros dignos del estado «María»? ¿No hay siempre duda en vosotros, el sentimiento de apenas haber comenzado el trabajo? Desde entonces comprendéis porque se dice que José y María aún no estaban casados. Están destinados a volverse una unidad, pero están aún lejos de ello.

Es, en este estado, sin embargo -saberse lejos del objetivo, pero irresistiblemente impulsado por la sangre- cuando se realiza el milagro del contacto de la fuerza del tercer rayo gnóstico, la fuerza de Barbelo. Traducido literalmente, Barbelo significa: hijo del rompimiento. De esta concepción resulta que un giro debe tener lugar en la fuerza de Barbelo. El giro del ser natural en ser espiritual del orden de Jesucristo.

Esta media vuelta no ocurre sin rompimiento. Y habéis podido pensar que el rompimiento de Juan, seguido del rompimiento de José, ¡debía ser suficiente para poner rumbo hacia el puente de la salvación! Comprended desde ahora que esta rectificación de los caminos de la primera fase solo era el enderezamiento de los tortuosos senderos del plano horizontal. Sostenido por los dos primeros rayos de la Gnosis, enderezáis los caminos según vuestra opinión, vuestra voluntad, a vuestro gusto; en resumen, en la medida en que os lo permite vuestra comprensión, en la medida en que la ampliación del poder de vuestra sangre os autoriza a ello, en que las capacidades liberadoras adquiridas por vuestra labor os permitan liberar vuestro camino.

Permitidnos preguntaros: ¿conocéis la profundidad de la concepción divina? ¿Los poderes de vuestra sangre son absolutos? ¿Vuestra capacidad de trabajo ha alcanzado su máximo?

Vuestra respuesta no puede ser más que: ¡No! . Bien, esta laguna en vuestro desarrollo que os haría hundiros en la arena del desierto dialéctico, Barbelo, el tercer rayo, vela por ello.

Es este rayo el qué, metódicamente, rompe, tritura y quebranta absolutamente todo lo que podríais, eventualmente, no querer, todo lo que vuestra razón es incapaz de llevar a cabo, todo lo que vuestra energía es incapaz de vencer. Esta fuerza de radiación opera por la voluntad del Padre y ello puede engendrar en el alumno que, al principio, marchaba tan bien, ¡un espantoso caos! Pues la oposición puede elevar una barrera cuando ascienden en él un temor infinito y la resistencia natural, instintiva, ancestral, de la conservación del yo. El trabajo en nosotros se estanca y se vuelve doloroso cuando nos rebelamos, cuando no aceptamos conscientemente el rompimiento, en lugar de dejarnos romper por la fuerza del Padre, como héroes orgullosos con la cabeza alta.

Alumnos fieles, totalmente ocupados en nuestro trabajo de Juanista, nos gustaría evidentemente preparar nuestro «querido cordero pascual» y a la sombra de nuestra tienda, llenos de concentración y de devoción, nos ejercitamos en esta labor bendita. Pero he aquí que, como para C. R. C., se eleva la tempestad del tercer rayo, el rayo de Barbelo, que amenaza con derrumbar nuestra tienda.

Conviene entonces dejar espontáneamente caer nuestra resistencia, diciendo con María: «Que sea en mí según Tu Palabra». Debemos comportarnos de tal manera que nuestra vida se vuelva una incesante oración. «Qué se haga Tu voluntad y no la mía». Recibimos entonces en nuestras almas la fuerza del Gran Sabaoth el Bueno, «que está del lado derecho».

La fuerza de Sabaoth es el cuarto rayo de la Gnosis que regula, ordena y equilibra, que nos pone en estado de recorrer con alegría el camino del rompimiento, un camino que vosotros, exclusivamente de y en la naturaleza, no podéis querer, no podéis comprender en su amplitud, pero que ahora seguís sin resistencia, como una muerte… a fin de nacer, viviendo para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

14   LA FUERZA DEL GRAN SABAOTH

 

Vosotros sabéis que todo candidato serio puede, si persevera en el camino en el que ha penetrado, pasar por tres nacimientos maravillosos. Puede, abandonando la dialéctica, abandonando y aniquilando su yo dialéctico, negándole toda autoridad, todo derecho, subir tres escalones. Estos tres escalones representan: El nacimiento de Juan, el de Jesús y el de Cristo. ¿Cómo es esto posible? Así: cada uno de los tres nacimientos es facilitado al alumno por cuatro rayos, por cuatro radiaciones de luz que provienen del campo electromagnético de la renovación. Ya sabéis como se desarrollan los cuatro rayos de luz que permiten el nacimiento de Juan. Ya os hemos explicado su actividad.

Os hemos dicho que, en el Evangelio de la Pistis Sophia, el primer rayo era llamado fuerza del pequeño Iâo. Igualmente os hemos dicho que este rayo era la respuesta divina a la angustia del alma del debutante, que esta respuesta le daba de repente la lucidez necesaria para comprender el camino de la liberación, permitiéndole verlo, en perspectiva, delante de él. El buscador que ve el camino siente, confusamente primero y positivamente después, desgarrarse los velos. Nace en él un intenso deseo de seguir el camino al final del cual ve la liberación. Este intenso deseo nacerá infaliblemente en él cuando haya comprendido lo que es verdaderamente la dialéctica, cuando se de cuenta de la amarga ilusión con la que se envuelven y ciegan los hombres, cuando le haya revelado sus desilusionantes secretos. Sabido esto, se demostrará, según la calidad y la intensidad del deseo de liberación, una sensibilidad a la segunda radiación de la Gnosis, una capacidad de desarrollo más grande todavía. Esta segunda etapa le pone en relación con el «campo de la sangre», con la herencia sanguínea de los hermanos y hermanas que le precedieron en el camino. Esta maravillosa unión con la sangre de sus predecesores da un nuevo coraje al candidato. Esta reúne la fuerza, el dinamismo necesario para emprender positivamente la endura. Escalona su marcha con actos positivos. Por lo tanto en un momento dado, experimentará infaliblemente en su corazón, en su alma, que él no es más que un hombre puramente dialéctico, en un mundo separado de Dios. Constatará las faltas de su vida; comprenderá que provienen de su ilusión, de su naturaleza fundamentalmente antidivina. Si su esfuerzo es serio llegará a neutralizarlas. Enderezará más de un camino tortuoso. Él allanará los caminos a su señor, a su Dios. Sin embargo no llegará a neutralizar la falta que representa su existencia misma: el hecho de estar aquí abajo. El yo no puede matar al yo.

Hablamos de llegar a un desapego profundo, perfecto del yo. Sabemos que este estado es indispensable si se quieren realizar los santos misterios del Transfigurismo. Sin embargo sabemos que no podemos neutralizar al yo. Simplemente podemos llegar hasta un límite. El yo, a pesar de todo, está forzado a hacerse valer en un cierto radio de acción. Está forzado a pensar, sentir y actuar. Le es necesario hasta un cierto punto vivir en una sociedad de hombres. En el curso de esta fase no se puede perder el yo más que hasta ciertos límites. Solamente cuando ha llegado a este límite, el candidato está maduro y experimenta el toque de la tercera fuerza de radiación fuerza de radiación gnóstica, llamada en la Pistis Sophia «Barbelo», el hijo del rompimiento. Por esta fuerza de radiación sois tocados por la voluntad del Padre. Rompe metódicamente, tritura perfectamente todo lo que a veces no queréis y también todo lo que vosotros no podéis romper.

Esta tercera radiación rompe el yo natural hasta en su corazón, su núcleo. Este aniquilamiento total está representado por la decapitación de Juan Bautista. La radiación de «Barbelo» es radical y absoluta. El alumno debe aceptar ser triturado de este modo, debe estar dispuesto. Debe, efectiva y conscientemente, decir: «¡Señor que se haga Tu voluntad y no la mía!».

Aquel que se rinde de esta manera; aquel que se entrega así, hasta la última parcela de su ser a la Gnosis, se abre a una cuarta radiación, un cuarto poder irradiante de la Gnosis llamada la fuerza del «Gran Sabaoth».

¿Que representa esta fuerza? Es una radiación que ordena y regulariza el equilibrio del ser. Ella permite al candidato avanzar, lleno de alegría, por el camino del rompimiento. Es así como el alumno pasa las puertas de una muerte de naturaleza muy extraña. «Muriendo» en Jesús el Señor llega al nacimiento de «Jesús». Este nacimiento también es llevado por cuatro rayos gnósticos.

Os hemos hablado ya de los doce nuevos puntos magnéticos del ser aural que, en conjunto, permiten tejer el nuevo vestido de luz, y vamos a volver a ello, con la intención de haceros comprender mejor, el misterio del renacimiento.

Vosotros sabéis hasta que punto el firmamento magnético del ser aural determina la calidad de nuestro estado de alma, el valor de nuestro estado de vida. Considerando que todas las líneas de fuerza magnética que parten del ser aural están unidas a los puntos correspondientes de los santuarios del corazón y de la cabeza, el microcosmo forma así una unidad magnética, un sistema indisoluble, irreductible. Poseer un átomo chispa divina en la parte superior del ventrículo derecho del corazón no cambia nada de ello…  ¡si no se va más allá!

Sabéis que en la Escuela de la Rosacruz hablamos de entidades portadoras de un átomo divino y de entidades portadoras de un átomo de vida. Es indispensable añadir a ello un tercer grupo. Nos damos cuenta que esto complica sensiblemente el aspecto general, la vista del conjunto de la universalidad, pero es indispensable atraer vuestra atención sobre este hecho, con el fin de explicar los acontecimientos de la vida de ciertos hombres, así como su comportamiento. Os hacemos notar que estos comportamientos, estos acontecimientos, se volverán flagrantes en un futuro muy próximo y que la Escuela Espiritual tendrá que tenerlos en cuenta.

Sabéis que la entidad portadora de un átomo de vida, fundamentalmente no es nada más que un simple ser natural, una especie de animal superior, mientras que la entidad portadora de un átomo divino posee un microcosmo que desciende del prepasado de la humanidad o, como dice Hermes, de una de las siete razas madre. Consecuentemente es un microcosmo que conoció días mejores, por lo que porta una característica especial, determinada.

Este genero de microcosmo posee en su ser aural, un firmamento magnético latente, llamado sexto círculo, un sistema apagado, actualmente oscuro. También posee, como sabéis, en el centro de su esfera, de su sistema, un átomo primordial. Este átomo, parte integrante del microcosmo, corresponde con el ventrículo derecho del corazón de la personalidad que lo ocupa. Ahora bien, es necesario saber que este átomo que se encuentra en el centro del microcosmo, es extremadamente sensible a las impresiones del campo de vida en el que se encontraba el microcosmo antes de su caída.

Desgraciadamente estas impresiones no pueden encontrar eco ni en el microcosmo, ni en la personalidad, hasta que sean sensibles, en el ser aural de este microcosmo, los doce puntos primarios magnéticos latentes del sexto círculo. En tanto que los doce núcleos primarios magnéticos originales estén aún en letargo, latentes, la función reflectora del átomo-divino también permanece latente, es decir inoperante: el átomo divino no puede reflejar en la personalidad, en la totalidad del ser, ninguna actividad realmente liberadora.

Como mucho puede provocar un cierto interés intelectual o místico en la persona en cuestión; pero esta no recorrerá ciertamente el camino del nacimiento de Juan y tampoco conocerá el estado precedente, el de Isabel y Zacarías.

Las personas de este género permanecerán en su estado egocéntrico ordinario; su sangre no experimentará ninguna actividad regeneradora; permanecerán insensibles a toda acción espiritual exterior; ignorando lo que es ofrecer su naturaleza en holocausto, no pueden realizar este supremo sacrificio. Ellas están, todo lo más, dispuestas a dar y a obedecer, cuando confían en recibir a cambio, para su yo, algún beneficio importante. Cuando esta oferta no es recompensada, y no puede serlo en el sentido en que ellas lo esperan, evidentemente experimentan por ello la pena y el dolor. Este dolor no es sin embargo el del hombre que, habiendo alcanzado la cima de sus posibilidades, ya no sabe lo que debe hacer y se desespera. No, este es el dolor del yo, del ego decepcionado.

No obstante observad que, aunque negativa, la función reflectora del átomo germen permitirá a estas personas entrar en la Escuela Espiritual, les permitirá comprender hasta un cierto punto la Enseñanza Universal, les volverá sensibles a su encanto; pero ello nunca les incitará a la auto-actividad demandada y no llegarán hasta el campo de fuerza de los cuatro rayos. ¿Por qué? Porque su sistema magnético no lo permite. Cierra el acceso, cierra las puertas del ser y de la sangre.

Cuando a estas personas se las ve hacer en su vida particular, faltas groseras, cuándo se está obligado a retrasarse a causa de ellas, cuando su influencia y su comportamiento frenan el trabajo, solo puede aplicárselas la oración: “ iSeñor! perdónales porque no saben lo que hacen. Sólo son capaces de las acciones puramente dialécticas que la Escuela exige de sus alumnos. Tales alumnos estarán forzados a esperar a que se manifiesten en su ser nuevas condiciones, nuevas posibilidades magnéticas. A pesar de su deseo de ayudar, de sostener a los Hijos de Dios caídos, la Escuela Espiritual por su lado, deberá esperar que la pena experimentada por la oposición del yo se vuelva tan aguda, que ello haga cambiar el sufrimiento de la experiencia en sufrimiento del arrepentimiento; deberá esperar a que el comportamiento altivo y lleno de arrogancia que frecuentemente caracteriza a este género de alumnos, se cambie en humildad y sumisión; humildad hacia Dios y hacia los hombres.

Esta humildad será la prueba de que los doce Hermanos de las doce Tesorerías de la Luz habrán conseguido hacer brillar algo los doce núcleos latentes del ser aural, en el sexto círculo, haciéndolo de manera que en el mismo instante, un grupo de nuevas líneas de fuerza magnéticas conmuevan los puntos correspondientes de los santuarios del corazón y dé la cabeza. Habiendo penetrado el sistema se hará valer una nueva condición magnética y en este giro total de todo el ser, las radiaciones de la Gnosis podrán tocar el átomo del corazón, comenzar y proseguir su maravilloso trabajo. Y la semilla ya no se encontrará en un terreno pedregoso, sino en un terreno preparado en el cual podrá crecer y aumentar hasta el triunfo final. Comprenderéis ciertamente ahora que la Escuela espiritual ponga todo en marcha para descubrir y reunir en su campo de fuerza a las entidades serias con chispa divina que puedan volverse, en virtud de sus condiciones aurales, reales francmasones. Que cada uno haga con respecto a esto su examen de conciencia.

Estuvimos obligados a hacer esta digresión antes de emprender las interpretaciones siguientes de la Pistis Sophia. Pues aquellos de entre vosotros que poseen de verdad esta señal liberadora son capaces y puestos en estado de hacer florecer la rosa llamada con justicia «la rosa de las rosas».

Al igual que Jesucristo estaba rodeado por sus doce discípulos, de la misma manera el candidato posee en su átomo primordial, en su corazón, el Ser Crístico, la Rosa de las Rosas, alrededor de la cual se colocan en un amplio circulo doce servidores, doce discípulos. las doce nuevas fuerzas aurales magnéticas del sexto círculo. Y estas doce fuerzas portan, hasta su conclusión, el trabajo de la Rosa.

Aquel que posee el círculo apostólico aural posee un circulo que no tiende a nada menos, que no desea nada diferente que a servir perfectamente a Cristo: la Rosa de las Rosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

15   LOS CINCO ASISTENTES

 

Os hemos explicado la estructura del microcosmo de la entidad portadora de un átomo primordial, la cual es capaz de recorrer el camino que conduce a la vida liberada. No hemos podido ser completos sobre este tema, juzgando preferible no reunir en una sola exposición todo lo que se refiere a ello. Retomamos nuestras explicaciones y os leemos, para comenzar, un pasaje del Evangelio de la Pistis Sophia:

«Cuando tu tiempo hubo llegado, naciste en el mundo sin que en ti hubiera alma de los arcontes. Recibiste tu parte de la fuerza que el último ayudante insufló en el mundo de la perdición. Esta fuerza, que desde el comienzo Yo engendré de mí mismo, la puse en el Primer Dominio y el Primer Dominio puso una parte de ello en la Gran Luz. La Gran Luz, a su vez, envió una parte de lo que ella había recibido a los Cinco Ayudantes y el último Ayudante tomó una parte de lo que había recibido y lo proyectó en el mundo de la perdición. Por lo que, esta última parte puede ahora nacer en todos los que se encuentran, como Hijos de Dios caídos, en el mundo de la perdición. Jesús dice esto a sus discípulos en el monte de los olivos y añade: Regocijaros y estad en la alegría, pues los tiempos se han cumplido».

Si queréis comprender el contenido de lo que acabáis de leer, es importante recordaros lo que ya os hemos dicho. El ser aural de una entidad portadora de un átomo primordial posee, independientemente del firmamento magnético que funciona en él, un sistema magnético latente, apagado, el sexto círculo. Mientras que el sistema latente no demuestre ninguna actividad, el poder receptivo del átomo, el poder que retiene las impresiones no podrá tener ninguna actividad liberadora. Tal persona podrá, gracias a este poder receptivo del átomo semilla, interesarse hasta un cierto punto en los atractivos de una vida liberadora; quizás se inscribirá en la Escuela Espiritual, sin embargo guardará intacto su propio yo; en otras palabras: su sangre permanecerá cerrada.

Ciertamente, este hombre estará de acuerdo en escuchar la enseñanza filosófica de la Escuela y él la expandirá con alegría y con celo alrededor de él. Un hombre así incluso creerá hacer progresos en el camino, pero nunca será un verdadero alumno; permanecerá como un transfigurista «de salón». El verdadero alumno, es un ser que se ofrece en holocausto, que sacrifica su propio yo. Ahora bien, para que tenga éxito este ofrecimiento del yo es necesario que el sistema magnético latente del ser aural funcione efectivamente en él. Sabemos que los rayos magnéticos y las líneas de fuerza enviadas por el ser aural van a parar a los santuarios de la cabeza y del corazón, formando y conservando, en su unidad, al yo; ellas controlan el pensamiento, la voluntad, los sentimientos, los deseos y los actos.

Está claro, por consiguiente que, cuando las líneas de fuerza provienen aún del sistema magnético dialéctico natural, ninguna impresión gnóstica puede realmente operar en el rompimiento de la personalidad. La persona en cuestión, provista de ideas filosóficas nuevas, puede hacer muestra todo lo más de un barniz superficial, de un vago saber gnóstico.

Observad pues que siempre debe haber una correlación entre el átomo divino activo y una parte del sistema magnético original, antes latente, adormecido, pero que ahora regresa a la vida. Se trata de los doce puntos magnéticos importantes del ser aural. Cuando estos doce puntos comienzan a actuar, doce nuevas líneas de fuerza magnéticas se señalan en los centros del cerebro y del corazón. Y se puede decir que es abierta una puerta en el sistema de la muerte. La fuerza de la rosa no solo entra, ¡sino que opera! Así pues, cuando la rosa del corazón irradia, Jesús ha nacido en nosotros y ha elegido a sus doce discípulos que forman alrededor de él un círculo apostólico aural: círculo que portará y llevará a buen fin el trabajo redentor del Cristo interior. Concluimos diciendo que el alumno que triunfa es aquel que llega al nacimiento del Cristo interior y realiza su circulo apostólico.

Ahora bien, todos vosotros poseéis el Cristo interior: es la Rosa oculta en vuestro corazón. Sin embargo mientras que esta Rosa permanezca como un capullo cerrado, escondido bajo sus verdes bractéolas, ella no puede florecer. Retenedlo, mientras que ella no se os revele a vosotros más que como un concepto teórico y filosófico, el Cristo interior os es desconocido todavía. La lengua sagrada lo expresa así: «Él está en vosotros, pero no es reconocido”.

Para conocer a la Rosa, para respirar su perfume y penetrar en la rosaleda, es necesario que el hombre se halla preparado para ello por la vía del Juanista. Es necesario que la pena que proviene de la resistencia que encuentra el yo en la naturaleza de la perdición se transforme, después de muchas penas y experiencias, en el dolor del arrepentimiento, en la humildad hacia Dios y los hombres. Esta es la prueba de que el hombre se desprende de su yo.

Esta humildad probará igualmente que los doce protectores de las doce Tesorerías de la Luz habrán encendido los doce puntos magnéticos aurales de la liberación. Y así es como alrededor del único Señor del Grial, los doce discípulos se colocan alrededor de la Santa Cena.

Pero, ¡hay más! Cuando Jesús nace, se dice de Él que una estrella brillaba por encima del establo donde nació (una luminosa y resplandeciente estrella de cinco brazos), que esta estrella se había parado encima del establo       y que, guiados por este maravilloso resplandor estelar, los sabios del Oriente vinieron a rendir homenaje al recién nacido.

¿No encontráis extraordinario que la aparición de esta quíntuple estrella sea mencionada en tantas leyendas, en tantos relatos santos? ¿Y no sabéis todos vosotros que el glorioso cuerpo del alma (el nuevo vestido con el que se rodea el alumno de la Escuela Espiritual) también está representado por una estrella de cinco brazos?

La estrella de cinco brazos es el símbolo del hombre original, del hombre primordial. Las cinco puntas del pentagrama corresponden a la cabeza, a las dos manos y a los dos pies; en consecuencia con las cinco señales distintivas del estado de alumno llevado a bien.

Cuando unimos entre ellas estas cinco señales, encontramos la imagen de la estrella quíntuple, las cinco señales del hijo del hombre: «la estrella que se detuvo encima del establo». Ved en estos cinco signos a los cinco Ayudantes de los que habla la Pistis Sophia.

Esta quíntuple unidad es un misterio en sí mismo. Expliquémonos. Ya habéis oído hablar de los átomos semilla. Son los principios atómicos que continúan vivos después de la muerte del cuerpo y que son transferidos a un nuevo cuerpo en el momento de una nueva encarnación. Hay siete átomos semilla y, en la dialéctica, constituyen siete lazos que encadenan al microcosmo a la rueda de las encarnaciones. Estos átomos semilla están repartidos en la personalidad, como podéis saber, por poco que hayáis estudiado la literatura esotérica.

Sabed y retened, por tanto, que estos átomos semilla no tienen nada que ver con la maravillosa estrella de Belén. Los siete átomos semilla de la forma original celeste están encerrados en el átomo primordial del corazón. La Rosa del corazón que prefigura al Cristo interior es una rosa de siete pétalos, y cuando esta rosa de siete pétalos se pone a florecer, cuando el Cristo interior nace, la estrella de cinco brazos se eleva y se puede decir del alumno que celebra este nacimiento: «Nosotros hemos visto su estrella al Oriente», es decir en el momento del nacimiento.

Aquel que quiere desvelar este misterio está obligado a aplicar el método siguiente: Imaginaos el átomo divino como siete átomos que se encuentran en una sola órbita. Cuando, por el descenso de la cruz en nosotros, ha tenido lugar la fiesta del nacimiento y que la transfiguración o nueva creación comienza, se podría decir que el séptuple átomo, tocado por el fuego gnóstico, estalla. Es dividido, desligado en siete átomos y una gran luz aparece, una luz séptuple. A causa de esta explosión atómica el candidato es como sumergido en una llama, cuyos siete principios forman una figura, el sello del verdadero hombre original. Daos cuenta que todavía no son más que principios y no realizaciones completas. Uno de estos siete principios queda en el corazón en la parte superior del ventrículo derecho, en tanto que centro de la nueva imagen atómica. Un segundo principio se ensancha, se extiende y llena el microcosmo entero; forma el vestido de luz, el pentagrama, al interior del cual se encuentran los otros cinco principios que corresponden con los pies, las manos y la cabeza. Estos cinco principios podríamos llamarlos vuestros planetas; los dos primeros representan el sol y la luna: en consecuencia un nuevo sistema solar completo en el interior del nuevo zodíaco aural.

Cuando se dice que la rosa se abre y extiende su perfume, esto se refiere a esta división atómica microcósmica del átomo primordial. Los cinco átomos que se encuentran en el interior del vestido de luz son llamados por la Pistis Sophia, los cinco Ayudantes. Pues los cinco Ayudantes de los otros dos pétalos (el vestido de luz y su centro en el corazón que proyectan una radiación positiva y negativa) ejercen un verdadero control sobre el sistema dialéctico entero. Ellos son los cinco Ayudantes que realizan el proceso de la transfiguración. Cuando tal sistema estelar se detiene encima del alumno (¡Comprended este lenguaje!) esta luz es vista desde lejos, y los sabios y las fuerzas de la Fraternidad se apresuran y acuden, con el fin de honrar al recién nacido y ofrecerle el oro, el incienso y la mirra: el oro del espíritu, el incienso de la unión gnóstica y la mirra de la purificación. Tal alumno se ha vuelto realmente un rosacruz y es justo que se le diga: «Regocijaos y estremeceos de alegría, pues vuestro tiempo se ha cumplido».

Es así como sois confrontados con el Misterio de la Rosa abierta. Desembarazado de todo fárrago inútil, el misterio nos dice que el átomo primordial, en su estado dialéctico de encarcelamiento, es una rosa séptuple aún en capullo, una rosa siempre cerrada, incapaz de todo trabajo liberador; un principio que puede volver apto para el camino de la liberación al hombre caído; una fuerza crística en potencia.

Ahora bien, ¡este dios debe liberarse el mismo! Siendo del tipo de hombre así descrito no se puede decir de nosotros «que somos dioses en devenir». Eso sería una formidable mentira, un infame engaño, una aberración. No somos dioses en devenir. Esto supondría un lento desarrollo, una evolución, un remontar progresivo. Por nuestra parte negamos que sea así. Presentarlo de esta manera es engañar a los hombres, es traicionar a la verdad. Esta traición embaucó a la humanidad durante eones, manteniéndola así cautiva de una ilusión. Es la razón principal que nos separa del pensamiento teosófico moderno.

No hay evolución del hombre nuevo sin la revolución previa del viejo hombre. El viejo hombre debe aniquilarse; el hombre nuevo debe nacer. Se encuentra prisionero en el capullo de rosa que solo se puede abrir gracias al fuego intenso del sol gnóstico. La antigua naturaleza debe entonces, por autoneutralización, allanar el camino, con la finalidad de que los rayos del nuevo sol puedan alcanzar el capullo de la rosa. Entonces este crecerá si estáis decididos a disminuir. Este es el secreto del fuego liberador. Podéis alegraros de la posesión de un capullo de rosa pues, en verdad,  es la base de la gran obra. Vuestro error podría ser, que permanecierais ahí, que esta certeza os fuera suficiente, que os dijerais: «Yo soy portador de un capullo de rosa, soy un hijo de Dios, soy un Rosacruz».

Recodad que solo os podéis llamar Rosacruz con pleno derecho, llamaros «Hijos de Dios» cuando, por el Gran Fuego, la Gran Luz es encendida e irradiáis los cinco Ayudantes, pues es la señal de que os habéis fundido en la Rosa, que sois de nuevo el hombre alado de antaño, y que de nuevo poseéis, las alas y el poder de los Hijos de Dios.

 

El «uno» se vuelve entonces siete,

el siete dos

el dos cinco

y el cinco, de nuevo, uno.

 

¡Qué aquel que pueda comprender comprenda!

 

 

 

 

 

 

 

16   EL MARAVILLOSO ÁTOMO PRIMORDIAL

 

Desde hace años probablemente, escucháis hablar, en los servicios o en las reuniones, del átomo chispa divino y sabemos que algunos de entre vosotros se han preguntado: «¿Por qué repetirse así?».

Admitimos que hablar frecuentemente de las mismas cosas, examinarlas bajo todos sus aspectos, las banaliza y las vuelve vulgares. Este peligro es sobretodo real en lo que concierne a un tema, a una concepción, cuya amplitud es tan formidable y tan profunda al mismo tiempo como eminente su significación, que el hombre dialéctico solo es capaz de comprender algunos aspectos exteriores.

Ahora bien, sabemos que el interés por las cosas exteriores se pierde rápidamente y, con él, frecuentemente, la fuerza de continuar nuestra búsqueda. Hay que señalar por tanto, que aquel que busca con toda su alma, sin permitir que su celo se debilite y cuya atención no deja de cautivarse por el átomo espiritual, hace curiosos descubrimientos; tan extraños y tan turbadores, con resultados tan ilimitados, que se siente lleno de un profundo reconocimiento hacia la Escuela, que aprovecha todas las ocasiones para atraer su atención hacia este átomo maravilloso, situado en la parte superior del ventrículo derecho del corazón.

Retened el mensaje invariable que os transmite la Escuela Espiritual: «Estad particularmente atentos a todo lo que tiene relación con el átomo primordial, pues este átomo es la llave de vuestra verdadera existencia. Es el misterio de los misterios, el comienzo y la realización de todo nuevo devenir».

Y he aquí el sobrio relato de un hombre que, fiel a esta apremiante invitación, consagró al átomo del corazón una atención totalmente dedicada y que relató así el resultado de su búsqueda:

«Siguiendo el consejo que me había sido dado con una sabia intención, llegué a permanecer sin cesar orientado hacia el átomo espíritu y conseguí, en el curso de mis ocupaciones diarias, tener presente en mí el motivo de mi infatigable búsqueda, incluso cuando las ocupaciones en la línea horizontal exigían toda la actividad de mi pensamiento. Yo sabía que el objeto de mi concentración estaba activo, actuando en un cierto centro de mi cerebro, en el corazón de mi alma. Este estado se había vuelto tal que tuve, en un momento dado, dificultades para impedir que se volviera una obsesión. Obtuve de mi sacrificio perseverante, el recibir este tesoro como una posesión de mi sangre.

De la misma manera que las particularidades de nuestro carácter, que las propiedades inherentes a nuestro tipo, están y se hacen valer sin cesar en nuestra sangre, así el misterio del átomo se pone a circular en los vasos sanguíneos como una nueva propiedad, lo que hizo que todos los centros de mi personalidad fueran, día y noche, alternativamente conmovidos.

A la larga, este nuevo estado se volvió normal, formó parte de lo que constituye el pensamiento, la voluntad y los actos. Yo soñaba con este misterio del corazón y, al igual que un instrumento de precisión extremadamente sensible registra impresiones que escapan a los sentidos, asi todo mi ser se volvía capaz de hundir su mirada en el seno de un prodigioso milagro.

Yo sé que el átomo primordial virgen, en el estado dialéctico, es conocido por el nombre de «capullo de rosa». Nuestro microcosmo, nuestro pequeño mundo, comprende un alma, una personalidad animada, una pequeña alma del mundo. ¿No hablan los misterios platónicos del alma del mundo que es crucificada? ¡Cuán justa es esta noción! La cruz de nuestra personalidad se levanta en la naturaleza de la muerte, en un microcosmo separado del Logos. Experimento todo lo que la Escuela Espiritual me enseña sobre el mundo dialéctico; yo cuelgo de la cruz, en el medio del aliento de la muerte. Y ahora sé, y estoy lleno de alegría con la idea de que el capullo de rosa existe, lleno de promesas de una nueva juventud.»

¡Qué fenómeno maravilloso un átomo! ¿Que es, en realidad, un átomo? Es un todo, un universo. Encierra fuerzas que sobrepasan las imaginaciones más audaces. Cuando se llega a romper, gracias a una formidable energía, un pequeño número de átomos de una cierta naturaleza, se produce una explosión que barre todo en un amplio radio. Quizás pronto se podrá canalizar y aplicar, según un plan, la energía liberada por la división de un átomo; observemos sin embargo que ninguna energía dialéctica conocida o aún desconocida será jamás capaz de dividir el átomo primordial. ¡No es de esta manera como éste entregará su energía!. El capullo de tosa solo puede aumentar, crecer y florecer en un campo de existencia completamente diferente. Si un súper genio natural llegara a dividir el átomo de la rosa, nuestra alegría se transformaría en duelo, ya que esto solo representaría y engendraría una desértica desolación. Un átomo es un mundo, un orden mundial, un microcosmo. Comprendo muy bien que las nociones grande y pequeño no pertenecen más que al espacio-tiempo. Ahora bien, los espacios, en el interior del átomo del corazón, son tan inmensos como la eternidad. Los aspectos, significaciones y posibilidades que encierra son tan numerosos como los granos de arena de la mar.

El capullo de rosa es un alma del mundo, una manifestación universal que no puede hacerse valer aquí abajo. Es una manifestación que no es de este mundo; un reino gigantesco, pero no de esta naturaleza. El capullo de rosa vive al ralentí, silencioso. Podría vivir en majestad si floreciera. Desgraciadamente la luz de su vital y real resplandor no se percibe aquí abajo.

¡Oh alegría! llevo en mi un nuevo mundo, un mundo diferente, tres veces divino. Yo llevo la morada del Padre en la cual hay muchas moradas. Ninguna sin embargo, puede estar a la vez en dos mundos. Lo que el ocultista cree que es una participación en dos mundos, no es otra cosa que un conocimiento de los dos hemisferios de una misma esfera, de un mismo mundo.

Si quiero tener parte en el mundo lento, silencioso, medio dormido, tener parte en el reino que no es de este mundo, en el reino que, a pesar de su lejanía, llevo en mí, aquel del que es dicho: «Mira, el reino de Dios está en ti”, debo abandonar mi mundo, debo decirle adiós.

¿Qué es lo que debo abandonar de este mundo? El mundo, lo mío, existe en función de la vida que lo anima y cae cuando muere en él el principio animador. Ahora bien, el principio animador soy yo. Luego debo abandonar mi yo, debo aniquilarme. Al instante un yo diferente se encontrará animado en otro orden del mundo. En este otro reino, no entrará nada de mí, pues no hay ninguna necesidad de mí, no le soy de ninguna utilidad. Mi yo no es un yo caído. Mi yo está a sus anchas en el mundo donde está, es parte integrante de él. Así pues yo no soy un hombre caído como quiere hacer creer cualquier religión natural que me engaña, que me retiene en la ilusión. Nacido en esta naturaleza de la muerte, la muerte es mi característica. La señal de la muerte está impresa en mi, la muerte es el resultado de lo que nosotros llamamos vida.

¡No! Aquel que es caído, el yo despojado, el yo engullido, yace en el fondo del capullo de rosa en el cual mi yo no existe, en el cual mi yo no tiene ninguna participación: simplemente yo lo porto. Este ego caído no puede vivir, solo será libre cuando mi yo ya no exista. ¡Oh estúpido poder de la ignorancia que trata de hacerme entrar en el reino de Dios! ¡Comprended que el nuevo reino es para el otro, para el otro que mora, que duerme en el capullo de rosa! ¿Podría tener, para Ti, tanto amor que vaya a sacrificar mi yo con el fin de que Tú puedas vivir?

Ahora bien, para sacrificarse por otro, es necesario conocer a este «otro». ¿Es posible, en consecuencia, conocer la estructura, la naturaleza, las propiedades, las cualidades, los aspectos, del maravilloso átomo, de gustarlo, si asíse puede decir, de sufrirlo, para que me vuelva capaz en virtud de esta unión de amor, de realizar el sacrificio que celebrará su renacimiento? ¿Por otra parte, no llevo en mi ese capullo para eso? ¿No es por el conocimiento de su presencia, por mi amor por él, que llegaría a despertarlo? ¿Vivir en función de él, no es acaso el significado, la moral de todas las leyendas santas? ¿No es eso lo que traduce la Lengua Sagrada?

Pero ¿no seré la presa de un éxtasis emocional? ¿no está naciendo en mí una especie de complejo freudiano que hace pensar en el erotismo de la flagelación religiosa? ¿No puedo recurrir a la ciencia atómica moderna paraestablecer una prueba de mi descubrimiento?

En efecto, yo puedo. Pues la ciencia atómica moderna nos enseña y demuestra que por la división del átomo se obtienen uno o más átomos de naturaleza y valor diferentes. El declinar de uno, (declinar consciente, engendrado por el fuego del autoaniquilamiento) da vida al otro.

Conozco, ahora el lenguaje simbólico del rosal en flor. El rosal florecido no busca embellecer la vieja ruina donde estaba relegado, hacerla parecer lo que no es. No, el rosal, alrededor de la cruz de la naturaleza, el rosal del alma del mundo crucificada, nos muestra al hombre que, por introspección, pone su mirada sobre el capullo de rosa en el fondo de su corazón, y lleva una vida que termina con su fallecimiento, con el fin de que el Otro viva. Esta vida que termina con la muerte sin embargo no es inútil; al contrario, ella tiene un gran valor en función del Otro. Permite al capullo de rosa desplegarse, florecer. Es la dulce muerte, la Endura, el aniquilamiento total de los gnósticos.

Veo en el espejo del corazón al Bienamado, del que hablan los iniciados. El mundo del Otro Grande, el tres veces santo, me es revelado, como unos ojos que me miran.

Veo el capullo de rosa con siete pétalos. Veo que el átomo maravilloso está constituido por siete átomos. Y veo que esta séptuple estrella, por la poderosa magia del «Qué se haga la Luz», se abrirá y se manifestará como un universo en expansión.

Veo como esta realización séptuple ralentizada, se rodea de largos círculos concéntricos, como es circundada por un zodíaco latente, por un circulo de fuego magnético; y escucho a la Lengua Sagrada llamar al zodíaco aún dormido, aún a oscuras: el Trono, el Trono divino (y el átomo séptuple, la séptuple rosa como los Siete Señores alrededor del Trono) y veo que este microcosmo divino escondido en mí y rodeándome por todas partes, posee siete campos de actividad, que siete campos parten de él, que siete posibilidades, siete estadios de nacimiento deben realizarse.

Veo siete candelabros encenderse uno tras otro y resplandecer con una maravillosa e indecible luz. Y al fin comprendo, y con razón, el prólogo del Apocalipsis: es la llamada del hombre que va a comenzar su trabajo endurístico y expresa el mántram:

«¡Yo Juan, a las siete Ecclesias que están en Asia! He aquí lo que dice Aquel que está en el medio de los siete candelabros de oro: Qué la gracia y la paz os sean dadas de parte de Aquel que es, que era y que vendrá y de parte de los siete espíritus que están ante su Trono. Gracias os sean dadas de parte del testigo fiel, Jesucristo, el campo de radiación de la liberación, el Primer Nacido de entre los muertos”.

Y he aquí que fui arrebatado en éxtasis en este día que consagraba al Bienamado. Y pasaba del éxtasis… al cumplimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17   SANGRE, FUEGO, NUBE

 

En el capítulo 143 de la Pistis Sophia, leemos:

Los discípulos le preguntaron: «Maestro, revélanos el misterio de la Luz de tu Padre, puesto que te hemos oído decir que hay un bautismo de fuego y un bautismo del Espíritu Santo»

Estas palabras corresponden con las de Juan Bautista: «Yo os bautizo con agua, pero el que viene después de mí os bautizará con el Espíritu Santo y con el fuego».

Encontramos el principio de un doble bautismo en todas las épocas y en todas las santas escrituras. Suponed que veis a lo lejos una columna de humo elevarse en el aire. Sabéis entonces que allí hay un fuego en actividad, pues no hay humo sin fuego. El nube es la prueba del fuego, pero no es el fuego mismo. Es evidente que aquel que se aproxima a esta nube terminará por encontrar el fuego.

¡Bien! aproximarse a la nube, contemplarla y sufrirla, es el bautismo de agua. El agua es el símbolo de toda manifestación en la materia. El bautismo de la nube simboliza la manifestación de la Gnosis en el mundo del tiempo. Lo que podemos apreciar, comprender y asimilar del fuego sagrado del Espíritu en el tiempo no es más que la débil sombra del fuego que engendra este humo, la nube. El fuego queda escondido a todas las experiencias materiales. Contemplar el fuego solo es posible cuando se han agotado y atravesado todas las experiencias de la materia y su ilusión. En el caso más favorable, lo que podemos tomar del fuego sagrado, es el bautismo del humo, es la sombra del fuego. Pero esto es ya tan maravilloso y tan divino que estamos mudos de reconocimiento, considerando que el bautismo de humo es el único camino de salvación.

Por otra parte este es el sentido del preludio del Evangelio. ¿No precede Juan a Jesús? Aquel que sigue a Juan a través del desierto de la vida, que endereza sus caminos hasta el Jordán encuentra a Jesús. No es suficiente simplemente comprender, no es suficiente decir: “Yo sé esto», es necesario demostrar que lo hacéis. Sin esta prueba, no puede tratarse del bautismo de fuego.

Habiendo tomado esto como introducción, debemos saber que reina, con relación a este doble bautismo, una confusión extrema: un malentendido en el terreno de la religión natural y otro en el terreno oculto. Habremos de penetrar hasta lo más profundo de estos malentendidos, visto que reinaron sobre la humanidad durante unos cientos de siglos. Lo que hizo que las entidades humanas de los dominios dialécticos debieron sufrir las influencias y fueron forzadas a aceptarlas. No hay entre nosotros ningún alumno que pueda decirse libre de estas influencias. Algunos podrían decirlo, pero la afirmación no pasaría el examen. Todos nosotros hemos bebido el filtro emponzoñado, en consecuencia, todos estamos profundamente desnaturalizados. Es necesario comprender la petición de los discípulos en la Pistis Sophia bajo este ángulo. Esla llamada surgida de lo más profundo del corazón: «Señor, desvélanos los misterios de la Luz».

¿Qué es lo que quiere decir «desvelar los misterios»? ¿Podemos hacerlo por vosotros? Ciertamente no. Nosotros no podemos, ¡solo vosotros podéis!

Es ahí precisamente donde reside el dominio de los malentendidos donde cayeron muchos de los que nos precedieron. Se dice por ejemplo: el bautismo de agua se refiere al lado material de las cosas, a las ocupaciones y a las cosas de la materia, a los misterios terrestres; a las iniciaciones, a los conocimientos de los misterios.

¡Aquí yace la mala comprensión! Muchos poseen un gran conocimiento de los misterios, de acuerdo. Pero os preguntamos: Amigos, cargados de conocimientos ¿os han vuelto ellos más felices, aunque no fuese más que una hora? La respuesta es inútil, la conocemos.

Algunos tienen en su activo, una serie de iniciaciones. Entre nosotros, queridos amigos ¿hubo una, entre las iniciaciones, que os haya aportado liberación y felicidad cuando pasa su embriaguez pasajera? ¡Es inútil esperar alguna verdadera luz de este mundo de la muerte! Si poseyerais todo el saber, pero nada diferente, si no tenéis el amor que sobrepasa todo el entendimiento humano, no tendríais y no seríais nada. El conocimiento y la razón existen. Su cultura a la que se llama iniciación, solo es un poder degenerado de la naturaleza de la muerte.

Nos gustaría haceros ver claramente que todo conocimiento es inútil en lo que concierne a los misterios divinos. ¿Debe usted ser iniciado? No, ¡usted no debe ser nada! Debéis desaparecer de este mundo, debéis morir. Vuestro yo debe ser destruido por la endura. ¡No tenéis nada que atesorar! ¿Para qué hacer más pesado el fardo que ya representáis para vuestro microcosmo? Debéis vaciaros.

En su libro titulado «La nube sobre el santuario», Karl Von Eckartshausen dice que en las señales exteriores, lo interior está conservado y que así la verdad, la esencia de lo interior, lo que está escondido, está comprendido en la ceremonia exterior, en la magia ceremonial. Este es el punto débil de su libro, es una concesión que hace a la iglesia. Presentarlo de esta manera es un crimen hacia la Gnosis. ¿Qué hicieron los Rosacruces clásicos? Ofrecieron sus tesoros a los sabios y a los dotados de razón de la naturaleza, honestamente, abiertamente: «¡Aquí está! os lo ofrecemos, haced algo con ello, vividlo, sumergiros en ello». Naturalmente… los sabios lo rechazaron.

¿Qué hicieron entonces los Rosacruces? ¿Creéis vosotros que erigieron una iglesia, una escuela, con ceremonias mágicas en la que, cada hora, escondida bajo los símbolos, el alimento era dado con cuentagotas a la multitud amorfa, por unos hermanos que haciendo los honores de su institución se declaraban sacerdotes o adeptos?.

No, los Rosacruces erigieron ellos mismos, entre ellos, la morada Sancti Spiritus. Iluminaron ellos mismos el fuego perfecto, con el fin de que su humo rodeara el mundo, como un campo de respiración. La magia ceremonial es una máscara de humo, es un refinamiento dialéctico, con vistas a permanecer en el campo respiratorio de la gnosis, sin estar ni inmerso ni sometido a ello y siguiendo inhalando el oxígeno de la perdición.

¿Entonces no hay en ello ninguna ayuda para los hombres? ¿No se toma al errante de la mano? ¿No se le guía? ¿Qué es el Lectorium Rosicrucianum? ¿Qué quiere hacer?.

Nada diferente de lo que hizo Cristian Rosacruz. Nos dirigimos al mundo que, quemándose ardientemente, sin embargo quiere conservarse. Os ofrecemos nuestros tesoros, os ofrecemos todo lo que poseemos: «sangre, fuego y humo». No os seguimos en vuestros métodos, en vuestras maneras de ver. No podemos unirnos a vosotros pues sois vosotros quienes debéis venir hacia nosotros. Nuestros tesoros son vuestros tesoros; la plenitud de la riqueza gn6óstica es para vosotros, está en vosotros.

La morada Sancti Spiritus está por todas partes. Pero, debéis abandonar vuestro antiguo estado, pues solo con esta condición podéis recibir vuestra parte de herencia. Por ello la primera unión real es al mismo tiempo la última. Y vosotros mismos debéis hacer esta unión. En este caso, ningún sacerdote, ningún iniciado puede ayudaros.

¿Pero entonces que hace la Escuela? Concentra para vosotros el humo del fuego y lo transmite a vuestra sangre. ¡Oh gracia suprema! habrá allí, durante los días del final, sangre, fuego y vapor de humo.

El penacho de humo que hace de señal es el objetivo del camino que os fue mostrado y sois vosotros, ahora, los que tenéis que atravesar el desierto a continuación de Juan Bautista. Es necesario que el yo sea laminado por la Endura, con el fin de poder encontrar, con un grito de alegría, el único fuego y hundirse y perderse en él. Amigos ¿está abierta vuestra sangre? Si este es el caso, vuestro corazón lanzará, irrevocablemente, el grito: «desvélame los secretos del fuego». Aquel que lance este grito, en el dinámico deseo creado por la angustia del alma, dispone, al instante, de su herencia. Es sobre esta certeza eterna que avanza en el camino.

Esta es la diferencia fundamental, formidable, entre el ocultismo y la religión por un lado, y el transfigurismo por otro. En el mundo dialéctico, se muestra un camino, que tiene como punto final, la iniciación, por consecuencia una especulación. En efecto, ¿qué no podría ocurrir, antes de que el objetivo sea alcanzado?: errores, malentendidos, falsos pasos…

En el transfigurismo, por contra, para comenzar está la unión con el objetivo. El camino viene a continuación. Este es el proceso imperturbable del renacimiento.

Es así como una vez más, hemos demostrado que las inútiles controversias místicas y ocultas son, todo lo más, una vaga imagen reflejada de la única Verdad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

18   TÚ ERES AQUEL QUE SALVARÁ EL MUNDO ENTERO

 

Os hemos explicado que el átomo del corazón, la Rosa de la liberación es, podría decirse, una especie de microcosmo comprimido, un ser divino, absolutamente inactivo y latente, rodeado por un sistema de fuerzas electromagnéticas antidivinas. El átomo primordial, en el momento de la caída, debió abandonar en el Reino Inmutable, los poderes que le hacían vivir: el campo de radiación de la Gnosis divina. Este es el acontecimiento que menciona la Pistis Sophia cuando habla del «Manto de Luz» que dejó detrás de ella.

¡Bien!, cuando el hombre dialéctico está dispuesto a recorrer el camino de la autorendición total; cuando en consecuencia, el microcosmo dialéctico termina por perder voluntariamente su dinamismo de hombre viviente, para solo ser una entidad que simplemente existe; cuando se abre enteramente a una fuerza de radiación destinada exclusivamente al otro reino en él, ocurre que la fuerza de luz original, el manto de luz original es, de nuevo, devuelto al átomo primordial. Gracias a este fuego ardiente del Espíritu Santo, el átomo del corazón es dividido y abierto violentamente. La Rosa del corazón se abre y aquel que fue el primero y será el último se volverá viviente. Abierta la Rosa del corazón, su constitución aparece extremadamente complicada. Ella presenta un punto central, siempre ardiente, en el corazón, como una nueva luz solar. Es lo que Jacob Boehme llama «Aurora». Un segundo principio gira alrededor del primero como una fuerza que determina el ritmo. Otros cinco principios se encuentran a una cierta distancia del segundo. Son las cinco marcas, las cinco señales que juntas forman la estrella de cinco puntas, la señal del «hijo del hombre».

Se puede considerar esta estrella como un sistema de líneas de fuerza con la ayuda del cual el hombre nuevo en crecimiento llega a la manifestación perfecta. Comprenderéis que esto es lo que es necesario entender por la Estrella de Belén que vieron los Magos. Es evidente que la radiación de esta estrella, su resplandor, forma un campo magnético gracias al cual el «recién nacido», el «renacido», respira en la Gnosis. Esto es lo que hace que veamos aparecer en el nuevo campo magnético doce nuevos puntos magnéticos. Juntos forman un nuevo sistema magnético que no tiene nada en común con el antiguo ser aural. Los nuevos doce grandes principios luminosos forman el nuevo zodíaco microcósmico. De este campo de radiación gnóstico nace el hombre nuevo. Jesús el Señor, si podemos expresarle así, desciende al mundo del tiempo. Es llamado Jesucristo, porque este salvador, este redentor saca su salvación de la Gnosis misma. Dispone de doce discípulos, de doce fuerzas magnéticas, de doce poderosos poderes. Vive de ellos. Esta es una sucinta descripción del nacimiento del nuevo sistema.

Representaos este nuevo microcosmo como existiendo en y alrededor del antiguo. ¿Qué vemos al principio? Este nuevo cuerpo celeste existe pero no por ello el antiguo ha desaparecido totalmente. Podríamos hablar de una doble estrella. Mientras que el mundo de una se oscurece, el otro cada vez se manifiesta con más brillo y esplendor.

Veamos ahora las cosas bajo otro ángulo. Ciertamente recordaréis que en el curso de nuestras explicaciones sobre la verdadera naturaleza de un microcosmo, hemos insistido en el hecho de que en el curso de las sucesivas rotaciones del nacimiento y de la muerte, el ser aural, es decir el yo superior del microcosmo, era, en un cierto sentido, inmortal. Este ser aural, este yo kármico pasa por todas las vidas. Está unido a las vidas de diferentes personalidades que, temporalmente viven al interior de él. Cada personalidad solo conoce su propia vida; no conoce pues ninguna vida anterior, ni conocerá ninguna posterior en el futuro. La idea de la reencarnación se aplica al hecho de que es siempre al interior del mismo ser aural dialéctico existente donde aparece una nueva personalidad, para desaparecer a continuación y dejar lugar a otra, totalmente nueva.

Familiarizado con esta idea, se vuelve necesario ampliar y profundizar en esta concepción: el ser aural, el yo superior de nuestro microcosmo, que en la dialéctica siempre está vivo, -así pues inmortal según nuestro entendimiento- se disgrega desde que nace el nuevo microcosmo.

Encontramos, en términos velados, la explicación de esta disgregación en el relato evangélico de la tentación de Jesús en el desierto. ¿Qué intenta hacer en ese momento el yo superior?. Intenta controlar a aquel que acaba de nacer, a aquel que acaba de despertarse, a aquel que estaba muerto y que ha vuelto a estar vivo. ¡Pero no tiene éxito! Por ello es dicho que después de su victoria, después de la prueba de la tentación, Jesús el Señor «fue servido por los ángeles de Dios». Esto quiere decir que ya no fueron las fuerzas magnéticas de la antigua lípika las que podían alimentar y, por ello, dominar al recién nacido, sino que una nueva lípika, un nuevo ser aural, un nuevo zodíaco, un nuevo círculo apostólico le servía y un nuevo campo de desarrollo se abría al hombre nuevo.

Por ello la Pistis Sophia dice: «Jesús en el monte de los olivos, dice esto a sus discípulos: Regocijaos y estremeceos de alegría, porque los tiempos están cumplidos. Yo he recibido de nuevo el vestido que desde el comienzo me estaba destinado; el vestido que yo abandoné en el último misterio fue conservado para mí hasta el final de los tiempos. El tiempo de la realización es al mismo tiempo aquel en el que me será ordenado por el misterio original explicaros la verdad, desde el comienzo hasta su fin, desde su génesis interior más profundo hasta las cosas más exteriores. Considerando que el mundo deberá ser salvado por vosotros, regocijaos y estremeceos de alegría, pues habéis sido elegidos por encima de todos los hombres que están sobre la tierra. Sois los que salvaréis al mundo».

Aquel que un día, se despierta «hombre nuevo” se vuelve una bendición para todos los hombres de la tierra, pues el hombre nuevo puede salvar al mundo. Nos queda ahora por saber -en la medida en que seamos capaces de ello- lo que es necesario entender por estas palabras.

Permitidnos conduciros por el buen camino tomando como ejemplo un hecho simple y conocido. Tomemos un trozo de madera, sumergido en el elemento liquido. Sabemos que, más ligero que el agua, debe flotar; y, suponemos que sea retenido en el fondo del agua a consecuencia de una causa extranatural. Pero en un momento dado, la causa antinatural desaparece. El trozo de madera remonta inmediatamente a la superficie. En otras palabras: desde que el estado contra-natura cesa, el equilibrio natural se restablece. Lo mismo ocurre con el hombre nuevo hundido en un sueño de muerte y yaciendo en el suelo dialéctico; despertado y renacido gracias al holocausto del hombre dialéctico, se eleva por encima de la tumba de la naturaleza, con el fin de regresar a su patria y reencontrar allí el equilibrio roto. Así es como el hombre renacido regresa a la Casa del Padre, y este viaje representa la salvación del mundo y de la humanidad caída.

Ahora bien, para comprender esto, se vuelve necesario estudiar las constelaciones de  la naturaleza dialéctica. ¿Por qué vuestra personalidad es como es? ¿Por qué estas faltas en vuestro carácter? ¿Porque este perpetuo deseo de conservamos como sois? ¿Por qué, en una palabra, vuestras inclinaciones psíquicas y sus prácticas?.

Sois lo que sois porque estáis subordinados a vuestro ser aural, este ser kármico que os rodea y os influencia y que, no lo olvidéis, está cargado por el peso de un número infinito de siglos. A este ser aural y a todo lo que se encuentra por debajo y por encima, se le podría llamar vuestra esfera reflectora particular. Vivís de ella, funcionáis según sus ordenes, ella os hace actuar y recordad que ella está unida al campo astral dialéctico. Vosotros y las personalidades que os precedieron en vuestro microcosmo son los reflejos, los focos de reacciones de este ser de la esfera reflectora en vosotros. El pretendido yo superior es el verdadero yo dialéctico, es el eón que os rige.

Sin embargo, por vuestra autorendición, por la negación de vuestra esfera reflectora particular, el nuevo microcosmo puede elevarse. Ahora bien, como sabéis, este otro microcosmo es el verdadero microcosmo y cuando se despierte, estará revestido por un vestido de luz totalmente diferente.

Podéis imaginar entonces lo que ocurrirá. Vosotros que antes erais solo un reflejo, el esclavo de vuestro yo superior dialéctico satánico; vosotros que os habéis entregado a merced del Otro, que os habéis, sise puede decir así, dejado absorber en Él, escapáis de la naturaleza de la muerte, os eleváis por encima de ella. Esta naturaleza no puede reteneros, os lanzáis hacia la Patria y el yo superior satánico, despojado de su foco, es aniquilado. Desaparece como todas las realidades que solo son ilusorias, como un capullo vacío que se deshace al viento.

Ahora bien, lo que le ocurre a un microcosmo en particular le ocurre igualmente al cosmos. Nuestro cosmos es el campo de vida de numerosos microcosmos y al igual que hay una esfera reflectora y un yo superior satánico del microcosmo, hay también una esfera reflectora y un yo superior satánico del cosmos. Además, de la misma manera que el microcosmo regenerado pasa a través del antiguo aniquilándolo, el hombre transfigurado, dejando totalmente su yo superior, pasa a través dé la esfera reflectora cósmica complicada y contribuye así a su destrucción.

Imaginad que todos juntos recorriéramos este camino, y que la naturaleza de la muerte satánica ya no pudiera retenernos, ¿qué ocurriría? Sustraeríamos colectivamente a la naturaleza de la muerte una buena parte de sus fuerzas, la paralizaríamos, se podría decir. Volveríamos así practicable y más fácil el camino de la liberación a los que vendrían después de nosotros.

Por ello toda alma que llega a recorrer el camino que conduce a la Patria ayuda a abrir el camino para todos los hombres caídos. He aquí también porque dice la Pistis Sophia: «Regocijaos y estremeceos de alegría, pues sois benditos, al servicio de la humanidad caída que vive sobre la tierra. Sois los que salvaréis al mundo».

¿No creéis que, de manera justa, se podría llamar a esto el verdadero amor a los hombres? Ved pues vuestros esfuerzos en el camino en una relación más amplia que la relación individual. Comprended que vuestros esfuerzos, vuestros intentos de liberación liberan también a otros. Vuestro esfuerzo les facilita la ocasión de avanzar. La gracia que nos es concedida, que aceptamos, que aplicamos, se vuelve un beneficio colectivo. Nosotros que estamos atormentados por el grosero egoísmo del hombre animal, nosotros que queremos sin parar, en el curso de la lucha por la existencia, colarnos en el primer y mejor lugar, podemos, si lo queremos, hundirnos, aniquilarnos en el maravilloso y divino milagro de una libertad que favorece al mismo tiempo la libertad para todos. Comprended que únicamente ahí está la verdadera unión de la religión, de la ciencia y del arte, que ésta es la verdadera democracia, la Sancta Democratio: ¡uno para todos y todos para uno!

Comprended también porque se puede decir que hay alegría en el cielo por un pecador que se vuelve hacia la verdadera, hacia la única luz. Comprended en fin porque la Pistis Sophia describe en los capítulos siguientes de su evangelio su marcha gloriosa, regocijante, a través de la esfera reflectora del cosmos; camino en el curso del cual las potencias del infierno son vencidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

19   EL SEÑOR NOS CONOCE A TODOS POR NUESTRO NOMBRE

 

Imaginad a un alumno del Lectorium Rosicrucianum que acaba de entrar en nuestra escuela. Verle como un alumno serio que sabe, por haberío comprobado lo que quiere la dialéctica y que está por descubrir la verdad incontestable del Misterio Transfigurístico. Verle como a un alumno que de todo corazón ha buscado y ha encontrado la Escuela Espiritual.

Se podría designar a este alumno como un candidato de primer grado. Daros cuenta de que su yo dialéctico es aún el motor central, causa de sus actividades. La Rosa del Corazón está todavía oculta en el capullo. El firmamento aural magnético está aún intacto. El Yo superior es todavía el factor dominante en su vida.

Y he aquí que guiado por las sugestiones de la Escuela, conducido interiormente por una comprensión adquirida, va a ejercitarse en la rendición de sí mismo. Da sus primeros pasos en el camino de la Endura. Trata de mantenerse en ello sin flaquear demasiado; en resumen, no le pone a ello demasiada mala cara.

Se puede, en ese instante, decir de él, que es «un nacido
Juan Bautista», que es un alumno de segundo grado. Sin embargo el yo ordinario, aunque ocupado en disminuir, no está menos presente, y el Yo superior dialéctico está completo todavía. La Rosa del corazón, el embrión del nuevo Microcosmo, ciertamente no está abierto de manera positiva. El alumno sabe que existe pero «el humo del fuego» aún no es visible para él. Sin embargo se mantiene, convencido de que recorre resueltamente el camino endurístico. Él endereza los caminos para su Señor. Según el ser interior dialéctico, disminuye. Modifica su conducta, sus actividades, pero sin desplegar para esto un gran esfuerzo nervioso, sin imponerse una rígida coacción de la cual apenas sería dueño. No, él actúa espontáneamente y lleno de confianza, y es el corazón repleto de Amor el que desempeña el trabajo de autofrancmasonería.

En consecuencia se ven abrirse en un momento dado, los pétalos de la corola exterior de la Rosa del Corazón y los primeros rayos del alba penetran en ella. A tal alumno le llamamos un candidato de tercer grado. La Lengua Sagrada llama a este estado de nacimiento: «el nacimiento de Jesús», que vio el día algunos meses después de Juan. Daros cuenta que en el curso de esta fase, el yo ordinario esta siempre presente, así como el yo superior dialéctico. El sistema magnético de la naturaleza ordinaria está todavía completamente intacto. La Rosa no está aún más que en su primer estado de eclosión.

Así pues el proceso continúa. El camino del Juanista se cumple con alegría. La rendición se perfecciona hasta el extremo límite. El fondo, el nadir es alcanzado. En el curso de este proceso la rosa florece gradualmente, el nuevo microcosmo aparece y desvela su secreto. Este es el momento en que Juan transmite su iniciativa al Jesús recién nacido. Ya no es más el yo, sino el Alma la que guía al ser entero. Llamamos a este alumno un candidato de cuarto grado. Este grado al cual el alumno es promovido no se obtiene por la intermediación de terceros, de un iniciado, de una escuela, sino exclusivamente recorriendo el camino de autofrancmasonería.

Llegado a este punto aún se presenta un obstáculo. Si es verdad que la rosa se ha vuelto, en la vida del alumno, la luminosa dominadora de su sistema, no es menos verdad que el yo superior dialéctico, el sistema magnético de la naturaleza ordinaria, la unión predominante con la naturaleza de la muerte, aún está absolutamente intacta. Por esta razón el alumno del cuarto grado aún no está realmente liberado. La barrera más importante no ha desaparecido: El yo superior debe ser vencido.

Este es un grandioso, un maravilloso y formidable proceso en todos sus numerosos aspectos. El yo superior, no había sido hasta este momento,. más que un adversario negativo, incluso en más de un caso, y bajo ciertas relaciones, un colaborador, pues, todavía puede, con lazos dialécticos, retener y guardar prisioneros, a los alumnos del cuarto grado.

Podéis representamos una autorendición, plena de belleza mística y de piedad, sin que ella esté necesariamente acompañada de una actividad rompiente con la materia. El hecho de poder imaginar tal práctica mística prueba que ella es posible en la naturaleza ordinaria. En esta práctica el yo superior ordinario queda como un usurpador, lo que tiene como consecuencia que todo resultado místico es irradiado electromagnéticamente en la naturaleza de la muerte, reforzando esta misma naturaleza, guardando su estado.

Se vuelve pues indispensable que el candidato que quiere alcanzar el quinto grado neutralice al yo superior. Aquel que se decide a ello tiene una extraña experiencia. Se da cuenta de que el adversario, que era negativo, se vuelve positivo. Ya no es cuestión de directrices benévolas, de colaboración. No, el candidato se encuentra al fin delante de su enemigo natural, el enemigo secular, el enemigo del comienzo. Debe librarse del vestido de la naturaleza ordinaria.

El enemigo que desde el principio le tiene prisionero no es ni un demonio, ni una entidad de la esfera reflectora, sino un simple firmamento aural magnético en el cual el karma entero se encuentra escondido. Diversas entidades pueden emplear este firmamento, esto es evidente, pero aquel que llega a vestir el nuevo Vestido de Luz, ya no es accesible a ninguna entidad de la esfera reflectora.

Es necesario que el candidato de cuarto grado recorra el camino de la liberación; camino concretizado entre otras cosas, por la tentación de Jesús en el desierto, descrito en el Evangelio. Este relato narra la manera en la que el alumno del cuarto grado atraviesa su propia esfera reflectora y la aniquila. Está claro que aquel que atraviesa así al ser aural de su propia naturaleza dialéctica, con la mirada fija en el único objetivo, siempre estrechamente rodeado del Vestido de Luz de la Rosa Divina, atraviesa al mismo tiempo la esfera reflectora cósmica.

Aquel que aniquila el firmamento microcósmico ordinario se vuelve imperceptible para el firmamento macrocósmico de la naturaleza dialéctica. Nada de la naturaleza de la muerte puede ya retener a un alumno tal. Si él está todavía en el mundo, no forma ya parte de él. Es para tales alumnos del cuarto grado, en el curso de nuestro estudio del Evangelio de la Pistis Sophia, que es dicho: «Regocijaros y estremeceros de alegría pues sois bendecidos en beneficio de la humanidad entera que vive sobre la tierra. Soislosque salvaréis, al mundo.»

El firmamento macrocósmico engloba a la totalidad de la humanidad caída y la guarda prisionera en el medio de fuerzas electromagnéticas. Con el fin de volver nuestra encarcelación más concreta, el macrocosmo utiliza, para este efecto, los firmamentos microcósmicos que están alrededor de nosotros y que por consiguiente nos son particulares. Así pues desde el momento en que llegáis a romper vuestro caparazón microcósmico, a aniquilar el sistema electromagnético que os retenía prisioneros, se puede decir que habéis debilitado el firmamento macrocósmico otro tanto. Luego, en el momento en que juntos recorremos el camino, paralizamos científicamente los poderes de la naturaleza, a los Eones de la naturaleza, y salvamos así al mundo y a su humanidad caída.

Así pues, desprendiendo del proceso que os muestra la Escuela Espiritual, toda palabrería oculta y mística, desembarazándolo de todo sentimentalismo inútil, lo examinamos a la luz de una realidad despojada de toda fantasía, en el silencio y la serenidad de la única verdad. Lo que importa no es poetizar el proceso, soñar con él, cantarlo, hablar de él con el corazón desbordante de emoción, sino saber lo que verdaderamente hacéis.

Con este fin os hacemos la pregunta: ¿Cuál es en realidad la fuerza de atracción que os domina?, ¿Cuál es la fuerza de atracción que, según la ciencia natural, rige vuestro sistema? ¡Esta es la pregunta predominante!

La misión que la escuela se ha fijado es arrancar a sus alumnos de la influencia de la naturaleza. vuestro primer deber es el de llegar al cuarto grado, con el fin de poder explorar seguidamente el camino que conduce del cuarto grado al quinto. Imaginaos que todo un grupo de alumnos del cuarto grado posee el manto de oro de la rosa; que todos están revestidos de este vestido de bodas del que más tarde os haremos conocer su naturaleza, sus propiedades y sus virtudes; y que en este estado, continúan realmente su viaje, rompiendo la materia sin cesar. ¿Que se produciría?. Se produciría lo que cuenta la Pistis Sophia en su onceavo capitulo:

«Y ocurrió que cuando vi el Misterio de todas esas palabras en la veste que me fue enviada, en aquel mismo momento me la puse. Y fui hecho luz por excelencia, volé a la altura y llegue a la puerta del firmamento hecho luz por excelencia sin que hubiera luz que se me asemejara. Y todas las puertas del firmamento se agitaron sobre si mismas, y todas a la vez se abrieron. Y los Arcontes, las Potestades y los Ángeles que hay en él, todos se perturbaron a causa de la gran luz que Yo poseía. Y contemplando la veste de luz con que Yo estaba revestido, que era luz, vieron el Misterio sobre el que estaban escritos sus nombres. Se estremecieron y todas las ataduras con que estaban ceñidos se soltaron. Cada uno cesó en su rango y prosternándose todos ante Mí me adoraron, diciendo- «¿Como el Señor del Universo nos ha atravesado sin que hayamos tenido conocimiento de ello?»

Y todos a la vez, en el interior de sus interiores, cantaban himnos, pero no me veían, sino que veían tan solo la luz. Se hallaban en medio de un gran temor y se estremecían. Y entonaban himnos en el interior de los interiores.»

El Evangelio de la Pistis Sophia nos dice aquí que el hermano y la hermana del cuarto grado que han recibido el vestido de la rosa y están ocupados en recorrer el camino del quinto grado, hacen derrumbarse el firmamento dialéctico, sus valores, su orden.

El sistema magnético es roto completamente, las relaciones se pierden, los sistemas se dislocan. Se trata en este caso de la anulación de las leyes de la gravitación dialéctica: los lazos caen y cada punto magnético deja su orden.

Ver el Misterio «sobre el que estaban escritos sus nombres» es una noción, una expresión conocida de la Doctrina Universal. El nombre, en el sentido original significa: “el verdadero estado de ser». Tenemos un nombre, un estado de ser. Por ésta razón la Escritura Santa dice: «El Señor conoce a cada uno de nosotros por su nombre». Desde ese momento, cuando tenemos un «nombre», es decir un estado de ser, de una naturaleza inferior al misterio divino, vemos el misterio en cuestión, su inconmensurable profundidad, por ejemplo como una manifestación de su luz, pero no percibimos la realidad.

Así es como comprendemos que, aquel que, en tanto que hermano o hermana de la Rosacruz, comienza el viaje hacia el cielo con el vestido de la rosa, no puede ser detenido por unos poderes y unas fuerzas terrestres de la esfera reflectora, pues el suyo es igualmente invisible. Por esta razón es dicho: «Pero no me velan, sino que veían tan solo la luz. Se hallaban en medio de un gran temor y se estremecían». Y las entidades de luz, unidas a la rueda de los nacimientos y de las muertes decían:

-«¿Cómo el Señor del Universo ha pasado a través de nosotros, sin que lo hayamos sabido?».

¿Cómo? Es muy simple: “¡Lo que es escondido a los sabios y a los racionales de este mundo es revelado a los Hijos de Dios!».

Hagamos pues que esta revelación se vuelva para nosotros una realidad y ayudemos a los otros a descubrir esta misma realidad.

20   LA VENTANA DE ORIENTE Y LA VENTANA DE OCCIDENTE

 

Os hablábamos, en un articulo precedente, de los cinco grados del camino de la autofrancmasonería, de los cinco aspectos de la construcción sobre la única piedra angular de la plenitud gnóstica de la Fraternidad Universal, de los cinco grados que nos conducirán desde el comienzo hasta el glorioso fin.

El primer grado se refiere al alumno serio que entra en la Escuela, impulsado por su descubrimiento interior de la verdad incontestable del misterio transfigurístico, el camino del renacimiento.

El segundo grado se refiere al hecho de que el alumno se comprometa definitivamente en el camino de la endura, el camino de la autorendición.

El tercer grado llama la atención sobre la primera consecuencia que aporta el ejercicio de la endura; la rosa del corazón se abre a los primeros rayos del alba gnóstica.

Ahora bien, cuando este sol del espíritu se levanta, cuando su resplandor se amplifica y sus fuerzas aumentan, se desarrolla, estructural y orgánicamente, un nuevo fuego de la serpiente, un nuevo yo, un vestido de bodas, un nuevo estado del alma. Jesús el Señor, en ese instante, nace en el candidato que se vuelve un hermano, o una hermana, del cuarto grado.

La realización de este grado le confiere la fuerza y el poder de emprender el viaje de regreso. Atraviesa la esfera reflectora y el ser aural de su microcosmo y, haciendo esto, aniquila a este ser aural. Al mismo tiempo, pasa a través de la esfera reflectora cósmica, rompiendo y aniquilando los obstáculos dialécticos. Por ello, debilita también a las fuerzas dialécticas, allanando y facilitando el camino a aquellos que vendrán después de él. Se vuelve así un hermano del quinto grado, que ha celebrado sus Bodas Químicas.

Todas estas explicaciones os permiten daros cuenta de que os es efectivamente posible el volveros, por autofrancmasonería, un hermano o una hermana del cuarto grado. Llegado a este estado de ser superior, portáis realmente en vosotros, el «nombre» de los hijos de Dios renacidos y podéis considerar como os son dirigidas las palabras de la Pistis Sophia: «Alegraos y estremeceos de alegría, pues sois bendecidos en provecho de la humanidad que está sobre la tierra, pues sois los que salvaréis al mundo entero». Aquel que, sin tener en cuenta los peligros, abre un camino a través de la maleza para aquellos que vendrán después de él, lesfacilita el camino; y el trabajo, al cual todos vosotros sois llamados, es el de prepararos para trabajar por todos.

¡Qué grandioso, qué divino momento, si pudiéramos acogernos entre los hermanos y hermanas del cuarto grado, vueltos dignos de llamar propio al maravilloso vestido de luz, este vestido de oro de las Bodas! Todos podéis en un tiempo muy corto, tejer este manto. La Piedra Angular está presente, sobre la que debe construirse el edificio; los materiales os son generosamente dados en el campo de fuerza; los instrumentos están en vosotros mismos. Entonces, ¿por qué no os entregáis a vuestra construcción, para celebrar vuestras Bodas Alquímicas?.

Cuando vosotros lo hayáis establecido, el segundo capítulo de la Pistis Sophia se abrirá ante vuestros ojos, como el amplio paisaje que se ofrece ante la vista de quien llega a la cima de una montaña:

«Y ocurrió, pues, que cuando el sol nacía en los lugares de Oriente, descendió una gran fuerza de luz, en la que venia mi veste, que yo había puesto en el Veinticuatro Misterio, como ya os tengo dicho. Y encontré el Misterio en mi veste, escrito en cinco palabras que pertenecen a la altura:

ZAMA – ZAMA – ÔZZA – RACHAMA – OZAI

cuya solución es: «el Misterio, que está afuera en el Cosmos, por cuya causa fue hecho el Universo. Él es toda salida y toda elevación. Él proyecta todas las emanaciones y cuanto está en todas ellas. Por esta razón, el ‘Misterio todo lo ha hecho, así como todos sus lugares.

Ven a nosotros, porque nosotros somos tus miembros asociados. Todos estamos también contigo. Somos uno y el mismo contigo. Y eres uno y el mismo con nosotros. Este es el Primer Misterio, que se hizo desde el principio en el que es Inefable, antes de haber salido, y su nombre somos todos nosotros.

Así pues, todos nosotros vivimos a la vez para Ti en el último límite, que es lo mismo que el último Misterio desde lo interno. Este es también parte de nosotros.»

El sol que se levanta al oriente tiene relación, como comprenderéis, con el tercer grado. En tanto que seáis del primero o del segundo grado, estáis aún en el alba, en la aurora naciente, en la semioscuridad del día que se levanta. Pero, cuando el solsube al oriente, la gran fuerza de luz viene hacia vosotros y despierta la rosa de su sueño milenario.

En el lenguaje universal, el oriente representa siempre el génesis de las cosas, como «la ventana del oeste» es el fin de ellas. Por esta ventana del oeste, las cosas nos abandonan y por ella el pasado, frecuentemente, trata de aferrarse a nosotros. Cuando el sol gnóstico se levanta al oriente, somos confrontados al génesis de la manifestación divina que, ella también, es «un pasado». Pues, cuando la fuerza de luz gnóstica desciende a fin de tocar el santuario de nuestros corazones, descubrimos que es en ella donde está nuestro vestido de luz, el vestido que un día fuimos forzados a abandonar.

Este descubrimiento equivale a retrasarse en ello, pues el debutante se equivoca, a veces, seriamente en la materia. Cada microcosmo tiene una ventana oriental y una occidental. Por una vemos el sol ascender por el horizonte y por la otra descender. Durante el proceso que recorre el alumno, se desarrolla, en el microcosmo, una corriente magnética saliente que evacua y hace desaparecer las fuerzas empleadas, los valores agotados, con los cuales el alumno ha roto. Cuando recorréis el camino del rompimiento del yo y decís “adiós» a las cosas dialécticas, todo os abandona por la ventana occidental, por la corriente magnética saliente, expulsante.

Desgraciadamente en el curso de la lucha por la vida, regresan las mismas viejas cosas, reaparecen sin cesar, a veces bajo aspectos más modernos. En tanto que no hayáis perdido absolutamente el yo, las cosas del pasado dialéctico aparecen continuamente por la ventana occidental, frecuentemente bajo apariencias de renovación, porque el yo ordinario sueña con ellas en el curso de sus reflexiones meditativas.

Si recordáis ahora la figura de John Dee, el héroe del libro de Gustav Meyrink titulado «El ángel de la ventana de occidente», sabréis porque el ángel     del destino aparece por la ventana occidental y lo conduce al  abismo. Dejar al pasado por lo que es, no lo readmitáis en el presente, pues aquel que continúa aceptándolo sigue su destino dialéctico que promete oro y solo aporta penas.

Hay igualmente en nuestro microcosmo una corriente magnética entrante, llamada «el oriente», y podríais preguntaros: ¿El destino no entra por esta puerta oriental? Ciertamente, pues atraéis, evidentemente, lo que sois. Estáis en armonía, en equilibrio con lo que atraéis y ello no puede cambiar ni las circunstancias de vuestra vida, ni vuestro estado de ser, ni vuestro «nombre». Sin embargo, si habéis elevado vuestro estado de ser por encima del estado «occidental», todo lo que golpea a la puerta occidental no puede entrar por el oriente. Es la vibración del oriente la que determina la del microcosmo entero.

Cuando, en tanto que alumnos serios, vuestras miradas permanecen orientadas hacia las claridades de la aurora y cuando vuestras actividades lo prueban, el oriente se ilumina, la vibración microcósmica sube y las dos corrientes magnéticas -tanto la del este como la del oeste- deben ajustarse a esta vibración. La corriente saliente expulsa todo lo que es impío y la corriente entrante apela al propasado de los hijos de Dios.

Así es como podéis llegar a recibir el vestido de luz que un día debisteis abandonar. Comprended este maravilloso misterio. Tratad de comprenderlo con todo vuestro ser, pues os desvela el misterio de la salvación.

El vestido de luz no es simplemente un nuevo campo de radiación electromagnético; no, el vestido de luz, es algo infinitamente más grandioso. Suponed que habiendo hecho construir una casa en el mundo dialéctico, la abandonarais en un momento dado y dejarais de cuidarla. ¿Que ocurriría? El polvo, fatalmente, la recubrirá, las telas de araña la afearán, la humedad la descompondrá; en resumen, los dientes del tiempo harán de ella una ruina. Todo, en nuestro mundo, pasa y se corrompe, todo está sometido en él a la muerte; todo, incluso lo que más cuidáis, termina por perecer.

En el mundo original, por el contrario, nada puede perecer. Todo lo que existe bajo las amplias bóvedas divinas permanece por toda la eternidad. Por ello el vestido de luz que el hijo de Dios debió, un día, dejar tras él, no es simplemente un campo electromagnético que le cubrirá de nuevo, como un manto, sino que es la existencia original misma. Es un sistema organizado de manera perfecta que, progresivamente, se une al átomo primordial salido de su letargo.

Por ello, el Otro, que está en vosotros, está al mismo tiempo en el veinticuatroavo misterio del campo de vida original. Algo de esta vida original ha caído en el fondo de vuestro corazón, en el fondo de vuestro microcosmo. Pero lo esencial, lo más grande, lo encontraréis, por toda la eternidad, en el vestido de luz que debe descender del oriente.

¿Comprendéis, ahora, el verdadero significado de la autofrancmasonería? La autofrancmasonería es, ante todo, la destrucción del yo dialéctico animal, la destrucción de sus vehículos y de su ser aural. La autofrancmasonería es un perpetuo vaciamiento de la naturaleza de la muerte, por la ventana occidental, hasta el alba de una nueva mañana. La autofrancmasonería es permanecer en vela, lo que el salmo 119 expresa así (V. 147-148): “Me anticipe al alba, y clamé; esperé en tu palabra. Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos».

El Hombre Nuevo existe por toda la eternidad. Él desciende a nuestro microcosmo con el nuevo vestido de luz, porque nosotros retenemos prisionero en este microcosmo una parte de sí mismo. En el fondo, la transfiguración no consiste en otra cosa que en ver desvanecerse, en la luz del alba, a un espectro nocturno. A medida que la rosa irradia, el microcosmo de la naturaleza de la muerte se derrumba. Y todo lo que forma parte de la verdadera vida continua en aquel que era y que es por toda la eternidad.

Por ello, al mismo tiempo que el manto de luz, vemos aparecer al Hombre Nuevo apocalíptico que dice: “¡No temas nada! Yo soy el primero y el último y el Viviente. Yo estaba muerto; y he aquí, Yo estoy vivo por los siglos de los siglos». Lo que vuelve grandiosa la manifestación de la salvación gnóstica, es que, en nuestro vestido de luz del origen, unido a nuestro vestido del alma, el manto de oro de las Bodas, encontramos un Misterio, el misterio de la plenitud, el misterio de la realidad, de la manifestación perfecta.

Todo lo que queremos construir ya existe. Todo hacia lo que tendemos, desde la noche de los tiempos, ya existe. Si abatimos los muros que interceptan la luz de la mañana, el inmenso milagro del sol naciente se manifestará en nosotros.

 

 

21   EL VESTIDO DE LUZ DE LA RENOVACIÓN

 

Todos aquellos que recorren el Camino de la Rosa y de la Cruz están deseosos por ser revestidos por el manto de luz de la renovación; «pobres de espíritu», aspiran a él. A todos los que pertenecen realmente a un grupo vivo que busca una renovación completa, es revelado este misterio: que el Manto de Luz de la Renovación no está compuesto solamente de luz y de fuerza, de poderes electromagnéticos, sino que es una manifestación de potencial espiritual puro que rodea nuestro microcosmo dialéctico y se apodera de él. Toda manifestación de la Gnosis divina es indestructible; ella es y vive por toda la eternidad. El sistema de manifestación al cual pertenecía antaño nuestro yo divino y que actualmente está encerrado en nuestro corazón está vivo; es eternamente inmutable. La rosa del corazón es una chispa de un fuego que arde sin parar. Esta chispa ahogada, semiapagada, puede, en virtud de su origen, reanudar instantáneamente un llameante resplandor: su «vestido de luz».

Con este objetivo la Fraternidad nos protege y nos guarda, por la radiación que ella proyecta sobre nosotros, como el horticultor que vela con cuidado las semillas de las flores al abrigo en sus invernaderos. Todos nosotros hemos experimentado ya la consolación que se desprende del campo de fuerza. Somos alimentados, con el fin de ser liberados de nuestro aislamiento; y sise revela que nos hemos vuelto hermanos y hermanas del cuarto grado, la voz nos dice: «Nosotros os esperamos al extremo límite que está cerca del último misterio interior que es una parte de nosotros mismos. Somos perfectamente uno con vosotros, somos idénticos». Ello significa que hemos aceptado el manto de luz que nos es enviado, de manera que somos capaces de efectuar el viaje de regreso a través de las esferas dialécticas.

El capítulo 10 del Evangelio de la Pistis Sophia nos revela maravillosos  secretos sobre este vestido de luz. Precisa incluso que se trata de tres vestidos de luz, al exterior del vestido de las bodas que conocemos. El vestido de luz enviado al hermano es aquel que le pertenece desde el comienzo y que debió abandonar en la última frontera, el último misterio al interior. Consecuentemente, el vestido que llevó en último lugar le es devuelto el primero.

La transferencia es acompañada por esta advertencia: «¡Ven a nosotros! Porque todos permanecemos ante Ti para revestirse del Primer Misterio y de toda su gloria, por el mandato que nos dio el Primer Misterio… ya que existen dos vestes con las que cubrirte, aparte de la que ya te hemos enviado; porque eres digno de ellas, ya que estás antes que nosotros y antes que nosotros fuiste hecho. Por eso, el primer Misterio ha enviado para Ti, por nosotros, el misterio de toda su gloria, esto es, las dos vestes. La primera tiene la gloria de los nombres de todos los misterios y todos los próbolos de los rangos de las estancias del que es Inefable».

Se dice a continuación: «Esta veste que ahora te enviamos, tiene la gloria del nombre del Misterio, el Revelador, el mismo que es el Primer Precepto. Y tiene el Misterio de los cinco cuños y el misterio del gran enviado, que es Inefable, el mismo que es la Gran Luz. Asimismo tiene el Misterio de los cinco que preceden, que son los mismos cinco asistentes». «En el vestido         que te enviamos en el presente y que es el tercero, se encuentra el resplandor del nombre del misterio del profeta y el esplendor de las cinco ideas y el misterio del Gran Enviado que es la Gran Luz. Este tercer vestido contiene además el misterio de todos los ordenes del tesoro de la luz y sus redentores».

Y la Pistis Sophia continúa, en este décimo capítulo, con una vertiginosa enumeración de todo lo que contiene el tercer vestido de luz enviado. Ella termina su exposición en estos términos: «He aquí, pues, te enviamos esta veste, que nadie, desde el Primer precepto para abajo, ha conocido, porque el esplendor de su luz estaba oculto; y ni las esferas ni todos los lugares desde el Primer precepto para abajo, lo habían conocido.

Apresúrate, pues, y ponte la veste. Ven a nosotros, te necesitamos, para revestirse con las dos vestes   que, por mandato del Primer Misterio, te estaban preparadas para cuando se cumpliese el tiempo establecido por el Inefable. Y he aquí que el tiempo ya se ha cumplido. Ven, pues, pronto a nosotros, que te revestiremos para que consumes toda diaconía de la perfección del Primer Misterio, establecida por el Inefable. Ven pronto a nosotros; te revestiremos conforme al mandato del Primer Misterio, pues todavía hay un mínimo de tiempo. Ven a nosotros y deja el Cosmos. Ven, pues, pronto y recibirás toda Tu gloria, que es la gloria del Primer Misterio.

Al escuchar estas cosas, por su estudio y su análisis, se puede decir que la síntesis de la Enseñanza Universal nos es revelada. Cuando lo/el Magnífico se manifiesta al hermano o a la hermana del cuarto grado y que el tercer vestido de luz le es enviado, el vestido de Poimandres, del espíritu en manifestación, es una manifestación que tiene el resplandor y la majestad de la Gnosis Absoluta, el esplendor de todos los poderes del cielo y de la tierra.

El formidable trayecto de regreso a la Patria pasa a través de todos los dominios de la naturaleza de la muerte, dominios que se refieren no únicamente a nuestro campo de vida sino también al universo dialéctico entero.

Este universo comprende numerosos sistemas, desde los más groseros a los más refinados, que encierran miríadas de seres y de corrientes de vida desconcertantes por su naturaleza, su fuerza y su diversidad. En resumen, es un formidable océano sin fondo y sin medida, una inmensidad de manifestaciones, todas al interior de la impiedad, al interior del principio y de la estructura del estado caído.

Es el océano de las experiencias vitales. Es la gigantesca cantera de los aprendices de brujo abandonados a sí mismos. Algunas partes están como sumergidas en un sueño: en otros dominios, reina una actividad hirviente y dinámica; otras aún están en las volteretas y enredos del enloquecimiento. Lo que encontramos por todas partes, es la finalidad y la agitación febril del perpetuo «subir, brillar y descender». Todo y todos, esforzándose en un trabajo insensato, encorvados bajo los pesos de una maldición casi eterna.

En este océano de superlativa animación, en esta multiplicidad de formas, nuestra propia esfera reflectora y la de nuestro cosmos son absolutamente insignificantes. Si la naturaleza de la muerte solo existiera en función de nuestro campo de vida con sus dos esferas, la liberación sería relativamente fácil. Pero existimos en todo un universo de la muerte. Es lo que hace de nuestro ascenso un formidable proceso de una grandeza magistral, un desarrollo en espiral en el curso del cual ya no se trata de lucha tal como la conocemos en nuestro orden del mundo, de lucha contra el propio yo, si no de un grandioso avance de fuerza en fuerza, sin agresión, en el curso del cual lo impío cede el lugar a lo divino.

No veáis en ello una migración del alma a través de un cenagal infame de males abominables y de abyectas y perversas criminalidades, sino la representación de una obra con múltiples facetas: inutilidades, ilusión de bondad, exaltación egocéntrica, búsqueda universal.

Al igual que una séptuple Fraternidad Universal opera en nuestro campo de vida, dando a los salvados la posibilidad de recibir su vestido de luz, de la misma manera, en el conjunto de la naturaleza de la muerte, encontramos a los grandes redentores y su campo de acción. Todos los salvados refuerzan el conjunto y, gracias al vestido de luz, todos contribuyen al aniquilamiento de las ilusiones. Por ejemplo, si parece, en la parte visible del universo, tratarse, según las normas humanas actuales, de una gran maravilla, el hermano o la hermana del cuarto grado descubren rápidamente la ilusión de todo ello. El tercer vestido que pueden y saben portar es un vestido de majestad divina original que nadie en el espacio por debajo de la primera ley conoce. No hay una sola entidad en el universo de la muerte que pueda poseer este vestido. En este tercer vestido está el esplendor del nombre del profeta, la gloria de las cinco ideas, el misterio de los cinco guías, el tesoro de luz de los redentores, una fuerza ilimitada.

Cuando los hermanos y hermanas del cuarto grado emprenden el trayecto de retorno, disponen:

  • · de los poderes que da la sabiduría,
  • del poder de conocer la gnosis,
  • · del poder de consideración y de discriminación,
  • · del poder absoluto de autoliberación,
  • · del poder absoluto de inviolabilidad.

El poder intelectual del hombre reposa en un método de observación que permite a la memoria registrar numerosos hechos y fenómenos. Por este método empírico, es decir basándose en hechos exteriores y en fenómenos conocidos, se llega a la experimentación. Ahora bien el poder de conocer conferido por el tercer vestido de luz es una realidad luminosa que vibra sin parar. Todo lo que se ve por esta luz, se conoce hasta lo más recóndito. Allí donde pone su atención, todo es, inmediatamente y en todas sus dimensiones penetrado de parte a parte.

La manera de actuar experimental, necesaria e inevitable en el mundo dialéctico, engendra siempre karma, crea sin cesar nuevos lazos que sobrecargan nuestras cadenas. Pero aquel que «conoce» en el sentido gnóstico se libera a sí mismo de sus lazos presentes y está en condiciones de liberar a otros. Aquel que está en el resplandor del profeta vive en el resplandor de la Patria hacia la que se encamina. Aquel que conoce la gloria de las cinco ideas y de los cinco guías, la gloria de los cinco Dhyanis-Bouddhas, reparte / comparte / divide estas fuerzas de las que los del Antiguo Testamente han hecho los cinco Patriarcas. Es, según su conciencia más elevada, uno con el Absoluto, uno con el Padre Eterno. Es, en el sentido más elevado del termino, participante del pueblo de Dios.

Es así como, engalanados con la realeza absoluta del tercer vestido de luz, el hermano, la hermana se lanzan hacia la patria celeste, irradiando, trabajando sin cesar. No están aún en la patria, pero son uno con ella. Aumentan el resplandor del tesoro de luz de los redentores. Son revestidos con el vestido del Espíritu redentor que los reconduce a Casa.

Es así como se elevan hasta el misterio original donde los esperan los otros dos vestidos. Habiendo atravesado el océano de la ilusión, entran en la realidad misma. Son primeramente engalanados con el segundo vestido que les une al aspecto de la realidad y pueden a continuación recibir el primer vestido que está en el interior más profundo, la esencia de la realidad divina. ¡Los Hijos de Dios han entrado en su Patria! Creciendo en el Espíritu Santo, habiéndoles revelado el Hijo el santo misterio, son acogidos en los brazos del Padre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

22   VENCER LA FUERZA DE GRAVITACIÓN

 

Os hemos explicado anteriormente los elementos de los que dispone el hermano y la hermana del cuarto y del quinto grado que asumen el viaje de regreso. Ellos poseen el tercer vestido de luz que les permite atravesar los diferentes dominios de la gravitación dialéctica sin encontrar la menor resistencia.

Todos conocéis la existencia de las leyes de la gravitación, todos conocéis la gravedad. Un campo magnético os atrae y os retiene prisioneros cuando la polaridad de vuestro campo magnético particular corresponde a la de este campo. La ley de la gravitación de los cuerpos es conocida, algunas actividades engendradas por esta ley son también conocidas y otras no lo son. Es indispensable que el lector profundice en este tema pues puede aprender mucho con ello.

El foco de vuestra existencialidad es evidentemente vuestra conciencia, vuestro yo, la fuerza expansiva del fuego de la serpiente. Esta conciencia está polarizada con el campo cósmico en el cual vivimos. Así es como somos retenidos en nuestro campo de vida, como somos «atraídos» por él. Así es como sufrimos las actividades que resultan de la fuerza de la gravitación de los cuerpos. Por consecuencia, cuando estamos en este estado en el que el yo domina absolutamente nuestra vida, solo podemos doblegarnos absolutamente a las leyes de la gravedad que rigen en la naturaleza dialéctica.

Constatando este hecho, podemos concluir que las fuerzas y valores extranjeros a la naturaleza dialéctica son rechazados por la actividad del campo magnético dialéctico. Ellas no pueden, bajo ninguna condición, penetrar al interior de un sistema de vida dialéctico. Todo campo magnético dispone de dos actividades: una atrayente y la otra repulsiva. Somos retenidos prisioneros por el campo cósmico atrayente; igualmente somos alimentados por él, pues lo que penetra en él se comunica también a nosotros. Pues está claro que lo que es rechazado por el campo magnético cósmico es rechazado de la misma manera por nuestro campo magnético particular.

Según la naturaleza, somos de la tierra, existencialmente en perfecta armonía con la naturaleza; hay, entre ella y nosotros, concordancia absoluta. Además sabemos que la naturaleza íntima del campo cósmico en el cual vivimos es dialéctica. Con ello queremos decir que la vida que manifestamos es temporal, no puede conservarse eternamente, que, en consecuencia, es dialéctica. Somos retenidos por un campo magnético inarmonioso, sufrimos las leyes de la gravitación de este campo, estamos integrados en él. Existencialmente, somos también seres inarmoniosos. Si ello no fuera así, las leyes dialécticas que rigen la gravedad no podrían retenernos.

Daos cuenta que se puede, comparando y razonando fríamente, probar que el yo humano, el núcleo de nuestra existencia es, en el fondo, profundamente desgraciada. Sin cesar está en presencia de lo inaccesible, lo más importante le falta; fundamentalmente es inarmonioso. Por ello, según la naturaleza, estamos siempre ocupados en disputar y combatir. A consecuencia de nuestro extremo estado nervioso, estamos perpetuamente inquietos y, para alcanzar nuestros objetivos, empleamos la violencia. Según la naturaleza somos violentos: uno emplea la fuerza, medio específicamente masculino; la otra, su lengua muy suelta, medio típicamente femenino; un tercero se calla… pero alcanza su objetivo gracias a la manera refinada con la que actúa. Por todas partes se lucha en el mundo, lucha en los corazones, lucha en los pensamientos, lucha en la voluntad, lucha en los sentimientos. La lucha es la característica del hombre.

Por ello se dice con razón que todo lo que hacéis con el yo, aparentemente para servir al espíritu, jamás ha aportado otra cosa que lucha y confusión, jamás ha cosechado ningún éxito. El factor decisivo falta siempre. De ello se desprende el que vuestro esfuerzo, partiendo del yo dialéctico, es un castillo de naipes que un soplido derrumba.

Sabemos además que todo lo que se hace con   el yo, supuestamente al servicio de la Gnosis, refuerza el campo magnético dialéctico. Aparentemente al servicio de la Gnosis, en realidad servimos al dios del mundo.

Habéis ya descubierto que en lo que concierne a la l”autorendición”, podemos engañarnos mutuamente y sobretodo engañarnos a nosotros mismos? B, por ejemplo, es ofendido por A o, al menos tratado por él de manera muy descortés. B resiente la ofensa pero reacciona con una sonrisa, con una palabra fraternal. ¿Autorendición? diríais vosotros. No, ¡comedia! Pues B piensa, en relación a A: «A ti te tengo al ojo». En todos los casos, desconfía; puede estar inclinado al perdón pero no ha olvidado. En este caso no hay nada de autorendición sino simplemente una demostración de egocentrismo.

Otro caso: A y B simpatizan. ¿Que ocurre? Se buscan mutuamente, están siempre juntos. Hay entre ellos una armonía magnética. Hay armonía magnética entre dos centros-yo – Conclusión. Cada uno de ellos refuerza la fuerza egoísta del otro.

Reflexionad en ello y os daréis cuenta de que el yo está siempre presente; que, además hacéis cualquier cosa por conservar intacto el yo, lo alimentáis, lo cuidáis y lo mimáis, lo revestís con una variedad increíble de aspectos de autorendición.

¿Así pues los alumnos que se encuentran en el Camino de la Rosa y de la Cruz son unos hipócritas? No, son simplemente pobres, estúpidos y enfermos; os daréis cuenta que fue hablando de ellos que fue dicho: «Padre perdónales pues no saben lo que hacen».

El alumno no puede saber lo que hace. En verdad no puede… mientras, según el principio nuclear magnético de su ser, viva en el campo cósmico magnético correspondiente que lo retiene. La autorendición no es difícil de realizar. Lo difícil, ¡es comprender lo que es! Mientras el alumno no lo sepa, cada uno de sus pensamientos, cada uno de sus sentimientos, de sus actos, cada decisión de su voluntad, refuerza su egocentrismo.

Suponed que supierais lo que es la autorendición; que algo de esta nueva aurora luciera para vosotros. Bien, ello significaría que habríais entrado al interior de un campo magnético supranatural y que sufriríais las leyes de la gravitación de este campo. El resultado inmediato sería una división de la conciencia, una segunda actividad, que se haría valer al lado de la actividad ordinaria de vuestra conciencia. En ese mismo instante, nacería una lucha interior en vosotros, lucha de naturaleza nueva, lucha entre el yo ordinario que no quiere soltar la presa y vuestra tendencia existencias a seguir la segunda influencia.

En virtud de vuestro estado dialéctico ordinario, no conocéis la armonía, hay siempre en vosotros lucha y deseo de manteneros. En este estado, la autorendición no puede jamás ser otra cosa que un cierto comportamiento del yo, que la demostración de una cierta cultura, lo que nunca es liberador.

Pero cuando aparece algo de la nueva aurora que proyecta el Camino de la Liberación, al lado de las dificultades ordinarias que conocemos viene a colocarse naturalmente esta otra lucha. Lo nuevo, es la conciencia del alma en crecimiento. Es el núcleo de la nueva conciencia en devenir en la fuerza de radiación de la Gnosis, por la operación del átomo primordial.

Ahora bien este nuevo estado, absolutamente al exterior de vuestro yo, no puede manifestarse en vosotros, porque se trata de una actividad que proviene de otro campo magnético. Si lo nuevo os dijera «hermano mío, hermana mía”, sería la prueba flagrante de una intervención de la esfera reflectora basada en el potencial de un magnetismo semejante. No, lo maravilloso de lo que nos ocupa es el prodigio de otro desarrollo magnético, al interior de un cuerpo dialéctico, empleando este cuerpo e inflamando allí, como una antorcha, otra conciencia.

El secreto de la autorendición es no contrariar este proceso y no combatirlo sino aceptarlo. Ahora bien, se puede llegar al interior del cuadrado de las leyes ordinarias de la gravitación dialéctica. ¿Cómo? Siguiendo «las peregrinaciones de Jesús» en el interior de vosotros mismos, adoptando un comportamiento orientado hacia el crecimiento del Otro en vosotros, bien decididos a no emprender nada que pueda contrariarle. De esta manera, reducís el yo al estricto mínimo biológico -y no podéis hacerlo de otra manera- pues la nueva conciencia no podría, en ningún caso, tomar la dirección de vuestro estado dialéctico.

La Escuela trata de inflamar en el alumno la chispa de la nueva conciencia. Cuando esta chispa luce, debe extenderse y volverse un fuego ardiente. Evidentemente dos eventualidades se presentan: o bien el fuego dialéctico apaga la chispa, o bien, sostenido por un justo comportamiento, el nuevo fuego se extiende, inflamando la personalidad ordinaria, apagando progresivamente la antigua.

Aquel que entra en este proceso forma parte de la nueva raza y es este nuevo tipo de hombre el que recibe el tercer vestido de luz del que habla y testimonia la Pistis Sophia. El Espíritu le libera de no importa que gravitación de la dialéctica. En otros términos, cuando el nuevo campo de fuerzas magnéticas ha tomado suficientemente posesión del microcosmo dialéctico, cuando se puede decir que un nuevo yo ha nacido, es este núcleo de conciencia, nacido de «las peregrinaciones de Jesús» en vosotros, nacido del camino de las rosas en vosotros, quien recibirá la existencia original. Es esta nueva conciencia quien se levantará de la tumba de la naturaleza dialéctica, se elevará al cielo, pues ninguna tumba podrá ya retener a tal hombre. Él ha comenzado el viaje de regreso a la Patria.

Estamos todos al lado de la tumba abierta de la naturaleza dialéctica. ¿Estamos ahí con pena y tristeza, llenos de desesperación? 0 bien escuchamos la voz que nos dice. «He aquí que os enviaré al Consolador que testimoniará de mi”. Todos estamos en estado de recorrer el mismo camino, es decir de salir de la tumba y, como prueba de nuestro triunfo, engendrar el fuego de Pentecostés. El Consolador, el Paráclito, el Espíritu Santo es la fuerza irradiante de la Fraternidad Universal, la radiación magnética de la Nueva Alianza.

Comprended con nosotros el secreto de la transmutación magnética, las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz.

 

 

23   TERROR DE LOS ARCONTES, LAS POTENCIAS Y LOS ÁNGELES

 

Nosotros leemos en el capítulo once de la Pistis Sophia: «Ocurrió que, viendo el misterio de estas palabras en el vestido que me era enviado, me cubrí al instante con él. Llegué a la puerta del cielo, iluminada por la luz infinita que me rodeaba y las puertas del firmamento se pusieron en movimiento y se abrieron todas a la vez. Y todos los arcontes y todos los eones y todos los ángeles que se encontraban allí entraron en agitación a causa de la luz que me rodeaba. Vieron el irradiante vestido de luz con el que estaba revestido, vieron el misterio de su propio nombre y estaban en el temor. Los lazos que los retenían cayeron de ellos mismos y cada uno desertó de su orden. Ellos cayeron a mis pies y me adoraron, diciendo: «¿Cómo el Señor del Universo nos atravesó sin que nos hayamos dado cuenta? Y ellos alabaron juntos el interior del interior, pero a mí, no me vieron; solo veían la luz. Estaban en el temor y la angustia y alababan el interior del interior».

Os hemos explicado con detalle en los artículos precedentes los tres vestidos de luz. Especialmente hemos hablado del tercer vestido, semejante al reencuentro con Poimandres, que el candidato recibe después de haber hecho la unión con la Gnosis y este campo de radiación una vez orientado en la sangre y la conciencia. Asegurada esta base, el campo electromagnético gnóstico alcanza un poder cada vez más grande sobre el candidato que, en consecuencia, escapa progresivamente al mundo dialéctico. En otras palabras transfigura.

El instante en el que comienza el proceso de desprendimiento y de elevación corresponde a la recepción del tercer vestido de luz. Se podría también, para hablar el lenguaje de las Santas Escrituras, llamar a este vestido de luz el descenso del Espíritu Santo. Es este descenso, en efecto, el que permite el regreso, la elevación, el renacimiento. Estas posibilidades son llamadas en el Evangelio de la Pistis Sophia un misterio y el candidato ennoblecido para este viaje debe poder descifrar este misterio. Debe estar en condiciones de concebir, de comprender, racional y moralmente, estas posibilidades. Descubre entonces porque el Espíritu Santo es también llamado el Consolador. Aquel que puede recibir esta fuerza reconoce las propiedades consoladoras que ella prodiga a su alma. Se vuelve consciente del hecho de que el resultado está asegurado, que no importa que lucha, contra no importa quien o no importa que, debe cesar y que ningún incidente obstaculizará su camino, salvo si el candidato mismo lo provoca.

Aquel que está convencido de esto se envuelve al instante con el vestido de luz, se ciñe los riñones y, conscientemente, emprende su viaje. El viaja en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y, al instante, llega ante la puerta del cielo, iluminada por la luz infinita que le rodea.

Comprenderéis que esta puerta del cielo y las puertas del firmamento se refieren al firmamento magnético del ser aural, al mismo tiempo que al firmamento magnético de nuestro cosmos dialéctico. Nuestro campo de vida posee naturalmente, el también, un firmamento microcósmico particular. Así pues, cuando franqueamos la puerta de nuestro sistema magnético, abrimos al mismo tiempo la de la esfera reflectora.

Es a esto a lo que hace alusión el capítulo 16 del Evangelio de Mateo: «Lo que resolvéis en vosotros es resuelto allí también». Cuando rompéis el poder de vuestra lípika, el poder de la lípika terrestre también es roto y las puertas del firmamento se ponen en movimiento y se abren todas a la vez: «Y todos los arcontes y todos los eones y todos los ángeles que se encontraban allí entraron en agitación a causa de la luz que me rodeaba”.

Os recordamos también que el candidato lee igualmente en el misterio de su nuevo vestido de luz. «Regocíjate y estremécete de alegría pues tú eres de los que salvarán al mundo». He aquí como tiene lugar esta salvación. Comprended, en primer lugar, que en tanto que personalidad, no escaparéis, por una brecha, de vuestra propia lípika, como un polluelo sale del huevo. «Abrir la puerta del cielo» quiere decir: acometer a su propia lípika natural, minar las bases fundamentales y, por ello, las de la lípika del firmamento magnético del mundo. A lo que se ataca de esta manera se le aniquila.

En nuestra Escuela está el lado liberador del trabajo, el aspecto liberador para el mundo y la humanidad. Quizás es difícil de comprender que aniquilar la influencia de los eones dialécticos en nuestro propio sistema pueda tener una repercusión en la salvación de la humanidad entera. Pero si comprendemos que esta misma francmasonería ataca el caparazón que rodea el sistema dialéctico del mundo, concebimos que así ayudamos a la aniquilación de este sistema.

Luego no podemos hacer nada liberador por otros, en el sentido profundo del termino, si al mismo tiempo no estamos ocupados en este trabajo liberador en nosotros mismos. Comprended, desde entonces, que darle a otro ayuda y consuelo en el interior del cuadrado natural no es liberador en sentido gnóstico. Ciertamente no os decimos que dejéis de ayudar a los demás, sino que os hacemos notar que es necesario que vuestro trabajo esté primeramente centrado en la autoliberación, pues solo aquel que es libre puede, personalmente, liberar a otros. El candidato que asume su viaje de regreso y consecuentemente posee un vestido de luz del Espíritu Santo emite una poderosa luz. Ha formado alrededor de él un nuevo campo de radiación. Es esta luz la que, de manera muy natural, suscita la agitación entre los poderes y las fuerzas de la lípika natural. «Ellos vieron el irradiante vestido de luz con el que estaba revestido, vieron el misterio de su propio nombre y estaban en el temor».

Ved la situación. En tanta que personalidad dialéctica, estáis adaptados a vuestro firmamento natural. Ahora bien he aquí que un nuevo elemento entra en juego, un elemento de luz que, por la rosa del corazón, transforma esta personalidad. Desde entonces, cuando esta nueva luz alcanza un poder de radiación suficiente, está claro que todas las fuerzas del firmamento dialéctico se dislocan. Ellas ya no pueden alimentamos, su corriente es rehusada, su actividad rechazada. En términos técnicos, diríamos que hay un cortocircuito; las luces de la lípika se apagan. Y, en el estilo de la Pistis Sophia, decimos que los arcontes, los eones y los ángeles estaban en el temor.

Se tratan aquí tres grupos de puntos magnéticos que se encuentran en el firmamento magnético. La palabra “arconte» está derivada de la noción: vigilante. Los arcontes son los puntos de control magnéticos, los verdaderos carceleros de la prisión microcósmica. Estas fuerzas de control de la lípika ven el nuevo vestido de luz y entran en el temor, pues ven el misterio «de su propio nombre», es decir con sus propias cualidades.

Un «nombre» es una cualidad, designa un estado de ser interior. Cuando vemos el misterio de «nuestro propio nombre” y, a causa de ello, entramos en el temor, es la prueba flagrante de que nuestra calidad interior no responde a la fuerza nueva y que hemos fallado absolutamente en nuestra tarea. En general, aquel que teme es accesible al pánico; miedo, terror y pánico son inseparables. Cuando el miedo y el terror engendran el pánico en un cuerpo del ejército, el orden y la disciplina se rompen y el poder y la autoridad finalizan.

Ello aclara de una manera muy justa la frase siguiente: «y todos los lazos que los retenían cayeron de ellos mismos y cada uno desertó de su orden». Cuando el candidato, en virtud de los acontecimientos precisados, ya no puede aceptar su propio sistema magnético y tiene lugar el cortocircuito en cuestión, los puntos magnéticos del campo magnético cósmico son cortados por su base. Desertan de su orden. Ninguna influencia dialéctica, ninguna fuerza de la esfera reflectora puede ya, en este momento, ejercer la menor presión sobre él. Las influencias dialécticas de aquí abajo y del más allá son función de los arcontes, de los poderes y de los ángeles del campo magnético de la naturaleza de la muerte. Imaginad ahora a un candidato que ha alcanzado este punto del comienzo de su ascensión. Bien, si todas las fuerzas dialécticas se unen para influenciar por medio de una poderosa concentración, apenas se daría cuenta.

Es exclusivamente de esta manera como un alumno se libera de la esfera reflectora y mientras ese no sea el caso, es bueno que desconfíe. Los puntos magnéticos del sistema aural son agrupados según su orden sideral. Así pues, todas las corrientes astronómicas juegan su papel en el interior del macrocosmo zodiacal. Cada uno de estos órdenes siderales posee sus arcontes, sus potencias y sus ángeles y los habitantes de la esfera reflectora y de la esfera material, del más elevado al más degradado, están divididos en grupos que corresponden a estos ordenes siderales.

El candidato que se eleva, como acabamos de decir, hasta la puerta del   cielo rompe, en toda su amplitud, estructural y fundamentalmente, todas las trabas siderales: “…y cayeron a mis pies y me adoraron, diciendo: «¿Cómo el Señor del Universo nos atravesó sin que lo hayamos sabido?»»

Esta adoración, como comprenderéis, es la consecuencia de su desconcierto. El hombre en peligro se vuelve siempre un devoto. El relato de la Pistis Sophia nos describe aquí una situación magnífica que se resume en la exclamación llena de estupefacción de los arcontes: «¿Cómo el Señor del Universo nos atravesó sin que lo hayamos sabido?» Se puede interpretar diciendo que cada arconte se pregunta: ¿Cómo puede ser que otro posea lo que yo no puedo alcanzar?.

Uno de los estados de ser más elevados y más maravillosos del universo dialéctico es el estado neptuniano, que es la ilusión de la divinidad en la naturaleza de la muerte. Todos tenemos, en nuestro firmamento aural, un punto magnético neptuniano representado, en la alegoría de la Pistis Sophia, por los arcontes diciendo: “¿Cómo es posible que el Señor de Universo nos haya atravesado sin que lo hayamos sabido, teniendo en cuenta que todo lo que está por debajo de nosotros, en nuestro poder, bajo nuestro control, puede desarrollarse todo lo más hasta nuestro estado de ser. En verdad, si, ¿Cómo es posible?» Y ellos estaban en el temor y la angustia y alababan el interior del interior.

Este es el maravilloso milagro: nos es dado, a nosotros, indignos mortales, pobres pequeñeces bajo el poder de formidables y grandiosas potencias del universo dialéctico quienes, desde tiempos incalculables, se han cultivado hasta alcanzar su estado actual en la naturaleza de la muerte; nos es dado, a nosotros ínfimas nulidades, librarnos de su sujeción, con una grandeza y una majestad tales que la dialéctica más sublime se hunde en la nada, llena de confusión y de terror a la vista de nuestro vestido de luz de la renovación. Incomparable milagro, en verdad, que de nacer, abajo, de salir de la nada… a hombre liberado… en camino hacia su Patria celeste.

Además, no olvidemos otro aspecto. La noción «temor» no debe interpretarse exclusivamente en el sentido de «miedo» sino también de «homenaje» que es una forma de gran respeto y que se encuentra en la expresión de la lengua sagrada «temor de Dios» . Es bajo este aspecto que es necesario comprender la conclusión del onceavo capítulo del Evangelio de la Pistis Sophia: «Estaban en el temor y la angustia y alababan el interior del interior».

Cuando todos los que pueblan el universo de la muerte hasta en sus confines más alejados entonan este canto de alabanzas, constatamos que el proceso de redención tiene un quíntuple resultado:

  1. rompe la influencia de la lípika natural particular;
  2. aniquila las influencias de la totalidad del universo de la muerte;
  3. por esta liberación, los carceleros se llenan de temor;
  4. se hunden a continuación en el más profundo respeto;
  5. terminan por cantar las alabanzas de aquel que era antes su cautivo;

así, despojados de su poder, en esta situación psicológica nueva, se abren a si mismos el camino del Reino Inmutable. Y constatamos una vez más que los aspectos de la vía transfigurística representa la salvación y la liberación de todos. Así pues, cuando recorréis el camino, regocijaos y estremeceos de alegría, pues sois los que ayudaréis a salvar al mundo.

 

 

 

 

 

 

 

24   EL ZODIACO, PRISIÓN DODÉCUPLE

 

Todos aquellos que se ennoblecen para la recepción del tercer vestido de luz, el vestido del Espíritu Santo, escapan a la dialéctica y se elevan por encima de ella. Van hacia la casa del Padre, el Reino Inmutable. Acabamos de ver que este proceso es complicado y presenta numerosos aspectos. No tiene únicamente un carácter microcósmico particular sino también un carácter universal. No es únicamente una elevación por encima de la propia lípika del candidato sino que es igualmente un ataque directo contra la naturaleza de la muerte y un aniquilamiento, de la manifestación dialéctica entera.

El relato de la Pistis Sophia da una imagen viva y detallada de este proceso. Engalanado con este vestido del Espíritu Santo, el candidato comienza por elevarse por encima de la esfera reflectora de su propia esfera vital, en otros términos: por encima de la contrapartida de lo que llamamos nuestra esfera terrestre.

El artículo precedente sacado del onceavo capítulo del Evangelio de la Pistis Sophia os habrá facilitado una imagen de ello. Los arcontes, las potencias y los ángeles de la esfera reflectora entraron en la turbación y la confusión desde el momento en que vieron la columna de luz del Espíritu Santo elevarse desde abajo de ellos y atravesar sus dominios. Si ellos pueden imaginar que una luz más poderosa que la suya les llegue desde lo alto -sabiendo que por encima de ellos están las formidables jerarquías del macrocosmo solar, del zodíaco y de aún más lejos- no pueden comprender como una fuerza de luz tan deslumbradora y tan poderosa pueda elevarse de los dominios que están bajo su poder. Por ello están en el temor y el espanto y abandonan su orden. Psicológicamente hablando, las poderosas radiaciones electromagnéticas de la Gnosis perturban las radiaciones de la esfera reflectora tal como la primera fase del regreso descompone y perturba el sistema magnético del ser aural del candidato, arrojándole, a él también, de su orden.

Sin embargo, aunque es verdad que el candidato llegado a este grado de desarrollo es liberado de la esfera reflectora, aún no ha escapado por ello al universo de la muerte y la Pistis Sophia cuenta igualmente su pasaje a través de estos dominios.

En el capítulo doce, nos habla del campo solar, que ella llama la «primera esfera». Este es el campo del que forma parte la tierra. Para escapar de este campo, la luz del tercer vestido de luz debe haberse vuelto, mientras tanto, 49 veces más fuerte que en el viaje a través de la esfera reflectora. Ahora bien vemos repetirse el mismo desarrollo, la misma sorpresa, seguida de la misma exclamación: «¿Cómo el Señor del universo nos atravesó sin que lo supiéramos?». Ello también es lógico, pues cuando nos colocamos bajo el punto de vista de los habitantes de la primera esfera, comprendemos que ellos puedan esperarse una manifestación de las poderosas fuerzas que provienen del zodíaco pero no de un cuerpo que depende del macrocosmo solar. De la misma manera, en la tierra, se puede, de manera científico natural, constatar la fuerza y los poderes de diferentes clases de átomos y de elementos y medir las fuerzas en vigor en nuestro campo de vida; pero un físico experimentado quedaría muy sorprendido y totalmente desconcertado de tener que constatar que un simple mortal -cuya fragilidad corporal es conocida, cuya debilidad y propiedades están probadas- pueda impunemente desafiar las leyes que regulan los poderes de la estática, de la dinámica, de la gravedad y del calor. El sabio en cuestión sería psicológicamente, él también, lanzado fuera de «su orden» ante tal constatación.

La Lengua Sagrada da numerosos ejemplos de esta situación desconcertante cuando los representantes de la nueva raza, sin querer demostrarlo expresamente, dan pruebas de esta inviolabilidad fundamental, inatacable. Pensad en lo que dice el Evangelio, pensad en las experiencias de Pablo. Lo que, fundamentalmente es dialéctico, débil, enfermizo y desprovisto se vuelve fuerte, majestuoso, porque a través del universo de la muerte, una fuerza vibra e irradia escapando a los controles dialécticos, a todos los datos científicos. Es una fuerza gnóstica que permite al hijo de Dios, que ha entrado en unión con ella, substraerse a toda violencia dialéctica, sea la que sea. Por ello los arcontes del macrocosmo solar -quienes, según su visión, constatan una anomalía científica que se burla de sus conocimientos y de sus poderes- solo tienen respeto y alabanza para lo que les sobrepasa, a pesar del miedo, de la confusión y del desconcierto en el que se encuentran.

Ocupémonos ahora de la segunda esfera llamada esfera del destino. Se extiende entre el macrocosmo solar y el zodíaco. Es la esfera en la que se elabora, a fin de cuentas, el destino dialéctico de cada uno. Es la esfera de la que depende el sistema solar entero y, por consecuencia, también todo microcosmo.

El candidato entra en esta esfera cuyo potencial es de nuevo 49 veces más poderosa. El numero 49 que encontramos aquí se refiere a la séptuple estructura del Universo divino. A medida que progresa el proceso de regreso, el candidato libera cada vez más fuerzas gnósticas séptuples. Vemos repetirse en la segunda fase la misma historia. Todos los arcontes están desconcertados, caen los unos sobre los otros de terror y miedo y dicen: «¿Cómo el Señor del universo nos atravesó, sin que lo supiéramos?» ¡Y todos los lazos se rompen!

Desde que el candidato puede abandonar esta esfera, se encuentra frente a los doce eones y el vestido de luz del peregrino, en el curso de su viaje a través de estas extrañas regiones, se vuelve de nuevo 49 veces más majestuoso. La Pistis Sophia, para no repetirse se contenta con decir: «Cuando alcance a los doce eones». Y he aquí que los ángeles de los eones, sus arcángeles, sus arcontes, sus dioses, sus señores, sus potencias y sus tiranos, las energías, las chispas de luz y sus estrellas, sus patriarcas invisibles con triple poder, todos, se turban y caen en el desconcierto. «La gran fuerza estaba en excitación, se movía a la derecha y a la izquierda, así como los triples poderes. No podían circunscribir su orden y perturbaban a sus subordinados. Vieron una fuerza de luz que se había vuelto mientras tanto 8.700 veces más fuerte y el espanto reinaba, teniendo en cuenta que no conocían el misterio que se producía.»

Observemos que la situación comienza a cambiar. Mientras todo pasaba en las regiones inferiores de la naturaleza de la muerte, había sorpresa y miedo, ello es verdad; pero finalmente, el misterio se desplazó hacia regiones superiores. En las concepciones religiosas naturales, sabéis que todas las dificultades, vicisitudes y miserias son ofrecidas y sometidas a lo que el hombre llama Dios. «El Señor», dice el creyente, “arreglará las cosas». Este es el sentido que da a su oración.

Ahora bien, según la imagen que esboza ante nuestros ojos la Pistis Sophia, ya no se trata de poder referirse a un poder superior y, si podemos expresarnos así, los arcontes están por ello humillados y no saben que hacer. Para librarse de ello, emplean un último argumento. «Adamas el gran tirano y todos los tiranos que se encuentran en los eones terminan por entrar en lucha con la Luz».

Comprenderéis que este último argumento dialéctico representa al mismo tiempo el fin, debe ser el fin. Como os lo explicaremos más adelante, en el curso del viaje del alma hacia el Padre, la llegada al doceavo eón aparece como la fase última y decisiva del ascenso.

Para profundizar en el tema como debemos hay que aclarar un poco lo que es necesario entender por zodíaco. Se habla de las doce constelaciones o signos del zodíaco. Sabemos que estas son las doce fuerzas macrocósmicas que, de manera directa, gobiernan nuestro universo dialéctico. Son designadas, la mayor parte, por nombres de animales. Son estas doce fuerzas las que retienen prisionero nuestro sistema. Ellas lo rigen y constituyen el más alto poder divino dialéctico y la personalidad del ser dodécuple cuyo producto es el hombre dialéctico. Estas fuerzas forman:

  1. la conciencia yo dialéctica
  2. el instinto dialéctico de la propiedad
  3. la idea dialéctica de fraternidad
  4. el pensamiento dialéctico de patria, el reino de Dios en la tierra
  5. el ideal dialéctico de fuerza, de coraje y de heroísmo
  6. la idea dialéctica de fecundidad
  7. la idea dialéctica de armonía en la vida
  8. la idea dialéctica de desarrollo por el ocultismo
  9. el sueño de la divinización de la dialéctica
  10. el primer grado de realización de esta ilusión en el sentido mental
  11. el segundo grado en el sentido ético
  12. el tercer grado en el sentido de la manifestación en la forma, grado que solo puede significar un infinito sufrimiento.

Esta dodécuple cadena forma la gran prisión de la naturaleza de la muerte. Son pues doce dioses de donde parten doce ideas, doce ilusiones, doce pruebas. Al conjunto de esta cadena, a sus triples poderes y sus fuerzas invisibles la Pistis Sophia lo llama el Gran Patriarca. En efecto este sistema opera según tres formas-fuerza: una fuerza fundamental, una fuerza directriz y una fuerza que impulsa a la acción. Es la trinidad de la naturaleza.

Así pues está claro que el candidato que quiere tener éxito en su peregrinaje debe sacudirse el yugo de los doce signos, el yugo de esta cadena que solo es un tejido de ilusiones. Doce dioses rigen todo lo que es, todo lo que vive, al interior y bajo la dependencia del zodíaco. Ahora bien encontramos en nuestra lípika, o sistema magnético de nuestra personalidad, la proyección de estos doce dioses. Es pues lógico que ningún alumno en el camino pueda contentarse con romper simplemente las constelaciones de su propio ser aural, sino que debe escapar a la totalidad del universo de la muerte, a fin de ya no ser más la victima del jardín de los dioses.

Esta es la poderosa razón por la cual la Escuela os coloca frente al triple poder de otro Patriarca, haciendo alusión a la Gnosis:

  1. a su fuerza fundamental, fuerza que es una roca y que vuelve invencible a aquel que se apoya en ella;
  2. a su fuerza directriz que impide equivocarse a aquel que, en su camino, se deja guiar por su mano;
  3. a su fuerza que impulsa a la acción.

Aquel que está armado con esta fuerza, que opera por ella, que está revestido por ella como de una armadura de luz, posee el arma de Sigfrido gracias a la cual escapa a todos los peligros.

La espada de Sigfrido tiene, finalmente, un poder luminoso 8.700 veces más fuerte que al comienzo del peregrinaje. Ello quiere decir que parte de un tajo cualquier materia y está indisolublemente unido al Universo Divino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

25   DESTITUCIÓN DE LOS CUATRO SEÑORES DEL DESTINO

 

Os citamos algunos pasajes del capítulo 15 del Evangelio Gnóstico de la Pistis Sophia: «Aconteció, pues, que los que habitan en los doce Eones, viendo la gran luz que me era propia, se turbaron todos entre sí y corrieron en tropel acá y allá hacia los Eones. Todos los Eones, a su vez, se conmovieron entre sí, así como todos los cielos y toda su cósmosis, a causa del gran temor que tenían, porque no conocían el misterio que se había cumplido.

Y Adamas, el gran tirano, y todos los tiranos que están en los Eones comenzaron a batallar en vano contra la luz. Y no sabían con quién batallaban, porque a nadie veían, salvo solo una luz preeminentísima.

Y acaeció que cuando batallaban contra la luz, unos con otros se abatieron todos, y caídos en los Eones se hicieron como habitantes muertos de la tierra, a los que no queda aliento.

Y suprimí la tercera parte de la fuerza de todos ellos, para que sus malas artes no surtieran efecto y para que, si acaso los hombres que hay en el Cosmos les invocaban en los misterios -que habían traído desde arriba los ángeles pecantes, cuyos misterios son magia-, si acaso les invocaban en sus malas artes, no pudieran llevarlas a efecto.

Y cambié la Eimarmenê y la esfera, de las que son señores; y los muté seis meses vueltos hacia la izquierda en el ejercicio de sus influencias, y seis meses mirando hacia la derecha ejerciendo sus influjos. Mas por mandato del Primer Precepto y por orden del Primer Misterio, Jeû, epíscopo de la luz, les había puesto mirando hacia la izquierda en todo tiempo, ejerciendo sus influjos y sus prácticas.

Sucedió, pues, que al llegar Yo a sus lugares se mostraron desobedientes y belicosos contra la luz. Entonces suprimí la tercera parte, de su fuerza, para que no pudieran llevar a efecto sus malas artes. Y cambié la Eimarmenê y la esfera, de las que son señores; y los coloqué mirando hacia la izquierda seis meses ejerciendo sus influjos, y otros seis meses vueltos hacia la derecha ejerciendo sus influjos.

Y Jesús, una vez que hubo dicho estas cosas a sus discípulos, añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga».»

Os hemos hablado, en nuestro artículo precedente, de las doce fuerzas macrocósmicas que rodean y gobiernan nuestro universo dialéctico. Las llamamos las fuerzas del zodíaco. Estas doce fuerzas representan, para nuestro planeta, el supremo recurso divino dialéctico.

Primeramente podemos considerar estas fuerzas relacionadas con nuestra personalidad, pues estas doce corrientes están representadas en nuestro cerebro por doce puntos magnéticos. Los doce pares de nervios craneanos están vivificados por estas doce fuerzas.

Encontramos a continuación estas doce fuerzas en el firmamento magnético de nuestro ser aural. En efecto se distinguen en el ser aural, doce grupos, doce concentraciones de puntos magnéticos que corresponden con los doce puntos del cerebro.

Descubrimos en tercer lugar, estas doce fuerzas rodeando nuestro campo de vida directo. Dicho de otra manera, doce fuerzas que se hacen valer en el campo que rodea a las dos esferas de nuestro planeta: la esfera de la materia y la esfera reflectora, así pues en su firmamento. La humanidad entera sufre la influencia de ello.

En cuarto lugar está el zodíaco con doce constelaciones alrededor de nuestro sistema solar.

En sentido mágico, se pueden considerar estos cuatro círculos, estos cuatro muros, como los cuatro señores del destino: uno en la personalidad, uno en el ser aural, uno en el campo de vida planetario y uno alrededor del sistema solar.

Así pues es lógico decir que el alumno realmente en el camino debe pasar por cuatro etapas de ascenso. La primera es la más importante; es decisiva. El primer señor de nuestro destino dispone de una dodécuple influencia sobre nuestro cerebro; esta influencia determina nuestro ego, nuestro yo, explica su naturaleza y la situación en la que se encuentra. Nuestro nacimiento es un nacimiento sideral, en el sentido de que nuestra vida está regida por el principio dodécuple que proviene de los doce grupos de líneas de fuerza magnéticas de nuestro macrocosmo directo.

Hablamos también de un segundo nacimiento sideral, al que a veces llamamos el nacimiento místico. Este nacimiento se refiere a la primera fase del ascenso; ella destrona al primer señor del destino. Rompe la maldición dodécuple del cerebro y lo reemplaza por una estructura de líneas de fuerza magnéticas igualmente dodécuples. Es verdad que, para llegar a ello, el candidato debe resolver, de hecho, más de una dificultad. Esto es lo que hace que hablemos con prudencia del procesó fundamental, para evitar a nuestros alumnos e interesados el peligro de retrasarse y de permanecer simplemente en las consideraciones intelectuales del problema. Se confunde muy fácilmente la inteligencia de las cosas con su realidad.

Esta es la razón por la que orientamos una vez más vuestra atención sobre el comienzo del proceso de salvación tal como lo presenta el Evangelio. El buscador está allí personificado por la pareja Zacarías e Isabel. Ellos son ya viejos y su vida no ha tenido resultados. Sin embargo su estado de búsqueda es ya un don de gracia del Espíritu Santo. Él prueba la actividad de la rosa del corazón, el átomo primordial.

Daos cuenta sin embargo que el primer señor del destino puede tener sobre nosotros tal influencia que, negligiendo el efecto premonitorio de la rosa en nosotros, no tengamos en cuenta sus sugestiones y continuemos llevando una pequeña vida dialéctica adornada por el pasatiempo de la búsqueda espiritual. Esta manera de considerar las cosas, aunque adorna la vida, no la libera. La pareja Zacarías e Isabel había sobrepasado ya ese estadio. Su búsqueda, su deseo era como un sollozo, una imploración hacia la salvación, un inconmensurable impulso hacia una vida nueva, ¡diferente!

El candidato que conoce esta imploración, pasa a la segunda etapa del proceso evangélico: el nacimiento de Juan. Juan, el precursor, aquel que endereza los caminos para su Señor. Es evidente que esta nueva situación desencadena un conflicto directo con su dios del cerebro y su vasallo: la conciencia-yo. Consecuentemente, aquel que recorre el camino de la rosa del corazón, el camino de Juan, no puede hacer otra cosa que seguir el camino del rompimiento del yo.

Nuestra exposición hace comprender que el camino del rompimiento del yo comporta lógicamente doce fases, doce aspectos. La primera fase consiste para el alumno en afrontar su propia personalidad egocéntrica, que, según ella, lo sabe todo, lo ve todo, ya lo hace todo, está persuadida de que lo comprende todo y se juzga irresistible y perfecta. El alumno debe negarla absoluta e irrevocablemente, juzgándola de poca importancia. Cada uno puede, en la fuerza de la Luz de la Rosa, rechazar resueltamente este ser-yo autoconsciente. Nosotros llamamos a este estado: la modestia, la humildad, la simplicidad, el fin de la presunción.

Desde que el candidato ha atravesado efectivamente esta primera fase, habiendo así enderezado su primer camino, llega el segundo y después los otros hasta el último. Recorrer los doce caminos representa el asalto directo del yo en su dios cerebral. Es necesario, antes de emprender este dodécuple camino, haber nacido a ello en virtud de una fuerza, a ejemplo de Juan que nace de la fuerza del Espíritu Santo. Es necesario nacer al estado Zacarías e Isabel, el estado del buscador que ha vaciado hasta la última gota el cáliz de este estado y que está obsesionado por el deseo de salvación. Aquel que ejerce el rompimiento del yo como un simple método experimental, como un sistema, jamás tendrá éxito. Se encontrará, en un momento dado, ante tales dificultades que se apresurará a abandonar este desierto para regresar a su antigua vida.

Cuando las doce fases del camino del Juanista han terminado, el candidato llega a su nadir, a las orillas del Jordán, el momento del nacimiento de Jesús en nosotros. Es el momento del destronamiento del dodécuple dios del cerebro, primer señor del destino. En ese mismo momento, el candidato ve lucir la estrella de Belén, se eleva por encima de la raza dialéctica y nace en la del pueblo de Dios.

Desde entonces se vuelve indispensable para él establecer en su cerebro doce nuevos puntos magnéticos, doce nuevos aspectos. Por ello se dice en el Evangelio que Jesús el Señor elige doce discípulos, instruyéndolos, ayudándoles y llevándoles a la perfección. Este proceso que se realiza en la personalidad se llama «el camino de cruz». A la participación en la nueva raza, a su devenir lógicamente se le puede llamar el camino de Belén al Gólgota.

Cuando el candidato ha pronunciado el «consumatum est», se puede decir que un hijo de la nueva raza ha nacido, que se ha vuelto capaz de actuar en sentido gnóstico, que se ha vuelto maduro para la verdadera Fraternidad. La muerte está vencida y la transfiguración comenzada. Por ello se dice que después del Gólgota, Jesús se va, precede a los discípulos a fin de preparar una nueva fase del proceso de ascensión.

En el momento en que, en el candidato, la dodécuple influencia de los eones de la naturaleza es rota en el santuario de la cabeza, nace automáticamente un conflicto fundamental con los otros tres señores del destino, a saber con el ser aural y con el señor del destino del campo de vida planetario, es decir con el microcosmo, el cosmos y el macrocosmo. La ascensión no se atiene pues a la personalidad sino que continua por el microcosmo, el cosmos y el macrocosmo; estas etapas son indispensables.

Las citas del Evangelio de la Pistis Sophia introducidas en este artículo revelan algunos hechos bastante extraordinarios de las cuatro etapas de este prodigioso viaje. Aquel que ha llegado al segundo nacimiento sideral o nacimiento místico, aquel pues que ha destronado al primer señor del destino, el dios del cerebro, ya no tiene nada que temer de los otros tres poderes dialécticos. Cuando la nueva luz está encendida, Adamas y sus tiranos combatirán ciertamente a la Luz pero ya no podrán alcanzar a la personalidad. Su fuerza, al ser dirigida sobre la personalidad, es aniquilada. Las fuerzas magnéticas del ser aural, del cosmos y del macrocosmo son lanzadas fuera de su órbita. El destino y la esfera que antaño regían, es decir, el dios del cerebro y la personalidad, ya no pueden ser tomados por ellas. Son periódicamente giradas hacia la izquierda y hacia la derecha, mostrando trayectorias que se alejan sensiblemente de la personalidad y las energías que desarrollan son absorbidas por lo que les es semejante. Esta es la razón por la cual está escrito que su mirada era sin cesar vuelta hacia la izquierda y que realizan sus actividades y envían su influencia en esta dirección. Todo ello bajo la orden del Señor de la divina Luz, Jeû.

La joya maravillosa, el átomo primordial escondido en la personalidad es así, por la Gnosis y bajo el consejo de Dios, arrancado del antiguo microcosmo y el candidato, revestido con el tercer vestido, el vestido de luz, va a construir un nuevo microcosmo. ¡Qué aquél que tenga oídos para oír oiga!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

26   EL MENSAJE DE DICHA DE LA ESCUELA ESPIRITUAL

 

Habéis podido constatar, con la lectura de nuestros artículos precedentes, que los doce eones del zodíaco ejercen una triple fuerza. Primero sobre nuestro planeta, segundo sobre cada microcosmo por el firmamento magnético del ser aural y tercero sobre los doce puntos magnéticos del cerebro en la personalidad.

Cuando el candidato se ha separado de la influencia de los eones, cuando la entidad que recorre el camino ha destronado a su dodécuple dios del cerebro, realizando así un nuevo círculo magnético dodécuple en el santuario de la cabeza, los doce eones son prácticamente desposeídos del tercio de sus fuerzas. Esta desposesión de fuerzas nos prueba claramente que ninguna fuerza del universo dialéctico puede ya influenciar al solitario que recorre el camino. Unas expresiones místicas sacadas de la Lengua Sagrada como: «ser liberado en Cristo» o «haber nacido en Dios» toman por ello un sentido profundo y particular.

Aquel que puede realizar, en la gracia de la Rosa, esta primera fase del camino, la fase del rompimiento del yo y se vuelve capaz de romper el sistema magnético de la naturaleza ordinaria que le retiene prisionero, éste es, al instante, un liberado. Aunque existencialmente es un ser absolutamente natural y vive biológicamente en el sistema de los eones, ya no encontrará ningún obstáculo, gracias a este segundo nacimiento sideral. Se ha vuelto un Hijo de Dios. Está liberado para siempre de todos los lazos.

Aquellos que no conocen la filosofía de la Escuela Espiritual moderna encuentran esta enseñanza sombría, penosa y melancólica. Pero ¿podéis imaginar un mensaje que sobrepase en alegría al que aporta nuestra Escuela? Ciertamente, se comprende tal opinión, pues una enseñanza puede parecer sombría e impracticable cuando dice: «¡No esperéis nada de esta naturaleza!» «¡Apartaos de ella totalmente!» “¡No le concedáis ninguna energía!» En efecto, ¡cuán sombrío debe parecer este rompimiento radical del yo a aquellos que, en este mundo, esperan todo de su yo!

Para nosotros que podemos imaginar esta salida del valle de lágrimas para nuestros corazones elevados yestablecidos en el Reino Original, ¡Qué increíble alegría el saber que el camino comienza por una salvación radical absoluta! ¡Qué no se trata de esperar esta salvación después de un largo desarrollo en la Gnosis! ¡Cómo nos gustaría impregnaras ycolmaros con esta alegría!

Así pues nos basamos en esta certeza: aquel que, en la gracia de la Rosa, ha hecho suyo, por el rompimiento del yo, el segundo nacimiento sideral en la Gnosis; aquel que ha liquidado por/parasí mismo el sistema magnético de los eones al cual estaba sometido, ha desposeído a los eones de un tercio de sus fuerzas, precisamente la parte de la que era victima.

Debemos tener oídos para escuchar lo que  nos dice la Pistis Sophia. Cuando recorréis el camino en soledad, sois vosotros mismoslos que despojáis a los eones del tercio de sus fuerzas. Y se estaría tentado a creer que todo está dicho. En tanto que solitario, estáis, en efecto, liberado. Pero los eones continúan, pese a esto, causando estragos en vuestros. semejantes y,en virtud del sistema de la naturaleza dialéctica, todos sus arcontes, con sus ángeles ysus fuerzas de todas las esferas, prosiguen sus actividades. ¿Qué puedes, pobre solitario, contra estas potencias? ¡Sois, todo lo más, una voz que clama en el desierto!

Pero si recorremos juntos el camino de la liberación, si reunimos a todos los liberados en una comunidad mundial y si, al servicio de todos los buscadores, los ayudamos a agruparse, vivificamos el campo magnético nuevo que conocéis. Es así como se manifiesta, en toda la naturaleza dialéctica, una visible influencia no dialéctica que paraliza todas las influencias dialécticas pérfidas. Por eso se dice en el Evangelio de la Pistis Sophia: «Tú has dicho: Yo les tomé a todos (los arcontes ylos eones) un tercio de su fuerza para impedirles llevar a cabo sus malas acciones ya fin de que, cuando los hombres en el mundo los invocaran en sus misterios (los misterios aportados aquí abajo por los ángeles que cometieron la trasgresión, es decir sus conjuraciones mágicas) para cometer sus malas acciones, no puedan realizarlas». La magia astral, gracias a la cual dominan a los hombres, se vuelve imposible. Por ello es dicho: «¿dónde están ahora los astrólogos, los videntes ylos profetas? Ya no están, pues tu les has quitado un tercio de su fuerza».

Sise ha vuelto suficientemente poderoso, el campo magnético colectivo de la nueva raza hará salir de su órbita a los rayos magnéticos del campo natural ordinario. Los desviará hacia la derecha yhacia la izquierda, seis meses a  la derecha yseis meses a la izquierda. Debido a la influencia del  campo magnético nuevo, las vibraciones magnéticas de las fuentes  dialécticas ordinarias ya no pueden alcanzar directamente sus objetivos y un doblegamiento se produce alternativamente a la derecha ya la izquierda. Este doblegamiento obliga a la influencia a volver a su origen sin haber alcanzado su objetivo. En el momento de este regreso tiene lugar una descarga y la misma influencia que seguía primeramente la influencia a la izquierdaes ahora reenviada hacia la derecha y así sucesivamente.

Si, por un adiestramiento basado en la ciencia oculta, un hombre cultivara poderes sobrenaturales egocéntricos, está claro que sus órganos de secreción interna se volverían sensibles a ciertas líneas de fuerza electromagnéticas que provienen de los arcontes y de sus misterios. Los órganos de secreción interna son particularmente sensibles al electromagnetismo y sus hormonas, cargadas de este electromagnetismo, mantienen un cierto estado de los órganos, de los grupos celulares, de la sangre y el fluido nervioso.

Por ello, suponiendo que se sea un ocultista y que el nuevo campo magnético se haya vuelto suficientemente fuerte para hacer salir de su trayectoria las impulsiones electromagnéticas de los eones dialécticos, es evidente que perdería progresivamente todos sus poderes ocultos, considerando que las radiaciones electromagnéticas que los alimentaban ya no existirían. Este es el glorioso acontecimiento que considera la Pistis Sophia.

Hay numerosos misterios, oficiales y no oficiales. Hay en la esfera reflectora y fuera de ella agregados de fuerzas magnéticas que guardan en estado a las iglesias y a las escuelas ocultas, así como a otras diversas agrupaciones. Esas fuentes de fuerza retienen bajo su influencia a millones de hombres, a pesar del gran numero entre ellos que suspira bajo esta dominación y aspira a encontrar un camino de salida. Como no conocen nada mejor, numerosos hombres invocan a los dioses y, por sus misterios (no reconocidos) piden ayuda y un medio de escapar.

Es así como se produce una interacción electromagnética, con unas consecuencias de una precisión increíble que es imposible detener… hasta que, por el desarrollo del campo magnético nuevo las radiaciones de esta fuente sean desviadas de sus órbitas. Todos los misterios, entonces, se derrumbarán de un golpe, perderán absolutamente sus fuerzas -ello se comprende- y, así, todos los que sean dignos de ello podrán ser ayudados por la fuerza liberadora de la Fraternidad Universal.

Si tenemos oídos para escuchar, comprenderemos que nuestra liberación puede significar la liberación de todos. ¿Comprendéis porque, al final de los tiempos, todas las fuerzas del abismo están tan furiosas y se agarran con tanta avidez, con el fin de alejar de la realización de este curso de las cosas a los débiles y a los indecisos aún vulnerables?

¿No es estúpido prestar atención a este genero de influencias por la única razón de que se dirigen al ser-yo, mientras que es un manantial tal de alegría el saber que ninguna altura, ninguna profundidad, pueden separarnos del amor de Dios que se manifiesta en la Fraternidad de los Hierofantes de Cristo?

El desarrollo esbozado más arriba se repite muchas veces en el curso de cada Día de Manifestación, cuando el tiempo ha llegado en el que la cosecha de los campos debe ser recuperada. Por ello la Pistis Sophia cita el pasado, para que todos los alumnos extraigan coraje y fuerza en los triunfos irresistibles del pasado: «¿Dónde están, oh Egipto, tus astrólogos, tus videntes y tus profetas?»

Por ello se dice igualmente: ¡A partir de ahora, ya no sabréis lo que el Señor Sabaoth va a hacer! El tiempo ya ha llegado en el que ninguno de los participantes en los misterios ocultos podrá ya ni saber, ni descubrir, ni comprender lo que la Escuela Espiritual moderna desarrolla.

Un bloqueo del poder dialéctico se produce y se producirá cada vez más profundamente y este es un hecho maravilloso y extraordinario: el gran adversario y sus hordas ya no podrán sostener ninguna lucha contra el Señor Sabaoth. Y un gran silencio hará su entrada, la calma del pueblo de Dios. Qué aquel que tenga oídos para escuchar escuche y entre en los rangos de la nueva raza. Veréis y experimentaréis todos… si vuestro corazón aspira al Reino de los Cielos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

27   EL MISTERIO DEL TRECE EÓN

 

Nuestro estudio sobre el Evangelio de la Pistis Sophia os ha revelado en el curso de los capítulos precedentes uno de los misterios más importantes y más extraordinarios del dogma de la transfiguración. Ahora estáis en condiciones de comprender claramente la naturaleza y las consecuencias de lo que llamamos «el segundo nacimiento sideral». Aquel que, lleno de deseo de salvación y en rendición total, llega, por la gracia de la rosa, a realizar el rompimiento del yo en el curso de la primera fase del verdadero camino, ha roto, en el santuario de la cabeza, el sistema magnético de la naturaleza ordinaria que le regía y le gobernaba implacablemente. Al instante es un liberado; vive aún en la naturaleza de la muerte pero ya no forma parte de ella. En lo que le concierne, ha despojado de un tercio de su fuerza a los eones de la naturaleza y estos ya no pueden ejercer sobre él su funesta influencia.

Así pues, se puede establecer con certeza y constatar con un profundo reconocimiento que el verdadero camino de los misterios transfigurísticos no termina sino que comienza por la salvación absoluta del candidato. Lo que se manifiesta después de este comienzo, es el maravilloso desarrollo del regreso al Reino Inmutable, un poderoso, imperturbable, cautivante y magnífico ascenso. Cuando la lengua sagrada nos asegura: «Vosotros sois llamados a la libertad», ella considera el regreso a esta libertad a la que son llamados todos los que se preparan para formar parte de la nueva raza; y se comprende que en el curso de este escalón hacia la libertad, un pobre solitario, si sigue y realiza las etapas de los misterios transfigurísticos, puede, como por milagro, escapar a la poderosa influencia del universo de la muerte.

Para explicar más claramente aún un acontecimiento tan prodigioso, se dice, en los capítulos 19 y 20 de la Pistis Sophia: «”iOh, mi Señor! Todos los hombres que conocen el misterio de la magia de los arcontes de todos los eones, y la magia de los arcontes de la Eimarmenê y de los que pertenecen a la esfera, conforme al modo como los ángeles disidentes les enseñaron, si les han invocado en sus misterios -que son sus magias malas- para impedir las buenas acciones, ¿surtirán efecto en este tiempo o no?».

Respondiendo Jesús, dijo a María: «No surtirán efecto del mismo modo como venían actuando desde el principio, ya que anulé la tercera parte en su fuerza. Pero si habrá excepción para todo lo que habían conocido en los misterios de la magia del Eón decimotercero. Esto sílo llevarán a efecto gloriosamente, cuidadosamente, porque Yo, conforme al mandato del Primer Misterio, no arrebaté la fuerza en aquel lugar»»

Es bueno tener presente en la conciencia una imagen clara y completa del desarrollo ya en curso, Así pues recapitulemos:

a)         el candidato que entra en el segundo nacimiento sideral desorganiza y suspende en el cerebro el sistema magnético ordinario; liberándose asÍ de los lazos que le retenían prisionero. Desde que aumenta el número de los que siguen el mismo camino, obtenemos la situación ya, frecuentemente expuesta;

b)         un grupo importante de liberados es constituido; está aún en el plano horizontal del campo de vida dialéctico, pero ya ha «renacido” en la esfera magnética de los Hierofantes de Cristo;

c)         desarrollan, en grupo, un nuevo campo magnético;

d)        extienden este nuevo campo alrededor del campo de vida ordinario, lo engloban y desarrollan en él, en consecuencia, una serie de turbaciones magnéticas;

e)         estas turbaciones «perturban» la magia de los misterios de los arcontes de los eones;

f)          esta perturbación termina por volverse tan dinámica que ninguna magia de los otros misterios puede ya ser ejercida.

Este desarrollo tendrá evidentemente consecuencias dramáticas; por si mismo es ya tan revolucionario que sobrepasará no importa que turbaciones del dominio social, político y económico.

Nosotros lo comprendemos cuando nos preguntamos detrás de que grupo o movimiento de este mundo se encuentran las fuerzas magnéticas de los arcontes de los eones. Después de reflexionar, ¡podemos decir que estas fuerzas se encuentran detrás de todos los grupos y movimientos del mundo! Hay, detrás de todos los grupos místicos y religiosos, pequeños o grandes, se hagan llamar iglesia o secta, unas prolongaciones de la esfera reflectora llamadas en el Evangelio de la Pistis Sophia: los arcontes de las esferas. Y están, después de estos arcontes, sus diversas jerarquías. Estas fuerzas gobiernan y rigen la masa religiosa y mística con la intención que ya conocéis: imitar el reino de Cristo u otra manifestación de salvación, estableciendo místicamente el reino de la falsa apariencia.

Es preciso comprender que detrás de no importa que grupo ético o humanitario se encuentran fuerzas parecidas, que tienen las mismas intenciones. Es necesario comprender que detrás de todos los países de la tierra, detrás de todos los grupos importantes de estos países, detrás de todas las agrupaciones internacionales, como por ejemplo los países reunidos en el pacto Atlántico, las alianzas árabes, Israel, los países que pactan con Rusia, detrás de todos estos grupos, de estos países, decimos que hay prolongaciones de la esfera reflectora, expresadas quizás de una manera diferente, pero idénticas en su esencia y en su objetivo: el mantenimiento de la naturaleza dialéctica. En resumen, se ha desarrollado en la tierra una interminable fila de misterios diversos, agrupados bajo una sola mano y gobernados por ella, a pesar de la diversidad de los grupos y su aparente oposición de intereses; pues hacer luchar a los hombres entre ellos y hacerles verter su sangre es el método de la unidad dialéctica.

Para volver a lo que decíamos anteriormente, el desarrollo del campo magnético nuevo arrebata a estas potencias y subpotencias invisibles un tercio de su fuerza; de donde resultará el derrumbamiento total de la vida social actual en sus numerosas y diversas características. Se haga lo que se haga, ninguna vida nueva podrá ya ser insuflada en esta sociedad en estado de descomposición.

Y cuando las antiguas influencias espirituales ya no puedan penetrar, las luchas, las rivalidades y las tensiones cesarán y una lasitud infinita, un silencio angustioso se adueñará de todos. La humanidad se hundirá en un letargo, lo demoníaco mismo y sus orgías ya no tendrán lugar, porque la malignidad será amarrada. Así es como la humanidad se verá arrojada a la orilla como después de un naufragio, al lado de los restos de su propia vida y de las de la sociedad, al lado de los vestigios carcomidos del Estado y de la Iglesia.

Entonces, en el medio de un mutismo hecho de extrañeza y espanto, de un silencio más frío que el de la tumba, los hijos de Dios se demostrarán claramente a cada uno. Y todos los que verdaderamente hayan buscado a Cristo y su Reino pero que fueron engañados por las iglesias y las sectas en quienes creían por la sangre de su nacimiento, encontrarán al lado de los misterios del treceavo eón fuerza y consuelo.

¿Cuáles son estos misterios del treceavo eón? Son los misterios de la Fraternidad Universal que se encuentra en el corazón de la naturaleza de la muerte, o bien, como lo expresa Jacob Boehme, “es Cristo que ha tomado en su corazón a la naturaleza caída». El Treceavo Eón, es el campo de fuerza universal en permanencia en el quinto elemento de la sustancia primordial.

Descubriremos el increíble y extraordinario desarrollo del santo trabajo en el curso de las horas que el mundo va a vivir. Los misterios del Treceavo Eón son, interiormente, ardientemente invocados por los que se encuentran en la Escuela Espiritual; su realización es desgraciadamente lenta y todavía imperfecta, pues mientras el segundo nacimiento sideral no tenga lugar, los que aspiran y se esfuerzan son aún dificultados en su esfuerzo por todos los otros misterios. Por ello, los misterios de la realización no son aún, por el momento, más que un pálido reflejo de lo que deberán ser.

Silos factores de dificultad deben cesar por la gracia del desarrollo citado anteriormente, los misterios divinos resplandecerán con una fuerza increíble y serían numerosos los que rápidamente podrán realizar lo que su corazón desea con tanto ardor. En la gloria majestuosa del gran silencio del derrumbamiento dialéctico, un gran número de equivocados, de engañados serán incitados a buscar un contacto más estrecho con la vida superior y podrán, modestamente y sin dificultad, seguir el camino de los misterios. Así serán confirmadas las palabras que dicen que los fuertes reciben la gracia por los débiles.

Aún queda mucho por realizar para volver al nuevo campo magnético capaz de hacer callar al campo dialéctico, dando así a los que se saben «pobres de espíritu” la posibilidad maravillosa de encontrar la liberación. Con esta finalidad pedimos hombres fuertes y generosos, silenciosos héroes que solo tengan un objetivo: festejar interiormente el segundo nacimiento sideral.

¡Qué cada uno trabaje pues en desarrollar las posibilidades de salvación que lleva en él, para que llegue, para los débiles y los engañados, la hora en la que verán claramente!

Que las palabras «regocijaos, pues sois llamados a salvar al mundo” exalten vuestros corazones.

Reconfortaos pensando que hay, en el conjunto del universo de la muerte, en todos los dominios de la manifestación dialéctica, aquellos que operan activamente por la gracia de los misterios del Treceavo Eón. El nuevo campo de vida, la raza nueva así como el vacío de Shamballa existen gracias a estos misterios excepcionales.

Ved todo esto como un amplio, maravilloso y divino sistema de ayuda para todos los que, ya en el cuerpo físico, ya fuera de él, se vuelven hacia la Fraternidad Universal. Los siete misterios que nos son revelados podrán, en una concordancia armoniosa, ayudar poderosamente a la realización del Gran Trabajo, lo que quiere decir que todos poseemos una séptuple llave que da acceso al Treceavo Eón.

No se trata de esperar más dones y ayuda del Espíritu Santo. Todo de lo que tenemos necesidad está en poder nuestro y la actividad más importante que nos incumbe es arrebatar prácticamente a los eones un tercio de su fuerza.

Este desarrollo debilitará hasta tal punto la influencia magnética de los eones naturales sobre los que buscan que se llegará con mucho menos esfuerzo que antes a liberar de la mar de la vida a los que aspiran a salir de ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

28   CREACIÓN DEL TRECE EÓN

 

Hemos analizado en nuestro numero precedente los capítulos 19 y 20 del Evangelio de la Pistis Sophia que hablan de las fuerzas que toman y paralizan la magia de los misterios de los arcontes y de los eones de la naturaleza, que hablan igualmente de la majestad de los misterios del Treceavo Eón. Volvemos a ello, pues es indispensable tener una noción clara de ello si queremos comprender el verdadero carácter de la revolución cósmica y atmosférica que se renueva en unas épocas determinadas de la historia del mundo.

En el estilo narrativo de la Pistis Sophia, esta revolución está representada por Jesús el Señor que pasa -después de su resurrección- por todos los dominios y las esferas del universo de la muerte, comenzando por los inferiores. Armado de la maravillosa luzdel misterio original, les quita un tercio de su fuerza a todos los arcontes y eones. Por ello, la influencia de los eones y de los arcontes sobre el sistema magnético del cerebro del hombre disminuye progresivamente y termina por ser completamente aniquilado.

Veamos las cosas con relación a la humanidad. Todos tenemos detrás de nosotros, después de nuestra caída en tanto que microcosmo, un formidable pasado. La historia de ello está inscrita en el sistema magnético de nuestro ser aural y la suma de este pasado se expresa, sin interrupción, a través del sistema magnético de nuestro cerebro. Estamos unidos a este pasado de millones de años de antigüedad que nuestro mismo microcosmo ha ayudado a edificar y a mantener. Así pues es normal que los arcontes y los eones de la naturaleza dialéctica hagan oír en nosotros su voz y que muchos de entre ellos, en la hora actual, dominen nuestro ser…

Nuestro ser inteligente, considerado biológicamente, o dicho de otra manera nuestro estado natural, depende de ellos. Son ellos los que determinan nuestro nivel cultural en esta vida, y nuestras relaciones con él, comprendiendo el nivel cultural tanto según el arte, la ciencia y la religión como según las relaciones y matices políticos, sociales y económicos. Son ellos los que dirigen y determinan igualmente tanto nuestro carácter como nuestros instintos y necesidades biológicas, nuestro comportamiento individual y nuestras voliciones. Así pues constatamos que hemos salido de los eones de la naturaleza, son ellos quienes, en nuestra situación actual, determinan nuestra naturaleza.

Profundicemos en la pregunta ¿Qué son y quienes son los arcontes y los eones? Son unos principios y unas concentraciones de poder; son unas tensiones y unas relaciones electromagnéticas que se hacen valer en nuestra naturaleza de la muerte. Tratemos de demostrarlo con un ejemplo: supongamos que, a consecuencia de una circunstancia imprevista, nos encontráramos en una isla inhóspita y deshabitada, sin casa, sin vestido y sin fuego. Somos, simplemente, seres biológicos provistos de una conciencia biológica que, por primera vez, tomamos conciencia de ser. El mundo en el que nos encontramos es duro, frío, enemigo y cruel. El instinto de conservación nos obliga a la lucha por la existencia. No podemos escapar a ello por que es la ley de base de la naturaleza.

Sobre esta base inicial va a desarrollarse, lentamente, la conciencia racional. Ello comienza por un recuerdo en el que se inscriben las consecuencias negativas de la lucha por la existencia, incitándonos a edificar, con la ayuda de las experiencias conservadas por este recuerdo, una forma de pensamiento que pueda reemplazar por resultados positivos las consecuencias negativas de la lucha por la existencia.

Cada individuo se esfuerza en adquirir resultados positivos en la naturaleza de la muerte, lo que, sobre la base de las necesidades biológicas del momento, constituye una actividad primaria del cerebro. Cada uno establece su plan mental, su plan de autoconservación. Establecida esta concepción mental, la alimentamos sin cesar, trabajamos en ella, aumenta en nosotros, se extiende en el campo de respiración y termina por obsesionarnos. En resumen, somos poseídos por nuestro plan. En ese momento hemos engendrado un arconte, un dios natural. A continuación, los rayos del campo electromagnético natural son parcialmente transformados en un principio electromagnético particular, viviendo en el microcosmo. ¡Un dios natural, individual ha nacido! Cuando un cierto número de hombres está implicado en el plan de autoconservación, llegan a crear, juntos, un dios natural poderoso. Es así como nace un enorme campo electromagnético transformado, cuya energía es más poderosa que la de los arcontes individuales. Es esta energía más poderosa la que permite realizar el plan de autoconservación.

El honor del éxito del plan es atribuido al dios natural, al arconte y el plan es reforzado de tres maneras: se establece un culto del arconte; un arte religioso lo sostiene y lo concretiza en imágenes; al fin una ciencia deberá desarrollar los resultados incompletos del comienzo. Así pues se esfuerza en perfeccionar el plan. Así resulta que la religión, el arte y la ciencia han nacido de la idea biológica inicial del deseo humano de conservación.

Este descubrimiento, se puede admitir o rechazar; dos puntos de vista diferentes que no son más que una cuestión de gusto. Vosotros amáis a vuestro arconte, nosotros, preferimos al nuestro. Vosotros tenéis confianza en el vuestro, nosotros en el nuestro.

Consideremos ahora el comportamiento de los arcontes. Gracias al alimento poderosamente dinámico que reciben, crecen con una rapidez increíble, en virtud de la ley científica natural que hace reunirse a lo semejante, incluso si se combaten. Las concepciones electromagnéticas descritas anteriormente se unirán, en un nivel superior, cuando su vibración sea la misma. Los principios de poder se reúnen en concentraciones de poder, lo que quiere decir que los arcontes forman juntos un eón. Los eones son nubes de arcontes de la misma vibración. El arconte es un dios natural de pequeño formato, es decir planetario, el eón es un dios natural de un formato universal, un dios intercósmico. Es así como, de abajo hacia arriba, en el curso de un período humano suficientemente largo, el universo entero se puebla de fuerzas poderosas que dominan toda la naturaleza por una contra-naturaleza y que provienen de los instintos y de las necesidades biológicas de la humanidad dialéctica.

¿Una contra-naturaleza? ¡Seguro! Pues los arcontes y los eones son la prueba del estado miserable de la humanidad. ¿Podemos actuar de otra manera? ¿No mantenemos todos en estado a los arcontes y a los eones? Es necesario pues encontrar una solución a este problema.

Hay dos soluciones: una negativa y otra positiva. Existen en la naturaleza dialéctica rayos que, según una regularidad determinada, efectúan unas rotaciones y ejercen su influencia. La aparición de los arcontes y de los eones perturba estos rayos fundamentales y sus influencias; estos son proyectados fuera de su órbita. Las transformaciones electromagnéticas aportadas por la humanidad colocan la desarmonía en nuestro campo dialéctico, desarmonía que, como sabéis, se demuestra sin cesar y representa un entorpecimiento de la vida sobre la tierra. Los dioses que nosotros mismos hemos creado nos aportan una ayuda que, visto así, tiene segunda intención. Ahora bien, no siendo jamás realizados completamente los planes de la humanidad, la cultura de los arcontes y de los eones continúa, debe continuar. Por el desarrollo cultural, la desarmonía con el campo de base magnético solo puede crecer.

Ella prosigue hasta un límite, hasta una crisis.  El orden del campo magnético fundamental del mundo dialéctico depende del orden del universo entero. Ahora bien, siendo este más fuerte que la concentración de nubes de los eones, no es una fusión de las fuerzas universales con las fuerzas eónicas lo que vemos producirse, cuando la crisis, sino precisamente lo contrario: una gran limpieza de estas últimas. Una limpieza de este género tiene lugar sin cesar en el universo. Las radiaciones y las actividades de los eones creados por nosotros falsean una cultura impulsada cada vez más lejos en el campo de base natural. Resulta que la fuerza de los eones está disociada y, una consecuencia lleva a la otra, cuando son despojados de un tercio de su fuerza, nuestro sistema magnético se desata de ellos automáticamente. Ya no pueden operar en nosotros y, a nuestra vez, nosotros ya no actuamos bajo su influencia.

Diréis: ¡pero esto es perfecto! Daos cuenta, sin embargo, que en el momento psicológico, es necesario, para poder hacer frente, poseer otra cosa a observar.Daos cuenta que, cuando el trabajo de los eones sea aniquilado, la humanidad regresará al origen del mundo dialéctico, es decir a su punto de partida biológico. La armonía de las fuerzas fundamentales del universo dialéctico será reconstituida con sus derechos y regresaremos al estado anterior a la cultura artificial a la que hemos dado el título de civilización. ¿Qué quedará? ¡El hombre dialéctico en su desnudez!

Se comprende sin dificultad todo lo que este regreso tiene de dramático, de trágico. El hombre, llegado al límite, ¡regresa a su punto de partida! En el curso de este proceso, se crean dioses y, creándolos y sirviéndolos, ya prepara su propia destrucción.

¿Queréis no obstante escapar a este destino? ¿Queréis, ante la bifurcación, evitar a vuestro microcosmo la vía dolorosa por la que ya ha pasado tan frecuentemente? Cambiad de dirección y tomad el camino del Treceavo Eón. Pues a este Treceavo Eón es al único al que, en el momento de la crisis, en el momento del cambio inexorable, ninguna fuerza le será quitada. Solo él puede, con aquellos que le pertenecen, continuar su sistema de perfeccionamiento.

Cuando la Pistis Sophia habla de las esferas de los arcontes y de los eones, observamos que, aunque es verdad que son fuerzas naturales, sin embargo, no provienen de la naturaleza fundamental del universo dialéctico. Se puede comparar a los arcontes y a los eones a transformadores electromagnéticos fabricados por la humanidad; fuerzan a las corrientes fundamentales de la naturaleza dialéctica a dejarse transformar y canalizar por ellos. Es así como, de manera muy natural y periódica, aparece en el universo dialéctico un conflicto de naturaleza electromagnética. Desde que el poder de los arcontes y de los eones sobrepasa un cierto límite, una revolución intercósmica tiene lugar, con el fin de restablecer el equilibrio roto con las otras galaxias.

Una de las primeras consecuencias de un conflicto de este genero es, para hablar como la Pistis Sophia, que los arcontes y los eones son despojados de un tercio de su fuerza, lo que quiere decir que la unión entre la humanidad y el bloque de los arcontes y de los eones es rota. Una vibración magnética extraña, desconocida para la humanidad, de tensión y longitud de onda diferentes, rompe la unión existente desde hace millares de años entre el sistema magnético del cerebro y el ser aural por un lado y los dioses naturales por otro.

La humanidad, totalmente privada así de la ayuda aportada por sus creaciones mentales, ve su curva cultural ascendente transformarse en una curva descendente. El trabajo de los eones, dicho de otra manera, la cultura de la humanidad, declina y los hombres regresan a su punto de partida. Ello es acompañado por la perdida  completa de la memoria, por el hecho de que los puntos magnéticos del ser aural y de la personalidad se atenúan. El hombre regresa al pre-hombre de antaño.

Este proceso continúa hasta un mínimo biológico. El universo de la muerte absolutamente purificado así de la influencia de los arcontes y de los eones va al encuentro de un nuevo período cultural. La rueda comienza a girar de nuevo, subirá hasta la cima y después descenderá. ¿Cuántas veces hemos ya, en tanto que microcosmo, realizado este periplo?

Ocupémonos ahora más especialmente del Treceavo Eón. Es una cierta parte de la humanidad la que porta la carga de su creación. Para comprenderlo, consideremos la hipótesis siguiente:

Un hombre, después de haber pasado por numerosas experiencias y sufrido un montón de pruebas a cuál más dolorosa, está harto, pues ha descubierto que todas las penas, que todos sus esfuerzos en lo que concierne a la naturaleza eran vanos. Ha descubierto que todo lo que ocurre o ocurrirá, ya ha ocurrido en el pasado. Habiendo experimentado hasta en sus menores detalles el valor real del mundo dialéctico, lo juzga por lo que es y supone, con toda la razón, que ahí no puede estar el objetivo de la existencia humana. Se dice que una falta debe existir en alguna parte en la base de la manifestación tal como la comprende. Llega entonces a formar un plan y, a este efecto, da forma a una concepción mental de liberación de esta naturaleza de la muerte y, condición fundamental, ningún sacrificio deberá juzgarse demasiado pesado para llegar a ello, incluso el sacrificio de su existencia o de su propio yo.

Haciendo esto ¿Qué constituye? ¿Qué crea? Un arconte. Un arconte cuyo objetivo no es guardar la naturaleza en estado si no escapar de ella, huir al contrario, elevándose por encima de ella. Reencuentra, en el curso de su labor, hombres que piensan como él, que buscan, ellos también, el sentido de la vida. Les invita a cooperar en su plan de liberación… y el arconte crece. Lo semejante atrae a lo semejante y llega un momento en que las formaciones arcónticas del mismo género -sea el que sea el lugar del mundo en el que se desarrollan- se reúnen en un eón. Este es el Treceavo Eón, aún muy inexperto, poco hábil y de naturaleza terrestre.

Entonces, ¿qué ocurre? Hay evidentemente una interacción corporal entre los miembros de la comunidad. Las fuerzas magnéticas transmutadas por el plan impulsan a la cultura, al acto, luego, deben dar resultados. Estos primeros resultados, sin embargo, no son satisfactorios ¿Por qué razón? Porque las tensiones electromagnéticas que provienen del campo dialéctico natural no pueden dar otros resultados que los que le son propios.

Por ello la comunidad ejecutara no suelta la presa; no pierde coraje y prosigue su plan. Sin modificar los fundamentos de su filosofía, aporta a ella las correcciones que sus reflexiones y sus constataciones sugieren, profundiza su sistema filosófico apoyándose en hechos concretos. Llega un momento en el que la comunidad descubre que, si quiere registrar algunos sucesos, ya no puede basarse en las fuerzas electromagnéticas de la naturaleza de la muerte. Entonces, con la mirada vuelta hacia el vasto universo, nace un poderoso deseo en ella de otra fuerza vital de base. De la inteligencia de las cosas que le rodean nace su deseo de salvación; de las primeras nociones de este deseo nace el contacto directo, aún elemental, con la Gnosis, con la verdadera naturaleza divina.

En ese mismo instante, las fuerzas que el Treceavo Eón atrae y que Lo alimentan ya no provienen exclusivamente de la naturaleza ordinaria, sino que vienen a añadirse a ellas fuerzas que provienen de la naturaleza original. Se podría decir que un Eón Juanista ha nacido y un cambio extraordinario se observa en los cuerpos de los que pertenecen a la nueva comunidad. Los sistemas magnéticos del ser aural, del corazón y de la cabeza siguen el movimiento. En esta situación, unas vías, unos caminos van a ser rectificados, redirigidos corporal, estructural y fundamentalmente. El desarrollo continúa con choques y vacilaciones, ciertamente, pero también con un progreso, un progreso notorio. Una nueva esperanza hace vibrar de alegría a la comunidad. Desgraciadamente el egocentrismo de todos hace aún muchos estragos y, antes que el deseo de salvación no de lugar a la rendición del individuo y a la unidad de grupo, es necesario que calamidades sin número, experiencias de todas las clases y reflexiones saludables pongan en jaque al yo. El trabajo continuo realizado por la comunidad refina y mejora al Treceavo Eón,haciéndole sintonizarse mejor al circulo magnético divino y, asíes como, poco a poco, pierde lo que aún tenía de terrestre.

Conforme a esta cultura, el Treceavo Eón ejerce una influencia cada vez más grande en todos aquellos que son atraídos a Su esfera. Es evidente que llegará un momento en el que el Treceavo Eón y sus arcontes existirán como una gran comunidad que vive en el mundo pero que ya no forma parte de él. La naturaleza de su electromagnetismo se ha vuelto de una calidad tal que apenas se encuentra en ella algo de terrestre. Está claro que, cuando se produzcan en la naturaleza ordinaria los momentos de crisis que hemos descrito y cuando le sea quitada a sus arcontes y a sus eones un tercio de su fuerza, nada le será quitado al Treceavo Eón puesto que Él jamás ha transmutado fuerzas magnéticas terrestres. No habiendo jamás violentado a la naturaleza, es dejado tranquilo, así como a los que pertenecen a su esfera.

Concluimos diciendo que, cuando en el curso de la marcha natural de los tiempos, un desarrollo cultural, después de haber llegado a su apogeo, degenera, el desarrollo cultural de los que pertenecen al Treceavo Eón continúa de fuerza en fuerza yde magnificencia en magnificencia. Para el resto de la humanidad, la rueda sigue su curva degenerante yregresa a su punto de partida.

Sin embargo, cuando un nuevo Día de Manifestación Comienza yla humanidad va de nuevo penosamente al encuentro de un desarrollo cultural inevitable, algo ha cambiado en su situación. Expliquémonos. Durante el Día de Manifestación precedente, el Treceavo Eón fue formado por un gran grupo de «rescatados». Este grupo no dejó en el aprieto a los que acababa de abandonar; él no está orientado sobre su propia salvación, pues esta salvación está adquirida para siempre yel instinto de conservación ha desaparecido. Este grupo, desde entonces, apunta hacia nosotros, se vuelve hacia nosotros que estamos aun en la naturaleza de la muerte. Envía hacia nosotros mensajeros, profetas e iluminados para despertar a aquellos que duermen e incitarles a un trabajo de salvación.

Cuando, por experiencia, nos volvemos hacia el camino juanista ya no tenemos más que unir nuestra comunidad a esta comunidad universal, como se une un nuevo eslabón a una cadena Es así como la comunidad universal del Treceavo Eón se vuelve cada vez más brillante, más magnífica, más poderosa ymás formidable yla ascensión de los santificados cada vez más fácil.

Esta es la razón por la que se dice en la Pistis Sophia: «Cuando invocan los misterios de la magia de los que se encuentran en el Treceavo Eón, pueden recibir la fuerza yrealizar todos los misterios del Treceavo Eón, pues bajo la orden del Primer Misterio, Yo no he quitado ninguna fuerza a este lugar.»

¡Podáis todos comprender este proceso de salvación en tanto que idea yque alta razón yrecorrer con nosotros este camino de alegría!

29   EL FIN DE LOS HORÓSCOPOS

No solamente los hombres crean los arcontes y los eones, sino que ellos los mantienen indefinidamente. En consecuencia, los arcontes y los eones de la naturaleza adquieren proporciones y fuerzas tan monstruosas que acaban por perturbar las relaciones electromagnéticas de la naturaleza ordinaria en el universo entero. Hemos hablado de ello largamente en el capítulo precedente.

Cuando esta perturbación llega por ello a desencadenar una crisis, las tensiones ceden allí donde el calor es más vivo. Se podría decir que la red magnética arde en el lugar más vital, el lugar del enlace con los arcontes y los eones. El sistema magnético del cerebro es como arrancado del resto del sistema.

Este lugar corresponde al círculo de fuego de la pineal, punto al que se podría llamar la corona de la conciencia. Resulta de ello, al instante, una ruptura con los bienes culturales adquiridos, individuales y colectivos, vivificados por los arcontes y los eones. Un proceso degenerativo se establece, que hace retornar al punto cero, proceso típico de todos los fenómenos dialécticos que resume la fórmula: «subir, brillar, descender».

 La Pistis Sophia, usted lo sabe, describe el comienzo de una ruptura tal, y comprendemos la pregunta planteada a Jesús:

¿Señor, los astrólogos y los adivinos no podrán en lo sucesivo predecir el porvenir?

Y Jesús responde:

Si los astrólogos encuentran la esfera del destino y la primera esfera giradas a la derecha como antes, sus palabras serán exactas y podrán predecir el porvenir. Si las encuentran orientadas a la derecha, no podrán decir nada verdadero porque yo he tornado sus influencias astrales, sus cuadrados, triángulos y octógonos. En efecto, desde el comienzo, sus influencias astrales, sus cuadrados, triángulos y octógonos estaban siempre girados hacia la izquierda. Pero ahora los he hecho girar seis meses a la izquierda y seis a la derecha.

¡Imaginad bien la situación! En el estado dialéctico normal, los arcontes y los eones intercósmicos que proceden en primer lugar de los Veinticuatro Invisibles son unidos primeramente al cosmos, en segundo lugar al ser aural y en tercer lugar al sistema magnético del cerebro.

Ahora bien, la ruptura es efectiva desde que un ser humano se pone a seguir el camino liberador y los arcontes y los eones son privados de un tercio de su fuerza. Su influencia ya no es más obligatoria para su personalidad. El hombre parte a la deriva y el hecho de ser separado de sus creaciones le pone en una situación muy particular. Las influencias de los arcontes, en tanto que tienen vitalidad, circulan en el cosmos y en el ser aural. Sin embargo, si alguien las rechaza, no lo tocan, no lo arrastran más; esta persona se encuentra en una suerte de neutralidad, los sucesos de su vida escapan a toda predicción, sus decisiones están totalmente entre sus manos.

Es evidentemente una gran ventaja, que muestra todas las posibilidades de liberación que este retorno significaría para cualquiera. La cuestión que se plantea a cada uno es pues: «¿A qué lado dirigirme, a izquierda o a derecha?»

El estado de neutralidad crea una cierta libertad de acción. En este estado, el que ya ha dado los primeros pasos en el camino y se sabe unido al Trece Eón tendrá mucha menos resistencia que superar, por consiguiente, progresará más rápidamente. El buscador obtendrá de este hecho una comprensión más clara así como un contacto más rápido y positivo con aquellos que están allí para ayudarle. Pero en aquellas personas completamente desequilibradas desde el punto de vista de la razón así como en el plano moral y social, habrá ruptura de los frenos habituales, lo que les hará hundirse rápidamente y en masa en la bestialidad. Es por lo que, las sombras se espesarán; el contraste entre tinieblas y luz se acentuará vivamente.

Puede que sepan que se puede poner en evidencia, fotografiar, por decirlo así, la constelación del sistema magnético cerebrar. Las fuerzas naturales ordinarias así como las influencias de los arcontes y los eones llegan al ser humano por las líneas de fuerza magnética ordinaria. Por consiguiente, cuando se determina el estado del sistema cerebral, se pueden evaluar las relaciones reales de las líneas de fuerza y sus ángulos. Es posible ver y determinar los cuadrados, los triángulos, los octógonos y otros aspectos, y sacar de ello conclusiones. Como astrólogo o adivino, se puede así predecir, más o menos, el porvenir.

Pero cuando el enlace entre el sistema magnético del cerebro y el resto del sistema está roto, el horóscopo ordinario se vuelve negativo, no se puede volver a sacar nada de él. Si se tiene delante una persona orientada hacia la izquierda, ella trabaja de acuerdo con las influencias ordinarias sin presión, entonces se puede predecir todo. Pero si esta persona está orientada hacia la derecha, es decir, hacia la vida liberadora, entonces todas las influencias apremiantes e imperiosas de su horóscopo no tienen ningún efecto. Otra posibilidad puede presentarse que complica la situación. Si el sistema magnético del cerebro está separado, cortado de los arcontes y de los eones, esto no quiere decir que haya desaparecido. Al contrario, existe siempre, y debe continuar existiendo, pues su desaparición, su atrofia, conllevaría la muerte corporal. Él no existe, sin embargo, más que en tanto que lo exijan las necesidades vitales. A partir de ahí, es posible que débiles sugestiones penetren todavía en el sistema; entonces, como se ha dicho, se puede reaccionar a ellas sea a la izquierda, sea a la derecha, o bien rechazarlas.

Pero es necesario todavía, tener en cuenta otra actividad. El cambio que tiene lugar en el cerebro, y más precisamente en el círculo de fuego de la pineal, provoca una modificación estructural del sistema magnético del cerebro. Este cambio, este giro, no es, sin embargo, estable, tiene lugar periódicamente, como una luz que se encendiera y se apagara alternativamente.

Queremos decir por eso que, en esta nueva situación, hay periódicamente un tiempo en que el círculo de fuego de la pineal es sensible, según su antigua costumbre, a las influencias de los arcontes, aunque no sea más que negativamente, lo que implica para el interesado el derecho de determinarse él mismo; y un tiempo en que el sistema magnético está completamente girado, un tiempo durante el cual se podría decir que el ascendente se vuelve el descendente, y el nadir el medium coeli. Es por lo que, se dice en la Pistis Sophia:

El que tenga éxito en calcular el tiempo durante el que los he girado –pues yo he determinado que ejerzan sus influencias seis meses a la izquierda y seis meses a la derecha- el que los consulte de esta manera conocerá precisamente sus influencias astrales y predecirá todas las cosas que ellos harán.

Comprendéis que estos cambios notorios que tienen lugar en el cerebro deben ser ocasionados por acontecimientos magnéticos periódicos muy infrecuentes en el cosmos y en el macrocosmo. Lo que ocasionará a su vez acontecimientos todavía más raros, que hablarán a la opinión pública un lenguaje más claro que cualquier otro. Para comprender lo que va a suceder, volvamos de nuevo a la Pistis Sophia.

Los adivinos también, si invocan el nombre de los arcontes mientras que están girados a la izquierda, podrán decir exactamente todas las cosas sobre las cuales hayan consultado sus decanos. Pero si están girados a la derecha, no será necesario escucharles, pues no están orientados como era el caso en la posición que Iéou les había asignado; en efecto, cuando están girados a la derecha, sus nombres no son los mismos que cuando están girados a la izquierda. Si los invocan cuando están girados a la derecha, no les revelarán la verdad, pero, en su turbación, les extraviarán y lanzarán amenazas […] Además, les he hecho pasar seis meses girados a la izquierda […] para que los arcontes que se encuentren en los eones, en sus esferas, sus cielos y todos sus dominios, sean lanzados en la confusión y el error y que sigan falsas vías de manera que no comprendan sus propios cursos.

Imaginad que, en una comunidad religiosa comportando desde hace siglos un sistema mágico minuciosamente adaptado hasta en sus menores detalles, haya siempre personas que estén habituadas y unidas, ligadas a ciertos eones y arcontes, es decir, que les nutren; que reciben, además, las fuerzas necesarias para conservar intacto el cuerpo de la iglesia y conservan así el embargo sobre los miembros reteniéndoles en el campo de fuerza de la dicha iglesia; que los rituales y las misas sean diariamente leídos y cantados, y el ceremonial dignamente cumplido; y, sin embargo, que lo que es demostrado y que opera perfectamente desde hace siglos, da de golpe, de improviso, y esto periódicamente, resultados opuestos, sin causa evidente aparente; que un ritual que, antes, adormecía a la masa tan bien que ella salía de la iglesia más atada que nunca, haga periódicamente el efecto contrario: ¡los sacerdotes no creerían ni a sus ojos ni a sus oídos! ¡Los fieles se rebelarían, impulsados por una potente resistencia y por todas parte nacería la defección, el desorden y la confusión en la institución establecida para la invocación de los arcontes! ¡No se comprendería nada! En un momento dado, aquello tiene éxito, pero en otro, no del todo en razón de las fluctuaciones electromagnéticas generales que tocan al microcosmo, cosmos y macrocosmo.

Mientras tanto, el grupo unido al Trece Eón avanza en calma, y sus efectivos crecen rápidamente, debido a que numerosos buscadores liberados de sus trabas y estorbos encuentran el único camino, y se vuelven a juntar con el Pueblo de Dios en la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

30   ANIMACIÓN PARA LA MUERTE – ANIMACIÓN PARA LA VIDA

 

El principio del capítulo 22 de la Pistis Sophia da-a los que estudian la Enseñanza universal una importante explicación de la verdadera naturaleza del mundo dialéctico. Aunque la literatura de la Escuela trata abundantemente diversos aspectos de este asunto, la manera en que lo, aborda la Pistis Sophia es aquí tan instructivo que no queremos omitir el hablar de ello. Sobre todo se trata de numerosas particularidades de la naturaleza dialéctica que merecen ser plenamente aclaradas.

Uno de los discípulos pregunta en el capítulo 22:

Señor, ¿Por qué misterio has girado las relaciones de los arcontes y de los eones, su destino y su esfera y todos sus dominios, y les has arrojado a la confusión y desviado de sus cursos? ¿Lo has hecho para salvar al mundo o no?

La respuesta es la siguiente:

He girado su curso para la salvación de todas las almas. Si yo no hubiera girado su curso, una multitud de almas estarían perdidas. Y habría sido perdido mucho tiempo si los arcontes de los eones y los arcontes del destino y de la esfera y todos sus dominios, sus cielos y sus eones no hubieran sido aniquilados. Estas almas habrían debido permanecer mucho tiempo en el exterior y habría habido retraso en lo que concierne a la plenitud del número de almas perfectas con las que deben contar los Misterios para la herencia de lo Alto y encontrarse en el Tesoro de la Luz.

Por ello he girado su curso, para que estén en el extravío y el desconcierto, abandonen la fuerza que se encuentra en la materia de su mundo y de la que ellos hacen almas para que las que sean salvadas puedan elevarse rápidamente, purificadas, ellas y toda la fuerza, y para que las que no sean salvadas sean pronto aniquiladas

Usted sabe que los campos magnéticos de los arcontes y de sus eones están formados por los pensamientos de los hombres y que cuando estos campos están cargados del conjunto de todas estas radiaciones, constriñen a la humanidad a ciertos comportamientos, entran en un momento dado en conflicto fundamental con las radiaciones electromagnéticas intercósmicas del sistema dialéctico

Este conflicto perturba a los arcontes y a los eones, los desvía de su camino y arranca a la humanidad de su influencia. Entonces ocurren numerosos acontecimientos sobre los que nos hemos inclinado en el curso de los años designándolos con el nombre de revolución cósmica y atmosférica,

En el momento en que estos fenómenos se desarrollan en el sistema de la naturaleza de la muerte, usted descubre problemas instructivos muy interesantes. Usted descubre, por ejemplo, que la esencia misma de la naturaleza de la muerte es dialéctica, o sea que en ella todos los fenómenos vitales se desarrollan en circuito cerrado; pero que la humanidad, en razón misma de su origen, está en oposición instintiva y fundamental contra este curso de las cosas e intenta, por la cultura, hacer desaparecer esta naturaleza de orden dialéctico para transformarla en una evolución eterna.

Como usted sabe, los arcontes y los eones son las creaciones naturales de los hombres, creaciones mentales. En consecuencia, estas creaciones están directamente en conflicto con los campos magnéticos propios a la naturaleza dialéctica y absolutamente diferentes a ellos.

Tenga presente que la mayoría de los eones humanos trabajan para crear en el tiempo una evolución eterna y que es a esta tentativa a la que hay que gritar imperativamente: “¡Alto!»

Usted debe comprender porqué esto es así. Y cuando lo haya comprendido, cuando haya tomado esta idea como base de sus reflexiones y de su esfuerzo, verá al instante la vida de una manera absolutamente diferente del resto de los humanos. La posesión de esta comprensión constituye la grande, la profunda diferencia entre el transfigurismo y todos los sistemas religiosos y otros sistemas magnéticos.

La naturaleza dialéctica es un orden espacio-temporal que comprende microcosmo, cosmos Y macrocosmo. Todo en este orden está fundamentalmente sometido al espacio y al tiempo, lo que quiere decir que todo en este orden, tiene un comienzo y un final. Desarrollo eterno, existencia perpetua están para él fuera de lugar. La Pistis Sophia nos dice que es laô el Bueno quien lo ha establecido así todo y quien lo perpetúa.

¿Por qué? La respuesta es evidente: «No se trata de un castigo, sino de una gracia infinita”.

Una parte de la humanidad, se hunde en un macrocosmo, un orden espacio-temporal al cual no pertenece en virtud de su verdadera naturaleza. Si le estuviera permitido hacer de su estado un estado perpetuo, esto seria un castigo, un infierno, en lugar de una gracia, razón por la que laô el Bueno -que es la ley natural de la manifestación del universo- vela para que semejante esfuerzo no pueda dar ningún resultado.

El esfuerzo cultural de la humanidad, que comprende la esfera reflectora y todos los dominios del sistema solar, del zodiaco y de las galaxias, es muy comprensible; todo mortal caído en la ignorancia y el olvido de su origen trata de mantenerse y de vencer a la muerte,

Ahora bien, a pesar de todo, este mortal es amado y se le quiere ayudar; es por lo que este esfuerzo es contrarrestado y desviado en un momento dado. El orden del espacio-tiempo solamente tiene un fin: conservar temporalmente a sus habitantes en el espacio y el tiempo, con la esperanza de que un día encuentren por fin el recuerdo de su origen y vuelvan a su verdadera Patria, en la Eternidad intemporal. Cuando en la Pistis Sophia, Jesús responde a propósito de los eones: yo he girado su curso para la salvación de todas las almas, nosotros le comprendemos.

Dese cuenta de que si el esfuerzo cultural de los eones tuviera éxito, por muy noble y generoso que sea, ¡Ello representaría la perdición del orden espacio-temporal!

¿Qué significa esta perdición? Una petrificación cada vez mayor, una cristalización creciente de todos los fenómenos vitales. Las entidades humanas caídas que en él se manifiestan aniquilarían absolutamente sus propias posibilidades de manifestación, los cuerpos celestes se extinguirían, los soles se oscurecerían y solamente sería posible una vida rota en la esfera reflectora por un tiempo muy corto. Pero cuando el último fulgor del fuego de los sistemas solares se extinguiera, los microcosmos de la humanidad, no pudiendo mantenerse por más tiempo en la esfera reflectora, caerían en un orden inferior al del espacio-tiempo.

En razón de una ley natural toda tentativa de perpetuar algo en el orden dialéctico tiene siempre como consecuencia la cristalización. Es la razón por la que el reino mineral como nosotros lo conocemos, no es el síntoma de un comienzo de vida sino el del final de vida.

Puede imaginarse qué pérdida de tiempo inconmensurable y qué multitud de almas estarían perdidas si la plaga de una evolución cultural ininterrumpida pudiera tener lugar; ¡qué retraso sufriría el proceso de salvación emprendido por la Fraternidad universal!

¿Por qué? ¿No es cada entidad caída un «hijo perdido» al que se llama? ¿No es cada uno un heredero de la Vida verdadera? Todo ser caído que posee interiormente el Reino, ¿no pertenece al Tesoro de la Luz?

Por ello, es maravilloso y fantástico que los caminos de los eones sean girados llegado el momento. Este giro no asegura el retorno a la Patria, pero vuelve a dar la libre posibilidad. Esto aclara las palabras, tan conocidas del prólogo del Evangelio de Juan. «A todos los que la han recibido, Ella (la Luz) les da el poder de volverse hijos de Dios”.

«¡Ella les da el poder!» ¿Qué poder? El poder al que se hace mención en este pasaje de la Pistis Sophia:

Es por lo que he girado su curso, para que estén en el extravío y el desconcierto, abandonen la fuerza que se encuentra en la materia de su mundo y de la que ellos hacen almas.

Cuando se lee este párrafo en este sentido, es extraordinario. Nos revela que cada entidad caída posee una fuerza, un grandioso poder mágico, una fuerza de autodeterminación y de autorrealización, un poder mágico que usted puede descubrir en todo fenómeno de vida de la naturaleza de la muerte, un poder mágico en concordancia con toda entidad calda para darle la ocasión, en la pureza, de tomar el camino de retorno hasta la transfiguración.

En general los hombres no poseen ya de manera incondicional y libre este poder mágico porque, desgraciadamente, ellos lo utilizan para crear y mantener sus arcontes y sus eones. Este poder es, por así decir, arrancado al hombre, extraído de él por estos campos magnéticos en el momento en que son operantes.

Esta fuerza mágica de la humanidad así concentrada en estos campos, dinamiza la evolución cultural de los eones y todos sus esfuerzos. Todos los medios, culturales son empleados, en los planos religiosos y ocultistas, para efectuar este pillaje de fuerza mágica y perpetuarla,

Usted quizás ahora comprenda el proceso de santificación, el proceso de retorno, y la fuerza que mantiene este retorno. En tanto que hombre ordinario de esta naturaleza, ya no tiene fuerza mágica a su libre disposición. Ella le es robada a causa de sus experiencias culturales. Y en realidad se dice en el prólogo del Evangelio de Juan. «A todos los que la han recibido, ella les da el poder de volver a serhijos de Dios».

Quien quiere seguir el camino y toma la resolución definitiva, es arrancado de la influencia magnética que los eones ejercen sobre su cerebro. Así fue como la fuerza fue devuelta a Sansón en el santuario de su corazón. Es así como el candidato es salvado, con el fin de que pueda elevarse rápidamente, purificado y en posesión de toda su fuerza.

Quizás quiera saber de qué manera te devuelve la Gnosis esta fuerza, después de haberle liberado de la influencia de los eones. Para profundizar en este punto, vamos a explicarte una vez más, la naturaleza del Decimotercer Eón.

Quien coopera con el Decimotercer Eón, el que, con todo su ser, se consagra a la Fraternidad del Tesoro de la Luz, con el deseo de Salvación y en total rendición del yo, evidentemente ha entregado a este Decimotercer Eón su potencial mágico. Este Eón no emplea esta fuerza para transformar el espacio-tiempo en algo perdurable y eterno, sino para atraerle al nuevo campo de vida; para elevarte con toda su fuerza y gracias a ella, una vez que esté purificado.

Usted posee una fuerza, un bien inalienable. Esta fuerza le pone en interacción mágica, en relación mágica con los eones de la naturaleza ordinaria; y es con esta fuerza suya con la que ellos le animan a la muerte. Pero si, con esta misma fuerza usted entra en unión con: el Decimotercer Eón, entonces usted es animado a la vida. Esta animación para la muerte degenera y desnaturaliza completamente su microcosmo. Pero la animación para la Vida le transfigurará totalmente. Tal es el grandioso misterio de la liberación.

Se trata aquí de dos leyes mágicas; pero sólo puede operar una de las dos. ¿Qué hace usted con su fuerza, usted en tanto que microcosmo? Si acepta entregar su fuerza a la Gnosis, la ley de la liberación se vuelve operante en lo que a usted concierne. Usted no depende ya de la única voluntad de la Fraternidad, sino que está perfectamente capacitado por sí mismo, para llevar a cabo su propia realización.

 

 

 

 

 

 

31   UN NUEVO SOL Y UNA NUEVA LUNA

 

El microcosmo necesita ser animado, porque sin alma es un organismo muerto-viviente. Un microcosmo no animado se podría comparar a un plan no ejecutado.

Está excluido que los microcosmos, tal y como nosotros los conocemos y de los que las almas humanas forman parte, posean un alma de naturaleza inmortal porque el principio de vida del alma original que pertenece al organismo microcósmico, no está animado. Este principio de vida del alma está continuamente en el estado de muerto-viviente. Es como una rosa cerrada, escondida en el capullo, hasta que algún sol la despierte a la vida y la lleve a la plenitud de su manifestación. El sol que despierte a la vida está bien pero el capullo de rosa escondido en el microcosmo está, por así decir, en las tinieblas. «La Luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no pueden verla”.

La causa de ello es la total desorganización del microcosmo. Una cristalización le ha alcanzado. Es como un fuego apagado y por ello el alma original está muerta, ha desaparecido. Un único principio ha permanecido, una semilla que no tiene la posibilidad de crecer en un suelo inapropiado.

En razón de esta situación, ha sido creada una «morada de urgencia” en esta naturaleza, bajo la forma de la manifestación de un alma mortal, de ninguna manera comparable a la manifestación original porque proviene enteramente de la naturaleza de la muerte. Vive y evoluciona de manera totalmente diferente a la manifestación original pero se la puede considerar, sin embargo, como una grande y maravillosa gracia, como una ayuda para todos los microcosmos caídos y desnaturalizados.

Hacemos alusión aquí al proceso de nacimiento terrestre de las almas vivientes. De esta manera el microcosmo es vivificado regularmente por una especie de animación, aunque ésta sea mortal y muy lejos de la animación original.

La Pistis Sophia dice que el estado de alma mortal procede de la esfera cósmica de los eones. Usted puede considerarla como una gran esfera poderosa, que contiene la totalidad de la vida y del movimiento que conocemos.

Esta esfera comporta doce aspectos, doce poderes, doce radiaciones. Estas doce radiaciones o corrientes de eones son recibidas por el ser aural, por su sistema magnético. A continuación, el sistema magnético del ser aural las proyecta al sistema magnético situado en el cerebro. Cuando el sistema magnético del cerebro ha recibido estas influencias, estas fuerzas son asimiladas por el sistema de secreción interna, el sistema de las glándulas hormonales. Este sistema es de naturaleza triple; una parte está orgánicamente unida al fuego de la serpiente, otra al sistema nervioso y la tercera al sistema sanguíneo.

Así usted se puede imaginar fácilmente cómo las radiaciones electromagnéticas de los eones son particularizadas en todo el sistema y cómo ellas son la fuente de todas las clases de hormonas.

Estas hormonas y sus fuerzas componen también la semilla humana. La semilla humana es el principio de vida del orden de emergencia. Hay que distinguirla claramente de la semilla crística, la rosa del corazón. La semilla humana contiene la fuerza de alma de los eones, concordante y conforme al estado de ser del microcosmo concernido y a su carga kármica. Cuando la semilla masculina se une a la semilla femenina, se produce la unión de un principio cargado positivamente con un principio cargado negativamente, después de lo cual se desencadena un proceso de fuego. Este principio de fuego así activado produce un alma viviente a partir del sistema del fuego de la serpiente, del sistema nervioso y de la sangre.

Un microcosmo que haya. perdido su animación y el mejor adaptado a este producto, lo recibe, lo rodea y de esta manera el alma mortal nace a su debido tiempo. Comprenderá que pueden sobrevenir numerosas complicaciones en el curso de este proceso, lo que a menudo es el caso.

Cuando el alma mortal alcanza la madurez, atrapada por entero en las complejas confusiones de la naturaleza de la muerte, cuando experimenta dolor y pena y sufre todas las vicisitudes; de la existencia dialéctica, le son transmitidos impulsos por la intermediación del principio de vida original por la rosa del corazón. Estos impulsos no vienen de la esfera macrocósmica ordinaria de los eones, sino de la naturaleza de la Vida, que también emite, estas radiaciones. Si usted piensa en las palabras: «La Luz brilla en las tinieblas” lo comprenderá. En este estadio usted debe ver la rosa como un punto sensible, como un punto capaz de reflejar un poco las radiaciones de la gnosis.

Cuando el alma mortal, es capaz de reaccionar y reacciona, entonces estas palabras se dirigen a ella:

«Oh, alma, cesa en tus vanas tentativas de mantenerte en la naturaleza de la muerte y emprende el único trabajo, la única tarea para la que has sido llamada a la vida: vivificar y liberar el alma inmortal en tu microcosmo. ¡Compromete en el trabajo de Juan! Conviértete en el precursor del Salvador de tu pequeño mundo microcósmico caído. Si emprendes este trabajo, oh alma, tu conciencia se esparcirá y se fundirá en la nueva conciencia inmortal. Si lo comprendes, ya no habrá muerte para ti.

El ser que emprende el gran trabajo liberador, el trabajo del renacimiento, entra pronto en unión con la esfera macrocósmica de la naturaleza de la Vida, aún cuando todavía está unido a la esfera de los eones. Bien entendido es un estado enormemente indeseable. Por ello la Pistis Sophia dice en el capítulo 25 que Melquisedec – el Paralemptor, el Gran Recaudador de la Luz[1]– separa de la naturaleza dialéctica y transfiere al grandioso Tesoro de la Luz a todos aquellos que siguen el vasto proceso de purificación.

Tomaba lo que estaba purificado de la luz, de todos los arcontes de los eones, y de todos los arcontes del destino y de todos los de la esfera, y aniquilaba lo que les llevaba al oscurecimiento. Ponía en acción al Animador, que está por encima de ellos, y éste hacia girar su ciclo más rápidamente, Él (Melquisedec) les quitaba la fuerza que estaba en ellos, y el aliento de su boca, y las lágrimas de sus ojos y el sudor de su cuerpo.

Está claro que al lado del proceso dialéctico ordinario de conservación, se lleva a cabo un proceso de salvación, de salvamento, en la naturaleza de la muerte y por encima, pero sin ninguna relación con ella. Esta última sigue juntando su materia para la vivificación de las almas mortales. Pero si un alma mortal escucha la voz de los Liberadores, se le escapa.

La Pistis Sophia prosigue así el capítulo 25:

Cuando los Paralemptores del Sol y los Paralemptores de laLuna miraban, hacia lo alto, velan las configuraciones del curso de los eones y las del destino y las de la esfera y ellos les quitaban su fuerza-luz. El Paralemptor del Sol la preparaba y la guardaba hasta el momento de entregarla a los Paralemptores de Melquisedec, el Purificador de la Luz.

Estos llevaban los residuos de su materia a la esfera que está por debajo de los eones y de ella formaban almas de hombres […] siguiendo el ciclo de los arcontes de esta esfera.

Seguramente usted ha descubierto, lo cual también lo explica la ciencia, que el sol y la luna son enormes purificadores y vivificadores del campo ordinario de esta naturaleza. El sol es el gran principio de vida de nuestro campo natural. Y en un sentido más extenso, nos sería imposible vivir y nuestros microcosmos no se mantendrían sin la fuerza del sol.

Usted sabe que en la Escuela de la Rosacruz de Oro se habla a menudo de radiaciones electromagnéticas. Las radiaciones más eléctricas vienen del sol para mantener y vivificar las demás radiaciones magnéticas. Por la fuerza de radiación eléctrica del sol las radiaciones de los eones se vuelven sensibles y activas, y la luna, en este proceso, juega de alguna manera el papel de instrumento de precisión.

El sol es la fuerza más fundamental y la luna la fuerza reguladora, la fuerza de manifestación final. Absolutamente todas las influencias del zodiaco y del sistema solar deben primero ser vivificadas por la luna para actuar positivamente. Esta doble actividad vivificadora y reveladora del sol y de la luna explica que en la antigüedad se considerara al sol como una entidad masculina y a la luna, una entidad femenina y que se hablara del dios Sol y la diosa Luna.

Ocurre lo mismo en el reino de la naturaleza de la muerte y en la naturaleza de la Vida. En la naturaleza de la muerte hay un sol y una luna extremadamente activos en lo que concierne a todos los procesos naturales; de la misma manera hay un sol y una luna en la naturaleza de la Vida que constituyen como dos focos. ¿Cuántas veces se menciona en los mitos, las leyendas y los escritos sagrados la existencia, de un sol detrás del sol (Vulcano) y de una luna detrás de la luna? Y en ellos se habla del sol y de la luna invisibles cómo cuerpos activos en un universo desconocido e invisible para el ojo dialéctico.

Y de la misma manera que hay en la naturaleza de la muerte una Fraternidad universal que no depende de la naturaleza de la muerte, una Fraternidad que trabaja para salvar a los microcosmos caídos, también hay necesariamente al servicio de esta Fraternidad un sol detrás del sol, y una luna detrás de la luna. Así pues, en nuestro sistema solar actúan un campo de fuerza solar y un campo de fuerza lunar, que usted no puede asociar al sol y a la luna que conoce, y de los cuales no puede calcular las posiciones, las fases y actividades de la manera ordinaria. Es, a estos dos campos de fuerza a los que hace alusión la Pistis Sophia. En el momento en que el alumno comienza el gran y maravilloso trabajo del renacimiento según los métodos y principios de la quíntuple gnosis universal entra en unión con los campos de fuerza del sol y de la luna invisibles. Este sol le vivifica y esta luna manifiesta progresivamente la nueva vida en él.

Cuando este sol sale en el camino del candidato es para no ponerse ya. Y cuando esta luna irradia para él, es guiado a través de todos los obstáculos y limitaciones en razón de las actividades reveladoras de esta fuerza.

En la naturaleza de la muerte, el hombre está bajo la dirección del sol y de la luna de esta naturaleza: es un hecho físico. Ahora bien, cuando el proceso de la francmasonería de la Piedra angular manifiesta una nueva fuerza en el microcosmo, los Paralemptores, los recaudadores del sol y de la luna de los Misterios, arrastran este microcosmos al interior de su sistema. La fuerza-luz es entonces sustraída a la naturaleza de la muerte y transmitida a los Guardianes de Melquisedec. Hace ya miles y miles de años que estos Guardianes fueron llamados los Hermanos del sol, los Hijos de la Sabiduría y de la Nube de Fuego.

Para aquellos en quienes este nuevo sol sale, comienza el día eterno. Ya no tienen necesidad del sol y de la luna de la naturaleza dialéctica, porque en ellos se manifiesta la eternidad en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

32   LA AFLICCIÓN DE LA PISTIS SOPHIA

 

Es en el capítulo 29 donde comienza la historia misma de la Pistis Sophia. Pistis Sophia designa al alma que tiene sed de Sabiduría y aspira a la liberación, el alma que ha descubierto que es imposible que la naturaleza de la muerte sea la naturaleza divina, el alma que ha experimentado la ilusión sin finde la naturaleza dialéctica, el alma que rechaza el orden natural asociado a los doce eones. Al principio del capítulo 29, descubrimos a este peregrino con gran aflicción tras el velo del Decimotercer Eón.

Un eón es una creación asombrosa de orden cósmico, llamada a la vida por las almas mortales. Quizás sea bueno volver una vez más sobre el asunto. El macrocosmos está dirigido por doce grandes corrientes magnéticas de naturaleza astral. Cada una de ellas influencia y gobierna una parte de cada microcosmo y él alma mortal que lo anima. Además dirigen los procesos de nacimiento, de vida y de muerte y los procesos que resultan de la disolución y de la constitución de cada alma mortal.

Estas doce corrientes magnéticas son también responsables de la elaboración de las tres triples fuerzas del alma mortal: la voluntad, el intelecto y el deseo.

El conjunto de estas tres fuerzas determina la conciencia o yo. Cada una tiene tres poderes, poderes de atracción, de repulsión y de neutralización. Estos tres poderes en cooperación dan al alma la posibilidad de un número infinito de actividades, y los comportamientos que se derivan de ello determinan el estado de vida individual con sus altibajos. Dotada de estos tres poderes, el alma mortal puede actuar de manera extraordinaria, poderosa y creadora: por ejemplo, creando imágenes mentales.

En el curso del gran combate que libra el alma para vivir, para salvaguardar su vida, para no dejarse derribar en la lucha por la existencia, en este combate sofocante contra peligros innumerables, así pues estremecida por mil y una angustias, el alma puebla su esfera vital de numerosas y variadas imágenes mentales.

Se puede terminar por clasificar la multitud de imágenes mentales de la multitud de almas humanas en doce categorías: algo, en la extensión de este tejido mental, responde fundamentalmente a una de las doce grandes corrientes de naturaleza astral. Así, usted se puede imaginar que, según las leyes vibratorias generales, la totalidad de las imágenes mentales de todos los humanos se congrega en doce fuerzas muy poderosas, creadas y mantenidas por ellos. Por un lado sonalimentadas por las doce corrientes macrocósmicas, y por otro, por las corrientes de pensamientos ininterrumpidos de la humanidad.

Así, la interacción de las doce fuerzas astrales y de las almas mortales engendra doce anomalías, doce monstruosidades, que se explican de manera científica y que mancillan e ilusionan cada día más el universo dialéctico. Porque estas doce monstruosidades, sus actividades y sus efectos secundarios acaban por dominar y hacer salirse del camino a todo el sistema dialéctico. Es por lo que una gran limpieza y un nuevo día de manifestación son necesarios regularmente. Los microcosmos deben ser liberados cada vez, de la influencia de las doce monstruosidades que han formado ellos mismos. Si tal limpieza no tuviera lugar, la salvación de los macrocosmos se estancaría para siempre y todo el macrocosmos dialéctico se congelaría, como lo constata Dante en el Infierno de la Divina Comedia.

En la Pistis Sophia, estas doce monstruosidades son designadas como los doce eones, y los arcontes de los eones llaman la atención sobre las numerosas influencias que emanan de ellas. Todos los cultos que la humanidad rinde a Dios, toda la veneración que le manifiesta y el tablero multicolor de toda la actividad natural religiosa u oculta les están unidas. Si usted ha participado en ello o todavía participa, entonces su dios forma parte de ello y usted también está unido al mismo, ¡con todas las consecuencias y todos los sufrimientos que se derivan!

El Decimotercer Eón es la consecuencia del «no» absoluto que el alma opone a este mundo en su búsqueda y su lucha. Cuando las experiencias le han golpeado, cuando choca contra un muro en el fondo del callejón sin salida, cuando es machacado por el Sempiterno retorno de las cosas, entonces su voluntad, sus pensamientos y sus deseos engendran choques magnéticos y crea con sus semejantes un campo cósmico neutro, un campo que no es de este mundo, sin ser tampoco de un mundo nuevo. Se podría comparar este campo a una puerta de donde provienen una oleada de luz y una atracción magnética poderosa. Tras esta puerta se encuentra la naturaleza de la Vida.

Sin embargo, si se aproxima a esta puerta y el velo se aparta hasta el punto de que usted viese la luz y sufriese su atracción magnética, usted está en el estado de la Pistis Sophia en esta fase:

Ella estaba sentada, llena de tristeza y aflicción, porque no se le había dejado entrar en el Decimotercer Eón, su dominio superior.

Ella no podía entrar todavía a causa del dolor que una de las tres fuerzas triples, Authades, le habla infligido. La causa de su sufrimiento y de su estancamiento estaba en sí misma.

Authades es la voluntad humana personal, el triple principio de la voluntad del alma mortal. La voluntad es el instrumento mágico del alma y sus efectos consecuencias de la voluntad, son cada vez más forzantes. Se pueden desear e imaginar las cosas pero en el momento en que se las quiere, deseos y pensamientos se convierten en fenómenos concretos que atan al mundo donde se manifiestan estos fenómenos,

La Pistis Sophia, que prosiguió su peregrinaje hasta las puertas del Decimotercer Eón, descubre las ataduras por las que Authades la domina. Porque, en razón de su origen, las tres triples fuerzas son alimentadas sin cesar por los sistemas magnéticos del ser aural y del cerebro. Así la Pistis Sophia se encuentra llena de tristeza y de aflicción a las puertas del Decimotercer Eón, sin nadie cerca de ella.

Sin embargo se equivoca. En un momento dado ve el vestido de Luz de la Fraternidad de los Hierofantes que se aproxima a ella. Todo el potencial de las fuerzas de salvación viene a ella. Sale de la esfera de su aflicción y siente una gran excitación, porque la Fraternidad toca el sistema magnético de su cerebro; ve interiormente que, por muy bloqueado que esté el curso de su desarrollo, sin embargo, ella pertenece al Decimotercer Eón.

Ve el misterio de su nombre y el pleno esplendor de este nombre: antaño ella se encontraba en el Jardín de las Rosas en razón de la presencia del Otro en ella. Como peregrino, tiene la costumbre de alabar la perfecta magnificencia de la Luz original y de estarle agradecida. Y mientras experimenta la bienaventuranza de la unión magnética primaria, prosigue sus cantos de alabanza, completamente en la alegría y el embeleso. Es elevada electromagnéticamente por encima de la influencia de Authades, lo que tiene notables consecuencias. Porque en un momento. dado resulta que al lado de la Pistis Sophia y del invisible que le está unida, los otros veintidós invisibles miran a la luz de la Gnosis.

Se hace aquí alusión a los doce pares de nervios craneales, a las doce fuerzas que allí circulan y las posibilidades vitales que se desarrollan. Los doce eones, las doce monstruosidades se manifiestan en los doce pares de nervios craneales por el sistema magnético del cerebro. El hecho de que los veinticuatro invisibles, en un momento dado, miren a la luz que afluye de la puerta de los Misterios, testimonia que estos discípulos del sistema magnético del cerebro son sustraídos a la influencia de las doce monstruosidades y, gracias a esta nueva influencia magnética, se vuelven hacia un nuevo fluido vital, el elixir de la Vida nueva.

¿Sabe por qué se trata en la Pistis Sophia de las veinticuatro creaciones y de las veinticuatro fuerzas creadoras? Las tres triples fuerzas del intelecto, de la voluntad y del deseo utilizan el fluido nervioso para manifestarse y expresarse. El fluido nervioso es el fluido magnético, nuestro soplo de vida, nuestro espíritu de vida. Así como nuestra sangre construye y mantiene la forma, el fluido nervioso da a la forma su contenido, su sentido y su fin.

Cuando la vida se congela en la forma, hay que atacar la sangre en primer lugar para que la cristalización pueda ser rota y la vida así liberada pueda adquirir un nuevo contenido.

En el camino que sigue la Escuela de la Rosacruz de Oro con sus alumnos, la sangre es atacada y la vida renovada para que cada candidato pueda un día disponer de veinticuatro creaciones nuevas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

33   LA INFLUENCIA DE AUTHADES

 

La Pistis Sophia es la persona, el candidato, el alumno que aspira a la vida nueva liberadora. Así la vemos ante la puerta de¡ Decimotercer Eón, justo tras el velo de esta puerta, por tanto ya en unión con la corriente de la vida nueva, y leemos en el capítulo 29:

Yo penetré en el Decimotercer Eón y encontré a la Pistis Sophia por debajo del Decimotercer Eón, su dominio superior. Se lamentaba de los tormentos que le había infligido Authades, uno de los tres triples poderes. Cuando os hable de su alcance, os explicaré por qué misterio ocurre esto.

Ya le hemos explicado largamente que Authades representa la voluntad dialéctica humana, el triple principio enormemente mágico de la voluntad del alma mortal. Algunas preguntas pueden ahora plantearse, como por ejemplo: «¿Cómo es posible que alguien que ha entrado en el Decimotercer eón y, por lo tanto, ha sido admitido en el campo de renovación, sea sin embargo abandonado y no tenga acceso a su dominio superior?»

El autor de la Pistis Sophia ha previsto esta reflexión porque la hace expresar por María:

Señor, te he oído decir que la Pistis Sophia misma era una de las veinticuatro emanaciones. ¿Cómo ocurre entonces que no se encontrara en su dominio? Porque tú has dicho que la habías encontrado por debajo del Decimotercer Eón.

Tratemos de aclarar esta cuestión y de responder a ella, con ayuda de los capítulos 30 y 31 de la Pistis Sophia.

En primer lugar hay que identificarse con ella totalmente, para a continuación, comprender que la totalidad del plan de liberación y de la obra liberadora de la gnosis, reposa en una unión magnífica nueva establecida con el candidato en el camino. Desde el punto de vista de esta naturaleza, usted depende totalmente de las doce fuerzas astrales de la naturaleza de la muerte, de las cuales vive y que han labrado el principio mismo de su forma.

Si usted se quiere liberar, ningún poder de la naturaleza de la muerte se lo permitirá. Usted no puede liberarse de la fuerza dialéctica con la ayuda de la fuerza dialéctica.

Es por lo que, desde el momento en que se toma la decisión de seguir el camino de la liberación, la fuerza salvadera y liberadora aparece inmediatamente y se pone pronto a su servicio, a su disposición de manera que la pueda utilizar. Este poder liberador, esta fuerza sagrada, curativa y purificadora, se pone efectivamente a su servicio con todo su poder. Llamamos a esta fuerza «el Espíritu Santo», o fuerza de la Fraternidad, o fuerza de la Gnosis, o más brevemente «la gnosis».

Y bien, ¡Esta fuerza es realmente para usted, está a su disposición, en el mismo momento! De todas formas, es evidente que para poder servirse de ella, usted debe ajustarse a las leyes científicas de esta fuerza. No es posible tocar sin protección, cables de alta tensión; antes es necesario responder a algunas condiciones.

La Escuela de la Rosacruz de Oro es el instrumento magnético, formado en el curso de numerosos años, que permite a la fuerza de la Gnosis manifestarse de múltiples maneras. Piense aquí en un transformador.

La Escuela de la Rosacruz de Oro es, primeramente, un campo de fuerza, es decir, que una influencia de naturaleza gnóstica se ejerce allí sobre el alumno desde el exterior. En segundo lugar, el objetivo es dar la enseñanza con la ayuda de esta fuerza. Si el alumno no reacciona a la fuerza, entonces la enseñanza pierde su sentido.

En tercer lugar, la manifestación del Cuerpo Viviente de la Escuela de la Rosacruz de Oro da testimonio del aprendizaje, si el alumno reacciona a esta fuerza de la manera requerida. Así pues, la Escuela Espiritual está ahí para instruir, irradiar la fuerza-luz y unirla mágicamente al candidato, Se trata de un proceso de francmasonería, en el cual cada alumno puede tomar parte con su propia autoridad, a condición de atenerse al orden superior de la Escuela.

Si el candidato reacciona de la manera justa a la fuerza gnóstica, y así preserva por tanto el Orden sublime de los Misterios, es admitido entre los hermanos y hermanas del Decimotercer Eón. Está existencialmente, no solamente unido al Decimotercer Eón, sino que también es admitido allí.

Mientras el candidato trabaje sobre esta triple base de la Escuela Espiritual, su obra entonces tiene por fundamento las gracias que le son enviadas. Admitido en un taller de la francmasonería, realiza su obra y recorre su camino con una fuerza que no es de este mundo. El capítulo 30 de la Pistis Sophia no se refiere a alguien cuyo desarrollo fuera, de manera incomprensible, más avanzado que el suyo. No, ¡Es de usted de quien, se trata!

Ahora bien, ¿Qué debe hacer el candidato en el taller de la francmasonería? Leemos a propósito de esto:

Cuando la Pistis Sophia se encontraba en el Decimotercer Eón, el dominio de sus hermanos, los invisibles, las veinticuatro emanaciones del Gran Invisible, volvió la mirada hacia lo Alto sobre el orden del Primer Misterio y vio la Luz del velo del Tesoro de la Luz.

Así pues usted es admitido en este taller mágico con el fin de que se vuelva hacia la vida original a la llamada de la gnosis, de que se dirija hacia el Tesoro de la Luz Original.

La Pistis Sophia también deseaba alcanzar este dominio, según el plan, el orden y el método previstos. Pero, compréndalo bien, ¡»Ella» no podía! En efecto ¿Quién es ella?

Es un ser dialéctico, un alma mortal nacida de la naturaleza de la muerte y alimentada por ella. Ella debe pues realizar el Misterio del Decimotercer Eón, la quíntuple Gnosis universal: comprensión, deseo de salvación, rendición del yo, nuevo comportamiento, elevación en la esencia misma de la renovación, tal es la obra a realizar.

Pero he aquí que ella deja de realizar el misterio del Decimotercer Eón y ¡No hace más que cantar las alabanzas de la Luz celeste que ha visto en el velo del Tesoro de la Luz!

Es esto lo que a menudo le ocurre al candidato. Deja de realizar el trabajo para el que habla sido admitido en la forja. Y ¿Cuál es su actitud? ¡Puramente contemplativa! Encuentra admirable la filosofía de la Escuela Espiritual y maravillosas todas las reuniones, pero permanece como siempre ha sido. Su egocentrismo permanece tan duro, y su dinamismo centrado en las aspiraciones de su yo.

Ahora bien, la presencia en la forja exige no permanecer escuchando las palabras sino ponerlas en práctica, La Fraternidad no acepta un alumno en este estado. El Decimotercer Eón no lo soporta y no deja que esta situación dure, por dos razones. Es por lo que el orden del Decimotercer Eón prescribe intervenir, preferentemente en el mismo instante en que aparece la tendencia a la desviación. Las dos razones son las siguientes:

  • · En primer lugar, el interés del estado de la forja, y sobre todo
  • · En segundo lugar, el interés del candidato mismo.

Quien permanece positivo en el proceso seguido con la fuerza gnóstica, es definitivamente protegido, fortificado y dinamizado por la triple fuerza, Pero quien solo alaba y glorifica esta luz en todos los tonos, sin servirla efectivamente y sin sacar las consecuencias, va por delante de una «caída profunda, una caída susceptible de convertirse en una catástrofe. La Pistis Sophia da a continuación la descripción de semejante desastre. Hablaremos de ello en el capítulo siguiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

34   EL CONFLICTO MAGNÉTICO

 

Una fuerza astral intercósmica hace moverse y mantiene a toda la naturaleza de la muerte, así como al hombre dialéctico. El universo dialéctico se explica enteramente por esta fuerza.

Si se quiere que haya salvación transfiguración verdadera, positiva, demostrable; si se quiere que la manifestación de salvación crística no sea ni permanezca como un cuento de hadas, entonces está claro que el primerísimo pequeño paso sobre el camino de la renovación debe comenzar y efectuarse gracias a otra fuerza astral. Para que haya renovación es absolutamente necesaria una fuerza especial.

En el Nuevo Testamento esta fuerza es llamada «el Espíritu Santo». Nosotros le hemos demostrado que el Espíritu Santo estaba presente y actuaba de manera triple en la Escuela Espiritual actual. Lo que numerosas sectas creen enseñar sobre la base de nociones. confusas, lo que numerosas iglesias pretenden poseer y que algunas imitan de manera dialéctica, es decir, esta gracia del Espíritu Santo que muchos buscan en este mundo con ardor y pasión, aparecen y se manifiestan en la Escuela Espiritual desde abajo hacia arriba. Una vez más, los carpinteros libre-constructores, han edificado y, aderezado a golpes de martillo un arca, una barca celeste. Los tres poderes de semejante construcción son los siguientes:

  • · La manifestación de la salvación;
  • · La manifestación de un campo de fuerza; y
  • · La manifestación de una renovación mágica.

Estas tres manifestaciones abren una quíntuple vía, el camino de la Quíntuple Gnosis Universal.

La manifestación de la salvación no consiste en textos exteriores, en un libro o en palabras. No, la manifestación de la salvación es para el hombre que, abatido por la naturaleza de la muerte, se pone a buscar. Entonces es tocado por una nueva radiación astral que hace madurar una comprensión particular, una comprensión totalmente diferente. Los antiguos Rosacruces llamaban este primer toque: «Ser inflamado por el Espíritu de Dios».

Quien ha experimentado este toque hasta en su sangre, se abre a continuación a la manifestación del campo de fuerza, el cual le posibilita para seguir la vía a la que le conducen el deseo de salvación y la rendición del yo, el camino de «la aniquilación en Jesús el Señor”

Es evidente que al mismo tiempo tiene lugar un cambio de comportamiento, de orientación, de concepción, así pues, una reforma total de la vida. Quien da testimonio de este proceso participa al instante en la tercera manifestación gnóstica de la renovación. el proceso del “renacimiento por el Espíritu Santo».

Se trata aquí de una corriente de tres ondas poderosas de orden electromagnético que no depende: de la naturaleza de la muerte. Se trata de un Decimotercer Eón, de una Escuela de los Misterios, cuando un grupo de hombres es tocado por estos tres rayos en la naturaleza de la muerte y reaccionan a ello de manera inteligente y metódica. Semejante grupo navega como una barca, una unidad, sobre estas tres ondas nuevas en dirección a la meta liberadora. Se puede imaginar que muchas de estas barcas han tomado el mar desde hace mucho tiempo y han llegado ya cerca de la meta, Pero todas estas naves, todas estas barcas celestes forman una única cadena, una unidad superior viva. Todas están unidas a un orden único, se dirigen hacia una meta única y obedecen interiormente a una ley única. Tal es el glorioso misterio del Decimotercer Eón.

Ahora bien, he aquí que un alumno, una Pistis Sophia se ha confiado a la triple corriente de la manifestación gnóstica. Le hemos encontrado a la entrada, detrás del velo. La unión ha sido pues establecida y el peregrino ha subido a bordo. Como los demás, este alumno es orientado hacia la meta del viaje y en calidad de miembro de la tripulación tiene empeño en comportase como tal y de cooperar en el trabajo. La Pistis Sophia participante en el Decimotercer Eón debe mantener la mirada vuelta hacia la meta única para percibir el velo del Tesoro de la Luz.

Pero un accidente se produce. La Pistis Sophia deja de realizar el misterio del Decimotercer Eón, al dedicarse solamente a cantar las alabanzas de la Luz, sin actuar concretamente. Ella ambiciona otra cosa y utiliza el Decimotercer Eón para sus propios fines. Por este hecho mismo, intenta desviar al barco de su curso.

Usted comprenderá, que esta desviación está totalmente excluida. Se sucede una ruptura. La unidad con los tres rayos primarios es rota y la Pistis Sophia es dejada sola, sin nadie cerca de ella. Ella está ahí llena de tristeza y de aflicción. Porque no ha sido admitida en su dominio superior.

Es necesario comprenderlo bien. Fundamentalmente, el nuevo campo de vida es su domino superior. A usted le es posible viajar con la Escuela de los Misterios, la barca del Decimotercer Eón, el nuevo campo de vida, a condición de que acepte la orientación y se acomode a su manera de trabajar y a sus valores.

Si usted no quiere, es su problema, nadie le obliga a ello. Sin embargo sería muy irrazonable por su parte el obligar y forzar a sus cotripulantes a cambiar de rumbo y a salir de la triple corriente gnóstica. Una vez más, en virtud de su ser interior, el nuevo campo de vida es fundamentalmente su dominio superior, como también el nuestro. De todas formas si quiere alcanzarlo, es necesario que vaya a la misma velocidad, en la misma dirección y  en una perfecta coordinación de todas las posibilidades dadas a este efecto. Desgraciadamente, algunos rehúsan estas condiciones y nosotros sólo podemos considerarlos como absolutamente desprovistos de inteligencia.

Este es el caso de la Pistis Sophia. Habiendo cesado de obedecer al único trabajo, ella es abandonada. No hay otra posibilidad.

Está escrito: Ella estaba sentada, llena de tristeza y aflicción. Comprenda la naturaleza de semejante aflicción: proviene por el hecho de que su aspiración negativa es bloqueada, que la ejecución de estos objetivos, constituyendo un grandísimo peligro para la Escuela de los Misterios, es contrarrestada. Porque entienda bien que, desde el punto de vista gnóstico, no se puede tener ninguna consideración para este género de aflicción y que no existe ninguna ayuda posible en este caso. Pero, ¿Es lógico que la Gnosis permanezca dura como la piedra frente a este dolor?, ¿Cuánto sufrimiento no ha soportado ya por el hecho de que sus motivos egocéntricos no conducían a nada? ¿Nunca le ha socorrido la Fraternidad en el curso de sus nefastas empresas?

¿Qué es el sufrimiento? El sufrimiento es un estado del alma, una vibración de su sangre y de sus nervios, una reacción a la decepción. En una situación tal, la actividad hormonal mantiene el sufrimiento, y se le perpetúa. abandonándose mentalmente completamente a la decepción, entreteniéndose con ello y luchando contra las supuestas causas.

Estaríamos contentos si comprendieran que, en semejante situación, la Escuela Espiritual está obligada a ser muy estricta, incluso aunque haya muchas razones para tener compasión. La soledad a la que es arrojada la Pistis Sophia es pues perfectamente explicable. Para ella, es la única posibilidad de ser ayudada. Porque en un momento dado surge en ella otra aflicción.

Usted sabe que Authades es el triple principio mágico de la. voluntad del alma mortal. Es él la causa de la catástrofe que la Pistis Sophia ha atraído sobre sí misma.

Una semilla tiene tres elementos, tres fuerzas, tres aspectos. Hay en ella un principiovital, un objetivo vital así como una fuerza vital sometida y adaptada al objetivo. Piense en un grano de trigo. Hay en él un principio vital, pero también un objetivo que es la germinación de una planta, el crecimiento de una espiga de trigo y la producción de granos conformes a su especie. El destino del grano de trigo nunca es modificable; ninguna otra plantacrecerá nunca de un grano de trigo. La fuerza vital, el poder dinámico presente en el grano sirve al objetivo que debe alcanzar.

Y bien, la vida que aparece responde a la manifestación de estos tres elementos. El alma mortal tiene un principio vital, una meta y una fuerza vital. Al principio le llamamos la conciencia con todo lo que forma parte de ella; la meta se manifiesta por el deseo y todo lo que forma parte de él; la fuerza vital se manifiesta por la voluntad y todo lo que forma parte de ella.

Y lo mismo que el grano de trigo está sometido a una ley, también el alma mortal: ella nunca puede llegar a ser inmortal. Está claro, pues, que la voluntad del hombre es un aspecto poderoso, creador y revelador. Lo que vive en la conciencia y lo que nutre el deseo es realizado por la voluntad. Puesto que el ser humano, por esencia, está unido a los eones de la naturaleza de la muerte, naturaleza de la que procede completamente, es evidente que cuando la Pistis Sophia entra en el Decimotercer Eón, la Escuela de los Misterios, surge una dificultad fundamental, una dificultad que cada alumno experimenta, el gran combate con Authades, la lucha contra su propia voluntad.

Su voluntad es de la misma composición que la de la naturaleza de la muerte. Si usted abandona su voluntad a la Gnosis, a su triple radiación manifestada en la Escuela Espiritual -que tendría, pues, en otro triángulo- un gran conflicto se desencadena con las leyes magnéticas de la naturaleza de la muerte.

A la manera de los biólogos que intentan trasformar, tas características de las semillas de ciertas plantas, sabiendo que en caso de éxito tendrían la posibilidad de dirigir la vida a su capricho, así procede la escuela Espiritual: de hecho, también es un laboratorio de biológica transfigurística.

Sin embargo, usted comprende a que tiende la biología transfigurística. Hay dos semillas, dos átomos en el microcosmo: el átomo del alma mortal, vivificado continuamente; y el átomo original, la rosa. La Escuela Espiritual se esfuerza por volver negativo el átomo del alma mortal y positivo el átomo del alma inmortal,

Este trabajo sólo tiene éxito si el alma mortal se confía a las tres corrientes del Espíritu Santo -lo que la pone en condiciones totalmente antinaturales-. El átomo del alma mortal pasa por el proceso de la endura, el átomo inmortal surge entonces y todo el ser se transfigura. Tal es la alquimia de la Escuela Espiritual.

Si quiere participar en ello, es necesario que acepte obligatoriamente el conflicto con Authades, la triple voluntad mágica de la naturaleza de la muerte. Esta voluntad debe morir, como lo muestra claramente el prólogo del Evangelio de Juan: la voluntad de la carne, la voluntad del hombre, la voluntad del alma mortal, pensante, debe morir.

Cuando ella cantaba las alabanzas del dominio de lo Alto, fue aborrecida por los arcontes que se encontraban en los doce eones que están por debajo porque no tomaba parte más en su misterio, deseaba ir a los Alto y quería colocarse por encima de todos ellos.

El conflicto magnético comienza; en principio, en tanto que situación exterior al alma, pero muy rápidamente el conflicto se interioriza: Se irritaron contra ella y la odiaron.

Compréndalo bien: el alumno entra forzosamente en la Escuela Espiritual con su voluntad personal. Si el conflicto se desarrolla en el alma, la situación puede volverse muy fácilmente contra la Escuela. Y como el alma en conflicto quiere primero seguir el camino de la menor resistencia, trata de descargar sobre la Escuela tensiones de la voluntad impía, siempre dialéctica, en razón de las leyes biológicas naturales.

Por este hecho, Authades se une a los eones de la naturaleza de la muerte. El conflicto llega al paroxismo. La voluntad se irrita contra el impulso gnóstico igual que en la Pistis Sophia. La voluntad se subleva contra la Escuela de los Misterios y ella misma crea la gran fuerza con cabeza de león.

Y cuando el alma, irrevocablemente empujada al conflicto, se pone manifiestamente a actuar por la fuerza con cabeza de león, la Escuela Espiritual desconfía doblemente. Porque esta fuerza va a empujar al alma sublevada a motivar, a idealizar su oposición, a darle un sentido religioso elevado y altamente moral. Entonces oímos reflexiones de este género: «La Escuela corre a su perdición; la verdad está a mi lado». ¿No ha visto nunca esta máscara de muerte, este manto de justicia en el que uno se envuelve tan de buena gana?

La Pistis Sophia debe sufrir y vivir hasta el fin esta situación con todas sus consecuencias. Y los Guardianes de las puertas no la dejarán entrar en tanto que no haya salido de sus pérfidas ilusiones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

35   LA FUERZA CON CABEZA DE LEÓN

 

Cuando alguien entra en la Escuela Espiritual en calidad de alumno, nada en él ha cambiado todavía. Que sea un buscador lleno de aspiración es sin duda importante, pero tal estado manifiesta únicamente la angustia de un hijo de los hombres que busca una solución. Así pues, se entra en la Escuela espiritual en razón de un estado de ser totalmente dialéctico.

Ya que, desde que entra, usted es confrontado a su campo de radiación, que está en oposición a lo que usted es; y las tres triples fuerzas en usted, el mental, el deseo y la voluntad, son atacadas inmediatamente.

Usted sabe que su voluntad es el poder mágico por excelencia. La voluntad es un fuego; la voluntad es la fuerza y el bastión de la conciencia-yo; la voluntad es el gran sacerdote que vela por la conservación del yo; la voluntad es la fuerza combatiente del yo. Es Authades, que quiere cambiar la aspiración de su alma, desviarla de la meta que la Escuela Espiritual le revela y arrastrarla en su propia dirección.

He aquí por qué el conflicto se manifiesta pronto. Dos fuerzas opuestas irreconciliables se encuentran cara a cara. Ya que todo hombre cuya voluntad es contrarrestada, o incapaz de alcanzar sus objetivos, se hunde completamente. Pero este abatimiento no es más que una protesta egocéntrica; y allí donde domino el yo, es imposible transmitir al alma ciertos valores y posibilidades liberadoras.

No obstante, quien ha sido tocado por la luz y ha reconocido la verdad, queda marcado, Se convierte en un solitario, un desesperado porque descubre que vive en una «no man’s land” (tierra de nadie). No se encuentra como en casa en este mundo, aunque su propia voluntad quiera retenerte en él, Si usted ha buscado verdaderamente la Escuela Espiritual interiormente, esta búsqueda ¿No era debida a una desesperación vital, por el hecho de que, no se encontraba mas en el mundo dialéctico? Esta situación en si testimoniaba ya que estaba en conflicto con el campo de radiación magnético de la naturaleza ordinaria.

Una situación completamente nueva aparece entonces: del lado del campo de fuerza magnético de la Escuela, hay neutralización; del lado de la naturaleza, hay hostilidad. En este caso, no se puede hacer otra cosa que volverse hacia la Luz, con toda humildad, con sumisión y plena comprensión; no se puede hacer más que pedir ayuda suplicando, como la Pistis Sophia que se pone a cantar sus cantos de arrepentimiento llevada por su profunda desesperación.

En la mayoría de los casos no ocurre así. El ser humano, sobre todo si está dotado de una gran voluntad, corre a su perdición bajo la miserable presión de su voluntad. Su voluntad le arrastra, dicho de otra manera le gobierna. Los impulsos de la voluntad le poseen. La voluntad, tras la cual braman todas las pasiones del yo, es también muy orgullosa; y, sobre todo, es extremadamente mágica y creadora.

La Pistis Sophia, devuelta del Decimotercer Eón, se sienta muy afligida. Ante ella: la soledad corno un abismo abierto. Tras ella: la hostilidad. Y ahora, he aquí que aparece Authades, furioso. Está encolerizado contra ella porque ha querido elevarse por encima de él hacia una luz superior. Entonces crea por sí mismo la gran fuerza con cabeza de león, dicho de otro modo: la fuerza de la imitación.

Esta fuerza mágica le da el poder de imitar todo lo que debe servir para su liberación, todo lo que es espiritual. La Pistis Sophia va pues a crear alrededor de sí una imitación del campo del espíritu con la ayuda de falsas imágenes. Estos fantasmas de la imitación, vivificados por la magia de la voluntad, toman cuerpo y eligen su domicilio en los dominios inferiores, las regiones del caos para tenderle trampas y despojarle de su fuerza. El alma, empujada por el yo, intenta así restablecer el equilibrio y consolarse siguiendo los impulsos quiméricos de su voluntad.

Si usted se encuentra en esta situación imposible, si no quiere seguir el camino, pero sufre sin embargo por el deseo de hacerlo, aunque deje de realizar sus misterios, es como la Pistis Sophia precipitada en la realidad, dura como la piedra. Se trata aquí de la aplicación de la ley de necesidad primaria que ha suscitado la Pistis Sophia misma.

Más adelante leemos:

Por orden del Primer Mandamiento, el gran triple Authades, uno de los tres triples poderes, persiguió a la Pistis Sophia en el Decimotercer Eón para incitarla a mirar «los dominios inferiores con el fin de que viera allí su fuerza-luz -que tiene una cabeza de león- la deseara y volviera a este dominio para ser despojada de su luz.

En la situación en que se encontraba la Pistis Sophia, ¿Había aún algo que robarle? ¿A qué fuerza-luz se hace aquí alusión?

Quien ha entrado en contacto con la gnosis y sobre quien ha brillado la luz del sol del Espíritu, guarda algo de ello. Lleva una marca en su sangre y en su ser, incluso aunque haya sido rechazado. Y justamente esta fuerza, este estado que consiste en ser extranjero en la naturaleza, suscita la hostilidad de los eones. De ello resulta, o bien una reconciliación con la gnosis según la ley de la Quíntuple Gnosis Universal, o bien una reconciliación con la naturaleza de la muerte, en cuyo caso la última parcela de luz gnóstica se disipa y la sangre es cauterizada.

El vacío, la soledad donde el Decimotercer Eón ha devuelto a la Pistis Sophia, en realidad, tiende a hacerle comprender que la entrega de sí es la única llave del camino de la liberación. Authades, sus fuerzas y sus esbirros le envían ahora una falsa luz para que se abandone a ella en su orgullo herido. Cualquiera que es el juguete de tos impulsos de la voluntad pierde sus poderes de discernimiento y de análisis de sí. La Pistis Sophia se convierte en la víctima de la fuerza con cabeza de león.

Alrededor de nosotros, en el mundo, vernos cómo numerosos buscadores llegan a ser víctimas de esta fuerza, porque se manifiesta en múltiples creaciones, creaciones organizadas y conservadas por aquellos mismos que un día fracasaron ante las puertas de Decimotercer Eón.

Antes de seguir la Pistis Sophia, hasta el punto más bajo de su marcha, sobre esta pista falsa, leamos primero las extraordinarias palabras del capítulo 31. La Pistis Sophia mira hacia abajo, seducida por su voluntad instintiva; allí ve la falsa fuerza-luz que ella toma por la luz de la gnosis que percibió al principio en el Decimotercer Eón,.

Está escrito:

Ella pensó para sí: quiero descender a este dominio, sin el que me está unido y tomaré esta luz.

¿Quién es «el que le está unido»? Este compañero es la rosa del corazón que, de día en díay de hora en hora, derrama su perfume sobre usted. La Gnosis le habla por intermediación de esta rosa y así le acompaña en todos sus caminos.

Usted tiene un compañero en este vacío, incluso tras el «¡alto!» que le ha lanzado el Decimotercer Eón. En su soledad y su caída, el compañero está ahí, por encima de usted que mira hacia abajo, dispuesto a ayudarle a cada instante. La Pistis Sophia conoce a este compañero; ella le conoce y conoce a Authades. Tiene que elegir entre los dos, y escoge la caída, sin su compañero.

En efecto, hay dominios a los que éste no os acompaña, límites que no puede franquear. El capullo de rosa y todos sus pétalos se cierran entonces y se hace un gran silencio.

Cuando, aquel que ha bebido en la copa del Grial, como la Pistis Sophia, sigue el camino aquí esbozado, deja muy conscientemente a su compañero. Nuestra esperanza y nuestro ruego son que semejante abandono no sea deliberado por su parte.

El Evangelio gnóstico de la Pistis Sophia ha sido dado, para que todos los buscadores puedan instruirse. El camino que sigue la Pistis Sophia, es el de un paso científico, lógico desde el punto de vista de esta naturaleza. Pero usted no tiene necesidad de verificar esta ley natural lógica. A cada instante le es posible volverse hacia la verdadera luz y ser admitido en ella si cumple las condiciones requeridas.

Desgraciadamente hay que constatar, que el camino esbozado en Pistis Sophia corresponde tan perfectamente a la realidad ordinaria, que se podría creer que este antiguo escrito data de hoy.

Las personas que se aproximan a la Escuela de la Rosacruz de Oro, están llenas de ambición y de deseo real y todo sería una maravilla si la Escuela quisiera adaptarse a sus tendencias egocéntricas. Pero ¡son ellas las que deben adaptarse a la santa ley y cumplirla! Si este no es el caso, estalla el conflicto y como consecuencia se envuelven en velos de falsa luz. Así son despojadas de la verdadera luz, que aún poseen, y su compañero es reducido a no ser más que un principio. Ellas son destrozadas por los impulsos de su propia voluntad y de su egocentrismo arrogante.

Así pues si su situación presenta alguna semejanza con la de la Pistis Sophia en su caída, reconózcalo y arroje su orgullo. Arroje el vestido de la falsa luz y entre con toda humildad y sumisión en los Dominios sagrados del Espíritu Santo. Entonces resonarán cantos de victoria, risas llenas de alegría y de reconocimiento para todos aquellos que se han vencido a sí mismos.

 

 

36   JALDABAOTH: FUEGO Y TINIEBLAS

 

En el capítulo 31 de Pistis Sophia, leemos:

Cuando miró hacia abajo y percibió su fuerza-luz en los dominios inferiores, no sabía que era la fuerza-luz del triple Authades, ella creía que provenía de la luz que había contemplado en lo Alto, al comienzo, que provenía del velo del Tesoro de la Luz. Y pensó para sí. «Quiero descender a este dominio, sin el que me está unido, y tomaré esta luz para formar un eón de luz para mí, así estaré capacitada para dirigirme hacia la Luz de las Luces que se encuentra en lo más alto de las alturas «.

Mientras ella reflexionaba así, salió de su dominio, el Decimotercer Eón, y descendió al Duodécimo Eón. Todos los arcontes de los eones, furiosos contra ella, la persiguieron porque acariciaba la idea de una gran gloria.

Sin embargo ella dejó también los doce eones y llegó a las regiones del Caos y se aproximó a la fuerza-luz con cabeza de león para absorberla, pero todas las emanaciones materiales de Authades la cercaron. La gran fuerza-luz con cabeza de león engulló toda la fuerza-luz de Sophia, la desposeyó de su luz que devoró. Su materia fue arrojada al Caos. Allí se encontraba un arconte con cabeza de león el cual era la mitad de fuego y la otra mitad de tinieblas, a saber, Jaldabaoth, del que a menudo os he hablado.

Después de que esto hubo pasado, Sophia estaba muy debilitada y la fuerza-luz con cabeza de león volvió a despojarla de toda su fuerza-luz. Al mismo tiempo, todas las fuerzas materiales de Authades la cercaron y la lanzaron a grandes dificultades.

Este capítulo refleja su vida completamente o en parte, por consiguiente te da la posibilidad de ver más claramente el estado de su conciencia y de purificarla. Aquí la Pistis, la fuerza astral y la Sophia, el sistema intelectual, pertenecen por completo al mundo dialéctico. Para que la Pistis Sophia entre en el Decimotercer Eón es necesario, que la fuerza estelar de la Gnosis se sustituya tanto en la Pistis como en la Sophia, lo que equivaldría a la aparición de una nueva Pistis, tras lo cual se revelaría la Sophia, una inteligencia completamente nueva: el entendimiento. La Pistis verdadera es la fuerza de las estrellas, la pura fuerza estelar divina del origen. Hay que hacer una clara distinción entre esta fuerza estelar, esta fuerza astral, y la fuerza astral del universo dialéctico. EI fuego astral divino es doble: espiritual y material. La fuerza astral del universo es caótica y material. En el universo de la muerte todo es edificado a partir de la materia, todo se manifiesta por medio de la sustancia primordial desencadenada de manera caótica.

El universo material es reducible en las más pequeñas imaginables partículas, y entonces hablamos de sustancia original. El universo es cambiado por el caos y como vemos a las fuerzas de la sustancia original moverse continuamente, cambiar perpetuamente, separarse y juntarse, por consiguiente hacer nacer y desaparecer formas, se puede decir que el caos es el origen mismo de la naturaleza dialéctica de la muerte.

La naturaleza dialéctica se explica por las propiedades de la materia original: en particular los dos polos opuestos del bien y del mal, de la luz y de las tinieblas. Lo que esta materia engendra no puede ser por tanto divino jamás, y nunca lo será. Todo lo que proviene de ella está además siempre limitado por el espacio y el tiempo. El universo dialéctico es, por lo tanto, un universo espacio-temporal donde todo sube y vuelve a descender, donde todo se cambia siempre en su contrario.

La muerte es un principio universal del mundo del espacio-tiempo. Quien entra en este universo, entra en la muerte. En este universo hay fuerzas que llamaremos para comenzar los doce eones.

Estas doce fuerzas se manifiestan primero de manera triple, después de manera cuádruple: tres veces cuatro y cuatro veces tres. Aquí se vuelve a encontrar el principio del número siete; en consecuencia se puede decir que las fuerzas que se manifiestan en el espacio-tiempo forman una fuerza séptuple. La sabiduría gnóstica llama Jaldabaoth a esta fuerza séptuple, el principio director de la fuerza astral inferior, literalmente el hijo dé las tinieblas, el hijo del caos.

Las siete cavidades cerebrales del santuario de la cabeza representan un candelabro de siete brazos. En estas siete cavidades encontramos ese fuego astral llameante de la gran fuerza séptuple del universo dialéctico. El principio central del candelabro de siete brazos, el principio director en el hombre es pues Jaldabaoth, la mitad del cual es fuego y la otra tinieblas; dicho de otra manera, se trata del principio mágico dinámico que acosa a la humanidad a través de la oscuridad.

Jaldabaoth está en el centro mismo del principio del hombre, es su yo. Y este yo es un reflejo de Antropos, el yo original. Antropos provenía del Primer Logos, Jaldabaoth proviene del Segundo Logos.

Los seres del Segundo Logos -la humanidad actual- figuraciones del Antropos del origen, deben realizar el camino de cruz de las rosas para conducir a todo el sistema al origen, al Primer Logos; despertar Antropos en Jaldabaoth con el fin de que escape a la caída.

El hombre posee un intelecto y una fuerza astral procedentes del candelabro de siete brazos, alimentados por él y cuyo principio central es Jaldabaoth. Por tanto, el hombre no es la Pistis Sophia del origen, sino una Jaldabaoth-Sophia. Su comprensión y su inteligencia proceden de la naturaleza de la muerte que las nutre, Jaldabaoth.

Ser una verdadera Pistis Sophia es tener una comprensión, una inteligencia iluminada por la sabiduría divina, por el logos del origen. Tal cambio sólo tiene lugar después de la renovación de una, o varias luces del candelabro de siete brazos. El principio central Jaldabaoth debe dejar sitio a un principio central nuevo.

Un alumno es, por tanto, una Pistis Sophia en quien ha comenzado el santo trabajo de salvación, y la Pistis recibe entonces la tarea de llevar al alma hacia el Antropos original. Con este fin, la Pistis Sophia, tocada por la intermediación de la rosa, llegó hasta el Decimotercer Eón y podía pasar tras el velo del Gran Misterio.

¡Pero Authades, su voluntad terrestre, también la ha acompañado al         Decimotercer Eón! Es inevitable: ella no posee aún la nueva voluntad. En consecuencia debe quedarse sola, permanecer en soledad para que la antigua voluntad, la voluntad instintiva inferior se calme.

Tal proceso puede durar mucho tiempo, porque la voluntad es una gran fuerza mágica. Con la imaginación, la voluntad crea todo, hace todo como por encanto. La Pistis Sophia, el ser que ha visto la nueva luz, que ha comido el pan de la vida nueva y que ha bebido en la copa del Grial intenta a pesar de todo figurarse la vida nueva por medio de la antigua voluntad. Esta clase de persona juega al alumno “que ha llegado»; no es una persona hipócrita, sino prisionera de la ilusión. Porque Jaldabaoth desempeña sin cesar su papel en el juego de la vida, utilizando varios aspectos del candelabro de siete brazos.

El Decimotercer Eón tiene alejado de la Pistis Sophia lo que ella quiere agarrar con su antigua voluntad. Authades, en su dominio, va a imitar para ella lo que ella no puede aún alcanzar. Así ocurre que, cesando de levantar los ojos hacia el Decimotercer Eón, mira hacia abajo, al dominio de Authades. Ella no es más que la Sophia; ha perdido la Pistis. Por el razonamiento ordinario puramente intelectual, completamente extranjero a la Pistis, es arrastrada por Authades y ve en su dominio mucha fuerza-luz. Entonces, en su ilusión, se dice: «No tengo necesidad del Decimotercer Eón y de su campo de fuerza. Lo que se me priva de manera ilegítima me es dado. Se me ha tratado injustamente, no se ha visto mi elevación”, sin darse cuenta del juego que hace Authades.

Ella creía que ella (la fuerza-luz de Authades) provenía de la luz que había contemplado en lo Alto al comienzo, que provenía del velo del tesoro, de la Luz.

Así pues, desciende al dominio de la ilusión y deja el Decimotercer Eón abandonando a su compañera, la rosa del corazón. Ella desea apoderarse de la luz que le es ofrecida tan libremente:

«Tomaré esta luz para formarme con ella un eón de luz, y entraré en el nuevo campo de vida sobre mi propio carro de triunfo»,

Esta Sophia no quiere retornar al mundo, está orientada a la gnosis y quiere ser liberada, sin embargo, no quiere renunciar a su antigua voluntad. Su rendición del yo no es más que una cultura de su personalidad y así es rodeada por las luces de Authades.

Por tanto, sale del campo de la gracia y desciende a la perdición en tanto que Sophia. Se vuelve a encontrar en el campo de vida ordinario, que le es hostil evidentemente y no se encuentra allí en su casa en absoluto.

De todas formas continúa descendiendo hacia las fuerzas del caos y Authades le hace señas hasta el momento psicológico en que ella deja y abandona completamente el campo de gracia de la gnosis. Es reducida entonces a su miserable yo: la Sophia dialéctica.

En este momento las criaturas materiales de Jaldabaoth la rodean. Porque la voluntad mágica terrestre es capaz de crear seres de la misma naturaleza que Jaldabaoth, y éstos devoran por entero la fuerza-luz liberadora de la Pistis-Sophia. Toda la luz que el candelabro de siete brazos arrojaba sobre la fuerza de renovación se extingue. La materialidad de la Pistis Sophia se vuelve a encontrar en el caos. No le queda más que Jaldabaoth, el hijo de las tinieblas, la fuerza astral inferior, el hijo del caos. Antropos se aleja de ella más que nunca y se vuelve muy débil.

Sin embargo tiene ahora una certeza: la Pistis ha desaparecido, ¡pero también su ilusión! Por primera vez ha aprendido bien a conocer a su propio Authades. Ha llegado a ser menos que nada y como Job, está sentada sobre escombros y desposeída de todo. En cambio, la comprensión comienza a brillar en ella como una puerta que se abre.

Y por esta puerta ve, en la lejanía, el velo del Decimotercer Eón, ve su caída, su salto mortal; entonces comienza una fase nueva en su historia, fase que empieza con su bien conocido canto de arrepentimiento: La Pistis Sophia exclamaba: Oh Luz de las luces […]

Este arrepentirse, este giro fundado en la comprensión, hace inmediatamente de Sophia una Pistis Sophia y el compañero que le está unido acude ahora hacia ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

37   LOS TRECE ARREPENTIMIENTOS

 

Usted sabe que hay siete sistemas de fuerzas estelares, de los que el de la naturaleza ordinaria constituye el séptimo aspecto. Este último, el sistema de fuerza estelar dialéctico, forma y mantiene la personalidad humana. Su sistema intelectual, su Sophia lo mismo que su voluntad concuerdan totalmente con él. El fluido nervioso, el fuego de la serpiente, el fluido hormonal y la sangre dependen completamente de él.

Cada célula del cuerpo posee el principio de la fuerza estelar de la naturaleza ordinaria. Esta fuerza estelar afluye en el hombre bajo la forma de doce corrientes. En la Pistis Sophia son denominadas los doce eones y comprenden múltiples subdivisiones llamadas arcontes. Estas doce corrientes penetran el santuario de la cabeza, por el sistema magnético del cerebro y allí son recibidas por siete focos, el candelabro de siete brazos. La fuerza principal del candelabro es Jaldabaoth. El candelabro de siete brazos es el núcleo de la conciencia, el yo, la inteligencia. De este centro salen, en el santuario de la cabeza, doce pares de nervios que gobiernan y dirigen todo el sistema sobre el orden del principio de la inteligencia, Jaldabaoth.

El hombre se vuelve hacia una Escuela Espiritual si ya no puede soportar este mundo. Su deseo se inclina hacia el fin de la existencia humana que ignora. En este caso, capta en su corazón algo de las radiaciones de la Gnosis. Estos influjos penetran por intermediación de la rosa del corazón, se fijan en la sangre e impulsan suavemente en la dirección de una Escuela Espiritual, donde lo que ve y experimenta corresponde a las sugestiones que circulan en su sangre. Concibe un gran reconocimiento por ello y alaba a la Luz.

Sin embargo, todavía es el mismo de antes, a excepción de su unión con la escuela espiritual. Como hemos dicho en el capítulo precedente, la Pistis, la fuerza astral y la Sophia, el sistema intelectual, pertenecen todavía por completo al mundo dialéctico. Para que esta nueva unión tenga como resultado el éxito, la fuerza estelar del la Gnosis debería sustituir tanto a la Pistis como a la Sophia, lo que equivaldría a la aparición de una nueva Pistis. Después de lo cual se revelaría la Sophia, una inteligencia totalmente nueva.

Brillaría un nuevo candelabro y los doce pares de canales nerviosos producirían un nuevo fluidonervioso; una quíntuple fuerza de alma totalmente nueva afluiría y el gran cambio, la transfiguración sólo sería cuestión de tiempo.

Se esperaría que cualquiera que entrase en una escuela espiritual se sometiera a este necesario proceso de renacimiento, pero la antigua naturaleza es fuerte y se rebela. Es por lo que el principiante comienzo a menudo por salir al encuentro de muchos sufrimientos y desgracias. Trata primero de valerse y utilizar la Sophia ordinaria. Se sirve de Authades para conseguir sus fines, para asimilar la enseñanza, para hacer el trabajo y reaccionar.

Estar en unión con la Gnosis no es tan fácil. La consecuencia es un rechazo: La Gnosis abandona a la Pistis Sophia, La Sophia dialéctica ha comprendido bien, sin embargo, que una fuerza-luz nueva se ha derramado sobre ella, pero ahora que está sola, intentaimitar esta fuerza-luz, imaginar lo que hay en el Decimotercer Eón. Y el poder mágico de la voluntad proyecta esta imitación alrededor de ella.

El hombre no solamente conoce a la Gnosis, no cree solamente en la Gnosis, es también un artista. El mimo crea lo que desea y hay mucha luz alrededor de él; sin embargo, no comprende que es la falsa luz de Authades. Se exalta como un artista, como un mago; es un verdadero aprendiz de brujo y laluz se arremolina a su alrededor: presume de haber alcanzado la transfiguración.

Al haber la Pistis Sophia vuelto ahora sus ojos hacia abajo y ya no hacia lo alto, de nuevo, no conoce el camino. La Rosa del corazón se ha vuelto a cerrar. Pues para el ser humano la ausencia de este compañero es un verdadero desastre, el desastre de volverse a encontrar prisionero de lo que él mismo ha creado. Este aprisionamiento durará tanto tiempo que no comprenderá que se ha equivocado. Sólo adquirirá esta comprensión cuando acabe por descubrir que sólo tiene disgustos. Este descubrimiento constituye una nueva experiencia pero, ¡le encuentra más lejos que nunca de la Casa del Padre!

Todos debemos pasar por amargas experiencias, según nos revela el evangelio gnóstico de la Pistis Sophia. Todo buscador, bien esté al principio, en el medio o, al final de tal experiencia, se sabe lejos de la, Casa del Padre y siente un gran arrepentimiento. En otros términos, tiene una visión penetrante, absoluta y verdadera de lo que ha pasado realmente, comprensión que le lleva a actuar de manera nueva y liberadora. Sobre la base de la Sophia dialéctica, esta obra de recreación es imposible: es necesario establecer una nueva base tras la purificación, después del influjo ineluctable de Authades, después del influjo de la ilusión.

Entre la primera y la segunda entrada decisiva en la luz del Decimotercer Eón, se desarrolla un prodigioso proceso. Es un proceso de preparación susceptible de ser extremadamente dramático, que puede ocurrir en una escuela espiritual o fuera; sin embargo el arrepentimiento es siempre la llave de esta segunda entrada.

El arrepentimiento es el sentimiento por una acción pasada. Arrepentirse es actuar, poner en acción su sufrimiento, hacer algo con él. Tal es el significado profundo del arrepentimiento. Arrepentirse es actuar a partir de un estado de la sangre, pero no es un esfuerzo egocéntrico. Arrepentirse es el penoso descubrimiento de un hecho irrevocable. El sufrimiento puede paralizar si pone los cinco fluidos del alma en un estado determinado. La persona se encuentra frente a un acto ineluctable que se impone a ella pero del que no comprende la causa. La estricta verdad, la verdad desnuda se presenta ante ella, penetra en ella, y debe actuar en función de esta verdad, ceñirse a esta verdad: esto es el arrepentimiento, estar en la desolación.

El arrepentimiento es el retorno hacia la Gnosis del ser en lo más profundo de sí; es tener la certeza del conocimiento de sí inscrita en la sangre. Sobre la base de tal arrepentimiento se desarrolla un proceso en trece fases que describe la Pistis Sophia de manera, detallada.

Porque la Pistis Sophia comienza ahora sus trece cantos de arrepentimiento. Canta seis sin éxito, al menos, esto le parece a su conciencia. Después del séptimo, experimenta algún consuelo interior. Está escrito que es transportada a un dominio más vasto. El octavo canto no aporta gran cambio pero después del noveno su ruego es escuchado. La gnosis responde a su arrepentimiento enviándole a Jesús, aunque sea en el dominio dialéctico. Esta nueva unión está aún lejos de poder resistir a los ataques de los arcontes de la naturaleza.

Sin embargo el treceavo canto de arrepentimiento es seguido de la elevación de la Pistis Sophia al Decimotercer Eón: es la celebración de la segunda entrada. Una corona de luz ciñe su cabeza. Su tiempo se ha cumplido. Los trece arrepentimientos han transmutado completamente el sistema magnético del cerebro, el candelabro de siete brazos y los doce pares de corrientes nerviosas.

Por primera vez la fuerza estelar de la Gnosis penetra directamente en el santuario de la cabeza del alumno; en adelante, es verdaderamente nacido de Dios y convertido en una Pistis verdadera, que llena toda su inteligencia, así pues, aparece la nueva Sophia.

El camino de la Rosacruz que recorre el alumno es el mismo que el de la Pistis Sophia. Pueda este camino hacerle ver prontamente «el cumplimiento de su tiempo» gracias al proceso de los trece arrepentimientos.

 

38   PRIMER ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA HUMANIDAD

 

En nuestros comentarios precedentes hemos seguido con usted el camino de la Pistis Sophia hasta el momento en que comienza sus trece cantos de arrepentimiento. Hemos visto que admitida en el Decimotercer Eón sale de él por haber conservado su egocentrismo e intentado conquistar un lugar con la ayuda de la fuerza astral estelar de la naturaleza de la muerte, fuerza que mantiene su vida en esta naturaleza.

Hemos esclarecido varios aspectos de su caída dramática. En un momento dado, mientras que el sufrimiento que ella ha desencadenado inflige a su alma profundas heridas, descubre las causas de ello, se da cuenta de su estado y concibe por ello un ardiente arrepentimiento.

Usted sabe que el arrepentimiento en el sentido gnóstico es una emoción interior del alma que comprende cinco aspectos. El arrepentimiento es así un giro del alma, acompañada de un profundo conocimiento de sí. A partir de este conocimiento de sí hasta en lo más profundo del alma, se desarrolla un proceso de trece fases descritas aquí en detalle.

Descubrimos que el conocimiento de sí debe ser total y surgir de la experiencia, experiencia que la personalidad, en un estado muy determinado, acaba por adquirir para que, en la psiquis, los trece cantos de arrepentimiento estén fundados en profundidad y verdad. No se trata aquí de trece plegarias del género; «¡Oh Señor, ven en mi ayuda, he caído en un callejón sin salida!» El candidato sondea su amargura y su dolor con todo conocimiento de sí mismo.

Sobre esta base, constata su impotencia y que todo resulta de un comportamiento erróneo respecto a la realidad, tanto en sus causas como en sus consecuencias ineluctables. Humilde y desnudo, se vuelve totalmente a la gnosis, ante la cual se presenta; y es en este estado de ser cuando se desarrolla el proceso en trece fases.

En la Pistis Sophia, este proceso del giro total con todo conocimiento de sí es considerado primero desde el punto de vista psicológico. Allí está explicado de qué manera llega el alumno psicológicamente a la solución y vuelve a la vida liberadora en el Decimotercer Eón; a continuación, se describe la experiencia, desde el punto de vista estructural y transfigurístico, a través del renacimiento del alma.

Sigamos el mismo método y comencemos por considerar el primer canto de arrepentimiento, el Canto de la Humanidad. Se pone en paralelo con el salmo 69, el cual lleva en exergo que es cantado[2], es decir, «en el foco de la Fraternidad violeta”, así pues, en un templo donde afluye el séptimo rayo.

En este primer canto, el candidato se da cuenta de que es víctima de una crisis y está cerca de hundirse completamente. A continuación constata que su estado actual no le ofrece ninguna perspectiva, no tiene esperanzas; en resumen, que es insostenible. Ha hecho toda clase de esfuerzos en el plano horizontal para elevarse por encima de su estado caído, pero todos han resultado vanos.

Una fatiga mortal le ha invadido. Experimenta, que está rodeado de una aversión sin medida de la que no logra encontrar las causas. Y sus agresores, que personifica, le atacan para robarle sus valores. Ahora bien, él no conoce estos valores, incluso no sabe que los tiene, pero lo deduce por el hecho de los ataques que sufre. El odio tiene que tener una razón de ser, lo mismo que toda agresividad. En este caso, si uno se encuentra al pie del muro, si ya ha perdido todo, si se está a punto de hundirse en plena ciénaga, uno se hace la pregunta: «Pero, ¿por qué?»

La idea de estar abandonado a locuras colosales y de ser verdaderamente culpable se apodera del candidato en respuesta a esta pregunta. Y ahora se esperaría que, de manera negativa, pidiera ayuda tras haber llegado al conocimiento de sí, con el deseo ciego de su propia conservación. ¡Pero nada de eso! Su preocupación y su angustia se dirigen primero a los demás, a los que le han tomado como ejemplo. Haber entrado en el Decimotercer Eón pero haber sido a continuación arrojada a un cenagal sin fondo, tentada y asaltada por los arcontes, ¡No es una imagen verdaderamente alentadora la que da la Pistis Sophia! Es muy comprensible que en vista de ello algunos se abstengan de continuar el camino.

Vergüenza y miedo para los demás. Pero la vergüenza y el miedo son peligrosos en razón de su efecto negativo; paralizan todas las actividades. Por estas razones el candidato va a hacer un examen más profundo: «No hay esperanza para mí, lo he estropeado todo, soy un ejemplo que hace estremecerse», piensa. «Porque he reaccionado de manera errónea a la radiación del Decimotercer Eón, he caído, pero esta caída y todas sus consecuencias tienen un sentido. Me he metido en una vía fatal a causa del camino, a causa de la Gnosis. La vergüenza que experimento y que muestro es la consecuencia de mi alumnado. Así pues, mis próximas reflexiones deben inclinarse, sobre la comprensión de mi aislamiento. Todos mis hermanos me han dejado. Estoy totalmente abandonado.» En efecto, quien quiere conservar su yo en el camino se hunde en esta soledad total.

¿Qué conclusión sacar? La de que, desde el punto de vista de la Gnosis, el camino de las experiencias deben llevar a la muerte del yo; además, -¡oh milagro!-, de que los agresores de la naturaleza inferior, en su furor ciego, trabajan en la misma tarea que la gnosis, considerándolo bien. El último resto de instinto de conservación es pues atacado desde dos lados: del lado de la Gnosis por la negación; del lado de la naturaleza de la muerte, por un furor ciego.

El alma-yo así aislada, retenida, atacada, comienza por caer en una profunda aflicción, perfectamente justificada desde el punto de vista psicológico: no tiene ninguna razón para regocijarse. El candidato habla de su tristeza, da testimonio de ella, la canta, él actúa en consecuencia. Es como un hombre pesimista, sufriente y melancólico. Es objeto de escándalo, sospechoso de haber acumulado pesadas faltas. Así pues, el aislamiento del yo se acrecienta, y ya no puede consolarse complaciéndose en su tristeza.

Entonces, en la nada de esta soledad del yo, tras el descubrimiento de que la supuesta penitencia que representa la tristeza no es a fin de cuentas más que una delectación del yo y una manera de conservarlo, el candidato se pone a invocar a la Gnosis de manera totalmente nueva. No hace valer sus derechos. No pide nada concerniente a su situación o ciertos valores, llama a la gracia gnóstica para la salvación de los microcosmos caídos.

Se confiesa a sí mismo: «He caído completamente en un lodazal sin fondo; soy víctima de los que me odian, prisionero de la materia de la naturaleza de la muerte». Y porque sabe que es un portador de imagen y llamado a realizar una misión, reclama ayuda con el fin de ser salvado de esta vía fatal.

Se vuelve ahora hacia el Amor divino universal y suplica. «¡Mírame Señor, no me escondas tu rostro, porque estoy angustiado!». El yo da esta grito de muerte: «¡Tengo miedo!»

Lanzado este grito, se establece el silencio, él silencio de la resignación, el silencio de la aceptación en el sentido de las palabras: «Que se haga tu voluntad y no la mía». La vida a continuación ya no es más que una única plegaria para la salvación gracias al silencio del alma.

El alma, sin embargo, se ocupa todavía de sí misma. Es con su vergüenza, su oprobio y su infamia como se presenta alternativamente ante la Gnosis y se confiesa a ella. Ha llegado a ser mortalmente débil. Espera piedad, consolación, que tardan en venir y se queja de la multitud de amargas pruebas sufridas.

Pero mientras que sufre así, comienza a olvidarse: «¿Qué es su propio sufrimiento comparado a las fuerzas inconmensurables de la naturaleza dialéctica que perturban a la humanidad?»

Así pues, el alma comienza a colocarse frente a la naturaleza de la muerte de siete maneras, ya no compadeciéndose, sufriendo y dejándose ensombrecer y atacar, sino combatiendo. Entra en el atrio de una iglesia militante y toma sobre sus hombros, como todos las demás, la gran obra de la Fraternidad en la tierra.

Así descubre, dándose totalmente al servicio de los demás, no solamente que se olvida de sí misma, sino que está llena de reconocimiento. Ella irradia incluso la alegría por el hecho de actuar, de que es útil a pesar de su caída.

Aquél que se da cuenta de todo esto, que comprende que en esta nada y justamente a causa de ella, puede hacer algo al servicio de Dios y de la humanidad, recibe un nuevo impulso que le hace perseverar. Entonces el corazón es purificado por una aspiración auténtica.

Por la autofrancmasonería el alma se encuentra de nuevo en el proceso. Descubre que es un elemento de la manifestación universal y, por primera vez, comienza a entrever verdaderamente el camino. Ella ve perfectamente cómo, a partir de lo bajo, del yo vacío y reducido a nada, el camino conduce subiendo hacia la liberación.

Por último, una certeza inquebrantable, así pues una alegría y un canto de alabanza llenan este alma, arrojada tantas veces a los tormentos y tan profundamente probada; «¡Volvemos a la Patria! ¡Nosotros y las demás almas! ¡Recibimos nuestra herencia!

Así termina el primer canto de arrepentimiento de la Pistis Sophia.

 

 

 

 

 

39    SEGUNDO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA CONCIENCIA

 

Así hemos constatado que los trece arrepentimientos que la Pistis Sophia dirige al Decimotercer Eón se relacionan con las trece iniciaciones del alma, con los trece cambios del estado del alma ordinaria, antes de que el portador de imagen sea capaz de emprender el gran trabajo de la recreación.

A pesar de su ardiente aspiración y su consagración a la gran meta, no está por ello menos impropio fundamentalmente para comenzar el profundo cambio porque su conciencia está por completo funcionalmente acorde con la vida dialéctica.

Su alma debe pues volverse apta para poder, no solamente reaccionar a otras radiaciones magnéticas, sino también neutralizar simultáneamente las radiaciones dialécticas, volverse insensible a ellas, protegerse orgánicamente de ellas. Este proceso preparatorio comporta trece fases, sean los aspectos dramáticos o afortunados. Antes de llegar a una elevación sublime, el alma debe abrirse una vía muy profunda. Ningún candidato puede dispensarse una de estas trece fases. Todas las pruebas de las que se trata en la vida de la Pistis Sophia son otros tantos aspectos de la vida de cada candidato en el camino de la Transfiguración.

El proceso es, brevemente, el siguiente: por una razón seria, una persona se siente atraída hacia la Rosacruz. Tiene interiormente un deseo real de recorrer el camino. La unión con la Rosacruz la pone un día en relación con el campo magnético del Lectorium Rosicrucianum; su alma va a deber adaptarse entonces a este nuevo campo magnético, por tanto, a deshacerse de lo que es de la antigua naturaleza desde el punto de vista funcional, orgánico y electromagnético.

Según su estado de ser ordinario, no es apta para emprender el gran trabajo. Así pues es dejada a sí misma con la misión de realizar la tarea preparatoria. Durante toda su vida, el ser humano se deja llevar por su conciencia, su voluntad y su razón dialécticas, por el fluido astral de la naturaleza de la muerte. El nuevo campo magnético ataca el estado de ser fundamental de Authades, su antiguo guía, que se subleva por tanto y se opone a los cambios por venir. Dos campos electromagnéticos se entrechocan violentamente, el nuevo no encuentra aún acceso y permanece inactivo; el antiguo, bajo tensión, redobla sus esfuerzos.

La voluntad extremadamente mágica de la antigua naturaleza intenta ofrecer al candidato lo que él desea: el contacto y la realización gnósticos. Es así como atraviesa la prueba de la ilusión y sufre las consecuencias de ello. Debe descubrir que todas las construcciones que Authades edifica ante él son otros tantos castillos de naipes pronto derrumbados. Cuando alguien quiere algo a toda costa y construye quimeras con toda la magia de su voluntad, será presa de una profunda decepción, sí, todo se convierte un día en humo. Es así como el candidato experimentará que la fuerza de su voluntad es impotente frente a la Gnosis.

Una fuerte reacción psicológica le sacude entonces.

La sola comprensión filosófica no es suficiente, es necesario que haya conocimiento interior suficiente, para que el proceso pueda proseguirse realmente. La desilusión abate completamente al candidato, decepcionado por la impotencia de su voluntad. Comprende su error y porque es serio en sus esfuerzos, pasa al único y justo comportamiento: se arrepiente. No endurece su corazón y no tiene sentimientos de orgullo que reprimir. Descubre simplemente que no tiene el menor poder, el menor talento para seguir el camino, aunque tenga un inmenso deseo.

Es un penoso descubrimiento, sobre todo para las fuertes personalidades que triunfan siempre en la vida ordinaria, por su voluntad, su dinamismo o su sentido de la táctica. Es doloroso para este género de hombres tener que decirse: «¡Y bien, he aquí que no soy otra cosa que un pobre diablo incapaz! ¡Todo lo que poseo es un auténtico deseo de la vida nueva!»

Este estado es, no obstante, la base psicológica de los trece arrepentimientos. Tal hombre se arrepiente, no de haber hecho algo mal, porque no podía hacer otra cosa, sino de su incapacidad fundamental. Comprende su situación plenamente. Así pues no se arrepiente de una falta, experimenta el pesar del descubrimiento de sí mismo.

Sin embargo, este pesar corre el riesgo de ser muy negativo. Puede cristalizarse por él, la cabeza curvada, los ojos bajos; ¡creía tomar el cielo por asalto y es arrojado a tierra!

Pero después de este periodo negativo, la aspiración y el deseo retoman preponderancia; él va a ponerse entonces a invocar a la Luz de manera totalmente diferente y canta su primer arrepentimiento, un arrepentimiento que comprende treinta y seis versículos. Entona el canto de la Humanidad

Expone en el primero su propio estado, su opresión, su profunda caída. Describe a los enemigos que le asaltan y le rodean por todos lados. Tiene vergüenza del ejemplo que da. Relata su impotencia y su aislamiento. Se apiada enormemente de su propia suerte y de sus consecuencias. Pero como en este primer arrepentimiento entona el Canto de la Humanidad, mira a su alrededor apiadándose de sí mismo y, por primera vez ve al mundo entero, ve el sufrimiento inconmensurable de los humanos, ve a todo el mundo encogerse bajo el dolor y cómo todos, sumergidos en la ignorancia se precipitan hacia su perdición. Y descubre que tiene un punto de ventaja sobre esta humanidad: él conoce su propia condición; tiene conciencia profundamente de su impotencia; se ha entregado a su «voluntad de poder», según la conocida expresión, ¡Y ha recolectado sus frutos!

Mientras que todos los demás yerran en su decadencia, él ha conseguido psicológicamente una parada. Ahora sabe que puede hacer algo por los demás. Es pues en la alegría como se termina su primer arrepentimiento. La experiencia y la fe hacen comprender a los hombres que todo tiene un sentido profundo. Es por lo que: «Que todos alaben al Señor porque la Gnosis les liberara”. Así se termina el Canto de la Humanidad, el primer arrepentimiento.

Usted comprenderá qué notable cambio se ha operado en el candidato. Nunca más, en cualquier circunstancia que sea, se impondrá a los demás. Ponerse por delante le ha convertido en extranjero. Se conoce a sí mismo demasiado bien así como sus posibilidades, y se ha abierto al sufrimiento del mundo.

Es en esta disposición como comienza su segundo arrepentimiento. Este canto comprende trece versículos. Es el Canto de la Conciencia, que Pedro explica como María había explicado el Canto de la Humanidad. En el Canto de la Conciencia, el candidato pasa por los estados siguientes:

  1. Su conciencia da testimonio de una inquebrantable confianza      en Dios.
  2. Su conciencia constata que existe una justicia gnóstica      a la que él puede llegar.
  3. Su conciencia sabe que existe una fuerza gnóstica capaz      de tocarle en su estado de esta naturaleza que puede vivir, trabajar y      actuar en la naturaleza de la muerte por esta fuerza. La conciencia      experimenta esta fuerza, tiene la certeza de ella.
  4. Su conciencia sabe que esta fuerza le liberará de la      naturaleza de la muerte.
  5. El candidato hace el magnífico descubrimiento de que      este prodigioso poder estaba ya, efectivamente, en él desde su infancia,      pero totalmente reprimido por el estado de naturaleza.
  6. Sí, antes incluso de su nacimiento, el elemento      liberador estaba presente en él. ¿No estaba ya existencialmente unido al      principio central de su microcosmo, la rosa del corazón?
  7. ¡He aquí por qué, rosa del corazón, tú eres mi refugio!
  8. ¡Qué mi boca esté llena de tu alabanza! ¡Pueda llegar a      ser cada vez más consciente de tu esplendor!
  9. Además se hace oír la humilde plegaria: yo sé que,      aunque portador de imagen, soy un ser finito, una criatura mortal en la      que la vitalidad disminuye y que podré servirte cada vez menos. No me      rechaces cuando mi actividad se debilite.
  10. Soy claramente consciente de deber utilizar cada      segundo, porque todas las fuerzas del mundo dialéctico, a consecuencia de      su naturaleza y de mi nacimiento, no cesan de retenerme, de deliberar      sobre la manera de reforzar mis cadenas.
  11. Quién no tiene a Dios, quién nolo posee, ¡No lo conoce! Es a partir de semejante ignorancia      como se juzga y se interpela siempre a quien posee a la Gnosis; es la      razón por la que los ignorantes repiten continuamente: «Él es como      nosotros, un hombre de carne y sangre. Come, bebe y duerme como nosotros.      Actúa de otra manera, eso es todo. Habla de una vida nueva. Da testimonio de      una Gnosis que no poseemos ni conocemos. El tampoco conoce a Dios. Este      Dios no existe, este estado es una quimera. Y aunque esta Gnosis exista,      ¡Ha abandonado manifiestamente a su servidor! ¡Persíguelo pues, apodérate      de él! Porque no hay salvación y él mismo es un hacedor de      problemas».
  12. Y el Canto de la Conciencia se termina con un supremo      deseo. «Oh Gnosis, gracia maravillosa, ¡No te alejes de mí!
  13. ¡Qué ellos se avergüencen! ¡Sálvame por el amor de tu      nombre!»

Esto no es un grito de angustia, como en el primer arrepentimiento, sino el testimonio de una esperanza viva. Este Canto de la Conciencia, revela que el candidato que lo entona, ha puesto seguro interiormente en la Gnosis, la totalidad de su dodécuple sistema nervioso, la fuente de donde brota la conciencia.

Qué todos puedan pronto cantar con reconocimiento este segundo arrepentimiento, el Canto de la Conciencia, el canto de la abertura espiritual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

40   TERCER ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA HUMILDAD

 

Hemos llamado al primer arrepentimiento de la Pistis Sophia el Canto de la Humanidad, y al segundo el Canto de la Conciencia.

En el canto de la Humanidad, la Pistis Sophia, el ser que busca, comprende el estado real de toda la humanidad dialéctica. Percibe las dichas y desdichas del mundo y de la humanidad. Al principio ella se ve a sí misma todavía en el centro y siente vergüenza de su comportamiento, pero el amor a los hombres y la salvación del mundo triunfan; al implorar ayuda para la humanidad sufriente, ella recibe personalmente una tarea al servicio de los hombres en el olvido de sí misma. Por último, experimenta reconocimiento y manifiesta su alegría por poder servir, a pesar de su propia miseria.

Desde entonces, el alma comienza su peregrinaje y da  su primer paso en el camino. Este primer paso significa estar al servicio de los demás en olvido de sí y mantener los ojos abiertos sobre las desgracias del mundo y de la humanidad.

El segundo arrepentimiento, el Canto de la Conciencia, se asocia totalmente con esta primera fase porque se trata del Canto de la abertura espiritual, un impulso que estremece al alma interiormente con el fin de que entre en el jardín de las rosas.

La Pistis Sophia hace ahora el maravilloso descubrimiento de que durante toda su vida, sí, incluso antes de su nacimiento, poseía en ella, en su microcosmo, la rosa del corazón.

Por eso quiere dar testimonio de ello cada día y llevar la cruz a las rosas en un servicio total. Sin embargo, al lado se encuentra otra realidad: el hecho de servir entraña grandes peligros, unidos a las limitaciones y a la fragilidad de la dialéctica, a la corta duración de la vida y a una serie ininterrumpida de oposiciones y de ataques para intentar por todos los medios enfrentarse de manera hostil a la Gnosis,

Es por lo que la Pistis Sophia expresa esta única y principal plegaria: «Oh Gnosis, gracia maravillosa, no te alejes de mí. Que los que me amenazan lo sean para su vergüenza. ¡Sálvame por el amor de tu nombre!»

La conciencia que da el conocimiento de sí hace vibrar al candidato y es así como coloca el séptuple candelabro de su conciencia en el campo gnóstico de la gracia; hay olvido de sí, rendición a la rosa del corazón, servicio y, al mismo tiempo, presentimiento justificado de que los adversarios impedirán realizar la tarea aceptada. Así pues, aparece un gran sentimiento de impotencia.

Se podría creer que el punto más bajo del peregrinaje es alcanzado, pero nada de eso. El Proceso de purificación del alma apenas se ha puesto en marcha todavía.

Es así como la Pistis Sophia canta su tercer arrepentimiento, el arrepentimiento de la Humildad. La humildad tiene relación con una cierta sabiduría, o sea, con un cierto estado del sistema nervioso cerebroespinal: el mental y sus órganos,

Un hombre humilde es igualmente bonachón e indulgente. El segundo arrepentimiento representa la abertura de la conciencia, a continuación de lo cuál el centro positivo de la conciencia sufre la influencia de la Gnosis. Como este centro es siempre dependiente del sistema nervioso cerebroespinal, puede ser controlado por entero por el mental y la voluntad.

El primer signo de tal abertura es siempre la humildad. Para comprender este estado, examinemos la actividad del sistema magnético cerebral por el que los doce eones de esta naturaleza ordinaria tienen al hombre bajo su control. Es en este sistema magnético del cerebro donde encontramos los principales órganos del sistema nervioso cerebroespinal, sede de la voluntad y de la inteligencia. Es precisamente allí donde Authades tiene su trono.

Con el resto de sus órganos psíquicos, el candidato puede llegar a ser gnósticamente sensible y experimentar un interés marcado por una escuela espiritual donde esta fuerza de atracción le hará incluso entrar. Es importante, pero si a pesar de esto, la abertura de la conciencia no tiene lugar, el candidato se encuentra en un estado doloroso de división interior.

Sirve a dos amos: Dios y Mammón, no por hipocresía, lo que no considera el Sermón de la Montaña, sino porque la parte más grande y más importante de la conciencia es totalmente dependiente de la naturaleza dialéctica que la controla.

Es por lo que, tras su unión con la Gnosis por la rosa del corazón y, por tanto, por el sistema magnético del corazón, el candidato debe comenzar por obligarse a sí mismo a seguir el camino y no puede hacer otra cosa que incitar al yo a mantener este proceso. Pero, sin embargo, para no caer en la cultura de la personalidad, debe entonar su canto de la Humanidad de tal manera que llegue a olvidar totalmente su propio estado, su propio sufrimiento, poniéndose al servicio de los hombres. Únicamente así, olvidará su propio dolor.

El campo de fuerza de una Escuela Espiritual gnóstica dirige totalmente al candidato hacia sí mismo; él debe considerar y experimentar su propio desarrollo como un fuego devorador. El primer remedio a este estado consiste en servir en perfecta ofrenda de sí.

Quien es capaz de ello y se olvida totalmente llega a la abertura de la conciencia. Por primera vez, la radiación gnóstica penetra directamente el sistema magnético del cerebro y ataca el sistema nervioso cerebroespinal. Por primera vez el fuego gnóstico toca el polo positivo del sistema nervioso; la abertura de la conciencia tiene lugar, la gnosis conquista los centros más escondidos del mental y de la voluntad. Por primera vez el candidato ve de manera totalmente nueva su propio estado interior y todo lo que con él se relaciona: la luz gnóstica que ha penetrado su sistema nervioso cerebroespinal le ha vuelto capaz de ello. Solamente entonces puede entonar su segundo arrepentimiento.

Se esperaría que ahora llegara la aurora después de esta noche oscura. Pero, ¿qué ocurre? Su conciencia nocturna ha experimentado ya la realidad de la naturaleza de la muerte y, a la luz de este nuevo día, su conciencia diurna ve en lo sucesivo el desorden y la ruina provocados por los tormentos de la vida. ¡Semejante experiencia no predispone en absoluto a la serenidad!

El intelecto es confrontado por primera vez a la realidad más intensa y más incisiva, que se presenta al candidato como una verdad desnuda, cruel e ineluctable. Es así como comienza el tercer arrepentimiento. Toda la facultad de percepción sensorial es transformada por el toque gnóstico.

Se comprenderá que el candidato sea asaltado por una psicosis de angustia al contemplar esta verdad, como si percibiera el guardián del umbral, la justicia vengadora o una de las gorgonas. Se podría imaginar que sólo pensara en huir, reacción perfectamente negativa por otra parte, que le incapacitaría para cantar el tercer arrepentimiento.

Pero la Pistis Sophia canta este Tercer arrepentimiento y lo hace con valor, un valor fundado en la sabiduría: la humildad, El hombre humilde, confrontado a esta suprema realidad, permanece sin temor. Al contrario, con humildad, sin presunción, sin orgullo, renunciando al instinto de conservación y a la pasión de vivir, él se vuelve hacia la luz gnóstica que le ha revelado a sí mismo.

Tal hombre no es solamente humilde sino también indulgente y clemente. Posee una paciencia ilimitada, no difama a nadie con críticas mordaces. Es un servidor, una servidora, que sirve por amor misericordioso; y así pues canta el tercer arrepentimiento, el Canto de la Humildad, el cual comporta cinco estrofas:

  • · Primeramente, el candidato es penetrado por un ruego vibrante: ser librado de la amarga realidad.
  • · En segundo lugar, descubre las causas y las razones de la hostilidad para con Dios.
  • · En tercer lugar, toma conciencia de la necesidad de neutralizar el mal que emana de los eones.
  • · En cuarto lugar, su plegaria sube hacia el cielo por todos los que sufren y buscan la liberación.
  • · En quinto lugar, confiesa su propio estado: soy pobre e indigente; date prisa hacia mí. Solamente tú eres mi ayuda y mi liberador.

Así, sobre el fundamento de una realidad no observada nunca antes, el humilde confiesa su confianza en Dios. Él ve la realidad en todo su horror, pero ante todo tiene el valor de progresar.

Esperamos que esta dura prueba se presente pronto; con el fin de que la humildad llegue a formar parte de usted.

 

 

 

 

 

 

 

 

41   CUARTO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DEL ROMPIMIENTO

 

Ha llegado el momento en que la Pistis Sophia va a expresar su cuarto arrepentimiento. Hemos oído primero, el Canto de la Humanidad, en segundo lugar, el Canto de la Conciencia y en tercer lugar, el Canto de la Humildad. Ahora escuchamos el Canto del Rompimiento.

Es duro para un candidato escuchar este canto, pero es una necesidad en el camino. Se trata de la división del alma por el hecho de que dos voces hablan en su conciencia. Dos fuerzas están entonces presentes: la Gnosis y esta naturaleza. Es un estado psicológico que todo alumno serio conoce bien.

El candidato va a recorrer el camino, se apresta a servir a la humanidad y lo demuestra por la ofrenda de sí mismo, lo que le hace olvidar completamente sus propios disgustos y su propia persona. Pero si este maravilloso servicio le hace olvidar enteramente sus propias dificultades, ellas no subsisten menos y su presencia prueba que los eones de esta naturaleza dominan aún su alma y que por el momento es Authades quien todavía le gobierna. Todos los alumnos conocen por esta razón periodos de depresión.

Sin embargo, la Gnosis no cesa de hablar al alma y, de vez en cuando, le hace conocer su poder. Así, al principio del camino, vemos también al alma de Cristián Rosacruz partida entre la esperanza, y el temor. Él avanza, con el alma a menudo deprimida, como sobre una carretera bordeada de altas montañas que le ofrece de vez en cuando algunas perspectivas.

Llena de humildad, el alma persevera. Si el candidato tiene necesidad de humildad, es que su estado psíquico no está aún en equilibrio. Hay mucho progreso, pero que su alma deba evolucionar valerosamente en medio de las tinieblas muestra que Authades ejerce todavía en ella un gran poder. De ahí esos altos y bajos, esa alternancia de optimismo y de pesimismo, esa sucesión de humores contradictorios que resultan, no de influencias negativas variadas sino del conocimiento de sí y de la experiencia.

Si el alma quiere llegar al nacimiento de la luz, a la perfecta realización gnóstica y hacerse «una» plenamente con la radiación crística, es necesario que su estado natural y todos sus comportamientos conocidos y desconocidos, sean inexorablemente rotos. Y bien, es este estado de rompimiento, este abismo donde el alma se hunde, el que nos describe el cuarto canto de arrepentimiento. El alma debe ser conducida hasta la nada total según esta naturaleza; y ella debe dar pruebas de este no-ser, no teóricamente, sino clara y concretamente, como nos lo describe este evangelio gnóstico.

El alma debe perderlo todo para ganarlo todo. Lo importante para el candidato es saber sobre qué poner el acento: qué está dispuesto a abandonar y qué desea ganar.

En tos tres primeros cantos, el alma es aún presa de la división: dos fuerzas opuestas la hacen actuar. Ahora la Pistis Sophia intenta dejar a la Gnosis que tome la delantera, y es siempre su orientación en el camino lo que asegura la victoria. Esta victoria le hace superar totalmente su obstinación y sus crispaciones; sin embargo, su estado está aún lejos de ser ideal.

Que sea conseguida una victoria está muy bien, pero que haya algo que vencer en sí mismo, ¡Esto dice mucho! Semejante victoria es siempre el signo de la división del alma. Es por ello, que podemos decir aquí que los que ríen más fuerte e intentan así olvidar sus dificultades son los más probados y se defienden desesperadamente con el arma de la risa. Para acabar absolutamente con esta alternancia de éxitos y derrumbamientos, es necesario que la fuerza del alma natural sea totalmente rota. Es necesario que el alma de esta naturaleza llegue al no-ser total y ello con toda evidencia.

En el cuarto arrepentimiento, la Pistis Sophia demuestra que ha hecho el profundo descubrimiento de sí misma. Constata, en efecto, que quien no hace más que luchar contra sí mismo, en la división, no obtiene más que una apariencia de victoria. Ella tiene el poder de olvidarse sirviendo a la humanidad que ama, y la Gnosis ha logrado penetrar en ella. Este comportamiento es, no obstante, la ganancia de los tres primeros arrepentimientos. Ella es de una perfecta humildad, dicho de otro modo, persevera en la ausencia de egocentrismo.

Constata que quien lucha ha perdido de antemano, que no es así como se alcanza la vía liberadora. Usted conoce las palabras. «Quien toma la espada, perecerá por la espada”. Aquel, que trata de hacer retroceder a las profundidades del alma las fuerzas que le causan estragos y, a primera vista, obtiene éxito, acabará por descubrir que todo lo que ha reprimido, levanta un día la cabeza. Lo que ha sido largo tiempo rechazado adquiere cada vez más fuerza y resurge con un poder aparentemente invencible; y cuanto más ardiente es la lucha interior contra lo irresistible, más fuerte es su empuje. En el fondo, toda esta lucha contra sí mismo parece vana.

En su alma, el alumno en el camino lucha contra el estado de naturaleza, y esta lucha le debilita porque utiliza medios dialécticos. La lucha es, en efecto, un método dialéctico. Por la lucha, el alumno intenta renegar de su nacimiento natural, o sea, de la realidad de esta naturaleza.

Esto se puede soportar un tiempo, pero hay un límite. Todas las leyes naturales demuestran que esta naturaleza toma cada día sus derechos Lo que parecía válido en los tres primeros arrepentimientos y triunfaba al principio, se revela ahora inútil, porque la naturaleza tan largo tiempo combatida retoma sus derechos. Y con la humildad que muestra ahora la Pistis Sophia, va a reconocer la realidad, la verdad, la veracidad de las palabras de Cristo: «Quién toma la espada, perecerá por la espada». En un momento dado abandona la arena y no se opone ya a los derechos de la naturaleza.

Hay que comprender bien esta situación psicológica. No es ciertamente con alegría y entusiasmo como la Pistis Sophia acoge la naturaleza y acepta someterse a ella; esto no es posible. Al buscar la sabiduría divina y la elevación, su alma se divide. Dos almas actúan en el centro psíquico, una que vive de la radiación divina fundamental, y la otra del campo magnético dialéctico.

El alma que vive de la radiación fundamental cesa de luchar contra su compañera de esta naturaleza, pero no deja de existir menos por ello. Habiendo descubierto que su lucha contra el alma de esta naturaleza la refuerza cada vez más, abandona conscientemente la lucha y cuando se la golpea sobre una mejilla, presenta también la otra. Así pues, entra psicológicamente, con toda conciencia, en la fase de la impotencia esencial. Es así como se eleva voluntariamente por encima de las oposiciones y triunfa sin combatir.

Lo mismo ocurre entre los hombres cuando una de ellos quiere luchar contra otro. Si este último se sustrae a ello, entonces su fortaleza psicológica no puede nunca ser tomada. Las armas caen y la oposición cesa entre ellos. Sólo subsisten por las dos partes valores psicológicos inatacables. Mientras el alma ponga en práctica el comportamiento del Sermón de la Montaña, es inatacable. Cuando lucha, pierde, porque actúa según la naturaleza dialéctica.

¿Cómo debe el alma elevarse por encima del estado natural ydespertarse en la Luz de las Luces? ¿Cómo puede desaparecer el estado dialéctico sin lucha? ¿No va a ser perjudicada la rosa del corazón? ¿Perturbados y profanados los fluidos del alma?¿Debe el alma aceptar pasar por todas estas pruebas?

El gran secreto reside en la desaparición de las oposiciones. La naturaleza echa la culpa al alma porque lucha contra la naturaleza. Si el candidato, espontáneamente y, sobre todo, sin ostentación aplica el «no-hacer» y toma mentalmente sus distancias, neutraliza la oposición entre la naturaleza y el alma llena de aspiración. Pronto se instauran la calma yla paz, y el candidato en el camino es inatacable. Si no se deja arrastrar por la lucha, si elimina conscientemente las oposiciones, entonces se libera al instante de la naturaleza dialéctica que siempre es movida por las oposiciones.

Entonces ya sólo le queda rechazar las ilusiones. En el ardiente combate entre estos dos valores del alma, el candidato se ha forjado numerosos valores ilusorios y, al principio, acaricia sus ilusiones como un niño que da vida a sus muñecos, que su fantasía anima hablándoles. Y lo mismo que, más tarde, el niño abandona sus fantasías y las reemplaza por la realidad, el candidato debe dejarlas atrás. Tiene que romper las oposiciones y los valores ilusorios y entonar el Canto del Rompimiento en alta e inteligible voz. Quien no comprende este camino y permanece en los antiguos métodos caducos, ve sus días desvanecerse en humo y desecarse sus huesos. Va gimiendo de disgusto en disgusto, y el toque gnóstico en esta naturaleza es diferido sin cesar.

Sin embargo, quien sabe desempeñar en él, de la manera descrita, la realidad del verdadero aprendizaje, reconoce que es como un prisionero que, habiendo acabado por neutralizar las fuerzas contrarias, se encuentra ante la ventana de su prisión, desde donde su alma exhala por fin un nuevo y auténtico suspiro hacia la Luz de las luces.

Esperamos que comprenda el Canto del Rompimiento, y que llegue a cantarlo porque entonces estará perfectamente maduro para tomar parte en el nuevo campo magnético, el nuevo campo de vida en su Fuerza Séptuple. Queremos decir con ello que la radiación fundamental formada y mantenida en el alma por el alumno en usted, se dividirá en una Séptuple Fuerza regeneradora y transfigurística.

La lucha es inherente a la naturaleza dialéctica. En el campo dialéctico usted oirá hablar más o menos de “guerras y rumores de guerra”. El candidato en usted, el elemento «alma» debe liberarse de toda lucha, tanto exterior como interior. Si el alumno vence el empuje de las oposiciones, el elemento «alma” crecerá en él y en él surgirá, por el calor del Fuego y del Espíritu Santo, una Fuerza Séptuple, lo que acarreará inmensas consecuencias.

 

 

 

 

42   QUINTO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA RESIGNACIÓN

 

El cuarto arrepentimiento, el Canto del Rompimiento trataba del cese de toda lucha y oposición interiores.

En la Pistis Sophia, este arrepentimiento es puesto en relación con el Salmo 102, que traduce claramente la atmósfera de este canto. La estricta y directa renuncia a toda lucha es capital; y quizás le lleve tiempo al alumno antes de poder cantar este arrepentimiento en el curso de este proceso. Sin embargo, es la única solución para escapar verdaderamente a la conciencia-yo y adquirir la conciencia del alma.

Cuando el alumno en nosotros -es decir, un cierto estado del alma, una vibración del alma- combate contra el estado de alma dialéctico, siempre es vencido. Haciendo esto participa en la gran lucha dialéctica en la continua alternancia de los contrarios. Es así como se refuerza la conciencia-yo ordinaria, porque ella sólo crece y sólo vive por la lucha; desde el momento en que el alma en crecimiento se deja arrastrar a la lucha, el alumno está vencido.

Si quiere realizar el camino de la Gnosis, es necesario que el nuevo principio vital en crecimiento entre en la paz absoluta, a pesar de su calidad de extranjero en país enemigo. Si mantiene este estado de paz, ningún mal le sobrevendrá.

Cuando la Pistis Sophia canta su cuarto arrepentimiento, se podría pensar que su elevación a la luz se sucedería inmediatamente. ¡Pero este no es el caso en absoluto! Jesús dice a este respecto: El primer Misterio no me había aún ordenado que la librara del Caos.

¿Por qué? Pues bien, porque ante todo debe predominar la realidad, -los actos, los hechos, lo que se posee interiormente. El estado que se deriva del Canto del Rompimiento debe demostrarse antes de que siga el quinto canto.

A éste quinto canto le llamaríamos con mucho gusto el Canto de la Resignación. Es indispensable que, psicológicamente, el alumno discierna bien este periodo del quinto arrepentimiento, porque toda clase de situaciones imprevistas van aún a presentarse.

La ayuda de las radiaciones de luz gnóstica que quieren tocar al alumno, llenarle y dinamizarle, está continuamente cerca de él, así como el apoyo de una Fraternidad compasiva que sólo desea explicarle el camino, lo mismo que la Escuela que le introducirá en un campo magnético donde podrá vivir y crecer.

Sin embargo, le es posible imitar el canto del Rompimiento con su conciencia-yo, parodiar al hombre roto en el sentido gnóstico.

Esto no quiere decir que mienta, sino que un yo lleno de deseo y de aspiración, en busca de reposo y equilibrio, utiliza toda clase de tácticas. Cuando el alumno comprende que el desarrollo del proceso exige el cese de toda lucha, el yo, contra su propia naturaleza, ejerce la no-lucha y la ofrenda del yo en una especie de parodia. La no-violencia se convierte entonces en una forma de lucha ordinaria, forma de lucha llevada muy lejos por algunos. El yo se adorna con la bandera blanca del reino de la paz e imita el aprendizaje. En este teatro que es la vida, se desarrollan innumerables escenas que ponen en juego el arte dramático. El yo es capaz de imitar, por ejemplo, al hombre inteligente que reflexiona, o al hombre consciente de sí mismo que trata de crearse una realidad y de vivirla cultivando su comportamiento. Pero esto no conduce a nada.

Cuando se canta el Canto del Rompimiento, uno se debe dar cuenta si es realmente vivido en el sentido gnóstico o si sólo es una imitación. Pues el sello de la autenticidad no se adquiere más que en las llamas ardientes de la práctica, o sea por la experiencia. Todo lo que hay de teatral, de barniz cultural, cae en el transcurso de una crisis vital, en un caso de peligro real, cuando las circunstancias de la vida se precipitan sobre el yo y le oprimen. Sin embargo, ¡Siempre hay personas que persisten en representar el personaje que se han compuesto! Entonces permanecerán irremediablemente así hasta la muerte,

La crisis de la Pistis Sophia tiene lugar también durante el quinto arrepentimiento: es ahora cuando debe revelarse su estado de ser, razón por la que el Canto del Rompimiento es seguido del Canto de la Resignación, y no del canto del heroísmo, porque mostrar heroísmo ante una situación que particularmente te pone a prueba, frente a una temible experiencia, es actuar como un poseído, corno un impostor. No, la Pistis Sophia se resigna a la manera que ahora le es propia. Abatida por el sufrimiento, no dice: «¡Yo no sufro!» como una heroína de novela. Ella es la pura figura de la resignación en plena realidad.

Ocurrió que las criaturas de Authades se abalanzaron de nuevo sobre la Pistis Sophia en el Caos, queriendo apoderarse de su fuerza-luz. Y la orden de sacarla del Caos todavía no había sido dada, el Primer Misterio no me había aún ordenado liberarla del Caos. Mientras que todas las criaturas materiales de Authades la atacaban, ella gritó, expresando así su quinto arrepentimiento.

Este canto se eleva semejante al grito de angustia de un hombre molido a golpes. ¿De qué se desahoga? De su dolor y de su sufrimiento. ¿Qué confiesa? Su resignación, con palabras de sobrecogedora belleza, sumergida como está por la oleada de las duras experiencias y marcada por los estigmas de una aflicción sin nombre:

Oh Luz de mi salvación, canto tu alabanza, tanto en los dominios de lo Alto como en el Caos.

Grandiosa y sublime, he aquí la resignación. He aquí la conciencia del alma y la grandeza del alma. Y bien, el quinto arrepentimiento está completamente en esta línea, en esta realidad vivida. Las criaturas de Authades la han colmado de angustia; la Pistis Sophia continúa cantando este quinto arrepentimiento.

Antes de continuar nuestros comentarios, hablemos de un intermedio que figura en el capítulo 42 bajo forma de conflicto, se podría decir, en el círculo de los discípulos.

Jesús había dicho: Que quién tenga oídos para oír oiga; y que aquél en quien el espíritu se agite se adelante y explique las ideas del quinto arrepentimiento

Felipe se subleva diciendo que él no puede escribir y hablar al mismo tiempo. Ha recibido la tarea de poner por escrito todas las palabras pronunciadas, lo que le quita la posibilidad de hablar. Jesús le responde:

Felipe, tú, el bienaventurado, escucha para que pueda hablarte. Es a ti y a Tomás y a Mateo a quienes he encargado, de parte del Primer Misterio, escribir toda palabra que yo diga y toda cosa que haga y todo lo que veáis. En cuanto a ti, el número de los actos que debes relatar no ha sido todavía alcanzado. Cuando lo sea, te adelantarás y dirás lo que te parezca bien. Ahora sois vosotros tres los que debéis escribir toda palabra que yo diga, toda cosa que yo haga y todo lo que veáis, en testimonio de todo lo que está en el Reino de los Cielos.

Este intermedio bastante extraño tiene un profundo significado. Los tres discípulos representan juntos la Fuerza Séptuple del campo magnético de una escuela espiritual transfigurística que ha llegado al término de su crecimiento. Felipe representa la radiación sideral, Mateo la radiación fundamental y Tomás las cuatro radiaciones etéricas.

Hay tres testigos en el cielo y tres testigos sobre la tierra: el espíritu, el agua y la sangre -el toque, la ejecución y la realización: «Escribiré mi espíritu en vuestros corazones» El agua de la Vida debe ser derramada y formar el río en que usted debe navegar. La sangre es la sangre vital de la renovación. Quienes dejan que estos procesos actúen en la perfecta resignación del quinto arrepentimiento, despertarán a la Vida, fuera de todo peligro.

Así pues, usted comprenderá que tras el Canto de la Resignación, se dibuja una fase completamente diferente para la Pistis Sophia, porque ¿No ha dado pruebas por su estado de que después del cuarto arrepentimiento su yo no se había erguido para continuar representando un nuevo personaje? A pesar de su dolor, permanece fiel al camino y a sus leyes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

43   EL MISTERIO DEL QUINTO ARREPENTIMIENTO

 

Consideramos ahora el capítulo cuarenta y tres de la Pistis Sophia que, tras la historia aparentemente tan singular de los tres testigos, ofrece un comentario del quinto arrepentimiento que nosotros hemos llamado el Canto del la Resignación.

Cuando un alumno llega a cantar el quinto canto, es la consecuencia de la emoción que expresa Felipe. Los tres personajes de Mateo, Felipe y Tomás se relacionan con el campo magnético de una escuela transfigurística llegada al término de su crecimiento.

Mateo representa la radiación fundamental, Felipe la radiación sideral y Tomás las cuatro radiaciones etéricas. Estos son los tres testigos que sólo son uno, que representan e irradian en toda su personalidad al Espíritu Séptuple de la gnosis. Esta simbólica manera de hablar es quizás difícil de comprender, pero las concepciones gnósticas no asocian a los tres discípulos con su significado histórico y consideran su manifestación como uno de los aspectos de la intervención gnóstica.

Para los gnósticos, los doce discípulos simbolizan los doce aspectos de la intervención gnóstica, que se puede determinar de manera funcional y científica. Los nombres de los discípulos no han sido en absoluto escogidos al azar, sino que su etimología se puede enlazar a las actividades que personalizan. El contexto en el que aparecen estos nombres en el Nuevo Testamento está igualmente relacionado con su significado.

En este sentido, Mateo representa el «comienzo»; Felipe, la «progresión’ completa, por eso debe «escribir todo» por así decir; y Tomás representa la «realización»: él quiere concretizar las cosas. Es por ello que Mateo es la radiación fundamental -el comienzo; Felipe, la radiación astral – la realización del alma; Tomás, los alimentos santos -las fuerzas realizadoras.

Al final del capítulo cuarenta y dos, Felipe protesta: en razón de la actividad de la que ha sido encargado, nunca tiene la ocasión de explicar el significado de los arrepentimientos de la Pistis Sophia.

¿Cómo comprender este hecho? En general, se considera que una explicación se refiere al desarrollo de un punto oscuro; se da una explicación para llegar a la comprensión. En sentido gnóstico, explicación significa, sin embargo, iluminación, literalmente aclaración.

Es por lo que muchos están interesados en este Evangelio, mientras experimentan su influencia bajo forma de una clarificación, de una iluminación de su ser interior. Sumergiéndose -de la justa manera- en este Evangelio gnóstico, se liberan fuerzas activas llenas de gracia que nos acompañan y nos sostienen. Por tanto debe comprender así las palabras de Felipe: él quiere ayudar al peregrino y llenarle de su luz.

La Pistis Sophia está unida a la Luz; la luz sideral ha escogido morar en su alma y en razón del principio de no-lucha del cuarto arrepentimiento, el principio-alma sideral de la Gnosis no puede ni intervenir en su lugar ni venir en su ayuda.

Así pues vemos cómo las fuerzas terrestres del alma hacen que el ser se hunda en su impotencia y le hacen su víctima, mientras que este ser dispone, sin embargo, en realidad de un potencial nuevo, capaz de liberar al alma, pero desgraciadamente en la imposibilidad de intervenir. Debe asistir como espectador a la manifestación de este sufrimiento.

Es por lo que Felipe quiere intervenir y sustentar al alma para que se eleve en la Luz.

De hecho se trata de una conflicto psicológico, de un problema psíquico: el candidato tiene, teórica y potencialmente, el poder de elevarse en el nuevo campo de vida, pero el tiempo no ha llegado todavía porque aún no ha luchado hasta el fin de sus vías terrestres. En efecto, una elevación prematura se volvería a continuación irrevocablemente contra él. Sin embargo, no es bueno reprimir el deseo de la vida nueva que bulle en el alma. Es por lo que está escrito:

Ahora Felipe, adelántate y da la explicación del misterio del quinto arrepentimiento de la Pistis Sophia. A continuación te sentarás para escribir cada palabra que yo pronuncie. Esto hasta que el número de palabras que debes escribir sobre el Reino de Luz esté completo. Tras lo cual podrás levantarte y decir lo que tu espíritu ha comprendido.

Un solo impulso puede por lo tanto ofrecer la luz sideral a la Pistis Sophia, una única aclaración le es ahora otorgada, que debe conducir a la resignación como usted lo comprende perfectamente.

Observemos que después de cada arrepentimiento, una aclaración, una explicación le es dada especialmente al candidato que tenga necesidad de ello. En su caída, la Pistis Sophia no ha sido por lo tanto nunca abandonada. Durante y después de cada fase, sigue una reacción adaptada, y el itinerario completo, todo el peregrinaje está en concordancia perfecta con el proceso que el alumno debe seguir. Los eslabones se añaden a la cadena hasta que el número fijado esté completo. Si seguimos de cerca la explicación de Felipe, comenzamos por preguntamos sobre qué base reposa la resignación de la Pistis Sophia en el quinto arrepentimiento.

Esta base es la comprensión perfecta de su propio estado. La comprensión no tanto de su caída como de sus causas, lo mismo que la comprensión de su unión con la Gnosis en ese momento.

Se puede uno resignar por fatalismo, por un renunciamiento calificado de triste resignación. No se trata aquí de este estado y por ello el quinto arrepentimiento es puesto en paralelo con el salmo 88. La Pistis Sophia está muy unida a la luz de la salvación y ella canta ahora su quinto arrepentimiento:

Porque mi alma está saciada de males y mi vida se acerca a la morada de los Muertos.

Por así decir, ella está embargada por las fuerzas de radiación de los muertos, está totalmente abatida, está sin fuerza. Su egocentrismo ha dado su último suspiro y sus miserables despojos son depositados en el fondo de la tumba.

Si la nueva fuera sideral se pone a crecer en un alma humana, la fuerza sideral dialéctica disminuye forzosamente. Una debe disminuir, la otra crecer. Es por lo que la última convulsión de la naturaleza marca la proximidad del nuevo estado de vida.

El drama de la situación es que esta disminución domina toda la personalidad, porque, habiendo nacido de esta naturaleza, se dejará gobernar hasta el último segundo por la naturaleza. Esta es la razón por la que la Pistis Sophia tiene la sensación de estar en la fosa, aún cuando la nueva fuerza vital es más fuerte y está más próxima que nunca.

El muro ha llegado a ser menos grueso pero también es necesario que sea derrumbado. Todo lo que se encuentra entre el alumno y la Luz universal debe ser roto, y ello no puede tener lugar más que por un aislamiento total en la soledad absoluta, lo que expresa así el Salmo 88:

Has alejado a mis amigos de mí,

Me has vuelto para ellos un objeto de horror;

Estoy encerrado y no puedo salir.

Mis ojos se debilitan bajo el sufrimiento.

Quizás haya experimentado un poco este estado de aislamiento de la personalidad. Si, falto de comprensión, se agarra al resto de su ser-yo, la conservación de este yo llega a ser más difícil, mas compleja, más insoportable. Si alguien conocido como candidato serio actúa enérgicamente para conservar su yo, como el primero de los hombres ordinarios terrestres, entonces es para todo el mundo muy mortificante y chocante. Esto le aísla y todos sus conocidos se apartan de él.

Los hechos muestran que es muy difícil para el candidato que ha llegado a esta fase del camino, adquirir una comprensión clara; la intervención de Felipe hace progresar esta comprensión, porque la nueva actividad astral aclara al alumno sobre el estado terrestre del alma encadenada.

El quinto arrepentimiento nos enseña que sobre la base de la comprensión, el candidato debe llegar a la resignación, tras lo cual puede pronto resonar el sexto arrepentimiento, el Canto de la Confianza. En tanto falte la comprensión de su propio estado, no hay resignación, y el comportamiento da la prueba absoluta de ello.

La Pistis Sophia, por ejemplo, podría creer que ya no puede cometer errores a lo largo de esta grandiosa línea directriz, desde el momento en que desea tan ardientemente la Luz y se vuelve hacia ella tan completamente. Es   por lo que intenta buscar aún una explicación de su caída, explicación totalmente errónea. Ella puede creer, por ejemplo, que la intención de la Luz es instaurar el Reino de la Luz en el infierno:

¿Es para los muertos que tú haces milagros?

¿Se levantan, a veces, los muertos para alabarte?

¿Se proclama a veces tu nombre en los sepulcros?

¿Y tu justicia en la tierra del olvido?

Ella dice eso bajo la forma de pregunta, de suposición. Añade:

No me escondas tu rostro,

Porque soy miserable y estoy angustiado […]

Has alejado de mí a mis mejores amigos,

La oscuridad es mi única compañera.

Felipe está frente a una ilusión, total. El alumno que descubre, esta ilusión y ve que es justamente este último resto de auto-conservación, esta última señal de instinto de conservación del yo lo que le obstaculiza y le aísla, ha alcanzado el punto más bajo del camino. Ahora puede entonar el Canto de la Resignación.

La nueva actividad astral, Felipe en el alumno, debe darle este estado evidente. Ya que es el momento en que la noche es la más negra cuando la aurora está próxima.

Tal es el significado del quinto arrepentimiento, que la Pistis Sophia expresa en la opresión del Caos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

44   SEXTO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA CONFIANZA

 

La Pistis Sophia ha cantado su quinto arrepentimiento, el Canto de la Resignación, y parece que el candidato, simbolizado por la Pistis Sophia en el estado psicológico descrito, quiere desterrar de su ser el último resto de instinto de conservación de su yo, a consecuencia de lo cual, resignándose interiormente a la situación y llegando por primera vez a una verdadera calma, llega a la confianza en equilibrio y serenidad.

Es por lo que, después del Canto de la Resignación, la Pistis Sophia entona el sexto arrepentimiento: el Canto de la Confianza. Ella ha subido seis escalones y sobre el sexto se mantiene en una confianza total en la luz salvadora.

Para comenzar echemos una ojeada hacia atrás sobre los aspectos de los que hemos hablado. ¿Quién es la Pistis Sophia? ¡Usted mismo: un candidato en el camino de la liberación del alma! Al menos, ¡usted puede serio!

Examinemos de cerca el proceso de semejante camino. Comienza con una explosión de entusiasmo. Un buscador que ha pasado por múltiples experiencias descubre la Rosacruz, toma conocimiento de la Enseñanza universal y, de un solo salto se lanza hacia el Decimotercer Eón de los Misterios de salvación, se mantiene ante el velo y suplica ser admitido en el interior. El Decimotercer Eón, sin embargo, le ignora y le deja solo.

En este aislamiento, en este cercamiento totalmente extranjero, aparece Authades, el cual puede ser considerado como la suma de todas las fuerzas del yo. Es evidente que este conglomerado de fuerzas se concentra sobre el candidato, aún cuando el yo se había vuelto primero hacia la Gnosis en la efervescencia de un gran entusiasmo.

La gnosis no responde, entonces el yo ordinario vuelve a escena y habla. El candidato es un ser lleno de aspiración, un verdadero buscador de luz, y no habiendo recibido respuesta de la Gnosis, debe contentarse con su propia luz, la luz de Authades, una falsa luz con relación a la Gnosis. Por lo tanto ha sido suscitada una reacción: primero, el avance rápido hacia el Decimotercer Eón de los Misterios gnósticos, después la caída en la antigua condición. El candidato es devuelto a su estado de ser real. Es la situación más justa.

La gnosis no le ignora pero no puede manifestarse porque el interesado todavía no es receptivo a ella, todavía no es apto.

Que nadie imagine qué un ser humano pueda conquistar la vía gnóstica con ayuda de una táctica cualquiera. El hombre dialéctico se esfuerza en ello porque está habituado a la lucha por la existencia y porque ciertas tácticas le han asegurado el éxito, éxito evidentemente temporal, pero inherente a la naturaleza dialéctica unida al curso cíclico de los tiempos.

Es evidente que la Pistis Sophia, devuelta pronto a la realidad, después de su primer impulso, se siente completamente desgraciada. En lugar de la Luz gnóstica ella encuentra el oropel de la falsa Luz del mundo ordinario y de su propia persona.

Por ello, desde este instante comienzan sus arrepentimientos, sus lamentaciones profundas, porque comprende por qué se encuentra en esta situación, comprende su propio desfallecimiento. Para los candidatos que comienzan el camino de la Rosacruz, no es siempre el caso y hacen oír crisis de protesta, críticas, imprecaciones y manifestaciones de sentimientos de rencor.

Pero supongamos que nuestro candidato haya sobrepasado la primera dificultad y comience a cantar sus arrepentimientos. De esta manera se compromete en el proceso que le volverá apto para penetrar por fin tras el velo del Sanctum Sanctorum, proceso que debe primero llevar al punto cero, al no-ser, para que a partir de ahí se edifique un nuevo ser.

El proceso comienza con unos arrepentimientos que son ardientes lamentaciones, y se prosigue hasta la resignación y la confianza, para a continuación expresarse por cantos de alabanza, como verá en la continuación de nuestras explicaciones.

Si el candidato comprende que primero le es necesario despojarse de todo sentimiento de crítica yde todo estado inferior que provenga de la sangre, ya da un primer paso en la buena dirección. Es solamente después de esta toma de conciencia cuando puede comenzar el viaje hacia el punto cero, lo que significa una caída aún más profunda para la mayor parte de los candidatos. Cuando no hay luz verdadera, el alumno intenta consolarse con una falsa luz, representar la comedia de la naturaleza, comedia que debe ahora cesar completamente para llegar al punto cero. Tales son los preparativos de la construcción. Si se quiere edificar una casa que se eleva hasta las nubes, primero es necesario cavar profundamente la tierra para poner allí los cimientos. El candidato lo comprende y comienza el trayecto hacia el punto cero. Es necesaria afrontar los problemas correspondientes, tal como el que aparece en los cinco arrepentimientos y que sobreviene también en el sexto. La Pistis Sophia habla sin cesar de las fuerzas de Authades así como del Caos que la han cogido en la trampa, pero ella habla también de otras fuerzas que descubre en sí misma. Ella dice, por ejemplo, en los capítulos quinto y sexto del sexto arrepentimiento:

Mi fuerza-luz tiene fe en tu misterio. Mi fuerza, cuando estaba en lo Alto, también, tenia fe en laLuz, y tiene fe en ella en el Caos de abajo. Que todas las fuerzas en mí tengan fe en la Luz, mientras que estoy en las tinieblas inferiores.

Por lo tanto, se trata claramente de dos grupos de fuerzas: el grupo de fuerzas de Authades, las fuerzas del yo, y otro grupo de fuerzas que también están en ella, pero que son dominadas, contenidas y atadas por las fuerzas de Authades y del Caos.

¿De dónde proviene este misterioso grupo de fuerzas yqué les atañe? El candidato debe saberlo obligatoriamente. Porque, cuando las reconoce en él, puede cantar también el sexto arrepentimiento liberador, cuando progrese en él el proceso.

Hay en su ser dos puntos de contacto extremadamente importantes: el Santuario del corazón, donde se encuentra la rosa, y el santuario de la cabeza que conlleva una ventana: la sede de la maravillosa flor de oro. Es por esta ventana por donde debe entrar la luz gnóstica y por esta misma ventana debe irradiar hacia fuera la luz del alma. Por ella se establece la unión iniciadora definitiva entre el candidato y el Decimotercer Eón. Por ella, se infiltra la fuerza-luz verdaderamente liberadora y que da lugar al hombre-alma transfigurado.

Para la Pistis Sophia no se trata al principio de la fuerza-luz de oro de la liberación. La ventana está aún cerrada y debe abrirla ella misma interiormente. Para ello debe reducir al silencio todo lo que causa estragos en el santuario de la cabeza gobernado por el yo. Ella tiene el deber y el poder de hacerlo gracias a la fuerza de la rosa, del átomo original del corazón.

El recorrido hasta el punto cero del yo de la naturaleza, la endura, es, por tanto, la rendición total de las fuerzas y de las tendencias dominantes de la personalidad, gracias al empeño de otro grupo de fuerzas. Se trata del camino de cruz del yo.

Una vez despertado el corazón del nacimiento debe volver estas fuerzas activas. Ellas deben recorrer todo su ser, todo su estado, predicando por todo el evangelio de la renovación y curando los órganos enfermos, hasta el lugar del cráneo, la colina del Gólgota. Allí, la fuerza curadora debe dar el último suspiro entre los dos mortíferos moribundos de su ser.

Quien recorre este camino de cruz de las rosas hasta su último suspiro, y se apresura a renunciar a los últimos sobresaltos furiosos del yo, quien llega hasta el fin de esta vía dolorosa y así colorea la rosa blanca de rojo sangre de llevar la cruz a cuestas, ése abre la ventana del alma, sale de la tumba y entona jubiloso el Canto de la Resurrección, el Canto de la Flor de Oro.

El alumno que comienza este viaje en lafuerza de la rosa del corazón -una fuerza liberada por la radiación fundamental y la luz del nacimiento sideral, sentirá que esta fuerza no cesa de crecer de hora en hora y, mucho antes de conseguir la victoria, llegará interiormente por su certeza a la resignación y a la confianza total y cantará con convicción:

Mi alma espera en tu palabra. Mi alma cuenta con el Señor, de la mañana hasta la noche […] El Señor es misericordioso y en él está la liberación.

Si comprende bien todo esto, usted debe ser consciente de que el ser humano es una mezcla de luz y de tinieblas. Su fuerza luz le hace tomar y comprender perfectamente a la Gnosis, y despierta en usted el deseo de liberación. Con esta fuerza-luz atrae muchas cosas que le son queridas y le permiten mantenerse en este mundo.

Pero de esta manera no avanza ni un milímetro en el camino de la liberación. A lo mejor se complace en su fuerza-luz y así se forja una ilusión gnóstica. De vez en cuando esta ilusión se derrumba y usted es arrojado con fuerza a la realidad de las tinieblas.

¿Cómo podemos afirmarle esto con tal certeza? Pues bien, las tinieblas son una con su personalidad. Su personalidad, su estructura y su conciencia provienen enteramente de las tinieblas; éstas explican perfectamente a aquéllas. La fuerza-luz todavía no tiene ninguna morada en usted, ninguna base, ningún órgano. No tiene ninguna forma. En su estado de ser, sólo es una posibilidad, un poder latente.

Es por lo que, con esta fuerza-luz, con este poder luminoso, en esta sustancia luminosa, usted debe seguir un camino de cruz: todo lo que son tinieblas en usted será engullido y Authades estará perdido. Entonces su yo decaerá para que viva el «Otro» en usted.

Pueda realizar este camino de cruz, hasta en el abismo de los arrepentimientos, para resucitar a continuación a la hora de la decisión.

 

 

 

 

45   EL MISTERIO DE LAS TRES FUERZAS-LUZ

 

Como ya hemos explicado, hay dos puntos de contacto en la personalidad: la sede de la rosa blanca o átomo original en el santuario del corazón; y la cavidad detrás del hueso frontal, el espacio vacío donde un día debe florecer la rosa de oro. La Pistis Sophia siempre habla en sus arrepentimientos de su «fuerza-luz” y repite en el sexto arrepentimiento:

Mi fuerza-luz tiene fe en tu misterio. Mi fuerza, cuando estaba en lo Alto, también tenía fe en la Luz y tiene fe en ella en el Caos de abajo.

Pero, ¿de dónde viene semejante fuerza-luz? ¿Es un vestigio de los mejores días del pasado?

En la ignorancia, se podría partir de la idea de que es imposible que un hombre dotado de fuerza-luz en el sentido de la gnosis, pueda ser víctima de la falsa luz de Authades y del Caos. Este Evangelio gnóstico podría confundirle porque siempre oponemos la una a la otra.

Pero la Pistis Sophia da testimonio manifiestamente de tres fuerzas-luz: Una luz que proviene de la Gnosis, una luz que proviene de sí-misma y una luz que proviene de Authades, el servidor de los eones de esta naturaleza.

El comentario dado en el sexto arrepentimiento de la Pistis Sophia nos obliga a buscar la solución completa al problema de estas diversas fuerzas-luz. Jesús el Señor dice en su comentario del sexto arrepentimiento:

Cuando el número completo sea alcanzado de tal manera que el mundo de la mezcla se desintegre, ordenaré conducir aquí a todos los dioses tiránicos -los que no han dado la parte purificada de su luz. Y mandaré al fuego de la sabiduría, que es propagado por los perfectos, consumir a los tiranos hasta que den totalmente la parte purificada de su luz.

En resumen, como se dice en el Salmo 82, todo pasa así: «Dios se mantiene en la asamblea de los dioses y juzga entre los dioses”.

Así parece que también los «dioses tiránicos», los eones de la naturaleza, disponen de fuerzas-luz que son tan buenas y tan puras, tan excelentes, que son tomadas para reforzar el verdadero Reino de la Luz.

Los antiguos gnósticos tenían en cuenta tres tipos humanos:

  1. Los psíquicos.
  2. Los neumáticos.
  3. Los hylicos.

Los neumáticos son los que se lanzan directamente hacia la luz crística en virtud de un reconocimiento interior consciente, como si ella se apareciese a su conciencia. Este tipo humano está aquí definido por aquél en quien la rosa de oro ha sido impulsada a florecer, o en todo caso está a punto de abrirse. Es el ser humano en quien está realmente abierta la ventana que deja penetrar la plenitud gnóstica para llenar el espacio vacío.

De los psíquicos se dice que solamente pueden creer en la Luz. Ven la luz de la liberación como en lontananza -a la manera de todos estos creyentes que nos presenta la Biblia. La ventana de su alma está aún herméticamente cerrada y por ello hay que explicarles ahora y siempre la manifestación de la Luz y su actividad. El lenguaje celeste debe serles traducido con el fin de que lo comprendan un poco. Pero creen en ello interiormente.

Los hylicos son absolutamente insensibles; son humanos totalmente de esta naturaleza, completamente en concordancia con la naturaleza dialéctica, que no viven de la luz sino de la fuerza liberada por la reacción en cadena de los procesos vitales. En ellos la rosa del corazón -suponiendo que tengan una- no está activa. La Gnosis no se aparece nunca a este tipo de hombres; podemos pues no tomarles en consideración. Permanecen fuera de toda intervención gnóstica y además no quieren.

Todos aquellos que se sienten atraídos por el camino de la transfiguración pertenecen al tipo psíquico. Desde su nacimiento estos seres están dotados de una rosa del corazón. Hay que buscar las causas de tal estado en las brumas del pasado, en el microcosmo, es decir, en el ser aural, donde permanecen las huellas de todas las vicisitudes vividas por las personalidades que se han sucedido en el microcosmo.

La receptividad a la Luz gnóstica también está allí comprendida. Esta predisposición heredada del pasado influencia, gracias a la sangre del nacimiento al plexo sacro y viene a turbar al corazón, más particularmente a su parte derecha, por intermediación del bulbo raquídeo, y este influjo vuelve al átomo original sensible a las radiaciones gnósticas.

Sin embargo, la persona no es aún consciente de ello. Ella solamente sabe que tiene ciertas tendencias y que es de un tipo humano particular, que se interesa por toda clase de temas ocultos o religiosos, o bien que se inclina hacia el humanitarismo de diferentes maneras. Interiormente se preocupa por la humanidad y por sus problemas.

Estas actividades son aún reforzadas por sus propias experiencias y su propio desarrollo. Por ello estas personas quieren participar en el apoyo, en la lucha y en la vida del mundo y de la humanidad. En cierto sentido, se puede hablar a propósito de ellos de filantropía, la cual se expresa según su desarrollo interior.

Así, la epopeya de las obras humanitarias emprendidas por millones de hombres es grandiosa, y el amor y el sacrificio ofrecidos a los hombres no han cesado nunca hasta esta hora. Muchos de los humanos de este tipo se vuelven hacia la Gnosis; en este caso su disposición al amor y al sacrificio es grande.

Pero el yo de la naturaleza dialéctica permanece siempre en el centro de toda esta bondad y belleza. El amor viene de Dios, de la Gnosis, pero también anima y aprehende al hombre dialéctico ordinario. El amor divino, el toque que emana del Orden divino hace irrupción en el hombre dialéctico, le conmueve y le propulsa, es decir, le empuja a tener multitud de experiencias.

El reino divino no puede realizarse en el reino de esta naturaleza; por ello el amor sufre ciertos cambios cuando es realizado en la materia. Esto se comprende, pero el deseo del átomo original empuja al hombre a actuar sobre la base de este amor puesto que es sensible a las radiaciones en cuestión.

Así, llega en un momento dado, ante el gran conflicto que opone, por un lado, mucho amor por los demás y por empresas humanitarias y, por otro, un egocentrismo inexorable.

Dios es amor, Dios toca al hombre en el corazón y Dios es luz. Esta luz es admitida y utilizada por el yo, por el estado natural y en el estado natural.

Esta luz no es absorbida solamente por la humanidad, sino también por los eones de esta naturaleza, por las fuerzas naturales y las formaciones cósmicas de la naturaleza. Los eones de la naturaleza se atavían, lo mismo que los hombres. Y siempre despojan a los hombres de esta fuerza-luz -como se ve en la Pistis Sophia.

Así, en las dos esferas de la vida dialéctica, todos llevan su vestido de luz. Todo el universo, comprendiendo en él a la humanidad, está lleno de fuerzas-luz polares de la Gnosis.

Y lo que no es absorbido se evacua por la más alta esfera de calor. De esta forma los eones de esta naturaleza vuelven a enviar lo que no pueden absorber. Toda la fuerza-luz que el hombre ha recibido desde su nacimiento y se esfuerza por utilizar le es robada por los eones de la naturaleza. Y ellos emiten esta fuerza de vuelta sobre la humanidad por sus propias radiaciones. Así nace una gran confusión: el hombre es extraviado, toma la luz por su enemigo y su enemigo por la luz.

Así pues, es inevitable que la tensión llegue a ser tan fuerte que le siga la explosión. La luz robada es recobrada, tiene lugar una purificación y en el cosmos dialéctico sólo queda la realidad desnuda; para el hombre puesto a prueba es una dura experiencia, una herida del alma. La situación de hecho es la siguiente:

El toque polar de la luz lleva a cabo una revolución completa; desciende en el tiempo para a continuación volver a la eternidad, su propio reino; y esto sin tocar a muchos seres humanos.

En razón de la sensibilidad de la rosa del corazón en algunos, la ofrenda divina se presenta de nuevo sin cesar. Y la rueda continua girando, pues el resultado depende de los hombres. Si estos, cada vez, dan testimonio de un amor que en último término muestra egocentrismo implacable, mucha de esta luz, así acaparada, es de nuevo robada. Authades y sus agentes les roban su fuerza-luz noche y día.

Usted comprenderá por tanto por qué hay fuerzas-luz de procedencia gnóstica, y en los hombres del tipo psíquico y en el cosmos. Es el alma del mundo gnóstico la que se ofrece continuamente en sacrificio y la que continuamente es crucificada.

Ahora lo importante es lo que el candidato en el camino haga de esta fuerza-luz. Él tiene una rosa del corazón activa y es tocado por la Gnosis, como millones de otros seres humanos. Y pronto el amor al prójimo llena su corazón.

Pero eso no aporta una solución. Porque el estado natural no puede revestir al estado espiritual, sino de manera temporal, ilusoria. En realidad el candidato no tiene otra cosa que hacer que poner en práctica la imitación al Cristo.

Debe emprender su camino de cruz de las rosas hasta el Gólgota, hasta que se abra la ventana de su alma, hasta que la rosa de oro viva, venga a morar en él la mañana de Pascua. Entonces sigue el camino de la transfiguración y alcanza el fin para el que la luz se ofrece a él.

Así el candidato, con todos los demás, hace que el número de los salvados sea completo. En el momento en que este número es alcanzado y el nuevo reino gnóstico llega a ser perfectamente fuerte, toda la luz robada es devuelta a los salvados. De esta forma el nuevo reino, como un coloso de luz, se lanza hacia lo alto como una llama de fuego.

En verdad, Dios permanece en la asamblea de los dioses y juzga entre los dioses.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

46   SÉPTIMO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA DECISIÓN

 

Hemos llegado ahora al séptimo canto: el Canto de la Decisión.

Para comprender el Evangelio de la Pistis Sophia es necesario penetrar completamente la naturaleza de esta decisión. El hombre que se empeña en el camino de la transfiguración es una mezcla de fuerza-luz gnóstica y de tinieblas. La personalidad es una unidad formada por átomos reunidos por la fuerza de unión atómica; y para que esta fuerza sea utilizable es necesario que haya separación de los átomos. La personalidad es por tanto una unidad muy compleja, unida a unos procesos que actúan juntos.

Hay en el hombre un principio de separación de los átomos; un fuego poderoso que produce un calor intenso que separa los átomos. Las fuerzas así liberadas atraen cantidades de otros átomos, obtenidos por esta división, para crear una personalidad y mantenerla en un microcosmo, por medio de la idea que está en último término de este conjunto de procesos.

Nosotros consideramos como dialécticos y tenebrosos la idea, las fuerzas y los procesos en cuestión, porque estas fuerzas y desarrollos provienen del séptimo dominio cósmico y en él se manifiestan. Todo el estado humano, su conciencia, sus fuerzas y sus formas pertenecen a la naturaleza de las tinieblas, la naturaleza de la muerte. Y este ser que proviene de la naturaleza tenebrosa, que es su producto final experimenta numerosas penas y sufrimientos.

Por ello el hombre suspira tan profundamente y desea tan intensamente la liberación, porque nunca está seguro de su condición. Su nacimiento ya prepara su muerte. Después de su muerte, los restos de su personalidad se desintegran completamente al cabo de un tiempo más o menos largo. Este ser de tinieblas, en esta naturaleza de tinieblas, corre hacia la nada. Suspira porque el sufrimiento es, por esencia, inherente a esta naturaleza,

En esta situación es penetrado por la primera emanación que proviene del Pleroma: la emanación de la Pistis. Ella se dirige a su mental, a su poder de la inteligencia y a su conciencia, y le habla. «Sufres; eres tinieblas; has nacido para nada. ¿Por qué estás aquí y cuál es el sentido de tu vida?»

De ello resulta que aumenta el sufrimiento. Porque cuando a alguien se le hace ver la desesperación de su condición, su tormento es mucho mayor.

El hombre de la naturaleza tenebrosa, en su intenso dolor, busca ayuda, curación y comprensión y, tras numerosas experiencias y tentativas, descubre el camino de la liberación que ofrece la perspectiva de otro estado de vida.

¿Qué va a hacer ahora este hombre? Se convierte en alumno de una escuela espiritual cualquiera y recibe toda clase de fuerzas y de poderes. La idea de la liberación ya le consuela un poco, pero de hecho es un débil consuelo porque todo ello es ilusorio. En efecto, la naturaleza tenebrosa, en sí misma y por sí misma, corre a su perdición. El yo proviene de esta naturaleza tenebrosa y se explica enteramente por ella.

Esta naturaleza tenebrosa comporta dos aspectos: bien y mal. Y como el hombre aún no posee otra cosa, empeña todo lo que tiene potencialmente de «bien”, el cual es el producto de esta naturaleza tenebrosa; y a partir de este bien, hace la ofrenda de su tiempo, de sus capacidades y de lo que posee.

Tal ofrenda da algo de consuelo y alegría, pero no hace desaparecer el verdadero sufrimiento y no hace aproximarse a la verdadera liberación.

¿Por qué? Porque todo lo que se explica por la naturaleza de la muerte y proviene de ella, vuelve, por esencia, a la naturaleza de la muerte. Muchos se desesperan por ello. Piensan y dicen:

“He dado todo lo que tenía. ¿Qué puedo hacer todavía?» Su ofrenda no ha sido aceptada por la Gnosis, el cielo se ha quedado de plomo y son colocados ahora y siempre frente a su dolor.

Así pues, ¿no estaba bien el haber hecho el bien? Sí, ¡nada estaba mejor! Pero el Decimotercer Eón les vuelve a enviar a su realidad tenebrosa. «Si he hecho algo mal, ¡dímelo!» Se lamenta la Pistis Sophia. Ella no recibe ninguna respuesta.

Sólo escucha las burlas sarcásticas de los eones de la naturaleza que se burlan de ella. Ella ha alabado y dado gracias al Señor; le ha servido noche y día; le ha dedicado su vida, su salud y sus bienes. Sin embargo, ninguna de sus ofrendas ha sido aceptada. El cielo permanece mudo.

Arrepentimiento tras arrepentimiento se eleva hacia el cielo. Pero, ¿para qué sirve arrepentirse? La Pistis Sophia no es infalible, aunque esté dispuesta a reconocerse culpable. Se ha conducido con una integridad admirable, según el potencial del «bien” que tenía; según su propia naturaleza, no podía ser o hacer nada más.

Todo lo que intentó de superior y exterior era ilusión y volvió a su origen. Y este origen es dialéctico, tinieblas, sufrimiento.

Sin embargo, ella también habla de su fuerza-luz. Pero se equivoca, porque aunque sí hay una fuerza-luz, no le pertenece, solamente se pone a su disposición.

Así, hay una fuerza-luz cerca de cada uno y cada uno debe comprenderlo bien. Esta fuerza-luz es el átomo original encallado en el centro del microcosmo que corresponde al corazón del hombre y por lo tanto actúa sobre él,

Por esta inducción surge a continuación la influencia, que conocemos bien, de la Luz gnóstica original. Esta influencia despierta la fe en la enseñanza de la salvación y es por esta fe, por esta comprensión, por lo que habla el hombre, actúa y hace su ofrenda. Pero esta palabra, esta actuación y esta ofrenda no son la manifestación de la fuerza-luz. Todavía no ha trabajado nunca con esta fuerza-luz, ni ha recorrido nunca todavía el camino que conduce a esta posibilidad.

Al menos, por inducción, todo su potencial de «bien” ha sido activado. Esto es ya una buena vía de experiencia. Con esta fuerza-luz en él y alrededor de él ha creído, dado gracias, alabado y trabajado como la Pistis Sophia. Ha llevado una cruz, pero era la cruz de esta naturaleza, y todavía no la cruz de la liberación; y todavía no ha realizado el camino de cruz de las rosas.

¡Y, sin embargo, es lo esencial!

Así pues, aquí hay un secreto, el primer misterio iniciático de la Rosacruz. La fórmula es: «Aunque hayas dado todo pero no tu vida, sábelo, no habrás dado nada”. Lo que se le pide no es lo que es potencialmente «bien” en usted, sino su vida, el alma de su ego.

El no-ser debe aparecer gracias al comportamiento correspondiente. Entonces Cristo nace en usted y no es por inducción corno se manifiesta la luz; es ella misma la que penetra. Es el nacimiento del alma nueva. Y este alma nuevamente nacida puede decir para comenzar:

Libera mis fuerzas del poderío de Authades por él que estoy oprimido.

El candidato ha pasado por la fase de la decisión y puede comenzar un nuevo ciclode evolución.

  • · Escapar de las tinieblas.
  • · Aniquilar las tinieblas.
  • · Renacer en la Luz.
  • · Adquirir la vida eterna.

Muchos se aproximan a la luz gnóstica con todo lo que tienen potencialmente de bien, pero, porque este ‘bien” está mezclado y unido al mal, aparece la agotadora situación en que, queriendo hacer el bien, se hace el mal.

En la vida práctica ordinaria, esta ambigua situación se presenta constantemente. Quien se da cuenta que es inútil querer aproximarse a la Gnosis con su yo y las fuerzas gemelas del bien ydel mal que le están asociadas, quien constata que la fuerza-luz del bien es constantemente absorbida por el mal, y comprende que la luz gnóstica significa por completo otra cosa, expresa sus arrepentimientos desde el fondo del abismo donde sólo le queda volverse hacia la Gnosis.

Es un comportamiento conforme a la fórmula de la Gnosis. Es «ser» en tanto que «no-ser». Es el comportamiento del movimiento de retorno.

«Quien quiere conservar su vida, la perderá”. Pero aquel que quiera perder su vida ofreciéndose a la Gnosis y a la luz de los tres misterios, ése triunfará sobre toda muerte y vivirá. «Quien pierda su vida por amor a mí, la conservará”. Quien franquea la puerta de los Misterios gnósticos en tanto que no-yo, puede ser llamado por primera vez un verdadero candidato.

Al hombre pertenece la decisión.

 

 

 

 

 

 

 

47   OCTAVO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA PERSECUCIÓN

 

Le hemos descrito a la Pistis Sophia cuando expresaba su séptimo arrepentimiento: el Canto de la Decisión.

Durante esta lamentación alcanza el fondo del abismo, el nadir del estado dialéctico donde descubre que su “bien”, su fuerza-luz dialéctica, es la manifestación de un campo vibratorio que emana por completo de la naturaleza de la muerte y consecuentemente no encierra ningún elemento liberador. Por tanto siempre hay una interacción, un equilibrio entre el hombre y los eones de la naturaleza cuando este hombre intenta conseguir la liberación empeñando en ello todo lo que en él hay de potencialmente «bien”.

La Pistis Sophia experimenta también, sin embargo, la fuerza-luz de la Gnosis, la luz de la rosa, pero esta luz y esta rosa no pertenecen al sistema vital dialéctico; es por lo que la luz gnóstica se retira siempre cuando es el egocentrismo de la naturaleza ordinaria el que quiere aprehenderla y emplearla. Por muy heroicos que sean los esfuerzos del alumno en el camino, no conseguirá retener una fuerza gnóstica mediante un poder dialéctico.

Quien descubre este hecho, lo experimenta y siente la herida, acaba por hacer la entrega total de sí a la hora de la decisión, si desea verdaderamente         seguir el aprendizaje gnóstico. Puede abandonarse al no-ser y abrirse al proceso de la luz gnóstica.

Para el ser humano positivo y dinámico es un momento de desesperación cuando debe franquear las puertas del no-ser. El hombre-yo consciente y positivo no cesa de actuar, de dirigir el proceso. Quiere determinar las etapas y el ritmo. Si sigue el camino, siempre está experimentando con su propia fuerza-luz.

Deber reconocer que no dispone de nada para tomar la Gnosis y dirigirla, con el fin de que le haga entrar en el Decimotercer Eón, le exaspera. Esto va contra su dignidad, contra su ilusión de hombre. La hora de la decisión es, por tanto, también para el yo una hora de humillación, porque el yo es completamente impotente en lo que concierne a todos los aspectos de la naturaleza liberadora.

En este estadio, muchos de los que han comenzado el camino seriamente se dan la vuelta. No quieren reconocer a la Gnosis y la posibilidad de la transfiguración o escogen el camino oculto. Intentan alcanzar sólo aquello que el ser puede en el marco de la naturaleza ordinaria y se convierten en esclavos de los eones de esta naturaleza.

La Pistis Sophia franquea, sin embargo, las puertas del no-ser. Ella renuncia a toda afirmación de su personalidad hasta en los rincones más recónditos del bien. Se entrega y se compromete en el periodo de la humildad. Tiene el valor de aceptar el no-hacer con la plegaria: «Acuérdate de mí, según tu gracia y en el nombre de tu bondad, oh Señor». De esta manera ha hecho el acto más grande que podía hacer, según su estado natural con respecto a la Gnosis.

Se encuentra ahora en el dominio del límite entre dos mundos, el séptimo y el sexto dominio cósmico. Y es ahí donde permanece el candidato con los brazos extendidos, se podría decir, y donde dice: «Qué la piedad y la sinceridad me guarden, porque tú me esperas, oh Señor”.

La piedad es la orientación hacia la Gnosis del ser nacido de la naturaleza, en perfecto no-ser y no-hacer. La piedad de la Pistis Sophia es, ante todo, sincera. No se trata aquí ni de táctica ni de falsa piedad, no, es una experiencia anticipada, reconocida y totalmente comprendida lo que despierta esta piedad; es perfectamente sincera.

En aquel que se dirige hacia la Gnosis de esta manera, el proceso de salvación comienza pronto. Por ello se dice en la Pistis Sophia:

Después de que la Pistis Sophia hubo expresado su séptimo arrepentimiento en el Caos, no recibí aún del primer Misterio la orden de salvarla, pero por misericordia, por propia iniciativa y sin orden, la hice pasar a un dominio más vasto del Caos.

Cuando las emanaciones materiales de Authades se dieron cuenta que había sido transportada a un dominio más vasto del Caos, disminuyeron un poco su opresión, pensando que sería conducida fuera del Caos.

La Pistis Sophia no sabía que era yo quien la socorría. Ella no me reconocía y no cesaba de cantar la alabanza a la Luz del Tesoro que había visto un día, en quien tenía fe y de la cual pensaba que le ayudaba. Cantaba las alabanzas a esta luz pensando que era la verdadera luz.

Pero como tenía fe en la luz perteneciente al verdadero Tesoro, sería conducida fuera del Caos y su arrepentimiento sería aceptado.

Es evidente que un alumno que se ha abierto completamente al contacto del proceso de salvación de la Gnosis gracias al no-ser, se da cuenta del comienzo de este proceso. Pero también necesita comprender que todavía no es más que el principio del nuevo camino. Antes de que la salvación sea definitiva tienen que sobrevenir aún muchos acontecimientos y muchos peligros deben ser vencidos. Antes de que estos peligros se presenten y lleguen a ser graves, cada candidato experimenta al principio una iluminación porque es transportado «a un dominio un poco más vasto».

Como las radiaciones gnósticas van a vibrar en todo su ser, comprende mejor que nunca la enseñanza, y todo lo que cree saber toma ahora otro aspecto, se le aparece en una luz diferente, como revestido de una nuevo manto. Pero no se trata aquí de una nueva conciencia, de un nuevo poder mental en el sentido gnóstico. Su conciencia y su mental son en efecto todavía de la antigua naturaleza. Por ello se dice: Ella no me reconocía.

A lo sumo es como en un relámpago como ha entrevisto algo del verdadero tesoro de la Luz con sus sentidos dialécticos; así pues, sólo ha podido alabar a la luz del cielo en la inconsciencia. Dese cuenta que el estado del candidato en esta fase del camino está aquí bien caracterizada.

Por ello es fácil determinar lo que va a ocurrir ahora. El candidato se encuentra en el no-ser, plenamente comprometido en el proceso, pero no conoce a aquel que le ayuda porque no posee aún la nueva conciencia. La antigua naturaleza todavía hace presa en él; entonces ineluctablemente viene un momento en que tos eones de la naturaleza ponen en marcha su persecución.

Al principio de esta nueva fase, habiendo cesado completamente su persecución las criaturas de Authades, ha tenido lugar la iluminación descrita. Esta libertad y esta calma son sin embargo temporales porque:

Cuando se dieron cuenta de que la Pistis Sophia no había sido aún llevada fuera del Caos, se volvieron pronto contra ella y la atacaron con encarnizamiento.

La persecución vuelve a comenzar; por ello oímos en el octavo arrepentimiento de la Pistis Sophia el Canto de la Persecución. Tormentos, dificultades y problemas se desarrollan y la Pistis Sophia vive consecuentemente tormentos en los que piensa estar más alejada que nunca del proceso de salvación.

Pero que el candidato reflexione: durante el proceso, vale más ser perseguido que estar parado, incluso aunque tal persecución no sea sin serio peligro. Examine bien la forma y los aspectos de esta persecución, porque es una nueva manifestación de la fuerza con cabeza de león.

Imagine que un alumno persevera hasta en el abismo del séptimo arrepentimiento, hasta esta importante decisión, hasta la rendición total de sí mismo en el sentido de la gnosis. Experimenta entonces este momento de libertad y de iluminación primaria en el que no conoce aún a aquel que le ayuda y no tiene ningún nuevo poder, lo que todavía te vuelve muy torpe, En esta situación de torpeza gnóstica, en la que el grano sembrado todavía no ha conseguido crecer, la fuerza con cabeza de león se presenta ante el alumno.

El león es el símbolo del Cristo, del Salvador gnóstico, pero el alumno no conoce todavía a este salvador; por ello es lógico que el gran imitador de la Gnosis en el mundo dialéctico -la sombra deforme de la luz-, se vuelva de nuevo hacia él. Las fuerzas de Authades le asaltan y el imitador se pone a hablar.

La Rosacruz transmite al candidato la «buena nueva», le une a la enseñanza de la sabiduría Crística y le eleva al Cuerpo Vivo de la salvación. Pero cuando se encuentra en medio de las dificultades y los sufrimientos son innumerables, sus pensamientos son quizás teñidos de cierta amargura.

Pues la fuerza con cabeza de león toma el primer pensamiento del alumno y se esfuerza por equivocarle mostrándole el pretendido engaño de la Gnosis: “Se te han hecho bellas promesas, pero tú sólo encuentras dificultades. Vuelve a lugar seguro en la antigua vida”. Así habla la fuerza con cabeza de león. Se amolda a cada tipo humano, al pasado de cada uno, a las debilidades de cada uno y procura que cada uno se vuelva atrás y retorne a la antigua vida. Las fuerzas de Authades comienzan por atacar al alumno, después la fuerza con cabeza de león le dirige un lenguaje escogido, meloso.

Se trata de la persecución de la que a menudo se hace mención en la Biblia. Piense en el pueblo de Israel huyendo del tenebroso país de Egipto, perseguido por las tropas del Faraón. Piense en Jesús el Señor y en las tentaciones en el desierto.

Más de un alumno es víctima de ello. Constantemente recomienza el proceso y constantemente es enviado al antiguo país. De esta manera, a la larga, se apodera de él un agotamiento que le debilita de tal manera que le hace cada vez más difícilfranquear la línea de separación definitivamente.

Que cada alumno esté pues advertido y que reconozca la fuerza con cabeza de león, que, en esta fase, persigue a cada uno.

 

48   NOVENO ARREPENTIMIENTO: EL CANTO DE LA ABERTURA

 

En el momento del séptimo arrepentimiento, la Pistis Sophia ha llegado al estado de no-ser y consecuentemente las radiaciones gnósticas pueden comenzar el proceso de santificación. Ella toma así el camino de cruz de las rosas. Cuando uno se pone a seguir este proceso en el no-ser o aniquilamiento del yo, pronto surge la sensación de una gran iluminación.

Pero que comience así no quiere decir que aún se posea la conciencia del alma nueva y su poder. Sólo es realizado el comienzo: la cámara del rey, la ventana del alma no está aún abierta. Pues sin la nueva conciencia en el sentido absoluto, el interesado no está aún capacitado para percibir las fuerzas sanadoras, ni el nuevo campo de vida, el sexto dominio cósmico. Por tanto, se encuentra todavía en la fase de la fe, sólo tiene la experiencia de la fe.

En el Nuevo Testamento se dice (Hebreos II, 1) a propósito de ello; «La fe es un firme convencimiento», pero continúa inmediatamente: «de las cosas que se esperan y una demostración de las que no se ven”. Si la fe es la mejor base posible para establecer una unión con lo invisible, sin embargo, no quiere decir que no sea peligroso.

En la fase de la fe, en el primer contacto gnóstico y en el estado de no-ser, numerosas fuerzas dialécticas podrán establecer una unión con el alumno, porque él aún no ve nada, porque le falta la nueva conciencia y porque es torpe. Se vuelve hacia una meta que todavía no percibe, que su cuerpo del deseo o cuerpo del sentimiento puede a lo sumo experimentar como una base sólida, como una unión con las radiaciones astrales gnósticas.

Dada la situación, la fuerza con cabeza de león, el gran imitador, intenta desviarle del camino. De ello resulta una nueva serie de dolorosas experiencias, una nueva serie de resistencias interiores y exteriores y a menudo, también, dificultades físicas, porque los procesos gnósticos que comienzan ya están modificando la polarización de los átomos, de manera que la influencia de las fuerzas naturales que reincide provoca perturbaciones. Se trata por lo tanto de una persecución; razón por la cual, cuando las fuerzas de Authades descubren que la Pistis Sophia no es llevada fuera del Caos tras el séptimo arrepentimiento, se arrojan cruelmente sobre ella para atacarla e interviene la fuerza con cabeza de león,

Numerosos alumnos de las escuelas espirituales sucumben siempre durante este difícil periodo. Su fe es probada de la manera descrita, y, a menudo, no les es posible atravesar esta prueba porque cometen el error – que les es sugerido por la fuerza con cabeza de león – de imputar sus dificultades a la Escuela Espiritual.

La corriente astral de la Gnosis que actúa en la sangre por la vena porta del hígado, entra en contacto con la fuerza astral de la cabeza de león. Tiene lugar una gran fermentación en la sangre. Aparece un calor y una llama se eleva de la cima del triángulo.

En el mismo momento se manifiesta una violenta conmoción, un ardiente resentimiento, una oleada de críticas, una impotencia mental y un embotamiento de la percepción sensorial en lo que concierne a los valores de la fe. El incendio causa estragos y cuando el fuego es extinguido lo que, a menudo, ocurre es que el alumno está agotado. A veces, ya no tiene la fuerza para volver a empezar durante años. El sufrimiento mezclado con el odio y toda clase de sentimientos inconscientes del mismo género le corroen.

Todos los alumnos deben franquear la puerta del séptimo arrepentimiento y sus peligros; por ello es bueno advertirles. Todos los que siguen este camino tienen que temer mucho la persecución en cuestión y es necesario que sepan la manera de escapar a sus perseguidores. Es por lo que el periodo del séptimo y del octavo arrepentimiento es una de las partes verdaderamente grandiosas del Evangelio de la Pistis Sophia.

Así pues, es del mayor interés determinar de qué manera hace frente la Pistis Sophia a sus perseguidores y seguir de cerca el texto del octavo arrepentimiento, porque es de los más instructivos.

En el momento de la persecución, la Pistis Sophia es extremadamente atormentada y las fuerzas de Authades penetran su hígado. Sabe que se encuentra en la fase inicial del proceso gnóstico de purificación; lo experimenta en el conjunto de su sistema emocional. La purificación, la santificación comienza y ahora llega la crisis de la persecución acompañada de toda clase de incidentes.

Sin embargo, la Pistis Sophia no es presa del proceso de fermentación descrito, con lo que correría el riesgo de aniquilar una vez más la nueva fuerza-luz. En los tormentos, ella mantiene los ojos fijos en la única meta.

Apiádate de mí y sálvame. Sé mi Salvador, oh Luz; sí sálvame y condúceme hasta tu Luz. Guíame y dame tu gracia por orden del misterio de tu nombre.

Ella espera el ataque de la fuerza con cabeza de león, pero:

Tú me salvarás de la fuerza con cabeza de león que me ha hecho caer en una trampa […] Quiero depositar en tus manos lo que de mi luz está purificado. Tú me has salvado, oh Luz, conforme a tu Gnosis.

Ella pide a la Gnosis, que conserve lo que en ella hay purificado y comprendemos que, por su orientación constante hacia la Gnosis, todo lo que en ella esté purificado se conservará. Ella se confía, de antemano, mientras está en la opresión.

No me has dejado al poder de la fuerza con cabeza de león, sino que me has conducido a un dominio donde no hay opresión..

¡Tal es aquí la magia gnóstica! Con todo el poder de su deseo de salvación y de su inteligencia, proyecta sobre la pantalla de lo que debe venir la imagen de su futura liberación. La magia gnóstica comporta unas fases, unos desarrollos. Y la magia de la fe permite tener la seguridad de las cosas que no se ven.

Sin embargo, quien aplica la magia gnóstica en la fase de la fe evoca simultáneamente las fuerzas de la contranaturaleza a la que aún está atado existencialmente. Y si el texto del octavo arrepentimiento se interrumpe aquí, es para atraer completamente la atención. La fuerza con cabeza de león y todas las criaturas de Authades se precipitan sobre la Pistis Sophia. Es ella quien las ha evocado. Por ello dice.

Ten piedad de mí, oh Luz, porque me oprimen de nuevo grandemente. Según tu mandamiento mi luz interior se ha ensombrecido, lo mismo que mi fuerza y mi alma-espíritu. Mi fuerza ha disminuido mientras me encontraba en esta angustia […] Mi luz está casi extinguida porque me han arrebatado mi fuerza […] Soy impotente contra todos los arcontes de los eones, que me odian.

Ahora bien, es justamente porque ella habla así a la Gnosis, en orientación constante, por lo que la Pistis Sophia es inatacable. La actividad mágica de la orientación incesante es aquí plenamente evidente. La Pistis Sophia no responde en absoluto al odio por el odio, no lucha; ella se mantiene, sola en la tempestad, en una orientación continua y en la seguridad de una moralidad superior nueva, que traducen estas palabras:

Ellos, dicen: robémosle toda su luz interior, aunque yo no les haya hecho ningún mal. Mi suerte está en tus manos, ¡oh Señor!

Así ha entrado la Pistis Sophia por la sombría puerta de la persecución. Pero ella se mantiene firme en todas las pruebas y por ello el reino se le abre pronto.

Pero el tormento de la persecución no ha terminado; la Gnosis espera de ella todavía más, antes de su paso por todas las pruebas de esta fase. En esta situación, no solamente es necesario demostrar una orientación constante, sino desarrollar igualmente una continua actividad autónoma. El alumno debe ver la luz y mantener los ojos fijos en ella en cualquier situación, pero igualmente tiene que avanzar hacia esta luz. Debe haber movimiento, esfuerzo continuo, como si no hubiera ninguna resistencia, ninguna prueba.

Si la magia gnóstica exige que se proyecte la idea de salvación hasta detrás de los velos del porvenir, de manera que pueda tener a los atacantes a distancia colocándose por encima de ellos, al orientarse continuamente hacia la idea de salvación, se llega también a la victoria, a la liberación de los ataques. ¡El alumno debe avanzar! No es necesario que espere de manera negativa a que las resistencias acaben un día por ceder. Tiene que llegar a descubrir y a actuar de manera autónoma.

Se trata de una actividad sin lucha, sobre la base del conocimiento de la fe, con la ayuda de la fuerza de la fe y del servicio.

Quien se comporta así, quien tiene el valor para ello, descubrirá que todas las resistencias ceden y que finalmente ningún obstáculo sobrepasa sus fuerzas.

Cuando haya llegado a este saber experimental, comprenderá también el noveno arrepentimiento, el Canto de la Abertura, y la magnífica victoria que conlleva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

49   LA MURALLA DE LOS DOCE EONES

 

En el transcurso del noveno arrepentimiento parece que la Pistis Sophia persevera como hemos dicho, pero que los tormentos y ataques aumentan y las tinieblas se hacen más profundas. Tal es el sino de quienes esperan y suspiran después de la nueva mañana: las tinieblas son cada vez más opresoras.

Pero la certeza de que «la diosa de la aurora” debe aparecer impide caer en el pánico o la melancolía. ¡Esto sería una gran necedad! ¿Quién puede esperar la «luz» de la naturaleza dialéctica? Ciertamente no un hombre roto por la vida, porque si está bien orientado, es dela Gnosis de quien espera la aurora, es ensu reino.

Pero no puede negar la existencia de las tinieblas por haberlas experimentado demasiado; sin embargo, ahora vive enteramente con la esperanza de que le aparezca la aurora a tiempo para que no se ensombrezca en las tinieblas.

La mañana está ahí. ¡La aurora está ahí para mí! La aurora está ahí para todos aquellos que construyen fundándose en la Luz. ¡Pueda ser suficientemente fuerte para seguir el camino!

El tema del noveno arrepentimiento es también este: qué la fuerza de la Pistis Sophia sea lo suficientemente grande como para pasar a través de los últimos jirones de tinieblas. Mientras canta, los ataques aumentan: los últimos tragos de la copa son los más amargos. Pero su orientación permanece inquebrantable hasta el fin:

Oh Luz, en quien yo he tenido fe desde el comienzo y por la voluntad de la cual he atravesado estos grandes sufrimientos, ¡sálvame!

Es el grito de dolor del alumno completamente exhausto, del alumno que ha recorrido el camino de la abertura hasta el fin. En esta misma hora su arrepentimiento es aceptado y la luz le es enviada de otra manera.

Cuando llegué al Caos para ayudar a la Pistis Sophia, ella me vio.

En este momento el alumno llega a ver. La aurora comienza a despuntar en el horizonte de la vida de la Pistis Sophia: ¡la abertura se ha realizado!

Comencemos por arrojar alguna luz sobre los trece estados que corresponden a los trece arrepentimientos de la Pistis Sophia, que el hombre nacido de esta naturaleza debe atravesar.

Al igual que un zodiaco dodécuple rodea nuestro cosmos y en él está representado, cada microcosmo también comporta doce aspectos. En el hombre nacido de la naturaleza hay doce estados, doce aspectos, doce desarrollos orgánicos. Respecto a la vida liberadora y al campo de la resurrección, son doce obstáculos, doce resistencias psíquicas fundamentales. Es entonces comprensible que el alumno que desea entrar en el nuevo estado de vida deba vencer sucesivamente todos estos obstáculos.

Los doce aspectos de todo el estado dialéctico, forman por tanto, doce fuerzas las cuales debe tener en cuenta cada candidato. En la Pistis Sophia estos son los doce eones, las doce fuerzas de la naturaleza, de las cuales vive y que explican el estado natural de los hombres, Bien entendido, estas doce fuerzas forman una verdadera muralla, la muralla de la lípika. El ser humano vive pues en un espacio cerrado: en el interior de las murallas de los doce eones.

Los hombres están todos muy individualizados, completamente encerrados en su yo, muy egocéntricos. Viven totalmente separados los unos de los otros. En consecuencia, es evidente que la muralla dodécuple que les rodea les es semejante.

Por otra parte la muralla de cada eón tiene una coherencia, forma un todo. La síntesis de este todo y el principio según el cual es construida y funciona esta muralla dodécuple, constituyen el decimotercer aspecto, llamado el Decimotercer Eón. El decimotercer Eón, se podría decir que, es la llave de todo, la llave del secreto de esta muralla. Quien es capaz de pasar detrás de los velos del Decimotercer Eón atraviesa la muralla, escapa a su propia naturaleza y a su propio campo de vida.

A primera vista, esto parece absurdo, como si fuera posible que un pez viviera fuera del agua, que una planta crezca sin que sus raíces toquen el suelo, que una casa flote en el airea pesar de su peso. Y, sin embargo, es posible penetrar detrás de los velos de su decimotercer eón personal y es bueno saber cómo. Comience por imaginar una piedra. Es un trozo de mineral relativamente muerto y sin embargo posee una capacidad de absorción. Cuando el sol brilla el tiempo suficiente, sus radiaciones luminosas la calientan, incluso bastante. A continuación, irradia el calor que ha recibido del sol.

Piense ahora en su hombre encerrado tras la muralla dodécuple de los eones, en el interior del microcosmo y haga la comparación con la piedra. Porque el microcosmo también tiene un poder de absorción, lo mismo que todo lo que está en él. El microcosmo no absorbe solamente la fuerza-luz del sistema cósmico y macrocósmico al cual está unido, sino también otras fuerzas-luz, principalmente todas las radiaciones luminosas de todo el universo, de naturaleza quizás muy variada. Sin embargo los hombres no se dan cuenta de ello, porque no pueden retener estas fuerzas-luz y no forman un campo que sea receptivo a ellas. Es por lo que las radiaciones cósmicas de naturaleza diferente pasan a través de ellos; vienen y se van sin que los hombres participen en ello.

También hay radiaciones de luz que no explican en nada la naturaleza dialéctica, pero que se dirigen deliberadamente y con insistencia hacia nuestra naturaleza. Piense en las radiaciones de la Gnosis y en el Reino de Luz del sexto dominio cósmico. Estas fuerzas-luz vienen a nuestra naturaleza, aunque no sean de esta naturaleza.

Por este hecho, tiene lugar una maravillosa actividad en nuestro microcosmo. Imagine un ser humano nacido de esta naturaleza, por tanto aprisionado, encerrado en el interior de la muralla dodécuple que lo rodea por todos los lados. Como todos sus semejante, su suerte es dura. Debe afirmarse porque vive en la naturaleza de la muerte donde la lucha por la existencia es necesaria, y donde todo comporta dos aspectos; en resumen, en un mundo donde todo es dialéctico.

Forzosamente, este hombre no está satisfecho en absoluto, incluso aunque el destino le sea temporalmente favorable. Él no está contento de su suerte y se pone a buscar. Busca una expansión, aunque quizás él mismo no sepa lo que busca en realidad. Sin quererlo o desearlo pone en acción su poder de absorción. Desea algo que la muralla dodécuple de los eones no le puede suministrar.

Ahora bien, este ser humano, todo su sistema, representa algo magnífico para la fuerza-luz que, sin ser de este mundo, sin embargo, se vuelve hacia este mundo. Y ahora ocurre lo mismo que con la piedra, una luz nueva brilla sobre este hombre, un nuevo sol le calienta. Una fuerza nace en él, calor, un calor que no pone de relieve en absoluto su propia naturaleza. Su voluntad no toma en ello parte alguna, ni su conciencia, ni la muralla de los eones. Y sin embargo, gracias a su capacidad de absorción natural, es llenado de otra clase de fuerza-luz: la fuerza-luz gnóstica, como la piedra que ha recibido el calor del sol.

El fin de la naturaleza dialéctica es formar un orden en el que el hombre sea empujado de manera natural a buscar una cierta expansión, en razón de su propia imperfección y la de todo lo que le rodea. Así, cada uno, llegado el momento, recibe una fuerza-luz diferente. Lo que explica por qué la Pistis Sophia habla de su propia fuerza-luz recibida de Dios. Y comprendemos igualmente por que se dice que los eones poseen también la fuerza-luz de la verdadera luz.

Por su búsqueda, el hombre atrae la fuerza-luz magnética gnóstica en su microcosmo, aunque esta fuerza no proviene en absoluto de esta naturaleza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

50   CAUSA FUNDAMENTAL DE LA ENFERMEDAD Y DE LA MUERTE

 

Se puede imaginar que las amenazas continuas de la fuerza con cabeza de león sumen a la Pistis Sophia en momentos de angustia aterradora. Usted comprende de donde proviene esta fuerza con cabeza de león. Un microcosmo dialéctico, cargado en un momento dado de fuerza-luz gnóstica, retiene esta fuerza-luz mucho tiempo y puede volver a dar durante largo tiempo este calor, exactamente igual que una piedra recalentada. Este calor no proviene de una fuente propia en el microcosmo; es la Gnosis la que particulariza temporalmente un poco de su luz en el microcosmo. Pero siguiendo la ley natural de degradación de la energía, en un momento dado, el microcosmo se encuentra semejante a sí mismo, si algún cambio profundo no ha tenido lugar.

Cuando un alumno de la Escuela Espiritual viene, regularmente a un foco de la Fraternidad, por necesidad personal, no solamente su personalidad sino la muralla de los eones que le rodea son cargados de fuerza-luz gnóstica. Así pues, tal alumno se encuentra en posesión de fuerza-luz, mientras que su ser aural está en posesión de la fuerza con cabeza de león. Esta fuerza-luz mora en él porque se recarga de ella constantemente, porque vive de ella, da testimonio de ella y actúa con ella.

Pero esto no es una solución, porque lo mismo que la piedra calentada permanece siempre la misma piedra, este hombre permanece hombre nacido de esta naturaleza, viviendo en y por la naturaleza de la muerte aunque se exponga a menudo a la fuerza-luz gnóstica. En él nada ha cambiado todavía. Su experiencia no es más que la consecuencia de su poder de absorción natural, activado por sus sentimientos de insatisfacción.

En razón de la ley de degradación de la energía debe recargarse sin cesar. El hecho de que la fuerza-luz gnóstica penetre y actúe, regularmente en él prueba de manera científica que la llama continuamente. El hecho de que cada vez se enfríe de nuevo, como la piedra, y, por tanto, debe ser cada vez recalentada, en verdad, prueba que explota a la Gnosis cotidianamente, que la crucifica cotidianamente y que ella se ofrece cotidianamente a él en sacrificio.

Hay aún un aspecto que es necesario ver. El poder de absorción natural en efecto, acaba por degradarse. Si una piedra es calentada cada día y después enfriada, pierde parte de su masa y acaba por deshacerse en polvo. Las constantes diferencias de tensión provocan fracturas y rajas, después la lepra de las piedras hace el resto. Por fin es condenada; muere y desaparece.

Tal es la causa fundamental de la enfermedad y de la muerte. El hombre se pone a buscar desde la infancia empujado por el instinto de la raza humana. Gracias al poder de absorción natural es llamado por la luz divina desde la infancia y si reacciona como la piedra, inmediatamente comienza la degradación, el debilitamiento y la muerte.

Sin embargo no es para hacerte morir para lo que la luz de la Gnosis viene a él y le hace girar en el circuito sin findel «subir, brillar y descender». Aunque sea científicamente cierto que las diferencias de tensión le dañarán, si conserva su naturaleza ordinaria, tanto más en el interior que en el exterior de la Escuela Espiritual, la Gnosis dice que viene hacia los seres humanos para salvarlos, preservarlos y hacerles triunfar sobre la muerte.

Así le hemos explicado cómo es posible penetrar, como la Pistis Sophia, detrás del velo del Decimotercer Eón. Si el poder de absorción natural es activo, todo el campo magnético que se encuentra en el exterior del ser aural es forzado a recibir diferentes clases de fuerza-luz y de particularizarlas en el microcosmo. En este momento, el ser humano abre una brecha en la muralla dodécuple e hiriendo su principio fundamental se pone a absorber una fuerza-luz nueva.

Hemos dicho que esta fuerza-luz nueva se presenta como una llamada, una tarea nueva, una misión nueva que hay que realizar para ganar, no la muerte sino la vida. Es por lo que la Pistis Sophia es devuelta, arrojada hacia esta tarea, que reviste trece aspectos primarios, necesita trece arrepentimientos y comporta trece cambios fundamentales. Todo este proceso conduce o bien a una resurrección o bien a una caída.

 

 

 

 

 

 

51   LA FUERZA DE RADIACIÓN CRÍSTICA

 

En los capítulos precedentes hemos visto cómo un hombre lleno de aspiración llega a penetrar detrás del velo del Decimotercer Eón. Por la acción de su poder de absorción natural, su campo magnético microcósmico es forzado a atraer otra clase de fuerza-luz y de particularizarla en todo el sistema. Esta fuerza-luz se esfuerza en proveer necesidades específicas. Actúa como una llamada a una vida nueva totalmente distinta y en particular a un destino y a una realización perfectamente conformes a esta fuerza-luz nueva.

Sin embargo, por el hecho de que el ser entero de este hombre ha nacido y ha sido formado de la fuerza-luz de la naturaleza ordinaria y da testimonio de ello, es evidente que todo su sistema debe amoldarse a la nueva fuerza-luz si quiere pertenecerle y vivir de ella. Cada parte, cada órgano del sistema debe cambiar, cambio al que nosotros llamamos «transfiguración” en la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro.

He aquí por qué la Pistis Sophia, después de haber tenido la experiencia de esta fuerza-luz nueva, es reenviada al proceso absolutamente necesario de la transfiguración, proceso de cambio total del ser. Este comporta trece aspectos, trece fases que hay que empezar a considerar para que esta renovación sea cierta.

Cuando el alumno se vuelve perfectamente consciente del camino y tiene sed de la gran liberación en el nuevo campo de luz, es semejante a la Pistis Sophia; y cuando experimenta cada vez más la fuerza-luz de Cristo, es enviado a su gran misión: romper y destruir la cadena magnética de la naturaleza ordinaria que le oprime, con el fin de poder celebrar su renacimiento en el campo de la resurrección.

El autor de la Pistis Sophia, dando nombres y caracteres a las diferentes fuerzas de la naturaleza y a las fuerzas de la Luz, las ha personificado según la costumbre de la época. Muchas personas conservan aún hoy estas representaciones y denominaciones antiguas. Esto puede sonar de manera muy romántica y mística y dar rienda suelta a numerosos sentimientos, pero en la hora actual también es una causa de peligro, porque las dos esferas de nuestra naturaleza -la esfera material y la esfera reflectora- están fuertemente imbricadas la una en la otra; los velos entre ellas son muy delgados. La personificación demasiado poderosa de sentimientos en lo que concierne a las fuerzas-luz universales pone en riesgo de unir fácilmente a las entidades desencarnadas de la esfera reflectora. Es por lo que las representaciones deben estar despojadas de toda personificación mística; en efecto, en el estado actual de los seres humanos, toda personificación está siempre unida al ser-yo y se dirige al ser-yo. De esta manera mantienen al ser-yo – por tanto a la fuerza-luz del nacimiento en esta naturaleza – y hacen caer en la trampa de la ilusión. El hombre construye así todo un panteón de entidades fantasmagóricas de las que se convierte en víctima.

Vale más orientar el pensamiento hacia los elementos del sistema universal de fuerza-luz, las leyes de radiaciones cósmicas y confiarse al simple sistema de las radiaciones fundamentales de la luz que hacen vivir y existir a todas las criaturas. No son las criaturas, o sea, las personificaciones, las que vienen primero, sino las fuerzas-luz. Detrás de las criaturas devenidas eternas, se colocan las fuerzas-luz universales. El alumno debe reflexionar ante todo en los efectos de la luz y partir de ahí; gracias a ello, siempre estará seguro y vivirá conforme a su estado de ser. Así entrará por sí mismo en contacto con los grupos de criaturas correspondientes a su estado de ser.

El combate que debe librar, la tarea que tiene que hacer, no es contra «la carne y la sangre», sino contra las radiaciones que no están en armonía con el camino. Por ello Pablo dice: «Nuestro combate no es contra la carne y la sangre sino contra los malos espíritus que están en el aire». Este enemigo es siempre una radiación, por lo tanto sin forma y, ciertamente, no personificado. Estos malos espíritus son radiaciones de naturaleza opuesta al plan de radiación de la renovación. No son, por tanto, malos en el sentido de malvados, corrompidos o diabólicos, sino en el sentido de perturbadores.

El alumno en el camino que aspira al nuevo estado de vida como la Pistis Sophia, es puesto en unión con otro campo de radiación por su poder de absorción natural. Desde ese instante su antiguo campo de radiación perturba al nuevo. Debe tenerlo en cuenta y dirigir el centro de su actividad sobre este punto, sin luchar contra la carne y la sangre, ni contra todas las manifestaciones de su antiguo campo de vida natural. Es por esta no-lucha como podrá combatir mejor la radiación perturbadora que subtiende la antigua naturaleza y emana de ella.

La Enseñanza universal nos enseña que hay siete grandes campos de radiación fundamentales, correspondientes a los siete dominios cósmicos. Estos dominios o campos se interpenetran y se influencian de arriba abajo, el séptimo, el más bajo, se influencia a sí mismo, pero no puede ejercer ninguna fuerza en el sexto; el sexto no tiene ninguna influencia sobre el quinto, pero puede intervenir en el séptimo; el quinto puede manifestarse en los dominios sexto y séptimo pero no en el cuarto, etc. Por tanto, la perfección absoluta puede ser obtenida en y por el primer dominio cósmico que se abastece a sí mismo y puede, además, manifestarse en los otros seis campos de radiación.

El séptimo dominio cósmico es el más aislado de los siete dominios, porque está completamente cerrado sobre sí mismo y atado a sus leyes, pero sólo puede vivir y existir gracias al sexto campo. Las fuerzas-luz del sexto campo, así como las de los otros, deben llegar al séptimo dominio para permitir al hombre existir, así como a todas las fuerzas-luz de este séptimo dominio.

¿Qué ocurre entonces? Los eones, las fuerzas naturales del séptimo dominio, reciben las fuerzas-luz del sexto dominio para suscitar creación y vida. Estas fuerzas-luz naturales del séptimo dominio, personificadas de manera romántica y mitológica, atrapan continuamente la fuerza-luz del sexto dominio. Están obligadas a ello para existir.

Ellas lo hacen por medio de sus creaciones y criaturas, por las criaturas del Authades y las de la fuerza con cabeza de león. Porque, ¿cuál es la situación? Como el hombre no se siente en su lugar en esta existencia y muchos tienen una gran nostalgia, atraen juntos una fuerte corriente de fuerzas-luz del sexto dominio al nuestro, y el poder de absorción natural garantiza este derramamiento. Pero como el hombre pertenece al séptimo dominio, vive de él y forma parte de sus criaturas, la nueva fuerza-luz es transmutada en una vibración correspondiente a la naturaleza del séptimo dominio, de manera que sea semejante al campo magnético de este séptimo dominio; así se convierte en una materia de base. La fuerza-luz del sexto dominio no viene por lo tanto directamente al hombre que la aspira, sino que le es sustraída, porque es transmutada, lo que constituye un proceso científico natural y evidente.

El Hijo de las fuerza-luz superiores, personificado por Jesucristo de manera mítica, vive por lo tanto siempre y se ofrece siempre en sacrificio, por lo tanto, es crucificado sin cesar y muerto así, para todos nosotros, a cada segundo, con el fin de nutrir al séptimo dominio cósmico de fuerza vital y de radiación. En esto, toda la humanidad representa el aspecto Judas.

Pero quienes siguen el camino de la transfiguración deben familiarizarse con un segundo aspecto. La fuerza-luz del sexto dominio cósmico que se sacrifica sin cesar, no tiene solamente como meta asegurar a la humanidad su existencia en el séptimo dominio cósmico, sino que el mismo tiempo comporta un elemento salvador: el poder de elevación del séptimo dominio en el sexto campo de vida. Cuando un ser humano, y en particular un alumno, llega a guardar en él la fuerza-luz que recibe del sexto dominio cósmico, debe velar para que permanezca pura. Debe velar para no hacer algo semejante a su campo de existencia, sino al contrario hacer de manera que las fuerzas de su campo de vida se pongan al servicio de esta otra luz; entonces, forzosamente, todo su ser se adapta a la naturaleza y a la vibración del sexto dominio.

Quien es capaz de ello puede llegar, a ser una criatura del sexto dominio. Por tanto renace. Es un nacido dos veces. Se ha elevado a un campo de vida totalmente nuevo. Consecuentemente la transfiguración se convierte, en este caso, en un hecho científico que es evidente.

Cuando un alumno retiene y utiliza la fuerza-luz crística de manera nueva, no trivial, se eleva con Cristo, mientras que el hombre inconsciente que vive de la antigua manera, traiciona, crucifica y hace morir a Cristo en él sin que se manifieste ningún aspecto liberador. Cada uno recibe la fuerza-luz universal y es inflamado por tanto por el Espíritu divino; cada uno es aniquilado en Jesús el Señor; pero todos, ni mucho menos, no renacen por el Espíritu Santo en el curso de este descenso, aunque sea la propensión de cada uno.

Es necesario que el ser humano se vuelva consciente de ser el portador de una fuerza-luz y de deber, como una verdadera Pistis Sophia, utilizarla de manera completamente nueva. Todos poseen la fuerza, todos están capacitados para volver a ser hijos de Dios, es decir, para entrar en el sexto dominio cósmico en tanto que criaturas nuevas.

Por tanto, se le pide al ser humano consciente un completo comportamiento nuevo lógico. Se le pide utilizar de manera nueva, en un sentido nuevo, una fuerza que ya ha recibido a lo largo de toda su vida.

¿Es usted, sin embargo, capaz de ello? Pues bien, entonces, ¡hágalo, candidato en el camino!

 

 

 

 

 

 

 

 

52   SANTIAGO, EL HOMBRE QUE POSEE LA GNOSIS

Queríamos profundizar aquí en el capítulo 51 del Evangelio de la Pistis Sophia. Pero antes, es necesario recopilar todo lo que hemos dicho en los capítulos precedentes.

A este respecto, hay que preguntarle: «¿Qué es lo que constituye lo esencial de la Gnosis? ¿Qué es lo esencial de su meta y de su método?» Lo esencial de la Gnosis, consiste en que, por una parte, la manifestación se realice por una multitud de radiaciones de luz, y que, por otra, el hombre sea un ser receptivo a la luz.

Este término de «Luz”, que viene de la Gnosis y de la Biblia, atrae nuestra atención sobre una multiplicidad de radiaciones, de corrientes y de campos electromagnéticos y radioactivos que, como se sabe actualmente, son omnipresentes, y por los que la humanidad y todas las criaturas viven y se perpetúan. Es por lo que el gnóstico no se para a meditar, reflexionar, especular y hacer sin cesar averiguaciones sobre los orígenes de los fenómenos y de la evolución, sino que se determina respecto a la presencia inmediata de-la luz en toda su extensión.

La luz es, para él, el Hijo de la Divinidad incognoscible, el que ilumina, el que manifiesta, el que es el amor mismo, que se ofrece, se hace prisionero y al que se refiere toda la epopeya crística. El gnóstico no se atiene, por tanto, al aspecto histórico; no pone el acento sobre este aspecto, como algunas personas y algunos grupos que discuten y se preguntan perpetuamente cómo y de qué manera se han desarrollado los acontecimientos históricos. Porque el Hijo del Logos eterno, para él, está de vuelta desde hace mucho tiempo. Bien miserable es aquel a quien el Hijo debe hablar por intermediación de un escrito cualquiera, y aún, más miserable quien vive únicamente de los libros que posee en su biblioteca.

La vida humana, con sus altibajos, se explica únicamente por las fuerzas-luz que intervienen en el hombre a cada instante. Sus posibilidades no provienen, de hecho, de sus relaciones con sus congéneres, con la sociedad, con la vida; ellas son, exclusivamente, la consecuencia de las influencias que ejercen sobre él cierto grupo de radiaciones, de corrientes y de campos electromagnéticos y radioactivos, los cuales determinan por completo el curso de su vida y de sus aventuras.

Si se une a la luz en un plano superior, el gnóstico descubre que todas sus limitaciones actuales caerán, que escapará al campo de tensión de donde provienen todos los fenómenos dialécticos y que entrará, por así decir, en un mundo nuevo, como si penetrara por una puerta en un campo de tensión absolutamente nuevo. Franquear esta puerta es, para el gnóstico, encontrar a Cristo. La búsqueda de esta puerta de luz no puede y no debe reducirse nunca a una simple aspiración o fraseología místicas, porque todos los artificios del misticismo y de la naturaleza hacen que el hombre permanezca siempre el que siempre ha sido. No, buscar la única puerta en el sentido de querer elevarse a otra realidad, una realidad de luz no dialéctica, es seguir un camino sobre el que diariamente hay que orientarse, al que hay que consagrarse dinámicamente y esto hasta el final.

La meta y el método de la Gnosis se muestran aquí muy claros. Hemos explicado que lo esencial para la Gnosis es la luz. La luz es el Hijo de la Divinidad eterna; la luz es la mediadora de una nueva Alianza; la luz magnética es para nosotros el Salvador.

Como el hombre es un ser receptivo a la Gnosis y su poder de absorción natural (que tiene trece aspectos) le hace conocer la presencia de la Gnosis, es evidente que, si se siente desgraciado en el campo de luz de esta naturaleza de la muerte, si sabe que no está en su sitio y que las heridas que se hace golpeándose contra los muros del espacio-tiempo le torturan, la conciencia de su miseria y el sufrimiento de la dura realidad le inspiran un nuevo deseo.

Este deseo es una plegaria, un grito del alma hacia otra luz, una nueva luz, la búsqueda de la única puerta que se abre hacia un campo de luz superior. Y gracias a su poder de absorción orgánico, va a sentir la llamada, la ayuda que le ofrece este campo de luz superior; sí, incluso antes de ser consciente de su deseo, la luz ya le llamaba.

Pero que un ser hermano sea llamado por un campo de luz superior porque él atrae esta luz por su poder natural de absorción, no quiere decir que viva, que exista ya en este campo. El debe recorrer un camino para llegar allí, un camino a lo largo del cual debe desprenderse de la antigua naturaleza, un camino en el que debe volverse hacia la nueva naturaleza, seguir un proceso de transmutación. Esta transmutación es la manifestación y la realización esenciales del Espíritu santificante, curativo, el Espíritu regenerador del nuevo campo de luz. Encontrarse en este camino, he aquí la exigencia absoluta. El candidato debe encontrarse en este camino, debe demostrar cada día que su antigua naturaleza muere y cada día que su nueva naturaleza renace.

Si este no es el caso, si no emprende esta tarea, si no persevera, no está en su lugar en una Escuela Espiritual Gnóstica; no más que cualquiera que haya entrado por azar o por relación familiar. Tal persona no tiene aún deseo, su alma no da grandes gritos, todavía no es llamada, marcada por la luz, predestinada,

Quien busca la luz encontrará la luz y debe caminar con la luz y en la luz con el fin de ser cambiado por la luz. Esta orientación gnóstica, con todos los efectos y las experiencias que conlleva, hace de él una Pistis Sophia, en quien serán consumidos todo egocentrismo, ilusión y alucinación de la esfera reflectora. Porque la Gnosis, con su orientación consecuente y rigurosa sobre la luz, no reclama más que la obediencia a la luz y la elevación en la luz y, por lo tanto, pone en segundo plano todos los fenómenos de la creación.

La Gnosis no pide que se adore o venere a dioses u hombres. No quiere colocar ninguna entidad entre la luz y el individuo que busca la luz, aunque muchas entidades merecerían sin ninguna duda su veneración y su reconocimiento. Pero usted debe manifestar su veneración y su reconocimiento recorriendo el camino. La luz existe y usted existe: entre los dos no hay nadie. Y un servidor o una servidora que es de la luz y está en la luz, no se pone delante, ni exige nada de un candidato. Ellos no hacen más que irradiar la luz, en la medida que puedan liberarla en ellos mismos; y ellos pueden, por lo tanto, servir a su prójimo con la luz, con el fin de que entre él y la luz no haya nada que le impida realizar el camino.

Ellos exploran y vuelven fácil la vía para los que tienen sed. Pero ninguno de ellos dirá a tos demás, «¡Mírame!» La luz brilla para todos y ata impersonalmente. Quien busca esta luz y responde a ella con actos y, en verdad la libera en sí mismo y ello significa: morir para toda la naturaleza dialéctica.

Sobre estas bases, pensemos, en el capítulo 5 1 de la Pistis Sophia. Para empezar se dice que Santiago da el significado del noveno arrepentimiento. En sentido gnóstico, este Santiago es el hombre que ha comprendido todo lo que hemos dicho; no de manera intelectual, de manera que su comprensión sea toda filosófica, sino de manera gnóstica. Es el hombre que ha cambiado de lugar, ha ido a ocupar otro lugar, ha escogido otra vida, ha salido fundamentalmente del campo de luz dialéctico y se ha desprendido de la base misma de su vida para adoptar otra. El ser humano que comprende así todas las cosas de la vida, que, en todas las circunstancias, hace siempre la buena elección entre los dos campos de luz que a él se manifiestan, y resuelve todos los problemas sobre esta nueva base, experimentará la salvación, el efecto curativo a cada instante y hasta en su cuerpo.

Renuncie, por tanto, a la comprensión ordinaria, mística o intelectual. ¡La Gnosis no dice nada más! Si sobre este punto usted se convierte en un Santiago, comenzará por entrar rápidamente en el Reino de los cielos, ante la faz de todos los invisibles, los dioses y los arcontes que viven en el Decimotercer Eón -es decir, la puerta microcósmica de la liberación- y en el Duodécimo Eón, es decir, el punto más bajo de la ofrenda de sí por el testimonio del aprendizaje gnóstico.

Quien comprende todo esto, no en sentido místico e intelectual, sino gnóstica y concretamente, abre para sí mismo la puerta del Nuevo Reino de la Luz, realizando el gran sacrificiode sí mismo que permitirá a muchos otros recibir, a su debido tiempo, los Misterios de la liberación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ECCLESIA PISTIS SOPHIA

 

El nombre de este periódico tiene un sentido profundo. Recuerda a una comunidad arcaica cuyo origen se remonta al alba de la época aria. Ella se manifiesta claramente en la hora actual en el mundo entero. Esta sublime comunidad de la Gnosis Universal tiene por objetivo revelar al mundo y a su humanidad el conocimiento que lleva a la sabiduría. Este conocimiento no depende de ningún modo de la inteligencia ordinaria, sino que conduce a la comprensión interior. Ocasiona una actividad alquímica intensa en el sistema humano y, conscientemente, libera en él una fuerza a la que se puede llamar, por un lado la Sophia y por el otro el Espíritu Santo.

Es al servicio de esta Ecclesia Pistis Sophia que trabaja el Lectorium Rosicrucianum, con el fin de restituir a los buscadores los aspectos fundamentales de la Enseñanza Arcaica Universal. El Lectorium Rosicrucianum pertenece a un conjunto de escuelas gnósticas, que tienen por tarea ayudar y servir al buscador serio y, por escalones sucesivos, reconducirlo a la casa del Padre.

J. van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] El nombre griego paralemptor que aparece en el texto copto de la Pistis Sophia significa literalmente «recaudador”. Se hace aquí alusión a los «guardianes de las puertas, entidades que reciben a las almas salvadas a su llegada al Pleroma, y las dirigen hacia los dominios de la vida eterna.

 

[2] “sur les lys”

 

LA LUZ DEL MUNDO

 

 

 

EXTRACTOS DEL SERMÓN

 

DE LA MONTAÑA

 

 

 

POR

 

 

J. VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

 

 

 

Introducción

 

 

I   Vosotros sois la sal de la tierra

 

 

II  La quintaesencia de la ley

 

 

III No os preocupéis

 

 

IV  No cometeréis adulterio

 

 

V   No juzguéis

 

 

VI  No deis cosas santas a los perros

 

 

VII La ofrenda del hombre celeste

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Este pequeño libro, al igual que «El Misterio de las Bienaventu­ranzas» de J. Van Rijcken­borgh, esta compuesto por un cierto número de alocuciones dadas por el mismo autor en los años 1945-1947, es decir durante el fin de la segunda guerra mundial y el primer año de la posguerra.

En aquellos tiempos de terror, pero también de esperanza en un futuro mejor, las conocidas palabras pronunciadas en la Montaña Santa por Jesús el Señor y relatadas en el Evangelio de Mateo, fueron abordadas por el autor de manera totalmente nueva y colocadas a la luz de la Rosacruz de Oro.

Desde entonces, han pasado algunas decenas de años, durante las cuales el mundo ha descubierto rápidamente que la paz mundial, con la que soñaban millones de hombres en 1945, es un ideal inaccesible.

Así, las palabras de J. Van Rijckenborgh son, en estos años ochenta (en los que más o menos se combate en todas las partes del mundo), muy actuales.

Por ello nos sentimos impulsados a ofrecerlas de nuevo a la humanidad, que busca actualmente, y que quizás duda. Aquel que las lee con un corazón abierto reconocerá la profunda verdad de la que testimonia cada palabra.

Como conclusión, hemos añadido una conversación que data del mismo período, «La Ofrenda del Hombre Celeste», en el que el tan conocido relato de la crucifixión de Jesús (Juan 19:17-19) es aclarado de una manera desconocida hasta entonces.

¡Que aquel que pueda comprender comprenda!

 

 

 

ROZEKRUIS PERS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA

 

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con que salarla? No sirve mas para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder; y no se enciende una lámpara para ponerla sobre el celemín sino sobre el candelero y alumbra a todos los que están en la casa.

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que esta en los cielos.

                                     (MATEO 5:13-16)

 

Los hombres que aspiran a una liberación espiritual o material acusan indefectiblemente al mundo y a la humanidad, reprochándo­les la degeneración desenfrenada de la vida; sus violentas críticas denuncian las heridas y los errores, pero siempre al exterior de ellos mismos. Echáis en cara a vuestros enemigos todo lo que es malo, mediocre e inhumano, y nadie puede decir que vuestros juicios sean inexactos. La mayor parte tienen un fondo de verdad. La mancha de la sangre es tan considerable, los defectos humanos tan enormes, los crímenes cometidos individual­mente y en grupo tan chocantes, que casi todas las críticas dan en el blanco.

Pero si con el fin de evitar todo malentendido, hemos admitido previamente que la justicia, en sentido absoluto, debe triunfar en este mundo y realizarse, es necesario hacerse la pregunta: ¿La crítica es un buen medio para sacar a la luz los errores fundamentales del ser humano? Criticando sistemáticamen­te, se busca y se encuentra siempre el error fuera de si mismo; raramente uno se pregunta si el hombre caído es capaz verdadera­mente de una crítica objetiva, y si está en condiciones de ver y de juzgar de una manera pura.

Si hubiéramos reflexionado suficientemente sobre ello, hubiéramos descubierto, por ejemplo, que la Sabiduría Universal nos enseña que el ser humano únicamente puede ver a su prójimo, a las cosas y a los valores que le rodean, a través de su propia esfera aural. Ahora bien esta esfera aural no es pura, ni perfectamente transparente sino que está coloreada y dañada por nuestro propio estado sanguíneo, por nuestro propio estado de ser.

Igualmente descubriríamos que el yo cree siempre que tiene razón, que es atacado, que ve y actúa de la manera justa, que debe ser honrado y reconocido. El yo vive en la ilusión de su realeza. Y como una ilusión es una ilusión, esta realeza es atacada necesariamente por las leyes naturales. De ahí el instinto de conservación del yo: << ¿Quien osa acusarme a mí, poner en duda mi realeza, atacar a mi estado de ser? ¿Quien me hace caer de mi trono, de mi nivel de vida escrupulosamente edificado, de manera que paso hambre, carezco de vestidos, de combustible, de luz, de todo?>>. Y mi odio, mi cólera, estallan contra aquel que, a partir de la ilusión de mi yo, de mi sueño de realeza, me inflige todo esto. ¿Hay una experiencia peor para el rey-yo, que con un buen salario vive en su casa moderna, a todo confort, con calefacción central, radio y televisión, que cada tarde traga, leyendo el periódico, su cotidiana dosis de veneno y que cada año parte tres semanas de vacaciones a la orilla del mar?.

Vosotros que aceptáis la idea de que la justicia deberá triunfar necesariamente en el mundo, vosotros que habláis sin cesar de vuestros supuestos enemigos, ¿no os ha llegado el tiempo de callar y de comprender al fin que vivimos, en nuestra época, la crisis de la ilusión del yo, que somos lanzados fuera de nuestros confortables salones, que nuestro nivel de vida estalla en pedazos, porque la medida está colmada?.

¿Y no ha llegado para nosotros el tiempo volvernos, con amargura hacia nuestro propio yo?. Si queréis derramar vuestras críticas mordaces, vertéis el vitriolo sobre vuestra propia persona. Iluminar vuestra propia desnudez y ved vuestro miserable estado.

Estas palabras quizás os indignen y penséis que el autor se burla de la angustia y de la muerte. Pero nuestra tarea es la de despertaros y la de manteneros despiertos. La espada de la verdad debe ser plantada en vuestra alma. No nos burlamos de vosotros, pero clavamos la espada de la verdad en el yugo de vuestro yo ilusorio. Pues no es pequeño el riesgo de que de nuevo partáis a la búsqueda de un cabeza de turco y de que en consecuencia giréis en redondo una vez más. Es posible, y muy comprensible, que la mayoría de los hombres tenga necesidad de un nuevo girar de la rueda, pues la amargura de una única experiencia no les sea suficiente aún para emprender el cambio fundamental.

Pero ustedes, lectores, alumnos de la Rosacruz, os encontráis en el seno de una Escuela Espiritual. La Escuela de la Rosacruz de Oro hace resonar la voz del Cristo en el presente. Habéis entrado en ella por voluntad propia. Nadie ha venido aquí bajo coacción, y en consecuencia podemos pensar que buscáis el camino de la luz, impulsados por un prerecuerdo espontáneo, por un estado de conciencia real. Por ello esperamos de vosotros una envergadura diferente, otro estilo de vida que el de la masa. Vuestra presencia en la Escuela Espiritual muestra que buscáis una revelación espiritual y no una revelación natural.

Si buscáis una revelación según la naturaleza, os habéis equivocado de dirección. Es seguro entonces que estas palabras os herirán profundamente y que veáis burla en ellas. Pero si buscáis una revelación del Espíritu, reconoceréis enseguida de que Espíritu testimoniamos, y sabréis lo que nos inspira.

Reunidos en una sola Fraternidad, sabemos que la vida natural nos ha marcado en nuestro cuerpo. Pero mutuamente nos miramos con un aire comprensivo, pues ni alturas ni profundidades, nada, ningún hombre, ningún pueblo, ninguna raza, ni el hambre, ni el frío, pueden separarnos del amor directamente manifestado en Jesucris­to, nuestro Señor. Somos la levadura de la nueva era, que nace en el dolor y el sufrimiento.

¿Sois realmente esta levadura? ¿Formáis parte de ella? ¿Estáis decididos a edificar, de abajo hacia arriba, un hombre enteramen­te nuevo por un nuevo trabajo en vosotros, concretizándose directa y científicamente por una renovación? Esta es nuestra tarea, este es nuestro deber. Si creéis pertenecer a los pioneros del genero humano, si os creéis un cristiano, si sabéis lo que significa aproximarse a una Escuela de los Misterios, las palabras del Sermón de la Montaña se dirigen a vosotros: <<Vosotros sois la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor ¿con que salarla? No sirve mas para nada sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.>>

En efecto, si aquellos que se aproximan libremente a la Escuela Espiritual, impulsados por la fuerza del prerecuerdo, se detienen en las cosas de todos los días sin emprender la tarea que incumbe a su cabeza, a su corazón y a sus manos, ¿Quien lo hará?

Vosotros sois la Luz del mundo.

Un nuevo nacimiento se anuncia siempre en la noche, el sufrimien­to y el caos. En uno de nuestros cánticos cantamos: «Después de la noche vendrá el alba, he aquí, el sol se levanta». Por ello el hombre consciente, el hombre que piensa, debe vivir la hora del nacimiento. ¡El es del país del alba! Y si no podéis pertenecer al país del alba y vivir el nuevo nacimiento, pereceréis en la oscuridad y el dolor de la noche, pues la sal que ha perdido su sabor debe ser lanzada fuera y pisoteada.

«Si, pensáis. Si, decís. Cuando la aurora se levante, trabajaré, construiré, edificaré, ¡veréis! ¡Cuando el primer grito del nuevo nacimiento vibre en el aire, cantaré con el coro y mi alegría resonará en los alrededores!».

¡Pero comprender al fin el gran secreto vital de un nuevo nacimiento! ¡Comprender el sentido profundo de las cosas! ¿Como se podría tratar de nacimiento sin creación, sin concepción?. Tropezáis aquí con el mismo error que, desde siempre, hizo caer a tanta gente. El hombre religioso se vuelve hacia la ayuda prometida, hacia el exterior: «¿No ha enviado Dios a su Hijo? ¿No ha enviado a aquel que es llamado la Luz del mundo?».

Así pues comprender al fin la advertencia del Sermón de la Montaña: «Vosotros sois la Luz del mundo; una ciudad situada en una montaña no puede ser escondida, y no se enciende una lámpara para ponerla bajo el celemín, sino que se la pone sobre el candelero y ella ilumina a todos aquellos que están en la casa».

Vosotros sois la Luz del mundo, pero a condición de que seáis un pionero, que os encontréis por derecho en una Escuela Espiritual; a condición de que seáis consciente de ser un cristiano. Entonces sois la Luz del mundo. ¿Y la luz debe esperar a la luz? ¿La luz debe esperar la mañana?. La luz debe brillar hasta la mañana. La ciudad construida en la montaña debe revelar su presencia al mundo. Por la Luz del mundo -y vosotros sois esta luz- vuestra justa orientación espiritual debe irradiar hasta los confines de la noche, del sufrimiento y de la muerte. Tal es la concepción del nuevo nacimiento: La Luz brillando en la noche. Ahora debéis mostrar quienes sois: un mendigo espiritual, un parásito, un farolero espiritual o un hijo de los hombres renacido en Dios, la Luz del Mundo. A esto es a lo que sois llamados. No pronto, sino ahora. No ahora, sino desde hace ya mucho tiempo. «Que vuestra luz brille delante de los hombres, con el fin de que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

¿Comprendéis estas palabras? Si lo realizarais ya no se trataría de saber si hay un Dios, y que iglesia, que dogma, que dirección es la justa. Todas estas discusiones cesarían, y los hombres se burlarían de las teorías teológicas del día. Testimoniaríais de Dios por vuestra radiación. Entonces, el hombre experimentaría a Dios manifestado en la carne. Miles de oraciones se elevan, la jerarquía divina es solicitada por un fuego constante de oraciones. ¿Sentís el humor trágico? ¡Que vuestra luz brille! ¿Donde y como? En el mundo de las tinieblas y para aquellos que tienen sed de luz. Testimoniar de Dios por vuestras obras, por vuestros actos. En un mundo en el que es necesario construir y en donde interiormente se tiene una urgente necesidad de vuestra acción.

¡Que vuestra luz brille! ¿Podéis? ¡Podéis!. No esperamos la paz, no esperamos el alba, sino que engendramos la nueva mañana. Hacemos brillar nuestra luz en la noche, aunque el tiempo que pasa no nos deja indiferentes, porque vivimos en la naturaleza. Incluso si nuestros huesos gimen, incluso si se agotan nuestros corazones, levantamos la cabeza y nos miramos sonriendo pues vemos la luz que nos atraviesa. E irradiamos esta luz en la noche, derramamos esta luz que arde irresistiblemente en nosotros mismos, sobre el mundo y la humanidad, y construimos la mañana y pronunciamos la palabra ardiente: «¡Nuevo Sol levántate!».

Y el nuevo sol se levanta. Sube hasta el cenit. Y nosotros nos unimos, con el fin de que los hombres, por nuestro trabajo y nuestra aspiración a la Luz, glorifiquen al Padre que esta en los cielos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

LA QUINTAESENCIA DE LA LEY

 

 

No creáis que yo he venido para abolir la ley y los profetas; yo he venido no para abolir sino para cumplir. Pues en verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la tierra no desaparecerá de la ley ni una jota ni una tilde hasta que todo se cumpla.

                                    (Mateo 5: 17-19)

 

Los hombres que se acercan a la Escuela Espiritual de la Rosacruz se dividen en dos categorías. No hablamos aquí de los tipos Caín y Abel, aspectos fuego y agua de la corriente de vida humana, sino de los dos tipos de hombres, de los cuales uno se ata sobretodo a la forma y el otro al contenido. Encontramos estas dos categorías en el Atrio de la Escuela Espiritual; tanto unos como otros deben pasar por una grave y dura prueba, antes de recibir la corona de la victoria.

 

                          El Hombre Que Se Ata Sobretodo A La Forma

 

El hombre del tipo «forma» se interesa principalmente en el aspecto y en las particularidades del «hombre nuevo». En primer lugar -en sentido esotérico- se preocupa minuciosamente de los aspectos de su vida, tratando de hacerlas concordar con las condiciones elementales establecidas para este hombre nuevo. El erige la construcción exterior del hombre nuevo, la cual concibe hasta en sus menores detalles; minucioso, su vigilancia no está jamás en falta. A él se aplican las palabras tan conocidas: «Yo he observado los mandamientos desde mi juventud; ¿Que me falta aún?». Si, ¿que puede faltarle todavía a su edificio? Este hombre es un testimonio viviente de las condiciones primeras de la ciencia espiritual. Todo, en él, cuerpo, conducta, casa, entorno, está a prueba de crítica.

Y lentamente pero con seguridad, la confianza crece en su ser. ¿Que se le podría reprochar? ¿No sigue puntualmente las reglas impuestas a un alumno de la Escuela Espiritual, desde el instante en que puso los pies en el Atrio?.

El mira por encima a sus compañeros, con el aire de decir a todos: «¡Hacer como yo, pareceros a mi, soy un ejemplo a elegir!».

Ahora bien, rápidamente se pone de manifiesto que, en este conjunto supuestamente perfecto, algo falta. En el momento en que debería desarrollarse la plena actividad y en la que la luz debería lucir en la ventana del alma, expandiendo sobre el mundo la consolación y la bendición, a la hora en la que los pioneros se reúnen, la casa aparentemente impecable se revela vacía. La forma existe, ciertamente, pero el contenido falta. Este hombre ha olvidado que la forma y el contenido deben estar en perfecto equilibrio. Aquel que purifica su cuerpo debe igualmente purificar su corazón. Si rechazamos las bebidas que oscurecen la conciencia, juzgándolas nocivas para el templo corporal, no las reemplacemos por una narcosis del yo. Si rechazamos la sangre animal y lo que es animal en general, es evidente que la bestialidad deberá igualmente desaparecer de nuestra alma.

Si purificamos y mantenemos nuestro templo exterior comprendamos que lo hacemos con el fin de que el Cristo triunfe en nosotros, y que a través de este templo debe brillar la «Luz del Mundo» pues nos es dicho: «Vosotros sois la Luz del mundo». En conse­cuencia debemos hacer desaparecer todos los obstáculos exterio­res, con el fin de asegurar el triunfo de la intención interior original. Si, considerando la «forma» como lo principal, se neglige el «contenido», malgasta su energía; llegado el momento psicológico, se descubre que la lámpara del espíritu no llega a lucir en la noche del mundo. Naturalmente, entonces el yo desilusionado cae en la tristeza y la autocompasión.

Daros cuenta que la perdida de la máscara y el derrumbamiento que le sigue no provienen de la única percepción de la llamada: «Que vuestra luz luzca», pues en general las personas de las que hablamos no llegan hasta ahí. En un mundo como el nuestro, una casa deshabitada arriesga de ser desvalijada y arruinada antes que las otras.

Un incidente, una experiencia seria, y ahí está la ilusión rota y el hombre se encuentra ante el abismo del vacío. Lleno de amargura y de pena, se aparta entonces del Atrio.

Como nosotros conocéis a este hombre. Cuando su yo ilusorio es roto, cuando la forma se revela desprovista del contenido, busca un cabeza de turco. Lo encuentra fácilmente. En este caso, ¿quien podría, mejor que la Escuela Espiritual con sus exigencias fundamentales, ser el cabeza de turco, el cordero conducido al matadero? «Yo he observado desde mi juventud, todos los manda­mientos. ¿Como es posible que haya llegado a esto? Hay algo que no funciona».

¡En efecto!. Pero las interpretaciones difieren. Sea como sea es siempre la Fraternidad y sus inflexibles servidores, quienes son acusados. El yo desengañado busca siempre victimas expiatorias. Para cada uno, la defensa variará, pero lo que seguro que permanece es que la Fraternidad de la Vida, sus condiciones y sus leyes serán declaradas imposibles, insoporta­bles. El hombre destrozado así, habiendo conocido la experiencia de la «forma vacía», en lo sucesivo va a elegir una forma que corresponda mejor con su verdadero contenido.

Pues desgraciadamente la profunda lección no ha sido aprendida; la ley espiritual de Jesucristo, que le había tocado, ha sido destrona­da; quizás era buena para el pasado, pero la época actual impone otras exigencias…Prefiere, como él dice, permanecer con los dos pies en la tierra, los sin sentido y las exaltaciones de la Escuela Espiritual no significan ya nada para él. Nos dice adiós, y, por el instante, nos despedimos de él.

 

                         El Hombre Que Se Ata Sobretodo Al Contenido

 

Examinemos ahora al segundo tipo, el que se ata al «contenido». Es el hombre que desprecia la «forma», juzgándola banal, secundaria, incompatible con su dignidad; él se concentra exclusivamente sobre los valores de la cabeza y del corazón, sobre el acto. Para él la manifestación mística es juzgada muy superior a la formación esotérica. Esta clase de hombre irradia calor y amor; demuestra un saber y una comprensión místicas; no hay nada en él de la exagerada presunción del hombre del tipo «forma». Dispuesto a la acción, lleno de ardor y sinceridad, con el corazón conmovido, trabaja de la mañana a la tarde. A la petición del Señor a sus discípulos: <<apacentad a mis corde­ros>>, él responde: <<pero con alegría>> y se pone a la obra. Demuestra ser un hombre integro, que puede comprender perfecta­mente y retener en su ser la vibración crística. Sabe y confiesa haber sido concebido y haber nacido en el pecado. Es consciente de su estado de pecador, pero sin embargo cree que todo lo que les es dicho a los verdaderos alumnos y a los iniciados, de manera velada, en los testamentos místicos, se dirige ya a él. Así, el hombre de tipo contenido, se encierra a su vez en su ilusión.. La plenitud de la manifestación crística le toca; la experimenta y reacciona a ella. Pero se equivoca creyéndose capaz, de golpe, de retenerla y asimilarla. Todavía no se ve como verdaderamente es, es decir como una unidad degradada, como una realidad rota, vestida con harapos. Completamente lo opuesto del hombre del tipo «forma», olvida y neglige el hecho de que un contenido puro no puede obtenerse y conservarse más que en una forma pura. El no comprende que la regeneración verdadera es la unión feliz de la forma y del contenido. El quiere llegar a imitar a Jesucristo con la ayuda de su mental degenerado, de su afectivi­dad aberrante por naturaleza, sobre la base de una herencia sanguínea totalmente impura y de una estructura celular invadida por el gluten.

Inevitablemente se producirá una crisis seguida de choques con la Escuela Espiritual y sus exigencias. En el curso de esta crisis, el hombre del tipo «forma», por una parte, encuentra que la ley de la Escuela Espiritual no da una idea exacta de las verdaderas condiciones exigidas, puesto que él <<ha observado los mandamientos desde su juventud>> pero sin resultado. El hombre del tipo «contenido», por otra parte, ve la ley como un obstáculo para su libre desarrollo hacia Dios. El juzga que la Escuela Espiritual se inmiscuye entre él y el objetivo que desea alcanzar. Experimenta un cierto contacto con lo espiritual, pero como siente desaparecer este contacto, escurrírsele como la arena entre sus dedos, atribuye este penoso y doloroso fenómeno a la inflexibilidad de los servidores de la Gnosis, convencido de que cometen bajo su punto de vista un grave error. En resumen, la ruptura es inminente, el hombre del tipo «contenido» se recusa, prefiriendo, dice, lo que él llama la «libertad».

Esperamos que reconoceréis ahora a estos dos tipos, y que comprenderéis porque se estancan en el Atrio de la Escuela de los Misterios, el por qué  una crisis es inevitable y lo que debemos pensar de sus supuestos reproches con respecto a los trabajado­res.

 

                                       La Quintaesencia De La Ley

 

En nuestro mundo dialéctico también encontramos por todas partes a estos dos tipos de hombres. Bajo diversos aspectos y en grados diferentes, vemos alrededor de nosotros seres que buscan la forma y la desarrollan; son los representantes de la cultura de nuestra época y del muy alto grado de civilización aparente a la cual hemos llegado.

Su comportamiento exterior, su manera de vestirse y de actuar en público, su cortesía protocolaria, todo está estudiado e impuesto hasta en sus menores detalles. Todos sueñan en la realeza y quieren alcanzar el objetivo eligiendo su camino.

Vemos igualmente en el mundo de los hombres a quienes viven en una ilusión de bondad. Sus pensamientos, sus sentimientos solo se expresan con palabras fraternales y sus actos están en concordancia con sus palabras; manifiestan una actividad incesante y viven de un contenido real, de una fuerza vital que se agita en ellos. Sin embargo llega un momento, incluso en el mundo dialéctico, en el que estos dos grupos de hombres se encuentran en un callejón sin salida; son conducidos a una crisis tan inevitable como lógica. Y entonces no hay ni Escuela Espiritual, ni trabajadores gnósticos a quienes se pueda acusar. Es la dialéctica que, en tanto que realidad rota con la cual el hombre se golpea, trasforma cada cosa en su contrario.

Si os encontráis en el Atrio de la Escuela Espiritual, os predecimos que habrá una crisis, un choque entre los guardianes de los misterios y vosotros. De la misma manera cuando os sumergís en el mundo, cuando estáis por la forma o el contenido, os predecimos igualmente una crisis, una amarga desilusión. Dado que únicamente por el conflicto con la Escuela Espiritual os despertaréis en tanto que renacidos. Mientras que el mismo conflicto, en el mundo, solo puede arrastraros por el circuito horizontal habitual.

Vuestra crisis con la Escuela Espiritual es susceptible de rescataros y de llevaros al renacimiento del alma. Pero compren­der bien que esta crisis es inevitable para todos y no puede ser conjurada más que por una comprensión profunda de las palabras expresadas por Jesús  en el Sermón de la Montaña: <<No creáis que he venido para abolir la ley y a los profetas; he venido no para abolir sino para cumplir. Pues en verdad os digo, mientras no pasen el cielo y la tierra, no desaparecerá de la ley ni una sola jota ni una tilde hasta que todo se cumpla>>.

Ved la situación tal como se presenta. Por un lado la Escuela Espiritual, hierofante de la ley divina, la cual transmuta la tensión y la vibración en un grado soportable y realizable para los hombres. Por otro lado los dos grupos: los que se atan a la forma y los que se atan al contenido, polos opuestos, unidos sin embargo en un mismo rechazo de la Escuela Espiritual y la ley.

¿Porque este conflicto? En realidad por que estos hombres no pueden comprender los dos aspectos de la ley. Cada uno según su naturaleza, no es capaz de responder, y no responde, más que a un único aspecto, sea la «forma», sea el «contenido». Una forma sin contenido no es nada y un contenido sin la forma adecuada no puede de ninguna manera manifestarse en líneas de fuerza ni tener un valor de eternidad. Por ello la ley no es únicamente forma sino sobretodo contenido; no únicamente contenido, sino sobretodo manifestación de la forma.

El hombre manifestado es una forma, una apariencia, según el espíritu, el alma y el cuerpo. Habiéndose desviado del plan divino, su forma ya no corresponde a las ideas del plan. Ha olvidado sus propiedades celestes y perdido las fuerzas divinas con las que estaba provisto en el principio. Está vacío, sin contenido. Si el quiere recuperar los valores que supone que están presentes en su subconsciente, y vivir de ellos, debe restablecer la forma a su estado original. Dios mora en un templo. Así pues los valores divinos no pueden expresarse plenamente más que en un templo humano. Cuando este templo esta en vías de edificación, los valores divinos se manifiestan en armonía con esta construcción. El Espíritu Santo y su Templo deben estar en armonioso equilibrio. Nadie puede recibir al Espíritu Santo si primeramente no ha vuelto su templo digno de ello.

Las fuerzas del Espíritu de Dios son tan grandiosas, tan dinámicas y tan formidables que todos los reinos de la naturale­za, no importa el estado en el que se encuentren, son saturados de sus radiaciones. Cada átomo de la sustancia primordial vibra en el Espíritu de Dios. Por ello el hombre del tipo contenido, muy sensible, resiente la influencia del Espíritu Divino como un impulso espiritual, pero es una gran ilusión el considerar este fenómeno como un principio de regeneración. En ello no hay más que un simple fenómeno natural.

El hombre del tipo forma, bajo esta influencia, cultiva su aspecto exterior, y es evidente que ello es, igualmente, una simple respuesta a un impulso espiritual natural, que no comporta ningún principio regenerador.

La llave de todos los valores y de todos los poderes divinos y lo que determina la justa construcción del templo es el amor, el amor de Dios y el amor al prójimo. Este amor no puede ser realizado más que sobre la base de la absoluta evicción del yo. Por ello un cambio fundamental, el rompimiento y el aniquilamien­to de la ilusión del yo es necesario para todos los candidatos que se encuentran en la Escuela Espiritual. La ley divina se protege ella misma. Nadie sufre dificultades con la ley o a causa de ella si se eleva en el verdadero amor y toma al mismo tiempo la forma y el contenido y construye con ello.

A medida que el constructor del templo avance, de golpe en golpe de martillo, el Espíritu Santo le llenará de sus valores eternos. La ley ayuda al alumno y le aconseja en la construcción del templo con el fin de que un día sea digno de pronunciar las palabras: «Veni Creator Spiritus», «Ven Espíritu Creador». Y a todos aquellos que, a consecuencia de la duplicidad de su naturaleza, por error o presunción, con un egoísmo irreducible, quieren alcanzar el objetivo, pese a todo, y entran así en conflicto con la ley, es dicho: «No creáis que he venido para abolir la ley y los profetas. He venido para cumplirlas».

En Cristo el Señor, la ley se impone cada vez más fuertemente en nosotros. En Jesús el Señor, nuestra sangre es atacada, mientras que resuenan las palabras: «Ved, estoy a la puerta y llamo».

Pero el amor divino no conoce ningún compromiso; ni una tilde, ni una jota nos es concedida gratuitamente. Es todo o nada. Por ello es lógico que aquel que violara el menor de los mandamientos e indujera a los otros a hacer otro tanto sea llamado el más pequeño en el Reino de los Cielos. Aquel que, al contrario, los practicara y los enseñara, será llamado grande en el Reino de los Cielos. Si tenéis orejas para oír y ojos para ver, comprender pues lo que el espíritu de la ley tiene que deciros. Nadie podrá, hasta la consumación de los siglos, juzgarse liberado de la ley sino la ha cumplido como debe serlo. La humanidad será atacada, en su cuerpo y en su sangre, hasta que estas cosas sean plenamen­te confesadas y realizadas. Observad el símbolo de la balanza, de la justicia divina: Los platos deberán estar en equilibrio antes de que el Cordero de Dios pueda morar en vosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

NO OS PREOCUPEIS

 

No os preocupéis por vuestra vida, que habéis de comer, ni por vuestro cuerpo, que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? ¿Y quien de vosotros podrá, por sus preocupaciones, añadir un codo a la duración de su vida? No os preocupéis, pues, diciendo ¿que comeremos, o que beberemos, o que vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; Pero vuestro Padre celeste sabe que tenéis necesidad de estas cosas.

Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Así que, no os preocupéis por el día de mañana porque el día de mañana se cuidara de si mismo. Basta a cada día su propio mal.

                                 (Mateo 6: 25, 27,31-33)

 

Cuando leéis estas palabras del Sermón de la Montaña os parecerá claro que no se dirigen al hombre de la masa, sino a un grupo excepcional: el grupo de alumnos de la Escuela de los Misterios Crísticos.

El hombre de la naturaleza terrestre, el hombre de la masa, aquel que ha nacido y ha crecido en esta dura tierra, conoce la lucha por la existencia. Sabe lo que significa: «ganaras tu pan con el sudor de tu frente». Y puesto que esta sentencia está inscrita en su sangre como una angustia fundamental, busca ganar el máximo de pan sudando un mínimo. He aquí el origen de toda lucha social, de toda guerra, de toda anarquía económica, de toda usurpación, de todo terror y de toda execración popular.

Esta angustia fundamental es la base de la educación y de la ciencia dialéctica. Se trata de la vida, del alimento y del vestido. Es el triángulo de la existencia terrestre. ¿Quien lo negaría? Como el animal que quiere el alimento de un compañero de su especie, el hombre es empujado por el instinto de conserva­ción del yo. Es un instinto natural consecuencia de un pasado arcaico. Somos «Señor» o ×Señora» mientras ello no violente nuestro instinto natural, y somos religiosos, humanitarios y civilizados mientras que la vida, el alimento y el vestido no sean puestos en cuestión.

«No os preocupéis por vuestra vida, que habéis de comer, ni por vuestro cuerpo, que habéis de vestir», evidentemente no son palabras dirigidas al hombre que vive en el medio de las tensiones y agitaciones del mundo actual. ¿No son estas palabras un desafío a la realidad? Acordémonos de los años de hambre, en el curso de la segunda guerra mundial, donde todo faltaba, en todos los campos… ¿No teníamos entonces el deber de proteger a nuestros niños y de buscar alimento con el fin de cubrir las necesidades vitales elementales? Ni siquiera podíamos ganar el pan con el sudor de nuestra frente puesto que no había.

En ultima instancia podíamos estar de acuerdo únicamente con el: “No os preocupéis por el día de mañana». Efectivamente la miseria era tan grande, las tensiones que captaban nuestra atención tan conmovedoras, que ni siquiera teníamos tiempo de reflexionar en el día de mañana. No es pues sorprendente que muchos hayan creído que estas palabras del Sermón de la Montaña procedían de un optimismo religioso superficial, adaptado a los días tranquilos, a los tiempos de paz y de progreso, o bien se ofrecían al teólogo obligado a calmar, en una comunidad religiosa, a un miembro rebelde, maltratado por su superior.

Pero nosotros que vemos el Sermón de la Montaña bajo otro ángulo, sabemos que estas palabras se dirigen a un grupo de alumnos absolutamente particular y que evidentemente no están destinadas a todos los hombres.

Nosotros no podemos juzgar si estas palabras os conciernen directa y personalmente ni determinar si es bueno que profundi­céis en ellas… Es posible que, si os fiáis de ellas, quedéis muy decepcionados. Muchos de los que se confiaron a ellas fueron obligados en un momento dado, a reanudar la lucha por la existencia. Es verdad que los realistas en la materia frecuente­mente tienen mucha razón.

Estas palabras del Sermón de la Montaña no se prestan a la experimentación. No os arriesguéis con exaltaciones incontrola­das, pues aquí se trata de cosas grandiosas y sagradas. El cristianismo de nuestra época ya ha ultrajado tanto al Cristo que no añadimos a ello nada más.

¡No debéis confiar en estas palabras!

¡No debéis creer en ellas!

¡No debéis experimentarlas!

No podéis más que morir por ellas.

Nuestras palabras solo tienen sentido para los que se encuentran en el proceso de maduración y tienen necesidad de alguna orientación.

 

 

Buscad Primeramente El Reino De Dios

 

La mayoría de entre nosotros han pasado en el curso de su vida por una maravillosa experiencia: han experimentado que cuando la angustia es grande, la providencia nos envía su ayuda. Puede ser que hayáis tenido necesidad de algo… ¡Y que eso llegue! Unos han visto en ello una respuesta a su oración, otros lo han aceptado como puro azar, un azar ciego… ¡Pero ello venía! Ello venía, de manera que a través de los siglos nació un proverbio, manera popular de conservar el conocimiento original, un proverbio verdadero y profundamente filosófico: «Cuando la angustia es grande la ayuda está próxima» o «Ayúdate y el cielo te ayudará».

Se trata aquí de una ley divina que se manifiesta en todos los dominios de la materia y del espíritu. Una ley tan poderosa, sublime y dinámica que brota como el relámpago, en el medio mismo del mundo de la negación, de la ignorancia de Dios. Esta ley enseña que existe, para toda entidad salida de la esencia divina en el Universo, una posibilidad de vida perfecta, en el sentido  más amplio. Tan pronto como una entidad se encuentra, según su conciencia, en el cosmos, es decir tan pronto como la chispa divina central se revela en ella y que, sobre la base de esta conciencia­, una llama brota de la chispa divina, todo aquello de lo que tenga necesidad esta entidad, ha sido previsto para ella; desde que ella emprende en un trabajo en común con sus hermanos y hermanas el mantener el fuego del plan de amor divino y llevarlo a su objetivo, todo aquello de lo que podría tener necesidad en no importa que momento, para su mantenimiento o para su tarea constructiva está absolutamente presente.

La anarquía en la producción es desconocida en el plan divino. ¡Todo es para todos! Así es la ley, así es el orden. Cuando el alumno revivifica su unión con esta ley, ella le pone en posesión de la totalidad de su herencia. Se vuelve entonces inconmensurablemente rico. El Padre Celeste sabe de lo que él tiene necesi­dad, allí donde se encuentre. Este no es un discurso edificante, pues vuestra presencia en el cosmos implica que se ocupan de vosotros. Inquietarse por una cosa u otra es pues perfectamente ininteligente.

El hecho de que, en la naturaleza terrestre, se este obligatoria­mente preocupado e inquieto, debería hacer comprender al alumno que eso es un error. Así pues debe esforzarse en reencontrar la vida que está en armonía con la ley original. Una de las condiciones del camino es precisamente encontrar la respuesta exacta a la pregunta: ¿Como debo orientar mis esfuerzos espiri­tuales? ¿Como orientar mi búsqueda? ¿Debo abrirme un camino a través de la materia hasta el estado verdadero? ¿O debo aprender a vencer a la materia a través del espíritu? ¿Como tomar posesión de mi herencia?

El Sermón de la Montaña es aquí muy preciso: «Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia, y el resto os será dado por añadidura». Todo lo demás ya no es entonces un problema. Son aquellos que están orientados hacia la tierra los que van hacia la búsqueda de todo este resto, del que sin embargo tenemos necesidad.

«¿Debo abandonar mis intereses materiales? ¿No debo educar a mis hijos de manera que puedan mantenerse en la sociedad?»

Si os hacéis tales preguntas, es la prueba de que «os preocu­páis», de que el problema es aún muy pesado para vosotros. El hombre que ha sentido algo del verdadero reino y de su justicia ya no se hace tales preguntas. Las aspiraciones y las búsquedas terrestres han perdido todo sentido para él. Se eleva en la vida nueva, y entra inmediatamente en posesión de la herencia, cuya presencia había presentido en vagas impresiones anteriores de la verdadera vida.

No se trata aquí de «quemar las naves tras de si» y lanzarse a lo incierto. Se trata de cambiar su balsa por un buque. No se trata aquí de parasitar a los otros, a su trabajo, a su tiempo y dinero.

 

                                                  Recibir Y Dar

 

Si tomo la vida verdadera y el reino de Dios y su justicia, ¿Habrán allí gentes lo bastante amables para darme lo que les sobre? ¿O un familiar que se haga cargo de mí materialmente? Dicho de otra manera » ¿Los paganos que han amasado bienes me asegurarán la vida según la naturaleza, y me conducirán sano y salvo al nuevo reino?».

¿Comprendéis que no puede ser así? Los bienes materiales no podrán servir nunca para conducirnos a la vida nueva y ningún hombre nos servirá de estribo para llegar a ella.

Cuando se realiza un trabajo verdaderamente espiritual en este mundo, al servicio de todos los que se agarran a la tierra, puede comenzar sin un céntimo, sin concentración de fondos, y sin embargo lo necesario no le faltara jamás. Pues ello viene de todos lados, ni en exceso ni en defecto. Esta misma ley está igualmente en la base de este trabajo, pero ella no actúa más que cuando todo lo que ha sido recibido es devuelto, transmutado, en un trabajo absolutamente consagrado al servicio de todos, e incluso mas allá.

Sin embargo no es de esto de lo que habla el Sermón de la Montaña. Si queréis comprenderlo es necesario que os desliguéis de toda materia y de sus caminos tortuosos. Aquí, el Cristo se dirige a los alumnos en la montaña. Y esos son iniciados. ¿Pensáis que tales alumnos se preocuparían de la vida, del alimento y del vestido, en el sentido habitual? ¡Seria ridículo!

Hay, entre los alumnos de la Escuela Espiritual que escalan difícilmente el sendero, una aspiración diferente: una aspiración a la vida verdadera, al alimento y a las bebidas verdaderamente espirituales, una aspiración a ser «revestidos» del cuerpo celeste, como lo expresa Pablo. Allí esta su preocupación, su continua inquietud en el transcurso de una cierta fase de su desarrollo.

Y es esta preocupación la que es errónea, esta inquietud es un verdadero obstáculo. Pues esta inquietud es malsana, es dialécti­ca y terrestre. Ningún alumno en el camino puede, preocupándose así por su estado espiritual, añadir ni un codo a la duración de su vida.

 

 

 

                                               Haced El Trabajo

 

En tanto que alumnos no tenéis más que una cosa que buscar: el reino y su justicia. Esta búsqueda no es una forma nueva de parasitaje, ni una nueva manera de hacerse explotar, sino que consiste en cimentar, construir, fabricar y establecer.

Si sois alumnos, si sois llamados a volveros alumnos decidiros pues a servir, según vuestro estado de ser, al verdadero reino y su justicia. Poned en ello todo vuestro ser. No penséis en vuestro propio devenir espiritual y en sus necesidades. Enton­ces, ¿no tenéis necesidades? Si pero no os paréis en ellas, no penséis en ellas. Actuad sintiendo dolorosamente vuestras faltas y vuestras imperfecciones, pues estáis en la Luz divina, en la montaña. ¡Haced el trabajo! ¡Todo lo demás llegara! Os será dado.

¿Cuando, donde y como? Eso poco importa. En tanto que alumno de la Escuela Espiritual conocéis el camino de la liberación, y no habéis recibido este conocimiento para aumentar vuestras preocupaciones y vuestras inquietudes.

Habéis recibido este conocimiento como una gracia, con el fin de poder reconocer al Hijo del Hombre cuando venga. Experimentar la palabra del Cristo: «Mi gracia te sobra». Nos encontramos hoy en la fuerza de esta gracia, en el presente, con sus miserias, sus dolores y sus tinieblas. Es en este presente en el que tenéis que hacer vuestro trabajo, vuestra tarea de Hijo de Dios. Y en el presente os oprimen tensiones. Romper estas tensiones en virtud de vuestra llamada y de la gracia que hoy os es manifesta­da.

Colocaros ante vuestra tarea y actuad. No charléis mas, ya no especuléis sobre el mañana. Este es el sentido pragmático preciso del Sermón de la Montaña, la eficiencia de Jesucristo.

Muchos no pueden comprender esta eficiencia y aunque llamados en la montaña, continúan preocupándose de la iniciación y del alimento espiritual del cual tienen necesidad para «su» progreso.

Lanzar a vuestro yo por la borda y también a vuestro instinto de conservación. Sacrificaros sobre el altar del servicio. No mañana sino hoy. Para poder hacerlo, tenéis necesidad de amor, de amor al prójimo. Tenéis necesidad de un corazón que quiera ofrecer el sacrificio de su sangre.

Los alumnos que, sobre la montaña, reciben una advertencia, son pecadores en una octava superior. Hay hombres que se preocupan  a causa de su vida inferior y hay hombres que se inquietan a causa de su vida superior. Ni lo uno ni lo otro es liberador. Solo aquel que quiera perder su vida por hacer la voluntad de Jesús, encontrara la Vida. Comprender el sentido práctico del Sermón en la Montaña. ¡Hoy mismo!

Y construir con todos los que son vuestros hermanos y vuestras hermanas los cimientos del reino y de su justicia. Sed un francmasón. Es dicho a todos aquellos que escalan la montaña del espíritu: perder todo egoísmo, no os preocupéis por vuestro desarrollo, fuerzas o valores espirituales de los que podríais tener necesidad en el camino. ¡Pues se trata de la vida misma! La vida de la renovación. Expulsar de vuestro ser esta angustia y este egocentrismo superior.

Buscar el reino y su justicia. Cumplir la ley del amor según el ejemplo del Cristo, y todo lo demás vendrá de ello, pues es la realización de una ley evidente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                          IV

 

                                   NO COMETERÉIS ADULTERIO

 

 

Oísteis que fue dicho a los antiguos: No cometeréis adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adultero con ella en su corazón.     (Mateo 5: 27-28)

 

 

Para el hombre místico y esotérico que piensa encontrar en el Sermón de la Montaña un dialogo entre el Cristo y los alumnos en el camino, las palabras anteriores, a primera vista, deben parecer banales y decepcionantes. Se puede suponer, en efecto, que aquel que aspira a elevarse en la Luz de la montaña sagrada, y se vuelve digno de ello, al menos esta por encima del pecado de adulterio. ¿El sermón de la montaña estaría entonces, no destinado a un auditorio exclusivo, sino al gran publico? ¿O bien estas palabras, por una razón cualquiera, fueron añadidas en otro tiempo al Sermón de la Montaña, de manera que desentonan en estos cantos realistas de la vida verdadera?

Por ello es bueno someterlas a un examen mas profundo. Primera­mente es necesario rechazar la opinión según la cual esta advertencia estaría reservada a los alumnos masculinos en el camino. Nos parece claro que el Cristo se dirige aquí tanto a las mujeres como a los hombres. Un deseo impuro, ilícito, ciertamente no es algo puramente masculino, y nosotros no hacemos distinción entre <<desear>> y, voluntariamente, conscientemente, <<dejarse desear>>, <<provocar>>. Especular sobre las impulsiones del deseo de otros es más censurable que sucumbir a los propios deseos.

Debemos ser conscientes entonces de que estas palabras no nos arrastran a un dominio reservado ya al hombre, ya a la mujer, sino que el hombre es considerado aquí en su doble manifestación.

Estas palabras colocan al hombre y a la mujer cara a cara. Obliga a los hombres y a las mujeres, luego también a los alumnos de una Escuela Espiritual a atravesar los diversos misterios oscuros de su existencia. El alumno debe descubrir el pensamiento divino que se encuentra en la base de la dualidad humana. Cuando, profundi­zando en los misterios, experimentan como sabiduría algo de los pensamientos divinos, puede encontrar y recorrer las vías del juego verdadero de la vida; un juego que, en el mundo, ha degenerado en <<adulterio>>.

Podéis aproximaros de dos maneras a la advertencia dada a los alumnos que se encuentran en la montaña sagrada. <<Oísteis que ha sido dicho: No cometerás adulterio>>. En todos los tiempos, en todas las razas, en todos los pueblos, primitivos como civilizados, la relación conyugal ha sido reglamentada y protegida. Prescripciones religiosas y legislativas han existido siempre para conservar un cierto culto al matrimonio.

Cuando se trataba claramente de << adulterio según la naturaleza >> este era sancionado religiosa y legalmente. Todo lo que incumbe a las reglas de la vida es conocido por el hombre de la masa. Vosotros habéis oído lo que ha sido dicho a los antiguos, a los que son de esta naturaleza.

Pero vosotros que tenéis la ambición de seguir un nuevo camino espiritual, vosotros que formáis parte de los jóvenes, de los nuevos, de aquellos que deben ser guiados por el Cristo hacia un conocimiento y una realidad de vida superior mas profunda, debéis comprender que las reglas relativamente simples y evidentes que definen las relaciones entre los sexos en el hombre de la masa, son muy insuficientes para vosotros, alumnos de la Escuela Espiritual.

Hay una cooperación que la naturaleza impone a los dos sexos y que las normas religiosas, humanitarias y legales rigen. Pero igualmente hay una cooperación, sobre un plano superior, entre los dos aspectos de la corriente de vida humana, regida también por las normas de una ley superior. Y es esta ley la que se trata en el Sermón de la Montaña. Cuando cumplís puntualmente las normas humanas ordinarias, religiosas y legales de la vida en sociedad, y vuestro comportamiento puede ser considerado como ejemplar en este dominio, ciertamente ello no quiere decir que podáis satisfacer las normas del Sermón de la Montaña.

Estas palabras del Sermón de la Montaña no se dirigen de ninguna manera al hombre sensual. Ya sabéis como el hombre de la naturaleza es protegido contra las tendencias agresivas natura­les: el estado se ocupa de ello, promulga leyes, decide en los conflictos. La religión exotérica se implica en ello igualmente y pone sus propias reglas. Sin embargo para el hombre espiritual, la cosa se presenta de manera totalmente diferente. El se eleva en la naturaleza superior y en consecuencia se coloca bajo una ley totalmente diferente, bajo otros criterios racionales y morales. El alumno en el camino debe colocarse por encima de la fase del Antiguo Testamento, de lo que fue dicho a los antiguos, y comprender de una manera diferente que el hombre natural lo que significa <<el deseo>> y <<el adulterio>>.

 

                                            Una parada Necesaria

 

Os preguntamos: ¿Estáis plenamente satisfechos del <<otro>>, de aquel o de aquella que os acompaña en la vida? Y nosotros os respondemos, que seáis o no conscientes de ello: ¡No lo estáis! Habéis aprendido a conocer los limites del otro, o bien estáis en camino de descubrirlos, y el otro lo mismo con respecto a vosotros.

Es entonces cuando aparece la sed de otra cosa por la cual barréis las limitaciones del otro idealizándolas. Esta aspira­ción, este deseo, será en la mayoría de los casos muy puro y sereno. Esto puede expresarse de manera muy impersonal, y sin embargo se puede hablar de adulterio.

Es aquí donde el Sermón de la Montaña ordena detenerse. Cualquie­ra que mira a una mujer para codiciarla ya ha cometido un adulterio con ella en su corazón. Una vez más, no os aproximéis a estas palabras con una óptica vulgar, sensual. Nos dirigimos a aquellos que piensan estar por encima del animal, del rebaño.

Todo alumno en el camino siente la aspiración a lo superior, a la luz, a la liberación, a la realización. No puede hacer de otro modo y ello provoca un conflicto en su ser. El conflicto con el <<otro>>. Este conflicto aparece porque <<el otro>> se sitúa todavía sobre el nivel natural ordinario. El yo, la conservación del yo y las leyes naturales prohíben otra orientación.

Este conflicto engendra una reacción, grosera, según la naturale­za, o refinada, según el espíritu. Pero hay una reacción, siendo así que la realidad de nuestra vida es puesta en cuestión. Esta reacción despierta el deseo de restablecer el equilibrio perturbado. Y este deseo busca colmar la carencia, encontrar alimento para apaciguar su hambre. Partimos de viaje, a la búsqueda del <<otro>>, o de algo <<diferente>>. Nuestro deseo se orienta naturalmente hacia el <<otro>> o hacia algo diferente y enseguida hemos cometido <<el adulterio>> en nuestro corazón, manantial  del deseo. Muchos alumnos en el camino se engañan ellos mismos en este dominio. Queremos exponéroslo de manera que todos os sepáis adúlteros, que todos os sepáis culpables de estas cosas, incluso si sois celibatarios. Estas palabras escapan a toda interpretación estrecha. Ellas se dirigen a los alumnos sentados a los pies del Maestro en la Montaña Sagrada.

Como la corriente de vida humana se manifiesta en dos aspectos, en dos sexos, y estos dos grupos son llamados, por Dios, a una cooperación, el hombre es colocado desde el origen de los tiempos, cara a la mujer y la mujer frente al hombre. En este mundo os encontráis con el otro, o, como decimos a propósito, con lo que es diferente, pues algunos no son conscientes del otro en su vida o rechazan esta consciencia a causa de un espantoso sufrimiento, viejo de milenios. Así el hombre se encuentra frente a la mujer, o de lo femenino y la mujer frente al hombre, o de lo masculino. Incluso si por la razón que sea, rechazáis al hombre o a la mujer como compañero de vuestra vida, seáis o no ennoblecidos por ello, vuestro deseo girara sin embargo hacia lo femenino o hacia lo masculino, hacia las ambiciones, las profesiones, los comportamientos, las estructuras de seres femeninos o masculinos. Ello se ve claramente en todos los humanos y sobre todo en los que lo niegan salvajemente. Ustedes están casados, en el sentido estricto del término, y tienen un compañero en la vida, o buscan uno. O bien estáis casados, unidos a ese <<algo diferente>> que, según su polarización, os es opuesto. Sea como sea, la esencia del ser humano se manifiesta. Así pues os colocamos ante la realidad. Y si usted es un alumno en el camino, si esta sentado a los pies del Maestro en la Montaña Sagrada, esta realidad no puede satisfaceros, pues estáis a la búsqueda de una realidad más alta, mas vasta, total. En consecuencia, cometéis <<adulterio>> espiritual, moral, ética y materialmente.

Ha sido dicho a los antiguos: <<no cometeréis adulterio>>. No lo cometéis y sentís que no podéis ya que ello no aportaría soluciones a los múltiples problemas de vuestra vida. No lo queréis, pues la noción de la santificación de la vida os es familiar. Seguís normas superiores, nobles y puras.

Estáis frente al otro, a lo que es diferente, estáis unido a él, sujeto a él… ¡y no obstante hay adulterio! Hay en vuestro ser un inmenso deseo de plenitud, y según la impulsión del átomo-chispa divino que arde en vosotros, aspiráis a un <<otro>> que sea perfecto. Deseáis ser, o no ser, lo que de hecho es lo mismo. ¡Y esto es adulterio!

Os decimos: aquel o aquella que, sobre la base de su estado de ser, mira a una mujer para codiciarla, o mira a un hombre para codiciarlo; aquel o aquella que mira lo femenino o lo masculino para codiciarlo, ha cometido ya adulterio en su corazón. Podéis dar toda clase de nombres a esta sed de lo superior, podéis negar con pasión, con violencia, el principio existencial más profundo del género humano, la Escuela Espiritual se coloca por encima de todo ello. El Cristo en la Montaña os dice, y nos dice: entre los antiguos y los nuevos, entre la juventud de antaño y la de hoy, no hay diferencia esencial, todo lo más una diferencia en la vida practica.

 

                                                   El Conflicto

 

¿Como podemos escapar a esta forma de adulterio? ¿Es entonces inevitable que cuando un alumno aspira a un bien superior y se vuelve hacia la luz, ello provoque un conflicto con el mundo? Entonces ¿Quiere este adulterio?

Pero no lo desearéis más cuando profundicéis en el conocimiento conferido por Dios. Vuestro estado de ser, el campo en el cual vivís, en el sentido más estrecho como en el más amplio, es vuestra realidad, lo que hay de perfectamente real y verdadero para vosotros. Vuestro estado de ser, con todo lo que comporta de bello y de feo, esta en concordancia con vuestra situación efectiva. Vuestro cónyuge, todos aquellos que os rodean, a los cuales estáis unidos por la sangre así como todo lo que es <<diferente>> alrededor de vosotros, forman el medio al cual pertenecéis, o en el cual estáis situado por la voluntad de Dios. Ello es así para todos los hombres, y también es así para nuestro mundo. Este mundo, este desorden horrible y oscuro, es el hombre el que lo ha hecho tal como es.

Y lo que diferencia al hombre de la masa del alumno en el camino, es que el alumno se vuelve consciente de su estado de ser. Comienza a ver su propia realidad, descubre que se revuelca en el fango, se da cuenta de sus límites y de su consternante miseria, ve el conflicto, los fallos y los errores del otro y de todo lo que es <<diferente>>.

Y entonces…entonces, nace el conflicto. Quieren escapar de su hogar, de sus limites, de su fango, de su estado de ser…Volver­se consciente de su estado es una gracia. Pero substraerse de él de manera forzada, es un adulterio. Entre los antiguos se encontraban también alumnos en el camino. Ellos practicaban la división de la personalidad, huían del desorden del mundo, huían de su estado de ser. Y vosotros intentáis lo mismo, de otra manera. Huís de eso y aquello. Pasáis de lo uno a lo otro, de una cosa a otra. ¡Todo eso es adulterio! No aceptáis el juego de la vida; queréis escapar de él, alejaros de ello mediante ejerci­cios, mediaciones, oraciones, en resumen, huir de manera oculta. ¡Adulterio! El resultado es que siempre sois recuperados de nuevo por vuestro verdadero estado de ser. Y lo segundo es peor que lo primero. Cambiáis una cosa por otra, y no progresáis ni un milímetro. Así pues ¿es necesario aceptar el juego de la vida tal como se presenta en el instante mismo? ¡Si! ¿Pero esta vida no esta llena de amargura y de disonancias, no es altamente condenable cuando la colocamos a la Luz divina? ¡Si!

¿Cuando por una parte se ve el Camino y por otra nuestra vida, no es preciso renunciar a recorrer el Camino? ¡No! ¡Pero lo que el Camino exige, no es aquello que nosotros desearíamos! Queréis escapar, queréis partir, queréis forzar la situación. Entonces aún estáis totalmente en la antigua naturaleza. Queréis romper sin construir. Sois un Caín, un rebelde, que mata e incendia todo alrededor de él. El hecho de tener conciencia de lo nuevo no os coloca aún en lo nuevo, ni pertenecéis aún a lo nuevo. Volveros hacia vuestro estado de ser. Colocaros ante el juego de la vida, ante la realidad de vuestro estado particular. Sois conscientes <<de que es necesario actuar de otra manera>>, que ya no podéis soportar todo eso, que espiritualmente estáis sin aliento. Eso es una gracia. ¿Pero que hacer ahora?, el Sermón de  la Montaña dice entonces: <<Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de caída, arráncatelo y lánzalo lejos de ti; pues es mejor para ti que uno solo de tus miembros perezca y no que tu cuerpo entero sea lanzado a la gehenna. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión  de caída córtala y lánzala lejos de ti; pues es mejor para ti que uno solo de tus miembros perezca y no que tu cuerpo entero sea lanzado a la gehenna.>>

Encontráis aquí la respuesta a la pregunta: ¿Que hacer ahora? El alumno consciente de su estado debe llegar a la renovación de su misma estructura por una revolución fundamental; no debe perseguir al <<otro>>, a lo que es <<diferente>>, sino que debe volverse el mismo diferente, y ello de una manera tan absoluta que nada se haga de una manera negativa.

Si el hombre Caín quiere rebelarse, que haga esta revolución en si mismo. El lo puede gracias a la conciencia de su profunda decadencia. Así no construirá una torre sin cimientos. Si no que comenzara por la base misma de su ser, y ahondara profundamente en la oscuridad de su propio yo. Arrancara sus pasiones egocén­tricas, su instinto de conservación y los lanzara al fuego. Que muera en vosotros el hombre inferior que se agarra a la tierra, y progresad así hacia lo <<otro>>, lo que es totalmente <<dife­rente>>, y que engendra el amor perfecto. Este amor absoluto, impersonal, olvidado de si mismo, triunfa completa­mente. Es así como el alumno acepta el macabro juego de la vida, no de manera negativa y sintonizando con él, no huyendo y cometiendo así adulterio, no, sino atravesándolo con el arma del amor que se ha revelado en él, del amor que sobrepasa toda comprensión, toda obstinación, todo instinto de conservación; del amor que, despertado por la Luz, irradia la Luz. Barremos todos los conflictos, nos volvemos poderosos, edificamos un nuevo cielo-tierra, cuando participamos así, interiormente, en el verdadero juego de la vida divina, en el medio del juego oscuro de la vida terrestre. ¡Y ello sin adulterio!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                           V

 

                                                 NO JUZGUÉIS

 

<<No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y porque miras la paja que esta en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que esta en tu propio ojo? ¿O como dirás a tu hermano: déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces veras bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. >>                      (Mateo 7: 1-5)

 

 

Insistimos en el hecho seguro de que el Sermón de la Montaña fue pronunciado o compuesto para los alumnos de una Escuela Espiri­tual Crística, para un círculo de elegidos a los misterios crísticos. El derecho de juzgar y de criticar les estaba negado. Se les advertía de que no tenían ninguna competencia en materia de juicio y de crítica. Se les ha exigido que se abstengan de ello, con el fin de evitar toda consecuencia lamentable. Os transmitimos aquí esta advertencia, en la medida en que deseéis ser alumno de la Escuela Espiritual de la Rosacruz, la cual se denomina, por excelencia, Escuela Crística de Santificación.

Sabemos, por experiencia, que abstenerse de juzgar y de criticar forma parte de las disciplinas más difíciles de la filosofía universal. No existe nada para lo cual el occidental este menos dotado que un comportamiento que excluya toda critica. Protesta­mos y regañamos alrededor de una taza de te. En materia intelec­tual y espiritual, siempre tenemos un juicio dispuesto. La crítica nos ha educado y es un pilar de nuestra existencia. ¿Que seria de nuestra democracia sin la critica? ¡Si se nos quitara el poder de juzgar y de criticar, seríamos un pueblo privado de derechos!

¿No nos es posible tener una opinión sobre la enseñanza que nos es presentada? ¿Como reaccionar a las corrientes de ideas y de palabras que se vierten sobre la masa? ¿No es preciso opinar sobre lo que nos parece particularmente malvado? ¿Es necesario inclinarse ante la autoridad, en una sumisión pasiva? ¿Debemos simplemente ignorar las cosas y los acontecimientos que se presentan ante nuestra conciencia y que provocan nuestra simpatía o nuestra antipatía, sin hacer nada?

¿Lo que me parece feo, debo falsamente decirle bello? ¿No es necesario alejarme de una atmósfera que me indispone? En resumen, ¿Es necesario volverse completamente insensato y actuar contra natura?

Cuando en la época pedimos a los alumnos de nuestra escuela el abstenerse de toda critica y relacionamos esta concepción y la noción de «obediencia al trabajo», muchos se dijeron, y nos lo admitieron mas tarde muy crudamente: << ¡Se quien con ello poner fin a toda critica eventual al trabajo de la Rosacruz de Oro! ¡Nosotros, los alumnos, no tenemos más que callarnos!>>.

Somos muy conscientes de encontrarnos aquí ante una grave dificultad, y que no será fácil comprendernos bien. Nosotros pensamos que, en el mundo dialéctico, en esta naturaleza destrozada, no podemos dejar de juzgar y de criticar. Estas son las armas de autodefensa que provocan siempre heridas sangrantes. La coja democracia es por el momento la mejor forma de estado que nos merecemos. En este sistema, después de debates que duran largas semanas, alguna mínima ventaja en materia de derechos del hombre, puede terminar por ser eliminada a una voz de la mayoría. Las ideas más nefastas nos rodean bajo bellas apariencias y a veces tenemos necesidad de toda nuestra capacidad de juicio para comprenderlas. En la vida dialéctica es necesario estar constan­temente armado de la crítica y el juicio.

¿No habéis sentido nunca la pena cruel y el desgarrador dolor del alma cuando aplicáis este método o vosotros mismos sois victimas de él? ¿Y esto incluso en el caso de una critica supuestamente justa? ¡Una forma de crítica, que a nuestro parecer, no existe! ¿Nunca os habéis dado cuenta que la expresión de un juicio destructor perjudica vuestro cuerpo físico y mancilla vuestra sangre?

 

                                            Una Maldición Divina

 

Como pertenecemos a este mundo, debemos emplear las armas del juicio y de la crítica. Para el hombre ordinario, el hombre tosco de la naturaleza, no vemos otro método. Sin embargo su aplicación causa mucha miseria, múltiples luchas y graves enfermedades.

El derecho de juzgar y de criticar es para el hombre de este mundo como una maldición divina. Y traéis las consecuencias de ello, con vosotros, hasta en nuestros templos, pues vuestros pensamientos se precipitan sobre el sirviente y no siempre bienintencionadamente. La maldición divina os persigue hasta ante la Rosacruz. Para ciertas personas este método dialéctico se ha vuelto como una segunda naturaleza de la que ya no se pueden pasar. ¿Que resulta de ello? Suciedad de la sangre, enfermedades del corazón, afecciones nerviosas. ¿Cual es el resultado de esto? La confusión esta sembrada.

Nadie puede vivir por encima de su estado de ser. Si, en consecuencia, esta segunda naturaleza es vuestra naturaleza, no tenemos nada que deciros. Nosotros solo nos dirigimos a aquellos que quieren seguir el camino de la iniciación, de la santifica­ción de la Escuela de los Misterios Crísticos. Y también es a estos a los que el Cristo dirige su advertencia, mientras escalan la montaña. Estos hombres quieren escapar al método dialéctico, con la finalidad de que estando en el mundo no ser ya del mundo. Y para alcanzar su objetivo, son justamente privados del derecho de juzgar y de criticar. Deben liberarse conscientemente, de abajo hacia arriba, de una parte de la maldición divina. Esta exigencia es de una necesidad absoluta y no necesita ser justificada por un razonamiento profundo.

<< ¿Porque ves la paja que esta en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que esta en tu propio ojo?>>.

Es conocido de la ciencia gnóstica, y fácilmente podéis verifi­carlo, que el cuerpo físico esta rodeado por una esfera aural. Hablamos igualmente del cuerpo de deseos y del campo de respira­ción. Esta esfera aural no es un simple campo de radiación, en el cual se manifiestan fuerzas que deben ser asimiladas o expulsadas por el organismo, sino que muestra claramente la trama de una estructura anatómica. Ella forma parte de nuestra estructura física. Ni que decir tiene que la naturaleza, el estado de vibración de esta esfera aural es individual. Es diferente para cada uno de nosotros. Lo observáis, lo veis todo a través de esta esfera aural. Vuestras observaciones sensoriales se hacen a través de vuestro circulo inmediato, a través de lo que esta más estrechamente relacionado con vosotros. Las observaciones sensoriales de cada uno son totalmente diferentes unas de otras. Hombres caídos, pertenecemos al orden caído de la naturaleza. Estamos fuertemente mutilados y degenerados, somos caricaturas del Hombre original, y ningún cuerpo dialéctico puede hacer observaciones puras y objetivas. Nuestra esfera aural esta empañada, es un espejo teñido, completamente inapto para un juicio sensato. En consecuencia vivís en una gran ilusión. En realidad nada es tal como lo veis con vuestros sentidos. Además de los gnósticos de todos los tiempos, filósofos renombrados han estudiado este fenómeno, sin poder indicar la causa simple, estructural, real. Nuestra forma corporal es imperfecta. Vivimos en un mundo de ilusión. Y ahora, alumnos de la Rosacruz, debéis concienciaros de que no sois aptos para juzgar por medio de este organismo defectuoso y dada la deteriorización de vuestro estado estructural, todo lo más podéis suponer, especular, soportar las consecuencias de vuestro juicio y de vuestros actos. Debéis comprender que la paja que eventualmente veis en el ojo del otro, muy probablemente es el reflejo de la viga que se encuentra en vuestro ojo. Ya que vemos las cosas coloreadas por nuestra aura. Y lo que no nos gusta en nuestra propia esfera, lo vemos en el otro en segundo plano. Casi siempre es así: acusamos en otro un mal que esta en nosotros.

Estas cosas nos parecen tan lógicas, tan simples que casi parece superfluo hablar de ello. Esta sabiduría, esta verdad siempre ha estado grabada en la conciencia popular y conservada en viejos refranes como: <<Piensa el ladrón que todos son de su condición>> o <<La marmita se burla del caldero>> (proverbio holandés).

Si queréis servir a la Escuela Espiritual no abordéis a los hombres y al mundo con vuestro poder ordinario de critica dialéctica. En la caída no perdimos solamente los poderes superiores del alma y del espíritu, sino también las propiedades de la naturaleza original, de lo cual no nos queda ni lo más elemental. Nuestros sentidos, tan alabados, y de los que estamos tan orgullosos, de hecho no son seguros. Nosotros no observamos, suponemos, tanteamos. Y según nuestro estado de ser, imaginamos que tal cosa debería de ser así, y actuamos de manera especulati­va, teórica. ¡Nuestro sublime derecho a juzgar y criticar se reduce a eso!

Y la Escuela Espiritual testifica que así no es posible progresar hacia la vida superior, que debéis renunciar a este género de observación y evitar reaccionar a falsas percepciones. Cada ser humano vive en su propio mundo de imágenes y juzga su entorno a partir de este mundo imaginario. Así hemos alcanzado el estado de aislamiento más completo posible. Vivimos totalmente encerra­dos en el yo, y en el mundo del yo. Somos enormemente anormales, por no decir más. De ahí las corrientes de ideas que se vierten sobre nosotros y el hecho de que jamás podamos ponernos de acuerdo. De ahí la profunda división, el egoísmo sin limites, el instinto de conservación del yo con las innumerables y amargas consecuencias. ¿Os dais cuenta que de lo que se trata aquí es del principio mismo de nuestra miserable existencia?

Un juicio es una decisión, una imagen pensamiento concreta. Suscita siempre una reacción en el mundo que nos rodea y en nosotros mismos. Siempre somos medidos con la medida que nosotros mismos utilizamos. Por ello reina un desorden tan grande. Lo que uno construye, otro lo demuele. El bien que uno quiere hacer, otro lo transforma en mal. Y cuando la Escuela Espiritual os aconseja abandonar vuestro derecho al juicio y a la crítica, no es con la intención de volveros las cosas más fáciles, sino de curaros de una grave enfermedad. Se trata de liberaros de una cierta locura, de una perturbación psíquica tan grave que ni lo suponéis.

Imaginar que ahora este problema este claro para vosotros: es necesario comprender entonces lo que exige la Escuela. <<Tu hipócrita (es decir hombre imperfecto, caricaturesco, irreal y no «fariseo»), tu pobre infeliz, quita primero la viga de tu ojo, y entonces veras como quitar la paja del ojo de tu hermano>>.

Si queréis comprender estas palabras, vigilar en no caer enseguida en la mistificación. ¡Muchos llegarían incluso a golpearse por defender la idea de que ellos están quitando la viga de su ojo o que ya lo han conseguido! Pero es necesario comprender que de lo que aquí se trata es de la purificación del campo aural, de la reconstrucción total de la naturaleza original, de la demolición del tabernáculo terrestre, como dice Pablo. En resumen, el alumno se ve colocado ahí ante el misterio de la iniciación y de la santificación de la Escuela Espiritual Crística.

 

 

                                                    No Juzguéis

 

¿Como debe comportarse el alumno, a partir del momento en el que dice adiós a la critica dialéctica, y hasta el momento de alcanzar la plenitud resultante de la inversión de las personali­dades? En este periodo intermedio, ¿debéis tomar decisiones, actuar en pro o en contra de algo, reconocer a amigos y enemigos? debéis vivir según unos criterios, que para vosotros son sagrados, que encuentran su raíz profunda en vuestro corazón y que destellan en vuestra consciencia, pues todo lo demás es especulación.

Partiendo de estos criterios, ejecutad vuestra tarea, vuestro trabajo a sabiendas, mientras que os esforzáis en mejorar día a DIA la calidad. Una tempestad de críticas y de juicios se precipitará sobre vosotros, pues es la reacción habitual del mundo. Pero no juzguéis. Dadlo todo, desde lo más profundo de vuestro ser, según vuestra convicción más sagrada, y esforzaros constantemente en observar lo que hace actuar al otro, lo que busca, lo que quiere.

Cuando vuestra manera de caminar, vuestra opinión, vuestro deseo tropiecen contra otro, por ejemplo uno de vuestros amigos, colegas o miembros de vuestra familia, enseguida tendréis en cuenta vuestra tarea orgánica, vuestro defecto estructural y reflexionareis rogando por ello, meditando y profundizando las cosas en vosotros mismos. Es seguro que llegareis entonces a una luz absoluta, sin tener necesidad de violentar las normas sagradas de vuestra vida.

Viviréis entonces una experiencia maravillosa, simple y lógica: al siguiente encuentro, la dificultad habrá desaparecido, pues vuestro amigo o vuestro pariente también se habrá examinado, habrá reflexionado siguiendo el método espiritual y habrá sacado las mismas conclusiones que vosotros. El yo y su mundo serán así traspasados. Todos aquellos que avanzan luchando por ello en el camino experimentan entonces la experiencia maravillosa del nacimiento de una verdadera comunidad de sentimiento, opinión y acción, y ello en una completa independencia reciproca, sin tener que obedecer con la pasividad de un cadáver. Así es la <<Sancta Democratio>>

 

                                                    El Prodigio

 

Si escaláis la montaña del templo y os consideráis alumno os aconsejamos ir al encuentro de vuestro prójimo y del mundo sin crítica. Aproximaros a ellos con total positivismo, con vuestra convicción más sagrada, cuya raíz parte de vuestro corazón. No impongáis vuestra voluntad pero testimoniad de lo que buscáis y de lo que sois, observando todo ello de manera impersonal.

Experimentaréis entonces el prodigio. Os reconoceréis hermanos de la nueva alianza y os reconocerán. Ya no existirán opiniones divergentes. Viviréis al instante en el mundo de una comunidad espiritual verdadera. Y únicamente entonces tendréis el derecho de ayudaros mutuamente en el camino, con amor, cuando esta ayuda sea demandada. Cada alumno en el camino debe comprender que nunca es preciso forzar a otro a un estado espiritual o a un acto que no correspondan a su estado de ser. Cada alumno en el camino debe comprender que el tropieza constantemente, no únicamente con aquellos cuyo estado de ser es inferior al suyo, sino también con aquellos cuyo estado de ser es superior.

Por ello hay continuamente una inevitable falta de comprensión por los dos lados. Y por ello hay, tan frecuentemente, entre los alumnos que aún no comprenden la exigencia del Sermón de la Montaña, un fuego de crítica que devora y que hiere profundamen­te.

Aprendamos de Jesucristo que hay otra vía, una vía que es mucho más breve. Estemos también, a este respecto, en el mundo pero sin ser del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                          VI

 

                           NO DEIS COSAS SANTAS A LOS PERROS

 

 

Esta advertencia es de la más alta importancia para los trabaja­dores al servicio de la Luz. Todos aquellos que desean participar en la Gran Obra del Cristo para la salvación del mundo y de la humanidad, deben considerar que estas palabras les están dirigidas. Fueron dichas a los alumnos  que se habían vuelto dignos de escuchar el Sermón pronunciado en la Montaña Sagrada. Naturalmente nuestros pensamientos se vuelven hacia las palabras inscritas en el manifiesto de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz: <<No tiréis perlas a los cerdos ni rosas a los asnos>> palabras tomadas de la misma idea, consejo que debe ser dado a conocer a los alumnos de la Rosacruz de manera muy particular y con insistencia.

¿Quienes son perros, cerdos y asnos? ¿De que lado acecha aquí el peligro? ¿Como trabajar y actuar para escapar a este peligro? Preguntas en las que es necesario esforzarse para encontrar una respuesta.

El perro es, en todas las mitologías, en todos los misterios, el símbolo de la voluntad terrestre del hombre dialéctico, voluntad caótica, especulativa y experimental. El símbolo del perro representa también los esfuerzos totalmente infructuosos por santificar esta voluntad y hacerla responder a la voluntad divina.

Pensad por ejemplo en el rito de <<Boundahis>>. Vemos en él como se da de comer a un perro un cordero sacrificado. En el mundo del pensamiento indio, el perro esta unido por la misma razón, a Shiva, la voluntad divina que irradia en el mundo humano inferior.

Este símbolo se nos presenta más claro y más próximo si pensamos en Cerbero, el guardián de tres cabezas del Hades. Según ciertos relatos, Cerbero poseía incluso cincuenta cabezas, la cola de un dragón, unas crines hechas de cien serpientes, un alentó y una baba emponzoñadas…imagen brillante y extremadamente clara de la voluntad humana, que enrabia, mata y abrasa. El infierno tiembla bajo sus ladridos, y cuando rompe sus cadenas, ni las mismas furias pueden dominarle. Impide a los espíritus abandonar su morada infernal y aquellos que buscan engañarle y calmarle un poco, deben dormirlo con un alimento compuesto de miel y adormidera. No se le puede aprisionar definitivamente más que por medio del caduceo, es decir por el camino de la iniciación. Pero aquí, igualmente, la prudencia más grande es absolutamente necesaria. ¿No se nos cuenta que Hércules, el noble hijo de los dioses, este trabajador lleno de amor por la humanidad, aprisiono en él a Cerbero, y fue hasta tal punto mordido e infectado por sus babas venenosas que quedo loco durante algún tiempo?

Si comprendemos el mundo de las ideas centradas sobre el símbolo del perro, se vuelve comprensible que el símbolo del cerdo debe estar en relación con los deseos inferiores del hombre, con la naturaleza emocional del hombre orientado hacia la tierra y lo terrestre, que lo relaciona todo con los valores terrestres, que desprecia todo lo que es sagrado y no es de este mundo, y lo aprisiona en la naturaleza terrestre.

El cerdo es la imagen repugnante de la conciencia-yo que, impulsada por su deseo y cubierta de innobles costras, avanza hacia su objetivo inferior, chapoteando en el estiércol del que se atiborra. Es el cerdo del cual todos tenemos algo. Ya el libro egipcio de los muertos pone en guardia contra el cerdo.

Y en el mundo animal, caído como nosotros, que ilustra de una manera sorprendente todo lo que es inferior en el mundo humano, el cerdo sucio y horrible esta allí para recordarnos sin cesar la bajeza de nuestros sentimientos. Por ello, desde la antigüedad hasta nuestros días, siempre han habido pueblos ha quienes repugnaba el cerdo y que rechazaban comer de él. Las leyes judías prohibían la carne de cerdo. Y los sacerdotes de antaño, que aún eran elegidos entre los iniciados, sabían que esta carne contiene sustancias particularmente toxicas que actúan directamente sobre las emociones. Por ello se designaba al cerdo como » el enemigo de toda justicia». En los medios de la magia negra, los seres elegidos para objetivos especialmente depravados eran exclusiva­mente alimentados con carne de cerdo. Con la condición de seguir el tiempo suficiente este régimen, estos desgraciados perdían todo sentido de la justicia y no retrocedían ante ninguna mancillación para llegar a sus siniestros fines.

Por otra parte cada especie de carne contiene sustancias toxicas, que no actúan únicamente sobre el cuerpo material, sino que corrompen sobre todo la conciencia mental y moral. Seria interesante dedicarle a ello un estudio en profundidad. Añadamos, para daros una indicación más, que los ingleses son grandes comedores de carne de cordero y pensamos que las toxinas que ella contiene han marcado a la nación inglesa en tanto que masa y que pueblo.

En fin, fijemos nuestra atención en el asno, símbolo de la naturaleza obstinada, que se subleva sin cesar, pero que sin embargo, puede ser dirigido, dominado, por la fuerza espiritual superior. Por ello vemos entrar a Jesús en la Jerusalén de la naturaleza terrestre, montado en un asno, mientras que la masa exclama: << ¡Hosanna, bendito sea aquel que viene en el nombre del Señor!

Eso no es una victoria, es el preludio del sacrificio de su carne y de su sangre, pues los mismos que gritan <<Hosanna>>, quienes se abandonan a la borrachera mística, estos mismos combatientes fanáticos de la Luz, gritaran al DIA siguiente :<< ¡Crucifícale!>> La naturaleza inferior que es molestada, atada, arrastrada, se revuelve contra su Señor y Rey hasta que perezca incluso su principio. Y cuando estos gritos de muerte desgarren el éter del mundo, he ahí al Crucificado que, con un amor inconmensurable, unió antiguamente su ser y su sangre al mundo que se moría, con el fin de poder ayudarle y salvarle en su angustia. Así el asno es vencido por la maldición de la cruz.

No deis las cosas santas a los perros, ni lancéis perlas a los puercos por miedo a que las pisoteen, no se revuelvan y os desgarren.

Con estas palabras se da a los alumnos el consejo de que tengan en cuenta, a lo largo de su trabajo, la voluntad satánica, el deseo diabólico y la conciencia desequilibrada del hombre en acción. En resumen, el trabajador en la viña debe tener en cuenta seriamente el deterioro del triple templo humano: el santuario de la cabeza, el santuario del corazón y el santuario de la pelvis. La cabeza en tanto que foco de la voluntad humana, el corazón en tanto que foco del deseo, y la pelvis en tanto que foco de las fuerzas de acción.

<<No deis las cosas santas a los perros>> es el consejo dado en lo que concierne a las actividades del santuario de la cabeza.

<<No lancéis vuestras perlas a los cerdos>> llama la atención sobre las actividades del santuario del corazón.

<<Ni las rosas a los asnos>> concierne al santuario de la acción de la pelvis.

 

                               No Deis Las Cosas Santas A Los Perros

 

En el texto original esta escrito: << No deis el anillo a los perros>>. El anillo sagrado, o la corona alrededor de la cabeza del alumno, es el símbolo de la iniciación, de la unión con el orden divino. Desde que un alumno esta en posesión de este anillo, desde que ha realizado alguna cosa de lo divino original en si mismo, se ha vuelto un participante de la Jerarquía de Cristo, una parte viviente del Ser Crístico y posee el poder de transmitir a otros, según su estado de ser, este anillo, esta corona sagrada. El iniciado puede iniciar a otros. Esta gracia divina, este don divino puede ser dividido hasta el infinito. Y eso no es una invención de la Rosacruz de hoy, esta posibilidad, puramente evangélica, siempre ha sido conocida. Pensad, por ejemplo, en las palabras de Marcos, a propósito de los liberados en Cristo: <<En mi nombre ellos expulsaran a los demonios; hablarán nuevas lenguas; cogerán serpientes; si beben algún brebaje mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos, y las enfermedades serán curadas>>.

Pensad también en el Diploma de Backstrom, en el que aparece cada miembro de la Fraternidad Sagrada, cada miembro de la iglesia invisible, con el derecho e igualmente el deber de transmitir el anillo de la verdadera alianza divina a aquellos que se hayan vuelto dignos de ello. Una responsabilidad enorme reposa así entre las manos de los miembros de la iglesia invisible. Nada puede ser más democrático y universal. Cuando poseéis algo de la verdadera Luz, tenéis el derecho, el deber y la posibilidad de transmitirlo a terceros. Tan pronto como el anillo sagrado, la corona de espinas, reposa sobre la cabeza del alumno, se vuelve un poderoso coheredero de la gracia Crística. El lo ha recibido gratuitamente y lo da gratuitamente.

Y desde que él lo ha dado, su alumno ya no le es inferior sino un igual y se vuelve un hermano entre los otros. Por ello el Cristo dice: <<Ya no os llamo servidores, sino amigos>>. Se dirige entonces a los alumnos que han recibido el anillo sagrado. ¿Veis lo peligroso que debe ser dar a los perros lo que es sagrado, dárselo a aquellos en quienes todavía vive la vieja voluntad?

¿Aspiráis a la posesión de esta corona de la Vida? Entonces sabréis que existe una muchedumbre sublime que se apresurará en colocar sobre vuestras sienes este uraeus, esta cobra de oro. Hay uno para cada hombre; la gracia de la Luz se divide hasta el infinito y eternamente, pero primeramente debéis eliminar la voluntad impía y desenfrenada del santuario de la cabeza, pues lo que es santo no debe ser dado a los perros.

 

                              No Lancéis Vuestras Perlas A Los Cerdos

 

En la lengua de los misterios, la perla simboliza la comunión con Dios. El anillo significa: ser elevado en Dios; la perla es la unión con Dios, la vida diaria con la Luz divina, el aliento de amor del absoluto, que puede ser experimentado conscientemente, y al cual puede ser respondido conscientemente, en el santuario del corazón, donde entra el aliento divino, como prâna de vida y se transmite a nuestra alma.

La perla simboliza la dodécuple calidad de alma que se vuelve el patrimonio del verdadero cristiano. Por ello se dice de la Nueva Jerusalén, en el Apocalipsis:<< Las doce puertas eran doce perlas; cada puerta era una perla>>. Sucede lo mismo para las doce perlas del alma como para el anillo de Vida. El alumno que las posee puede darlas sin perder nada por ello. Puede, en Cristo, ir hasta la renovación del corazón. ¿Aspiráis a poseer este collar de perlas? Una muchedumbre de seres, se apresurarán a colocar este collar en vuestro cuello, como en el Cantar de los cantares. Hay uno para cada uno; la gracia de la Luz es divisible hasta el infinito; pero debéis primeramente, purificar totalmente el templo del corazón de todos los sentimientos y deseos terrestres y especulativos, pues las perlas no son dadas a los cerdos. El hijo perdido, que se ha vuelto parecido a los cerdos, debía perder la decisión de decir: << Me levantaría e iría hacia mi  padre>>

 

                                        No Deis Rosas A Los Asnos

 

La rosa es el símbolo de la realización, de la creación, del acto santificado en Jesucristo. Como la rosa blanca simboliza lo divino, lo que contiene el todo, lo absoluto, así la rosa rojo anaranjada es la magia divina, que traspasa el tiempo, que desciende hasta el hombre, hasta el verdadero buscador, hasta el alma desesperada, que se ha despertado en el pozo infernal con un grito de dolor; la magia divina derrama el amor, la ayuda y la consolación sobre el camino de este desgraciado, bienaventura­do pese a todo. Y ofrece estas rosas de felicidad, estas rosas rojo anaranjadas de bondad, de verdad y de justicia a cualquiera que las quiera.

Hay una Fraternidad Hoy en el mundo, y había una antaño, que existía mucho antes de que se trate de iglesias y de eones, mucho tiempo antes de que una vislumbre de humanidad se hubiera encendido en vuestra cabeza. Esa Fraternidad ha descendido hasta nosotros, al servicio de Jesús el Señor, al servicio del Cristo, y es la misma hoy que ayer, para volvernos posible el camino de la realización. Sus rosas de belleza imperecedera están ahí, innumera­bles, para todos y para vosotros también, pero debéis primeramente matar al asno, la obstinación de la conciencia en la acción.

He aquí que Jesús el Cristo os ha vencido. Montado sobre el asno, ha entrado en la Jerusalén de la naturaleza, y habéis sido forzados a gritar Hosanna. Y vosotros lo habéis roto y crucifica­do en vosotros. Y ahora este intruso divino se ha unido a vuestra sangre. Ya no podéis desembarazaros de él. Esta es vuestra maldición o vuestra gracia. Vuestra maldición, pues si la rechazáis, el infierno tomara posesión de vuestra sangre, física y concretamente. Vuestra gracia, porque la Fraternidad de la Rosacruz quiere, en vuestra sangre, derramar sobre vuestro camino las rosas de la felicidad y de la realización, con el fin de que recibáis el collar de perlas dodécuple y la corona de la Vida.

¡Pero atención! ¡Ningún iluminado da lo que es sagrado a los perros, ni lanza perlas a los cerdos y no ofrece rosas a los asnos! Numerosos hermanos y hermanas, que se han vuelto dignos de la Montaña Sagrada han experimentado a sus expensas que una falta cometida contra esta ley regresa duramente contra ellos. Los perros, los cerdos y los asnos aplastan lo que es sagrado, las perlas y las rosas, y destrozan las llamadas del Señor que dan inconsideradamente su misericordioso amor.

Cuando el anillo sagrado es ofrecido a un indigno, cuando el collar de perlas del alma es dado a un hombre que no quiere renunciar a este mundo, nace una unión mentirosa y forzada. La Fraternidad ofrecería entonces un don sagrado a un ser humano que no sería digno de ello y, en consecuencia, se uniría a él. ¡Y el indigno caería en la locura! Sería ensombrecido y reaccionaría como un fanático.

Por ello el anillo sagrado es dado únicamente al alumno que ha tenido éxito en hacer morir a su yo. Esta corona de la Vida quita el velo que cubría el rostro y abre la puerta del bulbo raquídeo. Consecuentemente, el collar dodécuple puede ser suspendido al cuello del candidato, y el amor de Dios se eleva para él como un sol.

En esta luz irradiante, el hermano y la hermana nacidos a esta magnificencia y teniendo la rosa en su mano levantada, entran en el mundo tenebroso como servidores. Y se les da por dicho:

No dad las cosas santas a los perros,

Ni las perlas a los cerdos,

Ni las rosas a los asnos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                          VII

 

                             LA OFRENDA DEL HOMBRE CELESTE

 

 

Jesús llevando su cruz, llego al lugar del cráneo, que en hebreo se llama gólgota. Allí fue crucificado, y otros dos con él, uno a cada lado, y Jesús en el medio. Pilatos hizo una inscripción que coloco sobre la cruz, y que estaba así concebida: Jesús de Nazaret, rey de los judíos

                                         (JUAN 19:17-19).

 

 

 

 

 

¿Que significa la Cruz de Jesús para el hombre que quiere recorrer el camino de la Rosa y de la Cruz? ¿Las respuestas a esta pregunta serían idénticas si se les hicieran a diversos candidatos? ¿Testimoniarían de una comprensión clara y pura, interiormente vivida? Hay razones para dudar de ello enérgica­mente. Jesucristo frecuentemente hacia preguntas así a sus discípulos, y de sus respuestas se desprendía normalmente como era de parcial y de fragmentaria su comprensión.

Cuando se tienen dificultades con uno u otro, se suspira:<< ¡oh que cruz tengo que llevar!>>. En la compasión hacia si mismo, las lagrimas manan abundantemente. Cuando el impulso pasional del yo choca con un obstáculo, se quieren dar a estas experiencias la coloración mística de un camino de cruz.

Otros extienden los brazos, diciendo:<< Miradme, yo soy la cruz y voy a llevar esta cruz a la victoria. Yo lo puedo, ¿pues acaso las siete posibilidades, las siete glándulas de secreción interna, los siete centros de fuerza no están en mi? Yo los poseo, como siete rosas, alrededor del corazón de la cruz; yo las haría abrirse, ellas embalsamarían como un nardo precioso, y celebraría así  mi resurrección. ¡Hermanos y hermanas hacer como yo; puedan las rosas florecer en vuestra cruz!

Otros nos cuentan como Jesucristo ha purificado y santificado enteramente la atmósfera de nuestro cosmos planetario por el sacrificio de su sangre, para el mundo y la humanidad, y como nosotros podemos, ahora, gracias a este proceso de salvación, acceder al camino hacia lo alto.

Esta visión se aproxima mucho a la de nuestros hermanos y hermanas más ortodoxos que creen que el Cristo nos ha librado de todos nuestros pecados, que los ha expiado, que no tenemos más que confiarnos tranquilamente a su corazón lleno de amor, pues nos ha preparado una bienaventuranza eterna. Y estos hermanos se aferran así a su iglesia o a su Biblia. El hermano esotérico permanece agarrado a su escuela espiritual, a sus sentidos, o esta obsesionado por sus órganos de secreción hormonal.

Se han apropiado de la cruz de múltiples maneras, y ello aún es verdad en nuestros días; se la concibe de manera romántica, simbólica, esotérica o realista. En el curso de los años, según nuestras tendencias, buscamos algunos de estos aspectos para drogarnos y nuestra vida desaparece para terminar como comenzó. Por ello no es inútil hacer esta pregunta: ¿Que significa la cruz de Jesús para el candidato en el camino?

En la multiplicidad de las ideas y los diversos aspectos de la cruz debe haber en ellas algo de esencial, de fundamental; una idea central, una certeza eterna. ¿Que tenemos que hacer de los aspectos dogmáticos, místicos, románticos y especulativos? Ellos no pueden satisfacernos más que un instante. No estimulan más que momentáneamente, crean una atmósfera, pero eso es todo.

En el mundo desesperado y furioso, tenemos necesidad de otra cosa          , no os dejéis arrullar por los sentimientos. Este es un mal hábito de nuestra civilización. Es blanquear el sepulcro lleno de mentiras e impurezas.

El candidato debe tender hacia una realidad; vivir diariamente esta realidad, estar diariamente en esta realidad. Puede entonces sobrepasar los sentimientos y las especulaciones. Los hechos de la salvación se vuelven entonces puntos cruciales de su propia vida, y ya no momentos de exaltación mística a los cuales llegaba por la meditación. ¿Comprendéis de qué se trata?

Ocurre que tomáis el evangelio y leéis lo que pasa en el transcurso del viernes santo, y después en el Gólgota. Pero no testimoniáis de ello por vuestro ser. No dejáis al evangelio hablar en vuestra sangre, lo estudiáis con la lupa esotérica, y queréis quitarle forzadamente a la Enseñanza Universal el misterio de la vida. Así os engañáis y engañáis a otros. Cuando se os pregunta:<< ¿Que significa para vosotros la cruz de Jesús?>> y respondéis a ello se percibe enseguida, claramente, si habláis en función de una experiencia vivida, de una adquisi­ción interior, o si extraéis una idea del Evangelio por pura imitación.

Todos aquellos que poseen interiormente el tesoro se comprenden mutuamente y se saben participes de la gran Fraternidad de los hombres que no son de este mundo. Ellos viven el Viernes Santo en un servicio cotidiano, y los acontecimientos del Gólgota como un proceso interior. Es de esto de lo que queremos hablaros, no con la intención de aumentar la suma de vuestras ideas, pues no tenéis ninguna necesidad de ello, sino con el fin de volveros, en la medida de lo posible, conscientes de vosotros mismos.

Puede ocurrir en el curso de vuestra vida que una palabra dicha por alguien sea como una puerta que se abre ante vuestra conciencia, permitiéndoos ver y comprender claramente. Ese es el objetivo de nuestras palabras. Y a todos aquellos que no pueden aún comprenderlas más que como ideas y conceptos, les damos este consejo: Liberaros de este fardo pues no os servirá de nada. No es más que lastre.

En la parte superior de la cruz se encuentra una inscripción:<< Jesús el Nazareno, Rey de los judíos>>. ¿Que es lo que esto significa? Pensáis en el personaje histórico de Jesús que se ha abierto un camino en el tiempo para la salvación de los hombres. Pero Jesús el Nazareno no es ciertamente el personaje del Cristo histórico. Los evangelios no son relatos históricos ni cronológicos. Ellos describen los procesos por los cuales Jesús llega a penetrar en el hombre. Si pudiéramos comprender así los evange­lios, ellos serían muy liberadores para nosotros.

<<Jesús el Nazareno>> designa literalmente el rayo salvador de la conciencia crística universal, que debe morar en nosotros. Por ello la inscripción dice <<Rey de los judíos>>. Es necesario leerlo así:<< El León Real, en tanto que salvador y portador de la salvación>>.

El evangelio no se entretiene en la historia del personaje de Jesucristo, sino que enseña como algo del principio crístico universal puede penetrar en vosotros para vuestra salvación. Por ello debéis comprender claramente que no queremos sumirnos de nuevo, llenos de misticismo, en el viejo drama de hace alrededor de dos mil años, sino ponernos de cara al hecho de la salvación, y prepararnos para el Viernes Santo. Y esto hoy mismo. Que la masa permanezca paralizada como muerta sobre un pasado incompren­dido, ¡Para nosotros es el presente lo que nos interesa!

Cuando el candidato recorre el camino de los Misterios crísticos, llega un momento en que, en su campo de vida microcósmico, al lado de su personalidad dialéctica, toma lugar la verdadera personalidad celeste en crecimiento. Es el principio de la entrada de Jesús en nuestro campo de respiración: es el nacimien­to.

Es totalmente como un niño sin defensas, envuelto en pañales. El enemigo infernal lo busca aún para matarlo, pero si el candidato sabe resistir a los peligros que le amenazan, llega el momento en que se cumplen para él las palabras: <<El, el Hombre Celeste llevando su cruz, llegó al lugar del cráneo, que en hebreo se llama Gólgota>>.

Al partir del campo de respiración, Jesús el Nazareno, el Hombre celeste tal como Dios lo había concebido desde el origen, rama del árbol de la Vida, retoño del tronco abatido de Isaías, se aproxima ahora a la personalidad terrestre dialéctica no comprendida en Dios, a fin de constituirse prisionera, en primer lugar en el santuario de la cabeza en la cima del cráneo.

<< Y allí fue crucificado, y otros dos con él, uno a cada lado y Jesús en el medio>>.

Para penetrar en la intención y en la significación de esta triple crucifixión, debemos estar lo suficientemente esclarecidos por la Enseñanza universal, lo cual corresponde a nuestro prerecuerdo.

Cuando, en el lejano pasado, el hombre transgredió la ley divina, rompiendo así su unión con el orden divino, perdió al mismo tiempo su triple naturaleza celeste como en una terrible explosión. En el orden divino, lo que es error, pecado, enferme­dad, contranatura ya no puede propagarse como un cáncer. El mundo del árbol de la Vida no es movido por las fuerzas de los opuestos. Todo lo que no es <<Luz>>, todo lo que va al encuentro de la ley de la Luz explota, es totalmente pulverizado y disociado por esta misma ley. El mundo del orden divino se mantiene por esta ley, y todo lo que no se comporta armoniosamen­te con este mundo, es precipitado hacia lo bajo como un meteoro, como una llama ardiente.

Cuando este desastre nos golpeo, solo subsistió en nosotros un núcleo espiritual central. Las ramas, los retoños del árbol de la Vida, que nosotros éramos, fueron segados y consumidos. Pero el núcleo central, que se baña en la sustancia original, debe manifestarse, expresarse en formas poseer un triple instrumenta­rium. Así, después de la caída, despojado de su forma de Luz el hombre debió reconstruirse padeciendo una triple morada. Ella no estaba comprendida en la Luz, sino en el mundo contrario, el mundo dialéctico. Y así es como estamos ahora prisioneros de una triple constitución que en ninguno de sus aspectos, es la del Hombre Original.

Aunque roída por la muerte, esta forma, que amamos, es sin embargo una forma de eternidad. Una parte de nosotros muere, pero únicamente una parte. La rueda continúa girando… y recibimos de nuevo de nuestros padres lo que muere, para morir a su vez.

Conocéis esta vida, conocéis la imperfección, la decadencia y la desesperanza. La juventud mira todavía el futuro con esperanza, pero esta mirada se turba pronto, y llega un momento en el que ya no desea nada en este descenso a los infiernos. Somos prisioneros del tiempo que, como una rueda eterna, gira sin cesar.

Pero, gracias a Dios, está la intervención divina y el Espíritu Santo Universal.

Está la Jerarquía del Cristo que desciende hasta nosotros del Reino Inmutable, y nos enseña como salvarnos de la decadencia. El punto más importante de la ley de salvación es que debemos estar dispuestos a tomar nosotros mismos la cruz para llevarla hasta la cima del cráneo.

Alguien nos ha demostrado este proceso por su vida, sufriéndolo hasta su gloriosa resurrección. Muchos han venido después de él que, sobre sus huellas, han podido conquistar la corona de la victoria. Y aquellos que quieren recorrer el camino de la transfiguración, son invitados a seguir esta misma vía dolorosa.

¿Que es este proceso? Sobre el tronco abatido de Isaías, una nueva rama debe brotar. Sobre la base del prerecuerdo, el núcleo espiritual central debe incitar al hombre original a la recons­trucción y al renacimiento. Y ello llega por el Agua y por el Espíritu. Esa es la gracia divina, que sobrepasa verdaderamente toda inteligencia. Este es el indecible amor divino que, en el curso de nuestra marcha infernal, nos ofrece la sustancia original del árbol de la Vida, del Reino Inmutable, con el fin de que podamos preparar, en el microcosmos, la triple naturaleza celeste original.

Entonces llega el momento que tantos visionarios han contemplado, conscientemente o no, en el que viven en nosotros dos seres, el Hombre celeste y el hombre dialéctico, salidos los dos del Único Espíritu central, como dos gemelos, como los Gemelos que apuntan su arco hacia las estrellas del país de la Luz.

Pero este no es aún el camino de cruz. El camino de cruz llega en un momento psicológico, cuando el tiempo de preparación se ha cumplido. Entonces los dos seres, tan opuestos el uno al otro son unidos, comenzando por la cima del cráneo, en el santuario de la cabeza, la sede del poder del pensamiento. El Hombre celeste se constituye totalmente prisionero del hombre dialéctico. ¿Porque? para conducir de nuevo al hombre dialéctico a la muerte, y ello por ultima vez. No una parte del hombre dialéctico, sino la totalidad. El Hombre celeste que no es de este mundo, es incorporado estructuralmente al hombre dialéctico, en el curso de tres procesos, en tres días. Ello comienza el viernes Santo y se acaba el domingo, el día de los días, la mañana de la resurrección. Y el final de ello es la total desaparición del hombre dialéctico, la resurrección del Hombre celeste, el regreso al Reino Inmutable.

<<Y ellos lo crucificaron, y a otros dos con El, uno a cada lado y Jesús en el medio>>.

 

Cuando Jesús el Nazareno penetra así en nosotros, es necesario que sea matado aún el demonio, es decir el mal absoluto que esta en nosotros, lo que es totalmente biológico e impío, la locura del mundo de la ilusión.

Después muere en nosotros, en la paz perfecta, el buscador, el hombre que se afligía, el hombre que perseguía la Luz, el hombre nostálgico que aspiraba con tanto ardor a la liberación. Muere en una certeza absoluta, pues la Luz esta en él, la Luz le rodea con su amor; esta muriendo, pero lleno de alegría, en Jesús, en el paraíso.

Con Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos, en lo sucesivo ya no es necesario más que uno.

 

 

 

 

LA GRAN REVOLUCIÓN

 

 

 

POR

 

 

 

 

 

J. VAN RIJCKENBORGH

 

Y

 

CATHAROSE DE PETRI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                              ÍNDICE

 

 

 

 

 

Prefacio………………………………………

I    La revolución atmosférica y las catástrofes aéreas…

II   Los velos entre la vida y la muerte………………

III  Un viaje hacia el infierno………………………

IV   Un viaje hacia el cielo ………………………..

V    La lucha por el polo sur………………………..

VI   La liberación del hombre celeste ………………..

VII  Los misterios de Krishna………………………..

VIII Gnósticos y Rosacruces………………………….

IX   Pistis Sophia………………………………….

X    El misterio de la endura………………………..

XI   La liberación………………………………….

XII  Los tres candelabros……………………………

XIII Contemplación, penetración, realización…………..

XIV  El manto de pelos de camello…………………….

XV   Las causas de las enfermedades ………………….

XVI  Extractos de la Pistis Sophia …………………..

XVII La palabra hecha carne …………………………

XVIII El ultimo día del año ………………………….

 

 

 

 

 

                                            PREFACIO

Muchos lectores ya saben, que durante los años transcurridos, la Escuela Espiritual de la Rosa‑Cruz de Oro no ha cesado de atraer su atención sobre el desarrollo progresivo de una revolución mundial de múltiples aspectos que, finalmente, modificara profundamente los cambios vitales sobre esta tierra.

La Rosa‑Cruz actual concibe estos dramáticos cambios de forma tan precisa que tenemos la impresión de que en un plazo de cerca de seiscientos o setecientos años la vida sobre nuestra tierra, tal como la conocemos actualmente, se volverá completamente imposi­ble. La composición de la atmósfera terrestre sufre gradualmente un cambio fundamental, según los profundos designios divinos, y si el hombre no sabe adaptarse a este cambio según el cuerpo, el alma y el espíritu, perecerá, como asfixiado. Los médicos estupefactos se verán confrontados con males físicos de una naturaleza completamente nueva, afectando al corazón y a los vasos sanguíneos, al metabolismo, los tejidos cerebrales y las actividades sensoriales. Numerosos fenómenos observados se manifestaran en la vida orgánica de todos los reinos de la naturaleza.

Nosotros no nos esforzamos por conseguir un reconocimiento científico en lo que concierne al resultado de nuestras investi­gaciones esotéricas sobre la gran revolución. Numerosas personas serias y capaces, en el domino científico, podrían describiros los esfuerzos infructuosos y las burlas sarcásticas que tuvieron por premio, cuando se esforzaban por hacer comprender hechos de gran importancia. La historia del mundo abunda en testimonios a este respecto. Y esto es valido sobre todo cuando se trata, como es el caso aquí, de investigacio­nes esotéricas. Cuando testimo­niamos de la necesidad de conocer estos procesos, lo hacemos exclusivamente con la intención de instruir a los alumnos de nuestra Escuela y a todos los que están emparentados por el espíritu; queremos informarles sobre el estado de nuestras investigaciones e incitarlos a una actividad personal en armonía con las exigencias de la revuelta atmosférica, cósmica y espiritual que progresa sin cesar.

Pueda ser alcanzado nuestro objetivo por medio de este libro, aunque no sea mas que parcialmente: despertar, en su propio interés, al mayor numero posible de buscadores e impulsarlos a una nueva decisión, hacia un nuevo camino, hacia un nuevo campo de vida.  LOS AUTORES

I

 

                             LA REVOLUCIÓN ATMOSFÉRICA Y

 

                                LAS CATÁSTROFES AÉREAS.

 

La atmósfera de nuestra vieja madre la Tierra es de una composi­ción muy compleja. Contiene sobre ella gases bien conocidos, tales como el oxígeno, el nitrógeno, el gas carbónico, el hidrógeno, los gases llamados «nobles», así como diversas combinaciones de estos gases.

Por otra parte la atmósfera terrestre es penetrada por radiacio­nes interplanetarias y cósmicas, así como por numerosas fuerzas espirituales. Se puede decir sin ninguna exageración que todas las fuerzas naturales, cósmicas y espirituales se encuentran mutuamente en nuestra atmósfera.

Todas estas fuerzas, todas estas vibraciones, todos estos gases, que están mezclados como en un formidable hormigonera, nos imponen así, lo queramos o no, una atmósfera vital continuamente diferente. Igual que las influencias del sol y de la luna hacen elevarse y descender periódicamente, con una fuerza irresistible, las formidables masas de agua de los mares y de los océanos, así otras influencias determinan poderosos movimientos periódicos en la sustancia atmosférica.

Según nuestra opinión, es un grave error suponer que el aire que respiramos hoy tiene la misma composición que el de hace, digamos, diez años. Pensándolo bien, lo que la Rosacruz actual enseña no está tan fuera de razón, a saber que una atmósfera preparada ejerce una influencia inmensa sobre el comportamiento natural, moral y espiritual de la humanidad, y sobre los otros reinos de la naturaleza.

Esto puede ser aclarado con unos simples ejemplos. Ciertas sustancias gaseosas, cuando las inhalamos, pueden a la larga, o incluso a corto plazo, perjudicar nuestro cuerpo, irritar nuestro sistema nervioso, influenciar fuertemente nuestro comportamiento moral, orientar la actividad de nuestro cerebro y cambiar nuestra actitud espiritual general.

Pensad, por ejemplo, en el campo de respiración artificialmente preparado y mantenido en ciertas iglesias por el uso de las propiedades bien conocidas del incienso. Pensad también en ciertas expresiones usuales: Se habla de una atmósfera «sofocante» o «agradable» o «peligrosa» o «elevada», de una atmósfera, pues, que influye directamente y de una manera evidente nuestro ser físico y nuestra actividad espiritual. Quien no ha dicho nunca: «Imposible vivir en semejante atmósfera»?.

Todo esto debe mostrarnos que el hombre moderno ha estudiado muy poco estas influencias, cuyo conocimiento es indispensable y debe al mismo tiempo hacernos tomar conciencia de que la atmósfera, tanto en un sentido particular como general, está influenciada de abajo arriba, y de arriba abajo.

 

Todo hombre crea y prepara su propio campo de respiración espiritual en armonía con su estado de ser, y por interacción unas fuerzas exteriores son introducidas en este campo, o bien crean unas condiciones cuyos efectos se manifiestan finalmente en la vida misma. En consecuencia, todo lo que se entiende por «revolución atmosférica» es decir la agitación actual particular de nuestra atmósfera, es una actividad que se ejecuta enteramente en concordancia con el estado de ser de la humanidad. Toda la humanidad es culpable; se trata de una confirmación de alcance histórico.

Es preciso relacionar esto con el anuncio evangélico según el cual «Cristo volverá sobre las nubes del cielo y todo ojo le vera».

Muchos espíritus supuestamente iluminados ven en esto una exageración mística, y sonríen encogiéndose de hombros; los teólogos, en efecto, no han descuidado nada a lo largo de los siglos para presentar la Biblia como una compilación de disparates. Pero el hombre que, empujado por un espíritu de investigación gnóstico, profundiza en estas palabras evangélicas, descubre que todas las fuerzas de la jerarquía crística, tanto naturales como espirituales, se encuentran en la atmósfera; literalmente «en las nubes del cielo» y todo hombre es confrontado con estas fuerzas en la totalidad de su sistema vital. También pensamos que es perfectamente razonable que el hombre moderno se pregunte: «Cuales son las fuerzas que actualmente agitan nuestra atmósfera?, Que es lo que pasa en ella? Como debo reaccio­nar?». Necesariamente no puede faltar una reacción. El hombre que no reacciona voluntaria­mente, es forzado a ello. Por ello se dice que «El Cristo viene para una resurrección o para una caída»;

Conviene comprender estas palabras en un sentido totalmente realista. Los detallistas místicos que tan a menudo, esconden la realidad, deber ser alejados de aquí. El esoterista sabe por experiencia que las fuerzas atmosféricas empujan al hombre corporal, moral y espiritualmen­te, hacia una crisis que debe finalizar con un rompimiento radical, un ahogo por las tensiones atmosféricas llevadas a su grado máximo.

Bajo la influencia de todas estas tensiones, de esta agitación en las nubes del cielo, son muchas las cosas de este mundo que están apresurándose hacia su final. Un instinto de destrucción reina en nuestra atmósfera. Numerosas pruebas se imponen actualmente a la conciencia humana con mucha fuerza, como por ejemplo los accidentes aéreos, numerosos y dramáticos que sobrevinieron durante algunos meses de 1946 y 1947 y durante cortos períodos posteriores.

A lo largo de los últimos años para la opinión publica la aviación había alcanzado, en principio, la perfección técnica, la seguridad parecía evidente y el personal estaba, en todos los aspectos, a la altura de su tarea. Nosotros compartimos igualmente esta opinión y somos del parecer que en general ninguna sociedad de transportes aéreos ha tenido motivos para inquietarse ni para hacerse reproches en relación a esto, incluso si una compañía sobrepasa a las demás por su cuidado en la exactitud y en la previsión. Lo que ocurrió en el espacio aéreo durante el período que nos ocupa no tiene nada que ver con la perfección técnica, la seguridad de la explotación y la competencia del personal; fue simplemente un síntoma de la revolución atmosférica.

 

Nosotros aseguramos, después de una investigación esotérica, que todos los accidentes fueron causados por concentraciones de gases nobles, concentraciones mucho más frecuentes que antes en nuestra atmósfera. Por su intensidad y energía particulares, estas concentraciones de gases nobles* provocaron en los pilotos perdidas momentáneas de conciencia, pudiendo durar uno o dos segundos, así como instantes de aberración sensorial, igualmente de muy corta duración. La sensibilidad de un piloto puede ser menor que la de otro, el estado espiritual y biológico juega aquí un gran papel. Sin embargo es cierto que si estas situaciones atmosféricas continuaran, la navegación aérea debería inevitablemente suspenderse.

Las concentraciones de gases nobles han sido sin embargo fenómenos pasajeros de la revolución atmosférica. Ellas se han disuelto y han formado otras combinaciones, preparando así nuestra atmósfera para un fin determinado. Por esto las catástrofes aéreas que se sucedían a un ritmo tan rápido y tan dramático pertenecen ahora al pasado, pero otros fenómenos extraños atraerán la atención de la humanidad sorprendida y desconcertada. Así, numerosos velos naturales desaparecerán entre el mundo de aquí abajo y el mas allá, gracias a la potente

actividad del gas noble B[1] que permitirá la manifestación de muchas cosas hasta ahora ocultas.

Muchos gases nobles poseen, cuando están en un estado vibratorio particular y en una atmósfera fuertemente magnética, un poderoso poder de penetración. Las cabinas metálicas, presuntamente impermeables al aire, no son un obstáculo insuperable para los gases nobles B.

El gas noble A[2], muy especialmente, ejerce una influencia creciente en la vida natural del hombre desde hace ya varios años. Cuando este gas se manifiesta en un cierto estado, causa momentos de perdida de conciencia, de aberración sensorial y de embotamiento de la sensibilidad. Provoca perturbaciones en los órganos de la respiración, y es responsable de muchas enfermedades del corazón.

El piloto de un avión, cuando su ruta es tranquila, advierte poco o nada sus propias reacciones físicas, muy pasajeras, con los gases nobles; sin embargo, en circunstancias difíciles, por niebla, tempestad o durante las maniobras de aterrizaje, estas reacciones pueden llegar a ser fatales, tal como la experiencia nos lo ha enseñado.

Además, conviene atraer la atención sobre un factor importante: el desgaste, mucho más rápido que antes, de los metales y de la piedras. Las concentraciones atmosféricas actuales tienen un intenso poder de oxidación y de destrucción. Los rayos ultravioleta, por consiguiente los rayos cósmicos destructores combinados con concentraciones del gas noble de la misma polaridad, destruyen muchas cosas consideradas hasta ahora como capaces de desafiar a los siglos y son responsables de las perturbaciones y anomalías constatadas en los motores y en los instrumentos de medición.

 

 

La enfermedad que sufre Notre‑Dame de París, este maravilloso monumento gótico, es, a este respecto, una lección instructiva. Los muros, las piedras y las esculturas de Notre‑Dame y de otras iglesias y monumentos franceses son atacadas en particular por un rápido proceso de descomposición, la lepra de las piedras. Piedras enteras caen, pulverizadas o totalmente porosas y, que por mucho que se haga, este proceso de descomposición parece que debe proseguir. Nuevas piedras, colocadas en el sitio de las antiguas, sufren la misma suerte. Si no se llega a encontrar un remedio eficaz, se puede prever, en un próximo futuro, el fin de estos monumentos que hasta el presente desafiaban a los siglos.

Se puede uno preguntar porque tantas iglesias francesas son precisamente victimas de esta enfermedad. La causa de ello es que unas concentraciones atmosféricas particulares se aglomeran sobre Francia, en relación con los futuros sucesos europeos.

En lo que concierne a Notre‑Dame de París, existe una causa secundaria, que nos muestra bajo una nueva perspectiva las nuevas influencias cósmicas. Notre‑Dame es una construcción masónica, lo que no quiere decir que esta catedral gótica fuese erigida por francmasones en unión con la Escuela Espiritual, sino por prelados que practicaban la magia con el fin de poder ejercer sobre la masa una influencia más profunda que la que era ejercida hasta entonces con la ayuda de las practicas habituales de la Iglesia.

Notre‑Dame fue concebida por un arzobispo que practicaba el ocultismo al servicio de la iglesia. Es a él a quien el pueblo francés debe los tres inmensos «rosetones» mágicos que se encuentran respectivamente en los dos cruceros y encima de la galería del órgano. Estos tres rosetones influyen sin interrupción los tres santuarios de las personas que se encuentran en la iglesia, y presentan, a la vista etérica, un movimiento evidente de rotación de izquierda a derecha, semejante al de las agujas de un reloj. Sus influencias provocan una fuerte unión del publico con el campo de fuerza de la iglesia, y al mismo tiempo, colocan toda la construcción ‑ con la ayuda de la cual estas influencias están activas ‑ en una esfera que, evidentemente, vuelve el conjunto muy sensible a la actividad rompiente del ultravioleta en la atmósfera.

 

Hemos juzgado que era nuestro deber exponer a nuestros lectores las causas de las catástrofes aéreas y de la lepra de las piedras, como introducción a todo lo que será tratado en los siguientes capítulos, a fin de incitarlos a una meditación profunda sobre la revolución atmosférica que se manifiesta tan fuertemente. Todos los reinos de la naturaleza son tocados por la agitación que se produce «en las nubes del cielo». Y en la Escuela Espiritual todas estas actividades preparan al alumno para el despertar. Lo inducen a un serio examen y lo impulsan a adoptar un comportamiento de vida que aniquile el instinto de destrucción y le una con las fuerzas santas y constructivas del renacimiento estructural que quieren conducirle a un mundo nuevo. Un gran drama se realiza en la historia mundial, consecuencia de la revolución atmosférica, drama en el cual las catástrofes aéreas y la desintegración de monumentos culturales no son más que fenómenos secundarios.

 

 Las fuerzas atmosféricas serán particularmente rompientes en los cuerpos de todos los que persistan en agarrarse a la naturaleza terrestre. Por su influencia sobre las glándulas de secreción interna, colocaran a los médicos frente a temibles problemas. Por ejemplo, las dos glándulas suprarrenales que hasta ahora ejercían una influencia calmante y apaciguante sobre las emociones humanas, serán seriamente perturbadas en sus funciones, y se verá, entre otras cosas, un recrudecimiento de la diabetes. Un debilitamiento de la actividad del bazo será responsable del desarrollo de diversas clases de anemia. La mortalidad infantil estará relacionada con una modificación de la actividad del timo. Un gran numero de afecciones de la tiroides retienen ya la atención de los médicos. El numero de los nacimientos anormales es función de la glándula pituitaria, mientras que los síntomas alarmantes del crecimiento de las enfermedades mentales están en relación con la glándula pineal.

Este no es un panorama divertido. Sin embargo, es cierto que una orientación espiritual totalmente nueva y revolucionaria, así como un comportamiento de vida en armonía con ella, pueden abrirle al hombre un conjunto de poderosas fuerzas vitales completamente diferentes. Los tiempos futuros nos enseñaran que mantenerse en la contemplación no tiene ningún sentido y que el hombre será forzado a hacer una elección de vida positiva. De esta forma, la revolución atmosférica es para unos la señal de la muerte, pero para otros el paso hacia un bien superior.

La Escuela Espiritual de la Rosa‑Cruz de Oro actual despierta a sus alumnos a un nuevo sistema de devenir consciente espiritual, y a un reencuentro regenerador con las fuerzas crísticas «en las nubes del cielo».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                  II

 

                        LOS VELOS ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

 

En el primer capitulo observamos que unos fenómenos muy extraños, provocados por los movimientos de la atmósfera, atraerán pronto la atención de la humanidad; citamos entre otros, la desaparición de numerosos velos naturales entre este lado de aquí y el otro lado de la muerte, desaparición debida a la poderosa actividad del gas noble B, que permitirá desvelar muchas cosas que permanecían ocultas hasta el presente. Es necesario dar algunas explicaciones a este respecto.

Es bien conocido por nuestros lectores que el elemento químico fósforo es indispensable para realizar lo que, en ciertas experiencias espiritistas, se denomina «materializaciones». Para manifestarse de esta manera, las entidades substraen fósforo del cerebelo del médium y de las demás personas presentes; después envuelven con esta sustancia fosforescente a las formas de materia astral que quieren volver visibles a los asistentes. La sangre, los tejidos, los nervios y el sistema óseo del hombre contienen sustancias fosforeas, de diversa composición y potencial y, para entidades que son de la otra parte, no es difícil, a partir de este conocimiento, ofrecer algunas satisfacciones a los buscadores espiritistas.

Querríamos señalar que, casi siempre, semejante materialización no es más que un montaje y no corresponde a ninguna realidad; montaje, pues las entidades que controlan la experiencia proyectan en la materia astral, y según su fantasía, una forma determinada que ellas revisten y vivifican con la ayuda del fósforo fluorescente. Cierto día, en una investigación esotérica vimos, a una graciosa chica y a un majestuoso oriental vestido de blanco, mientras que los animadores de estas imágenes nos daban un espectáculo mucho menos impresionante y menos agradable, y por su apariencia repugnante, despertaban en nosotros una gran aversión.

De igual forma, en el dominio ordinario de la vida material, ocurre frecuentemente que el hombre proyecta hacia el exterior una cierta forma de espíritu, de alma y de cuerpo, forma que en realidad no es la suya. A veces es preciso, para conseguir distinguir la apariencia de la realidad, muchas penas, tensiones y tristezas.

Es muy fácil, del otro lado del velo, servirse de la apariencia como de un arma pérfida contra los que están todavía en la materia. La materia astral es muy flexible, las formas‑pensamiento se dejan revestir de éteres muy fácilmente, e incluso de materias solidas, de líquidos y gases. Igual que el hombre mantiene en su propia esfera aural todo un panteón de creaciones personales, de formas‑pensamiento mas o menos vivificados de naturaleza intelectual y religiosa, así existe igualmente un gran numero de espíritus ligados a la tierra que, por medio de proyecciones astrales, aumentan las ilusiones humanas, o por la menos se esfuerzan en hacerlo, lo que consiguen, desgraciadamente, demasiado frecuentemente ante la masa ignorante.

 

En un próximo futuro, y bajo la influencia del gas noble B, la atmósfera del mundo material será fosforeada de cierta manera. Una situación tal ha sido ya realizada artificialmente en ciertas regiones de la tierra por sabios que han tenido que recurrir, experimentalmente, a la bomba atómica. La radiactividad que ha resultado de ello y que ha afectado considerablemen­te, durante días e incluso semanas, a grandes extensiones de la tierra, ha desarrollado por encima de estas regiones una gran concentración de gas noble. Los cambios que se produjeron en la atmósfera fueron tan profundos, que unos fenómenos muy extraños se manifestaron allí.

Posiblemente se pueden imaginar las consecuencias de tal aumento de fósforo. Todas las entidades que residen en la esfera etérica, tales como numerosas fuerzas naturales y espíritus de la naturaleza, y ante todo los que denominamos «espíritus ligados a la tierra» (es decir aquellos que, aunque muertos, no quieren o no pueden dejar nuestra esfera terrestre, y por todos los medios posibles se aferran a ella y a los cuerpos de los hombres), se volverán, quieran o no, visibles al ojo físico.

Este desenmascaramiento general agitara violentamente a ciertos espíritus y pondrá fin, entre otras cosas, a la ola de espiritismo que se despliega en todo el mundo, y que es responsable de tantos terribles desastres. Miles de individuos que, atraídos por un misterio malsano se interesaban en esta clase de experiencias, se apartaran de ello con aversión, tan pronto como se vuelva visible lo que hasta el presente era invisible para el hombre ordinario. Por esta actitud de rechazo desarrollaran una fuerza magnética de repulsión tan poderosa que mantendrá a distancia a los espíritus ligados a la tierra.

Así vemos como la revolución atmosférica, al lado de situaciones peligrosas, puede traer bendiciones, con tal que se quiera reaccionar de la manera correcta. Ciertamente se puede prever, aproximadamente, semejante reacción, pues en el momento en que sea posible ver y controlar que clases de entidades se manifiestan durante las sesiones espiritistas, de que manera, disfrazándose, se hacen pasar por parientes o amigos de los asistentes, y como les es posible sostener semejante impostura, se apartaran con horror del espiritismo y de su comercio con los espíritus.

No obstante serán numerosos aquellos para los que la posibilidad de ver lo que estaba escondido hasta el presente podrá ser una causa de confusión y de lamentables equivocacio­nes. La esfera etérica fosforescente podrá principalmente dañar al hombre de naturaleza religiosa. Podrá hacer renacer los tiempos en que los pueblos primitivos elevaban a la dignidad de dioses a los espíritus de la naturaleza, arrodillándose en adoración ante ellos, y olvidando así el único deber.

Esta situación podrá igualmente llevar al apogeo temporal de ciertas iglesias. Ciertos hombres, al volverse visibles los espíritus de la naturaleza y sus actividades, por falta de conocimientos científico esotéricos, los tomaran por «ángeles», por entidades de naturaleza y de magnificencia sobre‑humana.

Este peligro no es imaginario si se piensa, por ejemplo, en la construcción de una forma eucarística durante una misa. Esta construcción depende de un proceso científico, biológico, de un ordenamiento de diversas sustancias etéricas que, magnetizadas por la magia, deben atraer a otras numerosas fuerzas. Muchos espíritus de la naturaleza, que se denominan impropiamente «ángeles», colaboran en esta construcción.

 

Puede imaginar lo que se desarrollara si semejante proceso puede ser observado fácilmente y si, por ejemplo, una asistencia desconcertada ve flotar en la iglesia a un espíritu de la naturaleza de estatura majestuosa (hay algunos que miden cuatro o cinco metros), participando de forma constructiva en la magia de la misa. Se puede prever con certeza cual será la reacción : una propaganda formidable será desplegada, con todas las consecuencias que seguirán. Será muy difícil hacer comprender a la perpleja humanidad que no se trata de una manifestación divina, ni de una particular elevación del publico que, de repente, vera una manifestación etérica de la cual la revolución atmosférica es la única responsable.

Por esto es bueno anunciar con antelación esta clase de acontecimientos, y la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro estima que es su deber instruir a este respecto a sus adeptos y a los que se interesan en su enseñanza.

El lector que teniendo algún conocimiento, por la literatura esotérica, de todo lo que vive en la esfera etérica, y que sabe que por esta esfera están dirigidos muchos aspectos de la vida de las plantas y de los animales, podrá imaginarse la amplitud indescriptible de los cambios que  van a manifestarse en la conciencia y en el comportamiento humano, al igual que la amplitud de las nuevas ilusiones que van a encadenar a miles de personas.

Los cuatro grupos de espíritus de la naturaleza que viven en la esfera etérica han sido frecuentemente empleados a lo largo de la historia del mundo para practicar la magia negra, especialmente por diferentes grupos de sacerdotes que se esforzaban por aumentar así su dominio sobre la masa. Es necesario esperar para ver multiplicarse las actividades sacerdotales, como consecuencia de la revolución atmosférica. Pero, igual que antaño, esta actividad se volverá contra los designios de sus autores, en razón de la actividad de la jerarquía del Cristo, y, por ella, de la actividad de la Escuela Espiritual. Esta se prepara rápidamente con gran esfuerzo y hará, también, uso en su trabajo de las nuevas posibilidades atmosféricas.

Gracias a la concentración de los dos éteres llamados  «superiores», la Escuela Espiritual ofrecerá un nuevo poder de discernimiento a los que van por el camino del nuevo devenir humano y que se encuentran en un cierto estadio de preparación. Este poder de discernimien­to permitirá distinguir claramente el bien absoluto del bien aparente y del mal, pues todo lo que pertenece a esta naturaleza, el mal como el supuesto «bien», no puede envolverse en estos éteres superiores.

El tiempo futuro será particularmente favorable a los artistas creadores, a los músicos y a los pintores. La naturaleza de la revolución atmosférica contiene el principio de la evolución del espectro de los colores visibles e igualmente de los sonidos conocidos, que pasaran de siete a nueve. El infrarrojo y el ultravioleta se volverán visibles y los sonidos correspondientes se volverán al mismo tiempo audibles, porque la vista y el oído se armonizaran. Una nueva concepción de la forma, en el arte de la pintura, facilitara la aproximación de lo que parecía oscuro hasta el presente y este arte podrá, de este modo, volverse liberador. Nuestros pintores modernos, que están hartos de pintar imágenes y aquellos que, interiormente, no pueden sostener ya su extremismo, aportaran su ayuda a la Escuela Espiritual por un arte pictórico de rompimiento y de liberación. Es evidente que la música, también, saldrá de su mediocridad actual y descubrirá nuevas posibilidades.

Sin embargo, una nube de sombras mayores aparece en nuestro cielo: la técnica científica hará, también, uso de las consecuencias de la revolución atmosférica y dará al mundo una especie de bomba sonora, con un campo de radiación ultravioleta. Esta bomba sonora que emitirá un sonido muy elevado y penetrante, no producirá explosión, sino una dislocación repentina, una pulverización de todas las materias solidas, liquidas y gaseosas. Si esta perspectiva, se vuelve algún día realidad, los resultados de esta bomba sonora serían, en su conjunto, mucho más terribles que los de la bomba atómica.

 

Pararemos aquí nuestros pronósticos en lo que conciernen al porvenir singular que nos espera; este capitulo seria demasiado extraordinario; sobrepasaríamos nuestro objetivo y no instruiríamos mas que unilateralmente a nuestros alumnos. Por tanto, debemos tener cuidado con ello, la revolución atmosférica, con sus consecuencias extremadamente complejas, no es más que un aspecto del nuevo devenir del universo. El investigador serio del porvenir deberá disponer de una atención universal e inteligente y el estudiante de esoterismo de los nuevos tiempos no podrá, desde ningún punto de vista, ser comparado al de antaño. Actualmente una llamada es lanzada a través del vasto mundo a todos los que tienen el sentido de la Gnosis, con el fin de que reflexionen en las exigencias de los nuevos tiempos, en la nueva tarea a ejecutar, y, en unión con ello, en cualquier otro misterio iniciático.

Diciendo esto, no atacamos a nada ni a nadie. No queremos debilitar el resplandor de nuestros predecesores, y estamos llenos de reconocimiento por lo que nos han aportado. Ellos han sustraido nuestro espíritu del «yo» inferior; han atraído nuestra atención sobre cosas elevadas y preciosas; pero ellos desean que nos orientemos ahora sobre la llamada y las exigencias del momento. La iniciativa que la Rosacruz actual toma en el mundo no esta reservada a un grupo; lo que la Escuela Espiritual tiene para ofrecer esta destinado a todos. La revolución espiritual debutará en Europa, y desde allí extenderá su canto de bendición sobre el mundo.

El campo espiritual, por encima de Europa, esta lleno de acontecimientos que aparecerán pronto y hemos querido esbozarlos en este capitulo, con el fin de que puedan encontrar al lector preparado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 III

 

                                UN VIAJE HACIA EL INFIERNO

 

Ya ha quedado claro en los capítulos precedentes que los dominios materiales y espirituales están siendo violentamente agitados por la revolución atmosférica que se aproxima cada vez más. En el presente capitulo nos trasladaremos al más allá, que es la esfera reflectora del campo de vida material.

Todo alumno de la Escuela Espiritual sabe que las dos esferas de vida de nuestro orden de naturaleza terrestre están indisolublemente unidas y que, en consecuencia, dependen estrechamente una de la otra. Sabe también que antes de manifestarse en la materia, todas las cosas están ya plenamente activas en la esfera reflectora. Esto presenta ciertas ventajas, pero también grandes peligros. Las ventajas pertenecen a los que tienen conocimiento del desarrollo de las cosas en el mas allá al estar advertidos de los peligros relativos a su manifestación material. Los perjuicios provienen de la ignorancia general de la masa en lo que concierne a esta prefiguración.

En general se pueda decir que reina en todo lo que concierne al más allá tal falta de conocimiento que no es extraño que tantos hombres sean victimas de ello. Para profundizar en los valores, las fuerzas y los fenómenos que actúan al otro lado del velo, la humanidad piensa que dispone de medios como son: la religión que se apoya en la teología, los conocimientos ocultos que se apoyan en el intelecto, y el animismo que se apoya en el espiritismo.

El teólogo que practica la metafísica diserta y escribe sobre cosas de las que no sabe nada y de las que nada puede saber. Si el teólogo, en tanto que hombre, dispone de más amplios conocimientos, no los posee en virtud de sus estudios universitarios. Hay en el circulo de los teólogos clichés usados, sacados de unos dogmas y de unos misterios incomprendidos y esta es la razón por la que el hombre místico religioso no está del todo informado de los peligros que le amenazan.

El hombre que busca la verdad en el ocultismo acumula, siguiendo su naturaleza, una gran cantidad de conocimientos enciclopédicos que le dejan en realidad muy pobre con respecto a la sabiduría verdadera y, de hecho, le vuelven incapaz de alcanzar la vía superior.

Por intermedio del espiritismo, una gran parte de la humanidad, la mayor parte,desgraciada­mente entra en contacto con los dominios de la esfera reflectora de una forma negativa, dado que para apreciar y juzgar los fenómenos producidos, se está a merced de terceros que se hacen pasar por lo que no son. Sin embargo, es necesario dar, en este capitulo, una explicación más detallada de la noción «espiritismo». Por espiritismo nosotros no entendemos únicamente el hecho de preguntar a los espíritus, o el comercio con entidades espirituales por intermedio de instrumentos o de médiums sino también, y sobre todo, la terrible influencia que los habitantes de los dominios invisibles ejercen sobre la casi totalidad de la humanidad que vive en este lado del velo. Esta influencia es de una potencia tan terrible, está realizada con tanto refinamiento que casi nadie escapa a ella. Examinando las cosas más de cerca, la humanidad nos aparece, intelectual y místicamente, tan enredada en las practicas del animismo, que nociones tales como el cristianismo y la vida superior liberadora no son para ella mucho más que ilusiones.

 

Cuando el alumno se propone profundizar en todas estas cosas, el espanto le oprime el corazón descubriendo cuanto se ha propagado el cáncer de la maldición. El ve y experimenta la realidad de las palabras de Pablo en su Epístola a los Efesios, capitulo 6 : «Nosotros no tenemos que luchar contra la carne y la sangre, sino contra las dominaciones, contra las autoridades, contra los príncipes de este mundo de tinieblas, contra los malos espíritus en la atmósfera».

La atmósfera en la que debe vivir la humanidad es como una cloaca que atravesamos tropezando y cayendo en ella. Numerosas entidades compasivas, en los dominios de la materia y del espíritu, se compadecen de la horrible hediondez que se desprende de los éteres inferiores  que los grupos de individuos atraen a su alrededor y que los vuelven,poco más o menos, inaccesibles.

Cuando un autor bíblico habla del estiércol en el que los hombres se revuelcan como puercos y de los dioses de inmundicia, se trata de una verdad absoluta que puede comprender aquel que posea el conocimiento superior. Considerando el humor que contiene todo, se puede descubrir en esta lúgubre situación a individuos que adoptan una expresión mística o una actitud sublime, mientras que no se pueden coger literalmente ni con pinzas a causa de las entidades que los tienen como victimas.

Los que están completa o parcialmente dominados por los espíritus malignos son innumera­bles, y el mayor peligro que el hombre puede correr es suponer que es insensible a esta influencia. Toda la maldad, tan inteligente y tan consciente, que se manifiesta en el mundo, establece siempre una unión con el estado de ser de cada hombre, procurando adaptarse a él después de haberlo estudiado minuciosamente.

Estas fuerzas vienen hacia el hombre bajo la forma de entidades sublimes, de maestros, de apariciones de «Jesús» y de espíritus muy santos. Si el hombre no es religioso ni esta atraído por el ocultismo o el espiritismo, estas entidades le sugieren como proviniendo de si mismo cualquier chifladura de naturaleza materialista, histórica o científica. Una cosa es cierta: de una manera u otra estas fuerzas se agarran al hombre, aunque no sea más que en sus instintos primitivos, como su deseo de conservación, su envidia y su apego a las cosas terrestres. Todos son impulsados a levantarse unos contra otros, las situaciones se vuelven criticas por falta de comprensión y las relaciones recíprocas son turbadas. Todos están forzados a mirarse sospechosamente y a buscar fuera de si mismos las causas de sus dificultades. En resumen, una atmósfera satánica de pasiones es desencadenada sobre la humanidad, lo que, a lo largo de la historia mundial, ha sido siempre la señal precursora de violentas revoluciones mundiales.

Quisiéramos buscar en este capitulo las causas de ello. Ya sabéis que antes de realizarse en la materia grosera las cosas se manifiestan en las sustancias mas sutiles de nuestro planeta. Una revolución total, tanto espiritual como cósmica y cultural, que interviene en todas las relaciones de la conciencia, del alma y de la materia, literalmente desciende sobre el mundo. Cuando Juan, en el Apocalipsis, dice: «Yo vi la ciudad santa de Dios descender del cielo», no tiene la intención de emplear un lenguaje poético. El pone la mirada en un proceso de revolución mundial que, a través de los dominios planetarios más sutiles, se manifiesta en un momento dado en la esfera material.

 

Lo mismo que un huracán arrastra delante de él todo lo que no puede resistir a su violencia, así las tinieblas deben huir ante la luz; así la fuerza irradiante de las cosas futuras barrerán de un solo golpe el infierno. El reino infernal entero debe salir de su antro y, sobrecogido por un terrible pánico terrorífico y por un instinto natural de conservación, intentar salvar lo que pueda.

Se puede uno preguntar si, allí donde aparece la luz, algo de lo que esta ligado a la tierra puede todavía ser preservado. Ingenuamente, con un entusiasmo superficial, se podría decir: «Naturalmente que no!»; pero un examen más profundo permitirá constatar sin embargo que en realidad, las fuerzas infernales tienen posibilidad de conservar todavía muchas cosas; por esto se explica el formidable ataque del maligno sobre la humanidad que vive aquí abajo. Por esta razón la humanidad no debe combatir exclusivamente contra «la carne y la sangre», sino también contra «las dominaciones, las autoridades, los príncipes de este mundo de tinieblas, contra los malos espíritus de la atmósfera». Una gran ola de monstruosidad se despliega sobre la humanidad y no perdona a nada ni a nadie; y los que intentan abrir paso a la luz del Cristo y están alineados en la Fraternidad de la Luz no tienen un segundo de descanso y están expuestos a los ataques más violentos.

Es necesario dar una explicación de todas estos fenómenos dramáticos. El mal es el polo opuesto de lo que los hombres llaman «el bien». Numerosos son los hombres que, según los criterios de la concepción burguesa, son buenos, muy buenos, excelentes, llenos de humanidad y de amor. Esto seria lo cierto si no existiera el polo opuesto. Existen hombres (y los autores son de estos) que ponen en duda que el bien sea el bien absoluto, a causa de la sombra opaca que proyecta en virtud del estado dialéctico de las cosas. El bien, en este mundo, mantiene el mal en estado y viceversa.

En consecuencia, si los hombres no cambian, si no se elevan hasta un estado de espíritu diferente, rebasando muchas de las normas de bondad burguesa, si no llegan a un renacimiento estructural y fundamental, creado en y por el Cristo en un «vacuum», es decir, en un espacio especial de desarrollo mantenido en buen estado por su Fraternidad, y que es un nuevo campo de vida separado de este mundo, el mundo infernal continuara existiendo en la medida en que el individuo continúe «explotando» su bondad biológica y primitiva. El hombre que no haga totalmente la revolución espiritual en si mismo, permanecerá con los que se quedaran ligados a la tierra, en despecho de la bondad, de la gentileza y de la amistad que el pueda prodigar. Pues el hombre posee una sombra y sustenta a esta sombra como se sustenta a si mismo.

«Nadie es bueno, ni siquiera uno solo». Estas palabras del Cristo son unas de las más profundas y más verdaderas que existen. No penséis que el tiempo del desarrollo de las cosas divinas pueda ser retardado. Todo llega a la hora fijada y los años futuros tendrán una significación histórica mundial. Por esto cada lector debe preguntarse : «Cuando estas cosas se manifiesten, en que estado me encontraran? Siempre practicando la bondad burguesa, u ocupado en una concepción espiritual completamente nueva?».

Que cada uno de vosotros comprenda que a todos los hombres sin excepción les son tendidas trampas por el enemigo ancestral; pues todo hombre, atado de cuerpo y alma a la naturaleza dialéctica, representa un «seguro de vida» para un gran numero de fuerzas infernales. De la misma manera que el cuerpo de un animal es una tierra nutriente para numerosos parásitos, así el hombre no hace excepción a esta regla. Todos los medios son buenos para dificultar cualquier trabajo espiritual de buena fe, y se libra un combate con peripecias angustiosas, que deja muy atrás de él la lucha contra la carne y la sangre.

 

Nuestro tiempo, el tiempo de la revuelta, exige del hombre que mire la realidad de frente y que la acepte. Mas que nunca es el tiempo de citar las palabras de Juan el Bautista : «Enderezad los caminos del Señor». La hora ha sonado!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 IV

 

                                  UN VIAJE HACIA EL CIELO

 

Cuando el alumno ha reconocido la verdad de lo que precede y considera la situación dramática a la que han conducido los acontecimientos al mundo, y cuando ha comprendido claramente que esta lucha se ha convertido para cada hombre en un asunto personal, está en condiciones de reflexionar con éxito sobre el «trabajo» emprendido por la fraternidad celeste en lo que concierne al desarrollo de las cosas.

Cuando el hombre quiere escapar de la influencia de los espíritus ligados a la tierra, y cuando le anima el deseo de entrar en la vida nueva a la que esta invitada la humanidad entera, primeramente esta obligado a orientarse, después de aceptar con toda su alma, con todo su corazón y con toda su razón las consecuencias de esta orientación. La intención de la Escuela Espiritual es la de prestarle asistencia en esto.

El candidato debe comprender ante todo que la filosofía gnóstica da a las nociones «cielo» y «fraternidad celeste» una interpretación distinta a la que estamos acostumbrados. Se aplica ordinariamente la etiqueta «cielo» a una región determinada de la esfera reflectora de este mundo material, esfera en la que residen aquellos de nuestros muertos que han llevado, durante su existencia terrestre, una vida respetable, buena o piadosa, y que fueron conducidos allí en virtud de su estado de ser moral y espiritual. Siguiendo la misma idea se habla del «infierno», dominio del más allá hacia el que se dirige, después de su muerte, el hombre malvado y despreciable según su estado de ser.

De la misma manera que aquí abajo, el bien y el mal están mezclados en la sangre y que estas dos fuerzas, positiva o negativamente, están activas en nosotros, así, en el otro lado, el bien y el mal, separados según su naturaleza debido a la desaparición del cuerpo material y del alma‑sangre, son como congelados, aunque se mantienen recíprocamente en buen estado, siendo los polos respectivos los polos opuestos de una misma fuerza. Que nosotros permanezcamos aquí abajo en el cuerpo, o en el más allá fuera del cuerpo, estamos y permanecemos en este mundo dialéctico, unidos a la rueda del nacimiento y de la muerte.

La muerte natural no es nunca la base de un estado de ser eterno, sea cual sea la actitud del hombre: piadosa, mística, humanitarista, oculta o con una clara visión filosófica, o bien, malvado, antisocial o criminal. Cielo e infierno no son mas que paradas pasajeras ante un nuevo viaje en la materia grosera, ante un nuevo nacimiento. Todos los que creen en la evolución estarán de acuerdo con ello.

 

Sin embargo sed prudentes, pues la Enseñanza Universal indica claramente que ninguna progresión, ninguna evolución, ningún desarrollo espiritual real esta contenido en estas revoluciones de la rueda. Nosotros esperamos que cada alumno, después de su fallecimiento según la naturaleza, celebrara su viaje celeste dialéctico. Todos, sin excepción, después de un período de purificación mas o menos largo, entraran en su casa celeste. Pero esta permanencia tiene un comienzo y un inevitable fin. Se puede, aquí abajo como en el mas allá, alcanzar un máximo de bondad o un sumum de perversidad que se pueden manifestar en el interior de nuestro doble campo de vida; pero solamente hasta un cierto limite imposible de franquear, pues siempre se permanece atado a este orden natural y sometido a la ley del subir, brillar y descender.

Por esto el mas allá representa para todos una gran ilusión, una formidable mistificación. Cada grupo de aquí abajo encuentra en el mas allá su cielo, grande o pequeño, donde, según la ley : «Lo semejante atrae a lo semejante», todos son admitidos. Hay un cielo católico y un cielo protestante, hay un lugar de permanencia para las almas atraídas por la teosofía, otro para los estudiantes rosicrucianos, otro para los astrólogos y para las diferentes sectas, en suma, hay para todos los gustos. Lo que se es aquí, interiormente, se encontrara allá. Todo es confortable, placentero y encantador ; y en efecto, ello no es desagradable. Se podrá encontrar en el otro lado con los que estaba unido aquí interiormente. Los que aquí abajo nos importunaban a causa de su estado de ser diferente del nuestro, y por tanto, por muchas razones, no nos podíamos desligar, no nos podrán molestar más.

Según lo que sabemos, con excepción de una cierta categoría de esoteristas, solo algunos grupos clericales tienen conocimiento de estas situaciones en el más allá, de ahí el celo temible del que hacen prueba para ganar almas para su causa. Cuando un sacerdote consigue hacer de un «pagano», un católico, es decir, ligarlo sacramentalmente o  administrarle la extremaunción a una persona, que prácticamente nunca a sido sensible a la vida religiosa, es en la mayoría de los casos, un alma ganada para el dominio celeste católico romano. pronto esta alma regresara a la tierra en el cuerpo de un recién nacido, en una familia católico-romana. Un millar de paganos fallecidos y ligados sacramentalmente a la fe católica se convierten en un millar de niños nacidos, o por nacer en un pueblo o una raza donde la jerarquía católico romana lo juzgue necesario. Profanos que no tienen ningún conocimiento de estos hechos, y que se divierten al ver a los misioneros atraer hábilmente a la iglesia católica romana a los súbditos de poblados animistas, sin duda no se reirían, si supieran que la iglesia extiende así su poder.

Los dominios celestes católicos y musulmanes son los más extendidos en el más allá. Y los que de este lado trabajan para estas potencias aplican, consciente o inconscientemente, diversos métodos con el fin de disminuir los dominios celestes de los demás grupos o mantenerlos en unos limites tan estrechos como sea posible. Sus intenciones están claras : colocar al mundo entero, tanto aquí abajo como en el mas allá, en el radio de acción de la jerarquía clerical.

Este imperialismo espiritual puede, hasta cierto punto, dejar totalmente indiferente al estudiante gnóstico. Las relaciones de fuerza, de naturaleza espiritual, moral o material entre los grupos, son siempre temporales; van y vienen.

Lo esencial es saber que en unos momentos determinados de la historia del mundo, un cierto numero de almas suficientemente maduras, no se dejen intimidar ya por las relaciones entre potencias y llegar a una justa elección, que nosotros precisaremos más adelante.

Sería profundamente deplorable que el lector se dejara conducir hacia su pequeño cielo teosófico, humanitarista o rosicruciano, sin haber tenido la idea de buscar aquello de lo que se trata, y por ello este libro testimonia de una revolución espiritual. Antes de precisar esta idea, es indispensable llamar la atención sobre otras mistificaciones posibles.

 

El que estudia la Enseñanza Universal, que es la santa ciencia de la transfiguración o del renacimiento debe tener en cuenta no solamente la funesta influencia que emana de las esferas infernales, sino también innumerables sugestiones que provienen de diversos pequeños cielos del más allá donde están activos una infinidad de grupos, grandes o pequeños, más o menos sin relación, actuando cada grupo en virtud de su propio estado de ser. Hay allí grupos de naturaleza religiosa que presentan los matices más variados; toda clase de comunidades humanitaristas, decenas de corporaciones de ocultistas que se hacen pasar con gusto por Escuelas verdaderas y cuya actividad descansa en una multitud de ideas y símbolos, hasta tal punto que literalmente se tiene vértigo. Algunos se dicen «cristianos», otros «budistas», etc… En suma, es un verdadero mosaico de la vida religiosa y esotérica de la historia de la humanidad, plenamente activa en el más allá.

Se encuentran allí numerosos círculos intelectuales, y otros que se podrían llamar especializados, como grupos de sanadores, grupos de influencia social, política y económica; incluso se encuentran grupos que ejercen toda  clase de ciencias dialécticas, con el único fin de hacer progresar a la humanidad y a la sociedad desde un punto de vista terrestre.

Esta situación con sus múltiples consecuencias es tan ilusoria y da lugar a tantos malentendi­dos y a tantos males que quizás es, para el verdadero trabajo de salvación de la humanidad, más funesta que todo lo que están realizando de común acuerdo las potencias infernales. Ante un hombre malvado, se está en guardia; estando alerta, se puede actuar directa y positivamen­te; pero con una persona buena, con intenciones amables y puras, no es tan fácil. Preservarse de semejantes influencias, presenta dificultades muy particulares.

Hay por ejemplo en el más allá un grupo que intenta salvar al mundo  por la astrología cristiana. Hay también un grupo egipcio importante que espera el renacimiento próximo de los grandes personajes de la historia que fueron momificados a lo largo de las edades, y que retomarán en sus manos la dirección de toda la humanidad. Muchos dicen estar en relación directa con el Cristo y tienen actividades tan divergentes que uno está forzado a dudar, salvo que este convencido de sus intenciones verdaderamente buenas y humanitarias.

Todo esto encierra muchos peligros para la humanidad. Cuando un individuo pasa al otro lado, interiormente permanece igual. La muerte no hace al hombre un adepto o un ángel de luz, aunque una cierta cultura de la bondad, de la honestidad corriente y de las aspiraciones espirituales le den derecho de ciudadanía en lo que se llama un dominio celeste y que le sea posible, en virtud de su comportamiento de este lado del velo, manifestar un campo de radiación luminoso.

El que estudia la santa ciencia de la tranfiguración desconfía, tanto de las potencias del mal como de las potencias del bien dialéctico. Las primeras le pueden acarrear perjuicio; las segundas le pueden desconcertar completamente, deteniéndole en su camino ; volverle irresoluto a causa de la ronda salvaje de la multitud de ideas que recorren el mundo.

El Nuevo Testamento dice que el diablo se nos puede aparecer como un ángel de luz. Entended «Ángel de Luz» en un sentido particular, pues no significa lo que, probablemente pensáis. Un espíritu ligado a la tierra intenta a veces presentarse como mejor y más luminoso que lo que es en realidad; pero un esfuerzo así es tan miserable, tan estúpido, tan grosero que inmediatamente se adivina y ningún experto en la materia se dejaría engañar.

 

Sin embargo, también hay numerosos habitantes en los dominios celestes dialécticos, llenos de buenas intenciones y radiantes de gentileza, que se interesan por mantener y vivificar las cosas más estúpidas, más groseras y las más deplorables; sirven así, sin saberlo, al espíritu del abismo. Es cuando piensa verdaderamente en su fuero interno hacer el bien y ser bueno, cuando un hombre es más peligroso y más diabólico. No sirve de nada intentar hablarle. No es bueno, no sirve a Dios, poniendo eventualmente toda su vida en juego?. Pensad en Saulo de Tarso, antes de que llegara a ser Pablo. Guardaros de estos ángeles de luz. Sed prudentes, sobre todo cuando pronuncian grandes frases sobre el Cristo y los espíritus santos, sobre Jesús y los Maestros. El alumno que se inicia en la santa ciencia de la transfiguración no se ocupa ni de las escuelas ni de las ordenes que se denominan esotéricas en los dominios luminosos del más allá aunque, quizás, estas puedan realizar a veces un trabajo útil.

La revolución espiritual ha comenzado y, de la misma manera que las esferas infernales se estremecen de pavor bajo la radiación de la luz y, con una angustia mortal, se lanzan sobre la humanidad en la lucha por la conservación del «yo», así las esferas celestes dialécticas se encuentran en un estado de intensa excitación nerviosa. Los habitantes de estos innumerables pequeños cielos se han lanzado, también, sobre la humanidad, empujados por una pasión de conversión; y cualquiera que sea un poco sensible a estas influencias puede sentirse impelido a actuar en consecuencia.

Os parece quizás desconcertante oír hablar de este modo del mundo celeste, de este lugar acariciado por millones de hombres. La muerte transforma solamente el cuerpo y modifica el estado de conciencia, pero el carácter, la inteligencia, la visión de la vida con todo lo que se relaciona con ella, permanecen completamente igual. Y de la misma manera que en este lado del velo millares de hombres y mujeres humanitaristas, buenos, religiosos, y muy inteligentes militan en favor de un mundo mejor, al otro lado del velo ocurre la mismo, con la gran diferencia de que los habitantes del más allá disponen de numerosos medios para influenciar, por sus sugestiones disparatadas, a la parte de la humanidad que vive aquí abajo. Así es como el circulo se cierra y como la rueda del nacimiento y de la muerte, la rueda chirriante de la naturaleza dialéctica, es mantenida en movimiento.

Pero detrás de la esfera reflectora de este campo de vida terrestre, otra luz, otro mundo celeste y otra jerarquía celeste han penetrado la existencia tan complicada, tan miserable y tan dramática del cielo y de la tierra dialécticas. Se trata de una revolución histórica que se repite periódicamente en el tiempo después de un ciclo de algunos cientos de miles de años. Por esto todas las fuerzas del cielo y de la tierra están en movimiento. Una vez mas un proceso espiritual cósmico ha comenzado; proceso del cual el vidente de Patmos testimoniaba con estos términos : «Y yo vi un nuevo cielo, y el antiguo había desaparecido».

Todos estos «buenos espíritus» del más allá, que pueden ser tan radiantes y que en efecto, hacen todo lo posible por realizar algo, según su estado de ser, son los más inquietos. Lo mismo que, a lo largo de los años, se ha tratado con toda clase de medios humanitaristas de mejorar el mundo, de la misma manera se esfuerzan de nuevo, en el cielo y en la tierra, por un torbellino salvaje de ideas y deseos, en arrastrar una vez más al mundo y a la humanidad a un desbordamiento de experiencias. Los movimientos espirituales, las escuelas, las instituciones, etc…, crecen en el suelo como los champiñones; cada país los ve surgir al menos dos por semana los cuales, lo más frecuentemente, se apagan después de una existencia efímera.

 

Desde mayo de 1945, por lo menos una decena de grupos muy diferentes del más allá han intentando trabajar por la vía del Lectorium Rosicrucianum, con vistas de alcanzar así, directamente, a un publico de algunos miles de personas, orientados conscientemente hacia las cosas espirituales. Todas estas ofertas, las hemos rechazado sin ambages y con palabras que no se prestan a confusión. No resulta claro de todo esto que es precisamente la desviación de lo que es esencialmente bueno  lo que da al mal la ocasión de ejercer su influencia mas fuerte ?

La Rosacruz de Oro no se asocia a esta febril agitación en el cielo y en la tierra. Los trabajadores de la Escuela Espiritual actúan al servicio del Reino Inmutable en tanto que pescadores de hombres, y por la aplicación de la santa ciencia de la transfiguración, se encaminan hacia el Reino Inmutable, que es otro cielo y otra tierra. Todo alumno puede ver descender este cielo y esta tierra de Dios, de la revelación universal, si entra en el proceso al final del cual esta la victoria.

Toda la filosofía universal explica como se efectúa este pasaje, conforme a su ley, a su lógica y a sus valores morales y racionales. Por esto consideramos el mal como un fenómeno dialéctico donde el bien es el polo opuesto, los dos se mantienen mutuamente en equilibro. Por esto nosotros adoptamos hacia los espíritus del mal y los espíritus del bien, hacia los habitantes de las esferas infernales y hacia los de los mil y un pequeños cielos, una actitud de «espléndido aislamiento» y por esto decimos : «Dejarnos en paz».

El fin de los trabajadores de buena fe es pescar a las almas maduras fuera de la agitación del Mar Académico (Ver Christianopolis, de Juan Valentín Andreae) y conducirlas, a través de los mas bellos dominios celestes de la dialéctica, hacia el Reino Inmutable, por medio del Arte Real.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

 

LA LUCHA POR EL POLO SUR

 

Junto a otros fenómenos que la gran revolución de los tiempos acentúa, las numerosas expediciones polares organizadas por las grandes potencias atraen seriamente la atención de los círculos esotéricos iniciados. El interés febril que suscitan las regiones polares y particularmente las del polo sur, es la señal del fin de un período de la humanidad. Cuando los grandes estados de este mundo, ávidos de poder y de posesión, extienden sus manos impuras hacia estas regiones terrestres, los esoteristas saben que la humanidad ha alcanzado aproximadamente el ultimo eslabón del circulo degenerado que la encarcela.

Hasta el presente, las dos regiones polares permanecían, para la mayor parte de la humanidad, como un misterio lejos de alcanzar e inviolable. Se sabia muy pocas cosas de estas regiones, salvo que allí reinaba un frío glacial, que no eran más que desiertos de nieve y hielo, envueltos por una larga noche polar, y que eran casi inaccesibles. Se oía hablar de terrenos firmes, vagamente señalados, y de pingüinos ; se habían recogido, sobre estas regiones, el testimonio de misteriosas auroras boreales y australes, sin haber podido comprender el sentido esencialmente santo y siniestro a la vez de su lenguaje luminoso que, de tiempo en tiempo, se escribe con caracteres de fuego por encima de nuestros países.

Pero ahora vemos expediciones científicas manos a la obra, perfectamente equipadas, impulsadas por el deseo de adquirir para su gobierno bases estratégicas, así como las tres materias de base del poder de destrucción : el uranio, el plutonio y otro mineral todavía desconocido que nosotros designaremos bajo el nombre de neptunio.

El poder de destrucción forma una trinidad de fuerzas : la fuerza explosiva del uranio, la fuerza cristalizante del plutonio y la fuerza tóxica del neptunio. Estos son los tres Titanes de los Antiguos mencionados en los cuentos mitológicos, los tres Titanes que, en los tiempos primitivos, estaban retenidos prisioneros en el abismo por los ancestros.

Este abismo será abierto por tres potencias mundiales : la Rusia que representa al proletariado mundial, la América del Sur, que representa a la Iglesia y a los nazis; estos últimos habiendo fijado su bastión de refugio eventual en Argentina, casi inmediatamente después de la declaración de la segunda guerra mundial; y América del Norte, que representa a las clases pudientes.

Estas tres potencias podrían ser igualmente designadas como : social, clerical y liberal o según las concepciones esotérico‑científicas, como expresando la aspiración a la libertad en el sentido de la religión según la naturaleza y la sed de poder, en el sentido materialista.

Es previsible que estas tres potencias mundiales liberen cada uno a su Titán y se hundirán en el abismo. El espíritu encerrado en la botella es liberado y se precipita sobre sus libertadores con una risa demoníaca, después de haber hecho probar a la humanidad hasta la ultima gota, los efectos del triple poder de destrucción. Involuntariamente, nuestros pensamientos se trasladan hacia el Apocalipsis, donde se habla de tres calamidades que se abatirán sobre la humanidad al quinto y sexto golpe de trompeta, después de que el pozo del abismo haya sido abierto.

 

Qué es pues este abismo? Es Patala (palabra que proviene del sánscrito), el Polo sur de nuestro planeta, el misterioso lado izquierdo de nuestra morada terrestre. Esto parece extraño, pero nuestra extrañeza se debe a nuestra ignorancia en la materia, pues la lengua sagrada es traducida por personas incapaces de alcanzar el sentido profundo de la Enseñanza Universal.

Las ciencias esotéricas nos enseñan que los dos polos son los graneros, los órganos receptores y los lugares por donde se vierten todas las fuerzas de la vida cósmica y terrestre de las que tiene necesidad nuestro planeta y que ella transforma en sus complejos procesos de vida. Los dos polos constituyen, en el maravillo y dinámico proceso terrestre dos válvulas de seguridad naturales, dos campos de radiación poderosos, de los que testimonian las auroras boreales y australes.

Estas radiaciones luminosas aparecen en medio de fuerzas magnéticas, y su color, su luz y su sonido, que los habitantes de los regiones polares pueden claramente observar, prueban que se trata de radiaciones etéricas captadas por la atmósfera que alcanzan por allí a toda alma viviente. Desde los tiempos mas remotos se ha designado a estas radiaciones ardientes y luminosas de los polos con los nombres de «serpientes» o «dragones», y, según la expresión bíblica, el espíritu del abismo o la bestia que sale del abismo, representa claramente las fuerzas del polo sur.

Cuando la bestia sube del abismo, las fuerzas del polo sur son liberadas y el hecho de que las tres potencias mundiales citadas mas arriba estén manos a la obra para liberar efectivamen­te estas fuerzas, no es mas que la confirmación histórico y científica de un acontecimiento que debe cumplirse ineluctablemente. Para los alumnos de la Escuela Espiritual la única cuestión es saber como llegara esto y por quien. Como será liberada la bestia del abismo? Por quienes serán liberados los tres Titanes?

Cualquiera que tenga conocimiento de un peligro y este lleno de amor por sus semejantes ciertamente no lo provocara. El hombre normal, sabiendo que inevitablemente sigue una explosión, no enciende una mecha en un polvorín. Es solo por ignorancia que el hombre, absorbido por la gran lucha por la existencia, buscando para el mismo y para sus hijos, para su país, su pueblo o su raza los puestos preponderantes, podría eventualmente provocar tal catástrofe.

Así, las tres potencias mundiales, impulsadas por el instinto de conservación, muy sabias y hábiles, aunque terriblemente estúpidas hacia todo lo que concierne a la verdad desnuda, se precipitan hacia el polo sur, hacia Patala, el abismo, el mundo inferior, para encender la pólvora y provocar la explosión. Este gran momento histórico de nuestra era se cumplirá en los próximos años.

La humanidad pronuncia ella misma así su propia sentencia y consuma su propia caída social, religiosa y liberal. Las tres grandes potencias liberan cada una a su Titán con una sonrisa demente y la humanidad, ya en convulsión, adornara ella misma su futuro con explosiones, cristalización y envenenamiento.

 

 

Nos parece necesario a este respecto dar mas amplios esclarecimientos. Los iniciados saben que toda influencia bienhechora, cósmica y etérica, viene del polo norte (del Merou) la morada de los Dioses, mientras que toda influencia funesta viene del polo sur (de Patala) el mundo inferior. En un pasado remoto ya se sabia que la emanación de las pasiones mas violentas, mas ardientes, subían del abismo del polo sur; aliento atmosférico que irradia de la luz austral y que finalmente se vuelve el aliento humano, cuando el hombre llego a ser magnéticamente sensible.

La saliva del dragón del espíritu del abismo tiene un triple efecto: explosiva, cristalizante y tóxica. Esta saliva es lanzada a la atmósfera bajo la forma de peste mundial e innumerables son los que sufren esta plaga indescriptible.

Cada vez mas hombres sufrirán un furor de destrucción ciega, asociado a una maldad refinada. Es la rabia diabólica de la influencia uraniana de Patala que carcome toda moralidad. Toda promesa, todo convenio, toda relación positiva, todo lazo sacramental, toda línea de conducta armoniosa, toda amistad, son profanadas con una astucia y una seguridad increíbles, invocando, en caso de necesidad con lágrimas, los nombres mas sagrados ; y esto lleva a pensar con asombro en la escena del tribunal donde Caifás rasgando sus vestiduras en un gesto de santa indignación, dice señalando a Jesús : » El Blasfema !».

Este veneno terrible que, como una serpiente, se desliza hacia el hombre no advertido y, rápido como el rayo, se lanza sobre su victima y hunde sus colmillos en la carne, es el efecto neptuniano de Patala que suprime todo juicio sano.

Y nosotros vemos una muchedumbre creciente de hombres que no pueden ya despertarse, que viven como muertos y son tocados por una cristalización espiritual cada vez mas intensa, una muchedumbre que, literalmente, aunque ven están ciegos, y aunque oigan estar sordos, puesto que están sumidos en el mas profundo materialismo. Son las victimas del efecto plutoniano de Patala.

Los tres aspectos de la bestia que sale del abismo suscitan ya tal cataclismo solo por su actividad atmosférica, que lo que va a pasar cuando el status quo espiritual y elemental del misterioso polo sur haya sido violado,  se nos manifestara claramente. El hecho de que tres potencias se disputen la posesión de este territorio es ya instructivo. Se ve claramente como las grandes potencias, movidas por sus ambiciones, atacan y arramblan con los graneros de las fuerzas vitales cósmicas y terrestres, la morada de los elementos cósmicos, perturbando de esta forma los procesos vitales de la tierra.

El hecho de que los esoteristas constaten que el polo sur posee un campo de radiación de fuerzas mortales, inverso al del polo norte, debe ser comprendido de la justa manera. El polo norte es el órgano receptor de las fuerzas interplanetarias cósmicas necesarias para la Tierra y sus habitantes al mismo tiempo que mantiene la actividad armoniosa de las mismas fuerzas terrestres que son también y sobre todo, concentradas en el polo sur. Por esto se habla del polo sur como de Patala, el mundo inferior y del polo norte como de la cabeza, el mundo superior.

El campo de radiación astral encierra cantidad de residuos que proviniendo de los gases, de las fuerzas y éteres que, lanzados al espacio y sometidos a la actividad solar, deber ser extraidos de la atmósfera. A causa de la deficiencia espiritual y moral de la humanidad este proceso de purificación atmosférica no puede tener lugar, y las fuerzas de Patala no son repelidas, sino atraídas; y así es como es liberado el espíritu del abismo. Además, puesto que la humanidad, por su comportamiento en los planos social, religioso y liberal perturba el equilibro de su medio de vida, el destino futuro del mundo y de la humanidad no podrá seguir mas que un solo camino.

 

Esta exposición cosmológica es muy elemental. Se podría alargar, por ejemplo, por un estudio sobre el polo norte que, desde el origen de este mundo, fue conocido como «la fuente de toda vida», alimentado permanentemente por una corriente de fuerzas luminosas, cósmicas y magnéticas que, después de una transmutación, son puestas al servicio de todo lo que vive. Numerosos mitos encantadores cuentan que el polo norte, el campo de radiación boreal, es una puerta de acceso al Reino Inmutable y que, visto espiritualmente, esta rodeado de un mar que no se congela jamas y de una tierra que esta siempre verde. Este territorio, conocido como «el cráneo de la Tierra» es una región que no ha desaparecido jamas, incluso cuando a lo largo de la historia del mundo continentes enteros fueron engullidos y otros surgieron del fondo de las aguas. Así, aunque el aspecto de la tierra haya cambiado continuamente, el cráneo del mundo, este Reino Inmutable, esta puerta de oro, ha permanecido intacta hasta hoy.

La atención de la humanidad debe ser atraída hacia el espíritu que sale del abismo y que es liberado por la agitación revolucionaria actual. Se trata de comprender que los grandes poderes que dirigen este orden mundial dialéctico han pronunciado su propio juicio y que están poniendo fin sistemáticamente a este orden de seguridad. Se trata, para la humanidad, de saber si se dejara arrastrar en este proceso o si, por el contrario se liberará.

Muchas veces, durante el período hiperboreo, el período lemur, el período atlante, y treinta y dos veces ya durante el período ario actual, se ha producido una separación entre los justos y los injustos, entre los que reverenciaban al espíritu de la naturaleza terrestre y los que buscaban la puerta del Reino Inmutable con el fin de entrar en la libertad original de los hijos de Dios.

Hoy la humanidad se encuentra, una vez mas, ante tal bifurcación. Va a dejarse arrastrar por los Titanes de Patala en los torbellinos del camino de la naturaleza dialéctica? O va a entrar en el camino de la liberación, aplicando y realizando en él la santa ciencia del Renacimiento?.

El hombre ve el camino y entra en él cuando está ennoblecido por la purificación del alma. Sabe entonces que según las palabras del Apocalipsis, capitulo ll, dos testigos, como dos candelabros luminosos, se preparan en este mundo para separar a todos los que llevan sobre su frente la señal del Hijo del Hombre, de los que están marcados con la señal de la bestia de Patala, a fin de que los rescatados sean juntados y conducidos al nuevo campo de vida, por la puerta de oro del campo de radiación boreal.

Las dos testigos que se levantaran en este mundo, como dos candeleros luminosos, simbolizan los aspectos masculino y femenino de la Escuela Espiritual que preparan, en perfecta colaboración, el camino para los rescatados. Estos dos testigos tienen por misión establecer en el tiempo el Templo de Dios y el Único Altar, como focos purificados, a fin de que el pueblo del Señor pueda entrar allí.

Cuando hayan acabado de testimoniar y cuando hayan realizado su tarea, el espíritu de Patala, la bestia que surge del abismo, les hará la guerra, les vencerá y les matará. Y sus cuerpos reposaran en las calles de la gran ciudad donde nuestro Señor fue también crucificado. Y los hombres verán sus cuerpos muertos. Y después de tres días y medio, el espíritu de vida de Dios entrara en ellos y se levantaran sobre sus pies.

El alumno comprenderá, sin ninguna duda, estas indicaciones del Apocalipsis. Las dos corrientes que colaboran juntas en la Escuela Espiritual prepararan los nuevos caminos. Y se ofrecerán en sacrificio por los rescatados. Y finalmente se manifestara que están inmunizados y fuera del alcance de la violencia de la materia y de la maldad de los tres Titanes.

 

Entonces, una voz que viene del cielo dirá : << Subid aquí!>> Y ellos se irán hacia el país eternamente verde del Cráneo del Mundo … y entrarán por las puertas de oro del campo de radiación boreal. Que aquel que tenga oídos para oír, oiga!.

 

 

 

 

                                                 VI

 

 

LA LIBERACIÓN DEL HOMBRE CELESTE

 

 

 

La Fraternidad de la Rosacruz se ha esforzado durante estos últimos años en hacer comprender a sus alumnos la filosofía que concierne al devenir y a la liberación del hombre celeste, la santa ciencia del renacimiento. Sin embargo no es preciso deducir de ello que se trate de una nueva sabiduría o de una nueva ciencia. Se trata sobre todo de una ciencia perdida que la Rosacruz actual tiene el deber de hacer revivir. Se trata de mostrar un camino de salvación que, en un próximo futuro, será para muchos de la mayor importancia; por esto la Fraternidad puede hablar del «nuevo misterio de iniciación para la era venidera».

La verdad universal descendida a este mundo es, de todas las maneras posibles, manchada y mutilada; y ahora que la luz de un nuevo día comienza a despuntar en este mundo, ella debe ser exaltada. Como se sabe, esta grandiosa obra tomara los múltiples aspectos de una poderosa revuelta mundial, cósmica, atmosférica y espiritual. Y los que quieren estar sintonizados con los sucesos venideros, que quieren colaborar con ello, si Dios lo permite,deben saber oír, concebir y comprender.

Primero, es indispensable comprender claramente que nada nuevo es anunciado, que ningún esfuerzo irresponsable e incontrolado es efectuado por la Rosacruz para traer una bocanada de aire fresco a este mundo envejecido y desviado. Se trata aquí de «escuchar» la marcha de la eternidad que, manifestándose en el tiempo, no deja perecer la obra de las manos de Dios. La Fraternidad de la Rosacruz coloca ante los ojos del lector la maravilla que es el hombre celeste inmortal que se levanta de la tumba de la naturaleza. Y el lector debe saber que la redención no es solamente afirmada por los evangelios, sino que esta verdad es transmitida desde los tiempos mas remotos. Es suficiente pensar en la maravillosa leyenda de Noé que se construyo un arca, una nueva morada, que le permitió escapar del diluvio. Se cuenta como esta arca llego finalmente al Monte Ararat. El teólogo simplista imagina que esta montaña se encuentra verdaderamente en Armenia Oriental. Sin embargo, los que comprenden la lengua sagrada saben que «llegar al monte Ararat» significa «resucitar en el cuerpo celeste». El que llega al Monte Ararat es un «digno», un «perfecto». Es desatado de la rueda, liberado de la obligación de reencarnarse. Es llamado un «Arya», un Ario. Quizás ahora comprendáis la razón de la lucha sostenida hace poco contra los nazis, que se llamaban Arios, y contra su culto pagano.

Un Ario es un hombre celeste plenamente liberado. Los antiguos relatos cuentan la entrada de los Arios en el país del Oriente, hombres bellos de cuerpo y de rostro, que practicaban doctrinas sublimes, testigos de uno de los contactos históricos de la Fraternidad Celeste con la humanidad caída con el fin de reconducir a los hijos perdidos a la Casa del Padre, al Reino de los cielos, a la morada de los Arias. El hombre de la nueva era es igualmente llamado a este estado de Aria, y una vez más la humanidad conocerá una influencia intensiva de las potencias celestes.

 

Reflexionando en esta antigua y sin embargo tan actual sabiduría, pensar sobre todo en la alquimia. La verdadera alquimia es una ciencia que se perdió completamente, en tanto que ciencia exacta, antes del período histórico actual. Esta ciencia encerraba el verdadero conocimiento concerniente a la transmutación o renacimiento, es decir, la disolución de lo que es vulgar, no comprendido en Dios, y el restablecimiento de lo que es noble, celeste, el oro verdadero.

La alquimia era estudiada y ejercida bajo tres aspectos: cósmico, humano y terrestre. El aspecto cósmico concernía al conocimiento del plan de Dios para el mundo; el aspecto humano estaba centrado en la tarea y la naturaleza del hombre verdadero en este plan del mundo; el aspecto terrestre tenía por objetivo liberar de la ilusión al hombre superior ligado a la tierra y hacer posible su retorno a la Casa del Padre.

Así se ve que el renacimiento, tal como Cristo lo presenta a Nicodemo, el renacimiento «de agua y de espíritu» por un espíritu renovado salido de la Materia Mágica original, era practicado desde los tiempos mas remotos de la historia del mundo, y que la Fraternidad de la Rosacruz puede, una vez más en nuestro tiempo mostrar el verdadero camino, no en tanto que modernista, sino como sirviente de la muy venerable y muy anciana Fraternidad del Reino Inmutable, la Fraternidad Universal.

La Fraternidad sitúa al lector penetrado por este espíritu, ante la fiesta de Pascua, fiesta que debe despertar profundamente en él la noción de «camino» que lleva de la muerte a la inmortalidad, de la vida terrestre a la vida celeste. La Fraternidad de la Rosacruz piensa que las Pascuas del año 1947 tuvieron un significado histórico mundial. Por esto, con el fin de apoyar esta interpretación, debe de nuevo atraer la atención sobre el hecho de que la jerarquía de Cristo se manifestara en medio de una revolución mundial, espiritual y estructural. Cuando la Fraternidad os habla de la liberación del hombre celeste, no es para aburriros con los temas habituales de la fiesta de Pascua, sino para testimoniar de la nueva era que se abrirá camino, y de los fenómenos de resurrección alquímica que se producirán en los planos cósmico, humano y terrestre.

Cuando el alumno en el camino de los misterios del Cristo esta en el punto de romper las cadenas que le retienen en su prisión dialéctica, para elevarse hacia la existencia celeste, es decir, cuando toda su conciencia se transfiere al nuevo ser para vivir allí, un segundo polo magnético nace al instante en su microcosmos. Este fenómeno esta acompañado por una violenta agitación, comparada en la Biblia con un temblor de tierra y con la rodadura de la piedra.

Esto es descrito en el relato de la resurrección, en los evangelios canónicos y apócrifos. Podéis leer igualmente en las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz que, la víspera de Pascua, fue sorprendido por una tormenta magnética de la misma naturaleza. En numerosos relatos, mitos y leyendas se tratan estos fenómenos.

 

Recientemente se ha anunciado que un segundo polo magnético acababa de ser descubierto, a no ser que se trate de un desplazamiento del polo magnético. Reflexionando en lo que precede, no puede dejar de sorprenderse por esta noticia. Si el lector quiere relacionarlo con el hecho de que numerosas tormentas magnéticas han hecho estragos estos últimos años, y que están en relación con las enormes descargas de fuerzas solares y otras fuerzas interplanetarias; y si se quiere tener en cuenta que todos estos acontecimientos que son descritos por la Escuela de la Rosacruz bajo el nombre de <<revolución atmosférica>>, no será extraño escuchar al gnóstico declarar que unos cambios muy importantes tienen lugar actualmente en nuestro cosmos planetario. La gran revuelta, guiada por el poder divino, se acentúa. Por todas partes son perceptibles las pruebas. La fiesta de Pascua del año 1947 es pues muy particular: una tumba se entreabre, un nuevo campo de vida se abre ante la humanidad estupefacta, y numerosos son los que huirán entonces ante esta tumba abierta cuando hayan percibido algo de la vida nueva.

Al igual que el alumno en la Escuela Espiritual de la Fraternidad Universal va a despertar su forma celeste e introducirla en su campo de vida microcósmico, así la jerarquía de Cristo, después de siglos de esfuerzos, y de sacrificios sin numero ha creado una forma celeste del planeta original, un nuevo campo de vida; y esta tierra celeste, este campo de vida nuevo, empieza a penetrar en los apagados valles de la muerte.

La agitación actual del polo magnético y las numerosas tormentas magnéticas están en estrecha relación con este nuevo campo de vida. Esta tierra celeste fue un día contemplada por el vidente de Patmos, y antes que él por Ezequiel, y antes de él por Henoch, y antes de él y después de él por todos los que han tomado parte en la Fraternidad Universal que es el cuerpo universal de la Iglesia Invisible, cuerpo único con numerosos miembros; es el árbol de la vida con innumerables ramas.

Es a la vez turbador y abrumador prever con una certeza inquebrantable lo que va a ocurrir; es a la vez majestuoso y aplastante ver las líneas de fuerza de la era nueva escribir, como con el rayo, una nueva lengua sagrada. Se choca actualmente con la superstición y la increduli­dad, con el escepticismo científico, materialista, oculto y religioso. Pero todas estas resistencias serán rotas a la clara luz de la realidad.

Grandes y múltiples son las tensiones en el trabajo espiritual, en el mundo entero. Estas tensiones tienen por objetivo aniquilar la aptitud de los hombres y de comprometer su poder de discernimiento espiritual. Por esto la Fraternidad de la Rosacruz, aconseja al lector estar tranquilo y esperar los acontecimientos trabajando con diligencia, día y noche, sobre él mismo. Observad, estando en perfecto equilibrio. Pues os ha sido dicho: «No se os necesita para el cumplimiento de la Gran Obra; sobretodo no penséis que sois imprescindibles. La Rosacruz actual tiene una tarea que cumplir en los acontecimientos universales; ella es uno de los compañeros en la Fraternidad Universal. Vosotros podéis, si lo deseáis, colaborar en esta tarea, siempre que la comprendáis, sino, situaros fuera vosotros mismos». Y la Fraternidad, sabiendo que actualmente muchos son llamados así, pero que pocos son elegidos, ciertamente no se afligirá. Pues esto es Pascua, una fiesta de Pascua tan importante, que el mundo no vio nunca nada parecido en el treinta y trezavo período ario.

Allí donde la luz brilla, por encima de la piedra rodante, hay siempre una muchedumbre que huye y un único individuo que se aproxima. Y a este, la Fraternidad le saluda con alegría; una gran calma, un silencio sereno se establece entre la Fraternidad y él; y este único hermano o esta única hermana vale mas que miles de charlatanes  espirituales.

 

Cuando la humanidad adámica cayo del cielo como una llama de fuego, la Enseñanza Universal le acompaño aquí abajo, y los hierofantes de la Fraternidad Universal descendieron sobre la humanidad siguiendo un plan bien establecido. En tanto que Arios se manifestaron, vivieron y enseñaron la idea divina y liberadora a la humanidad por una palabra realmente viviente y por un estado de ser efectivamente realizado en ellos. Y siempre, en el momento de la coronación de su tarea, se encontrara por encima de la tumba de la materia la forma celeste, viviente, llena de fuerza, intangible, real. Y los alumnos que vieron realizarse el prodigio de la ruptura con la materia y la muerte esclamaron, con gritos de alegría: «El Señor verdaderamente ha resucitado!». Y ellos siguieron al Señor más allá de la tumba. Realizaron, científicamente, progresivamente, estructuralmente, el santo proceso del renacimiento, y ellos formaron la primera cosecha. Y los portadores de la salvación de los siglos les siguieron, almacenando cosecha tras cosecha; y así es como se formo finalmente «la multitud que nadie puede contar», la Fraternidad de los primeros nacidos en el Reino de la Luz, los resucitados que fueron rescatados de la tierra por su sangre. Esta Fraternidad surge de todos los pueblos, de todas las razas de la tierra, desde la formación de la naturaleza dialéctica.

La humanidad fue así paso a paso, de fiesta de Pascua en fiesta de Pascua. Innumerables fueron los que huyeron ante la tumba y se hundieron en su conciencia biológica y sus monstruosidades, pero miles confesaron interiormente : El Señor verdaderamente ha resucitado!. Es la multitud que nadie puede contar y ella ha hecho algo totalmente diferente que agitar ramas de palmera dando gritos de «Hosanna» de triunfo. Ella ha trabajado en la reconstrucción de la tierra celeste, bajo la dirección de poderosos hierofantes. La verdadera y nueva morada de la humanidad esta dispuesta, como un novio engalanado para su esposa.

El fin y la misión de la Fraternidad es señalar, a todos los que experimentan en su propio sistema algo del hombre celeste y pueden gracias a este conocimiento de primera mano testimoniar interiormente que el Señor verdaderamente ha resucitado, la posibilidad de un triple desarrollo alquímico : cósmico, humano y terrestre, la inminencia de una eterna fiesta de Pascua, manifestación de un nuevo campo de vida en su esfera del mundo dialéctico. El reino celeste hace irrupción en el macrocosmos, como el cuerpo celeste se establece en el microcosmos. Que aquel que tenga oídos para escuchar escuche lo que el Espíritu Santo tiene que decirle.

El gran objetivo del plan de salvación crística se aproxima a su realización histórica y el poderoso coro de la multitud canta : «El Señor verdaderamente ha resucitado!». La perturbación actual en nuestro cosmos planetario prueba la formación de un nuevo campo de vida, la existencia de relaciones atmosféricas completamente diferentes, de cambios geológicos profundos y de cantidad de maravillosos desarrollos en muchos reinos de la naturaleza. Una alegría profunda llena los corazones de todos los que pueden comprender y contemplar estas cosas, y la angustia intensa de innumerables humanos finalizara pronto. Las máscaras serán arrancadas.

Y ahora podemos quizá comprender las palabras de la Confessio Fraternitatis : «Una cosa es establecida aquí para nosotros, a saber que Dios ha decidido conceder al mundo, antes de su fin, un aflujo de luz, de verdad y de grandeza, igual que decidió que Adam sería acompaña­do, con el fin de que puedan finalizar toda falsedad, tinieblas y sumisión a estas». Todos los que están unidos a la Rosacruz realizan esta fiesta de Pascua, la más maravillosa entre todas.

 

La Fraternidad y sus estudiantes, no se quedan estáticos ante los recuerdos del pasado, provocando esta «narcosis pascual» que hace que se encuentre, al día siguiente, desencantado y lívido, ante los restos de una realidad rota. No, ellos se mantienen ante la tumba de la materia. Cabezas de muerto los miran riéndose burlonamente de ellos, y las espesas humaredas de la putrefacción se extienden sobre el mundo como vapores envenenados. La pálida muerte fue miles de veces triunfante. Pero ved como a lo largo de los eones la luz se dejo aprisionar en este degüello para, más adelante, inviolada y perfecta, resucitar en la gloria!.

Y ahora ha llegado el momento de la gran cosecha, de la más grandiosa de todas las fiestas de Pascua : microcósmica y macrocósmica. De la misma manera que esto se produce en la vida del individuo y en la vida del alumno, va a ser ahora probado al mundo entero, que la agitación actual se debe a la revolución espiritual: El Señor verdaderamente ha resucitado!.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 VII

 

                                LOS MISTERIOS DE KRISHNA

 

Las antiguas tradiciones de los misterios nos revelan que los portadores de luz, pequeños y grandes, aparecieron en el mundo en las épocas más favorables, cuando las circunstancias estaban en armonía con el objetivo perseguido, con el fin de tender una mano compasiva a la humanidad cuya conciencia divina estaba totalmente oscurecida, y de preservar a los hombres de una caída todavía más profunda en la materia.

Uno de los más grandes mensajeros de la luz divina fue Shri Krishna. Antiguos sabios han establecido que Shri Krishna vivió hace alrededor de cinco mil años. En efecto es por esta época cuando debió de tener lugar su manifestación maravillosa e imperecedera. La historia de su vida, si la estudiamos en los innumerables libros y relatos que le están consagrados, nos demuestra que fue el más grande instructor de los Hindúes y el igual de todos los grandes instructores mundiales. Todo lo que podemos leer sobre este tema nos parece muy familiar, verosímilmente porque la historia de la vida del Salvador de hace cinco mil años es totalmente semejante a la de Jesús el Señor. La analogía es tan evidente que los misterios de Krishna son una prueba resplandeciente de la lengua universal, que no conoce más que un único lenguaje y nos describe la misión, absolutamente idéntica, realizada por todos los grandes instructores mundiales. A este respecto debemos hablar, con toda la razón, de la Enseñanza Universal. Esta enseñanza no es ni antigua ni nueva, sino que fue de todo tiempo, como dice Jesús: «lo mismo ayer y hoy». La teología cristiana en su concepción del Cristo aparece desesperadamente limitada cuando se la compara con la nueva intervención crística.

Cuando dirigiéndose a sus alumnos, Jesús el Señor dice: «Antes de que Abrahán fuese, yo ya era» sus palabras se aplican igualmente a la vida de Krishna. El Krishna de hace cinco mil años, y el Jesús de hace alrededor de dos mil años son una única e idéntica manifestación de Dios. Se cuenta que Krishna, al igual que Jesús, nació de una virgen. Krishna, él también, nació en una gruta o un establo, y su nacimiento fue, como el de Jesús, anunciado por una estrella. Después del nacimiento de Krishna una masacre de niños fue también ordenada en vistas de hacerle desaparecer de la tierra e hizo, él también, maravillosas curaciones. Vertió su sangre por la humanidad y, como Jesús, es representado colgado de una cruz. Descendió también a los infiernos, resucitó después de su muerte y subió al cielo. Los nombres «Krishna» y «Cristo» tienen el mismo sentido. Cristo fue llamado el buen pastor, Krishna, el pastor. Krishna también fue tentado por el demonio. Al igual que Jesús, fue glorificado. De la misma manera que Magdalena, la prostituta, rindió homenaje a Jesús, lo mismo sucedió con Krishna.

Innumerables comparaciones pueden ser establecidas entre estas dos vidas, y permiten rechazar como absurda la hipótesis de una afluencia fortuita de circunstancias. La conclusión superficial según la cual el evangelio habría sido copiado de viejos escritos debe igualmente ser rechazada por cualquiera que tenga algún conocimiento de la enseñanza esotérica.

 

Llegado a este punto, el estudiante no puede llegar más que a una sola conclusión : en todas las épocas un único e invariable mensaje ha sido transmitido a la humanidad. Este mensaje, único e invariable, no cambia de color y de forma, de idea y de vibración más que cuando hombres dialécticos, que no pueden penetrar hasta la justa comprensión de las cosas a pesar de una perfecta buena fe, quieren llenos de celo, encargarse de propagar este mensaje de luz.

Desatarse completamente de toda religión racial y popular y de toda religiosidad natural es una de las primeras tareas de todo alumno de una escuela espiritual. El alumno no debe estar especialmente dirigido hacia el oriente o el occidente; debe mantenerse en lo universal, en la palabra divina absoluta. Será concedido a un alumno tal descubrir a todos los grandes instructores mundiales, y comprender que son «los mismos ayer y hoy»; no faltara jamas al respeto y al reconocimiento para todo instructor mundial, cualquiera que el sea.

Cuando podéis sentir así la esencia del Cristo, os sabéis un universalista para siempre y jamas un sectario, pues poseéis entonces la aptitud necesaria para recibir la gran corriente de gracia divina que rodea esta tierra caída, calentándola con su amor. Esta gracia os ofrece la posibilidad de comprender algo de los misterios de Krishna, para vivirlos a continuación interiormente, como los del Cristo. Esperamos que comprendáis este lenguaje hasta en vuestra sangre.

La base fundamental del gran misterio universal es la posibilidad concedida a todo hombre de elevarse del abismo del espanto y del pecado para regresar al reino inmutable e imperecedero. Este es el misterio primordial, el núcleo inicial alrededor del cual todo gira. Qué interés podría presentar para el hombre caído, la grandeza y la majestad divinas, si no hubiera para él ninguna posibilidad de elevarse hasta este misterio, ningún camino que condujera allí?. Por ello nos proponemos hablaros de este misterio universal, con el fin de descubrirlo juntos, y de ver con lucidez en que consiste. Si llegamos a este resultado, el camino de la salvación se abrirá ante vosotros y nosotros habremos cumplido nuestra misión, pues os habremos unido a lo que de imperecedero puede seros ofrecido aquí abajo.

 

La fuerza astral de este planeta controla y domina nuestra sangre y nuestro sistema nervioso autónomo. La fuerza astral es la más degenerada que existe, la energía esencial más degradada de la naturaleza dialéctica. Por una parte el fluido astral influencia la fuerza espinal (que es la base de la conciencia y de la mentalidad) y por otra, la fuerza astral controla todos los éteres, manteniendo así toda forma en buen estado.

Estudiando esta situación, el alumno descubrirá que solo una nueva fuerza astral puede salvarle. Pues esta nueva fuerza astral le permite elevar su pensamiento hasta la concepción del fin divino. Desde que esta concepción es alcanzada, el alumno es capaz de actuar en armonía con ella y asimilar los cuatro alimentos santos que deber conducirle finalmente a una total regeneración.

Este es el camino que todo francmasón debe seguir para aproximarse a la meta divina. Y es de esta manera como el fluido astral salvador nos es ofrecido por la Fraternidad Universal. Para que este fluido astral salvador pueda ser atraído de la justa manera a nuestra esfera de vida, grandes instructores mundiales han venido entre nosotros a lo largo de los siglos. Ellos se sucedían con una divina regularidad para mantener esta gran corriente de gracia y conservarla en el justo camino.

 

Así pues no consideramos el que estos grandes en espíritu vinieran únicamente para traernos una enseñanza. No, su mandato, su misión era, en particular, guardar intacta la santa sustancia etérica para los que tomaran, con total sinceridad, la decisión de colocar sus pasos en el camino de la paz, y encontrar así las puertas eternas de la vida nueva. Ellos, los grandes, no estaban pues al servicio del hombre dialéctico, sino que vinieron, así como fue dicho de Jesús, para servir al reino divino como realizadores de la palabra eterna.

Os parece esto admisible? Cada uno sabe que en un medio de vida degenerado, totalmente pervertido, una fuerza pura no puede mantenerse mucho tiempo. Siendo un estado permanente en la naturaleza dialéctica la vida pecadora de la humanidad se puede fácilmente suponer que una fuerza redentora estaría obligada a retirarse rápidamente de este antro terrestre tenebroso si no encontrase, en este mundo, focos hacia los cuales se pudiera dirigir.

Por ello esta fuerza compasiva y liberadora está de nuevo establecida en nuestras tinieblas, con un amor que la conciencia humana no puede concebir, con el fin de que quien quiere seguir el camino de la santificación (el que haya vivido hace cinco mil o dos mil años o bien el que vive hoy) pueda servirse del gran misterio universal para su salvación eterna.

Puesto que comprendéis lo que precede podéis entender porque, en el lenguaje del Cristianismo, Lucifer es colocado al lado del Cristo. Lucifer es, en efecto, el símbolo de la fuerza astral de la naturaleza en la cual la sustancia redentora no esta presente. El Cristo, irradiando exclusivamente el prana vital salvador, es la nueva Estrella de la Mañana, que viene a ofrecernos el mana de la vida. La fuerza astral salvadora de la Fraternidad Universal que continuamente nos es transmitida es designada, correctamente, como la sangre, una ofrenda de sangre. Por ello es también literalmente verdadero decir que : «la sangre de Jesucristo nos purifica de todos nuestros pecado».

Nosotros decíamos antes que la fuerza astral estaba unida a la sangre y al fluido nervioso del sistema simpático.

La gran puerta de entrada de la fuerza astral es el corazón, no solo simbólicamente o filosóficamente, sino también anatómica y físicamente. Cuando se dice que debemos ofrecer nuestro corazón al Señor de nuestra vida, podemos comprender porque se nos pide con tanta insistencia. Sin embargo, es también importante para el alumno saber de que manera debe liberar su corazón para recibir el prana divino salvador, pues esta condición es indispensable para que la fuerza vital divina sea asimilada por la sangre y por todo el sistema vital del candidato; las consecuencias que deben resultar de ello se manifestaran rápidamente.

En los misterios de Krishna una conversación tiene lugar entre el sacerdote‑iniciado y el candidato. Cuando el instructor pregunta: «Quien llama a la puerta?», el alumno responde: «El buen pastor». Cuando el instructor pregunta a continuación: «Quien os ha precedido?», la respuesta es: «los tres ladrones». Y a la pregunta: «Quien os sigue?», el candidato responde prontamente: «los tres asesinos».

Cuando un alumno, desligado de las profundidades de la lucha por la vida, invoca al prana salvador, llama a la puerta y se le responde que recibirá la fuerza astral salvadora cuando parezca seguro que pueda dirigir el fluido de la salvación como un buen pastor. La Fraternidad Universal tiene esta certeza cuando el alumno es profundamente consciente de que tres ladrones le han precedido, lo que significa que sus tres santuarios : cabeza, corazón y pelvis, fueron profanados por la esencia del pecado y despojados de su verdadero adorno. Por esta razón el hombre actual es la sombra de su gloria de antaño.

 

Cuando el alumno puede reconocer esta realidad, comprende al mismo tiempo que la triple impiedad que es la consecuencia de este robo debe ser demolida enteramente, y que es necesario que muera de una triple muerte según su naturaleza terrestre. Por ello la llamada a la ayuda es seguida de la aparición de tres asesinos que traen con ellos el proceso de la transfiguración. En esto está la llave del misterio universal, «la misma ayer y hoy», y el sentido de la formula tan frecuentemente empleada: «cuando el alumno esta preparado, el maestro aparece».

Si queréis realmente recorrer el camino del misterio universal, sabiendo que este camino conlleva la transfiguración, las palabras: «llamad y se os abrirá», «buscad y encontraréis», son igualmente verdaderas para vosotros. La conversación que el sacerdote‑iniciado tendrá entonces con su candidato mostrara abundantemente consecuencias salvadoras y liberadoras. Por ello esperamos que habréis comprendido que la corriente salvadora divina, el fluido astral salvador, está sostenido hasta ahora por la continua ofrenda de los grandes.

Se trata igualmente de este fluido astral salvador cuando se habla de «el simbólico río divino de la Nueva Jerusalén»; en otras palabras, el misterio de Krishna de hace cinco mil años y el de Jesús hace dos mil será también el misterio de los tiempos futuros. Mientras que continúen errando en el mundo de la dialéctica almas humanas caídas, el misterio universal irradiará su poder.

En la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro el alumno aprende a distinguir bien las dos fuerzas astrales en este mundo. El alumno debe aniquilar totalmente una de estas fuerzas y romper completamente todo lazo con ella y liberándose debe aproximarse a la otra fuerza con el fin de poder realizar su unión con ella. Debe haber liberado por si mismo un camino, con el fin de encontrar el único camino verdadero. Por esto existen los misterios menores que permiten encontrar y consolidar el único gran misterio.

Hay una fuerza astral de la naturaleza planetaria y hay una fuerza astral que, extraña a esta naturaleza, es mantenida en esta naturaleza por la Fraternidad Universal a fin de que cualquiera que aspire a ello pueda, con su ayuda, regresar a la Casa del Padre. Cada hierofante de la fuerza astral divina es llamado «El Buen Pastor», e igualmente «La Puerta». «Yo soy la puerta de las ovejas», dice el Cristo, y «El que entra por esta puerta encuentra el camino, la verdad y la vida».

En conclusión quisiéramos añadir que debéis comprender esta sabiduría místico universal como un profundo secreto, como un verdadero misterio. El sacrificio de Krishna hace cinco mil años no ha sido suficiente para salvar a la humanidad errante, tampoco el sacrificio de Cristo hace dos mil años. Esta es la razón por lo que numerosos hierofantes, rodeados de una multitud de ayudantes, han trabajado hasta ahora por mantener la esencia del sacrificio del Cristo. Para el hombre verdaderamente decidido a ser salvado del deterioro de esta vida, el primer problema debe ser: «Como puedo establecer la unión con el fluido astral salvador y por ello, con el fluido espinal divino del que resulta la posibilidad de asimilar correctamente los cuatro alimentos santos?».

 

Este es el primer problema para cada alumno que quiere «recorrer el camino», y la Escuela Espiritual está totalmente dispuesta a ayudaros en esto. Si queréis utilizar esta ayuda, será entonces necesario que vuestra alma se vuelva silenciosa ante la intervención divina universal. Tomad entonces con aversión las apariencias engañosas del mundo y comprended que el oro terrestre no tiene el menor valor. Ahora bien, a medida que el alma se vuelva más silenciosa, percibiréis cada vez más claramente el lenguaje universal que esta por encima del tiempo y del espacio y sabréis que las verdades eternas, lo mismo que Cristo y Krishna, eran las mismas ayer, hoy y eternamente.

 

                                                VIII

 

 

                                GNÓSTICOS Y ROSACRUCES

 

 

Usted debe ser objetivo y estar desprovisto de todo prejuicio si quiere comprender nuestra intención, cuando os hablamos de los gnósticos y de los Rosacruces pues en todo lo que concierne a la gnosis y a la Rosacruz la humanidad occidental entera fue, a lo largo de los siglos, intencionalmente empujada hacia ideas erróneas. Como consecuencia a este proceder pérfido, las masas fueron privadas arbitrariamente de todo contacto con la Enseñanza Universal para convertirse en las victimas abúlicas de los diversos poderes de este mundo.

Todos los que, bajo la presión de sus propias aspiraciones interiores, se esfuerzan por restablecer los lazos con la verdad universal son, a lo largo de sus búsquedas, puestos en fuerte desventaja por el obscurecimiento de su conciencia, por un prejuicio involuntario que proviene de su ser sanguíneo. Todos los que han buscado el camino que conduce a la vida superior pueden hablaros de los inmensos esfuerzos que debieron hacer, de las dificultades infinitas que tuvieron que vencer y de los rodeos innumerables que debieron efectuar para liberarse de la maldición de la sangre, del veneno transmitido a su conciencia por sus numerosos ancestros.

Por ello la percepción objetiva es verdaderamente imposible. Por ello cuando en el alumno debutante las aspiraciones hacia la luz son suficientemente profundas, recibe siempre el consejo de renunciar por algún tiempo a los prejuicios que su sangre le impone. Las ideas que adquiere sobre estas cuestiones le fortifican eficazmente en la lucha que lleva contra todo lo que el pasado ha anclado en su sangre y en su conciencia.

En lo que concierne a los gnósticos, la concepción corriente es que al comienzo de nuestra era, ciertos grupos de hombres trataron de incorporar costumbres, ritos y dogmas paganos a las tesis cristianas; de ahí la lucha intensa llevada por la joven Iglesia para liberarse de todas estas manchas; lo que hizo que desde hace algunos siglos el gnosticismo perteneciera al pasado.

Sin duda vosotros sabéis lo que se piensa y lo que se dice habitualmente de los Rosacruces. Oficialmente la Rosacruz data aproximadamente de los siglos XIII y XIV. Los Rosacruces practicaban, secretamente según dicen, las ciencias naturales, porque la Iglesia había prohibido su libre ejercicio. Estudiaban principalmente la química, la astrología, la medicina, la geología, la cosmología y otras ciencias emparentadas.

La Rosacruz comportaba netamente dos corrientes, la de la línea física natural y la de la línea metafísica natural; una corriente cultural y una corriente evolucionista. Los descendientes de esta Rosacruz se encuentran en dos razas: los de la corriente cultural, en la etnia germánica donde toma forma, por ejemplo, el movimiento antroposófico y los de la corriente evolucionista, especialmente en la etnia anglosajona, en la cual se desarrolló, en particular, el movimiento teosófico.

 

Estos dos grupos se esfuerzan en realizar una liberación del hombre y del mundo, en, por y con la naturaleza, una poniendo más el acento sobre el factor cultural y otra sobre el factor metafísico. En consecuencia, el primer grupo tiene una tendencia principalmente materialista y el otro más bien espiritista. No es sorprendente que el espiritismo esté más fuertemente implantado en los países anglosajones. Se puede, sin minimizar ni exagerar la importancia de uno y otro de estos movimientos, poner sobre el mismo plano a la Rosacruz histórica, la antroposofía, la teosofía y todos los movimientos con los que están emparentados. Cuando los adeptos de Steiner, de Besant, de Tingley, de Spencer Lewis o de Max Heindel se denominan rosicrucianos, tienen perfecto derecho a hacerlo. Cuando se acusan mutuamente de imitación o de plagio, tienen perfectamente la razón porque todos tienen un mismo origen. Sin embargo, no podemos más que deplorar este estado de cosas, pues es lastimoso que todas las fracciones de la granada que explotó en el siglo XIII no permanezcan unidas. El desarrollo de la historia hubiera sido bien distinto, desde muchos puntos de vista. Para completar, añadimos que la francmasonería tal como el mundo la conoció durante los últimos siglos ha nacido igualmente de los mismos principios.

Sin embargo, existe otro gnosticismo, otra Rosacruz y otra francmasonería que la que os es tan conocida. Si hacéis este descubrimiento, ya nunca podréis confundir a la Rosacruz actual, que data de Agosto de 1924, con los diferentes movimientos esotéricos conocidos, que son culturales o metafísicos según la naturaleza. El gnosticismo, la Rosacruz y la francmasonería de las que hablamos y que tratamos de interpretar son tres denominaciones de una misma corriente universal que no es ni vieja, ni joven, que simplemente era, es y será por toda la eternidad. A esta corriente se le llama a veces «gnóstica», en razón de su carácter filosófico; a veces «rosicruciana», en razón de su carácter cristocéntrico; a veces «masónica» en razón de su carácter constructor y realizador.

Esta corriente, que emana de la Fraternidad Universal, tiene como característica universal el rechazo absoluto de todo fin físico y metafísico natural; se apoya en:

* una filosofía de la transfiguración ‑ por tanto gnóstica,

* una confesión cristocéntrica que no se asocia de ninguna manera a esta naturaleza ‑ por tanto rosicruciana,

* un desarrollo metódico científicamente aplicado que rompe lo que es de esta naturaleza y construye lo que es de naturaleza divina original ‑ por tanto masónica.

Esta Fraternidad Universal no funda ni agrupaciones ni iglesias. Ella vivifica de tiempo en tiempo escuelas para ayudar en el camino a todos los que son :

* uno en la idea ‑ por tanto gnósticos,

* uno en la confesión ‑ por tanto rosicrucianos, y

* uno en sus esfuerzos ‑ por tanto francmasones.

Cuando la idea, la confesión y los esfuerzos son desviados del objetivo por el alumno, la Fraternidad Universal se desata inmediatamente de este alumno. La conservación de tal alumno en la Escuela perjudicaría a la obra entera, o constituiría una explotación si, por ejemplo, una escuela conservara a un alumno en razón de su situación social.

Nosotros deseamos todavía hablaros de una señal perfectamente reconocible de este triple trabajo transfigurístico : que choca siempre con la hostilidad de este mundo, proviniendo principalmente de la Iglesia y de las corrientes ocultas. El Estado no muestra ni mostró jamas una hostilidad fundamental. Los alumnos de la Fraternidad Universal son simples y tranquilos ciudadanos que no se mezclan en ningún movimiento político, social o económico y no quieren de ninguna manera atraer la atención sobre ellos, no aspirando más que a ser dejados en paz. No expresan ningún deseo en relación con lo que es material, si no es el de alejarse de ello lo más rápidamente posible.

 

La hostilidad de la Iglesia no se convierte en peligrosa para los alumnos más que cuando está puede ejercer su poder en el estado. La historia nos ha enseñado que en tales circunstancias existe un peligro de muerte inmediato para todos los transfiguristas. Ocurre igual cuando las corrientes ocultas se vuelven poderosas en el estado. En este caso toda libertad de expresión oral o escrita, toda libertad de religión es abolida inmediatamente, previamente a todo lo que seguirá. Por ello es verdad que todo esfuerzo y toda idea transfigurísticas son no solo un camino de cruz en el sentido liberador, sino al mismo tiempo un camino de cruz en el plano terrestre. El alumno se conforma con ello al igual que el ejemplo del Cristo.

 

Nuestra era estuvo marcada por tres grandes movimientos transfigurísticos:

* el de los Gnósticos, al principio de nuestra era,

* el de los Maniqueos, que emanó directamente del movimiento gnóstico, y

* el de los Cátaros.

Un cuarto gran movimiento esta actualmente en vías de desarrollo. En los intervalos de tiempo que separan a estos grandes movimientos, el trabajo no fue interrumpido jamas, sino que estuvo mucho mas disperso y fue llevado a pequeña escala. Cada siglo vio a trabajadores eminentes ejercer este Arte Real. Señalemos a titulo de ejemplo a Juan Valentín Andreae en el siglo XVII y a Karl Von Eckartshausen en el siglo XVIII. Sin embargo, las obras dejadas por estos dos trabajadores fueron groseramente mutiladas por el enemigo clásico.

He aquí algo que debe retener vuestra atención : toda la literatura de los movimientos transfigurísticos esta perdida o mutilada, o existe todavía, muy velada, en algunas bibliotecas.

Maní fue asesinado en el año 277, por la instigación, principalmente, de ocultistas persas. La Fraternidad de los Maniqueos se extendió en el siglo IV por toda el Asia Menor, Africa y el sur de Europa. Se mantuvo hasta el siglo VI. Los Maniqueos fueron asesinados por millares bajo el poder de los obispos cristianos, de la Iglesia y de los magos persas, representantes del esoterismo natural oficial. La literatura fue, en la medida de lo posible, destruida. El núcleo de la Fraternidad se retiró al seno de la Fraternidad de Shamballa, en el desierto del Gobi. Ocurrió lo mismo con los Cátaros. Y ocurrirá lo mismo en el futuro, tanto tiempo como el orden de la naturaleza dialéctica continúe existiendo.

La noble y triple tarea transfigurística, que engloba la idea, la confesión y el esfuerzo, se extiende como un soplo poderoso desde el corazón del Gobi, sobre el mundo entero. Este soplo se retira a continuación para ser de nuevo enviado. No combate. Trabaja. No lucha y sin embargo sale victorioso. Y toda enemistad no hace más que reforzar la victoria final.

Para terminar, querríamos todavía, por una corta exposición, mostraros el verdadero carácter transfigurístico de la gnosis clásica. Pueda todo esto llevaros a participar de la comprensión universal, a firmar con la sangre de vuestro corazón la confesión universal, a realizar con nosotros el esfuerzo universal, a fin de que todos juntos podamos ser encontrados verdaderos gnósticos, verdaderos rosacruces y verdaderos francmasones.

La Gnosis Clásica es la sirviente directa de la Fraternidad Universal. Ella aparece siempre en la historia mundial inmediatamente después de cada nueva impulsión dada por los grandes instructores universales.

 

Sobre la base de esta nueva impulsión, la tarea de los gnósticos es la de aportar a los hombres que se muestran sensibles a ella la idea profunda de la cohesión íntima de la verdadera vida original.

Así comprenderéis por que el mundo ha conocido numerosos sistemas gnósticos que diferían exteriormente, pero que perseguían esencialmente la misma vocación.

Cuando hablamos de gnósticos cristianos de ningún modo se trata de una nueva filosofía, sino de una filosofía renovada, de una gnosis renovada, para poner el antiguo mensaje imperecedero en armonía con la nueva impulsión universal. El nuevo impulso debe permanecer, tanto tiempo como sea posible, como una realidad viviente y vibrante. Esta es la primera misión de los gnósticos: guardar y extender el impulso divino en tanto que «fuerza» y vivificarla siempre de nuevo.

Cuando reflexionamos sobre esto, nos trasladamos en espíritu a un extraño y gigantesco teatro de combate. Vemos desarrollarse ante nuestros ojos una espantosa lucha entre la Fraternidad Universal y lo que se llama «el dios de este mundo» o «el príncipe de este mundo». Durante una revuelta cósmica «el dios del mundo» no es aniquilado, sino que su campo de trabajo es vaciado, su presa le es arrebatada y cuando un nuevo día de manifestación comienza, todas las entidades que de nuevo son sometidas a la revolución de la rueda disponen de una libre elección. El conjunto de la humanidad se convierte pues en materia de lucha entre la Fraternidad Universal y el dios del mundo.

El «dios del mundo» es una jerarquía compuesta de numerosas y potentes entidades designadas en la filosofía gnóstica bajo el nombre de «eones». Estos últimos se mantienen en buen estado mientras hayan hombres que poder parasitar. Explotan a la masa y la consideran como un inmenso rebaño. Ellos viven de la fuerza etérica, del fluido astral y del fluido espinal de la masa. Y comprenderéis que cuando esta masa es ganada para la vida nueva, ello no es conveniente para su dominio y su poder. La lengua sagrada de todos los tiempos da a este respecto informaciones detalladas, aunque veladas.

La vida dramática y terrible de los eones debe llenarnos de espanto. Ellos se mantienen en la esfera reflectora, que es su prisión. Su lúgubre actividad provoca continuamente una gran revolución atmosférica y geológica. Entidades cada vez más numerosas son sustraidas a su radio de acción y conducidas a la libertad eterna. Las impulsiones constantes de la Fraternidad Universal siempre hacen regresar cosechas nuevas y los eones se debilitan cada vez mas. Y como para ellos el tiempo también es una ficción, y que mil años son como un día, las palabras, «el hacha esta ya puesta en la raíz del árbol», tienen para ellos el valor de un juicio.

Debéis comprender el sentido de la lucha entre los Elohim y los eones. Esto no es lo que los pintores místicos querrían haceros creer: una falange de negros contra una falange de blancos. Los combatientes se encuentran en el objeto  de su interés. Su campo de encuentro es el corazón del hombre, su ser sanguíneo, su fluido nervioso, la conciencia humana y el dominio en donde vivimos: el mundo.

 

Suponed que los Elohim hacen irradiar sobre el mundo un nuevo impulso salvador; llamamos a este impulso la manifestación de Jesucristo. Los gnósticos trabajan para unir, tan profunda y ampliamente como sea posible a la humanidad a esta impulsión. Los eones se acomodan enteramente a esta impulsión; trabajan aparentemente de acuerdo con ella, esforzándose en ponerla al servicio del orden dialéctico que trata de mantener. En consecuencia, radiaciones físicas y metafísicas según la naturaleza, dicho de otra manera, el ocultismo y la Iglesia se desarrollan. Estos desarrollos tienen como meta la cristalización de la corriente espiritual de la Fraternidad Universal en el organismo humano. La magia de la Iglesia y la magia oculta provienen de una misma fuente: la jerarquía de las eones. Comprendemos pues perfectamente que los obispos cristianos sean, en tanto que servidores de los eones, los enemigos declarados de toda gnosis y que estén plenamente de acuerdo con los ocultistas para detener o por lo menos limitar todo desarrollo gnóstico.

Y he ahí como el mundo vive, de tiempo en tiempo, una mascarada de lo mas siniestra. Bajo la máscara de la sublimidad y en nombre de Jesucristo, lo mismo que antes en el nombre de otros numerosos mensajeros divinos, millones de seres humanos son retenidos prisioneros por los eones y vueltos insensibles al toque divino, hasta que llega una revolución cósmica que dará a estos desgraciados una nueva posibilidad de salvarse.

Comprenderlo bien, no hay aparentemente nada mas cristiano, mas piadoso, mas humano y lleno de amor que los eones y sus servidores!. Sin embargo, podéis reconocerlos inmediatamente, si seguís con atención su comportamiento y sus intenciones. Para ellos es imprescindible que vuestra conciencia yo sea mantenida, pues es el núcleo de vuestra esclavitud a la naturaleza dialéctica. Además, tratan de mantener a la masa en un estado de ignorancia, pues una masa tal se presta particularmente a la explotación por la magia. El individuo que busca desarrollarse cae en el ocultismo. Sin embargo,los eones ven este desarrollo con malos ojos, pues del ocultismo, el alumno es conducido inevitablemente a convertirse el mismo en un eón.

El Nuevo Testamento es por así decirlo enteramente gnóstico, en oposición al Antiguo Testamento. La Gnosis está velada en lo que concierne a la mayor parte del Antiguo Testamento, a causa de sus numerosos aspectos ocultos y de su carácter fuertemente racial, que se entremezclan con el mensaje universal, lo que puede presentar grandes peligros. Sobre todo los nombres del Antiguo Testamento que son los símbolos de formulas cabalisticas, establecen en general muy fácilmente lazos ocultos, que producen oscurecimiento.

Nosotros os colocamos ante la Gnosis imperecedera cuya idea dominante es que el verdadero espíritu divino está retenido prisionero en el mundo de los sentidos. Por esto es de una profunda necesidad que el hombre‑alma se eleve de esta prisión para poder, en tanto que hombre‑espíritu original, reunirse con la fuente de todo por la comprensión, la confesión y el esfuerzo.

Vosotros, en la Escuela de la Rosacruz de Oro, sois confrontados con la idea universal. La realidad viva y vibrante de la Fraternidad Universal ondea sobre y alrededor de vosotros para haceros Rosacruces, esto es, confesores de la idea universal, para que ella abrace todo vuestro ser, toda vuestra vida; para que ya no podáis perderla, ni de día ni de noche; para que la confeséis absolutamente. Esto entraña un sufrimiento, una profunda desesperanza y una gran soledad. Pues la idea y la confesión han penetrado al hombre‑alma que no es de Dios y que está enteramente bloqueado en sus intentos de retorno hacia Dios.

En esta impotencia, en estos tormentos, en esta angustia, en este rompimiento, otra Escuela se mantiene preparada, la Escuela de la Conciencia Superior que guía al alumno en sus esfuerzos de rompimiento y de reconstrucción, con el fin de que pueda seguir el camino de la liberación.

Así es como os colocamos ante el triple objetivo liberador:

* según la idea ‑ un gnóstico

 

* según la confesión ‑ un rosacruz

* según el esfuerzo ‑ un francmasón.

El que lleva en él la señal de este triple objetivo es:

* inflamado por el Espíritu de Dios ‑ elevado hasta la idea;

* aniquilado en Jesús el Señor ‑ un portador de cruz, un confesor; y

* renacido por el Espíritu Santo ‑ un constructor victorioso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IX

 

PISTIS SOPHIA

 

 

Creemos útil atraer vuestra atención sobre una obra gnóstica primitiva: la Pistis Sophia, que en su forma actual, data verosímilmente del II o III siglo de nuestra era, pero cuyo contenido nos remite, a través de todos los siglos de la era dialéctica, a los orígenes de la existencia humana. Sabéis que toda la literatura realmente transfigurística fue casi completamente aniquilada por los obispos y los magos. Se puede decir que es de milagro el que una parte de esta pura obra gnóstica, la Pistis Sophia, haya podido llegarnos, después de siglos de continuas persecuciones. Desde 1785, el Museo Británico está en posesión del manuscrito que proviene de la herencia del doctor Askew. Esta obra, por su contenido y su expresión, es un maravilloso evangelio; contiene grandes tesoros de conocimientos transfigurísticos velados. El texto de la Pistis Sophia no es de lectura fácil. Por ello para nuestros contemporáneos no es mas que un conjunto de oráculos, un revoltillo de tonterías y de sin sentidos. Pero los alumnos de una Escuela Espiritual que han seguido la enseñanza de la transfiguración saben de que se trata; pueden descubrir rápidamente el tesoro escondido en la Pistis Sophia. Sin embargo el alumno de una Escuela Espiritual no llegara a destilar de ella la pura sabiduría mas que cuando su desarrollo interior liberador haya llegado al punto en que pueda verificar, según la Pistis Sophia, el camino ya recorrido, y medir el camino que queda por recorrer. Esta es la tarea característica de la antigua lengua sagrada, tan mal comprendida en la vida religiosa ordinaria.

En la religión según la naturaleza, la palabra de Dios es un libro, que el hombre dialéctico debe imitar con fe y sumisión. No obstante la imitación, la fe y la rendición pueden ser cualidades del hombre ordinario. En efecto, la imitación supone un poder del que se puede disponer; la fe, un conocimiento interior, y la rendición, una cierta aptitud, que vuelve la cosa posible. Por ello la lengua sagrada no está destinada y no puede ser comprendida mas que por aquellos que han encontrado el camino y avanzan por él. La lengua sagrada es para ellos una bendición, porque ella puede aclarar los misterios en los que han entrado y dar una indicación sobre los misterios siguientes.

No pensemos que el misterio del Cristo, que hemos aprendido a conocer con nuestras limitaciones, sea el sumum de la existencia universal, pues lo que la Luz de las Luces encierra en ella no es mas que parcialmente revelado al hombre dialéctico. Primero es necesario que el alumno se acerque a las puertas de la eternidad, para que estas se abrían ante él.

Por tanto comprended claramente que, cuando os hablamos de la lengua sagrada, no podéis, en tanto que hombres dialécticos, mas que recibir a lo sumo una imagen intelectual. Para los alumnos que interiormente están abiertos al lenguaje de la sabiduría, puede ser algo mas que una imagen intelectual. Sin embargo que los primeros no se inquieten, pues la imagen intelectual no es inútil, y es posible que en un estadio posterior de desarrollo se acuerden con claridad y nitidez de la palabra pronunciada hoy.

 

Nosotros os daremos, en una lengua muy diferente a la de la Pistis Sophia, una imagen de las indicaciones proporcionadas por este evangelio gnóstico, y estas indicaciones entraran en el marco de la filosofía rosicruciana.

Se nos presentan primero cuatro tipos de hombres. Estos cuatro tipos de hombres se superponen jerárquicamente. El tipo superior es el hombre divino, el hombre del Reino Inmutable, el hombre Jesucristo. Los otros tres tipos le están subordinados. Visto desde lo alto, está primero el hombre discípulo, después el hombre juanista, y luego el hombre dialéctico.

La Pistis Sophia precisa expresamente que el hombre dialéctico se mantiene por medio de la reencarnación de las almas que vienen del mas allá, pues ella dice :»Todos los hombres de este mundo tienen almas nacidas de la fuerza de los arcontes de los eones».

La filosofía de la Rosacruz actual enseña que el hombre dialéctico no posee, de ningún modo, un espíritu, y que a este respecto no puede tratarse de un hombre espiritual. El es un ser‑alma nacido de este sistema planetario, lo que implica que la fuerza espinal ‑ que contiene la conciencia ‑ está desligada de la inteligencia original, del espíritu original.

El hombre‑alma dialéctico prosigue su existencia en la miseria, la muerte y las tinieblas, sin espíritu, si, incluso sin ninguna dirección espiritual original. El tiene el poder de multiplicar­se; y el proceso de mantenimiento de la existencia humana asegura el intercambio de las almas entre este lado de aquí y el otro lado del velo, con la ayuda de fuerzas cósmicas que existen enteramente por las fuerzas del sistema vital establecido.

El hombre‑alma, el hombre dialéctico de esta naturaleza, se mantiene por medio de doce fuerzas. En nuestra Escuela hablamos de doce fuerzas astrales planetarias, a saber: ocho fuerzas etéricas, dos fuerzas astrales y dos fuerzas espinales. Estas doce fuerzas planetarias son las mismas que las que habla la Pistis Sophia, cuando dice que todas las almas nacen de las fuerzas de los arcontes de estas esferas. Este tipo de hombre, este subtipo, puebla por millones el mundo entero. Los arcontes son las fuerzas de la condenación, como dice la Pistis Sophia.

Los núcleos de estas fuerzas son designados como «los eones de la perdición». Los doce eones de la perdición son los doce focos de la lípika, tanto cósmica como microcósmicamen­te. Como tales, estas doce fuerzas no son nunca liberadoras para el hombre, pero son, sin excepción, corruptoras de la humanidad. Por ello son denominadas: «las doce puertas de la perdición». No veáis en esto ninguna especulación pues la Pistis Sophia muestra claramente la diferencia esencial que existe entre las almas nacidas de las fuerzas de este mundo y las almas vivientes que tienen su origen en las doce fuerzas de la fuerza luz original.

El segundo tipo humano, desgraciadamente todavía muy escasos en este mundo de tinieblas, es el tipo juanista. Es el tipo humano denominado «el precursor». Es el hombre que recorre el camino de regreso hacia la patria perdida. Este segundo tipo comienza a manifestarse en este mundo cuando el alma, que aspira ardientemente a la vida original, está presta a apartarse de toda vida dialéctica. Cuando tal hombre rompe, una después de otra, sus ataduras con la naturaleza, está en condiciones de realizar su viaje al desierto. Igualmente se dice de él «que nació de Isabel». Debéis tratar de comprender bien esto , pues, cuando se impone en la conciencia del tipo juanista la idea de que es nacido de Isabel, esto significa que fundamentalmente ha roto todo lazo con la naturaleza y que, por esto, se ha vuelto «estéril» según la naturaleza dialéctica.

 

Si estudiamos mas de cerca un tipo juanista, según las normas del transfigurismo, llegamos a un maravilloso descubrimiento. Este hombre, en efecto, experimenta un prodigioso cambio de alma.

En el hombre juanista, los lazos con los doce arcontes, con las doce fuerzas planetarias, son estructuralmente rotos.

Sin embargo, el hombre juanista en el camino de regreso es todavía un hombre dialéctico y comprenderéis que no puede vivir y trabajar directamente con las doce fuerzas originales. Por ello es ayudado por un mediador, que llamamos «Cristo». La Pistis Sophia designa la fuerza que se encuentra en el cuerpo de Juan como la del «pequeño Jao, el bueno, el que está en medio», con el fin de que pueda predicar antes que el hombre Jesucristo, preparar su camino y bautizar con el agua de la remisión de los pecados. En este hombre juanista no se encuentra ya el alma de los arcontes, sino el alma del profeta Elías, y así son unidos, en el cuerpo de Juan‑Bautista, la fuerza de Jao y el alma del profeta Elías.

La fuerza de Jao es la fuerza del amor universal, que como un manto, cubre a un hombre tal, así como podemos leerlo en la primera Epístola a los Corintios, capitulo 13. El manto de amor es el manto de Elías, dejado en herencia a Eliseo, su sucesor. Con este sentido se dice igualmente que Juan‑Bautista seria la reencarnación de Elías.

Los alumnos de la Escuela Espiritual deben profundizar en estas cosas, pues cuando un alumno se ocupa real y seriamente de su regreso a la patria original y abandona cada vez mas el mundo de la dialéctica, el manto de la renovación se despliega alrededor de él como una luz radiante y majestuosa.

Con este toque de la Fraternidad Universal el alumno penetra hasta el tercer estadio de su desarrollo, en el cual se manifiesta el tipo del discípulo. Por este intermedio, el hombre dialéctico, convertido en hombre del tipo juanista, se despedirá sistemáticamente, de manera fundamental y estructural, de las doce fuerzas planetarias de los arcontes de los eones. Vivirá y trabajara identificándose completamente con las doce grandes fuerzas celestes, fuerzas que ya no son consideradas como corruptoras, sino como liberadoras. Gradualmente, el hombre juanista se convierte así en un discípulo de la Luz Universal.

Un discípulo es el que ha renacido al estado humano original. Por ello, ha renacido en tanto que hombre divino, en tanto que hijo de Dios. Un alumno convertido realmente en discípulo recibe un alma salida de las doce fuerzas del orden divino y ya no le queda nada del alma que proviene de las fuerzas de las esferas terrestres. Por ello el discípulo está interiormente siempre feliz, pues sabe que su tiempo se ha cumplido y se sabe revestido del manto preparado para él desde el origen. Sabe que una vez provisto de este manto de luz radiante, las puertas de su firmamento serán sacudidas y se abrirán, a fin de que pueda elevarse en un misterio en el que, antes, ningún humano ha visto ni escuchado jamas.

El alma de un verdadero discípulo esta totalmente renovada y la «espinalis», que es la sede de la nueva conciencia del alma, se endereza en él como una nueva serpiente. El alumno ya ha oído hablar muchas veces de la «serpiente espinal de siete cabezas»que debe ser completamente destruida en y por el hombre dialéctico, antes de que pueda tratarse de una renovación total. La Pistis Sophia habla a menudo de la serpiente de siete cabezas que debe ser expulsada afín de que el hombre adquiera poder sobre lo que es materia en él. «La serpiente (dice la Pistis Sophia) debe ser aniquilada, a fin de que su semilla ya no pueda levantarse».

 

Las siete cabezas de la Serpiente Espinal corresponden, tal como lo enseña la filosofía de la Rosacruz, a las siete cavidades cerebrales. Cuando el ser‑alma es renovado enteramente y cuando «la espinalis» de las siete cabezas de la Pistis Sophia es de nuevo erigida, el alumno está en condiciones de pronunciar la grande y misteriosa, palabra creadora. Numerosos buscadores y pseudo‑transfiguristas han buscado el conocer esta palabra misteriosa. Sin embargo, en tanto que hombres dialécticos, podrán buscarla largo tiempo, sin encontrarla jamás. La palabra creadora permanecerá siempre inexpresable para los que no han llegado a un completo cambio; pues concierne al renacimiento del basilisco de las siete cabezas, la renovación total de «la espinalis» coronada por las siete cavidades cerebrales.

Cuando las fuerzas de los doce salvadores son activadas en el alumno, las siete cavidades cerebrales son provistas de un nuevo fluido y animadas por una vibración totalmente nueva. Cada cavidad cerebral emite una vibración diferente, y también un sonido distinto. Estos siete sonidos se denominan también «las siete vocales puras». Estas siete vocales puras son las que juntas forman el nombre inefable.

Cuando el discípulo, así equipado, puede expresar el nombre inefable, se eleva al estado humano original superior: ha renacido «Hombre‑Jesús». El discípulo renacido «Hombre‑Je­sús» es el hombre «que ha regresado», el hombre que ha experimentado el renacimiento total, María, la que ha «regresado». El Hombre‑Jesús entra en unión directa con los principios divinos originales, con Barbelo, la madre primordial y con Sabaoth el señor de los doce salvadores, por hablar en la lengua de la Pistis Sophia. El hombre , el hijo perdido, ha regresado a la patria celeste.

Comprenderéis que la Pistis Sophia, definiendo los cuatro tipos de hombres, hace entrever inmensas riquezas y aunque nos hayamos esforzado en daros una imagen todo lo clara posible, esta exposición no es mas que una indicación muy parcial de lo que la Pistis Sophia significa realmente. Este rico evangelio gnóstico va mucho mas lejos y nos describe a la Pistis Sophia, es decir al hombre, al hijo perdido, que, en la verdadera fe (La Pistis), retorna a la sabiduría original (La Sophia). Todo el proceso del retorno es tratado de forma circunstancial en doce fases, y la llegada a la casa es expuesta en la treceava.

Podáis comprender las palabras que os hemos dicho sobre la Pistis Sophia y puedan resonar en vuestro corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 X

 

EL MISTERIO DE LA ENDURA

 

Los alumnos serios del atrio de la Rosacruz que quieren liberarse del yugo de la naturaleza dialéctica se preguntan diariamente: «Como debemos dar el primer paso en el camino de la transfigura­ción?». Para poder responder claramente a esta pregunta, el alumno necesariamente debe poseer algunos conocimientos fundamen­tales que conciernen a su propio ser, y una justa comprensión de las incompatibilidades existentes entre el camino de la religio­sidad natural y del ocultismo por una parte y el camino místico y mágico de la transfiguración por otra. Además, debe percibir que no puede existir ningún punto en común entre el ocultismo y el transfigurismo, dado que todos los métodos ocultos tienden a una ampliación de la conciencia en la esfera reflectora, mientras que el transfigurismo hace despertar un ser nuevo en un orden del mundo que ciertamente no se encuentra en la esfera reflectora.

Esto hace ya muy difícil el comprenderse y apreciarse recíproca­mente. Cuando un transfigurista habla de su visión del mundo y de la vida surgen hasta cierto punto las mismas dificultades que hace centenares de años, al comienzo del Renacimiento. Los intelectuales que, en esta época, dirigían y reinaban, veían aún a la Tierra como una superficie plana. Sin embargo algunos pioneros iluminados hablaban de una tierra de forma esférica y enseñaban que giraba sobre si misma. Una concepción tan absurda era peligrosa. Estos pioneros por tanto fueron sucesivamente advertidos, amonestados, encarcelados, desterrados o quemados.

El Atrio de la Rosacruz está siempre lleno de hombres religiosos que ya no pueden soportar a su Iglesia, y de buscadores ocultos que codician una conciencia superior. Es para ellos muy desagra­dable escuchar que ni uno ni otro de estos tipos de hombre pueden ser admitidos en el santuario. Aunque tales hombres hayan alcanzado eventualmente un grado de gran bondad, su entrada en el santuario de una escuela espiritual transfigurística no les será facilitada. Aquí no se trata de mala voluntad o de insopor­table presunción de la Escuela de la Rosacruz, sino de una estructural incapacidad del candidato.

En esta naturaleza, el hombre que aspira a ello, piensa que se prepara para la vida universal por una practica intensiva de la bondad religiosa, humanitaria u oculta. Esto es una mistifica­ción. Por una practica tal, uno solamente puede elevarse y prepararse para una vida en cierta medida armoniosa, en los dominios más sutiles del orden del mundo dialéctico, pero que permanece temporal. Esta siempre ha sido la gran dificultad de todos los tiempos. Cuando un transfigurista ofrece sus tesoros al mundo, se cree poderlos comprender de la manera religiosa ordinaria, o de la manera oculta. Naturalmente, el resultado es negativo.

 

En la vida dialéctica se puede decir: «La experiencia es el mejor de los instructores». Pero para resolver los problemas ante los que os coloca una escuela transfigurística, la experiencia ordinaria es de poca o de ninguna utilidad. Cuando hayáis vivido vuestra vida aquí abajo según vuestro deseo, y que después de vuestra muerte física penetréis en la esfera reflectora, volveréis, después de cierto tiempo, bajo la forma de un débil niño, nacido de otra sangre diferente, disponiendo, en el mejor de los casos, de una chispa de «prerecuerdo», pero sin el menor conocimiento en lo que concierne al Reino Inmutable; vuestra nueva vida tendrá pues, bases insuficientes. Por ello Jesucristo dice: «Son muchos los llamados, pero pocos los elegidos». El transfigurismo no puede mas que llamar; vosotros mismos debéis recorrer el camino de los elegidos.

Los niveles superiores de conciencia dialéctica pueden llamaros también y pueden, después de la llamada, haceros entrever ciertas cosas en armonía con vuestro grado de conciencia. Os ofrecen lo sobrenatural, que es verificado científicamente y que pronto lo será bajo la autoridad de un profesorado oficial de parapsicologia.

Muy distinto es el transfigurismo. El no puede más que llamar. Cuando un alumno responde a esta llamada, cuando va por el camino y saborea las primeras alegrías de la renovación, se encuentra incapacitado para testimoniar de esta renovación por los medios dialécticos. Su comportamiento de vida será considerado ya como una cultura de la bondad, ya como una insoportable presunción, no estando la dialéctica en condiciones de reconocer su verdadero valor. Si este fuera el caso, este valor no seria ciertamente transfigurístico.

Sin embargo, en aquellos que escuchan, la llamada despierta un ardiente deseo, pues el transfigurismo, no tiende hacia el retorno al estado divino original? Y Quien no querría realizar este retorno? Por esto, en verdad, hay en nuestra Escuela una base correcta de trabajo, sobre la cual podemos contar ya que, a todos sin excepción, se les da el poder para practicar la ciencia del regreso. Sin embargo, la practica de esta ciencia impone duras exigencias… El alumno que recorre este camino deja tras él todo lo que es de esta naturaleza, tanto en el dominio de lo visible como en el de lo invisible. E incluso esto no es suficiente, pues finalmente debe también perderse a si mismo. «Aquel que pierda su vida por mi, la salvara».

Estos esfuerzos en el plano horizontal conducen a lo sumo a la abnegación para traer a este mundo, en una total disponibilidad de si mismo, la consolación de la que tiene necesidad. El transfigurismo exige el holocausto personal, la perdida total de si mismo. Solo esta perdida puede hacer ganar el Tao de Lao Tse. Es lo indefinido del hombre divino todavía por nacer. Tao no tiene nada de vosotros mismos, y sin embargo debe ser realizado por vuestro propio holocausto. He ahí la esencia misma del misterio!

«Como debemos dar el primer paso sobre el camino de la transfiguración?. Ponéis el pie en el camino cuando resolvéis por vosotros mismos el misterio de la perdida de si mismo. En el misterio de la perdida de si mismo se encuentra la llave de la ciencia interior del regreso.

Para profundizar en este misterio, el alumno debe comprender y penetrar enteramente en la naturaleza de su propia conciencia. El núcleo de vuestra conciencia esta en el fuego de la serpiente, que es el fluido vital que se encuentra en el sistema cerebro‑espinal.La cabeza de la serpiente de la conciencia corresponde a las siete cavidades frontales, y la cola al plexo sacro. El fluido de la serpiente tiene como única propiedad la «vida», «la conciencia de la vida». Esta conciencia anima el sistema de la personalidad y lo impulsa a pensar, querer, sentir y actuar.

El sistema de la personalidad tiene un reflejo; existe una personalidad cristalizada y una personalidad más sutil. Una corresponde a la esfera material y la otra a la esfera reflectora. En el estado de vigilia, las dos personalidades son concéntricas; durante el sueño, la parte más grosera de la personalidad esta en reposo, y la vida no es consciente y activa más que en la otra parte.

 

La muerte separa definitivamente las dos personalidades. La más grosera se disgrega, la otra continua viviendo en la esfera reflectora. Pero la muerte prosigue igualmente en la esfera reflectora, como en una película a cámara lenta. La personalidad más sutil también se disuelve; solo queda la conciencia. A su vez esta conciencia pierde una gran parte de si misma. Todo lo que estaba presente en la conciencia como «herencia de terceros», desaparece. Finalmente, solo sobrevive el alma desnuda, en tanto que átomo de conciencia.

Llegado a este estado, el alma totalmente vaciada, esta lista para una nueva encarnación. La personalidad material nace primero, y el átomo germen de la conciencia, el alma desnuda, es unida al fuego de la serpiente prestado a nuevas generaciones de hombres. Y de nuevo, como en una película a cámara lenta, la segunda personalidad, la personalidad sutil, va a nacer y a desarrollarse durante la infancia, para alcanzar finalmente su plenitud en la edad adulta. Pero antes que la edad adulta haya sido alcanzada, el proceso de la muerte, entre tanto, se ha introducido de nuevo.

Esta marcha biológica de las cosas os es conocida. Y con nosotros podréis comprender el lado desesperado, sin ninguna perspectiva, de este proceso. No vivimos más que para morir… y con ello todo esta dicho.

Sin embargo admitiréis fácilmente que el hombre dialéctico, con sus potentes instintos vitales, ha debido reflexionar sobre los medios de escapar a esta rotación de lágrimas y esto es lo que ha dado nacimiento a la religiosidad natural y al ocultismo. Aplicando uno de estos sistemas, se produce en el mas allá una notable ralentización del proceso de deterioro. Esta retardación se acentúa aún mas por la grosera explotación de los éteres de la que son victimas nuestros semejantes.

Podéis imaginar, en la naturaleza dialéctica, una vida que no se desarrolle en detrimento de otra? No podéis!. Sabéis que la explotación de otro para nuestra conservación personal, bajo el empuje de nuestros instintos, tiene como efecto karmico, una unión cada vez más fuerte a la tierra?. Por ello si queréis escapar de la rueda, no debéis ciertamente hacer esfuerzos para retardarla, sino que debéis despediros de toda forma de religión según la naturaleza y de todo ocultismo.

Si estáis dispuestos a esto, liberándoos así de vuestros explotadores, debéis preguntaros: Mi conciencia es una conciencia espiritual?. Si buscáis sinceramente la respuesta a esta pregunta, llegaréis a un «no» desconcertante. Puede suceder que una impresión espiritual busque expresarse, bajo una cierta forma, en vuestra conciencia, pero asociar plenamente vuestra conciencia al espíritu es imposible. Por ello el transfigurista dice que el hombre dialéctico es un alma viviente, pero ciertamente no un espíritu viviente.

Para constatar el fundamento de esta opinión, debéis reflexionar sobre la naturaleza, la esencia y las facultades del verdadero espíritu. Podéis para ello consultar la Biblia. Ella os enseña que el espíritu es eterno, absoluto, omnisciente, todopoderoso y perfectamente divino y que la conciencia siempre ha estado subordinada al espíritu. Vuestra conciencia, vuestro fuego de la serpiente, fue arrancado del espíritu universal y desatado del espíritu de vuestro sistema original. De ahí vienen vuestras especulaciones, vuestras experimentaciones; de ahí vuestras quimeras!.

 

El señor del Espíritu os ha dejado en mas de un sentido, y solo una conciencia instintiva anima ahora vuestro sistema, y en el caso mas favorable os queda una chispa de prerecuerdo del lazo original con el Señor del Espíritu. Vuestra conciencia-alma es una pobre reliquia de una gloria pasada. Vosotros buscáis a tientas en las tinieblas, no tenéis ya ningún conocimien­to primordial, ya no podéis andar en la luz, siguiendo al espíritu que es la luz.

«Caminar en la Luz» significa conocer plenamente y poseer totalmente la vida original, poseer la aptitud fundamental y estructural para ello. «Caminar en la Luz» no es dejarse mimar pasivamente por la luz, sino que es un formidable poder. Como una locomotora sin maquinista corre hacia su destrucción, así le ocurre al alma desligada del espíritu: ella perece.

Sin embargo hay un instinto vital que se exterioriza en una personalidad. Pero de que instinto y de que personalidad se trata? Los dos están muy degenerados. Si queréis tener algún elemental conocimiento sobre esto, tenéis que estudiar las obras del sabio Jacob Boehme. Os enseñara como la personalidad, desatada del espíritu por un empleo especulativo de los cuatro éteres que el denomina como la acidez, la amargura, la aspereza y el dulzor (los cuatro salvadores elementales), ha llegado no solo a una gran cristalización sino también a un cambio orgánico, a una mutilación estructural ineluctable. Por otra parte esto se debe a que «la carne y la sangre», la personalidad de la naturaleza dialéctica, incluso estando sumida en la cultura mas refinada y mas científica, no pueden entrar en el Reino de los Cielos.

Debéis aprender a ver las cosas de frente y tener el coraje de sacar vosotros mismos las únicas conclusiones posibles. Si lo hacéis, veréis abrirse ante vosotros el camino de la transfiguración, y las condiciones que impone os parecerán de lo mas simple y claro y de la más elemental lógica. Veréis todo el camino como el espejo del gran secreto.»Todos los sabios del mundo han girado alrededor; todos han buscado la puerta sin encontrarla», dice Jacob Boehme.

La simple lógica de la pura razón, no os dice que toda personalidad desnaturalizada debe ser destruida? Que el templo de la naturaleza dialéctica debe ser arrasado y que debe hacerse una tentativa para erigir un nuevo templo que, de nuevo, será parecido al original?.

Como ocurrirá esto? Responderemos a esta pregunta con otra pregunta: «Que es lo que mantiene vuestro templo actual?» Son vuestros instintos vitales (vuestra conciencia) vuestro sistema del fuego de la serpiente. Este centro vital conduce, propulsa y porta a la personalidad dialéctica perpetuamente moribunda y renaciente. Por ello si queréis convertiros en transfiguristas, vuestro fuego espinal deberá primero renunciar a sus instintos vitales; deberá perderse a si mismo; el sistema entero del fuego de la serpiente deberá vaciarse de si mismo. Otra fuerza distinta de la serpiente penetrara entonces en el sistema cerebro‑espinal, y esta nueva fuerza no revivificará el sistema degenerado, sino que lo destruirá y emprenderá al mismo tiempo la reconstrucción del nuevo templo.

Esta fuerza es el «salniter» de Jacob Boehme y tiene como consecuencia, dice: «Que la Palabra o el Corazón de Dios está en el centro de los siete espíritus, como un corazón que, de repente, llena el espacio microcósmico». Que el que pueda comprender, comprenda!. Tanto tiempo como el fuego de vuestra conciencia no este dispuesto a perderse a si mismo, la transfiguración se queda en una quimera.

 

Muchos cometen un grave error. Imagina que la conciencia tiene el sentimiento de su impotencia, de su dependencia, de su limitación, quizás incluso de su estado de pecado. Dos reacciones se presentan para restablecer el equilibrio, el poder y la fuerza: una reacción mística o una reacción mágica. El fuego de la serpiente, consciente de su imperfección busca en los dos casos, el alimento. Estos dos estados impulsan a la acción. La actividad de uno provocara una orientación religiosa según la naturaleza; la actividad del otro, una orientación oculta.

Las fuerzas que, en los dos casos, van a alimentar la conciencia, están siempre en perfecta armonía con el fuego de la serpiente. Ellas no pertenecen al «Salniter» de la regeneración, sino que representan la acidez, la amargura, la aspereza y el dulzor de la naturaleza dialéctica. La conciencia no puede ser vaciada ni el yo roto de esta manera; por el contrario, son reforzados.

Esta es la razón por la que, desde el punto de vista transfigurista, la religión y el ocultismo son vuestros enemigos, ya que os atan más estrechamente que nunca a la rueda de la dialéctica. Hacen de vosotros hombres que quieren mantenerse a todo precio, y por tanto explotadores. Numerosos son los que han cometido esta falta grosera y permanecen esclavos de ella; se ilusionan, pensando que pierden su yo mientras que simplemente están ocupados en fortalecerlo. De esta manera, se volverá claro para vosotros que el sistema del fuego de la serpiente debe vaciarse de manera totalmente diferente.

Retomemos por tanto nuestra pregunta del principio: «Como debemos dar el primer paso en el camino de la transfiguración?». La respuesta solo puede ser: «Empezando por vaciar el fuego de la serpiente». «Como se debe hacer?» Responderemos a esta pregunta en los siguientes capítulos.

En tanto que alumnos serios de la Escuela Espiritual, concluimos que la reacción mística y la reacción mágica del fuego de la conciencia, no son jamas liberadoras, al contrario. Todos los que gritan: «Señor, Señor» de esta manera, se engañan. Solo el que hace la voluntad del Padre entrara en el Reino Inmutable.

Cual es la voluntad del Padre? Aquel que quiera perder su fuego de la serpiente dialéctico, aquel reengendrará lo imperecedero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 XI

 

LA LIBERACIÓN

 

Los alumnos de la Escuela de la Rosacruz que se someten a las exigencias del camino de la transfiguración descubren que el proceso de desligamiento del mundo dialéctico se vuelve cada vez mas abstracto. Por ello la Escuela comprende perfectamente que el alumno principiante sienta a veces el suelo ocultarse bajo sus pies cuando ya no llega, en un cierto momento, a perseguir el objetivo propuesto por la Escuela de la Rosacruz, cuya misión es ayudarnos a alcanzar este objetivo en este mundo.

Por tanto es importante determinar si los fines perseguidos por la Escuela y por vosotros concuerdan o no. En caso afirmativo, el resultado es beneficioso; en el caso contrario, los conflictos no se pueden evitar, y las dificultades que resultan de ello entrañan muy a menudo un resultado negativo.

Es cierto que la mayoría de nuestros alumnos han buscado la Escuela Espiritual a causa de una predisposición esotérica. Partiendo de la hipótesis de que es la necesidad de un estimulante esotérico lo que ha atraído a vuestro ser dialéctico hacia una Escuela Espiritual, se puede concluir que algo de vuestro ser natural ordinario tiene una inclinación hacia el ocultismo. El alimento oculto, y todo lo que conlleva, mantiene a vuestro ser natural en buen estado y contribuye, en consecuencia, a la cultura de la personalidad.

Ahora bien ello va precisamente al encuentro del fin de la Escuela Espiritual. Por ello, si tal es vuestro caso, no puede haber acuerdo entre vosotros y la Escuela. En otro tiempo se trato de un ocultismo rosicruciano, pero esto ha resultado totalmente erróneo desde hace tiempo, si se concibe a la Rosacruz como los servidores del Lectorium Rosicrucianum lo entienden.

El ocultismo es una ciencia; y un poder oculto da la posibilidad de buscar y escrutar los lados escondidos de la naturaleza humana y de este mundo. Cuando se ejerce el ocultismo? Cuando se va a explorar las regiones del mas allá, o cuando se escruta al ser humano en sus propiedades y aspectos mas sutiles. Sois verdaderamente un ocultista cuando con la ayuda de vuestros conocimientos en la materia os esforzáis en agrandar vuestro campo de acción natural ordinario. El fin del ocultismo es «salir de si mismo», obtener la clariaudiencia y la clarividencia, prolongar su vida aquí abajo, en la materia, con el fin de llegar consciente a todas las esferas y saber mantenerse en ellas.

Pero comprenderéis que el ocultismo siempre ha sido una ciencia de la naturaleza, que todavía lo es y seguirá siéndolo, ya que los resultados de esta ciencia no sobrepasan el cuadrado de la naturaleza dialéctica.

La verdadera Rosacruz no os aporta una ciencia oculta natural, ni una «ciencia espiritual», como se llama a veces al ocultismo, ni una psicología o ciencia del alma moderna. La Rosacruz propone una ciencia que no tiene ningún lazo con la naturaleza dialéctica. La Rosacruz habla de un mundo y de una realidad que no pueden de ningún modo ser explicados por esta naturaleza, y no puede tomar forma en ella. De hecho, ninguna predisposición según la naturaleza se puede unir a la ciencia que ejerce la Rosacruz.

 

Sin embargo, el mundo del que habla la Rosacruz no esta en absoluto escondido y la realidad de la que testimonia no es de ninguna manera sobrenatural. El mundo y la realidad de la que testimonia la Escuela existe fuera de toda la naturaleza dialéctica y, como todos nosotros somos, sin excepción, de la naturaleza dialéctica, nos es imposible penetrar, por ejercicios o por misticismo en este mundo nuevo y en esta nueva realidad.

Debéis comprender perfectamente que una ciencia oculta puede, en efecto, ser útil desde el punto de vista de la naturaleza dialéctica y, bajo este ángulo, podemos igualmente  mostrar admiración por la integridad de la que eventualmente hacéis prueba en vuestra vida material, así como por las aspiraciones de vuestro espíritu y los tesoros de vuestra alma. Pues no es menos cierto que vuestras disposiciones cristianas naturales os conducen hacia el dios de este mundo.

La Escuela Espiritual de la Rosacruz de oro desea conduciros a una justa comprensión. La Escuela Espiritual no practica ninguna ciencia oculta, sino la ciencia de la transfiguración, la ciencia del renacimiento.

Los hombres dialécticos viven en una naturaleza que comprende manifiestamente dos esferas separadas por un velo. Por ello hablamos del aquí abajo y del más allá. Entre estas dos esferas se encuentra un abismo, una discontinuidad: la muerte. Cuando estamos en la esfera material, la esfera del mas allá nos está escondida a causa de nuestro estado estructural en la esfera de la materia. Sin embargo, es posible por medio de la ciencia oculta, llegar a un conocimiento de esta naturaleza temporalmente escondida y penetrar así en el mundo oculto viviendo aún aquí abajo.

No obstante los dos grandes métodos ocultos, la cultura de la personalidad y la división de la personalidad, no os darán ningún conocimiento y no permitirán ninguna unión con el mundo del que testimonia la Rosacruz, ni en vuestro cuerpo, ni en vuestra conciencia, por muy refinados que puedan ser vuestra naturaleza y vuestra estructura orgánica.

Así pues podemos afirmar que ni el alma, ni la conciencia, ni el cuerpo por muy cultivados que estén, no están en condiciones para participar del otro Reino; esta es la razón por la cual este otro Reino no tiene necesidad de estar escondido, ni por otra parte lo está. Sentís lo trágico de la situación del ser humano dialéctico?. Tener conocimiento de un mundo liberador y de una realidad esencial y sin embargo no poder tomar parte en él, porque el conocimiento, el alma y el cuerpo pertenecen a otra naturaleza. En consecuencia, solo es posible una conclusión: ya que el ocultismo no puede ayudar en nada, la única solución es la aniquilacíon de la personalidad según el cuerpo, el alma y la conciencia-yo. «La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de los Cielos», dice el Nuevo Testamento.

La Rosacruz os coloca ante un proceso de deterioro, una muerte de vuestro triple yo que reside en el cuerpo, el alma y la conciencia, que ni que decir tiene, no es muy agradable de escuchar para el hombre dialéctico. Sin embargo, si buscáis la vida liberadora y deseáis tomar parte en ella, debéis atravesar la cloaca de vuestro ser dialéctico antes de poder aproximaros a vuestro Gólgota. Las bases de vuestra existencia según la naturaleza deben en efecto ser socavados.

 

Para ver claramente el camino, debéis saber que hay siete pasajes y siete puertas en el santuario de la cabeza, siete pasajes y siete puertas en el santuario del corazón y siete pasajes y siete puertas en el santuario de la pelvis. Estos veintiún pasajes conducen al centro de vuestro ser, es decir, al foco de la conciencia según la naturaleza, a vuestro ser‑yo. Este ser‑yo, accesible por los tres veces siete pasajes de vuestra personalidad, es vuestro triple ego. Las tres veces siete puertas o pasajes, llamadas también las siete cavidades del cerebro, las siete cavidades del corazón y las siete cavidades del plexo solar, tienen una vibración, una vitalidad que parte del ser‑yo, del triple ego, y es mantenida por los éteres planetarios. Ahora bien estos tres candelabros séptuples arden actualmente con el fuego impuro de la naturaleza ordinaria, con el fuego dialéctico. Debéis abrir estos tres pasajes séptuples a la radiación crística, al principio‑fuego del Espíritu Santo. El fuego del principio terrestre tiene un color diferente del fuego que proviene del otro Reino. Por ello la misión de vuestra vida es apagar los candelabros que son la expresión de vuestro ser‑yo.

Cuando apagáis el candelabro de la cabeza y vaciáis las siete cavidades del santuario de la cabeza del aceite de la naturaleza dialéctica, una maravillosa actividad nace en vosotros: el trabajo de la sabiduría que emana de las doce fuerzas de radiación de la Fraternidad Celeste. Entonces sois inflamados por el Espíritu de Dios.

Cuando apagáis el candelabro del corazón y vaciáis las siete cavidades del Santuario del corazón del aceite de la naturaleza dialéctica, una maravillosa actividad se manifiesta: el aniquilamiento de todos vuestros lazos y de todas vuestras cadenas terrestres. Vosotros morís en Jesús el Señor.

Cuando apagáis el candelabro de la pelvis, una actividad enteramente nueva aparece y testimonia en vuestra vida. Entonces sois impulsados por el Espíritu Santo por el camino que conduce al renacimiento.

Cuando estos tres candelabros son encendidos en la otra fuerza‑fuego, es el fin del triple ser‑yo, pues este no puede subsistir en el nuevo fuego. Por tanto debéis descubrir que la extinción de los antiguos candelabros y el alumbramiento de los nuevos no se vuelven posibles mas que en la radiación de la fuerza del Cristo que irradia sin cesar en ondas rítmicas del Corazón del Mundo.

Ciertamente habréis comprendido que con la muerte ordinaria de la personalidad se produce este aniquilamiento. Después de este aniquilamiento, la muerte ordinaria de la personalidad se transforma en una muerte progresiva. Así el antiguo tabernáculo es demolido piedra por piedra, y se erige un nuevo templo. Esta muerte progresiva es pues una victoria de la eternidad en el tiempo.

Si habéis entendido el sentido de esta exposición, sabréis que la señal de este proceso de aniquilamiento se encuentra en vuestra conciencia y no en vuestra conducta o en vuestra manera de actuar, un cambio así en la conciencia se observa inmediatamente. Decíamos más arriba que la conciencia, vuestro yo se mantenía por veintiuna luces, y que era el yo el que tenía estas veintiuna luces encendidas. En medio de la conciencia‑yo, las doce fuerzas planetarias que brillan como doce fuegos celestes en vuestra lípika son relacionadas con las veintiuna luces de vuestra personalidad. De este modo tenemos la clave de los treinta y tres grados de la francmasonería dialéctica. La meta del proceso de aniquilamiento es hacer derrumbarse el foco de la conciencia que se encuentra en el centro del sistema humano; este aniquilamiento provoca a su alrededor el hundimiento progresivo de los treinta y tres aspectos y fuerzas dialécticas. Sin embargo la vida continua. Como es posible? Por un intermediario, por el mediador. El alumno que se decide a esta muerte quien, después de una fase de comprensión, de desespero y de desarrollo que lleva a la vida, recibe, si es sincero a un intermediario de la conciencia. El espíritu original es despertado a la vida por este intermediario con el fin de tomar en el momento adecuado, el lugar de la conciencia‑yo.

 

A medida que el proceso de aniquilamiento prosigue en el sistema dialéctico del alumno, la fuerza de radiación de la Jerarquía de Cristo penetra cada vez más en el sistema vital del alumno, bajo la forma de los doce éteres planetarios.

El espíritu original escondido en el microcosmos en tanto que núcleo, el átomo‑germen, es, en virtud de su potencialidad, revivificado por la fuerza con la que tiene una afinidad. Esta revivificación se opera a medida que la santa fuerza etérica, viviente y vibrante, se introduce en vosotros. Así es como el núcleo de conciencia celeste se despierta.

Una vez despertado atrae hacia él, en virtud de su poder magnético, cada vez más éteres nuevos, con el fin de emprender su ascensión hacia la resurrección, como una nube etérica vibrante. Este viaje celeste, como dicen los místicos, está al alcance de cada uno de vosotros a condición de que preparéis el sitio para la radiación misericordiosa del Cristo.

Es de esta manera y no de otra como puede comenzar el misterio del renacimiento. Es importante el que vuestra comprensión esté lo suficientemente desarrollada para entender esto. Se trata del «renacimiento de agua y de espíritu» del que hablaba Jesús el Señor. Esta condición es el resumen de la Rosacruz. Es el renacimiento por el agua y la resurrección del hombre nuevo por los cuatro alimentos santos. El renacimiento en espíritu significa que solo el espíritu original, que es de Dios, puede penetrar en el Reino Inmutable, y no vuestra conciencia‑yo según la naturaleza.

Es a este renacimiento de agua y espíritu al que os llama la Escuela Espiritual. Es de esta única forma como se cumplirá la destrucción de la antigua personalidad del pecado, y «la erección del nuevo templo en tres días». Entonces se cumplirán la palabras de Pablo (Rom. 6,16) : «Si os presentáis a alguien como esclavo para obedecer, sois esclavo de aquel a quien obedecéis…». Antes, obediencia al pecado, ahora obediencia a la justicia y a la santificación.

Cuando la Biblia habla así, puede ser en consideración a tres estados de conciencia:

‑ 1 ‑ El del hombre según la naturaleza

‑ 2 ‑ El del hombre que se encuentra en el proceso de aniquilamiento

‑ 3 ‑ El del hombre de pie en la libertad.

En el primer caso, se trata del hombre natural ordinario. En el segundo caso, se trata del hombre de la naturaleza creciendo en Cristo, mientras que la radiación crística actúa como conciencia intermediaria. En el tercer caso, el hombre verdadero es inflamado en el Espíritu original que es de Dios. Su aniquilamiento se ha cumplido en Jesús el Señor, y esta a punto de renacer en el Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XII

 

LOS TRES CANDELABROS

 

Nosotros, hombres dialécticos que vivimos en un mundo de apariencias, estamos perfectamen­te familiarizados con la idea de que la luz, y como consecuencia, el calor, así como otros fluidos y fuerzas, nos vienen del sol.

Si nos fundamos en nuestras percepciones sensoriales, nada se puede oponer evidentemente a esta concepción; pero si, por un momento, penetramos en el sistema vital cósmico, podemos, fiándonos de diferentes datos, establecer que el sol es un cuerpo celeste absolutamente invisible. El sol no posee y no irradia ni luz ni calor, ni otros fluidos!. El sol es un campo magnético primario con diferentes poderes magnéticos. Denominamos «Vulcano» a este complejo campo magnético, extremadamente vasto y misterioso. El envía sus influencias sobre nuestra esfera terrestre tocando así a nuestra Tierra hasta su corazón.

Sabéis que el núcleo de nuestro globo esta constituido por una masa en fusión y que al interior de este núcleo existe un estado gaseoso. El campo vulcaniano, que nos rodea por todos los lados, despierta y extrae del corazón de la tierra todos los poderes y todas las fuerzas que conocemos como luz, calor y otras energías naturales.

En el campo etérico que nos rodea, se ha formado un firmamento en el que se han configurado puntos de concentración de los diversos poderes y fuerzas sacados de esta tierra. Así es como se desarrollan en el firmamento el sol, la luna, los planetas y las estrellas, que se mueven recíprocamente en armonía. Ellas reflejan hacia la tierra y sus habitantes, según una cierta ley, la luz y las fuerzas extraidas de la tierra.

Así es como vemos y experimentamos la luz y la radiación de calor de nuestro sistema planetario. Así tenéis una imagen de la lípika macrocósmica. Vulcano, el campo magnético, crea evidentemente la lípika en armonía con las posibilidades actuales sobre y en la tierra. Así pues tenemos ante nuestros ojos una imagen del mundo y una imagen universal del espacio, en lo que respecta a nuestra tierra. Pues nosotros, hombres dialécticos, no podemos tener del espacio entero una imagen universal verdadera.

 

La Tierra, tal como la vemos y de la cual dependemos, nuestro séptuple planeta, forma, con todos sus habitantes, una unidad. Nosotros los hombres, ejercemos una gran influencia sobre todas las fuerzas y todos los poderes de nuestro campo de vida; lo hacemos en virtud de nuestro estado de ser, y de nuestro comportamiento. Dicho de otra manera, cuando el campo magnético de Vulcano extrae fuerzas y propiedades de nuestro campo de vida que es el campo del planeta, y esto en provecho de la lípika que, recíprocamente, debe servimos, son sustraidas del campo de vida de la Tierra fuerzas pecadoras e impuras que son absorbidas por el campo de radiación. Este campo, a su vez, nos devuelve todo lo que, en nosotros mismos y fuera de nosotros mismos, hemos realizado.

Sabéis que las entidades humanas continúan su desarrollo según una línea degenerante. Podemos deducir de ello que viendo el intenso obscurecimiento engendrado por los pecados de los hombres, la situación del campo de vida debe degradarse cada vez más.

 

Con el fin de que tengáis una justa noción de las cosas, repetimos que hay por un lado un campo magnético del espíritu y por otro lado un campo de vida químico elemental. Entre estos dos campos, vemos manifestarse un campo de radiación intermedio. En este campo de radiación se expresa la quinta‑esencia de la intención suprema de lo Divino, e igualmente lo que el hombre hace.

Por tanto se desarrolla una diferencia de tensión entre los tres campos. Esta diferencia de tensión debe conducir inevitablemente a un conflicto que perturba el magnetismo terrestre. Los diversos polos magnéticos entran en ruptura del equilibrio y un derrumbamiento del sistema entero no puede ser evitado.

Una revolución cósmica y atmosférica, como la que se anuncia en  grande y en pequeño, provoca un cambio total de la radiación con una extinción de las luces de la lípika como consecuencia. Ahora bien, debemos comparar el microcosmos con el macrocosmos. Alrededor de nuestro pequeño mundo humano microcósmico se encuentra igualmente un campo magnético que tiene como núcleo un campo de manifestación que designamos como el sistema de la personalidad. Entre el campo magnético y el campo de manifestación de la personalidad se encuentra el campo de radiación.

En medio de un campo de manifestación séptuple, y en interacción con un campo de radiación pleno de esplendor sostenido por el campo magnético espiritual, el microcosmos original se desarrollo hasta convertirse en un ser poderoso, plenamente capaz de una expansión y de una majestad dada vez más crecientes.

Ahora bien, a causa de los pecados de la humanidad, el sistema de la personalidad se ha desatado del campo magnético del espíritu, quitándole así a la conciencia celeste el poder de manifestarse, y otro núcleo de conciencia ha tomado su lugar. La Biblia habla de un «alma». El alma del hombre es la ejecutora de la voluntad, la ejecutora del campo magnético del espíritu. Esto le es posible gracias al campo de radiación. Ella debe ejecutar las ordenes de la voluntad en el campo de vida por medio del instrumentarium. El resultado es de nuevo recogido en los otros dos campos que así pueden arrastrar al alma hacia una actividad todavía más grande.

Así pues nosotros estamos juntos, aquí abajo, en tanto que almas. En principio somos ejecutores de las ordenes del espíritu. Pero en la practica, no lo somos desde hace mucho tiempo. El sistema fue accidentalmente perturbado en los tiempos prehistóricos, lo que tuvo como consecuencia la aparición, en el campo de manifestación y en el campo de radiación (la lípika), de degeneraciones, de donde necesariamente debían derivarse revoluciones microcósmicas repetidas. Vosotros sabéis lo que dice la Biblia : «El alma que peca debe morir».

La muerte según la naturaleza se reproduce permanentemente; el alma es desgarrada; el campo magnético del espíritu no posee ya un núcleo orientado hacia el objetivo y el campo de radiación esta lleno de malignidad. No se necesita un gran esfuerzo de imaginación para prever que, sobre esta base, el retorno del alma del país del mas allá esta de antemano condenado a un resultado negativo. El campo de manifestación, o sistema de la personalidad está desorganizado; las luces del campo de radiación están apagadas o no están en armonía recíproca y el alma es el producto de esta perturbación.

 

Cuando sois penetrados por este saber, os preguntaréis lo que debe ahora ocurrir. Simplemente, que el núcleo de la conciencia temporal debe ser abolido. No entendemos por ello su desplazamiento en las diferentes esferas de la dialéctica; no, el núcleo de conciencia debe desaparecer completamente. Un alma totalmente nueva debe nacer, y en la medida en que este renacimiento progresa, la construcción dialéctica es demolida y el nuevo templo erigido.

La Escuela Espiritual coloca a sus alumnos ante la necesidad de liquidar totalmente al alma pecadora, debilitándola progresivamente por mediación de «Cristo». Es la única posibilidad ofrecida a la humanidad caída. Es el único camino a seguir!.

Sin duda os preguntaréis ahora como puede morir el centro de la conciencia dialéctica. En efecto, este es el corazón del problema. En el momento de la muerte ordinaria natural, el núcleo de la conciencia se retira del sistema y es de nuevo recogido por la lípika. Esto es totalmente lógico, puesto que por la muerte natural, la conciencia ya no puede trabajar con la personalidad. Los candelabros de los tres santuarios ya no pueden arder, y como consecuencia, la conciencia debe retirarse de ellos. Entonces ya no se trata ni de un contacto salvador ni de un toque recreador por mediación de Cristo, de la nube del Señor. La nube se cierne por encima del Santuario pero no puede extender sus bendiciones sobre vosotros. Sin embargo, por el deterioro progresivo que conduce a la vida, por la endura, existe una posibilidad. Esta se encuentra en el camino de regreso.

Con el fin de presentaros el conjunto de una manera clara y evidente, debemos revisar lo que hemos dicho en los anteriores capítulos. Empezaremos por examinar el sistema del hombre dialéctico que se manifiesta en el plano horizontal.

En el centro de la personalidad dialéctica se encuentra el núcleo de la conciencia. Ante el se encuentran los veintiún pasajes, las tres veces siete luces de la personalidad: el candelabro de siete brazos de la cabeza, el candelabro de siete brazos del corazón y el candelabro de siete brazos de la pelvis. Detrás de él se encuentran las doce fuerzas de la lípika. Perpendicular­mente a este plano, como revestido por una nube, se encuentra la fuerza eventualmente ayudadora de la Fraternidad Universal, por mediación del Cristo, que debéis verlo como perteneciente a otra dimensión.

Con esta imagen ante los ojos, retomamos nuestro problema y nos preguntamos como procede la endura. Como empieza el proceso de aniquilacíon. Como debe morir el núcleo de la conciencia dialéctica. Como el fuego de la serpiente debe ser vaciado de las fuerzas impuras que lo habitan.

El único medio es vaciar progresivamente la conciencia por los veintiún pasajes de la personalidad. La conciencia debe morir diariamente de tres maneras. La conciencia vital debe, sin detenerse, ofrecerse diariamente en holocausto en los tres santuarios de la personalidad . La ofrenda de la endura es consumada por el aniquilamiento del «yo» en los santuarios de la cabeza, el corazón y la pelvis.

A medida que el alumno consigue morir cotidianamente en el triple templo, la nube del Señor que se cierne encima del santuario se extiende por el sistema de la serpiente. Es así como la afluencia de fuerzas del mediador Cristo aumenta, a medida que se intensifica el proceso de debilitamiento. Si perseveráis por esta vía, las palabras «el mano lloverá para vosotros de los cielos» se realizaran y seréis capaces de proseguir, cada vez más intensamente, el trabajo y el proceso de la endura.

 

Decíamos que la conciencia, el «yo», debía ofrecerse en holocausto en los tres santuarios de la personalidad. Este holocausto empieza en el santuario de la pelvis, centro de las actividades. La conciencia vital del candidato se coloca ante el candelabro del plexo solar, y todas las actividades del postulante deben concordar plenamente con las exigencias del rompimiento de la naturaleza y del yo. El deterioro diario empieza tan pronto como la conciencia se pierde en esta actividad que aparta toda veleidad egocéntrica y libera al ser por la recepción de la nube que planea encima del santuario.

Por este deterioro, el alumno ya se encuentra en medio del desierto, pues se ha distanciado de la vida ordinaria y una parcela del mediador Cristo ha descendido ya en él. La nube del Señor va delante de él, como una columna incandescente, y el velo se ha retirado un poco de su rostro.

El holocausto prosigue en el santuario del corazón, ante el segundo candelabro. Y esta es una tarea mucho mas pesada! En efecto el alumno debe aprender a morir al ardor de su sangre. Sabéis que la sangre establece mil y un lazos; pero también la sangre ha nacido de mil y un lazos. El alumno en el que la conciencia se coloca ante la necesidad de vaciar el santuario de su corazón, tiene como tarea descubrir todos estos lazos y romperlos uno tras otro. Estos lazos pueden ser de orden muy diferente. Sin embargo son, sin excepción, de naturaleza terrestre. Pueden ser de naturaleza sentimental pero pueden provenir también de la raza, del pueblo o de la familia.

A medida que el alumno tiene éxito en este proceso de desprendimiento y que su propio ser muere en él, la nube sobre el santuario se derrama con una fuerza cada vez mas creciente, y el mediador se vuelve cada vez más dinámico, aliviándole al alumno las horas de agonía.

El alumno es al fin colocado ante el tercer candelabro, el del santuario de la cabeza. Ciertamente, este camino hacia la muerte es el más difícil de los tres, pues es en el santuario de la cabeza donde reside la conciencia misma, y es allí también donde se encuentran todas las fuerzas de la lípika. Es la cabeza de la serpiente. En el santuario de la cabeza reside la inteligencia dialéctica. En el santuario de la cabeza llamea la voluntad rojo oscura; allí también se aloja la duda, fuente de inquietud y de angustia. Es durante esta fase que Juan, el hombre que muere a la dialéctica, pide a su Señor por la voz del mediador: «Eres tu quien debe venir, o debemos esperar a otro?».

Cuando a la pregunta: «Quien triunfara?», la respuesta no admite duda, la conciencia dialéctica se aniquila en la muerte de la endura. Las doce fuerzas de la lípika cesan de ejercer su influencia, puesto que ya no hay contacto entre ellas y el sistema de la personalidad. La inteligencia dialéctica y la voluntad sin freno son aniquiladas por el saber que la voluntad superior, este bien inalienable, triunfara, y no la voluntad dialéctica.

Es durante esta hora que el mediador Cristo, en tanto que nuevo fuego de la serpiente, viene a ocupar el lugar de la conciencia dialéctica, en el centro del sistema de la personalidad abandonada. Por este intermediario el proceso posterior de recreación va a realizarse.

Este mensaje os es enviado para que podáis, en vosotros y por vosotros mismos, manifestar algo de él. Puede ser para vosotros el remedio supremo, si sabéis emplearlo como verdaderos francmasones.

Cuando el alumno siente crecer en él al mediador, y que su campo de vida se vuelve, de hecho, un desierto, o mejor dicho, un caos, un nuevo campo de vida se desarrolla al mismo tiempo que el nuevo ser físico. Y es cierto que simultáneamente se desarrolla un nuevo campo de radiación. Cuando el sol de la antigua lípika desciende, un nuevo sol se levanta al mismo tiempo. Y el alumno ve levantarse su sol celeste, su aurora. En medio del gran y santo proceso de renacimiento sube, hasta la bóveda celeste de su sistema microcósmico, una luz que irradia de él, en él y a través de él mismo y que nunca desciende.

 

El sol de la naturaleza ordinaria, que se encuentra en el campo de radiación microcósmico, es la imagen del alma pecadora muerta; mientras que el sol de la naturaleza original es la prueba radiante de una plenitud divina eterna. Vosotros despertáis este sol cuando continuáis avanzando en el camino!. Por tanto sed sabios como las serpientes!.

Que la fraternidad de la que Jesús es la cabeza, esté con vosotros, desde ahora y por toda la eternidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIII

 

CONTEMPLACIÓN  PENETRACIÓN  REALIZACIÓN

 

 

Cuando el alumno en el camino se concentra en los problemas del nacimiento del alma por la transfiguración descubre que los aspectos filosóficos de este nacimiento son bastante fáciles de definir. Por ello un adiós de principio, por tanto teórico, a la dialéctica, es posible a corto plazo.

Desgraciadamente muchos se mantienen en la decisión teórica. Sabemos muy bien que la teoría no tiene ningún valor esencial, pero las dificultades que surgen durante el viaje a través del mundo de la materia, después del adiós a la dialéctica, parecen insuperables para muchos.

Comprenderéis sin embargo que la Escuela de la Rosacruz no se puede contentar con una apariencia. Ella debe conducir a sus alumnos de la contemplación a la penetración, y de la penetración a la realización. Las tensiones así despertadas son a menudo difíciles de soportar. Sin embargo, la Escuela no sería la Escuela si dejara a sus alumnos en paz en su torre de marfil. No debemos, en efecto, incitarnos mutuamente a abandonar lo que nos ata a la tierra para poder llegar a la libertad de los hijos de Dios?.

Por ello nos podemos preguntar como es que muchos que comprendiendo perfectamente lo que la Escuela les propone, se estancan en el mismo lugar y tienen tan grandes dificultades para penetrar en la vida nueva. Como es que muchos pueden hablar seriamente del mediador Cristo que nos es transmitido por la Fraternidad Universal y no llegan a elevarse hasta El.

A esta compleja pregunta, respondemos que la causa es que no hay en ellos ninguna conciencia susceptible de relacionarse, por poco que sea, con la vida nueva. La Nube del Señor, tan cargada de fuerzas y poderes, queda suspendida por encima del Santuario microcósmico sin tener desgraciadamente la posibilidad de descargarse. No hay sitio para ella en el sistema dialéctico.

El maná del cielo no puede llover más que en el desierto. Debéis comprender bien esta expresión. El sistema de conciencia del hombre, el sistema del fuego de la serpiente, es terrestre por propia naturaleza. Solo cuando el sistema del fuego de la serpiente haya perdido su campo de tensión y se haya convertido en un desierto, el alimento liberador podrá descender en el sistema dialéctico para transfigurarlo. En la Biblia, este alimento se presenta bajo dos aspectos: como un alimento y como una bebida, como el cuerpo y la sangre, como el néctar y la ambrosía, como el agua viva y como el pan de vida. Cuando vuestro ser real se encuentre así en el desierto y recibáis gratuitamente el agua viva y el pan de vida, el misterio del maravilloso alimento se cumplirá en vosotros. Solo entonces se puede hablar de «contemplación».

Pero si el sistema de la conciencia dialéctica continua identificándose enteramente con su campo de tensión, y por tanto con las fuerzas incluidas en este campo, el milagro no es más que una posibilidad teórica que permite todas las fantasías, todos los debates y sobre el cual se escriben libros y se construyen sistemas.

 

La teoría nos absorbe intensamente, los años transcurren en especulaciones sin fin. Discutimos agriamente a causa de nuestros malentendidos y de nuestras opiniones diferentes; mientras que un segundo de realidad, una fracción de segundo de contacto vivo con esta realidad haría derrumbarse todo esto y volvería nuestro museo de cera metafísico en un juego de niños. Numerosos son los que quieren hacer de la Escuela Espiritual un museo de cera repleto totalmente de ficciones y curiosidades. El conflicto no puede ser evitado. Y hay una lucha para el alma humana que debe ser salvada y que, en el fondo, no lo quiere. Que sabéis del amor divino que busca lo que está perdido y que se esfuerza sin cesar en salvar a las almas humanas? Que sabéis de los trabajadores que se encuentran en este mundo? Que sabéis de la forma en que son tratados por aquellos hacia los que se dirige su amor?. No sabéis nada de ello y por eso se os perdona de todo corazón. Y no sois abandonados. Pero, según la naturaleza de vuestra sangre y de vuestra conciencia, os agarráis, sea intelectualmen­te, sea por razones sentimentales, sea por necesidad de actividad, a las cosas presentes en vuestro campo de tensión y permanecéis en este campo.Por eso se os debe separar de ello sin interrupción… para haceros llegar a la contemplación.

Intentar contemplar, aunque sea un poco, la nube que planea por encima del santuario, el cual es el mediador Cristo manifestándose en el campo de fuerza de la Fraternidad Universal. Esta nube tiene tres clases de tensiones, tres aspectos. Nosotros los designamos como: «la Contemplación, la Penetración, y la Realización».

El alumno no llega a la contemplación estudiando una lección, o bajo el impulso espontaneo del subconsciente, sino única y exclusivamente por el sufrimiento y la contrición del corazón. Hay mucho sufrimiento en este mundo. Sin embargo todo este sufrimiento y toda esta pena no conducen a la contemplación. Si sufrís porque no obtenéis lo que deseáis o porque transgredis las leyes vitales o por insuficiencia de conciencia, las Puertas Eternas no se abrirán para vosotros.

Solo el sufrimiento del corazón arrepentido revela el milagro divino, sufrimiento que nace de la búsqueda, de un inexpresable deseo de liberación, del cansancio que viene de la naturaleza, de la lucha sin piedad, desesperada, contra una vida que no se quiere ni se desea; sufrimiento de golpear sin resultado contra las puertas de acero; sufrimiento que resulta de la renuncia final a toda lucha y de la convicción de estar vencido; sufrimiento silencioso del corazón contrito.

Entonces se oye a la voz decir: «Venid a mi, todos los que estáis cansados y cargados». No hagáis romanticismo: no penséis en un hombre que se arrastra en la noche fría y negra y que, pasando ante la puerta abierta de una reunión de afiliados al ejército de salvación, oye de repente a un predicador decir, «Venid a mi!» … etc. Escuchar la voz, según la Biblia, es un acontecimiento totalmente diferente. Es el sonido transmitido por el campo de fuerza del Reino Inmutable. Cada energía tiene una frecuencia de vibración, y por tanto, emite un sonido. Es la música de las esferas consagradas a Dios, música que el alumno puede percibir cuando, en el silencio de un corazón arrepentido, abandona toda lucha según la naturaleza y toda lucha por la liberación del yo. Es la voz magnética que llama al que está cansado; es la fuerza que verdaderamente da el reposo.

En este contacto, en esta música, el alumno llega a la contemplación de un mundo que no es de este mundo. No hay una música en el mundo que se pueda comparar a esta voz. El salmista canta poéticamente: «El susurro de los cedros del Líbano».

 

Cuando el candidato en el camino ha dado un paso hacia esta voz, nace en el una alegría inefable, pues la luz le ha encontrado en la noche. Al igual que un hombre que camina en la noche se dirige hacia el punto luminoso percibido en lontananza y sabe que así su marcha está asegurada, de la misma manera el alumno llega a un conocimiento seguro, a una posesión. Entonces se aleja la duda y se derrumban las creencias fundadas en las autoridades exteriores. Tiene ahora una certeza interior absoluta: ver, conocer el camino. Para los que todavía no conocen la contemplación, la inseguridad y la especulación inherentes a la dialéctica permanecen.

La contemplación es la primera radiación que emana del mediador Cristo, y cuando el alumno se aproxima a la voz luminosa, pasa de la contemplación a la penetración. El ve cada vez más claramente la naturaleza de la luz y sus propiedades. Está en condiciones de tomarla, de penetrarla. Es el segundo aspecto de la Nube sobre el Santuario, la segunda radiación del Cristo. La primera radiación daba al alumno una alegría chispeante y radiante; la segunda aporta la revelación de la Gnosis Divina. El alumno que progresa de la contemplación a la penetración oye la voz hablar cada vez más claramente en él: «Venid a mi vosotros que estáis cansados y cargados y yo os daré el reposo». El reposo se revela en la penetración.

Pero este reposo no es el del burgués instalado perezosamente en su sillón, ni el sosiego de saberse al abrigo de la necesidad, ni tampoco el placido ensueño de las vacaciones. Es el reposo engendrado por la Gnosis cuando se ha percibido, en el plan divino, la necesidad y la razón superior del proceso de rompimiento que conduce a la transfiguración. Es el reposo en la luz del séptimo brazo del candelabro, el que está en el medio. Esta séptima luz contiene la síntesis de las otras seis llamas divinas. Es la entrada en el reposo de la que habla la Biblia, reposo inherente al conocimiento imperecedero que no puede ser estudiado.

Grandes son la miseria y la pena en el dominio de los conocimientos dialécticos y en todo lo que se refiere a ellos. Todos nosotros hemos leído y estudiado mucho. Muchos lo hacen con una cierta pasión, impulsados por una incitación a la búsqueda.  Y en muchos aspectos nuestra orientación en nuestra busqueda es similar. Pero esto, nos ha aproximado? Ha resuelto nuestros malentendidos? Habéis alcanzado la tranquilidad del objetivo alcanzado?. Y el la tranquilidad dada por el perfecto y radiante conocimiento de primera mano? Tranquilidad que resulta de la penetración, de la perfecta certeza? Habéis entrado en el reposo de Dios, del espíritu eterno omnipresente? Ello es muy necesario!

Sin embargo sois depositarios de la promesa. En tanto que alumnos de la Escuela Espiritual, tenéis la promesa de poder entrar en el reposo divino. Pero, en tanto que hombres dialécticos, sois todos sin excepción el objeto de una maldición expresada así en la Epístola a los Hebreos: «Jamás entraran en mi reposo».

Sin embargo apelamos a vuestra inteligencia. Existe una promesa de reposo  y una maldición: «Jamás entraran en mi reposo». Contraste más grande es inimaginable pero nunca ha sido presentado el carácter de la transfiguración más claramente. Nada de esta naturaleza, ningún ser dialéctico entrara en el reposo de la Gnosis Divina. Todo esfuerzo para ello es vano. No es a vosotros, hombres según la naturaleza a quienes se les hace la promesa; ella es ofrecida a la posibilidad en vosotros de restablecer la unión con el espíritu original, después de haber liberado, en ofrenda total, el sistema espinal del fuego impuro del yo, para una destrucción y una reconstrucción del templo.

 

La promesa pertenece a los que quieren recorrer el camino de la transfiguración. El resto no es mas que fatiga y tormento del alma. Se puede probar por la historia de los hombres, de las cosas y del mundo, la perfecta inutilidad del esfuerzo dialéctico. Vosotros podéis constatar lo mismo según vuestras experiencias personales. Hablaremos de nuevo de ello cuando os hayáis apaciguado.

Pero puede ocurrir que después de largos años alcancéis por fin los limites de vuestros intentos de autoliberación. Quizás comprenderéis entonces estas palabras, y seréis tocados por la advertencia de la Epístola a los Hebreos: «Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones». Hagamos esto seriamente con el fin de entrar en este reposo, que realiza un formidable proceso, el gran proceso de la transmutación, la gran transfiguración.

Cuando la palabra viva de Dios, la vibración mágica del espíritu eterno, viene hacia nosotros por el puente de la contemplación, el alumno es tomado por un poderoso acontecimiento, descrito así en la Epístola a los Hebreos : «La Palabra de Dios es viviente, poderosa, más afilada que una espada de doble filo; ella penetra hasta dividir la sangre y la conciencia, las junturas y la médula. Juzga los sentimientos y los pensamientos del corazón, y ninguna criatura se esconde a ella, pues todo está al desnudo y al descubierto a los ojos de aquel a quien tendremos que rendir cuentas».

Vosotros conocéis estas palabras. Estas son, en resumen, la formula de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz. Quizás la formula «dividir la sangre y la conciencia, las junturas y la médula» no os haya parecido apropiada. Son, aparentemente, indicaciones de las que no se puede extraer nada. Sin embargo, para el transfigurista, prueban que el autor de la Epístola a los Hebreos, estaba perfectamente al corriente de la magia de la Transfiguración.

Cuando la fuerza incorruptible, que desciende de la Nube sobre el Santuario, penetra en el sistema del fuego de la serpiente, es como una espada de doble filo que separa totalmente el ser‑sangre dialéctico de la nueva conciencia que penetra y se desarrolla en nosotros. La destrucción del ser‑sangre es conducida por la médula, donde se fabrican los glóbulos rojos de la sangre. Este proceso ya no puede ser contrarrestado por las fuerzas de expansión del antiguo sistema nervioso autónomo que gobierna las junturas. En resumen, en el reposo mágico del séptimo brazo del candelabro, el antiguo templo es totalmente destruido. Nada de lo antiguo permanece en esta grandiosa transmutación.

Es así como de la contemplación, por la penetración, pasamos a la realización. Si comprendéis algo de esta voz, no endurezcáis vuestros corazones. En el silencio del corazón contrito puede nacer el reposo de la vibrante realidad eterna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                XIV

 

EL MANTO DE PELOS DE CAMELLO

 

Puede ocurrir que a la largo de su vida el alumno vea, como un relámpago, desarrollarse «el camino» ante él. Podríamos llamar a este relámpago «el amanecer de la conciencia de la vida nueva» que es en Cristo y del Cristo. Cuando pronunciamos la palabra «Cristo», no evocamos una personalidad, como lo ha hecho la teología a la largo de los siglos dedicándose a cultivar una representación mental, sino que hablamos de la radiación crística del campo de radiación original.

Nuestra ferviente oración, es que también vosotros podáis ser tocados por este amanecer de la nueva conciencia, pues esta será la señal de vuestro primer paso en el «camino» que conduce al corazón de la vida nueva. Cuando sois penetrados por la corriente que emana del trabajo del Atrio del templo de la Rosacruz, la recibís gratuitamente. Y también gratuitamente los trabajadores se esfuerzan en indicaros el camino liberador y confrontaros con la santa sustancia universal dodécuple.

Por esto es preciso que reaccionéis, pues el pasado os ha enseñado que tanto los lugares en los que los mensajeros de la humanidad han desplegado sus mayores fuerzas, como los hombres a quienes se han dirigido más particularmente sin obtener resultado, son los más malditos. Todos los que buscando la Escuela Espiritual de la Rosacruz no son conmovidos interiormente por su enseñanza, son dignos de compasión.

Esto os permitirá comprender lo que el Señor de toda vida ha dicho a este respecto: «En el día del juicio, Tiro y Sidón serán tratados menos rigurosamente que vosotros». «Y tu, Capharnaum, serás elevada al cielo? No! Serás hundida hasta la morada de los muertos».

Quienes son «los habitantes de Tiro y Sidón»? Son los que están predispuestos para una vida de francmasonería.

Y quienes son «los habitantes de Capharnaum»? Son los hombres en estado de seguir el camino de la conciencia superior. El Señor Jesús se dirige aquí a todos aquellos que, en estos dos estados, se encuentran en el Templo de la Rosacruz. Y añade: «El país de Sodoma (que es el abismo de la impudicia y del pecado más espantoso) será, en el día del juicio, tratado menos rigurosamente que vosotros».

Estas palabras son perfectamente claras. Así el alumno de la Rosacruz puede tener la gracia más grande y puede incurrir en el más grave castigo. Por esto nosotros esperamos de todo corazón que el amanecer de la nueva conciencia os tocará pronto, pues este es el primer paso.

Cuando hubo pronunciado estas poderosas palabras, Jesús levantó las manos y dijo: «Te doy gracias, Padre, por haber revelado todas estas cosas a tus hijos. Nadie conoce al Hijo más que por su Padre, y nadie conoce al Padre más que por su Hijo». Dicho de otra manera: nadie puede elevarse a la conciencia del Cristo si la nube del éter santo no planea por encima del santuario.Por ello la predicción de los castigos se termina en la paz tranquila del toque divino. Igualmente los servidores de la Escuela se dirigen a menudo a vosotros con fuertes términos, con el fin de que podáis contemplar la magnifica perspectiva de la vida liberadora.

 

«Venid a mi, todos los que estáis cansados y cargados, y os daré  el reposo». El Cristo habla de la lasitud según la naturaleza, que es la certeza consciente de vivir una vida fundamental­mente estéril; la conciencia de arrastrar consigo cantidad de cosas tan insensatas e inútiles que faltan palabras para describirlas.

Las fuertes palabras de la Escuela de la Rosacruz no tienen otro objetivo que el de desprenderos de la antigua vida y conduciros a la paz eterna, al reposo y al silencio de la verdadera vida, para que durante esta vida podáis acceder a la libertad. Depende enteramente de vosotros el emplear esta enseñanza, pues nuestra Escuela sigue exclusivamente el camino de la autofrancmasonería. Sabéis que existe cierta conciencia en el sistema de la personalidad. Esta conciencia es el factor asimilador y motor de vuestra existencia: ella «anima» vuestro sistema. Posee un foco que coincide con la cavidad frontal; está unida a la sangre y al fluido nervioso y se comunica con cada célula de vuestro ser.

Esta conciencia, esta alma, no es de ninguna manera el espíritu que se encuentra fuera del alma. Nos lo representamos como el campo magnético espiritual que envía sus radiaciones al sistema de la personalidad; la conciencia, el alma, reacciona y ejecuta eventualmente les sugestiones del espíritu. La conciencia, el alma, no dispone de ninguna estructura orgánica. Se lo podría comparar con una nube, con una llama o una onda vivificante. En consecuencia, si el alma ya no está apta para recibir las sugestiones del espíritu, para transformarlas, para transmutarlas en una realidad divina, es que esta conciencia del momento se ha vuelto inapta, y esta alma debe morir. La consecuencia lógica de ello es que una nueva radiación de la conciencia debe ocupar el puesto del alma expirante.

Aunque esta corta exposición presenta la quintaesencia de toda nuestra filosofía, de toda la ciencia transfigurística, el alma pecadora no es tan fácil de eliminar porque, aunque desprovista de estructura orgánica, esta alma es sin embargo una entidad creada, una realidad dotada de vida.

El alma lleva una vida más o menos independiente. Dirigiéndo al campo de vida, debe, en una obediencia libremente consentida, ejecutar las sugestiones del Señor. Cuando se sustrae a este deber, un error puede, al principio, ser corregido. Sin embargo cuando a consecuencia de su error crea un estado estructural, los lazos entre el alma y el campo espiritual se rompen; el alma es abandonada a si misma y su impiedad se muestra, en particular, en su lípika. Sin el espíritu, el alma no puede mantener su sistema. Por esto la personalidad es parcialmente aniquilada, y el alma desaparece por un tiempo en el mas allá, para venir a reencarnarse seguidamente.

Una nueva personalidad debe por tanto ser llamada a la vida, por medio del sistema de reproducción terrestre. De ello resulta que el alma que por el momento actúa en vuestro sistema ya no es el alma original que se apartó del camino, sino el resultado de miles de mezclas con otras almas. De esta manera se ha formado una comunidad de almas unidas por lazos terrestres dialécticos.

El alumno que toma conciencia de esto, debe elegir entre dos vías: o bien permanecer como un hombre‑alma, o bien volverse un hombre‑espíritu, a imagen del Cristo. Pero entre estas dos vías se encuentra el camino, y sobre este camino se levanta la cruz del debilitamiento del yo, y no puede ser de otra manera.

 

Cuando el alumno sabe trazarse el justo camino, y cuando no abandona la cruz del deterioro del yo, llega a la contemplación de la luz original. Emprende entonces su viaje a través del desierto. La vida dialéctica pierde todo atractivo para él ; la ve y la acepta tal como es. La lucha por conseguir el mejor puesto posible en el mundo dialéctico ha concluido. El emplea la energía de la que todavía dispone para realizar el aniquilamiento del alma.

Este aniquilamiento se realiza haciendo el vació en si mismo, por la vía de los tres santuarios. Se trata aquí de la actividad de la conciencia‑alma temporal que tiene su base en el fuego espinal, y que irradia, según el carácter del individuo, por el santuario de la cabeza, del corazón o de la pelvis. De este modo, libre de toda coacción, el alumno emprende su viaje a través del desierto para alcanzar la tierra prometida que reluce como una luz en la lejanía.

Muchos malentendidos nacen con respecto a este proceso de deterioro. Muchos piensan que comienza entonces un período de intensos sufrimientos; que deberan caminar, con los rasgos alterados por el dolor, en un mundo que maldicen interiormente.

Nada de esto es cierto; la fe nacida de la contemplación, por el contrario despierta la alegría, una radiante felicidad, ya que tal hombre va al reencuentro de la vida nueva. Lleva, en armonía con este camino, una vida muy activa; pero su característica es que ya no se preocupa de ningún problema social o de cualquier otro de naturaleza dialéctica. Cuando se pierde todo interés por ciertas cosas, estas dejan de crearnos problemas.

Las características de un alumno en el camino son:

Que lleva un vestido de pelos de camello,

que sus riñones están ceñidos por una tira de cuero,

que se alimenta de saltamontes y de miel salvaje.

«Llevar un vestido de pelos de camello» significa que quiere vestirse con la sustancia universal, en libre obediencia a la ley del Reino Inmutable. El símbolo del camello es aquí es del camello volador, el antiguo símbolo de la vida universal, es el mismo símbolo que el dragón al que se debe matar para poder vivir.

El cinturón es el emblema del hombre que, en el viaje que emprende para el debilitamiento de su alma, ha perdido toda ambición por la vida dialéctica y la vida inferior.

Finalmente, cuando el Zohar y los antiguos griegos empleaban la palabra «saltamontes», hablaban de las serpientes. Un alumno en el camino que se alimenta de «serpientes», un «hijo de las serpientes» es el que, llevando un vestido de pelos de camello, se alimenta de la sabiduría universal. Este alumno va después de la contemplación a la penetración.

La miel refuerza la indicación de que se alimenta de la fuerza del Muy-Alto, que es el verdadero espíritu divino.

Así podemos concluir que el vestido de pelos de camello nos remite al camino del campo magnético espiritual. El cinturón de cuero indica la renuncia al pecado que todo corrompía, y los saltamontes y la miel salvaje prueban que el alumno puede alimentarse de nuevo en armonía con la exigencia divina, en el nuevo campo de radiación que se ha revelado.

Os decimos todo esto para que sepáis claramente que, si verdaderamente queréis «recorrer el camino» y ser alumnos de la Rosacruz, debéis empezar una nueva fase de vuestra vida. No podéis manteneros en la contemplación y además podemos demostrároslo.

 

Muchas veces, hemos comparado el macrocosmos con el microcosmos. Esto quiere decir que alrededor del hombre existe igualmente un campo magnético espiritual, un campo de radiación, un firmamento y que la personalidad forma «el planeta» microcósmico. Ahora bien, cuando queremos reconducir este sistema completo, renacido y fortificado, hacia la casa original; cuando queremos apartar a este sistema de la influencia de nuestra propia lípika, de la esfera reflectora y también de la muerte natural, necesitamos primero apartarlo de un mundo que no está en armonía con la ley divina y luego desembarazarlo de un comportamien­to y de sus consecuencias, sin ninguna relación con la naturaleza divina.

La Escuela Espiritual no puede contentarse con un comportamiento de vida inferior a este. Ello constituye, para la Escuela, una exigencia que ni que claramente es perfectamente razonable y muy simple. De esta manera salís vosotros mismos de la casa de la esclavitud y sois conducidos a la vida nueva.

Observad que la llave que abre la puerta del camino esta presente en vuestro ser‑alma, y que únicamente depende de vosotros el hacer uso de esta llave con toda naturalidad.

Por ello no podemos daros más que un único consejo: todo vuestro ser debe ser dirigido hacia un objetivo, el de volver activo en vuestro sistema al mediador Cristo que está allí también para vosotros, y por el que el foco celeste podrá desarrollarse de nuevo en un campo de radiación crística. Esto debe volverse primordial en todos vuestros actos.

El comienzo del proceso de vuestra liberación debe partir del fondo de vuestro ser; vuestra liberación únicamente depende de vosotros. Controlad vosotros mismos con atención:

‑ Si pensáis en las cosas de la vida nueva con una verdadera     espontaneidad;

‑ Si vuestro corazón esta orientado hacia la fuerza radiante        del Cristo;

‑ Si vuestros actos, sin forzaros, están en armonía con la          vida en la cual deseáis entrar.

De esta manera haréis el vacío en vuestros tres santuarios de la antigua naturaleza, abriréis la vía y la Fraternidad lo observara. Entonces el foco de la vida nueva renacerá y la sustancia de la vida universal será atraída en el microcosmos para cumplir allí su tarea santificante y liberadora. Sobre el vestido del alma se extiende así el vestido del espíritu nuevo y el microcosmos puede alimentarse de él para vivir y actuar.

El alumno que ha experimentado así el camino del aniquilamiento se encuentra en la unidad de la verdadera vida nueva. El siente y experimenta la libertad de los hijos de Dios. Está unido con el amor puro universal. Es verdaderamente hombre y verdaderamente Dios. Si poseéis así el espíritu del Cristo comprenderéis estas palabras. Quiera Dios que podáis encontraros en las filas de los liberados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 XV

 

LAS CAUSAS DE LAS ENFERMEDADES

 

 

Querríamos hablaros de las causas de las diferentes enfermedades, especialmente de las causas del cáncer, esta enfermedad tan temida. Pensamos que tal exposición es importante y urgente para los que estudian la santa ciencia de la transfiguración.

Cuando se presta atención al contacto con los hombres que, cotidianamente, luchan contra la enfermedad, como los médicos y el personal asistente de nuestros hospitales, y cuando se toma conciencia de las obras que tratan de los sufrimientos físicos de la humanidad, de buenas a primeras no se puede más que tener una gran admiración por el heroísmo de los que muchos hacen prueba al combatir las misteriosas causas de las enfermedades. En segundo lugar se puede constatar con una creciente inquietud el hecho de que muchos de los nuevos remedios prescritos por su poder de curación no resultan, en general, realmente eficaces. Seguidamente descubrimos que toda actividad terapéutica que tiende a ayudar al enfermo a soportar estos males es sobrepasada por la oleada creciente de enfermedades, oleada a la que no se le puede poner ya un freno.

A nuestro juicio, es bastante deplorable que nuestras autoridades médicas apliquen sistemáticamente el silencio con respecto a las masas. Este método está admitido por casi todos los pueblos . Los motivos de ello son naturalmente muy diferentes y pueden, por ejemplo, ser de naturaleza humanitaria. Sin embargo esta línea de conducta es rechazable. Cuando en un momento dado la realidad desnuda rompe los camuflajes, el pánico que resulta de ello es más intenso y el desespero y la receptividad a las enfermedades resultantes,mucho más grandes.

Es normal que los hombres dialécticos tengan en cuenta las leyes dialécticas. Cuando una situación amenaza con escapar a todo control, se puede decidir no hablar aún del peligro amenazante, con la esperanza de que en poco tiempo se podrá dominar la situación. Es igualmente comprensible que según las circunstancias se calle o se exageren las tensiones que nacen entre los pueblos, esperando un rápido cambio de los acontecimientos. Igualmente, en los círculos médicos se puede encontrar bueno el disimular y callar la realidad con la esperanza de que, en un futuro bastante próximo se encontraran los medios para remediar ciertos peligros. En consecuencia, por que alarmar inútilmente al publico?.

Sin embargo, en tanto que esoteristas, pensamos que esta manera de actuar alimenta una falsa esperanza. En efecto, las miserias físicas se han vuelto muy grandes. Un estado enfermizo del ser humano se ha generalizado y referirse al descenso de la tasa de mortalidad conduce a los peores ilusiones, pues este descenso solamente prueba que se tiene el poder de alargar las enfermedades, pero no de curarlas.

 

Los que estudian la ciencia de la transfiguración y la ejercen con celo saben que no hay para la humanidad ningún remedio, bajo la forma que sea, que pueda vencer las enfermedades. El juicio que nosotros traemos aquí es, desde el punto de vista médico, estrictamente profano y no estáis obligados a tenerlo en cuenta. Nosotros no queremos de ninguna manera parecer que poseemos las ciencias médicas, biológicas, químicas y otras ciencias emparentadas, ni hacer muestra de un cierto saber que no seria más que errónea erudición. El que actuara así demostraría que es un enemigo de la humanidad y en un momento dado seria confundido.

Nosotros hablamos en virtud de una experiencia de numerosos años en el estudio y el ejercicio de la ciencia de la transfiguración. Si, sobre esta base, queréis escucharnos, tenemos que decimos lo siguiente. Todo lo que nuestro mundo posee o poseerá quizás pronto, en cuanto a medicamentos y métodos terapéuticos pertenecen, sin excepción, a la naturaleza dialéctica. Se extraen y se preparan numerosos medicamentos de diversos elementos del reino mineral. Esto lo sabéis. Y es cierto que todavía queda mucho por descubrir y fabricar. El reino vegetal y el reino mineral suministran también una abundante contribución en la elaboración de numerosos medicamentos, del más ordinario al más extraño. El reino humano contribuye igualmente a la fabricación de medicamentos…que no son todos deseables!

Conocemos también los tratamientos que utilizan el agua y la luz. Todas las aplicaciones modernas de la fototerapia están muy en boga. Por «fototerapia» entendemos las diversas radiaciones actualmente empleadas o todavía en estado experimental. Además atraemos vuestra atención sobre las aplicaciones del magnetismo, es decir, sobre las manipulaciones de los éteres humanos. Finalmente, conocemos los métodos psicológicos mediante los cuales se trata de influenciar directamente la conciencia del hombre y, por medio de ella, los órganos y las estructuras enfermas. Ponemos aparte las curaciones llamadas «espirituales», en las cuales entran influencias religiosas, esotéricas o autoritarias y a veces influencias que emanan directamente de la esfera reflectora, medios por los que se trata de ayudar y curar a los enfermos.

Nosotros decimos que todo esto es de naturaleza dialéctica. Se puede concluir que todos los ensayos ya realizados o que se intentarán en el futuro para ayudar a los enfermos, pertenecen al dominio de la materia y de la fuerza recibida del reino de la naturaleza terrestre. Que se trate de elementos de naturaleza terrestre. Que se trate de elementos de naturaleza orgánica o inorgánica, etérica o química, elementos elaborados por instrumentos o que provengan directamente de entidades vivientes, la naturaleza y todo lo que de ella proviene, se esfuerza siempre por mantenerse en la lucha por la existencia. Con una formidable fuerza y una inteligencia desconcertante, busca sin cesar nuevas posibilidades por levantar cabeza ante la marea ascendente de las fuerzas que atacan la vida terrestre.

 

Una carrera se ha emprendido contra la muerte. Se trata de una lucha gigantesca que reviste unas formas cada vez más poderosas, una lucha cuya salida se adivina muy fácilmente. El potencial de inteligencia humana tiene un limite, y la reserva de posibilidades se agota; el poder de asimilación del hombre no puede sobrepasar un techo, y el sueño de todos los tiempos: un hombre sano, inatacable por la naturaleza de la muerte, continua siendo un sueño. La crisis que reina en nuestra época es la señal dramática de que la hora de su fin esta próximo. En el mundo dialéctico la lucha por la existencia no presenta, en el curso de largos períodos, ninguna fase decisiva; es una sucesión de altos y bajos. Sin embargo, después de tales períodos adquiere superioridad muy claramente el adversario de la humanidad, y esta entra en la crisis de una revolución cósmica. El creciente estado enfermizo de la humanidad, imposible de detener, se debe a que el mundo y la humanidad son tomados por tal revolución cósmica. Por las causas de las que hemos hablado en los anteriores capítulos, fuerzas que no provienen de nuestra naturaleza están momentáneamente activas en nuestra atmósfera; ellas no pueden, por esta razón, unirse a esta naturaleza, ni aportar propiedades nuevas a lo que es de esta naturaleza de aquí. En consecuencia, estas fuerzas cósmicas son rompientes y destructivas. La fuerza atmosférica de la que hablamos está presente en todo. Tiene un perfecto poder de penetración y viene hacia nosotros, no solo desde lo alto, sino también de abajo hacia arriba. Este aliento cósmico ,que estamos tratando, pasa a través de todo. Y enfermedades tales como el cáncer están en estrecha relación con esto.

La palabra «cáncer» atrae nuestra atención sobre una fuerza de la lípika, o ser aural, que ejerce su influencia en las bases de nuestra existencia dialéctica. La enfermedad del cáncer ataca fundamentalmente estas bases. A consecuencia del aumento de la actividad de estas doce fuerzas cósmicas, que sobrepasan así la actividad de las doce fuerzas planetarias, el estado sanguíneo es modificado, lo que da lugar a la elaboración de glóbulos sanguíneos diferentes y, por ello, a la edificación de estructuras celulares diferentes de la estructura ordinaria.

Sabéis que los órganos y los tejidos del cuerpo están constituidos por células que están alimentadas por la sangre. Cuando estas células son sometidas a un cambio, no accidental sino fundamental, que provoca el nacimiento de tejidos totalmente diferentes y no estando ya bajo el control de la fuerza cancerigena de la lípika, aparece el cáncer. Esta enfermedad, lo mismo que muchas otras, y eventualmente afecciones todavía desconocidas del cuerpo humano, están por tanto ligadas a una destrucción fundamental de nuestro microcosmos, que interviene fuera de la lípika.Se puede hablar por tanto, justamente, de una revolución microcósmica.

La causa de ello es la intrusión en el sistema humano de fuerzas que no pertenecen a la naturaleza. Las fuerzas de la lípika gobiernan el sistema físico por medio de las glándulas de secreción interna. Cuando se han desarrollado tejidos extraños en algún órgano, estos últimos escapan, lo mismo que el órgano en cuestión, de la dirección de las glándulas de secreción interna.

 

Si consideramos, a la luz de estos hechos, la terapéutica aplicada en la lucha contra el cáncer, comprendemos, en cierta medida, el aspecto dramático y desesperante de este combate. Se intentan destruir los tejidos extraños por medio de radiaciones y muy pronto se esforzaran en restablecer el control de la lípika con inyecciones de hormonas. Después, en un futuro más lejano, se intentará el defenderse de los rayos cósmicos empleando ciertos productos médico‑alimentarios, con aparatos, así como con vestidos impregnados de una sustancia especial. Mas tarde todavía, se declararan ciertos territorios de nuestro planeta mortalmente contaminados, en tanto que particularmente receptivos a las radiaciones extrañas, y a ello seguirá un despoblamiento general de estas regiones. La lucha emprendida por salvar la vida moribunda, tomara formas gigantescas y sin embargo nadie podrá impedir el derrumbamiento, mientras que todos los reinos de la naturaleza serán tomados por la revolución cósmica.

Por que os hablamos de estas cosas? Por una especie de satisfacción sádica de que el toque a muerto suene para este modo de existencia? O estaremos impulsados por el deseo de sorprenderos?

 

Nuestras razones son más profundas! El cáncer en vuestro cuerpo, o eventualmente cualquier otra afección, vuestras enfermedades nerviosas por ejemplo, o vuestra nerviosidad, o vuestras enfermedades de corazón, son pruebas de la verdad de la filosofía transfigurística. Las reacciones físicas a las doce fuerzas cósmicas demuestran que la humanidad entera es tomada por un rompimiento negativo del templo humano. Y durante todo el tiempo que la humanidad ignore el objetivo divino de la existencia, el sufrimiento, la pena y los males físicos acompañaran a esta vida dramática.

La proliferación del cáncer prueba que el hombre ha entrado en un proceso del cual no participa ni consciente ni inteligentemente, y que reacciona defectuosamente ante una fuerza que no conoce. La proliferación del cáncer es el reflejo caricaturesco, la parodia sangrante, dolorosa e infecta de la reconstrucción del templo humano.

La única posibilidad de escapar de los azotes dialécticos causados por esta violenta revolución es la transfiguración: transfiguración fundamental, mística y estructural. Por el renacimiento fundamental, el alumno establece una unión consciente con el dodécuple Logos cósmico. Por el renacimiento místico, el Logos desciende armoniosamente en el sistema del fuego espinal. Por el renacimiento estructural, la construcción del nuevo templo se cumple siguiendo nuevas leyes. Entonces el cáncer no tiene ya el sentido de la enfermedad «cáncer», sino que es la Piedra Angular de una nueva construcción, la morada del Espíritu Santo. Comprended bien que el cáncer que corroe los miembros es no obstante la prueba de una certeza eterna. Si queréis comprender a Jesucristo, la Piedra Angular de un nuevo edificio inquebrantable será puesta en vuestro microcosmos. La Piedra Angular de la morada del Santo Espíritu.

 

 

                                                XVI

 

EXTRACTOS DE LA PISTIS SOPHIA

 

<<Los discípulos, reunidos en el Monte de los Olivos, estaban llenos de alegría y se decían los unos a los otros que eran bienaventurados, más que todos los hombres de la tierra, pues el Redentor les había revelado los misterios y así habían recibido el Pleroma y la realización total>>.

Estas líneas están extraidas del segundo capitulo de la Pistis Sophia. Este testimonio clásico describe la lucha, el camino y la victoria del alma renacida que ha restablecido el lazo con el espíritu divino y se ha elevado así hasta la sabiduría universal.

Es esencial que el alumno que quiere recorrer el camino pueda orientarse en la verdadera luz y en perfecta armonía con el misterio universal. Existen muchos escritos clásicos que tratan de la sabiduría, de los que se pueden extraer indicaciones que conciernen a la redención y a la iluminación de la humanidad; sin embargo el que lee la Pistis Sophia comprende cada vez mejor lo que quiere decir la filosofía transfigurística.

El camino que reconduce a la patria original es muy complicado y, para poder progresar en él, es absolutamente necesario conocer y comprender claramente ciertos factores. Es muy sencillo decir que debéis regresar al Reino Inmutable; sin embargo la realización de este regreso coloca al alumno ante tanta oscuridad, ante tantos velos, que se puede hablar de un gran viaje. Cuando nuestra comprensión concerniente a estas cosas esté suficientemente desarrollada, reconoceremos inmediatamente la verdad.

La parte de la ola de vida humana a la cual pertenecemos ha debido, para hundirse en el estado dialéctico actual hecho de materia y de fuerza, de personalidad y de forma psíquica, internarse por un camino inmensamente largo; ella ha debido pasar por un numero tan grande de estados, antes de zozobrar en el nadir en el que estamos, que el camino de regreso debe necesariamente ser muy largo.

El comienzo del camino, es decir, el primer toque de la Fraternidad Universal, es una gracia maravillosa. Pero lo esencial va a comenzar entonces. Hemos dicho anteriormente que el microcosmos debía sufrir un triple renacimiento:

‑ Un renacimiento según el espíritu, es decir, un nuevo nacimiento del espíritu en el microcosmos del que Dios se ha retirado;

‑ Un renacimiento del alma, es decir el renacimiento de un alma nueva en el sistema del fuego de la serpiente abandonado por la antigua alma;

‑ Y, por estos dos renacimientos fundamentales, un renacimiento de la personalidad entera, la edificación de un nuevo templo en el campo de vida microcósmico.

Cuando este tercer renacimiento se ha vuelto un hecho, como se dice en el Apocalipsis de Juan, el hombre se convierte en el templo de Dios. Entonces, el microcosmos entero, comprendida ahí la personalidad, se convierte en la expresión de la divinidad.

 

Tal es el proceso en su integridad. Su realización no se puede medir en el tiempo. Es por lo que se habla de un trabajo de eternidad. Y porque este proceso de liberación, elevándose por encima del tiempo y del espacio, tiene un punto de partida, se dice que la eternidad ha penetrado en el tiempo. Cuando el alumno se ha introducido en la marcha en espiral de la eternidad y progresa asiduamente, ya no se habla de tiempo sino del conjunto del camino de regreso en toda su complejidad. Es de este camino del que deseamos hablaros y nos dirigimos a vosotros como a peregrinos de la eternidad. El que concibe estas cosas en el marco del tiempo, de la dialéctica y de la materia desviada, se vuelve nervioso y finalmente enajenado, a causa de los pensamientos erróneos que se imponen en él. Por otra parte por eso el camino de la liberación parece tan penoso e impracticable y por ello a menudo se termina por anclarse de nuevo al yo. La señal de este miserable intento siempre esta muy clara: se quiere tomar la vía de la menor resistencia. Esta es una de las características típicas de la naturaleza dialéctica.

La luz, la iluminación, os son ofrecidas gratuitamente, se dice en la Biblia; esto significa que la felicidad os es concedida cuando ya no sois nada, en tanto que hombre dialéctico, cuando el núcleo de la conciencia dialéctica ha abandonado el sistema del fuego de la serpiente. Mientras esto no se haya realizado, los misterios de la luz no son más que tinieblas para vosotros, y permanecéis insensibles al gran trabajo de salvación en Cristo. Por esto es preciso poseer alguna elevación para poder seguir la Pistis Sophia en su glorioso viaje hacia el reino de la luz de Dios. El que quiere acercarse a este misterio o comprenderlo en tanto que hombre según la naturaleza, no engendrará más que preocupación y enajenación, como dice la Fama Fraternitatis. La Escuela de la Rosacruz se dirige al peregrino de la eternidad que tiene conciencia de no ser nada y que, en esta nada, recibe a «Tao», «el inexpresable». Nosotros hablamos la lengua de la eternidad; que Dios haga que podáis entender este lenguaje.

Cuando el microcosmos es de nuevo tocado por el espíritu de Dios, una intensa luz radiante nace para el alumno, iluminando totalmente su ser. El nuevo sol que aparece emana de la luz de las luces, e irradia con una fuerza poderosa una claridad particular, aunque no se puede dar ninguna medida de su luz. Es esta fuerza luminosa la que desciende sobre Jesús. La Pistis Sophia la describe así (capitulo 4):

«Mientras que los discípulos hablaban… a la novena hora del día siguiente, los cielos se abrieron. Vieron descender a Jesús, con una gloria resplandeciente, y no había ninguna medida para la luz que estaba en él, pues era mas potente que en el momento de su ascensión, hasta tal punto que los habitantes de la tierra no podían describir esta luz que estaba sobre él.

Esta luz no era uniforme, sino diferente de naturaleza y de forma, y algunos rayos eran superiores a otros… La luz era de naturaleza triple y uno de sus aspectos era superior a los otros… el segundo aspecto, que estaba en medio era superior al primero que estaba debajo, y el tercer aspecto, que se encontraba encima, era superior a los otros dos que se encontraban debajo».

Cuando la Pistis Sophia habla de «luz», se trata de iluminación por el espíritu. Pues únicamente esta es la luz que contiene la sabiduría y la fuerza, una inconmensurable y eterna realidad. La luz dialéctica, al contrario, esta íntimamente relacionada con la actividad de los éteres. Si encendéis la luz en una habitación oscura, ninguna sabiduría se revela en vosotros. Podéis como máximo percibir las cosas en el espacio iluminado. La iluminación por el espíritu representa el alba de un nuevo día de manifestación que ya no terminara jamas. Jacob Boehme denomina a este fenómeno «La Aurora».

 

La Pistis Sophia habla de la «luz que se eleva en el oriente». Cuando esta luz inunda con sus rayos el firmamento del alumno, este es envuelto en un nuevo manto, un nuevo vestido. Y el se regocija porque, para él, el tiempo se ha cumplido, porque se sabe revestido por el vestido que, desde el principio del génesis, había sido hecho para él y que había dejado atrás en el último misterio, hasta el tiempo de su cumplimiento. El hombre que lleva este vestido se sabe un servidor en los misterios de la vida de la humanidad, porque se ha vuelto consciente de todo conocimiento en el cielo y sobre la tierra. Pero antes, el sol (el de la radiación del Espíritu Santo) debe primero levantarse en el oriente de su microcosmos. Este nuevo vestido es el mismo que el vestido blanco del que se habla en el Apocalipsis.

«Cuando el sol se hubo levantado en el Oriente, una gran fuerza de luz descendió, en la cual estaba mi vestido», dice la Pistis Sophia (capitulo 10). Se trata aquí de una radiación enteramente nueva que no se puede explicar por la naturaleza y que hace vibrar con sus dones el campo microcósmico entero. Es el nuevo manto bendito que se envuelve alrededor de la personalidad. Revestido con este habito de fiesta, el gran misterio va a comenzar.

Sobre este vestido de fiesta, un nuevo nombre está escrito, así como signos maravillosos. Es Dios mismo que se manifiesta en la carne. El nombre es el principio y el fin. El nombre está grabado en el vestido, cuando el principio y el fin os pertenecen. Todos los lazos que, hasta ahí, aprisionaban al alumno, se desatan de él para que salga de su sujeción y acceda a la vida superior.Desde que el nuevo vestido está, a la manera del manto de Elías, echado sobre los hombros del alumno, este es revestido de poder. Los fuerzas del infierno ya no pueden vencerle. Todos nosotros estábamos, en el origen, revestidos por tal vestido, pero nos fue retirado. Sin este vestido, el alumno no puede realmente trabajar; no puede ser un francmasón.

Cuando el alumno ha llegado a las ultimas horas de su muerte por la endura, este vestido le es enviado para que pueda emprender el camino de regreso. Entonces ha llegado el momento en que el nuevo sol empieza a despuntar al oriente, como una efusión del Espíritu Santo. El sol de la naturaleza, que daba a la antigua vida su vitalidad, el sol del ser‑yo, debe haber desaparecido definitivamente en el Oeste.

Cuando el espíritu regenerado ha entrado en el microcosmos, el misterio de la luz, el misterio de la redención comienza, pero simultáneamente empieza el misterio de la lucha. Todas las fuentes de la fuerzas de la naturaleza tienen su sede en el sistema microcósmico del hombre. Todo lo que es realizado por la personalidad es sugerido y dirigido por las fuerzas presentes en el microcosmos. El alumno‑masón solo puede edificar un nuevo templo cuando el espíritu ha purificado el microcosmos. La Pistis Sophia designa a esta purificación como la aniquilacíon de la fuerza luminosa de los eones por el espíritu, por la luz. Este proceso no se realiza independientemente de la inteligencia‑alma de la personalidad. Por el contrario, la intervención del nuevo espíritu y el proceso de redención por el espíritu son totalmente tributarios de los esfuerzos del alma.

Por ello leemos en la Pistis Sophia que «los eones son despojados de un tercio de su potencia luminosa». Esto quiere decir que una fuerza espiritual inmensa, enteramente al servicio del alumno, es liberada para un empleo inmediato en las oscuras regiones de esta naturaleza, sobre la base de esta ley vital superior: esta fuerza espiritual será empleada exclusivamente, en perfecta impersonalidad, por la endura, es decir por el proceso de aniquilamiento del yo y para activar el proceso de la endura en los demás.

 

Cuando la luz de la luces se ha levantado para nosotros al oriente, este vestido de luz ataca a todas las fuerzas de la lípika y las despoja de una parte de su poder. A medida que se debilita la antigua lípika, por el ascenso del nuevo sol, aparece una nueva lípika que aumenta gradualmente en fuerza.Vemos así aproximarse un nuevo cielo y una nueva tierra, mientras que la vieja tierra desaparece para nosotros. La nueva Jerusalén desciende entonces del cielo, como dice el Apocalipsis.

Cuando la nueva lípika actúa en el microcosmos, se manifiestan actividades opuestas a las de la naturaleza. Mientras el alumno continua existiendo en el mundo de la materia, existe una doble lípika, la de la naturaleza y la que ha nacido del espíritu. La Pistis Sophia distingue estas dos lípikas; habla de los influjos dirigidos hacia la izquierda y de los influjos dirigidos hacia la derecha. Dice (capitulo 15):

«Ocurrió, cuando combatieron contra la luz, que el conjunto de su fuerza fue aniquilada. Se precipitaron abajo en los eones y eran como los habitantes de la tierra, muertos y sin soplo de vida. Y yo tomé a cada uno el tercio de su poder, a fin de que no perseveraran en su maldad y a fin de que, si los habitantes de la tierra los invocaban en sus misterios (que son los que los ángeles pecadores aportaron a la tierra, es decir su magia), no puedan realizarlos.

Yo he devuelto el Destino y la Esfera donde dominan, y hecho de manera que durante seis meses estén girados hacia la izquierda donde ejercen su actividad mágica, y que durante seis meses estén girados hacia la derecha y ejerzan allí su magia.

Sobre la orden del Primer Mandamiento y sobre la orden del Primer Misterio, Jeû, Señor de la Luz, les ha colocado de tal manera que continuamente vuelvan su mirada hacia la izquierda y allí ejerzan su influencia mágica y sus actividades».

«Las fuerzas del camino de la izquierda» son las fuerzas de esta naturaleza, las fuerzas indicadas por el horóscopo terrestre. «Las fuerzas del camino de la derecha» influyen a los que se benefician de la gracia, a los que son iniciados en los misterios de los cielos, y cuyo ser está totalmente orientado hacia el Reino de los Cielos. Así aparece, para el alumno, aún en su estado de conciencia dialéctico, la necesidad de colaborar en la negación de la antigua lípika y de abrirse a la nueva.

Es la fuerza que animaba al profeta Isaias cuando profetizó antaño en una alegoría espiritual que tenía relación con su visión sobre Egipto: «Donde están, oh Egipto, tus adivinos y tus augures y los que apelan a la tierra?».

Consecuencias maravillosas se derivan de todo esto, pues además del microcosmos, hay también un macrocosmos. No se trata solamente de una revolución microcósmica, sino también macrocósmica. Nuestro mundo está englobado en esta revolución y está bajo la influencia del espíritu. El manto del espíritu es, en Cristo, lanzado sobre este mundo de desorden; esto es un hecho cósmico. Por ello las luces de la lípika macrocósmica son igualmente apagadas y despojadas en primer lugar de un tercio de sus fuerzas. Esto explica lo que ocurre a menudo, en el mundo, muy contrariamente a lo que numerosos adivinos habían predicho. En el futuro será imposible predecir, y todos podremos decir: «Donde están vuestros adivinos y vuestros augures ?».

Quizá algún día, estudiando la lípika natural en vuestra propia vida, descubriréis que estas fuerzas han perdido considerablemente su poder. Si ello es así, dad gracias al Señor de toda vida, sacad las consecuencias de este fenómeno y sobre todo no os agarréis a lo que debe ser roto. No os resistáis al espíritu!

 

Ciertas experiencias maravillosas de vuestra vida de alumno de la Rosacruz, participando en su campo de fuerza, quizás confirman lo que hemos dicho. Todo alumno de esta escuela tiene parte en el espíritu que se expresa en ella, y vosotros sentís, desde el principio, la bendición en vuestra vida. Las fuerzas de vuestra lípika natural se oscurecen bajo la acción o la luz del espíritu de la Escuela y así recibís la gracia del espíritu, aunque no lo poseáis todavía. Sin embargo esta gracia os será de nuevo retirada si la utilizáis para fines dialécticos; y por ello os decimos que la luz será definitivamente vuestra pertenencia cuando no queráis ya existir como hombre dialéctico.

De pie en la luz, envueltos en el manto de la Escuela Espiritual, os deseamos que la luz del oriente se levante rápidamente para vosotros y que la sigáis cuando este sol brille.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVII

 

LA PALABRA HECHA CARNE

 

 

Un luminoso mensaje divino se dirige a todos, en la época de Navidad, e irradia sobre el mundo para que todos puedan escucharla: «A todos los que han recibido la luz, ella les ha dado el poder de volverse hijos de Dios». Ninguna llamada más maravillosa y más poderosa podría sernos dirigida. Es esta llamada la que nosotros os transmitimos igualmente. Nadie debe considerarse excluido, nadie puede decir: «Esta invitación no se dirige a mi».

«A todos los que la han recibido, les ha dado el poder». Es esta oferta perfecta la que nos da el coraje de dirigirnos sin cesar a vosotros, a fin de reiterar, bajo formas siempre nuevas, la invitación divina. El camino hacia la luz es accesible a todos. Y sin embargo, cuando hablamos del único camino que conduce a la liberación, experimentamos a menudo la sensación de cometer un crimen hacia vosotros. Cuando observamos vuestra tensión nerviosa, vuestra mirada frecuentemente llena de reproches, vuestra resistencia interior, si, incluso vuestra oposición; cuando nuestro trabajo con vosotros tiene frecuentemente el aspecto de una lucha, nosotros nos preguntamos: «Que hemos hecho?. A que coacción no os habremos conducido? «. Y cada vez nos parece que no hemos hecho más que colocaros con firmeza ante la llamada de la salvación: «A todos los que la han recibido, les ha dado el poder de volverse hijos de Dios».

Sabemos que el numero de enfermos nerviosos y mentales aumenta de hora en hora de una forma espantosa. La irritabilidad, la nerviosidad de los seres humanos es tan grande que incluso el concreto mensaje de salvación evangélico puede hacer aumentar la posibilidad de los casos de enajenación mental. Pueden ciertamente servirse de la invitación divina como de un bálsamo místico con el que abundantemente se untan los humanos.Pero un bálsamo tal tiene la propiedad, después de cierto tiempo, de no poder curar ya las heridas del alma.

La totalidad de la humanidad occidental ha llegado al limite extremo de estas posibilidades de reacción nerviosa. El mínimo motivo puede hacer fundir los fusibles y una crisis se vuelve así inevitable. Todo esto es la ilustración típica de los fenómenos que acompañan a una revolución cósmica. La situación se volverá todavía mucho más seria, de manera que podremos preguntarnos: «Quien es todavía normal?».

 

Igualmente, en los círculos de nuestra Escuela, podrían haber numerosas victimas, porque no existe ningún bálsamo místico y esotérico que pueda ayudar a sus alumnos. En vuestro estado no existe más que una posibilidad de salvación; una ruptura positiva. Por vuestra presencia en el campo de fuerza de la Escuela, habéis sobrepasado un poco al hombre de la masa. Esto no significa la liberación; solamente habéis sido impulsados hasta el limite de los posibilida­des dialécticas. Por este hecho, os habéis convertido en un habitante de la frontera. Nada os puede tranquilizar ya. Un equilibrio natural ya no es posible. Ni siquiera un potente derivativo podría traeros el menor alivio. Estáis rodeados por muros muy elevados, y solamente tenéis la elección entre la asfixia o el rompimiento de los muros. La asfixia es la consecuencia de una falta de atmósfera vital. Es una caída sin remonte. El rompimiento de los muros es también un doloroso acontecimiento, un proceso muy angustioso que, sin embargo, aporta la libertad, la luz y el amor al alma inquieta. Y aquí llega para vosotros el momento de la elección entre el dolor de la caída o el dolor de la liberación.

El hombre occidental ha supuesto, a lo largo de los siglos, en la ilusión de su supremacía, que el cristianismo y la materia (la vida superior y la vida inferior) podrían fundirse para formar una doble unidad. Esta ilusión es ahora aniquilada por los muros opresores que nos rodean. A propósito o por ignorancia, los hombres se han escondido, el mayor tiempo posible, mutuamente la realidad y la verdad. La crisis del declive está ahora muy cerca de nosotros, y los muros que nos aprisionan causan un sufrimiento en la vida de cada uno.

Es posible que, en el dolor y la fiebre de la búsqueda, descubráis que debéis cambiar vuestro dolor por otra clase de sufrimiento, el del rompimiento que conduce a la curación. Ahora bien, sin el sufrimiento que acompaña a la terapéutica cristiana, el rompimiento no se puede realizar.

Un río circula entre vosotros y la vida nueva en la libertad. Este río es bajo todos los conceptos un río de muerte, y vosotros debéis atravesarlo. Los antiguos hablaban de Estigia, el río de la muerte, que impedía al peregrino entrar en la Arcadia, el país de la felicidad. Y por ello, cuando el Evangelio hace resonar por el mundo el mensaje de la liberación: «A todos los que la han recibido, ella les ha dado el poder de volverse hijos de Dios», si respondéis a esta llamada habréis de atravesar vuestro Estigia para alcanzar vuestra Arcadia. La Estigia es la imagen de los muros que se oponen a vuestra travesía. Que habléis del Estigia o del Jordán, la imagen es la misma.

Nuestra misión es hablaros de los medios para atravesar el Estigia, del barquero clásico que debe transportaros a la otra orilla, y del salario que debéis ofrecer al barquero. Esto os será mas útil y testimonia mucho más amor que conversaciones sobre los temas: «Viva la paz» y «No hay peligro», o que tentativas emprendidas por enésima vez, para aturdiros por el misticismo.

«A todos los que la han recibida, ella les ha dado el poder de volverse hijos de Dios». Como se realiza esta aceptación y este don de poder?. El prólogo del Evangelio de Juan nos instruye:

<<Los que creen en su nombre,

que no son nacidos de la sangre,

ni de la voluntad de la carne,

ni de la voluntad del hombre,

sino de Dios>>.

Hay pues cinco condiciones a cumplir para poder atravesar vuestro Estigia. Primero debéis creer «en su nombre». Esto no debe ser comprendido en sentido literal, aunque numerosos son los que lo hacen y como consecuencia el sufrimiento de la asfixia no disminuye. Algunos dicen que en todo nombre hay una fuerza mágica. Podríais estar en condiciones de liberar cabalísticamente esta fuerza mágica y emplearla en vuestro servicio. Intentarlo pues! Liberad la fuerza mágica del nombre de Jesucristo, y ved si esta fuerza puede ayudaros. Desgraciada­mente! el sufrimiento de la asfixia no es abandonará.

 

Conocer un nombre, en el sentido de la lengua sagrada, es ser capaz de ver y de penetrar en el significado, el alcance, la altura, la longitud y la profundidad de una realidad esencial. «Conocer su nombre» quiere decir: comprender totalmente el sentido de la vida nueva, del Reino Inmutable. Creer en esta realidad no puede ser el resultado de conocimientos librescos, o de la audición de predicaciones y de conferencias o de una sugestión de vuestro subconsciente. «Creer» quiere decir aquí: «poseer una relación de conciencia absoluta con la vida nueva, la realidad eterna». Es la percepción de un vago fulgor a través de los muros. Esta débil claridad a través de los muros disminuirá ya el dolor de la asfixia y os hará sentir al mismo tiempo el sufrimiento de la aspiración a la luz, entrevista pero todavía no comprendida.

Para poder atravesar los muros, es necesario no haber nacido de sangre. Ahora bien todos hemos nacido de la sangre. La sangre de innumerables ancestros habla en cada célula de nuestro ser. Nosotros estamos unidos por la sangre. Tanto tiempo como ella hablé aún en nosotros, y que cada uno de nuestros pensamientos, cada uno de nuestros sentimientos y cada uno de nuestros actos testimonien de ello, el sufrimiento de la asfixia no podrá dejarnos, ni el dolor de la naturaleza que nos rodea. La sangre es el río de la muerte, es el Estigia. Debéis romper completamente la influencia de la sangre. Cuando el menor cuchicheo de la voz de la sangre haya desaparecido, veréis que las grietas empiezan a aparecer en los muros. La luz de la Arcadia, el país de la felicidad, penetrará allí cada vez más. Y además del sufrimiento de la aspiración sentiréis como una espada el dolor del contacto, la quemadura de la vida nueva. Experimentaréis, en el sufrimiento, la veracidad de las palabras: «Yo no he venido a traer la paz, sino la espada».

Para poder romper definitivamente los muros y aniquilar el dolor de la asfixia, no debéis haber nacido de la voluntad de la carne. Han llegado ya vuestras pasiones al silencio? Cuantas veces no os ha sucedido, cuando los muros os ahogaban y toda clase de conflictos se amontonaban en vosotros y alrededor de vosotros,  el llamar al dinamismo de vuestra voluntad para repeler las amenazas?.

No habéis tenido éxito.No habéis hecho más que desplazar los acentos, reemplazar una dificultad por otra. No creáis que el barquero podrá haceros atravesar el Estigia con la ayuda de vuestra voluntad o de vuestros poderes mágicos. El prólogo del evangelio de Juan está claro. Destruye en vosotros la ilusión de que la sangre purificada podría abriros las puertas de la Arcadia y que unos poderes mágicos, engendrados por la naturaleza, podrían demoler los muros que os rodean.

Todavía queda una cuarta ilusión, la de la liberación que procede de la voluntad del hombre. Cuando además del sufrimiento de la aspiración y la del contacto divino se manifiesta el sufrimiento de la impotencia, sentís igualmente el sufrimiento de la desesperación. El nacimiento según la voluntad del hombre se traduce por la sucesión de las generaciones, el mantenimiento de la raza, la muerte y la reencarnación.

Muchos se han imaginado que las revoluciones de la rueda eran el desarrollo de un camino en espiral. Esto es una gran mistificación. Esto es difícil de demostrar pues no podemos probaros que esta evolución de vida en vida es una quimera. Si llegamos a haceros atravesar un día esta mistificación y si logramos haceros comprender el verdadero sentido del dolor de la desesperación, habremos dado un gran paso adelante.

Pensad en Buda. Porqué se esfuerza desesperadamente por ser liberado de la rueda, liberado de la voluntad del hombre, liberado de la obligación de renacer sobre la tierra? Porque la marcha de vida en vida no es una marcha en espiral, sino una marcha circular.

 

Pensad en Jesús‑Cristo. Porqué rechaza actuar conforme a esta naturaleza, si la liberación está en el nacimiento en virtud de la voluntad del hombre? Porque el sufrimiento de la asfixia permanece cuando nos abandonamos a esta ilusión. El que descubre esta ilusión soporta el sufrimiento de la desesperación. El sufrimiento de la aspiración, del contacto, de la impotencia y de la desesperación es el cuadruple sufrimiento que destruye nuestras ilusiones. Y cuando esta «nada» absoluta, este «no ser nada» absoluto ha nacido del sufrimiento, vosotros estáis, en medio de vuestros muros rotos, vaciados y purificados, abiertos a la luz salvadora.

Este es el sentido de las palabras: «A todos los que la han recibido, ella les ha dado el poder de volverse hijos de Dios». Esta aceptación, esta acogida, no puede tener lugar más que en el yo vaciado. Solo un alumno que ha realizado esta condición puede «nacer de Dios», es decir, experimentar el contacto del espíritu de amor, del Espíritu Santo que atraviesa con su ardor el sistema preparado. «Nacer de Dios» significa la destrucción del antiguo sistema y la edificación del ser original. «Nacer de Dios» es la Palabra hecha carne.

Os traemos de nuevo este mensaje, este anuncio de la salvación: la transfiguración, consecuencia del cuadruple sufrimiento de la decadencia de la naturaleza. Nosotros, alumnos de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, llamamos a este proceso «el aniquilamiento en Jesús el Señor». El que quiera aniquilarse así atraviesa los muros y renace en el Espíritu Santo. El encuentra al barquero que le conduce al otro lado del río de la muerte. Ningún obstáculo puede ya perjudicarle. Con una certeza infalible, el guía le conduce hacia la luminosa vida de la Arcadia.

Quiera Dios que podáis reconocer el espíritu del campo de fuerza de la Escuela Espiritual. Escoged entre el sufrimiento de la asfixia y el sufrimiento de un nuevo nacimiento. Pues aunque el Cristo hubiera nacido mil veces en Belén y no en vosotros, estaríais perdidos de todos modos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVIII

 

EL ULTIMO DÍA DEL AÑO

 

El recuerdo de lo que ha pasado durante un ciclo anual presenta, para el alumno del atrio de la Escuela Espiritual, un gran interés. Esto no es preciso hacerlo especialmente el ultimo día del año pues, a lo largo de este, son numerosos los momentos en que el alumno siente la necesidad de reflexionar en todo lo que ha dejado tras él, y en todo lo que esta ante él.

Cuando por este recuerdo os alejamos de las costumbres y de las emociones comunes de la masa, el ultimo día del año toma para nosotros un sentido profundo y muy diferente. Desde el punto de vista cósmico, no retornamos, en efecto, a nuestro punto de partida, después de cerca de 365 días? Y desde el punto de vista microcósmico, no hacemos un viaje de 365 días a través de nuestra propia lípika? No podemos determinar de nuevo, después del cumplimiento de este ciclo, y de la misma manera que un año antes, el ángulo de incidencia de la luz de nuestro «yo»?

Si consideramos esto de esta manera comprenderemos que cada día marca el cumplimiento de un ciclo de 365 días, y que así el alumno se encuentra cada día al principio de una nueva marcha circular. Por esta razón la Biblia se dirige a cada alumno cuando dice: «Yo os he dado un día por un año».[3]

Estas palabras no tienen nada que ver con los cálculos de progresión de los horóscopos, como muchos se imaginan, sino que significa que cada día debe vivirse como un año, como una realidad inteligente y vibrante. El alumno debe adquirir un poder sobre el tiempo. Debe liberarse de la influencia del tiempo. No retardar la marcha del tiempo ni esforzarse en acelerar o cambiar la naturaleza de este . Debe escaparse de él. Debe hacer triunfar la eternidad en el tiempo. Esta es una tarea tan poderosa, de un carácter tan mágico y transfigurístico, que todo el fárrago de la astrología progresiva, comparado con esto, es como un juego pueril, un sucedáneo condenable.

«Yo os he dado un día por un año». Que hacéis vosotros, cada día de cada año? No os esforzáis, cada día de cada año en llegar a un compromiso, en encontrar una solución compatible con el tiempo?

La mayor parte de los hombres siguen manteniéndose, consciente o inconscientemente, en el nivel de la antigua magia perso-caldea que tenía una fuerte tendencia astrológica. Que es la astrología en su esencia sino un pacto con el tiempo?

 

La astrología es la ciencia que se las ingenia para encontrar una respuesta en cuanto a las radiaciones emitidas por la lípika; y la lípika forma los muros del tiempo. La lípika es la telaraña del destino, cuyos hilos enmarañados nos retienen prisioneros. Los hombres buscan ralentizar la marcha del tiempo a causa de las angustias que experimentan ante acontecimientos y situaciones inevitables, e igualmente se esfuerzan en acelerar y forzar la marcha del tiempo para ver realizarse sus esperanzas. Encontramos estas dos tendencias fundamentalmente en todos los hombres, al igual que la perpetua lucha para cambiar la naturaleza de lo que el tiempo ha hecho nacer, o ha podido aportar. Es indiferente que, cogidos en los enredos de la telaraña del destino, reaccionemos espontáneamente o con un cierto método científico; siempre resulta que todo hombre de esta naturaleza es interiormente un astrólogo.

Así descubrimos que, durante los millares de años transcurridos, los puntos de vista habituales del hombre han cambiado de nombre pero han permanecido exactamente los mismos. Para el espíritu verdadero estos miles de años de lucha dialéctica son comparables a un día. «Yo os he dado un día por un año». Vivís en el mundo del tiempo. Se os ha ocurrido ya, sobre la base de una inspiración, considerar todos estos años, esta vida entera, en la balanza de un único día?. Un año es un ciclo que, en el mejor de los casos, es una marcha circular que comporta algunos ascensos, seguidos inevitablemente de descensos. Para el espíritu estos millares de movimientos circulares son idénticos.

«Para Dios, mil años son como un día». No hay en esto la menor progresión. Todo lo que ocurre ya ha sido y todo se vuelve extremadamente fatigoso. De la misma manera que un animal en el jardín zoológico sube y baja continuamente los pequeños escalones de su jaula, así nosotros nos precipitamos sobre las escaleras de nuestra tela de araña, yendo del borde al centro, y del centro hacia el borde.

Nosotros subimos el primer escalón con prudencia. Exploramos todos los rincones. Esto no tiene sentido. Escalamos el segundo escalón a una velocidad que nos corta la respiración. Subimos el tercer escalón como hombre religioso que respeta el ceremonial de costumbre. Los hilos entremezclados nos encarcelan. Abordamos el cuarto escalón con la habilidad que confiere el entrenamiento científico. Que sentido tiene todo esto para nosotros?. Para Dios, mil años son como un día, enteramente idénticos. «Yo os he dado un día por un año!». Cuando el alumno coloca esta realidad ante sus ojos, aunque no sea más que algunos días, cuando llega a ser consciente de ello, únicamente entonces celebra verdaderamente su «ultimo día» del año.

Vivir este día a la manera de un hombre religioso y decidir que el año siguiente será mejor no tiene el menor sentido. Incluso si tomaseis esta resolución partiendo de un punto de vista diferente, no sacaríais de ello ninguna ventaja. Os quedaríais siempre sobre uno de los escalones que conducen al mismo centro dialéctico.

El ultimo día del año no tiene un sentido verdadero y profundo más que cuando significa el adiós definitivo a la tela de araña, al tiempo. Una noche tal no se celebra más que una vez, y esta vez es suficiente.

 

El hombre de esta naturaleza celebra una vez al año el ultimo día del año. Pero esto es un error. Los hombres hablan sin cesar sobre lo que, para ellos, es antiguo y nuevo; no hay nada antiguo ni nada nuevo; todo es siempre semejante, y las cosas permanecen igual. En el centro de la tela se encuentra la gran araña rojo‑sangre. Y allí donde estéis agarrados a la tela, en el plano religioso u oculto, materialista o humanitarista, ella sabe encontraros. Cuando llegue la medianoche, escalaréis de nuevo, como el animal en su jaula, vuestra pequeña escalera. Pues vuestro campo de vida está animado por un movimiento continuo. Debéis caminar hasta vuestro ultimo suspiro… y después de este ultimo suspiro, será necesario comenzar por un primero. La araña rojo‑sangre, el sol de vuestra lípika, dirige vuestros pasos.

 

«Yo os he dado un día por un año!». Cada día de cada año podéis terminar con este juego lúgubre. Cada día de cada año podéis celebrar realmente vuestro ultimo día del año, tomando la decisión de seguir el camino de la Transfiguración. La araña rojo‑sangre y sus servidores harán innumerables esfuerzos para reteneros en los hilos de la tela. Sin embargo, si estáis firmemente resueltos, esto no les servirá de nada. Podréis realmente alegraros y decir: «Todo lo antiguo ha pasado; ved, todo se ha vuelto nuevo».

Detengámonos un instante ante la expresión «decidirse por la transfiguración». Que sentido tiene esto para vosotros? El hombre decide hacer algo, adherirse a alguna parte, por ejemplo hacerse miembro de una asociación religiosa; primero, se informa. Hay en el mundo innumerables confesiones a las cuales los hombres pertenecen por los lazos de la sangre o porque piensan, de esta manera, que llegaran a ser mejores. Sin embargo, observarlo bien, no podréis jamas llegar a ser miembros de la Escuela Espiritual, ni alumno en el sentido de «estudiante». Decidirse por la transfiguración quiere decir elevarse en un acto inmediato, viviente y vibrante.

 

Todos los hombres pertenecen a algo. Iglesias, templos, crecen en el mundo como champiñones! Sería muy diferente si no existieran? Para la araña rojo‑sangre habría en ello alguna diferencia?

«Yo os he dado un día por un año». Cristian Rosacruz estaba sentado la víspera de Pascua en su cabaña. Este día fue para él el último día del año. Cuando la llamada del mensajero le llegó y hubo tomado conocimiento de ello, se quedo muy turbado. Era algo muy diferente a lo que él se esperaba. Comprendió que si respondía a la invitación, debía quemar sus naves. Y esto es enteramente contra natura. En el plano material, ocurre aunque se de un salto de un escalón. Sin embargo una decisión, un paso en el sentido del transfigurismo debe ser absoluto y definitivo. No se puede hacer un ensayo, pues este ensayo seria un esfuerzo hecho por el yo egoísta. Ahora bien, en todo intento, el «yo» permanece escondido en un rincón; se dice : «Si la tentativa no resulta, siempre tendré el recurso de regresar a los ejercicios del trapecio de la tela de araña».

«Yo os he dado un día por un año». Sabéis que cada órgano, cada cosa, cada cuerpo, está compuesto por células vivas. Cada célula es un mundo en si mismo, con un núcleo, un campo de vida y una lípika. Reunida con otras células, con otros sistemas vivos, la célula forma una cosa, un órgano, un cuerpo. Por tanto tiempo como la célula permanezca enteramente conforme a su propia naturaleza,  por tanto tiempo como las demás células se comporten de la misma manera, la cosa, el cuerpo, permanecerá en buen estado.

Vuestro microcosmos es una célula provista de un núcleo que es vuestra personalidad, con un campo de vida y con una lípika. Esto lo sabéis. Con todos los demás microcosmos de naturaleza enteramente parecida a la vuestra, formáis este monstruo que es el orden mundial dialéctico, el gran cuerpo multiforme de esta naturaleza. Y en el corazón de este gran cuerpo vibra la araña rojo‑sangre, el dios de la naturaleza, el príncipe de este mundo, como lo llama la Biblia.

Un cuerpo viviente posee órganos diversos y numerosos, que disponen cada uno de una estructura celular propia. Las células que componen los diferentes órganos presentan diferencias, pero estas no son fundamentales; tienen a lo sumo, matices. El ser monstruoso de vuestra naturaleza conlleva igualmente matices que tampoco son fundamentales.

 

Vosotros habéis oído hablar de la ciencia nuclear. Por esta ciencia se persigue, utilizando poderosas fuerzas, cambiar el carácter fundamental de ciertas moléculas. El resultado de ello debe ser una terrorífica explosión. Ved en esto la imitación dialéctica, científica, de la transfiguración. Esta imitación debe, para los guardianes del orden mundial, conducir a una gran catástrofe. Pues si, en un momento dado, se generaliza la fisión nuclear, se cambia el carácter del gran cuerpo que es el mundo, provocándose así una revolución cósmica. La tela de la araña rojo‑sangre se destroza.

Vuestro microcosmos es una célula en el gran organismo complejo de la araña rojo‑sangre. No solamente estáis suspendidos en la tela de araña y allí combatís, sino que sois parte integrante de ella. Queréis todavía celebrar el último día del año? No hay en ello algo risible?.

«Yo os he dado un día para un año!». Volvamos a los principios de la fisión nuclear. Que ocurre? Empleando una gran energía, se provoca la fisión del núcleo de un átomo, lo que da como resultado la liberación de otra energía que se puede emplear inteligentemente.

Este proceso totalmente contra natura, este proceso de rompimiento es sin embargo realizable en la naturaleza. En otros términos, aunque formando parte de la telaraña, todo microcosmos viviente tiene la posibilidad de liberarse el mismo de su prisión. No por medio del misticismo o del ocultismo, sino por el transfigurismo. Este es un proceso muy explosivo y muy dinámico. Esta es una liberación que debe realizarse «en el temor y el temblor».

Es necesario, primeramente, que el microcosmos reflexione sobre la naturaleza y la esencia de la redención a la que debe someterse. Luego el alumno se prepara. Cuando la reflexión y la preparación son realizadas llega el momento en que la gran fuerza, que viene del exterior, puede comenzar el trabajo de la división de la célula.

Nosotros designamos a esta gran fuerza de transformación y de transmutación, como la fuerza de la Fraternidad Universal; la Biblia habla de la fuerza de Dios en Jesús el Señor, por el Espíritu Santo, o simplemente del Espíritu Santo. Este es el Espíritu Santo que, en cooperación con el mismo microcosmos, hace cambiar completamente la naturaleza y la esencia de este, y le confiere una nueva fuerza que puede ser empleada inteligentemente. Las primeras resoluciones para recorrer este camino indican la última noche del antiguo año para el alumno; los primeros pasos sobre este camino, abren para él el año nuevo.

«Yo os he dado un día para un año!». Cada día podéis empezar a celebrar el adiós. Podéis emplear cada día en vuestro comienzo. Cada día podéis liberaros de la influencia de la muerte roja. A todos los que le aceptan, él el gran liberador, el Espíritu Santo, les ha dado poder de conducir la gran revolución microcósmica hasta la victoria.

Por ello, en este sentido, os deseamos «un feliz año nuevo!». De lo que es viejo a lo que es nuevo, por la gran revolución.

 


[1]     Es a propósito el que evitemos describir los aspectos científicos de la cuestión, pues la experiencia nos ha enseñado que este conocimiento conducía a descuidar la esencia misma de la revolución atmosférica.

[2]     Denominación esotérica.

[3]Ezequiel 4:6, traducido según la Biblia holandesa, versión de 1637 de los Estados Generales

 

LA GNOSIS UNIVERSAL

 

 

 

 

Por

 

 

 

 

JAN VAN RICKENBORGH

 

 

Y

 

 

CATHAROSE DE PETRI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

Le ofrecemos a continuación veinte cartas dirigidas a todos nuestros amigos espirituales, conocidos y desconocidos, con la esperanza de que muchos de ellos puedan encontrar, gracias a ellas, el camino de la Gnosis Universal.

 

La Fraternidad Universal ha iniciado una actividad destinada a despertar en el mundo entero el interés de la humanidad por la antigua sabiduría que lo contiene todo en sí misma. La base y el objetivo de esta actividad es hacer penetrar con gran fuerza la verdad eterna en las tinieblas de este mundo, antes de que se cumpla, tal como la ley lo ha prescrito, el actual período de la humanidad.

 

Excavaciones y descubrimientos acompañarán a la voz de los trabajadores mundiales. Aparecerán muchas publicaciones sobre la Gnosis y toda la humanidad tendrá la posibilidad de reflexionar y decidirse firmemente sobre la actitud a tomar con respecto a la verdad imperecedera, tal como está fijado en el devenir de los acontecimientos. De esta manera debe cumplirse lo que la lengua sagrada de todos los tiempos ha manifestado.

 

Jan van Rijckenborgh

Catharose de Petri

 

                                                                           I

 

LA VERDADERA GNOSIS Y LA FALSA GNOSIS

 

 

Cuando se lee un texto sobre la Gnosis (concepto que significa literalmente «conocimiento») o cuando se oye hablar de ella, se asocia generalmente este concepto al de «conocimiento escondido», y designamos con la acepción de «gnóstico» a todo lo que presenta un aspecto misterioso y, por lo tanto, escondido al hombre natural denso.

 

La Gnosis fue originalmente la síntesis de la sabiduría original, la suma de todo el conocimiento que orientaba de forma directa hacia la vida original divina. Esta vida original era como una ola de vida humano-divina no terrestre.

 

Los hierofantes de la Gnosis fueron -y todavía son- enviados del Reino Inmutable; aportaban la sabiduría divina a una humanidad extraviada, mostrando el único camino a todos aquellos que, en calidad de hijos perdidos, quisiesen regresar a la Patria Original.

 

Esta Gnosis, tal como la anunciaron los hierofantes-mensajeros, nunca fue plasmada en un libro, sino que era transmitida oralmente de instructor a alumno. No obstante, nadie debe suponer que esta transmisión oral de la Gnosis haya sido completa. Por una parte, existía un contacto con el grupo; y por otra, un contacto con el candidato mismo. En este doble contacto se tenía en cuenta minuciosamente el estado de ser del candidato, y sólo se revelaba al candidato lo que pudiera serle útil o necesario.

 

También podemos decir con certeza que en las regiones dialécticas no existe nadie a quien le haya sido revelada la Gnosis en su totalidad; quien dice saber no sabe, y quien conoce la Gnosis no habla. Ésta es una ley de los misterios universales que se hizo rigurosa desde el momento en que se impuso la necesidad de un orden natural dialéctico.

 

El hombre dialéctico, debido a su egocentrismo y a su conciencia separada del espíritu, tiene la propiedad característica de utilizar todo aquello que puede captar y asimilar, ya sea de un nivel elevado o inferior, para reforzar su propio estado. Por consiguiente, revelar la Gnosis a tales entidades no contribuiría a su salvación, sino a su perdición definitiva.

 

Por esta razón, la Gnosis jamás ha sido consignada en su plenitud, jamás ha sido transmitida oralmente en su totalidad; ya que hay muchos que, rápida y muy fácilmente, le darían una interpretación intelectual, llegando a provocar con ello un gran daño, tanto a sí mismos como a los demás.

 

Podemos comprender de esta manera que la revelación de la Gnosis es un proceso que se desarrolla al mismo ritmo en que el alumno avanza en el camino. La ley dialéctica: «primero saber, después actuar», sólo se puede aplicar aquí de manera muy limitada. Para ser capaz de poseer la Gnosis, para poderse acercar a la «esposa celeste», el alumno debe actuar primero.

 

Este actuar es hacer de cada paso un acto responsable e inteligente. Este acto inteligente se examina con gran cuidado. Los hierofantes nunca pueden ser engañados.

 

 

Un acto pseudo-inteligente es pura especulación en la que el yo se mantiene al acecho, agazapado en un rincón; un acto pseudo-inteligente no es más que una pose, y tal acto se desenmascara siempre.

 

¿Cómo puede un hombre, que anda a tientas en la oscuridad de la noche, llegar a este acto inteligente que abre el camino a la Gnosis?

 

Para ayudarle en esto, los hierofantes han venido hacia nosotros. Aunque la Gnosis no se revele, no obstante se habla y se escribe acerca de ella: «Porque Dios ha amado tanto al mundo que ha enviado a su Hijo unigénito, a fin de que todos los que crean en Él no perezcan, mas tengan vida eterna.»

 

El Hijo de la Luz es una realidad, y se trata de saber ahora si usted percibe algo de Él. Percibir algo de Él quiere decir ser tocado por Él; ser tocado por Él significa tener la posibilidad de un acto inteligente. ¡Esto es creer! Creer nunca significa adherirse a un sistema.

 

Los hierofantes de la Gnosis le hablan, por ejemplo, del desierto del Gobi y de la maravillosa vida en Shambhala. Ahora podría ocurrir que usted se precipitase inmediatamente a una biblioteca, con el propósito de informarse sobre el Gobi y sobre Shambhala, para estar al corriente de todo lo que se sabe al respecto. La característica de tal comportamiento es inevitablemente la de una actitud egocéntrica. La elaboración mental excluye cualquier posibilidad de contacto con la Gnosis.

 

Sin embargo, puede ser que usted perciba en su interior «la voz» al leer u oír algo sobre la Fraternidad de Shambhala (*). En este caso, la Gnosis se acerca a usted en concordancia con la pureza de su receptividad y con el acto espontáneo que de ello pueda resultar.

 

La Fraternidad no malgasta la más mínima partícula de energía.

 

Imagine que oyera decir de un instructor desconocido: «El camino que conduce a la luz es un camino de salud, de libertad y de alegría». Suponga que estas palabras sean pronunciadas en el templo del atrio de la Rosacruz. Un diamante se encuentra escondido en estas palabras y se observará con atención si usted se da cuenta de la radiación de esta joya y del efecto que su radiación produce en usted.

 

Por ejemplo, si usted estuviera enfermo se interesaría mucho por un camino que le llevara a la recuperación de la salud. Si por alguna circunstancia usted sufriera una dura privación de la libertad, un camino que le condujera a ella ejercería en usted un gran incentivo. Y si sufriera muchas penas y dificultades, evidentemente le atraería la posibilidad de lograr una felicidad verdadera y eterna. En tales condiciones, ¿percibiría usted el diamante escondido y podría notar su centelleo? ¿No sería su reacción más bien dialéctica? Se le atrapa, justamente, por su hambre y por sus ansias.

 

¿A quién le falta la luz? ¿Quién aspira a la luz universal como un alma que se consume de deseo, privada de todo, abandonada mortalmente? ¿Quién ama con cada fibra de su ser la fuente original de la luz? ¿Quién posee aún esta aspiración primordial de la unificación con Dios? ¿Quién vive en su interior la voz del salmista?: «Como la cierva que suspira ante las corrientes de agua, así mi alma suspira por Ti. ¡Oh Dios mío! Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo iré y apareceré ante la faz de Dios?» ¿Quién posee verdaderamente esta sed fundamental de Dios cuando le falta la salud, la libertad y la alegría?

 

Y, sin embargo, esto es lo que exige la Gnosis. Es en esta sed de luz donde se encuentra escondido el diamante centelleante. Con esta exigencia fundamental empieza la Gnosis, empieza el Sermón de la Montaña: «Bienaventurados los pobres de espíritu», es decir, bienaventurados quienes aspiran al espíritu, a la luz. Quien está en ese anhelo, en ese amor, y se entrega completamente a él, quien encuentra en él toda su riqueza, todo le será dado por añadidura.

 

 

Cuando el Espíritu Santo se acerca a María, «la que se volvió», aquélla cuya alma se «ha vuelto» hacia la luz, para ofrecerle la síntesis portadora de salvación, se dice: «Y María conservó todas estas palabras en su corazón». Conservar algo en el corazón testimonia un estado de amor perfecto hacia Dios; es poseer la joya centelleante en calidad de radiación del corazón que va hacia todo y hacia todos. La mujer que de manera impersonal puede hacer brotar del santuario del corazón tal fuerza de radiación es una Madre de Dios, una María, una Isis, ya que posee la luz que aporta la salvación y, a su debido momento, la irradia para el mundo y la humanidad, ofreciendo la Gnosis a todo aquél que aspira a esta luz.

 

Y cuando el viejo Simeón percibe esta luz del corazón en el templo, desde lo más recóndito de su ser interior, exclama: «En verdad, éste ha venido para la caída y para la resurrección de muchos».

 

El hombre que de manera impersonal puede hacer brotar del santuario del corazón esta fuerza de radiación es José, el carpintero; es el constructor que da nacimiento al impulso que llama y despierta. Es el destructor del infierno; el que, alejado del fuego de la pasión, no fuerza ni a sí mismo ni a los demás, sino que en perfecto equilibrio hace uso de todas sus herramientas para abrir a la Gnosis, es decir a la eternidad, la entrada en el tiempo.

 

Él no se avergüenza de tomar a María como esposa, como compañera en el tiempo y en la eternidad, ya que lo que ha sido engendrado en ella no ha sido fruto de la voluntad del hombre, sino del Espíritu Santo. El egoísmo y la arbitrariedad desaparecen y sólo queda el amor de Dios, que sobrepasa toda comprensión, que forma a José y cubre con su sombra a María.

 

¿Puede aún, el hombre dialéctico, conservar de esta manera algo en su corazón? Lo que en su corazón posee, ¿no es en gran parte sinónimo de misticismo, sentimentalismo y emoción?

 

Los hierofantes de la Gnosis observan esto con gran atención y por ello le escribimos esto. Ahora puede saber cómo trabajan. Ellos hablan de la sabiduría universal, pero no se la ofrecen en una bandeja de plata; mezclan en sus palabras toda clase de aguijones escondidos, con el fin de lograr una reacción, o bien se esfuerzan en provocar esta reacción por medio de sus actos. Ellos consideran atentamente de qué tipo y cualidad es esa reacción. En la medida en que el alma, es decir, la conciencia, renuncie a sí misma rindiéndose a lo eterno, la Gnosis se manifiesta. Éste es el camino que recorre con usted la Rosacruz, en calidad de servidora de la Gnosis y por esta razón es imposible la revelación de la Gnosis en su totalidad y su presentación como sistema.

 

Sin embargo, como habíamos mencionado antes, se puede hablar y escribir sobre la Gnosis, indicando el camino que conduce a Ella. Todo lo que hacen los hierofantes con esta intención es más que suficiente para conducir al aspirante al acto inteligente fundamental.

 

Creemos necesario alejar una posible equivocación. En efecto, muchos suponen que la Biblia es el lenguaje de la Gnosis, la Gnosis revelada. ¡Esto es un error! También la Biblia da testimonio de la Gnosis y habla de ella; le pone en comunicación con Dios. Asimismo es inexacto que se pueda aprender a leer la Biblia de un modo más profundo, valiéndose de claves y métodos ocultos y cabalísticos.

 

Recientemente, mientras que hablábamos de Shamballa, alguien vino a contarnos que en el origen Shamballa se escribía con una <<h>> al final y que conservando esta <<h>> muda se podía cabalísticamente aproximarse más a la idea contenida en esta palabra. Nosotros respondimos que no teníamos ninguna necesidad de esta consonante y que no teníamos la intención de hacer un regalo a nuestros condiscípulos; pues si por semejante procedimiento podíamos penetrar en el secreto de una palabra, el secreto desvelado presentaría un gran peligro para el profanador, y jamás podría ser liberador.

 

Las ciencias cabalísticas y otras, tales como la astrología, pertenecen a la falsa gnosis. El término «falsa» se toma aquí en el sentido de puramente dialéctico, totalmente arraigado a esta naturaleza, y no directamente en sentido de malo o culpable.

 

Usted debe entender bien lo siguiente: el lenguaje es el medio por el cual el hombre expresa sus pensamientos, sentimientos e intenciones. El lenguaje dispone de una forma oral y de una forma escrita. Si usted no escucha el sonido, o no comprende la imagen escrita, entonces es posible analizar esta figura oral o escrita, y descubrir la idea contenida en ella, por medio de una ciencia del lenguaje o con la ayuda de diferentes métodos existentes. Sin embargo, si la forma oral o la escrita no le revelan nada, un análisis cabalístico o de otro tipo tampoco le aportará nada nuevo.

 

Tomemos por ejemplo la palabra «Jesús». Si analizamos cabalísticamente esta palabra obtenemos «portador de la salvación» o «liberador». Para un hombre que se cierra herméticamente, tanto el nombre como su significado, su profundidad interna, carecen absolutamente de sentido. Para quien se ha abierto a la Gnosis, la palabra y su forma sonora no encierran ningún secreto que deba revelarse. Quien ha llegado a este punto, sabe. Y quien no ha llegado todavía a este nivel, no tiene ninguna necesidad de saber, ya que haría de este conocimiento una vanagloria egocéntrica.

 

¿No existen infinidad de cosas escondidas en la Biblia? Cierto, pero nadie puede servirse de las cosas escondidas si no ha sido iluminado interiormente. La Biblia nos relata muchas conversaciones entre instructores y alumnos. Si usted se vuelve un verdadero alumno de acuerdo con lo que prescribe la ley no tendrá ya ninguna tendencia a sustraer cabalísticamente el sentido profundo escondido. Ningún conocimiento así adquirido puede ser liberador en manera alguna, ya que no es la «sabiduría que sobrepasa toda comprensión». Si usted recorre el camino todo le será dado por añadidura, y en la forma oral o escrita encontrará, en el mejor de los casos, la confirmación de lo que ya ha recibido gratuitamente.

 

Así, ahora podríamos preguntar: ¿Tiene la Biblia, en resumidas cuentas, razón de ser y utilidad alguna? La Biblia sólo tiene razón de ser si cumple o si puede cumplir su misión, su finalidad. Los autores de la Biblia tienen el deber de agitar al hombre dialéctico con el fin de despertarle y dirigirle hacia la Gnosis, la cual, sin derroche de palabras toca a este hombre dialéctico en su cruda realidad.

 

Cuando este despertar se produce, tal como es descrito en el Sermón de la Montaña y por boca de Pablo, nadie siente la necesidad de un análisis cabalístico. Y cuando Jesús el Señor habla de los sepulcros blanqueados, blancos por fuera pero llenos de osamenta y de veneno en el interior, el hombre más obtuso comprende perfectamente estas palabras, tan perfectamente que no podría entenderlas mejor.

 

Tenemos el deber de señalarle todavía otra equivocación estrechamente ligada a lo que precede. Los mensajeros de la Gnosis se dirigen, con la ayuda de la misma forma oral o escrita, a diferentes grupos de hombres al mismo tiempo. No se trata de grupos que poseen un nivel de conciencia diferente como consecuencia de las diferencias de carácter nacional o de estado sanguíneo; se trata de grupos que se encuentran en espirales diferentes, en busca de la verdad. Cada uno de estos grupos extrae de la forma oral o escrita lo que puede serle de utilidad.

 

Por ello, es extremadamente absurdo importunar a alguien perteneciente a un determinado grupo con una llamada que no se dirige a él y que en ningún aspecto puede ayudarle. Así, lo que no le concierne se le presenta en forma velada; no necesitándolo, no lo capta. Guárdese bien de interpretar intelectualmente lo que está escondido o de parodiarlo místicamente. No trate de alcanzarlo o de retenerlo por medios ocultos. Tal Gnosis no le pertenece, y si a pesar de todo usted se apodera de ella, se le volverá una carga de plomo y un alimento indigesto.

 

La Gnosis se presenta a cada uno en el lenguaje que le es más comprensible. Ella indica a cada uno el camino y todos pueden acercarse a ella mediante un acto inteligente y fundamental.

 

 

 

 

                                                                          II

 

PABLO Y LA GNOSIS

 

 

En nuestra carta anterior explicamos ampliamente que la Enseñanza Universal no es formulada nunca por escrito y que ninguna transmisión oral la sustituye. Una transmisión oral al ser humano dialéctico y egocéntrico provocaría grandes peligros. Los instructores se limitan a hablar de la Gnosis de manera circunspecta para asegurar una debida protección.

 

La Biblia se limita a dar testimonio de la Gnosis, dirigiéndose con ello a siete espirales de conciencia diferentes. Por esto, la Biblia puede ser leída de siete maneras distintas.

 

Algunas personas piensan que existen métodos, claves cabalísticas y otras formas de ocultismo natural con los que se puede penetrar en estas espirales. Son numerosos quienes reaccionan así y, basándose en ello, creen poder llegar a sondear plenamente las profundidades interiores del mensaje gnóstico. Pero nada es menos cierto. Quien se acerque a la Biblia no verá ni leerá en ella más de lo que corresponda a su nivel de conciencia. La espiral que concuerda con su conciencia puede ser alcanzada sin esfuerzo y sin necesidad de utilizar ninguna clave para ello. Cuando un buscador tiene acceso intelectual o emocional a una espiral para la cual no está preparado, toma un alimento inasimilable para él y, por ello, altamente especulativo y dañino.

 

Cada tema de la Biblia es como un cuadro con siete perspectivas. Cualquiera que examine este cuadro descubre en él su propia perspectiva, y si alguien le preguntara: «¿Ve usted esto o aquello?», esta actitud sería incorrecta y frecuentemente perjudicial.

 

Usted sabe que el Lectorium Rosicrucianum constituye una Escuela Internacional de la enseñanza gnóstica. Pero sin duda alguna usted cometería un grave error si pensara que el objetivo de nuestra Escuela se limita a la presentación de esta enseñanza gnóstica. Desgraciadamente, millones de hombres en el pasado han confundido siempre filosofía y religión, y son innumerables hoy en día los que siguen confundiéndolas. Una orientación filosófica en un hombre no es una orientación religiosa. Muchas veces se ha sostenido que con una asimilación filosófica se puede llegar a una auténtica disposición religiosa, o viceversa. Sin embargo, nada es menos cierto.

 

Muchos piensan que el estudio profundo de la enseñanza y de la Escuela de la Rosacruz les permitirá conocer a fondo el camino de la transfiguración y así poder recorrerlo. Existen alumnos que no dejan escapar una sola palabra, que retienen cada disertación filosófica y que, comparables a una enciclopedia ambulante, serían capaces de repetirla de memoria. Hay alumnos que saben exactamente qué exigencias requiere la transfiguración aunque no hablen de ello. Lo saben y lo retienen como una joya preciosa que se guarda cuidadosamente.

 

¿Nunca ha sospechado, no obstante, que todo esto es un producto del intelecto natural, y que esta intensa actividad del pensamiento aprisiona su conciencia? El pensamiento natural, el cultivo del aparato mental natural con la ayuda de métodos intelectuales, causa más daño a su conciencia que un régimen carnívoro. Muchos alumnos en el atrio han vuelto todo su desarrollo puramente ilusorio, precisamente a causa de esto. Una actividad fundada sobre una forma mental nunca tiene la fuerza suficiente para poderse conservar como una realidad. La mayoría de las veces tiene una existencia efímera y otra especulación no tarda en ocupar su lugar.

 

 

Innumerables personas reemplazan el método intelectual por el método emocional. Con todo su potencial sentimental se orientan hacia la vida liberadora incognoscible. Denominan a esta vida «Dios» o «Cristo», y con todo el caudal de sus sentimientos se aferran a su dios o a su Cristo. Se abandonan así con plena confianza a su religión natural. Sin embargo, esta confianza siempre les defrauda y el resultado es siempre diametralmente opuesto. Día tras día, hora tras hora, desde tiempos inmemoriales, la corriente emocional de innumerables seres se dirige, sin ningún resultado, hacia la vida liberadora. La vida sentimental ordinaria, el cultivo de la vida natural del corazón con la ayuda de métodos emocionales hace más daño a su conciencia que la nicotina. Precisamente a causa de esto muchos alumnos en el atrio han hecho del conjunto de su desarrollo algo puramente especulativo.

 

Muchos seres humanos se engañan a sí mismos refugiándose en la tendencia opuesta; quienes tienen una predisposición intelectual se refugian en la emoción y quienes son emocionales se someten a la razón. Sin embargo, usted podrá desenmascarar estas artimañas dialécticas. Podemos perseverar durante mucho tiempo en una actitud determinada con la ayuda de estos «trucos». También el mundo está repleto de esto.

 

En general, usted no se da cuenta de ello porque está atado a la rueda del nacimiento y de la muerte. Cuando, después de una vuelta completa de la rueda, usted regresa al plano terrestre, ha olvidado completamente, por su nacimiento a partir de otra sangre y por su nuevo estado de infancia terrestre, cómo se le ha engañado en la vida anterior con todas estas cosas. Al lado de la cuna, su madre le canta dulcemente: «Gira la manita una vez más, aplaude con las manitas». Y golpea con sus manos y hace girar la ruedecita de acuerdo con sus inclinaciones. ¿Qué otra cosa puede hacer?

 

Hasta que, en un momento dado, empujado por el amor y la misericordia de Dios, entra en contacto con la Rosacruz. ¿Qué sucede en la Escuela de la Rosacruz? ¿Se le ayudará a hacer girar una vez más la ruedecita mediante un método que se acople a su propia manera de ser, ya sea intelectual o emocional? ¡De ninguna manera!

 

Algunos piensan que la Escuela de la Rosacruz es el atrio para penetrar en la escuela de los misterios de los antiguos métodos. Un estudio filosófico, una enseñanza, una síntesis de métodos y su aplicación, toda una serie de iniciaciones, etc. Todo terriblemente misterioso y acompañado de mucha magia ceremonial. Si tal es su concepto, ¿cuántas veces más deberá dar palmadas con sus manitas?

 

La Escuela de la Rosacruz viene a usted con la Gnosis. ¿Qué es esto? No es una filosofía, ya que no hace una llamada a su facultad intelectual; tampoco es una religión, ya que no se dirige a su capacidad emocional. La única concesión que la Gnosis le proporciona es el venir a su encuentro, al comienzo, detrás de la forma oral o escrita.

 

Pero, ¡ay de aquél que tome la vestimenta de la Gnosis por la Gnosis misma! ¡Cuántas veces más deberá hacer girar aún la ruedecita!

 

Quizás diga: «Oh sí, ya sé, la vestimenta es lo exterior. Debemos tomar la imagen interior». Si usted piensa o habla así, comete el error más grande de su vida.

 

Para defender su punto de vista, tal vez usted se referirá a los innumerables sistemas gnósticos que han existido en el pasado. Hubo tiempos en los que los sistemas gnósticos se excluían mutuamente como sectas religiosas. Estos sistemas hablaban en términos vagos y misteriosos de la vida superior en la cual el alumno podía participar, a condición de atravesar el revestimiento exterior, de seguir el sendero, de utilizar la magia ceremonial, etc. Si se penetraba en los templos misteriosos se encontraban allí cara a cara con los maestros.

 

¡Qué gran error! Es posible distinguir inmediatamente la falsa gnosis de la verdadera Gnosis.

 

Hemos establecido que:

 

 

11        La Enseñanza Universal nunca ha sido fijada por escrito;

21        nunca se ha transmitido oralmente;

31        para acercarse al público, la Gnosis se reviste de una forma oral o escrita;

41        la Gnosis no está contenida en esta forma oral o escrita; esta última ofrece solamente una posibilidad de contacto;

51        desde el punto de vista de su acción, este contacto es séptuple; quien se encuentre en la séptima espiral está en contacto con la séptima forma oral o escrita, sin embargo no conoce a la Gnosis mejor que otro y, de hecho, no la posee;

61        la Gnosis no se acerca a nadie por medio de un método; y,

71        la Gnosis no abre el camino a un alumno en particular ni le proporciona un maestro.

 

¿Cuál es, entonces, el objetivo de la Gnosis? La Gnosis sólo es fuerza, radiación y luz. La Gnosis es una radiación del Reino Inmutable, unida a nuestro microcosmos de la manera más sencilla.

 

Mediante la forma oral o escrita se llama, por así decirlo, a cada uno por su nombre. Por esto también está escrito en la Biblia: «El Señor conoce a todos por su nombre». El Señor, el Espíritu, la Luz, la Gnosis, conoce y reconoce; es decir, va al encuentro de cada mortal e irradia su fuerza sobre nosotros. De esta manera debe ser comprendido el pasaje de la Biblia que narra como María es cubierta por el Espíritu Santo. Si esta unión puede efectuarse mediante una sola palabra, sobra cualquier palabra más.

 

La Gnosis no se guarda en escuelas o en templos secretos; no hay maestros que se interpongan. Ella viene hacia todos, es omnipresente como fuerza, como radiación, como luz.

 

¿Con qué intención? No con el fin de despertarle a usted, ya que esta fuerza de radiación no es una fuerza de esta naturaleza y nuestra naturaleza no puede recibirla ni colaborar con ella. Esta fuerza viene a buscar lo que está «perdido». Esta fuerza irradia en el mundo sobre buenos y malos, únicamente con la intención de despertar aquello que pertenece a su naturaleza, o sea, el núcleo espiritual. Sólo donde reside el espíritu, sólo donde se encuentra un núcleo espiritual, puede existir la vida, la vida liberadora.

 

El núcleo espiritual, una vez despertado, llamado y reconocido, ataca a la naturaleza dialéctica que domina en el microcosmos y entra en lucha con ella. Y esta lucha indica una reacción positiva, directa y viva, un acto inmediato, una reacción espontánea a la intervención del espíritu. Esto no es una agitación intelectual o emocional, ya que estas dos exteriorizaciones son tendencias de la auto-conservación de la naturaleza material; son intentos para procurarse un medio de existencia mejor.

 

La Gnosis se dirige como fuerza a dos grupos de seres humanos: en primer lugar, a los hombres que tienen la chispa de espíritu en estado activo, para hacer volver a la morada paterna a estos perdidos; y en segundo lugar, a todos aquellos en quienes la chispa espiritual está adormecida, con el propósito de despertarla, ya que este despertar representa la primera condición del viaje de regreso.

 

Quien, como microcosmos, posee el espíritu no necesita comprender a la Gnosis o sentirla, ya que él es Gnosis, porque el espíritu es todo. Dicho ser tiene el poder de conducir hacia el silencio, el silencio absoluto, al pensamiento natural fatigante y sin perspectivas, ya que el espíritu percibe y sondea en constante progresión las profundidades divinas a medida que madura, crece y regresa a la morada del Padre.

 

Allí donde el espíritu vive y está en el sistema microcósmico, todo lo terrestre se vuelve secundario y es destruido, no con suspiros, sino como algo normal que tiene que suceder. Cuando usted se acerca a la luz y una cortina le estorba, usted la aparta sin más.

 

 

Y ahora quisiéramos orientar su atención hacia Pablo, el cual cumplía su tarea en medio de un caos de sistemas gnósticos dialécticos y, por consiguiente, falsos. Pablo sabía que la Gnosis y el Espíritu son «uno». Pablo sabía que nadie puede acercarse a la Gnosis si no hay en él una chispa de espíritu activa. Pablo sabía también que el espíritu presente en el microcosmos recorre el camino de regreso, con todas las consecuencias que ello implica, en el mismo instante en que responde a la llamada a la vida. Pablo sabía que quien no ha entrado de esta manera en la vida de la liberación es aún un Saulo, es decir, un especulador amenazante capaz de matar.

 

Pablo impuso silencio a toda inclinación intelectual o emocional y escuchó la voz del Espíritu eterno. Y por esto no tuvo el menor interés por la falsa gnosis de su tiempo, con todo el ocultismo, toda la religiosidad natural y todo el efectismo filosófico y el arrebatamiento místico, ya que todo esto no tiene ningún significado.

 

Simón el mago, un gnóstico natural de aquellos tiempos, y los siete hijos de Esceva, el zurdo, imitaban las obras de Cristo y, siguiendo todas las normas dialécticas, decían: «Sacamos los demonios en el nombre del Dios de Pablo». Pero esto era una mentira y es absolutamente necesario que conozca en qué consiste esta mentira.

 

Si en nuestro estado de vida natural escribimos filosófica o emocionalmente acerca de Dios o de Cristo, colocándole a usted en el campo de radiación correspondiente, no le situamos frente al resplandor vivo de la Gnosis, sino sencillamente frente a la imagen que nosotros mismos nos hemos forjado de ella. Nos acercamos entonces a usted con nuestra magia natural, a la que hemos puesto una etiqueta gnóstica. Ésta sería nuestra mentira, aunque confesáramos abiertamente que existe un Cristo vivo. ¡Con ello le colocamos a usted en nuestro campo de radiación y no en el campo de radiación del Espíritu!

 

Reforzamos así su estado de ser natural, le seducimos con palabras, le adormecemos con consuelos y le ayudamos a autoafirmarse. Tomamos en nuestras manos los radios de la rueda de su vida y la impulsamos, cuidando de que continúe girando y de que usted siga golpeando sus manitas en la dolorosa y trágica ignorancia del drama de su vida. Y así cometemos, con la filosofía y la emoción, el gran crimen clásico de todos los tiempos.

 

Sólo donde existe el Espíritu hay vida, y la Gnosis y los hierofantes de la luz no pueden hacer nada por usted hasta que este espíritu no se despierte en su sistema. Y tan pronto como este espíritu se despierte será usted un espíritu libre y no tendrá necesidad de pasar por maestros ni discípulos, ni por escuelas ni templos, ni por iniciaciones ni misterios, ya que usted será todo en todos.

 

Y todos aquellos que usted encuentre en la Gnosis serán sus amigos perfectos en virtud del ser interior de cada uno, y formarán con usted una unidad en el Cuerpo de Cristo.

 

                                                                          III

 

EL ESPÍRITU SANTO Y LA GNOSIS

 

 

Según se deduce de las cartas anteriores sobre la verdadera Gnosis y la falsa gnosis, podemos afirmar que en realidad la noción Gnosis debe ser relacionada con la fuerza de radiación del Reino Inmutable. La Gnosis es la esencia radiante del Otro Reino que no puede ser explicado de ninguna manera a partir de las dos esferas de este orden natural. Por esto es imposible que la Gnosis pueda ser una filosofía o un método oculto natural.

 

Además es absolutamente imposible que la Gnosis pueda ser expresada en un libro, con el arte o por la palabra hablada. A lo sumo, se puede escribir sobre la Gnosis o hablar de ella. También es posible que en el ser natural de la dialéctica se intente profundizar en la Gnosis intelectual o místicamente. Pero comprenda que ninguna de estas actividades dialécticas puede acercarle ni siquiera un milímetro a la Gnosis.

 

La falsa gnosis aparece cuando el hombre, en su ilusión dialéctica, considera que esto es posible. La falsa gnosis construye sistemas religiosos y misterios apoyándose en esa especulación. Sin embargo, usted sabe que nada de esta naturaleza ni ninguna orientación natural permite acceder a la Otra Naturaleza.

 

Por eso podemos afirmar con certeza que la Gnosis es una actividad totalmente extraña a nuestra naturaleza. Es una actividad extraña, una radiación divina sobre la que se nos ha permitido escribir. Se nos permite escribir sobre la finalidad esencial de la Gnosis. Podemos examinar con nuestra compresión las palabras que se nos dicen sobre la Gnosis y acercarnos a ella con el corazón. Podemos cantar a la Gnosis y fijar, en formas artísticas, musicales u otras cualesquiera, nuestras conclusiones místicas o intelectuales, expresando así las corrientes de nuestra cabeza y de nuestro corazón.

 

Todo esto puede ser importante para revelarle lo que vive y se mueve en usted según la naturaleza. Pero no debemos concluir que así podemos alcanzar la esencia de la Gnosis. Si después de una audición musical exclamásemos por ejemplo: «He aquí al Espíritu Santo», esta conclusión emanaría de la falsa gnosis, puesto que los sonidos del Reino Inmutable no pueden ser reproducidos en nuestra naturaleza terrestre. Si lo fueran, toda la naturaleza manifestada se derrumbaría en el acto.

 

No obstante, sí es posible conducirnos mutuamente hasta los límites de las posibilidades dialécticas con ayuda del arte, de la ciencia y de la religión. Llegamos entonces al país limítrofe que la Biblia designa con el nombre de Éfeso.

 

Pero si en tanto que seres de esta naturaleza quisiéramos atravesar los límites de ese país y acercarnos a la esencia de la Gnosis, entonces su triple radiación, ya sea como arte -es decir sonido mantrámico-, ciencia -es decir sabiduría divina-, o religión -es decir amor divino-, actuaría destructivamente respecto a la naturaleza. La Biblia habla a este respecto de un «fuego devorador». Nuestra intención es mostrarle precisamente a la Gnosis, o el Espíritu Santo del Reino Inmutable, en tanto que fuego devorador que entra en contacto triplemente con este mundo y lo destruye también de tres maneras.

 

El Evangelio de Mateo acaba con estas palabras:

 

Y Jesús dijo: «Me ha sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos en todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he dado; y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

 

El Evangelio de Marcos acaba casi de igual manera y añade:

 

 

El que creyere y fuere bautizado será salvado, más el que no creyere, será condenado. Y estas señales acompañarán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán en las manos serpientes, y si bebiesen cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos y sanarán.

 

Indudablemente usted conoce estas dos citas de Mateo y de Marcos. Quizás también conozca, más o menos, los efectos que producen estas palabras en quienes abusan de esta lengua sagrada en las iglesias, sectas y trabajos de misionero, por sus capacidades naturales muy diversas. Toda la magia ceremonial y la mayoría de las prácticas ocultas naturales se fundan igualmente en estas palabras. Toda la historia de las religiones y del ocultismo natural de nuestra era se ha derivado fundamentalmente de las interpretaciones de estos datos evangélicos, y conocemos también a donde han conducido a la humanidad. Por esta razón es más necesario que nunca confrontar la verdadera Gnosis con la falsa gnosis.

 

Cuando en la Biblia se dice: «id e instruid a todas las naciones, y haced a todos discípulos míos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo», podemos entender estas palabras de manera puramente dialéctica o de manera puramente gnóstica. En consecuencia, aparecen dos maneras de efectuar esta misión de orden divino. Por una parte, vemos desarrollarse la religión natural y el ocultismo natural; por otra, vemos la intervención en el mundo y en la humanidad de lo que llamamos la Fraternidad Universal, el heraldo de la verdadera Gnosis.

 

La religión y el ocultismo naturales se presentan bajo los dos aspectos de «lo bueno» y «lo malo». Para ilustrar esto nos podemos imaginar a un hombre cuyos labios pronuncian un bello lenguaje, mientras que en su interior bullen las intenciones más bajas e impuras. Éste es el lobo vestido con piel de cordero.

 

Pero también hay hombres que son alcanzados por la serenidad y el lado humano de la Biblia, y hasta se conmueven en lo más profundo de su alma ante el Evangelio, a pesar de que sólo comprenden su lenguaje de una manera literal.

 

Dichos seres son devotos según su tipo sanguíneo y, por ello, entienden que esta misión les está destinada. Por consiguiente, se esfuerzan en difundir el Evangelio en su forma exterior. Se esfuerzan por consolidar en el tiempo toda clase de normas religiosas y altruistas, y así asistimos al surgimiento de iglesias y sectas de todo tipo.

 

Las experiencias de la vida nos dan pruebas suficientes de lo que estos hombres logran hacer, con el empleo de todas sus fuerzas, en el plano de la organización y de la realización práctica. Y, de acuerdo con su interpretación literal, mueren con la esperanza de una vida eterna en el más allá.

 

Al llegar a las regiones del más allá ven las grandes imágenes mentales vivas en las esferas con las que soñaban. Éstas son imágenes formadas, alimentadas y reforzadas por miles de seres, y creen haber alcanzado la seguridad perfecta de la vida eterna. De este modo se forma, con la pura bondad natural, el reino de los espíritus de luz. Los espíritus de luz llegan a descubrir que se mantienen en sus esferas gracias a las oraciones naturales de los moradores de la Tierra.

 

Al igual que los terrestres alimentan al dios natural que les corresponde, este dios natural alimenta a sus compañeros de la esfera en que se encuentra. Los espíritus de luz descubren rápidamente que pueden mantener una unión con sus hermanos y hermanas de la esfera material de diversas maneras. Esta unión es organizada sistemáticamente, y así se erige la jerarquía que usted conoce.

 

 

Esta ilusión conduce a la formación de una formidable potencia, y lo que en un principio se efectuó con bondad, degenera demasiado fácilmente en mal. ¿Por qué? Porque en virtud de la ley dialéctica, esta existencia ilusoria del más allá es atacada a su vez de todas las maneras posibles. Así pues, es preciso que el ídolo jerárquico del tiempo se defienda, y que los sacerdotes del dios natural vayan por el mundo para ejecutar la misión procedente de la imagen Jesús vivificada en el mas allá. De esta forma, la ilusión se vuelve completa. Al final ya no se puede saber qué es el bien y qué es el mal, por lo mucho que se enredan las cosas en el transcurso de los siglos.

 

Si estudiamos ahora el ocultismo natural, vemos un desarrollo idéntico, exacto y según la misma fórmula. El ocultista natural no es muy devoto; es más bien un ser egocéntrico que quiere conquistar el mundo con la bondad. Es un ser egocéntrico que quiere aliarse directamente con lo divino, y se pregunta: «¿Cómo puedo llegar yo a ser Dios? ¿No vive dentro de mí? ¿No es mi destino liberar lo divino en mí?

 

También él lee el Evangelio y concluye, en un sentido literal, que puede poner a salvo su yo en su dios despertando a otros hombres egocéntricos a esta misma vida. Hace todo lo que está en sus manos para llegar a esta meta y pasa por las mismas experiencias en el más allá que los místicos, pues descubre a sus dioses y a sus esferas, y aprende cómo debe conservar estas imágenes esculpidas.

 

Cuando alguien descubre la doble ilusión del místico y del ocultista, y la ataca y quiere desenmascararla, toda la legión del misticismo y del ocultismo le cae encima, suplicándole con insistencia en el nombre de su Jesús natural para que se convierta.

 

Si esto no surte efecto, todavía se puede utilizar el mal, la imagen inversa del bien, en la que éste se transforma según la ley de esta naturaleza. ¿No son acaso el bien y el mal frutos de un mismo árbol? ¡Usted sabe y conoce todo esto! Nosotros hemos hablado y escrito muchas veces sobre ello. Usted sabe cómo gira la rueda y cómo casi toda la humanidad es arrastrada en esta rotación.

 

Pero, ¿sabe usted acaso cómo ejecutan los servidores de la verdadera Gnosis su misión, y lo que significa todo esto según el sentido de la Biblia? Vamos a esforzarnos por aclarárselo.

 

Jesús es la manifestación de la grande y serena fuerza gnóstica. Él es quien aporta el fuego devorador. Jesús tiene sus discípulos en esta naturaleza. No se es discípulo de Jesús por inclinación natural, intelectual o mística, como consecuencia de alguna predisposición sanguínea. Esto tampoco tiene nada que ver con una inclinación natural religiosa o egocéntrica hacia el bien. El discipulado de Jesús implica la posesión en el sistema microcósmico de un potencial liberado de fuego devorador, es decir, de la fuerza que no es de esta naturaleza.

 

¿Cómo lo logran estos discípulos? Encontrará la respuesta en la forma en que efectúan la misión destinada sólo a ellos.

 

Id e instruid a todas las gentes, y haced a todos discípulos míos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a observar todo lo que yo os he ordenado.

 

Cuando los discípulos van por el mundo despiertan a los hombres que se acercan a ellos. Pero este despertar no pretende suscitar una emoción natural, intelectual o mística. Ellos bautizan con el fuego devorador que han recibido anteriormente ellos mismos en su sistema microcósmico en forma de radiación de fuerza.

 

En esta fuerza crística bautizan primero «en el nombre del Padre», lo que quiere decir que ponen a sus discípulos en contacto microcósmico con el amor divino. Este aspecto de la radiación de la Gnosis tiene como finalidad el despertar de la chispa de espíritu latente en el microcosmos, y liberarla para que pueda entrar en actividad.

 

 

Este bautismo «en el nombre del Padre» sólo puede conferirse con éxito cuando el alumno está dispuesto a renunciar al control egocéntrico que ejerce sobre su microcosmos. Este distanciamiento del yo no se hace ni intelectual ni místicamente, tampoco es el resultado de una apertura sencilla y espontánea, sino una oblación consciente del radio de acción del yo, es decir, entregar el microcosmos a la acción de la Gnosis.

 

Lo que se desarrolla a partir de este primer bautismo no es una exaltación del yo, sino un fuego que purifica el sistema para que la chispa de espíritu, el Otro en el microcosmos, pueda empezar su actividad.

 

El segundo bautismo llega cuando el primero se ha efectuado por completo. Este segundo bautismo «en el nombre del Hijo», testimonia que la chispa de espíritu se ha despertado y brilla en la Gnosis y por la Gnosis. Este segundo bautismo realiza una sabiduría completa. No una sabiduría en palabras, sino el despertar y el crecimiento de la omnisciencia absoluta: la omniconsciencia.

 

Esta sabiduría existe completamente fuera del sistema dialéctico y por ninguna razón se manifiesta al alumno según los métodos de la esfera reflectora. En la sabiduría del más allá, el yo es siempre quien informa y alimenta. Pero la radiación de sabiduría que emana de la Gnosis es la sabiduría que desenmascara a la naturaleza, el conocimiento que revela la naturaleza de Dios y que, ahora más que nunca, toca al alumno con un fuego ardiente, destructor de la naturaleza y del yo.

 

Cuando esta columna resplandeciente de sabiduría se levanta, viene el tercer bautismo «en el nombre del Espíritu Santo». Este tercer bautismo es el bautismo con la fuerza gnóstica mantrámica, la fuerza regeneradora. Es la fuerza que desenmascara todo lo natural, destruye todo lo dialéctico y hace que todo el ser del «Otro» se manifieste en la forma.

 

En este triple bautismo de los discípulos no vemos una protección natural para nosotros y para nuestros hijos, sino una destrucción completa de la naturaleza para que viva el hombre original y verdadero. Ésta es la misión a la que se añade todavía: «Enseñadles a guardar todo lo que os he mandado». El discípulo no puede abandonar al alumno antes de que el bautismo se haya efectuado en la totalidad de su triple aspecto. Sólo cuando la endura ha sido consumada, la Fraternidad de los discípulos juzga realizada su misión.

 

Quién comprende todo esto, quien lo entiende verdaderamente, y con esta comprensión entra en la Escuela Espiritual para experimentar este bautismo, se salvará. Mas el que de alguna manera pretende unir naturaleza y espíritu, yo y Gnosis, será consumido íntegramente por la fuerza que él mismo ha desatado.

 

¿Cómo podemos saber, en tanto que alumnos de la Escuela Espiritual, si somos verdaderos alumnos o alumnos indignos de estar en la Escuela Espiritual?

 

Podemos reconocerlo en que el alumno en quien se despierta el verdadero proceso, en primer lugar arroja fuera de sí a los malos espíritus, es decir, rechaza y elimina radicalmente de su sistema todos los pensamientos y sentimientos nacidos de la ilusión. El verdadero alumno reduce a polvo todos los golems.

 

Segundo, el alumno verdadero hablará un nuevo lenguaje. Llevará a cabo hasta en los detalles más sutiles un comportamiento de vida nuevo, hasta tal punto que no se parecerá en nada al que era.

 

 

Para demostrar que esto no es producto del cultivo de la personalidad ni una nueva ilusión, el verdadero alumno podrá tomar, en tercer lugar, las serpientes en sus manos, y si absorbe un brebaje mortal no sufrirá mal alguno. Esto quiere decir que la naturaleza con el veneno del fuego de la serpiente cerebro-espinal, con su múltiple enquistamiento mortal, sea por medio de ilusiones, sea de otra manera, ya no tendrá la menor influencia sobre el verdadero alumno.

 

Y para terminar, en cuarto lugar podrá poner las manos sobre los enfermos y éstos sanarán. Esto significa que dicho alumno se ha convertido en discípulo; posee la fuerza y la majestad de la Gnosis como un poder del que puede hacer uso. Y así se pone en marcha para cumplir la misión, siguiendo el ejemplo de todos sus predecesores, no al servicio de toda clase de enfermedades y de dolores naturales, ya que para el discípulo que lleva a cabo la misión divina no existe más que una sola enfermedad: la enfermedad de la dialéctica y su realidad esencial.

 

Y cuando se vuelve hacia sus alumnos, la imposición de sus manos es sencillamente el gesto ritual gnóstico, absoluto y único.

 

Yo te bautizo en el nombre del Padre,

y del Hijo,

y del Espíritu Santo.

 

                                                                         IV

 

EL FUEGO DE LA SERPIENTE Y LA GNOSIS

 

 

La filosofía transfigurística es una enseñanza universal, lo que quiere decir que desde la aurora de la humanidad dialéctica acompaña al hombre caído en su marcha por la vida, sin que nunca se la haya modificado ni un ápice.

 

La filosofía transfigurística es la filosofía gnóstica, es decir, que ella es el único contacto divino posible en el tiempo.

 

La filosofía transfigurística es la enseñanza de sabiduría moderna, ya que se extiende por el mundo y la humanidad, ahora que puede actuar directa y efectivamente, con el fin de buscar y salvar lo que está perdido.

 

La filosofía transfigurística es la sabiduría de las serpientes, es decir, la radiación de la sabiduría del Espíritu universal.

 

De esta sabiduría de las serpientes deseamos escribirle en particular, ya que a todos los alumnos verdaderos que se encuentran en el camino se les dice: «Sed sabios como las serpientes». Y si ahora quiere comprender de verdad esta llamada, esta llamada a la vida de la más apremiante actualidad, destinada de modo muy personal a usted, le aconsejamos que haga todo lo posible por captar lo que la Escuela de la Rosacruz tiene la misión de transmitirle.

 

En la filosofía transfigurística, la serpiente es representada por dos símbolos principales. Por un lado como símbolo de lo más santo y divino en el sentido más absoluto del término, y por otro lado como lo más despreciable y más impío.

 

Vemos a la serpiente como un reptil silbante escupiendo y derramando su veneno, pero también vemos la serpiente como símbolo del Espíritu Santo. Descubrimos que serpiente es sinónimo de diablo, y también observamos que los antiguos sacerdotes llevaban la serpiente de oro como diadema, en señal de elevación espiritual.

 

Estas dos apreciaciones tan opuestas han causado una gran confusión y han engendrado la discordia entre quienes no podían entenderlas. En repetidas ocasiones el hombre ha caído en la idolatría, y en ella caerá siempre quien, empujado por los instintos religiosos naturales, ya no pueda captar las intenciones de la Gnosis pura.

 

Usted lleva una serpiente en su ser, enrollada alrededor de su árbol de la vida. La cabeza de la serpiente es claramente perceptible para la visión material ordinaria. En la Biblia se representa, a veces, a esta serpiente simbólicamente como una serpiente de cobre. Esta serpiente es su ser psíquico, su radiación de la conciencia, su potencial psíquico que llena todo su sistema del fuego de la serpiente, es decir, el sistema cerebro-espinal. ¡He aquí la serpiente de cobre! Y ésta es la serpiente que se arrastra por la tierra con la cabeza llena de veneno mortal.

 

 

¿Por qué hablamos de una serpiente de cobre? Sepa primero que la palabra «cobre» en hebreo se puede traducir también como «serpiente». Sepa a continuación que el cobre, por lo tanto la serpiente, es un principio femenino. Bástenos indicar que el cobre es el metal de Venus.

 

En el alma, en el potencial del fuego de la serpiente, reposa el principio reproductor, el principio femenino. Sin embargo, el mismo sistema contiene también el principio creador, el aspecto masculino del alma.

 

En todo sistema psíquico, en todo sistema del fuego de la serpiente descubrimos, por tanto, dos aspectos: la serpiente de cobre y la serpiente ígnea, o sea respectivamente el principio femenino y el principio masculino en nosotros. Podemos decir también simbólicamente que en el árbol de la vida humana habitan dos serpientes. En una persona, el principio masculino es positivo y el principio femenino negativo, y en otra, estos dos principios están polarizados inversamente.

 

Por lo tanto, el caduceo de Mercurio con sus dos serpientes, una blanca y otra negra, es el símbolo del estado biológico dialéctico general, a saber, el árbol de la vida con sus dos aspectos psíquicos. Cuando vemos reproducciones de los sacerdotes egipcios llevando la diadema con dos serpientes, es sencillamente la representación del estado interior de su propia alma, así como el alma de todos sus semejantes.

 

Estos dos principios psíquicos en nosotros, que también se pueden llamar Adán y Eva (Adán, la serpiente ígnea, y Eva, la serpiente de cobre) están en lucha perpetua. Estos dos principios están continuamente deliberando y tomando decisiones. El hombre posee esta facultad de deliberación interior; las dos serpientes se entrelazan alrededor del árbol de la vida. Una vez es el principio masculino el que habla al principio femenino, y en otra los papeles se cambian.

 

Las dos serpientes en el hombre se atacan mutuamente; se acusan recíprocamente. La serpiente ígnea quiere realización; la serpiente de cobre quiere posesión. Los instintos creadores y reproductores están en lucha incesante. Y sin embargo sólo existe en el alma un único interés: el mantenimiento, la auto-conservación, la sed de vida. Así repta la serpiente siseante en medio del fango de esta naturaleza. ¡Y que Dios sea clemente con los que se acerquen demasiado a ella!

 

Usted conoce las repercusiones anímicas de las serpientes interiores. Por momentos penetran en el santuario del corazón para observar sus intereses; en otros momentos extienden sus ofrendas en el santuario de la cabeza. El veneno preparado así en estos dos santuarios es la artimaña, la táctica, el refinamiento con cuya ayuda se persiguen los fines personales, y el órgano por el que se lanza el veneno hacia el exterior es la laringe. Existen toda clase de venenos y toda clase de métodos para conducir el veneno a donde usted desea hacerlo penetrar.

 

Existe una ciencia, cultivada desde hace eones, que perfecciona la actividad de estas dos serpientes anímicas. Llamamos a esta ciencia el ocultismo natural. El hombre que en las civilizaciones desaparecidas se destacaba en el ejercicio de esta ciencia llevaba sobre la cabeza una serpiente de metal como prueba de su grado de perfeccionamiento en el cultivo de la personalidad.

 

Muchos relatos referentes a la creación nos describen el nacimiento de esta compleja alma humana. Este nacimiento siempre se produce en dos fases: en primer lugar, el nacimiento de la serpiente ígnea «Adán»; y en segundo lugar, el nacimiento de la serpiente de cobre «Eva». La serpiente ígnea es Adamas, es decir el pensador, el que recibe las sugerencias del espíritu. La serpiente de cobre es Hevah, la madre de los vivos; es el principio que hace realidad esas sugerencias, es la reproductora. Adán y Eva son pues los dos principios psíquicos en nosotros.

 

 

Ahora bien, tan pronto como el alma abusa de su formidable poder, se desliga del espíritu. Entonces se separa de la conciencia universal y su ser cae inevitablemente en la existencia de la muerte. Desde ese momento las dos facultades psíquicas fundamentales se encuentran en una constante ignorancia y, por consiguiente, en las tinieblas y la discordia. Por ello, todo sistema regido por el alma está condenado a degenerar y a cristalizarse. No queda ni rastro, ni sombra de la gloria primitiva del alma. Entonces esta alma pecadora debe morir, existiendo sin tregua en una miseria mortal, encadenada a una rueda que la arrastra a través de las esferas de la dialéctica.

 

El alma caída que reconoce su estado, que lo entiende después de haber hecho innumerables intentos para levantarse, puede preguntarse: «¿Cómo puede ser rescatada el alma caída?»

 

A esta pregunta fundamental, la Gnosis tiene una respuesta que dar. Pero se trata ahora de saber si el alma caída puede entender aún la respuesta de la Gnosis. Ésta es la gran prueba psicológica: ¿Puede nuestra alma entender el lenguaje de la Gnosis, o no?

 

En el momento psicológico, la Gnosis dice al candidato: «¡Sé sabio como las serpientes!». Y entonces hay que esperar si se produce una reacción o no.

 

«Sé sabio como las serpientes». ¿De qué serpiente se trata? ¿No se alude aquí a los dos principios psíquicos en el hombre? ¡De ninguna manera! Se alude a la radiación misma de la Gnosis, a la serpiente de oro del verdadero espíritu divino, y ningún sacerdote auténtico tendrá la audacia de modelar estas serpientes con uno u otro metal para adornarse con ellas.

 

Esta radiación espiritual, estas llamas ígneas del espíritu aparecen también en dos formas. Con la primera despierta al nuevo Adamas, con la segunda a la nueva Hevah, es decir, a los dos aspectos del alma nueva «que está ante Dios». Estos dos contactos se presentan también a veces como los serafines y los querubines, como las serpientes de oro y los grifos, los animales alados de los misterios.

 

En los viejos mitos persas, el grifo es el animal de los misterios que cuida de la montaña de oro. Si el alumno puede entender aún la llamada de la Gnosis, se vuelve hacia la montaña de oro del espíritu de donde viene la ayuda. Y entonces, al acercarse a la montaña sagrada de la bienaventuranza, clama con voz fuerte: «Mi auxilio viene del Señor que ha hecho todas las cosas».

 

En cuanto ha pronunciado este mántram, los guardianes de la montaña, los misteriosos grifos y los querubines se colocan a su alrededor. Uno de ellos se lanza sobre él con la rapidez y el resplandor de un relámpago, desgarrándole el pecho y cauterizándolo con un intenso calor en el sistema del fuego de la serpiente. Quien es tocado así por el fuego del espíritu oye un violento trueno y, en medio de este estruendo ensordecedor, una voz le dice: «Hijo del hombre e hijo de las serpientes, mira, yo te envío como oveja en medio de los lobos; sé sabio como las serpientes».

 

El alumno se aparta entonces de la montaña de oro ya que el tiempo de su ascensión aún no ha llegado. Se vuelve de nuevo hacia el valle y se va como una oveja en medio de los lobos, con los brazos cruzados sobre la herida ardiente infligida por el grifo. Y ahora se coloca como servidor bajo la nueva ley. Esta nueva ley dice: «No vayáis con los paganos -éstos son los indiferentes- ni entréis en la ciudad de los samaritanos -éstos son los simuladores-. Id más bien hacia las ovejas perdidas, es decir, hacia aquellos que, en razón de su naturaleza fundamental, pueden ser auxiliados y salvados. Id y predicad diciendo: El Reino de los Cielos se acerca. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, purificad a los leprosos, arrojad a los demonios»; dicho de otra manera: atacad todo lo que es de la dialéctica.

 

 

«No toméis ni oro ni plata ni cobre en vuestro cinto, ni saco para el viaje, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón. Porque el obrero merece su alimento.» Esto significa que no se deje llevar por el instinto de posesión dialéctico, aunque fuese para la alimentación cotidiana. No aspire a ninguna posesión, ya que todo servidor del Reino de la Luz recibe lo que necesita.

 

«Cuando entréis en una ciudad, informaos de alguna persona digna de recibiros y morad con ella hasta que partáis. Al entrar en la casa saludadla. Si la casa es digna, vuestra paz descenderá sobre ella; si no lo es, vuestra paz volverá a vosotros. Y si no os reciben o no escuchan vuestras palabras, salid entonces de esa casa o de esa ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies.»

 

«Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y en sus escuelas os azotarán… Y si os persiguen en una ciudad, huid a otra. En verdad os digo que no acabaréis de recorrer todas las ciudades antes de que el Hijo del Hombre venga.»

 

Así habla la sagrada ley al peregrino llamado.

 

Y cuando el trabajador se comporta de acuerdo con esta ley, el antiguo hombre en él, las dos serpientes de la traición de la naturaleza serán destruidas. El auto-sacrificio endurístico es un sacrificio al servicio de la humanidad.

 

Y aunque el alumno sabe que acaba de empezar apenas el trabajo, aunque sabe que aún dirige sus pasos penosamente de ciudad en ciudad, de hombre en hombre con la buena nueva: «¡Hora est!, el Reino de los Cielos se acerca», aunque es consciente del larguísimo camino que tiene que recorrer todavía; a pesar de todo ello, súbitamente, como por un milagro, sucederá que se encontrará de pronto en la montaña de oro en medio de los serafines y los querubines, cara a cara con la Santa Omnipresencia, oyendo las palabras que ningún oído humano oyó nunca.

 

«Sé sabio como las serpientes». Ésta es la llave del camino.

 

¿De qué manera deberá recibir usted esta sabiduría? ¿Cómo deberá utilizar esta llave? La respuesta a esta pregunta le es dada en la Escuela Espiritual de la Rosacruz moderna. El acto mismo de dar estas respuestas justifica la razón de ser de la Escuela Espiritual. Contestar a estas preguntas es el deber sagrado de la Escuela. Y si un trabajador olvida aunque sólo sea una vez esta misión, falta a su deber.

 

Usted conoce por el Antiguo Testamento la historia del pueblo judío y la historia del alumno en el camino allí contenida. En la Escuela Espiritual, los candidatos voluntariamente decididos a hacer el viaje son conducidos fuera de Egipto, a través del desierto, hacia la Tierra Prometida. Usted conoce esto. Durante años le hemos estado haciendo ver y experimentar la dialéctica como un antro infernal, e invitándole a emigrar hacia la vida nueva. Es un viaje a través del desierto, ya que necesita dejar atrás todo lo que le ata al antiguo Egipto.

 

Es evidente que dicha marcha a través del desierto acarrea dificultades particulares y específicas; tensiones y conflictos que ningún alumno puede evitar; complicaciones que hacen decir a algunos con un suspiro: ¿qué he emprendido yo aquí?, y que de vez en cuando les hacen desear regresar hacia las preocupaciones más corrientes de la vida dialéctica habitual.

 

Por eso, lo que leemos en Números (capítulo 21) es completamente correcto desde el punto de vista psicológico. Los peregrinos del desierto, en camino hacia el paso del Mar Rojo, se ponen a protestar diciendo a Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto? ¿Quieres que perezcamos en el desierto? Pues no hay aquí ni pan ni agua, y estamos hartos de esta mísera comida.» Y está escrito que el espíritu que guiaba al pueblo envió después sobre ellos serpientes venenosas, de modo que perecieron.

 

 

Hay que entender bien el sentido de esta descripción. Todo peregrino del desierto se encuentra, en el sentido de los misterios liberadores, en un estado de transición. No es totalmente dialéctico, pero tampoco es un hombre nuevo o lo es en escasa medida. En este estado existe aún un dominio muy fuerte de las fuerzas inferiores que ponen todo en acción para mantenerse, pero al mismo tiempo hay cierta receptividad para las fuerzas de la Gnosis.

 

Si el alumno reacciona a las sugerencias de la Gnosis, es evidente que la hostilidad de las fuerzas inferiores se hará más y más intensa.

 

Si el alumno escucha las voces de la antigua naturaleza, entonces las sugerencias de la Gnosis se vuelven para él como serpientes venenosas, ya que las vibraciones del fuego de la Gnosis encuentran un terreno profundamente discordante, puesto que, debido a la decisión tomada de recorrer el camino del desierto, este terreno se había abierto a la Gnosis.

 

Por ello, durante esta fase de su desarrollo, el alumno se encuentra entre dos fuegos. Tiene que escoger entre la hostilidad de la naturaleza y la muerte espiritual. Un término medio es absolutamente imposible. Por esto el alumno en este conflicto se hace la pregunta: «¿Qué debo hacer?» Entonces es confrontado con la serpiente de cobre que está clavada en la cruz. Si un alumno es mordido en el desierto por la serpiente de oro del espíritu y se coloca ante la serpiente de cobre mirándola de frente, entonces conservará la vida.

 

Usted comprenderá ahora este lenguaje figurado. Colocarse ante la serpiente de cobre y mirarla de frente mientras está atada a la cruz significa: crucificar el potencial del alma en uno mismo hasta que muera, es la destrucción definitiva del dominio de la naturaleza sobre el hombre.

 

Si uno no se coloca de este modo ante la serpiente de cobre mirándola resueltamente, pero sí abre su ser a la serpiente de oro del espíritu, es decir, si quiere servir a dos amos, a Dios y a Mammon, al espíritu y a la naturaleza, la consecuencia será que su contacto con el espíritu será cortado. Ésta es una muerte mucho más espantosa que la muerte natural, la cual sólo es un incidente.

 

Cuando el alumno resuelve este gran conflicto del desierto en beneficio de la llamada del espíritu; cuando consigue ganar la verdadera victoria en esta gran tentación, el huevo de oro de la serpiente es depositado en él. Recibir el huevo de oro de la serpiente significa obtener la prueba fundamental y estructural del comienzo de un segundo nacimiento. El huevo de oro de la serpiente se refiere al desarrollo de un aura nueva en el interior del campo microcósmico.

 

En esta aura están concentradas todas las fuerzas de la nueva génesis humana, bajo la dirección de la chispa de espíritu despierta. Y a medida que desaparece la antigua aura con todo lo que contiene, la nueva aura, el «aura dorada», se vivifica y se refuerza.

 

En un momento dado viven dos seres en el microcosmos: el hombre viejo que recorre el camino de la endura, Juan, y el hombre nuevo que vive la Manisola, Jesús. Y donde los dos se encuentran, Juan dice refiriéndose a Jesús: «Él debe crecer y yo debo menguar».

 

Esto es también lo que las «Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz» tratan de aclararle. El ave está preparada para el sacrificio de sí misma; y podemos estudiar cómo el nuevo rey y la nueva reina, el nuevo Adamas y la nueva Hevah, es decir el alma nueva, nacen del proceso alquímico.

 

 

El nuevo rey es denominado por el hermano juanista «su padre», porque es él de hecho quien le ha liberado, quién le ha hecho renacer por su ofrenda de sí mismo, con el pan, el agua y la sal, es decir, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

 

Quienes son acogidos de esta forma en este doble y maravilloso proceso alquímico y así se han ennoblecido hasta volverse caballeros de la Piedra de Oro, han de prestar la siguiente promesa:

 

«Vosotros, caballeros, debéis jurar que nunca someteréis vuestra Orden a ningún demonio o espíritu, sino que la consagraréis exclusivamente a Dios, vuestro Creador, y a su servidora, la Naturaleza;

que aborreceréis toda impiedad, indignidad e impureza y que no mancillaréis vuestra Orden con tales vicios;

que vosotros sólo ayudaréis con vuestros dones a quienes son dignos de esta ayuda y la precisan;

que no anhelaréis hacer uso de ellos con el fin de obtener fama y honor mundanos;

que no desearéis vivir más tiempo del que Dios os haya concedido.

¡Sed, pues, sabios como las serpientes!»

 

¡Que quien pueda comprender, comprenda!

 

 

 

                                                              V

 

LA GNOSIS DE LA PISTIS SOPHIA

 

Cuando Jesús el Señor habla de Juan Bautista, el grande y sublime precursor de los misterios de Cristo, le llama el mayor de los profetas y el mayor de los nacidos de mujer; sin embargo, agrega que el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Estas palabras llaman la atención sobre los dos órdenes de naturaleza en los que se lleva a cabo la marcha de la humanidad: el reino de la naturaleza sumergido en la «cólera», según Jacob Boehme; y el Reino situado en la luz original.

 

Hemos hablado a menudo del reino que está en la «cólera», la dialéctica, en la cual y por la cual todos los hombres son prisioneros.

 

Le hemos explicado también muchas veces cuáles son los desarrollos posibles en el interior de este reino dialéctico y cómo todos se llevan a cabo en un circuito cerrado, elevándose desde su punto de partida quizás hasta las nubes, pero sin embargo, condenados a regresar en un tiempo fijado al punto más bajo, al punto de partida inicial.

 

En calidad de alumnos de la Escuela Espiritual moderna, podemos figurarnos también cómo una entidad puede entrar en el eterno Reino de la Luz y cómo su desarrollo se prosigue de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia. De igual forma, puede usted captar que un buscador que ha llegado a cierta serenidad debido a su existencia en la dialéctica donde ha nacido y ha sido educado, comienza a interpretar la llamada de los Hermanos del Reino de la Luz y se esfuerza por llamar la atención de todos sus compañeros de esta naturaleza hacia el esfuerzo lleno de gracia de los hierofantes de la Gnosis para liberar lo más posible al mayor número de hombres del reino de la dialéctica e introducirles en el Reino de la Luz.

 

Usted testimoniará en gran medida que quien anuncia tal cosa es ciertamente un gran profeta, tal vez el más grande nacido de mujer; sin embargo, la entidad que ha entrado efectivamente en el eterno Reino de la Luz es mayor que él. En efecto, uno no hace más que dar testimonio de ese Reino y hablar de él, mientras que el otro ha entrado ya en él.

 

Queríamos decirle todo esto a título de introducción a la diversas reflexiones sobre la Gnosis de la Pistis Sophia, ya que el Evangelio de Cristo nos da a entender que tenemos que recorrer varias etapas antes de que el principio del misterio de la luz pueda llegar a ser realidad en nosotros.

 

Si usted se encuentra en el reino de la naturaleza dialéctica y es éste efectivamente el caso, sin duda alguna será tocado primero por la palabra del anunciador. ¡Ay de usted, sin embargo, si se estanca ahí! La palabra del anunciador y la comprensión que tenemos de ello sólo conciernen a la facultad de captar lo que el misterio de la luz exige de usted. Le falta mucho al alma natural para alcanzar esta facultad. Se trata de cierta apertura para el eterno Reino de la Luz, la cual algunos aún poseen.

 

 

Ahora bien, puede ser que un hombre considere esta capacidad como un estado de realización y que se detenga ahí. Puede ser que, basándose en dicha capacidad, hable usted del misterio de la luz, de Cristo y de toda la filosofía transfigurística. Es posible entonces que su corazón sea alcanzado de manera inequívoca por esta intuición y que la radiación del santuario de su cabeza testimonie cierta compresión. Y sin embargo será precisamente entonces cuando usted estará en peligro… ya que el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande, mucho más grande que usted.

 

A la «anunciación» aceptada y, por tanto, confesada por usted, a este primer bautismo de agua viva, debe suceder el bautismo del fuego, es decir la ofrenda, la disolución, la reducción a cenizas de la naturaleza de la cólera, con el fin de que un ser nacido de nuevo, regenerado, pueda entrar en el Reino de la Luz.

 

Debe entender que hay un toque preparatorio, el toque del precursor, del anunciador. Este toque preparatorio es la mayoría de las veces una intervención muy vigorosa. Esta intervención se adapta a la naturaleza del país, a los hábitos y costumbres; en otros términos, al tipo racial humano. Tiene como fin abrir el hombre al misterio de la luz y despertar en él la facultad natural capaz de reaccionar a esta acción.

 

Cuando esta intervención tiene éxito, de modo que el poder natural comienza a hablar de nuevo, entonces hay que observar si el hombre se contenta con esta actividad y se estanca en ella, o bien sobre la base de este poder va al encuentro del bautismo de fuego. Si este último es el caso en efecto, dicho alumno ve venir, «al día siguiente», a Jesús el Señor hacia él. Esto quiere decir que solamente entonces el alumno está realmente abierto para la Gnosis, y que se ha vuelto una Pistis Sophia, es decir, un alumno que por medio de la verdadera unión en la fe, la Pistis, se vuelve hacia la sabiduría original, la Sophia.

 

Dicho alumno ha aceptado por lo tanto, en sí y para sí, el proceso de la transfiguración, encontrándose ahora corporalmente ante el misterio de la luz. Se ha vuelto un discípulo. La luz del toque fundamental se retira de él, siendo ahora la luz de los misterios la que le toma en su radio de acción.

 

En la lengua sagrada este grande y santo cambio se describe a menudo como un violento temblor de tierra, como una violenta conmoción en el mundo entero, como un gran temor que se abate sobre el discípulo. Puede ser que el sentido de estas expresiones le sea claro por completo, ya que se trata aquí de la entrada del alumno en un campo vibratorio completamente diferente, que supera muchas veces el movimiento de su campo natural. En esta vibración se desarrolla la destrucción de los lazos naturales más cristalizados. Y el temor descrito aquí no significa miedo, sino un incesante y espontáneo tener en cuenta el toque del espíritu que ha resucitado en el alumno. Temer a Dios no es una psicosis de miedo; este temor es una atención ineluctable orientada hacia el espíritu que ha tocado al microcosmos.

 

Se dice en la lengua sagrada que tal actividad dura de la tercera a la novena hora, lo que significa que este toque tiene su comienzo en el indecible amor divino y que se desarrolla hasta un punto culminante dinámico. Cuando este apogeo dinámico se alcanza, los cielos se abren y el alumno ve a Jesús como «descendiendo de los cielos».

 

Este lenguaje alegórico que demuestra la unión con el Reino de Fuego, con el eterno Reino de la Luz, es de una naturaleza tal que finalmente se forma un puente perceptible sensorialmente entre el candidato y el misterio de la luz. Por esto debemos considerar el período entre la tercera y la novena hora como un examen. El examen consiste en la pregunta de si el alumno alcanzado por este movimiento ascendente permanecerá de verdad en el temor de Dios o volverá a caer en sus antiguas costumbres de vida.

 

De hecho el alumno es quien construye por sí mismo el puente entre él mismo y el Reino de la Luz. Y este puente es un estado de ser que hace efectivamente posible el regreso del alumno al Reino de la Luz. Por esto se dice en la sabiduría gnóstica que el Señor de los Misterios de la Luz obscurece su luz frente al alumno, a fin de que éste pueda percibirla.

 

Esto requiere quizás aún algunas aclaraciones. Si la luz total del Reino Inmutable debiera tocar al alumno dialéctico con toda su plenitud, le sería en absoluto imposible soportarla y reaccionar. Por esta razón la luz se modifica y adopta un estado que hará posible para el alumno el comienzo del camino de la liberación.

 

 

Éste es el puente o el manto que el alumno recibe como ropa de penitente, con el fin de que pueda comenzar su peregrinaje. Esta ropa de penitente no es pues una vestimenta de infamia, la señal de un pecador, sino más bien la vestimenta de la regeneración llena de gracia. Y se comprenderá con facilidad que a medida que el alumno recorre su camino, la luz de su vestimenta se vuelve cada vez más estable y más brillante.

 

Repetimos una vez más que el toque de la luz del Misterio Crístico se distingue muy clara y rigurosamente de la luz de la esfera reflectora. Es importante que usted entienda esto con exactitud, ya que el discernimiento de la verdadera luz y su actividad resultante son las condiciones indispensables para poder hacer frente a la tempestad causada por el toque de dicha luz.

 

En primer lugar, la luz de la esfera reflectora está inmediatamente de acuerdo con sus predisposiciones naturales; en segundo lugar, no suscita la menor tempestad ya que se adapta a su estado tal cual es por naturaleza; y en tercer lugar, se dirige siempre hacia su conciencia del yo.

 

La luz de la esfera reflectora podrá dirigirle, sin duda alguna, palabras muy bellas y sublimes sobre el Cristo y su Reino, pero estas palabras serán completamente semejantes a todos los propósitos y sermones de Cristo y de su Reino que usted oye a este lado del velo. En el caso más favorable, la luz de la esfera reflectora no traspasará jamás la fase de la anunciación que le hemos descrito anteriormente. Y usted lo sabe: «No quienes dicen: ¡Señor, Señor!, entrarán en el eterno Reino de la Luz, sino los que hacen la voluntad de mi Padre.»

 

El toque que proviene del eterno Reino de la Luz se reconoce inmediatamente porque actúa como un golpe de espada frente a nuestra naturaleza ordinaria. Es una vibración que proviene de otro reino natural, que no tiene consideración ni con la naturaleza dialéctica ni con el yo, y que de ninguna manera es amable, agradable o magnífica, como quiere hacernos creer el arte dialéctico. Provoca en su sistema vital una tempestad, un remolino formidable; rompe los lazos de la naturaleza y el alumno que sabe superar esta tempestad recibe el manto del tesoro de la luz.

 

Habría mucho que decir todavía a propósito de esta tempestad y algunas palabras de más no serían superfluas, sobre todo si pensamos que muchos cometen el error de rodearse de pensamientos y sentimientos ilusorios que no superan el nivel puramente intelectual o emocional. Por tanto es necesario que usted entienda profundamente el hecho de que al dirigirse desde la fase anunciadora hacia la del bautismo de fuego, se vuelve usted objeto de una lucha intensa.

 

La jerarquía de la luz de la esfera reflectora es una jerarquía dodécuple. Mediante las doce fuerzas de la lípika humana ella se encuentra en unión con cada entidad de la esfera material. Podemos imaginarnos por esto que en cuanto el alumno se vuelve hacia el eterno Reino de la Luz y busca el bautismo de fuego, una profunda discordia se produce entre él y la jerarquía dodécuple. Esta discordia, la separación entre las dos naturalezas, es la que da nacimiento a la tempestad. Por consiguiente esta tempestad afecta a todo el ser: conciencia, alma y cuerpo. Y, de esta lucha, el alumno debe surgir como un peregrino envuelto por el manto de luz.

 

El eterno Reino de la Luz tiene tres aspectos; por esto hablamos de tres grandes misterios de la luz. El primer misterio trata del renacimiento espiritual, la entrada del Espíritu Santo en el microcosmos; el segundo misterio se refiere al renacimiento del alma, a la nueva radiación de conciencia que se forma en el sistema del fuego de la serpiente; y el tercer misterio tiene que ver con el renacimiento de todo el ser. Esta triple transfiguración es un formidable proceso y en sí es un misterio.

 

 

Este misterio de la realización sólo se revela a quienes son dignos y, por francmasonería personal, saben abrir las diversas puertas. Por consiguiente, no vamos a escribirle sobre estas circunstancias, tan particulares para cada uno.

 

Por el contrario, nuestro deber es llamar su atención hacia el siguiente punto: hay en este mundo mensajeros que operan por medio de una, dos, tres o cuatro fuerzas gnósticas. Queremos decir con esto que algunos mensajeros trabajan con la radiación preparatoria, el toque del anunciador. Dado que esta fuerza se ajusta por completo a esta naturaleza y que, por lo tanto, sólo se trata de una fuerza capaz de despertar la capacidad a una reacción natural espontánea, es evidente que ella nunca es destructiva aunque despierte.

 

Por lo tanto, si un oyente en el templo de la Rosacruz es colocado bajo esta radiación de fuerza, y esta radiación no consigue despertarle, ella tampoco le causará ningún perjuicio. Sin embargo, si un mensajero ha entrado en el Primer Misterio bautizará a su auditorio no sólo con agua, sino también con fuego. Y hemos visto ya que el bautismo de fuego produce una destrucción intensa y se comporta respecto a esta naturaleza como un «fuego devorador».

 

Cuando dicho mensajero se manifiesta, advierte primero a sus alumnos que no pueden colocarse impunemente ante la fuerza del Espíritu y que, por lo tanto, no pueden contentarse sólo con escuchar, aceptándola o rechazándola emocional o intelectualmente. Cuando un hombre se acerca al Primer Misterio, voluntariamente y con conocimiento de causa, es tocado siempre por el ardor del fuego.

 

Debemos encauzar su atención con gran insistencia respecto a todas estas cosas. En la Escuela de la Rosacruz, el trabajo que se lleva a cabo en usted proviene por lo menos del Primer Misterio. Por ello, el templo de la Rosacruz está cerrado al trabajo público, y sólo es accesible para alumnos serios. Y también por ello la Escuela es constantemente depurada en interés de todos los concernidos. Todos los tibios, indiferentes e indignos son apartados del alumnado con el fin de que no sean atacados por la fuerza destructora del Primer Misterio.

 

Continuamente se explica a todos los alumnos lo que se espera de ellos. Y ninguno de ellos puede quedarse en la contemplación. En la Escuela de la Rosacruz, se trata de «todo o nada». Por esta razón, la medida exacta de su responsabilidad debe ser colocada sobre sus espaldas.

 

Cuando el alumno se coloca bajo la influencia del Primer Misterio y sin ser digno decide mantenerse en la Escuela, la lípika dodécuple terrestre, por la influencia del Primer Misterio, estará más activa que nunca, con todas las consecuencias que de ello resultan.

 

Si el alumno en estado de indignidad se coloca bajo la influencia del Segundo Misterio, su sistema nervioso será dodécuplemente atacado.

 

Si un alumno indigno se coloca bajo la influencia del Tercer Misterio, toda su personalidad experimentará dodécuplemente los efectos de ello.

 

Sólo cuando las fuerzas de los Misterios se acercan a los hombres sin que éstos las rechacen de una manera preconcebida, por desafío, incredulidad, hipocresía, malignidad o astucia, la fuerza derramada regresará al mensajero sin causar daño.

 

Debe comprender claramente que para quienes, después de numerosas advertencias, persistan en considerarse alumnos aún cuando en lo más profundo de su ser no lo sean, la sentencia será un resultado de la afirmación del yo, del deseo del yo por mantenerse. Esperamos de todos los alumnos de la Escuela Espiritual moderna que sean una Pistis Sophia. Por este término se designa al alumno que por conocimiento procedente de la fe penetra conscientemente hasta la sabiduría eterna. Tal alumno entra en unión con la Gnosis con el fin de llegar a la resurrección.

 

 

A todos los que se estanquen en la Escuela estamos obligados a decirles que esto es para ellos una causa de caída. ¡Mire que se lo hemos advertido!

 

VI

 

LA GNOSIS Y LAS IGLESIAS NATURALES

 

El alumno de la Escuela Espiritual moderna tendrá pleno conocimiento del hecho de que las iglesias y las sectas existentes en nuestra época, según los criterios de la realidad, son prisioneras sin excepción de las cadenas de la religiosidad natural. Es el trágico destino de todo lo que se hace en este mundo bajo el manto de la religión. Quizás no sea superfluo vivificar una vez más ante su conciencia la esencia de la religión natural y su carácter inevitable, para sacar a continuación nuestras conclusiones en lo que concierne a la Gnosis y a las iglesias.

 

Cuando estudia la lengua sagrada de los diferentes períodos de la humanidad, llega a descubrir que los grandes y santos mensajeros de Dios siempre han atraído la atención de los hombres hacia el regreso a una patria perdida, el regreso a una esencia que se llama Padre o Dios. Lo que la lengua sagrada de todos los tiempos hace saber o sugiere gravita alrededor de este pensamiento central de regreso.

 

Si Dios es su padre, usted es su hijo; entonces Jesucristo y los otros grandes son sus hermanos. En tal caso, la diferencia existente entre ellos y usted es la consecuencia de un incidente deplorable que le ha hecho caer de su anterior estado de magnificencia. Y la lengua sagrada no es más que una carta que dice: «Vuelve, todo está perdonado y olvidado en la gracia del amor». Jesús es entonces una figura que, desde su magnificencia, desciende hasta usted para buscarle y ayudarle en su viaje de regreso.

 

Si esto fuera así -y usted sabe que el hombre religioso de nuestros días honra esta forma de ver las cosas-, toda la intervención divina sería de una simplicidad infantil. Tan simple que no sería necesario, ni filosófica ni teológicamente, poseer circunvoluciones cerebrales especiales para buscar y comprender el esfuerzo divino.

 

Se desarrolla simplemente el razonamiento y la actuación que le mostramos seguidamente, los cuales le hemos coloreado de manera distinta para que pueda darse cuenta inmediata de que todas las diferencias en las actividades religiosas sólo son aparentes.

 

11 Hay un Dios. Él es mi Padre. Yo soy su hijo. Soy un hijo caído. He olvidado mi Patria y ahora quisiera volver a ella. Solicito ayuda de la manera conveniente. El Padre envía a su Hijo. En la ayuda del Hijo y por ella, soy acogido en la alianza de la gracia. Ahora puedo estar tranquilo ya que, por la gracia de esta alianza, llegaré finalmente de nuevo a casa. Permanecer en la alianza de la gracia plantea ciertas exigencias de moralidad y de comprensión, de discernimiento y de costumbres. Si yo me coloco bajo esta ley, en el momento adecuado el Señor de la ley se cumplirá en mí.

 

21 Hay un Dios. Él es mi Padre. Yo soy su hijo. Todos somos hijos de un mismo Padre. Yo soy un hijo caído y el mundo que me rodea es un mundo caído. Ahora bien, si yo me levanto y me ofrezco al mundo en auto-ofrenda y en amor al prójimo, para así levantarlo también a él, me colocaré a mí mismo y al mundo otra vez en armonía con las leyes divinas. Por la actividad de este desarrollo del mundo y de la humanidad, todo se unirá de nuevo con el Padre.

 

31 Hay un Dios. Él es mi Padre. Yo soy su hijo. Sin embargo yo soy un hijo caído y ya no sé nada del Padre ni de la Patria. Vivo en las tinieblas y la miseria, en un mundo de tristeza y de pecado. Cuando quiero hacer el bien, hago el mal. En una palabra, el caos está en mí y yo lo causo a mí alrededor. No conozco ninguna salida y me aburro casi hasta la nausea: busco un refugio en el placer, en el arte, en el amor y en el olvido. Del olvido surgirá, más tarde, la liberación.

 

 

41 Hay un Dios. Él es mi Padre. Yo soy su hijo caído. ¿Dónde está Dios y de dónde he caído? Él está en lo invisible y yo estaba en lo invisible. ¿Dónde se encuentra lo invisible? Evidentemente en el más allá. No quiero esperar a llegar al país del más allá de forma natural, sino que ya quiero estar conscientemente allí ahora, o al menos tan pronto como sea posible. Quiero actuar allí conscientemente ya ahora, o lo más rápidamente posible. ¿Cómo puedo adquirir esta doble conciencia? Desarrollando las facultades ocultas, latentes en mí. Si tengo éxito, caminaré de nuevo en la luz, como Él está en la luz.

 

51 Hay un Dios. Este Dios es su Padre y todos los seres sublimes son sus hermanos. Usted es su hijo caído. Sin embargo esta caída no es de ninguna manera un estado de hecho real. Usted puede invertir esta caída de inmediato en una resurrección. ¿Cómo? Amando como su Padre le ama. Si ama así, se producirá un cambio de vibración. En y por la ley del amor fundamental, las vibraciones básicas de su ser serán restablecidas. Si hace esto, todo se pondrá en su sitio. ¿No ha dicho Él: «Antes de que me invoquéis, Yo os responderé»? Si pone esto en práctica, andará sobre el mar, como Él lo hizo. Y multiplicará los panes como Él lo hizo. Y curará enfermos, como Él lo hizo. En una palabra, realizará, dominará y poseerá todo lo que Él realizó, dominó y poseyó.

 

Usted ya no morirá más, pues la eternidad y el tiempo se habrán hecho uno. El más allá es el aquí abajo y el aquí abajo es el más allá, independientemente del lado en que usted examine las cosas. Será entonces un maestro, tanto del lejano oriente como del cercano occidente. Maestro de su ser entero y convertido en Dios. Pues si Dios es su Padre, usted es su hijo. Y cada hijo tiene derecho a la herencia de su padre. Todo hijo sabe eso. Nada más simple e infantil. Es el «ábrete sésamo». ¿Busca usted la fórmula mágica? ¡Es el cambio de vibración!

 

Si echa un vistazo a estos ejemplos de la vida religiosa o esotérico-religiosa, los cuales podrían extenderse hasta el infinito, sabrá entonces que toda la humanidad comprende, interpreta y siente de manera animista el regreso descrito en la lengua sagrada.

 

La línea Dios-Hombre-Inmortalidad es, en el marco de la religiosidad natural, una línea que se inclina desde arriba hacia abajo y desde el nadir se dirige de nuevo hacia arriba. Se dice que usted es la imagen reflejada pero deformada de Dios. Según este razonamiento, Dios es en consecuencia el prototipo de su verdadera naturaleza ya que usted es su hijo. Nuestro mundo es entonces, siempre según este razonamiento, tanto el campo de existencia de Dios como el de sus hijos. Dios habita en la parte invisible de nuestra naturaleza, mientras que nosotros vivimos aquí abajo.

 

Si ahora usted sabe que toda la humanidad ha seguido desde hace millones de años esta forma de pensar, puede imaginar hasta qué punto la parte invisible de nuestra naturaleza está plagada de prototipos. Cuando un hombre, con sus pensamientos, crea un determinado tipo y lo vivifica sin cesar con todas sus fuerzas, con toda su adoración -le llame Jesús o Buda-, puede imaginar cuáles serán las consecuencias hasta el final de los tiempos.

 

¡No obstante, comprenda cuánto contribuye usted a mantener obedientemente estos prototipos con vida! Si colabora con ello, también está ligado a ello. Es necesario que destruya, en usted y a su alrededor, todo este panteón de la religiosidad natural. Es preciso que llegue, al respecto, a una posición de rechazo total. Usted está siendo engañado escandalosamente.

 

 

Así llegamos a la conclusión de que cada hombre, independientemente de sus tendencias místicas u ocultas, proyecta una imagen mejorada de «sí mismo» en el futuro, con la ayuda de un prototipo religioso, oculto o humanitario. Por lo tanto, toda aspiración humana es animista natural y auto-conservadora; y esto independientemente de que usted se represente la liberación como una gracia insondable o como un proceso evolutivo dirigido. Que diga ahora: «debo regresar a la ley fundamental del amor», o bien «soy salvado por la gracia de Jesucristo», es exactamente lo mismo, ya que usted entiende el regreso según las leyes de esta naturaleza. Por lo tanto, debe abandonar esas ilusiones religiosas u ocultas, ya que ellas le están destruyendo. Cuando aquí le hablamos de ilusiones, no debe pensar que se trata de alucinaciones, mistificaciones o irrealidades. Al contrario, todos sus prototipos en lo invisible -y todo lo que proviene de ellos y es mantenido por ellos- son muy reales. Le hablamos de ilusión porque usted cree que, sirviendo a sus prototipos, se libera del sufrimiento y de la aflicción, se libera de la rueda. Por eso, la Escuela Espiritual moderna le aconseja liberarse totalmente de sus pasatiempos ilusorios y romper absolutamente con todo lo que, en este sentido, es mantenido por usted. Toda la vida religiosa en las iglesias, las sectas y las asociaciones esotéricas, toda la conducta mística, debe ser cortada de raíz. En ese campo, usted debe oponer un veto categórico a la presión de la costumbre y, para fortificar su decisión, desenmascarar el animismo donde quiera que se encuentre.

 

Recientemente, durante la transmisión radiofónica de una oración matinal, oímos a un pastor protestante que decía más o menos lo siguiente: «Padre bienamado que estás en los cielos, nosotros, tus hijos, vamos hacia ti en este espléndido día de primavera, para darte las gracias por este hermoso tiempo que nos hace tan dichosos y nos deja imaginar que dulce debe ser el estar cerca de ti…»  Cuando se oyen estas palabras dichas por alguien que se autodenomina teólogo cristiano, ¡se puede afirmar que su unión con el dios de la naturaleza es verdaderamente fuerte! Nuestra objeción no se dirige evidentemente a la hermosa jornada primaveral. ¿Quién de nosotros no la encontraría agradable? ¿Quién no se sentiría alegre? Nuestra objeción se dirige al hecho de nombrar a nuestro Padre celestial y a Jesucristo en relación con un simple fenómeno natural.

 

Nosotros le hablamos de la Gnosis, de la realidad eterna de la auténtica vida. Tratamos de clarificarle, de diferentes maneras, qué abismo infranqueable existe entre esa vida y la suya, entre el Cristo de la Biblia y el Cristo de las iglesias, entre el Padre celestial y el dios de la naturaleza del tiempo primaveral.

 

Permítanos darle ahora una imagen de la llamada y de la intención de la Gnosis, para que pueda comprender el mensaje de salvación de la eterna plenitud divina de Dios.

 

En algunos seres humanos, hay dos naturalezas: una natural procede de este mundo y le pertenece completamente; y otra naturaleza no es de este mundo, aunque es mantenida prisionera por él.

 

Esta naturaleza superior, prisionera, debe ser liberada; debe ser liberada del mundo de los sentidos. Sólo esta naturaleza superior proviene de la naturaleza divina y está esparcida sobre la humanidad en una realidad muy degenerada, muy fragmentada, en innumerables gérmenes de vida divina que pueden ser liberados y reconducidos al origen primordial, por medio de un método divino.

 

El objetivo de la Gnosis es: hacer que todas las naturalezas semejantes a Ella tomen conciencia de su destino para así llevarlas de nuevo a la plenitud de la vida divina. Por ello, todas las enseñanzas gnósticas nos ponen severamente en guardia contra toda religiosidad racial y toda lengua sagrada racial, tal como se manifiesta, por ejemplo, en el Antiguo Testamento. Pues la religiosidad racial abusa de la Enseñanza Universal para alcanzar sus propios fines, los cuales siempre se encuentran en el marco de este mundo. El dios del Antiguo Testamento es un dios absolutamente natural, un demiurgo, diametralmente opuesto al del Nuevo Testamento.

 

Son las naturalezas semejantes a la Gnosis -y, por lo tanto, no las personalidades de esta naturaleza dialéctica-, las que son llamadas en la Biblia «hijos de Dios», y todos estos hijos pueden ser liberados, en la plenitud del sentido gnóstico.

 

La naturaleza dialéctica, en unión con el dios de la naturaleza, el demiurgo, en el marco del tiempo y de la rotación de la rueda, y sólo temporalmente, únicamente puede modificar su posición y establecer una determinada relación con el centro de su propia naturaleza. Por ello, no tiene ningún sentido esforzarse en alcanzar, con la naturaleza dialéctica, la plenitud de la naturaleza divina. Es igualmente insensato fatigarse en la naturaleza dialéctica y cargarse con la sabiduría de la naturaleza divina.

 

 

La sabiduría de la plenitud divina permanece oculta a todo hombre dialéctico, y no puede ser transmitida por «maestros», vengan estos del lejano oriente o del cercano occidente. La sabiduría de la Gnosis no se deja prostituir. La sabiduría de naturaleza superior sólo puede ser recogida y retenida por la naturaleza superior.

 

Por eso se dice con razón, en la lengua sagrada del Nuevo Testamento, que aquél que se dice sabio y no cumple las obras, es un insensato. Así pues, una filosofía gnóstica es algo imposible. Y todo lo demás que se llama filosofía es superfluo y engañoso. La sabiduría de la plenitud divina sólo puede ser vivida, experimentada. Toda filosofía es especulación.

 

Para nosotros, el concepto de «filosofía» expresa el anhelo de salvación que emana de la naturaleza superior. Si la chispa de espíritu prisionera suspira por esta salvación, si la eventual naturaleza superior se da cuenta de la miseria de la cautividad, ella heredará, en ese ardiente anhelo, la bienaventuranza de la sabiduría. Por eso, sólo aquél que recorre el camino es un filósofo.

 

Nosotros rechazamos, en total auto-revolución, toda religión, todo ocultismo, todo humanitarismo, toda filosofía, toda forma de ilusión, y aspiramos a la unificación del verdadero germen divino de vida con la fuente primordial del espíritu. Este esfuerzo es una lucha diaria contra la propia naturaleza dialéctica, que debe renunciar, por la negación de sí misma, a su hegemonía sobre la naturaleza superior. Sólo cuando este esfuerzo tenga éxito, usted experimentará la Gnosis.

 

Por consiguiente, debe escoger entre tres comportamientos de vida: Primero, servir constantemente al dios de la naturaleza, el demiurgo; segundo, filosofar sobre la Gnosis o perderse en las respectivas especulaciones místicas; tercero, aceptar plenamente el camino.

 

Los dos primeros comportamientos son exactamente iguales, sólo el tercero es liberador. Por eso la Biblia afirma con razón que la fe debe ir a la par con las obras y que sólo llegará a la perfección por las obras. Por ello, en I Corintios 8, Pablo dice: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Si alguno cree saber algo, todavía no lo sabe como debe saberse; pero el que ama a Dios, ése es conocido por Él».

 

Todo saber pertenece a esta naturaleza. Si alguien se acerca a Dios, a la Gnosis, entonces dice, como Cristián Rosacruz: «La suma de todo saber es que no sabemos nada». Nosotros no somos los que tenemos que conocer a Dios, sino que Dios nos tiene que reconocer. El espíritu tiene que entrar en nuestro microcosmos. Tan pronto como poseamos al espíritu, y no antes, poseeremos la sabiduría.

 

Libérese de sus ídolos y recorra el camino, y usted será sabio. Entonces servirá a Dios, no con su sabiduría, sino con la sublime realidad de sus obras.

 

                                                              VII

 

LA GNOSIS Y LOS POETAS Y PENSADORES

 

 

Probablemente sepa muy bien que no se puede llegar a la Gnosis -es decir, a la unidad, la libertad y el amor divinos- mediante el esfuerzo realizado en los planos religioso-naturales y oculto naturales, ni a través de la emoción mística o de las especulaciones filosóficas. El hombre que ha comprendido esto y que, sin embargo, por su profundo y poderoso impulso interior, dirige la mirada «hacia las montañas de donde le vendrá la ayuda», se libera de todas las quimeras místicas, ocultas y humanitarias habituales, para dejar paso al único proceso verdadero de francmasonería transfigurística.

 

Sin embargo, de las numerosas experiencias obtenidas durante estos últimos años, se deduce que muchos alumnos e interesados que toman conocimiento de la llamada a la liberación anunciada por la Escuela Espiritual moderna, tienen las más grandes dificultades para captar este mensaje. Cuando se les anuncia la buena nueva de la transfiguración, muestran un profundo asombro y una gran confusión.

 

Conoce la grande e infantil ignorancia que hizo patente Nicodemo cuando Jesús, el Señor, le habló del renacimiento y de sus vías liberadoras. «¿Tú eres maestro en Israel y no conoces estas cosas?», le dice, en un tono de reproche. Es posible que tenga cierta tendencia a mirar por encima del hombro, con una sonrisa de superioridad, a este desgraciado.

 

Pero podemos decirle que en todo el mundo -y también en el atrio de la Escuela Espiritual moderna- hay innumerables personas del tipo Nicodemo. Disponen de una inteligencia clara y de un corazón lleno de amor…, pero sólo por un esfuerzo intenso, algunos de entre ellos pueden obtener, a lo sumo, una idea confusa de los caminos transfigurísticos. Y esta confusión, esta falta de comprensión, aparece sobre todo en la práctica, es decir, cuando se disponen realmente a hacer los esfuerzos necesarios para seguir estos caminos.

 

Debe preguntarse, pues, cómo se ha producido este bloqueo de la conciencia. En casi toda vida falta efectivamente un eslabón, un hilo conductor, por cuya causa no se puede tener conciencia de los caminos de desgracia. Todo se desarrolla como si uno de los centros cerebrales estuviese dañado, como si parte de nuestra habitual facultad de percepción sensorial estuviera abolida, de modo que, en ciertos momentos, a la hora de la verdad, reaccionamos todos de manera infantil, como Nicodemo.

 

Es doloroso comprobar que, al respecto, toda la humanidad tiene ciertamente muy disminuida sus capacidades. Y, sin duda teniendo en cuenta esta deficiencia humana, Cristo pronunció las palabras: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen».

 

Conviene que tenga presente que, en un período de existencia dialéctico, jamás existen valores estáticos, ni propiedades estáticas. Todo en la dialéctica está sometido al perpetuo cambio. Lo mismo sucede con nuestra receptividad a la luz, la verdad y la realidad. Cuando, después de una revolución cósmica, la parte superviviente de la humanidad dialéctica es encadenada de nuevo a la rotación de la rueda y recibe, por así decirlo, una nueva posibilidad de liberación, entonces su receptividad a la verdad de la vida divina, entendida dialécticamente, podría considerarse como ideal. Sin embargo, a medida que el tiempo transcurre y que el hombre desaprovecha las posibilidades que se le ofrecen, esta receptividad disminuye cada vez más, hasta desaparecer finalmente del todo.

 

Cuando el hombre ha perdido este poder de receptividad, no sólo debe esperar una nueva encarnación, sino también el alba nueva que sigue a una revolución cósmica. Pues la receptividad a las impresiones de la verdadera vida divina no puede obtenerse por el nacimiento. O usted la posee aún o ya no la posee. Si todavía la posee, tenga siempre presente que tal posesión no es una posesión estática. Es un hecho científico que todos los hombres están cada vez menos abiertos para establecer un posible lazo con la Gnosis.

 

 

A causa de esto, «la voz» resuena apremiante, amonestándonos, estimulándonos. Por ello se proclama el «Hora est». Esta llamada va dirigida a quienes aún pueden reaccionar, y tras ella se halla el saber seguro de que la capacidad de reacción disminuye constantemente. Pues, cuando esta dinámica llamada resuena y, asombrado, se pregunta qué necesidad hay de todo esto, puede saber con una certeza científica que detrás se encuentra el deseo de ayudarle, ahora que aún es posible. Por ello un trabajo como el nuestro manifiesta siempre una determinada movilidad, muestra siempre cierta atmósfera revolucionaria, siempre emprende alguna acción encaminada a despertarle.

 

Posiblemente sepa que, en la retina del ojo, existe una zona llamada «el punto ciego», que está absolutamente desprovista de reacción. Cuando se cierra el ojo izquierdo y se dirige la mirada del ojo derecho hacia la izquierda, la imagen proyectada queda, no obstante, invisible para la parte vidente del ojo porque cae precisamente sobre el punto ciego. Esto quizás le permitirá imaginarse como varios centros situados en la cabeza, el corazón y el sistema espinal están simplemente ciegos o se convierten en ciegos para ciertas vibraciones y sugestiones. Cuando un hombre llega a tal estado, ya no se le puede ayudar.

 

Este estado de incapacidad orgánica sensorial para recibir y captar las impresiones de la vida liberadora es, pues, la fase final de un proceso puramente natural. Todo hombre que, vida tras vida, se mueve en la línea horizontal, llega a esta incapacidad sensorial orgánica.

 

Pero también debe saber que unos terceros pueden acelerar este proceso que termina en la incapacidad. Así puede comprender que la jerarquía del orden de esta naturaleza tiene interés en reducirnos, lo más rápidamente posible, a este estado de incapacidad. Pues cuando se alcanza esta fase en la vida de un hombre, la jerarquía ya no tiene nada que temer. ¡La vida de este hombre ya no se le escapará! Por este motivo vemos desarrollarse, entre dos revoluciones cósmicas, un proceso natural de disminución de las capacidades y, al mismo tiempo, una actividad acrecentada de la jerarquía para acelerar este proceso.

 

El método empleado por la jerarquía es fácil de entender. Suponga que posea autoridad sobre alguien y que mantenga esta autoridad explotando a la persona en cuestión. Si descubre que el esclavo, que se encuentra encadenado a su autoridad, es sensible a impresiones por las cuales puede escapar de su dominio, preparará las medidas necesarias para hacerlo insensible a estos impulsos de liberación.

 

¿Cómo lo hará? De dos maneras: por fuera y por dentro.

 

Hay impulsos transfigurísticos que fueron aportados a la humanidad por todas las vías posibles, con la intención de liberar a los esclavos. Pues bien, su interés estribará en dominar todos estos impulsos y darles su propia explicación. Si están contenidos en libros, prohibirá su lectura o los quemará. Si no puede hacerlo, desfigurará su contenido de todas las maneras concebibles. Establecerá una organización que habrá escogido estos libros como supuesta base de vida. Entonces podrá sacar de ellos lo que quiera, predicar lo que le guste y construir toda una ciencia con el fin de hacer expirar la vibración de todo peligro en la línea horizontal. El esclavo siempre creerá escuchar la palabra de vida, pero será usted quien tirará de los hilos.

 

 

Si este método exterior se muestra insuficiente, se atacará al esclavo también en la sede de su conciencia, es decir, en su sangre. Por medio del nacimiento y de la magia, la sangre es oscurecida y mantenida en este estado de tinieblas. Así el esclavo ya no podrá escapar a esta doble dominación. Comprenderá ahora que, independientemente además del proceso natural al cual estamos todos sujetos, nuestra sangre también es dañada por la acción provocada por terceros y que los objetivos que suscitan nuestro interés son intencionadamente desfigurados. Qué nadie se crea, al respecto, absolutamente indemne. Por las continuas mezclas de sangre, todos nosotros y nuestros semejantes estamos atados los unos a los otros, de manera que la multitud humana, que actualmente todavía se consagra de manera directa a la corrupción de la sangre por la magia de la iglesia, ejerce también su influencia sobre nuestras vidas.

 

Si, además, tenemos en cuenta que el pensamiento humano está, desde hace ya numerosos siglos, completamente desviado hacia metas puramente dialécticas y que se ha apoderado de casi todas las llamadas transfigurísticas para desnaturalizarlas según el método descrito, puede imaginarse porque es tan difícil de comprender la llamada de salvación y porque nuestras reacciones a la palabra de vida se asemejan tan frecuentemente a las de Nicodemo.

 

Además del proceso natural de decadencia, somos dañados intencionadamente. He aquí porque el tiempo apremia. En los alumnos verdaderos de la Escuela Espiritual moderna aún hay cierta capacidad de reacción. Sin embargo, en todos decrece constantemente la receptividad a la Gnosis. Por ello, mientras aún esté a tiempo, la Escuela Espiritual no cesará de abrirnos a la verdad y de empujarnos a la regeneración.

 

Sin tregua, año tras año, le mostramos claramente que esta llamada a la transfiguración no es una invención de los servidores de la Escuela, sino la llamada del origen. Sin tregua, atraemos su atención hacia la lengua sagrada y santa de todos los tiempos para probar y confirmar nuestras informaciones.

 

No obstante, dado que es precisamente sobre la lengua sagrada hacia donde la magia de las iglesias dirige su interés para desfigurarla, es posible que, cuando le expongamos nuestro punto de vista sobre esta lengua sagrada, usted diga: «Sí, ésta es su manera de entenderla, pero creo que debo seguir otra opinión». Y así usted sopesará, unas contra otras, las diferentes interpretaciones y se perderá en toda clase de consideraciones y comparaciones, perdiendo así inevitablemente el hilo conductor. La sobreabundancia de ideas es también un método de la jerarquía para mantener prisioneros a sus esclavos.

 

Sin embargo, no cederemos en nuestros esfuerzos para intentar despertarle. Por ello, para reforzar nuestra argumentación, no queremos limitarnos sólo a estas consideraciones sobre la lengua sagrada, sino que llamamos su atención hacia los poetas y pensadores que han hablado y testimoniado de la irrefutable verdad y de la necesidad de la transfiguración. Comprenderá que no podemos, en ningún caso, ser exhaustivos sobre este tema. Haremos sólo una selección para atraer su atención hacia estos grandes testimonios, con el fin de que usted mismo pueda estudiarlos más de cerca, si se siente impelido a ello.

 

Nuestra intención es orientarle, una vez más, hacia el objetivo sagrado que está oculto para los pensadores y sabios de este mundo. Si puede encontrar el hilo perdido, si llega a poner en su lugar dentro del conjunto el eslabón que falta, la llamada no habrá resonado en vano para usted.

 

No se espera de usted que capte de un solo golpe, por así decirlo, toda la plenitud de la vida divina. Se trata de restablecer la unión, de un renacimiento. Incluso si todavía está envuelto en los primeros pañales de la nueva infancia, ya es más valioso que con la posesión de la mayor de las conciencias, en el sentido de la conciencia de este mundo; pues usted conoce las palabras: «Lo que está escondido para los sabios de este mundo, es revelado a los hijos de Dios.»

 

Llamamos ahora primero su atención hacia Dante, el gran poeta de la Edad Media. Muchos tienen probablemente en su biblioteca su obra maestra: La Divina Comedia. También es posible que muchos la hayan ojeado o leído. ¿Pero ha comprendido, tal vez, que la Divina Comedia es una obra genuinamente gnóstica? ¿Ha comprendido que la Divina Comedia anuncia un camino real de santificación, de desarrollo? El poema de Dante sobre el infierno, el purgatorio y el paraíso no es un sueño arbitrario, poético y fantástico, sino la viva personificación del camino completo de la transfiguración.

 

 

En su «Infierno», Dante describe el infierno de la vida dialéctica con sus consecuencias. El «Purgatorio», la montaña de la purificación, nos muestra de qué manera el núcleo espiritual, base de la vida nueva, puede ser liberado por el aniquilamiento del ser egocéntrico. Y en su «Paraíso», Dante nos presenta el Reino de Dios.

 

Quien estudia estos tres escritos a la luz de lo que queda de su receptividad interior, los percibe como un reflejo perfecto y claro de la Enseñanza Universal. Si usted es verdaderamente un hombre que ha leído mucho y si la luz espiritual aún puede penetrar en usted, sería casi inconcebible que no hubiese comprendido todavía el mensaje de la Divina Comedia y que no hubiese apreciado el tesoro contenido en ella.

 

En la «Divina Comedia» hay tres figuras principales: Virgilio, Dante y Beatriz.

 

Dante es el microcosmos combatiente, el sistema entero que, en un momento dado, toma conciencia de su exilio en la dialéctica y allí es tocado por la llamada de la Gnosis. Virgilio es su yo dialéctico, el verdadero yo de la naturaleza, la conciencia dialéctica.

 

Guiado por Virgilio, Dante atraviesa el infierno y descubre este mundo en su estado infernal y su realidad destrozada. Guiado por Virgilio, Dante penetra en el purgatorio, el mundo del aniquilamiento del yo. Y cuando ha subido hasta las cumbres más elevadas de esta montaña de purificación, cuando ha soportado y profundizado todo sufrimiento, Virgilio le deja solo. Pues el yo terrestre, el yo de la naturaleza, debe morir, no puede penetrar en la nueva Tierra. Juan debe desaparecer allí donde Jesús aparece.

 

Y, apenas Virgilio ha desaparecido, aparece ante Dante la Otra, Beatriz. Beatriz significa: la que hace feliz. En efecto, es el verdadero Otro celeste, la nueva forma que aparece cuando el yo terrestre ha desaparecido, es ¡la eterna alegría misma! Beatriz es la Gnosis, la que hace eternamente feliz.

 

Nos gustaría escribir de manera más detallada sobre esta maravillosa «Divina Comedia». Pero el tiempo apremia, y usted mismo debe penetrar hasta la luz.

 

Por ello sólo le indicamos a Bacon, la gran figura detrás de Shakespeare, Jacob Boehme y Walt Whitman, tres nombres tomados al azar en la grande y larga lista de testigos transfigurísticos que confirman la verdad y el carácter irrefutable de la «Divina Comedia».

 

El hombre que ha encontrado al «Otro» es, según Bacon, el hombre rico que, gracias a la llave, dispone constantemente de sus tesoros eternos. La Escuela Espiritual intenta entregarle continuamente la llave, el hilo perdido. Pero es usted mismo quien debe usarla.

 

Esto le hace decir a Jacob Boehme: «El conocimiento espiritual no puede transmitirse de un intelecto a otro; debe buscarlo uno mismo en el espíritu de Dios, que es la Gnosis.»

 

Y Whitman confirma estas palabras diciendo: «La Sabiduría no puede transmitirse del que la posee al que no la posee.»

 

Así queda claro, una vez más, que toda filosofía es especulación. Quien no ha penetrado aún hasta la luz no posee nada y no puede nada. El alumno debe traspasar todo saber dialéctico para llegar a la relación íntima con Dios. Cuando ha encontrado a Beatriz, y sólo entonces, entra en el Paraíso y se une con la Gnosis.

 

 

Esto hace que el alumno lo abandone todo, se desate de toda su vida de ilusión y diga, desde el fondo de su ser, como el antiguo iluminado español Juan de la Cruz:

 

Y si lo queréis oír,

consiste esta suma ciencia

en un subido sentir

de la divinal Esencia;

es obra de su clemencia

hacer quedar no entendiendo,

toda ciencia trascendiendo. ¡*¿

 

 

 

 

 

 

                                                                  VIII

 

LA GNOSIS COMO PRÂNA ORIGINAL

 

 

Usted sabe que todo ser que vive en este orden de existencia consume fuerzas y también las produce. Consumimos y producimos fuerza vital. Nuestro microcosmos es una estación de recepción de toda clase de fuerzas cósmicas que transformamos, ya sea para emplearlas en el metabolismo de nuestra propia existencia personal, ya sea para ponerlas al servicio de los demás.

 

Sabe además que la anarquía reina en esta gran economía existencial, que su equilibrio está alterado y que, por lo tanto, la vida no se desarrolla en una belleza cada vez mayor, sino que, a lo sumo, llega a mantenerse a través de sacudidas convulsivas y dramáticos cambios.

 

Aunque el hombre sabe que forma parte de un microcosmos, él vive aquí de manera incidental. Toda nuestra existencia es, día tras día, año tras año, un ininterrumpido encadenamiento de incidentes que son el resultado de perturbaciones en nuestro propio metabolismo; también se originan como consecuencia de las dificultades de existencia de nuestros semejantes, a las que nos vemos arrastrados y de las que frecuentemente no podemos sustraernos. Nuestra vida está estrictamente limitada a una lucha por la auto-conservación. ¡Y a esto le llamamos «vivir»!

 

Sin embargo, si profundiza en el sentido de esta vida, el temor o la repugnancia le oprimen el corazón. Desde nuestro nacimiento, todo trabaja con el fin de armarnos para la conservación de esta existencia; y, mientras estamos aquí abajo, muchos hombres se esfuerzan, con todos los medios a su alcance -medios religioso-naturales u oculto-naturales-, para armarse para la vida en el más allá.

 

¡No vivimos: existimos! Y, para mantener esta existencia, nos vemos obligados a luchar segundo a segundo. Creemos ver en esta existencia un plan, una meta, un sentido, un orden divino. ¿Cómo es posible que queramos ver lo que no se puede ver? ¿Cómo es posible que sigamos especulando sobre un futuro que no llega? ¿Cómo es posible que persistamos en este auto-engaño y no comprendamos esta ilusión?

 

Nuestra existencia es sufrimiento, pena y aflicción. Así era para las generaciones que nos han precedido, así es para nosotros, así será para las generaciones que vendrán detrás de nosotros. Toda la historia del mundo, desde su aurora hasta el momento presente, prueba que la existencia, lo mismo en este lado del velo que en el otro, jamás puede elevarse fuera del sufrimiento, la pena y la aflicción, por encima de la ilusión y la auto-conservación, jamás puede superar la dialéctica. Si no admite esta implacable realidad, si todavía no puede admitirla, la Gnosis no tiene nada que decirle.

 

Pero si conoce algo de esta realidad, será forzado interiormente, de forma espontánea, a buscar el sentido de la vida. Y entonces sabrá que «vivir» no puede ser lo mismo que «existir». La «existencia» jamás puede transformarse en «vida», lo mismo que la «vida» nunca puede cambiarse en «existencia».

 

Si consideramos nuestro microcosmos desde el punto de vista de la existencia, se puede decir: «No vivo; mi existencia es una ilusión de vida».

 

 

Si pudiéramos considerar nuestro microcosmos desde el punto de vista de la vida, descubriríamos que estamos muertos, absolutamente muertos para la vida.

 

Algo en nuestro microcosmos ha muerto y a consecuencia de esta muerte, algo distinto ha nacido. Si lo que ha muerto pudiera ser resucitado, la existencia y lo que existe desaparecerían y la propia vida aparecería. No puede transformar en vida la existencia y lo que existe. Si intenta hacerlo, la vida permanece en su tumba.

 

Si la existencia y lo que existe son conducidos al sepulcro, no de manera incidental por la muerte natural, sino por un proceso estructural y fundamental, entonces la vida se levanta de su tumba. Tal es el sentido único y exclusivo del Evangelio de las Pascuas.

 

No es posible ningún compromiso entre «existir» y «vivir». La existencia jamás puede formar parte de la vida. Los esfuerzos realizados por la existencia, a lo largo de miles de siglos, para captar la vida se definen con las palabras: pena, sufrimiento y aflicción, las cuales caracterizan la existencia, son sus sinónimos. Sin duda, la existencia puede tratar de librarse de estos signos característicos, de estos sinónimos existenciales, por la religión, el ocultismo, el humanitarismo, el materialismo; pero sin éxito. Si no está de acuerdo con esto, no vamos a querellarnos o a entrar en una fuerte disputa con usted. Antes bien, nos dejaremos mutuamente en paz; entonces cada uno se irá por su camino, y en el momento oportuno veremos los resultados.

 

Le decimos esto porque hemos descubierto el sentido de la vida, y querríamos, de buen grado, ayudarle a liberar todo su microcosmos de la pena, el sufrimiento y la aflicción. Si esta ayuda le satisface, sabrá también que nos esforzamos en conducir a la tumba, también en usted, la existencia y lo que existe. Pues esta penetración en la tumba es la condición de la resurrección de la vida.

 

Decíamos anteriormente: «Cada microcosmos toma fuerza vital, cada microcosmos elabora fuerza existencial». Los antiguos llamaban «prâna» a esta indispensable fuerza de la existencia. Puede traducir esta palabra por sustancia vital, por pan de vida.

 

Ahora bien, hay diferentes clases de prâna. Opinamos que es posible un número ilimitado de estados de la sustancia primordial. Situamos todos estos estados de la sustancia primordial en dos apartados y hablamos de fuerza de existencia y de fuerza de vida, de prâna y de prâna primordial o, según la Biblia, de alimento corruptible y de pan de vida.

 

Debe ahora prestar toda su atención a lo que sigue. Cuando la Gnosis se dirige a usted y le habla, ella se dirige a su microcosmos. Cada microcosmos posee tres estados de conciencia:

 

A) El microcosmos es consciente de sí mismo en tanto que unidad, en tanto que sistema. Por este hecho, podemos hablar de conciencia cósmica.

 

B) El microcosmos posee, en segundo lugar, la conciencia de la personalidad que se ha formado en él.

 

C) El microcosmos posee, en tercer lugar, lo que se llama subconsciente, en el cual quedan registradas todas las experiencias de la conciencia cósmica y de la conciencia de la personalidad.

 

Cuando hablamos de conciencia cósmica, no queremos indicar con ello algo semejante a una conciencia espiritual, pues todo estado de conciencia es un estado de sustancia puramente natural. La conciencia reacciona al espíritu, pero no es el espíritu.

 

Usted debe verlo así: Su conciencia cósmica se corresponde con la totalidad de su esfera de existencia. Como consecuencia de esta conciencia, la sustancia primordial -el prâna- es atraído y transmutado. Entonces se produce un resultado en la esfera de existencia: la forma de la personalidad con su propia conciencia. Los resultados de ambas operaciones y estados quedan finalmente registrados en el subconsciente.

 

 

Si posee una personalidad pecadora, impía, ello es prueba de una conciencia cósmica pecadora e impía, pues la personalidad es obra de la conciencia cósmica. En consecuencia, la muerte fundamental de la naturaleza que designamos como «la endura», la abolición fundamental de la existencia y de lo que existe, no consiste en la eliminación, en primer lugar, de la forma de la personalidad y de su conciencia, sino en la extinción fundamental de la conciencia cósmica existente. Por ello, la Biblia llama «primera muerte» a la abolición de esta conciencia cósmica, de esta conciencia microcósmica.

 

Y cuando la conciencia cósmica muere según la naturaleza dialéctica y se reconcilia de nuevo con Dios, es decir, con el Espíritu, cuando esta conciencia se encuentra de nuevo en completa concordancia con el Espíritu, la forma de la personalidad que había sido creada por esta conciencia cósmica pecadora, que a partir de ahora ya ha muerto, es igualmente abolida. Una personalidad totalmente distinta inicia su desarrollo.

 

A este aniquilamiento de la antigua personalidad, la Biblia lo llama «la segunda muerte»; y añade que, en el momento de una revolución cósmica, nadie puede ser dañado por la segunda muerte. Lo que quiere decir que, cuando un microcosmos es liberado de su conciencia cósmica pecadora y ha sufrido, por consiguiente, la primera muerte, la supresión incidental del cuerpo material no puede perjudicar, de ninguna manera, el proceso de renacimiento.

 

Cuando, hace siglos, la inquisición encarceló, martirizó y mató a millares de cátaros, el proceso de regeneración ya se había desarrollado desde hacía mucho tiempo, por lo que ya no podían ser dañados por la muerte.

 

Cuando observamos toda la estructura del sistema microcósmico, descubrimos que en él se encuentran diversas posibilidades de mistificación y de vida ilusoria. Existe un grupo de ilusiones a nivel del subconsciente, un grupo a nivel de la conciencia ordinaria y un grupo a nivel de la conciencia cósmica.

 

Hay gente que se sumerge por completo en la esfera del subconsciente. Esto significa que estos hombres, por y con toda su personalidad, se abandonan totalmente a sus inspiraciones, aspiraciones, inclinaciones e instintos, con todos los aspectos posibles de genialidad, idealidad, bestialidad, bondad y maldad. Todo eso es tan sólo torturarse con el pasado, cavar y escarbar en él. Éste es un pasatiempo que lleva a sufrimientos y  aflicciones inmensas.

 

Hay gente que se sumerge completamente en la esfera de la conciencia ordinaria. Ellos niegan toda sugestión del subconsciente y se sitúan, con toda su miseria y sus instintos existenciales, en el presente actual, en una total afirmación del yo y con la puesta en escena de todas las posibilidades de su conciencia. Usted ya sabe a dónde conduce todo esto.

 

Hay también entidades que se sumergen totalmente en la esfera de la conciencia cósmica. Lo que esto significa posiblemente es más difícil de comprender. Los hombres que poseen la conciencia cósmica de esta naturaleza, intentan substraerse a las consecuencias del pecado y de la muerte, empleando el máximo de organización posible en la interacción recíproca entre nuestro mundo de existencia y las diferentes formas de prâna.

 

Ellos son los fundadores de la ley, son los eones de la naturaleza dialéctica. Colocan y preservan bajo su ley todo lo que existe, y así prolongan nuestro orden de existencia y mantienen la pena, el sufrimiento y las aflicciones.

 

 

Los conscientes cósmicos son los gobernantes jerárquicos de la naturaleza. Los conscientes ordinarios son los rebaños que viven bajo la ley y que aportan como leche el prâna transmutado del que se alimentan los conscientes cósmicos para mantenerse. Los subconscientes gratifican a los rebaños con un mar de ilusiones religiosas, artísticas y científicas, gracias a lo cual la inaceptable existencia parece ser «vida». Y la humanidad pone sus esperanzas en el futuro, en un futuro en el que cree que podrá escapar de su existencia dolorosa.

 

Posiblemente, en su reflexión ahora usted se encuentra ante una dificultad. ¿Por qué el consciente cósmico tiene necesidad de explotar a los demás para poder prolongar su existencia y la de su mundo? Vamos a esforzarnos en aclararlo. El hecho de comprender el cómo y el porqué de esto puede ser para usted un manantial de gracia. Ya que si llega a entender cómo y porque es explotado, verá también ante sí, más claramente que nunca, el camino de la liberación.

 

Un microcosmos es una esfera de conciencia en la cual debe desarrollarse, con la ayuda del prâna, es decir, de la sustancia primordial, cierta idea abstracta. La idea que sirve de base a este desarrollo no proviene ni del prâna, ni del microcosmos, ni de nada que se encuentre en el microcosmos, sino de un mundo extracósmico, suprapránico. El microcosmos es el medio para alcanzar el fin, pero jamás es el fin en sí mismo. Por ello decimos que la conciencia tampoco es el fin, sino solamente un medio para alcanzar el fin. La conciencia es alma y debe ser animada por algo distinto.

 

La meta del universo reposa en Dios, es decir en el espíritu, en un mundo pránico superior-exterior. Cuando la conciencia existe en su microcosmos en concordancia con esta meta, cuando va «de la mano de Dios», es irradiada en el sistema una sustancia pránica absolutamente pura, que se corresponde por completo con la meta. Entonces todo el sistema se convierte en un campo de radiación de una gran magnificencia y, por transmutación, la sustancia pránica es restituida al plano de vida cósmico. Esta sustancia confiere al plano de vida pránico posibilidades más grandes; por lo que la evolución se puede cumplir de una manera mejor, más rápida y más grandiosa.

 

Es un axioma divino: por medio de los Hijos de Dios, la sustancia divina puede convertirse en más divina, más espléndida, más poderosa. De esta manera es posible el desarrollo de una evolución del plano de vida pránico.

 

Sin embargo, cuando una conciencia se separa del espíritu que la dirige y sigue su propio camino, aparece la necesidad de un prâna que no puede extraerse del prâna primordial. De ello resulta necesariamente que tal microcosmos no puede mantenerse en el campo de vida pránico original y desciende a un plano inferior. Pero también en este plano inferior reinan normas que no se pueden traspasar. Por ello, finalmente, todo el microcosmos deberá forzosamente desnaturalizarse por falta de medios de existencia o reconciliarse con el plano de vida pránico original.

 

No obstante, aún hay otra posibilidad. Cuando cierto número de microcosmos caen del campo pránico primordial, llegan, en el plano pránico inferior, en un estado de neutralidad pránica. Esto significa que el prâna de este campo de vida puede procurarles tanto una resurrección como una caída más profunda. Este estado de cosas es necesario para hacer posible el regreso.

 

Así pues cuando, en tanto que sistema, absorbemos prâna como pan de existencia, devolvemos prâna. Si este prâna transmutado está en equilibrio con el campo pránico en el que vivimos como microcosmos, recibimos de nuevo el prâna macrocósmico para asegurar nuestro metabolismo existencial. Si lo que devolvemos no posee este equilibrio, nuestras propias obras, nuestros propios productos regresan a nosotros. Y  así hemos creado, a nuestro alrededor, un campo pránico particular del cual y en el cual estamos obligados a existir. Entonces se rompe el contacto entre el campo pránico anterior y nosotros. Esta situación engendra una gran miseria, un peligro terrible para la existencia, lo que conduce forzosamente a una caída cada vez más profunda.

 

 

Ahora bien, las entidades que se encuentran en las mismas condiciones que nosotros, y que disponen aún de su conciencia cósmica y se dan cuenta de estos peligros, reúnen alrededor de ellas a todas aquéllas que les son semejantes. De esta manera, numerosos microcosmos forman, en el campo de vida pránico, una gran esfera diversificada. Toda la sustancia pránica proveniente de esta diversidad es, entonces, concentrada y conservada como reserva para la subsistencia en un desierto pránico, al igual que el granjero acumula el estiércol para abonar sus campos. Y así, el final de la precaria existencia es retrasado tanto tiempo como sea posible.

 

Los supraconscientes ocupan el centro de la telaraña y, bajo el rigor de la ley, obligan a todos los conscientes ordinarios y subconscientes a confiar a la colectividad todos sus productos pránicos, con la vana esperanza de poder extraer un día de nuevo, por medios culturales, el prâna original o, por lo menos, el prâna inferior de la sustancia primordial.

 

Así se explica la existencia, en el gran campo cósmico, de la nube impía de la naturaleza pervertida. Esta nube impía gira, como una esfera, en el espacio del prâna inferior. Y así es como nuestras propias obras nos siguen y nuestro campo de existencia es también nuestra prisión microcósmica.

 

Pero la Gnosis no nos deja en este lugar de terror sin ofrecernos una posibilidad de liberación. Cada microcosmos recibe la posibilidad ilimitada de dejar en todo momento su campo de existencia para volver al campo de la vida. Cada microcosmos puede, por sus propios medios, desarraigarse directamente él mismo, en tanto que esfera, en tanto que «minutus mundus», de la nube impía y, mediante esta separación, ser admitido de nuevo en el campo pránico primordial.

 

Recibir el prâna original significa abandonar la supraconciencia, la conciencia cósmica de la naturaleza, y asimilar de nuevo en el sistema el pan de vida. Quien recibe el pan de vida, quien puede recibirlo, da pruebas evidentes en todo su microcosmos, y la segunda muerte no le causará ningún daño.

 

Posiblemente ahora comprendamos las palabras del Evangelio de Juan: «En verdad, Yo os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis la vida en vosotros. Yo soy el pan de vida. Aquél que come de este pan vivirá eternamente».

 

Quien emprende el camino provisto de este pan, ha puesto el pie en el camino de la liberación.

 

                                                               IX

 

LA GNOSIS Y LA REGENERACIÓN DE TODA LA NATURALEZA

 

 

Nuestras exposiciones sobre el tema de la Gnosis le ha mostrado que el sistema microcósmico completo puede ser subdividido en tres aspectos de conciencia:

 

la conciencia cósmica, llamada así porque se relaciona con el sistema microcósmico en su totalidad;

 

la conciencia de la personalidad, que sólo guarda relación con la personalidad;

 

y la subconsciencia que, en primer lugar, es la síntesis de los otros dos estados de conciencia, pues recoge la suma total de las experiencias hechas por las otras dos conciencias y que, en segundo lugar, sirve como espejo en el que la conciencia cósmica se da a conocer a la conciencia de la personalidad.

 

Debemos añadir aún que el subconsciente controla algunos puntos importantes en los tres santuarios -el de la cabeza, el del corazón y el de la pelvis-, así como otros centros tales como, por ejemplo, el de los pies y el de las manos.

 

El alumno debe comprender todo esto para que pueda captar lo que ocurre cuando la Gnosis comienza a regenerar toda su naturaleza. Quien quiere comprender algo de «las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz» debe profundizar, en mayor o menor medida, en la presencia y la actividad de los tres estados de conciencia o de las tres almas.

 

La Fraternidad Universal desea informar sobre los fundamentos del proceso de transmutación a todos los que pueden entender y seguir el camino, pues el tiempo ha llegado. El camino es desvelado a todos los que tienen ojos para ver y oídos para oír, lo que quiere decir que la Gnosis se manifiesta, con una actividad acrecentada, a todos aquellos que poseen en su microcosmos la posibilidad de recibirla.

 

Los grandes focos de la Escuela Espiritual están preparados para estar al servicio de este trabajo de manifestación. Por este motivo, una vez más, es preciso dar a todos los alumnos el apremiante consejo de utilizar estos focos de manera adecuada.

 

Nuestra Escuela posee en este momento varios focos importantes y sabemos que si los alumnos hacen los esfuerzos suficientes y se entregan al trabajo de la única manera posible, no tardarán en erigirse muchos otros focos.

 

Sin embargo, el esfuerzo en cuestión no le será pedido, ya que debe ser ofrecido espontáneamente. Debe provenir de su ser interior. Se trata de un esfuerzo desplegado en diversos planos y, en la medida en que lo comprenda y lo ponga de manifiesto, el gran trabajo se propagará de una manera sorprendente, de modo que será posible, en un momento dado, trabajar con numerosos focos.

 

Ciertamente, si se prepara cada vez más y mejor para captar el sentido de escritos como éste, comprenderá también cada vez mejor el conjunto, de manera que será capaz de utilizar íntegramente la ayuda llena de gracia de la Gnosis, con el fin de recibir en su sistema microcósmico la santa Luz Séptuple.

 

Usted sabe que la actividad salvadora del prâna original universal es designada como la santa Luz Séptuple. Al principio del Apocalipsis de Juan -que es el hombre que se dirige de nuevo hacia el espíritu universal de amor, es decir, hacia el prâna original-, este Hermano es confrontado con un misterio séptuple. Ve siete candelabros de oro y, en medio de los siete candelabros de oro, la figura humana original con siete estrellas en la mano derecha. Recibe la misión de dirigirse a las siete comunidades que están en Asia y transmitirles, a cada una de ellas, un mensaje del Espíritu Séptuple.

 

 

Este misterio dirige la atención también hacia el hecho de que el microcosmos en su conjunto posee siete aspectos, y que cada uno de estos siete aspectos se diferencia a su vez de manera séptuple. Hablamos de las siete esferas del macrocosmos, pero también el microcosmos posee siete esferas.

 

Por este motivo, cuando el candidato a los misterios transfigurísticos encuentra de nuevo el prâna original en su conciencia cósmica, también debe encender un candelabro de oro de siete brazos, ya que en el proceso de la transfiguración las siete esferas del microcosmos y sus siete aspectos deben renacer completamente. La luz séptuple debe penetrar, destructora y purificadoramente, hasta las profundidades oscuras de la séptuple constelación microcósmica y, en la radiación de esta luz séptuple, debe realizarse la total regeneración de la naturaleza microcósmica.

 

Todo alumno de esta Escuela debe comprender ahora exactamente cómo, dónde y cuándo puede asir el hilo de este séptuple proceso liberador. Solamente entonces el microcosmos extraviado podrá volver a encontrar la salida luminosa. En el laberinto dialéctico, sólo se puede asir este hilo si la santa Luz Séptuple se refleja todavía -o de nuevo- en el subconsciente y puede penetrar así hasta la conciencia de la personalidad y la conciencia cósmica.

 

Esta posibilidad reflectora depende de dos factores. Primero, es preciso que el sistema microcósmico, como sistema séptuple, posea aún alguna calificación en este sentido. El segundo factor exige que el comportamiento de vida del candidato sea de naturaleza tal que provoque este poder reflector. Sólo si se es apto y se está dispuesto, el prâna original, en tanto que fuerza de radiación, podrá penetrar en el sistema.

 

Si por un momento lleva su pensamiento hacia el ser misterioso que vio Juan, recordará entonces que, de la boca de este ser, sale una espada puntiaguda de dos filos, cuyos golpes acrecientan la capacidad elemental y la disposición del alumno. A medida que caen estos golpes, la fuerza de radiación del prâna original puede trabajar mejor en el sistema.

 

Puede suceder que un hombre haya sido tocado reiteradas veces y desde hace tiempo por la espada, sin que él sea consciente de ello, ya que el prâna original debe abrir un pasadizo hasta el subconsciente. Una vida de auto-sacrificio, una existencia de abandono del yo en esta naturaleza hasta el punto de que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda, ayudará en gran manera a esta apertura. Y, en un momento dado, un rayo de oro de la luz pránica original podrá penetrar hasta el fondo del pozo.

 

El fondo del pozo, descrito en las «Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz», se corresponde con el espejo del subconsciente cuya sede está en el plexo sacro, en la parte inferior del sistema espinal del fuego espiritual. El rayo de oro de la luz pránica original debe penetrar hasta el plexo sacro.

 

Este rayo se compara con la cuerda que desciende en un pozo. Para que este rayo, esta cuerda pueda descender, la tapa del pozo debe ser retirada. La cobertura, o tapa del pozo, se corresponde con el santuario de la cabeza. En el santuario de la cabeza se encuentran siete rosas y cada rosa constituye una abertura que conduce al pozo, al subconsciente. Y hasta que las siete cuerdas, los siete rayos del prâna original de oro, no han descendido en el pozo, la actividad reflectora del subconsciente no puede funcionar plenamente. Entonces Cristián Rosacruz podrá ser sacado del pozo por medio de la sexta cuerda.

 

Esta información atrae la atención del alumno hacia el hecho de que, en el instante en que el sexto rayo de la luz pránica original desciende al interior del pozo por la sexta rosa, la conciencia cósmica reconoce, en el mismo instante, su vocación, su misión y la presencia de la luz pránica original.

 

El séptimo rayo es entonces necesario para concluir el proceso. Hasta ese momento, la conciencia cósmica aún estaba totalmente unida con el cosmos dialéctico y ejecutaba el trabajo que la jerarquía dialéctica le imponía, sometiéndose voluntariamente. Pero por el séptimo impulso de la luz dirigido al subconsciente, se produce como un sonido retumbante de trompeta, un sonido intensamente penetrante, cuyas vibraciones se propagan a través de todo el sistema microcósmico.

 

En el sexto toque, la conciencia cósmica percibe el Espíritu Santo fuera de ella; en el séptimo contacto, el Espíritu Santo penetra definitivamente en el sistema y empieza la regeneración de la naturaleza en su totalidad.

 

Así le quedará claro que aquí se podría hablar de una primera resurrección. Por la actividad de la santa Luz Séptuple, por los siete rayos dirigidos hacia el plexo sacro, la única vida verdadera penetra en el sistema microcósmico del alumno que ha realizado esta séptuple tarea preparatoria. Entonces la vida es despertada en el seno del reino de la muerte y, bajo la dirección de esta vida, la muerte es engullida por la victoria, tal como dice la Biblia. Esto significa que, en el momento en que el prâna original de la vida hace su entrada en el sistema microcósmico, comienza la muerte progresiva de la naturaleza antidivina.

 

Por el consolamentum de la vida, la endura puede realizarse. Cuando un alumno ha sido sellado con este sello de vida, ya nada ni nadie puede dañarle. Ni las alturas, ni las profundidades, ni ninguna desgracia pueden ya separarle del Cristo, es decir del hombre nuevo divino que está desarrollándose dentro de él.

 

Posiblemente ahora comprenderá las palabras de la carta a los Colosenses, capítulo 3: «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pensad en las cosas de lo alto y no en las de la Tierra. Pues habéis muerto, y vuestra vida está aún escondida con Cristo en Dios.»

 

En esta carta a los Colosenses, carta eminentemente gnóstica, aunque muy mutilada, el iniciado Pablo distingue la resurrección de la revelación. Por esto prosigue:

 

«Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces también vosotros seréis glorificados con Él. Así, pues, mortificad vuestros miembros terrestres.»

 

«Ser habitante de Colosas» quiere decir: haberse iniciado en el proceso de regeneración. Que todo lo que Pablo dice a los colosenses le esté destinado a usted, depende de que, también usted, sea resucitado con Cristo.

 

Cuando oye hablar a un teólogo de esta «resurrección con Cristo», sabe entonces que él cree en una participación en el ser crístico por una fe mística e intelectual en una resurrección en tanto que hecho histórico. Pero debe comprender que «ser resucitado con Cristo» se refiere al nacimiento de la luz pránica original en el sistema microcósmico. Y este nacimiento sólo puede realizarse si, en un momento dado, la trompeta del séptimo rayo resuena y si, por este hecho, el microcosmos es cambiado.

 

Ahora bien, entre esta resurrección, este nacimiento, tras el sonido de la trompeta, y la manifestación del Cristo, se sitúa un proceso de muerte y de vida, de transmutación total. Por esto todos los miembros terrestres, que son de la Tierra, deben ser aniquilados, y por esto el habitante de Colosas debe colaborar inteligentemente en este proceso y no debe pensar en las cosas que están en la Tierra y son de la Tierra, sino en las cosas que son de lo alto.

 

Cuando, tras la preparación séptuple, la conciencia cósmica del alumno se inflama en la luz pránica original, esta conciencia cósmica tiene acceso pleno al subconsciente. Entonces la fuerza, el poder del plexo sacro funcionará como un espejo finamente pulido e influirá de abajo hacia arriba y de manera regeneradora la conciencia de la personalidad, la cual todavía es plenamente de la naturaleza y aún le pertenece por completo.

 

 

Será entonces absolutamente posible que la personalidad de esta naturaleza se acomode a las sugestiones de su propia conciencia cósmica y que, por el espejo del subconsciente, también la personalidad pueda leer y comprender plenamente, si acepta dejarse guiar por el hombre divino resucitado en el sistema, lo que el Espíritu Santo quiere darle a entender.

 

Por esto, el iniciado Pablo, hablándoles sobre estas cosas, no aconseja a sus alumnos de Colosas que entren en lucha con el yo inferior, en los tropiezos, los sufrimientos y las decepciones continuas, sino que les indica científicamente el proceso. Les dice que ellos son perfectamente capaces de causar la muerte, por medio de lo que en ellos ha resucitado, a los miembros de la naturaleza dialéctica, con tal de que quieran orientarse hacia las cosas que están en lo alto.

 

No hay nadie de entre ustedes, absolutamente nadie, que no quiera orientarse hacia las cosas que están en lo alto. Podemos decirlo con certeza, ya que en caso contrario, es indudable que no dedicaría algunas horas en leer un libro como éste. Cualquiera de ustedes quiere dirigirse hacia las cosas que están en lo alto, pero no puede, a menos que haya resucitado con Cristo, a menos que esté unido microcósmicamente al prâna original de la vida. La ausencia de esta unión es la causa de todas sus dificultades, de todos sus sufrimientos, de todas sus aflicciones. Está deteriorado moralmente por los numerosos antagonismos de su vida, porque aún está obligado a comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.

 

Pero si ha resucitado en Cristo, el hierofante puede decirle esto, y usted será capaz de cumplirlo: «Busca las cosas que son de lo alto».

 

Oriéntese hacia donde le dirige la conciencia cósmica, la supraconciencia, donde Cristo ocupa la diestra de Dios, donde está el prâna original de la vida, el cual está totalmente unido al Logos Universal. Entonces se le podrá decir:

 

«Hermano, hermana, ve: has muerto. Estás separado de la dialéctica, pero la vida plena está aún escondida con Cristo en Dios. Ahora das muerte progresivamente a tus miembros terrestres, entonces progresarás de fuerza en fuerza. Lo velado será cada vez más manifestado en Él, que es nuestra vida. Y, cuando se haya realizado la transmutación, te manifestarás en gloria».

 

Puede ser que perciba que entre usted y esta manifestación sublime se alza aún, en su vida, un obstáculo insuperable. Este obstáculo proviene del hecho de que los siete rayos de la luz pránica original no han penetrado aún hasta el subconsciente, o bien que usted no ha reaccionado aún de forma conveniente a ello, por lo que la trompeta todavía no ha podido sonar.

 

Por ello el misterio de los siete rayos llameantes en el pozo de la muerte, le será aclarado en la siguiente carta.

 

                                                      X

 

EL DESCENSO DE LOS SIETE RAYOS DE LA LUZ PRÁNICA ORIGINAL

 

 

Cuando la luz pránica original, única e indivisible, toca el microcosmos del alumno, él descubre como esta luz es absorbida por los siete aspectos del sistema microcósmico.

 

En la carta anterior le dijimos que el microcosmos posee siete aspectos y que cada uno de ellos se diferencia a su vez de manera séptuple. Cuando se habla de la santa Luz Séptuple se quiere decir que la luz pránica original, única e indivisible, actúa de manera única en el sistema microcósmico séptuple. Cuando el trabajo del Espíritu Santo se ha realizado en el microcosmos, el hombre renacido sostiene las siete estrellas con la mano derecha, lo que significa que todas las estructuras del microcosmos están de nuevo en completa concordancia con la esencia de la luz pránica original y, entonces, todo el sistema manifiesta plenamente esta victoria.

 

En toda transfiguración, es una condición absoluta que el constructor, con la ayuda de la luz pránica original y por ella, debe derribar y reconstruir. Pues esta luz es el pan de vida y, por el consumo de este pan, se devuelve al microcosmos la verdadera vida. Quien puede comer de este pan posee la vida eterna, posee a Tao. Quien puede comer este pan universal descubre que la luz pránica original brota como una corriente de fuerza pura, como el vino del espíritu a través de todas las partes del sistema. Es el río universal sobre cuyas riberas debe construirse la ciudad divina: el microcosmos renacido. Éste es el sentido de la Santa Cena, la consumición del pan y del vino. Esto es ser admitido plenamente en la luz pránica original y sus efectos.

 

Festejar la Santa Cena siguiendo las costumbres de los medios religiosos naturales no tiene más que un sentido muy imperfecto; este acto es incluso muy peligroso, ya que cuando el hombre natural, totalmente orientado en la línea horizontal de esta existencia, celebra esta cena por hábito o adoración mística, no se produce de ningún modo un aflujo del vino del espíritu, sino que se renueva la unión con la jerarquía de la esfera reflectora, se produce por enésima vez un nuevo encadenamiento a la rueda.

 

Cuando, hace años, emprendimos nuestro trabajo en la Escuela de la Rosacruz, pensábamos en restablecer la celebración de la verdadera cena. Íbamos en busca de la puerta, recordando las palabras: «He aquí que Yo me detengo ante la puerta y llamo; si alguien oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.» Por ello empezábamos con un acto sobrio, puramente simbólico, con el fin de despertar el pre-recuerdo y de mantenerlo vivo hasta que llegaran los tiempos.

 

Cada alumno, si adopta una actitud inteligente, se planteará la cuestión de cómo puede volver a conectar con la luz pránica original, para que ella pueda ejercer en el microcosmos una actividad regeneradora, capaz de conducir al nuevo nacimiento. Se trata de una orientación inteligente, el preguntarse cómo un alumno puede realmente convertirse en un francmasón.

 

La noción «francmasonería», en su acepción original, y más especialmente la palabra «franc», es decir libre, no designa el individualismo agudo, el egocentrismo corriente burgués de nuestro mundo. Ser libre significa poder trabajar en, con y a través de una fuerza verdaderamente liberadora. Por esto, todo esfuerzo que se separe de la Gnosis es negativo en sus resultados y contribuye a acrecentar el sufrimiento y la aflicción. Esta fuerza de libertad, esta luz pránica original, este pan y este vino llaman a la puerta. ¿Cómo podemos abrirles? «Si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo». ¿Pero cómo llegaremos a abrir esta puerta? Esto es precisamente lo que la Escuela de la Rosacruz le enseña: cómo abrir la puerta que conduce a la libertad eterna. Y en este sentido deseamos hablarle del descenso de los siete rayos de la luz pránica original.

 

Cuando dirige la mirada hacia el cielo estrellado, ve diversas esferas llamadas oscuras. Todas estas esferas giran en un gran campo de luz, pero ellas son oscuras. Sólo podemos percibirlas porque, con su presencia, reflejan un poco de la luz cósmica. Esto es así para todos los cuerpos oscuros: los percibimos porque la luz está presente.

 

Puede así imaginarse que la luz pránica original también está presente, es omnipresente. Ella forma un campo de luz en el cual giramos como esferas oscuras. En ocasiones somos más o menos conscientes de que estamos en esta luz, de que existimos por la gracia de este amor universal. Sin embargo, el tener consciencia de eso, sin más, tiene poco valor.

 

Los mensajeros de la luz universal penetran a veces en los lugares tenebrosos de nuestra existencia para decirnos: «La luz está aquí. Mira, yo estoy en la puerta y llamo». Esta llamada viene hacia nosotros para dirigir nuestra conciencia hacia la luz.

 

No basta con responder: «deja que la luz me toque, como ayuda en la oscuridad», exactamente como cuando encendemos, por medios mecánicos, una luz. Pues usted comprende que una oscuridad que ha sido iluminada mecánicamente sigue siendo oscuridad, igual que una entidad de la esfera reflectora envuelta en su manto de éter luminoso no da, por ello, ninguna prueba de la luz pránica original divina.

 

Toda la realidad dialéctica, todo el orden de la existencia y de lo que existe, todo eso es llamado «las tinieblas» en la Biblia. Las tinieblas y la luz pránica original no pueden reconciliarse. Por esto la puerta permanece cerrada hasta que usted se atreva a aceptar el santo combate en su vida.

 

En cuanto piense que la luz viene a usted para iluminarle en su existencia actual, sea como fuere; tan pronto como, con cierto júbilo, da prueba de esta convicción, tal unión es el resultado de la falsa gnosis con la que se encuentra en equilibrio natural. Usted debe llegar a descubrir que toda su existencia, sea cual sea la causa mecánica que la ilumine, está absolutamente en las tinieblas y no ofrece ninguna perspectiva. Llegará a este descubrimiento cuando haya puesto a prueba todas las posibilidades que juzga capaces de liberarle y se haya convertido, por sí mismo, en un hombre dialéctico purificado y al mismo tiempo desengañado.

 

Cuando un hombre cansado y abatido llega a este descubrimiento, puede adoptar dos comportamientos diferentes. Puede negarse a aceptarlo y atenerse a las consecuencias. Camuflará, entonces, su lastimoso estado y adoptará una apariencia de paz y de equilibrio. Pero también puede aceptar el santo combate. Abrirá entonces la puerta y dará acceso a la santa Luz Séptuple. Esta decisión no le aportará la paz, ni el deleite, ni el toque consolador como el de un sol de primavera; sino que, por el contrario, atraerá sobre su vida una nueva serie de conflictos. Sin embargo, éstos son conflictos de los que se puede decir: «Esta enfermedad no es mortal, sino que su finalidad es la de que nazca la vida misma».

 

Lo que se debe romper y lo que debe morir es la realidad de las tinieblas; la ilusión de esta vida debe desvanecerse. Por esto la Santa Cena es una comida fúnebre. Después de la cena, la ilusión, con sus numerosos conflictos, es vencida. Se destruye en el camino de la cruz y en la mañana de la resurrección.

 

Antes de formar parte del ser de Cristo, antes de que pueda llevar la cruz de la transmutación y antes de que pueda fijar en la cruz la rosa de la mañana de la resurrección, ha de celebrar su cena. Y esta cena es una cena fúnebre. Se refiere al descenso de los siete rayos de la luz pránica original.

 

En la Escuela del Espíritu, se habla de «cena» porque este estado indica una despedida. El día de la antigua vida dialéctica sometida a las costumbres ha transcurrido y, al atardecer de ese día, el alumno se eleva hacia el nuevo día eterno, del cual espera ver pronto lucir la aurora.

 

 

La Escuela de la Rosacruz es un esfuerzo de la Fraternidad Universal para conducirle a esta cena. No llega a ella automáticamente. Usted mismo debe tomar la decisión; por una orientación personal inteligente, usted mismo debe poner fin a su día de la naturaleza.

 

Por esto las «Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz» empiezan declarando con insistencia que C.R.C., en la noche antes de Pascua, estaba ocupado con la preparación de su cordero pascual predilecto.

 

Y así podemos descubrir cuatro fases principales del camino: en primer lugar la preparación, seguidamente la celebración de la cena, después el camino de cruz y, finalmente, la resurrección.

 

Sabemos que muchos alumnos de la Escuela de la Rosacruz poseen la preparación para acceder a la segunda fase. Por esto la Escuela quiere hablarle sobre todo lo que requiere su atención y en lo que debe manifestarse su disposición.

 

En la segunda fase, la Gnosis, la luz pránica original emprende con usted un proceso, proceso que usted ha iniciado por propia decisión. Se trata de un combate, de un ataque dirigido contra el ser dialéctico en su totalidad, por fuerzas que no son de este mundo. El alumno debe ser sacado del pozo. A este fin, siete cuerdas, como ya se ha dicho, son arrojadas en el pozo de la muerte.

 

Se deduce, de todas las descripciones que nos han sido dadas en la literatura de buena fe, que se trata de la puesta en marcha de una lucha intensa. Johan Valentín Andreae nos habla de la sensación de ser retenido por pesadas cadenas, en compañía de una multitud innumerable, todos amontonados en desorden, unos sobre otros, como las abejas. Nadie puede ver ni oír nada. Allí reina una lucha tremenda porque cada uno quiere elevarse por encima del otro. Cada cual está ocupado en reprochar al otro su ceguera y su cautiverio. Y cuando la luz pránica original emprende entonces el proceso, la lucha se desencadena más fuerte que nunca. Cada uno golpea y lanza patadas. Cristián Rosacruz, hablando de él mismo, dice que se defendió con los pies y las manos de los numerosos ataques. La violencia y el caos aumentan a medida que las cuerdas descienden en el pozo y Cristián Rosacruz se siente incapaz de describir con precisión este acontecimiento.

 

Debemos buscar una aclaración a este formidable tumulto.

 

En una de las cartas precedentes ha leído que la luz pránica original se esfuerza primeramente en conducir el subconsciente, situado en el plexo sacro, hacia un estado totalmente nuevo. Un plexo sacro así cambiado representa en efecto la puerta hacia la renovación, hacia la transmutación de todo el microcosmos. En cuanto el plexo sacro pueda realizar correctamente su trabajo de reflexión, el pan y el vino de la Gnosis podrán realizar plenamente su trabajo.

 

En la segunda fase de salvación, el punto capital del trabajo de francmasonería está basado en el esfuerzo supremo del alumno para pulir de manera correcta el espejo de su subconsciente.

 

A propósito de este trabajo indispensable, que el alumno debe realizar como reacción espontánea al toque de la Gnosis, podemos hacerle partícipe de lo que sigue a continuación.

 

La Enseñanza Universal nos da a conocer que hay, en nuestro cuerpo, cuarenta y nueve plexos, siete veces siete, siete grupos de siete plexos. La mayor parte de estos cuarenta y nueve puntos nerviosos, o nudos nerviosos, no pueden comprobarse con el microscopio, por lo cual no todos los encontrará mencionados en los manuales de anatomía. Estos siete grupos de siete plexos están distribuidos por todo el cuerpo.

 

El primer grupo se sitúa en la cabeza, teniendo por centro el plexo carotídeo; el segundo grupo se encuentra en la garganta, con el plexo faríngeo como punto central; el tercer grupo se sitúa en los pulmones, con el plexo pulmonar como centro; el cuarto, en el corazón, tiene como centro el plexo cardíaco, a la salida del tronco braquiocefálico.

 

 

Encontramos el quinto grupo en la cavidad abdominal, con el plexo solar como foco. El sexto grupo está situado en el santuario de la pelvis, en conexión con los órganos sexuales, teniendo como centro el plexo pélvico. Y el séptimo grupo se encuentra en el sistema del fuego de la serpiente, con el plexo sacro como centro.

 

La dirección de todo el sistema de los plexos reposa sobre el séptimo grupo, lo que nos conduce a decir que el plexo sacro es el núcleo de los cuarenta y nueve nudos nerviosos.

 

Para captar bien el conjunto ha de comprender además que este sistema de plexos debe verse en colaboración estrecha con el sistema de glándulas endocrinas. Existen también cuarenta y nueve órganos de secreción interna, repartidos igualmente en siete grupos de siete. Lo mismo ocurre con los cuarenta y nueve aspectos de la sangre. La situación de su existencia es, pues, que el estado de su sangre forma la base de su existencia, mientras que la secreción interna y el sistema de los plexos determinan juntos su conciencia y su actividad.

 

Estos tres aspectos están en constante interacción. Un cambio en la actividad de los plexos ocasiona, necesariamente, un cambio en la secreción interna que, a su vez, puede cambiar directamente la base sanguínea.

 

Cuando, por una manera de actuar sostenida durante bastante tiempo, un alumno consigue cambiar su base sanguínea, la conducta por la cual se había decidido ya no le costará ningún esfuerzo. Ha obtenido una victoria que queda grabada en su sangre.

 

Así que retenga bien lo que sigue: Si, cansado de luchar en este mundo, llega al descubrimiento de que las tinieblas jamás podrán convertirse en luz y de que por medios mecánicos sólo se puede obtener un sucedáneo de la luz, entonces las actividades de su vida, su comportamiento general en este mundo, darán testimonio de ello. Si ha comprendido lo que acabamos de aclararle, será evidente que así ha sido modificada su base sanguínea.

 

Sobre esta base sanguínea la Escuela de la Rosacruz puede introducirle en la primera fase del proceso de santificación. La Escuela puede dirigir su atención hacia el Otro Reino, hacia la Gnosis, hacia el prâna original, hacia la realidad de la verdadera vida.

 

Puede suceder entonces que, después de haberse encontrado más o menos tiempo bajo los efectos reveladores de esta radiación de amor, tome la resolución de romper con la fase actual de su existencia, para ponerse en camino hacia la única y verdadera vida. Si esta resolución se toma, no bajo los efectos de una emoción o de una especulación intelectual, sino a causa de una verdadera necesidad vital, esta resolución constituye un acto verdadero que afecta a la secreción interna y a la sangre. Y por medio de este acto usted mismo abre la puerta.

 

¿Qué sucede entonces? Por esta decisión radical se abre, más o menos, una de las rosas situadas en la cabeza, pues este acto influye en la secreción interna. Tan pronto como la rosa se abre, el primer rayo de la luz pránica puede, como una cuerda, descender en el fuego de la serpiente e intentar despertar el sistema del plexo sacro que está dormido para la vida superior.

 

Si este esfuerzo de la Gnosis tiene éxito, el resultado será un nuevo comportamiento de vida, que tendrá como consecuencia la apertura de la segunda rosa, lo que permitirá el descenso de la segunda cuerda… y así sucesivamente, hasta que el Espíritu Séptuple haya realizado su tarea y el alumno haya respondido de manera séptuple. Entonces se ha celebrado la Cena y el alumno inicia el vía crucis.

 

En las cartas siguientes, le describiremos detalladamente los siete actos liberadores que se realizan en el transcurso de la Cena.

 

 

XI

 

LOS SIETE ACTOS LIBERADORES (I)

 

 

Cuando un candidato a la nueva vida, a la vida superior, cansado de luchar en este mundo, llega al descubrimiento salvador de que las tinieblas jamás podrán convertirse en luz y de que con medios mecánicos sólo se puede obtener un sucedáneo de la luz, entonces las actividades de su vida, su comportamiento general en este mundo, dará testimonio de ello.

 

Estas palabras de la carta anterior se refieren a las características de un hombre que, con la esperanza de una salida, se dirige hacia la Escuela de los Misterios. Es posible que quien aún espera algo esencial de esta vida dialéctica y todavía no ha llegado al final de un callejón sin salida, pueda mostrar un gran interés por la enseñanza y los problemas de la transfiguración. Sin embargo, la Gnosis no podrá penetrarle, de ninguna manera, en su aspecto liberador. Tal interés es, a lo sumo, intelectual y/o emocional.

 

En consecuencia, la Escuela de la Rosacruz abriga en su atrio a dos tipos de interesados: aquellos que tienen simplemente interés y quienes son empujados por necesidad interior. Sólo estos últimos pueden ser ayudados directamente.

 

Ciertamente no queremos decir que los que sólo tienen un simple interés harían mejor apartándose, pues posiblemente tales alumnos recuerden más tarde muchas enseñanzas, que las comprendan mejor entonces y reaccionen positivamente. Pero este grupo de interesados también debe comprender que el pan de vida sólo puede ser recibido por quienes se acercan a la Gnosis con una necesidad interior real.

 

Es posible que se pregunte, con cierta inquietud y alguna duda, si la Escuela no comete de vez en cuando un error de apreciación que prive a algún alumno del alimento liberador al cual tenga derecho. Tal decisión es absolutamente imposible, ya que el alumno mismo determina su cualificación y madurez. Él mismo determina, por el acto puro, los momentos de asimilación. Cuando, por un acto correcto, ha alcanzado un momento propicio para la asimilación, la Gnosis, la luz pránica original siempre presente, penetra por esta puerta abierta.

 

Si aún se pregunta: «¿No he sido olvidado o mal comprendido?», la antigua dispensación todavía le engaña y se somete a la ley. Sin embargo, usted mismo debe cumplir la ley, debe convertirse en la ley.

 

Cumplir la ley de la vida nueva no quiere decir estudiar, aprender de carretilla cierto número de artículos y seguirlos exteriormente. Cumplir la ley de la vida nueva es comportarse por el acto nuevo de tal manera que sea abolida la separación entre la Gnosis y usted. Mientras esta puerta aún esté cerrada, no se puede hacer mucho por usted. Usted mismo deberá abrir la puerta por una nueva forma de actuar, siendo esto el resultado de una necesidad interior.

 

Nunca atraeremos suficientemente su atención hacia este hecho. No empiece a imitar o a practicar una nueva forma de actuar, porque seguramente no tendrá ningún éxito. La nueva actuación debe nacer espontáneamente por una necesidad interior.

 

 

Cuando un acto tal, cuando tal comportamiento se abre camino, la primera fase del proceso de santificación puede realizarse entonces. Considere tal alumno como un extranjero, como un extraviado. Sólo tiene un deseo: ¡llegar a casa! Al principio no sabe cómo orientarse; no sabe en qué dirección se encuentra la «casa». Surge en él lo que podríamos llamar una desesperación, y una búsqueda como necesidad vital.

 

En el momento oportuno, esta búsqueda recibe una respuesta, por medio de una sugestión de la Rosacruz correctamente comprendida. En lo sucesivo, la enseñanza, las alocuciones y todas las demás actividades de la Fraternidad aparecerán al buscador en una luz completamente diferente.

 

Cuando ha pasado esta fase de orientación y el alumno sabe cómo debe orientar su brújula para encontrar el camino hacia la casa, debe decidir si quiere seguir realmente el camino. Esta decisión es de nuevo un acto verdadero. La evidencia de esto le quedará clara. En la noche de su existencia, el extraviado anda en busca de luz. De repente, es alcanzado por un rayo de «la luz»; y ahora, guiado por este rayo, se encamina hacia la meta lejana. Por este acto, el alumno abre él mismo la puerta.

 

El que un alumno, así preparado, decida ponerse en camino hacia la única y verdadera vida, es consecuencia de la actividad de los plexos. Se podría hablar de cierta tensión nerviosa a la que deben adaptarse la secreción interna y la sangre. En esta situación, nacida de un acto auto-liberador, una de las rosas del santuario de la cabeza se abre más o menos y, por esta apertura, el primer rayo de la luz pránica original puede penetrar en el fuego de la serpiente con el objetivo de influir en el espejo del subconsciente, situado en el plexo sacro.

 

Como sabe, un total de siete rayos penetran en el sistema y deben despertar allí siete reacciones. A estas siete reacciones se las denomina los siete actos liberadores, o las siete actividades liberadoras durante la Santa Cena. Nos proponemos describirle estas siete actividades y esperamos y le exhortamos para que su disposición interior sea tal que esta descripción no aporte una nueva carga intelectual, sino que constituya un aporte excepcionalmente liberador para el seguimiento de su peregrinaje.

 

La intención de los siete toques de la luz pránica original es sacarle del pozo de la muerte y liberarle de la fortaleza de la ilusión dialéctica.  Por esto se trata aquí de la realización de siete actos. Debe darse cuenta, cada vez más, que las más profundas reflexiones y consideraciones no pueden ayudarle y que sólo su comportamiento nacido de la fe -el estado de ser del alumno en el camino de regreso a casa- puede ser para usted liberador. Por ello se dice, en las «Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz», que las siete cuerdas que se hacen descender en el pozo deben ser agarradas absolutamente, y que esto va a la par con grandes luchas interiores que también se manifiestan exteriormente en todos los aspectos.

 

Es evidente que quien se pone en camino hacia la vida nueva debe vencer la resistencia de la ley dialéctica de la naturaleza. Aunque la actitud, la disposición y la cualificación del alumno fuesen perfectas, siempre se verá obligado a tener absolutamente en cuenta que toda su personalidad es el producto de la naturaleza de este mundo.

 

Por este motivo, el primer rayo de la luz pránica original tiene la tarea especial de disminuir lo más posible la influencia biológica natural de los principios dialécticos, y reducir esta influencia a su mínimo estricto. Este trabajo debe cumplirse con la ayuda de los siete plexos que tienen su centro en la garganta. El plexo faríngeo tiene aquí una importancia decisiva.

 

Usted sabe que estamos en contacto con el mundo que nos envuelve a través de la respiración y de las percepciones sensoriales. Puesto que ahora todas las funciones preponderantes y secundarias de la respiración y de las percepciones sensoriales están controladas por el grupo del plexo que acabamos de nombrar, todas las fuerzas, sustancias y vibraciones existentes en la atmósfera, todas la vibraciones de luz, sonido y color son captadas por este primer grupo de plexos y transmitidas, más o menos transmutadas, al sistema.

 

 

Quien se ha convertido en un extranjero en este mundo y aspira ardientemente a la Patria verdadera, sabe que una determinada influencia venenosa, cuyo efecto es el apego a la naturaleza, emana de todas las fuerzas, sustancias y vibraciones de luz, color y sonido. Dado que la personalidad es un producto de esta naturaleza, se ve obligada a extraer, por consiguiente, todas sus fuerzas vitales del mundo circundante. Y puesto que esta personalidad existe o sucumbe por las vibraciones luminosas y sonoras de este mundo, en virtud de su origen y de su nacimiento, será preciso toda una sucesión de acontecimientos o de circunstancias antes de que esta misma personalidad pueda colaborar en un proceso de regeneración, ya que para desarrollarse necesita absolutamente un tipo de vibración de un orden del mundo totalmente diferente. Esto nos permite comprender por qué se habla aquí de cautividad.

 

Vamos a examinar ahora cómo se desarrolla esta liberación. Ante todo, debe fijarse en que para ello hay que iniciar una lucha. Es preciso la aplicación de un comportamiento de vida que tenga como consecuencia que el circuito del plexo de la garganta reciba la ocasión de un cambio intenso, que le permita protegerse contra las numerosas influencias naturales y reducir considerablemente el efecto de otras influencias, conduciéndolas a un mínimo. Ello le permite abrirse completamente al rayo de luz pránica original que es reflejado por el plexo sacro. Cuando el alumno sale airoso de esta tarea, la primera cuerda ha descendido con éxito en el pozo de la muerte.

 

En resumen, ahora puede quedar claro que en esta primera fase del proceso de la Santa Cena son creadas, mediante el acto, las condiciones necesarias para la transmutación de toda la naturaleza. Esta transmutación sólo puede tener éxito cuando la actividad de la naturaleza ordinaria ha sido reducida a un mínimo, con el fin de que la nueva naturaleza pueda hacer prevalecer sus fuerzas sin ser molestada.

 

Las Sagradas Escrituras llaman «el día de los panes ázimos» al momento en que puede empezar este trabajo, o sea, a la reflexión del primer rayo de la luz pránica original en el plexo sacro. El momento en el que comienza el cambio del plexo de la garganta es designado como el envío de Pedro y Juan para preparar la Pascua. Encontrará estas indicaciones, por ejemplo, en el Evangelio de Lucas (capítulo 22, versículos 7 al 13):

 

«Llegó el día de los panes ázimos, en el que se debía inmolar la Pascua; y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: Id a preparar lo necesario para celebrar la Pascua. Ellos le respondieron: ¿Dónde quieres que lo dispongamos? Respondióles: Al entrar en la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en la que entre, y diréis al dueño de la misma: El Maestro nos envía a decirte: ¿Dónde está el lugar en que he de celebrar la Pascua con mis discípulos? Y este hombre os mostrará una gran cámara alta, preparada a este efecto. Allí es donde prepararéis la Pascua.»

 

El día de los panes ázimos es el momento en el que el alumno está capacitado para recibir la luz pránica original como pan de vida, pura, sin levadura, carente de la fermentación de las influencias de la naturaleza dialéctica. Cada alumno está llamado a cumplir esta tarea, y podrá realizarla cuando encuentre al hombre que lleva el cántaro de agua.

 

Se trata del primer rayo de la luz divina que desciende primero por el sistema espinal hasta el plexo sacro, para remontar seguidamente por el simpático al circuito del plexo de la garganta, donde se encuentra la puerta del santuario de la cabeza, la cámara alta. Y la orden repite: «Allí es donde la prepararéis.» Ésta es la tarea encomendada a Pedro y a Juan, tarea que deben cumplir.

 

Cuando el alumno llegado a este punto de su peregrinaje sigue al hombre que lleva el cántaro de agua, y si al seguirlo se manifiestan claramente los signos característicos de Pedro y Juan, su sistema nervioso será llevado a un estado de tensión particular, a una vibración especial.

 

 

«Dinamismo» y «amor plenamente consagrado al único fin», son los signos respectivos de Pedro y de Juan. Cuando el alumno está orientado así y da testimonio de ello, con toda seguridad se desarrolla esta vibración especial del sistema nervioso. Podríamos calificar dicha vibración con el concepto de «uranística», es decir, explosiva-renovadora. Para las entidades de esta naturaleza, semejante vibración produce en todas las circunstancias un efecto destructor, aumentando el caos, y llevando a la combustión y la dislocación.

 

Sin embargo, para el alumno al que nos referimos, se trata de preparar el cordero pascual para celebrar la Santa Cena. Este alumno está, pues, completamente preparado para afrontar todas las consecuencias causadas por las vibraciones nerviosas así despertadas. Sabe perfectamente que acto seguido se desencadenará la tempestad.

 

Basta con referirse al inicio de las «Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz»: El día antes de Pascua, Cristián Rosacruz estaba ocupado en preparar su cordero pascual bienamado y entonces se desencadenó una tempestad que amenazaba con destrozar toda su cabaña. Cada alumno debe atravesar esta primera tempestad cuya causa es muy fácil de explicar. Es el resultado del encuentro con las fuerzas de la verdadera vida con el circuito del plexo de la garganta. Los dos grupos buscan dominar el sistema de la personalidad: uno para mantener la antigua vida, otro para conducir al alumno hacia la vida nueva.

 

Esta tempestad, esta lucha, tiene aspectos tan numerosos que harían falta muchas horas para explorar, aunque fuera superficialmente, la totalidad del terreno donde se libra este combate. Por eso, contentémonos con algunas indicaciones elementales. La lucha, la tempestad que debe afrontarse, tiene por objeto, como comprenderá ahora, aislar el circuito del plexo de la garganta biológica, moral y espiritualmente, o adaptarlo para recibir el mínimo de influencias de esta naturaleza. Además, el funcionamiento de estos plexos debe ponerse al servicio del proceso de la transfiguración.

 

Por esta razón, se dan al alumno principiante tres indicaciones de una gran importancia: primero, rechace toda influencia de esta naturaleza que no venga al caso; segundo, reduzca al mínimo otras influencias; tercero, manténgase siempre abierto a la nueva luz, al servicio de la luz del prâna original.

 

En efecto, vemos desarrollarse aquí un combate reincidente del que se podría pensar, con una visión superficial de las cosas, que había sido superado desde hacía tiempo. Quiera por eso fijar una vez más su atención en el inicio de esta carta. Allí se dice que el alumno sólo puede acercarse a la Gnosis por necesidad interior, es decir, después de haberse cansado de luchar en este mundo.

 

Ahora bien, el combate que debe librarse en la vigilia de la Pascua se relaciona totalmente con lo que se acaba de decir. Los poderes de esta naturaleza se aplican con todas sus fuerzas a orientar todos los intereses del alumno hacia este mundo, en reacción a la nueva actividad nerviosa producida por el prâna original. Y dentro de este salvaje torbellino de todo tipo de influencias, el alumno deberá demostrar si es realmente capaz de responder a la invitación a las Bodas.

 

¿Quién podrá describir la violencia de los efectos resultantes de este conflicto? ¿No tiene casi todo el mundo sus ambiciones, sus tendencias propias, sus intereses, por los cuales están atados a este mundo -sea abiertamente o en secreto-, incluso aunque los haya neutralizado? ¿Cuántos de nuestros alumnos no tienen su atención completamente absorbida, llegado el caso, por los actuales acontecimientos mundiales? ¿Cuántas aspiraciones científicas y artísticas no nos envuelven con sus encantos? ¡Cuántas trampas tendidas a los alumnos que, con la mayor astucia, les aprisionan en el mismo momento en que la vida nueva les llama! ¿Cuántas situaciones en las que hemos fallado completamente y que hemos sabido paliar invocando un caso de fuerza mayor? ¿No es horroroso ver qué olvidadizos somos cuando se trata de contemplar nuestras propias faltas dentro de una justa luz?

 

Si no quiere hacer, de las puras directrices de la luz universal, un intrincado embrollo que ya no puede ayudar a nadie, debe tener el valor de contemplar su propio yo sin ningún miramiento. Debe atreverse a analizar su propia vida como es realmente.

 

 

El alumno que está ocupado en este combate, el combate para la preparación de la Pascua, ve en cada instante de su vida siempre dos caminos que puede seguir, dos soluciones entre las cuales debe escoger. Uno de estos caminos es el de esta naturaleza, el otro es el de la vida nueva. Si, a este respecto, quiere entregarse a un examen profundo, sabrá de manera absolutamente cierta que el verdadero camino, trazado hasta en sus matices más sutiles, está siempre ante usted.

 

El alumno conoce su deber. ¡El hombre del cántaro de agua le ha mostrado la cámara alta! Ahora se trata de cumplir con este deber. Y sólo cuando lo haya cumplido, la tempestad se calmará en un momento dado, y el circuito del plexo de la garganta se habrá cambiado biológica y anatómicamente de tal manera que el antiguo camino y la antigua forma de vida pertenecerán al pasado.

 

El alumno entra entonces en el silencio de la cámara alta. El combate se ha librado. El veneno de la naturaleza ya no puede dañarle más. Entonces, con la ayuda de la primera cuerda, ha sido izado hasta la salida del pozo de la muerte.

 

Está en el mundo, pero ya no es del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XII

 

LOS SIETE ACTOS LIBERADORES (II)

 

 

Ahora ya sabemos que el primer acto liberador, que puede ser el resultado de una justa reacción al toque del fuego de la serpiente por el primer rayo de la luz pránica original, ha engendrado un cambio completo en el funcionamiento del circuito del plexo de la garganta.

 

Cuando esta primera cuerda ha descendido en el pozo de la muerte y el alumno la ha asido correctamente, entonces las influencias de la naturaleza dialéctica tales como las impresiones luminosas, sonoras o atmosféricas, serán reducidas a un mínimo biológico. El alumno podrá así realizar de forma conveniente, tanto externa como internamente, su trabajo de francmasonería, sin ser molestado demasiado por la fuerza de atracción de aquí abajo. El primer combate ha terminado y el candidato puede entrar en el silencio de la cámara alta para preparar allí su Pascua.

 

Ahora debemos dirigir nuestra atención hacia los tres aspectos siguientes del proceso de la Santa Cena, pues ellos deben considerarse en su conjunto. Mientras que el primer acto liberador se refiere a las condiciones preliminares de la Pascua, los tres actos siguientes colocan al alumno ante la preparación de la propia Pascua.

 

Estos tres actos pueden ser el resultado de unos cambios que en lo sucesivo deben producirse en el circuito del plexo de la laringe, en el de los pulmones y en el del corazón. Los aspectos de estas tres nuevas fases del proceso de santificación, sin embargo, sólo se manifestarán cuando el alumno, en plena armonía con las condiciones requeridas, haya reaccionado al primer rayo de la luz pránica original y el circuito del plexo de la garganta haya obtenido, de hecho, su nueva actividad. Cuando se ha realizado este cambio preliminar y el alumno puede proseguir correctamente, en la cámara alta, la realización de su tarea, entonces se desarrollan en una rápida sucesión tres nuevos toques de la luz pránica original, por los cuales el interesado está en condiciones de preparar realmente el cordero pascual.

 

Estos tres toques de la luz divina siguen el mismo camino que el primero. Penetran en el santuario de la cabeza, descienden a lo largo del fuego de la serpiente, son reflejados por el plexo sacro y se enlazan de nuevo hacia lo alto por el simpático, hacia los objetivos que se han asignado. Estos objetivos están situados principalmente en el santuario del corazón y están en estrecha conexión con todo lo que ya ha realizado el alumno en el santuario de la cabeza.

 

El aprendiz de alquimia crística pasa ahora a la preparación, en el sentido más amplio de la palabra, de su bienamado cordero pascual. La copa del Grial debe erigirse en el santuario del corazón. Al respecto, no debe pensar en un proceso místico-emocional. No, una gran obra debe elevarse como del fuego.

 

La noción original «Pascua» significa: franquear un umbral. Por una reacción correcta ante el primer rayo de la luz pránica original, este umbral, esta nueva posibilidad se ha realizado. El alumno pasa entonces al otro lado del umbral, a un mundo totalmente nuevo, a una esfera de vida en la cual los aspectos, las actividades y los problemas son totalmente diferentes. Es la esfera de vida de la liberación. En esta esfera de vida, el Cordero de Dios, la Fuerza Crística, la luz divina liberadora participa íntegramente en el trabajo y se sacrifica con un indecible amor, edificando la base que situará al alumno en condiciones de volver a encontrar la casa del Padre.

 

 

Tiene una gran importancia que comprenda lo que ahora va a pasar en el sistema de la personalidad y de qué manera, superiormente inteligente, se hace uso de las posibilidades presentes en el microcosmos. Debe comprender, una vez más, las palabras de la Biblia: «la fuerza divina, el plan divino, se realiza en la debilidad». Lo que quiere decir que todo lo que se establece en la personalidad, en el curso del proceso de la Santa Cena, no tiene por objeto mantener esta personalidad; sino hacerla apta para recorrer sin tardanza el camino de cruz, en completa armonía y con un gozo intenso.

 

Aunque no quisiéramos anticiparle de ningún modo todo lo que la Gnosis tiene aún que decirle, es conveniente que se dé cuenta ya desde ahora, de manera muy precisa, que seguir el camino de cruz no tiene nada en común con lo que piensa, dice o escribe la religión natural al respecto.

 

La obra ante la cual el alumno se ve colocado ahora es el restablecimiento de la unidad cabeza-corazón. Está probablemente al corriente del hecho de que muchos ocultistas según la naturaleza se esfuerzan igualmente en realizar esta construcción. Piense simplemente en la divisa de ciertos grupos oculto-naturales: «Una razón clara y un corazón lleno de amor».

 

Existe sin embargo una gran diferencia en la realización de esta divisa, según que la considere en el sentido de esfuerzo oculto de la personalidad natural o en su acepción plenamente transfigurística. En el primer caso, se esfuerza en la ilusión del yo a imitar al hombre original, al ser crístico. Así no alcanzará jamás su objetivo y se extraviará en la ilusión de la esfera reflectora. En el segundo caso, seguirá el camino de Cristián Rosacruz, el camino de la transfiguración en el que el yo renuncia a sí mismo para encontrar al «Otro».

 

Por esto debe comprender claramente que la obra ante la cual se encuentra colocado el alumno ahora se refiere a la proyección de una futura gloria que ya proyecta su sombra, igual que la Santa Cena es siempre la sombra proyectada de una realización futura. Cuando Pablo habla de estas cosas -y él habla por experiencia, pues ya ha preparado plenamente la Pascua-, designa las consecuencias de esta preparación con la expresión: «poseer una señal del espíritu en nuestro corazón» o «una carta escrita en nuestro corazón». Después, hablando de sí mismo, dice: «nuestro corazón se ha ensanchado»; y, hablando de los otros: «pero vuestro interior es demasiado estrecho», y: «también vosotros debéis ensancharos».

 

Debe franquear el umbral que lleva a la renovación del corazón, la cual es como una señal del espíritu. Aunque la posesión de esta señal del espíritu en el corazón sólo puede realizarse con una gran conmoción y un gran dolor, no obstante es una gracia intensa y llena de gozo, ya que como dice el sabio Eclesiastés: «En ella está, por así decirlo, como oculta en el corazón la nueva era que viene».

 

Entienda bien, para no olvidarlo jamás, que el cambio del corazón del cual habla miles de veces la Biblia no tiene absolutamente nada que ver con el cambio de sus sentimientos, con el cambio de sus actitudes emocionales. Ya sabe cómo ocurre esto: el yo está sin cesar al acecho y reflexiona constantemente cómo puede conseguir sus fines. Y cuando no lo consigue de una manera, recurre a otra.

 

¿Sabe que toda palabra nace en el santuario del corazón? ¿Y sabe que cada palabra posee una vibración? ¿Y que, por consiguiente, la calidad de cada palabra puede examinarse por los órganos sensoriales y que así puede comprobarse el estado interior del corazón?

 

¿Comprende por qué, en este contexto, también se puede hablar de un olor delicioso o de una horrible hediondez, y cómo puede comprobarse de una manera perfecta si la rotura del corazón, las tensiones y la aflicción que él exhala provienen de los impulsos y anhelos del yo, o si son causados por las luchas en el camino? ¡Al respecto, no puede engañar a la Fraternidad y a sus servidores!

 

Así cuando se dice: «levantad vuestros corazones», esto no significa que deba orientarse en éxtasis místico hacia las cosas elevadas y divinas. En el fondo de estas palabras hay un significado muy distinto.

 

Está escrito en la Biblia: «Dios mira el corazón; Dios sondea nuestros corazones», «¡Dios, el Espíritu, la luz pránica original desciende hasta nosotros!» Por consiguiente, cuando el alumno ha franqueado el umbral, cualquiera que sea el aspecto en el cual se manifiesta el sufrimiento del corazón, entonces puede que se le diga, y se le dirá: «¡Eleva tu corazón!»

 

Esta elevación, este enderezamiento del corazón, se refiere al restablecimiento del equilibrio entre los santuarios de la cabeza y del corazón, a la unidad cabeza-corazón absolutamente indispensable para el alumno. Todo alumno que ha franqueado el umbral y ha sido alzado por la primera cuerda del pozo de la muerte, finalizando así su preparación, es colocado ante esta nueva construcción. Así pues, se trata de algo muy distinto a un éxtasis místico-emocional, a un delirio de palabras y de oraciones.

 

«Cuando ore, entre en la cámara interior y cierre su puerta; eleve entonces su oración en secreto, y su Padre, que ve en lo secreto, le recompensará». Orar en el sentido indicado por el Sermón de la Montaña, es trabajar para la preparación de la Pascua, es trabajar para la unidad del sistema cabeza-corazón. Que nos sea permitido esclarecérselo. El sistema cabeza-corazón debe contemplarse como una perfecta unidad. Cuando examinamos este sistema a la luz de la Enseñanza Universal, descubrimos que el corazón y la cabeza, visto anatómica y orgánicamente, son el perfecto reflejo uno del otro. El corazón y la cabeza forman juntos una esfera, y corresponde a la corriente sanguínea cefálica el asegurar el proceso de circulación de fuerzas en esta esfera homogénea.

 

En el hombre dialéctico, esta unidad está completamente destruida. En el hombre natural reina un conflicto incesante entre la cabeza y el corazón. A consecuencia de este conflicto, la cabeza o el corazón ha llegado a una posición predominante. Esto es lo que hace que hablemos del tipo intelectual y del tipo emocional. Tal desorganización es hereditaria y se manifiesta orgánicamente. Por esto, el estado del género humano dialéctico actual es completamente antinatural.

 

Para comprenderlo bien es preciso pensar en la constitución de un planeta ideal. En un planeta, el polo norte es el polo asimilador y el polo sur el de la manifestación. Influido por el funcionamiento del polo manifestante, el polo asimilador atraerá las fuerzas necesarias para el mantenimiento del conjunto. Existe un equilibrio perfecto entre las fuerzas astrales y las espinales, y la prueba de este equilibrio debe manifestarse en y a través de todo el campo de la manifestación.

 

En el hombre, este equilibrio está completamente perturbado y orgánicamente mutilado. En consecuencia, la conciencia deja gobernar a su arbitrariedad ora la cabeza, ora el corazón. El equilibrio dirigido por una conciencia divina significaría sabiduría y devenir eterno. Por el contrario, un equilibrio perturbado provoca, en lo concerniente a la cabeza, el intelectualismo, y en lo concerniente al corazón, la emoción y el sentimentalismo. Ambas manifestaciones son responsables de la cristalización y toda la densificación de la personalidad.

 

Ambos aspectos de este sistema son, en efecto, muy dinámicos. Cuando, a causa de la perturbación fundamental, funcionan aisladamente, ambos estimulan a la personalidad para que actúe. Y puesto que estas acciones no tienen por fundamento la sabiduría, sino que por el contrario son reacciones motrices causadas por impulsos dinámicos del corazón o de la cabeza, ellas siempre conducirán a un enquistamiento cada vez más acentuado y a una perturbación de todo el sistema que se extiende cada vez más.

 

Entre la cabeza y el corazón se encuentra la laringe, situada en la parte superior de la tráquea. Se trata de una formación cartilaginosa sobre la cual están tendidas las cuerdas vocales. Por medio de un soplo de aire, impulsado hacia lo alto por la contracción de la cavidad torácica debida al movimiento de la expiración, las cuerdas vocales se ponen a vibrar y así nace el sonido. Este sonido se gradúa por medio de los órganos de la voz, o sea la cavidad bucal, la nariz, la lengua y las mejillas; así es como se forma el lenguaje. Por medio de este lenguaje, exteriorizamos nuestros pensamientos y nuestros sentimientos; por esta estructura orgánica cantamos.

 

 

Hablar y cantar son dos actos altamente mágicos por los cuales se revela todo nuestro estado de ser. Si este «hablar» o este «cantar» proviene de un ser humano en vías de preparar su bienamado cordero pascual, la vibración que resulta es un olor agradable ante la faz de Dios, o dicho de otra manera, por tales actos la luz pránica original será atraída en todo el sistema, dándole posibilidades grandiosas. El sistema entero estará entonces perfectamente maduro para este contacto divino.

 

Consideremos ahora el caso en que nuestras palabras, nuestro canto, sean expresión de un nombre completamente orientado hacia la naturaleza. Esto despertará una vibración que aparecerá como una hediondez a la faz de Dios y que producirá, por consiguiente, un efecto extremadamente destructivo y enquistarte. En este caso, se despertará algo para lo cual no se está ennoblecido y se sufrirá el mayor de los daños: la consunción. Debe tener en cuenta muy seriamente esta posibilidad.

 

Se habla de una voz cultivada o no cultivada. La voz no cultivada es ordinariamente la voz normal, la voz que manifiesta el estado de ser del individuo. La verdadera voz es una incuestionable reproducción del estado del sistema cabeza-corazón. Considerando el hecho de que no siempre se la encuentra agradable y útil a este estado, y que no es apropiada para muchos objetivos, desde los tiempos dialécticos más remotos se han esforzado en cultivar la voz, imitando con ella otro estado de ser.

 

Comprenderá que tal cultivo produce un efecto enquistante. Piense en la voz untuosa de algunos teólogos, en los rituales cantados en latín por los sacerdotes, en la música gregoriana, en el cultivo de sonoridades afectadas. Piense igualmente en la tendencia de ciertos ambientes donde se fomenta el expresarse en lengua grosera. Y piense en la cultura del arte musical. Todas estas imitaciones contribuyen a cada instante en transformar este mundo en un lugar infernal. Es necesario que tenga una visión de conjunto de este campo de actividad, con el fin de que pueda asentar en usted una base sólida para la compresión correcta relacionada con la preparación de la Santa Cena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                        XIII

LOS SIETE ACTOS LIBERADORES (III)

 

 

«¡Elevad vuestros corazones!» Así resuena la llamada para el alumno que debe preparar su bienamado cordero pascual. Como hemos considerado anteriormente, esta elevación del corazón no tiene nada que ver con el éxtasis religioso-emocional, sino que atrae la atención hacia la necesidad de realizar un cambio total en y del santuario del corazón. La elevación del corazón orienta la inteligencia al restablecimiento de la unidad cabeza-corazón como base del proceso de santificación que debe preceder a la transfiguración.

 

Si quiere profundizar en lo que sucede en la vida del alumno colocado ante esta tarea, debe insistir una vez más que cuando la lengua sagrada habla del corazón y de la necesidad de su preparación para que la luz divina pueda ser recibida, jamás se trata de una emoción mística.

 

La emoción mística, el éxtasis religioso-emocional, es la consecuencia de nuestro estado afectivo que, en la dialéctica, disfruta de un cultivo muy extendido, tanto en sentido superior como inferior. Cuando el objeto de sus emociones, codicias y deseos es de naturaleza religiosa o filosófica, se produce un estado emocional que es siempre negativo y de naturaleza puramente terrestre. Si alguien manifiesta tales emociones, de la manera que sea, por sus actos demuestra siempre su actitud negativa. Una radiación magnética negativa recibe siempre una respuesta, una respuesta que se muestra siempre positiva con respecto a la vida afectiva negativa del ser humano.

 

Recuerde que esta respuesta no puede ser jamás una respuesta divina. Ella es, no importa las circunstancias, un contacto terrestre emanado de la esfera del éter reflector. En la dialéctica siempre operan juntos un positivo y un negativo. Es verdad que se anulan recíprocamente, pero son incapaces de liberar a un solo ser humano de la rueda. Dése cuenta, claramente, de la gran ilusión de la muchedumbre religiosa que cree poder obtener, por la emoción mística, una unión con lo divino.

 

Pero también es necesario que usted sea consciente de que su intelecto tampoco puede ayudarle. La luz divina pránica original sólo puede descender en un santuario del corazón completamente preparado para recibirla. Cuando una casa está preparada, su morador puede instalarse en ella. Pero cuando la casa sólo existe en su fantasía, pretender que pueda ser habitada es una inmensa ilusión.

 

Numerosos alumnos de la Escuela de la Rosacruz, después de haber descubierto que la tendencia intelectual no posee ningún aspecto liberador, luego se inclinan a evadirse en el cultivo del sentimentalismo, en donde esperan encontrar una puerta hacia la liberación. Es una esperanza que debemos quitarles. Ambos medios pertenecen por completo a la naturaleza de este mundo y, sean cuales sean las circunstancias, atan a ella. El intelecto se pone generalmente al servicio de lo que llamamos habitualmente ciencia, y la vida sentimental al servicio de la religión natural. La inteligencia clara y el corazón lleno de amor son dos aspectos y exteriorizaciones de una sola y misma prisión.

 

Algunos autores esoteristas lo han discernido justificadamente. Por esta razón hablan de «enfriarse» con respecto al intelecto y a la emotividad. Debe entenderse «enfriarse» en el sentido de una insensibilidad orgánica y no en el sentido de frío como contrario a caliente. Según la concepción burguesa, un hombre frío, distante, es un ser duro como la piedra, tan duro como un verdugo ante el sufrimiento de su víctima. El aprendiz gnóstico que se ha vuelto completamente frío a las agitaciones intelectuales y sentimentales de esta naturaleza y que ha matado estas funciones en su propia naturaleza, ha proporcionado ya una contribución muy importante para la preparación de su bienamado cordero pascual. Un alumno semejante está ocupado en edificar el Santo Grial en el santuario del corazón.

 

Quizás conozca la leyenda del Santo Grial. Esta antiquísima leyenda cuenta que el grial es la copa utilizada por Jesús, el Señor, en la Santa Cena. Según esta leyenda, José de Arimatea recogió en ella la sangre del crucificado, tomando después el grial bajo su protección. Más tarde, sus sucesores han llevado el grial hacia el oeste, donde hasta el presente se encuentra guardado en secreto.

 

Esta leyenda, de la cual los místicos abusan de todas las maneras posibles en sus especulaciones emocionales, y que sirvió en la Edad Media como tema de numerosas producciones poéticas de imitadores místicos, revela en su sencillez la totalidad de los valores gnósticos necesarios para comprender lo que es el grial, de qué manera debe ser elaborado y dónde puede ser encontrado.

 

Para penetrar hasta el fondo de este misterio, le recordamos primeramente lo que ya hemos examinado, según el relato del Evangelio sobre el envío de Pedro y de Juan para la preparación de la Santa Cena. Es el propio alumno quien debe formar el grial a fin de que pueda ser utilizado después por Jesús el Señor.

 

Anatómicamente, la copa del grial es indicada por los tres circuitos de plexos ya nombrados: el circuito de plexos de la laringe, el de los pulmones y el del corazón. La parte superior de la copa sagrada corresponde al sistema de la laringe, el tronco del cáliz a los pulmones y el pie de la copa de cristal al orificio cardíaco. Por lo tanto, la posibilidad de formar esta copa nupcial está presente en todo ser humano. Sólo con que el alumno quiera hacer uso de las posibilidades según las directrices de la ciencia sagrada, alcanzará el éxito sin duda alguna.

 

Como hemos dicho, el primer acto liberador aparta completamente al alumno de las influencias de la naturaleza dialéctica, en la medida en que se trata de los efectos de la luz, el sonido y la atmósfera. Este primer acto reduce estas influencias a un mínimo biológico, lo que permite al alumno franquear el umbral: poder empezar a preparar la Pascua.

 

Y ahora le siguen tres nuevos actos liberadores. El alumno deberá comenzar a reaccionar a las fuerzas etéricas del Reino Inmutable, a los tres alimentos santos que, semejantes a tres cuerdas, son descendidas para su uso en el pozo de la muerte. A continuación, el alumno debe preparar su santuario del corazón para la conservación de estas fuerzas. Así es como, por la utilización de las posibilidades presentes, se elabora el grial.

 

Cuando el alumno se vuelve accesible a los nuevos éteres, los asimila a través del etmoides. Por el primer acto liberador, atravesar el umbral, el etmoides es adaptado, al mismo tiempo que queda cerrado a las influencias de las fuerzas dialécticas.

 

Los nuevos éteres pasan entonces a lo largo de la tráquea, llenan todas las cavidades pulmonares, alcanzando así el orificio cardíaco y, después de haber cumplido su trabajo, retornan en parte al exterior por la expiración. Por la inspiración, el lóbulo izquierdo de la tiroides recibe la influencia; por la expiración, es influido el lóbulo derecho y, de este modo, los contornos, las líneas de fuerza de la copa del grial son grabados en el santuario del corazón. Con la ayuda de algunos conocimientos anatómicos, usted verá como esta estructura tiene efectivamente la forma de un cáliz.

 

El grabado de esta estructura, su preparación anatómica por los nuevos éteres es designada por Pablo como la «circuncisión del corazón». Esta designación es, en efecto, muy justa.

 

Esta preparación anatómica se realiza por medio del nuevo éter químico, del nuevo éter vital y del nuevo éter luminoso. El éter químico ha producido la forma de la copa del grial, ha fundido la copa. El nuevo éter vital la ha preparado para asimilar el pan de la vida y, por el nuevo éter luz, es preparado para asimilar el vino del espíritu. El éter químico se manifiesta sobre todo por medio del circuito de los plexos de la laringe, el éter vital por el de los pulmones y el éter luz por el del orificio cardíaco.

 

 

Y cuando resuena la llamada: «¡elevad vuestros corazones!», entonces se trata de la elevación de la copa del grial, ahora preparada.

 

A la pregunta «¿estáis preparados?», la luz y la fuerza del nuevo reino suben del corazón y de los pulmonares hacia lo alto de la cavidad torácica. Y allí donde ésta se estrecha y se cierra por la laringe, se forma un nuevo sonido, expresándose en una nueva lengua, llena de júbilo: «¡Sí, Señor, estoy preparado!» El cordero pascual está preparado. Entonces el cordero pascual está preparado en el «vaso precioso», como la lengua gnóstica más antigua denominaba al grial. Esta copa sagrada es ahora apta para recibir el fuego sagrado, o la kundalini como la llaman los hermanos del este.

 

Ha llegado el momento en que José de Arimatea va a presentarse, pues él es quien debe elevar el grial para recoger la sangre del crucificado. Para que hacerle comprender esto, debemos recordarle de nuevo el principio de «Las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz», donde leemos que él también está ocupado en preparar su bienamado cordero pascual. Súbitamente, se desencadenó una violenta tempestad que amenazó con reducir a pedazos su «cabaña», edificada sobre una «colina». En esta designación clásica, encontramos de nuevo el concepto «José de Arimatea». Este personaje no era, en efecto, un personaje histórico que tuviera tal apellido, sino la indicación de cualquiera que haya empezado a cumplir la gran obra de francmasonería.

 

En la designación «José», encontramos de nuevo la idea de «cabaña», «taller de construcción». En el sentido de la Enseñanza Universal, un taller de construcción es un lugar de trabajo. En semejante lugar de trabajo, en semejante taller de construcción, es donde la gran obra debe ser cumplida. Es en este taller donde el bienamado cordero pascual, y por consiguiente el grial, debe ser preparado. Sin embargo, antes de que pueda efectuarse este santo trabajo, es necesario que el lugar de trabajo sea construido sobre una «colina». Este trabajo sólo puede cumplirse cuando el primer acto preparatorio ha sido acabado y el alumno ha atravesado el «umbral».

 

Podemos encontrar en la palabra «Arimatea» este signo mágico de la «colina». Por eso José de Arimatea es quien eleva el grial para recoger la sangre del crucificado.

 

La sangre del crucificado es la Gnosis, el fuego divino, la kundalini. Esta sustancia, verdaderamente vivificadora cae como gotas tintadas de oro sobre las rosas en el santuario de la cabeza para descender, como se ha dicho anteriormente, hasta el plexo sacro y para, desde allí, remontar otra vez hacia arriba. Así es como, gota tras gota, cae en el grial levantado.

 

Entonces debe mostrarse si el Santo Cáliz ha sido tallado correctamente en el santuario del corazón. Debe mostrarse si el constructor ha sido un verdadero maestro-constructor. Entonces debe pasar la prueba del fuego. El Grial o cáliz del maestro-constructor no debe estallar en pedazos con el contacto del fuego sagrado; la obra debe demostrar que es capaz de soportar el fuego santo. Ésta es la tempestad que Cristián Rosacruz debe atravesar después del encuentro con la virgen de fuego.

 

El fuego, la kundalini, es llevado a Cristián Rosacruz por una virgen, para expresar que el fuego divino no es de este mundo, ni está mancillado por ninguna influencia dialéctica. Quien puede soportar el fuego en el grial levantado, quien puede conservarlo en su calidad de José de Arimatea, lleva esta copa sagrada así colmada hacia el oeste, al país de poniente donde el sol de la naturaleza ordinaria se pone, a fin de que remonte en el horizonte el sol de la vida nueva.

 

Así es como Pedro y Juan, después de haber entrado en la cámara alta, prepararon el cordero pascual. La copa de grial, fundida del cristal más puro de los éteres sagrados, es colmada de fuego sagrado. Ahora ya puede venir el Señor a servir la Santa Cena. El pan y el vino están preparados.

 

 

Y de esta mesa del Señor se desprende un agradable olor. Si ha comprendido la estructura anatómica de la copa del Grial, sabe también, indiscutiblemente, que este agradable olor se mostrará en una nueva lengua, en una palabra nueva que se eleva del corazón renovado. Esta palabra nueva es el resplandor de la kundalini divina; es la palabra del corazón inflamado en Dios, vuelto frío e insensible a esta naturaleza, y que ha encontrado su unidad con el santuario de la cabeza. Quiera Dios que usted hable un día la nueva lengua del corazón, como prueba de que vea claramente trazado ante usted el camino del Espíritu Santo.

 

Comprenderá que la realización de la copa del Grial, hecha del más precioso cristal etérico, no es una actividad que pueda ser hecha en los ratos libres, después de haber cumplido con todas las obligaciones sociales o en la vida cotidiana burgués. La fundición de la copa del Grial, el fundir el mar de cristal, es una obra que sólo puede ser realizada después de muchos fracasos y de un intenso combate. Es la tempestad mencionada en las «Bodas Alquímicas». Pero para quien puede superar la tempestad, para quien sabe domar el tumulto de las olas embravecidas, para este hombre o esta mujer se abre la sala nupcial. Y la nueva lengua resuena en sus labios como un canto eterno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                        XIV

 

LOS SIETE ACTOS LIBERADORES (IV)

 

 

Después de haber examinado juntos los cuatro actos liberadores, debemos analizar los tres actos restantes que completan el proceso mágico de la Santa Cena.

 

Para estar seguros de que el significado de estos siete actos, que componen el proceso de la Santa Cena, es por así decirlo cincelado en su conciencia, queremos precisar claramente para usted una vez más la naturaleza y la esencia de este proceso. A este efecto, le damos algunos extractos de lo que ya le ha sido expuesto detalladamente. Esperamos que este resumen de los siete actos liberadores constituirá una base suficiente para darle una visión clara de lo que es la puerta de la transfiguración.

 

El microcosmos entero es mantenido prisionero en el mundo de la dialéctica por una personalidad que es esencialmente una con este mundo. Esta cautividad es la causa de que todo el microcosmos sea arrastrado por todos los planos de la existencia dialéctica, en una incesante rotación, con la regularidad monótona del subir, brillar y desaparecer. La situación que de ello resulta muestra una continua imagen de dolor, de pena y de aflicción, detrás de lo cual no hay ninguna meta liberadora.

 

Cuando un alumno, por la experiencia, empieza a tomar conciencia de este hecho, cuando esta concienciación se produce como consecuencia de una experiencia nacida de la miseria y de la muerte, se desarrolla una búsqueda. No una búsqueda nacida de una tendencia intelectual o sentimental, sino una búsqueda como necesidad vital.

 

Tal búsqueda recibe una respuesta a través de una radiación que emana de la Rosacruz. En esta radiación, las enseñanzas, alocuciones y actividades de la Fraternidad son captadas y comprendidas en su sentido verdadero. Por medio de esta radiación, la atención del alumno es dirigido totalmente hacia la morada original de su microcosmos y se le muestra claramente de qué manera puede volver a la Patria perdida.

 

El alumno descubre que su personalidad es el ancla que retiene prisionero al microcosmos y entreve, cual resplandor del alba, la posibilidad de construir un nuevo templo. En la noche de su existencia, el extraviado busca «luz».

 

De repente, tocado por un rayo de luz, se vuelve hacia la meta en lontananza, guiado por la luz en su camino. Por este acto, tal como ya hemos dicho, el alumno abre por sí mismo la puerta de los misterios liberadores.

 

Una vez la puerta está abierta, se desarrolla un nuevo proceso. El primer proceso está destinado solamente a orientar al alumno. El segundo proceso tiene por objetivo capacitar a la personalidad de la naturaleza -la cual es, como vimos, la causa de nuestra cautividad- para la desnaturalización, la transfiguración, el renacimiento.

 

El aniquilamiento del yo y de la personalidad no es un suicidio, pues si el yo ordinario fuera destruido por la violencia, el microcosmos no dispondría de otro yo para hacerse cargo del trabajo. Por eso, el aniquilamiento, la transmutación de la naturaleza, sólo puede tener lugar y realizarse realmente cuando está presente una nueva naturaleza, un nuevo yo. Y como el nuevo yo no puede resurgir sin la desnaturalización del antiguo yo, esto supone una dificultad insuperable.

 

Por ello, se aporta la ayuda de un mediador en esta dificultad insuperable: el Espíritu Santo, la luz pránica original.

 

 

Gracias al toque de esta luz, la personalidad dialéctica del alumno es conducida a un estado que le permite comenzar realmente el proceso de la transmutación, erigir una nueva personalidad que, llegado el momento, podrá realizar el trabajo de la antigua. Este proceso, guiado por el mediador, no es nunca un cultivo de la personalidad, no es nunca un atar más fuerte a la rueda, sino que, de hecho, es una preparación para la perdición, para la muerte fundamental.

 

De esta manera, la personalidad llega a formar la base para la transfiguración, sin elevar a esta personalidad. Por ello decimos que la nueva vida debe nacer de abajo a arriba.

 

Este segundo proceso que llamamos la Santa Cena está caracterizado por siete aspectos, siete actos liberadores.

 

El primer acto liberador tiene por objetivo cerrar la personalidad dialéctica a las influencias de las fuerzas naturales que la envuelven. Estas influencias son reducidas a un mínimo, de tal manera que siga siendo posible el funcionamiento biológico de la personalidad.

 

Los tres actos liberadores siguientes tienen la tarea de formar el santo grial. El grial orienta la atención hacia la realización de la unidad cabeza-corazón, gracias a la cual la luz pránica original puede ser retenida en el sistema de la personalidad. La personalidad puede, de esta manera, obrar con una fuerza que no es de este mundo.

 

En el primer acto liberador, el alumno se dispone a preparar la Pascua; por los tres actos siguiente, reúne los elementos necesarios para la Santa Cena.

 

La luz pránica original es recogida en la copa levantada y un suave olor se desprende y se demuestra con un lenguaje nuevo, una palabra nueva. El pan y el vino están preparados. Ahora ya puede venir el Señor para servir Él mismo la Cena.

 

Ahora nuestra tarea es dirigir su atención hacia los tres últimos actos liberadores, en el curso de los cuales el Señor entra, rodeado de todos sus discípulos, en la cámara alta, y dice:

 

«Tomad y comed, este es mi cuerpo que ha sido inmolado para vosotros. Obrad en perfecto acuerdo con esto. Esta copa es la nueva alianza con mi sangre que se derrama para vosotros».

 

Percibirá hasta qué punto estas palabras constituyen un criterio. Cuando el grial está lleno de la dorada luz pránica original, esta luz se le da al alumno para que haga un uso acorde con ella. Por ello Pablo ha dicho que todo alumno que bebe de la sustancia de oro bebe su propio juicio. Esto indica que es observado atentamente el uso que el alumno hace del grial que le ha sido ofrecido. Por poco que el alumno quiera emplear esta santa «materia mágica» para fines dialécticos y auto conservadores, el grial estallará inmediatamente en pedazos.

 

Por ello Pablo advierte a sus alumnos: «Tantas veces como coméis de este pan y bebéis de este vino, anunciáis la muerte del Señor hasta que Él venga.» Lo que quiere decir: «Cada vez que utilicéis la santa materia mágica del grial, no perdáis de vista que no lo hacéis más que para servir el proceso de la transfiguración, hasta que la gran obra esté acabada.

 

Este criterio proporcionado por la Cena concentra ahora su atención hacia los tres circuitos del plexo que aún no hemos descrito. El primero se sitúa en la región del estómago; el segundo, que corresponde a los órganos de procreación, se sitúa en el abdomen; y el tercero, que nos remite a nuestro punto de partida, el plexo sacro, está colocado en la extremidad inferior del sistema del fuego de la serpiente.

 

 

Es posible que se pregunte con extrañeza por qué, en este proceso de los siete actos liberadores, ha sido dirigida su atención con tanta insistencia hacia los circuitos del plexo. Responderemos pues, de nuevo y de manera más detallada, a esta posible pregunta.

 

Sabe que el enrejado extremadamente fino de las ramificaciones nerviosas corre a través de todo el cuerpo. Los plexos, por su parte, son nudos en el sistema nervioso, es decir, centros de transformación, estaciones secundarias de la fuerza nerviosa. Debe considerar el fluido nervioso como el fluido de la conciencia. A  través del fluido de la conciencia se influye en la secreción interna que, a su vez, influye la base sanguínea. Si la conciencia está dirigida hacia esta naturaleza, hacia la vida personal, hacia el «yo» y su círculo de existencia, la base de la sangre dará prueba de ello. Si la conciencia cambia fundamentalmente, la sangre está obligada a seguir este cambio. Un cambio de vida no surge inicialmente a partir de la sangre, ni por la sangre, sino a partir del fluido nervioso.

 

Muchas personas -y, entre ellas, todos los ocultistas según la naturaleza- se esfuerzan en modificar la base sanguínea por medio de regímenes o de ejercicios. Haciendo esto, provocan realmente un cambio de la secreción interna, pero dado que la conciencia continúa bajo sus normas originales, la susodicha ampliación de la conciencia consiste siempre en caer bajo el dominio de la esfera reflectora.

 

Por esta razón, la gran obra debe empezar por la conciencia. La conciencia debe, como se ha expuesto explícitamente, abrirse al mediador Cristo. En el proceso de la Santa Cena, se trata en efecto de distribuir y de coordinar las influencias de la luz pránica original en todo el sistema nervioso, porque sólo de esta manera puede nacer el acto liberador. La esencia del trabajo que se coloca ante usted consiste, pues, en liberar al sistema nervioso por el toque del Espíritu Santo. Así, mientras dé signos de un nerviosismo a veces pasmoso, esto demuestra que usted se encuentra lejos de estar libre, que aún esta atado a este mundo, con sus miedos, sus prejuicios y sus engaños.

 

La serpiente de fuego representa el núcleo del sistema nervioso y la base de este fuego se encuentra en el plexo sacro. Cuando esta base está abierta y la serpiente puede ser erguida en su desierto, la luz liberadora puede irradiar sobre todo el sistema. La cabeza de la serpiente se abre al fuego del Espíritu Santo y las llamas la envuelven completamente. Con vehemencia, este fuego se precipita hacia abajo y, reflejado por el plexo sacro, el nuevo fluido de oro se difunde por todo el sistema nervioso, influyendo, uno tras otro, a todos los circuitos de los plexos. Primero, para proteger a la personalidad de las oleadas de fuerzas dialécticas, después para trabajar en la fundición del grial, con el fin de poder recibir la Santa Cena.

 

Después del primer acto liberador, el franqueamiento del umbral, la copa sagrada puede hacerse del más puro cristal etérico. Entonces, el Señor de toda Vida, la propia luz, viene a servir la Cena. Alrededor de Él están colocados los doce discípulos, los doce nervios cerebrales que gobiernan todo el sistema corporal, dirigen el funcionamiento de todo los órganos y forman realmente la base de toda posibilidad de acción. Y a estos doce discípulos se les dice: «¡Tomad y comed, éste es mi cuerpo!» y «¡Bebed de esta copa!».

 

Usted comprende lo que esto significa. La mezcla preparada en la copa del grial es conducida, como fuerza interior, a través de todo el sistema nervioso, lo que tiene como consecuencia que el alumno puede realmente vivir en Cristo, de Cristo y por Cristo, en el sentido del proceso de la Santa Cena.

 

El circuito del plexo del estómago capacita al alumno para proporcionar a la circulación sanguínea todos los nuevos elementos nutritivos de los alimentos santos y del fuego de la conciencia. Por la nueva actividad de este circuito del plexo, por su colaboración con los riñones y su influencia sobre ellos, los desperdicios y las fuerzas de cristalización que indiscutiblemente, en el hombre dialéctico ordinario, entran en la corriente sanguínea y son responsables de la formación del notorio gluten, son separados de la sangre y eliminados.

 

Muchos estudiantes de la ciencia sagrada se han preguntado en vano qué es lo que tienen que ver los riñones con el proceso de santificación. Comprenda ahora por qué ha dicho el Salmista: «Pruébame, Señor, acrisola mis riñones y mi corazón. Pues tu misericordia está ante mis ojos y yo ando en tu verdad».

 

 

Así habla el alumno que está ocupado en realizar el quinto acto liberador. Un equilibrio perfecto debe reinar en el sistema estómago-riñones. Cuando, desde la cámara alta, resuena el mántram: «Tomad y comed, éste es mi cuerpo», el funcionamiento de este sistema debe poder responder a las condiciones exigidas. Pues el alumno que recibe esta misión vive en el país del exilio y su personalidad es de aspecto dialéctico. Así, los peligros que le envuelven no son imaginarios.

 

Cuando el circuito del plexo del estómago funciona correctamente, la energía vital puede al mismo tiempo repartirse y utilizarse eficazmente. Entonces puede prevenirse el agotamiento y el consumo excesivo de energía. Los dos riñones se encuentran a izquierda y a derecha de la columna vertebral del fuego de la serpiente, al nivel de las tan importantes tres primeras vértebras lumbares. Cada riñón tiene una excrescencia conocida con el nombre de glándula suprarrenal. Estas glándulas suprarrenales son órganos de secreción interna, cuyas hormonas nos proporcionan energía. Si todo este sistema formado por el estómago, los riñones y las glándulas suprarrenales, y los transformadores de fuerza nerviosa correspondientes, no están construidos correctamente, todo contacto con la fuerza supra-natural tendrá por consecuencia un acto equivocado, y el gluten aumentará en la sangre. Y como este sistema está ligado muy estrechamente al sistema cabeza-corazón, se puede comprender que el reumatismo o la diabetes pueden ser las consecuencias inevitables de una tensión excesiva de la vida sentimental dialéctica. Pero el alumno de la quinta cuerda puede decir con el Salmista (salmo 26): «Rodearé tu altar, ¡oh Señor!». Y con franqueza puede añadir: «Sondéame, Señor, pruébame; acrisola mis riñones y mi corazón». Así el fluido de la conciencia, la secreción interna y la sangre son conducidos a un equilibrio perfecto, asegurando así un nuevo acto liberador.

 

Y he aquí el último criterio, expresado por las palabras del Señor: «Esta copa es la nueva alianza con mi sangre, que ha sido derramada para vosotros. Venid, bebed todos de ella».

 

Este mántram del grial dirige nuestra atención hacia el circuito de los plexos del abdomen y hacia la modificación de la fuerza creadora. Cuando los cinco actos liberadores precedentes han sido realizados verdaderamente según las exigencias de la luz pránica original, este sexto paso no puede causar ninguna dificultad y, por la sexta cuerda, el candidato puede ser izado perfectamente fuera del pozo de la muerte.

 

Así obtenemos la siguiente representación esquemática del proceso de la Santa Cena:

 

11 La inmunización contra las fuerzas dialécticas reducidas a un mínimo biológico, el franqueamiento del umbral;

 

21 La fundición de la copa del Grial con la ayuda de los éteres nuevos.

 

31 La modificación de la sangre, la realización del equilibrio de la energía y la seguridad de la eliminación de los desperdicios dialécticos de la sangre;

 

41 La modificación de la fuerza creadora, de manera que el alumno obtiene el control de su forma de actuar.

 

Una vez más, la cuerda es bajada al pozo; y, he aquí, la resistencia ha sido vencida. La unión entre la luz pránica original y el microcosmos se ha realizado definitivamente. Ahora la endura puede empezar. Ahora el alumno puede «anunciar la muerte del Señor» por el acto puro.

 

La Santa Cena se ha consumado, y todos se levantan para dirigirse al jardín de Getsemaní.

 

 

 

 

 

XV

 

EL PRODIGIOSO JARDÍN DE GETSEMANÍ

 

 

Si ha tomado en consideración todo lo que hemos dicho concerniente a la Gnosis, ahora sabe que el Evangelio debe ser considerado como un misterio de iniciación. No vemos la Biblia como una serie de relatos históricos, sino como una conmoción muy actual del hombre que se esfuerza en el camino ascendente.

 

El Evangelio, como una de las expresiones de la Enseñanza Universal, es siempre actual y coloca al alumno ante la exigencia directa, ante lo más actual. Considerando de esta manera el Evangelio, puede liberarse de las ataduras del pasado, de muchos de sus semejantes que miran hacia atrás, a la supuesta historia, que se pronuncian sentimentalmente con sermones, música y cantos, sin comprender lo más mínimo de ello. Por esta razón emprendemos el examen de estas cosas según la nueva dimensión de la Gnosis y nos guiaremos mutuamente en este camino hacia el monte de los Olivos, el jardín de Getsemaní, con la esperanza y el ruego de poder comprendernos los unos a los otros en espíritu y en verdad.

 

El misterio cristiano de iniciación es un acontecimiento muy extraño y raro. Es un encadenamiento de procesos imposible de comprender para el profano, porque exige un profundo conocimiento de la santa ciencia universal. Comprender estos procesos es la gracia concedida a quienes son sacados del pozo por la séptuple cuerda de los siete actos liberadores.

 

Antes de que la rosa roja-anaranjada pueda abrirse en la luz del sol, las raíces de la planta deben penetrar en las sombrías profundidades de la tierra, para adquirir el alimento necesario. Para poder comprender las cosas de la vida nueva, verdadera y original, se debe poseer una conciencia que corresponda a este nivel. El ser humano que carece de tal conciencia es sordo teniendo oídos, y ciego teniendo ojos. Nada ni nadie puede ayudarlo puesto que simplemente carece del órgano indispensable para la comprensión.

 

Por esta razón, se habla de una conciencia dialéctica y de una conciencia gnóstica y, asimismo, de dos tipos de hombres de naturaleza totalmente diferente, que presentan diferencias no sólo en el orden espiritual y moral, sino incluso y en amplia medida, desde el punto de vista corporal. Las diferencias entre estos dos tipos de hombres son, en un momento dado, tan fundamentales que al final ya no pueden vivir más en el mismo mundo. Les es necesario a cada uno un campo de vida diferente, un campo de respiración diferente, un campo de vibraciones diferentes. Por ello vemos como, en la historia del mundo, cada cierto tiempo se desarrolla una separación entre el tipo de hombre terrestre y el tipo de hombre del nuevo campo de vida; separación que la Biblia llama la de los machos cabríos y las ovejas, la de los justos y los injustos.

 

Cuando surge un nuevo día de manifestación en el reino humano caído, la Jerarquía de Cristo comienza por introducir, a los seres humanos que en aquel momento aún pertenecen más o menos a un mismo tipo, en un proceso de regeneración y a atacarles con él. En este proceso, la Jerarquía actúa, entre otras cosas, sobre los elementos del recuerdo que están, en algunos seres humanos, más o menos presentes. A medida que este proceso se prosigue, un número de hombres cada vez mayor comienza a reaccionar en un sentido positivo, mientras que otros, por el contrario, reaccionan en el sentido opuesto o negativo. Es imposible permanecer inmóviles, y por eso es lógico que este proceso conduzca finalmente a una crisis espiritual y científica: a una separación histórica y definitiva entre los dos tipos humanos cada vez más alejados entre sí.

 

Si nos permite hablar, de manera optimista, de dos mitades, diríamos que una mitad permanece en el orden de la naturaleza que le es tan familiar, con todas las consecuencias que se derivan de ello; y que la otra mitad entra en el nuevo campo de vida, preparado cósmica, atmosférica y espiritualmente por la Jerarquía de Cristo. Las consecuencias históricas y científicas de tal separación, la cual ya ha tenido lugar muchas veces, muestran siempre como la parte de la humanidad aferrada a la naturaleza terrestre ha apostado por el caballo perdedor.

 

Actualmente la humanidad va también al encuentro de semejante separación histórica y por esta razón, también ahora, se ven muy claramente estos dos diferentes estados de conciencia que conducen a los hombres a una inevitable confusión de lenguas. Tal confusión de lenguas es de lamentar, pues sería deseable que la humanidad hablase una lengua común, por la cual todos los hombres pudieran ser encontrados dignos de ser elevados en el nuevo campo de vida. Sin embargo, esta confusión también prueba que la Jerarquía de Cristo no ha trabajo en vano. Los dos tipos de hombres están frente a frente. Es evidente que ya no se comprenden.

 

La línea de demarcación parece estar trazada al azar. A veces pasa a través de hogares, familias y  grupos, separando irresistiblemente una mitad de la otra. En la actualidad nos encontramos ante una separación semejante. Es hasta cierto punto lamentable, penoso, dramático; pero es la señal de la gran revolución que vemos en todos los planos de la vida.

 

Supongamos, como ejemplo, que nosotros pertenecemos al tipo humano de los separados, y usted no. Toda charla, todo sermón, toda discusión filosófica sería entonces superflua; hasta allí ha llegado ya la separación. Sería mejor que cada uno siguiera su camino, conservando para el otro una disposición amistosa y cortés, diciendo: «No nos fatiguemos mutuamente y dejémonos recíprocamente en paz». En este caso, un trabajo como el de la Escuela Espiritual habría llegado definitivamente a su fin.

 

Sin embargo, en la época actual, existe temporalmente un tercer tipo de hombre cuyo número disminuye cada vez más, un tipo del que se puede decir: «no es ni carne ni pescado, ni positivo ni negativo, ni caliente ni frío». El hombre de este tipo posee un recuerdo, mística o intelectualmente cultivado, un interés correspondiente, y puede hasta cierto punto sentir y comprender las cosas del nuevo campo de vida. Este hombre, sin embargo, no ha llegado a una elección definitiva, no ha aceptado todavía ninguna consecuencia y aún no ha puesto, pues, su pie en el camino.

 

Los seres humanos pertenecientes a este tipo son, en este mundo, tocados por los dos lados a la vez: por una parte, la Jerarquía de Cristo quiere conducirles fundamental y estructuralmente a la vida nueva; por otra parte, el adversario les impide, tanto como le es posible, que sigan este camino para encadenarles a la naturaleza terrestre. Este tercer tipo está formado por un grupo cuya existencia es temporal y que aún no ha resuelto la cuestión de pertenecer a la nueva naturaleza o a la antigua. El que este grupo sea relativamente muy pequeño puede ser considerado como el testimonio de la inminencia del gran cambio histórico.

 

Debemos ponerle en guardia contra su vida emocional e intelectual. Estos dos estados de ser no constituyen ningún valor real en el sentido de la liberación. Son corchos ilusorios sobre los que su vida biológica flota en el agua; son antenas con las cuales usted palpa, como los insectos, el mundo que le rodea. Sentir o comprender las cosas de la vida nueva no significa de ningún modo estar en esta vida nueva. Aferrarse a la mística biológica y al entendimiento biológico y detenerse en esto es, en una gran medida, cegarse a sí mismo.

 

Si está de acuerdo con nosotros en este punto, entonces está suficientemente preparado para aproximarse al prodigioso jardín de Getsemaní. Una lectura superficial de los acontecimientos de Getsemaní podría dar la impresión de que la distinción entre dos niveles de conciencia está en ellos claramente expuesta. Por un lado Jesús sufriendo, y por otro los discípulos que no comprenden y en parte están dormidos. Pero esta interpretación es completamente inexacta. El drama de Getsemaní es un estado en cierta fase del misterio de iniciación descrito en el Evangelio.

 

Este misterio de iniciación comprende siete fases. En la ciencia santa del renacimiento reconocemos, en primer lugar, el proceso de la penetración, la conciencia del pecado, señalado en el misterio de Juan Bautista.

 

En segundo lugar, reconocemos el proceso de descenso de la luz pránica original, la unión de la radiación celeste con el hombre de la naturaleza terrestre. Este proceso es simbolizado por el nacimiento de Jesús en el establo.

 

Tercero, el misterio de iniciación cristiano comprende la interacción mística y filosófica entre el Espíritu Santo y la personalidad. Esto es representado por las peregrinaciones de Jesús en la Tierra.

 

Para coronar este proceso con un éxito definitivo y completo interviene una cuarta fase que puede ser designada como la elección de los doce apóstoles. El hombre-Jesús llama, para tomar posesión de ellas, a las doce fuerzas del hombre dialéctico, los doce rayos del alma dialéctica, llamados también los doce panes de proposición del templo terrestre. Son los doce pares de nervios cerebrales con los siete veces siete plexos. Tan pronto como el hombre Jesús posee, en el microcosmos, las doce fuerzas del sistema nervioso de la personalidad, desde que las tiene bajo control, la suerte de la naturaleza esta decidida.

 

Este mismo proceso puede ser igualmente indicado por la leyenda del rey Arturo y sus doce caballeros de la mesa redonda. Lo celeste, lo que no es de esta naturaleza, establece una unión, forma una mesa redonda con lo terrestre, con lo que es, en efecto, de esta naturaleza. Por esta razón, tal mesa redonda muestra un conflicto fundamental. Hay un Judas, un Mordret. Por ello, se produce por necesidad natural una separación, pues lo divino, lo celeste no se puede reconciliar con lo que es dialéctico, con lo terrestre. Lo terrestre se esfuerza en atraer lo celeste a su esfera de influencia, se esfuerza en poner lo celeste a su servicio, mientras que el objetivo de lo celeste es el de aniquilar por completo lo que es dialéctico.

 

Los métodos utilizados por los dos antagonistas para alcanzar sus respectivos fines se acoplan perfectamente. Lo terrestre quiere arrastrar lo celeste a su esfera de influencia. Lo celeste se entrega prisionero después de la advertencia previa: «Mi Reino no es de este mundo». Por tal sacrificio de la naturaleza celeste, el ocaso de la naturaleza terrestre debe volverse un hecho.

 

Por esta razón, el proceso de la unión de Jesús con los doce aspectos del campo de vida dialéctico es seguido por la quinta fase del drama crístico: la fase del sacrificio. Sin embargo, esta quinta fase, esta ofrenda-Jesús se cumple solamente en el alumno que ha atravesado ya, en el proceso de santificación, las cuatro fases precedentes. Sólo se cumple en aquél alumno que recorre el camino del acto liberador.

 

La idea de que Jesús el Señor haya expiado hace dos mil años, por un sacrificio único sobre la madera de una cruz, en algún lugar de Palestina, las culpas de toda la humanidad, cabeza por cabeza y corazón por corazón; la idea de que Jesús nos haya liberado de nuestros pecados y los haya pagado, tal como enseña el catecismo de Heidelberg, es un espantoso error. Es una monstruosidad ortodoxa, una enseñanza engañosa, introducida por la antigua iglesia. Por esta enseñanza, la iglesia se ha hundido hasta su impotente caricatura actual.

 

El sacrificio único debe tener lugar en usted, y la madera de la infamia es su propia corporeidad dialéctica. Gólgota es el lugar del cráneo donde el proceso de crucifixión, la sexta fase del misterio de iniciación, celebra su principio y final, a fin de que la séptima fase, el misterio de la resurrección, pueda cumplirse.

 

Cuando leemos en el Evangelio: «Aquél que confiesa que Jesús ha venido en la carne es de Dios, y aquél que no lo confiesa no es de Dios», hay que comprender estas palabras correctamente. Son hasta tal punto sensatas, sorprendentes y objetivas que es incomprensible que tan pocos entiendan su significado. Cuando el alumno experimenta la unión con Jesús, la ofrenda Jesús, la quinta fase, cuando la vivifica en sus propia carne, entonces es de Dios, entonces está en Dios. Cuando puede vivirlo, confesarlo en su carne, entonces está en la Gnosis, pues es por la ofrenda en la carne que se desarrolla la resurrección.

 

Y es completamente lógico decir que aquél que aún no puede confesar esto, que todavía no puede vivirlo, no es de Dios. Tal hombre conoce Dios sólo como una palabra, un sonido, una vaga noción.

 

 

Cuando Pablo dice: «Nosotros por nuestra parte, confesamos (es decir, experimentamos) que Jesús ha venido en la carne», usted reconoce su estado de ser. Toda la multitud ortodoxa imagina que es capaz de repetir estas palabras, cuando se refiere al nacimiento histórico de Jesús. ¿Siente cuán ignorante y simplista es esto? ¡Toda la legión infernal sabe que Jesús ha venido en la carne!

 

¿Y comprende ahora las palabras de Silesio: «Si Cristo hubiera nacido miles de veces en Belén pero no en usted, entonces, sin embargo, estaría perdido»? ¿Ha descubierto la horrible y profunda decadencia de la vida mística de nuestro tiempo? ¿Siente cuán necesaria se vuelve una separación entre la humanidad y cómo una conciencia diferente es una necesidad natural?

 

El proceso de la ofrenda del hombre celeste al hombre terrestre, la quinta fase del drama crístico, comienza con la Santa Cena, como la hemos descrito detalladamente. Durante la Cena se produce también un arresto. Es allí cuando las doce fuerzas o doce cualidades de los doce pares de nervios craneales dialécticos son definitivamente hechos prisioneros por el hombre Jesús. La higuera es levantada. Entonces Judas es forzado a salir: «Lo que tengas que hacer, hazlo pronto.» El conflicto ha comenzado.

 

A continuación, Jesús conduce a los alumnos a Getsemaní. Toma consigo a tres de ellos: Pedro, Santiago y Juan. Pedro representa el elemento de la voluntad, Santiago el elemento racional, y Juan el elemento emocional. La unidad cabeza-corazón en su totalidad. Jesús eleva íntegramente estos tres factores dirigentes de la naturaleza humana a la soledad, al jardín del alma. Los coloca ante la vida nueva.

 

En toda la antigua sabiduría, Getsemaní es el jardín del alma, el jardín de rosas, en el que la clara imagen del camino de la liberación se muestra ante el alumno y se graba en él. La soledad y un grande y profundo silencio son la señal de este acontecimiento. Es ser elevado a una región en la que todo lo que es dialéctico se duerme irrevocablemente, donde la conciencia dialéctica no puede seguir.

 

Los textos originales no nos hablan jamás de un Jesús afligido y angustiado, pero si de su extrema preocupación en lo que concierne a la realización de este milagroso proceso. Es la preocupación del amor.

 

Aún tenemos que eliminar otra mistificación. Allí donde Jesús dice: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú», y: «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad», los místicos eclesiásticos han puesto en escena un Salvador sufriendo y sudando sangre, implorando gracia en el último momento para, sin embargo, rendirse al final. Así es como el arte de todos los siglos le ha representado.  A través de los siglos, se ha hecho de Él un afligido dialéctico.

 

Pero el alumno tocado por la luz pránica original lee, experimenta algo muy distinto. El cáliz es aquí el grial elaborado en el nuevo santuario cabeza-corazón. Por el uso cotidiano del contenido de este santo grial, el alumno debe realizar el gran milagro de la transfiguración.

 

La prodigiosa experiencia en el jardín de Getsemaní tiene como finalidad el que el alumno conozca a fondo el contenido mágico del santo grial.

 

Este proceso se cumple en tres fases, después de que el alumno haya sido elevado, como consecuencia de los siete actos liberadores que ha realizado, al nuevo campo de vida y todo lo que es de la dialéctica esté adormecido en él.

 

 

El camino que tiene ahora ante sí, se desarrolla ante él como un relato, como un canto. Las rosas florecen en el jardín y las flores del almendro expanden su fragancia. El alumno escucha, ve y experimenta de primera mano lo que la Gnosis quiere de él. Y dice entonces: «Padre mío, si es posible, no dejes pasar ante mí esta copa como yo lo quiero, sino como Tú lo quieres».

 

Este «como yo lo quiero» contiene la posibilidad de que todavía las influencias dialécticas podrían corromperlo todo. Con esta sentencia de fuerza mágica se obtiene una absoluta pureza de visión y el alumno, como en el tiempo original, se coloca en una unión de obediencia libremente consentida con Dios.

 

Cuando esto es realizado sigue el segundo mántram. El cáliz aparece por segunda vez y el alumno de la Gnosis ahora lo beberá. El hombre nuevo despertado pasa a un acto nuevo, a fin de establecer definitivamente la unión que fue rota en los tiempos primitivos: «Padre, no dejes pasar este cáliz; que yo lo beba, hágase tu voluntad.» La nueva unidad cabeza-corazón es después directamente despertada positivamente para un trabajo de francmasonería, en el sublime vacío de Getsemaní. El grial es levantado para ser bebido, el contacto entre Dios y el hombre es restablecido definitivamente, la alianza es renovada.

 

A partir de ese momento, el alumno se entrega prisionero al gran proceso del milagro del renacimiento, el proceso de la endura, en la realidad de esta vida. La gran transmutación, la fabricación del oro extraído de los metales viles, va a comenzar.

 

En el microcosmos, la llama eterna arde por encima del santuario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVI

 

EL MISTERIO DE LA ENDURA

 

 

Cuando un occidental, descendiente de numerosas generaciones occidentales y educado según sus normas, conoce por primera vez en su vida la enseñanza de los maniqueos o de los cátaros o de los rosacruces de Valentín Andreae, históricamente más cercano a nosotros, entonces se asombra extremadamente y se encuentra completamente extraño frente a su interpretación del cristianismo.

 

Las concepciones y el desarrollo del cristianismo de las iglesias por un lado, y de las fraternidades citadas por otro, siguen direcciones tan divergentes que ya no es cuestión de diferentes puntos de vista, sino que se trata de dos cosas totalmente extrañas en su esencia la una de la otra. Por consiguiente, un buscador libre de prejuicios debe plantearse la pregunta: «¿En qué lado de la línea de demarcación irradia el verdadero cristianismo?»

 

Cuando un hombre se plantea de manera verdaderamente objetiva semejante pregunta, y es asido por el espíritu de la verdadera vida de búsqueda, entonces su pregunta recibirá, sin duda alguna, una respuesta. Pues en las misma Biblia encontrará una respuesta clara, con la condición de que le permita hablarle despojada de todas las exégesis teológicas seculares.

 

Tome, por ejemplo, la endura de los Cátaros, tan vivamente criticada y tan mal comprendida. Respecto a este «método impío de suicidio», practicado por la antigua Fraternidad del sur de Francia, han aparecido gruesos libros. Y, sin embargo, este método llamado impío se encuentra descrito minuciosamente en los cuatro evangelios que han servido de base a su propia educación y a la de numerosas generaciones que le han precedido.

 

Para comprender esto y para que su conciencia pueda hacerse una imagen perfectamente clara, es necesario que se figure, una vez más, lo que la endura significa en sí misma. Representa la muerte consciente y metódicamente causada de la naturaleza dialéctica impía en el microcosmos.

 

El alumno que realiza la endura, parte del conocimiento de que una parte de su sistema microcósmico no está en armonía con las leyes divinas de construcción y que esta parte degenerada impide al resto del sistema participar en la vida divina. En consecuencia, todo el microcosmos está literalmente como sumido en un sueño de muerte. El alumno que ha llegado a este descubrimiento procede a desnaturalizar, hacer pasar por la endura, la parte impía de su ser total. En efecto, y es de una lógica irrefutable, la aniquilación de lo impío debe ser el inicio de la nueva santificación del sistema en su totalidad.

 

Sobre este pilar de la endura reposa el nuevo comienzo de la vida divina. Sobre este pilar reposa toda la transfiguración o renacimiento evangélico. Así pues, el método que conduce a este renacimiento evangélico, a la resurrección eterna y total de la naturaleza original, debe por lo tanto irradiar, en toda su integridad, en la lengua sagrada de los evangelios. Así podemos decir, mejor dicho, estamos obligados a decir que los evangelios contienen métodos endurísticos. Si se cumple fielmente todo lo que proponen estos métodos evangélicos, sólo puede haber un resultado final: el reencuentro con el Señor de toda vida en la nueva vía etérica.

 

 

Conviene precisar aquí, brevemente, lo que la mística de las iglesias ha hecho de este renacimiento evangélico. Bajo la presión del dios de este mundo, ha destruido el objeto asignado a la endura y ha sometido, y aún se esfuerza en someter, la parte impía del microcosmos a todo un sistema de cultura mística de bondad. Sobre este tema nos hemos explicado ya tantas veces en nuestro ámbito, que no es necesario extendernos más ampliamente aquí. Siempre y cuando le haya quedado claro que el misticismo de las iglesias y toda la teología de la que ha salido no tienen el menor derecho a reclamar para sí el nombre de Jesucristo.

 

Por lo tanto, en la Escuela de la Rosacruz consideramos la endura como la base del mensaje evangélico. Y para conocer esta endura no tenemos ninguna necesidad de entregarnos, durante años, a investigaciones y búsquedas sobre los datos auténticos de las antiguas fraternidades de buena fe, pues en la Biblia ya poseemos todo aquello que tenemos que comprender. Es necesario, a continuación, que seamos plenamente conscientes de que la llamada al renacimiento no nos es solamente transmitida por los evangelios cristianos, sino que esta llamada resuena a través de toda la Enseñanza Universal. Es la llamada del origen para que regresemos; es la llamada de la Gnosis.

 

Por eso, nos alegra el que nos haya sido confiada la misión de colocarle, por una serie de exposiciones, ante este clásico camino de regreso, pues este camino le une al mensaje divino de todos los tiempos. Y por esta razón vamos a reemprender el hilo conductor allí donde lo hemos dejado en la carta precedente, colocándole conforme al orden adoptado en el desarrollo de nuestras consideraciones, ante la endura. En ningún modo ante aquella confesada y aplicada por tal y tal, sino ante la endura que la Biblia nos presenta a todos como nuestra tarea actual: «Sed mis seguidores».

 

Comprendemos entonces que la endura atrae la atención hacia la aniquilación de la parte impía del microcosmos. En esta parte impía está anclada la personalidad, el «yo», el yo inferior. Pues son numerosos los que descubrieron al final, después de haber practicado con celo toda clase de métodos de aniquilación del yo, en un intento de aplicar la endura y responder así a la meta sagrada, que todos sus esfuerzos, por bienintencionados que fueran, no habían dado ningún resultado. Y esto es perfectamente lógico, pues el yo que quiere aniquilarse a sí mismo, se auto-mantiene. El yo que se somete a sí mismo a uno u otro método, se refuerza.

 

Por esto la Gnosis, la luz pránica original, viene hacia la humanidad para que, si así se desea, lo imposible pueda ser realizado en esta fuerza divina. No es el «yo» quien deberá efectuar la endura, sino la Gnosis, o, expresado de forma mística cristiana, «el Cristo en nosotros».

 

Le hemos explicado cómo esta fuerza divina actúa primeramente en el sistema de manera sugestiva y cómo después la luz divina establece de manera séptuple una unión con el sistema impío. Paso a paso, este proceso avanza; proceso en el que no destaca el yo de la naturaleza, sino el Espíritu Santo, la Gnosis, el Cristo en nosotros. Cuando la séptuple Santa Cena ha sido consagrada así, cuando, en la noche de esta comida, el último día de la vida según la naturaleza ha alcanzado su punto más bajo y ha finalizado, el alumno se va al jardín de Getsemaní. Y en este jardín, decíamos, comienza ya el nuevo día, el día de la transmutación.

 

En una visión, en una elevación total en la nueva vía etérica, el alumno recibe una imagen clara de todo el proceso de transmutación venidero que, en los evangelios, está descrito como la «crucifixión». En todo este proceso de crucifixión, de transmutación, se pueden distinguir doce momentos principales, desde el aprisionamiento del hombre-Jesús hasta su muerte.

 

Nos esforzaremos en explicarle lo que todo esto significa. Si quiere comprender el sentido profundo de la epopeya de la crucifixión, estamos obligados a aconsejarle todavía una vez más, con insistencia, que renuncie a todas las interpretaciones culturales y tradicionales de los evangelios. Estas ideas están hasta tal punto grabadas en su sangre, están buriladas en usted tan profundamente por las generaciones que le han precedido, que es necesario considerarlo como la causa más importante de su encadenamiento a la rueda.

 

 

La epopeya de la crucifixión no tiene nada que ver con sangre, lágrimas, flagelaciones y un cuerpo moribundo, clavado en la madera. En ella no entra el más pequeño trozo de madera. Y aunque los relatos evangélicos han sido criminalmente deformados, tampoco podemos decir que traten simplemente de actos puramente simbólicos. La epopeya de la crucifixión trata de un proceso de doce aspectos, con doce cantos, cuyas consecuencias don muy profundas. Es la fase final del proceso de la santa redención gnóstica, por lo que concierne a la vía dialéctica de existencia.

 

Si logra profundizar en el sentido de esto, se dará cuenta al mismo tiempo del insondable abismo que hay entre el cristianismo de los misterios y el de la multitud de las iglesias. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué muchas autoridades eclesiásticas mantienen tan obstinadamente las celebraciones rutinariamente repetidas de los puntos culminantes del año religioso, conservando siempre el mismo cliché? Es una anestesia llevada científicamente al extremo y destinada a impedir que la multitud jamás sospeche algo de la verdad.

 

Es nuestro deber explicarle claramente lo que se interpone entre usted y la realidad. Es su iglesia o su arte, es la confusión que proviene de una traición que dura ya eones y que está depositada en su sangre.

 

Y nosotros buscamos, en este río rojo casi totalmente corrompido, algunos elementos que aún serían capaces de una reacción original. Esta serie de cartas es un estímulo a reaccionar, dado por la Fraternidad. Si aún le quedan algunos de estos elementos, entonces podrá comprender lo que la Gnosis tiene que decirle.

 

El cristianismo puro, inmaculado, la Enseñanza Universal, la religión original están guardados exclusiva e irrevocablemente en los misterios. Los hierofantes de los misterios no han fundado jamás nada que pueda parecerse a iglesias o a instituciones mágico-místicas. Todo lo que haya podido ser contado sobre ello es un error en el más alto grado.

 

Se le han presentado las cosas como si las iglesias fueran destinadas a la multitud, a las gentes ordinarias, mientras que los misterios serían para los iniciados, para los especialmente predispuestos. ¿Quiénes serían estas personas especialmente predispuestas, dónde se les encontraría, en qué consistiría su predisposición? Nadie puede decírselo. Si usted mismo pertenece a esta categoría, no se percibe en nada. Usted sólo pertenece a la multitud, se ha convertido en una parte de la multitud. Se ha convertido en multitud. Se encuentra sobre el terreno de esta naturaleza. ¿Cuál es el motivo de que pertenezca a este rebaño? ¿Encuentra esto agradable? ¿Cuál es la causa de su estado de degradación? Por supuesto, habrá estropeado en usted mismo irremediable y evidentemente muchas cosas; pero, ¿lo ha hecho intencionadamente? ¿La mayor parte de los daños no es imputable a la ignorancia? O bien, ¿no son debidos al hecho de que ha seguido falsos caminos proyectados intencionadamente en su conciencia?

 

¿No comprende que, en esta naturaleza, hubo y hay un poder, un enemigo absoluto del comienzo, que le ha conducido en el curso de innumerables revoluciones de la rueda a esta impotencia, a esta limitación total de la conciencia? ¿No comprende que este enemigo, por una sucesión sin fin de imitaciones, se sirve de todo para atarle definitivamente?

 

Quienes están al servicio de una de estas imitaciones actúan frecuentemente de buena fe, lo que vuelve las cosas aún más complicadas y más desesperadas.

 

La verdad, el misterio divino es en sí uno e indivisible, y no hay nada entre la Gnosis y usted. ¡Ningún intermediario! A menos que se forje ídolos.

 

Nos objetará que también Jesús, el Señor, tenía en cuenta la multitud y los iniciados. ¿No hablaba al pueblo en parábolas y a sus discípulos de otra manera?

 

Hablar a alguien en parábolas no quiere decir incitarle a adoptar tal o cual forma de imitación. El misterio perfecto se ofrece a todos de manera idéntica y sin velos, quiere aproximarse a usted, quiere salvarle y le habla de manera que pueda comprender. Y cuando comprende, no recibe consuelo en su estado de ser personal, sino una llamada para aproximarse al más santo de los misterios. «¡Venid a Mí, todos los que estáis fatigados y cargados y os daré el verdadero reposo!» Y quienes van, siguen el camino que le hemos descrito y finalmente, en la última fase dialéctica del gran viaje, se encuentran ante la epopeya de la crucifixión.

 

Le hemos expuesto en detalle como todos los circuitos de plexos han sido tomados, durante la Santa Cena, por la luz pránica original para un nuevo comienzo. Todo el sistema de la personalidad dialéctica es así sometido metódicamente bajo control de la Gnosis. Los plexos son una clase de nudos en el sistema nervioso, que se extiende alrededor del árbol de la vida y se diferencia en doce aspectos.

 

Cuando la totalidad de la higuera de los misterios se pone así a vibrar en la luz pránica original, está claro que la secreción interna, la actividad hormonal, por la cual la sangre y el resto del sistema son conservados y puestos en funcionamiento, es llevada a un estado muy particular. La naturaleza nueva y divina ha tomado posesión de toda la naturaleza dialéctica y así, por fin, se ha vuelto perfecta la base para la transmutación.

 

Como consecuencia de esta situación se desarrollan dos procesos nuevos: el ocaso fundamental de la antigua naturaleza y la elevación fundamental de la nueva naturaleza, una muerte y una resurrección.

 

Bajo la influencia de los doce alimentos santos, se construye una nueva personalidad de «agua y de espíritu», de forma dodécuple, alrededor de la fina red de la higuera, en ella y a través de ella, mientras que muere, bajo la misma influencia, la antigua personalidad. Así, la epopeya de la crucifixión es la epopeya de un nuevo nacimiento. La parte maldita perece y ¡lo que es santificado se eleva!

 

En la segunda epístola a los Corintios, Pablo habla de este proceso a sus alumnos. Comprenda bien que se dirige a aquellos alumnos ya comprometidos en este proceso. Desdichado si está usted imitando este proceso. «Porque sabemos que si esta tienda donde habitamos es demolida, tenemos un edificio divino, una morada eterna en el cielo.»

 

Quizás aspire ardientemente a ser revestido con esta santa morada, pero vigile de no ser encontrado desnudo. Quizás suspire por el agobio de tener que permanecer aún en tiendas terrestres. Sin embargo, sepa que por el acto y el esfuerzo, lo mortal será engullido por la vida verdadera.

 

Es la Gnosis quien le ha preparado para ello y quien le ha dado en prenda este Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVII

 

LA RESURRECCIÓN GLORIOSA

 

 

Con los doce cantos de la epopeya de la crucifixión, el alumno que recorre el camino hacia la casa del Padre termina su viaje a través de la dialéctica. Ha amanecido la mañana de la resurrección y quisiéramos ahora considerar lo que, en el sentido gnóstico, esta grandiosa victoria le permite contemplar. A fin de poder comprender correctamente lo que sucede durante la resurrección, es necesario que tengamos una noción clara y completa de qué y quién resucita de la tumba, y en qué consiste esta tumba.

 

En la Jerusalén geográfica se encuentra la iglesia del Santo Sepulcro. Cuando Jerusalén, destruida por Tito, fue más tarde reconstruida, se encontró en medio de la ciudad una colina artificial que se designaba con el nombre de Gólgota. En el año 326 se arrasó esta colina edificándose una capilla en su lugar. Esta capilla fue destruida en repetidas ocasiones, y actualmente se encuentra allí una gran iglesia. En el interior de esta iglesia se puede ver un lecho mortuorio, una losa para el embalsamamiento, así como la prisión de Cristo. Se pueden ver igualmente pequeños fragmentos de madera de la cruz, conservados en campanas de cristal, sostenidos con oro y puestos sobre terciopelo azul. Hay también trozos de tela que llevan trazas de la sangre y el sudor del redentor sufriente.

 

Pero usted debe desenmascarar este intencionado gran engaño histórico, pues la tumba de Cristo se encuentra allí donde el alumno sigue el camino de la Gnosis. No debe buscar el santo sepulcro en colinas de arena o en grietas rocosas. Sólo puede encontrarlo en un microcosmos vivo y vibrante. La tumba es la parte impía del microcosmos donde el sistema de la personalidad, separado de la naturaleza divina, es disgregado. Y el santo sepulcro está allí donde se alza una nueva personalidad glorificada, en un microcosmos reconciliado con Dios, en el nuevo día.

 

La tumba santa se encuentra, como usted sabe, en el jardín de José de Arimatea, es decir, en el microcosmos del maestro-constructor que, después de haber recorrido el camino gnóstico, ha llegado hasta esta victoria. Si quiere comprender algo de la realidad redentora de la resurrección, debe volver su mirada a la realidad del momento presente. Al igual que Cristo, el glorificado, es el mismo ayer y hoy, así también lo es la resurrección. Tener parte en la resurrección de Cristo significa realizar en la propia vida y en el propio ser esta realidad de salvación.

 

Si puede anclar sólidamente esta comprensión en su propio ser, en su propia conciencia, de tal modo que las ancestrales tendencias sanguíneas ya no puedan oscurecer más este discernimiento, estará entonces  en condiciones de meditar con éxito sobre el cambio sublime y, en apariencia, milagroso que tiene lugar durante el proceso de la resurrección.

 

Como probablemente recordará, la epopeya de la crucifixión se relacionó con el dominio dodécuple de la Gnosis sobre los doce aspectos del sistema nervioso, que corresponde con el fuego de la serpiente y que, en ese contexto, es designado como la higuera. A consecuencia de esta intervención dodécuple del maestro divino, la personalidad de la naturaleza es disgregada.

 

 

El cuerpo físico, el doble etérico, el cuerpo del deseo y el poder del pensamiento -es decir, la cuádruple corporeidad- forman parte de la personalidad de la naturaleza, al igual que la triple conciencia terrestre. Por la intervención del maestro divino, todo este sistema es disgregado, no fortuitamente, sino según un proceso definido metódicamente.

 

Quizás sepa que la higuera sagrada tiene veinticuatro ramas. Son los doce pares de nervios craneanos que controlan todo el sistema de la personalidad. Comprende doce polos positivos y doce polos negativos y, por consiguiente, también hay veinticuatro funciones diferentes. Cada una de estas veinticuatro funciones debe ser cumplida exactamente y el alumno de la Escuela Espiritual de la Fraternidad Universal debe ver en estas veinticuatro funciones, veinticuatro tareas, veinticuatro cargas en las cuales puede y debe colaborar en tanto que auto-francmasón. Pues el candidato debe responder a la intervención dodécuple del divino maestro de manera  concordante.

 

A cada una de las ramas de la santa higuera le corresponden algunos de los cuarenta y nueve plexos y ciertos órganos de secreción interna. Así, puede imaginarse que cada aspecto es como un campo de trabajo en el que se actúa fervientemente en la gran obra.

 

Cuando observamos la actividad en cualquiera de estos campos de trabajo, vemos claramente que se presenta en un aspecto doble, dual: por una parte, una acumulación de elementos fundamentales y, por otra parte, su utilización. Los elementos gnósticos son atraídos por el polo negativo. Y por el polo positivo, el polo irradiante, son dirigidos hacia los lugares donde serán utilizados, a saber: los ganglios nerviosos, los órganos de secreción interna y los órganos que generan la sangre.

 

En estos lugares de trabajo en la personalidad debe ser realizado ahora todo el objetivo de la gran obra. Según la compresión dialéctica, esta realización podría traducirse mejor como la construcción de una figura aparente. El candidato posee una personalidad que existe, que puede ser percibida, que se comporta de manera perfectamente natural, pero que, según su esencia más profunda, ya no pertenece a este mundo.

 

No vaya a cometer el gran error de llamar a esta apariencia la imagen celeste, pues en realidad ella no es nada. No es de la esfera material, ni de la esfera reflectora, ni tampoco de ningún otro reino natural. No pertenece a nada, sólo existe como un vehículo temporal que, tan pronto como sea abandonado, se pulverizará directamente en átomos.

 

Es necesario, por otra parte, saber que esta figura aparente posee igualmente una vida y una conciencia aparentes.

 

Esta mistificación dura hasta un momento psicológico determinado que surge cuando el cuerpo de la resurrección está preparado. Comprenderá que la creación de la figura aparente, el deslizamiento de la realidad dialéctica en este aspecto de la nada, sea filosóficamente designado por nosotros como la endura, como la epopeya de la crucifixión.

 

Veamos ahora de qué manera se produce el despertar del cuerpo de la resurrección. Usted no debe comparar, en ningún aspecto, la personalidad del hombre verdadero y divino con la del hombre terrestre. El hombre divino no es un hombre terrestre glorificado, una Venus o un Apolo espiritualizados. El hombre divino se podría comparar mejor con un foco divino, luminoso, radiante, que puede revestir toda clase de formas y que también puede manifestarse perfectamente sin forma.

 

A partir del momento en que, en la gracia de la radiación de la Gnosis, el alumno ha llevado «a la nada» la parte impía del microcosmos, el Logos microcósmico original recibe, en la misma medida en que se cumple la endura, la ocasión de volver a tomar su lugar, su antiguo trono en el microcosmos. Nada de lo terrestre es pues transformado en original. Todo lo terrestre es llevado a la nada. Y tan pronto como esta «nada» es conseguida, el Glorioso del comienzo se encuentra de nuevo en el santuario.

 

 

Y es entonces cuando se cumple el instante glorioso, sagrado, divino, en el que el sublime inexpresable se manifiesta a la figura aparente, probando así que la resurrección se ha vuelto un hecho. Y la figura aparente desaparece, o recibe aún una tarea en el proceso de la santificación de otros.

 

Consideremos ahora el testimonio de la Biblia en relación con estas cosas. Atraemos primeramente su atención hacia el relato de María Magdalena. Comienza en el primer día de un nuevo período. Léalo de nuevo con nosotros, a la luz de lo que acabamos de decirle.

 

María Magdalena nos es presentada como una mujer «convertida», lo que, en sentido transfigurístico, designa un ser humano que ha cumplido el camino de la nada. Ella encuentra esta buena mañana «la tumba» vacía. La piedra ha sido retirada.

 

Este vacío de la tumba y la piedra retirada tienen un profundo significado. En el proceso que podemos describirle, llega un momento que se puede designar literalmente como la «tumba vacía». La tumba es, como usted sabe, la parte impía del microcosmos en la que, en la epopeya de la crucifixión, se deposita la personalidad dialéctica que tiene su existencia en esta parte impía.

 

Cuando estos acontecimientos son consumados, cuando la personalidad dialéctica ha logrado irrumpir en la «nada» absoluta y la figura aparente se ha formado, entonces, un buen día, esta María Magdalena, este habitante de las rocas sale y es colocado, por decirlo así, fuera del propio microcosmos. El alumno-candidato experimenta entonces su interior que la tumba está realmente vacía, con otras palabras, que el microcosmos está completamente vaciado de lo impío. La piedra, que durante eones ha mantenido la tumba cerrada, ha sido retirada.

 

Puede imaginarse que la primera experiencia de este nuevo apogeo de vida sea experimentado como algo muy extraño que, al principio, tiene un efecto algo consternante sobre el candidato. Pues, en la fosa donde la figura aparente estaba unida a la Gnosis, había una interacción entre el Espíritu Santo y la personalidad sometida a la endura, mientras que ahora esta unión se encuentra, de repente, rota. Así podemos comprender bien la lamentación que surge espontáneamente del alma: «Se han llevado a Mi Señor».

 

Este Señor, esta unión con la Gnosis, viene ahora de nuevo hacia María, pero de un modo muy distinto. Ahora es confrontada con la Gnosis bajo el aspecto de un hombre original, exterior a  ella misma; y, en su interior, ella lo reconoce como el Glorificado. Es a ella a quien se le dirige la advertencia: «No me retengas». La unión, tal como era, no puede ni debe ser restablecida. Todo está ahora concentrado en la ascensión absoluta de todo el microcosmos, etapa a la que ha llegado el resucitado. María se va, la figura aparente se desprende.

 

Y el Señor del microcosmos, capaz de gobernar de nuevo su reino, emprende su último trabajo: «Entonces, en la noche del primer día de la semana, el Señor se apareció a sus discípulos y les saludó, diciéndoles: ¡La paz sea con vosotros! Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho.»

 

Esperamos de todo corazón que sabrá también profundizar este aspecto evangélico. La figura aparente que, después de la resurrección, ve rota su unión original con la Gnosis, no es abandonada a su suerte. Al contrario, todavía podrá ser empleada durante mucho tiempo al servicio de la luz. Después de la realización de estas nuevas relaciones y el «no me toques», después de la experiencia de esta nueva soledad, la Gnosis viene de nuevo hacia el alumno. Él recibe una nueva misión.

 

 

Durante el día precedente, el candidato ha vuelto posible, por medio de su sacrificio perfecto, la resurrección del «Original».

 

El resucitado lo toma ahora a su servicio, en una vida enteramente consagrada al servicio a Dios. Es ahora cuando el alumno recibe un mandato real. El maestro va a comenzar a emplearlo en el campo de la recolección de las almas, como pescador de hombres.

 

Como signos distintivos, la Gnosis le muestra las dos manos y el costado; son los atributos sublimes del Espíritu Santo perfecto. Y mientras la Gnosis presenta estos signos, resuena de nuevo el mántram: «¡La paz sea con vosotros! Al igual que el Padre me ha enviado, yo os envió a vosotros también».

 

El candidato liberado de su yo es apresado por un formidable huracán que lo envuelve en violentos remolinos. Voces poderosas proclaman: «Recibe el Espíritu Santo. A quien tú perdones sus pecados, le serán perdonados y a quien se los retengas, le serán retenidos. ¡Amén, sí, Amén!»

 

Vemos entonces como los alumnos, los discípulos elevados a este grado, recorren toda la tierra, reflejando por todas partes el Espíritu Santo, hasta en los lugares más sombríos y oscuros.

 

Y el renacido les acompaña por todos los países. Ellos no son la luz, pero son enviados por Dios para dar testimonio de la luz. Así la figura aparente esparce un brillante resplandor. El resplandor del Glorificado que es, que era y que vendrá.

 

Si sólo desea verdaderamente leerlo y comprenderlo, puede encontrar por todas partes en la Biblia la señal de esta resurrección gloriosa y sus consecuencias. Y todo lo que comprenda será para usted como un faro en el camino.

 

Queda aún, sin embargo, un peligro para todos los alumnos que han podido celebrar, en su propio ser, la resurrección gloriosa, el peligro de la temerosidad, de la vacilación.

 

Este peligro nos es mostrado con la aparición de Jesús en el mar de Tiberíades. El mandatario está ocupado en pescar, y no coge nada. A la pregunta: «¿No tienes nada que comer?», está obligado a responder: «¡No!»

 

En la nueva relación de la Gnosis con él o con ella, relación que ya nunca más será rota, resuena la sugestión gnóstica: » Echa tu red por lado derecho de la barca y hallarás.» Y la red es arrastrada a tierra, colmada de peces: ciento cincuenta y tres, una imagen de la integridad.

 

Por esta razón, a quien le ha sido permitido celebrar la fiesta de la resurrección gloriosa es, igualmente, en su calidad de pescador de hombres, un vencedor, un triunfador. Y aunque sea recogida una gran cantidad de peces, la red no se rompe. Todos aquellos que esperan o que temen que algún instrumento de trabajo construido sobre la roca de Cristo se estropee, pueden aprender de la Biblia que la red no se romperá jamás.

 

A través de la noche y de la muerte irrumpirá siempre la aurora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                        XVIII

 

LA PESCA MILAGROSA

 

 

Como usted sabe, la Biblia da toda una serie de informaciones diversas, ricamente matizadas, con referencia a los peces y los pescadores. Habla de pescas milagrosas en el curso de las cuales las redes se rompen a causa de la enorme cantidad de peces, o bien son conservadas maravillosamente intactas. Hay comidas en las que se reparte pan y también peces, especialmente por los discípulos que ejercen el oficio de pescadores. Estos discípulos son llamados mientras están pescando o mientras están ocupados en reparar sus redes.

 

Usted ha escuchado tan frecuentemente estas descripciones y los alumnos de la Escuela Espiritual de la Rosacruz creen comprender tan bien su sentido que, en general, están inclinados a pensar que se trata de una materia de enseñanza ya trabajada suficientemente, poniéndola a un lado con todo aquello que, según ellos, no tiene ya ninguna realidad vital para el hombre. Sin embargo, es la propia Gnosis la que quiere atraer muy particularmente su atención hacia este oficio de pescador y hacia todos los atributos característicos de esta función, pues es posible que de estos pergaminos amarillentos, de su materia de enseñanza ya trabajada suficientemente, puedan surgir muchas cosas que usted no ha sospechado hasta ahora.

 

No queremos aportarle aspectos y cosas espectaculares, de los cuales usted quizás diría: «¿Quién pudo pensar una cosa semejante?» No, nosotros profesamos simplemente la opinión de que es posible que, precisamente bajo las cosas corrientes, aquéllas que se comprenden tan bien, se encuentren riquezas y advertencias que usted no había distinguido hasta hoy. En primer lugar, quisiéramos por eso atraer su atención hacia el conjunto «pan y peces» de la comida milagrosa.

 

Usted sabe que el pan es el símbolo del Espíritu Santo, de la luz pránica original; y que el símbolo de los peces señala la idea del amor abnegado. No se refiere al amor humanitario en general o al amor a la humanidad entendido como una cualidad, sino en el sentido muy particular de amor al prójimo «aplicado» que, en la vida de un hombre, genera un impulso a actuar. Sólo quienes están caracterizados por el símbolo de los peces, quienes no consideran su propio yo, quienes no se atribuyen a sí mismos ninguna importancia, en completo olvido de sí mismos, se sumergen en la horrible realidad del fango dialéctico con el fin de trabajar allí para el prójimo.

 

Evidentemente, según las normas de la naturaleza, un trabajo semejante ocasiona sufrimiento, pero la pura realidad gnóstica concede una alegría celeste ilimitada. Visto según esta luz, el símbolo de los peces designa el pan gnóstico universal que es transmutado en el alumno.

 

El alumno que ha dado sus primeros pasos en el camino de la liberación es alimentado con el pan de vida: la Gnosis. Cuando este pan de vida puede ser comido realmente, esto supone a la vez la asimilación de los peces. Comer los peces significa que el toque del Espíritu Santo en el sistema de los plexos hace nacer en el alumno un estado, una tensión, un impulso que le incita a una gran actividad en la línea horizontal.

 

Cuando el alumno ha alcanzado este estado, él posee en su propio ser «el Espíritu Santo transmutado». Y por esta presión interior no puede hacer otra cosa que ponerse a trabajar. ¡Y actúa! ¡Está obligado a actuar! ¡De este modo, comiendo el pan y los peces, se convierte en un pescador!

 

 

Esta vocación gnóstica se desarrolla, consiguientemente, por el toque del Espíritu Santo (el pan) y por la posibilidad de que este toque ejerza una influencia duradera sobre el sistema de los plexos. Sin este cambio en el sistema de los plexos, no puede hablarse de una vocación de pescador.

 

Este estado de ser posee evidentemente un signo característico, y es a este signo al que se refieren las palabras: «Probad los espíritus para saber si son de Dios». De esto debe aprender que el amor al prójimo, el amor al prójimo aplicado en el sentido de la Gnosis, no puede ser explicado jamás a partir de la bondad de esta naturaleza. El amor al prójimo tal como se manifiesta en la naturaleza y que nosotros designamos con el término colectivo de «humanitarismo», es rigurosamente distinguible del que puede desarrollarse por la influencia de la Gnosis.

 

Por esta razón hay dos clases de trabajadores en este mundo: quienes se entregan al cultivo de la bondad y quienes pertenecen a la naturaleza divina. El primer grupo trabaja para sostener este mundo, el otro busca conducir de nuevo a los extraviados a casa, al Reino Inmutable.

 

Cuando un alumno llega a participar, por y a través del Espíritu Santo, en el grupo de los verdaderos pescadores de hombres, se acuerda mucho de las bien conocidas palabras: «Trabajad para vuestra salvación con temor y temblor». Pues, ahora que los materiales de construcción de la renovación han sido recibidos como de la mano de Dios, el propio alumno debe explorar el camino, paso a paso, por medio de una actividad liberadora. No se consigue nada por nada. La meta no puede ser alcanzada sin una gran lucha.

 

Por eso, el alumno debe comprender claramente que le es necesario tener a su disposición una barca y una red, pues con la ayuda de ambos podrá ejercer el oficio de pescador. La propia vida, el propio sistema de la personalidad, el propio microcosmos debe ser santificado para el gran objetivo de la Gnosis. Un intenso trabajo sobre sí mismo, una intensa auto-francmasonería, son necesarios para poder realizar el trabajo de francmasonería exterior. Quien no trabaja en su propio yo, no le está permitido ayudar al yo de otra persona. Quien no es capaz de quitar la viga de su propio ojo, no está en condiciones para quitar la paja del ojo ajeno. Querer ser un pescador exige ante todo un trabajo sobre el propio yo, un trabajo de auto-francmasonería, la construcción de un barco.

 

Si este trabajo es realizado seriamente, la necesidad de poseer el atributo del verdadero masón libre, es decir, la red, será sentida al mismo tiempo. La red es el instrumento de trabajo del gnóstico. Con la ayuda de su barco y de su red, el trabajador podrá ponerse en ruta sobre el mar de la vida a fin de pescar hombres en ella.

 

El alumno debe comprender que la construcción del barco y la confección de la red deben ir a la par. Las dos actividades se entrelazan y se ayudan mutuamente para alcanzar sus fines respectivos. Cuando el impulso interior de la fuerza gnóstica transmutada vibra en su ser, el alumno debe responder a este impulso. Por eso, es cierto que al principio los pescadores son encontrados muchas veces reparando sus redes. Sin embargo, allí donde existe este impulso, esta doble actividad no disminuirá jamás. Puesto que por la actividad, aunque sus resultados sean aún por el momento negativos, aunque el alumno esté desesperado a causa de la rotura de sus redes, la presión de la Gnosis se intensifica. El segundo intento de pescar será entonces más dinámico, más resuelto que el primero, tan desprovisto de esperanza.

 

Y esto nos revela de nuevo un signo característico. Un pescador que lleva el signo gnóstico jamás abandona, y sus decepciones significan siempre un triunfo. Es una actitud que debe tener en cuenta a fin de poder discernir la autenticidad de la imitación. En este mundo, se pueden imitar la barca y la red en una diversidad multicolor, pero ninguna de estas imitaciones puede mantenerse, pues son disueltas o desenmascaradas.

 

Cuando el aprendiz de pescador, después de muchas decepciones aparentes que representan simplemente los hitos de un desarrollo, ha alcanzado un punto en el que su barca y su red, su auto-francmasonería y su francmasonería, su estado interior y su instrumento de trabajo exterior, cumplen una exigencia mínimas, entonces ha llegado el momento de una nueva unión, una nueva unión con la Gnosis. El pescador se vuelve realmente un pescador de hombres y sus redes ya no se rompen. El pescador vive un momento histórico. Una multitud de peces son llevados a tierra.

 

Antes de llegar hasta aquí, quizás haya necesitado pasar muchos años de penosos esfuerzos y una serie casi interminable de decepciones. Pero todo esto era necesario para aprender perfectamente el santo ministerio y para apresurar la realización de la grandiosa meta de la Fraternidad Universal.

 

Y como usted pertenece a esta Escuela para ejercer un día este santo ministerio, es necesario que comprenda que el oficio de pescador también puede y debe ser ejercido en común. Es posible y deseable que todos juntos tiren una red común a través de las profundidades del mar de la vida, a condición de que sus barcas estén preparadas.

 

La Escuela de la Rosacruz es un lugar de formación de pescadores de hombres. En ella aprende, en la fuerza de radiación de la Gnosis, a construir su propia barca. En consecuencia, y en la medida en que la construye, está tejiendo también su red, pues el impulso a los actos liberadores va a la par con los progresos de la construcción. En el interior de su campo de fuerza, la Escuela le da la oportunidad de prestar oído a este impulso, y los errores que comete, y las redes que rompe, corren a cuenta de la Escuela.

 

Es importante que sea plenamente consciente de este inmenso privilegio. Hay trabajadores que están aislados, sin la ayuda de nadie, privados de las alas protectoras de una Escuela Espiritual. Y les es dicho: «Trabajad mientras es de día, pues la noche se aproxima rápidamente.» Y cada error que cometen se venga; cada red rota ocasiona a menudo una situación casi desesperada y sus barquichuelas son bamboleadas de un lado a otro en el mar académico.

 

Pero cuando triunfan y sus éxitos han sido adquiridos después de un gran esfuerzo personal, entonces se desarrolla lo que conocemos como la Escuela Espiritual. Quienes son pescados en la red que ya no puede romperse, entran en la escuela de formación de pescadores, lo que quiere decir que viven, existen y están en un campo de fuerza, un vacío dialéctico, en donde es mantenida una vibración del Espíritu Santo.

 

Debe comprender bien que es infinitamente más fácil aprender el oficio en un campo de vibración tan fuertemente diferenciado de este mundo, y que los errores cometidos por los alumnos están lejos de vengarse sobre él tan gravemente como sobre aquellos que han tenido que construir el campo de fuerza. Todas las faltas que usted comete deben ser compensadas en y por el campo de fuerza.

 

 

Por eso debe comprender que esta gracia, esta buena voluntad de la Escuela, tiene sus límites. Y por esta razón debe volverse plenamente consciente de su gran responsabilidad frente la Escuela. Cuando un conferenciante dice una barbaridad, o un colaborador en cualquier otro lugar en la obra mete la pata, o utiliza una grosería, o perjudica el trabajo por irreflexión, es casi inmediatamente descargado de ello. Y, con frecuencia, ellos son totalmente inconscientes de su error, o bien un día después olvidan completamente de qué manera desesperada han roto las redes. Pero el campo de fuerza y quienes asumen su plena responsabilidad están obligados a cargar plenamente con todas las consecuencias de estos errores y a esforzarse en restablecer el equilibrio.

 

Todo participante de un servicio en uno de los focos del campo de fuerza asimila algo de la vitalidad de este campo. Muchos asistentes que no cumplieran ciertas condiciones podrían agotar de una sola vez todo el campo de fuerza. Usted, con sus sentimientos y pensamientos de crítica, con todo su comportamiento hacia la Escuela, infringe diariamente una herida al campo de vibración.

 

¿Se da cuenta de hasta qué punto otros deben llevar literalmente el sufrimiento por usted? ¿Cómo otros han cargado en su lugar con su sufrimiento? ¿Comprende igualmente que este sacrificio no es ofrecido inconsideradamente?

 

La Fraternidad no desperdicia la menor partícula de energía. Cuando resulta que un alumno no tiene ninguna intención de aprender el santo ministerio, si se demuestra que tiene otras intenciones, cuando el sacrificio hecho por la Escuela pesa infinitamente más que la actitud definitiva del alumno en cuestión, conviene entonces alejar de la Escuela a semejante parásito.

 

Piense por un instante en la responsabilidad de los colaboradores que, al admitir de manera inconsiderada a alumnos ineptos, pueden hacer la carga de sufrimiento a llevar en lugar de otros tan indeciblemente pesada y dificultar de tal manera la marcha de la Escuela, que de hecho prácticamente ya no se puede hablar de progreso.

 

De ahora en adelante no piense con tanta ligereza respecto a su alumnado. Tenga en cuenta que con esto va unido un intenso sufrimiento y un sacrificio realizado para usted del cual lo ignora todo. Sepa también que todo esto se realiza para usted, con el fin de enseñarle el santo ministerio en el plazo de tiempo más corto posible y de la manera más sencilla, y de que usted sea capaz de colaborar tirando de la gran red. Cada uno de ustedes debe reforzar el campo de fuerza y volver el sacrificio de otros más luminoso y ligero.

 

¿Cómo debe hacerlo? ¿Pronunciando tal o cual palabra? ¿Emitiendo una emoción o un pensamiento? ¿Por un sacrificio material?

 

No, solamente cuando construya, en una perfecta auto-francmasonería, por el acto liberador, su propia barca, cuando al respecto fije su mirada perfectamente en el trabajo a cumplir en el propio ser, entonces el sacrificio ofrecido por usted no será en vano. Ya que, entonces, después de muchos esfuerzos y actos negativos cargados en la cuenta de la Escuela, un día podrá ayudar a echar la red a la derecha, en el lado correcto.

 

El fin de esta nueva llamada de la Gnosis es hacerle comprender claramente cómo la Jerarquía de Cristo y sus servidores, por un sacrificio actual, se aproximan a usted para ayudarle; para decirle también que este sacrificio es ofrecido de manera muy inteligente y dinámica y que, por consiguiente, es necesario que sea respondido de manera igualmente inteligente, actual y dinámica.

 

En el actual campo de trabajo de este fin de los días, el consumo de fuerza es enorme y, en consecuencia, el sacrificio ejercido es extremada e indeciblemente grande. Comprenda entonces esta llamada que pide que, por su lado, este sacrificio debe ser contestado con un resultado actual, para que el equilibrio pueda ser conservado y la Escuela pueda mantenerle como alumno.

 

Esperamos y rogamos que también usted sea encontrado pronto capacitado para echar su red en el lado derecho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIX

 

LA RED DEL PESCADOR

 

 

En nuestra carta precedente relativa a la Gnosis, hemos tenido la ocasión de dirigir su atención hacia el santo ministerio ejercido por el alumno, es decir, el oficio de pescador de hombres. Ahora nos incumbe la tarea de situar ante su reflexión el instrumento de trabajo del verdadero obrero, la red del pescador, para que este santo ministerio resplandezca ante usted más claramente que nunca.

 

En la personalidad, la red simboliza el campo aural o campo de respiración; en la Escuela Espiritual es el símbolo del campo de fuerza; en la Fraternidad Universal significa el Reino Inmutable. Y el Ser Crístico es la red con la cual la Fraternidad Universal intenta envolver al mundo y a la humanidad caídos.

 

Probablemente sepa que todo campo respiratorio humano posee un poder magnético con dos aspectos: uno que atrae y otro que repele. La naturaleza y la cualidad de este poder magnético están en relación muy estrecha con la sangre, el fluido nervioso y la secreción interna. Se puede decir que la red de la que dispone el hombre está tejida de una manera muy determinada. En la red aural humana, sólo se puede tomar aquello que está cualitativamente en armonía con ella. El poder magnético natural atrayente del campo aural se encarga constantemente de ello. Así, es evidente que nada puede entrar en el aura que no esté en concordancia con ella. El poder natural repulsivo del aura vela para que esto sea irrevocablemente así.

 

Usted sabe que la conciencia humana encierra una determinada voluntad. Esta voluntad se ve impulsada por la razón, el deseo o por los dos a la vez. Por esta razón, es posible que un hombre quiera, en un momento dado, rechazar algo que el aura atrae de una manera completamente natural o, por el contrario, atraer algo que no está concordancia con la cualidad aural. En el primer caso, se produce una lucha desesperada en la que el hombre siempre sale perdiendo. En el segundo caso, se ocasiona una destrucción aural y por lo tanto corporal, lo que significa que la red se rompe, con todas las fatales consecuencias que resultan de ello.

 

No es, pues, sin razón que la voluntad es llamada una fuerza marcial. Por el fuego de la voluntad se pueden causar grandes desgracias. Cada alumno debe comprender que son necesarias muchas medidas preparatorias, antes de usar su voluntad. La voluntad es un poder mágico, un poder creador. Es perfectamente lógico que el campo de la creación deba estar primeramente en perfecta armonía con la disposición de la voluntad, antes de que ésta pueda ser empleada. Esto quiere decir que la esfera aural debe ser capaz de rechazar lo que la voluntad quiere rechazar y, en virtud de su esencia, de atraer lo que ella desea atraer hacia su sistema.

 

Es evidente que es necesaria una transformación completa de la vida, un giro total, para que el aura funcione siempre en concordancia con la voluntad marcial. Esto explica también el porqué casi todos los hombres están cotidianamente ocupados en desarrollar en su sistema toda clase de consecuencias de la actividad del fuego de la voluntad.

 

 

Cuando la red se rompe, o dicho de otra forma, cuando el hombre vive de la manera incorrecta descrita anteriormente, cuya consecuencia es la completa perturbación del estado natural del aura, entonces se vuelve, por un período más o menos largo, el juguete de toda clase de fuerzas que se unen con su propio estado de ser y que abusan de esta situación. En sus redes rotas, ya no puede retener nada de lo que anteriormente aún era posible, ni rechazar lo que asimismo era capaz de rechazar en circunstancias normales. Del mar de la vida entran los turbios desperdicios que flotan en su superficie. La causa es siempre la misma: el abuso de la voluntad, el abuso del poder creador y, como consecuencia, la destrucción, el aniquilamiento de la red aural.

 

Así pues, cuando su intelecto o sus deseos inciten a su voluntad a actuar, verifique atentamente si sus intenciones están en concordancia con los poderes naturales de su personalidad. Los poderes naturales de su red aural sólo pueden ser modificados por el cambio radical de todo su comportamiento de vida.

 

Comprenda usted que en estas palabras se le transmite una advertencia de la Gnosis extremadamente seria. Como alumno de la Escuela Espiritual, su atención ha sido atraída desde hace muchos años hacia la vida nueva, hacia la llamada del Reino Inmutable, y toda su conciencia es adaptada, de todas las maneras posibles, al verdadero camino.

 

Tan pronto como se aproxima a las cosas de la vida superior sólo y directamente con su voluntad, con el fuego marcial de su estado dialéctico sin más, se producen inevitablemente desgracias. Si su poder aural no está capacitado para asimilar las nuevas fuerzas etéricas y, a pesar de todo, usted moviliza toda su voluntad para llegar a ellas, entonces la red aural se rompe. Y en lugar de las fuerzas etéricas nuevas, es el fango del mar de la vida el que, en oleadas, penetra en su interior.

 

Recuerde bien que, en cualquier circunstancia, es primordial que se produzca un cambio completo de su comportamiento de vida, en el sentido de la vida liberadora. Cuando su interés intelectual por la vida nueva es despertado y cuando sus sentimientos son inflamados por el entusiasmo, no siga entonces el camino habitual de la dialéctica dirigiendo su voluntad, como una llama, hacia la meta. Las funestas consecuencias de semejante manera de actuar son frecuentemente de un alcance incalculable. ¡Usted no puede abrir a fuego la puerta de las puertas! ¡Sólo cuando el alumno está preparado, perfectamente preparado, aparece el maestro!»

 

Ahora podrá comprender claramente que la tan conocida ley: «lo semejante atrae a lo semejante», está perfectamente relacionada con esto. Mucha gente se asombra de que ciertas fuerzas vitales y ciertas personas que llevan en ellas estas fuerzas vitales -fuerzas que han llegado a odiar a causa de amargas experiencias- se imponen no obstante, cada vez de nuevo, al hombre y se le aparecen en su horizonte. Las cosas que usted no quiere, siempre vuelven hacia usted. ¿Comprende que estos fenómenos sólo pueden ser atribuidos a la cualidad de la red aural? Usted siempre atrapa en su red los peces para los que usted mismo está ennoblecido.

 

Ciertos tipos de hombres buscan continuamente contactar entre ellos, a causa de la polaridad de sus redes. Esta polaridad puede tener efectos edificantes, sin embargo, en muchos casos, son también destructivos. Cuando varias personas están reunidas en una atmósfera de futilidad y de tendencias inferiores, entonces se envilecen mutuamente. La causa de ello es evidente. La similitud de orientación refuerza el poder atractivo colectivo, con todas las consecuencias que conlleva.

 

El filósofo italiano Scipio Sighele, ha escrito un libro titulado: «La multitud como delincuente». En él muestra que personas de un carácter normal y corriente, reunidas en grupo, pueden transformarse en un infierno atronador. La historia nos ha dado sobreabundantes pruebas de ello.

 

Usted debe entender exactamente en este sentido también las «redes de la malignidad». Son innumerables las redes tendidas en la dialéctica para atrapar a los cándidos. Y muchos son atrapados en estas redes de las que uno sólo puede liberarse después de mucho sufrimiento y de las más amargas experiencias. ¿Y cuál es la causa de todo esto? La causa se la hemos explicado ya y, razonando un poco, siempre puede encontrar usted mismo la solución.

 

 

Suponga que hayan sido despertados su interés y su entusiasmo por la vida nueva y original, y que tome a pecho nuestra advertencia de no perseguir el objeto de su interés por medio del fuego de su voluntad. Comprenderá perfectamente que primero la red aural debe ser tejida adecuadamente por medio de un comportamiento de vida liberador, resultado de un trabajo interior, antes de que el tesoro de oro de la vida nueva pueda encontrar la entrada a ella.

 

Pero he aquí que vienen los tentadores con sus redes astutamente tendidas. Con la ayuda de toda clase de imitaciones, intentan insinuarle la sugestión de haber llegado. Si, por el aspecto atractivo natural de su poder aural, accede a esto, introduce en usted un veneno destructor que envilece su personalidad y aniquila su sangre. Y lo maligno, que le envuelve así en sus redes, alcanza su fin: hacerle inaccesible, por mucho tiempo, a la influencia de la Gnosis.

 

Numerosas personas encuentran que, en este punto, es terriblemente difícil hacer la discriminación entre la verdad y la mentira. Sin embargo, es necesario que usted sepa que nada es más fácil. Todo lo que se vincula a su interés personal, a su deseo, a su voluntad secreta y reprimida, en suma, todo lo que conecta con su creencia natural, con su esperanza y con su amor naturales y, por consiguiente, con el funcionamiento de su conciencia-yo, es falso, sean cuales sean las circunstancias.

 

Incluso aunque no posea el poder de desenmascarar al tentador, y aunque el toque de su contacto se presente ante su conciencia como una luz radiante, tenga el valor de rechazarlo, completa y radicalmente. Pues, la Gnosis, la luz pránica original no se manifiesta jamás a la conciencia dialéctica, sea cual sea el grado de cultura de esta conciencia. Si observa atentamente esta regla de oro, ningún mal podrá apoderarse de usted por este camino.

 

La Gnosis actúa independientemente de su conciencia, de sus pensamientos, de sus sentimientos y de su voluntad. Quizás esto le sea difícil de comprender. Usted sabe que el sol luce de una manera absolutamente independiente de sus pensamientos, de sus deseos, de su voluntad. El sol se levanta y se pone a la hora fijada por las leyes que determinan la rotación de nuestro planeta. Sería insensato querer que el sol irradiara en medio de la noche; y si cualquiera imitara para usted la radiación del sol en plena noche, su razón le diría que intenta engañarle. Cuando amanece y el sol proyecta sus rayos sobre prados y campos, nadie le podrá decir: «Soy yo quién ha querido que salga el sol y he aquí como sale».

 

Igualmente sucede con la luz gnóstica. Usted no puede querer que ella exista, ni codiciarla, ni atraerla por medio del intelecto. Al sol del espíritu no le importa ninguna de estas cosas. Si alguien pretende darle la radiación del sol del espíritu, entonces no se puede hablar de realidad. El sol del espíritu no irradia en un sentido vinculante sobre una humanidad dialéctica. El sol del espíritu no se levanta, ¡él es! Sólo un microcosmos que ha atravesado la fase del aniquilamiento de la naturaleza dialéctica puede experimentarlo.

 

La Biblia da a comprender muy claramente, en diversos pasajes, que el descenso de la luz pránica original en la esfera dialéctica vaciada de su yo tiene siempre lugar de un modo imprevisto para el yo y se manifiesta completamente al exterior de la conciencia. De ningún modo se trata de un ensombrecimiento mediúmnico.

 

La transformación de la vida que la Gnosis desea de sus alumnos, tiene consecuencias verdaderamente maravillosas. Cuando el yo, que es la conciencia, renuncia a sus impulsos naturales y, según la expresión tan concisa del Salmista, se vuelve «silencioso ante Dios», entonces la sangre y la secreción interna son modificadas. La voluntad, el deseo y la búsqueda intelectual participan en este silencio que tiene tanta importancia. Y así podrá comprender que los dos aspectos del magnetismo aural se modifiquen completamente. De hecho alcanzan un estado de neutralidad. ¿Qué podría aún desear, atraer o rechazar el alumno? Se ha vuelto silencioso ante la luz de la Gnosis.

 

 

En este silencio maravilloso, llega un momento en el que ya ninguna fuerza natural ordinaria puede ejercer su dominio sobre el sistema. Sólo subsiste una interacción biológica entre la personalidad y las diversas fuerzas etéricas para poder mantener a la personalidad. Y, en este estado, la esfera dialéctica en su totalidad se vuelve sensible a la luz del espíritu y es acogida por ella. Se desarrolla cierta sensibilidad para la radiación gnóstica y, en esta unión, se inicia la transmutación, con todas las consecuencias que usted ya conoce. Entonces el alumno es acogido en la red de la Gnosis y puede volverse un pescador de hombres.

 

Cuando, por la auto-aniquilamiento, la esfera dialéctica se vuelve sensible a la Gnosis, vemos como se desarrolla una determinada actividad de reflexión. Las radiaciones de la Gnosis se reflejan, en cierta medida, en el sombrío reino terrestre y así el alumno puede trabajar, al servicio de la Fraternidad, en la pesca de hombres. Su red ya no podrá romperse más. Pues ya no es él quien actúa, sino Cristo en él.

 

Su campo de respiración respira en la radiación de la Gnosis y, en este soplo, un nuevo ser se despierta: el hombre renacido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XX

COMPENDIO

 

 

La humanidad nunca ha carecido de personalidades cuya misión era presentar de manera realista la imagen de la vida transfigurística, grandiosa y liberadora. Desde los días de la caída de Adán hasta esta hora, la humanidad ha podido ver, en una serie ininterrumpida de demostraciones sublimes, que el renacimiento fundamental y estructural no era sólo una posibilidad, sino que además reposaba sobre una base MUY racional.

 

Numerosos instructores iluminados, que aún ya no siendo de esta naturaleza se manifestaron en ella, han ofrecido a la humanidad una filosofía transfigurística universal en la que puede encontrar todo lo referente al camino y a la vida verdadera. Esta enseñanza transfigurística ha sido tan bien colocada a nuestro alcance y se han aprovechado tanto todos los medios razonables y morales autorizados, que es incomprensible cuán poco numerosos son quienes poseen, en su conciencia, alguna comprensión de ella.

 

A pesar de todo, en el subconsciente de muchas personas existe cierto recuerdo. No es un recuerdo de la vida original divina, sino un vestigio de contactos que han tenido en estados de existencia anteriores con comunidades de trabajo de la Fraternidad Universal que, en un lejano pasado, enseñaron el transfigurismo como «lo único necesario». Este recuerdo es la prueba de que en el pasado han rechazado para sí mismos el camino del renacimiento. Por esta razón, permanecemos atados a la rueda de la vida y de la muerte. Así pues, si este recuerdo existe en usted, cuando resuena en el templo de la Rosacruz actual este mensaje antiquísimo, una vieja herida es bruscamente reabierta y, en el giro de la rueda, usted es colocado de nuevo ante este mismo conflicto. Aquí pensamos en las tan conocidas palabras: «Yo no he venido para traer la paz sino la espada». Estas palabras no tienen nada que ver con la sucesión de los grandes conflictos mundiales, sino con el combate en el propio yo y que comienza en el mismo instante en que uno es confrontado con la filosofía universal.

 

Es sorprendente observar cómo la palabra de vida engendra el conflicto en el alma humana, hasta qué punto el campo de servicio de la Escuela Espiritual tiene mucho que ver con un campo de batalla. Ciertas personas en las que no se despierta ninguna reacción psicológica a causa de la ausencia de recuerdo, están muy extrañados: «¿De qué hablan estas gentes? ¿Cuál es su intención? No hay en esto ningún punto de apoyo ni intelectual ni místico. ¿No son llevadas aquí la exaltación y la estupidez hasta el colmo?»

 

Otras personas en las que las viejas heridas se han reabierto pueden volverse muy iracundas, o extremadamente nerviosas, o muy angustiadas o, por lo menos, de un humor sombrío. Así las acusaciones hacia los trabajadores de la Escuela se encuentran, cada cierto tiempo, en el orden del día: «¿Es ésta la doctrina del amor de Cristo que ustedes nos aportan? ¿Es ésta la puesta en práctica del «venid a Mí, vosotros que estáis fatigados y cargados»? Ustedes hacen de su escuela una colonia penitenciaria de condenados que más pronto o más tarde acabarán en el suicidio. Su templo no es el templo del reposo, sino un lugar en el cual se suceden, sin cesar, violentas conmociones.»

 

 

Pues lo que uno espera corrientemente de una Escuela Espiritual es que proponga un sistema ético de elevación de la conciencia, un método cultural por el cual el cuerpo, el alma y el espíritu sean elevados como un dios. Para alcanzar este fin, se está dispuesto a superar algunas pruebas, a imponerse diversos sacrificios. Esto puede incluso costar algo de dinero. Pero en general es necesario que se pueda registrar un «beneficio» en algunas espirales de vida.

 

Usted se considera muy objetivo y seguramente no es tan insensato como para aventurarse sobre una delgada capa de hielo. Toma conocimiento de diferentes corrientes de cultura espiritual. Actúa con mucha benevolencia, como corresponde a los hombres cultos. Escucha muy atentamente, pues cada una de estas corrientes le ofrece algo. Finalmente toma su decisión. Escoge aquello que es para usted más ventajoso y, con su mentalidad práctica, no se deja turbar cuando otro le dice que es todavía más ventajoso.

 

Sin embargo, en la Escuela de la Rosacruz nada le es ofrecido, sino que se le quiere quitar algo. Pues las bases del transfigurismo reposan sobre el hecho de que la realidad existencial fundamental y estructural del hombre dialéctico no está comprendida en la naturaleza divina, y que esta realidad existencial dialéctica, por lo tanto, debe ser abandonada para encontrar la vida verdadera.

 

Esta es la causa de todo lucha desencadenada por la Escuela Espiritual: El alumno comprende el fin esencial y la amplitud de esta muerte fundamental de la naturaleza, pero no obstante desea decididamente no recorrer este camino.

 

Son muy pocos los hombres que, tomando conocimiento de la Enseñanza Universal, no comprenden cuáles son las exigencias puestas por el transfigurismo. Hay muchos que también comprenden perfectamente el porqué de estas exigencias y que descubren al mismo tiempo su lógica rigurosa.

 

¡Es esto justamente lo que vuelve a los hombres furiosos! Es necesario poseer algunas nociones de psicología para comprender esta actitud que consiste en reconocer la lógica, la irrefutabilidad de algo y, sin embargo, ¡rechazar resueltamente aceptar las consecuencias de ello!

 

Todo hombre se ha creado una determinada esfera de haberlo conseguido, una ilusión de comprensión y de satisfacción con la vida. La Biblia llama a esto «el manto» con el que se nos ha revestido. Muchos hombres han recorrido un largo camino de cultura ética y burgués. El manto que poseen está tejido magníficamente y su color es excepcional. En esta situación es extremadamente fastidioso tener que quitarse este manto, y llevar a la práctica la palabra dirigida en su día al joven rico, rico en adquisiciones burgueses, éticas, humanitaristas, religiosas según la naturaleza, asentado ya según la ley, y a quien fue dicho: «¡Vete, vende todo lo que posees, después vuelve y sígueme!»

 

Está escrito además: «El joven se fue tristemente.» Frecuentemente es ésta la primera reacción: la decepción. Después viene el resentimiento, la irritación y, al final, la hostilidad con todas sus consecuencias. Un hombre que se sabe desenmascarado se comporta con frecuencia desconsideradamente y actúa vigorosamente en su forma de aplicar la ley del ser o no ser.

 

El transfigurismo significa la mágica puesta en marcha de una revolución mundial, en una no violencia absoluta. El transfigurismo ataca todos los fundamentos de la dialéctica. Por esta razón, ha sido siempre combatido con una extremada virulencia, sea cual sea la forma en que apareció, combatido por aquellos que sabían pero que no querían.

 

Sin embargo, absteniéndose de toda lucha, el transfigurismo supo siempre vencer; victoria que, a medida que avancen los siglos, se volverá cada vez más visible. El mundo corre hacia su fin, y en el nuevo período humano que se aproxima, una poderosa victoria transfigurística acentuará más este final absoluto. Por todas partes en el mundo, existen o están en formación grupos más o menos grandes con el objetivo de realizar efectivamente los diferentes aspectos transfigurísticos o vitales que, a fin de cuentas, deben conducir a este final.

 

En un momento dado, todos estos grupos se fusionarán abiertamente, para ofrecer al mundo, según la Fama Fraternitatis (*), una afluencia de gracia y bondad por la cual la humanidad llegará a un conocimiento cada vez más profundo de Jesucristo y de la naturaleza original. Entonces se cumplirán las palabras del Evangelio de Juan (capítulo 10): «Y habrá un solo rebaño y un solo pastor.»

 

Este pensamiento no es el producto de una quimera idealista, de la cual lo nebuloso es lo más esencial, sino que es un hecho que, en este momento, todos los grupos designados más arriba caminan de manera remarcable hacia una actuación común.

 

Semejante tendencia estaba en el pasado siempre acompañada de fenómenos secundarios. Lo mismo sucede también hoy en día. Desde el punto de vista dialéctico, hay corrientes que se dirigen hacia una unidad mundial. Éstas imitan la misión confiada por la Fraternidad a las diferentes Escuelas, de cambiar el aspecto más bien nacional por el aspecto internacional.

 

Si quiere ahora elevarse en este futuro trabajo hacia la gran meta, no solamente tiene que comprender plenamente el compendio de todo el transfigurismo, sino también ponerlo en práctica. Y, dado que una concepción lúcida debe preceder a la acción, la Gnosis quiere una vez más determinar para usted los aspectos más característicos del camino. Queremos hacerlo basándonos en este mismo capítulo diez del Evangelio de Juan, del cual acabamos de citar un fragmento.

 

«El Padre me ama, porque yo doy mi vida, a fin de recibirla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy por mí mismo. Yo tengo el poder de darla y de volverla a tomar. Tal es la misión que he recibido del Padre».

 

Puede observar usted que el Evangelio de Juan nos coloca aquí con palabras abiertas ante la endura. Esta práctica, por la cual los cátaros fueron acusados de seguir las doctrinas más diabólicas siendo, por consiguiente, perseguidos con el fuego, el hambre, la espada y las torturas, encuentra su fundamento en la Biblia y en las palabras evangélicas de Jesús, el Señor. «Es por esto que el Padre le ama», significa que solamente está restablecida la unión entre su microcosmos y la luz universal, cuando abandona su vida, a fin de recibirla de nuevo.

 

Estas palabras han sido interpretadas y examinadas de todas las maneras posibles. En primer lugar en su sentido milagroso. Jesús habla aquí, se dice, de su próxima muerte sobre la cruz y de su resurrección al tercer día.

 

El teólogo piensa que, por una fe comprendida según la religión natural, se obtiene participación en la muerte del Señor y, por esto mismo, también en su resurrección. Según esta opinión, Cristo siguió este camino para nosotros, en una ofrenda única, y de este modo nosotros entraremos al otro lado de la tumba en el esplendor de la resurrección.

 

Otros parten de la hipótesis de que, por una vida virtuosa, conforme a las normas burgueses, se sigue un camino de desarrollo que debe finalmente llevar a la perfección.

 

Pero el transfigurista comprende estas palabras a la luz de la filosofía universal. La muerte y resurrección única de Cristo se refieren al hecho de que quien recorre el camino de la endura es liberado definitivamente de la rueda del nacimiento y de la muerte. Este camino es mil veces más espléndido, más divino y prodigioso que la fantasía más audaz que haya podido imaginarse, pues este camino de la liberación real es aún seguido cada día por los alumnos de la Gnosis, en una vivencia práctica y tangible.

 

Usted sabe que se trata aquí de la desnaturalización de toda la naturaleza dialéctica, tanto en lo que concierne a la conciencia como al alma y al cuerpo. No como un incidente sino metódicamente; mientras que, al mismo tiempo, una realidad esencial diferente resucita según la conciencia, el alma y el cuerpo de las cenizas del viejo yo. La filosofía universal explica claramente de qué manera se cumple este proceso, de qué elementos se compone y de qué índole son sus resultados.

 

Podemos imaginarnos fácilmente que haya personas que razonen así: «Si considero la larga lista de testigos del transfigurismo y si estudio la condición de su vida, convengo que, no obstante, hay en esta extraña doctrina algo que puede tener alguna importancia para mí. Así pues, en primer lugar voy a orientarme convenientemente y probar este camino, desde luego sólo hasta cierto límite, a fin de poder decidir definitivamente, en el momento oportuno, si me conviene o no». Tales especuladores obtendrán sin duda resultados negativos, e irán a reforzar el campo de los adversarios.

 

Para estar en condiciones de recorrer el camino de la transfiguración, es necesario que disponga de poder. Por esta razón, Jesús dijo: «Yo tengo el poder de darla y el poder de volverla a tomar.» Si carece de este poder, todo esfuerzo es vano. Incluso es un hecho que una persona que posea este poder debe llegar a resultados transfigurísticos.

 

Ciertos alumnos de la Escuela de la Rosacruz han partido de la hipótesis de que el yo de la naturaleza debe ejercitar la voluntad y que este poder puede ser obtenido manteniendo el egocentrismo. Otros se han vuelto víctimas de un ensombrecimiento, con todas las consecuencias que están unidas a ello. La posesión de este poder es, sin embargo, la llave del camino. Los diecinueve cartas precedentes sobre la Gnosis tenían todos por objeto explicarle claramente de qué modo el alumno recibe las alas y el poder necesarios para recorrer el camino. La Biblia designa este poder como la posesión del Espíritu Santo. Se trata aquí, definido brevemente, de una concienciación diferente, es decir, de una toma de conciencia microcósmica.

 

Tan pronto como su microcosmos obtiene algo de esta otra concienciación, viene sobre usted otro espíritu, otro poder. En y por este poder, usted es capaz de deshacerse del yo de la naturaleza y de su realidad existencial, y de restablecer progresivamente el estado original del microcosmos. Ésta es la misión que ha recibido de la luz pránica original.

 

Así pues, penetrando hasta el núcleo del problema, vemos que se trata de la posesión de las alas y del poder del Espíritu Santo. Sin lo cual, y hasta el último suspiro, no hay más que ignorancia e impostura, sufrimiento y desolación, lucha incesante, oposición mutua en una amarga enemistad. Sin este Espíritu Santo, usted se hunde siempre de nuevo en su viejo estado sanguíneo, y siempre son las voces ancestrales las que hablan en usted y oye siempre «el mismo estribillo de las cosas tan viejas como el mundo.»

 

Por esta razón, en la Escuela Espiritual se trata de esta posesión única, esencial: la radiación de la luz pránica original en el propio ser.  Quien posee este Espíritu progresa inevitablemente hacia el renacimiento. Quien no lo posee todavía es, por el momento, también inevitablemente un extranjero.

 

 

 

 

 

LA GNOSIS EN SU MANIFESTACION ACTUAL

 

 

 

Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Biblioteca Renova N 2

 

 

 

 

 

 

 

 

Título holandés original:

De Gnosis in actuele openbaring

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Edición

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

 

 

PRIMERA PARTE

 

EL NUEVO PERIODO HUMANO

 

 

I Estado de conciencia es estado de vida

Un nuevo período de la humanidad

¿Qué es la conciencia?

El campo magnético intercósmico

Dos campos magnéticos

Dos grupos de hombres

 

II Dos testamentos distintos, dos leyes distintas

 

Dos formas de religiosidad

Bajo la ley

Deber religioso

Sumisión religiosa

El nuevo testamento

Nueva religiosidad

La cuarta Gnosis: el acto autoliberador

Los próximos cuarenta y ocho años

 

III El nuevo comportamiento de vida

 

Aceptación moral y racional

Fe liberadora y vida liberadora

Bienaventurados los pobres en espíritu

Vivir de la fe

La quíntuple Gnosis Universal

 

IV La nueva ley del corazón

 

Hablar y actuar

La ley en el propio corazón

 

V El renacimiento del alma

 

La quíntuple Gnosis Universal

La señal del hijo del hombre

El renacimiento de agua y espíritu

La separación de los dos tipos de hombres

Los años de la cosecha

Los cinco aspectos de la transfiguración

Los cinco fluidos del alma

Hay una reencarnación?

 

 

 

SEGUNDA PARTE

 

EL RENACIMIENTO DEL ALMA

 

 

I Conciencia racional y moral

 

Aceptar a Cristo, confesarle y servirle

«Dios no abandona las obras de sus manos»

La bella y sublime misión del portador de la imagen de Dios

La tarea de la Escuela Espiritual

La turbación moral

Comprensión racional y moral

La doble ofrenda mágica

La Escuela Espiritual como mediadora indispensable

 

II El proceso: el Camino Rosacruz

 

Triple estado de conciencia

El estado dividido del alumno

«Yo no he venido a traer la paz, sino la espada»

La conciencia puente

El barquero clásico y la travesía

El impulso hacia una decisión definitiva

La Rosacruz roja

Jesús y Herodes

Jesús comienza su peregrinación

A salvo!

El Vacío de Shambhala, la «Logia de arriba»

Jesús, el Señor, una fuerza de radiación que conduce a la vida

 

III La vocación del alumno: la santificación

 

De la primera epístola de Pedro

Calma, comprensión y alegre esperanza al

recibir la corriente de gracia de la Gnosis

 

IV El crecimiento del alma nueva

 

La duplicidad de la Escuela Espiritual

La importancia de la esfera material para la liberación del hombre

La incapacidad de la esfera reflectora

El microcosmos se ha vuelto entonces más o menos completo

La formación embrionaria del nuevo ser del alma inmortal

Los dos polos magnéticos de la personalidad

Desarrollo de un nuevo estado del alma

Los tres núcleos de vida originales

Dormido en Jesús

La resurrección de Jesús

El despertar de la nueva conciencia aquí, en la esfera material

La futura fusión de los dos aspectos de la Escuela Espiritual

V La gloriosa resurrección

 

Ya no puede ser dañado por la segunda muerte

Juan el Bautista, el precursor

La necesidad de vencer al mundo

La misión de la Iglesia Militante en la tierra

Microcosmos, cosmos, macrocosmos

La relación de los dos campos de trabajo

La necesidad de la irrupción de la conciencia

Iluminación y santificación

La nueva luz del alma se inflama

Actividad interior

La resurrección al tercer día

Un período nuevo muy especial

 

VI La Logia de arriba

 

Radiación intercósmica

La luz que brilla en las tinieblas

La formación del Vacío de Shambhala

La creación de una esfera magnética

El trabajo de integración en la Cadena Universal

El décimotercer eón

 

 

 

TERCERA PARTE

 

LA ESFERA MAGNETICA DE LA DOBLE ESCUELA ESPIRITUAL

 

I La victoria sobre el mundo

 

El contacto racional y moral por la Escuela Espiritual

El Vacío de Shambhala acompaña a la Escuela Espiritual en la tierra

La tarea comenzada se continua después de la muerte

en el Vacío de Shambhala

El mundo debe ser vencido

La liberación del Karma

«El séptuple candelabro que está ante Dios»

Nuestra unión con el destino

Nuestra base y objetivo deben coincidir

La esfera magnética; polo norte ‑ polo sur

La característica de una iglesia gnóstica

El desarrollo de la esfera magnética

La Escuela debe permanecer vigilante

 

II La vocación del portador de la imagen de Dios

 

Las siete fases del desarrollo del cuerpo magnético

La gran lucha

El plan de emergencia de la dialéctica

Orden de emergencia es orden de muerte, a no ser que…

Quien quiera perder su vida, la conservará

La vocación del portador de imagen

Dominar el mal

En la fuerza Jesucristo

La muerte abolida, aniquilada

Bienaventurados son quienes aspiran a una unión renovada con el Espíritu

«A todos los que Le aceptan»

La entrada en la Sala de las Bodas, la Morada Sancti Spiritus

El nuevo cielo‑tierra

Caen todos los velos

Jacob y la escalera celestial

 

III Una Sancta

 

Shankara, el sublime

Todas las enseñanzas de liberación son una con la Gnosis

La espada sólo en la propia alma!

 

IV La formación del cuerpo viviente de la Escuela Espiritual

 

La formación del grupo

El desarrollo del campo de fuerza gnóstico

Atracción y repulsión: la rotación

Los siete fenómenos de la manifestación

Los siete rayos cósmicos

El campo de radiación electromagnético

Alimentación y saciedad

El desarrollo del campo de radiación gnóstico

Discernimiento, deseo de salvación, entrega de sí mismo

La vida según el Sermón de la Montaña

La aurora, el alba naciente, la luz irrumpe

 

V El nuevo comportamiento de vida

 

Ofensas y pecados contra la Gnosis

La señal de la filiación de la desobediencia

La dicha maravillosa de la salvación y la elevación libre de culpa

Una auténtica perspectiva de vida

En unidad de grupo

 

VI De campo de fuerza a campo de luz

 

La necesidad y el privilegio de la unidad de grupo gnóstica

Repetición de la ofrenda de salvación

Dónde y cómo tiene que comenzar

«Hágase la luz y la luz fue»

La manifestación del Vacío de Shambhala

Una consecuencia importante

La unión con la cadena magnética

El barco celeste; el arca

«Al principio era la Palabra»

El nuevo campo de vida

El regreso de Cristo

De la luz procede la vida

El efecto regenerador de la luz de Cristo

Una vida según el Sermón de la Montaña

 

VII La efusión del Espíritu Santo

 

Trabajad para vuestra salvación con temor y temblor

La invocación de la fuerza séptuple

Transmutación y transfiguración

El nombre misterioso de Dios

Expresar el santo nombre de Dios

El río de Dios, la corriente marina, el aliento divino

Transmutación de la substancia primordial

La manifestación del nuevo cuerpo glorificado

 

 

 

CUARTA PARTE

 

EL NACIMIENTO DE LA LUZ EN EL CUERPO MAGNETICO DE LA ESCUELA ESPIRITUAL

 

I El Templo Funerario de C.R.C.

 

La unidad de grupo es indispensable

El nacimiento de Jesucristo en el tiempo

La necesidad del absoluto desapego de todo lo que es de este mundo

«Mi reino no es de este mundo»

Por qué es necesario un lugar de trabajo libre

El verdadero constructor libre

Nuevas normas para la admisión en la Escuela

La leyenda de Hiram Abiff

Estar sobre la alfombra

La entrada en el templo funerario de C.R.C.

Siempre está presente un esquema de todo el plan de salvación

La integración gnóstica

La Gnosis

El círculo exterior alrededor del corazón gnóstico

La influencia sobre el mundo por medio del cuerpo magnético gnóstico

 

II La ascensión hasta la noche de Navidad

 

La puerta del sepulcro de C.R.C.

El noble e intacto cuerpo de C.R.C.

La primera manifestación del Consolador

El nacimiento de la Luz

Después de 120 años, me abriré

 

III La ofrenda del hombre‑yo

 

Transfiguración: destrucción y construcción, muerte y nueva vida

De esta síntesis del universo, he hecho, en mi vida, una tumba

El primer rayo de la luz séptuple

El sistema nervioso cerebroespinal y los chakras

Asido e influido por la Gnosis

Unidad de grupo, servicio a la humanidad, amor a la humanidad

La luz del cuarto candelero es encendida

La separación del cuerpo magnético

La necesidad de un comportamiento de vida según el Sermón de la Montaña

Qué modifica el nuevo comportamiento de vida?

La ofrenda de sí mismo, la auto‑oblación

Fiesta de Navidad: la integración del alma en la Gnosis

Cómo abrir su alma al Espíritu Santo?

Los cinco fluidos del alma

La ofrenda de sí mismo a la Gnosis

 

IV La ofrenda de la voluntad

 

El atributo mágico del alma

La llave para el nacimiento de la luz de Dios

No se puede echar vino nuevo en odres viejos

Subordinar la voluntad a su propia conciencia

 

V El Bautismo del Fuego: el nacimiento de la luz de Dios

 

La necesidad de la independencia de la conciencia

Dominio del pensamiento y de la voluntad

Formación de los hábitos

La fuerza de decisión positiva de la conciencia

Cómo se crea Karma

Conciencia, sede del alma

El anhelo del alma y la respuesta de la Gnosis

El comienzo de la purificación del corazón

La luz en la cámara de la torre

Authades y Juan Bautista

«Enderezad los caminos del Señor»

Las garras de la naturaleza

Cristianos verdaderamente bautizados

Utilizar el poder recibido!

Todos los obstáculos desaparecen

Bethabara, al otro lado del Jordán

Juan ve venir a Jesús hacia él

El nacimiento de Cristo en el alma

 

VI La purificación del corazón

La aridez y la esterilidad del corazón

La pureza del corazón, condición preliminar indispensable

La ayuda a través de la rosa del corazón

 

VII El misterio de la progresión

 

El buscador recorre el camino de las experiencias

El secreto del éxito

Cómo se libera la séptuple fuerza gnóstica

La orientación mágico‑mística y la orientación mágico‑filosófica

El inmenso significado mágico de la aspiración conjunta de ambos sexos

El funcionamiento correcto de la hipófisis

La unión de la corriente fundamental de la Gnosis al grupo

Así trabajamos unos para otros al servicio de los hombres

Vigilancia ante los peligros que acechan al cuerpo magnético

La nueva corriente fundamental gnóstica es liberada en el mundo

Se abre ante nosotros un nuevo día de manifestación

 

VIII La predicación del Evangelio

El desarrollo venidero de la predicación

La pesca de las almas del océano de la vida

Anunciar el evangelio

Tener fe y obtener la liberación

 

 

 

QUINTA PARTE

 

LA TRANSFIGURACION DEL ALMA Y DEL CUERPO

 

I Fe, esperanza, amor

 

Transfiguración: consecuencia de la efusión del Espíritu Santo

Partida y despedida

La tarea clásica del barquero

«Hora est»

La despedida del mundo

Dios o Mammón

Despídase de sí mismo, piérdase a sí mismo

Buscad verdaderamente el nuevo Reino

Todavía vemos con una razón oscura

Tres escalones por subir

Fe sólida

La luz de la esperanza

El amor, hacerse uno con la Gnosis

 

II La semilla corruptible y la semilla incorruptible

 

La segunda corriente del Espíritu Santo

En espera del nacimiento de la luz

El ver racionalmente y el ver realmente

La luz de la ilusión y la luz verdadera

«La campana en la cámara de la torre»

Hipófisis y órganos sexuales

El camino oculto y sus peligros

El principio nuclear del pecado

La semilla incorruptible de la rosa del corazón

Las bodas entre el alma y la rosa del corazón

 

III El camino hacia el nacimiento de la luz de Dios

 

Dos clases de semillas, dos clases de pureza

El camino ancho y el camino estrecho

Los peligros de la egocentricidad

El tercer poder de la conciencia

La impotencia del yo en relación con la realidad gnóstica

Mirar hacia las montañas de donde vendrá la salvación

Enderezar el eje del corazón

La rosa es unida a la cruz

«La sombra a su mano derecha»

El nuevo fuego de la serpiente y los chakras

Las tentaciones en el desierto

La serpiente de la kundalini es aniquilada

La luz arde en el cuarto candelero

La glorificación en la montaña

La fase de la contemplación

Luz, nada más que Luz!

 

IV La endura

 

Comienza la transfiguración

Caminar en la luz

Nueva conciencia, nueva percepción sensorial

La entrada en el nuevo campo de vida

La nueva alma en la antigua entidad

La endura, la abolición del yo

«El Evangelio de la Verdad»

La tempestad amenazante de la maligna calumnia

Qué es la endura

El renacimiento del alma

Usted ha vencido a la muerte

Qué es la aniquilación del yo

La flor maravillosa del nuevo futuro humano

La «morada celeste»

 

V La resurrección de la tumba

 

El cuerpo vital

El estado del alma y del cuerpo etérico

Un nuevo sistema de líneas de fuerza

Los cuatro alimentos santos

La salud de quienes se encuentran en el nuevo nacimiento del alma

El nuevo cuerpo etérico

La personalidad glorificada

 

 

 

SEXTA PARTE

 

EKKLESIA PISTIS SOPHIA

 

IEkklesia Pistis Sophia

 

 

 

Glosario

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMERA PARTE

 

 

 

 

EL NUEVO PERIODO HUMANO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

Estado de conciencia es estado de vida

 

 

Comenzamos este primer capítulo con un examen del nuevo período en el que la humanidad ha entrado. Un período de extraordinaria importancia para todos los que son llamados según su estado interior y su orientación espiritual, y especialmente para los alumnos de la Escuela Espiritual moderna. Un período del que emanará una fuerza extraordinariamente imperiosa y propulsora. Un período que sólo se manifestará una única vez en el transcurso de innumerables generaciones y que, por ello, presenta tantos aspectos, implicaciones y hechos importantes, que hace que sea imprescindible reflexionar amplia y profundamente sobre él.

Una puerta se ha cerrado detrás de la humanidad. Hemos entrado en un espacio completamente nuevo, tanto para la humanidad en general, como para la Escuela Espiritual en particular, y cada uno de nosotros debe adaptarse a él. No tendría sentido sugerirle la existencia de este período de tal manera que usted exclamase: «Sí, es interesante!», o: «Tal vez tenga usted razón!»

Esta reacción implicaría únicamente un conocimiento teórico. Quizás conciba esta teoría de la misma forma en que se consideran todas las teorías en esta naturaleza. Sin duda usted intentaría, de vez en cuando, poner en práctica algún aspecto de ella. No obstante, tal vez comprenda que el cultivo de una teoría nunca es ni será una práctica en sentido gnóstico. En el mundo ordinario, la práctica es siempre la aplicación de una teoría. Se estudia durante cierto tiempo y cuando los conocimientos han sido adquiridos se pasa a la aplicación. En nuestro campo de vida, se pasa del estado teórico al práctico, mientras que en el sentido de la Gnosis, la práctica es siempre la consecuencia de un estado de conciencia, y un estado de conciencia tiene siempre repercusiones, ya que un estado de conciencia es una realidad según la cual uno se esfuerza por vivir. El estado de vida que se manifiesta de esta forma, con el cual se trabaja y se aspira, es tan real como el estado de conciencia, y no tiene nada que ver con la aplicación de una teoría. Cuando su conciencia fija su atención en un asunto o un objeto cualquiera, y lo juzga correcto, puede ocurrir que todos los teóricos le adviertan: «No vaya por ese lado, por favor!» Sin embargo, su conciencia le coloca precisamente en ese lado, y de esa manera transforma su conciencia en un estado de vida.

Podemos tomar el ejemplo de un teólogo. En la universidad, el estudiante de teología se ocupa de la teoría, pero pronto pasa a la práctica teológica en su comunidad. Le preguntamos ahora: Existe en el Reino de Dios una diferencia entre estos dos estados, es decir, entre teoría y práctica? Nunca! Como ser humano, el teólogo tiene un estado de conciencia, y no es la teología la que determina su realidad y su estado de vida, sino su estado de conciencia.

Usted debe ser consciente del nuevo período, ya que sólo un estado de conciencia puede ser un estado de vida. Realidad de conciencia crea realidad de vida, la cual se proyecta tanto hacia el interior como hacia el exterior.

Si después de haber leído esto se siente sorprendido, entonces sólo podrá transformar la teoría en práctica de la manera en que lo hace la naturaleza ordinaria, puesto que un hombre que se sorprende por algo no es un hombre completamente consciente, y ciertamente no participará en este período en sentido liberador. Por esto decimos: estado de conciencia es estado de vida. Una realidad debe proyectarse en y por la otra; entonces hay equilibrio. Si falta este equilibrio, el hombre se siente terriblemente desdichado, muy descontento e inquieto. Es una ley natural. Si, por ejemplo, un animal toma conciencia de que está en peligro, buscará el equilibrio huyendo de dicho peligro. Por este motivo, estado de conciencia es, al mismo tiempo, estado de sangre.

Si ahora usted es consciente, con nosotros, del nuevo período, una decisión interior lógica le impulsará a actuar para expresar esta conciencia a través de un comportamiento que esté en equilibrio con ella. La Escuela Espiritual moderna intenta aunar en este sentido la aspiración de su grupo de alumnos, para obtener el mayor rendimiento posible. Ella desea orientar a los alumnos que supone conscientes de este período. Usted percibirá que ésta es una forma de teorizar permisible y práctica.

Suponga que usted es consciente de haber entrado en una situación completamente nueva, como si se encontrara en una ciudad desconocida, sin conocer el camino. Usted buscará su camino para estar en equilibrio con la situación. No se puede decir que sea una actitud puramente teórica la de quien, estando adaptado a esa situación y conociendo ya el camino, le diese la información que necesita con el fin de ayudarle, sostenerle y orientarle.

Tal vez comprenda que este tema se desenvuelve en una luz muy especial, en una luz que se adapta a la cuarta Gnosis: la Gnosis del nuevo comportamiento de vida. Hemos tratado temas que estaban totalmente orientados a aportarle discernimiento, a despertar en usted el deseo de salvación, a invitarle a la ofrenda de sí mismo. Pero ahora se trata de que se produzca un comportamiento directo y consecuente, que sea la respuesta necesaria a un acuciante estado de conciencia.

 

Es evidente que también la primera Gnosis, la del discernimiento, sólo puede ser alcanzada teniendo como base una conciencia madurada por la experiencia. Ocurre lo mismo para la segunda y la tercera Gnosis, la del deseo de salvación y la de la ofrenda de sí mismo respectivamente, para las que es necesario un estado de conciencia suficiente. Por esto comprenderá que es necesario un estado de conciencia muy orientado para que nuestra disertación sea verdaderamente fructífera. A través del discernimiento, el deseo de salvación y la ofrenda de sí mismo, usted se vuelve más consciente y alcanza, de forma muy precisa, un nuevo estado de ser. Este nuevo estado de ser es el reflejo de un nuevo período, para el que sólo hay una reacción posible: responder con un comportamiento inteligente, nuevo y dinámico. Lo comprenderá mejor cuando vea en qué consiste la conciencia.

El estado de conciencia es un estado electromagnético. Su conciencia está formada por siete centros, que están llenos de fluido magnético, de fluido astral, que se encuentran en el santuario de la cabeza, en las siete cavidades cerebrales. Estos centros son alimentados por el proceso de respiración del sistema magnético en el cerebro, el cual atrae el fluido astral del campo magnético intercósmico. En consecuencia, su estado de conciencia particular depende por completo de la calidad de las actividades del campo magnético intercósmico que le rodea.

Así se presenta con claridad la forma en que se desarrolla el nuevo período. Los cambios que se producen en el hombre son causados por las alteraciones en el campo intercósmico que le rodea. Estas transformaciones provocan, casi instantáneamente, alteraciones en la vida manifestada y, por lo tanto, también en la vida del hombre.

El campo magnético intercósmico está compuesto por doce corrientes, las cuales se manifiestan también en el hombre. En la base de estas doce corrientes electromagnéticas yace un plan que se manifiesta espacio‑temporalmente. De esto se desprende que estas doce corrientes electromagnéticas son dirigidas por otras corrientes magnéticas más potentes, y que por lo tanto hay muchos sistemas magnéticos ‑más fuertes y más débiles‑ que se influyen mutuamente.

El campo magnético que ha dado origen a la naturaleza dialéctica genera una serie de períodos y, de este modo, una marcha espacio‑temporal de la humanidad. En este recorrido espacio‑temporal, el hombre de la naturaleza dialéctica no puede tomar ninguna decisión, no tiene ninguna posibilidad de hacerlo. El hombre no participa en las decisiones que le atañen. La humanidad es dirigida, ya que: estado magnético es estado de conciencia y estado de conciencia es estado de vida. Lo que existe en el campo magnético se proyecta en el cerebro y se manifiesta como conciencia, y lo que está en el hombre en forma de conciencia, le conduce a la manifestación vital. Por esto el hombre está completamente dirigido por la naturaleza. No tiene nada que decidir; se decide por él.

El hombre forma parte de un proceso magnético. Cada hombre es una parte de un gran cuerpo. De este modo, un desarrollo comienza y otro termina. El organismo marcha como un reloj; las agujas suben y bajan. Todo este recorrido, todo este plan puede ser conocido de antemano, puede ser establecido desde el punto de vista espacio‑temporal en sus diferentes etapas. Puede ser esbozado incluso teniendo en cuenta la relatividad del tiempo. Las veinticuatro horas de un día pueden parecer más o menos largas que las de otro día, pero a pesar de eso son veinticuatro horas. Por lo tanto, la relatividad no afecta al orden espacio‑temporal.

Podría carecer de sentido decir: «Voy a asumir ahora, en tanto que alumno de la Escuela Espiritual moderna, un comportamiento determinado en virtud de mi estado de conciencia», ya que hemos dicho que en un orden espacio‑temporal no hay nada que decidir: el hombre es vivido. Si todo se limitara efectivamente a esto, deberíamos cerrar la Escuela Espiritual. Pero esto se ve de manera diferente cuando sabemos que el orden espacio‑temporal, con la marcha de su humanidad, también permite ser receptivo a otro campo electromagnético, a saber, al campo electromagnético de la Gnosis. Y una vez que el hombre se ha unido a ese otro campo, será vivido por él y recorrerá un camino según las leyes del otro campo magnético.

Queremos que comprenda que cuando el hombre está en un campo magnético, es dirigido por ese campo. Por decirlo de alguna manera, es forzado a vivir en concordancia con las leyes de ese campo magnético. Si además tiene la posibilidad de escoger entre dos manifestaciones magnéticas, estará claro que el hombre debe comportarse o según la marcha legal de una de ellas, o según la de la otra.

En suma, establecemos que hay dos campos magnéticos, uno de los cuales influye en la humanidad en virtud de su estado natural y el segundo cuando concurren ciertas condiciones. Visto espacio‑temporalmente, estos dos campos trabajan, durante cierto tiempo, siguiendo la misma línea de desarrollo. Pero llega un momento en que se bifurcan, apareciendo entonces dos grupos de hombres, cada uno perteneciente a un campo distinto, que serán conducidos completamente por dichos campos, separándose uno del otro, tanto por su naturaleza corpórea como por su estado moral y espiritual.

Limitémonos a afirmar que dicho momento en la historia del mundo ha comenzado ya. A partir de una fecha determinada, los dos campos magnéticos existentes en nuestra naturaleza comenzaron a distanciarse entre sí, y, como consecuencia, veremos que ciertos grupos humanos cambiarán en relación con el tipo dialéctico habitual. El primer grupo sigue la marcha ordinaria de la humanidad, mientras que el otro sigue la marcha de los excepcionales, la marcha de la nueva raza. La conciencia determina el estado del grupo y el estado de la personalidad.

Si, en virtud de su estado de conciencia, usted pertenece a la Escuela Espiritual, entonces oriéntese hacia este grande y magnífico momento de la historia del mundo, y colóquese a nuestro lado por medio del nuevo comportamiento. Esto no le costará ningún esfuerzo ya que: estado de conciencia es estado de vida. Si toma conciencia del nuevo período, para usted no habrá más que una solución: hacer que su estado de conciencia se proyecte en un estado de vida. Unase a nosotros por el nuevo comportamiento de vida; no por una teoría, sino por una necesidad vital.

 

 

 

 

 

II

 

Dos testamentos distintos, dos leyes distintas

 

 

Jacob Boehme dice que Dios ha encerrado al universo del pecado y ha establecido una separación entre el amor y la cólera. Esto significa que en nuestro mundo de la cólera actúan dos leyes magnéticas: el sistema magnético del mundo de la cólera, de la naturaleza de la muerte, de la dialéctica, y el sistema magnético de Dios, de la Gnosis. En la filosofía de Jacob Boehme se establece también una nítida separación entre el Reino Inmutable y el campo natural que conocemos. Sin embargo, el campo magnético gnóstico rige y dirige el campo magnético dialéctico. Imagínese a la naturaleza dialéctica como un espacio cerrado y rodeado por todas partes por la Gnosis. Así podrá tener una imagen aproximada de la realidad.

El campo magnético gnóstico gobierna y dirige el campo magnético dialéctico. Practicar la obediencia a Dios, honrar a Dios, todos estos términos que podemos encontrar en la lengua sagrada indican que hay dos formas de religiosidad. Puede ocurrir que un hombre, en medio de este mundo de la cólera, se ponga directamente en contacto con el campo de radiación gnóstica. También es posible que se compenetre totalmente con el campo dialéctico. En tal caso, la Gnosis le gobierna de todas formas, pero a través de la dialéctica, con la ayuda de la dialéctica. Usted puede reaccionar positivamente respecto al campo gnóstico y orientarse completamente hacia él, o puede orientarse de manera positiva hacia el campo dialéctico. En este último caso, el campo gnóstico también le gobierna, al igual que a toda la dialéctica, pero, tal como hemos dicho, la Gnosis le gobierna a través de la dialéctica. Si el estado natural está en primer plano, la Gnosis permanece en un plano secundario; si la Gnosis está en primer plano, la naturaleza dialéctica es secundaria. Es necesario que vea claramente estas relaciones y aprenda a reconocer hasta qué punto son determinantes para la luz o las tinieblas, la libertad o la sujeción, la vida o la muerte, el ser o no ser.

El campo magnético dialéctico donde vive el hombre es un campo que explica todo su estado de ser, toda su conciencia. Como hemos expuesto, todo este campo de la cólera está completamente dirigido y gobernado por la Gnosis, por el otro campo magnético. La Gnosis ha encerrado al mundo de la cólera. Por lo tanto, el mundo de la cólera vive cautivo de la Gnosis. Por ello se puede decir que el mundo de la cólera está sometido a la ley.

Existe una poderosa ley que mantiene la manifestación universal de la naturaleza de la muerte en el interior de ciertos límites. Todo el campo dialéctico está sometido a esta ley y, de este modo, también lo están todos los hombres. Ellos están gobernados según la naturaleza. Esta ley intercósmica tiene artículos y estipulaciones que no están escritos con letras, sino que se expresan con diversas relaciones y actividades electromagnéticas. Estas ondas de tipo electromagnético están en constante movimiento, arrastrando a la manifestación dialéctica a lo largo de sucesivos períodos. La manifestación universal, la humanidad, usted y nosotros, no podemos hacer otra cosa que seguir, que reaccionar puntualmente.

La manifestación universal está sometida a la ley. Dios gobierna el mundo. Quien testimonie en este sentido, dice absolutamente la verdad. La manifestación universal de la naturaleza de la muerte se revuelve y lucha por escapar de esta ley natural, pero es imposible que un solo mortal pueda conseguirlo.

Hay algo que no está en su sitio en este mundo de la cólera. Piense en las entidades que llevan en su interior la rosa del corazón. Luchan por obtener la libertad, normalmente de la forma negativa ordinaria. Se produce un horrible impulso del yo, una terrible afirmación personal, un intento por hacer que esta naturaleza sea estática. Como consecuencia, se producen en este mundo de la cólera toda clase de tensiones que terminan por provocar una explosión. Pero el universo está circunscrito y aprisionado por una ley. Si ahora alguien hablase, profetizase, enseñase y dijese: «Ténganlo en cuenta: no actúen contra la ley divina, ya que en el mismo momento en que lo hagan, serán castigados», tal persona tendría perfectamente razón, no solamente desde el punto de vista religioso natural, sino también desde un punto de vista científico, pues nadie puede rebelarse contra la dirección electromagnética que gobierna al hombre.

Esta es una triste situación, que priva de sentido a la vida dentro de la manifestación dialéctica universal. Si usted está en prisión, no puede decir: «Este es el sentido de mi vida», ya que el sentido de su vida está en algún lugar al exterior de la prisión. Por eso, cuando alguien dice: «Sed obedientes, no actuéis contra la ley», no hace más que confirmar una situación de hecho, que se relaciona con el encarcelamiento en el que se encuentran todos los hombres. Dicho de otra forma: «Obedeced a la ley, si no se utilizará la violencia.» Usted conoce estas palabras. Es el deber religioso. Obediencia, así la rueda de la vida girará sin sobresaltos; en caso contrario, la rotación de la rueda le hará conocer inexorablemente, por medio de la destrucción y de la violencia, las experiencias del encarcelamiento como un verdadero camino de dolor.

Hay una forma de religiosidad que siempre se exterioriza de esta forma, que se adapta completamente a esta realidad, y que se esfuerza por ponerse de acuerdo con estas directrices electromagnéticas intercósmicas. Quién vería mal que alguien fuese religioso de esta manera? No obstante, al mismo tiempo afirmamos que esta religiosidad no es más que obediencia por miedo, por temor. Esta religiosidad carece además de amor, es muy egoísta, dura y fría, aunque también puede colmar de alegría cuando el hombre camina con rectitud. Piense en el libro de los Salmos. Este libro está aquí y allá bajo el signo de una religiosidad de este tipo. Si alguien está en apuros, es por culpa del látigo del destino que le empuja hacia cosas muy inusuales. Entonces se escucha el grito desesperado: «Sálvame, oh Dios, porque el agua me llega hasta el borde de los labios.» A continuación, cuando la angustia y el temor han pasado, el salmista exclama: «Hay leche y miel en abundancia!» Usted conoce la conducta infantil de realizar horas de plegaria cuando uno se encuentra en apuros y horas de acción de gracias cuando la situación está en orden. Es la religiosidad de la naturaleza dura como la piedra.

La humanidad se compone de seres que o bien se conforman de esta manera con la ley, o bien mantienen una lucha mortal contra la ley. Estos últimos, empujados por numerosos instintos, combaten desesperadamente por escapar de todas las formas posibles, desde las más toscas y necias hasta las más refinadas e inteligentes. El resultado de esta oposición es siempre ‑como no puede ser de otra manera‑ la violencia: una coacción electromagnética y una miseria horrible, que todo hombre ha experimentado de tiempo en tiempo en su propio cuerpo. Una dialéctica llena de maldad y de dolor.

También entonces, la actitud inteligente es la sumisión religiosa, en el sentido de aceptar la situación de hecho. Mientras los hombres no puedan escapar de esta violencia, y mientras esta violencia sea tan inmensamente poderosa que, a su lado, los hombres parezcan un insecto, lo más razonable es conformarse. Este es precisamente el punto de vista del Eclesiastés. Escuche el sentido religioso que se desprende de él. El Eclesiastés dice: Todo es triste, todo es vanidad, todo gira como una rueda, todo permanece tal como fue. Lo mejor que se puede hacer es honrar a Dios y someterse a él. Entonces todo irá tan bien como las circunstancias lo permitan. Este es el punto culminante de la religiosidad del Eclesiastés.

Se puede imaginar muy bien una religiosidad de este tipo. Pues, se puede hacer otra cosa en el plano horizontal? Sin embargo, una reflexión más profunda a la luz del camino gnóstico, le hará reconocer claramente que ése no puede ser el sentido de la vida. Una coordinación de las circunstancias extremadamente miserables en la cautividad no pueden contener el sentido de la vida. Usted no puede mantenerse en una religiosidad de ese tipo, encorvándose, muerto de miedo, ante la violencia de la ley, gritando: «Oh Dios, ayúdame!»

Cuántos hombres tienen miedo de Dios! Ha estudiado hasta qué punto se teme a la Gnosis en las comunidades ortodoxas? Y esto porque durante generaciones se han sometido al: «Obediencia a la ley, porque si no se utilizará la violencia.» Moisés, por tomar un ejemplo, nos explicó la ley, el testamento de las necesidades dialécticas. Y la religiosidad que se encuentra en concordancia con ello se define como un deber natural completamente necesario y absolutamente lógico. Cada rebelión contra esto ‑ya sea ateísmo, antirreligiosidad o cualquier otra forma‑ no impide que uno tenga que inclinarse ante la ley. Aunque alguien manifieste: «Yo no quiero saber nada de esto», o diga tranquilamente: «Aquí estoy yo», no elimina por ello el dominio de la ley. Todos los hombres, sin excepción, son perfectamente religiosos en su vida corriente, en el sentido de que todos se tienen que inclinar ante la ley.

Moisés nos ha explicado la ley y tiene toda la razón, lo mismo que quienes la explicaron antes y después de él. Pero usted no tiene por qué quedarse ahí! Puesto que sabe que al lado del testamento de las necesidades dialécticas, al lado del antiguo testamento que nos explica la ley y nos dice: «Obediencia a la ley o se utilizará la violencia», hay un Nuevo Testamento, el testamento de las posibilidades gnósticas. El sentido de la vida no puede estar en que usted permanezca siempre en cautiverio.

Quien reconoce esto y sabe elevarse por encima de la marcha de las necesidades, abandona al mismo tiempo la religiosidad de Moisés y los suyos; cierra definitivamente el antiguo testamento, tan perfectamente justo, con un grito de júbilo y un intenso sentimiento de liberación, ya que pasa del mundo de la cólera, de la dialéctica, al mundo de amor de la Gnosis, al nuevo campo de vida. Cada uno tiene a su alcance esa posibilidad. Jacob Boehme dice también con razón: En Cristo, Dios ha asido al mundo de la cólera hasta en el corazón. No para perseguirnos con la violencia, sino para elevarnos hasta su mundo de amor. Usted no puede despedirse de la vida bajo la ley, mientras no se oriente por completo hacia la Gnosis.

Hay dos sistemas electromagnéticos generales que actúan el uno sobre el otro. Se puede denominar a estos dos sistemas como el Antiguo y el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento dirige al antiguo. Por ello Cristo tomó en sus manos el mundo de la cólera, en especial para proteger lo más posible a este mundo y a las entidades que están acogidas en él contra sí mismas.

Este es también el sentido teórico moderno de la condena a prisión. En el sentido moderno, la reclusión en una prisión no está concebida como un castigo, sino como una medida para proteger al interesado de y contra sí mismo, intentando reeducar al concernido lo mejor posible, lo que sería magnífico si fuese posible en la práctica. En cualquier caso, por la actividad de Cristo, la Gnosis protege al mundo de la cólera de sí mismo y contra sí mismo y, al mismo tiempo, la Gnosis impide que el mundo de la cólera envenene, en el estricto sentido de la palabra, al Logos, a la manifestación universal. Por lo tanto, usted puede despedirse del sistema bajo la ley, dirigiéndose hacia el nuevo sistema, que es el que dirige.

El comienzo del Evangelio de Juan dice: Pero a todos los que Le aceptan, les hace capaces de ser nuevamente hijos de Dios. Si usted emprende este cambio de orientación, adoptará directamente una nueva forma de religiosidad. El mundo asume sólo aparentemente esta nueva religiosidad, y usted reconocerá que mientras continue siendo como siempre ha sido, hablando algunas veces de Cristo, celebrando las fiestas de Navidad y de Pascua, y teniendo en la boca todas las cosas conocidas que están en el Nuevo Testamento, no irá muy lejos.

La nueva religiosidad es una práctica, de la misma manera que siempre fue una práctica la religiosidad según el Antiguo Testamento, puesto que bajo el Antiguo Testamento se debía obedecer, ya que si no se experimenta el: «Obediencia a la ley, si no se aplicará la violencia.»

Obediencia forzada, obediencia debida a una necesidad inexorable, ésa es la religiosidad de esta naturaleza. Es una práctica de vida, un comportamiento de vida, que se debe aplicar según reglas determinadas desde la mañana hasta la noche. Ahora bien, el Nuevo Testamento debe ser vivido de una manera absoluta, pero con una comprensión plena y una voluntad alegre y espontánea; debe ser vivido como un comportamiento, como un acto vital. Sólo entonces es usted religioso de una manera nueva y verdadera. Es un comportamiento que debe manifestarse a cada segundo. Es el comportamiento de la cuarta Gnosis. Ello significa una despedida absoluta de la antigua forma de religiosidad a la que usted estaba forzado según esta naturaleza.

Un hombre puede profesar la nueva forma de religiosidad, sin que de hecho lo haga. Si se dice pero no se hace, no se vive, se permanece con todas sus pequeñas habladurías bajo la ley de la antigua religiosidad. Por eso es cierto que toda la práctica de la dialéctica, con todo el uso y abuso del nombre de Cristo, está aún plenamente en la fase del Antiguo Testamento, en la casa de servicio de la ley. De esa forma no se es conducido fuera de la casa de servidumbre de la ley, ni se entra en la casa de servicio del amor de Dios, el templo de la Gnosis. Lo importante no es lo que usted dice, sino lo que usted hace. Se trata del acto completo, de la cuarta Gnosis, la Gnosis del nuevo comportamiento de vida.

Cuando exponemos esto, cada persona que dirige sus pasos hacia el Camino está dispuesta a aceptar esta verdad en su sentido general de todo corazón y completamente. Muchos han dado testimonio de ello en y por su alumnado en la Escuela Espiritual moderna. No obstante, esa verdad ha adquirido para nosotros un sentido muy particular: ella debe ser apartada de la generalidad y conducida hacia una elaboración interna individual. Ya que lo que es cierto en general, lo que es confesado como tal por los alumnos de la Escuela Espiritual moderna ‑y por lo tanto se acercan a ello‑ debe tomar una forma práctica en cada uno de ellos. Esto será posible para todos los que hayan tomado conciencia de su necesidad, ya que: estado de conciencia es estado de vida.

Hemos entrado en un nuevo período y, para precisarlo según la cronología de la gran Pirámide de Gizeh, ha comenzado el 20 de Agosto de 1953. Ese día comenzó un nuevo periodo, que durará hasta Diciembre del año 2001. Esto abarca un período de cuarenta y ocho años, la segunda mitad del siglo veinte, y concierne a cuatro generaciones: nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos y sus hijos. Durante este período de cuarenta y ocho años, la Escuela Espiritual moderna va a desplegar su máxima fuerza y va a adquirir, en y por su conjunto de alumnos, un carácter totalmente distinto. Si le fuera posible echar una mirada a la Escuela Espiritual moderna dentro de venticinco o treinta años, se quedaría boquiabierto de asombro. No se podría establecer comparación alguna con el presente.

Tres de las generaciones ya están presentes: las dos generaciones de alumnos y la que por el momento se encuentra en nuestros grupos de juventud. Usted debe reflexionar profundamente sobre todo lo que este período tan corto exige de usted y hace posible o ya ha hecho posible en usted. Si todas estas cosas vibran en su conciencia, puede hacerlas realidad a partir de ahora mismo. Estado de conciencia es estado de vida!

La Gnosis electromagnética, en tanto que ley divina, rige y conduce a la manifestación universal de período en período, con el fin de que los perdidos entren de nuevo en su Morada original, con el fin de que los prisioneros recuperen la libertad. El período en el que hemos entrado, el período que comenzó en el mundo exterior el 20 de Agosto de 1953 y que durará cuarenta y ocho años, es un período en el que pueden ser aplicadas nuevas posibilidades gnósticas. En el período que hemos dejado atrás, estas posibilidades electromagnéticas fueron liberadas y están a nuestra disposición, y ahora podemos aplicarlas.

El período en que fueron liberadas estas posibilidades se sitúa entre el 5 de Septiembre de 1936 y el 20 de Agosto de 1953, y duró exactamente diecisiete años. Este período fue llamado por los filósofos de la Pirámide «período de la Cámara del Rey». Durante diecisiete años, la Escuela Espiritual moderna preparó y dio forma a su trabajo. Durante este espacio de tiempo ha asimilado los materiales de construcción gnósticos, ha comenzado el trabajo y se ha preparado. El 21 de Junio de 1953, el nuevo cuerpo de la Escuela Espiritual estaba completamente preparado, y el 20 de Agosto de 1953 apareció a la luz del mundo.

En los próximos cuarenta y ocho años todo debe ser aplicado. Quienes permanecen bajo la ley, recorren los caminos que esta ley determina, ya que la ley exige obediencia. Pero quienes van al encuentro de la Gnosis, entran en la renovación, con la condición de empezar a aplicar desde ahora las fuerzas liberadas y las posibilidades. No espere a mañana. No parta de la idea: «La semana que viene comenzaré con ello.» No, ahora! Viva a partir de este momento en el actual ahora! Es ahora cuando pueden y deben ser aplicadas las posibilidades liberadas.

Si usted no es consciente de las nuevas posibilidades, entonces, desgraciadamente, permanecerá en el Antiguo Testamento. Pero si verdaderamente es usted consciente, entonces estas nuevas posibilidades saldrán a la luz del día. Entonces, dejando la casa de servidumbre del antiguo estado, entrará con nosotros en las salas sagradas de la nueva Fraternidad. Ya que estado de conciencia es estado de vida! Lo que está en usted según la conciencia, debe manifestarse.

Nosotros le invitamos a hacer con nosotros del nuevo estado de conciencia un nuevo estado de vida. A partir de ese momento, la Escuela Espiritual moderna adquiere una dimensión totalmente distinta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

El nuevo comportamiento de vida

 

 

Tal como ha sido expuesto en los capítulos precedentes, en el transcurso de los períodos que hemos dejado atrás han sido liberadas nuevas posibilidades que pueden y deben ser aplicadas en la época que ahora ha comenzado. Todo esto es muy razonable, ya que para poder efectuar algo es necesario apropiarse antes del conocimiento y de la capacidad, y también deben estar presentes las posibilidades en tanto que materias primas. Por lo tanto, no se puede objetar nada contra esta explicación. El hombre comprenderá asímismo que es necesario poseer una conciencia adecuada, que sirva de puente entre las posibilidades liberadas y su aplicación, con lo que queda confirmado de nuevo que estado de conciencia es estado de vida.

Por consiguiente, hablamos de dos campos electromagnéticos: el de la naturaleza ordinaria y el de la Gnosis. Después, de dos testamentos: la vida bajo la ley, con todo lo que conlleva, y la vida en el amor divino, así como de la necesidad de elevarse por encima del mundo de la cólera para entrar en el orden del mundo del amor divino.

Cuando observamos todo esto, surge la pregunta: «Qué provecho práctico puede obtenerse de ello en un corto espacio de tiempo? De qué nos servirá en la actualidad?» La Escuela Espiritual dice: «Estado de conciencia es estado de vida. Si usted tiene conciencia de estas posibilidades nuevas y exclusivas, que han sido liberadas, entonces abandonará con nosotros esta morada de servidumbre del antiguo testamento, para entrar en las salas sagradas de la nueva Fraternidad que emprende su marcha.»

Esto es fácil de decir, pero es realmente así? No será solamente una teoría, una especulación con la que nos contentamos? Debemos tener cuidado de no comenzar a decir: «Verdaderamente, la vida bajo la ley no es tan mala, al menos no es necesario que sea tan mala. Recordemos cómo, en el pasado, nos atacábamos sin cesar los unos a los otros con toda clase de armas. No lo hagamos más. Seamos afables unos con otros. Tomemos buenas resoluciones y vivamos mutuamente alegres y felices. No lo quiere así la Gnosis? Vivamos juntos como hombres nuevos. Y cuando nos encontremos, nos sonreiremos, nos acogeremos amistosamente y ninguna palabra grosera saldrá de nuestros labios. Hemos descubierto que podemos vivir en armonía y sin luchar.»

Sin duda, usted habrá escuchado o leído tales declaraciones. Pueden llegarnos en todos sus matices y tonos, incluso cuando la lucha se hace solamente con palabras o con críticas, ya que se puede herir intensamente con la crítica o con una palabra cruel y cortante.

Por ello, cuando le hablamos de la inmensa importancia de la cuarta Gnosis, la del nuevo comportamiento de vida, no se trata de aceptar un comportamiento que sólo sea un medio para poder continuar su vida acostumbrada, pues, en ese caso, su nuevo comportamiento sería un escudo para su auto‑conservación en su lucha por la existencia. Entonces su cambio no sería un cambio interior, sino simplemente otro vestido que usted se colocaría encima. Esto sería un engaño mutuo. Y en la Escuela Espiritual no queremos a ningún precio que usted siga por este camino, ya que ese camino no le conduce fuera de la mansión de la servidumbre, sino que permanece y muere en un equilibrio de intereses, tal vez mantenido durante mucho tiempo. Comprenda que en esto no hay ninguna solución, ninguna liberación de la rueda del nacimiento y de la muerte, ninguna redención de los microcosmos vaciados. Por esto uno de nuestro cantos de templo dice con razón:

 

El nuevo comportamiento de vida, exige meditación clara y consciente. Quien viaja hacia la nueva vida, debe comenzar de nuevo.

 

En la conciencia existe un número de posibilidades y fuerzas que determinan su tipo. Todas estas posibilidades y fuerzas se manifiestan en la vida tanto separadamente como en su conjunto. Esto configura nuestra vida, incluso todo nuestro cuerpo, ya que cada célula de nuestro cuerpo reacciona a nuestro estado de conciencia. Todas las enfermedades están en relación estrecha con la conciencia. Por consiguiente, tenga en cuenta que no se puede curar con la ayuda de polvos, de un pequeño preparado o de alguna terapia. Hay que tomar como punto de partida a la conciencia! Entonces, los polvos, las pastillas o las gotas, o cualquier otro tratamiento, podrán serle de ayuda. Pero si su conciencia no cambia, nunca cambiará corporalmente.

Queda descartado que, cuando nazca una nueva conciencia en usted, el resultado sea simplemente una disposición moral diferente y un comportamiento de vida distinto. Además se producirá un cambio en toda su personalidad, en todo su estado corporal. Por esto hablamos en la Escuela Espiritual de transfiguración. No sólo cambian su vida y su conducta, sino también su forma de existencia, el conjunto de sus vehículos, comienzan a transformarse en conexión con el microcosmos.

Usted sabe que también su cuerpo reacciona a la sustancia atmosférica, y por esto comprenderá que todo su ser reaccione a una sustancia electromagnética totalmente modificada. Todo depende de que no se limite a aceptar todo lo expuesto de una forma racional y moral, sino que al mismo tiempo sea consciente de ello.

En la Escuela Espiritual se habla de muchas cosas de las que usted puede decir inmediatamente: «Sí, es completamente cierto», porque su razón se lo explica y su sentimiento lo acepta. Pero esto no es suficiente. Todo lo que, en relación con el camino y la nueva vida, acepta de forma racional y moral, debe tomar consistencia en usted como estado de conciencia, como fuerza magnética. Entonces puede comenzar a vivir de estas fuerzas y ellas se manifestarán en su vida y por ella. Devenir consciente es respirar magnéticamente. Cuando usted entra así en un nuevo estado magnético, el resultado será un nuevo estado de vida. Estado de conciencia es siempre estado de vida. Las consecuencias que deben manifestarse toman forma en las siete antorchas, los siete manantiales magnéticos situados en el santuario de la cabeza.

 

Ahora bien, nos encontramos ante un problema cuando usted dice: «Yo lo acepto moral y racionalmente. Comprendo de qué se trata. Sé que lo que se ha dicho sobre la realización de un nuevo comportamiento de vida es correcto. Pero ustedes explican que la conciencia, en el sentido de la Escuela Espiritual, es una nueva respiración magnética, realizada con ayuda del sistema cerebral, de nuevas posibilidades y fuerzas. Y este punto aún no lo he alcanzado.»

O, por ejemplo, usted nos pregunta: «He alcanzado este punto?» Esto significaría que todavía no está muy seguro en este punto. O bien dice: «En lo concerniente a este nuevo magnetismo, mi cerebro está aún completamente cerrado, aunque anhelo, espero y creo en ello.»

Admitamos que éste sea su caso; que usted no conozca aún la nueva respiración magnética, pero que la aceptación racional y moral de los caminos que la Gnosis quiere recorrer con usted esté presente en usted, que posea la comprensión racional y moral de la irresistibilidad y la verdad de la Gnosis. Entonces podrá preguntar: «Mi comprensión y aceptación racional y moral de que el recorrido que la Escuela realiza con sus alumnos es el correcto, puede ser aceptada por la Escuela como base de trabajo, incluso aunque en la práctica me esté acercando? Puedo, sobre la base de lo que está en mí, participar en la salvación de la nueva Fraternidad en camino? O he llegado demasiado tarde? Formo tal vez parte de los que permanecerán rezagados? En lo que me concierne, el acto liberador es algo sobre lo que se habla solamente, pero que no puede producir ninguna fuerza en mí?»

Sin duda hay muchos que se preguntan esto periódicamente. Nosotros podemos y debemos decirle que dicha comprensión racional y moral puede, en efecto, ser aceptada como base de trabajo, a condición de que usted reconozca que esta base es completamente inadecuada para transformar verdaderamente, en el nuevo sentido, el estado de conciencia en estado de vida. Las fuerzas electromagnéticas nuevas deben penetrar a través del sistema magnético del cerebro, en los siete manantiales del santuario de la cabeza, para que este séptuple candelabro comience a arder con siete llamas en la nueva sustancia electromagnética. De esto se trata! Su candelabro no arde aún en la nueva luz, pero sobre esta primera base, debe producirse en usted un cambio fundamental. Con esta condición, la Escuela Espiritual puede aceptarle como participante en la etapa inicial del nuevo período. Esto es estimulante. Son palabras alentadoras y esperanzadoras para usted.

Pero sobre esta base, usted deberá ahora emprender con fuerza y a corto plazo dos cosas que están directamente a su alcance: primero, un comportamiento de fe completamente acorde con la nueva situación y, segundo, un comportamiento de vida completamente acorde con la nueva situación.

Examine a fondo esta relación triangular. Usted desea una nueva respiración magnética, pero su sistema cerebral permanece aún cerrado, con lo que su estado de vida no concuerda aún con la nueva posibilidad. Por esto, practique ahora una apertura por la fe y por la vida, es decir, por una vida mágica, directa y positiva. Usted no es lo suficientemente mágico en la práctica de su vida. Podría intervenir mucho más, infinitamente más mágicamente en su vida. Si usted tiene fe en el objetivo de la Escuela Espiritual, actúe entonces inteligente y consecuentemente, sin dudar, en total concordancia con este estado de fe. Entre así en la práctica de la cuarta Gnosis, la Gnosis del nuevo comportamiento de vida. Si lo hace, avanzará incondicionalmente hasta la victoria. Esta es la clave para participar en el nuevo período.

 

«Pero ‑preguntará tal vez un lector‑ no será esto nuevamente bellas palabras para consolarnos momentáneamente?»

Examinémoslo una vez más para terminar. Preste atención al comienzo del Sermón de la Montaña. En él, los peregrinos escalan la montaña del espíritu. Igual que ellos, usted también es un peregrino. También intenta alcanzar la cima de la salvación. Y la primera palabra que se le dice es: Bienaventurados los pobres en espíritu y que, por ello, tienen hambre de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Si cree verdaderamente en el elevado objetivo de la Escuela Espiritual; si puede decir con todo su ser: «Yo aspiro a ello, tengo fe y espero»; si del santuario de su corazón brota un grito anhelante, como una llamada magnética, brillando diariamente sin interrupción, entonces la bienaventuranza, la perfección de la plenitud de la Gnosis, es colocada a su disposición; entonces se le ofrece todo el potencial de la vida universal. Si tiene verdaderamente hambre de espíritu y se da cuenta de su estado de pobreza total, entonces todo viene gratuitamente hacia usted. Entonces toma plena posesión de su herencia. Entonces acude hacia la perfecta plenitud de la gracia, la gracia del Reino Inmutable. Entonces, el reino del Espíritu Santo le rodea; está en usted y es de usted. Entonces la Gnosis entra en la rosa del corazón. Este es el primer resultado mágico: la herencia de la Gnosis, el fuego divino, es puesta en concordancia con su propio estado vibratorio.

Se puede preguntar: «Es éste el nuevo estado de conciencia?» No, éste no es todavía el nuevo estado de conciencia exigido de usted en el nuevo período. Es simplemente esto: usted aspira, tiene fe y espera, y la Fraternidad se dirige a usted como diciéndole: «Aquí lo tiene». La bienaventuranza perfecta del Reino de los Cielos le es ofrecida, si usted comprende y vive su pobreza y su aspiración. Pero aún no puede emplearla. Aún no puede sacar ningún provecho de ella. La perfección le ha sido ofrecida, tal vez infinidad de veces, pero no pudo emplearla todavía. Porque su personalidad, su corporeidad mortal, es aún completamente inaccesible. Su quíntuple fluido del alma no es aún capaz de soportar la radiación del Espíritu Santo. En consecuencia, su alma quíntuple debe ser armonizada y preparada para recibir a la Gnosis. Y esto lo debe hacer usted mismo! De aquí la necesidad del nuevo comportamiento de vida: introducir en la vida una actividad inteligente, una nueva actividad, día a día, hora a hora y segundo a segundo. Esto es lo que los antiguos místicos denominaban «vivir de la fe».

Cada alumno verdadero de la Escuela Espiritual cree y aspira. A menudo todo su ser gime por este anhelo. Frecuentemente está muy necesitado. Pero cuando anhela verdaderamente, entonces «eso» aparece. Está muy cerca de usted. Llama a su puerta. Usted sólo tiene que abrir su ser para recibirlo, para dejarlo entrar. Si usted cree, entonces debe vivir, a partir de esa fe, un nuevo comportamiento de vida. Debe emprenderlo plenamente, sin reservas, sin autocompasión, sin regateos, en concordancia con su aspiración llena de fe, en una actividad consecuente que con nada es negligente. Esto abre finalmente su alma, toda su corporeidad, para el derramamiento del Espíritu Santo.

En la literatura mundial se puede observar que todo aquél que se dice creyente, aspira al Espíritu Santo. Una teología completamente nueva se centra en ello, la llamada «teología suiza». Se dice: «Debemos estar nuevamente abiertos al Espíritu Santo.» Naturalmente!, pero la apertura al Espíritu Santo solamente se obtiene cuando se vive consecuentemente la quíntuple Gnosis universal.

Esperamos que usted lo comprenderá, basándose en todo lo dicho, y también que todo esto está al alcance de las posibilidades momentáneas del alumno. Viviendo de la quíntuple Gnosis universal, usted abre todo su estado de alma para el descenso del Espíritu Santo. Nada le impide comenzar hoy mismo. Si está dispuesto a hacerlo, y lo hace, el nuevo estado de conciencia será pronto un hecho para usted. Partiendo de este nuevo fluido electromagnético, podrá avanzar hacia un nuevo estado de vida. Entonces se comprobará que la base de trabajo presente en usted era y es ampliamente suficiente para producir la apertura, para hacerle penetrar en la salvación de la Fraternidad que ha comenzado su regreso. Entonces se demostrará la absoluta verdad de las palabras: estado de conciencia es estado de vida.

Usted alcanza de este modo la base inalterable del nuevo estado de vida, por una vida doblemente mágica, en la fe y en el nuevo comportamiento de vida, tan consecuente, tan irrevocable y tan férreamente llevada a cabo, que ya no es posible alteración alguna.

En la fe y en el nuevo comportamiento de vida irradia plenamente la quíntuple Gnosis universal. En el transcurso de millones de años, los trabajadores transfigurísticos han hablado de este quíntuple camino de salvación.

Discernimiento, deseo de salvación y entrega de sí mismo forman la nueva fe liberadora. Y el nuevo comportamiento de vida es la consecuencia lógica. Gracias a esta cuadruplicidad, es usted admitido en la nueva raza, recorre su camino y toma parte en sus manifestaciones. Todos los que recorran este camino, vencerán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

La nueva ley del corazón

 

 

Hemos hablado del nuevo comportamiento de vida, que vuelve a su personalidad receptiva y la capacita para el contacto con las fuerzas electromagnéticas de la vida universal. Por el toque de estas fuerzas del Espíritu Santo, la nueva conciencia podrá despertarse y, de esta manera, será posible un nuevo estado de vida.

Le hemos expuesto que la Fraternidad quiere aceptarle tal como es en este momento, con la condición de que se muestre dispuesto a pasar a la doble auto‑actividad mágica que designamos por fe y vida. Estos dos aspectos no pueden ser separados, ya que si se los separara no se produciría el efecto esperado.

No obstante, debe comprender que la Escuela Espiritual no desea imponerle reglas de vida, ni decirle lo que se puede o no se puede hacer, lo que es deseable y lo que no lo es. No se le presenta la ley del Antiguo Testamento transformada, un nuevo «decálogo». Tampoco es intención de la Escuela revestir nuevas reglas de vida con forma de mística.

Hay numerosas reglas de enseñanza y de vida místicas que, si profundizamos en ellas, nos llenan de respeto. Nos entregamos a este lenguaje místico que conmueve, y nos leemos unos a otros: «Cristo dice…», y: «Buda dijo..», y muchos poetas y pensadores dijeron… Efectivamente, ellos «dicen», y lo que nos transmiten es bello y elevado. Pero, preste atención: ellos dicen para que nosotros actuemos.

Usted sabe que «el nuevo comportamiento de vida exige una reflexión claramente consciente». Pues bien, reflexionemos entonces. Cuando Cristo dice: «Sed mis seguidores», hay que comprender bien estas palabras. Significan que usted debe seguir la ley tal como ella está escrita en su corazón.

Ya dijimos que todo alumno verdadero de la Escuela Espiritual moderna tiene hambre por obtener el contacto del Espíritu Santo. El se apoya en un estado de fe y, en ese estado, vislumbra a lo lejos toda una serie de posibilidades. Así, si se puede hablar de un estado de fe, también se puede hablar de una luz de la fe, en la cual podemos contemplar ciertas perspectivas. Si examina atentamente esta luz en usted mismo, descubrirá que en esta radiación está contenida una serie de indicaciones concernientes a la manera de realizar lo que ha sido contemplado en ella. Esta es la ley en su corazón.

Esta ley está escrita con la pluma de la rosa en usted, con caracteres luminosos en la sangre del corazón. No obstante, esta ley en nosotros es diferente para cada uno. El principio es el mismo, y el fin es el mismo, pero lo que está escrito en su corazón, o lo que aún será escrito, se adapta completamente a su estado de ser, a su pasado, presente y futuro particulares.

Por esto la Escuela no le coloca ante una ley exterior, ni le pide que aplique reglas de vida y de enseñanza determinadas, sino que le aconseja la aplicación de la ley escrita en su propio corazón, en base a un verdadero estado de fe. Usted puede ser consciente de todo lo que está registrado en su corazón. Y aquello de lo que usted es consciente, puede proyectarlo y utilizarlo en su vida. Si hay ciertas cosas y necesidades de las que aún no es consciente, es que todavía no están escritas en su corazón. Otro puede decir: «Esto es lo que debe hacer y esto lo que no debe hacer», pero esos consejos no podrán encontrar en usted ninguna aplicación práctica. Por esto no debe preguntarnos cómo debe ser para usted el nuevo comportamiento de vida.

A este respecto no podemos serle útiles. Sólo podemos contestarle: «Mire en su propio corazón; lea la carta en su propio corazón y actúe a partir de ella.» Recorra su propio camino, a su propio ritmo, y ponga las cosas en el orden de prioridades determinado por usted. A continuación actúe, sin ser negligente con nada, sin ser indulgente consigo mismo: ésta es la magia del nuevo comportamiento de vida. Comprenda también que esta magia no le orienta hacia la vida de los demás. Usted tiene que hacer más que bastante consigo mismo; le faltará tiempo para su auto‑francmasonería.

De esta manera ‑y de ninguna otra‑ coloca su estado de alma abierto y desnudo ante la Gnosis, ante la Gnosis que llama desde hace tiempo en la puerta de su alma. Y ella entrará en usted y morará en usted. Entonces el nuevo estado de conciencia se convertirá para usted en un nuevo estado de vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

El renacimiento del alma

 

 

Profundicemos ahora con más detalle en los efectos y consecuencias del nuevo estado de vida que resulta del nuevo estado de conciencia.

Supongamos que tras numerosos y serios preparativos, obtiene usted participación en este momento en el nuevo fluido magnético de la Gnosis. Esto sería entonces un resultado de su aplicación de la quíntuple Gnosis universal: primero, discernimiento puro; segundo, verdadero deseo de salvación; tercero, ofrenda total de sí mismo. Estos tres determinan la calidad y la magia de su estado de fe, que le conduce, en cuarto lugar, al nuevo comportamiento de vida. La magia y la calidad de este nuevo comportamiento de vida tienen como consecuencia la apertura de su estado de alma mortal y de su personalidad a la luz imperecedera de la Gnosis. El resultado de ello es, en quinto lugar, su admisión inmediata en el nuevo campo de vida, su entrada en el estado de la nueva raza, el pueblo de Dios.

Hay que considerar como un axioma que, desde el primer segundo en que el sistema cerebral respira el nuevo fluido magnético, la vida nueva, la nueva realidad, es un hecho. Desde ese momento, el alumno ha nacido en el nuevo campo de vida y comienza el gran proceso de la regeneración: la transfiguración.

Es obvio que cuando este momento puede ser alcanzado, comienza una salida, un éxodo. Un éxodo del antiguo campo de vida y una entrada en el nuevo. Entre ambos no hay nada, en todo caso una fracción de segundo. Entre ambos no hay nada parecido a, por ejemplo, una travesía del mar rojo de las pasiones de la sangre ni a una peregrinación a través del desierto, tal como está descrito en el Antiguo Testamento. El candidato ya ha luchado en el proceso preliminar, en las tres primeras fases de la Gnosis Universal, con estas peregrinaciones a través del desierto y ha realizado esta travesía del mar rojo de las pasiones de la sangre.

En el proceso preliminar, el alumno posee una comprensión racional y moral del objetivo de la Escuela Espiritual. Comprende de qué se trata; desea alcanzar este objetivo. Por consiguiente, debe abrir las puertas de su alma a la luz, por medio del nuevo comportamiento de vida. Este nuevo comportamiento de vida, esta irrupción hasta lo que Lao Tse llama «Tao», cuesta tal vez sangre y lágrimas y muchos esfuerzos, ya que significa peregrinar a través del desierto, atravesar el mar rojo de las pasiones de la sangre. Pero el candidato puede poner punto final inmediatamente a toda esta lucha, aplicando medidas correctoras a su comportamiento de vida. Para ello debe recibir consejo en su propio santuario del corazón. En él está escrita la carta. En él está su misión. Y si usted puede leer esta carta en el santuario del corazón, sabrá qué debe hacer y qué debe abandonar.

No piense que la Escuela puede darle o le dará indicaciones al respecto, ya que si lo hiciese, ella le impondría una ley y volvería a caer en la fase del Antiguo Testamento. Usted debe buscar la ley en sí mismo, debe liberarla. Si lo consigue, los dones de gracia del Espíritu Santo colmarán inmediatamente su conciencia.

Nosotros le dijimos que la Escuela Espiritual se ha preparado durante diecisiete años para este período en que hemos entrado actualmente. Todas las fuerzas que son necesarias para usted han sido liberadas en dicho período y se encuentran acumuladas en el campo de fuerza de la Escuela. Estas fuerzas están en usted en mayor cantidad y más cerca que nunca. Constituyen el viático del nuevo devenir humano en este medio siglo tan extraordinariamente importante en el que hemos entrado. Usted tiene tiempo para adaptarse rápidamente y transformar su estado de conciencia racional y moral en un nuevo estado de conciencia. No se le dirá: «Usted tiene todavía tantos meses.» Cada alumno serio dispone del tiempo necesario, de acuerdo con las circunstancias. Pero considere todo lo que la Escuela le ofrece y le explica como una invitación renovada, como una llamada a participar, a acompañarla, para conducirse a sí mismo al estado adecuado que le permita acompañarla verdaderamente.

 

Tan pronto como el nuevo fluido de la conciencia penetra en el santuario de la cabeza, se hace visible por un claro resplandor. La Biblia habla de ello como de la señal del Hijo del Hombre. Esta señal brilla en el santuario de la cabeza e irradia del espejo, del espacio abierto detrás del hueso frontal. Es llamada «la señal del Hijo del Hombre», porque este fuego de la conciencia es el verdadero fuego humano original. Cuando este fuego astral original puede ser inhalado por el sistema cerebral y las siete cavidades cerebrales son llenadas con este fuego, entonces irradia hacia el exterior. El foco de esta radiación se localiza en la cavidad situada detrás del hueso frontal. Este punto es, pues, la señal del Hijo del Hombre.

Tan pronto como esta señal comienza a irradiar, se inicia una transformación denominada por Cristo «el renacimiento de agua y de espíritu». En primer lugar, empieza la transfiguración del alma. En segundo lugar, vemos desarrollarse toda una serie de nuevos poderes de la conciencia, ya que la naturaleza del fuego astral que le toca y penetra en usted determina todo su estado de ser. Su cuerpo, su pensamiento, su vehículo etérico, su cuerpo del deseo, su sangre, su fluido nervioso, todo su estado de ser está determinado por el fuego de la conciencia que arde en usted. En consecuencia, si este fuego es renovado, el resultado será la transformación total del ser.

Uno de los aspectos de esta transformación es un poder de la conciencia completamente distinto, lo que da origen, en tercer lugar, a un estado sensorial diferente, ya que también los órganos sensoriales tienen su foco en el santuario de la cabeza. Por lo tanto, si este fuego de conciencia es transformado, debe resultar una actividad sensorial diferente y nueva, lo que, evidentemente, da lugar a una serie de acontecimientos maravillosos en su vida.

En cuarto lugar, se desarrolla una transformación en la estructura celular de todos los grupos celulares del cuerpo, por lo cual y tal como lo expresa la Biblia, el viejo vestido material es absorbido en la victoria y es reemplazado por una estructura de la personalidad en armonía con el nuevo estado del alma. De esta forma, en quinto lugar, la muerte es completamente vencida. Todo esto es, de hecho, un «perderse de vista» del viejo campo natural.

Ciertamente no queremos decir que en el período de tiempo en que hemos entrado, o sea en un espacio de cincuenta años (1) escasos, todo será realizado masivamente. Sino que las primeras pruebas aparecerán a la luz del día y serán claramente patentes, por lo que se puede decir con certeza que en los próximos cincuenta años aparecerá, ante los ojos de una humanidad sorprendida, un nuevo tipo humano. Sin embargo, después de Septiembre del año 2001 ya no será posible, para la humanidad dialéctica ordinaria, unirse al nuevo grupo. Si un hombre de la antigua naturaleza, que ha descuidado todas las ocasiones para su liberación, decide, después de esa fecha: «Yo también quiero unirme a este nuevo grupo humano», encontrará que es demasiado tarde para hacerlo, ya que la separación entre el antiguo tipo humano y el nuevo tipo humano se habrá vuelto tan profunda, que ya no será posible un puente entre ambos. Por esto comprenderá, que en el transcurso de los años, las dificultades para integrarse en la nueva raza aumentarán, y que, gradualmente aunque con rapidez ‑pues, qué son cincuenta años‑, la Escuela Espiritual moderna se convertirá en una Escuela cerrada. También ella se perderá de vista.

Todo esto debe hacerle comprender claramente hasta qué punto debemos esforzarnos, en los próximos años, por recoger en el nuevo grupo humano a tantas entidades como sea posible. Ya que si el nuevo grupo consigue ponerse en movimiento en la dirección señalada, y todos se ponen a trabajar en sus propias vidas de una manera activa y dinámica, la Escuela Espiritual atraerá vivamente la atención y en los próximos años emanará de ella una formidable fuerza propagandística. Y entonces serán muchísimos los que querrán unirse a la Escuela. Se trata de demostrar visiblemente su estado de ser, su orientación, su radiante vida nueva.

En el nuevo período en que hemos entrado, el éxodo de la nueva raza se hace más bien en sentido estructural y fundamental. Quien en la actualidad va con nosotros, cambiará, tal como ha sido explicado, según el estado del alma y según la estructura celular, y todos los fluidos vitales se adaptarán a esta transformación. Es, pues, correcto hablar de éxodo de la nueva raza en sentido estructural y fundamental. Pero después de Septiembre del año 2001, la nueva raza abandonará los caminos dialécticos terrestres en sentido espacio‑temporal. Esto está claramente descrito en la Gran Pirámide de Gizeh. El período que ha comenzado el 20 de Agosto de 1953 nos conduce al exterior de la Cámara del Rey. Y en el lapso de tiempo situado entre el 20 de Agosto de 1953 y Septiembre del 2001 salimos de la pirámide, del recorrido de la humanidad en la sujeción, y podremos, en tanto que nueva raza, entrar en la libertad. Entonces, en el período siguiente, viviremos la repetición de la frase de Pablo: ir al encuentro del Señor en las nubes del cielo.

 

Orientémonos ahora hacia los cinco aspectos de la transfiguración, citados anteriormente, y esforcémonos por hacernos de ellos una imagen clara.

Lo que llamamos alma es una manifestación quíntuple en la personalidad del fuego astral, que llena las siete cavidades cerebrales y que es absorbida en el sistema por la respiración magnética del cerebro. Este fuego astral, este fluido astral, en su relación con el santuario de la cabeza, forma el núcleo, la esencia más profunda de su estado de alma, de toda su vida. Por este fuego animador, el hombre se llama a sí mismo «yo». Mientras esta alma se explique completamente por la naturaleza ordinaria dialéctica, por el universo de la muerte, ella será mortal. Tras la muerte del cuerpo, esta alma se dirige igualmente hacia un proceso de disolución. Permanece durante algún tiempo en la esfera reflectora, pero a continuación desaparece: el alma se volatiliza en el fluido cósmico ordinario.

No obstante, a partir del momento en que el nuevo estado de conciencia es un hecho, por la entrada del nuevo fuego astral en el sistema séptuple del santuario de la cabeza, y ya existe un nuevo ser del alma, la señal del Hijo del Hombre, en ese instante el alma deja de ser mortal. Se vuelve inmortal. Y tras la muerte de la personalidad, esta alma inmortal no tendrá ya necesidad de ocuparse de la esfera reflectora, ya que no tiene ningún reflejo en el plano terrestre.

Si usted dispone de un estado de alma renovado en la Gnosis, cuando se produzca la muerte del cuerpo material, lo terrestre será absorbido y lo no terrestre subsistirá. Y este no terrestre no puede ser encontrado en la esfera reflectora! Por esto hemos dicho una y otra vez a lo largo de los años, que si un alumno ha realizado el trabajo y muere, él llega a lo que llamamos el Vacío de Shambhala (2). Allí, en ese Vacío de Shambhala, usted encontrará a los hermanos y hermanas que le han precedido. Y, gracias a Dios, conocemos a muchos hermanos y hermanas que indudablemente serán encontrados allí, cuando llegue el momento.

Si su estado de alma se ha vuelto inmortal, ya no tendrá necesidad de regresar después de la muerte de la personalidad. Muchos de nosotros regresarán, pero será voluntariamente, por el bien de los que permanezcan atrás. Lo harán al servicio de la Fraternidad Universal, con el fin de mantener la Escuela Espiritual tanto tiempo como sea útil y necesario.

Decimos con énfasis que el alma se vuelve inmortal tan pronto como el nuevo estado de conciencia es un hecho, pues esto es un grande y magnífico consuelo, en especial para los de más edad de entre nosotros. Ya que es preferible abandonar la estructura celular cristalizada y fatigada de nuestra personalidad terrestre, antes que intentar renovarla aún de abajo hacia arriba.

Cuando la transfiguración del alma ha tenido lugar y, como consecuencia, por la posesión del estado del alma inmortal, la muerte ha sido vencida, la nueva personalidad puede ser construida también en el Vacío de Shambhala. Y la transfiguración del alma, que es la base de todo ello, puede ser realizada en muy poco tiempo.

Si usted aspira a la vida nueva, si usted está orientado hacia la Escuela Espiritual y si su estado de fe es sincero, prepare entonces un lugar en el santuario de la cabeza para la luz de la Gnosis, para que la señal del Hijo del Hombre pueda ser grabada en su frente. Entonces abandonará la naturaleza de la muerte; entonces se ha vuelto inmortal en lo que concierne a su ser nuclear, a su estado de alma; entonces está además libre de la rueda del nacimiento y de la muerte. A no ser que, aceptando voluntariamente una carga sobre sus hombros, quiera volver de nuevo. Pero usted ya no tiene necesidad de volver para renovar su personalidad.

Comprenderá también que cuando el alma nueva se ha vuelto un hecho, ella asume en el cuerpo la tarea de la antigua alma. El alma, la conciencia, reina, construye y mantiene la personalidad y, en consecuencia, también el cuerpo. Así pues, cuando en usted ha nacido un nuevo estado de alma y el alma nueva asume el trabajo de la antigua en el cuerpo, se desarrollan en todo el sistema consecuencias maravillosas.

 

El alma tiene, como usted sabe, cinco fluidos: el fuego astral de la conciencia, el fuego de la serpiente, el fluido hormonal, el fluido nervioso, y la sangre. Estos cinco fluidos emanan del ser nuclear del alma y forman, juntos, el estado de alma. Ellos construyen y mantienen, entre otros, todo el cuerpo. Si estos cinco fluidos se han concentrado en el cuerpo por el renacimiento del alma, los efectos de ello no tardarán en demostrarse en él. La transfiguración no es un oscuro milagro, sino una evidencia científica. Por ello decimos que de los cinco nuevos fluidos del alma, se elevan nuevos poderes de conciencia. Ya que, cuando las siete cavidades cerebrales están llenas del nuevo fuego astral, emana de ellas una radiación que empuja a la actividad, en un sentido renovador, a todos los órganos del santuario de la cabeza. Su pensamiento, su voluntad, sus órganos sensoriales, en fin, todas las actividades que rigen la personalidad se vuelven, por el renacimiento del alma, completamente diferentes.

En resumen le decimos: libere en usted el camino para la luz por las dos tareas mágicas de las que hemos hablado. Entréguese al renacimiento lleno de gracia de todo su estado del alma. Si este renacimiento del alma es un hecho, ya no tiene por qué inquietarse por el renacimiento posterior de todo su ser, ya que éste es la consecuencia casi automática del renacimiento del alma.

 

En relación con lo tratado en este capítulo, el lector puede plantear la pregunta: Hay, pues, una reencarnación? En respuesta a ello repetiremos que del alma mortal no queda nada. El alma mortal, que es su ser del yo, se volatiliza completamente. De usted, en tanto que alma mortal, no queda nada. Lo mismo que el cuerpo material se vuelve polvo y cenizas, de la misma manera muere también el alma mortal. El alma que peca debe morir. Y lo que está muerto, en este sentido está absolutamente muerto.

Solamente si su alma se ha vuelto inmortal, por el renacimiento, tal como hemos dicho, eventualmente podrá regresar por nacimiento, de manera voluntaria, si se considera que puede ser de utilidad. En este caso, el proceso de nacimiento tiene lugar de otra manera. Esperamos hablar de ello en otro momento, cuando sea útil y necesario.

Mas, qué se entiende por «rueda del nacimiento y de la muerte»? La rueda del nacimiento y de la muerte sólo puede ser comprendida en su actividad, cuando se examina en conexión con todo el microcosmos. En lo que precede hemos dejado intencionadamente al microcosmos fuera de nuestras consideraciones para no complicar el conjunto de nuestra exposición. Sin embargo, recuerde que el microcosmos es vaciado constantemente a causa del carácter mortal del ser del alma y de su personalidad. Por esto, el microcosmos yerra en la naturaleza de la muerte en una rotación y debe adoptar una y otra vez un alma mortal en su sistema, para que por esta alma sea liberada un día la posibilidad de reconstruir en el microcosmos el tercer átomo nuclear original desaparecido (3), y desarrollar, por él, la transfiguración del alma.

 

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Notas a pie de página:

 

(1) Estas palabras fueron escritas en 1954.

 

(2) En la terminología de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro también llamado «la Cabeza de Oro».

 

(3) Véase el libro del mismo autor «El misterio de la vida y de la muerte», Ediciones del Lectorium Rosicrucianum, Madrid 1989.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDA PARTE

 

 

 

 

EL RENACIMIENTO DEL ALMA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

La conciencia racional y moral

 

 

Estado de conciencia es estado de vida. Este axioma de la vida renovadora ha sido uno de los pensamientos centrales de nuestras consideraciones precedentes. Es necesaria una total renovación de la conciencia para poder responder a las sugestiones de la Escuela Espiritual moderna. Tal renovación de la conciencia está en íntima relación con el renacimiento del alma, ya que el principio central dirigente del alma, el principio nuclear del estado de alma, es la conciencia. Por ello, la primera y más importante etapa en el camino de los misterios es la transfiguración del alma.

A continuación descubrimos que la conciencia del alma y sus demás cualidades se obtienen por una respiración magnética, a través del sistema magnético del cerebro. Todo alumno debe alcanzar, por lo tanto, otra respiración magnética, si quiere poder hablar de renovación del alma. Una respiración magnética diferente significa otra conciencia, y otra conciencia es otro estado de vida.

 

Existe un campo de vida magnético en el que viven todos los hombres de aquí abajo; es el campo magnético corriente. Y también existe un campo magnético de la Gnosis, de la Jerarquía de Cristo. Pues bien, el alumnado de la Gnosis sólo tiene sentido ‑y lo decimos con énfasis‑ cuando el alumno consigue pasar del primer campo magnético al segundo. Esto es aceptar a Cristo, esto es confesarle y servirle.

Aceptar a Cristo no es una emoción mística ni una orientación mística; es asimilar sus fuerzas magnéticas y operar con ellas. Lo que llamamos «nuevo campo de vida», se refiere a un desarrollo existencial en ese nuevo estatus magnético. Es evidente que quien puede alcanzar esta nueva respiración magnética, nace en ese mismo instante en el nuevo campo de vida. Y quienes hayan nacido de esta manera, después de algún tiempo de aclimatación, serán aptos y llamados a despertar a quienes no hayan entrado todavía en este nuevo estado, y a ayudarles a entrar en él. Esta magnífica ayuda se ofrece sin cesar. Siempre, en todos los tiempos fue posible obtener esta alianza con la Gnosis.

Pero en todos los procesos vitales hay períodos diferentes, ciclos en los que ‑vistos en una amplia relación‑ ciertas fases finalizan y otras nuevas comienzan. Constatamos a nuestro alrededor dos rotaciones de rueda. En primer lugar, la rotación de la rueda de la naturaleza corriente, la rueda del subir, brillar y descender. En segundo lugar, la rueda de la Fraternidad auxiliadora y servicial del nuevo campo de vida, rueda que se adapta a la primera inteligente y científicamente. Una rueda giratoria que, en tanto que reflejo de la marcha de las cosas en la naturaleza ordinaria, tiene también sus períodos y sus desarrollos. Esto no debe sorprenderle, ya que usted conoce las ígneas palabras de la Biblia: Dios no deja que la obra de sus manos perezca. La Gnosis aprovecha cada ocasión, cada momento, para ayudarnos.

Todos nosotros somos portadores de la imagen de Dios, llamados a la bella y sublime misión de salvar al microcosmos caído y así darnos, también a nosotros, una vida eterna. Por ello la Fraternidad servicial sigue nuestros pasos, o camina a nuestro lado, y en este ángulo de nuestra existencia, nos ofrece el nuevo campo de vida en un nuevo período, en el que la cosecha de este tiempo es reunida y conducida fuera de la casa de la servidumbre, para ser agregada, en tanto que nueva raza, como eslabón más joven, a la cadena de la vida universal. Este nuevo período, en el que ya estamos, sólo durará cuarenta y ocho años y es de la mayor importancia para todos nosotros. Por ello la Escuela Espiritual moderna debe hacer brillar toda la luz sobre este período y, en interés de usted, determinarlo con énfasis. Ya que también usted es llamado a participar positivamente en este nuevo período, con una respiración magnética fundamentalmente modificada, para que sobre esta nueva base pueda experimentar la grande y magnífica salvación de un nuevo devenir vital.

 

Una luz grandiosa y maravillosa se ha elevado sobre usted. Una gracia intensa y magnífica es derramada sobre usted. Un inmenso campo de glorificación se abre para usted. Y aunque ahora usted está con nosotros en la Escuela Espiritual moderna, en este momento tan decisivo, aún no posee el nuevo estado de conciencia. La irrupción en el nuevo estado de conciencia, no se ha producido todavía para la mayor parte de los alumnos. Y nosotros, en la Escuela Espiritual, le aguijoneamos con objeto de hacerle atravesar esta crisis, para que Cristo no sea para usted el instructor que, procedente de un lejano pasado, viene a hablarle por mediación de viejos folios amarillentos, sino el verdadero y real Redentor.

Tenga cuidado de no confundir la Escuela Espiritual moderna con el nuevo campo de vida. La Escuela Espiritual moderna efectúa una misión de suma importancia. Ella constituye la cantera de la Fraternidad Universal para aproximarse a los seres humanos que, estando en su antiguo estado de conciencia, en su estado natural ordinario, yerran, buscan y aspiran, y se pone al servicio de ellos. La Escuela Espiritual moderna es la intermediaria entre usted y el nuevo campo de vida, ya que ella viene hacia usted con un poder electromagnético que se adapta exactamente a su estado de ser. Tal poder de radiación de la Escuela no es enteramente de este mundo, pero tampoco es del nuevo mundo. Por así decirlo, está entre los dos y es capaz de conducir al alumno hacia una comprensión racional y moral, tal como la entiende la Escuela Espiritual.

La Escuela comienza por llamar incesantemente a su comprensión racional, que ha perdido su equilibrio y se ha vuelto flexible, tal vez a través del sufrimiento y la pena, o por la multiplicidad de experiencias. Cuando usted ha madurado según la razón, según la comprensión racional, la Escuela Espiritual puede, a continuación, despertar en usted una gran agitación interior. dirigiéndose a su comprensión racional con su campo de radiación.

Suponga que usted comprende lo que dice la Escuela. Esto no puede dejar de despertar en usted, como consecuencia, una turbación moral. Esta es una agitación del alma que tiene cinco aspectos. Reflejos de sentimientos le estremecen. Sobre la base de tal toque interior se desarrolla una apertura del esternón y del admirable órgano situado detrás de él, que conocemos como «la rosa del corazón».

Como consecuencia de esta doble actividad interior, el esternón comienza a vibrar, se hace receptivo al potencial de radiación de la Escuela, y la fuerza magnética de la Escuela penetra en su átomo original y, por él, en su sangre. De esta manera usted es capacitado para ceñirse la verdad, para unir la verdad a su ser sanguíneo. Sobre esta base, cada alumno está en condiciones de pasar a una doble ofrenda mágica: primero un comportamiento de fe completamente acorde con su nueva situación, y segundo un comportamiento de vida totalmente acorde con ello.

Tal vez reconozca ahora cuán indispensable es la mediación de la Escuela Espiritual. Por la ofrenda de sí misma, por el derramamiento de su sangre, la Escuela Espiritual constituye un puente entre la Gnosis y el alumno, sin el cual la enorme diferencia de vibración entre el alumno y la Gnosis subsistiría. Sin este puente vibratorio, la luz de la Gnosis nunca podría tocarle. Es por lo que la Escuela espera de cada alumno la fe y la vida. Usted tiene fe en el objetivo de la Escuela Espiritual. Pues bien! Por el toque racional y moral y todos sus efectos, la verdad comienza a vislumbrarse tras ese objetivo, aportándole una primera impresión, para que usted pueda vivir y actuar y pasar con fuerza al nuevo comportamiento de vida, a la vida muy positiva del Sermón de la Montaña. Entonces usted lo conseguirá y triunfará. El nuevo nacimiento del alma tendrá lugar y usted entrará en el nuevo campo de vida.

Una persona que se aproxima verdaderamente a la Escuela Espiritual, pasa del estado de conciencia ordinaria al estado de conciencia racional y moral del alumnado que le ha sido descrito. Solamente le queda un único escalón: el que conduce del estado de conciencia racional y moral hasta el nuevo estado de conciencia de los hijos de Dios. La nueva raza le llama. El nuevo período ha abierto ampliamente sus puertas para usted y usted sólo tiene que entrar, siempre que deje arder en usted, como una conciencia clara, su comprensión racional y moral con todas sus consecuencias. Si comprende el mensaje de la Gnosis, debe producirse infaliblemente una intensa inquietud del alma como consecuencia de esta comprensión interior, gracias a la cual usted se abre a este toque primario de la Escuela Espiritual que, en esta fase, representa para usted a la Gnosis. Por el doble ofrecimiento de fe y de vida, puede aplicar en su comportamiento de vida aquello que comprende.

Admitiendo que usted lo hace, nuestra intención es la de prepararle ahora, en cierta medida, para esta entrada. Vamos a intentar explicarle lo que le espera tras el velo del nuevo campo de vida. Para esto, dividiremos en dos partes nuestra materia de trabajo. Primeramente, examinaremos esta entrada en el nuevo campo de vida, hablando del estado de ser, tanto de los que han abandonado ya el cuerpo y existen en el Vacío de Shambhala, como de los que perderán su vehículo material en el transcurso del proceso indicado. En segundo lugar, examinaremos la entrada en el nuevo campo de vida por quienes viven en el cuerpo.

Es un privilegio para nosotros abrir para usted, como un anticipo, el nuevo campo de vida, e invitarle a entrar en él con nosotros. La Fraternidad le invita a esta magnífica morada, donde todos podremos habitar, si lo deseamos. Nosotros somos bendecidos entre muchos! Experimente con nosotros el objetivo grandioso de nuestra exploración. No se trata de satisfacer su curiosidad, sino de incidir más que nunca en su estado racional y moral, de prepararle para una grandiosa y magnífica concentración de fuerza, al servicio de los hermanos y hermanas de la vida nueva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

El proceso: el Camino Rosacruz

 

 

Como dijimos, la Escuela Espiritual tiene que contar con tres clases de estados de conciencia y, por lo tanto, con tres clases de estados de vida: primero, el estado de conciencia del hombre dialéctico corriente, segundo, el estado de conciencia del alumno de la Escuela Espiritual y, tercero, el del participante en la nueva raza, el de quien entra en el nuevo campo de vida.

El primer estado de conciencia funciona, tanto en lo que se refiere a lo exterior como a lo interior, totalmente de las fuerzas astrales de la naturaleza de la muerte.

El segundo estado de conciencia ‑el que ha sido alcanzado por una gran parte de los alumnos de la Escuela Espiritual‑ es el estado de conciencia racional y moral. Quienes participan en este estado de conciencia están, por uno u otro motivo, más o menos abiertos racionalmente al contacto de la Enseñanza Universal. El hecho de que el alumno busque regularmente un contacto con la Escuela, por ejemplo visitando regularmente los focos de la Escuela, demuestra que su poder racional se ha vuelto receptivo al contacto de la Gnosis. Como consecuencia de este contacto, que recibe una y otra vez, surge en él una actividad moral. Esto permite, tal como hemos visto, que el esternón ‑centro magnético extremadamente sensible del santuario del corazón‑ se vuelva receptivo al contacto astral de la Gnosis. Y si el estado sanguíneo lo permite, algo del estado de alma del alumno es tomado por el campo de radiación de la Gnosis.

Si usted ha entrado en ese segundo estado de conciencia, ha entrado en un estado muy complicado, en un estado dividido. La mayor parte de su alma es totalmente de la naturaleza dialéctica. Su personalidad es además natural. No obstante, con una parte muy limitada, con una parte inconsciente de su alma, está unido a la Gnosis. En virtud de su nacimiento natural, usted está unido completamente al campo astral de la naturaleza, inhala las fuerzas astrales de esta naturaleza por el sistema magnético cerebral. Pero hay algo en su poder intelectual, en su estado de conciencia, en su candelabro de siete brazos existente en el santuario de la cabeza, que le hace receptivo al contacto de la Gnosis. Esperamos poderle explicar más adelante de qué forma ocurre esto.

Cuántas veces le ha ocurrido, estando en el templo, el haber sido tocado interiormente, el haber entrado en esa conmoción interior de la que le hemos hablado. De esta manera, se abrió el esternón y surgió una abertura para el toque de la Gnosis en el santuario del corazón. Usted inhala la naturaleza de la muerte por el sistema magnético del cerebro, pero inhala la Gnosis por el sistema magnético del esternón. Al ser tocado por dos campos magnéticos tan diferentes, es comprensible que se encuentre en un estado de división. A partir de entonces se desarrolla en usted una lucha día y noche. La Biblia dice al respecto que una espada es clavada en el alma. A quienes se encuentran en ese estado se les puede aplicar literalmente las palabras de Jesús el Señor: Yo no he venido a traer la paz, sino la espada.

La mayoría de los alumnos de la Escuela Espiritual han alcanzado este segundo estado de conciencia; ellos se encuentran en la conciencia racional y moral. Su alma es tomada por la Gnosis, se sienten unidos a ella, pero el resto es de la naturaleza ordinaria. En un momento tienen motivos para estar felices y agradecidos, por haber sido admitidos en la corriente de la Gnosis; pero al momento siguiente están completamente fuera, lo sienten con su poder racional y moral, y se encuentran durante tales momentos muy desdichados.

El segundo estado de conciencia es una verdadera conciencia‑puente, despertada y mantenida en usted por la actividad y por el contacto de la Escuela Espiritual. Es explicable y evidente que usted oscile entre los dos campos magnéticos. En un momento dado tiene contacto con el campo de la naturaleza ordinaria, y en el siguiente momento la Gnosis le toca. Como comprenderá, esta situación no puede ser mantenida. Usted no puede soportar una constante perturbación de su equilibrio. En este estado todo es posible con usted: que regrese al antiguo estado de vida ‑el regreso lógico a la antigua vida natural ordinaria‑  o que progrese hacia el nuevo estado de ser, abriéndose paso hacia el renacimiento total del alma, la entrada en el nuevo campo de vida. Es decir, caer del puente o cruzarlo.

Esta situación produce en usted un estado de inquietud psicológicamente irrefutable. De vez en cuando se siente abatido, no puede encontrar verdadera calma del alma. Es sobresaltado. Unas veces se sentirá culpable, otras pensará que es forzado, otras que se le trata injustamente. Tal vez la Escuela le parezca, según su criterio, una espectadora dura e insensible. Pero el objetivo de ella es hacerle cruzar el puente.

La Escuela es como el barquero clásico que debe cruzarle el Estigia. Si sube a la barca de la Escuela, para ser llevado sobre esa corriente infernal, usted sabe lo que le espera, debe aceptar el proceso, no le parece? Cuando la pequeña barca de la Escuela Espiritual abandona la orilla con usted a bordo, y cuando entonces todas las perturbaciones de los cambios magnéticos le asaltan y las olas del mar académico se agitan y se arremolinan, mientras el barquero se esfuerza por evitar todos los escollos, tan pérfidamente enmascarados y presentes por doquier, y cuando durante esta maniobra usted queda mojado de pies a cabeza por la espuma burbujeante, a veces a babor, a veces a estribor, miraría por eso al barquero con enojo? Tampoco puede decirle entonces: «Deténgase un poco; fondee en un lugar tranquilo», puesto que no hay lugar tranquilo en esas agitaciones magnéticas. En efecto, usted es agarrado simultáneamente por dos campos magnéticos, cuyas relaciones son inarmoniosas entre sí. Puede comprender su desgarramiento al ser arrojado caprichosamente de izquierda a derecha?

Esto es el proceso! Y en él solamente puede hacer dos cosas: avanzar o retroceder, llegar a la otra orilla o regresar. Su elección debe ser clara. Qué hace si no en esta barca? Qué hace si no sobre el puente? Las olas, bajo el puente, entonan su canto de muerte y, ciertamente, no es agradable escucharlo, y menos aún sentir la espuma que se rompe en la cresta de las olas de esta borrasca de la vida. Pero usted ha entrado en la Escuela Espiritual como alguien que aspira con ardor a pasar al otro lado de la corriente. Hay mayor acto de amor que el de los barqueros que le conducen a la otra orilla?

Conoce la historia de la Pistis Sophia? Al comienzo ella regresa a su primer estado de conciencia, regresa a las ollas de carne de Egipto. Pero su apertura a la Gnosis está ya muy profundamente marcada en ella. Si usted ha perseverado varios años en la Escuela Espiritual, y durante esos años ha sido tocado por los dos campos magnéticos, de los cuales uno actúa en el santuario de la cabeza y otro en el santuario del corazón, entonces algo ha cambiado en usted. Y éste es el caso de la Pistis Sophia. La apertura para la Gnosis está ya tan profundamente marcada en ella que, cuando regresa a su primer estado de conciencia, ya no se siente como en casa. Se siente menos en casa que en el Estigia, en la barca o sobre el puente de la Escuela Espiritual. El contacto con el décimotercer eón la ha cambiado tanto, que todas las fuerzas de la naturaleza ordinaria son sus enemigas, la tratan en consecuencia y la atormentan de todas las maneras posibles.

Todo hombre que ha experimentado durante algún tiempo la fuerza de radiación del campo magnético gnóstico, está marcado por él. Al principio, esta situación no es agradable, ya que el alumno que vive en su conciencia habitual encuentra la dialéctica insoportable, y en el estado de conciencia racional y moral a veces experimenta: «Verdaderamente es insoportable, no se me deja en paz en la Escuela Espiritual.» Así es sacudido el alumno de forma muy consciente y premeditada. La Escuela Espiritual le empuja hacia una crisis, y él debe tomar una decisión, una decisión positiva y definitiva respecto al doble acto mágico del que ya le hemos hablado: el comportamiento de fe y el comportamiento de vida, completamente acordes con la situación. Y no le ayuda en nada murmurar contra su estado momentáneo: «Esta situación miserable en la que he caído casi acaba conmigo.» Esto no le ayuda en nada. Debe aceptar el camino de cruz.

La Escuela Espiritual le impulsa al camino Rosacruz, a la aceptación de la cruz de Jesús el Señor en usted. Lo que importa es la decisión positiva: convertirse en un verdadero Rosacruz. Y su alumnado no tiene sentido hasta que no acepte la rosacruz roja. En la Escuela Espiritual no tenemos ninguna intención de agriarle su humor. Nuestro objetivo es transmutarle en Rosacruz. Por eso, lo repetimos, sólo cuando su decisión se vuelve definitiva, su alumnado recibe un sentido y su estado de conciencia racional y moral toma para usted, por primera vez, un significado verdadero. Entonces su vida recibe un bello y maravilloso objetivo, y usted acepta todas estas agitaciones con comprensión y certeza interior, e incluso con una gran alegría. Cuando sufre males a causa de Cristo ‑no tome estas palabras místicamente‑, esto sólo puede causarle alegría. Cuando como consecuencia del proceso de salvación, debe pasar por algunas dificultades, usted sabe que esto ocurre a causa del proceso, que es el camino Rosacruz en usted, y de esta manera puede enfrentarse a él con alegría.

 

Debe comprender a fondo el desarrollo en usted. Usted entra en la Escuela Espiritual porque está maduro para ello. Tras un período de toque racional por la Escuela, sigue el proceso moral descrito, la apertura del esternón, el florecimiento de la rosa y la influencia sobre la sangre. En ese momento, Jesús el Señor ha nacido en usted. El nuevo nacimiento inconsciente del alma se ha hecho realidad. Esto produce en usted, en primer lugar, un estado de entusiasmo, una fiesta en usted, es la adoración de los pastores y de los sabios de Oriente. Pero, desgraciadamente, al instante siguiente Herodes aparece también para asesinar al niño recién nacido. Como consecuencia de ello, sigue la huida.

Cuando un alma se manifiesta de esta manera en la Escuela, se produce alegría en nosotros, y todos los Hierofantes de la Luz están agradecidos y ofrecen su ayuda y su asistencia. Pero el dominio de Authades, el tetrarca Herodes que vive en el mismo país, está también allí e intenta matar a su adversario natural. Herodes es el campo de radiación de la naturaleza de la muerte, que usted inhala a través del sistema magnético del cerebro en particular. Es la fuerza de la naturaleza. Por necesidad natural, esta fuerza ataca lo que entra en usted por el esternón procedente de la Gnosis. Su propio ser es el campo de batalla. En su propio ser se encuentra también «Belén», hacia donde Herodes envía a sus soldados para asesinar al niño recién nacido. A esto sigue la huida a Egipto, la neutralización interior temporal, la puesta en seguridad de la nueva luz. Ella todavía no puede generar fuerza alguna. La luz está presente, pero aún debe mantenerse escondida. Es un gran combate interior que usted deberá llevar a cabo.

En un momento dado, el alumno toma la decisión definitiva, la decisión del doble acto mágico, a partir de la profundidad del alma escondida; la nueva luz, Jesús en usted, toma la iniciativa. Jesús comienza su peregrinación en usted. Pero antes de que esto ocurra, tiene lugar en él el descenso del Espíritu Santo. La corriente de la Gnosis se derrama de nuevo sobre el alumno y llena con su dinamismo la nueva decisión. Y así el Espíritu Santo desciende sobre el candidato. En este momento nace el Rosacruz.

El proceso para el que el alumno está totalmente preparado, es aceptado ahora conscientemente: «Recorro mi camino rosacruz». En ese momento Jesús el Señor comienza su peregrinación en él, y en este recorrido, cura todo lo paralítico, lo cojo o lo ciego en él. De esta manera, el candidato puede seguirle cada vez mejor. La corriente sobre la que navega ya no es un masa turbulenta, hirviente y furiosa. Ese período ya ha pasado hace tiempo. Su viaje se ha vuelto tranquilo, su miedo ha desaparecido, ya que ahora se sabe unido al nuevo país. Aunque aún está en el puente, aunque aún está en el segundo estado de conciencia, ve brillar cada vez más la otra orilla.

Nuestra intención es que se impregne de la idea de que, incluso estando aún en el estado de conciencia racional y moral, puede poseer la certeza, estar agradecido y encontrarse en lugar seguro.

Los tres estados de conciencia pueden ser llamados también: primero, el del nacimiento natural; segundo, el del nacimiento de Jesús; y tercero, el del nacimiento de Cristo.

Si, en el estado de conciencia racional y moral, extrae las consecuencias y aplica el doble acto mágico, usted se convierte en alguien en quien ha nacido Jesús. Usted está aún, evidentemente, a la espera de entrar en el estado de conciencia superior, la penetración hacia la nueva conciencia del alma. No obstante, Juan en usted ha entregado a Jesús el Señor toda la iniciativa y, desde entonces, usted está seguro. El estado de alma inmortal, que progresa en usted, ha vencido a la muerte natural del alma.

Ni aquí abajo ni en el más allá puede conservar su quíntuple estado de alma de la naturaleza ordinaria. Usted lo sabe: el alma que peca debe morir. Su alma, su vida, su conciencia ordinaria, son perecederas, se volatilizan en el más allá por la muerte material, hasta que de ellas no queda nada. Pero si usted recorre el camino Rosacruz, comienza desde el primer instante la edificación de un estado de alma inmortal. El estado de alma mortal disminuye progresivamente, mientras que el nuevo estado de alma inmortal crece. Esta sustitución determina todo su destino en el período de tiempo que llamamos futuro.

 

Cuando, tarde o temprano, llegue el momento en que no pueda seguir manteniendo su cuerpo físico, el estado de su proceso de transfiguración del alma será decisivo para todo lo que ocurre tras la muerte física. Usted sabe que después de la muerte del cuerpo material, el hombre corriente entra, con el resto de su personalidad, en el más allá ‑el país al otro lado‑, y llega a un plano que corresponde completamente con su estado de ser, ya que las vibraciones semejantes se atraen mutuamente. La disolución final del alma mortal se efectúa como la lenta extinción de un fuego, a lo largo de las esferas que debe atravesar sucesivamente y en un tiempo más o menos largo.

Pero si durante su vida está presente verdaderamente la conciencia racional y moral; si usted ha aceptado y vivido verdaderamente el doble proceso mágico de fe y de vida, de tal manera que utiliza la situación para aceptar su camino rosacruz, algo del estado del alma inmortal comienza a surgir en usted. Si usted vive de esta forma tanto tiempo como permanezca aquí abajo, cuando muera se dormirá en Jesús el Señor. Cuando repose su cabeza fatigada y expire, algo de lo inmortal se elevará de su ser con lo mortal corriente. Entonces ya no llegará a la esfera reflectora con el resto de su personalidad, sino al Vacío de Shambhala, del que le hemos hablado con tanta frecuencia, y que es el atrio del nuevo campo de vida.

El Vacío de Shambhala no pertenece a la esfera reflectora. Es el Atrio del Templo de la Santa Rosacruz. Como decían los antiguos, es la «Logia de arriba», al igual que hay una «Logia de abajo». Es, dicho sin ambages, la Escuela Espiritual, el Lectorium Rosicrucianum en el otro lado. Si aquí abajo usted es un alumno serio de la Escuela y realiza el trabajo de la Escuela, el trabajo racional y moral con sus exigencias, cuando abandone el valle de lágrimas terrestre será recibido con certeza en el Vacío de Shambhala. Si usted obtiene el derecho de llegar allí, estará allí sobre la base de lo inmortal que haya nacido en usted. El resto de su personalidad se volatilizará, ya que lo que es de la naturaleza recorre el camino de la naturaleza, pero lo que es inmortal en usted será conservado y cultivado. Ninguna muerte puede arrebatárselo. Ningún eón, ningún arconte de la naturaleza tiene poder de matarlo. Usted no se encuentra como un hombre religioso natural, ante una apariencia de Jesús fuera de usted, la cual sólo es ilusión, una ilusión de la esfera reflectora, sino que está unido a una fuerza de radiación inmortal, que quiere establecer en usted su morada duradera. Esto es Jesús el Señor: una fuerza de radiación que conduce a la vida. Y si se duerme como hemos dicho en Jesús el Señor, en realidad no está muerto. Si este nuevo estado ya está creciendo ahora en usted, entonces ya ha vencido a la muerte. Entonces ya desde ahora está absolutamente liberado. Entonces ya no morirá, sino que, como ser vivo, se desprenderá de un peso inútil.

Entonces para usted sólo hay una posibilidad: creciendo en el Espíritu Santo, continuar preparándose en el Vacío de Shambhala para la entrada en el nuevo campo de vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

La vocación del alumno: la santificación

 

 

En la primera Epístola de Pedro leemos:

Por lo cual, ceñidos los lomos de vuestra mente y viviendo sobriamente, tened vuestra esperanza en la gracia que os ha traído la revelación de Jesucristo. Como hijos obedientes, no os amoldéis a las pasiones que teníais cuando estabais en vuestra ignorancia; sino, como es santo el que os llamó, sed también santos en toda vuestra conducta. Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

Habéis sido reengendrados, no de una semilla corruptible, sino incorruptible, mediante la palabra viva y eterna de Dios.

Despojaos, pues, de toda maldad y de toda falsedad, de hipocresías, de envidias y de toda clase de maledicencias.

También vosotros servid de piedras vivas para edificar una casa espiritual ordenada a un sacerdocio santo.

 

Le colocamos ante estas palabras, porque contienen un reflejo de todo lo que hemos hablado en el capítulo precedente. Ellas demuestran claramente de qué es capaz un alumno dotado de la conciencia racional y moral. Está plenamente capacitado para «ceñir los lomos de su mente» en sentido de la Gnosis.

Usted comprenderá esta metáfora: en Oriente, cuando van a efectuar algún trabajo, se ciñen el vestido para que no les moleste. Dado que la fuerza de radiación de la Escuela Espiritual se dirige en primer lugar a la comprensión, la Epístola de Pedro tiene por objeto indicarle que este contacto le quiere capacitar para una nueva actividad directa.

Como usted sabe, el toque racional y moral provoca en usted una agitación moral. Y entonces se le da un consejo que debe decidirse a seguir:

El hombre en el proceso de la agitación moral está hasta tal punto turbado y nervioso, tan afectado emocionalmente, que ello impide que el toque de la Luz dé resultados concretos. Un aflujo de lágrimas, un sentimiento intenso de culpabilidad y una multiplicidad de intenciones se suceden mutuamente. La emoción pasa rápidamente, y hay tantas cosas en la vida ordinaria que acaparan su atención, que es imposible recoger verdaderamente algo de este primer contacto. La emoción mística vuelve el esternón insensible al segundo contacto… y por consiguiente la bendición permanece ausente.

Por ello se le dice: «Cíñase los lomos de su comprensión. Sea inteligente y esté dispuesto a la actividad directa. Cuando el contacto racional tiene lugar y usted está totalmente abierto a él, reciba la emoción moral con lucidez. No se deje dominar por la emoción, ya que en ese caso perdería todo control sobre sí mismo. Con calma y comprensión, deje actuar al proceso en usted, lleno de una alegre esperanza, ahora que la maravillosa corriente de gracia de la Gnosis puede ser inhalada por el esternón. Este es el viático, el rocío hacia el que se orienta la sedienta Rosa del Corazón.»

Usted conoce ahora el proceso. Este proceso le es revelado paulatinamente en el primer contacto. Ve cada vez más claramente el camino ante sí. La ignorancia desaparece progresivamente. Y es así como, tranquilamente y con una gran lucidez, puede discernir todo lo que es de esta naturaleza y reflexionar hasta qué punto toma parte en ella, sin que esto pueda perjudicar el proceso de santificación que ha emprendido voluntariamente.

Santificación, reconstitución, curación, ésta es su vocación. La santificación de todo su ser es el objetivo de la Escuela Espiritual. Y se sobreentiende que el alumno, capacitado racional y moralmente para hacerlo, debe llevar una vida santificada. Usted puede llevar una vida santificada si está continuamente orientado hacia su alumnado, ya que en usted hay una fuerza incorruptible: la semilla de la palabra viviente y perdurable.

Por ello, no sólo es deseable, sino necesario que irradie de usted un nuevo comportamiento de vida, ya que es posible. Toda malicia y astucia, todo disimulo, envidia y murmuración deben pertenecer al pasado. Estas son las cinco exteriorizaciones positivas de una poderosa egocentricidad que forman cinco reacciones negativas frente a su estado de alumno positivo. Se trata de comprender claramente para qué es llamado y capacitado, y cuáles son los peligros en usted mismo que amenazan estas posibilidades de santificación.

Usted está perfectamente preparado para ser una piedra de construcción viviente, y sólo como piedra viviente puede ser utilizado en el gran templo universal, en el santo sacerdocio del nuevo estado de vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

El crecimiento del alma nueva

 

 

Probablemente comprenda ahora que la Escuela Espiritual moderna posee dos campos de trabajo: uno en la esfera material y otro en lo que llamamos el Vacío de Shambhala. En realidad, se trata de una sola Escuela Espiritual activa en dos situaciones diferentes. Y usted comprenderá cuán necesario y justificado es esto, tanto desde el punto de vista filosófico y místico, como desde el científico‑natural.

Imagínese que, por su trabajo en la esfera material y tras muchos esfuerzos, la Escuela Espiritual ayuda a cien alumnos a ponerse en camino. Usted sabe por experiencia qué esfuerzo y qué concentración son necesarios a veces para conducir a un alumno hacia el buen camino. Pues bien! El centenar de alumnos de nuestro ejemplo ha llegado a él, pero todavía no ha entrado en el nuevo campo de vida, en el tercer estado de conciencia. Suponga ahora que todo el trabajo comenzado se viniese abajo debido a la muerte de este centenar de hermanos y hermanas. Esto sería extraño, antinatural y extraordinariamente ilógico.

Por ello nos alegra grandemente poder dar a conocer, con mayor claridad y más libre de velos que nunca, la existencia de la Fraternidad de Shambhala, como la lógica prolongación de nuestra Escuela. Quien se encuentra en el sistema de conciencia racional y moral y ha comenzado el trabajo de auto‑francmasonería, se ha vuelto por ello un «nacido‑Jesús» y ha vencido a la muerte. Tras la pérdida incidental del cuerpo, continúa el trabajo comenzado en el otro reino, en el Vacío de Shambhala.

Tal vez, al escuchar esto, usted se coloque en la posición: «Entonces cuanto más pronto mejor». Pero tal punto de vista sería totalmente incorrecto y denotaría una gran egocentricidad. Probaría con toda certeza que usted no está en el proceso descrito. En primer lugar debe considerar que la esfera de la materia fue la base de su cambio. Segundo, por su nacimiento en la materia, ha podido emprender su camino en tanto que portador de la imagen. Tercero, gracias a esto usted ha obtenido una unión con su microcosmos. Cuarto, cuanto más tiempo permanezca en la esfera material, más se consolidará su trabajo. Quinto, colaborando el mayor tiempo posible en la esfera de la materia, contribuirá a despertar en otros el deseo de recorrer el camino. Y en sexto lugar, como verá pronto, su comportamiento de vida, en la esfera de la naturaleza, tiene una extraordinaria influencia sobre quienes se encuentran en el otro reino.

Naturalmente, no es erróneo desear en cierta medida el otro reino cuando ya se ha realizado un trabajo de servicio total. Pero considere que mientras está al servicio de la Ekklesia en la tierra, en realidad no está en absoluto separado del otro reino y de su Fraternidad. Usted está al mismo tiempo allí. Y si reflexiona bien sobre todo esto, comprenderá que los dos reinos, los dos aspectos de la Escuela Espiritual, son absolutamente equivalentes, se influyen mutuamente y colaboran sin descanso. En esencia son uno. Pero, debido a su comprensión espacio‑temporal, usted separa el tiempo en pasado, presente y futuro. De hecho, usted anhela un futuro que ya es suyo en el presente. Si reflexiona sobre ello, en ese mismo instante tomará conciencia de esta unidad. Será consciente de la realidad del otro reino y podrá, en ciertos aspectos, morar en él. Si comprende esto, evitará toda clase de vicisitudes y mistificaciones.

 

Hasta ahora nunca habíamos hablado tan abiertamente sobre este tema en nuestras publicaciones, ya que queríamos y debíamos impedir manifestaciones espiritistas de mal gusto y dominaciones de la esfera reflectora. Usted se preguntará ahora: «Acaso ya no existen esos peligros?» No osaríamos contestar con una afirmación. Pero muchos alumnos han madurado y, lo que es aún más importante: El tiempo ha llegado! El tiempo nos obliga a hablar. Ahora debemos introducirle en estas cosas.

Quizás usted sepa cuántas personas son sensibles a la esfera reflectora. Existencialmente, todos los hombres lo son, ya que viven gracias al campo magnético dialéctico. Sin embargo, cuando hablamos de sensibilidad a la esfera reflectora, nos referimos especialmente a todos los comportamientos mediúmnicos y ocultistas, como consecuencia de los cuales una persona, por ejemplo, ve, oye u observa fenómenos del más allá y se deja engañar y confundir por ellos. Tales comportamientos proceden siempre de estados del alma que se heredan de los antepasados por medio de la sangre, o que vienen al hombre kármicamente a través del sistema magnético del ser aural del microcosmos. Lo más frecuente es que provengan de ambos.

Podemos afirmar con fuerza que los efectos de todos estos comportamientos ocultos y mediúmnicos no le unirán de ninguna manera con la Fraternidad del otro reino. Toda esa palabrería: «He visto eso o escuchado aquello», y «tenemos tal o cual mensaje para usted», concierne invariablemente a actividades de la esfera reflectora. Usted debe rechazar radicalmente todo esto, provenga de donde provenga, aunque venga a usted de la manera más sublime y procedente de su mejor amigo o amiga. Ningún ser humano que se manifieste en la esfera material o en la esfera reflectora puede percibir el otro reino con la conciencia natural ordinaria. Tal ser no puede ni tan siquiera suponer la existencia del otro reino. Debemos descartar absolutamente todas las comunicaciones en este sentido.

Un ejemplo que habla por sí mismo fue Agustín. Cuando Agustín oyó a los hermanos y hermanas Maniqueos hablar de la Fraternidad del otro reino y de sus manifestaciones en la esfera de la materia, él intento llegar, por todos los medios de que disponía su estado dialéctico, a la certeza de la existencia de ese otro reino. Naturalmente, no obtuvo ningún resultado y, según lo habitual en los medios intelectuales, rechazó y negó las cosas que no podía sentir, comprender y contemplar por él mismo.

Sin embargo, es muy comprensible que no se pueda percibir el otro reino partiendo de un estado natural dialéctico, y que no se pueda penetrar en él por algún poder oculto, ya que el otro reino, el Vacío de Shambhala, existe en un campo magnético diferente, que no corresponde en lo más mínimo con el mundo dialéctico. Por ello testimonia el prólogo del Evangelio de Juan: La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas están incapacitadas para absorber esta luz, este campo de radiación, y aún menos reaccionar ante ella. Todo el campo de percepción y de actividad de un hombre puramente dialéctico está limitado por las leyes magnéticas de su campo de existencia. Todo lo que está al exterior de este campo le parece inexistente, y tampoco puede comunicarse con ello.

 

Cuando un alumno entra en la Escuela, la primera tarea de la Escuela Espiritual es aproximarse a su estatus racional y tocarlo. Si su estado racional se muestra abierto, experimenta una inquietud moral, una reacción al impulso racional que le es enviado. Si esta sacudida moral continúa actuando correctamente, el esternón se abre, la rosa del corazón florece y la corriente de la Gnosis, la corriente del otro campo magnético, puede tocarle. Entonces la Gnosis puede, en este sentido, establecer su morada en dicho alumno. En tal caso, aunque aún sea de una manera elemental, el segundo núcleo atómico, la rosa del corazón, es unido con el portador de imagen, el alumno, en tanto que tercer núcleo atómico. El microcosmos se ha vuelto entonces más o menos completo. Tres núcleos colaboradores son colocados en un proceso que va a comenzar ahora. A partir del momento en que el alumno en cuestión comienza a aplicar la doble ofrenda mágica de fe y de vida, el singular proceso de restablecimiento del microcosmos original se vuelve activo. Si, partiendo de su estado de conciencia racional y moral, acepta muy conscientemente este proceso, las radiaciones‑Jesús comienzan sus «peregrinaciones» en él. Ellas despejan el camino en él por su nuevo comportamiento de vida.

Este proceso es un proceso prenatal, en el que se forma en primer lugar el embrión del nuevo ser del alma inmortal. Si ha examinado alguna vez un embrión, sabrá que lo primero que se percibe en él es especialmente el fuego de la serpiente, el sistema de la médula espinal. El embrión del alma inmortal tiene una forma semejante. Esta forma de fuego de la serpiente, esta matriz, es el eje del nuevo sistema del alma.

En la personalidad ordinaria se encuentran dos polos magnéticos. Un polo, el polo norte, corresponde con el candelabro de siete brazos en la cabeza, con las siete cavidades cerebrales, y el otro polo, el polo sur, corresponde con el plexo sacro, situado en la extremidad inferior de la espina dorsal, el cual es (fíjese en su nombre) el centro por excelencia de la santificación. Por medio del polo magnético norte, las fuerzas magnéticas corrientes son captadas y concentradas en el sistema del fuego de la serpiente; por medio del polo magnético sur, todas las fuerzas kármicas y todos los factores de la herencia son unidos con el fuego de la serpiente y, de este modo, con el sistema.

Durante la vida ordinaria, es decir, mientras el sistema magnético corriente de nuestro sistema biológico funciona normalmente y cuida de las necesidades del cuerpo y de la personalidad, es puesto en el alumno el fundamento de un sistema magnético de la personalidad completamente nuevo. El polo norte de este nuevo sistema magnético corresponde a la cuarta cavidad cerebral, mientras que el polo sur se encuentra en una parte del plexo sacro. El eslabón de unión de estos dos polos, el eje de unión, no está formado por el fuego de la serpiente ‑ya que éste es utilizado aún para los procesos magnéticos habituales‑ sino por los dos cordones del nervio simpático (1). Este nuevo sistema magnético no puede ser alimentado a través del sistema magnético del cerebro, ya que todavía es totalmente inaccesible a la Gnosis, sino a través del esternón, la rosa del corazón, la cuarta cavidad cerebral y los dos cordones del nervio simpático. Así se desarrolla un nuevo estado de alma. Este desarrollo prenatal del nuevo estado de alma se produce al margen de la conciencia ordinaria, por lo que se puede hablar al respecto de un desarrollo del alma totalmente subconsciente.

Suponga ahora que este nuevo desarrollo tenga lugar en usted, de modo que son formados los dos nuevos polos magnéticos en usted y que, a través del nervio simpático, el nuevo eje es trazado entre ellos. Si usted falleciese mañana, es evidente que lo que es de la naturaleza de la muerte se convertiría en polvo, pero todo el microcosmos, más este nuevo principio de alma inmortal, iría hacia el otro reino y sería admitido en el Vacío de Shambhala. Todo lo que es de la naturaleza ordinaria desaparece, pero el microcosmos, con los tres núcleos de vida originales ‑el núcleo atómico en el ser aural, el núcleo atómico que corresponde con la rosa y el núcleo atómico presente en el nuevo ser‑alma embrionario‑ entra en el otro reino.

 

Qué ocurre en el Vacío de Shambhala? Si lo piensa bien, usted puede responder a esto por sí mismo.

Suponga que de pronto regresase al estado embrionario biológico humano ordinario, es decir, al estado anterior a su nacimiento. Usted viviría, pero no sería consciente, ya que en el estado prenatal todavía no existe ninguna conciencia. En este estado embrionario usted sería incapaz de llevar una vida activa.

Suponga además que, en tanto que alumno de la Escuela Espiritual, usted muriera poseyendo algo del estado de alma inmortal en estado embrionario, y que esta alma en embrión llega con el microcosmos al otro reino. El resto de la personalidad, incluida su conciencia actual, desaparece. Todo su estado de señora o señor tal desaparece, al igual que todo su estado de conciencia racional y moral. Solamente lo nuevo en usted, el principio de alma embrionario, llega al otro reino, en un estado adormecido, en un estado embrionario, es decir, no consciente. Entonces usted se ha «dormido en Jesús». Entonces ha «perecido en Jesús el Señor». El viejo hombre se ha desvanecido literalmente en estas radiaciones Jesús, en estas radiaciones magnéticas gnósticas y en su construcción. Y allí, en el Vacío de Shambhala, existe la nueva alma embrionaria. Ella duerme realmente en el seno de la eternidad, en la matriz de la Madre Universal. Y lo que allí nacerá más tarde, no recordará en nada a su antiguo estado de ser dialéctico.

Esto no debe decepcionarle, ya que, como acabamos de explicarle, incluso para un alumno que aún está apenas capacitado para respirar magnéticamente de la nueva manera, su microcosmos ya no será vaciado. En ese momento, todo el sistema microcósmico, caído desde hace eones, se desata, en el sentido más profundo, de la rueda de la muerte. Y en el otro reino se prosigue el desarrollo del embrión de la nueva alma, en y por la actividad de amor ilimitada de la fuerza de luz que es el Vacío de Shambhala, hasta que llega el despertar. Este despertar es al mismo tiempo el nacimiento en y con la plena conciencia de la nueva raza, la plena conciencia del nuevo campo de vida. Entonces, Jesús el Señor ha resucitado verdaderamente. En tal caso usted celebra su resurrección. Entonces posee un estado de personalidad que se adapta completamente al embrión de la nueva alma.

Y si en usted todavía hay desilusión, esforcémonos en eliminarla hasta el último resquicio, demostrándole que no está obligado a ir a ese otro reino con un estado de alma embrionario. Con el ejemplo que acabamos de presentar, hemos descrito el mínimo indispensable que debe ser alcanzado. Supongamos que usted acaba de comenzar el camino, que los dos nuevos polos magnéticos se han formado y que hay algo del embrión del alma nueva. Si ahora usted falleciese, partiría hacia el otro reino. Y lo que con tanto esfuerzo usted ha intentado despertar a la vida, con su conciencia racional y moral y su trabajo de francmasonería, continuará existiendo y vencerá a la muerte. Esto es maravilloso, pero tiene que detenerse ahí? Mientras le sea dado vivir aquí, usted puede entregarse por completo al servicio de la humanidad y, con toda su disposición y orientación, vivir la vida que le propone la Fraternidad. Y así, incluso aquí abajo, en la esfera material, puede hacer progresar la vida prenatal de su alma nueva. Usted puede despertarse a la nueva conciencia aquí, en la esfera material.

Y cuando, más tarde, usted deposite su viejo fardo, llegará al otro reino como alguien ya despierto, y allí encontrará entre otras cosas un campo de trabajo inmenso, en el que ponerse al servicio de todas estas almas dormidas. Pero la tarea principal en este otro reino es la entrada en el nuevo campo de vida en tanto que Comunidad, en tanto que Ekklesia, en tanto que grupo, y el encuentro y la unificación con quienes, procedentes de la Iglesia militante en la tierra, de la Escuela Espiritual en la tierra, llegan a este nuevo campo de vida.

Grandiosos y magníficos son los desarrollos que están en camino. La Fraternidad del otro reino y la Fraternidad de aquí abajo se aproximan una a otra. Ellas se fundirán por ambos lados, claramente conscientes, y, como un solo grupo, entrarán en la vida nueva. Muchos hermanos y hermanas que hemos conocido, que han habitado y vivido entre nosotros, nos han precedido ya en el otro reino. Por lo tanto, esfuércese al máximo por celebrar todos juntos este encuentro glorioso y magnífico.

 

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(1) Nota a pie de página: Véase «El hombre nuevo» de Jan van Rijckenborgh, Ediciones del Lectorium Rosicrucianum 4, Madrid 1989.

 

 

 

V

 

La gloriosa resurrección

 

 

Después de lo que hemos explicado, habrá comprendido que cuando fallece un alumno que se encuentra en el proceso de regeneración, tal como lo entiende la Escuela Espiritual, en lo que a él concierne sólo se puede hablar de una transfiguración muy parcial. Lo que ha cambiado en él, antes de la muerte material, representa una transfiguración muy parcial, y todo lo que le sucede a continuación en la «Logia de arriba», ya no es transfiguración, sino desarrollo. Ya que lo que debe ser realizado en el hombre mortal por la transfiguración, en quien llega al Vacío de Shambhala por la supresión del cuerpo material se presenta como un desarrollo más o menos rápido a partir del estadio prenatal del alma nueva. Esto es nacer en un nuevo sentido.

Sin embargo, para quienes aún viven en la esfera material, este desarrollo de las cosas no es válido, por lo menos mientras permanezcan en la comunidad militante, en la Iglesia militante en la tierra. Ellos deben esforzarse por obtener una transfiguración completa, ya que todos ellos poseen un cuerpo terrestre, la personalidad de la naturaleza de la muerte, y debido a esa personalidad, con todo sus aspectos y capacidades, son solamente portadores de la imagen de Dios. Por el hecho de recorrer el camino, la trinidad de los núcleos atómicos microcósmicos es restablecida y el portador de imagen desempeña la función temporal del tercer aspecto: la personalidad original. Por la aceptación del proceso, el portador de imagen se transfigura.

Si ha aceptado el proceso, puede estar entonces tranquilo: ya no puede ser dañado por la segunda muerte. La «segunda muerte» es la expresión bíblica para referirse al proceso de disolución de la personalidad dialéctica y de la conciencia que se produce después de la muerte del cuerpo. Durante este grandioso proceso de transfiguración del portador de imagen, el viejo ser debe ser utilizado provechosamente el mayor tiempo posible. Por esto debe estar extraordinariamente agradecido por poder llevar el máximo tiempo posible este vestido material, este vestido de servicio. Lo comprenderá con claridad al examinar, por ejemplo, la estructura, el trabajo y el estado de ser de la figura de Juan Bautista. Juan Bautista no es, ciertamente, el que será por toda la eternidad, pero no obstante es el precursor, el portador de imagen, el que hace posible. Por esto también usted avanza de fuerza en fuerza, manteniéndose sobre la base de su trabajo: la conciencia racional y moral, sabiendo que el tercer estado de conciencia, el estado de conciencia de la vida nueva, debe ser alcanzado lo más rápidamente posible. Esto es urgentemente necesario para poder percibir la realidad de la vida nueva en el nuevo campo de vida. Solamente esta penetración de la conciencia da lugar a una liberación absoluta del dominio de la naturaleza dialéctica.

Usted no debe pensar, negativamente: «Si no lo consigo aquí, lo conseguiré en el campo de Shambhala. Puesto que el Vacío de Shambhala ofrece una completa posibilidad de salvación, por qué esforzarme aquí abajo?» Este punto de vista sería totalmente erróneo. Vamos a decirle por qué.

Todos los que en el campo de Shambhala han renacido según el nuevo estado de alma y han alcanzado la conciencia, deberán esperar de todas maneras a que en el campo terrestre se haya producido la irrupción.

Se dice que Cristo ha vencido al mundo. En la Biblia se explica que también usted puede, mejor dicho, debe vencer al mundo en Cristo. Difícilmente se puede llamar al campo de Shambhala «el mundo». El campo de Shambhala está completamente fuera del mundo, fuera del orden dialéctico. En este campo uno se desprende efectivamente del mundo, se escapa a la muerte. Se ha vencido a la muerte, pero no se ha vencido al mundo.

Si usted desaparece del campo terrestre estando en el proceso, se puede decir que Cristo en usted ha vencido al mundo? Nunca! Cristo ha vencido a la muerte en usted; usted se ha dormido en Jesús el Señor, ha sido rescatado. Sin embargo, un aspecto de la vocación de los portadores de imagen es que también deben vencer al espíritu del mundo, el cual obstaculiza y se opone en todos los sentidos al plan de Dios. El camino que Cristo ha recorrido aquí abajo, debe ser recorrido también por usted mientras habite en esta morada terrestre. De esta manera contribuirá a la liberación de todos los que están aún prisioneros de la ignorancia. Si en la Escuela Espiritual nos colocasen en la posición: «Estamos libres; si no es aquí abajo, entonces más tarde en la Logia de arriba», sólo tendríamos en cuenta nuestra propia libertad, seríamos típicamente dialécticos y aniquilaríamos así el trabajo comenzado.

Todos los que están reunidos en la Iglesia triunfante, en el Vacío de Shambhala, dependen de nosotros en muchos aspectos. Deben esperar a que nosotros hayamos vencido al mundo en Cristo para entonces entrar y progresar hacia el nuevo campo de vida.

Suponga, el caso impensable, que nosotros, y todos nuestros hermanos y hermanas en el mundo, cesáramos nuestro trabajo y que en ese mismo instante ya no hubiese Iglesia Militante sobre la tierra. En tal caso, todo el campo de Shambhala se despoblaría. Toda su población debería encarnarse en un nacimiento terrestre, para asumir lo que nosotros habríamos abandonado. Ya que, cómo puede haber reposo y paz eternos, mientras el infierno de muerte de la dialéctica corrompida permanezca en pie, se pueda mantener e incluso extenderse más?

Mientras usted esté aquí abajo, mientras el campo magnético de la naturaleza ordinaria le mantenga todavía casi completamente en su poder, y la vida del alma avance sólo subconscientemente, su mundo, así como su pequeño mundo, el microcosmos, no ha sido aún vencido y está sometido a la decadencia. Por lo tanto, no habrá vencido todavía al mundo. No se puede hablar de resurrección mientras no se haya efectuado la irrupción de la conciencia, ya que esto significa que el candelabro de siete brazos en el santuario de la cabeza, el candelabro de la conciencia, arderá en la radiación directa de la Gnosis. Entonces ya no habrá dos campos magnéticos que conduzcan incesantemente su vida hacia un campo de batalla. El Vacío de Shambhala es, en efecto, una magnífica posibilidad de salvación, pero no una liberación respecto a la dialéctica. El Vacío de Shambhala no es una posibilidad supraterrestre, sino extraterrestre.

Shambhala es un aspecto determinado del planeta de los misterios terrestre. Nuestra tierra pertenece a sistemas que viven y son de un sistema planetario complejo, llamado septenario cósmico. Nuestro séptuple planeta madre engloba a una serie de campos de existencia, que en su conjunto constituyen el camino de regreso, a lo largo del cual la humanidad caída puede regresar hasta la Morada del Padre perdida, en cumplimiento del plan de desarrollo original que el Logos ha fijado para sus hijos. Al comienzo de este camino de regreso aparece ante nosotros, como primera etapa a alcanzar, esa parte del planeta de los misterios designada con el nombre de Shambhala, que irradia, en favor de la humanidad errante en la dialéctica, una influencia indeciblemente magnífica y sublime. Todo el trabajo para cambiar el curso de vida de la humanidad y orientarlo hacia el único camino luminoso es inspirado y guiado desde Shambhala.

Usted verá con claridad que el mundo debe ser totalmente vencido en Cristo. Solamente consagrándonos a esta tarea, con una entrega total, desarrollaremos la correcta colaboración entre los dos campos de la Escuela Espiritual ‑el campo de aquí abajo y el campo de la Logia de arriba‑ al servicio de todos sus habitantes.

Así constatamos hasta qué punto es necesario para todos nosotros la irrupción de la conciencia. Cada grupo que en la tierra, en medio de la oposición de los eones de la naturaleza, efectúa esta irrupción, triunfa sobre el mundo, debilita el dominio de la naturaleza sobre el conjunto de la humanidad, de tal forma que la naturaleza dialéctica ya no puede reponerse. El microcosmos es uno con el cosmos, igual que el cosmos es uno con el macrocosmos. Microcosmos, cosmos y macrocosmos forman una trinidad. Por ello, si partiendo de su pequeño mundo, de su microcosmos, usted efectúa la irrupción y así triunfa sobre la naturaleza, esto representa una victoria intercósmica.

Cuando, en la lucha que debe realizar en este sentido, ya no puede mantener su cuerpo, porque después de haberse esforzado hasta el extremo está agotado y exhausto, entonces el campo y el reposo de Shambhala está a su disposición, y allí podrá acabar microcósmicamente la obra del nuevo desarrollo que ha emprendido para usted mismo y en usted mismo. Así debe ver la relación de los dos campos de trabajo de la Escuela Espiritual. Usted puede prepararse completamente en el campo de Shambhala, mientras que aquí, los hermanos y hermanas que han quedado atrás prosiguen el trabajo de la Iglesia militante sobre la tierra, hasta que la victoria sea un hecho! Entonces viviremos el grande, santo y maravilloso momento en el que los participantes de la Iglesia militante y los de la Iglesia triunfante se encuentren y, juntos, como una misma cosecha, entren en el nuevo campo de vida.

 

La irrupción de la conciencia es también urgentemente necesaria por exigencias electromagnéticas directas. Mientras usted se encuentra en la conciencia racional y moral, hay una nueva actividad de las fuerzas electromagnéticas de la Gnosis y, gracias a la conciencia Jesús en usted, hay abundantes razones para estar agradecidos, para estar alegres y llenos de paz interior. Pero al igual que Jesús el Señor descendió en un mundo que le era hostil, también su alumnado se desarrolla en la enemistad, ya que los dos polos magnéticos de su ser aún están controlados totalmente por el campo magnético de la naturaleza corriente. De hecho, usted es de la naturaleza, está en la naturaleza, pero actúa contra la naturaleza. Y tal situación desgasta rápidamente su organismo. Usted se agota y muere y va, con el fuego del alma nueva ya despertada, hacia el campo de Shambhala. Esta es una certeza magnífica, indudablemente, pero… de esta manera debilita el potencial de la Iglesia militante sobre la tierra. Ya no teme a la muerte, cierto, pero todavía no ha vencido al mundo! Y el espíritu del mundo sigue dominando la batalla.

Por esto, los dos polos magnéticos del sistema de su personalidad natural deben ser reemplazados, lo más pronto posible, por los dos polos magnéticos de las fuerzas de la salvación. Entonces, la iluminación y la santificación son suyas.

Esta iluminación y esta santificación tienen relación con estos dos polos magnéticos nuevos que paulatinamente controlan cada vez más el fuego de la serpiente. La iluminación a que nos referimos le aporta en particular una conciencia nueva, cuando la Gnosis, a través del nuevo polo norte del sistema cerebral, puede penetrar en un momento dado en el fuego de la serpiente. Cuando llega este glorioso momento, usted respira la fuerza gnóstica directamente a través del santuario de la cabeza. Entonces, tal como lo dice la Biblia, el Espíritu Santo desciende sobre usted. Esta es la iluminación: el estatus del nuevo polo norte magnético en usted.

Esa santificación o curación, conduce a todo el microcosmos a la destrucción y eliminación de todas las influencias y defectos kármicos relativos al trabajo del polo sur, el plexo sacro.

Como usted sabe, su polo magnético norte está situado en el santuario de la cabeza, en el candelabro de siete brazos; el polo magnético sur está situado en la parte inferior de la columna vertebral, en el plexo sacro, el centro que debe santificar.

Las grandes corrientes de fuerza magnética del espacio son captadas por el polo norte de su microcosmos; en él reside la conciencia. Muchas fuerzas utilizadas abandonan el sistema a través del polo sur. Por el polo sur, todo lo que es inútil, superfluo y dañino para la vida terrestre, es expulsado hacia el abismo del espacio. El polo norte capta la luz y la irradia, y el polo sur purifica el ser.

Cuando un alumno persevera consecuentemente en su doble ofrenda mágica de fe y de vida, en primer lugar, de abajo hacia arriba, a través del esternón y la rosa del corazón, el cuarto candelero en el santuario de la cabeza comienza a brillar en la Gnosis. En segundo lugar, a través de los dos cordones del nervio simpático, comienza a desarrollarse un nuevo sistema magnético como fundamento de su salvación. El polo norte en él es descubierto y casi alcanzado. La nueva luz del alma es encendida y el alumno avanza por el camino, consecuente y dinámicamente. El es un participante de la Iglesia militante sobre la tierra; él debe vencer. Debe producirse la irrupción de la conciencia.

En su vida corriente, usted es notablemente dinámico en muchas cosas. Con frecuencia se juega el todo por el todo. Oriente ahora todo su dinamismo hacia  esto! En unos meses experimentará las benéficas consecuencias de ello. Las grandes cosas, dadoras de vida, no caen sobre usted por las buenas, como en un país de jauja. Hay que luchar para conquistarlas! Debe alcanzarlas por propia actividad interior, atacándose a sí mismo en las líneas dominantes de su ser dialéctico, y no siendo nunca indulgente consigo mismo. A menudo percibimos en algún alumno rasgos de carácter muy marcados, duros como piedras, y más o menos erróneos, mientras que por otro lado es un buen alumno. Esto ocurre porque es indulgente consigo mismo! Porque acepta estas propiedades indeseables y obstaculizantes. Incluso porque las considera, tal vez, agradables o necesarias.

Pero nosotros le decimos: Coloque el hacha sin piedad en su propia vida, sin criticar a los demás. No diga ni piense nada de los demás. Contrólese a sí mismo asiduamente con una mirada que no neglige nada. Esta es su tarea! Entonces recorre su camino rosacruz hasta la colina de Gólgota. Y allí este camino se acaba con el declive de la antigua conciencia natural y una resurrección al tercer día.

En el primer día, el fuego gnóstico concentrado en el cuarto candelero penetra en el fuego de la serpiente y desciende hasta las partes más profundas de su tierra, hasta las profundidades del plexo sacro, hasta el reino de los muertos en usted.

En el segundo día, este nuevo fuego se eleva del plexo sacro y remonta hasta el santuario de la cabeza, para tomar posesión de todo el séptuple candelabro.

Y en el tercer día, el hombre nuevamente consciente está fuera de la vieja tumba. La resurrección es un hecho consumado y puede penetrar en el nuevo campo de vida. El sistema magnético del simpático y el sistema magnético del fuego de la serpiente han alcanzado una unidad. En lo esencial, el alumno está liberado del espíritu del mundo. Y ahora que la nueva fuerza magnética puede ser inhalada, sin rodeos, por el polo norte, a través del sistema cerebral, está claro que el polo magnético sur debe reaccionar. Toda influencia magnética de la antigua naturaleza, sea cual sea la forma en que actúe, debe abandonar la lucha. Por el plexo sacro, por el polo sur en usted, todas estas fuerzas e influencias son expulsadas. Y por la interacción de los tres núcleos celulares del microcosmos, todo el sistema entrará en el período de santificación y, así, de enérgica transfiguración. El alumno ha resucitado entonces en Cristo de la tumba de la naturaleza. El está entonces consciente en el nuevo campo de vida, donde ya estaba inconscientemente como nacido‑Jesús.

 

Usted comprenderá también ahora que esta resurrección es un recorrido progresivo. Todo esto ocupa cierto período. Y en los próximos cuarenta y ocho años (1), o en una parte de ellos, podremos celebrar esta llegada.

Vamos al encuentro de una época maravillosa. Hemos entrado en un período nuevo y muy especial, en el que seremos capacitados para celebrar la llegada al nuevo campo de vida, con toda la ayuda y el impulso que pueden ofrecernos la Escuela Espiritual y nuestra unidad de grupo, y la Logia de arriba como fuerza propulsora. Y sin olvidar la ayuda incomparable de los grupos ya liberados definitivamente. Por lo tanto, hemos llegado a la actividad última y total. Los dos campos de la Escuela Espiritual, tanto aquí abajo como en la Logia de arriba, están en plena movilización. Desde el Campo de Shambhala, la Iglesia rescatada, y desde aquí abajo, la Iglesia militante, todo es puesto en acción para incitar a actividades capaces de forjar el nuevo eslabón y aportar nuestra contribución, en tanto que nueva cosecha, a la victoria de Cristo sobre el espíritu del mundo. Y llegará el momento glorioso en que la nueva cosecha podrá ser conducida fuera de los graneros y avanzará hacia el nuevo campo de vida.

 

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(1) Nota a pie de página: Contados desde 1953.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

La Logia de arriba

 

 

Usted sabe que existen radiaciones intercósmicas. La ciencia natural, con ayuda de toda clase de instrumentos, puede percibir estas radiaciones intercósmicas, determinar su intensidad y medir sus longitudes de onda. Solamente se desconoce su procedencia, y se afirma que las hay muy intensas que proceden de determinadas zonas del espacio. Hasta ahora estos instrumentos son todavía muy imperfectos y falta saber si se podrá llegar alguna vez a un conocimiento profundo en este campo con métodos dialécticos. No carece de utilidad que la Escuela Espiritual pueda señalarle las afirmaciones científicas, ya que la enseñanza racional de la Escuela será más beneficiosa para el alumno si, al describirle las diversas radiaciones electromagnéticas que vienen a nosotros procedentes del espacio, la Escuela puede hablar de radiaciones ya conocidas.

Un grupo de estas radiaciones viene hacia nosotros procedente de la naturaleza de la muerte: son las radiaciones por las que vivimos. También hay otro grupo de radiaciones que proceden de la naturaleza de la Vida. Este segundo grupo pertenece a la luz que brilla en las tinieblas, pero que las tinieblas no pueden percibir, tal como afirma el Prólogo del Evangelio de Juan. Estas radiaciones no pueden ser percibidas porque poseen una vibración muy elevada, un tipo totalmente distinto, de tal manera que no pueden ser captadas ni demostradas por la humanidad dialéctica. La Escuela Espiritual denomina a estas ondas de luz: la Gnosis.

Imagínese que por primera vez en la historia de la humanidad alguien reacciona a este campo de radiación gnóstico. Este hombre se vuelve un ser único. El ha conseguido modificar fundamentalmente el sistema magnético de su personalidad, y esto en un sentido doble: ha realizado la unión entre el cuarto candelero en el santuario de la cabeza y el plexo sacro a través del nervio simpático. El nuevo ser del alma embrionario se ha realizado en él.

Esta persona fallece repentinamente. Ha utilizado su tiempo, y su cuerpo ya no puede mantenerse. Y puesto que es el primer ser humano que «se ha dormido en Jesús el Señor», el primero que ha alcanzado este estado de nuevo nacimiento del alma, no hay aún para él un Vacío de Shambhala que pueda recibirle y donde pueda continuar su desarrollo. Sólo existe un campo de radiación gnóstico intercósmico general, cuyas radiaciones vienen hacia nosotros como radiaciones cósmicas.

Dicho microcosmos no puede ser vaciado completamente. Es vaciado de todo lo que pertenece al ser natural corriente, mientras que permanece el átomo del corazón, la rosa del corazón, y algo de un estado de alma inmortal, sumergido en una conciencia embrionaria, que no puede hacerse valer debido a su estado inconsciente.

Para este microcosmos muy especial sólo existe una posibilidad, a saber, regresar a la esfera material para acoger a un nuevo portador de imagen. A este sucesor, a este segundo portador de imagen le ocurre algo extraordinario. Desde su nacimiento, desde su entrada en el microcosmos, hay en él, aparte de una rosa del corazón abierta, un alma embrionaria nueva que se une al segundo portador de imagen. En verdad, se trata de un nacimiento extraordinario y prodigioso!

Y por esto, vemos a esta persona comenzar muy joven su camino de regreso, festejando rápidamente la irrupción de la conciencia y realizando en la Gnosis el camino: candelabro‑fuego de la serpiente‑plexo sacro. Este hombre resucitado, al ser único, al ser el primero de los hijos de los hombres, reconoce ahora que el camino de la filiación divina podría ser recorrido mucho más rápidamente por los demás, si no sólo existiese un campo de radiación gnóstico general de radiación intercósmica, sino también un campo de tensión particular, mantenido en un espacio al exterior de la esfera reflectora, en el cual las radiaciones gnósticas pudiesen ser captadas, retenidas y utilizadas ampliamente.

Pues bien, este primer hombre liberado emprende la creación de un campo de tales características. Quien está al corriente de las leyes de la magia gnóstica, aunque sólo sea un poco, sabe que esto es posible. Si alguien puede captar y utilizar en su propio ser determinadas fuerzas magnéticas, podrá crear, con ayuda de leyes magnéticas mágicas, un campo de este tipo a su alrededor, incluso tan grande como para recibir a otros.

Una vez creado este campo, tal persona va a hacer que sus alumnos tomen conciencia de esta actividad. Entonces les dice:

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuese así, ya os lo habría dicho. Voy a prepararos un lugar. Y cuando me haya ido y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré para tomaros conmigo, para que donde yo estoy, estéis también vosotros.

Encontrará esta cita en el capítulo 14 del Evangelio de Juan, donde Jesús el Señor habla de estas cosas a sus alumnos. En estos últimos capítulos del Evangelio de Juan, él les explica lo que ha realizado para ellos y para todos los que quieran recorrer el camino.

En cada nuevo período humano se produce, una o varias veces, la construcción de abajo hacia arriba de dos campos magnéticos gnósticos, que existen en el interior de la Escuela Espiritual. Estos dos campos están en relación más‑menos, positivo‑negativo, y hay que considerarlos como los dos polos de un gran campo de liberación nuevo. Uno de los polos está activo y colocado en la Iglesia militante en la esfera material; el otro polo está situado en la Iglesia triunfante, en la Logia de arriba, en el Vacío de Shambhala. Entre esos dos polos, aparece un fuego de la serpiente, un eje.

Se trata, por lo tanto, de la creación de una esfera magnética con dos polos. En ella son admitidos todos los que recorren el camino de la Escuela Espiritual y demuestran, por su estado de vida, que quieren pertenecer a ella. Tan pronto como está preparada esta morada, sobre la que Jesús el Señor dice a sus discípulos: Voy a prepararos un lugar, y luego vendré para tomaros conmigo, para que donde yo estoy, estéis también vosotros., todos los que han sido admitidos en esta esfera magnética, ya no tienen por qué temer a la muerte. Sobre esta nueva base están en la eternidad. Y todos los habitantes de esta esfera magnética, de este cuerpo gnóstico, tienen que vencer al mundo en su tiempo ‑tal como dijimos‑, de modo que cuando esta victoria sea celebrada, sigan avanzando con todo el campo magnético doble, envueltos y llevados por la esfera magnética. Verdaderamente, ellos abandonan el campo terrestre y son integrados en una cadena de cuerpos magnéticos.

Sin duda ha oído hablar de la Cadena Universal, que se extiende desde el cielo hasta la tierra. Pues bien, nosotros estamos ocupados, en nuestro cuerpo magnético, tanto aquí, en la esfera material, en la Iglesia militante, como en la Logia de arriba, la Iglesia triunfante, en realizar el trabajo de integración en esa Cadena Universal, para entrar con todos los que están admitidos en este campo en el interior del nuevo campo de vida, y así, paso a paso, avanzar hacia el Reino Inmutable.

 

Si usted puede concebir este grandioso acontecimiento, del que ahora sólo hemos dado una indicación, comprenderá lo que dijo Jesús el Señor en el capítulo 14 del Evangelio de Juan: Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Y si no podéis creer en mí, creedlo por las obras mismas.

Nosotros le decimos que van ocurrir acontecimientos grandiosos y formidables, relacionadas con este nuevo período y este nuevo desarrollo. Estos acontecimientos se acercan a nosotros y ésta es la causa por la que la Escuela Espiritual le intenta informar lo más posible sobre lo que va a suceder. Por ello la Escuela Espiritual puede decirle: «Si no cree en la Escuela Espiritual, crea al menos en algún aspecto de las obras de la Escuela, las cuales serán cada vez más visibles y demostrables.»

Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos creedlo por las obras mismas. De verdad os aseguro: Quien crea en mí, hará las mismas obras que yo hago, y aún mayores que éstas.

Igual que una casa para una familia debe tener muchas habitaciones, también hay numerosas esferas magnéticas gnósticas, al servicio de las diversas cosechas humanas que se suceden. Cuando una cosecha es almacenada en algún cuerpo magnético, este cuerpo desaparece de las esferas de la tierra y prosigue el camino de perfección hacia el Reino Inmutable, hasta el estado anterior a la caída de los microcosmos. Y, cuando ha llegado el momento para ello, debe ser construida una nueva esfera magnética para la siguiente cosecha.

La Escuela Espiritual moderna, la séptuple Fraternidad Mundial, también posee su Logia de arriba, un campo magnético de la liberación, en el que está asegurada la bienaventuranza del estado del alma embrionario de la renovación, y en donde puede ser concluido el trabajo. Esto le hará comprender mejor que nunca, por qué el cuerpo magnético es llamado en la Pistis Sophia el décimotercer eón. Y también comprenderá las palabras de la primera Epístola de Pedro, donde leemos: Alegraos, hermanos y hermanas, con una alegría inefable y gloriosa, porque alcanzáis el objetivo final de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

 

Es posible que en usted surja la pregunta: «Quienes se encuentran al exterior de la Escuela Espiritual, pueden poseer la base mínima necesaria para ser admitidos, después de la muerte, en el Vacío de Shambhala?»

La respuesta al respecto debe ser: No! Tal vez lo deplore, ya que fuera de la Escuela hay miembros de su familia o amigos, a quienes les desearía la misma felicidad que usted tiene en perspectiva. Pero nuestra respuesta no puede ocultar la verdad. Quienes son admitidos en el sistema magnético del Cuerpo Viviente de la Escuela Espiritual pueden paladear la salvación que se encierra en él. Todos los que están fuera no pueden.

Sin duda existen numerosas almas que llevan una vida extraordinariamente serena y pura, sobre una base místico‑religiosa, místico‑humanitarista o de magia pretendidamente blanca, y que de manera mística tienen fe en Jesús el Señor, por ejemplo, según la interpretación eclesiástica. Estos seres frecuentemente pueden recibir en ellos algo del campo de radiación gnóstico intercósmico y, por consiguiente, realizar muy elementalmente en su ser algo del nuevo fluido del alma. Pero, al no tener científicamente ningún conocimiento sólido y, por consiguiente, no poder ser tocados en su razón por el campo de radiación de la Escuela Espiritual, es imposible que puedan realizar el proceso indispensable para ello. No puede haber en ellos más que un resultado más o menos negativo. Aún en el caso de que algo inmortal se haya concretado de esta manera en el microcosmos, este microcosmos deberá, no obstante, regresar a la esfera de la materia para adoptar un nuevo portador de imagen. Este es un proceso de desarrollo extremadamente lento. Sin embargo, a la larga, tales microcosmos encontrarán el camino hacia la Morada del Padre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TERCERA PARTE

 

 

 

 

LA ESFERA MAGNETICA

 

DE LA DOBLE ESCUELA ESPIRITUAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

La victoria sobre el mundo

 

 

Le hemos explicado que de la Escuela Espiritual emana una doble radiación. La primera radiación se dirige a la razón, a la inteligencia del alumno, es decir, al santuario de la cabeza. Y cuando el alumno ha entrado en la Escuela Espiritual en el estado exigido, por esta primera radiación de contacto de la razón es despertada a continuación, en todo el sistema, una inquietud moral, cuya consecuencia es la apertura del esternón magnético para la radiación de la Gnosis. La rosa del corazón, situada detrás del esternón, se abre y la Gnosis entra así en el sistema, en la sangre del corazón del alumno. Expresado místicamente, alguien que reaccione así es un nacido‑Jesús. El ha vencido a la muerte, ya que su microcosmos no puede ser vaciado totalmente cuando su cuerpo fallece.

Las consecuencias del contacto racional y moral son tales, que algo completamente nuevo se desarrolla en el interior del microcosmos, gracias a lo cual, el sistema magnético de la personalidad es transformado fundamentalmente. Para empezar se forma una unión de fuerza de luz gnóstica entre el cuarto candelero ‑la cuarta cavidad cerebral en el santuario de la cabeza‑ y el plexo sacro, situado en la extremidad de la columna vertebral; unión formada por medio del nervio simpático. En consecuencia, cuando la muerte material se produce, una parte del alma inmortal permanece en el microcosmos.

Místicamente hablando, este estado de ser puede ser designado como «dormirse en Jesús el Señor». Si se encuentra en este estado de conciencia racional y moral, el nuevo principio del alma inmortal se desarrolla en usted y usted ha vencido a la muerte, tanto en principio como prácticamente. Y cuando la muerte del cuerpo sobreviene, su microcosmos es transportado a lo que llamamos el Vacío de Shambhala, debido a su propia polarización magnética.

El Vacío de Shambhala es el compañero de la Escuela Espiritual en la tierra, su prolongación en un plano vital más sutil. Y en este plano vital usted podrá continuar el trabajo comenzado aquí, en la esfera material.

Tenga en cuenta que los «dormidos en Jesús el Señor» no disponen aún de una nueva conciencia completa. Por ello, este desarrollo se prosigue después de la muerte en el Vacío de Shambhala, hasta que la conciencia dormida que posee el alma inmortal llega a estar totalmente despierta. Sobre la base del sistema magnético de líneas de fuerza del estado de alma renacida, se desarrolla a continuación una corporeidad gloriosa, hasta que finalmente se produce la perfecta transfiguración.

 

En relación con todo lo que precede, constatamos tres clases de estados de conciencia, a saber: el del hombre dialéctico nacido de la naturaleza, el del hombre con conciencia racional y moral, designado como un nacido‑Jesús y, finalmente, el estado de conciencia despierto del nuevo campo de vida, el del verdadero hombre nuevo, del nacido‑Cristo.

Cada alumno serio que es tocado a través del esternón y la rosa del corazón, y reacciona a ello, es un nacido‑Jesús. Tal persona es con razón un rosacruz, un hombre en quien la rosa del corazón ha comenzado a florecer. Y así, la rosa en él es unida a la cruz de la vida y se desarrolla «el perecer en Jesús el Señor». Durmiéndose en Jesús, se libera de inmediato de la rueda del nacimiento y de la muerte.

Pero cuando llega semiconsciente al Vacío de Shambhala, es obvio que es un alma muy dependiente, que no puede actuar auto‑conscientemente. La Fraternidad de los liberados debe cuidar completamente de él. Así pues, el Vacío de Shambhala es una posibilidad de salvación, pero no una liberación de la dialéctica, ya que para ello el mundo debe ser vencido. Este trabajo debe ser efectuado por la Escuela Espiritual en la tierra, por la Iglesia militante en la tierra. Este trabajo debe realizarse en la esfera material. Y cuando dicho trabajo se lleva a cabo de la manera correcta, vemos desarrollarse entre los dos aspectos de la Escuela Espiritual una poderosa colaboración. Si la Iglesia militante cesara su actividad, el Vacío de Shambhala desaparecería y las entidades que habitasen allí serían nuevamente encadenadas a la rueda de la muerte.

Ambas Escuelas se hacen compañía completamente; en el campo magnético ellas desempeñan la función de los dos polos. También en su propia estructura magnética personal existen dos polos. El séptuple candelabro en el santuario de la cabeza constituye el polo norte, y el plexo sacro es el polo sur. Por la mediación del plexo sacro, el hombre es unido a todo el karma mundial y a su propio karma microcósmico. A través del séptuple candelabro en el santuario de la cabeza se une al campo astral nutritivo de la tierra caída. Por esto, verá con claridad que quien no puede destruir el karma y todos los lazos correspondientes, no podrá penetrar en el campo astral nutritivo de la Gnosis, no podrá respirar en él.

Las fuerzas kármicas, el karma del mundo y las fuerzas kármicas acumuladas en su microcosmos, son llamadas místicamente «el mundo». Por ello, el mundo debe ser vencido por la Iglesia militante en la tierra y por cada participante de esta Iglesia militante.

Y el compañero de la Iglesia militante, el Vacío de Shambhala, se desarrolla precisamente por este combate. Si usted realiza la misión para la que ha sido colocado aquí abajo y se entrega a ella, el Vacío de Shambhala se desarrollará en concordancia.

Si su combate es coronado por el éxito, entonces el Vacío de Shambhala se manifiesta como el «séptuple candelabro que está ante Dios», tal como lo dice tan bellamente el Libro del Apocalipsis. Y la luz y la fuerza así liberadas y atraídas, estimulan la actividad de la Iglesia militante en la tierra, la esclarecerán y asegurarán progresivamente su éxito. También estará claro que si la Iglesia militante cesara su actividad, el candelabro de la Iglesia triunfante en el Vacío de Shambhala se apagaría, y ese grupo hasta entonces tan activo sería dominado nuevamente por las fuerzas naturales dialécticas.

Hemos llegado al núcleo del tema que nos ocupa: el desarrollo que va a realizarse en la esfera magnética de la doble Escuela Espiritual.

La tierra, nuestro campo de vida material, es un aspecto de un gran campo magnético. Nuestro planeta también posee un campo magnético de tipo y calidad propios. Este campo magnético planetario forma parte de otros campos magnéticos mayores, como por ejemplo el del sistema solar, el del zodíaco, etcétera.

Cada hombre, en tanto que microcosmos, también posee un campo magnético. En tanto que microcosmos, participa al mismo tiempo en muchos otros campos magnéticos. Por ejemplo, usted participa en el campo magnético de la tierra, en el del sistema solar, en el del zodíaco, etcétera. Pero esta unión representa al mismo tiempo su prisión. Por medio de su polo norte, el sistema magnético del cerebro, atrae fuerzas que corresponden con él; por su polo sur, el plexo sacro, asimila todas sus ataduras kármicas. Y así se ejecuta su destino. La humanidad forma de este modo una unidad, un colectivo de unidad de destino magnético.

Sin embargo, en el interior de este gran conjunto, es posible un número infinito de desarrollos magnéticos diferentes.

Cada reunión más o menos consciente, más o menos poderosa, de hombres que aspiran a un objetivo común, desarrolla un campo magnético propio, diferente a otros en cuanto a su naturaleza y vibración, debido a las diferentes actividades del polo norte y del polo sur. Por consiguiente, sus resultados también son diferentes.

Si el resultado hacia el que tiende el grupo no es alcanzado, esto no significa que el objetivo sea demasiado elevado, sino que la calidad de los aspirantes, por tanto la base, no estaba de acuerdo con el objetivo deseado.

En tanto que grupo, nosotros estamos orientados hacia el nuevo campo de vida. Nunca se podrá decir que apuntamos demasiado alto. Si no alcanzamos nuestro objetivo final, es que nuestra calidad, nuestra base, no está de acuerdo con el objetivo deseado. Entonces se producen incidentes que destruyen de antemano los resultados. Por esto en la Escuela Espiritual se actúa tan dinámicamente sobre los alumnos. Por esto les estimulamos tanto para que se mantengan firmes sobre la base indispensable, con el fin de que no sólo posean las cualidades, sino de que realicen lo deseado. En lo que a esto se refiere, podemos constatar que la aurora brilla y que el sol se eleva. Por esto redoblamos nuestros esfuerzos, para que lo que alborea tome cuerpo más rápidamente.

 

Cada campo magnético tiene una forma esférica con dos polos: un polo norte y un polo sur. El polo sur es el grupo militante y activo; el polo norte es el foco que atrae las posibilidades y fuerzas interiores, las cuales irradian en mayor medida cuando el grupo militante tiene éxito, o se apagan en caso contrario.

Examinemos de cerca el posible destino de un grupo semejante. Suponga que es edificada una iglesia por un grupo de hombres que, hastiados de la vida dialéctica, buscan la liberación. Admitamos que al principio su aspiración es perfectamente pura y, como consecuencia de ello, se produce un toque gnóstico. Entonces se forma una esfera magnética que ofrece al principio perspectivas muy favorables. Pero entonces, muchas veces vemos a continuación que el esfuerzo se adormece, por ejemplo, a medida que dicha iglesia se convierte en un estamento dialéctico y el grupo en cuestión ‑llegado el momento‑ no se muestra maduro para resistir las influencias magnéticas kármicas. La iglesia subsiste entonces como institución, pero sus dos polos se encuentran, en un momento dado, completamente dentro de las fuerzas magnéticas de la naturaleza de la muerte. Esta iglesia ya no es liberadora del mundo, ya no combate contra el karma, ya no se despide del mundo ni lucha contra él, sino que se convierte en servidora del mundo.

El proceso en una Escuela Espiritual transfigurística se realiza según las mismas leyes magnéticas. Y, si no estuviéramos constantemente en guardia, ocurriría con nosotros lo mismo que con el movimiento considerado en nuestro ejemplo. Nosotros formamos indudablemente un grupo de aspirantes y poseemos, por lo tanto, un campo magnético. Si coordinamos bien nuestro esfuerzo y lo mantenemos con firmeza, atentos siempre para eliminar cualquier vibración contraria, reunimos en un todo nuestras calidades magnéticas y alcanzamos nuestro objetivo. Vemos desarrollarse entonces una esfera magnética extremadamente singular. Para realizar este estado, en esta Escuela hemos combatido y luchado, con un esfuerzo ininterrumpido, durante muchos años, ya que cada segundo de relajación, cada segundo de falta de vigilancia, podría representar un ataque de los efectos magnéticos del karma colectivo aportado a la Escuela por sus alumnos.

Comprenda bien de qué se trata. Un alumno entra en la Escuela y la Escuela le admite cordialmente. Pero, qué aporta a la Escuela aparte de sus posibilidades? Su herencia kármica! Pues él no esta aún libre de su pasado kármico, del dominio de su pasado. Las fuerzas kármicas colectivas de los alumnos realizan su actividad, ejercen una influencia obstaculizante sobre la actividad y la expansión de la Escuela, que se manifiesta y actúa en el Atrio de la Escuela. Por esta razón, no sólo tenemos que vencer al mundo en su generalidad, sino que cada uno de nosotros debe vencer igualmente su propio «pequeño mundo». La Escuela debe cuidar de que nuestro pequeño mundo no la ataque por sorpresa, ya que basta una pequeñez para que la obra sea frenada.

Por esto decimos a todos nuestros alumnos: «Comprenden ahora nuestro papel y nuestra actitud hacia ustedes en el transcurso de los años? Comprenden por qué les observamos con ojos atentos?» Ya que percibimos constantemente por qué usted hace lo que hace y por qué usted habla como habla. Porque el adversario no le dejará tranquilo ni un segundo… hasta que haya vencido a su pequeño mundo. Sólo entonces la Escuela está segura con respecto a usted. El karma colectivo que usted aporta por su naturaleza a la Escuela ‑reforzado por las influencias de las fuerzas que, con todo lo que está a su servicio, quieren impedir el desarrollo de este estado extraordinario del que le acabamos de hablar‑ nos tiende emboscadas día y noche e intenta sin cesar perjudicar el trabajo.

 

Qué es lo más notable de todo ello? Pues bien, si en tanto que grupo somos inflamados moral y racionalmente por la Gnosis, y se desarrollan las peregrinaciones de Jesús en cada uno de nosotros y en la Escuela, y por tanto en nuestro campo magnético, en un momento dado surge entre el polo norte de nuestro campo magnético y el campo dialéctico una diferencia de vibración tan grande, que el candelabro de siete brazos, en el que deben arder los siete fuegos de Shambhala, se vuelve inatacable gracias a esa nueva vibración. Esta parte del campo magnético de la Escuela Espiritual ya no puede ser alcanzada por las radiaciones dialécticas.

Si los alumnos realizan su tarea con toda la fuerza que hay en ellos, en primer lugar con respecto a sí mismos, con atención constante, y se entregan unos a otros continua e impersonalmente, dándose valor y protección mutua, se desarrolla entonces algo extraordinario: el polo norte de nuestro campo magnético se libera de la naturaleza de la muerte. Esa parte del campo de la Escuela Espiritual se vuelve pura luz, sin huellas de sombra. Así pues, aceptando aquí abajo la lucha con todas las consecuencias, arriba todo se vuelve luminoso y no‑terrestre. La victoria comienza a esbozarse: una parte del cuerpo magnético se ha liberado entonces.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

La vocación del portador de la imagen de Dios

 

 

Conocerá sin duda estas palabras de la Epístola a los Filipenses: Trabajad para vuestra santificación con temor y temblor. El alumno de la Escuela Espiritual comprenderá estas palabras cuando piense en el nacimiento y desarrollo del cuerpo magnético en el que ha sido admitido.

Esta esfera magnética pasa por un proceso de desarrollo de siete fases:

‑la primera fase es el comienzo de la formación del grupo,

‑la segunda es el comienzo del toque gnóstico,

‑la tercera es la evolución de la radiación gnóstica,

‑la cuarta fase es la irrupción y la formación del Vacío de Shambhala,

‑la quinta fase es la unión con la cadena magnética formada por todas las escuelas liberadoras precedentes,

‑la sexta fase es el desarrollo del nuevo campo de vida,

‑la séptima fase es la liberación total.

 

Estudiaremos sucesivamente estas siete fases de forma más o menos detallada.

Cada buscador, cada aspirante, puede participar en el camino de la transfiguración, a condición de que conozca este camino y acepte sus condiciones. Es evidente que la unidad de grupo en el nuevo comportamiento de vida es una de las condiciones más importantes que deben ser tenidas en cuenta, ya que recorrer el camino de la liberación implica una gran lucha. En primer lugar, el grupo tiene que superar las resistencias normales y los impedimentos naturales del campo magnético de la dialéctica. Todos nosotros estamos integrados en el cuerpo magnético de este mundo. En consecuencia, si queremos tener éxito, en primer lugar debemos vencer, en tanto que grupo, estas fuerzas de la naturaleza dialéctica. Esta es la victoria dialéctica sobre el mundo.

Pero además debemos formar un frente contra las fuerzas del mal. Debemos festejar la victoria sobre las sombras de este mundo, sobre el mal, que es el pecado del mundo. Cuando en la Biblia se habla de «semejanza con el mundo», se hace referencia al hombre que es absorbido en la dialéctica, la cual sólo está concebida como orden de emergencia. Este orden de emergencia no es un objetivo en sí mismo; el portador de imagen ha surgido para realizar su vocación. El fundamento del orden de emergencia de la dialéctica es un plan de emergencia, el cual prevé la formación de un portador de imagen que pueda liberar al microcosmos. Por esto, el portador de imagen debe vencer su instinto natural de autoconservación. Si no lo hace, se dará cuenta de que este instinto de autoconservación no le sirve de nada, ya que la muerte se apodera de él. Un portador de imagen que no cumple con su vocación, fracasa respecto a su objetivo en la manifestación universal y su existencia ya no tiene sentido.

Por esto, el orden de emergencia es, al mismo tiempo, un orden de muerte. Por consiguiente, el orden de emergencia, en tanto que mundo, debe ser vencido por su propio producto. Quien quiere perder su vida, «la» conservará. Ya que tal persona recorre un camino de liberación con el microcosmos. Ha vencido a la muerte y ha encontrado la vida universal.

Así debe comprender la frase de la primera Epístola de Juan, capítulo 2:

No améis al mundo y a las cosas que están en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Ya que todo lo que está en el mundo: la pasión de la carne y la pasión de los ojos y el orgullo de la vida, no vienen del Padre, sino del mundo.

Efectivamente, no se puede negar que el mundo de la dialéctica es grande y contiene cosas formidables que intentan retenerle, y que, desde cierto punto de vista, logren despertar su interés. Pero a pesar de ello, todo lo que está en el mundo: la pasión de la carne, la pasión de los ojos y el orgullo de la vida, no vienen del Padre, sino del mundo. Y Juan confirma que: El mundo pasa con sus codicias, pero quien hace la voluntad de Dios vive eternamente.

Esta es una verdad concluyente! Quien no sigue su vocación de portador de imagen, no sólo es un objeto de la muerte, sino que, al mismo tiempo, hace lo que en principio no está comprendido en la naturaleza de la muerte. Suponga que estableciésemos un plan dirigido a un objetivo preciso y minuciosamente trazado. Fijamos este plan en todos sus detalles, creamos todas las circunstancias favorables para obtener un éxito completo en su ejecución hasta cierta fase de plasmación. Pero cuando ya se vislumbra su coronamiento, interrumpimos el trabajo, abandonamos lo que había sido establecido minuciosamente y todas las detalladas directrices, y pasamos a una manera de vivir que rechaza, dificulta y contrarresta nuestro plan en todos los aspectos. Pues bien, así actúa el hombre que no sigue su vocación de portador de imagen. Y lo que él desarrolla, como renegado, es algo que, en principio, va contra el orden de emergencia. En lugar del gran objetivo luminoso para el que ha sido formado el portador de imagen, coloca la sombría imagen fantasmagórica de su arbitrariedad ciega y su errónea visión, y con ello provoca el desarrollo del mal, el pecado.

La Fraternidad Universal exhorta incesantemente al hombre a hacer el bien, es decir, a cumplir el plan. Y Pablo dice que quien no hace el bien, hace el mal. Cada pensamiento, cada sentimiento, cada acto que no concuerda con nuestra vocación, alimenta el mal y lo mantiene. De esta forma el mal ha echado raíces en el mundo. De hecho, el mal no es más que un esfuerzo para conservar el mundo, la oposición desmesurada a la vocación fundamental. Y es, por lo tanto, un tremendo freno con respecto a todo el conjunto del proceso de la vocación.

Si el mal no existiese, le sería muy fácil superar al mundo. Pero el mal tiene tras de sí una cultura muy grande, está organizado y se ha apoderado de cada ser humano. Antes de poder vencer al mundo, hay que dominar al mal. Antes de que Jesús el Señor comience sus peregrinaciones se produce la tentación en el desierto. Cuando Jesús el Señor vence al mal acumulado, comienza entonces sus peregrinaciones.

Imagínese que el mal le ha vuelto ciego. Cómo podría entonces ver? Suponga que el mal le ha ensordecido. Cómo podría entonces oír? Sin embargo, existe una fuerza de radiación gnóstica que viene a su auxilio, una fuerza que es denominada Jesucristo. Es ante todo una fuerza electromagnética. Con su ayuda no sólo es destruido su pecado, sino el del mundo. Pero si quiere dar a esta fuerza un empleo liberador, en primer lugar debe revisar su comportamiento de vida. Sus pecados, es decir, las consecuencias del pasado y los lazos kármicos unidos a ellas, deben ser destruidos con un esfuerzo consecuente. Usted debe ser transmutado, santificado, hasta volverse un verdadero portador de imagen, para que a continuación pueda ser transfigurado con su sistema.

Desgraciadamente, la mayoría de los hombres tienen y adquieren pocas ocasiones de emprender y proseguir esta transmutación hasta la victoria sobre el mal. Apenas la han emprendido, la muerte les alcanza. Es algo extremadamente trágico. Hay millones de hombres que en el mundo se esfuerzan por hacer algo con su vida. Pero antes de que hayan reflexionado bien sobre la dirección a escoger, su vida se acaba y la muerte destruye todo lo que han comenzado. Además, el mal vivo contrarresta intencionadamente sus esfuerzos, pues tiene interés natural en que fracasen, ya que mientras estos esfuerzos fracasen, el reino del mal subsiste. Por ello es necesario contrarrestar esas sombrías intenciones.

Suponga que usted comienza a buscar el camino. En general, esto ocupa mucho tiempo, pues normalmente el hombre debe luchar mucho simplemente para poder superar el elemento de la duda. A continuación, usted es frenado por un gran número de adversarios que toman todas las formas posibles para poner obstáculos en el camino, por ejemplo, familiares, compañeros, jefes, o circunstancias de la vida, situaciones corporales, etcétera.

Y cuando, durante años, usted ha tropezado y luchado, y se ha vuelto viejo y cargado de años, la muerte viene y se lo lleva, y todo ha sido en vano.

Por ello, es tan maravilloso que la Fraternidad prevea este final y venga en su ayuda. Ya que ella le permite así contrarrestar y hacer fracasar la intención de sus adversarios de destruir lo que ha comenzado. Esta posibilidad reside en la existencia de un cuerpo magnético cristocéntrico.

La naturaleza de la muerte también posee un cuerpo magnético, en el que usted está acogido, vive y respira, por el que todas las funciones corporales pueden ser efectuadas. Pero si usted quiere recorrer con éxito el camino de la liberación, debe ser admitido en el otro sistema electromagnético, la Una Sancta, el cuerpo magnético cristocéntrico.

Cuando haya entrado en este cuerpo y habite en él, la muerte habrá sido suprimida. Es el primer éxito que cosechamos: el peregrino, en el fondo un pobre diablo, entra en el cuerpo magnético de la Escuela Espiritual cristocéntrica, y se puede decir que, para él, la muerte ha sido abolida, aniquilada.

Como dijimos en los capítulos precedentes, el elemento de la nueva vida es concebido en el nuevo cuerpo magnético y allí puede crecer. Quien posee este primer principio, después de que el cuerpo físico haya sido suprimido puede continuar en el Vacío de Shambhala el nuevo desarrollo comenzado.

Si usted es consciente de esto y comprende de qué cosas tan formidables se trata, una corriente de alegría le hará vibrar. Juan en usted ve a Jesús el Señor venir hacia él, hacia la multitud reunida a orillas del Jordán. Mire a través de este lenguaje místico! Allí están los alumnos a orillas del Jordán. Han llegado al punto más profundo, al nadir de su vida en la naturaleza de la muerte, y ahora les toca la corriente de fuerza electromagnética gnóstica. Y Juan confirma, ante sus alumnos, ante todos los que están reunidos: Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Si usted comprende, no con una ola de emociones místicas, sino meditado claramente y percibido racionalmente, descubrirá qué felicidad inunda directamente a todos los alumnos que aceptan las consecuencias de su alumnado. Por esto, el nueve veces «bienaventurados» del Sermón de la Montaña comienza por: Bienaventurados los pobres de Espíritu. Bienaventurados quienes se saben pobres de espíritu, quienes aspiran a una unión renovada con el Espíritu y quienes, por ello, se elevan en el sistema magnético del Espíritu. Esta bienaventuranza penetra como un rayo directamente hasta en lo más profundo de su alma. En el interior de la esfera magnética en el cuerpo cristocéntrico, no sólo es vencida la muerte, sino que también es vencido el mal y, como consecuencia, el mundo. Estando en este cuerpo, en unidad de grupo, el candidato es invencible. Así recibe la posibilidad de restablecerse completamente del mal, de eones de antigüedad, y de sus efectos. De esta forma, el portador de imagen es curado y ‑como participante en la nueva raza‑ capacitado para el viaje de regreso a casa. De ahí las palabras: A todos los que Le aceptan, El les da la posibilidad de volver a ser hijos de Dios.

 

Le desvelamos el aspecto de esta esfera de magnificencia y de cumplimiento del destino en el interior del cuerpo crístico vivo, no para que se contente con sentir felicidad, sino para que conciba, al mismo tiempo, su gran responsabilidad. Usted es conducido al interior de un nuevo campo de vida. Este nuevo campo de vida no es algo muy alejado de usted, sino que está en este nuevo campo de vida, es de este nuevo campo de vida, cuando acepta las consecuencias de su alumnado. La gloria de la liberación le es ofrecida como en bandeja. Usted es informado, recibe instrucción orientativa y la Escuela se adapta organizativamente como un instrumento flexible. Todo esto exige de usted un acto, un desarrollo coordinado, con una clara comprensión. Así debe festejar su entrada en la Morada Sancti Spiritus. Entonces, la puerta de la muerte se cerrará herméticamente detrás de usted y estará con nosotros en la Sala de las Bodas, y podrá prepararla con nosotros para numerosos invitados. Y nuestro campo de Shambhala brillará como un sol séptuple, y será para nosotros una verdadera ciudad de los Dioses.

 

Usted comprenderá ahora que este comportamiento de vida nuevo es una exigencia positiva. Tenga en cuenta que nuestro objetivo no es tratar un tema interesante para usted, sino que intentamos impregnarle de la importancia de este período. Todo lo que los misterios puedan aportar a un hijo de los hombres, le es ofrecido. Una puerta ha sido ampliamente abierta para usted, y se le ha dicho con todo el amor que se puede aportar: «Entre, hermano, hermana, pero… entre completamente consciente de las consecuencias.»

La esfera magnética, el cuerpo de los santificados, la Una Sancta de la que le hemos hecho tomar conciencia, es un campo de vida totalmente nuevo. Es una nueva tierra y un nuevo cielo, tal como Juan vió descender en Patmos. Y si podemos alcanzar nuestro objetivo, usted llevará en sí mismo, como una clara imagen, el nuevo cielo‑tierra, como una posesión personal. Entonces usted ve la nueva tierra y el nuevo cielo de la doble Escuela Espiritual. En cuyo caso usted se ha vuelto tan uno con ellos que, por así decirlo, el antiguo cielo y la antigua tierra han desaparecido para usted.

Y cuando, a continuación, entra en ese cuerpo de Cristo, en cumplimiento final de su alumnado, en un momento dado caen todos los velos, incluso aquellos que separaban los dos focos. El fuego de la serpiente, el eje del cuerpo magnético, es como una escalera que une las dos escuelas, los dos focos. Y así se desarrolla una relación libre y consciente entre los habitantes de los dos campos.

Esto no es una fábula de feria, sino un hecho conocido desde siempre y del que los antiguos han dado incesante testimonio. Piense en la antigua narración de Jacob. En el mosaísmo, Jacob simboliza al hombre que se ha convertido totalmente. En un momento crítico de ese cambio, Jacob pasa la noche al borde del Yabboq, un arroyo o un río. Yabboq es el fuego de la serpiente, lugar donde se establece la unión entre los dos polos de la esfera magnética. Y Jacob vio descender hacia él, por esta escalera, a los hermanos y hermanas de Shambhala. Y él les tomó y dijo: No os dejaré ir hasta que no me hayáis bendecido.

Tal vez usted ha penetrado en el significado de estas palabras. Una vez admitido en la nueva esfera magnética, usted es absolutamente apto para el nuevo comportamiento de vida exigido, con una orientación totalmente nueva, ya que no se le pide nada que no pueda realizar. Una vez aceptado, una vez al amparo de este cuerpo magnético, usted es invencible y capaz de este nuevo comportamiento de vida. Y por este comportamiento de vida según el Sermón de la Montaña, por un combate intenso y claramente consciente, usted puede sentir la unión bendecida con los hermanos y hermanas de la vida nueva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

Una Sancta

 

 

Tal vez conozca esta antigua leyenda de Buda. El entregó a la humanidad su enseñanza de sabiduría y dio el impulso para un nuevo despertar espiritual. Cuando hubo conducido su trabajo hasta el final y hubo abandonado las regiones de la noche, vio que tenía quizás millones de seguidores, pero que, desgraciadamente, precisamente por su actuación se desarrollaba una lucha terrible y asesina, una lucha entre el brahamanismo y el budismo. Los brahamanes, desde antiguo guardianes de los Vedas y de los Upanishads, y por ello también de una sabiduría divina, estaban furiosos y luchaban con todos sus medios contra el creciente budismo. Los alumnos de Buda y sus seguidores tampoco se quedaron atrás. Por ello surgió un gran sufrimiento en el corazón del Sublime. El, que había querido servir a la humanidad y salvar a todos con un amor inmenso, vio la lucha que se llevaba a cabo en su nombre. Entonces decidió regresar, y volvió a las sombras de la naturaleza de la muerte, medio siglo después de su despedida como Buda; pero ahora vino como Shankara, el Sublime.

Shankara es de hecho un maestro, cuyo nombre está registrado en la historia. No se trata por tanto de una leyenda, sino de una realidad. Shankara enseñó la síntesis de toda la sabiduría divina. Demostró que los Vedas, los Upanishads y las enseñanzas de Buda eran idénticas y aspiraban a la misma meta. Mostró lo universal de cualquier enseñanza de sabiduría. Cuando cumplió dicha tarea, Shankara, que era Buda, desapareció misteriosamente.

Esta leyenda vino a nuestros pensamientos en relación con la Una Sancta, la Una Mystica, que de nuevo se ha manifestado en el cuerpo magnético de la Escuela Espiritual. No se puede decir del cuerpo magnético de la Escuela Espiritual que persiga una dirección sectaria y exclusiva. No, esta Escuela, este cuerpo magnético, es una auténtica escuela shankariana, en la que se manifiesta la síntesis de toda la sabiduría universal.

Así como Shankara, con sus seguidores e iniciados, vino después de Buda, así también la Gnosis vino después de la manifestación de Jesús el Señor, para sintetizar todas las enseñanzas de sabiduría de toda la historia mundial y manifestarla como una gloriosa unidad. El taoismo, el brahamanismo, el budismo y el cristianismo son esencialmente, en tanto que enseñanzas de liberación y caminos de liberación, uno con la Gnosis. Por ello la Rosacruz se eleva por encima de la lucha metafísica que se ha producido a lo largo de todos los siglos y sirve a los Shankara de todos los tiempos.

Así pues, silenciosos y habiendo superado toda inquietud emocional, se puede encontrar el nuevo comportamiento de vida a que se refiere el Sermón de la Montaña. La lucha que debemos llevar a cabo no nos enfrenta entre nosotros, no nos divide en partidos y grupos, no nos puede separar por simpatías y antipatías, por juicios y prejuicios, por crítica y vilipendios, pues quien todavía lleva a cabo esta estéril lucha, no podrá empuñar la espada contra su propio ser inferior, contra la naturaleza de la muerte que nos rodea, contra el mundo y el pecado del mal. Y concretamente, en relación con ese combate, expresó Jesús el Señor las palabras: No he venido a traeros la paz, sino la espada.

Sólo cuando se está totalmente ocupado en clavar la espada en la propia alma, no se tiene tiempo ni tampoco ganas de herir y despreciar a otros. Si está ocupado de esta manera consigo mismo, y ve su propia decadencia, angustia e incapacidades, en usted surge una gran compasión respecto a los demás, que todavía deben aprender a empuñar la espada como usted. Sólo entonces surgirá en usted la capacidad de ayudar a otros con el apoyo silencioso de su compasión, nacida de la purificación de la propia experiencia.

Entonces pone en práctica las palabras de Cristo: Venid a mí, todos vosotros que estáis cansados y abatidos, que yo os daré reposo. La Escuela Espiritual será entonces un refugio para los verdaderamente fatigados, donde encontrarán el gran amor y la disposición al sacrificio.

Así serán auténticos servidores del eterno Shankara, que vino no para separar y destruir, sino para unificar. Para unificar en la Una Sancta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

La formación del cuerpo viviente de la Escuela Espiritual

 

 

Veamos ahora más de cerca la formación y el desarrollo del sistema magnético, que ya hemos examinado desde diferentes lados, el cual se manifiesta como cuerpo magnético, como esfera magnética de la doble Escuela Espiritual. Lo haremos siguiendo las siete fases que ya hemos indicado en el segundo capítulo de esta tercera parte.

En primer lugar, está el comienzo de la formación del grupo. En su conjunto, esta formación no tiene nada de espectacular. Ella se produce de la misma forma que se puede observar en cualquier terreno de actividad dialéctica, a saber, la creación de un aparato de trabajo. Tales esfuerzos tienen lugar innumerables veces en el transcurso de nuestra historia mundial. En este mundo se ha construido tanto, se han organizado tantas cosas, que ni siquiera llama la atención; más bien se encogen de hombros y en ocasiones es motivo para comentarios sarcásticos. Pues bien, así comienza la formación del grupo de la Escuela Espiritual, con la creación de un aparato de trabajo por algunas personas sensibles a la Gnosis, predispuestas para hacerlo.

Impulsados por la sangre del nacimiento, por las influencias kármicas de su propio microcosmos y por la experiencia, o sea, por el impulso de un anhelo proveniente del interior, estos trabajadores pasan a la actividad. Este comienzo, muy normal y modesto, tiene lugar en un pequeño local alquilado; el auditorio que se forma por esta actividad no es aún, en lo más mínimo, un campo de fuerza. Se puede decir que hay solamente una pobre lucecita, a la que algunos se acercan y éstos no son ciertamente, en un porcentaje importante, de los mejores. Por eso, se encuentran al comienzo muchos hacedores de «lapis spitalauficus», como decían los Rosacruces clásicos, o sea, fanfarrones espirituales. Los más serios permanecen a la expectativa, ya que tienen tantas experiencias tras de sí que se han vuelto desconfiados. Pero los fundadores poseen en todo caso un público y, si todo va bien, conservarán este público por su manera de presentarse y muy, muy lentamente aumentará. Con mucha regularidad se desarrolla un interés más o menos profundo.

La segunda fase tampoco atrae la atención, ya que, exteriormente, se trata de un acontecimiento también muy frecuente. Los fundadores han reunido a algunos interesados, que tienen un interés profundo y en quienes el deseo de la vida liberadora es despertado, de forma que están dispuestos a aportar su contribución, aunque al principio sólo sea materialmente. Gracias a su aportación, puede ser creado un refugio propio. Así fue como alquilamos, en 1924, con unos quince interesados, una parte del inmueble número 13 de la calle Bakenessergracht, en Haarlem, Holanda, que entonces era muy diferente de lo que es hoy. Allí fue construido un pequeño Templo y, detrás, una pequeña sala para los cursos; todo ello sobre una base extremadamente modesta. Allí, en este entorno propio, la obra adquirió un orden, un ritmo de trabajo regular. El trabajo pudo tomar el necesario ritmo propio, superando todas las decepciones que surgieron tan frecuentemente al principio, como, por ejemplo, cuando, una vez la sala preparada y la reunión anunciada, no vino nadie. A través de este tipo de decepciones, y de muchas otras, comenzó a desarrollarse lo que hoy llamamos un campo de fuerza.

Un campo de fuerza es un campo magnético. Intentaremos darle en alguna medida una imagen de ello. No será completa, ya que nuestro conocimiento no es absoluto al respecto y tampoco disponemos de una terminología suficientemente técnica.

Un campo magnético es un campo de radiación de una energía extremadamente poderosa. En la Gnosis, se puede hablar de un séptuple campo de radiación. Para que un campo magnético sea completo, siempre debe haber en él siete ondas de fuerza que colaboren. También tiene siete actividades. Además, en un campo magnético hay una fuerza atrayente y una fuerza repelente. Lo no semejante es atraído y lo semejante rechazado. Este doble movimiento de atracción y de repulsión da nacimiento a una inmensa rotación y también a una gran fricción.

Siete rayos nos tocan. Siete rotaciones son puestas en movimiento. Y los fenómenos que resultan de ello son entre otros: primero fuerza o, dicho de otra manera, electricidad; segundo luz; tercero calor; cuarto sonido; quinto cohesión; sexto vida; séptimo movimiento.

En la vida dialéctica existe un campo de radiación magnético. La vida no sería posible si no la recibiéramos completamente de un campo magnético. Existe, por lo tanto, un campo magnético séptuple de la naturaleza ordinaria y un campo magnético séptuple de la Gnosis.

Usted conoce y experimenta los resultados del campo magnético corriente. Vive en, de y por este campo. El determina su metabolismo, la formación de sus células, la densidad de su cuerpo, la cohesión, el grado de temperatura de su sistema y de todo lo que le rodea, así como todos los fenómenos de fuerza, tales como electricidad, luz, sonido, calor, etcétera. Cuando nos encontramos en un campo magnético, nosotros también nos magnetizamos y por ello también formamos por nuestra parte un campo magnético que está en concordancia con el gran campo magnético que nos pone en movimiento.

Por ejemplo, usted ve la luz, pero al mismo tiempo produce luz. Todo su sistema de secreción interna está organizado para captar los siete rayos de energía del cosmos terrestre y convertirlos en siete estados de fuerza y de poderes que usted necesita para dirigir su régimen vital. El candelabro de siete brazos de su santuario de la cabeza arde por y en estos siete fuegos. Las siete cavidades cerebrales, que en su conjunto forman el candelabro, producen cada una su vibración y su luz particulares. Ellas representan los siete estados de los siete fuegos cósmicos.

Hace algún tiempo se nos preguntó por qué en la Escuela hablábamos siempre de un campo de radiación electromagnético, recalcando lo de electromagnético. Nosotros lo hacíamos para ser fieles a la verdad, ya que el campo magnético de la Gnosis, en la medida en que podía manifestarse en el campo de fuerza de la Escuela, en aquel momento sólo podía liberar una de las siete fuerzas gnósticas. En relación con esto, sólo se trataba de fuerza, de contacto eléctrico de la Gnosis.

Probablemente verá con claridad lo que entendemos por segunda fase del desarrollo de la Escuela Espiritual. En la segunda fase, el grupo reunido comienza a demostrar, no sólo en las reuniones, sino también en el exterior, un interés más profundo por la Gnosis. Se tiene en cuenta más o menos en la propia vida y se esfuerza por vivir la experiencia del contacto racional y moral. El resultado es que el esternón magnético se abre y la rosa del corazón es influida por esta primera fuerza del espíritu gnóstico séptuple. Así nace en el grupo un acercamiento hacia la Gnosis. De esta manera, lo no semejante es atraído.

Con relación a la Gnosis, es evidente que el alumno es muy diferente. Ya que, qué es él comparado con la luz del espíritu?! Pero es atraído por la Gnosis. Algo de esta fuerza electromagnética se libera en él y, a través del esternón, por mediación de la rosa, la sangre del corazón es como marcada a fuego. Por esta unión, es atraído por la Gnosis en tanto que no semejante. Pero lo opuesto, la fuerza repelente, y así la rotación, todavía no puede desarrollarse en ese momento, de modo que en esta segunda fase el campo de fuerza es aún muy unilateral: es nutritivo, pero todavía no es liberador.

Lo que aporta la tercera fase es obvio. Por la fuerza atrayente del campo de fuerza surge en el alumno una alimentación gnóstica, pero esto provoca al mismo tiempo una saciedad. Alimento y saciedad sólo son provechosos cuando el alimento puede ser digerido y asimilado en el sistema vital. Por ello, en el paso de la segunda a la tercera fase de desarrollo, muchos alumnos muestran con frecuencia una triste reacción. Ellos tienen ciertamente hambre de la Gnosis, aspiran al contacto del espíritu, pero sólo unilateralmente, de forma negativa. Todavía no pueden o no quieren transformar el alimento espiritual recibido de forma positiva en su comportamiento de vida. Los obstáculos provienen de su composición sanguínea, o del dominio que ejercen sobre ellos las fuerzas de la esfera reflectora, porque aún están fuertemente apegados al campo magnético terrestre. En tales alumnos la luz se acerca y se aleja continuamente. El interés dura mientras tienen hambre. Cuando están saciados, el interés desaparece de nuevo. Ese estado presenta la imagen incesante del flujo y del reflujo, y significa un estancamiento en el camino de la preparación.

Por ello, los dirigentes del grupo emplearán todos los medios de que disponen y todo el dinamismo de que son capaces para impulsar a los alumnos que están en la fase de interesados a hacer uso del alimento gnóstico recibido, y convertirlo, por una autofrancmasonería consciente, en fuerzas y posibilidades nuevas.

Después de muchas fatigas y toda clase de vicisitudes, el proceso de transformación comienza, primero en algunos y luego, siguiendo su ejemplo, en muchos más. En el grupo de alumnos surge comprensión y práctica en la orientación personal hacia la Gnosis y, por ello, hacia un nuevo comportamiento de vida, que al principio comienza a manifestarse de forma muy dubitativa y elemental, pero que se fortalece cada vez más.

Lo no semejante que había sido tocado por la Gnosis, es rechazado ahora en un esfuerzo serio y perseverante de volverse semejante a la Gnosis. Y así comienza la rotación de fuerzas tan indispensables: la gran rueda del devenir entra en movimiento. Un metabolismo tiene lugar en el campo de fuerza, liberando nuevas posibilidades gnósticas. Comienza un cambio importante. La radiación del cuerpo magnético del grupo comienza a mostrar señales de ese desarrollo, y estará claro que puesto que en el sistema magnético particular del grupo va a demostrarse algo de las intenciones y actividades gnósticas, el grupo es asido e impulsado hacia adelante con una fuerza cada vez mayor.

En ese momento, en la Escuela Espiritual en devenir, se trata prácticamente de un campo de radiación electromagnético de la Gnosis.

Así aparece la cuarta fase. El grupo ha crecido y, estimulado por el ejemplo de muchos alumnos, demuestra un discernimiento y una orientación más intensamente profundos, gracias a los cuales, la rueda gnóstica gira cada vez con mayor rapidez. El toque racional y moral irrumpe como a golpes de espada. La Gnosis se une cada vez más a los alumnos y con una fuerza interior cada vez mayor. Cada uno de ellos sabe que el alimento ofrecido no sólo debe ser aceptado, sino también utilizado como materiales de construcción vivientes para la renovación en sentido gnóstico. También el nuevo comportamiento de vida es, en esta fase, una exigencia ineluctable para todos los miembros del grupo. Y, puesto que una ciudad no se construye en un día, se desarrolla el siguiente proceso:

La egocentricidad es atacada en la Escuela de todas las maneras posibles y colocada a la luz de las exigencias del camino. Cada uno se esfuerza y realiza un intento por llegar a cierta realización en su propio ser. Si algunos se desvían, son desenmascarados cada vez con mayor rapidez y, ante sí mismos y ante el grupo, son puestos en evidencia.

A continuación viene la exigencia de la ofrenda de sí mismo a la rosa del corazón, la entrega de sí mismo al Cristo interior. Los alumnos comienzan a comprender algo del inexpresable milagro de gracia de las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz, del que testimonian los Rosacruces clásicos; de la inmensa salvación de la transfiguración, por la cual el alma mortal puede ganar, en el tiempo, la vida eterna.

Guiados por una comprensión creciente, impulsados por un verdadero deseo de salvación cada vez más profundo, con una disposición cada vez más espontánea a la entrega de sí mismos, se entra cada vez con más seriedad en el nuevo comportamiento de vida. El sentido de todo esto es profundizado cada vez más, la fuerza liberadora así desatada es comprendida cada vez mejor y vista con perspectivas cada vez más amplias.

Podemos hablar de una vida según el Sermón de la Montaña, de un comportamiento de vida totalmente excepcional. Muchos reconocerán que tal comportamiento es accesible e irán con alegría y agradecimiento a su encuentro como hacia una magnífica posibilidad liberadora.

Y la rueda magnética acentúa su velocidad. Una fuerza formidable se acumula en el campo de fuerza, el cuerpo aún impreciso, que aún no muestra sus contornos, de la Escuela Espiritual. Este cuerpo es todavía de aspecto nebuloso y aún sólo podemos hablar de un campo electromagnético.

Pero en esta calificación yacen escondidas una gran posibilidad y una grandiosa promesa, a saber, que la luz vendrá, que habrá calor y un sonido como una música celestial, que habrá cohesión, vida y movimiento.

Y de pronto vemos como el brillo de la aurora, como el alba naciente, que la luz va a irrumpir en la cima del cuerpo magnético, en el polo norte de la esfera magnética de la Escuela Espiritual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

El nuevo comportamiento de vida

 

 

Si lee los versículos uno al diez del segundo capítulo de la sublime Epístola de Pablo a los Efesios, y los coloca en el primer plano de lo que ha sido dicho en el capítulo precedente, descubrirá probablemente una relación muy estrecha entre las palabras de Pablo y las expuestas por nosotros.

Pablo testimonia en esos versículos su inmenso agradecimiento y alegría por el grupo de Efesios, buscadores serios que por su actividad en Cristo han sido escogidos para una nueva Ekklesia, una nueva joven fraternidad, y por el hecho de que este grupo sea admitido en el campo magnético lleno de gracia de la plenitud cristocéntrica. También habla a estos alumnos de la Escuela Espiritual de un devenir «verdaderamente vivo».

A continuación describe brevemente el proceso de salvación que introduce con las palabras: Antes erais de la naturaleza de la muerte, a causa de vuestras ofensas y de vuestros pecados.

Con «ofensas», Pablo no se refiere a fechorías contra el derecho social o moral de la sociedad corriente, sino que alude a la característica fundamental de delito en la relación del hombre respecto a la Gnosis. En este sentido, el hombre es un portador de la señal de estar en conformidad con «el eón de este mundo» y en conformidad con «el dominador de las potencias del aire». Si él no sigue su vocación de portador de la imagen de Dios y, por tanto, no triunfa sobre el mundo, la contranaturaleza se desarrolla en la esfera material y en la esfera reflectora. Esto fue y es engendrado por la sangre del nacimiento y por el karma, del cual lleva la señal, es decir, la característica: la señal de la filiación de la desobediencia.

Por naturaleza, el hombre es «un hijo de la cólera». No sólo en sentido místico, sino en cada uno de los demás aspectos de su estado actual, si bien es inútil hacer al respecto grandes frases emotivas.

Quien reconoce esto y lo experimenta como una verdad, debido a su discernimiento profundo, se sentirá inflamado por una dicha maravillosa. Estará mudo de agradecimiento cuando descubra que su caída según la ley natural y su existencia, fundamentalmente sin objetivo y terriblemente cargada, pueden transformarse, en la Escuela Espiritual transfigurística en una salvación total y, además, en una elevación libre de culpas. Sólo entonces se puede hablar de una auténtica perspectiva de vida. Sólo entonces se desarrolla un futuro ante el hombre, a saber, «demostrar en los siglos venideros la riqueza desbordante de la gracia de Cristo».

Quien es aceptado en el nuevo cuerpo magnético, quien siente los siete rayos de Shambhala y enciende en él su candelabro de siete brazos, es admitido en un proceso de nacimiento y de transformación que, visto en el espacio y el tiempo, necesitará muchos siglos. Tal ser emprende, junto con sus hermanos y hermanas, un viaje desde aquí abajo hacia el mundo nirvánico, avanzando de fuerza en fuerza, hasta que las puertas del Reino Inmutable se abran ante él.

Este viaje es un viaje a través del oriente del espíritu; y todo esto es posible gracias a los elevados dones gnósticos de salvación. Usted debe simplemente poner sus pies en el camino de las nuevas consecuencias de vida, como ser tocado por el fuego pleno de gracia, y transformar este alimento de salvación en fuerza, para penetrar en la vida nueva cargado de esta vitalidad.

La verdad nos obliga a enfatizar que, aunque muchos reciben diariamente esta fuerza y son nutridos cada hora con este alimento, estas posibilidades dinámicas son, sin embargo, muy poco utilizadas todavía. Todos los alumnos que tienen hambre verdadera de la Gnosis, son más que ricos gracias a su unión contínua con el cuerpo magnético de la Escuela. Ellos poseen tesoros! Pero aún no son suficientemente conscientes de ello. Consideran demasiado sus resultados dialécticos y los encuentran con razón muy pobres. Y, por el conocimiento de sí mismos, se juzgan pobres diablos. Efectivamente!

Pero tenga en cuenta que Pablo explica a sus Efesios, que por la gracia son salvados, es decir, son cargados de riquezas que su estado dialéctico no justifica. Es el don de Dios y no una recompensa por vuestras obras, les dice.

Y por esto usted debe colocarse ante estas cosas de una forma psicológica diferente, a saber, con la idea profundamente viva de que somos creados en Jesucristo para hacer buenas obras, las cuales han sido preparadas por Dios para que vivamos en ellas.

Si usted comprende esta última frase de Pablo, estamos en la buena dirección. El quiere decir: No mezcle las cosas de la naturaleza ordinaria con las de la Gnosis, ya que usted no puede cambiar la naturaleza ordinaria. Pero ahora está provisto de nuevas posibilidades, con el fin de aplicar un comportamiento de vida completamente nuevo, que no tiene nada que ver con la naturaleza ordinaria. Pues bien, en esto debe centrarse.

Partiendo de este cambio psicológico, puede preguntar ahora: «Cómo podremos practicar este nuevo comportamiento de vida en unidad de grupo?»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

De campo de fuerza a campo de luz

 

 

Como hemos dicho, a medida que el alumno vive el nuevo comportamiento de vida, impulsa la modificación del campo magnético de la Escuela y, en un determinado momento, en él se manifiesta un nuevo fenómeno. El campo magnético ya no será a partir de entonces exclusivamente un campo de fuerza, sino que al mismo tiempo se habrá convertido en un campo de luz. Este desarrollo va a la par con el de los alumnos. Los dones de gracia de este cuerpo, una vez manifestados, estarán a disposición de todos los que, habiendo sido admitidos en el cuerpo magnético de la Escuela, pueden mantenerse en él.

Pero suele haber personas que se preguntan: «No podría alcanzar la liberación en el exterior de la Escuela, separado de los demás? La unidad del grupo y sus consecuencias no va conmigo, prefiero ir solo.» La respuesta a ello es: «Imposible!» Pues la vida en el espíritu, con el espíritu y a través del espíritu es ante todo unificadora. Además, tales personas deberían reconocer que formar un campo magnético en el que se puede salvar a todos, en el que los más débiles pueden ser llevados por los más fuertes, por una colaboración basada en el espíritu, es una fiesta de amor sumamente hermosa y proporciona una gran alegría y una incomparable felicidad.

Naturalmente, desde el punto de vista del hombre aislado, al principio existen muchas objeciones contra este camino. Pues antes de que todos comprendan completamente el objetivo y se integren con alegre discernimiento en la nueva unidad de grupo, sucederá que según la forma de actuar en este mundo se golpearán y se pisarán tanto los unos a los otros, se despreciarán, se harán burla y se criticarán con tanta insensatez, que ello ocasionará un gran sufrimiento. Pero cuantas más personas estén dispuestas a sacrificarse, a dejarse golpear, a dejarse despreciar y criticar a causa del gran objetivo, más rápidamente habremos atravesado el mar de lágrimas, para poder luego saborear con los demás la felicidad del nuevo día. El saber que se está colaborando en la construcción de lo único necesario para todos, nos hace olvidar todo el sufrimiento soportado!

Tiene que existir un cuerpo magnético completamente organizado, perfectamente preparado y en el que todo está previsto, para poder emprender y llevar a cabo el viaje de regreso. Le hemos explicado con claridad que un campo magnético no es algo accesorio en su camino por la vida, sino la condición y causa principal. Sin un campo magnético usted no podría vivir. Todo lo que existe, tanto en el cielo como en la tierra, se explica por y a través de los siete rayos de un campo magnético. Cada entidad de nuestro campo de vida posee, como núcleo de su existencia, un principio magnético, del cual y a través del cual ha surgido toda la existencia. El principio magnético es siempre lo primero. También está escondido en la semilla humana.

Imagínese que los sensibles a la Gnosis, que en su tiempo comenzaron el trabajo de desarrollar la Escuela Espiritual, hubiesen adoptado el siguiente punto de vista: «Tenemos aversión a nuestro prójimo; al menos no tenemos el mínimo interés por la salvación de las almas de otros; que cada uno mire para sí mismo.» Entonces no habría ninguna Escuela Espiritual, no existiría un cuerpo magnético, ni tampoco se podría hablar de una repetición de la ofrenda de salvación transfigurística. Este sacrificio es para todos y a lo largo de todos los tiempos, pero tiene que comenzarse y construirse desde abajo. Le decimos todo esto para borrar en usted hasta el último vestigio de autoafirmación, en caso de que aún exista, y las últimas huellas de indiferencia, que tal vez están presentes, con el fin de que se entregue espontáneamente y con alegría al gran sacrificio de amor del camino de Cristo.

Tomamos ahora de nuevo el hilo de nuestras consideraciones y vemos cómo el campo de fuerza se vuelve, en un momento determinado, un campo de luz: el campo electromagnético se convierte además en un campo que manifiesta la luz, lo que supone un acontecimiento extraordinario en el desarrollo de una esfera magnética gnóstica. Es como la coronación de un día de creación: Hágase la luz y la luz fue.

Es además la coronación de la cuarta fase de desarrollo; la gran irrupción ha tenido lugar. A partir de ahora, el nuevo cuerpo magnético tiene su propio Vacío de Shambhala, su propia logia de arriba, su propia Fraternidad en el otro reino. Posiblemente podrá intuir mejor que comprender lo que esto significa. Imagínese lo que significa que muchos, viejos y saturados de días, se mueran y puedan ser admitidos en un campo de desarrollo, que resulta ser el mismo que el de la Escuela con la que estaban tan unidos, de forma que, aparte de la desaparición del cuerpo material, no existe la menor diferencia entre si están aquí o allá.

Por primera vez en la historia de la creación del nuevo cuerpo magnético se puede hablar de una Escuela Espiritual doble en el interior de este nuevo cuerpo magnético. Antes, mientras el nuevo sistema en formación solamente era un campo de fuerza, como una nube de fuerza oscura, nuestros muertos que habían fallecido llenos de entrega y realmente en el Señor, eran acogidos en el campo de luz del cuerpo magnético de la Fraternidad, en la Cadena Universal, que en su desarrollo se encuentra más cerca de nosotros y hasta el momento nos ha ayudado tanto. Pero este «encontrarse más cerca de nosotros» todavía estaba incomparablemente lejos. Por ello, ese campo de luz de hecho no era muy apropiado en cuanto a su tipo y vibración para acoger a nuestros muertos, cuya vibración es demasiado elevada para ellos. Porque a medida que avanza el tiempo, y la dialéctica, por desgracia, sigue en pie, va aumentado cada vez más la densificación de toda la entidad microcósmica, de forma que el campo de vibración que tiene que nacer desde abajo hacia arriba, debe ser siempre diferente. Por ello podrá imaginarse que nuestros queridos muertos sólo podían ser admitidos temporalmente en los campos de nuestros hermanos y hermanas que nos precedieron en el camino, y que todos los que murieron en magnificencia han anhelado el momento, como conteniendo la respiración, en que el campo de luz en nuestro sistema magnético llegase a su desarrollo.

Este acontecimiento se hizo realidad ‑lo afirmamos con ferviente agradecimiento‑ a partir del 20 de Agosto de 1953. Entonces nació la quinta fase del nuevo desarrollo, la unión con la cadena magnética, formada por todos los predecesores en el camino.

Por todo lo expuesto, se habrá dado cuenta que hay muchos sistemas magnéticos de liberación. Si nos limitamos a nuestra cronología podemos nombrar, por ejemplo, el cuerpo magnético de los Esenios, los diversos cuerpos magnéticos de las diversas Fraternidades gnósticas, el cuerpo de los Maniqueos, el de los Cátaros, el cuerpo de los Rosacruces clásicos y ahora el cuerpo magnético en devenir de la Escuela Espiritual moderna. De una de estas Fraternidades y de su gloria hemos recibido gran ayuda.

No debería imaginarse la Cadena Universal ‑de la que hablamos con frecuencia y para cuya descripción citamos a veces las palabras del libro «El Dominico blanco» de Gustav Meyrink‑ como una cadena erguida, compuesta de eslabones. Como ejemplo de la sucesión en el trabajo de salvación universal, en favor de la humanidad caída, puede uno permitirse esa imagen alguna vez. Pero  nos acercamos más a la realidad si decimos que la Fraternidad Universal de Cristo existe en un gran cuerpo múltiple, en el que predomina la forma esférica; un enorme y complicado cielo‑tierra, en el que es acogido cada cuerpo magnético que ha sido construido en la fuerza de gracia de la Gnosis, y no acoplado en forma de eslabón, sino incluyéndose en la totalidad, de forma que de ello se crea una coordinación cada vez más poderosa de fuerzas, que luego todas se fundirán en una sola.

La fundación y el desarrollo de nuestro cuerpo magnético, por muy necesario que sea, sólo es recorrer un camino que conduce del aislamiento de aquí a la unificación con el espíritu universal. Por ello también puede comparar este cuerpo magnético con un barco celeste, con una residencia provisional que hemos construido nosotros mismos, para viajar con él a la verdadera morada celeste, al Reino Inmutable.

Tal como sucedió en los días de Noé, cuando la obra comenzada se contemplaba con risas; de igual manera que siempre en el pasado las fraternidades transfigurísticas han sido despreciadas y se han burlado de ellas, y también han sido perseguidas y maltratadas, así también nosotros encontramos resistencia en todos los sentidos, también nosotros somos despreciados y el trabajo de la Escuela Espiritual moderna no es reconocido. Pero eso no nos impedirá seguir las huellas de todos los que nos precedieron y contemplar ahora el nuevo cuerpo magnético, en el que podemos sentirnos seguros como en los brazos de Jesús; el cuerpo con el que vamos a poder realizar nuestro viaje de regreso a casa.

Cuando la irrupción en la quinta fase, de la que acabamos de hablar, se ha vuelto un hecho, cuando el campo de luz se manifiesta en el cuerpo magnético, se logra al mismo tiempo una unión con el gran cuerpo de los predecesores. Desde el primer día en que por medio de los fundadores de la obra, sensibles a la Gnosis, se emprendió el primer paso, ya estaba presente la ayuda de la radiación gnóstica. Ahora, sin embargo, se trata de una verdadera unión en un sentido más estrecho. Descubrirá sin duda lo que esto significa cuando nos centremos en la sexta fase, el desarrollo en el nuevo campo de vida.

Le dijimos que en un momento determinado el campo de fuerza se volvió también un campo de luz, esto quiere decir que la fuerza fundamental que había en él comenzó a manifestarse en un sentido completamente nuevo. Con la fuerza se puede trabajar. Una determinada vitalidad la capacita para manifestarse. Sin embargo, aquí se trata de una nueva manifestación! Si trabaja con una fuerza, usted hace algo, hace que algo surja, invoca algo, hace que algo se manifieste. Piense al respecto en el prólogo del Evangelio de Juan: Al principio era la Palabra. Este es el fundamento de toda actividad gnóstica: la Palabra. Allí donde la Gnosis se manifiesta, allí se pronuncia la Palabra creadora, allí está la fuerza fundamental. Por eso, también en el campo de fuerza de la Escuela Espiritual, en el que yace el plan de desarrollo del trabajo de la gran cosecha y del trabajo de liberación, la Palabra que resuena como un «Fiat» creador. En el campo de fuerza todo yace en potencia; en la Palabra se encuentra el principio de la vida, que tiene que manifestarse a partir de la voluntad divina y por ella. En la Palabra está todo encerrado.

Y el Evangelio sigue diciendo: En la Palabra está la vida y la vida era la luz de la humanidad. Con otras palabras: a la manifestación del campo de fuerza le sigue la del campo de luz. La característica más importante de este campo de luz es que a su vez es un campo de vida. Sólo por la manifestación de la luz, el campo de fuerza se transforma realmente en un campo de vida, en el que son admitidos todos los alumnos de la Escuela Espiritual moderna. El cuerpo magnético de la Escuela se ha convertido en un campo de luz, en un campo de vida.

El Evangelio dice a continuación: Cristo es la luz del mundo. Esta luz es el primogénito del Padre. Qué es esto si no una profecía de su regreso? Todas las comunidades cristianas hablan de un esperado regreso de Cristo, pero el regreso de Cristo es y será siempre un hecho en cada cuerpo magnético, en el que se hace la luz, en el que el campo de fuerza se despliega como campo de luz. Entonces Cristo ha regresado. Por eso, el cuerpo magnético de la Escuela Espiritual moderna se ha vuelto en su sentido más íntimo y exacto cristocéntrica. Cristo no sólo ha resucitado según su promesa, sino que El ha regresado, la luz ha nacido.

Comprenda también en este contexto las palabras: Sin mí nada podéis. Sin este campo de luz no puede hacer nada, pues la vida sólo nace de la luz.

 

Existen en el mundo fraternidades religiosas y ocultas, que parten del punto de vista de ser las únicas portadoras de la bienaventuranza absoluta. Nosotros no asumimos tal punto de vista, sino que sólo queremos dejar bien claro para todos, que en el campo magnético de la Escuela Espiritual moderna se ha manifestado la luz, de modo que Cristo ha penetrado en él, y que de esta luz procede la vida. Por lo tanto, permanezcamos orientados hacia nuestra nueva unidad de grupo en la Escuela Espiritual moderna. No queremos ni podemos juzgar lo que sucede con los demás grupos. Eso seguramente se demostrará a su debido tiempo, y quien quiera caminar con nosotros es cordialmente bienvenido. Pero que cada uno esté completamente convencido en su ánimo de que tendrá que realizar la bienaventuranza «con temor y temblor». Póngase usted mismo a trabajar, tome usted mismo el arado, completamente centrado en su propia tarea al servicio de la luz universal.

Lo decimos con tanta insistencia para que luego no se pueda decir que el Lectorium Rosicrucianum afirma ser la única iglesia que aporta la felicidad absoluta. Pero repetimos que el cuerpo magnético de la Escuela Espiritual moderna, en su sentido más íntimo, se ha vuelto cristocéntrico, que sin esta luz no puede existir vida alguna y que por ello se pronuncian por el Príncipe de la Luz las palabras: Sin mí nada podéis. La luz es el gran mago, sin la que nada puede ser erigido. Del seno de la luz eterna proceden todas las cosas. En su radiación está el inicio de toda actividad material y química.

Pero así como la luz despierta la vida, también puede destruirla. Dado que Cristo no sólo puede nacer como fuerza, sino también como luz, todo lo que no soporta la luz de Cristo es destruido y transformado. Este es un efecto totalmente diferente al de un cuerpo magnético. Una fuerza de luz magnética que le toca transforma algo en usted. Por este tipo de toque no se puede seguir siendo el mismo. Comprende por qué tiene tan inmensa importancia el que podamos celebrar el nacimiento de la luz en el campo de fuerza de la Escuela Espiritual? Repetimos que todo lo que no soporta la luz de Cristo es destruido y transformado. Así en El y por El es destruido en nosotros el hombre viejo y es erigido el hombre nuevo. Por eso también en el conjunto del universo todo nace de la luz.

Como se puede deducir de la existencia del hombre y de la de este mundo, también hay luz impía. Pero en la luz de la Gnosis lo impío natural no puede seguir existiendo. Si usted permanece en la Escuela Espiritual, comprobará que se transforma, porque en la luz, en la luz majestuosa de la Gnosis, usted no puede seguir siendo el mismo; tiene que cambiar, tiene que reaccionar; lo impío no puede existir en la luz divina, y con esto también queda todo dicho con respecto a la naturaleza de la muerte.

El nacimiento de la luz original en el cuerpo magnético de la doble Escuela Espiritual es el comienzo de una vida completamente nueva. Esta magnífica certeza la anunciamos a todos los que pueden comprender la llamada de la Gnosis, la anhelan y están dispuestos a seguirla. A todos ellos les decimos: Hermanos y hermanas, experimenten con nosotros que la luz ha aparecido, experimenten con nosotros que el día ha llegado. Pero al mismo tiempo comprendan, para no olvidarlo jamás, que el campo de fuerza del nuevo cuerpo magnético de la Escuela Espiritual moderna representa para ustedes al Cristo resucitado, y que el campo de luz del cuerpo magnético manifiesta al Cristo regresando en ustedes y dentro de ustedes.

Por eso se pide mucho de usted. Se le pide un nuevo comportamiento de vida, completamente diferente, una vida según el Sermón de la Montaña. Pero si comienza sin poner el campo de luz como centro de su ser, entonces no tendrá éxito en el nuevo comportamiento de vida. Muchos comienzan por el lado erróneo. Ellos se esfuerzan primero en obtener el nuevo comportamiento de vida y después en hacerse uno con el campo de luz. Pero así no puede ser! El campo de luz quiere manifestarse en usted, y por la acción de este campo de luz se hace posible el nuevo comportamiento de vida. De la vida de fe a la vida de fuerza; de  la vida de fuerza a la vida de luz; éstos son los pasos de desarrollo en el camino. De la luz surge la vida; la luz no surge de la vida.

Hay alumnos que ven el nuevo comportamiento de vida como una continuación del viejo comportamiento de vida, naturalmente estando en una nueva orientación y con una mejor intención. Pero no es ninguna continuación del viejo comportamiento de vida en una espiral más elevada. Su viejo comportamiento de vida no puede ser una base. Quienes ven el nuevo comportamiento de vida como una continuación del viejo, pronto descubrirán que esto sería un puro cultivo de la personalidad y humanitarismo.

Usted debe comenzar su nuevo comportamiento de vida sobre la base del campo de luz, de igual modo que en los últimos años ha podido realizar mucho sobre la base del campo de fuerza. Casi todos los alumnos han cambiado visiblemente por la dinámica del campo de fuerza. Pero ahora comienza algo completamente nuevo sobre la base del campo de luz, lo que hace posible un nuevo comportamiento de vida. A este nuevo comportamiento de vida puede llegar por su unión con el campo de fuerza, de igual forma que llegó al campo de fuerza por el impulso del campo apelante. De él emanaba una llamada que concordaba con su estado de ser en la naturaleza ordinaria. Usted se encontraba interiormente en apuros y ya no se sentía como en su casa en la dialéctica. En ese estado escuchó la llamada de la Fraternidad y vino a la Escuela Espiritual. En ella ha sido cargado con fuerza y se ha acercado al punto en que la obra se ha desarrollado.

Sólo hay un cuerpo vital, un cuerpo magnético nuevo que nos envuelve a todos. Si acepta este nuevo cuerpo, este cielo‑tierra, puede comenzar a vivir por él de un modo totalmente nuevo. No podrá hacer otra cosa. Ni siquiera es necesario que se decida a aceptar ese nuevo comportamiento de vida. No hará falta que se pregunte: «Cómo tengo que actuar aquí, y cómo allá?», como hasta ahora estaba acostumbrado a hacer. No necesita exponer sus problemas a los demás y preguntarles: «Dígame, por favor, lo que haría usted en mi lugar.» Al igual que su naturaleza dialéctica existe en el campo de luz de la dialéctica, si usted acepta el campo de luz del cuerpo magnético de la Escuela Espiritual y se coloca plenamente sobre este fundamento, será impulsado desde el interior hacia este nuevo comportamiento de vida. No podrá hacer otra cosa. Y preste atención a lo que va a suceder en los próximos años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

La efusión del Espíritu Santo

 

 

En nuestra exposición precedente hemos expuesto que cada sistema magnético posee siete aspectos, que se manifiestan en siete rayos. Debe entender que tal sistema magnético envía hacia el exterior un rayo que contiene a los siete rayos reunidos, mientras que estos siete rayos sólo pueden ser activos separadamente hacia el interior del sistema magnético. Así pues, los siete rayos sólo pueden hacerse valer separadamente en quienes se encuentran en el interior del campo magnético y crecen en él. Una entidad debe, por lo tanto, encontrarse en el cuerpo magnético gnóstico para poder experimentar la salvación de los siete rayos en su diversidad. Por esto, de los sistemas magnéticos de las Fraternidades que nos han precedido gloriosamente sólo recibimos la radiación electromagnética. Cuando el trabajo de la Escuela Espiritual moderna comenzó a desarrollarse, nos fue ofrecida exclusivamente esta fuerza fundamental.

Si un grupo reacciona a este rayo fundamental, debe liberar por auto‑francmasonería, discernimiento, deseo de salvación, ofrenda de sí mismo y comportamiento de vida nuevo, la verdadera fuerza constructora y santificante, es decir, debe diferenciar la fuerza fundamental. Este es el significado de la frase: Trabajad para vuestra salvación con temor y temblor.

Por lo tanto, es puesta a su disposición la fuerza fundamental, en la que todo yace encerrado. Los siete rayos están contenidos en ella. Cada alumno serio y cada grupo de tales alumnos pueden invocar, a partir de esta fuerza fundamental, la fuerza séptuple. La liberación de esta fuerza séptuple es la prueba de que el grupo en cuestión está maduro para recibirla y trabajar según su santa intención.

En los círculos metafísicos se aspira a la efusión del Espíritu Santo. Voluminosos libros han sido escritos sobre el tema. Pues bien, el hecho de que esta efusión no se produzca denota siempre el juicio de la verdad, lo cual es también válido para nosotros. En el campo magnético actual de la Escuela Espiritual moderna, la Fuerza Séptuple, el Espíritu Santo, está ocupada en manifestarse. Quien no lo experimenta y no lo demuestra claramente por su comportamiento de vida, debe buscar la causa en sí mismo.

En base a la fuerza fundamental, por rotación y aumento de vibración, por atracción y repulsión, vemos aparecer: primero el poder, segundo la luz, tercero el calor, cuarto el sonido, quinto la cohesión, sexto la vida, y séptimo el movimiento, la manifestación. En esta séptuple liberación yace encerrado todo lo que nosotros podemos comprender como transmutación y transfiguración. Con la ayuda de esta Séptuple Fuerza podemos realizarlo todo. Si todo está bien en el cuerpo magnético de la Escuela Espiritual moderna, todo lo que la Enseñanza Universal coloca en perspectiva ante el candidato, en lo concerniente a la vida y al futuro, será hecho verdad, será realidad. Siguiendo a las Fraternidades que nos han precedido, también nosotros podemos recorrer este camino.

En todo esto hay un juicio categórico que concierne a todos aquellos grupos que pretenden vivir y ser del Espíritu Santo, y, sin embargo, permanecen en su estado dialéctico ordinario. La negatividad de estos hombres y grupos se reconocerá siempre muy fácilmente.

La radiación electromagnética, la fuerza fundamental, podemos designarla místicamente como el aliento divino, como la Palabra de Dios, ya que el aliento de Dios viene hacia usted con un ritmo determinado, una vibración determinada. En él hay una intención escondida. Una palabra santa será literalmente pronunciada para usted. Esta palabra es llamada en la Enseñanza Universal: el nombre misterioso de Dios, compuesto de seis o siete letras. Es una designación de la santa Fuerza Séptuple, de las siete fuerzas gnósticas, por las que puede hacerse realidad la santificación del hombre que regresa a Dios. El nombre de Dios es la Gnosis misma, es Dios mismo.

Con estos siete rayos todo puede ser realizado. En primer lugar la fuerza fundamental es ofrecida a un grupo. Por la realización de la exigencia, los otros seis rayos, las fuerzas realizadoras, se elevan hacia lo alto. De ahí proviene el que se diga que el nombre de Dios es un nombre secreto e inexpresable de seis letras. Quien abusa de esta Palabra, como el hombre religioso natural, blasfema.

Expresar el santo nombre de Dios significa: efectuar la obra de salvación en favor de la humanidad caída, realizar el plan divino de salvación en sí mismo y en beneficio de los demás; utilizar, mediante un nuevo comportamiento de vida, las fuerzas que nos son ofrecidas, en renuncia del yo. Esto es servir a Dios; esto es expresar el nombre de Dios, con actos y en verdad.

La radiación electromagnética, el Aliento de Dios, la Palabra de Dios, el santo nombre de Dios, no es una fuerza de radiación que pone en movimiento a la materia. No, en la Enseñanza Universal se dice con énfasis que este Aliento de Dios es una sustancia que circula por el espacio. Por ello, la Biblia habla del río de Dios. Es una corriente marina, un aliento divino, en el que vemos desarrollarse al mismo tiempo la fuerza astral o sustancia astral y los cuatro alimentos santos.

Esta corriente de sustancia divina puede comunicarse a otros cuerpos. Ella podrá transformar estos cuerpos y abrirse paso a través de todo. Además, es evidente que irradia fuerzas.

Quien escucha y experimenta esta Palabra y reacciona a ella, tras cierto tiempo, verá como luz. El la experimentará como luz, después como calor y luego como sonido. Luz, calor y sonido: las tres fuerzas que transfiguran el alma del candidato. Luz, calor y sonido son, en este sentido, estados muy sutiles de transmutación de la sustancia primordial en el interior del sistema del candidato; un triple poder, una triple fuerza magnética, con cuya ayuda la estructura dialéctica y la impiedad en el microcosmos son atacados y destruidos.

De esta manera se hace posible una nueva estructura. Una transmutación atómica tiene lugar, seguida de una reacción en cadena totalmente controlada, en concordancia con la Palabra. A la luz, el calor y el sonido, deben suceder: cohesión, vida y movimiento, la manifestación del nuevo cuerpo glorificado. Una unión de estructuras celulares hasta formar un cuerpo, que finalmente permita al candidato llevar un estado de vida totalmente nuevo, en el interior del nuevo cielo‑tierra, cuyo desarrollo ha ido a la par con el desarrollo personal del candidato. Si usted da un paso en la dirección proyectada, podrá descubrir que el campo de fuerza va con usted. Si usted cambia, el cuerpo magnético cambia en concordancia.

Así pues, usted está literalmente de viaje. Y, a la larga, en un momento dado, toda esta amalgama de complicados desarrollos, desaparece a la vista de la naturaleza dialéctica, en la gruta de los misterios. Y una vez que haya entrado allí, ya no tendrá que regresar nunca más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CUARTA PARTE

 

 

 

 

EL NACIMIENTO DE LA LUZ

 

EN EL CUERPO MAGNETICO DE LA ESCUELA ESPIRITUAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

El Templo Funerario de C.R.C.

 

 

Debemos pasar ahora a profundizar en los diversos aspectos de la maravillosa realidad en la que hemos entrado en la Escuela Espiritual moderna desde el 20 de Agosto de 1953.

En tanto que grupo, estamos en un nuevo cuerpo magnético, maravillosamente organizado, que a veces designamos con el nombre de esfera magnética o campo magnético. Y hacemos hincapié en que estamos en él en tanto que grupo. Ya que, como individuo, usted participa, por su alumnado, en este cuerpo magnético, pero este cuerpo no se explica por usted en tanto que ser aislado; no ha sido formado por usted. Además, usted perdería el contacto con este campo magnético especial, si abandonase la Escuela Espiritual moderna. En el mejor de los casos se puede decir que un alumno ha tomado parte activa en la manifestación del maravilloso cuerpo magnético; pero esa manifestación sólo se explica por la colaboración, por la unidad de grupo. Es absolutamente imposible que un individuo pueda impulsar la actividad de tal campo magnético. Por esto nadie puede pretender: «No necesito a la Escuela Espiritual.» Quienes adoptan este punto de vista, demuestran no poseer ningún discernimiento de la esencia del camino de salvación ni de la ley primaria que yace en su fundamento. Nosotros no se lo tomamos a mal, y esperamos de verdad que llegue un día a la comprensión indispensable.

Los directores de la obra, cuyo trabajo comenzó en 1924, tenían un plan y han deseado realizarlo. Pero la ejecución de dicho plan siempre depende de la colaboración, de la unidad de grupo. Por ello, uno de nuestros cantos de templo testimonia: Si todos, en cadena unidos, luz vamos hacia ti, nuestros nombres serán grabados en el libro de la vida. Así cantamos y demostramos una verdad universal.

Evidentemente, el hecho de que exista el cuerpo magnético, puede incitar al grupo a la más grande alegría, ya que es un acontecimiento extraordinariamente fuera de lo común en nuestro campo vital de manifestación. Es un verdadero acontecimiento de Navidad, un nacimiento de Jesucristo en el tiempo. Una fiesta que, por primera vez en nuestra vida, podemos celebrar realmente.

El mundo celebra esta fiesta como un acontecimiento histórico, alrededor del cual se tejen toda clase de velos místicos y emocionales. Pero solamente las fraternidades transfigurísticas experimentan en su realidad el nacimiento del Hijo de Dios, cuando este regresa en el nuevo cuerpo magnético en devenir de un nuevo grupo transfigurístico. Antes del 20 de Agosto de 1953, nosotros esperábamos este regreso, pero ahora se ha vuelto un hecho. El campo de radiación de Cristo ha elegido, como vehículo para su manifestación, el cuerpo magnético de la Escuela Espiritual. Y todos nosotros podemos tomar parte u obtener parte en esta alegría.

Cómo se puede realizar este maravilloso desarrollo, cuyas manifestaciones en nuestra cronología se cuentan con los dedos de una sola mano?

Sólo se puede ir al encuentro de este milagro de Navidad, desatándose de todos los métodos y fuerzas dialécticos transmitidos, entre los cuales incluimos a todos los sistemas filosóficos, a todas las formas de religión, a todas las directrices que han encontrado una aplicación práctica en este mundo y, además, a todas las influencias dialécticas inmateriales que se derraman sobre el hombre en una corriente ininterrumpida.

Este es un camino aparentemente muy duro e incisivo, pero el hombre que busca la liberación debe darse cuenta de que todo lo que este mundo puede ofrecerle, incluso en sentido superior, le ata a este mundo, por muy bello, dulce, noble, elevado y filosófico que sea. Además, muchas verdades absolutas se aplican a la naturaleza corriente y conducen a ciertos resultados. Usted puede envolver una verdad universal con vestidos dialécticos e intentar de una u otra manera vivir de ella. Sin duda recibimos algo bello y elevado, pero no se ajusta a la verdad universal. Cuando usted encuentra esto en la línea horizontal, debe tener el valor, en tanto que buscador de la liberación, de romper con ello, ya que todo esto sólo es un intento de erigir un reino terrestre con la ayuda de lo que no es de este mundo.

Si cuando se le propuso a Jesús el Señor ‑tal como nos lo relata el mito evangélico‑ actuar como promotor, como dirigente del reino terrestre, si él hubiese aceptado esta proposición, sin duda se hubiera desarrollado en la dialéctica algo muy bello y noble. Pero él la rechazó sin más, como usted sabe, con sus palabras: Mi Reino no es de este mundo. Por ello, tampoco debe luchar fanáticamente contra la naturaleza, ya que, tal como habrá experimentado personalmente, la lucha contra las cosas que le oprimen en esta naturaleza no aporta nunca una solución. Hay que saber abandonar, despedirse con absoluta tranquilidad. Despedirse también de todo lo que tal vez estimamos en mayor grado, de las cosas por las que experimentamos respeto o profundo interés.

Este mundo nos muestra enemistad, pero nosotros no somos sus enemigos. Cómo podríamos serlo, sabiendo que la naturaleza dialéctica es la escuela de formación del portador de la imagen de Dios? Si dijéramos: «Hoy ponemos fin a este orden de emergencia», y estuviésemos capacitados para hacerlo, impediríamos a todas las entidades que vivieran su estado de portador de imagen y encontraran el camino.

Por esto no debe ser hostil a este mundo. Debe rechazar el mal, pero respecto a la naturaleza ordinaria debe ser indulgente. Y cuando haya encontrado el camino y haya sido acogido en el cuerpo magnético de la Escuela Espiritual moderna, poseerá también la fuerza para desempeñar eficazmente este trabajo. Así podrá servir de la mejor manera al mundo y a la humanidad. Sin embargo, el principio de la Escuela Espiritual moderna debe predominar en usted, debe despedirse de todo lo que se opone a la Gnosis, y esto no consiste solamente en apegarse a este mundo en sus formas más densas, sino también quererlo y sostenerlo en sus apariencias más delicadas y sutiles. Lo que significa que debe interiormente estar libre de ello y demostrarlo por su conducta.

Si usted recorre este camino en unión de grupo, junto con otros buscadores de la liberación, en primer lugar construirá con los demás un cuerpo magnético colectivo, un cuerpo de grupo. Nosotros hemos necesitado 30 años, en la Escuela Espiritual moderna, para construir un cuerpo magnético de este tipo, el cual está actualmente en pleno contacto vivo con la Gnosis. En este cuerpo encontramos una lugar de trabajo libre y todos los elementos para efectuar el trabajo de liberación, para realizar una construcción de liberación y de salvación con múltiples aspectos.

Según este mundo, usted pertenece al campo magnético de la naturaleza de la muerte. En tanto que entidad corriente, está en este campo, respira en él. Todo lo que usted hace, piensa y quiere es hecho, pensado y querido de, por y con la fuerza de la naturaleza corriente. Por ello, si quiere realizar la Gnosis en usted por medio de las fuerzas de la naturaleza de la muerte, se encontrará en la misma situación que los discípulos que propusieron a Jesús el Señor edificar un reino terrestre. No se puede realizar lo nuevo con la vieja fuerza. Sólo puede construir realmente en el sentido de la Gnosis, si está en un lugar de trabajo libre.

Así pues, después de treinta intensos años de trabajo y de combate, en la Escuela Espiritual moderna estamos en un nuevo campo magnético, que quiere ser para nosotros, en nuestros días, un lugar de trabajo libre, donde podamos ser llamados verdaderamente «constructores libres». Al igual que, en sentido ordinario, se necesitan lugares de reunión, también nosotros necesitamos sobre todo este nuevo campo magnético, donde nuestros templos puedan brillar en tanto que focos y puedan trabajar los constructores que se han liberado del campo de la naturaleza.

Esto desvela al mismo tiempo el profundo significado de la palabra «francmasón». Gracias a la existencia de esta nueva cantera gnóstica, puede ser verdaderamente, para usted mismo, un francmasón, un constructor libre, y con ello, al mismo tiempo, ayudar a otros. Esperamos que verá claramente ante sí el sentido profundo de esta antigua y clásica definición de «francmasón».

 

El nuevo cuerpo magnético está aquí: el lugar de trabajo libre está construido. Por ello comprenderá por qué, a partir del 20 de Agosto de 1953, tuvimos que poner otras normas para la admisión en la Escuela. Tenemos el nuevo lugar de trabajo y el nuevo fuego magnético brilla en la forja. Pero ya no podemos abrir las puertas y decir a todos: «Entren al interior». No, es obvio que sólo pueden ser admitidos en el lugar de trabajo quienes quieren construir de verdad con nosotros y que, en sus comienzos, no van a dañar demasiado al cuerpo magnético.

Imagínese que, por ejemplo, hubiésemos edificado el nuevo cuerpo de grupo con mil alumnos, y que dijésemos a mil no alumnos: «Entren y colaboren con nosotros.» Comprende usted lo que ocurriría? Estos mil del exterior aportarían inmediatamente al lugar de trabajo la fuerza magnética de la naturaleza de la muerte. El proceso que narra la leyenda masónica del maestro constructor Hiram Abiff se repetiría. La fuente ígnea de la nueva forja estallaría en pedazos y toda la construcción debería ser comenzada de nuevo. Por ello, quienes sean admitidos en el lugar de trabajo no deberán perjudicar al cuerpo magnético de la Escuela. Es imposible que los dos lugares de trabajo, el de la naturaleza corriente y el del nuevo estado de vida, puedan asociarse nunca entre sí.

Así, a partir del 1 de Enero de 1954, comenzamos a formar un círculo de interesados simpatizantes. Naturalmente, en principio no rechazamos a nadie que tenga verdadero interés por nuestro trabajo, en un sentido u otro. La Escuela Espiritual está obligada a hacer todo lo posible por tal persona, ya que está llamada a trabajar precisamente en esta naturaleza. Pero debe hacerlo racional e inteligentemente, teniendo en cuenta los métodos y medios correctos para ayudar verdaderamente a los demás, ya que si la Escuela fuera dañada, el campo de radiación dejaría inmediatamente de funcionar. Por esto nosotros sólo admitimos en el lugar de trabajo a quienes pueden y quieren hacer el trabajo; quienes, tal como decimos, quieren y pueden estar «sobre la alfombra», primero en sentido preparatorio, a continuación en sentido confesional. Por esto conocemos dos formas de alumnado: el alumnado preparatorio y el alumnado confesional.

 

Estudiemos ahora de cerca el maravilloso lugar de trabajo donde podemos entrar, el cuerpo magnético de la Escuela Espiritual moderna.

Haciendo esto, nosotros pasamos por la misma experiencia que los hermanos de la Rosacruz Clásica que, tal como lo relata la Fama Fraternitatis R.C., penetraron en el templo funerario de C.R.C. y pudieron contemplar los maravillosos tesoros que se encontraban en él. El nuevo lugar de trabajo de la Escuela Espiritual moderna es una copia fiel del templo funerario de C.R.C. Se dice en la Fama que todos los que aspiran verdaderamente a la Fraternidad podrán contemplar un día, con sus propios ojos, todo lo que se encuentra en este templo. Pues bien, este momento ha llegado ahora para todos los que demuestran por su estado interior que llevan este anhelo en la sangre.

La Fama asegura también que en el sepulcro de C.R.C. todo está conservado, de modo que si, después de numerosos siglos, no existiera nada de la Fraternidad en este campo de existencia, todo podría ser restablecido gracias a esta única bóveda. Estas palabras significan que si un grupo de hermanos y de hermanas abandona los caminos terrestres y parte hacia el Reino Inmutable, de ellos permanece siempre como una idea universal. En el éter reflector de la renovación siempre está presente un esquema de todo el plan, el cual muestra cómo puede nacer y crecer la obra de liberación de un grupo transfigurístico. Cuando más tarde, en un momento dado, un nuevo grupo de buscadores quiere prepararse de abajo hacia arriba para recorrer el mismo camino que la Fraternidad precedente, este grupo puede leer en este plan universal, orientarse con toda seguridad y ejecutarlo nuevamente como verdaderos arquitectos y constructores. Por esto, usted puede leer en la Fama Fraternitatis R.C. que un arquitecto muy competente se puso a reconstruir el templo funerario de C.R.C., la Morada Sancti Spiritus. Nosotros hemos estado ocupados durante treinta años en una reconstrucción semejante, y ahora hemos entrado en este sepulcro recreado para contemplarlo en él todo cara a cara.

También se dice en la Fama que un día se abrirá una puerta hacia Europa. Pues bien, esta puerta está abierta! Por un duro trabajo de largos años, la Escuela Espiritual moderna ha podido construir la nueva morada del Espíritu Santo, y en el presente comenzamos una nueva unificación en este taller de salvación. Esta es nuestra integración de Europa, y si la Gnosis quiere, la integración de todo el mundo.

El taller, o el templo funerario, en la Morada Sancti Spiritus, es, ahora lo sabemos, un campo magnético que presenta claramente siete aspectos.

En primer lugar hay una fuerza magnética fundamental que encierra los siete rayos en una perfecta unidad. Esta fuerza fundamental la llamamos: Gnosis. Es Dios, la fuerza primordial del comienzo, la radiación más elevada de todo el universo. En tanto que alma mortal, usted sería incapaz de reaccionar a esta fuerza primordial, si no le fuera transmitida, con una vibración muy debilitada, por la Fraternidad que nos ha precedido en el camino. Del cuerpo magnético de los Rosacruces clásicos, esta radiación fundamental viene hacia usted con una vibración muy debilitada, para que usted, en tanto que alma mortal, pueda reaccionar a ella. A esta radiación debilitada en su potencia la denominamos, desde hace años, la radiación electromagnética. En concordancia con esto, hablamos también del campo de fuerza de la Escuela, que se extiende en y por esta radiación.

Hay muchos, en el mundo, que perciben este campo de fuerza como una radiación gnóstica generalizada, pero para esto no es necesario pertenecer a la Escuela Espiritual. Se trata de una radiación gnóstica para el mundo entero, una radiación que envuelve e impregna la naturaleza de la muerte, y hay muchos millones de hombres que reaccionan a esta radiación gnóstica y por ella. Son seres que se interesan en la Gnosis. Todos ellos forman un inmenso círculo exterior, alrededor del corazón gnóstico que llama e irradia en este mundo. Y este círculo exterior es como un campo de desarrollo, en cuyo interior se encuentran los millones de personas sensibles a la Gnosis que, con una aspiración interior en diferentes gradaciones, intentan descubrir y aproximarse más o menos conscientemente al manantial de su inquietud, al objetivo de su deseo.

En el interior de ese campo de desarrollo se manifiesta una múltiple confusión. Toda clase de actividades especulativas se desarrollan por estas innumerables personas que, más o menos empujadas por un interés que emana de su interior, intentan satisfacerlo de una u otra manera. Sin embargo, sus esfuerzos sólo tienden a fundar un reino terrestre, ya que aún no pueden deducir las consecuencias indispensables para poder prestar atención a la llamada gnóstica que resuena en ellos. Ellos no quieren abandonar el mundo de la dialéctica y de hecho están retenidos intencionadamente por toda clase de fuerzas contrarias. Estos millones de personas son llamadas diariamente por el campo magnético gnóstico y reaccionan a él, pero lo hacen negativamente, por ignorancia, sin una comprensión correcta, ya que aún no se atreven, o no pueden pronunciar la despedida.

Así comprenderá lo que ocurre en este inmenso campo de manifestación del cuerpo magnético gnóstico, que es hoy, en tanto que grupo, nuestra posesión. La edificación de este nuevo cuerpo magnético comenzó en 1924. Los más antiguos de entre nosotros conocen demasiado bien el combate que tuvo lugar. Al comienzo, reaccionando a la radiación horizontal de las fraternidades gnósticas clásicas, intentamos realizar, con ayuda de esta radiación gnóstica, el comienzo de una construcción. Fuimos perseverantes en medio del caos descrito y de los continuos ataques de toda clase de adversarios. Y así, con el apoyo de la cadena fraternal gnóstica, conseguimos edificar el cuerpo magnético. Desde el 20 de Agosto de 1953, este vehículo magnético de la Escuela es autónomo, autocreador y automanifestador. El cuerpo, se podría decir, ha nacido, ha crecido y ahora puede manifestarse.

Piense ahora de nuevo en la imagen del círculo exterior, con todos sus millones de personas gnósticamente sensibles. En medio del caos en la línea horizontal, se ha manifestado ahora un cuerpo magnético gnóstico. Como un meteoro luminoso que viene del exterior, este cuerpo ardiente, que no es de este mundo, se ha manifestado aquí, en este campo de existencia dialéctica. Y de esta forja ígnea emanará una radiación gnóstica inmensa, extraña, dinámica y, como consecuencia de ello, todas las personas gnósticamente sensibles que se encuentran en el círculo exterior, sentirán un impulso reforzado que les acercará a esta forja ígnea. Por la influencia de la fuerza despertadora de la llamada del campo magnético gnóstico de nuestra comunidad de grupo, el círculo exterior será muy vivificado y muchos se dirigirán hacia el nuevo cuerpo, con el deseo de recorrer el camino que les conduzca al interior del lugar de trabajo en la forja ígnea.

Ahora vamos a emprender con fuerza y de una manera diferente este trabajo de proyectar la llamada. Si alguien reacciona verdaderamente a esta radiación gnóstica fundamental y toma la decisión de entrar en la Escuela Espiritual, en la forja, la corriente gnóstica fundamental se dividirá para él en siete rayos. No todos a la vez, sino rayo tras rayo. Primeramente se liberará el poder, del que hemos hablado en el capítulo primero de la segunda parte, el poder del primer rayo del Espíritu Santo, la sensibilidad al contacto de la Escuela que se libera en el alumno, a la par que el poder de reaccionar a este contacto.

Este proceso del toque racional y moral en el candidato decide si él podrá penetrar en el templo funerario de C.R.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

La ascensión hasta la noche de Navidad

 

 

En la Fama Fraternitatis R.C. se relata que cierto hermano N.N., después de haber cumplido bien su alumnado y lleno de deseo de realizar la tarea del camino, tuvo la intención de ir de viaje, lo cual le era posible porque la Fortuna le había favorecido suficientemente. Pero antes de emprender este viaje, pensó, como buen constructor, que era necesario realizar algunas cambios en su construcción, con el fin de mejorarla.

Durante este trabajo de renovación, encontró una placa conmemorativa fundida en latón donde estaban grabados diversos nombres importantes. Cuando el hermano N.N. quiso transportar este descubrimiento a un lugar más conveniente y lo retiró de su lugar, una parte del delgado muro fue arrancado y, para su gran alegría, inesperadamente, apareció una puerta, la puerta del sepulcro de C.R.C., donde estaba escrito con grandes letras: Después de 120 años me abriré.

De esta cita se deduce que el templo funerario de Cristián Rosacruz, aunque no había sido olvidado, sí se había perdido completamente en tanto que posesión. Se había construido alrededor y encima, y los hermanos que querían seguir a la Rosacruz, ya no podían ni sospechar en qué dirección podía ser encontrado. Ellos estaban en todos los sentidos preparados y orientados, como hombres gnósticamente sensibles que podían oír la llamada y se esforzaban por reaccionar a ella; pero, aparte de esto, eran ignorantes. Hasta que el gran milagro se realizó en sus vidas y encontraron, bello, noble e intacto, el cuerpo de su Padre y Hermano Cristián Rosacruz, con todo su ornamento, en un templo funerario tan perfectamente conservado, que superaba las esperanzas más optimistas.

Tal vez comprenderá usted que este viejo acontecimiento tan maravilloso, que parece un cuento, es de hecho la experiencia moderna de todos nosotros. Habría usted creído posible poder penetrar, como estos hermanos del pasado, en el templo funerario de Cristián Rosacruz, en tanto que participante de un grupo completamente semejante?

El templo funerario de Cristián Rosacruz es un campo magnético séptuple, perfectamente preparado, un nuevo campo de vida. Quien entra en este nuevo campo, encuentra en él, entre otras cosas, el cuerpo del hermano Cristián Rosacruz, con todo su ornamento y en un estado intacto. Esto quiere decir que en dicho templo funerario encontramos, hasta en sus menores detalles, el prototipo del hombre nuevo, que debe ser edificado en el nuevo cuerpo magnético, sobre la base de la semilla Jesús, sembrada en el corazón de cada alumno.

Es evidente que cada alumno, que es admitido en el cuerpo magnético, ha nacido a algo nuevo: ha nacido de Dios, de la Gnosis, en el nuevo cuerpo de la salvación. Algo en él y de él debe ahora morir, a saber, todo el viejo estado natural. Para ello, debe perecer en Jesús el Señor y, al mismo tiempo, renacer del Espíritu Santo. Qué privilegio incomparable por poder recibir este regalo de Navidad, el más magnífico que puede ser ofrecido a un hijo de los hombres, a saber, estar junto con los demás, en tanto que grupo, en el nuevo cuerpo magnético de la Escuela Espiritual moderna, el cuerpo viviente de Cristo para la liberación.

Decíamos que, por el toque fundamental de la Gnosis, es liberado un poder en todos los que quieren reaccionar positivamente. Este poder es el primer descenso del Espíritu Santo, la primera manifestación del Consolador. Se relaciona con una posesión de la sangre, con un poder del alma, ofrecida al alma mortal con un amor indecible para poder realizar el renacimiento.

Este poder es el mismo que le fue ofrecido a María, según la narración evangélica. Se dice que fue cubierta por el Espíritu Santo, para que pudiese nacer de ella el niño Jesús. Ella recibió un poder para la renovación de la vida. Cuando este nacimiento tuvo lugar, apareció una luz no terrestre, que se deslizó por encima de las extensiones de la noche como una bendición, mientras resonaba, como una sinfonía divina, un canto angelical.

El primer poder, como primer don de Dios, se demuestra como luz y sonido. En el nuevo cuerpo de salvación, todos los unidos al grupo son capacitados para realizar el poder del renacimiento, para que también se demuestre en su alma la luz recreadora no terrestre.

Si vamos al encuentro de nuestra noche de Navidad, con una orientación correcta, también para nosotros se abrirá la puerta del templo funerario de C.R.C. Encima de esta puerta estará escrito: Después de 120 años, me abriré. Con esta inscripción debemos comprender lo que sigue:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, después de treinta años de combate y de trabajo continuado en la fuerza de la Trinidad me abriré; después de treinta años, el nuevo grupo que ha luchado así, podrá entrar en el cuerpo magnético viviente de la Gnosis.

Nuestros treinta años han pasado. El trabajo de preparación está realizado. La eterna fiesta de Navidad va a comenzar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

La ofrenda del hombre yo

 

 

Cada manifestación en el universo nace siempre de un campo magnético y por él. Ya hemos expuesto que todo su estado de ser se explica: primeramente por su propio campo magnético personal, en segundo lugar por el campo magnético de la Tierra, en tercer lugar por el del sistema solar, en cuarto lugar el de la vía láctea, etcétera. Cuando una entidad quiere entrar en un campo magnético diferente, debe producirse un cambio total y riguroso en dicha entidad. Por un lado, esto significa «muerte», por otro, en ciertos casos, «vida nueva». Por un lado, la desaparición de ciertos aspectos vitales, por otro, el desarrollo de aspectos totalmente distintos. Usted debe reflexionar sobre esto, cuando encuentre, por ejemplo, en la Fama Fraternitatis R.C., esta expresión: De esta síntesis del universo, he hecho, en mi vida, una tumba. Debe considerar esto especialmente cuando reflexione en profundidad sobre el nuevo cuerpo magnético de la Escuela Espiritual moderna.

Ahora que en la fuerza de radiación singular de la Gnosis es edificada una Escuela Espiritual o, para permanecer con la terminología de los Rosacruces clásicos, es construida una Morada del Espíritu Santo, los siete rayos de esa fuerza fundamental comienzan a manifestarse y a hacerse valer uno después del otro. En esta manifestación se libera primero un poder: fuerza, después luz, calor, sonido, cohesión, vida y, finalmente, manifestación.

El primer rayo de la luz séptuple ya habrá sido experimentado en la Escuela por cada alumno. Cada candidato es confrontado con él. Desde hace ya algunos años este primer rayo está activo en la Escuela, y puede ser constatado claramente por todos desde el 20 de Agosto de 1953. Esta poderosa fuerza se ha hecho tan fuerte desde entonces, que todos los alumnos deben decidir en breve si están preparados, en lo concerniente a su estado natural, a hacer, vivos, de esta fuerza una tumba, es decir, confiarse plenamente a ella.

Cada cual reacciona a este primer rayo del Espíritu Santo de forma muy diferente, en total concordancia con la naturaleza y su estado de ser. La actividad de la radiación singular fundamental de la Gnosis solamente llama, despierta y, en ella, usted puede permanecer siendo el mismo. Pero cuando esta radiación fundamental se divide en una luz séptuple, el primer toque del Espíritu Santo, alcanza en primer lugar el esternón, y después el capullo de rosa, el átomo‑chispa de espíritu. El capullo de rosa, a su vez, despierta al timo a una vida nueva. Así como en su juventud el timo era una despensa de fuerzas sanguíneas naturales, de sustancias nutritivas de la sangre, lo mismo ocurre en la nueva juventud del alumno de la Escuela Espiritual que ha sido tomado por el primer rayo del Espíritu Santo, en quien el timo vuelve a nutrir la sangre. Pero esta vez con una fuerza que ya no proviene de la naturaleza ordinaria. Así, por y en la sangre, es asido en el alma.

Usted no puede limitarse a un punto de vista puramente contemplativo. Ya no puede decir: «Voy a entrar en la Escuela Espiritual y, una vez allí, me orientaré.» Esto se ha hecho absolutamente imposible, ese tiempo ya ha pasado. Desde el primer momento en que entra en la Escuela, es asido en su estado corporal por una fuerza que aporta el poder. Considerándolo bien, usted entra en un templo funerario, ya que esa nueva fuerza es una fuerza en la cual no puede mantener su estado de ser dialéctico, su yo.

La sangre es uno de los cinco fluidos del alma. Cuando la sangre es tocada por la Gnosis, esta influencia no se limita a la sangre, ya que otros dos fluidos del alma están íntimamente unidos a ella: el fluido hormonal y el fluido nervioso. Sin embargo, el sistema de secreción interna y el sistema nervioso solamente son tomados parcialmente por el primer rayo del Espíritu Santo. Las glándulas hormonales están subordinadas a los centros en nuestra personalidad que la Enseñanza Universal llama chakras. El sistema nervioso comprende una parte automática y una parte cerebroespinal que puede ser controlada por la voluntad. Cuando, por su entrada en el cuerpo magnético de la Escuela Espiritual, penetra en el templo funerario de C.R.C. y participa de él en tanto que alumno, la parte automática del sistema nervioso es tocada por el primer rayo. El sistema cerebroespinal experimenta, por el contrario, solamente una reacción negativa. Por su entrada en la Escuela, su sistema nervioso automático es asido e influido profundamente por la Gnosis: es por lo tanto directamente asimilador. Sin embargo, la parte cerebroespinal es simplemente observadora. Con otras palabras, usted experimenta algo con una parte de su ser, mientras que con la otra parte de su ser no hace más que observarlo.

Lo mismo ocurre con los chakras. Su lado positivo es influido por el sistema cerebroespinal, mientras que están orientados hacia el sistema nervioso automático por su lado negativo. Por ello, el primer contacto sólo toca a los chakras negativamente. Desde el momento de su entrada en el cuerpo viviente de la Escuela, una parte de su alma es asida positivamente y la otra parte sólo negativamente. Esta última ‑que es donde se encuentra la sede de la conciencia corriente y del fuego de la serpiente‑ observa el nuevo proceso, pero lo experimenta negativamente.

Para evitar cualquier confusión, debemos insistir en que el primer rayo de la actividad del Espíritu Santo nunca se dirige, por ningún concepto, a un hombre que no esté en una Escuela Espiritual transfigurística como alumno consciente. Es la radiación fundamental de la Gnosis, de la que hemos hablado anteriormente, la que despierta, llama, pero que nunca produce un cambio, la que se dirige a la humanidad en general. Pero tan pronto como usted entra en la Escuela Espiritual, tan pronto como está en el templo funerario de C.R.C., y consiente en participar conscientemente en el grupo, en la comunidad que está en posesión de un cuerpo magnético gnóstico, debe servir de transmutación para poderosas corrientes magnéticas de las que cada participante recibe lo que necesita.

Este es un maravilloso sistema liberador, totalmente responsable tanto desde el punto de vista científico como médico. Un seguro contra toda clase de accidentes. Quien en la vida corriente es irreflexivo, corre peligro. Si usted hierve agua y, sin tener en cuenta el fuego, arroja irreflexivamente el agua hirviendo sobre sus manos o sus pies, se quema terriblemente. Del mismo modo se quemaría con la luz magnética de la Escuela, si fuera hacia esta luz irreflexivamente, sin un esfuerzo serio por estar a la altura de su llamada. La unidad de grupo, y su cuerpo magnético, es una gran estación de transmutación de poderosas fuerzas gnósticas, de la que cada alumno recibe todo lo que necesita. No necesita mayor seguridad. Se espera simplemente de usted que sepa lo que hace.

La radiación gnóstica general que toca a quienes son sensibles a la Gnosis, tiene por objeto despertarles para que demuestren si poseen suficiente amor a la humanidad como para poder entrar en el cuerpo magnético y vivir en él. Debe comprender claramente que no puede entrar en la Escuela Espiritual por el impulso de un deseo de salvación egoísta, ya que así sin duda se quemaría. La condición previa es: unidad de grupo, servicio a la humanidad, amor a la humanidad. Usted debe arder de amor por los hombres y servirles con perseverancia. Esta es la condición fundamental. Ya que si usted lo tuviese todo, pero no tuviese amor, no tendría ni sería nada, tal como dice con claridad la primera Epístola a los Corintios, capítulo 13. Cuando alguien experimenta en la Escuela Espiritual el primer toque del Espíritu Santo como un azote, como una tensión insoportable, debe saber que la causa de esto es completamente su falta de amor por los hombres, su falta de servicio a los hombres.

Sin embargo, cuando el nuevo poder está presente en el alumno, el cuarto candelero del séptuple candelabro es encendido por la radiación gnóstica. Este cuarto candelero es el lugar del santuario de la cabeza que corresponde a la cuarta cavidad cerebral, donde se encuentra la hipófisis. Cuando ese cuarto candelero arde en la Gnosis, es perceptible por la señal en la frente, entre las dos cejas.

Una vez que este nuevo poder ha sido aportado al alumno, éste debe avanzar sobre esta base. Debe utilizar este poder para que se dé a conocer en él el segundo rayo del Espíritu Santo: el nacimiento de la luz. Sólo entonces podrá ser celebrada por él la verdadera fiesta de Navidad.

Cuando el alumno ha «nacido» en el nuevo campo de vida, ya no se separará de él, a menos que él mismo rompa esta unión o sea expulsado por la voluntad mágica del grupo. Lo que se designa con el nombre de «excomunión» es una separación de este tipo con un campo magnético determinado y el envío a otro campo magnético.

Cuando existe esta unión elemental y el alumno es existencialmente uno con el nuevo campo de vida, él dispone ‑repitámoslo una vez más‑ de un nuevo poder magnético y debe vivir de él. Usted vive desde hace años, desde su nacimiento natural. Usted piensa, quiere, actúa, tiene sus costumbres, su carácter, en fin, es un tipo humano determinado, conocido como señor o señora tal. Pero comprenderá que cuando decimos que el alumno debe vivir ahora en este nuevo campo de vida, no queremos decir que debe proseguir la vida que ha vivido hasta ahora. No, queremos decir que es urgentemente necesario una vida totalmente nueva, un comportamiento de vida que describimos como el del Sermón de la Montaña. Un comportamiento que modificará completamente su pensamiento, su voluntad, su actividad, sus costumbres, su carácter y su tipo.

Si se considera un verdadero alumno, pero al cabo de medio año demuestra exactamente el mismo tipo, con el mismo carácter, las mismas costumbres, etcétera, entonces debemos decirle que usted no es un verdadero alumno, ya que no ha cambiado en ningún aspecto en un sentido renovador. El comportamiento de vida que se le pide, puede seguirlo porque la Gnosis le ha tocado, porque el Espíritu Santo ha realizado en usted el primer poder.

Si rechaza este nuevo comportamiento de vida, si permanece aferrado a su antigua forma de vivir y a sus antiguas costumbres, se quemará inevitablemente, hará que su cuerpo enferme. Languidecerá moral o éticamente, o bien corporalmente.

Es necesario que abra conscientemente al toque del Espíritu Santo la puerta de la parte de su alma que, en estos momentos, funciona aún negativamente y, aunque percibe al Espíritu Santo, no lo asimila todavía. Esto quiere decir que debe transferir a la Gnosis toda su voluntad, todo su pensamiento, todo su sistema nervioso cerebroespinal, todo lo que es su yo y todo lo que impulsa a su yo. Esta es la ofrenda de sí mismo, la auto‑oblación. De esta forma, todo el ser del alma quíntuple se abrirá a la nueva fuerza electromagnética gnóstica. Esta es la integración del alma en la Gnosis. Esta apertura del alma a la Gnosis fue y es designada en los misterios: el nacimiento de la luz o la fiesta de la Navidad en el alma.

Y ahora se trata de estudiar a fondo esta parte del camino que se llama el «nacimiento de la luz de Dios», para que vea claramente lo que debe hacer y lo que debe omitir para que el nacimiento de la luz en usted, el nacimiento de Jesucristo en usted, se vuelva un hecho luminoso y claro. Este milagro de Navidad se ha realizado en la Escuela Espiritual, en tanto que unidad magnética. Y ahora esto debe tomar forma en usted. Cómo abrir su alma al Espíritu Santo? Cómo confiar toda su alma a la Gnosis?

Imagínese bien la situación. El alma tiene cinco fluidos o aspectos: la sangre, el fluido hormonal, el fluido nervioso, el fuego de la serpiente y la conciencia. Percibirá con esto, que el alma y el cuerpo no están separados entre sí. Usted no puede decir: aquí está el alma y allí está el cuerpo. No, alma y cuerpo están estrechamente unidos, fluyen uno en el otro. Lo que denominamos fluidos del alma son al mismo tiempo aspectos del cuerpo.

Decíamos que el primer rayo del Espíritu Santo incide en la sangre y, también parcialmente, en el fluido hormonal y en el fluido nervioso. La Gnosis ha entrado entonces en el sistema del alumno. Pero la conciencia, el fuego de la serpiente, el sistema nervioso cerebroespinal y la mayor parte de los chakras aún no han sido conquistados. Se limitan a constatar este primer toque gnóstico. Todavía pertenecen completamente a la antigua naturaleza, aún están unidos al antiguo campo magnético. Por lo tanto, es evidente que el antiguo campo magnético influye aún fuertemente en todo su ser, su alma y su cuerpo; una situación que explica ampliamente su estado corporal actual.

Muchos alumnos están extremadamente nerviosos. Por qué? Acabamos de dar la respuesta. Muchos alumnos no se sienten en un buen estado corporal. Por qué? La respuesta ya se la hemos dado. Estas tensiones magnéticas tan diferentes influyen mucho en su salud y alteran de vez en cuando su equilibrio. Por esto, el alumno debe entregar a la Gnosis su voluntad, su mente, su línea de conducta cristalizada, en tanto que expresiones y demostraciones de su conciencia.

Cómo? Por el nuevo comportamiento de vida! Por una vida según el Sermón de la Montaña, positiva y radical. Si quiere ser revolucionario, séalo en esto. Lleve una vida verdadera según el Sermón de la Montaña, radical y absolutamente. Entonces, el nuevo poder de la Gnosis penetrará en toda su alma. El nuevo comportamiento de vida, aplicado al principio como método, será pronto para usted una segunda naturaleza. Usted notará entonces que no tiene que forzar nada. Experimentará que: «Ahora estoy en paz, ahora puedo respirar, ahora todo en mí es armonioso, todo en mí se coloca, por así decir, en su verdadero lugar.»

Pero si se aferra a la antigua naturaleza, esto se volverá para usted una tortura, una imposibilidad. Oscilará entre dos campos de tensión inconciliables. Realice, por ello, la ofrenda de sí mismo a la Gnosis en la práctica del nuevo comportamiento de vida. Entonces, por el poder que le ofrece el primer rayo del Espíritu Santo, la segunda radiación del Espíritu Santo será impulsada a la actividad en usted. Entonces nace la luz en usted, puede celebrar el nacimiento interior de la luz, la verdadera fiesta de Navidad en usted.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

La ofrenda de la voluntad

 

 

Habrá quedado claro para usted que la llave del nacimiento de la luz de Dios en el candidato, que está en el nuevo campo magnético, es la ofrenda de sí mismo y, en particular, la ofrenda de la voluntad. La voluntad es, por excelencia, el atributo mágico del alma. La voluntad es el gran motor, casi indomable, de nuestra alma y, a través de ella, de todo el ser. Si el que es llamado y conmovido, en calidad de hijo de Dios, es capaz de someter su voluntad a la Voluntad de Dios, según las palabras: Señor, no mi voluntad, sino la tuya, entonces podrá penetrar en el gran misterio interior de la Navidad.

Con la voluntad, el hombre es capaz de utilizar de manera concreta un poder magnético que, por naturaleza, es informe y abstracto. En todos los procesos vitales, la voluntad desempeña un papel preponderante; la mayoría de las veces un papel dirigente. Por ejemplo, la voluntad debe impulsar al intelecto a dirigir los pensamientos en alguna dirección, para que pueda desarrollarse una imagen mental. La voluntad precede también cada actuación.

La voluntad es definida como «el Sumo Sacerdote»(*). Con razón; y por ello la ofrenda de la voluntad es, en particular, la llave para el nacimiento de la luz de Dios. La Biblia rebosa de indicaciones sobre esta ofrenda de la voluntad, que de hecho es la auténtica entrega del yo. En ella se explica sobradamente que la ofrenda de la voluntad no debe ser comprendida como una conducta de la voluntad. De hecho se puede «querer no querer algo»; uno se puede coaccionar a sí mismo. Si un día usted cree tener sobradas razones para estar enfadado con alguien, por un esfuerzo de la voluntad puede conseguir comportarse como si no lo estuviera. Incluso puede tratarle con mucha amabilidad. Pero esto no es más que una farsa, es algo irreal. Es cultivo de la voluntad.

De la misma forma podría querer el nuevo comportamiento de vida. En tal caso, aunque exteriormente tuviese éxito en sus experimentos, no dejaría de ser la voluntad terrestre la que reinaría como sumo sacerdote en el santuario de la cabeza. Esta apariencia es desenmascarada en el antiguo evangelio gnóstico de la Pistis Sophia. La voluntad es llamada allí Authades, y este evangelio gnóstico muestra claramente lo que le ocurre al candidato que se pone al servicio de este príncipe de la voluntad. La voluntad de la naturaleza ordinaria, tal como la recibe y posee por su nacimiento natural, está completamente centrada en el mantenimiento de la naturaleza, y nunca puede ser un poder que conduzca a la vida liberadora.

En la primera Epístola de Juan, capítulo 2, versículo 17, se dice al respecto: El mundo y sus deseos pasan, pero el que hace la voluntad de Dios permanece eternamente. Por estas palabras se comprende en general «hacer la voluntad de Dios con la voluntad propia». Se da cuenta de cuán imposible es esto? No se puede echar vino nuevo en odres viejos; no se puede hacer un trabajo celeste con un poder terrestre.

Hacer la voluntad de Dios sólo es posible cuando el hombre posee la voluntad de Dios en tanto que nuevo poder de la voluntad. Para ello es necesario que el primer rayo del Espíritu Santo ‑tal como se manifiesta en el cuerpo magnético de la Escuela y por él en sus alumnos‑ tenga acceso, en tanto que fuerza viva, a los órganos de la voluntad y del pensamiento del santuario de la cabeza. Para que esto sea posible, es necesario que la voluntad personal le ceda su lugar.

Es esto posible?, se puede preguntar. Una criatura sin voluntad, no es acaso una criatura enferma e inconsciente? Un hombre sin voluntad es efectivamente un enfermo. Pero hay un modo de carencia de voluntad que no tiene nada que ver con un estado negativo o enfermizo. Esta liberadora carencia de voluntad es la que asume el hombre que incide conscientemente en su propio estado de vida. El candidato a los misterios crísticos debe aprender a subordinar la voluntad a su propia conciencia. La voluntad podrá llamarse el sumo sacerdote del santuario y poseer un gran poder, pero por encima del santuario arde una llama, y el sumo sacerdote está obligado, en toda circunstancia, a servir a esta llama y subordinarse a ella. Esta llama sobre el santuario de la cabeza es la conciencia.

Entonces, la conciencia, flexible y madura por la multiplicidad de las experiencias, está también capacitada para conducir a la voluntad al silencio y para transferir a la Gnosis el ámbito de la voluntad.

 

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(*) Nota a pie de página: Véase «Dei Gloria Intacta», Jan van Rijckenborgh, Madrid 1989.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

El Bautismo del Fuego: el nacimiento de la luz de Dios

 

 

Hemos visto que para que el segundo rayo del Espíritu Santo se vuelva activo en el hombre, la conciencia debe reducir al silencio a la antigua voluntad. La conciencia es capaz de hacer callar a la voluntad, porque es siempre superior, siempre dirigente en el sistema.

En la mayoría de los casos el hombre es dominado por la voluntad y el pensamiento, y con ello, por el deseo, debido a toda clase de hábitos. También las cosas que le rodean y le son familiares desde hace tiempo pueden dominarle. Ellas ejercen sobre él una determinada presión que, en un momento dado, puede volverse una coacción y, en general, falta valor para sustraerse a ellas. También pueden dominarle otras personas, y conocemos asímismo la presión colectiva y la presión del estado en todas sus formas.

Por esto, la unidad de grupo de los alumnos de la Escuela Espiritual moderna nunca debe alterar la independencia de la propia conciencia. Asegurar la autonomía de su propio ser, debe constituir el objetivo de cada hombre en todas las circunstancias. Para la mayoría de los seres humanos, así como para la mayor parte de los alumnos de la Escuela Espiritual moderna, tal autonomía es, quizás, todavía un piadoso deseo, ya que cuántas veces son dominados de una u otra forma y dejan la iniciativa en otras manos! Así nacen las neurosis de la voluntad y del pensamiento.

Hay diversas corrientes vitales activas en la personalidad. Algunas de ellas vivifican el instrumento de la voluntad y el del pensamiento. Cuando los pensamientos han sido orientados en la misma dirección durante el tiempo suficiente, y la voluntad ha tenido en cuenta siempre los mismos aspectos, en el pensamiento y en la voluntad surgen ciertos movimientos automáticos, que se asemejan mucho a una dominación.

Cada expresión del pensamiento y de la voluntad tiene efectos. Toda el alma y todo el cuerpo reaccionan a ello. Y cuando el cuerpo, una vez habituado a las consecuencias de estas actividades del pensamiento y de la voluntad, se ha acoplado a ellas, entonces comienza a sentir los efectos como una especie de alimento necesario. Lo exige, por decirlo así, como un factor indispensable de conservación.

De este modo, la conciencia es doblemente dominada: por una parte, por los hábitos del pensamiento y de la voluntad, por otra, por todo el sistema corporal acorde con ellos. En general, el hombre es, sin excepción, víctima de esta dominación. Y a medida que los años pasan, todo su sistema reacciona a ello. Se dice a sí mismo: «Pero no puedo hacer otra cosa que esto o aquello, o dejar esto o aquello, pues me encuentro en estas circunstancias.»

Pobres necios! Basta una sola decisión positiva, un sólo acto positivo de la conciencia, para liberarse de todas estas neurosis. Pero si se deja llevar, arrastrado por el látigo de la voluntad y del pensamiento, y por la coacción del cuerpo, crea constantemente karma. Si se obceca en una determinada dirección vital, acumulará las consecuencias de ello en todo su ser. Así aumentará la carga kármica ya almacenada en el sistema magnético del ser aural, este karma le aplastará hasta tal punto, que entonces se podrá decir que la cadena está cerrada. El hombre será entonces apresado totalmente, completamente dominado.

En medio de todo esto, el alma gime sus miles de suspiros. Y usted dice: «Debe escucharme. Puedo exponerle mi situación? Puedo contarle mis dificultades y todas las circunstancias miserables en las que estoy encerrado?» Oh, cuán necio! Un solo acto positivo de la conciencia basta para liberarle de la coacción ejercida por las costumbres. La prisión de las costumbres de la voluntad y del pensamiento puede ser destruida por usted radical y definitivamente. Si el alma lanza miles de suspiros, es porque no toma usted mismo las riendas, sino que se deja dominar. Tomar las riendas siempre es posible, en cualquier circunstancia en la que se encuentre.

 

Volvamos a nuestro punto de partida. Usted es alumno de la Escuela Espiritual. Se ha hecho alumno por un acto auto‑consciente. No por su voluntad, no por una radiación magnética de su estado natural. Sino que su conciencia ha decidido: «Me hago alumno de la Escuela Espiritual.» La conciencia es la verdadera sede del alma. Esta sede se encuentra en las siete cavidades cerebrales, en el candelabro de siete brazos. Y un día, por una razón cualquiera, este candelabro ha captado la radiación fundamental de la Gnosis y ha oído la llamada de la Gnosis.

Esta llamada ha penetrado en su conciencia por una experiencia del alma. Mientras usted estaba ocupado lanzando sus miles de suspiros, un anhelo ha surgido del núcleo de su conciencia, negando inconscientemente a la voluntad, al pensamiento y al cuerpo. Suspirando, usted aspiraba a una salida, hacía nacer en sí mismo un deseo de liberación. Un deseo impreciso de este tipo no proviene ni de la voluntad ni del pensamiento ni del sistema magnético cerebral, aunque éstos reaccionarán a ello más tarde. No, este anhelo surge de la conciencia, por mediación del sistema del esternón, el singular esternón magnético, ya que la conciencia está relacionada con él a través de la médula oblonga. La respuesta de la Gnosis, la respuesta que viene siempre ‑ya que esta radiación apelante de la Gnosis está presente en todo el Universo‑, llega tan pronto como el hombre se abre a ella. Esta respuesta de la Gnosis entra siempre siguiendo el mismo camino: a través del esternón, la rosa del corazón y el timo, y, por el timo, hasta la sangre y hasta una parte del sistema nervioso, desde donde, por medio de la médula oblonga, penetra hasta la cámara de la torre, hasta la cuarta cavidad cerebral y allí enciende la luz del cuarto candelero.

La conciencia ha preguntado y ha recibido una respuesta directa. A partir de este momento comienza una penosa marcha, sembrada de obstáculos, para llegar a encontrar el camino de la Escuela, la cual es tal vez totalmente desconocida aún por el interesado en ese momento. Este proceso de encuentro y unificación tiene con frecuencia una larga historia. Si todos los alumnos contasen la historia de su vida, llena de tanteos y de búsqueda, de todo lo que han padecido y luchado hasta encontrar la Escuela, sin duda serían historias muy extraordinarias, tal vez incluso dramáticas, pero usted descubriría al mismo tiempo que todas estas narraciones se parecen como gotas de agua.

Este proceso de encuentro y unificación está siempre estrechamente relacionado con el estado del santuario del corazón. Es el comienzo de lo que se llama la purificación del corazón.

Pues bien, usted ha encontrado la Escuela. Y si todo va bien, el comienzo de esta purificación del corazón ha comenzado en usted. Por esta apertura, la corriente gnóstica ha podido penetrar más o menos libremente en usted, y así ha podido tener lugar todo lo que dijimos respecto al primer toque del Espíritu Santo, como consecuencia del cual es encendida la luz en la cámara de la torre y se despierta al mismo tiempo un poder en usted. Y el cuarto candelero ‑su centro de conciencia más importante, el núcleo de su alma‑ está unido ahora a este poder. La corriente gnóstica ha emprendido con usted un proceso y la calidad de esta fuerza gnóstica en usted se refleja en la luz en la cámara de la torre, en la luz central de su conciencia.

En esta situación existen en usted dos poderes, dos sumos sacerdotes en usted: en primer lugar la antigua voluntad, Authades, centralizada todavía en el santuario de la cabeza y, en segundo lugar, el poder gnóstico, designado como Juan Bautista, el precursor de Jesucristo, el que prepara el camino al nacimiento de la luz de Dios.

Juan ha bautizado su sistema corporal, su sistema del alma, todo su sistema cósmico, con el agua gnóstica de la vida. El verdadero bautismo no es el gesto exterior de un pastor o de un cura que rocía con algunas gotas de agua. No es un gesto simbólico, que tal vez inspira respeto, sino que consiste en un toque gnóstico que despierta el poder en usted. Este es el bautismo de agua, éste es el bautismo con el agua gnóstica de la vida. La señal de este bautismo es grabada en el cuarto candelero, cuya luz irradia hacia afuera por la cavidad frontal.

Después de haber establecido está unión, Juan, el sumo sacerdote gnóstico en usted, dice con una voz interior: Prepara los caminos del Señor. Endereza sus caminos.

Comprende ahora esta frase? Ya no se trata de qué debo hacer y qué debo dejar. Ya no se trata de llevar un comportamiento de vida moral cualquiera. Ya no es una referencia de la página tal de este o aquel libro editado por la Escuela de la Rosacruz. No, es la voz interior de la Gnosis que ha penetrado en usted, diciéndole: Endereza los caminos del Señor. Si endereza los caminos, si sigue a esta voz interior que habla en usted con gran fuerza y que ha liberado en usted un poder, entonces será bautizado por segunda vez. Entonces recibirá el bautismo de fuego, el bautismo del nacimiento de la luz de Dios.

Por un acto de su conciencia, haga que Authades se calle en usted. Esto es lo que hay que hacer! Tal vez esto sea un enfrentamiento violento consigo mismo, quizás extremadamente dramático, pero puede ir hacia este drama lleno de alegría, ya que puede emplear este poder en usted porque ha recibido el bautismo del agua viva.

Emplee por tanto este poder en usted! Los más jóvenes entre nosotros están en la escalada desenfrenada de la vida según la naturaleza. Las fuerzas de la naturaleza les persiguen a una velocidad que casi no puede ser frenada, teniendo en cuenta que ellos han nacido de la naturaleza, del pasado de sus ancestros. Y los de más edad entre nosotros se encuentran en gran medida ante un estado de hecho. Por su voluntad y su pensamiento han colocado a toda su personalidad en un estado de desorden total o casi total. Todos tienen, cada uno a su manera, las cosas difíciles. Quien es joven está ocupado en despegar. Quien es viejo, ha saltado ya y está consternado al comprobar que el salto fue demasiado corto y además en dirección equivocada.

Queremos decir simplemente que es muy difícil detener a un hombre en su salto dialéctico. Los jóvenes, presionados por la llamada gnóstica, exclaman: «Todavía somos tan jóvenes. Cómo salir adelante en nuestra posición social? Y mi matrimonio? Y esto, y aquello?»

Y qué ocurre con quien ha dado ya el salto? Está abatido, agotado y de hecho no tiene suficiente energía para regresar al punto de partida y volver a comenzar. «Yo, viejo y cargado de días, debo regresar a mi punto de partida?» se pregunta. Por eso, tantos ancianos permanecen atados a sus costumbres anticuadas y cristalizadas, ancianos en quienes la más pequeña huella de esfuerzo serio por elevarse se ha apagado desde hace tiempo. Saben que están montados en un mal caballo. Saben que se han equivocado, pero ya no tienen fuerza para cambiarse ni para alterar el rumbo.

Pero usted, alumno de la Escuela Espiritual, tiene la fuerza para ello, independientemente de si está cansado y cargado de años, o es joven y con ganas de vivir. Con usted caen todas las objeciones. Por qué? Porque ha sido bautizado verdaderamente como cristiano, pues la Gnosis ha entrado en usted. Y a medida que abra su santuario del corazón para la Gnosis, esa corriente de gracia entrará en usted y tomará todo su ser.

Usted posee un poder. Y si quiere emplear este poder, descubrirá que todas sus objeciones caerán. Estando en el nuevo cuerpo magnético de la Escuela, este poder le es conferido generosamente, a cada segundo, a cada respiración, y sólo tiene que aceptar este bautismo de Juan, vivir de este bautismo.

El alumno debe reconocer en sí mismo a Juan, conocerle, confiarse a él y seguirle. No es así como comienza el Evangelio? Debe estar dispuesto a seguir al que le llama en el desierto, a la gran fuerza sacerdotal y profética, con un comportamiento de vida que le vuelva totalmente abierto, en la calma sagrada de la confianza en un nuevo poder. Usted es inconmensurablemente rico! Qué le impide aceptar esta invitación de Juan en usted? La Escuela hace todo lo posible por hacer comprender a sus alumnos lo que pide de ellos el nuevo comportamiento. Es un comportamiento de vida que puede y debe ser percibido conscientemente con la ayuda del cuarto candelero. Por una mirada dirigida hacia el interior, con la luz del centro del alma en usted, usted puede constatar y sentir, por el poder que le ofrece la Gnosis, para qué capacita. Y este nuevo poder se volverá extremadamente dinámico y muy poderoso, si aparta, conscientemente y en la certeza de su confianza ‑es decir, interiormente y no porque nosotros se lo digamos‑, todos los obstáculos que provienen de la voluntad y del pensamiento. Esos obstáculos, en el fondo, no existen. Son ilusiones. Ciertamente, si permanece orientado horizontalmente, cada obstáculo sigue siendo una realidad ante sus ojos. Pero tan pronto como escala verticalmente los muros, todos los obstáculos desaparecen. Se eleva sobre esos muros, ellos dejan de existir para usted.

Compréndalo bien. Si usted aplica, con discernimiento, plena confianza y gran jovialidad, este nuevo comportamiento de vida que endereza los caminos para su Señor interior, la fuerza gnóstica de radiación de este poder, que denominamos el primer rayo del Espíritu Santo, penetrará por la puerta de la médula oblonga, hasta alcanzar todas las estructuras orgánicas del santuario de la cabeza. Por esta cámara de la torre, la fuerza gnóstica irrumpirá en todo el sistema cerebroespinal en la cima del santuario de la cabeza. Como una corriente de fuerza, este río entrará por la médula oblonga, ya que el cuarto candelero, el foco del alma, abrirá la puerta por el nuevo comportamiento de vida. Entonces, el fuego del cuarto candelero llameará hacia lo alto, irradiará una gran luz, y abrirá la vía hacia otra cámara de la torre que está por encima de la cuarta cavidad cerebral. Con esta gran luz del cuarto candelero, la Gnosis penetrará en la cavidad cerebral donde está situada la pineal. Por primera vez, el sistema magnético del cerebro está abierto para la luz gnóstica y es encendido por esta luz.

Todo esto corresponde con el testimonio de Juan Bautista, tal como lo encontramos en el Evangelio de Juan; el testimonio emitido en Bethabara, al otro lado del Jordán.

El Jordán en usted es el sistema del fuego de la serpiente, uno de los puntos más vitales de la médula oblonga. En un momento dado, la fuerza de Juan, el poder, la radiación gnóstica, es capaz de pasar al otro lado del Jordán, a la altura de la médula oblonga; y en la otra orilla de este Jordán en usted, Juan alcanza entonces Bethabara.

Juan penetra con sus discípulos en este lugar, el más desamparado, el más devastado y el más desértico de todo su ser, hasta Bethabara, el centro del desierto. Este lugar desértico es la cima del santuario de la cabeza, donde están situados el instrumento del pensamiento y el de la voluntad, y de donde parten los doce pares de nervios cerebrales. Este es el centro de su desierto de vida.

Juan, el poder gnóstico, penetra hasta allí y, en un momento dado, todo el sistema se inflama de fuerzas gnósticas. Lentamente, el dominio del campo magnético terrestre se retira de su cerebro, se debilita paulatinamente. Y, lentamente, la nueva fuerza de la Gnosis se fortalece en la cima del santuario de la cabeza. Lentamente, a medida que los doce pares de nervios cerebrales reaccionan a esta fuerza gnóstica, nacerá una percepción sensorial totalmente nueva.

El alumno va a ver, toma parte sensorialmente en este nuevo proceso, algo comienza a abrirse en él. Y entonces, el segundo rayo del Espíritu Santo entra directamente en el santuario de la cabeza: en ese momento el sistema magnético cerebral es sensible a la Gnosis. Juan ve a Jesús venir hacia él.

Y Juan, viendo a Jesús venir hacia él, dijo: He aquí el cordero de Dios que borra el pecado del mundo. Este es de quien yo he dicho: detrás de mí viene un hombre que me ha precedido, ya que estaba antes que yo. Pues estaba latente en el capullo de la rosa, esperando que el alma quisiera abrirse a El.

Así es como nace Cristo en el alma. Así comienza el nacimiento de la luz de Dios. Así es como usted es bautizado con fuego. Después del bautismo de agua, el bautismo de fuego. De esta manera nace Cristo en el alma como un Príncipe de la Luz, ya que él puede ser percibido por un nuevo sistema sensorial. Así viene el rayo crístico hacia usted como un verdadero acontecimiento de Navidad, para eliminar el pecado del microcosmos.

Y así se eleva usted en la jubilosa certeza de que este regalo de Navidad, tan rico, espera en nuestro nuevo campo de vida magnético a todos los que lo quieren verdaderamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

La purificación del corazón

 

 

Habrá podido comprender que del centro del alma, del cuarto candelero en el santuario de la cabeza, parten numerosas actividades. Si tiene en cuenta que este centro del alma es al mismo tiempo el centro de la conciencia común de los santuarios de la cabeza y del corazón, comprenderá mucho mejor lo que le diremos ahora. Por una parte, este centro vivifica la voluntad y el pensamiento, y por otra, el deseo y el anhelo. Voluntad, pensamiento, deseo y anhelo desempeñan en la vida un papel lúgubre. Usted lo sabe y también conoce las consecuencias terribles y destructoras de todo ello.

En total concordancia con esta decadencia, vienen hacia nosotros impulsos magnéticos desde las diversas regiones de la naturaleza terrestre, en concreto por el sistema magnético del cerebro y por el sistema magnético del esternón. Al igual que hemos llamado al santuario de la cabeza el centro del desierto, Bethabara, a causa de su aridez, su esterilidad y su desolación, también podemos reconocer sin dificultad que, al comienzo de su peregrinación, el santuario del corazón no parece menos desértico. Esto también concuerda por completo con lo que el Evangelio nos enseña sobre Juan.

Desde el primero al último día de su actividad, Juan predica en el desierto, en una región pobre, triste, desolada. Si usted echa una mirada a su pasado y considera todo lo que ha deseado en el transcurso de los años; si abarca con una mirada el caos de su vida emocional, sabrá que su corazón es impuro y, puesto que para la Gnosis el corazón es la puerta de acceso a su sistema vital, debe tender en primer lugar a la pureza del corazón. Cuanto más puro sea su corazón, con más claridad escuchará en su interior la voz apelante de la Gnosis. La pureza del corazón es una condición preliminar indispensable de su estado de alumno. La pureza de sus deseos, de sus móviles, de su fe, de su esperanza y de su amor es para usted la exigencia suprema.

Cada uno, incluso si apenas ha dado los primeros pasos inseguros en el camino, puede empezar por ahí. La rosa del corazón, el segundo átomo‑alma del microcosmos, lo hace posible para usted. Esta rosa no sólo es sensible a los impulsos de la Gnosis procedentes del exterior, sino que también lo es a los gritos de angustia del núcleo de su alma que arde en el cuarto candelero. Cuando la conciencia siente su angustia, suspira por la liberación y hace vibrar su grito en lo indeterminado, la rosa recibe como un shock, como consecuencia del cual emite, por el esternón, como un reflejo, un eco del grito de angustia del alma, invocando la respuesta de la Gnosis y abriéndola un acceso.

De este modo, la fuerza de la rosa elabora un túnel en el santuario del corazón impuro. Así llega la primera respuesta de la Gnosis. Y a partir de este comienzo, debe usted continuar construyendo y anhelando la purificación de su corazón. Esto nos permite comprender el grito del salmista, que implora: Crea en mí un corazón puro, oh Dios!. Y: El Señor no desdeña un corazón desgarrado.

El muro de los deseos impíos y egocéntricos debe ser destruido. Quien aplica incesantemente este proceso de purificación, sin concederse reposo, sin encontrarse nunca satisfecho, sentirá que esta purificación del corazón tiene grandes consecuencias en todo su estado de vida. Pone riendas a la voluntad y al pensamiento, transforma completamente la vida de actos y acompaña favorablemente al trabajo del primer rayo del Espíritu Santo. En esto verá con claridad una magnífica parte de la vida del Sermón de la Montaña: Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios.

Así se ve que el alumno que desde el primer paso está ocupado en conseguir la purificación del corazón, demuestra al mismo tiempo la vida del Sermón de la Montaña. Va con fuerza y magnificencia hacia el nacimiento de la luz en él. La aurora del ver a Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

El misterio de la progresión

 

 

Hemos esbozado cómo entra en el alma la luz del Espíritu Santo, en tanto que segundo rayo de salvación; la manera en que el nacimiento de la luz de Dios puede ser celebrado en el alma. Ahora vamos a centrarnos en el nacimiento de la luz de Dios en el cuerpo magnético de la Escuela, ya que antes de que este nacimiento pueda tener lugar en el alma, debe realizarse primero en el cuerpo magnético de la Escuela.

Por esto repetimos: ningún alumno ha de creer que puede encontrar esta segunda radiación de salvación fuera del cuerpo de la Escuela. Ciertamente no designaremos a la Escuela como la única Ekklesia salvadora en la tierra, no obstante queremos decir con énfasis: al exterior de una Fraternidad transfigurística, la salvación no puede ser realizada.

En uno de los capítulos precedentes hemos explicado la manera en que se forma una Fraternidad de este tipo y qué escalones debe subir el grupo antes de poder hablar de un cuerpo magnético. También hemos visto que la Fraternidad que nos precedió en el camino y que ya participa en la liberación, nos prestó su ayuda en nuestro trabajo, y aún lo sigue haciendo.

Usted sabe que emana una radiación gnóstica general y fundamental hacia toda la humanidad. Esta radiación sólo quiere y puede llamar y despertar, sin incidir por ningún concepto, en el orden dialéctico de las cosas y de los hombres. Esta llamada no ataca su estado de ser dialéctico fundamental. Ella resuena para aquél que, por su angustia interior, busca la liberación y cuya conciencia lanza un grito de auxilio. La rosa del corazón intercepta este grito de la conciencia, emite la resonancia por el esternón y recibe la respuesta de la Gnosis, la cual penetra hasta el cuarto candelero en el santuario de la cabeza a través de la rosa, la sangre y el fluido nervioso. Pero la sangre debe permitir este proceso, ya que si es demasiado espesa, demasiado animal, será imposible tocar al cuarto candelero.

Sin embargo, a pesar de todo, podemos decir que en cada portador de capullo de rosa en el mundo, por muy degenerado que esté, existe una sospecha, un saber intuitivo concerniente a la salida liberadora. Por ello hay en la tierra una búsqueda tan múltiple, tantos esfuerzos continuos, por encontrar la vida universal. Casi toda esta búsqueda se expresa de forma extremadamente lamentable. Muchos caminos recorridos son extraordinariamente anormales. Algunos son incluso peligrosos, y a ello se añaden todas las manipulaciones de la esfera reflectora. Sin embargo, el buscador recorre así el camino de las experiencias, y por cada experiencia negativa, tras cada error o fracaso fatal, la sospecha intuitiva permanece presente, despertada y mantenida por la Gnosis, ya que la radiación gnóstica fundamental no abandona a nadie.

El secreto del éxito reside sobre todo en el hecho de que no se trate simplemente de buscar, sino que también se quiera construir. Y no para sí mismo, sino en primer lugar al servicio de los demás. Servicio a los hombres, amor a los hombres, éstos son los principios más elevados del Sermón de la Montaña. Quien recorre su camino al servicio de los hombres, impulsado por el amor a los demás, ya es por su ser un hombre según el Sermón de la Montaña.

La única manera de alcanzar la rendición del yo consiste en servir a los hombres. Sólo sirviendo a los hombres, aprende a olvidarse de sí mismo. Solamente sirviendo a los hombres el yo es apartado, rechazado, roto y, por ello, purificado. Sólo sirviendo a los hombres puede recorrer el camino. Si se puede llegar a la ofrenda de sí mismo sirviendo a los hombres, el propio ser es arrastrado sin más en esta corriente.

 

El hecho de que esta radiación fundamental le llame, le despierte, entre en contacto con los suspiros de la conciencia del cuarto candelero, del núcleo del alma, no significa aún que usted se haya unido a esas corrientes gnósticas. Esto es solamente una consecuencia de un estado electromagnético omnipresente. Si por su alma, usted lanza esos miles de suspiros, la radiación gnóstica, por interacción, entra en contacto con usted por su llamada que despierta. Sin embargo, usted aún no ha unido esta corriente gnóstica a sí mismo!

El gran misterio es pues: de qué manera un grupo de buscadores reunidos es capaz de unirse a esta corriente gnóstica fundamental, de manera que pueda dividirla, de modo que la fuerza séptuple del Espíritu Santo se libere? Ya que solamente la fuerza séptuple, en sus diferenciaciones, tiene una acción transfiguradora; la fuerza fundamental es únicamente apelante.

Para resolver este misterio son necesarias dos orientaciones: una orientación mágico‑mística y una orientación mágico‑filosófica. Estas dos orientaciones pueden desarrollarse con la ayuda de la hipófisis. La hipófisis tiene dos lóbulos, uno anterior y otro posterior. Existe también un lóbulo intermedio, pero éste sólo tiene un papel subordinado. El lóbulo anterior tiene una actividad mental; el lóbulo posterior, una actividad sentimental. El lóbulo anterior está directamente unido a los órganos de la inteligencia en el santuario de la cabeza; el lóbulo posterior está unido a la actividad del santuario del corazón. Y estos dos lóbulos de la hipófisis tienen una relación recíproca, como lo positivo a lo negativo. Es diferente en los hombres y en las mujeres. El lóbulo que es positivo en el hombre, es negativo en la mujer, y así los dos sexos están inversamente polarizados también en este aspecto.

Por esta doble polarización inversa puede ser realizado un doble desarrollo mágico muy poderoso en un grupo compuesto tanto de hombres como de mujeres. Puede ser engendrada una fuerza enorme. Todo lo que provee las polarizaciones de la hipófisis del hombre será plenamente completado por las de la mujer. Así, un grupo en que ambos sexos son admitidos podrá satisfacer todas las necesidades y todas las actividades que reposan en las funciones de la hipófisis.

Por lo tanto, es necesario que ambas orientaciones ‑la mágico‑mística y la mágico‑filosófica‑ sean aplicadas sin interrupción. A partir del momento en que comienza la actividad del grupo ya no debe haber ninguna interrupción del proceso. La ventaja del grupo es obvia. Si, por ejemplo, un grupo de cien alumnos serios aplica esta doble orientación mágica, una interrupción es casi impensable. Si se exhortan unos a otros continuamente, si están constantemente atentos para que el dinamismo de la orientación no languidezca, si se aporta constantemente un apoyo mental y místico y una enseñaza, una resonancia ininterrumpida sale del potencial colectivo de las rosas, lo que origina un toque continuo de la corriente gnóstica fundamental.

Le hemos dicho, en el capítulo anterior, que el grito de angustia del alma brota también del centro del alma en el santuario de la cabeza, el centro donde se encuentra la hipófisis. Este grito de angustia hace vibrar a la rosa del corazón, cuyo eco brota por el esternón en forma de impulso magnético; entonces la onda gnóstica responde y, si esto es posible, regresa al núcleo del alma: tras ese grito de angustia, la respuesta es recibida. La respuesta de la Gnosis regresa al mismo punto de donde brotó el anhelo.

En tanto que alumno de la Escuela, usted está constantemente orientado en su ser del alma hacia el objetivo del camino: la obtención de la liberación. No sólo la suya, sino también la de todos los que buscan. Usted está unido a un grupo y gracias a esta unión se desarrolla una orientación doblemente mágica e ininterrumpida. Puesto que el grupo crece por ello en calidad, en profundidad interior y, ante todo, en unidad de grupo, en un momento dado nace un torbellino de fuerza electromagnética gnóstica, despertado sin cesar por esta polarización recíprocamente inversa del grupo.

Así nace, en primer lugar, un campo de fuerza. Después, por la continuación de la actividad de la doble tarea mágica, se produce una séptuple división de este campo de fuerza, cuyo poder aumenta progresivamente. En un momento dado, el Espíritu Séptuple se manifiesta.

De lo que se trata ante todo es de unir la corriente fundamental de la Gnosis al grupo. Esto lo conseguimos por la unidad de grupo. A medida que el grupo se extiende y crece en calidad, siempre habrá una parte del mismo ocupada en invocar la corriente gnóstica y en unirse a ella. Y como esos participantes conscientes del grupo lo vivifican por su trabajo, todo lo que es invocado es siempre para el bien del conjunto, es decir, de todos los que son admitidos en él.

La gran importancia de la unidad de grupo será ahora evidente para usted. Está totalmente descartado que un hombre de la naturaleza pueda fijar su atención ininterrumpidamente en la Gnosis; tiene tantas cosas que hacer para el mantenimiento de las cosas cotidianas que hay momentos en que su orientación hacia la Gnosis debe adormecerse. Pero, en el grupo, la Gnosis sigue unida a los participantes, ya que mientras algunos relajan su orientación, otros continúan este trabajo. Así trabajamos unos para otros al servicio de los hombres. Si usted se mantiene con todo su ser en la unidad de grupo, contribuye con los demás a que toda la Escuela alcance la realización del gran objetivo.

Tal vez ahora comprenda también la gran importancia de un correcto esfuerzo organizador, de modo que la tarea mágico‑mística y mágico‑filosófica encuentre el cauce en el que pueda avanzar sin ser perturbada. Cuán magnífico es que tengamos nuestros templos, nuestros centros, nuestros lugares de conferencias. Cuán lógico también que estemos continuamente ocupados, todos juntos, en la conservación del todo y mantengamos fija nuestra atención en las necesidades que puedan surgir del trabajo.

Usted comprenderá por qué debemos velar incesantemente en la Escuela de que quienes entran en el lugar de trabajo y los que son admitidos en el grupo colaboren todos plenamente en la doble tarea mágica. Todos tienen que vivir plenamente su alumnado. Ya que el instrumentario espiritual de la Obra es extremadamente sensible. Por esta doble actividad hemos podido realizar, en el transcurso de los años, el cuerpo magnético en el que todos estamos acogidos y donde está activo el Espíritu Séptuple. Pero suponga que nuestra atención se durmiese, hasta el punto de que apareciese en la Escuela un número creciente de personas que no actuasen, que esperasen, que se contentasen con contemplar y aún estuviesen orientados demasiado dialécticamente. Tal grupo de negativos representaría un peligro enorme para el campo magnético de la Escuela. Este grupo ejercería cierta fuerza de gravedad y, en consecuencia, el Espíritu Santo se retiraría del cuerpo viviente. En primer lugar, el campo magnético se volvería un campo de fuerza ordinario; finalmente, el toque fundamental del campo de fuerza ya no estaría presente, de modo que volveríamos al estado de ser ordinario del mundo.

Esto es lo que ocurre con un movimiento espiritual que baja la pendiente. Quizás se ha preguntado alguna vez, cuando se presentaba un caso de este tipo, en el presente o en el pasado, cómo es posible que un movimiento espiritual determinado, que ha llegado al punto culminante de su florecimiento, de pronto descienda la pendiente y se vuelva rápidamente un grupo vacío, una forma vacía con sólo un estatuto de asociación, de modo que de movimiento espiritual únicamente conserva el nombre. Pues bien, la causa es que la fuerza de tensión espiritual que llamaba a la fuerza y la concentraba alrededor del campo de trabajo ha desaparecido; la vigilancia se relajó y todo lo adquirido se perdió.

Por ello debemos cuidar, sin interrupción, de que ningún alumno esté en la Escuela sólo nominalmente. Por ello, en el transcurso de los años, hemos apartado de la Escuela lo más rápidamente posible a los tibios. Por esto también estamos obligados a cuidar de que no se produzca en el interior ninguna lucha. Ya que si la desarmonía, la rivalidad y todas las tan conocidas miserias dialécticas se desarrollasen en la Escuela, esto perjudicaría al cuerpo magnético. Entonces, la calidad se degrada y muy rápidamente ya no se puede hablar de campo magnético.

Por las mismas razones hemos considerado siempre nuestro deber descartar, lo más rápidamente posible, a todo aquél que aceptaba gustoso a la Escuela, pero que sólo quería servirse a sí mismo y no a la Escuela, ya que tal persona es siempre un peligro, aunque sea muy amable, cariñosa y educada. Es preferible un hombre no pulido que se mantiene fielmente en el campo de la Escuela, que miles de «civilizados» que dañan el cuerpo magnético. Estos demuestran una forma de rudeza mucho más tosca y peligrosa que la rudeza más vulgar.

Si usted comprende la necesidad de estar vigilante para mantener el buen estado del cuerpo magnético, entonces podemos avanzar. Ya que todos juntos cuidaremos como leones y leonas de que todo permanezca en perfecto estado.

 

Otro aspecto de este misterio es que una corriente gnóstica fundamental completamente nueva es liberada en el mundo cuando un campo de fuerza gnóstico se manifiesta en tanto que Espíritu Séptuple. Este es un aspecto espléndido y magnífico! La corriente magnética gnóstica fundamental que estaba activa en este mundo hasta hace poco tiempo, que aún podía trabajar en cierta medida, fue la de la Rosacruz clásica; en una medida menor, la de la Fraternidad de los Cátaros, y aún más débilmente la de la Fraternidad de los Maniqueos. A medida que un cuerpo magnético progresa en su desarrollo, el Espíritu Séptuple, en armonía con esta progresión, irradia en este cuerpo con una vibración cada vez más elevada. Y por esto mismo, cada vez es menos apto para incidir en la vida de los habitantes de este mundo, para ayudarles y llamarles. Las radiaciones de la Rosacruz clásica y las de las Fraternidades todavía más antiguas están cada vez menos capacitadas para llamar activamente en esta naturaleza, ya que los campos magnéticos en cuestión progresan cada vez más. Adquieren un grado de refinamiento tan elevado que se alejan cada vez más de nosotros.

Por esto, nuevos grupos deben asumir la tarea de los grupos anteriores. Una y otra vez deben ser creadas nuevas posibilidades para que los habitantes de la noche puedan recorrer el camino de salvación, y por esto nos sentimos dichosos de que ahora la Escuela Espiritual moderna haya demostrado que posee un campo de radiación séptuple, un cuerpo magnético, y un nuevo rayo gnóstico fundamental, que es dirigido horizontalmente y se manifiesta extraordinariamente adecuado para servir al actual trabajo apelante de la Gnosis.

De esta forma, por nuestra doble tarea mágica, ha nacido ‑si se nos permite decirlo así‑ un nuevo aparato de propaganda, un nuevo campo de radiación del Espíritu Santo para los buscadores de nuestro siglo. No es esto una gloria maravillosa?

Pero con esto, el misterio de la salvación está aún lejos de ser agotado. Como grupo, poseemos ahora un vehículo magnético, un nuevo campo de vida, donde el Espíritu Séptuple actúa de forma santificante para todos nosotros; y nosotros formamos, en consecuencia, un nuevo eslabón en la cadena gnóstica; y por tanto también vamos de viaje, y también progresamos; y también estamos acogidos en un proceso de refinamiento de la radiación, al mismo tiempo que aumenta nuestra sensibilidad colectiva. Y si, en los años transcurridos, éramos extremadamente sensibles al contacto de la Rosacruz clásica, de la Fraternidad de los Cátaros, de los Maniqueos y de los Esenios, en la medida en que el cuerpo magnético progresa y que su grado de fineza aumenta, también nosotros nos abrimos cada vez más a otras plenitudes de radiación más sutiles y elevadas.

Por ello se manifiesta al mismo tiempo para nosotros una octava de desarrollo superior y nueva, y se abre ante nosotros un nuevo día de manifestación. La aurora de la mayoría de edad del nuevo cuerpo magnético ha sido apenas alcanzada, cuando una nueva aurora comienza a brillar. Un nuevo día de crecimiento y de desarrollo nos espera. Así, avanzamos paso a paso sin que nunca se pueda decir que las bendiciones, que son el resultado de la doble tarea mágica, serán agotadas. En cada bendición se esconde una nueva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

La predicación del Evangelio

 

 

Nos está permitido indicarle todavía un aspecto de este maravilloso misterio de la salvación.

Hemos llegado por el momento bastante lejos en el desarrollo del campo magnético de nuestra Escuela, de modo que dos rayos del Espíritu Santo se manifiestan claramente en él: el rayo del poder y el rayo de la luz. Cada alumno que, por el nuevo comportamiento de vida, se ha vuelto poseedor de los tesoros del nuevo campo de vida, está también en posesión de los poderes en desarrollo del Espíritu Séptuple. Todo lo que dicho alumno posee, puede y debe ser utilizado, en su momento, al servicio de la gran obra.

Ya hemos dicho que por la radiación gnóstica fundamental, que emana del cuerpo magnético de la Escuela, se ha desarrollado un nuevo poder de propaganda al servicio de la Escuela, una radiación que llama, que despierta. Pero esto sólo se refiere a la radiación fundamental. Sin embargo, cuando más tarde un mayor número de alumnos participen realmente en el Espíritu Séptuple y éste habite y se libere en ellos, todos podrán trabajar entonces con los rayos que se han liberado en cada uno. El trabajo será entonces vivificado personalmente por los trabajadores. Por esto se puede decir justificadamente, con miras a este próximo desarrollo, que de hecho la Escuela aún está en pañales. En las próximas décadas, la Escuela Espiritual moderna tomará un enorme impulso y, lo que es más importante, podrá actuar con una gran fuerza.

Usted puede hacerse una idea de ello en la Biblia. En el libro de los Hechos de los Apóstoles se narra explícitamente lo que fue capaz de hacer la primera comunidad cristiana cuando pudo trabajar con el Espíritu Santo y por El.

Cuando, más adelante, nuestros trabajadores puedan actuar y hablar por el Espíritu Santo, ningún alma cargada de posibilidades que se aproxime a nuestro campo de fuerza podrá dejar de ser recogida. Entonces los trabajadores no acudirán, como ahora, con el único empleo de su entusiasmo, de su entrega al trabajo, de su amor por la Escuela y de su comprensión de la Enseñanza; ellos vendrán con fuerza. Ya desde el momento en que el segundo poder está presente en usted ‑cuando el nacimiento de la luz de Dios comienza a brillar en usted‑ está plenamente capacitado para trabajar en y por el Espíritu Santo. Usted puede aplicar la magia transfigurística.

Puede imaginar lo que ocurrirá entonces, ya que quien comienza a vivir del nacimiento de la luz de Dios, cuando la nueva fuerza de alma colma todo su ser, puede aplicar directamente el primer poder.

Como usted sabe, cuando entra en la Escuela Espiritual y es admitido en su campo magnético, el primer aspecto del Espíritu Santo, la fuerza gnóstica, es inhalada por el esternón. Esta fuerza gnóstica se convierte para usted en un poder, el primer poder. Ella penetra en su sangre y en una parte del sistema nervioso y enciende en el santuario de la cabeza el cuarto candelero. Cuando este poder está presente en usted y crece, todavía sólo puede emplearlo para su autorrealización, para penetrar con su ayuda hasta el segundo poder, el nacimiento de la luz de Dios. Pero cuando este nacimiento de la luz de Dios comienza a desarrollarse en usted, usted es capaz de utilizar desde ese mismo instante el primer poder al servicio de muchos buscadores. Provisto de este poder, usted saldrá al campo de trabajo de la Escuela para cosechar las almas, para pescar las almas del océano de la vida.

Verá más fácilmente a lo que conducirá todo esto cuando, en tanto que grupo, podamos practicarlo. Entonces, todo lo que pudieron realizar los hermanos y hermanas de las antiguas Fraternidades, lo realizaremos también nosotros.

Una esquina del velo es levantada para nosotros a este respecto en el Evangelio. Piense en la frase que clausura el Evangelio de Marcos: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda la creación.

El cristiano ortodoxo lo ha interpretado como sigue: el evangelio está registrado en un libro, un libro santo, y los hombres deben ir hacia todas las regiones de la tierra para darlo a conocer. Pero no es esto lo que quieren decir los evangelios!

El evangelio es un principio de fuerza, y aportar el evangelio significa actuar con esta fuerza entre los hombres, ir hacia todos los lugares del mundo armado con esta fuerza.

Y el Evangelio de Marcos prosigue: Quien crea y sea bautizado será salvado. Recuerde lo que dijimos anteriormente. Explicamos lo que significa ser bautizado como cristiano, en el verdadero significado de la palabra. Esto quiere decir: poseer el principio juanista, el primer principio gnóstico, el primer poder, en el propio ser. Y si dejamos actuar este poder en nosotros, llenos de confianza y de fe, de modo que finalmente se realice el nacimiento de la luz de Dios, experimentaremos la salvación.

Estas palabras son comprendidas por la cristiandad ortodoxa de la siguiente manera: si cree en lo que se dice exteriormente, si es bautizado por la señal exterior, símbolo del bautismo, será salvado después de la muerte. Usted conoce esta forma de presentar la cuestión. Pero ahora puede saber que esto es absolutamente erróneo. Cuando, despertado, llamado por la radiación fundamental, usted se acerca lleno de confianza y de fe a la Escuela Espiritual, la radiación gnóstica irrumpe en usted y es entonces «bautizado»; si persevera fielmente en este camino, la salvación se realiza en la sangre con toda certeza. Ya que salvación significa entre otras cosas: autorrealización según el plan de salvación divino, nuevo nacimiento en la luz universal. Salvación, en este sentido, es: ser elevado en el nacimiento de la luz de Dios.

Y cuando, en este nacimiento de la luz, lleno de fe y lleno de la señal de este bautismo interior, sea cargado con fuerza interior, entonces, según las palabras de Marcos, expulsará demonios, hablará nuevas lenguas, agarrará serpientes y, si bebe algún veneno, no le hará mal; impondrá las manos a los enfermos y serán sanados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

QUINTA PARTE

 

 

 

 

LA TRANSFIGURACION DEL ALMA Y DEL CUERPO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

Fe, esperanza, amor

 

 

En el desarrollo de una escuela transfigurística, la progresión comienza por una radiación fundamental de la Gnosis. Dicha radiación fundamental se extiende por doquier en este mundo y no se puede señalar ningún lugar donde no esté presente. Abarca a todo el mundo y emana especialmente del cuerpo magnético de una Fraternidad que ha obtenido la liberación en los siglos anteriores y que irradia, con un amplio resplandor, su gloria sobre el campo de vida dialéctico.

El hecho de que la luz gnóstica universal sea transmutada por una Fraternidad tal, tiene una importancia extraordinaria para la humanidad que permanece en el mundo de la dialéctica, ya que si éste no fuese el caso, los habitantes de la noche no podrían captar esta radiación fundamental.

El trabajo de la Escuela Espiritual puede comenzar gracias a su presencia. La Escuela sabe unirse a la radiación gnóstica fundamental por la orientación hacia el objetivo y por la unidad de grupo, poniendo así esta radiación fundamental en rotación, de modo que, como consecuencia, nace un campo de fuerza alrededor del campo de trabajo de la Escuela. Finalmente, esta radiación fundamental, concentrada en el campo de fuerza y totalmente en concordancia con este campo y con este grupo, tanto en vibración como en naturaleza, se divide en siete rayos. Esta última manifestación es llamada la efusión del Espíritu Santo, lo que significa que las siete fuerzas van a manifestarse en todos los que habitan en el campo de fuerza. Debido a esto, el campo de fuerza se convierte en un campo de vida, se vuelve un campo de luz, una esfera magnética, una nueva Tierra. Todos los que están unidos a él cambiarán fundamental y estructuralmente: se transfigurarán.

Este nuevo desarrollo avanza muy gradualmente, muy progresivamente, en perfecta armonía, pero con un ritmo irresistible. Quienes quieren ir con nosotros, quienes quieren habitar con nosotros en el campo magnético de la Escuela, deben tener en cuenta que son llevados por este ritmo, para una resurrección o, si se muestran refractarios, para una caída.

Puesto que el resto de la humanidad se queda atrás en el cuerpo magnético ordinario de la naturaleza, todos los que se separan de él, por estar en el nuevo campo, inician claramente un viaje, el cual comienza en el momento en que se unen al gran proceso de renovación. Ya que comienza a producirse un cambio y este cambio ha sido designado siempre, a través de todos los siglos, con la noción «viaje», «ir de viaje». Se trata de una despedida. Los dos grupos se alejan recíprocamente. Atrás quedan los habitantes de la noche; quienes buscan una nueva mañana salen de viaje.

En un momento dado, el cambio de este nuevo grupo que se ha separado habrá progresado de forma tan radical, que los dos mundos desaparecerán el uno para el otro. Y a partir de ese momento, las entidades del antiguo orden del mundo ya no podrán llegar hasta el nuevo. La distancia se habrá vuelto demasiado grande, la diferencia demasiado marcada. Sin embargo, mientras siga siendo posible penetrar en el nuevo, es evidente que la Escuela Espiritual transfigurística debe hacer los mayores esfuerzos para que entre el mayor número de buscadores posible.

Esta es la tarea clásica del barquero, que debe llevar a todos los peregrinos hasta el otro lado del Estigia, el río de separación. Este trabajo tendrá lugar, cuando llegue su tiempo, exclusivamente en base a la nueva radiación fundamental que emana de la Escuela Espiritual moderna.

Decíamos anteriormente que la radiación fundamental fue propagada en esta naturaleza por la Fraternidad precedente, la cual ya entró en la liberación. La acción de irradiar esta luz gnóstica fundamental fue proseguida, desde el 20 de Agosto de 1953, por la Escuela Espiritual moderna. A partir de ese día se puede hablar de un campo magnético, de un cuerpo magnético de la Escuela Espiritual moderna. Con esto indicamos que los siete rayos del Espíritu Santo comienzan a manifestarse en el mundo. Por esto dijimos que este trabajo del barquero, el trabajo de recoger del mar de la vida tantas almas como sea posible, tendrá lugar exclusivamente en base a esta radiación fundamental, que actúa llamando y despertando, e irradia en todo el mundo.

Esta actividad deberá ser afianzada, lo más rápidamente posible, por los trabajadores que son enviados a ejecutar el trabajo en y por el Espíritu Séptuple. El trabajo efectuado en la Escuela tiene lugar en gran parte por el fuego de la palabra profética, conducida únicamente por la unión de fe con la Gnosis. Pero después, este trabajo se efectuará por y a partir de la propia vida nueva que se realiza, la cual toca a los trabajadores concernidos. A todos los que estén aún en el campo de la noche, les dirá el trabajador:

Aún estoy entre ustedes, pero pronto vendrá el tiempo en que ya no será así. Ahora el arca, la barca celeste, el nuevo cuerpo magnético de la Escuela, el nuevo campo de vida, está aún entre ustedes y si lo desean pueden cumplir las condiciones y entrar. Pero si, visto según el espacio y el tiempo, la separación entre ustedes y nosotros se vuelve definitiva, esta entrada ya no será posible. Entonces la puerta del arca será cerrada por la propia Gnosis.

 

Esta introducción era necesaria para hacerle comprender hasta qué punto es necesario colocar estas cosas públicamente a plena luz, ya que el Hora est ha sonado con más insistencia que nunca. Desde el 20 de Agosto de 1953, el campo de fuerza, el cuerpo magnético de la Escuela, está ocupado en manifestarse en siete propiedades, en siete rayos. El Espíritu Santo se vierte actualmente sobre nosotros y dos rayos del Espíritu Séptuple se han vuelto claramente reconocibles: el rayo del poder y el rayo del campo de luz de Dios. El tiempo para reflexionar sobre todo esto y para adaptarse a ello ha llegado para usted. El desarrollo de la salvación debe encontrarle dispuesto y, en primer lugar, preparado para la despedida. Esto es lo principal, y todos los alumnos deben debatirse en un gran conflicto psicológico.

Acabamos de hablar de la despedida, del momento en que los dos campos magnéticos ‑el nuevo cuerpo de la Escuela y el campo magnético de la naturaleza ordinaria‑ se alejan mutuamente, hasta el punto en que ya no será posible establecer un puente entre ambos. En ese momento será celebrada la despedida científico‑natural. Pero aún hay otra despedida, a saber, la despedida del mundo que cada alumno debe realizar cuando entra en la barca celeste, en el campo magnético de la Escuela. El alumno debe saber interiormente que tal despedida es una absoluta necesidad. Por otra parte, puede comprender que dicha despedida es perfectamente posible y muy fácil de realizar. No se trata de que la Escuela Espiritual exija algo que usted no pueda realizar, o que sólo pueda hacerlo con muchas penas y sufrimientos.

Decimos esto con énfasis, porque es imposible que un alumno pueda existir en dos campos. Usted está aún en una fase de transición, participa en dos mundos. Aunque pertenece a esta naturaleza, en tanto que alumno es de la vida nueva. Pero a la larga es imposible mantener esta situación, es una situación que sólo puede ser temporal.

Por esto, es urgente una elección. Desde el momento en que, como grupo, hayamos escogido positivamente, usted vivirá en la Escuela un desarrollo maravilloso. A partir de ese momento, ya no avanzaremos a la velocidad tan conocida de los años anteriores al 1953, sino que volaremos a la velocidad de un tren rápido. Y la progresión de la Escuela Espiritual se manifestará como un milagro. Esta razón basta para que sea urgentemente necesario hacer una elección. El Sermón de la Montaña dice claramente que hay que elegir entre Dios y Mammón. Mammón es considerado frecuentemente como el dios del dinero, y, en cierto sentido, es correcto. Pero ésta no es la intención más profunda del Sermón de la Montaña; con el término Mammón hay que comprender todo lo que es de este mundo. De ahí la elección entre Dios y Mammón.

Los problemas del alma que obstaculizan una elección y su rápida realización, se encuentran principalmente en el terreno de la angustia de sí mismo, del miedo por el mantenimiento de sí mismo en todas las formas. Piensa que no puede escoger a causa de todas sus dificultades dialécticas. Cree que no es capaz de nada bueno al estar asaltado por demasiados impedimentos de naturaleza ordinaria.

Pero nosotros le decimos: Recuerde las palabras del Evangelio: Quien quiera perder su vida por amor a Mí, la encontrará. Deje sus dificultades dialécticas tal como están. No intente solucionarlas, ya que a cada nudo que desata, aprieta aún más otros dos nudos. Nadie ha logrado nunca encontrar, en la línea horizontal, la salida del laberinto de la naturaleza ordinaria. A medida que atraviesa el laberinto de la vida, usted encuentra sin cesar nuevos pasillos, nuevas puertas, y detrás de cada puerta, hay otro laberinto. Por ahí no hay salida alguna!

Deje sus dificultades tal como son y piérdase a sí mismo. Despídase de sí mismo y, al mismo tiempo, de sus dificultades. Si lo hace se liberará de todas sus dificultades y miserias.

Una abolición consciente de sí mismo es, pues, una exigencia. Los antiguos Gnósticos denominaban endura a la destrucción del yo. En el Evangelio de la Verdad de Valentin, encontrado recientemente, todo esto está claramente expuesto. Y también el mito del arca de Noé llama la atención al respecto. Este mito señala además que de todos los animales de los campos, sólo fue admitida una pareja de cada tipo. Esto ha provocado frecuentemente la risa, tanto como el que los antiguos egipcios metiesen víveres en las tumbas. Pero usted debe comprender la intención de todas estas cosas. Estas narraciones y costumbres simbolizan el saber y la experiencia de los iniciados de todos los tiempos, y explican que en el nuevo campo de vida, donde se manifiesta el Espíritu Séptuple, todos los víveres están presentes en el campo magnético para la nueva raza, para su aplicación práctica. Todo lo que usted necesita, todo lo que le es posible desear, está presente en el Espíritu Séptuple.

Con ello queremos decir que debe poner a un lado todos sus «pero» psicológicos y que puede colmarse de alegría interior, proveniente de un discernimiento creciente y de una vida que se transforma. Si comprende claramente de qué se trata, puede desprenderse del miedo! Si se aferra a sus reservas, esto demuestra su temor, su egocentrismo y también su apego a todo lo antiguo.

Si busca verdaderamente el nuevo Reino, aceptando todas las consecuencias, todos los demás problemas se someterán. Tal vez aún vea con una razón oscura, pero pronto verá cara a cara.

 

Le colocamos ahora ante el siguiente tema. Pablo dice en la primera Epístola a los Corintios, capítulo 13: Ahora vemos como por un espejo, de una manera oscura, pero entonces veremos cara a cara. Hoy conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente como yo he sido conocido. Ahora hay tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de ellas es el amor.

En la cima del santuario de la cabeza están situados los centros de la conciencia, de la inteligencia, de la voluntad, del pensamiento y de los sentidos.

Piense ahora en el inmenso pasado natural de su microcosmos. Cuántos habitantes habrá conocido su microcosmos? Innumerables! Pues bien, la suma de todo este pasado natural yace encerrado en el plexo sacro, en la base de la columna vertebral. Allí está enrollada la serpiente de la kundalini, que le ata a todo este pasado kármico natural. Y entre la serpiente enrollada del pasado natural y los órganos de su inteligencia se encuentra el canal del fuego de la serpiente.

Cuando, a partir de tal estado estructural, orienta su mirada hacia la Gnosis, hacia la Escuela y sus tareas, cuando piensa en el cuerpo magnético de la Escuela y en la salvación que se ha elevado en usted, entonces ve, a pesar de todo, con una razón oscura. Usted va de la mano de lo que le dice la Escuela sobre estas cosas, ayudado por el toque de la luz en su interior, con dificultad y comprendiendo apenas, ya que aún le falta la plenitud de comprensión que proviene de la contemplación directa. Sólo posee una razón oscura, la conciencia, que en su aspecto más elevado está herméticamente cerrada, su conciencia natural que, en el centro de los órganos de su inteligencia, está totalmente dominada por la serpiente enroscada de la kundalini, del pasado natural acumulado en usted.

En tal oscuridad, todas la líneas se difuminan y toda clase de impresiones, angustias y dudas se asientan en el alma. Cuando le decimos: «Expulse la angustia que le llena», no desconocemos en absoluto la realidad y, ciertamente, tampoco la subestimamos. Todo esto, en efecto, está existencialmente presente. Pero si quiere poner fin a esta angustia del alma y conocer plenamente y ver cara a cara, entonces comprenda que hay tres escalones que debe subir.

Nosotros sentimos respeto por todo hermano o hermana que demuestra visiblemente las dudas y los temores de su alma, que incluso habla sobre ello, a condición de que tal hermano o hermana se disponga a escalar estos tres escalones. Pero si rehusa subir estos tres escalones, que son esculpidos y que han sido preparados con amor para él, y habla de los miedos de su alma, entonces dejamos de sentir respeto por él y le consideramos un necio. Suponga que usted está en el agua y no puede salir por sí mismo debido a que la orilla es pantanosa, y que cuando nosotros le tendemos la mano y le decimos: «Dénos la mano, nosotros le sacaremos de ahí», no acepta nuestra mano y continúa lamentándose, qué podríamos hacer por usted?

Si quiere acabar con la angustia del alma, si quiere conocer plenamente y contemplar cara a cara, entonces hay tres escalones que conducen al objetivo.

Primero: fe incondicional, como prueba de que ha escuchado la llamada, de que la llamada de la Gnosis vibra en su alma, de que por esta razón ha venido a la Escuela Espiritual y de que quiere ser fiel a esta llamada que le ha despertado. Esto es la fe. Tener fe no es aceptar neciamente lo que se decreta desde arriba, sino, ante todo, poseer una comprensión absoluta, un discernimiento procedente del toque interior de la luz, por el cual el alumno dice desde su interior: «Yo voy, yo colaboro. Miro aún con una razón oscura, pero he oído la llamada y voy.» Esto es subir el primer escalón.

En esos momento todavía tiene una razón oscura, pero de vez en cuando, por su estado de fe, surgen resplandores, por ejemplo en un servicio de templo, de modo que contempla, como de lejos, la tierra prometida. Una ola de alegría y de entusiasmo atraviesa su alma y entonces se encuentra nuevamente fuera de la cárcel de su alma. Pero, teniendo en cuenta que su estado de conciencia aún no se ha transformado fundamentalmente, esta iluminación no puede durar. Todo regresa a su contrario, de forma que es absorbido de nuevo por las cosas de la naturaleza ordinaria. No obstante, si persevera, podrá subir el segundo escalón.

Cuando la fe permanece sólida, a pesar de los altibajos del alma, aún inevitables, usted sube el escalón de la esperanza. El primer rayo del Espíritu Santo va a hacer su morada en su alma. Llamamos a este rayo el poder. En este estado del alumnado, que es el acercamiento en la fe y por ella, la fuerza gnóstica entra en su ser por el esternón, la rosa y el timo, la sangre y el sistema nervioso automático. A través de la médula, que está en unión con el corazón, la nueva luz penetra hacia el interior y se eleva hasta la cámara de la torre. Y allí enciende el cuarto candelero en la cuarta cavidad cerebral.

Cuando este cuarto candelero está encendido en el alma, la luz de la esperanza comienza a brillar en el alma. En la cámara de la torre, la cuarta cavidad cerebral, se encuentra la hipófisis. Como ya dijimos, la hipófisis comprende dos partes muy importantes: el lóbulo anterior y el lóbulo posterior. El lóbulo anterior de la hipófisis le une directamente con los órganos de la inteligencia en la cabeza y con los órganos sensoriales. Por medio del lóbulo anterior, los impulsos gnósticos y el toque del Espíritu Santo son transmitidos al pensamiento, a la voluntad y a los sentidos. Por ello, la esperanza es más que la fe, tal como se dice en la Biblia.

Las radiaciones gnósticas entran en el alumno a través del sistema del esternón, se elevan hacia el cuarto candelero y allí tocan a la hipófisis. Por el lóbulo anterior de la hipófisis, los rayos de luz que arden en el cuarto candelero penetran poco a poco hasta la cima del santuario de la cabeza. Por esto, la esperanza es más que la fe, ya que ella es una luz premonitoria que lleva al alma a un estado nuevo.

Por esta razón, un hombre lleno de esperanza, incluso en la Escuela Espiritual, es un hombre totalmente diferente a un creyente. El creyente puede pensar del hombre lleno de esperanza: «Es un gran optimista.» Pero el hombre que está en la esperanza no es un optimista superficial. Es un hombre lleno de alegría y, en cierta medida, un hombre radiante. La jovialidad brilla en sus ojos, ya que posee el valor para hacer las cosas. En la luz de la esperanza, él ve el nuevo estado de vida más claramente que nunca. Por esto, en la Biblia se compara la esperanza con un casco, con una protección del santuario de la cabeza, que crece por la luz del espíritu. La fe proviene del campo de fuerza, pero la esperanza comienza a brillar por el primer rayo del Espíritu Santo, el primer rayo de la Fuerza Séptuple. En la fe, el hombre ve las cosas de la vida nueva como desde lejos; en la esperanza siente la proximidad de la vida nueva.

Es lógico que el tercer escalón sea el amor. El amor es un estado de unificación, de unión, de unidad absoluta. En este sentido, el amor es el estado de unificación con la Gnosis, en tanto que segundo rayo, segundo aspecto del Espíritu Séptuple.

En la fe existe ya una unión, y los que mueren en la fe reciben la gracia en el Vacío de Shambhala. En la esperanza, la unión con la Gnosis se hace más estrecha, más íntima. Y en el amor esta unión es un hecho consumado. En el amor, el alumno experimenta que la plenitud gnóstica del segundo rayo toma posesión, a través del cuarto candelero, de todo el santuario de la cabeza. Entonces la unión magnética con la naturaleza dialéctica es rota positivamente, y el corazón y la cabeza nacen a una unidad perfecta en la Gnosis.

El amor que se manifiesta, en ese sentido, por una unidad de la cabeza y del corazón definitivamente restablecida, con todas las consecuencias extraordinarias, es verdaderamente el nacimiento de la luz de Dios, la resurrección de Cristo en el hombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

La semilla corruptible y la semilla incorruptible

 

 

Ahora hay tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de ellas es el amor.

 

Sin duda usted habrá reflexionado sobre estas palabras y habrá intentado descubrir, analizándose, en cual de los tres escalones se encuentra usted. Y nosotros repetimos: la fase de la fe es la del toque gnóstico fundamental; su reacción correcta y su entrega a este toque le conduce a la fase de la esperanza, la del primer rayo del Espíritu Santo; y la fase del amor es la del segundo toque del Espíritu Santo, el nacimiento de la luz de Dios.

Por el primer toque del Espíritu Séptuple se libera un poder en el alumno; por la acción del segundo rayo, el fluido magnético del campo de fuerza entra, a través de la hipófisis, en la cima del santuario de la cabeza y todo el sistema cerebroespinal es inflamado por esta corriente de fuerza.

Tan pronto como esta segunda corriente del Espíritu Santo se manifiesta en el alumno, la luz aparece en el candidato: él puede celebrar el nacimiento de la luz.

Este acontecimiento es ante todo una experiencia importante. Imagine que se encuentra en una habitación oscura, en un lugar donde nunca ha estado anteriormente, es decir, en una situación totalmente nueva para usted. Sin embargo, usted es informado de antemano de todo lo que va a ocurrir, de modo que no puede haber sorpresas. Usted sabe que está en esa habitación y que está en posesión de un poder. Este es, más o menos, el estado en el que se encuentra la mayoría de los alumnos de la Escuela Espiritual moderna. Se encuentran en el espacio, aún oscuro para ellos, del nuevo campo de vida, del cuerpo magnético de la Escuela, y han llegado allí en posesión de un poder: el poder que les permite moverse libremente en ese espacio del nuevo campo de vida. Pero, en la oscuridad donde ellos se encuentran todavía, no pueden utilizar aún este poder de la manera correcta, sino a lo sumo de modo experimental, lo que siempre es un gran peligro, ya que pueden caerse, tropezarse, empujarse o herirse mutuamente. Por esto hay que esperar a que llegue el día. Y cuando esta luz aparece, pueden ver los lugares y escrutar el horizonte, determinar su propio lugar en medio de todo lo que le rodea y pasar a una nueva actividad.

No hacen falta otras imágenes para comprender cuán importante es la luz y el mundo de luz que usted verá pronto. En tanto que hermano o hermana reunido en el nuevo cuerpo magnético de la Escuela, usted sabe que este otro mundo de luz existe, que el mundo de luz gnóstico le tiene abrazado. Cree en ello, con la íntima certeza de la luz que le ha tocado; en ella ha fundamentado su esperanza, lleno del anhelo de salvación, que ha despertado en usted el impulso de la luz. Y de vez en cuando, un rayo de luz de la verdadera realidad penetra en su ser. Pero, por otra parte, lo más frecuente es que sólo experimente la oscuridad, y es esta oscuridad fundamental la que le impide paladear la dicha plena de todo lo que le es ofrecido. Con toda seguridad no es del todo impotente, ya que ha armonizado su razón con aquello que la fe y la esperanza le hacen experimentar como verdad. Pero si hay una razón, ésta es aún una razón oscura.

Ver racionalmente, contemplar en la luz de la sabiduría universal, es siempre abstracto. Ver realmente es concreto. Ver racionalmente es pronosticar el futuro. Ver realmente es experimentar el presente. Mientras no se haya producido el nacimiento de la luz de Dios en usted, existe todavía en el ser de la naturaleza ordinaria, en el orden espacio‑temporal. Pero el anhelo de la luz es innato en usted, y el esfuerzo por obtener la luz es tan viejo como el anhelo mismo.

Este anhelo habita también en usted, pero debemos decirle de nuevo que detrás de este anhelo del nacimiento de la luz de Dios acecha un gran peligro, el de un desarrollo oculto negativo o positivo, lo que tiene como resultado el nacimiento de la luz en la esfera reflectora. El peligro de un desarrollo oculto será cada vez más grave en los tiempos venideros para quienes tienen cierta predisposición a ello, teniendo en cuenta que el nacimiento de la luz en la esfera reflectora no tiene nada que ver con el nacimiento de la luz de Dios en el alma.

En general, no nos produce ningún placer explicar los métodos ocultos, pero bastará con indicarle que estos métodos ocultos están también en relación con las actividades de la hipófisis y de la pineal. Esto podría hacerle creer que la Gnosis sigue los mismos caminos que el ocultismo y que, en ello, lo determinante sería solamente el objetivo. El objetivo determinaría lo que es blanco y lo que es negro. Y así se podría decir que el transfigurismo sería algo parecido a la magia blanca. Pero no es así en absoluto! Se puede constatar inmediatamente en un alumno, en un colaborador, si sigue los métodos ocultos o los caminos del transfigurismo. Basta una mirada, un instante de observación de su conducta para constatarlo inmediatamente.

Usted sabe que la pituitaria o hipófisis está situada encima de la médula oblonga. La cámara de la torre se encuentra en la cima del fuego de la serpiente. La hipófisis, llamada también «la campana en la cámara de la torre», tiene una gran afinidad, como usted comprenderá ahora, con el fuego de la serpiente y con todos los órganos anexos al fuego de la serpiente. Se puede decir que la hipófisis es el principal órgano de secreción interna de todo el sistema corporal, ya que no hay ningún órgano que no tenga algo que ver con ella. Los múltiples tipos de hormonas que produce desempeñan un papel importantísimo en todo el sistema corporal, y es lógico que haya igualmente una interacción entre ellos. Al igual que la hipófisis está en unión con todos los órganos del cuerpo, también los órganos ejercen una influencia sobre la hipófisis.

Piense, por ejemplo, en los órganos sexuales. Dichos órganos están muy especialmente unidos a la hipófisis y en relación directa con lo que se llama el chakra del hueso sacro, en el sistema del fuego de la serpiente. A través del chakra del hueso sacro, los órganos sexuales están directamente unidos con la cámara de la torre, con el cuarto candelero, por consiguiente, con el centro por excelencia del alma.

La cámara de la torre, la hipófisis, la cima de la médula oblonga y el cuarto candelero forman juntos el centro del alma por excelencia. Este centro del alma, nuestro núcleo de conciencia, está unido directamente a los órganos sexuales por el fuego de la serpiente y el chakra del sacro. Estos órganos no son simplemente órganos de procreación en el sentido corriente, animal, de la palabra, sino que procrean, literalmente, todo lo que pensamos, queremos, meditamos y codiciamos.

Los órganos sexuales tienen una completa secreción interna y, desde el punto de vista etérico, tienen un radio de acción extremadamente amplio. Manifestaciones tales como los celos, el odio, el espíritu de contradicción y semejantes, no sólo se pueden contemplar en el espejo de la frente, sino que en gran medida son también eróticas, sexuales, propagadoras de fuerza procreadora. También la locuacidad, esa palabrería interminable, que hace que los hombres parloteen durante horas entre sí, está en relación directa con los órganos sexuales.

Le mostramos el estado erótico continuo del ser humano, que dura desde las primeras horas de la mañana hasta las últimas de la noche. Y estas actividades eróticas expanden sin cesar semilla etérica que acecha a quienes son sensibles a ello. En cualquier caso, dejarse llevar por ello es una especie de masturbación. Se trata siempre de un acto creador en el que cada ser humano, tanto el hombre como la mujer, es bisexual, hermafrodita. Piense en los dos lóbulos de la hipófisis. El primero está polarizado positivamente respecto al otro, que está polarizado negativamente. El primero es mental y el otro místico. El lóbulo anterior es masculino y el posterior femenino; por otra parte, cada lóbulo tiene también dos polos.

El núcleo del alma no es, pues, ni masculino ni femenino. No se puede hablar de un alma masculina o de un alma femenina. Es más correcto decir que el alma del hombre es neutra. No obstante, hay dos tipos de alma que se distinguen por su polarización inversa. Esta polarización inversa de los núcleos del alma provoca la diferencia de forma entre el cuerpo masculino y cuerpo femenino.

 

Cuando el yo dialéctico ordinario, cuya sede se encuentra en la hipófisis, emite sus deseos, orientaciones y anhelos, esta corriente sigue siempre un camino conocido. Hemos dicho que cada deseo del yo desarrolla siempre un proceso sexual, que origina un acto creador. Una corriente de estos deseos se dirige en sus resultados hacia el exterior, y otra corriente se dirige en sus resultados hacia el interior. Esto es igualmente válido cuando el deseo está lleno de anhelo de liberación.

Este deseo desciende por el fuego de la serpiente hacia abajo, se extiende por el santuario de la pelvis, con la ayuda del chakra del hueso sacro, y en dicho santuario toca los órganos sexuales, la semilla humana. Esta corriente transforma la semilla, liberando así cierta fuerza. Una parte de esta fuerza irradia hacia el exterior, mientras que otra responde al deseo del yo y se eleva hacia arriba, hasta que se vuelve a encontrar con la hipófisis. Cuando esta respuesta del santuario de la pelvis es reflejada y es reabsorbida por el chakra del hueso sacro, este chakra envía una corriente descendente hacia el chakra del plexo sacro, donde está situada la serpiente enroscada de la kundalini, mientras que la otra parte vuelve a subir hacia la hipófisis. Esta corriente de la semilla transformada que se dirige hacia el exterior, elige como vía la sangre, los órganos linfáticos, los sentidos ‑sobre todo los ojos‑ y la laringe, así como el cuerpo etérico humano.

Siguiendo esta sobria explicación, usted puede darse cuenta de la diferencia entre el desarrollo oculto y el transfigurismo.

El camino oculto presenta la siguiente imagen. El yo de la naturaleza quiere el nacimiento de la luz, la liberación en la vida nueva. Por esta orientación, que concuerda con el deseo de luz ‑orientación que muchas escuelas ocultas estimulan con ciertos ejercicios‑, es emitida una corriente de fuerza desde el centro del alma, desde la cuarta cavidad cerebral, una corriente que se divide. Una parte de esta corriente es lanzada hacia arriba y llena el santuario de la cabeza, poniendo en movimiento el pensamiento y la voluntad, como consecuencia de lo cual, la pineal aspira al alimento magnético. La otra parte de esta corriente es empujada hacia abajo, a través del fuego de la serpiente y el chakra del sacro, y penetra en el santuario de la pelvis. La semilla humana se transforma de la forma descrita y así, invevitablemente, todo el sistema corporal, toda la personalidad, concuerda con el deseo. Se dice a veces de alguien que es devorado por el deseo; este ardor, este enfermar y envejecer de deseo, es la consecuencia erótica del desarrollo de las cosas.

Cuando el hombre persevera en su esfuerzo, permaneciendo dirigido hacia el deseo de luz del yo y aplicando ciertos métodos enseñados al alumno ocultista, la serpiente enrollada de la kundalini comienza, en un momento dado, a desenrollarse. Por continuos ejercicios ocultos, eróticos, la fuerza que reposa en el plexo sacro, en la base del fuego de la serpiente, se libera y se abre camino hacia arriba. Comprenderá que esta corriente del pasado, de todo el karma almacenado, invade todo el sistema.

La serpiente que lleva en sí todo el pasado del microcosmos, la corriente de la kundalini, despertada por el acto creador continuamente repetido en el sentido descrito, terminará por subir por el fuego de la serpiente, el cual se ha vuelto cada vez mejor conductor debido a los actos creadores repetidos. Esta corriente alcanzará en un momento dado el centro del alma en la cámara de la torre y penetrará hasta el centro cerebral de la pineal. Todo el santuario de la cabeza es entonces admitido, junto con la serpiente de la kundalini, en el mismo campo de vibración. Así nace la pretendida conciencia de los planos superiores de la esfera reflectora, como la clarividencia, etcétera.

Más de una vez en el transcurso de los años, hemos podido constatar que muchos alumnos, y sobre todo colaboradores de la Escuela, pretendían querer convertirse en transfiguristas en el verdadero sentido de la palabra, pero, no obstante, demostraban en todas las cosas su deseo egocéntrico, con todas sus consecuencias. Muchos amigos de la Escuela han sido así perdidos para el cuerpo magnético.

No tenemos la intención de buscar en la historia todas las demostraciones de mal gusto que caracteriza forzosamente el camino oculto. Sin embargo, debemos decir con el mayor énfasis que el renacimiento gnóstico, evangélico, la transfiguración del alma, que se manifiesta con el nacimiento de la luz de Dios, no acontece de esta manera. El camino de la Gnosis no es erótico, ni tiene nada que ver con la semilla humana, sobre la que se apoya todo desarrollo oculto. Sin embargo, no podemos ser más claros todavía!

La semilla humana, almacenada en la despensa del santuario de la pelvis, es un producto creador de la dialéctica. Su estado dialéctico, en tanto que personalidad, no es otra cosa que una maquinaria, cuyo producto final es la semilla humana, el producto creador por excelencia del ser dialéctico. La semilla humana encierra el principio nuclear más grande y más fuerte de la naturaleza terrestre. En consecuencia, es muy claramente el principio nuclear del pecado, sobre todo si se utiliza para la ampliación de la conciencia.

El hombre que recorre el camino oculto, trabaja absolutamente para su decadencia. Trabaja con la sustancia donde se expresa el principio nuclear de la dialéctica, la semilla humana, el principio nuclear del pecado. Desde el punto de vista del alumnado gnóstico, el único uso legítimo de la semilla humana es la conservación de la especie humana portadora de imagen. Solamente este empleo de la semilla humana está comprendido y previsto en el orden de emergencia donde existimos. La pureza del alma, la pureza de todo el ser y todo lo que dice la Biblia al respecto no tiene nada que ver con la semilla humana. Las reglas de pureza de las escuelas ocultas y el celibato que ciertas iglesias imponen a los grupos de sus servidores, consagrados para un trabajo determinado, no tienen, consciente o inconscientemente, otro objetivo que servir los designios de la esfera reflectora, el servir a Moloch.

En la primera Epístola de Juan, capítulo 3, versículo 9, leemos: Quien ha nacido de Dios no peca, ya que su semilla permanece en él. Y en la primera Epístola de Pedro, capítulo 1, versículos 22 y 23, se dice: Habiendo purificado vuestras almas, obedeciendo a la verdad, para tener un amor fraternal sincero, amaos ardientemente los unos a los otros de todo corazón, como renacidos. Y luego prosigue: [renacidos] no de la semilla corruptible, sino de la semilla incorruptible.

La semilla incorruptible, la semilla que el hombre puede emplear en el nacimiento de la luz de Dios, es la semilla de la rosa del corazón. Es un erotismo totalmente nuevo. Es la erótica que Platón denomina Eros. Platón no tiene en cuenta en absoluto la vida social humana, sino únicamente el nacimiento de la luz de Dios.

La semilla que puede ser empleada para este nacimiento es la rosa del corazón. Ella no se explica por esta naturaleza. Es imposible que la semilla de esta naturaleza pueda servir para el nacimiento de la luz de Dios. Es imposible que la semilla de la rosa pueda despertar a la serpiente de la kundalini. Cuando esta serpiente le habla, es de hecho el final de su posibilidad de liberación, ya que esta serpiente lleva en sí todo el pasado de su desarrollo dialéctico.

La Gnosis trabaja con otra fuerza, una fuerza creadora muy pura que usted podrá e incluso deberá liberar en el camino de regreso: el potencial de creación de la rosa. Para ello, debe realizar las bodas, sobre las que hemos hablado tan frecuentemente, las bodas entre el alma y la rosa del corazón.

El núcleo del alma, que mora en el cuarto candelero del santuario de la cabeza, sólo puede seguir dos caminos:

o el camino de la Gnosis, con la semilla incorruptible, y la transfiguración en el nacimiento de la Luz de Dios,

o el camino del ocultismo, con la semilla del pecado, la conciencia en la esfera reflectora, el nacimiento de la luz en Lucifer, tal como lo denomina Jacob Boehme.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

El camino hacia el nacimiento de la luz de Dios

 

 

Todo lo que hemos intentando explicarle en el capítulo anterior, no es de ninguna manera nuevo, sino que se relaciona con un conocimiento fundamental, que está en posesión de todas las escuela espirituales transfiguristas: Si habéis santificado vuestras almas en obediencia a la verdad, para tener un amor fraternal sincero, amaos ardientemente los unos a los otros, como hombre renacidos, no por una semilla corruptible, sino por una semilla incorruptible.

En las escuelas espirituales transfigurísticas es conocido que existen dos clases de semilla: la semilla de la naturaleza y la semilla de la rosa. Y cada esfuerzo, cada actividad emprendida por un ser humano debe utilizar la fuerza nuclear del ser humano, ya que cada actuación, cada actividad, necesita fuerza. Por ello es totalmente evidente que el desarrollo del yo y su mantenimiento deben reposar, invariablemente, en la fuerza nuclear de la naturaleza, en la semilla natural, en el sistema de la fuerza sexual.

También hay, en consecuencia, dos clases de pureza. En el ocultismo positivo, la pureza es una sublimación de la fuerza nuclear, que se obtiene de manera biológica corriente, con el fin de emplearla para sus objetivos ocultos. Para realizar tal sublimación, el ocultista debe estar muy seguro de sí mismo, ya que es un camino extremadamente peligroso. Se puede asegurar que como mucho un candidato al ocultismo de cada diez mil lo consigue. El resto cae en un estado oculto casi totalmente negativo, que aporta toda clase de perversidades.

 

Intentaremos analizar ahora en alguna medida el proceso del nacimiento de la luz de Dios. El núcleo del alma, cuya sede se encuentra en el cuarto candelero, debe hacer una elección definitiva entre los dos caminos, designados en el Sermón de la Montaña como el camino ancho y el camino estrecho, el camino de Lucifer y el camino de Cristo, el camino del nacimiento de la luz de Lucifer y el del nacimiento de la luz de Dios.

Cristo le conduce hacia el Reino Inmutable, haciéndole entrar inmediatamente en el estado de alma inmortal; Lucifer le conduce hacia la esfera reflectora, sin ninguna salida; como mucho a una dilación de la muerte total del alma, a expensas de innumerables víctimas inocentes, sobre la base del instinto de conservación natural y de un inconmensurable sufrimiento humano. La elección no nos parece difícil. Sólo es difícil para las innumerables víctimas de la impostura y de la ilusión. Por ello es urgentemente necesario que nuestro trabajo exterior, nuestro ministerio evangélico, pueda dar testimonio de la vida nueva, en una medida cada vez más intensa y amplia.

Su núcleo del alma, situado en la cuarta cavidad cerebral, y su instrumento, la hipófisis, no deben dirigirse egocéntricamente a la realización de un nuevo estado de vida personal, a la liberación de sí mismo, a la liberación del yo. Esto es absolutamente erróneo. Pues tan pronto como usted se orienta egocéntricamente, se desarrolla el proceso descrito en el capítulo precedente.

Para un alumno que comienza le resulta siempre difícil discernir entre el estado egocéntrico y la orientación vital no egocéntrica, de modo que siempre se pregunta si, en tanto que alumno, está en el buen camino. Sin embargo, nada es más fácil.

Cuando usted coloca su yo detrás de cada cosa, no es solamente su pensamiento lo que coloca allí, sino también su voluntad y con ella la corriente del deseo. Cuando usted persigue algo con el yo, pone en movimiento todo el instrumento de la personalidad dialéctica. Entonces su yo no se contenta con desear lo proyectado, sino que también reflexiona sobre ello y este proyecto también es deseado. La trinidad del deseo, la voluntad y el pensamiento ejerce una presión invariable e irresistible sobre el fluido hormonal de la hipófisis, desencadenando total o parcialmente el proceso. En numerosos casos, es un proceso semioculto y se produce un desarrollo negativo, tal como se indicó anteriormente.

El conocido esfuerzo por no querer, el rechazo voluntario del proceso de la voluntad, tiene por naturaleza las mismas consecuencias. Todos los que son víctimas de un ensombrecimiento negativo, tienen en general un miedo intenso y, para defenderse, aplican el no querer intencionado. Pero esto no produce ningún resultado, al contrario!

Hay que buscar siempre el comienzo de la carencia de yo en el tercer poder de la conciencia(*), el poder de neutralización y de negación, que le hace desinteresarse por las cosas de este mundo. Esto le da la posibilidad de permanecer impasible ante las cosas, sustrayendo su atención de los objetos que le angustian. Este es el poder que el alumno debe aprender a ejercer.

Otro accesorio no desdeñable para el alumno es un discernimiento suficiente. Con frecuencia, ésto le falta al principiante, confirmándose que: muchos se pierden por falta de conocimiento. Por esto la Escuela no cesa de dirigirse hacia usted, para transmitirle lo mejor posible el conocimiento fundamental.

A esta comprensión pertenece también la idea de que el yo no puede obtener ni conquistar nada del nuevo estado de vida gnóstico. Suponga que usted está ante una corriente de agua que debe atravesar. Demasiado ancha para saltar por encima, demasiado profunda para atravesarla andando, demasiado fuerte para atravesarla a nado, y no posee ningún otro medio a su disposición. En esa situación, su fuerza dialéctica es impotente. Precisamente así se encuentra su yo ante la realización gnóstica. El yo es totalmente impotente. También debe reconocer la verdad de estas palabras de la Biblia: La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios.

Si ha llegado a este discernimiento interior, surgirá en usted un estado de aceptación, una calma, una especie de estado de equilibrio. Sin embargo, algo debe producirse, pues su alma aspira a la liberación. Sólo le queda adoptar la actitud que el Salmista describe como: Mirar hacia las montañas de donde vendrá la salvación. Usted no tiene que ir en busca de esta ayuda, ya que el yo no está capacitado para hacerlo. El núcleo del alma debe no querer nada, ni considerar nada, ni hacer nada, ni codiciar nada que venga del yo, sabiendo de antemano que todos sus esfuerzos serán vanos. El alma debe elevar sus ojos hacia las montañas de la salvación.

Podría comprender esto como una forma de ocupación mística, como una resignación y una aceptación pasivas, pensando: «Yo no puedo hacer nada.» Pero ésta no es en absoluto la intención del Salmista! Lo que él considera en el Salmo 121 por mirar hacia las montañas de donde vendrá la ayuda, es un estado determinado de la hipófisis. Tal como sabe, la hipófisis tiene dos lóbulos principales: un lóbulo anterior, en unión con los procesos del santuario de la cabeza, y un lóbulo posterior, orientado a los procesos del santuario del corazón.

En la noción que tiene el yo de su impotencia: yo no puedo hacer nada ‑ya que la carne y la sangre no pueden participar en el Reino de Dios, estado en que toda la actividad del yo y todo esfuerzo de la voluntad se apaciguan‑ el alma llega a un equilibrio, a una calma perfecta, gracias a la cual las vibraciones de los lóbulos de la hipófisis también se equilibran plenamente: son totalmente acordes entre sí. De esta manera, se realiza la unificación de los santuarios de la cabeza y del corazón de la que tanto hemos hablado.

Tal vez haya leído en la literatura ocultista que, en el transcurso de la evolución, el corazón tomó una posición oblicua, pero que llegará el momento en que el corazón volverá a enderezarse. Esta es una alusión velada al estado de ser del que intentamos hablarle aquí. Allí donde el ocultista no conoce el camino, allí es donde comienza el transfigurismo: el alumno debe realizar una unión perfecta entre el corazón y la cabeza. Esta alusión al eje del corazón no tiene nada que ver con el órgano corporal, sino que se refiere a la orientación interior correcta, la elevada vocación del corazón. El corazón y la cabeza deben alcanzar una perfecta unidad. Uno debe ser el reflejo del otro, igual que lo son los dos lóbulos de la hipófisis.

Cuando, con un total discernimiento, el alumno llega a un equilibrio interior, en el que cesa todo apresuramiento con el yo y procedente del yo, en el que el alumno eleva los ojos hacia las montañas de la salvación, es decir, cuando espera el aflujo de la corriente gnóstica que aporta la solución, entonces se produce la igualdad vibratoria de los dos lóbulos de la hipófisis. A partir de ese instante, la unidad de la cabeza y el corazón se hace realidad y el corazón es «enderezado».

La vibración de la hipófisis, realizada de esta manera, despierta al mismo tiempo una contemplación interior de lo abstracto, de lo «sin forma» de la Gnosis, que aporta al alumno una calma perfecta cada vez más profunda. Dicho alumno dice: Mi alma está silenciosa ante Dios, de El me viene la salvación. Esta vibración de calma se expresa invariablemente por el espejo de la frente. Y en esta calma, una vibración del núcleo del alma desciende por la médula, pero esta vez ya no a través del fuego de la serpiente y el chakra del sacro hasta el santuario de la pelvis, sino hasta el santuario del corazón por la unificación del sistema de la cabeza y del corazón. A través de los órganos sexuales que se encuentran allí (ya que el santuario del corazón tiene también órganos sexuales, baste con recordar los vasos quilíferos situados detrás del esternón), esta vibración del alma pide ayuda e irradia al exterior por el esternón.

Ahora comienza otro proceso de desarrollo distinto. Es la rosa del corazón la que capta la llamada del alma, la voz que proviene de la campana de la torre, y la que irradia hacia el exterior su resonancia a través del esternón. La respuesta de las montañas de la salvación acude de inmediato. La rosa, en tanto que semilla de la incorruptibilidad, toma ahora la iniciativa en la vida interior del alumno. Y es más que evidente que, cuando el núcleo del alma se encuentra en la calma aludida, la rosa y el núcleo del alma se encontrarán mutuamente y que un sólido lazo será establecido entre la cabeza y el corazón, entre la rosa del corazón y la cámara de la torre. Entonces la rosa es unida a la cruz. Jesús el Señor ha nacido en el alma, en esta doble unidad orgánica del corazón y la cabeza.

Entonces el alumno se ha vuelto un verdadero rosacruz. La rosa abierta es la señal de la semilla incorruptible, por la cual el alumno va a trabajar a partir de entonces. Por esto, un rosacruz nunca podrá ser un ocultista. El Rosacruz es un transfigurista. Y unido a la Gnosis de esta manera, el alumno ve la sombra a su mano derecha, la cual cuidará fielmente el estado de su alma, el nuevo proceso que se va a desarrollar ahora, desde este momento hasta su entrada en el nuevo estado de vida, en la eternidad.

Una vez el cuarto candelero del santuario de la cabeza ha podido ser encendido de esta manera por la semilla Jesús, por el átomo‑chispa de espíritu, se engendra, como consecuencia, una nueva actividad de la hipófisis, una producción de hormonas de la hipófisis que no tiene nada en común con el fuego de la serpiente y sus chakras, ni con la serpiente de la kundalini, situada en el plexo sacro, ni tampoco con las glándulas sexuales.

Esta actividad consiste en un nuevo poder, ya que toda actividad hormonal realiza algo en el sistema. Por este nuevo poder hormonal,
la sangre es, en primer lugar, cambiada, o al menos influida muy fuertemente, al igual que el fluido nervioso del sistema nervioso automático. Pero, sobre todo, vemos desarrollarse el proceso concerniente a los dos cordones del simpático(*).

A partir del momento en que se establece la unidad entre la cabeza y el corazón, en que el fuego gnóstico puede entrar y encender el cuarto candelero y en que, por ello, la nueva actividad de la hipófisis actúa poderosamente en el sistema, vemos que las vibraciones de la hipófisis ya no descienden por el fuego de la serpiente ‑ya que en ese momento, comparado con la Gnosis, es aún impuro‑, sino que descienden, desde la cámara de la torre, a lo largo del cordón derecho del simpático. En este descenso a lo largo del cordón derecho del simpático la corriente gnóstica encuentra diversos chakras: un chakra situado a la altura de la laringe, otro a la altura del corazón, otro cerca del plexo solar, seguido del chakra que corresponde al hueso sacro. Por último, esa corriente gnóstica llega al chakra del plexo sacro. En total ya son cinco. También existe un chakra que corresponde al cuarto candelero, situado en la cavidad frontal, entre las cejas, detrás del hueso frontal. Este chakra está directamente relacionado con el proceso de purificación que se desarrolla por el toque del fuego gnóstico en el cuarto candelero.

El segundo chakra, que corresponde a la tiroides y a la laringe, es designado como chakra de la laringe. Si el fuego gnóstico puede sobrepasar este punto; tiene lugar una nueva purificación, que influye en las funciones de la tiroides, en las funciones del metabolismo y, sobre todo, en el lenguaje humano.

Esto confirma las palabras evangélicas: No es lo que entra por la boca lo que ensucia al hombre, sino lo que sale de ella. El proceso de renovación del alma aportará, en su progresión, un nuevo sonido, un nuevo lenguaje, una nueva manifestación del alma. En tanto que alumno, usted no puede seguir hablando el mismo lenguaje (y lo consideramos en el sentido más amplio), el que ha hablado siempre, aunque sea cívico, amable, amistoso y correcto. No, es necesario que hable en otra lengua. Después del descenso del Espíritu Santo, y el proceso se abre camino, los apóstoles comenzaron a hablar «en otras lenguas». Ya no se habla según la naturaleza, sino tal como lo hace el espíritu.

El tercer chakra corresponde al santuario del corazón. Este chakra está situado en el fuego de la serpiente e irradia hacia el exterior, hacia el corazón. Cuando este punto puede ser pasado, se desarrolla la purificación del corazón, como consecuencia de la cual, la corriente gnóstica afluirá cada vez más poderosamente hacia el interior a través del esternón.

El cuarto chakra influye totalmente en el sistema hígado‑bazo, el páncreas y los órganos que producen la sangre y estimulan la vida.

El quinto chakra ‑el del hueso sacro‑ influye, tal como hemos dicho, en la secreción interna de los órganos sexuales.

Cuando la corriente gnóstica alcanza su punto más bajo, a lo largo del cordón derecho del simpático, llega al sexto chakra, a la gran serpiente de la kundalini, al polo sur del sistema del fuego de la serpiente. Allí es donde se libra una intensa batalla, la lucha contra todo el karma almacenado, procedente de sus antepasados, de la humanidad en general, del microcosmos, de los eones de la naturaleza, etcétera. Todo lo que es Lucifer, todo lo que son los eones de la naturaleza, toma cuerpo en la serpiente de la kundalini en el plexo sacro.

La fuerza de luz gnóstica debe declarar la lucha contra esa serpiente. Esta lucha tiene tres aspectos, que la Biblia describe en la narración de las tentaciones del desierto(*). En primer lugar, la serpiente intenta un último esfuerzo para estimular al yo de la naturaleza y devolverle la dirección del sistema. Si este esfuerzo fracasa, se dirige al nuevo yo para incitarle, con sus adulaciones, a ponerse al servicio del Moloch de la naturaleza. Y si estas adulaciones también fracasan, intentará forzarle a colaborar con el proceso natural. Todas las narraciones simbólicas de este tipo, así como las leyendas que se relacionan con el «guardián del umbral», se refieren a la serpiente de la kundalini.

Así se libra la última batalla. No por el yo de la naturaleza, ni con temor y temblor, ya que en tal caso el alumno no podría tener éxito. El debe dejar que sea «la sombra gnóstica a su mano derecha» la que actúe. Con esta protección está seguro; en esta fuerza, la victoria está asegurada. Así pues, en un momento dado del camino del alumno hacia el nacimiento de la luz de Dios, todos los lazos con el pasado son destruidos en el sexto chakra: los lazos kármicos con el propio yo natural, los lazos kármicos con todos los que pertenecen a la gran familia humana, los lazos con el pasado kármico de los tiempos primigenios. La ruptura con toda la dialéctica es total.

Al mismo tiempo, como consecuencia inevitable, todos los pecados son borrados, y así el alma es totalmente liberada del pasado. Ya que el polo magnético norte del microcosmos atrae sin cesar fuerzas, en concordancia con la estabilización del polo magnético sur; y usted sabe que el sistema magnético cerebral es el polo magnético norte del eje del fuego de la serpiente. Cuando el polo sur microcósmico ha roto con el pasado primigenio de la naturaleza, el polo magnético norte debe seguir el mismo camino. Esto quiere decir que cuando la serpiente de la kundalini es aniquilada, la corriente gnóstica asciende desde el punto más profundo del plexo sacro; la puerta es abierta y la corriente se eleva, por el cordón izquierdo del simpático, volviendo a encontrar en su camino a todos los chakras indicados anteriormente. La corriente, en su viaje ascendente, regresa al punto de partida, es decir, a la cuarta cavidad cerebral. Todo el sistema es conquistado por la Gnosis, a excepción del sistema magnético del cerebro, la región de la pineal. Una vez que la victoria ha sido celebrada hasta aquí, vemos arder en lo alto la luz del núcleo en el cuarto candelero; el fuego irradia desde la cavidad frontal. Entonces, a continuación, se produce la penetración hacia el séptimo chakra situado en la parte del cerebro de la pineal.

Esta victoria está descrita en el Evangelio como la glorificación en la montaña. Usted verá la realidad de lo que describe esta imagen exterior si la desembaraza de los accesorios que la rodean. En ese momento, cuando el circuito gnóstico a través de los dos cordones del simpático se ha vuelto perfecto, se efectúa la irrupción en la pineal. El séptimo chakra, el único que aún ofrece resistencia, y el polo norte del sistema magnético de la naturaleza, son entregados entonces a la Gnosis.

Comprenderá que durante todo este proceso, el comportamiento de vida del alumno es de la mayor importancia. El comportamiento del Sermón de la Montaña, para el que es capacitado por la sombra a su mano derecha, será decisivo. El alumno debe trabajar sobre la base que le es aportada por el primer rayo del Espíritu Santo, del que ya hemos analizado su actividad en los diversos aspectos.

Por la irrupción hasta el séptimo chakra, que entrega todo el sistema magnético del cerebro al campo crístico, al campo de fuerza de luz gnóstica, las radiaciones gnósticas pueden penetrar directamente por este sistema magnético, mientras que anteriormente sólo podían entrar por el esternón, por el santuario del corazón. Una vez que la corriente gnóstica puede penetrar en el sistema magnético cerebral, la unidad de la cabeza y el corazón está segura para siempre, al amparo de Dios. Y lo que, hasta ahora, no había sido tomado por la Gnosis del sistema cerebroespinal, así como de todo el sistema sensorial y sus anejos, la radiación gnóstica terminará por apoderarse de ellos igualmente.

Una vez que ha llegado a este punto, el alma ha renacido y entra en la fase de la contemplación. Ella se despierta sensorialmente en el nuevo campo de luz del cuerpo magnético de la Escuela Espiritual.

Un candidato al ocultismo que se despertase al nacimiento de la luz de Lucifer, se encontraría en un campo de la esfera reflectora totalmente organizado y cultivado, el país del más allá. Por ejemplo, vería bellos castillos, calles bien ordenadas, un hormigueo de Montes Salvat, a cual más bello, y legiones de hombres prestigiosos, maestros, adeptos e importantes catedrales, etcétera.

Qué diferencia, sin embargo, con un candidato gnóstico que se despierta al nacimiento de la luz de Dios. Para él todo es luz. Una luz maravillosa, universal. Es el campo de luz del segundo rayo del Espíritu Santo, que se ha manifestado en el campo magnético de la Escuela Espiritual.

Cuando el alumno penetra en el nacimiento de la luz, en su alma desciende una paz infinita, un éxtasis de calma interior, una santa alegría y una fuerza maravillosa; calma, alegría, fuerza y éxtasis que ya no le abandonarán nunca más.

 

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(*) Nota a pie de página: Ver «El hombre nuevo», de Jan van Rijckenborgh, Madrid 1989.

IV

 

La endura

 

 

Cuando el candidato entra en el estado designado como el nacimiento de la luz de Dios, esto significa que a partir de entonces toda el alma, con sus cinco fluidos, es controlada por la Gnosis; que todos los procesos magnéticos de la personalidad funcionan en la Gnosis; que todos los chakras son acoplados a este nuevo proceso; y que el aspecto del alma que conocemos como fuego de la serpiente se ha abierto al nuevo estado de vida. E inevitablemente, por este nacimiento de la luz procedente del Espíritu Santo, también comienza la transfiguración.

Hemos dicho que la luz es el segundo aspecto del Espíritu Séptuple, un segundo estado de la radiación electromagnética fundamental. Por la luz, el candidato es objeto de una intervención gnóstica subjetiva, es decir, interior. Entonces debe reaccionar a la transfiguración, pues no tiene otra opción. Una vez que el nacimiento de la luz de Dios se ha efectuado, el candidato ya no tiene que tomar ningún tipo de decisiones, ya que comienza un nuevo proceso de desarrollo humano.

Al comienzo de su alumnado, el candidato reacciona de manera puramente objetiva. Después de la entrada de la fuerza gnóstica por el sistema del esternón, reacciona medio objetiva, medio subjetivamente, por la influencia del primer rayo. Pero ahora que todo el ser del alma participa en la Gnosis, el desarrollo posterior del alma se fundamenta en una intervención divina subjetiva. El alumno ha llegado verdaderamente. El camina en la luz, está en la luz y la luz es su tesoro subjetivo. El estaba ya en el nuevo campo de vida, igual que lo están, desde su entrada, todos los alumnos de la Escuela Espiritual. Pero ahora, él forma parte subjetivamente, se ha vuelto uno con el nuevo campo de vida, con el cuerpo magnético de la Escuela.

Desde ahora va a vivir de esta luz, ya que de la luz proviene la vida. Por la luz comienza el gran proceso de transfiguración, ya que todo desarrollo, todo cambio y también la transfiguración se explican por la luz.

El tercer estado de la radiación magnética comienza a desarrollarse. De hecho existen ocho estados de radiación magnética. La radiación fundamental es el primero. El primer rayo del Espíritu Santo, que aporta la fuerza y el poder, es el segundo estado magnético. Y la segunda radiación del Espíritu Santo, que aporta el nacimiento de la luz de Dios, es el tercer estado de radiación magnética. El candidato va a entrar ahora en un nuevo estado de vida, tan maravilloso que es imposible describirlo.

Cuando la fuerza gnóstica alcanza un objeto, usted sabe que se produce una división del rayo en siete aspectos. Si la luz ha nacido en un hombre, dicho hombre toma conciencia de esta actividad del Espíritu Séptuple.

En el Espíritu Séptuple, y por él, se desarrollan los procesos siguientes de poder, luz, calor, sonido, cohesión y movimiento, al mismo tiempo que la conciencia participa en ello. Ahora queremos hablarle de todo esto.

 

Con el fin de poder asimilar bien todo lo que queremos decir, debemos crear, en primer lugar, el clima espiritual adecuado. Suponga por un momento que ha recibido en toda su amplitud el más magnífico regalo de Navidad que un hombre pueda recibir: usted ha nacido en la luz de Dios. Como todo su aparato sensorial y todo su estado de alma han cambiado fundamentalmente, usted contempla, por su ventana del alma, la maravillosa llegada al nuevo campo de vida. Usted está en un campo de luz sereno, no deslumbrador, extraordinariamente consolador, infinitamente bello, y una indecible paz desciende en usted. Es la paz de quien ha perecido en Jesús el Señor, según la denominación de los Rosacruces clásicos.

Su alma natural, el núcleo de existencia de su personalidad, ha muerto efectivamente. Cuando puede ser celebrada la penetración de la luz, la antigua alma se ha desvanecido y un alma nueva nace en el antiguo estado de ser. Y ahora comienza el renacimiento por el Espíritu Santo. Esto engendra necesariamente el declive de la entidad de la antigua naturaleza aún existente. El alma nueva ha nacido en usted, pero lo ha hecho en su viejo ser dialéctico. Por ello, el resto de la vieja entidad dialéctica debe ser liquidado totalmente. Paralelamente a esta liquidación, debe crecer en usted una entidad completamente nueva, una personalidad completamente nueva, el alma renacida donde pueda habitar armoniosamente y expresarse realmente. Ya que si el alma nueva tuviera que permanecer en la antigua entidad, puede imaginarse los frenos de todo tipo que padecería, lo que la impediría desplegarse totalmente. Por eso debe ser desarrollado una nueva personalidad para el alma nueva.

Y usted que, mediante una elevación de los sentidos, supone haber entrado ya en este nacimiento de la luz y siente este nuevo estado del alma, usted, considerando la sublimidad de este nuevo estado de conciencia, está dispuesto a abandonar de todo corazón su antigua existencia, ya que sabe y siente que ella le obstaculiza en muchos aspectos. Por ello no tiene el menor deseo de mantener artificialmente, con toda clase de remedios, alimentos y medicamentos, su antigua corporeidad. Esto sería totalmente rídiculo. Por el contrario, está dispuesto de todo corazón, y capacitado, para cooperar para que su antigua corporeidad sea disuelta verdaderamente. Y lo hace muy conscientemente, muy inteligentemente y con mucha alegría. Esto es lo que los Cátaros llamaban: la endura. Y lo que los antiguos gnósticos, en general, designaban como abolición del yo.

La expresión «abolición del yo» ha dado nacimiento a muchos malentendidos entre los que no podían penetrar hasta su significado. Por esto se ha sugerido, en parte también por mala fe, que los Gnósticos pretendían el suicidio. Qué absurdo! Los escritos gnósticos que han sido descubiertos en este siglo, entre otros El Evangelio de la Verdad, habla un lenguaje completamente similar al de los otros escritos gnósticos. En uno de los escritos encontrados recientemente, se encuentra, por ejemplo, una frase del Señor a Santiago: Desprecia a la muerte. Considera mi cruz y vivirás. Yo te lo digo, nadie que no tenga fe en mi cruz será salvado. Busca la muerte, como los muertos (los habitantes de la esfera reflectora) buscan la vida y se aferran a ella (a la vida dialéctica). No te dejes desviar del Reino de Dios. Pertenece a los que consienten en la abolición del yo.

Un hombre dialéctico que oye estas palabras y no comprende el sentido, tiene motivos para estremecerse. Le citamos esto intencionadamente, para que esté bien informado, ya que estos escritos que, como El Evangelio de la Verdad, se dice que acaban de ser encontrados, eran conocidos desde hace mucho tiempo y reposaban desde hace siglos en determinados lugares conocidos. Se dice que han sido encontrados ahora y son publicados por teólogos que trabajan en equipo, bajo la inspiración de la jerarquía dialéctica, para tener la ocasión, más tarde, basándose en estos escritos, de perseguir de una forma totalmente nueva a los gnósticos modernos, de enfrentar contra ellos a la opinión pública y de dar origen, si no a una prohibición, sí al menos a factores obstaculizantes. Ya que, tal como sabemos, hay aún otros adversarios que saben que el gnosticismo moderno está llamado a convertirse en un movimiento mundial. En el transcurso de los cuarenta y ocho(*) años próximos, el Lectorium Rosicrucianum se extenderá hasta volverse un movimiento gnóstico moderno que englobará al mundo entero. Y puesto que ésto se sabe, se esfuerzan en organizar de antemano una resistencia con todas sus consecuencias.

Por esta razón hablamos de ello con usted; por esto debemos prevenirle contra esta actividad de una manera extremadamente prudente, exponiéndole las justas intenciones de la Gnosis. El hombre que se encuentra en el nacimiento de la luz de Dios y ha decidido emprender la endura, no es alguien que pone fin a su vida por la fuerza, no es alguien que se suicida en la vida ordinaria; sino que es un hombre que colabora muy inteligente y científicamente con el proceso del nuevo desarrollo humano, comenzando con el nacimiento de la luz. Un ser humano que, precisamente porque está al servicio de la humanidad, mantendrá tanto tiempo como sea posible su viejo ser, incluso si este antiguo ser ha muerto, de hecho, por la transfiguración.

Cree usted que un candidato que ha entrado en el nuevo estado de alma y que dispone de una entidad nueva, mientras que la vieja entidad funciona todavía, puede exclamar superficialmente: «Ahora yo liquido este viejo vestido. Ya me ha servido suficiente tiempo y me ha dado suficientes miserias. Ahora que poseo el vestido nuevo, me desembarazo de él.»? Recuerde que la exigencia primaria del camino de la liberación es la ofrenda de sí mismo al servicio de la humanidad. El objetivo no es la liberación de sí mismo, sino la de la humanidad por la ofrenda de sí mismo.

Por esto, el candidato transfigurista conservará su cuerpo el mayor tiempo posible, hasta el último suspiro, para poder servir con él a la humanidad que se encuentra en apuros. Más claro no podemos decirlo!

Y si, llegado el momento, surge en el mundo la tempestad amenazante, la tormenta de la maligna calumnia que afirma: «Los gnósticos quieren suicidarse y hacen una propaganda funesta para el género humano. Combatamos el gnosticismo!», entonces sabe lo que debe contestar. Esforcémonos por rechazar de antemano esta insinuación. El hecho de que se comience recién ahora a organizar el ataque, nos permite tomar posiciones e impedir al enemigo clásico que nos quite el viento de las velas. Si juntos actuamos bien, el ataque será matado en su germen.

 

Pablo, que era un gran gnóstico, expone el profundo misterio de la renovación y el problema que planteamos, entre otros en la Epístola a los Romanos, capítulo 14, donde dice:

Ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo. Ya que si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor. Sea que vivamos, sea que muramos somos del Señor. Ya que Cristo ha muerto y ha resucitado para dominar sobre la muerte y la vida.

Pablo se refiere, de forma muy velada, al proceso de renovación, al nacimiento de la luz de Dios y sus consecuencias, y él emprende este proceso, a fin de poder servir plenamente a la Gnosis y a la humanidad, tanto viviendo en el ser dialéctico como fuera de él, en la magnificencia de la nueva entidad.

Comprende ahora lo que significa la endura? Ve usted la situación llena de gracia que se abre para el candidato? Piense en lo que esta situación significa para usted personalmente!

Usted se encuentra en el nacimiento de la luz de Dios, su alma ha renacido. En este nuevo estado de alma, siente que lleva un vestido viejo, usado, inadecuado para la vida nueva, y al mismo tiempo descubre que es capaz de abandonar ese viejo manto inadecuado y cambiarlo por otro totalmente nuevo, tan maravillosamente bueno, idóneo y magnífico, que se queda boquiabierto. Qué haría entonces? Sería tan necio como para no aceptar el cambio?

Pues bien, esto es todo, esto es la transfiguración. La transfiguración no es el restablecimiento del viejo vestido por la reparación de lo que está usado; no es una nueva juventud del antiguo ser. Es una permuta: usted abandona el antiguo ser y entra en el nuevo.

Esto es lo que ocurre igualmente en el proceso del renacimiento del alma cuando, en un momento dado, la fuerza del Espíritu Santo da nacimiento al nuevo estado de alma.

Qué es el alma? El alma es la vivificación de una entidad por una radiación magnética, por una fuerza magnética concentrada y mantenida según una fórmula determinada.

En el proceso del nuevo desarrollo del alma, una nueva fuerza magnética, la fuerza de la Gnosis, entra en su ser, enciende el cuarto candelero del santuario de la cabeza, pone en movimiento todo el proceso indicado en el capítulo quinto de la cuarta parte y, finalmente, hace irrupción en el sistema magnético del cerebro. Allí rompe la influencia de la antigua fuerza dialéctica e introduce, al mismo tiempo, la influencia de una nueva fuerza magnética, un nuevo estado de alma. Dicha fuerza se concentra según una fórmula nueva, aplica, con su consentimiento, un proceso de transformación y, en un momento dado, en un abrir y cerrar de ojos, ‑al sonido de la última trompeta, dice Pablo‑, la vieja alma se desvanece y el alma nueva nace. Usted ha vencido a la muerte.

Usted? Quién ha vencido? El antiguo yo ha desaparecido y el nuevo yo, el alma nueva, aparece. El cambio se ha efectuado de repente, en una fracción de segundo; es un cambio fulminante de fórmulas magnéticas… y usted está en la luz como El está en la luz.

Pero para llegar a ello, debe aceptar la muerte, es decir, la muerte del yo de la naturaleza, así como las vicisitudes de esta muerte. Debe aceptar el esfuerzo de tener que buscar la Escuela Espiritual, de aproximarse a ella, de aprender a utilizar la fuerza liberadora que le toca, de llegar a ver y a comprender todo lo nuevo, partiendo de la oscuridad de su ser personal, de esforzarse sin cesar por reaccionar armoniosamente a ello, con buena voluntad interior para aproximarse así a lo nuevo. Sí, este sufrimiento, esta purificación progresiva del proceso de la muerte del yo, debe ser aceptada por usted de todo corazón. Lógicamente, esta purificación está totalmente contenida en la trama del proceso previo.

En este perecimiento está el alumno. Todas las vicisitudes normales de la vida deben ser asimiladas por su alumnado, en un proceso de perecimiento del alma cotidiano. Y cuando en la Escuela se llama su atención sobre una errónea orientación, sobre un error que hace o ha hecho, y experimenta sufrimiento, no es para reprochárselo, sino exclusivamente para ayudarle a realizar el nacimiento del alma nueva. Cuando atacamos a su yo, es únicamente para contribuir al perecimiento de su alma. Pero en el propio cambio de alma no hay ningún sufrimiento, sino que todo es alegría y gran magnificencia.

 

Cuando el alma nueva ha nacido, ella ocupa aún el viejo vestido, el cual es, de hecho, el de otra. Ya que la nueva alma nacida en la entidad del señor tal está, de hecho, en el ser de otro. Pues el señor tal ha nacido según la naturaleza, nacido de un padre y de una madre terrestres, y el alma nueva no tiene, en realidad, nada que ver con este antiguo estado de ser, esta antigua personalidad.

El alma nueva tampoco tiene nada que ver con el karma de la vieja. El alma nueva, en el encanto y la pureza del nuevo estado de conciencia, no va a intentar reparar ni mantener este viejo vestido tan deficiente, tan limitado, tan degenerado. Ella está llena de agradecimiento y de alegría por el nuevo camino que es abierto. Sí, ella misma es el camino, el camino extático en Dios y con Dios, el camino de la evolución restablecido, del florecimiento en el nuevo campo de vida. Ella es la flor maravillosa del nuevo futuro humano, la flor que ha comenzado a desplegarse, desde el primer instante de su manifestación, en la luz de oro siempre radiante del sol espiritual. Esta alma nueva no tiene nada que ver con la vieja, que ha pasado, ya que la serpiente de la kundalini ha muerto.

Comprende usted ahora que el alma quiera desembarazarse de este viejo manto, sobre todo teniendo en cuenta que el nuevo manto, el nuevo vehículo imperecedero, existe en un momento dado?

Pues bien, esto es la endura; y repetimos las palabras del evangelio gnóstico, que se pretende que acaba de ser encontrado, donde Jesús dice a Santiago: No te dejes desviar del Reino de Dios y pertenece a los que consienten esta alegre supresión del yo.

Hemos considerado hasta ahora todas las cosas desde el punto de vista del alma nueva en tanto que individuo. Pero usted reconocerá cuán importante y lógico es que los renacidos no abandonen de manera forzada este viejo vestido, ya que pueden actuar magníficamente al servicio de la obra del ministerio evangélico en la naturaleza de la muerte, en la noche del mundo dialéctico. Con este viejo vestido, los habitantes de la noche pueden verles y tomar contacto con ellos y viceversa. Por esto el renacido, el habitante de dos mundos, a pesar de que, como dice Pablo, desea muy ardientemente entrar en la morada celeste y permanecer para siempre en la vida nueva, continuará sin embargo, trabajando tanto tiempo como sea posible con el instrumento de la antigua alma, al servicio del grande y santo trabajo.

 

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(*) Nota a pie de página: Estos textos datan de 1954.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

La resurrección de la tumba

 

 

Si queremos darle alguna imagen del nuevo vehículo del alma renacida, que es edificado cuando el alma ha entrado en el nacimiento de la luz de Dios, es necesario que busquemos muy prudentemente nuestro camino, ya que el número de sus aspectos es tan inimaginablemente grande, que necesitaríamos numerosos capítulos para llegar a realizar una exposición un poco aceptable. Por primera vez en la historia de la Escuela Espiritual moderna estamos autorizados a hablar del nuevo vehículo del alma renacida; por ello, esta explicación, como clausura del libro, debe ser considerada únicamente como un esquema introductorio, sobrio y muy incompleto, de este tema de extrema importancia.

Como usted sabrá, el cuerpo material posee lo que se denomina doble etérico, llamado también cuerpo etérico o cuerpo vital. Este cuerpo etérico tiene más o menos la misma forma que el cuerpo material y expresa el mismo tipo. Se puede decir que el cuerpo etérico es la matriz del cuerpo material. Por ello la Enseñanza Universal dice: todo comienzo está situado en el cuerpo etérico. Cuando algo nuevo debe ser edificado, la atención debe ser centrada en el cuerpo etérico.

Cuando un hombre está enfermo, la causa se encuentra en el cuerpo vital. Por eso se dice que el camino para restablecer la salud debe comenzar siempre en el cuerpo etérico y que, cuando este restablecimiento se manifiesta, el restablecimiento del cuerpo material le seguirá automáticamente. Con ello decimos cosas muy conocidas.

El cuerpo vital está constituido principalmente por los cuatro éteres conocidos, que se suceden en densidad y vibración. Este cuerpo etérico posee un sistema de líneas de fuerza que se parece mucho al sistema nervioso. Si observa el diseño del sistema nervioso en un atlas anatómico, podrá imaginarse aproximadamente la estructura de las líneas de fuerza del cuerpo etérico. En dicho cuerpo, los éteres son absorbidos, concentrados y diferenciados conforme a las diversas funciones necesarias y, a continuación, el conjunto es transmitido al cuerpo material.

El cuerpo material inhala los éteres. La piel desempeña al respecto una función importante. Nosotros inhalamos los éteres, los captamos, en particular por la piel. Si la piel no funciona correctamente, no puede tener lugar una buena asimilación etérica, y si no hay buena asimilación etérica, el cuerpo material degenera.

En el cuerpo hay también puertas de acceso muy especiales para los éteres, como por ejemplo el bazo. Pero al mismo tiempo todo el cuerpo, cada centímetro de él, capta los éteres. Incluso las partes internas del cuerpo los respiran, ya que, tal como dijimos, el cuerpo etérico penetra todo el vehículo material. El tipo, el estado biológico y el grado de cristalización del cuerpo material están determinados por los éteres que captan. Toda la manifestación material, toda la existencia de la personalidad humana, se explica por los cuatro éteres.

Los éteres son aportados y mantenidos por nuestro campo magnético particular, por medio de nuestra fuente magnética personal: el núcleo magnético del alma en la cuarta cavidad cerebral. Se puede decir, por lo tanto, que el estado de alma del hombre determina el estado del cuerpo etérico, y el estado del cuerpo material se manifiesta en concordancia.

El renacimiento del alma, que implica la transformación total del campo magnético particular, trae consigo un campo de vida personal completamente nuevo y, por consiguiente, una asimilación etérica diferente.

El cuerpo etérico y el cuerpo material corrientes son ambos fundamentalmente inadecuados para esta nueva asimilación. Así pues, es necesaria la formación de un nuevo cuerpo etérico, con un nuevo sistema de líneas de fuerza, que pueda asimilar los nuevos éteres, los cuatro alimentos santos, los cuales tienen una vibración diferente a la de los éteres ordinarios de la naturaleza de la muerte, ya que es imposible que los cuatro alimentos santos puedan descender en un cuerpo de estructura corriente.

La asimilación de los nuevos éteres implica necesariamente un proceso de demolición del antiguo cuerpo etérico, así como del antiguo cuerpo material. A partir del momento en que el alma nueva ha nacido, comienza también una demolición progresiva de la antigua personalidad. Pero, después de todo lo que hemos dicho, usted ya no lo encontrará dramático. Además, su existencia personal se desarrolla en un cuerpo mortal que debe desaparecer. El vehículo material y el vehículo etérico corrientes se pierden por enfermedad o por otras causas de degeneración.

En este proceso se trata simplemente de otra causa de muerte, una muerte que lleva a la vida. Si usted se encuentra en el nacimiento del alma nueva, llegará a descubrir que su cuerpo material, y por tanto su doble etérico, se vuelven cada vez más sutiles. La robustez de su salud disminuye, lo que no significa que deban surgir carencias orgánicas o enfermedades, sino que todo el estado se vuelve más puro, más sereno. Usted tiene que contar con una constitución más sutil, y en cierta medida también más débil, pero que puede ser mantenida hasta el final en plena armonía. Insistimos que no se trata de un estado enfermizo, agotador y doloroso.

El alma nueva, no ha nacido de la voluntad del hombre, sino de Dios, es de naturaleza bisexual. Por lo tanto, es autocreadora.

Si regresa con sus pensamientos a lo que dijimos anteriormente (capítulo cuatro de la tercera parte), usted sabe que desde el momento en que el rayo fundamental de la Gnosis puede ser asimilado, se desarrolla una división en siete aspectos: el Espíritu Séptuple santificante va a manifestarse en su estado de alma.

Del alma nueva emana una luz muy poderosa, un fuego radiante, que usted podría comparar con la cola ardiente de un cometa. En ese rayo de fuego, usted puede determinar con claridad los siete aspectos; son los siete nuevos chakras del nuevo cuerpo vital. El alma nueva está perfectamente provista para una existencia autocreadora. Ella genera por sí misma una estructura de líneas de fuerzas, cuyo aspecto central es la columna de fuego con siete aspectos. Así vemos que del alma nueva se eleva un nuevo cuerpo etérico, lo que implica la manifestación de un nuevo vehículo material que no ha nacido de la naturaleza dialéctica; un vehículo de construcción muy sutil y de forma muy noble.

Cuando esta construcción es perfecta (este desarrollo es relativamente rápido), el viejo ser, en caso necesario, puede ser depositado y enterrado, ya que el nuevo ser ha resucitado en el templo funerario que él mismo se ha construido.

Así, tanto en su nuevo estado de alma como en su personalidad glorificada, el renacido se encuentra, resucitado, en el templo funerario edificado por él. Y, como Cristián Rosacruz, puede testimoniar con júbilo: De este templo he hecho, estando aún vivo, una tumba. Por el propio declive según la naturaleza de la muerte, se ha realizado el milagro de la propia elevación en la naturaleza de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEXTA PARTE

 

 

 

 

EKKLESIA PISTIS SOPHIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

Ekklesia Pistis Sophia

 

 

Tal vez conoce de la Fama Fraternitatis R.C. los aforismos que figuraban en el sepulcro de Cristián Rosacruz. Uno de ellos proclamaba: No hay espacio vacío. Los Rosacruces clásicos indicaban con estas palabras que, aparte del universo visible y cognoscible parcialmente, existen otros universos, otros planos cósmicos, que aunque están muy cerca, permanecen invisibles e incognoscibles para la humanidad, e igualmente para los muertos, y, por lo tanto, también son inaccesibles para ellos. Para todos los que viven en la dialéctica, estos universos son espacio vacío.

Usted sabe que revelaciones de los antiguos gnósticos partían de enseñanzas relacionadas con estos universos incognoscibles para el hombre ordinario. Sus objetivos se orientaban a la exploración del camino de salvación, por el que el hombre corriente cambiaba hasta tal punto de tipo y de existencia, que lo incognoscible, el espacio aparentemente vacío, se abría para él. Los gnósticos enseñaban que estos espacios invisibles, estos universos invisibles, son nuestra verdadera patria divina, nuestro origen y nuestro destino. Usted vive ahora en la noche y en las tinieblas; ha caído de la Naturaleza Divina y por eso desde allí resuena la llamada invitándole a regresar. Y para todos los que anhelan este regreso y aúnan sus esfuerzos a esta llamada, el citado espacio vacío toma un sentido muy elevado y profundo.

Valentín, filósofo gnóstico del comienzo de nuestra era, autor del evangelio gnóstico Pistis Sophia, explicaba a sus alumnos estos mundos divinos incognoscibles, estos espacios vacíos, que él denominaba el «Pleroma». El afirmaba que, en nuestra oscuridad conocida, tenían lugar emanaciones, proyecciones de fuerza del Pleroma, para que todos los que buscan verdaderamente los espacios de Dios puedan encontrarlos.

La Escuela Espiritual gnóstica moderna, el Lectorium Rosicrucianum, propaga estas mismas enseñanzas imperecederas. Ella las coloca simplemente en el marco de un lenguaje adecuado para usted, de fenómenos científico‑naturales actuales e ineludibles. Explica las emanaciones del Pleroma a partir del presente vivo de los fenómenos electromagnéticos. Pero por modernas que puedan parecer en nuestra época, las verdades imperecederas transmitidas a la humanidad son siempre las mismas, tanto al comienzo de nuestra era como en el presente vivo.

Por lo tanto, en el transcurso del tiempo hay siempre un nuevo sonido gnóstico perceptible, ya que las emanaciones de las fuerzas divinas eternas encuentran en el tiempo situaciones constantemente diferentes. El tiempo produce alteraciones en el mundo y en la humanidad. Todo aquí abajo está expuesto al cambio, ya que toda la naturaleza de la muerte, con todo lo que abraza y contiene, se consume, se cristaliza, se pierde bajo los crespones cada vez más espesos de la noche y de la decadencia, en un cambio y una rotación perpetuos.

Por esto, las emanaciones del Pleroma, aunque permanecen inalterablemente las mismas, encuentran, a su llegada a la noche del presente, un mundo y una humanidad diferentes a las del pasado. En consecuencia, es necesario un método de trabajo siempre distinto en la utilización de las emanaciones divinas. La humanidad debe ser asida cada vez de una manera diferente, para que el camino de salvación eterno pueda ser desvelado en todas las épocas y en todas las situaciones, de modo que pueda ser conseguido un rescate práctico en el presente.

Así descubrimos en la historia del mundo que las emanaciones del Pleroma divino se manifiestan en dos corrientes, como dos ríos. Cada corriente tiene un aspecto positivo y un aspecto negativo; de aquí proviene la antigua narración del Paraíso que habla de cuatro ríos que fluían a través del Edén del comienzo. En nuestra terminología hablamos de dos corrientes electromagnéticas, mientras que Valentín las denominaba Pistis y Sophia. Una corriente es designada como la corriente del conocimiento: la Pistis, y la otra como la de la sabiduría: la Sophia. Una emanación que se une completamente con el conocimiento general de la humanidad en cada época, para que la gran masa pueda descubrir esa emanación y pueda reaccionar a ella, pues debe reaccionar a ella; y una emanación que se mantiene totalmente separada de este mundo, pero que irradia sobre él para que el hombre que busca a Dios pueda encontrar, elevándose por encima de la Pistis de la naturaleza, a la Sophia.

Descubre cuán magnífico y bueno es este método? La emanación de la Pistis se derrama sobre la humanidad y se manifiesta con gran poder. Y por ser cognoscible, ya que ella quiere ser cognoscible, una intensa agitación nace entre los seres humanos, ya que la Pistis es como la explosión de una bomba. Pues aunque es cognoscible y se adapta y lleva el vestido de la época y del lugar, la Pistis despierta una antítesis. Ella indica a la humanidad sus pecados, su marcha hacia el abismo, su moral extremadamente lamentable. Al mismo tiempo muestra otro camino, un camino que tal vez está envuelto en niebla y abstracciones, y se exterioriza en generalidades, ya que la Pistis, la primera radiación que afluye procedente del Pleroma divino, no tiene otra misión que despertar el movimiento, producir explosiones, crear una fuente de inquietud en la humanidad. Y cuando esta inquietud y este movimiento llegan ‑y ya lo creo que llegan!‑, entonces se origina obviamente un conflicto violento y una gran separación entre la Pistis y la Sophia, entre conocimiento y verdadera sabiduría, entre esas dos emanaciones divinas. Pues la intención de ambas emanaciones, que actúan juntas, es asir a los seres humanos en sus pensamientos, sobresaltarles con el conocimiento, sacarles del equilibrio de la seguridad en sí mismos y conducirles hacia la sabiduría. La Pistis debe convertirse en la Sophia para que se pueda hablar de una única idea: la Pistis Sophia, las dos emanaciones divinas que se han vuelto una.

Por esto siempre vemos aparecer en el mundo, en el transcurso del tiempo, una manifestación exterior de la Fraternidad Divina que ‑en la persona de mensajeros o no‑ funda una religión. Si esta religión perdura y se propaga, se disgrega entonces en un número más o menos grande de confesiones y sectas. Y esto es fantástico, está muy bien, aunque muchos se opongan violentamente a ello. Incluso estos ataques son especialmente favorables, ya que denuncian la acción y el resultado de una fuerza magnética, de esta emanación primaria del Pleroma: la Pistis, que se hace conocer a toda la humanidad sin descanso bajo mil y un pensamientos.

Así es y fue atacada toda la humanidad sin un instante de reposo. Aunque las reacciones de la humanidad puedan parecer necias, negativas, absurdas, la emanación divina de la Pistis trabaja en todo esto y a través de todo esto. Ella ataca a cada ser humano, se encuentre donde se encuentre. Los focos de la Pistis se encuentran esparcidos por todo el mundo, por cientos de miles; y las comunidades que se reunen en ellos están en su mayoría divididas entre sí; se hacen la guerra continuamente y, hasta el día de hoy, occidente envía sus misioneros a oriente, y oriente los suyos a occidente. Esta actividad muestra la reacción desenfrenada a la Pistis.

Pero, aunque lo parezcan, estas reacciones no son caóticas en absoluto, sino muy comprensibles. Están determinadas por la atmósfera que nos rodea, por el grado de longitud y latitud de los países en cuestión, por el ángulo de incidencia de la luz, por los tipos y los cuerpos raciales que resultan. Y además, es lógico que surja una reacción puramente intelectual al contacto con la Pistis. Algunos reaccionan inmediatamente de una manera emocional y espontánea; otros reaccionan desde el principio mentalmente. Cuando los de orientación mental son tocados por la Pistis, reflexionan. Así es como ha aparecido en el transcurso del tiempo la teología, con sus múltiples aspectos. Un teólogo es un especialista en lo que concierne al conocimiento que la humanidad ha amasado en el transcurso de los siglos por la influencia de la primera emanación. Es un especialista, en el sentido de que ha escogido entre la multiplicidad de fenómenos: es cristiano, musulmán, budista, brahmán o teólogo de cualquier otra religión. Si es un teológo cristiano, hay que determinar aún de cual de las mil y una confesiones y sectas cristianas.

En su generalidad, la iglesia cristiana es un conjunto de innumerables iglesias diferentes que, tal como hemos dicho, llevan entre sí una lucha diaria. De vez en cuando tienen una conferencia conjunta, en la que establecen, como único punto de común acuerdo, que Cristo es el jefe del mundo. No obstante, cuando los diferentes miembros se plantean recíprocamente la cuestión de cómo debe ser seguido el jefe del mundo, de cómo debe ser confesado Cristo, inmediatamente estalla el más violento y amargo combate. Tal vez produzca la risa de algunos, pero hay que comprender que esta lucha entre los partidos y opiniones teológicos es precisamente el objetivo de la emanación de la Pistis, que exagera y estimula las reacciones, que quiere empujar a la humanidad hasta el límite de su pobre poder mental. Los servidores de la Pistis y sus seguidores sólo pueden buscar y suponer la salvación, pero en el estado de ser en que se encuentran no podrán encontrarla jamás. Por esto se elevan en el mundo millones de cúpulas, como brazos desesperados que intentan agarrarse a una boya de salvamento. Y la única respuesta que les da Cristo, el Jefe del Mundo, es: Mi Reino no es de este mundo. Vende todo lo que tienes y sígueme.

Pues, qué enseña la Pistis? El camino hacia la Sophia! Pero, qué es la Sophia? Es la otra emanación divina que acompaña a la Pistis, la verdadera sabiduría intacta, la sabiduría que afluye del Pleroma de Dios sin hacer ninguna concesión. Y esta Sophia toma cuerpo en lo que nosotros llamamos «la Gnosis» en las escuelas espirituales gnósticas de todos los tiempos. En estas escuelas de la Gnosis encontramos la misma Sophia, la misma sabiduría, el mismo camino, la misma verdad y la misma vida. No importa que los buscadores hayan salido de tal o cual comunidad, que tengan color negro, rojo o blanco, que hayan venido del campo budista, musulmán o cristiano; todos ellos serán enseñados por la única Sophia y purificados por esta única Sophia. Y en la única Sophia perecerán hasta el renacimiento. Quienes quieran una prueba, quienes quieran agarrar fuertemente el hilo de Ariadna en sus manos, tengan en cuenta que la Gnosis fue y es, a través de todos los tiempos, siempre la misma. Ella muestra invariablemente el mismo camino y habla invariablemente el mismo lenguaje.

 

Las confesiones que en la Pistis se agitan, combaten y buscan son llamadas iglesias. Esta palabra tiene dos significados. Por un lado se llama iglesia a una comunidad de seguidores de una determinada interpretación teológica de la Pistis. Por otra parte, una iglesia es un verdadera Casa del Señor, un foco de emanación procedente del universo divino.

En este mundo existen dos clases de focos de este tipo. Una Casa del Señor como foco de la primera emanación, de la Pistis, y por ello un lugar de inquietud, de agitación y de precipitación hacia el límite del conocimiento mental; o bien una Casa del Señor como foco de la segunda emanación, de la Sophia, donde reina la serenidad, la luz dorada, la libertad, el amor y la fuerza de la magnificencia divina, y donde reina el Espíritu Santo.

Reconocerá con nosotros que la Escuela Espiritual Gnóstica tiene desde su fundación el derecho ‑un derecho conferido por el Espíritu Santo‑ de llamarse en un sentido doble «iglesia»: por un lado, ella es un foco para todos aquellos a quienes la Pistis empuja a que tomen conciencia, por otro lado también lo es para quienes, comprobando su pobreza con este poder de conocimiento de la naturaleza, son purificados y limpiados por el fuego del Trigonum Igneum, el triángulo llameante, y entran a continuación en la libertad de la divina Sophia.

Por esto, la Escuela Espiritual Gnóstica: la Ekklesia Pistis Sophia, ES la única iglesia universal que reconoce, se aproxima y confiesa a Cristo como Jefe del Mundo, y, aceptando las consecuencias, triunfa en El y por El.

 

Orientemos ahora su atención una vez más hacia las dos emanaciones que provienen del Pleroma.

La Pistis despierta a la masa, la pone en movimiento en el sentido más amplio de la palabra, y con este fin actúa poderosamente sobre la razón humana. La Sophia, la segunda emanación, se dirige a los excepcionales para rescatarles de la naturaleza de la muerte y elevarles al universo del Pleroma. La Sophia no se dirige, como la primera emanación, a la razón animal ordinaria del hombre, sino que se dirige al alma aún dormida, en el nuevo sentido de la palabra. La Sophia tiene como meta el despertar, en los excepcionales, el nuevo estado de alma, la nueva conciencia del alma, el nuevo pensamiento del alma.

Una corriente de ondas magnéticas de la Gnosis, que se dirige a este mundo, debe provocar inevitablemente una serie de fenómenos muy particulares, a los que el hombre tendrá que reaccionar, no sólo en tanto que individuo, sino que sentirá la necesidad de reunirse en grupos, en comunidades, para reaccionar juntos a los valores y a las fuerzas que se manifiestan. Estos grupos tendrán necesidad de organizarse y de construir lugares de reunión donde poder celebrar una ceremonia; canteras, focos especialmente apropiados como puntos de encuentro de la emanación con el hombre que reacciona a ella.

Desde los primeros tiempos de la intervención divina en la naturaleza de la muerte, se han formado y preparan tales lugares de trabajo, y se continuarán formando tanto tiempo como sea necesario. De esta manera se forman las iglesias, y en su sentido profundo fueron y son Casas del Señor, focos de la Pistis. Y a pesar de los fenómenos degenerativos de las iglesias, mientras estas iglesias sirvan de lugar de reunión para personas de orientación mística, la emanación de la Pistis las empujará a la agitación y a la inquietud, incluso a través de los velos más espesos.

Pero también hemos hablado de la Iglesia Universal Gnóstica, de la Ekklesia Pistis Sophia, la comunidad que reconoce y confiesa a Cristo como verdadero Jefe del Mundo y triunfa en El hasta la liberación completa. Que nadie crea que decimos algo excepcional al asociar la Escuela Espiritual moderna con el concepto de iglesia. Tal vez muchos de los que escuchen esto experimentarán un sentimiento de inquietud ante esta denominación, ya que muchos alumnos han tenido que luchar, de hecho, con dificultades y dolor para librarse de las iglesias de la Pistis. Por ello, debe saber que todas las Fraternidades Gnósticas que nos han precedido se han llamado iglesias, han querido y han tenido que ser iglesias, pero iglesias totalmente consagradas a la Sophia, para que todo peregrino fatigado pueda volverse un auténtico Pistis Sophia.

Tampoco carece de significado el que la Escuela Espiritual moderna se presente desde ahora al público como Lectorium Rosicrucianum, Ekklesia Pistis Sophia. Desde el uno de septiembre de 1954 la Escuela ha podido recoger la herencia de la Fraternidad precedente y en ella está contenida la misión de continuar su obra en tanto que Ekklesia Pistis Sophia, misión que hemos aceptado plenamente. Es evidente que cuando recogimos esta herencia, ya estábamos ocupados en aproximarnos y en vivificar los núcleos de esta herencia para hacernos dignos de ella.

La Fraternidad precedente, la Triple Alianza de la Luz, de la que formaba parte la Fraternidad de los Cátaros (palabra griega que significa «puro», «limpio», y cuyo significado más tarde ha degenerado en «hereje») había erigido en Europa un reino gnóstico. Cerca de Haarlem, en el pequeño pueblo de Bakenes, estaba el centro de la Fraternidad de la Rosacruz, situado justo al pie de los antiguos muros de la ciudad, y el lugar de nuestro Templo de Haarlem del Lectorium Rosicrucianum corresponde matemáticamente con el antiguo foco de esa Fraternidad. La Fraternidad de los Cátaros, cuyos focos se encontraban, por ejemplo, en los Balcanes, principalmente en Bosnia, en el Norte de Italia, principalmente en la provincia de Brescia, y en Francia, principalmente en el sur, mantenía una jerarquía eclesiástica organizada y las ceremonias de la Iglesia de los Cátaros son descritas por muchos autores.

Qué pretendía la Fraternidad precedente con su jerarquía? La palabra jerarquía significa orden con rangos. Esto se refiere a una jerarquía militar, y también se conoce actualmente una jerarquía sacerdotal. Pero un cuerpo jerárquico, en el sentido gnóstico original de la palabra, es algo completamente diferente. Era un sistema vital, organizado hasta en sus mínimos detalles y aspectos. Un cuerpo viviente, con cuya ayuda la emanación de la Sophia podía envolver a todos los que estaban admitidos en este cuerpo; un cuerpo viviente, por medio del cual la Sophia, procedente del Pleroma de la vida universal, podía ser recibida y asimilada por quienes estaban acogidos en él. El cuerpo viviente no era simplemente un lugar de reunión corriente, donde el colectivo magnético de los que estaban agrupados experimentaban un contacto. Esto es tal vez suficiente para las iglesias de la Pistis. Pero en el cuerpo de la Sophia, en la Iglesia de los Cátaros, y en los demás lugares consagrados de la Fraternidad precedente, el contacto de la Sophia podía volverse una efusión, un derramamiento, por leyes científicas y gnósticas y por la aplicación de la magia gnóstica. Este derramamiento podía impulsar hacia un proceso, y el proceso hacia un camino Rosacruz, y el camino Rosacruz hacia un Trigonum Igneum, y el Trigonum Igneum hacia el fuego recreador en el lugar del cráneo. Así podía tener lugar una resurrección en el nuevo campo de vida.

Un cuerpo jerárquico de este tipo no es un orden de funcionarios con distintos rangos, sino un organismo formado a partir del ser de la Gnosis y organizado, bien preparado, con cuya ayuda puede ser realizado el gran trabajo santo. Este cuerpo viviente gnóstico contiene también los elementos de todos los misterios gnósticos, las propiedades de una Escuela Espiritual en su totalidad, la gloria perfecta de una Ekklesia Pistis Sophia.

Este cuerpo fue desplegado en toda Europa por la Fraternidad precedente, para que todos los verdaderos buscadores pudiesen encontrar efectivamente a la Sophia, en la inmensa confusión de la Pistis. Expresado místicamente: la Fraternidad precedente preparó en su época la Novia Celeste para todos los que se acercaban a ella. Este cuerpo viviente era como una barca celeste, que acogía a todos los puros, a todos los purificados, a todos los «Cátaros», en un camino de vida nuevo.

Considere todo aquello en lo que usted ha participado, ha atravesado y ha edificado en la Escuela Espiritual moderna. Entonces sabrá que desde hace mucho tiempo se estuvo revivificando el trabajo clásico de los Hermanos de la Sophia, a saber, la edificación de un cuerpo jerárquico en el sentido gnóstico, un cuerpo viviente, una Novia del Señor, una Ekklesia Pistis Sophia, un arca, una barca celeste. Y usted sabe que todos han encontrado un lugar en él, en tanto que células vivas, y que este cuerpo demuestra numerosas estructuras orgánicas. El cuerpo jerárquico se ha vuelto completo, y en él hemos encontrado y ocupado nuestros lugares. Usted se ha vuelto miembro de este cuerpo vivo, miembro de la Ekklesia Pistis Sophia. Este organismo se ha vuelto vivo por la gracia de la Gnosis; la vida es insuflada desde arriba en la jerarquía gnóstica moderna. Todo está preparado. El lugar de trabajo está provisto minuciosamente de todo el instrumental necesario: el antiguo laboratorio alquímico, con todas sus retortas, donde el fuego arde en el horno. Todo está preparado para que la Pistis en usted forje la Sophia. Y ahora, en la corriente de gracia de la Sophia que surge del Pleroma, queremos y debemos dedicar toda nuestra vida a la Vida, y así, desde abajo hacia arriba, inteligentemente, con la aportación de nuestra calidad de alma, vivificar también nosotros la Ekklesia Pistis Sophia.

Todos nosotros ocupamos nuestros lugares según las líneas jerárquicas. No dejamos que otros vivan por nosotros, y no debemos contentarnos con juntar las manos con entusiasmo místico, diciendo: «Te agradecemos, oh Señor», sino que en la Vida que nos es otorgada desde «arriba» debemos vivir dinámicamente, consecuentemente, y sin ninguna reserva, como verdaderos puros, como hermanos y hermanas de la Rosacruz.

Así desplegaremos de nuevo en el mundo la Sophia y su gracia en tanto que Reino Gnóstico, como el inicio de una manifestación del gran trabajo mundial de la Séptuple Fraternidad Gnóstica Mundial.

El Lectorium Rosicrucianum, Ekklesia Pistis Sophia, vivirá verdaderamente si nosotros vivimos con El.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Glosario

 

 

Alfombra

Estar sobre la alfombra, es una denominación masónica de la actitud interior del alumno que intenta aplicar en sí mismo la Gnosis universal quíntuple con seriedad, entrega y perseverancia.

 

 

Arconte

Gobernante de los eones.

 

 

Atomo chispa de espíritu

Ver Rosa del corazón.

 

 

Atomo original

Ver Rosa del corazón.

 

 

Authades

La voluntad impura del hombre material; también el furor impuro del hombre‑yo en sentido general. El nombre se ha extraído del Evangelio de la Pistis Sophia.

 

 

Bethabara

Significa casa en el desierto.

 

 

Campo de respiración o de manifestación

Es el campo de fuerza inmediato en cuyo interior es posible la vida. Es el campo de unión entre el ser aural y la personalidad. En su actividad de atracción y de repulsión de materias y fuerzas para la vida y el mantenimiento de la personalidad forma una completa unidad con la personalidad.

 

 

Candelabro séptuple

Denominación mística de las siete luces que arden en cada uno de los tres santuarios (cabeza, corazón y pelvis) y que, por la influencia de las doce luces aurales determinan el carácter de la manifestación del hombre.

 

 

Décimotercer eón

La Escuela Espiritual como campo de radiación magnético de la Fraternidad Universal, que se manifiesta en este mundo sometido a las ataduras de los eones naturales para ayudar en la salvación de la humanidad caída y para enseñarles, a través de la transfiguración, a caminar en el sendero de regreso al Reino Inmutable.

 

 

Dialéctica

Nuestro campo de vida actual, en el que todo se muestra a través de los opuestos. Día y noche, claridad y oscuridad, alegría y dolor, juventud y vejez, bien y mal, vida y muerte están inseparablemente unidas e inevitablemente uno le sigue al otro y uno crea al otro. Por esta ley fundamental todo aquí está sometido a un cambio y destrucción permanente, un nacer, florecer y perecer. Por esta ley, nuestro campo de existencia es un lugar de limitación, sufrimiento, dolor, destrucción, enfermedad y muerte.

 

 

Efesio

El hombre buscador que, en su anhelo de alcanzar una auténtica purificación y elevación de la vida, recorre en este campo de existencia el camino del bien, descubrirá tarde o temprano que ese camino tiene un punto decisivo, una frontera, que el hombre de este mundo no puede pasar. El buscador que ha penetrado en esa región fronteriza es denominado en la Biblia «efesio». Tal hombre se encuentra ante la gran elección de liberarse de las limitaciones de la dialéctica por un cambio vital, o permanecer encadenado a la rueda, sucumbiendo al dolor de la decadencia.

 

 

Endura

Es lo que Pablo denomina «morir diariamente». Significa retirar todo interés por lo que es de este mundo, incluso el propio ser del yo. Es un permanente decir «no» con hechos ante los impulsos naturales en nuestra sangre. Tal actitud de vida sólo tiene sentido, si es la lógica consecuencia de una comprensión despertada (el verdadero conocimiento de sí mismo!) con relación a la verdadera forma y al verdadero estado de ser de nuestra actual humanidad y de este orden de la naturaleza. A través de este consciente y convencido «morir diariamente» abrimos en nosotros el camino para el doble efecto de la luz liberadora de la Gnosis, que luego destruye lo que interiormente rechazamos y construye lo que hace posible la nueva manifestación del hombre. Así morimos literalmente según el hombre viejo «en la fuerza destructora de Cristo» o sea que toda actividad natural en nosotros es conducida al silencio, por lo que la nueva naturaleza, el hombre nuevo se puede manifestar.

 

 

Enseñanza Universal

No es una «enseñanza» en el sentido común de la palabra y no se puede encontrar en los libros. Es en su esencia más profunda la viviente realidad de Dios, de la cual la conciencia ennoblecida para ello puede aprender a leer y comprender la sabiduría universal del Creador.

 

 

Eones

a) Monstruosas formaciones de fuerzas de la naturaleza impura, creadas al cabo de los tiempos por la vida contraria a Dios (pensar, desear, sentir y querer) de la humanidad caída. Se diferencian en doce grupos principales. Como creaciones de la humanidad que se escapan por completo de su control, mantienen prisionera a la humanidad y la obligan a ir por los caminos que ellos han creado y a consolidar el vínculo humano con la rueda de la dialéctica.

 

b) Con este nombre también se denomina al grupo que gobierna lo espacio‑temporal, llamado también jerarquía dialéctica. Se compone de la más elevada formación de poder metafísico que proviene de la humanidad caída, que se ha unido a los eones de la naturaleza mencionados en a) y que, partiendo de este supremo poder luciferino del mundo dialéctico caído, abusan de todas las fuerzas de la naturaleza y de la humanidad en persecución de sus oscuras metas e impulsa a estos a actuaciones impuras. A través de horribles sufrimientos de la humanidad, estas entidades han conseguido liberarse de la rueda de la dialéctica, una libertad, que sólo pueden conservar mediante una autoafirmación sin medida, aumentando y manteniendo el sufrimiento del mundo. (Ver en relación con esto el libro «El hombre nuevo», parte I, capítulo X).

 

Para completar este tema queremos mencionar que todos los efectos del pensamiento, sentimiento y voluntad del hombre caído, también los que son denominados como buenos, evocan eones, o sea fuerzas no santas, que dominan a los hombres y les mantiene prisioneros en la naturaleza de la muerte. Aparte de estos efectos naturales impuros hay fuerzas naturales divinas, del séptuple cosmos de la Tierra, que el hombre percibe como hostiles, ya que por su estado caído perturba constantemente su relación con las leyes naturales del cosmos de la tierra.

 

 

Esfera material ‑ esfera reflectora

Las dos mitades de la existencia de este orden de la naturaleza dialéctica. La esfera material es el campo en el que vivimos nuestras manifestaciones materiales. La esfera reflectora es el campo en el que se lleva a cabo, entre otras cosas, el proceso entre la muerte y la reencarnación. Consiste además de las esferas infernales y el así llamado purgatorio (o esfera de purificación) de aquello, que en las religiones naturales se denomina erróneamente cielo y luz eterna. Esta esfera del cielo y su existencia en él están sometidos también a la limitación y al tiempo, como toda existencia en la esfera material. La esfera reflectora es, por lo tanto, el lugar de estancia temporal de los muertos, lo que no significa que la personalidad que ha muerto vuelva a una nueva vida, pues no existe una permanencia de la múltiple personalidad. Sólo el núcleo más profundo de la conciencia, el denominado rayo de espíritu o chispa dialéctica vuelve a ser acogido por un tiempo en el ser aural y crea la base de la conciencia de una personalidad completamente nueva que se construye por el ser aural con la participación de las fuerzas que actúan en la madre.

 

 

Fraternidad Universal

Jerarquía divina del Reino Inmutable. Forma el Cuerpo Universal del Señor y es denominada entre otros: Iglesia invisible de Cristo, Jerarquía de Cristo, Gnosis. En su actividad respecto a la humanidad caída actúa como Fraternidad de Shambhala, Escuela de Misterios de los Hierofantes de Cristo o Escuela Espiritual Hierofántica.

 

 

Fuego de la serpiente

El fuego del alma o de la conciencia.

 

 

Gnosis

a) Aliento de Dios, el Logos, la Fuente de todas las cosas, que se manifiesta en y como espíritu, amor, luz, fuerza y sabiduría universal.

 

b) La Fraternidad Universal como portadora y manifestadora del campo de radiación de Cristo.

 

 

Gnosis universal quíntuple

Denominación resumida de las cinco fases de desarrollo, en las que y con las que se manifiesta el único camino hacia la vida en el alumno: discernimiento, deseo de salvación, ofrenda de sí mismo, nuevo comportamiento de vida y resurrección en la nueva vida.

 

 

Hierofantes de la Luz

Ver Fraternidad Universal.

 

 

Jerarquía de Cristo

Ver Fraternidad Universal

 

 

Lípika

El firmamento o ser aural representa la totalidad de fuerzas, valores y vínculos, que son el resultado de la vida de las diferentes apariciones de personalidades en el campo de manifestación. Todas estas fuerzas, valores y vínculos forman las luces, las estrellas de nuestro firmamento microcósmico. Estas luces son focos magnéticos que, de acuerdo con su consistencia, marcan el carácter del campo magnético espiritual, esto significa que determinan el tipo de fuerzas y materias que son atraídas de la atmósfera y absorbidas en el sistema microcósmico, o sea también por la personalidad. La personalidad corresponde por lo tanto completamente a la cualidad de estas luces. Cambios en la personalidad tienen que ser precedidos por cambios en el firmamento, y estos sólo son posibles a través del autosacrificio del ser del yo (ver endura).

 

 

Macrocosmos

El mundo en grande, el universo.

 

 

Microcosmos

El hombre como minutus mundus (mundo pequeño), un sistema de vida compuesto, esférico, en el que se puede diferenciar de dentro hacia afuera: la personalidad, el campo de manifestación, el ser aural, un séptuple campo magnético espiritual. El hombre verdadero es un microcosmos. Lo que en este mundo se entiende por hombre, es sólo la personalidad gravemente deformada de un microcosmos completamente degenerado. Nuestra conciencia actual es una conciencia de la personalidad y por lo tanto sólo es consciente del campo de existencia al que pertenece.

 

 

Pistis Sophia

Título de un evangelio gnóstico del siglo segundo (como posible autor se cita a Valentino), que se ha conservado sin manipular y que anuncia el camino de salvación de Cristo, el camino de la transmutación en todos los detalles.

 

 

Racional y moral

En la terminología de la Escuela Espiritual significa: ser sensibilizado por el toque gnóstico a una concepción con la razón y con el sentimiento de lo que el camino requiere.

 

 

Rosa del corazón

Denominación mística del átomo‑chispa de espíritu, átomo original o atomo crístico que se encuentra en la parte superior del ventrículo derecho del corazón; vestigio de la vida divina original. El átomo original, también denominado semilla Jesús o la joya en el loto, es el germen de un microcosmos completamente nuevo, que se conserva como una promesa en el hombre caído, hasta que llegue el momento en que este, madurado por el sufrimiento de la experiencia, se acuerda de su origen y se llena del deseo de regresar a la Casa del Padre. Entonces se ha creado la posibilidad de que la luz del sol espiritual pueda despertar a la rosa aletargada, y que, con una reacción positiva y una actitud perseverante y comprensiva, el portador de imagen pueda emprender el proceso de la regeneración general del hombre según el plan de salvación divino.

 

 

Rueda de la dialéctica

El proceso que se repite continuamente de nacimiento, vida, muerte y reencarnación.

 

 

Semilla Jesús

En la Fama Fraternitatis R.C., el testamento clásico de los Rosacruces del siglo 17, se denomina así al átomo‑chispa de espíritu. (Ver Rosa del corazón).

 

 

Simpático

Parte del sistema nervioso que en el hombre dialéctico no se encuentra bajo el control de la voluntad, sino que funciona de forma automática, en concreto los dos cordones nerviosos a la izquierda y a la derecha del canal de la médula espinal. Estos dos cordones se unen en la cima de la médula espinal junto a la pineal.

 

 

Taller libre

Un cuerpo cósmico magnético, creado por y en la fuerza de radiación de la Gnosis, de forma que las fuerzas de la naturaleza de la muerte no pueden de ninguna manera influir o perjudicar ese taller.

 

 

Tao

Denominación de Lao Tse de la fuente de todas las cosas.

 

 

Trigonum Igneum

Triángulo llameante, designación de la Fama Fraternitatis R.C. de las tres fuerzas divinas, fundamentales, originales, que se manifiestan en quienes se abren a la Gnosis por un cambio total de vida. Estas fuerzas hacen posible los procesos de transmutación y transfiguración en ellos.

 

 

Unidad de grupo

La unidad de grupo que pretende la Escuela Espiritual no es una manifestación externa de convivencia, sino la unidad interior de la nueva vida del alma que crece en la Gnosis, que se manifiesta en un nuevo comportamiento de vida, en consonancia con el Sermón de la Montaña.

 

 

Vacío de Shambhala

Lugar que se encuentra fuera de la esfera material y de la esfera reflectora que ha sido preparado por la Fraternidad de Shambhala para aquellos alumnos que, con seriedad, entrega y perseverancia, se han esforzado por recorrer el camino de regreso, pero que todavía no han podido entrar en el nuevo campo de vida. Esos alumnos, si disponen de una mínima base de trabajo, son capacitados para continuar, en ese campo preparado especialmente para ellos, en condiciones muy armoniosas, sin impedimentos, peligros y sufrimientos de la dialéctica, la obra comenzada, y así completar su liberación de la rueda y ser partícipes de la nueva vida. También el cuerpo viviente de la Escuela Espiritual moderna posee un vacío de Shambhala así.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

                LA FRATERNIDAD DE SHAMBHALA

Catharose de Petri

Y

Jan van Rijckenborgh

                        Índice

Prólogo

1          Los secretos del Gobi (1)

2          Los secretos del Gobi (2)

3          La Madre de los Vivos

4          Los siete pasajes de Shambhala

5          La Isla de Isis

6          El último vestigio

7          Los dos tipos de Elohim

8          El abismo del conocimiento

9          Las Hijas de la Tierra Santa

10        Los Hijos de la Voluntad y del Yoga.

                                                                     Prólogo

Los textos recogidos en este libro sobre la Fraternidad de Shambhala fueron dados anteriormente en forma de charlas en el Templo‑Atrio de la Rosacruz.

Teniendo en cuenta que se trata de un mensaje de la Fraternidad para todos los alumnos de la Escuela Espiritual, se ha conservado este libro en su forma directa.

Puesto que este mensaje va a llegar ahora ‑con este libro‑ a un círculo más amplio de interesados, esperamos y rogamos que los corazones se mostrarán receptivos para ello y la reacción estará en consonancia con ello.

                                                                   Capítulo 1

Los secretos del Gobi

Citando al sabio chino Chuang, la señora Blavatsky dijo un día: Las cosas que los hombres saben no pueden ser comparadas de ninguna forma, en cuanto a su número, con las cosas que les son desconocidas.

En efecto, comparado con lo que debería ser, el saber humano es muy pobre. Dígase en su favor que en el cosmos y en el microcosmos existen un número tal de enigmas, y el Logos nos deja entrever tantos fenómenos insondables, que no se puede reprochar a nadie que el entendimiento humano permanezca tan alejado de la realidad universal.

La frase del Salmista: Tu conocimiento, ¡oh Eterno!, es para mí demasiado prodigioso, es la confesión leal del hombre frente a la creación divina. Sin embargo, es un hecho cierto que el conocimiento y el entendimiento humanos se dirigen generalmente en una dirección diametralmente opuesta a la de las manifestaciones divinas. Por esto, la frase del sabio chino es tan justamente certera.

Este estado de cosas nos lleva a serias consideraciones. El Logos no propaga por el mundo su conocimiento universal de una forma desordenada y sin inteligencia, sino que cada revelación divina tiene como base fundamental una necesidad y una lógica absolutas. Por consiguiente, este conocimiento perdido es una acusación para la humanidad, y también la causa de que nos encontremos de vez en cuando ante consecuencias extremadamente desagradables y en situaciones realmente confusas.

En estas condiciones, usted puede comprender fácilmente que, periódicamente, la Escuela Espiritual intente conducir al menos a una parte de la humanidad hacia esta base fundamental de necesidad y de lógica absolutas, con el fin de suscitar una reacción que concuerde con las exigencias divinas. Nosotros le pedimos que considere esta disertación bajo este ángulo.

No tenemos la intención de hablarle del Desierto del Gobi de una forma sensacionalista, sino que nuestra tarea consiste en instruirle sobre los próximos acontecimientos, para que así no se encuentre desprevenido.

Nuestro más profundo anhelo es que usted pueda testimoniar con nosotros de los tiempos felices en que nos serán desvelados, no solamente una parte del mundo que ha permanecido hasta nuestros días oculta y desconocida, sino también las actividades y criaturas prodigiosas de la naturaleza original. Esto nos hará comprender las razones por las cuales somos llamados microcosmos y hasta dónde puede extenderse nuestro conocimiento de Dios y de la naturaleza original.

Para muchos, nuestra época está marcada por el interés que suscitan los acontecimientos sociales, económicos y políticos, al mismo tiempo que, para algunos, solamente es el preludio opresivo y turbulento de una revolución cósmica; revolución cósmica que no sólo es realizada desde arriba, sino también desde abajo.

Para comprender todo lo que tiene relación con esto, debemos saber, en primer lugar, en qué consiste aproximadamente el secreto del Desierto del Gobi. Esta revelación no puede ser vista como una profanación, sino como un signo de la madurez de los tiempos y como una Fama Fraternitatis para todos los que tienen oídos para oír y ojos para ver.

En el corazón del Desierto del Gobi, en Asia Central, se encuentra el centro de la actividad de la Fraternidad Universal en relación con este mundo y su humanidad caída. Desde este lugar parten hacia la humanidad todos los impulsos liberadores. Los demás núcleos del trabajo espiritual, de los que hemos hablado en el transcurso de los años, como los de Australia, de la Gran Pirámide, de las Columnas de Hércules en la vertiente sur del Atlas y del Himalaya, así como otras actividades de la Fraternidad ‑como las que se desarrollan en los dos polos‑ proceden de este corazón espiritual del mundo, situado en la parte más impenetrable del Gobi, y son dirigidas por él.

El Gobi no es un desierto de arena propiamente dicho, sino un estéril, monótono e inconmensurable territorio de estepas tan desconocido y mucho más impenetrable que el Gran Chaco en América del Sur. Pocos viajeros han intentado penetrar hasta el corazón del Gobi. Está rodeado por una profunda soledad y un lúgubre espanto. Existen pocos escritos sobre este territorio y sus secretos, ya que la atención de los especuladores espirituales ha permanecido fijada en lugares más populares de la tierra.

Un trabajo conocido es el que Marco Polo escribió en el siglo XIII cuando se encontraba en prisión. Marco Polo recorrió, para llegar a China, el viejo camino del té, el cual atraviesa una parte del Gobi. Describe el terror y el respeto religioso que los habitantes de los países limítrofes sentían por esta región, como consecuencia de las apariciones en masa de espectros que la asedian.

Para el gnóstico, este fenómeno es, no obstante, muy simple. En el Gobi, los éteres planetarios son tan transparentes y concentrados que la esfera química y la esfera etérica del mundo físico se interpenetran casi imperceptiblemente, lo que hace posible al sentido ordinario el percibir la agitación y los movimientos de la esfera reflectora. Este es el fenómeno que provoca ese miedo mortal por el desierto del Gobi y que asegura a este territorio un perfecto incógnito, rechazando a los no autorizados.

No obstante, el Gobi ha desempeñado un papel importante en los antiguos conocimientos universales. Desde el comienzo de los tiempos dialécticos, el corazón de ese territorio ha sido conocido bajo el nombre de «Tierra Santa de los Hijos de Dios». Por lo tanto, cuando la Biblia y los Iniciados hablan de la Tierra Santa, en relación con nuestro planeta, no se refieren en absoluto al lugar donde los árabes y los israelitas se enfrentaron equipados con armas occidentales.

Todos los impulsos regeneradores metafísicos que, bajo forma de radiación, tocan al mundo, partieron y parten de este corazón, dejando por doquier su huella. Ya se trate de la ingeniosa construcción de la Gran Pirámide, de la sabiduría y de la fuerza de los Maniqueos y de los Cátaros, o de la misión de la Rosacruz moderna, todo parte de este Manantial único y se explica por él. La sede de la Orden de la Siddha ‑la Fraternidad Universal‑ se encuentra en esta Tierra Santa.

Abundantes leyendas fueron tejidas sobre el Gobi, y fragmentos de acontecimientos históricos ya olvidados inspiraron narraciones misteriosas.

La antigua sabiduría nos dice, por ejemplo, que mucho tiempo antes de la civilización pre‑lemuriana, un gran mar interior se extendía en el lugar donde actualmente se encuentran lagos salados y desiertos estériles. En el interior de este mar habitaba el «último vestigio» de la raza divina, repartida en doce islas. Estas islas poseían una belleza y un encanto maravillosos. Sus habitantes divinos eran llamados «los Hijos de la Voluntad y del Yoga» o los verdaderos «Elohim». Ellos conocían y dominaban todos los secretos de la naturaleza y estaban en posesión de la Palabra inexpresable, actualmente perdida. Ellos son los que conocen los secretos de la naturaleza original y los guardan para los que se hagan dignos de ellos.

Este reino insular existe aún como un oasis en el desierto del Gobi. Todos los que conocen la Palabra Secreta lo saben, y todos los que conocen esta Palabra tienen acceso a él. No existe ninguna vía de comunicación ordinaria con este oasis del Gobi. Este lugar está protegido cuidadosamente contra los intrusos, tanto por vía terrestre como por vía aérea. No hay más que siete pasajes secretos que son llamados, de una forma velada, los siete pasajes subterráneos de Shambhala.

Nuestra misión es hablarle de estas cosas y hacerle tomar conciencia, tanto como sea posible, de la profundidad de la sabiduría que la humanidad poseía originalmente. Ya que el tiempo de la revelación ha llegado y nuestra intención, en las tensiones del mundo actual, no es pasar apresuradamente sobre estas cosas sagradas, pues en tal caso serían olvidadas rápidamente.

Hace tiempo fue profetizado que todo lo que estaba escondido sería un día revelado, pero también se dijo que aparecerían muchos falsos profetas. Por ello, hemos sido puestos en guardia para no creer en cualquier espíritu sin antes probar que es de Dios. La Biblia nos previene: Con esto reconoceréis al espíritu de Dios: todo espíritu que demuestre que Jesucristo ha venido en la carne, es de Dios, y todo espíritu que no lo demuestre, no es de Dios.

Cuando se produce un gran cambio mundial, todo lo que está escondido acerca de Dios y lo Absoluto es de nuevo manifestado, y la humanidad entera es confrontada con la vida real absoluta del Reino Inmutable.

Esta revelación no se presenta al principio como un juicio, sino como una llamada a la resurrección, como una mano caritativa tendida para la regeneración. No debe ser vista como una demostración pública, sino comprendida como un sacrificio de amor inconmensurable para nosotros que estamos en la angustia, casi imposible de soportar por los santos de Dios.

Cuando este sacrificio se cumpla, usted lo podrá reconocer solamente como el Espíritu de Dios, si puede ser unido incontestablemente al reconocimiento de que Jesucristo ha venido en la carne. No por la creencia en el acontecimiento histórico de que, hace más o menos 2000 años, un tal Jesús vino en la carne, sino por la revelación en uno mismo, en la carne y de forma científicamente cierta, de la realización de Jesús y la radiación del Cristo en su fuerza, belleza y realidad perfectas.

Las revelaciones de los tiempos finales que preceden a la gran revolución darán a los hombres una visión íntegra de la verdadera vida de la humanidad original. A continuación se producirá un desenmascaramiento implacable de todos los especuladores metafísicos, tanto en el mundo religioso y teológico, como en el mundo filosófico, colocando a cada uno, sin excepción, ante una elección definitiva. Por este motivo, el tiempo se aproxima en que por todas partes se hablará con respeto, con miedo y temor, con una cólera furiosa, o con una intensa gratitud, de los siete pasajes de Shambhala.

La revolución cósmica no comprende solamente un proceso de respiración intercósmica, con los cambios geológicos y atmosféricos correspondientes, sino que implica al mismo tiempo un inmenso esfuerzo para la redención de la humanidad.

Después de cada revolución cósmica, la humanidad cae siempre más profundamente en la ilusión de la materia y de la dialéctica. La civilización lemuriana era, desde nuestro punto de vista, más gloriosa y provista de mayores posibilidades que la civilización de los atlantes que la siguió. Lo mismo se puede decir de la atlante con respecto a la nuestra: la aria. Y en la próxima era las posibilidades serán aún más restringidas por la opacidad cada vez mayor de la materia y del cuerpo racial, lo que tendrá como consecuencia una reducción aún mayor del campo de acción espiritual.

Considerando lo que precede, la humanidad actual está colocada ante una fase muy crítica. Por este motivo, la revelación en los tiempos futuros tomará una amplitud jamás alcanzada, a causa de la importancia formidable y urgente del momento. Esta revelación espera ser una base para el renacimiento del mayor número de personas posible. La Fraternidad hace oír, en ese sentido, sus primeras llamadas.

Todos tenemos la obligación de aprender de nuevo la Palabra liberadora perdida y olvidada. Cuando las sagradas escrituras de todos los tiempos hablan de la Palabra Única de Dios, no se trata de una colección de escritos de mayor o menor valor del que se ha degradado o desfigurado el sentido, sino de la Palabra de Vida única y liberadora, del camino, del método, de la santa ciencia que lleva a la vida universal del Reino Inmutable.

La Fraternidad Universal, espiritualmente llamada «el último vestigio», se expresa en el oasis del Gobi, territorio cósmico y atmosférico naturalmente preparado. Usted encontrará en la Biblia, y en los libros sagrados de otros pueblos, historias veladas sobre el último vestigio. Los últimos vestigios de las antiguas razas fueron llevados después de que todos los demás hubieron perecido. Tomadas literalmente, semejantes expresiones dan siempre lugar a deplorables errores de interpretación.

El «último vestigio» es la apelación mística dada a las entidades elevadas del camino común de toda la humanidad dialéctica, hasta el camino que conduce a la Vida Original. Los que llegan a tomar parte en «el último vestigio» son admitidos en un nuevo círculo de existencia, mientras que los demás siguen la marcha ordinaria de la humanidad dialéctica, con sus aspectos conocidos, hasta el destino común natural.

¡Pueda serles dada a todos la posibilidad de sumergirse con nosotros en «el abismo del conocimiento universal» y que la revelación de los Hijos de la Sabiduría de la Tierra Santa oculta les haga a todos dirigirse hacia el renacimiento!

Los siete pasajes de Shambhala están ahí, ante usted, ampliamente abiertos; sólo tiene que avanzar. ¡Que la Palabra impronunciable y aún perdida le sea revelada, ahora y por toda la Eternidad!

                                                                   Capítulo 2

Los secretos del Gobi (2)

El maravilloso oasis en el Desierto del Gobi, núcleo terrestre de la Fraternidad Universal, está protegido eficazmente contra cualquier penetración extraña. La técnica más moderna, con todos sus recursos, fracasaría lamentablemente si intentara aproximarse a esta verdadera Tierra Santa. Una multitud de espíritus de la naturaleza protegen este territorio, y las condiciones atmosféricas son tales que las más tremendas tormentas impedirían inmediatamente profanar este Corazón del Gobi a quien lo intentara.

Los que desean aproximarse a este corazón del mundo deben aprender de nuevo la Palabra olvidada. Para evitar, a este respecto, toda mistificación presente o futura en usted, queremos informarle sobre esta Palabra olvidada y perdida, en la medida de nuestras posibilidades. Usted comprenderá que sobre este tema se puede filosofar hasta el infinito. Si nos sumergiésemos en la literatura de buena fe que existe sobre esta Palabra olvidada y perdida, podríamos adquirir un conocimiento impresionante. Pero, ¿qué ganaríamos con ello?

La filosofía, en efecto, es la llave de la ciencia, siempre y cuando se es capaz de forjar con esta filosofía una llave que se adapte a la Eterna Puerta Universal y cuando se la puede emplear con éxito. Cuando no ocurre así, la filosofía se convierte en una carga inútil. Por esto está escrito en la Biblia desde hace ya mucho tiempo: Bienaventurados los ignorantes». Qué enorme ventaja tienen, en efecto, aquellos que se acercan a los Misterios Divinos sin prejuicios, abiertos como niños. Con mucha frecuencia su reacción cara a la Escuela Espiritual es sorprendentemente justa.

Conocerá seguramente la frase del antiguo sabio clásico: «El que acumula ciencia, aumenta el sufrimiento», lo que quiere decir que el que no sabe transformar la ciencia en realidad, carga con un peso insoportable. Lo mismo que un hombre que permanece demasiado tiempo contemplando el sol, sin protegerse los ojos, se queda ciego, un hombre que se atiborra inútilmente de filosofía, degenera sensorialmente.

Muchos son los que durante años han considerado a la Escuela de la Rosacruz como un instituto en donde podían enriquecer sus conocimientos filosóficos. Pero la Escuela de la Rosacruz sería muy pobre y peligrosa si sólo fuera esto. Detrás del vestido exterior de la Escuela se encuentra el Cuerpo en el que el alumno que es digno de ello puede aprender a forjar la llave que le permitirá abrir de nuevo la Puerta. Permítasenos evocar aquí el contenido de uno de nuestros rituales:

Estén seguros de que nuestros tesoros, a pesar de ser de un valor infinito, están escondidos tan  sencillamente que las investigaciones de la ciencia  presuntuosa no los pueden descubrir.

Muchos, a pesar de haberla buscado activamente, no han encontrado jamás la escuela interior, el taller en el que se trabaja sobre la base de la única piedra angular. Estos abrumaron a los trabajadores con ultrajes e insinuaciones o les trataron con indiferencia. Se saciaron con el aspecto filosófico de la Escuela y, no pudiendo pasar del Atrio, se apartaron con el agudo y permanente dolor del conocimiento no asimilado.

La llave no se puede robar ni comprar ni preparar filosóficamente. Para pasar del Atrio al Santuario es necesaria una construcción muy distinta. Por ello, en el Ritual que acabamos de citar, se dice al alumno a modo de advertencia:

Así, nuestra construcción, aunque muchos se hayan aproximado a ella, permanecerá siempre serena, impenetrable y escondida al mundo malvado.

Queríamos tratar este punto antes de hablar de la Palabra olvidada y perdida. El que va a comprenderlo como una contribución al esclarecimiento de una filosofía, va a colocarse una nueva rueda de molino al cuello. Pero el que llegue a probar su sentido práctico y sienta el estímulo a la auto‑construcción personal, podrá forjar la llave bajo la luz de un nuevo candelabro interior séptuple. ¡Que este candelabro sea una luz en su camino y una lámpara a sus pies!

En el transcurso de los siglos hubo esoteristas que creyeron que la Palabra olvidada y perdida era un mántram, una fórmula mágica que debía ser pronunciada de cierta forma rítmica por la laringe. Otros, con cierto enfoque filosófico, comprendieron la Palabra única como la palabra liberadora de la vida, como el método, la santa ciencia que nos lleva a la vida universal del Reino Estático; opinión parcialmente exacta.

Sin embargo, usted debe comprender que la Palabra olvidada se eleva por encima del método, por encima de la Biblia, por encima de la conciencia filosófica.

La Palabra olvidada es un estado de ser.

El alumno en el Atrio puede ver que la capa de nubes se entreabren. El puede contemplar la Tierra Santa en la lejanía, tal como se le apareció a los héroes de la fe de quienes habla la Epístola a los Hebreos, pero no puede entrar en ella. Todavía no es capaz de pronunciar la Palabra, en la cual puede dejar desbordar su gran alegría. El impulso de la Palabra se limita a susurrar a su lado, viniendo a él sin cesar como un susurro de la vida que aún debe nacer.

A usted y a nosotros se nos dará la posibilidad de percibir algo de esta vida que llega, porque los Elohim del Gobi, en los últimos días de este período de existencia, quieren hacer que contemplemos el Camino que conduce del Atrio al Santuario bajo una nueva luz revelada.

Es un hecho innegable que en el campo de vida esotérico, las intensas desilusiones se repiten continuamente. Muchos son los que se retiran fatigados y desesperados. Sin embargo, el interés no ha disminuido a pesar de ello. Ocurre aquí como con los mosquitos alrededor de una vela; la luz les atrae y se queman.

Posiblemente usted tenga gran interés por la Rosacruz. Sin embargo, le decimos que la indiferencia surgirá si, en un momento dado, usted se siente marginado o desilusionado.

¿La causa? Habrá tomado la Escuela exterior por la interior. Usted se ve a sí mismo en el Atrio, en harapos. Y como uno siempre se ve reflejado en el otro, aparecen las tensiones, y la explosión no tarda. ¿No reconocen en esto una ley natural?

Imaginemos a cien alumnos en el Atrio que no hacen nada por hacerse aptos para entrar en el Santuario. ¿Qué ocurriría? Sin lugar a dudas se eliminarían mutuamente. El Atrio de la Escuela es saneado constantemente por esta auto‑destrucción, y sólo en escasas ocasiones es necesaria la intervención directa de la Dirección. De este modo se hace sitio para un nuevo grupo que penetrará en el Santuario o se eliminará a sí mismo.

Suponiendo que usted busque ahora el Santuario de forma absolutamente nueva y con un espíritu vaciado de todos sus antiguos móviles y normas, entonces tenemos algo que decirle.

El Santuario se encuentra en el Corazón del Gobi, en algún lugar de Asia Central, en medio de un desértico territorio de estepas. No obstante, no es necesario que usted realice este largo viaje para formar parte de esta Tierra Santa. Esta Tierra Santa de la Siddha puede proyectarse por doquier, e igualmente en su propia existencia. Los hermanos y las hermanas de este sublime territorio están, tal vez momentáneamente, dispersos por el mundo entero. Pero, a pesar de esto, están absolutamente unidos; saben que son habitantes de las Doce Islas, sin la más mínima división.

El hecho de que para encontrar el camino y la verdadera vida se quiera ir hacia el norte o hacia el sur, hacia el este o hacia el oeste, es ya un falso comienzo. Se trata de una vida y de una realidad de vida en la cual la limitación del espacio y del tiempo desaparece por completo. Solamente entonces, cuando recupera esta vida, el alumno puede tomar conciencia de lo que es la omnipresencia. El ha devenido el «yo soy», el «I am present». Está en todas partes, está en cada Santuario y está aquí también, como una voz que clama en el desierto: ¡Enderezad los caminos del Señor!

¿Qué significa enderezar los caminos del Señor? ¿Realizar un trabajo social, político, económico o religioso? No, ¡es enderezar los caminos para «el Dios en usted»!

El Reino de los Cielos está dentro de vosotros. Usted ha oído decir esto al Señor de toda Vida. Todos los grandes de los Misterios han pronunciado esta misma frase. Si allana los caminos al Señor de su propio reino microcósmico, le verá llegar un día del otro lado del Jordán.

Y ahora, ésta es la formidable necedad, el error clásico de muchos: usted quiere allanar el camino para usted mismo, quiere hacer todo lo posible para verse venir a sí mismo desde el otro lado del Jordán, como a alguien que el Espíritu Santo ha iluminado. Es así, tal vez, como usted comprende la noción de «auto‑francmasonería».

Aprenda, no obstante, del santo promotor del evangelio imperecedero. Es necesario que El crezca y que yo disminuya. Yo no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El que viene detrás de mí me ha precedido.

¿Conoce usted este lenguaje? ¡Naturalmente! La Rosacruz moderna le habla de ello desde hace mucho tiempo. No obstante, es penoso ver y oír hasta qué punto la gramática de esta lengua sagrada es a veces maltratada por los alumnos.

Ahora se le quiere enseñar a pronunciar de nuevo la Palabra olvidada y perdida; ahora se quiere testimoniar de nuevo para usted de la vida que debe nacer; se le quiere enseñar ahora a forjar de nuevo la llave.

Sólo hay un camino que lleva al corazón del Gobi. Advierta que la palabra Gobi significa «núcleo», «corazón del mundo». En este país acampan, según la lengua sagrada, los Hijos del León. Si usted se quiere unir a ellos, deberá pasar primero por el camino de la aniquilación del yo, como Juan el Precursor, y allanar así el camino para el Señor.

¿Cómo debemos recorrer este camino del aniquilamiento del yo? ¡Preste atención!

Usted debe abandonar todos los poderes de su yo natural; debe romper todos los lazos del yo; debe acabar con el dinamismo de su yo; debe reducir todo el núcleo de la conciencia dialéctica a una mínima actividad biológica.

El resultado de este proceso de aniquilación se denomina en la Sabiduría Universal «la infancia». Un niño pequeño no tiene problemas ni pasiones; es un pequeño ser con una actividad puramente biológica. Puede vivir, crecer, tener buena salud y responder a las exigencias de las funciones vitales comunes.

El alumno de la Escuela Espiritual que quiere enderezar los caminos del Señor debe llegar él mismo a ese estado. Debe volverse como un «niño». No debe ver esta infancia en la estupidez del hombre ortodoxo religioso, que permanece en su estado natural en la espera negativa de la beatitud en el más allá, sino que debe aspirar a la «infancia» juanista.

El autor de los Salmos canta acerca de este alumno:

El refuerza los cerrojos de vuestras puertas. El bendice al niño en vosotros. Si el Eterno no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. Si el Eterno no guarda la ciudad, en vano vigila el que la guarda. En vano os levantáis temprano por la mañana, os acostáis tarde, y coméis el pan del dolor; pues El se lo da a sus amados aunque duerman. Ved, la infancia hereda al Señor, este fruto es la recompensa.

Leemos igualmente en el Nuevo Testamento:

De la boca de los niños habéis hecho brotar la alabanza. Y por haberos vuelto niños, Dios ha enviado a vuestros corazones al Espíritu de Su Hijo.

Formulándolo en el lenguaje de la ciencia gnóstica, se trata de hacer volver gradualmente al yo dialéctico a una función biológica mínima. Entonces se realiza el gran milagro: el Otro se despierta en el sistema microcósmico y este Hijo del Señor toma la dirección de todo el trabajo. Esta otra realidad esencial anima todos los poderes del yo dialéctico vuelto niño y llena todo su antiguo campo de acción. Es el rey recién nacido, el «yo soy», el «I am present». Hace un extranjero del hombre que vive aún en esta tierra, pero un extranjero que ya no está sometido a las tremendas tensiones y sufrimientos del hombre dominado por su yo dialéctico.

Ya que el hombre cuyo yo según la naturaleza está muerto, ¿no es acaso como un niño? Está libre de la esfera reflectora, igual que un niño, por su estado biológico puro, es inaccesible a las fuerzas demoníacas. El es doble, el hombre‑Juan que se retira y el hombre‑Jesús que toma la iniciativa.

Según su estado de recién nacido, se ha vuelto ciudadano de Cristianópolis, ha florecido en el verdadero corazón del mundo y tiene derecho de acceso al Oasis del Gobi. Es el portador de las llaves, y las puertas del infierno no prevalecerán contra él.

Esta es la Palabra perdida y olvidada que puede y debe ser pronunciada, no por usted, sino por el Otro que debe elevarse en usted. Este Otro, el Señor, debe edificar la casa. Los obreros de esta naturaleza trabajan en vano. Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilará el guardián. Todos los esfuerzos según la naturaleza son vanos. Vano también es que usted se levante pronto, se acueste tarde y coma el pan del dolor. El Señor del recto camino nace como por milagro. Nace del «milagro María», es decir, del cambio fundamental según la naturaleza.

Comprenda este mensaje de la Fraternidad:

La infancia hereda al Señor. Sólo este fruto hereda la recompensa.

                                                                   Capítulo 3

La Madre de los Vivos

Ahora sabe que nadie puede aproximarse al Corazón de la Fraternidad Universal sin antes conocer la Palabra perdida y olvidada y sin ser capaz de pronunciar esta Palabra. Además, ahora conoce de qué manera el alumno en el Camino puede descubrir nuevamente esta Palabra perdida y olvidada que, como usted sabe, es un estado de ser, una entrada en el Reino Inmutable que no puede ser realizada ni festejada de ninguna forma por el hombre natural. El espíritu, el alma y el cuerpo del hombre que puebla esta tierra son inaptos, tanto estructural como fundamentalmente, para participar en la vida nueva.

Por esto, orientar a este hombre hacia cualquier forma de cultivo del alma o del espíritu no tiene sentido, en primer lugar porque de esta forma jamás podrá participar en la redención, y porque el cultivo de lo que no está comprendido en Dios es precisamente un formidable freno para la liberación. Por esta razón debemos considerar la naturaleza de la liberación de manera completamente distinta y las escrituras sagradas deben ser interpretadas según una concepción completamente diferente. Se debe empezar por comprender que, como hombre dialéctico, primero hay que morir para poder renacer verdaderamente.

En el transcurso de los siglos se ha visto sobradamente que el hombre no entendía esta enseñanza fundamental, a causa de un insuficiente poder de comprensión y con ello el cultivo de la personalidad se colocaba siempre en el primer plano de cada uno de los intentos realizados. Por esto es absolutamente necesario, ante todo, ahondar en el sentido de la noción «hombre» según la ciencia de la transfiguración.

La ciencia de la transfiguración presenta al hombre como un complejo conjunto de fenómenos englobados en un sistema vital, «el microcosmos». En este microcosmos existen fenómenos indeseables, engendrados y mantenidos por el pecado. Pero también existen en este microcosmos posibilidades de desarrollo, manifestadas antaño hasta la perfección, pero que, desde hace eones, se han vuelto latentes y se han concentrado en núcleos.

En esta misma ciencia de la transfiguración se conocen diversas chispas de espíritu activas en un mismo microcosmos. Lo que en nuestra enseñanza se designa como «hombre dialéctico» es el resultado debido a una de estas chispas de espíritu.

Ahora, todo este ser de la dialéctica, en todas sus múltiples formas de expresión, con sus motivaciones y sus frutos, debe morir, debe perecer para que el hombre verdadero pueda manifestarse nuevamente. La Enseñanza Universal da a este proceso el nombre de «renacimiento», «transmutación», y a veces también de «Bodas Alquímicas».

El método seguido en este proceso mágico o alquímico tiene por resultado el conocimiento y el dominio de la Palabra olvidada y perdida.

Supongamos ahora que usted ha encontrado la llave y que está preparado para esta muerte fundamental; entonces sabe que esta muerte representa el retorno de todo el ser dialéctico a un mínimo de actividad biológica, hasta el estado de infancia descrito en la primera Epístola de Juan, capítulo 3. Solamente cuando de esta manera haya alcanzado este estado, tendrá sentido hablarle más ampliamente sobre la Fraternidad de la Siddha, sobre los habitantes del Corazón del Gobi.

¿Cómo penetrar hasta este Corazón? El alumno debe plantearse esta pregunta continuamente, y cuando es como una plegaria, siempre habrá una respuesta en concordancia absoluta con el estado de ser del alumno en cuestión.

Como es lógico, en principio sólo hay una respuesta a dicha pregunta, pero esta respuesta contiene numerosos aspectos y rayos, al igual que la luz solar se compone de un torbellino de rayos. Estas respuestas son una sucesión de rayos que tocan al alumno a lo largo del Camino. Estos rayos forman para él una escalera luminosa hacia el único objetivo.

La práctica de la vida ha demostrado ya muchas veces que es perfectamente inútil importunar a un buscador con rayos de la Luz Universal, si éste aún no se encuentra ennoblecido para recibirlos y asimilarlos. No los reconocería ni tampoco podría responder a ellos, por la simple razón de que en la constelación de su campo de respiración aún no se ha formado una concentración pura de éteres.

Siendo el Camino una marcha eterna, es indudable que hay una diversidad de radiaciones eternas, de belleza cada vez mayor, de un esplendor lleno de gracia, de una luz cada vez más intensa y de una fuerza cada vez más dinámica y poderosa.

En este sentido debemos comprender la intervención de la Fraternidad Mundial actual. Ella emite para nosotros, en nuestra época, una radiación que se adapta a nuestro estado, tanto en el plano humano individual como en el de la humanidad en general. Y así la pregunta: «¿Cómo debe penetrar el alumno hasta el Corazón del Gobi?», toma un carácter nuevo y urgente.

No es posible recibir una respuesta a esta pregunta consultando antiguos pergaminos, ni tampoco se puede repetir, sin comprender, lo que dijeron los antiguos sobre el tema. Debemos escuchar y comprender los latidos del corazón del «presente». Si usted puede hacerlo, la respuesta llegará a usted como una luminosa novedad y experimentará y comprenderá, al mismo tiempo, lo que los antiguos querían decir realmente.

Ahora ha oído hablar mucho del Desierto del Gobi, de un núcleo universal de la Fraternidad Mundial situado en Asia Central. Geográficamente hay allí, en efecto, un formidable foco universal, un punto de contacto del Reino Inmutable: la verdadera tierra santa de los Hijos de la Voluntad y del Yoga.        No obstante, por lo que a nosotros respecta, usted puede olvidar todo esto e incluso negarlo. Escuche la llamada de la Fraternidad que proviene de una voz y de un foco situado muy cerca de usted, y déjese penetrar por la noción de que, para responder a esta llamada, tiene que recorrer personalmente un camino a través del desierto.

Su vida según la naturaleza ‑tanto en lo que respecta al espíritu, al alma o al cuerpo‑ es un árido desierto en el que está y vive. Sabemos muy bien que muchos lo negarán a toda costa, y es posible que usted tampoco opine igual que nosotros. Tal vez el curso de su existencia no le parezca una marcha por el desierto y no encuentre en absoluto árido y estéril su estado vital dialéctico. Por esto negará, quizás violentamente, el hecho de vivir en dicho aislamiento mortal. Esto es posible, ya que a muchos la vida les parece vibrante y chispeante de belleza. Piense, por ejemplo, en los numerosos artistas de esta naturaleza que han expresado esta idea de muchas maneras.

Por ello, el conocimiento de que esta vida terrena es un desierto es un descubrimiento, un grandioso descubrimiento de sí mismo, y es al mismo tiempo una gracia inestimable. Podría ser comparado incluso con el nacimiento de una comprensión nueva de la vida. Las sagradas escrituras también lo representan como un nacimiento, pero un nacimiento que se sitúa aún enteramente en el plano horizontal de la dialéctica. Es el nacimiento de Juan el Precursor, el hombre que predica en el desierto.

Tal como leemos en los Evangelios acerca de Juan Bautista, el alumno constructor también debe renacer como hombre del desierto. ¡La venda debe caer de sus ojos para que vea el mundo tal como es! Este alumno ya no dice: «Yo vivo», «Yo soy», pues sabe que no es un ser viviente, sino un moribundo. La realidad más cierta de este campo de existencia es la muerte, y la vida es una quimera.

Usted sabe que todas las entidades que se manifiestan en un campo de existencia cualquiera, denominan a su campo de existencia Madre del Mundo. El simbolismo y los mitos dan testimonio de ello.

Ahora bien, el alumno que ha alcanzado la fase del desierto puede designar a la madre del mundo de la naturaleza ordinaria bajo el nombre de «Madre de los Muertos». En el conocimiento juanista, la existencia de esta naturaleza es una existencia de muerte. Es un morir en común y no un vivir en común. Como un ser de la muerte no tiene ninguna posibilidad real de vida, se comprenderá que la Biblia denomine esta situación con el nombre de «esterilidad»; así se nos habla de Elisabet, la estéril, la madre de Juan.

Si usted llega al descubrimiento de ser estéril, esto significa que se habrá vuelto consciente del desierto, de la soledad y de la muerte que penetran esta vida dialéctica; consciente de la actividad del soplo de vida de la naturaleza de la muerte. El fenómeno dialéctico de la muerte nace de la colaboración de este soplo de vida con la Madre de la Muerte, de la interacción de los éteres planetarios con este campo de existencia.

Cuando usted llega a este descubrimiento, está en medio del desierto del Gobi, en la orilla del Oasis misterioso de la Fraternidad Universal. A partir del momento en que usted haya llegado a este estado de conciencia, habrá dado el primer paso, y el más importante, para enderezar el Camino del Señor en usted. En esta fase se produce la unión con la Madre de los Vivos.

Es muy importante para usted saber quién es y qué es la Madre de los Vivos. Ella es el centro de la nueva intervención de Dios, la cual llamamos en nuestra filosofía: «el Nuevo Campo de Vida». Es un campo de vida en el que aparece otro Adán, en el que un nuevo Adán resplandece de pie ante Dios, en otro campo de desarrollo.

El campo de desarrollo de los nuevos éteres es la Madre de los Vivos. Esta Madre es llamada María, porque la unión con ella es obtenida sólo después de un completo cambio, después de desprenderse de la ilusión de la naturaleza terrestre y de encontrarse a sí mismo en el desierto de la naturaleza de la muerte.

Imagínese por un momento que un alumno se ha elevado de la «esterilidad» hasta la realidad de este campo de existencia. Este alumno aniquilará todo lo que es fruto de la Madre de los Muertos, estructural y fundamentalmente, según el espíritu, el alma y el cuerpo. Es decir, dará a la muerte lo que es de la muerte. Con otras palabras, se liquidará a sí mismo a causa de su estado impío y de su manifestación no deseada por Dios en este campo de existencia.

Llamamos su atención, insistiendo sobre el hecho de que esta liquidación no es un suicidio en el sentido ordinario de la palabra, sino una neutralización de todo lo antidivino en el microcosmos. Para quienes no han emprendido aún este viaje en el desierto, esto suena como la abolición de toda la existencia, la abolición de todo el ser, y para tal persona esta neutralización es de hecho un suicidio. Por esta razón, muchos son los que no han querido admitir tan «horrorosa» enseñanza.

Pero quien ha alcanzado la fase del desierto, comprende perfectamente de qué se trata, sabe sin lugar a dudas que en el microcosmos existe otro centro de existencia, otro núcleo de conciencia que debe ser llamado a la vida. Sabe también que este «Otro» puede vivir realmente solamente cuando la existencia de su personalidad toca a su fin. Tal ser comprende lo que dice Juan Bautista: El que viene tras de mí es más poderoso que yo. El que viene tras de mí me ha precedido. Este peregrino en el desierto sabe que el holocausto de sí mismo no es un sacrificio en el sentido común de la palabra, sino la liberación de la vida verdadera.

Cuando el alumno está en este proceso, un poder diferente aparece en el microcosmos al exterior de la forma dialéctica. El centro de la conciencia original se libera. El despertar se ha vuelto un hecho gracias a este cambio.

En el microcosmos se van a manifestar nuevas fuerzas que, al principio, van a utilizar la personalidad entregada del hombre‑Juan. Este alumno es capaz de expresar entonces la Palabra olvidada y perdida; se sabe admitido en una sustancia de vida completamente nueva. En este nuevo campo de vida se despierta el hombre nuevo. El hombre verdadero se eleva bajo la caricia y la radiación de amor de la Madre de los Vivos.

Usted debe comprender claramente, para terminar, que el nuevo campo de vida no es un concepto filosófico, sino una realidad absolutamente actual, al exterior de nuestro campo de existencia natural y al exterior del reino de los muertos. Por esto se nos ofrece «aquí» el nuevo campo de vida de forma concreta y tangible, y la Fraternidad Universal aparece aquí abajo para acercarse a nosotros, a condición de que nos hayamos vuelto Juanistas. En este campo de la muerte degradado hay un contacto organizado y concreto a través del nuevo campo de vida. Por ello le hablamos de la Fraternidad del Gobi.

«La Madre de los Vivos» es una apelación que no es mística ni simbólica, sino que es la verdadera Madre Santa que le quiere acoger en su radiación de amor, si comprende que cuando decimos «usted» nos referimos a su microcosmos, y si, en su apariencia mortal, quiere emprender el peregrinaje a través del desierto.

Para que podamos encontrarnos en el desierto, en nuestro peregrinaje hacia la Madre de todos nosotros, la Madre de los Vivos, pidamos unos para otros:

Contigo, oh portadora de la Santa Fuerza de Vida,

escapamos del peligro.

Contigo entramos en la vida liberadora.

Contigo alcanzamos el objetivo

de nuestro nuevo día de manifestación.

Contigo navegamos a través

de la nueva corriente de la vida.

Contigo penetramos en la luz eterna.

En tu luz de amor radiante

descubrimos nuestra culpa.

En ti descubrimos el peso de nuestros pecados.

En ti se desvela el gran secreto

de nuestra marcha en el desierto.

En tu santidad se oscurece nuestra corrupción

Por ti descubrimos a nuestro ser superior.

Por ti tomamos conciencia de nuestro ascenso.

Por ti somos empujados a actos liberadores.

Por ti clama en nosotros el soplo de vida divino

en cada latido de nuestro corazón.

Oh Rosa que floreces en mi cruz,

absorbe la Luz de Dios

y transfórmala en redentora

en este sombrío valle de lágrimas.

Sólo entonces diremos como los Hermanos Mayores:

¡Jesús, el nuevo Hijo de Dios, es todo para mí!

                                                                   Capítulo 4

Los siete pasajes de Shambhala

En medio del inmenso y árido desierto del Gobi se encuentra el misterioso oasis. Esa Tierra Santa, que ningún pie no iniciado ha pisado jamás, es llamada «Shambhala», es decir, «la Ciudad de los Dioses».

Shambhala es el núcleo del campo de actividad de la Fraternidad Universal en sus esfuerzos por este orden natural dialéctico. Shambhala es el campo de fuerza de los ayudantes divinos. Este campo de fuerza no puede ser explicado por esta naturaleza en ningún aspecto y no mantiene contacto alguno ni con la esfera material ni con la esfera reflectora, aunque esté presente en la naturaleza terrestre para ayudarnos.

La actividad de Shambhala puede ser comparada a la de un transformador. La sustancia de vida universal y la intervención universal del Logos son transformadas en Shambhala ‑la Ciudad de los Dioses‑ en una tensión que puede ser soportada por el mundo y la humanidad. Shambhala es así un punto de contacto desde donde emanan influencias, vibraciones y radiaciones que se extienden sobre todo el mundo en una radiación horizontal. Shambhala es el contacto inmanente de una realidad trascendente.

De esta Ciudad de los Dioses emanan también hacia la humanidad perdida los Mensajeros de buena fe, quienes, con una gran diversidad de nombres, realizan su trabajo donde quiera que sea requerido. Shambhala es la Puerta de la Vida Original, la única Puerta hacia la liberación. Es la llave de la resplandeciente vida nueva.

Puede resultar extraño para muchos oír que existe un punto geográfico en esta tierra como base de la intervención universal. No obstante, ¿es menos extraño acaso esperar la salvación de la esfera reflectora, que es la morada de los muertos, de los que han perdido gran parte de sus vehículos y que por esta razón tienen que encarnarse forzosamente para remediar esta degradación? ¿No es más extraño, para salvaguardar su alma, unirse a una institución religiosa que se distingue solamente de la dialéctica y de lo terrestre en que sus representantes hablan un lenguaje que no corresponde en absoluto con su propia realidad? ¿No es más extraño y menos lógico imaginarse y oír hablar de un Dios que vive y reina en lo irreal?

Resulta muy extraño que entre los sensibles a lo metafísico y a lo espiritual no existan más hombres que hayan llegado al descubrimiento de que se encuentran perdidos en las más increíbles mistificaciones.

Se puede constatar, sin exageración alguna, que toda la vida metafísica y espiritual se ha atascado bajo el dominio de la esfera reflectora. Todos y cada uno interrogan a los muertos, dependen de ellos y son inspirados por ellos. La consecuencia es una estado enfermizo generalizado y una rápida caída; una caída de cabeza en el abismo de la mentira, de la calumnia y de la traición; una desaparición de todos los frenos morales y un aumento vertiginoso de las enfermedades de la sangre y de los nervios. Todo esto es el resultado del recorrido de una humanidad que se aleja del camino, de la verdad y de la vida.

Si usted encamina sus pasos hacia el foco de los misterios universales, entonces no se desarrolla ningún delirio de palabras o de escritos, ni ningún control por parte de una entidad desencarnada, con el implícito robo de fluido nervioso, sino que usted vive y existe de esta fuerza.

Pablo hace notar con razón, en su primera Epístola a los Corintios, que El Reino de los Cielos no consiste en palabras, sino en fuerza.

¡Esta es la característica de Shambhala! Cuando el alumno de la Escuela Espiritual moderna se aproxima a este corazón del mundo, su debilidad es recubierta con fuerza, una fuerza que se convierte para él en una realidad esencial que no le abandona ni un segundo. Esta misma fuerza es la que lleva, empuja y realiza el trabajo de mantenimiento en graduaciones y potenciales diferentes. Todos los que viven en esta fuerza se han vuelto «poseedores de poder», en concordancia con su estado de ser.

Toda la lengua sagrada, que ha sido conservada en leyendas, mitos, cartas y relatos, da testimonio de ello. Ella habla también de Shambhala y de los impulsos divinos que parten de allí en momentos determinados en forma de Mensajeros. Los santos habitantes de Shambhala son llamados los Hijos de la Voluntad y del Yoga, la Fraternidad de Shambhala, de la Siddha, de Melquisedek, o también los Elohim.            Cuando, después de una revolución cósmica, el campo de vida dialéctico ha sido vaciado y todo el campo de existencia de las mónadas caídas se ha vuelto una masa sin forma, vemos que se desarrollan los siguientes procesos y situaciones.

En el período anterior muchas entidades ya han regresado a Shambhala y han atravesado las puertas de la redención. Todas las entidades restantes, salvo algunas excepciones, están concentradas en la esfera reflectora, desprovistas de su estado vehicular, para esperar allí un nuevo día de manifestación. La Fraternidad de Shambhala, la Fraternidad de los Elohim, dirige todo el proceso de devenir, dando así a la humanidad una nueva posibilidad de desarrollo.

El comienzo de este proceso es descrito en el texto original de la Biblia cuando se dice: Al comienzo, los Elohim crearon los cielos y la tierra, es decir, que la Fraternidad de Shambhala prepara una vez más la morada de las mónadas caídas. La tierra se había vuelto un caos y estaba vacía, y los Elohim se cernían sobre las aguas.

Cuando el hombre caído y aún no salvado recibe esta nueva posibilidad de vida y al mismo tiempo puede empezar de nuevo el camino que conduce al Reino Inmutable, entonces se abre para él lo que se llama «los Siete Pasajes de Shambhala». En el prólogo del Génesis, estos siete pasajes son simbolizados por los «siete días de la creación».

El primer pasaje hacia Shambhala ‑la Ciudad de los Dioses‑ es el pasaje de la luz. Para el hombre o para el alumno se hará Luz verdaderamente pura y serena. Luz infalible que es para él una verdadera lámpara a sus pies. La luz terrestre está siempre mezclada con oscuridad, igual que el bien dialéctico está siempre mezclado con el mal. Pero ahora, la luz es netamente separada de la oscuridad y así se abre el primer pasaje hacia Shambhala: Y los Elohim vieron que estaba bien. ¡El primer día!

El segundo pasaje hacia Shambhala es llamado «el firmamento». Es el firmamento de un campo de vida constituido de sustancia vital pura. Este segundo pasaje provee al alumno no solamente de luz, sino también de fuerza para avanzar. Y los Elohim vieron que estaba bien. ¡El segundo día!

El tercer pasaje hacia Shambhala es llamado «el devenir de la tierra». Con la sustancia atmosférica de los éteres originales corresponde además una esfera de vida material y química armoniosa. De esta manera, el alumno no sólo tiene una luz en el camino y una fuerza para avanzar, sino que también tiene el Camino mismo. Este es el tercer pasaje hacia Shambhala. Y los Elohim vieron que estaba bien. ¡El tercer día!

El cuarto pasaje hacia Shambhala es la síntesis de los tres precedentes, ya que sólo hay un camino, y este sendero único está dividido en varios sectores. Primero está la luz, en segundo lugar la fuerza, en tercer lugar está el camino mismo, el cual puede ser recorrido en la verdadera luz y en la verdadera fuerza. Así es comprensible que el cuarto día debe mostrar una repartición lógica y científica, una relación armoniosa, un equilibrio divino entre la luz, la fuerza y la realidad. Sola, la luz puede abatir y cegar al hombre. Sola, la fuerza puede dejarle como clavado y paralizado. Sin coordinación entre la luz y la fuerza, él avanzaría por el camino cometiendo los más graves errores. Por eso, en el cuarto día todo lo adquirido es coordinado, ordenado y preparado para un justo empleo. Y los Elohim vieron que estaba bien. ¡El cuarto día!

Ahora comprenderá que en el quinto pasaje hacia el corazón del mundo se demostrará el resultado. En el quinto día del Génesis fueron creados los peces y las aves. El alumno en el quinto pasaje hacia Shambhala hace el mismo trabajo.

La creación de los peces, o llevar el símbolo de los peces, o echar la red en la profundidad de las aguas, es realizar la aniquilación del yo, el holocausto total de sí mismo según la naturaleza, en la luz, en la fuerza y en el camino hacia Shambhala en una certeza absoluta y científica, y, por consiguiente, concluir el camino como a vuelo de pájaro, como un águila. Y los Elohim vieron que estaba bien. ¡El quinto día!

Y los Elohim dijeron: Hagamos hombres a nuestra imagen y semejanza. En el lugar en el que el alumno va a concluir su camino como a vuelo de pájaro en el signo de los peces, allí comienza el sexto día, ya que ahí se vuelve de nuevo verdaderamente hombre según la imagen y la naturaleza de los Elohim. Entonces llega a casa, al Reino Inmutable. Los Elohim ven todo lo que han hecho posible y el sexto pasaje hacia la Ciudad de los Dioses es acabado. Y así llegamos al séptimo día, el día del reposo divino, el día del trabajo realizado. ¡la radiante realidad!

Así, la historia de la creación nos muestra los siete pasajes hacia la única Vida en el corazón del Gobi. Quien tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las comunidades.

Y ahora viene el segundo capítulo de esta historia y también el segundo capítulo de la Biblia. Las mónadas caídas, llamadas a una nueva posibilidad, encontrándose en el Camino, en los siete pasajes hacia Shambhala, vuelven a caer en la contranaturaleza, van de nuevo hacia abajo en un comportamiento forzado, especulativo y experimental, tal como ha ocurrido con tanta frecuencia.

La consecuencia es que los siete pasajes hacia Shambhala, en tanto que posibilidades naturales inherentes a Shambhala, son cerrados. Al comienzo, inmediatamente después de la catástrofe, muchos misterios poseen aún sus llaves. Pero también estos misterios se subdividen y se enfrían en la corrupción que vuelve, hasta ser la exclusividad de algunos escasos núcleos que se esfuman progresivamente, distanciándose cada vez más de la vida ardiente de la masa para evitar una cristalización final.

Pero los Elohim no abandonan a la humanidad. No se apartan de la obra de sus manos. Llamadas e impulsos poderosos parten periódicamente hacia la humanidad como toques de trompeta. Estos impulsos son constantemente renovados a medida que los anteriores se oscurecen y se hunden en la dialéctica.

Todas estas llamadas traen el mismo mensaje a la humanidad: Los siete pasajes hacia Shambhala existen aún y pueden abrirse para todo aquél que lo desee realmente. Para todos los que se encuentran en la contranaturaleza son como los siete sellos del libro cerrado, los cuales serán abiertos, uno tras otro, para todos los que quieran volver a encontrar el único camino.

Para que esto ocurra es necesaria una nueva creación y una transfiguración total, un renacimiento, una readaptación al séptuple Camino Original. Es necesario reaccionar desde nuestro interior de forma positiva y consciente a las palabras de Jesús: ¡Sed mis imitadores!

Esta imitación a Jesús impone el total aniquilamiento dialéctico en el círculo de su existencia. Esta auto‑destrucción es presentada como un camino de cruz, y, concordando con los siete pasajes de Shambhala, este camino de cruz tiene también siete fases. Este séptuple camino de cruz conduce a una séptuple regeneración según la naturaleza y el espíritu.

Cuando el alumno ha comenzado la destrucción de la dialéctica en su círculo existencial, descubre que, en sus esfuerzos, recibe una ayuda inesperada de la dialéctica. Cuando el alumno se aparta de la vida ordinaria y se eleva por encima de ella, la naturaleza ordinaria se vuelve espontáneamente su enemiga.

A partir del momento en que usted no quiera asociarse a esta forma de vida natural, esta vida le rechaza, y, ayudado por esta hostilidad, es clavado a la cruz de la liberación. Y así puede comprobar que también aquí todo actúa para el bien de quien regresa a la verdadera vida.

El enemigo quiere castigarle por mantenerse al margen, pero esta punición es para usted una gracia y el alumno que discierne esto, dice: Padre, ¡perdónales porque no saben lo que hacen! Desde ese momento, el camino de cruz se ha vuelto un hecho real y alrededor del candidato se hace la luz. Tal luz es experimentada como una intensa oscuridad por los que no la comprenden. El primer día del camino de cruz ha pasado, y los Elohim vieron que estaba bien.

De pie ante la luz con los brazos abiertos, oímos al candidato decir: Mujer, éste es tu hijo. Se trata de una llamada a la Madre del Mundo de Shambhala, la guardiana del firmamento. Tú, santa y universal Nodriza de todos los hijos de Dios, ¡mira a tu hijo que por sus esfuerzos se acerca a los siete pasajes de Shambhala!

La vibración y la amplitud de esta llamada para pedir fuerza aumenta progresivamente. La Palabra olvidada y perdida desde hace tanto tiempo es expresada nuevamente. Y los Elohim vieron que estaba bien. El segundo día del camino de cruz ha pasado.

Comprenderán que cuando esta Palabra es expresada, la respuesta viene. Por eso resuena jubilosamente: ¡Hijo, ésta es tu Madre! La santa nodriza de la vida aparece y abre el camino al peregrino. Ha pasado el tercer día en el camino que conduce a Shambhala.

La Madre del Mundo habla en el torbellino de los nuevos éteres y en la dulce y delicada música del sendero de fuerza por el que camina el peregrino. En verdad te digo, tú estarás hoy conmigo en el Paraíso. Es la respuesta del cuarto día. Y los Elohim vieron que estaba bien.

Y así usted comprenderá la clave vibratoria del quinto día, una vibración que puede ser traducida por esta palabra única: ¡Sed… tengo sed! En el camino hacia Shambhala, la aspiración hacia el objetivo, hacia el cumplimiento, se va haciendo cada vez más fuerte, y por ello el dinamismo por alcanzar el objetivo se vuelve cada vez más intenso y la tensión cada vez mayor: Y los Elohim vieron que estaba bien. ¡El quinto día!

El cumplimiento está cerca. El alumno ha llegado al sexto círculo séptuple. Se convierte nuevamente en el hombre de forma y esplendor originales. Ve a los Elohim cara a cara y su ser está lleno de un mudo agradecimiento que lo llena todo y que se expresa finalmente en esta única plegaria que lo engloba todo: Eloï, Eloï, lama sabachthani, Elohim, Elohim, cómo me habéis exaltado. Es el sexto día lleno de una efervescente alegría. Y los Elohim vieron que estaba bien.

Así aparece la eternidad misma; la gran obra de la cruz ha sido terminada. Y todos testimonian de la calma eterna en el Corazón de Shambhala, la calma eterna del séptimo día: Consummatum est  – Todo está cumplido. El peregrino ha llegado a las amplias claridades de la Isla de Isis. Y los Elohim ven que esto está bien.

                                                                   Capítulo 5

La Isla de Isis

El alumno que ha atravesado los siete pasajes de Shambhala, tras haber combatido a través de los siete días de la transfiguración, llega al corazón del Gobi, el foco central de la Fraternidad Universal, donde es recibido como el hijo pródigo que vuelve a la morada de su padre. Estos territorios santos, situados en medio de la soledad de las inmensas estepas de arena, es llamada también la Isla de Isis, y consideramos una gracia y un privilegio poder hablarle algo sobre este lugar bendito.

Para poder comprender perfectamente las condiciones y propiedades de Isis, tenemos que regresar a la aurora de la manifestación humana, cuando todo era aún perfecto y la humanidad entera vivía aún en el Aliento del Altísimo. En esa época, la creación entera expresaba íntegramente la voluntad divina y todo lo manifestado estaba como «en la mano de Dios».

La situación cosmológica era tal, que el séptuple planeta terrestre reaccionaba entera y absolutamente a las influencias del campo espiritual magnético que rodeaba a la tierra santa. Entre estos campos planetarios o campos de vida y el campo magnético espiritual, se manifestaba, en toda su belleza, el campo de radiación del planeta terrestre, en el que todas las concentraciones de fuerzas, extraídas del centro de la Tierra por el campo espiritual magnético, brillaban como estrellas. Este maravilloso sistema de naturaleza triple: campo espiritual, campo vital y campo de radiación, era una joya en el espacio universal, un sonido armonioso en la sinfonía del Universo.

Pero como usted sabe, esta armonía fue destruida y el séptuple planeta sufrió un profundo oscurecimiento por el pecado de sus hijos. Millones de entidades humanas se desarrollaron a lo largo de una línea degenerativa. Estas entidades fueron agrupadas en una parte del planeta y avanzaron hacia un futuro mísero de sufrimiento, sangre y lágrimas, donde deberían comer el pan «con el sudor de su frente».

No obstante, una parte de las mónadas no cayó, permaneciendo en «correcto» contacto con la fuente eterna de la luz. Esta parte de las mónadas fue llamada «el Último Vestigio». Este Último Vestigio vive ahora en la Isla de Isis, lo que quiere decir que un cierto número de entidades se agrupó, formando la Orden de Melquisedek, la Fraternidad de Shambhala, la cual ha conservado una parte del maravilloso planeta terrestre original en su perfección de antaño. Esta parte de la Tierra puede ser llamada con pleno derecho «la Tierra Santa». Pero es un país muy pequeño, un oasis en medio del desierto, una isla en medio de un océano de instintos demoníacos.

En la naturaleza dialéctica, la oscuridad hace valer a la luz en el cambio del día y la noche y el mal al bien, sin que nunca uno se libere del otro. Frente a esto existe la Isla de Isis, el Último Vestigio del cosmos terrestre original, el cual también se manifiesta en todo el mundo. Isis es la Luz Divina que irradia ininterrumpidamente en este mundo sombrío, sobre lo bueno y lo malo de esta naturaleza. Isis es la personificación del santo planeta Tierra, Isis es la verdadera madre del mundo. Todo el que viene de ella, todo el que regresa a ella, es verdaderamente un hijo de la luz.

Usted puede concebir que la Fraternidad Universal no viene hacia nosotros con abstracciones, con una metafísica vaporosa y sin fundamento, o especulando sobre la esfera reflectora u otro mundo lejano, sino que se hace valer como realidad aquí, en la esfera química del mundo material. El orden del mundo original existe, se ha conservado intacto para nosotros, y podemos tomar parte en él, siempre y cuando queramos regresar a su justicia.

Así llegamos a la conclusión de que Isis es la naturaleza original que ha sido conservada para nosotros. No es la naturaleza que nos da el pan después de haberlo arrancado de su suelo con duro trabajo, sino la naturaleza de la vida original, la naturaleza que es de Dios. Esta naturaleza se manifiesta como el Último Vestigio en el corazón del Gobi, en la Isla de Isis. Y repetimos que, para tomar parte en esa existencia esencial, no necesitamos viajar hasta el Gobi. En tanto que alumnos de la verdadera enseñanza espiritual nos basta con atravesar, por la Transfiguración, los siete pasajes secretos de Shambhala y así ser admitidos en el Corpus Christi. Al igual que una entidad divina tiene conciencia de su omnipresencia, también un peregrino, inflamado de nuevo en Dios, penetra en la Isla de Isis por la conciencia de su omnipresencia.

Y ahora queremos hablarle de esta entrada, de la conciencia omnipresente y de los poderes del hombre nuevo.

Le hemos informado abundantemente sobre el camino; le hemos hablado de la verdad como mejor pudimos. Ahora quisiéramos informarle sobre la vida en la Fraternidad. Probablemente esta vida le atraerá más que todo lo anterior, siempre y cuando tenga ojos para ver y oídos para oír.

En el campo vital de la Fraternidad ‑que por lo tanto se encuentra aquí‑ existe una perfecta armonía entre el campo espiritual magnético y el campo vital químico elemental, de lo que resulta un campo de radiación que sirve de mediador entre los dos campos citados.

Usted comprenderá que todos los que viven en Shambhala y son de Shambhala también realizan esto microcósmicamente. Su campo espiritual es semejante a su campo personal, y su campo de acción radiante es el resultado de ello. La antigua sabiduría llama a esta triple coherencia divina «el agente mágico», y la entidad que puede disponer de este agente mágico, dispone literalmente de plenos poderes en el cielo y en la tierra. Dicha entidad vive y está en el seno de Isis. Este iniciado ‑si se nos permite usar esta antigua apelación‑ dispone en su agente mágico de doce fuerzas.

Estas doce fuerzas se encuentran en su campo de radiación. Son los cuatro éteres sagrados, la fuerza astral sagrada y la fuerza mental sagrada, cada uno de ellos provisto de sus polos positivo y negativo, con sus radiaciones centrífugas y centrípetas. Estas doce fuerzas forman una luz intensa y radiante, y son designadas bajo el nombre de «cielo» o «Cristo».

El iniciado que sabe manejar estas doce fuerzas, con las que está unido microcósmicamente, encuentra literalmente a Cristo en las nubes de su cielo microcósmico.

Los cuatro u ocho éteres forman los materiales de construcción universales, las dos fuerzas astrales forman el poder dinámico, con cuya ayuda pueden manejar los materiales de construcción, y las dos fuerzas mentales construyen el plan del maestro de obras de acuerdo con el Arquitecto Supremo.

Cuando la Biblia habla sobre «el cielo» o «entrar en el cielo» se refiere al verdadero bienaventurado que dispone de este agente mágico, de las verdaderas fuerzas divinas. «Entrar en ese cielo» es algo completamente diferente a entrar en una esfera reflectora, tras el abandono del cuerpo material.

Horus es engendrado por la unión de Osiris e Isis; el niño Jesús es concebido por la unión del Espíritu Santo y María, y tanto Horus como Jesús son denominaciones místicas del Hijo de la Luz, quien recibe plenos poderes sobre las doce fuerzas de su campo de radiación gracias a la armonía establecida entre el campo espiritual magnético y el campo vital. Por esto es lógico que el Señor de toda Vida tenga igualmente doce discípulos, doce fieles a su alrededor. Con estos doce, alrededor del Uno, Dios se manifiesta en la carne, al margen de todo pecado; ha nacido Jesucristo y nos dice: «Sed mis imitadores».

Si una entidad emplea erróneamente estas doce fuerzas de su campo de radiación, es decir, sin armonía con la voluntad divina, las fuerzas de su cielo se apagan y su personalidad se corrompe por su separación del campo magnético espiritual.

Las doce fuerzas en el cielo microcósmico están simbolizadas frecuentemente por el agua o el agua viva. Una entidad que emplea estas fuerzas de forma errónea, especulativa y experimental, desencadena una catástrofe. La Biblia y otros libros sagrados describen simbólicamente estas catástrofes. Recuerde los días de Noé, cuando llovió durante cuarenta días y cuarenta noches y todo pereció bajo las aguas.

Por otra parte, estas doce fuerzas son diferenciadas simbólicamente bajo la denominación de agua y de fuego. El agua designa especialmente las fuerzas etéricas y el fuego las fuerzas astrales. Si su tierra se consume por el fuego, son sus deseos los que le convierten en víctima. Si la catástrofe se manifiesta por el agua, usted ha pecado con relación a la manifestación de la forma de las cosas.

Regresar a la Isla de Isis significa que el candidato recibe de nuevo poder sobre estas doce fuerzas por ser un resucitado en Jesucristo. En la Madre de la Gracia, el alumno ha regresado a la raíz de la naturaleza, y ésta revela de nuevo a su hijo los tesoros originales de la vida. Tal vez podemos hacernos una débil idea de este espíritu de luz en sus maravillosos poderes radiantes. Si podemos imaginarlo, entonces podremos comprender que la realización de este agente mágico es algo muy distinto a lo que nos presentan las costumbres metafísicas y esotéricas de nuestros días.

No obstante, estas simples y sobrias aproximaciones a la verdadera vida no bastan para ayudarnos en nuestro estado caído. Existe un camino entre nosotros y la verdadera vida en el Gobi. Existe una verdad que irradia de esa realidad vital, pero actualmente la vida misma de esta Fraternidad consagrada a Dios viene hacia nosotros. La Radiación Crística del campo de radiación original viene hacia ustedes como una emanación salvadora en la persona de Jesús y sus servidores. El cielo ‑en el sentido que le hemos dado ahora‑ se inclina hacia la tierra y hacia la humanidad para motivarla a entrar en la Isla de Isis, siempre que lo deseemos. La Fraternidad de Shambhala viene hacia nosotros en la corporeidad de sus Mensajeros. Cuando vienen hacia nosotros, su venida es anunciada y se dice de ellos que «se unen a nosotros, pero libres de pecado». Esta característica es suficiente para los que pueden comprender en el espíritu. Y cuando vienen hacia nosotros, nacen en un establo, en un gran caos, en un desorden fundamental. Y así intentan alcanzarnos estando en el mismo plano horizontal que nosotros. Y cuando reaccionamos con una búsqueda espontánea, es llamado el primer discípulo, lo que quiere decir que algo del primer poder divino es ofrecido al hombre bajo la forma de pan celeste. Y así sucede, paso a paso, hasta que las doce fuerzas hayan dado algo de su poder original, con un amor infinito por sus hermanos y hermanas caídos.

Simbólicamente se representa que uno de los doce debe traicionar a la sustancia original dodécuple y a su divino Mensajero, lo que quiere decir que se demuestra claramente a cada alumno que es absolutamente imposible convertir en realidad dialéctica la más mínima parte de los doce panes y de los doce peces. Las doce fuerzas no pueden establecerse definitivamente en el tiempo. Por esto el traidor es vencido y recibe su parte.

¿Qué ocurrirá ahora? El Señor de toda Vida viene hacia nosotros y nos revela el Camino, después de que las doce fuerzas han sido irradiadas. Este camino es la cruz. El recorre este camino y resucita en Shambhala. Las doce fuerzas permanecen atrás como testigos, para aportar el evangelio de la liberación a todas las criaturas.

Cuando un ser humano es tocado y llamado por uno de los doce rayos, entonces es conducido a la cruz y se le muestra cómo debe recorrer este camino de cruz, de Transfiguración. En la intersección de los dos caminos, perfectamente en el corazón, en ese punto crucial, el alumno debe irrumpir, debe abrirse paso de lo horizontal a lo vertical, alejándose así de esta naturaleza. En este corazón está Isis, la Madre de todos nosotros, la Madre de la Vida, la Rosa. Allí la Cruz se convierte en Rosacruz.

La Madre de la Gracia es representada a veces por un Loto y a veces por una Rosa. El alumno que encuentra la Rosa en su camino de cruz es bienaventurado, ya que cuando conquista la Rosa, se ha vuelto fuerte y ya no puede fracasar. Ha vuelto al seno de Isis y saluda a la aurora del triunfo.

En el Atrio de la Rosacruz usted ve un sencillo y sobrio símbolo de la Rosacruz. Se puede decir de este símbolo que proyecta el Camino, la Verdad y la Vida. Este es otro aspecto que seguramente no había advertido hasta ahora. Probablemente usted ve ahora mejor que nunca que la Rosacruz es el símbolo del hombre liberado, que ha dejado atrás las horas de agonía de su muerte según la naturaleza.

Tenga muy en cuenta que la Escuela de la Rosacruz es una comunidad que no se ocupa de metafísica ni de especulaciones esotéricas, sino que forma francmasones, constructores libres que siguen las huellas del Maestro de todos nosotros: Jesús el Cristo.

El, el Sublime, es todo para nosotros.

El es el Hijo de la Madre del Mundo,

y el Hijo del Altísimo.

                                                                   Capítulo 6

El Ultimo Vestigio

Se verá con claridad ahora que, desde el primer segundo de la caída de la humanidad, la Fraternidad Universal acompañó al hombre caído para socorrerle en los lugares de su exilio y ayudarle en cada uno de sus intentos sinceros y espontáneos para encontrar el recto camino.

La Fraternidad no mantiene solamente una unión abstracta con los seres humanos sensibles a ella, sino que sus contactos y declaraciones también son muy concretos y toman cuerpo en la vida química elemental, para evitar cualquier ensombrecimiento de la esfera reflectora.

Al mismo tiempo debemos comprender que la ayuda de la Fraternidad a sus hermanos y hermanas caídos no se limita exclusivamente a ayudar a los hombres, sino que se extiende como consecuencia natural al campo de vida en el que éstos yerran. Un hombre que quiere ser puro no puede permanecer, a la larga, en una casa descuidada y sucia. Por ello, en una realidad de vida dialéctica, si la Fraternidad Universal no interviniese, en un tiempo relativamente corto no existiría ninguna posibilidad de regeneración.

Esta orden sublime ha creado por ello un vacío, y lo mantiene en nuestro mundo de horror y de muerte como un enclave químico‑elemental que sirve de pasaje para ascender hacia la Luz Original. Si es cierto que se nos tiende una mano salvadora, a nosotros que estamos en la necesidad, esta ayuda debe estar presente aquí mismo, y debemos poder obtenerla como base racional y moral de salvación.

Existe una piedra angular imperecedera e inquebrantable, y si alguien denomina a esta piedra angular «Cristo», esto es absolutamente correcto, con tal de que dicha persona esté desligada por completo de todo dogmatismo y misticismo teológicos, ya que por estos dos pilares de la puerta teológica ya han pasado multitud de seres humanos en el camino de la separación total de Dios. Esta puerta teológica ha producido un perjuicio casi irreparable a millones de seres.

Por ello, la Rosacruz moderna le habla del Gobi como núcleo central del contacto universal de la Fraternidad de los Elohim, y de la verdadera Tierra Santa, del Ultimo Vestigio, apelaciones veladas que designan a seres sublimes que irradian la luz, la radiación y la vibración de Cristo sobre el mundo y sobre todos los que, en lo más profundo de su miseria, tienen necesidad de ayuda y la merecen.

Todo esto puede ser resumido como sigue: aquí, en este mundo de sangre y de lágrimas, se conserva para nosotros la vida original, la naturaleza original, como un Reino Santo, como el primer escalón de una escalera que lleva a la vida verdadera. Este vacío, geográficamente localizado, y la Fraternidad que lo guarda, son llamados el Ultimo Vestigio.

Muchos de los que lean esto se quedarán asombrados, otros moverán los hombros con indiferencia. No obstante, le aseguramos que hay alumnos en la Rosacruz moderna que han encontrado esta Isla de los Elohim o que están en camino hacia este Caphar Salama. Y le decimos también que las Sagradas Escrituras hablan de ella y dan todo tipo de información a los peregrinos que quieren descubrir el Oasis del Gobi.

Probablemente la Biblia es para los occidentales la que habla el lenguaje más comprensible, por ello le remitimos a una de las antiguas historias, al suceso entre Abraham y Melquisedek. En el capítulo 14 del Génesis, leemos:

Entonces Melquisedek, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino y, bendiciéndolos, dijo: Dios, el Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, bendiga a Abram. Y Abram dio a Melquisedek los diezmos de todo.

Por otra parte, el Maestro Jesús es llamado también sumo sacerdote de la Orden de Melquisedek. El también hizo traer pan y vino y, de la misma manera en que Melquisedek concluyó una alianza con Abram, también puede hablarse de una alianza que puede llevarse a cabo con Jesús el Señor.

Más tarde se habla de Juan, el apóstol del amor, que se encuentra en Patmos y, en la soledad del aislamiento de su alma, se acerca hacia él el Hijo del Hombre, que camina en medio de los siete candelabros de oro y tiene siete estrellas en la mano derecha.

Quien haya comprendido algo esencial de la Fraternidad de Shambhala, reconocerá este lenguaje y la característica del Primero y del Ultimo. La característica del Hombre Original que quiere venir hacia nosotros en el Ultimo Vestigio, para nuestra gracia y con un amor indecible.

Pero volvamos un momento a Abram e intentemos comprender lo mejor posible. ¿Quién era Abram? Es llamado Hebreo, un hijo de Heber. En el lenguaje del transfigurismo quiere decir que es un alumno en la escuela del transfigurismo, del renacimiento.

Abram el Hebreo es el hombre que pasa, que atraviesa de una vida a la otra. En su camino es un avanzado, ya que lleva en sus hombros el manto de la vida nueva. Este manto, el velo de la luz universal, está representado en la figura de su hermano Lot.

El manto de la vida nueva no es, al principio, una posesión inalienable para el alumno en el camino, sino como la subida y la bajada de una boya luminosa flotando sobre las aguas, o como el haz de luz de un faro que ilumina durante un instante la región, para dejarla en la oscuridad en el instante siguiente.

En esta fase, el alumno atraviesa grandes dificultades. En la lucha por la liberación, el manto de la luz universal alterna con la sombría ilusión de la dialéctica, y el alumno debe emprender una lucha interior con el valor de un león para conservar lo que ya ha adquirido.

Por ello leemos que el hermano de Abram es puesto en cautiverio por Kedor‑Laómer. Kedor‑Laómer es «quien propaga la sombría ilusión». Tan pronto como el alumno comprende que esta «sombría ilusión» quiere ahogar la nueva posesión interior que ha conquistado, llama a sus combatientes. Abram lleva a sus trescientos dieciocho hombres para luchar contra Kedor‑Laómer.

Usted comprende que esta fórmula simboliza las doce fuerzas divinas que deben conducir a una nueva creación. El alumno en el camino vive de estos doce alimentos, y cuando los asimila conscientemente, el manto de la vida ya no se aleja de él.

La Enseñanza de la Rosacruz actual es representada perfectamente en esta antigua lucha. ¿No le hemos dicho que para poder revestirse con el verdadero vestido de la vida nueva debe abandonar la realidad esencial de la naturaleza dialéctica, la «sombría ilusión»? ¿Y no son puestas a su disposición las fuerzas para triunfar en este combate?

Si el alumno quiere recorrer verdaderamente el camino y llama a estas fuerzas, nunca se le podrá privar de ellas. Si lucha verdaderamente, también él alcanzará un día el Valle de Save, que es el punto más profundo de la aflicción y de la miseria, el punto más profundo del desgarramiento de su naturaleza.

En este punto más bajo es donde el alumno encuentra al Señor de toda Vida, al Sacerdote de la Orden de Melquisedek, quien, como Ultimo Vestigio de la humanidad original, se encuentra en esta naturaleza enemiga. Este encuentro entre Abram y Melquisedek en el Valle de Save es el mismo que el de Juan el precursor y Jesús el Señor en el valle del Jordán. El Jordán nos transmite el mismo pensamiento que el Valle de Save y exactamente la misma idea que la Isla de Patmos.

Y Melquisedek, rey de Salem, sacó pan y vino y lo bendijo. El manto envuelve al alumno y ya no puede serle arrebatado, ya que el campo de radiación, el manto, la nueva lípika, está ahora en unión directa con el campo magnético del espíritu. El antiguo estado del microcosmos es restablecido en principio; desde este instante el alumno deja de ser un alumno y se convierte en constructor bajo la dirección del Arquitecto divino.

Cuando un alumno es alimentado «con el pan y el vino», según la Orden de Melquisedek, esto significa que tras haber triunfado en su lucha en el campo de vida, el pan dodécuple de la vida universal puede ser asimilado y demostrado como un campo de radiación, como un manto, y que por el vino del espíritu se mantiene inquebrantable como una roca.

En el Atrio de la Rosacruz se administra diariamente la última Cena, es decir que las doce fuerzas de la vida universal, en tanto que pan divino y vino del Espíritu Universal de la Fraternidad, son distribuidos a todos los que se acercan a la Rosacruz.

Y ahora pueden producirse dos cosas: o bien asimilan este don, o el espíritu del vino les embriagará. Una embriaguez que puede llevar literalmente a una borrachera física, a la locura y a la oposición encarnecida. El trozo de pan mojado en el vino forzó a Judas a cumplir su acto.

Muchas decisiones de actuar contra la obra santa, ya sea abierta o secretamente ‑ dependiendo esto del carácter del interesado‑ son tomadas precisamente en el templo. Los dones de la Orden de Shambhala, el pan y el vino, desenmascaran infaliblemente, son como una orden: ¡Lo que quieres hacer, hazlo pronto! Hay pues una cena que lleva a la victoria y una cena que conduce a la derrota, al juicio.

Para confirmar esto pueden recordar la leyenda de Noé. Noé significa lo mismo que Melquisedek, y es muy lamentable que esta leyenda, como muchas otras en la Biblia, haya sido tan mutilada.

Usted sabe que Noé, al igual que lo hacen ahora los Elohim, preparó una nueva posibilidad de vida para los rezagados de una revolución cósmica. ¿Qué hizo Noé en virtud de la misión clásica de los Elohim? Plantar una viña. Y en seguida muchos Noamitas, los discípulos, los que intentan recorrer el camino, se emborrachan en su tienda, es decir, en su microcosmos. El vino del espíritu no se adapta armoniosamente a su campo de vida y en lugar de una iluminación por el espíritu, se produce lo contrario, es decir, un mayor aprisionamiento. ¡Esto es lo que tenemos que decirle!

Por ello es necesario explicar una vez más cómo puede escapar el alumno a esta embriaguez. Puede conseguirlo si, al igual que Abram, realiza el justo combate con trescientos dieciocho combatientes.

En la ciencia sagrada de la transfiguración esta fórmula significa que el alumno en cuestión ha vaciado completamente la conciencia de su alma, su yo personal según la naturaleza, y así muere sistemáticamente según la naturaleza, teniendo como resultado la destrucción total de su vida inferior y la victoria sobre la muerte. Este complicado proceso, comenzado con firme resolución y con coraje, le aporta la victoria sobre Kedor‑Laómer, sobre la oscuridad.

La Fraternidad de Shambhala ‑la cual se manifiesta para nuestra salvación como el Ultimo Vestigio‑ se expresa en nuestra naturaleza con siete rayos, con siete grupos de rayos. No en el sentido de siete escuelas espirituales distintas para las diferentes razas, sino en un sistema de siete círculos séptuples, tal como hemos descrito en el libro «Dei Gloria Intacta”.

Por eso, cada alumno que realiza su camino y llega hasta el Valle de Save, a su Jordán, a su Isla de Patmos, verá y encontrará al Hijo del Hombre, de pie en medio de los siete candelabros de oro y con siete estrellas en la mano derecha. Y este Hijo del Hombre le bendecirá y le reconfortará con pan y vino.

El Señor partió el pan y dijo: «Tomad y comed, esto es mi cuerpo que es partido para vosotros. Haced esto para una unión constante». Tomando a continuación la copa dijo: «Esta es la nueva alianza de mi sangre. Venid y bebed todos. Haced esto para una unión constante. Así, siempre que comáis este pan y bebáis de esta copa, anunciaréis la muerte del Señor hasta que El venga».

Mientras reciba usted este pan y este vino en el Atrio de la Rosacruz ‑y usted lo recibe por el simple hecho de su presencia en el Templo‑ sólo le queda una posibilidad de escapar a la embriaguez y al aprisionamiento: la esencia pecadora de su alma debe morir. Según el ejemplo del Cristo, usted deberá realizar diariamente, en lo más profundo de sí mismo, el perecimiento de su alma natural. Así anuncia la muerte del Señor en su microcosmos.

Si usted quiere recorrer este camino de auto-francmasonería, no se le privará de la corona de la vida. Entonces también podrá pagar el diezmo, como Abram a Melquisedek, es decir, que ofrecerá a la Fraternidad la plenitud total de su ser nuevo y a su servicio escribirá las siete cartas a las comunidades que están en Asia.

Sólo entonces estará maduro para ser un servidor llamado al servicio de la luz.

Ed. L.R. 1990.

                                                                   Capítulo 7

Los dos tipos de Elohim

Le hemos hablado frecuentemente de los Elohim, apelación sublime de la Fraternidad Universal, la humanidad original en manifestación, en cuanto a su actividad para con sus hermanos y hermanas caídos. Estos Elohim forman el grupo sublime y divino que, al servicio del Supremo Constructor, mantiene a la humanidad dialéctica en estado de manifestación y hace todo lo posible por conducirla de nuevo a la vida original.

Para colocar a estos Elohim cerca de su conciencia, y para que pueda ver que se trata de fuerzas totalmente actuales, queremos designarlos en primer lugar como «Espíritu Santo», ya que este nombre es más familiar a los oídos cristianos. El Espíritu Santo es el poderoso que transmite la voluntad de Dios al mundo y a la humanidad. La palabra Elohim significa, en cierta combinación cabalística, «el Dios poderoso que exhala el espíritu sobre las aguas». El Espíritu Santo es el ejecutor de la voluntad de Dios, y aunque según las nociones metafísicas está muy cerca de nosotros, es de hecho una irrealidad para nuestro estado de ser dialéctico.

La teología «suiza » o «bartheana «, ha llegado a la conclusión de que todas las investigaciones o ensayos religiosos son estériles sin el Espíritu Santo. Inconscientemente, esta teología reconoce que sin la ayuda y sin la unión con la Fraternidad del Gobi, el camino no puede ser recorrido.

Esta unión sublime y universal puede manifestarse de forma directa o indirecta. La unión directa es la confrontación corpórea con uno de los hermanos o hermanas de la Orden de los Elohim; la unión indirecta se efectúa por las radiaciones de fuerza que emana de ella. Hay pues dos fases en el toque del Espíritu Santo. Estas dos fases o grados son descritos frecuentemente en la Biblia. Volveremos a hablar sobre ello más adelante.

Además, debemos darnos cuenta de que cada una de estas uniones presenta igualmente dos aspectos: uno masculino y otro femenino. Hay Elohim masculinos y Elohim femeninos, y la fuerza irradiada por el Espíritu Santo posee netamente un rayo de actividad masculina y un rayo de actividad femenina.

Lo que en la filosofía de la Rosacruz es llamado «el camino» no es solamente la designación simbólica de un camino que el alumno puede recorrer para entrar en la nueva vida liberadora, sino que «el camino» es igualmente la realidad más elevada. El camino comienza en el instante en que el alumno es tocado por la fuerza irradiada por el Espíritu Santo y empieza a avanzar guiado por esta fuerza. Este alumno se llena cada vez más del Espíritu Santo, lo que quiere decir que a medida que avanza en el camino, la fuerza de radiación se intensifica. Esta fuerza es para él la estrella que le conduce a Belén.

La Enseñanza Universal nos enseña que de los Elohim parten doce rayos. En diferentes simbolismos, estas doce fuerzas están representadas por el pan o los doce panes. Si a continuación pensamos que «Belén» significa «la casa del pan», y que en el evangelio los magos o sabios son conducidos por la estrella hacia esta casa del pan, entonces todo se esclarece: ir a Belén significa recorrer el camino que conduce al Señor de toda Vida. Es allí donde encontraremos al hombre verdadero, al hombre‑rey, al rey de los judíos.

El sentido original, el significado espiritual de la palabra «judío» nos conduce a la noción «león». Y en la palabra Gobi encontramos la combinación de estas dos palabras. Así cuando hablamos de un oasis en el desierto del Gobi, hablamos, como los antiguos y los clásicos, de Belén, de la Casa del Pan.

Y ahora debe fijarse en algo. Si usted desea ser verdaderamente alumno, si quiere recorrer verdaderamente el camino, o sea, si quiere ser guiado en el camino por el Espíritu Santo, y no estudiar y experimentar por su propia voluntad, según los impulsos de su ambición dialéctica, debe saber que el Belén al que quiere conducirle la fuerza de radiación del Espíritu Santo está frecuentemente en dirección opuesta a la que el alumno pensaba al principio. En relación con esto queremos recordarle la vocación de Cristián Rosacruz y lo diferente que fue la forma en que todo se realizó de lo que él había supuesto.

Tal vez usted se imagina quizás el camino como una línea recta entre dos puntos. Suponemos la Casa del Pan, la Fuente de los Elohim, en una región muy aislada, en un vacío. Sin embargo, tiene que tener en cuenta que Belén está aquí.

Los sabios encontraron al Rey de los Judíos en un establo, en la realidad infernal de la existencia dialéctica. Por esto el camino hacia los Elohim no conduce hacia un lugar aislado ni hacia la esfera reflectora, sino que es aquí mismo donde usted lo encontrará.

Por esto, el Espíritu Santo es llamado también en muchas ciencias sagradas «el espíritu planetario», porque su contacto, su radiación, conduce al alumno al centro de la vida real para efectuar allí un intenso trabajo, ya que la salvación de un hijo de hombre significa al mismo tiempo la llamada y el despertar de muchos más.

En el Atrio le invitamos a recorrer el camino, pero usted no se encuentra todavía en el camino. Está en el camino a partir del momento en que el Espíritu Santo le ha tocado con la fuerza que él irradia, siempre y cuando usted sea sensible y reaccione positivamente a esta radiación. Cuando se reacciona, ocurre siempre que el Espíritu Santo le lleva al desierto, y esto implica una tarea doble: una en sí mismo y otra en el mundo. El que se encuentra en la fuerza irradiada por los Elohim sabe lo que tiene que hacer; el Espíritu Santo se lo dice. De acuerdo con esto, la característica de tal alumno es siempre de naturaleza doble: exterioriza un crecimiento interior, un despliegue interior tenaz y continuo, y al mismo tiempo explora un campo de trabajo y se entrega con todo su ser al camino del servicio.

En relación con esto llamamos su atención sobre las figuras de Marta y María. Marta la servidora y María sentada a los pies de Jesús. Marta era una alumna más avanzada que María, dice el maestro alemán Eckehart. Marta conocía tanto la vida contemplativa como la vida activa, mientras que María estaba solamente en la vida contemplativa, en la preparación para la vida de trabajo. Sin la vida contemplativa, la vida de trabajo no tiene sentido y no ofrece ningún resultado.

Marta deseaba saber con sus preguntas si su amada hermana María había salido de la fase de la contemplación y era capaz de pasar a la fase siguiente, al gran trabajo de salvación. Jesús responde a su pregunta haciéndola comprender que María no ha llegado a ese punto y por eso seguía en ese momento el camino justo al permanecer sentada a los pies del Maestro, perdida en su visión interior. En su estado había escogido la mejor parte. Esperamos que este concepto penetre bien en su conciencia.

Sin el contacto del Espíritu Santo no somos nada y no podemos nada. Sin el toque de la fuerza irradiada por la Fraternidad Universal no es posible la liberación individual y menos aún el desarrollo del trabajo liberador de la humanidad. Lo que denominamos «llamada», «vocación» o «encargo» es el contacto del Espíritu Santo.

Los discípulos no se pusieron a trabajar hasta que no hubo descendido el Espíritu Santo. María y otras mujeres santas no les ayudaron en el cumplimiento de su mandato hasta después de este descenso.

La voluntad del alumno debe estar inflamada en Dios. Mientras arda en él todavía la llama de la voluntad personal, la voluntad natural, el trabajo no es más que ambición dialéctica y siempre se engendran dificultades. Aparece la lucha por obtener los primeros puestos y, tal como en los discípulos de Jesús en la fase preparatoria, surgen controversias entre los alumnos por saber quién es el más grande y el mejor.

En el Atrio de la Rosacruz, todo el que lo desea es puesto en contacto con la fuerza irradiada por el Espíritu Santo. Desde el momento en que un alumno ha llegado a este estado y es digno de este contacto, él o ella lo percibe como una llamada, y el camino le es desvelado.

Este camino no trae jamás tropiezo ni conflicto con otro hermano o hermana. Por el contrario, crea armonía y comprensión mutua. La vida contemplativa y la vida activa no están nunca en contradicción. Ambas siguen a la estrella que conduce a la Casa del Pan, a Belén, hacia el rey de los judíos recién nacido. Y el alumno que llega a Belén es aquél que descubre en sí mismo al rey recién nacido, el nacimiento del hombre nuevo en su microcosmos. Si Cristo hubiese nacido mil veces en Belén y no en ti, seguirías aún perdido. Cuando el rey de los judíos nacido en el microcosmos se eleva, la antigua voluntad ha muerto y el rey según la naturaleza ha desaparecido.

Y ahora, después de todo esto, volvamos al corazón de nuestro tema.

Queremos hablarle de los dos tipos de Elohim. ¿Qué quiere decir esto? Usted ya sabe que hay Elohim masculinos y femeninos; aspectos que se reconocen claramente en la actividad del Espíritu Santo. Son el principio creador y el principio receptor, el principio racional y el principio productor. Actividad doble, enteramente mantenida y engendrada por los hermanos y hermanas de la Orden de Shambhala.

La naturaleza de la perfecta armonía de esta Fraternidad no se manifiesta en ninguna otra parte mejor que en la colaboración de estos dos rayos del Espíritu Santo. Nada en la dialéctica puede ser comparado con ello. Estos dos rayos se desarrollan en cada actividad del Espíritu Santo.

El alumno recibe las doce fuerzas por la radiación masculina, mientras que el trabajo de desarrollo se encuentra bajo el control de la radiación femenina. La conducción hacia el camino está también bajo la radiación masculina, mientras que los cuidados y la continua alimentación están bajo la radiación femenina.

Así pues, los antiguos sabios hablaban con pleno derecho de la Fraternidad del Gobi como del Mundo Padre Madre. Cuando el hermano realiza la apertura de un corazón humano, la hermana hace germinar la semilla. El hermano siega, trilla y mete el grano en el granero. La hermana amasa y cocina el pan. Juntos experimentan la alegría y la felicidad de ver al alumno comer este pan viviente.

Esta doble intervención de la Fraternidad Universal es llamada en las Sagradas Escrituras la intervención de los ángeles. Hay muchísimas indicaciones sobre esto en las Escrituras.

Cuando un rayo del Espíritu Santo sale hacia el grupo de buscadores para intentar tocarles, es éste un rayo de fuerza cuyo contacto siempre es de naturaleza impersonal. «El Reino de los Cielos viene hacia nosotros como una fuerza», dice Pablo. Esto nos hace distinguir inmediatamente la verdad de la mentira, ya que las fuerzas de la esfera reflectora intentan siempre alcanzarnos por un contacto personal.

Cuando tal rayo de fuerza del Espíritu Santo nos toca, descubrimos en él la característica de su generador o de su generadora. En dicha manifestación de fuerza hay una estructura de líneas de fuerza, una imagen: la representación del objetivo y de la esencia de esta manifestación de fuerza, y también la imagen de la gloriosa Fraternidad. Por esto la Biblia habla de los ángeles que se aparecen a los profetas y a los iluminados y a todos los que eran dignos de recibir el contacto del Espíritu Santo.

Esta manifestación de la Fraternidad de Shambhala emite igualmente un sonido. El objetivo y la esencia son sonorizados simultáneamente. Por ello se dice que los ángeles hablaban, que traían una comunicación o hacían escuchar una llamada o advertencia. Todos los que reciben tal toque son invadidos por una sensación completa que no deja nada a lo imprevisto.

Tal vez usted comprenda que el alumno en el camino ha recibido todo o recibe todo lo que pudiese desear. El Espíritu Santo se le aparece como instructor. El Espíritu Santo le habla y le precede paso a paso por el camino, y sin embargo, una unión personal es imposible. La luz en el camino, el rayo de la Fraternidad, los Elohim dobles, es todo en todos para él.

¡Que un día pueda ser así para todos!

                                                                   Capítulo 8

El abismo del conocimiento

En todos los textos sagrados, descubrimos que la palabra «abismo» presenta diversos significados. Por lo general, la palabra «abismo» o «abismos» fija la atención en los diferentes estratos de nuestro planeta, pero también puede tratarse de uno en particular. El alumno que posee algunos conocimientos de la Enseñanza Universal sabe que los estratos de nuestro planeta son campos de fuerza y de vida dentro del cuerpo planetario, en los cuales se expresan ciertas fuerzas y formas de vida. Poco se dice de la verdadera naturaleza de estas fuerzas y de estas formas de vida; todo esto permanece oculto para el profano.

Si usted quiere formarse una imagen aproximada de este misterio, debe comparar al microcosmos con el macrocosmos. El microcosmos es un maravilloso conjunto de posibilidades y de aspectos que, en el estado de pecado en el que hemos caído, están totalmente encadenados y han decrecido mucho, mientras que otros aspectos y otras fuerzas menos deseables desempeñan ahora un papel principal, ya que han tomado la dirección de todo el sistema y le hacen padecer su hegemonía.

Lo mismo ocurre con el macrocosmos. Ciertas capas de la tierra no pueden manifestarse de ninguna forma en este orden natural, a pesar de que su manifestación sería muy deseable y otros «abismos» que están abiertos deberían estar cerrados.

La Biblia nos habla del «abismo» del que surgió la bestia que, con su pérfido poder, hizo de este mundo un terrible infierno. Se ha profetizado que esta radiación de fuerza infernal, con todos sus efectos, será arrojada de nuevo un día a su abismo.

También se habla del abismo del conocimiento, el estrato de la sabiduría universal. Este abismo es el que está unido desde siempre a la Fraternidad Universal y al Cristo, y es el que nos transmite la sabiduría de Dios. Es el estrato al que Jesús el Señor se unió después de su crucifixión en el Gólgota, descendiendo hasta lo más profundo de la tierra.

Cada estrato, así como las fuerzas y estados que se manifiestan en él, corresponde con las fuerzas y estados que se manifiestan en la superficie de la tierra. Cuando se dice que el hombre de la tierra es terrestre, hay que comprender el sentido profundo de esta afirmación. La bestia que surgió de la tierra es invocada por los hombres que llevan la señal de la bestia y que la propagan. Todas las fuerzas de los estratos terrestres se manifiestan de forma santa o impía, en la medida en que el hombre es santo o impío.

Cada ser humano lleva en su ser la característica de las fuerzas con las que está unido. Cuando una persona lleva la señal de la bestia se ve claramente, y lo demuestran aún más sus actividades; de igual manera se pone de manifiesto cuando lleva la del Hijo del Hombre.

¿Por qué se dice que esta señal es visible en la frente? Porque la cavidad frontal es el primero y más visible de los candelabros, con cuya mediación el ser humano demuestra qué espíritu le anima.

Usted conoce tal vez la obra del filósofo italiano Scipio Sighele «La muchedumbre criminal». En su narración, el autor muestra que una masa de hombres, de naturaleza material habitual, e individualmente de tipo normal, puede desarrollar una horrible criminalidad por la suma de sus instintos. Sighele tiene toda la razón. El conjunto de actividades, pensamientos y sentimientos provoca el desarrollo de ciertas fuerzas del abismo que pueden tener consecuencias espantosas.

Usted podrá comprender también que un número de entidades, por sus cualidades interiores, puede abrir el abismo del conocimiento. Esto es lo que ha hecho la Fraternidad Universal en su intervención para con los hermanos y hermanas caídos en este planeta.

Juntando su amor y su fuerza, la Fraternidad de Shambhala ha horadado dicho pasaje, formando así un lazo entre la superficie de la tierra pecadora y el abismo de la sabiduría universal. La Fraternidad mantiene ampliamente abierta la sala del tesoro de este abismo, tal como lo canta el poeta de los Salmos, para todo alumno que es digno. Por esto se expresa en esta Fraternidad la verdadera esencia de Cristo.

Naturalmente no tiene sentido, incluso si nos fuese posible, averiguar de qué forma la Fraternidad de Shambhala ha abierto este abismo del conocimiento. Usted debe admitir que lo ha hecho, y usted puede comprenderlo si recorre el camino hacia esta Fraternidad.

En casi todos los textos sagrados irradia la gran obra de salvación realizada por la Fraternidad. El pasaje o la senda entre el abismo del conocimiento y la Tierra Santa, el lugar donde esta senda toca la superficie, es descrito, por ejemplo, por el profeta Isaías como un árbol cuyas raíces se hunden profundamente en el suelo y cuya copa alcanza las nubes.

Seguramente usted ha oído hablar del árbol de la vida, la verdadera fuente de la sabiduría de la que vivía el hombre original. Pero este árbol de la vida fue cortado ‑dice Isaías‑ se ha vuelto un tronco cortado. El abismo del conocimiento fue cerrado. Este tronco abatido del árbol de la vida es llamado por Isaías «Isaí», lo que quiere decir «corriente de la fuerza salvadora». Y, tal como testimonia el profeta: Un retoño brotará de este tronco cortado de Isaí y una rama de sus raíces dará frutos.

La unión rota es restablecida en la Fraternidad de la Orden de Melquisedek; el árbol de la vida ha resucitado. «Y el espíritu del Señor reposará sobre él, el espíritu de sabiduría y de inteligencia, el espíritu de consejo y de fuerza, el espíritu del conocimiento y del temor al Señor.»

El profeta caracteriza así la fuerza y la naturaleza del abismo del conocimiento, de este abismo del conocimiento que es Cristo. La Fraternidad de Shambhala extrae de este Abismo de la Eternidad para dar al pueblo el conocimiento de la Salvación, tal como atestigua el Evangelio de Lucas en el capítulo 1.

Sobre la base de lo que precede, tenemos que decirle muchas cosas. Para comprender bien este mensaje, es necesario explicarle en primer lugar cómo utiliza la Fraternidad Universal, en tanto que guardiana de la verdadera sabiduría espiritual divina, este majestuoso tesoro para ayudar a la humanidad.

La radiación de Cristo, obtenida y asimilada por el Hierofante, es transmutada en él y por él en una radiación que puede ser asimilada por el grupo de los hombres al que se dirige. Una vez realizada esta transmutación, la vibración transformada es irradiada sobre las personas a quienes está destinada. También es posible que esté destinada solamente a una persona. De todas formas, nada de esta energía debe ser desperdiciada.

Cuando el alumno o el auditor en el Atrio de la Rosacruz es tocado por esta vibración destinada a él, ésta penetra enteramente en su esfera aural. Esta transferencia se puede efectuar incluso cuando el emisor y el destinatario se encuentran a gran distancia uno del otro. El emisor desarrolla con sus pensamientos cierto esquema de vibraciones. Pero puede ocurrir también que el destinatario sea tocado directamente en el Atrio de la Rosacruz.

La transmutación y la radiación dependen, pues, absolutamente del dominio de una ciencia secreta que permite al emisor, o transformador, realizar su trabajo de la manera justa. Nadie es tocado por este rayo transmutado si no lo ha pedido, y se sobreentiende que la presencia en el Atrio es considerada como una petición.

Cuando el alumno ha recibido en su esfera aural la radiación de fuerza, se desarrollan dos actividades, las cuales se subdividen a su vez en dos aspectos: una actividad doble en el santuario de la cabeza y una actividad doble en el santuario del corazón. Podemos caracterizar estas actividades como atracción y repulsión, simpatía y antipatía.

Tan pronto como el alumno es tocado por esta radiación, se produce infaliblemente una reacción, ya que, así como la energía solar realiza su trabajo en cada organismo, lo mismo ocurre con esta energía irradiada, produciéndose una reacción perfectamente natural.

La reacción puede ser simpática o antipática. Cuando el alumno se encuentra en una actitud de rechazo cara al impulso en uno de los santuarios (cabeza o corazón) o, lo que es frecuente, en ambos a la vez ‑rechazo asociado a un estado de tensión nerviosa‑ la reacción es suficientemente fuerte como para que el interesado no pueda proseguir en el comportamiento que ha llevado hasta el momento. Se siente perseguido y descubierto; sufre el impulso como si fueran latigazos; se indigna y expresa su indignación en concordancia con su nivel cultural.

Esta medicina antipática provocará tal quebrantamiento y tal inquietud que una respuesta simpática vendrá después de un tiempo, aunque en muchos casos esto exija una vuelta suplementaria de la rueda del nacimiento y de la muerte.

Si el alumno reacciona simpáticamente, esto no significa que comprenda y sienta de la manera justa, sino solamente que está dispuesto a recibir el impulso en armonía. El impulso recibido propulsa también a este alumno hacia un proceso, colocándole ante dificultades y problemas que no vienen del exterior, sino de la Luz reveladora de la Fraternidad, que pone al descubierto el estado de conciencia y las tensiones propias al carácter del alumno, siendo así confrontado consigo mismo. Así puede ocurrir que en los remolinos de las tempestades de la vida, la reacción que al principio fue simpática, se convierta en antipática.

Se puede comparar al Atrio de la Escuela Espiritual con un mar agitado en el que las frágiles barquichuelas son arrojadas de aquí para allá. Ahora podrá comprender que su permanencia en la Escuela Espiritual, poco importa cual haya sido su reacción inicial, siempre sirve para su felicidad eterna.

Resumamos así: la radiación de fuerza de Cristo debe ser recibida, en primer lugar, por el instructor; a continuación, esta radiación de fuerza es transmutada; después es irradiada y transmitida al campo de respiración del alumno para realizar ahí su trabajo en los dos santuarios simpática o antipáticamente, provocando siempre una intensa conmoción.

Esto representa las características del método empleado por la Fraternidad con los alumnos. La actividad de la Fraternidad en el santuario del corazón se llama desarrollo místico, y en el santuario de la cabeza se llama desarrollo mágico. La ciencia con la que son desarrolladas estas actividades se llama el arte real y la fuerza con la que se ejerce este arte es la sabiduría divina, el fruto del árbol de la vida. Esta gracia divina está aquí para todos los que, pasando por la destrucción del yo, desean abandonar «el pilón lleno de comida de cerdos» y encontrar la patria perdida.

Los grandes enviados de la Fraternidad celestial, a los que llamamos fundadores de religiones, en realidad nunca fundaron religión alguna, ni organizaron iglesias, ni han escrito libros, ni compuesto enseñanzas, ni han dado vida a escuelas de los misterios. Ellos han aportado a la humanidad este único mensaje:

haga de su cuerpo, de su personalidad, un templo en su propio microcosmos,

erija una iglesia en la realidad propia de su ser, es decir, haga todo lo posible por recibir el impulso de la Fraternidad celeste en el santuario del corazón de la justa manera,

y santifique toda la personalidad hasta hacer de ella una escuela espiritual interior, de modo que pueda comprender de la justa manera los impulsos de la Fraternidad en el santuario de la cabeza.

Examinando las características del método de la Fraternidad Universal, usted habrá podido distinguir cuatro rayos. De arriba a abajo son:

11 el rayo de la sabiduría universal;

21 la ciencia misteriosa del ritmo;

31 el rayo del elemento mágico, formado por la entrada de la sabiduría en el santuario de la cabeza por medio del ritmo;

41 el rayo del elemento místico, que es el sellamiento de la sabiduría divina en el santuario del corazón por medio del ritmo.

Tres de estos rayos son imitados en este mundo; por ello el cuarto permanece herméticamente cerrado a quien hace mal uso de los tres primeros o de uno de ellos. Estas tres imitaciones se llaman: arte, ciencia y religión.

En la primera se imita al ritmo divino en los numerosos templos del arte. El ritmo que aparece es, sin excepción, el ritmo de la esfera reflectora.

En la segunda se fundan escuelas espirituales para explotar el conocimiento mágico.

En la tercera imitación aparecen millones de iglesias, desesperadamente desunidas y en el desorden de la experimentación.

Estos tres rayos imitados son absolutamente inútiles y muy peligrosos, porque alejan a la humanidad del único camino y de la verdadera vida.

Usted debe construir en su propio microcosmos un templo y una escuela espiritual. A esto lo llamamos el doble camino de la santificación y de la autofrancmasonería. Esto no es ninguna novedad de la Rosacruz moderna. De este camino habla Lao Tse, y los Phree Messen de Hermes Trismegistos lo atestiguan.

Cuando el alumno que busca se ha vuelto un verdadero miembro de la Iglesia Universal y un verdadero alumno de la Fraternidad Universal, obtiene en un momento dado la unión directa con el Arte Real, es decir, que penetra hasta la ciencia del ritmo del árbol de la vida. ¡Quien tenga oídos para oír, que oiga!

En este ritmo se vuelve un brote del árbol de la vida, se sumerge en el abismo del conocimiento y toma su lugar entre los que están en el camino del servicio.

Esperamos y rogamos por que todos nuestros hermanos y hermanas lleguen un día a construir esta iglesia y esta escuela, y puedan penetrar así en la belleza eterna del arte verdadero, para que se cumplan las palabras de Isaías, capítulo 11:

¡Porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor!

                                                                   Capítulo 9

Las Hijas de la Tierra Santa

Por el hecho de que desde hace ya bastante tiempo el radio de acción de la Escuela Espiritual de la Rosacruz se ha extendido hasta la esfera de trabajo de la Fraternidad de Shambhala, y que nosotros, en tanto que servidores de la Escuela, hemos sido encontrados dignos de poder observar la actividad de la Fraternidad y de profundizar, en cierta medida, en su manera de expresarse, no debemos callar a nuestros alumnos el hecho de que descubrimos que en la esfera de trabajo de esta sublime Fraternidad aparecen de forma clara dos rayos muy distintos: una fuerza espinal hierofántica y una fuerza astral hierofántica.

Los hierofantes de la línea masculina actúan por la fuerza espinal y los de la línea femenina actúan por la fuerza astral. En el microcosmos, la fuerza espinal tiene su foco en el santuario de la cabeza, y la fuerza astral lo tiene en el santuario del corazón.

En el lenguaje de la sabiduría universal, la fuerza espinal, en colaboración con su foco microcósmico, es llamada Adán, y la fuerza astral, en colaboración con su foco microcósmico, es llamada Eva.

La noción Adán atrae nuestra atención hacia la vida del pensamiento, la cual tiene su sede en el santuario de la cabeza, y la noción Eva hacia la vida sensitiva, cuya sede está en el santuario del corazón. A veces Adán es simbolizado también por la serpiente, ya que el sistema cerebro‑espinal, que va desde la cavidad frontal hasta el plexo sacro, presenta la forma de una serpiente.

Eva es simbolizada de diferentes maneras, y todas ellas simbolizan la fuerza vital. Esto es comprensible, ya que el santuario del corazón es la fuente y el foco de la fuerza vital.

Si por esta sobria y somera exposición usted ha llegado a hacerse una idea más justa del misterio de Adán y Eva, es posible entonces que muchas nociones de la Biblia, aún oscuras, se esclarezcan ahora para usted.

La fuerza espinal con sus dos aspectos, uno abstracto y otro concreto, posee una radiación más fina y más sutil que la fuerza astral.

Si examinamos las doce fuerzas que dan a la humanidad su realidad existencial, vemos las dos fuerzas espinales, que son las más elevadas, después vienen las dos fuerzas astrales y luego las cuatro fuerzas etéricas, junto con sus respectivos dobles. Todas ellas representan las doce fuerzas del sistema microcósmico, y en el lenguaje de la sabiduría éstas son llamadas «los doce panes del cielo» o «los doce panes de proposición en el templo».

La primera fuerza puesta en movimiento para la formación de un sistema vital es la fuerza espinal, la cual presenta la forma de una serpiente de fuego. De sus flancos sale una vibración que atrae a la fuerza astral. Estas dos fuerzas, por su colaboración, atraen a los éteres hacia el interior del sistema y, lentamente, la forma aparece alrededor de ellas.

Es posible que usted comprenda ahora la historia simbólica de Adán y Eva. Adán fue el primero, y de su flanco, Dios tomó una costilla y de ella salió Eva para que le ayudara. De esta santa colaboración divina se desarrolló una vida maravillosa en el sistema microcósmico del hombre, en el paraíso microcósmico.

La colaboración ideal entre las fuerzas espinales y las astrales produce naturalmente una personalidad armoniosa en la que todo es concordancia perfecta con la voluntad divina. Pero tan pronto como la escisión se produce en el hombre, cesando la colaboración entre el santuario del corazón y el de la cabeza, se destruye también la armonía entre las dos actividades, y no puede existir ya una unión armoniosa. Haciendo alusión a esta perturbación la Biblia dice que la serpiente habló a Eva.

A lo largo de los siglos se ha discutido mucho sobre si una serpiente podía hablar. No merece la pena que nos detengamos mucho tiempo en este aspecto; una serpiente no tiene laringe y, por lo tanto, no puede emitir sonidos articulados.

Visto desde el punto de vista transfigurístico, esta historia no es tan difícil de entender. La fuerza espinal, base de la radiación de sabiduría, es la fuerza reguladora, el poder inteligente que atrae a la fuerza astral y determina la medida y la calidad de esta fuerza. Simbólicamente hablando la serpiente siempre «habla» a Eva.

Los textos antiguos llaman la atención sobre el hecho de que cierta parte de la humanidad abusó de las fuerzas divinas, lo que tuvo como consecuencia la destrucción de la armonía existente entre las fuerzas espinales y astrales. Desde entonces ya no fue posible un metabolismo armonioso y el hombre caído se alejó cada vez más de su campo vital original. Las acusaciones recíprocas de Adán y Eva, psicológicamente hablando, son perfectamente justas, ya que a partir del momento en que, en la vida de un ser humano, los engranajes de las estructuras orgánicas no se acoplan, surgiendo así una falta de armonía, aparecen precisamente mutuos reproches entre la cabeza y el corazón.

Usted mismo ya se habrá encontrado alguna vez en este estado de agitación interior en que la cabeza y el corazón entran en lucha por adquirir la prioridad. La cabeza y el corazón se influyen así mutuamente en el error. También la maldición del paraíso tiene su fundamento en un dramático conflicto parecido. A Adán se le dijo: Comerás el pan con el sudor de tu frente, y a Eva se le dijo: Alumbrarás con dolor.

Cuando el hombre se aleja de la sabiduría divina por la trasgresión de las leyes de vida divinas, el poder del pensamiento, o alma intelectual, se encuentra en tinieblas. El camino debe ser explorado así en la noche profunda, palpando, experimentando y especulando. ¿Quién de entre la humanidad actual no se encuentra en este camino? Por esto cada buscador sabe por propia experiencia la tensión, el sufrimiento y las penas que esto cuesta, cuántas desilusiones deben ser superadas para no sucumbir irremediablemente en esta existencia nebulosa.

El santuario del corazón, fuente de la fuerza astral, responsable de la asimilación de las fuerzas etéricas creadoras y realizadoras, toma parte necesariamente en la fuerza destructora del pensamiento, ya que cada pensamiento falso se venga a través de una realización errónea. Todas estas realizaciones erróneas son los hijos de nuestro dolor que nos demuestran hora tras hora nuestra caída.

Si dirigimos ahora nuestra atención al comienzo de la Nueva Alianza ‑después de haber dirigido nuestras miradas al principio del Antiguo Testamento‑ oímos y leemos sobre una nueva Eva y un nuevo Adán: la nueva Eva es María y el nuevo Adán es José, el carpintero. Estos dos nos dan una imagen contraria por completo a los otros dos. Abandonan su lugar de residencia para regresar a su ciudad de origen. Podemos leer esto en Lucas 2.

El emperador Augusto ordena que todos regresen a su ciudad natal para que se inscriban allí. José, de la línea de David, se apresuró con su mujer María para llegar a la ciudad de David llamada Belén. Y ocurrió que mientras estaban allí llegó el momento en que María dio a luz a su hijo primogénito.

Si adaptamos esta historia a nuestra propia vida, podemos oír también en el presente la llamada que nos ordena abandonar nuestro lugar de residencia actual para recorrer el camino que nos lleva a nuestra morada original.

Dicho de otra forma, debemos orientarnos hacia la vida nueva. Y así como de José y María nació Jesús el Señor, así desciende en la vida del que realiza este cambio radical una radiación de sabiduría original nueva por completo. Así es aplastada la cabeza de la serpiente y así se eleva en el ser la nueva serpiente de la sabiduría.

Esperamos que empiece usted a comprender algo del destino original de la humanidad. Cuando el lenguaje original utiliza los términos hombre y mujer, no se trata por lo general de los sexos, sino de la fuerza espinal y de la fuerza astral en el microcosmos.

Quisiéramos darle un ejemplo más a este respecto. Cuando en Mateo 24 se habla de la revolución cósmica y atmosférica próxima y de las recomendaciones sobre el comportamiento de cada uno en esos días, dice también: Mas, ¡ay de las que estén encinta y de las que críen en aquellos días!

Estas palabras se relacionan directamente con la actividad de la fuerza astral en la vida humana. Se comprenderá que una revolución cósmica tiene varios momentos críticos. Momentos en los que ciertas fuerzas se hacen sentir tan profundamente que cada ser humano se ve forzado a reaccionar, ya sea armoniosa o inarmoniosamente.

Por esto la situación es tal que cuando usted toma fuerzas astrales impuras en su sistema, tiene que surgir inevitablemente un acto. La fuerza astral da nacimiento infaliblemente a una actividad etérica que desencadena una manifestación de la forma.

Si usted es fecundado por una fuerza astral impura, será unido a una corriente de actividades y manifestaciones cuya duración es difícil de limitar, pero es seguro que durante esta unión le será imposible reaccionar armoniosamente a las fuerzas cósmicas. La advertencia del Evangelio de Mateo no es, pues, para las mujeres que tal vez lleven un niño en su vientre, sino para todos los seres humanos, sin excepción alguna.

Lo mismo ocurre con ciertos pasajes de las Epístolas de Pablo, los cuales desgraciadamente no corresponden con el sentido del texto original. La iglesia primitiva carga con una pesada deuda. Cuando Pablo habla de las relaciones entre hombre y mujer, lo de menos en su intención fue dar a sus alumnos una teología de la moral, sino más bien hacerles comprender la relación verdadera entre las fuerzas espinales y las astrales.

Si usted comprende en cierta medida lo que acabamos de explicar, y si quiere empezar un pequeño estudio de la Biblia bajo esta luz, sin duda alguna muchas cosas que hasta ahora eran inexplicables para usted se volverán comprensibles.

Volvamos ahora a nuestro punto de partida. De la Fraternidad Universal parten dos rayos, uno masculino y otro femenino: un rayo es dirigido hacia la actividad espinal y el otro hacia el fuego astral espiritual.

Después de todo lo que acabamos de decirle podrá ver claramente que la armonía absoluta y la colaboración de las fuerzas espinales y astrales es una exigencia divina. También verá claro que los hermanos y hermanas en la Fraternidad Universal, aunque sus trabajos respectivos sean muy diferentes, han llevado su colaboración hasta un grado sumamente elevado. Por esto queremos hablar ahora un poco sobre la tarea de las Hijas de la Tierra Santa.

No es posible decir lo que engloba la tarea de estas santas mujeres en un corto resumen, pero podemos constatar, sin embargo, que esta misión se relaciona con la influencia y con la reconstrucción de todo el sistema nervioso y, por lo tanto, del alma sensitiva humana. El fluido nervioso es el fluido astral, y usted sabe que en el ser humano corre a través de un sistema dividido: el sistema nervioso automático y el sistema nervioso cerebro‑espinal.

Todo el pasado dialéctico del hombre, y en consecuencia, también la sangre de sus antepasados, se expresa en su sistema nervioso automático. Este sistema es el mayor obstáculo para el alumno que quiere recorrer el camino. Por la maldición del pasado, las fuerzas astrales inferiores tienen libre juego en el ser humano y le vuelven impotente para realizar el cambio fundamental. Por esto, el alumno, ayudado por la Fraternidad celestial, debe vaciar su sistema nervioso del castigo del pasado para que las regeneradoras radiaciones de sabiduría de Cristo encuentren en este sistema nervioso un instrumento bien dispuesto para poder manifestar la voluntad de Dios.

La fuerza astral en el sistema automático del hombre dialéctico es llamada «la fuerza satánica». Esta fuerza es el Satán en el hombre. La semilla impía, que se expresa en una forma de vida impía, es combatida con la ayuda de las Hijas de la Tierra Santa para que sea aniquilado el fatal aspecto de la maldición del paraíso: Darás a luz con dolor. El toque del Espíritu Santo en María y en Elisabet es el contacto universal destinado a levantar el castigo que pesa sobre el género humano.

Teniendo en cuenta estas explicaciones relacionadas con los dos sexos, vemos que la única diferencia entre hombre y mujer, a este respecto, consiste en el hecho de que el sexo masculino es tocado primeramente en su fuerza espinal y el sexo femenino en su fuerza astral.

Esperamos que usted haya comprendido ahora que las Hijas de la Tierra Santa y los Hijos de la Voluntad y del Yoga están ocupados en el aniquilamiento de la doble maldición del paraíso, ¡para que usted llegue un día al país de la luz universal, eterna e imperecedera!

                                                                  Capítulo 10

Los Hijos de la Voluntad y del Yoga

En el capítulo precedente se habló de los dos rayos de actividad que parten de la Fraternidad de Shambhala: la actividad de los hierofantes de la línea femenina y la actividad de los hierofantes de la línea masculina.

El primer grupo es llamado en el lenguaje universal las Hijas (o las Mujeres) de la Tierra Santa, y el segundo los Hijos de la Voluntad y del Yoga.

También le dijimos que los hierofantes de la línea femenina operan con la fuerza astral, mientras que los hierofantes de la línea masculina operan con la fuerza espinal, encontrándose y concretándose ambos en las diversas actividades etéricas. Nuestra intención es estudiar ahora especialmente el radio de acción de los Hijos de la Voluntad y del Yoga, para terminar la serie de capítulos sobre la Fraternidad del Gobi.

Si hacemos un recorrido rápido para orientarnos en la literatura mundial de los mitos, leyendas, símbolos y escrituras sagradas, vemos que en lo concerniente a la Fraternidad de Shambhala se habla de un hijo, de tres hijos, de siete hijos, de ocho hijos y de doce hijos.

A primera vista, esto se podría atribuir a una libertad romántica de los autores de estas historias y narraciones, pero hay en efecto una diferencia bastante grande en el hecho de representar en su panteón religioso al hijo único de Dios de la ortodoxia cristiana o a una diversidad de hijos divinos.

No obstante, si nosotros penetramos más profundamente en la realidad y en el fondo de estas cosas, descubriremos que los autores de que hablamos tenían su mirada fija en la misma verdad eterna e imperecedera.

Tenga en cuenta, una vez más, que la fuerza astral penetra particularmente en el sistema nervioso simpático, influyendo especialmente en la sangre y los órganos que la producen. En toda esta circulación de fuerzas, el corazón, el hígado y el plexo solar tienen un papel determinante. El fluido astral planetario penetra en el sistema simpático o es atraído por él en concordancia con el estado de la sangre y la calidad del fluido nervioso en este sistema simpático.

El fluido espinal, sustancia cósmica de composición más fina y de frecuencia más elevada que el fluido astral, corresponde en la personalidad con el sistema nervioso cerebro‑espinal, el cual, en muchos aspectos, puede ser controlado por la voluntad y en el que se expresan los pensamientos y la conciencia humana.

Lo que precede le permitirá comprender sin duda con más claridad las relaciones de actividad que existen entre la personalidad dialéctica y las dos fuerzas cósmicas.

La conciencia espinal, centrada en el santuario de la cabeza, atrae los fluidos espinales cósmicos con los que la conciencia o alma llega a tomar consideraciones mentales y volitivas. Como consecuencia de esta actividad se produce una tensión en la sangre y en el fluido del sistema simpático, la cual tiene por consecuencia la atracción del fluido astral cósmico. Este fluido astral, esta fuerza eléctrica, es a su vez determinante en la asimilación de los éteres, de sus calidades y relaciones mutuas. Y después de la asimilación, todo el sistema debe pasar al acto y manifestarse sobre la base del pensamiento inicial.

El simbolismo sagrado de todos los tiempos representa a este doble sistema nervioso, en su relación mutua, por un árbol; la Biblia lo representa especialmente por una higuera.

Este símbolo es muy lógico, ya que si comparamos la columna de fuego espiritual espinal que sube del plexo sacro con el tronco, el santuario de la cabeza sería la copa del árbol y los doce pares de nervios cerebrales que, partiendo de la cabeza, descienden por todo el cuerpo, serían las ramas.

Cuando se habla del árbol de la vida se sobreentiende que se trata de la actividad original, ideal y pura de este sistema de vida. Cuando se habla del árbol del conocimiento del bien y del mal, se trata de la actividad deteriorada e impura de este sistema de vida.

Todas estas cosas pueden ser estudiadas y razonadas hasta en sus mínimos detalles a la luz de la ciencia de la transfiguración. Si la conciencia espinal especula con fuerzas mentales y volitivas, se produce fatalmente una perturbación en la asimilación del fluido planetario. Un niño podría entenderlo.

El fluido astral, extremadamente dinámico y explosivo, ocasiona, además de actividades impuras, una fermentación y una alteración en la sangre, y como consecuencia ‑y esto cierra la cadena‑ un oscurecimiento de las facultades de la conciencia. Si se ha llegado a este oscurecimiento de la conciencia, se vuelve un hecho irrevocable el descenso hacia un plano inferior, que lleva a una perturbación mayor y hacia una degeneración definitiva de toda la personalidad.

Ahora comprendemos mejor el encadenamiento a la rueda de la vida y de la muerte, la animalización y la división sin fin de la conciencia humana, el gluten indeseable en la sangre del que habla Karl von Eckartshausen. Si usted vive en la luz y ocasiona la oscuridad por una falta accidental, en ese mismo instante usted tiene conocimiento del bien y del mal.

Si continúa en el camino del pecado y de la degeneración de sus facultades originales divinas, entonces pierde el recuerdo de la luz absoluta y del bien absoluto; la oscuridad y el mal devienen estados de vida constantes para usted y para la humanidad, y cuando en una situación semejante usted habla del bien y del mal como valores opuestos, en realidad está usted fuera de juicio, ya que entonces quiere ser bueno en el mal. La Biblia afirma muy justamente que desde el momento en que la humanidad cayó, nada ni nadie es bueno. La vida que vivimos se convierte en un juego siniestro.

A una parte de nuestra oscura noche la llamamos el bien y a la otra el mal, elaborando así las normas del bien y del mal. Y como un niño que construye castillos en la arena con murallas inalcanzables y puebla estas construcciones con vida irreal, de igual forma nos reservamos en nuestras cárceles lugares privilegiados llamados «iglesias». Nos sugestionamos que estas iglesias son la iglesia de Cristo y jugamos así a la vida liberadora, tan seriamente como vive un niño en su imaginación.

Cada especulación, ya sea metafísica, filosófica, científica, política, social o económica que no ataca las causas fundamentales de nuestra existencia prisionera en este mundo tenebroso, vuelve las tinieblas más profundas todavía y aplaza la aurora de una nueva vida a un futuro lejano.

Así es como una iglesia se convierte en una prisión, un descubrimiento se convierte en una catástrofe, una reforma social se convierte en una rueda de molino al cuello y la vida en un infierno cada vez más intenso.

Y así se colocan los dos árboles del paraíso mítico ante usted y en usted: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento.

El hombre ha hecho de la higuera sagrada un vegetal impío, y el mito clásico es tan profundamente verdadero, que la Biblia se despliega aquí con toda claridad. Observe la serpiente: cuelga y vive en la higuera. Esta serpiente es el alma, la conciencia que vive en la energía espinal. Comprendemos claramente por qué se simboliza con una serpiente, ya que el sistema espinal puede ser comparado orgánicamente con una serpiente.

Cuando Jesús el Señor dice a sus discípulos: Sed sabios como las serpientes, se refiere al lazo original puro y santo que se encontraba antaño entre la energía espinal y la vida divina; se trata de la sabiduría divina que estaba íntimamente unida a la energía espinal. Pero la serpiente original de los sublimes misterios se ha vuelto un reptil inmundo y su largo cuerpo se desliza y se contorsiona en la materia, contaminando a todas las criaturas con su veneno.

Así podemos comprender por qué la Biblia dice por un lado a los alumnos: sed sabios como las serpientes, mientras que por otro lado la serpiente representa lo más abyecto.

También comprendemos por qué se habla del dragón con siete cabezas que se eleva del flujo de las aguas, así como de la Hydra de muchas cabezas. Ya que, efectivamente, la serpiente espinal tiene siete cabezas: son las siete cavidades cerebrales de las que le hemos hablado con mucha frecuencia, estrecha y orgánicamente unidas al conjunto del sistema espinal. Las siete luces que arden en las siete cavidades del cerebro son las siete cabezas de la serpiente o del dragón, los siete ojos de los cuentos, y los siete pasajes de Shambhala.

El velo que oculta a nuestros ojos la intervención divina de la salvación se retira como el telón de un escenario. Vemos así el maravilloso y sublime trabajo de la Fraternidad Universal y sus intentos para erigir y transfigurar al hombre caído y a su personalidad depravada. El árbol de la vida, la higuera humana original debe ser erigida; debemos regresar al paraíso en nosotros.

Y ahora comprendemos la misión aceptada libremente por los Hijos de la Voluntad y del Yoga; comprendemos también por qué su manifestación es séptuple. Los siete aspectos de la voluntad y del yoga según la naturaleza, que arden como siete candelabros en las siete cavidades del cerebro, deben ser apagados; la cabeza de la antigua serpiente impura, la séptuple cabeza del monstruo, debe ser aplastada para que el Yoga divino, la sabiduría divina pueda penetrar y para que la Voluntad divina, reinando como sumo sacerdote en el sistema espinal, pueda aportar la Transfiguración.

Entonces las siete luces nuevas son encendidas, y el alumno las tiene como en su mano derecha. Y los doce pares de nervios cerebrales, como ramas del árbol de la vida, son estimulados para la vida nueva. El nuevo fluido vivificante penetra en los tres santuarios; del plexo sacro corre el agua viva al mar de cristal a través de las ocho puertas del santuario, y de ahora en adelante nada le hará estallar en pedazos.

Los 33 aspectos de la Voluntad y del Yoga, los 33 segmentos del sistema espinal, se enderezan como una serpiente llena de sabiduría. Y la serpiente que antes pronunció la palabra de la muerte habla ahora un lenguaje lleno de belleza, de sabiduría y de amor.

El hijo de Hiram, el arquitecto divino, se ha vuelto un rey recién nacido, deviene el hijo único de Dios, el hijo de las serpientes y de los leones. El árbol de la vida se eleva de nuevo como una columna en el templo de Dios.

Esperamos y rogamos que usted pueda comprender la verdadera vida, para la cual es llamado su verdadero ser superior, y que comprenda la mano que le es ofrecida por medio de la Escuela Espiritual. Esperamos que usted emprenda con nosotros el viaje a través del desierto hacia el Corazón del Gobi.

La Escuela moderna de la Rosacruz no es un instituto para la propagación de una enseñanza de la sabiduría, sino un miembro vivo de la Fraternidad Universal.

El Atrio del Templo es la entrada a la sala nupcial, y nuestra misión es llenarla con invitados y llamados, con hermanos y hermanas a quienes se les pueda decir: ¡Id al encuentro del Esposo!

Todos los que entren en la sala nupcial deben llevar la señal en la frente, la señal del Hijo del Hombre, la característica del verdadero francmasón, del verdadero constructor, la señal de la verdadera filiación.

La señal aparece en la frente, dice la Biblia. Esto tiene su exactitud científica. En efecto, todos los que comienzan a recorrer verdaderamente este camino de la transfiguración, siguiendo las exigencias elementales de la Escuela Espiritual, con amor, entrega total e irradiando entusiasmo, experimentan un cambio en su sistema espinal, después de una preparación, gracias a lo cual, los siete Hijos, los siete Rayos de la Voluntad y del Yoga, pueden penetrar en su sistema espinal.

Y usted comprenderá que este cambio se advertirá en el santuario de la cabeza y se demostrará muy especialmente en toda la expresión del espejo de la cara.

Esta es la primera característica, la primera Señal del Hijo del Hombre, señal indispensable para el acceso a la escuela de la conciencia superior, para los participantes en la verdadera construcción. Todos los que entran sin esta señal, son desenmascarados en un momento dado. Toda impostura es corregida infaliblemente.

Comprenda bien la esencia de esta impostura, ya que en este sentido quien ve y conoce el camino, pero no lo recorre es un impostor, tal como lo expresa la Epístola de Santiago de quien cree pero no realiza las obras de la fe. Es un completo impostor quien, reconociendo perfectamente la Enseñanza de la Escuela Espiritual como verdad, se apega a la vida antigua, sea de la forma que sea.

Se trata de saber si usted va a cambiar su higuera del bien y del mal por el árbol de la vida. Si usted se encuentra en este proceso, es usted un justificado, un maestro constructor. Si se queda a las puertas de este proceso, entonces es un impostor.

En la Biblia, un judío no es siempre un israelita en el sentido de la nacionalidad, sino un hijo de los leones, un hijo de Dios, un hijo de Dios llamado. Y ahora puede imaginarse a tal persona ante el proceso, y por ello un impostor, y a tal persona en el proceso, y por ello un justificado.

Si ahora piensa, a la luz de todo esto, en la narración del Evangelio de Juan, entonces comprenderá perfectamente lo que el Evangelista quiere decir:

Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero judío, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de los judíos.

Natanael es el alumno que ha comenzado el proceso de la transfiguración y lleva la señal indeleble. No hay en él impostura, sino una nueva conciencia que le permite reconocer la mano tendida de la Fraternidad Universal.

Mientras usted se encuentre en la esencia de la impostura, entonces no tiene conciencia y rechaza a todo el que viene hacia usted para ayudarle con un amor inconmensurable.

Esperamos y rogamos que usted se encuentre pronto bajo la higuera y que se le pueda llamar hijo de la serpiente siete veces coronado.

¡Oh Dios surgido de Dios, de quién y por quién son todas las cosas! ¡Nosotros alabamos y glorificamos Tu Nombre por toda la Eternidad!

N.T.: El autor hace un juego de palabras, pues iglesia en holandés es «kerk» y prisión es «kerker».

 

 

 

 

 

 

LA ENSEÑANZA ELEMENTAL

 

 

 

 

Por

 

 

 

 

 

JAN VAN RICKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo

 

 

 

Este libro está destinado a quienes buscan una orientación en la enseñanza universal de la Rosacruz, impulsados por el recuerdo de una vida divina original. Su contenido es una adaptación de unas alocuciones dadas en forma de curso en los años 1944 a 1946.

Que este libro pueda encontrar su camino hacia muchos buscadores y ayude allí donde sea posible.

 

Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1

 

Las tres facultades que deben despertarse

 

El lector interesado que abra este libro, movido por el deseo de adquirir cierta noción de la filosofía de la Rosacruz Moderna, no debe contentarse con un conocimiento superficial. Debe darse cuenta de que emprende un estudio arduo, que reclamará toda su atención y le exigirá una profunda reflexión. La filosofía de la Rosacruz no formula consideraciones sobre la vida, sino que incide sobre la vida del alumno de forma muy personal, de modo que, mientras lee, tendrá siempre la sensación de que la Escuela Espiritual se dirige directamente a él.

Este método trae consigo, evidentemente, aspectos menos agradables; puede provocar tal vez disgusto o incluso irritación; sin embargo, la indiscutible ventaja que presenta, nos hace preferirlo a otros más usuales. La lectura de este libro debe despertar inquietud; al lector debe impresionarle mucho la materia enseñada, debe tocarle y perturbarle, y, sobre todo, debe atravesar su interés intelectual como si fuese una espada.

El que toma conocimiento de la verdadera literatura rosicruciana, debe entender con claridad que los trabajadores de la Escuela Espiritual no tienen interés alguno en demostrar dotes literarias o conocimientos teóricos, con el fin de defender intereses terrestres y materiales, sino que ellos emprenden un trabajo al servicio de la Escuela Espiritual, incluso si este trabajo va en contra de sus intereses materiales particulares, lo cual es frecuente.

Por lo tanto, el autor se dirige a usted desde su campo de servicio, en concordancia con su estado de ser, para dar testimonio en nombre de la grande y sublime Fraternidad de la Luz de la humanidad.

Esta Fraternidad es conocida con diferentes nombres, tales como: «Escuela Espiritual Hierofántica», «Escuela de los Misterios de los Hierofantes de Cristo», «Iglesia Interior», «Orden de Melquisedec», «Orden de la Rosacruz», y otros muchos.

 

El alumno que toma conocimiento de este libro debe entender, según nuestra opinión, que esta Fraternidad es la que se dirige directamente a él en estas páginas y, en este contacto,

la personalidad del autor o la estructura organizadora del Lectorium Rosicrucianum pasan completamente a un plano secundario.

De lo que se deduce fácilmente que esta Fraternidad, de la que queremos dar testimonio, no se dirige a nadie en calidad de sociedad, organización o institución religiosa.

Se trata de una escuela y el estudio de este libro le sitúa, por decirlo así, en el atrio de esta escuela. El concepto «escuela», sin embargo, debe tomarse en sentido muy exclusivo. El alumno no se forma en ella según el método intelectual, la conciencia del cerebro biológico no pasa por ningún entrenamiento, no hay exámenes ni tampoco se obtienen diplomas.

Esta Escuela de la Rosacruz de Oro apela a tres facultades que, en el misterioso sistema microcósmico del hombre, parecen dormir en un sueño de muerte. La Escuela trata de despertar, a través de todos los obstáculos, estas tres facultades y empujarlas a la actividad. Tan pronto como algo de estas tres facultades empieza a manifestarse, en el alumno surge la deseada relación entre él y la Escuela. El sentirá, verá y conocerá, de manera directa, todo lo que la Escuela quiere transmitirle, todas las cosas con las que la Escuela quiere unirle de nuevo. Tan pronto como este contacto se establezca fundamentalmente, el alumno será muy consciente de la necesidad de todo lo que la Escuela le propone. Así comprenderá que la filosofía de la Escuela Espiritual no representa una creencia popular, sino un saber positivo y claro. No un saber en el sentido de reunir un material de hechos, dogmas, frases, sistemas e hipótesis que nos dejan siempre con las manos vacías, sino un saber en tanto que percepción, que posesión interior, un saber irrefutable y absoluto.

Cuando el contacto entre la Escuela de la Rosacruz y el alumno se establece sobre esta base, no se trata entonces de autoridad y de estúpida obediencia, sino de reconocimiento interior, de avance consciente en un camino percibido en su fuero interno.

Por consiguiente, tres facultades adormecidas deben manifestarse en la vida del alumno: el poder de una nueva voluntad, el poder de una nueva sabiduría y el poder de una nueva actividad. El hombre tiene una voluntad, pero ésta, o bien no tiene freno, o bien es experimental o especulativa. El resultado de un esfuerzo de la voluntad no es nunca previsible, y si lo fuese, quedaríamos en la incertidumbre de los posibles fenómenos que podrían surgir, o de las consecuencias de la oposición suscitada. Por eso, el hombre que rige su vida por su voluntad, está rodeado de preocupación y de miedo. La voluntad humana jamás es liberadora y, además, está unida a los valores de la sangre, lo que quiere decir que depende totalmente de las disponibilidades y fuerzas presentes en la sangre.

 

El hombre posee igualmente cierta sabiduría, que en el fondo no es más que la facultad intelectual, o capacidad racional del cerebro. El alumno debe descubrir que el hombre, también en lo que concierne a esta facultad, depende por completo de las cosas exteriores, es decir, de las visibles en tres dimensiones. No sin razón dice la Biblia: «La sabiduría de los hombres es locura ante Dios». El conocimiento absoluto jamás podrá ser alcanzado por el hombre que vive según los sentidos. Lo que llamamos «sabiduría» es un conjunto de conceptos aprendidos por la percepción sensorial, y muy influidos y deformados por la educación y el estado de la sangre.

El hombre también desarrolla cierta actividad. ¿No es sumamente triste el resultado de este trabajo? ¿No es solamente trabajar y divertirse? La actividad del hombre se encuentra totalmente bajo el signo de la lucha por la supervivencia, acompañada de un poco de diversión o de romanticismo espiritual, según la naturaleza de cada uno.

Esta trinidad de voluntad, sabiduría y actividad, tal como se desarrolla en la naturaleza humana, está unida además a instintos naturales que llamamos «deseos». Junto a estos deseos o instintos naturales, ella es responsable igualmente de la aparición de la conciencia biológica, que es la conciencia del yo, cuya propiedad más característica es la auto‑conservación.

La auto‑conservación y el deseo son estados extraordinariamente especulativos y extremadamente caprichosos en sus diversas manifestaciones. Cuando, por determinada experiencia, el hombre se desengaña, salta de un objeto a otro y, en su miseria, danza la zarabanda de la naturaleza junto con las hipótesis y otras formas ilusorias. La mayoría de los impulsos religiosos pueden explicarse por las tentativas de auto‑conservación y por los deseos.

Cuando el alumno vea claramente esta situación, sentirá la necesidad de un cambio fundamental, su estado actual le repugnará y, por consiguiente, tratará de neutralizar sus deseos y su instinto de auto‑conservación.

 

Puede plantearse ahora una pregunta: ¿Cómo desarrollar este proceso de neutralización? La respuesta dice: el alumno debe cesar de querer su antigua vida, debe abandonar la ilusoria sabiduría que ha acumulado y poner fin al juego dramático de los deseos y de la lucha egocéntrica.

Algunas personas son capaces de llevar a cabo el cambio fundamental, en lo que concierne a la resquebrajada realidad de la religión, de la ciencia y del arte. Descubren rápidamente el lado especulativo de las teorías religiosas, el aspecto no‑liberador de lo que llamamos el arte y el lado satánico de la ciencia. Pero mucho más difícil es desatarse fundamentalmente de sus instintos naturales, ya que el hombre «procede de la naturaleza y vive de ella». Los instintos naturales pueden atar a un hombre más a la antigua vida que la religión, el arte y la ciencia.

A este respecto, el alumno no debe hacerse ilusiones. El puede atacar con resolución y con valor los impedimentos externos, pero sería mucho más provechoso luchar contra lo que insidiosamente le tiende trampas en su propio ser. El estudiante Rosacruz deberá recordar esto todos los días.

El hombre siempre está dispuesto a luchar, empleando toda su inteligencia, para adquirir una posición social mejor, ya que es impulsado constantemente por la peligrosa ilusión de que el yo posee «algo» de valor esencial. Estas ambiciones inferiores y esta ilusión del yo engendran la envidia, una de las plagas más lastimosas que padece la humanidad.

 

«La envidia enfurece al hombre», dice el poeta de los Proverbios. Según el Cantar de los Cantares, es como «un fuego inextinguible». La envidia es una posesión diabólica que a veces engendra un odio tan ciego que lleva hasta el homicidio.

Por eso, el poeta de los Proverbios dice que el hombre que es prisionero de este instinto natural «no aceptará compensaciones, ni las querrá aunque aumente la oferta», aunque Dios mismo le tendiera la mano para subir al cielo. Sólo desea la muerte de su víctima; la llama de los celos debe quemar a su víctima. Y al resultado final le da el nombre de «justicia».

El cambio debe apoderarse del hombre en su totalidad, hasta en sus instintos naturales más profundos. El alumno debe entablar una lucha a muerte consigo mismo.

El cambio fundamental es la base del despertar de las tres nuevas facultades de las que habla la Escuela Espiritual. Primeramente una nueva voluntad, inflamada por Dios; segundo, una nueva sabiduría que ilumina el Plan de Dios; y tercero una nueva actividad que contribuye a la realización del Plan Divino.

Estos tres procesos, que constituyen las llaves del nuevo devenir humano, son emprendidos y llevados a cabo, desde el principio, por la Escuela Espiritual en colaboración con el alumno. Forman el proceso de renacimiento en el que se basa toda la filosofía de la Rosacruz moderna. Su éxito depende del cambio fundamental y del hecho de que en la conciencia del hombre esté todavía presente algo del recuerdo de su posesión espiritual original. Semejante posesión, en su apariencia o actividad, puede dañarse, caricaturizarse, incluso puede ser peligrosa; pero aún así, predispone al hombre a la búsqueda irresistible del lado escondido de las cosas.

Este pre‑recuerdo hace que el hombre desee abarcar el «porqué», el «para qué» y el «a través de qué» de todas las cosas. Desarrolla un poder dinámico que, más tarde, cuando el Camino es percibido, permite la superación de infinidad de obstáculos.

 

La Escuela Espiritual desarrolla en el alumno la nueva voluntad, por medio de la ley del espíritu; la nueva sabiduría, por medio de la filosofía de la ley del espíritu; y la nueva actividad, por medio de la aplicación de la ley del espíritu.

La ley del espíritu es la idea divina en la que se basa el mundo y la humanidad.

La filosofía de la ley del espíritu aporta la idea divina al alumno; ella ilumina su razón, haciéndole concebir su inconmensurable alejamiento de la Patria Original; haciéndole entender la degeneración humana con respecto a la ley divina, y dándole una visión clara del camino de regreso.

La aplicación de la ley del espíritu es la realización de la idea divina, el arduo e inevitable camino de regreso, la destrucción de la naturaleza terrestre y de sus instintos, y la reconstrucción del hombre nuevo.

Igualmente, se puede entender la ley del espíritu como Dios, con el que hemos roto; la filosofía de la ley del espíritu como Cristo, que en su amor infinito parte de Dios para salvarnos, baja hasta nuestra degradación y se entrega prisionero a la materia; y la aplicación de la ley del espíritu como el Espíritu Santo, que aplica, realiza y culmina todo el proceso del renacimiento.

Una Escuela Espiritual de buena fe se reconoce siempre porque no admite ningún regateo en este triple proceso.

 

Para el lector que toma conocimiento de todo esto, este libro sólo puede tener un carácter informativo. Sin embargo, quien quizás desea hacerse alumno de la Escuela Espiritual, debe concebir con claridad que la Escuela exige un ascenso regenerador y purificador, un proceso. Sin esto la Escuela no sería una Escuela Espiritual.

La Escuela de los Misterios de la Rosacruz desea entrar en unión con todos los interesados y establecer una alianza sobre bases libres y democráticas. Lo que la Escuela espera de sus alumnos, lo ejecuta y toma como base de existencia. Nada se pide al alumno que no pueda llevar a cabo.

La Escuela Espiritual es un lugar de trabajo donde nacen actos que tienen como consecuencia que las tres fuerzas divinas que brotan de la Escuela despierten las tres facultades latentes en el alumno.

La interacción entre las tres fuerzas divinas y el alumno hace que éste quiera lo que la Escuela Espiritual quiere, sepa lo que la Escuela Espiritual sabe y realice lo que la Escuela Espiritual realiza; por la puesta en práctica de una sólida auto‑disciplina y con una obediencia libremente consentida.

A todos los que perciben y experimentan interiormente los Misterios de la Rosacruz de esta manera, les anima un entusiasmo grandioso, e irradian una gran energía y una alegría intensa. Ellos se colocan con toda humildad ante el fuego insondable de la ley del espíritu. Cuando la filosofía de la ley del espíritu les toca, se encuentran con la cabeza alta ante la luz reveladora del amor universal. Y, cuando la aplicación de la ley del espíritu viene a exigir toda su atención y devoción, esperan, con los brazos abiertos, el santo bautismo en el agua viva de la regeneración divina.

 

Capítulo 2

 

La Jerarquía de Cristo o Escuela Espiritual

 

Es necesario llevar a cabo una observación más aproximada de la Escuela Espiritual y plasmar en líneas concretas sus valores aparentemente abstractos.

Tres fuerzas se manifiestan y se desarrollan en la Escuela Espiritual, atribuidas al gran ser divino en todas las grandes religiones mundiales. La voluntad divina se une a la noción «Padre»; la sabiduría divina a la noción «Hijo»; y la actividad divina a la noción «Espíritu Santo». Por ello, identificamos a Dios y a las tres fuerzas que brotan de El con la Escuela Espiritual. Llamamos «Escuela Espiritual» al Padre que nos encuentra en su Hijo y que por su Espíritu Santo nos empuja al camino de la regeneración.

En la Escuela Espiritual el alumno encuentra directamente, de primera mano, al Espíritu Santo, al Consolador, que da testimonio de Jesucristo. En la Escuela Espiritual el alumno vive su encuentro con el Cristo actual, es decir, libre de todo prejuicio dogmático e histórico. En la Escuela Espiritual el alumno siente el corazón del Padre, que se manifiesta en su hijo pródigo recuperado.

Esperamos poder demostrar, con lo que sigue, que no se trata de una alucinación mística ni de una exaltación injustificada de la Escuela Espiritual, sino de un saber claro y de una necesidad de pensar así. Pero, con el fin de poder establecer las bases racionales de nuestro punto de vista, es imprescindible que el alumno esté dispuesto a pensar de forma absolutamente independiente, libre de tradición y de autoridades. Estamos convencidos de que en la Escuela Espiritual puede ponerse fin a todas las interminables especulaciones elaboradas a lo largo de los siglos sobre Dios, Cristo y el Espíritu Santo. En y por la Escuela Espiritual se puede adquirir una base científica sólida de la noción y de la comprensión de la existencia de Dios.

¿Qué se sabe en general, por experiencia directa, en los medios religiosos naturales, sobre Dios, Cristo, el Espíritu Santo y otras fuerzas que menciona la Biblia? Se habla devota y positivamente de todo esto, y los teólogos pretenden tener conocimientos profundos de ello. Sin embargo, todo esto es pura especulación, resumiéndose en una fe ciega basada en la autoridad de la Biblia y/o de la iglesia. En realidad no se sabe nada.

¿Qué sabe y siente el hombre religioso de su Dios y de las fuerzas divinas? Reduciendo a sus justas proporciones las experiencias particulares de la fe, sólo queda experimentación, emoción y repetición servil. La herencia, exteriorizándose en la esencia de la sangre y la vitalización perpetua de una imagen‑pensamiento colectiva, es la causa profunda de la vida religiosa de la masa. Un pasado tal vez armonioso y dulce, las costumbres, el ambiente y las tendencias místicas pueden hacer al hombre conservar como cosa sagrada una conducta superficial y especulativa. Pero, si es sincero, debe reconocer que todo esto deja siempre las manos vacías.

 

Estamos convencidos de que mediante la Escuela Espiritual se puede poner punto final al semi‑ateismo y a la ausencia de religión de muchas personas. El pasado de la iglesia y sus prácticas, el comportamiento de los sacerdotes y la manera de actuar de millones de supuestos creyentes han alejado a muchos hombres de la verdadera religión, y así, en la sangre y por la sangre de los que sienten una antipatía natural hacia la iglesia, se ha formado, aquí y allá, una generación sin religión.

La negación de estos últimos tiene tanto o incluso menos valor que la aceptación de los denominados creyentes.

En nuestra opinión ya no se puede hablar de religión en sentido superior y liberador. Por esto una orientación religiosa nueva, con disposiciones espirituales nuevas, debe preparar el camino hacia una elevación verdaderamente espiritual del mundo y de la humanidad. El hombre que verdaderamente busca, sólo podrá concebir en qué medida debe renovarse espiritualmente esta orientación después de haber realizado un estudio profundo de la Enseñanza Universal, tal como es revelada en la Escuela Espiritual.

Mediante la Escuela Espiritual, vive y siente la actividad y la presencia de las tres fuerzas divinas omnipresentes, se vuelve consciente del esfuerzo que realizan por él mismo y por el mundo. Por medio de la Escuela Espiritual establece contacto con esas tres fuerzas, lo que le permite dar testimonio por experiencia personal, por percepción y saber personales, del Dios en el presente, del Dios en sí mismo y del Dios en el mundo. Para ello no necesita textos ni autoridad religiosa, y no podrá transmitir este contacto a nadie ni imponérselo a sus hijos.

El estudiante de los Misterios de la Rosacruz entenderá que nuestra pretensión no es querer dar un concepto absoluto de Dios; damos testimonio solamente del «Dios manifestado en la carne», es decir, de las fuerzas divinas, del contacto divino que podemos experimentar y al que podemos acercarnos desde abajo hacia arriba.

El Logos se manifiesta siempre por medio de su creación y de su criatura. Y cuando llegamos a descubrir por qué medio se manifiesta por su creación y su criatura, realizamos al mismo tiempo el proceso divino de redención, tal como quiere manifestársenos. Semejante manifestación no es nunca limitada ni dogmática, y nunca puede fijarse en un libro ni ser plasmada en una palabra. Por esto, el hombre que recorre el camino de los Misterios permanece siempre siendo alumno; su conocimiento queda siempre por detrás de la manifestación. Por lo tanto, cuando algún estudiante se aferra al conocimiento y le falta la facultad para abrirse a la manifestación, le sobrecoge el endurecimiento del intelectualismo.

Aproximarse a la sabiduría que está en Dios es un avance eterno de horizonte en horizonte. La Rosacruz desea servir a la humanidad sobre estos fundamentos filosóficos.

 

Desde el origen de los tiempos ha habido una Jerarquía Divina que se manifiesta en los hombres y por ellos. La triple manifestación divina, de la que hemos hablado anteriormente, obra a través de esta Jerarquía humano‑divina. Ella está compuesta por entidades que permanecieron fieles durante la gran tentación que provocó la caída de la humanidad. Desde entonces, algunos han regresado a su destino original. Esta Jerarquía está muy cerca de nosotros. Ella forma el Cuerpo Viviente del Señor. Ella se ha extendido a través de los eones hasta convertirse en un organismo poderoso, y se vuelve cada vez más fuerte, puesto que de vez en cuando se incorporan nuevas partes vivas a este cuerpo sublime.

Teniendo en cuenta que esta Jerarquía se mueve siempre en armonía con el Ser y el Plan divinos, es influida e iluminada invariablemente por las fuerzas divinas, las grandes fuerzas cósmicas y supra cósmicas. Se puede decir que «Dios se da a conocer a la humanidad a través de la Jerarquía», lo cual es experimentado por el alumno como una verdad profunda.

Por consiguiente, el buscador serio entiende enseguida que la Jerarquía, por proceder de la corriente de vida humana, tiene un lazo de sangre muy fuerte con todos los que yerran en la naturaleza terrestre, y que las fuerzas divinas mantienen igualmente un lazo de sangre con toda la humanidad a través de esta Jerarquía. Por lo tanto, la intervención de Cristo como actividad del Logos no puede limitarse a un período histórico de apenas dos mil años, ya que se trata de un contacto eterno.

Tenemos que ver a Jesucristo como un nuevo impulso de las fuerzas crísticas, una nueva manifestación de Cristo, utilizando para ello a la Jerarquía. Al mismo tiempo, la manifestación de Jesús llama la atención sobre un hecho notable y único de salvación, ya que, a través de Jesús, la fuerza divina se aproxima íntimamente a las fuerzas sanguíneas humanas. ¡Jesús era uno de nosotros! Por esto, el alumno que comprende puede decir: «En Jesucristo, Cristo se hizo uno de nosotros». Y desde entonces y con pleno derecho podemos llamar a la Jerarquía Divina la «Jerarquía de Cristo».

La Jerarquía de Cristo o Escuela Espiritual es un organismo grande, sublime y viviente, compuesto de miembros que, a pesar de poseer una individualidad muy desarrollada, forman una absoluta unidad en su espíritu y en sus esfuerzos.

La Escuela Espiritual penetra en todos los campos de la materia y del espíritu, está viva y es omnipresente. La llamamos «Dios manifestado en la carne». Es «todo en todos». No puede evitarla ningún ser humano. Forma con toda naturalidad el Camino, la Escuela, la única posibilidad de salvación auténtica.

Podemos formular esta opinión sin suscitar en el estudiante la apariencia de sectarismo y de estrechez de espíritu. Esta formulación intenta fijar en el corazón la intervención crística universal, y es totalmente lógico que después de la manifestación de Jesús, la Escuela Espiritual se haga llamar según la cruz del Señor, y que ayude al alumno a fijar en esta cruz la rosa roja de la realización.

Por lo tanto, el alumno no debe detenerse en los hechos históricos. No necesita examinar todos los textos minuciosamente ni preocuparse por todas las disputas teológicas y filosóficas. Que otros estudien las disensiones espirituales que reinan en este mundo y se apasionen por saber quién posee o no la verdad. El estudiante de los Misterios no tiene necesidad de cavilar sobre disertaciones dogmáticas o de obtener un título universitario para poder hablar.

Aquí y ahora hay un Ser Crístico viviente ‑también denominado Iglesia Invisible‑ que se manifiesta a la humanidad, se compone de millares de miembros y emite resplandores de gloria y de luz en todos los planos de la materia y del espíritu. Nadie escapa a la actividad de su ser, ya que gracias a un sistema sumamente inteligente y complejo, todos los hombres son influidos indirectamente por la Escuela Espiritual.

 

Existe además la posibilidad de entrar en relación directa con la Fraternidad jerárquica cuando el alumno posee aún lo que llamamos el pre‑recuerdo, una reminiscencia de la gloria perdida de antaño, y la disposición para el cambio fundamental. Cuando esta disposición se manifiesta de forma perseverante y constante en los actos cotidianos de la vida, el alumno recorre el camino que le conduce a la unión con la Escuela Espiritual. Esta unión significa: ser admitido en la Jerarquía de Cristo, volverse miembro vivo de la Iglesia de Cristo.

 

Después de haber leído esto, es posible, e incluso probable, que el lector permanezca algo indeciso. Sin embargo, este conocimiento se ha dado siempre a través de los siglos, aunque a veces bajo aspectos velados o fraccionados, y otras al contrario, en lenguaje muy claro pero igualmente incomprendido. Todas las grandes religiones mundiales han dado testimonio de la existencia de la Jerarquía, del cuerpo divino que se manifiesta en los hombres y por ellos. Todas las religiones han conocido y nombrado a entidades que pertenecían a este Cuerpo Viviente en perfecto estado de santidad y de fuerza.

Todas las religiones han tenido su panteón de liberados, y esto ha dado nacimiento a menudo a situaciones incorrectas y muy lamentables. Pensemos en el catolicismo romano, con su culto medieval de santos y prácticas clericales. En él, ciertas entidades fueron proclamadas como pertenecientes a la Jerarquía de Cristo, según una voluntad arbitraria y exclusivamente exotérica, motivada por razones político‑religiosas, mientras que otras entidades, quizás más meritorias, fueron alejadas.

De esta forma nació y se extendió un panteón, formado y desarrollado por la arbitrariedad terrena y por intereses clericales. De esta forma, imitando a la Jerarquía de Cristo, apareció una jerarquía clerical, un cuerpo extremadamente peligroso en muchos planos de la materia y del espíritu. Sobre ello volveremos más adelante.

A este mismo respecto hemos de mencionar el brahamanismo, el budismo tibetano y el islamismo, los que también con su panteón de santos han degenerado en religiones puramente formales, engendrando igual peligro.

La Reforma, como reacción natural contra la decadencia católico romana, declaró con razón la guerra a este panteón de santos y a sus desastrosos efectos, rechazando con ello a la jerarquía clerical de Roma. Sin embargo, reconozcamos que al mismo tiempo y por ignorancia, el protestantismo rechaza y niega la esencia de la Jerarquía de Cristo y, al igual que en otras cuestiones, pone en duda la verdad.

La Jerarquía de Cristo es por naturaleza absolutamente anónima, pues los miembros vivos del Corpus Christi son uno con El. Al encontrar a uno o a varios miembros de esta Jerarquía, lo más que podemos suponer es encontrarnos delante de una entidad de esta clase, ya que jamás se presentará de otro modo que como servidor de Cristo y de la Escuela Espiritual. Así se evita el peligro de que una masa ignorante forme un panteón de santos.

 

Esperamos haberle aclarado, mediante la explicación anterior, el triple ser de Dios, activo en y con la Escuela Espiritual para la liberación de la humanidad, y habérsela mostrado como un valor real que puede ser conseguido directa y concretamente en el presente por usted, sin necesidad de recurrir a alguna autoridad o a la historia.

 

Si ahora, en consideración al lector, tomamos la Biblia, comprobaremos que nada hemos dicho que no pueda verificarse. No obstante, el hecho de que se encuentre en la Biblia no hace que algo sea cierto, ya que aunque no se encontrase en ella no dejaría de serlo. El alumno debe elevarse por encima de la autoridad de la letra impresa y de cualquier autoridad exterior. La verdad se liberará entonces en él y se dará siempre a conocer en él como tal.

Por lo tanto, puede consultar la Primera Epístola a los Coríntios, capítulo 12, y la de los Efesios, capítulo 5, versículo 30, en donde se habla de «los miembros de su cuerpo». Vea a continuación diferentes sentencias del Evangelio filosófico de Juan: «Vendremos y viviremos junto a él.» «Permaneced en mí como yo en vosotros.» «Todo lo que me pertenece es vuestro.» «Yo he sido glorificado en ellos.» «Yo les he dado la gloria que tú me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos, tú en mí.» «Mi deseo es que donde esté yo, estén ellos también conmigo.»

Cristo no pronunció estas palabras para el hombre terrenal o para la organización que en la tierra se denomina «iglesia», sino para la unión de los que, en él, se han liberado de la tierra, que en la Biblia se designa a veces con el nombre de Ekklesia, es decir, Escuela Espiritual.

 

Desde que empezamos nuestro trabajo, mediante el cambio fundamental y el impulso espiritual del pre‑recuerdo, nos hemos colocado bajo la ley divina, bajo la enseñanza de la ley divina y bajo la aplicación de la ley divina. Nos armonizamos así con la Jerarquía de Cristo, la Escuela Espiritual, para elevarnos hacia ella, de abajo hacia arriba, mediante magia e iniciación.

Por ello, con íntimo agradecimiento podemos comunicar que desde el 20 de Agosto de 1953 se ha vuelto un hecho la unión con la cadena magnética de la fraternidad universal, en la cual nuestra joven Fraternidad Gnóstica ha sido aceptada como participante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 3

 

Magia (*)

 

Si buscamos la palabra «magia» en una enciclopedia, la encontramos como sinónimo de «brujería». Según la explicación ahí dada, la magia es «un arte quimérico que permite efectuar cosas sobrenaturales por medios secretos». También leemos: «Por regla general se admite que la magia era practicada por pueblos poco civilizados». Se añade que los griegos y los babilonios reconocían en la magia cierto fondo de sabiduría y que especialmente los neo‑platónicos veían en ella un medio de elevación. El texto de esta obra de consulta da a entender que quizás la magia trataba de fenómenos muy interesantes de un lejano pasado, pero que no tienen validez científica hoy en día. Todo lo expuesto a este respecto por los eruditos recopiladores nos ha parecido poco realista y falso, y revela una ignorancia tan grande en la materia, que hemos vuelto a cerrar la enciclopedia.

Sería inútil asombrarnos, ya que si queremos conocer algo esencial y verídico sobre la magia, no es una biblioteca la que nos dará la solución. Deberemos profundizar en la Enseñanza Universal. Esta no es ningún libro, sino que es el segundo aspecto de la actividad divina: es la enseñanza de la ley del espíritu, es la luz que nos explica el plan del Padre.

Sin duda alguna hay libros buenos y serios que tratan de la Filosofía Universal, pero la verdadera comprensión, la penetración, concepción y visión sólo pueden proceder del pre‑recuerdo y del cambio fundamental.

La magia, concebida en su esencia, no es otra cosa que la reconstrucción y la aplicación de una posesión original, de un poder original. Queremos decir con esto que el hombre en su origen, a diferencia del hombre actual, disponía de fuerzas y poderes grandes y maravillosos. En efecto, el hombre era en aquel tiempo un verdadero «hijo de Dios» y poseía poderes maravillosos en estado de perfección y en libre desarrollo, era «perfecto como nuestro Padre Celestial es perfecto».

El hombre de hoy es una caricatura comparado con el hombre de antaño, es la imagen envilecida de un estado luminoso perdido. Observemos también que consideramos falsa la idea de una evolución libre y de un desarrollo automático en espiral de nuestra humanidad actual. Hablaremos de ello más adelante.

Los participantes en la Jerarquía de Cristo han permanecido en un estado luminoso original, o bien han vuelto a él en diferentes estados de desarrollo. Estas entidades están en posesión de sus poderes de luz y fuerzas de luz originales en diversos estados de desarrollo. Son el testimonio vivo de que Dios se manifiesta a través de su creación y de sus criaturas. Si comparamos a estas entidades en su triple aspecto de voluntad, sabiduría y actividad con los hombres de la masa, la diferencia es realmente extraordinaria.

 

Estos hombres libres o liberados poseen en realidad sus poderes y fuerzas naturales, mientras que nosotros, en nuestro estado de ser actual somos subhumanos. El camino de regreso, o renacimiento gradual a nuestra naturaleza divina original con todas sus consecuencias, es un desarrollo gnóstico conocido como ars magica, arte mágico, o como reconstructio, arte real.

Todos los que, desde abajo hacia arriba, guiados por el impulso sanguíneo del pre‑recuerdo y por el cambio fundamental, se acercan a la Jerarquía de Cristo, llegan a ejercer este arte real por ser capacitados para ello por la triple fuerza de radiación divina que brota de la Jerarquía.

Preferimos hablar de «arte real», de arte real de la construcción, porque todas las palabras y conceptos relativos al «ocultismo» y la «magia» se han corrompido por un uso incorrecto. Por eso evitamos emplear estas palabras en la medida de lo posible.

Todos los que buscan y se acercan a la Escuela Espiritual, en concordancia con la palabra del Señor y con lo que dicen todas las grandes religiones mundiales, «están destinados a volver a ser reyes y sacerdotes», es decir, protectores y guardianes, así como personas que irradian los valores y las fuerzas divinos, y por lo tanto, son representantes de Dios en todos los campos de la materia y del espíritu. Son los llamados al verdadero sacerdocio, y serán después los llamados al desarrollo y a la manifestación, en una magnificencia dinámica, de todo lo que Dios ha previsto para el hombre, es decir, para la verdadera realeza.

Inútil decir que semejante sacerdocio y realeza se compenetran mutuamente. Un verdadero sacerdote es también un verdadero rey, y tal rey se reviste del verdadero sacerdocio. La frase del Sermón de la Montaña, dirigida por Cristo a sus discípulos, se adapta perfectamente a lo que precede: «Vosotros sois la Luz del mundo. Así ha de brillar vuestra Luz ante los hombres, para que viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos».

Cuando hablamos de nuestro «alumnado», nos referimos a este desarrollo real y sacerdotal que forma un todo. El aprendizaje de este arte real está evidentemente sometido a un desarrollo progresivo, cuyo origen es el impulso espiritual del pre‑recuerdo y del cambio fundamental.

De esta forma, el alumno ve claramente el gran objetivo final que tiene que alcanzar:

11 volver a ser lo que Dios quiere que seamos;

21 entrar en el estado luminoso de la Jerarquía de Cristo;

31 trabajar con todos los liberados al servicio del Gran Maestro para la salvación del mundo y de la humanidad.

Este objetivo tan sencillo garantiza que toda arbitrariedad y todo egocentrismo quedan desplazados, y coloca en primer plano al gran plan divino, representado por la Jerarquía de Cristo y sus innumerables miembros anónimos.

La reconstructio, llevada a cabo en el alumno y a través del alumno, al servicio del gran plan, es la base de la verdadera magia blanca, es decir, la magia gnóstica.

Por el hecho de hablar de magia blanca se sobrentiende que admitimos la existencia de una magia negra. Además de estas dos magias, hablamos también de magia gris, de magia negativa y de magia forzante. La magia negra es la ejercida con la intención expresa y consciente de apropiarse de los resultados, o también la magia ejercida con un propósito absolutamente malo y hasta criminal.

 

La magia gris es la ejercida con una intención puramente experimental y cuyos resultados se emplean para fines puramente terrenales.

En la magia negativa, el objetivo no es malo, ni experimental ni terrenal, sino que se trata de llegar al objetivo sin cumplir las exigencias del alumnado; esta magia nunca podrá conducir a la gran meta.

La magia forzante es una forma especial de magia gris y negativa que conduce siempre a situaciones indeseables y malsanas.

En todas estas formas de magia no blanca, con su cortejo inevitable de peligros, cae quien, impulsado por el pre‑recuerdo, no está dispuesto a emprender el cambio fundamental, a causa de una individualidad demasiado acentuada o de una sujeción demasiado fuerte a la materia. Tal hombre rechazará las indicaciones y los consejos de la Escuela Espiritual de buena fe.

Es completamente cierto que todas las personas en las que opera el pre‑recuerdo consciente se ponen en contacto, en un momento dado y de una manera u otra, con trabajadores de la Escuela Espiritual enviados para despertarles a la Nueva Vida. También es completamente cierto que un hombre que, estando en posesión de un pre‑recuerdo consciente, rechaza dicha mano tendida, cae en la magia negra, gris o negativa, efectuando así precisamente lo contrario de lo que su pre‑recuerdo le ha hecho anhelar; va hacia una caída todavía más profunda en la angustia de este mundo de tinieblas y quimeras y hacia una unión más estrecha con la rueda del nacimiento y de la muerte.

Se dice que cada candidato recibe dos ocasiones para recorrer el Camino de la Liberación. Si no hace uso de ellas, no se le dará una tercera ocasión en esta vida. Sólo el intenso sufrimiento que va a la par con un hundimiento todavía más profundo en la materia será capaz de conducirle a un estado de conciencia más puro y maduro.

En la magia negra no se ignora nada. Sus servidores tienen conciencia absoluta de su pecado y van hacia su irremediable perdición. En efecto, el que practica la magia negra se encierra en un círculo vicioso, ya que si se dedica una vez a su práctica, debe efectuarla otra vez para escapar a las consecuencias de la primera tentativa, yendo así de mal en peor.

Los magos negros, que operan en más de un plano de la materia y del espíritu, se han asociado para defender su causa y combatir lo más posible la magia blanca, ya que se sabe que la perseverancia de la magia blanca debe acabar un día con la magia negra. Por esta razón todo practicante de la magia negra teme y odia mortalmente a la Fraternidad Universal, de la misma forma en que las tinieblas huyen de la luz.

Podemos plantear la pregunta: «¿Por qué la Fraternidad Blanca, mucho más poderosa que la negra, no destruye a esta horda tenebrosa?». Nunca se deberá perder de vista que lo blanco nunca entabla una lucha contra lo negro. Lo blanco no lucha. Lo blanco manifiesta la intención divina en la certeza absoluta de que lo negro acabará por destruirse a sí mismo, de la misma manera que el escorpión se destruye a sí mismo cuando es encerrado en un círculo de tiza.

 

La ley del amor sostiene a todo el Cosmos, y todos los que se someten a esta ley son infinitamente fuertes e invencibles. Las palabras del salmista: «Aunque tenga que pasar por un valle tenebroso, no temo mal alguno, porque Tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado son mi consuelo», dan testimonio del espíritu y de la realidad en que viven y obran los trabajadores blancos.

Por eso, la Escuela Espiritual, sostenida por la ley del amor, no se impone nunca. No fuerza a la humanidad, ya que la reacción espontánea con respecto a la Ley del Amor se lleva a cabo libremente, puesto que es la consecuencia de un despertar interior y de un devenir consciente. Sólo entonces el Amor adquiere todo su valor.

La Escuela Espiritual coloca a veces en situaciones particulares o prepara ciertos estados con el fin de conducir a los hombres al conocimiento, a la comprensión y al despertar. Sin embargo, los hombres jamás son forzados, ya que sólo el despertar interior y un estado de ser consciente puede conducirles a la liberación.

La magia negra, en su temor y deseo de mantenerse, abusa del método universal de la Ley del Amor practicado por la Fraternidad Blanca para desviar lo más posible del Camino de Salvación a los hombres en general y a los candidatos en particular, suscitando a su paso barreras, trabas y trampas, mientras el amor no les haya aún liberado por completo.

No obstante, esto no es un obstáculo invencible para el alumno, ya que cuando se manifiesta su debilidad se le envía ayuda, si la pide de la manera apropiada. Por esto nadie caerá si interiormente no lo desea.

Es comprensible que las fuerzas negras obstaculicen y frenen, ocasionalmente, el progreso de la Luz vencedora de manera artificial, con una fuerte resistencia, especulando e influyendo sobre el hombre no liberado de la naturaleza inferior. Según nuestras normas humanas limitadas, sabemos que los molinos de Dios pueden moler lentamente, pero de todas formas muelen con perfección.

Las magias grises y negativas dependen siempre de subterfugios, abusando consciente o inconscientemente de ciencias mágicas o semi‑mágicas, tales como la astrología, el espiritismo, el magnetismo y el hipnotismo. Estudiaremos estas cuatro semi‑magias más adelante.

Mediante la magia forzante, que pertenece a la categoría de magia gris o negativa, los interesados se esfuerzan por alcanzar ciertos resultados con plantas, con ejercicios respiratorios y de concentración, mediante el olfato (incienso), fijando la mirada en una bola de cristal, etc… Los que emplean esta magia ignoran generalmente los inmensos peligros a los que se exponen. Los peligros del incienso para la masa se describirán en otro capítulo. La magia forzante se manifiesta en toda su negatividad cuando la confrontamos con la realidad de la iniciación. En el capítulo siguiente estudiaremos lo que la Escuela Espiritual crística entiende por iniciación.

Por último, recordamos a los que dudan y consideran la Biblia como una autoridad irrefutable de la que no se puede prescindir, y con respecto a la ciencia real y sacerdotal, las palabras del Evangelio de Juan, capítulo 16, versículo 25: «Esto os lo he dicho en parábolas; llegará la hora en que ya no os hablaré más en parábolas, sino que os hablaré claramente del Padre…», y del Apocalipsis, capítulo 1, versículo 6: «A quien nos ha hecho reyes y sacerdotes para su Dios y Padre…».

 

Permítanos añadir aún que todo lo que se encuentra en la Biblia está escrito en un lenguaje velado, cuyo verdadero significado sólo podrá ser alcanzado y asimilado por medio del ars magica, el arte real y sacerdotal, en la medida en que, por el impulso espiritual del pre‑recuerdo y preparado por el cambio fundamental, usted se vuelva hacia la viviente Jerarquía de Cristo.

Todo lo que entonces entenderá y recibirá es tan formidable, grandioso y magnífico, que todos los libros de la tierra no bastarían para contenerlo.

 

 

 

NOTA AL PIE DE LA PRIMERA PAGINA DE ESTE CAPITULO:

 

(*) Con el fin de evitar confusiones y comprender claramente lo que es la magia, dejemos establecido que cuando en este capítulo hablamos de magia blanca, nos referimos a la magia gnóstica, y no a la supuesta magia blanca de la dialéctica, la cual pertenece al ocultismo. La magia gnóstica es el trabajo efectuado al servicio de la Jerarquía y en su fuerza, en beneficio de la Gran Obra de salvación de la humanidad.

 

 

 

 

Capítulo 4

 

Iniciación

 

El hombre que se siente atraído hacia la Escuela Espiritual de los Hierofantes de Cristo puede aproximarse a ella si le impulsa verdaderamente el pre‑recuerdo, si sobre esta base emprende el cambio fundamental y persevera en él, y si de este modo el camino se abre para conducirle hacia la verdadera magia y la iniciación.

Vamos a completar nuestras disertaciones introductorias para tratar de profundizar en lo esencial de la noción «iniciación».

Por «iniciación» entendemos la admisión progresiva en la Jerarquía, y la confirmación sacramental de las facultades y fuerzas del hombre original en el hombre nuevo renacido.

Estas fuerzas, estas facultades y este nuevo estado de ser son conservados y protegidos por la Jerarquía como Misterios.

Queremos distinguirlas en siete aspectos:

 

11*un conocimiento superior completo, una sabiduría absoluta, que no debe confundirse con el estudio y la comprensión intelectuales de una enseñanza determinada. Es el ascenso interior a la Enseñanza Universal, el conocimiento interior y la penetración en el luminoso Plan de Dios;

 

21*una identificación con la fuerza divina o comunión interior consciente con el Señor (la Jerarquía) basada en la razón superior e interior expuesta en el primer aspecto;

 

31*la expansión de la verdadera voluntad del hombre, es decir, la perfecta adaptación de la voluntad humana con la voluntad divina, «querer solamente lo que Dios quiere que queramos». Esto no representa una sumisión disciplinada de la voluntad personal, sino una armonización de la voluntad basada en una razón iluminada y en una comunión íntima con Dios;

 

41*la realización de la purificación y la dinamización de estos tres desarrollos, uniéndose a un campo de trabajo y poniendo lo recién adquirido al servicio de una tarea, una misión en favor de la gran obra;

 

51*el cambio estructural de la conciencia, del alma y del cuerpo, como culminación del proceso de renacimiento;

 

61*la entrada al servicio de la gran obra de liberación, poniéndose en contacto con la humanidad; y

 

71*la entrada en la libertad absoluta como sacerdote‑rey, formando parte integrante de Cristo, del Corpus Christi (la Jerarquía).

 

Los tres primeros aspectos son las tres fases del maravilloso nacimiento del hombre nuevo. El cuarto aspecto es la ofrenda de la vida y el camino de cruz del hombre nuevo. El quinto aspecto es la resurrección del hombre nuevo. El sexto aspecto es la ascensión al cielo. Y el séptimo aspecto es el descenso del Espíritu Santo en el hombre nuevo.

Todo lo que pertenece a este desarrollo no puede ser negado a nadie. El camino de la realización se abre a todos, siempre que se quiera cumplir las condiciones exigidas. Como decíamos anteriormente, todos los Misterios están protegidos. Ellos nos deben ser ofrecidos, es decir, debemos ser unidos sacramentalmente a ellos por la Jerarquía y a través de uno de sus enviados. Este proceso no puede ser omitido.

La protección de los Misterios es necesaria para evitar cualquier desastre. Hay, en efecto, facultades y fuerzas que sólo pueden desarrollarse con seguridad en hombres nuevos, ya que pueden causar catástrofes espantosas en manos de seres incompetentes o malévolos.

Sin embargo, a todos los que verdaderamente son de buena voluntad se les garantiza plena libertad para entrar en los Misterios, según la validez inmutable de la Ley: «El alumno está preparado, el Maestro aparece». Esta sentencia es un axioma magnético que excluye toda arbitrariedad e impostura. Por lo tanto, nadie puede ser frenado en su desarrollo.

Es evidente que en la iniciación hay diferentes grados o escalones, es una subida gradual, consistente en un ascenso emprendido bajo la égida de numerosos guías, sostenida por una ayuda científicamente organizada.

A este respecto, la locura de la ilusión del yo ha dado nacimiento a nociones absolutamente erróneas. El hecho de querer ser «libre» cueste lo que cueste ha roto para muchos candidatos un lazo lleno de promesas.

Para muchos, la noción «iniciación» es extraña y mal definida, aunque su realidad y su verdad estén arraigadas profundamente en todas las religiones mundiales y muy poderosamente en el cristianismo. Esto debe ser necesariamente así, ya que sin la iniciación, el cristianismo, en tanto que camino hacia lo alto, no tendría valor. Desgraciadamente, el saber relacionado con la iniciación ha sido completamente desvalorizado por el catolicismo y rechazado por el protestantismo.

La naturaleza y el proceso de admisión en la Jerarquía se describen ampliamente en la Biblia. La Jerarquía o Escuela Espiritual es designada en el Nuevo Testamento bajo el nombre de «ekklesia». La traducción de la Biblia utiliza preferentemente la palabra «comunidad». Cuando Pablo habla refiriéndose a la ekklesia, en las iglesias se produce una gran mistificación al creer que se refiere al término «iglesia» en el sentido actual de «parroquia».

 

 

Nuestro tema exige que nos refiramos a los dos estados y actividades de la iniciación: el primero es importante para el alumno, es la consecratio, y el segundo es importante especialmente para todos los que se acercan al campo de actividad del alumno, es la benedictio.

La consecratio es la iniciación, el lazo entre la Escuela y el alumno. La benedictio es la influencia del iniciado sobre el profano, la unión entre el iniciado y el profano. Por la benedictio se abre el camino a la consecratio.

Aunque es evidente, digámoslo: ni la benedictio ni la consecratio pueden adquirirse con bienes o dinero, mediante posición social, por elección arbitraria o cosa parecida. Ellas tampoco dependen de algún ceremonial con el fin de impresionar al candidato. Lo que a veces en una iniciación parece ceremonia, es en realidad una actuación mágica.

Todo ello está regido por la ley citada: «El alumno está preparado, el Maestro aparece». Sólo la calidad interior del candidato, apoyada en el pre‑recuerdo y en el cambio fundamental, es determinante y decisiva.

 

Cuando un hombre, empujado por el impulso espiritual del pre‑recuerdo, se pone de nuevo a buscar su destinación; cuando empieza a darse cuenta de su separación y su estado de abandono, y en su subconsciente toma conciencia de las innumerables riquezas y las bellezas indecibles que le esperan, entonces surge de él una vibración magnética.

Esta vibración magnética puede ser intensificada a medida que la noción de lo que él busca se hace más precisa, por ejemplo, con la lectura de un libro que le hace sentir precisamente su carencia interior. Esta vibración se refuerza mucho por lo que denominamos la «oración».

Orar es proyectar desde el corazón hacia lo alto, en imágenes‑pensamiento dirigidas, nuestro estado interior, es decir, lo que nos falta, nuestras ideas, nuestro agradecimiento o nuestra alegría. Dicha vibración magnética evoca siempre una respuesta, que es una vibración concordante con la emitida. Si la oración es primitiva y egoísta, la respuesta será una reacción que no aportará al interesado ninguna salvación, ninguna ayuda liberadora, sino que agravará su estado. Si contiene odio, la respuesta será un dolor profundo que le abrasará como una quemadura, etc. A este respecto interviene una ley natural y un reflejo automático.

Ahora bien, llega un momento en que la vibración magnética emitida por el buscador empujado por el pre‑recuerdo alcanza cierta calidad, pues en ella se encuentran elementos verdaderamente no terrestres. Cuando éste es el caso, la imagen‑pensamiento es captada por la Jerarquía y al reflejo natural se añade una reacción personal. Esta reacción personal, esta ayuda personal se presenta siempre de forma impersonal, es decir, que el interesado es guiado muchas veces sin que se dé cuenta, y es puesto en contacto de una u otra forma con un enviado activo en la esfera material en nombre de la Jerarquía. Dicho enviado es un ungido de la Jerarquía que ha recibido poder para «bendecir y sellar», o sea, para efectuar un lazo indirecto entre el candidato y la Jerarquía por medio de su unión directa con el candidato. Esto es la benedictio.

 

El trabajador enviado proyecta realmente hacia adelante la sombra de la Escuela Espiritual y el candidato entra así en la sombra de las cosas futuras y ve perfilarse un camino hacia lo alto, un camino preparado para él, con un amor indecible, a la medida de sus fuerzas.

Es absolutamente imprescindible entender lo que quiere decir este camino a la «sombra»: el candidato se encuentra a la sombra del enviado, y el enviado a la sombra de la Jerarquía. Y así, ambos se encuentran a la sombra del Señor y de la Trinidad Divina.

Este significado de la palabra «sombra» no es una invención del autor, sino que se conoce en todas las grandes religiones mundiales. Desde el Génesis hasta el Nuevo Testamento se habla frecuentemente de la
«sombra», en parte en el sentido común de la palabra y en parte en su sentido gnóstico.

En el Salmo 121 se dice: «El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha». Estas palabras dichas a los iniciados, se refieren a la unión efectuada en el sentido de la consecratio.

En los Hechos de los Apóstoles, capítulo 51, se dice: «…hasta el punto de sacar a las calles a los enfermos y ponerlos en los lechos y camillas, para que, llegando Pedro, al menos su sombra los cubriese». La unión se entiende ahí en el sentido de la benedictio.

Cuando un hombre se encuentra en la fuerza de radiación de la Jerarquía, del Sol Espiritual, y es tocado por un rayo de la Luz Universal, esta fuerza se transmuta e irradia de nuevo en él. Esta es la sombra que esta persona proyecta y que representa cierto poder de fuerza. Si dicha sombra pertenece a una persona que forma parte de la Jerarquía y trabaja de manera consciente a su servicio, dicha persona tiene «una sombra a su derecha», lo que quiere decir que puede disponer positivamente de la fuerza transmutada en él para efectuar un bien espiritual al servicio de la Luz.

El enfermo ‑el hombre en su estado dialéctico‑ que se encuentra en dicha sombra, es decir, en dicho campo de fuerza, es llevado a la curación, la cual consiste a veces en un proceso largo y dramático.

Mediante la benedictio se produce entre el candidato que recorre realmente el Camino y la Jerarquía un contacto cada vez más íntimo, el cual tiene como resultado la curación del enfermo. La benedictio se convierte para él en un ascenso, y la consecratio en una entrada en la Jerarquía. En concordancia con la ley de la vida interior, el alumno que se ennoblece para ello, encuentra a su lado al Maestro que le conducirá a la fase de la iniciación.

 

Un punto que habrá quedado quizás oscuro y que deseamos esclarecer lo mejor posible es el de la inexorabilidad del desarrollo que acabamos de describirles. ¡En verdad, no hay otro camino! Aunque el protestantismo lo niegue y el catolicismo romano lo desnaturalice, ¡seguirá siendo el único Camino! ¿Por qué?

El Creador se manifiesta por su creación y por su criatura. Este es el Plan de Dios. Y puesto que la Jerarquía existe y se compone de criaturas liberadas en la fuerza del Padre, y puesto que la triple fuerza divina irradia en la Jerarquía en general, y en su cabeza y espíritu, que es «Jesucristo», en particular, la Jerarquía es la guardiana de todos los misterios divinos, y, como sombra de la única luz universal, se acerca a nosotros mediante las cabezas, los corazones y las manos de los seres humanos.

 

Esta realidad también se reconoce filosóficamente en todas las religiones mundiales. Contentémonos con algunas citas bíblicas: «Nadie va al Padre sino por mí». «Sin mí nada podéis». «Todo el poder me ha sido dado sobre el cielo y la tierra». «El que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».

Y puesto que Cristo se acerca al mundo y a la humanidad mediante la Jerarquía, nada podemos evitar de su actividad. Por muy estrecha que parezca esta puerta, es, sin embargo, la única. Si la pasamos, entramos en la verdadera libertad.

El lector atento habrá advertido sin duda que el método de desarrollo indicado no tiene nada de dictatorial ni de autocrático, sino que es perfectamente democrático: es la sancta democratio. Ya que se basa en la ley tan frecuentemente citada: «Cuando el alumno está preparado, el Maestro aparece».

Por lo tanto, está claramente establecido que la benedictio no puede ser omitida, poco importa cómo se nos presente. Ella siempre viene hacia nosotros mediante seres humanos, ya que Dios opera a través de ellos.

En lo concerniente a la benedictio, es decir, a la actividad de la Jerarquía en la esfera material, se han seguido dos métodos en el transcurso de los siglos: un método experimental y un método directo.

La historia del mundo nos muestra el estado de conciencia de la humanidad como un estado de somnolencia, seguido regularmente por un estado de semiconsciencia limitada, fruto de la elevación que sobreviene después de cada descenso. El último estado de cierto despertar espiritual se desarrolló alrededor del siglo trece. En nuestra época, setecientos años después, se prepara un nuevo período de despertar espiritual. Tal época de despertar de la conciencia espiritual es siempre introducido por la Jerarquía utilizando el método experimental, seguido, en el momento psicológico, por el método directo.

El método experimental se da a conocer mediante una corriente de literatura esotérica, mediante movimientos esotéricos experimentales, mediante una séptuple actividad experimental de proyección de «sombra». El trabajador que debe efectuar la benedictio en esta fase, se encuentra en posición negativa con relación al posible resultado, es decir que todo sucede fuera de su responsabilidad. Este método de trabajo experimental se emprende únicamente con el fin de activar el despertar.

Tal como se ha dicho, este método es reemplazado, en el momento psicológico, por el método directo. Entonces, la corriente de luz espiritual se refuerza tanto, se vuelve tan potente y dinámica, que los trabajadores que efectúan la benedictio en país hostil pueden emprender un inmenso trabajo mágico con un poder de expansión incomprensible para el profano. El gran objetivo de esta magia directa es formar en este mundo, aquí abajo, el núcleo de una Fraternidad Mundial Estática, y con ella y por ella formar un nuevo campo de vida.

Este noble fin también fue alcanzado en el siglo trece y las consecuencias fueron tan formidables que todavía nos influyen después de siete siglos.

Los miembros de esta fraternidad entraron en la liberación. Se volvieron miembros de la Iglesia invisible de Cristo. Incorporados a la Jerarquía, siguen con ferviente atención a los que, en este siglo veinte, son llamados para dar un nuevo paso hacia la liberación final de la humanidad.

 

Los llamados reúnen sus fuerzas. Una tropa de Gedeón se ha formado y está creciendo. El tiempo de la acción ha llegado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 5

 

¿Qué está sometido a la iniciación?

 

Después de la lectura del capítulo anterior, se entenderá que todavía queda mucho por decir sobre la iniciación. Una de las preguntas más importantes que se planteará después de haber reflexionado sobre el tema será: ¿Qué está sometido a la iniciación?

La respuesta que vamos a dar esclarece la actividad específica de la Rosacruz. Algunos creen que sólo es iniciada una parte de la personalidad humana, otros creen que el conjunto de la forma corpórea, elevada a un estado de sublimación, puede llegar a la iniciación. Todavía hay otros que creen que la forma corpórea debe descuidarse por completo y que la iniciación sólo consiste en una exaltación del alma en la Luz; finalmente otros sólo toman en consideración una renovación puramente espiritual.

Estos pareceres y opiniones divergentes ponen de manifiesto la confusión general en materia de iniciación y justifican nuestra pregunta: ¿Qué es iniciado? A esta pregunta responderemos de la siguiente manera: no es el cuerpo, no es un cuerpo tal vez regenerado, no es un alma purificada, ni tampoco es una forma puramente espiritual.

La noción de «iniciación en el cuerpo» ¡se refiere a algo totalmente distinto! La Jerarquía no se interesa por el hombre dialéctico, aunque sea vegetariano, se abstenga de beber alcohol y de tomar narcóticos, lleve una vida pura y aplique todas las leyes esotéricas y humanitarias.

Por «hombre dialéctico» entendemos el hombre que ha nacido y se ha desarrollado en el orden natural ligado a la rueda del nacimiento y de la muerte, al ciclo perpetuo de todas las cosas de este mundo: subir, brillar y descender, y que está sometido a las leyes de atracción y de repulsión.

Es absolutamente imposible que este hombre dialéctico según la conciencia, el alma y el cuerpo pueda volverse un hombre de la estática, es decir, un hombre que viva y se mantenga en la Jerarquía, un redimido que participe de la magnificencia eterna de Dios. El hombre dialéctico, en cualquier fase de su desarrollo, aunque posea un pre‑recuerdo profundo, aunque se crea cambiado fundamentalmente y aunque tenga grandes afinidades mágicas, no puede entrar en la estática: «La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de los Cielos». Y todas las grandes religiones mundiales afirman, tanto en su enseñanza exterior como en la interior, que «Dios no considera en nada a las personas».

No hay en Dios, ni por lo tanto en la Jerarquía, el más mínimo interés por tal o cual persona, y nunca se ha obtenido un resultado positivo de esta forma, ni después de que tal o cual persona se hubiese intentado desarrollar mediante magia o consagración. Si a pesar de todo hablamos de «iniciación en el cuerpo», es evidente que esto encierra un misterio, no un misterio premeditado, sino una noción que se ha hecho incomprensible a causa de una mistificación humana y de la ignorancia de sacerdotes y teólogos. Cuando el Cristo habló al respecto a Nicodemo, refiriéndose al renacimiento, le dijo: «¿Eres maestro en Israel y no sabes esto?»

 

Pues bien, hay un proceso de renacimiento, indicado igualmente en el Prólogo del Evangelio de Juan, que no se explica ni por la sangre (o la sangre renovada), ni por la voluntad (o la voluntad renovada) de la carne, ni por la voluntad del hombre. En otros términos: el hombre dialéctico no toma parte en ello. El verdadero hombre nuevo no puede nacer de un proceso eugenésico espiritual por la voluntad del hombre.

 

En la Escuela Espiritual no se considera a las personas. ¿Qué entendemos por «persona» o «personalidad»? La personalidad es la parte de la manifestación humana que distinguimos después de una observación profunda, con los nombres de:

‑ cuerpo material,

‑ cuerpo etérico,

‑ cuerpo del deseo, y

‑ poder del pensamiento.

 

Llamamos igualmente a estos cuatro aspectos reunidos «la forma corpórea». A la personalidad o forma corpórea pertenece igualmente una parte del alma: el alma dialéctica o alma‑sangre. Más adelante hablaremos más detalladamente de estos aspectos, así como de la forma psíquica y de la forma consciente.

Retengamos por el momento que esta personalidad o estructura corpórea (agrupada por el alma dialéctica) no puede ser aceptada por la Escuela Espiritual, como tampoco puede serlo la estructura psíquica ni la consciente. Esta personalidad, por más que lo intente, no puede ser tomada como base de una vida en el orden mundial estático.

La personalidad actual se encuentra estructuralmente en un estado de completa incompatibilidad con la personalidad del hombre original. La diferencia no consiste solamente en densidad o en frecuencia vibratoria, sino en una diferencia estructural, anatómica y orgánica que impide a la personalidad actual entrar en el Reino de Dios: «La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios», ¡es científicamente imposible!

Por ello, esta advertencia tiene resonancia en cada hombre que quiere acercarse a la Escuela Espiritual: «Quien no nazca de agua y de espíritu no puede entrar en el Reino de Dios». «Agua» se emplea aquí en el sentido de «materia cósmica original»; en el mismo sentido que se emplea en el Génesis: «El Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas». «Espíritu» se refiere al núcleo espiritual divino o núcleo de conciencia universal que debe ser «resucitado de entre los muertos». De esta manera, la frase de Cristo anteriormente citada demuestra la necesidad de la resurrección del hombre original para poder entrar de nuevo en la patria perdida.

 

El hombre original está unido actualmente a una personalidad terrestre no comprendida en el Plan de Dios, la cual le permite expresarse en el mundo dialéctico material. Esta personalidad es de esta naturaleza y surge de esta naturaleza, compartiendo la suerte de lo perecedero, compartiendo la descomposición y la muerte ininterrumpida de todo lo que nace aquí abajo. Por consiguiente, esta personalidad es mortal. No debe ser conservada, aparte de que es imposible. Por esta razón ‑y éste es el gran misterio‑ el espíritu nacido de Dios, que suspira y sufre en este mundo caído y está encadenado al peñasco de la dialéctica, se ve obligado a construir una personalidad nueva, celeste y original para su liberación y retorno a la obediencia de Dios.

Esta nueva personalidad debe levantarse en la antigua personalidad dialéctica, y se la llama también «el cuerpo celeste» o «el verdadero hombre nuevo». Los que disponen de tal personalidad en construcción son considerados aptos para la iniciación. La construcción estructural y potencial, la expansión y exploración de esta nueva personalidad, realizado por ella misma, es la «iniciación». Todo este proceso se efectúa bajo la protección y la dirección de la Escuela Espiritual.

El hombre consciente de esta nueva personalidad en gestación en él, al igual que Pablo en la Segunda Epístola a los Corintios, capítulo 5, dice: «Pues sabemos que si nuestro albergue terrestre, esta tienda de campaña, se derrumba, tendremos un edificio que proviene de Dios, un albergue eterno en el cielo, no construido por los hombres, y de hecho por eso suspiramos, por el anhelo de revestirnos la morada que proviene del cielo».

Y además espera que su prójimo sea encontrado «vestido», y no «desnudo» en el momento de la muerte del cuerpo físico.

No se trata, pues, de un desarrollo automático y natural, sino de un desarrollo que sólo se efectúa con gran esfuerzo y «con temor y temblor».

En el hombre que ha erigido el tabernáculo eterno en sí mismo, se cumple la frase del Apocalipsis, capítulo 21: «Oí una voz potente que decía desde el trono: Este es el tabernáculo de Dios entre los hombres». Solamente entonces posee el hombre una personalidad que es verdaderamente un templo del Espíritu Santo.

 

El desarrollo de la nueva personalidad es un proceso muy largo que puede dividirse en tres fases principales: la fase de la concepción, la fase embrionaria y la fase del nacimiento, las cuales son guiadas por la Jerarquía, según la frase de Cristo: «Sin mí nada podéis».

Las dos primeras fases, la de la concepción y la embrionaria, se llevan a cabo mediante la benedictio. La fase del nacimiento es la fase esencial de la iniciación y presenta siete aspectos que hemos descrito en el capítulo anterior y que resumimos a continuación para su correcta comprensión:

 

11*el nuevo saber: el nacimiento de la nueva facultad del pensamiento;

 

21*la comunión consciente en el Señor, que es el desarrollo posterior de la nueva facultad del pensamiento mediante una radiación nueva del corazón: pensar con el corazón;

 

31*la expansión del nuevo ser de la voluntad: el devenir del nuevo cuerpo astral;

 

 

41*la colaboración efectiva de la cabeza, del corazón y de la voluntad que manifiesta una nueva actividad: el nacimiento del nuevo cuerpo etérico;

 

 

51*el nacimiento del nuevo cuerpo físico;

 

61*la unión de la nueva personalidad con el alma espiritual;

 

71*la unión de la nueva personalidad con el Espíritu Divino: la Victoria.

 

Los que están dentro de este proceso de santificación cristiana, dentro de la iniciación, testimonian al igual que Pablo en la Segunda Epístola a los Corintios, capítulo 4: «Por lo cual no desmayamos, sino que mientras nuestro hombre exterior decae, nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues la momentánea y ligera tribulación nos produce una riqueza eterna de gloria inconmensurable, y no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles, pues las visibles son temporales y las invisibles eternas.»

Así descubrimos que un nuevo Adán puede formarse en el viejo Adán. Prisionero todavía del cuerpo dialéctico, usted puede ocuparse de las necesidades de la vida terrestre, como comer, efectuar un trabajo, dormir, mientras prosigue sin trabas el crecimiento del nuevo cuerpo verdadero.

 

Desgraciadamente, el número de personas que poseen esta nueva personalidad en algunas de las fases de desarrollo es todavía muy reducido. Su número puede ser contado cómodamente. Para ellas es fácil rechazar la conciencia del yo y cambiar la orientación de su vida, puesto que se han vuelto impersonales.

Esta nueva personalidad es imprescindible a todos los verdaderos trabajadores espirituales para poder obrar en este mundo. Sólo entonces pueden ser empleados para la benedictio. Podemos decir con certeza que todos los que se encuentran en el Atrio de la Escuela Espiritual han recibido la semilla necesaria para la concepción en virtud de la benedictio, y ellos tienen la tarea de hacer que esta semilla fructifique. Los que al respecto trabajan sobre la base de la conciencia del yo y con la voluntad de la antigua personalidad se encuentran limitados de una manera u otra, ya que nunca pueden sobrepasar la fase de la dialéctica a pesar de todo su esfuerzo. La voluntad de la antigua personalidad nunca es liberadora, su trabajo nunca será de Cristo.

Cuán grandioso es descubrir y percibir en algún ser humano y a través de la personalidad exterior perecedera, al hombre eterno en crecimiento, al «Dios en la carne». Así vemos desarrollarse en el cuerpo la verdadera iniciación.

 

Se ha intentado llegar a la liberación por numerosos caminos sin estar en posesión de la nueva personalidad.

Se ha intentado escapar a la parte más cristalizada de la antigua personalidad con toda clase de ejercicios, y llegar al conocimiento superior y a la iniciación mediante los vehículos más sutiles. A esto denominamos división de la personalidad. Sin embargo, nunca se ha llegado más allá que a un poco de conocimiento intelectual, lo cual no tiene nada en común con el saber liberador y con la verdadera iniciación.

 

Otros seres, como los místicos y los pertenecientes a algunas órdenes monacales, han tratado de espiritualizar la personalidad terrestre con la penitencia y el ascetismo. A esto lo denominamos cultivo de la personalidad. En tales casos pueden experimentarse diversos fenómenos, como los que se han comprobado en Geert Groote, Eckehart y otros. Se sabe que ciertos santos romanos y otros puntos de apoyo de la jerarquía clerical romana llegaban a un estado de éxtasis espiritual con estados de desnutrición, de extrema pobreza deliberada y de otras prácticas repugnantes. En esto no existe la liberación ni la iniciación en la Jerarquía de Cristo.

Citemos para terminar los métodos y sistemas mágicos orientales, con su total negación, en ocasiones, de la materia y de la personalidad dialéctica; estos métodos también están completamente exentos de posibilidades liberadoras.

 

Aunque el hombre viva en un templo perecedero, y deba construir uno nuevo para llegar a la liberación, debe tomar temporalmente el antiguo templo como su única posesión. En el templo dialéctico, y por él, hay que construir el nuevo templo y trabajar con ese nuevo templo.

Por esta misma razón, Cristo no desdeñó «tomar la apariencia de un siervo» y, partiendo de una personalidad dialéctica, vivió el camino de la liberación. El trabajador de la Escuela Espiritual sigue a Cristo por el mismo camino. También el principiante que reconoce y acepta la realidad de su estado, debe poner el antiguo templo en un estado tal que las fuerzas de la naturaleza ofrezcan la menor resistencia posible. Por esto es necesario un cambio de vida en el que sólo debemos ver un sostén natural hacia el gran objetivo.

Para mantenerse en el universo, el hombre sólo dispone provisionalmente del antiguo templo, con todas las limitaciones, dolores y penas inherentes a esta posesión. El debe beber hasta la última gota del cáliz de la esencia humana dialéctica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 6

 

Involución ‑ Evolución

 

Todo lo que hemos dicho en los capítulos anteriores habrá hecho ver al lector que el camino que conduce a la iniciación es extremadamente difícil, y el lamento escuchado más de una vez: «No sabía que fuese tan complicado y duro», es completamente comprensible. Concuerda con la pregunta ansiosa de los discípulos: «¿Quién será santificado?». E igualmente llama su atención sobre el pasaje del Sermón de la Montaña en el que Cristo estimula a sus discípulos a que «entren por la puerta estrecha» cuando dice: «Estrecha es la puerta y angosta es la senda que lleva a la Vida, y pocos son los que dan con ella».

Todas estas advertencias muestran cuán profunda es la decadencia del hombre, caído en el abismo de este orden natural.

 

La enseñanza teosófica consideró esta caída como parte de la «involución» o descenso en la materia. Resultaba que una vez alcanzado el punto más profundo de la materialización ‑lo cual sería el caso de la humanidad desde hace algunos siglos‑ ésta participaría en la evolución, en la subida, en la espiritualización o en la liberación. Esta evolución tendría la forma de una espiral. Si este camino parecía demasiado largo, se indicaba otro más corto, el de la iniciación, que equivaldría más o menos a tomar un tren expreso. Este modo de concebir las cosas considera que el humanitarismo, la civilización, el intelectualismo, el interés por lo esotérico, etc., son signos de evolución.

Este punto de vista está en contradicción absoluta con la realidad, ya que proviene de una falsa interpretación de la sabiduría original, por un conocimiento incompleto o indirecto.

Se parte de la suposición de que si hubo una involución incondicional, entonces debía producirse a continuación una evolución igualmente incondicional. La enseñanza teosófica considera que la involución en su conjunto representa una especie de aprendizaje para la humanidad, una formidable peregrinación que el Logos deseó, y que este viaje debe conducir, según la voluntad de Dios, a un regreso evolutivo. A un hundimiento en la materia, según la voluntad de Dios, debe seguir una evolución fuera de la materia, también según la voluntad de Dios.

Así ve la teosofía la marcha de la humanidad y se mira con ligero desdén «el mundo de los espíritus vírgenes», compuesto por entidades que no han dado aún el primer paso en el camino de la involución. No son tan valientes como nosotros. Ellos están aún en casa, y nosotros estamos ya muy lejos.

 

Que estamos lejos es verdad, pero no está claro todavía en qué sentido lo estamos para la masa de los ciegos.

La aparición de este libro se explica por la necesidad de volver consciente al lector del estado real en que nos encontramos y la de marcar con caracteres de fuego en su cerebro esta realidad que no es nada halagüeña. Ello debe servirle de estímulo para que tome una decisión bien meditada, que sea punto de partida para un cambio total de vida.

 

¡No ha habido involución incondicional, ni tampoco hay evolución incondicional!

Usted debe familiarizarse con la idea de que nuestra supuesta involución podría ser muy bien «una caída», una catástrofe como consecuencia del pecado original. La Enseñanza Universal nos dice ‑y esto puede ser confirmado por investigaciones‑ que en realidad se trata de una caída y de un descenso real en un abismo terrible. Todas las religiones mundiales relatan esta caída y usted la encontrará en todos los mitos y leyendas, y también en los numerosos sistemas filosóficos de segunda y tercera mano que se derivan de dichas religiones.

El «mundo de los espíritus vírgenes» existe en realidad. Sin embargo, las entidades que allí viven no son vírgenes de conocimiento, de experiencia y de desarrollo espiritual, ¡sino vírgenes de pecado, de cristalización y de muerte! Este «mundo de los espíritus vírgenes» es el mundo humano original comprendido en el Plan de Dios. Es el Orden de Dios, el Reino de los Cielos. No debe ser confundido con el supuesto «cielo» de los cristianos exotéricos, ni con el «país del verano» de los espiritistas, sobre el que hablaremos cuando lleguemos al tema de la esfera reflectora. Este mundo está situado en uno de los campos de nuestro cosmos planetario, el cual cuenta con siete planos de existencia que en su conjunto forman una esfera. Nuestro mundo es uno de estos siete planos.

El mundo humano original es un universo de felicidad eterna y absoluta. En perfecta obediencia, la humanidad lleva a cabo allí el Plan de Dios, el cual es el fundamento del mundo y de la humanidad. Esta obediencia no hay que tomarla en el sentido de obediencia ciega, sino en sentido de colaboración espontánea, consciente y en libre unión de amor con Dios. En esta unión toda la voluntad dinámica humana, en la que el Fuego Divino está presente en potencia, está en armonía con la Voluntad de Dios. En este estado de ser el hombre no desea, bajo ningún pretexto, emplear su voluntad de forma experimental, especulativa o forzada. Imagínese el siguiente estado: el hombre que está en posesión perfecta de sus facultades originales puede expresar la Palabra creadora, «él habla y lo expresado ocurre; él ordena y lo ordenado existe».

Estas facultades son maravillosas cuando pueden desarrollarse en el ámbito de una libre unión de amor con Dios. Sin embargo, si alguien emplease estas facultades divinas de modo experimental, especulativo o forzado, resultaría de ello una catástrofe que afectaría a todo el Universo.

 

Vemos desplegarse ante nuestros ojos un nuevo drama de esta naturaleza, ya que el hombre, con un instinto forzante y experimental por automantenerse, atenta contra los materiales cósmicos al intentar adaptar las energías cósmicas a sus fines voluntarios personales, como es el caso de la fisión nuclear. Empleando así su voluntad, por inconsciencia o negación de las relaciones cósmicas, el hombre es como un niño que juega con una bomba. Pensando en lo que precede, usted puede comprender algo sobre la catástrofe que afectó al hombre a causa de la caída. El hombre empezó a emplear sus poderes creadores divinos de manera forzada, arbitraria y experimental. La libre voluntad humana se volvió una voluntad sin freno, y las fuerzas desatadas escaparon al control humano.

Los Libros Sagrados dicen: «Dios no abandona la obra de sus manos», pero debemos saber que esto no nos concierne solamente a nosotros, sino a toda la creación. El resultado de la rebelión humana fue tal, que la creación (el mundo, la humanidad, el universo, etc.) tuvo que protegerse. Por eso, el radio de acción del hombre fue limitado, dejándole abierta, a pesar de todo, la posibilidad de volver al estado original, con tal de que voluntariamente accediera a reconocer y a amar a Dios.

La humanidad fue expulsada del mundo celeste, no como castigo por su pecado de rebelión, sino para proteger a la creación y al hombre de sí mismo. La involución, o sea el descenso en la materia, empezó en ese momento. No como peregrinaje comprendido en el Plan de Dios para adquirir experiencia en él, sino como resultado de una revolución cósmica; fue una involución como consecuencia de la pérdida de su estado de hijo de Dios, una involución a causa de su infidelidad intencionada.

Por consiguiente, se deduce que no puede producirse una evolución incondicional, como tampoco lo fue la involución. Hubo en efecto muchas entidades que llegaron a mantenerse en el campo de vida original por su obediencia a la libre unión de amor. Formaron con ello el núcleo de la Jerarquía Humana Divina.

Para quienes han efectuado el descenso, la involución fue ciertamente incondicional, ya que se rebelaron contra la Ley Divina y no aprovecharon ninguna de las oportunidades que tuvieron para regresar.

La consecuencia inmediata de la caída fue el aislamiento del espíritu humano, en tanto que chispa divina dinamizadora de todo. El hombre rebelde se rompió las alas y cayó del cielo.

A partir de ese momento la humanidad en involución fue trasladada a un plano en el que su estado divino fue reducido a un estado semi‑divino. Este nuevo estado se expresa técnicamente en la Enseñanza Universal mediante la siguiente expresión: el desplazamiento de la conciencia de la estructura espiritual a la estructura psíquica. La conciencia fue atada a la sangre.

Cuando se acrecentó el mal engendrado por la voluntad sin freno, dentro de ese nuevo estado, se prosiguió aún más rigurosamente el plan de emergencia divino de involución en un estrato inferior de la Tierra. El hombre, continuando la involución, perdió su estructura original, en este nuevo y definitivo peregrinaje involutivo.

Se privó al hombre de su personalidad celeste. Por consiguiente, el espíritu perdió sus facultades y sus fuerzas, sus energías vitales según el estado divino. Sólo fue posible para el hombre una conciencia biológica y animal; en ese estado aparentemente humano, el hombre sólo podía perjudicar a su nueva manifestación natural.

Este proceso de involución empezó con el establecimiento de las bases de una nueva personalidad no divina. Todas las enseñanzas esotéricas antiguas inician la descripción de la marcha de la humanidad en esta fase del descenso.

 

Durante el período llamado de Saturno se estableció el núcleo de un cuerpo físico nuevo; durante el período del Sol se formó el núcleo de un cuerpo etérico nuevo; durante el período de la Luna fue establecido el núcleo de un cuerpo astral nuevo; y durante el período de la Tierra fue establecido el núcleo de un cuerpo mental nuevo.

Todo este proceso se ha acabado actualmente. El hombre posee una personalidad, una estructura material, pero no la que Dios planeó. Esta personalidad le ha sido dada para que pueda encontrar el camino de regreso.

El hombre tiene cierta conciencia en la personalidad, pero no es la conciencia corpórea con sus propiedades originales, por no hablar siquiera de la verdadera conciencia psíquica ni de la espiritual.

El hombre está atado a la dura roca de este mundo con cadenas que él mismo ha forjado. Lo poco que le queda de epigénesis, la pizca de voluntad que se le dejó, la emplea para causar estragos, como si los hombres fuesen demonios. Inventa monstruos técnicos, viola la vida natural, se desvalija mutuamente y consuma así la degradación general de este estrato.

¿Comprende ahora por qué semejante personalidad no puede ser aceptada en una Escuela Espiritual? ¿Puede acaso hablarse de regeneración de esta personalidad, siendo ella misma un producto degenerado del hombre original? Comprenderá que el camino de regreso debe ser otro, o sea, un cambio radical de personalidad, lo cual representa la neutralización del producto degenerado y al mismo tiempo la regeneración del hombre original.

Por lo tanto, la evolución no es incondicional, sino dependiente de resolución y de actos. ¡Muchas cosas deben pasar, antes de que se pueda hablar de evolución en lo que al hombre le concierne!

 

Pero «Dios no abandona la obra de sus manos»: la Enseñanza Universal descendió con Adán. Es la Jerarquía de Cristo y su influencia sobre el mundo y la humanidad. Las religiones mundiales y una formidable falange de profetas y trabajadores dan fe de ello.

Todas actúan en el pre‑recuerdo del hombre y le llaman constantemente. El hombre trajo en su caída este recuerdo de su existencia original. Sin embargo, el deseo de existencia en la materia es tan grande para la mayoría de los hombres, que se ha sumergido en lo más profundo del subconsciente. Apenas se puede hacer algo por alguien mientras ésta sea su situación; pero en cuanto tome conciencia de su pre‑recuerdo, puede surgir en él la decisión de abandonar su alimento de puercos y volver hacia su Padre.

La Escuela Espiritual le toca en este estado y la fase de la concepción comienza: la semilla se deposita en el surco mediante el trabajo de la benedictio. No obstante, no se trata aquí de crecimiento incondicional: la parábola del sembrador lo da a entender con claridad. El candidato debe trabajar con grande e intenso interés. Se le pide un esfuerzo continuo y su colaboración en todos los aspectos. Por eso, este libro no ofrece a la mente un descanso intelectual. Su único fin es ayudar a la semilla divina a desarrollarse.

 

Esta semilla es una «fuerza» y una posibilidad de desarrollo que no se encuentra en la imagen del hombre verdadero, caído en un sueño mortal, ni tampoco se encuentra en el yo desnaturalizado. Esta fuerza la otorga la Jerarquía, la cual establece un lazo de sangre con el candidato en la fuerza de Cristo. La semilla puede desarrollarse con una reacción espontánea del candidato ante el toque; la fuerza se la provee este mismo contacto. De esta forma, el estado embrionario, en el que se encuentran las bases de la nueva personalidad celeste, sigue al estado de la concepción.

A medida que estas bases se establecen, el alma y el espíritu se despiertan en el hombre y comienzan a hablar en él. La exigencia de la vida nueva que se hace sentir en él, conduce al alumno a un conflicto de múltiples fases, hacia una crisis profunda en su ser, ya que las fuerzas de la vida nueva que se desarrollan en él, atacan fundamentalmente a la personalidad dialéctica. Pues bien, puesto que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino, el alumno debe ejecutar esta sentencia en su propio ser dialéctico y perseverar en la destrucción de su yo. Ante el alumno se abre un período de extrema actividad, debido al proceso del cambio fundamental, aplicado a sí mismo bajo la égida de la benedictio. Este proceso tiene numerosos aspectos y exige una orientación minuciosa y cada vez más profunda, ya que debe ser abierto un nuevo campo de vida y de saber.

 

Acabamos este capítulo haciendo notar que en la evolución incondicional que se sigue en el Plan de Dios con respecto al cosmos, el tiempo que se proporciona al hombre tiene sus límites. Este Plan Divino de auxilio a la humanidad caída comprende aspectos que se suceden sistemáticamente.

De este modo hemos entrado en un nuevo período de cosecha. Durante este período limitado tendremos que tomar una decisión. En su calidad de hijo perdido el hombre que posee el pre‑recuerdo es colocado ante la decisión del regreso al Padre.

Recordando la cita de Cristo: «Sin Mí nada podéis», deberá darse cuenta de que fuera de la Jerarquía nada se puede, puesto que ésta es quien debe depositar en el hombre la semilla de la renovación.

Además, usted debe darse cuenta de que tampoco es necesario que la actual marcha descendente de la humanidad sea total. Una catástrofe es inminente.

El hombre, en su esfuerzo voluntario continuo que le ciega, se adueña de materiales de construcción cósmicos y quiere, como sucede con la fisión nuclear, servirse de estos para sus fines personales de auto‑conservación. Los efectos de estas actividades perturbarán el equilibrio cósmico existente y harán que la vida en la tierra, en sus actuales formas, se vuelva imposible.

Que la certeza de una marcha descendente cada vez más profunda de la humanidad terrestre, pueda ser para usted una razón más para elevarse y salir de este estado, mediante su decisión y sus actos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 7

 

La rueda del nacimiento y de la muerte

 

El hecho de que el hombre forme parte de la humanidad que se hundió por el proceso de involución en un estrato inferior de nuestra Tierra, le coloca ante una serie de consecuencias.

La principal es que puede regresar al plano de vida humano original por el camino de la transfiguración. Bíblicamente hablando, es el «renacimiento de agua y de espíritu», es decir, la reconstrucción del cuerpo celeste, de una personalidad nueva e imperecedera. Como ya hemos dicho, este camino es el que posibilita el regreso a la morada del Padre, sobre la base del pre‑recuerdo, por el cambio fundamental y el arte real de la construcción y la iniciación.

Se trata primeramente de despertar en la humanidad el pre‑recuerdo adormecido, ya que sin él no existe anhelo por regresar. Cuando el pre‑recuerdo es despertado, debe ser esclarecido y el estado en que actualmente se encuentra el hombre debe ser sondeado profundamente. Debe llegar, ayudado por el pre‑recuerdo despertado, a una comparación absolutamente objetiva de lo que este estado es en la actualidad, de lo que fue antaño y de lo que debe ser nuevamente. Cuando así alcance una comprensión clara de la situación, se podrá decidir y emprender el cambio fundamental, y sobre esta base concreta se podrá empezar la construcción y la iniciación.

Y ahora, después de haber trazado a grandes rasgos este proceso de desarrollo, sobre la base de la realidad, vamos a limitarnos a:

 

11*despertar en el candidato principiante el pre‑recuerdo, hablándole continuamente de la Morada del Padre, así como de la Enseñanza Universal;

21*captar con objetiva precisión la situación actual, tanto respecto a su vida personal como a la vida humana en general;

31*realizar el cambio fundamental.

 

La construcción y la iniciación subsiguientes no pueden ser todavía nada más que especulaciones para el principiante. Sólo cuando ha madurado para estos procesos, su propia autoridad le permitirá reconocer como verdadera y correcta esta parte del camino de regreso, para poder recorrerla con seguridad. Una prueba forzada y especulativa representaría una nueva caída que volvería la situación del candidato todavía más precaria.

 

Ya hemos explicado anteriormente que nuestra humanidad, a causa de la caída, ha venido a parar a un estrato inferior de nuestra Tierra, y que las relaciones y leyes de nuestro campo vital son dialécticos, mientras que los de antaño eran estáticos.

 

Esto quiere decir que en este mundo todo está sometido al proceso de subir, brillar y descender. Cualquier propiedad, sea cual sea y en un momento dado, debe provocar infaliblemente su contrario. Es el sello del mundo del tiempo, el sello de todo lo que es cambiante, momentáneo y perecedero; es un mundo en el que por todas partes reina una perpetua destrucción. El mundo de la estática es eterno, inmutable y absoluto, y goza de una libertad que depende sólo de Dios. Es el Reino de los Cielos.

El mundo dialéctico es a la vez una maldición y una gracia: es una maldición porque aquí nada es estable ni duradero, todo viene y todo se va, porque el bien y el mal se mantienen en equilibrio, sucediéndose uno al otro sin dejar ninguna esperanza; es una gracia porque debido a esta inestabilidad nada en el hombre puede cristalizarse definitivamente, ya que la inestabilidad rompe continuamente el mal que el hombre crea y mantiene en continuo movimiento a la humanidad caída.

Desde este ángulo debemos examinar igualmente otras dos leyes naturales: la de la muerte y la de la reencarnación microcósmica, dos leyes misericordiosas, temporalmente necesarias e inherentes al carácter dialéctico de nuestro estrato de vida.

La muerte se produce por un desequilibrio en el proceso metabólico, al no producirse ya la renovación de las células a la par con el desgaste de las mismas. Sabemos que el organismo se renueva en general cada siete años, pero a la larga esto es demasiado lento, ya que se utiliza más fuerza de la que se recupera y hay más desgaste que renovación. De ello resulta que el hombre debe morir a consecuencia de enfermedades y de pérdida de fuerzas. La eugenesia puede prolongar la vida, pero no impedir la muerte.

Generalmente se piensa que cuando el hombre muere, pasa a una morada eterna. ¡Esto es una mistificación! ¡Es absolutamente erróneo!

Al igual que cualquier estrato, el estrato dialéctico se compone de dos regiones distintas, de dos esferas: la esfera terrestre y el más allá, dividido a su vez en esfera celeste y esfera infernal.

La forma humana se descompone con la muerte. El cuerpo material queda en la esfera terrestre, al igual que el alma‑sangre (o alma terrestre) y los aspectos inferiores del cuerpo vital (o cuerpo etérico). La estructura consciente, la estructura psíquica y el resto de la estructura material (los éteres superiores, el cuerpo astral y el cuerpo mental) se dirigen, después de una permanencia temporal en una zona de paso, hacia la esfera celeste o hacia la esfera infernal. Allí, después de cierto tiempo, el cuerpo astral y el cuerpo mental se desintegran igualmente. Sólo quedan entonces la estructura consciente y la estructura psíquica, así como algunos átomos‑semilla de la vida precedente. Estos son el átomo‑semilla de cada cuerpo, en los que se conserva la esencia de la vida y constituyen la cosecha de experiencias.

 

Cuando el microcosmos se ha vaciado, debe admitir una nueva personalidad mortal en su campo de manifestación, ya que le mueve a ello la actividad de las fuerzas que él mismo ha liberado (fuerzas concentradas en forma de karma en el ser aural o lípica). El microcosmos es atraído de nuevo hacia el principio de existencia terrestre y es puesto en contacto con una pareja de futuros padres con el fin de encarnarse otra vez en la esfera de la materia. Durante este proceso se le pone en contacto con el alma‑sangre de sus antepasados microcósmicos y sobre esta base empieza una vida terrestre unida a la precedente. La rueda vuelve a empezar una nueva rotación hacia abajo y se emprende un nuevo camino hacia la tumba.

El hombre, es decir, el microcosmos permanece atado al ritmo del «subir, brillar y descender», en una repetición inexorable e ininterrumpida, y aparentemente sin esperanza de liberación, quizás miles de veces.

¿Cuándo se libera de esta rueda? ¡Nunca!… A no ser que el hombre, volviendo a tomar conciencia de su condición de hijo pródigo, se decida a emprender el proceso de la transfiguración, es decir, del intercambio de personalidades, del que hemos hablado ya tan a menudo. Sólo entonces se desata de la rueda. Ni antes ni después.

Cuando el hombre, que vive en la esfera terrestre, posee una conciencia, un alma y un cuerpo, entonces todas las fuerzas y contrafuerzas de este plano están presentes y activas en él en salvaje torbellino. Estas fuerzas son:

‑ fuerzas del estrato más elevado, (la esfera de fuego) o las fuerzas de la Jerarquía de Cristo;

‑ fuerzas llamadas celestes, es decir, las de la esfera reflectora, la esfera celeste del más allá;

‑ fuerzas infernales;

‑ fuerzas humanas personales.

 

Por lo tanto, el hombre está literalmente prisionero del juego del bien y del mal. El bien y el mal le influyen. Pero como el hombre es a la vez una mezcla de bien y de mal, resulta que está siempre dividido interiormente.

En muchos seres predomina el mal, sin que por ello pueda silenciarse el bien por completo. En otros, el bien es el que ordena, sin que se logre acallar el mal.

El lamento de Pablo: «Lo que no quiero hacer es lo que hago», lo entendemos ahora desde un nuevo punto de vista. Por eso, el hombre está siempre inquieto y cansado, luchando y consumiéndose, y su ruina sería irremediable si la muerte no viniese a rescatarle. En verdad, la muerte es «el salario del pecado» y la consecuencia de la existencia del hombre en este orden natural. Sin embargo, la gracia divina que acompaña al hombre caído se manifiesta aquí de forma muy concreta, ya que los átomos‑semilla incorruptibles y las fuerzas de las energías desatadas en el pasado, propulsan al microcosmos vaciado hacia la manifestación en una personalidad nueva, aceptando así una nueva posibilidad de despertar.

Cuando el hombre ha depositado su cuerpo terrestre denso y cristalizado, así como el doble etérico de este mismo cuerpo (el cuerpo vital), y cuando el alma‑sangre se ha desatado de la estructura psíquica, entonces él es atraído, en función de su frecuencia de vibración interna, hacia el plano correspondiente, según la ley de atracción de los semejantes. Al llegar a la esfera de paso toma conocimiento de su estado de ser, y después se dirige hacia su cielo o hacia su infierno, tal como se ha explicado.

Advirtamos que es importante aspirar al bien aquí en la tierra, y combatir y repudiar el mal, ya que aunque este comportamiento no eleva a la realización del fin absoluto, la frecuencia de las vibraciones determinará su morada en el más allá.

 

En el más allá usted se encuentra entre hermanos y hermanas y puede continuar, en mejores condiciones, su trabajo de buscador de luz y de verdad al servicio de la humanidad (*). Allí las fuerzas infernales no pueden combatirle y disminuir sus posibilidades, ya que su propia frecuencia no les permite acercarse a usted.

En el más allá es también importante el estado de conciencia o grado de despertar consciente. Ese estado depende de la constitución de la estructura psíquica, es decir, de las cualidades del alma desarrolladas por una vida positivamente buena. Si como resultado de una vida sincera y buena se adquieren muchas cualidades psíquicas ‑naturalmente, dentro de las posibilidades dialécticas‑ se tendrá en el más allá una conciencia firme y sólida de ser.

Lo contrario es también verdad: aquellas cualidades psíquicas negras, resultantes de una vida conscientemente mala, dan, en el más allá, una sólida noción de ser. Pueden ser tan dinámicas, que las entidades infernales que las poseen no tengan más posibilidades de manifestación personal, cerrándoseles así el estrato terrestre. Este estado se llama en la Biblia: «Ser arrojado a las tinieblas exteriores». Por lo general se admite que la manifestación de estas entidades se destruye y que la chispa de espíritu vuelve sola a la fuente original.

Hay igualmente muchos seres que han llevado una existencia exclusivamente biológica, que no ha sido ni buena ni mala.

Pero hay que decir que así es la vida del hombre de la masa. Este hombre tiene pocas cualidades psíquicas y, por consiguiente, no está por mucho tiempo en estado de tener, en el más allá, la noción de ser. Cae con rapidez en la inconsciencia y su alma se volatiliza. Y puesto que la cosecha vital que llevó a su microcosmos fue reducida, la rueda de la vida le permite rápidamente una nueva manifestación personal en la materia. Este género de microcosmos necesita un gran número de vidas materiales.

El hombre en el más allá es una entidad mutilada, y su organismo es incompleto. Ahora bien, puesto que el hombre debe regenerarse desde abajo hacia arriba, se deduce que todos los habitantes del país del más allá deben volver a la esfera terrestre, ya que no olvidemos que el cuerpo celeste es la recreación de la estructura material terrestre completa.

La estancia en el más allá destinada a la asimilación por parte del microcosmos de la cosecha que acaba de recoger, tiene una duración media de seiscientos a setecientos años, con excepciones más o menos grandes. Durante este lapso de tiempo las condiciones vitales en la tierra varían tanto que las experiencias deben ser nuevas y las posibilidades distintas por completo. Mientras tanto, el hombre ‑de hecho el microcosmos‑ recibe en el más allá lección tras lección y es posible que haya pasado del infierno al cielo.

Cada niño concebido y nacido normalmente es un don de la esfera celeste, pero está cargado a pesar de todo con su karma. No ocurre lo mismo cuando la concepción tiene lugar como consecuencia de una pasión sexual desenfrenada, sin deseo de procreación o durante los efectos de la embriaguez alcohólica, de los narcóticos o de la locura. La concepción es, en efecto, una clase de magia y cuando se consuma en tal estado de extrema impureza, las entidades infernales pueden aferrarse a la simiente.

 

 

Finalmente, digamos todavía unas palabras sobre el alma‑sangre. Hemos visto que en el momento de la muerte quedan en la tierra el cuerpo físico y la parte más densa de su complemento, el doble etérico, pero también el alma‑sangre. ¿Qué entendemos por esto?

Esta alma‑sangre es el espíritu o núcleo vivo de la sangre que mantiene en su estado la estructura material. Con la muerte se opera una división en el alma. El aspecto consciente superior, el alma impersonal o núcleo psíquico vivo de todas las vidas dialécticas anteriores, va al más allá. El aspecto espiritual inferior queda en la tierra. Este es el núcleo psíquico inferior de la vida que acaba de finalizar. Aquí la palabra «inferior» no está tomada en el sentido de «malo», sino en sentido de alma personal, como núcleo sanguíneo de la personalidad de cualquier ser humano.

Esta alma‑sangre es visible como una nube y tiene un núcleo luminoso. Si uno se concentra en ella, toma a menudo la apariencia de la entidad terrestre anterior. Esta propiedad es una de las numerosas causas de engaño de las que son víctimas los espiritistas.

El alma‑sangre posee todas las cualidades vitales del ser desaparecido, tanto las malas como las buenas; pueden transmitirse como herencia sanguínea a los que se emparentan con el espíritu del fallecido. Dicha herencia puede aceptarse conscientemente. Sin embargo, puede influir inconscientemente a muchos, a una familia, a un pueblo o a una raza, por el hecho de que las almas‑sangre semejantes tienen la propiedad de fusionarse.

La doctrina de la sangre y gran cantidad de viejas costumbres y preceptos de antiguas religiones, como el tan acentuado culto a los antepasados de algunos pueblos, se apoya en estos conocimientos. Vemos así que los lazos espirituales de la sangre pueden llegar a ser muy profundos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 8

 

Reencarnación microcósmica

 

Tal como hemos visto en el capítulo anterior, el estrato dialéctico se compone de dos esferas: la esfera terrestre y el más allá. La muerte no libera al hombre del estrato dialéctico, sino que le hace pasar de una de esas esferas hacia la otra. Y así como la muerte nos persigue en esta esfera material, se hace imprescindible que después de un tiempo de estar en la otra adoptemos ‑en tanto que microcosmos‑ una nueva personalidad, ya que el hombre en el más allá dispone solamente de un organismo incompleto.

En relación con esto, en los círculos esotéricos se habla habitualmente de reencarnación, sugiriéndose con ello que hay algo parecido a una continuación de la existencia después de la muerte, ¡lo cual es completamente erróneo!

¿Puede usted aseverar que ha conocido una existencia anterior a la actual? Esto es imposible, ya que después de la muerte del ser natural, toda la personalidad se disuelve en el transcurso del tiempo y solamente el principio ígneo fundamental que le dio vida regresa al yo superior o ser aural. De la misma manera que el ser de un perro se disuelve al cabo de algunos días después de la muerte, también en el hombre se realiza un proceso de disolución, aunque requiere un tiempo algo más largo, en la medida en que siga existiendo en la naturaleza terrestre.

¿Podemos decir que el yo superior ha conocido una existencia anterior? No. El sólo conoce una sola existencia que empezó al comienzo de la impiedad y que continúa ahora con innumerables cambios y modificaciones de forma.

El yo superior o ser aural es una fuerza propulsiva y ciega; es la personificación de una estructura de fuerzas que escapó a la dirección y cuyo producto ‑el planeta dentro del microcosmos, la manifestación humana‑ resulta periódicamente aniquilado.

No hay, pues, ninguna reencarnación ni ninguna reincorporación de la personalidad, porque después de la muerte no queda nada del alma mortal, no queda nada de su ser yo, ya que él se disipa completamente. De usted, como alma mortal, no queda nada, absolutamente nada. De la misma manera que el cuerpo material se convierte en materia y cenizas, así desaparece también el alma mortal. El alma que peca debe morir. Y algo que ha muerto está, en este sentido, completamente muerto.

Sólo si su alma se ha vuelto inmortal mediante el renacimiento de agua y de espíritu, es decir, mediante la transfiguración, usted podrá quizás pasar a un nuevo nacimiento para entrar al servicio del gran trabajo liberador de la Fraternidad Universal, trabajo que nunca se termina, en favor de toda la humanidad.

 

El proceso del nacimiento se produce entonces de otro modo. En este contexto puede surgir la pregunta de qué entendemos por «rueda del nacimiento y de la muerte». La rueda del nacimiento y de la muerte y su actividad solamente es comprensible si se considera en relación con todo el microcosmos.

Le recordamos que el microcosmos es periódicamente vaciado a causa de la mortalidad del ser‑alma en su personalidad. El microcosmos vaga como en una rotación en la naturaleza de la muerte y periódicamente debe adoptar en su sistema a un alma, a un alma mortal. Gracias a esta alma surge la posibilidad de liberar al microcosmos mediante el restablecimiento de la unidad original del espíritu, del alma y del cuerpo. A través de este proceso de transfiguración, se le regenera a su gloria original planeada por Dios.

Para terminar, hacemos notar aún que estas cosas son muy claras para el gnóstico, por el hecho de que el desarrollo gnóstico conduce hacia un bien superior y hacia un conocimiento de primera mano. Pero una comprensión filosófica racional y moral debe servir de base, al igual que una religiosidad demostrada prácticamente por un comportamiento correcto.

El examen esotérico y gnóstico demuestra la verdad absoluta de lo que precede: la reencarnación del microcosmos a través de una nueva personalidad mortal ¡es un hecho cierto! El proceso de reencarnación del microcosmos puede ser seguido efectivamente por el gnóstico capacitado.

Tal examen muestra que la reencarnación es una ley de emergencia y una consecuencia de nuestra caída. Es una ley dura pero clemente, por el hecho de que mantiene al hombre en estado de manifestación y le coloca ante una tarea que no es demasiado difícil.

Ya hemos visto anteriormente que la vida aquí abajo no puede mantenerse indefinidamente a causa del estancamiento gradual del proceso metabólico. El paso cíclico por la muerte demuestra que el hombre no ha aprendido todavía la gran lección que le es enseñada en su existencia aquí abajo, ni ha empezado aún el proceso de regeneración. La lección debe aprenderse aquí, porque solamente aquí poseemos una corporeidad completa y triple según la conciencia, el alma y el cuerpo. Y el nuevo cuerpo, el cuerpo celeste o cuerpo glorioso, debe reconstruirse en este estado. El antiguo cuerpo es, por lo tanto, el vehículo con cuya ayuda debe erigirse el cuerpo imperecedero. El proceso de regeneración debe empezar allí donde se produjo la degradación.

Por esta razón el hombre, concretamente el microcosmos, está unido a la rueda. Por esta razón, a la muerte le sigue siempre una nueva manifestación de una personalidad. Por esta razón, cada nueva manifestación de una nueva personalidad representa una nueva oportunidad de liberación para el microcosmos.

Solamente cuando el hombre ha aprendido a construir su cuerpo celeste y progresa en esa construcción, llega el momento en que se libera de la rueda. Su muerte representa entonces una resurrección en el Reino de los Cielos, el Orden de Dios, y no la entrada en otra esfera del estrato dialéctico. El más allá es como un pasaje antes de su entrada en la verdadera libertad del Orden de Dios.

Semejante transmutación en el cuerpo puede ser tan perfecta que ya no se puede hablar de muerte. La Biblia lo expresa así: «Dios lo arrebató», como se dice de Moisés, de Elías y de Enoc.

 

En la fase intermedia del proceso de transmutación surge una conciencia en dos estructuras corpóreas: la nueva y la antigua.

Todos los liberados participan en el reino de la luz. Se han liberado por el proceso de la «primera resurrección», como lo llama la Biblia, y ya «no pueden ser perjudicados por la segunda muerte». Esta «segunda muerte» se refiere al próximo final de este período dialéctico y a la llegada de un nuevo día de manifestación. Esto ocasionará una separación entre los pioneros y los rezagados, y la llegada de una nueva intervención de Cristo.

Los microcosmos que aún no pueden tomar parte en el proceso de la primera resurrección quedan atados a la ley de la reencarnación. Vuelven conducidos por otra ley de emergencia: la ley del karma o ley de causa y efecto, la cual enseña que «lo que siembres, recogerás».

Esto implica que la siguiente vida de la personalidad se adaptará lógica y científicamente a la vida presente. Lo que el hombre ha emprendido debe realizarlo. El debe aceptar lo que ha desencadenado, y una nueva fase de existencia empieza a partir del punto donde acabó la anterior. Nadie tiene que llevar a cabo una tarea demasiado dura. Cada existencia lleva siempre, además de su carga, un poder y una posibilidad. Existe una dependencia del pasado, pero un camino liberador está presente al mismo tiempo. El pasado no puede negarse, pero la ley del karma deja abierta la posibilidad de un empleo correcto del presente.

Sin embargo, en cierto sentido esta ley del karma es una ley despiadada, ya que la mano del destino y la conciencia de la fatalidad pueden oprimirnos tanto que podemos desalentarnos por completo. En cuanto a la inflexibilidad de esta ley inexorable, el cristianismo ortodoxo y la teosofía opinan a la par. Esta interpretación fatalista del funcionamiento de la ley del karma ha causado ya mucho mal, ya que ha quitado el coraje a los hombres.

Esta ley de retribución es propagada por todas las religiones mundiales al igual que por el cristianismo. Es una ley lógica y es el único método de llevar al hombre, de abajo hacia arriba e interiormente, a la noción de su estado de ser. Sin embargo, esta ley no es perpetua en su acción respecto al hombre, ya que puede ser contrarrestada y aniquilada por otra ley: la de la remisión de los pecados.

Cuando usted llega a la comprensión de su estado y recorre el camino de la regeneración, tal como le es enseñado en el cristianismo, puede liberarse de la carga de los siglos, de las culpas del pasado. La ley del karma incide en usted y le ata mientras suscite su aplicación contra sí mismo. Sin embargo, pierde su poder sobre usted cuando se coloca bajo la ley de la remisión de los pecados, según la razón y la moral, y siempre y cuando esta nueva forma de concebir las cosas sea un acto de cambio fundamental en la vida. La «conversión», en sentido ortodoxo, es una mistificación y una actividad emocional que no tiene ninguna acción liberadora respecto a la ley del karma.

La posibilidad de la remisión de las culpas se apoya en un proceso científico, irradiado por la Jerarquía en la práctica de la benedictio.

 

Es importante recalcar, finalmente, que la reencarnación no puede identificarse con la evolución. Como ya explicamos, la evolución es siempre individual y condicional. La ley de la evolución pone al hombre en contacto con el cristianismo gnóstico. Por su ofrenda y a través de la Jerarquía, Cristo trajo un elemento nuevo a la Tierra y a la personalidad dialéctica del hombre, capacitándole para la aniquilación de los efectos de la cristalización y permitiéndole emprender el proceso de evolución verdadera.

La evolución personal depende así de su decisión y de sus actos vitales en Jesucristo. El karma ya no es entonces una ley del destino, sino que es absorbido en la fuerza de Cristo. El amor inexpresable de Dios en Cristo reside en que, con leyes de emergencia, él nos mantiene en estado de manifestación para venir a liberarnos a continuación.

Tal como vimos en los ocho capítulos anteriores, la liberación no es un proceso automático, sino un proceso inteligente con múltiples aspectos en el que la totalidad del hombre debe colaborar conscientemente. En ello consiste el gran trabajo de la Jerarquía. El trabajo de la benedictio aparece así bajo una luz correcta: es el trabajo de los misterios de la iniciación crística.

Estos misterios tienen como finalidad el hacer posible en muchos seres la primera resurrección y el formar un núcleo de trabajadores al servicio de Cristo. Es, por lo tanto, la humanidad la que debe liberar a la humanidad. En este sentido, debe usted entender también las palabras: «Trabajad para vuestra santificación con temor y temblor»; en definitiva, nadie puede avanzar sin su prójimo.

La iniciación es una evolución acelerada para que los valores obtenidos puedan ponerse al servicio del gran objetivo: la liberación final de toda la humanidad. El hombre que posee este deseo puede ejercer el Arte Real y se vuelve un Príncipe Rosacruz.

Para ayudarnos mutuamente en el camino tenemos una Escuela, un Campo de Fuerza, en la cual se abre para nosotros el trabajo de la benedictio, autorizado por la Jerarquía de Cristo. Todo aquél que posee la disposición interior y la aptitud requeridas para recorrer el Camino, puede ser admitido en los caminos instaurados en nuestro trabajo como alumno preparatorio. Ningún sentimiento de indignidad debe frenarle. Que el aspirante recuerde las palabras de Cristo: «En la debilidad se despliega mi fuerza». Con este aliento, todo aspirante serio puede emprender el camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 9

 

La composición de la Tierra

y del campo de vida dialéctico

 

Si buscamos una respuesta a la pregunta: ¿cómo nace un cosmos planetario?, otra pregunta se impone inmediatamente: ¿de qué forma se lleva a cabo la creación? ¿Cuál es la materia con la que el Creador lleva a cabo su plan de manifestación?

Según la Enseñanza Universal, el espacio inmenso, el universo, está lleno de sustancia original, también llamada sustancia cósmica fundamental. La Fama Fraternitatis R.C. corrobora este hecho en el axioma: «No hay espacio vacío».

En el espacio visible, esta materia original está constituida de átomos de diferentes elementos en estado libre. Según nuestra capacidad de comprensión, el número de átomos es infinito. Gran número de elementos son conocidos por la ciencia, pero un número todavía mayor permanece desconocido por completo.

Cada átomo es un poder; en cada átomo yace escondido un inmenso potencial, lo que usted puede concebir fácilmente si piensa que en esta materia original se manifiesta el Logos, y que toda la creación fue construida a partir de esta sustancia y la sigue conservando.

Cada átomo posee un poder de radiación y cierto radio de acción. La visión etérica permite ver el radio de acción de algunos átomos. La influencia radiante de otros átomos puede advertirse de distinto modo, como ocurre por ejemplo en el caso del átomo de radio.

Los químicos y físicos son capaces de utilizar el poder de radiación natural de los átomos. Con la combinación de átomos de diversos elementos llegan a provocar fenómenos y resultados asombrosos. Con ayuda de metales conocidos y de energías adecuadas, los técnicos son capaces de creaciones sensacionales.

No obstante, no hay todavía ningún ser humano que haya llegado a liberar la verdadera fuerza del átomo, todo su potencial. Ninguno, gracias a Dios, posee el arte de la división del átomo en toda su extensión. Si así fuera, la creación divina se volvería instantáneamente imposible, a causa de la naturaleza satánica del hombre actual.

 

La ciencia oculta antigua dice que la materia es espíritu cristalizado; que la materia original o sustancia original, la sustancia cósmica fundamental, es espíritu cristalizado que se manifiesta en diferentes elementos.

 

Sin embargo, esta tesis es, en su generalidad, demasiado vaga e inexacta; el devenir original de la sustancia cósmica fundamental es todavía un misterio. Podemos conocer algo sobre la composición del átomo, pero no sabemos aún nada sobre el devenir de los átomos. Solamente podemos decir que el Espíritu emplea la sustancia original para expresarse por medio de ella, siguiendo un plan definido y una idea determinada. En esta materia toma forma el plan de creación del espíritu.

La sustancia original, de la que todo surge, se designa también en diferentes y antiquísimas filosofías con la apelación de «agua» o «las aguas originales». El cristianismo habla también del «agua viva». En la mitología griega, Neptuno, el dios de esta agua viva, armado con un tridente ‑símbolo de las tres fuerzas creadoras de Dios‑ surge de esta Agua Viva como el iniciador y el introductor en el estado divino absoluto.

 

En cuanto una entidad divina o una jerarquía divina acomete la ejecución de cierto plan del Logos, se cumple la antigua frase: «Y el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas». Vemos entonces como cierta masa de materia original, en la que todos los elementos están presentes, empieza a concentrarse y a comprimirse; éste es el comienzo de un cosmos planetario.

Cuando la masa de la sustancia original se ha comprimido suficientemente, siguiendo una fórmula alquímica determinada, se produce una fisión parcial de los átomos en el núcleo de la masa. El grado de compresión y la fórmula alquímica son diferentes para cada cosmos, en concordancia con su plan de la creación. Se produce entonces una enorme explosión, con un calor y un fuego intensos, que desata una violencia llameante de fuerzas.

Este conjunto de poderes desencadenados no es de ningún modo una catástrofe que ha escapado a la dirección, no es una prueba, no es un experimento, sino un proceso guiado en la gran fragua del mundo. ¡Todo el proceso es dominado perfectamente!

Una rotación, perceptible ya en el momento de la concentración de la masa, se efectúa ahora según un principio determinado. Diferentes contactos se manifiestan entre materia sólida y gases, entre fuerzas y poderes: ha nacido un cosmos planetario, futuro campo de desarrollo para un gran número de entidades. Neptuno ha pronunciado su fiat creador.

Tal cosmos no puede ni destruirse ni desaparecer jamás; solamente el Creador divino puede modificarlo, dando nacimiento a nuevos días de manifestación, pero su fuente de fuerza no puede cesar de fluir.

Esta fuente es alimentada a través del polo norte, mediante una profusión de energía, y lo que podríamos llamar la materia desgastada y consumida es arrojada de nuevo por el polo sur. No puede, por tanto, producirse un agotamiento de la energía disponible, por la fisión de todos los átomos presentes en el cosmos, puesto que en el corazón del cosmos existe un motor planetario, alimentado desde el exterior. ¡Los átomos de los diversos estratos no son divididos!

En el corazón de la Tierra se encuentra un grandioso centro de energía, un corazón luminoso y radiante, un fuego de amor inextinguible que arde para nosotros.

 

 

El lector debe disculpar el ejemplo que hemos empleado. Lo hacemos para que pueda imaginarse más fácilmente lo que ocurre, y como base para las exposiciones siguientes.

 

Todas estas fuerzas y energías se liberan, mediante la fisión controlada de los átomos en el corazón de la Tierra, al servicio del gran proyecto consistente en formar un campo de desarrollo, una morada para los hijos de Dios. Antes de que se obtenga el resultado deseado, estas fuerzas deben pasar por diferentes procesos, siguiendo ciertas fórmulas alquímicas.

Así como una casa se construye poco a poco y se acondiciona para que sirva de morada, siendo necesarios muchos obreros con cualidades, aptitudes y profesiones distintas, también miríadas de trabajadores deben operar juntos para la edificación de un cosmos planetario.

Numerosas olas de vida, tanto infrahumanas como sobrehumanas, cooperan en la gran obra. También la ola de vida humana, en tiempos pre‑humanos, ha colaborado en la construcción de su propia morada.

El principio rector según el cual cada desarrollo se efectúa mediante las cabezas, los corazones y las manos de los hombres, según el cual el Creador se manifiesta por su creación, tiene múltiples significados.

Todas las entidades, humanas y sobrehumanas que trabajan en los formidables talleres del cosmos planetario (bien trabajando para su propia morada o al servicio de otros) residen, al menos en su mayoría, aquí en la Tierra. No debemos ver estos campos de vida en un mismo nivel, sino en planos, esferas o estratos, unos por encima o por debajo de otros.

Saliendo del centro de la Tierra hacia el exterior, atravesamos diferentes estratos. Debemos figurarnos cada estrato como una cantera destinada a cierto proceso al servicio del conjunto de la única y grandiosa meta.

Si ahora no cometemos más el error de concebir nuestro campo de vida como el estrato superior de nuestro cosmos planetario, podemos continuar nuestra disertación sobre la base establecida.

 

Cuando empieza la fisión atómica en el corazón de la Tierra, se liberan dos energías. No una energía con un polo positivo y uno negativo, sino dos energías, y así, dos polos positivos y dos negativos. Dos energías que son el reflejo perfecto una de la otra, es decir, una es el reflejo invertido de la otra y, por lo tanto, con una polarización inversa.

Cuando estas dos energías pueden colaborar, pueden llevar a cabo un prodigio, una gran magnificencia, que encierra una profunda alegría. Si falta esta colaboración, resulta un terrible y caótico fuego devorador.

El lector atento debe considerar que estas dos energías están encerradas ¡en el interior de un único átomo! Tan pronto como se liberan, deben trabajar juntas libre y dinámicamente, siguiendo la idea básica presente en la fisión del átomo; de este modo deben demostrar su vocación divina.

 

Para ayudar a imaginárnoslo, podríamos pensar en una rueda. El técnico toma un pedazo de hierro, es decir, una aglomeración de átomos de hierro. Lo forja hasta hacer una rueda y la emplea para el fin que se ha propuesto. El principio espiritual de la «rueda» es movimiento, rapidez, fuerza portadora y actividad. Si en el momento de la división de los átomos de hierro el hombre pudiera pensar creadoramente en una rueda, obtendría una rueda que poseería en sí misma este movimiento, esta rapidez, esta fuerza portadora y esta actividad. ¡Se trataría entonces de una rueda viva!

La electricidad es una radiación emitida por ciertos átomos. Si el hombre supiera dividirlos, obtendría una fuerza viva que iluminaría y calentaría por sí misma. Ya no tendría necesidad de aparatos técnicos para iluminar y calentar.

Todos estos poderes y manifestaciones creadores son posibles gracias a la liberación de las dos energías inversamente polarizadas del átomo. Y, con la fisión del átomo, ¡el hombre también podría aniquilar a un pueblo en un abrir y cerrar de ojos!

 

También hay «átomos chispa divinos», que son el ser nuclear del hombre celeste. En estos átomos chispa divinos ‑de los que nosotros, los seres humanos, hemos surgido‑ estaban presentes al principio dos energías, dos entidades, una de las cuales era el reflejo de la otra, y cuyas polarizaciones eran opuestas, hombre‑mujer, formando juntas una doble unidad cósmica.

En la aurora de nuestra creación, dicho átomo fue dividido, liberando fuerzas extraordinarias. Los dos poderes del átomo debieron aprender a trabajar juntos en libertad y perfección. También en libertad deberán encontrarse de nuevo; no como al principio para una unión, sino para la realización del universo: el Hombre‑Dios en ellos.

Las dos energías del átomo chispa divino, en colaboración armoniosa, se expresan simbólicamente como «el árbol de la vida», y cuando actúan separadamente, como «el árbol del conocimiento del bien y del mal».

Cuando las dos energías de la chispa divina se liberan en el corazón del cosmos planetario, éstas son enviadas hacia lo alto a través de los diferentes estratos. En cada estrato pasan por cierto proceso y efectúan un trabajo en beneficio del conjunto.

El proceso final, el resultado, se manifiesta en el estrato superior o más elevado. Allí observamos como las dos energías se exteriorizan con un esplendor maravilloso, teniendo como resultado un final dichoso e inmaculado: la doble unidad perfecta. Todo el plan básico del proceso alquímico manifiesta aquí su resultado.

Esta bienaventuranza, este estado inmaculado perfecto, existe en el estrato superior de cada cosmos planetario. En lo que concierne a nuestro cosmos terrestre, llamamos a este estrato superior: el Orden de Dios, el Reino de los Cielos o esfera de calor más elevada. En esta bienaventuranza vivía la humanidad original. Nacida del átomo chispa divino, ella vivía como doble unidad cósmica en la libertad de las energías colaboradoras. El hombre era un hijo de Dios, vivía en el Jardín de Dios y se manifestaba en la vida y en el ser de Dios, con todos sus valores.

En este paraíso se encontraba el «árbol de la vida», imagen de las energías colaboradoras, siguiendo el plan de la fórmula alquímica: salud, fuerza e inmortalidad como valores estáticos.

 

Pero, naturalmente, también se encontraba el «árbol del conocimiento del bien y del mal», representando al árbol prohibido, ya que el perturbar o forzar la colaboración de las dos energías debe ocasionar la calamidad, el desastre y la muerte, como consecuencia natural e inevitable de la perturbación del principio vital.

En el campo vital en que actualmente vivimos, se manifiestan aún las dos energías, mas de una manera separada. Una, que podríamos llamar «femenina», se preocupa de la asimilación y del crecimiento, y la otra, «masculina», cuida de la manifestación y de la realización.

En la naturaleza dialéctica, también encontramos la separación de estas dos actividades en el fenómeno de la noche, que esconde en su seno a la aurora, y del día, que ve como el sol de la vida se levanta y asciende. Nuestro campo de vida es dialéctico e inestable, y sigue cierta ley rítmica. Por esto, la marcha de toda la naturaleza está marcada con el sello de un perpetuo subir y bajar, ya que ninguna de estas energías es estática por sí misma. En el «subir, brillar y descender» se expresa la destrucción del equilibrio y, por consiguiente, la actividad separada de las dos energías encierra en sí misma destrucción y muerte.

Cuando el hombre se aparta del principio de la verdadera vida, es decir, cuando destruye el equilibrio divino y la armonía cósmica, es atraído hacia un estado inferior. Allí debe aprender lo que son las consecuencias de la desobediencia a Dios y experimenta lo que significa ser y vivir en un orden dialéctico.

La historia del género humano nos demuestra que tal degradación tuvo lugar y que la acompañaron efectos deplorables. El hombre perdió el recuerdo y volvió impías diferentes fuerzas y corrientes naturales de este campo de vida. Propagó el mal como si fuera un cáncer contagioso, contaminando todo este campo vital, ya que el hombre, a pesar de su estado degradado, ¡sigue siendo un mago!

El mal se hizo posible a causa de los desarrollos excesivos que el hombre provocó por medio de la energía conocida como «femenina»; de aquí la leyenda de Eva.

Como contraposición del mal, el bien se encontró cada vez en una situación más difícil, y originó como consecuencia una dialéctica pecadora extremadamente lamentable, que se añade a la dialéctica natural de este campo vital y que se caracteriza: por el nacimiento y la muerte; por el subir, brillar y descender; por el satanismo dominante; por el retorno extremadamente difícil a estados relativamente buenos.

Lo que ahora es «el mal», fue antes la segunda energía inviolada, la imagen opuesta de la otra energía que ahora llamamos «el bien». Esta segunda energía es la femenina, actualmente limitada y profanada. De ahí se deduce que la esencia del mal siempre es negativa y que la actividad del mal conduce inevitablemente a resultados negativos.

 

Cuando las energías se liberan en el corazón de la Tierra, la concentración de las sustancias originales se vuelve luminosa. El fuego oscuro que se cierne sobre las aguas se manifiesta en luz. Esta aporta calor y energía, es decir, posibilidades de desarrollo para la vida: el Gran Plan va a hacerse visible.

 

Esta vida luminosa y palpitante que ejecuta en cada estrato un proceso o tarea, puede compararse con el alma, con la sangre del cosmos planetario. Esta sangre tiene una composición particular en cada estrato, en concordancia con la naturaleza del estrato en cuestión. Así es evidente que la sangre de las entidades que se manifiestan en cierto campo vital, concuerda con el principio de luz de ese campo. Por esto tenemos, aquí abajo, una sangre en la que se expresa la separación de las dos energías.

El alma humana, la sangre, contiene el principio del día y de la noche, del bien y del mal, de la luz y de la oscuridad. Por esto, el alma, la sangre, es pecadora y está mancillada por los males de este estrato. También el cuerpo se forma por el mismo principio del pecado y por ello está sometido a la muerte. El gluten ‑el cuerpo del pecado en la sangre‑ es el satanismo de la energía femenina.

Por esta predisposición de la sangre, el hombre está atado a la rueda del nacimiento y de la muerte, al estrato de la dialéctica, y en ella permanece hasta que, bajo el impulso espiritual del pre‑recuerdo, tome conciencia de su filiación perdida, sondee su estado actual, profundice en la finalidad del universo y llegue hasta el cambio fundamental, para que, sobre esta base, regrese a su morada original.

 

¿Qué debemos pensar de la bomba atómica en relación con esto? En general, ¿cómo debemos comportarnos con respecto a la fisión de los átomos?

La literatura nos dice de este nuevo descubrimiento de la ciencia: «La palabra «desintegración atómica» irradia prometedora luz, e inspira sueños y posibilidades que un día se harán realidad en el período paradisíaco de la técnica».

¡Nosotros, por supuesto, no compartimos estos sueños! Por el contrario, vemos surgir una enorme catástrofe en este descubrimiento de la ciencia moderna. Es posible que esta catástrofe la perciban sólo los esoteristas que no han caído profundamente en el mundo de la técnica y de la ciencia.

Parece ser que se ha llegado a dividir los átomos del elemento uranio. Se trata de una imitación extremadamente débil de lo que sucede en el corazón de la Tierra bajo la dirección de la Jerarquía de la Luz. Existen innumerables elementos, y lo que los magos de la ciencia son capaces de efectuar se puede comparar a las hazañas de los magos egipcios, que trataron de imitar la magia de Moisés en presencia del faraón.

Sin embargo, este descubrimiento representa un gran peligro. Con la liberación de la energía atómica se pretenden dos cosas: la creación de posibilidades destructoras con fines de guerra, y el desarrollo de la técnica.

Las calamidades engendradas con el primer objetivo son claras, pero debe entender igualmente que el segundo objetivo, la supuesta aplicación pacífica de la energía atómica, ocasionará una absoluta calamidad: el suicidio de este orden natural.

 

Hemos visto que en el corazón de la Tierra se desarrolla un proceso dirigido de fisión nuclear, que tiene como función proveer a todos los estratos de la energía necesaria.

 

Hasta el presente, no había habido ninguna fisión de átomos en los estratos terrestres restantes; sólo había transformación en las combinaciones entre átomos. Y ahora, queremos esperar que lo que actualmente se llama fisión nuclear sólo sea en realidad la disgregación de los átomos de cierto elemento en los átomos de otros elementos; en otros términos, que el elemento uranio no sea un verdadero elemento, sino un compuesto de elementos desconocidos, liberados por la fisión. La energía así liberada podría ser enorme, pero no igual a la energía que se libera cuando se fisiona verdaderamente un átomo.

A pesar de todo, ya en la situación actual existe un enorme peligro, pues el armonioso orden atómico existente en todos los estratos del cosmos planetario es perturbado, a causa de esta arbitraria intromisión en las bases del orden cósmico. En otras palabras, incluso con el empleo pacífico de esta energía, también se manifestará un cambio cósmico. Las relaciones entre los estratos se volverán diferentes. Corrientes completamente distintas se desarrollarán para evitar la destrucción inminente del equilibrio. A este respecto, le recordamos que los combustibles para el corazón central son introducidos del exterior de la Tierra por uno de los polos, mientras que otras fuerzas son evacuadas por el otro polo. La llegada de estas fuerzas y combustibles del exterior de la Tierra está en relación con la radiación cósmica.

Por la anarquía de la ciencia natural, son atacadas las bases de nuestro campo de vida y es perturbado el equilibrio de las fuerzas cósmicas. Los hombres atacan de nuevo a fuerzas que no pueden gobernar. Los hombres violan de nuevo las fuerzas divinas y abusan de ellas en provecho de sus fines egocéntricos.

Por eso, la Jerarquía interviene una vez más para evitar desequilibrios. Se ha desencadenado una revolución cósmica, atmosférica y espiritual inevitable, la cual pondrá fin radicalmente a la violación de las leyes cósmicas perpetrada en este campo de vida dialéctico por el hombre moderno.

En nuestra atmósfera se producen enormes cambios; las relaciones entre el oxígeno y los gases nobles están modificándose radicalmente, a causa del diluvio por el fuego, en vías de ejecución, que irá a la par de grandes catástrofes naturales: terremotos, desaparición de continentes, enfermedades extrañas y nuevas, radiaciones cósmicas distintas, etc. La vida, tal como la conocemos actualmente, se volverá imposible. Esto será el suicidio de la ciencia y de toda la humanidad.

La bomba atómica de 1945 dejó a todo el mundo consternado y puso fin a la segunda guerra mundial; sin embargo, una catástrofe mucho más espantosa ha empezado, más aún cuando Rusia va a aportar un nuevo triunfo en el dominio de la técnica y de la ciencia natural.

Hace ya algunos años, hemos podido leer que los científicos rusos investigaban especialmente la radiación cósmica y experimentaban con ella. A este respecto, se alude a un descubrimiento frente al cual la ciencia de la fisión nuclear se volverá insignificante. Los científicos rusos quieren desviar, en provecho de sus planes dialécticos, la aportación de la energía destinada a la alimentación del corazón de la Tierra, el combustible de nuestro cosmos. Quieren usar directamente la energía de los átomos de la sustancia original y las fuerzas del Logos solar. En comparación con esto, la difícil producción de energía destructora a partir del átomo de uranio, parecerá un juego de niños.

 

Las consecuencias que resultarán del empleo de las fuerzas de la sustancia original cósmica se adivinan fácilmente a la luz de la ciencia esotérica. El drama de Atlántida se repite ante nuestros ojos. En la ambición del mundo de la ciencia volvemos a encontrar la reencarnación de Atlántida, reino que desapareció igualmente por haber atacado los fundamentos divinos del orden cósmico. El culpable entonces fue el clero. El ocaso del mundo será ahora la consecuencia de la actividad de la ciencia dialéctica.

Para la humanidad actual, penosamente ocupada en toda clase de intentos de restablecimiento, sería preferible que dejara a un lado todos los intentos de reglamentación y encerrara por malhechores y locos peligrosos a todos los agentes de la ciencia experimental, así como a los dirigentes que la sostienen.

Evidentemente, esto no se puede hacer y, como es natural, no sucederá. Semejante saneamiento es imposible, ya que, desgraciadamente, nuestra humanidad sólo quiere aprender por propia experiencia. En otros términos, el ocaso del orden de este mundo es ya, en principio, un hecho. Se hará realidad en un futuro bastante próximo; es cuestión de algunas centenas de años.

Este campo vital, este estrato dialéctico tan degradado e impío, será purificado, y se restablecerán las relaciones de la dialéctica natural. Se trata de pura lógica.

Mientras el clero de Atlántida cantaba el himno de su poderío, sucumbía. Cuando la ciencia de los arios crea poder festejar los formidables triunfos de su apogeo, sucumbirá, arrastrando con ella a los adoradores de esta idolatría moderna.

 

Después de todo lo que antecede, el lector entenderá mejor que antes por qué la Escuela Espiritual llama a los hombres de buena voluntad para que reflexionen y lleguen al cambio fundamental y a la renovación estructural. Se trata de una elección ante la que se encuentra inevitablemente cada ser humano.

¿Pertenecerá usted a la categoría de los que perecerán con su ídolo y deberán volver a empezar un nuevo ciclo? ¿O bien pertenecerá a la categoría de los pioneros que, según la conciencia, el alma y el cuerpo, tomarán todas las medidas necesarias para que no les perjudique la segunda muerte y para elevarse así hacia un bien superior? Basta con saber: ¿Nos acompañará usted, o no? ¡Hay consecuencias unidas a los dos caminos!

 

Existen diferentes teorías en lo que concierne al antiguo reino desaparecido de Atlántida. Los hechos exactos a este respecto son muy escasos, lo que explica la multiplicidad de teorías y especulaciones. La ciencia oculta no propaga detalle alguno a este respecto.

De todas formas, es seguro que nada puede existir perpetuamente en el orden del mundo dialéctico; continuamente se desarrolla un cambio de valores, fuerzas y estados. Por consiguiente, en este orden natural no puede haber construcción en sentido de crecimiento y de despliegue constantes, ya que cada ascenso es seguido inevitablemente de una caída.

En el orden dialéctico original, esta marcha ascendente y descendente de las cosas no era análoga al bien y al mal; no quería decir que el bien fuera destruido por el mal y el mal a su vez por el bien. La marcha ascendente y descendente era, al principio, solamente un cambio. La duración de cierta situación no la determinaban los hombres ni la influencia humana, sino las leyes naturales de dicho estrato.

 

Sin embargo, la caída de la humanidad ha perturbado y dañado también nuestro estrato vital, por ello, en lugar de la «dialéctica natural» se encuentra la «dialéctica vengadora», situación en la que «tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe»; dicho de otro modo: el trabajo de los hombres hace surgir tensiones continuas que desencadenan la destrucción y el cambio.

En este estrato vital, un reagrupamiento de continentes y mares no era una catástrofe para la humanidad en el estado pre‑humano. Sin embargo, esto es precisamente lo que ocurre en el presente; los dos procesos dialécticos, a saber, el de la dialéctica natural y el de la dialéctica vengadora, se interpenetran. La dialéctica natural es forzada continuamente, todavía hoy, por la maldad del hombre dialéctico.

Podemos imaginarnos que el aspecto de nuestra tierra durante el período Atlante debía ser cambiado por el aspecto del período Ario. Podemos imaginarnos también que los guías de nuestro destino aprovechan este cariz de las cosas para enseñar a los hombres una lección y para revelarles una nueva posibilidad, con el fin de enseñarles a recorrer el camino que conduce a la morada original o Reino de los Cielos.

Usted puede imaginarse también que, visto el estado pecaminoso de los hombres, el cambio de la dialéctica natural podía emplearse como castigo, como profundo oscurecimiento, como la extinción de la conciencia impía, como «un sorbo de olvido», tal como aparece descrito en el libro «Las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz».

El nuevo entorno puede ser un «borrón y cuenta nueva» y un nuevo comienzo para el pecador; el cambio de la dialéctica natural puede ser también como la puerta de la renovación.

Así podemos pensar en dos desarrollos: uno para la parte de la humanidad que durante el período Atlante no había tomado parte alguna en el gran pecado, y otro para la parte pecadora.

Estos dos desarrollos existen efectivamente. Vivimos ahora en el período Ario. Una parte de la humanidad, arrastrada hacia este período con «un sorbo de olvido», vive en este período a causa del pecado de Atlántida. Otra parte ha recibido grandes y nuevas posibilidades. Por esto hablamos de período Ario, que significa literalmente: período de santificación. Un verdadero ario es un santo, una persona que atraviesa la puerta de la eternidad y del verdadero Reino con ayuda de la dialéctica natural.

Los orientalistas han hecho arios de todos los europeos. Esta necedad se volvió locura en los nazis, quienes imaginaban ser reyes arios, y se atribuían el poder y el derecho de «arianizar».

Por analogía con lo que antecede, la época actual experimentará también un cambio de ubicación de los continentes; comenzará un nuevo período, el período de Júpiter, durante el cual se abolirán todas las materias en su forma actual. Los pecadores del orden actual, los que han llegado en esta materia a una cristalización total, ya no podrán mantenerse en este campo vital inmaterial y desaparecerán.

Así va a consumarse la separación entre los dos desarrollos y los procesos subsiguientes se marcarán cada vez con más claridad, a saber: un proceso de degeneración, un proceso de cosecha, un proceso de liberación y, finalmente, los grandes procesos del final.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 10

 

La composición triple,

nónuple y dodécuple del ser humano (*)

 

En general se habla del «espíritu» humano y de la actividad «espiritual» del hombre para designar, en el lenguaje cotidiano, la capacidad de comprensión del ser humano. No obstante, no se sabe nada del «espíritu» en tanto que concepto y en tanto que ser. Se sabe algo de la actividad espiritual y se la puede seguir hasta cierto punto, pero el resto escapa al hombre, y por ello, este conocimiento imperfecto siempre engendra discusión, afirmaciones y negaciones vehementes, y una serie de especulaciones.

Lo mismo ocurre con el concepto «alma». ¿Qué es el alma? ¿Cómo se comporta con respecto al resto del ser humano? Es desconcertante la ignorancia existente también a este respecto. Se cae de nuevo en la especulación y el tanteo. La ciencia llamada psicología (palabra que significa «ciencia del alma») sabe mucho, pero muy poco sobre el alma. Un psicólogo es sin duda un hombre inteligente, pero no es un especialista en las cosas del alma, en el estricto sentido de la palabra.

Lo mismo ocurre con respecto a la naturaleza del cuerpo humano. Cuando se habla sobre el cuerpo, en general sólo se piensa en el vehículo material. En su mayoría, la masa ignora todo o casi todo sobre el conjunto extremadamente complicado que representa en realidad la forma corpórea.

 

La Enseñanza Universal habla de la «composición nónuple» del hombre, la cual contiene tres aspectos principales: el espíritu, el alma y el cuerpo. Por esto hablamos de la «estructura espiritual», de la «estructura psíquica» y de la «estructura material»; tesis que concuerda por completo con la sabiduría que nos transmiten todos los Libros Sagrados a través de los tiempos.

En la Biblia se nos presenta al hombre como «A.D.M.», tres sonidos traducidos como «Adán», los cuales son las designaciones respectivas del espíritu, del alma y del cuerpo, y cabalísticamente se representan con el número 144O, o sea 9.

 

A*Aleph, el número 1, designa el devenir, la manifestación

y la fuente de donde todo proviene; el espíritu.

 

D*Daleth, el número 4, es el ordenador o la puerta;

calificación típica de las funciones del alma.

 

M*Mem, el número 4O, es el realizador y ejecutor;

la estructura material.

 

Adán no representa nunca a un individuo, sino a la humanidad tomada en su conjunto, en su manifestación según el espíritu, el alma y el cuerpo.

 

 

Al final de la Biblia, en el Apocalipsis, se habla de 144.OOO liberados, número cabalísticamente igual a 9, y que también designa a la humanidad, tomada esta vez como el grupo que toma parte en la redención. Efectivamente, no se trata aquí de un grupo de 144.000 entidades, sino de hombres que se han sometido según la conciencia, el alma y el cuerpo al proceso de regeneración y lo han culminado con éxito. Los tres ceros se refieren a los tres ciclos de cambios fundamentales que ha atravesado esta parte de la humanidad. La parte restante de la humanidad es llamada en el Apocalipsis, en parte los «fracasados» y en parte los «rezagados».

Hemos mencionado todo esto con el fin de resaltar que también en las Sagradas Escrituras se hace referencia a la composición triple y nónuple del hombre. El número 9 es además el número de la humanidad. Nueve es también el número de Marte. Marte, en la enseñanza esotérica, designa la voluntad, la actividad autocreadora del hombre, la fuerza divina del hombre, en una palabra: el hombre en tanto que mago.

Cuando Cristo dice: «En verdad os digo, sois dioses», se refiere a los poderes divinos del hombre, con cuya ayuda podría dirigir el conjunto de los nueve aspectos de su manifestación vital. El hombre es un dios caído, es un hijo de Dios caído.

 

A continuación, consideremos aún el aspecto dodécuple del hombre, ya que, además de los nueve aspectos de la manifestación humana, en nuestra enseñanza distinguimos los tres aspectos del espíritu central o mónada.

El espíritu central no debe ser considerado aquí como una forma (como en el aspecto nónuple), sino como tres principios, como tres fuerzas: las fuerzas de Dios que hemos designado ya como voluntad, sabiduría y actividad divinas, las cuales se manifiestan en la forma nónuple.

Por lo tanto, estas tres fuerzas son transcendentes, lo que quiere decir que, por principio, se encuentran fuera y por encima de la creación nónuple. A pesar de esto, esta triple fuerza divina, esta chispa divina, es inmanente al espacio de nuestro cosmos, donde da nacimiento a la criatura nónuple para su manifestación vital.

 

Para mayor claridad, resumamos todo ello y repitamos que distinguimos al hombre, según su manifestación en la forma, como estructura espiritual, estructura psíquica y estructura material, y, según la fuerza divina, que emplea la forma, como el espíritu central. La estructura espiritual, la estructura psíquica y la estructura material constituyen el conjunto de los vehículos, el tabernáculo. El espíritu central o mónada es el Señor de los vehículos.

 

En el capítulo anterior constatamos que «no hay espacio vacío», lo que quiere decir que el espacio, el universo, está lleno de sustancia original. Este espacio, este universo en el que vivimos y donde los astros describen sus órbitas, lo denominamos el «séptimo universo» o «séptimo plano cósmico».

 

Hay, por lo tanto, todavía otros seis universos más, de los cuales ha emanado el séptimo. Nuestra representación del espacio universal sólo se relaciona con este único aspecto del universo, y solamente sabemos algo de este único aspecto. Atomos de innumerables elementos procedentes de otro universo son irradiados directamente en el nuestro o nacen en nuestro plano cósmico por una radiación procedente de otro plano cósmico. En otras palabras: detrás de los estados y manifestaciones de nuestro universo, hay causas impenetrables todavía, que se comportan transcendentemente respecto a la creación y a la criatura del séptimo plano cósmico.

El universo en el que vivimos es el plano de la manifestación universal. En la aurora de la existencia humana vemos al espíritu humano central de aspecto triple, proviniendo de lejos, unido a un principio atómico en este espacio.

Vemos cómo, mediante el fiat creador del Logos, este principio atómico se ha escindido en dos energías que obran juntas, una masculina y otra femenina, inversamente polarizadas y destinadas, desde el comienzo, a colaborar para la glorificación del Plan de Dios.

De esta forma, el espíritu se armoniza con la naturaleza de este séptimo plano cósmico, en el que la manifestación universal se expresa por la división del átomo. Así se liberan dos energías polarizadas inversamente, una masculina y otra femenina. Por este hecho, en todas las olas de vida, tanto en nuestro cosmos como fuera de él, vemos aparecer dos aspectos visibles, uno específicamente masculino y otro específicamente femenino.

Por lo tanto, cuando el ser humano aparece, se presenta en calidad de hombre y en calidad de mujer. Cuando el átomo original doble se escinde, vemos, desde el alba de las cosas, a dos seres. Más adelante veremos más de cerca la tarea que debe efectuar esta pareja.

 

Tan pronto como el espíritu central o mónada se desprende, como de un huevo, del átomo original, lo vemos unido a una forma: la estructura espiritual de aspecto triple. Vemos una especie de estructura de líneas de fuerza. Esta estructura espiritual atrae las fuerzas de la sustancia original circundante. Así aparecen el calor, la energía y la luz, y la estructura espiritual ‑el hombre según la idea‑ es animada. Así nace la estructura del alma humana, también de aspecto triple. Con la ayuda de las fuerzas atraídas de la sustancia original concentrada, se pasa a la construcción y a la realización. La idea animada toma así una forma o configuración que es igualmente triple.

El hombre nónuple según el espíritu, el alma y el cuerpo ha nacido: inmortal, magnífico y omnipotente, manifestado por el Espíritu de Dios. El alma y el espíritu se expresan en el cuerpo. Tanto el cuerpo como el espíritu se manifiestan en el alma. El alma y el cuerpo se demuestran en el espíritu.

En el cuerpo mental, que tiene su sede en el santuario de la cabeza, debe hablar y reflejarse totalmente el espíritu eterno.

En el cuerpo astral, que tiene su sede en el santuario del corazón, debe manifestarse el alma eterna.

En el cuerpo material denso que, como vehículo de la realización, posee un crisol creador de espíritu, de alma y de materia en el santuario de la pelvis, debe demostrarse y exteriorizarse el hombre inmortal.

 

Si todo está bien, debe suceder que:

 

 

en la acción de los principios de voluntad y de pensamiento, el espíritu y la materia se encuentren en el aspecto alma que denominamos fluido nervioso;

 

en la acción del principio de sabiduría, el espíritu y la materia se encuentren en el aspecto alma que denominamos sangre material;

 

en la acción del principio de actividad, el espíritu y la materia se encuentren en el aspecto alma que denominamos fluido linfático;

 

entonces, (¡y siempre si todo está bien!) toda el alma y toda la estructura material van a comunicar el resultado de sus actividades a la triple estructura divina (el espíritu divino, el espíritu vital y el espíritu humano), manifestándose así en ella.

 

En el capítulo siguiente nos acercaremos aún más a cada uno de los nueve aspectos humanos. Por el momento nos limitaremos a una visión de conjunto y a algunos detalles básicos.

 

Lo que antecede ha podido dar a entender al lector que no confundimos el alma con el espíritu; por un lado, el alma hace que el espíritu se vuelva luminoso, y por otro dirige y manifiesta la estructura material, haciendo posible la estructura corpórea. El alma, en la Enseñanza Universal, se designa con la palabra «sangre», apelación que engloba a todos los aspectos de este gran principio vital. A este respecto, la Biblia, y también otros escritos sagrados, es muy clara sobre este punto. “Porque el alma de toda carne es su sangre”, (Levítico 17:14), y “Pero no comeréis la carne con su alma, es decir, con su sangre” (Génesis 9:4).

En relación con Génesis 9, le indicamos que de dicho capítulo no puede deducirse una justificación a la pena de muerte. Cuando el versículo 6 dice: “El que derramare la sangre del hombre, por el hombre será derramada la sangre”, no se indica con ello la necesidad de la pena de muerte, sino las consecuencias del satanismo, el derramamiento intencionado de sangre etérica de los hombres que viven en la esfera material. El versículo 6 es por lo tanto una directa alusión a la ley kármica: “Lo que siembres cosecharás”.

 

 

 

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NOTA AL PIE DE LA PRIMERA PAGINA DE ESTE CAPITULO:

 

*) Ver el esquema complementario a este capítulo al final del libro.

 

 

 

 

 

 

Capítulo 11

 

El candelabro de siete brazos y el templo humano

 

Tal como lo hemos visto en el capítulo anterior, la estructura material del hombre presenta tres aspectos, los cuales son:

11 el cuerpo mental;

21 el cuerpo del deseo (llamado también cuerpo astral o campo de respiración);

31 el cuerpo material con su complemento etérico (el doble etérico).

 

La estructura del alma posee igualmente tres aspectos:

11 la estructura ígnea o alma racional: la sangre mental, vínculo entre el espíritu, el poder del pensamiento y el conjunto del santuario de la cabeza, activo en el fluido nervioso;

21 la estructura de fuerza o alma sensible: la sangre astral, vínculo entre el espíritu y el cuerpo del deseo, el cual tiene su centro en el santuario del corazón y actúa en la sangre;

31 la estructura vital o alma consciente: la sangre material, vínculo entre el espíritu y el cuerpo material, el cual tiene su foco en el santuario de la pelvis y actúa en el sistema linfático.

 

También la estructura espiritual tiene tres aspectos:

11 el espíritu divino

21 el espíritu vital,

31 el espíritu humano,

los cuales actúan respectivamente en la triple estructura del alma, y, por ella, en la triple estructura del cuerpo.

Esta nónuple manifestación humana se encuentra bajo la dirección de un principio espiritual triple e informe, el espíritu central o mónada; este principio espiritual triple representa:

11 el principio rector,

21 el principio constructor y sustentador,

31 el principio formativo,

 

los cuales manifiestan sucesivamente:

 

11 la voluntad divina,

21 la sabiduría divina,

31 la actividad divina.

 

 

Así se presenta ante nosotros el hombre dodécuple, cuyos tres principios conducen a nueve manifestaciones. Este principio dodécuple del hombre concuerda por completo con el dodécuple zodíaco. Se simboliza mediante los doce panes de proposición expuestos ante el Señor en el templo de Jerusalén.

El alumno en el camino que toma conciencia de esta plenitud dodécuple, y que, tras su ascenso regenerador, se vuelve capaz de emplear de nuevo perfectamente su microcosmos, se representa en los Evangelios como si tuviera «la edad de doce años».

El pintor Van Meegeren ha pintado bellamente al niño Jesús con doce años en el templo, y sobre este «niño de doce años» existen numerosos mitos y narraciones maravillosas, y en las catequesis se narran cosas graciosas sobre él. Pero, según la comprensión gnóstica, debemos ver en esta imagen al hombre dodécuple consciente que puede ofrecer al Señor sus doce panes de proposición y que penetra en el templo de este mundo para encontrar en él a los doctores de la dialéctica y entablar la lucha contra este mundo.

Tan pronto como el buscador religioso sobrepasa la fase en que considera la Biblia como un relato histórico o como un relato místico, puede llegar a comprender las formidables profundidades del Evangelio.

 

En la sustancia original, en el universo, en el espacio del séptimo plano cósmico, encontramos las fuerzas y materias que componen el hombre nónuple y que mantienen su nónuple ser. Distinguimos ahí tres elementos primarios: el fuego invisible, el agua viva o sustancia original, y la luz; y tres elementos secundarios: el aire, la tierra y el agua.

El oscuro fuego invisible se cierne sobre el agua viva y, por este encuentro, se engendra calor y luz. Por la luz nos es revelado el fuego y el agua viva; también se forman, mediante la luz, los elementos secundarios, a partir del agua viva y del calor. De esta forma nacen, por transmutación alquímica, las materias sólidas, líquidas y gaseosas.

Tomemos un ejemplo sencillo que, aunque incompleto, dará cierta representación mental de cuanto antecede. Cuando calentamos un caldero de agua hasta la ebullición, se forma vapor (aire); pero también se forma un residuo mineral, una cristalización (tierra); e igualmente queda una masa de agua. El agua evaporada puede llegar a condensarse, por ejemplo en el cristal frío de una ventana, volviendo a dar agua. Así vemos formarse, de los tres elementos primarios, tres formas secundarias. Y también descubrimos que todo este movimiento, esta transmutación, este circuito, debe ser provocado por una causa primera. Esta causa primera es, por lo tanto, el séptimo o, de hecho, el primer elemento: el Logos. Existe, pues, una fuerza séptuple, un Espíritu Santo Séptuple que concibe, conduce y mantiene el universo.

Ahora puede usted comprender lo que simboliza el candelabro de siete brazos que se encontraba en el santo del tabernáculo, al lado de la mesa con los doce panes de proposición. Este candelabro con siete brazos expresaba, entre otras cosas, las siete potencias del séptimo plano cósmico, los siete elementos sublimes, gracias a los cuales el hombre dodécuple realiza su tarea.

 

Cuando observamos al hombre dodécuple en la magnificencia de su estado de desarrollo más elevado, y tal como debe ser, puede ser y era al principio, alimentado y conducido por la luz de las siete estrellas, por el candelabro de siete brazos, por los siete elementos, entonces comprendemos que este hombre era y es un verdadero hijo de Dios, en el sentido literal de la palabra. En este estado sublime hay una unión perfecta y directa entre Dios y el hombre, un conocimiento y un encuentro personales.

De este hombre dodécuple emana una luz, una vibración y un fervor de amor hacia Dios, y en esta ofrenda diaria, espontánea y desde el interior, vemos establecerse esta unión entre Dios y el hombre, mediante una comprensión de primera mano. Así está ante el santo de los santos del tabernáculo.

En el santo de los santos vemos el incensario de oro, símbolo del hombre dodécuple glorificado, brillando en sus cualidades de alma. Se revela inmediatamente la necedad y la negatividad del empleo del incienso. El incienso que emana del interior, la fuerza de vibración del ser luminoso del hombre verdadero que efectúa y mantiene la unión con los Hierofantes de la Luz, a causa de su «olor agradable a Dios» (como dice el Salmista), es parodiado, al quemar incienso artificial, con la intención de despertar vibraciones etéricas.

Vemos a continuación, en el santo de los santos, el arca de la alianza, en la que tiene lugar el encuentro directo con Dios. En el arca se encuentra el cántaro de oro que contiene el maná, el pan de la vida, la vara de Aarón y las tablas de la alianza, los cuales simbolizan: el pan que se nos ofrece directamente, la fuerza universal que se ha vuelto nuestra posesión, y la santa ley que conocemos y poseemos por completo, y por la que vivimos.

Esta unión entre Dios y el hombre, entre la Luz y el hombre, está anclada profundamente en la Biblia, y todo lo que hasta ahora hemos dicho sobre la iniciación, sobre la aceptación en la Jerarquía y sobre la participación viva en la Jerarquía, no es, por lo tanto, una exclusividad de la filosofía Rosacruz, sino que le transmitimos la Enseñanza Universal. Todas estas cosas que transmite la Biblia no son viejas historias del pasado, sino valores eternamente actuales.

 

El hombre dodécuple lleva el tabernáculo o templo en su propio ser. Ya hemos hablado sobre los tres santuarios: el santuario de la cabeza, el santuario del corazón, y el santuario de la pelvis.

En el santuario de la cabeza están la mesa con los doce panes de proposición y el candelabro con siete brazos. Estas fuerzas y luces representan el zodíaco y el planetario humanos. En el santuario de la cabeza deben irradiar los doce signos del zodíaco microcósmico, alimentados y guiados por los siete elementos.

En el santuario del corazón vemos el arca y el incensario. El incensario es el esternón, palabra que significa «irradiador». Del esternón se eleva hacia fuera, hacia dentro y a lo largo de la columna vertebral, «el olor agradable». Detrás del esternón, en el santuario del corazón, se encuentra el timo que es el arca de la alianza interior. Esta arca está simbolizada en la pirámide de Gizeh por la tumba abierta en la cámara del rey. Esta tumba queda abierta hasta que Dios mismo la cierre y selle. Piense a este respecto en el arca de Noé que también fue cerrada por Dios, con el fin de permitir a Noé navegar sin trabas por el mar de la vida.

 

El santuario de la pelvis es el atrio del templo, aunque también es la realidad a la que el sacerdote interior vuelve, después de haber efectuado su trabajo en el templo. Como foco de actividad, es un centro de fuerzas etéricas (de materiales de construcción) alimentado por el bazo.

Tanto anatómicamente, como en lo referente a sus funciones físicas, los tres santuarios están estrechamente unidos. Desde el punto de vista espiritual, su colaboración es un santo y maravilloso prodigio. Las fuerzas del santuario de la pelvis pueden subir, a través de las ocho aberturas del sacro (¡adviértase este nombre!) hasta el santo, el santuario de la cabeza, y, por el canal del fuego espiritual‑espinal, al santo de los santos, el santuario del corazón. De ahí, el sacerdote puede descender a la realidad de la vida para construir en ella su obra al servicio del Señor.

 

En las páginas anteriores le hemos dado a entrever algo del tabernáculo, pero, aparte de cierta orientación general, de hecho esto carece de valor para usted, ya que el tabernáculo humano actual es dialéctico. Una conciencia biológica gobierna el santuario de la cabeza; el santuario del corazón está subyugado por las fuerzas anímicas del hombre inferior; en el santuario de la pelvis, las fuerzas etéricas concuerdan con el estado de los otros dos santuarios.

La misión del hombre actual es construir un nuevo templo, el cual debe tener cierto parecido con el tabernáculo original humano, aunque es fundamentalmente distinto. En efecto, el hombre actual ya no es un sistema dodécuple completo. Lo es en principio, pero en la práctica se encuentra muy pervertido. La estructura espiritual y la estructura del alma funcionan casi automáticamente. Ya no se puede hablar de dirección, construcción, ordenación y estímulo conscientes del espíritu. El estado del alma concuerda con esta aridez total y con este estado de «letargo mortal» espiritual. De la creación divina original sólo queda un hombre biológico maquinal en una estructura material muy cristalizada. Ya no hay unión con el Logos, con Dios: ¡El hombre es una realidad rota!

El fuego séptuple que arde para la humanidad se ha convertido en un símbolo. Los panes de proposición, el candelabro, la ofrenda de los perfumes, el arca, etc., son actualmente simples adornos de las iglesias.

 

El antiguo templo, el tabernáculo, representaba al hombre dodécuple ideal provisto de los atributos y fuerzas espirituales que necesitaba. Pero este antiguo templo demostraba también expresamente que el hombre había sido apartado de este templo y que ya no podía emplearlo. Sólo los sacerdotes podían penetrar en el santo. Sólo el sumo sacerdote podía penetrar una vez al año en el santo de los santos.

El hombre sólo podía contactar con el Logos mediante un intermediario; el clero era el eslabón entre Dios y el hombre. Una pesada cortina tapaba el santo; otra más pesada colgaba ante el santo de los santos.

Desde el punto de vista corporal, esto es también un hecho. Nosotros hablamos de «auto‑francmasonería» y quizás diga usted que hemos pasado ya la fase clerical; sin embargo, ¿qué representa su «francmasonería» si usted está atado por todos los lados?

 

Cuando quiere hacer el bien, hace o desencadena el mal. Así es la ley de la dialéctica, la ley de los contrarios que hace que el mal y el bien se sucedan alternativa y perpetuamente. Usted está prisionero en un país fronterizo. Y así puede ser planteada la pregunta ‑y se la planteará sin duda, si usted es sincero o se encuentra bloqueado en sí mismo y está saturado de experiencias‑: ¿Cómo puedo volver a construir el templo? ¿Cómo reconstruir el hombre original?

Esto sólo puede hacerse en la fuerza de Cristo y por ella, sin la cual nada puede ser realizado. Le hemos hablado de la sangre como alma, del alma como luz, de la luz que se hace visible, de la luz que enciende el candelabro, y de la luz como principio constructor y mantenedor.

Al igual que el universo se manifiesta en el cosmos por la luz, también el hombre verdadero debe llegar, mediante la luz del alma, a la resurrección y a ser salvado. Por lo tanto, cuando se dice que la sangre de Jesucristo nos purifica de todos nuestros pecados, eso no es una mera cita, sino que corresponde a un hecho claramente científico.

Cuando esta luz nace y muere diariamente en usted, por la actividad de los cuatro éteres santos, entonces el velo del templo es rasgado y usted encuentra la entrada hacia el nuevo templo. Solamente entonces se libera del país fronterizo y supera la fase del Antiguo Testamento.

Entonces, como Juan en Patmos, recibe nuevamente y en toda su gloria, los siete candeleros de oro, que serán para usted como siete estrellas en su mano derecha. Entonces usted deberá emplear estas fuerzas directa y positivamente en el nuevo templo interior. El incensario de oro arderá, Dios mismo cerrará la tumba abierta de la pirámide, y usted viajará hacia nuevos países.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 12

 

El proceso de regeneración y salvación del mundo

 

En el capítulo anterior hemos hablado del templo humano, en relación con la composición nónuple y dodécuple del hombre, y que el alumno en el camino de la liberación debe llegar a una nueva construcción del templo.

Antiguamente hubo en nosotros un templo humano no mancillado, en el que el hombre mantenía una unión directa con Dios. Después de la caída de la humanidad, hubo un templo simbólico fuera del hombre, donde la unión de Dios con el hombre sólo podía establecerse con ayuda de la magia de los sacerdotes.

Este antiguo templo fue destruido por Jesucristo cuando desgarró el velo que cerraba la entrada al santo de los santos, y con ello liberó, para cada ser humano, el camino directo hacia Dios. Por la ofrenda de la sangre de Cristo, su fuerza de alma se transformó en fuerza atmosférica, en la que todos podemos participar. Ahora el hombre es llamado a comenzar en esta fuerza la auto‑francmasonería, a la liberación por la construcción de un nuevo templo.

Este impulso para la reconstrucción del templo es irradiado sobre la humanidad, manifestándose como un fenómeno atmosférico‑espiritual, respecto al cual la humanidad reacciona de dos maneras: bien con la religiosidad natural espontánea, bien conmovido por el impulso espiritual del pre‑recuerdo.

Hay aún una subclase degenerada de hombres, que no pueden alinearse en ninguna de estas dos categorías, es decir, en quienes no habla ni la religiosidad ni el pre‑recuerdo.

 

El hombre religioso responde al impulso atmosférico y espiritual que experimenta, y, al tratar de reaccionar a él, lo adora. Pero, como no tiene ni pre‑recuerdo ni conocimientos ocultos, no sabe como reaccionar. Por esto, no puede desarrollarse ningún proceso regenerador de abajo hacia arriba, ningún camino de santificación o iniciación. En dicho hombre se desarrolla, a lo sumo, un proceso de purificación de la vida en el plano horizontal, un alejamiento de cierta manera de vivir y un acercamiento a otra, situada, sin embargo, en el mismo nivel que la antigua.

Si falta conocimiento verdadero no puede ser efectuada una renovación estructural. Esto explica la frase de la Biblia: «Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento», conocimiento que no es el conocimiento intelectual, sino el conocimiento capaz de llevar a cabo el renacimiento de agua y de espíritu.

 

El hombre religioso no se interesa por dicho conocimiento, ya que no puede comprenderlo. Se inclina completamente ante las autoridades, aceptando como tales a la iglesia o a la Biblia, o a los dogmas fundados sobre la iglesia y/o la Biblia. Dicho hombre puede ser muy místico, devoto y ferviente, pero le faltan las posibilidades de renovación. Permanece encerrado dentro de los límites dialécticos. La vida mística muestra, por consiguiente, el conocido aspecto del subir, brillar y descender. El hombre religioso no supera la fase del Antiguo Testamento. Para él, el templo exterior sigue siendo el tabernáculo, y como ya no hay un sacerdocio puro y sabio, nace el caos, la destrucción y la degeneración. Nuestra época nos ofrece un abundante testimonio de esto.

El hombre continúa deseando un templo exterior, pero éste ya no pudo seguir existiendo a partir del momento en que la fuerza de Cristo se volvió atmosférica. La era crística coloca al hombre ante la necesidad de erigir de nuevo el templo en sí mismo. Por esta razón todos los intentos de renovación de las iglesias deben fracasar, ya que los grupos que las dirigen, los teólogos y sacerdotes, ya no pueden penetrar en el santo de los santos como sacerdotes o sumos sacerdotes iluminados. Les falta el conocimiento iluminador, la fuerza y la condición, de tal forma que ya ni siquiera pueden realizar la misión original del Antiguo Testamento. En consecuencia, la situación de la iglesia es desesperada. Tiende a volverse cada vez más una institución ético‑social y nada más que eso.

En la antigüedad los sacerdotes eran magos. Un verdadero sacerdote debía ser un iniciado, un alumno de la Escuela Espiritual, es decir, de una escuela de profetas. Sin duda, no se necesita argumentar mucho para demostrar que nuestras universidades no responden a esta exigencia. Los teólogos actuales son hombres religiosos que en nada se distinguen de la masa religiosa media. Si la iglesia desea recibir de nuevo un cometido en los acontecimientos espirituales de la universalidad, deberá ser dirigida por sacerdotes iniciados, quienes deberán intentar, de forma lenta y terapéutica, elevar al hombre religioso por encima de la fase del Antiguo Testamento, con un nuevo método mágico.

En el capítulo siguiente examinaremos si los métodos ejercidos en ciertas iglesias y grupos religiosos naturales pueden ayudar a este respecto.

 

Coloquemos ahora, frente al hombre religioso, al hombre que posee el pre‑recuerdo. Este hombre sigue el vestigio atávico de su realeza y busca un método para realizarla. Deseando colmar sus carencias, pasa a la experimentación mágica; en sí mismo y por su propia fuerza quiere seguir el impulso todavía indeterminado hasta su realización; quiere ejercitarse con vistas a la liberación; busca poder.

Vive en la ilusión de que le es posible alcanzar semejante realeza en su estado actual y con los medios que tiene temporalmente a su disposición. Pero esto es imposible, ya que el hombre dialéctico no puede alcanzar la realeza; «la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios». Así se desarrolla un caos formidable, miles de métodos ocultos y una cantidad de libros increíble.

Generalmente, este hombre natural impulsado por el pre‑recuerdo no es un hombre religioso. Quiere algo parecido a un ritual mágico, pero no conoce una verdadera expresión religiosa. No busca la dirección interior de Dios, no aspira a hacer la voluntad de Dios. ¡Busca la realización y el poder para sí mismo! Si usted es un hombre con pre‑recuerdo según la naturaleza, se reconocerá a sí mismo en lo que decimos.

 

Todas estas aspiraciones ocultistas conducen a una terrible pérdida de energías y a un dolor profundo. Es una búsqueda sin hallazgo, un esfuerzo sin resultado, un caminar sin luz. Es errar sin fin en el plano dialéctico. Todo esto es tan malo como en la iglesia, sólo que es malo de diferente manera. El ciego no tiene nada que reprocharle al cojo. La Enseñanza Universal muestra al hombre claramente que, tal como hemos expuesto, el pre‑recuerdo es necesario. En primer lugar, el pre‑recuerdo le hace tomar conciencia de su caída, de su degradación, de su ceguera e ignorancia. El hombre esotérico debe llegar a concebir su estado de hijo perdido y descubrir que es necesario construir un hombre y un templo nuevos, que el único camino de la liberación es el de la reconstrucción de lo que se perdió una vez, que ha perdido la fuerza de luz original, pero que Cristo se la ofrece de nuevo.

Así llega a tener un nuevo punto de vista religioso, una nueva orientación religiosa y se vuelve por ello, a la vez, un hombre religioso y un hombre con pre‑recuerdo, es decir, un hombre que se sabe totalmente dependiente de Dios, que le ama por encima de todo y que espera todo de él; un hombre que sabe, por conocimiento interior, lo que es la unión viva con Dios.

El ascenso sólo puede celebrarse mediante esta unión. De este modo, se colocan las bases del sacerdocio real y de una dirección universal de la humanidad.

La Rosacruz moderna se coloca ante este desarrollo, ya que ella abarca y reúne al esoterismo, a la Enseñanza Universal y a la religión; templo y filosofía; instrucción interior e iglesia. Para el hombre solamente religioso, nuestra obra no significa nada organizativamente.

Nuestro esfuerzo es hacer del hombre natural oculto un hombre religioso, despertando en él la verdadera humildad y la conciencia de su dependencia de Dios, para mostrarle a continuación el camino hacia lo alto y precederle en él. Sólo de este modo puede reconstruirse el nuevo templo interior.

¿Cómo puede ser que en el hombre simplemente religioso no hable el pre‑recuerdo? Esto se debe a que su estado se arraigó profundamente en la materia de la dialéctica, de lo que surgió como consecuencia un estado sanguíneo diferente. No se considera este «arraigamiento profundo» como sinónimo de «malo», sino como un aislamiento total del mundo de la humanidad original. El otro grupo ha tenido, desde el principio, cierta unión con el campo mundial original. Así, el trabajo de la Escuela Espiritual consiste en estimular un pre‑recuerdo renovado en todo el grupo de hombres que ya lo poseen. El segundo grupo, compuesto por hombres simplemente religiosos, perdió por completo el pre‑recuerdo y, por ello, es estructuralmente diferente. La causa íntima de esta pérdida no es conocida, al menos por nosotros; bástenos con tenerlo en cuenta.

 

El hombre con el pre‑recuerdo, o sea, el hombre esotérico, puede y debe volverse religioso; pero el religioso no puede volverse esotérico. El hombre con el pre‑recuerdo puede aprender del hombre devoto y religioso convencido, a volverse religioso de verdad; lo contrario es imposible.

 

Cuando las cosas no van bien en el campo religioso, cuando todos los intentos de revitalización de la iglesia fracasan lamentablemente y, con asombro, se busca la causa de este fracaso, el hecho está muy claro para el gnóstico. No obstante, no puede explicarlo porque no le comprenderían. Por esto, el cometido del hombre con el pre‑recuerdo es actuar con tacto y adaptarse al hombre religioso, llevarle su ayuda y cierta directiva.

La historia del mundo ha vivido muchas veces la repetición de este hecho. Pensamos aquí en la historia del Antiguo Testamento, del maestro constructor Hiram Abiff, que ayudó a Salomón en la construcción del templo. Salomón, el hombre religioso, deseaba ardientemente que se erigiese el templo en el que pudiera servir dignamente a su Señor y Dios. El no podía construir por sí mismo este templo y por ello llamó al maestro constructor. El maestro constructor es el hombre transfigurado que conoce el camino de la verdadera construcción del templo y posee interiormente la fuerza y el poder indispensables para la construcción del templo divino.

Si las iglesias actuales quieren salir de su estancamiento, tendrán que aceptar conscientemente la misma ayuda. Como esto incluiría el reconocimiento de su propio estado desesperado, en las condiciones actuales no se puede esperar tal cosa. En esta colaboración, que vendrá tarde o temprano, hay todavía numerosos problemas.

En la antigüedad hubo períodos en los que la iglesia, es decir, la masa religiosa, era conducida totalmente por iniciados, por hombres con el pre‑recuerdo. Vino después un tiempo en que los iniciados no hicieron nada más que ayudar en la construcción del templo, dar instrucciones y otras cosas parecidas. Este contacto también se perturbó, comenzando entonces la degeneración que condujo al actual estado.

Ahora no es posible retroceder en el camino y volver a una colaboración parcial para, a continuación, aceptar la dirección del hombre con el pre‑recuerdo. Las circunstancias cósmicas han cambiado totalmente a causa de la aparición del Espíritu de Cristo. La iglesia ha perdido con ello su significado de antaño; el cometido que la iglesia cumplió en el pasado carece actualmente de valor, ya no es útil. El velo del tabernáculo ha sido rasgado y el hombre ya no puede descender hasta el estado de minoría de edad del Antiguo Testamento. A pesar de que se intente, nunca se conseguirá.

Es necesario y posible que cada hombre, religioso o esotérico, lleve a cabo una unión individual directa y consciente con el rayo crístico, sin intermediarios y libre de toda autoridad exterior. El camino de la autonomía está asegurado en Cristo para cada ser humano.

 

Para responder a esta nueva exigencia se necesita un nuevo método mágico. Este fue el objetivo por el que se formó una nueva Fraternidad Gnóstica mundial que vive en la dualidad de religión y magia. Es una nueva francmasonería sobre una base positivamente crística.

 

Como consecuencia de esta magia crística, que en todos los países del mundo comienza desde abajo, se ha formado en este campo de vida una radiación horizontal. Esta radiación no puede explicarse por nuestro campo de vida. Este campo de radiación que abarca a todo el mundo y que es mantenido por una red de templos de fuego, baña a toda la humanidad y de esto resulta una reacción prodigiosa. El elemento destructivo y verdaderamente malo es apartado. El hombre con el pre‑recuerdo encontrará la senda del verdadero camino y la masa religiosa gozará del contacto crístico, libre de la autoridad de los hombres y libre de las iglesias.

Así se cumplirá el gran trabajo de salvación de la humanidad por la magia neo‑crística de la Fraternidad Mundial, sostenida desde abajo por el campo de fuerza horizontal. El formidable cometido que reposa sobre los hombros de todos los hombres esotéricos, debe ser comprendido claramente por todos los que quieren vivir ahora en este campo de radiación. La llamada de la Fraternidad se dirige hacia todos los que son capaces de entender, pues también ellos tienen que ponerse manos a la obra.

 

¡La gran tarea de la humanidad llama a sus colaboradores!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 13

 

La nueva Fraternidad Mundial

y los peligros de la iglesia

 

Con la intención de reforzar en su pensamiento y su entendimiento lo tratado, enumeramos algunos pensamientos fundamentales de la vida espiritual:

El hombre es portador de la imagen de Dios. Actualiza a Dios en sí mismo. Antaño formaba una unidad completa con Dios: Dios moraba en él y él en Dios.

Tenía en sí mismo el triple templo completo: el santo, como foco del santuario de la cabeza, el santo de los santos, como foco del santuario del corazón, y el atrio, como foco del santuario de la pelvis.

El mismo era el sumo sacerdote de este templo, el servidor supremo de Dios. Pero también era el rey total y pleno en su microcosmos: todas las fuerzas y poderes estaban subordinados a él. Por esta razón, fue nombrado sacerdote y rey según la Orden de Melquisedec, y Cristo era la cabeza de esta orden humana superior.

El hombre cayó de ese estado elevado, lo cual tuvo como consecuencia la degeneración del templo interior y la pérdida del contacto íntimo con Dios, la vida en Dios y a partir de Dios.

Sin embargo, para conservar la unión con la humanidad y para que el ser humano pudiera volver a encontrar, a pesar de todo, el camino de regreso, se desarrolló lo que llamamos «religión»: un intento de servir a Dios en un templo exterior, en el que el sacerdote era el mediador indispensable. «La Enseñanza Universal acompañó a Adán en su caída».

Esta religión tuvo siempre dos aspectos, un aspecto exterior y un aspecto interior, a saber: el servicio religioso público y la enseñanza esotérica por medio de los sacerdotes.

La religión cumplía así con dos cometidos. Alimentaba con «leche» y con «alimento sólido»; lo que no quiere decir «sin importancia» o «importante», sino que se trataba de dos cometidos que comprendían a dos tipos de hombres distintos: el tipo sin pre‑recuerdo y el tipo con pre‑recuerdo.

El tipo con pre‑recuerdo era el verdadero tipo sacerdotal; personificaba la realeza y el sacerdocio en una misma persona. La manifestación religiosa, en tanto que organización, iglesia, etc., formaba entonces una parte inherente de la tarea de la Escuela Espiritual, en la que se manifestaba directamente la Jerarquía de Cristo. Así, el hombre con el pre‑recuerdo podía avanzar en el camino mediante la iniciación, y el camino de regreso le era asegurado.

Además, por la magia del culto y el elevado estado espiritual de los sacerdotes, se formaba un campo de fuerza formidable y luminoso, con cuya ayuda el hombre sin pre‑recuerdo podía vivir experiencias profundas y una santificación de primera mano, y progresar, aunque de diferente modo.

 

Esta manifestación ideal de la religión degeneró a causa de la maldad humana. El clero de aquellos remotos tiempos pecó gravemente por abuso de poder, y este pecado pesa sobre el hombre con el pre‑recuerdo. Fue un pecado contra el Espíritu Santo, lo que significa una falta que no puede perdonarse y que debe expiarse con un acto inverso absoluto. Con otras palabras, el hombre con el pre‑recuerdo de nuestra época tiene que redimir una culpa para con toda la humanidad.

Puesto que los dos tipos de hombres, según el desarrollo dramático que acabamos de esbozar, se hundían cada vez más en el nadir de la materia, el primer sistema de unión y manifestación divinas no pudo mantenerse. Así aconteció la escisión entre la Escuela Espiritual y la iglesia, quienes, al principio, mantuvieron durante algún tiempo cierta colaboración. Encontramos un ejemplo en la colaboración entre Hiram Abiff y Salomón, entre los hijos de Caín y los de Set. No obstante, esta colaboración se desarrolló con enormes dificultades. En aquella época, el hombre con el pre‑recuerdo era ayudado por la Escuela Espiritual, y la masa religiosa por la iglesia, la cual recibía cierta ayuda de la Escuela Espiritual. Pero ya no se trataba de una vida plenamente consciente en un campo de fuerza.

Por la pérdida de esta vivencia consciente por una parte, y la extinción progresiva de la luz interior por otra, se desarrolló el pecado en el grupo del templo, los guías del templo. El nuevo clero, formado por hombres sin pre‑recuerdo, se cristalizó, enseñó sin conocimiento interior y buscó apoyo para sus afirmaciones en la letra muerta. Los sacerdotes se volvieron escribas y doctores de la ley. La religión se volvió así un simple servicio formal sin contenido.

Entonces vino Cristo. El puso fin a esta fase. Puesto que el templo exterior se había vuelto inútil, fue derruido. Cristo colocó a la humanidad ante un cometido completamente nuevo y le enseñó cómo debía ser construido el templo en uno mismo y cómo volver a encontrar en uno mismo el camino hacia Dios. El enseñó el camino del renacimiento por la reconstrucción del hombre divino original.

Actualmente, esta misión original ha sido nuevamente confiada a la Escuela Espiritual. Su objetivo es la creación de una Fraternidad Mundial, dirigida por un grupo de sacerdotes‑reyes, al servicio de ambos tipos de hombres. El hombre con el pre‑recuerdo puede redimir su deuda de antaño con el cumplimiento de esta tarea. En la nueva Fraternidad Mundial, la Escuela Espiritual viene hacia cada hombre con el pre‑recuerdo, y le coloca ante el método de iniciación del cambio de la personalidad o renacimiento del hombre celeste.

Ella se manifiesta de nuevo, impersonalmente, al hombre sin pre‑recuerdo, por medio de un campo de fuerza mantenido por templos de fuego. En este campo de fuerza ‑sin ayuda de los antiguos templos ni de sacerdotes que mantienen al hombre dependiente y le hacen permanecer ciego, sordo e ignorante en lo que concierne a la verdad viva‑ también el hombre sin pre‑recuerdo encuentra finalmente a Cristo de nuevo de primera mano. También él, por lo tanto, podrá tener en la vida un comportamiento crístico y purificado.

 

 

Esta es la misión de la Escuela Espiritual desde el comienzo de nuestra era. Y, visto a la luz de la realidad que acabamos de esclarecer, es irrefutable que lo que denominamos actualmente «iglesia» ‑lo cual significa «casa de Dios»‑ no es, en realidad, nada más que una gran mistificación. La iglesia, como en la segunda fase del templo exterior, sigue componiéndose exclusivamente de escribas y de doctores de la ley. A causa de su falta total de conocimiento directo de primera mano, se aferra con desesperación a la letra muerta y, no pudiendo hacer otra cosa, se entrega a toda una serie de especulaciones. No tienen acceso al verdadero saber y al conocimiento vivo de Dios. La iglesia ha falsificado la Biblia y, hasta hoy, ejerce una influencia pérfida sobre la gran masa, a la cual mantiene prisionera y totalmente ignorante de la realidad divina; una realidad que no conoce y que debería negar en caso de percibirla.

El campo de fuerza que la Fraternidad Mundial se ha comprometido a extender sobre todo el mundo ‑trabajo que actualmente se encuentra en pleno desarrollo y es mantenido mediante templos de fuego‑ desata de sus autoridades a la masa religiosa de manera absolutamente impersonal.

Este proceso de liberación interior de la masa prisionera de la ilusión, se cumplirá en cada ser humano, mediante un proceso personal; así se evitará cualquier lucha con la iglesia. Bastarán los derechos humanos básicos, asegurados en diversos países por la vida actual. En esta época ha llegado el momento psicológico justo, puesto que la humanidad sin pre‑recuerdo ya no está tan prisionera de la iglesia como lo estuvo antes. Hay cambios de opinión y búsqueda general, signo precursor del proceso de desprendimiento interior.

 

Si el gran trabajo de liberación quiere ser verdaderamente liberador, deberá nacer desde abajo. Este trabajo no puede ser comenzado desde arriba. Si hubiese sido posible, ya se hubiese efectuado hace siglos.

Debe llevarse a cabo de abajo hacia arriba, porque en la liberación interior se trata de volverse consciente, es decir, de auto‑liberarse. Si se intentara liberar al hombre desde arriba, es decir, desde el exterior, en lugar de liberarle interiormente se le ataría a su liberador y nacerían nuevas y diferentes dependencias. El hombre sólo será libre cuando posea la luz interior, es decir, cuando haya allanado en sí mismo el camino para la luz.

Así pues, debe haber aquí abajo un número suficiente de seres humanos que aspiren a la luz, que la pidan y la busquen, que posean un verdadero amor por la humanidad, que tengan un conocimiento interior del verdadero camino, y que estén dispuestos a renunciar al yo, el cual es la causa de toda la oscuridad.

Estos hombres deben ser reclutados de entre los que poseen el pre‑recuerdo. Es indispensable, por lo tanto, que todos los hombres que se encuentran momentáneamente en los diferentes campos de vida esotéricos, sean despertados para este trabajo. Con esta intención resuena, cada vez más vigorosamente, la llamada de la Fraternidad de la Rosacruz de Oro.

 

 

De esta manera, le hemos esbozado sucintamente el trabajo que está en pleno crecimiento, para hacerle ver con claridad cómo y con qué fin trabaja la Fraternidad en nuestros días, y para que cada alumno‑candidato se dé cuenta de la necesidad de su presencia en el gran trabajo. Ya que debe haber suficiente fuego, suficiente potencial y suficiente fuerza espiritual activa para responder a las exigencias de la misión fijada y para mantener vivo el campo de fuerza del que acabamos de hablar. En este sentido existe una condición mínima. Que cada hombre con el pre‑recuerdo conciba su gran responsabilidad.

 

Tan pronto como haya usted tomado la gran decisión de buscar el camino de la iniciación, no en su provecho, sino para servir con ello al gran objetivo de manera correcta, debe entender que le acechan en su camino grandes peligros; peligros para usted mismo; peligros para la comunidad de trabajo formada por todos los alumnos; peligros para sus semejantes, a quienes usted quiere ayudar y quienes poseen las aptitudes y posibilidades necesarias para entrar en nuestras filas y cooperar en el gran trabajo.

Algunos de estos peligros se han citado ya durante nuestras consideraciones anteriores. Deseamos profundizar en ellos, apoyándonos en la Enseñanza Universal.

 

Es natural que, en primer lugar, consideremos algunos posibles peligros que amenazan al buscador por parte de la religión natural. Esta religión utiliza una magia que no es cristiana en el sentido atribuido por Jesucristo, sino que se ha tomado de los cultos pre‑cristianos y especialmente del brahmanismo. El brahmanismo tomó a su vez esta magia de cultos todavía más antiguos, los cuales la habían recibido a su vez de la antigua Atlántida.

Esta magia es una caricatura de la que empleaban los antiguos sacerdotes‑reyes del primer período que hemos esbozado, cuando toda la humanidad se encontraba dirigida por verdaderos magos y durante el cual la humanidad no disponía todavía de poder de pensamiento autónomo. Esta magia es aplicada por un grupo que no dispone de ninguna Escuela Espiritual y por sacerdotes que no poseen ningún conocimiento interior. La magia en cuestión se esfuerza por erigir una construcción espiritual, o sea, un campo de fuerza que posee una vibración particular.

Esto parece muy bello, pero un campo de fuerza sólo tiene poder liberador cuando lo construyen y mantienen, consciente y voluntariamente, todos los que forman parte de él. En la religión natural se produce, a la larga, una esterilización total del espíritu y del alma. Por lo tanto, toda la magia antigua es un gran peligro para el hombre actual.

¿Qué sucede en efecto con esta magia? Con un ritual cantado y hablado en lengua muerta, con música preparada especialmente, con perfumes, con los mudras de los sacerdotes, con agua magnetizada y otros preparados, se produce en los creyentes un estado de trance y de conciencia negativo. En este estado, ciertos fluidos (éteres) son sustraídos de sus cuerpos vitales y éstos son los que constituyen el material que utilizan los espíritus de la naturaleza, llamados incorrectamente «ángeles», para construir los campos de fuerza.

Al igual que un médium está unido a su espíritu controlador, el ser del creyente está completamente atado después de algunas aplicaciones mágicas. Escapar de este dominio cuesta un esfuerzo tremendo al que lo intenta.

 

En los países en que esta magia se aplica sin obstáculos, reina el atraso, el primitivismo y un estado social lamentable.

Con esta magia, la religión natural se apodera de las familias, atando a los niños desde el primer instante de su nacimiento, y con ayuda de esta magia conduce al rebaño hasta su muerte. Cuando la muerte llega, se encarga del encarcelamiento después de ella.

Al otro lado de la tumba, la jerarquía natural está tan bien organizada, es tan vital y poderosa sobre sus prisioneros, como en este lado. Recibe a los muertos que, por la magia aplicada a los moribundos, se vuelven sordos, ciegos y privados de cualquier toma de conciencia de la verdadera luz. Cuando llega el momento, envía de nuevo al microcosmos al campo de manifestación de la materia en un estado de encarcelamiento casi total e impenetrable. La sujeción es total y permanece total, manteniendo así al rebaño. Este último aumenta también por medio del trabajo de los misioneros.

Los métodos primitivos de los misioneros, con sus bautizos y sus comuniones en masa, sus procesiones, etc., hacen sonreír muchas veces a los ignorantes. Sin embargo, son graves atentados contra la libertad individual que se perpetran ante los ojos de toda la humanidad.

 

No debemos descuidar el mencionar que algunos grupos religiosos naturales, procedentes del ocultismo, imitan esta magia.

Se sabe que esta magia es antigua y peligrosa. Se emplea, a pesar de todo, con la idea de que es beneficiosa, cometiendo así un grave error, ya que la magia sólo es liberadora cuando se aplica desde el interior, como consecuencia de un saber interior y como servicio desinteresado, es decir, cuando es obra de la voluntad iluminada en Dios. La Magia, la magia liberadora, debe apoyarse en cualidades interiores.

En la práctica resulta que el que tiene suficiente conciencia y sobrepasó la fase de animal de rebaño, es poco susceptible de ser tocado por la magia aplicada por el ocultismo natural. A causa de ello, dichos grupos llevan una existencia precaria.

La existencia de estas creaciones religioso‑naturales de las corrientes de origen oculto, demuestra que estos movimientos han llegado al final de su potencial. Para justificar su existencia, necesitan una orientación nueva, total y fundamental, y una unión viva con la misión de los hombres con el pre‑recuerdo.

 

A ellos les deseamos de todo corazón esta orientación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 14

 

El espiritismo  (I)

 

Como ya hemos explicado en el capítulo 7, el cuerpo material y la mayor parte de su doble etérico permanecen después de la muerte a este lado del velo, donde se someten a un proceso de descomposición. La conciencia y el resto de la estructura corpórea pasan al más allá.

En estos tres capítulos queremos profundizar ahora en el espiritismo, una de las plagas más horrorosas que agobian a la humanidad.

El cuerpo etérico se compone de cuatro éteres distintos: el éter químico, el éter vital, el éter luz y el éter reflector. Estos cuatro éteres mantienen vivo a todo el cuerpo físico. Todas las funciones orgánicas y sensoriales, todo el trabajo del cerebro y todas las actividades sentimentales se efectúan por medio de los éteres.

Debemos hacer una distinción entre los dos éteres inferiores y los dos superiores, ya que entre ellos existe una diferencia de vibración, más tosca o más fina respectivamente.

La sustancia etérica reflectora, con cuya ayuda pensamos, tiene una frecuencia de vibración muy rápida, mientras que los éteres con los que son construidas las células de nuestro cuerpo poseen una frecuencia de vibración más lenta.

Muchos son los que, habiendo estudiado la cuestión, han llegado a la conclusión errónea de que los dos éteres supuestamente superiores son en gran parte atributos del hombre espiritual, mientras que los éteres inferiores son patrimonio de los hombres más toscos. Esto es totalmente erróneo. Desde el punto de vista de la vida espiritual, los éteres de luz y reflector pueden ser mucho más toscos, funestos y animales, y en todo caso mucho más peligrosos, que los éteres inferiores; de igual forma que el ser superior, el hombre, puede ser mil veces más peligroso que el ser inferior, el animal.

Se usa con frecuencia el término de «pasiones animales», aunque las pasiones del animal son puramente funcionales, y se exteriorizan dentro de los límites del instinto y del espíritu de grupo. Por el contrario, las pasiones humanas son claramente malas.

Muchos hombres dotados de visión etérica se llenan de admiración al descubrir en alguien cierta actividad de los éteres superiores, al ver a un ser obrando con ayuda de muchos éteres de luz y reflector. Pero también el demonio puede aparecérsenos como ángel de luz.

 

El éter reflector es principalmente el éter del pensamiento. Los hombres más malvados disponen de capacidades intelectuales enormes y, por consiguiente, también de gran cantidad de éter reflector. El éter de luz es principalmente el éter del sentimiento. Todas las actividades del sentimiento, desde la más baja a la más elevada, necesitan éter de luz.

Por lo general se puede decir que los éteres inferiores son necesarios para las funciones orgánicas del cuerpo, y que los éteres superiores permiten al hombre expresarse por el pensamiento y el sentimiento en cualquiera de sus actividades vitales. La posesión de éteres superiores no demuestra en modo alguno la espiritualidad de un hombre. Tal posesión demuestra sencillamente que la persona en cuestión es muy activa en la vida, sea en el bien o en el mal.

Los éteres no nos informan, por lo tanto, acerca de las cualidades espirituales o del avance espiritual del hombre. Además, los métodos para comprobar «si los espíritus son de Dios» no tienen nada que ver con la acción de los éteres. Tampoco los colores de los éteres pueden sernos de ayuda en este caso, ya que los éteres pueden ser teñidos por la voluntad con cualquier color.

En este terreno son posibles tantas mistificaciones, que se recomienda insistentemente desconfiar de todas las sugestiones y rechazar inexorablemente cualquier aparición. A este respecto, los alumnos de buena fe reciben otros métodos para tener capacidad de discernimiento.

 

Cuando alguien muere, su cuerpo etérico sufre una división momentánea. Normalmente, los dos éteres inferiores permanecen en el cuerpo, mientras que los dos éteres superiores se mantienen temporalmente en la parte que pasa al más allá, aunque también puede suceder muchas veces que una parte de los dos éteres inferiores sea llevada consigo. Cuanto más ligado a la tierra estuvo un hombre durante su vida, es decir, cuanto más dirigía su interés hacia las cosas de este mundo dialéctico (lo que no quiere decir que este hombre sea malo, sino biológicamente normal), mayor será la cantidad de éteres inferiores que rodeen al cuerpo del difunto.

En ese estado, el fallecido se dirige hacia la gran esfera de transición o esfera intermedia, también llamada esfera de purificación o purgatorio. Esta región comprende las tres esferas inferiores del mundo del deseo: el Kamaloka de la filosofía oriental. Advierta que lo que aún queda del cuerpo etérico ata al difunto a la esfera terrestre, puesto que el cuerpo etérico se construye y mantiene con las materias y fuerzas de dicha esfera.

Después de que el fallecido ha dejado el plano etérico, los restos del vestido etérico no pueden ser conservados: se descomponen y volatilizan. Y esto es extremadamente importante, ya que tan pronto como desaparecen los restos del vestido etérico, llega el momento del conocimiento del verdadero estado de ser del hombre, conocimiento que es poco a poco asimilado. El difunto llega así, por primera vez, a la verdadera noción de lo que es, y a continuación va a las esferas celestes o infernales, de acuerdo con su estado de ser. Se entenderá, por lo tanto, que la posesión de éteres después de la muerte ocasiona una fuerte unión con la tierra.

 

Si el hombre no desea esta unión y no le presta interés alguno, sino que desea desatarse lo antes posible, no hará nada que se oponga al proceso de volatilización de éteres. Pero en caso contrario, cuando su interés se dirige precisamente hacia la tierra con el deseo de mantener a toda costa su unión con ella, hará todo lo posible por retrasar el proceso de volatilización; intentará sustituir cada pérdida de éteres e incluso aumentar su posesión de éteres. De esta forma podrá prolongar artificialmente su estancia en la esfera de transición.

Aquí encontramos la causa del espiritismo y de todos sus fenómenos secundarios, como el satanismo, los espíritus ligados a la tierra, etc. Se trata del parasitismo y de la explotación de la esfera terrestre por las innumerables entidades de la esfera de transición que se dedican al robo de éteres. El espiritismo consiste en el robo de un poco de los dos éteres inferiores y todo lo posible de los dos éteres superiores.

Estas cuestiones requieren un estudio minucioso, ya que se trata de un peligro real del que nadie escapa. Cada ser humano es más o menos víctima de estas hordas de parásitos de éteres. Muchas propiedades poco agradables y erróneas de su ser, las cuales se desarrollan en proporciones que sobrepasan en mucho su verdadero estado de ser, son consciente e intencionadamente estimuladas por tales entidades. Un sentimiento bajo, por ejemplo los celos, le cuesta éter de luz a quien lo tiene. Lo mismo ocurre con la actividad inferior de oposición consciente e intencionada, sea cual sea la razón que la provoque; esta actividad cuesta igualmente éter de luz y sobre todo éter reflector, puesto que la función mental predomina en este caso.

Pues bien, estas actividades bajas pueden ser estimuladas por las fuerzas del más allá en cuestión, por encima de las propiedades normales que el individuo dispone normalmente, haciendo imposible todo control de sí mismo. Este derramamiento de éteres constituye el alimento de las lúgubres entidades mencionadas.

Lo mismo ocurre con la cólera, la perversidad, la melancolía y, no lo olvidemos, con los excesos intelectuales. Estos estados conllevan violentas explosiones de éteres, con el consumo y el consiguiente robo de gran cantidad de éteres.

Todas las anomalías psíquicas son imputables en gran parte a la actividad de los parásitos de los éteres.

 

Podríamos preguntarnos si estas entidades, que se encuentran tan ligadas a la tierra, no podrían alimentarse de los éteres volatilizados con el esfuerzo y el trabajo del gran número de los que se orientan hacia las regiones más elevadas, o de los éteres liberados directamente en el proceso normal de la muerte, o de los éteres normalmente liberados en el metabolismo vital. Muchos, en efecto, tratan de hacerlo, y hay hordas de elementales que parasitan de ese modo. Le recordamos que los elementales son seres subhumanos que habitan en los reinos inferiores de la naturaleza o creaciones del pensamiento humano.

Innumerables son los que aplican este método en la esfera de transición. Por ejemplo, cuando su apego a la tierra se debe a la bebida, están en las tabernas y otros lugares donde pueden saciarse con los vapores del alcohol. Miles de entidades, habiendo sido adictas a la nicotina ‑más peligrosa aún que la bebida‑, frecuentan los cafés, las casas donde se fuma mucho y los compartimentos para fumadores de los trenes. Muchas entidades se mantienen cerca de los hombres con el fin de obtener, con estas prácticas de vampiro, un poco del alimento ansiado.

 

En casi todas las fotografías aparecen, después de un profundo y apropiado examen, varios elementales. La placa de fotografía es muchas veces más sensible que el ojo humano. En una fotografía tomada directamente después de la muerte, se puede ver muchas veces una imagen del fallecido no libre todavía de éteres y, por lo tanto, ligado aún a la tierra. Naturalmente, este fenómeno es efímero.

Tal forma de parasitismo es sólo, por suerte, un fenómeno pasajero en los desgraciados que se dedican a él. No son suficientemente malos, ni conscientes, ni refinados. No poseen suficientes éteres superiores para poder mantenerse. Son en gran medida repulsivos, sucios parásitos.

 

Una investigación todavía más profunda demuestra claramente que para llegar a mantenerse de forma duradera en la esfera de transición, se necesita mucho refinamiento y métodos completamente distintos. Para las entidades que persiguen este estado se trata de «ser o no ser». Su terror al infierno es tan grande y su deseo de alargar la vida es tan dinámico, que no escatiman nada en el ejercicio de su horrorosa práctica para apoderarse de los éteres codiciados. Los métodos de los nazis, con su increíble bestialidad, su incomprensible crueldad y su pasión por el asesinato, provienen del satanismo, el cual puede dominar de tal forma a un hombre o a un pueblo, que se puede decir que se encarna en él.

El satanismo reina actualmente más que nunca; está suspendido como una nube por encima del mundo. Por eso las prácticas espiritistas son cada vez más poderosas y masivas. Centenas de millares de personas son sus víctimas y, teóricamente, puede decirse que la situación de la humanidad actual es desesperada.

En la esfera de transición, las situaciones son tan caóticas, el dominio sobre los seres vivos es tan fuerte, se abusa tanto de la decencia todavía presente en muchos y los demonios están tan cerca de nosotros, en tal cantidad y calidad, que semejante situación hubiese parecido imposible antes. Muchos entre los mejores están tan prisioneros del satanismo, que nos vemos forzados a afirmar que el príncipe de las tinieblas reina aquí como amo supremo. El satanismo gobierna en este mundo.

Algún lector supondrá que exageramos. Pero le aseguramos que no exageramos en absoluto. Lo que puede parecer una enorme exageración y una audaz fantasía no es nada más que una sencilla indicación de la atroz realidad.

 

¿Cómo actúa el satanismo? Para llegar a entender esto debemos partir del hecho de que el cuerpo etérico de cada hombre es diferente en naturaleza y vibración. Así pues, una entidad de la esfera de transición no puede apropiarse a su gusto de los éteres ajenos. Trata de hacerlo, por supuesto, pero no puede guardarlos por mucho tiempo, ya que la diferencia con su propia fórmula vibratoria hace que se volatilicen rápidamente.

 

Sin embargo, para llegar a sus fines, pasa a la práctica de un método increíblemente refinado de posesión. Trata de apoderarse de un ser humano que vive en la tierra y con el que tiene cierta polaridad, para después de meses o de años crear el equilibrio vibratorio deseado. Entonces, los éteres codiciados pueden ser vampirizados. De esta manera, vive a costa de su víctima, la cual lleva una mísera existencia. Asociándose a diversos cómplices, controlan círculos enteros y sustraen a los asistentes fuerzas etéricas y fosfóricas que asimilan a través del médium. Estas entidades «mantienen» sus círculos espiritistas como un granjero posee cerdos, gallinas y vacas para vivir de sus productos.

A veces suceden accidentes. La entidad controladora llega a penetrar tan profundamente en el ser de su víctima, que llega a desalojarle. Esto provoca casos de locura. Ante esto, la mayoría de ellos retrocede, ya que si esto sucediera, al ya no poder aprovecharse convenientemente de ese cuerpo ajeno, del que se han apoderado, también ellos llevarían una existencia miserable.

Sin embargo, existen ciertos casos en que estas posesiones son llevadas a cabo a la fuerza por temor a ser expulsados de la esfera intermedia, a veces también por temor a los cómplices o a causa de la lucha entre las entidades controladoras de un médium. Todo es posible al respecto.

Numerosos problemas y preguntas quedan por resolver, como, por ejemplo, la naturaleza del engaño, la organización del satanismo, las causas de los suicidios, la esencia del homicidio en general, la causa de los actos bestiales, las influencias sobre la religión y el ocultismo, y sobre todo el camino de la curación y el camino del combate contra el satanismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 15

 

El espiritismo (II)

 

¿Qué es un médium? En cada época ha habido respuestas para esta pregunta, y todas las grandes filosofías religiosas reprueban la mediumnidad y advierten sobre sus peligros; siempre se prohibió interrogar a los espíritus.

En cambio, todos los conocimientos religiosos verdaderamente paganos, es decir, todas las degeneraciones religiosas, han nacido exclusivamente de la mediumnidad y son mantenidas por ella. En los pueblos y tribus, como, por ejemplo, los de los negros, indios y dayaks, los hechiceros entran en estado de trance y crean así un lazo con los espíritus que decretan sus leyes.

La mediumnidad se apoya en la sensitividad, y así como hay diferentes clases de sensitividad, también hay diferentes clases de mediumnidad.

¿Cuál es la causa de esta sensitividad? Pensemos primeramente en la esfera aural, también llamada cuerpo del deseo o campo de respiración. Esta esfera aural concuerda con todo el estado de ser del hombre. Es un campo de vibración en concordancia perfecta con la persona que lo ocupa. Esta esfera aural se abre solamente a lo que es de igual naturaleza; todo lo que difiere de ella se encuentra ante un muro infranqueable.

Este campo vibratorio concuerda con el estado de la sangre heredada de padres y antepasados, en la que también desempeña un papel el propio pasado microcósmico. Este campo se mantiene en equilibrio con el estado de la sangre, de los sentidos y de la conciencia, por medio de la respiración.

Dicho equilibrio se mantiene de la forma siguiente: el pensamiento, la voluntad y el sentimiento forman una triple actividad de la conciencia, tal como vimos en uno de los capítulos anteriores. Guiado por esta triple actividad, el ser humano irradia a través del esternón siete rayos hacia el exterior. Esta radiación tiene una actividad de repulsión y otra de atracción. Así, todo lo que no concuerda con su ser es alejado de su esfera aural y es atraído todo lo que está en armonía con él.

Tan pronto como el campo de respiración es preparado así, es relacionado con la sangre por la respiración; y la sangre, a su vez, comunica a todos los órganos vitales las fuerzas y actividades de este campo de respiración. Los centros del cerebro, como focos del pensamiento y de la voluntad, son preparados de manera especialmente directa y sin la intervención de la sangre, mediante la asimilación que tiene lugar a través del etmoides.

 

De esta forma y de acuerdo con su estado de ser, cada hombre es en cierto sentido un médium, ya que su conciencia está abierta a las influencias externas. Considerado así, se puede decir de casi todos los hombres que no son «ellos mismos», que no son libres, sino que viven según la vida determinada por las fuerzas exteriores. Esto puede aplicarse a todos los hombres en general, pero en particular a los que han alcanzado cierto nivel cultural, o sea, a quienes están al servicio de la ciencia, del arte y de la religión.

El que se designe a las fuerzas ensombrecedoras invocadas con nombres como Cristo, Espíritu Santo, Luz o Rosacruz, demuestra una mediumnidad total. Sobre esa base jamás podrá producirse una liberación verdadera y concreta de la humanidad. Las influencias ejercidas por toda clase de entidades tenebrosas sobre la religión y el ocultismo son enormemente grandes.

Cuando los dirigentes de la Rosacruz tratan con sus alumnos, están siempre lúcidamente conscientes y vigilantes, y dispuestos a la lucha de forma continua y consciente; no contra sus amigos, sino contra las fuerzas satánicas que les atacan por medio de ellos. Es indudable que si las entidades ligadas a la tierra no pueden atacarle a usted de manera directa, lo intentan hacer indirectamente a través de sus amigos.

Insistimos en que fuerzas como las de Cristo, el Espíritu Santo o demás influencias verdaderamente superiores y sublimes, nunca recurren a este modo de actuar para penetrar en el sistema vital del hombre. Nunca se manifiestan de esa forma y nunca controlan al hombre.

 

Hay diferentes clases de mediumnidad que pueden explicarse por el pasado del hombre:

 

11 la mediumnidad que ataca y desvía el pensamiento, la voluntad y el sentimiento;

21 la que ataca los órganos sensoriales;

31 la que rige las glándulas de secreción interna;

41 la que ocasiona la posesión;

51 la que ocasiona la locura

 

Consideramos que es suficiente con enumerar estos aspectos principales. Usted mismo puede deducir el resto a partir de estos datos.

La primera forma de mediumnidad, la que influye en el pensamiento, en la voluntad y en el sentimiento, es la forma más común y la que afecta a toda la humanidad. Es ejercida de manera organizada para alimentar y mantener el satanismo.

La segunda forma de mediumnidad, la que influye en los sentidos, utiliza la hipersensibilidad de uno o varios sentidos, y es denominada injustamente clarividencia (con visión etérica como forma inferior); vienen a continuación la clariaudiencia, la psicometría, etc.

La tercera forma, la que rige las glándulas de secreción interna, incita al hombre a excesos orgánicos y funcionales y a toda clase de anomalías.

La cuarta forma, la que motiva la posesión, es aquélla en la cual uno se ve obligado a abrigar en su cuerpo o en su esfera aural a ciertas entidades o parásitos que ya no pueden ser expulsados.

La quinta forma, la que lleva a la locura, es aquélla en la cual la propia conciencia del individuo es totalmente suplantada.

 

La vida humana, considerada incluso desde el nivel terrestre dialéctico, se degrada hasta llegar a ser una existencia subhumana a causa de estas cinco formas de mediumnidad y sus muchas subdivisiones. Se desarrollan las prácticas más espantosas, aparecen enfermedades de toda clase, y el hombre degenera y vive en un mundo horrible, lleno de incomprensible sufrimiento y miseria.

Los hombres que hacen alarde de su mediumnidad, sea cual sea el nombre que le den, son pobres y desgraciadas víctimas; son enfermos que merecen una atención muy especial.

La mediumnidad pronunciada, estado extremadamente peligroso, es prueba de una sensibilidad especial para con los espíritus ligados a la tierra. Esa sensibilidad no implica un estado particularmente malo, sino simplemente una predisposición debida a la sangre.

El alcoholismo puede ocasionar un alto grado de mediumnidad, que lleva rápidamente al delirium tremens. El alcoholismo, en definitiva, rompe las defensas naturales del ser.

El vicio de la nicotina ocasiona principalmente una degeneración del santuario del corazón, en especial del esternón, del corazón y de los músculos del pecho; frecuentemente es la causa de la parálisis infantil.

Las entidades que, por cualquier razón, tratan de aferrarse a la esfera de transición, y por consiguiente a la esfera terrestre, y que por este motivo se dedican al pillaje de éteres, proceden de todas las clases sociales: de la clase popular, de los círculos dirigentes, de los del arte, la ciencia y la religión. Y así como en este lado del velo hay gran número de círculos que parasitan el trabajo y el potencial de otros, dando origen así a los abusos sociales, políticos y económicos, también en el más allá hay numerosas ocasiones para continuar el trabajo de parasitismo.

Al no existir en el más allá dinero ni bienes ni gozos materiales, queda un único interés: conseguir la prolongación de la vida en la esfera de transición. El parásito no puede comprar aquí abajo una prolongación de la vida. Lo intenta a base de injertos de glándulas de mono y de curas de hormonas, pero esto no ha dado el resultado que se esperaba y presenta además peligros muy grandes.

Tampoco puede recibir de sus colegas del más allá una prolongación de la vida. Sólo puede alcanzar el objetivo de su intensa codicia vampirizando la sangre vital, o sea las fuerzas vitales, de los hombres de este lado del velo; y lleva a cabo este crimen mediante el ensombrecimiento. Aparte de lo que ya se ha hablado, existen numerosos métodos para conseguirlo, y en su mayoría se basan en el engaño.

Cada grupo de controladores se adapta al círculo espiritista que dirige. Si el círculo es religioso, el grupo controlador lo es igualmente; si el círculo es oculto, el grupo controlador lo es también; si es humanitarista, el grupo controlador también lo es. Cada grupo controlador trata de procurarse, de acuerdo con su naturaleza, la clientela más extensa posible. Por ello hay círculos con aspiraciones y tendencias médicas, proféticas, humanitaristas, religiosas y ocultas.

 

Tomemos, por ejemplo, un círculo con aspiraciones médicas. Las entidades controladoras, en muchos casos, serán entidades con conocimientos médicos. Al estudiar las enfermedades desde las esferas etéricas en las que viven, tienen más medios para establecer su diagnóstico. Pueden observar sin dificultad el trabajo de ciertas fuerzas y venenos en el cuerpo y tienen muchas más posibilidades para establecer un diagnóstico acertado. Si comparamos a un médico del más allá con un médico serio de aquí abajo, vemos que gozan de posibilidades muy distintas. La superioridad del primero es un medio estupendo para engañar a muchos y convertirles en víctimas.

«¡Engañar y hacer víctimas!», exclaman desde dichos círculos. «¿Qué dice usted entonces de mi brazo torcido y ahora enderezado? ¿Y de mis intestinos enfermos que fueron curados? ¿Y de mi columna vertebral desviada y ahora enderezada? ¿Y de mi dolor de cabeza que ha desaparecido?», etc.

¿Comprende usted el engaño de todo esto? Los efectos de las causas profundas son eliminados, ¡pero las causas quedan intactas!

Cuando le duele la cabeza a causa de una actividad de pensamientos erróneos, puede suprimir el efecto tomando, por ejemplo, un analgésico. Usted aleja el dolor, pero no la causa. ¡Por lo tanto usted no está curado! Ha combatido los efectos, pero ha dejado subsistir la causa. El hecho de haberse liberado del dolor no cambia en absoluto sus cualidades espirituales.

Millones de hombres están enfermos y arrastran una pesada carga hereditaria, a causa de la transgresión de las leyes vitales elementales. Buscan ayuda y la encuentran en concordancia con su estado de ser. La ciencia médica se coloca al nivel de este estado, pero no aporta la curación.

Si deseamos que se produzca la curación, en el sentido verdadero de la palabra, será necesario que aparezca y se desarrolle una terapéutica que combata las causas y, ante todo, las causas espirituales con el supremo remedio divino.

El método curativo natural es un pálido reflejo de esta terapéutica que ha sido utilizada siempre por las Escuelas Espirituales de buena fe. La medicina natural actual es aún demasiado materialista y dialéctica; un verdadero médico debe ser al mismo tiempo un verdadero sacerdote. El médico espiritual podrá rechazar oportunamente la ayuda a alguien, si la curación ocasionara un lazo aún más profundo hacia una vida mala.

El alumno serio deberá entender que la curación según la naturaleza puede ser un poderoso medio para engañar a la humanidad. La curación más sensacional no revela nada del estado espiritual del enfermo ni, por lo tanto, de lo referente a la verdadera curación, así como tampoco del derecho espiritual del enfermo y del médico respectivamente a recibir y procurar la curación. La masa puede ser engañada con una curación exterior, pero el alumno en el camino debe percibir todo esto con claridad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 16

 

El espiritismo (III)

 

Queremos atraer su atención una vez más sobre la naturaleza del engaño que, infaliblemente, debe producirse como consecuencia de las prácticas espiritistas.

Cuando un círculo espiritista se reúne en una habitación, la uniformidad de pensamientos, de sentimientos y de voluntad da nacimiento a un círculo magnético. El pensamiento, la voluntad y los sentimientos reunidos se dirigen hacia un único objetivo: la invocación a los espíritus. Este círculo magnético, en el que todas las esferas aurales son acordadas, engendra a su vez una luz y una radiación poderosa, atrayente y buscadora, la cual, partiendo del santuario del corazón de cada persona presente, crece hasta constituir una gran fuerza. La luz emite también un sonido, de modo que de tal círculo parte cierto sonido que vibra en el espacio. Así se invoca a los espíritus que, por supuesto, no se hacen esperar, ya que tienen mucho interés en el contacto ofrecido. En ocasiones llegan en masa, acompañados a veces de verdaderas hordas de elementales.

Así se llega al contacto adecuado. El médium más apto para este fin es escogido por la entidad más fuerte, ya que a veces es difícil penetrar en el campo aural del círculo. Sin embargo, como los semejantes se atraen, se descubre naturalmente una abertura y la atmósfera de tal círculo magnético es una buena conductora.

La mayoría de las veces, la entidad controladora se coloca detrás del médium: le mira «en la nuca» y a través de la médula controla los centros de la cabeza y del corazón del médium, así como sus pensamientos, voluntad y sentimientos. Además, sopla también en las ventanas de la nariz del médium, con el fin comprensible de influir, a través del etmoides, para sus propios fines, en los pensamientos y en la voluntad del sujeto. Finalmente la atmósfera de los espíritus se une al círculo magnético, momento percibido por un frío intenso.

Llegado a este punto, la entidad controladora comienza a hablar o a escribir a través del médium. Todo lo que dice o escribe no es más que una escenificación destinada a camuflar el único objetivo: el pillaje de éteres para él y sus comparsas. Dirá, por ejemplo, a través del médium: «Aquí está la señora Tal», refiriéndose a la difunta abuela de uno de los asistentes. Entonces referirá algunos rasgos característicos de la vida de la difunta, conocidos exclusivamente por los miembros presentes de la familia. También puede suceder que el médium vea a la abuela. Sigue una descripción minuciosamente exacta. El Sr. Tal presente, absolutamente convencido, confirma lo que ha oído. Por consiguiente, una ola de interés se dirige hacia la persona de la abuela, de lo que resulta una fuerte explosión de éteres que permite la unión con la entidad controladora y la recogida del botín.

 

De esta forma se obliga a que todo el círculo participe. Los asistentes son aprisionados por turno y a veces la entidad controladora pide al círculo que no admita ningún nuevo miembro, evidentemente para evitar perturbaciones en sus manejos. Una reunión es concertada de vez en cuando y una comida de éteres es servida y consumida.

El lector entenderá con facilidad, a la luz de la realidad esbozada, hasta qué punto estas reuniones son nefastas para los que participan en ellas, siendo apartados así de un verdadero desarrollo espiritual. Nefastas también para los espíritus controladores, quienes permanecen de esta manera atados a su sombría esfera de existencia y no llegan a romper sus cadenas. Nefastas para el mundo y la humanidad, ya que así el satanismo es alimentado y vivificado.

Las entidades controladoras emplean medios para impedir que el interés del círculo se enfríe. Los miembros del círculo son adulados, el médium es promovido a adepto, se pide ayuda para los muertos, se emiten diferentes profecías, etc.

 

Podemos preguntarnos si la persona en cuestión era en verdad la difunta abuela. En la mayoría de los casos no lo es. ¿Cómo es posible entonces que el espíritu controlador esté tan bien informado sobre la abuela? Una entidad controladora ejercitada puede leer todas las particularidades de la fallecida en el éter reflector del Sr. Tal presente. Ya que, en efecto, el éter reflector de cada persona guarda un resumen fiel de toda su vida, de los principales hechos, acontecimientos, contactos, etc. Cuando alguien dirige su atención sobre un momento de su pasado, su éter reflector se revivifica en ese punto. Así puede volverlo a leer él mismo y entrar de nuevo en contacto con ese punto por su pensamiento. Pero otra persona ejercitada también puede hacerlo. Cuando lamenta la muerte de alguien y en ese estado de ánimo, con sus pensamientos llenos de recuerdos del fallecido, participa en una sesión espiritista, se le engañará entonces de esa forma.

¿Debe ser absolutamente descartada la posibilidad de la presencia del difunto en la esfera de transición? Esto sólo es posible si durante su vida ha sido un verdadero reptil, una persona fundamentalmente mala, ya que sólo los seres verdaderamente malos se mantienen en la esfera de transición. Muchas entidades se entregan temporalmente a estas prácticas, pero enseguida se hastían y abandonan este infame parasitismo.

El robo de éteres engendra efectivamente la degeneración, una enfermedad estructural que hace que dichas entidades acaben por tener una apariencia repugnante. Si el difunto llega a mantenerse entre semejantes monstruos, es que no vale ni nunca ha valido gran cosa. Si se manifestase en su verdadero estado, el Sr. Tal se avergonzaría de ella y se retiraría del círculo.

El espíritu controlador es también capaz de materializarse. Para ello atrae hacia él éteres suficientes y fuerzas fosfóricas que extrae de los cerebros y de las glándulas tiroides de los asistentes. Estas fuerzas fosfóricas pertenecen al plano químico de nuestra esfera y son visibles a nuestros ojos. De este modo, los espíritus controladores ejercitados materializan una mano o una apariencia de entidad. También pueden llegar a hacer aparecer cierta máscara. No la máscara del espíritu controlador, sino una máscara de fantasía. Por la flexibilidad de los éteres superiores todo es posible.

 

Todas las ciencias ocultas del pasado mencionan este poder de los magos negros para hacer aparecer espectros, elementales y apariencias humanas. Pensemos en el golem del libro del mismo título de Gustav Meyrink y en «Las muñecas de la señora Mandilipp» de Abraham Merritt. También los espíritus ligados a la tierra son capaces de semejantes creaciones temporales para engañar a la muchedumbre.

 

El espiritismo como fenómeno es innegable y exacto. Todo lo demás es engaño. Se mantiene por la curiosidad, el deseo de sensación y la falta de verdadera luz. Mediante el espiritismo es absolutamente imposible llegar a saber algo nuevo, científico, algo bueno que no se pueda obtener fácilmente de otras fuentes. Todas las lecciones morales, espirituales o intelectuales dadas durante las sesiones espiritistas son siempre bienes robados. Se han tomado siempre de los Libros Sagrados y de la sabiduría antigua.

Las descripciones del supuesto «país del verano» ‑la imitación de la esfera celeste del más allá‑ y de las esferas infernales, no le pueden enseñar nada que usted no pueda saber por otros medios. La ciencia mística y oculta de todos los siglos ha informado al hombre siempre de ello. Para el buscador de la verdad, la única senda que conduce al saber universal, es el conocimiento directo que se obtiene recorriendo el camino de la liberación. La realidad de todas las cosas se abre entonces a él para su propia investigación.

Algunos espiritistas suponen que el espiritismo puede ser muy útil para convencer a los hombres de una existencia después de la muerte. Encuentran esto muy importante. Pero nosotros no compartimos esta opinión, ya que todos los hombres, exceptuando un pequeñísimo porcentaje, creen en una existencia post‑mortem. Esto es tan verdadero para el salvaje como para el cristiano oficial. A pesar de ello, jamás hubo en el mundo un caos tan profundo.

Se apela a veces al elemento profético que se da a conocer en sesiones espiritistas, para proteger a los habitantes de la esfera terrestre, así como para ayudar a los fallecidos.

A este respecto, nos limitamos a sugerir al lector que vuelva a leer todo cuanto escribimos sobre el parasitismo y repetimos nuestra recomendación: ¡No se deje engañar por más tiempo! En cuanto a la ayuda a los fallecidos, recuerde las palabras de Cristo: «Dejad que los muertos entierren a los muertos».

 

Cuando un microcosmos, ligado a la rueda del nacimiento y de la muerte, prepara una nueva manifestación en la materia, forma un arquetipo o matriz, dentro de los límites de sus lazos kármicos, en el cual está almacenada la vitalidad y la fuerza destinada a la futura existencia terrestre. La fuerza que procede del arquetipo representa nuestras posibilidades vitales en la tierra. Cuando esta fuerza se agota y la «vela de la vida» se apaga, sobreviene inmediatamente la muerte.

 

El empleo racional de dicha fuerza, un comportamiento correcto en este mundo, prolonga la vida, pero dentro de las posibilidades existentes en el potencial del arquetipo. En cambio, un empleo no racional ni inteligente acorta la vida. Cuando alguien, por ejemplo en tiempo de guerra o por accidente, se ve obligado a abandonar su cuerpo, la muerte puede coincidir con el agotamiento del arquetipo, pero puede tratarse también de un fallecimiento prematuro, es decir, que la muerte ocurre cuando el arquetipo poseía aún vitalidad y todavía irradiaba fuerza vital. En este caso, vemos al interesado ser conducido rápidamente hacia una nueva encarnación, con la vitalidad restante del arquetipo anterior, para morir de niño o por lo menos muy joven. Este proceso es necesario a causa de la existencia del arquetipo anterior, cuya vitalidad aún existente debe ser utilizada.

La muerte por suicidio arrastra consecuencias atroces. El arquetipo, en plena actividad, no posee ya el cuerpo terrestre, mediante el cual se utiliza el potencial del arquetipo. Nace un sufrimiento atroz, sin posibilidad de liberarse mediante una nueva encarnación, sin entrar en la esfera de transición, sin purificación, sin ninguna posibilidad de elevarse a una esfera celestial. Sólo queda la conciencia y el sufrimiento moral y mental, continuamente renovado, del acto terrible; un espanto y un remordimiento sin alivio.

La salvación de esta entidad sólo es posible cuando los parientes o amigos, por amor, consiguen entrar en contacto con el arquetipo del desgraciado y aceptan el destino kármico rechazado por él. Por lo tanto, el suicidio aumenta el sufrimiento en el mundo.

¿Por qué decimos estas cosas? Porque numerosos espíritus ligados a la tierra empujan a los hombres al suicidio, al asesinato y a diferentes crímenes. Sus objetivos son claros: los potenciales que los arquetipos continúan irradiando, contienen igualmente una corriente ininterrumpida de vibraciones etéricas, transmutadas al servicio del cuerpo terrestre que ya no existe. ¡Qué magnífico «manantial» para los vampiros!

 

Llegamos finalmente a las preguntas: ¿Cómo puede el hombre deshacerse de su mediumnidad? ¿Qué método es capaz de combatir al satanismo? ¿Cómo será curada la humanidad de esta plaga?

Por medio de un cambio de vida consciente y de un ennoblecimiento de la vida de abajo hacia arriba; por medio de una francmasonería personal, libre de toda coacción y autoridad; no permitiendo que se le engañe, y por el rechazo resuelto y sistemático de toda influencia espiritista; por un esfuerzo constante, en un comportamiento objetivo, hacia un conocimiento de primera mano a lo largo de todo el camino del cambio fundamental; dejándose guiar en este camino por un amor al prójimo creciente, que abraza todo, sabiendo que: «Si poseyese todas las cosas excepto este amor universal al prójimo, nada tendría y nada sería».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 17

 

Hipnotismo ‑ Magnetismo ‑ Imposición de manos

 

Después de haber analizado el espiritismo en sus diferentes aspectos, vamos a dirigir la atención a algunas aplicaciones censurables de ciertas fuerzas sumamente peligrosas.

 

Hipnotismo

 

Esta palabra designa el proceso que se desenvuelve cuando alguien, dotado de una poderosa voluntad, hace entrar a una persona más débil en un estado de trance, mediante la aplicación de un método oculto. La persona en cuestión, una vez conducida a dicho estado, hará todo lo que el hipnotizador le sugiera. Dicha práctica emana por completo de la magia negra y es extremadamente peligrosa moral y físicamente.

El trance hipnótico puede producirse de dos maneras:

10 cuando el hipnotizador se concentra en el bulbo raquídeo del paciente;

20 cuando dirige sobre el paciente lo que se ha convenido en llamar «la mirada hipnótica», es decir, la concentración sobre los ojos.

Cuando el dominio hipnótico dura suficiente tiempo, el sujeto se vuelve completamente dependiente del hipnotizador. La conciencia propia del hipnotizado ya no tiene control alguno sobre su cuerpo y de tal persona se puede decir que «es vivido». El hipnotizador puede transmitir sus órdenes telepáticamente, incluso desde gran distancia; el paciente está obligado a reaccionar conforme a estas órdenes.

La práctica de tal magia constituye naturalmente una falta muy grave y, kármicamente, es castigada severamente.

Bajo la acción del hipnotismo pueden ser perpetrados los crímenes más horribles, tales como el asesinato, el robo y los excesos sexuales. Cuando la persona despierta de su sueño hipnótico no se acuerda de nada, tal como acontece con la mayoría de los médiums. Sólo sufren las consecuencias físicas de sus actos.

El alumno sabe que de la cabeza salen doce pares de nervios, los doce pares de nervios cerebrales. Todas las funciones orgánicas y corpóreas están completamente subordinadas a la actividad ejercida por estos doce pares de nervios.

La concentración hipnótica perturba completamente estas veinticuatro corrientes nerviosas. La conciencia individual no puede gobernarlas a la larga y el paciente acaba por depender completamente del hipnotizador. Llega un momento en que no puede vivir sin él, del mismo modo que un esclavo de la morfina o del opio no puede vivir sin su narcótico. El paciente se vuelve un don nadie sin su hipnotizador. ¡El pobre infeliz considera muchas veces esta nefasta unión como «amor»!

 

Cuando una persona se encuentra en estado hipnótico, la cabeza del cuerpo etérico se divide en dos partes, que vemos colgar de los hombros, cada una a un lado de la cabeza del cuerpo material, o enrolladas alrededor del cuello como un collar. El cuerpo etérico del hipnotizador se coloca en su lugar. Al final del estado hipnótico, el restablecimiento sólo es parcial y el cuerpo queda completamente desorganizado.

Puesto que los éteres existentes en torno a la cabeza son principalmente éteres reflectores, comprendemos por qué ninguna experiencia puede grabarse. Por ello, el paciente se encuentra privado de memoria y cualquier experiencia le es inaccesible: para dicha persona, la vida no tiene ninguna utilidad. Provocar tal estado en la vida de alguien es un crimen horrible.

Emplear la hipnosis con fines médicos, como sucede en la psicología moderna, es también, por las mismas razones, muy censurable y extremadamente peligroso, tanto para el médico como para el paciente, ya que el médico establece un lazo con su paciente de tal forma que, con el tiempo, el enfermo ya no es «el mismo», sino su médico; piensa, vive y habla como su médico; nada puede hacer sin él y vive dominado por sus sugestiones, hasta que finalmente el médico le suelte. Puede ser que entonces se haya curado de cierto complejo, pero ahora estará afligido por un daño incalculable, ocasionado a las veinticuatro corrientes nerviosas.

Recurrir, como profano, a las fuerzas ocultas es siempre desaconsejable. El médico trabaja también, en este caso, con fuerzas que desconoce por completo. Más grave es el resultado cuando el mago negro, con propósito deliberado, hipnotiza a su víctima para sus fines personales y egoístas.

 

Magnetismo

 

Casi por las mismas razones rechazamos el magnetismo. Lo consideramos peligroso tanto para el magnetizador como para el paciente y, al mismo tiempo, para toda la humanidad.

Cuando alguien está enfermo, la verdadera causa se encuentra siempre en el propio enfermo. Las culpas del pasado y del presente se vengan en el cuerpo, debilitándole y haciéndole vulnerable a diversos peligros.

El cuerpo es una copia perfecta del cuerpo etérico; éste atrae hacia el cuerpo material, de acuerdo con su estado de ser, las fuerzas que necesita para su conservación. Los éteres planetarios, así como la fuerza interplanetaria que actúa sobre éstos, son transmutados por el cuerpo etérico y transmitidos al cuerpo material. Cada célula del cuerpo posee un doble etérico. Por consiguiente, si la célula etérica está sana, la célula material correspondiente debe estarlo también.

 

Los pensamientos, los sentimientos, la voluntad y los deseos influyen constantemente al cuerpo vital. Cuando un órgano está enfermo, vemos cómo su órgano etérico correspondiente decae y vibra mórbidamente. Durante la enfermedad, el organismo emprende un intento natural de curación. Este es un período en que la persona muestra el lado mejor de su carácter: un enfermo es casi siempre un hombre amable. El sufrimiento, el miedo o la debilidad le conducen a cierto grado de armonía y de purificación mental y moral. La enfermedad le proporciona, de ese modo, la posibilidad de un restablecimiento de la vibración normal y sana de su cuerpo etérico. Si la tentativa tiene éxito, es decir, si el cuerpo etérico se restablece, recuperarse físicamente es sólo cuestión de tiempo, a no ser que los órganos estén demasiado dañados, o que la persona en cuestión, incluso durante su enfermedad, no consiga olvidarse a sí mismo para encontrar el verdadero descanso.

Un médico serio puede ayudar mucho en el proceso de restablecimiento de las funciones naturales, recomendando al paciente ciertos medicamentos, prescribiendo una dieta, etc., que no perjudiquen los procesos naturales fundamentales, sino que los refuercen. La inteligencia y el verdadero saber pueden ayudar al paciente.

No obstante, cuando alguien, sea médico, charlatán o profano, interfiere en las funciones vitales fundamentales más profundas del hombre, en las relacionadas con el verdadero estado de ser del enfermo, comete siempre un error, aunque las consecuencias no aparezcan inmediatamente o no sean siempre visibles.

Un verdadero curador espiritual puede hacer también mucho bien al enfermo, sin embargo, no cometerá el error de interferir en las funciones vitales que están fuera o por encima de su propio estado de ser.

¡Pero esto es precisamente lo que hace el magnetizador! Introduce en el cuerpo del enfermo sus propias vibraciones etéricas, sin conocimiento directo y consciente, sin conocimiento de las funciones vitales fundamentales y de las causas profundas de la enfermedad. Su cuerpo etérico toma así el lugar del cuerpo etérico del paciente. De este modo fuerza la situación, tanto espiritual como corporalmente. Frecuentemente provoca también una perturbación en las corrientes vitales del enfermo y crea así una unión indeseable con él. Asume el karma de su paciente y, tarde o temprano, deberá pagar caro esta práctica con mucho sufrimiento.

El tratamiento por magnetismo acarrea serios peligros:

11 para el magnetizador;

21 para el paciente;

31 para toda la humanidad.

 

Peligros para el magnetizador

 

Cuando el magnetizador pone en práctica su método de cura, retira del paciente el fluido enfermo y lo sustituye por su fluido «sano». El fluido enfermo, compuesto de éteres, sube por el brazo del magnetizador y se asocia a la sustancia etérica de su propio organismo. El magnetizador trata de deshacerse de una parte del fluido enfermo «sacudiéndolo» o «lavándolo» en agua corriente. Este efecto de sacudir el brazo produce efectos parciales, pues en cuanto el fluido enfermo ha sobrepasado el codo, ya no puede ser arrojado tan sencillamente, puesto que se extiende por todo el cuerpo del magnetizador. El poder de resistencia natural tendrá que establecer la lucha de modo normal contra los miasmas nocivos introducidos en el organismo, no obstante, por fuerte y vital que éste sea, acabará infaliblemente por volverse víctima de este continuo envenenamiento. Todo magnetizador, sin excepción, es víctima tarde o temprano de su profesión. Sus efectos más corrientes son serias depresiones nerviosas, enfermedades cancerosas y tuberculosis.

 

 

Peligros para el enfermo

 

Teniendo en cuenta el lado a veces altruista de esta práctica, podríamos dejar las cosas tal como son y hasta testimoniar cierta admiración por estos hombres, si no fuera porque la práctica magnética implica también un gran peligro para el enfermo.

Acabamos de decir que el fluido enfermo es retirado del paciente. Pero este fluido enfermo nunca se encuentra en estado simple, sino que siempre está mezclado con éteres supuestamente sanos, extraídos continuamente de la atmósfera y transmutados por las glándulas de secreción interna en una vibración apropiada a cada individuo.

Por consiguiente, el fluido retirado por el magnetizador está mezclado con fuerzas etéricas que aún deben efectuar su trabajo natural en el cuerpo, de lo que se concluye que los órganos de secreción interna son forzados y sobrecargados.

Además, las fuerzas etéricas que el magnetizador transfiere de su organismo al paciente están tan específica e individualmente matizadas, y su modo vibratorio es tan particular, que nunca podrán aliviar las funciones de los órganos de secreción interna del enfermo, sino que producirán una completa desorganización. Por otra parte, las consecuencias son una reducción cada vez mayor de los períodos sin sufrimiento y sin quejas, y una unión totalmente indeseable entre el magnetizador y el enfermo. Esta unión engendra una asociación de los dos cuerpos etéricos, teniendo muy a menudo consecuencias extremadamente sensuales.

Otros peligros se desenvuelven para el paciente, por el hecho de que los locales en los que el magnetizador trata a sus pacientes son depósitos insalubres. Una simple investigación esotérica evidencia inmediatamente que los éteres extraídos al paciente y arrojados fuera, forman una pastosa masa nebulosa, de color gris hierro, que recubre el suelo de las habitaciones como una alfombra repugnante. En esta masa, que a veces sube hasta la altura de la rodilla, parasitan gran número de gérmenes de vida etéricos que son extremadamente peligrosos, y ahí son tratados los enfermos, quienes, curados de cierta enfermedad, se llevan a casa como «regalo» los gérmenes de otros males, a los que están predispuestos en virtud de su organismo. Cuando más tarde caen de nuevo enfermos, ¿quién les hará ver que son víctimas del sistema de cura del magnetizador?

Los mismos resultados son posibles cuando el magnetizador no recibe a sus enfermos en su casa, sino que los visita a domicilio.

Los magnetizadores que tienen mucha clientela, poseen un cuerpo etérico muy polucionado. El hecho de que las personas se expongan a tales éteres sólo se explica por la profunda ignorancia del gran público en todo lo relacionado con las cuestiones esotéricas más elementales.

 

Peligros para el público

 

 

En última instancia, podríamos soportar tan deplorable situación, puesto que todos tenemos derecho a dejarnos ayudar o a arruinarnos, si estas prácticas no causaran además daños directos a la salud pública. La expulsión de los éteres retirados al paciente se lleva a cabo, tal como hemos descrito, en las habitaciones de los operadores, por la ventana o por el agua corriente, a veces por medio del fuego, en virtud de la errónea suposición de que el fuego es capaz de destruir los átomos etéricos. El fuego disgrega las formas y los organismos etéricos, pero los átomos así liberados distan mucho de ser inofensivos.

El hecho de que los éteres retirados a los enfermos son generalmente más pesados que el aire, posibilita la limpieza de los consultorios de los magnetizadores. Pero, ¿adónde van esos éteres retirados de los consultorios? ¡A la calle! ¿Adónde van los éteres sacudidos por la ventana? ¡A la calle! ¿Adónde van los éteres enjuagados en el agua corriente? ¡A los desagües, de donde pasan a las zanjas, ríos o canales! Y los que son lanzados al fuego caen, en parte, fuera, y vuelven, cambiados o en su estado primitivo, ¡a la calle!

Constatamos con esto que el público, sin sospechar nada malo en estas prácticas, corre los mayores peligros, a causa de la inmundicia etérica transferida de este modo a la comunidad. Este peligro es tanto más siniestro en tanto que nadie puede controlar los efectos ni nadie puede, en caso de enfermedad, descubrir el menor vestigio de causa inmediata. Nada se revela, nada se ve. Por todas estas razones, la Escuela de la Rosacruz de Oro hace oír su voz contra las prácticas de cura magnética y considera preferible las formas más torpes de medicina ortodoxa.

Toda forma de práctica ocultista es rechazada por la Escuela de la Rosacruz, y el lector debe haber comprendido, por lo expuesto anteriormente, por qué la Rosacruz se niega a admitir a magnetizadores como alumnos.

 

Imposición de manos

 

Muchas veces se ha pretendido comparar el tratamiento magnético con lo que se llama «imposición de manos», de la que hablan los Libros Sagrados cristianos. Tal comparación es absolutamente incorrecta.

Para magnetizar, los centros del cuerpo etérico del magnetizador y del paciente deben interpenetrarse. Esto sólo es posible cuando los cuerpos distan apenas algunos centímetros uno del otro. Sin embargo, cuando en la imposición de manos se tocan los cuerpos físicos, se produce una mezcla de éteres, pero no una asimilación de éteres. Las influencias que sentimos, por ejemplo cuando alguien nos da la mano, no pertenecen al terreno etérico.

La imposición de manos hace descender el fuego espiritual espinal en el cuerpo del paciente. Cuando esto se realiza personal y voluntariamente con el propio fuego espinal según la naturaleza, no se obtiene ningún efecto positivo, y el acto es impío y perjudicial para el que lo ejecuta.

¡La situación sólo es correcta cuando es el Espíritu Santo quien hace uso del sistema del fuego espinal espiritual! No obstante, el Espíritu Santo no cura, sino que fortalece el centro espiritual, así como las fuerzas curativas naturales del cuerpo del paciente. Enfermos que, por ejemplo, en virtud de su estado interior, son dignos de recibir la ayuda del Espíritu Santo, pueden ser curados directamente. Lo mismo ocurre con los niños, por su inocencia.

 

Los métodos de esta verdadera imposición de manos no pueden ser enseñados en la vida profana ni pueden estudiarse intelectualmente. Pertenecen a la Escuela Interior. Quien posee la aptitud y la dignidad adecuadas puede ingresar en dicha Escuela.

 

 

 

 

 

 

Capítulo 18

 

Comportamiento de vida y vegetarianismo

 

En los capítulos anteriores hemos explicado de varias maneras que la manifestación humana actual es antinatural y que, por esta razón, nuestro templo humano debe ser destruido y «reconstruido en tres días», tal como lo expresa Jesús el Cristo en el Evangelio de Juan, capítulo 2, cuando alude a su resurrección en el «tercer día».

Aquí se hace referencia a los tres procesos que deben ser llevados a cabo en tres períodos. Como cada período se subdivide en siete aspectos, se habla de tres círculos séptuples.

En el primer círculo séptuple se realiza la demolición del templo de la estructura corpórea de la naturaleza y la reconstrucción de un nuevo templo. Se trata, de hecho, de la revivificación de la estructura corpórea original. Es el renacimiento «de agua y de espíritu», de agua viva (la sustancia fundamental y original, pura y santa) y del verdadero espíritu divino.

Usted comprenderá que la nueva construcción depende de ciertas exigencias, tal como ocurre también con la demolición. Esto es perfectamente lógico. Usted debe considerar sobre todo que no se trata de la destrucción de lo que ya está muerto o arruinado, sino de lo que vive, es dinámico y animado, de lo que está habitado por un ser‑alma, un «yo», que se opone a ello. A veces hay que destruir lo que durante generaciones ha sido objeto de un tremendo cultivo, muchas veces incluso de un cultivo esotérico.

Cuando una persona caída en el arroyo es llamada a regenerarse, todos comprenden la necesidad de ello. Pero una persona culta, en sentido general o esotérico, se subleva vivamente cuando se le impone dicha exigencia, ya que se encuentra en la ilusión de que su esfuerzo cultural es ya una regeneración. Pero la condición fundamental para cualquier desarrollo espiritual verdadero (o más correctamente, para la verdadera manifestación espiritual) es la destrucción de todo lo antiguo, y por esto la Rosacruz impone esta condición.

Así surge una pregunta urgente en el candidato a la vida nueva: «¿Cuál debe ser nuestro comportamiento?» Muchos suponen que este comportamiento es una determinada actitud del pensamiento; su modo de pensar les conduce a un determinado grupo, a una asociación. A la luz de lo que ya hemos podido explicarle con respecto al camino de la liberación, no le será difícil darse cuenta lo estrecha y errónea que es tal concepción.

 

Si el simple hecho de pertenecer a una de las innumerables iglesias fuese prueba de un comportamiento de vida, entonces habría millones de verdaderos cristianos. En muchos casos, existen excelentes pensamientos en este mundo. Existen muchas bellas filosofías, miles de ideas brillantes, con las que usted puede extasiarse, y muchos poseen magníficos libros, el comportamiento de su pensamiento es muchas veces extraordinario. Hay tamién muchas personas que saben mucho de la enseñanza de la Rosacruz, disponiendo por ello de temas interesantísimos para su conversación. Si el comportamiento propuesto por la Escuela de la Rosacruz pudiese llevarse a cabo solamente con una actitud del pensamiento, el número de alumnos aumentaría en muy poco tiempo en muchos millares. Y nos queda por saber si, entre los que hoy se dicen alumnos, algunos no se alejarán a medida que las consecuencias de la nueva era se presenten con toda claridad, y no puedan permanecer a la expectativa, ya que serán colocados forzosamente ante el dilema: aceptar o rechazar.

La literatura, los cursos y las conferencias de la Escuela de la Rosacruz han alcanzado, a lo largo de los años, a millares de personas; personas de entendimiento amplio y de corazón ardiente, capaces de comprender y sentir el valor de los diversos aspectos de nuestra filosofía y que, sin embargo, no están con nosotros porque no quieren aceptar las consecuencias que de ello resultan.

Existen también quienes suponen que ese comportamiento se relaciona exclusivamente con cierta moralidad, con cierta actitud emocional, excluyendo el comportamiento del pensamiento. Tales personas son continuamente víctimas de emociones e impresiones descontroladas. Hoy entusiasmadas, mañana en oposición. Hoy no pueden vivir «sin la Escuela» y mañana serán las primeras en abandonar la obra. Son muy fuertes en el «pro», pero aún más en el «contra».

Y finalmente hay quienes piensan que ese comportamiento se limita a un aspecto material. El pensamiento y los sentimientos cuentan poco o nada para ellos. Estas personas caen fácilmente en una rutina de la que difícilmente se liberan. Vienen hacia nosotros y se aferran con desesperación a cierta visión que ellos mismos se han creado con respecto al trabajo de la Escuela. Cuando el progreso del pensamiento, la evolución de las normas sentimentales o las líneas directrices que la Escuela recibe de la Jerarquía requieren diferentes actitudes o diferentes modos de actuar, esta categoría de personas crea muchas dificultades.

El correcto comportamiento se distingue por tres características:

10 es sostenido por el pensamiento;

20 es justificado por el sentimiento; y

“30 es demostrado por el acto, por la aceptación de las consecuencias.

 

Reconocemos aquí el triángulo de la verdadera francmasonería. Por lo tanto, es lógico que en nuestro trabajo nos sirvamos de esta medida. Todo lo demás no deja de ser un engañarse a sí mismo y una pérdida de tiempo. La esencia de la Escuela exige la veracidad y la seriedad. Consecuentemente, en una obra como la presente, es necesario explicar algunos aspectos del comportamiento del alumno.

En la Escuela Espiritual Hierofántica Crística se trata de destrucción y de reconstrucción, de un descenso y de un ascenso. Por un lado, se trata de un desprendimiento y una disolución por la muerte según la naturaleza; por otro lado, de una revivificación y resurrección, de un nuevo despertar en la naturaleza divina.

 

Estos dos procesos se interpenetran. Dependen uno del otro. Puesto que el hombre es consciente en la naturaleza del pecado, la dialéctica, debe hacer posible la ascensión a la naturaleza divina mediante el descenso de la antigua. Teniendo en cuenta que no se trata de destruir algo sin vida, vacío e inhabitado, hay que aplicar un comportamiento racional, o, con otras palabras, un comportamiento gnóstico‑científico, para vencer todas las resistencias de la antigua naturaleza.

Hay, evidentemente, muchas resistencias, numerosos problemas, tareas y exigencias sobre las que el alumno debe reflexionar y que debe afrontar con el nuevo comportamiento. Estas resistencias pueden ser vencidas, porque la fuerza de la Jerarquía está siempre presente para ayudar al alumno serio.

Entre las numerosas resistencias, algunas son tan elementales y evidentes, que son consideradas, comprendidas y dadas de lado de modo positivo, para después no pensar más en ellas.

Pero también hay resistencias muy importantes, muy difíciles de vencer, contra las que el alumno debe luchar continuamente, sobre las cuales oye hablar sin cesar y sobre las que debe reflexionar constantemente.

Hay también resistencias y exigencias en el camino, de las que el alumno se libera de una vez, de un solo golpe, porque se presentan claramente al pensamiento, se siente la necesidad de vencerlas, y el camino es tan intensamente deseado, que se recibe la fuerza necesaria para tomar las disposiciones elementales y ponerlas en práctica.

 

En el grupo de resistencias, cuya inmediata eliminación está al alcance del hombre, se encuentra el consumo de alimentos cárnicos, tabaco, alcohol y demás narcóticos.

La Escuela coloca a sus alumnos probatorios algunas condiciones de reforma de vida en el campo de la alimentación y de los estimulantes, en concreto una alimentación vegetariana, la abstención del tabaco, del alcohol y de otros narcóticos, a los que añadimos para ser completos, la abstención del uso de prendas de pieles y plumas.

La Escuela sabe que estas condiciones no bastan para alcanzar un desarrollo espiritual, no obstante, constituyen una base indispensable para cada candidato que quiere recorrer el camino; tal candidato las encontrará lógicas y evidentes.

Cuando alguien tropieza con una condición tan obvia, frenado por cierto temor, se hace evidente que su esfuerzo venidero, con vistas al proceso del renacimiento, nunca pasará de una vaga ilusión.

 

El vegetarianismo, con las consecuencias que implica, es algo fundamental para el candidato en el camino. La explicación de nuestro punto de vista sobre la cuestión del vegetarianismo es suficiente a veces para alejar a muchas personas.

 

Se sabe que la alimentación y los estimulantes mantienen el cuerpo en cierto estado. El núcleo de toda alimentación se compone de fuerzas de luz de vibraciones diferentes, conocidas bajo el nombre de vitaminas. Alimentos carentes de vitaminas no tienen valor alguno. Estas combinaciones de fuerzas de luz están omnipresentes en todos los planos del espíritu. Por lo tanto, debería ser posible mantener nuestra vida armoniosamente con la asimilación de esas fuerzas. Sin embargo, sabemos que éste no es el caso. Estamos obligados a alimentarnos con las combinaciones de fuerzas de luz, o vitaminas, mezcladas con materias y fuerzas orgánicas, ya que nuestro cuerpo no está capacitado para alimentarse exclusivamente de combinaciones de vitaminas como elementos constitutivos. También son necesarias las fuerzas etéricas, las cuales son aportadas por el cuerpo vital. Además, las fuerzas aurales son recogidas por el cuerpo del deseo y las fuerzas mentales son atraídas por el poder del pensamiento. Finalmente, los elementos materiales densos son indispensables para la construcción y mantenimiento de nuestro cuerpo material. Están presentes en nuestros alimentos en forma de proteínas, grasas, sales minerales, etc.

 

Lo importante es saber, en primer lugar, si usted desea emprender verdaderamente el proceso de regeneración. Si no es éste el caso, puede continuar tranquilamente en su estado actual, ya que un cambio en su manera de alimentarse no tiene ningún sentido. Continúe degustando sin remordimientos sus bistecs y sus pollos y royendo sus huesos; no se pondrá más enfermo de lo que realmente ya está. La mayoría de las cosas que se cuentan a este respecto en los círculos de vegetarianos extremos son una ilusión. La muerte es inevitable, con o sin vegetarianismo. Nuestros abuelos y tatarabuelos llegaron a veces a centenarios comiendo tocino y carne de cerdo. El alcohol y la nicotina tampoco le serán demasiado perjudiciales, si no hace un uso exagerado de ellos. La alimentación moderna mantiene la cristalización en equilibrio, o por lo menos la hace avanzar lentamente.

Si consciente e interiormente desea la salvación del mundo y de la humanidad, el problema del alimento se volverá actual para usted, y entonces es lógico que busque una alimentación que no se oponga al proceso del renacimiento. Incluso la deseará espontáneamente como algo evidente.

Por esto, por ejemplo, el vegetarianismo no es mencionado en la Biblia o muy poco y de forma soslayada. Hay que ennoblecerse para ello. El vegetarianismo por sí solo no es liberador; no es más que un cambio de acentos.

Si usted tiende hacia la verdadera vida espiritual, la purificación de la sangre natural es una necesidad. La purificación espiritual de la sangre y su depuración natural deben ser simultáneas. En todas las religiones siempre se realizaron esfuerzos en ese sentido. Sin embargo, siempre se hicieron concesiones en favor de la masa, limitándose a períodos o días de ayuno. También en el cristianismo. Por esta razón, en la iglesia protestante fue mantenida cierta práctica de ayuno hasta la mitad del siglo dieciocho. Pero los verdaderos servidores de Dios, es decir, los que conocen el porqué de las prescripciones en el campo de la alimentación, comprendieron que no podía existir ninguna concesión a este respecto. Los Esenios, de cuya Orden procedía el Maestro Jesús, eran vegetarianos, pues conocían el alma de las cosas y la unidad de toda vida.

 

Usted debe comprender de manera totalmente distinta el consumo de pescado y de vino a que se hace referencia en la Biblia con respecto a Jesús. Los relatos referentes a esto sólo pueden ser comprendidos de la manera correcta desde el punto de vista esotérico. El que busca la purificación espiritual de la sangre, pero descuida la purificación química elemental, se asemeja profundamente al místico, quien, a pesar de todo, está encadenado a la materia densa, sufriendo las consecuencias de ello. En nuestra época existen millones de personas de este tipo.

El cuerpo animal y la sangre animal contienen, además de las fuerzas etéricas y las fuerzas aurales, otras fuerzas que

están todavía por encima de éstas. Estas últimas, consideradas desde un punto de vista superior, son fatales para el cuerpo humano. Lo atan a la tierra y aumentan su resistencia con respecto al cambio. Es, pues, del todo comprensible que la Escuela Espiritual coloque a sus alumnos ante la necesidad del vegetarianismo.

Pero el vegetarianismo extremo es peligroso para el alumno, porque puede ocasionar estados extremadamente sensitivos. Para paliar este inconveniente, algunas escuelas esotéricas antiguas permitían beber a veces un poco de alcohol o fumar algunas veces. Para nosotros, un plato de legumbres de vez en cuando puede producir el mismo efecto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 19

 

Comportamiento de vida y nicotina,

alcohol y demás narcóticos

 

En el capítulo precedente presentamos, en parte, el punto de vista de la Escuela Espiritual en lo que concierne al vegetarianismo.

El alumno de la Escuela Hierofántica es vegetariano porque las células de la carne animal vuelven imposible la realización del objetivo que la Escuela le propone: la destrucción sistemática de la antigua naturaleza y la revivificación de la naturaleza divina. Por esta razón, el vegetarianismo es una condición fundamental para la admisión de un alumno en la Escuela de la Rosacruz.

Como sabemos, el organismo del hombre, el conjunto de la manifestación humana, está constituido por células distribuidas en diferentes grupos celulares. Los grupos celulares del mismo tipo y función forman juntos un órgano. Cada célula es un pequeño mundo en sí mismo, un microcosmos completo. También existe un metabolismo celular. Las células son alimentadas porque los núcleos celulares atraen ciertas fuerzas hacia ellas, mientras que otros elementos las abandonan después de haber cumplido con su cometido. Así se va produciendo también la muerte y la sustitución de todas las células.

Estos procesos maravillosos, que aún hoy son un secreto casi impenetrable para la ciencia material (como, por ejemplo, el problema de la conservación de las células cerebrales), son claros y evidentes para la ciencia esotérica. Esta ciencia enseña que cuando se emplea como alimento las células de los cuerpos de los animales, ellas son, sin excepción alguna, perjudiciales para nosotros.

Los daños se hacen sentir en tres terrenos, a saber: en el aspecto espiritual, en el moral y en el material, dando origen a defectos espirituales, psíquicos y físicos. Así, por ejemplo, comer pescado, inclina a la perversidad; comer carne de caballo, a la cólera; carne de vaca, a la estupidez y a una predisposición para pleitos y disputas; carne de cerdo, a la crueldad, grosería y brutalidad; carne de cordero, a la falsedad; carne de ave, a la idiotez.

Pueblos y hombres que se alimentan especial y exclusivamente de una de estas clases de carne llevan marcada claramente la característica respectiva.

Cada célula es un centro de fuerza que se adapta por completo al organismo al que pertenece, por esto cualquier célula extraña produce daños en nuestro cuerpo de un modo u otro. Además de los daños físicos, psíquicos y espirituales, la alimentación animal ocasiona una estrecha unión con la tierra.

 

El hombre caído, a medida que fue hundiéndose cada vez más en el campo de vida material, adaptó también su régimen alimenticio a sus sucesivos estados de vida. Algunos esoteristas han afirmado que esta adaptación resulta de una directriz divina, lo cual es totalmente erróneo. En realidad, de la misma manera que el hombre fue la causa de su propia caída, también él escogió siempre su alimentación, en concordancia con su estado de ser.

 

Así podemos distinguir siete fases:

10 un régimen de frutas, compuesto de productos del reino vegetal;

20 un régimen vegetal;

30 adición de alimentos producidos por animales vivos;

40 adición de carne de animales muertos;

50 adición del alcohol, que engendra una obnubilación del pensamiento;

60 adición de nicotina, que ocasiona la degradación de la esfera aural y la anestesia de la vida nerviosa, es decir, de la vida de la conciencia;

70 adición de alimentos y medicamentos sintéticos, que ocasionan alteraciones en el cuerpo vital por la mineralización de los éteres vitales.

 

Habiendo atravesado estas siete fases, el hombre toca ahora el fondo de este estrato. Toda la forma corpórea, en todos sus aspectos e influida por estas siete fases, se enredó y degeneró, volviéndose enferma y miserable a causa de la alimentación y de los estimulantes.

Cuando, junto a esto, consideramos aún todas las demás causas de la degradación y la interacción física, moral y espiritual entre todos estos factores, podemos darnos cuenta del estado actual del hombre.

 

Hay esoteristas que defienden la tesis de que el hombre ha alcanzado actualmente el punto más profundo de su caída y que ahora empieza el ascenso. Nosotros decimos que todavía existe la posibilidad de una degradación más profunda en otros estratos terrestres. ¡El que el hombre escoja un camino hacia lo alto, el que se eleve fuera de las tinieblas, depende únicamente de su decisión personal! La alimentación cristalizante y degeneradora, con consecuencias tan profundas para todo el ser humano, no le es arrebatada al hombre, sino que él debe renunciar a ella por su decisión personal.

Hay que estar maduros para esta decisión, pues no puede ser impuesta. Los hombres que toman esta decisión, lo hacen, en primer lugar, por el empuje de su pre‑recuerdo, guiado y purificado por la Jerarquía, y ellos sostienen esa decisión por un nuevo comportamiento, lo más completo posible, en el cual nada puede ser olvidado. El candidato al camino de la liberación necesita, en primer lugar, liberarse de los narcóticos, aboliendo con ello las fases quinta, sexta y séptima de su caída.

 

El alcohol, como todo el mundo sabe, oscurece el pensamiento. Incluso la dosis más pequeña tiene ya un efecto poderoso en la glándula pineal y en la hipófisis. El alcohol expulsa la conciencia positiva y vuelve al hombre accesible a toda clase de fuerzas e influencias negativas.

 

La nicotina engendra directamente una degeneración de todo el sistema respiratorio, del santuario del corazón, de la sangre, de los órganos sexuales y del sistema nervioso. El tabaco es una planta influida por el planeta Marte. Este narcótico marciano influye sobre el hierro de la sangre, la pigmentación roja de la sangre, los órganos sexuales, los nervios motores, el hemisferio cerebral izquierdo, el movimiento de los músculos, el cuerpo del deseo, el segmento motor de la médula espinal y el recto. Actúa como estimulante, volviendo al hombre explosivo y violento; éstas son las propiedades patológicas del narcótico de Marte. Los efectos del uso y del abuso de la nicotina son la anemia, los excesos sexuales, las alteraciones nerviosas, la parálisis infantil, las afecciones de la médula espinal, las hemorroides y, en asociación con otros males, el reumatismo.

Lo que el alcohol engendra en parte y temporalmente, la nicotina lo hace continuamente; vuelve al ser humano dependiente por completo de las fuerzas terrestres y le somete a los espíritus ligados a la tierra. ¡Hace que el hijo pródigo se contente con su alimento de puercos!

Los otros narcóticos, además de sus características propias, producen efectos análogos a los del alcohol y la nicotina.

Los productos sintéticos en el campo de la alimentación y de los medicamentos causan una desnaturalización del cuerpo vital. Este pierde su vibración personal y adquiere una semejanza cada vez mayor con el éter planetario. El hombre se aproxima así a un estado cada vez más cercano al mineral, lo que representa el estado más profundo de cristalización y mineralización. Y así se cierra la cadena.

El candidato que se ha liberado de la quinta, sexta y séptima fase de su degradación, también deberá liberarse de la cuarta: la del empleo de alimentos a base de carne y productos de animales muertos. Cuando haya sobrepasado esta fase, considerará este hecho como base elemental del gran objetivo de su aprendizaje y deberá actuar con la mayor prudencia en el desenvolvimiento ulterior de su alimentación, teniendo gran cuidado de no caer en el extremismo ni en la exageración.

En general, nuestra alimentación debe componerse de frutas, verduras y otras plantas comestibles, ciertos condimentos vegetales, y alimentos producidos por animales vivos que se alimentan de vegetales. Un régimen debe establecerse siempre individualmente, y se debe tener mucha prudencia en la prescripción de reglas. Cada cual es libre en la materia y no puede imponer a otro su modo de ver, ya que un individuo puede necesitar más proteínas, más azúcar, más grasas o más minerales que otro.

 

Hasta ahora hemos examinado estas cosas exclusivamente desde el punto de vista de la Escuela Espiritual y al servicio de sus alumnos. No obstante, existen también otros puntos de vista, como las tan importantes consideraciones éticas, que no podemos dejar de mencionar. Consideramos el vegetarianismo como un recurso mucho más importante para la desaparición de las guerras y otras atrocidades que todos los tratados, convenciones, alianzas entre los pueblos y otros compromisos políticos. Porque es un hecho comprobado que prácticamente la mayoría de los vegetarianos éticos son humanitaristas, y un humanitarista es, evidentemente, en toda circunstancia, un hombre de paz.

 

Nosotros tenemos objecciones contra el humanitarismo, pero ciertamente no en este punto. El humanitarismo es dialéctico y como tal nunca es liberador, aunque puede contribuir al nacimiento de una búsqueda consciente y liberadora. Pero si un hombre permanece en el humanitarismo, esto se vuelve nefasto.

El vegetarianismo ético enseña que un verdadero ser humano no debe destruir una vida animada, excepto en caso de legítima defensa. Y, considerando que el alumno en la Escuela Espiritual tiene igualmente un gran respeto por la vida, también él es vegetariano ético. Sin embargo, sobre la base de su discernimiento, es mucho más realista.

El vegetariano ético se apiada, con razón, del sufrimiento de los animales y se siente desolado ante la crueldad humana para con ellos. Las atrocidades cometidas en los mataderos y la vivisección, así como los placeres perversos de la caza, le llenan de la más profunda aversión. Le parece incomprensible que las mujeres puedan envolverse con tanto placer en abrigos de pieles, sin conmoverse de modo alguno por el hecho de engalanarse con la piel de animales abatidos deliberadamente para ellas.

Además de los motivos éticos, hay también una objeción esotérica en el uso de pieles y plumas. Los cabellos del hombre y los pelos del animal forman un campo magnético con un poder positivo y otro negativo, un poder irradiante y otro atrayente. El pelo bien preparado guarda sus propiedades, incluso después de la muerte de su poseedor. El que se envuelve en pieles animales es influido inevitablemente por su campo de radiación animal.

El humanitarista, el vegetariano ético debe comprender bien que su actitud, como base de su esfuerzo hacia una vida perfectamente santificada, no pasa, a fin de cuentas, de un cambio de acentos y que es necesario que su comprensión se amplie y profundice. En cualquier caso, el hombre es igualmente culpable de causar la muerte, cuando destruye o come los productos del reino vegetal. Es un hecho indiscutible que la planta reacciona al dolor, a pesar de estar menos animada que el animal, o animada de modo diferente. Usted ha de comprender que en la dialéctica un reino es destruido por otro, porque uno vive a expensas del otro. Rudolf Steiner dice en una de sus obras: «Cuando respiro, el aire muere». Y tiene toda la razón.

Todo esto debe conducir a la comprensión de que el hombre vive en un mundo inarmonioso, y que debe buscar de modo inteligente y consecuente el camino para el ascenso a una vida superior.

Existe también el llamado vegetarianismo utilitario. Según esta corriente, el vegetarianismo volvería al hombre sano. Esto, sin embargo, es falso. El vegetarianismo, como método de curación, puede presentar aspectos muy importantes, pero la cura, por éste u otro método, sólo será pasajera mientras el hombre persista en sus errores. A lo sumo, el vegetarianismo produce apenas un aplazamiento en los procesos patológicos. El vegetarianismo utilitario busca la salud según esta naturaleza.

Y nosotros decimos: ¿Qué vale todo esto? ¡Lo que usted precisa es elevarse por encima de este orden natural!

 

 

Actualmente es necesario que combinemos nuestra alimentación de la manera siguiente: frutas, verduras, grasas vegetales, cereales y hierbas; leche, productos lácteos y huevos.

Estos productos directos de los reinos vegetal, animal y mineral mantienen nuestra estructura corpórea en buen estado, concentrado, dinámico y normal.

No hay que olvidar, después de esta enumeración práctica, que los motivos espirituales en favor del vegetarianismo, que hemos mencionado, son los de mayor importancia para el alumno en el camino.

 

 

 

Capítulo 20

 

La doble unidad cósmica (I)

 

Como introducción al tema de este capítulo, invitamos vivamente al lector a tomar conocimiento de la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 11, versículos 2 a 16. Contiene un tema extremadamente complejo, pues trata de las relaciones entre el hombre y la mujer, las cuales han degenerado más que cualquier otra cosa en la vida. Es además un asunto de importancia capital, ya que si deseamos recorrer el camino de la iluminación espiritual, debemos conocer las leyes de la doble unidad cósmica y aprender a vivir en concordancia con ellas.

Esta parte de la Primera Epístola a los Corintios fue siempre causa de incesantes luchas y conflictos. Debido a lo que allí se dice, ciertas personas muy rígidas y ortodoxas continúan exigiendo a la mujer el uso de cabellos largos y el mantener la cabeza cubierta en el interior de la iglesia. Sin embargo, el número de las que actúan conscientemente contra esto aumenta de día en día. Las muchachas de los círculos ortodoxos se han liberado de este yugo y, como no se puede modificar esta tendencia, se evita juiciosamente hablar de ello. Se han elevado muchas protestas provenientes de diversos sectores contra los preceptos de los versículos citados, formuladas especialmente por mujeres.

La cuestión se vuelve aún más seria cuando, según la interpretación exotérica, la mujer sólo está ligada a Cristo en segundo grado, ya que «el hombre es la cabeza de la mujer, y entre ella y Cristo se encuentra el hombre, de la misma manera que Cristo se encuentra entre el hombre y Dios». De hecho, es perfectamente comprensible el preguntarse qué debemos pensar al respecto. Las dificultades para llegar a una comprensión exacta no disminuyen cuando se verifica que estas mismas enseñanzas se encuentran en otros Libros Sagrados.

El olvido absoluto de la mujer que Mahoma hace en su sistema religioso se debe a tales enseñanzas. Según él, las mujeres no poseen alma y nunca podrán tenerla.

Sea como sea, se ve clarísimamente que los teólogos no encuentran la solución del problema. Nadie cree ya que la eterna bienaventuranza de la mujer pueda depender de tener o no la cabeza cubierta. Los que denigran la Biblia tienen aquí abundante material para ello. Pablo es descrito como un misógino, como alguien que tal vez ha experimentado dificultades con una suegra autoritaria, etc…

Pero todo cambia cuando examinamos estas cosas a la luz de la ciencia gnóstica. El deseo de Pablo al decir: «Quisiera que comprendieseis estas cosas», ha sido entendido por muy pocas personas. Hablamos de esto porque comprendemos algo de sus indicaciones y porque sentimos la gran necesidad de ello.

 

 

Aunque los Rosacruces conocen y reconocen que existe una paridad perfecta de valores en los planos espirituales, morales y materiales, entre el hombre y la mujer, también reconocen, sin embargo las grandes diferencias que existen entre ambos. Las diferencias físicas, por ejemplo, saltan a la vista. Hay tres diferencias esenciales que aparecen en los tres grandes centros de nuestra manifestación: en el centro de la pelvis, en el centro del corazón, y en el centro de la cabeza.

El misterioso proceso del metabolismo de las células cerebrales es en la mujer totalmente distinto que en el hombre. Existe una diferencia total en la actividad de las glándulas de secreción interna, en la actividad de los átomos semilla, en la actividad y naturaleza de la sangre, etc. La temperatura de la sangre también es diferente. Todo esto hace que, indiscutiblemente, el hombre y la mujer se manifiesten diferentemente en cuanto a la conciencia, al alma y al cuerpo, tanto en los planos más sutiles como en la esfera material. Todas estas diferencias son explicables por el hecho de que los arquetipos ‑las matrices espirituales por las que se realiza nuestra triple manifestación‑ son diferentes para el hombre y para la mujer, y todo lo que está presente en el espíritu debe manifestarse en la materia.

No es correcto lo que pretenden algunas doctrinas teosóficas y orientales, según las cuales no existe en el espíritu diferencia alguna. Estas aserciones han nacido porque de esta manera se ponía fin, de un solo golpe, al problema tan difícil y complicado del hombre y de la mujer. Así se daba un pequeño consuelo a la mujer, quien la mayoría de las veces fue reducida a una posición miserable. Al enseñar a una mujer que más tarde todos serán iguales, se está sugiriéndole que debe soportar aquí abajo y ahora una injusta desigualdad. Frecuentemente, este método es aplicado también en los casos de desigualdades sociales y económicas.

Es un hecho científico que las diferencias orgánicas fundamentales que existen en los cuerpos del hombre y de la mujer, incluso en las células, existen también en las estructuras de sus almas, en sus estructuras espirituales y en sus arquetipos; y también se encuentran en los principios monádicos y en el plan de Dios. No podría ser de otro modo, puesto que todo cuanto existe se manifiesta a través del espíritu.

Y así constatamos que existe: una creación divina hombre, y una creación divina mujer, y que estos dos aspectos forman juntos la ola de vida humana. Estos dos aspectos de la ola de vida humana deben coronar de manera perfecta el plan divino, cumpliendo cada uno su propia vocación.

La memoria de la naturaleza enseña que el átomo original de la ola de vida humana poseía dos núcleos, dos entidades que, en numerosos aspectos, eran la imagen reflejada uno del otro, pero que diferían orgánicamente por el hecho de que difería también el pensamiento espiritual básico de estos dos núcleos. Cuando observamos al ser humano en su forma celeste, como habitante del Orden de Dios ‑y algunos han tenido ese privilegio‑, vemos claramente al hombre y a la mujer. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la ola de vida de los ángeles. Sobre todas estas cosas basa Pablo su razonamiento, que contiene un importante fragmento del conocimiento gnóstico; conocimiento tan profundo que, en ciertos círculos, los pasajes citados fueron declarados no auténticos.

 

Si el hombre desconoce las grandes diferencias fundamentales entre el hombre y la mujer, y no posee una correcta comprensión de lo que actualmente se requiere de cada uno de ellos, entonces surgen las mayores desdichas, ya que la vocación del hombre es volver a ser un ser humano verdadero, y él sólo volverá a serlo cuando haya aprendido a responder a la vocación que le es destinada como hombre o como mujer, y, sobre todo, cuando hayamos podido restablecer la correcta relación y colaboración entre ambos.

Numerosas personas, principalmente en los círculos humanitaristas, se sublevan contra los conceptos de Pablo ‑que son las enseñanzas de Cristo‑ y, por lo tanto, también están en contra de nosotros. Esto no nos impedirá decir y enseñar lo que la Jerarquía ha revelado en su Enseñanza Universal, pues no se trata de la emancipación de la mujer, ni de un posible autoritarismo del hombre, ni tampoco de la aparente dirección del mundo por el hombre, cosa que por otra parte no es cierta, ya que detrás de cada hombre hay una mujer. ¡De lo que se trata es de volverse verdaderos seres humanos, respondiendo a esta doble vocación!

El gnóstico sabe que el varón posee un cuerpo material polarizado positivamente, un cuerpo etérico polarizado negativamente, un cuerpo astral polarizado positivamente, y un poder del pensamiento polarizado negativamente. Por positivo queremos decir: creador, dinámico, exteriorizante, radiante; por negativo: receptivo, que engendra.

El ser de la mujer está polarizado inversamente, es decir, posee un cuerpo material polarizado negativamente, un cuerpo etérico polarizado positivamente, un cuerpo astral polarizado negativamente, y un poder del pensamiento polarizado positivamente.

Esta polarización inversa debe ser la base de una colaboración armoniosa, libre y espontánea. Puede ser la base de un inmenso desarrollo y de una manifestación grandiosa. Puede hacernos conscientes del maravilloso don divino que el ser humano recibió en la doble unidad cósmica.

Cuando dicha colaboración se fundamenta únicamente en las diferencias biológicas y psíquicas, tal como se manifiestan en la conciencia del yo, surge inevitablemente una explotación recíproca en la que ninguna de las partes hace a la otra la menor concesión. Si observamos esta colaboración, efectuada totalmente en el plano de la naturaleza dialéctica, obtenemos la imagen siguiente:

a) la mujer trata siempre de influir y dominar el pensamiento masculino por medio de su facultad mental positiva;

b) si lo consigue, despierta con ello el cuerpo del deseo positivo del hombre;

c) entonces, por el dinamismo del deseo masculino

d) la inclinación sanguínea se despierta y el cuerpo material se activa por la influencia del cuerpo vital, con lo que,

e) el cuerpo material pasa a la acción.

 

Por consiguiente, se esclarece el sentido de la frase de la Biblia: «La culpa viene de la mujer», significando, en la práctica, que los dos sexos se masacran mutuamente.

 

Si el hombre quiere ser salvado de la marcha circular de la dialéctica, Cristo debe incidir en su ser. El Espíritu Santo debe volverse activo en el hombre. La Jerarquía, o Cuerpo Viviente de Cristo, debe hacer sentir su fuerza triplemente.

La redención no puede obtenerse con la sola colaboración del hombre y de la mujer, porque esa colaboración está perturbada. Una potencia extranjera debe intervenir para restaurar el proceso original.

En este proceso de redención, el Espíritu Santo influye, en primer lugar, en el poder del pensamiento negativo del hombre, en cuya sustancia cerebral existe un punto de contacto inviolado donde esa fuerza puede realizar su contacto: la pineal.

Este contacto sólo podrá realizarse después del cambio fundamental. Tan pronto como el pensamiento negativo del hombre se vuelve receptivo al Espíritu Santo y su ser del sentimiento y de la voluntad (su cuerpo astral) es así activado para la nueva vida, ese estado ejercerá una gran influencia sobre el cuerpo astral negativo femenino, es decir, sobre el ser de la voluntad y del sentimiento femenino. Sucede entonces que a través del hombre y por el Espíritu Santo los dos cuerpos astrales son impulsados a la actividad por la Jerarquía. En este proceso, el poder del pensamiento positivo femenino es dejado a un lado conscientemente.

De cuanto precede, no se debe deducir que la mujer sea incapaz de recibir al Espíritu Santo de forma directa e independiente. Esta suposición sería inexacta, ya que, así como el Espíritu de Dios encuentra al hombre en el santuario de la cabeza, del mismo modo, después del cambio fundamental, encuentra primero a la mujer en el santuario del corazón.

Ese encuentro es, en primer lugar, racional, un encuentro en el fuego del espíritu. Pero a su vez, el encuentro de Dios con la mujer es, en primer lugar, moral, o sea, un encuentro en la luz del alma. En otros términos: el hombre debe transmitir el elemento fuego que recibe de Dios al alma femenina, a su santuario de la Luz. Los elementos racional y moral, unidos así, conducirán al ser humano a la actividad liberadora.

Por consiguiente, cuando ambos cuerpos astrales, denominados ser del sentimiento y ser de la voluntad, son activados por el Espíritu Santo, el camino hacia la verdadera actuación en colaboración se abre totalmente y así se manifiesta la actividad liberadora.

A través de este proceso en el ser de la mujer, mediante el cuerpo astral purificado y el polo negativo del intelecto, el poder del pensamiento femenino recobrará de nuevo su lado positivo y liberador. Eva, la Madre de los Vivos, podrá comenzar de nuevo su gran tarea del principio.

Sólo cuando el hombre es así inflamado de nuevo por el Espíritu de Dios, la colaboración liberadora se vuelve posible, ni antes ni después. Esa es la colaboración liberadora que denominamos la «doble unidad» cósmica, y el matrimonio debe, en principio, fundamentarse en ella. Por el cambio fundamental, la Jerarquía de Cristo comienza a vivir de forma consciente en su ser. Si este no es el caso, el matrimonio es sólo un fenómeno biológico‑dialéctico, que puede ser útil y puede proteger contra una caída más profunda; sin embargo, para este tipo de hombre y para esa especie de matrimonio se aplican las palabras: «Aquél que se casa hace bien, mas aquél que no se casa hace mejor… Pero es mejor casarse que abrasarse.» (1 Corintios 7).

 

Puede ser demostrado de modo gnóstico‑científico que, en el estado actual, el único camino de liberación consiste en un proceso que puede ser esquematizado así: Dios‑Cristo‑hombre‑mujer. Sobre esta base está establecido el sagrado sacramento del matrimonio, sacramento que puede ser una gracia, pero también un gran peligro. El matrimonio biológico‑dialéctico, por lo tanto, no tiene ninguna necesidad de tal sacramento.

¿Qué tiene que ver todo esto con el llevar un velo sobre el cabello de la mujer? Comencemos por la explicación simbólica.

Orar es abrirse a la esencia de Dios. Profetizar es testimoniar, es decir, dar la prueba de lo que puede ser captado filosóficamente por la potencia cognoscitiva purificada, después de que el misterio divino se haya revelado a dicho conocimiento. Cuando el hombre cierra su poder del pensamiento al ser de Dios, al contacto crístico, se encuentra en la vida «con la cabeza cubierta». Cuando la mujer cierra su corazón, su ser del sentimiento y de la voluntad, al contacto Crístico, y se esfuerza por asimilarlo primero por el poder del pensamiento, ella se encuentra en la vida «con la cabeza descubierta».

Repetimos para mejor comprensión que el toque divino se produce en el hombre primero a través del poder del pensamiento y en la mujer primero en el santuario del corazón. Por esto el hombre es el pensador, el que penetra y discierne, y la mujer la animadora.

El hombre, en calidad de «Manas» (el pensador), es la magnificencia de Dios; la mujer es la magnificencia del hombre.

En este último caso, «magnificencia» es sinónimo de «alma», lo que quiere decir «luz». En realidad habría que decir: la mujer es la luz del hombre. En la comunidad con el Señor, la mujer no es nada sin el hombre y el hombre nada sin la mujer.

Para no perturbar esa armonía, esa conducta equilibrada, la mujer debe dominar su mente para refrenar su tendencia a afrontar el trabajo espiritual primero a través del pensamiento. O, como dice Pablo, para «apartar a los ángeles impostores». ¡Ese poder protector sobre la cabeza no tiene nada que ver con tener la cabeza cubierta! Es un dominio consciente e interno sobre la cabeza, mediante la actividad interior de la luz del alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 21

 

La doble unidad cósmica (II)

 

Después de las explicaciones dadas en el capítulo anterior, será bueno fijar todavía la atención sobre la gran importancia del cabello del hombre y de la mujer, puesto que entre ellos hay una diferencia esencial.

Cada pelo es un organismo en sí mismo y no está compuesto por las células muertas de la piel, tal como pretende la ciencia. El cabello es una parte viva de nuestro cuerpo que puede ser destruida por tratamientos químicos, por ejemplo. Cada raíz capilar, situada en la piel, está en unión con la sangre y los nervios, y es alimentada por ellos. Los cabellos ejercen la función de descargar al exterior las tensiones ejercidas sobre los nervios y la sangre, y de absorber fuerzas para el organismo. Por esto forman parte integrante del cuerpo etérico.

En lo que concierne a la descarga de presiones, es preciso saber que el cabello de la mujer es un campo de radiación, mientras que el del hombre es un campo de asimilación. Por esto, los cabellos del hombre plantean otras exigencias que los de la mujer, en virtud de su diferente constitución. El cabello debe estar bien cuidado y cualquier esfuerzo por conseguirlo es muy conveniente. Debido a la ignorancia moderna, estos cuidados han sido llevados en una dirección errónea, haciendo surgir por un lado costumbres antinaturales, y por otro negligencia y fealdad.

Pablo testimonia que los cabellos de la mujer le han sido dados como velo, es decir, como campo de radiación. Por el poder irradiante de los cabellos femeninos, el resultado del proceso de asimilación aural puede ser irradiado en el campo de vida material. La ciencia gnóstica nos da a este respecto directrices muy claras. Cuando Pablo nos habla de costumbres antinaturales, demuestra un gran conocimiento.

 

En lo que se refiere a la colaboración y a las relaciones entre los dos sexos, será conveniente llamar su atención de nuevo sobre las palabras de Pablo en el capítulo 5 de la Epístola a los Efesios. Pablo testimonia ahí que si el hombre tiene respeto ante el Cristo, si le conoce y confiesa, debe admitir que el hombre es la cabeza de la mujer, como Cristo es la cabeza de su comunidad, y que la mujer debe respetar a su marido y estarle sumisa, del mismo modo que la comunidad está sumisa a Cristo.

 

Estas citas de la Epístola de Pablo a los Efesios han provocado siempre mucho sarcasmo y nuestra época moderna también las rechaza. La fórmula matrimonial ortodoxa clásica es omitida por los clérigos éticos, tal es su ignorancia. Añadimos: tal es su necedad. Quizás el lector sienta también elevarse en él toda una serie de protestas.

Todas las dificultades, todas las protestas y todos los sarcasmos son ocasionados por querer ver y comprender estas cosas según sus relaciones dialécticas. Las indicaciones de Pablo constituyen un peligro si las colocamos en el plano dialéctico, y la ortodoxia demuestra a este respecto una gran necedad. Estas palabras de Pablo hacen alusión a un profundo misterio, a un secreto de salvación.

Si un hombre de carácter primitivo, lee el capítulo 5 de la Epístola a los Efesios, y dice: «¡Magnífico, entonces quien manda soy yo!», no dejará de ser un pobre desgraciado. De igual forma, la mujer que se comporta como esclava, siguiendo los preceptos de Pablo, no deja de ser de la misma categoría. La incomprensión en la materia vuelve muchas veces dramática la vida de la mujer, y es muy comprensible que la mujer emplee, por ejemplo, el feminismo o la astucia para poder mantenerse. Si no puede ver ni vivir las citadas palabras de Pablo en relación con nuestro tema a la luz de la Enseñanza Universal, no tendrá para usted el menor sentido y serán incluso un peligro.

Profundicemos, pues, en este secreto de salvación. En el Reino de la Luz, en el Orden de Dios, en el Reino de los Cielos donde vive y está el hombre celeste, se manifiesta una doble unidad cósmica absoluta, tanto en sentido general como en sentido muy personal. En ese Reino no encontramos a una humanidad hermafrodita, sino que allí se manifiesta la perfección de dos olas de vida de la humanidad.

El matrimonio en la dialéctica es un fenómeno meramente biológico, y una colaboración armoniosa mutua es imposible a causa de la enemistad engendrada por el instinto de auto‑conservación. El matrimonio en la dialéctica sólo es santificado cuando constituye una puerta abierta para la eternidad, cuando sirve a los procesos de la Estática. Sólo entonces, en la decadencia de este mundo, esta colaboración puede tener un significado.

Pablo testimonia en estos términos: «Grande es este misterio, sin embargo, digo esto teniendo en vista a Cristo y a la Ekklesia». El hombre que es incapaz de sondear este misterio, se encuentra ante un problema insoluble.

En el capítulo anterior hemos explicado la estructura cósmica del hombre y de la mujer, es decir, su polarización inversa y proporcional. Esta se apoya en el mandato divino conferido a las dos olas de vida, de que se transformen, por mutua colaboración, en un solo ser, en una comunidad de seres.

 

Cuando, en la aurora de los tiempos, la humanidad se separó del Orden de Dios y cayó en este campo de desolación, se borró de su memoria todo el recuerdo de esta comunidad original de seres. La pre‑humanidad en el campo de vida dialéctico no era asexuada, sino infantil y sin recuerdos.

 

Ahora bien, como en ningún campo de vida es posible una creación y una regeneración sin la colaboración de los dos polos humanos, la humanidad obtuvo de nuevo la conciencia de su dualidad en el campo de vida dialéctico. De aquí la frase del Génesis: «No es bueno que el hombre esté solo». Entonces, Dios hizo descender un profundo sueño sobre Adán, es decir A.D.M., la humanidad. Se desarrolló un doble ensombrecimiento del Espíritu Santo, uno sobre el hombre y otro sobre la mujer; un ensombrecimiento designado como «sueño». Sus dos santuarios de la luz, los centros del corazón, fueron tocados en ese «sueño» por esa influencia ejercida sobre la conciencia, en la mujer directamente y en el hombre por mediación de su pensamiento receptivo. Al despertarse, los dos se volvieron conscientes el uno del otro, apareciendo entonces un verdadero lazo de amor. La mujer había nacido de la costilla del hombre y el hombre de la costilla de la mujer.

«¡Qué absurdo!», dirán muchos. Cuando un hombre y una mujer reconocen «al otro» en un lazo de amor perfectamente puro y casto, ese reconocimiento se efectúa por mediación del fuego espiritual espinal. Ese fuego espiritual espinal da nacimiento a una luz en el santuario del corazón a través de una de las costillas. El esternón, el timo y ciertas partes del santuario del corazón desempeñan aquí un papel importante. Tan pronto como esa luz arde en el corazón, uno reconoce al otro. El y ella se despiertan del sueño del olvido y el proceso de colaboración consciente comienza.

No está de más insistir en que este «reconocimiento» se refiere al contacto cósmico original e impersonal, y que ese impulso y ese anhelo de colaboración consciente se apoya en lo más profundo del ser.

Esto era así en el pasado, en la aurora de nuestra existencia en el campo de vida dialéctico, y esto es aún así en nuestros días. Este «reconocimiento», en el sentido indicado, sólo es posible mediante el alma que ha madurado para ello; la personalidad terrestre nunca lo podría alcanzar. Debido a la gran degeneración que se acentúa de siglo en siglo, el poder de reconocimiento cósmico original ha degenerado totalmente; se ha vuelto un laberinto inextricable, trivial y corrompido, en concordancia con el estado de ser actual del hombre. La enseñanza original, sin embargo, coloca nuevamente al alumno ante la exigencia y el Plan de Dios para el mundo y la humanidad, ante Cristo y la Ekklesia, ante la revelación pura y la ley original. Y así, sobre la base original y según el método original, los hermanos y hermanas se reconocen mutuamente.

El «reconocimiento» tiene lugar de la misma forma cuando dos almas recorren, en colaboración, el camino de la luz. «Cuando un hombre ve esta luz, deja a su padre y a su madre y se une al otro. Y los dos se vuelven un mismo ser (cósmico)». Si usted comprende este proceso y la estructura cósmica del hombre y de la mujer, estas palabras de Pablo adquieren una gran claridad para usted.

Prestemos ahora atención al Evangelio de Mateo (19:1‑12), para ver qué dice Cristo de estas cosas, y por tanto ni Pablo ni el Antiguo Testamento.

Algunos fariseos se acercaron a él para ponerle a prueba. Acerca de la realidad desgarrada, le señalaron situaciones dialécticas especiales, oponiéndole toda clase de disertaciones dialécticas. Trataban de sustraerle a su gran misión y buscaban un compromiso.

«¿No puedo salir de ahí?», pregunta la realidad rota. La respuesta dice: «No habéis leído… ¿Por qué Moisés prescribe normas dialécticas para el matrimonio?» (Pablo lo hace también en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 7). «Es a causa de la dureza de vuestros corazones, a causa del estado dialéctico de este mundo, pero en un principio no fue así».

 

Los alumnos que ven esto, dicen tal vez, al igual que los discípulos del Señor: «Si esto es así, más vale ignorar el matrimonio terrestre dialéctico». Este punto de vista es, por supuesto, incorrecto e incluso extremadamente peligroso. Ahora bien, en ciertos casos, será preferible no contraer matrimonio en el sentido dialéctico de la palabra. Sin embargo, en general no se puede ni se debe negar las bases fundamentales de la existencia. No podemos escapar a la estructura cósmica de las cosas, y estamos obligados a hacer de ello, en la fuerza de Cristo, algo bello y espléndido. El alumno que recorre el camino es perfectamente capaz de triunfar en este sentido.

En la Escuela Espiritual hay tres grupos de personas: los «circuncisos» de nacimiento, los «circuncisos» por los hombres, y los «circuncisos» por decisión personal. Estas palabras son consideradas muchas veces como sinónimos de «castración», «negación del matrimonio». Sin embargo, la «circuncisión», en el sentido de las Sagradas Escrituras, es precursora del bautismo. Circuncisión y bautismo quieren decir: volver a estar unidos a la fuerza de Cristo, a la Jerarquía.

Hay personas que llegaron a realizar esta unión mágica en una existencia precedente. Hay quienes, gracias a la benedictio, llegan a realizarla actualmente. Y hay quienes llegan a participar de esta posesión por esfuerzo personal. Todas estas personas que, por el cambio fundamental, están en crecimiento según el hombre celeste, nada deben temer del matrimonio dialéctico. Pueden encontrarse en un estado de correcta colaboración. El matrimonio perecedero, si éste se coloca en su camino, podrá ser para ellos una puerta para la liberación.

¡Que el que pueda comprenderlo, lo comprenda!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 22

 

Nuestras relaciones con el Estado y la política

 

La cuestión de la relación de la Escuela de la Rosacruz con el Estado y la política, y los problemas afines, como por ejemplo el del militarismo, siempre han hecho surgir numerosos conflictos en el transcurso de los años. Continuamente se nos interroga a este respecto.

Cuando la Rosacruz expone su punto de vista sobre estas cuestiones, los colaboradores no pueden dejar de sentir a veces una sensación de soledad, al considerar la posición generalmente muy particular de la Rosacruz. En ningún medio social se está de acuerdo con nosotros sobre estos temas, ni tampoco en los ámbitos religiosos o políticos, y aún menos en los grupos humanitaristas. El humanitarismo, especialmente el humanitarismo con tendencia antimilitarista, nos fue muy hostil en el transcurso de los años. Indispusimos particularmente a sus damas militantes, habituadas a festejar anualmente su marcha por la paz.

En nuestro trabajo podemos llegar a encontrar divergencias de opinión netas y profundas, las cuales son penosas y nos alcanzan dolorosamente. No sucede lo mismo con las cuestiones económicas y políticas, con respecto a las cuales las divergencias de opinión no nos afectan. Al contrario, éstas ayudan a esclarecer las cosas. Ya que si hay diferentes puntos de vista a propósito de estas cuestiones, sabemos que este conflicto conducirá inevitablemente a una elección: querer ser alumno de la Escuela Espiritual en todo el sentido de la palabra o no; querer recorrer el Camino de la Rosacruz o no.

Ningún campo de trabajo está interesado en que en él se acumulen tensiones causadas por opiniones divergentes. Si usted desea acercarse al campo de trabajo de la Rosacruz, deberá reflexionar antes de empezar. Es indispensable una concepción clara; si usted pusiese en tela de juicio algún punto de vista adoptado por nosotros, sería mejor que no se adheriese a nosotros.

La Rosacruz es una Escuela que propaga la Enseñanza Universal, la cual no permite entrar en debates, ya que no presentamos nuestra propia opinión, sino la filosofía de la Rosacruz de Oro. El hecho de que usted juzgue dicha filosofía demasiado avanzada o demasiado sencilla, peligrosa o liberadora, nos es igual. Nosotros debemos contactar con los que pertenecen a nuestro campo de trabajo, los cuales vendrán a pesar de todo.

 

 

Tal como hemos dicho muchas veces, nos encontramos en medio de una revolución mundial, y los años venideros estarán marcados por violentas perturbaciones. Todo lo que se desarrollará será muy interesante, y su naturaleza suscitará el interés general. Cada ser humano será llamado a participar continuamente en una incesante actividad en la línea horizontal. Esto podrá dar la impresión de que nosotros no podemos sustraernos a estas cosas.

Sin embargo, la Rosacruz da la siguiente advertencia a sus alumnos: «No tomen partido en este violento torbellino de actividades dialécticas, no se arrojen a este fuego de la destrucción, sino conserven sus talentos, sus fuerzas y su vitalidad para el trabajo que la Escuela Espiritual requiere de ustedes». Este trabajo será muy concreto, muy vital y también muy visible.

Hay que comprender muy bien que no se trata en modo alguno de sustraerse de la vida dialéctica, sino que la posición de la Rosacruz con respecto a estas cosas, es una consecuencia del camino que anuncia y enseña a sus alumnos; este camino les lleva a «estar en el mundo, sin ser del mundo». El alumno debe tender, en primer lugar, a no ser ya de este mundo. Sólo así podrá manifestarse en el mundo según las exigencias de la Jerarquía. Entonces es un maestro, un poseedor de la Piedra.

 

El llamado «Diploma de Bacstrom», antiguo documento de admisión en la Fraternidad de la Rosacruz, que data del año 1794, dice:

 

“Prometo solemnemente, caso de que me volviera un maestro, un poseedor de la Piedra, por una parte no asistir, ayudar o sostener nunca, con oro o plata, a cualquier gobierno, príncipe o soberano, de cualquier forma que sea, a no ser por la del pago de impuestos. Por otra parte, no ayudar nunca a un partido o clase de un pueblo a fomentar una insurrección contra el gobierno. Dejaré los asuntos públicos y los decretos al gobierno de Dios, que ejecutará los acontecimientos ya predichos en el Apocalipsis de Juan, los cuales se acercan rápidamente. No me mezclaré en los asuntos del gobierno.”

 

A la primera lectura de esta declaración de principios, parece imposible que una persona de ideal humanitarista o clerical esté de acuerdo con este programa. Para él es demasiado neutral.

El poseedor de la Piedra, no obstante, no es conservador ni reaccionario, no tiene miras ni hacia la derecha ni hacia la izquierda. Con sus dones espirituales (representados en el diploma con el «oro») y con los de su alma (representados por la «plata») se coloca al servicio exclusivo del Gobierno de Dios, es decir: él conoce el trabajo de la Jerarquía de Cristo en la dialéctica y lo sirve. Encontrándose al servicio del gobierno de Dios, no sirve a ningún esfuerzo nacido de un círculo de pensamientos dialécticos. Se mantiene apartado de cualquier desarrollo político, social y económico de este mundo, y con ello, de cualquier gobierno, ya que son la expresión, el reflejo y el símbolo de todo aquello.

El poseedor de la Piedra ve desde lo alto, en el campo de vida dialéctico, una muchedumbre que lucha en este infierno, buscando una salida que existe, buscando una luz que existe, buscando una solución que existe. En resumen, constata la existencia de un estado de locura, percibe el descarrilamiento de la máquina mundial.

 

Pero él no se pone a gritar con las hordas prisioneras en la ilusión, no se coloca una etiqueta dialéctica en el pecho, sino que se prepara para trabajar en este infierno, tal como le ordena el gobierno de Dios ‑la Jerarquía de Cristo‑, de manera perfectamente responsable, gnóstica y científica.

Esto puede suceder en todas partes. Conocemos hermanos que, en un momento dado, han defendido ideas profundamente humanitarias que pueden tener consecuencias muy particulares. También hay hermanos que, en determinado momento, se han encontrado activos en campos resueltamente conservadores, liberales o capitalistas. Los conocemos igualmente en la Unión Soviética, así como también en el campo anarquista y en el terreno rigurosamente ortodoxo. Todos ellos trabajan, sin por ello comprometerse, totalmente libres, de modo que puedan retirarse siempre en el momento debido.

Así se conduce una lucha grande e inteligente con vistas a la liberación de la humanidad, una lucha que podría ser calificada de antidialéctica. Por esto, ningún hermano se deja atar ni ser retenido por consignas o ideas dialécticas.

Por la actividad de la Jerarquía de la Fraternidad Universal en este mundo, Cristo se vuelve y es uno de nosotros, a pesar de no ser, bajo ningún concepto, de este mundo. ¡Su Reino no es en ningún caso de la dialéctica! El maestro de la Piedra se encuentra a su servicio y le sigue en su camino. Trabaja en la dialéctica, porque el Reino de los Cielos debe ser poblado desde este mundo, porque el hombre ha caído desde ese Reino y debe regresar a él.

Puesto que ahora el maestro de la Piedra, sus ayudantes y su campo de fuerza están activos en la materia, todos quieren servirse de ellos para sus propios fines. Tratan de convencerles diciéndoles: «Pretendéis servir al amor, a la bondad, a la verdad y a la justicia; a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad; a la no violencia. Pues bien, trabajad y aplicaos con nosotros en estas cosas».

Sin embargo, los trabajadores de la Escuela Espiritual no lo hacen. Siguen su propia estrategia: están en este mundo pero no son de este mundo.

 

Lo que precede nos hace comprender que todos los grupos que persiguen un fin dialéctico emplean el nombre de Cristo en su propio objetivo. Cada uno encuentra en él su justificación, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. Esto explica igualmente por qué se cree poder utilizar, por todas partes, el nombre de la Rosacruz, imaginándose que nuestra filosofía puede aplicarse en todos los sentidos. Cuando recordamos nuestras experiencias, vemos claramente cómo han intentado atraernos siempre desde todos los lados, queriendo hacernos ver que «esto estaba bien, pero que debía ser reforzado», o que «aquello estaba equivocado y que debíamos suavizarlo». En esto se está de acuerdo, y en aquello en absoluto. Lanzan contra nosotros todas las acusaciones posibles. Aquí nos elogian y allí nos amonestan, etc.

 

Le podemos asegurar que la Rosacruz no se deja influir en nada por estas maneras de actuar. Servimos al gobierno de Dios y trabajamos juntos por una revolución espiritual total. Somos antidialécticos y tan radicales, que nadie puede ser más radical que nosotros. El radicalismo más avanzado de la dialéctica es solamente moderado en comparación con el radicalismo del verdadero cristianismo viviente. La Jerarquía de Cristo, como grandioso organismo vivo (comprendámoslo bien, no es de este mundo, pero está en este mundo, para vencerlo realmente), significa el peligro más grave para este orden mundial actual. Algunos grupos lo han comprendido muy bien en el transcurso de los siglos, y por esto las huellas del trabajo de Cristo en este mundo están marcadas con rastros de sangre.

Volvemos a decir con insistencia que todos los pros y los contras nos dejan absolutamente indiferentes. El que nos comprenda realmente, vendrá hacia nosotros y colaborará con nosotros. El que no llegue a ello, ni pueda penetrar en su sentido, no puede venir hacia nosotros ni ayudarnos. El trabajo se hará entonces sin él, aunque en cualquier caso se hará también para él.

 

La Jerarquía de Cristo tiene que realizar diversos trabajos en este mundo. Ha establecido una Escuela Espiritual para guiar por el camino a los aptos y a los despiertos; para atraer hacia el camino a los que poseen el pre‑recuerdo. Es un trabajo de resurrección.

Pero son necesarios igualmente un trabajo de destrucción y otro de conservación. El orden dialéctico original es conservado por el movimiento de los opuestos. Pero la naturaleza dinámica del hombre no se contenta con ser mantenida en movimiento por las oposiciones y esto produce una situación extremadamente dramática. Por ello sólo queda una salida para el hombre: recorrer el camino de la resurrección, es decir, «levantarse y volver al Padre». Si no lo hace, entra ineluctablemente en un camino degenerativo. El satanismo y la locura se desarrollan con las consecuencias más siniestras. En lugar de la liberación de la dialéctica por su superación, se produce una caída fuera de la dialéctica, una caída hacia un plano de vida todavía inferior, hacia un nadir aún más profundo. Este nadir es todavía un estado relativo, cosa perfectamente lógica. Esto significa que si la humanidad, en nuestro campo de vida, fuese abandonada a su destino, la consecuencia inevitable sería una caída más profunda y definitiva. A este respecto, basta pensar en los monos antropoides que antiguamente fueron hombres. Y hay incluso entidades que no pueden ni expresarse de esta forma, que han caído en un estado tan horroroso que, a nuestra manera de ver, están perdidos sin esperanza.

Para evitar que este destino atroz sea el destino de toda la humanidad que vive en el campo de vida actual, es aplicado un sistema: el derramar la sangre, es decir, el derramamiento de sangre según la naturaleza. Ante la inminencia de una caída más profunda, son utilizadas las circunstancias del momento, por medio del derramamiento de sangre según la naturaleza, para disminuir las tensiones existentes.

Este derramamiento de sangre según la naturaleza tiene lugar, primeramente, por la muerte, en tanto que fenómeno natural. Pero esto no es tal vez suficiente. Diversas catástrofes y accidentes ocurren para ayudar a la muerte. Pero a la larga tampoco esto basta. Vienen entonces las guerras, que vuelven el derramamiento de sangre más intenso, más considerable y general, sin que a pesar de ello y a la larga esto sea suficiente.

 

Cuando, en este camino regresivo, todos estos medios son agotados, toda la humanidad es liquidada de la forma más radical. Solamente una revolución cósmica, con todas sus consecuencias en todos los planos de la existencia, puede aportar entonces la solución. La historia del mundo demuestra este método. El Logos permite la desaparición de continentes enteros.

La época de las guerras, según la antigua receta, ha quedado atrás; nos encontramos en la aurora de una gran limpieza cósmica, de un inmenso trabajo de destrucción y de mantenimiento de la Jerarquía de Cristo. Así va a demostrarse, una vez más, que Dios no deja perecer la obra de sus manos. Esta es la razón por la que es denominado el Dios de la cólera que, por culpa de los malos actos de los padres, castiga a los hijos hasta la enésima generación; ésta es la eterna Ley del Amor.

 

Así puede usted ver que, por medio de la Escuela Espiritual, se desarrollan dos procesos: un proceso de resurrección y un proceso de mantenimiento, ambos con vistas a la liberación.

Ellos representan la realidad de las palabras de Cristo: «Vine para una resurrección y para una caída». ¡Por esto Cristo ha sido y ha de ser siempre el vencedor! Esto significa que el que no puede alcanzar la resurrección, nunca es abandonado a sí mismo, sino que, para su salvación, es demolido según esta naturaleza, tal vez junto con muchos millones más.

Cuando alguien dice: «¿Puede usted figurarse a Cristo con un fusil?», nuestra respuesta es «¡no!». Sin embargo, podemos representárnoslo como la personificación de la ley universal a la que él une nuestro ser, por la comunidad de la sangre; y esta ley, la ley del reino, actúa en un proceso de demolición según esta naturaleza, es decir: de manera regeneradora, para una resurrección, o de manera degenerativa, para una caída.

La Fraternidad Universal trabaja día y noche para vivificar para todos la primera de estas actividades de la ley universal. Si esto no es posible (y de hecho no lo será), el resto de la humanidad será tomado en la segunda actividad; y decimos: «gracias a Dios», ya que en este caso se evitará a toda la humanidad un final horroroso y terrible.

Existe todo un grupo de trabajadores que, cuando es necesario, colabora en el segundo proceso, por ejemplo, cuando se necesita derramar la sangre de esta naturaleza para traer nuevas posibilidades de preservación. Hay un gran número de figuras en el mundo que, en el momento preciso, son influidas en este sentido por la Jerarquía.

En resumen, el alumno que recorre el camino, se coloca al servicio del gobierno de Dios, de la Fraternidad Universal de Cristo. Se coloca en medio de los acontecimientos mundiales, según la labor que le es reservada en nombre de dicho gobierno.

Puede suceder, no obstante, que uno u otro diga: «Hago esto o aquello en nombre del Reino de Dios. Soy un enviado. Ayudadme, pues, a hacer lo mismo».

Si una persona es realmente un alumno de buena fe de la Escuela Espiritual y tiene una misión que cumplir, nunca dirá tal cosa, se callará. Sólo podrá pedir y recibir ayuda de los que, por su conciencia, son ennoblecidos por la comprensión. Donde hay comprensión, ya no puede haber divergencia de opiniones. Todo lo demás, toda insistencia y toda presión desde arriba es explotación.

 

Por esto la Escuela de la Rosacruz es una Escuela que guía a los hombres hacia la comprensión. Sólo la comprensión conduce efectivamente a la perfecta colaboración. Tener fe en una autoridad no sirve de nada.

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 23

 

Nuestras relaciones con las corrientes esotéricas

 

En nuestra literatura habrá leído quizás que la Rosacruz trabaja para la humanidad, pero no con la humanidad. Quien reflexione sobre este punto lo comprenderá.

Para los que no reflexionan sobre ello y, por consiguiente, no llegan a comprenderlo, el contacto con la Rosacruz debe ser muy decepcionante, ya que la Rosacruz no puede asociarse, bajo ningún concepto, con el campo de vida dialéctico ni tampoco puede ser explicada por él. Por esto nos encuentran intolerantes, o singularmente necios y locos, o fríos e insensibles, o anti‑ocultistas o arrogantes.

Cuando hablamos de «la Rosacruz», entendemos con ello algo diferente al Lectorium Rosicrucianum. El Lectorium Rosicrucianum es un punto de encuentro en el que la humanidad y la Rosacruz, la humanidad y la Vida Original, establecen su primer contacto. Podría suceder que la Rosacruz, por razones de estrategia, siguiera caminos aparentemente extraños e imprevistos, en su esfuerzo incesante en hacer del punto de encuentro un punto de unión. La mayoría del público se asombraría extraordinariamente si conociese la Rosacruz tal como es realmente.

A través de los siglos, y con fines determinados, nuestro trabajo ha sido criticado y atacado, y todavía se continúa haciendo esto. Si la Rosacruz hubiese sido conocida realmente, nunca se habría pensado en hacer tal cosa; tampoco lo harían actualmente. Nos habrían dejado en paz, juzgándonos «un caso perdido». Ser considerado como un caso perdido es una situación particularmente ideal para el trabajador de la Escuela, ya que no es molestado más por ningún perro malhumorado que le ladra; así en él reina la calma para poder recorrer su camino impersonalmente.

Hay adversarios que quieren convertirle a toda costa y lo hacen tan amablemente que no se les puede repeler. También hay adversarios que, inteligentemente y con la mayor astucia, tratan de dañar la calidad del trabajo. Así se pierde una gran parte de tiempo y mucha energía en neutralizar a tales perjudicadores, causantes de enredos, sembradores de malos granos. Estas cosas esconden un verdadero drama.

 

El Sanedrín, el Consejo Judío que condenó a Jesús, es representado a veces compuesto por los más grandes malhechores. Sin embargo, nada es menos cierto. Este Consejo Judío ofrecía una similitud perfecta con el actual Sínodo General. Dichos señores, ciertamente, no fingían cuando se desgarraban sus vestiduras ante la infamia que suponían encontrar en un hombre como Jesús. Eran teólogos convencidos, intelectuales extremadamente cultos, religiosos, autoritarios… y enfermos mentales.

La élite del pueblo judío estaba allí reunida, calificando a Jesús de «fomentador de disturbios». ¡El quería fundar un reino que no era de este mundo! Judas recibió dinero del Gran Sínodo Judío para tratar de enganchar a Jesús en su carro dialéctico. Semejante ayuda hubiera sido un complemento formidable, ya que los miembros del gran Sínodo querían restablecer el reino de Israel.

 

Jesús se colocaba a la cabeza de un desarrollo religioso que no podía explicarse de ninguna forma por la dialéctica, como tampoco por una esfera celeste, por un mundo celeste hacia el que el Gran Sínodo quería dirigir a sus seguidores. Por eso, para el Sínodo, Jesús era como un lobo en medio del rebaño: ¡un tremendo peligro! Además era un loco, ya que no se colocaba al servicio de la iglesia.

Más tarde, la actuación de Mani no fue diferente de la de Jesús. Durante años, Agustín buscó el reino del que Mani hablaba. Exigía indicaciones, pruebas, ejercicios, pero no los recibió. Solamente recibió la filosofía.

Mani sufrió así la misma suerte que Jesús. Tampoco fue dejado en paz por el «Sanedrín». La calma que cada trabajador desea, la calma que permite cultivar su viña, no apareció. Jesús, el Gran Maestro de la Jerarquía, fue un ejemplo para él.

Allí donde aparece la Rosacruz nace la lucha y el sufrimiento inevitable para muchos, en ambos campos de batalla. Esta realidad está incluida en las palabras de Cristo: «No he venido a traer la paz, sino la espada».

La Rosacruz dice que trabaja para la humanidad, pero no con ella; éstas son unas palabras prudentes. No obstante, sabemos que la lucha surge infaliblemente. Nadie escapa a ella. La frase: «En esa hora todos serán ofendidos por su causa», será vivida por todos.

Sin duda, en los capítulos precedentes han debido presentarse tales momentos. Esta no es nuestra intención. Hay personas que son desagradables intencionadamente porque lo creen necesario. Sin embargo, éste no es nuestro caso. La irritación nace de un forma natural por el encuentro de la Enseñanza Universal del Orden de Dios con el hombre dialéctico. Por su naturaleza, usted piensa de manera absolutamente diferente a la de la Rosacruz. Usted es completamente diferente y esto puede dar lugar a un conflicto.

Toda la religiosidad de este mundo, toda la ciencia de este mundo, todo el humanitarismo de este mundo y todo el arte de este mundo son explicables totalmente por el campo de vida dialéctico. Las iglesias, las universidades, los templos del arte, la literatura y los hechos dan abundantes pruebas de ello. Las iglesias proponen dogmas, la ciencia formula hipótesis, el arte normas, el humanitarismo ideales, y el resultado se confirma en los hechos.

Si damos una ojeada a todo el campo de la actividad dialéctica, descubrimos por todas partes el mismo fundamento, la misma esperanza, la misma expectativa:

¡Eso debe acontecer todavía!

¡Eso se encuentra en la lejanía!

¡Eso llegará en el futuro!

¡Estamos persiguiéndolo, buscamos!

¡Vamos a alcanzarlo, vamos a realizarlo!

Sobre esta base se desarrollan diversas hipótesis de trabajo. Todo esto es la imagen del hombre en su esfuerzo cultural, del hombre instigado por el deseo inextingible de lo que no posee. Sin embargo, la Jerarquía dice:

¡Eso no debe venir, ya que ES!

Eso no se encuentra en la lejanía.

Eso no llegará en el futuro.

El Reino de los Cielos está dentro de usted.

 

¡El está presente en su campo de vida microcósmico!

 

En la vida dialéctica no se puede construir nada que, tarde o temprano, no sea destruido. Por esto, nada aquí es absoluto: aquí no hay verdad absoluta, aquí no hay forma absoluta, aquí no hay método absoluto, aquí no hay amor absoluto.

Cuando la inevitable cristalización natural se demuestra en el hombre, en lo que cree poseer de verdad, en su forma (su estructura corpórea), en su modo de vivir, en sus afectos, entonces aparece una horrible caricatura; la vida se vuelve un infierno y el hombre un cuerpo sin alma.

El proceso de cristalización comienza ya tres meses después del nacimiento del niño. Los hombres que toman conciencia de esta atroz realidad, pretenden desatarse de todo, porque quieren volverse sin forma, sin método y sin afectos. Sin embargo, esto es sólo un intento de ignorar la realidad de la dialéctica, de huir de ella. Dicho intento debe fracasar, porque la conciencia dialéctica es incapaz de llevar a cabo, con su propia fuerza, la autodestrucción. Sólo hay una salida cuando se tiene el valor de profundizar en la esencia de esta naturaleza y, haciendo frente a la cristalización y a la petrificación debida al dominio de las fuerza naturales, se emplea el hacha en el propio ser, realizando así la destrucción del yo en la fuerza de Cristo.

 

Cuando encuentre en su vida a la Rosacruz auténtica, advertirá que nunca le pondrá en contacto con un «método» o con lo que se llama «magia». Cuando alguien le somete a un método mágico o le indica un camino mágico, la Rosacruz está ausente. La Rosacruz presenta, como base de todo saber, una filosofía concreta; los valores mágicos permanecen completamente abstractos. La magia está por supuesto presente, pero ningún indigno, es decir, ninguna persona que no se haya ennoblecido para ello, puede alcanzarla o comprenderla. Además, la magia no se aprende, no puede ser ni estudiada ni descrita ni esbozada. Tan pronto como un hombre participa en el nuevo reino, se vuelve un mago; la magia es para él un sentido.

Además, es peligroso querer explicar las propiedades de este sentido a otra persona que no lo posee y que no puede aún poseerlo. Por esto, cuando alguien viene a nosotros y nos pregunta: «Cuénteme cómo sucede esto o aquello», nos ponemos inmediatamente en guardia (suponiendo que se le pueda contestar). No se puede poseer la luz antes de haber atravesado la puerta.

 

La Jerarquía irradia una verdad en este mundo. Esta verdad es algo fundamental que no puede ser interpretado de dos modos diferentes. Cuando alcanzamos lo fundamental, la verdad se nos revela un poco más profundamente, hasta cierto límite. A continuación debe haber una respuesta por parte del alumno. No con palabras, ¡sino con actos! El alumno debe penetrar con estos actos hasta la verdad misma.

¿Y qué se hace en general? El hombre se queda ante el acto sin realizarlo y alcanza la verdad por su vestido exterior; borda en él diversas interpretaciones, formas y métodos, mutilando así el vestido. La verdad, en tanto que realidad de la luz, permanece así escondida.

 

Y ésta es la realidad que determina las relaciones de la Rosacruz con los grupos esotéricos. Estos tratan de forzar siempre con la magia el triunfo de la dialéctica sobre la Estática. Todos los grupos esotéricos proponen ejercicios mágicos y ciencia mágica. La Rosacruz, por el contrario, da una explicación sobria de la verdad, difundida universalmente y que no puede ser interpretada de forma dialéctica. Coloca a sus alumnos ante un comportamiento de vida que concuerda con el núcleo fundamental de la verdad. Puede suceder también que alguien se siente cómodamente sobre la filosofía, animado por un afán de posesión; no obstante, esta situación no podrá durar mucho. La exigencia de la Escuela, que le coloca frente a la realización de la verdad en su propio ser, le impulsará a aceptar la exigencia o retirarse. De esta manera, nunca será engañado ni conducido a caminos laterales.

 

Recapitulemos sobre lo que acaba de ser dicho y veamos estos dos caminos:

 

por un lado: una filosofía de la verdad viva que empuja al cambio fundamental, de donde nace el desarrollo del Reino de los Cielos en usted; esto es la Rosacruz;

 

por otro lado: las iglesias, la erudición de los escribas y los doctores de la ley del «Sanedrín», el Sínodo General, y el encarcelamiento en la ilusión; o la magia, los ejercicios, la demencia; esto es el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 24

 

La oración

 

La oración es algo que ha degenerado mucho en la vida del hombre. Para muchos se ha vuelto una costumbre que reposa en la idea: «Si no es útil tampoco hace ningún daño». Para otros es una práctica mística que debe ser mantenida, debido al respeto religioso transmitido de generación en generación. Sin embargo, nadie conoce el fenómeno de la oración, como tampoco se sabe de hecho lo que ocurre o debe ocurrir cuando se reza.

En la vida protestante se reza mucho. Ciertos ministros llegan a batir verdaderos récords de oración que impresionan poco a los fieles, pero que, por el contrario, crean un sentimiento de aburrimiento o de sorpresa por su emotividad. Hay pocas excepciones a esta regla. Una de estas excepciones la constituye el difunto Profesor De Hartog. El aplicaba una oración responsable, científica y razonable, aunque la comunidad no entendía nada de ello y frecuentemente la consideraba muy irrespetuosa y demasiado corta. Muchos rechazaban esa forma de orar por considerarla absurda e inaceptable intelectualmente.

Los Rosacruces también conocen la oración, pero no la practican por emoción mística o como expresión de sentimientos de respeto y todavía menos como una costumbre. Ellos han roto, radical y completamente, con todas las formas habituales. La oración de los Rosacruces se apoya en el conocimiento de un proceso consciente. La oración es de hecho una invocación mágica, y toda oración es atendida, aunque no en el sentido en que lo supone la masa.

Cuando un hombre ora intensamente, piensa, quiere y desea. Esto es una actividad de todo el triángulo de fuego humano, actividad que conduce a una creación. Cuando el hombre ora, desea algo que comprende racionalmente, algo que sostiene por un sentimiento y que dinamiza con un impulso a la actividad. El conjunto se enlaza al ser de la sangre y es sellado por las palabras pronunciadas. Es el fiat creador, la oración mágica. Este proceso puede ser analizado perfectamente de manera científica, y es comprensible que la calidad de su oración, la naturaleza de sus deseos, de sus objetivos, de su mentalidad, de su estado psicológico, en una palabra, su estado de ser actual, determine el resultado de la oración.

Un resultado es ineluctable, ya que la llamada mágica sube como una fuerza, como una vibración, como una unidad creadora, hacia el plano concordante con la calidad de la oración. La oración atrae fuerzas de dicho plano y el resultado concuerda absolutamente con él. Si el hombre invoca a Dios, a Cristo o al Espíritu Santo a partir de su estado primitivo inferior, empujado por un deseo egoísta, atrae igualmente fuerzas egoístas, ya que las ha invocado él mismo por la magia negra inherente a su oración. Entonces invoca al dios, a la fuerza de su imaginación primitiva, y este dios reacciona y responde.

 

De esta forma, su oración es atendida siempre, aunque no siempre según su gusto e intención. Contra esta clase de magia negra somos puestos en guardia por el mandamiento tan conocido: «No harás para ti escultura ni imagen alguna de las cosas que están arriba en los cielos, ni de lo que está abajo en tierra, ni de lo que está en las aguas debajo de la tierra».

Hablamos de un cono de oraciones o de una pirámide de oraciones que surge cuando se ora. Dicho cono vibra y es coloreado conforme a su calidad interior. Por esto, la oración es a veces muy peligrosa, por el hecho de que toda magia incomprendida se vuelve contra nosotros. De esta forma, usted obtiene siempre lo que no esperaba o lo contrario de lo que esperaba.

En la práctica sucede, la mayoría de las veces, que el hombre mismo comienza por arruinar fundamentalmente las cosas y sus condiciones, creando así un completo desorden, y cuando la situación creada por él mismo ya no le ofrece ninguna salida, termina rezando, diciendo: «¡Oh Dios, ayúdame!». Basta con exclamar: «¡Oh Dios!», para que se vuelva contra él. ¡Dios no es el siervo de la condición natural primitiva y animal del hombre! Por efecto de reacción, la respuesta concuerda con lo que merece: recibe una porción doble. Estará claro cuán indeseable es semejante magia.

 

Llamamos la atención especialmente sobre la magia de la oración practicada en la Iglesia Romana. Con la oración, la Iglesia Romana ha conseguido y ha conservado muchas cosas. Se reza al dios romano, a la jerarquía de su iglesia en el más allá, pero no al Señor de toda Vida y a su Jerarquía. De ahí viene que se haga uso de toda clase de libros de oraciones preformuladas, para asegurar, cueste lo que cueste, la unión entre la masa y el dios romano. Con este fin se mantiene un gran panteón de santos. A los creyentes se les prescribe veinticinco Padrenuestros, contados sobre el rosario. Con estas formas y prácticas de oración se conduce al que reza a una potente intensidad de oración. De esta manera son llamadas las organizaciones de fuerza romanas en el más allá, y así el rebaño es mantenido en su conjunto.

Esto nos hace pensar también en las oraciones por los fallecidos, por medio del sistema de las estampas religiosas. Estas oraciones son un serio obstáculo para los difuntos que tal vez tratan de separarse del dominio de la iglesia, ya que con ellas es vivificado continuamente el sacramento de la extremaunción.

Los sacerdotes incitan a la masa religiosa a orar frecuentemente, y nosotros comprendemos el porqué. La magia del culto, los sacramentos y la magia de la oración tienen como fin el mantener la unidad de la iglesia. El lector verá fácilmente hasta qué punto esta magia es dialéctica y hasta qué punto la oración es rebajada a un estado inferior.

Como ya hemos mencionado, en el protestantismo se reza mucho, pero por su falta de unión, no posee ninguna jerarquía, ninguna prolongación en el más allá. Es la presa indefensa de muchas fuerzas de la esfera reflectora. También la jerarquía romana se mueve en este terreno y obtiene un éxito mayor del que muchos podrían imaginarse. ¡La garra romana también está presente en el Sínodo General!

 

 

En general, el hombre dispone de cuatro motivaciones que le empujan a actuar con el fin de mantener su naturaleza dialéctica auto‑conservadora, a saber: el amor, la riqueza, el poder y la gloria.

Por este amor es impulsado en la vida sexual, en el amor por su raza, linaje, pueblo, familia, su propia persona, sus hijos y sus bienes.

Su deseo de riqueza se expresa, por ejemplo, por sus esfuerzos por ganar dinero, por los cuidados que toma en asegurarse su vejez, por asegurarse una pensión de retiro, por el ejercicio de diferentes estudios, por el deseo de colmar toda ambición y ver a sus hijos elevarse en la escala social.

El deseo de poder se expresa, en particular, en el esfuerzo por mantenerse a sí mismo, en el deseo de imponer respeto, en la manera en que el hombre trata de alcanzar sus fines por todo los medios, en su ilusión por querer ser alguien.

El deseo de gloria se expresa, por ejemplo, en el valor tan grande que se atribuye a los acontecimientos históricos nacionales, a la gloria militar, a las condecoraciones, a los deportistas.

La vida de oraciones del hombre está adaptada por completo a estos impulsos. Añadamos todavía todas las miserias dialécticas, dentro y fuera de él, que le conducen angustiado a la oración, simplemente en favor de su propia conservación.

Todo esto no tiene el menor valor para el hombre más comprensivo y evolucionado. Este ora por el bienestar espiritual de su ser. La oración se orienta hacia el bienestar de la humanidad y brota del altruismo, no del egoísmo. El ora:

‑por el amor que lo abraza todo y a todos;

‑por la riqueza de poder servir de verdad a partir de la plenitud de una posesión interior;

‑por el poder de ayudar a liberar a la humanidad de su miseria;

‑por la gloria de volver a ser tal, que los actos de su vida anuncien la gloria de Dios.

 

La verdadera invocación mágica, la oración del verdadero alumno, está sometida a la ley de jamás pedir algo para sí mismo. Es la rendición total al mandamiento divino: «Buscad primero el Reino de Dios, y todas las demás cosas os serán dadas por añadidura». Es el abandono, con una absoluta confianza, a la dirección divina.

Además, el alumno llega a ver que la calidad y la fuerza de su oración dependen de sus disposiciones interiores, según la conciencia, el alma y el cuerpo. Por este motivo vive «la vida» con todas las fuerzas presentes en él.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 26

 

La Rosacruz de Oro

 

Y ahora hemos llegado a nuestra conclusión. Aunque no podemos pretender el haber sido completos, ya que todavía quedan muchísimas cosas por decir y aclarar sobre la filosofía gnóstica universal moderna, no obstante esperamos haber podido atraer su atención sobre algunos de sus aspectos más importantes. Dedicamos este último capítulo a la Rosacruz e intentaremos darle una imagen: de lo que la Rosacruz es, pretende y realiza.

Hablamos preferentemente de filosofía gnóstica moderna, porque las actividades de la Rosacruz moderna nos permite hablar de manera justificada de una filosofía verdaderamente gnóstica y universal.

Un gran cambio debía ser llevado a cabo y debía producirse lentamente. Los principios de este cambio datan de 1935, después de un tiempo de preparación que se remonta a los alrededores de 1925. Desde 1945 podíamos decir que el trabajo comenzaba a hacerse visible. Desde entonces cada vez ha habido mayores posibilidades de presentar al mundo la filosofía universal gnóstica purificada en todo su contenido. Así, en agosto de 1964, es decir, en un período de 40 años, la obra fue completamente concluida.

Usted ha tomado conocimiento de la Rosacruz mientras ella está realizando una revolución espiritual. Una revolución espiritual que se realiza primeramente hacia el interior, para manifestarse en el transcurso de los años con fuerza creciente hacia el exterior.

¿Por qué fue necesaria esa revolución en el interior del campo de trabajo de la Rosacruz? Dicha revolución fue necesaria por motivos que se relacionan con las leyes fundamentales de la verdadera masonería espiritual libre, con las leyes del arte real. Una idea liberadora y purificada no puede ser irradiada repentinamente en el mundo desde arriba. Un intenso proceso de preparación debe preceder, para que cuando la idea llegue, pueda establecer un lazo de sangre directo con cierto número de personas y, por mediación de ellas, pueda actuar sobre toda la humanidad. Así pues, es necesario que «el Señor sea reconocido cuando venga».

En primer lugar, el campo debe ser labrado y preparado antes de que la simiente pueda ser echada. Cada idea en la que no se hayan observado las reglas de esa ley de preparación de unión por la sangre, se pierde infaliblemente sin dar ningún resultado.

 

Si se quiere recoger una cosecha, habrá que hacer antes el esfuerzo necesario para realizar el trabajo más arduo y muchas veces el más desagradable. Pensamos aquí en la comedia de Charles R. Kennedy «El servidor de la casa». Mientras el obispo de Lancashire, en su venerable sotana, está ocupado en el salón en recitar sus palabreos metafísicos y especulativos, el verdadero trabajador desciende a las cloacas y las limpia.

 

La Fraternidad de la Rosacruz de Oro obra desde hace numerosos años, teniendo como base la ley precitada, para preparar una nueva iniciativa mundial. Dicha iniciativa sólo puede manifestarse, tal como acabamos de decir, cuando llega el momento en que puede establecerse un lazo de sangre con la humanidad.

La hora de tomar esta iniciativa ha sonado y el campo está preparado. En 1875, y aún antes, la Fraternidad dejó la iniciativa, por diversas razones, a la Sociedad Teosófica y a la Francmasonería. El tiempo de entrar en acción directamente no había llegado todavía. El mundo y la humanidad debían ser conducidos primeramente a un estado adecuado, antes de que los misterios universales pudieran llegar a cumplir su misión.

Cuando en los alrededores de 1925 el gran trabajo preparatorio comenzó, los trabajadores encontraron en Occidente un campo esotérico que, como se puede imaginar, estaba completamente armonizado con los sistemas esotéricos de la cuna de la humanidad Aria: la antigua India. En Occidente había una diversidad de etiquetas, pero en el fondo, todo lo que aparecía en la escena del mundo era yoga. Podían hacerse llamar, para diferenciarse: teósofos, sufís, mazdeístas, antropósofos o rosacruces; en todos los sectores esotéricos en cuestión, y sin ninguna excepción, se esforzaban asiduamente en practicar métodos de yoga. Todos estos grupos hubieran podido fusionarse sin ningún inconveniente. No había lugar alguno donde se tratase de cristianismo, y todavía menos de verdadera Rosacruz.

Los métodos de yoga usuales se concentran íntegramente en la personalidad dialéctica. Por su naturaleza, dependen completamente de ella y declaramos que nunca han respondido a las verdaderas intenciones de los guías espirituales de la humanidad. Bajo la influencia y como consecuencia de las prácticas de yoga, se han formado, en la esfera reflectora de nuestro campo vital, varias escuelas ocultas que llevan a cabo cierta actividad, pero que no tienen nada que ver con la verdadera Escuela Espiritual, la Jerarquía de Cristo.

Es un honor para nosotros el poder asegurar que no pertenecemos a ninguna de esas escuelas ocultas, que no queremos pertenecer a ellas, y que por otra parte no podemos pertenecer a ellas, porque el desarrollo de la Rosacruz de Oro es completamente diferente.

 

Los métodos de yoga se concentran, como ya dijimos, en la personalidad dialéctica. Influyen en el cuerpo material mediante ciertas formas de ascesis; en el cuerpo etérico por medio de la sangre y de las glándulas de secreción interna, en el cuerpo del deseo por medio de los músculos no sujetos a la voluntad y del sistema cerebro‑espinal, en el poder del pensamiento con ejercicios de concentración que influyen alternativamente en los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo, así como en el cerebelo y en el plexo solar.

 

Con dicho entrenamiento, que puede hacerse siguiendo dos métodos principales: el método antipático o teosófico, y el método simpático o antroposófico, nace cierta conciencia en la esfera reflectora dialéctica y se produce un contacto con dichas escuelas ocultas.

Dicho entrenamiento ‑llamado incorrectamente «desarrollo»‑ ha de ser rechazado siempre y es generalmente muy peligroso:

 

a) Determina una unión muy fuerte con la personalidad dialéctica, porque es utilizada, sea como sea, como base de las facultades superiores deseadas. Así se refuerza siempre la unión con la rueda kármica.

 

b) Como en los métodos de yoga no se hace diferencia de principio entre lo positivo y lo negativo, estos métodos de yoga han causado y continúan causando millones de víctimas.

 

c) El fenómeno que conocemos con el nombre de «magia negra», proviene directamente de este método.

 

Deseamos ahora probar la verdad de estas afirmaciones:

 

a) Cuando alguien precisa desarrollar cierto órgano para alcanzar un objetivo determinado en el plano de lo oculto, permanece como consecuencia atado a dicho órgano durante toda su vida. Así pues, está obligado a hundirse o a emprender un esfuerzo por cultivar dicho órgano, es decir: volver la «carne y la sangre» aceptables para la eternidad. Por otra parte, las escuelas de yoga propagan la enseñanza de la evolución de la dialéctica. ¡Están verdaderamente forzadas a ello!

 

b) Cuando alguien, aplicando un método de yoga de una u otra categoría esotérica, parece demasiado débil o blando, o estructuralmente inepto, entonces es expulsado de dicha escuela. El interesado no puede volver a su supuesto «equilibrio» primitivo, y queda en posesión de su herencia, por ejemplo, con una hipófisis desarrollada a medias, una tiroides irritada, un plexo solar que no pertenece del todo al sistema nervioso simpático. Violentó la naturaleza de su ser dialéctico y ahora debe decidir cómo podrá deshacerse de tal situación. Todo ocultismo negativo es, sin excepción, el resultado de semejante estado de cosas. Como los órganos tocados forman parte del organismo creador, esta característica negativa es al mismo tiempo hereditaria hasta la cuarta generación.

Teniendo en cuenta que estos órganos controlan procesos funcionales delicados, resultan gran número de enfermedades y, en particular, formas de locura y tendencia al suicidio. Estas son igualmente hereditarias hasta la enésima generación. No hay duda de que muchas personas con pre‑recuerdo son víctimas, también, de esta aberración esóterica.

 

 

c) Debe ser evidente, para un pensador lúcido, que los frutos del árbol de la vida no pueden ser empleados a la vez en sus aspectos blanco y negro. En el campo de acción del árbol de la vida nada puede ser puesto en movimiento por los opuestos. Así, en cuanto algo puede ser llamado «blanco», se trata de un fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, y lo «negro» está infaliblemente presente. Lo «negro» es despertado por lo «blanco». También la magia blanca ordinaria del campo de vida dialéctico es, según la ley natural, la madre de la magia negra.

Cuando los motivos determinantes de un alumno están por debajo de las normas impuestas por las escuelas de yoga llamadas «blancas», dicho alumno es rechazado. ¡Pero ya ha sido sometido a su desarrollo esotérico y, por lo tanto, conoce los métodos! Siendo además un «tipo fuego», su egoísmo o su naturaleza criminal le lleva a emprender el trabajo por su propia cuenta. La magia negra ha nacido y encuentra un vasto campo de acción.

La magia negativa es el resultado de la estupidez y de la impotencia. La magia negra es el resultado de la maldad que se exterioriza en el campo esotérico. Y la supuesta magia blanca se dedica al mantenimiento de la dialéctica y es, por ello, el mayor enemigo de la humanidad.

 

Cuando en 1925 emprendimos nuestro trabajo, encontramos establecido en el mundo un movimiento rosicruciano que sólo tenía en común con la Rosacruz el nombre. La aplicación de métodos de yoga se encontraba por todas partes, con todas sus consecuencias. El referido movimiento estaba lleno de ocultistas negativos que no podían ir más lejos y que estaban muy enfermos. Además, gran número de entre ellos, con intenciones completamente negras, se entrometían por todas partes. Y, finalmente, también algunas personas serias conducidas por un camino desviado, vendían su verdadero derecho innato por una pretendida felicidad. Tal era la situación extremadamente dramática. También nos encontrábamos ante una enorme confusión filosófica y organizativa. Y en esta situación debieron ser establecidas las bases del nuevo trabajo.

Por diferentes razones, atribuimos gran valor a la declaración de que ni mucho menos todo lo que se engalana con el nombre «Rosacruz» es verdaderamente Rosacruz, en el sentido gnóstico universal de la palabra. Admitimos la posibilidad de la existencia de una escuela de yoga que se presente bajo la etiqueta «Rosacruz», al igual que hay una orden «romana» que también se llama así.

Le hablamos en nombre de la Fraternidad de la Rosacruz de Oro y le aconsejamos que esté atento a su seña de identidad filosófica, universal y gnóstica, y le decimos lo que sigue para ayudarle en este sentido.

El método moderno de la Rosacruz de Oro, que sólo es moderno si lo consideramos en su lado práctico, pero que es fundamentalmente semejante al de los Cátaros, de los Maniqueos y de la Orden de Siddha, es reconocible, en primer lugar, por el hecho de que le es imposible dar nacimiento a una legión de negativos, fracasados, enfermos y débiles.

Encontramos, en nuestro campo de trabajo, a hombres que recorren verdaderamente el camino y que, sin ninguna excepción, triunfan. Al lado de ellos, encontramos a hombres que no recorren el camino, pero que a pesar de ello no pueden, de ninguna manera, sufrir daños por el método aplicado por la Escuela.

 

El método de la Rosacruz de Oro no se apoya jamás en la personalidad dialéctica. Ningún órgano de la personalidad dialéctica es cultivado por el método citado y, por lo tanto, no puede ser dañado o abandonado en un estado de semi‑desarrollo. Nuestro método tampoco adopta un sistema de ejercicios. No se basa en el cultivo de la dialéctica, porque la Rosacruz de Oro sabe que «la carne y la sangre no pueden heredar el Reino».

Por esta razón, la Rosacruz de Oro está ocupada precisamente en hacer que el alumno celebre su despedida de la personalidad dialéctica. Esto le librará del absurdo de oponerse a este proceso de despedida por cualquier forma de cultivo.

 

El método puede ser esbozado más o menos así:

El núcleo espiritual central del hombre, la mónada, está unido a una personalidad que no está comprendida en el Plan de Dios. Las formas originales del espíritu, del alma y del cuerpo están presentes sólo fundamentalmente.

Según el punto de vista de la enseñanza crística, el alumno es inflamado en la idea del verdadero hombre divino. Este bautismo filosófico se relaciona con el pre‑recuerdo y hace comprender al alumno: «ex Deo nascimur», nacemos de Dios.

El alumno es colocado, a continuación, ante el comportamiento de vida basado en este estado de ser «inflamado en Dios», como si su ser dialéctico fuese ya la verdadera estructura. El alumno es empujado así a vivir personalmente las palabras de Pablo: «No es que lo haya alcanzado ya, sino que corro para alcanzarlo». Este comportamiento de vida no engendra un cultivo de la personalidad dialéctica, sino precisamente un fuego intenso, un declive voluntario según esta naturaleza, por el fuerte anhelo de llegar a ser el hombre divino, que lo es todo para el alumno. Este puede practicar entonces con convicción el: «in Jesu morimur», en Jesús perecemos.

Durante este declive según la naturaleza, consciente y voluntario, el cuerpo celeste ‑fundamentalmente presente‑ crece y es vivificado, y así el alumno vive directamente la verdad que se expresa en los términos: «El Reino de Dios está en vosotros». Este saber y esta experiencia llevan al alumno a testimoniar con profundo reconocimiento esta verdad: «per Spiritum Sanctum reviviscimus», por el Espíritu Santo renacemos.

Llegado a este estadio, el alumno está realmente en posesión de dos personalidades, unidas por el proceso que llamamos el cambio fundamental.

Una vez realizada la unión por este proceso, el núcleo espiritual central, la mónada, pasa a un proceso triple, en tres círculos séptuples, para romper la unión con la personalidad dialéctica y para transferir la conciencia al hombre celeste. Así, el hombre dialéctico muere progresivamente, y sólo permanece el hombre celeste.

En cuanto la forma celeste se vuelve visible en el microcosmos, la muerte está, en principio, vencida. La supresión por la muerte de la personalidad dialéctica es sólo un incidente. Ya no puede producirse ninguna revivificación de la personalidad dialéctica.

 

La coronación de este método completo es el devenir inmortal del hombre. Posee de nuevo una estructura espiritual, una estructura del alma y una estructura corpórea verdaderas. Puede expresarse en todos los campos de la materia y del espíritu, y entra en las filas de la Jerarquía de Cristo como un co‑edificador, como un Rosacruz de Oro.

 

Así, durante la nueva era, se realizará la entrada en la liberación para cierto grupo de la humanidad. La separación se hace cada vez más neta. Los Hermanos de la Rosacruz de Oro actúan aquí en calidad de cosechadores.

Todo este proceso irradia plenamente en la Enseñanza Universal de todos los tiempos, y también puede ser encontrado en la Biblia. Y así, como conclusión, citamos un extracto del Testamento Espiritual de los antiguos Rosacruces:

 

“Esperamos y oramos para que pongan empeño en meditar

cuidadosamente sobre nuestro ofrecimiento,

para que examinen con precisión nuestro arte,

y para que examinen con perseverancia

los tiempos actuales.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GLOSARIO

 

 

Campo de manifestación o de respiración: Es el campo de fuerza inmediato, en cuyo interior se hace posible la vida de la personalidad. Es el campo de unión entre el ser aural y la personalidad. Es el campo de actividad, de atracción y de repulsión de todas las fuerzas y sustancias utilizadas en la vida para la conservación de la personalidad. Este campo está completamente unido a la personalidad.

 

Conocimiento de primera mano: En el sentido de la filosofía Rosacruz, es el conocimiento, el saber, acerca de la realidad del Logos, a la que tiene acceso la conciencia ennoblecida para ello ‑conciencia hermética o poimándrica‑, y que, por su contemplación directa, aprende a leer y a comprender la suprema sabiduría del Creador.

 

Dialéctica: Es nuestro campo de vida actual, donde todo se manifiesta por pares opuestos: día‑noche, luz‑oscuridad, alegría‑tristeza, juventud‑vejez, bien‑mal, vida‑muerte. Estos están inseparablemente unidos entre sí, se siguen inevitablemente y se engendran mutuamente. Por esta ley fundamental, aquí abajo todo está sometido a un cambio y a una destrucción continuos, a un subir, brillar, desaparecer. Por esta ley, nuestro campo de existencia es un mundo inestable de pena, dolor, ruptura, enfermedad y muerte. Por otra parte, desde un punto de vista superior, la ley de la dialéctica es una ley de gracia divina, pues por su destrucción y renovación constantes impide y obstaculiza la cristalización definitiva del hombre, y por tanto su decadencia final. Esto significa que otorga regularmente al microcosmos una nueva oportunidad de manifestación, y con ello la ocasión de reconocer la única meta de su existencia y de recorrer el camino de regreso por medio de la transfiguración (el renacimiento de agua y de espíritu).

 

Enseñanza Universal: No es una «enseñanza» en el sentido corriente de la palabra; tampoco puede ser encontrada en libros. En el ser más profundo es la viviente realidad de Dios, en la que la conciencia ennoblecida para ello aprende a leer y a comprender.

 

Escuela Espiritual: Véase Jerarquía de Cristo.

 

 

Jerarquía de Cristo: La Fraternidad gnóstica universal, el Corpus Christi, la jerarquía divina del Reino Inmutable. Es el Cuerpo universal del Señor, y también es denominada con muchos otros nombres, como por ejemplo: la Iglesia invisible de Cristo, la cadena universal gnóstica, la Gnosis. En su actividad en favor de la humanidad caída se presenta, entre otros, con los nombres de Triple Alianza de la Luz, Fraternidad de Shambhala, Escuela de Misterios de los Hierofantes de Cristo, y toma forma en la joven Fraternidad Gnóstica.

 

Iglesia invisible: Véase Jerarquía de Cristo.

 

Lípika (o firmamento aural): El conjunto de fuerzas, valores y ataduras, resultantes de las vidas de las diversas personalidades que han habitado en el campo de manifestación. Todas esas fuerzas, valores y ataduras forman juntas las luces, las estrellas de nuestro firmamento microcósmico. Esas luces son puntos magnéticos que, en concordancia con su tipo, determinan la calidad del campo espiritual magnético, es decir, el tipo de fuerzas y materiales que son atraídos de la atmósfera y acogidos en el sistema microcósmico, y por ello también en la personalidad. Por lo tanto, a la transformación de la personalidad ha de precederle la transformación esencial del firmamento de las luces. Esto sólo es posible por la auto‑ofrenda del ser del yo, la destrucción del yo total y la ofrenda del ser.

 

Microcosmos: El hombre en tanto que pequeño mundo (minutus mundus). Sistema vital muy complejo en forma de esfera, en el que se puede distinguir y observar, del interior hacia el exterior, la personalidad, el campo de manifestación, el ser aural y un campo magnético espiritual séptuple. El hombre real es un microcosmos. Lo que en este campo de existencia se entiende por «hombre», en realidad no es más que la personalidad mutilada de un microcosmos degenerado. La conciencia actual es la conciencia de la personalidad ‑una conciencia corporal‑ y, en consecuencia, ésta sólo es consciente del campo de existencia al que pertenece.

 

Reino de los cielos: El Orden de Dios, el campo de vida original de la humanidad, del que fue expulsada por una catástrofe cósmica, conocida como la «caída». El anhelo de liberación y salvación, anclado muy profundamente en cada ser humano, y la llamada y el trabajo de todos los enviados de la Cadena de la Fraternidad Universal, están orientados al regreso a ese campo de vida verdadero de la humanidad. Ante todo no debe ser confundido con la estancia de los muertos en el más allá, que también es llamada, de manera totalmente incorrecta, «reino de los cielos». Esa supuesta «celeste» morada de los muertos es tan pasajera como este mundo material de los supuestos vivos. No es más que la estación de tránsito hacia un nuevo nacimiento, encadenado a la rueda de la vida y de la muerte.

 

Sol espiritual: El campo espiritual original, también llamado Vulcano, que envuelve y penetra por todas partes todo nuestro campo planetario. El Sol que nosotros percibimos es el foco del campo de vida dialéctico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay un triple principio espiritual                                |   Los tres aspectos de la      |                                              |                                                       |                                        |

transcendente, que en el espacio de nuestro             |   ESTRUCTURA DEL ESPIRITU: ‑‑>                              |                                                    ESPIRITU DIVINO,    |   ESPIRITU VITAL,              |        ESPIRITU HUMANO,                                                    |

cosmos se vuelve inmanente y se manifiesta            |                                                 |   el espíritu de la voluntad divina,                                       |   el espíritu de la sabiduría y el amor                      |   el espíritu de la actividad divina,                      |

en la nónuple creación humana.                                  |                                                 |   el portador del plan de Dios,                                          |   divinos, el que explica el plan de Dios,                |   el realizador del plan de Dios,                                          |

|                                      |   transmite sus impulsos por medio del                           |                                                    el Espíritu de Cristo, la luz divina en                       |   transmite sus impulsos por medio del                           |

Este principio espiritual triple sin forma,                  |                                                 |                                              |                                                    nosotros, transmite sus impulsos                              |                                             |

el ESPIRITU CENTRAL o MONADA, representa:   |                                                 |        |                                      |                                                    por medio del              |        |                                        |

|                                      |        |                                        |                                              |                                                         |                                 |

11 el principio rector, la voluntad divina;                 |                                                 |        |                                      |                                                         |                                 |        |                                        |

|                                      |        V                                      |        V                                   |                                                         V                               |

21 el principio constructor y conservador,               |                                                 |                                              |                                                       |                                      |

la sabiduría y el amor divinos;                                 |   Los tres aspectos de la      |   ALMA RACIONAL,        |                                                    ALMA EMOCIONAL,   |                                             ALMA CONSCIENTE,      |

|   ESTRUCTURA DEL ALMA:    ‑‑‑>                       |   o estructura de fuego,     |                                                    o estructura de fuerza, la sangre astral, al                |   o estructura vital, la sangre material, al                   |

31 el principio formativo, la actividad divina.         |                                                 |   la sangre mental al          |                                                       |                                      |

|                                      |        |                                        |        |                                      |                                                         |                                 |

|                                      |        V                                      |        V                                   |                                                         V                               |

El ESPIRITU CENTRAL se manifiesta en la triple   |   Los tres aspectos de la      |                                              |                                                       |                                      |

ESTRUCTURA del ESPIRITU:  |                                  ESTRUCTURA DEL CUERPO:  ‑‑‑>                                 |                                                    PODER DEL PENSAMIENTO.                                  |   CUERPO DEL DESEO, o cuerpo astral,                            |   CUERPO MATERIAL.                                             |

|                                      |   Estos impulsos llegan al poder del                                |                                                    el vehículo del deseo de salvación. Estos                |   Estos impulsos se manifiestan en                          |

11 el ESPIRITU DIVINO;       |                                      |   pensamiento en tanto que |   impulsos llegan al cuerpo del deseo como           |                                      |

|                                      |                                                 |                                              |                                                         |                                 |

21 el ESPIRITU VITAL;         |                                      |        |                                        |        |                                      |                                                         |                                 |

|                                      |        V                                      |        V                                   |                                                         V                               |

 

31 el ESPIRITU HUMANO.   |                                      |                                                 |                                              |                                                       |

|                                      |   MATERIA DE PENSAMIENTO:                                    |                                                    VIBRACIONES DE DESEO,                                       |   ACTOS,                            |

Esta triple actividad, que se extiende sobre              |                                                 |   la voluntad construye en el poder del                               |   como radiaciones de luz aural que llenan            |   en hechos concretos.     |

todos los aspectos del hombre, es puesta en             |                                                 |   pensamiento la imagen‑pensamiento               |   el campo de la respiración del hombre, su           |                                             |

actividad, en perfecta unidad armoniosa, por           |                                                 |   preparada, como introducción para la                |   esfera aural, con lo deseado: el deseo de             |   El médium anímico, la sangre material,                        |

cada impulso que emana del ESPIRITU CENTRAL.    |                                                 |   realización de la tarea.                                                    |   salvación; en otras palabras: la sabiduría,           |   se manifiesta en la          |

|                                      |                                                 |   el amor comprensivo, considera la tarea en               |                                      |

|                                      |   El médium anímico, la sangre mental,                           |                                                    su actividad salvadora y desea su                             |        |                                     |

|                                      |   se manifiesta en el cerebro material como                   |                                                    realización. Este deseo de salvación emana            |        |                                     |

|                                      |                                                 |   como fuerza de amor auxiliadora                               |        |                             |

|                                      |        |                                        |   del centro del corazón, y se manifiesta                            |        |                             |

|                                      |        |                                        |   en las vibraciones de luz aural.                                          |        |                             |

|                                      |        |                                        |                                              |                                                         |                                 |

|                                      |        |                                        |   El médium anímico, la sangre astral,                            |        |                             |

|                                      |        |                                        |   se manifiesta en el santuario del corazón             |        |                             |

|                                      |        |                                        |   material, por medio de la                                                    |        |                             |

|                                      |        |                                        |                                              |                                                         |                                 |

|                                      |        |                                        |        |                                      |                                                         |                                 |

|                                      |        V                                      |        V                                   |                                                         V                               |

|                                      |                                                 |                                              |                                                       |

|                                      |   FLUIDO NERVIOSO,        |   SANGRE MATERIAL.    |                                                    LINFA,                          |

|                                      |   que es, por lo tanto, el que transmite                             |                                                       |                                  que alimenta y protege los tejidos y                                |

|                                      |   la materia de pensamiento de la sangre                        |                                                       |                                  órganos, y capacita al organismo material                      |

|                                      |   mental al cerebro material.  |                                                                                               |   para la actividad, para el acto.                               |

 

 

Anexo a los capítulos 10 y 11.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA GNOSIS CHINA

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

                                                                          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA GNOSIS CHINA

 

 

 

 

EXPLICADA SEGUN LA PRIMERA PARTE DEL TAO TE KING DE LAO TSEU

 

 

 

 

 

                                                                        POR

JAN VAN RIJKENBORGH  Y  CATHAROSE DE PETRI

 

 

 

 

 

1992  ROZEKRUIS PERS-HAARLEM-HOLANDA

 

                                                                          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

 

Prologo

 

Introducción

 

 

 

1                      Ser y no ser

 

2                      Wu Wei

 

3                      No hagas ningún caso de las distinciones honoríficas.

 

4                      Tao es vacío.

 

5                      La manifestación universal no tiene amor humano.

 

6                      El espíritu del valle no muere.

 

7                      El macrocosmos dura eternamente

 

8                      El corazón del sabio es profundo como un abismo

 

9                      No toques el vaso lleno

 

10.1                  Quien somete al yo gobierna el reino con amor

 

10.2                  El sabio está en perfecta quietud

 

10.3                  La misteriosa virtud

 

11                    No hay espacio vacío

 

12                    La vista, el oído y el gusto

 

13                    Favor y desgracia son cosas a temer

 

14.1                  Contempla Tao, tú no lo ves

 

14.2                  El hilo de Tao

 

15.1                  Las cinco cualidades de los sabios filósofos

 

15.2                  Las impurezas del corazón

 

16                    La vacuidad suprema

 

17                    El pueblo y el soberano

 

18                    Cuando se abandonó Tao, aparecieron la filantropía y la justicia.

 

19.1                  ¡Expulsa el saber!

 

19.2                  Aléjate de estas cosas

 

20.1                  Abandona el estudio

 

20.2                  El mundo se ha convertido en una jungla

 

20.3                 Sólo yo soy diferente de los hombres ordinarios

 

21.1                  En su creación, Tao es vago y confuso

 

21.2                  Tao, la gran fuerza del medio

 

21.3                 El renacimiento en Tao

 

22.1                  Las cuatro grandes posibilidades

 

22.2                  El sabio hace de sí mismo un ejemplo para el mundo

 

22.3                 Lo imperfecto se volverá perfecto

 

23.1                  Quien habla poco es «él mismo»

 

23.2                  Quien es semejante a Tao recibe Tao.

 

23.3                 Tener demasiada poca fe, es no tener fe.

 

24.1                  El egoísmo

 

24.2                 Los muros de Jericó

 

24.3                 Consagrarse a Tao

 

25.1                 Religión y teología

 

25.2                  Antes de la existencia del cielo y de la tierra existía un ser indefinible.

 

25.3                  La cuádruple ley de Tao.

 

26.1                 Lo pesado es la raíz de lo ligero

 

26.2                 Las tres cruces

 

26.3                  El triple dominio

 

27.1                  El Único bien

 

27.2                  Quien camina bien no deja ningún rastro tras él

 

27.3                  Quien habla bien no da motivos a nadie para censu­rarle.

 

27.4                  El sabio se distingue siempre por ayudar a los hombres.

 

27.5                  Estar doblemente iluminado

 

27.6                  Quien no ambiciona el poder adquiere la sabiduría suprema.

 

28-1      El valle del reino

 

28.2      La virtud constante

 

28.3      El sabio será la cabeza de los trabajadores

 

29.1      El vaso sagrado de la ofrenda

 

29.2      El camino de la victoria

 

29.3      Nadie puede servir a dos señores

 

30.1      No a la violencia de las armas

 

30.2      El hombre verdaderamente bueno actúa de forma certe­ra.

 

30.3      En la cima de su fuerza, los hombres y las cosas declinan.

 

31.1      Las mejores armas son instrumentos de desgracia.

 

31.2      El envenenamiento del campo de vida humano.

 

31.3      Amad a vuestros enemigos

 

31.4      El amor del hombre gnóstico mágico

 

31.5      Vosotros sois la sal de la tierra

 

31.6      La sal purificadora

 

32.1      El cielo y tierra se unirán

 

32.2      El pueblo conseguirá la armonía

 

33.1      Quien se conoce a sí mismo está iluminado

 

33.2      Quien se vence a sí mismo es todopoderoso

 

33.3      Quien muere sin perderse gozará de la vida eterna.

 

 

Glosario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROLOGO

 

A partir del momento en que el Tao Te King, la obra clásica del sabio chino conocido desde hace siglos con el nombre de Lao Tsé, fue conocida por el mundo occidental en 1823, gracias a la primera traducción parcial realizada por el francés Abel Remusat, aparecieron un número considerable de traducciones, de explica­ciones y de comentarios, en los que los autores, cada uno a su manera, intentaban hacer comprensi­ble al hombre occidental este pequeño escrito de gran profun­didad.

De acuerdo con lo que conocemos, jamás el Tao Te King había sido considerado un escrito gnóstico, como lo ha sido en esta obra, por consiguiente comentado desde un punto de vista gnóstico. Lo que explica su título: La Gnosis china.

¿Que es la Gnosis? En una de sus anteriores obras, la Gnosis Universal, los autores se expresan así: «En el origen, la Gnosis era la síntesis de la Sabiduría primordial, la suma de todo conocimiento, orientada directamente hacia la Vida divina original. Esta Vida original se manifestaba en una ola de vida no terrestre verdaderamente humana y divina.

 

Los Hierofantes de la Gnosis han sido -y son todavía- los enviados del Reino inmutable, que aportan la sabiduría divina a una humanidad descarriada y muestran el único camino a los hijos perdidos que quieren regresar a la Patria original.»

A tenor de esta definición, aparece claramente que la verdadera Gnosis, el Conocimiento original de Dios -un conoci­miento que coloca al hombre ante el camino de liberación- no se limita jamás a tal país o pueblo, como se oye afirmar por doquier, en especial en nuestra época. Por el contrario, la Gnosis es universal y engloba a toda la humanidad. Hoy, como antaño, es revelada en todos los lugares del mundo en los que trabajan mensajeros de la Luz.

De esta forma apareció no sólo en países, como Egipto, la India y Palestina, sino también, hace mucho tiempo, en la China de Lao Tsé por medio del Tao Te King, obra que, todavía en la China de nuestros días, se tiene en alta estima. En nuestra época la sabiduría del Tao Te King es mucho más ac­tual, si cabe, que en tiempos de Lao Tsé. Por ejemplo, en el capítulo 31, podemos leer:

 

«Las mejores armas son instrumentos de desgracia.

Quien posee Tao no se preocupa de ellas.»

 

En el capítulo 33, el último comentado por los autores, podemos leer:

 

«Quien vence a los demás es fuerte,

Quien se vence a sí mismo es todopoderoso.»

 

De este último versículo los autores dicen: «llegar a ser todopoderoso significa penetrar en la esencia fundamental de la Divinidad y participar de ella.» Es preciso considerar que estas palabras resumen la gran e inmensa misión frente a la que ponen, los autores, a los lectores de esta obra.

No sólo muestran esta misión sino también el camino por el que cumplirla. Y el resultado, nos dicen, es que «veremos cambiar nuestra sociedad, la humanidad y el mundo entero.»

 

«Quien se libera de la apariencia encuentra el camino del ser interior. Quien alcanza el no-hacer es admitido en la Cadena.»

 

ROZEKRUIS PERS.

 

 

 

 

 

 

 

                                                            INTRODUCCIÓN

 

                                       LA SUBLIME SABIDURÍA DE LAO TSÉ

 

Por poco que se interese en la literatura esotérica, debe saber que en la Edad Media las comarcas del sur de Francia detentaban un maravilloso secreto. Allí, en el país de Sabar­tez, cuna de los cátaros -bendito sea su nombre- se disponía de un poder sobrenatural, el poder del Consolamentum.

El Consolamentum marcaba la escisión entre el hombre-animal y el hombre-espíritu; entre el hombre de esta tierra y el ser original del lejano pasado.

El Consolamentum era más que un simple sello sacramental. Era más que un simple descenso de fuerza mágica, pues implica­ba el adiós definitivo a la vida dialéctica. Los que lo habían recibido ya no eran, en el sentido estricto de la palabra, habitantes de la tierra. Estaban, en el sentido absoluto, todavía en el mundo pero ya no pertenecían a este mundo.

Muchos buscadores se han preguntado cuáles podían ser las fuerzas espirituales que sostenían este movimiento del sur de Francia, en la Edad Media, y si, en el caso de que este des­pertar espiritual se hubiese podido desarrollar sin ningún obstáculo, no hubiese abarcado a toda Europa, suscitando un renacimiento como jamás había conocido el mundo. Pero, ¿quié­nes eran los iniciados que inspiraron este movimiento capaz de influir en las masas, contra quienes se volvió el terrible y sangrante odio de la antigua iglesia?

Estas fuerzas eran las de algunos ciudadanos del mundo, en el sentido más noble, que amaban realmente a toda la huma­nidad y que, todavía en nuestros días, se manifiestan, actúan y obran en todos los lugares del mundo donde ven la posibili­dad. Se les sigue el rastro de norte a sur y de este a oeste. La historia del mundo es su historia y en ella se descubren las relaciones entre los diversos acontecimientos y desarro­llos de los que fueron autores.

No obstante, en nuestros días como antaño, se mantienen en un segundo plano, en el secreto. Existe entre ellos y la masa un velo hermético y las investigaciones más audaces de la presuntuo­sa ciencia, que pretenden penetrar en la fuente de este secreto, han sido vanos intentos hasta el presente.

Creemos poder afirmar que el conocimiento, el saber y los poderes de los Cátaros eran universales y que sus fuentes no se encontraban en la tierra sino en el Reino inmutable.

Hay autores que deploran su declive, su aparente desapa­ri­ción y se lamentan por la pérdida de su sabiduría y de su fuerza. Esta tristeza es puramente dialéctica, pues una fuerza enviada por la Vida universal, una sabiduría tan sublime, no puede perderse. Es nada menos que el propio aliento de Dios el que toca ligeramente a la humanidad a intervalos regulares, en un esfuerzo y amor incesante para salvarla, retirándose cuando el odio y el apetito sanguinario de los materialistas y de los mortales intenta aprehenderla.

Hemos meditado un momento sobre el toque de Europa por el Amor universal, reflexionando que un toque de Dios semejante tuvo lugar en Extremo Oriente, toque del que da testimonio el sublime Lao Tsé.

¿Ha existido Lao Tsé, o no? ¿Era un hombre? El velo de las leyendas lo sustrae a nuestros ojos. No obstante es incon­testable que su sabiduría es capaz de disipar la tristeza de los que deploran el drama de los Cátaros de la Edad Media.

 

En efecto, se puede decir que el secreto del Consolamentum es el secreto de Tao. Tao no era y no vendrá. Tao es. Pero, Lao Tsé, añade:

 

«Los antiguos llenos de experiencia que conocían Tao

No hablaban de este santuario secreto,

Sabiendo bien que los profanos se orientaban hacia las tinieblas.

Y cambiaban las fuerzas de vida por fuerzas de des­trucción.

 

Cuando algunas fuerzas se despiertan en el hombre

Y él llega a ser consciente de su poder

Sin haberse desprendido de su bajo egoísmo,

El fuego deviene un incendio que se sofoca en sus cenizas.

 

Por tanto no desveléis el secreto al profano.

¿El ojo desprotegido no es cegado por un resplandor demasiado vivo?

Conducir un pueblo es cumplir una gran tarea,

Incluso manteniéndose en la sombra, ser quien ilumi­ne.»

 

¿Comprende este lenguaje de la sabiduría? Quizás lo comprenda.

Se habla de que los libros secretos de los Cátaros, que trataban de la Enseñanza Universal y de la Vida verdadera, habían sido destruidos por el clero de la época. Ahora bien, el libro secreto de los Cátaros no es un libro escrito, no más que el libro de Tao, el libro «M» de Cristian Rosacruz o el libro cerrado con siete sellos del Apocalipsis de Juan. Este libro, este saber universal, no está escrito y permanece oculto al profano. No obstante existe con letras llameantes e irradiantes y se abre a los que se han despojado de su bajo egoísmo.

Por ello los Cátaros hacían preceder la Endura al Conso­la­mentum. La endura significa el perecimiento según la natura­leza, liberarse completamente del ser-yo, prepararse completa­mente para el renacimiento.

Por mucho que se interese por estas cosas, queremos darle este consejo: no malgaste su tiempo y su energía en buscar libros o escritos de los que espera una posible liberación. No se puede definir Tao ni con la palabra ni por escrito. Tao, la vía, el camino, sólo puede ser vivido.

Pueda esta aseveración mostrarle con total desnudez la vanidad de los conocimientos y de los razonamientos, la pobre­za de las concepciones intelectuales y el desvarío de la conciencia puramente cerebral.

 

Es imposible saber nada, poseer nada, percibir nada que valga la pena antes de estar muerto para todo lo que es de la naturaleza, antes de que se haya disipado, en su microcosmos, la funesta ilusión del yo. Si lo espera, usted es todavía un profano, un ateo y, por tanto, un incapaz. ¡Su razón está obscurecida y no posee nada, absoluta­mente nada, más que la tristeza y los dolores de la naturaleza dialéctica!

Pues eso es un fuego, una insoportable quemadura, un incendio que se sofoca en sus propias cenizas para reavivarse cada vez. La naturaleza dialéctica es decadencia y males sin fin, de la que debe liberarse recorriendo el camino, la vía, Tao, pasando por la Endura, por la aniquilación, por la muerte de la naturaleza inferior.

Sin embargo usted no puede hacerlo por usted mismo, y tampoco es necesario, ¡pues la fuerza indispensable para hacerlo existe! ¡Y la palabra liberadora resuena! Tan sólo con que abandone todo lo que tiene, usted verá como Lao Tsé:

 

La fuerza oculta, el secreto,

Inviolado desde toda la eternidad,

Oh fuente clara y silenciosa, de donde brota la vida.

En lo más profundo del ser estamos unidos a ti,

De lo Único inmenso fluye la multiplicidad sin nume­ro.

 

¡Que ocurre para que tantos alumnos de la Escuela Espi­ri­tual no vean la única vida verdadera, lo único esencial, mientras que la buscan y aspiran a ella!

Debe de haber una causa para ello, y esta causa es exclu­si­vamente que se aferran a las cosas de la antigua vida y sobre todo que esperan ver penetrar a la manifestación divina en lo más profundo de su ser terrestre, para establecer en su microcosmos la única Vida, ¡y esto sin seguir ningún proceso!

En verdad, ¡las cosas no ocurren así! Si quiere viajar hacia la Tierra Prometida, es preciso levar las pesadas y  numerosas anclas que usted mismo ha arrojado a lo largo de las riberas del río de su vida. Las Sagradas Escrituras nos asegu­ran que es posible realizarlo: «Quien te llama está muy cer­ca». Sí, está más cerca que los pies y las manos. He aquí porque:

Quien avanza en el camino de la liberación de su yo inferior,

Renuncia a sus deseos como una carga inútil;

Entra, por tanto, desnudo en el Templo de iniciación superior:

La tumba es el atrio del Santo de los Santos.

 

Alumno o interesado gnóstico, debe saber cómo ser un francmasón; cómo erigir, piedra a piedra, la santa catedral. El Mont Salvat sagrado es invisible en la materia, pero usted puede entrar en él por la caverna sepulcral de la naturaleza inferior y, como aprendiz, unirse a todos los maestros cons­tructores. Aprenda de Lao Tsé cuáles son los obstáculos funda­mentales y cuál es la llave de Tao:

 

El más alto saber es reconocer no saber nada,

Esta ciencia negativa hace al hombre silencioso y devoto;

Conocemos nuestras letras mejor que un analfabeto,

Pero ni una sola letra del profundo misterio de la vida y de la muerte.

 

La verdadera enfermedad del hombre «es no saber que es ignorante». No obstante, no suponga que debemos manifestar en la vida una remisión puramente mística negativa y negar místi­camente la comprensión. Se trata, según Lao Tsé, de comprender que esos pensamientos materiales elevan un dique contra la verdadera corriente espiritual. Razón por la que es preciso liberarse del pensamiento material.

Pregúntese en qué emplea verdaderamente su pensamiento material. Reconocerá entonces que piensa en la Gnosis con su pensamiento intelectual y que con su pensamiento sentimental mistifica su corazón. Tal es el dique que eleva contra todas las corrientes espirituales. ¿La enseñanza de la sabiduría no le ha revelado, sin embargo, que la cabeza y el corazón deben formar una perfecta unidad?

Además, hasta que un hombre no quiere reconocer que no sabe nada, la realidad superior es para él un bello sueño y nadie salvo él sabrá curar esta carencia de conciencia renova­da.

 

Quien reconoce esta debilidad está ya casi curado.

Reconocer es el arcano que salva de este mal oscuro.

A lo largo de los caminos del pensamiento intelec­tual

No se toca el ser esencial.

Lo mismo que no se alcanza por los actos un ideal sublime.

 

Usted encuentra en ello la noción de una realidad tan nueva que nadie comprende la negación del acto dialéctico por los hermanos y hermanas de todos los siglos.

 

Estos iluminados conocían otra manera de actuar diferente a la del hombre dialéctico, un ideal totalmente distinto, un humanismo total­mente diferente.

 

Estos iluminados conocían únicamente la actividad viva y vibrante de la nueva realidad de vida, una actividad que le parecía al hombre de la tierra, terrestre, un vacío infinito, algo sin forma y sin perspectiva.

 

 

Muchos se cierran herméticamente

Y, ciegos, siguen así sus caminos

Que, les conducen a todos de la cuna a la tumba,

Su destino es más bien maldición que bendición.

 

Sufrir la maldición de la vida; todos los que viven en el siglo veinte son conscientes de ello. Sin embargo, parece que cuanto más maldición llega a ser la vida, más se agarran a ella y más se quiere obtener, de manera forzada, la bendición deseada. ¡Ni que decir tiene que sin ningún resultado!

La bendición se aleja como un barco en noche oscura, porque al no ser reconocido lo esencial de la Enseñanza Uni­versal, no se produce el acto justo. Por ello el sabio dijo, hace más de 2500 años:

 

Mi enseñanza tiene una sola proposición,

Mis actos son determinados por ella.

Explicada por los hombres de múltiples maneras,

Llega a ser una pelota enmarañada alrededor de su centro.

 

En efecto, ¿no es verdad que muchos aprisionan la única y sencilla verdad central, llave de la vida verdadera, en la pelota de la sabiduría aparente y de la farragosa verborrea? Lao Tsé dijo:

 

Yo que conozco el camino en el laberinto

No me dejo seducir por los fuegos fatuos,

Tengo el hilo que me une al centro,

Miro tranquilamente allí donde los demás luchan en vano.

 

No realizo ningún papel en la pomposa escena del mundo,

Por ello no parezco nada a los hombres pretenciosos,

La mayoría corre tras una parte del todo,

Pero el todo está en mí, ¿qué más puedo desear?

 

¡Se trata de ganar el todo! Esto suena extraño a nuestros oídos occidentales, pero la intención de este texto es la misma que la de la santificación cristiana, que se expresa en la fuerza mágica de un espíritu devenido santo en Cristo. «Santo» se aproxima a la noción llegar a estar «sano». Ganar el todo es volver a ser «santo» o estar «sano», entero. La enseñanza universal muestra al alumno que su microcosmos no es ya un todo, sino que está gravemente dañado.

En la maldición de esta mutilación él corre tras una parte insignificante del todo, por lo que su maldición no puede cambiarse en bendición; por ello está cada vez más cercado por la materia.

 

Cuando el alumno pone término a esta tarea inútil, cuando rechaza esta actividad, persuadido de que el yo no puede alcanzar ninguna meta superior, se forja una armadura espiritual invulnerable, y recorre el camino, la vía, Tao, porque la ilusión del yo está muerta en él.

 

Entonces el micro­cosmos regresa a su estado original y hereda el Todo. En ello podemos ver como el mensaje de la Rosacruz actual es también el mensaje inmemorial del descenso en la materia; es el mensa­je de Lao Tsé, que se remonta a más de 2500 años. Este mismo mensaje resuena hasta que el buscador ve ante sí el camino y dice a la sabiduría universal:

 

Yo quiero vivir según el sabio ejemplo dado

Y saberse integrado en el plan divino de creación.

 

Para concluir, permítanos aún decirle esto: el buscador ve el camino, ve a Tao desde que descubre interiormente que, según la expresión de Lao Tsé, «sufre en el ego», que nada ni nadie puede curar este sufrimiento, que nada ni nadie puede apagar este fuego hasta que él mismo diga adiós al ser-yo.

 

 

 

 

 

Entonces brilla ante el peregrino «la gran lámpara de la conciencia universal», cuya irradiante luz divina saciará su sed y, como el consolamentum, le sacará de su noche y le llevará por encima del sufrimiento.

 

 

 

Si Tao pudiese ser definido, no sería el Tao eterno. El nombre que puede ser expresado no es el nombre eterno.

 

En tanto que no-ser se puede decir que es el funda­mento de la manifestación universal. En tanto que ser, es la Madre de todas las cosas.

 

Por tanto si el corazón persiste en «no-ser» -es decir, está exento de todos los deseos e intereses terrestres- es posible contemplar el misterio de la esencia espiritual de Tao. Si el corazón persiste en «ser» -es decir, está lleno de deseos y de intereses terrestres- no es posible ver más que formas limita­das.

 

Los dos, el ser y el no-ser, fluyen de la misma fuente, pero tienen efectos y  objetivos diferentes. Los dos son un misterio, y este misterio es la puer­ta de la Vida.

 

Tao Te King, capítulo I

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  1

 

                                                             SER Y NO-SER

 

El Tao Te King, que le presentamos hoy, merecería con todo derecho la denominación de Biblia china. Su autor muestra los mismos caracteres que todos los grandes instructores de la humanidad. Al respecto corren numerosas leyendas, sin ninguna base histórica, por lo que no le hablaremos de ello. Toda la vida de Lao Tsé está envuelta en bruma. Algunos niegan que haya vivido, y otros lo afirman con vehemencia.

 

Ocurre lo mismo que con Buda, Jesús y Hermes Trismegistos; por consi­guiente, no es útil detenernos en ello ni consagrarle nuestra atención mucho más tiempo. Nos gustaría únicamente recordarle las palabras de Silesius: «Si Cristo hubiese nacido mil veces en Belén y no en usted, estaría irremediablemen­te perdido».

 

Lo importante, en definitiva, es que poseemos el Tao Te King. Su carácter es tal que podemos afirmar que es ciertamen­te la enseñanza de la Fraternidad universal revelada a la humanidad con un amor incomparable. Quien ha hecho surgir esta radiación de amor no deseaba adquirir más notoriedad que ella.

 

El se ha perdido en la impersonalidad, ha venido y después se ha ido: su reino no era de este mundo. La Palabra descendió en China 600 años antes de Cristo, y el portador de esta Palabra ha pasado enseguida «más allá de las fronteras», lo que evi­dentemente significa más allá de las fronteras del mundo dialéctico, a la única Patria.

Admitamos que este escrito sagrado haya sido muy poco mutila­do, o incluso que no lo haya sido. La causa de ello es que han sido muy poco numerosos los que han comprendido el Tao Te King, escrito en caracteres chinos. La obra es compacta, muy velada y se compone de conversaciones, o lecciones, divididas en dos partes: la parte Tao y la parte Te. Nosotros decimos que Tao es «el camino de la liberación», y Te «la utilidad y el efecto de este camino», el resultado. La palabra King indica que los dos, Tao y Te, contienen el método que conduce a la liberación.

No somos sinólogos, por lo que nuestro objetivo no es ofrecer­le una traducción literal del Tao Te King, sino una paráfra­sis. Por otra parte opinamos que casi todos los sinólogos están en desacuerdo al respecto y no presentan traducciones concordantes ni del título ni del texto. Para nuestro análisis seguimos, poco más o menos, el texto de Henri Borel pues pensamos que esta traducción es la más fiel[1]

Solamente hace siglo y medio que se conoce el Tao Te King en Europa. La primera traducción apareció en Francia en 1823 y, tras ella, han sido escritos numerosos libros a propósito de esta obra. Y ahora nos toca a nosotros. La razón para hacerlo es que una nueva y poderosa Fraternidad Taoísta ha nacido en Oriente.

 

Una Fraternidad, una Escuela que tiene las mismas características y los mismos objetivos que la nuestra y que, como nosotros, ha consagrado su templo en diciembre de 1951 y ha ocupado su lugar en la Cadena de los Siete. Resulta evidente que, en la época que acaba de comenzar, estas siete Fraternidades se aproximarán cada vez más entre sí.

 

El este y el oeste, el norte y el sur se encontrarán en los Hijos de Dios nuevamente despertados, que se reconocerán no solo por su carácter común sino también por su lenguaje interior.

 

Por ello es preciso conocer y apreciar Tao, así como también todas las demás enseñanzas de la sabiduría, con el fin de que, a partir de su síntesis, usted viva, hable, actúe y se libere de su raza y de su nacionalidad, para llegar a ser de verdad ciudadano del mundo que pertenece al pueblo universal de Dios. Por consiguiente, este análisis debe servir de preparación para el encuentro de quienes serán reunidos de todos los lugares de la tierra. Se trata de ejecutar una tarea, a la que también le invitamos de todo corazón. ¡Lleve a cabo esta misión con nosotros!

Permítanos decirle que son muy pocos los que han compren­dido Tao o quienes lo comprenden hoy. A este respecto se han publicado los mayores absurdos. ¿Somos acaso de los que lo entienden y afirman con seguridad: «vamos a explicarle el sentido profundo del mismo?” No, emprendemos este trabajo con la mayor humildad, manteniendo en el pensamiento el último aforismo de esta Biblia china: Quienes conocen Tao no son sabios; quienes son sabios no conocen Tao (Aforismo 81). Si nuestra alma es receptiva a la vida nueva, ¡lo comprenderemos sin duda!

Recordemos una vez más el primer capítulo del Tao Te King:

 

Si Tao pudiese ser definido, no sería el Tao eterno. El nombre que puede ser expresado no es el nombre eterno.

 

En tanto que no-ser se puede decir que es el fundamento de la manifestación universal. En tanto que ser, es la Madre de todas las cosas.

 

Por tanto si el corazón persiste en «no-ser» -es decir, está exento de todos los deseos e intereses terrestres- es posible contemplar el misterio de la esencia espiritual de Tao. Si el corazón persiste en «ser» -es decir, está lleno de deseos y de intereses terrestres- no es posible ver más que formas limita­das.

 

Los dos, el ser y el no-ser, fluyen de la misma fuente, pero tienen efectos y  objetivos diferentes. Los dos son un misterio, y este misterio es la puerta de la Vida.

 

El primer capítulo del Tao Te King muestra la característica esencial de la Enseñanza Universal: permanece inmutable a través de todos los siglos. Lao Tsé designa por Tao al fundamento de todas las cosas. Se podría traducir simplemente Tao por Dios, o, como Juan, por la «Palabra». «Al comienzo era la Palabra» hacia la que todo debe regresar; por tanto, es una corriente, un camino, una vía.

Esta Palabra, este Tao, es inexpresable. Ningún mortal sabría definirlo perfectamente. A lo sumo se puede hablar de ello y aproximarse un poco. «Nadie ha visto jamás a Dios», dijo Juan, recordando de hecho a Lao Tsé. Si fuera posible determinar perfectamente Tao en los planos intelectual y filosófico, no sería el Tao eterno.

 

El hombre sólo puede circunscribir los límites dialécticos. Esta constatación muestra inmediatamente que el ser del hombre terrestre, del hombre dialéctico, está claramente limitado, delimitado. Nadie ha visto jamás a Dios, ningún mortal podría verlo; sólo el Hijo, en el corazón del Padre, puede explicarlo, lo que significa, manifestarlo por sí mismo.

¿Pero quién es el Hijo? Este Hijo es una figura histórica al mismo tiempo que una realidad viva y actual. El Hijo es este átomo original, esta vida embrionaria, que muchos han manifestado en el pasado, y que muchos manifiestan también en la actualidad. El Hijo es quien sabe despertar en él el átomo original, la rosa, la semilla divina. Este encuentra a Dios; se aproxima a la Gnosis, como la Gnosis, Tao, se le aproxima.

Como alumno de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro conoce la clave de este misterio de salvación. Hace ya veinticin­co siglos que Lao Tsé la dio a la humanidad.

Por tanto si el corazón persiste en no ser -es decir, está exento de todos los deseos e intereses terrestres- es posible contemplar el misterio de la esencia espiritual de Tao.

¿La Escuela Espiritual no le ha dicho a menudo que quién abre el santuario de su corazón a la fuerza de radiación de la vida nueva será atraído por la esencia del Espíritu? El corazón debe vivir en el estado de «no ser».

 

En el «ser» está lleno de mil y una preocupacio­nes, deseos y ocupaciones de la naturaleza ordinaria. Lo que hace que los pensamientos pongan a la cabeza en un estado de continua emotividad, con lo que toda clase de sentimientos y deseos llenan el corazón.

 

Pensar, querer, sentir y desear son aspectos de la luz terrestre. Ahora bien, ¿quién puede decir, aquí abajo, que está en el silencio perfecto, el silencio del no-ser, del no hacer? El ajetreo dialéctico, las continuas ocupaciones en el plano de la conciencia dialéctica obstaculizan la actividad del átomo original. Solo el entrar en el silencio del no hacer, de cerrarse a la naturaleza dialéctica puede abrirnos un camino a través del desierto de la vida. El silencio precede la esencia espiritual de Tao, como Juan es el precursor de Jesús. El silencio despierta al átomo original de su sueño secular.

Se preguntará ¿con qué objetivo? Con el de «alcanzar la vida nueva, la vida original» El camino conduce al no-ser y al ser, responde Tao. El no-ser es el fundamento de la manifestación universal; el ser es la madre de todas las cosas.

 

El no-ser no significa no existir o no ser, es el estado absoluto original, la gloria original, inmortal. Se trata de un nuevo «ser» en el estado original del reino inmutable. El «ser» que conocemos, es ser en la muerte, el sufrimiento y las lágrimas. Este ser no proviene de Tao. Ahora bien, hay un «ser» original salido de la fuente de lo absoluto como el verdadero no-ser.

Lao Tsé dirigió este mensaje a la humanidad hace miles de años. Hoy, este mensaje, nos suena familiar a nuestros oídos, pues es proclamado de nuevo. De Tao, de la Gnosis, fluye una fuente, y de esta fuente brotan el no-ser y el ser; una fuerza eterna, irresistible, en cuyo interior se mantiene, como una roca, el Reino inmutable. Y el corazón que ha llegado a ser silencioso experimenta la vibrante esencia espiritual de Tao. De esta manera el corazón es el misterio de la puerta de la Vida.

 

 

Cuando todos, bajo el cielo, pretenden que lo bello es bello, lo feo aparece. Cuando todos piensan saber con certeza que lo bueno es bueno, lo malo aparece.

 

Ser y no-ser se engendran mutuamente. Difícil y fácil nacen uno del otro. Largo y corto traen consigo una diferencia de forma recíproca. Alto y bajo crean una desigualdad recíproca. El tono y la voz se armonizan mutuamente. El antes y el después se suceden.

 

Por eso el sabio adopta el no hacer; práctica la enseñanza sin palabras.

 

Cuando la obra está cumplida, no se apega a ella; y como no se apega a ella, ella no se desliga de él.

 

Tao Te King, capítulo 2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO  2

 

WU WEI

 

 

Le repetimos estas palabras: «Porque el sabio adopta el no-hacer; práctica la enseñanza sin palabras».

Basado en el primer capítulo, el segundo capítulo del antiguo evangelio chino desvela progresivamente el principio del orden de la naturaleza dialéctica. Nos muestra como todas las entidades de este orden lo mantienen en obediencia a la ley de los opuestos y le sustentan; como todo en este orden es error e ilusión, es decir, irreal en lo que respecta a lo esencial, a lo absoluto, a lo divino. En cierto sentido, existe incontestable­mente una realidad en la naturaleza dialéctica, pero bajo ningún aspecto está en concordancia o es comparable a lo absoluto, a lo original.

Lao Tsé muestra que es insensato agarrarse a este mundo transitorio por estar sometido a la ley de los opuestos y, por consiguiente, al cambio. Sin embargo, en este mundo fundamental­mente irreal, que infringe la ley, se intenta establecer siempre algo real, aunque se sepa por experiencia que todo se cambia sistemáticamente en su opuesto.

Los hombres, en general, tienen una cierta concepción de la belleza. No obstante, sus impresiones y sus apreciaciones difieren. Estas no solo dependen del tiempo, del pueblo, de la raza, de los usos y costumbres, de la educación y de la cultura, sino que sobretodo son muy personales.

 

Además se encuentran sometidas a la influencia de las autoridades o de personas consideradas cualificadas, como profesores, padres, artistas. De esta forma los hombres pueden disputar violentamente cuando unos encuentran bello lo que otros consideran feo. Pero nadie sabe lo que es verdaderamente la belleza.

Puede ocurrir que usted esté apegado a algunas cosas que encuentra bellas, y que las mantenga con cuidados cotidianos impulsado por ciertos sentimientos. Usted se sentirá abatido o muy molesto si alguien le dijera sin segundas intenciones: «No lo encuentro nada bonito ¿cómo puedes apreciarlo tú hasta ese punto?» ¡Quizás, incluso se sintiera profundamente herido! ¿Por qué? Porque intuitivamente siente que la belleza en la naturaleza dialéctica no es más que una apariencia. Usted no conoce la belleza real con la que comparar su sentido de la belleza.

Tiene tendencia a encontrar bella la naturaleza, un bosque por ejemplo. Pero enseguida, un examen más pausado le produce un desencanto. Ante un paisaje, usted se dice entusiasmado: «¡Qué bello es!» Sin embargo, mírele más de cerca, examínele objetiva­mente y, sin forzar lo más mínimo, se revelará ciertamente la fealdad de una manera tan consternante que, decepcionado, se alejará de allí.

 

En el transcurso de una excursión por la montaña, a veces se percibe un valle de sorprendente belleza por la composición del paisaje y de sus colores. Edgar Alan Poe ha descrito esto de una forma muy penetrante en una de sus obras. Pero cuando los maravillados paseantes descienden y llegan al lugar, descubren que allí nada es bello y armónico. Entonces no les queda otro remedio que inclinarse ante la dura realidad de la fealdad.

La belleza, la verdadera belleza, está cruelmente ausente del hombre, razón por la que ama la apariencia. Y porque es muy desgraciado, niega la fealdad. Pero sin éxito, pues construir su vida sobre apariencias, sobre lo irreal, suscita fuertes reacciones opuestas. Cuando usted descubre que una situación que, sin reserva y con convicción, encuentra bella en realidad no lo es, comienza por rechazar este descubrimiento. Pero a medida que usted avanza, la realidad de esta fealdad le abruma. Lo que significa que usted está bajo el dominio de la apariencia y corrompido por ella. Tanto la apariencia de lo bello como la del bien, hacen aparecer la fealdad.

Quizás usted ponga la siguiente objeción: «Si lo bueno y lo bello sólo son apariencias en la naturaleza, se debería decir otro tanto de lo malo y lo feo. Por tanto, también son aparien­cias. Si se continúa así se podría calificar de bello lo que es feo y de bueno lo que es malo.» Pues no, ¡esto es falso, es un error absoluto!

 

Se intenta extender este punto de vista en el mundo y existen diversos grupos que se esfuerzan en negar la fealdad, la imperfección, la enfermedad y el sufrimiento diciendo: «Todo lo que es desagradable y feo no es real. Si se aferran a esta idea, las cosas se cambiarán en su opuesto y les irá mejor». Sin embargo esas personas padecen también toda clase de enfermedades a las que, más tarde o más temprano, sucumben.

 

El intentar negar la fealdad en la vida trae consecuencias muy desagradables. Pues bello y feo, bueno y malo no son equivalentes. Si decimos: «lo bello es sólo una apariencia», no se puede sacar la conclusión de que lo feo también lo sea. No, decimos más bien que lo feo es la prueba de que lo bello es sólo apariencia. Si usted se apega a la apariencia, lo feo le demostrará que esta apariencia no es más que una ilusión. Lo feo es la prueba de que lo bello no es bello, al igual que lo malo es la prueba de que lo bueno no es bueno.

 

Por tanto lo bello y lo bueno de esta naturaleza son engañosos; lo feo y lo malo nos lo prueban. Se puede decir que lo malo y lo feo son fundamentales en este orden de la naturale­za, que lo feo y lo malo son absolutamente inherentes a esta naturaleza. En realidad, este mundo es una gran miseria. Quizás usted no esté de acuerdo con esta idea, pues sin duda todavía no es consciente de ello. Mas avanzado en el camino de la vida, un día, usted lo suscribirá interiormente.

Lo bello y lo bueno de esta naturaleza son engañosos. ¡Si no fuera así, lo bueno y lo bello deberían engendrar belleza y bondad! ¿Piensa que si poseyese algo verdaderamente bueno, podría cambiarse en algo feo, en algo malo? ¡Esto es imposible! Pero lo que usted considera como bello no es más que una ilusión, una apariencia, por lo que lo feo aparece pronto.

Quizás usted se podría plantear la siguiente pregunta: «¿Si nos ocupáramos de todo lo que es feo y malo en este mundo, no podríamos cambiarlo en bello y bueno? ¿No sería posible elevar en la luz a esta sociedad, a este mundo, a esta naturaleza?»

Usted sabe que la humanidad lo ha intentado muchas veces, y que muchos se esfuerzan en ello regularmente. Pero también sabe cuantos intentos semejantes se revelaron negativos en el transcurso de los siglos. Para encontrar, verdaderamente, la solución es preciso que primero renunciemos a las apariencias. Lo cual quizás le parece muy normal y, por tanto, responda: «¡Sí, naturalmente, ésta es la solución!

 

En este mundo se trata siempre de camuflar bajo el manto de la apariencia lo que es feo y malo, aspectos fundamentales de nuestro orden de la naturaleza. ¡Rechacemos pues las apariencias!» Pero cuando usted lo hace, cuando neutraliza todas las apariencias en la vida ordinaria, ¿qué le queda? ¡Solo lo feo, la soledad, el abandono, lo grisáceo, la fealdad absoluta y monótona! Mire a su alrededor y observará que actualmente, en todas las partes del mundo, se rechazan las apariencias. ¿Y qué surge? ¡El hombre deshumanizado, el horror, la bestialidad!

A este respecto, Lao Tsé ya pone al hombre entre la espada y la pared. Muchos combaten las apariencias y se encuentran irremediablemente con la fealdad, la indescriptible fealdad. Desde entonces, los buscadores sinceros arrinconados en la esquina donde la antigua Biblia China les ha empujado, si reconocen y experimentan la miseria, lo grisáceo y la ausencia de perspectiva de este orden de la naturaleza a través de las apariencias y de las ficciones, solo tienen una solución: desligarse de la naturaleza dialéctica, separarse absolutamente de este mundo de apariencias y seguir el camino de la revolución transfigurísti­ca, el regreso a la morada del Padre.

 

Usted se ve, como el hijo prodigo, «viviendo con los puercos y compartiendo su alimento». Solo existe una solución: abandonar esta vida de ilusión y decir, actuando de forma adecuada para renovar la vida, » Yo regreso al Padre, a la Morada del Padre, en la Patria original».

Naturalmente esta revolución debe tener un comienzo y seguir un método inicial. Describámosla ahora a la luz del texto de Lao Tsé. Según Lao Tsé, este método es el del no-hacer, del Wu Wei. Del cual ya hemos hablado en la Escuela Espiritual en el transcurso de los años precedentes. Pero hemos descubierto que la mayoría de los alumnos no han comprendido absolutamente nada.

 

Naturalmente, es posible dar una descripción intelectual, ¿pero de qué le serviría? ¿De qué le liberaría? Así pues, esforcémonos de nuevo en hacerle comprender realmente la enseñanza del no-hacer y en grabársela en su alma. Tratemos de que comprenda profundamente la enseñanza del Wu Wei: el alma sabia toma partido por el no-hacer.

Supongamos que entre en la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro como alumno preparatorio y que esté, ni que decir tiene, lleno de entusiasmo, con una inmensa alegría y animado por las mejores intenciones. Su entusiasmo que le suscita una gran exuberancia, le hace apresurarse en el conocimiento de la enseñanza de la Escuela y en la práctica de la vida que la Escuela le revela. Este ardor chispeante y el dinamismo que se desprende, que constatamos en casi todos los alumnos, no están sin embargo de acuerdo con el método liberador del no-hacer, ¡no lo están haciendo en absoluto!

Comenzando de esta manera típicamente dialéctica, usted llama sobre si la ley de los opuestos, hace actuar esta ley. Encuentra la Escuela buena, bella, la ve como aureolada de oro. Pero en el mundo dialéctico lo bello y lo bueno engendran inexorablemente lo feo y lo malo, y lo bello acaba por aparecer como una ilusión, una irrealidad.

A usted, alumno más antiguo, que está quizás en la Escuela desde hace años, le preguntamos si no conoce momentos en que lo bello deviene feo y monótono y, en los que, abatido, se pregunta: «Hago lo mejor que se desde hace numerosos años, ¿y qué he conseguido? Usted ha sido lanzado al punto de partida, en la soledad, la fealdad, lo grisáceo. ¡Y, como reacción, le viene el pensamiento de que algo no va bien en la Escuela! Pues bien, como hemos intentado demostrarle, es la ley de los opuestos quien cambia lo bello en feo.

 

Y, por consiguiente, su entusiasmo, su dinamismo apasionado por el trabajo, parece no tener ninguna realidad en relación con la única realidad divina que, solo, es. En un sentido su entusiasmo era una reacción puramente dialécti­ca, una reacción de su naturaleza egocéntrica. Por lo que, en cierto momento, su alegría suscita decepción, tristeza, soledad, relajamiento; entonces usted zozobra en la costumbre y se cristaliza. Por tanto, es necesario un nuevo impulso para hacerle de nuevo entusiasta y alegre, muy a menudo con el mismo resulta­do.

Así usted está inmerso en un cierto espasmo psicológico con todos estos altibajos. Y usted continua así. Pero reflexionando en ello, quizás se sorprenderá y se preguntará o nos preguntará: «¿No puedo estar dichoso, alegre, entusiasta por haber encontra­do la Escuela Espiritual? ¿No puedo alegrarme y estar agradecido por ver, ante mi, el camino de liberación? Si esta gracia y mi alegría engendran tales derrumbamientos; en nombre del cielo, ¿qué hacer?

Nadie, y la Fraternidad de la Salvación menos que nadie, quiere quitarles esta alegría. Pero debemos darle el consejo urgente de que someta a un examen serio sus reacciones psicológi­cas con relación a esta alegría. Reflexione sobre el comporta­miento de un hombre dichoso y agradecido en este mundo, en lo que hace en este caso, tanto en público como en privado. Su entusias­mo le hace hacer a veces las cosas más absurdas. Encuentra todo bueno y bello y quiere acoger a cada uno en su corazón. Tal persona tendrá la tendencia, insensata y ridícula, de lanzarse de lleno en la vida liberadora.

Así pues, cuando lo que es santo entra en su vida, es bueno experimentar lo que la Biblia llama una alegría silenciosa, tener una percepción de la enseñanza, sin palabras. El no-hacer no consiste, como usted quizás piense, en retirarse del mundo dialéctico, separarse de la vida terrestre, devenir anticonfor­mista, no acomodarse ya a la monotonía de la vida ordinaria. Si usted es un verdadero alumno, todas estas cosas se dan por hechas. Si usted ha reconocido la fealdad, la corrupción, las falsas apariencias del mundo dialéctico, si ha sondeado la naturaleza de la muerte en su esencia más profunda, ¿no le dice adiós? Esto se da por supuesto.

 

 

 

El no-hacer de Lao Tsé significa no asir con su yo los valores, las fuerzas, la esencia del Reino inmutable. Se nos dice no-hacer. Por consiguiente, ¡no lo haga! Si toca con sus manos las cosas del Reino inmutable, si su yo se precipita sobre ellas, será violentamente rechazado.

«La carne y la sangre no pueden asir el Reino de Dios» El ser humano, bajo el impulso de su propia naturaleza, busca siempre apoderarse de él. Tal es su disposición natural. ¡Pero no se pueden asir con sus manos las cosas del Reino inmutable! ¡No hacer! Por su estado natural, no tiene posibilidad de tomar posesión de lo divino; todo lo que haga para apoderarse de lo divino, para vivir de lo divino, se volverá mal, le frustrará y ocasionará enfermedad, exaltación, turbaciones nerviosas, perturbaciones de la secreción interna y, con total seguridad, un ensombrecimiento de la esfera reflectora. La vida nueva no se manifiesta en el yo, por el yo o para el yo de la naturaleza.

 

Lo que engendra el ego, lo que puede realizar el yo, por ejemplo, es el misticismo o el ocultismo. En la esfera reflectora o reino de los muertos, existen dominios en los que se mantienen diversas fraternidades ocultistas, allí se concentran y han creado un muy determinado campo de ilusión. Uno puede unirse a él, pero se trata solamente de una ascensión del yo al plano de la ilusión, de donde vuelve a caer a su debido tiempo, gravemente dañado.

Si ha percibido bien todo esto, está claro -hasta un niño lo comprendería- que para quien aspire verdaderamente a liberarse de la naturaleza de la muerte, el yo debe observar el no-hacer y no intentar agarrarse de ninguna forma a la vida nueva, ni forzar a la Fraternidad universal y a todo lo que depende de ella. No es preciso hacerlo. Por tanto, no se concentre, no medite, y sobre todo no mantenga ningún fantasma. ¡Observe el no-hacer absoluto!

El método del no-hacer es una alegría serena y silenciosa; avance en esta serena alegría silenciosa, en una rendición total del yo al átomo original, al Reino en usted. Esto es «adoptar el no-hacer»; esto es percibir la enseñanza sin palabras. «No soy yo quien debe crecer, sino El, el Otro que es más grande que yo. Yo debo disminuir, debo desaparecer en este Otro, el ser sepultado en el átomo original.»

Cuando un trabajador de la Escuela Espiritual recibe una misión, comienza algo extremadamente difícil. Sigue un camino tan estrecho como una hoja de afeitar. Pues no puede ejecutarlo en tanto que ser-yo. Si lo intenta, cae como un meteorito. Nadie está allí para nada. La Escuela no lo rechaza, como algunos piensan; no, él mismo se rechaza.

 

El trabajador no tiene más que una posibilidad de realizar su servicio: el camino del no-hacer. Es una alegría silenciosa, guardando la misión en su corazón, con la mayor modestia y consagrándose plenamente al misterio del átomo original. Pues es preciso ejecutar el trabajo, fundándose en el templo del átomo original. Así es como los Grandes aportaron la Enseñanza universal, y la aportan siempre, desapare­ciendo después como en las nubes.

 

Por ello el alumno que realiza el trabajo al servicio de los demás, desde lo más profundo de si mismo, no se apega, no se aferra a su yo. En ningún caso el yo se compromete con dicho trabajo. Quien se antepone al trabajo, quien quiere ejecutarlo con su yo, manifiesta un egocentrismo inimaginable. Abusa de Jesucristo para pasar él mismo por encima del muro. Es comprensible que le falte la gracia y le abandone.

«Por ello el sabio adopta el no-hacer; práctica la enseñanza sin palabras.»

Y después, he aquí precisamente el secreto, el secreto de salvación: «Cuando la obra está cumplida, no se apega a ella; y como no se apega a ella, ella no se desliga de él.» Cuando alguien sigue el camino de la ofrenda del yo, en contemplación silenciosa, descubre que, aunque a cada segundo su ser interior se distancia, la vida nueva le inunda con sus rayos. La vida nueva no le pertenece; pertenece al Otro, pero el yo dialéctico se funde completamente con él y desaparece. Tal es la enseñanza del no-hacer. Ésta es la vida, éste el camino, éste es el Tao.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No hagas ningún caso de distinciones honoríficas, así el pueblo no replicará.

No tomes ningún bien de adquisición difícil, así el pueblo no lo querrá.

No mires lo que excite el deseo, así el corazón del pueblo no será perturbado.

Por ello el sabio gobierna vaciando los corazones de todo deseo, llenando bien los     vientres, debilitando las malas inclinaciones y fortificando los huesos.

Procura siempre que el pueblo no tenga saber ni deseo.

Si él no llega, se las arregla para que los que saben no se atrevan a actuar.

El práctica el Wu Wei (no-hacer), y no hay nada que no pueda gobernar bien.

 

 

 

Tao Te King, capítulo 3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  3

 

                 NO HAGAS NINGÚN CASO DE DISTINCIONES HONORÍFICAS

 

 

Leyendo el tercer capítulo del Tao Te King, notará que ante todo trata de los problemas sociales y, visto superficialmente, podría pensar que su contenido está para nosotros, hombres del siglo XX, completamente superado. Leyendo este texto, un político actual, centrado en las cuestiones sociales, alzaría los hombros, sacudiría la cabeza con conmiseración y diría: «En mi opinión, ¡relegue el Tao Te King al fondo de su biblioteca, pues su contenido está caducado y es terriblemente conservador para los partidos de hoy día!».

No seguiremos este consejo y examinaremos más de cerca el tema tratado en este capítulo. Comprendemos que esta parte se dirige a los gobernantes, pero a una clase de dirigentes desconocida en nuestra época, dirigentes que estarían en la vida nueva, que vivirían en ella.

 

Aquí se aconseja un sistema de gobierno imposible de aplicar en nuestra época, un sistema que nadie querría emplear y contra el cual el pueblo se insurreccio­naría. Se trata de un sistema de gobierno, de un comportamiento político-social que nos remite a los tiempos en que China se llamaba, con todo derecho, el «Imperio Celeste». En nuestra opinión, es un sistema que el misterioso Akenatón aplicó experimentalmente en el antiguo Egipto.

Su reino duró poco tiempo, aniquilado por las intrigas de un malvado clero. Sea como fuere, este capítulo político-social del Tao te King, aunque no esté prescrito, ya no es aplicable y, en nuestro tiempo, es a lo sumo válido para los padres en relación con la educación de sus hijos.

No obstante queremos analizar este tercer capítulo de forma detallada pues nos da una imagen clara y sumamente instructora de una época prehistórica que se remonta mucho más allá del año 2500 antes de nuestra era, época en la que se dice que fue escrito el Tao Te King. Esto nos demuestra que la antigüedad del Tao se remonta a miles y miles de años.

Así pues, regresemos al comienzo de la última era, la era aria, donde el vestigio de la humanidad caída se manifestó, de nuevo, en la naturaleza dialéctica. Eran el resto de los hombres de la época precedente que no habían podido ser salvados y reconducidos a la vida original.

Resulta evidente que, aunque se trate de un vestigio, estos hombres eran también hijos de Dios. Motivo por el que la Fraternidad Universal rodeó este «vestigio», desde el alba de su nueva existencia, con el mayor cuidado con el fin de crear las bases de un posible regreso.

 

En esta época, numerosos enviados de la Fraternidad Universal, numerosos salvados, se mezclaron con la humanidad manifestándose de nuevo, e intervinieron como gobernantes, reyes y sacerdotes. Todas estas autoridades formaban en conjunto una Fraternidad sublime, una Fraternidad al servicio del «último vestigio». Todos los que participaban en ella estaban unidos internacionalmente y gobernaban la humanidad, puesta de nuevo a prueba, siguiendo un sistema internacional coordinado, un sistema político-social del que el tercer capítulo del Tao Te King nos da una idea.

Imagínese que usted fuese uno de esos gobernantes y que supiese cuan grandes peligros encubren la ilusión y la ley de los opuestos. Cuando un hombre busca la liberación en el plano horizontal y experimenta la realidad de su encarcelamiento o del progreso en el plano horizontal, si persevera en su actividad, acelera la rotación de las fuerzas opuestas y se hunde cada vez más en el cenagal de la cristalización y la muerte. Se enzarza cada vez más en la autodefensa y en la lucha.

 

Suponga ahora que le fuese confiado un grupo de hombres, que usted supiese que estos hombres acaban de despertarse justamente de una noche cósmica tras una caída terrible, y que todos poseen un capullo de rosa, mientras usted conoce, por experiencia personal, las ilusiones y degradaciones de la naturaleza dialéctica, ¿qué haría usted?.

Sin ningún género de dudas, se esforzaría en impedir el desarrollo de la cultura en sentido dialéctico. Con extrema prudencia, conduciría a este pueblo en la única dirección que le parecería posible. Buscaría protegerle contra los arcontes de los eones, contra las influencias de la naturaleza de la muerte. Y todo lo que hiciese por ellos, tendría un único objetivo: el regreso a casa.

 

Pero el pueblo ya no conoce este objetivo más de lo que lo conoce un bebé que viene al mundo. Solo sabe una casa: «¡Yo soy! ¡Yo vivo!» Debe vivir según el estado de su alma, lo que para él es suficiente.

Suponga ahora que sea usted un hombre de esta clase y sea confiado a nuestros cuidados en la Escuela Espiritual, la cual se mantiene apartada de la materia. ¿Que deberíamos hacer? Deberíamos intentar mantenerle tan lejos como fuera posible de la degradación dialéctica del cosmos. Trataríamos de mantenerle en una simple ignorancia pero guardándole de las tentaciones de la caída, rodeándole con una esfera vibratoria pura. Y durante este tiempo nos esforzaríamos en cumplir el gran trabajo de vaciar el yo para que florezca la rosa inmutable.

Ahora que llega el fin de un día de manifestación y que se ha emprendido un esfuerzo para que el mayor número posible de entidades participe en el tercer campo magnético, pensamos evidentemente en el comienzo de este día de manifestación en el que la Fraternidad, forjando el hierro mientras aún está caliente, se esforzó por salvar en aquellas circunstancias, a tantos hombres como fuese posible y ¡con gran éxito!. Una multitud fue ayudada, para recorrer el camino de la liberación, en los Templos de los Misterios de la Fraternidad de Shambhala.

El tercer capítulo del Tao Te King contiene instrucciones destinadas a los gobernantes, a los sacerdotes y a los reyes del alba de la manifestación aria:

«No hagas ningún caso de distinciones honoríficas, así el pueblo no te replicará»

La gloria y el honor son aguijones dialécticos que impulsan a la acción, y todo comienza así. A veces es muy fácil especular sobre la ambición de alguien. Y se ve hasta donde ha caído nuestra llamada civilización por la atribución de títulos honoríficos como recompensa de resultados alcanzados por ambición. ¡Y cuantas disputas se producen entre los ambiciosos que tienen la misma codicia! La ambición es la base de los métodos económicos y engendra las guerras.

 

Por lo cual es evidente que los guías originales de la humanidad no daban ninguna notoriedad a su eventual dignidad, a su estado. Tenían cuidado en no provocar ninguna envidia. La dignidad, la verdadera dignidad era exclusivamente de orden espiritual y la vía que conduce a ella está abierta a cada uno.

No le concedía ninguna importancia a los bienes difíciles de conseguir. Piensen al respecto en los metales nobles. Sabemos que entre los antiguos pueblos, no existía la sed de oro, por la sencilla razón de que no se podía adquirir nada con el oro -metal solar. Ningún sistema económico descansaba en lo escaso, lo que excluía el robo, desconocido en aquel tiempo.

 

Ningún miembro de la Fraternidad tenía deseos terrestres y ningún hijo de los hombres era turbado por el mal ejemplo. Gracias a estas reglas, los sabios guardaban los corazones vacíos de deseos; cuidaban de que se realizara un reparto absolutamente lógico de la producción, necesario para el mantenimiento del cuerpo. Se vigilaban las tendencias de cada uno. Todas las posibles influencias de fuerzas inmateriales eran neutralizadas y se tenía gran cuidado de la salud de cada uno.

 

Los pueblos no conocían ni la pobreza ni la enfermedad, y se cuidaba de que, en los templos, emanase una buena atmósfera del campo de fuerza.

El pueblo era mantenido en la ignorancia de una posible degradación, mientras que los deseos funestos eran aniquilados de la misma manera. El enemigo carecía de fuerza. Así fue mantenida una vida dialéctica ideal durante miles de años. Resulta evidente que, en estos tiempos, ciertas entidades asidas por el espíritu de la degradación no pueden actuar de ninguna manera en tal campo de fuerza. La totalidad de la Fraternidad de Shambhala observaba diariamente la práctica del no-hacer con sus benditas consecuencias.

Esos tiempos se acabaron. Tras la gran cosecha, en el alba de la época aria, las cosas siguieron su curso habitual hasta nuestra época. La Fraternidad se adaptó a cada situación y prosiguió su obra de salvación hasta esta hora.

Debemos estar extremadamente agradecidos de que el método del no-hacer, si lo aplicamos, aún no haya perdido nada de su fuerza, ya que es posible observar las reglas sociales de este capítulo en la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro. Si los trabajadores se comportan según estas indicaciones, conduciremos a los alumnos al objetivo con las mínimas perturbaciones posibles.

¡Es preciso señalar que este antiguo evangelio, esta síntesis del Evangelio universal, no ha dejado de ser el manual práctico del santo trabajo, tanto en todos los tiempos como hoy día!

 

Por ello insistimos con ímpetu sobre los últimos versículos de este tercer capítulo:

«Procure siempre que el pueblo no tenga saber ni deseo.

Si él no llega, se las arregla para que los que saben no se atrevan a actuar.

Práctica el Wu Wei (no-hacer) y no hay nada que no pueda gobernar bien.»

En la práctica estas instrucciones vienen a decir que los verdaderos alumnos de la Escuela Espiritual están reunidos y son alimentados por un campo de fuerza que desempeña bien su función. Cuida de su aprendizaje con todas sus consecuencias. Y los protectores del campo de fuerza no permiten que penetren influencias extrañas que dificulten el verdadero trabajo.

 

Todos los que desde el interior, se atreven a atacar el campo de fuerza, lo que ocurre a menudo, son separados sin remisión. Y se vigila a los que están todavía dentro y querrían actuar pero no se atreven ni pueden.

Uno podría preguntarse: «¿No pasa nunca que sea tomado por agitación, o por un intento de agitación, lo que en realidad no lo es, o lo que precisamente sea en interés del campo de fuerza? ¿Los guías y los guardianes del campo de fuerza no ejercen una autoridad demasiado grande?»

 

La respuesta es la siguiente: «Si los protectores del campo de fuerza practican el Wu Wei, el no-hacer total, en servicio impersonal y fraternal, no hay nada que no puedan gobernar bien. No se produce ningún desarrollo dialéctico, solo aparece un desarrollo esotérico nuevo y positivo.

 

¿Cómo se comprueba?

Por los hechos, por los resultados.

Observad los hechos y lo sabréis.

 

 

Tao es vacío, y sus radiaciones y actividades son inagota­bles.

¡Oh, que profundidad la suya! Es el Padre original de todas las cosas. Embota su       agudeza, simplifica su complejidad, modera su resplan­dor cegador y se hace semejante     a la materia.

¡Oh, que calma la suya! Existe desde toda la eternidad.

Ignoro de quién es Hijo. Existía antes del primer Dios.

 

                                                                                                          Tao Te King, capítulo 4

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  4

 

TAO ES VACÍO

 

 

Todo lo que se dice en el cuarto capítulo, así como en el conjunto del Tao Te King, no está destinado al hombre de la masa sino a los alumnos verdaderos en el camino. No se trata de una exposición ordinaria que se refiera a cierto sistema filosófico, sino de líneas directrices y leyes a seguir en el camino, para recorrer el camino. No da solamente un pequeño número de prescripciones, sino el conjunto de las que se debe conocer para prevenir cualquier error. Es la verdadera ley real.

Sin embargo su contenido no se dirige únicamente a entidades muy avanzadas, de tal manera que sería difícil de comprender por los debutantes. Por el contrario, este evangelio tiene justamente mucho que decir al debutante serio. Pues, ¿no es este «difícil comienzo» el que nos produce más decepciones? ¡Un solo error puede agotarnos, enfermarnos y privarnos de energía hasta tal punto que nos encontrásemos, durante mucho tiempo, en una vía muerta!

 

Por consiguiente, todo el que comienza debe leer el Tao Te King, releerlo, estudiarlo, y deletrear, por así decirlo, cada palabra. Cuando comprenda las palabras del Tao Te King, le servirán en todos los casos difíciles.

Tome las primeras palabras del cuarto capítulo: Tao es vacío. Para la comprensión ordinaria, para los sentidos ordina­rios, el tacto, , el gusto, el olfato, el oído y la vista, Tao es vacío e imperceptible. No se puede percibir a Tao por el pensamiento y toda idea al respecto solo es parcial e inexacta. Es imposible atraer o dirigir a tao por el poder magnético de la voluntad; para la realidad dialéctica, Tao es absolutamente vacío.

 

Por lo que el método del no-hacer no es solamente una forma de actuar que le aconsejamos, sino la base absoluta del verdadero trabajo de salvación. El yo no está en condiciones de comprender nada que sea esencialmente liberador. Los poderes intelectuales o místicos no son de ningún valor para ello. Tao es vacío para el hombre.

La vacuidad de Tao con relación al poder dialéctico, al yo y al estado actual del microcosmos, tiene como causa evidente el hecho de que su campo vibratorio -que es el sereno campo astral de la Fraternidad- supera con mucho en sutileza, frecuencia y poder al campo de vida ordinario. Tao se transmite a un campo astral magnético diferente del campo ordinario. «Esto no es exacto», dirá, «pues se dice que Tao se hace semejante a la materia».

 

Pero comprenda así estas palabras: «Tao tiene para el hombre caído un amor infinito». Pero ¿es usted un hombre caído? No lo es. Usted pertenece a esta naturaleza. Es posible descubrir y determinar completamente su comienzo y su fin. Usted es una pura manifestación de la naturaleza, un ser-alma mortal. ¿Por qué entonces no se siente en su casa aquí abajo? ¿Por qué se siente solitario y abandonado? Por la reacción de la rosa y de lo que encierra. Hacia ello se dirige Tao, hacia ello se manifiesta Tao. No obstante, para usted, Tao es vacío.

Entonces, «¿qué tengo que hacer? ¿Por qué molestarme tanto al respecto?» Pues, porque este Otro, al que Tao está destinado, está prisionero en usted, y sólo le liberará despertándole interiormente por la ofrenda de usted mismo que conlleva su propia desaparición. Este trabajo debe hacerse en el Wu Wei, practicando el no-hacer. Consiste en la rendición del yo al átomo original del microcosmos. Lo que no es un drama, pues como ya le hemos dicho es una especie de autodestrucción en la que, por la ofrenda del yo, el yo dialéctico se sume al Otro; algo del antiguo yo es reemplazado por el nuevo yo, cuyo resplandor es ostensible.

Esta es la razón por la que Pablo decía jubiloso: «No yo, sino Cristo en mí». Mientras que el yo de la naturaleza ordinaria no se abandona al Otro, mientras no se conoce todavía el Wu Wei, Tao permanece vacío.

 

No existen, como usted sabe, dos personas exactamente iguales. Aunque los hombres sigan la misma vía, la vía del declinar, esta toma el color de las experiencias y de los acontecimientos personales que han tenido una gran influencia en el estado del átomo original en el transcurso de las numerosas encarnaciones del microcosmos, en la calidad del capullo de rosa y su encarcelamiento. En principio, todos los hombres son por tanto muy diferentes frente al gran trabajo que tienen que ejecutar. Cuando entran en el valle de la muerte de la rendición del yo, se encuentran todos en una soledad absoluta. Y, evidente­mente, ningún amigo terrestre puede ser útil en este momento.

Sin embargo no se inquiete y considere lo que dice el Tao te King. Tan pronto como el peregrino entra en su propio valle de la muerte, descubre que las radiaciones y actividades de tao son inagotables. ¡El candidato descubre que es ayudado, que Tao le cuida, incluso en su triste estado! Cuán maravillosa es esta verdad, aunque más maravilloso es experimentarla. Las radiaciones y actividades de Tao son inagotables.

Usted sabe que su personalidad se encuentra en medio de un campo magnético. Nosotros hablamos del campo magnético del microcosmos. Por medio del cual el alma mortal está unida al microcosmos y al macrocosmos de la naturaleza de la muerte. Las radiaciones electromagnéticas de la naturaleza de la muerte han trazado una red de puntos magnéticos en este campo, red elaborada de tal forma que dirige totalmente la vida de los seres humanos.

 

Ahora bien, en principio, no es científicamente imposible que radiaciones electromagnéticas de orden superior, de vibración superior, se manifiesten en él. Por consiguiente, la Gnosis puede manifestarse en él e impregnarlo con sus influencias, con todas las consecuencias inherentes. Pero este desarrollo tiene lugar gracias a la rendición del yo por el proceso de la rosa. El candidato experimenta entonces la bendición de una unión completa en el plano astral.

Note que la palabra «candidato» (del latín «candidus», blanco, puro) significa «vestido de blanco». Usted es alumno de la Escuela Espiritual, pero ¿es también un «candidato», es decir, está revestido de la blanca pureza de su motivación, con una ofrenda de usted mismo total y auténtica?.

Tao viene a usted únicamente en esta pureza, y únicamente en esta pureza la fuerza del Cuerpo Viviente de la Escuela Espiritual se vuelve vuestra.

 

 

La manifestación universal no tiene amor humano, y todas las cosas son para ella        como «perros de paja».

El sabio no tiene amor humano, él considera a los hombres como «perros de paja».

El universo es semejante a un fuelle de forja. Está vacío y no se agota jamás. Cuanto más está en movimiento, más produce.

Mas hablar mucho agota; más vale guardar el dominio de sí mismo.

 

 

 

 

Tao Te King, capítulo 5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  5

 

LA MANIFESTACIÓN UNIVERSAL NO TIENE AMOR HUMANO

 

 

 

Quizás haya tenida conocimiento de cierta verdad de forma más teórica que práctica, hasta el día en que, tras esta verdad, ha surgido una realidad y se ha hecho la luz. Igual ocurre con el alumno que, poniendo en práctica el Wu Wei y descubriendo que Tao es inagotable, experimenta que existe una actividad gnóstica que se adapta especialmente a su estado de ser.

 

Ocurre igual con el hombre que realiza el gran descubrimiento de que él no es una excepción ni está especialmente bendito, pero que las inagotables radiaciones de amor de Tao han establecido un puente para la liberación de cada uno, por medio de una unión magnética gnóstica en el plano astral. Entonces lo que dice Lao Tsé le resulta evidente: ¡Oh, que profundidad la suya! Es el Padre original de todas las cosas.

Luego comienzan para él las innumerables experiencias del proceso de salvación. Usted está allí con su microcosmos caído. Pero, ¿quién es usted, comparado con la inconmensurable gloria de Tao? ¡Sin embargo esta inmensidad se ocupa de usted! Le ha descubierto y le toca.

Embota su agudeza, simplifica su complejidad, modera su resplandor y se hace semejante a la materia.

Se hace semejante a cada uno, a usted en su situación personal, con la condición de que se haga la ofrenda de sí mismo. ¡Que gracia maravillosa, que toma de conciencia y que base concreta pura!

 

¿Cómo habría podido ser ayudado de otra manera?

Ningún alumno es forzado. La Gnosis se adapta a cada situación. Se acopla a su ritmo; esta cerca de usted en cada milla que haga, a condición de que se rinda totalmente a ella, con la condición de ser un «candidato». Tao se hace siempre perfectamente semejante a su estado en la materia; embota su agudeza, simplifica su complejidad y modera su resplandor cegador. Nada puede ocurrirle.

Y ahora suponga que usted deja de actuar para su liberación. Tao se volvería inmediatamente vacío para usted, pero le esperaría con un inconmensurable amor, durante milenios. Por ello se dice: Tao es serenidad, o tan sereno, de una calma original, de una serenidad inalterable.

En la Escuela Espiritual actual existe una cierta agitación y nosotros decimos: «El tiempo ha llegado», a causa de la situación, muy comprensible, del final de un día de manifesta­ción. Antes de que caiga la noche, la Fraternidad querría salvarle. Sin embargo todo esto no perturba la calma y la serenidad de tao. Pues Tao es eterno.

 

Le espera desde hace una eternidad. Jamás existirá un tiempo en el que Tao no exista. No tiene edad. «Existía antes del primer Dios». Numerosos hermanos y hermanas, sublimes y gloriosos están, en su majestad, indecible­mente lejos de nosotros. Pues bien, detrás de todos ellos está Tao; por encima de los más grandes de entre ellos reina Tao.

Y Tao quiere, por usted, hacerse semejante a la materia, «él embota su agudeza, simplifica su complejidad, modera su resplan­dor cegador», siempre que usted quiera ser un <<candidato>>.

Ahora le colocamos ante el quinto capítulo del Tao Te King.

 

«La manifestación universal no tiene amor humano, y todas las cosas son para ella      como <<perros de paja>>.

El sabio no tiene amor humano, él considera a los hombres como «perros de paja».

El universo es semejante a un fuelle de forja. Está vacío y no se agota jamás. Cuanto más está en movimiento, más produce.

Mas hablar mucho agota; más vale guardar el dominio de sí mismo.»

La manifestación universal no tiene amor humano. He aquí quizás un aforismo desconcertante para usted. Si estas palabras encierran la verdad, se hunde para nosotros toda una manera de ver el mundo y la vida. En efecto, tal es el designio de la muy antigua revelación que nosotros llamamos el Tao Te King.

 

Si comprende lo que Lao Tsé quiere transmitirle, todo se desintegra. La imagen del mundo, que la humanidad proyecta a su alrededor como un diorama y que transmite de generación en generación desde la aparición del hombre, cae en pedazos.

Usted ama, sabe lo que es el amor de una u otra manera. Dejando a un lado sus aspectos y manifestaciones inferiores, usted sabe lo que es el amor por su pareja, por sus hijos, por su familia, y posiblemente por un grupo de personas, un pueblo o una raza. Tiene amigos hacia los que tiene sentimientos de amor.

 

Y usted es más o menos humanitario, lo que le lleva a amar a su prójimo, a ocuparse activamente de los que tienen necesidad, a actuar con el fin de elevar a la humanidad, a desplegar muchos esfuerzos en la Escuela Espiritual así como a consagrarse a ella de variadas maneras; pero todo esto es del mismo genero.

Usted está al corriente. Sabe que todas las acciones puntuales y expresiones del amor del corazón humano, y todas las consecuencias que se derivan de él, son las que hacen vivir a la humanidad. Lo único que todavía da un poco de valor, cierta chispa, a la vida es el amor humano sea cual sea su naturaleza. Si el hombre no conociese el amor, si no hubiese amor, la vida llegaría a ser impensable, imposible e inaceptable.

 

Cuanto más civilizado es un hombre más bello es su amor, así como su comporta miento en el amor. No hay un solo mortal en la tierra que no conozca el amor de una u otra forma, al menos un senti­miento amoroso. La literatura mundial da fe de ello. Sea como fuere, el amor es el que mueve el mundo.

Pero reflexionemos. Cuando decimos que «el amor mueve el mundo», de hecho decimos también que «el amor mantiene la manifestación dialéctica, la naturaleza de la muerte» ¿Y esto no es algo espantoso? ¿No es diabólico? ¡El amor que es parte integrante de su ser mantendrá la naturaleza de la muerte! ¿No se dice en la Biblia: Dios es Amor? Usted admite, sin duda, que su amor es limitado, egocéntrico y mancillado, pero que sin embargo es un resto caricaturesco del original, del divino, y que cambiará desde el momento en que siga el camino.

No, dice Tao: «La manifestación universal no tiene amor humano». Ella no conoce el amor. Y desesperados se miran mutuamen­te, diciendo ¿donde está la falta? Hace siglos que se plantea esta pregunta. Por ello nosotros le preguntamos también: «¿Donde está la falta?» ¿Debe ser nuestro amor asexuado o algo similar; debe llegar a ser más general, más cultivado?

No, dice Tao: «La manifestación universal no tiene amor humano» de cualquier forma que sea. Y he aquí que toda su visión del mundo y de la vida se desmorona y usted siente que pierde seguridad.

¿Que esperamos de usted? ¡Nada! Dada la realidad de su ser, usted solo puede seguir su destino, con toda la secuela de acciones y reacciones psicológicas. Si bloquease de una u otra forma, las actividades psicológicas de su ser, se encontraría pronto en una situación imposible. Cuanto más normal es su comportamiento como entidad de la naturaleza, mejor le va. Pero esto no elude el hecho de que Tao no es amor humano.

Sólo se puede sacar una conclusión, a saber, que cuando la Biblia habla de amor y dice: «Dios es amor», se trata de algo totalmente diferente de lo que comprendemos por amor.

El amor de Dios no es supra-universal, asexuado, o no importa de que género. ¡Es y contempla algo totalmente diferente! Tratemos de demostrar­lo.

En el segundo capítulo del Tao Te King se dice que lo bello engendra lo feo. Lo hemos demostrado ampliamente. Lo feo es la prueba de que lo bello es apariencia e ilusión y que, como realidad, no está presente en esta naturaleza. De la misma manera se puede decir también que el amor engendra el odio. Y la existencia del odio es la prueba de que el verdadero amor es para el hombre de una dimensión desconocida, que no se puede encontrar en este mundo, y que lo que se tiene por tal es ilusión y fantasmagoría.

La Biblia dice: «El amor triunfa sobre todo; el amor libera; el amor es la mayor fuerza del mundo». Y numerosas novelas tienen por título: «¡El amor ante todo!» Pues bien, si el amor liberase y triunfase realmente, ¡el hombre y el mundo serían libres desde hace siglos! Ahora bien, ¿quién osaría pretender que el amor que conocemos no es sino mentira y engaño? Innumerables personas, numerosos grupos de nivel muy elevado ponen en práctica esta fórmula: «¡El amor ante todo!», de lo que algunos han hecho la divisa de su vida.

 

Ahora bien, ¡estas manifestaciones de amor han tenido, a través de los siglos, y todavía tienen, tan formidable acogida, han sido tan cultivadas y organizadas que la vibración y la fuerza así liberadas habrían debido hacer de este mundo, desde hace ya mucho tiempo, un paraíso celestial!

Pero, sin embargo, ¡este no es el caso! lo bello engendra la feo, el bien el mal y el amor el odio. El amor es un rescoldo, el odio un incendio. El amor terrestre no es mas que instinto de conservación, personal o impersonal. El yo es quien tiende a la divinización; de repente, despierta lo contrario; el ardor enciende el incendio.

Muchas personas llenas de amor se reúnen en los templos y en ciertos centros para meditar y emitir fuerzas con el objetivo de elevar a la humanidad, preservarla del mal y evitar guerras. No obstante, estos templos y centros son, por excelencia, focos de guerras, que siembran el odio, que irradian el odio. Cuando alguien se dirige a usted lleno de amor, usted lo encuentra agradable.

 

Cuando se aproxima con odio, usted se pone en guardia. La vida natural se desarrolla entre esos dos polos. El amor y el odio son fuerzas que se mantienen mutuamente. Usted dice: «No tengo odio, no conozco el odio» Nosotros le respondemos: «¡Usted conoce el odio! No puede escapar de él». Como para el amor humano, la escala vibratoria del odio conlleva diversos grados de expresión.

 

Usted tiene sus simpatías y antipatías. La antipatía es una aversión natural, una forma de odio. Es lo contrario de la simpatía, por tanto lo contrario del amor natural. Usted comprueba cotidianamente que está de mal humor, que tiene rencor, porque está indignado o porque es víctima de una supuesta injusticia. En nuestros Centros de Conferencias a veces se reúnen algunos centenares de personas emparentadas por el espíritu. No obstante, alumnos de los allí presentes no se interesan por los demás, son indiferentes, susceptibles: lo contrario del amor.

Examine su comportamiento, en su conjunto, y reconocerá que nada de lo que es humano le es ajeno. El odio -el principio mismo del odio- puede manifestarse por medio de llamas de fuego infernales pero también incubarse bajo las cenizas. En la naturaleza es posible apagar las llamas de un fuego, pero no el fuego encubierto del odio.

 

El amor es necesario en la naturaleza, pero el odio es su hermano gemelo. ¡No se puede hacer nada al respecto! Quien cultiva el amor, cultiva el odio. Es una ley. En la naturaleza de la muerte, el odio es una defensa tan esencial, tan egocéntrica, como el amor. El amor y el odio son los dos platillos de una balanza en continuo movimiento.

 

En un momento dado, usted es la amabilidad misma; al momento siguiente, el platillo de la balanza pende del otro lado. Note que este cambio incesante es propiamente asombroso. El ser humano es un pobre diablo corroído por el amor y el odio, los dos poderosos fuegos del infierno al que ha sido arrojado.

Su amor y su odio son alternativamente despertados bajo una u otra forma y así se vuelven el explosivo del fuego de su propio infierno. ¿Comprende ahora que Tao esté fuera de esto, que se mantenga distante?

Usted no puede imaginar a la Gnosis sembrando odio; en ese caso, siguiendo el esquema indicado, no imagina que exista una Gnosis amante. La Gnosis no le ama según su concepción dialéctica de las cosas. «La manifestación universal no tiene amor humano», y considera todas las conductas del amor como «perros de paja» (que servían de ofrenda en la antigua China). En consecuencia, el sabio que se eleva en la manifestación universal no tiene amor humano y considera a los hombres como perros de paja, como animales.

Cuando la Biblia dice: «Dios es Amor», ¿a qué se refiere? Pues bien, a algo totalmente diferente. Para comprenderlo un poco, renuncie a la representación que se ha hecho del amor en su vida y en el mundo. Es necesario destruir esta imagen como tantas otras que llenan su panteón.

La manifestación universal está animada por un ritmo universal. Este estado no conoce su opuesto, no arroja ninguna sombra amenazante y se engendra inmutablemente a sí mismo. En él, el bien no es el opuesto del mal, ni de la belleza de la fealdad, ni el amor del odio, ni la ilusión de la realidad. El amor no es un atributo de la Gnosis; el amor emana de ella: la Gnosis es amor.

 

Dicho de otra manera: el amor de Dios no tiene preferen­cias, ni lucha, ni ejerce acciones particulares. Existe por El mismo. ¡Es un orden del mundo; es el propio mundo! Razón por la que se puede comparar su inconmensurable fuerza a la de un fuelle de forja. Cuando un fuelle de forja se activa rítmicamente, genera una gran fuera.

 

De igual manera el ritmo universal de la manifestación universal engendra una gran fuerza y nada subsiste allí que se le oponga.

Si ha comprendido claramente todo esto, comprenderá mejor que nunca la falta de esperanza y de perspectiva de la naturaleza de la muerte. Y entonces usted decide malgastar las menos palabras posibles para lo que carece de esperanza.

 

Y ya no argumentará con los que no lo comprenden; deja el mundo para lo que es. En un perfecto dominio de sí mismo, y practicando la verdadera religión, se orienta únicamente hacia lo que está en estado de recibir el ritmo universal, hacia lo que le es semejante: el átomo maravilloso, la rosa del corazón, el Reino que no es de este mundo.

 

 

 

 

El espíritu del valle no muere; se le llama la Madre mística.

 

La puerta de la Madre mística es la fuente de toda realidad.

 

Esta manifestación dura eternamente, parece tener una existencia ininterrumpida.

 

Seguid este río de vida y no tendréis ninguna necesidad de inquietaros.

 

 

 

 

Tao Te King, capítulo 6

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  6

 

EL ESPÍRITU DEL VALLE NO MUERE

 

 

 

El espíritu del valle es el símbolo del santuario del corazón, el centro del microcosmos. Es la Madre mística, el capullo de la rosa, el átomo original. Este símbolo no debe asombrarnos o parecernos complicado pues aparece a menudo en la Biblia. En Ezequiel, capítulo 3, por ejemplo podemos leer:

«Me levanté y fui al valle y he aquí que la gloria del Eterno apareció allí, cerca del río Kebar, tal como jamás la había visto».

 

El Kebar es la aorta; el sentido de esta palabra está por tanto claro para nosotros. Si la busca, se dará cuenta de que encontrará a menudo esta misma imagen. En otro pasaje del Libro de Ezequiel se habla del valle de los huesos. Descendiendo por este valle, el profeta ve que la verdadera vida está allí totalmente muerta y que ella puede volver a manifestarse allí por medio de la fuerza divina.

El espíritu del valle no muere jamás. Todos los que tienen en ellos un capullo de rosa, un átomo original, llevan en sí la inmortalidad. El espíritu del valle es un espíritu séptuple, así como el átomo original es también séptuple.

La Enseñanza universal nos dice que el corazón es el órgano más importante del cuerpo. Se puede decir que el corazón es «el señor del cuerpo». Con ciertos cuidados, el corazón tiene la capacidad de vivir todavía un cierto tiempo tras la muerte de la personalidad, y el punto del corazón que muere el último es la sede de la vida. Debemos considerar esta muerte como la retirada de algo inmortal. La sede de la vida es el «espíritu del valle».

Este átomo original, este capullo de rosa, esta sede de la vida verdadera, encierra el poder del pensamiento, la vida, la energía y la voluntad; irradia los colores ígneos e irisados del prisma. Esto es conocido, generalmente, por los iniciados y resulta evidente que en un ser, en el capullo de rosa esta efectivamente abierto, se ve, en la radiación de la rosa, la profundidad del resplandor irisado y la potencia luminosa.

En este caso, Dios, el espíritu del valle, le habla. Hablar con Dios en el valle implica una unión con el campo magnético gnóstico, una unión con el nuevo campo de vida, y radiaciones ardientes e irisadas del prisma, que abrazan a todo el microcos­mos, expresan la existencia y la fuerza de la Gnosis en el hombre. Es la palabra que Dios dirige interiormente al hombre dialéctico. Y esta palabra, estas radiaciones explican el completo cambio transfigurístico.

La curación proviene del trabajo que se efectúa en la sede de la verdadera vida, y la razón por la que se habla de Madre mística en el Tao Te King es por consiguiente evidente. Al igual que la madre engendra al niño, el hombre nuevo surge de la sede de la vida. La puerta de la Madre mística es la fuente de toda realidad.

El nuevo pensamiento, la nueva vida, la nueva energía vital y la nueva voluntad deben nacer en el corazón. Toda vida pretendidamente nueva, generada por el santuario de la cabeza, no podría ser ni renovada ni liberadora. Comprende lo que usted piensa, quiere, formula y concibe de manera habitual, posiblemen­te con las mejores intenciones del mundo, proviene de la fuente ordinaria del yo. En el corazón descubrimos al único Dios que se nos manifiesta, según las palabras de Jesús el Señor: «El Reino de Dios está dentro de vosotros». Así pues, el corazón debe vencer a la cabeza, como nos lo enseña la escuela continuamente.

Si toma otro camino, el camino opuesto, seguirá la vía del ocultismo, se fijará a la rueda del nacimiento y de la muerte. Por ello la conciencia de la naturaleza ordinaria debe abandonar­se al Dios manifestado en nosotros, a la Madre mística.

 

 

 

 

Jesús dijo: «Yo estoy en la puerta y llamo». Esta puerta se encuentra en el valle de la vida, en el santuario del corazón. Quien no quiere abrir esta puerta se encadena a la naturaleza y Dios no puede hablarle en el valle.

El alumno que entra por esta puerta única, la puerta de la Madre mística, descubre no solamente que la fuente de la realidad se encuentra tras esta puerta, sino también que la manifestación que se inicia aquí durará eternamente. De lo que evidentemente extrae conclusiones irrefutables.

Algunas personas dan al concepto de «eternidad» el signifi­cado de duración sin fin; por consiguiente esto sería un estado del tiempo. Pero quien franquea la puerta de la Madre mística es liberado del espacio-tiempo, entrando en un campo de radiaciones electromagnéti­cas completamente diferentes, en un campo de vida totalmente distinto.

 

Es necesario que comprenda que usted tiene, en si mismo, el inmortal «espíritu del valle», que no le abandonará mientras usted yerre en el espacio-tiempo. Es Dios cautivo, Prometeo encadenado. Dios en usted quiere llegar a ser la Madre mística. Y, ahora, usted sabe que la puerta que le conduce a ella es la fuente de toda realidad y la liberación eterna del espacio-tiempo.

El espíritu del valle le habla; contiene en él el poder mental, la vida, la energía y la voluntad. Su orden es perfecto y le habla desde el fondo de su prisión, como la esfinge al joven príncipe Tutmés: «Mírame, hijo mío, y ve mis cadenas». Despierta en usted la angustia de la falta, la angustia de la miseria de su existencia.

La voz de la conciencia emana del corazón; es la voz del espíritu del valle. Y ahora no hay más que una sola incitación, una única posibilidad de que esté en su sitio -la cual le es transmitida por el Tao Te King: Siga este río de vida y no tendrá ninguna necesidad de inquietarse.

¿Comprende estas palabras, liberadoras por excelencia? Si quiere comprenderlas, siga con nosotros el itinerario que conduce al fondo del corazón, «el señor del cuerpo», y que su yo biológico, su yo animal se rinda a la vida que mora en el valle. En él fluye un río de vida, una corriente de fuego irisado que presenta todos los colores, pero de un neto resplandor azul-oro. Arrójese a esa corriente en total auto-rendición. Que el ser divino, y no el yo animal, hable en usted y gobierne el microcos­mos. Entonces no tendrá ninguna necesidad de inquietarse.

Considere que, en su personalidad, existen dos órganos de conciencia directores, un órgano que usted conoce y que le hace decir «yo», y un órgano mucho más poderoso que usted no conoce. Es a este segundo yo, al alma, al alter ego, al que debe transmitir ahora la dirección.

 

Puede hacerlo. Y si lo hace, ya no tendrá necesidad de inquietarse. Todas estas agotadoras tensiones, esta corriente de sufrimientos y miserias le resbala; sus problemas se resuelven de una u otra manera. Usted, el yo nacido de la naturaleza, no tiene ya necesidad de inquietarse pues el Otro se activa en usted.

No vean esto como una incitación a la pereza o a dejarse llevar, no lo tome en sentido negativo sino en el de las palabras del Sermón de la Montaña: «Buscar primero el Reino de Dios» -que está en vosotros- «y todo lo demás os será dado por añadidura» Usted vivirá y experimentará la vida de una manera nueva; estará en el mundo pero ya no será de este mundo.

Por la puerta de la Madre mística encontrará una nueva realidad, entrará y pertenecerá a la nueva raza, la raza del pueblo de Dios.

 

 

 

 

El macrocosmos dura eternamente. Tiene el poder de hacerlo porque no vive para si    mismo.

Por ello el sabio se coloca detrás del Otro, y se hace uno con el primero.

Se desliga de su cuerpo; y así justamente conserva su cuerpo.

Lo hace porque no conoce el egoísmo.

Y su falta de egoísmo favorece sus propios intereses.

 

 

 

 

 

Tao Te King, capítulo 7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  7

 

EL MACROCOSMOS DURA ETERNAMENTE

 

 

 

El macrocosmos, la manifestación universal, dura eternamente. Quizás cada fenómeno está sometido a cambios y modificaciones, pero éstos no conllevan jamás el regreso al punto de partida. En él nada vuelve a comenzar desde el inicio, como en el mundo dialéctico. La manifestación universal avanza, evoluciona. Cada cambio representa un progreso, una mejora, la ascensión de un peldaño que conduce a un universo superior, a un universo más amplio. Sólo en la eternidad existe la evolución.

Aquí opera, manifiestamente, una ley desconocida por nosotros, que no gira en redondo sino que se eleva en espiral. Una ley natural establece un orden, determina un conjunto de aspectos y de actividades. Cuando se estudia este orden, cuando se conoce el conjunto de los diferentes procesos y cuando se suscribe, este orden vive y se vuelve activo. Si se entra en este orden y se obedece su ley, se participa en esta nueva ley y se suprime el sistema regido por la antigua ley.

Si lo comprende, está claro que se puede pasar, de un estado de ser determinado por una ley natural y su orden, a otro estado determinado por otra ley; que es posible, por tanto, experimentar existencialmente, en una fracción de segundo, la eternidad en el tiempo. Es pasar del espacio-tiempo a la eternidad.

 

Cuando alguien lo experimenta en su vida, ahora por ejemplo, en ese mismo instante se ocasionan, naturalmente, consecuencias. En efecto, a cada reino le corresponden vehículos y fenómenos particulares. Los vehículos del espacio-tiempo son diferentes de los de la eternidad. Dicho de otro modo, se puede pertenecer inmediatamen­te al nuevo reino, pero resulta evidente que se acompaña de una necesaria transfiguración, de un nuevo nacimien­to.

 

La transfiguración sólo es posible si se pertenece al reino de una nueva naturaleza. Lo que se realiza en primer lugar no es la transfiguración seguida de la participación de la eternidad, sino la unión con el nuevo reino seguida por el gran cambio. Si tiene algunas nociones científicas, lo comprenderá.

Por si fuera difícil concebirlo, abordaremos el siguiente punto planteando esta pregunta: ¿Por qué estos dos reinos, el reino dialéctico y el Reino de Dios, difieren entre sí? ¿Por qué la ley de uno le hace volver incesantemente a su punto de partida, por tanto le hace girar en redondo sin remisión, mientras que la ley del otro significa progreso y ascensión, de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia?

Usted puede naturalmente responder: «Porque nuestro reino está separado de la Gnosis». Pero diciendo esto, designa la consecuencia y no la causa. Pues la causa es, en concreto, la orientación de la conciencia. La conciencia está orientada diferentemente en los dos reinos. Lao Tsé lo expresa diciendo que la eternidad no vive para sí misma.

Quizás diréis: <<Oh, conozco esto; ¡vivo para mi familia, para mi ideal, me sacrifico enteramente!>> Esta manera de <<no vivir para sí>> es muy bella y muy honorable, pero es una imitación por el yo animal de la orientación de la conciencia de la que habla Lao Tsé. El yo animal es una conciencia egocéntrica, un <<yo soy>> de naturaleza muy particular, capaz, si está cultivado, de imitar completamente la belleza, la bondad y el amor. Pero sabéis que, ahí, lo bello denota la existencia de lo feo, lo bueno, la existencia de lo malo y el amor, la existencia del odio.

Es una situación muy extraña bajo numerosos aspectos, pues el yo animal puede efectivamente querer ser bueno, querer ser divino, en numerosísimos casos.

Por así decirlo tiene esa tendencia innata. ¿De donde viene el que no pueda llegar a ello? ¿De donde viene el que no pueda transformar el espacio-tiempo en eternidad, incluso si el ocultista piensa que ello es posible?.

El yo animal, es el hombre formado de órganos, que posee un organismo. La personalidad es un organismo, sois un vehículo humano, a distinguir del hombre divino. ¿Que es un organismo humano? Es un ser mecánico dirigido por una inteligencia superior, mientras que el organismo posee a su vez una inteligen­cia mecánica.

El organismo humano, la personalidad ordinaria, el vehículo humano utiliza la fuerza y actúa humanamente, y eventualmente divinamente, en razón de su poder de imitación y de su origen. Se da la vuelta como un loco, se entusiasma bajo la influencia de la ley que le rige, volviendo después sin cesar a su punto de partida.

De la misma manera que el motor de un automóvil posee una inteligencia que funciona mecánicamente y, una vez puesto en marcha, continua funcionando, pero que solo puede ejecutar su tarea si una inteligencia superior le dirige tras el volante, de la misma manera la personalidad, y su inteligencia animal, solo es útil si el dios en ella, el centro de la vida superior situado en el corazón, toma la dirección.

 

Si este no es el caso, el organismo humano, el vehículo humano es abandonado a sí mismo con todas las consecuen­cias que ello implica.

El organismo humano puede mantenerse sin cesar gracias al proceso dialéctico de conservación; sin embargo si el verdadero conductor no toma en su mano la dirección, todo va de mal en peor, el hombre natural sufre numerosas degeneraciones y sigue un camino de sufrimientos en un reino que no es el suyo. El vehículo humano ya no es ni la sombra de lo que era antaño. El hombre natural piensa ser el hombre verdadero y cree poder alcanzar el estado de hombre verdadero. Se golpea el pecho diciéndose: <<Yo soy esto, hago esto, quiero esto>>. Continuamen­te está haciendo ensayos e imitaciones.

Si os tomáis el tiempo de estudiar lo que intentamos explicaros aquí, encontraréis la confirmación de ello en la Biblia, en la Enseñanza universal, en las leyendas, en los cuentos, relatos, etc. El vehículo humano conoce una génesis, un comienzo y una caída; de manera presuntuosa y terca, se ha alejado de su Dios. El organismo humano solo tiene una necesidad: conservarse a sí mismo. El instinto de conservación es su impulsión biológica. Vive de corrupción y de muerte.

 

El pobre diablo está bien obligado a ello en razón de su existencia. Debe vivir para sí mismo. Es su destino, de otra manera desaparecería.  Está en peligro. Su existencia no es segura.; debe mantenerse a sí mismo según su naturaleza. Pensar aquí en la maldición de que fue objeto en el paraíso.

Existen pueblos y razas que han elevado a la altura de virtud la actitud que resume la máxima: <<¡Come para no ser comido!>>. ¡Es evidente que practican la manera fuerte para llegar a sus fines! Ahora bien si pensáis y vivís así estáis en el mal camino.

La personalidad, el vehículo humano, era al comienzo un instrumento creado para dar a una inteligencia directora los medios de experimentar, de perfeccionar el universo, de servir a la Gnosis. Esta inteligencia directora es el hombre verdadero, el dios único. Pero este instrumento se ha entusiasmado y se da el nombre de hombre.

 

La conciencia del vehículo proviene de un rayo de la conciencia interior divina. El hombre divino verdadero no vive para sí mismo, no busca conservarse a sí mismo, no vive en el peligro, la necesidad, no tiene que vivir para sí mismo. Está sometido a la ley de otra naturaleza y posee una conciencia de eternidad. Es existencialmente uno con el universo, con la manifestación universal, está sustentado por el prâna de vida.

Se podría preguntar: <<¿La creación del hombre-personalidad es imputable al dios único?>> Pero esta cuestión es inútil, el hombre existe. Hay un dios, un hombre verdadero y una personali­dad que posee una conciencia, un yo.

 

¿Que va a pasar ahora para esta clase de seres dobles a la que pertenecéis?

 

Admitamos que las vicisitudes de la vida os hayan hecho juiciosos y que por lo tanto os hayáis vuelto un sabio. ¿Que tenéis que hacer ahora? El sabio se coloca en segundo lugar tras el Otro, el dios único en él y, en tanto que criatura, se somete a este dios. Desaparece en perfecta rendición de sí mismo en el valle de la vida.

 

¿Que ocurre entonces? Se fusiona con el primero, con lo superior, con el maestro del universo, y llega a una maravillosa serenidad. Se libera de su cuerpo, de su personalidad. La bestia se retira. ¿Y que pasa a continuación? La personalidad, en tanto que instrumento, es entonces conserva­da. Ella transfigura. ¿Como? Muy bien, siempre bien, bajo la dirección de Dios. ¿Pero puede ocurrir que la personalidad se vuelva superflua?. Se ha separado de la rueda, ha vuelto a su creador, a su Dios, se ha absorbido en la eternidad.

Y porque decís adiós al egoísmo animal, los verdaderos intereses del ser verdadero de este hombre divino son favoreci­dos. Se realizan. Thoutmes y la Esfinge son unidos.

Si comprendéis así el séptimo capítulo del Tao Te King, podéis alzar los hombros y reíros de los sabios sinólogos que quieren endosar a Lao Tseu sus concepciones con sus traducciones. Ser modesto, ceder con elegancia, pero finalmente llegar a su objetivo.

 

 

 

 

El justo comportamiento es parecido al agua.

 

El agua está por todas partes y permanece en todos los lugares.

 

Ella está también en los lugares despreciables de los hombres.

 

He aquí porque el sabio se acerca a Tao.

 

Ocupa el justo lugar. Su corazón es profundo como un abismo. Su amor es perfecto. Se mantiene en la verdad, realiza la verdad. Llamado a gobernar, mantiene el orden.

 

Actúa bien. Pasa a la acción en el momento justo.

Como no discute y no lucha, nada podría serle reprochado.

 

 

 

 

 

Tao Te King, capítulo 8

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  8

 

EL CORAZÓN DEL SABIO ES PROFUNDO COMO UN ABISMO

 

 

 

Evidentemente comprenderéis porque se dice en el octavo capítulo del Tao Te King que, para el hombre-personalidad que busca la liberación y la salvación, el justo comportamiento es comparable al agua. El agua es un símbolo universal y sublime para designar las radiaciones de fuerza de la vida nueva.

 

De la misma manera que el hombre-personalidad se encuentra enteramente en el campo de radiación electromagnética de la naturaleza dialéctica, de la misma manera el alumno que ha adquirido la unión liberadora con el espíritu del valle, con el dios en él, por la rendición del yo, entra en el nuevo campo de radiación electromagnética y vive en ella enteramente.

Verdaderamente es el Agua viva la que es derramada sobre él y llena todos los aspectos de su existencia. En esta nueva corriente de fuerza se vuelve una nueva creación, una nueva criatura. Pasa por una nueva génesis, un nuevo comienzo.

 

Y de la misma manera que, en la primera Génesis, <<el espíritu de Dios se movía por encima de las aguas>> y que creó un firmamento separando <<las aguas que están encima de las aguas que están debajo>>, de la misma mane­ra el candidato dispone de un nuevo firmamento desde el que el agua viva se vierte sobre él, es decir, de una nueva lípika, de un nuevo sistema magnético, por el que adquiere una nueva conciencia, una conciencia completamen­te diferente. Es de nuevo animado por su Dios único, el autor de su salvación.

Si, del campo particular del microcosmos, dirigís vuestra atención sobre el cosmos y el macrocosmos, descubriréis que las mismas actividades tienen allí lugar. Es evidente que el dios en nosotros, el hombre divino verdadero, el verdadero centro de nuestra vida en el santuario del corazón, no está separado de los otros hombres-dioses.

 

Estos existen en otra naturaleza. De la misma manera que esta última sufre la naturaleza de la muerte y conoce y conoce el universo de la muerte, comprender por analogía que existe también una naturaleza de la vida, un universo divino, un universo absolutamente diferente. La sustancia que constituye la vida y la radiación de este universo divino es realmente el Agua Viva, la pura sustancia original divina.

Este universo divino, esta sustancia original divina considerada en el espacio-tiempo no está alejada de nosotros, ella está aquí presente y lo penetra todo, ella está más cerca que las manos y los pies. El Agua viva está por todas partes y mora en todos los lugares. Está también en los lugares desprecia­dos por los hombres. El sabio lo sabía, y por ello dice en el salmo 139 tan conocido:

 

Si subiere a los cielos, allí estas tú;

Si bajare a la morada de los muertos, allí estas presente;

Si tomara las alas de la aurora y quisiera habitar al extremo del mar, también allí me tomaría tu mano y me tendría tu diestra.

 

Si dijere: <<Ciertamente las tinieblas me envuelven y sea la noche luz en torno mío>>, tampoco las tinieblas son oscuras para ti, y la noche luciría como el día, pues las tinieblas son como la luz.

 

Os hemos hablado del objetivo de la Rosacruz y os invitamos a él. Tomamos ahora por guía el lenguaje de los ancianos, las palabras del Tao Te King, pero nuestra acción entre vosotros no puede ser más actual. Ella es tan moderna como clásica.

Pues ¿que os proponemos?. Nada menos que el uniros de nuevo al Otro divino en vosotros. Os invitamos a concluir un matrimonio, a celebrar unas bodas espirituales con el espíritu del valle, el espíritu del átomo original, la rosa. ¿Es diferente a las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz descritas por Johann Valentín Andreae?

 

El capullo de rosa en el santuario del corazón, la sede de la verdadera vida, el espíritu del valle, he aquí a vuestro esposo, o a vuestra esposa. Sin consideración de sexo, os dirige, según las palabras del Apocalipsis, capítulo 22, estas palabras puramente rosicrucianas:

 

El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven!

Y aquel que tenga sed venga.

Y aquel que lo quiera tome el agua de la vida gratuitamente.

 

¡Gratuitamente! ¡Pero la condición es tener sed! Vuestra alma, sin experiencias, en la angustia y la muerte, debe tener sed. Es el deseo de salvación. <<Mi alma tiene sed de ti>>, se dice en el salmo 63.

Pensar aquí en Isaías en el capítulo 55: <<¡Oh vosotros los sedientos, venid a las aguas, aún los que no tenéis dinero! Venid, comprad y comed; venid, comprar sin dinero, sin pagar vino y leche. ¿A que gastar vuestro dinero no en pan y vuestro trabajo no en hartura? Escucharme y comeréis lo bueno y os deleitaréis con manjares suculentos. Dadme oídos y venid a mi, escuchadme y vivirá vuestra alma, y haré con vosotros un pacto sempiterno …

 

En vez de los espinos crecerá el ciprés; en vez de las ortigas, el mirto…>> ¡Bella y maravillosa metáfora!

 

Entre vosotros y el espíritu del valle, entre vosotros y el dios en vosotros no podría haber ningún sacerdote ni ninguna escuela espiritual. Debéis establecer esta unión vosotros mismos, por vuestra propia autoridad, y lo que la Escuela debe hacer por vosotros, ella lo hace. La Escuela posee un campo de fuerza donde el agua viva mana profusamente para reforzar la llamada de vuestro propio dios: <<Tiende hacia mi tu oreja>>

 

La Escuela se esfuerza por guiar vuestro yo animal. Ella quiere haceros abandonar los caminos del vagabundeo y conduciros hacia la única felicidad. En unidad de grupo, en tanto que Cuerpo Vivo, es una ayuda mágica poderosa para alcanzar el objetivo. Si ahora estáis maduros y fatigados de luchar, tomad esta alegría en total libertad. En este caso, la corriente de Agua viva se verterá al instante sobre vosotros.

 

Entonces os volveréis sabios, tan sabios que vuestra gloria podrá consolar y calentar a muchos otros. Al servicio de la Fraternidad, os volveréis una luz en el camino para que todos los errantes y los solitarios encuentren a su Señor. Así es como el sabio se aproxima a Tao.

 

El octavo capítulo describe a continuación más completamente el comportamiento de quien ha establecido una unión parecida. Se podría hablar del comportamiento de quien recibe el Agua viva:

El sabio ocupa el justo lugar

 

Unido a la verdad, está siempre orientado sobre el objetivo y siempre en el justo lugar. El sabio es el verdadero hermano, la verdadera hermana; estar en el lugar justo quiere decir también que un servidor tal aparece siempre en el buen momento en la vida del buscador para testimoniar de la verdad, ni demasiado pronto, ni demasiado tarde, siempre justo a tiempo.

Puede que anteriormente hayáis escuchado una palabra liberadora sin que la fuerza se hiciera sentir en vosotros. Ella estaba destinada entonces a otro que la escuchaba verdadera­mente interiormente. Pero pronto o tarde la escucharéis como debe serlo. Entonces reconoceréis al servidor, vuestro servidor, en el justo momento. El se mantiene, él está, en el justo lugar, ocupa el justo lugar y vosotros podéis entrar en el templo como un huésped bienvenido.

 

El corazón del sabio es profundo como un abismo

 

Ello significa que tiene una comprensión cada vez más profunda de las personas en estado de pecado y de su miseria inconmensura­ble, comprensión llena de una compasión y de un amor insondables. Ello no quiere decir que el servidor de la Fraternidad sea un confesor, en el corazón del cual todo mortal lanza aquello de lo que quiere desembarazarse como en un vertedero; que se siente tranquilamente para escuchar la historia de vuestra vida, la vida de un alma mortal. Pues todas las vidas tienen exactamente la misma historia.

 

Quizás los detalles difieren pero el comienzo y el fin del relato de vuestra vida son perfectamente parecidos a los de los otros. No, el corazón insondable del sabio sabe que el hijo de los hombres llegado al valle del corazón para reencontrar allí al espíritu del valle deja de ser un robot. Por ello no juzga a un mortal según su registro de antecedentes penales o por la lista de sus pecados, sino según su sed verdadera.

Aquel que tiene sed recibe el agua de la vida gratuitamente. Es una ley magnética. La característica de aquel que es puro es un corazón de una profundidad insondable. Así pues su amor es perfecto. Es un amor que emana del nuevo campo de radiación, que hunde en él sus raíces. Es un amor que no engendra ni odio ni venganza.

 

Es un amor que, desde tiempos inmemoriales, acompaña por todas partes al hombre caído y no lo abandona jamás, para salvar lo que está perdido. Si lo rechazáis hoy y durante miles de años, os daréis cuenta un día con aflicción que este mismo amor os ha esperado todo este tiempo. Entonces escucharéis la llamada: <<Venir a mi, vosotros que estáis fatigados y cargados, y yo os daré el reposo>>.

 

El sabio se mantiene en la verdad, él realiza la verdad

 

Es perfectamente comprensible que el sabio se mantenga en la verdad y viva en ella. La verdad es un campo de vida. Pero ¿comprendéis que no es posible para un hombre dialéctico ser verdadero, que su verdad es siempre mentira? Como lo feo es la prueba de que la belleza es solo apariencia, y que el bien y el amor son rápidamente reemplazados por su contrario, ocurre lo mismo para lo que habitualmente llamamos la verdad.

 

Encontraréis que ciertos hombres son verdaderos e íntegros, desgraciadamente ello solo quiere decir que ellos se esfuerzan por ser verdaderos e íntegros, que no mienten consciente y voluntariamente. Esta verdad no está fundada ni sobre la Gnosis, ni sobre la manifesta­ción universal, ni sobre el dios que está en nosotros. Por ello es especulativa y parcial; suscita confusión, disputa y conflic­to. Esta verdad que sostenemos con violencia puede entrañar los peores disgustos y aparecérsenos mañana como una contra-verdad.

Pero aquel que está al abrigo en la Gnosis se mantiene en la verdad divina. Es una vibración, un estado de ser en el que el sabio vive. ¿Trae esta verdad al mundo tenebroso? En un cierto sentido solamente. El vibra en esta verdad, la irradia.

Si sois un buscador de la verdad en el sentido como lo entiende la Rosacruz, un día, buscando a Tao, experimentaréis la radiación de esta verdad y la reconoceréis. Para comenzar, será verdaderamente posible hablaros. En cuanto al resto, no penséis que el sabio vaya a discutir con vosotros de la verdad. Cuando parezca que un hombre no sea capaz, o no todavía, de comprender la radiación de la verdad, en ningún caso se discutirá de ello con él. El sabio entonces se retira y crea un vacío.

 

Llamado a gobernar, mantiene el orden.

 

Representaros así esta idea: él vive según el orden del campo vivo de la verdad viva. Es un servidor de la Fraternidad y su servicio consiste en reunir a los buscadores. Para tener éxito, es necesario que cree un cierto orden en su campo de fuerza; trabaja siguiendo un sistema susceptible de ser discutido y razonado, sistema fundado sobre el amor, la verdad, la Gnosis y las leyes del Espíritu de la Fraternidad.

Todos aquellos que buscan son los bienvenidos, pero también hay seres que actúan contra este orden, pues fundamentalmente se oponen a él.

 

Entonces se puede tratar de ayudarlos y de corregir­los, sin embargo si resulta que aún no les es posible comprender la radiación del campo de la verdad viva, son dejados por el momento, y el amor esperará que hayan avanzado suficientemente para poder dar un paso más. Dicho de otra manera, no se podría infringir un orden irresistible: ¡Es todo o nada!

 

El sabio actúa bien. Pasa a la acción en el momento justo.

 

Estas virtudes no deben sorprendernos. Quien ya no se encuentra en el estado de conciencia-robot, sino que participa en la conciencia de la Gnosis, adquiere un nuevo principio de acción sintonizado en todos los detalles a la naturaleza y a la esencia del santo trabajo, a Tao.

Para acercároslo un poco, aclaremos este estado de ser a la luz de las palabras de Pablo, así comprenderéis mejor estos dones de la gracia. Pablo declara, en diferentes lugares de sus Epístolas, que su intención no es ciertamente glorificarse: <<No soy yo, sino Cristo en mi.>>

Así pues hemos lanzado alguna luz sobre el comportamiento del sabio que sigue el camino de la liberación. Nuestra oración cotidiana es que vosotros también podáis seguir este camino.

 

Ve el camino -Tao

Recorre el camino -Te

Comprende el camino -King

 

 

 

 

 

 

 

No toques el vaso lleno.

 

No toques el filo de la espada.

 

No busques conservar la habitación llena de oro y piedras preciosas.

 

El que está orgulloso de sus riquezas va al encuentro de su propia ruina.

 

La norma del cielo es retirarse después de acabar la obra y de haber adquirido renombre.

 

 

 

                                      Tao Té King, capítulo 9

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  9

NO TOQUES EL VASO LLENO

 

 

La traducción del noveno capítulo del Tao Te King presenta evidentemente grandes dificultades para los sinólogos.

La causa es que les falta la llave de la comprensión para penetrar la verdadera intención de las palabras de Lao Tsé.

Leemos en la traducción: «Antes de llevar a dos manos un vaso lleno, más vale no llevar nada». Naturalmente esto no tiene ningún sentido si admitimos que se trata aquí de un recipiente lleno de agua. Los antiguos no disponían  de agua corriente. Se tenía pues gran necesidad de un recipiente lleno, naturalmente se transportaba, esforzándose por no derramar el precioso líquido. Otro traductor piensa en este derramamiento traduciendo: «El que llena un vaso hasta el borde y va a llevarlo con las dos manos se le derramará».

Ustedes comprenden, después de la lectura de los capítulos precedentes, que Lao Tsé lo enfocaba de otra manera. Para los traductores la dificultad proviene del hecho de que el Tao Te King, es en realidad intraducible. La obra está escrita en antiguos caracteres chinos y éstos no son de significado fijo como las letras, que unidas, forman claramente una palabra, la cual representa una cosa precisa. Piense por ejemplo en la palabra «árbol».

 

Un autor escribirá: «Yo veo un árbol». Pero no sabemos qué clase de árbol ve, nosotros sabemos que ve un árbol. Mientras cada carácter de la antigua China, se dice, que tenía, más significados que los caracteres hebraicos, los cuales, por ejemplo, tenían al menos siete.

Y en la China todos podían crear personalmente, sin dificultad, un carácter trazando un signo sobre el pergamino de seda con su pincel. Se podía decir simplemente que la escritura China no era de forma bien determinada, ni metódica, si no que era una especie de escritura cifrada.

 

Pero en la práctica con el desarrollo de la civilización y bajo la presión de los cambios incesantes, se tomó el hábito de escribir muchas cosas y nociones, con los mismos caracteres, simplemente para establecer contacto por carta si no se podía hacer verbalmente. Mientras que los corresponsales debían distinguir perfectamente los caracteres unos de otros.

 

La escritura China está formada por un gran número de palabras, pero muchas de ellas son indescifrables. De ello se deduce que la unión entre ciertas frases se ha perdido. La lengua de la antigua Biblia China no está destinada a un eventual sinólogo que quisiera traducir el Tao Te King.

 

Todas las traducciones difieren desesperadamente unas de otras y no puede ser de otro modo. La obra se dirige exclusivamente  a los alumnos en el camino de la Transfiguración y el autor del Tao Te King sabía con absoluta certeza, hace miles de años, que un servidor de la Fraternidad, aún siendo un principiante, podría leer su obra mucho más tarde sin dificultad.

¿Cómo es esto posible?, preguntaría usted, «¡Pues usted no conoce el Chino y, si lo conociese, se encontraría ante las mismas dificultades que los sinólogos!» La respuesta es muy simple. Desde siempre la Fraternidad Universal realiza la llamada, bien de palabra o por escrito, hacia el poder imaginativo de la conciencia del lector que es digno.

 

Cada punto y aparte de este lenguaje contiene una clave. Si el lector capta la clave, el sentido del aforismo brota de él mismo. Si no, él no comprende nada y la traducción es imposible, incluso para los más grandes sabios de todos los tiempos. Aquí también se aplica la palabra evangélica: «Lo que está oculto a los sabios y a los inteligentes de este mundo, es revelado a los Hijos de Dios.» (Mateo 11:2)

Y bien, fuera de toda pretensión, nosotros creemos poder decir: «Nosotros somos los Hijos de Dios». ¡Y ustedes lo son también! Ustedes poseen también esta filiación. Unos puede ser que sean más conscientes que otros, pero somos semejantes y la perfección nos espera a todos. Probemos pues juntos a buscar la llave del noveno capítulo, guiados en ello por nuestra filiación divina.

Observen que en la primera estrofa se trata de un vaso lleno, un recipiente lleno. Todos los traductores están de acuerdo en eso y sobre el hecho de que hay algunas cosas que deben absoluta­mente evitarse con este vaso lleno.

¿Qué hay en el vaso? Agua, naturalmente. Uno declara pues: «Cuidado de no derramarla»-«Claro, dice otro, ese vaso es pesado y es preferible no llevarlo»-«Es muy posible, dice un tercero, pero hay que tener el vaso y el agua también»

«Naturalmente no se debe derramar el líquido, es comprensible, pero en mi opinión Lao Tsé ha querido decir que no se puede sostener el vaso y llenarlo simultáneamente. Es posible en nuestra época puesto que no hay más que abrir el grifo, pero los antiguos no tenían agua corriente»-«Si, pero a lo mejor había precipita­ciones».

Podríamos seguir así, mucho tiempo, ¿Qué sentido tiene? Ninguno, ¡porque pasamos delante de la clave sin verla! Sin embargo el poder imaginativo de su conciencia les ha dado a ustedes esta llave desde hace tiempo, porque el recipiente, ese vaso lleno les es bien conocido.

Tenemos aquí ante nuestros ojos uno de los antiguos símbolos de los Rosacruces del siglo XVII. Un anciano un sabio de blancos cabellos, está sentado en la habitación de una torre. Tres escalones conducen a ella, «los peldaños de la sabiduría».

 

Si subimos estos tres peldaños y entramos en la cámara de la torre vemos que a cada lado de la entrada hay una columna. Nuestra atención es atraída por una sentencia grabada sobre la columna de la derecha: «Mantente junto al vaso para testimoniar sus colores».

Y en Isaías capítulo 52: «¡Partid, partid, salid de ahí!¡No toquéis nada impuro, salid de en medio de ella y purificaos, vosotros que lleváis los vasos del Eterno!»

En los Hechos de los Apóstoles Capítulo X se trata de un receptáculo impuro que desciende del cielo y en la 2ª Epístola a Timoteo, Pablo dice: «El que se conserva puro será un vaso de honor, santificado y útil al Señor» (Timoteo 2: 21). Y pensamos en las numerosas leyendas simbólicas sobre el Grial, en el cáliz abierto, estilizado en forma de flor de lys, y oímos a Lao Tsé decir: No toques el vaso lleno.

¡He aquí la clave, ustedes lo saben! El Hijo de Dios posee un vaso lleno, la Rosa de siete pétalos, la copa del Grial del Corazón. El Hijo de Dios, es pues por tanto Hijo de Dios porque posee esta Santa Copa. Ella representa el Reino de Dios en nosotros. El átomo original contiene un universo. El Universo entero está encerrado en él.

Ahora bien, la naturaleza dialéctica es extremadamente peligrosa para el átomo original. El Hijo de Dios no es su yo, su concien­cia dialéctica no tiene nada que ver con él. Su yo es una conciencia robot, incapaz de liberación. Usted proviene de un microcosmos que contiene al ser divino. Y el Tao Te King le dice: «¡Quiera, se lo ruego, no tocar con sus manos ese vaso lleno!».

 

Esta copa del Grial está llena de la sangre del cordero. La pura Agua Viva. Nada de lo que pertenece a la naturaleza impía, debe ni puede acercarse a ella. Acepte usted permanecer apartado, en rendición de sí mismo absoluta. No diga usted: «Yo soy un hijo de Dios», apoyándose en el yo. Usted solamente está muy cerca. El Hijo de Dios está con usted en el mismo microcosmos. El otro estaba mucho antes que usted.

Está con usted, y será después de usted. Si usted disminuye, ese Otro crecerá. Acepte pues, no tocar el vaso lleno del Señor. Usted en su ilusión mística u oculta, no toque el vaso sagrado. Esta copa del Grial contiene el Vino del Señor, y este Vino, esta Agua Viva, debe tocarle, debe saciar su sed. Esta fuerza debe descender en su alma como una espada.

Lao Tsé dice, en el mismo lenguaje imaginario. No toques el filo de la espada. No le quite su fuerza con sus manos impías y no diga usted: de esta forma la espada descenderá en mí bajo mi dirección. Vacíe el cáliz que el Cristo interior le tiende, acéptelo con alegría.

¿No ha leído usted nunca u oído decir que la copa del Grial había sido depositada en un templo de una prodigiosa belleza, por los maestros del Grial? ¿Es un santuario lleno de oro y piedras  preciosas? ¿Y que este santuario de la rosa maravillosa estaba lleno de las riquezas más espléndidas y más nobles que se pueda imaginar?

Este santuario está en su microcosmos. «Regocijaos y estad en la alegría, el Reino de los Cielos está en el interior de vosotros», la Nueva Jerusalén de las doce puertas.

Vea ahora el enorme peligro, la locura del instinto de posesión egocéntrico. ¿Quiere usted conservar esta sala llena de oro y de piedras preciosas? Místico, ocultista, ¿se glorificaría usted de su posesión? En ese caso va usted al encuentro de la desdicha de la rueda que gira indefinidamente, porque la nueva ciudad de puertas de perlas no desciende a menos que la antigua ciudad haya desaparecido.

Vea ante usted el camino, el camino del cielo. Cuando el tiempo ha llegado y su trabajo de preparación está terminado, su nombre nuevo es inscrito en el Libro de la Vida, y usted y toda su alma dialéctica, deben retirarse según la sublime palabra de Juan, clave del camino liberador: «EL, el Otro, debe crecer y yo, debo menguar», la espada del maestro del Grial clavada en el alma y su cáliz vaciado hasta la última gota, a fin de que la ciudad santa descienda del cielo junto a Dios.

Pero volvamos a la cámara de los tesoros de la Rosacruz clásica, donde leemos sobre una columna: » Mantente junto al vaso para dar testimonio de sus colores». Por esta expresión: «Usted, ser-yo, olvidándose, ofreciéndose,  humilde y silencioso, conságrese al Grial interior, a la ciudad de Dios que descenderá un día del cielo».

Si practicamos el justo comportamiento en lo que concierne al «vaso», ocurrirá que a su servicio podremos dar a conocer la palabra santa a los buscadores y a los errantes. Sí, podremos darles a conocer los bellos y serenos colores y facetas, a fin de que los buscadores consolados por estas maravillosas promesas, adquieran la voluntad y el poder de seguir un día el mismo camino.

Las palabras de Isaías, capítulo 52, llaman a todos los portado­res de Chispa de Espíritu, a fin de que digan adiós por la endura, al mundo dialéctica. «Partid de en medio de ella y volveos puros de nuevo vosotros que lleváis los vasos del Señor». Por eso Pablo dice que cuando usted sigue el camino que pasa por el análisis de usted mismo, hace usted posible, gracias a la copa del Grial, el desarrollo del alma nueva, «santificada y útil al Señor».

 

En los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo X, se ve que Pedro experimenta una prueba muy clásica. Ciertas fuerzas de la esfera reflectora le tienden una falsa copa, pero en su contenido, reconoce inmediatamente el peligro y la rechaza. Su decisión es más firme que nunca: permanece junto al vaso del corazón para dar a conocer sus colores. Tal es la señal del Rosacruz, el servidor de la Fraternidad Universal.

 

Permanece junto al vaso del corazón para dar a conocer sus colores. El no se glorifica de ello. El, que se ha hecho inmensamente rico, no está orgulloso de ello, porque: El que está orgulloso de sus riquezas va al encuentro de la desdicha. El orgullo es vanidad, ostentación, el orgullo hace concesiones al egocentrismo. El orgullo apaga el brillo del vaso y lo hace apagado y sin color.

Quien adquiere riquezas para la puesta en práctica de la quíntuple Gnosis Universal, está obligado a llevar a cabo el trabajo.

 

El acceso a los inmensos tesoros de la Vida Universal le es concedido.

Se emplea entonces el plural: «Vosotros que lleváis los vasos del Señor». Descubrimos pues que el Cuerpo Viviente, formado por sus numerosos miembros, recibe los mismos tesoros en su Campo de Fuerza por su magia liberadora. Lo que está en nosotros está al mismo tiempo fuera de nosotros. Las fronteras desaparecen y vivimos en lo Universal, la unidad de lo Universal.

Así la Luz misma es traída a la noche a fin de despertar a los que están sumergidos en ella. Así la luz surge en la noche. Así los elegidos permanecen juntos para dar a conocer los colores de la Luz, colores de matices innumerables.

Pero los que quieren permanecer en la noche son turbados porque no quieren ver los colores del vaso y caen en la confusión. Mas la confusión hace nacer la duda. Dicen: «Dijisteis ayer que era verde y hoy que es azul». No comprendéis que el mar, como el aguamarina, toma múltiples colores sin dejar de ser el mar. Tienen la luz y no tienen todavía ojos para ver.

Sin embargo el trabajo apostólico se prosigue puesto que es necesario dar a conocer los colores del vaso. El trabajo apostólico, que es universal progresa. Se lleva a cabo de igual modo en el brillo del pleno día que en las brumas de la noche. Se mantiene en el vasto campo de la Fraternidad Apostólica y empieza con los 32 que se atreven y se esfuerzan en seguir el camino.

Los habitantes de la noche y los que temen la luz, preguntan burlándose: «¿A dónde vais con vuestra luz apostólica?» y nosotros decimos: «Atención a lo que va a venir, porque igual que un relámpago desgarra la oscuridad y hace estremecerse a los hombres, de igual modo la luz astral divina se manifestará al cuerpo entero como un fuego celeste, por el canal del fuego de la serpiente renovado. El trabajo será realizado y el nuevo nombre formado. Y una vez el trabajo realizado los que lo hayan cumplido se retirarán, abandonando la noche, a la noche».

 

 

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Aquel que somete el yo animal al yo espiritual mantiene su voluntad orientada hacia Tao. No está dividido.

 

Domina su fuerza vital hasta volverla dócil como la de un recién nacido.

 

Vuelve clara y pura su vida interior, así pues está exenta de faltas morales.

 

Gobierna el reino con amor y practica totalmente el Wu Wei.

 

Está en una perfecta quietud mientras que prosigue la apertura y la clausura de puertas.

 

Mientras que su luz penetra por todas partes, puede parecer ignorante.

 

Genera las cosas y las alimenta. Las genera sin poseerlas.

 

Aumenta y multiplica sin esperar recompensa. Reina y no se considera como maestro. Es lo que se llama la misteriosa virtud.

 

 

 

Tao Te King, capítulo 10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  10-I

QUIEN SOMETE AL YO GOBIERNA EL REINO CON AMOR

 

 

La lectura de nuestros comentarios de la sublime sabiduría de Lao Tseu descubre una serie ascendente de revelaciones y de posibili­da­des para todos aquellos que siguen verdaderamente el camino en sentido transfigurístico. Y ahora, el décimo capítulo saca a la luz algunos de los resultados más señalados del camino, resulta­dos que no tienen ninguna relación con el futuro estado de ser del hombre divino, pero que aclaran la situación de aquel o de aquella que, recorriendo el camino y realizando la ley, no por ello están menos en el mundo dialéctico.

 

De hecho el tema de este capítulo es extremadamente importante porque su realización no está lejos de vosotros, e incluso es absolutamente actual para el buscador serio.

Así pues es para nosotros una gran alegría el esbozar para vosotros el tipo de lo que quisiéramos llamar el nuevo hombre-Noé, el hombre que, partiendo de la naturaleza de la muerte, está en camino hacia el nuevo campo de vida, hacia el reino nuevo, que data por tanto del origen. Este hombre está admitido en la nueva raza que no conoce nacionalidades ni fronteras. Navega hacia un futuro nuevo y lleno de alegría en la barca tradicional y sin embargo tan actual. Para hacer camino con nosotros, os pedimos el poner en práctica las lecciones recibidas y el demostrar vuestra calidad de verdadero francmasón.

«Aquel que somete el yo animal al espiritual mantiene su voluntad orientada hacia Tao. No está dividido.»

Por ello debe comenzar el oficio de constructor. Este es el primer paso. Aquel que es incapaz de ello ciertamente no podrá emprender el paso siguiente. En tanto que alumno de tao debéis, en rendición perfecta de vosotros mismos, ofrecer el yo animal al átomo original, al Reino de Dios en vosotros, a la rosa del corazón.

 

Esta es vuestra misión más importante. No por devociones hacia un Dios exterior, con todas las consecuencias naturales, religiosas y ocultas que derivan de ello, sino diciéndole al Dios único en vosotros, al Reino de Dios en vosotros: <<Señor, que tu voluntad se haga.>> Para comenzar el aprendizaje, es necesario hacer como Juan: en el desierto de la vida, enderezar los caminos para su Señor.

Supongamos un instante que realmente lo comprendéis y lo hacéis; que vuestro yo animal sea perfectamente sometido al espiritual. Vuestra personalidad ordinaria sufre entonces notables cambios porque en respuesta a vuestra entrega de vosotros mismos, el vaso, el cáliz del Grial, es derramado sobre vosotros y de él nace un nuevo fuego de la serpiente y una nueva alma.

 

Descubriréis, primeramente, que vuestra voluntad puede permanecer, y permanece, continuamente orientada sobre Tao, sobre el camino. ¿Porque? Por la simple razón de que si la rosa del corazón os dirige y determina el estado de vuestra alma, no es el campo magnético de la naturaleza ordinaria quien actúa en vosotros sino el de la nueva naturaleza.

Si la naturaleza ordinaria determina enteramente vuestra voluntad en tanto que constante mágica, podréis, de tiempo en tiempo, aplicar vuestra voluntad a nuevos y elevados problemas y, impulsado por ella, ejecutar bellas acciones. Sin embargo ella mostrará a veces su verdadera naturaleza y su origen. En consecuen­cia será dividida, luego sufriréis mucho.

 

Aunque pueda elevarse de manera mística o científica, la voluntad ordinaria jamás será liberadora ni para vosotros mismos, ni para otros.

 

Pero cuando la personalidad, el estado del alma, se eleva en la rosa y os dirige el Cristo interior, cuando Jesús está vivo en vosotros, Juan en vosotros es decapitado. Vuestra voluntad se manifiesta entonces en una nueva naturaleza y, sin forzamiento ni especulación ni exaltación, de manera muy natural, ella estará continuamente orientada sobre Tao, día y noche. Desde entonces estaréis siempre en e mundo, pero fundamentalmente ya no seréis de este mundo.

 

«Domina su fuerza vital hasta volverla dócil como la de un recién nacido.»

La fuerza vital se dirige del santuario de la cabeza hacia todos los órganos por los que actúa la personalidad. El hombre tiene necesidad de energía para cada uno de sus actos, y frecuentemente de energía varias veces transformada.

 

Para actuar, frecuentemente debe emplear simultáneamente energías diferentes sobre el plano vibratorio. Pensar en las acciones que exigen de la inteligencia, luego de una actividad mental, de las vibraciones emocionales y de la aplicación de la voluntad. Semejantes actividades son agotado­ras, dañan la personalidad porque ellas fuerzan frecuente­mente al sistema nervioso automático a ejecutar actos censura­bles, a los que tiene aversión.

 

¿Que energía no despilfarra el hombre, no gasta en pura perdida? Y él paga caro por su estado de salud y su encadena­miento a la rueda, lo que es mucho más grave.

Aquel que es decapitado en tanto que hombre-Juan y nace en Jesús el Señor vive según el alma nueva y domina su fuerza vital. Las fuentes y los canales de su fuerza vital serán flexibles como los de un recién nacido. <<¿Cómo es ello posible?>> se pregunta­rán. <<¿No habrá cometido nunca faltas con las mejores intencio­nes, luego despilfarro de energía?>> No.

 

A medida que la transformación se produce, ya ninguna energía es gastada en puras perdidas. Ello sería aún teóricamente posible, pero el candidato ciertamente no lo permitirá.

 

Para comprenderlo, estudiemos el tercer versículo:

 

«Vuelve clara y pura su vida interior, así pues está exenta de faltas morales.»

 

Pensar aquí en las siete cavidades cerebrales. Ellas se volverán los perfectos espejos de la conciencia, de la vista interior consciente. Estos espejos volverán la vista interior clara y pura a medida que el alma nueva los purifique y los pula. Hagamos aún algunas observaciones a este respecto. Quizás conocéis estos espejos, sobretodo si tenéis algunos conocimientos en ocultismo por haberlo ejercido en el pasado.

Comprender pues ahora con nosotros que todo entrenamiento oculto concerniente a estos siete espejos es solo una caricatura, una imitación que daña gravemente el estado de vuestra personalidad. Por estas prácticas es eventualmente posible extender la vista interior ordinaria a todos los dominios de la esfera reflectora. ¿Pero para que sirve esto? ¿Os volveréis más felices? ¿Os liberará aunque sea un segundo?

El transfigurista no se entrega a ningún entrenamiento y no hace ejercicios; sin embargo posee siete espejos puros y luminosos para la vista interior. No hace nada para ello, no utiliza su voluntad, simplemente los recibe porque se entrega al Otro, en rendición total de si mismo. Los siete espejos de la vista interior son una propiedad, un órgano del hombre nuevo que libera al candidato de las faltas morales.

Por comportamiento moral, entendéis todo lo que el hombre dialéctico hace o no hace en lo que concierne a la voluntad, los pensamientos, los sentimientos y los actos. El estado moral del hombre dialéctico está siempre muy dañado. Luego también el vuestro. ¿Porque? ¿Sois pues tan malvados? ¿Lo hacéis a propósi­to? No, os falta discernimiento, conocimiento de vosotros mismos; debéis manteneros en este mundo y por ello debéis especular. Giráis en circulo en las tinieblas y en consecuencia sois profundamente heridos y asesinados sobre el plano psíquico.

Pero cuando los nuevos espejos de la vida interior brillen, claros y puros, seréis liberado de vuestras faltas morales porque orientaréis correctamen­te vuestro camino y no podréis errar; entonces tendréis un solo deseo: entrar en vuestra verdadera patria.

 

«Gobierna el reino con amor y practica totalmente el Wu Wei.»

 

Aquel que sigue el camino de la rosa, porque está totalmente en el Otro, sabe que los primeros pasos en la vida nueva se hacen en la antigua personalidad y que la transfiguración apenas ha comenzado. Por ello los antiguos Rosacruces decían que el candidato, después de haber recibido a Jesús el Señor, debía morir en El.

 

El candidato en cuestión, sabiendo y confesando todo esto perfectamente, gobernará su reino con amor, sin suspirar, como ocurre frecuente­mente: <<¡Oh si esto pudiera terminar pronto, si pudiera desembara­zarme de ello!>> Frecuentemente sois tomados por la melancolía, porque estáis hartos, porque la necedad os hiere de maneraabrumadora.

 

Pero si estuvierais obligados a remar en una corriente violenta, solamente con una tabla a manera de remo, no os queja­ríais, estaríais contentos de tener esta tabla y la utilizaríais con amor para ganar la orilla.

Por ello el transfigurista no dice: <<No puedo>>. No habla de la <<debilidad de su cuerpo>>, dice, muy alegre y sin presunción: <<Todo lo puedo por Cristo que me da la fuerza.>> Practica realmente el Wu Wei, el no hacer. Wu Wei significa: <<No soy yo quien actúa, sino el Cristo en mi.>> Aquel que, como Juan, a puesto la cabeza en el tajo y deja gobernar al Otro en él, practica verdaderamente el Wu Wei.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                            CAPÍTULO  10-II

 

EL SABIO ESTÁ EN UNA PERFECTA QUIETUD

 

 

 

 

Examinemos otra parte del décimo capítulo del Tao Te King:

 

«El sabio está en una perfecta quietud mientras que prosigue la apertura y la clausura de puertas.

Mientras que su luz penetra por todas partes, puede parecer ignorante.»

 

Hemos dicho que la voluntad dialéctica está dividida y que le es imposible orientarse sin descanso sobre un objetivo determinado si este objetivo es fundamentalmente extraño a la naturaleza dialécti­ca. Por ello la voluntad del hombre lleno de aspiración presenta una serie de aspectos diferentes. Unas veces vuelto hacia la vida nueva, otras hacia banalidades, ya hacia la bondad como después hacia el mal, la voluntad oscila sin cesar entre estos cuatro aspectos hasta el momento en el que se sigue el camino de la rendición del yo por el wu wei, el no hacer.

Un nuevo estado del alma se desarrolla entonces, en y por un nuevo campo electromagnético, así como una nueva voluntad que, por su naturaleza y sin forzar, puede permanecer orientada sobre Tao. Ella debería forzarse para no estarlo. Este nuevo estado vuelve dócil la fuerza vital y libra de las faltas morales porque la séptuple vista interior se vuelve clara y pura. Esta vista interior está en relación con la cúspide o núcleo de la nueva alma. Es una vista de la vida nueva, sensorialmente una con ella. Las faltas morales y los conflictos propios de la naturaleza dialéctica pertenecen entonces esencialmente al pasado.

Aunque la transfiguración apenas haya comenzado y que el hombre llegado a este estado disponga aún -y deba aún servirse- del antiguo vehículo material, gobierna sin embargo con amor el reino, imperfecto por mucho tiempo aún, y sigue la vía de la renovación en el wu wei, desprovista de todo egocentrismo, guiado por el nuevo estado del alma.

Es bueno aclarar lo que entendemos por ausencia de egocen­tris­mo. La conciencia de la que el hombre dispone y que conoce es, por naturaleza, egocéntrico. Ella posee un foco; es realmente un yo. El hombre no puede representarse otra conciencia, de naturaleza sublime.

Sin embargo una conciencia tal es perfectamente posible. La conciencia de lo que nosotros llamamos el hombre nuevo es de naturaleza totalmente diferente. Es absolutamente no egocéntrica, está incluso fundamentalmente desprovista de yo, no en el sentido moral o ético, sino fundamentalmente; es decir que no posee foco. Se la podría describir como teniendo su sede en el microcosmos entero. Es pues una conciencia microcósmica, que lo engloba todo.

En el estado siguiente, este ser dotado de un estado conscien­te microcósmico llega a un estado consciente cósmico y después a un estado consciente macrocósmico. La mejor descripción es presentar esto como una consciencia en el yo pero simultánea­mente en lo que es diferente, en todos los otros. Daros cuenta entonces de que, científicamente, toda separación en efecto debe desaparecer. El Wu Wei, el no hacer, desea ser una aproximación dialéctica de la nueva conciencia divina.

Esta aproximación es aconsejada para hacer desaparecer en la medida de lo posible la inmensa diferencia que existe entre la expresión de estas dos conciencias y crear así una base para las nuevas fuerzas de conciencia, base que constituye potencial­mente la rosa del corazón. Por este hecho el yo pierde su yo, sus deseos, y no desea ya apegos. El yo se esfuerza en la medida de lo posible en neutralizarse para que el Otro pueda rehacerse.

Aquel que emprende con alegría este proceso preparatorio resiente una corriente de radiaciones gnósticas llenas de gracia, que transfiere al campo del yo a un campo de calma absoluta. Es así en una perfecta quietud mientras que prosigue la apertura y la clausura de puertas.

De hecho ¿quien conoce la quietud? Todo lo más nosotros conocemos algunos instantes de calma en la vida consciente, y lo más frecuentemente por azar. Está también la tranquilidad del olvido. Ocurre también que después de una jornada fatigosa, si no se está completamente agotado, se disfruta durante algunas horas de una atmósfera de reposo.

 

Pero lo más frecuente es que las realida­des de la vida envenenen esta paz, como el hecho de no haber terminado su trabajo, por ejemplo, o la existencia de conflictos, la angustia, la preocupación, el miedo, los estados físicos, los desfallecimientos morales. Sin contar que a medida que os aproxi­máis a los límites de la dialéctica, estáis cada vez más agitados.

 

En vosotros la agitación se vuelve fundamental. Por el hecho de ser un extranjero en la tierra ya no encontráis el reposo en ninguna parte. La agitación aumenta día a día. Y finalmente, como nos han dicho numerosos alumnos frecuentemente: <<Solo experimentamos el único reposo al que aún podemos llamar por ese nombre cuando estamos reunidos con los otros en un Templo de la Escuela Espiri­tual y escuchamos hablar de las cosas de la Patria.>>

¿Que es el reposo? ¿Ya lo habéis reflexionado? ¿ No pensáis sin embargo aquí en el reposo periódico del cuerpo, o en los momentos de libertad después de la jornada de trabajo o al fin de la semana o aún en la pausa de la actividad mental que la sociedad actual intenta imponeros durante las vacaciones anuales? ¿No consideráis tampoco aquí el llamado reposo que seguiría al final de vuestro pasaje por la tierra.?

La quietud de la que habla Lao Tseu es totalmente interior, es la marca esencial del hombre nuevo, la paz que caracteriza al pueblo de Dios. Es un estado constante que dura noche y día, un estado continuo.

¿Porque el hombre está inquieto? Porque su naturaleza es dialéctica y está dominada por las fuerzas contrarias, por la lucha. El reposo del cuerpo no da fin a esta inquietud. Por ello no se puede experimentar ninguna quietud. La verdadera quietud solo interviene cuando el alma nueva reina en el hombre.

 

Este entra entonces en un estado caracterizado, no por la lucha, sino por la paz. Esta paz no sobreviene únicamente después de haber alcanzado la perfección; aparece inmediatamente después de la primera unión definitiva con el reino interior, después de la primera rendición del yo.

Así como la nueva voluntad se mantiene inquebrantable en la Gnosis, el candidato se mantiene en la atmósfera de la paz perfecta cuando tiene parte en el Grial. De ninguna manera es perfecto, pero respira en la Gnosis mientras que prosigue la apertura y la clausura de puertas. Es evidente que este hombre dice adiós a la naturaleza de la muerte y camina hacia la vida nueva. Es un verdadero emigrante. En el curso de este proceso, eso es evidente, las puertas del pasado se cierran sucesivamente mientras que las puertas de la renovación se abren progresivamen­te.

¿Cómo? ¿Hay que esforzarse mucho para hacer o no hacer tal o cual cosa? No, el sabio está en una perfecta quietud mientras que prosigue la apertura y la clausura de puertas con la regularidad de un reloj.

¿Ya habéis visto la imagen de un Lohan? Esta imagen respira el reposo, es el reposo. El reposo y este hombre hacen esencial­mente uno. En el mundo dialéctico, el reposo es en el mejor de los casos un vacío en el medio de una gran agitación, y en general se trata únicamente de reposo físico. La quietud del alumno que progresa representa su participación en el nuevo campo de vida.

 

Mientras que su luz penetra por todas partes, puede parecer ignorante.

Consideradas exteriormente, estas palabras son casi incomprensi­bles, pero bien reflexionadas son tan increíblemente bellas y magníficas, divinas y luminosas que hemos decidido hacer todo lo que este en nuestro poder para que las comprendáis. Este aforismo es también extremadamente humorístico, pues pone patas arriba todas las relaciones habituales.

¡El término de ignorancia suena mal! El hombre debe saber. Es necesario saberlo todo y conocer en la naturaleza, de otro modo nada funciona. Toda la instrucción reposa sobre esta noción. Alguien pregunta a un alumno: <<¿Que es pues esta Escuela de la Rosacruz de Oro?>> Aquel que hace esta pregunta es ignorante. El alumno lo pone en relación con la Escuela Espiritual donde se disipa su ignorancia en la medida de lo posible.

 

Puede ocurrir que esta persona, antes ignorante, asista a Conferencias y Servicios. La Escuela se esfuerza continuamente en instruir a aquellos que hacen preguntas y que buscan, mientras que ello tenga relación con su misión. Trata más o menos de remediar la ignorancia, con resultados variables.

¿Así pues el alumno es tonto? No, él dispone de una inteligen­cia natural, de una educación correcta, etc., pero la ignorancia del hombre dialéctico es fundamental. Se la puede hacer desaparecer en numerosos aspectos, sin embargo el saber tiene también sus límites. Hay pues una búsqueda científica incesante para rechazar los límites del saber en todas sus ramas. Ello podría ocurrir en numerosos dominios y tendría éxito en parte, aunque lenta y parcialmente porque muchos conocimientos también se pierden.

En cuanto a nuestra Escuela, su trabajo está fundado sobre un secreto: aunque la apariencia esté contra nosotros y estemos obligados a abordaros con un saber para establecer el contacto con vosotros, ciertamente no tenemos la intención de aumentar vuestra ciencia.

 

Pensar en las palabras del Eclesiastés: <<Quien aumente la ciencia, aumenta el sufrimiento.>> Vosotros diréis: <<¡Os compren­do, puedo llegar al conocimiento de una manera diferente, siguiendo el camino!>> Sin embargo ello solo es verdad parcialmente y si esto lo comprendemos mal podría dar lugar a lamentables errores.

Ya os hemos hablado de las siete cavidades cerebrales, los espejos de la conciencia de la nueva alma, la vista interior clara y pura. El funcionamiento de estos espejos es automático en el hombre ordinario pero muy caricaturesco en el ocultista entrenado.

 

Este último tiene éxito en vivificar un poco, aunque muy imperfec­tamente, las cavidades cerebrales en relación con la pineal. El hombre ordinario solo debe contar con los sentidos de la naturaleza ordinaria así como con la capacidad de la materia gris y de las circunvalaciones del cerebro. Dispone de cinco sentidos mas dos que no funcionan aún totalmente.

 

Estos sentidos son para él siete espejos por medio de los cuales asimila el saber y trata de retenerlo. De esta manera de aprender se puede decir: <<Quien aumenta la ciencia aumenta el sufrimiento>> o <<la suma de todo saber es que no sabemos nada>>

¿Pero de un verdadero sabio se puede decir: <<no sabe nada, él aumenta el sufrimiento.? Es imposible pues, por su misma sabiduría, tiene parte en un grande y magnífico valor inmutable.

El conocimiento científico es un conocimiento exterior, que no penetra hasta el núcleo interior de las cosas. El conocimiento científico se esfuerza por penetrar hasta el núcleo pero no llega a él verdaderamente. Es imperfecto y doloroso y nunca absoluto. Pone constantemente nuevas hipótesis y recomienza constantemente.

El saber no vuelve sabio. Ser sabio es conocer y dominar todas las cosas en lo que ellas tienen de más profundo. El sabio del que habla Lao Tseu, el sabio que el tiene en vista, tiene la capacidad de servirse de los siete espejos, las siete cabezas y los siete ojos del alma nueva. Puede dirigir estos siete espejos sobre un objeto cualquiera e inmediatamente, en el mismo instante, lo conoce y lo experimenta totalmente.

Hablamos aquí de siete sentidos y poderes absolutamente diferentes y nuevos. Son los órganos de la inteligencia del hombre nuevo, del hombre verdadero, los órganos de la inteligencia del pueblo de Dios. Quizás ahora podáis comprender las palabras:

 

Mientras que su luz penetra por todas partes, puede parecer ignorante.

 

Se trata aquí de la desaparición de los órganos de la inteligen­cia de la naturaleza ordinaria y de la formación de los de la nueva inteligencia. Es evidente que la Escuela de la Rosacruz de Oro comienza por hacer una llamada a vuestros antiguos órganos de la inteligencia. La Escuela debe, hasta un cierto punto, trabajar para vosotros y con vosotros.

 

Estáis obligados a abordar la Escuela con los poderes de la inteligencia ordinaria. Pero si seguís el camino, el camino transfigurístico de la rendición del yo, es preciso volverse ignorante en lo que concierne al saber ordinario y desarrollar una nueva conciencia, la conciencia de la sabiduría.

 

Entonces los siete nuevos candelabros se encienden, camináis entre los siete candelabros de oro y mantenéis las siete estrellas de los nuevos órganos de la inteligencia en la mano derecha.

Luego tenéis el poder de escribir la carta de la sabiduría viva a la comunidad de Éfeso, a los habitantes del límite, en la que les decís: <<Vosotros que os afligís por el único conocimien­to, vosotros que os extenuáis por comprender, venir a la vida única. Vuestra luz lo penetrará todo y el resto, podréis ignorarlo.>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  10-III

 

     LA MISTERIOSA VIRTUD

 

 

 

 

 

Retomemos el final del décimo capítulo del Tao Te King:

 

El sabio genera las cosas y las alimenta. Las genera sin poseerlas. Aumenta y multiplica sin esperar recompensa. Reina y no se considera como maestro. Es lo que se llama la misteriosa virtud.

Nuestra tarea es ahora profundizar en la misteriosa virtud, expresión particularmente justa y buena para designar el estado de ser del taoísta, del transfigurista.

Comencemos por preguntarnos de que clase de virtud se trata aquí y porque se la califica de misteriosa. La virtud sobre la que aquí se atrae nuestra atención es el último estado de liberación total, de paz perfecta, de no ser absoluto. Se considera como misteriosa la manera impenetrable, desde el punto de vista dialéctico, como se produce esta liberación.

En nuestra naturaleza, se puede observar y seguir en detalle el desarrollo de cada átomo, pero en lo que concierne al transfigu­rista uno se encuentra ante un enigma. El místico que se despide del mundo, que se retira, que se hunde durante horas en piadosas meditaciones y se entrega a toda clase de devociones y penitencias, da el ejemplo de una vida cuyo desarrollo es transparente. Se puede describir su vida de año en año, decir como ha comenzado y donde acabará.

 

El ocultista sigue igualmente un camino previsible. Cualquiera que esté al corriente de la mentalidad y de las prácticas del ocultista puede perfectamente saber donde está y donde va. Ello no tiene nada de misterioso. Un hombre con la inteligencia bien entrenada, que va a la universidad, que hace sus estudios y se especializa, es alguien a quien se conoce, que por así decirlo se le ve crecer, sea cual sea la ciencia que ejerza. Es posible decir que estas existencias se desarrollan siguiendo un programa.

Y a medida que estas personas siguen este programa con éxito, pronto son conocidas y célebres, honradas y aduladas. Se vuelven figuras históricas que se dan como ejemplo para todo el mundo, en las escuelas y en la vida en general. Sin embargo, ahí no se trata de la misteriosa virtud sino de una virtud muy corriente, muy evidente, que se ha desarrollado según el programa en cuestión. ¡Este hombre era así, ha hecho esto y se ha vuelto así.! Todo está muy claro.

La evolución del transfigurista, por el contrario, es impenetrable. Se constatan resultados evidentes, pero como se han producido, como han sido posibles, nadie sabría decirlo. Para el mundo, su camino no está claro.

Tomemos como ejemplo al zapatero Jacob Boehme. ¡El ponía medias suelas a los zapatos y sondeaba la manifestación divina! Conocía tan bien las letras de la realidad, de la eternidad, que en los próximos mil años no habrá un doctor en letras que le llegue al tobillo. ¡La misteriosa virtud, la misteriosa libera­ción, concedida incluso a Jacob Boehme!

Esta es la característica. Escuchar a Pablo: <<Si es en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo se, pero ello es.>> ¡Misteriosa virtud!

¿Estas personas se han ejercitado para la virtud? ¿La han estudiado e implorado? ¡No se sabe! Ellas mismas no lo saben. Son ignorantes. Su luz todo lo penetra sin embargo, por ello pueden ser ignorantes. La virtud existe, sus propiedades existen, pero el camino, he aquí el grande y maravilloso milagro. Ni un centímetro de este camino puede obtenerse por la voluntad, la mistificación, la aplicación o el estudio. En la materia, es preciso ser totalmen­te ignorante.

¿Entonces no es un error hablar de este camino? De él solo se os puede mostrar un aspecto altamente positivo: su comienzo. El camino, Tao, debe comenzar por la rendición del yo dialéctico al Reino en vosotros. Y cuando el yo se ha rendido, ¿que puede aún hacer? ¡Ya no existe!

Ahora os decimos: <<¡Cuando esto comienza, poner atención!>> Como una sucesión de maravillas, habéis visto aparecer la virtud en el camino, tan misteriosa para vosotros como para los otros, y permaneciendo siempre tan misteriosa, incluso si recorréis el camino. Pues la misteriosa virtud no es una con otra naturaleza, con otro estado de alma. ¿Y que sabéis de esto?

Estáis sobre una montaña y descubrís un manantial escondido. Golpeáis la roca y el manantial brota. ¿Podéis decir como el curso de agua buscará y encontrará su camino hacia abajo? ¿Como alcanzará el mar?

Os encontráis en la vida ordinaria donde tenéis vuestro lugar, sin duda en una oficina, o en un taller, o una cantera, en un comercio o una casa, poco importa. Se os conoce, muchos os conocen y se sabe donde vivís. Muchos os conocen muy bien y saben lo que valéis, como os comportáis en la vida ordinaria. Se conocen vuestras posibilidades y vuestras insuficiencias y eventualmente vuestros estrechos límites. Quizás se os conoce desde los bancos de la escuela, donde sin duda formáis parte de los alumnos mediocres. No sabéis gran cosa, ello continúa y os sentís muy oscuros.

Y he aquí que, por la sugestión de la Escuela de la Rosacruz de Oro, por necesidad interior y por nuestra invitación acucian­te, os corresponde realizar el maravilloso don de vosotros mismos, del hombre Juan. Vuestro mediocre yo, tan conocido de muchos, os conduce hasta el espíritu del valle, y os vaciáis de vosotros mismos entregándoos totalmente al Otro que debe crecer en vosotros.

Admitamos que hagáis esto, que lo hagáis realmente, que el Señor y la Señora Mediocre lo hagan.

¿Que ocurre entonces? Golpeáis sobre la roca y una corriente de Agua viva brota y hace su camino. ¿Que pasa a continuación? A los ojos del mundo, de los hombres que tan bien os conocían, sois siempre el Señor o la Señora Mediocre. Continuáis yendo a vuestro trabajo sea el que sea, vivís en la misma calle, en el mismo número. Pero ya no estáis allí. Habéis desaparecido, como el personaje principal del Dominico Blanco de Gustave Meyrink.

Ahora se va a realizar un milagro: la corriente del nuevo estado del alma, que vuestra rendición del yo ha hecho aparecer, sigue en el presente su camino hacia la casa que habéis abandona­do. Este desarrollo revela nuevos hechos, notables y turbadores para la masa que tan bien os conocía: <<¿Como es posible?>> dicen. ¡Misteriosa virtud!

El ser que antes erais ríe y calla, trabaja en su empresa tanto tiempo como debe, o escribe una factura, o vende su mercan­cía, o dice banalidades con un cliente, o no importa que otra cosa. Pero al mismo tiempo el Otro en vosotros genera estas cosas y las alimenta.

¿Como es posible? Es posible por el hecho de que por la gran entrega de vosotros mismos, vuestro yo animal, vuestro yo biológico se ha vuelto como una parcela, como un destello, como una chispa, como un pequeño rayo del gran principio del corazón, o al menos está unido a él.

 

Y una sensación nace, el sentimiento de que el antiguo yo, empujado a un pequeño rincón y mantenido a distancia, observa esta nueva evolución, participando en ella como simple interesado, sin ejercer ninguna influencia. Es como si el Otro en vosotros os hablara de tiempo en tiempo como un pariente sublime: <<Mira, hermano, hermana, así es como deben pasarse las cosas>>, y vosotros inclináis la cabeza, llenos de devoción.

El sello de la nueva conciencia, es una experiencia de la conciencia totalmente diferente. Ya no se trata de una conciencia yo sino de una conciencia colectiva.

El Otro en vosotros genera las cosas y las alimenta. Las hace nacer, ¿pero en esta situación vais a pretender y a sostener que vosotros sois el poseedor de ello?

 

El Otro en vosotros es el constructor de la nueva casa del alma, y vosotros solo observáis y experimentáis, sin poseer. El Otro en vosotros aumenta la virtud, multiplica la virtud. El río se ensancha y se hace profundo. Pero vosotros que no habéis hecho el trabajo y sin embargo os beneficiáis de él, ¿contaríais con una recompensa? ¿Que recompensa podríais desear? ¿Que clase de recompensa sería aún posible?

Vuestra vida toma un curso rápido, la virtud aumenta y el ser del que antaño erais maestro y regente, se eleva ahora a mil leguas por encima del Señor o de la Señora Mediocre de antes. Es el Otro en vosotros quien gobierna: <<No yo, sino Cristo en mi>> ¡Sería absurdo, no es verdad, consideraros como un maestro! Queda absolutamente excluido que digáis: <<Yo, el iniciado, yo, el maestro, el enviado de la Fraternidad, yo, el mandatario, mirarme. ¡Yo soy el hombre que hacía falta!>>

Siempre podéis reconocer a los hombres que quieren avanzar en vuestras filas sin querer seguir el camino de la misteriosa virtud por esta señal: empujan a su yo dialéctico al proscenio; constante­mente ponenacusan a su yo. Llevan la lucha, como siempre se lleva la lucha en esta naturaleza.

Si sin embargo hacéis callar al yo y os internáis en el camino de la sabiduría, un crecimiento, un desarrollo, una progresión tiene lugar, de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificen­cia, que ningún hijo de los hombres puede contrarres­tar. Escapáis entonces de esta naturaleza en la que afluyen calamidades y conflictos.

 

El Reino de Dios en vosotros se desvela y os dirige. Os gobierna sin que le observéis, sin forzar, porque este gobierno responde a un principio fundamental totalmente diferente, es de una naturaleza diferente.

En el mundo ordinario, el yo reina siempre sobre otro yo, hay forzamiento y… ¡ello es necesario! En el nuevo campo de vida, ¡una cosa parecida está excluida! Un día esto será así:

 

¿Quien eres, hermano?

¿Quien eres, hermana?

¡Nadie!

 

Hemos partido para siempre; hemos muerto y vivimos. Y vemos el grande, el maravilloso milagro, el milagro que se llama la misteriosa virtud.

 

 

Los treinta radios de una rueda convergen alrededor del centro, pero es únicamente por el espacio vacío que son útiles.

 

El vaso está modelado de arcilla, pero es únicamente por el espacio vacío que es útil.

 

Se hacen puertas y ventanas en la casa en construcción, pero es únicamente por el espacio vacío que son útiles.

 

Por ello el ser, lo que es material, tiene su interés, pero es del no ser, de lo inmaterial, que depende su propia utilidad.

 

 

 

Tao Te King, capítulo 11

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  11

 

    NO HAY ESPACIO VACIO

 

 

El capítulo once del Tao Te King atrae la atención sobre unos puntos extremadamente importantes. Está muy directamente determinado por lo que se llama el espacio vacío. Por ejemplo una rueda, un vaso, una casa sólo tienen interés por su espacio vacío. Automáticamente pensamos aquí en la tumba de Cristian Rosacruz. Sobre la piedra funeraria están grabadas algunas sentencias y una de ellas es la siguiente: <<No hay espacio vacío>>. Naturalmente Lao Tseu ha llegado a la misma conclusión pues un verdadero <<vacío>> no puede ser útil.

Existe una manifestación universal que nosotros conocemos como el universo de la muerte. El segundo plano invisible de este es más importante que su apariencia universal visible. La parte inmaterial de la naturaleza dialéctica, la invisible, determina la parte material, la visible. La visible tiene una tarea y un objetivo que explica la invisible.

Cuando se aprende a conocer la tarea y el objetivo del mundo dialéctico, y que se constata que todo en él es pena y tristeza, ya no es posible tener respeto por el espacio vacío, el segundo plano de estas cosas y fenóme­nos. En efecto, lo visible se explica por lo invisible.

En la naturaleza de la muerte, lo invisible hace lo imposible para ocultar su tarea y su objetivo a todo lo que existe, hierve y se agita en el espacio vacío, ya que los arcontes y los eones saben bien que siempre es posible, partiendo de los efectos, remontar a las causas. Por ello el mundo dialéctico se esfuerza, en general, en ocultar bajo falsos velos el verdadero carácter de la naturaleza de la muerte. Ello sólo tiene éxito en parte pues, a la larga, la apariencia revela ineluctablemente su verdadera naturaleza.

¿Esta mascarada no es pues un esfuerzo inútil? No, pues cuando la verdadera naturaleza se presenta en el gran día, frecuentemente es demasiado tarde, en numerosos aspectos, para protegerse eficazmente. Existen iglesias y santuarios para responder a las necesidades metafísicas de la humanidad.

Sin embargo sólo sirven para mantener este mundo e impedir a la humanidad el conocer el verdadero carácter de la naturaleza de la muerte; si el hombre se consagra magnéticamente y se sintoniza totalmente con la institución que le promete la salvación, se vuelve magnéticamente inapto para el proceso gnóstico magnético verdaderamente liberador.

Así aparece la importancia del estudio de los espacios vacíos de la naturaleza de la muerte. Hay está el peligro. Hay se encuentra la causa.

La Escuela Espiritual actual desenmascara pues constantemen­te para vosotros lo invisible, lo cual es visible en estos fenómenos. Las mascaras sofocantes de la esfera reflectora son arrancadas. Lo que para nosotros es un espacio vacío es puesto al desnudo. Y vosotros sabéis lo que debéis pensar y las conclusiones que cada uno tiene el derecho de sacar de ello.

 

Todos los hombres se encuentran en el medio de una rueda. Cada microcosmos y cada alma mortal se mantiene en el centro de una manifestación universal. El sol os envía sus rayos, todos los cuerpos celestes irradian hacia vosotros. Os encontráis pues en el medio de una rueda cuyos radios ardientes convergen hacia vosotros, en vosotros: «los treinta radios de una rueda convergen alrededor del medio.»

La rueda es por consiguiente la luz astral que os hace moveros. Estáis en el centro de la rueda, puesto que sois el punto central donde van a parar los rayos. Se habla aquí de treinta rayos porque la enseñanza universal considera frecuente­mente los treinta rayos primarios de la gran rueda del fuego. Existen tres grandes corrientes de fuego astral.

 

En cada uno de ellos se encuentran numerosas líneas de fuerza. Estos treinta rayos no emanan del universo visible sino del invisible, del vacío, del espacio vacío.

 

El fuego astral es invisible.

Estos rayos o canales reúnen todas las fuerzas y posibilida­des del espacio entero de la rueda llameante y los propulsan hacia el medio. La rueda gira alrededor del centro y este medio, o núcleo, porta un vehículo, o una existencia. Esta existencia tiene un cierto objetivo que toma su utilidad, o su inutilidad, del espacio vacío, del manantial de fuerza. El manantial de fuerza determina la capacidad, la fuerza, el poder de volverse visible.

Después de haber demostrado lo que precede, Lao Tseu entra en detalles. Dice: «Pensar ahora en el vaso.» Hemos aprendido que este vaso era el Santo Grial, el gran manantial del corazón. En esta copa está escondido un principio: la rosa del corazón. Al mismo tiempo atrae vuestra atención a todo el santuario del corazón, que tiene un gran papel que jugar en el proceso del Grial.

El santuario del corazón, nadie puede negarlo, está hecho de <<arcilla>>, dicho de otra manera: de la materia de esta naturaleza. Sólo será útil al alumno si este llena el espacio vacío con el espacio invisible, el espacio vacío de la Gnosis; si el vaso se llena del Agua viva, del fuego de la rueda de la salvación. Es necesario que una purificación del corazón preceda a esto.

Daros cuenta de cómo se ocupan los hombres de construir cada uno su morada, su personalidad, de transformarla y de proveerla de todas las maneras posibles. Se cuidan constantemente de sus puertas y ventanas, que deben asegurarles la entrada y la salida y ofrecerles perspectivas. Preguntaros ahora si la casa que estáis construyendo posee ventanas y puertas orientadas hacia el espacio vacío de la Gnosis o no. ¿En que rueda de fuego os mantenéis?

 

La rueda en la que os encontráis determina la carga que debéis asumir. ¿Para que debe ser útil vuestra casa: para la naturaleza de la muerte o para la naturaleza de la vida? Estáis en el medio donde convergen treinta radios, treinta ríos alimentados por las innumerables corrientes del espacio vacío. ¿Pero en qué espacio vacío estáis?

Estáis en dos espacios: primeramente en el espacio-tiempo; segundo, en la eternidad, la omnipresencia. Por ello veis en lo abstracto girar dos ruedas alrededor de vosotros, dos ruedas ardientes. ¿A que rueda dan vuestras ventanas? ¿Sobre qué fuego son abiertas vuestras puertas? ¿A partir de que rueda construís vuestra casa en lo que concierne a su concepción? ¿Comprendéis ahora que nuestra propia utilidad depende del no ser? Hay algo que no sois y algo que sois, y debéis volveros lo que no sois.

En cada segundo de vuestra vida os aplicáis para ser algo, para demostrar algo. Lo que mostráis y demostráis define la esfera inmaterial, el espacio invisible que os hace vivir. Luego, desde que fijáis vuestra atención sobre los resultados reales de vuestra vida sabéis cual de las dos ruedas ardientes que giran alrededor de vosotros domina en vuestra vida. La Escuela Espiritual actual es el campo donde se os enseña y donde se os ayuda a hacer uso de la copa del corazón, el Grial, manantial de todo devenir y a construir bien la casa de la renovación.

Queremos volveros estas cosas próximas, muy próximas. Pensar en la alfombra que está ante el lugar del servicio en nuestros templos. Vosotros, alumnos de la Escuela Espiritual, sois el objetivo de la Escuela Espiritual. Ella quiere haceros alcanzar el objetivo, sois el eje alrededor del cual la rueda gira. Pues bien, manteneros ahora sobre la alfombra. ¿Que veis? ¿Y que experimentáis ahora?

 

Estáis en el centro del círculo, en el medio de una rueda ardiente. Numerosas fuerzas vienen sobre vosotros. El Agua viva afluye sobre vosotros como un río salido de lo invisible. Los rayos de esta rueda convergen alrededor de vosotros:

 

Los treinta radios de una rueda convergen alrededor del centro, pero es únicamente por el espacio vacío que son útiles.

 

 

 

 

A continuación os mantenéis en el triangulo. Los treinta radios de la rueda se manifiestan ahora por tres corrientes principales que quieren llenar hasta el borde de Agua viva el vaso, la copa del Grial del corazón.

 

El vaso está modelado de arcilla, pero es únicamente por el espacio vacío que es útil.

Al final descubrís que os mantenéis en el cuadrado. Sobre este cuadrado debéis construir vuestra casa, la nueva morada, bien provista de puertas y ventanas para las almas transfiguradas.

Se hacen puertas y ventanas en la casa en construcción, pero es únicamente por el espacio vacío que son útiles.

De la sabiduría evangélica milenaria de Lao Tseu, vemos surgir la alfombra de la Escuela Espiritual actual.

Manteneros sobre la alfombra, hermano, hermana, y os conducirá hacia el orden de la libertad eterna. Que aquel que pueda comprender, comprenda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los cinco colores ciegan el ojo, los cinco sonidos ensordecen la oreja, los cinco sabores corrompen el gusto.

 

Las persecuciones y las carreras locas hunden al corazón humano en la perturbación. Los bienes difíciles de adquirir incitan a actos funestos.

 

Por ello el sabio se ocupa del interior de si mismo y no de sus ojos.

 

Rechaza lo que viene del exterior y desea lo que está al interior.

 

 

 

 

 

Tao Te King, capítulo 12

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  12

 

LA VISTA, EL OIDO Y EL GUSTO

 

 

 

Los antiguos distinguían cinco colores, cinco sonidos y cinco sabores. Nosotros conocemos una serie de siete colores, de siete sonidos y de siete sabores, pero hay hombres que distinguen más y menos de siete. Por ello es de un interés esencial atraer la atención sobre los poderes de la personalidad, la vista, el oído y el gusto, que obran en colaboración. Recalquemos el hecho de que el ojo reacciona sobre todo a la fuerza astral, el oído a la fuerza etérica y el gusto a la combinación de los dos.

Esta síntesis es a decir verdad el material formado por la materia de la fuerza astral y la de la fuerza etérica. Cuando este material está más concentrado y utilizado más puntualmente, se divide en tres aspectos o tres elementos: el aire, el agua y la tierra.

 

Los tres se reencuentran respectivamente en nuestro campo de respiración, es decir en nuestra atmósfera vital; en los fluidos vitales -por ejemplo la sangre y el fluido nervioso- el líquido vital; y en la forma vital, las partes materiales de nuestra personalidad.

El ojo es sensible al astral; la oreja al etérico; el gusto, nuestras tendencias en materia de alimentación y su asimilación, está determinado por el astral y el etérico. La atmósfera vital, el fluido vital y la forma vital se desarrollan por el sentido del gusto, de la misma manera que el aire, el agua y la tierra se formaron a partir de las aguas originales o sustancia primordial.

 

También se podría decir que la
personalidad posee un órgano especial para atraer y transformar la fuerza astral y la fuerza etérica, y esto es lo que determina la personalidad. En efecto el hombre posee este órgano especial del que el ojo, la oreja y el gusto son componentes esenciales.

A esto hace alusión el capítulo 12 del Tao Te King. Vemos de una manera totalmente en concordancia con la fuerza astral que interviene en nosotros. Escuchamos de una manera totalmente en concordancia con la fuerza etérica atraída por la luz astral magnética. La naturaleza de nuestro ser en consecuencia está determinada por la clase de alimentación que fluye por él. Y como la humanidad vive en la naturaleza de la muerte, está perfecta­mente claro que ello provoca una fuerte oposición:

Los cinco colores ciegan el ojo,

Los cinco sonidos ensorde­cen la oreja,

Los cinco sabores corrompen el gusto.

 

Este sistema, que comienza a funcionar desde la cuna, continua hasta la tumba. El desarrollo del Reino de Dios, potencial en el hombre, es contrarrestado por esta ceguera, por este ensordeci­miento y esta corrupción. El hombre tiene ojos pero no ve; tiene orejas pero no oye. Esta tara le somete a la corrupción y a la cristalización.

Parece que todo hombre lo sabe por intuición. Se siente amenazado bajo todos los puntos de vista por este gran conflicto. Su vida, su salud, sus fuerzas vitales, ¡corren un serio peligro! Por ello se abandona a innumerables experiencias. ¡Para apartar el peligro! De esta manera su estado se vuelve cada vez más precario, pues su actividad se apoya sobre esta ceguera y su sordera. Sus deseos y sus codicias, apuntando solamente a su propia conservación, desorganizan el santuario del corazón. Todo se vuelve cada vez más difícil para si mismo y para los otros.

 

Las persecuciones y las carreras locas hunden al corazón humano en la perturbación. Los bienes difíciles de adquirir incitan a actos funestos.

Ahora comprenderéis perfectamente estas palabras. No las consideréis superficialmente, comprender que todo hijo de los hombres está obligado a abandonarse a estas persecuciones y locas carreras a través de los procesos engendrados por el instinto de conservación.

Examinemos de nuevo los sentidos que estamos tratando: la vista, el oído y el gusto.

No es por nada que el ojo es el espejo del alma. Vuestra alma es la luz vital que os dirige, el fuego astral que os da la conciencia. El ojo refleja vuestro estado de ser. Mirando en el espejo del ojo, es posible distinguir los diferentes tipos de almas. En el ojo se pueden leer todos los sentimientos del alma, todos los estados del alma, todas las emociones astrales.

Sabéis que en general se admite que son las vibraciones etéricas las que producen lo que llamamos <<luz>>. Estas vibraciones excitarían el conjunto del sistema extremadamente complicado del ojo. A continuación, por medio de los nervios ópticos, serían transmitidas al cerebro donde nacería esta impresión de <<luz>>.

Nosotros pensamos que esto no es así. Por el tálamo, las vibraciones del séptuple candelabro astral que arde en el santuario de la cabeza son transmitidas al ojo. El hombre <<ve>> conforme a las impulsiones transmitidas. Ve, o espera ver, conforme a su estado magnético. Constatando en este caso una oposición, se consagra intensamente a restablecer el equilibrio entre el interior y el exterior. De ahí provienen <<las persecu­ciones y locas carreras>>.

Igualmente conocéis la maravillosa estructura de la oreja. Se distingue en ella la parte que recibe el sonido, el tímpano, la que lo conduce y la que lo percibe. Así es como el mundo de los sonidos se comunica a nosotros. El sonido es provocado por ondas etéricas, por vibraciones etéricas. Cada vibración es recibida por la oreja, ya se sea sordo como si no.

 

En este sentido, se <<escucha>> pues siempre, de la misma manera que un ciego <<ve>> también siempre. La sordera es el estado en el que el sonido producido por las vibraciones del aire no puede ser percibido. De igual modo la ceguera vuelve imposible una vista exterior, pero no el proceso astral magnético evocado anterior­mente.

En la parte del órgano del oído que se llama el caracol, se encuentra un instrumento comparable a un piano en miniatura. Consta de 24.000 cuerdas que, todas juntas, ocupan un volumen menos importante que un pequeño guisante. Gracias a este instrumento todas las vibraciones etéricas que nos llegan son recogidas y escuchadas en un cierto sentido. A continuación son descompuestas y transmitidas a la conciencia como pequeñas impulsiones de corriente eléctrica.

Queremos demostrar con ello que alrededor de vosotros creáis un campo magnético. Este campo no funciona automáticamente, siendo dirigido conscientemente por un instrumento, el ojo. Por este campo atraéis éteres. Con el oído escucháis los sonidos, recogéis las corrientes etéricas que os llegan en consecuencia. Son clasificadas por el oído, después de que pueden ser empleadas al servicio de la economía vital. Todo el sistema nervioso juega ahí un papel. Para terminar, la síntesis necesaria es asegurada por la intervención del gusto como factor de unión.

Primeramente, una esfera astral es pues construida y mantenida por el ojo. En segundo lugar, a partir de ahí unas fuerzas etéricas son atraídas, percibidas y distinguidas según sus vibraciones. Después la sustancia es inhalada, utilizada: el gusto interviene entonces.

 

Cuando un hombre se vuelve alumno de la Escuela Espiritual, la llave del gran cambio naturalmente es el estado del alma, luego el estado magnético. Ello explica el tercer versículo del capítulo 12:

Por ello el sabio se ocupa del interior de si mismo y no de sus ojos.

El encadenamiento de las causas y de los efectos debe ser roto. Representaros al hombre tal como es: un poderoso instrumento al interior de si mismo, un mundo al exterior de si mismo. Estos dos componentes, aunque salidos del mismo orden natural bajo numerosos aspectos, mutuamente están en desacuerdo absoluto. De ahí <<las persecuciones y locas carreras>> para llegar al equilibrio. Así es como se perpetúan estas oposiciones en salvajes remolinos.

Así es como la rueda del fuego astral dialéctico gira sin descanso. Por ello el sabio se vuelve hacia el átomo original, la rosa del corazón, en su ser más intimo. Rechaza todo lo que viene del exterior y suspira después por lo que está al interior en el reino del corazón. Rompe entonces la cadena de las causas y de los efectos.

 

Desde ese momento, es atraído en el sistema otro fluido magnéti­co. Entonces el ojo ya no ve los conflictos del mundo, ve un mundo en el que el hombre no está en su elemento. Las carreras locas terminan en el plano horizontal. El oído escucha y asimila otras fuerzas etéricas. El gusto recibe otro alimento y los cinco fluidos del alma entrañan una gran transformación llamada <<las Bodas alquímicas de Cristian Rosacruz>>

 

 

 

 

 

Favor y desgracia son cosas a temer. El cuerpo es una gran calamidad.

 

¿Porque decir esto del favor y de la desgracia? Porque el favor es cosa inferior. Recibirlo suscita el miedo, perderlo suscita el miedo. Por ello se dice: favor y desgracia son cosas a temer.

 

¿Porque decir que el cuerpo es una gran calamidad? Soy colmado de grandes calamidades por que tengo un cuerpo.

 

Si estuviera en el punto de ya no tener cuerpo, ¿que calamidades podrían colmarme?

 

A quien considera una pesada carga el gobernar, se le puede confiar el gobierno de un reino. A quien rechaza la idea de gobernar, se le puede confiar el gobierno del reino

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  13

 

FAVOR Y DESGRACIA SON COSAS A TEMER

 

 

 

En nuestro orden social, querer obtener el honor y la gloria es un poderoso aguijón que impulsa a la acción. Subir alto en la escala social, ocupar un lugar eminente en el mundo del arte, de la ciencia, de la religión y de la sociedad, tener autoridad en no importa que grupo o asociación es una tendencia innata en el hombre de esta naturaleza. Desde su juventud ambiciona este objetivo.

Aquellos que se benefician de un gran favor tienen en general una posición inestable. Son honrados pero envidiados. Se intriga contra ellos y son combatidos. Y ello, por medias palabras, por la calumnia y las intenciones envenenadas. Por ello frecuentemente el favor engendra el temor. Se tiene un gran miedo a perder su posición, ¡gran miedo a la posible caída! ¡La desgracia está cerca del favor! Ahí se pierden sus cualidades. Se vuelve duro y despiadado. Sin piedad, se defiende a puntapiés y se arriesga todo por conservar su rango.

Quizás habéis tenido la ocasión de estudiar el caso y de examinarlo desde el punto de vista psicológico. Es espantoso, grosero, casi bestial. Observar a las personalidades llamadas << de clase alta>>, aquellos que forman la <<alta burguesía>>. Han adoptado y perfeccionado la civilización de los antiguos patricios. Son perfectos, sonrientes, diverti­dos, joviales con los clientes del gran patrón. Son altivos frente a los subalter­nos y pueden ladrar como buldogs contra el pequeño personal. Habitan en las bellas casas de los bonitos barrios.

 

Conoceréis unos centenares en el vecindario. ¡Pero los pobres diablos tiemblan de miedo! Incluso si son funcionarios. Pues aunque sus sueldos y pensiones estén asegurados, temen perder su puesto superior. Es su reino. En él son los reyes. Reinan en él. Incluso a la tarde en la casa, en su salón iluminado con las cortinas abiertas. Brillan como príncipes. Y al igual que los reyes se hacen la guerra, estos potentados lo hacen todo por defender su reino. La angustia da la audacia y el coraje; es la angustia la que hace a los héroes. Si, favor y desgracia son cosas a temer, como sabéis.

Era así 600 años antes de Cristo, época en la que se dice que fue escrito el Tao Te King. Cosa que por otra parte no es exacta pues este evangelio nos viene de un pasado mucho más lejano. En ese tiempo ya era verdad lo que también es verdad para nosotros: favor y desgracia son cosas a temer. Siempre se ha sabido. Lo sabéis al igual que nosotros. ¿Entonces que necesidad hay de hablar de ello? El Tao Te King añade: el cuerpo es una gran calamidad.

 

¿Qué se nos quiere hacer comprender con ello? No que los hombres que gozan del favor y temen perderlo trabajen tan duro que su cuerpo se agota, hasta el punto que son reenviados a una vía muerta. ¡Si solo fuera eso? No, se trata de una calamidad de naturaleza fundamental que concierne a su personalidad y a su microcosmos. La angustia, la preocupación y el miedo son hermanas del odio.

 

La Enseñanza Universal recalca que el miedo y el odio son una misma cosa. Quien tiene miedo odia y quien odia tiene miedo. En este caso el cuerpo, como la existencia entera, es una calamidad, tanto en lo que concierne al hombre como a la humanidad. Para comprenderlo bien leer en la Biblia, Los Proverbios, capítulo 26: << Como escoria de plata echada sobre el tiesto son los labios lisonjeros y el corazón malo.

 

El que odia disimula con sus labios; más en su interior maquina engaño. Cuando hablare amigablemente, no le creas; porque siete abomina­ciones hay en su corazón. Aunque su odio se cubra con disimulo, su maldad será descubierta en la congregación.>>

Si comprendéis estos versículos entenderéis lo que Lao Tsé quiere decir en el capítulo 13. Las siete abominaciones del corazón se refieren aquí al estado fundamental de la personalidad devenida lo que es. Sabéis que el santuario del corazón está dividido. La Enseñanza Universal habla de los siete cerebros del corazón.

 

Estos órganos conciernen a la naturaleza fundamental del hombre, la que determina su comportamiento y su razón. Por ello se puede decir: <<Lo que el corazón no quiere, en la cabeza no entra.>> Cuando el odio nace de la angustia y del miedo, un fuego impío séptuple arde en el corazón e irradia al exterior por el esternón y los ojos.

 

Es un fuego dañino que impulsa a la acción a todo lo que es impío en la naturaleza, y da un carácter muy pernicioso a la lucha por la existencia. Ensucia todo el campo de vida. El odio es el polo opuesto del amor terrestre, y aquel que odia se comporta, bajo muchos aspectos, como aquel que ama.

El amor puede manifestarse en este mundo bajo apariencias humanitarias. Puede englobar a un gran grupo de hombres o a toda la humanidad. El amor puede también dirigirse a un sólo ser humano. Cuando se ama, se es solícito y atento, y uno se esfuerza en servir en la medida de lo posible al objeto de su amor. Pero cuando surge el odio, se estudia con mucha conciencia e inteli­gencia como perjudicar al otro y hacerle mal.

 

Como aquel que ama, aquel que odia está muy orientado, muy concentrado sobre el objeto de su atención. Evidentemente es un peligro mortal. Los hombres de los que hemos hablado, orientados desde su infancia sobre los favores futuros, sobre su carrera, son también manantiales de odio que emponzoñan la sociedad.

Estos hombres están muy enfermos. Su cuerpo es una verdadera calamidad, y es evidente que aquellos que lo comprenden pueden decir: Soy colmado de grandes calamidades por que tengo un cuerpo. De manera que aquellos que son negativos suspiran: Si estuviera en el puntodeya no tener cuerpo, ¿que calamidades podrían colmarme?.

Pues cuando se es objeto de un odio intenso -y el odio como el amor, se dirige derecho al objetivo- es un gran tormento. E incluso si no se es victima de ello, es necesaria una gran vigilancia. Comprenderéis que no hablamos aquí de un perjuicio social, sino de un perjuicio fundamental, de carácter moral.

El odio es una radiación astral; si reaccionáis a este por la angustia, por ejemplo, os envuelve inmediatamente y os une a las cloacas de la esfera reflectora. El odio es extremadamente contagioso. Es un fuego mortal. Aquel que odia es extremadamente refinado en sus propósitos. Sus labios ardientes del fuego del odio son como un casco recubierto de plata. Si no os protegéis de él, el casco acerado os herirá profundamente.

 

Por ello ved lo que hay detrás del resplandor de la plata. Aquel que odia engaña con sus labios. Dice palabras llenas de interés, palabras de amor, de simpatía, de dedicación, pero en su fuero interno solo es engaño.

Sobretodo daros cuenta de su táctica, siempre la misa, la del aislamiento. Cuando se quiere destruir a un alumno en el camino, cuando se quiere romper su unión con la Gnosis, se intenta primeramente aislarlo. Por medios bien elegidos se le insufla la angustia, el temor y el miedo. Y sabéis que aquel que está en este estado se siente abandonado de todo y de todos. Está solo. A continuación viene el asalto decisivo, la aniquilación, o al menos la tentativa.

Comprenderéis que el hombre solo corre grandes peligros y que muchas veces es victima de ellos. Por ello aparece muy claramente aquí la inmensa significación de la unidad de grupo, y de la elevación en el Cuerpo Vivo de la Escuela por la unidad de grupo. No es por nada que el sabio poeta de los Proverbios dijo: <<Si se esconde el odio bajo el disimulo, su maldad se revelará en la asamblea.>> En el triple campo de gracia de la Escuela Espiritual actual, toda vibración de odio es descubierta, desenmascarada y neutralizada. Aquel que forma parte de este Cuerpo Vivo, y participa en su construcción en el sentido exigido, será eficazmente protegido y contribuirá a la protección de los demás.

Pero atención: <<Que aquel que esté de pie vigile en no caer.>> El proceso se desarrolla así:

Primeramente, se intenta o se tiene el deseo de ser el objeto de un favor de una manera u otra.

 

El yo desea un puesto importante o una indemnización especial; en segundo lugar, tenga esto éxito o no, de ello resulta la angustia, la preocupación y el temor. Pues tanto el favor como la desgracia engendran el miedo.

 

Si la tentativa fracasa, se puede observar de nuevo en ello las consecuencias en otros grupos de población; en tercer lugar, la crítica se desarrolla, la crítica que rompe y desgarra en pedazos; en cuarto lugar nacen las siete abominaciones en el corazón, a consecuencia de lo cual el microcosmos entero está fundamental­mente dedicado a la perdición y finalmente es dividido como un átomo, luego aniquilado por el fuego interior infernal del odio.

El camino es ahora allanado para comprender plenamente el quinto versículo del treceavo capítulo. Después de las consideraciones precedentes, una buena definición del justo comportamiento os será útil. Lao Tseu nos la da: «favor y desgracia son cosas a temer», ya que aniquilan el verdadero y único objetivo de vuestra personalidad.

 

Debéis tomar vuestras distancias de todo esfuerzo y de todo deseo egocéntrico. <<No aspiréis a lo que es elevado, sino que dejaros atraer por lo que es humilde>>, dice Pablo (Romanos 12, 16). <<No hacer>>, dice Lao Tseu.

A los ojos de muchos, una persona humilde es muy frecuente­mente tonta o simple. Ello no es justo. Le corresponde a cada alumno prepararse perfectamente en la quíntuple Gnosis universal. Le corresponde volver su comportamiento interior y exterior impecable. ¡Así pues será muy humilde! No deseara los favores sino que los rechazará. Así pues no tendrá ni desgracia ni sentimiento de degradación.

 

Muchos alumnos dicen: <<Yo no puedo nada; no llego a nada; no valgo absolutamente nada; ¡no hay nada que sacar de mí!>> Por temor, engendran su propia desgracia. Terminar con esta preocupación. Todos sois hijos de Dios, el tesoro está en todos vosotros. Consagraros a la liberación de este tesoro, entonces seréis libres y reyes con Él. Lanzar toda la angustia por la borda. Cada alumno es bendito; ya es poten­cialmente libre. Sed un verdadero francmasón.

Quizás consideráis que gobernar el reino, unir vuestro propio reino microcósmico a la comunidad de Dios es una dura tarea. Sin embargo, si os sabéis inaptos para ejecutar un trabajo al servicio de la Fraternidad y consecuentemente os encontráis con que no podéis aceptar un trabajo tal, sobretodo porque conocéis demasiado bien las persecuciones y las locas carreras de la humanidad, se os confiará justamente el gobierno del reino.

Es conocido que todos los verdaderos servidores de la Gnosis se han sentido muy sorprendidos cuando han sido llamados a su tarea. No tenían la intención de ello, ese no era su proyecto. Por ello tuvieron éxito en su misión. Y hasta el último segundo, asumieron su tarea como una pesada carga y como una cosa cuya idea rechazaban a causa de su imperfección. Jamás se ataron a su misión. Sin embargo tuvieron éxito, con una gran humildad, a través de todas las dificultades. No tenían ningún temor porque no aspiraban a los favores. En consecuencia no se arriesgaban a ninguna desgracia.

 

 

El Tao se mira y no se ve; se llama el invisible.

 

Se escucha y no se oye; se llama el inaudible.

 

Se toca y no se siente; se llama el impalpable.

 

Las palabras pierden el significado por esta triple indetermina­ción; esto es porque se funden en el uno.

 

El aspecto superior del Tao no está en la luz; el aspecto inferior no está en la oscuridad.

 

Tao es eterno y no tiene nombre; él vuelve siempre al no-ser.

 

Te acercas a Tao y no ves el comienzo. Le sigues y no ves el fin.

 

Debes penetrar en el antiguo para poder dominar la existencia presente. El que conoce el origen tiene en su mano el hilo de Tao.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  14-I

 

EL TAO SE MIRA Y NO SE VE

 

 

En el capítulo decimocuarto del Tao Te King, la coraza del transfigurista muestra su punto débil en lo concerniente a la relación con el buscador ordinario que pregunta: «¿Dónde se encuentra el orden del mundo del cual habláis? ¿Dónde está el Reino Inmutable? Denme una prueba y aceptaré y divulgaré su existencia.

He aquí una cuestión clásica. Ella figura en las Confesiones de Agustín que la planteó a sus hermanos Maniqueos. El no recibió respuesta, tras lo cual él los abandonó, siendo alumno preparato­rio, para convertirse a continuación en fundador de la Iglesia Romana. Agustín, que es también muy honrado por miles de protestantes, fue expulsado de la Escuela Espiritual transfigu­rística de la época.

El Tao se mira y no se ve; se llama el invisible. Se escucha y no se oye; se llama el inaudible. Se toca y no se siente; se llama el impalpable.

Parece imposible entrar en una Escuela Espiritual transfigurista. ¿Tenemos algo concreto que ofrecer como punto de partida? Lao Tsé dice sin rodeos: Con relación a la realidad de la naturaleza ordinaria, no hay punto de partida, con relación a esta misma realidad, una demostración concreta no es posible. He ahí porque nos callamos cuando se nos habla de búsqueda empírica, de saber experimental, de prueba científica. Pues el reino donde nosotros queremos entrar, el Reino de Tao, es indemostrable.

Está bien que ustedes se den cuenta claramente. Ustedes podrían preguntarnos si no tratamos de engañarles. No nos molestaremos si, por eso, nos abandonan como hizo Agustín, que escribió más tarde sobre esas tonterías de los maniqueos que creían y profesaban algo que no podían demostrar y sobre lo cual no podían más que razonar y filosofar muy abstractamente.

Estaría muy bien que se dieran cuenta de ello. Al igual que los maniqueos, nosotros tampoco podemos demostrarles el ser y la realidad del Tao. Nosotros leemos a veces extrañeza en los ojos de numerosos alumnos, así como esta silenciosa pregunta «¿Cómo saben ustedes de que hablan? ¿Por qué nosotros no lo sabemos?

 

Dennos alguna referencia». Alguien ha preguntado en una ocasión, tajantemente, aunque correctamente: «Denme ustedes referencias ¿Sacan todo esto de un libro que desconozco? ¿De qué libro se trata y dónde lo puedo encontrar?» Hemos contestado que no obtenemos nuestro conocimiento de la literatura aunque usamos a menudo la literatura mundial para ilustrar nuestras exposiciones. La respuesta es vaga, y éramos conscientes de ello. Añadimos que sólo era posible descubrir todo esto siguiendo el camino. Nuestro interlocutor permaneció escéptico. Era comprensible. Preguntas y dudas se agolpaban en él. Pensamos que no emprendería el camino.

 

Los que practican una religión o el ocultismo en el plano natural tienen la tarea mucho más fácil que nosotros.

 

La esfera reflectora es un manantial de pruebas mucho más abundantes. Se extrae de ella cualquier cosa que se quiera probar. Los Eones de la naturaleza dan la posibilidad de manifestarse plenamente a los que intentan mantenerse en la esfera reflectora.

 

Agustín encontró en ella lo que pedía -las pruebas de otro reino que cogió como florecillas en un prado- ¡Cuántas fraternidades de la esfera reflectora hay, completamente dispuestas a ayudar a su ser del yo! Encuentran  ustedes también en ella maestros que tienen exactamente el aspecto que ustedes desean. Los hay para todos los gustos. Ahí existen todas las representaciones posibles.

Están predispuestas a manifestarse a ustedes. La mayor parte de las entidades ni siquiera son conscientes de su falsedad. Al contrario, tienen mucho de bueno, de muy bueno incluso, en sentido dialéctico.

 

Ellas intentan volver aceptable nuestro orden natural. ¡Qué esfuerzo, qué trabajo! Ellas son como los otros víctimas de las circunstancias. Ellas también han mirado a Tao pero no lo han visto; lo han escuchado pero no lo han entendido; lo han tocado y no han sentido nada. Exactamente como Agustín. ¿No es lógico que ellas nieguen igual que él? ¿Se les puede a ustedes reprochar que también lo nieguen?

 

Más vale pájaro en mano que ciento volando. Innumerables figuras de la esfera reflectora de aspecto majestuo­so les ofrecen a ustedes su otro «reino» del cual se puede probar la existencia. Y se insinúa: «No crean ustedes a ese pretendido grupo de taoístas, o de transfiguristas modernos. Aquí decimos: Vengan y vean. Vengan y vean estas filas de adeptos resplande­cientes. Y, muéstrenos un sólo adepto transfigurista, uno sólo».

 

Pero no hay ni uno. Sólo podemos mostrarle figuras históricas como Lao Tsé y otros muchos antes y después que él. Y sólo podemos decir esto: Aparentemente estas entidades no han muerto, porque el microcosmos al que estaban unidas no puede ser encontrado en  la esfera material ni en la esfera reflectora. «Pues bien, dirían los adversarios y descreídos, ¿No es esto la prueba más evidente de que estas entidades nunca han existido? De otra forma ¿No lo sabrían acaso nuestros luminosos iniciados?

¡En consecuencia, todo esto debe ser pura fantasía!

Efectivamente desde el punto de vista dialéctico, nuestros argumentos son débiles en relación a los suyos e incluso nos faltan palabras para esbozar el estado triplemente indeterminado de Tao. Millones de años antes de nuestra era, y mucho antes, ya era así. No nos fatiguemos pues intentando definir las indetermi­naciones; las palabras faltan, esto es porque se funden en el uno.

Lao Tsé dice en otro lugar, que definir por las palabras es como dar un golpe de espada en la nada. El aspecto superior de Tao no está en la luz; el aspecto inferior no está en la oscuridad. Tao está pues en la sombra. Tao es eterno y no tiene nombre; él vuelve siempre al no-ser, al silencio absoluto. Es la figura de lo que no tiene figura y la forma de lo que es sin forma.

 

Es un perfecto misterio. Te acercas a Tao y no ves el comienzo, le sigues y no ves el fin. ¿Puede semejante discurso satisfacer al hombre del siglo XX? Se acerca uno y no se ve nada. Se toca y no percibe nada. Por eso, si se asocia usted a esta Escuela Espiritual, lo hace usted bajo su propia responsabilidad. Resumiendo, llevamos a cabo un peregrinaje de forma metódica y maduramente meditada.

 

Ya no queremos morir y no queremos vivir, no queremos ser hallados en ningún sitio. Esto significa que no queremos ir a la esfera reflectora ni a la esfera material; queremos ir a «la eterna nada» como la llaman, el mundo dialécti­co, la multitud de sus eones y de sus entidades.

Bien considerado todo esto, deben admitir ustedes, que una fuerza inmensa se oculta tras esta Escuela Espiritual, ustedes han experimentado esta fuerza a su manera. Se podría decir a lo más que todo esto es el hilo de Tao, el hilo de Ariadna. ¿Cómo hemos formado este hilo? vamos a exponérselo.

El hilo que sostenemos, ¿Es acaso el comienzo? No, ¡No hay comienzo! Ustedes no ven su comienzo y no ven su final. Igual que ustedes hemos examinado la naturaleza dialéctica. Y ello es posible porque pertenecemos a esta naturaleza. Con nuestro yo, hemos explorado y experimentado todo lo que el mundo puede ofrecer. ¡Ahora bien, todo es pena y pesadumbre!

 

Esta naturaleza nos ha parecido como muerta y ciertamente no hemos sentido el deseo de cantar de alegría con los elegidos ante el trono de Dios, ni de aplicarnos a volver aceptable, de una forma u otra, este orden maldito. Tras años de investigaciones hemos concluido que la verdadera vida no tenía nada que ver con todo esto y que no sería bueno encontrarse entre los que engañan a los hombres a este respecto, en la naturaleza de la muerte.

Cuando se llega a este tipo de conclusiones, hay que tomar una decisión. Es necesario, en un momento dado poder dominar la existencia presente. Estábamos por tanto obligados a escrutar objetivamente y sin la ayuda de ninguna autoridad, el antiguo Tao ¿Era esto posible? Sí, o divina maravilla, era posible aunque pronto descubrimos que todo había sido hecho, y lo es todavía, para impedir tales descubrimientos.

 

Numerosas fuentes habían sido destruidas; otras estaban fuera del alcance, sepultadas en mazmorras profundas donde nadie puede penetrar. El resto, estaba, sin excepción, muy mutilado.

Comenzamos por los fragmentos intactos de los textos sagrados. Nuestra búsqueda nos mostró claramente que existe un Reino

Original, un orden de naturaleza diferente; un reino muy alejado, dominio superior del Nirvana; un reino que se distingue claramen­te de la naturaleza de la muerte y sus dos esferas.

Tras descubrir esto buscamos a los hombres o los grupos que hubieran intentado alcanzarlo, cual había sido el desarrollo de su vida y qué particularidades mostraba ésta. Y quisimos saber si hombres muy alejados unos de otros y separados por los siglos habían seguido el mismo camino. Y descubrimos que todos esos hombres, todos esos grupos habían dirigido sus esfuerzos en el mismo sentido de forma organizada. A continuación sentimos la esperanza de entrar en contacto con los que nos habían precedido. Agotamos nuestro arsenal de conocimientos mágicos. No recibimos la menor respuesta de estos Hermanos.

 

Ahora nos reímos de estas tentativas. Porque buscábamos la imagen de lo que es sin imagen, la forma de lo que es sin forma. Si los Hermanos se hubieran mostrado, habrían sido destronados inmedia­tamente. Habrían sido habitantes de la esfera reflectora. Y no estarían solamente muertos, habrían desaparecido para siempre. En esta época, innumerables invitaciones nos llegaron de numerosas fraternidades: «¡Venid con nosotros, cesad vuestros vanos esfuerzos!»

Esto nos condujo a la francmasonería personal. Puesto que: El que conoce el origen tiene en su mano el hilo de Tao.

Pero, ¿Cuál es el comienzo, no de lo original, sino de aquello que conduce a lo original, y que fue hallado por todos nuestros predecesores? Sólo podría ser la aplicación de la Quíntuple Gnosis Universal:

 

COMPRENSIÓN

DESEO DE SALVACIÓN

RENDICIÓN DEL YO

NUEVO COMPORTAMIENTO

Y quinta: LA MANIFESTACIÓN,

EL HILO DE TAO.

 

Ninguna unión existencial personal, sino un lazo electromagnético con la Gnosis, de dónde, el despertar, la toma de conciencia del alma, del absolutamente Otro en cada uno. Tal es el hilo de Tao: Ligarse a la cadena de la Fraternidad Universal. El que sostiene ese hilo en sus manos, va de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia, Actúa con los Hermanos desaparecidos de forma divina y maravillosa, actúa en el mundo sin ser del mundo.

Tal hombre se esfuerza en incitar a otros a buscar el mismo hilo, siguiendo el mismo método, a construir sobre el orden del origen. Y el que lo hace y toma el hilo forma con sus hermanos y hermanas una nueva Fraternidad, un Cuerpo Vivo, y todos llevan la señal  magnética del Hijo del Hombre en la frente.

El primer don de gracia de este estado de ser es que todos los que lo poseen dominan su vida presente. Son liberados. Son extranjeros en esta tierra, en camino hacia la Verdadera Patria.

Lo que está oculto a los sabios y a los inteligentes de este mundo es revelado a los hijos de Dios.

Quien conoce el origen tiene en su mano el hilo de Tao.

 

 

CAPITULO  14-II

 

EL HILO DE TAO

 

Observábamos en el capítulo precedente, que los que no habían encontrado el hilo de Tao -porque no habían seguido todavía el camino que lleva al reino original, camino que corresponde a la puesta en práctica de la Quíntuple Gnosis Universal- muestran a menudo un desequilibrio moral, inestabilidad del humor sobre la mar agitada de su emotividad.

Unas veces están alegres y otras en una extrema tristeza. Unas veces bien orientados y otras tienen el sentimiento desesperante de haberlo perdido todo. Muy fuertes un día, dan al día siguiente pruebas de lo contrario. Ustedes conocen estas fluctuaciones de un extremo a otro propias de la naturaleza dialéctica.

La obra de Chuang Tsé describe estos estados. Describe un alumno seriamente aplicado a rectificar su vida en el sentido que entiende nuestra Escuela Espiritual. El alumno se atormenta todo el día para liberarse de su tormento, y hacer lo que ama, pero no lo consigue. Ahora bien Lao Tsé dice: «Es necesario que te purifiques tu mismo completamente, pero a juzgar por las marcas de tu tristeza deduzco que todavía hay algo que te estorba».

 

Después viene un consejo: «Cuando las tentaciones exteriores vienen demasiado a menudo, no intentes vencerlas luchando; ciérrales tu corazón. Si vienen del interior, no intentes rechazarlas sino liberarte de ellas. Incluso un maestro en Tao, un maestro en virtud, resiste difícilmente a estas dos influen­cias combinadas, luego mucho menos el debutante que aspira a Tao».

Hay por fortuna en la Escuela Espiritual numerosos alumnos que aspiran a la vida nueva. Tratan de hacer una virtud de lo que constituye la esencia de la Gnosis. Gracias a la intervención de la Escuela de los Misterios, una unión con Tao nace siempre de tal esfuerzo; algo de la corriente magnética de la Gnosis se transmite al alumno. Es conducido cerca del hilo de Tao y se le aconseja agarrarse a él para convertirse en el poseedor.

Es evidente que en razón a este esfuerzo, el alumno se encuentra en una situación difícil, porque dos reinos hacen descender en él sus corrientes magnéticas: La nueva naturaleza y la antigua naturaleza de la muerte, en la que existe. Consecuentemente grandes conflictos surgen en él. Fuerzas contrarias poderosas e irreductibles lo trabajan, es inevitable. Lo que es fundamental­mente tinieblas siente todavía más rechazo hacia la luz. El alumno descubre más que nunca hasta ahora sus propias tinieblas.

 

Descubre además que su microcosmos, del que él es la personalidad actual, tiene un pasado espacio-temporal inconmensurable y que el estado de su sangre y de su alma corresponden a este pasado. En esta óptica, hay un perfecto equilibrio entre el pasado y el presente; ambos le empujan hacia un futuro que es el resultado de ellos.

Cuando un hombre se hace alumno, experimenta el proceso natural de su ser entero como una pesada carga, como profundas tinieblas, como tentaciones sin número que se oponen a su aprendizaje. Habla entonces de demonios, de la influencia de la esfera reflectora­, etc. Ustedes deben comprender que estas posibles influencias son siempre accesorias, nunca primordiales. El hecho es que una influencia dialéctica que emana de otras partes del microcosmos trabaja en la personalidad desde el exterior, y el impulso de la sangre trabaja desde el interior. Tales son las tentaciones exteriores e interiores.

Lao Tsé aconseja: «No luchéis contra los procesos naturales y no intentéis dominarlos. Corréis hacia el fracaso». Para las influencias exteriores: «Permaneced insensibles a ellas», y para las influencias interiores: «Preservaos exteriormente de la tentación no pasando al acto».

No es siempre fácil discernir si una influencia viene del exterior o del interior; si viene de la esfera magnética de su ser, o de su sangre. Esto no tiene una gran importancia. Adopten sin embargo el comportamiento siguiente:

 

En cuanto ustedes observen una cierta influencia que amenaza comprometer la armonía de su aprendizaje, desplacen inmediatamente sus pensamientos o busquen desembarazarse de ella por una ocupación absorbente. Si la influencia sube de su sangre, en la que hierven toda clase de pulsiones, dejen su sangre calmarse y eviten todo acto exterior, incluso pensamientos.

Si aplican ustedes este doble método, observarán que se vuelven ustedes más fuertes cada vez, en tanto que alumnos y que sostienen cada vez más sólidamente el hilo de Tao. Si fracasan  -lo que no es necesario- observen que será preciso empezar desde el principio, que esto agota su cuerpo, que su carga se hace más pesada cada vez y su vida se hace un infierno.

Podamos grabar este antiguo y clásico consejo en su corazón.

En la antigüedad, los sabios filósofos que se consagraban a Tao eran humildes, sutiles, oscuros y muy penetrantes. Poseían tal profundidad que no puede ser comprendida.

Y como no se les puede comprender, sólo podemos describirlos.

Poseían la prudencia del que atraviesa un río en invierno; la vigilancia del que desconfía de su vecino; la discreción del invitado hacia el dueño de la casa. Se desvanecían como el hielo que se funde. Eran sencillos como la madera sin labrar y vacíos como un valle. Y eran como el agua turbia.

¿Quién puede lavar las impurezas de su corazón para alcanzar la quietud? ¿Quién puede nacer lentamente en Tao para una larga práctica de la serenidad?

El que guarda Tao no desea la plenitud. Y justamente porque él no está acabado, es preservado de variar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO  15-I

 

LAS CINCO CUALIDADES DE LOS SABIOS FILOSOFOS

 

 

Un filósofo es alguien que busca la sabiduría. Un filósofo, en sentido original, es alguien que aspira a la sabiduría divina.

Esta sabiduría divina no es conocimiento acumulado por un método u otro. No es un sistema enigmático extremadamente complicado, disimulado bajo antiguas lenguas desaparecidas, exclusivamente accesibles a los expertos en antiguos jeroglíficos, que divulgan lo que quieren, algunas migajas en las revistas especializadas. Piensen por ejemplo en la exhumación de toda clase de viejos manuscritos, cuyo contenido ocupa a tantos sabios universitarios.

No, la sabiduría que es la Gnosis, es omnipresente. Es una esfera llena de fuerzas, de elementos y radiaciones. La sabiduría divina está fundamentalmente comprendida en un campo de radiación. Y el que vive en este campo y posee un alma viva, toma de él no sólo la fuerza vital y la sustancia que permite la transfiguración, sino también la sabiduría.

La sabiduría es un aspecto de la fuerza de vida divina; del Espíritu Divino de Amor. Cuando se dice de Jesús el Señor «Que crecía en conocimiento, sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres», esto no quiere decir que recibiera tal o cual educa­ción, sino que se desarrollaba en el campo de vida gnóstico y que así el crecimiento y el cumplimiento estaban asegurados en todos los planos.

Reflexionando sobre esto descubren cuanto difiere este proceso del desarrollo en el mundo dialéctico, donde no existe ninguna sabiduría durante el crecimiento del niño hasta su edad adulta. Se trata únicamente de desarrollar su intelecto. L a humanidad conoce innumerables métodos de educación, muchos de ellos aplicados por coacción, para dar al hombre un barniz de cultura.

El hombre se mantiene aquí abajo gracias a todo lo que ha aprendido bajo coacción y a causa de las necesidades de la existencia. No queremos sin embargo desacreditar los conocimien­tos terrestres como si los juzgáramos inútiles, sino, solamente compararlos con la Gnosis. Biológicamente, el hombre no es nada, por eso está obligado a someterse a una formación teórica para parecer algo y llevar adelante la lucha por la existencia.

 

Biológicamente, el hombre sólo absorbe alimento material y sólo respira el aliento astral de la muerte, lo que no le procura más que una fuerte atadura con la naturaleza. El que está así atrapado y siente profundamente su prisión, se convierte, eventualmente, en un filósofo en el sentido ordinario de la palabra. Porque va a buscar el sentido de la existencia. Sobre la base de su ser dialéctico intentará penetrar directamente en el corazón de las cosas.

Ahora bien, no lo consigue. No le queda entonces más que una posibilidad: emplear los métodos dialécticos de búsqueda, a los cuales añadirá la experimentación.

Imaginen que aparece un libro escrito en una lengua antigua. Algunas personas lo examinan y se dicen: «El contenido debe estar ciertamente lleno de sabiduría, debemos conocerlo puesto que queremos comprender el sentido de nuestra existencia». Pero ninguno de entre ellos sabe leer esta antigua lengua.

 

Entonces se dirán tal vez: «Que el más capaz de entre nosotros la aprenda». Es lo que ocurre y la persona en cuestión acaba finalmente por leer y traducir el libro a los otros.

Este hombre hace de profe­sor, pero no es él mismo un maestro de sabiduría, el habla de la sabiduría expuesta en el libro. Sin embargo esta sabiduría sólo es una definición intelectual de la sabiduría, nunca la propia sabiduría. Porque la sabiduría no se encuentra en los libros.

Las definiciones intelectuales de la sabiduría conducen siempre a errores y a opiniones divergentes, que suscitan los múltiples sistemas y concepciones filosóficas conocidos aquí abajo. Algunos autores de estos sistemas alcanzan reconocimiento, hacen carrera, están de moda. Sobre todo cuando estos sistemas son utilizados en la enseñanza. Usted lo sabe, esto es terriblemente desastroso y trágico, ¡Qué forzamiento espiritual implican tales conocimien­tos!

Es imposible alcanzar la sabiduría divina de este modo. Si quiere usted adquirir la sabiduría, la verdadera Gnosis, debe usted cambiar completamente de orientación. Ponga el pié en el camino del renacimiento, el camino de la transfiguración.

 

Usted sabe que exige una muerte y un nuevo nacimiento según la rosa del corazón en nosotros, en consecuencia un nuevo estado biológico y un nuevo crecimiento a la par con un desarrollo del conocimiento y la sabiduría y un nuevo estado de conciencia. A cada nueva respira­ción magnética que usted logra retener, bebe sabiduría.

Poseer la sabiduría que es de Dios no es, como dicen algunos, poseer un conocimiento teórico, «sin haberlo estudiado», sino asimilar la Gnosis en razón de un nuevo estado biológico. En consecuencia este saber es uno con el aliento de vida, llena el ser entero y le otorga nuevos poderes.

Supongan que les decimos: «Tenemos un libro en el que se encuentra todo lo que usted debe saber, pero hay que leerlo personalmente. Desgraciadamente, este libro está escrito en una lengua muerta de un lejano pasado; luego debe usted comenzar por aprender esta lengua muerta y le harán falta tres años para comprenderla convenientemente». Usted emprendería sin duda el

Estudio.

Pero es con mucho menos esfuerzo y en mucho menos tiempo que usted podrá participar en la Gnosis divina, solamente siguiendo el camino de las rosas en rendición perfecta de usted mismo, el camino que les hace crecer en conocimiento, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres. La rendición total de sí mismo no tiene relación con la adquisición de conocimiento que usted no posee, sino con la puesta en práctica de un conocimiento y unas posibilidades que son suyas hace mucho tiempo.

Usted posee en el corazón un principio divino, el capullo de la rosa. Consagrándose en ofrenda perfecta a este reino en usted adquiere cinco cualidades nuevas, se vuelve; humilde, sutil, oscuro, penetrante y profundo.

Según la sabiduría dialéctica, se vuelve un ser ínfimo; pero según la nueva naturaleza, extremadamente refinado en cuanto a su sensibilidad, resultado del desarrollo de un nuevo estado de alma.

Según la naturaleza dialéctica se vuelve usted totalmente oscuro, imposible de seguir. Según la nueva naturaleza entra usted en las profundidades insondables de la Vida Universal y se sumerge en aquellas, ilimitadas, de la manifestación divina infinita, lo que es incomprensible para un mortal.

Sin embargo, recibe una imagen, no una abstracción, sino una imagen concreta del nuevo comportamiento. Del que recorre el camino de fuerza en fuerza se puede decir: «Posee la prudencia del que atraviesa un río en invierno; es, con toda naturalidad, un ejemplo de extrema modestia y prudencia, porque ¿No es acaso como un recién nacido que lanza su primer grito en una vida nueva?

La vigilancia de aquel que desconfía de su vecino; noche y día está en guardia, porque ¿Acaso no yace en un establo como un recién nacido, en el establo de la naturaleza de la muerte?

¿No le acecha Herodes para matarlo? Por eso se muestra muy vigilante a fin de no volverse una víctima en el país del exilio.

Tiene la discreción del invitado hacia el dueño de la casa: está en gran medida orientado hacia la Escuela Espiritual y hacia lo que constituye su esencia, por tanto extremadamente correcto hacia todos con los que tiene contacto.

Se desvanece como el hielo que se funde: un cambio continuo se realiza en él noche y día, el proceso ostensible de una vida nueva concreta y la desaparición del antiguo carácter.

Es sencillo como la madera sin labrar: la sencillez caracteriza su vida. No se jacta de ningún aspecto de su vida.

Es vacío como un valle, está exento de deseos terrestres, ellos han desaparecido del santuario de su corazón.

Es como el agua turbia para los del exterior: no hace el menor esfuerzo para mostrar su verdadero estado; irradia simplemente su luz. ¿Por qué arrojaría las rosas a los asnos y las perlas a los cerdos? Muchos lo considerarán necio, insignificante, ínfimo, ignorante, puesto que para ellos es como un agua turbia, impenetrable.

Es muy importante conocer este séptuple comportamiento como un estado de ser que debe formar parte integral de su propia vida:

 

HUMILDAD.

TEMOR DE LA NATURALEZA DE LA MUERTE.

ORIENTACION SOBRE LA ESCUELA ESPIRITUAL Y LA HUMANIDAD. CRECIMIEN­TO COTIDIANO EN GRACIA ANTE DIOS Y TRANSFORMACION CONTINUA.

SIMPLICIDAD.

AUSENCIA DE DESEOS TERRESTRES.

NINGUNA PREOCUPACION RESPECTO A CUALQUIER DEMOSTRACION ANTE LOS HOMBRES DIALECTICOS.

 

De este séptuple comportamiento derivan las cualidades

Siguientes:

 

HUMILDAD,

SUTILIDAD,

OBSCURIDAD,

PENETRACION,

PROFUNDIDAD.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  15-II

 

LAS IMPUREZAS DEL CORAZÓN

 

 

Retomemos la última parte del Capítulo XV del Tao Té King de Lao Tsé: ¿Quién puede lavar las impurezas de su corazón para alcanzar la quietud? ¿Quién puede nacer lentamente en Tao para una larga práctica de la serenidad?

El que guarda Tao no desea la plenitud. Y justamente porque él no está acabado, es preservado de variar.

Estamos aquí ante dos cuestiones muy importantes que precisan una respuesta detallada. Los cinco aspectos, los cinco estados que determinan y demuestran la naturaleza del alma son: La sangre, el fluido de las secreciones internas, el fluido de la concien­cia, el fluido nervioso y el fuego de la serpiente.

Son las cinco luces vitales o las cinco fuerzas universales de las que se eleva el alma y que explican la conciencia. Las cinco fuerzas del alma, que rigen todas las percepciones sensoriales, forman una unidad. Sin embargo, una de ellas, la sangre, juega un papel preponderante, puesto que determina las otras cuatro.

La calidad de la sangre se manifiesta en un proceso respiratorio múltiple y muy particular, del cual una parte se manifiesta en el santuario de la cabeza y otra en el santuario del corazón.

El hombre respira por el sistema magnético cerebral en base a la calidad de su alma. La respiración del santuario del corazón es la puerta del alma. El santuario del corazón respira por el sistema pulmonar de la forma que usted conoce, pero existe también una respiración por el esternón, que es un sistema respiratorio magnético.

Hay por tanto dos sistemas respiratorios magnéticos, uno por el cerebro, el otro por el esternón. Al mismo tiempo respiramos de la forma conocida ordinaria, por la nariz, e inhalamos cada uno a nuestro modo, la fuerza atmosférica. Digamos para completar

Que, sobre la base de este doble sistema magnético, el bazo, el hígado y el cuerpo entero respiran el fluido astral y los éteres; el fluido astral por el hígado los éteres por el bazo.

El sistema magnético del cerebro funciona de forma completamente automática. Puede ser influido por la voluntad pero la Escuela Espiritual actual lo desaconseja insistentemente, porque esto nos vuelve a colocar en el peligroso camino del ocultismo. Se aconseja más bien al alumno influenciar el sistema magnético del esternón, no por la voluntad sino por un deseo infinito de salvación, que nace de la comprensión y de la experiencia.

¿Comprenden ustedes ahora el significado de la cuestión: Quién puede lavar las impurezas de su corazón para alcanzar la quietud? El esternón irradia todos los deseos y recibe las reacciones. Es como un libro abierto. Todo lo que penetra de esta forma en su sistema determina la naturaleza de su sangre.

 

Y el estado momentáneo de su sangre determina la asimilación magnética del sistema cerebral, del mismo modo que el estado de las otras luces vitales, y en consecuencia las llamas magnéticas del deseo emanan del esternón. Comprende usted así que numerosas impurezas están en el corazón e irradian desde ahí hacia el exterior y el interior. La verdadera quietud, la verdadera paz del alma, característica del hombre nuevo, está excluida en tanto que el sistema del esternón conoce las emociones ordinarias propias de la vida dialéctica.

El alma quíntuple del hombre dialéctico, por su propia naturaleza no conoce jamás la quietud. Al contrario, la inquietud fundamental del universo dialéctico, la hostilidad de la naturaleza, la angustia, la preocupación y el temor, la alegría y la pena, la lucha por la existencia acosan su alma, el equilibrio del alma, el silencio son necesarios.

 

El hombre aspira a ellos porque la quietud determina la salud. Por el contrario la inquietud continua del alma provoca la enfermedad y la muerte, así como todos los comportamientos erróneos. Quien encuentra el silencio está curado.

¿Comprende usted por qué se habla de terapias psíquicas y por qué se practican con este fin tan variados métodos? ¿Qué no se hace para alcanzar la calma interior o para olvidar? Se buscan estímulos porque no se encuentra la curación psíquica.

«¡Ah!» se lamenta el alma, ¿Quién puede nacer lentamente en Tao por una larga práctica de la serenidad?

Un servicio que despierta su interés es para usted un estimulante y podría decir que una sucesión de tales estímulos conduce a curar su psicopatía. ¡Pero no es esto lo que pretendemos! Porque esta clase de cuidados no aporta la curación, sino solamente los medios para olvidar, «para huir». Porque las llamas magnéticas del esternón son muy reales.

 

Y desde el momento en que usted sale del templo y es abandonado a sí mismo en su vida diaria con los demás, su estado de ser reivindica sus derechos, la inquietud le invade con una violencia renovada y le quema con sus llamas ardientes.

¡Ah! ¿Quién puede lavar las impurezas de su corazón y hallar reposo? La angustia y el miedo son sus compañeros, y he aquí que Lao Tsé le arroja a usted en medio de su problema.

¿Comprende usted que no necesita que no necesita ningún remedio, ni ningún terapeuta, sino que debe curar usted mismo su alma? Ábrala a la Gnosis. Si lo hace por la voluntad, es decir, de una forma forzada, no le será de ninguna utilidad. Por la voluntad puede influir artificialmente en la respiración magnética del esternón durante un momento y emitir así hacia la Gnosis una vibración artificial, inarmónica, a la cual no será respondido, salvo por una imitación como pronto descubrirá.

Hay que vaciar el corazón de las impurezas sin esfuerzo de la voluntad, no deseándolas más. Esto sólo es posible por la experiencia, por desaliento del alma, desviándose de las pulsiones naturales y sabiendo que existe una fuerza capaz de consolarla. En tal caso el capullo de la rosa emite una llamada hacia el esternón, la llamada del deseo de salvación.

 

Y la respuesta de la Gnosis vibra interiormente como una corriente poderosa que le purifica y le permite alcanzar la quietud. Entonces la paz del alma a la que usted aspira, se hace una realidad.

 

Resulta de ello una perfecta purificación de la sangre, que las otras luces vitales están obligadas a seguir.

Sobre la base de esta quietud del alma comienza la transfigura­ción y se teje el manto de oro de las bodas.

Así, la paz gnóstica alcanza a un hijo de los hombres, y él puede decir con el salmista: «No arrojarás mi alma al infierno». Nada puede ocurrirle. Este proceso es para usted la única solución. La experiencia y el deseo de salvación expulsarán de su corazón las impurezas y los deseos terrestres. La corriente de la Gnosis le tocará. Es así como usted conservará Tao y nacerá en la omnipresencia. El no le abandonará ni siquiera en el infierno.

Si por necesidad y orientación interiores se aparta usted de la naturaleza de la muerte y se vuelve hacia la Gnosis, evitará para siempre los cambios. Dentro y fuera del templo permanecerá en una perfecta quietud, estará en una gran calma y un profundo silencio.

Ahora bien, esta disposición le será en breve extremadamente necesaria para no dejarse absorber por las violentas emociones de la naturaleza de la muerte y sólo la paz del alma le permitirá continuar navegando en el mar de la vida y regresar a la casa del Padre.

 

Quien llega a la vacuidad suprema guarda una inmutable quietud.

 

Todas las cosas nacen juntas; después las veo cada vez regresar a ello.

 

Todas las cosas florecen a profusión; a continuación cada una regresa a su origen.

 

Volver al origen significa estar en la quietud y estar en la quietud significa volver a la vida verdadera, la vida eterna.

 

Yo le llamo volver a la vida, ser eternamente.

 

Conocer lo que es eterno, es ser iluminado. No conocer lo que es eterno se vuelve trabajar para su propia desgracia.

 

Conocer lo que es eterno, es tener una gran alma. Teniendo una gran alma, se es justo; siendo justo, se es rey; siendo rey, se es celeste[2]; siendo celeste, se está en tao.

 

Ahora bien estar en Tao, es permanecer eternamente. Incluso si el cuerpo muere, ya no hay que temer a ningún peligro

 

Tao Té King, capítulo 16

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  16

 

LA VACUIDAD SUPREMA

 

 

La vacuidad suprema es el estado del candidato que ha hecho desaparecer todas las impurezas de su corazón, es decir que ha liberado enteramente al sistema magnético del esternón de los deseos, tensiones y conflictos. Por así decirlo el candidato se ha vuelto vacío, sin deseos. Aquel que llega a este estado conoce una inmutable quietud del alma. Nada puede ya perturbar el equilibrio de su alma, lo que la preserva para siempre de variar. Ha adquirido la paz verdadera, atributo del pueblo de Dios.

Pero cuando el estado de vacuidad suprema no se ha alcanzado aún, los periodos de calma no dejan de alternarse con los periodos de conflictos psíquicos, probando por ello que el sistema magnético del corazón, luego la sangre, y por ello también el centro del alma, no está aún enteramente purificado. Una de las tareas más importantes del alumno es detectar las causas interiores de sus conflictos psíquicos. Estas se encuen­tran invariablemente en el yo. Nadie ni nada exterior puede suscitar un conflicto en el alma.

El alma quíntuple es una unidad que recibe todo aquello de lo que tiene necesidad conforme a su naturaleza. Lo que penetra por el sistema magnético respiratorio es evocado por el ser mismo. Aún demasiado frecuentemente demasiados alumnos tienen el deseo de querer servir a <<dos maestros a la vez>> y muestran aún demasiado interés por los asuntos terrestres, siempre considera­dos como necesarios. Satisfacen aún demasiados deseos sobre el plano horizontal. Por ello continúan viviendo en dos mundos.

 

Por una parte algo de la Gnosis actúa en el alumno; y por otra parte considera las cosas terrestres como preponderantes. De ahí nace un agudo conflicto contra el otro en él, y sobre todo es así presa de la inquietud general propia a la naturaleza ordinaria.

Si habéis alcanzado la vacuidad suprema, sería naturalmente posible, en el mundo, perjudicar y herir a vuestro cuerpo, pero ya no a vuestra alma. Sería posible atraeros al juego ordinario de los contrarios; de mostrar ante vosotros la serie completa de conflictos psicológicos para intentar arrastraros a ello, pero vosotros ya no podríais, pues vuestra alma gozaría de la quietud del pueblo de Dios y ninguno de vuestros fluidos vitales estaría en condiciones de variar.

 

Vuestra conciencia percibiría y experimentaría todo, pero nada podría turbar la paz de vuestra alma. ¡Habría que comenzar por ahí! Las heridas que quisieran infringiros recaerían sobre el agresor; entraríais en el estado de ser de los héroes plenos de lama que menciona la historia. Su heroísmo no provenía de su coraje o de su desprecio a la muerte sino de un nuevo estado de ser.

Suponer que alguien que os es querido os hiere profundamente y que en consecuencia ello suscita en vuestra alma un grave conflicto. En ese caso, ello prueba que vuestra alma tiene la capacidad de desarrollar en ella un conflicto tal. Llegado a la vacuidad suprema, en las mismas circunstancias, comprenderíais tan perfectamente la causa exterior y la situación que vuestra razón, vuestra voluntad y vuestro corazón no reaccionarían de ningún modo al mundo.

 

Os contentaríais con observar el caso siguiendo la regla: <<Se vigilante>> La pureza de vuestro corazón os protegería perfectamente y vuestra alma sería libre.

Las antiguas Fraternidades llamaban a aquellos que se encontraban en el estado de vacuidad suprema <<los puros>>. Ahora lo comprenderéis muy bien. Esta apelación muestra inmediatamente que se trata de transfiguristas. En efecto, esta pureza del corazón, esta vacuidad suprema, está en la base de toda transfi­guración pues ella eleva al alma en la esfera de la paz eterna de la Gnosis.

Y una vez ya entrado en la paz del pueblo de Dios, una vez nacido a esta gran quietud, ya nada podría perjudicaros; en lo sucesivo el Reino de Dios es anunciado en vosotros, es decir que puede realizarse en vosotros. Actualmente el Reino de Dios solo se os ha presentado; os mantenéis en la entrada y mientras que permanecéis aún en este lado de la puerta, vuestra alma es susceptible de variar. Ved esto claramente. Por ello Lao Tseu os dice:

 

Todas las cosas nacen juntas; después las veo cada vez regresar a ello. Todas las cosas florecen a profusión; a continuación cada una regresa a su origen.

Muestra aquí una imagen conocida de la naturaleza dialéctica; todo va y viene para marcharse pronto; es el juego continuo del <<subir, brillar y descender>> Las cosas del mundo dialéctico vienen de un punto de partida, y así sin interrupción. Ello significa también que en consecuencia vuestra alma no estaría jamás exenta de conflictos y turbaciones.

Ellos también van, vienen y regresan a ello, hasta que el alma, en lo más profundo de ella misma, ya esté cansada como debilitada, cae en la indiferencia teniendo por resultado final la enfermedad y la muerte.

Además los conflictos psicológicos cambian con la edad. Se es tocado de manera diferente cuando se es joven o viejo. Sin embargo son siempre las mismas cosas. Cuando alguno atraviesa un conflicto psicológico con pena y dificultad y las causas regresan a su fuente, la fuente los reenvía simultáneamente. Es la característica de la naturaleza de la muerte y de toda vida y movimiento en esta naturaleza.

 

El hombre ordinario no se libera jamás de ello; no está preservado de los cambios y variaciones. Por ello debe regresar a su origen, dicho de otra manera al estado adámico. No es solamente una parte de si mismo la que debe regresar allí, sino todo su ser. Su microcosmos entero debe volverse hacia el Reino inmutable, el origen del comienzo.

 

Aquel que se vuelve hacia este origen alcanza primeramente la quietud del alma y sobrepasa el juego de las alternancias. El alma transfigura, el alma nueva nace. La transfiguración del alma es necesaria en primer lugar pues la vida proviene del alma. Por ello la Biblia trata abundantemente de la salvación del alma. Por ello Lao Tseu dice:

Volver al origen significa estar en la quietud y estar en la quietud significa volver a la vida verdadera, la vida eterna.

Yo le llamo volver a la vida, ser eternamente. Conocer lo que es eterno, es ser iluminado. No conocer lo que es eterno se vuelve trabajar para su propia desgracia.

 

Nadie puede realmente comprender lo que muestra la Enseñanza universal – a menos que sea tocado por la Gnosis. Si vosotros habéis venido a la Escuela de la Rosacruz de Oro por verdadera necesidad interior, luego porque vuestro corazón aspira a la Gnosis, la corriente de la plenitud gnóstica os ha turbado por el proceso magnético del esternón. Esta turbación ilumina la conciencia.

 

El hombre iluminado es aquel que es tocado por la Gnosis. El sabe, porque la naturaleza de la vida no ofrece solamente una fuerza vital sino al mismo tiempo la sabiduría. En tanto que no seáis iluminados por la naturaleza divina, trabajáis constantemente para vuestra propia desgracia. Estas palabras suenan duras y crudas, pero no menospreciéis la verdad. Día y noche forjáis una cadena ininterrumpida de causas y de efectos en el juego de las alternancias.

Por ello la conclusión resuena como el Cantar de los cantares, como un grito de triunfo: «Conocer lo que es eterno, es tener una gran alma», un alma nueva. El saber nuevo, la iluminación, es siempre la prueba del renacimiento del alma.

«Teniendo una gran alma, se es justo». No justo según la naturaleza -la justicia está también sometida a variaciones- sino justa según la ley eterna, inmutable y fundamental. Un renaci­miento estructural total debe pues seguir la transfiguración del alma.

Por ello: «Siendo justo, se es rey»; se vuelve un sacerdote-rey del reino original, se entra en la Escuela Espiritual.

 

«Siendo rey, se es celeste» y el todo es realizado. En consecuen­cia, «siendo celeste, se está en Tao»; se es uno con Esto.

«Ahora bien ser Tao, es durar eternamente» y entrar en la eternidad. «Incluso si el cuerpo muere, ya no hay que temer a ningún peligro». El cuerpo es un fenómeno de la antigua vida; llegado el tiempo, se deposita.

Esta inmutable e incomparable salvación se realiza por el renacimiento del alma. El renacimiento del alma es pues la llave de la felicidad eterna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la alta antigüedad, el pueblo sabía solamente que los príncipes existían.

 

El pueblo amó y alabó a los príncipes que vinieron a continua­ción.

 

Temieron mucho a aquellos que les sucedieron.

 

Despreció a aquellos que siguieron.

 

Quien pierde confianza en otro no obtiene la confianza de este.

 

Los antiguos eran lentos y graves en sus palabras.

 

Cuando habían hecho prosperar y llevado las cosas a bien, el pueblo decía: <<Henos aquí anosotros mismos.>>

 

Tao Te King 17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  17

 

EL PUEBLO Y EL SOBERANO

 

 

Si estudiáis el diecisieteavo capítulo del Tao Te King y reflexionáis en él, comprenderéis rápidamente que el término príncipe designa al grupo de los guías espirituales de la humanidad en sus diversos matices. Es necesario ver que, en la alta antigüedad, el soberano era al mismo tiempo el guía religioso, o mejor dicho los guías espirituales eran igualmente los jefes políticos. Vemos de ello un vestigio simbólico en Inglaterra donde la reina es también el jefe de la iglesia anglicana.

En el comienzo de un nuevo período, de un nuevo día de manifestación, lo que queda de la humanidad caída recibe una nueva posibilidad de manifestarse. Los microcosmos, purificados del pasado de la naturaleza, son sacados de nuevo de la noche cósmica y conducidos a un nuevo período de actividad dialéctica donde reciben una personalidad.

 

Al alba de una manifestación tal, la humanidad es provista de una dirección espiritual, dirección que le prescribe su objetivo y le impulsa hacia ese objetivo, el cual es la liberación. Es evidente que al comienzo esta dirección no puede ser elegida de la base, pues la joven humanidad no es aún capaz de ello.

Por ello, en este primer estadio de desarrollo, el grupo del eslabón precedente, el último eslabón de la Cadena de las almas inmortales de las Fraternidades precedentes, intervenían como guías y soberanos. Como estos se habían liberado antes de la última noche cósmica, una gran distancia separaba a estos príncipes sublimes de la joven humanidad salida del último vestigio. Esta inconmensurable distancia volvía pues imposible un contacto directo.

 

Existía todo lo más una unión impersonal que operaba por la percepción sensorial y la vida onírica. En este estado, las entidades humanas no percibían personalmente a sus guías espirituales sino que cada una estaba convencido de su presencia por sus experiencias interiores personales. Ellas resentían la presencia de los dioses, razón por la cual se dice:

 

«En la alta antigüedad, el pueblo sabía solamente que los príncipes existían.»

 

La segunda jerarquía de soberanos salía en parte del pueblo en unas condiciones muy particulares. Pues mientras tanto el cuerpo racial de la joven humanidad se había desarrollado. Algunas entidades predispuestas fueron protegidas por los dioses del último eslabón. Más tarde todavía, unos dioses se manifestaron más directamente en un microcosmos, primeramente por suplantación de la conciencia, en los templos, y después por el nacimiento.

 

De esta manera se establecía entre los príncipes del espíritu y la humanidad una unión más directa y más personal, vuelta necesaria por el hecho de que la vista interior se obscurecía progresivamente en razón del hundimiento en la materia. Por ello:

 

«El pueblo amó y alabó a los príncipes que vinieron a continua­ción.»

 

El amor y la alabanza vinieron a añadirse a la adoración de la primera fase.

La tercera fase apareció con la evolución ulterior de la manifestación dialéctica de la humanidad. Los soberanos espiri­tuales del último eslabón se retiraron cuando hubieron terminado de transmitir la Enseñanza universal, las instrucciones y el camino de la magia, y mientras tanto el cuerpo racial y el estado microcósmico del hombre se habían desarrollado suficientemente para que fuera posible reclutar, por primera vez en su historia, guías espirituales en el seno mismo de la joven humanidad.

Es en esta fase cuando se formó el sacerdocio humano, mientras que para asegurar durante tanto tiempo como fuera posible una justa unión, uno de los antiguos príncipes espirituales volvía periódicamente a la tierra para suscitar un despertar del espíritu.

Esta era una necesidad urgente pues el crecimiento del egocentrismo provocaba un rápido declive. La nueva jerarquía de sacerdotes-reyes, elegida en la misma humanidad, se disgregó a causa de las querellas a propósito de las esferas de influencia y en razón de las rivalidades, de las envidias y de toda la gama de las pasiones humanas.

 

Esta jerarquía habiendo sido arrastrada a la magia y siendo el cuerpo racial aún muy sutil, es decir menos denso que hoy día, las prácticas mágicas tenían efectos poderosos. Así un hechizo lanzado por un soberano irritado podía provocar la muerte súbita. El bien y el mal, en su forma extrema, estaban fuertemente mezclados. El pueblo tenía pues toda la razón en temer a los soberanos. Por ello:

 

«Temieron mucho a los que les sucedieron»

Lao Tsé recorrió a gran velocidad la historia de la humanidad. No es ella la que le interesa sino el presente. Esboza pues en algunas palabras el período siguiente. El tiempo de las teocra­cias absolutas había pasado y a ello siguió un descenso del nivel espiritual. Era inevitable. La densificación del cuerpo racial y el declive de las teocracias engendraron la ruptura de la unión con los príncipes del último eslabón.

 

Desde el punto de vista espiritual, solo subsistió el campo de radiación gnóstico así como unas escuelas espirituales que habían reanudado la tarea de las teocracias degeneradas. Estas escuelas debieron trabajar con la mayor prudencia siendo el objeto de toda clase de persecucio­nes mortales. La fase siguiente asistió, primeramente, a la degeneración del sacerdocio hacia la magia negra, y, en segundo lugar, al desarrollo de la teología como saber puramente intelectual, sin dimensión interior y sacerdotal, sin derechos y cualidades, así como a la formación de una clase popular mística y autoritaria.

Por este hecho el desprecio se instaló y aumentó en el hombre de la masa. La adoración, el amor y el temor desaparecie­ron completamente. Ya no se tomó en serio a los sacerdotes y a los teólogos. Por ello se dice: «El pueblo despreció a aquellos que vinieron a continuación».

Vivimos en un período en el que la mayor parte de la humanidad ha cortado completamente sus lazos con la Gnosis. Ha denunciado estos lazos, los ha destruido en razón de una cristalización y de una degeneración continuas. La masa está impregnada y saturada de un sucedáneo de espiritualidad que de hecho desprecia y que no le inspira ninguna confianza.

En los medios de la teología, se rinden cuentas y se ve que se está en mal camino, en la ignorancia. Pese a todo numerosos teólogos piensan que son llamados a ejercer una dirección espiritual. Además, en el curso de los siglos, sus ancestros han vertido tanta sangre, han causado tanto mal, han perpetrado tantos actos de una despiadada crueldad que, cargados con una herencia sanguínea así, están completamente encadenados.

 

Pensar en la caza de las brujas de los últimos siglos, en las innumera­bles persecuciones contra los servidores de las Escuelas espirituales, como la Fraternidad de los Cátaros. Pensar en Calvino que hizo perseguir a Miguel Servet. Millones de hombres fueron asesinados en nuestra era. Ello explica las reacciones de la sangre cada vez más fuertes, la desconfianza y el odio generales. Y vosotros conocéis la ley: «Quien pierde confianza en otro no obtiene la confianza de este.»

Se esfuerza en desarrollar un movimiento ecuménico, una nueva internacional de la espiritualidad, ¿pero como se podría instaurar una situación nueva, en el sentido de un restableci­miento de la unión con la Gnosis, sobre la base de la ignorancia, de la degeneración y de una herencia tan pesada? Ya hace mucho tiempo que se le retiro el derecho de primogenitura al clero actual. Ahora bien, desde hace siglos, este derecho es transmiti­do a las Escuelas espirituales.

Estas, desde hace siglos, ya han establecido un movimiento ecuménico. Además el ecumenismo teológico consiste en congresos sucesivos y ruidosas publicacio­nes, mientras que es evidente que el camino a tomar es totalmente diferente. Bajo este punto de vista examinar los últimos versículos del diecisieteavo capítulo del Tao Te King:

«Los antiguos eran lentos y graves en sus palabras. Cuando habían hecho prosperar y llevado las cosas a bien, el pueblo decía: <<Henos aquí a nosotros mismos.>>»

Los verdaderos trabajadores en la viña de la luz son lentos y serios en sus palabras. Ello quiere decir que no decían, y no dicen, más que lo estrictamente necesario y no se pierden en vanos juegos de palabras ni brillante elocuencia. Se trata en primer lugar de «hacer prosperar y llevar las cosas a bien.»

 

Que cada trabajador y cada alumno evite pues los torrentes de palabras, las demostraciones exteriores y las especulaciones, que demuestre la realidad de su estado por su propia vida, tanto exteriormente como interiormente. Solo los hechos hablan y testimonian. Solo la verdad, la realidad, libera. Solo el renacimiento del alma eleva por encima del tiempo y el espacio.

Ahora que después de un combate encarnizado, el aparato de trabajo está establecido y que unos valores interiores de base están adquiridos, ahora que la antigua sabiduría se ha liberado de su ganga material, que se ha restablecido la unión con los soberanos del último eslabón y que el séptuple Cuerpo Vivo está dispuesto, estamos pues ante la obra a realizar: recuperar la cosecha del mundo entero.

 

La forja está construida, el yunque dispuesto, el fuego encendido, activo, y sube en llamas ardien­tes. Por ello es necesario en el presente que los golpes de martillo caigan y que una nueva falange sacerdotal porte el testimonio, testimonio que consiste en demostrar personalmente un nuevo estado de ser, no por palabras sino por hechos.

 

Esa es la llave con la cual romper el estado sanguíneo de la humanidad actual. La humanidad está hundida en la desconfianza y el desprecio a consecuencia de sufrimientos sin nombre. No vayáis hacia los hombres únicamente con palabras: no tendréis ningún éxito. No vayáis hacia ellos con los métodos habituales, con hileras de fórmulas edificantes y tranquilizadoras, sino que presentaros ante ellos con un alma nueva.

Cuando así hayáis «hecho prosperar y llevar las cosas a bien», los hombres que sean dignos de ello dirán: <<Venimos de nosotros mismos, venimos a vosotros, estamos con vosotros, espontáneamente; nos inclinamos ante los hechos. Venimos de nosotros mismos, por elección interior.>> Pondrán entonces en práctica el no hacer, como vosotros habéis hecho. Y querrán alcanzar lo que vosotros mismos habéis alcanzado. Unas realiza­ciones concretas en el presente: este es el método de la liberación. Este es el método de los antiguos.

 

 

 

Cuando se abandonó a Tao, aparecieron la filantropía y la justicia.

 

Cuando la sagacidad y la ingeniosidad se manifestaron, apareció la gran hipocresía.

 

Cuando la familia dejó de vivir en armonía, aparecieron el afecto paterno y el amor filial.

 

Cuando los estados del reino se hundieron en el desorden, aparecieron las personas fieles.

 

 

Tao Te King, capítulo 18

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  18

 

CUANDO SE ABANDONÓ A TAO, APARECIERON

LA FILANTROPÍA Y LA JUSTICIA

 

 

A la luz de la Enseñanza universal, es evidente que el desarrollo y el declive de la humanidad no tienen nada de enigmáticos. Cuando un nuevo período comienza para la humanidad, después de un nuevo día de manifestación, y que todos los microcosmos reciben una serie de nuevas posibilidades de elevación, la elección de la liberación es ofrecida absolutamente a todos al alba de un día así.

 

Pero no lo es indefinidamente, pues ello está excluido en el orden dialéctico. Por ello cada día de manifesta­ción presenta un nacimiento, un crecimiento, una maduración y a continuación un declive. Durante este desarrollo, y por la fuerza de las cosas, el cuerpo racial se densifica progresivamente y la división alcanza su punto más alto. Lo hemos visto: desde el alba del día cósmico, la Gnosis, Tao, va al reencuentro de la joven humanidad y camina con ella durante tanto tiempo como sea posible, esforzándose por retenerla cerca de ella.

 

La cosecha es grande, en efecto, pero desgraciadamente llega también el momento trágico e histórico del adiós para la parte que queda atrás. Nosotros y nuestros semejantes hemos conocido ese momento. Pertenecemos al resto de aquellos que, hasta el presente, han dicho no.

En el curso de esta separación histórica, un último medio de salvación es confiado a las Escuelas espirituales de la séptuple Fraternidad mundial, luego no hablamos de lacaída trágica de las teocracias. Sin embargo, como sabéis, la Escuela Espiritual solo puede ayudar concretamente a un pequeñísimo porcentaje de la humanidad -y ello es hablar con optimismo.

 

Muy débil también es el número de aquellos que, en principio, pueden ser tomados en consideración porque reaccionan aunque sea un poco a las radiaciones magnéticas gnósticas. Para el resto, se debe decir que después del período del <<abandono de Tao>>, una ruptura completa se ha realizado, una ruptura fundamental.

Para respetar la verdad, constatamos sin embargo que una parte muy grande de la humanidad posee elementos que testimonian claramente de que es llamada a un destino mejor y a un bien superior. Un perro de raza mal cuidado puede parecer extremada­mente miserable, pero siempre es posible descubrir su raza y su origen.

 

Lo mismo ocurre para la humanidad. La posesión de la rosa, aunque negativa y caricaturesca, habla en y por ella misma y lo demuestra de diversas maneras. La humanidad revela que ella tiene <<la raza>>, algo de real. Ella da la prueba de su alto linaje.

Pero, desgraciadamente, es preciso decir, citando una imagen de Joan Valentín Andreae sacado de las Bodas Alquímicas de Cristian Rosacruz, que ella yace encadenada en una prisión oscura donde los hombres no dejan de reprocharse mutuamente sus tinieblas, su miseria y sus cadenas. Se querellan y llegan a las manos por ello. Al mismo tiempo intentan con celo, en teoría y en la práctica, ordenar y mejorar este caos pero sin éxito. La tentativa es inútil, aunque el esfuerzo sea comprensible. Por ello Lao Tseu dice:

 

«Cuando se abandonó a Tao, aparecieron la filantropía y la justicia.»

 

¿Sabéis que desde hace 400 años vivimos el desarrollo y la puesta en práctica de la filantropía aplicada? En 1953, un congreso humanitario se mantuvo en Geneve con ocasión del 400 aniversario del suplicio de Miguel Servet, quemado a instigación de Calvino.

En esta época se elevó la protesta vehemente de Castellio y, después, el humanitarismo no ha dejado de crecer y de desarro­llarse. En efecto ha puesto su sello en nuestra sociedad. Los filántropos hacen lo mejor que pueden ¿y quien se negaría a practicar el humanitarismo y la justicia?

Pero esta actitud ¿no acelera al mismo tiempo el descenso a los infiernos de la humanidad? Cuatrocientos años de filantro­pía, ciertamente, pero también cuatrocientos años de sufrimientos y de desesperación: las guerras y las destrucciones más horri­bles, la rabia de matar y de masacrar, ríos de sangre y lágrimas espolvoreados de filantropía y de justicia. El hombre muestra dos naturalezas. Potencialmente es un dios pero igualmente un demonio. ¡Y ello agita y hierve en la prisión! ¡Que horrible condición!

¿No es necesario pues amar a los hombres? ¿Y porque? Si lo hacéis, es más fuerte que vosotros. Pero está no es una solución. ¿Porque no volveros hacia la justicia? ¿Pero que es la justicia para esta masa hormigueante y extremadamente compleja en su sombría prisión? ¿Los intereses no son desesperadamente opuestos? Cada individuo no busca el derecho de llegar a sus propios fines? ¿Comprendéis cuan fácilmente se puede llegar a la hipocresía en el nombre del derecho? Esta es la razón por la que Lao Tseu dice:

 

«Cuando la sagacidad y la ingeniosidad se manifestaron, apareció la gran hipocresía.»

 

Si vuestros intereses, vuestros deberes y la necesidad de manteneros, es decir vuestras preocupaciones, se encuentran sobre la línea horizontal, habéis desarrollado, en el curso de los años, sagacidad e ingeniosidad. Empleáis una táctica, un juego sutil de comprobación para llegar a vuestros fines.

 

Y, en este juego, buscáis ahora el poner el derecho de vuestro lado, no para practicar la justicia sino para alcanzar vuestro objetivo. Vuestra acción es pues hipócrita. Ello provoca toda clase de turbaciones y las situaciones se vuelven cada vez más complica­das. Si seguís las luchas políticas de la humanidad a la luz del Tao Te King, solo podéis sentir una continua y muy comprensible nausea. En materia de política y de economía, la mentira y el engaño reinan siguiendo un plan determinado, y escuchamos los golpes que se asestan recíprocamente y oficialmente los partici­pantes en esta prisión que es nuestra sociedad. La gran familia humana no vive ciertamente en armonía. Es una situación horroro­sa.

Sin embargo, incluso en esto, ella no niega su origen superior, su status. La gran familia humana no vive en armonía, eso lo sabéis y lo experimentáis. Y he aquí:

 

«Cuando la familia dejó de vivir en armonía, aparecieron el afecto paterno y el amor filial.»

Como islotes en el seno de una mar muy agitada, existen, por decenas de millares, familias que viven en la paz. El amor de los padres y la piedad filial existen a pesar de numerosas excepcio­nes. ¿Es este un mal? ¡Al contrario! Que la quietud de vuestra vida familiar y el amor de los padres y los hijos sean un consuelo mutuo, es quizás el único lugar de reposo que tenéis en la tempestad de la vida.

 

Pero no sobreestiméis la calidad de esta situación, pues … ¿vuestro corazón late con tanto amor por la familia de al lado? Nuestros apartamentos están apilados como jaulas de pájaros donde, en muchos, se arrullan armoniosamente. Ello no impide que los habitantes no dejen de luchar en la prisión. En ciertos grupos, los dirigentes proclaman la nobleza de la familia, como célula de base de la sociedad. Tienen razón, es un chaleco salvavidas que preserva a los hombres de ahogarse.

 

Pero no la idealicéis, pues no es más que un triste vestigio, un muy débil reflejo de la vida original en Tao.

Ello es para los pueblos como para la familia. Cada pueblo es una gran familia, pero muchas de estas grandes familias en la tierra se han disgregado, hay mucho que hacery se combate bravamente. En la vida de estos pueblos, sin embargo, aún se entreve algo de la naturaleza divina.

Por ejemplo, en el amor a la patria, en el sentimiento nacional. Que lo sintáis o no, y sea cual sea la manera como ello se manifieste, ello importa poco, constatamos solamente que tales sentimientos existen en los pueblos y por ello cada pueblo tiene sus sujetos fieles.

 

Ningún hijo de los hombres está liberado del patriotismo, pues es un estado de la sangre. Y sabéis hasta donde puede llegar, aunque fundamentalmente sea una cualidad como un fulgor fugitivo del original. ¿Pero hasta donde el sentimiento nacional no empuja a veces a la humanidad? Así pues comprenderéis perfectamente la observación de Lao Tseu:

 

«Cuando los estados del reino se hundieron en el desorden, aparecieron las personas fieles.»

 

Es inútil entrar en detalles para explicarlo. Habréis hecho vuestras propias experiencias en la materia y cuando entráis en vosotros mismos y determináis vuestro propio punto de vista sobre la cuestión en tanto que alumno de la Escuela Espiritual, sabéis que tenéis aún mucho que hacer antes de ser liberado de esta ilusión.

 

¿Pues no es ilusorio permanecer mimándose bajo un reflejo caricaturesco de la misma luz? ¿No es preciso regresar a Tao en tanto que aún es posible? Habéis escuchado la llamada de la Escuela Espiritual y ahora que habéis prestado oídos a ella y percibido lo que da la paz eterna, ¡se trata de considerar las consecuencias!

Estamos completamente desconcertados pensando que el Tao Te King fue transmitido a la Humanidad al menos 600 años antes de Cristo. En nuestra opinión esta obra se remonta incluso varios miles de años antes. ¡Luego no seríamos pioneros sino retardata­rios! Sea lo que sea, por muy retardatarios que seamos, camine­mos, aún es tiempo. Abandonemos la prisión y entremos en la libertad por el renacimiento del alma:

 

«Ser Tao, es durar eternamente. Incluso si el cuerpo muere, ya no hay que temer ningún peligro.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rechaza la sabiduría, expulsa el saber, el pueblo será cien veces más dichoso.

 

Rechaza el humanitarismo, expulsa la justicia, el pueblo reencontrará el afecto paterno y el amor filial.

 

Rechaza la habilidad, expulsa el gusto por el beneficio, y ya no habrán ni ladrones ni bandidos.

 

Aléjate de estas cosas y no encuentres ningún placer en la apariencia.

 

Por ello esto es en lo que debes mantenerte: considérate a ti mismo en tu simplicidad original, guarda tu pureza original. Ten el menor egoísmo y deseo posible.

 

Tao Té King, capítulo 19

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  19-I

¡EXPULSA EL SABER!

 

 

Sabéis como la humanidad, vestigio de lo que era en el origen, da vueltas en círculo en el pozo tenebroso de la naturaleza de la muerte. Por el humanitarismo y la justicia, por el amor paterno y filial, luego por el culto a la familia y a la patria, intenta arreglar las cosas. Por vanas que sean estas tentativas en cuanto al resultado final, sin embargo se las debe considerar como la única posibilidad de expresión del potencial de bondad de la humanidad.

Tao fue abandonado, y hemos visto el resultado bajo diversos aspectos. Habéis tenido vuestras propias experiencias en la materia. Por ello os proponemos como única solución posible: tomad las cuerdas descendidas para vuestra salvación en el pozo de la decadencia., para recorrer el camino de regreso, un camino que comienza con el renacimiento del alma y da a esta una paz inmediata.

Este camino de regreso tiene naturalmente diversos aspectos y debéis tenerlos en cuenta. Conocéis la quíntuple Gnosis universal y sabéis que ella se corresponde con vuestros fluidos vitales:

 

La compresión corresponde a la sangre,

El deseo de salvación al fluido hormonal,

La rendición del yo al fuego de la serpiente,

El nuevo comportamiento al fluido nervioso,

Y el renacimiento del alma al fluido astral.

 

Desde hace años todo ha sido hecho para dar a los alumnos de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro una comprensión suficiente de su estado. Lo mismo se puede decir en lo que concierne al deseo de salvación. Aquel que tiene alguna compren­sión aspira al nuevo campo de vida. Hemos dicho con fuerza, casi cotidianamente durante años, que la rendición del yo, el estado en el que ya no hay yo, era la clave de ello.

 

Ahora sabéis que estos tres caminos -comprensión, deseo de salvación y rendición del yo- mantienen la unión con las radiaciones electromagnéticas presentes y demostrables en el campo de fuerza de la Escuela Espiritual.

En el curso de los años transcurridos, una nueva fuerza electromagnética ha aparecido en nuestro campo de fuerza. Una fuerza que nos hace hablar de la unidad de grupo y del nuevo comportamiento; una fuerza que influencia sobretodo a vuestro corazón; una fuerza que os impulsa a actuar y a dar pruebas evidentes de un aprendizaje puro y sin defecto.

 

Como una avalancha, esta fuerza, como sabéis, ha provocado grandes cambios y desarrollos en nuestra Escuela, cambios que, por una parte, nos llenan de agradecimiento y alegría, pero por otra, nos entriste­cen porque es necesario manejar el cuchillo de la purificación y de la liberación sin consideración. Como sabéis:

 

Nuevo comportamiento requiere

Noción clara y sabia.

Quien quiere la vida que nos libera

Debe girar la página.

Sin tregua,

Día y noche,

Entierra tu yo

Y adhiérete al grupo.

 

Nosotros hemos preparado y realizado este nuevo comienzo, y aquellos que daban la primacía al yo y a su ilusión y obstaculi­zaban así el viaje, se excluyen ellos mismos del grupo. Admitamos ahora que habéis comenzado este viaje en el nuevo comportamiento; que estéis perfectamente dispuestos a aceptar las consecuencias. Aún así se plantean diferentes problemas que deberán ser resueltos.

 

Pues aquel que es incapaz de resolver sus problemas pierde su buen humor mientras que el abatimiento o la exaltación toman su lugar. Al lado de las grandes líneas del camino que conocéis y aceptáis, al lado del comportamiento fundamental correspondiente, pensamos en las conductas prácticas más o menos concretas cotidianamente necesarias.

Tenéis los ojos fijos en el objetivo de la Escuela Espiri­tual, luego sabéis lo que se espera de vosotros. Pero también estáis orientados diariamente sobre la vida ordinaria con todas su emociones. Frecuentemente no sabéis que hacer. Ello os lleva a cometer faltas que acarrean un destino enojoso. También, en la vida corriente, en calidad de alumno, tenéis un comportamiento reflexivo. No decís: <<La vida diaria no me interesa. No tengo nada que hacer en ella. Mi cuenta con ella está liquidada.>>

Sería estúpido hablar de este modo; pues el hecho de que estéis sobre esta tierra prueba que la vida no ha liquidado justamente su cuenta con vosotros. Por ello, de todas formas, os es necesario elegir conductas prácticas sobre el plano horizon­tal. Ahora bien Lao Tsé os ilumina al respecto.

En primer lugar, a propósito de la vida ordinaria, rechazar la sabiduría y expulsar el saber. Irradiar solamente la luz de vuestra alma. Ello significa que si vosotros vais ante vuestros semejantes cargados del conocimiento y de la sabiduría de la Gnosis, os encontrarán insoportable. Despertaréis el odio. Desencadenaréis resistencia.

 

Encenderéis la guerra. Sin embargo, con un poco del conocimiento de los hombres, un poco del conocimiento de la vida y un poco de amor, haréis maravillas, llevados por la nueva luz del alma. De esta manera volveréis a los humanos felices alrededor de vosotros. Y en esta atmósfera de armonía y de felicidad se abrirán más que nunca a vuestra orientación espiritual.

Así Lao Tse dice: «Rechaza la sabiduría, expulsa el saber», actúa tan naturalmente como sea posible, «el pueblo será cien veces más feliz». Y vosotros seguiréis el camino de la menor resistencia, justamente para romper la resistencia.

El aspecto siguiente de esta importante cuestión es este: el humanitarismo y la justicia lanzan por todas partes el desorden en el mundo. Innumerables movimientos sobre el plano dialéctico, quieren ayudar a la humanidad por el aspecto de la filantropía y el derecho. Pensar en todas las corrientes religiosas, humanitarias y políticas que actúan en el plano de la naturaleza.

 

Envían sus censuras y sus publicaciones por el mundo entero. Tienen su prensa y su organización. Os llaman y os hacen señas en todas direcciones, con la loable intención de convertir la prisión, el desorden en orden, eventualmente en orden divino.

¡No os burléis de ellos! No los ataquéis. No opongáis vuestras concepciones a las suyas. Considerar esto muy seriamen­te, pues los hombres no pueden hacer otra cosa. Sin embargo no colaboréis con ellos personalmente.

 

No os dejéis coger por ello. Liberaros eventualmente. No esperéis nada de ellos y actuar con tacto. Si un grupo ejerce una influencia, estará bien le grupo gnóstico gracias a su campo de fuerza. Si el conjunto del grupo de la Escuela Espiritual se libera de la violenta agitación mundial, será una poderosa palanca en el restablecimiento final de la gran familia humana unificada.

 

Los esfuerzos humanitarios en el plano horizontal serán entonces reemplazados por la realidad del plano vertical.

Aceleramos así la venida del período conocido bajo el nombre del <<reino de los mil años>>. Es el proceso que deben seguir las Escuelas espirituales de la séptuple Fraternidad mundial. Luego:

 

«Rechaza el humanitarismo, expulsa la justicia, el pueblo reencontrará el amor».

No estamos aún más que al principio de este desarrollo, pero si queréis participar en él descubriréis como todo esto se volverá importante.

Os hemos hablado de la actitud del alumno hacia sus semejantes y, en el párrafo social, de sus relaciones con la sociedad. Sin embargo hay aún mucho que decir a este respecto:

«Rechaza la habilidad, expulsa el gusto por el beneficio, y ya no habrán ni ladrones ni bandidos.»

¿Que es necesario entender por estas palabras? Examinémoslas primeramente en el contexto de nuestra Escuela Espiritual, y a continuación en el de vuestra vida social ordinaria. Suponer que, en la Escuela, en ciertos aspectos, vuestros móviles no sean puros. Este hecho depende naturalmente de la impureza fundamental de vuestro corazón. Sois victimas de las llamas de vuestros deseos.

 

Y os esforzáis, con la ayuda del saber-hacer adquirido, en alcanzar vuestros objetivos. Tratáis pues de obtener algo que, de hecho, no os corresponde. Tratáis de forzar lo que os corresponderá en el tiempo deseado, si todo va bien. Actuáis precisamente como un ladrón y es evidente que por este hecho evocáis toda clase de fuerzas y vibraciones correspondientes. La Escuela es puesta entonces en dificultades y el campo de fuerza turbado.

 

En este caso emanaría de ella una radiación impura, destructiva para la humanidad y no liberadora. En una escuela espiritual, no metáis lo que en vosotros es deseo, habilidad y gusto por el beneficio, renunciar a ello completamente.

Esforzaros por aplicar estos principios igualmente en la vida ordinaria de manera consciente y fundamental. ¡Atreveros a hacerlo! Vuestro desarrollo en el camino de la paz del alma se beneficiará enormemente por ello. Hay numerosos ladrones y bandidos en vuestro campo de respiración, ¡que vosotros mismos habéis evocado! ¡Que dificultades no provocaréis así en la vida de los demás! Ello no os reporta nada y destruye a los demás. Por ello, dice Lao Tseu:

«Rechaza la habilidad, expulsa el gusto por el beneficio, y ya no habrán ni ladrones ni bandidos.»

Poned este comportamiento en práctica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  19-II-

ALÉJATE DE ESTAS COSAS

 

 

Retomemos los versículos no comentados del capítulo 19 del Tao Té King:

«Aléjate de estas cosas y no encuentres ningún placer en la apariencia.

Por ello esto es en lo que debes mantenerte: considérate a ti mismo en tu simplicidad original, guarda tu pureza original. Ten el menor egoísmo y deseo posible.»

«Aléjate de estas cosas». ¿Pero cuales son estas? Permitirnos el recordároslas una vez más. En vuestro comportamiento cotidiano, a propósito de vuestras relaciones con vuestros semejantes, renunciar a vuestra sabiduría y a vuestro saber. Habéis recibido esta sabiduría y este saber únicamente para vosotros mismos, para la transformación de vuestra alma mortal en alma renacida.

 

De ello resulta, en particular, una radiación del alma. Esta radiación no emana de vosotros de manera voluntaria, reflexiva o premeditada; y nunca puede ser hiriente, provocadora o desagradable para quien quiera que sea. Vuestra sabiduría y vuestro saber solo son útiles en el camino, a parte de a vosotros mismos, si alguno os lo pide cuando, en la angustia del alma, tenga necesidad de ello.

 

Para los demás, debéis comportaros con amor y comprensión, con gran paciencia y compasión, pues forman parte del tipo de ser  al que vosotros mismos pertenecíais. Así es posible volver felices a todos los seres vivos con los que estéis en contacto.

La segunda cosa de la que es preciso que os alejéis concierne al humanitarismo y la justicia. Decenas de grandes movimientos, y centenas de pequeños, cuya violenta agitación resulta de la acción de los grupos religiosos, humanitaristas, políticos, ocultos y económicos, requieren vuestra atención, vuestra colaboración, vuestra determinación, el don de vuestra vida.

 

No participéis en ello en ningún caso. Considerar todo esto como inútil y únicamente bueno para mantener la lucha. Sin embargo no os mostréis ni arrogante, estúpido o rencoroso. Os callaréis y haréis la ofrenda de la luz de vuestra alma.

En tercer lugar, despreciar vuestra habilidad y vuestro gusto por el beneficio, pues estos rasgos de carácter son armas para robar lo que no os pertenece y aquello a lo que aún no tenéis derecho. Crearéis alrededor de vosotros una atmósfera de desarmonía, de rapacidad y de asesinato.

En el capítulo precedente, hemos determinado tres elementos de los que es necesario alejarse. Si os decidís a ello, no lo hagáis solamente en apariencia. Saber que algo no es bueno y no renunciar a ello desde el fondo del corazón es siempre una apariencia. En este caso, obedecéis a una ley que os es impuesta, o que os imponéis a vosotros mismos. Os mantenéis entonces bajo la ley, luego en la fase del Antiguo Testamento.

 

Entonces os inclináis ante la ley sin que por ello la nueva realidad se inscriba en vuestra sangre. No habéis renunciado a la justicia ordinaria y os complacéis en la apariencia. El nuevo comporta­miento solo tiene sentido si lo adoptáis interiormente impulsados por la sangre del corazón. Si no, es apariencia, es hipocresía. Caéis entonces bajo el golpe del juicio emitido en el capítulo 18:

«Cuando la sagacidad y la ingeniosidad se manifestaron, apareció la gran hipocresía.»

Comprenderéis que, en la Escuela Espiritual y en el camino, es imposible dar un paso y conseguir ningún éxito injustamente, fingiendo. Comprenderlo bien porque en el mundo ordinario se puede aparentar.

Pero es la causa de indecibles tormentos, pues aparentar va a la par con el instinto de conservación y el instinto de conservación desencadena la guerra. La apariencia en la vida y el comportamiento está hasta tal punto anclado en la sangre, de generación en generación, ¡que se muestra una cierta tendencia a emplear la apariencia y sus métodos hasta en la Escuela Espiritual para seguir el camino! No se habla entonces de apariencia ni de impostura, pues son palabras peyorativas. Se dice: <<Yo lo querría, yo me esfuerzo en ello, yo lo deseo.>> y otras frases parecidas.

Comprenderlo bien, no queremos colocaros bajo un aspecto desfavorable, ni ofenderos, sino que estamos obligados a preguntaros: <<¿La Gnosis no es para vosotros solo una aparien­cia, un valor aún totalmente exterior, que os gustaría poseer?>> Podéis entonces estudiar las características y los objetivos de ella, adoptarla en vosotros aproximándoos a ella e imitarla gracias a los métodos dialécticos de los que disponéis.

 

Pero ello se tratará de un seudo-aprendizaje con apariencias a veces muy refinadas. Sin embargo no podría ser considerado como una posesión de la sangre. Debéis demostrar que estáis renovados en vuestra propia sangre y por ella. Esa es la razón por la que Lao Tseu dice al final del capítulo 19:

«Por ello esto es en lo que debes mantenerte: Considérate a ti mismo en tu simplicidad original, guarda tu pureza original. Ten el menor egoísmo y deseo posible.»

¿Que es necesario entender por esto? Ciertamente no la simplici­dad y la pureza divinas originales. Nos es imposible vernos allí. En tanto que alma mortal jamás hemos conocido este estado. Sin embargo, cuando os aproximáis a la Escuela Espiritual y decidís seguir el camino, debéis liberaros de todos los velos que la ilusión, la impostura y la educación han tejido alrededor de vosotros, y manteneros en el suelo de vuestra verdadera naturale­za y de vuestro estado de ser real.

Todo hombre es de un tipo determinado, de un carácter determinado, de un valor determinado. Cuando habéis adquirido el conocimiento de vosotros mismos, sin sobreestimaros ni subestima­ros, estáis en vuestra simplicidad original, conocéis vuestro tipo personal. Entonces, en la pureza y autenticidad de parecido conocimiento, os aproximáis a la Gnosis con comprensión y deseo de salvación, en la rendición del yo y el nuevo comportamiento – proceso que puede ir muy deprisa. Manteneros en ello.

 

Si no lo hacéis, siempre corréis el riesgo de aproximaros a la Gnosis en la ilusión, con todas las consecuencias que manan de ello. Ved cada día en vuestra perfecta simplicidad y, sobre esta base, seguir el proceso con pureza. Esto es lo que Lao Tseu tiene en miras.

En tanto que dais vueltas en círculo en este mundo, tenéis necesidades e intereses materiales en tanto que debéis mantene­ros. Pues bien – y en ello cada uno es juez – simplificar y disminuir lo más posible vuestras obligaciones para manteneros en la materia. Tener lo menos posible de egoísmo y deseo, lo justo para asegurar las necesidades de vuestro ser biológico.

Rechazar la ilusión y comenzar vuestro camino de alumno en la simplicidad y la pureza, y entonces la unidad de grupo -la gran comunidad de las almas- surgirá con fuerza y de una manera maravillosa. Abandonar todo lo que es inútil y os estorba. Luego:

 

Abandonar este pesado yugo,

Este mal que roe vuestra sangre

Y entrar en la libertad.

 

Os hemos hundido en la sabiduría del Tao Té King y esperamos grandemente que los frutos de estas reflexiones aparecerán en vuestro comportamiento.

 

 

 

 

 

La apariencia de la forma sensible emana de la esencia de Tao. Tal es la naturaleza de Tao.

 

En la creación Tao es vago y confuso. Vago y confuso, sin embargo, en Él están contenidas todas las formas. Vago y confuso, sin embargo en El están contenidas todas las existencias.

 

En sí mismo está lo real y verdadero. Desde siempre su nombre es inmortal. Es el padre de todas las cosas. ¿Cómo puedo yo saber que es el padre de todas las cosas?

 

Por él mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  20-I

ABANDONA EL ESTUDIO

 

 

Intentemos comprender plenamente el significado gnóstico del capítulo 20 del Tao Te King.

 

¿Os han perturbado las palabras: “Abandona el estudio, la inquietud se alejará de ti”?

La humanidad totalmente absorbida por la intelectualidad, encontrará este aforismo de una estupidez extrema o bien se sentirá herida. ¿No están estas palabras en contradicción con las ideas de la Escuela de la Rosacruz de Oro?. ¿No decimos que el hombre debe poseer el conocimiento para comprender la Gnosis?.

 

¿No dice la Biblia:<<Sin embargo los alumnos de todos los tiempos han recibido una enseñanza por medio ya sea de la palabra, ya por escrito, o incluso por el lenguaje de los Misterios?. ¿Es necesario renunciar a todo ello?. ¿Cómo es posible proferir tal enormidad remontándonos al año 600 antes de Cristo y pensar que ello sería sabiduría gnóstica?>>

Examinemos lo que Lao Tseu entiende por ello. Comencemos pues con un ejemplo conocido:

Imaginaros que hayáis leído el conjunto de las obras de nuestra escuela Espiritual sobre la base de todas las obras parecidas que os han llegado en el curso de los años. Imaginar también que tenéis una buena memoria, en la que habéis almacenado todo lo que habéis leído; de manera que se puede decir de vosotros, intelectualmente: <<¡El sabe esto!. ¡Ella sabe esto!>>

¿Os ha aportado este saber algo real, aunque sea mínimo?. ¿No hay una enorme diferencia entre saber intelectualmente y poseer realmente? ¿No son numerosos los que se lanzan ávidamente sobre las obras de la Escuela Espiritual y por decirlo de alguna manera las devoran?. ¿Habéis observado a continuación sus reacciones o los habéis oído hablar?.

 

Un capítulo suscita alegría, el segundo tristeza, el tercero aversión, el siguiente quizás un gran desarrollo. En eso se entreveía de nuevo un pequeño brillo de esperanza, después sobrevenía aún un temor sin medida, etc.

Todas las reacciones psíquicas posibles se sucedían en un salvaje torbellino. Finalmente los interesados se encontraban frecuentemente con tales tensiones, el derrumbamiento astral era total, las preocupaciones de toda clase se acumulaban como nubes, hasta tal punto que llegaban al resultado contrario del esperado.

Cuando observáis tal hundimiento moral y psíquico y determináis la causa de ello, las palabras de Lao Tsé <<En el nombre de Dios, hombres, abandonar el estudio>>, ¿no las entendéis como un grito del corazón?.

Además del hundimiento psíquico y los desfallecimientos morales debidos al estudio, pueden también manifestarse otros fenómenos. Saciarse sin más en los manantiales puramente teóricos conduce invariablemente a sobreestimarse seriamente. <<¡Pero yo se todo esto!>>. Puede petrificarse en tal estado psíquico. Tratar de acumular en la práctica conocimientos puramente teóricos puede ser extremadamente nefasto para otros. En todos los casos ello conduce a una desvalorización del verdadero desarrollo del hombre.

En nuestros días, la tendencia general a la formación intelectual proviene de las circunstancias en las que la humanidad misma se ha colocado. La vida mecanizada, la industrialización impulsada, nuestro modelo de sociedad extremadamente compleja hasta en sus menores aspectos vuelven el estudio necesario para casi todo el mundo.

¿La humanidad es más feliz, mejor y realmente más sabia por ello?. Os habéis liberado de vuestras inquietudes, vosotros que quizás sabéis tantas cosas y siempre estáis estudiando?.

 

¿Están liberados de la inquietud aquellos que fabrican los diversos productos destinados a inculcar los conocimientos teóricos, aquellos que instruyen?. Son muy sabios y se piensan por esta razón de que disponen de grandes facultades espirituales. ¡Ah, que error!. ¡Que desvalorización del único objetivo de la vida!.

El mundo y la humanidad han ido tan lejos que si, en este instante, quisieran cambiar de parecer eligiendo como directriz el consejo: <<abandona el estudio>>, justamente nacería una inmensa inquietud. <<¿Sin embargo no podemos dejar a nuestros hijos ir por la vida sin haber aprendido sobre la sociedad, sobre la vida social, ni sin haber recibido una formación para asegurar su propia subsistencia?>>.

¿Pero puede calificarse todo ello de progreso y evolución?. Ahora bien ¿no es lo que hace todo el mundo?. La mayoría de los hombres toman el camino que, según Lao Tsé, conduce derecho al abismo. Por ello el capítulo veinte observa: <<Desgraciadamente, el mundo se ha vuelto una jungla sin final>>.

En nuestros días, un hombre que se diga evolucionado es, bajo numerosos aspectos, un hombre marcado. Lo más normal es que la influencia de la naturaleza de la muerte lo haya encadenado fuertemente. ¿Pero que hacer para disipar esta gran inquietud, que ya 600 años antes de Cristo Lao Tsé suscitaba en la vida de sus alumnos?.

Pues bien, no es una inquietud que, si trabajáis para resolverla, engendrará nuevas preocupaciones. Es una inquietud que lleva a la liberación a condición de que, honesta y consecuentemente, la miréis de frente.

¿Son verdaderas estas palabras?. ¿Sería ello efectivamente posible?. Examinemos este punto en el capítulo siguiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  20-II

EL MUNDO SE HA CONVERTIDO EN UNA JUNGLA

 

 

¿Se ha dado cuenta de que, si queremos ser perfectamente honestos para con la vida y nosotros mismos, es necesario reconocer que estamos completamente cercados por un encadenamiento de causas y efectos?. Usted mismo se pone esta camisa de fuerza y también lanza a sus hijos a ella. Hace dos mil quinientos años, Lao Tsé atraía ya la atención de la humanidad sobre este punto y desde entonces la situación ha empeorado considerablemente.

 

Quien quiere vivir verdaderamente el alumnado de una escuela Espiritual gnóstica, quien quiere experimentarlo interiormente, quien quiere seguir el camino de la liberación debe abandonar el estudio.

Para comprender esta misión y ejecutarla según la meta fijada, es necesario diferenciar entre el conocimiento del mundo y la sabiduría verdadera. Todo conocimiento del mundo tiene como meta volver al hombre apto para su tarea en el camino que atraviesa la naturaleza de la muerte y prepararle para ello. Después el fin que se le da al estudio es el de hacer este camino tan fácil como sea posible y de proveer al hombre de todas las comodidades.

 

Además especula con todos los estimulantes de la naturaleza, como la carrera por los honores, el renombre, el poder, la adquisición de bienes, así como con todos los instintos inferiores del hombre.

Se comprueba en la vida, sin embargo, cada vez con mayor evidencia, que la aplicación de este saber prueba que muchos de estos pretendidos conocimientos, se apoyan en fundamentos extremadamente vacilantes. De hecho, no tienen ningún fundamento y se puede decir que son pura especulación. El resultado de las aplicaciones de estos conocimientos debe por tanto acrecentar, evidentemente, la inquietud de la humanidad.

Si usted examina el curso de su propia vida, llegará a la conclusión de que, en muchos aspectos, es víctima de las aplicaciones del conocimiento, el cual, en suma, no era conocimiento sino simple especulación, aunque extremadamente refinada en muchos aspectos.

Un ejemplo: los vegetarianos obligados a alimentarse con productos del reino vegetal, se dan cuenta de que actualmente todas las plantas están envenenadas en la base por la aplicación de descubrimientos científicos recientes en el terreno de la agricultura, y a mayor nivel por el de las ciencias modernas.

 

El suelo y la atmósfera de toda la esfera de vida del mundo y de la humanidad están contaminados a consecuencia del estudio. Y tras esto se agitan los intereses económicos, políticos, sociales y nacionales, así como los de los de los grupos raciales y otros movimientos de oposición. Cada uno, sin excepción, empuja y tira por su parte hasta provocar tensiones extremas, y todo esto a consecuencia del estudio.

El mundo se ha convertido en una jungla y esto no tiene fin, dice Lao Tsé. Esta verdad se demuestra en nuestros días. Está excluido que usted pueda procurar actualmente a sus hijos un alimento todavía perfectamente sano y no contaminado. ¡Que crimen, que inquietud!.

¿Tal vez se deja deslumbrar por las mentiras oficiales -¡resultados obtenidos por el estudio y presentados como excelentes!- de las numerosas oficinas de información así como de la ciencia publicitaria, hija de la sicología aplicada?. El mundo se ha convertido en una jungla y mientras tanto tratamos de arrastrar a otros mundos a esta jungla. ¡Esto no tiene fin!. ¿Siente como se tambalea la humanidad al borde del abismo?.

Hay personas, sin duda, que no soportarán estas conclusiones. Ellas piensan que tenemos puntos de vista demasiados sombríos, que somos pesimistas. Lo mismo ocurría en la época de Lao Tsé, que dijo:

 

Todos los hombres están contentos y alegres. Todos los hombres viven en la abundancia. Los hombres ordinarios están brillantemente instruidos, son muy penetrantes y perspicaces. Tienen sus razones y sus argumentos para todo, adquiridos y desarrollados muy racionalmente por el estudio. Sólo yo soy un tonto. Sólo yo estoy como en la oscuridad. Yo soy caos y confusión, como un hombre que lo ha perdido todo.

Y, sin embargo, toda inquietud se aparta del hombre que se encuentra del lado de Lao Tsé. Se queda, no obstante, una única inquietud que no quiere dejarle, que no puede dejarle: la inquietud por toda la humanidad, esta humanidad que ha hecho de este día de manifestación una jungla, un infierno. ¡A causa del estudio!.

 

A causa de la aplicación de los conocimientos sin la menor chispa de sabiduría. Se lo rogamos: no cometa el error, como muchos, de creer que el conocimiento es “la sabiduría”. Si unas migajas de la intención real de Lao Tsé penetran en usted, sabrá verdaderamente que son necesarios, no solamente un nuevo comportamiento, sino una revolución personal completa. Si quiere tener éxito, menos que eso no puede ser.

Con todo esto está relacionado el tercer aspecto del Tao Té King: la aplicación de un a sabiduría universal. ¡No se trata de lo que usted sabe, sino de lo que hace!. Se trata de una revolución personal tan radical, tan total, que debe, por decirlo de alguna manera, englobar todo.

Además de su innegable buena voluntad y de su declarado amor por la escuela y la Gnosis, se trata de saber si usted, en calidad de hombre moderno de este siglo, está en condicio0nes de comenzar y proseguir una revolución personal radical, con una inteligencia nacida de la sabiduría y no de la exaltación. Pues este giro completo radical tan necesario no le concierne solamente a usted, sino también a todas las cosas y a todos aquellos de los que usted es responsable.

Para esta revolución personal radical, es imposible establecer un programa uniforme susceptible de ser seguido y aplicado por todos de una manera general. Es en primer lugar un acontecimiento absolutamente inferior. Esta revolución personal se expresa en la vida exterior, en un estilo de vida totalmente nuevo, fundamentado sobre el único objetivo de la vida, un estilo de vida reconocido como tal.

Es primordial que establezca en su vida el Reino Imperecedero. Para ello también es necesario un conocimiento, pero un conocimiento basado en una sabiduría que es de Dios. Esta revolución personal unida a todo lo que ha podido comprender hasta ahora del verdadero estado de ser del alumno, el estado de ser del alma viva, esta revolución salvará a todo el grupo de la caída.

Cómo se puede penetrar en la sabiduría, cómo puede un alumno horadar la fuente de la sabiduría, ya le es conocido. Es el camino que conduce a la vida de la que durante días y años le hemos hablado. Si esta fuente de sabiduría fuera taladrada en usted, se infiltrará en el santuario de su cabeza, se comunicará a su poder de comprensión y vivificará así todos los centros latentes, los purificará de sus manchas, desencadenaría inmediatamente un conflicto intenso, un conflicto vital entre usted y el mundo entero, toda la humanidad y la evolución completa del mundo y de la humanidad.

 

Estaría incapacitado para vivir en tanto que hombre nuevo, incluso aunque se esforzara en ello hasta el extremo límite de lo posible.

Por ello la alegría reina en el campo de trabajo cuando los síntomas de este conflicto vital aparecen en la vida de un alumno, por que el mundo entero es dislocado, el mundo entero se ha convertido en una jungla a causa de las aplicaciones de los conocimientos.

 

 

 

Toda concesión a este mundo nos priva cada vez más del fruto del alumnado, nos vuelve cómplices del Karma del mundo, hace durar nuestra cautividad y nos envía una serie de nuevas inquietudes que, por así decir, nos precipitarán en el infierno.

¿Siente la necesidad y la urgencia de una intervención poderosa de los alumnos y del grupo?. Una nueva página del libro de la vida está abierta. ¿Qué nos dará de leer pronto esta página?. ¿Cumplirá el grupo su misión?.

Todo el mundo se ha convertido en una jungla y esto no tiene fin. ¡Nosotros los constatamos!. Pero la jungla y las consecuencias de las aplicaciones de la ciencia mundial dificultan en estos momentos, bajo muchos aspectos, el despliegue de los valores nuevos y permanentes del alumnado, así como la ascensión hacia la libertad.

 

El camino de la Rosa Mística, que es explorado y sigue el ser hasta el campo del alma espíritu, ¡es intencionadamente obstruido!.

Por ello debemos intervenir nosotros y el grupo, con el fin de dar al individuo y al grupo que lo quiera la capacidad de escalar el camino que conduce hacia lo alto. Comprenderá ahora que parezca que, en ninguna parte, exista la posibilidad del desarrollo positivo de la humanidad y que la revolución cósmica esté muy próxima.

 

Ahora bien, únicamente una revolución suya, por sí mismo, le puede salvaguardar en la tormenta de la revolución cósmica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO   20-III

 

SÓLO YO SOY DIFERENTE DE LOS HOMBRES ORDINARIOS

 

 

El vigésimo capítulo del Tao Té King se acaba, como usted sabe, con estas palabras: Sólo yo soy diferente de los hombres ordinarios, porque venero a la madre que sustenta todo.

Esta frase expresa claramente qué inconmensurable diferencia existe entre la orientación del hombre totalmente armonizado con la naturaleza de la muerte y la del que guarda todo su corazón orientado hacia la naturaleza de la vida.

“La Madre” de la que aquí se trata designa un campo de sustancia astral pura, inviolada, un campo concentrado alrededor de todo dominio de vida donde unas chispas divinas deben ser llevadas a manifestarse. Unas corrientes son mantenidas en tal campo y unas radiaciones emanan de ellas. Los escritos sagrados de todos los tiempos hablan también del “océano infinito de la sustancia primordial” y de las “aguas de vida”.

 

El Apocalipsis habla del puro “río de agua de la vida, límpido como el cristal, que sale del Trono de Dios y del Cordero”. Es esta poderoso fuente de vida la que debe alimentar a todos los hijos de Dios. Es esta única fuerza la que debe explicar “la vida”. Sin ella no podemos decir de ningún fenómeno que procede de la “vida”.

Es comprensible, evidente y perfectamente explicable que se le haya dado el nombre de “Madre” a esta plenitud astral. Esta Madre ha debido generar el mundo entero. El plan completo de la creación del padre debe venir a la existencia por la fuerza de la “Madre”.

Del padre irradian unas chispas divinas, unos microcosmos en los que el espíritu de Dios está presente. La chispa divina es la semilla de Dios. Todo lo que contiene esta chispa divina debe, al contacto con la madre del mundo –la cual es, por lo tanto, el campo astral de la verdadera vida- llegar a crecer y a manifestarse. De la Madre, por la semilla del Padre, es creada la filiación, la descendencia, una maravillosa realidad.

Lao Tsé vive por esta Madre. Él venera a lo que lo sustenta todo. ¿Por qué es entonces, por este hecho, tan totalmente diferente de sus semejantes?. Usted está capacitado para responder a esta pregunta. Los que han nacido de la naturaleza no viven del campo astral de la Madre del mundo.

 

Ellos han salido del campo astral de la falsa madre, el campo astral de la naturaleza de la muerte y son mantenidos por él. Con relación a los que veneran y sirven a verdadera Madre del mundo, dependen de una orientación de vida diferente, en consecuencia muestran un comportamiento diferente que conlleva efectos diferentes.

Por ello es comprensible que el hombre nacido de la naturaleza, desprovisto de la menor sabiduría y dotado únicamente de una facultad de conocimiento intelectual, no pueda acumular y conservar más que conocimientos del mundo, y aún así muy pocos. Estos conocimientos, adquiridos experimentalmente, no pueden extenderse más que experimentalmente. Desprovistos de sabiduría, conducen invariablemente al abismo y, dice Lao Tsé, hacen de este mundo una jungla.

Por lo tanto, vea el gran contraste. Vea estas dos figuras humanas: el hombre nacido de la naturaleza y la persona de Lao Tsé. Ambos poseen un microcosmos, ambos provienen de una chispa divina. Pero uno Lao Tsé, vive del campo astral de la Madre del mundo en el que se manifiesta el espíritu de Dios, se hace conocer directamente, de manera que el verdadero hijo de Dios, el hombre verdadero, nace de la chispa divina, por ella y con ella y la sabiduría que es de Dios se une directa y perfectamente al instrumento de su razón y hace uso de él.

 

 

Ni un solo aspecto de su comportamiento ni ninguna de las consecuencias de él, es especulativo o deplorable. Tal es, de etapa en etapa, de fuerza en fuerza, la manifestación de la gloria de Dios y del plan elaborado para sus hijos.

Junto a esto considere al otro hombre. ¿Es un hombre?. ¡No lo es!. Prisionero de la naturaleza de la muerte, separado de la Madre del mundo, su manifestación y su devenir se estancan. Es el cojo, el paralítico, el ciego que debe ser curado. Él es, como dice Jesús, el Señor:      “ciego aunque ve, sordo aunque oye; un ser no-nacido.

 

Muchos de los que disponen únicamente de una conciencia cerebral, de un intelecto, y han amasado algunos conocimientos esotéricos a lo largo de los años, se adormecen con la esperanza de que esta apariencia de ser humano, tan dañada, llegará un día a buen puerto por un camino desviado. Especulan una vez más sobre un progreso debido al estudio.

Comprenda pues a Lao Tsé. Solamente un giro completo total sobre el camino que ha tomado salvará a la humanidad nacida de la naturaleza. Únicamente un retorno real hacia la Madre del mundo, hacia el campo astral salvador del comienzo, podrá ayudarla.

El camino que conduce a ello usted lo conoce, la Escuela Espiritual se lo indica diariamente. Comience entonces por despejar su camino del obstáculo más importante: la mistificación que es creer que los conocimientos del mundo, y no la sabiduría que es de Dios, podrán ayudarle. ¡La aplicación práctica de los dos juntos es imposible!.

 

Son incompatibles.

 

Por ello: abandona el estudio, la inquietud se alejará de ti.

 

 

FALTA MEDIA PÁGINA DE TRADUCIR

 

 

Y su método recomendado la aplicación concreta para la vida del alma, tomando en consideración la sicología y las tendencias de la época, tanto positivas como negativas. Nuestra experiencia y nuestra orientación nos harán saber cuando una nueva espiral exigirá un nuevo desarrollo.

No conocemos el ritmo y la profundidad de los diferentes desarrollos; todo depende de la intensidad y del éxito del trabajo liberador que realizaremos nosotros, alumnos conscientes, laboriosos y activos, que hemos sido llamados no solamente para entrar en el nuevo período sino también para realizarlo.

 

Y es posible que todavía haya suficientes “justos” en el mundo como para que este período se prolongue, permitiendo así a un número cada vez más creciente de seres humanos entrar en la Barca Celeste. ¿Los primeros serán los últimos, y los últimos los primeros?. Ciertamente, muchos llamados del principio se apartarán, pero muchos de los últimos, llegados supuestamente  “demasiado tarde”, entrarán y pasaran los primeros.

Nuestra conciencia nos muestra de manera viva cuán heroico fue en el pasado el gran trabajo realizado en todos los dominios de la vida. Hoy recibimos una luz y una gracia inmensas, cuya acción continuará en el porvenir hasta que el último hijo de dios, el último hijo caído sea salvado.

Podamos, a lo largo de los años futuros, años de siembra y de cosecha, prepararnos perfectamente para el nuevo comienzo. Entonces será posible recoger, en la era de Acuario, los frutos de la ofrenda del presente y pasado de la luz.

Hermanos y hermanas, la gloriosa vía que se presenta se dibuja ya en el éter de fuego.

Amén.

 

 

 

     CAPÍTULO  21-I

 

EN LA CREACION TAO, ES VAGO Y CONFUSO

 

 

La apariencia de la forma visible emana de la esencia de Tao. Tal es la naturaleza de Tao.

Con esta cita de la antigua sabiduría china, les presentamos al capítulo XXI del Tao Té King. Leyendo este capítulo observarán sin duda que trata sobre todo de los conceptos Tao y Té. Lo que Lao Tsé quiere expresar, lo comprenderán más fácilmente a partir del último versículo del capítulo XX.

Sólo yo soy diferente de los demás hombres ordinarios porque venero a la Madre que alimenta todo.

En el capítulo precedente decíamos, en este versículo, la Madre significa: El campo astral original del comienzo, perfectamente puro, en el cual el Padre se manifiesta plenamente. Este campo astral del origen no ha desaparecido. Existe siempre, es inviolable.

 

El hombre que se acerca al camino gnóstico para seguirlo debe tener presente claramente esto a cada instante. La gran Madre del mundo es inviolable. El espacio del que, en el que y por el cual debe elevarse la realidad, es inviolado.

En cuanto un hombre, un grupo de hombres o una humanidad se aparta, así sea en el mínimo aspecto, del plan de evolución divino original, el campo astral de este hombre, de este grupo, de esta humanidad se separa inmediatamente del campo astral original, a fin de que esta desviación no lo perjudique en sentido degenerativo.

Tal separación es una Ley Universal. Esta Ley preserva, por un lado, la manifestación divina y por otro, el elemento libertad. Tal separación de las condiciones astrales puede ser calificada también de «caída» en un cierto sentido. Esta designación no puede ser considerada en cualquier caso completa, ya que ustedes comprenden que en cada hombre, en cada grupo, en cada humanidad, en cada cuerpo celeste aparecen estados astrales diferentes unos de los otros y que se apartan de la Madre del mundo.

 

No se puede hablar de «caída» más que si, en el ir y venir de los aconteci­mientos y desarrollos, el elemento mal y maldad acaba dominando y se intenta volver «estático» lo que evoluciona sin cesar.

Cuando un tal estado se manifiesta -como es el caso de nuestra humanidad- la separación se acentúa muy claramente. Entre la naturaleza de la muerte y la naturaleza original de la vida se abre un enorme foso, un sorprendente abismo. La forma en que los acontecimientos se desarrollan a continuación les es sin duda conocida, tanto por la experiencia, como por la Enseñanza de la Escuela Espiritual.

El campo astral, del que y en el que un hombre vive, corresponde muy precisamente a su estado de ser real. Todas sus experiencias, todo lo que le ocurre en la vida, todos sus deseos, sus pensa­mientos y sus actos, son la consecuencia de la naturaleza de la esfera astral de su vida.

 

Cuando ésta es muy personal, muy individual y se puede calificar a este hombre de marginal, las pruebas y las experiencias, en su campo astral, que se apartan del de la Madre del mundo, están teñidas de forma también muy personal.

 

 

 

Sin embargo, si el comportamiento de un ser humano se asemeja mucho al de la humanidad en general, si actúa casi en todo como la masa, entonces el destino colectivo, le golpeará también con todas sus fuerzas. Hay así un karma personal, un karma de grupo y un karma colectivo o karma del mundo.

 

El punto siguiente sobre el que debemos atraer su atención es la certidumbre de que la Madre del mundo es inviolable precisamente en razón de la ley de libertad. Supongan que la humanidad se aparta del Plan Original -y ustedes lo saben, «todos se han apartado»- aparece al instante un campo astral delimitado en el que se lleva a cabo un desarrollo dialéctico.

 

El «subir, brillar y descender», significa entonces siempre la perdición total, la destrucción de todo lo que es impío y mortal, en el campo astral en cuestión. Su reconstrucción hasta el punto original de su desviación se efectúa en múltiples ocasiones.

En estas condiciones, en un nuevo comienzo, es decir, en el curso del siguiente día de manifestación, esta desviación es fácilmente anulada.

Tratamos de mostrarle claramente que ningún campo astral que se aparta de la Madre del mundo podrá nunca atacar, sobrepasar y anular a la manifestación universal. Toda desviación comienza y termina en ella misma, recibiendo sin embargo la oportunidad de retornar al origen.

Por eso, habiéndose unido de nuevo al campo astral original, Lao Tsé dice: Sólo yo soy diferente de los demás hombres ordinarios, porque venero a la Madre que alimenta todo.

El capítulo 21 del Tao Té King comienza por explicar cómo, un hombre que lo desea, puede realizar tal regreso. De esto queremos hablarles. La apariencia de la forma sensible emana de la esencia de Tao.

Cuando un hombre -un alumno de la joven Gnosis, por ejemplo- toma la decisión de recorrer el camino de regreso, tiene la seguridad de que sólo puede hacerlo si se aparta totalmente del campo astral de la naturaleza de la muerte y se vuelve hacia el campo astral de la Madre del mundo. Tal es la condición primordial.

Esto hace referencia a un cambio total de su vida, a una revolución de naturaleza triple.

En primer lugar, en virtud de su nacimiento en la naturaleza, ustedes mantienen en torno suyo un campo astral muy individual, a consecuencia del cual su cuerpo astral se encuentra en un cierto estado.

En segundo lugar se hayan ustedes ligados a cierto grupo de hombres que tienen el mismo tipo. Esta unión es de naturaleza más o menos extensa.

Pueden haber características típicas, de naturaleza material por ejemplo, de naturaleza astral, de naturaleza egocéntrica, nacional u otras.

En tercer lugar, son ustedes solidarios con la humanidad en el sentido más amplio.

Son así prisioneros de su propio campo astral, del grupo a que pertenecen y del de la humanidad en tanto que unidad social comunitaria. Si ustedes desean que el cambio al que apuntan, en tanto que alumnos de la Escuela Espiritual se realice, debe ser triple. Hay que destruir, de manera triple, las condiciones astrales existentes y ponerse totalmente en armonía con el campo astral original de la Madre de la Vida, tal como nos lo recomien­da Lao Tsé. Sino sólo conseguirá desplazar los acentos de su vida, en el interior del marco de la naturaleza de la muerte.

Supongan que algunas personas se hacen alumnos de nuestra Escuela, pero no proceden en modo alguno a una revolución personal.

 

 

Las medidas que toman se ciñen a ser vegetariano, a no fumar, abstenerse de alcohol; hablan, sienten y piensan como se suele hacer normalmente en la Escuela Espiritual, pero de forma dogmática; tienen además ideales sociales, comunitarios y otras costumbres que es posible combinar con el aprendizaje.

 

La consecuencia será que formarán entre ellos un nuevo grupo, pero en el marco de la naturaleza de la muerte. Un grupo pues, como hay tantos en el mundo. La muerte y su aguijón, la verdadera causa de su encarcelamiento, no será en absoluto atacada. Puesto que su carácter, su ser, su apariencia y su naturaleza general permanecen exactamente las mismas que antes. No han hecho más que establecer entre ellos un nuevo cementerio.

 

 

Además de un cementerio Católico Romano, uno Protestante, uno Judío y uno Público, habría pues, un cementerio para hombres que se llamarían rosicrucianos. En el fondo, no serían en nada diferentes a los otros.

¿Por qué Lao Tsé se ha vuelto tan completamente diferente? Pues bien, su veneración por la Madre original, por la verdadera filiación divina, se relaciona con una triple evolución personal, una triple liberación del encarcelamiento astral en el que vivía, simultáneo con un deseo infinito de acceder al campo astral del origen, aspiración que toma forma y fuerza en el corazón de tal ser.

Dirán ustedes tal vez: «¡Qué inmensa labor y qué ardua!» Pensar así sería el mayor error de su vida. Cuando el deseo del que aquí se trata toma realmente forma en el corazón, la alegría interior, la fuerza y el poder de tomar todas las medidas necesarias, así como el entendimiento exigido, implican el éxito absoluto.

 

Todo esto podría, por ejemplo, referirse al hecho de renunciar a una posición social muy obstaculizante para su aprendizaje, o bien de romper numerosos lazos que implican en su vida consecuencias radicales y profundas.

Muchos, escuchando esto, serán tal vez de la opinión de que la hipótesis de trabajo Gnóstica constituye, por el momento, una base incierta en un mundo como el nuestro: «¿Es justificable frente a nosotros mismos y nuestra familia, adoptar la triple práctica Gnóstica? La base que ustedes nos proponen parece de momento demasiado vaga, demasiado confusa».

¡Tan vaga… !

Pero Lao Tsé responde:

La apariencia de la forma visible emana de la esencia de Tao. Tal es la naturaleza de Tao.

Para los que han nacido de la naturaleza, para todos aquellos que tienen ya asignada una plaza en tal o cual cementerio, Tao es, en su creación, extremadamente vago y confuso.

No hay nada más vago y confuso. No puede ser de otro modo en el campo astral separado de la Madre original. Sin embargo, en El están contenidas todas las formas.

Reflexionen sobre estas palabras a fin de que se disipe en ustedes completamente todo lo que es vago e impreciso en relación con el aprendizaje real y concreto.

 

 

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CAPÍTULO   21-II

TAO, LA GRAN FUERZA DEL MEDIO

 

 

La apariencia de la forma sensible emana de la esencia de Tao.

Ciertos autores traducen la expresión: «De la esencia de Tao» como la gran virtud.

Aunque Tao sea ciertamente una gran virtud, es mejor traducirlo por la perífrasis: «El camino de la liberación» y «El resultado adquirido recorriendo el camino de la liberación». Si enfrentamos así la esencia de Tao, es para evitar que la gran virtud sea considerada un aspecto de la vida nacida de la naturaleza.

En la naturaleza de la muerte, hay por cierto cosas que podemos calificar de virtuosas, de buenas, pero la virtud y el bien de esta naturaleza no son nunca perfectas. No tienen ninguna relación con el único bien del que habla Hermes Trismegistos.

Es por esta razón que se trata en el capítulo XXI del Tao Te King, de actividades visibles, como resultado de recorrer el camino, como resultado de las aplicaciones de la triple práctica gnóstica de la que hemos hablado en el capítulo precedente; efectos que, consecuentemente no deben ser en absoluto vagos puesto que resultan de las emanaciones, de los influjos de Tao.

Tao es el Único, el Absoluto divino es «Eso» ¿Esta definición no es sin embargo muy vaga? No necesariamente. Por tres razones. La primera es que estas emanaciones son la naturaleza de Tao; la segunda, que Tao se sitúa «en el centro»; la tercera, que este centro contiene en sí «todas las imágenes». Intentaremos aclararles esto.

En toda la manifestación divina, en todo el espacio de la creación, Tao -el Único divino- se mantiene en el medio. En este insondable espacio existen campos de naturaleza astral muy diferentes unos de los otros. Se puede decir de esta diversidad comprendida en la unidad: «Tao se mantiene en el centro».

Considerado en sí mismo, esto es muy importante y consolador; pero es mucho más importante comprobar que, de esta fuerza divina, «del centro», provienen emanaciones, influjos, radiaciones, actividades. Estas emanaciones llenan con su majestad la totalidad del espacio insondable.

Esto se vuelve capital cuando descubrimos que las miríadas de sistemas estelares, que engloban a los sistemas zodiacales, que a su vez engloban a los sistemas solares, que a su vez engloban en su interior a los cuerpos planetarios, poseen todos en su centro, en el sentido más literal, Tao.

Cada planeta, cada sol, cada sistema, está rodeado y penetrado por la esencia de Tao, esencia que forma un foco en el centro de estos cuerpos y sistemas planetarios. El planeta que habitamos lleva pues a Tao en su corazón, en el sentido más absoluto.

Por eso se dice que el Espíritu crístico tiene su morada en el estrato central de nuestro planeta. He aquí la razón por la que se debe hacer una distinción entre Espíritu planetario y el Logos planetario. El Espíritu del planeta es la expresión del aspecto dialéctico, el portador de la imagen de la naturaleza de la muerte a escala planetaria.

 

Siendo la tierra el planeta que habitamos podríamos compararlo a la personalidad del hombre. El Logos planetario, es la existencia y la presencia de Tao. La existencia de la verdadera tierra nacida de Dios que podemos comparar al microcosmos, es el cielo-tierra evocado por el Apocalipsis, un planeta completamente diferente del que conocemos y que está sin embargo muy próximo.

Es todavía más sorprendente comprobar que el microcosmos no es una excepción respecto a un cosmos o un macrocosmos. «Lo que está abajo es como lo que está arriba».

 

Comprendan este principio hermético. ¡Tao está presente también en el microcosmos, y además «en el medio», en el centro, que se corresponde con el corazón físico! Y en este «medio» se pueden distinguir muy claramente sus emanaciones.

Les mostramos así -aunque sea de una forma algo deshilvanada- la naturaleza de Tao. Tao está en todas partes y en cada uno «en el centro absoluto». He aquí el gran milagro de Tao. Esta gran fuerza, viva, divina; habla, vive, e irradia en el corazón de todo y de todos.

 

Tal es la naturaleza prodigiosa de Tao, el atributo de Dios. «¿Y entonces por qué la voz de Tao es tan vaga en mí, preguntará usted? ¿Por qué me arroja a la confusión? Es porque Tao está en usted pero no es de su esencia. Tao no está encarnado en usted, no forma parte de la vida nacida de la materia, mientras que su existencia particular, su personalidad, posee una conciencia propia, su propia voz.

 

Es usted de una naturaleza diferente y la Naturaleza Divina no particulariza en usted más que una voz, una radiación. Es la Palabra que era al comienzo. Cuando un hombre se limita exclusivamente a lo que pertenece al nacimiento natural, cuando encuentra en ello suficiente espacio y se mantiene absorto en ello exclusivamente, cuando ni siquiera conoce la posibilidad de la existencia de otra naturaleza, cuya voz resuena en él, entonces es lógico que no comprenda esta voz y que ella no actúe en él más que para turbarlo.

 

Cuando un hombre conoce la presencia de la otra naturaleza, pero no se aproxima a ella por su comportamiento, no siente, además de la confusión más que algo extremadamente vago. Entonces la Luz, la Palabra, brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no tienen la capacidad ni la voluntad de recibirla. ¿Observa usted cuán concreto es el prólogo del Evangelio de Juan? Si quiere liberarse de esta confusión y transformar esas tinieblas en una clara luz, no olvide jamás que existen siempre , en toda manifestación universal, dos naturalezas:

 

La naturaleza absoluta, que es TAO, y la naturaleza en devenir que no es, o no todavía TAO; Así pues, en relación a su microcosmos hay dos vidas, la naturaleza en devenir se estanca en su ascenso -como la nuestra- y de ahí es llevada atrás y debe volver al punto de partida: es la rueda del nacimiento y la muerte.

Tenga bien en cuenta que si hay dos naturalezas, hay también dos estados de conciencia, separados uno de otro: el estado de conciencia de la naturaleza en devenir y el de la naturaleza absoluta; la conciencia de la personalidad y la conciencia del microcosmos. El estado de conciencia inferior debe hacer sitio al otro o fundirse en él.

 

Es sobre todo la conciencia de la naturaleza cristalizante, de la naturaleza degradada, que debe estar atenta a este proceso. El estado de la conciencia debe ser roto para hacer sitio a la naturaleza divina, de modo que un día la entidad liberada pueda decir: «El Padre y yo somos uno».

Hablamos aquí de cosas que usted conoce desde hace tiempo, pero se trata de que se vuelvan vivas para usted en este instante. ¿Es usted consciente de que el Señor del Universo se encuentra en este mismo momento en el centro de su ser, en «el establo» de su ser dialéctico, en medio del templo, en el centro del microcosmos?

En más de un aspecto, en el pasado, usted se ha perdido a sí mismo en la vaguedad y la confusión. Comprenda pues ahora las palabras de Lao Tsé: «Sin embargo el centro contiene todas las imágenes. En el centro está el ser espiritual. Este ser es de los más reales y posee el testimonio infalible».

¿Puede expresarse esto más claramente? Del corazón de Tao fluye la esencia espiritual divina, la Voz de Dios, la Palabra de Dios. Esta Voz, esta Palabra contiene el Plan entero.

Los caracteres de esta Palabra de Dios consisten en representaciones e impresiones muy concretas.

 

Desde el principio central del microcosmos, la Rosa del Corazón, emana una fuerza-luz radiante, una fuerza-luz que lleva en ella y con ella series de imágenes de la gran realidad, imágenes que deben ser realizadas en el hombre y por el hombre. Piensen en la radio y en la televisión. Esta ejemplo banal muestra claramente que formidables series de sonidos y de representaciones brotan del corazón de Tao y pueden ser percibidas por el hombre si el instrumento que es su sistema se ha vuelto capaz.

Este lenguaje representativo se dirige a usted a cada instante a partir del centro de usted mismo. El lenguaje divino que habla en nosotros es similar al que habla en usted. Tenemos así un medio de comparación, de percepción. El Logos del planeta nos habla en este mismo lenguaje divino. Ponga atención no se trata del Espíritu del planeta. Brevemente esta palabra, este lenguaje, llega a nosotros desde innumerables direcciones.

Esta palabra contiene un conocimiento absolutamente real, ella detenta el testimonio infalible relativo al devenir entero del Universo, lo que debe ser, según dice Lao Tsé, aquello que está en falta y como puede ser de nuevo rectificado en su totalidad. Cualquier problema que usted somete al tribunal interior del microcosmos, del cosmos y del macrocosmos, le es devuelto en representaciones multidimensionales, transmutado en una representación que usted puede ver, comprender y asimilar.

Todo hombre que se acerca así realmente «al Señor del centro» forma parte de la universidad mundial de Dios. Sólo el conocimiento así adquirido constituye un testimonio infalible.

Por eso Lao Tsé dice en el capítulo XX: Abandona el estudio y la inquietud se alejará de ti. Sólo el conocimiento de Dios en sus aplicaciones prácticas, es útil al mundo, a la humanidad y sirve al Plan.

¿Comprende usted ahora por qué insistimos en que haga todo lo posible para que el ser espiritual que está en usted le hable y se ilumine el testimonio infalible? Un testimonio imperecedero de un tiempo inmemorial. Una fuerza que puede hacer nacer la verdadera creación.

 

Una creación que se lleva a cabo perfectamente según leyes científicas. Un proceso que el candidato a la ciencia sagrada puede seguir paso a paso, porque el nacimiento completo, el renacimiento, tiene su origen en Tao, en Tao que está «en el centro» de usted mismo, que le da la fuerza y puede ser comprendido por medio de su poder creador de imágenes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  21-III

 

EL RENACIMIENTO DE TAO

 

 

Se dice, como sin duda usted sabrá, que Lao Tsé escribió 930 libros sobre ética y religión y 70 sobre esoterismo. Sin embargo, no queda nada de todos estos escritos entre los cuales se encontraban incluso ejemplares impresos. Han desaparecido sin dejar rastro.

 

El único escrito de Lao Tsé que la humanidad posee es el Tao Té King, que comprende alrededor de 5.000 palabras, que podrían escribirse en una docena de páginas. Se considera a menudo el texto completamente ininteligible; esta es sin duda la razón por la que ha sido preservado para la humanidad.

La vieja historia que usted ha escuchado tantas veces se repite. El adversario del comienzo, que se manifiesta a través de todos los siglos bajo numerosas formas y continúa siempre haciéndolo, ha hecho aquí del mismo modo todo lo posible para destruir los escritos que parecían peligrosos para el mantenimiento de la naturaleza de la muerte, y podían iluminar a la humanidad acerca de la realidad de las dos naturalezas.

 

Usted conoce lo que mucho sinólogos piensan del Tao Té King e igualmente lo que debemos pensar de sus traducciones. Se encuentran, sin embargo, en oriente en numerosas librerías muchos gruesos volúmenes sobre esta obra. Son en su mayoría textos mutilados destinados a conducir a los verdaderos buscadores sobre falsas pistas.

Por eso no hay más que un camino, un sólo método para suprimir las imprecisiones y las confusiones que le ocultan la gran realidad. Es el camino, el método del que le hemos hablado. Hay que acercarse a la naturaleza de Tao, que se encuentra también «en el centro» de usted.

 

Debe usted ir al encuentro de la naturaleza de Tao, en una entrega perfecta del corazón, animado por un ardiente y profundo deseo. Usted descubre entonces que se trata realmente de un infalible testimonio de Dios, de un Reino de Dios en usted. Por toda la eternidad, dice Lao Tsé, el ser de Dios que nos es tan próximo, es imperecedero. Es lo que puede hacer nacer la verdadera creación, el verdadero renacimiento.

Echemos una rápida ojeada sobre la forma en que esta creación puede cumplirse y se cumple, en el hombre que aplica la triple práctica gnóstica:

En primer lugar, debe substraerse a su propio campo astral, el campo de la naturaleza que se aparta de Dios. En segundo lugar, debe alejarse del campo astral del grupo, el de su nacimiento en la naturaleza. En tercer lugar, debe romper en el plano astral todos los lazos que existen entre él y el mundo de la naturaleza de la muerte.

A primera vista, esta triple tarea parece un muro infranqueable que nos obstruye el paso. Sin embargo, fue siempre la tarea de todos los grandes de la historia, de todos los Hijos de Dios. No es ni más ni menos que el camino que Jesús el Señor recorrió en su vía dolorosa y en el que nos precedió, él buscó y encontró ese Reino que, desde el comienzo, no ha sido nunca de este mundo. Por eso, se sumergió en las aguas del Jordán, el río de la vida. Por eso, venció al adversario astral.

Si usted quiere realmente imitar a Cristo -y usted puede hacerlo, porque el Reino de Dios estaÇen usted- debe comenzar concretamente.

Debe volverse hacia el «Señor del Medio», con un gran deseo, con todo el interés de su corazón. Si usted no es capaz todavía de hacer nacer un tal deseo, si le cuesta mucho esfuerzo, su tiempo no ha llegado todavía. Nadie puede forzarle a concebir ese deseo infinito del corazón. Imposible llegar a ello por medio de ejercicios o por una decisión intelectual.

 

Es un estado de ser comparable al amor.

 

Si ama usted verdaderamente a un hijo de los hombres, o si ha conocido un tal amor, sabe entonces que todo el corazón se sublima en ese amor y que de él emana un influjo, una corriente que establece el vínculo. Ahora bien, es con un amor así que debe elevarse el corazón hasta la rosa espiritual que está en él, en el centro de usted.

 

Porque esta rosa que está tan próxima, le busca ya desde hace mucho tiempo, espera su llegada, que el vínculo se establezca con fuerza. Por estas razones se dice en la Biblia que sólo el amor libera.

Cuando los fundamentos del renacimiento se han hecho evidentes, las fuerzas de Tao penetran en el sistema entero de la personalidad. Entonces la naturaleza de Tao puede llevar a cabo en ella su trabajo. Es esencial que el hombre que es objeto de este milagro, conserve su corazón entero en la luz de Tao y que no permita a los deseos de su corazón apartarse por los caminos y los valles de la naturaleza de la muerte.

 

Entonces toda la personalidad cortará progresivamente todos los lazos astrales de la naturaleza que alejan de Dios. La Creación amanece.

Usted se preguntará tal vez: «¿Cómo puedo saber con certeza que el renacimiento tiene realmente su origen en Tao? ¿No puedo cometer errores?

He aquí la respuesta a esta cuestión: «Querido amigo, de día en día y de hora en hora, con una certeza indefectible, usted lo sabrá por Tao mismo», dice Lao Tsé. El Señor «del centro» habla a cada instante en su lenguaje de imágenes, al ser que, en el amor ha encontrado y reencontrado al Dios interior. Para él, el «comercio secreto» con el Muy Alto se ha vuelto para siempre una realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  22-I

 

LAS CUATRO GRANDES POSIBILIDADES

 

 

Usted ha descubierto sin duda que los diferentes capítulos del Tao Te King deben ser comprendidos como un conjunto coherente. Considere, de esta manera, el contenido del capítulo 22 a la luz del precedente.

Hemos visto que “en el medio” absoluto de cada microcosmos, que en el hombre nacido de la materia corresponde con el Santuario del Corazón, vive y existe el ser espiritual. Es de este “medio”, de esta rosa del corazón, de donde procede la creación verdadera, el renacimiento del espíritu, del alma y del cuerpo. Si el hombre encuentra “el camino” reconoce “la verdad” y vive “la vida”, tal victoria no se hará esperar. Es esto lo que explica el axioma que plantea Lao Tsé en el capitulo 22:

           

Lo imperfecto llegará a ser perfecto. Lo desviado será corregido. Lo vacío será colmado. Lo que está envilecido será renovado.

Es innegable y absolutamente cierto que el plan de Dios para el mundo y la humanidad triunfará totalmente. El propósito de Lao Tsé es mostrar eso claramente a sus alumnos. Usted se habrá dado cuenta de que las concisas palabras del Tao Te King, expresan todo con el menor número posible de palabras, no están seguramente destinadas a un público de hombres vagamente buscadores.

 

Lao Tsé dirige sus lecciones y sus ideas tan brevemente formuladas a los hombres excepcionales de la Cadena Universal y a sus equipos. Son trabajadores que tienen una dura tarea y que a veces pierden el valor y son devorados por la pena..

Es un estado psíquico del que habla el Evangelio que conocemos, y que puede tocar a cada trabajador en la viña de Dios. Es a ellos a quienes el maestro dirige estas palabras:

Lo imperfecto llegará a ser perfecto. Lo desviado será corregido. Lo vacío será colmado. Lo que está envilecido será renovado.

Estas palabras vuelven a dar a los trabajadores el valor para perseverar. Porque cada hijo de Dios alcanzará la meta final. Cada cual encontrará la vía de la perfección, cada uno enderezará los caminos, cada uno conseguirá llenar lo que está vacío, y la renovación de todo lo que está envilecido será el resultado triunfal.

Todos los que se acercan a la Escuela Espiritual y aceptan el alumnado se convierten, como es lógico, en colaboradores potenciales del grande y santo trabajo. Obra totalmente consagrada a la elevación y al servicio de lo que es imperfecto, está desviado, vacío y envilecido. Es por todo ello que les presentamos estas cuatro grandes posibilidades:

 

1. – Seguir el camino de la perfección.

2. – Enderezar los caminos.

3. – Llenar lo que ha sido vaciado.

4. – renovarse por la transfiguración.

 

Cuando aborde estas cuatro posibilidades y certezas finales, considere bien su sucesión, pues conciernen a un proceso que tiene lugar en este orden.

Al leer el primer versículo del capítulo 22, quizás haya pensado que eran palabras místicas reconfortantes; algo así como: “¡valor, vamos, todo irá bien!”. Aunque lo que se decía y la manera de decirlo no era tan importante, sino que se daban pruebas de una especie de amistosa bondad: “¡lo que está desviado un buen día será corregido!”.

 

 

No, la esencia de estas palabras, el orden de las palabras, es decir, su estructura, son absolutamente conformes a una ley natural divina según la cual la manifestación universal de la creación y de la criatura se realizará.

Usted sabe que la criatura de Dios, el hombre, debe pasar por una serie de fases. Después de un período de preparación, llamado involución, es puesto ante una tarea designada como evolución. Contrariamente a lo que en general se piensa, esta evolución no es un proceso automático. El hombre no sufre la evolución, debe evolucionar él mismo por la realización de sí mismo. Debe hacer crecer el fin divino en él y por él, sin constricción y en un amor instruido por un conocimiento perfecto.

Es por ello que al comienzo del camino de la realización de sí, del crecimiento de Dios en él, el hombre es colocado, tanto hoy como ayer, ante el camino de la perfección. Le es dado el conocimiento del plan completo. El axioma: lo imperfecto llegará a ser perfecto, está escondido en el primer aspecto. Cualquiera que haya llegado ahí, verá ante él el camino de la perfección.

El plan entonces desvelado debe ser ejecutado. Debe ser realizado por el hombre mismo, de pleno agrado, con dedicación, volcando en ello todo su interés y un intenso amor. La esencia espiritual, que está “en medio”, capacita a cada uno para alcanzar la meta.

Quien no lo hace, o no quiere hacerlo, provoca la intervención inmediata de la contra naturaleza, la naturaleza que sanciona y corrige por sí misma; eventualmente la de la naturaleza de la muerte, con el fin de reconducir cada vez a las personas implicadas a la alta razón de la chispa divina que está en ellos.

El camino de la perfección está, por decirlo de alguna manera, “en el medio de usted” desde el primer comienzo absoluto. La razón elevada es eterna y eternamente permanece. El ser de la naturaleza sufre las consecuencias de la desviación del plan de Dios en su cuerpo y su entorno; está tan extraviado que ha “olvidado” todo, y está tan desnaturalizado estructuralmente que, frente al camino de la perfección, ya no es capaz de comprender y, a lo sumo,  “ve una razón obscura”.

 

Por lo tanto es de primera necesidad presentarle regularmente el camino de la perfección y de instruirle en todos los aspectos ordenadamente. Si un hombre nacido de la naturaleza y unido a ella sufre tantos golpes que su naturaleza inferior acaba por romperse, puede percibir el grito del corazón que emana del átomo original. Entonces la nube obscura situada entre la razón elevada de Tao que está “en el medio” y el corazón vencido, tiene la posibilidad de disiparse, permitiendo así al buscador ver de nuevo frente a él el camino de la perfección.

En le Ética de Spinoza se encuentra esta afirmación entre otras: “Quien conducido por el temor hace el bien por miedo al mal, no está guiado por la razón. Sin embargo el hombre tocado por la razón que está “en el medio” sólo tendrá sensaciones de alegría y de deseo intenso”.

Imagine que usted haya sido tan golpeado y confrontado por la vida que, por temor a sufrir aún más profundamente, se refugia en la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro y que, bajo el imperio de este miedo intenso, se haya convertido en alumno. Y bien, está excluido que al tomar conocimiento de la sabiduría gnóstica usted pueda entrever ante sí, ni tan siquiera por un segundo, un fulgor tenue del camino de la perfección.

 

Es posible que la razón, que esta “en el medio”, no le haya hablado jamás. Entonces la rosa del corazón está aún totalmente enterrada en el botón, la enseñanza gnóstica no tiene todavía ningún sentido para usted, ningún significado, ninguna fuerza.

Una escuela espiritual como la nuestra no entra bajo ningún concepto en el cuadro de una religión natural. Es por lo que Spinoza dice: “los que se esfuerzan por constreñir al hombre por el miedo”, él quiere hablar del miedo a una justicia negativa, “empujándole así a huir del mal en lugar de amar la virtud, no buscan otra cosa que volverle tan miserable como ellos mismos”.

 

 

Así, de esta manera, tenga en cuenta el signo característico siguiente: el ser humano llegado al limite de su camino en la naturaleza de la muerte, que ha alcanzado el fondo del pozo del deterioro, cuya angustia, preocupación y miedo así como la lucha y el instinto de conservación han consumido la vida, debe preguntarse para saber si todavía es empujado para buscar aún nuevos objetos o sujetos de angustia, de preocupación y de miedo, a vivificar todavía nuevas razones para comenzar o proseguir una lucha cualquiera.

 

Si este es el caso, entonces no ha terminado su travesía por el país de la desesperanza, no ha alcanzado todavía el fondo del sufrimiento.

Cuando psicológicamente, usted está al límite, nace el silencio, la resignación, después la voz de la rosa resuena a través de su sufrimiento, la palabra de la razón que está “en el medio”. Usted no huye una vez más, sino que, la alegría y el deseo le invaden: “El hombre tocado por la razón tan solo tendrá sensaciones de alegría y de intenso deseo”. ¿Porqué de alegría?. Porque el camino de la perfección se manifiesta por primera vez en la plenitud de su belleza radiante.

¿Porqué un intenso deseo?. Porque después de los sufrimientos y de las pruebas sin nombre, después de haber sido herido hasta en las más profundas fibras del ser, la inmensidad y la plenitud de la vida liberadora se ilumina con una luz tan clara y despliegan perspectivas tan vastas que un deseo sin medida de llegar ahí, hace brincar al corazón. De este modo, es en la alegría y el deseo que se va ha establecer el alumnado verdadero.

 

En estas condiciones, ya no es un problema y uno no se rompe más la cabeza por saber si se aceptan o no se aceptan las consecuencias del nuevo comportamiento.

 

Con un gran impulso y con una energía casi sin límite, se quiere realizar el segundo aspecto del cuádruple proceso: enderezar los caminos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  22-II

 

EL SABIO HACE DE SÍ MISMO UN EJEMPLO PARA EL MUNDO

 

Gracias a nuestras consideraciones usted ha podido determinar si ya ha comenzado el alumnado real y contemplado el camino de la perfección. Ahora es evidente que los que conocen este alumnado no les cuesta ningún trabajo el enderezar los caminos.

 

Ellos aprovechan con toda su disposición y con gran interés todas las ocasiones y utilizan todas las posibilidades de recorrer el camino de la perfección que han contemplado.

“Enderezar los caminos” se apoya en la práctica de la Rosacruz juanista, práctica en la que se puede participar desde el momento en que la iluminación interior se ha concebido en realidad. De este modo es muy notable e importante que las cuatro grandes posibilidades mencionadas, –lo imperfecto llegará a ser perfecto, lo desviado será corregido, lo vacío será colmado, lo que está degradado será renovado– sean totalmente conformes al mensaje de salvación que todos los grandes instructores del mundo dan a conocer.

Todos los que se han desviado del camino de Dios deben primero descubrir la única y verdadera vía. Es la primera condición tras la cual es evidente que puede y debe tener lugar el aprendizaje de Juan el Bautista. Esto no consiste en otra cosa que enderezar los caminos, es decir, preparar todo para el gran retorno.

 

Quien pone en práctica tal aprendizaje aporta todas las correcciones para lo que fuera un obstáculo para este retorno. De esta manera adopta un nuevo comportamiento revolucionario. Nosotros lo afirmamos: es únicamente así como se llega a ser un verdadero alumno de la Escuela Espiritual Gnóstica. Los antiguos decían:

 

“Es únicamente así como se nace en Nazaret, y como se llega a ser Nazareno”, dicho de otro modo, es entonces solamente cuando uno llega a ser, y es, de esta manera, una rama del árbol de la vida. Es así como un excluido de la naturaleza de la muerte se convierte en un ser de excepción.

Aquel que llega al final de su camino en la naturaleza de la muerte y, desde estos bajos fondos puede contemplar la amplitud y la gloria de la vida verdadera como en un destello, ése utiliza plenamente la segunda posibilidad de la que hemos hablado: enderezar los caminos, es decir, seguir el camino de retorno hacia su punto de partida. En este caso lo que ha sido vaciado será colmado.

El hombre nacido de la naturaleza está vacío del prana de la vida. Esta radiación astral original, la fuerza vital original de la Madre de la Vida, debe de nuevo afluir al sistema de la personalidad. Es una fase en el curso de la cual una nueva fuerza del alma anima al candidato: lo que ha sido vaciado y que de nuevo es llenado, lo es por una fuerza vital.

Aquí se puede emplear la cuarta gran posibilidad: lo que está degradado será renovado. La renovación de la Transfiguración se realizará. De este modo aparece la verdad de las palabras: con poco se obtiene”eso”, con mucho se desvía de ello.

Ponga cuidado ahora en no minimizar el lenguaje en estilo telegráfico de Lao Tsé, pues traduce completamente el carácter fuertemente revolucionario del camino gnóstico de la realización de sí.

Para que el verdadero yo se convierta en algo es necesario despojarse por completo del viejo hombre; es necesario llegar al no ser, renunciar a toda la cultura del reino de los muertos. El buscador debe tener el valor de menguar hasta llegar a ser menos que nada. Al ser menos que nada, se obtiene “eso”.

 

 

Con mucho uno se aparta de ello. Si se mengua, el Otro puede crecer; la voz de la rosa del corazón resuena; el reencuentro con “eso”, con Tao, tiene lugar. Es por eso, dice Lao Tsé, por lo que el sabio toma lo único y de esta manera hace de sí mismo un ejemplo para el mundo. Un ejemplo notable para el mundo es el hombre que pone en practica las palabras de la Rosacruz juanista.

Lao Tsé describe en detalle el proceso que resume la expresión: menguar para que el otro crezca:

 

1.- No parecer uno mismo la luz.

2.- No sobreestimarse.

3.- No alabarse a sí mismo.

4.- No ser arrogante.

5.- Mantenerse en la no lucha.

 

Quien se acerca a las cuatro grandes posibilidades realizará indudablemente esta quíntuple revolución personal.

Preste atención a que el hombre nacido de la naturaleza, muy consciente de sí mismo –y es este tipo de hombre el que aquí se tiene en cuenta- es un obsesionado por la cultura. En nuestros días hay millones así en el mundo. Es una tendencia característica de la mayoría de la raza actual. Es la razón por la cual los días del final se aproximan a grandes pasos.

Cuando el hombre nacido de la naturaleza alcanza los límites de sus posibilidades terrestres, aparece, al lado de la degeneración por una parte, un poderoso empuje cultural por otra. En el hombre de la masa, bien sea por debilidad psíquica, bien sea por deficiencia moral debida a su medio, la degeneración tendrá lugar fácilmente en sentido degenerativo.

 

Pero el hombre muy consciente –llegado al límite y no habiendo adquirido ningún conocimiento de las condiciones reales de la vida- es acuciado por grandes tensiones. Siempre quiere ir más lejos, cada vez más y mejor. El instinto de poder le acosa, y la tensión le acecha porque la ley de la naturaleza le ordena pararse de manera absoluta.

Este impulso irresistible hacia la cultura empuja a una parte cada vez más importante de la humanidad hacia los estudios, por lo menos lo que se entiende por ello. Este fenómeno tiene lugar en todo el mundo –prueba que el fin de un período ha llegado, porque la conciencia de sí ha alcanzado sus límites. Hombres de todas razas se lanzan ha los estudios.

 

Muchas escuelas secundarias, institutos y universidades crecen progresivamente. Toda la educación se conforma allí. Al mismo ritmo, sin embargo, decrece el número de técnicos, los que mantienen verdaderamente el mundo.

 

Por todas partes en los países supuestamente desarrollados disminuye el número de trabajadores manuales y hay lagunas en este campo, que se intentan llenar con trabajadores inmigrados como se dice, mientras que, en todas las ramas y especialidades, el número de estudiantes aumenta enormemente.

Usted comprenderá que esta situación va a entrañar diversas crisis, si no han comenzado ya. Es el gran signo de la tensión aparecida a los límites de la naturaleza dialéctica. Los hombres nacidos de la naturaleza, muy conscientes de ellos mismos, ¡quieren hacer irradiar la luz ellos mismos!.

 

En estas condiciones, se sobreestiman mucho; rodean su función, signo de su nivel de cultura, de una aureola de gloria. Mantienen una lucha encarnizada por trepar lo más alto posible. Mientras más alto sea el escalón alcanzado, mucho mejor.

Usted sabe que todo esto provoca una lucha intensa, un gran refinamiento del instinto de conservación.

 

 

Con la regularidad de los latidos del corazón, la lucha por la conservación del yo hace estragos en todos los frentes en el campo de tensión de la conciencia nacida de la naturaleza. ¡Quizás usted también esté en ello, más o menos!.

Es así como no ha tardado en nacer, por necesidad –en razón de la falta creciente de mano de obra- el robot, el hombre mecánico, con todas las consecuencias que ello implica. De esta manera, antes incluso de que todos los nacidos de la naturaleza se conviertan en intelectuales, doctores y profesores, un abismo se abre ante todos aquellos que lo saben todo, a excepción de “lo único necesario”.

Bien, usted lo sabe mejor que nosotros, porque en razón de su posición social usted está en los primeros palcos. El mundo y la humanidad ya han conocido muchos períodos semejantes. Las palabras del capítulo 22 del Tao Te King ¿no han pintado en vivo la realidad de la época?.

 

Así pues, usted siente con nosotros, por así decir, el grito del corazón de Lao Tsé, transmitido a sus alumnos para volver consciente a la humanidad de lo único necesario, recordarle las cuatro grandes posibilidades, prescribirle la quíntuple revolución personal antes de que sea demasiado tarde, antes de que el suicidio fundamental tenga lugar realmente una vez más.

 

¡Revolución personal o suicidio, he aquí la realidad ante la que se encuentra la humanidad!.

 

Por ello el sabio, que comprende, se mantiene absolutamente apartado de las persecuciones, y de las locas carreras en el campo de tensión de la naturaleza dialéctica. Rechaza absolutamente todos los medios de dirigirse al frente de la batalla y mantener a distancia a los adversarios.

 

Él sigue la vía de la rosa y de la cruz y alcanza una sabiduría muy distinta. Entonces contempla la aurora de la vida verdadera y descubre que los limites fronterizos han desaparecido. Y, “oh milagro”, es justamente cuando su conciencia disminuye, cuando el “Otro” aparece.

En la –no lucha- según la naturaleza, el sabio conseguirá una victoria positiva y clara. En este valle de lágrimas que es la tierra, en la naturaleza de la muerte, realizará una gran tarea al servicio de la humanidad, de tal manera que se le otorgará un lugar en el panteón de los inmortales. Es a esto a lo que se refieren las últimas palabras del capítulo 22:

Esta sentencia de los antiguos: “Lo imperfecto llegará a ser perfecto”, ¿serán palabras vacías?. Si alguien alcanza la perfección, todo viene a él.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

C APÍTULO  22-III

 

LO IMPERFECTO LLEGARÁ A SER PERFECTO

 

 

Usted conoce las palabras de Jesús el Señor transmitidas por Lucas (9,24): “El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mi causa la conservará”. En el Evangelio de Marcos (8,35) se han interpuesto algunas palabras: “Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por causa mía y del Evangelio la conservará.

En razón de todo lo que ha sido dicho en el capítulo precedente, usted percibe que estas palabras se corresponden por completo con las del Tao Té King. Una vez más queda claro que la verdad eterna ha sido anunciada en todos los tiempos.

 

He aquí por qué es imposible que estén vacías las palabras de los antiguos, los grandes servidores del Espíritu: lo imperfecto llegará a ser perfecto. Si se sigue el camino justo y aplica el justo método. El yo debe menguar, el alma debe crecer. Así el hombre verdadero podrá manifestarse gracias al alma viva.

 

Esta es la Enseñanza Universal que nos ha sido traída a lo largo de los siglos como mensaje de salvación, como la verdad inmutable, por lo tanto como el evangelio.

Estando fundadas nuestras reflexiones en esta certeza –que ya no es, en absoluto, una inseguridad para los alumnos de la Escuela Espiritual- pensamos en las palabras del final del capítulo 22. Cuando alguien alcanza la perfección todo viene a él.

Quien realiza plenamente las cuatro grandes posibilidades, de las que hemos hablado, por medio de la quíntuple resolución personal. O que está intentando desembarazarse de sus velos a las cuatro verdades, verá todo venir a él, es decir, se liberará de toda dialéctica.

Es un acontecimiento maravilloso del que el hombre bueno debe hacerse una idea. Una herramienta no se muestra más útil que cuando se la emplea. Experimentará su destino si no se sirve de ella de la manera justa. La personalidad humana también es una herramienta. Es necesario demostrarle su tarea, su misión.

 

Hoy, ahora y siempre, nace de la naturaleza porque, por un empleo inadecuado de la herramienta, la muerte la aniquila. Tan pronto como eventualmente el alma viva se coloca a dirigir la personalidad, la muerte no es más que un recuerdo del pasado y el nacimiento en la naturaleza es vencido. Sin un alma viva la personalidad es todavía imperfecta y así permanece absolutamente.

Es completamente comprensible. Por tanto uno se debe preguntar como es posible que los humanos no comprendan esta lógica. La causa de ello es que la personalidad, al haber nacido de la naturaleza, está dotada de una conciencia natural. Y la mistificación consiste en considerar esta conciencia natural como el alma viva.

 

Y como se experimentan carencias, se supone que desaparecerán progresivamente tan solo con cultivar suficientemente la conciencia natural. Desgraciadamente, el hombre nacido de la naturaleza después de profundas  y penosas búsquedas, muy largas en general, acaba por descubrir que lo imperfecto nunca llegará a ser perfecto si todos los elementos de lo perfecto no son realizados y no pueden funcionar completamente unidos.

El gran milagro de la creación de Dios es justamente eso, que cada aspecto del hombre completo es un aspecto vivo y que por tanto se puede hablar de una triple vida: la vida de la personalidad, la vida del alma y la vida del espíritu. Es únicamente cuando estos tres aspectos se juntan, cada uno en el estado querido por la intención divina, únicamente así el hombre divino verdadero puede vivir y existir.

 

 

 

 

Si usted comprende esto, y si la personalidad quiere hacer los esfuerzos necesarios para alcanzar esta gran meta, las palabras de los antiguos: lo imperfecto llegará a ser perfecto, ya no están vacías en absoluto. Cuando un mortal lleno de aspiración ve verdaderamente ante él la triple vía de la perfección y asume las consecuencias, todo y todos se unen a él. ¿Por qué?

 

Se preguntará. ¿Es eso absolutamente cierto?.

Todo el universo se mueve por leyes naturales. Hay muchas en la naturaleza, y hay muchos fenómenos conformes a estas leyes que son suprimidos o transformados por leyes naturales superiores. Pero la ley mas alta es la de Tao misma.

 

Esta ley es altamente realizable. Esta ley anula, como debe ser, todo lo que no está en armonía con ella. Todo lo inferior, todo lo no divino, todo lo que viene de la personalidad, debe unirse a lo superior, que es Tao mismo.

Los que viven en concordancia con Tao, que se dirigen hacia Tao y de tres hacen uno, son revestidos de un gran poder, del más grande poder de la tierra y del cielo. Ningún poder sobrepasa la magia gnóstica. Es por lo que son investidos en el mundo de tan gran poder.

Usted quizá comprenda que los que poseen semejante poder no harán un mal uso de él, siguiendo y aplicando los métodos refinados de las personalidades humanas imperfectas.

 

La personalidad humana impone su voluntad, sus decisiones, su orientación como si fuera ella la que tuviera el poder o creyera que tiene los medios.

 

El gnóstico no combate, no lucha contra la obstinación, la debilidad y la ignorancia. Si entrara en liza, ello no le serviría para nada relacionado con la luz de la perfección. Pero sobre todo perdería su alma. “¿Y de qué le serviría a un hombre ganar el mundo entero si perdiera su alma?” (Mateo, 16,26).

Usted, alumno de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro, usted es una personalidad humana. Usted posee un alma, en todo caso un alma en desarrollo. Y usted posee la rosa viva, la fuerza “del medio”. Sin la fusión total de estas tres en una sola, según la ley divina, usted permanece imperfecto.

Pero nada ni nadie puede impedir incitar a lo imperfecto a la perfección, siguiendo la vía que le indica la Escuela Espiritual. ¡Entonces todo, absolutamente todo vendrá a usted!.

Si recorre este camino, las palabras de Jesús citadas por Marcos en el capítulo 9 se verificarán para usted: “En verdad yo os digo, algunos de los que están aquí no morirán sin que vean, llegado con poder, el Reino de Dios”.

 

 

 

 

Quien habla poco es «él mismo» y natural

 

Un viento furioso no sopla toda la mañana, una lluvia violenta no dura todo el día.

 

¿Dónde está el origen de esto?

 

Si el cielo y la tierra no pueden desencadenarse por largo tiempo.

 

¿No ocurrirá igual, con mayor razón, en el hombre?

 

El que en su conducta sigue al Tao, se hace similar al Tao;

 

El que sigue a la virtud, se hace similar a la virtud; el que sigue al abandono, se une al abandono.

 

Lo que se asemeja a Tao, recibe a Tao.

 

Lo que es similar a la Virtud, recibe a la virtud.

 

A quien se hace uno con el abandono, el Tao también lo abandonará.

 

Tener demasiado poca fe, es no tener la fe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  23-I

 

QUIEN HABLA POCO ES «EL MISMO”

 

 

Quien habla poco es «él mismo» y natural. Estas palabras de Lao Tsé no le parecerán extrañas, puesto que usted conoce las horas de silencio que vivimos juntos durante las Conferencias de Renovación, y hemos llamado a menudo su atención sobre el significado profundo de ese silencio, usted sabe sin embargo que el lenguaje muy condensado de Lao Tsé esconde muchas cosas. Una sola palabra suya y la puerta se abre ante nosotros sobre la totalidad de la filosofía gnóstica.

Es pues deliberado que prestemos una atención especial sobre el primer versículo del capítulo XXIII, intentando abarcar toda su profundidad. Hay que sondear el misterio de la palabra y del sonido para comprender lo que Lao Tsé contempla aquí.

Usted admitirá que el lenguaje de un ser humano está siempre en relación estrecha, por una parte con su respiración y, por otra con el órgano de la comprensión. No se puede hablar sin respirar; de la misma manera sin una buena comprensión no se puede emitir ningún lenguaje. La laringe -el órgano que permite emitir sonidos articulados- no tiene, en relación al aliento y a la comprensión, más que una importancia secundaria.

Diversos autores afirman que el hombre se distingue del animal porque posee una laringe vertical, lo que le permite hablar. Esto no es más que una verdad a medias. Porque todos los órganos del cuerpo físico son indispensables para expresarse efectivamente en la materia.

Se encuentran en la cabeza y el corazón del hombre cierta cantidad de órganos de muy pequeño tamaño que los unen directamente a la esfera astral. Para numerosas especies animales y para los diferentes tipos de hombre, no es tanto el corazón como el plexo solar quien juega en esto un papel predominante.

La unión innata de la criatura física viviente con la esfera

Astral determina las propiedades y la naturaleza fundamental de esta criatura.

La esfera de vida astral no es uniforme ni homogénea, y contiene innumerables campos de calidades muy diferentes. En cada campo astral se manifiestan gran cantidad de situaciones y de posibilidades.

Comprenderá usted por tanto que cada hombre posee su propio tipo astral, su propia llave astral. El hombre de cierto tipo se expresa por todo su ser, no sólo en él sino a su alrededor. Así la criatura depende del aliento.

Queremos decir con esto, que aunque viviendo todos en el mismo campo de respiración, en la misma atmósfera, poseemos sin embargo cada uno un campo de respiración muy particular, elaborado y formado por nuestras condiciones astrales personales.

En cada respiración, la cabeza y el corazón funcionan según las condiciones astrales del momento. En más de un sentido, del aliento proviene la vida. El aliento no sólo determina la actividad intelectual sino también el deseo. Una cierta base astral es formada interiormente por los chakras, y una cierta actividad astral se une a ella desde el exterior.

Cuando nace un pensamiento en el cerebro, o un deseo en el corazón, pensamiento y deseo emanan de estos dos órganos y se proyectan en la sustancia astral, que nos envuelve por todas partes como el agua envuelve al pez. Estas proyecciones se reflejan y conservan en cierto estado nuestra naturaleza astral fundamental, nuestro campo de respiración y nuestro aliento, de la misma manera que toda la vida de nuestros pensamientos y nuestros deseos.

 

Supongamos que ciertos pensamientos, ciertos sentimientos se despierten en usted, sin tener ninguna relación con su tipo astral fundamental, siendo pues totalmente extraños. Estos pensamientos y sentimientos provienen siempre de las influencias del campo de respiración.

 

Ellos no han podido penetrar por la vía de los chakras y del cuerpo etérico, porque la sangre, el fluido nervioso y las secreciones internas les oponen demasiada resistencia. ¿Cómo han penetrado en su campo de respiración, para ejercer en él su influencia? pues bien por la palabra.

 

Hablamos en el momento de la espiración y nunca inspirando. Podemos esforzarnos -intencionalmente- pero por un corto instante y la voz no resuena de forma natural.

Al inspirar, la materia astral penetra en su cabeza a través de su campo de respiración y le empuja a una cierta actividad mental. Cuando usted aspira, su voz resuena y, por la palabra, usted concreta la imagen, la fuerza, la vibración aportadas por la sustancia del aliento, y transmuta así los valores astrales en una realidad viva, activa y mágica. Hablar es pues una actividad creativa y esto gracias a la espiración.

Lo mental, y por lo tanto astral, se hacen perceptibles gracias a la espiración, cuando la laringe expulsa el prana en todos los matices de sus diversos estados vibratorios correspondientes a las representaciones mentales que maneja. Se transforma en sonidos. Vocales y consonantes componen en caracteres mágicos imágenes sonoras.

Estas imágenes sonoras tienen todas el astral por dominio de origen. Este dominio, por la magia de la palabra, es evocado, vivificado, liberado, dinamizado. Esta actividad, esta magia, tiene naturalmente efectos, consecuencias directas, consecuencias a veces salvadoras y liberadoras, pero a veces encadenantes y muy peligrosas, tanto para el que habla como para el que escucha.

He aquí porque Lao Tsé hace esta indicación en forma de advertencia: El que habla poco es «el mismo» y natural. Cada ser nacido de la naturaleza posee, tal y como hemos dicho, su propia naturaleza astral fundamental. Su primer cuidado será pues no dejarse degradar, deteriorar y petrificar la calidad de su estado de ser. Por su pasión de hablar, el hombre no sólo desperdicia su energía creativa, sino que daña gravemente a sí mismo y a los otros.

El que habla poco, el que es perfectamente consciente, que sabe lo que hace, que conoce sus responsabilidades, permanece totalmente él mismo y perfectamente natural. La base de una realización autónoma y liberadora es adquirida desde ese momento.

Protéjase pues de los charlatanes, de los habladores y las cotillas. La fuerza creadora llamada superior es a menudo infinitamente más peligrosa que la fuerza creadora inferior.

 

Protéjase de los que le abordan como para colgarse de su cuello, turbándole por sus exhalaciones, ahogándole bajo un flujo de palabras, asestándole sus preocupaciones, inyectándole sus pensamientos, escupiéndole sus críticas, infectándole con su estado astral.

Suponga ahora que las palabras que le llegan de la Gnosis despierten en usted pensamientos y sentimientos sin ninguna relación con su tipo astral fundamental.

 

En otros términos, las palabras pronunciadas en los Templos de la Rosacruz de Oro evocan en su campo de respiración fuerzas perfectamente contrarias a su estado de ser ordinario. Usted no puede hacer otra cosa más que inhalar estos valores que le son tan extraños, puesto que usted se ha abierto a ellos; usted escucha el testimonio de la Gnosis.

Al principio en la mayoría de los casos, la cabeza y el corazón responden como tomados por un viento desencadenado y violentas lluvias. Porque su naturaleza profunda es tocada en la inarmonía y no en la armonía. Extraños pensamientos y sentimientos le turban porque su naturaleza fundamental es atacada y se defiende.

 

 

 

Se trata entonces de saber qué palabras serán las suyas a continuación:

 

¿Oposición, protesta, incomprensión? o bien ¿

 

Aceptación por la rendición de sí mismo?

 

En el primer caso las ráfagas de la tormenta y los chubascos se acentuarán.

 

En el segundo todo se calmará muy deprisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  23-II

 

EL QUE EN SU CONDUCTA SIGUE AL TAO SE HACE SIMILAR A

TAO

 

 

En nuestros comentarios del capítulo XXIII-I hemos visto como la utilización del poder de la palabra puede arrojar al hombre en medio de grandes tensiones y dificultades. En el estado actual del hombre nacido de la naturaleza, las situaciones conflictivas son inevitables, tanto si llevan a la liberación como a la degeneración, y esto porque la palabra es un poder creador, un órgano creador.

 

Este poder creador activa las fuerzas astrales evocadas que circulan en nuestro sistema vital, las transmite al sistema respiratorio con todas las consecuencias que se derivan tal y como lo hemos mostrado.

Ahora bien todos nosotros estamos obligados a resolver perfectamente este problema desde que se nos manifiesta. Ya que las radiaciones intercósmicas que se imponen actualmente al conjunto del campo terrestre nos obligan a encontrar una solución.

 

Si no queremos caer presos de los instintos inferiores y corruptos, el órgano creador superior debe ser liberado y utilizado de la manera justa. En el curso de su larga marcha, la humanidad, por períodos tuvo que satisfacer esta exigencia. Es lo que ocurre hoy en día. Las palabras de Lao Tsé son pues muy actuales y todo hombre tiene el deber de encontrar la solución a este gran conflicto.

Para hacer tal cosa, hay que empezar  por hablar poco. Así se es «uno mismo» y «natural», protegiéndose de los delirios verbales de ciertas personas, no prestándose a conversaciones sin interés, que son negativas y le transmiten las influencias astrales más indeseables.

Usted podría hacer notar, que incluso si no se habla, las actividades mentales y sentimentales de su cabeza y su corazón le estorban. Los pensamientos, los sentimientos y los deseos que descienden por debajo de cierto nivel, ¿No deberían ser considerados sin duda como peligrosos?

 

Ciertamente, pero al expresar estos pensamientos, deseos y sentimientos en palabras, usted los «concretiza» y los hace infinitamente más activos; porque lo creado es más activo que lo que permanece latente.

Sin embargo, dejemos de lado el aspecto negativo de este tema presentado para ayudarle a encontrar una solución. Supongamos de nuevo que nuestro sistema natural sea tocado en su campo de respiración por la Palabra de la Gnosis, que se dirige a usted y a la cual usted está abierto.

 

He aquí que es usted tocado por fuerzas de luz astrales que no son las suyas o no todavía. Resulta evidente que aparecerán tensiones interiores porque su naturaleza astral de base se opone espontáneamente; chubascos y borrascas se desencadenan a menos que… se vuelva usted «¡usted mismo!»

Lao Tsé utiliza aquí una imagen que nos recuerda la noción conocida del «no hacer», el Wu Wei. Desde que usted tiene la certeza de que la Gnosis le ha tocado y ha turbado su campo de respiración, no exprese en absoluto sus tensiones.

 

Evite todo comentario sobre las tempestades así desencadenadas, practique el no hacer y entréguese a la Gnosis evitando completamente luchar.

 

 

Si usted lo consigue, si alcanza ese estado, las tempestades pasarán. Practicando el no hacer, el silencio interior, la rendición de sí mismo igual que callándose, se une usted a lo que Lao Tsé llama «la virtud», se sitúa usted en el camino que conduce a Tao. «El que en su conducta sigue a Tao se hace similar a Tao. Quien sigue a la virtud se hace similar a la virtud».

El que no actúa así se deja llevar al crimen y comete el crimen. Al utilizar, como Lao Tsé, la palabra «crimen», no piense usted en un crimen violento, sino reflexione acerca de que toda acción, todo comportamiento que le aleja de la Gnosis y le mantiene en su estado de ser nacido de la naturaleza son absolutamente criminales.

Profundicemos en esto para alcanzar una justa comprensión la mayoría de los alumnos de la Joven Gnosis han conservado su naturaleza ordinaria, sin hablar de lo que en ellos es absolutamente loable. En otras palabras, han conservado su estado astral fundamental. Las representaciones ordinarias del bien y el mal, de lo positivo y lo negativo todavía los agitan.

Sin embargo la Gnosis les habla y golpea interiormente su corazón y su cabeza. Un conflicto más o menos grande es inevitable. Lo que penetra en ellos es contrario a su naturaleza astral fundamental y la traspasa como una espada, mientras que no es contraria al Wu Wei, al alumno que es «el mismo y natural», al alumno que está preparado. En los que no están preparados, desencadena duraderas tormentas.

Entonces se buscan, se visitan y la conversación recae sobre el tema del Templo, sobre el toque en el Templo. Esto puede suscitar un desorden infernal; en efecto, ¿quién se expresa y testimonia? ¿La nueva palabra en ellos? Todavía no ha nacido ¿Por qué? porque han conservado su naturaleza astral fundamental.

 

¿Es el alma quién se expresa, la nueva alma? ¡En modo alguno! La fuerza de la nueva alma es reprimida en el doble etérico, sin poder penetrar en el santuario de la cabeza donde permanece intacta la antigua base astral.

 

A lo largo de la conversación surgen constantemente los desacuerdos. No hay acuerdo y comprensión sobre la base del Wu Wei sino toda clase de opiniones a menudo contradictorias y opuestas. Un desacuerdo es pues un perjuicio un crimen, es polemizar para tener razón. ¿Qué razón? la de la naturaleza astral fundamental de uno de los participantes. Puesto que se empecina uno, que se choca a menudo de forma enfermiza, es un perjuicio, un crimen.

Si sólo fuera esto, no quedaría de ese crimen más que una cierta esterilidad. Pero esos debates, esas orgías de palabras, arrastran un frenesí de creaciones que constituyen una gran impureza. El barullo de las voces «concretiza» innumerables fuerzas astrales de naturaleza dialéctica. El torbellino de las influencias astrales presentes carga el campo de respiración.

 

Estas personas se han agredido mutuamente, han cometido un verdadero crimen, mientras que todo lo que la Gnosis quería dar se ha retirado desde el principio del encuentro. El toque ha sido, no sólo inútil sino ocasión para una gran depravación. Deje penetrar estas palabras hasta el fondo de su conciencia: «El que se orienta al crimen se hace similar al crimen».

Comprenda que existen diversas formas de depravación. Pero la que aquí se trata es la peor. Toda disputa es un crimen, es un ultraje hacia las personalidades presentes. Y observen este tipo de crimen no se limita a algunas personas. Los efectos de estas disputas, cualquiera que sea su naturaleza, infectan la esfera vital entera de la humanidad. Es una gran perversión. ¿No es terrible que una Escuela Espiritual Gnóstica se vea arrastrada cuando trabaja en favor de toda la humanidad?

¿Cómo es esto posible? Pues bien, por falta de fe y de confianza, con las consecuencias que resultan de ello. Así el estado astral fundamental es mantenido. Tener demasiada poca fe dice Lao Tsé es no tener la Fe.

 

 

 

 

CAPÍTULO  23-III

 

TENER DEMASIADA POCA FE ES NO TENER LA FE

 

 

Les hemos mostrado con detalle en el capítulo precedente cómo el hombre se halla totalmente bajo la dependencia y la dominación de su estado astral. Nadie puede esperar seguir un aprendizaje liberador si la orientación astral fundamental de su ser nacido de la naturaleza no cambia y si no se libera de este encadenamiento.

Lo que se nos pide, es volvernos semejantes a Tao, semejantes a la Virtud. Ahora bien, es la fuerza de la fe quien confiere esta semejanza.

Desde que un humano posee una fe sólida en la realidad y la verdad de la Gnosis, y que desea intensamente tener parte en esta sublime realidad, todos los obstáculos que podrían interponerse entre él y esta meta son removidos. ¡La fe triunfa sobre todo! Esta es la razón por la que hay que desarrollar completamente ese maravilloso poder de la fe si se quiere alcanzar algún resultado.

Las palabras de Lao Tsé: Tener demasiada poca fe, es no tener la fe, son de innegable claridad.

Sería bueno preguntarse donde se asienta el poder de la fe. ¿En que parte del cuerpo está localizado? ¿ Está ligado a tal o cual órgano? ¿Es él mismo un órgano?

Si buscan seriamente una respuesta a esta cuestión, descubrirán que la fe es no solamente un estado afectivo sino también una cuestión de comprensión y sobre todo de voluntad. Emanando del corazón y de la cabeza, ella toma todo el ser. Se es penetrado, inflamado. Y es justo afirmar que los que sienten despertar el poder de la fe son sobre todo turbados psíquicamente, sin hablar del estado físico correspondiente.

 

El estado de fe, en el cuerpo, se revela en la sangre, el fluido nervioso y la secreción interna que son tomados por la vibración de la fe.

Si no es este el caso, no se trata de la fe que todo lo penetra. Ocurre a continuación que a esta acción a veces poderosa en el plano psíquico sucede una acción en los planos etérico y astral.

Los siete chacras del cuerpo astral se abren a la luz de la Gnosis con todas las consecuencias correspondientes.

Observen la enorme diferencia que existe entre una fe positiva, es decir, una fuerza de fe positiva, y su aspecto negativo. Después de todo lo dicho, pueden fácilmente ver la diferencia:

La fe positiva así como la fuerza ligada a ella se desarrollan a partir de dos elementos del plano astral: La respiración astral de los chacras y la respiración ordinaria. La primera se desarrolla en el sentido: Chacras, cuerpo etérico, cuerpo físico, y la segunda en el sentido: Sistema respiratorio, santuario de la cabeza, espiración y palabra.

 

La fe es positiva cuando estas dos influencias astrales, estos dos procesos, se encuentran y se funden uno en el otro en unidad y lo que está en lo más profundo del ser se hace semejante a lo más exterior. Esperamos que vean

Ahora claramente que tal fe sólo es posible si se sigue el camino en perfecta rendición del yo.

Examinemos ahora el aspecto negativo de la fe. Ocurre que un hombre demuestra interés por cierta corriente religiosa, bajo la influencia de causas kármicas o hereditarias, o bien porque grandes sufrimientos lo empujan a ello.

 

Si quiere que el resultado sea positivo, será necesario que esta orientación se acompañe de un comportamiento liberador. Sin este comportamiento, los siete chacras del cuerpo astral no comienzan a girar en sentido inverso y no le queda a tal hombre más que la influencia astral que pasa por la respiración directa, el cerebro y la palabra. Una parte de la personalidad es entonces tocada por la nueva influencia, mientras que la otra, la más importante no es en absoluto alcanzada.

Está claro que esto provocará toda clase de estados lamentables. Los predicadores ávidos de convertir a las masas, por un lazo astral en sentido único, les inyectarán en la exaltación una pequeña dosis de fe, pero será una fe negativa, un fuego de paja, que arderá muy deprisa dejando a menudo tras él huellas indeseables. Ahora que son ustedes capaces de diferenciar entre la fe positiva y la fe negativa, pregúntense de qué es capaz la fe.

Tomemos como ejemplo a un hombre que aspira realmente a la salud viva de la Gnosis. Este deseo se manifestará en la cabeza acompañado de la comprensión y también de la voluntad. El hombre comprenderá que si quiere que ese deseo alcance el cumplimiento y la posesión, le son exigidos actos nuevos, un nuevo comportamiento próximo a «la virtud» y alejado del «crimen».

 

En el que sigue tal camino un gran cambio tiene lugar, primicias de la transfiguración. Los chacras se ponen a girar en sentido inverso del natural. Las fuerzas del alma se concentran en el cuerpo etérico. Los cuatro alimentos santos conmueven el sistema físico entero.

Después de este prólogo, después de esta preparación, en un momento dado nace la fe verdadera y triunfante. Ella se anuncia como una poderosa vibración en el ser entero lleno de la verdadera fuerza de la fe. El Evangelio señala que Jesús dijo al respecto: «Si tuvierais una fe como un grano mostaza, podríais mover montañas», y Pablo: «La fe es una base firme para las cosas que no se ven».

Todo esto se refiere a una nueva fuerza astral, la fuerza-luz de la Gnosis, que puede ser empleada mágicamente para la salvación de la humanidad por aquel que se haya preparado y ejercitado. El utiliza esta fuerza mágica por el órgano creador superior. Pronuncia la palabra viva, como Jesús la pronunciaba: «Yo lo quiero, se purificado». Así, pueden ustedes saber y experimentar de que es capaz la fe, tal y como Lao Tsé la comprende.

 

 

Quien se sujeta sobre la punta de los pies no puede permanecer derecho. Quien alarga mucho el paso no puede caminar.

 

Quien quiere brillar por él mismo no está iluminado. Quien quiere ser el hombre verdadero él mismo no adelanta a los demás. Quien se enaltece de su trabajo no tiene mérito. Quien se coloca sobre un pedestal no es superior.

 

Tao compara tales maneras a restos de comida u otras cosas nauseabundas siempre detestables.

 

Por tanto, quien vive en Tao se aleja de ello.

 

 

 

Tao Te King, capítulo 24.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  24-I

 

EL EGOÍSMO

 

 

Al leer el capítulo 24 del Tao Te King, usted habrá comprendido sin ninguna duda el tema y la intención. El retrato del hombre nacido de la naturaleza en sus hechos y gestos ordinarios está ahí esquematizado en algunos hábiles trazos, un retrato tan moderno, tan actual, que no se sabe lo que es más asombroso: o que Lao Tsé haya descrito, hace milenios, al hombre del siglo veinte, o que después de tantos años el hombre de la naturaleza no haya cambiado.

Pero nuestro asombro cesa cuando comprendemos una vez más que, en razón de su estado psíquico, el hombre nacido de la naturaleza está incapacitado para cambiar. Las circunstancias exteriores cambian, en líneas generales y detalladamente, pero el hombre nacido de la naturaleza permanece invariablemente del mismo tipo, es decir, del tipo mismo de su egoísmo.

 

El egoísmo es el impulso original de la naturaleza, habitual en el ser humano en grados diversos. Nadie puede liberarse de él sin renunciar totalmente a su yo.

Su forma más fuerte y más cristalizada es la del hombre egocéntrico, endurecido, que desde la cuna a la tumba no considera más que su propio interés, por lo tanto que no tiene ningún apego sentimental ni familiar de la naturaleza que sea, como el afecto por su madre o una buena alianza con su cónyuge o con un hijo.

 

Esta forma de egoísmo que excluye todo le relega al estado sub-animal, porque en el reino animal se observa que un lazo, aunque sea pasajero, une a madre e hijos y que hay animales que pueden incluso sacrificarse para proteger la vida de sus pequeños.

Por ello en nuestra época, sólo conocemos esta forma de egoísmo en una expresión psíquica degenerativa, es decir, en aquellos que, psíquicamente perturbadores, sacrifican todo a su codicia y a su lujuria sub-animales.

Note que esta forma de egoísmo crece muy deprisa en nuestra época en todos los países y en todos los pueblos. Ello demuestra que la humanidad desciende rápidamente por debajo del nivel calificado de humano, lo que nos advierte claramente de su próximo fin.

Una forma más alta de egoísmo es la que, colocando el yo en el centro, incluye también a la familia. En este grupo los lazos de sangre hablan más o menos fuertemente, aunque de manera pasajera.

 

Hay que comprender este fenómeno, pues evidente que la solicitud y la dedicación por la familia es una forma de realización y de fortalecimiento personal, es decir, una expansión del yo. Es un egoísmo en el que se expresan todas las virtudes altamente alabadas de la paternidad y de la maternidad.

Este egoísmo ha estado sometido a diversas formas de cultura; numerosas leyes lo regulan y lo mantienen. Que sea una forma de egoísmo evidente lo demuestran los esfuerzos y el regocijo, los elogios y el orgullo que acompañan el éxito de los miembros de la familia, incluso si a veces este éxito pone de manifiesto una moral dudosa.

El egoísmo es aún más evidente cuando dos familias ambicionan el mismo fin y tienen la misma codicia. Cuando incluso la vida y la solidaridad familiar, así como en el nivel cultural sean lo que se llama elevados, una lucha terrible se declara entonces, una lucha que tiene la misma base y la misma fuerza astral que los feroces combates del hombre prehistórico. Las formas pueden ser diferentes, el fondo y el resultado son siempre los mismos: guerra y derrota.

 

Después el egoísmo se extiende aún y se convierte en egoísmo de grupo, el de un pueblo, luego de una raza. Los desarrollos y consecuencias son demasiado bien conocidos.

 

 

Cuando alguien es alcanzado por la psicosis del egoísmo de grupo o de un pueblo, ello no excluye en absoluto las otras formas definidas anteriormente. Por el contrario, pueden ser fortalecidas por ello, porque el interés del individuo es fácilmente dificultado por el grupo. La fuerza del egoísmo individual conoce entonces una tensión mucho más fuerte. Las consecuencias son evidentes: la lucha hace estragos.

Para comprender bien las intenciones de Lao Tsé no olvide, sobre todo, que el desarrollo del egoísmo en la curva ascendente se acompaña siempre de un desarrollo moral. Numerosos son los ejemplos de hombres que han sacrificado sus propios intereses a los de la familia, a los del grupo, a los del país, del pueblo, de la nación y, en menor medida, a los de su raza. La literatura nos da, tanto hoy como ayer, ejemplos ilustres de ello.

 

Hay que considerarlos, sin duda, con la mayor reserva porque la disposición y la solicitud a sacrificarse están siempre mezclados de una forma de egoísmo. Pero es cierto que el desarrollo del egoísmo se acompaña de un desarrollo moral estimulado por la religión y el humanitarismo y protegido por la ley.

Hoy, en lo que concierne a la cultura del egoísmo, la humanidad se apresura a subir el último escalón, bajo diversos pretextos morales, naturalmente. Una vez alcanzado este último escalón, siendo conservados todos los escalones inferiores –lo que es propio de la escala- ya no hay nada más alto. Esto será entonces el final de la era aria, lo mismo que hemos llegado al fin de un cierto período de la era aria.

 

En este último escalón se verá la confluencia, la reunión, la unificación de toda la humanidad. Primero, el individuo, después la familia, la descendencia, el pueblo, la raza, en fin, toda la humanidad. En cada período, en cada era, los hombres recorren este camino hasta el final. La desaparición total de las oposiciones que existen actualmente entre los pueblos, las naciones y las razas marcará el fin.

 

Las señales precursoras de esta próxima gran revolución mundial son ya perceptibles. Sin cesar se oye predicar la integración total. Por todas partes se trabaja para que cesen las oposiciones entre las religiones. Se forman bloques políticos y se definen claramente dos grandes grupos entre los cuales se reparte la humanidad: el este y el oeste. Ambos saben que, si conservan su punto de vista sobre su propia cultura del egoísmo, la aniquilación total de la humanidad se convierte en un hecho.

Al mismo tiempo, muchos ven claramente que ha terminado la época en que los combatientes formaban un frente en cuya primera línea caían los muertos y los heridos, mientras que atrás, a salvo, el estado mayor orquestaba la guerra y en que más atrás aún y más a salvo, los diversos grupos económicos dirigían todo desde su guarida.

 

Como el principio fundamental del egoísmo es la autoprotección, la posibilidad de atacar y de aniquilar con astucia ya no existe y las armas técnicas prohíben absolutamente exterminarse de improviso, se está muy obligado a unirse.

Quizá sea posible e incluso muy verosímil que haya que librar aún muchos combates antes de que todo el mundo sienta lo que esta obligación tiene de ineluctable; pero no se puede ya parar la evolución de esta última fase.

Un grupo muy grande de autoridades está completamente convencido de la necesidad de erigir una nueva organización mundial. Se habla de un incesante contacto diario entre los grupos que están en la cúspide de los dos campos, tanto en el plano político como en el religioso, aunque la prensa mundial sólo se haga eco de ello muy parcialmente.

Y la pregunta no es: “¿Vamos a hacerla?”, sino: “¿Cómo hacerla?. ¿Cómo hacer para que el pueblo, la masa, la acepte, y justificar esta gran revolución de todos los valores considerados antes como inolvidables?”.

 

 

Pero usted lo comprende, ¡la humanidad está obligada a ello, tiene la espalda contra la pared!. Pensamos poder limitar a los demás los efectos de la explosión de la bomba atómica, pero todos los riesgos han llegado a ser demasiado grandes y por eso pronto se cantará a voz en grito: “¡Todos los hombres son hermanos!”. Muchas iglesias y movimientos religiosos buscan igualmente la unidad forzada.

¿Por qué?. Pues bien, la cultura del egoísmo, la lucha por la existencia, el miedo a la muerte y la aniquilación empujan a la humanidad a este último paso. La unidad forzada o el aniquilamiento recíproco:

 

¡La humanidad debe escoger entre estos dos extremos!. A fuerza de miserias y de muertes, la humanidad ha escogido la primera, o está punto de hacerlo. Así la cultura del egoísmo humano alcanzará su límite… y –atención- conservando así todos los demás aspectos que no se pueden desarraigar.

 

Entonces, pronto, la gran unidad de los pueblos y de las razas estará asegurada únicamente por la fuerza y la violencia, con la colaboración y bajo la dirección de todas las autoridades. Finalmente el mundo entero se verá bajo un régimen fascista y corporativo. Todos los hombres serán forzados a ser mutuamente “hermanos”: último articulo de la ley de la auto-conservación.

Mientras tanto, todos se estiran tanto como pueden sobre la punta de los pies para apoderarse de la mayor cantidad posible de presas y de botines. Alargan el paso para alcanzar su meta lo más rápidamente posible. Los desgraciados fieles de las religiones naturales no van a hablar más que de la luz que se concretiza ahora para irradiar sobre toda la humanidad, la luz enviada por el Cristo.

Pero la gran lucha continúa: hay a quien esto le será o parecerá lo más grande o más importante. La industria se aprovechará del egoísmo para explotar a la humanidad en proporciones monstruosas.

Aquellos que, observadores más o menos objetivos y dotados de algunas cualidades de alma, observarán estas actuaciones y la aceleración próxima de la carrera hacia el abismo, tendrán una gran pena de esta inmensa impostura. Lao Tsé la compara a restos de comida u otras cosas nauseabundas siempre detestables.

 

 

 

 

¿ Va usted a asociarse a semejante mentira?.

 

 

O bien, buscando el camino de Tao, ¿elegirá usted el otro camino?.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  24-II

 

LOS MUROS DE JERICÓ

 

 

 

Nuestras primeras consideraciones sobre el capítulo 24 del Tao Te King han mostrado adónde conduce finalmente el egoísmo. Podemos desolarnos por ello, sobre todo si tenemos la peor parte en la lucha por la existencia o por la defensa de sus intereses.

 

Pero no olvidemos que el egoísmo, y por lo tanto el egocentrismo, es una de las características fundamentales del hombre nacido de la naturaleza. Cuando la vida se despierta en la naturaleza de la muerte, la criatura está amenazada por todas partes. Así se manifiesta el egoísmo, el instinto de conservación. En tanto que nacidos de la naturaleza, todos los hombres sin excepción son egoístas.

Al leer esto, una sucesión de sentimientos y de pensamientos le tocan, pues usted no encuentra agradable ser tratado de egoísta. Tiene usted un poco la impresión de que es una injuria. Con la excepción de numerosos seres humanos que viven su condición de nacidos de la naturaleza con un ardor tal que encuentran completamente natural esta característica fundamental del género humano, los demás se sienten más o menos heridos en lo vivo por esta fría constatación: el hombre es egoísta.

Esto es notable, pues no se puede calificar esta reacción de fenómeno fundamentalmente natural. Sin embargo, atención, nosotros no hablamos del disgusto causado por el fracaso de una empresa egoísta, sino de un sentimiento de decepción, del sentimiento de estar equivocado, de ser derribado de su pedestal. Usted sufre, en particular, porque sabe que la Biblia y la Enseñanza Universal, fustiga al egoísmo como fuente de calamidades. Y… la voz de la rosa en usted, su conciencia, arremete sin cesar contra su comportamiento.

Entonces afluye la corriente ininterrumpida de reflexiones sin número: “Eso debería ser de otra manera; eso debería ser mejor. Es necesario que cese lo más rápidamente posible”. Así se desarrolla la famosa lucha por la existencia. Las consideraciones morales se encuentran en guerra contra su comportamiento egoísta. Y todos conocen bien el desfile de moralistas, místicos, humanistas y otros que atizan este combate interior.

¡Pero nosotros afirmamos que este combate no tiene absolutamente ninguna esperanza, pues imposible cambiar la naturaleza fundamental del género humano!. ¡Eso está totalmente excluido!. Por ello, cuando usted y sus amigos están en plena lucha –y lo están- y viven hasta el fin el combate que opone al egoísmo y la moralidad, usted intenta hacer triunfar a la moralidad. A causa de ello acaba por descubrir que usted y sus amigos siempre llevan la peor parte y que continúan siendo los mismos.

Usted tiene una moralidad más o menos elevada. La moral se aprende, como se aprenden los usos y costumbres de la civilización; necesidad, pena o tristeza nos ejercitan a ello. Se puede aprender a hacer como si se irradiara la luz, a hacerse el agradable, el místico.

 

No se tiene la intención de ser hipócrita, pero la personalidad puede interpretar el papel de alguien cuya conducta sería eventualmente la de un gnóstico, la de un hombre con el alma renacida. De igual forma que se aprende a presentarse como alguien simpático y agradable, se aprende a parecer místico.

Pero no podemos hacer desaparecer el egoísmo. El egoísmo es inherente al hombre nacido de la naturaleza. La intención de Lao Tsé en este capítulo es la de hacer comprender esto a sus alumnos.

 

No hay ningún alumno que, con una retahíla de consideraciones morales, no intente controlarse a sí mismo y que no se esfuerce por seguir su aprendizaje bajo el signo de tal “rearmamento moral”.

¡Pobres infelices!. Sepan que su armadura moral no sirve sino para un objetivo: la protección de su egoísmo, sin ninguna excepción. Usted razona como sigue: “Estaría bien, sería maravilloso si fuera un buen alumno; si obtuviese el alma nueva; si cumpliese las condiciones del alumnado; si llegase aquí o allá en el sentido de la Gnosis, etc. …”. En general usted sustituye el “yo” por el “nosotros” o “yo”, usted no ha avanzado más, porque todo lo que el “yo” quiere y desea es únicamente dirigir al yo en sus tejemanejes egoístas.

Todo su ser está lleno de egoísmo, de un egoísmo que quiere mantenerse a cualquier precio. Entonces usted hace esfuerzos considerables. Se levanta sobre la punta de sus pies y se estira todo lo que puede para atrapar lo que codicia. Pero usted no consigue mantenerse de pie ni permanecer derecho. Se da impulso, e intenta alargar el paso tanto como le es posible para avanzar en la dirección deseada, pero eso no resulta.

Después de numerosas tentativas desesperadas, todas infructuosas, acaba de tomárselo a su manera. Pues usted no está lejos de suponer que los demás tampoco tienen éxito en su empresa de “rearmamento moral”. Entonces el yo comienza ha hacer “como si”, comenzase a hablar de la luz, él “irradia”, por así decir, la luz.

 

El resultado es un estado astral que no tiene ninguna relación con la luz; pero es una parte de su equipamiento moral y eso le apacigua. Usted se desvive, se afana por la Escuela de la Rosacruz de Oro y su trabajo, mostrando así su personalidad. Intenta personificar al hombre verdadero –sin éxito.

 

Y habla mucho de su empeño- pero eso no da el resultado esperado. Intenta dar un salto, pero cae de nuevo a tierra, a su estado de ser habitual. Usted no es hipócrita, juega al juego del rearmamento moral. Pero sus armas no son sino de cartón dorado, no son sino de viento.

Por tanto estamos obligados a concluir: Tao compara tales maneras a restos de comida o a otras cosas nauseabundas, siempre detestables. Quien intenta la realización de sí de la manera descrita anteriormente aterriza sobre la vía de la evolución de la que se ha tratado en el capítulo precedente: la que va del individualismo primitivo a la Fraternidad Universal forzada, signo del final.

Figúrense la realidad de nuestra Joven Fraternidad Gnóstica. Es indudable que nuestros alumnos constituyen un grupo. Pero, ¿forman una comunidad de almas verdaderamente vivientes?. ¿Han sobrepasado su estado de nacidos de la naturaleza, y por tanto su egoísmo profundamente animal?.

Si la respuesta es negativa, ¿no será el rearmamento moral el que mantiene el grupo?. No paramos de tomar resoluciones, de lanzarnos a nuevas reflexiones, de darnos reglas correctoras –y estamos siempre decepcionados porque el egoísmo no desaparece. Nos herimos mutuamente a causa de nuestros caracteres, de nuestros comportamientos, y ello conlleva mucho sufrimiento.

En el fondo, su vida no ha llegado a ser más fácil. ¡Usted ha seguido una cierta vía en calidad de individualista convencido, y finalmente ha aterrizado en una comunidad!. Y como su egoísmo está siempre ahí, se ha colocado bajo la ley: numerosas reglas ordenan la vida de la comunidad. Todo lo que pasa vuelve bajo una forma u otra. El sol sale, el sol se pone, y nada cambia. Una gran lasitud se abate sobre todos.

Allí donde la humanidad en su conjunto se dirige, ustedes, la comunidad de los individualistas, ya han llegado. Han alcanzado el límite de su desarrollo.

 

 

 

¡Imposible tener más moralidad que ustedes!. Han avanzado en ello todo lo que han podido, y ahora han llegado a una frontera. Por ello, en tanto que grupo, en tanto que Escuela, o bien es el fin, el fin absoluto –pues, ¿qué más puede haber?- ¡o bien es la apertura!.

Cuando un individuo o un grupo quiere desligarse del egoísmo fundamental, debe comenzar por lanzarse hacia delante por el camino de los hombres hasta el fin ineluctable, hasta el límite de lo realizable. Pero para franquear ese límite es necesario que se desembarace de todo el arsenal de rearmamento moral. Sin embargo, siempre regresa al desierto por la fuerza de la atracción del egoísmo y del instinto de conservación.

¿Es pues inútil salvaguardar una moralidad elevada?. ¿El mantenimiento de una moralidad de grupo es injustificado, puesto que parece suscitar tanta tristeza y fracasos?.

No, eso acaba por volver al individuo y al grupo aptos para la gran rendición del yo; dicho de otro modo: cada vez que tenga tendencia a actuar de manera egoísta –lo que puede ocurrir al expresar una opinión personal- procure hacer caso omiso de ello y renunciar a esa pulsión de la naturaleza en provecho de la única vida, que es la del aloma que es la de la verdadera Tierra Prometida. Sólo el que vive en Tao supera el egoísmo.

Las cualidades de alma, que se concentran en el Cuerpo Viviente en razón de su participación en la Escuela Espiritual, deben manifestarse, deben constituirse hasta hacerles alcanzar al Otro. Por tanto, para despertar a ese otro que duerme en usted, enseñe al viejo hombre a callarse, día y noche. Vaya más allá y renuncie a cada pulsión de la naturaleza a favor del Otro en devenir en el interior de usted.

Todos los que viven en Tao superan el egoísmo. El alma que debe tomar forma en el Cuerpo Viviente y crecer allí, sigue normas de vida particulares. El campo de vida del alma es completamente diferente a la esfera terrestre grosera. Si usted quiere salir del desierto donde tropieza a cada paso, no hay más que un medio: practicar conscientemente la rendición del yo hasta en los menores detalles. Pensar siempre que el otro es mejor que uno mismo y aplicar la moralidad más elevada.

Eso significa: anteponer las normas de la Escuela Espiritual, anteponer la ley de Tao a sus intereses, a los suyos, los de sus amigos, los de todas sus relaciones, y ello hasta en los menores detalles. Tal es la aplicación de la ley de amor en su esencia misma. “Amad a Dios por encima de todo y a vuestro prójimo como a vosotros mismos”. Si usted está bajo la ley de Tao, al intervenir cerca de sus semejantes, usted les tocará, les ayudará y les estimulará gracias a la única ley del amor divino.

Cuando este comportamiento es absolutamente fundamental y firme, es que el alma ha nacido; entonces el Espíritu Séptuple entra progresivamente en unión con ella. En el curso de este proceso -¡observe bien el símbolo!- usted da siete veces la vuelta a la ciudad de Jericó. Este es el espacio maravilloso designado como el “nuevo campo de vida”. A la séptima vuelta, por fin, los muros que le separan de la renovación fundamental se derrumban y usted es libre.

El curso de su vida se desarrolla por lo tanto entre dos polos, el egoísmo y la moralidad, que se oponen el uno al otro e intentan neutralizarse, pero sin resultado. En sentido negativo, si el egoísmo es el vencedor, se cae por debajo del animal.

 

En sentido positivo, se es empujado hasta un límite. Si no se puede franquear –los antiguos relatos se esfuerzan por mostrárnoslo claramente- se continúa errando por el desierto durante cuarenta años, el número de la plenitud, bajo el dominio del egoísmo y de la moralidad sin esperanza.

El egoísmo es la víbora que les embauca y les pica. La moralidad intenta inmunizarles contra todo peligro. Tal es el fuego devorador donde se consume el nacido de la naturaleza. Es el infierno que él mismo se ha creado hasta en el estado moral más elevado posible.

 

 

 

Todo el grupo de la joven Gnosis se encuentra hoy en el límite, ¡gracias a dios!. Cada uno experimenta por tanto el terrible sufrimiento de la desesperanza, ¡gracias a Dios!. El fuego arde vivamente ¡gracias a Dios! Lo que explica la pregunta desesperada: “En nombre de Dios, ¿qué más podemos hacer?”.

El que llega a lanzar este grito del corazón comprende lo que hay que comprender, ¡gracias a Dios!.

Pues existe un estado de vida completamente diferente. Hay otra moral, que es imposible llamar así; nosotros la llamamos la rendición del yo.

 

En otros términos, se trata de hacer que dependan de la vida en Tao, del “ser” en Tao, toda su existencia, todos sus intereses, todo lo que caracteriza su egoísmo, desde el egoísmo más individual al egoísmo más amplio, tanto el egoísmo personal como el impersonal. Hay que hacer depender todo de la Escuela Espiritual y de la Gnosis y, como Jesús, ocuparse enteramente “de los asuntos del Padre”. Decir como el niño Jesús a sus padres: “

 

¿Por qué  me buscáis?. ¿No sabéis que tengo que ocuparme de los asuntos de mi Padre?”. Eso es vivir en Tao, tomar parte en el amor divino. Eso significa la liberación del alma, el derrumbamiento de los muros de Jericó.

Nos colocamos ante estos muros en tanto que Escuela Espiritual y en tanto que grupo. No estemos tristes ni desesperados a causa de la incomprensión, y no nos hagamos mutuamente ningún reproche a causa del egoísmo, completamente natural; sino estemos en la alegría y demos siete vueltas en torno a los muros de Jericó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  24-III

 

CONSAGRARSE A TAO

 

 

A propósito de las explicaciones precedentes, quizás sea importante atraer su atención sobre esta afirmación expresa de la Enseñanza Universal: en tanto que el yo, o el egoísmo en tanto que estado de conciencia no se haya disuelto en lo que se llama el alma, no es realizado el nuevo estado de vida, y no lo será.

Sin embargo nadie debe partir de la idea de que hay que comenzar por aniquilar el yo. Pues mientras que el instrumento de la conciencia superior, el alma, no crezca todavía en usted, usted tiene aún necesidad del instrumento de la conciencia inferior para la cohesión de los vehículos de la personalidad en tanto que tri-unidad.

 

El yo, por su sacrificio, debe ante todo conducir a la personalidad a través de la noche hasta la aurora del día en que el alma pueda tomar la dirección de la personalidad.

Véalo claramente: una tarea es impartida al hombre-yo, al hombre egocéntrico. Por ello los escritos sagrados nos advierten que a lo largo del peregrinaje del yo inferior, del yo terrestre, el viajero no llega nunca a la meta situada en la otra orilla.

Si usted comprende esto, los problemas que actualmente le ocupan tomarán otro cariz. El hombre nacido de la naturaleza, el hombre egocéntrico, tiene una tarea que cumplir. Fundamentalmente tiene una meta que alcanzar.

 

En el seno de la manifestación universal, en tanto que egocéntrico, no es malo, ni pecador, ni anormal. En su situación y en su campo de vida, su conciencia y su naturaleza deben servir para liberar al Otro en él, el hombre-alma. Sólo se convierte en pecador, anormal, malo si no cumple la tarea que es la base de su ser.

La imagen familiar del doble personaje de Juan Jesús aclara este propósito: Juan, el hombre que realiza la tarea de rendición del yo; Jesús, el hombre-alma, liberado y bautizado por Juan. Jesús dice de Juan que es el más grande de los nacidos de la tierra. En efecto, es él, Juan, quien da la posibilidad de que se manifieste el hombre-alma, el hombre verdadero.

Sin duda comprende la extrema importancia no solamente de ver claramente sus límites y sus posibilidades terrestres de hombre nacido de la naturaleza, sino al mismo tiempo de descubrir su misión y colocarla en el centro de su vida.

 

Esta es la razón por la que le hablamos sin cesar del nuevo comportamiento, del comportamiento de quien quiere realizar la única misión confiada a él por Dios. Si tal es su voluntad, cuando siga este camino, solamente entonces el Cristo se manifestará en usted.

Por tanto comprenda el significado de estas palabras, que usted conoce quizás muy bien. Las palabras según las cuales el Cristo –el alma con la que el Espíritu Séptuple está en unión- toma todos sus pecados sobre él. “Si vuestros pecados son como el carmesí, se volverán blancos como la nieve”, dice Isaías.

 

Si, en calidad de llamado, recorre el camino de la endura, el camino de la rendición del yo, y el alma en usted llega a ser verdaderamente viviente, entonces este alma viva atraerá y elevará el nuevo campo de vida a su microcosmos y todo lo que contiene, confiriendo a esta entidad completa las características del nuevo estado de vida. El Hijo Divino se manifestará por lo tanto en usted como el Salvador, el Redentor sublime. Y tomará todos los pecados sobre él.

¿Cómo recorrer este camino?. Se le ha mostrado y explicado muchas veces, lo mismo que el método a seguir para realizar este peregrinaje. Consiste en consagrarse a Tao. Es necesario dar media vuelta en el camino de su vida, como Christian Rosacruz la víspera de Pascua.

 

Tras semejante giro usted tiene que abandonar y desechar conscientemente su personalidad, es decir su egoísmo, renunciar con toda lucidez a servir únicamente a su propia persona, actitud que engendra todos los pecados y todos los sufrimientos; a continuación servir a Tao, obedecer a Tao, que es el amor impersonal.

El hombre actual nacido de la naturaleza es un ser cuya personalidad está cristalizada. Su naturaleza, su conciencia y sus órganos están enteramente acordes a la esfera vital donde permanece, pero donde su alma no podría morar.

El alma tiene a lo sumo la posibilidad de llamarle y de estimularle con el fin de que busque el reino del alma y se aproxime a él. Pero el reino del príncipe, el alma, no es de este mundo.

Si el hombre escucha esta llamada, si obedece a esta llamada, entonces en el estado de conciencia particular que le es propio, comienza el trabajo, endereza los caminos hasta el límite ineluctable, hasta las orillas del Jordán.

 

Y allí, es el otro quien retoma la tarea y quien le conduce sobre caminos que él no podría seguir en tanto que personalidad. El Otro en él hace progresar su entidad completa, de magnificencia en magnificencia.

De esta felicidad suprema siempre ha sido consciente el hombre desde la más remota antigüedad. Pero ha caído prisionero del olvido. Los Misterios, no obstante, han conservado en todos los tiempos la ciencia sublime de la liberación.

 

Lo mismo que quien se sumerge en lo más profundo del mar necesita un equipo especial, el hombre que ha caído hasta el nadir de la materialidad posee un estado de conciencia especial.

 

Si quiere escapar del nadir, tiene que abandonar el estado de vida del nadir, que renuncie a él; tras ello, una conciencia absolutamente nueva tomo el lugar de la antigua, la conciencia del Alma Viva. “Quien pierda su vida por mí, la encontrará”, es decir, encontrará a Tao.

Si usted considera todo esto simplemente como un asunto de moralidad, como un nuevo aspecto de la armadura moral que ya posee, entonces el nadir, el límite, le retendrá.

 

Sin embargo, si adopta un comportamiento totalmente opuesto a su egoísmo, este comportamiento firmará su propio aniquilamiento, ciertamente, pero al mismo tiempo su liberación total.

 

Antes de la existencia del cielo y de la tierra había un ser indefinible.

¡Tan sosegado, tan tranquilo, tan inmaterial!. Se mantiene solo, en sí mismo, en la inmutabilidad.

 

Se derrama a través de todo y sin embargo no corre ningún riesgo.

 

Se le podría designar como la Madre de todo bajo el cielo.

 

Yo no conozco su nombre.

 

Pero queriéndole dar un nombre, le llamo Tao. Si estuviera forzado a describirle, diría que es grande; de grande diría que vuela lejos; de volar lejos diría que está lejano; de lejano diría que siempre vuelve.

 

Es por lo que Tao es grande, el cielo es grande, la tierra es grande, el Rey es uno de ellos.

 

La ley del Rey es terrestre, la ley de la tierra es celeste, y la ley del cielo viene de Tao.

 

Pero la ley de tao viene de sí mismo.

 

Tao Te King, capítulo 25

 

 

 

CAPÍTULO  25-I

 

RELIGIÓN Y TEOLOGÍA

 

 

Antes del existencia del cielo y de la tierra había un ser indefinible. Así comienza el capítulo 25 del Tao Te King. Por estas palabras usted comprenderá sin duda que este capítulo tiende a dar indicaciones sobre la evolución de las cosas según sus dos aspectos: cosmos y antropos, el mundo y el hombre. Para ello atrae nuestra atención sobre el hecho de que antes de la existencia del cielo y de la tierra había alguna otra cosa.

 

La mayoría de los que se inclinan hacia la metafísica, la enseñanza de lo supra sensorial, han olvidado completamente esta idea. Lo que es muy deplorable, porque sin este conocimiento se cometen grandes errores.

 

Al reflexionar sobre este primer versículo del capítulo 25, se comprende que desde el comienzo hay efectivamente dos espacios, dos dominios de naturaleza astral. Esta idea es completamente familiar a los que pertenecen a la joven Gnosis. Es efecto, nosotros afirmamos con regularidad la existencia de la naturaleza de la muerte, la naturaleza dialéctica y de la naturaleza original.

 

Esta idea de las dos naturalezas no es tan solo puramente filosófica, también es demostrable científicamente. Como es evidente, toda la manifestación de salvación gnóstica está fundada sobre ella: el camino de la naturaleza dialéctica conduce a la naturaleza original. La filosofía gnóstica de todos los tiempos ha hablado siempre de estos dos espacios, de estas dos naturalezas, del dominio de la vida y del dominio de la liberación.

A propósito de esto note que hay que hacer una distinción sutil que no se advierte siempre. Hay una gran diferencia entre las aguas de la vida y el Agua Viva. El Agua Viva sirve para la liberación de aquel que se encuentra en las aguas de la vida, dice la Enseñanza Universal.

 

Antaño había cooperación interior entre el Agua Viva y las aguas de la vida, cuando éstas no estaban todavía corrompidas, cuando todavía no se trataba de una caída, sino de un campo de desarrollo en equilibrio con la sola y única naturaleza, la de Dios mismo. Por tanto, lo que antaño servía para la creación es empleado ahora para la recreación. Se trata de dos campos poderosos de naturaleza astral: un campo que intenta sin descanso crear orden, mantener el orden en el otro campo.

Volveremos a encontrar la antigua enseñanza de las dos naturalezas en la Biblia. Cuando se dice: “Al comienzo Dios creó el cielo y la tierra”, es de eso de lo que se trata. Es evidente si se piensa que los escritos originales no emplean la palabra “Dios” sino una forma del plural como Sephiroth o Elohim. Estos apelativos nos revelan la existencia de corrientes de vida muy superiores a la nuestra y que son calificadas absolutamente puras, perfectas, divinas.

Los teólogos de las diversas tendencias religiosas han suprimido deliberadamente estos apelativos, porque su teología, tanto hoy como ayer, no es más que una “ciencia” en el sentido ordinario y por lo tanto no se apoya en la sabiduría universal. Ellos querían impedir que los adeptos preguntaran a los que, a los ojos de estos últimos, eran omniscientes, quienes eran estos Sephiroth o estos Elohim.

 

Ellos no hubieran podido dar ninguna respuesta sin referirse a las filosofías gnósticas, que nunca han temido a la verdad puesto que la poseen y tienen la capacidad de consultarla. Pero estos teólogos morirían antes que mostrarse tan claramente inferiores a aquellos que ellos mismos condenaban, perseguían y hacían matar. Además, habían perdido todos sus adeptos.

 

Por tanto se ocultaron tras esa designación abstracta: “Dios”.

 

 

El prólogo del evangelio de Juan también enseña claramente la existencia de dos campos de vida: “la Palabra” y “las tinieblas. Porque las tinieblas no han comprendido la Palabra, el mensajero de la palabra viene de las tinieblas.

 

Y vemos sin cesar que es justamente el mensajero de la luz y sus servidores quienes, hoy como ayer, son perseguidos por el grupo de los teólogos del lugar. Jesús el Señor fue perseguido y muerto por la iglesia de su tiempo con la conformidad de las autoridades. Mientras dure el mundo dialéctico, la naturaleza de la muerte, ningún cambio tendrá lugar en este campo.

Se dará cuenta que las grandes calamidades que, desde el comienzo de nuestra era, se despliegan en nuestro campo de vida no son debidas a lo que tenemos la costumbre de llamar “la religión”, sino exclusivamente a lo que se toma por una ciencia:

 

La teología. Apoyándose en una acumulación de ideas de naturaleza intelectual, sólo es el producto del intelecto; por ello no puede llevar más que al desastre como todas las demás ciencias, a menos que se funde sobre la sabiduría universal y fluya de la fuente de las aguas vivas. Todas las ciencias cuyo desarrollo no tienen esta fuente por origen han suscitado invariablemente desastres a través de la historia del mundo.

 

Sería muy importante que los hombres comprendieran la única exigencia que les es impuesta. Primero, en medio de la degradación de la vida actual, es necesario que el corazón exprese el deseo de resolver las preocupaciones y los problemas que abruman cada vez más al mundo y a la humanidad.

 

El impulso del corazón, el deseo que lleva al corazón hacia la sabiduría, es la matriz de la verdadera religión y de la verdadera ciencia. Si usted conoce este estado de ser, esta inquietud del corazón, esta aspiración, este impulso del corazón que hace que se busque resolver los problemas de la vida, el deseo de sabiduría nace en usted.

 

¿Qué es el mundo y la humanidad? ¿Cuál es la misión de la humanidad, cual es su camino?.

 

El deseo del corazón pone en movimiento el intelecto. Este sostiene el deseo y busca una solución por todas partes. Así aparece para comenzar una sabiduría especulativa. La boca pronuncia palabras; da testimonio del deseo, de la búsqueda de la reflexión intelectual y de todos los descubrimientos. De ello resulta una acumulación de experiencias.

 

Así el hombre sigue su ruta a través de las contradicciones de la naturaleza de la muerte y acaba por descubrir que todo va y viene sin que nada cambie. De este modo, el deseo, actividad del corazón, y la búsqueda intelectual, actividad del santuario de la cabeza, se exacerban, incitando cada día más a buscar, a desear y a intentar servir a la humanidad.

 

Entonces, en el momento requerido, todas estas especulaciones cesan, porque de repente, a lo largo del proceso, la luz de otra tierra penetra en las profundidades del ser. La palabra penetra en las tinieblas y, por la gracia y la verdad, a la gran filosofía especulativa la sustituye la gran realidad misma, la fuerza y la sabiduría únicas y perfectas que pertenecen a Tao.

 

Es ante todo esta sabiduría, esta doctrina universal, sacada directamente de la fuente, la que engendrará la religión y la ciencia susceptibles de procurar a la humanidad la alegría, la paz, el amor y la felicidad verdaderos. Es por lo que también se dice que solo el amor vuelve libre, que Dios es amor. De ahí las palabras: “Amad a Dios sobre todo y a vuestro prójimo como a vosotros mismos”.

 

Comprenda bien esto, pues todos los hombres tienen muchos amores en este mundo: el sexo, la familia, la materia, el país, el pueblo, la raza, los amigos, su vida y bajo el impulso de su humanidad se tienen y abarcan muchas cosas y personas, y sin duda también a la Escuela Espiritual de la Rosacruz.

 

 

Pero todo ello, sin excepción, solo concierne a las primeras fases del proceso inevitable, el pensamiento y el deseo especulativo hasta el momento en que la verdad viva misma nazca en el hombre. Entonces la Divinidad, “que es amor”, desciende en él sin intermediarios, y él mismo se convierte en amor, como Dios es amor.

Amad a Dios por encima de todo. Si de tal manera usted ha encontrado a Dios –y no tome estas palabras como una expresión mística de las que constantemente se hace mal uso-, si usted ha encontrado a Dios en el camino del devenir de la conciencia gnóstica, solamente entonces podrá verdaderamente amarle.

 

Y cuando, en la verdad y la realidad, usted llegue a ser de esta manera semejante a Dios, se aproxima a su prójimo tal como usted es, con la fuerza que posee; y solamente entonces podrá amarle como a sí mismo.

Por tanto solamente dos cosas son posibles en tanto que comportamiento inatacable e indefectible: servir y amar a la Divinidad, al ser que está por encima y en el exterior de todas las tierras y de todos los cielos, la esencia del otro reino. Y como se ha convertido en semejante a esta esencia, a esta naturaleza, usted servirá y amará igualmente a su prójimo gracias a su estado de ser. No podrá hacer otra cosa.

 

Y en estas condiciones, no le quedará más que presentar a su prójimo la exigencia del camino y ofrecerle la fuerza para responder a ello.

Suponga que en razón de su existencia, usted se haya convertido en luz, ¿abordaría a su prójimo con las tinieblas?. Lo que usted es, manifiéstelo a los demás. Es la única cosa que puede ofrecer a su prójimo para revelarle la fuerza necesaria para el cumplimiento de la única exigencia.

Si él no tiene ni la capacidad ni la voluntad de satisfacer a esta exigencia de amor, entonces usted le amará hasta el punto de dejarle libre, de volverle libre. Pues, usted lo sabe, quien no es de la Gnosis, quien no puede serlo aún, no entra en el otro reino. Retener a este hombre significaría abrasarle. Esto no sería amor.

Es por lo que el gran amor al prójimo que, es la realidad misma, debe saber esperar, esperar a que el equilibrio sea adquirido entre las dos naturalezas: la naturaleza única, que es de Dios, y la otra naturaleza, la del campo de desarrollo. Cuando se adquiere este equilibrio entre estos dos campos de vida, se funden en uno solo. Reflexione en todo ello antes de que pasemos al análisis del capítulo 25.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  25-II

 

ANTES DE LA EXISTENCIA DEL CIELO Y DE LA TIERRA,

HABÍA UN SER INDEFINIBLE

 

 

 

Existen, decíamos, dos espacios, dos naturalezas. Nosotros las designamos como la naturaleza de la vida y la naturaleza de la muerte, la naturaleza dialéctica y la naturaleza divina. En la naturaleza dialéctica opera continuamente el movimiento de las fuerzas contrarias. Como los hombres no comprenden este movimiento, las fuerzas contrarias ocasionan muchos sufrimientos y penas, sobre todo cuando los hombres se agarran a un aspecto para retenerle.

La naturaleza dialéctica está concebida como la escuela de aprendizaje de la eternidad. Por ello es necesario que las cosas no cesen de cambiar, de ir y de venir; que se sucedan alternativamente en sus diferentes aspectos.

 

Por tanto, en el gran espacio de la naturaleza de la muerte, vemos no solamente el cambio de las diferentes sociedades humanas –cambios provocados por la rotación y el cambio de las radiaciones- sino también de las transformaciones estructurales fundamentales.

Es así como la estructura de nuestro planeta se modifica periódicamente. Unos continentes desaparecen en el fondo de los mares y otros emergen. Por la precisión de los equinoccios los climas evolucionan siguiendo el desplazamiento de los polos.

 

De la misma manera hay períodos en que el planeta entero se disuelve, muere y desaparece. El sistema solar, igualmente, representa una vida sometida a diversas encarnaciones. No es solamente la personalidad la que aparece y después se volatiliza, sino también los planetas en manifestación. Lo mismo que la vida solar conoce un fin y después una revivificación.

Dele vida a esta imagen. Considere atentamente el hecho de que antes de que usted existiera, había alguna otra cosa: su microcosmos, su mónada. Antes de su existencia, había un ser indefinible, inmaterial y, en comparación a su estado presente, absolutamente calmado y tranquilo. ¡Qué diferencia entre usted que ha nacido del movimiento y se ha sumergido en la agitación, y su mónada, que proviene y vive completamente de lo otro!.

 

Lo mismo ocurre para la tierra. Antes de su aparición, existía un ser indefinible, perfectamente inmaterial. La tierra se contrae periódicamente bajo la acción de los movimientos que la atormentan y emergen a la superficie a partir de sus profundidades.

 

Pero la otra tierra, la que Juan vio un día descender y desvelarse ante él, esta otra tierra es completamente inmaterial. Haga usted distinción entre el Espíritu planetario, manifestación material, y el logos planetario, la mónada del planeta. La misma relación se verifica para el sistema solar, el zodíaco, las galaxias y todo el espacio dialéctico.

Considerando bien todo esto, hay que sacar la conclusión de que en el fondo, todo el espacio dialéctico, con todas sus formas y facetas aparentes, no existe. No se puede sin embargo designar como una realidad superior cualquier cosa que aparece y desaparece. Es una ilusión que se disipa por sí misma.

En lo que le concierne, lo que no es una ilusión sino una realidad, es su microcosmos, verdadero, eterno, mientras que la personalidad es irreal y mortal. En lo que concierne al cosmos, lo que es real es el logos planetario, el cual se manifiesta eternamente; en lo que concierne a la vida Solar, es Vulcano; en lo que concierne al todo, es la otra manifestación universal, la gran realidad superior, la naturaleza del Agua Viva,  verdadera, Tao. De Tao provienen y viven los microcosmos, el logos de los planetas,

 

Vulcano y todos los Rectores.

Es así como lo material se opone a lo inmaterial. La gran realidad inmaterial de la verdadera manifestación universal divina de la que estamos tratando aquí se mantiene sola, en sí misma, en la inmutabilidad. Se derrama a través de todo y sin embargo no corre ningún riesgo. Es, en verdad, el Padre-Madre de la otra manifestación universal, la manifestación material.

Así, adiestrados por Lao Tsé, invertimos todas las razones. La gran realidad de inmutabilidad es diametralmente opuesta a lo que el hombre llama realidad y que, en el fondo, no existe. ¿No dice usted cotidianamente: “Es necesario que tenga esto en cuenta, es mi realidad, es mi vida”?. Si habla de tal manera es que todavía no vive.

 

Al hablar así, en el fondo, usted no existe. ¡Ah, si viviese verdaderamente!. ¿No vivimos?. Pero le preguntamos: ¿es posible decir que una cosa que desaparece sin cesar, que se volatiliza constantemente, es real?. Usted siempre la percibe como real porque siempre se esfuerza en verla como tal, porque se agarra a ella para retenerla.

Si, interiormente, usted considerase y percibiese como irreal esta realidad aparente, como algo que, desde el punto de vista de Tao, no existe efectivamente, y si viviese este no-ser psíquicamente de manera real, usted asumirá verdaderamente su gran realeza. El microcosmos es realidad, la personalidad no es más que una proyección, no es más que una imagen reflejada. ¡Pero una imagen reflejada no es la realidad!.

Sin embargo, por medio de la imagen reflejada, la única realidad puede efectuar un poderoso trabajo por las radiaciones y los efectos reflectores. La única realidad absoluta se manifiesta con la ayuda de la imagen reflejada y puede realizar un poderoso trabajo con las radiaciones proyectadas.

 

Cuando la ilusión le deje, cuando usted se arranque su gorro de bufón y se dé cuenta de lo que es una proyección de la eternidad, se desarrollará un poderoso trabajo. Entonces la luz tiene la capacidad de brillar por todas partes en las tinieblas.

He aquí la verdad concerniente al no-ser. En estas condiciones se comprenden la palabras: “No yo, sino Dios en mí; no yo, sino el Otro, el Padre en mí”. Lo mismo que la proyección está causada por lo que se proyecta, así el hijo procede del padre. Por ello el hijo dice: “El Padre y Yo somos uno”.

Cuando el instinto de conservación desaparece, le deja completamente, cuando la ilusión que hace decir: “Yo soy eso y yo poseo eso” cae, cuando todo eso se esfuma, entonces usted también puede declarar: ¡El Padre y yo somos uno!”. Cuando usted se eleva en el no-ser, sufre la endura y practica la gran redición de sí, es decir, cuando neutraliza completamente la ilusión de su propia existencia, entonces se vuelve uno con el otro.

Y las palabras se confirman: “Quien pierda su vida –su existencia egoísta- por mí, la conservará”. La personalidad debe de nuevo responder a la ley de la otra naturaleza. Es el secreto de la existencia: adquirir usted mismo un estado y adoptar usted mismo un comportamiento tal, que la realidad, el Único se proyecte a través de usted.

Es estas condiciones, ¿no es evidente, no es de la mayor importancia hablar con insistencia de este Único imperecedero?. ¿Y de fundirse en él olvidándose de sí mismo en un no-ser total, no buscándose más conservándose?. En este momento, todo viene, todo es, y una poderosa luz invade las tinieblas de la existencia para la bendición de muchos.

 

Entonces la naturaleza de la muerte deja de ser un espanto. Si usted comprende todo ello como hay que hacerlo, el espejo del corazón, empañado y sucio, podrá repercutir la voz de la rosa, la llamada de la mónada; y ello por el Wu-Wei, por el no-ser, por la endura. Y su corazón se llenará del deseo de la única solución posible.

Esta aspiración, como hemos explicado anteriormente, engendra el deseo de la sabiduría.

 

 

Cuando la filosofía especulativa llega a su término inevitable, la luz y la fuerza del otro reino purifican el espejo empañándolo.

 

En un momento dado, el hombre ve “cara a cara”, la gran realidad se desvela directamente a él. La religión de “los que ven lo que es invisible”, según la expresión de Pablo, es por lo tanto el comportamiento. La ciencia del pensamiento divino, que se proyecta en el intelecto, conduce a la práctica del gran arte.

Es asé como todo es liberado por la comprensión y el comportamiento del no-ser. El no-ser tiene la capacidad de reflejar el ser absoluto. La gran maravilla, tal que un nuevo sol, hace aparecer su aurora en la naturaleza de las fuerzas contrarias, la cual vuelve a convertirse en la escuela del aprendizaje de la eternidad.

¿Cómo definiríamos semejante maravilla en semejante alegría?. No sabemos su nombre, le llamamos Tao. Si estuviéramos forzados a describir “eso”, diríamos que es grande, que es sublime; de grande diríamos que vuela lejos; de volar lejos diríamos que está lejano; de lejano diríamos que siempre vuelve.

 

Pues hay fuerzas poderosas, giratorias y remolinantes que engloban todo. En la base de la manifestación universal hay un plan sublime ¡que es necesario realizar y que se realizará!

 

¿Cómo, de qué manera?. Se proyecta, se refleja, y al proyectarse se transforma en un taller de trabajo, un taller alquímico, y este taller se concierte en una realidad astral, y a este taller, a esta forja, los microcosmos descienden así como los Rectores y las entidades sublimes de raza divina.

Dos golpes de martillo resuenan y los cantos se elevan, himnos de fiesta de los que trabajan en el único gran plan de la realización de universo. Los ejecutantes son las fuerzas y los seres proyectados que las vivifican.

El gran milagro, el Misterium Mágnum, la Gran Obra se convierte en realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO   25-III

 

LA CUÁDRUPLE LEY DE TAO

 

 

Al final del capítulo 25 del Tao Te King, leemos: Tao es grande, el cielo es grande, la tierra es grande, el Rey es grande. Hay cuatro grandes poderes en el mundo y el Rey es uno de ellos. La ley del Rey es terrestre, la ley de la tierra es celeste, y la ley del cielo viene de Tao. Pero la ley de Tao viene de sí mismo.

La imagen de la manifestación plena presentada aquí nos muestra claramente dos extremos: por un lado Tao, por el otro el Rey.

¿Quién es este Rey?. Es la personalidad humana que, en su forma misma manifiesta la realeza. ¿Qué realeza?. Pues bien, el puro reflejo de todas la intenciones ocultas de Tao.

Es la razón por la que en todos los escritos sagrados, la personalidad humana verdadera es comparada a un templo y definida como tal. ¿No se le dice al hombre periódicamente, en un tono de reproche?: “No sabes que eres el templo de Dios”.

 

El templo de Dios es el templo de la realeza del Espíritu, el templo de los hombres de la raza de los sacerdotes y de los reyes. El templo en el que el mayor designio de Tao debe acabar expresándose. De Tao emana una radiación. De aquellos que han nacido de Tao, loa microcosmos o mónadas, emana por tanto igualmente una radiación. Esta radiación puede expresar, proyectar todo lo que contiene el microcosmos.

Comprenda y vea una luz más, perfecta y claramente, lo que Tao quiere hacerle comprender. La personalidad es la proyección, la expresión del ser. Sin la personalidad, esta proyección es el no-ser. Únicamente en conjunto forman la realidad de lo divino.

 

Sin su cooperación, en armonía perfecta y comprensión recíproca total, la personalidad humana es como una maldición y consagrada al aniquilamiento. Sin esta cooperación, la mónada es como un muerto viviente, como la esfinge de los Misterios Egipcios.

Todos los que quieren tomar parte en la nueva conciencia deberán hacer un gran esfuerzo para alcanzar la meta fijada. Se trata de un comportamiento nuevo y concreto, un comportamiento que no es nunca un término medio, un comportamiento orientado hacia todas las radiaciones que emanan del núcleo fundamental y en armonía total con ellas.

La personalidad no recibe solamente la vida de la Divinidad, sino también una enseñanza viva, radiante. Es por lo que, al comienzo está siempre la Palabra.

A propósito de esto, es sin duda interesante notar que el concepto original de “religión” no tenía en absoluto el mismo significado que en las condiciones de vida presentes. Originalmente, el sacerdote no era el capellán que celebraba ritos sacerdotales o recitaba plegarias rituales, sino aquel que vivía lo divino de forma práctica, concreta y directa. Comprendía y aplicaba lo que la mónada proyectaba por radiación y, así transformado, se volvía apto para servir.

Para comprenderlo, note bien el antiguo significado de la palabra “sacerdote”. En el lejano pasado, esta palabra quería decir “filósofo”. Gracias al estado de alma viviente, el Espíritu mismo se proyectaba en su personalidad. De esta fuerza, por ella y en ella, él vivía perfectamente en armonía con Tao. No podía hacerlo de otro modo..

El grupo de las entidades de la raza de los sacerdotes-reyes formaba por tanto la verdadera Fraternidad de los hombres-dioses del orden de Melquisedec, del que Jesús el Cristo es, por derecho, llamado el Gran Sacerdote.

 

 

Este orden observaba una ley, la ley del hombre verdadero, la ley de Tao en su viva realidad. Es así como “lo que está abajo es igual a lo que está arriba”. La ley de Tao era la ley del Rey, del hombre que ha adquirido la realeza. Esta ley concierne evidentemente a una misión a realizar en esta tierra.

Si un grupo de tales sacerdotes reyes ejecuta efectivamente su tarea en la tierra, emanará de él obligatoriamente una influencia santificante y bendita sobre todo el planeta. Esta influencia es por tanto magnificada por la realeza del hombre. Una tierra magnificada se vuelve una con el cielo y su campo astral es purificado.

No podría ser de otra manera cuando, en esta elevación, la majestad de Tao acaba por manifestarse.

Por tanto, si usted comprende todo esto, inclínese ante los cuatro grandes poderes y la cuádruple ley, la del rey, la de la tierra, la del cielo y la de Tao. Reflexiones bien sobre el hecho de que Dios es luz. Esta luz manifiesta en usted la Divinidad: la realidad y la verdad de Tao a través del cielo y la tierra.

¿Qué se exige a la personalidad para realizar estas cuatro verdades?. En primer lugar, la gran purificación del Wu Wei, del no-ser, del no-hacer, la rendición de sí. En segundo lugar, gracias a eso, el renacimiento del alma.. En tercer lugar, como consecuencia, la unidad de radiación es restablecida; después viene, en cuarto lugar, el movimiento en armonía con el divino del que habla Hermes. La cuádruple ley es restablecida, la ley de la plenitud divina.

Quien entra en la corriente del movimiento en armonía, restablece en él el antiguo ritmo de Tao. Por ello, antaño, este movimiento era comparado a una danza. El ritual ulterior de la danza fue calificado de aproximación a una realidad cumplida, susceptible de ser restablecida por el hombre verdadero, que vive en Tao. Las radiaciones de la luz dan a loa átomos un movimiento giratorio.

 

La sustancia astral forma así las ruedas de los Misterios, las ruedas del devenir universal. Quien percibe estas ruedas de fuego debe consciente y positivamente acompañar a estas fuerzas en su movimiento y moverse en armonía con ellas hasta la realización.

“Mire”, y he aquí que un viento huracanado venía del norte, una nube grande con fuego que expandía por todos lados una luz cegadora, en el centro de la cual brillaba como el bronce bruñido, saliendo del medio del fuego.

 

En el centro aparecían cuatro seres cuyo aspecto tenía semejanza humana… Cada uno de ellos tenía cuatro alas… El fuego arrojaba una luz cegadora y salían de él relámpagos. Yo los miraba y he aquí que había una rueda en la tierra cerca de estos seres centelleante como el topacio…

 

Cuando los seres se movían, las ruedas se movían al lado de ellos”. (Ezequiel, 1,4-21).

 

Lo pesado es la raíz de lo ligero; el reposo es el maestro del movimiento.

 

Por eso el sabio no abandona lo pesado y el reposo.

 

Por numerosas que sean todavía las cosas bellas que hay que ver, él se aparata de ellas y permanece en paz.

 

Pero ha aquí que el Señor de los diez mil carros estima el reino ligero para sí mismo.

 

Y al estimarlo ligero, pierde sus ministros. Al dejarse arrastrar pierde la soberanía.

 

 

 

 

Tao Te King, capítulo

 

 

 

CAPÍTULO  26-I

 

LO PESADO ES LA RAIZ DE LO LIGERO

 

 

Usted conoce la fuerza de la gravedad, sus efectos y su origen. Para el hombre actual se comprueba que es determinante dados los considerables esfuerzos emprendidos por los físicos para vencer los efectos de la gravedad sobre la tierra.

Se sabe que cada cuerpo celeste, por lo tanto también la tierra, posee un a fuerza de atracción magnética que le es propia. En consecuencia, todo lo que pertenece a la tierra, todo lo que es de su naturaleza, no puede desprenderse de ella, es mantenido en su lugar, por tanto tiene posibilidades de vida.

 

La acción de la gravedad tiene dos aspectos, dos características. La más conocida es la atracción; la otra, la repulsión. Por la fuerza de repulsión, todo lo que no es de la misma esencia que la tierra es rechazado y mantenido fuera del sistema, por temor a su nocividad para ella y para sus criaturas.

Esta doble acción de la gravedad proviene del décimo estrato terrestre, del corazón de la tierra, donde se encuentra el foco central del Espíritu planetario. Este foco determina la acción de la gravedad de los otros nueve.

 

Se deduce que además de la esfera material con sus dos aspectos, igualmente son concernidas la esfera etérica con sus cuatro aspectos, así como la esfera astral y mental con sus dos aspectos. La influencia de la gravedad del Espíritu de la tierra penetra por tanto todos los campos de manifestación de la personalidad.

La personalidad posee, además de su cuerpo material el cuerpo etérico, el cuerpo astral y una pequeña parte del poder mental, el cual no está aún desarrollado por completo en tanto que cuerpo de la personalidad.

 

Los vehículos de la personalidad están por tanto perfectamente sometidos a la acción de la gravedad de los diversos aspectos de nuestro planeta. Por lo tanto, no es solamente el cuerpo material el que es atraído por el Espíritu de la tierra, sino también el cuerpo etérico, el cuerpo astral y las partes mentales de la personalidad.

Esta situación explica por qué la situación de la rueda del nacimiento y de la muerte concierne únicamente a los diversos campos de manifestación del Espíritu de la tierra.

 

Cuando un cosmonauta, a lo largo de un viaje espacial, escapa mecánicamente al poder de atracción directa de la esfera material, pasa ineludiblemente bajo el dominio del etérico, después del dominio astral, a continuación bajo el del dominio situado en la frontera de la esfera mental.

 

Fuera de ello sólo hay una nada absoluta para la personalidad, un vacío, pues allí se ejercen fuerzas electromagnéticas de gravedad completamente distintas que exigen condiciones astrales, mentales, etéricas y materiales diferentes.

Esta frontera externa es válida para todo ser mortal ya que su corazón está completamente ligado al corazón de la tierra. En el interior de este límite se desarrollan las vidas de las personalidades que se suceden en el microcosmos, el cual está ligado al Espíritu del planeta. Pues el Espíritu del planeta es el centro de gravedad tanto del microcosmos como de la personalidad. Ningún microcosmos puede liberarse fácilmente de la reclusión en esta esfera electromagnética.

 

 

Pero los capítulos precedentes les han enseñado que existe otra tierra, absolutamente invisible para el mortal nacido de la naturaleza, aunque fisiológicamente demostrable. Es la Tierra Santa, el sistema planetario del logos del planeta.

La Enseñanza Universal hace distinción entre el Espíritu del planeta, que tiene la carga de la vida material grosera, y el logos del planeta, el Señor del planeta original, inviolable y divino, dominio de un esplendor eterno indecible.. Nuestro planeta desciende de esta Tierra Santa, de este planeta original, y es la escuela de aprendizaje, el campo de evolución donde el microcosmos debe entrar y desde donde se elevará, terminada su instrucción, para volver a su patria.

 

El logos planetario es por lo tanto el alfa, el comienzo, pero también la omega, el fin.

La gran misión que subtiende la existencia de cada microcosmos es, por tanto, una vez realizado el viaje, celebrar su retorno a la omega y oír las palabras: “He aquí que hago nuevas todas las cosas. Escribe, pues estas palabras son ciertas y verdaderas. Yo soy el alfa y la omega, el comienzo y el fin. Daré a los sedientos el agua de la vida, gratuitamente”.

Vea claramente hasta qué punto están estrechamente ligadas la una a la otra, las dos naturalezas de las que da testimonio la Gnosis. Vea cómo los dos sistemas solares con sus planetas, por tanto con nuestra tierra y la Tierra Santa, se elevan la una en la otra, aunque separadas. Vea que el microcosmos encierra en él a la vez “la Patria” y “la tierra extranjera”. Y comprenda porqué se le dice a usted también periódicamente: “¡El reino de los cielos está dentro de usted!”.

El microcosmos que nos rodea es el aspecto absoluto del planeta original, la Tierra Santa. La personalidad pertenece a la tierra terrestre. El microcosmos proviene de la Patria, la personalidad ha nacido de la naturaleza dialéctica, y es a ella a quien son dirigidas las palabras: “el Reino de Dios está dentro de vosotros”.

¿No se exagera? ¿No sería mejor decir: “El reino de Dios nos está muy cerca?”. ¡No!. Para comprenderlo bien, observe la relación que existe entre el Espíritu del planeta y el logos del planeta. Se dice del Espíritu del planeta que su realidad es un misterio.

 

Es una entidad en desarrollo sobre una curva ascendente.
El espíritu del planeta está estrechamente ligado al logos del planeta y ejecuta todas sus órdenes. Es la proyección del logos planetario y su foco, como usted sabe, está situado en el corazón de la tierra. Véase a sí mismo: hay un microcosmos y una personalidad. El microcosmos es de filiación divina mientras que la personalidad está sometida al espacio-tiempo.

 

Toda la esfera de actividad de la personalidad, tanto en el plano material como en el etérico, astral y mental, dependen del corazón de la personalidad. El estado electromagnético completo, toda la calidad de la personalidad, por tanto lo que atrae y repele, a lo que ella es indiferente, está determinado por el estado de la naturaleza del corazón. Por lo tanto el corazón es para cada uno el gran foco de vida. Por ello decían los hermanos de la Rosacruz: “lo que el corazón no quiere, no entra en la cabeza”.

Usted comprenderá ahora porqué el texto del capítulo 26 del Tao Te King se refiere al centro de gravedad de la vida mortal y al lugar donde se sitúa. ¿Dónde se encuentra para usted?. ¡He aquí lo que importa en la vida!. Es la importante cuestión pues el centro de gravedad de la vida sitúa en el corazón, foco vital, dirige la marcha total de su existencia y determina sus experiencias.

Lo pesado es la raíz de lo ligero. El reposo el maestro del movimiento. Por eso el sabio no abandona nunca lo pesado y el reposo.

 

 

Ahora penetramos completamente en estas palabras. La vida posee un centro de gravedad, la fuente de toda su orientación. Su sede está en el corazón. El estado momentáneo del corazón determina el centro de gravedad momentáneo de su vida.

 

Este centro de gravedad, esta gravedad, es la base fundamental de sus actos y gustos, de toda su existencia. Usted ve a alguien hacer  no ciertas cosas y usted se extraña: “¡es magnífico!”. ¿Porqué?. Todos estos actos, tanto los positivos como los negativos, parten del centro de gravedad de la vida situado en el corazón.

 

En el corazón se encuentra por lo tanto la raíz de la planta de la vida, que se eleva hacia la luz en la existencia presente. Por eso lo pesado es la raíz de lo ligero.

El centro de gravedad de su vida es la raíz de todo lo que, en su existencia, se eleva en la luz de la realidad. Usted sin duda ve que esta realidad es un “movimiento”, una actividad incesante, cuya naturaleza y fruto aparecen a la luz del día. Es necesaria una fuerza para producir este movimiento”, este crecimiento y este resultado. Así hay una raíz, una fuerza, un movimiento y en consecuencia un resultado.

Imagine por un instante que el centro de gravedad de su vida se sitúa en la Gnosis, que ahí  se sitúa la raíz de su existencia. Entonces se le podría llamar a la fuerza que provoca el movimiento, el “reposo”, la “paz”. La paz del corazón se convierte entonces en el maestra del  movimiento.

En la Epístola a los hebreos, se encuentra un capítulo entero dedicado a este reposo. En el cuarto capítulo se les dice a aquellos que son continuamente invitados a recorrer el único camino hacia este reposo: “así pues, temamos, mientras que la promesa de entrar en su reposo subsiste aún, que alguno de vosotros se encuentre con que ha llegado demasiado tarde.

 

Estemos por tanto llenos de celo para entrar en este reposo”.

Cuando el centro de gravedad del hombre se sitúa en la Gnosis, de allí emana una fuerza, un movimiento. Algo se eleva en la luz, y el fruto de esto es visible. Este resultado vivo es la paz interior, la quietud, el maravilloso estado de ser que sobrepasa toda comprensión. Este resultado puede por tanto convertirse en maestro del movimiento en un momento dado.

Así pues, hay un poderoso misterio, un misterio ligado al corazón, que usted debe resolver, un misterio que se enuncia como sigue: “¿Cómo puede desplazar el centro de gravedad de su vida, la raíz de su existencia, desde las profundidades de la tierra hasta el corazón del logos? Usted lo sabe ahora; es un misterio del corazón.

 

Si conoce la Biblia, usted sabe que todo gira alrededor de este problema: desprenderse de la tierra terrestre y entrar en la eterna magnificencia del otro planeta, la Tierra Santa, que Juan vio un día descender del cielo y con la que se unió totalmente.

¿Cómo puede un alumno realizar esto?. ¿Cómo se resuelve este misterio en nuestra Escuela Espiritual con la ayuda del método Gnóstico?.

Cuando ha resuelto este misterio, el sabio no abandona nunca lo pesado y el reposo, dice Lao Tsé, porque el centro de gravedad de su vida está en el Otro, se desarrolla en el Otro.

Y cuando ha gustado esta maravilla ya no renuncia a ella ciertamente nunca por los frutos materiales de las tinieblas.

Así pues, prepárese para resolver este prodigioso misterio.

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  26-II

 

LAS TRES CRUCES

 

 

Usted sabe que el corazón humano es la sede de la vida, la fuerza fundamental de la mónada, la rosa inmortal. Esta rosa es perceptible por su intensa luz radiante de variado color. Se encuentra en la cima del Santuario del Corazón. Por tanto cada ser humano nacido de la naturaleza es potencialmente un Rosacruz, pues la rosa de la personalidad esta siempre unida a la cruz.

Esta rosa representa el logos del planeta en el hombre nacido de la naturaleza. Por tanto, el reino original se encuentra en todos nosotros. El camino y la ley de la vida nos tocan; forman parte de nuestro sistema.

 

El corazón ofrece siete veces siete aspectos, siete cámaras, siete cavidades de las que cada una tiene una función Séptuple. Como la rosa es el centro de ello, toda la personalidad tiene por tanto la posibilidad de emitir siete veces siete rayos.

 

Si la rosa es una estrella radiante con cinco puntas, la estrella de Belén, y el corazón un círculo radiante de donde emanan siete veces siete rayos, nos encontramos ante el maravilloso símbolo del Templo de Haarlem, el símbolo más sublime a nuestro modo de ser. Es la palabra de Cristo que resuena en nosotros.

 

Es Dios en la carne. En el centro absoluto del microcosmos, correspondiendo al corazón de la personalidad nacida de la naturaleza, el hombre nace de Dios en lo absoluto, está en el campo de vida de lo absoluto, forma parte del cielo-tierra, se encuentra en el centro de la inmensidad que abarca el alfa y la omega, el comienzo y el fin.

 

¡Y sin embargo se levanta un obstáculo formidable!. Pues, al lado de esta realidad espiritual maravillosa y gloriosa, la personalidad del hombre posee todavía una conciencia completamente distinta en el Santuario de la Cabeza. Es la sede del yo, del ego, de la conciencia animal y de la conciencia intelectual.

 

La conciencia de la rosa es supra-personal y divina. La conciencia-yo, en cambio, es un aspecto, una parte de la personalidad. Es una actividad de la personalidad; por lo tanto es animal y mortal. Pues, ¿no es en su cabeza dónde se sitúa el centro de gravedad de su existencia?

 

Es evidente si considera la vida como el camino que la personalidad recorre en la tierra, titubeando, de la cuna a la tumba. Pero eso ya no es del todo evidente, es incluso locura, si busca y desea lo absoluto. Está excluido formar parte de la gran realidad por la conciencia del intelecto.

 

El yo egocéntrico, la conciencia-yo, que probablemente es el centro de gravedad de su vida, debe someterse totalmente a lo supra-personal, al Señor de la vida que mora en el corazón. El centro de gravedad de su vida debe pasar de la cabeza al corazón. Entonces el gran milagro se realiza.

 

Es la endura, la interiorización, el giro de toda la personalidad hacia el yo verdadero y sublime hacia el Señor de la vida en usted, hacia la rosa de oro sagrada que mora e irradia en el corazón. La endura no le orienta hacia el exterior sino hacia el interior, hacia el yo verdadero y sublime, hacia la rosa de oro sagrada.

 

Comprendan bien esto, pues usted puede comenzar hoy mismo este gran proceso.

 

 

 

¡Pero atención!. El pasado de numerosas existencias que se han sucedido en su microcosmos, el pasado reciente de su existencia actual y la ilusión del yo, que le dominan –puesto que el centro de gravedad de su vida está siempre situado en el santuario de la cabeza, en la conciencia-yo- han mancillado, oscurecido y dañado increíblemente su corazón.

 

La purificación del corazón es, por tanto, la inmensa tarea que le espera. ¡Eso es enderezar los caminos. Si no comienza por eso, si no tiene éxito en este campo, su aprendizaje en la Escuela Espiritual no tiene en absoluto ningún sentido. Compréndalo bien. No tenemos la intención de hacerle perder la razón, ni de exponerle al misticismo. El misticismo de nuestros días no es otra cosa que una tentativa del yo para encontrar refugio en el corazón dañado y cargado.

 

Por tanto vemos las tres cruces erigidas en la colina del Gólgota:

 

En el centro, la cruz del hombre victorioso, el hombre de la rosa de oro radiante, Cristian Rosacruz.

 

Al lado, la cruz del hombre egocéntrico, endurecido que cree saber todo, poseer todo, dominar todo en la naturaleza de la muerte. El hombre que ignora el único camino, por tanto, el cínico que rehúsa este camino. ¿No es el asesino de su verdadero ser, el mayor enemigo de Dios en él?.

 

Y al otro lado vemos el tercer personaje: el hombre que se debate por encontrar una salida; el hombre que lucha para desplazar el centro de gravedad de su vida hacia su corazón; que corre tras la paz y el reposo verdadero, la paz y el reposo interior. Por la ofrenda de sí mismo aspira a dar a la raíz de la única vida hasta la última gota de su sangre. En efecto, el desplazamiento del centro de gravedad de la vida le concederá la ligereza final, y el reposo que es el maestro del movimiento.

 

Pero la luz radiante y verdadera, y la paz interior que sobrepasa toda comprensión todavía no se ha desplegado. El centro de gravedad ha sido desplazado, asentada la base, pero ahora debe tener lugar la purificación total del corazón, que hay que vaciar completamente, así como la endura: el debilitamiento de la vida.

 

Es una obra siete veces Séptuple. Es una lucha intensa, que engendra, sobre todo al principio, un gran sufrimiento. El hombre a menudo tropieza, y fracasa muchas veces, y en muchos aspectos todavía permanece como el asesino de su vida superior, de su yo divino.

 

Pero conoce al Otro. El sabe que es él, el hijo divino, y persevera sin cesar elevando los ojos, orientando su centro de gravedad hacia esta fuente de gracia y de verdad. En consecuencia está capacitado para percibir la voz del Otro, y esta voz pronuncia las palabras más sublimes que se le pueden dirigir a un ser humano: “Yo te digo, en verdad, hoy estarás conmigo en el paraíso”.

 

Despoje estas palabras tan conocidas de los velos de la leyenda, de los velos evangélicos. Entonces percibe la Gnosis pura y usted sabe que estos valores están al alcance de su mano. La sabiduría absoluta, la sabiduría eterna mana en abundancia de esta fuente divina en usted.

 

Lo mortal ya no será nunca un asesino, cuando sepa vencer, por su perseverancia, la oposición y elevarse hasta la sabiduría. No tendrá que dejar nunca más su centro de gravedad nuevamente adquirido y entrará en la paz eterna.

Por numerosas que sean todavía las cosas bellas que hay que ver, él se aparta de ellas y permanece en paz.

Usted verá ahora claramente lo que se exige de usted, no por la Escuela Espiritual, sino por su yo sublime y divino. Usted es completamente vivido y dominado por su yo intelectual, por su conciencia cerebral que no es otra cosa que el resultado presente del nacimiento en la naturaleza, cuyo fundamento es el pasado hereditario y kármico. Esto no es más que la forma exterior, la casa en la que la rosa ha escogido habitar.

 

Pero, ¿es la forma lo principal?. No, es el habitante de la casa, de la forma. A lo mejor hay interacción más o menos caótica entre la casa y su habitante, entre la cabeza y el corazón. Los problemas de la cabeza y del corazón pasan constantemente del uno al otro y se oponen del uno al otro. Allí reina siempre una gran confusión y división interior. Ya que como la forma domina al ser, como no conoced su tarea, como no tiene conciencia de su vocación, el hombre se coloca en la situación descrita así:

 

El Señor de los diez mil carros estima el reino ligero para sí mismo.

La forma que es usted, casa de la personalidad, tiene la gran misión de dar a la rosa la posibilidad de manifestarse totalmente, de dominar esta misma forma transfigurándola sin cesar hasta la realización de cada tarea exigida a lo largo del gran desarrollo. La forma, la personalidad, debe comportarse de tal manera que vea descender el cielo-tierra en lo más profundo de su ser con el fin de alcanzar la gran meta.

La forma, por tanto, no es inútil y sin valor; es tan esencial en el gran proceso como la tierra, nuestro planeta, en el proceso del cielo-tierra. Por eso Lao Tsé la designa con la expresión el “Señor de los diez mil carros”, es decir, muy fuerte, muy poderosa, muy capaz y dotada de grandes poderes.

Pero cuando el hombre formal toma algo de conciencia de este gran poderío y de estos poderes, cuando a continuación desprecia al yo divino colocándose él mismo en el centro y considerándose como lo principal, pierde estos poderes, pierde sus ministros. Y se deja arrastrar por la ilusión.

Pierde entonces toda realidad, toda soberanía y su caída llega a ser total.

Por tanto desplace a tiempo el centro de gravedad de su vida y haga de su forma un templo donde habitará el dios que está en usted. El sabio actúa así. El no abandona nunca lo pesado y el reposo.

Los nacidos de esta naturaleza, en nuestra época, demuestran a menudo una cierta degeneración. El centro de gravedad de su vida se sitúa principalmente en la conciencia cerebral intelectual. Es igualmente por este centro por donde intentan aprehender el aprendizaje gnóstico.

 

Así se entregan, a lo sumo, a la religiosidad natural; llevan una vida más o menos seria al servicio de Dios, al servicio de la Escuela Espiritual y de la Gnosis, pero este tipo de aprendizaje es dificultado sin cesar y se choca con tantos obstáculos que acaba por ceder ante los problemas de la vida dialéctica. Porque nada fundamental cambia cuando se trata de servir a la gnosis con la ciencia-yo, con la conciencia cerebral.

Vea, por tanto, hasta que punto la religiosidad es una impostura en el seno de la revelación divina universal. Si usted lo ha entendido verdaderamente, estará de acuerdo con nosotros. Por lo tanto, no desee servir a dios, sino devenir Dios. Tal es la vocación de todo la ceración. Este es el plan, esta es su misión. Con este fin, la rosa de las rosas mora en su corazón: la unión, la interiorización, la unificación con la divinidad que está es usted.

La religión es siempre un compromiso, es a lo sumo, un primer paso. Si uno se para ahí, la religión se convierte en ateísmo. Por ello hay en la naturaleza de la muerte un conflicto incesante entre los que son religiosos y los que no lo son. En el terreno de la religión, se trata siempre de variadas tentativas variadas y de los más grandes extravíos. Es la razón por la que las personas religiosas se exhortan mutuamente: “¿Realicemos al fin la unidad!”

Reflexione sobre esta idea sin duda nueva para usted. Se deshará entonces de muchos compromisos y desplazará el centro de gravedad de su vida. Haga de su forma corporal el atrio del triple templo. Vaya al encuentro del dios en usted tras haber purificado su corazón. Entonces el dios en usted podrá entrar en el gran santuario.

 

 

 

Devenir Dios y no servir a Dios, tal es el camino de la gnosis. El sabio lo sabe. El sabio lo hace. He aquí por qué él no cesa nunca de buscar y de encontrar su centro de gravedad y el centro de su paz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTILO    26-III

 

LA TRIPLE POSESIÓN

 

 

Como hemos dicho en el capítulo precedente, las tres cruces se elevan, plantadas en la colina del Gólgota, el lugar del cráneo: la cruz del hombre-yo prisionero de sí mismo, la cruz del hombre que lucha por su liberación y la cruz del hombre victorioso.

Esto quizás le haya impresionado. Es, en efecto, asombroso que, mientras que el verdadero centro de gravedad de la vida deba fijarse en el santuario del corazón, veamos las tres cruces en el lugar del cráneo, en el santuario de la cabeza, designado como la sede de la conciencia intelectual.

Para comprenderlo, piense que la purificación del corazón, la preparación del lugar del servicio del yo sublime y la eventual victoria deben tener lugar en el santuario de la cabeza. Así mismo, la derrota total tiene lugar también en el santuario de la cabeza. La fuerza de la rosa debe elevarse del corazón elle tiene su raíz en el corazón. El despertar, la iluminación y la resurrección tienen lugar en el santuario de la cabeza.

En el momento en que el señor de la forma retrocede, el príncipe, el alma viva, irradia en su lugar. Una de las tres imágenes, una de las tres cruces, imprime su señal en el espejo de la frente. O bien la señal del hijo del hombre-yo, o bien la señal del alma combatiente que ha recibido la promesa de la gracia, o bien la señal del hijo del hombre.

Usted quizá comprenda ahora mejor el prodigioso sexto día de las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz. Todos aquellos que quieren hacer que se abra por completo la rosa maravillosa son reunidos en la Torre de Olimpo. Esta torre tiene siete pisos, igual que el corazón tiene siete aspectos, siete cavidades. La purificación del corazón es un trabajo de naturaleza Séptuple. La gran obra del alumnado es un trabajo séptuple al que el alumno debe consagrarse por completo.

Una vez realizado este trabajo, Christian Rosacruz sube, para terminar, hasta un octavo piso secreto, una cúpula bajo el tejado. Y es ahí donde tiene lugar la victoria: el gran renacimiento, la rosacruz Victoriosa. La puerta de la eternidad, cuya cifra ocho es el símbolo tradicional, se abre. La resurrección ha llegado a ser efectiva.

Y ahora, el resucitado da testimonio de múltiples maneras, porque todo este trabajo preparatorio y al que se le puede designar como la “Bodas Alquímicas” –es decir, la transformación de la personalidad que se desarrolla porque la rosa gobierna la forma- muestran propiedades extraordinarias: en primer lugar la posesión total de la esfera material terrestre, en segundo lugar, la posesión total de la esfera etérica terrestre, en tercer lugar, la posesión total de los aspectos relacionados con el astral y el mental.

Esta posesión confiere, entre otras, la conciencia de todos los vehículos de la personalidad, y esto entraña consecuencias particulares y maravillosas. La personalidad por ejemplo, está ligada al espacio y al tiempo por su vestido material.

 

En los demás vehículos, el tiempo y el espacio pierden cada vez más importancia y cesan de existir por completo. Cuando un hermano de la Rosacruz se encuentra, en el espacio, en un cierto punto del globo, no tiene ninguna dificultad para estar al mismo tiempo en otro punto cualquiera de la esfera terrestre. Desde el punto de vista del espacio-tiempo es omnipresente en todos los dominios de la tierra. Aparentemente está atado a la materia y sin embargo es libre.

Usted comprenderá el gran significado de todo esto al reflexionar sobre ello. De esta manera, la vasta unidad de grupo de todos los hermanos y hermanas de la gran comunidad de las almas es un hecho.

 

 

Las enormes dificultades de la vida del espacio-tiempo desaparecen.

Las apariciones de Jesús el Señor entre su resurrección y su ascensión dan prueba de ello a los discípulos y a los alumnos. Es un estado del que el Evangelio Gnóstico de la Pistis Sophía da abundantes testimonios.

 

Lo que los místicos llaman “ascensión”, no es solamente la entrada en el mundo del Espíritu del planeta en tanto que hombre nuevo realizado, sino también la ruptura con el mundo terrestre, dicho de otro modo, la pertenencia al mundo del estado de vida original y divino, el mundo del logos de la tierra, el cielo-tierra de Juan.

 

Y vea ante usted esta maravilla: a medida que nuestro grupo de peregrinos se prepara para el camino que conduce a la eternidad, con todas las fuerzas que este camino encierra, a medida que plantan su rosacruz en la colina del Gólgota, a medida que su barca celeste, el Cuerpo Vivo, avanza y se eleva, una parte de los hermanos celebra su resurrección, expanden su fuerza inmensa sobre todo el Cuerpo Vivo y da testimonio esplendorosamente de la gloriosa promesa de Pentecostés:

 

“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre todos vosotros, y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra”.

Apréstese, por tanto, para la fiesta del Pentecostés eterno que se aproxima: escoja el justo centro de gravedad para convertirse en dueño de todos los movimientos.

 

 

El buen caminante no deja huellas, el buen orador no ofende a nadie, quien sabe calcular bien no necesita instrumentos de cálculo.

Quien sabe cerrar bien no utiliza cerrojos ni candados, y sin embargo, nadie puede abrir lo que él ha cerrado.

 

El que ata bien no emplea cuerdas y sin embargo nadie puede desatar lo que él ata.

 

Por eso el sabio sobresale ayudando a los hombres y no rechaza a ninguno, sobresale ayudando a las cosas y no rechaza ninguna; llamo a esto ser doblemente iluminado.

 

El bueno es pues instructor del malo.

 

El malo es el instructor del bueno.

 

Quien no da ningún valor al poder ni ama el lujo, cuando incluso su sabiduría parece necedad, éste adquiere la sabiduría suprema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO   27-I

 

EL ÚNICO BIEN

 

 

Reflexionando sobre el capítulo 27 del Tao Te King, se comprende, que Lao Tsé habla de un comportamiento quíntuple, y de una bondad quíntuple que es su testimonio. La bondad de la que aquí se trata es de una esencia totalmente diferente de la del hombre nacido de la naturaleza porque el bien de Lao Tsé tiene resultados totalmente diferentes que los de la bondad que caracteriza al hombre nacido de la naturaleza.

Lao Tsé parte del Bien hermético, del Único Bien. El hombre de la naturaleza ordinaria, sin embargo, sólo conoce el bien unido a su inseparable compañero, el mal. Por eso es muy importante, desde el principio del capítulo llamar su atención sobre este punto.

 

Lao Tsé habla de un mundo completamente diferente del que usted conoce, de un orden del mundo y del comportamiento correspondiente que no se aplican en ningún sentido a la naturaleza ordinaria. No olvide esto, si no, toda reflexión sobre la antigua sabiduría china tendría un resultado completamente negativo y daría lugar a grandes dificultades en su vida.

Este mundo, su mundo, no tiene ya ningún conocimiento de la gran realidad de las dos naturalezas. No tiene ya ningún conocimiento del hecho de que el reino de los grandes según el Espíritu no es de este mundo. La muy antigua enseñanza de las dos naturalezas es la llave de la manifestación divina de la salvación. Quien ya no puede manejar esta llave, quien la ha perdido, no puede encontrar el camino de retorno al Reino del Padre, se extravía y se enreda en el laberinto de la naturaleza de la muerte.

A la luz de esto, consideremos dos de los más importantes fenómenos de nuestro mundo y actitudes de la humanidad: la teología asociada a la religiosidad natural, y el humanitarismo.

El que quiere servir a Dios y comprender la parte de la Biblia que no está todavía totalmente mutilada, el que desea obtener la beatitud eterna, hará esfuerzos desesperados para ser verdaderamente «bueno» e irradiar la bondad a su alrededor. Intentará satisfacer las exigencias de la bondad por sus sentimientos, sus pensamientos y sus actos.

Pero desde que usted emprende tal tentativa, surge un hecho doloroso: cuando usted quiere hacer el bien, el mal «está a su costado»; sí, practicando el bien con todo su ser interior, usted hace el mal de forma absoluta; su bondad tiene consecuencias negativas, su bondad no recibe bondad a cambio, es un fracaso completo, o bien, el resultado positivo al comienzo, se cristaliza rápidamente, se petrifica totalmente como el fósil de algo que fue espontáneo y vivo.

 

¿Cómo ocurre esto? ¿Cómo es esto posible?  Ante este hecho, el teólogo, en su ceguera, rechaza la conclusión irrefutable de que la bondad que ha puesto en práctica y enseñado a sus semejantes no podía ser la Bondad ni tenía nada que ver con el único Bien. Para encontrar una explicación, ha inventado «el diablo». El que tenía tanto miedo al mal y que quería ser tan perfectamente bueno, ha hecho del mal una realidad astral.

Este simple pensamiento no es ilógico porque, si en su ingenuidad cree usted ser bueno y hacer el bien en tanto que ser nacido de la naturaleza, y el resultado es totalmente opuesto a lo que usted suponía posible, entonces es evidente que debe actuar una fuerza contraria, una fuerza adversa.

 

Pues bien esta fuerza se ha convertido en el diablo, porque si usted piensa el tiempo suficiente en el mal -usted agita su mental- entonces usted materializa el mal a causa de las propiedades de la sustancia astral.

Cuando esta materialización llega a perjudicarle -y ella lo hace puesto que usted es su creador y que usted experimenta en consecuencia al presencia de su diablo- pone usted al tanto a todos sus adeptos y hace de ello una doctrina. Y todos sus seguidores, caminando sobre sus huellas, refuerzan la materialización astral negativa creada por un sólo hombre hasta convertirla en una entidad monstruosa que perjudica a toda la humanidad y envenena el conjunto de la esfera astral.

 

Esta es la razón por la que insistimos en la gran verdad gnóstica: la causa de la personificación del mal, es la bondad de esta naturaleza. Esta es la negatividad, la falta de perspectiva de toda teología, de toda religión según la naturaleza. Sería muy importante que usted comprendiera esto y quisiera aceptarlo como nuevo punto de partida de la Gnosis. Usted podría, por ejemplo, aceptar esta conclusión de Jesús el Señor que dice: «Nadie es bueno, ni uno sólo». Quiera Dios que usted comprenda perfectamente estas palabras.

El orden de naturaleza que la humanidad conoce, que experimenta y por el cual se explica su nacimiento es un «orden» dialéctico, lo que quiere decir que no es una realidad absoluta, que no puede serlo. Todo lo que forma parte del conjunto de sus fenómenos, todo lo que designamos como sus propiedades, todo esto va y viene sin cesar. «Es», pero en un momento dado ya no es. Es el movimiento conforme a las leyes naturales de los contrarios. No puede ser absoluto, sólo puede manifestarse en el movimiento dialéctico del «subir, brillar y descender».

El hombre alimenta en él la idea del único Bien, sueña con el único Bien. Todos los seres nacidos de la naturaleza tienen un impulso hacia el bien. Incluso el peor de los criminales sueña con el bien.

 

Pero con su forma aparente de seres nacidos de la naturaleza y en la naturaleza dialéctica, les resulta imposible realizar ese bien, ejercer esa bondad. «Nadie es bueno, ni uno sólo». Cuando el hombre, en contradicción con las leyes de la naturaleza, practica sin embargo esta bondad, quiere ejercerla y la califica erróneamente de «amor», sólo refuerza las oposiciones, acentúa a menudo los contrastes, la separación entre luz y tinieblas se hace mucho más dolorosa, y los sufrimientos de la humanidad se acrecientan inconmensurablemente.

 

Porque la ley de la naturaleza se cumple, y por el movimiento de las fuerzas contrarias, la luz que quería conservar y a la que se aferra, se cambia en un negro de tinta y el amor en odio. Su realidad se convierte en ilusión y su vida es vana. En su lucha por conservar y hacer estable lo que no puede serlo, ha hecho del mal, por sus actividades sentimentales y mentales, una realidad astral en su propia esfera y en el exterior.

 

Tal es la realidad en la ilusión de la vida dialéctica y es así como la esfera astral entera es corrompida por la cohorte de los arcontes y los eones. ¡He aquí los frutos de la religiosidad según la naturaleza!

Por esto son innumerables los que, a lo largo de los siglos se han apartado de toda religión y han intentado la vía del humanitarismo. El resultado negativo de la religión era tan evidente, el caos de la vida tan grande que una profunda turbación era inevitable.

 

Ya que la bondad a la que se aspiraba no era tan buena como para querer para sí mismo el trozo más grande. El yo consciente fue fuertemente estimulado y la lucha por la existencia que así se manifestó, puso en evidencia en un momento dado, el inmenso contraste entre miseria y riqueza, entre los sufrimientos de los oprimidos y los excesos de los dominadores.

En este suelo enraizó el humanitarismo, la lucha por la liberación emprendida por los proletarios de todos los países; y una gran bondad creció en todos los que querían ayudar a los oprimidos. La democracia había nacido y los derechos del hombre suscitaron la llamada a la libertad.

 

Gran cantidad de movimientos fueron creados para acudir en ayuda del pobre y del oprimido. Europa entera se estremeció de bondad humanitaria.

La oposición a la religión alcanzó su cima: lo que la iglesia no había sabido alcanzar sería realizado por el humanitarismo en sus múltiples y variadas manifestaciones.

 

Europa se encontraba en la vanguardia de la civilización: la bondad sería científicamente aplicada y todos los hombres se volverían hermanos. Algunas manchas todavía visibles no serían pronto más que un recuerdo.

Y he aquí, en nuestro siglo, el resultado de esta ola de bondad: un horrible espanto, una pestilencia horrorosa, una carnicería frenética, científicamente puesta a punto, tal como la historia entera del mundo incluida la prehistoria no había nunca mostrado.

 

Deploramos en nuestra Escuela Espiritual, a justo título la horrible suerte de los Cátaros, hermanos y hermanas de la Fraternidad precedente y la suerte que se les hizo correr.

 

 

Pero se podrían comparar las conductas de sus asesinos a las de los niños de una guardería en comparación con lo que nuestro siglo nos hace ver.

Este siglo esclarecido, humano, rebosante de bondad, ha batido todos los récord en el dominio del placer de matar, de la crueldad, del exterminio y de la locura científica. Hasta el presente la extrema bondad ha puesto siempre de relieve la extrema bajeza, la bajeza maldita del hombre. La miseria humana actual no puede describirse: le ahorramos los detalles, usted los conoce.

¿Qué nos ha aportado la civilización? ¿A cuántos laberintos ha sido conducida la humanidad? El laberinto de la ilusión, estremecedor por la cantidad de lágrimas y sangre derramada. ¿La bondad? «¡Nadie es bueno, ni uno sólo!» La religión de los nacidos de la naturaleza, el humanitarismo de los nacidos de la naturaleza, la ciencia de los nacidos de la naturaleza. ¡Qué inmenso y formidable fracaso!

Tal vez no esté usted de acuerdo. Pues bien, la experiencia le enseñará. La bondad humana ha dejado una gran huella tras ella y cada uno puede ver esta enorme llaga abierta. El mundo se ha vuelto en nuestra época, de entre todos los siglos, un horrible degolladero, a despecho de la religión, del humanitarismo, de la ciencia y de todo lo demás.

Y Lao Tsé nos dice: el buen caminante no deja huellas.

¿Cómo defender tal punto de vista a la cruda luz de la vida actual? Intentaremos dar respuesta a esta cuestión en el capítulo siguiente.

 

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CAPITULO  27-II

 

EL BUEN CAMINANTE NO DEJA HUELLAS.

 

 

 

Repitamos los primeros versículos del capítulo XXVII del Tao Te King:

 

El buen caminante no deja huellas.

El buen orador no ofende a nadie.

Quien sabe calcular bien no necesita instrumentos de cálculo.

Quien sabe cerrar bien no utiliza cerrojos ni candados, y sin embargo, nadie puede abrir lo que él ha cerrado.

El que ata bien no emplea cuerdas, y sin embargo, nadie puede desatar lo que él ha atado.

 

El comienzo de este fragmento: el buen caminante no deja huellas, es una sentencia maravillosa, muy difícilmente comprensible en la vida presente nacida de la naturaleza.

Visto objetivamente, todos los que han buscado y encontrado el contacto con la Escuela Espiritual Gnóstica son llamados «hombres buenos». Son conocidos como tales. En virtud de su carácter, producto de la naturaleza actual, han experimentado ya, sea la bondad religiosa, sea la bondad humanitaria de las que hemos hablado en el capítulo precedente. También es posible que estos dos aspectos juntos dinamicen el curso de su vida.

Pero, confiéselo: la práctica de su bondad ¿No ha dejado acaso profundas huellas tras ella? ¿Ha reflexionado ya sobre ello? ¿Su bondad, no ha causado a menudo profundas heridas? ¿Se dirigía exclusivamente su bondad a hombres que lo merecían totalmente?

 

¿No ha despertado usted ninguna envidia? ¿No era acaso la compasión el motor de sus actos? ¿En cuántos problemas no se ha visto usted implicado precisamente por las manifestaciones de su bondad? ¿Por qué su bondad, en sus aplicaciones, era para uno evidente y para otro totalmente inexistente?

 

Estas preguntas incitan a una profunda interiorización, puesto que los actos de su bondad han dejado tras ellos rastros numerosos y profundos. Usted tiene ahora suficientes pruebas de que algo no funciona en el ejercicio de su bondad. Se dice: «No está tan bien como parece», sin embargo, ¡tiene muy buen aspecto! Lo que le caracteriza, es la bondad de esta naturaleza. Ahora bien, tan loable como pueda ser, ella deja huellas y ha excavado profundas grietas en su alma. La bondad humana aplicada por un hombre sólo o en sociedad, individualmente o en grupo, siempre trae consecuencias que defraudan. (?)

Los sabios lo sabían; hablaron de ello, lo hacen siempre y le avisan. Le muestran la realidad, le hacen sentir su propia realidad. Y la realidad duele. ¿Cómo salir de ahí?

Virtud y conocimiento pueden ayudarle. Que desde su juventud se sintiera usted empujado por una religiosidad evidente o por una fuerte tendencia a una vida llena de humanidad, o bien por una inclinación artística por la belleza, o también por la sed de conocimiento, o por varios de estos aspectos al mismo tiempo, todo esto es ya muy notable y constituye, podríamos decir la base de una eventual experiencia totalmente nueva.

 

Se trata del toque de la fuerza de las rosas, del Reino de Dios en usted. Se trata ahora de hacer de esta base interior una virtud perfecta, una virtud liberadora.

 

La base de la virtud está en consecuencia presente en usted. Pero hay más. Hay en usted, a su disposición, un conocimiento. ¡Compréndanos bien! No hablamos de conocimientos adquiridos en el colegio de los que usted necesita para navegar en las corrientes de fuerzas contrarias.

 

Nos referimos al único y verdadero conocimiento vital, la Enseñanza de la Vida, la Enseñanza Universal, oculta en el átomo Original y revelada por la Gnosis, como estimulante para abrirle a usted el camino del conocimiento verdadero. Ahora bien, la propensión a la virtud, la virtud que consiste en ser bueno, en hacer el bien, asociado a este conocimiento, puede liberarle y le liberará.

Tome en todo caso muy en serio la advertencia de Chuang Tsé: «Virtud y conocimiento son remedios peligrosos y no deben ser utilizados desconsideradamente. Suponga que su virtud sea auténtica y su confianza a toda prueba, si su espíritu no es penetrado, ¿de qué le serviría todo ello?»

La inclinación a la virtud perfecta, a la bondad radiante está profundamente anclada en muchos seres humanos. Del mismo modo muchos dominan intelectualmente la filosofía gnóstica revelada. ¡Magníficas cualidades! El primer grupo es conducido por el corazón, el segundo por la cabeza; sin embargo, separadas una de la otra, estas dos características son inútiles y peligrosas.

Hay también quienes, bajo numerosos aspectos hacen actuar juntas la cabeza y el corazón en la vida práctica; Sin embargo, parece que también esta actitud deja profundas huellas tras ella. Es que el yo de la naturaleza domina todavía su vida.

Además -y citamos de nuevo a Chuang Tsé- «Tao no puede transmitirse. Transmitir Tao es romper la unidad». He aquí una cita extremadamente importante, por la que vemos claramente que es imposible transmitir la verdadera Gnosis, la Gnosis salvadora y redentora, por actos de bondad o por una enseñanza dogmática. Tao sólo puede ser experimentado en totalidad -o no experimentado. Por eso todo hombre debe buscar por sí mismo el camino de Tao, encontrarlo y vivirlo.

Resulta que la personalidad nacida de la naturaleza está provista de múltiples facultades, de grandes poderes. Pero éstos no servirán ni actuarán justamente más que utilizados en las justas proporciones, en colaboración con el microcosmos, en unión con el ser divino del hombre. La virtud y el conocimiento deben empujarle a seguir el camino, a practicar el nuevo comportamiento.

 

Es el retorno a la naturaleza divina, por el camino del gran sacrificio de la endura. Esto es lo esencial. De esto se trata.

El gran error del ser nacido de la naturaleza es pensar que los dones, eventualmente grandes, de su cabeza y de su corazón son facultades listas para ser usadas, que por su puesta en juego extenderá a su alrededor bendición, conocimiento, sabiduría y progreso y que así servirá a la Gnosis y a la humanidad. Pero, «Tao no puede transmitirse. Transmitir Tao es romper la unidad».

Si usted quiere por tanto participar en lo que es dispensado en los Templos de la Rosacruz, debe poner en práctica el nuevo comportamiento. Debe seguir usted mismo el camino hasta el final. Si no lo toma usted, si se mantiene usted en sus propias conductas con sus pretendidos poderes, tal actuación dejará profundas huellas tras ella; usted reforzará y acentuará la oposición de los contrarios y aumentará el mal.

Si sabe que es usted un «joven rico», un hombre lleno de talentos, al escuchar estas palabras puede usted volverse, lleno de tristeza, y adoptar un comportamiento negativo, pasivo o peligroso en el más alto grado. Pero también puede usted seguir el consejo de Jesús el Señor: «Deja todo lo que tienes y sígueme», en profunda obediencia al santo trabajo, a la Cadena Universal y a sus enviados y cumplir su tarea. Desembarácese de la ilusión del perfeccionamiento; la ilusión que hace decir: «Todo me resulta posible -también puedo hacer esto- me apañaré para lo otro».

 

 

Ponga en la justa luz su propensión a la virtud y al conocimiento y, tal como lo dice la Biblia, pase de la oración al ayuno.

¿Qué quiere decir esto? No ciertamente mascullar oraciones durante horas. Todavía menos vivir de pan y agua o no comer en absoluto durante días practicando una sarta de ritos. Los antiguos sabios decían que orar y ayunar quería decir orientar toda su vida hacia el Otro Reino, hacia la Verdadera Patria, liberar el Reino en sí mismo y de tal modo realizar la unidad con las manifestaciones de la voluntad.

 

En este estado de ser, ya no se escucha el tumulto de las fuerzas contrarias, sino que se abre toda la comprensión, la razón, el santuario de la cabeza entero, a la efusión del Espíritu Séptuple.

Los antiguos sabios decían: «Deja al oído la audición del oído. Deja a la razón el trabajo de la razón. Cuando el alma está silenciosa y no forma imágenes, está abierta para la concepción y, en el alma abierta, Tao -El Espíritu Séptuple- desciende». Esto es orar y ayunar.

Si usted recorre así el camino, si vive así su aprendizaje, hace real las palabras: El buen caminante no deja tras de sí ninguna huella. Entonces el microcosmos camina con Dios; Espíritu, Alma y Cuerpo son unidos mutuamente según la ley más alta de la naturaleza divina; sus poderes son usados en primer lugar según la intención original.

Sólo de esta forma se liberará usted a sí mismo y utilizará usted su libertad al servicio de la humanidad que permanece prisionera. Entre en la cámara alta y, en una orientación perfecta de todo su ser, ayune, es decir, persevere y ore.

«Cuando llegaron, subieron a la cámara alta donde solían

Reunirse… todos de común acuerdo perseveraban en la oración…» Y el día de Pentecostés, «fueron todos llenos del Espíritu Santo…» La efusión del Espíritu Séptuple se realizó así para

Ellos. Y en ese instante, la bondad y el talento de la virtud y del conocimiento no causaron más herida alguna a sí mismos ni a los otros, pues:

 

 

El buen caminante no deja huellas.

El buen orador no ofende a nadie.

Quien sabe calcular bien no necesita instrumentos de cálculo.

Quien sabe cerrar bien no utiliza cerrojos ni candados,

Y sin embargo, nadie puede abrir lo que él ha cerrado.

El que ata bien no emplea cuerdas y sin embargo nadie puede desatar lo que él ata.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  27-III

 

EL BUEN ORADOR NO OFENDE A NADIE

 

 

En nuestros comentarios al capítulo XXVII del Tao Te King de Lao Tsé, le hemos mostrado como el hombre «bueno» puede caminar sin dejar huellas tras él. Todos los talentos, todas las posibilidades y calidades de las que dispone o que pudiera desarrollar en virtud de su personalidad nacida de la naturaleza, sirven de forma liberadora a él mismo y a los demás únicamente si las somete al alma viviente, esto es, si ofrece a la Gnosis, por la endura toda su personalidad y, en esta rendición del yo abre  el ser entero a la otra naturaleza.

 

El microcosmos y la personalidad forman entonces una unidad.

El comportamiento, el estilo de vida que deriva de ello, es totalmente sustraído al movimiento de las fuerzas contrarias. La muerte es entonces absolutamente vencida. Tao el indivisible, el Espíritu Séptuple se manifiesta. Y la personalidad vuelta así hacia «arriba» no deja ninguna huella «abajo». En efecto, esta personalidad está en el mundo, pero no es ya de este mundo. He aquí el secreto de Tao.

El que recorre el «buen camino» y no deja huellas tras él se ha substraído a todas las razones y causas de karma. Cuando una personalidad sigue el justo camino y reencuentra al otro, interiormente, suprime todo lo que la ligaba a la tierra como consecuencia del curso de su vida. Este es el secreto de lo que se llama el perdón de los pecados.

«Aunque vuestros pecados fueran tan rojos como el carmesí», se dice en la Biblia, «los volvería blancos como la nieve».

Esto no ocurre exteriormente como bajo el efecto de una intervención divina, sino que desde que un hombre camina «bien», y entra en unión con el Reino Inmutable, borra todas las consecuencias del karma. No deja huellas tras él. Domina pues el mundo dialéctico y ya no puede ser su víctima. Ha destruido lo que generaba la muerte en el curso de su vida.

Cuando un ser humano, por sus actos de bondad ahora iluminados por todas partes, despierta y hace nacer fuerzas y actividades contrarias, está unido a todas sus consecuencias, no puede desatarse de ellas. He aquí la causa principal del encadenamiento a la rueda del nacimiento y de la muerte: Dejar tras de sí huellas kármicas en la naturaleza de la muerte.

Solamente cuando un hombre camina «bien», en el sentido de la magia gnóstica, no deja huellas tras él y se libera de la naturaleza de la muerte. Se ha vuelto entonces absolutamente libre del mundo terrenal.

 

Entonces sólo puede, por derecho, obrar en la tierra al servicio del mundo y de la humanidad. Ya, por la fuerza-luz que emana de él, es de una gran importancia para el mundo y la humanidad, tal y como aparece en numerosas narraciones y leyendas de los antiguos sabios.

Hemos hablado con detalle del mal de la bondad practicada dialécticamente. Piensen también en el mal de la falsa palabra incesante, de la palabra pronunciada bajo la coacción de las fuerzas astrales. Qué secuelas arrastra la falsa palabra incluso «bien» intencionada según los criterios ordinarios de bondad. Múltiples razones de crítica se encuentran a menudo ocultas en ella.

 

Pero el que sigue el camino de la Gnosis habla invariablemente bien y no da a nadie razones para criticarlo con todas las consecuencias kármicas, que unen a la tierra, que implican.

 

El cuenta bien; él cierra bien, abre bien y ata bien. No necesita ningún instrumento de cálculo, cerrojo, llave o cuerda, en otros términos: En su completa ofrenda a la humanidad toma siempre las medidas justas y las justas decisiones; abre lo que es más sutil al santo trabajo y ata y cierra lo que pudiera o quisiera amenazar al único gran objetivo.

Sí, todo depende del hecho de verdaderamente «caminar bien» a consecuencia del comportamiento liberador.

 

Cuando usted camina verdaderamente bien, sostiene perfectamente en la mano la llave de la magia gnóstica. Imagine que entre nosotros un grupo de hermanos y hermanas libera esa antigua magia.

 

¡Qué magnífico sería el resultado! ¿Cree usted que necesitarían hablar horas y días para alcanzar la comprensión justa, para tomar las justas medidas y las justas decisiones? Todo esto «es» en el mismo momento en que los pensamientos se vuelven hacia una cierta necesidad.

 

Todo llega en el mismo momento en que la necesidad aparece.

¿Es esto un milagro? ¡Absolutamente no! Sólo la consecuencia de un comportamiento liberador olvidado desde hace demasiado tiempo, la consecuencia de la vida en Tao. Por eso es dicho:

 

El sabio sobresale ayudando a los hombres y no rechaza a ninguno.

 

 

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CAPÍTULO  27-IV

 

EL SABIO SOBRESALE AYUDANDO A LOS HOMBRES

 

 

En el capítulo precedente, al referirnos a la primera parte del capítulo XXVII del Tao Te King, hemos comparado lo trágico del bien dialéctico, con las alegrías del bien perfecto del nuevo estado de vida. Nuestro texto continúa así:

 

Por eso el sabio sobresale ayudando a los hombres y no rechaza a ninguno. Sobresale ayudando a las cosas y no rechaza ninguna. Llamo a esto ser doblemente iluminado.

 

Para comprender bien estas palabras es necesario saber que designa Lao Tsé por «el sabio». Para él el sabio es el hombre que ha entrado en la vida original y participa del cielo-tierra, luego se ha vuelto, en el sentido más absoluto de la intención original, verdaderamente «Hombre», Manas, el Pensador.

En la naturaleza original, un pensador es un filósofo, un hombre que, partiendo de algunas líneas directrices, algunos datos, establece una serie de hipótesis y construye así un sistema completo de un carácter determinado, por ejemplo, acerca del origen, el sentido o la evolución de la vida, acerca de Dios, la manifestación Universal, etc.

Usted conoce sin duda este tipo de producciones mentales filosóficas de seres nacidos de la naturaleza. Pero ninguno transciende el factor de investigación, nadie sobrepasa el cortejo de las especulaciones. Ha habido grandes pensadores.

 

Los hay y habrá todavía muchos. Todos escribirán verosímilmente gruesas obras y serán útiles a los innumerables especialistas de la investigación. Es así como las facultades mentales de muchos serán arrastradas en un sentido puramente intelectual para demostrar finalmente, que, ¡falta un eslabón!

Al principio el hombre piensa, lógicamente, que su saber es insuficiente, que debe todavía entrenar su aparato cerebral, acumular más conocimientos. Al fin la conciencia percibe, por aquí por allá, que esta carencia no se refiere al saber sino al poder. Porque el aparato cerebral es un instrumento al servicio del pensamiento.

 

El verdadero poder de pensar es sin embargo, de una naturaleza totalmente diferente, de una esencia totalmente diferente. Está en relación con el cuarto vehículo de la personalidad humana, vehículo que todavía no se ha formado en todos los nacidos de la naturaleza; y que no lo será en absoluto mientras éstos sigan siendo únicamente producto del nacimiento natural.

Es del mayor interés para todo ser humano profundizar en este punto, pues hay una diferencia inconmensurable entre intelecto y sabiduría. Es posible que el conocimiento intelectual sea de mayor o menor interés para el ser nacido de la naturaleza, pero carece de la menor importancia para la Gran Realidad.

Tal vez encuentra usted molesto una vez más confrontarse a esta idea, pero es necesario aprehender, que, de igual modo que para aquel que está entrenado intelectualmente y posee todo el saber posible, la sabiduría de la vida nueva no tiene el menor significado, y le incita a la risa o a una buena dosis de conmiseración, del mismo modo para el sabio toda intelectualidad es una inmensa ilusión, extremadamente peligrosa.

 

El intelectual no puede penetrar la sabiduría, ni siquiera rozar su superficie. El sabio sin embargo, conoce a fondo y en profundidad todos los rincones y recovecos de la intelectualidad, su significado y su valor para el mundo y la humanidad.

 

El cuarto vehículo verdaderamente concebido por Dios, el poder mental, confiere la perfección a la personalidad, hace de ella un instrumento absolutamente mágico, omnisciente y todopoderoso.

 

Es el alma viviente. Ustedes pueden comprender claramente, que si este vehículo fuera ofrecido a la humanidad nacida de la naturaleza, ¡su miseria y sus sufrimientos serían entonces inconmensurables! Imaginen que todos los seres humanos estuvieran dotados de este mismo poder y de estas facultades. ¡Todos formarían una sola e inmensa horda tenebrosa!

Por eso el nacimiento del verdadero vehículo mental no tiene lugar a este lado de la línea de separación, sino al otro lado. El poder del pensamiento no empieza pues a desarrollarse más que a partir del renacimiento del alma, y a continuación, con esta alma y bajo su dirección, la personalidad debe franquear la línea de separación.

 

Del mundo terrestre,

A través del mar rojo de las pasiones de la sangre,

Al cielo-tierra,

La Tierra Prometida.

 

Sólo el que pasa esta frontera obtiene el verdadero poder del pensamiento, se abre a la sabiduría y utiliza este poder como puede y debe ser usado.

Si todavía le es imposible entrar en el nuevo país en tanto que alumno de la Escuela Espiritual, permanece usted con su bondad y su intelectualidad nacidas de la naturaleza.

 

Pero le es dado, Dios sea alabado, poder percibir por el corazón de la Rosa más o menos vivo en usted, la maravillosa llamada de la otra orilla. Así es usted eventualmente capaz de comprender, a quien, podemos verdaderamente calificar de sabio, y que lo es en realidad.

Examinaremos en el capítulo siguiente a qué es llamado verdaderamente el sabio y de qué es capaz.

 

 

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CAPÍTULO  27-V

 

SER DOBLEMENTE ILUMINADO

 

 

 

Por eso el sabio sobresale ayudando a los hombres y no rechaza a ninguno.

 

Después de lo que acaba de ser dicho en el capítulo 27 usted comprende estas palabras, porque usted sabe ahora lo que es un sabio en sentido taoísta.

 

El sabio es el hombre que, cruzando la frontera del orden espacio-temporal, entra en el nuevo campo de vida y participa de ese cielo-tierra. En ese estado de ser, el poder mental nace sobre el fundamento del estado de alma viviente y se eleva hasta el Espíritu Séptuple.

El camino hacia «la otra orilla» debe comenzar en el estado ordinario del nacimiento en la naturaleza. La personalidad se mantiene en el centro, porque es ahí donde el hombre es consciente de sí mismo. La personalidad se encuentra en la naturaleza de la muerte, en el movimiento de los contrarios. Ella está en posesión de valores, fuerzas y poderes que no son absolutos, que se cambian sin cesar en sus contrarios.

Cuando la personalidad se hace consciente, después de una vida entera de experiencias, de que todos sus esfuerzos son vanos, de que todo va y viene y una gran cantidad de preguntas se presentan ante ella, la voz de la rosa se eleva de su corazón.

 

El principio central del microcosmos habla para empujarla a ponerse en camino hacia la vida verdadera, a fin de buscar el país de la otra orilla. Sabiendo que en su ser, ni un sólo poder es absoluto, el hombre se hace consciente de que no satisface todavía la sencillas exigencias fundamentales y emprende  el «enderezar los caminos» en el desierto, en la soledad y el desorden de su ser interior. El desciende hasta lo más profundo y es así como nace el alma.

¿Qué es el alma? El alma es una concentración ordenada de fuerza luz gnóstica, de sustancia astral de la vida verdadera. Estas fuerzas luz penetran el sistema de la personalidad, se concentran en el doble etérico iluminando la oscuridad de su noche.

 

A la personalidad ocupada en enderezar los caminos le ofrecen alimento y bebida para sustentarse. Este estado de alma es una disposición maravillosa que ilumina, decimos, la oscuridad de su noche. Además el alma es alimentada y su sed saciada.

Progresando en la luz del alma, la personalidad adquiere la posibilidad de observar algo de «la otra orilla». La visión se aclara cada vez más, el camino se hace cada vez más recto. Así no es ya el yo de la naturaleza quien, encarnizadamente, intenta hacer algo y llegar a una solución, sino es el alma quien dirige cada vez más toda la vida y la conduce conscientemente al nadir.

El curso de la vida se hace entonces muy diferente. La dirección de ese camino que había que enderezar era antes totalmente desconocida. Se ocultaba tras innumerables obstáculos. Pero, a la luz del alma, todos desaparecen pues nada se resiste a ella.

Es así como el hombre cuya alma ha nacido se acerca a la otra orilla, con las tinieblas tras él y delante la luz de una nueva aurora. Mientras desciende al agua, la atraviesa hasta la otra orilla y escala tal vez penosamente el ribazo, el cielo se abre y la paloma desciende sobre él.

 

El Espíritu, los Sephiroth, el Espíritu Santo, desciende sobre él, y de repente, nace el poder mental, el poder del pensamiento, síntesis del Espíritu, el alma y de la personalidad. El Espíritu es un fuego. El alma es la enviada de este fuego, el Espíritu es el fuego mismo. A esto llamamos estar doblemente iluminado.

 

 

Ustedes comprenden ahora, que por este estado de ser, el sabio sobresale siempre ayudando a los hombres y no excluye a ninguno. Ahora bien, él no trabaja sólo con la bondad innata, instintiva, eventualmente purificada por el sufrimiento, sino también con la luz del amor del alma verdaderamente viviente y con la fuerza del fuego del Espíritu que cura, santifica y engloba todo.

 

Esto es lo que los antiguos llamaban ser doblemente iluminado.

Así nos acercamos al momento en que podemos echar una ojeada sobre el trabajo de La Cadena Universal y sus numerosos servidores, que vuelven de la otra orilla hasta las regiones tenebrosas. ¿Se trata para ellos de un regreso a los antiguos e innumerables peligros? ¡En absoluto! Porque el sabio que recibe la doble iluminación del Espíritu y el alma, penetra la realidad omnipresente, fuera del tiempo y del espacio. Donde esté, tal hombre actúa según su estado absoluto. Se mantiene, está, en la inviolabilidad.

No comprenda esto con su poder de comprensión tridimensional y espacio-temporal -por ejemplo, lo blanco opuesto a lo negro o lo perfecto opuesto a lo imperfecto- sino según el profundo significado de las palabras: «Estar en el mundo, sin ser del mundo».

El sabio puede moverse por todas partes sin asociarse a unos u otros y sufrir por ello perjuicios, y lo hará porque todas las criaturas de Dios deben ser conducidas al buen fin, a la meta final, a su destino. Por eso una criatura liberada tiene, sin excepción, una tarea que cumplir en relación con todos los que todavía no están liberados.

 

Una creación que se manifiesta en gloria y esplendor será siempre utilizada para la ayuda y al servicio de toda creación todavía en desarrollo. Por eso ninguna cosa y ningún hombre puede sustraerse a la ayuda de los sabios y ningún mortal puede escapar a su atención.

Intentemos examinar desde arriba este poderoso trabajo. Vemos innumerables criaturas manifestarse en los dominios no menos innumerables de la manifestación universal. Todas estas manifestaciones se encuentran en estados de desarrollo extremadamente variados. Y vemos, igualmente, a la gran Jerarquía de liberados y sabios en su trabajo para asistir y servir a estas innumerables criaturas, según su naturaleza, su ser y su estado.

¿Se debe ayudar sólo a los «buenos»? ¿Quién es bueno? Nadie de los que se encuentran todavía en el proceso elemental de desarrollo es bueno. ¡Ni uno sólo!

¿Deben los sabios mantenerse a distancia de los «malos»? ¿No es la maldad ignorancia? ¿No proviene la pretendida maldad de la debilidad? ¿No es a menudo causada por fuerzas imperiosas que, a fin de cuentas, empujan a ciertas criaturas a actos lamentables?

 

Es precisamente a tales seres a quienes hay que ayudar de forma inteligente, adaptada a su estado de ser. ¿No es acaso preciso que todos vuelvan a la Casa del Padre?

Por eso el malo no es pagado con bondad e indulgencia, como el humanitarismo lo entiende y lo practica, sino ayudado por la sabiduría que emana del único Plan que yace en la base de todo el Universo. Por eso el sabio no es el juez sino el instructor del malo.

 

Todas las conductas que se desvían del Plan susceptibles por tanto de crear situaciones particularmente desconsoladoras, son minuciosamente estudiadas. A partir de ahí, las criaturas son tratadas conforme a su estado, a fin de que el Plan que es el fundamento mismo de su ser se realice un día.

 

Es así comprensible que el malo sea igualmente el instructor del bueno.

 

 

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CAPÍTULO  27-VI

 

QUIEN NO DA NINGÚN VALOR AL PODER ADQUIERE LA

SABIDURIA SUPREMA

 

 

 

Hemos llegado pues al último versículo del capítulo XXVII del Tao Te King:

 

  Quien no da ningún valor al poder ni ama el lujo, cuando incluso su sabiduría parece necedad, éste adquiere la sabiduría suprema.

 

Tropezamos aquí con una gran dificultad porque casi todos los sinólogos han dado a este versículo traducciones muy diferentes. La mayoría explican sinceramente que el texto chino en cuestión es muy oscuro. Por eso querríamos intentar darle finalmente una interpretación incluso sin tener la certeza de que el texto corresponda al original.

           

Por el hecho de que, en todos los tiempos, los enviados han llevado a cabo su tarea en relación con las entidades que no se encontraban todavía en el camino y de las que erraban todavía en las tinieblas, es evidente que siempre ha habido, y hay todavía, un contacto mutuo entre los nacidos según el Espíritu y los que todavía no lo son.

 

Usted comprenderá que sea del mayor interés para estos dos grupos conocer la naturaleza de este contacto: Simpático o antipático. En el cumplimiento de su tarea, los trabajadores ¿Han encontrado y encuentran fe o incredulidad? ¿Existe o no una posibilidad, una base, para una ayuda real?

Usted comprende que se trata aquí de cuestiones imperiosas. Piensen por ejemplo en el Evangelio según Mateo Capítulo 13 donde leemos: «Y estaban escandalizados de él. Pero Jesús les dijo: A un profeta sólo lo desprecian en su tierra y en su casa y por aquella incredulidad no hizo allí muchos milagros». Comprende usted así que pueden presentarse muchas dificultades en el contacto entre los renacidos y los que no lo son.

Lao Tsé llama la atención de sus discípulos sobre este punto al final del capítulo XXVII, porque siempre se producen nociones erróneas, incredulidad y a continuación una gran resistencia, una fuerte oposición, porque la ayuda y la fuerza que emanan de los sabios no pueden tener más que un fin; es además una ayuda dada impersonalmente, que se dirige tanto a los buenos como a los malos.

La gran exigencia de nuestra vida, que la Escuela Espiritual nos presenta ¿No va acaso a menudo en contra de nuestros intereses y situaciones personales? Todos los que se acercan a la vida nueva tendrán, en uno u otro aspecto algo que dejar.

 

Deberán proceder a un cambio de su comportamiento y ponerse a hacer lo que tal vez no quisieran hacer en absoluto. Por eso, en los que esperan todavía todo de la línea horizontal, surgirá un conflicto más o menos grande cuando busquen y encuentren el contacto con los sabios.

 

Porque usted comprende que, por parte de los sabios no puede haber ningún compromiso. El conflicto en cuestión, en general, no es querido intencionalmente y ciertamente no es deseado por el alumno.

 

¿Por qué? Porque todos los seres nacidos de la naturaleza son prisioneros, prisioneros del campo astral en el que viven y que gobierna su personalidad entera.

 

En este campo astral se encuentran numerosas fuerzas de radiación que se explican en su totalidad por el pasado del hombre y de la humanidad; se encuentran además numerosas radiaciones que influencian a todos los mortales en razón del estado actual de la humanidad; y en tercer lugar se hallan los influjos que, desde el Reino Inmutable, irrumpen en el mundo.

Si no pueden ya alcanzar a la humanidad de forma directa a causa de su vibración astral, las influencias del Reino Inmutable son transmitidas por los sabios. Usted comprende así que, por necesidad natural el gran conflicto es llevado a cada uno, en cada uno. La espada flamígera de los doblemente iluminados, la espada de fuego del Santo Grial, la espada del Apocalipsis golpea y alcanza a todos los hombres.

Vemos así la situación de los que están hasta tal punto encadenados astralmente que no pueden ya reaccionar en armonía con la llamada de la luz. ¡Qué violentos conflictos se producirán, en consecuencia, en su conciencia! ¡Oír la voz, percibir la llamada y sin embargo, no poder ya reaccionar a ella!

Mientras un día de manifestación obra todavía plenamente, con sus altos y bajos y la marcha evolutiva de su tarea no ha alcanzado todavía el nadir, la humanidad en general, no percibe apenas toda la vida del conflicto astral subyacente.

 

Hay oposición entre la enseñanza y la vida, pero se puede todavía escapar a las consecuencias en muchas direcciones. Sin embargo, cuando una fase de la humanidad alcanza su fin conforme a las leyes, las dificultades se desarrollan con una gran fuerza y todos, tratando de huir de la gran exigencia, son vueltos a atrapar por la dura realidad.

 

Les es exigido entonces mostrar positivamente su posición frente a los mensajeros de la luz.

Entonces se desvela claramente que ni el bien, ni el mal, ni grandes conocimientos intelectuales hacen avanzar al hombre un sólo paso en el camino de desarrollo. Todos los valores a los que se intenta desesperadamente agarrarse se hunden en la nada.

 

Se ve que los hombres tienen todavía a lo sumo algún instinto de bondad, pero que nadie sabe ya lo que está bien y lo que está mal; lo que unos toman por bueno es considerado por los otros un mal supremo. Entonces se muestra en pleno día que la humanidad ha vivido siempre de ilusiones y que no existe más que una sola realidad, a saber, la realidad de la nada.

 

Por eso se plantea esta cuestión: «¿Cuál será su actitud frente a los mensajeros de la Luz y de la filosofía de la Luz en general?»

Una Escuela Espiritual se manifiesta siempre al final de una civilización. La llamada al despertar que emana de ella obliga a cada uno a reaccionar.

 

La espada es hundida en lo más profundo del alma de los hombres, con el único fin de tocar el átomo original del corazón y de incitarlo a una actividad positiva. Así no es generado ningún mal, sino el único Bien, que es del Padre de las Luces y que quiere unirse a todos los que corren el riesgo de perderse.

Era necesario que le transmitiéramos este mensaje, esta advertencia. Ponga claramente ante su conciencia las últimas palabras del capítulo 27 del Tao Te King, que podríamos traducir así: Quien no otorga ningún valor al poder dialéctico, y no quiere ahogarse en la ilusión de la naturaleza de la muerte, incluso aunque su conducta fuera tachada de extrema necedad, obtiene la unión con la sabiduría suprema.

 

 

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Quien conoce su fuerza masculina y sin embargo conserva su dulzura femenina es el valle del reino.

 

Si es el valle del reino, la virtud constante no le abandonará y volverá al estado simple y natural de la infancia.

 

Quien conoce su luz y sin embargo permanece en la sombra, es un ejemplo para el reino.

 

Si es un ejemplo para el reino, la virtud constante no le faltará y regresará al infinito.

 

Quien conoce su gloria y permanece en el oprobio, es un valle del reino.

 

Si es el valle del reino, la virtud permanente en él alcanzará la perfección y volverá al estado original.

 

Cuando el estado simple y original se propaga, se forman las cosas.

 

El sabio, si hace uso de todo esto, será sin duda alguna la cabeza de los trabajadores.

 

Gobernará en la grandeza y no dañará a nadie.

 

 

Tao Té King, capítulo 28

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  28-I

 

       EL VALLE DEL REINO

 

 

Cuando la Biblia dice que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, no cometa el error de pensar en la personalidad nacida de la naturaleza. El verdadero hombre de raza divina es el microcosmos, la mónada. La personalidad es el instrumento de este hombre, con cuya ayuda le es posible aproximarse a la esencia de la mónada, de conocer y llevar a cabo el fin y la visión de ésta.

Cuando usted comprenda que el hombre es una entidad autocreadora y que su misión es la de realizarse a sí mismo, comprenderá que es necesario aprender a considerar la forma humana aparente de una manera nueva, de una manera completamente diferente de aquella a la que el mundo está habituado.

 

La personalidad humana se expresa en el mundo como hombre y como mujer; dado que la naturaleza fundamental del hombre y de la mujer es totalmente diferente, esto provoca mucha confusión y pena a lo largo de la marcha del mundo hacia su nadir. Esto fue además la causa de una fuerte unión con la naturaleza.

Desde el comienzo del nadir, el hombre comprendió que era necesaria una perfecta cooperación entre los dos sexos. Pero esta cooperación –su esencia, su naturaleza y su fin- ha sido comprendida y aplicada hasta ahora de manera muy diversa. En el nadir, una colaboración realmente estrecha, de hecho, entre los dos sexos, porque la verdadera naturaleza de ello no era comprendida.

 

Por eso hubo tanto épocas en las que los hombres fueron tratados como esclavos como épocas en las que lo fueron las mujeres, por no hablar de otro tipo de relación. En la civilización del antiguo Egipto hubo un período en el que el hombre debía prometer obediencia a la mujer. En la fórmula clásica del matrimonio figuraba esta exigencia, mientras que en las fórmulas religiosas más tardías, los papeles son invertidos una vez más.

En la magia, la cooperación entre hombre y mujer en perfecta igualdad siempre ha sido reconocida con algo evidente. En la magia gnóstica es una exigencia ineluctable porque, de hecho, nada bueno, nada liberador puede hacerse si esta cooperación no es perfecta.

 

No es alejarnos demasiado de nuestro tema el citar el gran principio de la cooperación de los sexos, cuya ausencia explica la horrible condición y la opresión de los seres humanos en el nadir de la materialidad; en efecto, la marcha impía de la humanidad está causada por la ignorancia del verdadero significado de estas dos fuerzas gemelas de la naturaleza humana.

Dos fuerzas, dos corrientes emanan de la mónada, del microcosmos. Estas dos corrientes son perfectamente iguales la una de la otra en cuanto a su valor y su importancia. Están en mutua relación positivo-negativa, en el sentido ordinario del término, pero en las mónadas humanas tienen una polarización diferente.

 

Consideradas de cierta manera, todas las mónadas humanas pueden ser divididas en dos grandes grupos. En uno, la primera corriente de la mónada está polarizada positivamente; en el otro, es la segunda la que está polarizada positivamente.

 

Los dos grupos son, por lo tanto, perfectamente iguales y sin embargo se distinguen claramente el uno del otro.

 

Para designar esta similitud en la separación empleamos la expresión “semejante pero invertido”; por lo tanto, se trata de una polarización “equivalente pero invertida”. Usted no encontrará esta expresión en el diccionario, porque este concepto es totalmente desconocido. Si fuera conocido, el mundo actual tendría, sin duda alguna, una apariencia distinta.

 

Además de estas corrientes, las mónadas humanas están, por otra parte, separadas todavía, por razones de radiación, en siete grupos sin perder por ello su igualdad. No abordaremos este tema para evitar confusión.

Usted verá claramente que la polarización equivalente pero invertida de las dos corrientes monádicas, está causada, en particular, por el hecho de que la forma por la que la mónada se expresa en los diferentes dominios de la manifestación presenta dos tipos: la forma masculina y la forma femenina. Como fuerza positiva, como polo positivo, es la fuerza masculina la que domina en una, la dulzura femenina en la otra.

Para evitar todo malentendido, hay que buscar primero una explicación del sentido taoísta de los términos “fuerza masculina” y “dulzura femenina”. Pues, como usted ya sabe, el mundo tiene también sus propias interpretaciones sobre el tema.

Por el concepto “fuerza”, la filosofía gnóstica designa el estado de poder de la mónada. La mónada dispone de un grandioso poder, de una serie de poderes por los que puede realizarse el gran plan divino.

El concepto “dulzura” designa la naturaleza intrínseca de la mónada en el sentido de las palabras de Jesús por ejemplo: “Aprended de mí que soy manso de corazón”. La dulzura proviene del amor divino. “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra”, dice el Sermón de la Montaña.

La mónada da cobijo al ser divino dotado de un doble poder, la omnipotencia divina y el amor divino, la fuerza masculina y la dulzura femenina la omnipotencia, gracias a la polarización equivalente pero invertida, está representada exclusivamente por el tipo original del hombre.

 

El amor por las mismas razones, está representado por el prototipo de la mujer. Esto no quiere decir, naturalmente, que el polo opuesto de la mónada no esté presente en cada una de las personalidades de los dos tipos.

Haga abstracción de la forma y del carácter de la manifestación actual de los dos sexos en la naturaleza de la muerte, así como de todas las dificultades y problemas que de ello resultan en la vida de los hombres, y verá entonces claramente que en el interior de la esfera vital de cada entidad, la autorrealización es absolutamente posible.

 

En efecto, las dos corrientes monádicas del poder divino y del amor divino están presentes en toda forma humana. Sin embargo, ni que decir tiene que esta realización, aunque idéntica en sus resultados, presentará desarrollos diferentes en los dos sexos, en razón de la manera en que se reflejen las polarizaciones diferentes de la mónada.

Todo ello no tiene la menor intención de tratar de describir el hombre ideal o la mujer ideal. ¡No existen en el nadir del mundo tridimensional!. Se trata solamente de hacerle comprender, a la manera taoísta, cómo puede adquirir cada mónada una personalidad que sea un instrumento ideal y como, gracias a estos instrumentos perfectos el reino terrestre y el cielo-tierra pueden responder realmente al gran plan divino.

No olvidemos, sobre todo, las palabras evangélicas según las cuales “los que formarán parte del reino de los cielos, no tomarán ni mujer ni marido”. El matrimonio es una situación puramente del nadir terrestre, aceptada por la Gnosis, pero que no es esencial para la vida liberadora.

Lo que es esencial es el hecho de que, en todos los dominios de la materia y del espíritu, la cooperación monádica debe ser evidente. No banalicemos este hecho tan importante y digamos solamente que a lo largo de los siglos todas las Fraternidades gnósticas han propagado sobre este tema conceptos que difieren mucho de los de la masa, conceptos y comportamientos que les acarrearon muchos trastornos por parte del adversario por incomprensión y calumnia. Se supone que todo esto es bien conocido.

 

Habiendo así allanado el terreno, abordemos el capítulo 28 del Tao Te King: Quien conoce su fuerza masculina y sin embargo conserva su dulzura femenina, es el valle del reino. Podemos también invertir este texto: aquélla que conoce su dulzura femenina y aplica sin embargo su fuerza masculina, es el valle del reino.

Hay un poder de la mónada y una radiación de amor que, ambos, emanan de la mónada; y usted conoce estas palabras de la primera Epístola a los Corintios, 13: “Si poseo todas las cosas, y no el amor, no tendré nada y no seré nada”.

 

El amor, en tanto que corriente monádica, es por tanto superior, porque sin esta esencia intrínseca de la mónada, el poder no podría desarrollarse. La fuerza divina se manifiesta en la corriente del amor divino.

 

Así pues, vemos siempre a las dos corrientes monádicas fundirse en una. Por esta unidad, la trinidad, el hijo, la filiación divina, llega a ser una gran realidad. Si por lo tanto usted puede incitar a las dos corrientes de la mónada a manifestarse en la personalidad, a volverse activas, la filiación divina aparece verdaderamente en usted.

El “valle del reino” es una antigua expresión china para designar un verdadero taller alquímico.

 

Así como encontramos albergue para los hombres en los valles de una tierra fértil, de la misma manera un alumno verdadero entrará en “el valle”, en la morada y el taller de la Gran Fraternidad, si, de la justa manera, favorece en sí mismo el encuentro de las dos corrientes de la mónada, con el fin de que se manifiesten y colaboren armoniosamente: la fuerza del poder, aliada a la gran, a la más grande dulzura.

 

Es en primer lugar, sobre un fundamento tal como se harán posibles la cooperación y la unidad; la cooperación y la unidad entre aquellos cuyas personalidades difieren por la forma en razón de la polarización equivalente pero invertida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  28-II

 

               LA VIRTUD  PERMANENTE

 

 

El capítulo precedente marca el principio de los comentarios del capítulo 28 del Tao Te King, del cual he aquí el primer versículo:

Quien conoce su fuerza masculina y sin embargo conserva su dulzura femenina es el valle del reino.

Hemos dicho que la expresión “el valle del reino” se refería a la integración y a la participación en la Fraternidad de la Vida, la comunidad  de las almas vivientes. A esta comunidad es llamado todo hombre que, en tanto que hombre-personalidad, lleva a cooperar de la manera justa a las dos corrientes monádicas: la fuerza del poder y la fuerza de la dulzura.

Cuando estas dos fuerzas de manifiestan efectivamente en el hombre nacido de la naturaleza, en una cooperación armoniosa, efectúan un cambio total en la vida del ser concernido. Todas las dificultades que acompañan la práctica del verdadero alumnado y que a menudo constituyen obstáculos absolutos, no serán más que un recuerdo.

 

El alumno encontrará la paz perfecta en lo más profundo de su ser, una paz que sobrepasa con mucho su estado de ser nacido de la naturaleza. La gran transfiguración comienza entonces; y él, o ella, estará completamente capacitado para elevarse en el grupo de los que están de igual manera sintonizados y dispuestos, y para participar en él.

El nuevo estado de ser que es el de los hombres que viven y actúan por las dos corrientes de ka mónada, la doble fuerza de la rosa, es llamado en la filosofía taoísta la virtud permanente.

Por ello se dice:

Si es el valle del reino, la virtud permanente no le abandonará y volverá al estado simple y natural de la infancia.

Las dos corrientes de la mónada que se liberan en el candidato y actúan en él, le vuelven apto para poner el pie en el camino de la liberación. Desde este momento posee un poder práctico, utilizable para elevarse fuera de la naturaleza de la muerte, fuera de las experiencias del nadir y penetrar progresivamente en la curva de evolución de la nueva naturaleza. Él posee de ahora en adelante la aptitud para ello, la virtud. Ha adquirido de nuevo verdaderamente la filiación divina.

Usted sabe que la Biblia habla abundantemente de la excepcional virtud de la filiación divina. En el momento en que, en el corazón del hombre, confluyen las dos corrientes de la mónada y aparece la luz de la verdadera rosa, la filiación, el espíritu de la filiación nace. Cuando el hombre se transforma, gracias al justo comportamiento, entonces el resultado da testimonio de ello, el espíritu testimonia como dice Juan, que se ha convertido en hijo de Dios.

 

Lo mismo que un hijo es guiado para realizar su vocación si es educado de la manera justa también el alumno nacido a la filiación divina pone el pie en la curva de la evolución y, armado con la virtud permanente que resulta de ello, recorre su camino hacia lo alto de la manera justa.

Todo ello va asociado a una misión, la cual no es totalmente comprendida por aquellos que se han preparado para el camino, sobre todo al principio. Es por lo que Lao Tsé da sobre este punto indicaciones más precisas a sus alumnos. Dice que, para el candidato a los misterios gnósticos, es preciso permanecer “en la sombra” y “en el oprobio”. Esto parece extraño y por ello profundizaremos en estas palabras.

 

La personalidad que consigue manifestar la armonía de las dos corrientes de la mónada –la fuerza masculina y la dulzura femenina, la omnipotencia y el amor divino- será empujado interiormente, sin que pueda hacer otra cosa, a servir, a ayudar, a ser un ejemplo, empeñando en ello su vida entera y esto en provecho de todos aquellos que se encuentran aún en la ignorancia y la gran confusión en el fondo de los pozos del nadir.

 

Es por lo que se dice:

 

Quien conoce su luz y sin embargo permanece en la sombra, es un ejemplo para el reino.

Un hermano o una hermana que lleva la señal de la virtud permanente se unirá espontáneamente a las filas de la Fraternidad sirviente.

Insistamos sobre el hecho de que el texto comienza por este notable signo. Quien conoce su luz. Se trata por lo tanto del hombre que ha vuelto activas en él las dos corrientes de la mónada, la doble fuerza de la rosa y penetra así, a la luz del otro reino, en el campo de trabajo de las sombras.

Los que viven y trabajan con la dos corrientes de la monada practican además a la justa cooperación por el hecho de la polarización equivalente pero invertida. Es precisamente esta cooperación lo que les vuelve invencibles, porque las dos corrientes divinas son llevadas a manifestarse con la misma positividad y no se confunden la una a la otra, resultado que se adquiere únicamente por la cooperación; pero, atención, con la condición de que el grupo que coopera haya comprendido la esencia de la virtud permanente.

 

El hombre liberado, aunque convertido en autocreador, autorealizador, buscará, encontrará y aplicará por lo tanto, siempre la cooperación, es decir, la unidad del grupo.

Así pues, usted podrá saber siempre directamente por sus actos y por su comportamiento habitual, si un trabajador se coloca en principio del lado de la luz o del lado de las sombras. Los que se niegan a colaborar, o aceptan la colaboración en teoría pero no en la práctica, y llegado el momento, siguen, en cualquier circunstancia, su propio camino, imponen su propia ley y olvidan totalmente las leyes de la cooperación, esos son aún los representantes típicos del hombre del nadir.

 

Esos son los que, llegados al final de su camino en el nadir, no han encontrado todavía la virtud permanente y siguen, de manera egocéntrica, su instinto innato de bondad y su arranque impulsivo al trabajo. De esta forma, aceleran precisamente el movimiento de las fuerzas contrarias. En una escuela Espiritual como la nuestra tal empeño egocéntrico será una fuente continua de dificultades, de tensiones y un factor de ralentización.

¿Quién viene a nuestra Escuela Espiritual?. En general seres que han descubierto la falta total de perspectiva de la naturaleza de la muerte y han llegado a ser sensibles a la enseñanza Universal. La enseñanza Universal les toca, y seguidamente pasan por diferentes fases de confusión dialéctica –pues la tapa del pozo es retirada y los rayos de luz pasan a través de las tinieblas- dado que han nacido de padres que también han pasado por los laberintos del país de las sombras.

Todos tienen un instinto de bondad y un poder de voluntad, actividades automáticas y débiles reflejos de las dos corrientes de la mónada. Además tienen, evidentemente, ciertas disposiciones: uno el don de la organización, otro la facilidad de palabra, un tercer talento para escribir, etc.

Es del grupo tan variado de los que luchan en el fondo de los pozos de la decadencia y que han percibido algunos resplandores de la luz, de donde son escogidos los trabajadores introducidos en el proceso de la Escuela Espiritual.

 

 

 

No porque conozcan la luz, sino porque la buscan y que, por su empeño en el trabajo, o sea, por la dura experiencia, les es dada la ocasión de encontrar la luz y de comprender la virtud permanente. Es para eso para lo que la Escuela es una Escuela espiritual.

Y todos los que han sido llamados a comprometerse como trabajadores reconocen la unidad de grupo y las correspondientes exigencias impuestas por la santa ley y, espontáneamente, con obediencia e inteligencia, se ajustan a esta unidad, y llenos de aspiración, se someten a esta cooperación.

Es así como nace una comunidad de amigos. Pues la amistad también es un reflejo de las corrientes de la mónada. Es así como aparece, en un trabajo gnóstico que debe comenzar a partir de la base, un grupo que no posee nada, que aún no posee nada, pero que hace grandes esfuerzos con seriedad y dedicación.

 

Los alumnos no conocen todavía su luz; su sol todavía no se ha elevado. Son cobijados por la luz radiante del Cuerpo Vivo con intención de su renacimiento.

En tal cuerpo de trabajadores, es suficiente que haya algunos que sean cobijados por las fuerzas del adversario, conscientemente o no –con relación a esto se presentan numerosas ocasiones en razón de degeneraciones físicas y psíquicas- para que inmediatamente el trabajo progrese más lentamente e incluso sea expuesto a los más grandes peligros posibles. Si, es la existencia misma de la escuela Espiritual la que así puede ser puesta en peligro.

¿Por qué?. Pues bien, usted tiene sus amistades. Usted conoce la existencia de la unidad de grupo los reflejos de bondad de la mónada actúan en usted. El adversario conoce su mentalidad y sus actuaciones a lo largo de esta fase. Usted tampoco abandona los lazos creados por usted, sin ver incluso los peligros que representan.

 

Porque su amor por su o sus compañeros de grupo es predominante. Dése cuenta: no el amor, sino el reflejo del de la mónada en su estado de hombre nacido de la naturaleza. Este reflejo, en su estado de ser no nacido, es considerado como amor. Es así como aparecen las condiciones de una funesta ralentización.

La ayuda del amor divino que debe ser ofrecida a todos aquellos que se apartan del camino, es la ayuda de la reprimenda, la ayuda de la corrección la ayuda que impedirá hacer mal y perjudica al prójimo. En consecuencia, una ayuda que debe tener como finalidad la protección de la Escuela Espiritual. Pues la escuela Espiritual es el medio, el instrumento con cuya ayuda aquellos que forman parte de la virtud permanente, se aproximan a los que permanecen aún en la sombra y el oprobio.

 

La Escuela es, además, un taller de trabajo para los que desarrollan la virtud permanente. Hay que comprender bien estos dos aspectos de la escuela Espiritual para prevenir muchos malentendidos. Porque quien pierde la escuela pierde todo.

Usted entreverá ahora cómo, a lo largo de todos estos años de existencia, la Escuela espiritual ha permanecido orientada a la formación de un grupo completamente excepcional en el seno de un grupo general. Desde el comienzo, se ha pensado sería un grupo capaz, a partir de la base, de entrar en el valle del reino y de poseer la virtud permanente.

Y bien, en primer lugar, poseemos en la comunidad de la cabeza de Oro, que cuenta con 32 miembros, tal grupo excepcional en el seno del grupo general. Es un grupo interior y dirigente, es decir, la cabeza directriz del Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual.

A continuación, el Sexto aspecto se ha vivificado intensamente desde hace algunos años. En él se realiza un trabajo que no utiliza los medios de la naturaleza, sino exclusivamente las facultades superiores. Es una tarea que, dirigiéndose a todos es llevada por todos en la escuela Espiritual.

Después en tercer lugar, hay un grupo que es estimulado a la vida interior, y cuyos miembros participarán un día conscientemente en la vida del alma divina por la magia del Grial.

 

En el marco de nuestro tema no podemos profundizar en este punto más adentro, pero usted comprenderá que los grupos mencionados no pueden ejecutar la tarea asignada sobre la única base del país de las sombras y del oprobio, sino que su punto de partida es exclusivamente el país de los verdaderos vivos.

 

Comprenderá por tanto plenamente estas palabras de Lao Tsé:

Quien conoce su luz y sin embargo permanece en la sombra, es un ejemplo para el reino.

 

Si es un ejemplo para el reino, la virtud permanente no le abandonará y volverá al infinito.

 

Quien conoce su gloria y permanece en el oprobio es el valle del reino.

En el capítulo siguiente la hablaremos del camino de la ofrenda del hombre en plena posesión de las fuerzas de las dos corrientes de la nómada y de sus resultados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  28-III

 

EL SABIO  SERÁ  LA  CABEZA  DE  LOS  TRABAJADORES

 

 

Tratemos de presentarle una vez más tan claramente como sea posible lo que hemos dicho anteriormente sobre el capítulo 28 del Tao Te King.

El microcosmos está dotado de grandes poderes y de grandes fuerzas que se manifiestan en dos corrientes: la corriente de la omnipotencia divina y al corriente del amor divino. Estas dos corrientes deben expresarse en la personalidad, el instrumento del microcosmos.

 

Pero la personalidad no puede realizar esta maravillosa misión si no se ha vuelto capaz de ello. Es en el curso de largos días de manifestación como ha sido preparada para llevar a cabo esta tarea.

 

Sin embargo, no es un instrumento muerto, sino un ser vivo que debe confiarse al microcosmos con toda su conciencia y su saber, con el fin de servirle y de recibir las dos corrientes de la mónada. Para hacer esto la personalidad ha sido llamada, ha sido elegida desde el comienzo.

El hecho de que todo lo manifestado esté siempre dotado de vida –vida emanada de Dios- por tanto destinada desde el comienzo a la libertad y teniendo siempre la facultad de elegir explica que una parte de las personalidades de la humanidad, por una elección errónea y por errores que acarrean estancamiento, ha causado la pérdida de la sustancia misma de su ser en el laberinto de la naturaleza de la muerte.

 

Esto ha provocado degradaciones y esclerosis que hay que hacer desaparecer y curar en primer lugar antes de poder llevar a cabo las misiones verdaderas prescritas por Dios.

Quien recorre este camino de satisfacción y de curación entra en “el valle del reino” –la vida real en Dios-, descubre y aprende cómo utilizar y poner a trabajar a las dos corrientes microcósmicas. Entra entonces en la filiación divina y se convierte al instante –como decíamos- en un trabajador valioso del reino de luz. Lo primero que emprende ahora en la viña de dios, en virtud del amor divino con el cual es uno, será el restablecimiento y la liberación de todo aquel que está desviado y caído.

En este punto de reflexión, Lao Tsé muestra claramente a sus alumnos que el sacrificio de los liberados por aquellos que no lo están todavía no debe ser comprendido como un camino negativo. Desde el punto de vista de la naturaleza de la muerte, el hombre que se sacrifica es un hombre que sufre, lo mismo que se habla de los sufrimientos de Jesús el Señor.

 

Pero hay que comprender que este camino, que la lógica considera como un camino de sacrificio, significa un camino en línea recta que se eleva verdaderamente hacia el único objetivo. Por ello dice Lao Tsé:

 

Los que aún se encuentran encadenados al espacio tridimensional hacen una clara distinción entre lo “alto” y lo “bajo”. Pero para alguien que “conoce su luz”, lo “alto” es semejante a lo “bajo”. Él irá por lo “bajo” hacia lo “alto”.

 

Esto quiere decir que este camino de sacrificio, según la lógica, es el camino de la alegría, la puerta abierta hacia el infinito. El hombre que es totalmente prisionero de la naturaleza de la muerte no experimenta el sacrificio como una evidencia sino como un vivo dolor que trata de evitar tanto como sea posible.

 

Por eso, todos los que se aproximan a la Gnosis universal deben modificar, no solamente su comportamiento, sino también su visión de la vida.

 

 

Entonces, la mayoría de las veces gracias a este cambio de visión, el dolor se cambia en bendición, la idea de la muerte en vida, dificultades y tristeza en alegría, sin ninguna modificación de la circunstancias exteriores.

 

Ciertas personas están acostumbradas a considerar las situaciones en las que se encuentran como difíciles, espantosas, terribles, su mentalidad esta tan habituada a ello, ellas están tan dominadas por las representaciones mentales que con ello se relacionan, que no consiguen cambiar su visión de la vida aunque sin embargo dispongan de la nueva calidad de alma suficiente. Por tanto no hacen uso alguno de su tesoro imperecedero.

 

Si adquiriesen la nueva visión de la vida, tendrían esta experiencia directa: franquearían la puerta y comprenderían totalmente el por qué de las circunstancias exteriores. Por esta razón Lao Tsé dice:

 

Quien conoce su gloria y permanece en el oprobio es el valle del reino. Si es el valle del reino, la virtud permanente en él alcanzará la perfección y volverá al estado original.

Comprenda, en fin, las palabras:

C

Cuando el estado simple y original se propaga, las cosas se forman.

En el estado original del nadir de la humanidad, cuando la escuela de la vida en la materia todavía no había caído en el pecado, toda cosa, todo valor, toda forma material necesaria para la vida había sido creada en esta escuela de experiencias.

 

Pues todos estos valores, estas cosas  y estas fuerzas del origen están ahora y siempre presentes.

 

Cuando el simple estado original se propagó, las cosas fueron creadas indestructibles. El sabio, el hombre liberado, reconoce todas estas cosas, las vuelve ha encontrar, y lleno de alegría y de reconocimiento, las recibe, las utiliza y las aplica de nuevo. Por eso dice Lao Tsé:

 

El sabio, si hace uso de todo eso, será sin duda alguna la cabeza de los trabajadores.

 

Gobernará para la salvación de todos, sin perjuicios, y no ofenderá a nadie.

 

Si el hombre quiere perfeccionar el reino por sus acciones, veo que fracasará.

 

El reino es el vaso sagrado de la ofrenda, en el que no se debe trabajar.

 

Quien trabaja en él, lo corrompe. Quien quiere
tomárselo, lo pierde.

 

Por ello hay quienes preceden y quienes siguen, quienes dan calor y quienes dan frío, quienes son fuertes y quienes son débiles, quienes están en movimiento y quienes están inmóviles.

 

Tal es la razón por la que el sabio rechaza exceso, superfluidad y lujo.

 

 

 

 

Tao Te King, capitulo 29

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  29-I

 

               EL  VASO  SAGRADO  DE  LA  OFRENDA

 

 

¡Que mal se ha comprendido, a lo largo de los siglos, las palabras del capítulo 29 del Tao Te King!. ¡Que diferente sería el mundo de hoy sise hubiera percibido el contenido de esta palabra viva de Lao Tsé!.

Abierta, honestamente y sin rodeos, en términos sobrios, Lao Tsé presenta a sus alumnos la verdad y la realidad. Hoy es necesaria al menos una exposición detallada y profunda para hacer comprender cual era su propósito.

 

La causa de ello es que el mundo y la humanidad, durante siglos, han evolucionado, se han desarrollado y formado, se han cristalizado en una dirección que se aleja totalmente de la dirección esencial.

 

La humanidad está tan enredada en el laberinto de la miseria terrestre y el mundo se ha convertido en tal infierno que, si habláramos por boca de Lao Tsé diciéndole: el reino –el mundo- es el vaso sagrado de la ofrenda en el que el hombre no debe trabajar, se le cortaría el aliento por el asombro, pues protestaría con indignación y reiría quizás desdeñosamente.

¡El vaso sagrado de la ofrenda se ha convertido en un estercolero!. Usted sin duda conoce los inmensos peligros de naturaleza astral que se acumulan en este momento alrededor del mundo y se derramarán pronto en el vaso sagrado. ¿Cómo concebir y comprender todo esto?.

Para comenzar hay que hacerse una idea justa del “reino”. No piense aquí en algún imperio chino o principado antiguo. No piense tampoco que se trata de ciertas instrucciones dadas a sus dirigentes, ministros u otras autoridades.

 

El reino es en principio la tierra en tanto que planeta en manifestación: el reino donde la personalidad humana deberá revelarse plenamente en su forma. El reino es además el cielo-tierra, la verdadera morada de dios, ofrecida por Él a la humanidad para el hombre verdadero según el espíritu, el alma y el cuerpo. Usted debe ver la tierra terrestre y el cielo-tierra como dos en uno, indisolublemente unidos; son ellos los que forman “el reino”.

Este reino es “el vaso sagrado de la ofrenda”, lo que significa: un espacio preparado por el logos y mantenido por él, en el cual se debe realizar un trabajo poderoso, magnífico y divino, según la decisión del comienzo: “Hagamos el hombre a nuestra imagen y semejanza”.

 

¿Es posible pensar un solo instante que esta decisión divina del comienzo podría no ser ejecutada?. Múltiples y grandes fuerzas, numerosas olas de vida diferentes a la nuestra, efectúan este poderoso trabajo para asistir en sus evoluciones a las mónadas llamadas al devenir humano.

Esta asistencia es el camino del sacrificio, un servicio en forma de ofrenda que dura desde tiempos inmemoriales y continuará en el vaso sagrado de la ofrenda para llevar el gran plan hasta su triunfo supremo. Los Señores del destino, los señores de la compasión, numerosas falanges angélicas e infinidad de otros seres sublimes forman juntos la multitud de servidores que hacen esta ofrenda, la multitud de los que están unidos en un poderoso se, conocido como “la higuera siempre viva”. (*)

La gran ofrenda de la higuera siempre viva al vaso sagrado cesará mientras que todas las mónadas no hayan entrado en este estado de ser superior.

 

 

Usted está habituado a considerarse como “hombre”. Usted habla de humanidad. Usted se llama “hombre”, ¡pero no lo es, todavía no!. Esta ilusión le ha sido inculcada por la teología y por la deformación de la verdad original. Por ello es bueno tener

Claramente ante los ojos la totalidad del camino de la humanidad.

A lo largo de numerosos períodos de preparación, el vaso sagrado de la ofrenda, el “dos en uno” planetario, se ha armonizado totalmente con el camino del devenir humano de la mónada.

 

Para designar el proceso entero de involución, de paso por el nadir de evolución, así como para describir el estado completo del vaso sagrado de la ofrenda, la filosofía de la Rosacruz habla de siete esferas, de siete aspectos del dos en uno planetario.

Para simplificar, quizás usted lo sepa, estas esferas son designadas por las letras A, B, C, etc. Actualmente habitamos la esfera D, la esfera del nadir. La esfera E, la quinta de la serie de siete, se encuentra en un plano superior, es decir, no en el lado de la involución del devenir humano dela mónada, sino en el lado de la evolución.

 

En cada esfera tienen lugar siete desarrollos que, en cierto sentido son, por una parte, repeticiones de las esferas precedentes, y por otra, preparaciones para los desarrollos siguientes, para las manifestaciones ulteriores del dos en uno.

Actualmente habitamos la cuarta esfera, la esfera D, o sea, la esfera del nadir. En esta esfera tenemos detrás de nosotros tres épocas donde el pasado original se ha repetido, por así decir. Estamos ahora en una cuarta época, la época aria, donde el aspecto de la tierra ha sufrido una vez más infinidad de transformaciones secundarias. La era aria es decisiva, porque es en este momento cuando la involución y la preparación del aspecto formal de las cosas se acaba y el aspecto interior, el núcleo, debe manifestarse.

En primer lugar, en esta esfera D, en las tres épocas ulteriores, se manifestará el porvenir de la humanidad en tanto que realidad y se realizará totalmente. Después seguirán los poderosos y magníficos desarrollos de las tres esferas siguientes: E, F, y G.

Nos atenemos a esta imagen cosmogónica con el fin de que tenga una idea clara de la naturaleza del vaso sagrado de la ofrenda. Y si ahora tiene ante los ojos una imagen clara de ello, sabrá perfectamente cual es el formidable plan de desarrollo en que está basado el devenir humano, al cual son llamadas las mónadas divinas. Y entonces sabrá igualmente que este plan no puede fracasar porque la higuera siempre viva envuelve con su sombra el vaso sagrado.

“El plan en el que está basado el devenir humano no podría fracasar”. ¿Hay que calificar estas palabras en forma de axioma de simple deseo piadoso?. ¿Reflejan un optimismo totalmente injustificado si se considera el paso actual por el nadir?. Llevemos más adelante nuestra investigación.

Es evidente que la humanidad vive de nuevo una gran crisis en la fase actual del período ario, como Lao Tsé y los suyos la vivieron en su tiempo.

Esta crisis se explica, en particular, por el hecho de que la humanidad, en razón de su egocentrismo, de su ignorancia y de la falta de fuerza de alma verdaderamente liberadora que resulta de ello, no quiere salir de las profundidades del nadir para emprender la ascensión liberadora en la curva de la evolución. Imposible forzarla a ello porque este proceso debe realizarse en unidad, libertad y amor, gracias al alma renacida, que ha resultado de las dos corrientes de la mónada de las que hemos hablado en el capítulo precedente.

Si falta este nuevo estado del alma y la ilusión tridimensional bloquea completamente el recuerdo de la mónada, un estancamiento absoluto marca toda progresión.

 

 

 

De esta manera el plan de manifestación amenaza sucumbir por completo, la humanidad tiene entonces la amarga experiencia de ver a los hombres destrozarse y devorarse unos a otros como bestias salvajes, en mortal autodestrucción en serie, a la que una revolución cósmica da de vez en cuando una aceleración.

 

¿No está nuestra situación mundial de esta manera perfectamente caracterizada?.

!No, mil veces no!. La crisis que atravesamos una vez más es la prueba más clara de que la higuera siempre viva no abandona a los humanos, que no hay desviación del plan original que prevé hacer de ellos “hombres”, dicho de otro modo, seres a imagen de Dios y a su semejanza y cuya gran exigencia es y será la autorrealización.

De hecho, no se trata solamente de una exigencia sino también de una necesidad natural, de una salida evidente. El vaso sagrado de la ofrenda, o cráter sagrado como lo llama Hermes (*), está fundamentado en las leyes naturales que ofrecen al hombre en devenir una única salida: la realización y la liberación por la autorrealización.

Para comprender esta ley natural debe tener en cuenta los siguientes aspectos: en primer lugar el hombre en devenir posee una mónada o microcosmos; en segundo lugar, de esta mónada emanan, como decíamos en el capítulo anterior, dos corrientes de fuerza inversamente polarizadas la una con relación a la otra: la fuerza masculina y la dulzura femenina; en tercer lugar, hay un yo de la mónada o ego de la mónada (la conciencia del microcosmos); es del núcleo de este de donde emanan estas dos corrientes; en cuarto lugar, por el nacimiento natural, continuamente aparece una personalidad, instrumento al servicio de la mónada; esta personalidad conlleva, en quinto lugar, una conciencia natural, un yo, el yo nacido de la naturaleza o ego, que es el estado de conciencia nacido de la naturaleza; en sexto lugar, hay un ser Kármico llamado igualmente el yo o ego Kármico, el yo astral, el adversario o demonio; en séptimo lugar, estos aspectos vitales que se manifiestan cooperando u oponiéndose, aseguran perfectamente la victoria final del plan de Dios.

Esperamos demostrarle en el capítulo siguiente, por qué esto es incontestable. Si lo logramos, comprenderá plenamente el capítulo 29 del Tao Te King.·

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  29-II

 

EL CAMINO DE LA VICTORIA

 

 

Imagínese de nuevo el cráter sagrado tal y como es descrito en el capítulo precedente, el vaso sagrado de la ofrenda, el dos en uno: la tierra terrestre y el cielo-tierra.

 

En el carácter sagrado se encuentran: en primer lugar la poderosa fuerza de la higuera siempre viva que se ofrece y, en segundo lugar, el séptuple sistema humano en manifestación, de donde debe resucitar un día el hombre verdadero. Se podría igualmente llamar “Cadena Universal” a la fuerza que se ofrece así con su línea ininterrumpida de mensajeros y de portadores de la salvación como Lao Tsé, Hermes Trismegistros, Buda, y Jesucristo. También se puede hablar simplemente de Dios.

Es evidente que, desde el comienzo del desarrollo de la mónada, cada entidad ha estado en contacto vivo con esta gran corriente que se ofrece en el vaso sagrado. “Mónada” significa chispa divina. La naturaleza divina se trasmite a la mónada. Y si hablamos a la vez de mónada y de microcosmos, hay que comprender que la radiación de la chispa divina forma un sistema, un microcosmos alrededor de la mónada. Por tanto, desde el comienzo la chispa divina ha estado en unión con el esplendor inconmensurable de la fuerza divina del vaso sagrado.

Desde el principio y ahora todavía, cada entidad experimenta esta unión como una ley natural, como el influjo normal, omnipresente, que recibe toda criatura acogida en el proceso del devenir. Está claro que el plan, la idea que está en la base de todo este devenir, viene a la criatura gracias a este influjo . Es el Espíritu el que debe volver viva a la criatura. Este Espíritu es eterno e inmutable.

Ahora, examínese; supongamos que usted ignora aún este plan divino, que no haya experimentado nada todavía, que en tanto que personalidad no posea aún ningún instrumento superior para reaccionar a él conscientemente, por tanto para colaborar con él. Por una parte está la mónada, la chispa divina con su sistema, el microcosmos, y por otra la personalidad aún en la ignorancia, incapaz de reaccionar conscientemente por poco que sea.

En tal situación, usted sería, a pesar de todo, absolutamente empujado a reaccionar, ¡sería incluso obligado a ello!. ¿Cómo es esto?. Debido a ola estructura de su estado de ser actual, que le hemos descrito en el capítulo precedente.. Una mónada, un microcosmos engloba su personalidad actual.

 

Este microcosmos posee un núcleo, llamado también el yo de la mónada, de donde emanan dos corrientes. Es completamente evidente que todo el microcosmos reacciona a la gran fuerza espiritual que se ofrece en el campo de manifestación. Por ello se habla del “Dios en usted”.

Ahora es necesario que la personalidad, en el seno del microcosmos, llegue a ser un verdadero instrumento al servicio de la mónada, al servicio de la fuerza divina que se ofrece. A este efecto, la personalidad posee, de nacimiento, una serie de posibilidades y un doble ego: la conciencia-yo con la que usted comprende, por ejemplo, el contenido de este libro, y un yo Kármico, un yo astral.

¡Vea ahora el proceso!. El Espíritu del cráter sagrado dicho de otro modo, la gran fuera divina que se manifiesta en el sistema de la tierra, empuja a la mónada a la realización. Es el gran plan que resumen las palabras: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”.

 

Este plan se grava en la mónada, y ésta lo irradia y lo transmite a la personalidad. La mónada se esfuerza por transmitir a su conciencia, por tanto a su yo, la sugestión del plan, la gran idea, y por hacer del yo un instrumento sumiso, dócil y obediente, de manera que toda la personalidad experimente el resultado de ello.

 

Suponga ahora que el yo no reaccione, no pueda reaccionar o incluso no lo quiera. En esta situación que usted conoce bien, el yo astral, el ego Kármico, reacciona siempre, sin ninguna excepción. Cuando emanando del cráter divino, le es enviado un impulso a través de la mónada y en tanto que conciencia-yo, usted rehúsa reaccionar el yo astral reacciona siempre.

 

El registra cada error de reacción, cada comportamiento y cada acto de la personalidad que no está en armonía con la gran fuerza propulsiva.

Además, dése cuenta de que el yo Kármico no es nunca aniquilado por la mente. Cuando la personalidad muere y la esencia de la personalidad se volatiliza por completo, el yo Kármico permanece. Sobrevive a la muerte, es inmortal y vuelve a ser activo en la personalidad siguiente, gracias a Dios, porque si fuera aniquilado ¡serían cometidas sin cesar las mismas faltas!

Sin embargo, en razón de la sucesión de las personalidades el yo Kármico deviene cada vez más experimentado. Y como ha nacido de los errores de las reacciones con respecto a la ley divina, es evidente que cuando llega a ser suficientemente fuerte, nos inspira sentimientos, pensamientos, actos que naturalmente experimentamos como dolores, penas, disonancias agudas, en resumen, como un gran sufrimiento.

Usted se preguntará: “¿De dónde proceden mis dificultades?. ¿Por qué este penoso y doloroso camino a través de la vida?”. Pues bien, la causa se encuentra en el hecho de que su yo astral le confronta a todo su pasado en el nadir de la materialidad. Y usted comprenderá que tal confrontación, con sus penosas y dolorosas consecuencias, destruye finalmente a la personalidad.

¡Tal es la causa de la muerte!

Cuando el hombre se encuentra sumido en grandes dificultades, a veces grita en su estupidez: “¡Oh Dios, ayúdame!”. Pero Dios, la gran fuerza de la higuera siempre viva que se ofrece, ¡nos ayuda desde el comienzo!. No podría hacer otra cosa.

 

Las sugestiones y las radiaciones del Espíritu afluyen hasta el hombre, hasta la personalidad, a través de la mónada. En consecuencia, la vida llena de experiencias amargas, con todos sus aspectos negativos, es, de hecho, una ilusión, comparada con el impulso divino.

Toda esta amargura y todas estas perturbaciones de la vida no son por la acción de la divinidad. Es el hombre el que se sanciona a sí mismo. La resistencia que experimenta por parte del yo astral, este freno, es el reflejo, la suma de todas sus reacciones incorrectas.

 

La Divinidad le llama, le toca y quiere empujarle en la única dirección de la liberación. Si su reacción no es positiva, el yo astral actúa como un freno en la vida. Su marcha es ralentizada, acaba por pararse y usted acaba en el fondo del pozo de la decadencia.

Así mira en el espejo de su pasado y es confrontado a la suma de las reacciones incorrectas. ¡He aquí en verdad un espejo mágico!. ¡Y este espejo mágico destruye su personalidad, una vez, mil veces, diez mil veces; en este dominio no hay ningún límite!.

Tal es la ley establecida para usted, de la que debe aprender la lección. Se trata finalmente de mirarse tan fijamente en el espejo del yo Kármico y de sufrir las consecuencias de ello hasta tal punto en la conciencia-yo, que ésta, gracias a estas purificaciones, acabe por abrirse y por escuchar la voz de la mónada, que es la voz de Dios.

 

En este momento la conciencia-yo debe actuar; pero esto ya no será después de algunas recomendaciones o consejos exteriores, como los que tanto recibe en medio de las pruebas. Y de nuevo el yo Kármico registrará, retendrá y verificará el resultado de esta reacción.

 

 

Tan pronto como esta respuesta vital, resultado de la reacción justa a la voz de la mónada, brota realmente del interior de usted mismo y pasa al primer plano, es registrada y conservada en el yo Kármico; entonces nace lo que Hermes Trismegistros llama el “bien absoluto”.

Es evidente que si usted alimentara aún esperanza sobre el plano de esta vida, si usted la encuentra agradable y piensa que ella encierra todas las perspectivas posibles, el yo astral no perderá nada de sus fuerzas. E incluso si, en semejante disposición, usted siguiese los consejos de la Escuela Espiritual porque atraviesa un mal paso y modificase su comportamiento, el “bien absoluto” no podrá nacer aún.

Únicamente cuando sus reacciones cambian realmente desde el interior de usted mismo y cuando las consecuencias de ello llegan a ser visibles, nace el “bien absoluto” de Hermes. Por tanto, desde este momento y paralelamente a su conciencia-yo, coexisten dos seres. En la literatura del mundo entero se les designa como el mal y el bien, como el ángel negro y el ángel blanco.

Es así como, gracias a la nueva fuerza del bien, la personalidad en devenir da al alma un nuevo potencial indefectible. Indefectible porque en razón de la reacción justa, el “bien absoluto” que ha tomado forma se une inmediatamente a la fuerza de la mónada que quiere tocar al hombre, a la fuerza divina que se ofrece y trabaja a través de la mónada.

Por esta fuerza, la otra fuerza astral que provoca tanta oposición, es rebasada, neutralizada expulsada, y aunque su recuerdo permanezca, no podrá nunca más dañar el sistema vital. Tal hombre conocerá por lo tanto el mal perfectamente, porque sus cicatrices están buriladas en su ser.

 

Comprenderá el mal, pero sin tener que sufrirlo de nuevo como tal. Por tanto, el yo astral presenta al hombre la suma de las experiencias vividas y de las conductas gracias a las que el “bien absoluto” acaba por manifestarse.

En resumen: si usted no responde positivamente a la voz divina, a la voz de la rosa, se produce una reacción en su vida. Todas sus faltas son registradas en su yo astral y le son reenviadas. Usted se ve así en un espejo. Todas estas radiaciones se vuelven contra usted. Así, esta fuerza inhibidora le obliga a escuchar la voz.

Ahora bien, si usted escucha interiormente y por tanto reacciona bien, ocurre a la inversa. El resultado de la buena reacción, de la reacción positiva, se manifiesta por una fuerza. Esta sin cesar llega a ser más poderosa y, en un momento dado, rechaza todo lo que resiste. Usted entra entonces en la radiación del yo de la mónada. El yo astral le aporta la suma de las conductas y experiencias vividas, y en un cierto momento –aunque eso puede a veces tardar demasiado tiempo- el bien absoluto se manifiesta.

Por ello se puede decir que la vida humana en todos sus aspectos alcanzará finalmente la gran victoria, bien sea colaborando, bien sea luchando. En virtud de su existencia, todo el ser humano está por tanto obligado, en un momento dado, a demostrar claramente esta grandiosa autorrealización. Todos los hombres encontrarán el camino. Todos saborearán la victoria por la realización de sí.

A nadie se le regala nada. Nadie puede eximirse de beber el cáliz de la autorrealización hasta la última gota. Pues la lección no aprendida, el poder no empleado, la fuerza no realizada se vuelven siempre contra nosotros llegado el momento. La manifestación del hombre debe ir hasta el final.

 

Es así solamente como Dios puede manifestarse en la carne, Jesús el Señor, el prototipo del hombre verdadero, lo ha demostrado hasta el último segundo. No podía eximirse de beber el cáliz como debía. Era necesario que realizara el camino de cruz de las rosas hasta su último suspiro.

 

 

“¿No es eso una lección muy dura, una lección dolorosa?”. Se podría preguntar. “¿Cómo puede el hombre actual caído, el hombre duro como piedra, realizar esta verdad en si mismo?”.

Quien hace esta pregunta prueba que no ha tenido la experiencia interior de ello. Se encuentra aún completamente bajo los latigazos del yo astral, que le vuelve a enviar sus faltas como un espejo.

 

Todavía no ha generado ni una partícula del bien absoluto, y no posee aún la fuerza de rebasar a su adversario astral.

 

Los que siguen este camino –y sólo perfectamente purificado se puede ascender en él- saben que, desde el momento en que algo del bien humano, la nueva fuerza del alma, se demuestra en el sistema, la unión es inmediatamente celebrada, no solamente con la mónada, sino igualmente con la higuera siempre viva que se encuentra en el cráter divino, en medio del Paraíso de Dios.

 

Ellos participan directamente en su propia iniciación. Y un fulgor de esta fuerza de amor eleva todo su ser dándoles una alegría y una felicidad tan grandes que, desde este instante, alaban a la divinidad por su gracia y su plan maravilloso.

 

Usted sabe que toda la humanidad, en reacción totalmente equivocada al plan divino, se esfuerza hoy hasta el extremo por alcanzar una meta que esté un poco en armonía con la dignidad humana. ¡Usted ve el resultado de ello!.

 

Únicamente allí donde está el alma es donde está el Espíritu. Allí moran la paz, la alegría y la felicidad. Allí el hombre sale del nadir para elevarse sobre la curva de la evolución. Si no, el resultado es negativo.

 

Tal es la razón por la cual, si el hombre quiere perfeccionar el reino por acciones, veo que fracasará. El vaso sagrado de la ofrenda, es el reino, el mundo de los dos en uno, cuya meta no puede ser alcanzada por el yo nacido de la naturaleza.

 

Quien trabaja en él por motivos dialécticos, le corrompe. Quien quiere tomarlo le pierde.

 

El ser humano que desea aprender esta lección, que puede aprenderla interiormente, que someterá enteramente su ambición, su yo, al devenir supremo, llegará a la cima de la montaña.

 

Sin duda comprenderá ahora el propósito de Lao Tsé en el capítulo 29: indicar el camino directo de la victoria. Es la razón por la cual, a la luz de la Gnosis Universal, aclararemos aún más en el capítulo siguiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  29-III

 

NADIE PUEDE SERVIR A DOS SEÑORES

 

 

Aquellos que despliegan la mayor actividad son los que, en su estado de ser nacido de la naturaleza, yerran en el fondo del nadir por el camino seguido por la humanidad, atormentados por las consecuencias de su comportamiento erróneo, cuyo registro vivo se graba en el yo astral. En tanto que puedan manifestar aún alguna actividad y disponer de alguna fuerza vital, llevan una intensa lucha para mantenerse a sí mismos y salvaguardar su mundo.

Desde el más remoto pasado, el hombre ya había descubierto cuán desesperado y vano era este esfuerzo. “En efecto, ¿qué le queda al hombre de todo su trabajo y de la preocupación de su corazón, objeto de sus fatigas bajo el sol?.

 

Todos sus días no son más que dolor, y su suerte no es más que pena, incluso por la noche su corazón no descansa. Aún eso es vanidad”, leemos en el Eclesiastés, Cáp.2. Cuán verdaderas son las palabras de Lao Tsé: Si el hombre quiere perfeccionar el reino por sus acciones, veo que fracasará.

De hecho, usted lo sabe por su propia experiencia. Por ello no tiene sentido perderse en la enumeración de numerosos argumentos y de múltiples ejemplos. Sin embargo no minimice el camino y sus efectos repitiendo esta frase bien conocida entre nosotros: “¡Bueno sí, es la dialéctica, el movimiento de las fuerzas contrarias!”. Para oponer a continuación el no hacer a la vanidad de la acción, como tantos hombres lo han predicado en el pasado y lo han demostrado por su vida.

Usted lo sabe, la naturaleza de la muerte se manifiesta como un desierto sin consolación, inhóspito y lleno de peligros. Los cuatro reinos de la naturaleza están en desacuerdo total los unos con relación a los otros. Si el hombre nacido de la naturaleza quiere mantenerse aunque sea poco, debe estar plenamente activo. Pues si cesa de actuar no hay más alimento y perece en la materia y el cenagal de las inmundicias de la vida en común.

Por ello hay que aceptar sin embargo las exigencias y los hábitos de la vida civilizada y someterse a un mínimo de cultura sobre este punto. Porque el “reino” tal como se le conoce y se le experimenta no puede ciertamente ser llamado “el vaso sagrado de la ofrenda”; es imposible, aún con el mayor optimismo.

En realidad, por sus numerosas desviaciones del camino, cada mortal ha adquirido un yo astral tan cargado con la suma de los pecados pasados –y el conjunto de la humanidad ha atraído por lo tanto a su alrededor un campo astral tan tenebroso- que es necesario un esfuerzo cotidiano ininterrumpido para frenar tanto como sea posible la fatalidad del destino.

Quien quisiera considerar o emplear las prácticas sociales de la naturaleza de la muerte como base para un desarrollo futuro liberador, y desplegara toda clase de actividades en conformidad con el fin de incitar al mundo y a la humanidad a realizarse, descubriría sin excepción no solamente que no tiene éxito sino que corrompe todo, sí, que pierde todo.

El esfuerzo intentado tras la guerra en el plano religioso par suscitar un despertar de la fe, para retener a la juventud en la iglesia y por colocar a ésta en el medio del pueblo es bien conocido: el resultado ha sido negativo. La iglesia se adapta al mundo de hoy, por lo tanto a las condiciones astrales de hoy. Así ella agrava la confusión y precipita el declive.

Considere, por tanto, el mundo en que vivimos únicamente como un espacio cerrado, relativamente pequeño en el interior  del vaso sagrado de la ofrenda, del dos en uno.

 

El vaso sagrado de la ofrenda, en cuanto a él, es inviolable; está en un estado de realización perfecta. ¡Nadie tiene ninguna necesidad de actuar en él!. Y sobre todo no un ser nacido de la naturaleza, prisionero del yo astral.

 

 

Quien trabaja en él, en este estado, lo corrompe.

Lo único necesario es por tanto que quien comprenda esto verdaderamente en su interior se libere del pozo de la decadencia por la realización de sí. Procure guardar bien esta realidad ante los ojos. Quien quiere recorrer el camino y entrar en el vaso sagrado de la ofrenda dará a este mundo lo que es de este mundo.

 

Lo que significa que aquí, en esta naturaleza, cumplirá con su deber, ni que decir tiene, para con todos aquellos a los que está ligado, ¡pero nada más!. Pues dará a Dios lo que es de Dios.

 

El hombre sabio evitará, aquí, en la naturaleza de la muerte, toda actividad excesiva; rechazará toda concesión a esta naturaleza; ¡y disipará completamente la ilusión de las bellezas de este valle de lágrimas!.

“Nadie quiere servir a dos señores”. Todos los grandes mensajeros cuyo propósito era la liberación de este valle de lágrimas anunciaron lo que Lao Tsé quería decir: “Nadie puede servir a dos señores”, nadie puede perseguir simultáneamente dos metas. Es imposible servir al mismo tiempo a Dios y a su yo astral.

Por eso el Evangelio de Jesús no es más que para aquellos que son verdaderamente fuertes, fuertes interiormente. La Escuela Espiritual de la Joven Gnosis pide alumnos fuertes, firmemente decididos, alumnos que caminen verdaderamente en cabeza.

Y, en efecto, los hay que caminan en cabeza, y muchos se reanimaran con el calor de su corazón. Los hay que caminan en cabeza y refrescarán a aquellos a quienes consume el calor interior. Los fuertes sostendrán a los débiles. Y los que están en movimiento incitarán a los que están inmóviles a ponerse en camino.

Los hombres que, en Tao, conceden su ayuda a quien gobierna el pueblo, no someten el reino por la violencia de las armas.

 

Lo que hacemos a los demás se vuelve contra nosotros de la misma manera.

Donde reinan las armas, por todas partes crecen las espinas y los cardos.

Está asegurado que años de hambre siguen a las grandes expediciones.

 

El hombre verdaderamente bueno da un solo golpe con fruto, después cesa; no osa perseverar en la violencia grosera.

 

Él da un solo golpe justo, pero no se envanece por ello.

Él da un solo golpe justo, pero no se enorgullece de ello.

Él da un solo golpe justo, pero únicamente porque no puede hacer otra cosa.

Él da un solo golpe justo, pero no quiere parecer ni fuerte ni poderoso.

En la cima de su fuerza, los hombres y las cosas declinan.

 

Esto dignifica que no son semejantes a Tao. Y lo que no es semejante a Tao toma rápidamente fin.

 

 

 

Tao Te King, capítulo 30

 

 

CAPÍTULO  30-I

 

NO A LA VIOLENCIA DE LAS ARMAS

 

 

Dése cuenta que en el capítulo treinta del Tao Te King, Lao Tsé nos hace abordar un asunto del que se habla mucho en nuestra época sin agotarlo por ello y que pone en movimiento muchas plumas y bocas. Se trata de la gran discusión sobre los pros y los contras del arbitraje de los conflictos por la violencia de las armas en el mundo moderno.

De hecho, esta discusión a escala mundial llegó a su apogeo hace algunas decenas de años. Los lectores de más años recuerdan la intensa lucha no violenta llevada por grandes grupos de idealistas vaciados contra los portadores de armas y los partidarios del armamento.

 

Millones de humanitaristas implicaron su cabeza y su corazón en esta agitación, agitación tan mantenida que, en Holanda, por ejemplo, la repulsa a llevar armas, por ideal o condición religiosa, fue reconocido por la ley.

 

Usted sabe que muchos jóvenes de la Escuela Espiritual se benefician de ello, aunque la Escuela no les obliga a ello y no puede hacerlo, por lo demás, porque aquí se trata de un estado de ser interior sometido siempre a un proceso de crecimiento.

Usted conoce quizás a los grandes idealistas mundiales que han conducido a la humanidad a la conquista de estas concepciones altamente morales. Su llamada u su ejemplo han turbado profundamente a una multitud de hambres a lo largo de estos años.

Es un hecho, sin embargo, que este bello y magnífico periodo, este periodo de idealismo concreto –idealismo que, en los primeros años del siglo veinte se ha apoderado de los jóvenes tan poderosamente- ha pasado ahora definitivamente.

 

Este idealismo concreto fue recobrado por una corriente de acontecimientos mundiales que volvieron a la mayor parte de la humanidad tan duramente realista que los bellos ideales fueron barridos como por una tempestad y se demostraron impotentes en el movimiento de las fuerzas contrarias.

Aunque notables, su fundamento carecía de los valores y de las certezas necesarias, y usted sabe, quizás ha tenido la experiencia de ello personalmente que cuando un ideal existe innegablemente bajo cierto aspecto pero no bajo otros, es un castillo de naipes destinado muy ciertamente a derrumbarse pronto.

 

La idealidad sólo se convierte en realidad cuando se libera primero de toda la tendencia a la conformidad al mundo y se armoniza perfectamente con el plan de Dios que es la base del verdadero devenir del hombre.

La idea, el slogan: “Nunca más la guerra” proviene de un deseo que viene del fondo del corazón de realizar el verdadero devenir del hombre. Pero ¿cómo saciar, satisfacer tal deseo sin conocer el plan de la verdadera evolución del hombre?. ¿Y si, en consecuencia, estamos enteramente y totalmente adaptados a la vida ordinaria de la humanidad del siglo veinte?.

 

Entonces somos como un hombre que prende fuego a su casa y a continuación se sienta en los escombros rogando: “¡Señor, dame una casa!”. Es por lo que un hombre que conoce y percibe la realidad de nuestro siglo debe comprender que si continúa comportándose como de costumbre las “guerras y los rumores de guerra”, a sí como las tensiones y fenómenos correspondientes continuarán.

Usted sabe que igualmente es el punto de vista del Nuevo Testamento. Piense en el Evangelio de Mateo capítulo 24: “Oiréis hablar de guerras y de rumores de guerra. Todas estas cosas deben ocurrir y todavía no es el fin”. ¿Por qué deben ocurrir tales cosas?.

 

 

En respuesta a esta pregunta le recordamos las palabras de Hermes Trismegistro: “La creación de la vida por el sol es tan estable como su luz. Nada la retiene o la limita. Innumerables corrientes de vida se mantienen como un ejército de vigilantes alrededor del sol.

 

Ellos permanecen cerca de los grandes inmortales y, desde ahí, velan por los asuntos de la humanidad. Realizan la voluntad de Dios, con tempestades, tormentas, grandes incendios, temblores de tierra, y también con hombres y guerras, en castigo a la impiedad”.

 

Cuando leemos estas palabras por primera vez, resuenan como las del Antiguo Testamento y pensamos entonces en la justicia divina vengativa. Pero en realidad se atrae científicamente nuestra atención sobre el hecho de que todo el macrocosmos solar, por tanto la totalidad del sistema solar y todo lo que encierra, forma un formidable sistema astral muy diversificado, conducido y dirigido por una sola ley central.

 

Cuando un ser peca en el interior del sistema microcósmico, contra las leyes astrales de este sistema, siempre se producen reacciones, es inevitable, no como un castigo sino como un restablecimiento de este sistema por sí mismo, provocado por aquellos mismos que han causado la reacción.

 

El macrocosmos solar es un sistema divino que se corrige él mismo. En este sistema ninguna irregularidad podría ser tolerada. Por ello todas las plagas que se abaten sobre la tierra no son otra cosa que las consecuencias de las corrientes astrales que opera el macrocosmos solar mismo, por tanto, los efectos del restablecimiento del equilibrio intercósmico.

 

Este ineluctable restablecimiento del equilibrio conforme a la ley no ocurre a veces sin violencia, no con la intención de desencadenar la violencia deliberadamente, sino pura y simplemente para salvar del peligro al principio mismo de la creación que es la basa del único fin divino.

 

Si, conociendo y penetrando la irrefutable verdad y el irresistible funcionamiento de esta ley solar macrocósmica, nos llega una catástrofe, habrá que reflexionar bien sobre esta única y predominante pregunta, sobre esta única exigencia: “¿Qué medidas debemos tomar, qué medidas debo tomar yo, que comportamiento debo tener, qué armas debo manejar para prevenir semejante reacción astral y todas sus consecuencias?”.

 

Usted lo sabe, la humanidad actúa continuamente así, ¡pero de qué manera!. Piense en la funesta manera en que el este y el oeste se han armado el uno contra el otro para preservar la paz. Las diversas armas que los hombres poseen actualmente para su protección pueden tener consecuencias tan espantosas que nadie ha osado todavía emplearlas.

 

A lo sumo son consideradas como disuasorias. Pero todo hombre provisto de alguna comprensión se da cuenta de que los pensamientos y las inteligencias  que son el fundamento de esta funesta producción de armas y las fuerzas que están detrás, deben suscitar ya tal agitación astral que la humanidad está ahora amenazada por catástrofes mucho más graves que las guerras.

 

Estas catástrofes comienzan ya a manifestarse. El mundo está dividido en dos campos. La humanidad está partida en dos mitades. Con la ayuda de todos los medios de que dispone la civilización actual, la humanidad es mantenida dividida entre estos dos campos.

 

Las autoridades favorecen esta división pensando que si un grupo toma la dirección, el otro está perdido. Los dos grupos están armados hasta tal punto que ninguno de los dos se atreve a atacar al otro. Así, poderosas corrientes de naturaleza astral que emanan del macrocosmos solar son llevadas a una tensión muy fuerte.

 

Es Hog y Magog de lo que habla el Apocalipsis. Estas tensiones astrales encierran al mundo entero, a toda la humanidad. Todos los hombres son concernidos, tanto al este como al oeste. Dos fuerzas de fuego, dos hogueras inextinguibles son atizadas.

 

 

Es Armagedón, lugar de concentración de las armas, el fin de todo un período de la humanidad, una destrucción total, es restablecimiento del equilibrio del macrocosmos solar, el fin de los que se decantan por la naturaleza de la muerte.

 

¿Está predicho este desastre por la Gnosis Universal?.

¿Será esto el fin?.

 

Y bien, esto depende de usted, de nosotros, de la humanidad actual. Todas estas cosas deben ocurrir a menos que nosotros, con un grupo tan grande como sea posible, con todo nuestro esfuerzo, encontremos otra solución y realicemos otra meta. Pero ¿quién será tan optimista como para creer en ello?. ¡Seamos pues realistas y razonables, busquemos el camino de la liberación, hagamos el esfuerzo de seguirle con los dos pies en la tierra y de esta manera arrastraremos con nosotros a un grupo tan grande cono sea posible!.

 

Ha sido así en todos los periodos semejantes de la humanidad. Una “cosecha de los campos” ha sido siempre recobrada, por hablar poéticamente. No obstante los que se quedaron atrás son innumerables.

 

Desde los días de Lao Tsé la violencia de las catástrofes se ha desencadenado sobre la humanidad. Y esta violencia se amplifica cada vez más. Y ha sido probado, y es probado cada vez más –por aquellos que tienen oídos para oír y ojos para ver- que no se organiza el reino de la humanidad por la violencia de las armas.

 

Lo que hacemos a los demás se vuelve contra nosotros. Donde las armas reinan por todas las partes crecen las espinas y los cardos. A las guerras suceden períodos de desastres. Y el fin será una última crisis, un Armagedón.

 

La firma de ello es : Hog y Magog, un restablecimiento definitivo de las incesantes perturbaciones del macrocosmos solar y la intervención del Karma astral en el cuerpo astral de nuestro planeta, en consecuencia, en el campo de la vida de la humanidad.

 

Es deseable que tras esta confrontación con el estado real del mundo, usted viera las consecuencias ineluctables de ello.

 

El mundo entero y la humanidad entera están divididos; la verdadera situación –Hog y Magog- está claramente demostrada; el campo astral de la humanidad está por tanto en concordancia con todo este desarrollo y completamente envenenado, y solamente los hombres que posean una nueva fuerza de alma poderosa no serán victimas de ello; todos los demás, sin excepción, se convertirán en los engañados por la situación descrita y serán engullidos por las fuerzas astrales actuales ahora que se considera como vergonzoso el no tomar posición y que se exige de usted que se declare muy claramente por esto o por aquello, una pregunta de conciencia se le hace. ¿Cómo –es la pregunta a la que sometemos a aquellos que buscan la evolución de la conciencia gnóstica- cómo debemos comportarnos con respecto a todo esto?.

 

¿Cómo se puede, empujado por el amor de Dios que nos ha tocado, servir al mundo y a la humanidad en semejante coyuntura?. ¿Cómo se puede, vista la situación mundial, colocarse sobre la curva de la evolución?

 

Conducidos por el Tao Te King, examinaremos más de cerca, en el capítulo siguiente, esta cuestión que provoca quizás en usted un conflicto de conciencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  30-II

 

EL HOMBRE VERDADERAMENTE BUENO DA UN SOLO

GOLPE CON FRUTO

 

 

 

Al leer el capítulo precedente usted ha comprendido sin duda que el hombre que aspira al devenir de la conciencia gnóstica es colocado ante el problema de saber cual debe ser su punto de vista y su comportamiento en relación al mundo y a la humanidad en la gran crisis de nuestra época fase en la que la humanidad ha entrado ahora.

El hombre gnóstico sirve primero al gobierno de su pueblo y se esfuerza por ayudarle, cualquiera que sea. Esta proposición puede parecer muy primaria y dogmática, extremadamente anticuada por lo menos muy poco moderna, hoy que los gobiernos se suceden en cadena.

 

Es sin embargo posible hacer oír sobre este asunto un sonido completamente distinto y un sonido en el fondo enormemente clásico. Solamente que se ha olvidado a lo largo de los siglos.

En primer lugar, el gobierno de un pueblo no solamente ocupa políticamente un lugar central en el medio de su pueblo, determina la ley y la mantiene, sino que además, desde el punto de vista astral, es el centro electromagnético donde se concentran todas las corrientes de las que el pueblo tiene necesidades astralmente en un momento dado, o que ha evocado o a las que está implicado astralmente y kármicamente.

Estas radiaciones astrales se expanden sobre el pueblo a partir de este centro y se convierten así en activas. Además de la relación personal del individuo con el campo de vida en el cual habita, existe por tanto también una relación del pueblo entero con el campo de vida que le rodea. Y el gobierno de un pueblo es a la vez el centro receptor y el centro emisor. El mago gnóstico tiene en cuenta este hecho continuamente.

Puede ocurrir que una parte del pueblo deplore cierto estilo de gobierno, que el gobierno sea débil, o incluso primario; que tome decisiones que suman al pueblo en una gran desgracia. Ello no impide que tal gobierno, desde un punto de vista científico según la magia gnóstica, sea la figura central, el órgano central, el centro respiratorio del cuerpo del pueblo.

Lo mismo que un cuerpo respira por medio de los siete chakras del vehículo astral y atrae a él todas las fuerzas, también es así, en cierta medida, para el cuerpo de un pueblo. No se puede, por lo tanto no tener en cuenta al órgano central.

Es por lo que, en todos los textos sagrados, en toda la Enseñanza Universal, el gobierno es considerado como la autoridad absoluta. Y cada mago gnóstico lo tiene en cuenta. Por ello está escrito, por ejemplo, en el Nuevo Testamento: “No es en vano que el magistrado lleva la espada”. (Romanos, 3,14). Por “espada” no se entiende aquí un eventual instrumento militar, sino que la espada simboliza la fuerza central del gobierno. Lo mismo que la espada es también un símbolo de la Fraternidad del Santo Grial.

Quizás, usted lector, comience a hacerse preguntas: “¿Debo tomar como cosa válida todo lo que el gobierno hace y decreta?. ¿Y obedecer en sentido absoluto?. ¡Es un poco fuerte!”.

Responderemos que este aspecto de las cosas deben también ser consideradas científicamente sobre el plano astral. Descubrirá entonces que en el medio de un pueblo hay numerosos grupos pequeños y grandes, y quizás muchas decenas de miles o de millones de individuos totalmente opuestos a su gobierno. Esto quiere decir por tanto que, en el plano astral, el órgano más elevado de un gobierno –en numerosos casos es el consejo de ministros- es el foco de una agitación astral casi inimaginable.

 

Suponga que el consejo de ministros de un país cualquiera tome una decisión que implica a todo el pueblo. Desde el punto de vista astral, de todo el pueblo emana en ese momento hacia ese foco corrientes de fuerza, un torbellino ardiente de fuego astral. Un consejo de ministros es siempre, por tanto, el centro de una intensa agitación astral. Toda oposición de orden mental o psíquica converge hacia este centro en cierta medida como una fuerza flamígera.

Si además, usted tiene en cuenta que numerosos pueblos han formado una comunidad de intereses, y que en tal comunidad de intereses algunos dan las directrices, comprenderá que, en nuestro mundo hay, por lo tanto, poderosos volcanes de fuerza astral en actividad. Así una agitación astral se difunde a través de los diferentes gobiernos sobre toda la humanidad.

A la vista de esto usted verá que, en un mundo como el nuestro, toda agitación expresada en los diarios, periódicos, por la radio y la literatura en general, no es más que un pálido reflejo de la agitación astral central.

Igualmente comprenderá que prohibiciones eventuales, por ejemplo concernientes a los derechos del hombre, no tienen ningún sentido. El gobierno central de un pueblo es tocado por las oposiciones astrales. Todas las consecuencias astrales de cada oposición mental o emocional vana parar sin excepción al centro del gobierno. Formar parte de un gobierno es, por tanto hoy, una posición lejos de ser envidiable.

En un foco así no está solamente la naturaleza astral personal de los ministros. No se equivoque y no piense: “Los ministros pertenecen a tal o cual partido, de manera que ellos expresan exclusivamente su carácter personal o el de su partido en provecho o a expensas del pueblo”. ¡Error!. En el centro de un gobierno se expresa totalmente la psique del pueblo entero. Así, es ineluctable, cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Las leyes astrales de la naturaleza lo garantizan.

El foco astral de un gobierno es por tanto, en más de un sentido, absolutamente representativo del pueblo. Lo que llamamos hoy la representación del pueblo demuestra a menudo aspectos débiles y conduce a decisiones que ponen en situaciones delicadas a loa representantes del pueblo, de tal manera que se dice: “¡No las toman a sabiendas!”.

Aparte de esto hay, por tanto, una representación astral del pueblo. A través de los siglos, el foco astral de un gobierno ha sido siempre, sin excepción, representativo del pueblo. Usted comprenderá que semejante foco astral, del campo astral que le rodea, valores, fuerzas y radiaciones conformes a sí mismo.

Este foco del gobierno que representa al pueblo en sentido astral es electromagnético y atrae radiaciones y fuerzas del macrocosmos solar. Todas estas fuerzas se unen inmediatamente a todo el pueblo por este foco. Esta unión se establece al segundo y se mantiene día y noche. Está por lo tanto prácticamente demostrado que cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

La mayoría de los hombres encontrarán que esto es un pobre consuelo, que aún deja mucho que desear, no cerrará la herida sangrante de nuestra sociedad de hombres nacidos de la naturaleza de la muerte. ¡Evidentemente no!. Aquí solamente se trata de exponer una realidad a la que es imposible escapar.

¿Por qué hacemos esto?. La respuesta es evidente: hacerle cambiar totalmente de punto de vista en lo que concierne al mundo y a la humanidad. El hombre hace él mismo su vida. ¿No hay entonces ninguna posibilidad de servir al mundo y a la humanidad?.

Piense en el capítulo 30 del Tao Te King. Se describe en él a un personaje que no dice nada, que no propaga ninguna enseñanza. Es solamente el maestro silencioso. Según su realidad de ser, atrae fuerzas del Tao eterno y las derrama sobre su auditorio. Tal actitud puede ser muy eficaz si el auditorio está en concordancia, si el oyente se une a ello y se abre a ello. Este orador silencioso tendría sin embargo poca fuerza en nuestros días.

 

Existen diversos medios que han empleado los trabajadores de todos los tiempos, y que fueron puestos en práctica por escuelas espirituales sucesivas y todavía lo son en nuestros días.

 

Piense, por ejemplo, en los cantos que cantamos a coro. ¿Por qué cantamos en nuestras reuniones?. No porque cantar sea edificante, sino porque, gracias al canto en común, nos ponemos mutuamente en armonía por la respiración. Al cantar juntos nuestros pensamientos están orientados hacia el texto, y esto crea un ritmo de conjunto.

 

Decimos entonces, en la terminología gnóstica, que una armonía tiene lugar con el sexto rayo. Una cierta fuerza afluye infaliblemente hacia el grupo y en él. Y si los miembros del grupo están más o menos abierto a ella, el resultado se hará sentir con fuerza en este grupo. Es por tanto un medio de ayudar a un hombre o a un grupo de hombres.

Si alguien quiere intentar este medio a la luz de la salvación gnóstica, debe comenzar por sí mismo. Porque el hombre hace su vida él mismo. Lo que usted es, usted lo ha atraído. Usted hace totalmente su vida por sí mismo. Y es por lo que el hombre que comprende esto debe poner su ser en una armonía completa con las exigencias del camino. Además, deberá comenzar por rechazar absolutamente el emitir pensamientos y sentimientos de crítica y de oposición. Tanto en particular como en general, el hombre, el grupo, debe comenzar por evitar absolutamente toda crítica.

¿Por qué?. ¿Por consideraciones éticas?. ¿Por qué la crítica es a veces tan ruin, tan ofensiva?. No, lector, porque cada pensamiento o actividad emocional crítica despierta una radiación astral que está en concordancia.

 

Cuando un hombre, sobre la base de su estado astral, actúa de una manera incorrecta y usted atrae una vez más sobre este hombre el mismo estado astral con todas sus consecuencias. Esto no puede fallar. Y a menudo usted recibe igualmente un picotazo. Esto conduce a emplear armas. Por sus pensamientos y sus sentimientos de crítica los hombres se exponen por tanto a perpetuos asaltos.

Por la violencia de las armas, nada esencial, nada bueno puede desarrollarse. ¡Compréndalo bien!. Usted no puede ayudar al hombre y al mundo, al pueblo y a la humanidad más que en Tao. Los que quieren en Tao, ayudar al gobierno de un cierto grupo de hombres no someten al reino por la violencia de las armas.

La crítica es un arma funesta. Es por lo que el Sermón de la Montaña dice: “No juzgue, con el fin de no ser juzgado”. Mire a los jóvenes. Cuando llega la pubertad, por lo tanto tan pronto cono el cuerpo astral comienza a formarse y llega a ser activo, se desencadena un volcán de críticas que vierten al exterior todo lo que contiene.

Por ello vemos a la mayoría de los jóvenes cambiar de carácter y de estado de ser en la pubertad. Entonces están bajo la influencia de las tempestades astrales que les arrastran a veces allí donde, en realidad ellos no habrían querido ir.

Así se abaten la miseria y el dolor sobre el ser humano. El hombre hace él mismo su vida. Es evidente que es necesario que sepa todo esto y que lo comprenda claramente: no someta al reino por la violencia de las armas. Y la crítica, lo repetimos, es un arma funesta.

“La ayuda en Tao”. ¿Qué significa esto?. Esto concierne a un comportamiento tan bello, una practica de vida gnóstica mágica tan poderosa que hay que esforzarse para adquirir algo de comprensión sobre ello.

En primer lugar, decimos que está excluido el poder ayudar a un hombre o a un pueblo por la violencia de las armas. Desencadenando sobre un pueblo o un hombre un torrente de críticas, se daña a este hombre, a este pueblo. Es inevitable y todo va mal. Además, lo que se le hace a los demás se vuelve contra nosotros de la misma manera: “Todos los que tomen la espada, perecerán por la espada” (Mateo, 26,52).

 

Rodear de críticas a la Escuela Espiritual y a sus trabajadores es la antigua arma que sus adversarios han usado contra ella a lo largo de los siglos.

 

Si se hace esto cada día aunque sólo sean cinco minutos, una multitud de dificultades se abaten sobre la Escuela. A menos que la fuerza fundamental de esta Escuela esté muy por encima de ello y se mantenga en el camino de Tao. Existen numerosas clases de armas astrales que la humanidad maneja a cada segundo, sin saberlo, forman el arsenal más terrible que haya.

Hay quienes son antimilitaristas y que sacan de ello las consecuencias fundamentales en su vida. Sin embargo, por su práctica continua de la crítica, son tan hirientes, tan perjudiciales en su manera de actuar que el hombre primitivo que manejaba la cachiporra estaría orgulloso de ello.

 

¿Piensan que sirven realmente de esa manera a un gobierno, a un pueblo, a un hombre?. Reconozca que toda la humanidad, por el hecho de las tempestades astrales que desencadena por su comportamiento cotidiano habitual, mantienen un estado de guerra perpetuo.

Escuche bien lo que dice Lao Tsé: Por todas partes donde reinan los ejércitos, crecen las espinas y los cardos. Períodos de desastre siguen a las grandes guerras. Es el hombre mismo quien las provoca: el hombre hace él mismo su vida. La humanidad, por su comportamiento funesto habitual mantiene de esta manera la naturaleza de la muerte.

Para todos los alumnos de una Escuela Espiritual Gnóstica, para todos aquellos que confiesan este aprendizaje, es absolutamente necesario por tanto un nuevo comportamiento si el curso de las cosas en el mundo y la humanidad les conmueven.

El hombre verdaderamente bueno golpea una sola vez con éxito, después cesa.

El verdadero espíritu, el hombre verdaderamente bueno no interviene más que una vez con fuerza. Después cesa, porque la violencia no es su método, dice nuestro texto. Usted notará quizás que este propósito de Lao Tsé encierra un secreto: una única intervención eventual podría ser considerada como verdaderamente compasiva y salvadora para la humanidad.

I

Intentaremos penetrar este secreto en el capítulo siguiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  30-III

 

EN LA CIMA DE SU FUERZA, LOS HOMBRES Y LAS COSAS

DECLINAN

 

 

 

Repitamos una cita del capítulo 30 del Tao Te King:

El hombre verdaderamente bueno da un solo golpe con fruto, después cesa.

Imagine el estado astral de un gobierno cualquiera del mundo, y piense en todo lo que hemos dicho ya sobre este asunto. Verá entonces, por encima y alrededor de este lastimoso foco, torbellinos de naturaleza astral muy desiguales. Es como una concentración de nubes negras atravesada de relámpagos rojos y amarillos muy vivos, donde se manifiesta la naturaleza mental y sentimental de todo un pueblo.

Es evidente que esta concentración astral es fuertemente magnética y que por este hecho se establecen numerosas uniones con los influjos y las fuerzas presentes en el campo astral que rodea la tierra. Esta concentración astral atrae, por lo tanto, llama lo que es semejante a ella. Y vemos así que cada pueblo, a través de su gobierno, recibe lo que él mismo evoca y merece.

 

Es imposible cambiarlo, sea lo que sea.

Como este estado astral y esta actividad astral se verifican para cada pueblo, ni que decir tiene que toda la naturaleza de la muerte es mantenida de esta manera. Y puesto que una parada en el desarrollo de la vida humana está excluido, toda la humanidad se precipita hacia una crisis fundamental, fase final donde las actividades del fuego astral serán tales que se puede hablar de una destrucción por el fuego astral. ¡Fin deplorable!. Así van y vienen las cosas de la vida, y no es posible suscitar ningún cambio, a menos que la humanidad cambie totalmente de comportamiento.

Vea ahora cómo el hombre verdaderamente bueno, el hombre soberanamente sabio, se esfuerza por extraer de nuevo de esta triste realidad una cosecha de almas e interviene en este sentido, con el fin de colocar estas almas sobre la curva de la evolución y de la salvación par conducirlas más lejos.

El hombre verdaderamente bueno, dice Lao Tsé, interviene una sola vez con fuerza. Esto significa que la comunidad de los hombres buenos, o aquellos de esta comunidad que ella haya designado para ello, envían al centro astral, al foco astral de un pueblo, la fuerza astral de Tao, la fuerza luz del único bien.

Es esencialmente una fuerza-luz que difiere totalmente de las concentraciones astrales que le hemos descrito. Se trata no solamente de una diferencia de naturaleza, sino también de vibración y de fuerza. Por ello, el contacto del foco astral del pueblo con las fuerzas-luz del único bien y lo que éstas atraen del universo que nos rodea, será enormemente explosivo. Se puede hablar aquí, por lo tanto, de “violencia” en un sentido muy particular.

Sin embargo, es una violencia que es empleada una vez solamente, y esta única vez es más que suficiente. Preste atención a lo que sigue ahora. Las concentraciones astrales de los pueblos son disgregadas por estas proyecciones de fuerza-luz y pulverizadas por todos los lados, y cada individuo es de esta manera devuelto a sí mismo.

 

Cada hombre sufre por tanto, no solamente la reacción de su propio karma y del de su pueblo, sino que simultáneamente es confrontado, directa y corporalmente, a la fuerza-luz de la vida universal.

Ningún mortal escapará a este proceso.

 

He aquí lo que se entiende, en el lenguaje sagrado del Apocalipsis, por el “retorno del Cristo” y por el único juicio, el juicio final. Cuando un período se ha realizado, la fuerza-luz hace irrupción y restablece el equilibrio perturbado del macrocosmos solar.

 

La ilusión que velaba la realidad es disipada y en medio de este desconcierto, las radiaciones astrales de elevación y de salvación pueden tocar a cada uno. Una posibilidad se ofrece libremente a todos. Es entonces cuando se muestrean aquellos que poseen suficiente apertura para recibir la fuerza-luz del único bien y vivir de ella. La cosecha es así reunida. En cada período de la humanidad se produce una crisis final de este tipo donde tiene lugar decantación y separación.

Antes de que semejante fuego del juicio se manifieste, innumerables entidades están hasta tal punto sumergidas por la maldición astral de su pueblo que sus posibilidades eventuales de elevación son aniquiladas. Sin embargo, gracias a esta única intervención del único bien, se les hace eventualmente justicia.

 

De esta manera, la intervención del único bien siempre tiene éxito a la perfección. Cuando las nubes astrales se han concentrado hasta tal punto que comienza la fase final, el único bien se manifiesta con el fin de poner a todos los que vayan sobre “el camino de los caminos”, según la expresión de Lao Tsé.

Pero, al mismo tiempo, comprenda lo trágico de esta ineluctable intervención. Lo que es trágico es que la humanidad deje las cosas llegar hasta ese punto. He aquí por que se dice del sabio:

Él da un solo golpe justo, pero no se envanece de ello. Él da un sólo golpe justo, pero no se envanece de ello.

 

Él da un solo golpe justo, pero no se enorgullece de ello. Él da un solo golpe justo, pero únicamente porque no puede hacer otra cosa. Él da un sólo golpe justo, pero no quiere parecer ni fuerte ni poderoso.

Una vez más la humanidad ha entrado en el período de Hog y Magog. Por ello es posible prever cómo evolucionará la situación para la masa. Lao Tsé dice para terminar:

En la cima de su fuerza, los hombres y las cosas declinan. Eso significa que no son semejantes a Tao. Y lo que no es semejante a Tao tiene rápidamente fin.

Así puede usted imaginar que, de vez en cuando, diversos peligros amenazan también a la Escuela Espiritual, puesto que ella y sus alumnos, reunidos en el Cuerpo Vivo, ocupan un lugar excepcional en medio de los pueblos y del movimiento incesante de la humanidad. Es en un sentido completamente real que los que forman parte de una Escuela Espiritual, de un Cuerpo Vivo, están muy en el mundo sin ser de este mundo.

 

Una Escuela Espiritual debe, por lo tanto, mantenerse fuera de la agitación de los pueblos. En la Escuela Espiritual, en el grupo, en el Cuerpo Vivo, deben ser de rigor unas condiciones astrales excepcionales.

Comprenderá que esto comporta una dificultad. Pues cada alumno debe, por una parte, ejecutar su tarea, su deber en el mundo y, por otra parte, es llamado a no ser de este mundo. Cada alumno que conscientemente ha escogido la gnosis y esta firmemente decidido a recorrer el camino, debe armonizarse plenamente al campo astral de la Escuela y rechazar categóricamente toda concesión en el plano astral a la naturaleza de la muerte. Usted comprenderá que si nos expresamos de esta manera, es porque pueden desarrollarse problemas y peligros para toda la Escuela y su Cuerpo Vivo. Suponga que una gran parte del grupo se armoniza con la naturaleza de la muerte.

 

Es evidente que, por este hecho, todo el grupo, todo el Cuerpo Vivo estaría influenciado por las actuaciones ordinarias de la masa y correría el riesgo de pasar completamente bajo el control del campo astral de ésta. De esta manera la Escuela Espiritual podría se definitivamente apartada. Su nombre no correspondería ya a su realidad.

 

 

Cuando un Cuerpo Vivo corre el riesgo de ser aspirado por la corriente astral de la naturaleza de la muerte, se realiza lo que expresa el final del capítulo 30 del Tao Té King:

En la cima de su fuerza, los hombres y las cosas declinan. Esto significa que no son semejantes a Tao. Y lo que no es semejante a Tao, tiene fin rápidamente.

Así vemos de vez en cuando, cómo ciertos movimientos en el mundo culminan, declinan y después se hunden. No han prestado atención suficientemente a los peligros citados previamente. Cuando nos dejamos llevar por el perezoso movimiento de ka cosa ordinarias todo va mal, todo está perdido. Preste atención a esto, por ejemplo por su vida familiar.

Es evidente que, en un Escuela como la nuestra es necesario que, de vez en cuando, la dirección de la Escuela, el centro, intervenga de la manera esbozada antes con el fin de purificar el centro astral de la Escuela de eventuales manchas y de eliminar los peligros. Por lo tanto es necesario que de vez en cuando, se intervenga con fuerza para a continuación volver inmediatamente al movimiento habitual del Cuerpo vivo.

Piense en la imagen clásica de la barca celeste de los antiguos Egipcios. Una barca celeste debe poder navegar. ¿Hacia dónde?. Hacia la meta que muestra la Gnosis. Debe estar perfectamente en concordancia con el océano del Agua Viva para poder navegar en él. Y ninguna influencia astral de la naturaleza de la muerte podría ser tolerada porque actuaría como un ancla que retiene la barca en su impulso.

Por lo tanto, cuando de vez en cuando, se interviene con la intención de una purificación, es solamente para que la braca celeste guarde el justo rumbo y para poner al Cuerpo Vivo, a la Escuela sobre “la vía de las vías”, en Tao. De esta manera, el Cuerpo Vivo de la Escuela deviene y es, un lugar protector de calidad y de valor para todos aquellos que lo desean verdaderamente. Mientras que esto nos sea permitido, haremos avanzar nuestra barca celeste sobre la vía de las vías. Y esperamos mucho su cooperación para todos.

 

Y nos dirigimos ahora principalmente a los que colaboran en el santo trabajo y en particular pedimos al corazón del grupo que vele muy escrupulosamente por el comportamiento y los hábitos de todos, precisamente ahora que la crisis se este período de la humanidad ha comenzado.

El nuevo comportamiento es la exigencia absoluta, la exigencia para todos, en el nombre de todos. Nuestra esperanza y nuestra plegaria es que lo comprenda, y si usted interviene con el fin de protección y si nos previene de los peligros que amenazan, eso no será entonces en absoluto una forma de crítica tal y como la hemos denunciado anteriormente.

Las mejores armas son instrumentos de desgracia. Todos las desdeñan. Quien posee a Tao no se preocupa por tanto de ello.

En la morada del sabio el sitio de honor es el de la izquierda. Quien utiliza soldados honra el lugar de la derecha.

Las armas son instrumentos de desgracia, no los instrumentos del sabio.

Él las emplea exclusivamente si no puede hacer otra cosa. La calma y la paz son para él superiores.

Si es vencedor, no se regocija de ello, porque regocijarse de ello es amar matar hombres.

Y quien ama la muerte no alcanza nunca su meta en el buen gobierno de su reino.

En todo lo que procura la felicidad, el lugar de la izquierda es el más alto. En todo lo que procura la desgracia, es el lugar de la derecha el más alto.

El subordinado toma el lugar de la izquierda, el jefe el lugar de la derecha.

 

Es decir, que se les coloca siguiendo el rito de las ceremonias fúnebres.

 

Quien ha matado a una gran multitud de hombres debe ponerse de luto y llorar sobre ellos.

 

Quien ha ganado una batalla debe ser colocado como en una ceremonia fúnebre.

 

 

 

 

 

Tao Te King, capítulo 31

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  31-I

 

LAS MEJORES ARMAS SON INSTRUMENTOS DE DESGRACIA

 

 

El capítulo 31 del Tao Te King presenta fundamentalmente ningún misterio para nadie.

Es evidente y muy explícito. La única cosa destacada es que, ya desde hace miles de años, una enseñanza tan positiva y perfectamente antimilitarista haya sido difundida por Lao Tsé sobre la base de Tao, enseñanza marcada por un realismo típico, un realismo que sin duda dará qué pensar.

 

Se deduce de ello cuánto se ha hundido profundamente la humanidad en el curso de los miles de años transcurridos desde la época de Lao Tsé y, hasta qué punto los hábitos hacen tomar el camino que desciende cada vez más bajo. Lo que en el tiempo de Lao Tsé no estaba admitido más que en casos de extrema necesidad, se ha convertido en habitual en nuestros días y considerado como evidente e inevitable.

Por lo tanto hay una diferencia casi inconmensurable entre el nivel de civilización interior de entonces y el de hoy. Y nada es más apropiado para desenmascarar la ilusión de civilización actual que una clara reflexión sobre este capítulo.

Las mejores armas son instrumentos de desgracia. Todos las desdeñan. Quien posee a Tao no se preocupa por tanto de ellas.

Se dice de una manera tan directa y tan evidente que Lao Tsé no siente necesidad de insistir más. En nuestro tiempo este asunto sería objeto de grandes discusiones por parte de hombres extremadamente serios. Llevar el uniforme al servicio de la patria, del pueblo y del estado está considerado como una profesión honorable.

 

Existen escuelas militares donde es necesaria una sólida cultura general para ser admitidos. Es una disciplina hacia la que se sienten atraídos numerosos jóvenes muy distinguidos y enormemente civilizados.

 

En nuestro tiempo se les llama héroes a aquellos que son los autores de actos de armas, de actos de guerra notables. Son honrados y glorificados. Sin embargo es cierto que no tienen ni más ni menos derecho a la gloria y al honor que el resto de sus compatriotas.

Este problema debe ser visto en su totalidad como un fenómeno mundial, como el rasgo característico de la humanidad actual. Toda la economía mundial en nuestros días, depende estrechamente de la industria del armamento.

 

Y estos industriales son a menudo ciudadanos eminentes, no solamente en lo que concierne a la economía y a la riqueza, sino también desde el punto de vista moral. Vemos un ejemplo evidente de ello en la persona de Nobel, el rey del cañón, el inventor de la dinamita que constituyó una fundación al servicio de la ciencia.

Y muchas personalidades eminentes han sido honradas por haber recibido el premio Nobel, y aún lo son. Pues bien, en medio de todos estos fenómenos sociales aceptados por todos y considerados como honorables, resuenen las palabras de Lao Tsé, que no son modernas sino que se remontan a miles de años:

 

Las mejores armas son instrumentos de desgracia. Todos las desdeñan. Quien posee a Tao no se preocupa por lo tanto de ello.

Por consiguiente, hubo un tiempo en que, de una manera o de otra, todos los que buscaban el Espíritu, verdaderamente todos, desdeñaban las armas. Y en que aquellos que poseían realmente a Tao se desinteresaban absolutamente de ello. ¿No sabemos sacar de este hecho algunas conclusiones?.

 

Tenemos actualmente en nuestro mundo las mejores armas, tan buenas y tan perfeccionadas que no han podido ser concebidas más que por los “grandes cerebros” de la ciencia. Son capaces, en algunos segundos, de aniquilar a toda la humanidad. De este modo, la idea de que las armas son instrumentos de desgracia comienza a penetrar en numerosos estratos de la población mundial.

Sin embargo, es en sentido inverso, pues esta conciencia no se ha desarrollado a causa de Tao, sino en razón a una angustia inmensa, mientras que antiguamente se menospreciaba a las armas por motivos puramente éticos. ¿Observa la diferencia?. ¿Ve cómo se descubre aquí la dialéctica?. Ella siempre lo hace así, pero ahora la angustia ha aparecido, una inmensa angustia. Pues estas armas tan peligrosas están igualmente repartidas. Si eso no fuera así, la angustia no sería tan grande en occidente.

Las armas están repartidas entre dos bloques adversos. Esto no era así en otro tiempo en que un grupo estaba bien armado y los demás en absoluto o casi nada. Y el grupo que poseía las armas no tenía razón para tener miedo. Las cosas son ahora totalmente diferentes.

Queremos hacerle comprender claramente que las protestas contra las armas atómicas no han nacido ciertamente de motivos taoístas, de directrices taoístas, sino de los hechos, de las consecuencias del declive que amenaza a grandes pasos. En el curso de los cincuenta últimos años, el último pequeño resto de moral original positiva ha desaparecido de la humanidad.

 

De este modo la bondad ordinaria ha tomado su lugar, la bondad ordinaria que ya no tiene ningún contenido, una civilización que no es más que un barniz. Y los que poseen a Tao no se preocupan de ello.

¿Qué es Tao?. Es el termino bajo el que se reagrupa todo lo que es real en la personalidad humana, todo lo que es eterno. Es el alma en crecimiento, que debe comenzar por despertarse, por lo tanto devenir viva, unirse al Espíritu, al Padre, a Dios y así llegar a ser Poimandrés.

¿Pero, quién puede, en nuestro tiempo, darse el lujo de tener un alma?. ¿Y además, prestar oídos a una influencia tan asocial?. ¡Cuán ridículo, asocial, irreal!. Por ello existe una apariencia de alma, bien estudiada, mantenida algunas horas por día. Por ello se charla sobre la Gnosis, naturalmente. Pero, ¿practicar Tao?. ¡Que idea!.

La vida actual es absolutamente anti-gnóstica. Es imposible mantener su papel en la vida moderna ocupar una cierta posición y servir al mismo tiempo a la Gnosis. ¡Está excluido!.

¿Está la humanidad bajo la influencia del mal de manera tan refinada?. La humanidad está amenazada por el mal más espantoso que haya, la ignorancia, la humanidad se pierde falta de conocimiento. El hombre no posee ya ninguna conciencia del fin para el que ha nacido. De este modo, el instrumento de la personalidad humana se ha desviado. Y la única realidad que se puede aún aprehender es la angustia.

Porque la humanidad ha llegado al límite y, la única cosa que aún permanece es la angustia, una angustia sin medida. La angustia mina la fe. En otro tiempo, una autoridad militar era un estratega. Un solo hombre dirigía a un grandísimo ejército y por tanto este hombre imponía respeto.

 

Es estratega aparecía como un hombre esforzado, con pensamientos brillantes, lleno de urbanidad, de compañía agradable, llevando un bello uniforme sobre un cuerpo delgado y esbelto, se comportaba totalmente en conformidad con las leyes de su país.

Ahora es completamente diferente. Hay una bomba atómica en alguna parte, y un botón. Hay un misil con otro botón. Y hay otra bomba atómica, otro misil y también otro botón. Y esto en el este y en el oeste. Y todos saben que si uno aprieta un botón, el otro hará lo mismo.

 

 

 

Y en algunos segundos no es solamente una división de un ejército o todo un ejército lo que será aniquilado, sino al mismo tiempo todos estos hombres esforzados, con ideas brillantes, de una urbanidad deslumbrante, llevando un bello uniforme sobre su cuerpo delgado y esbelto.

Todo puede ser aniquilado en algunos segundos. He aquí la situación actual. Ya no hay estrategia. La compañía en la que la estratega brilla eventualmente en sus horas libres será también aniquilada. Toda la humanidad está al borde del suicidio, en el máximo extremo del abismo.

 

Por eso no queda más que la angustia. Y se intenta, en esta crítica situación, deshacerse de la angustia con oleadas de palabras, por lo absurdo, y todos participan de ello. La ilusión de poder conquistarlo todo, vencer todo por la violencia de las armas, esta ilusión es reducida a nada porque amigo y enemigo tienen el dedo sobre el botón.

Pero hay una nueva ilusión en la hora presente, la de partir a la conquista del universo. La sociedad actual se encarama en este otro asunto y todo el mundo se postra ante esta idea. Pero de nuevo también hay aquí dos rivales.

 

Cada uno quiere sobrepasar al otro. Uno se lanza hacia las nubes para volver a caer mejor en tierra, y el arte consiste en quedar con vida para ser recibido por el presidente de su país. El otro se lanza lo mismo hacia las nubes, gira alrededor de la tierra con el fin de ser igualmente recibido por su presidente.

A estos hombres se les llama astronautas. Es la ciencia de la ilusión, ilusión experimentada tanto más intensamente cuanto que se conoce, aunque sea poco, el fin grandioso de la humanidad.

Es una ilusión tan profundamente anclada que no describiremos todos estos fenómenos tan bien conocidos, tomando parte en pro o en contra, con antipatía o simpatía, sino que mostraremos la mayor compasión por la caída vertiginosa de millones de hombres en esta mascarada. ¡Qué caída cada vez más profunda!.

Por ello usted comprenderá quizás por primera vez en su vida lo que es una Escuela Espiritual Gnóstica, lo que tal Escuela quería ser: un enclave en medio del espanto. Pero un enclave donde uno se distancie plenamente de esta sociedad en fermentación que se pudre y descompone por sí misma, un enclave donde únicamente uno podría encontrarse, digámoslo una vez más, gracias a un comportamiento totalmente nuevo.

¿Sabe que los que guían nuestro destino se ocupan activamente de preparar a la humanidad para su fin?. Esta preparación tiene lugar desde hace mucho tiempo de dos maneras. Hay una preparación para la Gnosis, para la salvación, para la liberación, como usted sabe y lo indican los escritos sagrados, a condición de que los que son invitados a ello, los que escuchan, quieran ajustarse a nuevas reglas de vida positivas. Y también hay otra cosa que se prepara, esto en el final.

Si el mundo entero desapareciese pronto y toda la tierra se convirtiese en un desierto, la de exceptuar a una pequeña parte de la humanidad para poder, a su debido tiempo, en el curso de millones de años, repoblar la tierra gracias a aquellos que se hubieran quedado atrás. Por lo tanto es un preparación que concierne a una pequeñísima parte de la humanidad, la cual debería servir de núcleo para un futuro repoblamiento de la tierra, en condiciones totalmente nuevas, a lo largo de millones de años.

Por lo tanto hay tres certezas. En primer lugar el aniquilamiento total; en segundo lugar, el salvamento de los que siguen el camino de la liberación; en tercer lugar, la pertenencia al grupo de los que se quedan atrás, en alguna parte, en un rincón perdido del mundo y viviendo en condiciones completamente nuevas.

Estos preparativos deben tener lugar, porque el mundo se va a convertir pronto en un desierto.

 

Y para demostrarle que no hacemos aquí suposiciones fantasiosas, representarle cuan ineluctable es este final y decirle claramente: “Usted tiene la elección, incluso ahora”, le comunicamos una información sobre la isla Niou. Diarios australianos nos han dado últimamente** una noticia sensacional procedente del profesor Ernest Marsden, el cual ha ido a parar por azar en el único laboratorio natural de radiación del mundo.

 

A lo largo del último invierno, un grupo de biólogos y de botánicos neocelandeses intentó cultivar plantas en la isla de Niou. Como las especies de hortalizas desconocidas hasta entonces es la isla no querían crecer, aunque la vegetación indígena fuera allí particularmente exuberante, en febrero de 1.961 se envió una muestra del suelo a la universidad de Wellington, con el fin de que el profesor Marsden, muy conocido, y uno de los más reputados investigadores atomistas ingleses y alumno de física nuclear Lord Rutherford, también muy reputado, tomó cartas en el asunto.

La primera sorpresa fue que el contador Geiger, el aparato registrador de radiaciones, se desbocó cuando fue colocado cerca de la tierra de Niou. Sin duda, esta tierra era radiactiva en sumo grado.

 

Al enterarse de la noticia, el profesor hizo sus maletas y, con un equipo de investigadores, se embarcó para Niou. En esta isla encontró hombres grandes y soberbios, casi gigantes, que gozaban de la mejor salud y estaban exentos, de manera misteriosa, de las enfermedades que atacaban a los habitantes de los mares australes, como la lepra, los tumores tropicales y la tuberculosis.

 

Los cinco mil habitantes de la isla, tanto los hombres como las mujeres, miden casi dos metros; tienen una robusta constitución y una inteligencia sorprendente; poseen una gran capacidad de trabajo y un humor asombrosamente bueno. Todo esto aún cuando sus huesos y sus dientes demuestran una radioactividad diez veces superior a la normal. El aire, el sol y el mar alrededor de la isla acusan una tasa de radiación veinte veces superior a la normal.

No se ha encontrado hasta ahora ninguna explicación satisfactoria a esta radioactividad anormalmente elevada, y el profesor Marsden ha emitido la hipótesis de que un volcán aún desconocido en las profundidades del mar sería responsable de ello. Esta suposición es sin embargo puramente teórica.

No menos importante es la cuestión de saber cómo pueden los habitantes de esta isla soportar la influencia mortal de su cercamiento, y cómo han podido desarrollar su inmunidad.

 

Sobre este asunto tampoco ha podido ser encontrada ninguna respuesta satisfactoria, pues los habitantes de Niou no entierran a sus muertos más que desde hace una centena de años. Antes los fallecidos eran puestos en barcas sobre el mar, y los huesos de las tumbas muestran ya una fuerte concentración radioactiva.

En un punto solamente se deja notar la influencia de las radiaciones que existen desde hace al menos cien años, y es en que la tasa de esterilidad es elevada entre la mujeres. Algunas investigaciones han mostrado que una mujer sobre cuatro era estéril y que un niño sobre diez nace muerto.

Parece, sin embargo, que en el curso de los veinte últimos años una mejora ha sobrevenido1 porque casi la mitad de los habitantes de la isla tiene menos de quince años.

Durante toda esta investigación, los sabios no olvidaron un solo instante que, para ellos, la permanencia en Niou representaba un peligro de muerte puesto que ellos no estaban inmunizados contra las radiaciones radioactivas como los habitantes desde varias generaciones y que sus posibilidades de protegerse eran muy escasas.

 

 

 

Una comida rica en calcio que le diera a su cuerpo alguna resistencia les era enviada continuamente de Nueva Zelanda y sus habitaciones estaban aisladas y protegidas tanto como era posible de la radioactividad por aparatos especiales.

 

El profesor habla de esta isla con un optimismo melancólico como de la nueva cuna de la humanidad y piensa que los habitantes de la isla serían los únicos en poder sobrevivir a una guerra atómica.

Esta noticia ilustra el hecho de que fuerzas previsoras, que aman a la humanidad como quiera que sea, se ocupan de encontrar un medio de salvaguardarla a pesar de todo.

¿No sería interesante que usted aceptara positivamente la invitación de la Escuela Espiritual y que renaciera muy concretamente.

A ustedes les toca responder por sus actos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO   31-II

 

EL ENVENENAMIENTO DEL CAMPO DE VIDA HUMANO

 

 

 

La lucha contra el empleo de las armas alcanzó un último punto culminante al comienzo de nuestro siglo. Esta lucha, en el sentido de un cierto humanitarismo y que se reanimaba periódicamente se inflamó por última vez. Desde entonces no dejó de debilitarse y las dos guerras mundiales la apagaron casi por completo.

Pero al mismo tiempo, otra llama se elevaba muy rápidamente. Se trata de un aspecto de la cuestión mucho más funesto y espantoso. Muchos jóvenes en nuestra época han adoptado la idea de que ya no hay lugar para una vida noble y digna. Ellos expresan por su comportamiento desbocado lo que han aprendido, visto, oído y sufrido. El mundo se vuelto un mundo de desorden, un mundo de asesinato y vergüenza. Y la policía mantiene una guerra continua contra ese cáncer.

La situación se ha vuelto tan grave que sólo una pequeña parte de los horrores cometidos llega a la prensa. Esta decadencia rápida y enloquecida es la consecuencia directa de los instrumentos de desdicha que nuestra sociedad fabrica conscientemente para preservar la paz.

 

Comprendan ustedes que no tenemos la menor intención de tratar este asunto en un plano político, No más que en tiempos de Lao Tsé. Por eso queremos considerar esta sangrante herida de la humanidad exclusivamente en su aspecto psicológico y a modo de ejemplo.

Supongan que se hayan ustedes empleados en una fábrica de cañones, en la industria de armamentos, tan corriente en nuestra época. En los despachos se sientan los ingenieros y los numerosos diseñadores que trazan con precisión y hasta en los mínimos detalles los planos de los monstruos de fuego. Gracias a su formación científica, calculan los efectos, el radio de acción probable, las mínimas particularidades y las diversas capacidades exigidas a las bocas de fuego.

Estos técnicos terminan pues por hacerse una representación mental elaborada. Tan pronto como terminan su trabajo, el producto del mismo es sometido a sus superiores que se ponen a estudiar, calcular, verificar, examinar y pasar por la criba todas las características y rendimientos del ingenio, todo esto sobre la base de la misma representación mental.

Pero ustedes saben lo que pasa con tal red de pensamientos: crece cada vez más y ese monstruo mental, vivo, lleno de vitalidad, se hace enorme y muy dinámico, adquiere un poderoso radio de acción, mantenido y vivificado por el doble equipo de cuadros superiores. Nada es dejado al azar ya que grandes intereses económicos están en juego. Cuando el arma alcanza el estado de producción, hay que concebir y fabricar máquinas especiales, transformar fábricas enteras, formar personal, y todo esto cuesta millones.

Por esta razón ningún error puede manchar tal proyecto. Comprenden ustedes que esta representación mental alcanza entonces un summun de vitalidad y extiende en torno a ella una gran pestilencia. Porque ese monstruo, inevitablemente, está en todo momento golpeando, devastando, haciendo la guerra y en consecuencia mancillando el campo de respiración de la humanidad.

¿Y creen ustedes que los que han creado y vivificado esa imagen mental la abandonan y la olvidan tras su jornada de trabajo? Si creen eso, no conocen ustedes a los cuadros superiores. En cierta medida están psíquicamente enfermos. Ya no pueden liberarse del monstruo mental. Están en un estado de alienación mental, ratificado por la naturaleza y la sociedad; de hecho son pagados para eso. Ya que todo hombre está atado a sus propias representaciones mentales y permanece irrevocablemente encadenado a ellas.

Es entonces evidente que cuando uno de estos cuadros vuelve a su hogar tras el trabajo, incluso si no habla de ello, porque todo es muy secreto en tales industrias, contamina a toda su familia con lo que emana de él y le rodea.

 

De este modo los miembros de estas familias unidas a los equipos de cuadros participan en la extensión del monstruo. Y tal monstruo sobrepasa muy rápidamente la envergadura de las industrias. Se vuelve un eón. Ahora bien, sabemos que un eón puede envenenar a todo un pueblo.

Todavía les presentamos este asunto de una forma atenuada, porque en nuestro mundo no existe una sola fábrica de este tipo, sino toda una industria de guerra en la que innumerables equipos de ingenieros envenenan completamente a la humanidad por medio de una viviente realidad de humo, fuego y sangre.

¿Ven ustedes cómo la humanidad es víctima de la ignorancia, víctima de los cuadros, de los equipos científicos, que son tan sabios, pero que no conocen lo único necesario? Alrededor de ustedes, lo que ustedes son y ustedes hacen les rodea. Y precisamente lo que ustedes elaboran mentalmente con tanto vigor es muy vital, muy vivo.

 

¿Comprenden ustedes ahora porqué se dice en la Enseñanza Universal que cinco minutos de pensamientos incontrolados pueden anular el trabajo de muchos años? Cuanto más la actividad mental científica cotidiana de ciertos equipos.

Así pueden ustedes ver ahora con claridad qué calamidad se extiende sobre la humanidad, qué envenenamiento se ha desarrollado de este modo por ignorancia. ¿Comprenden ustedes que en este mar envenenado que envuelve a la humanidad todo vaya trastocado?

 

¿Y que se pueda llamar milagro al hecho de que exista todavía un grupo de hombres que no haya descendido todavía completamente por debajo de la normalidad? ¿No es normal en esta situación que la juventud se desvíe y muestre desde muy pronto rasgos que ya no son totalmente humanos?

Hay algo cómico en esta tragedia. Los cuadros dirigentes, que tienen en realidad la dirección de toda la humanidad, acuden en su tiempo libre hacia los pastores u otros guías espirituales para estudiar con ellos lo que habría que hacer para elevar el nivel de la juventud. ¡Pero ese plan superior ya se encuentra en la atmósfera que nos rodea!

 

Estos hombres hacen todo lo posible por volver inofensivo el veneno que ellos mismos han fabricado, la explosión que ellos mismos han desencadenado. ¿Perciben ustedes que justamente ese sentimiento erróneo, sin ninguna base racional, hace las cosas todavía peores?

 

¿Y qué ocurre con el trabajador manual, el hombre de la masa condenado a concretizar, a fabricar todo lo que ha sido pensado? Mentalmente todavía no ha caído tan bajo como los cuadros dirigentes. La corrupción de los valores, en este grupo, es menor que en el primero.

El trabajador manual, desde el punto de vista mental está todavía en vías de desarrollo. El es víctima o acabará volviéndose víctima. El lleva el karma del mundo sobre sus hombros fatigados y encorvados.

 

El es mucho más desgraciado que hace algunas decenas de años cuando la protección social era todavía muy imperfecta en numerosos países y cuando todavía no se le prestaba tanta atención. Todos esos hombres son víctimas -y no saben cuanto- de la maldición de la ignorancia, de la ignorancia de los dirigentes aplicada científicamente.

Esta es la imagen de la miseria actual en la que la humanidad se ha precipitado como en un pozo sin fondo. Sólo este aspecto del comportamiento humano que acabamos de describirles sería suficiente para precipitar  el suicidio de la humanidad.

 

 

Les volvemos a presentar las palabras de Lao Tsé, para su reflexión: «Las armas son instrumentos de desdicha»; no son los instrumentos del hombre noble. Este no se alegra de poseerlas porque «esto querría decir disfruta matando a los hombres».

 

Toda esa industria, todo lo que le es anejo y todo lo que comporta debería ser objeto de ceremonias fúnebres. La vida entera es una mascarada macabra.

La humanidad, aunque todavía viva, ya ha sido asesinada por la ignorancia de sus dirigentes. Es un muerto-viviente, un sepulcro, exteriormente todavía algo blanqueado, pero repleto de huesos. ¿Comprenden ustedes, que lo que en tiempos de Lao Tsé resonaba como una advertencia acerca del peligro de una caída más profunda, se ha vuelto hoy en día una triste realidad, una certeza absoluta?

Así pues, si desean ustedes sacar las consecuencias de las palabras de Lao Tsé, saquen las consecuencias del estado real de la humanidad actual. Reflexionen acerca de la posibilidad de escapar de una forma completamente nueva a esa muerte en vida y para ser útil a la humanidad ignorante en esta situación peligrosa.

No pueden ustedes contentarse con hablar de ello. No pueden ustedes contentarse con demostrarse mutuamente la evidencia de estos hechos; ya hay demasiados parloteos en este sentido. Innumerables obras, que podríamos apilar en montones de varios metros, están llenas de protestas contra la ciencia nuclear; una gran cantidad de escritos. Esto carece completamente de sentido.

 

            «Las mejores armas son instrumento de desdicha».

Los dirigentes de la humanidad, en su ignorancia, ya la han matado. Les repetimos, si quieren sacar conclusiones de las palabras de Lao Tsé, sáquenlas del estado real de la humanidad.

En nuestros días muchos científicos eminentes señalan que las aplicaciones de los descubrimientos de la ciencia van mal encaminados. Muchos de ellos se reúnen para tratar de evitar los peligros. Muchos de estos sabios se agrupan a nivel internacional para protestar. Ven con claridad que todo camina torcido y tratan ahora de reducir a la nada la red anárquica de sus pensamientos y su dominio sobre la humanidad. Se puede decir que se encuentran encorvados bajo el peso de un gran temor.

Pero aunque sean los primeros en darse cuenta de lo que han desencadenado, si leen ustedes sus escritos, descubrirán que su celo carece por completo de valor. Es como si gritaran en el desierto. Ellos, renuevan sus avisos desde hace muchos años sin ningún resultado. Ciertamente, que estén atemorizados es un signo favorable: muestra que han descubierto las consecuencias de sus actividades, consecuencias que tratan ahora atajar. Pero por más que traten ahora de irradiar bondad, su acción, aunque natural, es completamente vana.

Otro signo característico es el hecho de que la Escuela Espiritual se dirija a la humanidad, que venga hacia nosotros para asistirnos en nuestras eventuales tentativas de escapar al peligro mortal.

Sin embargo, el que lo desea y puede realmente debe mostrarse radical, radical en su comportamiento. Pero, ¿hay muchos dispuestos a ello? los que lo estén deberán anular en su propio terreno los efectos de la maldad que se desarrolla por ignorancia. Se exige de ellos que ataquen la red de sus pensamientos tan peligrosos por su radio de acción.

 

Es preciso suprimirlos. Es preciso adoptar un comportamiento radical si se quiere servir a la humanidad antes de que sea demasiado tarde. Se trata de saber, si en lo que nos concierne, predicamos en el desierto, o si estamos listos, radicalmente, tan radicalmente como en otra época los hermanos y hermanas maniqueos, a aplicar ese comportamiento. Si formamos un grupo suficientemente fuerte que realmente lo desee, mucho podrá ser hecho todavía.

 

 

CAPÍTULO  31-III

 

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS

 

 

 

Tras haber estudiado nuestra sociedad en su realidad, en profundidad y sin tomar partido, a propósito de los antiguos aforismos de Lao Tsé de tres mil años de antigüedad, después de haber sido confrontado a la degeneración actual. Verá claramente que no formamos ciertamente parte de los que se complacen en la decadencia y que con una especie de placer sádico, declaran que el mundo y la humanidad corren a su perdición por ignorancia.

Supongamos que usted comparta nuestro punto de vista y que pregunte ahora con la más profunda seriedad: “¿Qué hacer para ayudar directamente a los humanos?. ¿Se debe ir hacia ellos para hablarles?. ¿Se deben editar periódicos o escribir libros para hacerles entrar en razón?”.

Nosotros pensamos que no hay que hacerlo. En efecto, conocemos el tipo del cuadro –para emplear la terminología del capítulo precedente- y del trabajador manual. Esto no tendría ciertamente ningún sentido, pues nuestras palabras y nuestras acciones serían contradichas y aumentarían la confusión todavía más.

Hemos visto hasta qué punto la humanidad es tomada de improviso, es envenenada y pronto será aniquilada por el desarrollo de sus concepciones mentales. Pues bien, intentemos servirla atacando al mal de raíz. En la Escuela Espiritual abandonemos igualmente nuestras concepciones mentales. Calemos la espada en el dominio astral. Vayamos al encuentro de la humanidad en su propio terreno el terreno de la corrupción inicial, de la deshumanización, por tanto en el mundo mental y astral.

Se presenta una dificultad que hay que tener en consideración. En el mundo astral, la mentira no existe. Todo tiene allí una realidad positiva y absoluta. Cuando, interiormente, usted “finge”, no crea ciertamente una concepción mental aceptable.

 

La parte de la humanidad de la que le hemos hablado, ocupada en concebir armas, en estudiarlas, en diseñarlas para fabricarlas a continuación, trabaja de tal manera que, para ella, la actividad mental precede a la actividad material.

 

Ahora bien, si nosotros en la Escuela Espiritual, queremos hacer que estas industrias cesen, si queremos purificar la esfera astral mental, por lo menos si queremos ralentizar fuertemente la actividad de la humanidad, nuestra actividad en la materia debe preceder o acompañar a nuestra actividad mental.

Nuestra intención es hacerle ver claramente que todo lo que decimos, todo lo que queremos en la Escuela Espiritual, debe ser precedido por el comportamiento, un comportamiento puro, claro, positivo. Es sobre esta base como será posible reconducir eventualmente, en la esfera astral, lo que está “desviado”, apaciguar lo que rabia de cólera.

 

Quien quiere hacer algo por la humanidad que sufre –sufrimiento que ella misma ha desencadenado por ignorancia- debe, sobre la base de un comportamiento positivo, aproximarse a ella en la esfera astral para aniquilar allí sus malévolas obras. Por lo tanto se pide de él un carácter elevado y puro.

Suponga –y entramos ahora en el terreno del ocultismo- que un hombre decide emitir sobre el plano astral, durante cinco o diez minutos por día, corrientes puras en dirección al lugar amenazado. Esto sería inútil. Es necesario que envíe una corriente continua de amor basada en un comportamiento realmente puro.

 

 

El resultado seguramente no se hará esperar. Por la aplicación de tal magia, sería posible aniquilar en algunos segundos, en la esfera astral, las consecuencias del desorden. ¿Y cómo obtener eso si no es por el amor fundamental?.

Vacilamos un poco al pronunciar la palabra “amor” porque entonces se piensa demasiado a menudo en la especie de sentimiento amoroso tan conocido en nuestra naturaleza: hacerse amable, “fingir”.

Comprenda, por lo tanto, la fuerza de amor de la que hablamos aquí en el sentido del Sermón de la Montaña. Este principio de amor perfectamente puro, demostrado por el comportamiento, amor que pasa a través de todo, constituye, en la esfera material, una poderosa base para atacar al enemigo en su propio desconcierto. Partiendo de tal concepción mental, podemos llegar a ser tan fuertes que todo nos sea posible.

El Sermón de la Montaña se apoya también sobre este fundamento, así como las celebres palabras referidas por Mateo, capítulo 5: “Yo os digo, amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced el bien a los que os odian y rogad por los que os maltratan y persiguen, a fin de que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, perfectos como vuestro Padre celeste es perfecto”.

El Sermón de la Montaña nos muestra un hombre que, en todos los sentidos, es completamente diferente del hombre nacido de la naturaleza.

 

Para vivir así, para ser así, hay que partir del renacimiento del alma, del estado de alma viva. Esfuércense por lo tanto en adquirir un alma viva. Cíñanse para repartir esta fuerza sobre los buenos y sobre los malos. Sobre esta indecible magia del amor se apoya el comportamiento que le es propuesto.

 

Es de urgente necesidad tener esta actitud en un tiempo como el nuestro. He aquí la única posibilidad de hacer algo por el mundo y la humanidad: movilizar la fuerza del amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO  31-IV

 

EL AMOR DEL HOMBRE MAGICO-GNOSTICO

 

 

 

Después de haber escrutado en profundidad el estado real de la sociedad actual y descubierto sus causas, hemos establecido que la humanidad se encuentra de improviso, envenenada y amenazada de exterminio por lo mental.

Las concepciones mentales que alimenta desde hace tanto tiempo han sembrado, en la esfera de vida astral, un desorden casi desesperado. La lucha, el caos, el desastre que resultan de ello en la esfera material carecen de medida y se plantea la cuestión: »

 

¿Cómo hacer cesar este enorme tormento?» Tanto más en cuanto que la humanidad, cuando se enfrenta a un desastre de este tipo, tiende a recurrir a la violencia de una forma u otra: «¿Qué fuerza emplear para neutralizar la catástrofe?» La humanidad siempre usa las armas para apartar el peligro, ignorante del hecho de que así envenena las causas y agrava las consecuencias.

 

Piensen en las palabras de Lao Tsé: «Las mejores armas son instrumentos de desdicha». Ya les hemos mostrado la incontestabilidad de estas palabras. Nos encontramos ahora ante el gran problema, la cuestión: «¿Qué debe hacer la Escuela Espiritual en esta desastrosa situación?»

Pueden ustedes ver con claridad que ha llegado el tiempo de una acción nueva y poderosa. Ahora la Escuela Espiritual Gnóstica debe mostrar lo que es y de qué es capaz. Ahora aprovechar la ocasión: «¿Qué hacer para apartar los inmensos peligros que nos amenazan?»

Tomemos alguna distancia respecto a la agitación que producen esos peligros amenazadores para estudiarlos lo más objetivamente posible. ¿Debemos intervenir en la agitación? ¿Debemos protestar, por ejemplo, como muchos lo hacen? ¿Debemos enviar escritos a las personas que tienen poder?

 

¿Es preciso, educadamente, practicar la indisciplina, para atraer la atención sobre los peligros a que nos enfrentamos? ¿O mostrarse francamente revolucionarios, a consecuencia de lo cual toda clase de maquinaciones políticas suscitarán fuerzas contrarias para impedir a los combatientes realizar sus designios?

Comprenden ustedes que tales actividades no tienen ningún efecto. Porque todo esto, sin excepción consiste en luchar de una forma u otra. En el mejor de los casos, es mostrarse mentalmente positivo en relación a la orientación mental de la humanidad y de todo lo que ella engendra. Y, como ustedes saben, las armas mentales son las mejores.

Ahora bien, atención: «Las mejores armas, dice Lao Tsé, son instrumentos de desdicha». Les es dado a los alumnos de la Escuela Espiritual en particular saber hasta qué punto se deben temer precisamente estas armas mentales como a la peor de las calamidades.

 

Es trágico tener que afirmar que, si gran parte de la humanidad comprende que el mundo está trastocado y se precipita hacia situaciones extremadamente peligrosas, esta misma parte de la humanidad, a causa de su ignorancia, no puede actuar

Para ayudarla de la única manera justa a los hombres que buscan. Repetimos de nuevo que hay que buscar el único medio de ayudar a la humanidad de forma absoluta en la aplicación radical de la Fuerza del Amor Universal.

Diciéndoles esto, nos damos cuenta de que debemos hablarles más explícitamente de la aplicación de la Fuerza del Amor para no ser mal comprendidos.

 

 

En efecto, existe el riesgo en este punto de perderse rápidamente en el laberinto de las diferentes nociones y resultaría arduo hacerles comprender lo que la Escuela de la Rosacruz de Oro pretende al respecto.

 

Para hacerlo, empezaremos por decir a qué no se refiere. Distingamos, en primer lugar, la práctica del amor, el esfuerzo de amor del hombre religioso; en segundo lugar el del humanitarista; en tercer lugar, el del hombre yo y coloquémoslos frente a la práctica de Amor del hombre mágico-gnóstico.

Examinando el caso del hombre religioso, comprobamos que a pesar de su práctica del amor, no puede deshacerse de la ilusión, es decir, de la ignorancia. Las autoridades religiosas lo vuelven absolutamente dependiente de unas pretendidas sagradas escrituras cuya interpretación literal, de la cual no debe modificarse «una sola letra ni un sólo tilde» constituye un terrible freno. La fe no está orientada a Dios, que es Amor, sino fundada en un texto que interpreta el amor. Esto es algo completamente diferente al encuentro con el Amor mismo.

La fe es a menudo presentada por alguien que predica el Amor. El hombre religioso tiene por esta razón medios de control insuficientes. No es necesario oponerse a quien predica el amor, pero hace falta poder partir de las propias posibilidades de control para adquirir la certeza. La ausencia de tales posibilidades vuelve siempre dependiente.

 

Y el que es siempre dependiente se vuelve siempre víctima. Ahora bien, es precisamente en esa situación donde se encuentra siempre el que, o carece completamente de alma, o no tiene un alma libre, aunque posea calidades de alma y en consecuencia experimente la influencia del amor. Estamos obligados aquí a hacer una clara distinción entre el hombre que posee un alma liberada y aquel que sólo tiene calidades de alma. Un alma dependiente está siempre sujeta a la ilusión, cualquiera que sea esta.

Lo mismo podemos decir del humanitarista. Que, en la naturaleza dialéctica, la naturaleza de la muerte, quiera tener la experiencia de vivir en la fraternidad de todos los hombres; que quiera establecer el Reino de Dios en un campo de vida en el que esto es absolutamente imposible, lo caracteriza sin duda como alguien que posee calidades de alma.

 

Que quiera considerar el mal manifiesto como un incidente pasajero que se cambiará en breve en bien, muestra que posee indudablemente calidades de alma. Pero del mismo modo que no es posible encargar a un niño la dirección del mundo, no es posible seguir la línea humanitarista. Ella conduce inevitablemente a la ciénaga de la ignorancia.

Para evitar malentendidos, subrayaremos insistentemente que hay

Diversos modos de adquirir calidades de alma de forma negativa, por ejemplo por la vía del sufrimiento. Cuantos habiendo sido golpeados y abatidos por la vida han seguido la vía del sufrimiento.

 

Y sepan que la mayoría de las personas así golpeadas poseen con diferencia el carácter más dulce. Un enfermo postrado en su cama aporta un ejemplo chocante. Porque estas personas por sus pruebas, desarrollan calidades de alma. Ellas son tocadas por el campo del Alma del Mundo que engloba todo, de la que habla Platón.

El Alma del Mundo abraza todo sin excepción. Y si alguien, hundido en el dolor, olvida su yo por un momento, entonces el Alma del Mundo le toca. De esta forma es cargado de calidades de alma gracias al campo del Alma del Mundo que lo engloba todo, incluso aunque sea de forma negativa, es decir, en la ignorancia.

Es así como encontramos en el mundo seres delicados, llenos de alma y de amor. Son todos «jóvenes ricos», pero que carecen de lo único necesario; no conocen el camino; y si lo conocieran, rehusarían recorrerlo. Ellos no pueden captar la fuerza y se desvían siempre, porque creen poder encontrar en el mundo lo que no es de este mundo.

Lo que se debe pensar del hombre yo absoluto, ustedes lo saben. Su amor es de tal naturaleza que permanece siempre en el interior de un círculo bien delimitado. Por añadidura, en el interior de este círculo, su yo no debe encontrar obstáculos en absoluto, como ustedes saben.

 

El hombre natural rechaza los tabúes para vivir su pretendido amor sin ninguna restricción. Quien cree deber tomar esta vía «moderna» no pertenece a la Escuela Espiritual. El hombre yo pertenece a la clase inferior de la vida ambiciosa.

 

Después de todo esto, tratemos de revelar el amor divino, el amor que está por encima de todo, el amor que libera todo, el amor con el que se puede anular completamente todo lo que amenaza al mundo. Esta es la fuerza con la que la Escuela Espiritual debe trabajar para ayudar y salvar si es posible a todos los que, de una forma u otra, poseen calidades de alma. Es la fuerza que ustedes deberían poseer; es la fuerza de la que ustedes deberían provenir; esta fuerza debe ser liberada.

Mientras el hombre posea un alma, calidades de alma dependientes todavía de la personalidad ligada a la naturaleza y especialmente al cuerpo vital o doble etérico, el yo entero, la personalidad entera, se implicará automáticamente cada vez que exista un problema.

 

Esta es la mayoría de las veces la causa de las dificultades que surgen entre los alumnos a causa de su conducta los unos frente a los otros. La mayoría de ellos poseen grandes calidades de alma pero ligadas, mezcladas, ancladas al yo de la naturaleza. Si tuvieran calidades de alma puras, sin más, no tendrían ningún problema entre ellos, se comprenderían perfectamente y se elevarían todos en una armonía perfecta.

Pero el yo se inmiscuye cada vez entre dos personas. Y a causa de su naturaleza, cada uno es diferente a los otros. A causa de su naturaleza, cada yo está cargado de un karma diferente. Es así como los hombres entran en conflicto aunque no lo quieran. Si el alma está liberada, si en consecuencia se ha arrancado de la personalidad nacida de la naturaleza, y actúa en total autonomía, como Jesucristo nuestro Señor, entonces no sólo se vuelve sino que es todopoderosa.

No consideramos aquí el estado de muerte, sino una condición de vida nueva en la que el candidato posee realmente un alma liberada, como Jesús el Señor, el prototipo del hombre moderno, del hombre verdadero.

 

Si se pone verdaderamente en práctica la imitación de Jesucristo, ya no se pone en primer plano, en el trabajo de liberación, la propia personalidad nacida de la naturaleza, se le da un papel secundario. Sólo la personalidad nacida de la naturaleza que ha llevado su trabajo de hombre Juan a buen fin -enderezar los caminos para su Dios- sólo esta personalidad es puesta en condiciones de obrar mágicamente en sentido gnóstico.

Estamos convencidos de hablarles aquí de valores, fuerzas, aspectos y posibilidades de la vida gnóstica de los que probablemente ustedes no hayan oído hablar nunca. Pero hay muchos alumnos preparándose para este trabajo. Y nos consideraríamos dichosos si pudiéramos darles todas las indicaciones necesarias sobre la forma en que es posible liberar su alma en el transcurso  de una corta vida, y terminar con la personalidad nacida de la naturaleza.

No se imaginen que Jesucristo, el prototipo del hombre liberado, se haya retirado lejos de nosotros. La Escuela Espiritual insiste en el hecho de que todo lo que ustedes desean eventualmente alcanzar en la naturaleza no es más fácil que la imitación de Jesucristo comprendida en sentido gnóstico. Esperamos en consecuencia ser capaces de darles las indicaciones necesarias para que encuentren la solución a su vida, cualquiera que sea la dirección en que la busquen; solución de un inmenso interés para toda la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  31-V

 

VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA

 

 

 

Queremos ahora exponerle el programa de la magia gnóstica y mostrarle su provecho y necesidad. Ella constituye la única manera de salvar al mundo y a la humanidad.

En primer lugar, os presentamos la figura de Jesús el Cristo, el Hijo del Padre, del cual debemos todos ser los imitadores. Lo hemos escogido como ejemplo porque vemos que es hombre y Dios, esto es que fue un hombre nacido de la naturaleza y un alma renacida.

 

El curso de su vida entera testimonia que, sobre el plano del alma, era completamente libre, que era un ciudadano libre del Cielo-Tierra, habiéndose apropiado de lo más elevado que puede ser alcanzado en la naturaleza, en tanto que nacido según ella, pues era un transfigurado por completo según la naturaleza. Así era totalmente del mundo, pero no de este mundo en tanto que hombre Alma.

Por ello tenía la capacidad de expresarse en todos los aspectos del cosmos. Era uno con el Logos terrestre y con el Espíritu terrestre. Se elevó al Cielo y de allí descendió a la tierra que, como dice la Biblia, es el escalón de Dios. Fue un soberano absoluto en todo el cosmos, y él poseía todo poder en el Cielo y en la Tierra.

Si considera esta figura como modelo para una verdadera imitación, al que El mismo le invita y le impulsa, porque posee el poder para ello- siendo dado que no queréis mirarlo como un ídolo inalcanzable o como el personaje de un cuento de hadas – si reconoce en El de verdad una elevada vocación a la que todos somos llamados y, en tanto que miembros de una Escuela Espiritual Gnóstica, ved que por El, con El y en El se revela el programa entero de la magia gnóstica.

 

Y descubrís no solamente que un amor lleno de elevación y de serenidad emana de vosotros, sino también que os otorga todo poder sobre la tierra y en el cielo.

Si medita sobre ello, comprenderá que no puede ser que en un momento ocurra todo y en el otro nada, sino que se ha de hablar de un crecimiento, de un camino, por el que cada uno puede caminar a su propio ritmo; y que desde el más pequeño progreso en el camino, la Gracia, la Fuerza y el Amor de Dios aumentan cada día con tal que os desembaracéis de todas las leyendas y cuentos de hadas que la iglesia os ha contado y con las que os ha cargado desde vuestra juventud.

 

Lo decimos una vez más, considerar a Jesús el Señor como el prototipo del hombre nuevo único, lo que vosotros mismos debéis volveros en toda su grandeza.

Pero no se pregunte, ¿por donde he de comenzar? Comenzar por vuestro propio comienzo, tal como lo indica vuestra vida personal. Enderezar vuestros caminos, ahí mismo donde esté, hay donde habitéis, ahí donde viváis. Y sea un hombre Juan perfecto en todos los aspectos, es decir en todos los aspectos de vuestro radio de acción del momento.

El radio de acción de unos será quizás más grande que el de otros. ¡Pero poco importa! Si alguno cuyo radio de acción es más grande que el vuestro no hace uso de él, mientras que vosotros explotáis el vuestro, eventualmente más pequeño, vuestra acción será más grande que la suya.

 

Así se muestra que tenéis la posibilidad de practicar la imitación de Jesucristo inmediatamente; que, todos juntos podemos formar un solo grupo, y que debemos estar llenos del mayor respeto posible los unos por los otros. Es así como se constituye un grupo decidido, la comunidad de Juan, la cual, en el desierto, recorre su camino en línea recta hacia el único objetivo. Así todos nosotros somos bautizados con el Agua Viva, el Agua Viva del Alma del mundo, que nos engloba a todos.

Podemos constatar con énfasis aún, que todo el cosmos pecador está rodeado por el Alma del mundo. Y todos los que se abren a ella y olvidan a su propio yo reciben de ella las radiaciones en su propio ser.

Comprende ciertamente que no sólo se ha de hablar, que no sólo se ha de orientar de manera mística, que no sólo se ha de entrar en sintonía con este camino interiormente, sino que es de una necesidad absoluta llevar un comportamiento concreto y que se separa completamente de todo comportamiento ordinario.

 

Es una exigencia. Si la serenidad del Alma del mundo os toca, si los valores que ella irradia penetran hasta lo más profundo de vuestro ser, optar por el comportamiento correspondiente, un comportamiento interiormente puro, evidentemente un comportamiento totalmente diferente del de los hombres que ignoran absolutamente el único objetivo de la humanidad.

La estructura, las indicaciones, las directrices para este comportamiento de vida, las encuentra en el Sermón de la Montaña. Desde que comenzáis ha poner los ojos más o menos conscientemente sobre vuestra vida, el Sermón de la montaña estaba ya quizás a vuestro alcance.

 

Para ello el hombre lo ha recibido. Si no conoce el objetivo de la humanidad y no posee la orientación juanista, si se encuentra así en el nivel corriente de la vida nacida de la naturaleza, entonces se vuelven imposibles para usted las exigencias del Sermón de la Montaña, y constantemente entrará en conflicto con ellas. Entonces se verá envuelto siempre en una intensa lucha con lo que significa el Sermón de la Montaña.

Por ello les pedimos: Medite por un tiempo sobre el Sermón de la Montaña y lea cada día en él. Si quiere tener éxito, es lógico que debe buscar un nivel de vida diferente, un punto de partida vital distinto en concordancia con el Sermón de la Montaña, incluso elevándose por encima del nivel medio de los hombres. Y sobre este nivel ha de basar su comportamiento de vida.

Quien es alumno de una Escuela Espiritual gnóstica, ha demostrado con ello que busca desde hace años ya otro nivel de vida. ¿Por qué si no se habría hecho alumno?

Quisiéramos expresar una advertencia al respecto: Nadie debería ascender demasiado alto. Ascienda sólo hasta un punto en el que pueda mantenerse, del que no caiga o se vuelva objeto de burla. No diga: «Estoy en este nivel», mientras en la práctica está muy por debajo de él.

Alcanzar dicho nivel y mantenerse en dicho nivel vital, es lo que se denomina «ascender por la montaña». Y es evidente que solamente en este nuevo nivel de la vida se puede encontrar uno con el prototipo del Hombre noble y verdadero. Si quiere aceptar nuestra proposición, escuche entonces las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña:

 

«Pero al ver el gentío, subió a la montaña y se sentó; y sus discípulos se acercaron a Él. Y Él les instruyó diciendo:

 

Bienaventurados son los pobres de espíritu, pues suyo es el Reino de los Cielos.

 

Bienaventurados los que sufren, pues ellos serán consolados.

 

Bienaventurados los mansos, pues ellos poseerán el Reino de la Tierra.

 

Bienaventurados son los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.

 

Bienaventurados son los misericordiosos, pues ellos obtendrán misericordia.

 

Bienaventurados son los puros de corazón, pues ellos contemplarán a Dios.

 

Bienaventurados son los que aman la paz, pues ellos serán llamados Hijos de Dios.

 

Bienaventurados son los que son perseguidos a causa de la justicia, pues el Reino de los Cielos es suyo.

 

Bienaventurados sois vosotros si los hombres os calumnian y persiguen a causa mía, y hablan mal contra vosotros, mintiendo en ello.

 

Estad alegres y recibid consuelo pues en el Cielo recibiréis recompensa. Pues así también persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

 

Vosotros sois la Sal de la tierra. Si la Sal pierde su sabor, ¿con qué se ha de salar? No sirve para nada y es arrojada fuera y es pisoteada por la gente.

 

Vosotros sois la Luz del mundo. Una ciudad que está encima de una montaña no puede ser escondida. Tampoco se enciende una luz y se la coloca bajo el celemín, sino en un candelero para que brille sobre todos los que están en la casa.

 

Por ello, dejad que vuestras luces brillen ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y alaben a vuestro Padre en el Cielo.»

 

En todas las fases y en todas las épocas apropiadas, hubo una multitud de hombres de naturaleza excepcional en la tierra. Son los hombres que en un momento dado comprenden intuitivamente que tiene que haber una vida nueva muy concreta y completamente distinta, que no está contenida ni en la conocida mística ni en los aspectos humanos ni tampoco en la orientación del yo humano. Y en la medida en que avanza el tiempo en los representantes de este grupo y el grupo aún no es recompensado con resultados, se desarrolla un campo de tensión acrecentado en esos hombres.

Imaginar a un ser humano así orientado, exteriormente tocado por el Alma del mundo. Las fuerzas de la verdadera Luz le tocan en razón de su orientación. Se esfuerza en enderezar sus caminos tal como le es posible, pero momentáneamente sólo ve el desierto de la vida. En un toque semejante, en un estado de espera tal, tiene que surgir una intensa tensión. «¡Tiene que haber una salida! ¿Tiene que haber una solución para toda la humanidad, para toda la existencia humana? ¿Tendrá lugar la victoria ?»

Este estado psicológico, esta tensión provoca interiormente, es inevitable, una sublimación; o por lo menos la posibilidad de ello. La preparación ha acabado y cuando esta tensión asciende hasta provocar una crisis, los actos de aquel que pertenece a esta multitud excepcional deben revelarse. Debe mostrarse quien, en este grupo, en esta multitud, será realmente un discípulo de Jesucristo nuestro Señor, el prototipo del hombre noble y superior.

 

Esto es lo que quiere decir el comienzo del Sermón de la Montaña: «Cuando vio el gentío, ascendió a la montaña y se sentó; y sus discípulos se acercaron a El.»

Jesús el Señor parte de un punto de vista exclusivo, ¿Y como podría ser de otra manera?. Se coloca sobre un nivel superior al que se acostumbra en el mundo dialéctico, y espera, en función del desarrollo de la multitud presente, que aquellos que comprendan verdaderamente vengan a él.

A partir del nivel dialéctico del hombre nacido de la naturaleza, no sirve de nada poner la mirada hacia lo alto para comprender algo de las palabras del Sermón de la Montaña. No, se ha de estar capacitado para mantenerse psicológicamente tan alto como la montaña.

 

 

Entonces únicamente se podrá comprender completamente, comprender lo que antes creía completamente imposible.

Entonces resuena la voz en vosotros: «Penetra en la Gloria». Un optimismo tan inmenso y universal os es transmitido, una realización tan grandiosa y maravillosa os es anunciada que todo lo que hemos intentado explicarle del hombre Alma desaparece en comparación.

 

Aquel que puede escapar a la orientación del ser nacido de la naturaleza, que puede elevarse psíquicamente es decir interiormente, etéricamente- sobre el plano superior llamado «la cima de la montaña», demuestra con ello que las calidades del alma acumuladas son eficaces y realmente activas, éste escucha estas palabras con gran positivismo, como un mantram escrito en lo más profundo de su ser con letras de fuego: «Bienaventurados son los pobres de espíritu, pues suyo es el Reino de los Cielos.»

En cuanto este nuevo estado psíquico se ha vuelto un hecho en el sistema vital y el hombre entra innegablemente en unión estrecha con el Alma del mundo, ha penetrado él en el radio de acción del Reino de Dios, entra en la beatitud. Y ya no le queda más que practicar el comportamiento correspondiente, para experimentar, tomar conciencia, y hacer perdurar esta beatitud, como un Consolamentum. De este estado de ser permanente surge una consolación que da el poder de soportar absolutamente todos los sufrimientos inherentes al nacimiento en la naturaleza.

Tal ser es entonces confrontado con el heroísmo de los buenazos. Pues son exclusivamente tales seres los que vencerán y heredarán la tierra. Harán desaparecer el azote de la ignorancia con todas sus consecuencias.

 

Y no hay ninguna duda que aquellos que viven en este estado superior lleno de serenidad tienen hambre y sed de justicia y que todos serán saciados sin excepción; que los misericordiosos recibirán misericordia; que los puros de corazón vivenciarán a Dios en ellos; que los que procuran la paz conocerán la paz, la paz interior de los hijos de Dios.

 

¿No implica esto un despertar del alma, un rápido crecimiento del Alma, una progresión que lleva cada vez más cerca del centro del nuevo reino? Por ello la bienaventuranza se encuentra también en la persecución a causa de la justicia, así como en el ultraje y la opresión. Pues la contranaturaleza no puede soportar que la naturaleza divina esté en el medio de ella y avance rápidamente a lo largo de sus propios caminos.

 

En este sentido, el fuego de la persecución llevado por la contranaturaleza es la prueba de su debilidad y de su huida.

 

A usted le es concedido vivir de este estado de ser superior, de penetrar en la gran realidad. Por ello es necesaria una reflexión clara sobre esta tarea, una tarea que se presenta ante usted cuando ha escuchado interiormente las Bienaventuranzas y ha experimentado su Fuerza, cuando está firmemente decidido a permanecer para siempre en este plano de vida nuevo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO  31-VI

 

LA SAL PURIFICADORA

 

 

 

A los que, manteniéndose sobre la montaña, han recibido la bendición de las Bienaventuranzas, a los que están así unidos a la salud viva del Reino, se dirigen las palabras: «Vosotros sois la sal de la tierra». Ellos reciben una misión sazonada por el compromiso de todo su ser. Se trata del axioma bien conocido por la antigua Rosacruz según el cual lasal mineralis debe convertirse en lasal menstrualis.

Ustedes saben que estado psíquico es preciso alcanzar para asegurar un desarrollo y un crecimiento verdaderos del alma. Y ve en ustedes con claridad que se consigue positivamente en primer lugar por un comportamiento absolutamente nuevo. Entendemos por esto un comportamiento que se aparta en todos los aspectos del comportamiento corriente.

Es un comportamiento que incluye en profundidad todos los aspectos de la existencia. En cuanto a ustedes, por ejemplo, concierne en primer lugar a sus pensamientos. Concierne en particular a su vida privada, su familia. Continúa por fin en la vida social, en los contactos con sus semejantes. Cuando un ser humano adopta tal comportamiento, emana de él una radiación. Es entonces cuando actúa, positivamente orientado, con la fuerza-luz que le toca.

Hemos dicho ya en varias ocasiones que el Alma del Mundo mantiene a todos los hombres bajo su influencia y los baña con su radiación cada vez que se produce una conducta favorable de la personalidad. Por el comportamiento en cuestión el hombre conserva esa fuerza de alma y se pone a trabajar con ella. Gracias a ese comportamiento emana de él una luz, un influjo, una fuerza que será percibida y experimentada por cada uno sin excepción.

Esta luz actúa ahora como la sal purificadora, depuradora, en todos los aspectos de la vida. Ustedes comprenden ahora porqué Cristián Rosacruz llevaba consigo tal sal para su viaje. ¿Cómo un rosacruz, un alumno de la Escuela Espiritual, podría trabajar sin estar en posesión de esta sal purificadora? Así pues, el que quiera hacer algo por la humanidad, debe al menos tener esta sal, debe poder particularizar esa radiación de luz. Y afirmamos que todo cede ante la luz del alma. Nada se resiste.

No se trata aquí, por su propia naturaleza, de una calidad de alma negativa. Les hemos explicado a ustedes de qué forma el hombre, sin saberlo, puede cargarse de las radiaciones del Alma del Mundo, sin que sin embargo, pueda hacer nada por los otros excepto aumentar sus dificultades y sus obstáculos. La luz es puesta en ese caso bajo el celemín de la ignorancia.

 

Pero en cuanto poniéndose a buscar, se eleva uno hasta el Plan de Vida Nuevo del que les hemos hablado, el candelabro se enciende y esa luz se vuelve perceptible en la vida. Entonces la

Fuerza de alma se vuelve dinámica y activa sobre la tierra, y el influjo electromagnético de esa luz está en condiciones de apaciguar en sentido absoluto las tempestades que rugen en el mar astral.

 

Así la luz debe irradiar y eso no puede tener sino un efecto: la glorificación de Dios nuestro Padre.

No podemos evitar declarar aquí que el único medio para prevenir la gran catástrofe que acecha a la humanidad es practicar, en la vida misma, el Sermón de la Montaña. Y que se nos ha encargado con insistencia intentar que ustedes adopten esa práctica nueva y superior, totalmente ajena a los hábitos comunes.

 

Es una práctica imposible de aprender del exterior y que no se puede hacer encajar en ninguna fórmula del tipo: «hay que hacer esto y aquello». Tampoco es posible describirla en los libros.

 

Es una realidad viviente que toma al hombre en lo más profundo de su vida; que concierne a todos los aspectos de la vida y debe manifestarse concretamente en todos esos aspectos.

 

Ella toca a cada persona con quienes ustedes entran en contacto y todo lo que ustedes encuentren en su existencia. La luz del alma positivamente usada es una fuerza ante la que todo cede. Y ustedes deben aprender a actuar con esa arma de Amor.

Observen el hito ante el que nos hallamos en nuestro trabajo. Se espera hoy de cada alumno una prueba concreta del nuevo estado de vida; y cada uno debe confesar su aprendizaje de una forma completamente nueva.

 

El alumno empieza por entrar en la escuela de aplicación práctica de la Gnosis. Nuestra esperanza y nuestro ruego es que decidan ustedes comprometerse con nosotros, realmente, en esta escuela de ejercicios prácticos, a fin de que se preparen para la salvación de todos los hombres.

 

Tao es eterno y no tiene nombre.

 

Aunque simple y revestido de sencillez,

El mundo entero no se atrevería a someterlo.

 

Si los príncipes y reyes pudieran conservar Tao,

Los diez mil seres y cosas se someterían a ellos.

 

El cielo y la tierra se unirían y harían descender un suave

Rocío y, sin necesidad de gobernantes,

El pueblo alcanzaría por sí mismo la armonía.

 

A partir del momento en que fue dividido, Tao tuvo un nombre.

 

Habiendo sido determinado, es preciso dominarse.

 

El que sabe dominarse no corre ningún peligro.

 

Tao se extiende por todo el Universo.

 

Todo vuelve a Tao, como los torrentes de las montañas a los ríos y al mar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  32-I

 

EL CIELO Y LA TIERRA SE UNIRÁN

 

 

Le presentamos ahora el capítulo XXXII del Tao Te King, para confirmar las palabras de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro con la ayuda del antiguo testimonio de uno de los grandes, llegado hasta nosotros inviolado a través de millares de años.

Nosotros hemos hablado de la necesidad de la magia gnóstica, de la construcción de un Nuevo Templo  y de un sacerdocio, a fin de que la magia gnóstica alcance plenamente su objetivo en los Templos de la Rosacruz.

Por eso le aportamos estas antiguas palabras de Lao Tsé como una profecía pronunciada en el pasado, porque el tiempo de una gran revolución mundial ha llegado y la humanidad se halla en el umbral de un período totalmente nuevo.

 

Si los alumnos de nuestra Escuela comprenden realmente lo que significa esta época y conciben  las posibilidades que Dios les da, esta profecía se realizará, cumplida por la comunidad reunida en la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro. Analicemos el capítulo XXXII del Tao Te King para llevarlo a continuación a la práctica en nuestra época, en el día de hoy. Examinemos si las posibilidades de realización se hallan verdaderamente presentes.

Tao, «Eso», la fuerza que llamamos Dios, se mantiene fuera de su naturaleza. Sin embargo es la fuerza que mueve y gobierna el Universo entero. Y todo lo credo, sí, cada criatura, lleva en ella el principio central, hasta en cada átomo de su ser.

En consecuencia nada nos es más próximo que Tao, la fuerza de Dios, que viene para juzgar a los vivos y a los muertos, fuerza equivalente a la fuerza divina de la salvación.

La humanidad experimenta la fuerza del juicio de Tao casi en cada momento de su vida. Se trata ahora de cambiar esta fuerza divina del juicio en fuerza divina de salvación, en fuerza divina de cumplimiento. Este es el gran problema ante el que se encuentra el hombre.

 

Y si usted es un verdadero alumno de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro séptuplemente manifestada, sabe que juntos podemos resolver ese problema, tanto para nosotros mismos como para nuestros semejantes, por la práctica de la magia gnóstica.

Por eso es necesario que, cada día de su vida, busque usted hasta qué punto los elementos de la magia gnóstica están presentes y si su comportamiento de vida se halla en armonía con ellos.

Porque la salvación de la humanidad depende de ello, en el presente. Si una parte relativamente pequeña de la humanidad pudiera conservar Tao en la naturaleza dialéctica como un factor irradiante, en el sentido de Tao, la humanidad entera se vería obligada a reaccionar a ello.

 

Sí, y lo que es más, «El cielo y la Tierra se unirían y harían descender un suave rocío y sin necesidad de gobernantes el pueblo alcanzaría por sí mismo la armonía.

Sabiendo y comprendiendo esto debemos considerar de nuevo la esencia de la magia gnóstica en su totalidad. Y afirmamos que Tao deberá ser la verdadera esencia, el fundamento de la magia gnóstica. Ninguna otra fuerza, ninguna otra influencia, ni en la esfera material, ni en la esfera reflectora, podrá tomar el lugar de Tao.

A continuación el alumno debe comprender que para recibir y trasmitir Tao, para trabajar con El, debe disponer de un vehículo adaptado. Debe conocer, poseer y experimentar que este vehículo es el alma.

 

 

Por eso, después de haber alcanzado el discernimiento y la comprensión, su primer esfuerzo se aplicará a la realización del alma, del cuerpo del alma. Se puede decir que todos los alumnos poseen el grande y poderoso principio de alma y disponen ya, en su mayoría de un cuerpo del alma. Deberían pues ser verdaderamente capaces de poner en práctica la magia gnóstica.

Pero los que poseen el alma, los que poseen ese vehículo tan delicado, indispensable y extraordinario, vigilan con el mayor cuidado y la mayor inteligencia su comportamiento. Porque usted conoce las palabras: «El alma que peca debe morir». No considere estas palabras como una especie de slogan místico que se ha vuelto letra muerta en un  mundo como el nuestro, sino como un hecho lógico cuando el hombre alcanza cierta calidad de alma.

Si un hombre adquiere fuerza de alma, es directamente atraído y activado en la vida por las fuerzas magnéticas, por las propiedades de alma, del Espíritu de Tao. Porque allí donde está el alma, está el Espíritu. Es entonces evidente que, si el alma actuara tan sólo con los criterios de la vida ordinaria y se acordara con ellos, el Espíritu, Tao no podría operar ninguna renovación como fuerza divina de salvación, sino siempre como una fuerza de rompimiento, como el fuego del juicio.

Admitamos por un momento que usted tiene un alma, que usted posee calidad de alma, y que se orienta a pesar de todo, cueste lo que cueste sobre Tao. Sin embargo algunos pequeños detalles de su comportamiento permanecen en la línea horizontal ordinaria. En ese caso, Tao actúa siempre y sin excepción como el fuego del juicio. Por eso, los que poseen un alma, los hombres de alma sensible, son continuamente probados por golpes muy fuertes en su vida. Porque cuanto más fuerte es su alma, más poderosamente trabaja el Espíritu en su juicio. Cuanto más fuerte es la corriente, el choque es más poderoso.

Todo esto es tan fácil de concebir que hasta un niño lo comprendería.

La fuerza del juicio es siempre una fuerza correctora. Por esa razón los que se aproximan al fundamento de la magia gnóstica, que esperan verdaderamente la fuerza divina de la salvación y en consecuencia entran en la fase de la transfiguración, despertando así las particularidades del alma, deben vigilar atentamente su comportamiento a fin de preservarse del fuego del juicio, a fin de cambiar ese fuego, esa fuerza, en gracia, la gracia de la beatitud de los Hijos de Dios.

Es preciso que el comportamiento se armonice hasta en los menores detalles con los designios del Espíritu, a fin de prevenir todos los tormentos, conocidos y tal vez todavía desconocidos y excluir del futuro una cristalización en el camino. Y sobre todo para hacerle apto, para hacerle digno de practicar la magia gnóstica que se ha vuelto una tan apremiante necesidad.

Sin embargo, vayamos más lejos, y admitamos que se acerca usted al origen de las cosas, a Tao, y que en consecuencia el alma crece en usted. Y que su comportamiento se halla en concordancia hasta en los mínimos detalles; que toda su existencia comienza a abrirse al Espíritu y que su radio de acción y su conciencia se ensanchan y le conducen cada día más lejos sobre el camino.

 

Comprenderá que entonces su actividad mental, su estado mental, su intelecto sufrirán cambios profundos y radicales. En un momento dado usted piensa de una forma completamente diferente a la de los demás seres humanos. Lo que representa un gran interés para los demás no tiene ya ningún sentido para usted tal vez incluso ni siquiera puede usted interesarse en ello. Tal vez ya ha experimentado esto.

 

Esta es la prueba de que usted ha muerto a esa parte de la esfera reflectora que llamamos esfera mental. Usted en verdad ha excavado un túnel a través de esa parte de la esfera reflectora, a través de la esfera mental.

 

Y es entonces capaz de atravesarla, de viajar a través de ella sin pertenecer a ella, o, como se dice en el Evangelio de la Pistis Sofía, usted la atraviesa sin que las fuerzas y los eones de esa esfera se den cuenta.

 

A continuación, sus progresos en el camino se muestran en que su vida de los deseos cambia también totalmente y toma otra dirección. Muchos alumnos sufren a causa de sus deseos. Sin embargo, si verdaderamente, en el sentido más profundo de la palabra, permanece orientado sobre Tao, todos sus deseos, sean cuales sean, cambiarán radicalmente. Cambian tan radicalmente que también en ese aspecto se vuelve usted totalmente extranjero para el mundo.

Ese cambio no concierne solamente a su orientación interior y al progreso  de su estado de alma, sino que ejerce también una gran influencia sobre su estado psíquico. Sus necesidades psíquicas vitales se transforman completamente. Si usted no se adapta a ello, enfermará. Si tiene usted dificultades en este sentido, debe examinar el problema bajo este ángulo.

Todo esto es entonces la prueba de que su cuerpo astral, desde el punto de vista del movimiento circular de los Chacras, se esta transformando profundamente. En vez de girar de izquierda a derecha, todas las grandes y pequeñas ruedas de este sistema giran en dirección inversa, de derecha a izquierda. Está usted entonces en condiciones de atravesar, en el astral, todos los dominios de la esfera reflectora sin que las fuerzas de esa esfera influyan sobre usted o le obstaculicen. Ellas ni siquiera le perciben.

El mismo proceso se lleva a cabo en lo que concierne al cuerpo etérico y la esfera etérica, y finalmente se abre usted paso a través de todos los dominios de las esferas etéricas dialécticas y eso hace nacer la unidad de su triple yo: «Espíritu, Alma y Cuerpo».

Tal es el principio fundamental de la magia gnóstica: Liberarse personalmente de las esferas etéricas de la naturaleza ordinaria. ¿Cómo es esto posible? Orientándose exclusivamente sobre Tao, con todas las consecuencias que surgen de ello, a consecuencia de lo cual sus intereses y necesidades cambian fundamentalmente.

 

Así el alumno realiza una apertura a través de todos los dominios de los arcontes y eones de la esfera reflectora.

Como hemos dicho, esto hace nacer la unidad del triple estado humano: «Espíritu, Alma y Personalidad»; del mismo modo, por su intermedio, la unidad con el mundo tal y como es, con la humanidad prisionera de la miseria y de la muerte.

 

Desde ese momento se vuelve usted una autoridad de la naturaleza inferior, habiendo renovado totalmente su verdadero yo puede comenzar a practicar la magia gnóstica. Está preparado para practicar el yoga más elevado que Dios ha dado a sus Hijos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  32 -II

EL PUEBLO ALCANZARÁ POR SÍ MISMO LA ARMONÍA

 

 

Imagine usted que un cierto número de hombres y de mujeres, como le hemos expuesto en el capítulo precedente, abre un pasaje, es decir, una vía libre a través de los dominios etéricos directores, tanto individualmente como en tanto que grupo, y en consecuencia, practica una gran abertura hasta en el triple dominio del espíritu, del alma y de la materia, del que provienen todas las fuerzas de salvación al mundo.

Si esta actividad se manifiesta, estas fuerzas no pueden actuar sin más en un mundo como el nuestro. Pues inmediatamente estos poderes curativos se volverían fuerzas de juicio, en fuerzas que intervendrían quebrantándolo todo y, en poco tiempo, poniendo fin al mundo por el fuego.. Ya que las condiciones de la esfera material y la influencia de las fuerzas de la esfera reflectora sobre el mundo y la humanidad son tales que no hay nadie que pueda reaccionar armoniosamente a esas poderosas vibraciones.

Es necesario en consecuencia, que tales fuerzas sean transmutadas, y que los servidores cuyo designio es actuar sobre la humanidad con las fuerzas de salvación y ofrecerle esas fuerzas llenas de gracia, preparen antes un santuario, un templo, como base, como taller consagrado, para la puesta en práctica de la magia gnóstica.

Ese taller deberá cumplir todas las condiciones exigidas. Poseer tales talleres, tales templos para llevar a cabo el trabajo gnóstico mágico ha sido siempre la intención de los hombres que se mantenían en segundo plano durante la construcción de muchas hermosas y poderosas catedrales erigidas a lo largo de los siglos.

Tal vez se dé usted cuenta de que abordamos ahora este tema como un campo de trabajo completamente nuevo, sobre el cual la mayor parte de los alumnos de nuestra Escuela tienen que dar todavía sus primeros pasos.

Para muchos, el templo no era hasta ahora más que un lugar donde reunirse para celebrar los servicios de templo, servicios que, a falta de templo se podrían celebrar en otra parte, o si el templo estuviera muy lleno, se podrían escuchar en otras salas por medio de una sonorización. En breve, nos encontramos aquí con la concepción protestante de estas cosas, que ha rebajado el significado de un santuario hasta convertirlo en un elemento de necesidad común.

Si reflexiona usted sobre esto, comprenderá que el desarrollo de una Escuela como la nuestra, ciertamente no ha terminado todavía, y que hay aún mucho que hacer en el sentido de una justa preparación. Además, no tenemos que basarnos en las formas de cultos practicados durante siglos, ni en costumbres banales y ordinarias.

Debemos comprometernos en una práctica que reposa sobre la calidad interior y la preparación interior. He aquí la razón por la que esperamos que comprenda de que se trata, y que esté usted decidido a volverse cuanto antes apto para este santo trabajo de templo por su preparación interior. Tanto más porque el tiempo ha llegado.

 

El trabajo de templo se ha vuelto necesario. Es un trabajo interior, que emanará de nuestros templos como un nuevo campo de radiación benéfico y que englobará todo.

Usted se pregunta cual es aquí el papel asignado a la magia gnóstica. Le respondemos con las palabras de Lao Tsé:

 

 

 

 

«Si los príncipes y reyes pudieran conservar Tao, los diez mil seres y cosas se someterían a ellos. El cielo y la tierra se unirían y harían descender un suave rocío y, sin necesidad de gobernantes, el pueblo alcanzaría por sí mismo la armonía.»

Examinemos más de cerca esta declaración. Atraeremos primero su atención sobre la expresión: Los diez mil seres y cosas. Para los antiguos chinos estos términos indicaban el conjunto de todo lo nacido de la naturaleza. Cuando el campo de radiación gnóstico mágico se pone a actuar en el plano horizontal extendiéndose hasta la tierra, la primera consecuencia es que todo lo nacido de la naturaleza se le somete.

La influencia de los sacerdotes reyes no interviene para un juicio, se trata de una radiación recibida y transmitida por la falange sacerdotal que extiende la calma y la paz. Estos influjos comienzan con impedir el acceso de las influencias que provienen de la esfera reflectora al campo de vida material.

 

De esta forma establecen en el mundo una nueva base para la masa y sus autoridades con el fin de que, sin ordenar ni ejercer absolutamente ninguna coacción, zanjar los conflictos y alzar un puente sobre el abismo y hacer posible lo imposible.

Comprenderá usted que así el cielo y la tierra se unirían, y sólo permanecería una esfera reflectora muy aislada, que terminaría normalmente por desaparecer, ya que por el canal que se derramaría en los templos de la Fraternidad Gnóstica, y por la radiación sobrenatural que se desarrollaría en consecuencia, estos templos cubrirían, por así decirlo, la tierra de un «suave rocío». Harían desaparecer por sí mismas las grandes oposiciones que dividen a los hombres, entre la sobre-naturaleza y vuestro campo de vida.

 

Es por esta razón que la Gnosis y el hombre gnóstico no tienen necesidad de mezclarse, por ejemplo, en los conflictos políticos. Por eso la Gnosis no tiene necesidad, como el hombre dialéctico, de verter torrentes de críticas sobre el mundo y la humanidad.

No juzgue a los que, de hecho no merecen su juicio. Porque debe comprender que las influencias de la esfera etérica, la cual, a causa de su naturaleza asimila vivifica y refleja todos los pecados de la humanidad, provocan ahora una deshumanización que degrada todos los valores humanos naturales y finalmente los suprime.

 

Por esta razón, la masa vive y actúa como lo hace. Y las autoridades actúan sobre ella y la dirigen completamente según su naturaleza.

La masa entera se ha vuelto así prisionera a causa de su orientación sobre sí misma. Y su angustia la incita a comportarse según la ley del antiguo testamento: «Ojo por ojo y diente por diente». Cada uno busca el mejor sitio, violentas disputas estallan y estamos continuamente hiriéndonos recíprocamente por virulentas críticas.

Vea con claridad que para ayudar al mundo y a la humanidad no tiene ninguna necesidad de seguir las prácticas de la masa; Que no es necesario que se pronuncie usted contra esto o a favor de lo otro; que no debe usted tomar partido a favor o en contra de este o aquel eón de la naturaleza.

Deber usted solamente despertar su alma viviente desarrollando un nuevo comportamiento digno y vigilante, y mantenerse así en el templo en tanto que hombres sacerdotales. A partir de ahí, del centro del templo y del campo de vida que le rodea, abrirá usted, con el nuevo campo de radiación sobrenatural, anchas y nuevas posibilidades para innumerables personas.

 

De este modo usted intervendrá de forma totalmente impersonal en los conflictos personales. Sí, hará usted imposibles las guerras y aportará la paz sobre la tierra.

 

 

Por su comportamiento de hombre nuevo, cumple usted la voluntad de Dios sobre la tierra, al servicio de todas las corrientes de vida. Y, en lo que concierne a las esferas etéricas, ya no serán alimentadas por el campo de vida material. La ilusión ya no tomará forma y la esfera etérica será así purificada de una manera perfectamente natural. Todas las formas ilusorias, privadas de sus fuentes, se disiparán como nubes. Todos los eones de la naturaleza sustentados artificialmente deberán conformarse a la voluntad y la ley de Dios, y cambiarán totalmente.

Comprende usted igualmente que el carácter de la naturaleza dialéctica será cambiado. Y que la vida tendrá de nuevo un sentido en la manifestación universal.

 

La tierra volverá a ser la Escuela de aprendizaje de la eternidad y la rueda del nacimiento y de la muerte tomará un sentido profundo. Toda la humanidad tal y como existe actualmente, en tanto que masa, será devuelta a su verdadera vocación. Y todo esto será obra de la magia gnóstica.

¡El gran adversario lo sabe! Sabe que su hora ha llegado y por eso un último combate contra todo lo que tiniebla será necesario.

 

Debe usted comprender aquí el concepto de «combate». Se trata de algo muy diferente al combate que el mundo conoce y practica, se trata del combate del amor de Dios con todos los medios que posee para alcanzar la victoria. Una victoria en la que todos tomaremos parte y que no tiene fin.

De este modo le introducimos en el trabajo que ahora comienza; un trabajo emprendido por hombres, para hombres, totalmente en concordancia con la voluntad y la ley de Dios; un trabajo del que nadie podrá decir: «¡Yo lo hice!», porque se trata de la realización de la fuerza divina para la beatitud de todos.

 

¡Que el que pueda, comprenda!

 

Quien conoce a los otros es perspicaz, quien se conoce a sí mismo es un iluminado.

 

Quien vence a los otros es fuerte, quien se vence a sí mismo es todopoderoso.

 

Quien sabe moderarse es rico, quien actúa enérgicamente tiene la fuerza de la voluntad.

 

Quien no se aparta de su naturaleza esencial vivirá mucho tiempo, pero quien muere sin perderse gozará de la vida eterna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO  33-I

 

QUIEN SE CONOCE A SI MISMO ES UN ILUMINADO

 

 

¿Ha descubierto ya que es extremadamente difícil alcanzar el conocimiento de sí mismo? Si examina usted los esfuerzos llevados a cabo de tiempo en tiempo al efecto, se dice usted mismo suspirando: «¡Alcanzar el conocimiento de sí mismo es absolutamente imposible!»

 

Sin embargo es evidente que es lo primero que hay que hacer para llegar a corregirse. Por eso es trágico tener que constatar que la gran seriedad con que muchos se esfuerzan produce tan pobres resultados. En efecto, tal y como dice la Biblia: «El que se vence a sí mismo es más fuerte que el que toma una ciudad», o como lo expresa Lao Tsé: «Quien conoce a los otros es perspicaz, el que se conoce a sí mismo es un iluminado».

 

Observar lo que hacen o dejan de hacer los otros, y determinar lo que es bueno o malo, donde tropiezan, lo que es negativo y sin esperanza, es el atributo de la mayoría de los hombres, porque son perspicaces, acostumbrados a juzgarlo todo, sobre todos y cada uno. Porque ellos han visto, han oído y ¡han comprendido! Hay personas que, sobre los demás pueden a usted decirle todo, con lujo de detalles. Sin embargo no hay que dar ningún valor a todos esos juicios. En efecto, esos observadores tan perspicaces son incapaces de percibir los motivos internos de ciertos actos, de ciertas palabras; pueden como mucho establecer hipótesis.

Para muchos la única base del tan necesario conocimiento de sí mismos son los juicios que otros emiten sobre ellos. Un amigo, por ejemplo, o un pariente le dirá muy claramente como es usted. Y también quien es usted.

 

Tan claramente que usted acaba por creerlo porque la gente que le es cercana ¿no se basa acaso en los hechos? ¿Qué razones tendrían para presentar las cosas de forma diferente a como son? ¿Sabe usted sin embargo que en lo referente al conocimiento de sí mismo, muchos han sido así conducidos sobre pistas falsas? Su esposa, su marido, su hermano o su hermana, su compañero le dice: «Eres así…» y usted acaba por creerlo. Y usted ordena su vida, su estado de ser ¡a partir de las conclusiones de otros! ¡Y para terminar pensará usted haber avanzado mucho en el conocimiento de sí mismo!

Si es usted suficientemente objetivo reconocerá que de tanto en tanto es usted víctima de esta situación. Tenemos la prueba clásica en el hecho de que Jesús el Señor, al igual que otros grandes trabajadores y sus sublimes servidores, no pudieran hacer nada en su propio entorno, en su propio país, frente a sus propias relaciones. Piense en la frase histórica: «¿Puede venir algo bueno de Nazaret? ¡Nada! ¡De sobra lo conocemos!»

Porque conocer a los hombres puede mostrarse útil y juzgar a los otros puede ser importante para usted, pero en cuanto a juzgar rectamente, hay en su vida muchos más errores y malentendidos que juicios justos. El que lo comprende y se atreve a reconocerlo, sabe también que en lo que se refiere al propio conocimiento se encuentra todavía en la oscuridad total. Sobre este particular la mayoría de los humanos son demasiado optimistas o demasiado pesimistas, pero ni por asomo realistas.

«¿Cómo puede ser esto? se pregunta usted. Simplemente porque el ser humano no posee ningún órgano de los sentidos, ningún poder interior para percibirse a sí mismo objetivamente en sus actos y sus gestos; tampoco es capaz de observar las emociones interiores que lo empujan a actuar de esta o aquella forma; todavía menos las causas de naturaleza astral que se encuentran en el trasfondo. El libro de las causas y los efectos, el libro del karma personal es las más de las veces un libro herméticamente cerrado en lo que concierne a su propia vida.

 

Es también el caso del ocultista, altamente informado, se dice, de su propio estado kármico. La Escuela Espiritual actual rechaza el ocultismo porque ofrece un método que permite penetrar, por medio de la conciencia-yo, hasta los misterios de la existencia.

Es posible, pero sólo hasta cierto punto. Y el resultado es siempre una conciencia-yo dura como la piedra y una existencia enteramente mezclada con la esfera reflectora y ligada a ella. Los ocultistas liberan influjos y fuerzas que han aprendido a temer y tratan de huir por medio de tácticas apropiadas y con una cierta astucia, o de neutralizarlas, lo que a la larga es absolutamente imposible naturalmente.

Un ocultista, aunque se mantenga entre nuestras filas, se reconoce en el hecho de que no puede o no quiere abandonar la astrología. En la práctica, la astrología no es otra cosa que un medio para echar una ojeada intelectual sobre el propio karma. Este se desvela entonces a la conciencia como una serie de buenos y malos influjos y radiaciones.

 

El horóscopo nos muestra la tela de araña en la que estamos prisioneros a causa de nuestro nacimiento en la naturaleza. El ocultista, suspendido en esta tela, trata de hacerla tan sonriente y agradable como sea posible. El horóscopo no dice nada de la araña que ha tejido la tela ni de su razón de ser. De hecho, la astrología es una ciencia que ofrece algunos medios para hacer la vida en la naturaleza un poco más soportable. Y añadimos:

 

Tal vez. Sin duda puede hacerle un poco más prudente respecto a situaciones peligrosas e impulsarle a aprovechar nuevas posibilidades dialécticas si estas se presentan.

Por lo demás, no se trata sino de una prórroga, que no hace al hombre mejor ni peor, sino tan sólo algo más hábil y a veces algo más astuto. En lo que concierne a la salvación eterna, a la vida real y verdadera, tal ciencia no puede hacer nada por el hombre.

 

Y porque, las más de las veces los ocultistas se aferran a ella, la hemos abandonado radicalmente en el sentido en que durante un tiempo la empleamos momentáneamente. Tal vez sepa usted que dimos lecciones de astrología en el pasado. Durante años enseñamos a los que se acercaban a las reuniones de la Rosacruz a levantar un horóscopo e interpretar el cielo del nacimiento.

 

Dejamos de hacerlo porque exclusivamente cuando usted busca el alma y que con este fin quiere usted desentrañar la trama del destino cierto conocimiento de su tela de araña puede serle de alguna utilidad en tanto que imagen de la misión de su vida. Sin embargo, el estudio de los aspectos, los fines y las prácticas de esta ciencia es muy perjudicial si se piensa alcanzar con su ayuda un mayor conocimiento de sí mismo.

 

El ocultismo tiene todavía otras muchas flechas en su arco, por ejemplo el tarot, la cábala y la quiromancia. Nosotros nos hemos servido también de tales flechas cuando éramos todavía jóvenes, pero hemos descubierto que el camino del conocimiento de sí mismo era totalmente diferente.

Sería maravilloso que usted comprendiera esto desde este momento, a fin de que el largo camino experimental, siempre acompañado de pena y remordimiento, le fuera evitado. Se trata de aprender a conocer un secreto. Y la fórmula de este secreto es:

 

1º.- Conocerse a sí mismo y así ser partícipe de la iluminación;

2º.- Vencerse a sí mismo y así volverse todopoderoso;

3º.- Desplegar una nueva energía y desarrollar así el poder mágico de la voluntad;

Y 4º.-Al final del viaje a través de la materia, entrar en la vida nueva eterna.

 

¿Quiere usted estudiar esta fórmula y después tratar de aplicarla y de saborear sus frutos? Es una fórmula que llega a usted desde el antiguo pasado y trae la gloria de la verdad infalible.

 

Se plantea una cuestión: «¿Cómo se alcanza el conocimiento de sí mismo a fin de ser partícipe de la iluminación?» y «¿Qué es la iluminación?»

Para plantear esta cuestión, se debe poseer cierta riqueza en experiencia y haber bebido el amargo cáliz del dolor. Porque es gracias a la experiencia que tales preguntas suben al corazón del hombre: «¿Cuál es el objetivo de mi vida? ¿Qué es el hombre en realidad? ¿A qué está destinado?»

Si usted se hace estas preguntas, no intelectualmente sino porque para usted son realmente problemas interiores; si estas preguntas se elevan de lo más profundo de su ser, entonces la tendencia a la búsqueda aparece por sí misma en usted. Es una inclinación que, desde el comienzo de la búsqueda es sentida como una necesidad vital, como un «ser o no ser». Entonces se abre al hombre la Enseñanza Universal en su totalidad, el entero Plan de Dios para el mundo y la humanidad.

Para el alumno, esta búsqueda se hace cada vez más fácil. La literatura de la Escuela de la Rosacruz de Oro es puesta enteramente a su disposición, y la estudia porque es empujado a

Ello por una necesidad vital. Observe, que cuando hablamos aquí de «estudio», está noción se funda sobre un sentido totalmente diferente del que se le da normalmente. El alumno estudia, quiere saber, porque es empujado a ello por una necesidad vital.

Descubre entonces que la conciencia-yo consiste solamente en una actividad motriz cuyo papel es, como mucho, mantener con vida a la personalidad; que la personalidad no es más que la mitad de la creación, que no es más que una base para el verdadero devenir del hombre nuevo; que la vida de la personalidad tal y como la percibe actualmente, no es una vida digna del estado de ser humano, sino sólo una existencia puramente animal.

Tan pronto como el estudiante comprende esto -y lo comprenderá si es movido por una necesidad vital- un punto de contacto latente en su personalidad se despierta, se abre y florece: la Rosa del Corazón. Y en esta Rosa una voz habla, la voz de la llama monádica, la parte del hombre superior que, por medio del alma, debe ser unida al hombre inferior, para que por este proceso, el hombre inferior cambie completamente y transfigure.

Cuando este Plan se vuelve interiormente claro para el alumno y se abre a él y lo comprende de una forma diferente a la intelectual; cuando vive y crece interiormente en el designio que Dios ha creado para él, entonces se produce al mismo tiempo la iluminación.

 

Tal es el conocimiento de sí mismo, el conocimiento de Dios, el conocimiento de las palabras: «El Reino de Dios está en vosotros».

Esto es la iluminación. Y en esta iluminación, por esta iluminación el hombre se introduce en el camino de la victoria, la victoria sobre el yo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO  33-II

EL QUE SE VENCE A SÍ MISMO ES TODOPODEROSO

 

 

Observará usted que, por nueva que parezca, la orientación necesaria hacia el nuevo día de manifestación que se aproxima es sin embargo, completamente clásica. Al final de la era de Aries, este mensaje fue aportado a la humanidad que se volvía lentamente adulta.

 

Fue presentado y aplicado durante la era de Piscis por varios grandes precursores y mensajeros. En la era de Acuario, que se aproxima, esta orientación debe ser tomada concretamente por toda la humanidad. Los grandes símbolos de este triple período: Anunciar, vivir y realizar, son sucesivamente el Cordero, Los Peces y el Portador de Agua, que vierte su cántaro lleno de Agua Viva sobre la humanidad entera.

Se puede decir que ha llegado el tiempo del cumplimiento. Y este período puede venir y realizarse porque el ser humano se ha vuelto apto para ello en razón de sus posibilidades existenciales. A lo largo de 4.000 años, tuvo el tiempo para movilizar todas estas posibilidades. Por eso los alumnos de la Escuela Espiritual deben prepararse, con alegría y reconocimiento, para este grandioso trabajo de liberación.

Hemos formulado el primer aspecto del proceso de autorrealización que les hemos presentado en la terminología del Tao Te King: el conocimiento de sí mismo por el cual se participa en la iluminación. Vamos ahora más lejos por el segundo aspecto: La victoria sobre sí mismo que vuelve todopoderoso.

Les hemos expuesto que en el hombre que bebido durante suficiente tiempo del cáliz de la amargura y comido suficientemente los frutos del árbol del conocimiento del bien y del mal, se desarrolla una nueva sensibilidad, una nueva necesidad vital, es decir un intenso deseo de comprender la finalidad de su vida y el plan subyacente.

A medida que penetra ese plan, que sus deseos, su corazón, son alimentados por él, que ese corazón es en consecuencia iluminado por la grandiosa luz de la Gnosis, se abre a este maravilloso cumplimiento. La Rosa se abre, y el Hombre superior, el microcosmos que la rodea, le habla. El candidato entra así en lo que llamamos, y muchos antiguos también llamaban, el período de la iluminación mística, de la unión al plan del que recibe el toque.

En este primer y nuevo estado de ser en plena apertura puede ocurrir que se produzca una orientación completamente diferente, luego un poder para determinar valores completamente nuevos.

 

Todo lo que el candidato consideraba anteriormente como muy importante se vuelve para él insignificante, ya no es nada a la luz del nuevo día. Aparece entonces un nuevo poder que toca a la razón y al comportamiento: A la razón porque, por este cambio, el santuario de la cabeza, después del santuario del corazón, va a cumplir sus verdaderas funciones.

 

Cabeza y corazón, corazón y cabeza trabajan desde este momento juntos en un estado de ser iluminado, tanto racionalmente como moralmente. Ahora el gran trabajo puede comenzar: Tras conocerse a sí mismo, vencerse a sí mismo. ¿Qué significa esto?

Puesto que la humanidad se encuentra al comienzo de la era de Acuario, la era de Aries y la de Piscis están podríamos decir enteramente tras ella. De otro modo, como su microcosmos admite en él una nueva personalidad alrededor de cada setecientos años, ha vivido usted unas seis vidas a lo largo de los cuatro mil años transcurridos, y se encuentra usted en la sexta o séptima vida después de la era de Aries.

 

Con esto queremos mostrarle claramente que, en un lejano pasado, ya ha recibido y percibido personalmente, en su existencia material, el mensaje que le llama a su vocación. Por consiguiente, la salvación le ha sido presentada y usted ya la ha experimentado en condiciones análogas. Así usted debe ahora seguir esta grandiosa vocación.

Hay que decir que los alumnos de nuestra Escuela, durante las etapas de vida pasadas y hasta hoy en día, no han en modo alguno aprovechado las innumerables posibilidades de liberación que les fueron ofrecidas.

 

Probablemente han oído hablar y conocido personalmente a estos grandes precursores y sus servidores, pero no han usado esta oportunidad; y en el curso de su última vida, fue la Gnosis de los Cátaros quien los llamó por su poderosa intervención.

Durante todo ese tiempo, no estaban tal vez suficientemente maduros para el camino de la victoria y, en consecuencia, se cargaron de un pesado karma. De su camisa de fuerza astral hicieron una prisión total. Por tanto sólo ahora son puestos ante la gran tarea de entregarse al camino de la victoria. También es posible que, durante esta vida no puedan ir más allá del camino de iluminación mística, como es el caso para muchos.

Sin embargo, supongamos que esta iluminación mística sea ahora su posesión y que su corazón y su cabeza se hallen por tanto preparados para tomar el camino de la victoria, y que se encuentre usted firmemente decidido, ¡puesto que de esto se trata! Es posible para usted alcanzarlo todo, posee usted las capacidades necesarias si persevera; en ese caso sólo tiene que cuidar de que la cabeza y el corazón permanezcan en este nuevo estado de ser. Debe usted mantener el corazón y la cabeza «en la Luz», para continuar el proceso. Y no se deje usted perjudicar por la influencia de la naturaleza.

El hombre microcosmos, manteniéndose en la iluminación, forma al ser alma por medio de la personalidad. Si usted mantiene el corazón y la cabeza en la luz, se desarrolla un estado ideal que une la personalidad al microcosmos. La fuerza que une, el elemento de unión, es la manifestación misma del alma.

El alma se mantiene siempre ahí, como «en el medio». El alma es el nuevo cuerpo que se forma entonces. La radiación de la personalidad en la Luz de la Gnosis, y el microcosmos que desciende e interviene cada vez más radicalmente forman juntos el alma viviente. Es una existencia, un cuerpo del que se puede decir que está en el mundo pero no es ya del mundo. Es así como el hombre se coloca a sí mismo en la transfiguración.

Algo muy diferente es volverse todopoderoso una vez se ha penetrado en el camino de la victoria. ¿Qué es la omnipotencia? Se habla por ejemplo de la omnipotencia de Dios. El Todopoderoso es pues Dios mismo. Alcanzar la omnipotencia quiere decir por tanto penetrar hasta la esencia fundamental de la divinidad y tener parte en ella.

Como la esencia fundamental de Dios está asociada al fuego, comparada siempre a un fuego llameante comprenderá usted que el candidato, desde el momento en que puede dominar el quinto éter, el éter de fuego, domina simultáneamente el núcleo del átomo, y alcanza, por este dominio, la omnipotencia absoluta. El dominio del átomo, tal es la omnipotencia.

Pude parecer extraño, pero se dará cuenta de que cada alumno que recorre el camino se vuelve un reactor atómico, porque pone en marcha una fisión nuclear. Por el proceso descrito, el átomo del que está usted formado va a manifestar su verdadera naturaleza y a irradiar sus fuerzas más escondidas. En consecuencia, se efectúa este grandioso cambio. El dominio del átomo es la omnipotencia.

Sin duda habrá usted visitado la gruta del Gran Maestro, en la Montaña Sagrada, en Ussat-les-Bains. Allí se ve una barca, representada, como en el antiguo Egipto, por algunas líneas que representan la barca celeste. Como mástil, lleva una séptuple cruz.

 

Una mano poderosa mantiene esta cruz erguida de manera que una poderosa corriente vertical de fuerza divina puede descender de la sobre-naturaleza. Los dos brazos de la cruz forman cada uno una trinidad. Una de las trinidades es llevada y sostenida por un águila, la otra por la cifra nueve, los grandes símbolos del fuego divino y de la fuerza de Dios.

 

Por eso decimos que el candidato es impulsado a la corriente de la omnipotencia por el éter de fuego, por el Espíritu Santo, cuando éste es liberado y puede ser dignamente recibido y usado por el candidato.

 

De esta forma la barca celeste es dirigida con mano firme hacia la Única Meta. Lo horizontal por lo vertical. La omnipotencia por Dios mismo. La liberación por el éter-fuego.

Comprende usted así que la fase mística de iluminación debe ser seguida por la unificación, la fusión con la llama; y por la unificación con la llama, con el fuego, con la luz: la unión con Dios.

¿Hablaremos de la omnipresencia divina? Pues bien, esta omnipresencia divina, esta fuerza divina está contenida en el quinto aspecto del átomo. Si el candidato se abre a esta fuerza, se hace uno con Dios mismo. Se hace uno con la esencia fundamental de la manifestación Universal hasta en el átomo.

 

Y de esta forma la fuerza de Dios, la omnipotencia, se dirige hacia él.

Después de esto viene el tercer aspecto de la fórmula que el Tao Te King nos da: desplegar una energía nueva y así desarrollar el poder mágico de la voluntad.

La voluntad es la fuerza más elevada y más grande que el hombre pueda poseer. Por esta razón es llamada «El Sumo Sacerdote».

 

Cuando, por el proceso de la Transfiguración, el hombre inferior se eleva hasta el hombre superior gracias al alma, la voluntad en tanto que verdadero poder real y sacerdotal puede ser usada, ser unida al fuego de la divinidad. De este modo una cruz ardiente es erigida, absoluta, extendiéndose sobre todo, cuyo fuego afluye verticalmente de la sobre-naturaleza para extenderse horizontalmente sobre el mundo entero.

No se trata ahora de saber hasta donde ha realizado usted este proceso, sino de participar en él y comprometerse.

 

Entonces los fuertes podrán ayudar a los débiles, y una unidad se desarrollará, la unidad de grupo de la que hemos hablado anteriormente.

 

Entonces no estaremos en el mundo en tanto que llamados, sino que desde ese instante estaremos en el mundo dotados de la omnipotencia.

 

De este modo edificaremos juntos la Escuela Espiritual como una poderosa ciudadela en el gran movimiento Universal.

 

Y por la intervención de la nueva voluntad, veremos cambiar nuestra sociedad entera, la humanidad entera y el mundo entero.

 

 

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CAPÍTULO  33-III

 

QUIEN MUERE SIN PERDERSE GOZARÁ DE LA VIDA ETERNA

 

 

Esperamos que usted comprenda ahora claramente lo que quería decir Lao Tsé en el capítulo XXXIII. En líneas generales esboza el proceso de la liberación, de forma que la imagen se proyecte ante los ojos de los alumnos.

 

Queremos ahora presentarle una vez más este esbozo a fin de que ya no lo olvide y terminaremos con el último aspecto de esta fórmula mágica: la entrada en la vida nueva, la vida eterna.

Así pues, el hombre material que conocemos ha aparecido en el mundo material. Este hombre no es el hombre verdadero, el hombre superior querido por Dios, pero representa el instrumento con ayuda del cual puede realizarse el gran milagro de la Creación. Con este fin, el hombre superior lo rodea pero le falta todavía el factor animador, la llama que lo abrazará.

El factor animador, el elemento que conduce a la «Vida Verdadera» debe todavía ser realizado, construido a partir de la base. Todos los elementos necesarios deben pues ponerse en movimiento. Todas las posibilidades son reunidas y por medio de la emoción, la sensibilidad y la actividad tiene lugar una combinación, una interacción de fuerzas y radiaciones.

Son vividas entonces profundas experiencias. Y si estas experiencias se graban suficientemente en el hombre en formación -proceso que se acompaña, por desgracia, de muchos sufrimientos y dolores- un deseo intenso se desarrolla en él, el deseo de conocer la finalidad de la vida, así como el de poder responder a él y cooperar. Vemos que la búsqueda es la consecuencia de esto, así como el amor por esta única meta, que nace en el corazón.

En un momento dado, la comprensión perfecta surge en el santuario de la cabeza. Ella comporta un contacto íntimo, un acercamiento muy estrecho entre el hombre superior y el hombre inferior. Se desarrolla un intercambio. La fuerza de radiación del hombre superior ilumina intensamente la cabeza y el corazón del hombre inferior. Esta fuerza luminosa que une y no puede manifestarse más que si el hombre inferior satisface las condiciones  requeridas, esta fuerza ardiente, hace desaparecer el factor de cristalización, llamado también factor gluten.

El factor gluten se manifiesta, en particular, sobre todo en la sangre. La desaparición de este factor se refiere a la transformación atómica ya descrita. Esta transformación atómica abre al hombre inferior, al instrumento, para el descenso del éter fuego.

 

El hombre inferior, envuelto en llamas, ornado con las lenguas de fuego de Pentecostés vertidas por el éter fuego, realiza gracias a este contacto íntimo, la unión con el hombre superior. Un ser nuevo se desarrolla. Y de día en día el fuego hace crecer al hombre nuevo.

Del juego de las llamas surge entonces ante la mirada interior el hombre alma elevándose de la luz, liberado por el fuego de Vulcano, revestido del Manto Real, el Vestido de Oro de las Bodas.

 

Después llega el momento en que ya no se puede decir: «Aquí está el hombre inferior, aquí el hombre superior». Porque el Espíritu, el Alma y el Cuerpo se han fundido podemos decir bajo la acción de este fuego y producido un nuevo ser.

Cuando este trabajo se ha cumplido y resuenan los cantos de victoria, el candidato entra en su verdadera Patria. Desecha las escorias del fuego, la antigua morada reducida a cenizas, y desde ese antiguo vestido consumido hasta la última fibra, se eleva hasta el Trono de los Tronos, y entra en la Vida Eterna.

 

Los que lloran sobre ese montón de cenizas apagadas no comprenden nada del milagro que se ha realizado. Los otros alzan los ojos y ven al Pájaro de Fuego, el Fénix, emprender el vuelo, lanzarse hacia el cielo y entrar por las grandes puertas abiertas. E

 

El Hombre Nuevo ha regresado a su morada. La Obra grandiosa y maravillosa se ha realizado.

Por esta razón Pablo dice, en la Epístola a los Corintios Capítulo 3: «La obra de cada uno será manifestada.

 

El gran día la dará a conocer porque se revelará en el fuego». Y Gustav Meyrink: «Nosotros, que a lo largo de los siglos pasados hemos encontrado y combatido a las potencias tenebrosas, nosotros podemos ahora saludar a la Luz por el acto salvador».

Hermanos y hermanas, forjaremos la lanza.

 

Que madure en nosotros el fuego, cuyo resplandor nos irradia en nuestras apacibles asambleas.

 

Unidos a la Cadena Universal, saludamos en la alegría a todos los que han sido reencontrados y han triunfado.

 

 

 

El que se desata de la apariencia

Encuentra el camino del ser interior

Alcanza el no hacer

Es admitido en la cadena.

 

Amén

 

 


    [1]De chinese filosofie, toeglicht voor niet-sinologen, deel II, Lao Tse, Amsterdam 1897

    [2]En China, el emperador era  <<el hijo del cielo>>(Nota del traductor al francés)

(*) J.V. Rijckenborgh y C. De Petri, La Fraternidad de Shamballa. Capítulo X, Los Hijos de la voluntad y del Yoga.

 

 

  • · J.V. Rijckemborgh, La Gnosis Original Egipcia, Tomo II, cap. XXI, El Cráter Sagrado.

* Escrito en 1.961

1 Las tasas de radioactividad están en disminución sensible.

 

 

 

 

       
EL CAMINO UNIVERSAL

POR

 

 

J. VAN RIJCKENBORGH

 

Y

 

CATHAROSE DE PETRI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Í N D I C E

 

I     Propaganda religiosa………………………………………………………                  3

II    La puerta detrás el velo …………………………………………………..                  8

III   El templo de Osiris ………………………………………………………….               16

IV   El misterio secreto ………………………………………………………….               23

V    El templo del espíritu ………………………………………………………               30

VI   El templo de naturaleza divina ……………………………………….               36

VII  El sueño de una noche de verano …………………………………               42

VIII La sublime sabiduría de Lao-Tse ……………………………………               51

IX   La trayectoria en espiral y la vibración ……………………………               59

X    Ilusión – Realidad ………………………………………………………….               67

XI   El misterio y la vocación de Hiram Abiff, el maestro constructor     75

XII  Peligros en el camino …………………………………………………….               89

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

PROPAGANDA  RELIGIOSA

¿Igual no les ha llamado la atención el número de religiones, grupos y asociaciones ocultistas de carácter negativo – compitiendo mutuamente – que se promocionan de forma cada vez más  abierta y  vulgar, por medio de anuncios en periódicos,  panfletos  y  carteles, etc.? Toda esa propaganda religiosa, muchas veces ingenua, da pruebas suficientes de que la humanidad actual vive una decadencia espiritual y se enfrenta a una violenta crisis.

 

Es siempre muy fácil comprobar si una determinada acción en la vida de una persona, lleva estampado en  sí el sello de la autenticidad, la enseñanza reveladora de una predisposición interior.  Y así, también somos capaces de percibir toda la maquinación existente  detrás de la propaganda proveniente de los Estados Unidos, país donde la ciencia de la divulgación ha sido tan minuciosamente estudiada y la difusión de ciertas creencias religiosas tan banales,  que el corazón del europeo se queda perplejo.

 

Por ello, todo lo que juzgamos de banal y grosero, para el americano es evidente y nada chocante. Nuestro objetivo aquí no es discriminar las causas que han llevado al pueblo americano a este estado de ser, tampoco discutir porqué el debe, a su manera, superar la degradación religioso-natural en sus procesos alquímicos.  Lo importante es aclararles porqué la metodología religioso-natural, empleada por los americanos, está también siendo aceptada en los países europeos.

 

Afirmamos que ese fenómeno es causado por el fin irrevocable de un período cultural   comenzado hace mucho tiempo.  Cuando el hombre llega al final de su proceso vital y se amedrenta delante de las consecuencias irrevocables, sus actos pierden la auténtica espontaneidad y se entrega a la especulación y la imitación. Su comportamiento revela a un hombre tenso, que levanta la voz, dándose aires altivos dándose una apariencia positiva, mientras interiormente esconde una gran negatividad. Él es, en realidad un pobre hombre, digno de compasión. Por eso, cuando los dictadores gritan, pueden estar seguros de que la situación es  deplorable.

 

Sin embargo, si la vida se dirige  a la esencia, ella da testimonio de un crecimiento y una expansión libre que se explica por la propia vida y son, por ello, absolutamente legítimas.  Si hay una manifestación de vida, existe también un poder de atracción magnético-natural, un foco y un campo de fuerza.

 

De esta forma, en un pasado reciente, hubo épocas en las que la comunidad de pueblos europeos poseía un foco y un campo de fuerza de ese tipo. Europa era la que daba el tono, siendo este poder un derecho que le asistía, pues ella era realmente su centro inmanente. Muchas veces, sin embargo, esta posición privilegiada se mantuvo pendiente de un hilo, debido al mal empleo de la fuerza vital y del poder. En esas épocas, las fuerzas restantes eran canalizadas, a fin de  establecer un proceso de reestructuración; por ejemplo la aparición del Renacimiento y la Revolución Francesa. Sin esas poderosas transformaciones ocurridas en el pasado en Europa, su tarea, frente a la comunidad de pueblos, estarían hace mucho tiempo reducidas a cenizas.

 

Ahora, nos encontramos de nuevo, en el viejo mundo, ante una transformación que se proyecta en el futuro, causando una curva de nerviosismo. Lo antiguo no quiere desaparecer, ó lo hace con lentitud, produciendo la  importación de nuevo métodos de vida. Lo que antiguamente era tratado en profundidad, se presenta ahora de una forma totalmente horizontal,  en la forma de una propaganda religiosa vulgar,  anunciando el fin de un período cultural.

 

La propaganda  se presenta de las formas más diversas. Deben centrar su atención a este hecho.  Lo que leemos en nuestros periódicos constituye sólo la propaganda en su forma más superficial e ingenua. Existen grupos que con la ayuda del poder político consiguen apoderarse de puestos estratégicos dentro del aparato  civil, social o económico. De esa forma se empeñan mantener al pueblo bajo su influencia, ó fortalecerla.

 

Es más  que evidente que  ese método forzado genera en sí mismo la muerte. Cuando un ser humano o un grupo dispone de cualidades espirituales, así como de una inequívoca vocación de un consecuente foco y  campo magnético, no hay nadie, sea divino o humano capaz de ofrecer resistencia a la actividad generada por ese poder. De esa forma,  todos los obstáculos se transforman en un beneficio. Por eso está escrito:  “Aquellos que creen son libres”.

 

Nuestras opiniones sobre la naturaleza y las causas de esos fenómenos pueden ser divergentes; pero, un hecho es indudable: todo el mundo se encuentra en el torbellino de una era revolucionaria, mientras todas las atenciones están puestas  en  la antigua Europa. Europa está en las vísperas de un nuevo día de revelación – una nuevo renacimiento está por surgir. Si ustedes aún poseen  algo del antiguo sentimiento  nacional, entonces percibirán que el mundo se dirige hacia un objetivo inmutable, con una seguridad absoluta, y no hay mano humana capaz de detener ese desenvolvimiento, ni de impedirlo.

 

Algunos grupos de seres humanos viven en el campo de la revolución política, donde concentran todos sus esfuerzos, estableciendo  así una fuerte unión con esa lucha. Otros se encuentran absorbidos  por la inquietud social de nuestro tiempo, y aún otros más exclusivistas, se muestran interesados por el aspecto económico de las agitaciones mundiales. La personalidad de ustedes debe encontrar afinidad  con uno de esos tres aspectos: político, social o económico. En consecuencia, están enganchados a una religión natural, sometiéndola automáticamente a sus intereses, tanto políticos, como sociales o económicos. Todo ello es perfectamente normal en la vida del hombre.

 

La conciencia religiosa natural está unida al estado sanguíneo, al aspecto hereditario. Las tendencias de las generaciones pasadas son conservadas por medio de la magia, proveniente de la esfera reflectora. Esta conciencia religiosa natural es totalmente horizontal y está orientada hacia el plano terrestre. Ella es biológica   y se manifiesta de la misma forma, a través de los tiempos. El indio y el bosquimano, el mahometano y los llamados cristianos son llevados a un éxtasis religioso debido a su naturaleza y a su actitud de vida.  Ese estado puede ejercer gran influencia sobre ellos llevándoles a agredir al enemigo. La sicosis y el miedo a la guerra son de esta forma fomentados, como ustedes saben.

 

Es aconsejable que el alumno de la  Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro reflexione sobre ello y compruebe hasta dónde esta envuelto en este proceso. ¿Tienen algún  interés político, social o económico? ¿Con cual de estos aspectos vuestro estado religioso natural está sintonizado? Este es un auto-análisis al que todo alumno de una escuela espiritual debe someterse urgentemente,  ya que los problemas que le  surgirán en breve, serán muy importantes.

 

La Rosacruz de Oro no tiene ningún interés por la inquietud política, social o económica de nuestro tiempo, y mucho menos por la religión natural con su propagando hecha tan a las claras, así como por medios ocultos. Porque existe otra vida, otro  hogar y otra naturaleza
religiosa, que exigen toda nuestra atención y energía. Este punto de vista tal vez les parezca muy negativo en la inconstancia de nuestro tiempo, ya que observan los acontecimientos en concordancia con su círculo de existencia. Sin embargo, los alumnos de la Escuela Espiritual llevan una forma de vida extremadamente activa. Esta actividad es consecuencia de unos planteamientos   claros y concisos, realizados por medio  de nuestras alocuciones y nuestra literatura.

 

El  alumno que penetra, de dentro   para fuera, en este campo de visión de la Escuela, se ve como transportado  a otro mundo. Él observa toda la tribulación de este mundo como a través de una lente. Su visión no se restringe sólo a lo que se presenta delante de sus ojos, sino que atraviesa el mundo de las apariencias. Él penetra en los escondrijos más recónditos de los seres humanos. El alumno no se deja influenciar por las propagandas difundidas por medio de la radio y de los periódicos. Él es un espectador en las mesas de conferencias  y está entre los mejor informados. Por eso, trata toda la agitación de éste mundo de la forma más objetiva posible. Él verdaderamente no hará de su arado una espada, y no se opondrá inútilmente a todo lo que en este mundo es inevitable.

 

En medio  de las poderosas tensiones y revueltos océanos de las pasiones él aún puede alcanzar una tranquilidad interior inmensa, la paz de la nueva vida que no es de este mundo. Una realidad de vida llena de gracia y verdad, que se desarrolla normalmente, en medio de las grandes  agitaciones. Esta contingencia se ha comprobado en toda la historia del mundo. A  este respecto, la Biblia nos relata, por ejemplo,  en el Apocalipsis, capítulo 18: “Oí una voz que decía. Sal de allí, pueblo mío, para que no compartáis  con ellos sus pecados y no recibáis parte de sus tormentos. Pues sus pecados se acumulan hasta los cielos. Es decir, hasta el corazón de la esfera reflectora. “  “Y vean,    los comerciantes de la tierra lloran copiosamente”.

 

Desearíamos que comprendiesen claramente y de forma oculto-científica la alarma divina: “Huí de la tempestad que se acercaba” Aquí se trata de la huida, de la ascensión, del reconocimiento de la nueva vida, en un nuevo círculo de existencia. Que la tempestad venidera pueda encontrarles  salvados, en su nuevo hogar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

LA PUERTA DETRÁS DEL VELO

La naturaleza de la conciencia humana es determinante para la sangre. Este axioma ha sido aclarado por los esoteristas de todos los tiempos a sus alumnos, sin dejar la más mínima duda. “El reino de Dios está en vosotros” afirma la Biblia enfáticamente; y la llave para ese reino inmutable debe ser realizada ó liberada en vuestra sangre, la sustancia vital roja que penetra cada fibra de vuestro cuerpo. Ese es el gran secreto de “volver a ser” que toda escuela espiritual de bien, desea transmitir a sus alumnos. ¡La sangre determina el grado y la naturaleza de la conciencia humana!

 

La Doctrina Universal distingue el fluido vital humano en tres diferentes formas: sangre común; fluido nervioso y linfa. Esa sustancia vital triple es  en el cuerpo y por él producida. La materia prima necesaria para esa producción es igualmente de naturaleza triple. El hombre se alimenta de sustancias sólidas y líquidas de naturaleza química; de compuestos de gases atmosféricos y de materia prima planetaria de naturaleza etérica. Esa sustancia vital triple, producida por el cuerpo y en parte explicada por esa triple nutrición, conserva, a su vez, el organismo material en su totalidad, garantizando de esta forma la vida en su sentido biológico. La actividad motriz, en todo ese proceso, se realiza mediante una fuerza, una vitalidad cuyo núcleo se encuentra detrás del hueso frontal, entre las cejas. Este foco irradia una cierta conciencia, una cierta vibración espiritual, en todo el fluido vital.

 

Llamamos al foco de la conciencia, simplemente espíritu biológico, y a su radiación en la sangre alma. Podemos también reconocer la relación existente entre espíritu, alma y cuerpo. Pero deben  ser conscientes de que esta irradiación de la conciencia ó vibración  anímica proviene en realidad, del espíritu biológico, pues la intensidad, la calidad, el rayo  de acción y los efectos son determinados por la sangre. Las funciones como pensar, sentir, querer, desear y toda la vida activa sólo puede manifestarse, por medio de una estructura orgánica y una actividad nerviosa. Ellas son controladas por la sangre, tanto en sus expansiones como en sus limitaciones.

 

De todo esto concluimos que, en cuanto un hombre nace, el espíritu biológico se encuentra como en un cierto cautiverio. El no gobierna el sistema de vida, sino al contrario, se somete a ella. Encerrado en la personalidad material que lo vuelve prisionero, él es utilizado como factor vital de la sangre y esta determina todas las iniciativas y actividades de la vida.

 

El hombre de naturaleza dialéctica no vive del espíritu, sino completamente de la sangre. En cuanto la vida comienza, el hombre unida a la rueda, y el alma, bajo la forma sanguínea, dotada de vida, conserva y retiene consigo el espíritu cautivo y todos los factores vitales que necesita, por medio de una poderosa sed de existencia. Por eso, el iniciado Pablo afirma con razón, que el hombre de esta naturaleza es un alma, pero no un espíritu vivificante.

 

No sería correcto considerar al espíritu un factor neutro en este proceso, un inocente expiando. El espíritu biológico es un rayo de la realidad de vida espiritual original, que en el inicio se podría llamar hombre. Esa chispa de espíritu se desprendió del ser espiritual humano, en la pre-historia, como resultado de una tentativa forzada y especulativa, de influenciar obstinadamente el gran Plan divino de creación.

 

Los resultados fueron desastrosos. La chispa de espíritu, que había ofrecido resistencia, impulsó todo el sistema microcósmico en una falsa dirección. El desenvolvimiento original fue encapsulado y la chispa, en virtud de su esencia, fue impulsada a la manifestación.

 

Por ello vive en el espíritu biológico la imagen del hombre perfecto completo, que todo lo puede y conoce.  Todavía se encuentra en una contranaturaleza, en una dialéctica continua, en una inestabilidad y aprisionamiento, totalmente despojado de iniciativa alguna y atado a la rueda del nacimiento y de la muerte. Él se entregó al ser anímico, por él mismo creado, que aparentemente muere, para de nuevo vivir, acompañándolo de la cuna a la tumba, y de la tumba a la cuna. Ese es el dolor del espíritu, su padecimiento, su desespero y su caos. Una llamada para la liberación resuena en todo el microcosmos, mientras tanto, esa llamada de socorro se siente muy débilmente por el alma, debido al apego del alma por la vida.

 

En muchos casos, el espíritu no puede ya manifestarse en el alma debido a su estado grosero. El antiguo ser-alma – el hombre capaz de revelar en sí no solamente una conciencia sanguínea, sino, hasta cierto punto, la voz del espíritu- se ha transformado en un ser de conciencia exclusivamente sanguínea. En esoterismo hablamos, entonces, de una ausencia de alma. El núcleo espiritual de tal hombre se manifiesta, de la misma forma  que en los animales, fuera del cuerpo. Toda la individualidad se pierde y surgen, igual que los animales, hábitos de grupos o de especies, cuyas consecuencias son incalculables.

 

En este caso distinguimos, en primer lugar, la conciencia sanguínea, en la cual solamente habla la voz de la sangre, la especie, el grupo y la voz de los antepasados.  Este es el hombre que ha quedado reducido a sólo una criatura biológica que se encuentra presa de la “sangre y la tierra”. En segundo lugar, existe una conciencia psíquica, que es la conciencia sanguínea cuya acción espiritual biológica viene acompañada de la voz del núcleo de la conciencia espiritual. Sus deseos, sus esperanzas   e ideas aún  pueden ser expresadas. El hombre que  posee una conciencia psíquica aspira a un desenvolvimiento cultural en todas las esferas de la vida. Él quiere construir un campo de vida y una comunidad de vida en este mundo, con esta humanidad, cuyas formas éticas y religiosas le satisfacen.

 

En tercer lugar, existe una conciencia espiritual, que es la conciencia del núcleo espiritual dialéctico separada de la sangre. Los hombres que poseen una conciencia espiritual separada de la sangre comprenden su estado cautivo y su dependencia del ser sanguíneo en la conciencia espiritual. De esta forma, el conocimiento de su estado de caída se transforma en un saber cristalino. En cuarto lugar, tenemos la conciencia original o microcósmica. Algunos autores simplemente la denominan como cósmica o celeste, a la conciencia de la realidad del hombre original.

 

Si consideramos, con ayuda de esa sabiduría, primeramente  nuestro comportamiento y luego el de la humanidad, podemos llegar a valiosas conclusiones. En concordancia con los cuatro estados de conciencia, se habla también de una mentalidad cuádruple, de una vida mística cuádruple, de una actividad vital cuádruple. Cada individuo sólo puede reaccionar conforme a su estado de conciencia y ser juzgado de  acuerdo con el mismo.

 

Así también esta la vida mística del hombre cuya conciencia sanguínea está en perfecta  sintonía con la naturaleza y  el transcurrir de las estaciones del año. Las fiestas religiosas significan para él  comer, beber y divertirse. El viajante puede ver mientras pasa por ciertas regiones alejadas de los Países Bajos en tiempo de Pascua, a la noche, las hogueras encendidas por todas partes. Los campesinos que están unidos a la tierra en cuerpo y alma, se sientan alrededor de las llamas, dentro del círculo de luz  y elevan hacia lo alto su agradecimiento, como hombres de conciencia sanguínea, por la resurrección de la naturaleza.

 

El hombre de conciencia psíquica  da muestras de una gran  disonancia en su vida mística. Su círculo religioso de existencia es más amplio. La llamada de los mensajeros divinos que no son de este mundo le ha tocado,  verdaderamente lo ha tomado en consideración. Pero él se encuentra en la naturaleza y es uno con ella; de ella debe vivir y extraer su alimento. Entonces él intenta adquirir un compromiso. En su más profundo ser natural,  él se compenetra con la hoguera de Pascua y la Fiesta de Navidad; sin embargo, debido a la ampliación de su círculo  de existencia, se avergüenza de ello por lo que celebra esas fiestas en casa. Al final,   él construye una teología moral y se encierra rigurosamente entre las paredes de su oratorio.   Para este hombre, el conflicto entre la materia y el espíritu   generalmente se  vuelve muy real en su lecho de muerte. Si han tenido la posibilidad de ver morir a un hombre de conciencia psíquica, ya sabe de lo que hablamos.

El hombre de la tercera fase, poseedor de una conciencia espiritual, vivencia la separación experimentada por el hombre de  conciencia psíquica de una forma más bien dramática. Él ya no vive  – padece; y siente profundamente el estado de su caída. Él  conoce la vida original, debido a su conciencia. Vislumbra la tierra luminosa a distancia, pero  no tiene ninguna participación en ella. Su fe en la existencia del reino inmutable es inequívoca, como se dice en Hebreos,  cap. 11: “La fe es el firme fundamento de las cosas que se esperan y la prueba de las cosas que no se ven”. Por medio de este fe él está totalmente capacitado   y puede desenvolver en su vida una integridad digna de admiración. Puede demostrar una renuncia de la vida y ofrecer un sacrificio  de sangre por amor a la humanidad; no tiene ningún inconveniente en soportar todo a fin de realizar la gran obra. ¡Qué, no se consigue por  la fuerza de la fe!

 

Sin embargo, esos testigos y héroes de la fe – citamos de nuevo Hebreos 11: “no recibirán las promesas  sino solamente las verán de lejos”. Y éste es el drama.  Nos preguntamos ¿Por qué todos los esfuerzos son en vano, según la experiencia de los héroes de la fe y según la palabra de las Sagradas Escrituras? Porque la conciencia espiritual se encuentra encerrada en una cárcel, la cárcel del hombre dialéctico; porque le falta a la conciencia espiritual una personalidad, un organismo que pueda emprender el viaje hacia el reino inmutable, para continuarlo y completarlo; porque la conciencia espiritual habita en un templo impío y está prisionera de la sangre de la naturaleza. Por ello, existe en ese hombre un conflicto que se resume en una pregunta: “¿Cómo podré liberarme, estructural y fundamentalmente, de la sangre y de su actividad tenebrosa?

 

Aquí, ninguna fiesta de Navidad y ninguna hoguera de Pascua, puede ayudarnos, así como ningún engaño místico, éxtasis musical o teología moral. El alumno es confrontado con dos alternativas: morir en la fe, viendo a la nueva luz brillar en la lejanía  y conservar la fe hasta que, una vez más,  le  sea dada la posibilidad de intentarlo de nuevo, ó morir por medio de una revolución, una autorevolución positiva, capaz de irrumpir hasta la nueva vida del reino inmutable. ¡Para este hombre se trata pues de permanecer en la fe y osar caminar con la Rosacruz Universal!

¿Esta revolución  y penetración hasta la nueva vida son realmente posibles? ¿Cómo conseguirá el alumno alcanzar la conciencia cósmica? Las auténticas escuelas espirituales de todos los tiempos vienen indicando el camino, la senda. Es necesario la demolición del viejo templo de la naturaleza inferior, la eliminación de la personalidad  dialéctica y la construcción de una nueva personalidad, de un nuevo templo. Sólo un nuevo templo estará en condiciones de albergar una conciencia cósmica. Aquellos que poseen esta conciencia y viven en la casa Sancti Spiritus  indican   los tres puntos culminantes del proceso que conduce a la victoria, que son:

 

 

Inflamado por el Espíritu de Dios.

Inmerso en Jesús el Señor.

Renacido por el Espíritu Santo.

 

 

Encontramos esas palabras en el elogio del Libro T, encontrado en el templo sepulcral de Cristián Rosacruz. El alumno de conciencia espiritual es inflamado por el espíritu de Dios. Está lleno de conocimiento y de fe. Él ve, según su estado de ser, la luz aún tenue de la nueva vida que despunta en el horizonte.

 

Para hallar la puerta de la nueva vida, el alumno debe volver toda su atención   hacia su propia sistema de vida. Él debe  ¡“sumergirse en Jesús, el Señor” el alumno debe dirigir su atención hacia su propia estado sanguíneo, hacia la personalidad de esta naturaleza! ! Esa personalidad, todo ese sistema de vida debe perecer, no por medio del arrepentimiento y de la penitencia ó de algún otro tipo de áccexis  mística o corporal, que en el pasado fue tan ampliamente empleado; Si no a través de la alquimia mágica, por medio de un método directo y espontáneo, que siempre ha sido y será enseñado en las escuelas de conciencia superior.

 

Mediante la aplicación de este método, de esta realización de vida superior, el alumno recibe una fuerza divina, que en la lengua sagrada de la Biblia se llama “sangre de Cristo”. Con la ayuda de esa fuerza, el alumno muere para poder vivir. No se enfrenta a la inútil  muerte de la naturaleza, suyos restos pecaminosos se elevan hacia la esfera reflectora para desaparecer. Él muere conforme un proceso, una muerte estructural en Jesús el Señor.

 

Aquí tenemos que ser bien claros. Dice un versículo místico: “Quien en su fe, se  entrega a Cristo  no teme a la muerte ni al infierno”. ¡Esto es realmente posible! La fe nos inmuniza contra  todas las preocupaciones,  ansiedades y miedos. La unión de la fe, es una fuerza poderosa, pero ella es solamente el comienzo; ella no es una solución en sí misma. El alumno no debe, en su fe,  entregarse sólo a Jesús; el debe sumergirse en este fuerza y posibilitar así el poderoso proceso de transmutación alquímica. En el punto donde el místico se estanca, la Rosacruz va más allá. Por eso, la Rosacruz y su Fraternidad – que conducía ese proceso sagrado mucho antes que la iglesia hubiese nacido y también mucho antes    de que el primer pastor practicase su suicidio teológico – no son espíritus engañadores, sino espíritus guías.

 

Millones de personas se entregan, en su fe, a Jesús y  son religiosos en todos los aspectos y cantan sus himnos de fe y conocimiento. A pesar de esos esfuerzos ellos pertenecen a la naturaleza dialéctica y  perciben eso muy bien; mientras tanto, no progresan y caminan con dificultad, en el terror mundial que ellos mismos han creado. Aquel que en su fe se entrega a Jesús, no acepta semejante infierno. Aquel que busca una solución, una salida,  acepta la mano extendida y celebra su adiós.

 

Es por eso que el alumno no puede permanecer en la fase de la fe. Él debe buscar  el camino, el método  que le ayudará a abrir su propio ser sanguíneo para la sustancia vital de la naturaleza divina, la sangre de Cristo, que tiene el poder de limpiar y purificar todos los pecados, como un fuego. El hombre que libera en si este secreto es aceptado en el proceso de la transmutación alquímica. Él abre la puerta detrás del velo y entra en el reino inmutable.

Así nos impulsamos mutuamente hacia la muerte de   esta naturaleza. Y Él, a quien debéis entregarle todo vuestro ser después de verle, dice: “Yo soy la puerta”….. la puerta detrás del velo sanguíneo de la ilusión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

 

El TEMPLO DE OSIRIS

 

 

 

 

En la Biblia, encontramos muchas descripciones de templos, de sus construcciones, hasta de ciudades templarais. Estas narraciones generalmente encierran todo el conocimiento que las Sagradas Escrituras desean transmitir a la humanidad. Piensen en el papel preponderante que la ciudad de Jerusalén desempeñó en el Antiguo Testamento, y también en la intención de  la construcción del templo, por el glorioso rey Salmón.. También en el Nuevo Testamento Jerusalén, de nuevo,  es el centro del drama cristiano. La nueva Jerusalén, que  los verdaderos cristianos anhelan, es la visión final del libro del Apocalipsis, pues el verdadero cristiano sabe que la revelación universal  está establecida con seguridad en Jerusalén.

 

Cuando despojado de toda mistificación, el alumno esoterista  pronto  se conciencia de que esas narraciones e indicaciones de templos y ciudades templarais, se refieren al templo humano que debe ser edificado. En este templo, el dios que está presente en  todo hombre  y  el Logos, se encuentran para juntos realizar la gran obra para la humanidad.

 

En esas escrituras, observamos que el templo que no está a la altura de las altas exigencias de la ley divina, debe ser demolido,  ocupando su lugar otro,  cuya estructura está en conformidad con los designios de Dios. Por eso la historia del mundo está repleta de leyendas sobre devastaciones de templos y tentativas de reconstruirlos. En este sentido, oímos también hablar de moradas provisionales y de construcciones que deben servir de puentes entre lo inútil de   ahora y lo indispensable por venir.

 

Un ejemplo esclarecedor es el tabernáculo en el desierto. Al hombre que desea construir y aún se encuentra en medio del desierto, le es dado poseer algo del verdadero templo y, por medio de él, comprender algo del testimonio del nuevo orden de vida. Es el grandioso e inconmensurable amor de la revelación divina  de salvación, que indica, al hombre  cargado de culpa, el camino en su fragilidad y ofrecerle un  tabernáculo en su desierto. Este tabernáculo es la morada transitoria de las fuerzas centrales del microcosmos, que deben realizar el proceso de regeneración, para que las leyes del nuevo orden de vida, puedan ser cumplidas.

 

Ese proceso de regeneración surge delante de nosotros, como condición necesaria, pues si confundimos la construcción del templo y de la ciudad templaria  del lenguaje universal, con la de los templos de madera y piedra, y colocamos estas catedrales groseras y mundanas en el centro de la conciencia humana, entonces la fuerza que la revelación divina  podría ejercer sería muy débil.

 

Naturalmente, no nos posicionamos contra esos lugares de reunión o contra sus normas estéticas. Estos patrones de belleza, según los cuales son y fueron construidos, sirven para realzar su sagrado objetivo.

 

Sin embargo, les prevenimos, hacia el hecho de que cuando el templo de piedra se vuelve esencial y, la llamada para la construcción del templo humano es ignorada,ya ha comenzado la decadencia de toda la metafísica humana.

 

Deben comprender, por tanto, que cuando nosotros, desde la Escuela Rosacruz, hablamos al respecto de la edificación del templo universal, nos referimos a la nueva construcción templaria, dentro del propio microcosmos, en concordancia con la llamada divina presente en todos los templos. Si comparáramos el trabajo divino  para con la humanidad, desde el pasado, hasta el momento presente, con un camino, veríamos en toda su extensión una serie ilimitada de templos.

 

Ellos simbolizan, sin excepción, el templo humano universal que debe ser levantado por medio de la regeneración, del renacimiento. Si, en ese camino, fuera construido un nuevo templo, para servir de prototipo a los alumnos buscadores,  ese templo sería siempre la  fiel copia del anterior, aunque su forma externa haya sido adaptada, conforme a las normas vigentes de la vida.

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Por ello, existe un único templo que siempre debe ser reedificado, y esa construcción está perfectamente comprendida en la idea: libre-masonería. Un libre masón es aquel que reconstruye el templo universal en su propio microcosmos. Si  alguno es llamado libre-masón y no lleva a cabo el único  y exclusivo trabajo de construcción, y tampoco intenta entrar en este proceso, él ostenta este título indignamente, de la misma forma que una persona puede usar el nombre de cristiano sin merecerlo.

 

Es también  reprensible y ridículo en muchos casos cuando alguien no reconoce, o no es capaz de reconocer, el carácter universal de la proyección del templo divino y se apega a una de sus proyecciones en particular. No debemos, pues, olvidarnos de que la humanidad siempre  cambia mientras sigue su camino,

 

El cuerpo racial se modifica constantemente, sometiendo las relaciones biológicas y espirituales a numerosas transformaciones. Por ello, la proyección divina del único grandioso objetivo,  debe acompañarle de un lado a otro. El alumno que realiza el  camino de la vida, debe estar siempre preparado a ella; debe permanecer libre, para que pueda comprender el lenguaje divino a cada paso.

 

Por tanto, es totalmente inútil y erróneo agarrarse a una de las proyecciones del pasado, apegarse a ella y decir: “Esto es lo único que necesitamos”. Debemos respetar el trabajo que realizaron los grandes en el pasado, y, naturalmente, reflexionar con gratitud interior, sobre todo lo que fue revelado en Dios. Sin embargo, si un hombre no es capaz de comprender la revelación divina de los tiempos actuales, estará cristalizado. Este hombre es como una estatua de sal en medio de la revelación universal.

 

Piensen aquí en Pablo, que censura a sus discípulos cuando dicen: “Yo  soy de Pablo”, “él es de Silas”, etc.  Tan  pronto como alguien se une a una de esas antiguas proyecciones del templo, es muy fácil  hundirse en la materia, por el simple hecho de que la juventud ya pasó y ya no es posible un crecimiento.

 

La vuelta al pasado sólo está permitida cuando la gloria y la esencia de antes, son reconocidas, simultáneamente, en el presente. Así  comprendemos el significado de las palabras que nuestro predecesor tanto empleaba: “Aquél que no quiere aprender del pasado será castigado en el futuro”. Esta es una nota extremadamente útil. Un hombre que se adentra en el pasado metafísico siempre llega a un callejón sin salida y, además  se cristaliza por medio de este proceso.

La libre-masonería de nuestra época, por ejemplo, quedó anclada   como una muralla en el templo del  rey Salmón. Ella está volcada hacia el judaísmo. Todo su ritual y aspiración se basa también en el Viejo Testamento. Posicionándose de esta forma, ella se condenó  a sí misma.  Un hombre o un grupo que adopta esa forma de vida jamás consigue liberarse del Viejo Testamento. Este es el motivo por el cual el carácter universal del templo del rey Salmón sólo es revelado a aquellos que lo ven como uno de los símbolos de la lengua sagrada. La palabra sólo puede ser entendida cuando conocemos todos los símbolos y percibimos las relaciones existentes entre ellos.

El templo de Salmón nos lleva directamente al de Osiris, el redentor misterioso de la aurora de la dispensación ariana. Osiris y la gran pirámide, Salomón y su templo construido por Hiram son uno sólo en su esencia y objetivo, así como el templo de Osiris  indica también proyecciones divinas de un pasado aún más  remoto. El alumno que penetre en esos misterios será libre. El  sepulcro abierto en la cámara del rey de la gran pirámide y el Santo de los  Santos en el templo de Salmón poseen el mismo significado. Tanto el templo de Salmón como el de Osiris representan el templo humano-universal.

 

El arquitecto de la gran pirámide no es conocido por la humanidad, como lo es el del templo de Salmón. Sin embargo, Hiram, el rey de Tiro y de Sidón, el arquitecto del templo de Salmón, es también el constructor del templo de Gisé. Vamos por ello a reflexionar un poco más, al respecto de ese personaje.

 

No debemos pensar aquí en una figura histórica llamada Hiram, sino en el hermano masón que quería construir un templo. Hiram es el sublime maestro-arquitecto, que puede pronunciar la palabra mágica creadora. Él es el “portador de la vida” o como nos dice Pablo en sus cartas a los Corintios: “Del alma viviente, se volvió espíritu vivificante” Así era Hiram, rey de Tiro y de Sidón.

 

El es un hombre roca, así como Pedro fue una piedra, una roca. Es tirio, lo que significa habitante de las rocas. Su ser y su vida permanecen inalterables en el universo. Es un sidonio, un pescador, así como Pedro. Él es un pescador de hombres, un trabajador y servidor de la luz universal.

 

¿Como Hiram alcanzó este estado de ser y como él fue ennoblecido hasta el punto de poder auxiliar a otros en la  construcción de sus templos? Para comprender esto, debemos primeramente dirigir nuestra atención  a las sagradas narraciones tejidas en torno a ese personaje. Leemos que Hiram es acompañado por tres asesinos que lo someten a una triple muerte. Aquí esta oculta la triple muerte según la naturaleza, a la que el alumno debe someterse; la misma muerte del yo de la que habla la Rosacruz y la misma muerte por la endura de los tan odiados cátaros.

 

El primer asesino golpea a Hiram con una regla de 24 pulgadas.  Otra versión nos cuenta que el primer asesino estrangula a Hiram con una cuerda de agrimensor de 24 pulgadas. Esos símbolos deben ser interpretados como el alumno Hiram despidiéndose del ser y de la garra del tiempo. En nuestra Escuela llamamos a ello: demolición del yo. Todas las uniones fundamentales con la dialéctica son cortadas, científica e inteligentemente, de modo que el alumno, aunque permanezca en el mundo, no forme parte de él.

 

Cuando el proceso ya se encuentra en un estadio avanzado, se aproxima el segundo asesino. Este golpea al alumno  rudamente con una escuadra de hierro en forma de cruz. Una punta afilada, situada en el punto de intersección de los brazos de la cruz, perfora el corazón de Hiram. Cuando la sangre del corazón es tocada, de manera correcta, por ese punto crucial, el alumno se libra, en esta segunda fase, de todas las limitaciones que hasta ahora lo mantenían unido al tiempo.

 

En la segunda fase él adquiere, en primer lugar, la libertad, antes de emprender el viaje de vuelta al hogar. El viaje de regreso no puede iniciarse si el centro del corazón no está perforado y la rosa abierta en el santuario del corazón. Por ello el viaje de vuelta no termina sin que la rosa florezca en el santuario del corazón.

 

Y cuando la rosa en el corazón del candidato irradia en su gloria viene el tercer asesino. Este realiza un último y decisivo golpe en la cabeza del alumno con un martillo en forma de círculo. Este símbolo de la tercera fase puede ser interpretado como el círculo de la  eternidad; el alumno participa ahora de la vida original.  Este es Hiram, el sublime que construye su templo y quiere, con un amor infinito, ayudar a los demás a  construir el suyo.

 

Si ahora continuamos trabajando el camino, vemos entonces el templo de Osiris irradiar delante de nosotros en todo su esplendor. Tres pensamientos vienen a nuestro encuentro, como tres llamas  brillando a la vista de esa sublimidad: la trinidad  Osiris-Isis-Horus. Osiris conocido como el arquitecto; Isis, la viuda; y Horus, la criatura, el hijo de la viuda.

 

Osiris, según la filosofía universal, es el símbolo del éter cuádruple del mundo, el alimento santo, la pura sustancia primordial. En el templo de Osiris, en el alumno que se dedica a la construcción del templo en libre masonería, es introducida la sustancia primordial, la santa fuerza solar, la fuerza divina original. Esa fuerza se une a Isis, la imagen universal de la tierra y de todo lo que es terrestre. Osíris viene al hombre caído, distanciado de Dios y prisionero de la dialéctica de las cosas; el ser que se apartó de Dios y, por eso llamado de la viuda.

 

Si, por tanto, el alumno comprende el trabajo tan grande del renacimiento y de la recreación, entonces de la unión de Osíris e Isis surge un hijo denominado Hórus, el hijo de la viuda.  ¡“El Hijo de la viuda”  es una expresión clásica que distingue a aquel hombre renacido para la vida original! El hijo de la viuda, Horus e Hiram son en realidad idéntica y, por este motivo un  mismo lenguaje habla de diferentes proyecciones del templo.

 

Ahora el alumno de la Rosacruz se coloca  finalmente delante del aniquilamiento de su naturaleza terrestre, delante de su viaje por la vía dolorosa rumbo al Gólgota, para ser totalmente aniquilado en la Cruz. Este proceso  no tiene otro objetivo sino el hacer que Cristo resucite dentro de él, que el Reino de Dios, que está dentro de él, sea restablecido en todo su esplendor y gloria.

 

¿No puede, por tanto,  el camino que la Escuela Espiritual de la Rosacruz indica, en realidad, ser llamada de universal?  ¿No es la construcción que ella enseña a sus alumnos con razón, denominada el arte real de la construcción? ¿Y la llamada no es siempre la misma? Del templo de Osiris hasta hoy, a lo largo de todo el camino universal resuena la palabra del maestro: “¡Sed, por tanto perfectos, como perfecto es vuestro Padre que está en el cielo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

El MISTERIO SECRETO

 

 

 

El hombre que desea, de alguna forma, aproximarse al misterio de Cristo, debe poseer una conciencia con gran libertad de acción. Ese hombre es capaz de  constatar por sí mismo si ya comienza a liberarse del fardo de la inconstancia y del pecado que le es inherente. Puede comprobar  también si él está realmente empeñado en elevarse por encima de este mundo de los fenómenos y así celebrar la victoria consciente sobre el mundo de los muertos. Con esa libertad de acción de la consciencia, se manifiesta la nueva idea vital por una vibración, un color y un sonido totalmente diferentes, por medio de los cuales el portal de la liberación se puede abrir.

 

Supongamos que ya se encuentran  en un estadio tal de ampliación de la conciencia, que sean capaces de comprender el significado del portal. El portal o la puerta se abre para la radiación de luz redentora de Jesucristo, Nuestro Señor, que contiene la cuádruple  fuerza etérica liberadora y sustentadora  en su acción irradiante, despertándoles para la nueva vida.

 

¿Están  entonces convencidos de que esta posibilidad sobrenatural puede conducirles a esa nueva manifestación de vida? ¿Son conscientes de que no pueden alcanzarla empleando  sus propias fuerzas? Entonces, conocen y experimentan el cautiverio de su espíritu y   su unión a la Tierra. ¿Comprenden realmente que están presos por lazos temporales, que les mantienen separados de la libertad eterna?  ¡Probablemente conocen por propia experiencia, que deberán abrirse profundos surcos en su carne antes de que el agua viva pueda fluir por ellos y sólo así surgir el Señor de la nueva vida!

 

Esos surcos son abiertos durante su caminar por el valle de la soledad. Por ello, el camino de la libertad no se abrirá para usted a menos que experimente la soledad absoluta y  el triste abandono de este mundo.  Con ese conocimiento garantizáis el objetivo de vuestras vidas, pues sin comprensión y objetivo de vida sois llevados de un lado a otro, y la idea de la liberación del ser celeste  es una  verdad limitada. Esto es, algo imposible de creer, de  naturaleza falsa y, por tanto, está condenado de nuevo a la muerte.

 

Por tanto, cuando la Escuela Espiritual de la Rosacruz se propone aclarar la génesis y la liberación del hombre celeste, ella intenta tan sólo ayudar a aquellos que desean encontrar el camino liberador, tal y como está establecido en la sagrada ciencia del renacimiento.

 

La verdad universal, hundida en este mundo, es mancillada y pervertida de todas las formas posibles. Ella debe elevarse de nuevo, ahora que un nuevo día resplandeciente comienza a alborear. Como saben, para realizarse, esa gran obra posee varios aspectos y se manifiesta en una revolución mundial que se realizará de forma    cósmica, atmosférica y espiritual. Es necesario por tanto en aquellos que quieran colaborar, una   sintonización con los acontecimientos venideros por medio de una inteligencia, una comprensión y realización auténticos. Solamente entonces podrán reconocer la corriente de la eternidad revelándose a la humanidad en el tiempo.

 

El milagro del hombre celeste que, inmortal, se levanta del sepulcro de la naturaleza, no nace con los evangelios. Esa verdad ya nos fue transmitida desde tiempos inmemorables. A ese respecto, piensen también en la alquimia. La verdadera alquimia es una ciencia exacta que, mucho antes de este período histórico en el que vivimos, se perdió totalmente. Esa ciencia poseía el verdadero conocimiento de la llamada transmutación, es decir, la disolución de lo ilegítimo, de todo lo que no puede ser comprendido en dios, y la producción del oro noble, celeste y verdadero.

 

La alquimia fue estudiada y practicada en tres diferentes aspectos: cósmico, humano y terrestre. Con relación al aspecto cósmico,  se refiere a la contemplación del plano divino en relación con el mundo. El aspecto humano se concretaba en la tarea y naturaleza del verdadero hombre dentro del plan mundial. El aspecto terrestre se refiere a la redención del hombre superior que se encuentra atado a la tierra, su despedida de la ilusión y a su vuelta al reino inmutable.

 

El renacimiento del agua y del Espíritu por medio de un espíritu renovado, proveniente de la materia mágica original, se ha realizado desde las épocas más antiguas de la historia mundial. La Escuela Espiritual de la Rosacruz da pruebas continuamente de ser una servidora de la hermandad del reino inmutable, de la fraternitas universalis. Por ello, la Escuela Espiritual de la Rosacruz debe indicarnos también ahora el verdadero camino. Ser conscientes de que la supresión de la parte material que no se puede unir a la nueva naturaleza sólo es posible mediante la crucifixión. Consecuentemente, sin el sacrificio de la sangre no se podrá establecer ninguna otra base de existencia. Ningún hombre podrá edificar una nueva vida  sin esa base, donde esa realidad pueda ser conducida hacia la acción. Sin el desenvolvimiento del microcosmos, no es posible conocer, ni unirse a la vida universal.

 

El hecho irrefutable  es que el alumno en el camino debe primeramente trabajar su via crucis, antes  que pueda despedirse de la esfera material de la dialéctica. También es verdad que ese alumno aún no está libre, pues entre la muerte de la naturaleza y la nueva vida  se interpone el descenso a los infiernos, del cual ningún alumno que busca la nueva vida, puede escapar. Ese descenso significa una  peregrinación a través del más allá, mientras el hombre continúe aún ligado a este mundo dialéctico. Y sólo al término de ese viaje a los infiernos resplandecerá el nacimiento de una vida absolutamente nueva, como estaba estipulado originalmente en los planes de Dios. Sólo entonces el alumno podrá decir que es un renacido, un nacido dos veces. La Escuela Espiritual de la Rosacruz está autorizada para conducir al alumno que lo desee, a la fraternidad de los nacidos dos veces, la fraternidad de los justos, también conocida como la Fraternidad del Siddha.

Intentaremos darles una idea de la fuerza activa de esa fraternidad. Los hermanos y hermanas de esa fraternidad se encuentran en diferentes estados de desenvolvimiento, pues esa fraternidad comprende diferentes grados de evolución.

Se pueden encontrar a los miembros de esa fraternidad a lo largo de todo el camino de servicio, no sólo en la esfera material sino también en la esfera reflectora y en el nuevo campo de vida. Están siempre ocupados en realizar su trabajo así como su peregrinación. Ellos son los grandes auxiliadores, los conductores; ellos mantienen abiertos los portales para la nueva vida.

 

Comprendan también que  diferentes planos de preparación sirven de base a ese estado de ser. Pensamos aquí, en primer lugar, en una conciencia total de pecado, en una noción de culpa, proveniente de un profundo autoconocimiento. El saber que pertenecemos a una naturaleza aislada del plano divino debe primeramente penetrar cada fibra de su cuerpo, como una intensa conciencia sanguínea.

 

En segundo lugar deben comprender que la muerte de la naturaleza, la pérdida   del núcleo de la conciencia dialéctica debe también realizarse en el cuerpo biológico común. Toda la naturaleza dialéctica, toda la estructura física que no está contenida en el plan de Dios, debe rendirse al hombre original, es decir, a la realidad esencial del hombre celeste. Del mismo modo que el hombre dialéctico aprisiona todo el microcosmos, así también la nueva vida despertada en Cristo debe ahora dominar la realidad esencial dialéctica. El mundo entero de la naturaleza inferior también debe ser absorbido por el reino de Cristo, en  un proceso semejante al que ocurre en la vida del individuo. A ese respecto, el Evangelio nos habla de la sumisión del espíritu del mundo al espíritu de Cristo.

 

Como prueba y testimonio de esa verdad el alumno debe llevar  en su propio cuerpo los así llamados estigmas y la rosa en el lugar del corazón, no como símbolo, sino como una absoluta realidad. Piensen en lo que dijo Cristo resucitado a sus discípulos: “Tocadme y ved mis manos y mi costado; soy realmente yo, que estoy en medio de vosotros”.

 

El alumno tiene también que dar pruebas de tener   como base una existencia nueva  e inquebrantable, que debe ser demostrada  por medio de los estigmas de los pies. Los estigmas en las manos prueban a aquel que tiene ojos para ver, que existe tanto una posibilidad como una realidad de una nueva existencia. Las señales  de la corona de espinas   se vuelve determinante entre las cejas, significando una nueva certeza de vida. La herida que fue abierta en el costado, penetrando el punto central del corazón, hace abrirse a la rosa rebosante de la sangre del corazón, desenvolviéndose rumbo a la nueva vida. Así esa rosa se vuelve  el centro de la fuerza del crucificado. La rosa, como corazón renovado, revela, en todo su ser el esplendor, el misterio del Aditum, el misterio del santuario del corazón.

 

Apariencia y realidad son, muchas veces, muy difíciles de distinguirse. Por eso es de suma importancia que sepan  diferenciar los estigmas simbólicos de los verdaderos, pues los espíritus luminosos de la esfera reflectora consiguen realizar copias fieles de los estigmas. Esas entidades son excelentes imitadoras. En primer lugar, las entidades de la esfera reflectora se esfuerzan al máximo, por aparecer delante de ustedes  con una gran magnificencia. Esos efectos les resultan  fáciles de realizar, ya que ellos se envuelven con los mismos éteres dialécticos, especialmente el éter luminoso, que poseemos aquí en la Tierra.

 

Eso nunca sucede con un hermano de la rosa. Él vive solamente gracias al nuevo éter vital cuádruple. Por eso sólo lo encontraran si se acercan a ese estado de vida. El hermano de la rosa se envuelve en un manto de vida formado por loa cuatro éteres nuevos, que imposibilitan cualquier engaño. Además un hermano, una hermana de la rosa sólo se manifestara a quien sigue el camino con todas las consecuencias. El encuentro sólo se realizará si  ambos viven en el nuevo campo de vida, compuesto del éter crístico cuádruple. Aquí también queda apartada cualquier posibilidad de equivocación.

 

Imaginen un estado en el  que el alumno  encontrándose  aún en el cuerpo material, ya ha sido crucificado, muerto y sepultado.  Inmerso en Jesús el Señor,  después de haber sido inflamado por el Espíritu de Dios debido a su conciencia de culpa. Tal alumno vive, como siempre afirmaba el iniciado Pablo, dos vidas. Él está realmente ocupado con su renacimiento por el Espíritu Santo. El nuevo templo es levantado día a día, aunque el alumno necesite aún su estructura física, pues el debe dejar, según la ley de la naturaleza, que su arquetipo vibre hasta el último momento. Además él necesita un cuerpo para realizar las tareas que le quedan pendientes.

 

De esa forma, el alumno puede pasar a la fase siguiente, es decir, el descenso a los infiernos, el descenso al reino de los muertos. Ese proceso debe ser realizado también, mientras el alumno está unido a la rueda, aunque en un sentido totalmente diferente a la del hombre corriente. La prueba de la realización del descenso a los infiernos reside en el hecho de que la esfera reflectora no ejerce ya ninguna influencia en el cuerpo material. Todo lo que pertenece a la Tierra es entonces definitivamente aprisionado por el hombre celeste, y puede, sin ningún esfuerzo, ser disuelto personalmente. Finalmente, es posible para el alumno en el camino obtener la liberación, mientras su cuerpo material aún se manifiesta.

 

También  ustedes pueden hacer que ese pensamiento vital liberador se vuelva una experiencia personal, si quieren seguir paso a paso el camino que la Escuela no se cansa de indicarles. Ya saben ahora lo que significa renacimiento. Es la primera liberación definitiva de todo el orden mundial dialéctico, tanto de la esfera material como de la esfera reflectora. Es la primera unión concreta con el reino inmutable.

 

En este estado, el joven nacido dos veces encuentra por primera vez a los grandes del Siddha, en el mismo plano. La orden del Siddha, que está orientada por el hijo único, se aproxima a nosotros, en esta época, con más intensidad, con el prana vital crístico, con la nueva sustancia etérica. A todos nosotros, sin excepción, nos es concedida la oportunidad de volvernos nuevamente hijos de Dios y de obtener un nuevo cuerpo.

 

Con esto podemos concluir que el camino de sufrimiento en este mundo se puede volver, para cada uno, en la culminación de su vida, en un atravesar las puertas eternas.

El alumno que entra por esa puerta de la salvación es saludado con una jubilosa canción de gratitud. Porque el gran sacrificio crístico se ha mostrado de nuevo victorioso. Una victoria que en realidad culmina en un encuentro corporal con la luz eterna.

 

 

 

V

El TEMPLO DEL ESPIRITU

La celebración anual de Pentecostés, en el transcurso del año místico, es muy diferente del que el alumno en el camino de renovación puede celebrar. Pues, cuando la Biblia nos dice “y al cumplirse el día de Pentecostés”, este día no corresponde ni al Pentecostés judío ni al año eclesiástico.

 

El Pentecostés que la Biblia nos habla es el momento en el que el alumno llega a un estado tal de desenvolvimiento y preparación  que el Espíritu Santo, la sustancia espiritual original, universal, puede entrar en contacto corporal con el alumno. ¡En ese punto comienza el proceso totalmente nuevo! Es conveniente hablar aquí  en qué consiste esa preparación, como se realiza esa unión y cuáles son las consecuencias que resultan de ello.

 

Desde ahora, nos apartamos de cualquier evento histórico. Como alumnos de una escuela espiritual, somos confrontados con una posibilidad completamente nueva, un acontecimiento bien actual para el propio alumno, del cual ustedes pueden participar. Queremos hablarles sobre el templo del Espíritu, pues deben comprender que para recibir el Espíritu Santo universal, un templo debe estar preparado.

 

Como el propio alumno debe construir su templo, es lógico que la primera condición para su realización es, ¡volverse un constructor del templo! La expresión “constructor del templo”  nos une directamente al concepto  de libre-masonería, la libre-masonería de la piedra angular de los rosacruces. La libre-masonería de la piedra angular desea construir sobre una piedra universal, ¡la piedra angular Jesucristo!

 

No es tan fácil, para el hombre terrenal llegar a tener una noción correcta de eso. Pero, para un alumno que quiera trabajar el camino, esa palabra  debe significar algo más que un texto ó una palabra mística, edificante  o incluso religiosa. Antes que ustedes, muchos buscaron ese camino, pero no lo encontraron, porque no poseían  la llave. ¡La piedra angular universal, es el propio Jesucristo!

 

No piensen  aquí en una figura envuelta en un vestido sacerdotal, pues Cristo, es una fuerza espiritual muy poderosa. ¡Esa fuerza está presente a nuestro alrededor! Ella está dentro de la sustancia infectada y corrompida de nuestro planeta. Es una fuerza sagrada que no se puede explicar por esta naturaleza. Es una fuerza conocida con muchos nombres.

 

La Escuela Espiritual de la Rosacruz les indica a ustedes inicialmente como una fuerza crística, es decir, una  fuerza que es irradiada directamente de la vida universal original hacia dentro de la naturaleza corrompida. Pero, la Escuela espiritual también llama a esa fuerza Jesús. Esto significa que el rayo crístico universal es transmutado, en tensión y vibración, en una fuerza que puede ser asimilada y soportada por los seres dialécticos. El hombre pecador puede emplear esa fuerza para alcanzar la santificación. Esa fuerza divina  es un gran misterio, porque sólo podemos profundizar en ella, por Cristo. Mientras vivimos en ella, esa vibrante fuerza divina original es transformada en una posibilidad asimilable por el alumno, por la cual él está en condiciones de trabajar con esa fuerza. ¡Ustedes deben comprender bien    que el lenguaje divino no se manifiesta por medio de palabras, sino de acciones, de vivencia corporal! Ahora debe estar suficientemente claro para ustedes que la fuerza crística no sería de ningún valor para el hombre si ella no se transformase en fuerza Jesús. Por eso, los antiguos rosacruces decían: Jesus mihi omnia – Jesús es todo para mí. Y de las bocas de los iluminados  se oía ese saludo:

 

Salve, oh primicia de las edades,

mañana de la resurrección,

por tu luz el mal  fue vencido

y la rosa se abrió.

 

De esa forma, los liberados de todos los tiempos, aquellos en quien la fuerza divina  tomó forma, se regocijan, porque ellos saben que sin la piedra angular, sin esa fuerza fundamental, nada puede ser hecho ni edificado.

 

Por eso nunca está de más repetir que el hombre dialéctico que quiere trabajar el camino de la liberación debe, en primer lugar, captar y conservar esa fuerza fundamental. Nadie puede ofrecerles esa fuerza; en ese caso, no existen intermediarios de ninguna forma. Ella debe ser conquistada por usted. Ustedes mismos deben apropiarse de ella por medio de una dura lucha contra la sangre dialéctica y sus impulsos tenebrosos.

 

Por eso nunca está de más repetir que el hombre dialéctico que quiere trabajar el camino de la liberación debe, en primer lugar, captar y conservar esa fuerza fundamental. Nadie puede ofrecerles esa fuerza; en ese caso, no existen intermediarios de ninguna forma. Ella debe ser conquistada por usted. Ustedes mismos deben apropiarse de ella por medio de una dura lucha contra la sangre dialéctica y sus impulsos tenebrosos.

 

Sabemos que muchos de entre ustedes llevan una ardua lucha, una vida difícil  y están mortalmente cansados de todas esas batallas, pues ¿quién camino sin percances   en medio de esos impulsos mundanos? Sin embargo no nos referimos a esa lucha, porque se refiere únicamente al ego y, por tanto, a su conservación. Podemos distinguir ese impulso de autoconservación en la lucha a favor de su propia sangre, de los propios hijos, de la propia familia, de sus propios intereses y de sus propias especulaciones. Cabe aquí repetir una vez más: la lucha a la que nos referimos es la lucha que se lleva a cabo  cuando intentan realizar una unión con un plano más elevado. ¡Es la lucha para alcanzar la mano extendida de Dios que nos conduce a la vida!

Por eso nunca está de más repetir que el hombre dialéctico que quiere trabajar el camino de la liberación debe, en primer lugar, captar y conservar esa fuerza fundamental. Nadie puede ofrecerles esa fuerza; en ese caso, no existen intermediarios de ninguna forma. Ella debe ser conquistada por usted. Ustedes mismos deben apropiarse de ella por medio de una dura lucha contra la sangre dialéctica y sus impulsos tenebrosos.

Mientras tanto está la ley: el nacimiento de lo nuevo es precedido por la muerte de lo antiguo. Pero si la espada de este primer aniquilamiento toca al hombre por primera vez, él grita como si corriese un peligro mortal. Tan pronto como nace la tierna luz, ya se oye hablar de asesinato y huida, como sucedió después del nacimiento del niño Jesús. Es comprensible, pues, la animosidad de la vida exterior, con relación a lo interior que acaba de nacer y su intención de matarlo.

 

Por eso nunca está de más repetir que el hombre dialéctico que quiere trabajar el camino de la liberación debe, en primer lugar, captar y conservar esa fuerza fundamental. Nadie puede ofrecerles esa fuerza; en ese caso, no existen intermediarios de ninguna forma. Ella debe ser conquistada por usted. Ustedes mismos deben apropiarse de ella por medio de una dura lucha contra la sangre dialéctica y sus impulsos tenebrosos.

 

Antiguas leyendas y mitos nos hablan de ese servicio sublime y caballeresco de construcción, y también sobre el hecho de que los caballeros y los hermanos del templo debían trabajar con sus espadas al lado. Debían estar siempre preparados para a cada instante rechazar los ataques y vencer al antiguo enemigo. Por eso, un  libre-masón es un héroe, un sabio y, al mismo tiempo, un trabajador. Él reúne en sí todos los oficios necesarios para la consecución de su poderoso trabajo. Así, el alumno en el camino de la renovación construye y lucha sobre la única piedra angular, sobre esa única fuerza.

 

¡Y el resultado es asombroso! Ello le conduce a un nuevo punto culminante  con dos aspectos.    Uno de los aspectos lo llamamos Gólgota; el otro, resurrección. Lo que debiera ser aniquilado  antes de la construcción del nuevo templo es demolido y no queda nada. Podemos entonces decir  consumatum est (está consumado)

 

¿Qué es lo que resucita? ¡el hombre nuevo! La tumba y la muerte ya no representan ningún impedimento para la resurrección. Él se liberó de su círculo de existencia, está libre de la rueda del nacimiento y de la muerte, libre de la dialéctica.

 

Todo ese proceso, en sus múltiples formas, se realizan en Jesús el Señor, es decir, en la radiación crística transmutada, que se vuelve casi humana. Cuando ese toque realiza totalmente su trabajo, vuelve, como en una ascensión, a su fuente original, mientras que el alumno desamparado vuelve hacia Jerusalén. ¡Jerusalén, la ciudad templaria!   ¡La ciudad que es la morada de la vida universal! ¡Ella es el reino inmutable, la ciudad de Dios!    Allí se realiza el descenso del Espíritu Santo. Hasta ése momento sólo un rayo de la vida universal trabajaba en el alumno. Ahora él es elevado a la plenitud de la sustancia universal.   Él se  unificará y el peregrino vuelve al fin a casa.

 

Y él da testimonio de que la vida en él renovada ha despertado  la conciencia.  Da testimonio de ser consciente de la unión    con una realidad que no puede ser explicada por esta naturaleza. Da testimonio de la victoria sobre sí mismo, que hasta entonces   impedía el despertar del núcleo de la conciencia celeste. Da testimonio también  de que la materia dialéctica ya no constituye  un condicionamiento, pues él se ha liberado de los vínculos temporales que lo unen a ella.

 

Ello también es una fiesta de la coronación. Una fiesta porque el objetivo final de lo que es temporal ha sido alcanzado. Es también una fiesta porque para él ha comenzado un nuevo día de revelación: ¡Pentecostés, la corona de la vida!

 

Todo ese desenvolvimiento al que rápidamente son llevados, está descrito en la lengua sagrada desde el origen de este orden mundial. Por eso, Pedro también decía a todos los que, discutiendo y criticando; consideraban teóricamente ese camino de santificación: ¡“Es lo que dice el profeta Joel”!

 

Deben comprender también que todo el proceso de regeneración se basa en la piedra angular y de ella depende. Esa piedra angular es la fuerza original, la realidad esencial  del reino de los cielos, el verdadero pan celestial.  En el comienzo esa fuerza se adapta perfectamente a su estado de ser. Ella es impulsada por el amor divino que busca lo que fue perdido.

 

Tan pronto como ya están preparados para construir sobre la piedra angular,  tiene comienzo el gran proceso denominado transmutación, las Bodas Alquímicas. En ese proceso están contenidos todos los aspectos de la santificación. Es un nacer y un morir diarios. Es una ascensión diaria y un contacto diario con la plenitud divina.

 

Al contacto lo llamamos Jesús

a la posibilidad la llamamos Cristo,

a la causa la llamamos amor de Dios,

y al templo del Espíritu en sí, la Luz

que irradia en su plenitud del templo,

Espíritu Santo.

 

Si ustedes, en la luz y en la fuerza del Espíritu Santo, relegan este mundo a un segundo plano, serán aceptados en una sustancia vital que abre para ustedes los Áureos Portales y oirán las palabras:

 

Entren en estos santos atrios

y celebren con nosotros su Pentecostés,

ustedes, nobles constructores en el reino de Dios.

Ustedes, bendecidos con el Santo Espíritu de Dios,

vean, Jesús está dentro de nosotros;

entren en la alegría de vuestro señor,

celebren con él su Pentecostés.

 

¡Que puedan en el quincuagésimo día vivenciar ese nuevo día de revelación. ¡Entonces,  también a ustedes les será dado el derecho de leer en nuestro libro de la vida!

 

 

VI

 

El TEMPLO DE NATURALEZA DIVINA

Delante de la vista espiritual del alumno que sigue el camino surge, como objetivo final de sus esfuerzos, “el templo de naturaleza divina”, la realidad esencial original en la cual la naturaleza divina del comienzo puede manifestarse libremente. ¡Ese es el verdadero templo del Espíritu Santo!

 

Cuando la obra de transfiguración ya está suficientemente avanzada y firme para acoger el Espíritu universal, entonces el resultado se revela a todos como una señal visible. Y cuando los personajes clásicos de los hechos de los apóstoles reciben el espíritu universal en el templo que ellos mismos construyeron, entonces muchos de ellos son capaces de contemplar ese acontecimiento maravilloso.

 

Cuando Pedro, delante de la perpleja multitud, aclara en un discurso mágico la cualidad, la esencia y la causa que llevaron a esta efusión del prana divino, se  producen dos reacciones: escarnio e incredulidad ó un intenso interés. Esa doble reacción es real. Cuando el espíritu, la palabra y la sabiduría universal se manifiestan por medio de los servidores de la fraternidad, en primer lugar,  la tempestad del espíritu que ataca la vida común, provoca rechazo   o escarnio, la crítica y la  incredulidad. En  segundo lugar, se produce una conmoción  interna y por ello  un interés fundamental, en un grupo cada vez mayor de las personas.

 

Ese interés puede ser explicado por las siguientes palabras del capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles: “Cuando oyeron eso, se sensibilizaron y dijeron a Pedro  y a los demás apóstoles: ¿qué debemos hacer?”

 

Esa palabra y esa pregunta son muy actuales y exigen una respuesta también actual y que va directamente a su objetivo. Cuando se lucha y la tempestad del espíritu sólo provoca un torbellino caótico en el mundo de las ideas, no existe un verdadero interés. Cuando se niega la realidad de la renovación y su base fundamental, no se pregunta: ¿Y ahora?

 

¿No es verdad, que el interés por el camino del espíritu universal se basa principalmente en el tipo de comportamiento que dice: “Yo sigo mi camino. Dime hasta qué punto el tuyo está en concordancia con el mío»  La autoafirmación y la exploración, aquí se revelan de una forma muy evidente.

 

Por ello sólo aquellos que están totalmente interesados, están maduros  para la respuesta de Pedro:  “Arrepentiros, y que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesús el Cristo, para la remisión de los pecados. Así recibiréis  el don del Espíritu Santo” Para el mundo occidental, que desde  generaciones se ahoga sin cesar en la teología, esa respuesta llega a ser en muchos aspectos decepcionante.  Por eso es necesario que la Escuela Espiritual explique esas palabras de otra forma”.

 

La conversión es la base principal para toda nueva génesis. Conversión es la palabra fundamental que expresa  el alejamiento definitivo y absoluto de la vida dialéctica. Se trata de un giro, de una vuelta. La nueva vida, que prepara el camino para el   templo de la naturaleza divina, es tan absolutamente nueva, tan diferente en sus dimensiones y se coloca tan perpendicularmente a la dialéctica, que es imposible estar simultáneamente en la vieja y en la nueva naturaleza.

 

Conversión, nunca es un concepto intelectual, aunque se pueda explicar científicamente; tampoco es una actividad sentimental, aunque pueda ser  considerada por el corazón.

 

Esto se les dice porque el contacto con la Escuela Espiritual siempre sucede por motivos intelectuales  o consideraciones emocionales. La vuelta, el giro al cual nos referimos, debe  nacer de la decisión: “  No puedo hacerlo de otra forma” Debe afianzarse sobre la base de un no   total, de una despedida completa de este mundo.

Cuando el Lenguaje Universal se esfuerza por explicar por medio de los símbolos y ejemplos  los elementos que componen la conversión, oímos continuamente que los candidatos en cuestión se giran. Cuando Cristián Rosacruz, la noche anterior a Pascua, es invitado a las bodas alquímicas, para la transmutación en el camino  del Espíritu universal, leemos que, al ser tocado, se volvió. Sólo entonces  vio la luz que llamaba, mientras  que antes tenía sólo consideraciones especulativas.

 

El alumno aspirante que quiere hacer ese viaje de regreso sabe que es impulsado por muchos vínculos que lo atan a la antigua vida. Esas ataduras, esos obstáculos fundamentales deben ser rotos para que pueda ser bautizado en nombre de Jesús el Cristo y absuelto de sus pecados. Por medio del bautismo en Jesús el Cristo, la sustancia universal espiritual entra en unión real   y corporal con el alumno constructor. Ese bautismo no es una aspersión de agua, un ritual, una actividad mágica en el sentido que usa la iglesia. Ella se refiera a una inmersión total en la sustancia espiritual universal, que el alumno consciente experimenta después de la conversión.

 

Ese vínculo entre el alumno y el Espíritu Santo marca el comienzo de un proceso maravilloso y ese bautismo se realiza en el alumno en nombre de Jesús el Cristo.

 

¿Que significa eso? El nombre Jesús nos une al hombre de la dialéctica sin pecado alguno, mientras que Cristo nos une al hombre divino de la naturaleza original, el hijo unigénito. El nombre Jesucristo  no lleva al alumno de la Escuela de la Rosacruz  de vuelta al pasado lejano; al contrario, el alumno experimenta por medio de Él, una fuerza de amor divino; actual,   doble y alquímica que le impulsa al renacimiento. Aquí se trata de un magnífico proceso, por el cual el alumno, por la transformación de su estado natural,  pasa al estado divino original.

 

Entre el hombre divino y el dialéctico se abre un  amplio abismo     y la primera fuerza de amor divino, alquímica, que denominamos Jesús, es ahora el puente, el intermediario necesario para atravesar ese abismo. El nombre de Jesús tiene un significado oculto. Ese nombre indica la fuerza alquímica redentora del Espíritu universal. Por eso, los hermanos rosacruces han dicho, a través de los siglos. “Jesús mihi omnia” Ese puente ó ese Jesús debe establecerse en usted; con eso el Cristo se puede liberar en usted.

 

Cuando esa posibilidad se vuelve una realidad, el alumno realiza un  camino  con diferentes espirales, y  la  Escuela Espiritual le acompaña en todo el recorrido.  El gran objetivo es el perdón de los pecados y de la culpa.  Cuando el alumno, en un nuevo espíritu realiza el camino múltiple, anula cada error del pasado, de forma progresiva y sistemática. De esta forma él construye como  libre-masón la nueva casa  del hombre original; de la misma forma es demolido el antiguo templo y toda la culpa suprimida.

 

Tan pronto como el hombre convertido participa del nuevo proceso vital, se cambian todas las cosas y todas las relaciones. Cuando el alumno en cuestión  continúa  con el nuevo proceso vital, él recibe, como una gran gracia,  la instrucción sobre el tipo y la esencia de esa nueva vida. Pueden encontrar esas enseñanzas, también en los “Hechos de los Apóstoles”

 

“Y los que acogieron de corazón  sus palabras, fueron bautizados; y en aquel día aumentaron cerca de tres mil almas. Y eran perseverantes en las enseñanzas de los apóstoles, en la comunión, en la partición del pan y en las oraciones. En toda alma había temor; y muchas maravillas y señales se hicieron por los apóstoles.”

 

“Todos los que creían estaban juntos y tenían todo en común. Vendían sus propiedades y bienes repartiendo con todos, según las necesidades de cada uno. Perseverando unánimes todos  los días en el templo,  repartiendo el pan de casa en casa, comían juntos con alegría y sencillez en el corazón, alabando al Señor   y admirados por todo el pueblo. Con relación a ello, todos los días aumentaba  el Señor,  el número de aquellos que se habían de salvar.”

 

Las riquezas de las que nos referimos son tan grandes que no podemos agradecer suficientemente esa dádiva divina. “Y los que acogieron de corazón la palabra de Pedro fueron bautizados y en aquel día aumentaron en unas  tres mil almas”  Eso demuestra claramente que el camino no pone  obstáculos importantes   a nadie” En efecto “La promesa es para vosotros y vuestros hijos”.

 

Si ven delante de ustedes el camino y desean realizar la transformación, entonces, nadie tiene porqué quedarse atrás. Entonces, perseveren en las enseñanzas de los apóstoles, en la comunión y en el reparto del pan y las oraciones”.

 

Es la enseñanza de la Escuela de la Rosacruz, que se encuentra a partir del atrio. Es la enseñanza del nuevo trabajo, que tanto deseamos emprender con ustedes.

 

Después de que hayan usado la llave, perseverarán en  las enseñanzas. Con mucho interés todos ustedes observarán y acogerán  en ustedes todo aquello que la Escuela les dice. Sólo entonces la Escuela de la Rosacruz se volverá homogénea. Sólo entonces cada encuentro será una nueva fiesta.

 

Como ya saben, en la vida social burguesa se acostumbra    a levantar las copas llenas de vino espumoso y chocarlas unas contra otras antes de beber. Eso nos recuerda una costumbre mágica muy antigua, de la verdadera comunidad de los iniciados y sus alumnos. Nosotros acogemos el espíritu de la renovación en nuestras copas. Levantamos el cáliz del Graal con nuestras manos  cuando nos convertimos.  Cuando los cálices están llenos, sintonizamos nuestros dones divinos y  cuidamos de que lo recibido tenga un único sonido, una única vibración.

 

Mientras los hombres de los pueblos organizan sus orgías, esa imitación de la Santa Cena, y dice “salud”, los alumnos convertidos de la Escuela, cogiendo el cáliz del Graal en sus manos suplicantes, se miran mutuamente a los ojos y dicen suplicantes, unos a otros: “La paz esté contigo”

 

Así ellos perseveran en la unión, en la partición del pan y procuran que cada uno reciba su parte. Ellos se ayudan   mutuamente en el reparto del pan del Señor; ninguno quiere sobrepasar al otro,  pues saben que se mantienen juntos por la consolación y por la bendición. Ellos invocan, desde lo más profundo de su interior, este nombre sagrado: “Jesús mihi omnia”

 

Cuando esto es alcanzado, emana una fuerza de nuestro trabajo, tan poderosa e inmensa que se realizan maravillas y milagros; que resultan de un  desenvolvimiento y una expansión que no se puede explicar a la conciencia del profano, debido a su naturaleza. Por eso, se apodera de todas las almas el temor; no el temor al miedo, sino el más profundo respeto. ¿Qué puede haber imposible, para un círculo que  edifica  unido?

 

¿Cómo podría haber privilegios de unos sobre otros, de esa forma? ¿La gracia que nos es concedida no es también para ustedes? ¡El objetivo glorioso no se restringe a unas excepciones! Si lo desean realmente, entonces tenemos todo en común, mucho más de lo que se podría imaginar o explicar. ¡Todo está a su disposición, sólo tiene que cogerlo!

 

¿Al ver y experimentar todas esas riquezas, que importancia ahora darán a todas esas cosas dialécticas que ustedes ahora guardan como un león y que son ahora todo para usted? Si viven la nueva vida, entonces venden todo, se liberan de aquello que han constatado que es un vínculo con la tierra.

 

Como estas cosas son muy personales, puede ser que el rompimiento de sus lazos, se vuelva una ayuda para otros. Así construimos juntos un templo. ¡Aquellos que se encuentran reunidos bajo la Rosacruz están en el camino! ¡Y podemos lograrlo, pues lo que necesitamos ya nos es ofrecido!

 

Por eso poseemos un templo, un templo de un espíritu que llamamos campo de fuerza. Diariamente, nos reunimos en el templo, partimos nuestro pan y allí celebramos a cada momento, nuestra cena. Los rayos parten del templo en todas direcciones; ellos van de casa en casa y penetran donde menos se espera, para, de acuerdo con la voluntad divina, difundir esa luz e inflamar los corazones.

 

Existe pues una inmensa alegría y total sencillez en el corazón. La vida dialéctica es por lo demás complicada, pero el que entra en la nueva vida ve una vida clara y pura como un cristal, perfectamente simple y brillante como el Sol en su cenit. Y la palabra clave es simplicidad; no la simplicidad superficial, sino la de la única vida que proviene de Dios, la simplicidad que es al mismo tiempo magnífica y poderosa.

 

Por ello alabamos al Señor. ¿Cómo podría ser de otra forma? En el círculo que se encuentra en el templo, que juntos construimos, de ese círculo se elevan diariamente los hijos de Dios hacia el círculo  de salvación.

 

¡Utilicen la llave que lleva a la única vida, a la que son todos invitados! ¡Colóquense en el camino de regreso y verán la esencia y la vida de Dios!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

En el transcurso del año solar, llega un momento en el que la naturaleza comienza a irradiar toda su belleza y comienza el verano. Los árboles se encuentran repletos de hojas y las flores muestran su esplendor. Todo lo que es fértil promete una rica cosecha.

 

Pueden comprender, por tanto, el profundo agradecimiento demostrado por el hombre unido a la naturaleza, por todo lo que ella produce.   Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la humanidad celebra con júbilo el verano que comienza.  Lo recibe solemnemente con gran pompa.

 

Está claro que las tendencias religiosas dialécticas se adaptan perfectamente a la naturaleza. ¿Cómo podría ser de otra forma? Tanto las religiones animistas como las politeístas demuestran claramente  ese procedimiento natural.  Incluso el cristianismo natural oficial, no  es ninguna excepción. Las fiestas, las horas de oración y gracias  por lo que la naturaleza  manifiesta en verano, ya hace muchos años  adquirieron la ciudadanía en el cristianismo oficial. Naturaleza y religión están aquí unidas herméticamente uno con otro.

 

¿Cómo podríamos hacer alguna objeción a esa gratitud? Sin los frutos de la naturaleza no se podía mantener la vida. Sin una buena cosecha, la vida, en relación con la dialéctica, es imposible. ¿Quién se podría quejar de la luz del sol, de la  temperatura suave, del gorjeo de los pájaros y del aroma de las flores? Por eso, son necesarias y muy naturales las conocidas fiestas    estivales y las bienvenidas al comienzo del verano. ¡El que puede va a las ferias Y aprovecha todo lo que el verano le ofrece!

 

Sin embargo  existe una fiesta estival  y una entrada de verano totalmente diferente. Esta fiesta es tan antigua como   nuestro orden de naturaleza, y ha sido celebrada continuamente y con el mismo ánimo, la misma convicción y la misma alegría que las fiestas de naturaleza exterior. Estamos hablando de la Rosa Blanca, la fiesta juanista, la fiesta de San Juan Bautista. San Juan Bautista es una de las grandes personalidades que desempeñaron un papel muy significativo en el proceso del crecimiento espiritual de la humanidad.

 

El observador superficial nunca comprendió porqué la fiesta juanista coincide con el preludio del verano de la naturaleza. La figura de Juan fue tratada como tantos otros espíritus elevados. Lo vistieron con un ropaje solemne y lo hicieron santo. Por otro lado, lo mutilaron hasta volverlo irreconocible.

 

Consciente o inconscientemente, sepultamos su excelencia y coraje espiritual así como su fuerza motriz bajo imágenes de santos, bajo el solsticio estival y bajo procesiones famosas. Sin embargo, si fuese reconocido el verdadero significado de la figura de Juan en la vida del hombre, verdaderamente su santidad no sería tan ensalzada, a menos que se trate de una mentira consciente para cegar a la humanidad al respecto de su verdadero significado.

 

¿Hay alguien más impresionante que Juan Bautista? ¿Alguno de coraje ardiente, un representante que exprese de forma enérgica la oposición a la letra de las doctrinas, a la hipocresía? Si alguien más, a excepción de Jesucristo, levantó la voz para combatir las enseñanzas cristalizadas de las escrituras y el fariseismo, ese fue Juan.

 

Hay grupos esotéricos que han olvidado totalmente su vocación espiritual. Ellos también celebran la fiesta de San Juan con un agradecimiento a todo lo que crece. Es natural que estén agradecidos a las falanges de los espíritus naturales que trabajan sin cesar en el reino vegetal. Pero ¿es este el verdadero significado de la fiesta de San Juan? ¡Claro que no!

También  podemos participar desde el punto de vista místico y celebrar con los buenos elfos  su victoria sobre las fuerzas destructivas en su reino. ¿Pero tiene todo esto alguna relación con la fiesta de San Juan Bautista?   Un contraste más claro  no es posible imaginar:  la abundancia de la naturaleza, la fiesta de la abundancia y la figura de Juan  Bautista que atraviesa el desierto y confronta al pueblo con sus predicaciones penitentes y condenatorias.

 

No es acaso  Juan,  como una voz que clama en el desierto de la vida,  realizado ya su trabajo en Betania, el símbolo del vehículo transitorio. Nosotros aún nos encontramos en ese vehículo de transición, en la casa de la miseria. La figura de Juan siempre surge cuando la noche de la ruina está en su apogeo, cuando la miseria de este mundo, alcanza su punto culminante. Él surge como emisario de la hermandad del reino inmutable, para hacer que el mundo oiga el mensaje: «Preparen el camino del Señor”

 

Ellos nos ostentan el mínimo lujo o presunción; envueltos sólo en una ropa igual a sus semejantes, exactamente como Juan,  de modo alguno se vanaglorian por propagar una nueva llamada. Ellos respetan lo que Isaías dijo: ”Enderecen los caminos para el Señor”.

 

Ellos no sólo vienen como simples hombres, como servidores de la humanidad, sin anhelar celebridad y honra, sino como portavoces de la Escuela Espiritual. Vienen para enseñar al hombre la manera correcta de reconstruir y pasar por ese vehículo transitorio, a fin de encontrar a Aquel que viene después que Juan.  ¡Aquel que debe venir! Porque sin lo único que debe ser despierto en la vida de cada uno, jamás podréis dejar Betania, la casa de las miserias. Aunque recorran las infinitas procesiones y las eternas fiestas nocturnas de verano o las incontables imágenes de santos hechos en nombre de Juan.

 

Ahora nos podemos preguntar: ¿No surtiría más efecto ser uno como Juan Bautista desde su testimonio en el rigor del invierno o finales de otoño?  ¿Cómo puede un hombre, que necesita tanto de las dádivas del verano aspirar a la  fiesta de Juan, y a su desierto y accesis? ¿Y porqué se habla de la Rosa Blanca? Les surgen diferentes preguntas, vamos a  intentar aclarárselas.

 

Pueden imaginar una doble fiesta estival nocturna. Primeramente se trata de un sueño, seguido siempre de un amargo despertar. La fiesta en la naturaleza común es siempre una reacción de lucha por la existencia. Si el hombre tiene hambre, él lucha por conseguir el pan y la naturaleza le orienta en ese sentido. Él demuestra gratitud  y la satisfacción del ser natural común. Sin embargo, cuando ese sueño se deshace y él recuerda, surge nuevamente el hambre y la lucha, que constantemente se renueva, celebrando así sus idas y venidas.

 

Ese proceso somete al organismo humano a un fuerte desgaste. Él envejece y se cansa, y finalmente llega el momento en que ningún pedazo de pan y ninguna fiesta puede ayudarlo, pues él está extenuado.

 

Alguien puede preguntar: ¿No incurre aquí el hombre en un error? ¿No persigue, con base a esta naturaleza, sólo quimeras? ¿Con su espontaneidad y su evidente amor por la naturaleza, no debiera el hombre amar y pertenecer a un ser con cabeza de asno, como en “el sueño de una noche de verano, de Shakespeare?

 

Si así es, el hombre debe llegar a la conclusión de que es posible festejar otra plenitud de verano, una plenitud que ofrece una satisfacción absoluta; una plenitud de verano que no conoce hambre después del hartazgo; una plenitud que otorga la eterna juventud.

 

El hombre que se entrega a la naturaleza y a sus impulsos se parece a uno de los personajes de «Sueños de Una Noche de Verano”, de Shakespeare, que se ve unido a un ser con cabeza de asno. Mientras tanto, la naturaleza no ofrece ninguna satisfacción y, al mismo tiempo, existe el anhelo por lo otro, que no pertenece a esa naturaleza. Surge de forma automática un esfuerzo por servir a dos señores.

La otra realidad de ser, la nueva vida, desea darles la bienvenida. Pero, se supone que  ustedes anhelan celebrar la despedida de esta naturaleza terrestre. El hombre debe primeramente, librarse del ser con cabeza de asno, para estar en condiciones de recibir la nueva vida. En la obra de Shakespeare,  Hérmia también debe liberarse de Lisandro, antes de poder pertenecer  a Demetrio. Pues éste sólo acepta a Helena, la parte humana que busca el contacto metafísico, mientras  que el verdadero ser permanece en el bosque de la ilusión con sus dos pies hundidos en la realidad.

 

En la obra de Shkespeare, la representación de los cuatro aspectos del hombre es magnífica   y perfectamente correcta. La conciencia se agarra a la Tierra y el aspecto místico busca el ser superior.  Sin embargo, la búsqueda    del ser superior fracasa, mientras el hombre persista en su apego por esta naturaleza, porque, luchando de esa manera, la puerta nunca se abrirá.

 

Así, las dos fiestas estivales  son diametralmente opuestas, permaneciendo esencialmente extrañas la una a la otra.  El alumno en el camino tiene que escoger una de las dos opciones, pero sólo una. O sigue el camino de la naturaleza, ó el camino espiritual.

 

En la antigüedad, los alumnos de los misterios tenían que temer todo tipo de persecuciones. Recurrían a todo tipo de disfraces, con el fin de ocultar sus verdaderas intenciones, como por ejemplo, el uso de un lenguaje velado. La fiesta de la Rosa Blanca también fue adaptada exteriormente para ser usada por la Iglesia en sus fiestas conmemorativas y en las fiestas de verano. De ahí, la maravillosa adaptación de la imagen exterior de la fiesta de la Rosa Blanca y la naturaleza exterior del 21 de junio (El comienzo del verano en el hemisferio norte) En realidad, esa imagen exterior no tiene nada que ver, con las verdaderas intenciones.

 

El alumno que quiere celebrar la fiesta de la Rosa Blanca pasa por diferente procesos, que se asemejan a las estaciones de año. El gran proceso de renovación tiene comienzo en invierno. El alumno debe comenzar el trabajo  de liberación en el más profundo nadir de su vida. En esa hora, el alumno debe despedirse del ser de cabeza de asno y dirigirse claramente hacia la nueva vida. Cuando esa hora del adiós, esa muerte según la naturaleza es realizada de la forma correcta, la semilla de la nueva vida es introducida en su nadir más profundo.

 

Entonces, el alumno endereza su  camino en la naturaleza, que, entonces se le vuelve completamente extraña. Para él, no pasa de ser un desierto. Él sabe que la semilla plantada en  el éter vital, a través de la Escuela Espiritual, comienza a germinar y emplea sus esfuerzos para ayudar, de la forma correcta, al tierno brote a desenvolverse.

 

Él prepara los caminos para su Señor, porque, gracias al discernimiento, recién obtenido, promete obediencia a la llamada divina. El alumno que trabajo seriamente el camino   aplica de la manera correcta, esa exigencia, en sí mismo.  Él o ella saben, que la transformación del hombre natural en hombre espiritual es una lucha a vida o muerte.   Pero esto no le preocupa, pues sabe también que es el dolor, el fuego el que produce la purificación. Sabe, que sólo  por el continuo e incesante pulir como el diamante adquiere su brillo y su valor. De esta forma, al final del invierno él celebra  la fiesta de primavera. Llega la hora de que se manifiesten los primeros indicios  del crecimiento.

 

El nuevo ser en el alumno comienza a revelar un contorno cada vez más claro y fuerte, hasta que se aproxima el día de la fiesta de verano, la fiesta estival nocturna, la noche de la revelación del muy amado. El alumno es confrontado corporalmente con el hombre Jesús en sí mismo, que nace en invierno, se desenvuelve en primavera y, ahora en la plenitud del verano, toma la gran iniciativa, la dirección absoluta de la vida del alumno.

 

Esa es la fiesta de la Rosa Blanca, el comienzo de la vida plena en Jesús, el Señor. En ese momento, el núcleo de conciencia dialéctica se retira totalmente y el hombre Jesús comienza su gran obra de reconstrucción del microcosmos. En ese gran trabajo, la Rosa Blanca se tiñe de un rojo-sangre hasta el consumatum est. Entonces, después del despertar del sueño de una noche de verano, el alumno descubre que nunca más sentirá hambre y sed,  hasta la eternidad.

 

La fiesta de la Rosa Blanca, el recibimiento de una rosa de Juan, significa que el alumno preparado se vuelve uno con el ser Jesús.  Tal plenitud estival es la parte del alumno que provoca una separación entre la naturaleza y el espíritu, por eso, surge una nueva naturaleza. Ese es el secreto de toda verdadera magia, el secreto de la doctrina de la transmutación.

 

Nadie puede trabajar el camino para la santificación si continúa amando el ser con cabeza de asno, si aún lleva una vida mística. Nadie puede alcanzar la nueva vida sin despedirse de la antigua naturaleza.  Los dos valores de la naturaleza, tienen cada uno,  su fiesta de una noche de verano. El despertar del sueño de una noche de verano significa la liberación de la rueda del subir y descender. El despertar del  sueño corresponde a la plenitud eterna.

 

Todos los que trabajan el camino de la liberación descubrirán que ese camino nos lleva a una lucha. Todos los que trabajaron ese camino no nos dejaron ninguna duda al respecto, pues hay muchos interesados en mantener al alumno en la antigua naturaleza. No podemos negar que una entidad que entra en la nueva naturaleza provoca una crisis en la antigua naturaleza. Por ello, si están dispuestos a ayudarnos a impedir que la Tierra y sus habitantes se hundan en el fuego el terror, deben  decidirse a preparar con nosotros los caminos del Señor.

 

Jesúcristo  conduce a la humanidad a su destino final. Quien no se adapte, a tiempo a sus vibraciones etérica santificantes, quien no aprenda a armonizarse con su fuerza, se quedará atrás, en las tinieblas del desamparo de Dios.  Es por eso que hay alegría en los cielos cada vez que se convierte un alma humana.   Hay alegría en los atrios sagrados del templo del Espíritu cada vez que un hombre entra para celebrar conscientemente su alianza con la vida inmutable y sellarla.

 

En el Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, Oberón es el príncipe del reino de los espíritus naturales, que hace todo lo posible  por mediación de sus servidores, para aprisionar a Hérmia y a Lisandro. Quedará entonces claro,  que el alumno, además de vencerse a sí mismo, tiene también que vencer a todos los que le impiden realizar el acto liberador.

 

Cada alumno en el camino podrá testimoniar ese hecho, así como la gran lucha que deberá realizar, para llegar a un buen fin. Pero será una gran alegría para él, al dar testimonio de que la semilla crece mediante la ayuda de la fuerza divina. Apoyándose en la idea de una nueva vida, ahora que ella puede preceder a la humanidad en la nueva luz del Sol, que jamás le abandonará. Porque donde nace otra vez de nuevo, ni la altura ni la profundidad, ni la maldad mental, pueden separar al alumno del amor de Dios, que es todo en todos.

 

¡Permita Dios que sean siempre vencedores en su camino de salvación. ¡Que puedan fortalecerse en el espíritu, a fin de que puedan, un día, como alumnos conscientes llamados a testimoniar la Nueva Jerusalén, donde se celebra para siempre la eterna fiesta del verano!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

LA SUBLIME SABIDURIA DE LAO – TSÉ

Si ustedes poseen algún conocimiento acerca de la literatura esotérica, entonces sabrán que ella, en varios documentos, menciona un secreto guardado por los habitantes del Sur de Francia en la Edad Media.  En ella, en la tierra de Sabartéz, el antiguo hogar de los cátaros – bendito sea ese nombre – el pueblo disponía de un poder sobrenatural, el poder  del consolamentum. Por medio de ese poder se realizaba la separación entre el ser animal y el espiritual, entre el hombre perteneciente a la Tierra y la esencia original de la prehistoria.

 

El consolamentum  era mucho más que un sello sacramental. Era mucho más que  un  descenso  de las fuerzas mágicas, pues los cátaros lo consideraban un rompimiento definitivo con la vida de la dialéctica. A partir del momento en que recibían el consolamentum, no podían ya ser considerados  literalmente habitantes de este mundo,  pues ya no formaban parte de él.

 

Muchos buscadores de esa región intentaron descubrir las fuerzas que sustentaban ese movimiento en el Sur de Francia y llegaron a la conclusión correcta de que esa aurora espiritual  hubiera abarcado toda Europa con su llamada al despertar, como el mundo jamás  hubiese  visto, si no hubiera habido  interferencias. ¿Quiénes eran pues  esos seres iniciados, que inspiraban en decenas de millares de personas, algo cuyos efectos causaban un odio tan terrible  y sanguinario en la antigua iglesia?

 

Esos seres, o fuerzas, eran cosmopolitas en el sentido más amplio de la palabra.  Amaban literalmente a toda la humanidad y, actualmente también, están activos y se manifiestan donde quiera que se den las condiciones para ello. Sus pasos se dirigen hacia el Este y Oeste, hacia el Norte  y el Sur. La historia mundial nos habla de ellos. Ahí se puede reconocer el hilo que une todos esos diferentes acontecimientos y desenvolvimientos por ellos provocados.

 

Sin embargo, ellos permanecen, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días, en el más profundo sigilo. Existe un velo hermético  que los separa de los hombres de la masa. Cualquier investigación pertinaz por parte de la ciencia, con la intención de encontrar el origen de ese secreto, es inútil hasta hoy. Podemos afirmar que el saber, la ciencia y las fuerzas de los cátaros son universales. Su fuente no puede ser revelada aquí en la Tierra, y sólo se puede encontrar en el reino inmutable.

 

Algunos autores lamentan el declive, por lo menos aparente, de los cátaros y se quejan de la sabiduría y de las fuerzas perdidas.   Sin embargo, ese es un lamento puramente dialéctico. Una fuerza emanada de la vida universal, una fuerza de sabiduría tan elevada no puede perderse.  Ella es el propio aliento divino que toca a la humanidad, en su empeño lleno de amor por salvarla y,  retrocede cada vez que el odio y la sed de sangre del mundo material y de los mortales intenta profanarla.

 

Reflexionando por un momento sobre el contacto que se realizó en Europa, del esfuerzo de amor universal, tendemos también a pensar  en un contacto divino semejante ocurrido en el Oriente antiguo, en el impulso divino  traído por el sublime Lao-Tsé. No se sabe a ciencia cierta si él existió realmente, ni si fue un hombre; incontables velos lo envuelven. Es irrefutable, sin embargo, que él en su sabiduría podía abolir la tristeza de aquellos que testimoniaban y de los que buscaban el drama ocurrido en el Sur de Francia en la Edad Media. Se puede, del mismo modo, señalar el secreto del consolamentum como el secreto de Tao.

 

 

¡El Tao no procede, él no fue, el Tao es!

los antiguos sabios que conocían el Tao

callaban referente a este secreto,

pues ellos sabían bien que los profanos se vuelven a las tinieblas

y transforman las fuerzas vitales en destrucción.

 

Cuando ciertas fuerzas vitales son despertadas en el hombre

y él se conciencia de su gran poder,

sin estar libre de su egoísmo,

entonces la llama se transforma en fuego

que se extingue en sus cenizas.

 

Por eso no se debe rebelar el secreto a los profanos.

¿No ciega la luz muy intensa a los ojos desprotegidos?

Conducir un pueblo significa realizar una gran tarea, permaneciendo en la sombra en tanto que maestro.

 

 

¿Pueden ahondar en ese lenguaje de la sabiduría?

 

Mucho se escribe y se habla en los libros ocultos de los cátaros, en los cuales se revela la enseñanza universal y la verdadera vida,  y que en aquellos tiempos fueron destruidos por el clero.  Pero, el libro oculto de los cátaros nunca fue escrito, así como  tampoco los fueron el Libro de Tao, el Libro “M” de Cristián Rosacruz y el Libro del Apocalipsis de Juan, cerrado con siete sellos. Aunque no esté escrito, existe y está oculto de los profanos. Su escritura fulgurante irradia y se revela a todos los que saben liberarse del egoísmo inferior.

 

Por eso la endura era, para los cátaros el camino normal para alcanzar el consolamentum. La endura es la extinción de la naturaleza, el aniquilamiento total del ser del yo, la total preparación para el renacimiento.

 

Si ustedes también quieren seguir en esa dirección, les aconsejamos: no desperdicien más  tiempo y energía en la búsqueda de libros y escritos que, según ustedes, pudieran llevarles a la liberación. El Tao no puede ser dicho ni escrito. Él es el camino, la senda, y sólo puede ser vivido.

Esos simples indicios bastan para mostrarles la pobreza de conocimiento y argumentación, la escasez de comprensión intelectual y la locura  de la conciencia cerebral en toda su desnudez. «Nada podéis saber que valga la pena saber; nada podéis poseer que valga la pena poseer; y nada podéis comprender que valga la pena comprender; mientras no hayáis muerto según la naturaleza y antes de la eliminación de la maléfica ilusión del yo en  vuestros microcosmos.  Mientras no alcancéis ese estado, permaneceréis profanos, ateos, y, por tanto, pequeños y veréis finalmente un contorno indefinido por medio de un espejo”(Corintios 1-13:12) y no tendréis nada, absolutamente nada».

 

Lo que tal vez posean es la tristeza y el ardiente dolor de la dialéctica, un fuego, un fuego aterrador que siempre surge de sus propias cenizas. La dialéctica es una consumación, un sufrimiento infernal sin fin. Deben librarse de ese tormento por medio de la senda, el camino, por medio del Tao. Deben pasar por la endura, de la extinción, de la muerte según la naturaleza inferior.

 

¡Pero, no pueden trabajar esa senda solos y, de hecho, no es necesario, pues la fuerza auxiliadora está presente! ¡Y la palabra auxiliadora resuena! Si quieren abandonar todo lo que poseen, entonces ustedes reconocerán como Lao-Tsé:

 

¡Fuerza oculta, secreto, eternamente inviolable!

ó, fuente serena y pura, de donde la vida se origina.

Somos unidos a Ti en lo más profundo de nuestro ser,

de la gran Unidad fluye la pluralidad innumerable.

 

Es inconcebible que muchos alumnos de la Escuela Espiritual no puedan ver esta vida única y verdadera, la única esencia, cuando la buscan, cuando la desean fervorosamente. Esto debe de ser por algún motivo. Ello es debido al hecho de que muchos se apegan demasiado a las cosas de la vida antigua y, además de eso, esperan que la revelación divina penetre, sin ningún proceso, en lo recóndito del ser natural, para que así la verdadera vida se despierte en el microcosmos.

¡Pero no es así como sucede! Si desean partir hacia la vida prometida, entonces deben levantar  nuevamente todas las pesadas anclas, que ustedes mismos han lanzado durante su vida. «Y las enseñanzas de la lengua sagrada nos confirman que esto es posible: “

 

Aquello que les llama está cerca de ustedes, más cerca que las manos y los pies”. Por eso:

 

Quien camina en la senda de la liberación del yo inferior,

se despoja de sus deseos como inútiles trastos;

entra desnudo al templo de la más alta iniciación;

el vestíbulo del tabernáculo es la tumba.

 

 

Como alumnos los buscadores gnósticos pueden saber como ser  un masón libre, como pueden levantar piedra sobre piedra, la santa catedral. El sagrado Monte Salvat es invisible para la materia, pero lo pueden penetrar por medio de la tumba de la naturaleza inferior y, como aprendices colocarse a disposición de los maestros-constructores. Así aprenderán a reconocer con Lao-Tsé sus obstáculos fundamentales y la llave para el Tao:

 

El mayor saber es reconocer que no sabemos nada.

Esa sabiduría negativa vuelve a la humanidad tranquila, devota;

conocemos todas las letras del alfabeto,

pero ninguna letra del gran misterio: Vida y muerte.

 

La verdadera enfermedad del hombre es “no reconocer su propia ignorancia” no piense, sin embargo, que aquí se trata de pura dependencia mística negativa, una negación de ideas místicas. “Y por eso”, dice Lao-Tsé, “que el pensamiento material construya una barrera para la verdadera corriente espiritual”. Deben abandonar sus pensamientos materiales.

 

Deben preguntarse a sí mismos qué hacen realmente con sus pensamientos materiales. Entonces,  reconocerán que piensan esotéricamente con su pensamiento intelectual y estimulan el misticismo con su corazón  con pensamientos emotivos. Esa es  la barrera para el flujo espiritual. La enseñanza de la sabiduría les revela que cabeza y corazón forman una unidad perfecta.

 

Mientras el hombre no quiera reconocer que no sabe nada, la gran realidad es para él un bello sueño, y nadie, a no ser el mismo, podrá curarle de esa falta de conciencia renovada.

 

Quien reconoce su estado enfermizo, ya está sano:

Reconocimiento es el arcano contra ese tormento tenebroso.

Por los caminos del pensamiento intelectual, no se alcanza la esencia.

 

Tenemos otra vez una nueva noción de la realidad de los hermanos y hermanas  de todos los tiempos, muchas veces incomprendida: La negación de la realidad dialéctica- Esos iluminados conocían una realidad diferente de la que vive el hombre dialéctico, así como otro aspecto del idealismo y del humanitarismo. Esos iluminados, conocían la propia actividad viviente y vibrante de la nueva realidad de vida, una actividad que al hombre terrestre le parece   una ociosidad ilimitada, una  amorfia sin respectivas.

 

Sufrir la maldición de la vida es algo consciente en todos los que viven en    el siglo XX. Mientras tanto, cuanto más la vida nos llena de desgracias, más nos apegamos a ella e intentamos  lograr las bendiciones deseadas, sin por ello recoger fruto alguno. La bendición pasa como un navío en la noche oscura, pues no conocemos la esencia de la Doctrina Universal, y la justa acción no se puede realizar. Por eso dijo el sabio hace 2.500 años:

 

Mi doctrina  lleva un simple mensaje.

Mis actos están fuertemente unidos a ese mensaje.

Explicados de diferentes formas por el hombre

son como líneas, alrededor de un núcleo envueltas.

 

¿No es verdad que muchos ocultan una simple y esencial verdad, la llave de la vida verdadera, en una novela de verdades aparentes y de ostentaciones? Pero Lao-Tsé nos dice:

 

Pero yo, que conozco el camino a través del laberinto

no me dejo llevar por los fuegos fatuos.

Aseguro el hijo que conduce al núcleo,

contemplo con tranquilidad donde otros luchan sin objetivo.

No deseo desempeñar ningún papel  en el palco de la

vanagloria del mundo.

por ello parezco inútil a los hombres vanos;

todos buscan una parte de la multiplicidad,

más yo el universo, ¿qué más puedo desear?

 

Vean pues, que se trata de ganar el universo. Puede parece un poco extraño a los ojos de los occidentales, pero el significado de la santificación crística es el mismo que se manifiesta en la fuerza mágica  de un espíritu santificado en Cristo. La palabra “santo” proviene del concepto de volverse sano. La Doctrina Universal demuestra al alumno que su microcosmos ya no es santo sino que está bastante dañado. Bajo la maldición de esa mutilación,  busca una minúscula parte de la multiplicidad y, por ello, su maldición no se puede transformar en bendición. Por todo lo cual, él se hunde cada vez más en la materia.

 

Cuando el alumno interrumpe ese trabajo inútil e ignora esa actividad, convencido del hecho de que la realización de sus aspiraciones más elevadas no deben venir de su yo dialéctico, comenzará entonces a construir una armadura espiritual invulnerable. Él puede trabajar el camino, la senda y alcanzar el Tao, pues la ilusión del yo está muerta. El microcosmos recupera su estado original y el universo se vuelve parte del alumno.

 

¿Perciben pues que el mensaje de la Rosacruz Aurea es y ha sido el de todos los tiempos? Que era el mismo  que el de Lao-Tsé, el mensaje  de hace 2.500 años. Ese mensaje continuará resonando  hasta el maravilloso final. Ese mensaje resonará hasta que el buscador vea delante de él el camino y diga a los sabios universales:

 

¡Quiero vivir de acuerdo con vuestro grande y sabio ejemplo, y saberme incorporado en el plan de creación divino!

 

Concluyendo: reconocer el camino, reconocer el Tao será vuestro cometido, tan pronto descubran que ustedes, como dice Lao-Tsé,  ”sufran en vuestro yo dialéctico” Si descubren en ustedes mismos que nada ni nadie puede curarles de ese dolor, que nadie puede extinguir ese  fuego,  y después de que ustedes mismos se hayan despedido de ese ser-yo, brillará para ustedes la gran lámpara de lo omniconsciente; el peregrino se bañará en esa luz divina que, semejante al consolamentum, elevará su carga fuera de la noche.

 

 

 

 

 

 

 

IX

 

LA TRAYECTORIA EN ESPIRAL Y LA VIBRACION

            Como ya saben nuestro campo de percepción orgánica se basa en vibraciones. La ciencia natural moderna penetra cada vez más profundamente en el conocimiento de las oscilaciones y se acerca, cada vez más a las enseñanzas Universales. La audición, la visión y otras tantas impresiones orgánicas, los fenómenos del sentido, olfato y del paladar, así como todas las otras impresiones de fondo moral  y espiritual nacen  por medio de las vibraciones etéricas que, a su vez, se encuentran en las fuerzas, condiciones y aspectos de la sustancia atmosférica.

 

Cada onda vibratoria está movida por una idea, un principio espiritual. Ese principio determina la cualidad, la esencia y la frecuencia de vibración, así como la aparición de leyes naturales que cooperan con las ondas vibratorias. Tenemos en mente, por ejemplo, la ley de la unidad,  la ley de cohesión.

 

Las vibraciones despertada en la substancia primordial por medio de la idea y, dependiendo del tipo de vibración, son producidos fenómenos de corta o de larga curación, es decir, ellas se manifiestan de acuerdo con la masa, la idea que los generó y la vibración de la ley de cohesión. Por eso, los gnósticos dicen que cada vida sirve de base al arquetipo que posee una cierta vitalidad. En cuanto la vitalidad es consumida, deja de existir el fenómeno, la expresión del arquetipo.

 

También, hemos de llamar su atención hacia el hecho de que cada onda vibratoria describe una trayectoria espiral doble, una centrípeta y otra centrífuga, una posee una acción de expansión y la otra de contracción. No es nuestra intención pormenorizar científicamente sobre la vibración y todos esos fenómenos que se realizan en la trayectoria  espiral.  Queremos tan sólo que presten atención hacia esa base de acción cósmica. Con ello, pueden aprender una lección urgente.

 

En primer lugar, deben aprender que cada criatura del universo se revela y vive en el ambiente que ella misma creó y se merece. En segundo lugar, deben reconocer incondicionalmente que la idea generadora es idéntica al resultado obtenido. En tercer lugar, es lógico que si el resultado obtenido deja de existir como fenómeno y la idea permanece,  ella deberá, debido a su origen espiritual,  nuevamente manifestarse. Finalmente, en cuarto lugar, el alumno que busca seriamente esas cosas concluye que el principio de la conciencia  emprende un viaje constante entre la idea y el fenómeno.

 

El principio de la conciencia es llevado a manifestarse en la forma por medio de la fuerza centrípeta y, por medio de la fuerza centrífuga, la conciencia es acogida nuevamente en la idea. Muchos esoteristas ya aclararon ese viaje de la conciencia de la idea a la forma; y de la forma a la idea.

 

Algunos de ellos dicen ahora que la conciencia, que se encuentra prisionera en ese torbellino de vibraciones, presenta también dos aspectos distintos: se habla del yo inferior y del yo superior (Cuando hablamos del “yo superior” queremos decir la conciencia espiritual, que se distingue del yo superior dialéctico, o ser aural), del yo dialéctico y del yo celeste, del hombre natural y del hombre espiritual. Esto quiere decir que uno de los aspectos de la conciencia, debido a su estructura y  a su origen, no es necesariamente igual al torbellino vibratorio en el cual él se halla envuelto, mientras que el otro se adapta totalmente con ese torbellino y se explica por él. El yo superior o conciencia espiritual es por tanto el prisionero; el yo inferior es el hombre de la naturaleza, el corazón natural del torbellino vibratorio.

 

Así como un planeta u otro cuerpo celeste puede ser expulsado de su órbita, pudiendo de esa forma penetrar en otro sistema perdiendo, por consiguiente, su naturaleza original, así también en tiempos remotos, el yo superior fue expulsado del grupo de entidades, al cual nosotros, según nuestra más profunda esencia,  pertenecemos, fue arrojado fuera de su espiral original, de su órbita y capturado por otra.

 

Por ello, el yo superior duerme, y una conciencia natural dialéctica se manifiesta en su lugar y emprende continua y espontáneamente el viaje de la idea a la forma y de la forma a la idea. Debido a nuestra naturaleza inferior  estamos totalmente sometidos a la voluntad y nos movemos por medio de un interés concentrado, en armonía con nuestros instintos naturales; mientras que debido a nuestra naturaleza superior, somos hijos perdidos de Dios, proscritos de nuestra Patria original.

 

En la Escuela Espiritual nos dirigimos sólo, a aquellos – y sólo podemos ser comprendidos por aquellos – que comprenden ese  mensaje de dentro para fuera. En esos hombres el yo superior prisionero, cautivo y adormecido muestra frágiles indicios de conciencia. Son hombres que anhelan la patria original y, por consiguiente, reconocen su cautiverio en medio de una naturaleza que les es extraña. Ese fenómeno es provocado por la vibración radiante y despertadora del campo de vida original, de la llamada de la Patria original. Esa llamada avanza en el espacio describiendo una trayectoria espiral y haciendo sentir su influencia  donde  quiera que alguien se armoniza con la realidad de su existencia.

 

Cuando una realidad-conciencia es expulsada de su órbita, la idea que irradia de la trayectoria espiral,  busca, debido a su ser, conducir lo que está perdido, de vuelta a su órbita. Por ello, está escrito en la Biblia que Dios busca lo que está perdido. El alumno de la Escuela Espiritual se encuentra, por ello, en una situación muy especial. Existe en su círculo de existencia una gran tensión y tiene que emprender una  lucha doble. El dios de la naturaleza común y el Dios de la naturaleza original elevan sus voces.

 

Al comienzo, no consigue distinguir las dos voces. Le parecen  que las dos parten  del yo de la naturaleza común y es entonces comprensible que el alumno en ese estado busque, en el yo común una vida metafísica superior. Él considera la lucha entre lo superior y lo inferior en el hombre como el juego común entre el bien y el mal.

 

Más tarde, mucho más tarde, después de muchas experiencia, puede ser que el alumno descubra que existen dos voces: Una que se explica claramente por el yo común de la naturaleza y la otra que no proviene de la naturaleza y que toca otros centros de la personalidad.

 

Cuando ese descubrimiento se lleve a efecto, entonces el alumno comprenderá que él anhela encontrar la verdadera vida superior, se despedirá por completo, se desligará totalmente del sistema vibratorio de esta naturaleza.  Se librará también  de la conciencia natural para que pueda reencontrar el campo de la vida original y elevar  nuevamente  en su órbita a la conciencia original.

 

Sobre esa base, la transfiguración puede ser realizada, una base que puede ser explicada en pocas palabras como la conciencia de ambos campos de vida y de ambos principios vitales: Un campo inferior y otro superior, un yo inferior y otro superior. El yo superior se encuentra hundido en el campo inferior. Para liberarse de él, debe abandonar todo y el yo inferior debe estar preparado para dar la oportunidad al  otro, por medio del autosacrificio total.

 

Tan pronto como ese proceso ha comenzado, y el estado original se eleva de nuevo a la realidad, se escuchan los muchos suspiros del ser espiritual prisionero. Ahí, el alumno entre en el camino de la conciencia superior. Él es atraído por la espiral de vida original y entra en la órbita de la fuerza, de la cual Lao-Tsé nos habla en uno de sus cánticos de sabiduría.

 

Lao-Tsé, la gran fuerza demoledora del pasado de la humanidad, nos habla en su poema “Idealismo como Realidad” sobre la vía etérica santa, luminosa y liberadora que se extiende entre el mundo de los muertos y el  reino inmutable. Deseamos recorrer con el pensamiento y por unos instantes, el camino eterno como Lao-Tsé lo describe:

 

El “camino” es la causa primordial comprendida en sí misma.

Él fue, es y será por toda la eternidad.

Su omnipotencia está limitada por el espacio y el tiempo.

De su Logos nació el alma del mundo.

 

El camino es la causa primordial como nos narran todos los misterios. Pues la verdadera vida se manifiesta de sus santas fuerzas. Está claro que esa vida es eterna. Falta ahora su participación en esa vida nueva. ¡Se trata pues de que contemplen y conozcan el nuevo estado de vida!  Por eso, la verdadera vida envía un radiante haz de luz, fuerza y belleza que penetra  nuestra naturaleza de la muerte, a fin de que, atravesando ese puente, podamos nuevamente alcanzar la Patria perdida.

 

Cuando el alumno se sabe acogido en el nuevo camino etérico y avanza, de gloria en gloria, él reconoce su limitación en el mundo espacio y tiempo.

 

El verdadero camino, por tanto, es vibrar a su ritmo,

reconociendo la omniexistencia en cada aliento.

Y así  sumergirse en su Luz espiritual e irradiante,

hasta tal punto, que nada exista sino la voluntad

de aquel que es toda la vida.

 

El alumno se levanta y trabaja el camino correcto, que es: el camino que conduce directamente a os Atrios sagrados. Y el ritmo de la vida liberadora lo rodea. Es como un canto; es como una dulce y susurrante melodía; es como la corriente del río divino que atraviesa la ciudad eterna.

 

Un aliento es un latido del corazón. Un aliento debe impulsar a la sangre viviente a través de las venas. Así, de aliento en aliento, el alumno reconoce su unión con la omniconsciencia. Él es absorbido por ella y es sólo una voluntad divina vivificante que lleva e impulsa al alumno:

 

Del reconocimiento despierta el discernimiento y el ser   se refleja en el fenómeno.

La cohesión forma la piedra de granito.

Para que, la idea se densifique delante de nuestros ojos.

 

De esta forma, el alumno penetra lógicamente en el nuevo campo orgánico de percepción. Él aprende a discernir. Aprende a ver y probar los éteres planetarios de la sustancia divina. Cuando el alumno entra en ese campo de percepción, ya no puede dejarlo, sino que debe vivir de él y las consecuencias se demostrarán en todos los lugares. El ser divino se refleja de nuevo en ese peregrino  único.  La fuerza de la unidad  aparece delante de sus ojos. Semejante a la ley de la unidad, a la ley de la cohesión que une los átomos de una piedra de  granito, así también  la propia ley divina unifica el nuevo ser del alumno para una grandiosa gloria.

 

¡Oh poderosa Energía, que animas todas las formas, que de la tierna bellota haces que brote el roble;

haz girar las poderosas ruedas del firmamento y haz crecer el loto en el lodazal impuro.

 

Así continúa la fiesta del despertar.   El árbol crece de la tierna semilla de la renovación. ¿Ese gigante del bosque no simboliza la unión del alumno con el santo espíritu universal? Y ¿no es verdad que la flor del loto, tierna,  blanca, pura y santa  emerge del lodo?  ¿no representa ella el florecimiento del  principio espiritual divino en el propio alumno?

 

 

 

Por eso cada mortal busca en la vida lo que le une a la palabra divina.

Muchas veces,  vibra sólo muy levemente un tierno acorde, y lleno de respeto, él reconoce el esfuerzo divino.

 

Así, es posible que busquéis con nosotros la palabra olvidada, el “ábrete sésamo” de los misterios. Muchas veces viene a nosotros una sugestión bastante débil de la palabra olvidada. Entonces, se produce una conmoción en nuestro ser, y reconocemos por un momento, cara a cara, el esfuerzo  divino desarrollado para nosotros, hijos del hombre caído.

Continuamos:

 

Cuando irrumpe de nuevo la luz en las tinieblas,

el hombre se reconoce a sí mismo en el universo.

Entonces, el Verbo nace, el Verbo, una vez pronunciado, la libertad del terrestre valle de lágrimas.

Una vez que en ustedes, la noción se ha vuelto conciencia, y reconozcan el lugar en que están en esta basta región del terror, entonces recibirán una gran gracia. La Palabra, el Verbo santo del cual ustedes, tal vez hasta hoy sólo han recibido una débil sugestión, podrán hacer germinar en ustedes una semilla divina. Cuándo esta semilla divina germine en ustedes, en su microcosmos, ¡romperéis todos los obstáculos de vuestro círculo de existencia, todos los vínculos  del espíritu, del alma y del cuerpo! Entonces el príncipe de este mundo perderá todo su poder sobre ustedes. Todo se volverá claro para ustedes y científicamente correcto:

 

 

El camino lo genera, lo hace crecer.

            Lo desenvuelve, nutre y conduce a la perfección.

Lo madura y protege – causa la muerte y floración, en una espiral infinita.

 

Él es el poder que dirige  todas las cosas.

El que nada posee sino la propia vida profunda.

En la inacción, Él respira la eternidad.

Él es el misterio jamás descrito.

 

 

Tienen así, delante de su espíritu, al hombre que abandonó todo lo que pertenece a la naturaleza inferior. Él murió y resucitó. Sin actuar, él respira la eternidad. El hombre de naturaleza inferior está siempre en movimiento, lleno de actividad; quiere actuar. El peregrino que sigue el camino procura conocer el secreto de la no-acción. ¡Es Él, el Señor de vuestra vida, el Señor de toda vida, el que hace a las dos actuar en vosotros, tanto a la voluntad como a la acción!

 

Cuando el alumno se une nuevamente a “Aquello”, al Camino, al Tao, él se coloca en un vínculo de libre obediencia a la eternidad, al reino divino dentro de sí, al ser Jesús en sí mismo. Ese “otro” actúa, vive y es. La propia forma terrestre se fue; el alumno muere y  jamás se  volverá a manifestar por toda la eternidad.

 

¡Trabajad con nosotros ese camino eterno!. ¡Atravesada con nosotros el Portal eterno, que os conducirá a la verdadera eternidad!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

X

 

ILUSIÓN– REALIDAD

            Si el trabajador en la viña del señor, desea realizar correctamente su tarea en este mundo, no puede, de ninguna manera perder de vista la realidad. Debe vivir y esforzarse continuamente de acuerdo con la idea de que no puede separarse  de  la realidad y ser absorbido por lo irreal. Por ejemplo, si un buscador de la luz  busca su realidad en lo no real, entonces disminuirá su dinamismo, regenerador y buscador, es bloqueado y se vuelve completamente impotente  delante de los hombres, grupos y fuerzas que intentan mantener esa realidad impía.

 

Imaginen que su poder dinámico, su disposición y su amor por la humanidad fuese tan grande, que fuera un peligro para ciertas fuerzas demoníacas. Esas fuerzas intentarían derribarle, según un método muy antiguo. Ellos especularían con relación a su naturaleza inferior, su auto-afirmación, sus diversas ilusiones dialécticas, capaces de desorientarle. Ellas intentarían desviar o corromper sus energías provocando tensiones y disonancias en su campo de trabajo.

 

Todos los trabajadores  de algún valor, sin excepción, han tenido esa experiencia. Cuando esos métodos, que en general, infelizmente, se muestran muy eficaces, no producen ningún resultado y el trabajador resiste, con la ayuda divina, a todas esas celadas y maldades, entonces procuran ahogarlo en la ilusión. La  fuerza diabólica mantiene su trabajo con el objetivo aparente de cooperar con él. Ese tipo de comportamiento es muy simple, tan simple que en esa simplicidad reside su siniestro refinamiento.

 

La ilusión presenta una gran pureza, una integridad, una verdad que, la mayoría de las veces, se nos presenta como un hecho irrefutable, mientras la realidad, en general, nos coloca directamente en contacto con lo pecaminoso y a ello no une. ¿No es evidente, desde el punto de vista de la ilusión, que el hombre que busca la luz,  diga adiós, a la impureza y se inmunice contra esa pecaminosidad  y dedique todo su ser, sus esfuerzos, todo su poder espiritual a la pureza, al axioma de la ilusión?

 

Sin embargo, tal persona permanece verdaderamente al margen del mundo,  él vive en un mundo de apariencias. El estudiante gnóstico también aspira al orden divino de las cosas. Toda su vida trabaja para ello, el rompimiento del cerco de la naturaleza, a fin de encontrar la comunión secreta con Dios. ¿No  estamos obligados a hacer nuestra realidad a partir de la ilusión? ¿Cristo estaba o no en lo cierto? Él nos muestra un reino, que no pertenece a este mundo; entonces, ¡busquen el reino de Cristo!

 

¡Sombras, astucias diabólicas! Ningún hombre que busca la realidad en la ilusión,  ha podido jamás en toda la historia del mundo, interrumpir, ni por un segundo, el curso del carro triunfal de las fuerzas diabólicas. El valor místico de la ilusión es importante en este mundo.

 

¿Y el aspecto mágico? ¿Podemos, como alumnos de una Escuela Espiritual, con nuestro potencial mágico colectivo atacar y liberar la pureza, del  pecado? ¿Es lo que espera de nosotros la Fraternidad Universal? ¿Y la palabra de Cristo: “Donde dos o más se reúnan en mi nombre, ahí estará yo?

 

En la realidad, de acuerdo con el texto literal, esto es bien simple….. pero como tal, desprovisto de fuerza. Quien, de esa forma,  como servidor o servidora de la luz se deja  desnaturalizar, se vuelve víctima de la astucia demoníaca. Por eso, si pueden percibir ese esfuerzo, cuando esa tentación les asalta, sea por medio de un enemigo o de un espíritu afín, digan: “Apártate de mí, Satanás”

 

Esa tentación   asalta a cada obrero, a cada trabajador sincero de este mundo. Intenta siempre volverle impotente, absorberlo en la ilusión. Esa tentación fue siempre conocida por los rosacruces de todos los tiempos. Conociendo la ilusión, el rosacruz sólo se aproximará por medio de la realidad.  Ese camino lleva consigo consecuencias muy incómodas y duras. Y somos de la opinión de que, si alguien no quiere trabajar ese camino, no es cristiano. Sentimos una gran necesidad de hablarles sobre estas cosas, pues, en los tiempos futuros, seremos presionados por todos los lados con el fin de interrumpir el trabajo que juntos debemos realizar ó sino para  estimularles a realizar una tarea equivocada.

 

La realidad   en la que vivimos es totalmente impura, profana y mutilada, y no mantiene ningún vínculo armonioso con la realidad, es decir, con el conocimiento que recibimos de la realidad crística. Esta realidad crística no es una fuerza, ningún estado de independencia absoluta, sino un cierto rayo de luz, por medio del cual ustedes toman conciencia de la otra realidad, la de Cristo.  Este rayo de auténtica luz crística   no genera nada por sí mismo; él no les origina ninguna modificación. Él irradia sobre ustedes, sobre la humanidad, sobre todo el mundo.

 

Ustedes sólo se concienciarán de ese rayo, si, al permanecer en esa realidad impura, experimentan resistencia, dolor, amargura   y depresión, si sufren corporalmente la mutilación de esta naturaleza. Entonces, pueden ser que tomen conciencia de ese rayo. Y podrán ver la otra realidad que es pura y armoniosa.

Aunque el deleitarse en la radiación de esta realidad crística puede ser consolador y suavizante, pueda dar alimento y calor a las diferentes aspiraciones crísticas, sin embargo no modifica en nada la realidad.  Continúan formando parte de esta naturaleza, de esta mutilación, sin la más mínima posibilidad  de elevación. Cuando se entregan a la ilusión, se vuelven una mancha oscura en la radiación crística, una mancha solar y, de esa forma reducen esa radiación.

 

Cuando en vuestra ceguera dicen: “Ya vi  la radiación de luz crística y experimenté su consuelo y su calor; ya nada tengo que ver con la naturaleza impura”, entonces  se engañan. Entonces participan de esa impureza. No sólo vivís en ella y sois por ella envueltos, sino que  también son, según su cuerpo y la sangre, una parte de ese orden de naturaleza, de esa naturaleza mutilada. Como mucho existe un foco en donde la radiación de pureza les toca y, despierta   un cierto recuerdo de la Patria perdida.

 

No pueden huir. Solamente pueden esbozar dos reacciones: o narcotizarse con la ilusión, soñando con imágenes de una nueva realidad ó, pueden atacar   según un proceso regenerador la realidad mutilada que son, y que viven. Su estado de mutilación debe ser atacado teniendo los  pies  firmes en la realidad.

 

Con ello provocan  inmediatamente grandes difíciles problemas. ¿Cómo debemos trabajar? ¿Cómo puede lo impuro purificar y regenerar lo impuro? ¡Eso es imposible! ¿Qué método se deberá emplear para el desarrollo de ese trabajo? ¿ ¿Establecerán diferentes directrices en concordancia con el grado de iluminación de la conciencia, experimentado por medio de la radiación crística. ¿Pero esa iluminación es suficiente? ¿Es pura vuestra directriz? ¿Es suficiente la conciencia para que una directriz pura sea trazada?   ¿Poseen en órgano que capta    aunque precariamente la verdad pura? ¿Cuándo quieren hacer el bien, no acaban haciendo el mal? ¡Aquí reconocerán su total dependencia e impotencia!

 

Y entonces se volverán conscientes de un prodigio  y un estado inconcebible de amor. Para la luz, no basta sólo iluminar y orientar su conciencia por medio de su irradiación, pues ella desciende y brilla en vuestro estado impuro y  afligido. Se desenvuelve  en su ser entonces, un toque personal, para que puedan, por medio de esa fuerza, aniquilar  su flaqueza e impotencia.

 

¿Comprenden, entonces,  lo que Cristo y todos los servidores de Su jerarquía hacen por ustedes? Ellos se unen realmente, en esencia, de cuerpo y sangre con la impureza, a fin de alcanzar el gran objetivo, la redención de la humanidad. Abandonan la gloria junto al  Padre para volverse uno de nosotros. Desean cargar sobre sí la vergüenza  de la impureza, por amor del grande y santo objetivo. ¡Se hunden en el fondo del lodo!

 

Recuerden la famosa obra teatral de Charles R. Kennedy “el servidor de la Casa” Uno de los  personajes principales es un limpiador de desagües que limpia la inmundicia del mundo. Él  trabaja así, delante del obispo de Lancashire que vive absorto en sus sueños.

 

Las fuerzas luminosas, serenas y puras se hunden en los sumideros de impureza. Ellas hacen esto – presten atención – no  con el heroísmo de la dialéctica, para purificar su fuego impuro. Ellos se vuelven uno de nosotros para consolidar, de abajo hacia arriba, la eternidad en el tiempo. ¡Ellos se vuelven uno de nosotros y nosotros uno de ellos! No como el superhombre que observa desde arriba al ser humano mutilado. Al contrario, ellos trabajan en el mismo nivel de conciencia y dentro del rayo de acción de la masa y con el método de la masa. Así, la humanidad encuentra sus propias restricciones y la sangre se vuelve susceptible de una realidad superior.

 

¿Comprenden que ese proceso no es indoloro? El evangelio  da testimonio de ello. Cuando el Hijo del Hombre aparece en la tierra, él no encuentra ninguna fe. ¿Por qué no? Debido al estado de conciencia, a la densidad sanguínea de la masa. Ni sus discípulos lo pueden comprender ¿Por qué no? Debido a su estado de conciencia  y su densidad sanguínea, debido a su impureza.

 

¿Qué hace el aquí entonces? No emplea ninguna doctrina y, si lo hace,  es con el objetivo de confirmar  un testimonio de la luz anterior. Él concede, a los que de ella se sirven, una fuerza y conduce el proceso de la dialéctica de abajo hacia arriba. Y de esa forma él se vuelve un limpiador de inmundicias; se vuelve un servidor de la humanidad.

 

Él cumple las leyes y los pos profetas. Esto significa que el hombre sólo puede comprender el aspecto liberador, que se basa en Cristo, por medio de la ley. La ley dice, por ejemplo, “ojo por ojo, diente por diente”, sin embargo el aspecto liberador dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. El hombre que contempla la ilusión   quiere anular la ley, él quiere liberarse del “ojo por ojo, diente por diente”   e intenta perderse en su idea de amor al prójimo, pero fracasa y  no obtiene ningún resultado. Su idealismo y su experiencia son contrarios al “ojo por ojo, diente por diente”, pero al mismo tiempo él reconoce que la ley de la venganza está todavía válida, mientras la humanidad se mantenga en este nivel actual.

 

La luz de la ley superior no puede ser alcanzada ni comprendida, mientras que la ley del “ojo por ojo, diente por diente” no haya encontrado su lógico fin. Pueda la humanidad, por medio de ese fin irrevocable, encontrar, y gritar de dolor, el camino para la vida más elevada.

 

La ley «ojo por ojo, diente por diente”  es tan divina, como la ley superior del orden espiritual de Jesús el Cristo.  Esa ley se encuentra expresada en los libros sagrados de todos los tiempos. La ley del Talión se debe cumplir según la naturaleza, porque ustedes mismos son de esa naturaleza.      Pero, también, al  ser liberados de esa naturaleza, tienen, como participantes de la jerarquía del amor a la humanidad y  ahora debido a  su unión con ella, que aumentar el potencial de realización de la ley inferior.

 

Cuando vislumbran el esfuerzo crístico en esta naturaleza, descubren un aumento del potencial de realización de la ley. La humanidad es impulsada a una velocidad cada vez mayor a un fin según la ley, la realización. ¡Lo que no podía ser realizado en un siglo, hoy se cumple en un año!  ¿La causa? El aumento del potencial de la realización de la ley. Los servidores de Jesucristo no huyen de este mundo, al contrario, ellos cumplen la ley. Esto no significa que obedecen a la ley, al contrario,  la dinamizan, la desarrollan según la naturaleza. Con esto, la naturaleza se pierde en sí misma.

 

¿Debemos pues deducir que la Jerarquía de Cristo provocó la última guerra? ¡Claro que no! Se trata de un impulso científico   para provocar un desenlace que no puede ya ser evitado y que no debe serlo.

 

Piensen en Judas. Cristo le obligó a salir, la noche que realizó su acto. Entonces, ¿Jesús le impulsó a cometerlo? ¿Él lo aprobó? ¡Claro que no! ¡Los escándalos suceden, pero ay de aquel, por medio del cual vienen los escándalos!  Sin embargo, por medio de los escándalos, en un sentido amplio de la palabra, puede nacer la liberación.

 

La Jerarquía de Cristo intensifica el ritmo de los escándalos, para que la liberación se vuelva un hecho. Vamos a resumir y finalizar:  existen dos reinos, dos órdenes de naturaleza. Un reino dialéctico y otro estático, el de la futura vida. Cada uno de esos  órdenes de naturaleza posee su propia ley, su sistema, para asimilar tensiones y fuerzas. Además podemos decir que las leyes de ambos ordenes naturales son divinos, aunque la ley de la naturaleza dialéctica sea inferior, comparada con la de la Estática, la ley superior.

 

Además de eso, se debe constatar que nuestro campo de vida es temporal, pues estamos aquí sólo de pasada. Por ello, el hombre debe aprender que su vocación es trabajar el camino rumbo a la vida superior, en dirección a la vida del reino inmutable. Por eso el hombre se debe liberar de su cautiverio.

 

Con el fin de hacer posible nuestro ingreso en el reino inmutable, Cristo penetra en nuestro campo de vida. Él permite que la ley superior brille delante de nuestra conciencia a fin de que podamos recibir en esa luz las directrices necesarias para la orientación. Por tanto, Cristo, abre para nosotros, primeramente un camino.

 

Enseguida, la humanidad, incidentalmente prisionera en este orden de naturaleza, debe ser demolida según la naturaleza. Ella debe vigilar, sufrir y luchar constantemente durante ese proceso de demolición, no según la naturaleza superior,  sino en concordancia con la ley inferior, a la cual pertenece.

 

Esta ley debe también ser cumplida, dinamizada y acelerada, pues es la única posibilidad de liberación futura. Esa es la verdad del trabajo de liberación.

 

El hombre no es retirado de esta naturaleza, pues esto, es imposible.   Él es conducido a través de esta naturaleza, a través de la realización de la ley de la naturaleza. Así, él se prepara para entrar en la tercera fase de la liberación: la verdadera nueva vida.

 

En la primera fase, el Cristo es el hombre divino, que desciende en el charco de la perdición, el ser radiante sin pecado que de la serena esfera del reino inmutable viene para revelar el camino y por medio de su sacrificio de sangre.

 

En la segunda fase, Cristo es el ser real que, de acuerdo con la ley, persigue a la humanidad a través del lodazal de sus pasiones y por eso lo purifica y vuelve maduro para asimilar la sustancia divina de la vida.

 

Y en la tercera fase, Cristo es el camino   y, por eso, la propia vida.

 

La libre-masonería crística de los rosacruces está perfectamente sintonizada con ese realismo trifásico. ¡Por eso encontramos la  mística Rosacruz en el camino! Por eso encontramos la Rosacruz real en el proceso de la verdad, según la ley. Por eso, también encontramos los hierofantes de la Rosacruz en el camino de la verdadera vida.

 

En conclusión, comprendan ese mensaje como la directriz central en la vida de los servidores de la Rosacruz. : ¡Amar a la humanidad no es protegerlo contra la ley de la naturaleza, sino que es una prueba de amor liberador, impulsado a través de la naturaleza, porque e mediante la naturaleza como encontramos el espíritu!

 

 

 

 

 

 

 

 

XI

 

 

El MISTERIO Y LA VOCACION DE HIRAM ABIFF

El MAESTRO CONSTRUCTOR

 

Una de las más serias preocupaciones, que todos los que viven en la verdadera Luz, deben tener, se refiere a la forma con que se desenvolverán las relaciones entre la Iglesia, el Estado y la Escuela Espiritual.

            Las relaciones entre la  Iglesia, el Estado y la Escuela Espiritual y su desarrollo son de una gran importancia y causan gran cantidad de preocupaciones a todos aquellos que viven en la Luz Verdadera, pues, tal desarrollo determinará la línea de los acontecimientos en el mundo, en una cierta época de la historia.

 

A través de los siglos, siempre se ha tratado efectivamente de una triste inarmonía y de una enemistad terrible. La iglesia y las instituciones públicas nacidas de ésta o al menos fuertemente influenciadas por ella, han contrarrestado casi siempre el trabajo de los Misterios; allí donde ellas podían han perseguido y hecho perecer de muerte violenta por el fuego y por la espada a servidores de la Escuela Espiritual. En un tiempo como el nuestro esta enemistad es patente. Con relación a esto nuestras propias experiencias son más que evidentes.

 

Desde el punto de vista dialéctico, estas plagas son consecuencia de la oposición natural entre el fuego y el agua, entre el hijo no convertido de Caín y el de Seth, la continuación de la enemistad sanguínea entre Caín y Abel.

 

Desde el punto de vista horizontal, esos dos rivales, que son la Francmasonería y el Catolicismo,  se demuestran una aversión enfermiza, un odio recíproco, una lucha sin piedad.

 

Uno y otro – el Catolicismo y la Francmasonería – han merecido plenamente estas experiencias amargas. Se han valido del abuso de poder y el empleo de armas materiales inferiores, a fin de asegurarse la victoria final. El fuego y el agua se encuentran totalmente enterrados en la materia; estas dos potencias han abandonado al dios verdadero y se arrodillan ante sus ídolos. Y por ello hay entre ellas una lucha sin fin, una venganza de sangre, que igualmente ha hundido profundamente sus raíces en el dominio del más allá.

 

En su enfrentamiento mortal los hijos del fuego y los hijos del agua han hecho juntos de este mundo un infierno, un campo de sangre, una morada terrible. Es culpa suya que existan en este mundo más satanes y fantasmas que hombres. Extraviada y engullida la incalculable progenie de los poderes del fuego y del agua ha hecho de esta tierra una caverna diabólica y terrorífica que ni las fantasías más sórdidas de un Edgar Allan Poe conseguiría describir.

 

De todas maneras, nosotros sabemos que, lentamente pero sobre seguro, otra tendencia se manifiesta en estos dominios del pecado. Enteramente separado de estas dos potencias, en la lucha de una contra la otra, vemos la actividad de un impulso hierofantal, incitando al renacimiento, empujando a la humanidad a la búsqueda de su vocación original; impulsando a trabajar el camino y a realizar los actos que deben llevar a una transformación fundamental y total.

 

En las horas sombrías  de nuestra vida en este mundo, estamos, tal vez, inclinados a suponer que Dios y sus santos Servidores han abandonado este pozo de injusticias. Pero les aseguramos que esta suposición será el error más grave de sus vidas. Tras la caía de Adán hasta hoy, ninguna  de esas fuerzas de Luz nos ha dejado ni un momento. Igualmente, aunque no podamos distinguir su actividad y si no podemos comprender nada de su trabajo,  estamos, sin embargo, convencidos de su éxito progresivo que llevará un día a la victoria segura.

 

A partir del momento en el que la humanidad adámica fue expulsada del Jardín del Edén,  dos aspectos de la historia mundial se desarrollan: la marcha mundial de la humanidad dialéctica y del otro lado de nuestro cosmos planetario, una marcha mundial de los Hierofantes de la Luz y de sus Servidores. Esta historia mundial hierofantal se desarrolla según el axioma bien conocido: “en el mundo pero no de este mundo.”

 

Los hombres que son arrastrados por esa marcha mundial dialéctica,  los del tipo terrestre, muchas veces suponen que su destino indica el curso de las cosas, los pasos de los hierofantes.  Esto es un gran error, una mistificación total.  La sublima actividad gnóstica sigue siempre su propio camino y se une de tiempo en tiempo a células preparadas en nuestra esfera de vida.  Esas células, con actividad esotérica inferior, tienen la tarea de atacar el organismo terrestre y  predicar el Evangelio, para la curación de la humanidad enferma. Estas células de actividad esotérica inferior  están destinadas a suscitar la enemistad y el odio y por eso serán, inevitablemente atacadas y envueltas en la lucha infernal entre los Hijos del Fuego y del Agua.

 

Nosotros mismos ya hemos experimentado corporalmente una catástrofe semejante y sabemos ahora lo que es tener una misión que realizar en nombre de los Hierofantes de la Luz en territorio enemigo. No debemos mientras tanto, teniendo conciencia de la tristeza de todo esto, perder el sentido de la realidad. Desde el punto de vista de la dialéctica, se podría  pensar en una destrucción de células,   cuando en realidad no se trata de un cambio de células, de cambios de materia. Cuando una célula vieja es suprimida, una nueva célula de actividad esotérica inferior  comienza su tarea durante siete años.

 

Al igual que existen las más pequeñas células, con tareas esotérica limitadas o científicamente determinadas, igual hay también grandes estructuras celulares abarcando el mundo entero, emanando todas de la Fraternidad universal. Así deben ser vistas las grandes religiones mundiales,  consideradas como tales. La misión de las grandes religiones debe ser  considerada como un toque periódico en el organismo dialéctico.

 

Cuando estudiamos la historia de las religiones mundiales de antes de Jesucristo, descubrimos que su actividad, en tanto que grandes estructuras celulares, siempre son de nuevo apagadas por la enemistad, el odio de Lucifer y Satán, de forma que al final se vuelve necesario la aparición de una nueva religión mundial que retome la tarea de la anterior, a fin de poder proseguir la misión que le ha sido encomendada.

 

Desde la aparición de las grandes estructuras celulares, son siempre grandes entidades y altamente cultivadas quienes dan el impulso a las pequeñas células de actividad esotérica inferior. Estas pequeñas células realizan entonces su tarea de  acuerdo con las grandes estructuras celulares y según la misión que le es atribuida. Son los trabajadores  humildes y simples y menos desarrollados, quienes entran en escena como promotores.

 

Después de la aparición del Cristianismo, se distinguen, en la cadena de religiones, no sólo una nueva actividad más, sino también un proceso de cambio material, el cual se volverá totalmente diferente, de acuerdo con la misión y a través de la misión de Jesucristo.

 

Sabemos que el Cuerpo Hierofantal no ha enviado, en Jesucristo, al organismo dialéctico, un hombre, un adepto sublime, sino a un ser supraterrestre, un Dios; al Cristo mismo, venido a nosotros para dirigir la edificación de la nueva estructura celular.

 

A fin de poder cumplir esta tarea, Él se unió a nuestra humanidad descendiendo aquí abajo como hijo de hombre. Él pasó por el proceso de nacimiento, por el seno de María, para volverse uno de nosotros, despertándose en el mundo del tiempo como Jesús de Nazaret. De esta manera, Cristo une su Jerarquía divina a la jerarquía humana dialéctica, satánica y Él completó ese trabajo por medio del sacrificio de su vida en el Gólgota, expandiendo así definitivamente todas sus fuerzas en nuestra esfera orgánica.

 

Así, a través de ese sacrificio crístico, todas las cosas se vuelven literalmente nuevas, pues la nueva estructura celular, conducida por Jesucristo, no puede ya apartarse del organismo dialéctico. Hay una unión sanguínea entre a humanidad y el hombre Jesús que se transforma y es el Cristo. Por eso no veremos, después  del Cristianismo ninguna otra religión elevarse en el  horizonte de la vida, pero el cristianismo es el que empujará a la hombre hacia una resurrección o hacia la caída.

 

La historia mundial hierofantal ha alcanzado en Cristo su cima más alta y más luminosa. Mientras el mundo dialéctico continúa con sus luchas y hundiéndose en una inmoralidad repugnante, mientras nuestro mundo, según su carácter, demuestre en gran número la existencia de caricaturas de fuego y de agua, la historia mundial hierofantal,  en los seis o  siete últimos siglos, se encuentra bajo el signo de Cristián Rosacruz.

 

La Cruz que los Hierofantes de la Luz y sus  Servidores han llevado, por amor a nosotros, desde el origen de los tiempos,  se vuelve en Cristo, una Cruz entrelazada de rosas; rosas de felicidad, las rosas de gozo puro, las rosas de amor, el  símbolo de una liberación fuera de las  pesadas cadenas.

 

Hay dos historias mundiales, una que habla de  ustedes y de nosotros, y otra, la de los Misterios. La primera nos lleva a un mar de lágrimas, la otra nos conduce a una enorme forja, en la cual se trabaja sin cesar  con un nuevo martillo y un nuevo verbo,  con  más dinamismo que nunca.

 

Nuestra destrucción celular, por las hordas negras, nos debiera haber conducido, en algunos milenios, a una neutralización exterior e interior. Pero debido a los combates que estamos obligados a llevar, se puede hablar ahora de una parcial ruptura exterior. Un proyectil hace mucho tiempo esperado, fue lanzado contra nosotros, pero nos volvemos invencibles con el nuevo martillo y el nuevo verbo. Nuestra célula de trabajo que fue atacada, prueba su capacidad de renovación por medio de un nuevo martillo y del nuevo verbo. ¡Dios sea alabado, por mediación de Jesucristo que nos da la victoria!

 

Sin quere, pensamos aquí en Hiram Abiff, el Maestro Constructor, uno de los mayores trabajadores esotéricos del pasado, que según la leyenda de la libre masonería,  recibió también un nuevo  martillo  y un nuevo verbo, cuando una de las células de actividad esotérica inferior y dirigida por él, fue destruida por el fanatismo dialéctico.

 

Para entender mejor todas esas cosas debemos consultar de nuevo el Libro Sagrado, donde todo esto será totalmente aclarado a nuestra conciencia. Es por ello una alegría para nosotros el poder transmitirles, con la ayuda de la Biblia, algunos fragmentos de la sublime historia esotérica mundial, con la esperanza de que comprendamos nuestra lección y que recojamos, ustedes y nosotros, los frutos.

 

Queremos primeramente considerar la figura de Hiram. La palabra Hiram significa, libremente traducida, “hermano  de lo Único Sublime”, es la indicación de que se trata aquí de uno de los grandes de la Escuela Espiritual, con un trabajador iluminado al servicio de la Enseñanza Universal.

 

El nombre Hiram Abiff quiere decir: “Hiram el hermano de lo Único Sublime, es mi Padre”  Un Hiram Abif es también uno de los enviados, de los servidores de Hiram. Con otra construcción semántica podríamos traducir: “Hiram Abif”, como “Hiram, el Hijo del Hermano del Unico Sublime, es mi Padre”, lo que encierra el mismo significado.

 

A fin de dejar las cosas claras concluimos sobre la cuestión de la realidad de Hiram y los suyos, señalando lo que se nos dice que Hiram es el “hijo de la viuda”. Como sabemos, esa es una indicación bien clásica de la participación en los Misterios.

 

En el primer Libro de los Reyes, cap. 7, v. 14  podemos leer: “Era hijo de una viuda de la  tribu de Nephtali”  Es más, dice que procedía de la tribu de Dan. Esta contradicción aparente desaparece cuando conocemos el significado de estas dos tribus. Uno procedente de la tribu de Nephtali,  – el hijo de una viuda de la tribu de Nephtali –  es un luchador, un hombre fuerte, que cumple su misión con la espada del Espíritu.

 

Por esta razón, es igualmente de la tribu de Dan, pues él lucha  por el derecho más elevado y es juez ante la faz de Dios.

 

Así vemos aparecer  a Hiram y a los suyos como los héroes combatientes, fuertes y divinos; como los purificados Hijos del Fuego. Las indicaciones relativas a su estado espiritual y su vocación hermética son innumerables.

 

Hiram es el rey de Tiro; dicho de otra manera, un hombre firme como una roca, inviolable e inamovible en su tarea. Es un rey en su oficio, y maestro de todo lo que es llamado a gobernar. Hiram es también el habitante del país de Sidón. En el Nuevo Testamento se nos habla igualmente del territorio de Tiro y de Sidón. Cristo mismo residió alguna vez, así como lo veremos más tarde. Los habitantes de Sidón son los pescadores. Según su oficio real, pescan a los hombres del reino dialéctico que  se encuentran bajo la dominación de los poderes satánicos.

 

Así conocemos a Hiram, Hiram Abiff y los suyos, el Rey de Tiro, los habitantes de Sidón, los poderosos pescadores de hombres, los hijos de la Viuda, los hijos del Fuego purificador en una de sus creaciones, en la historia mundial esotérica. En cuanto a su participación en el Antiguo Testamento, Hiram se nos presenta como el gran amigo de David, y más tarde, de Salomón, viviendo con ellos en completa armonía.

 

En un momento psicológico vemos, en las vidas de estos dos reyes, aparecer a los hiramitas. David y Salomón que, en su oficio de príncipes, son de hecho, como sabemos, las fuerzas motrices materiales y espirituales  de su pueblo y representan en ellos mismos, tanto al estado como a la iglesia, son fuertemente ayudados por Hiram.

 

Hiram ayuda a David a la fundación de su estado y esta ayuda es recibida por David con reconocimiento y comprensión perfecta. Y bajo su demanda Hiram ayuda a Salomón a fundar su estado y también a la fundación de su iglesia israelita.

 

Leyendo esto no podemos contener nuestra admiración. Este lenguaje produce sobre nosotros el efecto de los sonidos celestes ¡Imagínense la Iglesia Reformada o la Iglesia  Católica Romana pidiendo a los hiramitas de nuestros días ayuda en sus esfuerzos de renovación! En nuestros días esto sería absolutamente imposible. En nuestro siglo, semejante cosa sería llevarlo al paroxismo de la locura. Los directores espirituales que se creen tan grandes no querrían ciertamente aprender del Tiro y de Sidón  actuales, como deben pescar a los hombres   del océano  hirviente de la vida.

 

Y pese a todo, esto debe ocurrir, si  la iglesia quiere continuar existiendo. Gran cantidad de grupos en las diferentes iglesias suspiran apasionadamente y sinceramente, un despertar. Pero este despertar no puede venir sin una ayuda concreta, pedida y recibida con gratitud, de la Escuela Espiritual, según el ejemplo de David  y de Salmón, pues en el origen de los tiempos, los Hierofantes darán a la masa la religión  de las iglesias.

 

Este fragmento viejo y clásico de la historia mundial esotérica nos muestra que que es posible una cooperación armoniosa entre el fuego y el agua,  sin que uno quiera sobrepasar al otro en su esfera de poder y destruirlo. En el Lectorium Rosicrucianum no deseamos la destrucción de la Iglesia, pero sí su regeneración o la llegada de una nueva iglesia. Hay, en efecto, agrupaciones de hombres de fuego dialécticos, que naturalmente tienen por objetivo la destrucción completa de la iglesia.

 

Hemos visto ya todo esto en los esfuerzos de ciertos grupos en la URSS y de los Nazi. La iglesia, sin embargo, no tiene el menor derecho de compadecerse por este motivo, pues su propio comportamiento  en la  historia mundial ha estado marcado por líneas de sangre y de sufrimientos terribles. Y al mismo tiempo, no ignoramos la actitud de la iglesia con relación a nosotros, que no pedimos más que seguir las líneas de Hiram Abiff, el Maestro Constructor.

 

El día vendrá en que nosotros seremos los vencedores de este combate pacífico y lleno de amor radiante. Leemos en el segundo Libro de Samuel, cap. 5, v. 11: “Hiram, rey de Tiro, envió mensajeros a David y madera de cedro y carpinteros y talladores de piedra, que levantaran una casa para David” La casa de David, – comprendida tanto material como espiritualmente – , fue construida por los carpinteros y los albañiles. Carpinteros y albañiles de Hiram. Carpinteros de la estirpe y de la instrucción espiritual de José, el Carpintero..

 

Cristo destituyó   de sus funciones a los doctos de la letra,  esas personas inútiles para la verdadera elevación espiritual de la humanidad, y él, el Señor de toda vida nos recuerda a cada segundo que la casa de David fue construida por carpinteros y albañiles, según las indicaciones de Hiram Abiff. No rescatamos   a hombres del infierno demoníaco terrestre con charlatanería, elucubraciones intelectuales o blanqueando los sepulcros.    Tanto David como Salmón sabían y experimentaban que el arte    hermético de los carpinteros y de los albañiles era indispensable para poder  preservar a la Iglesia de la multitud de Abeles no emancipados. El místico necesita de los magos para pode realizar su trabajo.

 

¿Cómo podemos imaginarnos esta ayuda? ¿Los hiramitas se comportarán como los pastores, decanos o sacerdotes. ¡No! Hiram envía madera para la casa de David, madera de cedro. Hiram envía cedros para la casa de David. Hiram envía igualmente cedros para la casa y el templo de Salmón. Hiram  envía obreros y artistas a este mundo. Hiram envía a todas las regiones carpinteros y artesanos capaces no sólo de extraer metales preciosos de las profundidades de la tierra,  sino que también los saben trabajar a fin de obtener maravillosas obras de arte en la Casa del Señor.

 

La madera de cedro desempeña un papel destacado en la arquitectura hiramita. Debemos comprender que esta madera es el símbolo del agua viva que, en su sustancia más pura, puede ser suministrada por Hiram Abiff, según su sublime realeza,  a todos los que la desean ardientemente.

 

Por esta razón, su obra más grandiosa y sublima es la construcción del mar fundido del templo, sostenida por doce animales.

 

“Y realizó el mar fundido de bronce. Tenía diez codos de un extremo a otro, de forma completamente circular; con cinco codos de alto y un perímetro  de treinta codos.  Se apoyaba sobre doce bueyes, tres mirando hacia el Norte, tres hacia Occidente, tres hacia el Sur y tres hacia Oriente; y el mar estaba sobre ellos.

 

No piensen aquí en un templo erigido en un lugar cualquiera, sino en un templo divino que debe ser construido por las manos,  cabezas, y corazones de los hombres. Semejante templo está hecho de fuego y de agua. Esta es la alianza del fuego y del agua. Es igual a un mar de bronce fundido.

 

Un estado, una Iglesia que desea tal cooperación, aspira ardientemente a todo aquello que pueda servir al honor de Dios. El poder místico del alma esta perfectamente capacitado para saber a qué es llamado el Fuego, qué tarea debe llevar a cabo Hiram. David y Salmón sabían lo que los carpinteros y albañiles eran capaces de hacer con su madera de cedro por medio de su arte mágico.  Sabían que sin Hiram Abiff el Templo Divino no podía ser erigido entre los hombres. Por ello Hiram, el rey de Tiro, les amaba. Por ello les dice:

 

“Alabado sea el Señor, Creador de los cielos y la tierra, porque ha dado al rey David  un hijo  con sabia inteligencia y con juicio, que construir una casa para el Señor, una casa para su reino. Por eso te envío un hombre sabio, Hiram Abiff, el hijo de la viuda de entre los hijos de Dan, y cuyo padre era de Tiro. Hombre hábil trabajando el oro, la plata, el bronce y el hierro, la piedra y la madera, las telas teñidas de púrpura y azul cielo, el lino fino y el carmesí, y es hábil para ejecutar cualquier tipo de esculturas y objetos de arte.”   “Ahora, pues, que mi Señor envíe a sus siervos – dice Hiram a Salomón – el trigo, la cebada, el aceite y el vino del que han habló, y  nosotros cortaremos la madera del Líbano y te la llevaremos por mar en balsas hasta Joppe y tu mandarás que la suban hasta Jerusalén.”

 

El trigo, la cebada, el aceite y el vino, son símbolos de las cualidades del alma, de la verdadera devoción mística. Cuando la Iglesia posee estas cualidades y de ellas vive por medio de una grande y perfecta pureza, sin unirse, ni por un segundo, con lo que es luciferino y de satánico, entonces Hiram puede enviar a sus carpinteros y albañiles con sus tesoros a Joppe, al Puerto de la belleza, para levantar con la Iglesia, cada uno actuando a su manera, el gran templo divino.

 

Pero la Iglesia y el Estado están vendidos a la tierra, terrestre, consciente o inconscientemente se han vendido a lo mundano, se han entregado  completamente a la limitación y a la locura.  Así fue  y será destruida, neutralizada, la obra de Hiram Abiff. El Puerto de la Belleza ya no existe.

 

Esta visión de una fase de la historia mundial esotérica nos inflama inicialmente de alegría y después de tristeza, porque después de David y Salmón vinieron los reyes que zozobraron en las tinieblas. El Estado y la Iglesia  que siguieron  no han producido más de su esfera de vida: trigo, cebada, aceite y vino. Y cuando el alma colectiva del pueblo ya no anhela más ardientemente, el fuego ya no puede cumplir su misión. Cuando el alma manifiesta claramente sus cualidades místicas, el fuego puede, sobre esta base, aportar más valores hiramitas y, por consiguiente, construir la fuente de agua viva, que debe aniquilar la esfera vital luciferina.

 

Les colocamos pues ante esta ley: el producto del Estado y el producto de la Iglesia determinarán el producto de la Escuela Espiritual. Por esta razón, es de gran importancia por parte de los que viven en la Verdadera Luz, la manera en que se desarrollan las relaciones entre la Iglesia,  el Estado y la Escuela Espiritual, pues los acontecimientos mundiales, dependerán durante un cierto período de tal desarrollo.

 

¿La Escuela Espiritual tiene pues los pies y las manos atados? ¿Se trata aquí de hecho de un obstáculo que no se puede salvar? ¿No  podríamos hablar de  una liberación  del mundo y de la humanidad, cuando la iglesia y el estado no quieran  y finalmente no consigan ya cooperar más?

 

¡Gracias a Dios, no es así!  Entonces, por segunda vez observamos la historia mundial esotérica, que nos hará comprender muy  claramente cómo y para qué Hiram Abiff recibió su nuevo martillo y su nuevo verbo, necesarios para neutralizar todos los peligros que puedan surgir, cuando la iglesia y el estado no puedan o no quieran cooperar más. Para comprender mejor esto, leemos en Mateo, capítulo 16, versículos 13 a 19.

 

“Jesús habiendo llegado a Cesárea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ¿Quién dicen que es el Hijo del Hombre? Ellos respondieron: Unos dicen que fue el Bautista; otros Elías, otros Jeremías o uno de los profetas. Y vosotros, les dijo, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro respondió: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Replicando Jesús, le dijo: bienaventurado Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre, que está en los Cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas de la morada de los Muertos no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.”

 

Simón, hijo de Jonás, el ardiente y dinámico servidor del Agua Viva.  ¡Pedro, la roca!  Simón Pedro, el Pescador. Todo  esto es la señal más clara de un servidor de Hiram, el rey de Tiro y de Sidón. Es de Tiro, por tanto un hombre duro como la roca, y él es de Sidón, y por tanto un pescador de hombres. Pedro, el Hiram Abiff del Nuevo Testamento, un maestro constructor, un servidor de la Escuela Espiritual Hierofantica, quien reconoce a Cristo como el Hijo de Dios vivo y lo confiesa con todo el ardor que hay en él, con todo el amor que hay en él.

 

“Bienaventurado eres tú, Simón Pedro, pues no es la carne ni la sangre quien te ha revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos.” Bendito seas, pues en ti, el Reino de Tiro y de Sidón será elevado, para cumplir una nueva misión Bendito seas, Hiram Abiff, pues en Cristo te serán dados un nuevo martillo y un nuevo verbo. Y Yo, también te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra yo edificaré mi Iglesia. Aquí,  donde el estado y la iglesia no  comprendan más su misión y  se vuelvan impotentes, aquí donde encallen sus esfuerzos para crear las cualidades psíquicas, como holocausto para el fuego, la nueva Iglesia y el nuevo Estado emanados del fuego,  serán llevados hacia el fuego, hacia la luz y el agua, por los hiramitas mismos. ¡Sobre esta nueva Piedra Yo edificaré mi Iglesia! Hiram la hará él mismo. Y las puertas del infierno, las puertas del reino de los muertos, no prevalecerán contra ella.

 

Cuando usted se sienta unido a los carpinteros y a los albañiles, sea como aprendiz, sea aún menos, sabrá que una Escuela Espiritual y una Iglesia unida al fuego asumirán la dirección ante la cual los antiguos fracasaron. El papa se imagina que ocupa el sitio de Pedro, dejémosle con su ilusión. Las iglesias protestantes declaran que ellas son la comunidad de Dios, dejémosle también con  su ilusión.

 

Esperamos y rogamos para que todas estas comunidades religiosas, por medio de una intensa purificación  puedan de nuevo elevar los frutos del alma, que son el trigo, la cebada, el aceite y el vino. Pero la gran obra del Señor ya no puede ser retenida o retardada por el fuego del subir y  descender de las masas luciferina. Todo proceso de liberación de la humanidad y del mundo es puesto en las manos de Hiram, el rey de Tiro y por Cristo mismo, que dice:  “Sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia.”

 

Vamos a anunciarles que, ni el Estado ni la Iglesia   representan ya ningún estorboj, ni serán decisivos para la gran obra, ni tampoco los espíritus de raza  tendrán ningún  significado  liberador.

 

En el pandemonium actual de la historia mundial, puede llegar el momento en que, aquí  o allá, sea atacada una célula de actividad esotérica inferior, pero semejantes incidente no pueden destruir la fuente de Hiram Abiff, pues la gran fuente, llena de Agua viva, está protegida por una nueva Palabra -“Sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia” – y protegida por un nuevo martillo: “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos, y lo que ates en la tierra será atado en los Cielos.”

 

Aunque todas nuestras aspiraciones y todos nuestros deseos vayan hacia una repetición de los tiempos de David y Salmón, en sus relaciones con Hiram y los suyos, y aunque la ley: “el producto del estado y el producto de la iglesia determinarán juntos el producto de la Escuela Espiritual”,  aunque sea parcialmente eficaz y se pueda comprobar, lento pero con seguridad, el ejército de Hiram Abiff   transformará esta ley. Dentro de poco será así:  “Los resultados de la Escuela Espiritual determinarán los resultados de la iglesia y del estado”

 

¡Si Dios está con nosotros, quién estará en contra nuestra!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XII

PELIGROS EN EL CAMINO

 

Así como la Escuela de la Rosacruz indica siempre de nuevo el camino de la liberación, también es necesario, de tiempo en tiempo, destacar los peligros que se pueden encontrar en el camino.

 

No nos referimos aquí a los obstáculos  y problemas   que nos creamos nosotros mismos, debido a nuestra yo centralizado y a los instintos de autoconservación, y sí, a los peligros reales dentro y alrededor de nuestros microcosmos, causado por nuestras uniones, nuestra estrecha relación con el orden de  la naturaleza dialéctica. ¡Somos de esta naturaleza y de ella vivimos! Cada célula de nuestro cuerpo y cada fibra de nuestro ser está formado de la sustancia de esta naturaleza, por consiguiente, esas fuerzas no abandonan su presa fácilmente.

 

Existen peligros en el camino que no provienen tanto de los errores practicados en esta vida o de nuestra egocentricidad, sino única y exclusivamente debido a nuestros lazos estructurales con la naturaleza terrestre. Pero no intenten atribuir una forma a esos peligros como los antiguos, que los visualizaban como diablos, espíritus unidos a la tierra, demonios o elementales. Considérenlos como  consecuencias directas de las leyes magnéticas que se manifiestan en esta naturaleza. La Atmósfera terrestre entera es un campo magnético complejo, en el cual operan diferentes tensiones, vibraciones y radiaciones, fuerzas que, de forma completamente natural, mantienen y causan la circulación o la espiración de todas las  formas de vida que se manifiestan en la Tierra, de una forma u otra.

 

El alumno llamado por el Campo Espiritual Universal, invitado a participar de la vida original humana, debe, consecuentemente, experimentar cambios transfigurísticos. En la realidad, él es atraído por un campo magnético diferente, el campo del reino inmutable. El campo espiritual magnético es, por naturaleza, totalmente diferente del orden de naturaleza inferior, y el alumno es, por ello, colocado delante de la tarea de escapar de un campo magnético, al cual está legítimamente unido de forma totalmente natural.

 

No es necesaria una argumentación detallada para probar que esto no es fácil. Para escapar a las garras de las leyes magnéticas terrestres es necesario un proceso radical de libre automasonería, un proceso que provoca una lucha entre el alumno y las fuerzas de este campo, un combate para que todo vuestro ser se asocie, como antes, a un campo magnético completamente diferente. Ese proceso implica naturalmente varios problemas de naturaleza científica.

 

Estamos usando, a propósito, una terminología científico-natural porque la gloriosa y santa Fraternidad Universal prepara algunos grupos que aspiran a la universalidad, así  como varios trabajadores mundiales autorizados, de una manera u otra, hacia un nuevo despertar  y hacia un nuevo mensaje para el mundo. Ese nuevo mensaje fue preparado para ser traído a la humanidad durante la segunda mitad del pasado siglo, como una última llamada a todos aquellos que aún pueden oír. Y es con profunda gratitud y rogando mentalmente, que les hablamos sobre esa nueva actividad de la Fraternidad.  Pues ella sólo será mencionada; y posteriormente un minucioso  estudio será hecho.

 

El mensaje de la Fraternidad, que anunciará una nueva fase de la gran revolución cósmica, lanzará luz sobre la estructura del universo  y sobre la fatuidad de la vida y de los esfuerzos materiales. Ella aplicará el hacha en la ciencia artificial, a la que llamamos teología, y de un modo que no nos podemos imaginar; colocará la base de la doctrina Universal de la transfiguración completamente a salvo de la triple conciencia dialéctica.

 

Cuando el mensaje sea transmitido y esté actuando plenamente, que lo siga o no, sólo dependerá de cada uno. Muchos velos y mucha falsa luz desaparecerán, y la exhaustiva y agotadora tarea de, incesantemente, luchar contra las imitaciones, ya no será necesaria. Todos tendrán que escoger, sin evasivas, entre la nueva y antigua vida. No quedará otra alternativa, sea intelectual, mística o práctica.

 

El mensaje del que les hablamos tiene un nombre: la aparición del Hijo del Hombre en las nubes del cielo, sobre el cual se dice en las Sagradas Escrituras que todo ojo lo verá. Esa aparición no se refiere a un fenómeno atmosférico que durará algunas horas o días, sino a un proceso, a una sublime declaración  de la Fraternidad Universal, que comenzó durante la segunda mitad de este siglo pasado.

 

Todos nuestros condiscípulos están invitados a ir al encuentro del Señor cuando él aparezca. Esa aparición ya se ha vuelto un hecho, y sobre ello los queremos hablar.

 

Un campo magnético es un campo gravitatorio.  Un campo como ese no solamente encierra dentro de sí una forma viviente, sino también el carácter de esa forma, su vida, su conciencia, sus poderes sensoriales,  la manifestación estructural de sus células, etc., que pueden ser completamente explicadas sobre la base de este campo gravitatorio y ser, totalmente unos con él.

 

Si somos atraídos dentro de un campo magnético, tal y como lo somos por la ley de gravedad de este mundo, seremos entonces uno con ese campo, en el más amplio sentido. Por lo tanto, si otra fuerza magnética adquiere poder sobre nosotros, si nuestro centro de gravedad tiende a orientarse hacia otro campo gravitacional, una revolución cósmica será el resultado inevitable.

 

¡El microcosmos es entonces desligado del antiguo campo magnético! La forma, la vida, la conciencia, los poderes sensoriales, la manifestación de la estructura celular, todo lo que puede ser explicado por aquel campo magnético perece. Y otra vida, completamente nueva, comienza a manifestarse con innumerables consecuencias. En resumen, se desenvuelve una transfiguración, un proceso de declive y ascensión, de despedida y de encuentro; un proceso absoluto e imperativo, que jamás se vio igual  y delante del cual serán colocados en un futuro próximo.

 

¿Por qué?  ¡Porque el  Hijo del hombre apareció en las nubes del cielo!

 

Si no comprenden esas palabras, nosotros las traduciremos.

 

Esto quiere decir que, así como un microcosmos puede ser acogido, atraído por otro campo magnético, así también un macrocosmos, un mundo puede ser alcanzado. Como saben, llamamos a ese proceso  revolución cósmica. Y será esa revolución cósmica  la que colocará delante  de ustedes la decisión imperativa.

 

Como forma manifestación participar del destino natural del mundo; ó decidir a tiempo, el seguir el  camino de transfiguración, elevándose, por tanto, al  otro campo magnético.

 

Si escogemos este último camino, debemos iniciar la batalla para escapar al magnetismo terrestre. Esa batalla trae consigo la necesidad de que el alumno triunfe sobre las resistencias científico-naturales, que los antiguos personificaban e indicaban como peligros, o escogían figuras simbólicas a fin de designarlos más fácilmente.

 

Lo que intentamos decirles es que los problemas del magnetismo terrestre y de la fuerza de gravitación ya eran conocidos por la Doctrina Universal de todos los tiempos, en todos sus aspectos, así como todo lo que tiene relación con sus soluciones.

 

La Fraternidad colocó esos problemas y sus soluciones delante de una cierta categoría de buscadores, en numerosas narrativas  imperecederas. Queremos destacar dos de esas narraciones  que han hablado   fuertemente a la imaginación de millares de occidentales desde la infancia. Nos referimos aquí a la matanza de los inocentes en Belén y de la huida de José y María, con el niño Jesús, hacia Egipto.

Esas narraciones están tan enraizadas en nuestra fantasía, que podemos visualizarlas claramente. Artistas de todos los siglos representaron la huida a Egipto, de tantas formas que no podemos decir que de ese acontecimiento dramático, sólo surgieran actividades magnéticas puramente científico-naturales, sino que  ahora son diariamente válidas para todos los alumnos que verdaderamente aspiran por  trabajar el camino.

 

Tal vez sepan lo que se debe entender de la historia de los tres reyes magos venidos de Oriente. En el alumno firmemente decidido, los tres aspectos de la conciencia dialéctica se elevan  desde el comienzo ó alborear  – el Oriente – volviéndose con la intención de buscar a Cristo, la Estrella Sagrada.   Tan pronto como estos tres  sabios de Orienten comiencen su jornada, entran, de forma natural, en contacto con Herodes, el soberano de la naturaleza, el rey del país. Esto significa que un conflicto de desenvuelve entre el campo magnético de la naturaleza ordinaria y el esfuerzo del alumno.

 

Ese conflicto es inevitable, pues la naturaleza y vida común, está en total desacuerdo con la otra vida, es decir, la vida superior del reino inmutable. Cualquier compromiso está fuera de cuestión. En otras palabras: cuando el microcosmos del alumno comienza a experimentar algo del campo espiritual universal como una fuerza magnética, ese principio recién nacido traerá inmediatamente  un conflicto  dentro del sistema. Una señal que seré inmediatamente contraatacada. Y, por eso, el campo magnético natural perturbado, tanto a nivel micro como macrocósmicamente, intentará restablecer el equilibrio perturbado. Herodes intentará matar a la criatura.

 

Sabemos que en la naturaleza común los disturbios magnéticos causan tempestades, agitaciones atmosféricas, terremotos, etc. Y lo que es válido para el macrocosmos también   lo es para el microcosmos. El toque del campo magnético de Cristo  provoca      una profunda perturbación en nuestra vida, de manera natural. Podemos llamar a esa perturbación como una enfermedad en desenvolvimiento.

 

De hecho, tal perturbación en la vida del alumno que trabaja seriamente el camino puede afectar a la salud. Estados nerviosos y dificultades corporales pueden aparecer.  Está claro que un fenómeno resultante de nuestro nerviosismo puede causar conflictos con parientes y otras personas. Situaciones extremadamente embarazosas tejen como una tela de araña a nuestro alrededor, haciéndonos sus prisioneros. De esta forma, el conflicto con el campo magnético terrestre se vuelve una victoria completa para Herodes. Él consigue exterminar nuestro principio, nuestra criatura recién nacida.

 

Este peligro se vuelve aún más claro para ustedes, cuando les decimos que los conflictos con los campos magnéticos terrestres afectan fuertemente a la secreción interna. En el caso de un mal funcionamiento de la secreción interna, nuestras actividades pueden ser impedidas, ó tomar  rumbos indeseables. Debido a ese peligro tan actual y siempre moderno las Sagradas Escrituras no advierten. Esta advertencia se encuentra en la huida hacia Egipto.

 

Las leyendas sagradas nos dicen que uno de los sabios rechazó el dar más informaciones a Herodes, y que José fue avisado en sueños para que huyese. Deben entender que a conciencia debe estar alerta para el conflicto inminente. De hecho, todo alumno es advertido cuando un conflicto con el campo magnético se aproxima. Se le aconseja no luchar, sino huir.

 

Esperamos que comprendan esa advertencia. Si luchamos, perderemos, o por lo menos aumentarán los peligros de tal forma que la derrota será inevitable. Pero si huimos hacia Egipto, estaremos a salvo de todos los peligros resultantes de esa perturbación magnética.

 

La huida hacia Egipto indica un estado de neutralidad.  Así como los instrumentos científicos pueden volverse impermeables a los campos magnéticos circundantes mediante la interposición de  gruesa capa, ó tal vez por otros medios que desconocemos, así también el alumno puede aislarse contra las influencias mencionadas, intentando, cuando el peligro se aproxima, suspender sus actividades con el máximo cuidado, siendo extremadamente cauteloso y adoptar una actitud expectativa.

 

Se trata antes que nada, de mantener la triple conciencia completamente en calma y, lleno de fe, guardar aquello que recibió. Si la conciencia está consciente de lo que sucede y permanece en calma y equilibrio, sin forzarse ni enervarse, el campo magnético terrestre no será capaz de ejercer la más mínima influencia en el sistema endocrino.

 

La conciencia triple debe   ofrecerse a la dádiva divina que recibe; el oro, incienso y mirra.

 

 

El oro de un corazón abierto y lleno de fe.

El incienso de una esperanza vivificadora.

La mirra de la purificadora taza de amargura del amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS SECRETOS

DE LA FRATERNIDAD

DE LA ROSACRUZ

ANÁLISIS ESOTÉRICO DEL TESTAMENTO ESPIRITUAL DE LA ORDEN DE LA ROSACRUZ

POR JAN VAN RIJCKENBORGH

 

La   llamada   de   la   Fraternidad   de   la   Rosacruz (Fama Fraternitatis R. C.)

El   testimonio   de   la   Fraternidad de   la  Rosacruz (Confessio Fraternitatis R. C.)

Las bodas alquímicas de Cristian Rosacruz (Chymísche Hochzeit Christiani Rosenkreutz, anno 1459)

 

 

 

 

 

EL TESTIMONIO

DE LA FRATERNIDAD DE LA ROSACRUZ

ANÁLISIS ESOTÉRICO DE LA CONFESSIO FRATERNITATIS R.C.

POR JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

Índice

El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz

1.    La reforma del mundo

2.    Serpentario y Cisne (I)

3.    Serpentario y Cisne (II)

4.    Serpentario y Cisne (III)

5.    El nuevo lenguaje de la magia

6.    El libro maravilloso

7.    La transmutación de los metales y el remedio supremo

8.    Seudo-alquimia

 

 

 

 

 

 

El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz

Dirigida a los eruditos de Europa

¡Saludos al lector!

 

Aquí encontrará, estimado lector, treinta y siete razones que constituyen el fundamento de nuestras reflexiones. Tal como están expuestas en esta Confessio, puede compa­rarlas entre sí y después meditar sobre ellas, para que pueda comprobar por sí mismo si son de su interés. Sin duda, nuestra preocupación más íntima es la de transmi­tirle la creencia en aquello que aún no ha visto la luz del día. Sin embargo, tan pronto como todo esto se vuelva realmente visible, nos parece que nos avergonzaremos de las actuales interpretaciones. Y así como ahora, sin mayor peligro, llamamos al Papa el anticristo —lo que antaño era considerado un crimen capital en todas partes— así sabemos que en el futuro se hablará en voz alta de lo que aquí y ahora expresamos de forma velada y vacilante.

Que usted, lector, pueda desear de todo corazón, junto con nosotros, que esto suceda lo más pronto posible.

La Fraternidad de la Rosacruz

 

I

Oh mortales, no toméis por inventados todos los rumores que han llegado a vuestros oídos sobre nuestra Fraternidad por la llamada de la Fama R.C., ni opinéis recelosos que son el resultado de nuestra arbitrariedad, pues, ahora que el mundo está a punto de desplomarse al llegar este período a su fin, es Jehová quien invierte el curso de la naturaleza y revela sin más, incluso a quienes ni siquiera piensan en ello, lo que antaño fue buscado con grandes esfuerzos y por medio de una labor infatigable. Él lo ofrece ahora a los que manifiestan desearlo, a la vez que también lo impone a quienes no lo quieren; para que los hombres piadosos se vean aliviados de las fatigas de esta vida humana y sea dominada la fuerza de las tempestades, provocadas por la inconstancia de la fortuna; y para que los malvados vean aumentados sus pecados y los castigos que merecen.

Opinamos que nuestro objetivo y nuestro empeño, con los que llevaremos a cabo la voluntad de nuestro sublime Padre, les quedarán suficientemente claros a través de la Fama. También pensamos que no se nos puede acusar de ninguna herejía, ni de malas intenciones contra el estado —ya que condenamos los sacrilegios de los que es objeto nuestro Señor Jesucristo, de los que son culpables tanto Oriente como Occidente (entiéndase, tanto Mahoma como el Papa)— y tanto más por cuanto ofrecemos nuestras ora­ciones, nuestros misterios, y además un tesoro conside­rable en forma de oro, al jefe supremo del imperio. Sin embargo, nos ha parecido oportuno, por respeto hacia los eruditos, dar más amplias explicaciones de aquellos pasajes de la Fama que pudieran parecer demasiado breves o que no se hubieran podido expresar en otras lenguas*. Con ello esperamos poder conseguir la estima de los eru­ditos y hacer más aceptables para ellos nuestras refle­xiones.

 

II

En lo que respecta a la purificación de la filosofía, en la medida en que esto deba ser emprendido ahora, ya hemos explicado que está enferma. Pese a las numerosas afirma­ciones que le atribuyen una buena salud, para nosotros no cabe duda que su fin se aproxima.

No obstante, al igual que habitualmente la naturaleza proporciona un remedio contra una enfermedad nueva e insólita en el mismo lugar donde ésta apareció, así surgen, en medio de los más virulentos síntomas de enfermedad de la filosofía en nuestro país, suficientes y excelentes reme­dios para su curación, lo que permitirá que recobre la salud y que, como nueva o renovada, aparezca en un mundo cuya renovación es inminente.

Sin embargo, para nosotros no existe más filosofía que la coronación de todas las facultades, ciencias y artes. Ella abarca, por lo que concierne a este siglo, sobre todo la teo­logía y la medicina y, en menor grado, la jurisprudencia. Es una filosofía que escudriña el cielo y la tierra con un arte de disección formidable, o que, para decirlo de forma abreviada, expresa suficientemente que el hombre como individuo es un microcosmos. Los más modestos entre los eruditos encontrarán, en cuanto acepten nuestra invitación, cosas todavía más sorprendentes que las que hasta ahora han creído, admirado y proclamado.

 

III

 

Si queremos desvelarles en pocas palabras nuestras refle­xiones, debemos esforzarnos en no provocar asombro acerca de nuestro llamamiento, y resaltar claramente que el que desvelemos estos grandes secretos no significa para nosotros que pierdan su valor*, ni que no tengamos reparo en sembrar por doquier los rumores de su existencia**.

Pues, en efecto, es legítimo pensar que, en muchas per­sonas, nuestra inesperada complacencia suscitará confu­sión, ya que aún no han experimentado las revelaciones del sexto período y no han podido leer ni el presente ni el futuro en la rotación del mundo. Ocupados en los contra­tiempos propios de su época, deambulan en este mundo como ciegos que, incluso a plena luz del día, sólo distin­guen aquello que pueden tocar con sus manos.

 

IV

 

En relación con el primer párrafo del capítulo anterior, opinamos que las observaciones de nuestro Padre Cristian sobre todas estas cosas que fueron descubiertas, trabajadas y ampliadas a través de la inteligencia humana desde la creación del mundo, sea por revelación divina, sea por la ayuda de los ángeles y de los espíritus, o bien por una com­prensión penetrante o por la experiencia de apreciaciones cotidianas, son tan notables que, aunque Dios Todo­poderoso decretase la destrucción de todos los escritos, su excelencia y su esplendor podrían servir a la posteridad como nuevos fundamentos para las ciencias, sobre los que edificar una nueva fortaleza de la verdad. Puesto que el edificio abandonado está tan deteriorado, tal vez esto sería más fácil que ampliar un vestíbulo, o colocar unas ven­tanas que permitieran la entrada de más luz en las habita­ciones, o cambiar puertas, escaleras y otras muchas cosas, de acuerdo con nuestras intenciones.

¿Cómo podrían parecemos de tan poco valor, cosas tan elevadas? ¿No será que sólo nos fueron dadas para que adquiramos conocimiento? Más bien, ¿no estarían pen­sadas para utilizarlas a su debido tiempo? ¿No nos com­placería encontrarnos en la paz y el sosiego de esta única verdad, que los hombres han buscado en tantos laberintos y caminos tortuosos, si realmente hubiese sido la intención de Dios que el sexto candelero fuera reservado sólo para iluminarnos a nosotros? ¿No nos bastaría con no tener que preocuparnos del hambre, ni de la pobreza, ni de la enfer­medad, ni de temer a la senilidad? ¿No sería maravilloso vivir para siempre así, como si hubiésemos vivido la his­toria del mundo desde sus orígenes;- hasta su fin? ¿No sería maravilloso habitar en un lugar tal que los pueblos que vivan más allá del Ganges no pudieran disimular sus actos, ni los peruanos privarnos de sus consejos? ¿No sería deli­cioso poder leer en un único libro que nos permitiera leer, comprender y retener el contenido de todos los libros que han existido y que están por venir y aparecer? ¿Cantar de tal manera que nuestros cantos, en lugar de atraer rocas hacia nosotros, atrajesen piedras preciosas; en lugar de bestias feroces, atrajesen a los espíritus; en lugar de Plutón*, a los poderosos príncipes de este mundo?

Oh, hombres mortales, diferente es el designio de Dios y diferente vuestro beneficio, ya que por vosotros se decidió aumentar y acrecentar en esta época el número de miembros de nuestra Fraternidad. Nosotros, que no fuimos receptores de tales tesoros por méritos propios, ni habíamos esperado ni previsto tal cosa, hemos recibido este designio con gran alegría interior, y lo llevaremos a cabo con gran fidelidad, de forma que ni siquiera nos con­moverán los lamentos de los hijos que algunos miembros de nuestra Fraternidad tienen, porque sabemos que estas riquezas inefables no pueden ser heredadas y sólo pueden ser transmitidas con discernimiento.

 

V

 

Si ahora, en referencia a la segunda parte, alguien nos pidiese cautela porque ofrecemos por doquier nuestros tesoros sin la menor distinción, porque no preferimos en absoluto a la gente piadosa, de ciencia, sabios e incluso a las altas personalidades principescas, sobre la plebe, no nos ofenderemos por ello. Sin lugar a dudas, este reproche no estará injustificado, pero estamos convencidos de que nuestros misterios no alcanzarán nunca al común de los hombres, aunque lleguen a oídos de todo el pueblo en cinco lenguas. Por una parte, porque sabemos con total seguridad que los necios no serán conmovidos por ellos. Por otra parte, porque lo que nos ayuda a reconocer la dig­nidad de quienes son aceptables, no es medido por su curiosidad sino por la regla y la norma de lo que nos fue revelado.

En consecuencia, aunque el clamor de los indignos sea mil veces repetido, aunque se ofrezcan mil veces, Dios ha querido que nuestros oídos no escuchen a ninguno. Y nos ha envuelto con sus nubes de tal forma que ninguno de sus servidores puede ser forzado ni obligado con violencia. Nadie puede vernos ni reconocernos, a menos que haya adquirido los ojos del águila.

Por lo demás, si la Fama ha tenido que ser redactada en todas las lenguas conocidas, es para no negarle dicho conocimiento a quienes no han podido ser instruidos en las ciencias; Dios no ha querido excluirles de la dicha de esta Fraternidad, que por otra parte está dividida en grados. Así, por ejemplo, los habitantes de la ciudad de Damcar viven bajo un orden político completamente diferente al del resto de los árabes; porque Damcar es regentado exclu­sivamente por sabios, que promulgan leyes diferentes con el beneplácito del rey.  Introduciremos en Europa un ejemplo de ello (el cual se encuentra en nuestro poder, habiendo sido descrito por nuestro padre Cristian), tan pronto como se cumpla lo que tiene que precederlo. Entonces, nuestra trompeta resonará ampliamente y con una intención inconfundible; bien entendido que sucederá en cuanto que aquello —que algunos pocos, utilizando un lenguaje encubierto, susurran como venidero— colme la tierra públicamente.

Así como, también desde Alemania, el Papa fue arro­jado de su sede y pisoteado, con gran violencia y de manera impetuosa, después de muchas y tímidas críticas por parte de almas piadosas contra su tiranía, así su ruina definitiva ha sido desplazada a nuestra época, durante la cual será percibida la fuerza demoledora de la garra del león y un nuevo rugido de éste pondrá fin a su rebuznar. Sabemos que tales acontecimientos ya han llegado a oídos de eruditos alemanes, cuyo comportamiento y testimonio silencioso dan prueba del respaldo general.

 

VI

 

Valdría la pena investigar todo el tiempo transcurrido desde 1378, año del nacimiento de nuestro Padre Cristian, hasta nuestros días. Y considerar los cambios del mundo de los que él mismo ha sido testigo en los 106 años de su existencia, y de cuántas experiencias hemos sido here­deros, nuestros padres y nosotros mismos, tras su biena­venturada muerte.

La concisión que nos hemos impuesto como objetivo nos obliga a tratar este tema en otra ocasión. A quienes no menosprecian nuestras amonestaciones, les bastará que en esta ocasión hayamos abordado ligeramente el tema, a través del cual se podrán preparar para después entablar unos lazos más estrechos con nosotros. Ciertamente, a quien le sea dado contemplar y comprender la interrelación de los grandes caracteres que Dios ha grabado en el edificio del mundo, cuya constante renovación se opera a medida que alternan los reinos, y sepa elevarse basándose en ellos, sin duda ya es uno de los nuestros, aunque en este instante no sea consciente de ello.

Así como sabemos que tal persona no desdeñará nuestra invitación, así le prometemos por nuestra parte que no será conducido por caminos erróneos, como también prometemos no poner en ridículo ni la ingenuidad ni las esperanzas de quienes se presentan ante nosotros, aspirando a pertenecer a nuestra comunidad, bajo el sello del silencio. Por el contrario, a los malvados, a los hipócritas y a quienes tienen como único objetivo la curiosidad, les comunicamos que será imposible que, por culpa de ellos, fuéramos llevados a la perdición, o que seamos forzados en contra de la voluntad de Dios. A éstos les esperan, en verdad, los castigos anunciados en la Fama, ya que sus impías maquinaciones terminarán por caer sobre sus cabezas.

No obstante, nuestros tesoros permanecerán, por el contrario, absolutamente inviolables hasta que llegue el León para reivindicar, tomar y recibir los tesoros que ser­virán para la consagración de su Reino.

 

VII

Así debemos declarar, oh hombres mortales, lo siguiente: que una vez más Dios ha decidido conceder al mundo, cuyo fin sobrevendrá poco después, la verdad, la luz y la dignidad, a las que hizo salir del paraíso con Adán para ali­viar la miseria humana. Por lo tanto, será necesario que ahora cese toda aberración, toda oscuridad y atadura, las cuales se han infiltrado paulatinamente —con el progreso de la rotación de la gran esfera— en las ciencias, en los hechos y en los gobiernos de los hombres, por cuya causa éstos se han ido oscureciendo.

De ello resulta, en efecto, tal infinidad, tal diversidad de opiniones, falsificaciones y doctrinas erróneas, que incluso hacen difícil la elección a los más inteligentes de los hombres, ya que el prestigio de los filósofos por un lado, y la verdad comprobada a través de la experiencia por el otro, les confunden en su juicio. Cuando todo esto sea abolido, como creemos que ocurrirá, y sea reempla­zado por unas directrices eternamente inmutables, lo será gracias a los hombres dedicados a esta tarea. Sin embargo, habrá que agradecer el conjunto de este gran trabajo a la encrucijada de los benditos tiempos presentes.

Al igual que reconocemos los méritos de muchos espí­ritus excelentes, que con sus testimonios han realizado una aportación considerable a la futura reforma, no deseamos

en absoluto atribuirnos el honor de que nos fuera enco­mendada en exclusiva una obra tan enorme. Más bien, por el Espíritu de Cristo nuestro redentor, testimoniamos que antes que falten ejecutores del designio de Dios, se ofre­cerán las piedras.

 

VIII

 

Para dar a conocer Su voluntad, antaño Dios ya mandó mensajeros; a saber, astros que han aparecido en las cons­telaciones de Serpentario y Cisne. Como grandes señales de Su poderoso designio, ellos podrían enseñarnos en verdad, si previamente fuese unido todo lo descubierto por la perspicacia del ser humano, de qué manera Él quiere que Sus decretos ocultos sean provechosos. Por lo tanto, el Libro de la Naturaleza estará abierto y será revelado ante los ojos de todo hombre, aunque sólo unos pocos serán capaces de leerlo en su totalidad, y menos aún de com­prenderlo.

Así como en la cabeza humana existen dos órganos para oír, dos para ver, dos para oler y uno para hablar, y sería inútil exigir a los oídos que hablasen o a los ojos que oyesen, así también han existido épocas durante las cuales se veía, otras en las que se oía, y otras en las que se olía. Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agigan­tados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento ha sido visto, oído y olido. Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana temprano, alegre y jubiloso, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente.

 

IX

 

Así como Dios ha introducido sus caracteres y su alfabeto en las Sagradas Escrituras, también los ha grabado con cla­ridad en la maravillosa obra de la creación, en los cielos, en la tierra y en los animales; para que podamos reconocer con antelación el oscurecimiento de la iglesia y su dura­ción, tal como el astrónomo prevé los eclipses solares y lunares.

De estos caracteres hemos extraído sin excepción toda nuestra magia y, basándonos en ella, hemos compuesto una nueva lengua, que exprese la esencia de las cosas. Por ello, no sería de extrañar que nos expresáramos torpemente en las demás lenguas, así como en este latín. Después de todo, sabemos que estas lenguas no tienen comparación con las de Adán o las de Enoch, las cuales fueron sepultadas bajo la confusión babilónica.

 

X

 

Sin embargo, no debemos dejar de exhortar que, mientras quede alguna pluma de águila* que dificulte nuestro obje­tivo, nosotros les aconsejamos que lean y apliquen perma­nentemente la Santa Biblia. Que quien se sienta satisfecho con ello, sepa que se está acercando a nuestra Fraternidad. Así como la esencia de nuestras reglas es que, en esta obra maravillosa que es el mundo, no hay ninguna letra que no haya sido grabada en nuestra memoria, de la misma manera consideramos nuestros semejantes y más próximos a nosotros a quienes tienen este libro único, la Santa Biblia, como el resumen y la quintaesencia del mundo entero, objetivo y término de su vida, de sus estudios y de todo su empeño.

A ellos, no les pedimos que tengan siempre el conte­nido de este libro en sus labios, sino que lleven su propó­sito a este mundo, adecuándolo al conjunto de períodos y edades. Pues tampoco entra en nuestras costumbres vulga­rizar las Sagradas Escrituras, como sucede con algunos que, ante la infinidad de interpretaciones, intentan man­tener en pie la interpretación de su grupo, o con otros que la trivializan con la vieja maldad, dado que son tan moldeables como la cera, para que sirva tanto a teólogos como a filósofos, sanadores y astrólogos.

Más bien deseamos profesar en público que, desde los comienzos de este mundo, no ha existido un libro superior, mejor y más saludable que la Santa Biblia. Bienaventurado quien la posee, más bienaventurado aún quien la lee, y el más bienaventurado es quien ha profundizado en su conte­nido, mientras que quien es capaz de comprenderla y obe­decerla se asemeja a Dios.

 

XI

 

Acerca del juicio emitido por nosotros, sobre los impos­tores, en cuestión de transmutaciones de metales* y del remedio supremo del mundo, esto es lo que queremos decir: no queremos menospreciar en absoluto este don de Dios. No obstante, como este don no conlleva el incesante conocimiento de la naturaleza y, sin embargo, la filosofía sí enseña este conocimiento, además de una infinidad de otros misterios de la naturaleza, quedará claro que prefi­ramos las enseñanzas de la filosofía y que estimulemos a los espíritus más lúcidos y perspicaces a que estudien con exactitud la naturaleza, en lugar de tintar metales.

Insaciable debe ser la avaricia de quien ha llegado a ser indiferente a la pobreza, a las contrariedades, a las enfer­medades y que incluso se ha elevado por encima de toda la humanidad, hasta el punto de dominar aquello que ator­menta, angustia y martiriza a los demás. Seguro que tal hombre, finalmente, siempre se vuelve hacia las locuras de la naturaleza, construyendo casas, emprendiendo guerras y perdiendo la humildad, ya que piensa que posee suficiente oro y un río de plata inagotable.

El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. Él otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfarrones a la soledad; un justo castigo para el embustero romano, el cual se ha desbordado de blasfemias contra Cristo y, pese a que en Alemania ha sido descubierta toda su abominación, incluso en pleno día se aferra a su mentira, hasta el punto de colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo.

Vendrá un tiempo en que esta víbora cesará de sisear y en el que su triple corona será reducida a la nada, tema del que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra asamblea.

 

XII

 

Al término de nuestra Confessio, deseamos recordar dili­gentemente que conviene rechazar la mayoría, si no todas las obras de los seudo-alquimistas, quienes por gusto pasan el tiempo abusando inútilmente de la Santa Trinidad y engañando al público con extrañas figuras y propósitos oscuros, esquilmando el dinero de los simples. Nuestro tiempo conoce una proliferación de gente de esa clase, entre quienes se encuentra un excelente actor del anfitea­tro, un hombre muy importante y lo suficientemente listo como para engañar a sus semejantes. Este tipo de personas mezcla al enemigo de la dicha humana entre el buen grano, con la esperanza de menguar el crédito de la verdad, ya que la verdad es sencilla y desnuda, mientras que la men­tira, por el contrario, se viste imponente y majestuosa, y se cubre con un velo de sabiduría divina y humana.

Evitad y huid de estas obras, vosotros que sois sabios, y buscad refugio entre nosotros. Nosotros no queremos en absoluto vuestro oro, sino que por el contrario os ofre­cemos inmensos tesoros. No queremos hacernos con vues­tros bienes bajo el pretexto de daros a cambio tal o cual tintura fabulosa, sino que deseamos haceros partícipes de los nuestros. No queremos poneros ante enigmas, sino invitaros a una explicación sencilla y clara de nuestros misterios. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospitalidad, sino que os invitamos a nuestras casas más que majestuosas.

Sabed que no actuamos según nuestro capricho, sino según el Espíritu Divino. Tal como nuestro muy amado Padre lo ha dispuesto en su testamento, y el tiempo actual lo exige de nosotros.

 

XIII

 

¿Cómo os encontráis, hombres mortales, ahora que sabéis que proclamamos a Cristo con toda inocencia y pureza, que condenamos al Papa, que servimos a la verdadera filo­sofía, que llevamos una existencia digna y decente e invi­tamos a muchos —y sobre todo a quienes, como nosotros, son testigos de la luz que irradia de Dios— a una coopera­ción unánime?

¿No pensáis ahora, por fin, después de haber meditado sobre vuestros dones, después del discernimiento que poseéis de las Sagradas Escrituras, y después de haber considerado el estado tan defectuoso e imperfecto de las artes, aspirar a la curación junto a nosotros? ¿No pensáis que debéis ofrecer vuestras manos a Dios, el cual cumple con la obra, y que os debéis dedicar a las exigencias de este siglo?

Hacedlo y tened por seguro el provecho: seréis benefi­ciarios y herederos de todos los bienes que la naturaleza ha esparcido por todas las partes del mundo, unificados y concentrados en vosotros, como en el centro del Sol y de la Luna. Entonces podréis borrar del mundo todo lo que ensombrece la inteligencia humana y obstaculiza su acti­vidad, así como todo lo excéntrico y no coincidente con el círculo.

 

XIV

 

En cuanto a vosotros, que buscáis satisfacer vuestra curio­sidad, o sois atraídos por el brillo del oro o, para decirlo más claramente, vosotros que, aunque hoy todavía sois honestos, corréis el riesgo de veros fácilmente corrom­pidos por la afluencia imprevista de tantos bienes, que incitan a hundirse en la ociosidad y a lanzarse a una vida lujuriosa y de excesos, a vosotros os rogamos que no turbéis con vuestra barahúnda intempestiva nuestro sagrado silencio.

Sabed que, aunque existe una panacea capaz de curar todas las enfermedades, ésta siempre será inaccesible a quienes Dios quiere inquietar, castigar o corregir con enfermedades. Igualmente, aunque seamos capaces de pro­porcionar al mundo entero riqueza y enseñanzas, así como de liberarlo de innumerables calamidades, no nos daremos a conocer a nadie, ni nadie nos conocerá, sin el consenti­miento de Dios. Incluso, es impensable que alguien parti­cipara y disfrutara de nuestros bienes en contra de la voluntad de Dios. Antes de que pudiera acceder a la dicha de encontrarlos, perdería su vida.

La Fraternidad de la Rosacruz

 

 

 

 

 

 

 

ANÁLISIS ESOTÉRICO DE LA CONFESSIO FRATERNITATIS R.C.

 

Así debemos declarar, oh hombres mortales, lo siguiente: que una vez más Dios ha decidido conceder al mundo, cuyo fin sobrevendrá poco después, la verdad, la luz y la dignidad, a las que hizo salir del paraíso con Adán para aliviar la miseria humana. Por lo tanto, será nece­sario que ahora cese toda aberración, toda oscuridad y atadura, las cuales se han infiltrado paulatinamente con el progreso de la rotación de la gran esferaen las cien­cias, en los hechos y en los gobiernos de los hombres, por cuya causa éstos se han ido oscureciendo.

De ello resulta, en efecto, tal infinidad, tal diversidad de opiniones, falsificaciones y doctrinas erróneas, que incluso hacen difícil la elección a los más inteligentes de los hombres, ya que el prestigio de los filósofos por un lado, y la verdad comprobada a través de la experiencia por el otro, les confunden en su juicio. Cuando todo esto sea abolido, como creemos que ocurrirá, y sea reempla­zado por unas directrices eternamente inmutables, lo será gracias a los hombres dedicados a esta tarea. Sin embargo, habrá que agradecer el conjunto de este gran trabajo a la encrucijada de los benditos tiempos presentes.

Al igual que reconocemos los méritos de muchos espí­ritus excelentes, que con sus testimonios han realizado una aportación considerable a la futura reforma, no deseamos en absoluto atribuirnos el honor de que nos fuera enco­mendada en exclusiva una obra tan enorme. Más bien, por el Espíritu de Cristo nuestro redentor, testimoniamos que antes que falten ejecutores del designio de Dios, se ofre­cerán las piedras.

Confessio Fraternitatis R.C., capítulo VII

 

1

La reforma del mundo

Reconozcamos con sinceridad que nos hemos vuelto per­sonas superficiales. Nuestra cultura occidental sigue una línea horizontal. No conoce las inmensas alturas de la radiante realidad y carece de la profundidad de una vida interior. Toda ella es forma, forma determinada por la moda. Todo el aparato con el que estamos tan familiari­zados, todo el organismo con su complejo entramado, está enfermo, mortalmente enfermo, pues ya no tiene alma.

El idealismo está sometido a límites y se ha convertido en materialismo adornado con algunas flores marchitas. La ciencia ha caído completamente en un camino que no con­duce a ningún lugar y la teología está desde hace años tan muerta como la vieja era de la Atlántida. Una y otra vez aparece en el horizonte la faz con la corona de espinas, mientras que la sulfurosa fetidez del humo de la pólvora envuelve incesantemente la Tierra con amplios remolinos. Y las voces de las iglesias resuenan cargadas de tópicos, de sermones sobre un Dios totalmente desconocido, de bal­buceos sobre un Cristo al que no conocen ni perciben y al que, a pesar de todo, se crucifica a diario.

Los hombres buscan y buscan, pero se entregan sin condiciones a esta civilización, a esta cultura, y esto es algo estéril. Por supuesto, usted sabe todo esto. Sus perió­dicos y sus libros hablan de ello. Usted lo conoce y lo comenta. De antemano, está básicamente de acuerdo con dichos artículos y escritos.

Pero, ¿por qué no le afecta? ¿Por qué no se rompe algo en su interior? ¿Por qué no percibe la vibración de la eter­nidad en el tiempo? ¿No nos sucede como a «Elckerlyc»1 en el drama medieval del mismo título? La muerte, como enviada de Dios, viene hacia Elckerlyc y le dice: «Elckerlyc, ¿a dónde vas tan engalanado? ¿Ya has olvi­dado a Dios?»

¡Por supuesto! Con toda nuestra civilización cristiana hemos olvidado a Dios; se nos escapa lo esencial, lo apre­miante, lo único necesario para la verdadera salvación.

Esto no es un sermón. Los rosacruces no se interesan por los sermones. Sólo se trata de conmoverle y decirle: elévese por encima de la superficialidad y perciba la rea­lidad. ¿No comprende que el Logos está interviniendo en nuestra civilización enferma? ¿Que el universo se encuentra en un cambio y que algo va a suceder?

¿Qué hace usted realmente? Trabaja desde la mañana hasta la noche, quizás para ganarse el pan de cada día. Se ajusta a la vida corriente. Se preocupa por su jubilación. Se esfuerza y trabaja ajetreadamente en casa o en cualquier otro lugar. Mata el tiempo con sus libros o conciertos. Pero con esto, ¡uno no realiza su vida como ser humano! ¿Sabe usted, tan siquiera, a qué es llamado el hombre? ¿Sabe usted de lo qué es capaz el hombre?

¡Somos de linaje divino! ¡Hemos sido creados según la imagen de Dios! En nosotros arde la chispa divina. Esto no son palabras banales, dulces y piadosas, sino llamas vivas de la eterna verdad. ¡Tiene que liberarse de sus limita­ciones, de su espíritu de esclavo! ¡Tiene que tomar conciencia de su realeza!

Estas palabras sonarán al hombre, en tanto que animal gregario, como una locura, como una completa necedad. Pero nosotros escribimos aquí para personas receptivas a la Gnosis o al menos para aquellos hombres que estén abiertos a la fuerza apelante de la verdadera Rosacruz.

La misión de la Orden de la Rosacruz y sus servidores es mostrar los caminos de la liberación, pues todos están doblegados por la esclavitud del cuerpo, del alma y de la conciencia. Debe comenzar a crecer en usted una nueva santa pasión, el anhelo de la santa liberación, sobre la que cantan los salmos clásicos; debe despertarse el verdadero conocimiento de Dios, debe hacerse realidad el caminar diario con Cristo.

Miles de personas afirman que conocen a Cristo. Sus labios repiten Sus palabras, pero sus corazones perma­necen inconmovibles y las cabezas no Le comprenden. Ellos saben de un santo sacrificio en el remoto pasado, pero de la faz con corona de espinas que ahora se puede divisar en el horizonte, no saben nada. Sin consideración, tal como pisotean la hierba, extinguiendo la tierna vida de la naturaleza, pasan de largo ante la faz suplicante, quizás porque estén atentos a las informaciones bursátiles.

Por ello la misión de la Orden de la Rosacruz consiste en decirle quién, qué y cómo es Cristo, qué quiere de usted este poderoso Espíritu Solar, qué quiere y qué hace por usted. No se trata de juntar las manos devotamente para rezar o cantar un himno, no se trata de mantener una actitud negativa, con la esperanza de que Él lo hará todo bien. ¡No! ¡Es usted quien tiene que hacerlo! Esto es lo grandioso del cristianismo. En usted debe arder el fuego de amor del Espíritu. En usted debe liberarse la mariposa real, para que pueda abandonar la pocilga y regresar hacia su Padre. Cristo es una fuerza: el Logos. El mueve el universo de su ser. Él lo es todo en todos, con la condición de que reaccionemos consciente y dinámicamente al Espíritu de Dios.

Si conoce algo de ese éxtasis santo, ya no podrá sen­tirse a gusto mirando y esperando, sino que se unirá a quienes están preparando el nuevo mundo. Muchos hom­bres son víctimas de esperanzas frustradas. Los crueles años han destruido sus tiernos deseos y también su anhelo de Dios. Han descuidado su pensamiento y los centros del sentimiento se han embotado. Se han suicidado en vida, aunque su cuerpo todavía esté vivo. Pero el alumno de la Escuela de Misterios no debe temer que sus esperanzas se vean frustradas, pues los dones que recibe son espléndidos en extremo y superan sus más audaces esperanzas.

De esta manera, el alumno se convierte en ejecutor de los designios de Dios. Así puede hablar con gran positi­vismo, porque él se ha elevado sobre la línea horizontal y conoce la reforma mundial venidera.

Y este positivismo toma forma en la Confessio Fraternitatis, para aportar el mensaje de la liberación a todas las almas esclavizadas que buscan y se esfuerzan en la actualidad.

El séptimo capítulo de la Confessio, con el que que­remos comenzar, nos coloca ante un grandioso y terrible conflicto. Sabemos que la irrupción de la corriente de verdad, luz y dignidad, mencionada en este capítulo, es inminente. No se imagine un lapso de tiempo de unos cuantos años, sino el comienzo de una nueva era, en la que la nueva luz y la nueva verdad puedan desarrollarse plena­mente sin obstáculos.

Además sabemos que una cantidad de pioneros cada vez mayor se está preparando para este inmenso y formi­dable trabajo, al que usted también es llamado. Nunca fal­tarán servidores que lleven a cabo los designios de Dios.

Pues sabemos que los designios de Dios, el desarrollo del plan, el nuevo devenir, se ejecuta sin interrupción y con una fuerza irresistible. Pero también sabemos, y permí­tanos tenerlo presente, que entre este saber positivo y su aplicación se encuentra la multitud, los millones de igno­rantes, el rebaño.

Quizás pueda verlo como un enorme cuadro simbólico: por un lado, la luz que se acerca; por el otro, el plan de Dios, representando de una u otra forma lo dinámico en el devenir de los tiempos; y en el centro, la gran multitud de la corriente de vida humana, coronada por el relativamente insignificante número de pioneros, que ejecutan los desig­nios de Dios. Así la corriente de vida humana está cubierta por una Tri-unidad: la voluntad de Dios, su corriente de sabiduría y su actividad en algunos pioneros.

¿Comprende lo dramático de esta situación? Vivimos en una sociedad tan degenerada que ya no ofrece ninguna posibilidad para un desarrollo posterior. Todo el sistema tiene que ser renovado; pero los dirigentes y mantenedores del sistema no lo ven, y la gran mayoría es demasiado inconsciente.

No obstante, la nueva era se acerca. ¡Los designios de Dios son inevitables! Los pioneros trabajan febrilmente. Lo nuevo no se puede obstaculizar. La consecuencia será una horrenda catástrofe, un desastre que irrumpirá por todas partes con la fuerza de un huracán y despedazará el mundo actual. Sólo entonces los verdaderos dirigentes podrán tomar las riendas del desarrollo posterior de la humanidad.

¿Reconoce la necesidad de todo esto? ¿Existe otro camino? ¿Tienen que seguir suspirando todavía el mundo y la humanidad durante millones de años, en sistemas sin salida?

Por este motivo, es necesario el divino proceso de demolición. Todo esto debe infundirle gran seriedad. Pues sabe que Sodoma y Gomorra no hubieran sido destruidas si se hubiese encontrado en ellas un número suficiente de justos. ¡Estamos ante el mismo caso! Podemos ayudar a aliviar en gran parte el dolor que llegará al mundo si, como pioneros, nos lanzamos con todas nuestras fuerzas a nuestro trabajo y hacemos todo lo posible en influir a la humanidad y conducirla a la vida verdadera. Y el que la nueva era se esté acercando a nosotros tan poderosamente debe ser considerado realmente como la consecuencia del gran trabajo de los pioneros.

Que usted pueda comprender que no nos impulsa el deseo de expandir el Lectorium Rosicrucianum, sino el verdadero deseo de servir a Dios y a los hombres con todo nuestro corazón, toda nuestra alma y toda nuestra razón. Por eso también le apremiamos a que una su esfuerzo al servicio del grande y santo trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

Para dar a conocer Su voluntad, antaño Dios ya mandó mensajeros; a saber, astros que han aparecido en las cons­telaciones de Serpentario y Cisne. Como grandes señales de Su poderoso designio, ellos podrían enseñarnos en verdad, si previamente fuese unido todo lo descubierto por la perspicacia del ser humano, de qué manera El quiere que Sus decretos ocultos sean provechosos. Por lo tanto, el Libro de la Naturaleza estará abierto y será revelado ante los ojos de todo hombre, aunque sólo unos pocos serán capaces de leerlo en su totalidad, y menos aún de com­prenderlo.

Así como en la cabeza humana existen dos órganos para oír, dos para ver, dos para oler y uno para hablar, y sería inútil exigir a los oídos que hablasen o a los ojos que oyesen, así también han existido épocas durante las cuales se veía, otras en las que se oía, y otras en las que se olía. Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agi­gantados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento ha sido visto, oído y olido. Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana tem­prano, alegre y jubiloso, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente.

Confessio Fraternitatis R.C., capítulo VIII

 

2

Serpentario y Cisne (I)

 

Como alumnos de la Rosacruz sabemos que los aconteci­mientos futuros serán diferentes de los del presente, y hemos descubierto que el mundo va a experimentar una renovación. Aunque éste no sea un punto de vista genera­lizado, estamos tan familiarizados con él, que para noso­tros no sólo representa una hipótesis, sino una realidad gnóstico-científica. De esta manera, nuestro punto de vista ya está dando origen a un estudio detallado de la nueva era, para que cuando se vislumbren determinados desarrollos no tengamos por qué permanecer en la incertidumbre, sino que podamos centrarnos de inmediato en nuestro objetivo. Por ello, quisiéramos reflexionar ahora sobre este objetivo y considerar algunas particularidades que se manifestarán al principio de lo nuevo y durante su realización, lo cual es necesario tener en cuenta.

Como hemos dicho, el alumno de la Rosacruz está sufi­cientemente capacitado para orientarse de forma efectiva y concreta. Conoce a los verdaderos mensajeros de Dios, de los que da testimonio la Confessio Fraternitatis, y les ha oído hablar.

Con nuestro enfoque mágico de la vida también miramos hacia las estrellas, y sabemos que la Confessio hace alusión a los tres poderosos principios vitales de los tiempos venideros, a saber, los planetas Urano, Neptuno y Plutón. Cuando se escribió la Confessio, estos tres cuerpos celestes todavía no habían sido descubiertos por la astro­nomía exotérica, pero los gnósticos tenían en cuenta estos importantes planetas de misterios desde tiempos inmemo­riales y conocían el significado de estas poderosas señales de los designios de Dios. Incluso ahora, en nuestros tiempos, cuando Urano, Neptuno y Plutón ya son cono­cidos y se han descrito sus trayectorias y divulgado sus influencias por los seudo-astrólogos, parece haber pocas personas que sepan leer y profundizar en el Libro de la Naturaleza, a pesar de que en realidad se encuentra abierto ante todo el mundo.

Urano, Neptuno y Plutón, estas tres fuerzas divinas no sólo son ideas sublimes hacia las que la humanidad se ele­vará gradualmente, sino poderosas leyes y principios pri­mordiales que serán totalmente realizados y que vencerán la degeneración, la imperfección y la criminalidad, de tal forma que, como dice la Confessio:

«Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana temprano, alegre y jubiloso, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente.»

Pero aún no hemos llegado a dicho punto. Millones de personas suspiran cuando les alcanza el primer rayo de sol y les despierta de su sueño. Agobiados por preocupaciones y penas, millones de hombres ven cómo el Sol Divino se coloca velozmente en órbita alrededor de la Tierra. Cada día trae nuevas crueldades, nuevos estímulos degenera­tivos.

Pero llegará el día en el que cada criatura humana se dirigirá con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, alegre y animada, al encuentro del Sol cuando éste se eleve al amanecer. No piense que éstas son palabras tranquilizadoras, semejantes a las que se usan para calmar a personas nerviosas: «Tranquilícese, mañana será un nuevo día y todo se arreglará.»

«Con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol» es una fórmula pro­funda y refinada. Es el lenguaje de los iniciados, una des­cripción poética de la vida de los iniciados. Y cuando usted despierte de su sueño, también podrá y querrá hacer lo mismo.

«Con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol» es una indicación simbólica de las tres fuerzas divinas: Urano, Neptuno y Plutón. Urano es el renovador del corazón, Neptuno el renovador de la cabeza y Plutón el realizador, el dinámico, el que avanza, el demoledor.

¿Qué significa poseer un corazón abierto? Estas pala­bras suelen comprenderse de forma completamente errónea o parcial. Algunos dicen que una persona con el corazón abierto se caracteriza por realizarlo todo con amor, y otros que tal persona es extremadamente sensible y excepcionalmente bondadosa. Un gnóstico, no obstante, no se conforma con este tipo de vaguedades. La ciencia gnóstica demuestra que el corazón de quienes se preparan correctamente para el alumnado gnóstico se transforma, incluso físicamente. La parte del corazón que se encuentra más cerca de la espina dorsal, del fuego espiritual espinal, cambia hasta tal punto que todo el corazón comienza a trabajar como músculo voluntario. El espíritu humano llega a ser capaz de controlar conscientemente el corazón, que es el motor del cuerpo. Por esta razón, el alumno puede, entre otras cosas, penetrar conscientemente en los planos inte­riores cuando es necesario.

Las fuerzas de Urano realizan en nosotros esta gran transformación. Cuando el alumno ha alcanzado este punto en su desarrollo, es capaz de dominar conscientemente sus sentimientos. Puede dirigir sus sentimientos, pensar con su corazón. Con otras palabras, nunca más será víctima de sus emociones, de sentimientos incorrectamente orientados. Ya no romperá los corazones y las vidas de los demás con una tormenta de sentimientos que se derraman sobre ellos de manera incontrolada.

¿Ha conocido usted alguna vez a un hombre que pudiese pensar con el corazón, que fuese capaz de sentir de forma consciente? A veces, una persona de este tipo puede parecemos fría, insensible y sin corazón, pero en ella arde un fuego intenso. Este fuego no se expande inútilmente, ni quema, ni abrasa. Es el fuego eterno, sin pasión ni emo­ción, pero que es enviado directamente hacia quienes yerran en la oscuridad. Es el fuego del amor, que nunca crea conflictos sino que todo lo torna puro y agradable.

Sólo si comprende algo de todo esto, podrá hablar de amor. Tiene que aprender a pensar con el corazón, y todo lo que posiblemente exista aún en usted tiene que estre­llarlo contra las rocas de los logros absolutamente imposi­bles. No olvide jamás que en la Gnosis y en la Escuela de Misterios de la Rosacruz está cincelado con profundas letras, visible para todos: «Todo o nada».

En nuestro tiempo, las fuerzas de Urano son impresio­nantes, formidables, extraordinariamente dinámicas. Las experimentamos como intuición.

¿Qué es la intuición? En general se dice que la intui­ción es un sentimiento repentino, un pensamiento súbito procedente del exterior, en ocasiones premonitorio. Pero estas explicaciones también son muy vagas. Intuición, en sentido absoluto, es la relación diaria con Dios, una vida ininterrumpida en Cristo. Nosotros decimos que es armo­nizarse con el mundo interplanetario del espíritu de la vida, de forma que las vibraciones de ese mundo puedan ser recibidas por nuestro cuerpo preparado y grabadas en nuestra conciencia. Esto es intuición.

Urano es como un fuego. Es el Cristo que quiere regresar hacia nosotros en las nubes del cielo, tal como está escrito. Esto significa que El quiere descender hasta nosotros como la rosa blanca y llenar todo nuestro sistema vehicular, de forma que pueda ser visto como una estrella dorada en las nubes aurales de nuestro ser, como el funda­mento de todo nuestro pensar, querer y actuar.

Pero como sabe, cuando el Cristo regresa, cuando se cumple en nosotros la grande y santa ley de Urano, la con­secuencia es una gran transformación. Si lee el profético capítulo 24 del Evangelio según Mateo, teniendo presente lo dicho anteriormente, lo comprenderá mejor.

Aparte de la fuerte influencia individual, también existe una acción generalizada de Urano: la ley de Cristo que se cumple en este mundo, la tormenta de fuego de Acuario. Esta tormenta de fuego entra primero en contacto con el sexo femenino de nuestra ola de vida.

La filosofía de la Rosacruz nos enseña que la mujer posee un cuerpo vital positivo y un cuerpo físico negativo. A causa de esta constelación, las mujeres, por lo general, están más capacitadas para recibir las vibraciones globales de Urano, demostrar su fuerza dinámica en este mundo y ofrecer, a quien lo anhele, el fuego del amor de Cristo.

Por ello, las mujeres desempeñarán un papel muy activo en la futura revolución del mundo y desarrollarán grandes fuerzas. Por esta razón, en la Escuela de la Rosacruz ha aumentado constantemente, en los últimos años, el número de mujeres que han emprendido el alum­nado. Si en los inicios, los hombres eran mayoría, ahora lo son las mujeres.

Esto se debe a que la Escuela de la Rosacruz es utili­zada como escuela de preparación para la tarea de las mujeres en los futuros procesos de desarrollo. Así como en el pasado, por sus cualidades venusianas y por su sacri­ficio, la mujer supo transformar la fuerza bruta del hombre y moderar su animalidad marciana, ahora tendrá que rea­lizar de nuevo un enorme, un inmenso sacrificio para, por medio del fuego de amor de Urano, destruir la ilusión inte­lectual en la que permanece prisionera la parte masculina de nuestra ola de vida, lo cual produce indescriptibles sufrimientos a la humanidad, y así renovar el pensamiento. Por ello, las mujeres tienen ante sí una gloriosa y gran labor a realizar, una tarea de salvación general, por medio de una organización activa de perseverancia puramente femenina, no con violencia y armas, sino guiadas por Cristo y el fuego de amor de Urano.

Como reacción negativa a la radiación de Urano vemos, en algunos países, la formación de batallones mili­tares de mujeres. Este error es una reacción inconsciente a los grandes fenómenos que pronto aparecerán. Si tiene en cuenta de lo que una mujer es capaz, si observa su papel en la historia del mundo y en las intrigas políticas, podrá ver que muchas páginas de la historia del mundo han sido escritas por las mujeres. Casi siempre desde un segundo plano, aunque no por ello de una manera menos positiva. Y si piensa en la influencia que la mujer puede ejercer en el hombre, comprenderá que la mujer está absolutamente capacitada, por todas sus cualidades, para acabar con el actual estado de las cosas.

«Así como en la cabeza humana existen dos órganos para oír, dos para ver, dos para oler y uno para hablar, y sería inútil exigir a los oídos que hablasen o a los ojos que oyesen, así también han existido épocas durante las cuales se veía, otras en las que se oía, y otras en las que se olía. Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agi­gantados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento ha sido visto, oído y olido.»

Aquí no se trata de charlas, sino de hablar en sentido gnóstico-científico. Hablar como acción creadora, tal como Dios habla y es. Él ordena, y se realiza. Hablar como acto.

Amigas, reconozcan su tarea. Tomen la iniciativa en estas cosas. Y comprendan bien que se trata de un trabajo arduo, de una cruz que deben elevar, ya que muchos, muchísimos, se volverán contra ustedes. Salven al mundo por el amor y con el acto de amor. Comprendan que deben liberarse de sus limitaciones. Muchas mujeres tienen un horizonte demasiado limitado, y piensan que toda su labor consiste en las tareas domésticas y la educación de los niños. Sienten muchas tendencias primitivas, como el ins­tinto maternal y la necesidad de sentirse protegidas. No crean tampoco que la degeneración del mundo sólo es culpa de los hombres, que están esperando desamparados y acobardados la ayuda de las mujeres. Comprenderán que esta idea no es la correcta.

El espíritu de Dios mora en ambos sexos y expresa la alta vocación del ser humano. Ambos sexos deben cola­borar en el mundo en un plano de completa igualdad. El trabajo de la humanidad sólo puede prosperar si, tanto el hombre como la mujer, reconocen su mutua dependencia y construyen la nueva casa para los hermanos y hermanas que nos acompañan.

Como servidores de Acuario aspiramos con toda nuestra fuerza a esta igualdad en todos los campos de la vida, y mostramos a nuestras hermanas su nueva gran labor en el futuro devenir mundial. Una actividad salva­dora del mundo que suprimirá toda la arrogancia intelec­tual.

Así como las mujeres aceptan y soportan todo durante la gestación de una vida individual, la traen al mundo con dolor y la mantienen, así también son llamadas por el amor de Urano, la fuerza revolucionaria de Acuario, a mantener la vida de la humanidad y conducirla a un nivel superior.

En Serpentario y Cisne brillan tres estrellas: Urano, Neptuno y Plutón. Son señales poderosas de los designios de Dios. En este capítulo le hemos trasmitido algo sobre las elevadas intenciones de Urano, para que pueda refle­xionar sobre ello. Las fuerzas regeneradoras de Neptuno y las fuerzas de Plutón, que destruyen lo vigente, no son menos importantes.

En Serpentario y Cisne, la serpiente y el cisne, irradian tres poderosos mensajeros de Dios. De la sabiduría clásica de la serpiente de Serpentario, y del cisne como símbolo de la pureza original y del amor, se elevan tres poderosas fuerzas: Urano, el renovador del corazón, Neptuno, el renovador de la cabeza, y Plutón, el realizador, el que avanza dinámicamente y demuele.

Permítanos que sin cesar intentemos comprender con claridad las leyes eternas de Dios, que vienen hacia noso­tros desde Serpentario y Cisne.

 

3

Serpentario y Cisne (II)

 

La filosofía gnóstica es una ciencia peligrosa. Uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos dijo: «A más sabiduría, mayor sufrimiento, y quien aumenta el conoci­miento, acrecienta el dolor».

El conocimiento al que se refería este filósofo es el conocimiento interior, el conocimiento gnóstico. Él había experimentado que, cuando uno intenta acercarse verdade­ramente a esta fuente de toda sabiduría, es sumergido en el fuego de la purificación. Había experimentado que las llamas de este fuego eterno generan un conflicto interior destructivo. Había descubierto que cuando uno se acerca a este fuego espiritual se desatan fuerzas que ya no pueden volver a ser atadas.

La filosofía gnóstica es una ciencia peligrosa. Para el buscador anhelante que penetra en los santos templos de la sabiduría, ya no hay regreso posible; tiene que avanzar o sucumbir, lo que inevitablemente sucede, pues responde a una ley universal. El alumno que por la entrega total de sí mismo intenta prepararse para el servicio en favor de la humanidad, experimenta un gran dolor en su camino de elevación. Y también la ola de vida humana experimenta un gran dolor en su camino de desarrollo. Por todo el mundo resuenan gritos de aflicción. Son los dolores de parto de la humanidad; es una ley universal. Los cuerpos o vehículos superiores del hombre se desarrollan. La rueda del mundo gira en eterna espiral y cada espiral conlleva sus propias exigencias. La humanidad es obligada a orientarse, a adaptarse en consecuencia, a seguir tales exigencias.

Pero entonces la fuerza de la naturaleza inferior, la pétrea garra de la cristalización, empieza a presionar. La dualidad hace acto de presencia. Al principio, en su eterno intento de compromiso, el hombre intenta salvaguardar lo uno y lo otro. Y entonces aparecen el desgarramiento y el dolor, ¡Quien aumenta la sabiduría, acrecienta el dolor! ¡O se produce la decadencia! Retroceder, detenerse, significan la perdición.

La sabia providencia ha fijado este tremendo proceso de dolor en concordancia con las posibilidades de desa­rrollo de la humanidad en el tiempo y en el espacio. La filosofía gnóstica es una ciencia tan peligrosa porque su aplicación comporta la aceleración de ese proceso, que se encuentra en la esencia de las cosas.

Seguramente comprenderá que, por lo tanto, un hombre que elige el proceso acelerado tendrá que soportar muchos dolores y superar y resolver, en un tiempo redu­cido, muchos conflictos. Pero si es fuerte y ha descubierto algo de la luz verdadera, si ve sus radiantes destellos en el horizonte de la vida, podrá atravesar el Rubicón para unirse a la legión de pioneros.

El hombre que reconoce el esfuerzo de Dios, el sufri­miento de Cristo en este mundo y con este mundo, elige, rebosante de alegría, el proceso acelerado, porque también él quiere ayudar, porque quiere liberar a Dios y al hombre, y guiar a la humanidad a la realización. Este proceso ace­lerado es la prueba más clara de la ley universal del amor. Si no existiese la posibilidad de recorrer de esta forma el camino, ello significaría la existencia de una laguna en la concepción del universo.

Existen dos caminos hacia la liberación. Vamos a lla­marlos el camino del amor y el camino de la ley. Si usted quiere rescatar a alguien de los infernales abismos de las fuerzas inferiores, evidentemente no le sacará a cámara lenta, sino que le agarrará con mano firme y le subirá rápi­damente hacia la luz salvadora. Esto es amor. ¿No siente este misterioso impulso en su vida? ¿No siente cómo el aliento de Dios le toca continuamente? ¿No oye la llamada universal de Dios en el mundo? ¿No comprende el len­guaje del amor? ¿Percibe, ve la santa Presencia? ¿Comprende usted el impulso del amor, que quiere sacarle del engaño, de sus limitaciones, hasta la verdadera libertad?

Que su respuesta no sea: «Se me rompe el alma cuando oigo la llamada y no puedo obedecerla, porque rápida­mente soy retenido por las ataduras de la naturaleza inferior>>.

No intente entender estas cosas con su intelecto. Compréndalas con sus sentimientos más profundos. Entonces, podrá reconocer que el camino de la iniciación es el camino del amor. Aunque sólo comprenda una dimi­nuta parte de ello, ya ha puesto su pie en el camino y será elevado fuera de la constante rotación del tiempo hacia la paz eterna de Dios. Entonces se podrá elevar en la amplia claridad del amor sin forma. Semejante amor nos ha sido mostrado por el Padre enviándonos a Su Hijo: Cristo.

Es a Él a quien amamos con toda nuestra alma, con todo nuestro corazón y con toda nuestra razón. Éste es el santo criterio de la Fraternidad de la Rosacruz. Ésta es la levadura de Acuario. Entiéndalo bien: ¡nosotros servimos a Cristo!

Y queremos hacerlo de hecho y en verdad. Nosotros somos revolucionarios en sentido esotérico, porque hemos percibido en nuestras vidas el misterioso esfuerzo del amor, porque queremos mostrar a la humanidad el camino de la liberación y precederla en ese camino.

Al igual que nuestro padre Cristian Rosacruz, cabeza mística de la Fraternidad de la Rosacruz, vino a la huma­nidad con las manos extendidas y ofreció sus misterios y sus tesoros de oro espiritual, así nuestra misión consiste en continuar su obra según su ejemplo, en el amor de la auto-negación. Si siente o comprende algo de todo esto, podemos hablar con usted sobre Neptuno, uno de los sublimes mensajeros de los designios divinos, de la misma manera que en el capítulo precedente le hemos hablado de Urano.

Llamamos Urano al renovador del corazón y Neptuno al renovador de la cabeza. Aquí vuelve a demostrarse que la arquitectura cósmica concuerda con los fundamentos del cristianismo. Si quiere salir de las tinieblas hacia la luz, lo primero que necesita es renovar el corazón: Urano. Si desea despertar como un renacido en el espíritu, entonces lo primordial es morir en Cristo: Urano. Antes de que el mundo pueda despertar de la más profunda noche terrenal hacia un nuevo amanecer deben crearse las condiciones necesarias, abrirse los caminos en los que pueda ser encon­trado y comprendido Cristo: Urano.

Si quiere comprender a Dios a través de Neptuno, pri­mero tiene que comprender a Cristo a través de Urano: «Nadie ha visto jamás a Dios, sino el Hijo Unigénito del Padre que nos lo ha dado a conocer.» «¿Cómo podemos amar a Dios, a quien no hemos visto y, al mismo tiempo, odiar a nuestro hermano?» ¿Cómo podemos ser religiosos en sentido abstracto y, al mismo tiempo, pisotear concretamente la religión con nuestras cabezas, corazones y pies?

Por ello, lo que se encuentra primero, antes de cual­quier reflexión: ¡es Cristo! Él es todo en todos, es la llave de oro de la puerta de Dios. Éste es el mensaje de Urano, ésta es la esencia de toda magia gnóstica. Si deja fuera de sus consideraciones mágicas la síntesis de Cristo, se entrega a la magia negra. Si rechaza el mensaje de Urano en este mundo, prefiere las tinieblas a la luz.

Por esta razón, tal como nos cuenta la historia simbó­lica, la primera inscripción que se encuentra esculpida en la tumba de Cristian Rosacruz es: Jesús mihi omnia – Jesús es todo para mí.

Así queremos seguir, a través de las puertas de Urano, hacia Neptuno y apartar los velos de Isis. El fuego de Cristo penetra a través de las puertas de la rosa blanca. Es el fuego purificador, que conmueve el corazón y estimula la hipófisis a una vibración superior. Así llega la noche. Por ley natural, las horas de la noche siguen al atardecer, después de que Cristo haya venido a nosotros. Entonces somos enviados a la noche del mundo para que realicemos nuestro trabajo como verdaderos mensajeros de la luz. Quien se ha convertido en una antorcha por el fuego de Cristo, es un auxiliador, un heraldo del acto; carga con la cruz. ¿Sabe qué significa servir a Cristo en la noche terrestre? Significa cargar con la cruz, y eso causa dolor.

Pero a la noche le sigue la alborada, la aurora de la rea­lización. Neptuno, el divino, viene a nosotros en la albo­rada y deja sus huellas en el maravilloso y delicado órgano que todos poseemos: la glándula pineal. Allí, en el lugar del cráneo, se consuma la crucifixión y ascendemos en la resurrección hacia las alturas del mediodía, hasta Plutón, donde celebran su triunfo las fuerzas del Espíritu Santo, donde se alzan las llamas del fuego de Pentecostés y desaparece definitivamente el velo de Isis. Entonces resplan­dece la diadema sobre la frente del alma humana, el fíat creador es pronunciado y percibido. El hombre se ha vuelto realmente Hombre.

Neptuno es el renovador de la cabeza, el hombre creado a imagen de Dios. La cabeza es un intérprete de la idea divina. Éste es el camino del alumno, el camino del Hijo de Dios.

Pero el hombre corriente sigue estando encadenado a la vida inferior. Todavía no puede percibir las voces de las fuerzas espirituales. Sin embargo, Neptuno hace su tra­bajo. Tal como el Padre obra a través del Hijo, así el Hijo obra por medio del Padre.

Si el hombre que ha sido llamado sigue uniéndose a lo inferior y no se quiere liberar, aparece Neptuno como envenenador, portador de caos, impulsor de la crisis, fomentador de la decadencia, provocador del cáncer, como el dios de la antigua alianza. ¿Comprende ahora por qué se encuentra en la Biblia un Antiguo Testamento? Dios es un fuego devorador, mientras el hombre sea incapaz de aceptar el fuego de Cristo. Reconozca las tensiones ner­viosas, la carga eléctrica de nuestro tiempo como la lla­mada de Urano, y la continua degeneración natural como el proceso de envenenamiento de Neptuno, que prosigue hasta la muerte por medio de Plutón. Sombría y tenebrosa es la faz de la humanidad que; con la cabeza inclinada, pro­sigue su camino.

Pero Neptuno es a su vez el renovador de la cabeza y el «desintoxicador», el renovador de los principios, el santo creador, por quien y a través de quien son todas las cosas. Por ello vuelve a resonar la llamada de la liberación en el mundo. Por ello, la Confessio Fraternitatis habla de las señales   de  los   designios   de   Dios   que   irradian en Serpentario y Cisne. Por ello resuena, en este mundo roto, la llamada de Neptuno para la renovación de la cabeza, para el renacimiento.

Los servidores de Dios, los alumnos de la Escuela de Misterios, se someten a esta llamada para construir el pro­ceso de la renovación de abajo hacia arriba. De esta manera dejamos atrás la meditación mística y nos colo­camos con los dos pies sobre el duro suelo, para comenzar con nuestra misión.

Al igual que Urano, entre otras cosas, impulsa el movi­miento femenino, así Neptuno nos aporta un nuevo sis­tema de educación, un «nuevo concepto de escuela», como el que ya se ha puesto en práctica hoy en día en las escuelas de la Rosacruz. La nueva escuela guiará a los adolescentes más maduros según aquellos criterios que los Hermanos Mayores han mostrado a la humanidad, con el fin de que todas las fuerzas superiores del hombre puedan desarrollarse y conducirle hacia su verdadero destino en la era de Acuario: la unidad entre espíritu, alma y cuerpo.

Vivimos en un tiempo en el que todo el sistema educa­tivo está dirigido a satisfacer las exigencias del orden natural vigente. Los niños y las niñas son adiestrados para ser herramientas de la decadencia institucionalizada. La caza de títulos provoca mucho sufrimiento entre los jóvenes. Los mejores embusteros y los más hábiles impos­tores gozan de un bienestar material, y sus trayectorias son mostradas a la juventud como modelo del verdadero ser humano. Y ustedes, padres, que mandan a sus hijos a ins­titutos y universidades por atávico orgullo familiar, ¿saben qué les espera a sus hijos en este tipo de instituciones de enseñanza? ¿Saben cuan alejados están de todos los valores eternos? ¿Saben hasta qué punto abandonan a sus hijos a una paulatina y horrible intoxicación? Lo hacen porque la sociedad exige diplomas, pedazos de papel sin ninguna clase de valor, como se ha demostrado en la prác­tica miles de veces. ¡Pero ustedes se esconden tras su miedo! ¿No se demuestra también con ello, que los padres pueden ser los enemigos más grandes de sus hijos, como ha dicho un gran pedagogo?

Pero ya basta de todo esto, todos nosotros lo hemos comprobado. Mas sólo con la comprobación no es sufi­ciente. En eso se reconoce al alumno de la Gnosis, al ser­vidor del fuego, porque rompe con los moldes y la crista­lización, y construye una nueva morada. El nuevo sistema de enseñanza se armonizará con el único objetivo de la existencia y proporcionará una educación dirigida a la crea­ción de profesionales que sirvan verdaderamente a la humanidad, sin las mentiras sociales de nuestro tiempo y sin las influencias embrutecedoras de la decadencia.

«Quien aumenta la sabiduría, acrecienta el dolor.» Ahora que reflexiona sobre estas cosas y se amplía el hori­zonte de su pensamiento, empezará a sentir cuántas conse­cuencias conlleva. Si empieza a participar con nosotros en la construcción, si se une a las filas de los pioneros, le espera mucho dolor. La ciencia interior que nos impulsa a la acción desencadena el conflicto interior y nos empuja al desgarramiento. Por ello, la ciencia gnóstica es una ciencia peligrosa.

Sin embargo, su único componente es amor. ¿Percibe esta misteriosa necesidad en su vida? ¿Siente que el aliento de Dios pasa una y otra vez ante usted? ¿Siente esta santa Presencia? ¿Entiende el esfuerzo del amor que quiere ele­varle de su engaño, de sus limitaciones, hasta la verdadera libertad?

Usted lo comprende y lo entiende, y por esta razón no puede retroceder. Si la santa Presencia le ha tocado, alre­dedor de usted se cierra el círculo mágico, del que ya no puede escapar. Y juntando las manos, balbucea con noso­tros la poderosa oración de Cristian Rosacruz: ¡Jesús mihi omnia!

 

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Serpentario y Cisne (III)

 

Hemos descubierto que las poderosas señales de los desig­nios divinos, a las que se hace referencia en la Confessio, se identifican con los tres planetas de los misterios: Urano, Neptuno y Plutón. Urano es el renovador del corazón; Neptuno, el renovador de la cabeza; y Plutón. el regene­rador definitivo.

Por Urano se aprende a «pensar» con el corazón o, dicho con otras palabras, a controlar los sentimientos caó­ticos, de forma que nuestra vida sentimental ya no hiera, dañe o perjudique, sino que, de manera controlada y diri­gida, lo transforme todo en bueno, puro y apacible. Cuando esto ocurre, la vida emocional se vuelve la verda­dera síntesis de Cristo y el corazón se manifiesta de la manera correcta. Por esta razón, sentimos en nuestros días, como experiencia personal, el caos en la vida sentimental. Esta fuerza devoradora atraviesa nuestro ser como una tempestad, trastornando, hiriendo y haciendo añicos lo que se encuentra en su camino, poniendo a prueba a los mejores de entre nosotros con sus calamidades y aflic­ciones. No pasa un día sin que nos llamen por teléfono o nos hablen de fracasos matrimoniales y de todo tipo de acontecimientos nefastos que se introducen a la fuerza en la normalidad de las cosas cotidianas; los hombres se quejan de sus esposas, y las mujeres de sus maridos.

Hombres y mujeres destruyen de forma vandálica, cons­ciente o inconscientemente, la dicha, la paz, el desarrollo y el karma de otros.

Es comprensible que quienes son influidos más fuerte­mente por Urano, también sean los primeros en ser alcan­zados por esta influencia negativa de Acuario. Pero tam­bién está claro que la tormenta de fuego de Acuario no puede desembocar en un caos de la vida sentimental. Pues si el hombre persiste en esta negatividad, lo que al prin­cipio tenía que ser una ascensión al cielo, se convierte en un descenso a los infiernos. No hay ni siquiera uno entre nosotros que no haya tenido que superar esta prueba de una u otra manera, que no se encuentre ante ella o que no tenga que encontrarla en el futuro. Lo importante es saber si, cuando se enfrente con esta prueba, sucumbirá ante ella y será encontrado inadecuado para la nueva era o si, por el contrario, la superará y renacerá por la otra tormenta de fuego de Acuario.

¿Cómo se llega a este renacimiento? Comprendiendo la verdadera síntesis de la señal celeste de Cristo, así como por la abnegación y la renuncia de sí mismo. El Urano mís­tico dice: «Quien quiera perder su vida, la conservará». Esto implica la completa negación de lo personal, la des­trucción de nuestras ataduras; esto quiere decir, abandonar el círculo del yo para servir a la humanidad y cargar cons­cientemente con el sufrimiento colectivo y los dolores de toda la humanidad, y así volver activa la chispa divina. La abnegación, la impersonalidad, el «ser todo en todos», es uno de los elementos más liberadores del Sermón de la Montaña.

¿Qué es lo más importante en nuestra época? ¿Que seamos felices? ¿Que obtengamos la liberación? ¿Que estemos seguros según el cuerpo, el alma o el espíritu?

¡Pues esto es lo que generalmente busca la gente! Si busca la liberación de su personalidad, jamás la encontrará. Ésta es su búsqueda del cielo; ¡pobres cristianos! Si nuestros familiares y sobre todo nosotros mismos ganásemos el cielo, estaríamos satisfechos.

Pero se trata de algo inmenso: la liberación de la huma­nidad. Por eso vienen hacia la humanidad los grandes del Espíritu. Por eso sufre y soporta el Espíritu de Cristo, y por eso un grupo de pioneros, ya hace muchos años, esco­gieron como divisa, como idea directriz, «obediencia a la obra». Obediencia a la obra, al santo trabajo de Dios. Para conseguirlo, todo lo demás tiene que desaparecer. «Quien ama a su padre y a su madre más que a mí, no es digno de mí», dice el Cristo. Con otras palabras: si el Cristo interior ha de nacer en usted, si quiere encontrar la liberación y la felicidad verdaderas, ya sabe cuál es el camino. Esta es la actividad de Acuario en sentido positivo, esto es servir a Cristo. La actividad de Acuario tiene que conducirle a la renovación de la cabeza, a Neptuno.

Si reacciona negativamente a Urano, la consecuencia inevitable es el envenenamiento y la división procedente del Neptuno negativo. Pero si emprende la gran empresa con la que le confronta el cristianismo, entonces irrumpe el divino resplandor de luz de Neptuno. A la renovación del corazón, a la realización del amor verdadero, le sigue la renovación de la cabeza, el despertar en el ser abstracto, que inflama la chispa divina. El fuego ardiente consume los velos de Isis y se realiza el gran milagro. Después del «Jesús mihi omnia – Jesús es todo para mí» el hermano de la Rosacruz liberado exclama lleno de júbilo: «Jesús, Deus et homo – Jesús, Dios y hombre». Dios y el hombre han sido unidos. El hijo pródigo ha vuelto a casa.

La Confessio Fraternitatis quiere ser completa. Por eso tenemos que hablar ahora de Plutón. Con toda la actividad de Urano y Neptuno en el mundo, la actividad de Plutón es para el hombre claro y despierto, finalmente, la más importante. Plutón es la fuerza activa, el portador de la antorcha, el que lanza la antorcha a la casa carcomida, a lo podrido y ajado.

Resulta muy bello hablar de ello, ¿pero cómo lo reali­zamos? ¿Cómo arrancamos de nuestro corazón y de nuestra cabeza lo corrompido y lo vil? ¿Cómo nos libe­ramos de la miseria? ¿Comprende que esto es lo más importante? Para ello necesita al espíritu de Plutón.

Hay hombres que corretean durante toda su vida como «niños buenos», con sus ideales, sus programas, sus veladas navideñas, sus lágrimas de Viernes Santo y sus huevos de Pascua. Cuando se los han comido, la felicidad se ha acabado. Por ello la humanidad es arrojada al infierno, que ella misma se ha creado, con sus iglesias y campanarios, con los cánticos de iglesia y salmos, con sus poetas, pensadores y filósofos de andar por casa, con sus alumnos de la Rosacruz y sus estudiantes de otras filo­sofías esotéricas. Con sus libros y fórmulas, es arrojada al infierno.

¡Quien es realmente cristiano, actúa! «No todos los que dicen Señor, Señor, entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en los cielos.» «Lo que le habéis hecho al menor de mis her­manos, me lo habéis hecho a mí». ¡Esto es Plutón!

Si está impregnado de este espíritu, puede comprender a Plutón. Plutón es el realizador, el demoledor, el recons­tructor. Plutón es, en la liberación individual gnóstica, el reconstructor, el regenerador de las santas facultades crea­doras del hombre. Lo superior sólo puede realizarse en la medida en que lo inferior haya sido reconocido y neutrali­zado. Y nadie debería pensar que lo que es aplicable al individuo, no es aplicable a la multitud.

El desarrollo de la humanidad se realiza según un plan determinado. Aprendemos, como alumnos de la Escuela Espiritual, que cada espíritu tiene que llegar a ser una entidad autocreadora, a imagen y semejanza de Dios. Por eso tenemos que consagrarnos al servicio de la liberación de la humanidad, pues este trabajo forma la base para el desarrollo ulterior, en forma de espiral, y constituye un escalón en el camino de la humanidad. Para eso tienen que desaparecer todos los obstáculos en nuestra vida, y por eso se castiga severamente todo abuso de las funciones crea­doras.

Este trabajo lo realiza Plutón, el santificador espíritu de la vida. Él lo realiza a través de nosotros, a través de la humanidad. Los diferentes pueblos son un elemento de prueba recíproca para los demás, porque la masa todavía es demasiado inconsciente. Por ello se necesitan fuertes con­mociones. Las esperamos claramente conscientes. Nosotros conocemos la actividad regeneradora de los designios de Dios, que Él ha manifestado en Serpentario y Cisne, y por ello vamos a emplear todo nuestro corazón para la tarea de Urano, toda nuestra razón para la tarea de Neptuno, y el acto realizador y reconstructor de Plutón.

Así le servimos a Él, que es, fue y será, al Señor de la Vida, a Cristo que todo lo colma, el comienzo y el final de toda actividad rosicruciana. Este Cristo se ha entregado prisionero en la Tierra según la regla eterna de la ley uni­versal del amor. Ahora la sangre de este santo se vierte gota a gota, con una monótona regularidad, en el jardín de Getsemaní. La lucha ha comenzado de nuevo.

Y la humanidad sigue durmiendo tranquilamente. Y Él, que padece, grita de dolor, y su grito estremece al mundo entero. «¿No podéis velar conmigo una sola hora?» Y siguen las tan duras palabras divinas, que suenan como un amargo sarcasmo: «Seguid durmiendo. Mirad, aquél que me va a traicionar, ya está cerca».

 

Así como Dios ha introducido sus caracteres y su alfabeto en las Sagradas Escrituras, también los ha grabado con claridad en la maravillosa obra de la creación, en los cielos, en la tierra y en los animales; para que podamos reconocer con antelación el oscurecimiento de la iglesia y su duración, tal como el astrónomo prevé los eclipses solares y lunares.

De estos caracteres hemos extraído sin excepción toda nuestra magia y, basándonos en ella, hemos compuesto una nueva lengua, que exprese la esencia de las cosas. Por ello, no sería de extrañar que nos expresáramos torpe­mente en las demás lenguas, así como en este latín. Después de todo, sabemos que estas lenguas no tienen comparación con las de Adán o las de Enoch, las cuales fueron sepultadas bajo la confusión babilónica.

ConfessioFraternitatisR.C.,

 

5

El nuevo lenguaje de la magia

Quien estudia con profundidad la Confessio, seguramente llegará a la conclusión de que este antiguo escrito no es una confesión de fe en el sentido corriente, es decir, no se trata de una exposición dogmática de lo que es compatible o no con la convicción de los rosacruces, sino que al con­templarla detenidamente se manifiesta como una poderosa profecía. Si dejamos a un lado la rudimentaria opinión exotérica, que a veces parece tan ingenua, se nos revela su sentido universal, ilimitado, y vemos que el luminoso camino de la verdad se extiende como un amplio arco de horizonte a horizonte.

Este arco de la promesa refleja todos los colores visi­bles e invisibles, que en realidad son inherentes a los sonidos de la armonía de las esferas, de manera que no sólo podemos hablar de un espectro de colores, sino tam­bién de un espectro de sonidos. Se trata de una ley contra la que un artista mágico nunca atentará. Si el buscador uti­liza la llave correcta para esta antigua sabiduría, abre una corriente de sabiduría tan inmensa, tan penetrante, que quedará fascinado.

En el campo astral existe un lugar llamado la Montaña Sagrada. El alumno que se acerca por primera vez a la Montaña Sagrada intenta escalarla. Con una fuerza colosal quiere escalar el escarpado risco ya que, al contemplar la montaña, piensa en una prueba que debe ser superada. Extiende sus manos y tensa sus músculos. Pero tan pronto como intenta asirse a los primeros salientes, para impul­sarse hacia arriba, sus manos se aferran al vacío: las rocas son irreales. La Montaña Sagrada no es un macizo de piedra, sino que está constituida por fuerza.

Ante este descubrimiento, el alumno se tambalea. Entonces intenta penetrar progresivamente en el interior de la montaña. Pero, al primer paso, es repelido. Es como si su cabeza chocase contra una pared. La Montaña Sagrada se transforma para él en lo contrario. La fuerza se le mani­fiesta como materia. Esta es la ilusión de nuestra era, una ilusión de la que incluso son víctimas los filósofos. Hegel tropezó con ella en su dialéctica, la falacia sobre la relación entre fuerza y materia y sus interacciones en este orden de la naturaleza caída. El hombre se aferra a la materia y trata de elevarse con ella; quiere ascender escalando la materia, pero en el intento descubre que las formas materiales son relativas, que en realidad no existen, que son ficticias, efí­meras. Entra así en crisis y, al descubrir que la materia es fuerza, intenta atravesarla, pero entonces se manifiesta la dialéctica. La fuerza le repele y él se revuelca en la materia de la relatividad. Se rasca con un trozo de teja. El drama clásico de Job se repite miles de veces.

El hombre que no acepta a «Job», que no conoce a «Job», se encierra en la dialéctica. Al ascenso le sigue la caída, al progreso el retroceso, en una sucesión sin fin. Así el misterio de la Montaña Sagrada sigue siendo un enigma sin solución.

De Job se dice: «En todo esto, Job no pecó». Su fe inte­rior y su confianza permanecieron inquebrantables. Así el alumno encuentra el método con el que puede «abrir» la montaña, pronuncia la palabra, expresa la fórmula mágica, por la que se manifiesta el arco del Señor. La puerta se abre, el peregrino puede entrar.

¿Qué palabra, qué fórmula mágica es pronunciada? ¿Con qué milagro se elimina toda la dialéctica?

El mayor de los milagros se encuentra en la simpli­cidad de las cosas. Todos conocen las palabras mágicas. Las encuentran en su Biblia. En sus oraciones las han repe­tido infinidad de veces. Las han vaciado de contenido.

La fórmula mágica, con la que el alumno abre la puerta de la Montaña Sagrada, está contenida en las palabras pro­nunciadas por Cristo, el fundador de los misterios cris­tianos: «Hágase Tu voluntad».

Cuando una persona pronuncia estas palabras sin una comprensión correcta, le sobreviene la calma, la espe­ranza, el pensamiento de que una fuerza exterior, Dios, ya lo hará todo. Pero el alumno en el camino, que ha descu­bierto que la voluntad universal se manifiesta en su ser más profundo y que quiere revelarse a través de él, el alumno que ha penetrado en la Montaña Sagrada por el servicio de amor que se entrega en oblación, conoce la calma de la seguridad, conoce la fuerza divina que yace en él, y se acerca a la Montaña Sagrada con estas palabras, que no deberían pronunciarse muy a menudo. Al igual que Moisés en la narración simbólica del Antiguo Testamento, golpea con su vara la montaña y con su magia hace brotar el agua de la vida. Así, el alumno que ha madurado para ello es acogido en la montaña de la realización y es sumer­gido, por el agua viva, en una sabiduría inconmensurable. Es acogido en la esencia ilimitada de las cosas, de donde no es posible volver a caer.

Toda sabiduría se protege a sí misma. Usted no puede alcanzar la sabiduría con manos impuras, pero no obstante, está ahí para todos. Antiguamente toda sabiduría se irradiaba a través de los estrechos canales de las escuelas de misterios, porque no era posible hacerlo de otra forma, ya que el hombre aún se encontraba en una fase de desarrollo infantil y no podía entender la sabiduría de otra manera. Pero ahora se enseña un nuevo lenguaje de la magia, que no hemos inventado nosotros, sino que ya se hablaba en la Confessio Fraternitatis y que en estos años prodigiosos se está imponiendo sobre nosotros.

La misión de la Escuela de Misterios, del maestro, de los hermanos mayores, de los servidores de Dios y de todos los demás medios auxiliadores, ha cambiado com­pletamente por la intervención del sublime Espíritu de Cristo en nuestro tiempo. Ahora se trata del camino y de la propia vida.

Todos los grandes de espíritu se han esforzado, tanto durante la fase de involución como al principio de este pro­ceso de evolución que está comenzando, por desarrollar en los grupos pioneros todos los valores que capacitan al ser humano para avanzar hacia la Montaña de la Realización. El camino está allanado desde hace eones y nuestro orga­nismo espiritual y material está totalmente equipado para recorrerlo. El arco de la promesa ha estado brillando en el firmamento espiritual desde los tiempos de Noé. Así el camino es la base, el puente dorado hacia la meta. Cristo y sus servidores trabajan en el mantenimiento de este puente, el cual es atacado constantemente por las fuerzas de la magia negra.

Y aquí está la propia vida, aquí estamos nosotros. Tenemos que recorrer este camino en la fuerza de Cristo, paso a paso. La meta no es el camino, sino la propia vida. En esta obra de la creación eterna, en la que nos corres­ponde un papel principal como espíritus puros, se trata de que las entidades humanas lleguen a ser conscientes. Éste es el gran drama que representamos juntos desde hace millones de años.

También forma parte de ese desarrollo el que las escuelas de misterios, tal como las conocemos del pasado, sean disueltas y renovadas completamente. Cuando Cristo envió a los sanadores y éstos regresaron, después de rea­lizar su trabajo, entusiasmados y llenos de fuerza, les dijo: «En verdad os digo, cosas más grandes que éstas haréis». Al igual que ahora Cristo y sus auxiliadores tienen que formar para nosotros el puente de la realización y mante­nerlo, así también en el futuro nosotros tendremos que ser el puente para aquellos hermanos y hermanas que todavía no han encontrado el camino. Por eso, todos los que son conscientes, todos los que han oído la llamada de esta voz interior, son conducidos hacia la Montaña Sagrada. En esta montaña son transformados en la piedra de oro, la piedra de los sabios, y con estas piedras se construye el arco del Señor, el puente dorado.

Cuando Pablo dice: «Trabajad para vuestra bienaven­turanza con temor y temblón), no está diciendo que cada uno mire por sí mismo y Dios cuidará de todos; sino que establece la exaltación de la hermandad en la verdadera amistad. Nadie puede alcanzar su liberación sin la libera­ción de los demás. Todos tenemos que esperar a todos los demás. Juntos formamos una única jerarquía de seres, un cuerpo, un organismo palpitante.

Por esta razón la enemistad y el odio no tienen sentido, ya que por la aplicación de una ley natural la enemistad y el odio se convierten en amor y amistad. Por eso debemos amar a nuestros enemigos y hacer el bien a quienes nos odian. Éste es el cumplimiento de la ley más elevada y de los profetas. Ésta es la más elevada lógica que usted puede comprender.

Pero la ley del amor no es suave. ¡Exige todo o nada! La ley del amor tampoco significa pacifismo. La ley del amor destruye.

“Dios es amor”, decimos repitiendo las Sagradas Escrituras. Pero Dios es también un fuego devorador. Para que la ley del amor se cumpla en y con respecto a nosotros, es necesario romper absolutamente con todo lo viejo.

El amor no crece en una tierra corrompida, el amor no prospera en la oscuridad, el amor no admite compromiso. El amor verdadero es lo absoluto desde el remoto comienzo. Con esto queda todo dicho. Este impulso del amor supera y destruye todo lo que se opone a él. El amor lo puede todo. Tenemos que construir el puente de la rea­lización por medio de la abnegación. Sobre nuestras espaldas, por nuestro sacrificio, los hermanos y hermanas podrán dar un nuevo paso en el desarrollo humano, incluso quienes nos odian y hasta nuestros enemigos. Toda alma que colabora en esta inmensa tarea, puede impedir mucho derramamiento de sangre. Toda alma que escucha la voz que llama, pero la rechaza, dicta su propia sentencia.

Ahora hemos utilizado el nuevo lenguaje de la magia. Los caracteres de este lenguaje fueron grabados diáfana­mente, durante su milagrosa creación, en los cielos, en la Tierra y en los animales, para que pudiéramos reconocer con antelación lo que está por venir. De todos estos carac­teres hemos extraído nuestra escritura mágica. En estos años estamos hablando una nueva lengua, porque hemos abandonado los viejos modos de proceder, y ya no podemos seguir hablando el antiguo latín. Además, tam­poco queremos hacerlo. Las lenguas del pasado, el antiguo modo de ver las cosas, bajo el que vivimos y padecemos, ya no concuerdan con la lengua de Adán ni con la de Enoch.

«Adán» es el camino de la humanidad. «Enoch», el sendero de la iniciación. Es imposible para un hombre acercarse a la puerta de «Babel», a la puerta de la realiza­ción, mientras siga hablando el antiguo lenguaje: la babiló­nica confusión de las lenguas. ¿Reconoce por qué son tan críticos los tiempos en que vivimos, y qué nos hace sentir tan terrible ansiedad? Todos los sistemas de liberación que han sido ideados actualmente por hombres, se basan en el antiguo lenguaje. Todo idealismo está unido al «antiguo latín». La iglesia y el culto religioso están firmemente anclados en él.

La Escuela de Misterios se ha manifestado ahora públi­camente, porque hasta los buscadores en el camino esoté­rico, incluso los que aspiran con seriedad, todavía siguen expresándose, en mayor o menor medida, en el «antiguo latín», todavía siguen aferrándose a este mundo y a su conocida falsedad. Por ello, un nuevo lenguaje de la magia tiene que abrir primero los cielos y sacudir el mundo hasta en sus cimientos, porque la ley del amor, con su «todo o nada», lo exige así. Entonces el hombre podrá escuchar y entender la lengua de Adán y la de Enoch, y la Escuela de Misterios podrá cumplir totalmente su misión.

Como un tremendo gemido, la llamada de Dios recorre rápidamente el mundo resonando como el sonido de un trombón. Los iluminados gritaban antaño: «¡Oh, si se des­garrasen los cielos!» y realmente: ¡los cielos se desgarran! Y se percibe el nuevo lenguaje que ha sido extraído de las señales eternas de Dios. Es la llamada de Acuario, del cris­tianismo vivo.

Usted ve las nubes oscuras, pero tras ellas brilla e irradia la luz de la Montaña Sagrada. Pronunciemos el mántram sagrado conscientemente, con positivismo, impulsados por la ley del amor que quiere salvar a la humanidad. Entonces se abrirán los cielos y se mostrará el arco de la promesa. La puerta de la realización, la Babel verdadera, se abrirá, y podrá oírse el coro invisible, acom­pañado de címbalos y flautas: «Ésta es la puerta del Señor, a través de la cual pasará el pueblo liberado.» ¡Hágase tu voluntad! – Amén.

 

 

 

Sin embargo, no debemos dejar de exhortar que, mien­tras quede alguna pluma de águila que dificulte nuestro objetivo, nosotros les aconsejamos que lean y apliquen permanentemente la Santa Biblia. Que quien se sienta satisfecho con ello, sepa que se está acercando a nuestra Fraternidad. Así como la esencia de nuestras reglas es que, en esta obra maravillosa que es el mundo, no hay nin­guna letra que no haya sido grabada en nuestra memoria, de la misma manera consideramos nuestros semejantes y más próximos a nosotros a quienes tienen este libro único, la Santa Biblia, como el resumen y la quintaesencia del mundo entero, objetivo y término de su vida, de sus estu­dios y de todo su empeño.

A ellos, no les pedimos que tengan siempre el conte­nido de este libro en sus labios, sino que lleven su propó­sito a este mundo, adecuándolo al conjunto de períodos y edades. Pues tampoco entra en nuestras costumbres vul­garizar las Sagradas Escrituras, como sucede con algunos que, ante la infinidad de interpretaciones, intentan man­tener en pie la interpretación de su grupo, o con otros que la trivializan con la vieja maldad, dado que son tan moldeables como la cera, para que sirva tanto a teólogos como a filósofos, sanadores y astrólogos.

Más bien deseamos profesar en público que, desde los comienzos de este mundo, no ha existido un libro superior, mejor y más saludable que la Santa Biblia. Bienaventurado quien la posee, más bienaventurado aún quien la lee, y el más bienaventurado es quien ha profun­dizado en su contenido, mientras que quien es capaz de comprenderla y obedecerla se asemeja a Dios.

Confessio Fraternitatis R.C., capítulo X

 

 

 

 

6

El libro maravilloso

Nosotros, buscadores del misterio oculto, sabemos que en todo el universo reina el sistema y el orden, y que el universo se desarrolla de eternidad en eternidad según leyes imperecederas.

Nosotros que, paso a paso, vamos apartando los velos que nos separan de lo inexpresable, descubrimos el plan en cada realización.

Nosotros, que indagamos las relaciones entre macro­cosmos y microcosmos, reconocemos el magnífico equilibrio existente en todo.

Nosotros, que subimos por los estrechos peldaños de la escalera de Mercurio, para elevar nuestro ser cons­ciente en los mundos de lo invisible, vemos fluir en el éter las corrientes de vida de los reinos de la naturaleza.

Nosotros, que nos acercamos al gran silencio, escuchamos las voces del silencio.

Nosotros, alumnos de la Escuela Espiritual, que entramos en el Templo del Espíritu, alcanzamos la gloria del pen­samiento abstracto.

Nosotros, servidores del fuego, escrutamos profunda­mente las fuentes del poder humano. Sabemos, desde siempre, cuál es la vocación del hombre.

Nosotros, Cosechadores de rosas en el jardín de Fohat, vemos brillar en un instante, como en un arrobamiento de los sentidos, el camino de desarrollo de horizonte a horizonte.

Nosotros, que de este modo multiplicamos nuestra ciencia, ensanchamos nuestros horizontes, ampliamos nuestra conciencia, cargamos nuestras facultades con energía dinámica, pasamos de la sorpresa a la admiración, de un profundo asombro a una balbuciente adoración, a la humildad, al servicio de Dios.

Nosotros, de quienes se dice que tenemos el frío raciocinio en la más alta estima, experimentamos cómo nuestro conocimiento culmina en una profunda convicción reli­giosa.

Nosotros nos inclinamos ante la majestad de Dios, porque toda investigación profunda revela la intervención de Dios en todos los reinos, porque experimentamos la fuerza que se encuentra detrás de todo, la fuerza sublime que mueve a nuestro planeta a través del espacio, a saber, la Luz del Mundo: Cristo.

Tal como ya hemos asegurado con insistencia tantas veces, la Orden de la Rosacruz es, sin ninguna restricción, cristocéntrica, y no sólo en sentido abstracto, sino hasta en los mínimos detalles y, por supuesto, igualmente en lo que res­pecta a su terminología, que es puramente cristiana. El abandono de la terminología cristiana no sería justificable desde el punto de vista gnóstico-científico y privaría a nuestro movimiento, a nuestro trabajo en el mundo, de la fuerza que tanto necesita. Vamos a intentar explicarle el porqué.

En nuestra época existen innumerables y excelentes representantes de la humanidad que transmiten a las mul­titudes muchos y elevados valores espirituales y morales, valores que son necesarios para la continuidad de la vida que sigue el plan de Dios para el mundo, y que tienen que ser transmitidos con fuerza a ciertos grupos. Pero todas estas cosas realmente bellas no pueden equipararse con el cristianismo. En el mejor de los casos, podríamos decir que dilucidan algunas consecuencias del cristianismo o que apuntan a un camino que conduce al cristianismo vivo.

Nosotros somos alumnos de la Escuela de la Rosacruz de Oro. Explicamos el lenguaje de nuestro Padre y Hermano Cristian Rosacruz y de sus hermanos. Queremos ser servidores de la Escuela de Misterios de Occidente. Queremos ser heraldos de la enseñanza de la sabiduría de occidente. Queremos anunciar la religión mundial que se nos ha manifestado, el cristianismo gnóstico vivo, cuya esencia está destinada a colmar el mundo, y no sólo según su espíritu y su verdad —ya que esto se sobrentiende— sino también con su terminología.

Lógicamente, algunos comentarán: «¿Cómo puede tener una mentalidad tan estrecha alguien que se llama alumno de la Escuela Espiritual y cuya meta es la demoli­ción de este orden natural, como para aferrarse tan minu­ciosamente a unas simples palabras, a una terminología? ¿Acaso no conoce la frase: «Ay de quien tome el vestido de la Tora por la propia Tora»? ¿No es cierto que el vestido no es lo importante? ¡Es algo secundario! Aquí debemos tener en cuenta lo esencial».

A esto replicamos, con todo el respeto debido a los grandes trabajadores que actúan en este mundo —pues todo contribuye al bien—, que precisamente nosotros, como alumnos, como sucesores de nuestro Padre Cristian Rosacruz, defendemos con todas nuestras fuerzas la termi­nología cristiana, porque es mágica y representa la fuerza de nuestra Orden. Puede que el vestido de la Tora no sea esencial, no sea lo principal, pero sin embargo, no es inútil ni secundario. ¿Qué alumno serio no apreciaría que el ves­tido, en sentido espiritual, sea el reflejo de lo interior?

Tanto si lee la Biblia de forma exotérica como esoté­rica, usted está sujeto a la profunda fascinación de su inmensa magia. El vestido y el ser se han convertido en una maravillosa unidad, y usted tiene que conocerlo para poder acercarse a los misterios crísticos. Incluso simple­mente como libro, por su presencia, la Biblia ejerce un efecto misterioso, una fuerza extraordinaria.

¿Qué es un libro, un libro cerrado en su librería? Algo muerto. ¡Pero no ocurre lo mismo con su Biblia! Usted ve dicho libro en el foco de nuestros templos. ¿Está allí como simple elemento decorativo? ¿Se trata quizás de un pia­doso símbolo místico y nada más? No, este indecible ele­mento mágico, este foco de la sabiduría de Cristo en la oscuridad de este mundo puede, incluso sólo como libro, purificar la atmósfera de nuestros templos de todas las fuerzas malignas. ¡Ellas no se atreven a acercarse al libro abierto!

Los enfermos invadidos por fuerzas astrales saben, al igual que nosotros, que el libro abierto crea a su alrededor un círculo mágico protector. Por ello la terminología bíblica es una de las condiciones para nuestra proclama­ción. No existe ningún otro libro sagrado en el mundo que ejerza tal influencia.

Otro ejemplo que queremos darle se basa en una opi­nión exotérica cristiana muy simple: Un alma sencilla que ansia la sabiduría, la liberación de sus temores, por la lec­tura de la Biblia ya se coloca – aunque suceda sin que com­prenda prácticamente nada- bajo la fascinación, la influencia de su fuerza mágica, realiza ya un aspecto de lo que llamamos fe. Si lee el capítulo 11 de la Epístola a los Hebreos, comprenderá de lo que es capaz la humanidad cuando está animada por la fe. «Y si tuvieseis una fe tan pequeña como un grano de mostaza, podríais mover mon­tañas».

¿De qué fe se habla aquí? ¿De fe en una u otra termi­nología? Naturalmente que no. Aquí se habla de fe en Cristo, que no sólo es una idea, sino una fuerza que gobierna y domina toda la realidad de nuestra existencia. Esta fuerza se nos ha manifestado con un vestido determi­nado, que no ha sido confeccionado por nosotros, sino por los Señores del Destino, que dan a cada uno lo que requiere para su desarrollo espiritual. Este vestido es man­chado, escupido, desgarrado e incluso negado por muchas iglesias en sus aspectos más elementales, pero, a pesar de todo, la forma nos acompaña como una ayuda de Dios.

¿Puede ahora comprender la fuerza de fe, el poder del Evangelio, que no nos habla de forma abstracta, sino que allí donde es necesario, se vuelve clara, resplandeciente, precisa e irrefutable?

La humanidad busca la liberación, pero la liberación ya está aquí.

La humanidad busca un héroe fuerte, pero el héroe fuerte ya está aquí.

La humanidad busca una filosofía salvadora, pero esta filo­sofía ya está aquí.

Hay hombres que buscan la magia liberadora, pero esta magia ya está aquí.

La fuerza de las fuerzas vive entre nosotros y tenemos que llevarla a la conciencia del mundo y de los hombres.

Algunos hombres hablan de un profundo humanismo que debe extenderse en este tiempo. Bien, pero tal expresión aclara muy poco. No se puede hablar en absoluto de pro­fundo humanismo si no recorremos el camino de la huma­nidad. En ese camino encontramos a Cristo, y Él nos dice: «¡Sin mí, nada podéis!»

Ante esta realidad se inclina también, en primer lugar, el alumno. Si incluso en el hombre sencillo, que bebe la «leche» del manantial del saber exotérico, se puede hablar de seguridad de fe, ¡cuánto más será entonces la fuerza de fe, la certeza en la fe, de quienes pueden tomar el «ali­mento sólido» del aspecto gnóstico de la palabra divina! Ellos son llamados a algo tan imponente, sublime y colosal, que no podemos encontrar palabras para expre­sarlo.

La magia del cristianismo lo abarca todo y está más cerca que las manos y los pies. Ha sido erigida como una alta torre en la Biblia. Es sostenida por los eternamente grandes, los Señores del Destino, que están por encima de todo error. Esta magia es tan magistral que hace hablar a las piedras. El amor de Dios hace que el libro muerto cobre vida y destelle ardientes chispas, que hacen huir a todo lo que pertenezca a la oscuridad.

¡La magia del cristianismo está ahí para usted! Es la fuerza de Dios, el ofrecimiento de la ayuda de Dios, la fuerza de Dios para la bienaventuranza. Debemos apor­tarle este Evangelio porque sabemos que de ello depende, y por él es realizada, toda renovación definitiva de la humanidad, pues la Biblia es una síntesis mágica, un reflejo de la propia palabra viva que mora entre nosotros. Como fórmula mágica, este libro maravilloso puede ahu­yentar la oscuridad y romper el hechizo del mal, de la misma manera que la palabra viva romperá con fuerza el hechizo y la maldición bajo cuyo peso camina encorvado este mundo, y llamará a la humanidad hacia una nueva era. Estos tiempos son tan importantes porque —según nos lo explica muy detalladamente el libro maravilloso— el tiempo ha llegado.

Ahora que le ha sido dado un conocimiento esotérico elemental ya puede usted comprender qué fuerza se encuentra en esta magia y qué inexpresable manantial de fuerza está contenido en la palabra viva y en su reflejo, la Biblia. Y si su fe en todo esto fuese pequeña como un grano de mostaza, podría mover montañas.

¿Comprende ahora qué pretendemos con nuestro tra­bajo? Queremos realizar la exigencia de la Biblia de forma gnóstico-científica con las armas del amor. Si, a pesar de haber sido reiteradamente mancillado con las tachas de este oscuro mundo, este libro maravilloso posee fuerza como síntesis mágica, cuánta más fuerza se liberará si emplea esta fórmula mágica conscientemente.

No somos nosotros quienes le hablamos; sólo somos portavoces de la sabiduría contenida en la Confessio Fraternitatis. Allí puede leer:

No debemos dejar de exhortar que, mientras quede alguna pluma de águila que dificulte nuestro objetivo, nosotros le aconsejamos que lea y aplique permanente­mente la Santa Biblia. Que quien se sienta satisfecho con ello, sepa que se está acercando a nuestra Fraternidad. Así como la esencia de nuestras reglas es que, en esta obra maravillosa que es el mundo, no hay ninguna letra que no haya sido grabada en nuestra memoria, de la misma manera consideramos nuestros semejantes y más próximos a nosotros a quienes tienen este libro único, la Santa Biblia, como el resumen y la quintaesencia del mundo entero, objetivo y término de su vida, de sus estudios y de todo su empeño.

Unas pocas plumas de águila obstaculizan nuestro avance. Todos los hombres llevan muy dentro de sí la conciencia de su realeza. Todos ellos perciben, en sus mejores momentos, la vibración de su chispa divina en el interior, pero todas estas sugestiones son sólo una débil sombra de lo que vendrá después. Son algunas plumas sueltas del ves­tido de la futura águila, y aunque los niños puedan jugar con trozos de tiesto, los adultos, sin embargo, no deben conformarse con pedazos de la totalidad.

El todo sólo puede formarse cuando el hombre acepta conscientemente la fuerza que realiza todo en todos, cuando pasa de la sorpresa a la admiración, del profundo asombro a una adoración balbuciente, de la humildad a una alegre y jubilosa exaltación de la Luz del Mundo: Cristo. Porque:

Aunque Cristo hubiese nacido mil veces en Belén, si no ha nacido en ti, seguirías estando perdido.

 

 

Acerca del juicio emitido por nosotros, sobre los impos­tores, en cuestión de transmutaciones de metales y del remedio supremo del mundo, esto es lo que queremos decir: no queremos menospreciar en absoluto este don de Dios. No obstante, como este don no conlleva el incesante conocimiento de la naturaleza y, sin embargo, la filosofía sí enseña este conocimiento, además de una infinidad de otros misterios de la naturaleza, quedará claro que prefi­ramos las enseñanzas de la filosofía y que estimidemos a los espíritus más lúcidos y perspicaces a que estudien con exactitud la naturaleza, en lugar de tintar metales.

Insaciable debe ser la avaricia de quien ha llegado a ser indiferente a la pobreza, a las contrariedades, a las enfermedades y que incluso se ha elevado por encima de toda la humanidad, hasta el punto de dominar aquello que atormenta, angustia y martiriza a los demás. Seguro que tal hombre, finalmente, siempre se vuelve hacia las locuras de la naturaleza, construyendo casas, empren­diendo guerras y perdiendo la humildad, ya que piensa que posee suficiente oro y un río de plata inagotable.

El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. El otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfarrones a la soledad; un justo castigo para el embustero romano, el cual se ha desbordado de blasfemias contra Cristo y, pese a que en Alemania ha sido descu­bierta toda su abominación, incluso en pleno día se aferra a su mentira, hasta el punto de colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo.

Vendrá un tiempo en que esta víbora cesará de sisear y en el que su triple corona será reducida a la nada, tema del que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra asamblea.

Confessio Fraternitatis R. C, capítulo XI

 

7

La transformación de los metales y el remedio supremo

Dirigir la atención de quienes quieren escucharnos hacia los fundamentos cristocéntricos de la Fraternidad de la Rosacruz podría hacer que se pensara que toda la manifes­tación de la Rosacruz se centra en el estudio de la Biblia, en la descripción de los valores interiores de la Biblia y en la definición de normas para un comportamiento de vida cristiano.

Si usted ha tenido este pensamiento, tenemos que decirle que con lo dicho se trata de dejar claro el funda­mento sobre el que se apoya toda vida realmente gnóstica, ya que siempre existe el peligro de que se olvide el prin­cipio fundamental básico, se enturbie el principio original, se sepulten las fuentes de donde mana el agua viva, con el consiguiente perjuicio.

Por ello, desde el principio de su actividad hasta ahora, los rosacruces han dicho: reflexionad sobre el cristia­nismo, ¡pues el cristianismo, Cristo, es una fuerza! Es el principio impulsor, dinámico, del que nada ni nadie se puede separar.

En esto reconocemos al verdadero rosacruz, en que confiesa a Cristo y, ciertamente, no con imágenes abs­tractas, ni de forma velada, de la que se pueda deducir cualquier cosa, ni por medio de la así llamada nueva obje­tividad, ni por supuesto utilizando otra terminología, sino porque persevera en la elevada magia de la Biblia y pro­clama, como nuestro Padre Cristian Rosacruz, con un absoluto positivismo, con tranquilidad y firmeza: «Jesús mihi omnia – Jesús es todo para mí».

Así se coloca la base de forma concreta, se ilumina con claridad y se renueva constantemente con toda la fuerza, porque sobre este fundamento tienen que ser erigidos el trabajo y el esfuerzo gnóstico-científico del individuo y de la humanidad. Con decir que «Jesús es todo para mí» no se acaba el asunto, ya que, con la profunda convicción alcan­zada por la investigación gnóstico-científica, el alumno se pone a trabajar para asumir y realizar su misión en el cosmos.

Esta misión nos deja perplejos por su envergadura y significado. La Fraternidad de la Rosacruz, como Escuela de Misterios de Occidente, se sumerge en los indecibles y profundos secretos con los que trabaja. Despierta fuerzas latentes en el microcosmos y el macrocosmos, amplía su radio de acción y desarrolla las más sublimes posibilidades que están latentes en el hombre. Su camino es un camino de héroes, un trabajo titánico, en el que al mismo tiempo está presente una sensación de profunda dependencia, de que existe una fuerza, un poder sublime, que les capacita para todo: «¡Jesús es todo para mí!»

Quienes dirigen la Escuela de Misterios de Occidente, o quienes son admitidos como alumnos, dominan en mayor o menor grado las fuerzas denominadas «la trans­mutación de los metales» y «el remedio supremo». Aquí penetramos en el campo del verdadero trabajo rosacruz: La alquimia del trabajo de curación. No obstante, en el trans­curso de los tiempos, nada ha sido tan mal comprendido como estas dos expresiones de la Rosacruz.

Alquimia

Con respecto a la alquimia existen dos interpretaciones. Una de ellas ve en la alquimia la transmutación de los metales en sentido literal. Seguramente conocen los anti­guos grabados que muestran al alquimista rodeado de sus retortas y alambiques, ocupado en toda clase de miste­riosos procesos que culminan en el arte de transformar metales innobles en oro. La otra interpretación es diametralmente opuesta a la primera y considera la transmuta­ción de los metales como algo puramente espiritual. En este caso, se trataría de liberar el oro del espíritu de los límites de la vida inferior y elevarlo a una realidad supe­rior. La primera opinión es totalmente errónea. La segunda, como descripción de una de las aspiraciones de la humanidad, contiene parte de verdad; pero sigue sin decir nada con respecto a la alquimia de los rosacruces.

¿Qué es la alquimia? Un estudio más profundo, un des­garramiento de los velos nos lo mostrará. Nosotros vivimos con nuestros vehículos materiales, consciente­mente, en la esfera química del mundo material, en el nadir de la materialidad. Este mundo material se compone de elementos, fuerzas, minerales y metales.

El mundo material caído en el que vivimos está inmerso en una esencia espiritual, que es la fuerza de Cristo. La incesante tarea de esta esencia espiritual con­siste en restablecer el mundo material en su pureza ori­ginal, e impulsar a la vida que se desarrolla en él hacia el camino que le está predestinado. Cristo, que todo lo colma, recibe la ayuda de la Escuela de Misterios de Occidente para que se culmine esta misión. Detrás de todo proceso de renovación o destrucción se encuentra la Orden de la Rosacruz, trabajando febrilmente a su servicio en todos los planos y con toda su organización. Esto es alquimia, la alquimia de los rosacruces.

Esta alquimia lo abarca todo y es muy concreta. No basta con decir: «Se trata de liberar el oro simbólico del espíritu». Naturalmente que se trata de esto; ésta es, en resumidas palabras, la meta de la humanidad. Sin embargo, la alquimia pone en marcha el proceso para alcanzar este objetivo.

Un alquimista rosacruz es, por lo tanto, un hombre que colabora en la regeneración del mundo y de la humanidad de todas las formas posibles. En todos los campos de la ciencia, del arte y de la religión se puede reconocer el maravilloso proceso alquímico. No existe ninguna ciencia que esté excluida de los procesos alquímicos rosicrucianos. Tras las bellas artes se encuentra un poderoso deseo de renovación: la alquimia. Detrás de la meditación religiosa de los individuos yace el impulso dinámico hacia una orientación absoluta: la alquimia.

Somos testigos del derrumbamiento de todo un sistema social y de la desaparición de métodos caducos, anti­cuados, y percibimos un irresistible impulso por alcanzar un renacimiento total, que se expresa de múltiples formas. Este es el efecto del fuego, las llameantes lenguas de fuego bajo las retortas de los alquimistas.

¿Reconoce que así la alquimia se convierte para usted en algo vivo? ¿Reconoce que no puede relegarla a la Edad Media, en la que los magos intentaban transformar metales innobles en oro? ¿Comprende que la alquimia está muy cerca de usted, que es el latido del corazón de nuestros tiempos, que puede ver sus llamas, que puede sentir la acti­vidad de los Hermanos Mayores, que puede oír el siseo de la masa en ebullición en las calderas de cobre?

Naturalmente, se trata de la liberación del oro espiritual. Pero en todos los tiempos escuchamos las voces y vemos la actividad de los trabajadores de Dios, de los alquimistas, los transmutadores de los metales innobles en el mundo material.

Así los Hijos del Fuego atizan el fuego eterno bajo las retortas de Dios. Lo innoble es arrojado a su interior; arde ante el Señor, y de la ceniza se eleva un nuevo fénix, el pájaro de fuego.

El remedio supremo

La humanidad que lucha en el mundo material ignorando la verdadera meta de su existencia y de su combate, ha sido dolorosamente herida y dañada en todos los sentidos. Física, moral y espiritualmente, el hombre muestra toda clase de defectos y complejos. De esta realidad surge la obra universal de curación.

Así como la alquimia se ocupa de la renovación de la humanidad, el remedio supremo debe producir hombres nuevos, sanos, que puedan emprender su tarea en un nuevo mundo. De nada serviría que sólo se construyera una casa nueva, también tiene que haber hombres que vivan en ella. Por eso la alquimia está indisolublemente unida al remedio supremo. Por eso los rosacruces, en todas las épocas, siempre fueron sanadores y pudieron ayudar a los enfermos que les eran confiados. Un hilo de oro recorre la historia del mundo, el hilo de oro de la ayuda y del con­suelo, que han podido ser aportados a muchos enfermos físicos y psíquicos. Los hermanos de la Rosacruz siempre han ocupado un lugar preeminente en esta obra de cura­ción y también son los que, en última instancia, renuevan los métodos para la consecución del objetivo.

En nuestra tumultuosa época, la alquimia y el remedio supremo trabajarán codo con codo para originar una nueva manifestación, una nueva revelación, como el mundo no ha visto jamás. El proceso al químico impulsará a miles de personas, consciente o inconscientemente, hacia un com­pleto renacimiento del hombre y de la sociedad. Un nuevo resplandor de felicidad y alegría se mostrará en los rostros cenicientos de millones de hombres que ahora están mar­cados por el miedo y la desesperación. Nunca debemos olvidar que el Padre nos ha mostrado tan gran amor, que ha enviado entre nosotros a Su Hijo, el Cristo. Y, así, sucederá que el remedio supremo descenderá hacia nosotros, el remedio que curará innumerables y espantosas enferme­dades del cuerpo y del alma. Es una nueva revelación de la panacea de los rosacruces. Así son aceleradas las rota­ciones de la rueda del tiempo. Después de una noche angustiosa, la humanidad despertará en una nueva mañana.

Pero detrás de esto se esconden, a pesar de toda su magnificencia, grandes peligros. Hemos tratado algo sobre los secretos ocultos de la Escuela de Misterios y hemos comprobado que los Hermanos y sus servidores trabajan a nuestro alrededor y entre nosotros, y que la escuela de experimentación de los misterios es la vida real en toda su amplitud. Y precisamente por esta razón, y porque la pro­cedencia y la manifestación de toda alquimia y curación en todas las formas de vida y conocimiento, no nos conducen siempre al contacto directo con el eterno manantial de todas las cosas (porque algunos se ocupan de toda clase de problemas, totalmente inconscientes de las fuerzas de radiación que residen tras ellos), es necesario que quien esté ocupado en la realización actual de estos procesos, se purifique primero en la sabiduría de Cristo.

La práctica de la vida verdadera nos enseña que todo saber, toda fuerza y toda acción son utilizados errónea­mente, si no tienen su origen en la fuente eterna y no han sido purificados por ella. El hombre siente en sí una pode­rosa fuerza y, desde su egocentrismo y autoafirmación, uti­liza esta fuerza para metas que ocasionan dolor, tormento y desesperación a otras personas; que provocan ansiedad por el oro, las guerras y los crímenes. Así descubrimos que una fuerza originalmente santa se convierte en una caída. Los alumnos que están fascinados por la magia, deberían tener esto en cuenta. En cuanto olvidan, en cuanto niegan el fundamento de su trabajo y esfuerzo, éstos se convierten en una caída.

El proceso del fuego es un proceso acelerado y por ello en este camino existen también grandes peligros. Si los trabajadores ocupados en el proceso al químico de la reno­vación de la humanidad no están animados por las justas motivaciones, corren el riesgo de sufrir un accidente y dañarse a sí mismos con las llamas que se encuentran bajo las retortas, o con la explosión de sus preparados.

Quienes preparan y buscan el remedio supremo deben comprender bien que no serán considerados aptos y jamás lo serán, y que serán apartados del trabajo con total segu­ridad, si no tienen en cuenta el principio fundamental. En este contexto se dice en el capítulo 11 de la Confessio:

«El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. El otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fan­farrones a la soledad».

Los trabajadores humildes y silenciosos de este mundo penetran en la naturaleza, en la esencia de todas las cosas.

Son los que trabajan sin descanso, no para ser vistos por los hombres, sino porque la voluntad de Dios tiene que ser ejecutada.

En este mundo la impostura se encuentra invariable­mente ante una dura sentencia. A través de todos los tiempos, la impostura ha sido destruida por completo. Cuando la falsedad se apodera de las instituciones públicas, forma un obstáculo para el desarrollo ulterior. Por eso, en los próximos años desaparecerá el orden social actual y será sustituido por otro que esté más en armonía con el origen de todas las cosas.

Pero ante todo, la humanidad se separará en los pró­ximos años de las seudo-religiones. Si reflexiona profun­damente sobre el dolor y la miseria que nos aporta el mundo, y si quiere encontrar sus causas, descubrirá que la iglesia está cargada con la mayor y más profunda de las culpas. La iglesia que se denomina la representante de Cristo en la Tierra, que se cree capaz de administrar los santos sacramentos, la iglesia que afirma interpretar y pro­mulgar la verdad en toda su amplitud, es la causa de la mayor miseria, es el origen de tanto materialismo.

Cristo, en su tiempo, rechazó la iglesia. Él llamó a los sacerdotes «sepulcros blanqueados, por fuera blancos y llenos de magnificencia, pero por dentro llenos de osa­mentas y veneno». Realmente el proceso de decadencia avanza inexorablemente y con gran fuerza. No quedará piedra sobre piedra.

Debemos volvernos una nueva Iglesia, fundada sobre la verdad y que proclame la verdad. La Confessio Fraternitatis le profetiza la siguiente sentencia:

«El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. El otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfa­rrones a la soledad; un castigo justo para el embustero romano, el cual se ha desbordado de blasfemias contra Cristo y, pese a que en Alemania ha sido descubierta toda su abominación, incluso en pleno día se aferra a su men­tira, hasta el punto de colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo.

Vendrá un tiempo en que esta víbora cesará de sisear y en el que su triple corona será reducida a la nada, tema del que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra asamblea».

Dios es un fuego devorador. Si se burla del fuego sagrado y de su misión, el fuego le asirá. Será destruido en el pro­ceso alquímico y el remedio supremo pasará de largo ante usted. A través de los cambiantes tiempos resuena el rít­mico tictac del reloj de Dios, que funciona eternamente. Las agujas avanzan lentamente. Segundo tras segundo, se va cumpliendo el tiempo, hasta que sea indicada la hora en la que, por ley se ejecute, la sentencia. Claras y profundas campanadas anunciarán entonces por todo el mundo la hora del juicio; pero, gracias a Dios, también la hora de la nueva era será anunciada a la humanidad, en la que ya no habrá lugar para la cabeza de Jano con sus dos caras.

 

Al término de nuestra Confessio, deseamos recordar dili­gentemente que conviene rechazar la mayoría, si no todas las obras de los seudo-alquimistas, quienes por gusto pasan el tiempo abusando inútilmente de la Santa Trinidad y engañando al público con extrañas figuras y propósitos oscuros, esquilmando el dinero de los simples. Nuestro tiempo conoce una proliferación de gente de esa clase, entre quienes se encuentra un excelente actor del anfiteatro, un hombre muy importante y lo suficientemente listo como para engañar a sus semejantes. Este tipo de personas mezcla al enemigo de la dicha humana entre el buen grano, con la esperanza de menguar el crédito de la verdad, ya que la verdad es sencilla y desnuda, mientras que la mentira, por el contrario, se viste imponente y majestuosa, y se cubre con un velo de sabiduría divina y humana.

Evitad y huid de estas obras, vosotros que sois sabios, y buscad refugio entre nosotros. Nosotros no queremos en absoluto vuestro oro, sino que por el contrario os ofre­cemos inmensos tesoros. No queremos hacernos con vues­tros bienes bajo el pretexto de daros a cambio tal o cual tintura fabulosa, sino que deseamos haceros partícipes de los nuestros. No queremos poneros ante enigmas, sino invitaros a una explicación sencilla y clara de nuestros misterios. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospita­lidad, sino que os invitamos a nuestras casas más que majestuosas.

Sabed que no actuamos según nuestro capricho, sino según el Espíritu Divino. Tal como nuestro muy amado Padre lo ha dispuesto en su testamento, y el tiempo actual lo exige de nosotros.

Confessio Fraternitatis R.C., capítulo XII

 

8

La seudo-Alquimia

Quien estudia la filosofía esotérica, reconoce con rapidez el objetivo de la alquimia de los rosacruces y descubre que no se trata de laboratorios misteriosos con venerables per­sonajes, reclinados sobre crisoles y retortas, observando el resultado de sus extraños experimentos. Identificar a los rosacruces con los hacedores de oro de la Edad Media es una mistificación histórica, o tal vez los antiguos her­manos de la Orden actuaron así para desviar la atención de su verdadera ocupación. De la misma manera, hoy en día, muchas fuerzas inspiradas por la Orden de la Rosacruz realizan su verdadero servicio de forma completamente inadvertida, gracias a sus sencillas ocupaciones.

El significado gnóstico-científico oculto del término «alquimia» está relacionado con la gran tarea mundial de las Escuelas de Misterios. La verdad es muy sencilla, pero a la vez muy perturbadora. Debemos erradicar de su pen­samiento cualquier idea de secretismo. Los hermanos no realizan encuentros nocturnos en siniestros parajes, ni tam­poco románticas reuniones, capaces de cortarnos la respi­ración, en casas en medio del bosque, en las que se oyen misteriosos ruidos y de cuyas viejas chimeneas salen densas nubes de humos caprichosamente coloreadas por los gases procedentes de la combustión de extraños prepa­rados. Estas historias quizá podrían servir como cuentos para noches de invierno, o como venganza secreta para provocar una pesadilla a un huésped no deseado. Sin embargo, nadie debería suponer que la historia de los rosa-cruces tiene algo que ver con cuentos terroríficos. La verdad es sencilla, pero a la vez muy perturbadora. La verdad sólo pueden percibirla quienes comprenden el pal­pitar de estos tiempos.

Todo cuerpo celeste es una síntesis material de grandes fuerzas y sublimes principios que sirven al desarrollo de las diferentes olas de vida. Conocemos estas fuerzas con el nombre de metales y elementos, y desde el principio de las cosas hasta el día de hoy han estado influyendo sobre la vida en desarrollo. Originada por la mutua interacción de estrellas y planetas, siempre ha tenido lugar una constante transmutación de los metales y elementos, por lo que se puede hablar, literalmente, del gran laboratorio cósmico de Dios.

La filosofía de la Rosacruz enseña que el cuerpo mate­rial debería ser un reflejo del espíritu. Por ello se dice en la Biblia: «Somos creados a su imagen y semejanza». Por consiguiente, nuestro cuerpo material es un cuerpo celeste en pequeño y, a su vez, una síntesis material de metales y elementos. Así percibimos, tanto en el mundo de lo pequeño como en el de lo grande, el imponente trabajo que se lleva a cabo en el laboratorio cósmico de Dios.

Todo lo que ha sido, es y será, es generado por el cons­ciente y hábil juego y contra-juego de fuerzas y elementos: Él dispone y es. Él ordena y existe. De este juego y contra­juego de fuerzas y elementos surgen todos los cuerpos celestes y todos los cuerpos humanos. El hombre cons­truye su casa de esta materia primordial que se encuentra dispersa por doquier y que es reunida de todas partes. Los elementos y metales existentes en todas partes —la Fama Fraternitatis constata enfáticamente que no hay espacio vacío— son reunidos e impulsados en el espacio por la fuerza de Dios en un movimiento de remolino, y así nacen soles que proclaman la gloria del universo: «Los cielos anuncian la gloria de Dios y el firmamento proclama la obra de Sus manos».

Así vemos cómo se realiza en nosotros y a nuestro alre­dedor el gran milagro, y nuestras manos se unen en ora­ción ante Él, ¡que pensó los mundos, y fueron creados! Así el gnóstico lee el lenguaje de las estrellas y de su corazón se eleva un jubiloso agradecimiento por el hecho de que le haya sido permitido sondear algo de este sublime alfabeto mágico. El gnóstico se encuentra ante las retortas de Dios; ve el juego y contra-juego de las fuerzas; contempla las inmensas rotaciones y formaciones en el gran laboratorio alquímico cósmico, la obra de Dios, el primer aspecto de la Santa Trinidad, la manifestación del gran reino de la naturaleza, que también se manifiesta de forma triple.

Hemos nacido según la naturaleza y según la natura­leza debemos perecer, tal como toda manifestación mate­rial vuelve a sucumbir en el caos, a no ser que la fuerza de Cristo empiece a brillar sobre nosotros, y alcancemos el renacimiento. Éste es el segundo aspecto de la alquimia, y este segundo aspecto es la alquimia de los rosacruces, en el que se encuentra la palanca de la realización.

Del primer aspecto de la alquimia procede, por ejemplo, la ciencia química. Las fuerzas contenidas en los metales y elementos pueden y deben ser aprovechadas por el hombre y su civilización. Estas fuerzas activas en el laboratorio alquímico actúan con un objetivo determinado. Incluso tras un examen superficial se puede percibir que el sublime método de Dios actúa perfectamente hasta en los más pequeños detalles. Este método y su objetivo nos son explicados por medio de la segunda fórmula alquímica. Esta fórmula es la base de la religiosidad de la humanidad. Hasta el día de hoy se han ido sucediendo una religión tras otra, y ahora experimentamos el verdadero despertar del cristianismo, cuya interpretación esotérica nos explican los rosacruces. El iniciado Pablo dice de Cristo: «Él nos explica al Padre», y el fundador de la Orden de la Rosacruz dice al respecto: «Jesús es todo para mí». La filosofía de los rosacruces nos enseña que el espíritu de Cristo ha extendido su aura alrededor de nuestro planeta. Estamos rodeados por Él, como en un círculo; y, si queremos alcanzar la realización, sólo podemos hacerlo a través de Él.

Éste es el segundo proceso alquímico. Es un proceso puramente espiritual, puramente místico, que obtiene en la filosofía rosacruz una base razonable. Esta filosofía no es una filosofía mental, sino una síntesis del pensar con el corazón, por la que la religión cristiana deberá volverse una fuerza viva en la vida del hombre. Sólo cuando se haya realizado algo de esta fuerza viva, se podrá hablar de «rea­lización» en la Escuela de Misterios de Occidente.

Así el alumno alcanza el tercer aspecto de la alquimia, el tercer aspecto de la Santa Trinidad: la realización, la Gnosis. En el tercer aspecto encuentra su explicación el objetivo del primero, tal como es hecho posible por el segundo. Todo este desarrollo está descrito en los cuatro evangelios, a los que debemos considerar como cuatro métodos de iniciación.

Los discípulos, después de su regeneración material, fueron guiados por Cristo hasta la realización del día de Pentecostés. Toda realización sólo puede ser alcanzada en los misterios de Occidente por esta vía, pues este camino se encuentra sincronizado con la Triple Ley universal cósmica. La Triple Ley se manifiesta en una infinita diver­sidad de aspectos en cada principio vital. Así se puede reconocer que la alquimia de los rosacruces, a fin de cuentas, se basa en una verdad sencilla, pero también espe­cialmente inquietante. ¿Por qué? Porque se descubre la gran distancia que existe entre la meta y la actual fase de desarrollo de la ola de vida humana.

Por eso, la Confessio Fraternitatis advierte insistente­mente contra toda seudo-alquimia, es decir, contra todos los métodos y prácticas que desvían de la meta y de la esencia de las cosas. La seudo-alquimia ha penetrado pro­fundamente en todas las formas de manifestación del hombre y de la sociedad. Ella es la respuesta de lo nega­tivo ante lo positivo.

La seudo-alquimia también se manifiesta triplemente. En el primer aspecto, vemos la degeneración de la materia densa, el mundo del materialismo, el mundo del egoísmo, el mundo de Lucifer. En el laboratorio cósmico de Dios vemos que todas las fuerzas actúan conjuntamente para lo bueno, lo bello y lo verdadero, en un eterno esfuerzo por crear la base de la evolución. En el laboratorio infernal de la seudo-alquimia, el soberano absoluto es el egocentrismo y la bella interrelación de las fuerzas degenera aquí en un antagonismo de principios y de intereses, en una situación altamente explosiva que encierra inevitables peligros, en la que los demonios acechan a los condenados, manchados de sangre, como las bestias del abismo.

El segundo aspecto de la seudo-alquimia es la carica­tura del misticismo. Las ovejas que todavía no disponen del pensamiento libre y quieren percibir a Cristo por medio de las iglesias, son cambiadas en trueque por sus pastores, como mercancía, a los acechadores demonios del mal. Esto se debe a que  su  caricatura de misticismo  se encuentra todavía profundamente anclada en el primer aspecto, el egocentrismo, elevado a la categoría de pilar del orden social.

Y así el tercer aspecto de la seudo-alquimia completa la siniestra burla del ridículo. Se muestra la sarcástica carica­tura de la ambición oculta, el astuto y perspicaz enemigo que se mezcla entre la buena semilla. Ofrece monstruosos símbolos y relatos misteriosos, que prometen iniciaciones y liberación. Aquí se trata, en breves palabras, del ocul­tismo negativo que conduce a caminos espirituales abe­rrantes y a prácticas oscurantistas, cuyo objetivo es la obtención de ventajas económicas u otras ventajas mate­riales. Este ocultismo, la caricatura de la aspiración a la realización, muestra, quizá más dramáticamente que la iglesia, la terrible degeneración. Quienes quieren alcanzar lo más elevado conducidos por el egocentrismo, cometen la más terrible de las maldades.

La verdad es muy sencilla, pero a la vez muy perturba­dora. La verdad enseña que la renovación material es una ley mundial. La verdad enseña que todo egocentrismo debe ser absorbido por el amor al prójimo. La verdad enseña que este renacimiento sólo es posible por el santo método del cristianismo. Y la verdad enseña que toda rea­lización, el cumplimiento de la Triple Ley, sólo es posible si los requisitos previos se han cumplido totalmente.

La verdad es muy sencilla, pero a la vez muy perturba­dora. Es perturbadora porque descubrimos que los vol­canes amenazan con entrar en erupción con una fuerza demoníaca. Perturbadora, porque descubrimos que el mis­ticismo pueril no posee suficiente fuerza interior ni discer­nimiento para poder romper, en Cristo, el hechizo y el maleficio. Perturbadora, porque los misterios, lo más sagrado y puro, son asaltados por los más carentes de escrúpulos. El cumplimiento se asemeja a una copa, al cáliz de las pruebas. Quien bebe indignamente de él, bebe su propio juicio.

La verdad es muy sencilla. Por eso dice la Confessio:

« Evitad y huid de estas obras, vosotros que sois sabios, y buscad refugio entre nosotros. Nosotros no queremos en absoluto vuestro oro, sino que por el contrario os ofre­cemos inmensos tesoros. No queremos hacernos con vues­tros bienes bajo el pretexto de daros a cambio tal o cual tintura fabulosa, sino que deseamos haceros participes de los nuestros. No queremos poneros ante enigmas, sino invitaros a una explicación sencilla y clara de nuestros misterios. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospita­lidad, sino que os invitamos a nuestras casas más que majestuosas.»

Ésta es la llamada de los Señores de la Sabiduría que que­remos transmitirle.

La verdad es muy sencilla, pero difícil de cumplir. La verdad es muy sencilla, pero su exigencia es inmensa. La verdad es inconmensurablemente rica, pero se encuentra en una elevada montaña. Quien quiera encontrarla, tiene que buscar el camino.

Buscad y encontraréis. Llamad y se os abrirá.

 

 

 

 

                                                              

EL REMEDIO UNIVERSAL

 

 

 

 

 

 

 

EL REMEDIO UNIVERSAL

POR

JAN VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

 

 

 

I    El envenenado campo de respiración

del mundo . . . . . . . . . . . . . .

 

 

II    La ciencia de las radiaciones . . . .

 

 

III    La juventud rebelde . . . . .

 

 

IV    La fuerza de luz de la eternidad

 

V    Quien come mi carne y bebe mi sangre.

 

VI    Quien come y bebe indignamente  . . .

 

VII    Las siete propiedades del Agua Viva .

 

VIII    El remedio universal    . . . . . . .

 

 

 

 

 

 

I

 

 

El envenenado campo de respiración del mundo

 

 

Muchos son los llamados, pero pocos

los elegidos. (Mateo 22,14)

 

 

Desde el comienzo de este siglo la humanidad se apresura, cada vez más rápida y angustiosamente, hacia una decisión definitiva que, finalmente, determinará su destino.

Se sabe que las potencias mundiales, y otros grupos de menor importancia, se preocupan mucho por la forma definitiva y la naturaleza de esta decisión. Esto se expresa tanto de palabra como por escrito, y también en la inmensa lucha que libran esas grandes potencias.

En la segunda mitad del siglo pasado se creía que el gran conflicto del mundo y la humanidad se encontraba en las oposiciones existentes entre capital y trabajo, entre pobreza y riqueza. Usted conoce bien las violentas conmociones que se desencadenaron como consecuencia de ello y cuanto modificaron la faz del mundo.

Estas oposiciones han desaparecido casi prácticamente en la raza blanca, la raza hasta ahora dirigente en la Tierra. Cada vez son más los pueblos de esta raza que muestran los síntomas de una sobresaturación sociocultural con todas sus consecuencias y dificultades, las cuales originan a su vez nuevos problemas. Y si usted piensa en el despertar de las otras razas humanas puede comprender que, al cabo de unas decenas de años, también ellas poseerán todos los logros de los blancos y occidentales. Al respecto, uno se preguntará cada vez más si estos logros son realmente bendiciones.

Simultáneamente, asciende con alarmante rapidez la curva del miedo, ya que, en el mundo de las grandes oposiciones socioeconómicas, los pueblos occidentales no se han granjeado especialmente las simpatías de las otras razas. Y uno se plantea: ¿Qué harán los pueblos de color con nosotros, los occidentales, cuando posean los mismos resultados culturales y socioeconómicos, incluyendo en ellos todo tipo de armas convencionales, aviones, misiles y armamento nuclear?

Un ejemplo: el pueblo chino posee ya muchas universidades en las que profesores chinos, diplomados en universidades occidentales, imparten sus conocimientos a decenas de miles de jóvenes, como ocurre en Rusia desde 1917. Muchos de estos jóvenes se licenciarán y, en los próximos años, grupos enteros de doctores irrumpirán en los diversos campos de la sociedad y llevarán a la práctica las enseñanzas recibidas. China ya posee armamento nuclear y también misiles. Asimismo posee todas las materias primas necesarias para el desarrollo de una economía mundial, especialmente en el Tíbet y en el Gobi. Por esto, ahora, se vuelve apremiante la siguiente pregunta: ¿Qué harán, entonces, los chinos con nosotros?

Así se puede comprender, desde un punto de vista dialéctico, a quienes dicen veladamente: «Actuemos contra ellos ahora que todavía estamos a tiempo, antes  de que ellos actúen contra nosotros». Como respuesta a esta amenaza, otros dicen: «En nombre de Dios, no empecéis con la violencia. Para eso ya es demasiado tarde, como se demostró en Corea e Indochina. ¡Sería el final de todos y de todo!»

Así vemos de forma cada vez más clara a las potencias mundiales divididas en dos grandes bloques[1]. Prescindiendo de todo oropel, resulta que una potencia mundial se alimenta de la denominada economía dirigida y la otra potencia -por el momento- de la llamada economía de mercado. Ambos sistemas tienen en todos los países sus defensores y detractores y la fase experimental seguramente no se ha superado ni tampoco se superará.

También sobre este tema reina en todas partes la máxima confusión, ya que estos dos grandes bloques mundiales cambian, cada cierto tiempo, de una economía dirigida a una economía de mercado y viceversa, en diversas áreas del mundo, según parezca conveniente o necesario a uno u otro grupo de presión.

Sea como fuere, en ambos bloques se dice: «El nuestro es un mundo libre, en el otro viven bajo el pesado yugo de la esclavitud». Cada bloque se ha armado hasta los dientes y constituye para el otro una terrible amenaza. Como consecuencia, ninguno de los dos puede hacer concesiones al otro, bajo ningún concepto, ya que cada concesión podría suponer una pérdida del equilibrio. Por eso, para ambos sólo existe una única posibilidad: buscar continuamente nuevos medios de poder, para alcanzar el dominio absoluto mediante un eventual descubrimiento.

Se entabla un lúgubre juego con la humanidad. ¡Con una humanidad en la que yacen ocultas tan inmensas posibilidades! ¡En qué peligro tan aterrador se ha embarcado la humanidad! Todos se temen, todos desconfían de todos. En este siglo, la atmósfera vital de la humanidad se ha convertido cada vez más en un abismo de odio, angustia, preocupación y temor. En este campo de respiración envenenado ya viven cuatro generaciones. Usted comprenderá que no nos sorprendamos lo más mínimo cuando nos enteramos, cada vez más frecuentemente, de las espantosas consecuencias de semejantes condiciones de vida.

La conducta materialista de los grupos dirigentes de la humanidad, con todos sus trasfondos etéricos, astrales y mentales, ha creado un estado de ser que es mucho más terrible, funesto y mortal que todo lo que este siglo ha experimentado y contemplado en las guerras; es decir, un campo de respiración infernal, un inferno[2]* donde todas las fuerzas de la esfera reflectora confluyen desenfrenadamente sobre la humanidad que vive en la Tierra.

Lo que antaño fue anunciado como una amenaza, ahora es una realidad. El resultado provoca una perturbación psíquica muy notable y extremadamente peligrosa en todas las generaciones en crecimiento. Sin exagerar podemos afirmar que, a un ritmo rápido, la humanidad está enfermando fundamentalmente según el alma.

La humanidad tiene que respirar y vivir en una atmósfera muy envenenada, y es obvio que lo mismo ocurre con los demás reinos naturales. El reino vegetal y el animal respiran, con nosotros, los influjos envenenados de los éteres y de las radiaciones astrales totalmente inmundas y destructoras. Quienes ingieren alimento son dañados de forma múltiple, en todos los fluídos del alma, y por eso se puede afirmar con razón que nadie escapa a ello. Nadie se libra de la ruina psíquica que sobre todo afecta, y afectará cada vez más, a las generaciones jóvenes. Finalmente aparecerá una generación que, por su forma de manifestarse, supondría un agravio para los prehistóricos lemurianos, si alguien la comparara con ellos.

La humanidad, bajo la dirección de sus autoridades, se ha hundido en el abismo, y las grandes potencias del mundo se obstaculizan mutuamente la salida, como ya ocurrió antaño en épocas prehistóricas. Pensamos al respecto, por ejemplo, en la Atlántida.

Le decíamos que la humanidad está enfermando fundamentalmente según el alma. ¿Qué queremos decir con esto?

Todo hombre posee, por naturaleza, una fuerza animadora por la que se explica su vida y su conciencia. Esta conciencia natural o animal y toda la fuerza animadora que ella incluye proviene, por una parte, de factores hereditarios y, por otra, de factores kármicos. Es decir, recibimos nuestra conciencia natural, la fuerza que nos anima, de nuestros padres y antepasados, y el microcosmos que nos envuelve nos transmite el pasado microcósmico.

Nuestra vida se desarrolla y se mantiene por la respiración, por la atmósfera vital que nos envuelve. Existe, como usted sabe, un intercambio entre el hombre y la atmósfera. Sus padres son responsables de la atmósfera que le rodea. Usted puede mejorar o empeorar esta atmósfera y sus hijos desarrollarán estas mismas posibilidades, hasta que se llegue a una situación en la que la vida, para el hombre nacido de la naturaleza, se haga imposible.

El cuerpo, el alma y la vida nacidos de la naturaleza tienen principal y fundamentalmente una única meta: conservar y mantener abiertas, el mayor tiempo posible, las posibilidades del renacimiento.

El cuerpo nacido de la naturaleza es un instrumento para una vida superior y más plena. Si se dañan las funciones de este cuerpo, si se obstaculiza el despliegue natural de la fuerza animadora de este cuerpo, si se le quiere obligar a vivir en un campo de respiración envenenado, surge un grave desarreglo psíquico, que trae como consecuencia una pérdida del control cada vez mayor. Esto producirá finalmente una población mundial de seres totalmente anormales, y en cada nueva generación se manifestarán, de manera cada vez más evidente, las pruebas de esta gran anormalidad. Usted debe saber hasta qué punto se ha llegado ya a esta situación de extrema gravedad.

Los alumnos de la Escuela Espiritual Moderna, el Lectorium Rosicrucianum, saben que este gran peligro y sus consecuencias sólo podrán ser evitados cuando, quienes quieran y puedan, recorran de forma positiva el camino del renacimiento del alma y, para ello, puedan utilizar un campo puro de transmutación alquímica, diferenciado nítidamente del campo de respiración envenenado de la masa.

Semejante campo santificado de transmutación es mantenido por la Escuela Espiritual. Y esto sólo es posible cuando un grupo, que vive realmente en la vida nueva, sostiene este campo. Si la fuerza y capacidad de este grupo se debilitara, entonces no se podría soportar por más tiempo la atmósfera envenenada que nos rodea y el campo de transmutación se derrumbaría. La Escuela Espiritual ya no podría trabajar más y de ella sólo quedaría el nombre.

La tarea ante la que una Escuela como la nuestra se enfrenta sólo puede ser llevada a cabo si dispone de un grupo de alumnos que demuestran, por el acto, poseer las cualidades necesarias. Debemos enfatizar sobre esto, ya que cualquier intento negativo por detener el rumbo descendente de los pueblos no será de ninguna utilidad, como ya se ha visto varias veces en este siglo y seguirá demostrándose en el futuro.

Se trata de comprender que únicamente por la aplicación de un nuevo comportamiento de vida puede realizarse la meta fundamental y principal del cuerpo nacido de la naturaleza. Y sólo con el resultado de esto se puede ayudar, servir, salvar y, por supuesto, también actuar de manera auto-liberadora.

A pesar de las posibles ambiciones, sentimientos humanitarios, comprensión intelectual y otras cualidades semejantes que un hombre posea, productos de su nacimiento natural, él no puede hacer nada por la humanidad en sentido liberador.

A usted sólo puede ayudarle la posesión de una nueva capacidad, liberada por un comportamiento orientado hacia la meta. Usted conoce la cita: «Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos». Lo que significa que todos son llamados a realizar la única meta, por medio del comportamiento de vida y de las posibilidades existentes. Si esto no se consigue, el fracaso no se debe a la llamada, ni a las posibilidades, ni a la meta, sino exclusivamente a la ausencia del comportamiento de vida exigido.

Quien quiera ejecutar este trabajo de realización, se convertirá en un alumno digno de la Escuela Espiritual, al servicio del mundo y de la humanidad.

 

 

 

 

 

II

 

 

La ciencia de las radiaciones

 

 

Este habitáculo está formado por el círculo zodiacal que, a su vez, está compuesto por doce elementos. (Hermes Trismegistos)

 

 

Tras el capítulo introductorio usted habrá comprendido sin duda que apenas hemos podido esbozar la naturaleza, profundidad y significado de nuestro tema. Afirmábamos que en un breve plazo de tiempo habrá que tomar una decisión definitiva en lo que concierne al destino de la humanidad. Conocemos por experiencia el intenso envenenamiento de la atmósfera vital de la humanidad, originado por las oposiciones descritas ante las que todos nosotros tenemos que tomar partido, voluntaria o forzosamente. Y hemos indicado a grandes líneas las consecuencias y causas de todo ello.

Ahora debemos profundizar aún más para hacerle comprender que usted no puede seguir por el camino en el que se encuentra; que debe modificar profundamente su comportamiento de vida de manera inmediata; que nosotros tendremos que poner a salvo, en un nuevo plano, la vida del grupo y la integridad del Cuerpo Vivo.

Teniendo esto en cuenta, recurrimos al libro catorce de Hermes. En él, nuestra atención se dirige hacia el hecho irrefutable de que en toda personalidad nacida de la naturaleza están presentes doce debilidades, peligros y deficiencias fundamentales. Así habla Hermes: «Este habitáculo está formado por el círculo zodiacal que, a su vez, está compuesto por doce elementos: una única naturaleza pero múltiple en sus concepciones, según el erróneo pensamiento del hombre». Con otras palabras, todo nacimiento natural es generado y mantenido por el sistema zodiacal y por todo lo que éste contiene.

De lo que se trata, tal como lo entendemos nosotros, es de una multiplicidad de influencias de radiaciones, por medio de las cuales surge el maravilloso nacimiento natural. Y ahora le preguntamos: ¿Qué es, entonces, el nacimiento natural? Pues bien, es dar vida y mantener el máximo tiempo posible un instrumento vivo, un sistema de formas vivo que, erróneamente, se acostumbra a llamar «hombre». Ya que, aunque el instrumento «viva» por medio de la fuerza vital y el aliento de vida de los átomos que lo componen, no está «animado» y ni mucho menos provisto de un «espíritu» vivo. El  elemento animador procede de un orden totalmente distinto al zodíaco y al sistema solar. Es una actividad que se manifiesta en la naturaleza pero que procede y es mantenida por el Espíritu, el cual no pertenece a esta naturaleza.

El Espíritu es y está por encima de la naturaleza y fuera de ella. El Espíritu abarca y es el Gran Plan que impulsa todas las manifestaciones. El sublime orden de la manifestación del Universo exige y plantea ahora que la «vida», que es una con el instrumento y se explica por él, anhele personalmente la dirección suprema del Alma y acepte su gobierno directo y completo. Cuando esto sucede, se realiza también inmediatamente la unión con el Espíritu. Sólo entonces se puede, se debe y se tiene que hablar de Hombre, del hombre triplemente divino, nacido de Dios.

La naturaleza zodiacal, siempre que no esté dañada, es realmente  una  creación  divina, pero sólo en lo que respecta a uno de sus tres aspectos. La gran maldición de nuestra manifestación natural es, como usted sabe, que todos los nacidos de la naturaleza han olvidado la sublime vocación de su triple devenir. Se han quedado hasta ahora en el primer aspecto del poderoso proceso de este triple devenir divino. Cuando alguien permanece en su existencia natural, en tanto que ser vivo nacido de la naturaleza, y no reconoce otro origen que no sea esta naturaleza, y por tanto se conforma con ella y en ella, inmediatamente se manifiesta la muerte y la destrucción, la cristalización y el abismo de la consumación de los pecados, la ignorancia y la locura.

No hay que considerar esto en un sentido ortodoxo, que emana de la ignorancia fundamental general. No, la totalidad de la naturaleza solar y zodiacal, de acuerdo con su naturaleza fundamental, se ocupa de que todo lo anteriormente citado suceda. Ya que esta naturaleza dialéctica, por un lado, manifiesta y construye y, por otro, quebranta y aniquila. Si usted quiere mantenerse en su existencia natural y hacer todo lo posible por conservar sin más su vida natural, se desarrollará una fuerte tensión. Surgirá una resistencia contra la ley de la naturaleza y, como consecuencia, aparecerá la decadencia en un gran desorden e impiedad.

No obstante, cuando realiza el único empleo justo de su nacimiento natural, es decir, anhela «vivificar» el alma, recibirla y por lo tanto liberarla, entonces la propia ley de la muerte y la ruptura se convierte para usted, de forma directa, en una intensa bendición y gracia, ya que la ley de la dialéctica no le retiene como instrumento en un determinado estado de ser, sino que le empuja precisamente a la transfiguración, es decir, a una muerte que lleva a la vida, a una plena transformación que fue llamada endura por la Fraternidad precedente.

La ley de la muerte, que experimentamos como tal, significa y es en esencia sólo una ley de cambio hacia un bien superior, hacia una vida radiante, siempre que esté presente su aspecto realizador: el Alma Viva. El mundo dialéctico está concebido como una bendición, como un lugar de tránsito hacia un bien superior. Si esta Alma no está presente, la forma, el instrumento, se derrumba, se desintegra.

Posiblemente era necesario plantear con brevedad ante usted todo el compendio de la enseñanza gnóstica para, sobre esta base, poder tratar lo que viene a continuación.

La naturaleza solar y zodiacal manifiesta una plenitud de radiaciones múltiple que, en esencia, es transfiguradora. La humanidad nacida de la naturaleza sostiene un campo de tensión autosuficiente. Sus autoridades la preceden y apoyan en este mantenimiento, e incluso la obligan mediante leyes. Así, el campo de radiación de la naturaleza se encuentra ante un intenso y poderoso conflicto con el campo de tensión de la humanidad. ¡Se ha encendido un fuego poderoso e intenso! El mundo y la humanidad nacida de la naturaleza se están consumiendo en este fuego. ¡Incluso un niño lo comprendería!

Si usted quiere apartarse de ese inferno y ayudar a otros a hacerlo, como mínimo tiene que poseer, cuanto antes, el Alma Viva. Ésta es la única posibilidad para salvarse, ya que la fuerza del Alma es enormemente poderosa.

Repetimos: cuanto antes. Porque sólo disponemos de apenas unas decenas de años para evitar, en tanto que hombre y como humanidad, un estado de decadencia fundamental y fatal. Para poder profundizar en la veracidad científica de esta profecía, debe tenerse en cuenta que los procesos de radiación zodiacales y solares poseen multiplicidad de movimientos que dan lugar a eras con acontecimientos y desarrollos que cambian continuamente. Algunos ejemplos aclararán este punto.

La Tierra tarda veinticuatro horas en girar sobre su eje. Por ello, mientras una mitad de la Tierra recibe la mayor parte de las radiaciones solares y zodiacales de forma directa, la otra mitad las recibe de forma indirecta.

Por otro lado, tarda 365 días en girar en torno al Sol. Simultáneamente, en este período de tiempo, viaja a través de las doce esferas de influencia del zodíaco, que duran cada una de ellas aproximadamente un mes.

Además, la Tierra tiene un tercer movimiento, que guarda relación con la inclinación del eje terrestre, la cual varía continuamente. Este movimiento produce un desplazamiento del equinoccio vernal. Como consecuencia, el punto vernal, en un período de 2.160 años, realiza un viaje a través de todo un signo del zodíaco. Y el viaje total del punto vernal a través de los doce signos dura más o menos 26.000 años. En la Enseñanza Universal se habla al respecto de «año estelar».

Por otra parte, si usted considera el hecho de que el Sol, junto con sus hijos planetarios, también viaja a través del Universo, que todos nuestros planetas hermanos emprenden también diversas rotaciones y viajes estelares, que todos los cuerpos del zodíaco están en movimiento en el Universo y que, por lo tanto, la totalidad del sistema zodiacal, con todo lo que contiene, gira a su vez como una única esfera en torno a un punto central intercósmico, entonces comprenderá que las situaciones de las radiaciones, sus incontables ángulos de incidencia y sus relaciones mutuas se modifican una y otra vez y, por lo tanto, se producen continuamente otras causas y consecuencias en y sobre cada punto del Universo.

Si, finalmente, se tiene en cuenta además el movimiento rotatorio o, más exactamente, el movimiento en espiral de todos estos procesos de radiaciones, si el investigador es capaz de sondear algo de estos movimientos de las estrellas y los planetas -después de una observación muy elemental y basándose en los hechos y las leyes naturales-, entonces se podrán determinar diferentes períodos, se podrá vislumbrar algo del futuro del mundo y la humanidad sin la más mínima especulación.

Sin profundizar más, por ahora, en la llamada ciencia de las radiaciones, debemos decirle que desde hace mucho tiempo la Enseñanza Universal ha podido comprobar, sobre esta base de gran certidumbre científica, el actual desarrollo del mundo y de la humanidad, como siempre lo hizo y lo hará con respecto al futuro.

¿Por qué la Fraternidad Universal ha dejado por escrito todas estas predicciones y tantas advertencias?

Porque, como se ha explicado, a cada entidad nacida de la naturaleza se le ha otorgado la posibilidad de afrontar y experimentar el presente y el futuro de dos maneras diferentes: para la muerte o para la vida.

Para la muerte: por una descomposición de los átomos que integran el cuerpo, después de una vida inútil, una vida caracterizada por la multiplicidad de experiencias dolorosas.

Para la vida: por una plena transformación  en la transfiguración, llamada también «las bodas alquímicas de Cristián Rosacruz», cuando la corriente viva del Alma puede intervenir en lo que acontece.

Ahora, usted tiene todavía en sus manos su destino inmediato y futuro. Por eso le apremiamos con insistencia para que tome una rápida decisión: ¿Quiere aceptar y demostrar por el comportamiento de vida el camino que le indica la Escuela de la Rosacruz?

Basándonos en la ciencia de las radiaciones debemos decirle que el mundo ha entrado en un período muy ígneo, una era que con derecho puede recibir el nombre de período de Urano. La humanidad ha entrado en una atmósfera electromagnética, una atmósfera que ofrece posibilidades excepcionales de liberación, pero que al mismo tiempo, por una reacción negativa, trae consigo extraordinarios peligros.

 

 

 

 

 

 

III

 

 

La juventud rebelde

 

 

Despreocupadamente, corremos directos al abismo, después de haber colocado previamente algo delante que nos impide verlo. (Blaise Pascal)

 

 

 

Si ha leído el libro «Dei Gloria Intacta» habrá percibido que algunas partes del mismo están íntimamente relacionadas con la era en la que ahora han entrado el mundo y la humanidad. Si ha grabado bien en su corazón el contenido del capítulo «El segundo Círculo Séptuple», sabrá entonces, con intuitiva certeza, que «la puerta que nadie puede cerrar» está ampliamente abierta para todos nosotros y que, en verdad, se puede hablar de «una hora de prueba que vendrá para el mundo entero». ¡Lo importante ahora es saber si usted tiene oídos que puedan oír de verdad lo que el Espíritu dice a la Joven Comunidad Gnóstica!

Si puede oírlo, esperamos entonces de usted la demostración concreta de un comportamiento de vida totalmente nuevo. Ya que la humanidad ha entrado actualmente en un período marcado por el círculo séptuple de Urano, y esto significará: o bien una poderosa y positiva iniciativa del alma y,

por lo tanto, una elevación en la luz ígnea de una era Crística, o bien una combustión en el campo de tensión de la humanidad que se opone a ello.

 

Las ondas de radiación del círculo séptuple de Urano están íntimamente ligadas a las del signo zodiacal de Acuario, el signo hacia el que se dirige nuestro planeta por el tercer movimiento de la Tierra, y en cuyo radio de acción nuestro mundo ya ha entrado.

A continuación, habrá podido leer en «Dei Gloria Intacta» que, en la naturaleza terrestre, existen tres tipos que reaccionan fuertemente a las radiaciones de Urano. En primer lugar, los hombres que rechazan todas las normas y leyes que mantienen en mayor o o menor medida el equilibrio de la naturaleza terrestre. En segundo lugar, los hombres que aplican con el yo todo tipo de altruismo terrestre, en un supremo esfuerzo para impedir que el yo se vea en un aprieto. Y en tercer lugar, existe una aplicación palpable y muy experimental del amor al prójimo. Usted ya habrá reflexionado sobre ello. Le pedimos ahora que compare la imagen descrita con todo lo que presencia y oye diariamente a su alrededor.

El primer tipo Urano existía muy excepcionalmente al comienzo de este siglo. Primero, sólo había unos pocos; luego, algunas decenas; pero ahora se puede hablar, sin exagerar, de millones. Basta con referirnos simplemente a la juventud mundial, que se integran por millares en las filas de gamberros y hippies, o como se les quiera llamar. Diariamente oímos o leemos los trágicos desenfrenos de estos jóvenes, sumamente anormales, que juntos forman un interrogante muy angustioso en nuestro tiempo.

Estudiemos un poco más de cerca este tipo humano. En primer lugar vemos que este gamberrismo se ha propagado, en apenas algunos años, con gran velocidad por todo el mundo. En todos los países y en todas las razas encontramos a los ahora ya innumerables representantes de este tipo, especialmente en la edad comprendida aproximadamente entre los 16 y 28 años, es decir, en los años en los que se ha formado o se está formando el cuerpo astral y en los que, sobre esa base, comienza a manifestarse la mentalidad.

Es evidente que aquí se trata de una afección epidémica de la secreción interna, en la que la hipófisis ocupa un lugar central. Estos jóvenes están por ello marcadamente enfermos. Padecen una enfermedad cultural originada por las generaciones precedentes, las cuales han arruinado muy intensamente el campo de respiración en el cual y del cual debe vivir el hombre. Debido a esta atmósfera envenenada, los influjos de Urano no pueden impulsar al hombre de manera normal hacia una regeneración por medio del renacimiento del alma. Así vemos ahora como, por el choque del fuego celeste con el fuego colérico de la humanidad, se manifiesta una gran rebeldía desorganizada y, por lo tanto, espontánea y salvaje en muchos jóvenes.

Las generaciones mayores ya se han hundido en un nivel infrahumano, pero los jóvenes protestan ignorantes, en un último destello de la violenta reacción de su secreción interna. La rebeldía se vuelve, con absoluta irracionalidad, contra todos y contra todo. Contra toda autoridad, contra padres, educadores, contra todas las leyes y normas de la naturaleza, de la razón y de la costumbre. En resumen, es la gran rebeldía de todo lo joven contra la vida misma, una vida ofrecida por Dios para despertar al hombre divino. Esta rebeldía se abre paso a través de todo lo viejo, y concluye en un terrible viaje infernal.

Aquí repetimos una vez más, con énfasis, que no se trata de una protesta normal y razonable, nacida de la noble indignación contra la creciente devaluación del idealismo humano, sino de que las generaciones jóvenes han entrado en un enloquecimiento grande y terrible. Se ha derramado un inmenso sufrimiento sobre la humanidad. Afecciones de la secreción interna, la cual está íntimamente ligada con la circulación del fluído eléctrico en el cuerpo, ocasionan en algunos un desenfreno extremado, totalmente libertino, y una gran rebeldía, como se muestra ahora de forma colectiva y epidémica en nuestros jóvenes. En otros, que ya no están capacitados para explosiones tan violentas, se originan degeneraciones muy aceleradas, unidas a un sinfín de síntomas enfermizos.

Comprenderá hasta qué punto estamos íntimamente implicados en estos acontecimientos, ya que todos nosotros participamos en este desarrollo. Por eso es urgentemente necesario que usted determine su posición en esta gran revolución mundial, que tome su decisión y emprenda definitivamente el nuevo comportamiento de vida, el comportamiento por el que se alcanza el alma viva concebida por Dios.

Nos unimos todos juntos en un grupo fuerte y orientado positivamente, superamos las debilidades propias de cada uno por la unidad del cuerpo del grupo, para aplicar en comunidad la magia de la liberación y, así, llegar a la victoria. ¡Apenas acabamos de comenzar!

En primer lugar, es necesario la magia de la unión responsable del grupo en un idealismo puro.

En segundo lugar, es necesario la magia de la neutralización de los peligros que nos amenazan.

En tercer lugar, es necesario la magia de la liberación del alma.

En cuarto lugar, es necesario la magia de la total vivificación del alma.

Y, así equipados, en quinto lugar, es necesario hacer por el mundo y la humanidad lo que todavía es posible para su redención.

 

 

 

 

 

IV

 

 

La fuerza de luz de la eternidad

 

 

Hoy, si escucháis mi voz, no endurezcáis  vuestros corazones. (Hebreos 3, 7-8)

 

 

En el capítulo anterior dirigíamos su atención hacia la extraordinaria atmósfera electromagnética en la que ha entrado ahora la humanidad, un estado de ser general que ya tiene consecuencias epidémicas sobre nuestra juventud y que ha desencadenado enormes peligros para toda la humanidad. Se deberán tomar medidas profundamente radicales e inmediatas en lo que concierne al comportamiento de vida de todos nosotros, si no queremos ser absorbidos por la corriente de la decadencia general. Queremos demostrarle, basándonos en los hechos, que este proceso degenerativo, relacionado con todos nosotros, ya hace tiempo que ha dejado de ser una elucubración mental. Tendremos que perseverar en un nuevo comportamiento de vida, llevado a cabo muy conscientemente, para que sus consecuencias psíquicas y físicas nos permitan superar un punto muerto, traspasar una frontera que ofrece resistencia.

El mundo y, por lo tanto, la humanidad, ha entrado en una nueva atmósfera electromagnética, la de Urano (Acuario). Todos tienen que adaptarse a ella ya sea en sentido liberador o degenerativo. Las tres generaciones ahora existentes, tienen en sus manos el futuro del mundo y de la humanidad. En apenas unos 40 años se decidirá todo. Todos participamos en Harmaguedón, lo que quiere decir: ¡El tiempo de la decisión ha llegado! Ahora lo importante es saber si usted posee o no suficiente apertura para percibir la verdad y la realidad de todo esto, y si tiene todavía la suficiente vitalidad para romper, de forma directa y total, las diversas resistencias fundamentales.

Al percibir sin más esta situación crítica de la humanidad, puede invadirle un gran desánimo. Ya que todos conocemos nuestras principales debilidades, y nos preguntamos: ¿Qué haremos? ¿Qué haré?

¡Sin embargo, este desaliento no es necesario! De lo que se trata ahora es de que las cosas y desarrollos, de los que tanto hemos hablado, han entrado en su fase crítica. Si confía en el contenido de nuestra literatura, si cree en la Joven Gnosis, entonces podemos decirle: Demuestre ahora esa fe y confianza, porque ahora ha llegado el momento en el que la fe y la confianza deberán guiarle a través de grandes dificultades.

Supongamos que está completamente de acuerdo con esta exposición, que está firmemente decidido a recorrer el camino de la liberación y que quiere confesar su alumnado en su totalidad. Sin embargo, con toda seguridad, lo que la Escuela Espiritual gnóstica entiende como «firmemente decidido a recorrer el camino» es algo muy distinto a lo que entienden la mayoría de los alumnos. Hay, si se nos permite decirlo así, una interpretación burguesa y una interpretación gnóstica. Con la aplicación de la interpretación burguesa, usted no obtiene el más mínimo resultado, ningún resultado positivo liberador en nuestra actual época de transición.

Pueden desarrollarse peligros cuando no se comprende o no se sigue el consejo que se nos da en la Biblia: «No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy»; o bien este otro consejo: «Hoy, si escucháis mi voz, no endurezcáis vuestros corazones».

En una Escuela Espiritual gnóstica, en un Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis, en una Escuela de los Misterios de buena fe, no se le habla porque sí, sino que una y otra vez tiene lugar una transmisión de fuerza. Piense, de nuevo, en el tan a menudo citado prólogo del Evangelio de Juan: «A todos los que Le aceptan, les da el poder para volver a ser hijos de Dios».

Si ahora escucha las palabras de la Rosacruz gnóstica con un interés mental, es decir, con un interés intelectual (por lo tanto, con una actividad de la cabeza), o bien con un intenso anhelo de poder saborear la salvación de la Gnosis (por lo tanto, con una actividad del corazón), o incluso -y ésta es la tercera posibilidad- con un interés y también un anhelo (por lo tanto, con una actividad de la cabeza y del corazón), en los tres casos la fuerza de luz gnóstica entrará en usted y ejercerá su influencia sobre el sistema de su personalidad.

Cuando esta fuerza sólo entra por su cabeza, debido a un interés exclusivamente intelectual, entonces se desarrolla una comprensión. Pero, como su sangre y su éter nervioso no la retienen -no pueden retenerla porque el corazón no participa-, se guarda de la manera habitual en el almacén intelectual. La fuerza de luz que, aún así, ha inhalado y que retiene sensorialmente en su sistema, que debe retener durante largo tiempo, genera inmediatamente un peligro en usted.

Si sólo existe una actividad del corazón y ninguna o poca comprensión, demasiado poca -lo cual también acontece a menudo-, entonces la fuerza de luz inhalada a través del esternón y el timo es absorbida en la sangre, en el éter nervioso y en la secreción interna. El concernido experimenta así, de forma directa, una gran tensión y se siente impulsado. Pero, como no existe una comprensión, desconoce qué debe hacer con las tensiones experimentadas. Por eso, en este caso también se desarrollan peligros que pueden resumirse en recibir una fuerza y no saber cómo reaccionar a ella ni qué hacer con ella.

En consecuencia, la única base sólida que queda para el alumnado en el camino liberador es la existencia tanto del anhelo como del interés. Un estado en el que el candidato sabe asimilar la fuerza de luz en los dos aspectos. En este estado se desarrollan por consiguiente las mayores posibilidades, pero también los mayores peligros, cuando no se cumple con la gran exigencia que va unida a la participación en una Escuela Espiritual.

 

 

 

 

 

 

V

 

 

Quien come mi carne y bebe mi sangre…

 

 

Quien come mi carne y bebe mi sangre

permanece en mí, y yo en él. (Juan 6, 56)

 

 

Usted conoce seguramente las palabras del Evangelio: «Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él». Y también sabrá que se dice: «Pero quien come y bebe indignamente, come y bebe su propio juicio».

Cuando el candidato asimila la fuerza de luz de la Gnosis por medio del contacto con la Escuela Espiritual, come el cuerpo de Cristo y bebe su sangre. El candidato puede abrir su ser a la luz de la Gnosis de tres formas posibles:

Por la cabeza,

por el corazón,

por la cabeza y el corazón.

Probablemente, nunca haya meditado sobre las consecuencias de la asimilación de la fuerza de luz. Sí, ¡quizás ni siquiera sabía que tenía que pensar en ello! Y la idea de que pueda existir algo así como la asimilación de luz, posiblemente no se le ha ocurrido jamás. Sin embargo, piense un momento en el bazo.

Seguro que, como hombre moderno, ha asistido en su vida a infinidad de reuniones, y ha escuchado cientos de conferencias y numerosos sermones, en los que se le decía mucho, se le planteaba mucho y se esperaba de usted una reacción. Le aseguraron miles de cosas, le hicieron muchas advertencias; lo habrá escuchado y probado todo. Por eso, lo más probable es que una asimilación de fuerza de luz gnóstica, sin más, no signifique gran cosa para usted. Ha tenido que asimilar ya tanto en su vida, en lo concerniente a escuchar o leer, que lo que al respecto la Escuela Espiritual presenta ante el candidato, usted lo mete en el mismo cajón.

No obstante, ¿podemos esclarecer bien este asunto? Quizás así pueda comprender interiormente y de verdad el significado de la asimilación de la fuerza de luz y entre, con nosotros, en el nuevo comportamiento de vida. Si no comprende este significado, ¡con toda seguridad, no podrá llevar a cabo este nuevo comportamiento!

Usted sabe lo que es la radioactividad: es una radiación liberada en la atmósfera que se produce como consecuencia de la división del átomo y que, de una u otra forma, daña el tejido celular del hombre, de las plantas y de los animales; es decir, actúa destruyendo el tejido y la célula.

Pero, ¿sabía usted que la fuerza de luz de la Gnosis, que se libera en los focos de la Escuela Espiritual, también es muy radioactiva?

En el Cuerpo Vivo de la Joven Gnosis, que está unido a la Cadena Universal, se libera el pan de la vida y el vino de la nueva alianza.

Esto no es una teorización místico-religiosa, sino que se refiere a una radiación atómica que no concuerda con usted en absoluto debido a su nacimiento natural y que, por lo tanto, le es ajena. (El pan es comparable a los átomos, el vino a la radiación).

La totalidad del espacio está lleno de sustancia original -«no hay espacio vacío»-

y la sustancia original está constituída por átomos. Los átomos son universos, sistemas infinitamente pequeños que poseen siete posibilidades, siete tipos de radiación. El concepto de fuerza de luz «gnóstica» se refiere aquí a una radiación adaptada y producida por lo que llamamos el sexto plano cósmico: el campo de luz, el campo de vida crístico. Esta fuerza de luz o radioactividad tiene como misión dotar al alumno con una fuerza que no posee como hombre nacido de la naturaleza, pero que sí puede utilizar, cuando la recibe, para dirigir la vida hacia una orientación que en ningún aspecto puede explicarse según esta naturaleza. Es la fuerza de radiación de la que el Evangelio de Juan dice: «A todos los que Le aceptan, les da el poder de volver a ser hijos de Dios». Es la fuerza de radiación sobre la que se dice: «Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él».

Así pues, usted mismo apela y libera en sí mismo esta fuerza radioactiva cuando es confrontado con el campo de radiación de la Escuela Espiritual. Puesto que es tocado por este nuevo campo de fuerza, libera y activa nuevas capacidades atómicas en su corazón, en su cabeza o en ambos; y a eso se añaden ahora las palabras: «Pero quien come y bebe indignamente, come y bebe su propio juicio».

Por su contacto con los focos gnósticos, absorbe átomos en su sistema que poseen una radiación diferente a la que usted está acostumbrado a absorber por su naturaleza. Aunque rechace algunas enseñanzas, usted tiene que responder a esta radiación gnóstica, ya sea en sentido positivo liberador o en sentido totalmente negativo y degenerativo. Por eso, se dice también en la Biblia que en la Santa Cena se puede comer la muerte. Esto significa: una muerte racional y moral en los diversos planos de vida.

Usted recibe nueva fuerza de luz, el aliento ígneo de la única Vida en el presente de su vida, marcado por la fuerte carga electromagnética de Urano. Esta respiración le impulsa y, sobre todo, le capacita para realizar un nuevo comportamiento de vida, ahora y en el futuro. Un nuevo comportamiento de vida que se eleva completamente hasta el objetivo del alumnado gnóstico con todos sus beneficios. Esta respiración influye en la sangre, en el fluído nervioso, en el fuego de la serpiente, en la secreción interna y en toda la conciencia; por lo tanto, en todos los procesos mentales, astrales, etéricos y materiales del sistema de su personalidad. Así, sobre esta base, usted puede tomar una decisión positiva y llevarla a cabo.

Si no lo hace, o no puede hacerlo, entonces uno se puede preguntar: ¿Por qué semejante candidato se entrega voluntariamente a un campo de fuerza gnóstico y se une a él? ¿Acaso hay algo menos inteligente que invocar una fuerza que no se quiere utilizar? Y aparte de no ser inteligente, es muy peligroso, ¡sumamente peligroso! ¿Quién puede decirle a usted de antemano qué consecuencias puede tener su necedad o su negatividad en su estado de vida del momento?

Quien es animado con y por la nueva fuerza -que es la fuerza de radiación atómica del sexto plano cósmico-, experimenta una poderosa influencia del chakra de la laringe. Éste es un órgano creador, el órgano creador superior del hombre verdadero. Junto con el chakra de la laringe trabajan las glándulas de la hipófisis, la pineal y la tiroides, y los chakras de la frente y de la pineal. Las nuevas influencias de todo este sistema y los órganos del cuerpo subordinados a él, hacen posible que el alumno pueda cambiar toda su vida, que pueda elevarse a un estado de ser totalmente nuevo y cosechar los resultados de una vida verdaderamente sacerdotal.

Quien no hace esto, quien rechaza estas nuevas posibilidades, porque se subordina al poder de las viejas costumbres de vida o por cualquier otra razón, experimenta el proceso siguiente: la nueva fuerza de luz, rechazada por la conciencia, es extraída de los santuarios de la cabeza y del corazón por el sistema de los chakras y reconducida al sistema a través del chakra del hueso sacro. Sin embargo, la nueva fuerza de luz pierde en este camino muchas de sus propiedades originales y es mancillada. Esta mezcla penetra, así, por el chakra del hueso sacro. De esta forma, se le roba al candidato su fuerza de luz. Y el gran imitador, la fuerza con la cabeza de león, le devuelve su débil resplandor, cayendo el candidato en su trampa con los ojos abiertos.

 

 

 

 

 

 

VI

 

 

Quien come y bebe indignamente…

 

 

Quien come y bebe indignamente, come y bebe su  propio juicio. (I Corintios 11, 29)

 

 

Hemos visto claramente cuán grandes posibilidades subyacen en el alumnado de una Escuela Espiritual gnóstica, ya que se recibe la nueva fuerza de luz, el aliento ígneo de la única vida, cuya respiración es, en su sentido más pleno, creadora y renovadora. Pero cuán grandes peligros y qué serie de dificultades desencadena el alumno para sí y sobre sí mismo cuando, por un lado, invoca la nueva fuerza de luz y, por otro, la rechaza totalmente. Nuestra tarea es darle una imagen de esta reacción negativa, de esta reacción de rechazo.

Usted, como alumno, es cargado con la nueva fuerza de luz. Esta fuerza está relacionada con una radiación atómica. En el inconmensurable océano de la sustancia original hay infinidad de átomos que llenan el espacio, pero aún desprovistos de radiación. El aliento de la vida no les ha tocado todavía. Es el gran almacén de la manifestación universal. Pero, en las miríadas de planos de vida de la naturaleza, todos los átomos emiten su fuerza de luz en una radiación continua, ya que gracias a esta radiación, y por ella, se vuelve posible toda la manifestación de la naturaleza.

Si usted piensa en ello, entonces podrá imaginarse fácilmente que los átomos con fuerza de luz de la plenitud gnóstica, del campo de vida del alma viva, manifiestan, como es obvio, una radiación especial totalmente diferente a las radiaciones de esta naturaleza. Ya que si la radiación de este campo vital fuera igual a la radiación del campo del alma, entonces la manifestación de ambos campos de vida tendría que ser idéntica. Por consiguiente, la fuerza de luz gnóstica es de una naturaleza completamente distinta a la existente. Con las fuerzas vitales de esta naturaleza es imposible responder a ella, ni tampoco expresarla lo más mínimo, a no ser de manera muy caricaturesca. Por lo tanto, al alumno que ha invocado esta fuerza de luz, que la ha saboreado y ha sido saciado por ella, sólo le queda la ofrenda de sí mismo incondicional, en el sentido más completo. Si esta ofrenda de sí mismo no tiene lugar o no es completa, no es posible que la nueva fuerza se manifieste. Entonces, ella no encuentra lugar en el hombre.

Cuando, en todos los tiempos, la palabra de Dios habla de: «establecer la morada de la fuerza de Dios en nosotros», no deja ninguna duda acerca de que el camino de la nueva fuerza está en permanente y total oposición con el carácter, deseos y anhelos naturales del hombre. Dios recorre con el alumno un camino, que el alumno por su naturaleza no quiere recorrer. Si uno contempla la realidad de este toque, prescindiendo de cualquier barniz místico, y descubre que se trata de una radiación atómica ajena a esta naturaleza, entonces no puede hacer otra cosa que admitir que lo que se dice es totalmente correcto.

Por eso es posible, e incluso probable, que usted no sepa qué hacer, en muchos aspectos, con la fuerza recibida en un foco gnóstico. Si su naturaleza ordinaria exige sus derechos y usted se los concede, ocasiona un gran conflicto en su propio estado de ser. Ahora, gustosamente, queremos describirle qué es lo que ocurre en tal caso.

Las exigencias de la nueva fuerza de luz son tan extrañas a su carácter natural, se hallan tan lejos de su línea de conducta habitual, son tan ajenas a su naturaleza que, espontáneamente, aparece el «rechazo». La nueva fuerza, al no poder manifestarse en el santuario de la cabeza por medio del chakra de la laringe, va a buscar otro camino distinto. El chakra de la laringe es bloqueado por su yo, por su voluntad y por los demás centros de la conciencia que están totalmente en sintonía con el ser nacido de la naturaleza.

El chakra del corazón tampoco es una puerta abierta para la nueva fuerza de luz, ya que sus deseos y anhelos, su orientación del corazón, con frecuencia y muy probablemente estarán dirigidos por completo hacia su misión burguesa, que exige toda su atención.

Así, para la nueva fuerza de luz, que en este caso sólo es una radiación atómica de otra clase diferente, el único camino abierto que le queda es el chakra del hueso sacro. Por eso, en la mayoría de los alumnos, la fuerza de luz rechazada por la conciencia entra por la puerta del hueso sacro. Esto ha sucedido y sigue sucediendo, en todas las épocas y en todas las escuelas espirituales. Este chakra y los órganos de la personalidad relacionados con él se encuentran, como usted sabe, por debajo del nivel de la conciencia humana y funcionan de forma totalmente automática. Reaccionan a todas las influencias y estímulos que penetran en ellos, como por ejemplo lo hace el sistema hígado-bazo, al cual pertenece también el tan importante plexo solar y todos los órganos creadores inferiores. Además, como es natural, todo lo que se halla por debajo del nivel de conciencia es fácilmente influido por el karma y puede abrirse totalmente a él.

En el subconsciente yacen ocultas todas las causas y fuerzas de su naturaleza fundamental, su carácter, su tipo, sus costumbres y sus impulsos de auto-conservación. En resumen, el ancla de su estado nacido de la naturaleza encuentra, ahí, su suelo firme.

Ahora podrá imaginarse fácilmente lo que ocurre cuando su yo rechaza la nueva influencia (rechazar es: no proporcionar a la nueva influencia ninguna ocasión de manifestarse) y la fuerza de luz gnóstica entra a continuación por la puerta del hueso sacro.

Todo su ser del yo, con todos sus vicios y defectos, tanto los manifestados como los tan a menudo ocultos, así como toda la carga kármica y, por lo tanto, todo el pasado, es estimulado excesivamente y con gran fuerza. Lo que usted no quiere, como hombre normal, cultivado y decente, ocurre entonces. O al menos se desarrolla en todos esos puntos una gran lucha interior, ya que naturalmente toda su ética se opone a semejante degeneración. ¡Lo que usted no quiere, eso hace, eso piensa, contra eso lucha! Ante semejante situación la mayoría de los alumnos cae en la más profunda desesperación.

Muchos alumnos se ven así encadenados a formas de conducta que, en lo más íntimo de su ser, lamentan profundamente y de las que se avergüenzan muchísimo. ¿La causa? ¡No es una caída desencadenada por uno mismo en un abismo de pecados! ¡No es estar poseído por muchos diablos!. Es el rechazo del yo a la fuerza de luz inhalada que ha sido atraída por él mismo, lo cual origina un proceso circulatorio de la fuerza de luz desde el chakra de la laringe a la puerta del hueso sacro. Y desde ese punto, a través de los órganos del subconsciente, regresa al chakra de la laringe, etc.

Lo que tenía que servirle para su salvación eterna, se convierte así en una prisión, un escándalo y un gran dolor. De esta forma, se vuelven una absoluta certeza las palabras: «Quien come y bebe indignamente, come y bebe su propio juicio». Le preguntamos una vez más: ¿Por qué invoca usted la fuerza de luz de la Gnosis si no desea servirla y le puede causar un dolor tan grande?

Quien saborea la fuerza de luz, debe llevar el yo a la tumba. Ésta es una ley universal. Por eso, el nuevo comportamiento de vida es, en esta época tan ígnea y eléctrica, la exigencia más urgente, más ineludible para usted. Quien se demora en esto, se engaña a sí mismo de la forma más grave, tal como muchos alumnos deben saber sin duda por sus amargas experiencias.

 

 

 

 

 

 

VII

 

 

Las siete propiedades del Agua Viva

 

El alma que se ha fortalecido a sí misma, que se eleva por encima de las cosas materiales                                             y permanece inmutable en la felicidad y el sufrimiento, existe en la eternidad.                                                    (Mahâbhârata: Krishna a Arjuna)

 

 

 

En el capítulo precedente nos hemos centrado en la asimilación de la fuerza de luz gnóstica, que tiene lugar en el alumnado de la Escuela Espiritual de forma inequívoca e ininterrumpida. Esta gran fuerza capacita totalmente al alumno para alcanzar la filiación divina, es decir: realizar la liberación. Aquí señalamos las poderosas palabras del prólogo del Evangelio de Juan: «A todos los que Le aceptan, les da el poder de volver a ser hijos de Dios».

Decíamos que, cuando esta fuerza de luz es inhalada pero no es utilizada, surgen inmensos peligros. Peligros que consisten en un fortalecimiento del estado de ser dialéctico y las consecuencias que ello desencadena. Muchos alumnos no pueden entender que si no utilizan la fuerza de luz asimilada, pueden ser engañados y muy seriamente dañados. No obstante, las pruebas de ello se ven, en un mundo como el nuestro, por millones a nuestro alrededor.

Lo que denominamos fuerza de luz gnóstica es una sustancia astral pura, no personificada y omnipresente: la sustancia original primordial. En resumen, es el material de construcción divino para la realización, la pura Agua Viva original. Esta fuerza de luz es liberada y concentrada en el Cuerpo Vivo de la Escuela Espiritual para ponerla a disposición de todos los alumnos, ahora y en el futuro.

Pero, cuando un hombre que se encuentra en un estado de ser meditativo o místico, pronuncia, por ejemplo, los nombres sagrados o lee las Sagradas Escrituras y las cita, entonces también está invocando fuerza de luz. Unirse de modo negativo con el campo de luz de la eternidad es un hecho muy posible, que puede explicarse científicamente y que es absolutamente necesario para el mantenimiento del mundo; ya que la tan corrompida sustancia astral de nuestro campo de vida no es otra cosa que la sustancia astral original, pura y divina, que se ha bajado de vibración, se ha mantenido ahí y se ha impregnado con infinidad de fenómenos vitales no divinos.

Si estos fenómenos vitales no divinos permanecieran totalmente encerrados en sí mismos, en sus concentraciones, es decir, en sus eones, debilitarían y degenerarían cada vez más las vibraciones astrales correspondientes. Entonces, todas las formas de vida no divina se sumergirían en niveles de vida cada vez más bajos, más funestos. Cada vez se volverían más bestiales y terroríficas, hasta que finalmente se produciría un incendio general. Sin embargo, ¡los eones no persiguen este fin! Por eso, su campo astral tiene que ser refrescado y provisto contínuamente de sustancia astral pura. Ésta mantiene su campo de vida en el nivel deseado.

Por lo tanto, estas fuerzas utilizan un ardid puramente científico. En nuestro libro «Desenmascaramiento»* le hemos expuesto claramente cómo las fuerzas conscientes no  divinas obtienen la sustancia astral que necesitan para renovar su campo de vida. Esto lo hacen con la ayuda de las masas de seguidores de las religiones naturales. Todas las entidades nacidas de la naturaleza son conducidas a un embelesamiento místico-religioso, dirigido hacia Dios y sus servidores, por lo que se produce en mayor o menor medida una asimilación de fuerza de luz. Es evidente que estos hombres no pueden retener esta fuerza de luz para utilizarla según su objetivo esencial. Pero, con ello, se alimenta su campo astral, a través del cual se irradia al campo de vida de la naturaleza.

De esta forma y no de otra, se mantiene el campo de vida de la naturaleza el mayor tiempo posible en el nivel deseado, por medio de la mayor traición que se pueda imaginar: se abusa de la religión para objetivos humanos inferiores.

Está claro quien pagará los platos rotos: ¡El hombre! Enfermedad, muerte, miseria, afección y confusión psíquicas, guerras y rumores de guerras, se abalanzan sobre la humanidad.

La fuerza de luz invocada pero no utilizada circula por el sistema de los chakras, desde el chakra de la laringe hasta el chakra del hueso sacro y regresa a través de todos los órganos concernidos. En este proceso circulatorio se dañan muchos órganos y se perturban sus funciones sin tener en cuenta, en absoluto, las consecuencias psíquicas de todo ello. Seguidamente, esta radiación astral es liberada a un ritmo muy lento en el campo de vida astral circundante, mientras que, por otra parte, se sigue absorbiendo la fuerza de luz. Comprenderá que este pecado fundamental contra el Espíritu Santo, es decir, contra la pura sustancia madre de la manifestación universal, no puede ser perdonado. Por eso, a la Pistis Sophia se le roba, una y otra vez, su fuerza de luz y ella se sumerge en la mayor confusión.

Es ahora evidente que quien invoca la fuerza de luz, la inhala y la asimila, ¡debe utilizarla según su exigencia! Si no lo hace, entonces la religión es verdaderamente opio, sí, un terrible veneno para el pueblo. ¡Y el alumnado de la Rosacruz, en el que cada vez se asimila más y más fuerza de luz, es todavía mucho, muchísimo más peligroso!

Quien rechaza la fuerza de luz y se coloca claramente en una posición materialista o atea es, en todos los sentidos, un hombre nacido de la naturaleza honesto. Pero con toda su honestidad, ¡el hombre ateo tampoco se salva a sí mismo y ni mucho menos a su mundo! Ambos tipos de hombre son víctimas junto con el resto, debido a la naturaleza del campo de vida corrompido en el que viven. Un grupo perece por sus dioses; el otro, por sus ídolos.

Por lo tanto, nos parece que el camino más razonable y a la vez más incontestable es:

 

1º Invocar consciente y positivamente la fuerza de luz de la eternidad, ya que esta fuerza es la única esencia salvadora del hombre y de la humanidad.

2º Inhalar esta fuerza de luz con entrega total y fijarla en el sistema por un  profundo anhelo.

3º Retener esta fuerza de luz e impulsarla  a una actividad positiva, por medio de  una vida y una aspiración que parten de sus principios y finalidad.

4º Aceptar y llevar plenamente a cabo todas las consecuencias de esta decisión, sin refunfuñar, sin pesadumbre y con una gran alegría.

5º Y, así, alcanzar la única victoria posible y plena.

 

Cuando el hombre recorre este camino y aplica de forma directa el remedio universal, experimenta que la fuerza de luz de la eternidad, el Agua Viva de los campos astrales puros, es:

 

1. la que cura,

2. la que juzga,

3. la que desenmascara,

4. la que evita y neutraliza escándalos,

5. la que aniquila toda frialdad,

6. la que encadena todas las influencias

pérfidas, por lo que

7. el hombre es colocado sobre la base del alumnado de manera perfectamente válida y segura.

 

En la Carta a los Hebreos se dice: «La palabra de Dios» -o sea la Luz de Dios- «es viva y poderosa, y más tajante que una espada de dos filos: penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las reflexiones del corazón».

En la séptuple fórmula arriba enunciada se confirman estas palabras.

 

 

 

 

 

 

VIII

 

El remedio universal

 

A través de su propio corazón llega la única luz que                                       puede iluminar la vida y que puede esclarecerla ante sus ojos. (Mabel Collins, Luz en el Sendero)

 

 

La fuerza de luz de la eternidad que usted, por su vínculo con la Rosacruz, puede inhalar con todo su ser es en primer lugar curadora. El Agua Viva de los campos astrales puros es una panacea curadora, y cada uno tiene que plantearse si realmente quiere ser curado. Sin embargo, tal orientación sólo se puede poseer cuando la conciencia existente está «enferma», deficiente psíquicamente y, por ello, también corporalmente imperfecta.

Existen infinidad de imperfecciones humanas que todo el mundo conoce, sobre las que se habla con naturalidad y que se consideran como evidentes. Además, toda persona podría determinar, tras un agudo autoanálisis y quizás con ayuda de terceros, diversas imperfecciones psíquicas. Pero, en general, estas imperfecciones no estorban al hombre, ya que se ha «ido acostumbrando» a su naturaleza y a su carácter. Su conciencia, su vida de los pensamientos y de los sentimientos, concuerdan totalmente con ellas. Así equipado, intenta abrirse camino a través de la vida, observando agudamente en su lucha por la existencia a sus semejantes, a los que no ama igual que a sí mismo, porque son completamente diferentes a él y persiguen otras metas.

Cuando usted se halla en medio de esta lucha y, como consecuencia de ella, experimenta con gran autocompasión los azotes y el dolor, puede ser que haya percibido sus debilidades y limitaciones debido al hecho de que no ha conseguido alcanzar los objetivos prefijados. Entonces, rápidamente acepta la sugerencia de que usted es débil y de que necesita una panacea curadora. Pero, ¡cuán tremenda equivocación cometería si en este estado contemplara a la Gnosis como remedio! En la situación descrita, lo que un hombre necesita es más dinero, más astucia, más fuerza física, más poder, más autoridad, más empuje, más ostentación exterior o más ayuda y compasión.

Siempre ha habido hombres que han cometido la gran equivocación de pedir ayuda a la Gnosis para sus problemas egocéntricos. ¡Qué equivocación tan desgraciada! Ya que la fuerza de luz gnóstica no soluciona ningún problema del yo, no se deja profanar ni ser utilizada como un ungüento para ningún padecimiento del yo. No obstante, si usted lo hace, entonces desencadena consecuencias sumamente graves para sí mismo, incluso para su cuerpo.

Todo el mundo podría saber esto de antemano, ya que el remedio universal, en tanto que radiación, en tanto que vibración -es decir, según su esencia y finalidad-, no es en absoluto de naturaleza dialéctica. Por ello, debemos decirle con énfasis: ¡Tómese esto con el máximo cuidado! Ya que hay muchos que anhelan uno u otro objetivo egocéntrico, sobre el cual, sin embargo, no quieren hablar abiertamente. Sólo se puede invocar la fuerza de luz gnóstica e inhalarla, sin ser dañado, cuando realmente se ansía la curación del alma, el renacimiento del alma, con todas las inconmensurables consecuencias de ello para y en la personalidad.

Se puede buscar curación o ayuda por motivos egocéntricos. Pero también existe una curación por medio de un remedio universal cuyo fin es poder penetrar en el estado de alma viva, en el nuevo campo de vida. La Escuela Espiritual aplica este segundo método de curación. Cuando el anhelo del alumno está dirigido realmente hacia este segundo método de curación, demuestra con ello que anhela verdaderamente la curación; esto es, que existe una conciencia del estado de enfermo al margen de toda orientación dialéctica y que realmente está pidiendo una terapia.

El segundo punto sobre el que debemos atraer su atención es el hecho de que el remedio universal no es un jarabe infantil. Con esto queremos decir que no tiene en cuenta los sentimientos o situaciones personales, ni las circunstancias familiares o sociales. Actúa de forma directa y juzgadora. No juzga a los demás, sino al propio ser de aquél o aquélla que toma el remedio. Esta acción terapéutica se efectúa, en primer lugar, de tal manera que la conciencia del alumno llega a ver lo que en su propio estado de vida no es válido y que, por lo tanto, es muy necesario que desaparezca. Por consiguiente, a la serie de problemas de índole dialéctico, se suma una nueva serie de problemas que tiene relación con la despedida de la naturaleza de la muerte y con la ofrenda de sí mismo. Piense al respecto en la cita de la Carta a los Hebreos: «La palabra de Dios es más tajante que una espada de dos filos». Quien no quiere esto y no puede soportar la consiguiente aflicción, quien no quiere recorrer este camino, no debe comenzarlo.

El remedio de los misterios es, en primer lugar, plenamente juzgador. En segundo lugar, su actividad es sobre todo psicoanalizante; hace comprender claramente las propias faltas y defectos, y sus causas. Y, por lo tanto, en tercer lugar, es desenmascarador para el propio ser.

Es una intensa gracia poder recorrer este camino, ya que aquello que el yo nunca fue capaz de comprender, se vuelve claro y es realizado gracias al remedio supremo. Por eso, esta propiedad de la luz de Dios fue representada a menudo en los Misterios como un espejo mágico que refleja despiadadamente la verdad.

Por esta razón, cuando vemos a alumnos que perseveran tranquilamente en su estado de vida egocéntrico, es evidente que no desean remedio alguno y que, por lo tanto, tampoco tienen noción alguna del carácter juzgador y desenmascarador de la fuerza de luz. Es seguro que ellos, al ingerir de forma negativa la fuerza de luz, comen su propia muerte.

Nadie debe pensar tampoco que el carácter juzgador y desenmascarador del remedio universal sólo se refiere a la ética de la vida del alumno, aunque ahora nos hayamos detenido ampliamente en ello. No, las influencias juzgadoras y desenmascaradoras se propagan en muchas direcciones.

Para entender esto hay que comprender que la luz de Dios es, sobre todo, de naturaleza astral y, por lo tanto, es absorbida en primer lugar por el cuerpo astral. Esta luz desvela y desenmascara todo lo que se agita y hierve en el cuerpo astral, y hace ver al alumno lo que debe emprenderse de forma necesaria y urgente para la santificación.

Por medio del cuerpo astral, el hombre está en contacto directo con cada uno de sus semejantes y con la totalidad del campo de vida de nuestra naturaleza. El cuerpo astral es un organismo extremadamente sensible y posee un amplio sistema magnético. En base al nacimiento natural -que se manifiesta de forma hereditaria y kármica-, el cuerpo astral absorbe la sustancia astral en la que vive, e irradia a su vez su cualidad.

Este gran campo de vida astral no es solamente un campo de sustancia astral pura, sino que es en sentido literal un campo de vida. Más aún que en la esfera material, con su infinidad de formas y manifestaciones de vida, y más aún que en las regiones etéricas, el campo astral es el campo de manifestación de miríadas de seres y fuerzas que determinan la naturaleza y la calidad del mismo, y a partir de las cuales viven todos los hombres. Es evidente que todo esto determina por  completo su estado de encarcelamiento.

El remedio supremo es, asimismo, una fuerza de luz astral de una naturaleza perfectamente pura y santa, que procede de otro campo astral diferente. Si su actual estado de ser está determinado por una situación astral, está claro que sólo puede ser ayudado por medio de un estado astral nuevo. De este modo, usted puede imaginarse perfectamente que esta fuerza de luz se encuentra, literalmente, como una antítesis frente a todo lo que impulsa y mantiene su ser astral nacido de la naturaleza. Ella es la fuerza de curación, pero no en un sentido automático, ya que simultáneamente conduce al candidato al autodescubrimiento, lo que le permite emprender el gran trabajo de santificación. Llamamos a este trabajo, realizado por uno mismo en su propio ser, en la fuerza de Dios, la ofrenda de sí mismo. Por un lado es el no hacer del yo; por otro lado, es obrar de forma muy activa en la fuerza de la luz de Dios.

Así se concede al alumno la posibilidad de llevar a buen fin todo el proceso de salvación del alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONTRAPORTADA

 

 

            EL REMEDIO UNIVERSAL

 

 

Resulta obvio para todos que el mundo se precipita actualmente hacia una decisión definitiva. La humanidad se ha creado un campo de respiración infernal, un inferno.

El campo astral, totalmente contaminado y dañado, provoca en las generaciones jóvenes una perturbación psíquica muy clara y peligrosa. La humanidad está dañando su alma de manera fundamental, a ritmo acelerado.

 

El remedio universal es también una fuerza astral, que proviene de un campo astral completamente diferente. Esta fuerza de luz pura conduce al candidato al autodescubrimiento. Simultáneamente, es una fuerza curativa, ya que le capacita para realizar con sus propias manos la obra de santificación. Por un lado, el «no-hacer» del yo; por otro lado, es obrar de forma muy activa en la fuerza de la luz de Dios. Así se brinda al candidato la oportunidad de llevar a buen fin el proceso de la salvación del alma.

 

 


[1] Tengase en cuenta que estas palabras fueron escritas en 1966-1967

[2] en italiano en el original

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

          EL NYCTHEMERÓN DE APOLONIO DE TYANA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                               EL NYCTHEMERÓN

 

                                                          DE APOLONIO DE TYANA

 

 

 

 

                                                                 EXPLICADO POR

 

                                                            J. VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Traducido del Francés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

Las doce horas del Nycthemerón……………………..

 

Prólogo………………………………………….

 

Primera Hora……………………………………..

 

Segunda Hora……………………………………..

 

Tercera Hora……………………………………..

 

Cuarta Hora………………………………………

 

Quinta Hora………………………………………

 

Sexta Hora……………………………………….

 

Séptima Hora……………………………………..

 

Octava Hora………………………………………

 

Novena Hora………………………………………

 

Décima Hora………………………………………

 

Onceava Hora……………………………………..

 

Doceava Hora……………………………………..

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS DOCE HORAS DEL NYCTHEMERÓN

 

PRIMERA HORA   En la unidad, los demonios cantan las alabanzas de Dios; ellos pierden su malicia y su cólera.

 

SEGUNDA HORA   Por lo binario, los peces del zodíaco cantan las alabanzas de Dios, las serpientes de fuego se  enlazan alrededor del caduceo y el rayo se vuelve  armonioso.

 

TERCERA HORA   Las serpientes del caduceo de Hermes se entrelazan tres veces, Cerbero abre su triple boca y el fuego canta las alabanzas de Dios por las tres lenguas del rayo.

 

CUARTA HORA    En la cuarta hora, el alma vuelve a visitar las tumbas; es el momento en el que se encienden las lámparas mágicas en los cuatro vértices de los círculos; es la hora de los encantamientos y de las ilusiones.

 

QUINTA HORA    La voz de las grandes aguas canta al Dios de las esferas celestes.

 

SEXTA HORA     El espíritu se mantiene inmóvil; ve a los monstruos infernales marchar contra él y no tiene miedo.

 

SÉPTIMA HORA   Un fuego que da la vida a todos los seres animados es dirigido por la voluntad de los hombres puros. El iniciado extiende la mano y los sufrimientos se apaciguan.

 

OCTAVA HORA    Las estrellas se hablan, el alma de los soles corresponde con el suspiro de las flores; unas cadenas de armonía hacen corresponderse entre ellos a todos los seres de la naturaleza.

 

NOVENA HORA    El número que no debe ser revelado.

 

DÉCIMA HORA    Esta es la llave del círculo astronómico y del movimiento circular de la vida de los hombres.

 

ONCEAVA HORA   Las alas de los genios se agitan con un murmullo misterioso; vuelan de una esfera a la otra y llevan de mundo en mundo los mensajes de Dios.

 

DOCEAVA HORA   Aquí se realizan por el fuego las obras de la eterna luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

Quizás habéis oído hablar de este misterioso personaje del pasado cuyo nombre es Apolonio de Tyana. Es conocido como un filósofo de la escuela neo-pitagórica, que los adversarios del cristianismo no solo compararon a Jesús, si no que lo consideraron como superior. Al igual que para Jesús, su nacimiento fue anunciado por el Espíritu Santo.

Viajó y enseñó en casi todos los países situados alrededor del Mediterráneo, el mar del mundo antiguo. El pueblo acudía en masa rápidamente para escucharle, y sus discípulos eran innumerables, según las ideas de ese tiempo. Hizo cantidad de milagros y realizaba un gran número de curaciones. Tan grande era su influen­cia que desde que aparecía, las poblaciones en lucha se reconcilia­ban. Evidentemente fue perseguido por las autoridades religiosas, más de una vez encarcelado e incluso martirizado. Cuando al fin, quisieron que lo devoraran los perros, desapareció de manera misteriosa.

Después que hubo abandonado la escena del mundo, se relató la historia de su vida y de sus vicisitudes. Un evangelio en ocho gruesos volúmenes vio la luz, cuyo contenido era tan grande y tan poderoso que los fundadores de la joven iglesia cristiana se inquietaron. Incapaces de hacer frente a un adversario parecido, emplearon el método clásico, el método clerical por excelencia: muerte, persecución y destrucción.

Está claro que en esa época, los escritos de Apolonio de Tyana eran manuscritos, los ejemplares eran poco numerosos, luego fáciles de robar, de confiscar o de destruir. La masa fue llamada al orden de manera cruel; se agitó ante ella al espectro del miedo, y así fue como, por este método tan conocido, fue extirpado del corazón de los hombres incluso el recuerdo de Apolonio de Tyana. Y al mismo tiempo se aplicó otro método, refinado y clásico, aún utilizado en nuestros días: la falsificación. De tiempo en tiempo aparecían escritos de Apolonio de Tyana, o sobre él, escritos en los que solo los expertos hubieran podido descubrir la impostura.

Es así como se hizo de él un hombre del que nadie fue capaz de reconocer su figura real. Se volvió un personaje legendario, lo que de manera muy natural llevó a un gran número de gente a pensar que probablemente jamás existió. El objetivo aspirado era pues alcanzado: después de algunos siglos de un trabajo continuo e inteligentemente conducido, la enseñanza truncada de Apolonio de Tyana pareció misteriosa e irreal. Su origen y su personalidad histórica fueron rodeadas de tales puntos de interrogación que se volvió verdaderamente un mito.

Llegados al resultado deseado, aquellos que habían imaginado este complot tuvieron el campo libre. Se comenzó a entregar o a colocar en ciertas bibliotecas publicas escritos falsificados de Apolonio de Tyana, así como muchos otros, con la mención: <<Descu­brimientos recientes>>. Estos manuscritos fueron naturalmente descifrados, leídos y criticados por especialistas; se escribieron sobre ellos gruesos libros que se volvieron objeto de tesis para la obtención del titulo de doctor en esto o aquello. Así es como se expandió la semilla vigorosa de la falsificación y de la mentira, y aquellos que han contribuido a ello hasta ahora por ignorancia y que disertaban, como conocedores, de la ciencia y de la sabiduría de Apolonio de Tyana, son victimas de la ilusión. De la misma manera muchos lo son aún, pues la búsqueda de viejos manuscritos suscita siempre un gran interés. Es posible, durante mucho tiempo, dificultar, truncar, alterar y aprisionar la verdad, y de reducir a sus servidores a la impotencia; pero un día la verdad se libera. Nosotros lo comprendemos perfectamente, nosotros que estamos preparados para seguir el camino de la Rosacruz: cuanto más tiempo la verdad es ahogada y refrenada, más violentas se vuelven las tensiones y más poderosa será un día la erupción del fuego de la verdad.

 

Comprender que Apolonio de Tyana fue uno de los grandes entre los grandes. En el alba de nuestra era, un cierto número de muy importantes trabajadores gnósticos se manifestaron en los países situados alrededor del Mediterráneo, época en la que estos países estaban altamente cultivados y civilizados. Jesús el Señor era uno de estos trabajadores. Ellos formaban un grupo de siete <<Hijos del Padre>>, o <<Hijos de la Viuda>>, enviados de la humanidad de las almas. No nos sorprendemos al enterarnos de que la vida de Apolonio fue, como la de sus hermanos, un verdadero camino de cruz, un camino de sufrimiento y de sacrificio trazado con la sangre de su corazón. Era amado por sus hijos gnósticos, pero odiado por los servidores de la naturaleza dialéctica. Este estado nos es tan conocido que es inútil insistir en él.

Nuestra intención es revelar esta gran figura a vuestra inteligencia, y de liberarla de la materia, de la ilusión y de la traición de los siglos. Queremos dar a conocer a este mensajero de Dios, este Hijo del Padre, tal como es realmente, pues el circulo universal de los grandes Hijos de Dios ha retomado la iniciativa de una tarea grandiosa. Como la hora que precede al alba es siempre la más oscura, es necesario esperar que la iniciativa de la Joven Gnosis para colocar a Apolonio de Tyana bajo la luz de la realidad sea acompañada de una maniobra similar por parte de la jerarquía dialéctica, con el fin de crear una distracción. Hemos basado nuestros comentarios en algunos fragmentos ya publicados de su obra[1], fragmentos que os mostrarán claramente porqué se destruyó su enseñanza y porqué se borró de la conciencia de los hombres su existencia histórica.

La escuela gnóstica que fundó tenía por objetivo la realiza­ción directa de la vida del alma. Solo se dirigía a aquellos en quienes suponía comprensión y una amplia apertura de espíritu. Imposible cambiar su enseñanza, inutilizable por otra parte por los servidores de este mundo. Se le reprochó más tarde a Apolonio de Tyana el no haberse dirigido a todos los hombres y no se le perdonó el haber seleccionado su auditorio y haberlo pasado por la criba. Nosotros lo comprendemos pues también la Rosacruz aplica algunas de estas medidas.

Sin embargo no haríamos justicia a Apolonio de Tyana si no afirmáramos al mismo tiempo que la luz de su amor, su inmensa compasión englobaban a la humanidad entera, que sus milagros y sus curaciones se dirigían a todos, sin distinción. Solamente en el terreno del «regreso a la patria», a la verdadera realidad, se dirigía a los que eran capaces de realizar directamente este regreso. Sabía, en efecto, que sus hermanos operaban en otro terreno, más vasto, como Jesús el Señor, por ejemplo, que trabajaba más para la futura generación de elegidos. Aparte de las conversa­ciones íntimas que tenía con sus discípulos, Jesús se dirigía a la masa, hablándoles en parábolas, en términos encubiertos y simbóli­cos, con el fin de despertar en ella algo de la aspiración y de la fe. Sus adversarios tuvieron la posibilidad de utilizar su lenguaje para deformarlo. ¡Que excelente método el adoptar el lenguaje de un enviado de Dios dirigiéndose a la masa para encubrir sus propios objetivos! ¡Que excelente método hacer de Jesús un dios inviolable, inaccesible, y declararse el verdadero clérigo de su iglesia!.

Pero era al mismo tiempo necesario hacer desaparecer el recuerdo de Apolonio de Tyana de la escena del mundo y, con él, sus enseñanzas directas y todo lo que concernía a la Gnosis. Pues ella predicaba «el dios con forma humana» de la filosofía hermética, el hombre que, por el renacimiento del alma y de la transfiguración, puede elevarse directamente hasta la vida liberadora a fin de liberar y de volver activo al dios en él.

El <<Gran Juego>>[2] no está reservado para el futuro; es un nuevo capítulo del juego que se juega con la humanidad desde hace siglos. Romper pues de un solo golpe la sarta de ilusiones y de mentiras en que se os retiene prisionero desde hace tanto tiempo, y dejar a la enseñanza directa de Apolonio de Tyana actuar en vosotros. ¡Hacerlo con todas vuestras fuerzas! Actuando así haréis justicia a Jesús el Señor que, hace dos mil años, os hablaba en parábolas porque en ese tiempo aún no estabais preparados para comprender y realizar su enseñanza.

Os hablaremos ampliamente, en este libro, del Nycthemerón de Apolonio de Tyana, cuyo titulo nos gustaría traducir así: <<El día de Dios que luce en las tinieblas>> o <<el dios prisionero en nuestro microcosmos>>.

Este <<Día>> está dividido en doce <<Horas>>, y cada <<Hora>> contiene indicaciones concretas sobre la manera como el Día de Dios puede ser realizado y lo será por cada candidato. En resumen, es el método, el camino de la liberación completa.

 

 

 

                                                   En la unidad, los demonios cantan  

                                                  las alabanzas de Dios; ellos pierden

                                                             su malicia y su cólera             

 

 

 

 

 

PRIMERA HORA

 

Como ya se ha dicho en la introducción, el Nycthemerón describe en doce partes, llamadas <<Horas>>, el <<Día de Dios>>. Consideremos la Primera Hora así concebida:

            «En la unidad los demonios cantan las alabanzas de Dios; pierden su malicia y su cólera.»

Aquel que quiere recorrer el camino de la Gnosis universal debe comenzar por entrar en la Primera Hora. Esta se refiere al camino de Juan, al camino del hombre-alma caído, que primeramente debe enderezar el camino para el dios en él.

Los <<demonios>> de los que aquí se trata no son los fantasmas de toda clase que habitan la esfera reflectora, sino los demonios presentes en cada ser humano. Se puede decir, sin exageración, que cada hombre dialéctico <<está poseído por el demonio>>. Lo demoníaco, es el mal y la impureza, el pecado en el hombre. Lo demoníaco es la suma negativa de todas las vidas vividas en nuestro microcosmos y que, como un manojo de tensiones magnéticas determi­nadas, mora en nuestro subconsciente.

Así pues el microcosmos contiene innumerables cargas magnéti­cas de naturalezas diferentes, acumuladas en él en el curso de interminables viajes a través de la naturaleza dialéctica; estas cargas provienen de las situaciones, de los sentimientos, pensa­mientos, actos y experiencias de su vida. Cada hombre está continuamente formando nuevas tensiones magnéticas negativas, es decir latentes. Estas tensiones magnéticas variadas forman el campo particular de respiración, el campo de vida, la atmósfera en la que vivís en tanto que ser humano.

Quizás habéis observado el cielo y seguido el curso de las nubes y distinguido en ellas formas múltiples y variadas que parecen observaros. Ellas os miran fijamente, mostrándose alterna­tivamente descontentas, irreales y quiméricas. Como los sueños, son de naturaleza negativa. Incluso podéis observar vuestro propio campo de respiración al interior de vuestro ser aural. Las tensiones magnéticas nebulosas que se encuentran allí tienen, también, cabezas y formas curiosas y gigantescas, más o menos monstruosas y demoníacas. Y se comprende que aquellos que ven al interior de su propio ser hablen de demonios. Son las imágenes de las tensiones magnéticas que permanecen en el subconsciente, en el campo aural de respiración.

¿Porque hablamos de subconsciente? Porque aún hay otra conciencia: la conciencia-yo ordinaria. Esta conciencia yo se desarrolla en tanto que suma de todos los elementos que forman la base de la conciencia de todos los átomos de nuestro sistema. Ella es alimentada por unas radiaciones directas de naturaleza sideral que son vertidas del cosmos que nos rodea. Las nubes demoníacas de las tensiones magnéticas de las que acabamos de hablar no se mantienen únicamente en nuestro campo de respiración, sino que nos penetran y forman parte de los cinco fluidos del alma natural, participando así en cada átomo de nuestro ser.

Se puede decir pues que no hay únicamente en nosotros un principio de vida positivo que nos hace decir <<yo>>, sino también un impulso subconsciente, una atracción hacia el abismo del pasado, un principio vital negativo, multiforme, subconsciente. Así es como los que en todo tiempo han estudiado la psiquis humana han llegado a la conclusión que dos <<egos>> viven en el hombre: el yo de la conciencia ordinaria y el del subconsciente, dicho de otra manera el yo natural y el de la naturaleza discordante, demoníaca. Todos vivimos de estos dos egos. En un momento dado, vivimos del yo ordinario y se nos juzga normales; pero cuando vivimos del yo subconsciente, se nos juzga anormales. Las fuerzas naturales de antaño nos arrastran, en este último caso, a pensar, sentir y actuar según móviles que el yo normal deplora.

Muchos hombres están hasta tal punto dominados por las tensiones magnéticas discordantes que viven más en lo anormal que en lo normal. Se les dice <<poseídos del demonio>>; descienden frecuentemente por debajo de las normas permitidas por la sociedad; su sistema nervioso ya no puede soportar las tensiones.

Se les considera como criminales. Aquellos que deben juzgarlos y condenarlos, así como la masa de los hombres que los rodean, no están totalmente dominados por su subconsciente, ¡al menos todavía! Su subconsciente no se muestra aún en el exterior; sin embargo, al abrigo de las cuatro paredes de su casa, dan libre curso a sus instintos. Así conservan un equilibrio precario y manifiestan en su vida publica una actitud pretendidamente <<justa>>. Sin embargo su estado es tan tortuoso y complicado como el de los otros. Es el estado de la ola de vida humana en su manifestación actual. Los innumerables siglos de manifestación dialéctica se expresan en cada uno bajo la forma de una serie de tensiones magnéticas discordantes y de problemas no resueltos. Así es lo demoníaco, el pecado en el hombre, lo que le especifica. Y aquel que, nacido de la naturaleza, dice que está sin pecado, miente. Es en esta realidad, en esta triste realidad, que Apolonio de Tyana toma a sus alumnos.

Comprenderéis que la psicología <<moderna>> no es del todo moderna, que ella se esfuerza en proteger al hombre contra sus propios demonios con la ayuda de las verdades de los antiguos gnósticos y de los antiguos métodos ocultos sin curarlos realmente. Es la versión actual del antiguo exorcismo. Apolonio de Tyana pone a sus alumnos ante la desconcertante realidad de la naturaleza dialéctica: todo ser humano es el producto de la totalidad del pasado de su microcosmos; y el pasado y el presente entremezclan dos <<yo>>: el consciente y el subconsciente.

¿Como situarse en esta desconcertante realidad? ¡Es necesario aceptarla! Cuando la Primera Hora del Nycthemerón se hace oír, tratar de colocar ante la Gnosis y su luz la red enmarañada de las tensiones de toda clase. Haciendo esto invocáis los rayos consola­dores y curadores de Belén, en la sinceridad de una fe profunda que sabe que vuestra salvación solo puede venir de la montaña de la sublimidad. Invocando las verdaderas fuerzas compasivas y curadoras y abandonándoos a su radiación magnética, conviene que viváis de ellas enteramente. Es en estas fuerzas, dice Apolonio de Tyana, que es necesario esforzarse muy seriamente en volver a poner las cosas en buen camino. Así, os encontráis <<sobre la alfombra>>, y cinco procesos se desarrollan en el consciente y el subconsciente:

Primeramente, la Gnosis os coloca ante lo que es recto, lo que quiere decir que la vida entera y el campo de vida, con todas sus complicaciones, son tocadas por las radiaciones gnósticas.

Este contacto permite al candidato, en segundo lugar, adquirir un gran conocimiento de si mismo. El consciente y el subconsciente se enfrentan. El alumno descubre entonces la causa de las tensiones extrañas y desviadas que dominan tan frecuentemente su vida, le arrastran y se le manifiestan frecuentemente como gigantescos fantasmas.

En tercer lugar, el candidato supera así su desprecio a si mismo. ¿No resiente frecuentemente disgusto y repulsión por si mismo? En ciertos momentos secretos, ¿no os sentís completamente indignos y buenos para nada? No conocéis y no habéis experimentado frecuentemente la acción paralizante de este sentimiento? Para salir de ello, es necesario ver claramente la causa de esta fuerza diabólica paralizante, pues examinarla a la luz de la Gnosis significa hacerla desaparecer. Después de este hundimiento en el asco de si mismo, el candidato se encuentra durante un tiempo bastante largo en una especie de vacío en el que solo penetra un frío glaciar. Es el terreno neutro de la soledad.

En cuarto lugar, los rayos gnósticos terminan por romper este aislamiento y la salvación gnóstica penetra hasta en los menores rincones del microcosmos, en todas las partes de la personalidad y del campo de respiración. Es así como se forman en este campo unos focos de fuerzas nuevas. Una nueva esfera magnética comienza a desplegarse. Un nuevo estado de ser comienza a manifestarse. Este nuevo yo es la síntesis, la unificación del consciente y del inconsciente. Toda discordancia se transforma en armonía.

Entonces llega, en quinto lugar, el instante glorioso tan deseado en el que, en esta unidad, se desvanecen las viejas tensiones discordantes de antaño, y donde diablos y demonios cantan las alabanzas del Padre. Las oposiciones desaparecen: ellas pierden su malicia y su cólera.

De esta manera, cada candidato puede enderezar el camino para su Señor y volverse digno de seguir, según su conciencia, el camino de la liberación.

Es necesario ante todo que el inconsciente se funda en el consciente y que estos dos se reabsorban en la purificación de la Gnosis. Esa es la tarea de la Primera Hora del Nycthemerón de Apolonio de Tyana. Aquel que emprende su Primera Hora del <<Día del Señor>>, no borra su pasado, su karma, como algunos dicen, sino que le da su verdadero valor. Lo transforma en un tesoro inagotable de sabiduría, de experiencia y de fuerza.

Las tensiones disonantes del pasado, que se agitan y hierven en nosotros, no están causados únicamente por pensamientos y actos espantosos o por acontecimientos horrorosos sobrevenidos en los siglos pasados; lo más normal es que ellos resulten de experiencias inacabadas, de problemas no resueltos, de procesos que no han llegado hasta su fin, hasta su coronación. Tenemos pues que proseguir la tarea que nuestros ancestros y nuestros predecesores no terminaron.

Cuando, por el descubrimiento de vosotros mismos en el curso del verdadero aprendizaje, dejáis a la atmósfera gnóstica penetrar en vuestro ser, enderezáis los caminos, armados del saber extraído en la cámara de los tesoros del pasado. Entonces todo lo que se manifiesta de manera discordante entona, con todo el resto, un poderoso canto de alabanzas al dios en vosotros; el pasado se vuelve, en el presente, la prueba de un futuro absolutamente seguro; y sobre la base del alma-espíritu, las fuerzas naturales en unidad cantan la alabanza y el honor de Dios. Ellas pierden su malicia y su cólera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                            Por lo binario, los peces del Zodíaco cantan

                                          las alabanzas de Dios, las serpientes de fuego

                                           se enlazan alrededor del caduceo y el rayo se

                                                                vuelve armonioso.

 

 

 

 

                                                                 SEGUNDA HORA

 

 

La Primera Hora del Nycthemerón de Apolonio de Tyana nos ha enseñado que el aprendizaje gnóstico puede unificar todas las tensiones discordantes incomprendidas, luego no dominadas, que se manifiestan en el microcosmos. Al no expresarse ya de manera negativa, pierden su malicia y su cólera y se ponen al servicio del candidato a los Misterios gnósticos.

Cada tensión magnética del ser aural tiene por causa actos cometidos en un cierto período de la vida de una de las personali­dades que han habitado el microcosmos. Cuando estas tensiones magnéticas quedan sin malicia, sin cólera y sin otras reacciones, se ponen al servicio del hombre actual, y así se libera un inmenso tesoro de experiencias, de purificación y de conocimiento que vuelve al candidato mil veces más fuerte que todo lo que podría explicar su estado de vida ordinario.

La Segunda Hora se ajusta perfectamente a la Primera:

Por lo binario, los peces del Zodíaco cantan las alabanzas de Dios, las serpientes de fuego se enlazan alrededor del caduceo y el rayo se vuelve armonioso.

Para comprender estas palabras, recordar lo que la Primera Hora quería deciros: gracias a una orientación única, el candidato <<sobre la alfombra>> llega al dominio de si mismo y, como ha realizado así la unidad en si mismo, los demonios pierden su malicia y su cólera. Ya no está fundamentalmente unido a la vida dialéctica inferior. Es liberado a fin de recorrer el camino; y esta libertad fundamental solo es posible por la transformación de los demonios en el ser humano que se arranca de la influencia caótica de sus tensiones magnéticas, las transmuta y las ordena.

Desde que un alumno se libera de esta influencia, es directa­mente confrontado con el mundo astral del cual vive, con el campo de su nacimiento sideral, con el gran campo de vida astral de la naturaleza dialéctica. Pues debe vencer y transformar no solamente la resistencia de su propio microcosmos, sino también el del mundo en el que vive el microcosmos, y por consiguiente también la persona­lidad.

En el campo de vida sideral, regentado por sus eones, interviene la fuerza de la dualidad, la influencia de las fuerzas gemelas de la naturaleza, que hacen que todo, en el mundo de las apariencias, sea forzado a transformarse en su contrario, lo que explica el juego de los cambios incesantes de la naturaleza dialéctica.

Una ley de la naturaleza que se manifiesta en el campo del nacimiento sideral hace que toda persona que comienza a obrar en la alegría y el entusiasmo, sea invadida, en un momento dado, por el pesimismo y la tristeza. Unas series de fenómenos, en el gran juego de los cambios, lo confirman plenamente. Así alternan continuamente y en todas las relaciones fe e incredulidad, certeza y duda, claridad y oscuridad.

Aquel que durante la Primera Hora, no ha llegado a vencer al demonio de las tensiones magnéticas es incapaz de entrar en la Segunda Hora. Está absolutamente dominado y neutralizado por las fuerzas del campo sideral. Solo aquel que ha adquirido un nuevo yo, que ha llegado al nacimiento del alma y ha calmado las tempestades magnéticas de su ser <<perseverando sobre la alfombra>> puede a continuación emprender el esfuerzo de dominar el campo del nacimiento sideral. Para llegar a ello, le es necesario descubrir el método que consiste en equilibrar los opuestos de la naturaleza, abriendo así un armonioso pasaje a través del <<mar rojo>> del nacimiento sideral.

Habéis oído hablar en vuestra juventud de la equivalencia de los opuestos, y quizás ello os valió buenas notas en matemáticas, pero llevar ello a la practica en la vida, es totalmente diferente y crea graves problemas. Pueda el Nycthemerón, por un aprendizaje bien comprendido enseñaros a resolver los problemas de la Segunda Hora, en la medida en que hayáis satisfecho las condiciones de la Primera Hora.

 

Por lo binario, los peces del zodíaco cantan las alabanzas de Dios.

Es la primera formula a resolver. Evidentemente conocéis el símbolo zodiacal de los Peces: dos peces uno al lado del otro unidos por una cruz. Uno simboliza al hombre divino, el otro al hombre unido a la naturaleza. Estos dos deben volverse uno por un camino de cruz. Comprendemos esto como la elevación, por la endura, del hombre nacido de la naturaleza en un hombre-alma divino. Así los dos hacen solo uno, los opuestos se vuelven iguales.

Poseéis pues la llave que da el poder de atravesar el campo de vuestro nacimiento sideral. Arde allí un fuego intenso, un fuego resplandeciente. Conocéis ese fuego como el fuego de la codicia y lo conocéis bajo tres aspectos diferentes: atrayente, repulsivo y neutro. El hombre se sintoniza con estos tres estados, forma parte integrante de ellos. Cuanto más individualizados están los hombres, más arde el fuego sideral, hasta volverse un fuego del infierno. Aunque los hombres tengan deseos semejantes puesto que pertenecen a la naturaleza de la muerte, no todos persiguen el mismo objetivo. El fuego que atrae a uno, luego lo vivifica, el otro lo rechaza, quiere apagarlo o bien permanece insensible a él. Así diferenciados y diversamente polarizados, los hombres hacen un infierno los unos para los otros. Se queman mutuamente sin quererlo, activan la hoguera común. Y la rapidez vertiginosa del juego de los contrarios se vuelve explicable y lógica, al igual que los cambios incesantes. Sobre el plano de la naturaleza ordinaria, los hombres se lanzan mutuamente al infierno del fuego sideral y se mantienen prisioneros los unos de los otros. La codicia llama a la discordia.

Imaginar ahora que, comprendiendo la situación, quisierais neutralizar este fuego, del que todos los hombres son responsables; que quisierais equilibrar los contrarios para abriros un pasaje, ¿qué debéis hacer?

Considerar el simbolismo del signo zodiacal de los Peces. ¿Por que y para que el hombre inferior y el hombre divino están unidos? ¿Como la dualidad se vuelve una unidad? Por la cruz, es decir por el amor de Dios que reconstituye todo y triunfa ante todo, o dicho de otra manera por la verdadera fuerza del alma-espíritu, la verdadera armonía, que solo es posible por el camino de cruz del amor.

¿Comprendéis de que se trata? Suponer que tenéis un enemigo. Todo hombre tiene enemigos conocidos o desconocidos, lo quiera o no. ¿Como nace la hostilidad? Obligatoriamente del hecho de que los contrarios son, por naturaleza, opuestos. Rechazáis, luego queréis apagar. Otro atrae hacia él, quiere pues inflamar. En el mismo instante surge el conflicto: oposición de intereses en el gran campo de los contrarios. En el mismo instante, es la guerra. Sois los responsables de ello en la misma medida que el adversario, porque vivís en la naturaleza de la muerte, porque codiciáis algo en el campo del nacimiento sideral.

Así es como los hombres se retienen mutuamente en la danza macabra, en la maldición. Es la ley de la naturaleza. Por turnos estamos en el horno y allí nos quemamos, o estamos fuera del horno y allí asamos a otro. Apolonio de Tyana trata de hacernos compren­der la estupidez de tales actuaciones.

Entonces ¿como los peces, en su dualidad, vienen a cantar las alabanzas de Dios? ¡Por el camino de cruz del amor!

Interpretamos esto como sigue: siendo vuestra base la Primera Hora del Nycthemerón, admitamos que estáis en su tranquilidad y en su unidad. Sabéis que, sea el que sea, todo deseo, en razón de la naturaleza del campo del nacimiento sideral, suscita una fuerza contraria, luego la hostilidad y un fuego del infierno. En estas condiciones, cae de su peso que dejéis de mantener, de inflamar este deseo, que le impidáis crecer y que finalmente lleguéis a neutralizarlo. En esta orientación sublime, os elevaréis hasta la vida liberadora del alma. Aquel que actúa así atraviesa sin peligros las profundidades del infierno. Encuentra la armonía en la igualdad de los opuestos.

Cuando no codiciáis nada de lo que pertenece al campo del nacimiento sideral, las fuerzas siderales de las que podríais tener necesidad en un momento dado en razón de vuestro estado biológico vienen de manera totalmente natural a vosotros, sin que suscitéis las fuerzas contrarias. Otra ley de la naturaleza se expresa así: <<Buscar primeramente el Reino de Dios, y todo os será dado por añadidura.>>

Cuando ya no codiciáis nada y os encontráis en el camino de cruz del amor, un enemigo viene a vosotros, un enemigo natural en el sentido de que en virtud de su naturaleza, cualquier hombre dialéctico es vuestro enemigo. Va a quemaros con su codicia, está obligado a ello en virtud de su misma naturaleza. Ello significa que, en vuestro recorrido a través del mundo del nacimiento sideral, sois confrontados cada día con las chispas del gran fuego; cada uno según su estado de ser particular. Veis esto perfectamen­te. Sin embargo al estar sin deseos, no sois atraídos hacia el fuego y ya no lo aviváis para otros. Está ante vosotros, intenta incitaros a la acción, por el miedo o de otro modo. Pero la única actividad que irradiáis es el gran amor del camino de cruz con rosas, el principio vital del mundo de las almas, una gran compasión por otros, por su condición. Para vosotros ya no hay fuerzas contrarias, ya solo están las estaciones del camino de cruz, la travesía del desierto, la travesía del campo sideral, orientados como estáis en el mundo del alma.

Es así como avanzáis, amando a vuestros enemigos. Los contrarios han desaparecido: habéis encontrado la gran armonía. El hijo de Dios, el alma viva, se ha colocado a vuestro lado en vuestro estado sideral, y os eleváis en los cantos de la Segunda Hora: Por lo binario, los peces del zodíaco cantan las alabanzas de Dios.

 

Examinemos ahora la segunda parte: las serpientes de fuego se enlazan alrededor del caduceo y el rayo se vuelve armonioso.

Hemos dicho que el candidato <<sobre la alfombra>>, en una orientación única, ha adquirido el dominio de si mismo y que su unidad interior ha hecho perder a los demonios que están en él su malicia y su cólera. Ello quiere decir que cuando el candidato recorre el verdadero camino de Juan a través del desierto, haciendo él mismo el sacrificio de su yo dialéctico, todas las corrientes magnéticas que se manifiestan en su ser dialéctico se armonizan. Las tensiones magnéticas obligatorias de la vida dialécti­ca con todas sus consecuencias desaparecen, y la fuerza de expansión magnética acumulada en el ser aural es, por una parte, transformada en armonía y puesta así al servicio del candidato; por otra parte esta fuerza es ordenada, o bien apartada del sistema, de manera que, finalmente, solo queda la unidad. Amargura y cólera han desapareci­do totalmente.

Después de esta ordenación y esta preparación, el candidato entra en la Segunda Hora donde es directa y conscientemente confrontado al mundo astral de la naturaleza ordinaria en la que vive y respira en razón de su naturaleza dialéctica. En este campo, debe aprender a vencer lo que es su característica, es decir las fuerzas gemelas de la naturaleza, las parejas de fuerzas contra­rias.

Resuelve estos problemas recorriendo un camino de cruz. Nunca pierde de vista la significación simbólica del signo de los Peces: el hombre natural, completamente encadenado y ardiendo en el fuego sideral dialéctico, es unido al hombre divino, al espíritu liberado de todos los males terrestres. La unión entre los dos nace por la cruz del amor divino, la radiación de la Divinidad. El candidato puede, en la inviolabilidad, atravesar el fuego sideral bajo la égida del amor impersonal omnipresente que todo lo engloba. Este amor se vuelve vivo por el abandono total del deseo propio a la naturaleza.

El fuego sideral es codicia; despierta la codicia, y toda codicia hace nacer e implica su contrario. Si os dejáis coger por ello, seguís entonces el camino infernal de la naturaleza ordina­ria. El candidato solo puede elevarse por un único deseo, por una voluntad orientada en una única dirección, pues el hombre nacido de la naturaleza nada puede sin deseo; es el deseo del otro reino, del nuevo campo astral, el deseo intenso del hombre divino al cual está unido en la armonía de los Peces: unos cantos de alabanza infinitos para la Gnosis.

Si la orientación de la Primera Hora ha puesto orden en el sistema magnético, la orientación de la Segunda Hora, por un deseo profundo, realiza el aniquilamiento del yo por la ofrenda de si mismo al alma divina, gracias a la realización del camino de Juan basado en la fórmula: <<El debe crecer y yo menguar.>> En este punto, las serpientes de fuego se enlazan alrededor del caduceo y el rayo se vuelve armonioso.

En la Enseñanza universal se llama <<serpientes de fuego>> a las radiaciones del fuego sideral en razón de sus movimientos parecidos al rayo. El caduceo es la columna vertebral donde circula el fuego de la serpiente, el fuego sideral que anima al ser humano y lo propulsa a través de la vida. Unos procesos ígneos se desarrollan sin cesar en el caduceo y alrededor de él. Los diversos fuegos siderales de las fuerzas contrarias lanzan sin cesar sus llamas en el fuego de la serpiente humano y, por este fuego y el sistema nervioso que le corresponde, todas estas influencias se transmiten al sistema entero. El observador atento ve entonces el caduceo entero rodeado del juego de llamas diversamente coloreado por las radiaciones siderales, colores a veces intensos que pueden ir del blanco cegador al rojo sombrío cuya frecuencia vibratoria es más lenta. Y el hombre se contorsiona en este brasero infernal, Debe reaccionar.

Sin embargo aquel que sigue el camino en orientación única y hace reinar el orden en su estado magnético, avanza calmado y confiado, invulnerable, a través del infernal torbellino de la vida dialéctica, pues está orientado sobre el objetivo superior de los hijos de Dios por la ofrenda de si mismo, es decir hacia el despertar del alma, hacia el renacimiento del alma por el camino de cruz de las rosas.

Desde entonces se realiza un gran milagro: toda crispación desaparece de su vida. Una gran calma interior se establece, que se explica por la inmensa transformación, en el plano sideral, de los procesos ígneos que tienen lugar en el caduceo y alrededor de él.

Las serpientes de fuego se enlazan alrededor del caduceo y el rayo se vuelve armonioso. Esto porque las fuerzas siderales de la Gnosis, las fuerzas del dominio de las almas, las fuerzas del sexto dominio cósmico comienzan a dirigir el caduceo. Ello hace nacer un fuego claro, luminoso, equilibrado, una llama calmada y serena que ya no puede apagarse y que alimenta armoniosamente al ser entero.

Bañado en esta armonía interior, el candidato entra en la Tercera Hora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                Las serpientes del caduceo de Hermes

                                                 se entrelazan tres veces, Cerbero abre

                                                    su triple boca y el fuego canta las

                                                alabanzas de Dios por las tres lenguas

                                                                        del rayo

 

 

 

 

 

                                                                 TERCERA HORA

 

Cuando el fuego de la codicia por las cosas de la naturaleza se ha calmado, el candidato ya no ambiciona otra cosa que el avanzar en el camino de cruz con rosas. Debe volverse un caballero del Santo Grial, es decir un combatiente, un trabajador al servicio de la Luz universal. Para ello le es necesario comenzar a dar forma a su arma, a su espada. Entrará en posesión de esta espada cuando interiormente haya preparado de la justa manera su caduceo, la columna del fuego espiritual de su ser. Esta columna de fuego espiritual, este caduceo, comporta tres canales. Si incluimos en este sistema los dos aspectos del gran simpático, vemos descender el fuego por un lado de la columna y ascender por el otro. El caduceo es pues protegido por los dos lados por el nuevo fuego; y por este triple enrollamiento, el alumno recibe la posibilidad de prepararse para el gran proceso de la transfiguración futura sintonizando todo su ser a ella, luego armándose contra Cerbero.

En la mitología, Cerbero es el perro del infierno con tres cabezas; otros dicen que bien puede tener cincuenta y que tiene una cola como la de un dragón, que su crin está hecha de cien serpien­tes y que su aliento y su saliva están envenenadas. Cuando ladra, el infierno tiembla. Se le llama el guardián, el guardián de la otra orilla del Estigia. De todas las leyendas que, en el curso de los siglos, se formaron alrededor de Cerbero, recordamos ésta: los vivos que quieren pasar al otro lado del Estigia deben estar en posesión del caduceo de Mercurio, dicho de otra manera del caduceo de Hermes. El candidato debe probar que su arma, su espada de caballero del Grial, es suficientemente fuerte.

El candidato a los misterios sigue el único camino exclusiva­mente con el objetivo de participar en el mundo de las almas, en el nuevo campo de vida, liberado de los lazos de la naturaleza de la muerte. A causa de ello, quiere atravesar el Estigia. ¡Pero la naturaleza dialéctica no deja tan fácilmente escapar a un humano! ¡Lo que ha costado millones de años en constituirse y en mantener en estado en la naturaleza de la muerte no puede desaparecer de repente!

Cerbero es el símbolo del ser del pecado, escondido como una serpiente en el ser aural y que, en virtud de las leyes de los procesos magnéticos, termina por presentarse ante el alumno antes de desaparecer y de dejar el paso libre. Que la expresión <<ser del pecado>> no evoque para vosotros algún fantasma, actos espantosos o crímenes cometidos por aquellos que os han precedido en vuestro microcosmos, sino mas bien la suma de todo aquello a lo que vuestros predecesores y vosotros mismos os habéis agarrado, y a lo que aún os agarráis, en la naturaleza de la muerte. Pensar por ejemplo en el miedo a la vida, al temor que todos los hombres experimentan en el curso de la lucha por la existencia. Es uno de los aspectos de Cerbero. Es necesario tener una concepción muy clara del aspecto bajo el cual se os aparece vuestro Cerbero con el fin de daros cuenta en todo momento, en el curso de vuestra progresión en el camino, si ya sois lo bastante fuertes para dejar tras vosotros la serpiente del pasado.

Así pues Cerbero solo es, para una gran parte, una quimera: no es más que el espejo del pasado. Cuando llegue el momento en el que todo lo que es reflejado en vuestro cerebro o en vuestro corazón por este espejo mágico ya no os asuste, entonces veréis la imagen del pasado disolverse en humo por las tres lenguas del rayo del fuego de la serpiente renovado.

Cerbero abre su triple boca, está escrito en la Tercera Hora. Cerbero es el símbolo del ser del pecado que, como una serpiente escondida en el ser aural de un hombre, se proyecta sin cesar en el caduceo de este hombre, imponiéndose a él en virtud de las leyes de los rayos magnéticos. Si el candidato a los Misterios gnósticos ha renovado de triple manera su propio caduceo (teniendo este último tres aspectos), es necesario entonces que demuestre si es bastante fuerte para permanecer impasible ante el fantasma de su pasado y la influencia de este último, para neutralizarlo y aniquilarlo. Cerbero representa simplemente el estado fundamental del hombre dialéctico, la suma de su pasado en el presente. Cuando vuestra vida presente está totalmente en la Gnosis, su manifestación se expresa electromagnéticamente y es evidente que en un momento dado este <<presente vivo>> entra violentamente en conflicto con la fuerza fundamental del pasado. Ya no hay que esperar la victoria del más fuerte.

Cerbero, la fuerza fundamental del pasado, que domina vuestro estado natural y lo controla, es por derecho llamado el <<guar­dián>> de la otra orilla del Estigia. Todo peregrino en camino hacia el País de los Vivos debe pasar ante este guardián, lo que significa aniquilarlo borrando totalmente el pasado y emprendiendo, en el microcosmos, algo totalmente nuevo: el comienzo del <<presen­te vivo>>.

Es bueno despojar a la realidad del fardo romántico con el que se le ha revestido, así como de los relatos fantásticos que la imaginación ha tejido alrededor del <<guardián del umbral>>, pues, como ya hemos dicho, toda radiación magnética posee una estructura y se proyecta en el campo de respiración en una imagen deformada, una forma de aspecto frecuentemente horrorosa. Cuando tal imagen se impone en el campo de respiración del alumno, si este posee un caduceo verdaderamente nuevo, la influencia magnética en cuestión es inmediatamente transmutada en otra vibración por la radiación del caduceo. En consecuencia, como dice el Nycthemerón, todos los demonios, es decir las formas grotescas del campo de respiración, desaparecen y cantan las alabanzas de Dios.

Solo subsiste en el ser aural la fuerza fundamental de donde han partido y parten todas las influencias magnéticas. Al final, esta fuerza, Cerbero, también deberá dejar de existir, pues ella es la llave del último circulo del séptimo dominio cósmico. Así pues todo candidato que quiere pasar del séptimo al sexto dominio cósmico debe afrontar a Cerbero, el cual debe engullirlo abriendo su triple boca para hacerlo regresar al dominio de su nacimiento natural.

Así cuando os hablamos del Cerbero que está en vosotros, y en nosotros, y en las actuaciones del adversario, pensar en un camino que todos debemos recorrer, en una barrera que todos debemos derribar. Si para ello nos armamos con la espada del caduceo renovado, es indispensable entrever el lugar del reencuentro así como los medios que emplea generalmente Cerbero contra aquellos que quieren pasar el umbral.

Si reflexionáis en los medios de combate del guardián del umbral microcósmico, estamos persuadidos de que se os presentará bajo una luz totalmente diferente. Muy probablemente estaréis tentados a creer que, para pasar el umbral, es necesario disponer de una buena dosis de combatividad dialéctica y también de una gran pureza. Pero comprenderéis que, para tener éxito, es necesario mucho más que esto; es necesario pensar en corregiros vosotros mismos en las cosas de la vida corriente más evidentes.

Una vez más atraemos vuestra atención sobre el fantasma del miedo que, por el hecho de vuestro nacimiento en la naturaleza, os retiene prisioneros. El miedo es inherente a la naturaleza dialéctica. Teméis por vuestra salud, por vuestra posición social, por vuestros bienes, por vuestro marido, por vuestra mujer o vuestros hijos; teméis por todo lo que quizás podría ocurriros en la vida. El miedo os hace hacer cosas que no deberíais hacer y negligir cosas que deberíais hacer. A causa del miedo, del temor, de las preocupaciones, estáis divididos; dicho de otra manera, si queréis recorrer el camino, si queréis tejer vuestro manto gnóstico, Cerbero es el más gran obstáculo en vuestro camino. Es él quien le empuja a los compromisos con el mundo. Y si el candidato no tiene miedo de los obstáculos que encuentra en el mundo, le angustiará el no poder tejer el vestido de oro de las Bodas. Cerbero, de una manera o de otra, despertará siempre en él un temor cualquiera. Por temor a perder a la Gnosis, por ejemplo, puede volverse un fanático y dar el ejemplo típico de alguien que se impone a causa de un doble miedo: el de comprometerse y el de no comprometerse. En tal hombre, la locura del fanatismo penetra en el fuego de la serpiente.

Para alejar este miedo, es necesario un increíble poder de perseverancia y constancia. Es necesario haber atravesado la Segunda Hora de la justa manera. Debéis llevar la cruz del amor de tal manera que este amor os vuelva fuertes y os permita en su fuerza, realizar o no tal o cual acto. Vais así al encuentro de todo lo que viene en la tranquilidad interior que este amor confiere. Mientras que este amor no sea perfecto en vosotros, Cerbero os cerrará el paso, aunque solo fuera por el miedo que está en vosotros.

Liberarse de la angustia, de la preocupación y del miedo está recomendado igualmente por el Sermón de la Montaña. Ello no quiere decir neutralizar, vencer todas las preocupaciones, miedos y angustias de la naturaleza dialéctica, ya que ello es imposible puesto que hacen uno con esta naturaleza. Aparecen en vuestra vida conforme a la ley de la naturaleza. No, debéis dominarlas en la fuerza y la luz  del otro reino.

Lo que tienen de superficial muchos cuentos, mitos y leyendas, es que la bravura del caballero que mata al dragón es una bravura cultivada. Ahora bien ¡de ninguna manera se trata aquí de bravura! Aquel que ha establecido en él la luz del otro reino, se eleva por encima del temor. El miedo ha desaparecido de su vida. Pasa al guardián del umbral sin lucha, sin gran demostración de intrepidez y coraje.

El dogma constituye otro aspecto de Cerbero en vosotros. Un dogma es una enseñanza. Hay innumerables enseñanzas. La Gnosis puede ser caracterizada, descrita, definida de manera dogmática. Tales enseñanzas son necesarias como punto de partida de un cierto camino. Todos los grandes del Espíritu han dado igualmente una enseñanza al mundo bajo forma dogmática, como un programa motivado. Inevitablemente, la Rosacruz actual transmite también una enseñanza que explica en detalle en su literatura. El candidato que lleva esta doctrina en su cabeza y en su corazón, que la ha fijado en su sangre, está completamente envuelto por el manto de esta doctrina que llena su vida.

Sin embargo es posible que Cerbero tenga muy fuertemente bajo su influencia al candidato así provisto, que éste se crea un <<gnóstico por excelencia>>. Pues, verdaderamente, sus amigos lo aprecian mucho. ¡Con que talento y que claridad expone la enseñan­za! ¡Como la formula justamente, que bien la piensa, como la aclara filosóficamente de manera autentica!.

¡Ahora bien ahí es donde está el peligro! Una enseñanza es un programa y un programa debe ser ejecutado, y aquel que lo ejecuta vale mucho más que aquel que lo conoce. Puede ocurrir que alguien conozca mal la doctrina pero que se muestre invencible para realizarla. Por ello el candidato corre el peligro de caer en el punto muerto de la doctrina. Ahogar al mundo bajo la multitud de los dogmas  es una táctica, un método empleado por Cerbero.

El dogmatismo ha sido siempre la enorme trampa de la teología y de la iglesia, no siendo ésta otra cosa en general que una institución dogmática. La Gnosis original, en uno de sus aspectos, ha venido a la humanidad en tanto que doctrina pura y perfecta. Hubo hombres que bebieron de ella, que la absorbieron como un néctar, y después se pusieron a predicar sus enseñanzas y escribie­ron libros con el fin de transmitir a lo lejos el mensaje a aquellos que no podían tocar directamente. La generación siguiente, apoyándose sobre esos libros, continuó fundando universidades y escuelas para enseñar la doctrina. Después los dogmáticos se reunieron para revisarla, corregirla, adaptarla al mundo, a la cultura, a las opiniones y a las aspiraciones dialécticas existen­tes. El miedo encorvó las enseñanzas. Estas se embrollaron y se contradicieron. Se hicieron pedazos. Un grupo dice: <<¡Es este fragmento el que es bueno!>>. Otro: <<¡Buscar la salvación en este trozo!>>. Así es como vieron el día las universidades de la división. Este dogmatismo secular tiene ahora su sede en la sangre y el fuego de la serpiente de la humanidad. Cerbero tiene a éstos poderosamente bajo su influencia por los instintos dogmáticos del pasado. En efecto ¿no son numerosos los candidatos que debieron luchar desesperadamente contra ellos mismos porque su instinto dogmático tradicional no concordaba con el programa y la filosofía de la Gnosis?

¿Como liberarse de la influencia del dogma? Haciendo del dogma que habéis elegido el programa de vuestra vida y ejecutándolo con todo vuestro ser. Descubriréis así muy deprisa si está muerto o vivo, y si os conduce verdaderamente al objetivo que os propone.

Aquel que cambia sin cesar de doctrina, o que se agarra a una de ellas sin aplicarla, llena su vida de ídolos. Queda prisionero en su calabozo. Todas sus esperanzas dogmáticas serán vanas y se hundirá en el lodazal de las desilusiones. Y Cerbero, su <<ser del pecado>>, registrará su enésima victoria.

Candidato al camino, lee bien esta lección:

La enseñanza os es dada para cumplirla.

Si la realizáis, os liberáis del dogma.

Entonces vosotros mismos os volvéis la enseñanza.

Y escapáis al Cerbero que está en vosotros.

 

 

 

                                             En la cuarta hora, el alma regresa a visitar

                                     las tumbas; es el momento en el que se iluminan las

                                  lámparas mágicas en las cuatro esquinas de los círculos;

                                      es la hora de los encantamientos y de las ilusiones.

 

 

 

 

 

                                                                  CUARTA HORA

 

 

El candidato ha escapado a las triples fauces de Cerbero. Por las tres lenguas del rayo, la triple fuerza del caduceo renovado, ha neutralizado los peligros del miedo, del dogmatismo y de los ídolos. Entonces es colocado ante la Cuarta Hora del Nycthemerón:

En la cuarta hora, el alma regresa a visitar las tumbas; es el momento en el que se iluminan las lámparas mágicas en las cuatro esquinas de los círculos; es la hora de los encantamientos y de las ilusiones.

Si habéis seguido bien las explicaciones dadas en el curso de las tres primeras Horas, comprenderéis que el candidato a los Misterios universales que llega a la Cuarta Hora, Hora mágica, va a tener que demostrar que se ha vuelto un hombre autónomo capaz de recorrer las vías de la gran autoliberación mágica. Se ha preparado para ello. Responde a las condiciones elementales. Ha liberado todos los caminos para este gran viaje. El guardián Cerbero se ha alejado. El candidato es ahora libre de franquear las puertas. Las fuerzas liberadoras están todas concentradas en él, y desde entonces es necesario demostrar que empleo va a hacer de ellas.

Imaginaros en esta situación: estáis equipados para el viaje. Vuestro guardarropa está bien provisto. Disponéis del dinero necesario. Conocéis el objetivo. Pero para hacer este viaje a través de los Misterios universales, no sois como un paquete embalado, entregado en mano y servido a domicilio; o más romántica­mente, conducido al objetivo sobre las alas de los ángeles con música y cantos de salmos. No, provisto de todas las fuerzas y posibilidades, vosotros mismos debéis determinar paso a paso la dirección, tomar una decisión en cada etapa del itinerario, luego utilizar vuestros nuevos poderes, ponerlos a prueba, aprender a manejarlos practicándolos. Así pues el camino depende de vuestro propio juicio.

Si tenéis un cerebro, ¡emplearlo!           Si tenéis un corazón, ¡dejarlo irradiar! Es necesario ejercer todos los poderes del alma liberadora de la humanidad. Por ello muchas dificultades se presentan ante el candidato desde que ha sabido dejar atrás a Cerbero, dificultades que provienen de la inexperiencia de un principiante, de la primera juventud del recién nacido. Lo repetimos: el viaje que comienza debe estar fundado sobre el nuevo poder individual de juzgar. Solo vosotros debéis decidir lo que debéis hacer o no durante la Cuarta Hora: Os corresponde solo a vosotros el juzgar, el tomar una decisión y aplicarla. En la Cuarta Hora, las voces de todos vuestros hermanos y hermanas se callan.

Ha llegado el momento en que las lámparas mágicas del juicio autónomo son encendidas en las cuatro esquinas de los círculos, y vosotros vais a cuidar de que el alma, después de haber visitado las tumbas, ha regresado bien de allí. Las tumbas representan aquí a la naturaleza de la muerte. Ahora bien la naturaleza de la muerte, con todas sus manifestaciones, en el fondo solo es un gigantesco cementerio. En realidad nada sobrepasa en ella lo perecedero y la vida dialéctica, bajo todos sus aspectos, es una inmensa fosa funeraria.

La Cuarta Hora debe demostrar si el candidato, que está esencial y fundamentalmente equipado para el gran viaje y dispuesto a emprenderlo, se ha despedido definitivamente de la fosa dialécti­ca.

Esta fosa es más compleja de lo que se cree al principio. Ella no reviste únicamente aspectos groseramente materiales, comporta también elementos extremadamente refinados y cultivados. Cuando habéis superado lo más común que hay en vosotros, lo más grosero, es lo refinado, lo velado, lo distinguido lo que os ataca. He aquí porque aquel que atraviesa la Cuarta Hora experimenta que ella es la hora de los encantamientos y de las ilusiones. Tiene más necesidad que nunca de las lámparas mágicas en las cuatro esquinas de los círculos.

Se podrían definir los círculos en cuestión como esferas o círculos de vida. La vida dialéctica tomada en su conjunto está compuesta de diversas esferas de vida, o círculos, en los cuales se manifiestan diferentes estados de ser. Bajo el termino general de <<esfera reflectora>> comprendemos estas diversas esferas de vida y los procesos que allí se manifiestan.

Cuando el candidato emprende su viaje y se ha elevado por encima de la esfera más grosera del reino de los muertos, debe atravesar a continuación todos los otros círculos de la naturaleza de la muerte, aprendiendo a conocerlos y a triunfar sobre ellos. En las cuatro esquinas de los círculos que quiere atravesar debe colocar las lámparas mágicas a fin de que, gracias a la cuádruple luz de su juicio mágico, pueda aniquilar los encantamientos y las ilusiones de cada circulo.

Apolonio de Tyana considera aquí un proceso mencionado por todas las escrituras santas y todas las enseñanzas universales. Pensar por ejemplo en el viaje de la Pistis Sophia. En el curso de su regreso hacia el treceavo eón, ella no puede evitar la travesía de ningún circulo. Y en cada uno, los eones y las fuerzas adversas buscan retenerlo y detenerlo. Pensar también en el viaje de Dante en la Divina Comedia. En el comienzo del viaje, la travesía del infierno, se encuentra en un bosque oscuro. Apela inmediatamente al poder de su propio estado de ser y se repone del miedo que lo ha atacado:

«Pero al llegar al pie de una cuesta,

donde terminaba el valle

que me había llenado de miedo el corazón,

miré hacia arriba y vi su cima revestida

ya de los rayos del planeta

que nos guía con seguridad por todos los senderos.

Entonces se calmó algún tanto el miedo

que había permanecido en el lago de mi corazón

durante la noche que pasé con tanta angustia;

Y de el mismo modo que aquel que,

saliendo anhelante fuera del piélago, al llegar a la playa,

se vuelve hacia las ondas peligrosas y las contempla,

así mi espíritu, fugitivo aún,

se volvió hacia atrás para mirar el trayecto

del que no salió nunca nadie vivo[3]

 

Y se dice de Jesús el Señor que murió, fue sepultado, descendió al reino de los muertos, resucitó y ascendió a su Patria. Ese es el camino universal que todo candidato debe seguir. Por ello, en la Cuarta Hora del Nycthemerón, nos es descrito en consecuencia esta travesía del infierno, el viaje a través de todos los círculos de la naturaleza dialéctica.

 

Detengámonos ahora en estas lámparas magnéticas colocadas en las cuatro esquinas de cada circulo a atravesar. Evidentemente forman un cuadrado mágico, la <<alfombra>>, la base de una construcción, y representan una llave absoluta. Conocéis el significado general del cuadrado mágico de la alfombra de la Rosacruz: unidad de grupo, orientación única, no lucha y armonía en todas las manifestaciones de la vida. El cuadrado mágico del juicio autónomo lleno de nobleza, que contiene la fuerza de atravesar los encantamientos y las ilusiones de los círculos, puede ser definida así:

razón pura,

voluntad pura,

sentimiento o corazón puro,

y acto puro.

 

El juicio solo es absoluto si vuestra razón se ha establecido con seguridad en la Gnosis y está orientada en ella sin vacilación. Vuestra voluntad no debe querer otra cosa que lo que quiere la Gnosis. Vuestro corazón solo debe amar lo que la Gnosis desea que ame. Vuestros actos solo deben manifestar lo que concuerda con la razón, la voluntad y el corazón.

Estas son las cuatro luces de la magia que deben envolver al candidato en el curso de su pasaje en cada circulo. Sabemos que unas fuerzas indecibles están escondidas en la razón, en la voluntad y en el corazón. Cuando, impulsado por estas tres fuerzas, el hombre pasa a los actos, a la realización, es unido a los resultados; y es retenido hasta que haya borrado todas las consecuencias de sus actos. Comprender pues la urgente necesidad de ejercer en la practica la magia gnóstica de las cuatro luces. El conocimiento y la experiencia correspondiente no vienen solos, ¡es necesario adquirirlos! Deben probar si, bajo todos los puntos de vista, el alma ha regresado de su visita a las tumbas.

 

Limitémonos en fin a decir todavía unas palabras con respecto a los encantamientos y las ilusiones. Se las puede colocar bajo cuatro rúbricas que son la sombra proyectada, la imitación de las cuatro lámparas mágicas.

La primera imitación se encuentra en las esferas de vida sutiles de la naturaleza dialéctica; es la muy frecuente mezcla de verdad y mentira, de la realidad y de la apariencia, de donde puede resultar una segunda intención, un impulso de egocentrismo, un deseo que pertenece a la naturaleza de la muerte, que se disimula bajo un lenguaje poético y el manto de la verdad, a fin de ser entendido y realizado.

La segunda imitación es el veneno de las falsas enseñanzas, veneno mortal que retiene en la naturaleza de la muerte a aquel que lo absorbe o es infectado por él.

El tercero es el del amor. El amor, en todos sus aspectos hasta el más sutil, incluso el amor exento de pasión, tiene siempre un fin. Con ello queremos decir que, en la naturaleza dialéctica, una relación sentimental está siempre orientada sobre el yo, sobre la satisfacción y la conservación del yo, sobre la explotación del otro, sobre una relación de maestro a esclavo, sobre la sublimación del yo. Es un amor, un sentimiento que no tiene nada que ver con la naturaleza y la esfera de amor del alma.

La cuarta imitación es la de la especulación, de la inconsis­tencia, de lo no razonado, del acto espontáneo negativo desprovisto de base, desprovisto de razón, cometido bajo la impulsión de las tendencias o de las influencias.

Estas cuatro imitaciones, en efecto, amenazan a cada candidato en el curso del viaje de su alma a través de los círculos de la naturaleza de la muerte. Pero no hay nada que temer si sabe guardar encendidas sus cuatro lámparas mágicas y regresará indemne de su visita a las tumbas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                  La voz de las grandes aguas canta al

                                                        Dios de las esferas celestes.

 

 

 

 

                                                                   QUINTA HORA

 

Sigamos al candidato a los misterios liberadores en su viaje a través de la esfera reflectora. De la misma manera que la Pistis Sophia, atraviesa todas las esferas gracias a las cuatro lámparas mágicas que sabe mantener encendidas, de manera que las ilusiones y encantamientos de las esferas dialécticas no sabrían ni retenerlo ni dañarlo.

Así es como llega a la Quinta Hora y entra en el quinto período de su desarrollo. La Quinta Hora es la de la victoria, la de la liberación total de todas las influencias, fuerzas y aspectos de la naturaleza dialéctica, tanto de la esfera de la materia como de la esfera reflectora. A partir de ahora, se trata del nuevo devenir del hombre, de un nuevo nacimiento, de la quíntuple estrella de Belén, de una paz interior profunda y verdadera.

Esta situación nueva no está tan alejada del alumno de una Escuela Espiritual Gnóstica. Ella únicamente se manifiesta cuando ha escapado a toda muerte, a todo estado vehicular dialéctico, el Nycthemerón nos dice que este estado puede ser alcanzado mientras que el alumno posee aún su personalidad nacida de la naturaleza, siempre que se vuelva <<juanista>>, que haya entrado por su abnegación en el estado del nacimiento del alma.

Precisamente es de esta clase de hombres de los que la Fraternidad Universal tiene necesidad como verdaderos cosechadores. Unos hombres que estén completamente en este mundo mientras que ya no son de este mundo. Es magnifico saberse tomado en los brazos llenos de amor de la Fraternidad y de ser así dirigido paso a paso hacia el mundo del estado de alma viviente. Después del nacimiento del alma, la alegría de poder abandonar definitivamente el valle de lágrimas terrestre es grande, pero aún es más regocijante volverse un servidor en el vasto campo de la cosecha, con la certeza de que esta será grande.

Cuando en los evangelios, se habla simbólicamente de la estrella de Belén que brilla por encima de la gruta del nacimiento, se sabe que se trata de un servidor así de la humanidad, de un <<Hijo de Dios>>. Este hombre lleva la señal de la Quinta Hora del Nycthemerón. Es un hombre-alma vivo en el cuerpo de un hombre-Juan descendido a la naturaleza de la muerte para realizar allí  su tarea. El se mantiene en las corrientes de la vida universal; asimila las grandes fuerzas vitales que sostienen y propulsan al hombre-Dios. Ahora bien  estas corrientes de vida solo tienen una voz, la del gran plan divino de la manifestación universal. El hombre-alma escucha aquí la voz de las grandes aguas.

Por ello aquel que penetra en la Quinta Hora de la victoria escucha la música celeste de la vida universal, el sonido primor­dial del universo, que la Fraternidad de los Cátaros expresaba en sus cantos por las cinco vocales: A, E, I, O, U. Estas cinco vocales de la Quinta Hora que cantan, como la voz de las grandes aguas, las alabanzas del Dios de las esferas celestes, abren las fronteras de la Cabeza de Oro, obligando a los Efesios a entrar.

En esta hora de la victoria, en esta hora del nacimiento, el candidato debe ante todo darse cuenta de todo lo que deja tras él y de todo lo que está ante él. Tal reflexión es indispensable, porque el microcosmos conservará siempre una cierta huella de su pasado. Borrar el pasado, aniquilar el karma no quiere decir perderlo totalmente, sino solamente haberlo expiado, haberlo superado. En un cierto sentido, la memoria de este pasado permanece en el microcosmos, y siempre es posible rememorarlo. Este recuerdo puede ser como una tendencia o una influencia en relación con los predecesores en el microcosmos.

Pero, al lado de ello, ahora que el candidato ha entrado en los nuevos lugares sobre la base de las nuevas posibilidades, un nuevo futuro se dibuja. En el curso de la reflexión de la Quinta Hora, debe tomar la resolución de cerrar el pasado, aunque este pasado permanezca aún a su disposición directa y pueda vivificarlo. Únicamente sobre la base de estas nuevas posibilidades  debe entrar en el nuevo país para explorarlo. Quizás algunos ejemplos os aclararán las cosas, pues en un nivel mucho más bajo en la vida dialéctica se presenta la misma situación como la sombra proyectada de la Quinta Hora.

Imaginaros que, siendo un hombre maduro, que posee una posición social asentada, habiendo tenido numerosas experiencias, el candidato entra en un momento dado en una Escuela Espiritual y es llamado en ella a un cierto trabajo. Animado sin duda por las mejores intenciones del mundo, tenderá a aplicar los métodos o los hábitos que le han ido tan bien en la vida dialéctica. Observará entonces que solo dan, en tal Escuela, resultados negativos.

Cuando el candidato en la hora de la victoria examina su pasado, ve allí una serie de debilidades inherentes a la naturaleza humana de las que su vida estaba antes llena, que marcaban su carácter, que formaban su personalidad y determinaban sus relacio­nes con los otros hombres así como sus alegrías y sus penas.

Descubre a continuación que, en el pasado, siempre fue el juguete del destino. El destino de la naturaleza dialéctica determinaba su vida y ahora ve claramente porque el destino había tomado su vida en la mano: de día y de noche obraba con las practicas y las fuerzas dialécticas. Desde la hora de su nacimiento dialéctico hasta su madurez, todo hombre está preparado y condicio­nado para tomar parte en la vida dialéctica, está familiarizado con los hábitos y las fuerzas dialécticas de la vida práctica. Es evidente, totalmente explicable e incluso inevitable que el hombre esté bajo la influencia de estas fuerzas terrestres, que le rijan y le guíen.

Ciertos hábitos, ciertas prácticas son de una inteligencia tan refinada, son tan ingeniosas, tan poderosas mental y astralmente, tan eficaces en la naturaleza, que es necesario resistir delibera­damente la tentación de emplearlas en el nuevo estado de ser. El candidato que se vuelve sobre su pasado, en la Quinta Hora, debe tomar la firme resolución de no utilizar, en el nuevo estado, ningún hábito ni método antiguo. De ahí se vuelve ahora hacia el <<presente vivo>> y su futuro, y en la hora de la victoria toma en la mano sus nuevas armas y utiliza sus nuevas posibilidades.

¿Que implica esto? Se mantiene en la corriente de las grandes aguas universales, lo que significa que un fuego mágico nuevo le toca, lo atraviesa y hace en él su morada. La voz de las grandes aguas canta en él por los cinco sonidos primordiales que se confunden. Saca la quinta esencia de ellos, es decir en música: la quinta armonía a partir del sonido fundamental; en lo que concierne a la magia: el sonido más fino, el más noble, el más fuerte de la poderosa fuerza que se ha vuelto suya. Es así como aparece como el servidor en la gran <<casa de la intervención divina>>, a fin de realizar las tareas que le incumben en el campo de la cosecha. Su fuerza es una fuerza fundamental gracias a la cual aportará hasta en las profundidades del infierno la armonía, la serenidad y la paz, la paz de Belén.

Aquel a quien le está permitido y es capaz de emplear esta fuerza no tiene que combatir más puesto que la lucha proviene de la oposición recíproca de las fuerzas gemelas de la naturaleza dialéctica. Aquel que ya no vive de estas fuerzas se eleva por encima de toda lucha y aporta la paz a todos aquellos que, en la tierra, viven aún en las tinieblas. Establece un espacio, en la naturaleza de la muerte, el espacio del nuevo estado del alma, a fin de que los oprimidos, los heridos de la vida puedan, en este espacio bendito, ser santificados, es decir curados. En el lenguaje de los Misterios, este estado es llamado <<el matrimonio de los contrarios>>. El bien y el mal, la luz y las tinieblas, la alegría y la tristeza, el amor y el odio, estos contrarios, cuando son experimentados, son equilibrados por el alma.

Así es como el alma, y solo el alma, se eleva por encima de la naturaleza dialéctica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                               El espíritu se mantiene inmóvil; ve a los

                                                 monstruos infernales marchar contra

                                                               él y no tiene miedo.

 

 

 

 

 

                                                                    SEXTA HORA

 

Hemos visto que la Quinta Hora era la de la victoria. El candidato a los Misterios Gnósticos da en primer lugar una mirada sobre su pasado, y decide no emplear bajo ningún pretexto los métodos y las fuerzas de la antigua vida. Si fuera el caso, estas fuerzas se apoderarían de nuevo de él y le dirigirían como a un autómata.

A continuación dirige su mirada hacia el futuro donde, provisto de nuevas fuerzas -las fuerzas de las grandes aguas, las fuerzas del Espíritu séptuple- va a asumir su tarea de servidor de Dios y de los hombres. Después de su victoria de la Quinta Hora y por primera vez en el curso de su desarrollo en la naturaleza de la muerte, es un hombre perfectamente libre. Las palabras: <<estar en el mundo pero ya no ser del mundo>> son por primera vez totalmente realizadas en él.

Numerosos místicos habiendo tomado al pie de la letra esta expresión han huido corporalmente del mundo. Se han refugiado al interior de conventos de gruesos muros o escondidos en lugares desiertos, bosques o montañas inaccesibles. Y si el claustro no les parecía suficiente, se encerraban en la soledad de una celda.

Ahora bien de ninguna manera se trata aquí de gruesos muros y de celdas, se trata de estar en el mundo, en el sentido propio del termino. El candidato debe estar en la vida misma, en medio del mundo y de sus exigencias, siendo mientras tanto un ejemplo de servicio al mundo y a la humanidad. Debe hundirse profundamente en la vida de la naturaleza de la muerte con el fin de permanecer en estrecho contacto con todos aquellos que allí se encuentran prisioneros.

Sin embargo con la ayuda de los misterios gnósticos, se elevará interiormente por encima de este mundo por el nacimiento del alma y por un nuevo estado de conciencia. Así está perfectamen­te en el mundo no formando ya parte de él. Este es el misterio del arte hermético. Gracias a este nuevo estado de ser, el candidato podrá conservar el espíritu impasible frente a los ataques de la naturaleza y a sus tentativas de dominación.

Un hombre así no tiene miedo. En sentido gnóstico, se ha vuelto digno de servir al mundo. Es capaz de actuar en él tranquilamente pues, si es verdad que los peligros pueden surgir, no los teme en virtud de su nueva fuerza interior. El objetivo de todo alumno de la Escuela Espiritual -y su deseo más ardiente- es el de llegar a esta elevada libertad. Toda forma dialéctica de libertad es un gran error. Es engañarse a si mismo. Se trata siempre de una forma de aprisionamiento.

 

Sigamos ahora a un servidor o a una servidora de los hombres así en la vida dialéctica. Desempeña su tarea al servicio de la luz universal. Es un sacerdote-rey. Su sacerdocio no deja ninguna duda: ¿no sirve a Dios y al hombre? ¿No es una luz en el camino del buscador? Y en cuanto a su realeza, debéis comprenderla en sentido clásico. En el sentido original que, por la magia del sacerdocio vivido, se ha vuelto verdaderamente autónomo. Ningún poder, salvo el de la Gnosis, se eleva por encima del suyo. No hay, en la naturaleza dialéctica, un solo dominio en el que no pueda penetrar para realizar su tarea.

 

Las escrituras santas encierran numerosos pasajes donde se trata la verdadera realeza del alma liberada por el Espíritu. Es indispensable que el estado de ser del servidor del Reino de Dios sea el de sacerdote-rey. Tal estado es indicado como el de Melquisedek, el guía misterioso del orden superior que lleva su nombre. Melquisedek es la entidad que representa el sublime derecho divino, que se mantiene en la justicia del reino de la paz divina, razón por la cual se dice que es rey de Salem, rey del reino de la paz. Todos aquellos que, durante la Sexta Hora de su viaje hacia la vida universal, emprenden su tarea de servidores de la humanidad, son sacerdotes-reyes según el orden de Melquisedek. Esta apelación expresa la sublime autonomía y la inviolabilidad de este sacerdocio en la naturaleza de la muerte.

Comprender ante todo que el candidato a los misterios gnósticos que ha entrado en el orden de los sacerdotes-reyes y va a comenzar su sacerdocio, no tiene solamente por misión hablar y testimoniar de la vida nueva y del nuevo estado del alma sino, por su dinámico y vivo ejemplo y por la creación de un campo de trabajo, incitar al buscador a tomar en la mano su báculo de peregrino. Ahora bien este trabajo es todavía una relativa y muy pequeña parte de lo que debe, en realidad, ser establecido. El campo de actividad en el que debe elevarse es tan extenso que apenas se puede hacer una representación de él.

Aquel que quiere comprender el significado de la Sexta Hora debe de tratar de dar una mirada en este nuevo campo de actividad, a fin de tener alguna idea de su grandeza y de su inviolabilidad. Vivimos en un mundo de fenómenos cuya causa está, en general, escondida. Aquel que quiere verdaderamente ayudar a una criatura viva a través de las diversas vías de su existencia, debe conocer las causas más profundas de esta vida.

Todos los hombres tienen un carácter diferente. Todos poseen un tipo particular que, en una situación dada, los conduce a pensar, sentir y actuar de maneras muy diversas. Los mecanismos psicológicos son para todos muy individuales en sus causas y en sus resultados. Se podría terminar con estas diferencias diciendo que tienen por causa el pasado, el karma, el estado de sangre, los factores hereditarios, la raza, el pueblo, la situación social. Pero todo ello no os dice gran cosa. Pues cuando declaramos que los hombres son <<el producto del pasado>> no explicamos la naturaleza real de este pasado. Ello es necesario más bien para llegar a penetrar en este pasado.

En la Escuela Espiritual aclaramos ya un poco el problema diciendo que toda manifestación de vida es el resultado de una cierta radiación electromagnética de naturaleza cósmica. Pero ahí tampoco decimos aún nada de lo que es subyacente. ¿Las radiaciones cósmicas nos llegan verdaderamente con su primera intención? Antes de que nos lleguen, ¿no hay fuerzas o seres que intervienen, que modifican estas radiaciones, modificándolas en vistas de otras intenciones? ¿Quizás aún hay otros obstáculos? ¿No podría ser que ciertos reinos se influencien mutuamente, haciendo nacer así radiaciones secundarias?

Así se podrían hacer un montón de preguntas. Y os daréis cuenta que cuando la Escuela de la Rosacruz dice simplemente: <<Hay una radiación dialéctica y hay una radiación gnóstica>>, no hace más que balbucear los primeros rudimentos de la ciencia de los rayos, ciencia que explica las causas de la vida y de los estados de vida, antes de poder hablar de una ayuda real y de una verdadera terapéutica.

¿Que saben los hombres, en el fondo, los unos de los otros? Ven realizarse cosas que juzgan raras, desagradables y se preguntan frecuentemente con sorpresa: <<¿Por que?>> ¿Por que algunos entran en la Escuela de la Rosacruz de Oro y otros no? ¿Por que son tan numerosos aquellos que, descubriéndola, se retractan y retroceden en el último momento? ¿Bajo que invisible influencia han tomado otra dirección?

Es porque el verdadero amor al prójimo exige saber porque cada uno piensa, siente y actúa como lo hace. ¿Cuales son las fuerzas que, en su variedad abigarrada, dominan a los hombres? ¿Es posible, después de haber encontrado el manantial de estas corrientes de fuerza, cerrarles el paso o desviarlas de ciertos grupos humanos?

Si se quiere verdaderamente servir al prójimo, recordar que es indispensable conocer a fondo, en un sentido universal, la ciencia de los rayos. Los antiguos ya habían distinguido diferentes grupos de rayos según sus efectos. Los habían personificado considerándo­los como dioses, semidioses y espíritus. Por adoraciones, conjuros y otras numerosas practicas ocultas, trataban de limitar algunas de sus radiaciones y de estimular otras. Descubrimos pues  una ciencia viejísima que se ha perdido hasta un cierto punto, que se ha olvidado o deteriorado empleándola falsamente. En efecto solo está permitido conocer y utilizar esta ciencia a aquellos que están animados por verdaderos propósitos gnósticos, con los cuales todos nosotros somos diariamente confrontados. Ahora bien estamos autorizados a hacer alusión a esta ciencia. Hace miles de años, la humanidad la poseía para despejar unos para otros, de manera rápida y segura, el camino de la vida liberadora. Este antiguo saber, aunque se haya retirado desde hace mucho tiempo en los Misterios de la Orden de Melquisedek, es otorgado a aquellos que, durante la Sexta Hora, deben emprender su tarea al servicio de otros.

 

Respondamos ahora a la pregunta siguiente: ¿Como es que el hombre liberado de la naturaleza dialéctica, pero que trabaja en ella al servicio del mundo y de la humanidad, no tenga miedo, a pesar de los monstruos infernales que marchan contra él?.

Digamos ante todo que la expresión <<sin miedo>> no tiene nada que ver con un eventual miedo concerniente al yo, a su propio estado de ser, puesto que el candidato, en el curso de la Quinta Hora, ya ha triunfado ante la muerte y la materia.

Es pues evidente que cuando emprende su trabajo liberador al servicio de la humanidad, no se podría tratar para él del miedo ordinario, ni en consecuencia de la lucha por la existencia típicamente dialéctica. El hombre liberado no teme por su existen­cia y no tendría ningún sentido, en la Sexta Hora, redefinir un estado de ser evidente. Una explicación sobre este tema sería un despilfarro de palabras precioso, siendo así que ya habréis descubierto como nosotros que las doce horas mágicas del Nyctheme­rón se distinguen porque la concisión y la integralidad de este escrito figura en una sola página.

Apolonio de Tyana tenía, en la Sexta Hora, una intención muy diferente que era necesario exponer de manera detallada. Pensar pues en las propiedades de un microcosmos, y en primer lugar en su imagen exterior: un gran campo magnético externo y después el ser aural séptuple, compuesto de capas de diferente espesor, sembradas de puntos magnéticos. En el interior del ser aural se ve un espacio aparentemente vacío, <<el campo de respiración>>, en el centro del cual os encontráis en tanto que personalidad. Examinemos en particular el campo de respiración. Sabemos como está organiza­do, que diversas corrientes de fuerzas astrales circulan en él en unión con el sistema hígado-bazo. Además, este campo abriga fuerzas astrales de las que el microcosmos debe ser purificado: fuerzas demoníacas a las que nosotros mismos hemos dado vida, que nos dañan en la vida y que más de una vez pueden revelarse fatales.

Apolonio de Tyana quiere que el candidato, reflexionando en la Sexta Hora, descubra y reconozca las fuerzas que se presentan en el campo de respiración o cuerpo astral del microcosmos. Profundizando en este punto, constataréis que en ningún momento puede suceder que el campo de respiración de un microcosmos esté vacío.

En uno de los capítulos precedentes, hemos visto que una purificación y una organización general de las tensiones y radiaciones diversas debe tener lugar en las esferas y los órganos microcósmicos. Pero os decimos: si, en un cierto microcosmos, algunas tensiones magnéticas molestas y perjudiciales son aclara­das, arregladas o resueltas, otras relaciones magnéticas vienen siempre a reemplazarlas. ¿Sobre que son dirigidos vuestros pensamientos, sentimientos, y resoluciones en el transcurso de los años, todas las actividades que, en general, determinan vuestras acciones?.

Sabéis que, periódicamente, ciertos pensamientos, ciertos sentimientos se imponen a vosotros; que ellos influencian la secreción interna, la sangre, el fluido nervioso. Con la regulari­dad de un reloj os ocupáis de lo que resulta de ello en el plano físico, y pasáis a los actos correspondientes, abiertamente o en secreto, llenos de excitación o de angustia, muy satisfechos o animados por una gran pasión y algunas veces incluso penetrados por un intenso dolor.

Algunos se debaten desesperadamente contra estas tendencias. Ahora bien nadie puede dominarlas. El hombre está obligado a obedecer, mismo si aporta un cierto refinamiento en la expresión de sus actos para satisfacer más o menos su conciencia, o adormecerla. Se clasifica a estos fenómenos bajo la etiqueta de filosofía o psicología. Se debaten en la universidad; se hace un estudio psicológico de ellos. Se busca aparentar serenidad, al negar el importante conflicto de conciencia personal provocado por los movimientos del animal en nosotros, o al resolverlo por el psicoanálisis.

La causa profunda de todo esto se encuentra sin excepción en el campo de respiración del microcosmos; todos los estados magnéticos, las tensiones, las tendencias y las fuerzas tienen ahí su origen. Algunas de estas tensiones penetran por el sistema hígado-bazo: se habla entonces del subconsciente. Otras penetran en el corazón por el cerebelo y el bulbo raquídeo, y entonces se trata de deseos, codicias, sentimientos. Otras nos llegan a través de las aberturas de la región del cerebro donde se encuentra la pineal y turban los sentidos, los órganos mentales y al fin los órganos de la voluntad. Según la ley natural, desde el momento en que el fuego de la voluntad es inflamado, la explosión sigue inevitablemente.

¿Por que sois como sois? ¿Por que actuáis como lo hacéis? Encontráis la respuesta en el campo de respiración y lo que encierra. Algunas fuerzas que moran allí ya se encontraban allí en vuestro nacimiento, ¡pues el microcosmos que os rodea no era, cuando vuestro nacimiento, puro e inmaculado! Otros antes de vosotros lo habían habitado; ¡es una casa que ha conocido numerosos inquilinos! Varios de estos habitantes precedentes se imponen a vosotros. Tienen, cada uno en su turno, la dirección de vuestra vida y la impulsan por diferentes vías. Su poder sobre vosotros depende de vuestras experiencias y de vuestras situaciones.

¿Pensáis que los pueblos primitivos, con su creencia en los demonios y su animismo elaborado, son unos insensatos? No; sobre este punto, estos pueblos son totalmente auténticos, realistas y verdaderos. Ellos no niegan los hechos y no conocen otra posibili­dad que el aceptarlos y someterse a ellos. Tratan de servir alternativamente a los dioses de su campo de respiración, en rendición total, a fin de apaciguarlos y de no aumentar las tensiones. Lo que los pueblos primitivos hacen públicamente y de manera natural, todos los pueblos civilizados lo hacen también, pero en secreto y bajo diferentes máscaras, frecuentemente incluso con el nombre de Jesús en sus labios.

¡Comprenderéis fácilmente lo que se puede pensar de una civilización parecida! Pues no hay hombre de la naturaleza dialéctica que no sirva a los dioses de su campo de respiración. ¡Esto no es una acusación! No hacemos mas que vaciar la realidad de los velos de la ilusión; arrancamos las máscaras. Pues no hay ningún hombre dialéctico ni ningún hombre divino que pueda substraerse a la dirección de las fuerzas magnéticas de su campo de respiración. No os imaginéis algo que en realidad no sois; en el fondo sois un pobre desgraciado pues la naturaleza hace de vosotros el juguete de las fuerzas magnéticas.

En el capítulo precedente, decíamos que en lo que concierne a este grave conflicto de conciencia -pues la vida entera y sobre todo la del portador del átomo original no es más que un conflicto de conciencia- solo hay una solución: desarrollar, gracias a la Gnosis, nuevas fuerzas magnéticas en el campo de respiración.

Principalmente llegaréis a ello por una fe inquebrantable, una aspiración ardiente y un esfuerzo continuo. Ahí está el secreto del éxito. Traducimos ésta actitud por la expresión <<mantenerse en la alfombra>>. Cuando tenéis éxito en introducir en vuestro campo de respiración, algunas fuerzas magnéticas liberadoras, cuando ellas dominan en vuestra vida, cuando las seguís y las obedecéis y cuando, gracias a ellas, resistís a las otras fuerzas, estáis en el buen camino.

Como ya hemos dicho, el candidato puede ya seguir este desarrollo en el curso de la Segunda Hora. Vuestro campo de respiración microcósmico es vuestra esfera de vida, literalmente es vuestro campo de respiración, absolutamente parecido al gran campo de respiración del cosmos terrestre. Como vuestro campo de respiración es de naturaleza totalmente dialéctica, se corresponde al gran campo de respiración exterior, al aire con el que llenáis vuestros pulmones. Así es como vuestra pequeña naturaleza está en concordancia perfecta con la gran naturaleza, incluso con las consecuencias aprisionadoras que ello implica. Pero cuando, por un aprendizaje verdadero y una perseverancia tenaz -¡no es otro el camino!- llegáis a desarrollar y a conservar en vuestro campo de respiración fuerzas magnéticas gnósticas, entonces el gran campo de respiración cambia también para vosotros. Ya no absorbéis su veneno, ya no tenéis nada que temer de las fuerzas demoníacas, de lo que irradia la humanidad satánica, la naturaleza dialéctica poseída por el maligno. Ya solo respiráis lo que puede servir para vuestra paz, para vuestra salvación y vuestra felicidad. Y vuestro aliento cambia.

¿Que más os enseña la Sexta Hora? En su calidad de hombre liberado, de servidor de la humanidad, el hermano de la Sexta Hora, por el hecho de sus actividades, va a tener que trabajar en país enemigo. Es evidente que se vuelve el blanco sobre el que van a encarnizarse los monstruos infernales que no son otra cosa que las innumerables tensiones magnéticas que, en el gran campo cósmico de respiración, se han vuelto temibles poderes. En efecto, ¡se esfuerza en arrancarle sus victimas! Pero un trabajador de este nivel no tiene ningún miedo; el no teme nada por si mismo, ello es evidente, no teme nada tampoco en cuanto al resultado de su trabajo salvador y liberador.

Examinemos este punto. Suponer que tratáis, en calidad de liberado, de ayudar y de salvar a un alma aún no liberada. Las fuerzas demoníacas van a atacaros. Ellas no pueden nada contra vosotros, pero ellas hacen presa sobre el objeto de vuestros cuidados. Se apoderan de la persona hacia la que tendéis vuestras manos y os la arrancan y se vuelve un juguete para su avidez de vampiro.

¿Comprendéis al mismo tiempo porque todo servidor de la luz universal, en el curso de sus actividades en la tierra, está expuesto a la incomprensión, a los sarcasmos, al odio y solo encuentra hostilidad, resistencia, calumnia y antagonismo organiza­do? ¿Por que debe estar atento sin descanso a los actos y gestos de todos, y ello hasta en su entorno inmediato? Choca día y noche con la animosidad natural de los monstruos infernales, que encuentra en aquellos que son sensibles a ellos. Ello sin embargo no conmueve al servidor. Su espíritu permanece absolutamente inmóvil, está sin temor, sin preocupaciones, incluso cuando es agredido por aquellos que son el objeto de sus cuidados llenos de amor.

¿No es nunca abrumado por la pena y el sufrimiento que le procuran sus experiencias al lado de una humanidad poseída por el demonio? ¡No! Pues tiene en él el saber absoluto de ser un mandatario y que triunfará. ¿Como? Porque, de día y de noche, está rodeado y acompañado en todos sus caminos por la justicia vengadora de Dios.

¿Que es esto? ¿Especula sobre el dios vengador del Antiguo Testamento? No, pero todo hermano de la Luz posee, en su campo de respiración, una fuerza, una tensión magnética que verdaderamente se pude calificar de justicia vengadora, una fuerza protectora que lo acompaña y lo protege, fuerza que los antiguos Rosacruces llamaban <<Jehovah>>, sin alusión al Antiguo Testamento. Colocaban conscientemente su trabajo a la sombra de sus alas. Cuando, directa o indirectamente, por medio de ciertas personas, los monstruos infernales quieren contrarrestar su obra llena de amor, el trabajo de la cosecha, el servidor no se cuida de ello y no manifiesta ningún temor. Y como no lucha por su existencia siguiendo las normas de la naturaleza dialéctica, entonces la fuerza de Jehovah que lo penetra, lo rodea y lo acompaña, habla a través de él y lo ayuda hasta su objetivo, a despecho de todo.

Esta justicia, la justicia de Jehovah, ¿es pues una radiación vengativa, vindicativa, ávida de sangre, asesina? No, es un fuego protector. Aquel que quiera engañar, profanar, atacar este fuego se verá, llegado el momento, consumido por él. Aquel que quiere examinar y analizar la historia del santo trabajo y de sus servidores encontrará allí esta ley de protección enteramente confirmada.

Este es el significado de la Sexta Hora del Nycthemerón de Apolonio de Tyana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                   Un fuego que da la vida a todos los

                                             seres animados es dirigido por la voluntad

                                           de los hombres puros. El iniciado extiende la

                                                mano y los sufrimientos se apaciguan.

 

 

 

 

                                                                  SÉPTIMA HORA

 

Recordaréis lo que nos ha desvelado la Sexta Hora del Nycthemerón. Ella se refiere a la purificación total del campo de respiración que se extiende entre el ser aural y la personalidad. Hemos explicado detalladamente como se obtiene esta purificación y cuales son las consecuencias de ella. Desde que ella ha tenido lugar, el candidato a los misterios universales se ha vuelto una entidad completamente liberada; está en posesión de todos sus poderes originales y va a aprender a manejarlos y a utilizar las fuerzas que guardan estos poderes.

La situación microcósmica nueva es la siguiente: los puntos magnéticos del sexto circulo aural se han vuelto sensibles. Este firmamento magnético es ahora luminoso y el firmamento magnético que rige al hombre nacido de la naturaleza está entera­mente sometido a este nuevo firmamento. El fuego mágico del universo que da vida a todas las cosas ya no tiene necesidad, para penetrar al interior del campo de respiración, de pasar a través de las mallas embrolladas de la red del destino. El fuego, en su integridad y sus intenciones originales, entra directamente en el sistema microcós­mico del candidato, se concentra en estado puro en el campo de respiración, y el candidato, que respira ahora de un corazón séptuplemente purificado, alimenta su ser con este fuego hermético.

La Séptima Hora dice: Un fuego que da la vida a todos los seres animados es dirigido por la voluntad de los hombres puros. El iniciado extiende la mano y los sufrimientos se apaciguan.

Y nosotros os preguntamos: ¿Es dirigido ya por vuestra voluntad el fuego que da la vida? ¡En verdad, no! Vivís, ciertamen­te, del fuego que da la vida pero, por el hecho de vuestro nacimiento en la naturaleza dialéctica, violentáis sin cesar este fuego, y cada pulsación de vuestro corazón peca contra sus santos valores; es la razón por la cual estáis en conflicto con él. Un fuego impuro sobre el cual solo podéis ejercer una influencia parcial muy pequeña, os retiene prisioneros.

¿Como explicarlo? El fuego dialéctico, que Jacob Boehme tacha tan justamente de <<fuego encendido en la impiedad>>, viene a nosotros por el hecho de que las siete razas originales que han poblado la totalidad del universo visible, el séptimo dominio cósmico, el Jardín de los Dioses -la grandiosa cantera de trabajo de la humanidad divina- no lo han empleado de la buena manera. Ahora bien todos somos los descendientes de estas siete razas originales, y el firmamento magnético -la lípika de la que vivimos y en la que estamos- es el fiel reflejo del universo impío. El firmamento magnético de nuestro nacimiento terrestre es una proyección del sistema solar y del zodíaco y, por este hecho, una proyección de la multitud de las estrellas. Este firmamento universal es una gigantesca red de puntos magnéticos, red que se proyecta fielmente en vuestro ser aural y, por él, en vuestro campo de respiración y en el circulo de fuego de la pineal del santuario de la cabeza.

Así es como estáis prisioneros en la red del destino. La red del destino del macrocosmos se proyecta en el cosmos, el destino del cosmos en el microcosmos y el del microcosmos en la personalidad. Así pues vosotros vibráis y os enredáis durante años en los hilos enmarañados de esta inmensa red magnética hasta que seáis consumi­dos y absorbidos por ella.

Conocéis, ya sea de nombre, ya por experiencia, la ciencia llamada en nuestros días <<astrología>>. Antaño considerada con gran honor por algunos pueblos de la antigüedad, esta ciencia trata de establecer la manera en la que los rayos magnéticos del macrocosmos y del microcosmos operan en la personalidad. Esta ciencia ejerce evidentemente un gran atractivo y arrastra por vías estrelladas. Personalmente la hemos ejercido durante años y enseñado durante quince años. Nuestros alumnos aprendían así como estaban cogidos en la red del destino y eran completamente prisioneros de ella, como eran condicionados cada día e incluso cada hora de su vida por estos rayos magnéticos y sus combinacio­nes, y de que manera determinar y prever sus efectos. Pero cuando hubieron visto y experimentado bien esto, fueron consternados por esta violencia magnética sin freno, y le correspondió a cada uno sacar las consecuencias de ello.

La ciencia astrológica entraña este genero de preguntas: ¿Como conducirse frente a las calamidades de los rayos magnéticos? ¿Como recibir sus golpes? ¿Como retorcerse lo mejor posible en las mallas de la red? ¿Como hacer lo mejor para atravesar la vida hasta que la muerte te lleve consigo en el brasero del fuego?

Pero sería necesario deducir antes las preguntas siguientes: ¿Como librarse de la red del destino? ¿Como llegar a una vida liberada en la que la araña de la naturaleza dialéctica no os chupe hasta la médula? La pregunta que resulta de ello es: ¿Como, con la ayuda de esta ciencia, regular mi camino hacia la muerte? O bien: ¿después de haber visto la fatalidad y contemplado a Medusa, como decir adiós a esta realidad de la muerte para cambiarla por la realidad de una vida nueva?

Si ahora podéis verdaderamente hacer este adiós, entonces la Gnosis viene con su sabiduría universal; y nosotros no hemos dejado de hacer esta plegaria con Hermes Trismegisto hasta esta hora: <<¡Podamos, en la Gnosis, no fallar nunca!>> Así pues nos hemos despedido del plano horizontal de la astrología, pero sabemos que muchos alumnos aún no pueden desprenderse de esta ciencia. ¡Para su mayor perjuicio! Pues la astrología y sus aplicaciones unen a la tierra por la magia de su estructura. Esto no es grave para el hombre egocéntrico, unido a la naturaleza de la muerte, y que solo pide permanecer ahí. Pero esta actitud es funesta para el hombre que busca la Gnosis. No queremos decir que la astrología sea una ciencia prohibida, sino que vista a la luz de la Gnosis ella es inútil e incluso perjudicial. Y decimos a aquellos a los que esto les concierne: tratar de ver claro en vosotros y preguntaros si la astrología y sus aplicaciones os han vuelto más felices, aunque solo sea un segundo, o si ellas no han aumentado vuestro temor y vuestra angustia.

Elevaros entonces hasta la grandiosa verdad de la Séptima Hora del Nycthemerón: Un fuego que da la vida a todos los seres animados es dirigido por la voluntad de los hombres puros.

Lo que quiere decir que, cuando seguís el camino de la Gnosis, entráis en unión con otro universo magnético, un universo no corrompido, un universo que cura. El fuego original, el fuego inmaculado provee al universo dialéctico de fuerzas intensas. Pero este fuego es alterado por los eones de la naturaleza, lo que provoca unas influencias secundarias y se transforma en fuego impío. Pero el fuego original no está por ello menos presente. Está más cerca que las manos y los pies y es omnipresente. Su fuerza luz no conoce ni debilidades ni matices. No irradia más intensamente en un lugar que en otro, ¡es una radiación que engloba todo! ¡Es! Da la vida a todos los seres animados, incluso a aquellos que la reciben indirectamente a través del universo dialéctico de donde les llega deformado y corrompido.

Aquellos que llegan a elevarse en esta luz y a manifestar para ellos un nuevo cielo, un nuevo firmamento magnético, realizando así una nueva tierra al interior de este circulo de fuego, se elevan en el fuego omnipresente como seres purificados. Por ello no están unidos a una nueva red del destino, sino que al contrario viven en un fuego cuya fuerza pueden emplear y dirigir gracias a su voluntad purificada. Ya no se hunden bajo el peso de la materia sino que se elevan por encima. La materia ya no tiene dominio sobre ellos; ellos gobiernan la sustancia original y el fuego que irradia de ella. Para ellos, el espacio de la sustancia original se ha vuelto un Edén, el Jardín de los Dioses, una cantera en el sentido absoluto, una cantera tal como fue concebida en el origen.

Pero, puesto que actualmente el Jardín de los Dioses testimo­nia de una gran corrupción y se ha vuelto un lugar en el que los descendientes de las siete razas originales están sometidas a la naturaleza de las cosas y regidos por ella, el trabajo que deben realizar allí los liberados es evidente: despertar la naturaleza original en aquellos que están aún unidos a la naturaleza de la muerte, y, una vez despertados estos, ayudarlos con el fin de que hagan triunfar la naturaleza original sobre la naturaleza de la muerte. Todos los Eones, todas las fuerzas y creaciones enemigas de la naturaleza divina, que moran en toda la extensión del Jardín de los Dioses, deben ser neutralizados.

Es así como el iniciado extiende la mano, el cetro del poder de los nuevos poderes conferidos por el nuevo estado de vida, a fin de que el sufrimiento omnipresente en la naturaleza de la muerte se transforme en paz regeneradora y transfiguradora en armonía con la naturaleza divina. Este es el sentido de las palabras: «El iniciado extiende su mano y los sufrimientos se apaciguan».

No creáis sin embargo que los iniciados gnósticos vienen hacia vosotros, provistos de fuerzas y de posibilidades, para ponerlas a vuestro servicio con la finalidad de fortificar el estado dialécti­co de vuestro yo y de ayudaros porque estáis cautivos de la red del destino. No, tienden hacia vosotros y sobre vosotros una mano compasiva para liberaros del eterno sufrimiento ¡Si así lo deseáis!

La Séptima Hora del Nycthemerón nos permite lanzar una primera ojeada a la realidad del grandioso y maravilloso trabajo de liberación que apacigua el sufrimiento universal orientándolo sobre el fuego magnético divino omnipresente. Por ello se puede decir con certeza que el Jardín de los Dioses será un día purificado y que el sufrimiento omnipresente se transformará en paz, la paz de la Nueva Jerusalén! Por ello se dice:

            «El septenario expresa el triunfo de los magos. Este da la prosperidad a los hombres y a las naciones y los sostiene por sus enseñanzas sublimes; planea sobre ellos como un águila y dirige las corrientes del fuego astral; todas las puertas del santuario le son abiertas y todas las almas que aspiran a la verdad le dan su confianza; es bueno de grandeza moral y porta por todas partes con él y en él el poder irradiante del amor».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                            Las estrellas se hablan, el alma de los soles

                                              corresponde con el suspiro de las flores;

                                         unas cadenas de armonía hacen corresponderse

                                           entre ellos a todos los seres de la naturaleza.

 

 

 

 

 

                                                                  OCTAVA HORA

 

Apolonio de Tyana divide el Día de Dios que luce en las tinieblas en doce partes o horas. Son los doce aspectos clásicos del devenir divino. El número doce es el que expresa la resurrección del alma-espíritu después del total declive del hombre dialéctico. Por un lado es el número del sufrimiento y de la debilitación, por otro, el de la gracia y de la perfección. Es el número evangélico por excelencia: la penetración de la luz en las tinieblas.

En el curso de la Séptima Hora, el candidato a los misterios gnósticos se vuelve un verdadero hombre-sacerdote. En virtud del fuego del Espíritu Santo y gracias a las otras fuerzas y radiacio­nes gnósticas del campo astral puro de la Escuela Espiritual, se ha vuelto capaz de operar en todos los dominios de la materia al servicio de la humanidad sufriente que aspira a la libertad. Lleno de este espíritu santificante, es decir curador, empleándolo en toda la extensión del séptimo dominio cósmico, el hombre sacerdote descubre y experimenta el mismo directamente que las luces celestes tienen un lenguaje. Se pone a comprender este lenguaje, esta palabra, la esencia de las radiaciones.

Una radiación es como una voz; una radiación procede de un origen determinado, tiene una causa y un objetivo. Esta causa y este objetivo se dan a conocer por la actividad de la radiación con sus consecuencias. Aquel que vive de la luz gnóstica y trabaja por ella, luego aquel que, místicamente hablando, sigue el camino guiado por la mano de Dios, aprende a comprender el lenguaje de las radiaciones, el lenguaje de las llamas. La receptividad a estas radiaciones y la comprensión de la ciencia que se refiere a ella es necesaria por el hecho de que todas las radiaciones del espacio manifestado a los humanos, el del séptimo dominio cósmico, difieren totalmente de los del sexto, el mundo de las almas vivientes.

El candidato se vuelve hipersensible a la actividad de las leyes, a la armonía y a la discordancia. Aquel que recorre el camino lo comprende. Si ha sintonizado su ser a lo Único Necesario y practica el comportamiento correspondiente, observará que ha adquirido una mayor sensibilidad a la atmósfera ambiente y a su contorno. Enseguida detecta alrededor de él los pensamientos de crítica y de desacuerdo; comprende pues <<el lenguaje de las radiaciones>>

Todo microcosmos es parecido a un sol, y todo microcosmos se traduce por una radiación, habla pues un cierto lenguaje. No consideramos aquí los sonidos articulados por la laringe, que pueden estar en contradicción flagrante con el lenguaje de las radiaciones que emana de alguien. Todos los seres, toda vida manifestada, todos los cuerpos celestes comunican por un lenguaje incontestable, el de las radiaciones. Así es como hay en todo el universo manifestado una verdad igualmente manifestada, aunque el hombre no lo sepa ni se de cuenta de ello. Las radiaciones que el hombre emite no sabrían mentir. En efecto, por las radiaciones que emanan de él, la verdad es inscrita sobre su frente.

Por ello comprenderéis que los que entran por la puerta de los grados interiores, obtienen un nuevo poder, propiedad indispensable para el iniciado gnóstico. En virtud de la radiación particular del nuevo estado de ser, posee el poder de experimentar todos los espíritus y todas las radiaciones en relación al único camino y a la única fuerza. Según los términos de la primera Epístola de Juan (Cáp. 4: 1), puede <<probar los espíritus para saber si son de Dios.>> Para hacer esto, los puntos de referencia están en número de tres: En la cima del corazón, en la frente y en todo el doble etérico.

En el corazón, encontramos la rosa, el punto central del microcos­mos. El iniciado está perfectamente en condiciones de darse cuenta de si este punto central está realmente unido al corazón físico, al manantial de las emociones, de los deseos y de las pasiones, en consecuencia si la rosa está abierta o en vías de abrirse.

En el espacio abierto detrás del hueso frontal encontramos el núcleo, el foco de la conciencia que se manifiesta en la mayoría de los hombres. Esta conciencia es, ya la conciencia yo del hombre nacido de la naturaleza, ya el alma nueva, el alma despertada que, irradiante y centelleante, es llamada <<la flor de oro del corazón celeste>>.

Por lo que se refiere al doble etérico es, o bien el conjunto de las concentraciones y productos de las fuerzas astrales inferiores ordinarias de la naturaleza de la muerte, o bien el cuerpo que comienza a asimilar las nuevas fuerzas del alma, a retenerlas y a ordenarlas. En este último caso, el cuerpo etérico es <<el manto de oro de las bodas>>.

Hay una lucha incesante entre los hombres, las más grandes oposiciones los dividen. Por su naturaleza están inclinados a rechazar a Dios y a odiar a su prójimo, pero por su esencia, por su estado de radiación, son todos parecidos, pertenecen a un único y mismo orden y están pues en perfecta armonía. Por ello se habla de cadenas pues, desde el punto de vista de la especie, los hombres están encadenados unos a otros en la armonía, pero en razón de su naturaleza, están inevitablemente en guerra incesante los unos contra los otros, sin poder separarse unos de otros. Tal es el lenguaje que habla sin interrupción la humanidad hundida en el fondo del pozo de la decadencia. De ahí nace la incesante corriente de los sufrimientos y de las penas que abruma a las criaturas dialécticas.

El iniciado gnóstico, comprendiendo el lenguaje de las radiaciones, penetra en la causa profunda del sufrimiento. Es experto en el conocimiento de la patología dialéctica. Pero, en virtud del nuevo punto central inflamado en su ser como una rosa de oro, es también el guardián de los grandes tesoros. Los grandes tesoros de la Luz de las luces están a su disposición.

Se dice del iniciado gnóstico que posee la fuerza de las palomas. Ahora bien siendo la paloma el símbolo del Espíritu Santo, del séptimo rayo, se puede decir que es capaz de experimentar, por su radiación, si un alma verdaderamente es de Dios. Como tiene el poder de sondear a los hombres en lo más profundo de ellos mismos, puede dar a los que tienen necesidad, y no a los indignos, de sus tesoros de luz gnóstica. <<No lanza perlas a los cerdos ni rosas a los asnos>>.

Lo que importa al servidor de los misterios gnósticos de los grados interiores, es estar en medida de liberar a los encadenados. Aquellos que, en el curso de su desarrollo gnóstico, han alcanzado el estado sacerdotal, poseen en un momento dado la piedra preciosa, la piedra de los sabios, el schamir. Son llamados <<Maestros de la Piedra>>, lo que significa que la plenitud de radiación del sexto dominio cósmico, dicho de otra manera el Santo Grial, se ha vuelto en ellos un principio activo. La actividad de este principio se expresa por una fuerza que permite al interesado llevar a buen fin la autorrealización total así como servir a la humanidad.

La Gnosis no socorre ni salva por medio de palabras sagradas o símbolos, como es el caso de una fórmula oculta, ni por un método destinado a ser seguido, sino que sostiene a todos aquellos que lo quieren por una fuerza, la fuerza del Santo Grial. Es gracias a esta fuerza que el iniciado y aquellos a quienes ayuda atraviesan los Misterios y llegan a una unión perfecta con el mundo del hombre alma. Comprender que esta es la verdadera panacea para los profundos sufrimientos de la humanidad.

Los hermanos y las hermanas de los grados interiores son todos Maestros de la Piedra, servidores y servidoras del Santo Grial. La total plenitud de la luz gnóstica se vuelve el principio activo en la naturaleza de la muerte para una resurrección en la vida liberadora.

Ahora comprenderéis mejor las viejas leyendas en donde se dice que la simple visión del Santo Grial puede curar. El Santo Grial es la radiación de la Gnosis en su manifestación séptuple. Aquel a quien le es permitido verlo lo experimenta como un nuevo estado de vida. Así es como la Rosacruz nos da el conocimiento, el Catarismo nos ofrece el sacrificio total y el Grial, la liberación.

Como la antigua puerta de Saturno, la Octava Hora del Nycthemerón posee dos aspectos: nos describe la naturaleza de la muerte y la naturaleza de la vida liberadora. Aquel que, en la fuerza del Santo Grial, llega a pasar la puerta de Saturno, está en medida de percibir un nuevo lenguaje de las estrellas, el lenguaje del mundo de las almas vivientes. De la misma manera, la fuerza fundamental de la luz responde al suspiro, a la aspiración infinita de la rosa del corazón. Así es como, unidos por las cadenas del amor universal, resucitamos en una armonía nueva, universal y eterna. Podamos alzarnos hasta esta certeza.

La fuerza del Santo Grial os ha conducido hasta el punto en el que podéis comprender estos misterios sagrados. Esta fuerza no desea únicamente realizarse en vosotros, sino también liberar en vosotros un factor activo al servicio de toda la humanidad. Ese es el objetivo principal de una Fraternidad gnóstica: transmitir el Santo Grial durante el período en el que esta Fraternidad es llamada a jugar un papel activo.

Pueda llegar rápidamente el tiempo de la consolación y de la bendición para todos aquellos que esperan la ayuda de la Gnosis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 El número que no debe ser revelado.

 

 

 

 

                                                                  NOVENA HORA

 

1.Los cuatro primeros misterios

 

La Novena Hora del Nycthemerón presenta una dificultad. La fórmula de ella es la siguiente: «El número que no debe ser revelado».

La dificultad reside en el hecho de que sería necesario revelar lo que no debe serlo, por la simple razón de que ello tendría consecuencias indeseables.

            Este número, dice Apolonio de Tyana, debe ser silenciado, porque encierra los grandes misterios del iniciado:

1. la fuerza que vuelve la tierra fecunda;

2. los misterios del fuego escondido;

3. la llave universal de las lenguas;

4. la segunda vista ante la cual el mal no puede permanecer escondido

5. la gran ley del equilibrio y del movimiento de la luz, represen­tada en la Cábala por los cuatro animales simbólicos, y en la mitología griega por los cuatro caballos del sol;

6. la llave de la liberación de los cuerpos y de las almas que abre todas las prisiones;

7. la fuerza de la elección eterna, que perfecciona la creación del hombre, y lo estabiliza en la inmortalidad.

El número nueve siempre ha sido sinónimo de misterio; está unido a la fuerza de callarse. El número nueve y sus fuerzas están en relación con el dominio astral.

La Escuela de la Rosacruz de Oro revela al alumno de que manera puede liberarse de la esfera astral de la naturaleza de la muerte, a la que todo su ser está unido. Le explica además como puede entrar en el nuevo campo astral de la Escuela y unirse a él definitivamente. A este respecto, el alumno debe comprender perfectamente la advertencia de la Novena Hora. En general, las fuerzas que se refieren a la Novena Hora son las de la vida astral, es decir tanto las fuerzas del séptimo dominio cósmico como las del sexto dominio cósmico, el nuevo campo de vida. Así pues aquel que no posee la facultad del discernimiento, y por consecuencia es incapaz de elegir, será infaliblemente la victima si desencadena las fuerzas de la esfera astral, la cual ofrece muchos más peligros que el mundo material.

Por ello, en la Escuela Espiritual, todo está preparado para que <<el sueño del cuerpo se vuelva la lucidez del alma>>, fenómeno que prueba que el proceso de la transfiguración ha comenzado y que el candidato ha entrado en el nuevo campo de vida astral para que, sobre esta base, continúe su camino, liberado de los peligros elementales. Aquel que, sin esta base, quisiera continuar su camino, no haría más que agravar los peligros a causa de las enormes mistificaciones inherentes a la vida astral ordinaria. Esta es la razón por la que la Novena Hora es el número que no debe ser revelado, que no puede ser revelado a los profanos en tanto que campo de trabajo. Solo se puede hablar en sentido general, porque este número encierra todos los misterios, todas las fuerzas del iniciado gnóstico. Sin desvelar la esencia de estos misterios, no hay sin embargo ningún inconveniente en indicar la naturaleza de ellos.

Como hemos visto, hay siete misterios: solo os los explicare­mos en la medida en que nos sea permitido y posible hacerlo.

 

El primer Misterio se refiere a una fuerza que, utilizada, abre al iniciado el séptimo dominio cósmico en el sentido en el que fue concebido en el comienzo por el Logos. Llamamos al séptimo dominio cósmico el <<Jardín de los Dioses>>. El hombre original, el hombre-alma-espíritu, que provenía del sexto dominio cósmico y de los dominios superiores, fue enviado al Jardín de los Dioses. Recibió este jardín paradisíaco como una grandiosa y maravillosa cantera de trabajo alquímico, con el fin de que, gracias a las fuerzas y a las posibilidades que allí se encontraban, ayudará a realizar el plan en la base de la manifestación universal y a volver cada vez más grande el nombre de Dios por una actividad creadora. Si pensáis que el Jardín de los Dioses se ha deteriorado completamente, como lo percibimos actualmente, por el hecho de que las fuerzas <<del bien>> y del <<mal>>, las fuerzas dialécticas, se han inflamado en él, y que el hombre-alma al ponerse a servirlas, las volvió entonces tan poderosas que él mismo fue desnatura­liza­do, comprenderéis porque las fuerzas de la Novena Hora no pueden ni deben ser reveladas.

Si el hombre desea emplear estas fuerzas con fruto, y para que sean liberadoras y sin peligro, deberá primeramente regresar a su punto de partida, al estado de ser del hombre-alma que ha entrado en contacto con su Pymandre, su alma viva. Únicamente en ese momento el hombre heredará de nuevo la tierra y, con la fuerza del primer misterio de la Novena Hora, podrá poner fin a la anarquía de la naturaleza dialéctica, la anarquía de las fuerzas gemelas del bien y del mal, con el fin de restablecer el Jardín de los Dioses a su estado original, con el fruto del Árbol de la Vida. Primera­mente debéis restablecer en vosotros el estado de alma viviente del que habla Pablo. Sobre esta base, podréis entonces volveros un espíritu vivificante. Solo aquellos que hayan encontrado el camino del renacimiento del alma y progresen sobre este camino se despertarán  en la luz de la Gnosis Hermética y, llegado el momento, obtendrán la fuerza de restablecer el Jardín de los Dioses. Este restablecimiento comienza por la constitución de un campo astral purificado, de un Cuerpo Viviente Gnóstico, liberado de las ilusiones y de las impurezas de la naturaleza dialéctica, un campo tal como la Escuela Espiritual posee actualmente.

 

Sobre la base de este primer misterio, los tres siguientes se abren al alma transfigurada, devenida viviente, es decir:

-el dominio de los fuegos mágicos,

-la raíz de las radiaciones magnéticas,

-el poder de discernir todo lo que no pertenece al plan original.

 

El dominio de los fuegos mágicos se refiere al hecho de que, en la sustancia original del espacio infinito, existen poderosas fuerzas latentes. Los libros santos los llaman los siete veces siete, o sea los cuarenta y nueve fuegos sagrados del Espíritu Séptuple. Estos fuegos sagrados deben ser encendidos y utilizados por todos los Hijos de Dios. Todos aquellos que siguen el camino de la transfigu­ración del alma vuelven a ser hijos de Dios, y todos dominarán a su tiempo, en el aliento de Dios, los fuegos mágicos.

Para comprender bien esto, pensar en un hombre que se acerca a un espejo: ve allí su propia imagen, la imagen del espejo le es devuelta. Así es para el hombre que encuentra a su Pymandre, para aquel cuya alma y Espíritu se unen, son unidos. La esencia del Espíritu es Dios. Este se proyecta continuamente en el alma como una imagen reflejada. Este hombre ha regresado a la unidad divina. Poco importa donde está, poco importa como la vida le maltrata, el alma porta con ella, en ella, la imagen del Espíritu. Al igual que el Espíritu se proyecta en la sustancia original y retiene allí, latentes, los cuarenta y nueve fuegos, de la misma manera también el alma devenida viviente en y por el Espíritu es capaz de iluminar los cuarenta y nueve fuegos sagrados latentes y de mantener en ellos las llamas.

 

A propósito de la Octava Hora del Nycthemerón, decimos que todo hombre habla por mediación de las radiaciones magnéticas que emite. Estas radiaciones son un <<escrito>> fiel, la indiscutible verdad de su naturaleza y de su ser, y las proyecta en el espacio alrededor de él. El alma-espíritu aprende a comprender la causa de la emisión de la radiación magnética en la raíz misma de las radiaciones magnéticas: luego en el tercer misterio de la Novena Hora. Y como el hombre terrestre, como sabemos, habla naturalmente un lenguaje magnético impío y antidivino, aquellos que pueden sondear la causa, dicho de otra manera, el origen de esta impiedad en los otros y penetrarla profundamente, están entonces en condiciones de ayudar lo mejor posible a estas personas. Debéis sobretodo buscar en el misterio de la Novena Hora el elemento útil que encierra, es decir el aspecto que se refiere al servicio.

¿Que hace falta para calmar el sufrimiento humano y hacerlo desaparecer? ¿Que es necesario para elevar a los hombres en el camino de la salvación?

A fin de realizar este trabajo de amor, los misterios de la Novena Hora son desvelados al alma transfigurada. Es con este fin, entre otros, que el conocimiento del origen de las radiaciones magnéticas es revelado. Pues está claro que si hay una causa fundamental en la decadencia del genero humano dialéctico, la marcha de cada microcosmos y su rotación en la rueda del nacimiento y de la muerte reviste un carácter muy particular. La raíz de las radiaciones magnéticas es muy personal. Así aquel que, transfigura­do, comprende el misterio de la Novena Hora será una gran bendición para todos los que están angustiados.

 

El cuarto misterio de la Novena Hora es el poder de discernir lo que no está comprendido en el plan original.

Comprenderéis que para el iniciado, es un poder magnífico, un verdadero poder divino. En el campo astral del espacio del séptimo dominio cósmico donde viven miríadas de manifestaciones de naturalezas totalmente diferentes, ¿quien podría, en el medio de una profusión tan variada, encontrar sin dificultad el camino derecho?

Ahora bien el tercer y cuarto poderes de la Novena Hora constituyen una ayuda infalible que permite recorrer sin peligros el maravilloso camino al servicio de la humanidad, el camino de la Gnosis original, el camino de sus hijos y de sus hijas.

 

2 El quinto misterio

 

Hasta ahora hemos estudiado cuatro de los siete misterios de la Novena Hora. El primer misterio se refiere a la fuerza necesaria para el restablecimiento del Jardín de los Dioses; el segundo al dominio de los fuegos mágicos; el tercero a la raíz de las radiaciones magnéticas; el cuarto al poder de discernir todo lo que no está comprendido en el plan original. Hemos descubierto que, después de la entrada liberadora en el nuevo campo de vida, la vocación de todo hombre-alma debe ser actuar en calidad de hombre nacido de la naturaleza, esta naturaleza que sin embargo ha abandonado. Este es el sentido de las palabras que anuncian que después de su liberación, el hombre heredará de nuevo la tierra. Este regreso al séptimo dominio cósmico significa, no un nuevo hundimiento en la naturaleza dialéctica ni una nueva unión a la rueda de las reencarnaciones, sino, sobre la base de la vida liberada, el deber de actuar en la gran cantera del séptimo dominio cósmico en calidad de hombre verdadero. Así es como se realiza el plan de Dios y se remedia la degeneración de la contra-naturaleza. Para la realización de esta gran y magnífica misión, el hombre liberado recibe la fuerza y el poder indispensables. Tal es la fuerza del primer misterio.

El hombre liberado tiene la posibilidad de emplear los cuarenta y nueve fuegos sagrados latentes en la sustancia primor­dial entera, y de utilizarlas para la gloria y la realización del plan de Dios. Ahí está el poder del segundo misterio.

Y como el Jardín de los Dioses está en plena confusión, donde la cizaña crece en abundancia y donde se desarrolla una vida impía de una increíble diversidad, es evidente que el trabajador en este Jardín deberá poseer el poder del tercer misterio, es decir el de sondear en toda su profundidad el lenguaje de las radiaciones magnéticas.

Por último el cuarto misterio permitirá al trabajador reconocer todo lo que no corresponde al gran plan, y conceder la ayuda justa a los que luchan por encontrar una salida.

El hombre liberado que ha encontrado a su Pymandre está provisto de tres poderes suplementarios: conoce primeramente – éste es el quinto misterio- las grandes leyes del equilibrio y del movimiento. Para comprender esto, es preciso haberse dado cuenta que la manifestación universal está regida por una ley universal. El séptimo dominio cósmico, el Jardín de los Dioses, el gran laboratorio alquímico, está gobernado por una formula de base, una idea fundamental. Ésta está contenida en cada átomo de la sustancia original del séptimo dominio cósmico. Lo cual explica el porque, en la Gnosis hermética, se trata de Abraxas, el sol universal que domina todo, da la vida a todo y finalmente gobierna todo.

Cuatro emanaciones proceden de la sustancia del principio original, cuatro aspectos, cuatro fuerzas que emanan de la luz universal. Se les llama los cuatro Señores del Destino, o los cuatro animales sagrados, o los cuatro corceles solares, o los cuatro evangelistas. Los cuatro corceles solares de Abraxas representan las cuatro corrientes, que todo lo penetran, de la eterna voluntad, sabiduría, actividad y, coronando el todo, del amor, la emanación más elevada y más fuerte, el corcel solar representado como el más vital y el más dinámico.

Concebiréis que el plan divino no puede contener nada que no surja del sol universal, Abraxas, y de sus cuatro emanaciones. La gran cantera de trabajo que llamamos el «Jardín de los Dioses» es el paraíso potencial de donde parten los verdaderos Hijos de Dios a fin de realizar el plan divino. Por ello todos los hijos de Dios tienen el deber de proceder a partir de las cuatro emanaciones: amor, sabiduría, voluntad y actividad, en equilibrio perfecto y movimiento armonioso.

Muchos hombres son muy sabios; otros tienen una voluntad de hierro que se manifiesta como un huracán; algunos tienen como signo distintivo una gran actividad y están ocupados sin descanso. Pero todo lo que pensáis en vuestra filosofía, todo lo que queréis con una obstinación poderosa, todo lo que hacéis con una actividad febril ¿está totalmente fundado en el amor? Si el amor más elevado y el mejor falta, si es parcial y selectivo, si no engloba a todo y a todos, entonces todo se os escapará de vuestras manos, entonces no tendréis éxito en nada o todo os será quitado. Es así que como tantos otros hacéis del Jardín de los Dioses un lugar desértico, un montón de estiércol, una llaga pestilente, como se dice en la Biblia. Esto es lo que ha ocurrido en el curso de los siglos.

Los cuatro Señores del Destino, los cuatro Señores de vuestro destino son siempre parecidos. En un hombre dialéctico, por muy corrompido, roto, degradado y mancillado que esté, siempre hay amor, por ejemplo en tanto que deseo ardiente de posesión de bienes materiales, o del amor bajo la forma de un poderoso orgullo o eventualmente de un odio ardiente. ¿Sabíais que el odio es una expresión del amor? El odio, espantoso y terrible, es una expre­sión, una erupción volcánica de la primera emanación de la sustancia original, pero salida de su órbita. Es un amor que ya no sabe lo que hace, que ha perdido toda sabiduría, una avidez poderosa, que se manifiesta como un fuego infernal para consumir y destruir. Si no sabéis regular de la justa manera esta fuerza de amor, la primera emanación de Abraxas, si no podéis responder totalmente a ella, entonces el Jardín de los Dioses permanecerá como un lugar desértico, un océano de fuego resplandeciente, ¡y tan lejos como os permitiera un telescopio ver en el espacio, solo percibiríais y solo podríais percibir oleadas de llamas!

Ante estas palabras, vuestra reacción espontánea será naturalmente una lamentación: <<¡Que lejos estoy del objetivo! ¿Que va a ser de mi?>> La respuesta es: <<Nada>> Pues el fuego de la contranaturaleza os consume. Nadie es bueno, todos se han desviado del origen. Por ello ahora os es necesario regresar al comienzo del estado de alma viviente.

Y solamente cuando hayáis regresado a este punto de partida estaréis en condiciones de equilibrar en vosotros mismos a los cuatro corceles de Abraxas y, partiendo de este equilibrio, emprender y realizar, en el Jardín de los Dioses, el verdadero trabajo liberador, con la plenitud de las cuatro fuerzas: amor, sabiduría, voluntad y actividad. Solamente entonces conoceréis el amor en su plena realidad. Lo experimentaréis, lo irradiaréis y no diréis: <<¡Oh Dios mío, como te agradezco el haber salido ahora del cenagal de lágrimas, de este montón de estiércol y haberme liberado de este mundo malvado y maldito!>> Sino que forzado por el amor, descenderéis como un meteorito hasta lo más profundo del infierno, con el fin de rodear con vuestra compasión a aquellos que están hundidos en el fuego de la rebelión, el fuego de las cuatro emanaciones, de ayudarles y guiarles en el camino regulando y equilibrando este fuego.

Si poseéis y comprendéis algo de este amor, ya no separaréis más a los hombres en grupos, dirigiendo a unos vuestro amor, o lo que consideráis como tal y a los otros vuestra reprobación, vuestro odio, vuestras vehementes protestas, pues comprenderéis que todos están extraviados. Como la historia lo prueba abundantemente, todos actuarán de la misma manera en las mismas circunstancias. Entonces envolveréis a todos con vuestra fuerza de amor, como el corcel más dinámico de Abraxas.

Experimentaréis al mismo tiempo que ya no os queda ninguna animosidad, ninguna repulsión, que ya no podéis tener ni simpatía ni antipatía. El amor de Juan el evangelista, desde el punto de vista de su acción, se dirige primeramente y sobretodo a aquellos que se califica de «enemigos», a los más pérfidos, porque lo que debe ser encauzado y transformado en primer lugar es precisamente el veneno del dragón, el odio del fuego impío que emponzoña el mundo. <<Amar a vuestros enemigos, bendecir a los que os maldicen, hacer el bien a quienes os odian, orar por aquellos que os persiguen a fin de poder ser llamados hijos del Padre que está en los cielos.>> (Mateo, 5,44)

Existe un dibujo muy conocido en donde se ve a Hermes con un pie sobre el dragón -que derribado e impotente, lanza una última rociada de su veneno de fuego- presentar en su mano derecha, a plena luz, la Tabla Esmeralda. De ésta se eleva el Ibis, el pájaro de los misterios consagrado al amor, a la voluntad, a la sabiduría y a la actividad, luego a Abraxas y a sus cuatro emanaciones. Podamos transmitiros esta sabiduría de la Novena Hora del Nyctheme­rón para una consolación y una bendición.

 

3 Sexto y séptimo misterios

 

En el curso de nuestra exposición del quinto misterio de la Novena Hora, hemos profundizado  en el sentido del termino <<Abraxas>> y de sus cuatro emanaciones. Abraxas es la fuerza original de Dios contenida en cada átomo, luego que se encuentra por todas partes. Un lugar del espacio donde esta fuerza original no se encontrara es pues inconcebible. Es la que permite al hombre verdadero realizar el plan de Dios en la base del universo. Esta es la razón por la que el séptimo dominio cósmico es llamado «el Jardín de los Dioses». Es un gran laboratorio alquímico. El hombre nacido de Dios tiene el deber de penetrar en este laboratorio a fin de difundir siempre más ampliamente la idea de Dios por sus actividades. Por ello en la Biblia se dice que el hombre ha sido creado para la honra de Dios, para magnificar su majestad, y que la filosofía hermética habla de Abraxas y de sus cuatro emanaciones.

La fuerza original de Dios posee cuatro emanaciones: el amor, la sabiduría, la voluntad y la actividad. El principio fundamental de la sustancia original y de las cuatro emanaciones que fluyen de ella están en una relación tal que forman juntas una estrella de cinco puntas luminosa, llena de majestad y de gloria, como un sol universal, como Abraxas. Aquel que, de la única manera liberadora posible y justa quiere liberar las fuerzas que encierra la sustancia original y utilizarlas para llegar a la Vida, tiene el deber de conocer bien todos los secretos de la formula y de aplicarlos en el orden justo.

Se trata en primer lugar del amor, en su aspecto más elevado y más puro, del amor totalmente indivisible, englobando a todos y a todo, sin consideración del estado en el cual se encuentra un hijo de Dios. Es el amor con el cual es necesario abordar todo conflicto, toda cristalización, toda tontería y su influencia. Es con este amor que todo trabajador en el campo de la cosecha debe comenzar. Cuando se puede entrar así en la gran cantera, entonces la sabiduría se desarrolla, no la intelectualidad, sino la sabiduría, la sabiduría que abraza el plan, la sabiduría que sondea toda situación y todo fenómeno en su justo valor, de manera que, sobre esta base, se desarrolla la justa magia de la voluntad y la justa actividad.

 

Hemos hablado ampliamente de todo esto, y ahora se presenta el sexto misterio de la Novena Hora: la llave de la liberación de los cuerpos y de las almas, la llave que abre todas las prisiones.

Las fuerzas que emanan del sexto misterio están sobretodo destinadas, en cuanto a su empleo, a los hijos de Dios de la ola de vida humana que han forzado la santa ley del sol universal, que han hecho mal uso de la sustancia original y liberado de manera caótica la fuerza que encerraba, con todas las consecuencias impías que resultan de ello.

Conocéis las propiedades generales de la materia. Sabéis que es posible juntar átomos o dividirlos. Se pueden también asociar en elementos. Es posible igualmente, por una justa combinación de estos elementos y de estos átomos, despertar la vida, hacer nacer fenómenos vitales. En el séptimo dominio cósmico, hay muchas entidades que se dedican a este trabajo creador; y el biólogo se queda mudo de respeto cuando examina estas miríadas de fenómenos vitales de los reinos vegetal y animal. Su multiplicidad testimonia muy simplemente de las propiedades generales de la materia, pero no dice ni explica aún nada de la verdadera naturaleza de la sustancia original.

Os lo decimos: únicamente cuando nos aproximamos a la materia con relación al sol universal, con relación a Abraxas, y se es apto para poner en practica la ley de las cuatro emanaciones, se puede descubrir la verdadera naturaleza divina de la materia. Cae de su peso que lo que conviene entonces hacer para comenzar no será aniquilar los efectos de la impiedad, sino suprimir las causas. Una fuente de caos y de confusión engendrará siempre caos y confusión. Es necesario pues suprimir primero esta fuente.

¿Creéis que es posible neutralizar el riesgo que la ciencia nuclear hace correr a la humanidad por la sola prohibición de las armas nucleares? ¿O por un acuerdo mutuo? En efecto además de la seguridad por si mismo, por su pueblo y su país, el hombre busca también fuentes de energía, pues la humanidad tiene necesidad de luz y de fuerza para conservarse viva. Sabed que es precisamente el empleo pacifico de la ciencia nuclear la que va a desencadenar sobre la humanidad las más espantosas calamidades, como siempre ha ocurrido en el curso de los años siderales.

Aquellos que partiendo del Jardín de los Dioses, quieren realizar la gloria de Dios y su plan están evidentemente obligados, en primer lugar a hacer desaparecer el desorden, no creando una teocracia, como lo quieren intentar los maestros del Gran Juego[4], sino trayendo de nuevo a la humanidad perdida y prisionera a su patria, al punto de partida de muchos, es decir al mundo del alma.

Esto es lo que emprende la Gnosis Universal, y para esto el hermano o la hermana iniciados, habiendo celebrado su propio regreso a la Casa del Padre, van hacia lo que está perdido, lo que está prisionero. Para esto sirve el poder del sexto misterio, la llave que abre todas las prisiones, la llave de la liberación de los cuerpos y de las almas. Probablemente ya tenéis alguna idea de este formidable y grandioso poder, pues este misterio encierra la fórmula de la fisión total del átomo y de la utilización de sus energías, fórmula que procede lógicamente del quinto misterio, de Abraxas.

Cada átomo encierra, como hemos dicho, la sabiduría fundamen­tal, la sabiduría original del plan de Dios, una fuerza de realización, luego el poder mágico de demostrar y de propagar la sabiduría fundamental, actividad que puede perpetuarse cuando es enteramente liberada y puesta en movimiento por la fuerza de amor que porta todo. En otros términos, el liberado gnóstico que entra en la gran cantera es perfectamente capaz de modificar a voluntad la naturaleza de los cuerpos y su composición atómica, en resumen de modificar la fórmula que está en la base de una manifestación de vida, a fin de liberar de su prisión a un alma prisionera, una chispa de espíritu encadenada. Es el poder de abolir todo lo que existe en la naturaleza dialéctica por un terrible fuego destruc­tor.

Comprenderéis que un poder parecido no puede ser empleado, y no lo será, para la destrucción de nuestro orden del mundo trastornado. ¿Que efecto liberador tendría, en efecto, un poder semejante para las entidades que forman parte de este desorden y que juntos lo han llamado a la vida? Pues aquel que está en la ignorancia y que se libera, recaerá sin cesar en los mismos hábitos.

Esta es la razón por la que la práctica del sexto misterio de la Novena Hora del Nycthemerón debe ir a la par con la del séptimo misterio. El séptimo misterio desvela la fuerza de la elección eterna. Provista de esta fuerza, la Escuela Espiritual gnóstica va al reencuentro de la humanidad, en el curso de su trabajo salvador, al servicio de todos aquellos que vienen a ella y quieren escuchar. Ella quiere consolidar en el hombre la fuerza de la elección eterna.

Es una fuerza que da el poder de hacer la justa elección entre dos vías: la vía de la caída o la vía liberadora del renacimiento del alma. Es esta fuerza la que permite al hombre hacer una elección que sea eterna al mismo tiempo que la elección de un poder nuevo. El hombre debe amar esta elección en el sentido del quinto misterio; debe penetrar su sabiduría y liberarla por si mismo. Podrá concentrar entonces su voluntad sobre esta única actividad mágica que conduce a la vida liberadora. Con la ayuda de esta fuerza de la libre elección eterna, la Gnosis guía a todos aquellos que se comprometen libremente, a fin de que puedan tomar parte en el santo sacerdocio de la Orden de Melquisedek. Ella les hace superar el proceso evolutivo concordante para llevarlos aún más lejos, de magnificencia en magnificencia.

Comprenderéis también que la fuerza de elección eterna, la fuerza del séptimo misterio y su aplicación metódica, se refiere a la fuerza y al poder del sexto misterio, el de la llave que abre todas las prisiones: la victoria sobre la muerte por la rendición total de si mismo al Cuerpo Viviente de la Escuela Espiritual.

Es así como, desde el primer día del obscurecimiento adámico, existe el trabajo para el mundo y la humanidad, con el fin de hacer desaparecer de manera absoluta las consecuencias del pecado, a fin de restablecer a su gloria de antaño el paraíso perdido.

Alzaros pues hasta el gran amor que, en los Hijos de Dios, se aproxima a vosotros y os rodea. Si la Gnosis llega a salvar vuestra alma y a colocaros en la fuerza de la elección eterna, es seguro que vuestra prisión, vuestras cadenas, por pesadas que sean, desaparecerán, gracias al inmenso poder de los Hijos de Dios, con la ayuda de la llave que abre todas las prisiones.

La Escuela Espiritual Gnóstica de la Rosacruz de Oro no os propone pues ninguna iniciación sino la liberación total y la transfiguración de todo vuestro ser.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                   Es la llave del ciclo astronómico y

                                                    del movimiento circular de la vida

                                                                  de los hombres.

 

 

 

 

                                                                   DÉCIMA HORA

 

 

Henos aquí en la décima fase del desarrollo del hombre-dios en devenir. La Décima Hora ha llegado. Os hemos explicado tan claramente como ha sido posible el significado de la Novena Hora y hemos visto como el hombre gnóstico sacerdotal, que se ha vuelto apto para ello, se encuentra de nuevo en el Jardín de los Dioses para salvar, restablecer y reconducir a casa todo lo que ha degenerado y amenaza con perderse. Igualmente hemos examinado que poderes posee para ello el hombre gnóstico mágico, que llave va a permitirle abrir realmente todas las prisiones. El candidato que ha atravesado la Novena Hora está perfectamente equipado; está provisto de todo lo que necesita para realizar su tarea de trabajador en la gran viña.

La cifra nueve, el último, es en sentido mágico el número del hombre; es el número glorioso de la realización y libera una fuerza poderosa.

Dicho esto, comprenderéis que el número diez representa un nuevo ciclo donde comenzará, en un plano superior, una nueva serie de desarrollos. En otras palabras, este ciclo va a abrir ante nuestros ojos, a nosotros que tratamos de seguir desde el exterior este grandioso desarrollo, grandes perspectivas sobre el formidable alcance de la intervención de los Hijos de Dios.

En la Décima Hora, el trabajador debe necesariamente ver los efectos de la caída y de la degeneración, no tanto en el detalle como en su mutua relación. Es a tal efecto que recibe la llave del ciclo astronómico y la del movimiento circular de la vida de los hombres.

Para comprender la Décima Hora, es necesario referirse a las fuerzas y a las leyes de radiación que rigen la extensión del séptimo dominio cósmico. Son las fuerzas de radiación del inmenso reino de la naturaleza que describen sus órbitas y cuya actividad aumenta o disminuye siguiendo diversos ciclos. Podríamos designar­los como <<la gran alma>> del espacio natural. En la cosmología gnóstica, se les llama «eones». Estos eones trabajan evidentemente en colaboración. La imagen exterior que nos da esta colaboración puede parecer caótica, puede parecer llena de tensiones y de incompatibilidades, su cohesión necesaria e infalible no es por ello menos efectiva en sus resultados. Por estas fuerzas de radiación unidas a la única ley y explicándose por ella, el séptimo dominio cósmico testimonia de su objetivo: ser el laboratorio alquímico, el Jardín de los Dioses de la totalidad del espacio intercósmico.

Imaginar que entrarais en un laboratorio y que encontrarais allí alambiques y retortas llenas de polvos y de líquidos de diferentes naturalezas y colores. Algunas de entre ellas se revelarían peligrosas, explosivas y venenosas si fueran manipuladas y empleadas sin conocimiento, es decir sin tener en cuenta sus leyes finales, y no podrían ser evitadas las mayores desgracias. ¿Estas preparaciones son pues realmente malvadas o dañinas? ¡Absolutamente no! Son imperso­nales, perfectamente neutras. Son de una cierta naturaleza y representan una posibilidad, una fuerza. Esta puede operar de manera bienhechora, ser liberadora, realizar su objetivo, a condición de que aquel que la utilice conozca este objetivo y busque alcanzarlo. En este caso una bondad y una verdad superiores podrán manifestarse.

Es pues aquel que la emplea quien determina el resultado: es el hombre, es el alquimista quien vuelve al eón malvado. Es él quien desencadena el bien o el mal. Es igualmente al alquimista a quien se le prohibió, al comienzo, comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal en un sentido experimental o científico. Pues es así como es encendido, y como siempre se enciende, el fuego en el séptimo dominio cósmico y como fueron desatados el bien y el mal tal como los vemos y experimentamos.

¿No está pues permitido liberar la sublime bondad de la fuerza alquímica? Si, ello está permitido. Incluso ésta es la tarea a la que el Hijo de Dios es llamado, a condición de que con todo conocimiento de causa y movido por una impulsión interior, se someta a la única ley y a la única dirección del árbol de la vida que está en el medio del Jardín.

Podéis pues imaginar como <<el fuego>> se encendió un día en el espacio, como las llamas violentas de la discordia y del rompimiento invadieron la atmósfera y como, por una reacción en cadena, el fuego único inflamó a los otros fuegos. Así es como el mal fue engendrado y como aparecieron los buenos y los malos eones. Un gran número de entidades fueron tomadas por estas llamas y se hundieron en la degeneración mientras que se manifestaban en la forma. El mal adquirió en su ser una manifestación y una fuerza atómicas. Al lado de ello, como un ahogado que jadea en busca de aire, se desarrolló una fuerte tendencia hacia la bondad, a la seguridad, a la calma, al equilibrio y al amor.

Así es como el hombre, victima de este desastre, duda sin cesar entre el bien y el mal; busca el bien y sin embargo no puede evitar el mal. Recordar el grito salido del corazón de Pablo: <<No hago el bien que quiero, y hago el mal que no quiero>>.

Es la maldición de la naturaleza dialéctica que os ha tomado y se hace sentir hasta en vuestros huesos. Pues el universo del séptimo dominio cósmico arde en el fuego impío.

Y se podría preguntar: <<¿Como es que el espacio entero y todas sus criaturas no han sido aún totalmente aniquiladas?>> Porque los Hijos de Dios han intervenido en este desorden. Los antiguos relatos nos revelan que separaron el espacio en dos partes. En una existía el orden divino; en la otra el desorden en donde el fuego manifestaba el bien y el mal. Pero esta parte fue como encerrada, y es así como el verdadero paraíso, el Jardín de los Dioses, se volvió inaccesible a los hijos de la desobediencia.

¿Los Hijos de Dios no fueron capaces de hacer regresar al espacio entero a su estado primordial? Evidentemente poseían este poder. Pero si este restablecimiento hubiera tenido lugar, las innumerables entidades, victimas del desastre, y por ello totalmen­te desorganizadas y poseyendo ya la forma de su nueva naturaleza, no habrían estado en estado de restablecerse, y habría ocurrido un nuevo desastre.

Por ello lo verdadero fue separado de lo falso. Lo falso y todo lo que contenía fue aislado, se volvió lo que se llama el orden de seguridad, sometido a un plan de salvación, a un sistema de siete leyes de radiación, con el fin de que la verdadera vida pudiera desprenderse progresivamente de la angustia y de la muerte, gracias a la actividad de la luz que, como una estrella de cinco puntas y con siete propiedades, se abre un camino y penetra en la noche de nuestra existencia recluida.

Esta luz es llamada <<la estrella de Belén>>. Por ello los Hermanos y las Hermanas de las antiguas Fraternidades invocaban las bellas y maravillosas <<consolaciones de Belén>>, dicho con otras palabras, se deseaban la transfiguración: el gran restablecimiento en la luz liberadora. Aquel que entra en la Décima Hora recibe la llave del ciclo astronómico y del movimiento circular de la vida de los hombres. Participa en la estrella de Belén, el Cuerpo Vivo de la Gnosis.

 

¿Que significa la posesión de estas llaves? Leemos a este respecto:

            Nos encontramos aquí sobre un terreno ardiente, y se nos permitió el no explicar a los profanos, ni el diablo, que es su maestro, ni al asesino de niños, que es su amor, ni la codicia que es su dios, ni los perros, a los que no queremos comparar, ni la piedra de onix, que se les escapa, ni los vampiros, que los seducen, ni las falsas apariencias, que toman por la verdad.

La mayor parte de la generación humana caída es la presa del mal, y se puede decir de un gran número de hombres que lo demoníaco rige su existencia. Cuando la luz de Belén los toca y despierta en ellos una nueva posibilidad, los asesinos de niños enviados por Herodes se apresuran a matar esta posibilidad. La característica del hombre nacido de la naturaleza es su inmensa codicia que en parte proviene de su miedo y en parte de su egocentricidad dura como la piedra.

Están también los que se ilusionan y creen formar parte de la verdadera humanidad. Se imaginan ser hombres de descendencia divina, dándose la apariencia y la forma. Ahora bien no saben que, comparados al <<dios con forma humana>> al que son llamados a volverse, no son más que <<perros>>.

Todos veneran el onix, piedra muy conocida en la magia. Quizás sabéis que el onix, en su forma más pura, presenta líneas blancas y negras. Es pues el símbolo del bien y del mal de la naturaleza de la muerte. El onix vuelve continuamente loco furioso al hombre nacido de la naturaleza porque los aspectos negro y blanco son siempre relativos e intercambiables: <<¡Cuando quiero hacer el bien…!>>.

Al fin descubrimos que el campo de respiración del hombre nacido de la naturaleza está lleno de vampiros ocupados en sus inmundas practicas, lo que hace que las falsas apariencias reinen por todas partes en la vida nacida de la naturaleza, substituyendo sin cesar a la estrella de Belén.

El trabajador dotado de poderes que ve todo esto en la Décima Hora comprende que es perder el tiempo querer considerar y ayudar al hombre caído exclusivamente en tanto que individuo. Lo que cuenta es hacerle comprender progresivamente los datos cósmicos de su campo de vida. El hombre terrestre, en efecto, prisionero en la argolla de las fuerzas naturales contrarias desencadenadas, no puede ser diferente de lo que es. Por ello la Luz de Belén manifiesta dos actividades en vistas de la salvación: por una parte, la actividad de las leyes de radiación, actividad regenera­dora dirigida a cambiar las relaciones cósmicas para reunir el espacio encerrado con el espacio donde reina el árbol de Vida.

Por esta razón se dice que Cristo, desde el comienzo de esta actividad, <<ha vencido al mundo>>, que ha aniquilado el pecado y que el mundo entero le es entregado; al lado de esta ayuda de lo alto, hay por otra parte, una actividad al servicio de los que buscan realmente la luz de Belén.

Para terminar, comprender que todas las entidades caídas serán finalmente elevadas en la luz universal por aquellos que han recibido las llaves de la Décima Hora, es decir, la llave del ciclo astronómico y del movimiento circular de la vida de los hombres; que las llamas del fuego cósmico serán apagadas, que toda la ilusión se desvanecerá en humo y que manifestará que lo demoníaco, en el fondo no existe. Este es el misterio lleno de gracia de la Décima Hora.

¡Puedan las grandes y maravillosas consolaciones de Belén vertirse pronto sobre vosotros!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                       Las alas de los genios se agitan con un murmullo

                                              misterioso; vuelan de una esfera a la otra

                                      y llevan de mundo en mundo los mensajes de Dios.

 

 

 

 

                                                                 ONCEAVA HORA

 

Con la explicación del texto de la Onceava Hora nos aproximamos al término de nuestro viaje de regreso al Padre. Puede que la imagen del camino que hemos seguido juntos a través de todas las horas sea ahora cada vez más vaga y más abstracta ante vuestros ojos y más difícil de delimitar. Por lo tanto estáis obligados a avanzar para tener una visión de conjunto y serviros de ella como guía para llegar a la Vida. Vamos pues a tratar de analizar la Onceava Hora, ya que es una necesidad por varias razones.

Se trataba en la Décima Hora, de dos actividades salvadoras: una operando por así decirlo desde lo alto, por la actividad de las leyes de radiación, actividad regeneradora destinada a cambiar progresivamente las relaciones cósmicas y que terminará por reunir el espacio cerrado de la naturaleza dialéctica con el espacio del árbol de la Vida; el otro es una actividad al servicio de aquel que busca realmente la luz de Belén. El microcosmos dialéctico gira con la rueda del nacimiento y de la muerte en el espacio cerrado de la naturaleza de la muerte, y el trabajador iniciado de la Décima Hora recibe por una parte la llave del ciclo astronómico donde todo está cerrado y sujeto a la muerte, pero por otra parte la llave del movimiento circular de la vida de los hombres al interior de esta naturaleza de la muerte, a fin de que todas las entidades caídas terminen por elevarse en la Luz universal y que se apaguen, al interior de este espacio cerrado, todas las llamas del fuego cósmico.

Se dice en la Onceava Hora: Las alas de los genios se agitan con un murmullo misterioso; vuelan de una esfera a la otra y llevan de mundo en mundo los mensajes de Dios.

Comprenderéis que este texto se refiere a la tarea colocada sobre las espaldas del trabajador iniciado durante la Décima Hora. La Onceava Hora nos revela la practica de los iniciados gnósticos que quieren elevar y salvar la naturaleza de la muerte y todo lo que vive en ella. Su campo de trabajo es pues la gigantesca extensión del séptimo dominio cósmico. Claramente veis el enorme trabajo que ello representa y de que fuerzas y posibilidades formidables estos trabajadores iniciados deben disponer, fuerzas y posibilidades llamadas <<alas de los genios>>. Un genio es un ser dotado de un nuevo poder creador; en el sentido gnóstico es una alusión a la fuerza extraordinaria y especifica que permite la obra del mago gnóstico. Los servidores de la Onceava Hora extienden pues las alas de su poder mágico gnóstico y realizan su tarea por todas partes donde ello es posible.

Este grandioso poder es igualmente séptuple. Vemos en primer lugar como el iniciado gnóstico domina completamente el fuego astral. Este fuego le obedece; puede ser sometido a su voluntad. Así el fuego se vuelve el instrumento de su fuerza y la luz de sus antorchas.

Sabéis hasta que punto aquel que está aún encadenado a la rueda del nacimiento y de la muerte está enteramente dominado por el fuego astral y sometido a las fuerzas que se manifiestan en la prisión planetaria donde el mora. Todas sus acciones y gestos están determinados de segundo en segundo por el fuego astral de la naturaleza dialéctica. Todo lo que ha tomado y tomará forma se explica por ello. Cada obstáculo en el camino, cada desfallecimien­to, cada fracaso tiene una causa astral. La sustancia astral de la que vivís es vuestra sustancia cósmica fundamental. La muerte tiene su raíz en la sustancia astral. Así pues es evidente que los genios alados de la Onceava Hora han triunfado sobre el estado astral de la prisión planetaria, que la dominan y están en condiciones de liberar y de utilizar la pura sustancia astral de Abraxas, de donde se diferencian los <<alimentos santos>>.

Cada escuela espiritual, cada grupo que aspira a la liberación solo puede triunfar si está rodeado y alimentado por la sustancia astral pura que no proviene del planeta. Los genios alados llenos de amor de la Fraternidad precedente nos han secundado; nos han aportado, a nosotros también, el fuego sagrado, la luz de sus antorchas, a fin de encender el fuego de nuestro templo. En consecuencia, ahora tenéis conocimiento de un nuevo campo astral que forma parte del Cuerpo Viviente de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro; y tenéis conocimiento de la salvación que encierra para la Joven Gnosis, y os hemos mostrado el camino a fin de que tengáis parte en ese campo, si, y sabéis como ya podéis tener parte en él durante el sueño del cuerpo.

 

Demos una imagen clara de uno de los aspectos de los genios alados de la Onceava Hora.

El fuego astral les obedece: el fuego astral es el vehículo de su voluntad, el instrumento de su fuerza y la luz de sus antorchas. (La voluntad del hombre dialéctico tiene los éteres por vehículo). Los genios llevan la sustancia astral pura allí donde es necesaria, allí donde puede ser útil, allí donde es conscientemente pedida. La pura luz astral es la panacea del profundo sufrimiento de la humanidad, pues aquel que llega a vivir del fuego astral original puro reencontrará infaliblemente a su Pymandres.

El trabajo de los genios alados de la Cadena universal no consiste simplemente en aportaros lo Único Necesario, sino que sus alas protectoras se extienden sobre vosotros para guardaros del fracaso final. Aquel cuya aspiración es verdadera recibe la ayuda y la protección necesarias. Podéis sentiros al abrigo <<bajo las alas de Jehovah>>, según la expresión de los antiguos Rosacruces, que expresaban la misma cosa. Una pura esfera astral se extiende sobre nosotros y, si aspiráis a ella verdaderamente, una poderosa radiación emana de la nube que nos cubre; entonces, en concordancia con vuestros propios esfuerzos, el fuego astral de la naturaleza de la muerte es mantenido lejos de vosotros. De ello resulta un grandioso y maravilloso prodigio formulado como sigue:

 

            Los robles de los bosques sagrados entregan unos oráculos;

            los metales se transforman en oro

            o se vuelven talismanes;

            las rocas se desprenden de su base;

            arrebatadas por la lira del gran hierofante,

            y tocados por el misterioso schamir,

            se cambian en templos y en palacios;

            la doctrina es formulada;

            los símbolos, representados por pentagramas,

            adquieren una gran eficacia;

            los espíritus están encadenados por poderosas simpatías,

            y obedecen a las leyes de la familia y de la amistad.

 

Así es la fórmula del prodigio que se difundirá cuando el nuevo reino gnóstico se manifieste y sea establecido bajo las alas y el poder de los genios de la Onceava Hora.

La humanidad ha entrado en un día nuevo en el que la luz se revela, en un periodo en el que los velos serán apartados y donde todo lo que hasta ese día ha estado escondido en la oscuridad del secreto deberá ser conocido. El gran hierofante de la Gnosis ha hecho resonar el schamir, o caramillo, del año jupiteriano[5], y una nueva llamada nos ha tocado.

Por ello el misterio de la Onceava Hora debe seros desvelado con el fin de que estas palabras no se queden en teoría. Deberéis reconocer y proclamar estas cosas para que una poderosa base de colaboración sea así obtenida.

El misterioso schamir ha resonado al comienzo del año jupiteriano. Que todos los que han percibido algo de ello, que todos los que han escuchado resonar sus sonidos prodigiosos se unan para la nueva tarea de su cabeza, de su corazón y de sus manos.

 

 

 

 

 

                                                     Aquí se realizan por el fuego las

                                                             obras de la eterna luz.

 

 

 

                                                                 DOCEAVA HORA

 

Sabemos como los genios alados de la Onceava Hora, los grandes iniciados de las Fraternidades precedentes, llevan de mundo en mundo el mensaje divino. Sabemos también como obran en el Jardín de los Dioses del séptimo dominio cósmico. A continuación hemos visto igualmente la manera como triunfan sobre los obstáculos planetarios del campo astral y como expanden a través de todo el espacio planetario el fuego astral puro del comienzo a fin de que, por él, los hombres encuentren la única vía y reciban la fuerza de recorrerla. Y el Nycthemerón termina con estas palabras de jubilo: Aquí se realizan por el fuego las obras de la eterna luz.

Las obras, los designios de la Luz eterna, se refieren siempre a la practica de la ley universal del amor: salvar lo que está perdido, consolar lo que está abatido, curar las heridas de todo lo que ha sido cruelmente alcanzado.

En el curso de los siglos, siempre ha habido un reino gnóstico, un poderoso reino realizado en la tierra por los iniciados, con el fin de que aquellos que buscan la ayuda puedan, en este reino y por su fuerza, encontrar su camino. El orden magnético de un reino tal debe ser establecido por el nuevo fuego astral. Su edificación ha tenido lugar en todos los siglos en los tiempos marcados en la Gran Pirámide. Así pues deberíamos ver prontamente como se realizarán las indicaciones de la Onceava y de la Doceava Hora. ¿No es maravilloso saber que el Nycthemerón de Apolonio de Tyana no describe únicamente un desarrollo individual, sino al mismo tiempo la progresión de la manifestación universal? En la situación presente podemos también colaborar en la realiza­ción de la Onceava y de la Doceava hora, y en esto el Cuerpo Viviente de la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro tiene igualmente que realizar una tarea importante. Claramente vemos como, por un lado, los genios alados aportan el fuego astral mientras que, por el otro, la Escuela Espiritual está presente con su grupo.

¿Cual es actualmente el deber más importante de un alumno en la Escuela Espiritual? Es, por la rendición de si mismo al santo trabajo, dar al nuevo fuego astral la posibilidad de realizar su obra en los tiempos en que estamos. Por la entrega total de si mismo y el amor impersonal al servicio del mundo y de la humanidad, permitimos al grupo, en tanto que espejo de la luz del sol astral universal, estar suficientemente bien tallado y pulido para reflejar suficientemente, en las tinieblas de nuestro mundo, el brillante resplandor de la eternidad. Aquellos que pueden colaborar así, en un servicio plenamente consciente de la cabeza, del corazón y de las manos, serán llamados, en el sentido profundo del término, magos gnósticos.

Un mago gnóstico es un hombre a quien le está permitido y que tiene el poder de trabajar con las fuerzas concedidas desde lo alto, es decir que no pertenecen a este mundo. El fuego astral del mundo del estado de alma viviente, en efecto, no tiene nada de terrestre, no tiene nada de planetario. Este fuego puede ser designado justamente como una fuerza divina. Por ello el mago gnóstico tiene el deber de recordar continuamente estas palabras: <<¡Que aquel que esté de pie cuide de no caer!>> Pues tres graves peligros lo amenazan de hora en hora durante todo el tiempo que deba obrar en la naturaleza de la muerte. En cambio, existen cuatro poderosas fuerzas que estarán siempre dispuestas a volar en su socorro en cuanto las invoque, cuatro fuerzas de gracia que le volverán finalmente invencible.

Estos tres grandes peligros provienen del hecho de que su trabajo tiene lugar en la naturaleza de la muerte. Ciertamente, el mago gnóstico está bien liberado de esta naturaleza y participa, en tanto que ser renacido, en el mundo de las almas vivientes. Pero porque debe realizar su trabajo en un orden de naturaleza que se le ha vuelto totalmente extraño, en el que también se encuentran numerosas fuerzas enemigas, está claro que hay que tenerlo en cuenta a cada instante.

El primer peligro al que deberá mirar cara a cara es el siguiente: Se recurrirá sin cesar a su ayuda y a su sostén. ¿Ello presenta un riesgo? Si, precisamente porque el mago, en virtud de su ser, ¡desea ante todo ayudar! Sobretodo no olvidéis que cuando el gnóstico ayuda a alguien, se establece un lazo magnético automáticamente entre él y al que ayuda. Ahora bien la unión de un hombre-alma con un hombre simplemente dialéctico solo está justificada en ciertos casos excepcionales, es decir si el hombre dialéctico encuentra en ello una ganancia para su alma y la vida liberadora. Evidentemente el mago gnóstico, operando por la gracia del nuevo fuego astral, dispondrá de poderes y de posibilidades considerables y será, bajo muchos aspectos, <<un fuerte>>. Por ello se intentará hacer mal uso de estas posibilidades y de desviarlas hacia fines terrestres ordinarios. En este caso el trabajador, en virtud de la ley magnética de unión, se volverá victima de ello y correrá el peligro de ser encerrado de nuevo en la prisión planetaria. Cualquiera que trabaje así con la ayuda de fuerzas gnósticas deberá tener cuidado con el fin de no caer en situaciones muy confusas.

Es evidente que todo trabajador gnóstico estará expuesto a ataques y persecuciones varias. Los eones naturales de la esfera planetaria y todas sus fuerzas-luz son perturbadas, eso es evidente, por la actividad de los trabajadores gnósticos; pues los eones naturales, como se dice en el evangelio gnóstico de la Pistis Sophia, <<son arrojados de su orden>> por la gran fuerza-luz del sexto dominio cósmico. Por ello todo trabajador será siempre perseguido y estorbado en sus actividades, allí donde esté y donde vaya. No será perseguido por fuerzas terroríficas sino por todo lo que se siente amenazado en su existencia.. Ved esta persecución como inherente, por naturaleza, a todo lo que pertenece a la naturaleza de la muerte.

Al igual que aquel que atraviesa una corriente es dificultado por el hecho de que el elemento agua opone más resistencia que el elemento aire, así las fuerzas de oposición fundamentales, inherentes a la naturaleza de la muerte, se resisten siempre al trabajador que obra en la viña caída de Dios. Evidentemente siempre es posible que tal resistencia, o un conjunto de factores de oposición, provoquen un incidente, una situación que de hecho retenga al trabajador, una situación de la que no pueda desprender­se directamente. Ello representa entonces una perdida de tiempo, una perdida de energía, un estancamiento del gran proceso de salvación del mundo y de la humanidad.

Vemos pues que existen tres peligros para el candidato:

primeramente, el peligro de una unión magnética funesta;

en segundo lugar, el peligro de persecuciones que pueden       ralentizar el trabajo;

en tercer lugar, el peligro de una grave estancación de este trabajo.

Comprenderéis que cuando el trabajador conoce estos peligros, que de antemano sabe que se encontrarán en su camino, los tendrá perfectamente en cuenta. Desconfiará constantemente y nada podrá ocurrirle; y más aún porque sabe que, al lado de estos tres peligros, cuatro fuerzas de la gracia lo acompañan diariamente paso a paso.

En primer lugar, el hermano o la hermana del Santo Grial saben que como consecuencia a un acto voluntario o inconscientemente por su parte, no podrán ser victimas de una unión discordante o de una persecución o de un estancamiento. La Gnosis asegura la imposibili­dad de tal profanación.

De lo que precede resulta que, sea el que sea el lugar en el que aquel que participa en la vida universal pudiera encontrarse en virtud de su vocación, conservará su plena participación en el mundo del estado de alma viviente. No hay separación para quien ha entrado en la comunidad de las almas.

A continuación el trabajador gnóstico tiene el poder del discernimiento de los espíritus; ha probado perfectamente de antemano si realmente son de Dios.

Al fin el mago gnóstico posee, como corona de gracia, el poder de la invencibilidad absoluta.

Así pues es cierto que aquellos que se mantienen inteligente­mente en el camino del servicio, conociendo su tarea y su vocación en el proceso de salvación de las almas de la humanidad, y, disponiendo de las cuatro fuerzas de la gracia, no tendrán que temer los tres peligros fundamentales de los que acabamos de hablar. Es indudable que conducirán su tarea a buen fin.


    [1]El texto del Nycthemerón ha sido publicado por Eliphas Leví como anexo de su obra Dogma y Ritual de la Alta Magia, París, 1856

    [2]Ver Desenmascaramiento de J. van Rijckenborgh

    [3] La divina comedia de Dante Alighieri. Pág. 29. Selecciones austral 1983

    [4]Ver J. Van Rijckenborgh, Desenmascaramiento.

    [5]Los comentarios del Nycthemerón datan de 1957, año jupiteria­no.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL MISTERIO

DE LAS

BIENAVENTURANZAS

 

 

 

por

 

 

J. VAN RIJCKENBORGH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Título original:

 

 

«Het Mysterie der Zaligsprekingen»

 

 

 

INDICE

 

 

Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .   7

 

CAPITULO   1 «Bienaventurados los pobres de espíritu,

porque de ellos es el Reino de los Cielos» (1) 9

 

CAPITULO   2 «Bienaventurados los pobres de espíritu,

porque de ellos es el Reino de los Cielos» (2)11

 

CAPITULO   3 «Bienaventurados los afligidos, porque ellos

serán consolados» (1) . . . . . . . . . . . . 19

 

CAPITULO   4 «Bienaventurados los afligidos, porque ellos

serán consolados» (2) . . . . . . . . . . . . 22

 

CAPITULO   5 «Bienaventurados los afligidos, porque ellos

serán consolados» (3) . . . . . . . . . . . . 30

 

CAPITULO   6 «Bienaventurados los mansos, porque ellos

heredarán la tierra» . . . . . . . . . . . . .34

 

CAPITULO   7 «Bienaventurados los que tienen hambre y sed

de justicia, porque ellos serán saciados» (1).38

 

CAPITULO   8 «Bienaventurados los que tienen hambre y sed

de justicia, porque ellos serán saciados» (2).46

 

CAPITULO   9 «Bienaventurados los misericordiosos, porque

ellos alcanzarán misericordia» . . . . . . . .49

 

CAPITULO  10 «Bienaventurados los limpios de corazón,

porque ellos verán a Dios» . . . . . . . . . .57

 

CAPITULO  11 «Bienaventurados los pacíficos, porque ellos

serán llamados hijos de Dios» . . . . . . . . 64

 

CAPITULO  12 «Bienaventurados los que son perseguidos por

la justicia, porque el Reino de los Cielos les

pertenece» …………………………..   70

 

Glosario  . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  76

 

 

 

 

PROLOGO

 

 

El Misterio de las Bienaventuranzas comprende entre otras una serie de alocuciones que Jan van Rijckenborgh pronunció en una iglesia de Haarlem durante la Segunda Guerra Mundial; en el período de ilegalidad de la Escuela de la Rosacruz. Sin que se mencionara el nombre de la Rosacruz, a pesar de las prohibiciones y persecuciones, el rico y pleno mensaje de la Fraternidad Universal fue transmitido al público, y la Escuela de la Rosacruz demostró su fidelidad a su vocación y a su deber.

Ahora que las sombras de la próxima Noche Cósmica se hacen cada vez más profundas y oscuras y se extienden sobre el mundo y la humanidad. Y que por todas partes los falsos valores, que alejan a millares de buscadores serios de una vida realmente liberadora son desenmascarados, en su pobreza espiritual, falso lustre y triste impotencia, juzgamos que nuestro deber es someter al público una edición revisada y aumentada del Misterio de las Bienaventuranzas.

 

Las disertaciones recogidas en este libro arrojan una luz clara sobre el camino nónuple que, desde las alturas de la Montaña Sagrada, es enseñado al verdadero buscador de la redención. Este camino está abierto y es accesible a todos los que comprenden la llamada y quieren aprender a realizar con alegría sus exigencias liberadoras, en una sincera aspiración a la luz salvadora.

 

Que innumerables reconozcan este camino de la vida y en su

total ofrenda puedan elevarse en la victoria.

 

 

 

 

CAPITULO  1

 

 

              «Bienaventurados los pobres de espíritu

              porque de ellos es el Reino de los Cielos»

 

 

«Y Jesús, viendo el gentío, subió a la montaña, y después de que El se sentó, sus discípulos se acercaron a El.»

 

Así comienza, tal y como Ud. sabe el Sermón de la Montaña. Este Sermón no se encuentra solamente en el Evangelio de Mateo, sino que también aparece en las sagradas escrituras de todas las épocas bajo otras formas. Si el tiempo, el lugar y las santas personas que lo expresan son diferentes, el contenido es siempre el mismo.

 

La montaña es un magnífico símbolo del camino que conduce de las tinieblas a la luz. Su base está en la tierra y su cumbre se eleva hasta el cielo. Por eso está perfectamente claro que una montaña semejante, desde cuya cumbre sagrada resuena la palabra de la liberación, es, ante todo, la imagen del quíntuple Cuerpo Viviente de un desarrollo gnóstico.

 

Jesús el Señor es el sublime, el perfecto, el hermano liberado que habla al gentío en el interior del Cuerpo Viviente. El se dirige a sus discípulos.

 

«Discípulo» significa en particular «joven». Por esta razón el Sermón de la Montaña se dirige a todos los que han comenzado a recorrer el camino verdadero y todavía son «jóvenes» en comparación con los liberados, con los hermanos y hermanas mayores.

 

El Sermón de la Montaña es muy importante para todos los que se encuentran en el Cuerpo Viviente de la  joven Fraternidad gnóstica. En el encontramos el esbozo de un comportamiento que invariablemente conducirá a la gran meta. Además, este importante sermón comienza por una maravillosa consolación, con las «bienaventuranzas». Hasta nueve veces se dice: «Bienaventurados son». No que «serán bienaventurados», ¡sino que «son»! La bienaventuranza es estado de suprema felicidad, un ser verdaderamente liberado.

 

En un cuerpo gnóstico se encuentran por naturaleza muchos jóvenes. Se hayan en camino hacia la Casa del Padre; y ya en este estadio son saludados nueve veces con un: «Bienaventurados son», insistiendo en son: ya el encontrarse en el cuerpo de la Escuela, siendo un alumno serio, hace que la liberación sea ya un hecho. Esta es la característica de la vida gnóstica: no trae la felicidad suprema, no llama la atención hacia una felicidad futura, sino que es felicidad, que es bienaventuranza.

 

La historia mundial gnóstica da testimonio de que el gnóstico siempre era y es un hombre feliz y alegre, sea cual sea lo que en la vida en la naturaleza de la muerte pudiera sucederle. Su certeza no es una certeza sugerida, psicoanalíticamente inducida con un ¡Tú eres feliz!, sino que posee la certeza que da la experiencia.

 

La experiencia: «Estoy en camino y mientras que recorro el camino, la luz viene a mi encuentro; la luz me envuelve; me penetra y no me abandona ya más ni de día ni de noche. La rosa florece y exhala suaves perfumes. Recorro un camino de rosas hacia el que la luz me atrae y me conduce, siendo para mí un guía.»

 

El que vive tal experiencia ¿podía acaso ser infeliz? A alguien semejante ¿puede acaso perjudicarle esencialmente su marcha a través de las vicisitudes del tiempo?. Y todos nosotros podemos de esta misma manera volvernos y permanecer conscientes de esta experiencia.

 

De lo que se trata es de que usted impulsado por una necesidad interior verdadera, busque con todo su ser, anhele la luz. No por el deseo, pensamiento o sentimiento sino por un anhelo que parte de su estado de sangre: una ansia imperiosa a la que se tienen que sumar todos los órganos y actividades de la inteligencia.

 

Y así la primera bienaventuranza se hace realidad para usted:

 

«Bienaventurados los que aspiran al espíritu;

porque de ellos es el Reino de los Cielos.»

 

Entonces ya está ampliamente abierto para Ud. de antemano, el atrio del nuevo reino.

 

Venga hacia la Luz y no espere más.

Tome el Fuego y sea libre.

 

 

 

CAPITULO 2

 

              «Bienaventurados los pobres de espíritu

              porque de ellos es el Reino de los Cielos.»

 

 

Uno de los pilares angulares de la anunciación gnóstica de salvación es la noción clara de la existencia de dos órdenes naturales: Uno que conocemos, en el que vivimos y el cual comprende dos mitades de existencia: una de este lado y otra del otro lado del velo -dos esferas de existencia que como consecuencia del desarrollo de las cosas se confundirán cada vez más-, y otro orden natural, que no conocemos, en el que no vivimos y cuyas leyes y relaciones que lo rigen no podemos ni imaginar. Un orden de cuya existencia el hombre como masa no tiene la menor idea.

 

En la filosofía gnóstica denominamos como orden dialéctico al orden natural que conocemos: Es un orden en el que todo se transforma indefectiblemente en su opuesto. El otro, que no conocemos, lo denominamos el orden estático; un orden que carece de lo dialéctico; en él existe un estado de ser eterno, un eterno devenir, un estado con leyes naturales y espirituales totalmente diferentes.

 

La filosofía gnóstica señala al orden natural desconocido como el genuino, como el orden natural comprendido en el plan de Dios, el verdadero mundo de los hombres. Donde el hombre, vive de un estado de beatitud, de sublimidad; no sin un cuerpo material como en la existencia en el otro lado del velo de la muerte sino en posesión de un cuerpo material glorioso.

 

El hombre ha caído de este mundo absoluto, al menos nosotros y nuestros semejantes que habitamos aquí. Nos encontramos en un orden de emergencia, cuyo factor predominante en todas sus manifestaciones es una relatividad absoluta, una relatividad de la que nace forzosamente la naturaleza dialéctica.

 

Estos dos órdenes naturales diametralmente opuestos están comprendidos en un globo, en nuestra madre tierra que,  entre la inconmensurable serie de misterios que nos rodean, constituye uno de los más importantes. Las enseñanzas espirituales y los descubrimientos modernos de la ciencia natural se aproximan entre si en este concepto de la relatividad.

 

Hace algunos años intentamos demostrar que el orden natural desconocido debe ser comprendido dentro de nuestro globo. Para esto partimos entonces de los descubrimientos de Lorentz, Einstein, De Sitter, y Clay que con su teoría de la relatividad, y consideraciones sobre rayos cósmicos, esferas de calor, así como sobre los mundos expansibles y comprensibles, ratifican totalmente la antigua sabiduría.

 

A la esfera de calor más elevada, una de las capas más externas de nuestro globo, la denominábamos en estas disertaciones el dominio esencial de la humanidad original, el dominio de los no caídos y de la humanidad regenerada. Por lo que el orden natural que conocemos debe ser visto como la esfera más interior de nuestro globo, y nuestro firmamento como un firmamento planetario comprendido en esta esfera, como un reflejo extremadamente debilitado del universo verdadero.

 

Por este orden natural desconocido para nosotros no entendemos un mundo celeste, un reino terrestre cultivado, un reino humano sublimado, sino un orden completamente diferente, un mundo totalmente distinto cuyos aspectos no pueden, bajo ningún concepto, ser comparados con este mundo, y que no pueden surgir mediante un desarrollo evolutivo de nuestro mundo. Los dos mundos de que hablamos y testimoniamos son diametralmente opuestos aunque estén comprendidos dentro de un cosmos, dentro de un único globo.

 

Cuando hace años los Hierofantes de la Luz nos encomendaron la misión de impartir esta enseñanza -cuyos aspectos liberadores son increíblemente numerosos- fuimos conscientes de que nuestro trabajo, ya sólo por este único punto, sería muy difícil. Nuestra expectativa se confirmó plenamente. Al principio, una incomprensión total fue nuestro pago, y apenas algunos pudieron asimilarla conscientemente y dinámicamente.

 

Nuestra misión era formar un núcleo para una Fraternidad Universal que no es de este mundo, que no es de este orden natural, pero que en esencia y vibración se acoplara totalmente al otro orden natural, el mundo desconocido. No podemos dar a nadie la creencia en el mundo nuevo, Caphar Salama*, el reino de la paz: no podemos persuadir a nadie, tampoco podemos mostrar este otro mundo. No obstante, el trabajo de la Escuela Espiritual de la Rosacruz moderna demuestra claramente que el escepticismo y la incredulidad no han podido impedir la formación del núcleo gnóstico previsto. La enseñanza que se refiere a los dos órdenes naturales ha penetrado nuevamente en este mundo como el sonido del clarín, ya que había suficientes personas nuevamente maduras para recibirla.

 

Hay hombres que, habiendo consumado todos sus intentos humanitarios; han descubierto que son habitantes de «Efeso», es decir, que están sujetos a las limitaciones de una bondad que puede transformarse en su contrario en cualquier momento.

 

Hay hombres que habiendo comprendido y experimentado esto, y siendo religiosos bajo todos los aspectos, y comprendiendo por consiguiente que Dios jamás ha podido concebir una degradación semejante, han madurado interiormente en su alma-sangre para esta enseñanza, la cual les abre una perspectiva consciente sobre su vocación de hijos de Dios.

 

Para estos hombres debemos hablar y testimoniar. Para los otros, los que siguen aceptando un punto de vista de repulsa,

 

Nota: Ver Christianapolis de Johann Valentin Andreae, comentada por J. van Rijckenborgh, Rozekruis Pers, Haarlem, 1978.

 

sin importar por qué lo hacen, el futuro decidirá. Lo que  el espíritu no puede aún revelarle debe ser asimilado evidentemente en la escuela de la experiencia. únicamente, esperamos y rogamos que si usted no puede entrar en el campo de cosecha gnóstico, y por consiguiente no estamos emparentados por el espíritu, podamos sin embargo comportarnos honestamente los unos hacia los otros como hermanos. Ya que la historia nos ha mostrado que la enseñanza y las sugestiones del Reino lejano despiertan la animosidad, el odio y el recelo en muchas personas que no las comprenden, si, provocan el asesinato. Las almas son mancilladas y cubiertas de fango, principalmente porque se transmite la nueva, y sin embargo, tan antigua exigencia divina sin ninguna reserva en este aspecto nosotros no queremos saber nada de concesiones.

 

En nuestra práctica de largos años ante el altar del servicio hemos roto amistades por el amor a Dios desgarrado lazos por el amor de Jesús, y el Espíritu Santo nos ha conducido frecuentemente al camino solitario. Las heridas del tiempo en el que debíamos transmitir personalmente las enseñanzas del Reino lejano se han hundido profundamente en nuestro ser.

 

Cuando la corriente de la Enseñanza Universal se propaga por la humanidad pro la actividad de sus servidores, el inmaculado blasón de estos trabajadores es mancillado con acusaciones de toda índole. Y cuando se juzga necesario, se niega de otra manera la fuente divina, de que la se abastecen los trabajadores, y se intenta ensuciar el Agua Viva. El yo, se vuelve siempre sumamente peligroso cuando es desenmascarado y frustrado en sus expectativas.

 

A lo largo de toda la historia del mundo la experiencia de todos los trabajadores de la viña de Dios ha permanecido siendo la misma, y, nadie que vaya hacia la humanidad con la enseñanza de los dos órdenes naturales, puede esperar otra suerte que la de Manes.

 

Manes era un sublime instructor del siglo III un fiel servidor de Jesucristo. Una gran parte de su doctrina y literatura se ha perdido, destruido, entre otros, por enfurecidos obispos romanos bajo la instigación de Agustín. Manes fue asesinado, decapitado, y, su cabeza rellena de salvado, fue expuesta, clavada en una pica, en una de las puertas de una ciudad persa, para simbolizar siniestramente hasta qué punto Manes debía estar vacío y desquiciado.

 

Agustín, uno de los fundadores de la iglesia romana se unió a los maniqueos y deseó ser iniciado en sus misterios. Pero los misterios y los valores del Reino lejano sólo son conocidos por hombres renovados y cambiados fundamentalmente, y esta no era la condición de Agustín. Al encontrar las puertas cerradas por todas partes, se inclinó, en tanto que hombre dialéctico, a la reacción opuesta. Y con un comentario insultador: «Yo no he descubierto jamás algo que delate la presencia efectiva de otro orden natural», dejó la orden de los Maniqueos. Como reacción a su fracaso espiritual pasó a intentar erigir un reino de Cristo en este orden natural. En su calidad de uno de los fundadores de la jerarquía romana, aspiraba a una teocracia, un estado clerical que debía sustituir a lo que él no había podido alcanzar.

 

En aquella época nadie había oído hablar todavía del psicoanálisis. Si no se hubiera sabido ya entonces que una desilusión podía explicar sus actividad posterior.

 

La actividad de Agustín es continuada, en su forma moderna, por la orden de los jesuitas, y así podemos constatar que el antiguo drama de Judas vive hasta nuestros días su enésima repetición. También Judas deseaba una teocracia terrestre bajo la égida de Jesús, su maestro bien amado. Pero cuando Jesús declaró: que su Reino no era de este mundo, Judas trató de forzar a Jesús.

 

Dos órdenes naturales, dos mundos están comprendidos en el interior de nuestros cosmos terrestre: uno original y un reino humano actual. Un mundo desconocido y un valle de lágrimas terrenal demasiado conocido.

 

La gran misión del cristianismo es liberarnos según la conciencia, el alma y el cuerpo del orden natural caído y regenerarnos, también según la conciencia, el alma y el cuerpo para el orden natural original. Esta regeneración debe nacer de abajo hacia arriba, y Jesucristo vino entre nosotros para traer la unión y poner la escalera -la escalera de Mercurio- por la que el alumno puede subir hasta el Reino lejano.

 

El fracaso de la s comunidades autodenominadas cristianas en este mundo es imputable a la errónea interpretación de lo que realmente es la unión de Cristo con este mundo y con esta humanidad caída, y al hecho de que se intente sin cesar establecer un reino terrestre. Por esto, los que pueden aún ver y oír, empiezan a edificar una nueva construcción gnóstica; intentan realizar en ellos la misión del Cristo, y para ello escalan con El la montaña, con el fin de oír su enseñanza directa y poder comprender su programa de trabajo en sí mismos.

 

Desde la génesis de este orden natural, «escalar la montaña» la montaña de los Dioses, el Merú- ha simbolizado siempre hacerse digno, para poder recibir cierta enseñanza o sugestiones divinas. Las montañas han sido siempre lugares de iniciación. Todos los pueblos han tenido siempre sus montañas sagradas, y aún hay montañas sagradas donde moran grandes del espíritu. Ya en la antigüedad se conocían leyendas sobre las siete montañas habitadas por los siete espíritus. Comprendemos que aquí se alude a las siete fuerzas cósmicas sagradas que se ocupan de los hombres. Estas fuerzas cósmicas trabajaron a través de los profetas e instructores, y alcanzaron la plenitud de su radiación en Jesucristo. Estas fuerzas abrazan a toda la multitud que se acerca que busca el verdadero espíritu, la multitud que ha llegado a la montaña y espera; y le instruyen diciendo:

 

«Bienaventurados los pobres de espíritu,

porque suyo es el Reino de los Cielos»

 

No debemos banalizar las Bienaventuranzas. Verdaderamente es cierto lo que dice Ouspensky; que el Evangelio en general -y el Sermón de la Montaña en particular- no están escritos para la masa, sino para los participantes de un círculo interior consciente. Uno puede preguntarse si en la Biblia o en cualquier otro libro sagrado se puede encontrar algo destinado a los que permanecen viviendo en el plano dialéctico. La palabra del Señor, liberada de toda invención teológica, es destinada a los que pueden ver y entender y a los que están en cierto estado de aspiración interior. A ellos se les da el consejo de volverse «pobres de espíritu», como un primer estado de ser en el camino de la autorrealización.

 

Visitando hace años una casa para enfermos mentales, encontramos en el pabellón donde eran atendidos los que sufrían de reblandecimiento cerebral, al pastor del centro haciendo la visita. Nos señaló a los desgraciados que habían alcanzado los grados más bajos de degradación y de estado subanimal, y nos dijo: «Y no obstante, es a ellos a quien se dirigió especialmente la palabra del Señor: ¡Bienaventurados los pobres de Espíritu!». Llenos de asombro, miramos fijamente al pastor, pero él hablaba muy en serio. Desde entonces nos hemos preguntado siempre quién era más digno de lástima; los pacientes en su estado de inconsciencia o este pastor.

 

Algunos críticos teólogos de la Biblia dicen que en los manuscritos originales del sermón de la montaña debía figurar: «Bienaventurados los pobres». Pero que esto había sido tan explotado por la clase poderosa y hasta tal punto rechazado por la clase pobre y oprimida que prefería no ser en absoluto bienaventurada, que se transformó en «pobres de Espíritu». Con lo cual ambas partes estaban satisfechas y se había hecho una concesión al equilibrio social.

 

«¡Bienaventurados los pobres de Espíritu», primer estado indispensable para los que quieren recorrer el camino de la regeneración.

 

Los que se aproximan a la montaña han intentado todo en este mundo. Son, estando vivos, muertos según la naturaleza. No esperan nada mas de este mundo, y, aparte del pago del tributo mínimo que su presencia exige en la naturaleza, no tienen ninguna intención ni ganas de esforzarse más en el plano dialéctico. Ellos suponen y experimentan interiormente la presencia de otra realidad distinta a la de este desorden, pero no la conocen aún. Han oído la llamada, han reaccionado, se acerca a la fuente, pero todavía no pueden coger ellos mismos el agua viva, todavía no pueden aproximarse a la nueva realidad. Ya que no disponen aún de las dimensiones del alma y del espíritu requeridas. Su yo se les presenta, en este estado, como una ficción. No poseen un espíritu que, según se dice, habitaba en ellos, sino una cierta conciencia del yo, un instinto biológico equipado de un poder mental. Se saben hombres-animales.

 

Pero en ellos hay una inmensa hambre, una intensa necesidad de luz y de fuerza. Buscan y luchan por el verdadero espíritu, que es el suyo, pero que aún  se les es retenido. Aspiran al espíritu que podrá emitir un nuevo fiat creador. Buscan una puerta, pero no la pueden encontrar se encuentran en una profunda necesidad, experimentan una sensación de vacío. La angustia de su alma es profunda, están abatidos y se encuentran vacíos. Son conscientemente «pobres de espíritu». Han perdido toda su seguridad en si mismos toda presunción se ha desvanecido. Se han convertido en hombres sumamente modestos y humildes, ya que se saben parias, conocen su pobreza de espíritu, y a la vez su insatisfecha aspiración al espíritu.

 

En cuanto este estado psicológico, nacido de sangre y de lágrimas, de tinieblas y de necesidades, es decir, de la vida misma, llega a una crisis, el buscador es atraído a la montaña y oye la voz que dice: «Bienaventurados los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos»

 

El estado de no ser y de no querer, y de no poder, yendo a la par con la necesidad interior de alcanzar el nuevo estado, crea las condiciones principales para forjar los lazos con el Reino lejano, y sin embargo tan próximo.

 

Esta pobreza de Espíritu es la condición inicial en el camino de la auto-realización. Esperamos y rogamos que usted se esfuerce en alcanzar esta pobreza, hasta llegar a sus luminosas intenciones.

 

Toda nuestra vanidad derribada, toda nuestra suficiencia destrozada, la presunción del yo desaparecida, nuestra locura desenmascarada, sumamente humilde pero no obstante absolutamente decidido: éste es el estado de conciencia del pobre de Espíritu. Esta es la puerta del lejano y desconocido reino de la luz, el orden natural estático.

 

«Bienaventurados los pobres de Espíritu,

ya que suyo es el Reino de los Cielos.»

 

 

 

 

CAPITULO 3

 

 

              «Bienaventurados los afligidos,

              porque ellos serán consolados»

 

 

Decíamos que el alumno que pertenece a la Escuela Espiritual gnóstica y que aspira a la luz desde lo profundo de su ser, es bienaventurado. Y el Sermón continúa enunciando las bienaventuranzas:

 

«Bienaventurado el afligido;

el manso;

el que tiene hambre y sed de justicia;

el misericordioso;

el limpio de corazón;

el pacificador;

el que padece persecución por causa de la justicia;

el que es insultado y ultrajado

a causa del amor de Cristo.»

 

La aspiración al espíritu se relaciona con la actitud muy particular del alumno frente a la luz. Pero en la segunda bienaventuranza se nos describe más ampliamente el tipo del verdadero alumno: «Bienaventurado el afligido»

 

La «aflicción» de que se trata aquí no tiene relación con el sufrimiento personal. ¿Podría alguien estar abrumado por los propios padecimientos cuando camina y vive en la luz?

 

No, esta aflicción alude al alma que se desgarra ante el sufrimiento del mundo y de la humanidad. Este sufrimiento posee tantísimos aspectos y es tan abrumador que su descripción no tiene fin. En la naturaleza de la muerte, el sufrimiento es inconmensurable cada segundo se elevan billones de lamentaciones de los incontables seres que sufren y la atmósfera se desgarra por los alaridos de innumerables dementes. Parece como si de este mundo con cada latido del corazón se percibiera un suspiro y gemido que todo lo abarca. Por eso el grito del mundo es un huracán de angustia y dolor. Quien sabe algo de esto, quien experimenta algo de esto, sufre el dolor del mundo hasta en cada átomo de su ser. Una gran tristeza le invade; el se aflige, conmovido por la más entrañable compasión.

 

¿Tendrá alguna vez un final semejante sufrimiento? Y la luz responde. La luz contesta con un consuelo:

«Bienaventurados los afligidos,

porque ellos serán consolados»

 

¿En qué podría consistir este consuelo? El consuelo del discernimiento y de prepararse para ser un verdadero auxiliador.

 

¡Hay un final para todo sufrimiento! En primer lugar existe un final natural ya que todo lo que nace en el tiempo y adquiere una forma en él será destruido por el tiempo usted lo sabe.

Todo sufrimiento, por grande que sea, finaliza en la naturaleza de la muerte; el final que es la desaparición de la personalidad. El candidato es así consolado con la certeza de la muerte. Pero lo que, desde el punto de vista de la personalidad es destruido y finaliza, es conservado en el ser aural del microcosmos, de tal forma que la generación siguiente recibe de forma innata el sufrimiento.

 

Por lo tanto, el consuelo no se acaba en la certeza de la muerte, ya que la muerte no es más que una interrupción del sufrimiento. No, este sufrimiento aplazado también, debe ser «engullido» al llevar de regreso al hogar a todos los errantes en la oscuridad del mundo de la dialéctica. Y es entonces cuando el candidato recibe para ello discernimiento, discernimiento en el infatigable trabajo de la Gnosis, que inició su trabajo de redención en los orígenes del tiempo, que lo ha continuado hasta este momento y que continuará hasta que la última alma haya pasado el puente de los suspiros y entre en el mundo donde el dolor ya no existe.

 

Quien alcanza el discernimiento relativo a la gran redención de todos, quien llega a contemplar el gran plan sabe que en esto la eternidad se enfrenta al tiempo. ¿Quién podría seguir teniendo penas y qué sufrimiento podría subsistir allí donde aparece la luz de la eternidad?

 

Que consuelo llega al alumnado cuando se padece por el sufrimiento del mundo. ¡Bienaventurados los afligidos,

porque ellos serán consolados!

 

Aquí, no se trata en ningún aspecto de un consuelo negativo, sino de un consuelo altamente positivo. ¿Qué alumno no se sentiría ceñido por una fuerza poderosa, sabiéndose capaz de ayudar a aniquilar este inmenso sufrimiento, pudiendo tomar parte en la marcha victoriosa al servicio del mundo entero y de toda la humanidad? Sí, se nos permite ayudar, podemos y debemos hacerlo y ¡la victoria está asegurada de antemano!

 

El que ayuda de esta forma ya no languidece más de sufrimiento, ya que enarbola los puños en un acceso de resistencia contra las consecuencias del pecado. El que recorre el camino de la victoria, unido a la fraternidad de la luz, acomete con gran mansedumbre las causas profundas.

 

Y ya en el transcurso de este trabajo, la estrella de Belén brilla encima de la gruta del nacimiento.

 

 

 

CAPITULO  4

 

              «Bienaventurados los afligidos,

              porque ellos serán consolados»

 

 

Sobre la sepultura suenan las palabras del orador, que ha dedicado algunos pensamientos, llenos de recuerdos a él o ella que se ha marchado de nuestro lado. Lleno de compasión por los que quedan, envuelve a los afligidos con la dulzura de las palabras pronunciadas antaño en la montaña. Intenta animarlos con este consuelo, con este bálsamo del alma, con simpatía afectuosa, con una mirada comprensiva. Y desde luego, tiene éxito. Las cabezas se enderezan y un poco de luz entra en los corazones ahogados por la pena.

 

 

Tal vez usted ha sido ya consolado alguna vez de esta forma por un amigo o un pariente que aligeró la pena, que usted tenía que llevar. Pero, debe considerar que la tristeza que usted sentía era una consecuencia lógica, cuando una muerte antinatural y cruel nos arranca a uno de nuestros seres queridos. Sin embargo, el consuelo del amigo comprensivo y sus pensamientos llenos de amor nunca pueden hacer de esa tristeza una bienaventuranza. Este consuelo que proviene del corazón de un amigo es limitado, por dulce e indispensable que sea.

 

Si la bienaventuranza pudiera venir de una tristeza y de una consolación de este tipo, el mundo estaría ya lleno de bienaventurados, ya que la muerte llama a todas las puertas y el porcentaje de los que no lamentan sus muertos es relativamente mínimo.

 

Podemos asegurar, con certeza, que la tristeza burguesa, aunque es muy comprensible, no tiene nada que ver con el concepto de «bienaventuranza». Queremos atarle esto bien en su corazón, ya que más o menos todos los teólogos comparten la opinión de que esta bienaventuranza está ciertamente destinada a las formas ordinarias de adversidad terrestre.

 

Se puede comprender que se enseñe una superficialidad semejante, pero es menos claro como se puede mantener en la práctica de la vida corriente dicha enseñanza. Es posible atribuir esta falta de profundidad e inteligencia a la banalización y profanación del término «bienaventuranza».

 

 

La bienaventuranza es, en sentido gnóstico, un estado de apaciguamiento y felicidad supremo, según el espíritu, el alma y el cuerpo. La bienaventuranza es una plenitud de alcance espiritual y de felicidad espiritual. No puede añadírsele nada más, se basta a sí misma. Ella es todo; es Dios mismo, manifestado en el hombre.

 

Sin embargo, para las iglesias, la bienaventuranza, es el estado de los muertos que, por su muerte son admitidos en una comunión con Dios. Y, según la opinión eclesiástica, probamos a lo sumo un anticipo de la bienaventuranza cuando, habiendo vivido según las normas religiosas, recibimos una perspectiva de esta bienaventuranza final durante nuestra vida. ¿Siente usted la profanación del concepto «bienaventuranza»?.

 

En sentido gnóstico, el lugar donde se está no tiene ninguna importancia. La bienaventuranza puede ser un presente absoluto, aunque las adversidades terrestres le rodeen como un muro. Mientras que en el segundo sentido se convierte en una especulación, con la que las iglesias a través de los siglos, han intentado hacer descargar las calamidades de la masa: «Aquí puede usted ser pobre y miserable, ser explotado y maltratado pero luego le llegará su turno, basta con que usted aplique las invenciones teológicas» la iglesia le dará un lugar reservado para usted en el cielo.

 

«Bienaventurados los afligidos,

porque ellos serán consolados»

 

¿Advierte usted el embrutecimiento de la masa causado por tal religión? ¿Comprende usted por qué ciertos grupos siempre han necesitado, en este mundo, de la iglesia para sus prácticas? ¿Comprende usted la necesidad de porque se ha vuelto necesario un trabajo gnóstico, ahora que los primeros resplandores de un nuevo sol dispersan la niebla.

 

Su sufrimiento natural, por muy comprensible, muy insuperable que sea, no le hace bienaventurado. Los consuelos que a causa de su tristeza usted recibe aquí, en la tierra de sus amigos, de sus correligionarios o de sus guías espirituales, pueden serle más o menos útiles para seguir en pie, pueden ayudarle a mantenerse sin llegar al suicidio, todo este consuelo puede calentar más o menos el frío del mundo, pero no es absoluto. Le ayuda a olvidar momentáneamente el espectro de la tristeza, pero ésta permanece latente y de vez en cuando le salta nuevamente a la garganta. Uno puede con coraje envalentonarse contra este dolor, pero las calamidades naturales no disminuyen así… y la bienaventuranza sigue estando lejos.

 

Un mar de calamidades se ha desatado sobre nuestras cabezas durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Los fantasmas de la adversidad, que acompañan en cada instante a toda una generación, vomitaron sobre nosotros su lava incandescente como si fueran volcanes. Aun así, nadie puede pretender que estas catástrofes nos hayan santificado ¿Quién pudo entonces aliviar con palabras el sufrimiento? ¿Quién pudo entonces por medio del consuelo burgués hacer brillar un poco de luz en los ojos de los hombres? ¿Cómo después de esta bancarrota desesperanzadora y de esta culpabilidad inconmensurable de las corporaciones religiosas se osa hablar todavía de una futura bienaventuranza?

 

«Bienaventurados los afligidos,

porque ellos serán consolados»

 

En esta bienaventuranza no hay lugar para ninguna tristeza según la naturaleza. El consuelo con palabras, con pensamientos o con actos aplicados como reacción a la tristeza, según la naturaleza, no puede ser el objeto de esta bienaventuranza. Para la conciencia del hombre sensible a la Gnosis esto es una certeza irrefutable.

 

Nos parece bien detenernos un momento sobre el humanitarismo, cuyo culto y perspectivas rechazamos. Todo humanitarismo nace del pensamiento y de la necesidad interior de suprimir los efectos y las causas de todas las calamidades. Todo humanitarismo proviene en el fondo de motivos de consuelo que maduran en el hombre cuando contempla el sufrimiento de los hombres y del mundo. El humanitarismo es la bondad organizada que corre tras el mal sin poder alcanzarlo jamás. El humanitarismo intenta neutralizar el mal, pero en el transcurso de los siglos siempre se ha quedado muchas vueltas atrás en la carrera de la dialéctica.

 

La antigua y sublime sabiduría china de hace milenios estaba ya profundamente convencida de esto. El gran Lao Tse nos explica claramente que toda bondad organizada es la consecuencia del hecho de que el hombre haya abandonado el Tao, el verdadero camino. Dice textualmente: «Entonces los hombres se volvieron inseguros en su ejercicio de la beneficencia, esforzándose por todos los medios en ejercer el derecho. El sublime Tao desapareció entonces, y la filantropía y la equidad, la sagacidad y el ingenio aparecieron, y junto con ellos una gran hipocresía.»

 

Lao Tse, en su incomparable y directa profundidad de espíritu, coloca el hacha en la raíz de la justicia humana, de la ciencia humana y del amor humano. Desenmascara todo el orden humano, como una monstruosidad antinatural en el orden de Tao. Y el eco de esta asertación se encuentra en la Biblia: «La sabiduría de los hombres es locura ante Dios».

 

Es natural que un hombre algo educado en el culto de la bondad y que constata la tristeza del hombre y del mundo, se esfuerce al máximo espontáneamente -en virtud de su ser y por necesidad interior- por aliviar esta tristeza y en lo posible erradicar la causa que la origina. Es una reacción natural de la bondad en la antinaturaleza. ¿Quién podría recriminarle si usted está alineado entre los humanitaristas, quienes en el transcurso de los siglos, han ayudado y sostenido a la humanidad en su peregrinaje por la tierra?. Poner objeciones tendría, además, pocas posibilidades de éxito, ya que el hombre bondadoso actúa por necesidad interior. ¿No puede dejar de hacerlo?. ¿Acaso no es su segunda naturaleza? y ¿esto demuestra sus cualidades bondadosas?

 

Sin embargo, nuestras objeciones contra el humanitarismo no van en contra de esto. Incluso, de todo corazón estamos dispuestos a sostener cualquier esfuerzo humanitario, noble y necesario: Estamos dispuestos, bajo todos los aspectos, a aceptar las transcendentales consecuencias, y la comunidad espiritual a la que pertenecemos lo ha testimoniado a lo largo de los siglos.

Pero, igualmente, es esta misma comunidad espiritual ha hecho comprender claramente, en el transcurso de los siglos, que la aplicación del humanitarismo más perfeccionado, incluso con todos sus aspectos idealistas religiosos, es de la naturaleza y conforme a la naturaleza y por consiguiente es compañero del mal.

 

El humanitarismo no trae la bienaventuranza ni el consuelo absoluto: no acaba con la muerte ni destruye el cáncer de nuestro cuerpo, ahora bien, en esta sociedad, el humanitarismo tiene una misión que llevar a cabo, ya que la anarquía en el terreno social, político y económico de este siglo deberá ser desterrada por él. Pero ¿qué ocurrirá entonces? Entonces se hará evidente que el humanitarismo no puede ofrecer la bienaventuranza, ni el consuelo absolutos ya que la fría, dura tristeza según la naturaleza seguirá existiendo bajo sus formas archí conocidas, y para colmo, también bajo formas nuevas.

 

En las fases de la prehistoria, la humanidad conoció civilizaciones muy avanzadas que decayeron, porque la ley de esta naturaleza es dialéctica. Si usted no comprende todo esto, si su pensamiento no puede ir más lejos, continúe aprendiendo en la escuela de la experiencia.

 

Nosotros decimos: sea espontáneamente humano, en virtud del estado de ser, no eluda un trabajo humano cuando lo encuentre en su camino, y en la medida en que ese trabajo le permita aportar una contribución para la directa curación de las heridas producidas por el desorden del tiempo. Pero vea todo esto como algo evidente, como la línea de conducta que surge de su ser, concibiendo profundamente al mismo tiempo, que el reino del que habla Jesucristo, él Tao, no es de este mundo, no es de esta naturaleza. Que usted aparte del humanitarismo natural y evidente -que, sin embargo, le puede liberar de esta naturaleza-, debe poseer otro estado de conciencia, otro estado de alma y de cuerpo que no es de este mundo. Este debe ser la principal orientación de su ser. Es en él donde debe centrarse su razón. Todo el resto es un acto reflejo. El que, en Jesús el Señor, se ha liberado de la naturaleza, es evidentemente humano en la naturaleza, pero sin considerar por ello este humanitarismo como capital y liberador.

 

«Bienaventurados los afligidos,

porque ellos serán consolados»

 

Si el hombre-Dios, que habla sobre la montaña, no es un demagogo; si la bienaventuranza no puede surgir de la tristeza; si el consuelo natural no puede eliminar esta tristeza ni proteger contra el aumento de las calamidades, ¿qué sentido puede tener entonces esta bienaventuranza? ¿Quiere ella elevarse en la moral y la razón como en la palabra Divina enviada por la eternidad?.

 

Hay una aflicción, hay una tristeza que no se puede explicar desde la naturaleza. Esta tristeza es parte de los que son dignos de ser elevados hasta la Montaña de las Bienaventuranzas; los que trabajan en este mundo en nombre del Reino lejano con el fin de sostener la revolución espiritual, la regeneración hacia la luz, hacia el Tao y con el fin de llamar a la humanidad, y definirse en la verdadera misión de bondad, verdad y justicia.

 

Hay una multitud de trabajadores, una multitud de amigos de la humanidad, repartidos por el mundo entero, que se esfuerza al máximo para grabar en la humanidad de esta naturaleza el principio de la naturaleza divina. Este trabajo produce una gran tristeza, porque los trabajadores experimentan la inmensa dificultad de este trabajo y lo lento que avanza. El esfuerzo realizado no tiene ninguna relación con el resultado alcanzado.

 

Esta aflicción no proviene de ningún sufrimiento natural; no se trata de llorar a los parientes o a los amigos muertos; tampoco de las calamidades que ocurren en el mundo y que provocan tantas tristezas. No, aquí hay un intenso sufrimiento porque ellos vienen ofreciendo gratuitamente los tesoros espirituales y liberadores más magníficos, ellos vienen con una gracia divina, con un saber salvador y con la llave del sentido de nuestra vida, y entonces aquellos a los que se dirigen rehuyen fríamente sus dones, sí, encuentran su trabajo molesto, peligroso para la tranquilidad de su espíritu. Aquí hay una aflicción porque dichos trabajadores experimentan que en muchos la conciencia es aún demasiado primitiva, la sangre demasiado espesa, el ojo demasiado oscuro para poder percibir y asimilar. Porque tienen que ver como los hombres se hieren y se desgarran mutuamente; y se afanan por correr tras las sombras que ofrece el mundo, mientras que, por inconsciencia, desdeñan lo único necesario.

 

Pero comprendamos bien, la tristeza no proviene de la oposición y sus consecuencias ni de los golpes, que acompañan  inevitablemente al santo trabajo, sino de lo defectuoso que es el poder de asimilación del hombre, que engañado por las tretas y estratagemas de la conciencia del yo, no puede ver su verdadera felicidad. Es una aflicción que emana del Amor absoluto, que es rechazado. Es la aflicción del Cristo, el velo de tristeza que cubre su manifestación Jesús. Es la aflicción de Jesucristo cuando en el monte de los Olivos eleva las manos extiende los brazos y dice:

 

«¡Jerusalén, Jerusalén! ¡He querido reunirte, como la gallina a sus polluelos, pero tú nos has querido!».

 

«Bienaventurados quienes están afligidos,

porque ellos serán consolados».

 

¿Qué significa esta bienaventuranza? ¿Cómo debemos comprender este consuelo? El estado de bienaventuranza es un estado de paz y de felicidad supremas. Y, cuando ahora, por Jesucristo, por la vibración Crística de nuestros días, se dice en la montaña: «Bienaventurados los afligidos», sabemos que la causa de nuestra aflicción será arrebatada; y que el velo de tristeza que se ha extendido sobre nosotros será desgarrado; que nuestro trabajo interior alcanzará su más alta confirmación, y su felicidad más íntima. Los trabajadores de la viña saben entonces que la bienaventuranza nacerá en el trabajo, por el trabajo y del trabajo. Ya no se tratará solamente de una experiencia individual, pues ella se ha vuelto impersonal, y esta bienaventuranza es la felicidad absoluta y el logro absoluto de muchos.

 

Este es el consuelo que elimina la aflicción. Es el humanitarismo divino; es el amor de Dios que sobrepasa toda comprensión. La bienaventuranza está  siempre presente, tanto ahora como en el futuro. En un estado de desarrollo que resulta del verdadero trabajo liberador. Que crece de abajo arriba. Todo afligido ha experimentado ciertamente un sin fin de pruebas de bienaventuranza en la vida real, cuando en el camino del servicio pudo orientar un alma hacia la luz.

 

Y donde la realidad del estado de bienaventuranza no está todavía en equilibrio con el resultado del trabajo, el consuelo viene: el consolador divino levantando continuamente a su servidor maltratado, fatigado y abatido, le vitaliza con una energía nueva para que continúe trabajando afanándose, con la cabeza en alto, para ver al fin nacer la nueva realidad: el eterno Tao.

 

«Bienaventurados los afligidos,

porque ellos serán consolados»:

 

Es el segundo estado de ser en el camino del servicio.

 

 

 

 

CAPITULO 5

 

              ¡Bienaventurados los afligidos

              porque ellos serán consolados!

 

Basándonos en las bienaventuranzas del sermón de la montaña. hemos analizado dos estados de ser en el camino de la regeneración de la conciencia, del alma y del cuerpo. Hemos visto que la pobreza de espíritu se relaciona con la noción de que existen dos órdenes naturales: aparte del mundo en el que vivimos existe otro orden mundial concreto, sublime y glorioso que no conocemos, pero que no obstante está comprendido en nuestro cosmos planetario.

 

El alumno que en el camino ha penetrado en el conocimiento de la existencia de un reino de luz tan lejano y, sin embargo, tan cercano, y sabiéndose, en este oscuro orden del mundo caído, con su yo según la sangre, el alma y el cuerpo, llega al descubrimiento de que en su ser reina una absoluta pobreza, un profundo abandono espiritual, una vida absolutamente fracasada.  Adivina el juego siniestro del bien y del mal, y aunque está atado con todo su ser a este mundo caído y por su constitución no puede vivir ni un segundo fuera de las leyes naturales de este espectro (incluso de respiro en respiro tiene que, por necesidad vital, inhalar el oxígeno cargado de miasmas venenosas) aun así, emprende el alejamiento de principio de esta vida dividida.

 

¡El está en el mundo! ¡El es del mundo por fuerza!. No puede negar este mundo ni sus leyes. A pesar de que concibe totalmente su pobreza, su impotencia y su existencia tortuosa, levanta la cabeza ahora que el claro saber de otro orden mundial vibra por su ser; y como un resplandor fulgurante una decisión positiva recorre sus arterias: «Ya no quiero pertenecer más a este mundo».

 

Entonces, escucha las risas afrentosas de los burlones, e inteligentes según la naturaleza, quienes alzan los hombros y sacuden su «sabia» cabeza, porque este hermano extraño no quiere permanecer en la costumbre y quiere dejar de ser un juguete manejado por las corrientes naturales. Lo toman por un chiflado.

 

Pero, ¿es que acaso no lo es? Quiere un mundo que no se conoce y que él mismo no conoce. ¿No es un cazador de quimeras? ¡Que poco práctico! ¡Que fanático! ¡Es un tonto!. Un puro, tal vez, pero un puro chiflado, ¡un Parsifal! Entonces se le persuade, se le conjura a abandonar sus estúpidas ideas.

 

¿Lo ha experimentado usted ya? ¡No puede desaparecer de la naturaleza ni abandonarla silenciosamente!. Todo ocurre como si unos poderse terrestres formidables intentaran retenerle a usted en especial. Una secuela de adversarios es movilizada a veces, se actúa, incluso, a través de sus mismos amigos con el fin de impedir su partida. Se le hacen las cosas muy difíciles.

 

Y en medio de este caos de tensiones, y de dudas, la iluminación espiritual viene y usted escucha la frase dicha en la montaña: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los Cielos.»

 

El necio en la escala natural, es inflamado en la luz Crística. Por la gracia de Dios establece una unión directa y efectiva con el reino de la luz, siempre adivinado pero nunca visto. El peregrino se convierte en poseedor. Es el primer estado de ser en el camino de la regeneración. El alumno ha llegado al manantial y extrae el agua viva gratuitamente.

 

¿Y entonces? ¿No está todavía en la misma realidad dividida? ¿Es salvado ahora?

 

¡Si y no! Por su unión con la luz es ahora un bienaventurado, un liberado; pero tiene que experimentar esta eternidad y esta plenitud en el tiempo. Esto significa que el orden divino estático posee ahora, por el alumno, un núcleo en el orden dialéctico caído. Este alumno es utilizado para romper, de abajo hacia arriba, esta decadencia en todos sus aspectos y a renovarlos para que, a través de él y de sus semejantes, la eternidad penetre en el tiempo como una revolución divina puesta en  marcha, continuada y realizada por cabezas, corazones y manos de hombres.

 

¡Ya que, según el mandato divino, Dios no contraría jamás a su creación, sino que desea esclarecer y hacer triunfar a su creación por su criatura! He aquí por qué, desde un punto de vista superior, el alumno que se ha elevado al primer estado de ser, en el mundo pero sin ser más del mundo, se encuentra en un estado privilegiado.

 

¡Comprenda bien estas palabras! A partir del momento en que el alumno ha agarrado, consciente y directamente, la eternidad y la bienaventuranza en el tiempo, un cambio completo se opera en él. El, el extranjero en el mundo, que se había despedido del mundo, se dirige ahora hacia el mundo y se lanza hacia él a cuerpo descubierto. El alumno se abre un camino a través del mundo -de la misma forma en que el minero orada y profundiza una galería poseído por su misión; heredar el reino terrestre por la bondad, la verdad y la justicia estáticas y nuevas que irrumpen en él a través del sufrimiento.

 

La eternidad debe ser establecida en el tiempo. La capa inferior de decadencia debe ser purificada para que nuestro cosmos planetario se acople de nuevo armoniosamente en el coro de las estrellas.

 

Cuán duro, desalentador, pesado y casi desesperado es este trabajo comenzado con un entusiasmo ilimitado y una felicidad que deja sin habla. Las manos de los hombres se agarran a la naturaleza, y cuando los nudos son desenredados, estos  hombres permanecen ciegos, y si ven, no pueden andar…

 

El oscuro enemigo clásico siembra siempre la cizaña en el campo apenas desbrozado y los espejos se arquean de tal  manera que ya no reflejan luz, sino caricaturas. La construcción amenaza con caer, las fisuras aparecen donde la oscura maldición azota. El trabajador debe estar en todas partes a la vez y en el momento más peligroso, en el momento en que el trabajo exige toda su vigilancia, su atención es desviada de forma consciente, organizada y refinada.

 

Entonces, el alumno debe demostrar que, realmente, lleva consigo la bienaventuranza en el tiempo, como una posesión de su sangre. Ya que, cuando se está mortalmente fatigado y abatido por la aflicción, casi vencido, su naturaleza le aconseja: «Abandónalo, ya es bastante», y el tentador dice: «Los hombres son perros cobardes y asesinos. Déjalos morir en su estercolero. Vive en la luz que tú posees.»

 

Pero la ley del amor universal del reino lejano dice: «Hermano, hermana, persevera a pesar de tu amargo sufrimiento.»

 

Este es el dilema, la prueba. Lo importante, entonces es saber si la ley del amor universal vive como una posesión clara en la sangre del corazón del alumno. Seguir una ley, implica siempre unos límites; pero llevar la ley en sí, ser la ley, es ser autónomo, es ser totalmente libre.

 

Admitamos que el alumno sale del dilema con la resolución interior: «A pesar de mi pena amarga, perseveraré porque la ley del amor universal  está realizada en mí.»

 

Se puede entonces preguntar: «¿Cómo podría esperarse algún éxito más?» ya que, con todas sus posibilidades y todos sus talentos el alumno se ha ofrecido a sí mismo en el altar del servicio sin un resultado liberador. ¿Cómo puede elevarse el alumno por encima de su estado de aflicción?

 

Es el segundo estado de ser en el camino de la regeneración el que resuelve esta dificultad, estado de ser expresado por las palabras: «Bienaventurados los afligidos, porque ellos serán consolados.»

 

El peligro de estancarse o desviarse en el camino del servicio, motivado por nuestra naturaleza que por su esencia rechaza al espíritu, es compensado por el consuelo enviado por el lejano reino de la luz. Este consuelo es el bálsamo de Galaad que cicatriza todas las heridas, aumenta las energías y sostiene el trabajo emprendido mejor que todos los pensamientos y todas las plegarias.

 

Este consuelo es una fuerza Crística, una fuerza vital de múltiples aspectos que cambia la debilidad del alumno en una fuerza invencible. Este consuelo de la bienaventuranza engendra un número infinito de posibilidades que demostrarán sus aspectos plenos de gloria en el camino del servicio.

 

Sólo entonces el alumno está totalmente preparado. Su objetivo, su vocación y su tarea está apoyados ahora, en el tiempo, sobre dos columnas, sobre las dos columnas inquebrantables del verdadero Templo: Boaz y Jachim.

 

¡No le han sido regaladas! Han sido construidas de abajo hacia arriba. Mientras el alumno usaba la paleta, reía alegremente , y con cantos de alegría veía cómo se levantaba la blanca construcción. No obstante, la mayor parte de las piedras fueron colocadas con la argamasa mojada en lágrimas. Cuántas veces hizo falta deshacer y volver a hacer, constatando con la escuadra, el nivel y la plomada que las aristas no estaban derechas. Pero ahora ha salido el Sol, ilumina el monumento completo y acabado. Sí, en verdad, los que siembran con lágrimas, cosecharán con alegría, y heredarán el reino terrestre.

 

¡La Eternidad vencerá al tiempo!

 

 

 

CAPITULO 6

 

                «Bienaventurados los mansos,

             porque ellos heredarán la tierra.»

 

 

Las bienaventuranzas que analizaremos a continuación -después de los dos primeros estados y condiciones primordiales, después de la erección de los dos pilares- se refieren al método apropiado con el que el alumno debe proseguir su trabajo y que le debe conducir a la victoria.

 

Recuerde lo que le hemos dicho al principio sobre el Sermón de la Montaña en general y sobre las bienaventuranzas en particular: están destinadas a los que quieren recorrer el camino de la triple regeneración a los que ya han dado positivamente los primeros pasos en dicho camino.

 

«Bienaventurados los mansos,

porque ellos heredarán la tierra.»

 

Estas palabras pronunciadas sobre la montaña, son también una cita del Salmo 37, versículos 10 y 11, donde se dice:

 

«Aguarda un momento: ya no está el malvado;

fíjate en su sitio: ya no está ahí;

mas los mansos poseerán la tierra

y disfrutarán de paz abundante.»

 

¿Qué significa ser manso? Véalo a la luz de las explicaciones precedentes.

 

La mansedumbre es el coraje absoluto que no puede ni quiere forzar nada, en virtud del estado interior del alumno. La primera columna es la unión con el Reino, y la segunda es la fuerza para realizar el trabajo. Esta doble gracia Divina debe ser establecida en la naturaleza con mansedumbre, y con mansedumbre debe alcanzarse la gran victoria.

 

El coraje según la naturaleza siempre es forzante. La mayoría de las veces es la expresión de un pasión. Actuando bajo su empuje, el hombre se asemeja a un desvalijador. El coraje según la naturaleza hiere, destruye o desgarra siempre.

 

Pero el coraje nacido del orden espiritual de Jesucristo es el efecto de un renovado equilibrio de la voluntad. El manso no anhela éxito inmediato y deslumbrante, pues sabe que su esplendor es pasajero. El manso no se desalienta cuando el resultado del trabajo tarda en venir, ni cuando el campo de trabajo es alcanzado por la actividad satánica. Detrás de cualquier barrera ve el alcance definitivo de su objetivo, que irradia como un sol que nunca desciende. Por eso avanza en su camino silencioso y decidido, como alguien que recorre el camino y aspira a su objetivo, sin dejarse desviar por los resultados del comienzo.

 

 

El coraje, fruto de un espíritu renovado, es siempre impersonal, desprovisto de toda crítica y no se detiene ante las cosas secundarias. Cuando los hombres dicen: «Qué triste y oscuro es su campo de trabajo», el manso responde: «No debe existir otro que lo sea más” pero más decidido que nunca continúa. No se desanima ya que ve relucir la victoria detrás de cada cosa. El heredará la tierra. ¡ni más ni menos!

 

El no presta atención alguna a los rumores buenos o malos. Poco le importa cómo se reacciona, o lo que se piensa, dice o hace de su trabajo y de el mismo, aunque lloren o rían a causa de él. El heredará la tierra.

 

El manso, en nombre de la eternidad, arde en el tiempo como una luz silenciosa, y el consuelo crístico es el combustible que no cesa de afluir con una regularidad constante.

 

¿Acaso el manso es el místico negativo, cuyo único deseo aquí abajo es resplandecer y soñar con el futuro?

 

¡En absoluto! El manso según el espíritu es de otra manera totalmente distinta. Cuando el oscuro enemigo clásico ataca su campo de trabajo, lo convierte en una caricatura y siembra la cizaña entre el puro trigo, su estrategia y su lucha son completamente diferentes de las que puede inspirar el coraje según la naturaleza.

 

El manso es impersonal, queriendo decir con esto que no ataca al oscuro enemigo. No permanece parado en el momento, sino que al no tener en cuenta al mal ni a sus sugestiones, redobla su energía. Frente a la desarmonía de la naturaleza, coloca la armonía del país divino de la luz.

 

Sembrar la cizaña, la inquietud y dividir para reinar es un viejo método jesuita para destruir desde el interior el trabajo del campo adversario. Se especula continuamente sobre la tendencia natural que tienen la mayor parte de los hombres a curar esta infección por el método antipático. El manso rodea al maléfico  foco de infección, no con antipatía personal, sino con simpatía impersonal. Lo envuelve con el calor de su amor, continua tranquilo en su trabajo consecuente. Y así, el foco de infección debe desaparecer rápidamente como la nieve bajo el sol.

 

A eso se refiere el Salmo 37, versículo 10: «aguarda un momento: ya no está el malvado; fíjate en su sitio: ya no está ahí.» Esta cita está señalada en las antiguas versiones de la Biblia con el nombre de «Vau».

 

El significado de la letra hebrea «Vau» nos enseña que hay una fuerza que hace la demarcación entre virtud y vicio; que hay una ley divina que acompaña a la luz y que, impersonalmente y en virtud de su ser, separa lo vicioso, lo injusto y lo oscuro, de lo virtuoso y lo verdadero.

 

Si lo verdadero tuviera que atacar a lo falso y combatirlo, crearía como consecuencia un lazo con el mal, nacería una unión entre el alumno y la naturaleza, y el primero terminaría por ser desviado definitivamente de su trabajo y se perdería en las fluctuaciones del tiempo. Mientras que ahora, ¿que podría dañarle? Ardiendo como una vela en el templo universal, llevado por el principio de la «no reacción», él ve a sus enemigos rechazados por la espada del amor: «Fíjate en su sitio: ya no está ahí.»

 

El enemigo oscuro abandona su enésimo intento, pero más tarde, bajo otra forme, le probará de nuevo y volverá a sufrir una nueva derrota. Los mansos, nacidos del orden espiritual de Jesucristo, heredarán la tierra y se alegrarán en paz.

 

Tenga el coraje, amigo, de ser manso. Para ello luche con su única arma: la luz ardiente del amor impersonal. No fuerce nada, no sea jamás agresivo, y deje que la mansedumbre realice el milagro de la victoria.

 

«¡Bienaventurados los mansos,

porque ellos heredarán la tierra!»

 

 

 

 

CAPITULO 7

 

               «Bienaventurados los que tienen

   hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados.»

 

 

Esta frase parece un grito sacado del corazón de los hombres de nuestra época, la cual fue expresada fuertemente sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial. En esa época había, en efecto, millones y millones de hombres hambrientos y sedientos de justicia. En el transcurso de cinco años, esta hambre y esta sed de justicia se había vuelto una fiebre. Este hambre consumía los nervios y los corazones de los hombres desamparados y atormentados, devorando la carne de sus cuerpos al igual que lo hacía la escasez de alimentos.

 

Cada persona que tenía sus sueños de justicia y durante horas explicaba en sus conversaciones cómo -según él- debía ser la justicia y la forma de realizarla. Cada uno se imaginaba participando en la realización de la justicia y con un sentimiento de satisfacción la veía realizarse.

 

Sí, en aquel entonces, todos tenían hambre y sed de justicia! Pero una vez saciada más o menos esta ansia de justicia, ¿se entró en un estado de bienaventuranza esto es un estado de satisfacción y felicidad espiritual suprema?

 

Es evidente que se tenía hambre y  sed de justicia, pero preguntamos: ¿Se tenía esta misma hambre y esta misma sed antes del gran incendio mundial? ¿La tenían ya cuando todavía se complacían en la abundancia y cuando no faltaba de nada? ¿Cuando los parados, los pobres de esa época parecían vivir con soltura en comparación con la penuria de los últimos años de guerra? ¿Se pasaba también entonces noches en vela, amenazado por el hambre de justicia? ¿Se temblaba de indignación cuando se pensaba en la injusticia del mundo?

 

¿No fue más bien que la mayoría se arrellanaron totalmente en una paz liberal y burguesa? ¿No se pensaba que los que en aquella época elevaban la voz pidiendo más justicia eran unos necios alborotadores? ¿Acaso se dormía un segundo menos y se conmovían al menos un segundo por el hambre de justicia de muchos? ¿No se encontraban más bien frente al hambre de justicia de muchos con una fría indiferencia? ¿O con complacencia extremadamente educada, civilizada y cuidadosamente estudiada, pero vacía y pérfida, dejando el corazón completamente impasible?

 

¿Ha llegado usted a la conclusión de que las causas del presente deben ser buscadas en el pasado? ¿Y que, no habiéndose inquietado en absoluto en el pasado por saber si reinaba la justicia, ya que hasta este momento la injusticia no había atravesado nunca el umbral de su puerta, no tiene el más mínimo derecho de hablar de derechos? ¿Puede usted admitir ya la idea de que ha contribuido activamente a desencadenar la injusticia pasada y presente, y que, en consecuencia, usted es  corresponsable? Como la gran mayoría, usted ha negado durante años el derecho en este mundo y ha considerado unos revolucionarios o necios idealistas a los que lo pedían.

 

Sin querer juzgar demasiado temerariamente, debemos constatar, al menos, que había algo que no funcionaba en este poderoso deseo de justicia de innumerables y que este tenía característica más o menos egoístas. El yo se vio en aprietos, su yo era atacado: ¡de ahí su deseo de «justicia»!

 

«Bienaventurados los que tienen

hambre y sed de justicia.»

 

Muchos tienen la convicción absoluta de que ya poseían su deseo de justicia desde hacia tiempo. Nosotros queremos hacerles vacilar en su convicción. Hágase su propio test psicoanalítico. Constatará sin duda que en la mayor parte de los casos su deseo de justicia ha sido la consecuencia de una injusticia personal sufrida que no ha podido superar.

 

Es un hecho que la experiencia personal participa muy directamente en la formación de nuestra conciencia; pero la experiencia no es siempre la mejor maestra en estos casos. Los reveses de nuestra vida social, las dificultades con nuestras personas íntimas, nuestra salud y muchas otras causas que quebrantan la pretendida realeza de nuestro yo, pueden llevar a ansiar cierta justicia. Su situación personal está a veces en equilibrio con una determinada idea del derecho que abre perspectivas para la satisfacción final del ánimo quebrantado.

 

La vinculación de un ser humano con un movimiento espiritual u otro, tiene muy frecuentemente como base una frustración inicial del yo. Cuando el yo experimenta en esta corriente espiritual una nueva desilusión, el interés por él se debilita, la idea de derecho se retira de la conciencia, ya que la sangre no puede retenerla por más tiempo. Sí, esta idea se convierte en un impedimento y el yo parte en busca de otros contactos.

 

¿Advierte usted que en todos estos casos lo que prevalecía no era el hambre ni la sed de justicia, ni la realización de una idea de justicia, sino la búsqueda de una satisfacción del yo?. Cuando esta satisfacción no llega y el deseo no puede ser estimulado, la idea se puede ir tranquilamente al diablo, al igual que todos los que la predican. ¡Se toca a retirada! Aquí no hay nada de honesto y sincero, pero considerado desde un punto de vista psicológico, esto es perfectamente exacto; y el rey yo en harapos, recorre su camino de ostentación inflamado de importancia. Su pérdida no será sentida. Sin querer juzgar demasiado severo, no tenemos más remedio que constatar que también aquí, algo no estaba en orden con esta patente idea de justicia, ya que faltaba la deseada satisfacción del yo.

 

«Bienaventurados los que tienen

hambre y sed de justicia.»

 

 

Decíamos anteriormente que muchos están absolutamente seguros de que su inclinación a la justicia ya existía desde hacía mucho tiempo. Y, después de haberse examinado según el método psicoanalítico recomendado, no han podido encontrar en el origen de este deseo de justicia ninguna frustración inicial del yo. El estado de su conciencia es el origen de un instinto de derecho racional y moral. Pero nosotros le preguntamos: ¿Qué podemos hacer en un mundo de realidad rota, con un instinto de justicia?.

 

¿Qué derecho es justo? ¿No ocurre acaso que lo que para uno representa el derecho superior, para otro es una perfecta injusticia? ¿No es desviado el derecho en numerosas direcciones? Y el yo se levanta de nuevo, aunque quizás no sea su propio yo el que represente esta vez el papel principal.

 

Hay personas que tienen interés en que cierta forma de derecho sea utilizada en este mundo. Su yo ha crecido junto con esta forma de derecho. pero ese mismo derecho, habiendo sido la causa del declive de otros, hace que nazca la lucha en nombre del derecho: del derecho de los intereses contrapuestos.

 

El derecho que hizo avanza a unos, ¿no era un derecho humano? Y el derecho que reclama el otro, ¿es menos derecho humano? ¿No es así que el que está debajo sirve de felpudo al que está encima? ¡Esta es la ley de la dialéctica!

 

«Bienaventurados los que tienen

hambre y sed de justicia.»

 

Como dijimos , hay quienes nacen con un instinto de justicia racional y moral. ¿Es éste el derecho que nos da la beatitud? ¡Lo dudamos!

 

Todos los seres humanos nacen de la posesión sanguínea de su padres, lo que generalmente significa: «de tal palo, tal astilla». Poseemos por lo tanto los instintos de justicia de sus antepasados, ya que son de esta naturaleza y están en esta naturaleza. Existe, en todo este deseo de justicia, una cultura, una ascensión, pero es una ascensión que conduce a una crisis y que se transforma en su contrario. De nuevo la ley de la dialéctica, de la que los siglos se han encandilado.

 

«Bienaventurados los que tienen`

hambre y sed de justicia.»

 

El que examina estas cosas, debe llegar a la conclusión de que el hambre y la sed de justicia, comprendidas según la naturaleza de este mundo, no son liberadoras en ningún aspecto, no pueden ser separadas de los engaños del yo; no tienen nada que ver con la bienaventuranza. Y le repetimos una vez más, que las bienaventuranzas están destinadas a entidades de una envergadura espiritual completamente distinta de las que son de este mundo.

 

El derecho divino sólo puede ser comprendido cuando el ser humano puede contemplar el plan de Dios para el mundo y la humanidad, cuando tiene conocimiento directo del estado original de la ola de vida humana. Apenas esta realidad superior luce ante su conciencia, y el hombre despierta de su ignorancia surge como consecuencia inevitable un hambre y una sed intensas de esta justicia. Mirándolo exactamente, el hambre y la sed no son deseos, sino necesidades corporales que se sienten y se sufren. Son necesidades que, sin no son satisfechas, tienen como consecuencia la ruina.

 

Así vemos aun hombre iluminado en la verdad absoluta, en el derecho absoluto, a un profundo contemplador del universo divino y que se encuentra en una antinaturaleza, en un mundo que hasta en toda su ordenación es justamente lo opuesto del componente divino en él. Por ello, ese hombre sublimado en Dios y reintegrado en lo divino, tendrá hambre y sed en este mundo, ya que las necesidades más elementales de su espíritu, de su alma y de su cuerpo no pueden ser satisfechas aquí. Situación insoportable y tarea imposible, ya que dos vidas tan diferentes no pueden ser vividas a la vez.

 

Y, sin embargo, aquí también es aportada la ayuda. El hambriento y sediento es saciado. Esta bienaventuranza no es la visión abstracta de un futuro final dorado, donde el plan d e Dios para el mundo y la humanidad irradiará de nuevo en una victoria plena. Si el hambriento y sediento tuviera que esperar a este futuro, esta visión sería un consuelo extremadamente débil para él.

 

No, un hombre es una necesidad vital semejante es saciado directa e inmediatamente. Le son dadas fuerzas, valores, una gran alegría y un intenso amor, en tanto que realidades absolutas. Y gracias a esta abundancia se mantiene erguido y puede continuar viviendo en el lugar de su exilio, en el lugar de su servicio como trabajador en la gran cantera de trabajo para el mundo caído y su humanidad caída.

 

Esta aportación de valores y de fuerzas mantiene al alumno en un estado permanente de felicidad espiritual suprema, de verdadera bienaventuranza. De nuevo la eternidad vive en el tiempo.

 

Aquí, en la dialéctica, sólo se es feliz al alcanzar el objetivo. En la estática se entra ya en la bienaventuranza al aspirar al gran fin. La aspiración al fin representa en sí la victoria: la eternidad que se manifiesta en el tiempo.

 

Quizás sea difícil comprender la sublimidad de estas cosas; aquí solo podemos comprendernos en el espíritu.

 

¿Ha sentido usted ya, en medio de las situaciones más complicadas, la  «presencia directa», tal como la llamaban los antiguos? Ella le alimenta y le calma la sed, de la mano de Dios y le eleva por encima del tiempo y del espacio, mientras usted está hundido en el tiempo y en el espacio.

 

¿Para qué aspiraría a luchar por el establecimiento de la justicia natural?. Esta forma de derecho no es más que un espejismo, una quimera, un fantasma. Una justicia semejante no existe.

 

¿No existe verdaderamente? No, ya que toda injusticia, toda la división y especulación sobre la justicia, es el resultado de la ignorancia, la consecuencia de la trasgresión de las leyes elementales de la vida, la consecuencia de la ilusión del yo y de la locura colectiva de la humanidad que hace contemplar este mundo ficticio -donde nada es durable ni real- como algo real, mientras deja al hombre absolutamente ciego e ignorante respecto a su campo vital original, el mundo del espíritu universal.

 

La aspiración a la justicia terrestre, no es inteligente. Cuando teniendo ojos para ver, teniendo un cerebro para pensar y la libertad de escoger su camino, usted cae en un canal, ¿se puede calificar de «derecho» el desecar este canal o construir un puente, o aún poner guardias? Si se desecara el canal Ud. caería en el próximo; si se construyera allí un puente , Ud. se caería del puente, si se colocaran guardias Ud. los ignoraría. Cuando está en dificultades, usted clama justicia, mientras que antes ha ignorado las causas de su desgracia.

 

¿No ha sido siempre así? Usted pide en el presente leyes y determinaciones que deben prevenir sus miserias en el futuro, pero si estas leyes no viven en usted, no conocerá jamás un futuro de justicia, sino la perpetua regularidad del subir, brillar y descender.

 

Y nosotros le preguntamos: ¿Es un acto de amor fundar un orden vital en equilibrio con nuestra ignorancia, nuestra estupidez y nuestra locura? ¿O sería un acto de amor hacer que usted una y otra vez de vueltas sin salida, en sí mismo para hacerle comprender que, en su vida, deber ser alcanzada otra posesión? ¿No es acaso un acto de amor hablarle sin cesar de otra justicia que no es de este mundo, una justicia que si Ud. tuviera hambre y sed de ella le saciaría inmediatamente en la bienaventuranza?

 

El trabajo que debe ser realizado es volver al hombre espiritualmente vidente y despertarle a la verdadera autonomía. El hombre actual es una caricatura deforme de su estado de ser original. Es necesario transformar esta caricatura en el hombre verdadero, del cual los Ángeles cantan: «Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.»

 

«Bienaventurados los que tienen

hambre y sed de justicia,

porque ellos serán saciados»

 

¿Cómo llegar a esta nueva necesidad vital, a contemplar esta justicia y llegar a esta saciedad? ¡Recorriendo el camino liberador, el camino de la transmutación y de la transfiguración!

 

La Escuela Espiritual se dirige especialmente al tipo humano que, en este mundo, es llamado el tipo Caín. Como usted sabe, Caín es la imagen contraria de Abel. El concepto «Caín» evoca la idea de posesión. Caín es el poseedor en contraposición con Abel. «Abel» evoca la idea de la apariencia. Abel es el hombre que se complace en la apariencia y se queda en ella. Es el que adora muy místicamente la luz espiritual y le ofrece sus sacrificios, pero que no la deja trabajar en él para la regeneración. Por esto Caín se enfrenta a Abel; por esto Caín debe destruir la apariencia y transmutarla en vida. Si Caín hace esto según la naturaleza, se convierte en un asesino, en un destructor. Si lo hace según el espíritu, es un vencedor y un transformador del mundo.

 

La Escuela Espiritual se dirige al tipo Caín, al poseedor; es decir, hacia el o ella el que todavía hay algo presente, del saben original, del estado de ser del orden divino de antaño. Algo de este pasado, está aún despierto en el y le empuja a la acción, aunque aún no es capaz de manejar las llaves. El verdadero libro de la vida está todavía cerrado para el con siete sellos. Caín, en esta naturaleza, es un poseedor que no sabe lo que hacer con su posesión.

 

A él se dirige la Escuela Espiritual y su método de trabajo. Ella le coloca bajo la ley del espíritu, la cual expresa le orden y el sistema. Y con ello apela a la posesión caótica del alumno. De esta forma, bajo la ley, son liberados sistemáticamente los poderes y talentos latentes, hasta que el alumno sea capaz de ser él mismo una ley.

 

El hombre-Caín puede entonces vivir y trabajar de su posesión, entonces el hijo perdido encuentra de nuevo el país de la luz original. Entonces tiene hambre y sed de justicia y, es saciado por el manantial eterno de todas las cosas.

 

«Bienaventurados los que tienen

hambre y sed de justicia,

porque ellos serán saciados.»

 

 

 

 

CAPITULO 8

 

               «Bienaventurados los que tienen

                  hambre y sed de justicia,

                porque ellos serán saciados»

 

 

Esta bienaventuranza que viene hacia nosotros desde la montaña sagrada es un consuelo muy grande para todo el que puede comprenderla.

 

Sería un engaño si la comprendiéramos en la orientación del pensamiento de la naturaleza dialéctica, ya que la justicia de la naturaleza ordinaria está determinada, como Ud. sabe, por el país, el pueblo, la raza, la moral y las costumbres. Además, el tiempo en que se vive desempeña siempre un papel muy importante.

 

La justicia de la humanidad fue y es muy variable. Y en nombre de la justicia humana los hijos de Dios fueron perseguidos, apaleados, lapidados o quemados en el transcurso de los siglos.

 

Como consecuencia de la justicia de Calvino, que decía de sí mismo que era un enviado divino, asesinó en su época a Miguel Servet de una manera atroz; acto de crueldad por el que el calvinismo ha perdido de una vez el derecho de utilizar para si el santo nombre de Jesucristo, que es luz y amor.

 

De acuerdo con la justicia de los hombres se dio muerte de la forma más atroz en nuestra era (¡y qué son un par de milenios dentro del recorrido del período Ario!) a millones de mujeres acusadas de brujería.

 

Pero dejemos a un lado esas tenebrosas páginas de la historia de la justicia humana y examinemos los sentimientos y prácticas de la justicia humana en general, tal como viven en la masa y en sus representantes. Constatemos entonces igualmente el lado caprichoso y de oposiciones de la dialéctica, por todos conocido y entonces sabemos con gran seguridad que esta hambre de justicia no será saciada jamás. ¡Qué Dios nos guarde de ello!

 

De lo que e trata en esta bienaventuranza es de la justicia que está en la Gnosis y que es de la gnosis, del derecho divino, del orden del derecho del estado de hombre divino, el mundo de las almas vivientes.

 

En aquel orden todo es perfección divina. En aquel orden todo es maravillosamente bello. En aquel orden cada uno recibe por igual la gracia, la magnificencia y la fuerza de los dones de dios, de la ideación divina plena. Este es un orden que ha sido buscado por muchos. Es el orden la justicia que ha sido tan evocado, poetizado y cantado.

 

En la base de todo esto yacía un anhelo desmedido, y una pena desmedida era la consecuencia de ello, ya que muchos de ellos intentaron calmar al principio su sed de justicia divina en el mundo de la dialéctica y no conservaron en sus manos más los trozos de sus anhelos destruidos.

 

Los aspectos del derecho divino son innumerables. Por intuición, cada uno siente que el amor, la alegría, la felicidad y la armonía deben formar parte d el. ¡Pero cuántas desilusiones ha ocasionado ya esta hambre de justicia a los que la sentían! ¡Cuántos corazones destrozados y de que manera se cambiaron aquí también  las cosas en sus contrarios!. Por ello muchos terminaron dudando seriamente de la veracidad de esta bienaventuranza. ¿Acaso no habían tenido sin banalidades verdaderamente hambre y sed de justicia? ¿y la saciedad no se había quedado muy lejos de ellos?

 

Y, no obstante, si en la Biblia hay una palabra perfectamente verdadera, ¡es ésta!. Un alumno de la Escuela Espiritual gnóstica puede comprenderla perfectamente. Pero: la justicia divina no tiene cabida en el mundo de la dialéctica. La justicia divina no puede tomar forma aquí en la materia, porque la estructura atómica de la luz y la fuerza que la hace actuar es de una índole completamente diferente a la justicia de la naturaleza dialéctica.

 

El intento realizado en la línea horizontal, para en el campo de existencia ordinario establecer y anclar la justicia divina, siempre desemboca en un resultado negativo. Por ello es preferible no realizar ese intento ya que la justicia divina no es este orden natural.

 

Por eso el alumno serio de la Escuela Espiritual gnóstica se orienta desde el principio hacia el orden divino. esto es posible porque pertenece a un Cuerpo Viviente gnóstico. esto le coloca ante la posibilidad de poner sus pies en el camino de la liberación y avanzar en él. Como «hijo perdido» se encamina hacia la Casa del Padre. Hambriento y sediento de realización persigue este grandioso objetivo con toda la fuerza de su fe y de su dinamismo. Entonces si -tal como dice la parábola- el Padre viene desde lo lejos a su encuentro.

 

La plenitud de la gnosis se manifiesta en y a la Joven Fraternidad gnóstica, aunque esta apenas se haya puesto en camino. Y olas que sacian se derraman sobre todos los que están en el grupo. Este es el secreto, el misterio de la cuarta bienaventuranza.

 

«Bienaventurados los que tienen

hambre y sed de justicia,

porque ellos serán saciados.»

 

¡Que sean muchos los que puedan realizar en sí mismos este misterio. Le es concedido a todos los que tienen verdadera hambre y sed; les es manifestado el séptuple cuerpo gnóstico en este mundo de tinieblas.

 

 

 

 

CAPITULO 9

 

            «Bienaventurados los misericordiosos

            porque ellos alcanzarán misericordia»

 

 

Como ya se ha revelado en el transcurso de nuestro estudio sobre las bienaventuranzas, los buscadores y los conocedores de la Biblia creen encontrarse a este respecto ante una cuestión de humanitarismo cristiano, ante una práctica cristina en la vida, cotidiana, dando derecho a una bienaventuranza futura y a una recompensa directa bajo la forma de agradables momentos en el presente. Lo mismo ocurre con esta bienaventuranza.

 

Según la comprensión popular y teológica, los misericordiosos son los hombres religiosos y llenos de amor que se compadecen y ayudan a los que se encuentran en la necesidad y la miseria. Constatándose además que la persona que experimenta misericordia, en general no pertenecen a los más inteligentes ni a los más ricos. Pero se añade que se puede ser de hecho misericordioso y, no obstante, no tener medios para ser generoso, en esos casos Dios acepta el corazón de buena voluntad.

 

Además no basta solamente con soportar con paciencia nuestras propias desgracias, sino que al mismo tiempo por nuestra compasión cristiana compartimos las calamidades de nuestros hermanos: hay que mostrar compasión y tenemos que contribuir a auxiliar, tanto como podamos, a los que están en la miseria y en la necesidad. Debemos ser compasivos hacia el alma de los demás e ir en su ayuda; ser compasivos de los ignorantes y enseñarles, de los negligentes y advertirles, de los que viven en estado de pecado y hacerles salir de él como de un incendio.

 

Todos los que cumplen con está práctica cristiana, deberían ser bienaventurados, ya que se dice que el Cristo también es misericordioso. Si se razona así nos apropiamos interiormente uno de los atributos del Cristo, la bienaventuranza será nuestra recompensa. Siendo misericordiosos como El es misericordioso, somos en nuestra medida perfectos como El es perfecto. Y todos los que son misericordiosos de esta manera, alcanzarán misericordia. La conciencia de ello vive ya en la moral popular como lo atestigua el refrán: «Quien el bien siembra, el bien recoge»

 

En verdad, ¿quién podría refutar esta interpretación práctica y humanamente cristiana? ¡Nadie ¿no debería considerarse un comportamiento tal como la consecuencia lógicade «ser iluminado por Dios»?

 

Los siglos, han hecho hincapié alternativamente unas veces en la fe y otras en las obras. Pablo es el apóstol de la fe y Santiago el de las obras.

 

Desde la segunda Guerra Mundial los círculos religiosos se han despertado de la concentración exotérica de la fe, y comienzan a descubrir que -en el radio de acción de las prácticas religiosas- deben ser dinamizados muy necesariamente ciertos aspectos sociales, si no se quiere ver descarrilar a toda la organización religiosa para siempre.

 

¿Quién tendría algo que objetar sobre el hecho de que le cuerpo eclesiástico se haya despertado por fin y por medio de prácticas de bondad, persiga el mal en este mundo y neutralice sus efectos negativos todo lo posible? Pero no queremos buscar en ello más de lo que en realidad hay. Tal y como los siglos nos han enseñado ampliamente, los diversos medios religiosos están nuevamente ocupados en luchar y debatir sobre qué práctica de bondad debe ser seguida y las formas de misericordia y de amor cristiano al prójimo que deben ser aplicadas.

 

¿No encuentra usted esto extraño? Pongamos por caso que la iglesia cristiana, que tiene ya 2000 años de antigüedad, constituye en su conjunto la continuación directa de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, debería poseer una ciencia de la misericordia de por lo menos mil años de antigüedad, y tan cultivada, tan armonizada a los preceptos del Evangelio, tan probada y tan purificada por la práctica, que ya no debería ser necesario deliberar de arriba a abajo todavía sobre la forma de práctica cristina a emplear para evitar las guerras y las miserias sociales y económicas.

 

Lo que acabamos de decir a propósito de la iglesia y sus necesidades, también puede ser aplicado al humanitarismo mundial. Ud. experimentará que también el humanitarismo descubrirá que lleva vestidos demasiado ligeros para el frío glacial que reina en el mundo; también aquí será necesario buscar y probar caminos nuevos y diferentes.

 

¿No le parece raro? Ciertamente el humanitarismo no es tan antiguo como el cristianismo. Permaneció latente durante uno o dos siglos en algunos pioneros, y sus primeros intentos coinciden con el tiempo de la Reforma. Pero debemos decir que ha dispuesto de tiempo suficiente como para haber podido construir una formidable ciencia del humanitarismo, digna de servir de directriz infalible a todos los desarrollos sociales, políticos y económicos.

 

Ahora que cada ser humano debe estar listo para ceñirse parece que los cinturones se han perdido y los armas se han estropeado. Aún se estudia sobre la forma que hay que dar a las armas. Ahora, cuando resuene la llamada: «¡He aquí al Esposo, id a su encuentro en la noche del mundo!», se constatará que no hay aceite en las lámparas.

 

Por lo tanto, toda esta bondad debe Sr. muy parcial. Toda esta bondad no ha debido tener en absoluto «un buen encuentro». Toda esta bondad ha debido ser muy experimental. Toda esta bondad no ha producido casi nunca la bienaventuranza. Y con toda esta bondad, uno se encuentra ahora con las manos vacías; con toda esta bondad, se da uno cuenta de que ha malgastado y perdido su tiempo.

 

Sea como sea, debemos comprender entender que la bondad natural es una cualidad inherente al cristianismo y que ella es un reflejo natural y lógico de un comportamiento de vida que se esfuerza por encontrar la luz. Así hay numerosas propiedades que se derivan de la vida del que busca a Dios. Pero ninguna de ella por si misma vuelve bienaventurado; ninguna de ellas lleva al hombre a un estado de alegría suprema y a la perfección.

 

La bienaventuranza: «Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia», contiene también otro contenido de lo que se cree en general. Cuando un hombre es un verdadero cristiano, cuando vive la esencia del cristianismo, sus íntimos reflejos de bondad ya no pueden ser experimentales; su bondad es la expresión perfecta de un estado de ser perfecto.

 

Ud., como hombre inteligente no puede preguntar: «¿Qué forma de bondad debo practicar?» sino: «¿Cómo llegaré al estado de ser que como consecuencia natural irradie la verdadera bondad?». Tampoco puede preguntar «¿Qué fe y qué actos debo realizar en mi vida?» «¿Estoy a favor de la manera de ser de Pablo?» o «¿de la de Santiago?», sino: «¿Cómo llegaré a un estado de ser en el que la fe y las obras sean evidentes y operen en sentido liberador?»

 

«¡Bienaventurados los misericordiosos!». Hay una misericordia que no vuelve bienaventurado, sino que es la prueba de la bienaventuranza. El dicho: «Quien hace el bien, el bien encuentra», es un vestigio de una ciencia ancestral perdida, ciencia en contradicción con la astronomía. Los astrónomos suponen que el sol, después de haber agotado durante millones de años su energía en el sistema solar, se apagará y dejará de existir como sol. Pero la antigua sabiduría nos enseña claramente que la energía solar, ofreciéndose por sus planetas, recibe a cambio una energía superior, más magnífica y majestuosa. Y esta ley cósmica universal es válida también aquí: «El que quiera perder su vida por mí, la conservará.»

 

 

Llamamos su atención sobre estas cosas para hacerle entender claramente que, si hay misericordia, como una prueba radiante de la bienaventuranza, esta ofrenda de bienaventuranza debe ser respondida de la misma manera. Irradiar misericordia tiene como consecuencia absoluta recibir misericordia. Es una ley.

 

Ninguna parcela de energía se pierde en el cosmos. Cuando se emite energía en virtud de una idea, esta energía es transmutada en un resultado determinado cuya consecuencia regresa al origen de la energía en respuesta dinámica.

 

«¡Bienaventurados los misericordiosos!». ¿Qué es entonces la misericordia en el sentido del Sermón de la Montaña?

 

Para comprenderlo dirijamos nuestra atención hacia la Enseñanza Universal. La misericordia -desprovista de toda práctica de bondad- es una forma de magia. Es la magia de la estructura del alma que se demuestra en un determinado estado del santuario del corazón. El poder radiante de esta magia del alma se llama, en el Sermón de la Montaña, misericordia, y queremos ahora estudiar más de cerca cómo puede llegar a desarrollarse en el alumno esta magia el alma.

 

Hay tres formas de magia cristiana: la de la estructura corpórea, la de la estructura del alma y la de la estructura del espíritu. Estas tres formas de magia se manifiestan, para terminar, en una unidad: la magia total del hombre verdadero.

 

Sin embargo, el hombre actual no es el hombre ideal, el hombre original, sino el hombre caído; y tiene que elevarse en un camino progresivo de regeneración, regresar al Padre y restablecer su gloria de antaño.

 

El Cristo dirige su «Bienaventurados los misericordiosos» a los alumnos que, en este camino de regeneración, han alcanzado ya cierta fase de su reconstitución.

 

Las bienaventuranzas son fórmulas, son claves que revelan al alumnos diversos perspectivas.

 

Cuando el alumno profundiza su pobreza de espíritu, la decadencia de su estado, tal como la hemos descrito, pasa entonces en primer lugar a una revisión profunda del sistema de su personalidad. Esta revisión, este renacimiento, tiene siete aspectos y es realizada y manifestada sistemáticamente, para que, en su momento, la magia de la verdadera transmutación se manifieste como una fuerza perfectamente manejable.

 

La magia de la personalidad tiene relación con el fiat creador, la manifestación de la forma de la idea redentora de Dios, la idea vive en la sangre del corazón de Cristo, nuestro Señor. Pero antes de que esta magia pueda demostrarse, es necesario que el ser-alma del alumno sea revivificado y, en consecuencia, se pueda desarrollar la magia del alma.

 

La magia del alma es el medio por el que se puede expresar la magia de la nueva manifestación de la personalidad. La magia del alma es la argamasa con la que se erige, firme y fuertemente, la construcción de inquebrantable belleza.

 

La esencia, la característica de esta magia del alma, en tanto que argamasa de la construcción, debe ser definida como el absoluto amor al prójimo, que llena el universo. Este amor no abarca solamente en su ser a una persona o a un grupo de personas, con el que tiene cierto contacto sanguíneo, sino que este amor engloba a todos y se dirige hacia todos sin distinción; es impersonal. Este amor nos hace conocer a Dios, nos hace contemplarle en su plenitud. Así los Libros Sagrados cien: «Dios es amor», Dios no tiene amor como su propiedad, sino que El es amor. El amor es la esencia de la divinidad.

Con ese amor es conducido y mantenido el universo. Por ese amor, el fiat creador es conducido a la manifestación de l forma. Si el hombre tuviera y fuera todo, si supiese todo, pero no tuviera el amor, en verdad no tendría nada ni sería nada.

 

«Dios es amor, y el que permanece en el amor, vive en Dios» Dios se revela y habla a través de el. La magia del alma es el amor divino en su plenitud, transmutado, en el alumno que se ha hecho apto, en una fuerza dinámica manejable.

 

Esta magia del alma pasa también por siete estados de desarrollo. La condición biológica del amor, las costumbres amorosas y la bondad del hombre ordinario están, frente a este amor del alma, en la misma relación que el amor maternal del animal por sus crías, comparado con el acto de amor más noble del hombre dialéctico.

 

En la historia del mundo ha habido muchos iluminados que han comparado el amor universal del alma con un fuego, que en manos incompetentes puede estallar, dañando como un fuego infernal. La fuerza de Urano posee un poder eruptivo muy fuerte que, cuando no es guiado por la sabiduría y por una entrega exenta de egoísmo, puede escapar fácilmente a su control y ocasionar los mayores desastres. Podríamos comparar este amor del alma con la electricidad cósmica. En la mano de Dios es iluminadora; incontrolada es abrasadora.

 

Cuando mencionamos y reflexionamos sobre el amor y le referimos estos valores salvadores considere Ud. bien que no tienen nada que ver con cualquier forma de amor, manifestación de amor de tendencia a la bondad del hombre biológico.

 

Tan pronto como el alumno en el camino de la regeneración participa en la fuerza universal divina, y ha alcanzado la magia del alma y es capaz, en consecuencia, de preparar la argamasa destinada a la construcción, se desarrolla desde su ser un poder muy radiante e influyente. El centro orgánico de este radiante nuevo poder está situado en el santuario del corazón, más exactamente en la glándula del timo. Este órgano es la piedra preciosa que sirve de foco a este poder. La corriente de fuerza, preparada por este pequeño órgano, es irradiada por el esternón en la esfera aural del alumno que de este modo vive en la luz, igual que Dios está en la luz.

 

Queremos señalarle que la humanidad ha perdido el saber relativo a estas cosas presentes en un principio. La palabra «sternum» testimonia de ello con la que la ciencia denomina al hueso plano del pecho. Esta palabra significa que irradia, que esparce: en las numerosas pinturas de los antiguos místicos vemos al ser humano representado con un medallón o un espejillo a la altura del corazón, como un recuerdo de este antiguo saber.

 

El séptuple poder anímico del corazón dispone de dos principios activos: un principio buscador o radiante y un principio atrayente.

 

El principio buscador o radiante une al alumno que posee ese séptuple poder anímico con todos, le une impersonalmente con la humanidad entera. Unido a Dios por su estado de ser atraviesa las fronteras de su yo.

 

En cuanto la corriente buscadora o irradiante toca a un ser humano, el emisor de esta corriente de fuerza recibe una impresión directa del estado, de las necesidades y de las dificultades del interesado. No necesita recaudar más información. Comprende perfectamente al otro y con gran claridad ve desplegarse abiertamente ante él todo su ser.

 

Las impresiones permanecen fugaces e impersonales, hasta el momento en que cierta persona tiene necesidad de ayuda urgente y absoluta y, en una crisis regenerativa, en la desesperación busca un camino de salvación. La magia del alma festeja entonces su triunfo. En un caso de este tipo, la corriente buscadora-radiante colma con su fuego de amor al necesitado y éste recibe, como de la mano de Dios, el bálsamo de Galaad, el bálsamo de ayuda y de consuelo. Conmovido por esta magia, este hombre siente una confianza inquebrantable, una vibración reforzada, una iluminación espiritual de la sangre que neutraliza, tanto como es posible, impedimentos de su herencia sanguínea y le coloca ante la posibilidad de poder ver su camino y de desarrollar la fuerza para recorrerlo.

 

Esta es la magia del alma aplicada positiva y directa, es la misericordia directa, aplicada. Es la energía -amor- que es transmutada en el prójimo para la vida, y que, como resultado, regresa al que la emite multiplicada por mil. Es la misericordia que engendra misericordia. Es el secreto -si se puede hablar de secreto- de las palabras del Cristo en la montaña: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.»

 

Esto no tiene nada que ver con cualquier forma de bondad social o económica. Es el cumplimiento de las palabras: «dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.»

 

Esto es cristianismo, el cristianismo práctico. A los que crecen en esta majestad del alma se les dice: «Abrid vuestras almas, compartiendo con los hambrientos vuestro pan de vida.»

 

 

 

 

CAPITULO 10

 

           «Bienaventurados los limpios de corazón

                 porque ellos verán a Dios.»

 

 

Cuando el alumno en el camino de los misterios crísticos ha alcanzado el estado de misericordia descrito en el capítulo precedente, se eleva hacia un bien todavía superior. El siguiente escalón del camino de la realización se desvela a su conciencia, un escalón que es expresado por las palabras de Cristo:

 

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios»

 

Para comprender el valor de este nuevo escalón queremos brevemente hacer relucir ante su conciencia el «Bienaventurados los misericordiosos».

 

Habíamos llegado a la conclusión de que la misericordia no expresaba un estado de bondad humana, sino un estado del santuario del corazón que permite la manifestación de la magia del alma del hombre renacido.

 

Esta magia del alma se refiere a una corriente de amor nacida del mundo terrestre, por la cual el alumno se sabe en unión impersonal con toda la humanidad. Esta unión es la vez negativa y positiva.

 

Por la unión negativa del alma, el alumno sufre por todos los dolores y pecados y por toda la animalidad espantosa y primitiva de su prójimo, en sus consecuencias y vibraciones. En virtud de su estado, toma sobre él todo el sufrimiento de este mundo. Esta unión negativa del alma puede ser tan intensa que, cuando ve a dos seres que se tratan descortésmente, el alumno enrojece de la vergüenza que uno de ellos debería sentir y no siente y sufre el dolor que el otro debería sufrir bajo la ofensa, in que ese otro siquiera se de cuenta de este dolor.

 

En el mar de caos y de maldad en que está hundida la humanidad, la vida del alumno se vuelve tan pesada a causa de dicha unión, que hay momentos en que apenas puede soportar el dolor que padece por los demás, estando al servicio de su Señor. Pero en estos instantes de su mayor angustia, experimenta siempre la grandiosa verdad de las palabras de su Salvador: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzaran misericordia.» La fuerza llega siempre hacia la cruz: una alegría, que no es de este mundo, le levanta y le hace más fuerte que nunca.

 

La unión positiva no asimila, sino que irradia. Cuando el alumno padece el sufrimiento, los males, los pecados y las consecuencias del estado primitivo de su prójimo, cuando sufre con él o por él, entonces, por medio de su unión positiva devolverá a su prójimo algo distinto de lo que recibe de él o por él sufre.

 

La fuerza radiante de esta unión positiva que casi siempre se envía de una manera absolutamente impersonal puede ser, para el que la recibe, un intenso consuelo y una gracia maravillosa. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, esta fuerza actúa como una intensa quemadura. La luz del amor celestial no puede ser soportada por el hombre inferior. El la siente como un fuego devorador. Es como un ardor febril que purifica, que limpia, que expulsa toda enfermedad, pero que enferma y provoca complicaciones por la negatividad de la persona que la recibe.

 

Comprenda bien esto, cuando usted piensa o habla de los sufrimientos de nuestro Señor por nosotros, o cuando la comunidad de los creyentes canta: «Qué amigo es nuestro Jesús que quiere colocarse en nuestro lugar». que por lo tanto experimenta el sufrimiento en nuestro lugar y sufre por nosotros sin que el hombre tenga la menor idea de ello, porque es tan intensamente estúpido y mezquino que apenas es capaz de echar un vistazo en el campo de sus limitaciones.

 

Esta misma comunidad que experimenta la unión negativa del alma con Cristo, es aún así al mismo tiempo tocada por la unión positiva del alma con nuestro Señor. Con otras palabras, las dificultades inferiores o elementales, lejos de resolverse, ¡se acentúan!. Cuando uno se abre conscientemente, por dependencia aceptada, a la unión negativa del alma, experimenta igualmente el ardor de la unión positiva del alma en toda su extensión. Este ardor se convierte en una fiebre, una inarmonía que devora, se vuelve la ira de Dios, si el hombre y su vida no cambian fundamentalmente. Comprender esto tendría un efecto mucho mayor para la humanidad que mil sermones.

 

 

Cuando, en el camino de los misterios crísticos, el alumno llega a descubrir que la magia del alma comienza a reivindicar sus derechos y a demostrar sus fuerzas en su vida, cuando experimenta que, con su participación en Cristo, padece el sufrimiento inherente a la unión negativa del alma y que por su unión positiva del alma puede ayudar a los demás de forma no terrenal; cuando el alumno nuestra ser misericordioso y recibe misericordia, se le da una nueva advertencia se le da un nuevo consejo, se le abre una nueva perspectiva. Y este consejo, esta advertencia, esta nueva perspectiva se expresa en palabras por el: «Bienaventurados los limpios de corazón.»

 

El alumno debe comprender que su nuevo poder del alma debe volverse un poder absoluto. Antes de que él pueda emplear este poder del alma, dirigiéndolo personalmente, su corazón debe ser purificado; el santuario de su corazón debe responder a unas exigencias mínimas. Esta purificación del corazón no puede ser nunca la consecuencia de una decisión. Nadie puede, por una decisión adquirir la pureza del corazón. La pureza del corazón es siempre el resultado de un proceso.

 

El alma está en relación con la sangre. Sí, la sangre es un aspecto del alma. Ya los antiguos decían: «El alma del hombre es su sangre.» Luego teniendo en cuenta que el corazón es el motor de la sangre, el motor del cuerpo; donde la sangre se renueva y  es abastecida de nuevas fuerzas atmosféricas, comprendemos que la pureza del corazón se refiere, sobre todo, a la pureza de la sangre, y a las potencialidades presentes en la sangre.

 

Algunos suponen que la pureza es solamente un estado del cuerpo. Otros pretendían que la pureza era una cuestión del estado del alma. Algunos han dicho: La pureza es un estado de conciencia, comprendida en un sentido místico y abstracto. Pero nosotros decimos: la pureza es la consecuencia del poder de la sangre, y esto engloba a todo, tanto, la conciencia, como el alma y el cuerpo.

 

El poder de asimilación de su conciencia, de su razón, su poder de juzgar y de condenar, el poder esclarecer diversas situaciones en todos sus aspectos y relaciones, la ayuda debida que tiene que otorgar a hombres o situaciones, y el saber cuándo se debe hablar o callar. Todo esto depende de su capacidad de la sangre.

 

Las impresiones que usted recibe por la unión negativa, en tanto que alumno en el camino, son cribadas o reflejadas por los poderse de su sangre, y la unión positiva del alma depende enteramente de la imagen que la sangre refleja en su conciencia.

 

Una lente sucia no puede dar una imagen nítida, y un espejo empañado no puede utilizarse. Por esta razón, los alumnos en el camino y las personas intuitivas en general descubren, continuamente con pena y escándalo que cuando quieren navegar con la brújula de su intuición y de sus impresiones, el barco de su vida choca siempre contra los escollos.

 

 

En consecuencia, la pureza del corazón, la pureza y la expansión del poder de la sangre, es una primera exigencia. únicamente esta brújula le permitirá navegar con seguridad, ya que la pureza del corazón significa: ver a Dios y «ver a Dios» significa: poseer la unión consciente, directa con el ser divino, con el plan de Dios, con el objetivo divino del universo, y una impresión, una intuición recibida en este estado, otorga una comprensión total y garantiza una justa reacción.

 

«Ver a Dios» significa que ya no hay ningún obstáculo entre le mundo de Dios y el alumno. Este estado es obtenido por la pureza del corazón, es decir, por la purificación y la expansión del poder de la sangre, el cual posee su foco, su núcleo y su puerta de acceso en el santuario del corazón.

 

Por esto es bueno analizar minuciosamente la forma en que Ud. puede realizar o favorecer esta pureza del corazón, ya que tiene poco sentido meditar en un éxtasis místico sobre un valor divino que debe ser implantado en la vida de los hombres, sin hacer el esfuerzo requerido para conquistarlo. Por eso en primer lugar tiene que comprender lo que se espera de Ud.

 

Nuestra sangre impregna todos las estructuras de los órganos, cada fibra y cada célula de nuestro cuerpo, y el templo humano funciona gracias a la sangre, comprendida en todos sus aspectos y vibraciones, sobre los cuales no nos vamos a extender a hora.

 

 

Cuando nacemos, recibimos nuestra sangre de nuestros padres, y sobre esta base, y a la edad de siete años aproximadamente, comenzamos a producir nosotros mismos, nuestra propia sangre. En nuestro ser sanguíneo, además, están grabados los resultados de las vidas de los que nos han precedido en nuestro microcosmos. Lo que recibimos de nuestros padres y antepasados y lo que nosotros mismos hemos aportado de nuestro pasado microcósmico desconocido, confiere a nuestra sangre un poder magnético particular, conforme con el axioma: «lo semejante atrae a lo semejante.»

 

Esto engendra un circuito natural que confiere a determinadas familias, pueblos y razas, ciertas propiedades típicas a las que la especie y subespecie responderán ahora y siempre. Todos estamos, según la naturaleza, atados a la sangre y, teniendo en cuenta que la naturaleza está degradada y la sangre es inferior, aparece en el mundo el gran drama de la humanidad, el cual mantiene sin interrupción al hombre prisionero desde hace eones.

 

 

El hombre inteligente, el que piensa, el que busca a Dios y busca la liberación que se da cuenta esta atadura de la sangre, comprende que es necesario desarrollar una auto-actividad con la que podrá responder y colaborar con la intervención crística en este mundo. Así empieza el alumno el proceso que tendrá que llevarle a la purificación del corazón.

 

 

Este proceso no es un éxtasis místico, sino un proceso claro y científico. Se debe emprende una regeneración según la conciencia, el alma y el cuerpo, y el alumno debe concebir y ver claramente cómo puede ser comenzada esta regeneración y continuada en todos sus aspectos. Desde le principio, el alumno debe comprender que no se trata de apariencia, sino de esencia, de palabras, sino de actos, y que el acto exterior debe estar basado siempre en un acto interior.

 

 

Cuando el sermón de la Montaña exhorta: «Si tu ojo derecho es para ti ocasión de caída, arráncatelo y arrójalo lejos de ti…y si tu mano derecha es para ti ocasión de caída, córtatela y arrójala lejos de ti», el alumno comprende que debe llevar a cabo una renovación estructural. Debe modificar las actividades de su mano, que jura en una situación y ejerce cierta magia, y las actividades de sus ojos que le atan a ciertos valores. Entonces, el alumno pasa a colocarse «bajo la ley». Desde su profunda miseria, sus necesidades profundas y sus más íntimo deseo, se coloca voluntariamente «bajo la ley».

 

Esta ley interpreta el plan de Dios para el mundo y la humanidad, y expresa cómo debe vivir el hombre, a qué debe corresponder y qué caminos debe recorrer para romper las cadenas que le retienen prisionero de la sangre y para permitirle la realización progresiva de la purificación del corazón.

 

 

¿Es esta ley lo más elevado? ¿Es el vivir bajo la ley lo principal? claro que no la ley es un programa de acción, un esquema de trabajo, un campo viviente de vibración espiritual, en el cual y por el cual, el sentido de la vida se nos desvela inteligentemente.

 

 

La intención de la vida bajo la ley  es que el hombre se convierta el mismo en una ley, escape a la ley elevándose por encima de ella y refuerce así la benevolencia de la ley para otros.

 

 

Debemos aprender a ver la ley en sentido gnóstico, como la escalera de Jacob que sube hasta el cielo y por la que los ángeles de Dios suben y bajan sin dificultad. Usted puede ver la escalera como dos largueros unidos por barras transversales y puede ver la ley como palabras y fórmulas. Usted puede prostituir la ley y simular que la sigue. Usted puede temerla, ya que como testimonia la epístola a los Romanos: «Bajo la

ley todos pecamos. Nadie es bueno, ni uno sólo.»

 

Pero también puede ver la ley como la Enseñanza Universal vitalizada por Cristo, como una mano tendida de Dios, como una cruz que el hombre debe aprender a llevar y a realizar, como la cruz que une a la eternidad con el tiempo.

 

Para el alumno verdadero, la ley es una conjunción de rayos de luz de la verdad universal, a los que debe aprender a reaccionar rayo por rayo. Cada rayo puede ser designado por una fórmula sencilla, la cual, llena de amor, se coloca junto a la capacidad de comprender primitiva del hombre caído que quiere levantarse, y le revela el camino por una clara y realista exigencia.

 

 

El poder de la sangre es purificado y expandido, y se sustrae a su subordinación de la naturaleza por idealismo, moralidad y realidad. El idealismo pide el porqué, la moralidad el para qué, y la realidad el a dónde.

 

«Bienaventurados los limpios de corazón,

porque ellos verán a Dios.»

 

Según la idea, según el idealismo, comprendemos ahora estas palabras. A través de cierto estado de los poderse de la sangre, obtenemos la unión con la esencia de Dios.

 

 

 

 

También concebimos lo que es la moralidad. Después del porqué, vemos el para qué. La pureza del corazón nos posibilita el ejercicio de la verdadera misericordia, la apreciación en su justo valor de la unión negativa del alma, y el ayudar de la manera justa, por la unión positiva del alma.

 

 

Pero ahora tiene que hacerse realidad. Después de haber visto y comprendido, hay que realizar y dinamizar. No podemos permanecer contemplando, y dilucidando. Ya que así seriamos el hombre negativo del tipo Abel que se deja acariciar por los rayos solares. Ahora hay que agarrar la realidad, y nosotros podemos hacerlo gracias a la ley que nos renueva y que, en Cristo, viene hacia nosotros.

 

Hasta cierto punto, el trabajo de la ley es puramente científico. Cuando sabemos que los poderse de nuestra alma están prisioneros del circuito sanguíneo, entonces comenzamos, muy lógicamente, en la línea horizontal, a atacar este circuito natural, a través de un cambio sistemático de nuestra forma de vida, de abajo a arriba, teniendo siempre presente que este comportamiento no es el fin, sino el medio para llegar al fin.

 

Así, habiendo comenzado en la amarga realidad conquistamos las barreras una tras otra, y, a través de la realidad, nos acercamos cada vez más a la moralidad, para, finalmente, realizar la idea misma: «La pureza del corazón» y «el ver a Dios.»

 

La bienaventuranza que resulta de ello no puede expresarse con palabras. Sólo puede afirmarse en el tiempo por la bondad, la verdad y la justicia, para consuelo y bendición de toda la humanidad.

 

 

Comprendamos, pues, ante todo, que la pureza del corazón es una expresión que designa el desarrollo superior del alma, el poder absoluto del alma y la purificación total de la sangre.

 

«¡Señor! ¿Quién vivirá en tu tienda y quién habitará en la montaña de tu santidad.? El que camina sincero y actúa según la justicia, y el que habla con su corazón el lenguaje de la verdad. El que obra según estos preceptos, nunca titubeará.»

 

 

 

 

CAPITULO 11

 

               «Bienaventurados los pacíficos,

         porque ellos serán llamados hijos de Dios.»

 

 

Para reflexionar sobre esta bienaventuranza, es necesario que nos liberemos de nuevo de los prejuicios habituales. Ya que ¿no sucede, que ante la palabra «paz», nuestros pensamientos se asocian con los aspectos de paz y de pacificación que en este mundo se conoce, se ama y se intenta alcanzar?. La paz, las ideas pacifistas, ¿no son efectivamente cosas extremadamente deseables en un mundo de emergencia como el nuestro? ¿No es verdad que aspiramos a una paz duradera? Esta paz y sus consecuencias, ¿no significarían para todos, bajo muchos conceptos, un estado de bienaventuranza? ¿No hay acaso en el corazón de todos nosotros una plegaria para que cese la violencia, siempre presente y siempre amenazadora? «¡Dios mío, danos la paz!» ¡Qué bienaventuranza sería esto!

 

 

Y en medio de la amenaza de un tercer incendio mundial, esta bienaventuranza, está muy próxima a nosotros «Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios». ¡Naturalmente!. Si comprendemos un texto bíblico, debe ser sin duda éste.

 

No obstante, nosotros debemos quitarle esta seguridad, ya que la bienaventuranza en cuestión no se encuentra en este plano horizontal. Ella testimonia de una paz que usted no conoce aún, que aún no posee, que el hombre de la masa no ha poseído jamás, y que usted tampoco entenderá cuando la violencia brutal y la horrible amenaza de peligro dejen lugar a situaciones más normales; a menos… que usted recorra un largo camino.

 

La paz de que se trata aquí no es dialéctica; el que la posee nunca la perderá ni nunca le abandonará. Es la paz de Dios. Es la que Pablo expresa en palabras «la paz de Dios, que sobrepasa toda comprensión humana, guardará vuestros corazones y vuestros sentidos en Jesucristo.»

 

El Sermón de la Montaña llama la atención del alumno sobre esta paz que con la conciencia biológica no se puede comprender. Es una paz, para el alumno que la posee, que aniquila cualquier fase dialéctica; una paz que puede ser conocida y abrazada incluso en medio de la mayor violencia o de los más violentos tormentos.

 

Cuando los antiguos y los iniciados se encontraban, se saludaban con: «La paz esté contigo»; y este saludo no quería decir: «detén un momento tus puños y déjanos por una vez en paz», sino que se unían mutuamente, con toda la magia del alma que ellos poseían, a la paz Divina que sobrepasa toda comprensión humana. «Dios es nuestra paz!», dice y confiesa el alumno iniciado. A este respecto piense sobre todo en la frase de Cristo que Juan nos transmite en su capítulo 14: «Yo os dejo la paz, yo os doy mi paz, pero no os la doy como el mundo os la da.»

 

Encontramos en estas palabras la confirmación profunda de nuestra exposición, que la paz que mencionan los misterios de Cristo no tiene nada que ver con la paz que los partidos beligerantes traerán tal vez un día a nuestra tierra por deseable y beatífica según la naturaleza que esta paz terrena puede ser.

 

Por ello nos desatamos de lo terrestre y nos elevamos para comprender una paz que sobrepasa toda comprensión.

 

¿Es esto posible? ¿No es una paradoja? ¿Puede un hombre comprender lo que sobrepasa su comprensión?

 

Desde luego que se puede y es indispensable que el alumno, que quiere ser llamado un día hijo de Dios, se eleve por encima de su razón, por encima de la conciencia racional de su cerebro.

 

Lo que se acostumbra a llamar «inteligencia, es el poder de comprender y de captar de la conciencia del yo. Vista según las normas terrestres, esta conciencia puede estar, muy cultivada y ser capaz de grandes cosas. Sin embargo, bajo ningún concepto es libertadora y es un freno absoluto para un verdadero desarrollo espiritual.

 

Nuestra intención no es ningún modo subestimar la comprensión de la conciencia corporal. Solamente debe saber que la comprensión ordinaria es un eslabón en una cadena triple. El hombre posee tres focos de comprensión, dos de los cuales están latentes en la mayor parte de la masa. Hay una comprensión del espíritu, una comprensión del alma y una comprensión del cuerpo. Cuando los antiguos místicos decían que el hombre debía aprender a pensar con el corazón, se referían a la comprensión del alma. Y cuando el Señor dice a sus discípulos que deben conocer una paz que sobrepasa toda comprensión, para poder se llamados verdaderamente hijos de Dios, la atención de los alumnos es dirigida hacia la comprensión espiritual.

 

La comprensión espiritual vivifica la idea; la comprensión del alma anima y esclarece la idea; y la comprensión del cuerpo realiza la idea.

 

Para poder se un buen constructor al servicio del gran Arquitecto, hay que elevarse por encima de la comprensión del cuerpo, no para dejarla de lado como algo inútil, sino para poder emplearla de la manera justa.

 

Cuando los tres focos de la comprensión están activas en una cadena de la manera justa, el alumno cumple las tres funciones unidas como una sola pieza de trabajo: es arquitecto, es decir, el creador de la idea; es el maestro constructor, es decir, el que anima e irradia la idea; y él es el obrero o ejecutor de la idea.

 

Tan pronto como el obrero o alumno sobrepasa el nivel de su comprensión y coloca así los fundamentos de su obra en este espacio en la manera apropiada, realizándola según el plan de la razón superior, entonces este acto deviene simultáneamente una manifestación del alma y brilla la idea en plena belleza en este acto. El creador se ha demostrado por su creación.

 

Aparecerá con claridad que cuando el alumno tiene a su disposición los tres núcleos activos de la conciencia, puede descender de la idea que está en Dios a la acción y, por su acción liberadora, elevarse de nuevo a la idea que es Dios mismo.

 

Hablando abstractamente, el hombre, incluso en su estado caído, sigue siendo un hijo de dios, pero es un hijo perdido, extraviado, que ha roto su unión directa con el Padre. No obstante, cuando vive y trabaja por medio de los tres núcleos de conciencia, el hijo pródigo ha vuelto a casa y se convierte de nuevo, de una forma muy particular, en un hijo de Dios. La unió directa con el Padre es restablecida; no sólo ve a Dios, como en el «Bienaventurados los limpios de corazón», sino que está en Dios, se ha vuelto de nuevo un hijo de Dios, ha regresado a casa. Su espíritu ha encontrado al espíritu de Dios. Este encuentro y la índole de este estado de ser pueden quizá transcribirse perfectamente con la idea de «paz».

 

 

La paz que está en Dios, es una armonía perfecta, una eterna belleza y una calma dinámica. Esta paz está en equilibrio entre la idea divina y el hombre que vive en ella y por ella. Ya no hay más resistencia, ya que el hijo de Dios que, de la mano de Dios, de la mano de la idea, confecciona su construcción, experimenta en esta armonía de valores, fuerzas y pensamientos, que todas las cosas colaboran con el para el bien.

 

Para los que poseen esta paz, o están ocupados en conseguirla, son válidas las palabras dirigidas desde la Montaña: «Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.»

 

Y entonces puede ocurrir que el alumno en el camino como arrebatado de sus sentidos perciba el saludo fraternal: «¡La paz esté contigo!» Sabe que se trata de una señal de amistad y de amor y que, llevado por este amor, se expresa la esperanza de que llegue a elevarse por encima de los límites de su razón inferior, en el camino hacia la conciencia espiritual.

 

En ese saludo, el alumno siente al mismo tiempo la fuerza de un mántram, de una fórmula magia. Con el: «La paz esté contigo» se enciende en los centros nerviosos ordinarios del candidato un resplandor del verdadero espíritu; por un instante parece que los muros retroceden, que los velos caen por un momento, y que los espesos nubarrones se entreabren. El alumno, sobrepasando el tiempo y el espacio, ve por un instante la verdadera paz que está en Dios y a al que es llamado con un amor inexpresable. La grandeza de este imperio de la paz no tendrá fin: es eterna e imperecedera.

 

¿Conoce usted la majestuosidad de esta sensación de bienaventuranza, que se hace suya cuando usted se eleva por encima de la comprensión?

 

El alumno que ve este camino, para el cual está elegido,

experimenta las palabras y los pensamientos de Isaías 9, donde no se trata solamente del Mesías histórico, sino también del nacimiento del Cristo en el hombre:

 

«El hombre que camina en las tinieblas, verá una gran luz. Sobre él, habitante del país de la sombra de la muerte, resplandecerá una luz. Si los hombres se han multiplicado en esta decadencia, pero la alegría no es mayor. Pero ahora él se regocijará ante tu rostro. Ya que tú has destruido el yugo que pesaba sobre él, el bastón que golpeaba su espalda y la vara que le oprimía. En medio de la lucha, y mientras que sus vestidos son bañados en sangre, el alumno se ha elevado a una nueva filiación divina. Es elegido Hijo, y el poder está sobre sus espaldas; y su nombre es: Admirable, Consejero, Fuerza fortaleza de dios, Padre de la eternidad, Príncipe de la Paz.»

 

«Bienaventurados los pacíficos,

porque ellos serán llamados hijos de dios.»

 

«La paz de Dios que sobrepasa toda comprensión guardará vuestros corazones y vuestros sentidos en Jesucristo. Todo lo que es verdadero, todo lo que es magnífico, todo lo que es justo, todo lo que es puro, todo lo que es amable, todo lo que merece aprobación, todo lo que es virtuoso y digno de alabanza, sea el objeto de vuestros pensamientos.» dice Pablo.

 

¿Cómo aprenderá el alumno a dominar todas estas cualidades y cómo sabrá lo que es verdaderamente justo, puro y amable?

 

El lo aprenderá y lo sabrá pro todo lo que habrá aprendido, recibido, oído y visto, ya que todo esto está comprendido en la Enseñanza Universal que fue dada a la humanidad y que descendió con ella hasta lo más profundo de su caída, para poder mostrarle el camino de regreso a la luz.

 

La Escuela Espiritual posee, bajo la forma de un poder utilizable, la ley espiritual de Jesucristo, así como la filosofía de la ley, con cuya ayuda usted podrá emplear la ley espiritual de la liberación. ¡Haga pues lo que así aprende, recibe, oye y ve! Y el Dios de la Paz estará con usted.

 

Así en nuestra reflexión sobre las siete bienaventuranzas hemos ascendido desde la pobreza de espíritu hasta la filiación divina, hasta la paz que sobrepasa toda comprensión humana. Hemos ascendido del antro de la naturaleza a la armonía de las esfera.

 

El pobre de espíritu se ha vuelto rico. Una séptuple bienaventuranza, es su parte. En Dios, se libera de la naturaleza. Ha regresado a Casa.

 

 

 

 

CAPITULO 12

 

          «Bienaventurados los que son perseguidos por la justicia, porque el Reino de los Cielos les pertenece. Bienaventurados seréis vosotros cuando seáis ultrajados, perseguidos y se diga falsamente de vosotros toda clase de mal a casa de mí. Regocijaos y estad en la alegría, ya que vuestra recompensa será grande en los cielos, ya que es así como persiguieron a los profetas que han sido antes de vosotros.»

 

Hemos llegado a las dos últimas de las nueve bienaventuranzas y debemos arrancarnos de la sublimidad del «Bienaventurados los pacíficos», pues nos encontramos de repente en medio de la dura realidad.

 

Acabamos de ver en el capítulo anterior cómo el alumno adquiere el estado de hijo de Dios, en la paz que sobrepasa toda comprensión. Y ahora, desde la serenidad de esta bienaventuranza, el alumno tiene que descender al oscuro sepulcro donde deberá realizar el trabajo con su cabeza, su corazón y sus manos.

 

Apenas en el comienzo, el alumno se encuentra ya ante una situación paradójica, descrita tan justamente en el Salmo 120, versículos 6 y 7: «Tanto ha permanecido mi alma cerca de los que odian la paz. Yo soy pacífico; más ellos, así que hablo, me hacen guerra.»

 

Ciertamente, cuando el alumno se dirige hacia la humanidad con la paz que sobrepasa toda comprensión, con la paz de Dios, el resultado es una lucha encarnecida. Esta es una de las pruebas más evidentes de la existencia de dos órdenes naturales. Hay dos órdenes naturales: el orden de Dios la estática y el orden humano caído, la dialéctica. Son contrarios, irreconciliables e incompatibles. cuando el orden de dios irrumpe en el orden de la naturaleza caída, a través de Jesucristo y del alumno de la Escuela espiritual hierofantal crística, entonces los fuegos se encienden y la persecución comienza.

 

Los que aman la justicia de Dios y la traen al mundo, en virtud de su estado renacido en Dios, no tienen por qué temer ninguna persecución, pero sufren persecuciones. La persecución está ante su puerta les acecha día y noche. Esta persecución es de carácter triple: son perseguidos según el espíritu, el alma y el cuerpo.

 

Debe entender bien que todo lo que el alumno que vive en el nuevo cielo-tierra, quiere realizar en este mundo es una locura, una imposibilidad y un peligro, mirándolo desde el punto de vista de la naturaleza. Por ello el enemigo oscuro intenta asesinar todo lo que nace en el alumno según el espíritu.

 

Enseñanzas del orden divino son mutiladas, y sacadas a la Luz malignamente. Los testimonios de antiguas civilizaciones que vivieron cerca del reino divino son retirados de la circulación intelectual y se deja que se hundan en la niebla. Ya sea sustrayendo de la circulación los últimos vestigios de estas civilizaciones, como por ejemplo viejos papiros y manuscritos, o publicándolos de nuevo pero entonces dañados lamentablemente. Mucho de lo que poseemos de la filosofía china, por ejemplo, ha sido falsificado por los jesuitas, que aspiran a un poderío secular mundial desde Roma. También todo lo que queda aún de la sabiduría de los Incas, Aztecas y otros pueblos pre-atlantes ha sido cribado por los jesuitas.

 

Las acusaciones más absurdas se utilizan para impedir que el orden espiritual pueda adquirir poder sobre el hombre y el mundo. Y, por ello, la persecución según el espíritu es el pan cotidiano del trabajador en la gran viña.

 

La persecución según el alma es más de carácter personal y moral. Los antecedentes morales y el comportamiento moral del atacado son puestos bajo una falsa luz. Y el gran trabajo es contrarrestado y minado por toda clase de rumores sobre situaciones sombrías e intenciones financieras y morales confusas. Muchos trabajadores podrían hablarse sobre persecuciones del alma de las que ha sido víctimas. Pero esté seguro: el trabajador seguirá esparciendo la simiente en los campos, frecuentemente tan estériles, a pesar de los rumores buenos o malos.

 

Y si el enemigo clásico tras la persecución según el espíritu y el alma le encuentra indemne le queda aún la persecución material y la del cuerpo. Se crean o aprovechan situaciones que permiten aniquilar a los trabajadores materialmente. Fueron y serán perseguidos, cazados como animales peligros, martirizados, quemados, declarados fuera de la ley.

 

Todo esto es la consecuencia cuando se intenta implantar la verdadera justicia en el tiempo. El alumno, lúcido reflexiona sobre estas experiencias inevitables. Las constata y se prepara para ellas, pero libre por completo de amargura e incluso, hasta cierto punto, con sentido del humor. Ha pasado la época en que, indignado, apretaba los puños y protestaba vigorosamente. Sabe que eso es un desgaste de energía y es superfluo, pues la victoria, la victoria total le pertenece. ¡El Reino de los Cielos le pertenece!

 

«Bienaventurados los que son perseguidos por la justicia, porque el Reino de los Cielos les pertenece.»

 

¿Significa esto que cuando su lucha ha terminado entra en un estado celestial donde puede reposar y recibir su salario? ¿Significa que siente ya la bienaventuranza de este futuro?

 

¡En absoluto! El significado de esta bienaventuranza es mostrar claramente que, sea cual sea lo que los clásicos perseguidores quieran o puedan emprender contra el alumno según el espíritu, el alma y el cuerpo, la victoria completa está del lado de la cruz; le demuestra que la cruz es como una espada que resquebraja todas las resistencias, y que el oscuro maldito jamás podrá obtener el más mínimo éxito. Mirado desde el exterior le veremos quizás agredido, ridiculizado, atacado con violencia asesina, despojado de lo que había edificado en el transcurso de largos años al servicio de la humanidad; pero, mirado desde el interior, la

victoria final de las falanges de la luz no puede se detenida ni un segundo.

 

¡Qué maravilloso sería si cada alumno comprendiera que a pesar de las burlas y de las afrentas, en medio de la violencia y del peligro, el Reino de la Luz está establecido en este mundo!. Los muros se elevan y las torres levantan sus picos en la rica y plena luz del nuevo día. La ciudadela de la bondad, de la verdad y de la justicia brilla y resplandece para quien quiere verla.

 

Dejemos que ataquen e insulten nuestro honor y nuestra reputación; dejémosles que nos acechen en la materia. «Bienaventurados los que son perseguidos por la justicia, porque el Reino de los Cielos les pertenece.»

 

El alumno toma parte en la incorruptibilidad del reino del orden divino y colabora en la construcción de esta parte del reino divino conquistado aquí abajo con armas todopoderosas: las armas del amor, las armas del puro saber, las armas de la aplicación de la ley del espíritu de Jesucristo. Jamás  la historia del mundo  ha visto que algo haya vencido a estas armas.

 

«Bienaventurados seréis vosotros cuando seáis ultrajados, perseguidos y se diga falsamente de vosotros toda clase de mal a causa de mí. Regocijaos y estad en alegría.»

 

¿Hay que deducir que debemos alegrarnos de los ultrajes y de la persecución? Eso sería absurdo. La mentira, la calumnia, la afrenta y la incomprensión son el pan diario para el alumno, y esto le ocasiona una gran pena y un intenso sufrimiento. Lejos de nosotros de compartir la idea de algunos místicos que se alegran de las mentiras, y de los ultrajes, porque la bienaventuranza, comprendida literalmente, les dice que deben alegrarse.

 

En este sentido la alegría y el sufrimiento se combinan. Cuando el alumno cumple su misión de la justa manera; cuando, con la verdad de la Luz, orada una brecha en las profundas galerías, un quejido de terror atraviesa la naturaleza. Ella se siente descubierta, en sus instintos de conservación y sus codicias. Sólo puede reaccionar de una forma: con las afiladas garras atacar con la mentira, las calumnias, los ultrajes y las persecuciones.

 

Y, como es natural, cuando siente dolor a causa de este ataque, el alumno experimenta aún así alegría y felicidad, porque sabe que las reacciones que experimenta en su carne y soporta en su sangre, y sufre según el espíritu, son la prueba de que su actividad se desarrolla de la manera apropiada. Por sus actos y sus experiencias sigue la huella de los profetas y de los grandes trabajadores que le precedieron. Por esto su alegría es perfecta, ya que su recompensa será grande en el cielo.

 

Comprenda también estas palabras como deben ser comprendidas. Cuando los constructores ejecutan el plan de gran Arquitecto, saben que la morada será construida a pesar de todo tipo de dificultades que surjan y que el salario del trabajo está comprendido en la obra misma.

 

Se deben comprende bien dos cosas en esta bienaventuranza doble:

 

Primero, que el hombre según la naturaleza sólo puede reaccionar al orden espiritual de Jesucristo de una sola manera. El orden del espíritu es una grandeza desconocida por la naturaleza, y donde este orden acomete a la naturaleza, ésta se siente amenazada en sus valores y planes y se defiende según sus propias leyes. Por eso debe comprender bien que Cristo no ha venido a traer la paz, sino la espada. Si el alumno, quiere entrar a servir al orden del espíritu, debe estar dispuesto de corazón a llevar la cruz. Es una cuestión de claro discernimiento. Es su sufrimiento, pero es también su victoria, su alegría. Y llevar la cruz es la victoria. Cuando el alumno en su imitación a Cristo, según el plan de su servicio, dice a su vez en el monte Gólgota: «¡Todo está consumado!», no es un grito de desesperación, sino que es un grito de victoria. El Reino de los Cielos es suyo, su salario es grande, tan grande que no puede ser evaluado con medidas terrestres. Su obra está terminada.

 

Segundo, hay que comprender que en el trabajo espiritual liberador, el salario está comprendido en el mismo trabajo. En la naturaleza se recibe el salario después del trabajo y la mayor parte de los hombres solo comienzan a vivir cuando, después de su trabajo pueden emplear el salario para lo necesario. En el trabajo espiritual liberador, el alumno recibe su salario a través de su trabajo y en su trabajo. En ese sentido no debe ver el salario como lo que los hombres le devuelven por su trabajo en espontánea reacción. ¡Ya que a este respecto el trabajador no es mimado!

 

Es el trabajo el que libera su salario cuando obra totalmente según la ley del espíritu el alumno, libera diferentes fuerzas y poderse que le elevan por encima del tiempo y del espacio, que le convierten en un verdadero Hombre Nuevo. Colmado de estas riquezas, puede desplegar fuerzas dinámicas aún mayores, hasta que llegue la victoria. El trabajo directo recibe en recompensa un tesoro inconmensurable, que brota como un manantial mágico.

 

Haga Dios que después de esta nónuple reflexión sobre la «bienaventuranza» pronunciada antiguamente en la montaña, usted vea claramente ante sí el camino hacia la luz y que, como peregrinos, podamos encontrarnos en este camino.

 

Tiempos nuevos han comenzado; un nuevo sol espiritual brilla sobre el horizonte. Ascendamos en los resplandores de esta aurora, el camino de los nueve escalones.

 

Esta subida es una marcha llena de alegría; es el Reino de los Cielos. La recompensa es grande y una paz señala el final del camino; la paz de Dios que sobrepasa toda comprensión.

 

Pero comprenda bien que en este desarrollo lleno de bendiciones Ud. vive en país extranjero; que Ud. aquí abajo debe comenzar su camino; que tiene que desarrollar aquí bajo su trabajo; que su peregrinación debe perfilarse a través de esta naturaleza; pero que Ud. vive entre innumerables que odian la paz con un odio mortal.

 

Tan pronto como usted habla de la paz que sobrepasa toda comprensión, ellos se rebelan. Sólo con proponer la naturaleza de Dios en esta naturaleza, usted desencadena la lucha. No se deje cegar ni engañar por esta lucha, sus desencantos y sus penas. Regocíjese y esté alegre, ya que su recompensa es grande y la victoria le pertenece: suyo es el Reino de los Cielos

 

¡QUE LA PAZ ESTE CON USTED!

 

 

 

Glosario

 

DIALECTICA: Nuestro campo de existencia actual, donde todo se manifiesta en pares opuestos. Día y noche, luz y oscuridad, alegría y dolor, juventud y vejez, bien y mal, vida y muerte, están unidos indisolublemente. Se siguen inevitablemente y se engendran mutuamente: uno se vuelve el otro ineluctablemente. Esta ley fundamental hace que todo, en este campo de existencia, esté sometido a un cambio perpetuo, a un quebrantamiento constante, a: subir, brillar y descender. Esta ley hace nuestro campo de existencia un campo limitado donde reinan el dolor, el sufrimiento, la ruptura la enfermedad y la muerte.

 

 

ESTATICA: el mundo de lo absoluto, únicamente unido a Dios en libertad, el mundo del ser eterno, el Reino de los Cielos, el orden de Dios, el dominio original de la humanidad – que ante todo no se debe confundir con la morada de los muertos en el más allá.

 

 

GNOSIS: el aliento divino, Dios, el Logos, el Manantial de todas las cosas, manifestándose como espíritu, amor, luz, fuerza y sabiduría universal.

 

 

MICROCOSMOS: el hombre como minutus mundus como un pequeño mundo, es un sistema vital esférico, muy compacto en el que se distinguen comenzando por el centro: la personalidad, el campo de manifestación, el ser aural y un séptuple campo magnético del espíritu. El verdadero hombre es un microcosmos. Lo que en este mundo se entiende como «hombre», es solo la personalidad mutilada de un microcosmos degenerado. Nuestra conciencia actual es una conciencia de la personalidad, la cual sólo puede ser consciente del campo de vida al que pertenece.

 

 

REINO LEJANO: ver ESTATICA.

 

 

 

 

 

EL MISTERIO DE LAS

BIENAVENTURANZAS

 

 

En el sublime Sermón de la Montaña, las Bienaventuranzas ocupan un lugar muy especial. Las explicaciones corrientes de la Biblia dan a entender a menudo que son promesas que quizás una vez, en un futuro no determinado, puedan ser recibidas como recompensa por un comportamiento moral en la vida.

 

Si frente a esta constatación leemos las explicaciones claras como el cristal que nos da el autor de este libro en relación con las nueve Bienaventuranzas, entonces reconocemos su significado tan actual.

 

ya que las nueve Bienaventuranzas nos colocan ante el Camino nónuple del verdadero devenir humano. Un Camino que puede ser recorrido en autofrancmasonería por cada candidato decidido.

 

Así, esa parte del Sermón de la Montaña se vuelve un llamamiento ardoroso y una ayuda llena de Amor de la Fraternidad de la Vida.

 

 

 

 

 

 

EL MISTERIO DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

 

 

Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1

 

El misterio de la caída

 

 

Si dedicásemos un tiempo en realizar una encuesta al hombre de hoy, en relación a su concepción del misterio de la vida y de la muerte, descubriríamos que a este respecto existen opiniones contradictorias o imprecisas, o bien un total desconocimiento del tema. La causa hay que buscarla en el fárrago de enseñanzas divergentes difundidas en la humanidad desde tiempos inmemoriales, cuyas huellas están ancladas en el ser sanguíneo de cada hombre.

El camino que conduce al discernimiento ‑primer escalón del camino de la quíntuple Gnosis universal‑ no es un camino de estudio y de comprensión intelectual. El discernimiento que el hombre necesita ha de conquistarse tras de un período de muchas dificultades, después de eliminar innumerables obstáculos en esta verdadera jungla presente en lo más recóndito de su ser.

Precisamente cuando la luz trata de abrirse paso en el hombre, estos obstáculos suscitan muchas interferencias y molestias, ya que las sombras extrañas y gigantescas que se forman dan una imagen tan imperfecta e impura de la realidad, que el hombre debe redoblar incesantemente su prudencia. En ese momento se da cuenta de hasta qué punto se es conservador, del poco valor y fuerza que tiene para abandonar las sombras engañosas y seguir a la luz de la verdad y de la realidad.

Queremos profundizar en este misterio de la vida y de la muerte, y por esto empezamos por rechazar resuelta y abiertamente ‑por estar en oposición con la realidad‑ la antigua enseñanza oculta de la reencarnación.

Para muchos buscadores de la liberación, la reencarnación es la última tabla de salvación donde aferrarse. Sin duda, más de uno ha pensado: «Si no puedo alcanzar el renacimiento liberador en esta vida, me queda todavía, a pesar de todo, el renacimiento en el plano horizontal. Volveré a este valle de lágrimas y entonces veremos.»

Esta forma de pensar es, para muchos, una especie de seguro de vida. «Suponiendo que todo lo que yo hubiera podido aprender con respecto a la doctrina de la liberación fuese falso, no importa, me queda el hecho de que existo, de que soy. ¡Son muchos los que recuerdan sus encarnaciones precedentes!» ‑se piensa. «Gruesos libros han sido escritos sobre ello. Estoy aquí, pronto me iré de vacaciones a las regiones celestes, y luego tendré cuidado de escoger bien la cuna donde me encontraré cuando regrese. Ya tengo cierta edad, mi tiempo aquí se extinguirá pronto y pasaré al país del verano. Mientras tanto, en la esfera de la materia se podrán bombardear y destruir con bombas atómicas o de hidrógeno. Pasada la refriega, seré un recién nacido en una nueva cuna. La rueda de la vida y de la muerte gira en el mundo de la dialéctica, pero no ataca la existencia de mi yo.»

Los que, después de haberse forjado una ilusión tan consoladora sobre el proceso de la reencarnación, tomen conocimiento de los datos aquí expuestos, se llenarán de asombro, protestarán y se angustiarán. Su último seguro de vida es atacado.

Usted se preguntará si este punto de vista de la Fraternidad se basa en pruebas serias; si existen razones filosóficas que lo justifiquen; si es posible suministrar a este respecto pruebas veraces, extraídas de la historia de las fraternidades transfigurísticas; si este punto de vista concuerda con la justicia divina; si no se llega, de esta manera, al punto de vista desesperanzador de las comunidades religiosas ortodoxas, que atemorizan a los hombres con la amenaza del juicio divino al final tras una supuesta vida única.

Al respecto pueden surgir numerosas preguntas, y no seríamos la Fraternidad, si no profundizáramos en ellas, aportando, si es necesario, una serie de argumentos convincentes y de hechos naturales incontestables que permitan que todos capten lo que queremos dar a entender.

 

Comencemos por precisar el punto de vista expuesto:

‑ Usted sólo vive una vez.

‑ Después de la muerte, la llama de su vida se apaga después de un tiempo más o menos largo.

‑ De ella no queda nada.

‑ Actualmente usted es sólo un alma viviente, no en el sentido de eternidad, sino en el sentido espacio‑temporal.

‑ La personalidad que el alma emplea se explica por el estado de esta alma.

‑ Su personalidad muere y su alma también: ni la Biblia, ni la Enseñanza Universal, ni los hechos dejan alguna duda al respecto.

‑ En conclusión, en esta vida usted tiene que optar por la muerte o por la vida.

‑ Si usted no lo hace en esta vida, otra manifestación del alma lo hará en su microcosmos, quizás dentro de algunos miles de años, pero esta alma ciertamente ya no será usted.

‑ Cada alma que nace sólo es un producto material de dos progenitores materiales, y no procede de ninguna región de vida invisible, ni está unida al microcosmos, ni proviene de él.

‑ Su existencia‑alma es generativa. La colectividad de las almas terrestres puede subdividirse hasta el infinito. Un alma se va, otra vuelve, y todo queda igual.

‑ Al lado de nuestra corriente de almas, hay otras muchas corrientes más en el universo dialéctico, las cuales difieren entre sí por su frecuencia vibratoria, lo cual permite la aparición de grandes variedades de forma y de conciencia.

‑ La vida del alma no tiene nada en común con la vida del espíritu, y confundir el espíritu con el alma equivale a considerar como semejantes a cosas distintas.

‑ Por consiguiente, las antiguas doctrinas de la reencarnación, o bien tienen otro significado o constituyen una ilusión.

 

El problema es más o menos así y vamos a intentar explicárselo según las directrices y criterios de la Fraternidad. Para ello llamamos su atención sobre el universo nirvánico, base de un verdadero desarrollo humano‑divino.

Las expresiones «Nirvana», «autodisolución» o «mundo del no ser» sólo son aproximaciones. Llega al Nirvana quien ha dejado atrás las normas dialécticas y la vida dialéctica del alma. Regresa al Nirvana quien ha eliminado todos los obstáculos en sí mismo.

Sin embargo, el término «Nirvana» no nos dice nada del mundo humano‑divino. Según nuestro criterio, simplemente determina el estado que hay que alcanzar para entrar en ese mundo fundamental, en el estado de no ser. Considerado superficialmente, estar en alguna parte «no siendo nada» parece un disparate. Por esta razón traducimos Nirvana por «disolverse», al igual que la gota de agua que al volver al océano se pierde en él.

Nirvana es el universo divino eterno e imperecedero. Las entidades a las que pertenecen las almas mortales han salido de este universo en un remoto pasado y deben de volver a él, si es que quieren llegar a la verdadera libertad divina y eterna.

¿Qué queremos decir con «entidades»? Llamamos así a los microcosmos. Un microcosmos es un complicado sistema vital, una unidad compuesta por muchas partes. Una de esas partes es, por un tiempo, el alma mortal y su personalidad. Un microcosmos es una copia reducida de un cosmos. Puesto que las nociones de «pequeño» y «grande» son relativas, podemos con mucha razón comparar a un microcosmos con un átomo.

Un microcosmos tiene una estructura atómica. La ciencia enseña que hay muchas clases de átomos, y por ello vamos a describir ahora qué clase de átomo es el microcosmos.

Este átomo posee tres núcleos. En su centro, dos núcleos giran uno alrededor del otro a gran velocidad, mientras que el tercer núcleo gira alrededor de los otros dos describiendo una amplia órbita. A estos tres núcleos podemos describirlos como tres almas. Por ello se puede decir que el microcosmos tiene tres almas. Las dos almas que giran en el centro tienen una relación positivo‑ negativo, masculino‑femenino. La tercera alma es neutra, es el factor de unión y de aportación en el microcosmos.

Al igual que alrededor de cada núcleo atómico giran también otras partículas que forman un todo compuesto, en el microcosmos también ocurre lo mismo. El constituye un sistema, una manifestación, un reino. Y a partir de los núcleos positivo y negativo, la personalidad se manifiesta. Considerando al microcosmos en su conjunto, se puede decir con razón: «El Reino está en vuestro interior.»

La Biblia llama a este reino, a esta manifestación, el «Reino de Dios». Con ello no se da a entender que cada microcosmos es un dios, un todo separado. Esto significa sencillamente que dicho reino micro‑atómico pertenece a un todo mayor, a una Gnosis, de la misma forma en que un cosmos no existe por sí mismo, sino que pertenece a un macrocosmos, a un conjunto de cosmos.

La orientación de estos seres tri‑unitarios (que existen de tres almas) que acabamos de describir, debe ser centrífuga y no centrípeta. Cada átomo debe entregarse, debe realizarse en la manifestación universal, debe consagrarse a ella, debe servirla plenamente y, por consiguiente, manifestarse a sí mismo por esa forma impersonal de servir.

Estos seres tri‑unitarios, gracias al no ser, llegarán a ser perfectamente en el mundo nirvánico fundamental. Por esta actividad centrífuga, es decir que se olvida de sí misma, todas las fronteras desaparecen; ya no hay más espacios, y por ello tampoco límites. Sólo queda lo infinito, lo eterno.

Sin embargo, cuando dicha entidad atómica tri‑unitaria vuelve su mirada hacia el interior, cuando se contempla y en consecuencia origina una actividad centrípeta, la ley divina, que yace en el fundamento de este tipo de átomos, es transgredida. Las relaciones magnéticas se desequilibran y nace un intenso calor, un fuego poderoso.

Cuando se produjo esta catástrofe, este calor fue el que dividió el átomo e hizo que uno de los dos núcleos de alma que giraban uno alrededor del otro en el centro del microcosmos fuera arrojado al exterior del sistema y desapareciese en el espacio.

En ciertos microcosmos fue arrojado el núcleo positivo, en otros el negativo. Esta es la causa de la separación de los sexos. Los microcosmos en los que ocurrió esta catástrofe formaron a partir de ese momento una bi‑unidad, en lugar de la tri‑unidad.

Las consecuencias de ello fueron terribles. Por su esfuerzo centrípeto, ya no sirviendo al Reino de Dios, sino buscando y queriendo su propio reino, dichos microcosmos mutilados crearon fronteras y, como consecuencia de las leyes naturales, se encontraron en el interior de un mundo espacial.

Allí donde hay límites fijos, reina también el tiempo. Por lo tanto, estas entidades se hundieron en el espacio‑tiempo, donde se suceden la luz y las tinieblas, el día y la noche, como consecuencia de las rotaciones. Así comienza la travesía de la dialéctica.

Observamos que con la expulsión de uno de los núcleos atómicos ‑consecuencia del inmenso calor del fuego‑ el Reino Interior se derrumbó.

Así apareció por primera vez en el interior la muerte. El microcosmos, vuelto bi‑unidad, no pudo conservar su reino que deseaba mantener, y ese reino murió. ¡Queriendo conservarlo todo, lo perdió todo! Y el microcosmos, vacío, erró por la noche del mundo, arrastrado por las corrientes magnéticas de un orden espacio‑temporal.

¿Quién salvará a este sistema expulsado del Nirvana, del Paraíso?

Muerto viviente, el microcosmos yerra sin fin, padeciendo infinitos e insoportables sufrimientos. ¿Cómo puede volver a un nuevo comienzo? ¿A un regreso?

Teóricamente, el problema parece sencillo de solucionar: el núcleo del alma arrojado debe volver al sistema y, en completa ofrenda de sí mismo, unirse al otro núcleo del alma todavía presente, restableciendo así el reino original.

Pero, ¿de dónde debe venir este núcleo del alma que un día fue arrojado? ¿No se disolvió en el espacio? ¿No volvió como fuerza inmanifestada a las fuentes de energía neutra? ¿No podría ser enviada una nueva chispa desde la resplandeciente eternidad al apagado universo de la noche, para completar el sistema bi‑unitario hasta formar un sistema tri‑unitario, haciéndole recobrar así su majestad perdida?

No dudamos que ésta sería la verdadera solución. Pero comprendemos demasiado bien que una chispa divina, por su fuerza y su carga inconmensurables, por su diferencia de frecuencia vibratoria con la de la naturaleza de la muerte, ocasionaría nuevamente una catástrofe. Todo el microcosmos estallaría, regresando a la energía neutra.

Por eso, deben ser tomadas una serie de medidas preparatorias, antes de que Dios pueda enviar a su Hijo, a su chispa, al sistema caído.

La Fraternidad Universal se encontró colocada ante la profundidad de este problema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 2

 

La enseñanza de la reencarnación

 

 

La lectura del capítulo anterior ha podido darle una idea aproximada del misterio de la caída. Como ahora sabe, esa caída hizo que los microcosmos originales perdiesen su naturaleza tri‑unitaria para convertirse en una bi‑unidad. Hemos comparado al microcosmos con un átomo, y hemos descubierto que originalmente poseía tres núcleos, tres almas. Con la ayuda de este sistema, el microcosmos creaba y actuaba autónomamente.

Es evidente que este tipo de átomo, el microcosmos, al igual que cualquier átomo, por pertenecer a un grupo mayor de átomos, no debía manifestar su poder autocreador de manera centrípeta, sino de manera centrífuga. En el átomo microcósmico estaban acumuladas inmensas energías y, con la manifestación centrífuga de esas energías, podía cooperar sin causarse daño a sí mismo en la manifestación y conservación del cuerpo universal, el reino universal de Dios.

Si, por el contrario, las energías irradiadas fuesen dirigidas hacia el interior, el calor y el poder así desarrollados resultarían demasiado grandes para el propio sistema, lo que daría lugar a una combustión y desnaturalización. Sabemos que efectivamente ocurrió algo semejante, tal como vimos en el capítulo anterior. Uno de los tres núcleos del átomo fue expulsado del sistema, se perdió en el espacio y sobrevivió un átomo con dos núcleos, el cual ya no podía ni manifestarse ni ser empleado en el reino original, a causa de su desnaturalización. Todos los microcosmos convertidos en bi‑unidades fueron expulsados del Reino de Dios por causas exclusivamente naturales, y yerran como sin sentido en un espacio en correspondencia con su estado de ser.

Este espacio es denominado en la Enseñanza Universal «el caos». Comúnmente se traduce «caos» por «desorden». Esto es erróneo. «Caos» significa «no ordenado», «completamente informe». Por consiguiente, comprenderá que estos sistemas cayeron en el caos de un espacio totalmente amorfo. Su desnaturalización hizo imposible el regreso al estado original. Se trataba de un nuevo tipo de átomos no previsto por el Logos, sino nacidos de la contranaturaleza por un mal uso de la libertad.

En sentido gnóstico, el nuevo tipo de microcosmos ya no tenía razón de ser, no cuadraba en la manifestación universal, era una disonancia en la armonía de las esferas. Por esto hemos atraído su atención hacia el enorme problema que debió plantear a la Fraternidad Universal esta colectividad de microcosmos de nuevo tipo, a saber, la posibilidad de salvación de esa multitud caída.

También Jacob Böhme se ha preocupado, en sus escritos filosóficos, por este gigantesco problema, y explica a su manera cómo lo resolvió la Fraternidad Universal en favor de los caídos. Dice que la Gnosis les cerró el universo divino ‑y sabemos que desde el punto de vista científico‑natural no podía ser de otra manera‑ y que, como consecuencia, en el espacio en que se encontraban esos seres caídos tuvo que ser creado un orden de emergencia que fue atacado en su corazón por Cristo con el fin de redimirlo.

Hay que comprender que un microcosmos es inmortal. La muerte carcome su ser y mora en el interior de su sistema, pero su existencia es en esencia inatacable. El está cargado con los efectos de innumerables faltas, lo que origina que cada vez esté más desnaturalizado. Quizás pueda usted imaginarse, más o menos, dicho estado. Un microcosmos es expulsado del orden divino y, como consecuencia de lo anteriormente citado, va a parar al caos. Dicho sistema carece de objetivo, se ha vuelto inútil y ocioso. No es impulsado por ningún plan, por ninguna energía universal, y aunque tuviese esa energía, ésta sería totalmente absorbida por la naturaleza centrípeta del nuevo tipo de átomo. Ahora bien, teniendo en cuenta que estos sistemas están provistos de cierta medida de conciencia, puede usted imaginarse el grado de sufrimiento que pueden experimentar en su caos.

Pues bien, para esos microcosmos ‑innumerables según nuestro criterio‑ fue creado un orden cósmico provisional, un universo espacio‑temporal, un universo de la muerte en el caos, sometido a las leyes de la dialéctica, al perpetuo subir, brillar y descender, a un movimiento alternativo de expansión y de contracción; un universo absolutamente relativo. Podemos hablar así de un plan divino al servicio de nuestro estado caído, y sería una locura confundir este plan divino de salvación con el orden del reino original de Dios. Debemos concentrar su atención en este hecho para que no se confunda, y si esto ya hubiese acontecido, que podamos librarle de esa confusión.

Profundicemos ahora en la esencia del plan divino de salvación, teniendo presente en la memoria la estructura del microcosmos que se encuentra en este universo dialéctico.

Un microcosmos tiene forma de esfera, en cuyo alrededor hay un campo magnético complejo. Cuando se examina dicha esfera desde cierta distancia, en primer lugar nos llama la atención lo que denominamos «el ser aural». Es una capa exterior de composición séptuple, en la que se encuentra un sistema magnético, un conjunto coherente de puntos magnéticos. El ser aural posee igualmente un núcleo atómico que forma una unidad más o menos consciente con el sistema de puntos magnéticos. A esta unidad consciente la llamamos «ego aural» o «alma aural».

La esfera del microcosmos tiene en su interior un espacio que llamamos «campo de manifestación». En el corazón de este campo se encuentra un segundo núcleo atómico, que conocemos como «Rosa del Corazón», «Joya Maravillosa» o «alma latente desconocida».

Al proseguir nuestro análisis descubrimos que el alma aural no tiene relación ni contacto alguno con la rosa en el corazón. Desde el ser aural emanan líneas de fuerza magnéticas hacia el interior y el campo de manifestación es un espacio lleno de fuertes y continuas vibraciones. Sin embargo, la rosa en el corazón no reacciona a ellos, duerme. Por consiguiente, sólo existe vida verdadera cuando miramos al ego aural; en el campo de manifestación de la esfera, sólo hay un «vacío» de vida.

Al hablar del ego aural viviente, tiene que comprender que la vida que mora en él es muy extraña y en nuestras formas de existencia es algo desconocido. La vida del ego aural no es ni mineral, ni vegetal, ni animal, y tampoco puede ser considerada como sobrehumana.

La mejor forma de entender el estado de conciencia del ego aural es compararlo con el de un elemental. Es la conciencia resultante de la conjunción de fuerzas magnéticas, y puede ser intensa o tenue, fuerte o débil, buena o mala, siempre de acuerdo con los procesos que influyen en la esfera, procedentes tanto del interior como del exterior. Es una conciencia sin ninguna reacción psicológica personal profunda, sino completamente automática e imparcial.

Dado que se trata de una conciencia automática, es evidente que si el microcosmos quiere vivir, en el sentido superior de la palabra, debe poseer un ser‑alma que le guíe. Sin embargo, esta alma no se encuentra en los microcosmos que hemos descrito. Lo único que existe es una supuesta vida en el alma aural y una vida completamente latente en el corazón central. Fuera de esto no hay nada. Por esta razón no se puede afirmar que el microcosmos viva, pero tampoco que esté muerto.

Tal es ahora el estado de un microcosmos vaciado en nuestro campo de vida. Este es el estado en que quedaron todos los microcosmos cuando, en su sistema, pereció la tercera alma. Le recordamos que el tercer núcleo de alma, en colaboración con la rosa del alma, permitía la existencia de una personalidad magnífica en el campo de manifestación del microcosmos. Pero esa personalidad desapareció de dicho campo en el momento en que el orden del sistema fue perturbado por la actividad centrípeta.

 

¿Qué ha de ocurrir ahora? El tercer núcleo de alma debe ser reintroducido en el sistema, debe restablecer la unidad con la rosa del alma, de forma que así pueda ser reconstruida la entidad original. ¿Pero de dónde ha de venir este tercer núcleo de alma? El tercer aspecto del alma se ha disuelto por el calor del fuego, se ha desintegrado en energía.

El Logos tiene que resolver un enorme problema. Y debemos decirle que dicho problema sigue resolviéndose todavía hoy, en alguno de sus estados de desarrollo, ya que no todos los microcosmos han sido salvados y reconducidos al reino original.

Le hemos explicado que fue creado un orden cósmico de emergencia, cuyo conjunto tiene como objetivo la creación de un ser, de un ser vivo, que pudiera ocupar el lugar temporalmente del alma y de la personalidad original desaparecidas. A partir del momento en que esta entidad sustitutiva comienza a actuar en cierta medida como suplente en el campo de manifestación de un microcosmos, es creada la posibilidad de un gran proceso de transfiguración y, por lo tanto, de regreso.

Quizás le sea difícil tener que admitir que actualmente usted es el producto final de un orden de emergencia planificado. Al nacer, usted sustituye al tercer núcleo de alma desaparecido, y su joven cuerpo, al de la personalidad gloriosa de antaño. Este núcleo de alma y este joven cuerpo son introducidos en el interior de un microcosmos vaciado. En realidad, esto es como una operación, un transplante: un órgano procedente de un orden de emergencia es injertado en una entidad de otro orden. Ahora hay que ver si ese órgano transplantado podrá y querrá asumir su tarea y si, haciéndolo, podrá llevarse a cabo el plan de regreso, pues éste es el objetivo de esta operación.

Por el camino de la transfiguración es posible hacerle tomar conciencia de su estado y de la grandiosa meta. Si usted consigue entrar en comunión armoniosa con el átomo del corazón, el ego aural neutro reaccionará inmediatamente. El gran proceso, el proceso de salvación, comienza entonces. En lo que a usted concierne, como producto final del orden de emergencia, se produce un intenso y grandioso milagro. Al igual que un órgano trasplantado en un cuerpo puede empezar a reaccionar y con ello, puede hacer que todo el cuerpo viva, y a la vez vivir en el cuerpo que lo ha aceptado, también usted será admitido en la vida del orden original gracias al quíntuple proceso gnóstico, el método de trasplantación. Entonces abandonará el orden de emergencia al que pertenece ahora y entrará, con el sistema en el que ha sido introducido, en un orden superior. Usted es encarnado, trasplantado en un ser divino, y con él vivirá eternamente. Usted será con razón un «nacido dos veces»: una vez según la naturaleza terrestre y otra según el ser celestial.

Si esta ascensión, este segundo nacimiento no se lleva a cabo, usted sabe tan bien como nosotros lo que sucederá. Usted sufrirá la muerte de su estado terrestre: «Eres polvo y en polvo te convertirás», y su microcosmos cargado con una nueva desilusión, y con frecuencia profundamente herido, deberá esperar una nueva oportunidad.

 

Ahora está lo suficientemente documentado para analizar el dogma de la reencarnación, que muchos aceptan pero que nosotros rechazamos.

La entidad del orden de emergencia que usted representa ha sido conducida a un elevado grado de perfección de la conciencia. Esta perfección era necesaria para llevar a cabo el plan de salvación, ya que para recorrer el camino de los nacidos dos veces hay que disponer de un ser con una inteligencia elevada y con una personalidad finamente equipada, un ser que pueda ser realmente portador de la imagen del tercer núcleo de alma original y de la personalidad que existía al respecto.

Cuando se dispone de tal portador de imagen, se puede entrar, con posibilidad de éxito, en unión con el otro ser, con el microcosmos vaciado, con el fin de que los dos puedan volverse uno y que esta nueva unidad pueda regresar al Reino Inmutable. Esto es, en resumen, el gran plan.

Y este plan debe hacerse «carne», es decir, realidad. Hay numerosas entidades que en el pasado de la humanidad han demostrado este «hacerse carne». La Palabra, el Plan de Dios, se ha hecho carne muchas veces y ha vivido entre nosotros. Y muchos han visto su gloria, gloria que sólo a los que conocen el Plan y su trasfondo, les recuerda la magnificencia original de los unigénitos del Padre, llenos de gracia y de verdad.

Tenemos el deber, el permiso y la capacidad de realizar para nosotros esa gloria. Somos portadores de la imagen del tercer núcleo de alma perdido. Estamos modelados con la materia de este orden del mundo y podemos actuar en el sistema microcósmico caído, identificarnos con él, llevarlo de nuevo a su gloria perdida y compartir eternamente esa gloria.

No obstante, usted comprenderá que nuestro estado de ser como portadores de imagen encierra un gran peligro. El peligro de que el ser formado por evolución en portador de imagen, y llamado a un estado tan elevado de liberación, se crea una perfección individualizada y, a causa de esa ilusión, trate de apoderarse de un poder que convierta el orden de emergencia en un orden de ilusión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 3

 

La armadura óctuple

 

 

En el capítulo anterior le hemos presentado dos entidades muy distintas una de otra, que momentáneamente forman juntas el ser que solemos llamar «hombre» en sentido general. Uno de estos dos seres es el microcosmos vaciado, procedente del universo nirvánico, de donde cayó por haber perdido su tercer núcleo, como consecuencia de una actividad centrípeta. El otro ser es el que dice «yo», el ser del alma con su personalidad que experimenta ser un yo terrestre, material y mortal.

Uno de estos seres, el microcosmos vaciado, es un ser de la eternidad, aunque esté sometido a numerosos cambios. El otro ser, el alma‑yo terrestre, lleva una existencia temporal. Una parte de esta entidad material muere en la esfera de la materia y la otra se disuelve en la esfera reflectora. El que dice «yo» es aniquilado por completo y de él no queda nada.

En lo que concierne a la mayoría de las entidades vivas, vemos en la práctica que, al nacer, el alma mortal se une a un microcosmos vaciado. Lo mortal y lo eterno forman así una unidad completa. El que esta unidad sea temporal o eterna, depende por completo de factores de contenido y de comprensión recíprocos.

Cuando la unidad es temporal, en un momento dado esta unidad es destruida; la parte mortal cae como una hoja seca y sigue el camino de la materia, y la parte inmortal queda sin rumbo y vacía, y a menudo herida de nuevo gravemente.

Cuando la unidad tiende a volverse eterna, observamos que el ser‑alma mortal se consagra, se entrega y se une al ser‑alma latente que encontramos en medio del microcosmos: la rosa en el corazón, la joya maravillosa. Estos dos seres que se han unido, junto al tercer núcleo del alma que se encuentra en el ser aural del microcosmos, formarán una trinidad. Así, en esta nueva unión según el estado de alma y toda la entidad, esta trinidad se propulsa a sí misma hacia la transfiguración, hacia el retorno al universo nirvánico, hacia el esplendor original. Este proceso representa el único camino para hacer del alma mortal y de su personalidad un ser eterno, y para llevar de nuevo al microcosmos caído a la Casa del Padre. Este es el Camino de Salvación.

Sin duda, usted comprenderá el medio que permite recorrer este camino. El tener la posibilidad de consagrarse a la rosa en el corazón del microcosmos, y no tanto la acción misma de entregarse a él, es el gran milagro de salvación del Logos. Este es el grandioso secreto del orden de emergencia del que el hombre ha emanado.

Este orden de emergencia tiene que ser, en sentido divino, el lugar de trabajo en donde pueda efectuarse la reconstitución del microcosmos caído. ¿Cuáles son las almas mortales empleadas para este fin?

Usted es portador de la imagen de la Gnosis. Debe entender bien esta definición. Usted no es un portador de la imagen de Dios, queriendo decir que es Dios, o algo divino, como se quiere dar a entender tan a menudo. No, usted es una imagen de la Gnosis, es decir, el producto final del gigantesco plan divino de la Fraternidad Universal. Es el portador de la imagen del tercer átomo‑alma desaparecido del microcosmos, y como tal está destinado a restablecer el universo divino.

Como alma mortal, usted es de muy alta y noble estirpe; no obstante, entiéndalo bien, ha sido creado como medio, nunca como fin. Ha sido creado como medio para conducir a la gran jerarquía de microcosmos caídos al restablecimiento de la manifestación universal divina.

Usted no es una herramienta sacrificada a este plan divino de restablecimiento. Usted no es un ser inteligente creado para desaparecer sin más después de ser usado, ya que entonces se podría hablar con razón de crueldad. No, cuando se une al magnífico objetivo para el que ha sido creado, también usted alcanza la eternidad, a pesar de su naturaleza finita y mortal. Entonces, como dice Pablo: «La muerte ha sido absorbida por la victoria».

La manifestación crística de salvación no es un drama inhumano, sino una obra alegre casi incomprensible. La manifestación crística de salvación es «el final feliz» de la imagen divina que toma cuerpo en el hombre a condición de que cumpla con las exigencias de esta imagen.

 

Queda ahora por escribir el último acto y por llevar a cabo la última profecía, por medio de usted y en usted. En tanto que alma mortal, usted recorre un camino de cruz. Un camino de cruz es un camino de ofrenda. El camino de cruz tiene un objetivo.

Usted puede convertir este camino de cruz en un camino inútil, en un simple camino de la cuna a la tumba. Este camino es indeciblemente horrendo por su inutilidad, su ilusión y su experiencia. Sin embargo, se vuelve diferente cuando usted cumple con su vocación. Entonces, literalmente, la rosa se une a la cruz. Como imagen del tercer núcleo del alma original, usted se consagra plenamente a la rosa. Usted tomará esta rosa en el jardín de las rosas y va a cuidar de este capullo para que se abra.

Su camino de cruz se vuelve camino de liberación, porque al cumplir la misión de la rosa, el ego aural neutro se vuelve un yo superior. El invoca en amplias corrientes la salvación divina que circula sobre usted como una gracia inexpresable. Su camino de la rosa se colorea con el oro maravilloso del paraíso nirvánico. Usted es llamado a esto, porque usted puede hacerlo. Para esto ha sido creado. A todas las almas mortales que aceptan el objetivo de la rosa, él les capacita para volver a ser hijos de Dios.

¿Ha oído alguna vez evangelio más optimista y magnífico, así como más científico y digno de fe? ¿Por qué se aferra entonces con tanta fuerza al camino de cruz de la naturaleza que es un pilar de la muerte? ¿Por qué apoya su esperanza en la ilusión de: «Volveré una vez más para un nuevo viaje de dolor»? ¿Acaso no vive únicamente de instintos naturales? ¿O es usted el ser‑alma de un orden de emergencia, el ser‑alma de una imagen divina, que es el medio para la meta liberadora?

Usted conoce estas reacciones negativas, tanto propias como de los demás. Estas reacciones serían incomprensibles y harían dudar del derecho a llamarse «portadores de la imagen de Dios». Pero esto no es todo, ya que usted corre peligro y las consecuencias de estos peligros le hacen constantes malas jugadas.

Hay una ilusión gigantesca, organizada y con múltiples facetas, que se desliza sin cesar entre usted y la meta de la rosa, entre usted y el único camino, y por ello usted es continuamente su víctima. Los peligros se han transmitido a su sangre y a todo el género de las almas humanas. Se ataca al portador de la imagen de Dios y, a causa de dichos peligros, vemos cómo entidades que han llegado a un desarrollo perfecto, degeneran de nuevo por esos peligros. Las líneas del desarrollo se inclinan nuevamente hacia abajo, se pierden los valores adquiridos y nace una espantosa confusión. Por esto la dialéctica, u orden de emergencia destinado sólo a ser un campo de trabajo temporal, se ha vuelto un orden de maldad en el que se incuba y hace erupción un mal terrible. Este mal se ha comunicado también a su ser y, por ello, usted es un portador de imagen marcado por la maldad de los siglos.

El Apóstol Pablo dice a propósito de esto en el capítulo 6 de su Epístola a los Efesios: «No tenemos que luchar contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo, contra las tinieblas de este siglo y contra los espíritus malos de los aires.»

¡Por desgracia no suceden ya las cosas de tal modo que usted tenga solamente que preparar su entidad psíquica y su estado de carne y sangre para recorrer el camino, que sólo tenga que luchar para entrar en la corriente! No, pues en todo el ámbito de la esfera de la materia y de la esfera reflectora residen fuerzas organizadas que le encadenan. Dado que esta situación actual le concierne en alto grado, nuestro deber es averiguar si tales trabas son demasiado resistentes para ser rotas.

Como portador de la imagen de Dios, usted está destinado a la maravillosa misión del camino de la rosa de oro. Usted es obstaculizado, desde el exterior, por el campo de radiación de la maldad y, desde el interior, por la semilla de la maldad que se arraiga en usted desde que nace. ¿Cómo vencer estos impedimentos? Pablo responde a ello en la misma Epístola a los Efesios:

 

«Tomad, pues, la armadura de Dios, para resistir en el día malo y para manteneros firmes después de vencerlo todo.

1º Ceñid vuestros riñones con la verdad.

2º Revestid la coraza de la justicia,

3º y calzad los pies con la agilidad que presta el evangelio de la paz.

4º Colocaos el escudo de la fe con el que podréis parar todos los encendidos dardos.

5º Tomad el yelmo de la salvación,

6º y la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios.

7º Rezad siempre toda suerte de oraciones y plegarias en el Espíritu.

8º Cuidad de ello con perseverancia y orad por todos los santos.»

 

Esta es una armadura óctuple, un camino óctuple. Nos recuerda el sendero óctuple del Budismo. En el conocido Catecismo Budista (*) leemos las preguntas y respuestas 125 y 126:

 

«¿Cómo podemos obtener la victoria sobre nosotros mismos? Recorriendo el noble sendero óctuple que fue revelado y enseñado por el Buda. ¿Qué entiendes con estas palabras? ¿Cuál es el noble sendero óctuple? Las ocho partes de este sendero son:

1º comprensión justa,

2º pensamiento justo,

3º palabra justa,

4º acción justa,

5º comportamiento justo,

6º esfuerzo justo,

7º recuerdo y autodisciplina justos,

8º meditación justa.»

 

La enumeración escogida por Pablo difiere tan sólo un poco de la del Buda, pero su contenido es en esencia absolutamente idéntico. La enumeración tiene que variar de vez en cuando, porque el cuerpo racial y la naturaleza psíquica de las almas mortales están sometidos continuamente a la cristalización y a nuevos cambios, debido a la corrupción engendrada por la maldad. Por lo tanto, el óctuple camino debe modificarse en su enumeración continuamente para adaptarse a cada época.

Pablo y el Buda empiezan ambos por la comprensión. Acto seguido Pablo pide la justicia y el Buda el pensamiento justo. Cosa comprensible, en efecto, ya que si nosotros, occidentales, habiendo alcanzado cierta comprensión pensáramos con los poderes de nuestro pensamiento cristalizado, obtendríamos una maraña de pensamientos contradictorios e inextricables. Por esto pide Pablo la acción inmediata, engendrada por la comprensión, ya que gracias a ella llega el hombre a la purificación de la sangre. La sangre densa, pesada, espesa, que se inclina cada vez más hacia la materia, se modifica por tal conducta, y sólo mucho más tarde el nuevo poder del pensamiento, cual yelmo de salvación, es un hecho consumado.

 

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(*) Véase Henry Steel Olcott «The Buddhist Catechism», Madras 1897.

 

Capítulo 4

 

Derramamiento de sangre

 

 

En el capítulo anterior se explicó que, a pesar de que usted es llamado a la maravillosa empresa del camino de la rosa de oro, en calidad de portador de la imagen de Dios, se lo impide desde fuera el campo de radiación de la maldad, y desde dentro la sangre de su nacimiento, por haberse arraigado en usted esta semilla de maldad.

Para cruzar a través de estos impedimentos y perseverar firmes y sin perjuicios en su vocación divina, Pablo le aconseja que se revista de la armadura óctuple. Ahora queremos explicar más detalladamente esta armadura óctuple.

«Ceñid vuestros riñones con la verdad», dice al principio. Mirado superficialmente, «ceñir» se refiere a la ropa y significa: ceñir el vestido, prepararse para salir. Debemos profundizar en el símbolo empleado por Pablo.

Se trata de hecho del sistema hígado‑bazo, cuyo centro se sitúa en el plexo solar. Este sistema localizado a la altura de los riñones, es la central por excelencia de la producción y del control de la sangre. Por consiguiente, «ceñirse» en este sentido significa: basarse en la certeza de la sangre. Todos los actos del hombre, tanto el trabajo invisible del pensamiento y de la vida afectiva, como la actividad exterior, proceden de la sangre o están bajo su control.

Cuando uno se ha ceñido de cierta certeza de la sangre; cuando tal certeza emana del sistema hígado‑bazo; cuando en el hígado se dota a la sangre continuamente de tal certeza y dicho hombre vive efectivamente de ese estado del hígado, la vida de actividades de tal individuo corresponderá totalmente con ese estado de la sangre. Por lo tanto, si usted quiere realmente vivir y recorrer el camino de la rosa, es imprescindible que en su sangre yazca la esencia, el objetivo y la verdad de todo esto.

Usted podrá imaginarse fácilmente la situación de los que quieren recorrer este camino sin poseer este estado básico de la sangre. Tales personas fuerzan siempre su naturaleza en mayor o menor medida. Cuando se carece de esta certeza de la sangre surgen infaliblemente dificultades, sean relativas a su estado de alumno, sean con respecto a la Fraternidad o por ambas partes.

Los que poseen la señal de la sangre exigida, la han recibido principalmente en y por la Fraternidad, lo que quiere decir que la lucha efectuada se desarrolló en el marco de esta Escuela. Para encontrar una solución a este combate, que debe llevarse a cabo individual y continuamente en el interior de un campo espiritual que hay que construir, es imprescindible que la certeza fundamental de la sangre se grabe en usted como algo indiscutible.

¿De qué manera puede adquirirse esta certeza de la sangre? Para que entienda bien esto, es preciso que atraigamos su atención hacia los cinco fluidos del alma.

En primer lugar se trata de un fluido astral. Este fluido penetra en el sistema vital humano por medio del poder magnético del cerebro y llena con su fuego las siete cavidades cerebrales, el séptuple candelabro. Este fluido es el fuego del yo, el núcleo de la conciencia, por el que se explican los otros cuatro fluidos.

Este fluido astral vitaliza los doce pares de nervios cerebrales. Por medio del fluido nervioso ‑el segundo fluido del alma‑ nacen doce poderes, doce propiedades, los cuales pueden ser llamados con razón los doce discípulos o los doce eones del hombre. Estos posibilitan la vida orgánica del hombre.

El fuego de la serpiente que se encuentra en el interior del canal central de la columna vertebral es el tercer fluido del alma. Une de hecho al candelabro séptuple de la cabeza con el plexo sacro, situado en la base de la columna vertebral. Estos dos puntos: candelabro de la cabeza y plexo sacro, constituyen los dos polos magnéticos de nuestra personalidad; el plexo sacro ejerce además la misma función que el polo sur de nuestro planeta.

En el fuego de la serpiente ‑eje de nuestra personalidad‑ se manifiesta el fuego astral directo y actual, mezclado con todos los impulsos kármicos magnéticos del pasado del microcosmos. Debe considerar el fuego de la serpiente como una mezcla del pasado y del presente. Esta esencia es transmitida también al sistema por medio de los nervios de la médula espinal, para que el sistema actúe de acuerdo con el conjunto total del sistema electromagnético.

Esta preparación no es todavía suficiente para que esa base vital realice su tarea, por ello todavía hay un cuarto fluido del alma: el fluido hormonal, procedente de las glándulas de secreción interna. Podemos considerar estas glándulas como estaciones de transformación del fluido electromagnético, cargadas cada una de fuego magnético, cada una de ellas destinada a funciones específicas y secretando hormonas que se transmiten al quinto fluido del alma, resultado final de todo este trabajo anímico: la sangre.

En la sangre habla, da testimonio y trabaja todo el ser. El alma, en su conjunto, se manifiesta en la sangre. Tal como es la sangre, así es el hombre. En la sangre y por la sangre, el estado de conciencia se transforma en estado de vida.

Es evidente, por lo tanto, que si queremos actualizar y liberar realmente una verdad en nosotros, debemos poseerla en tanto que estado de sangre, en tanto que certeza sanguínea, puesto que en la sangre se manifiesta la totalidad del alma quíntuple. Por todo esto, la sangre es, tal como se dijo una vez, «un jugo muy especial».

Nadie puede ceñirse con una verdad que la sangre no posee. Se puede forzar este estado, a lo más, durante un cierto tiempo, pero nadie puede hacerlo de manera constante. Por consiguiente, nadie puede ir hasta el final del camino de la rosa prescindiendo de esta certeza de la sangre y sin basarse en el «ceñid vuestros riñones con la verdad».

En consecuencia, el primer cuidado del alumno de una Escuela Espiritual debe ser «ceñir» realmente la verdad. El que posee la verdad en la sangre, la ve confirmada por los impulsos de su sangre, y así puede trabajar sobre la base de su sangre para alcanzar su objetivo.

Cuando realizamos nuestro cometido en conformidad con nuestra sangre, empleamos fuerza sanguínea, es decir, derramamos sangre. Por esto se dice que Jesús el Señor y otros grandes de la Gnosis han derramado su sangre por la humanidad. Utilizaron y gastaron la fuerza de su sangre en la que vivía y vibraba la verdad de Dios. Emplearon esta fuerza al servicio de una humanidad pecadora y hostil.

La causa de este derramamiento de sangre, de esta profunda manifestación del alma, debe ser buscada por consiguiente en el hombre mismo. Mientras un hombre viva fuera de la verdad, otros ‑los que poseen la verdad interiormente‑ deberán derramar para él su fuerza de sangre. El derramamiento de su sangre es para él bendición y salvación. Las heridas de su alma son la curación de él. El les clava en la cruz del derramamiento de la sangre, a la que se entregan voluntariamente. Y este sacrificio les hace vencer al mundo.

Nuestra intención es mostrarle de manera clara la absoluta exactitud de los hechos de salvación de la manifestación divina, sobre los que los dogmáticos y teólogos solamente pueden especular, porque sacan sus conocimientos de escritos y hechos históricos.

Comprenderá ahora cuán verdadero resulta el canto de un poeta del siglo diecisiete que dice:

«Oh Señor, yo tengo la culpa de que lleves

con divina paciencia el peso de mis pecados.

Mira, estoy ante ti, cual pecador que

espera un rayo de tu misericordia.»

 

El que posee la verdad en la sangre está obligado a derramar dicha sangre por las entidades que aún no viven de tal estado de sangre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 5

 

Ceñios con la verdad

 

 

El alma humana emite una radiación, una luz, una vibración. Cada alma responde a una fórmula magnética determinada. La fuerza de alma del hombre dialéctico, del portador de la imagen de Dios, es de una naturaleza particular. Fuimos creados como portadores de la imagen de Dios; no somos seres divinos, sino una imagen de éstos. Somos imitaciones maravillosamente formadas del tercer ser‑alma perdido. Por nuestra extraordinaria estructura, somos llamados y estamos capacitados para recibir en nosotros la verdad divina original que como fuerza de radiación es omnipresente, y dejarla operar en nosotros para ocupar el lugar del ser‑alma desaparecido.

Supongamos que usted no realizase esta misión, bien porque no la comprendiese o porque no aceptase este camino, a causa de diversas deformaciones e impedimentos de su estado de alma quíntuple. En este caso, usted no cumple con la misión para la que ha sido creado.

Usted ha sido creado y destinado para ser el portador de la imagen de Dios, con el fin de recorrer el camino establecido por Dios para los hombres. Si rechaza o niega esta vocación, sean cuales sean sus razones, su alma realiza su propia contranaturaleza. Cae instantáneamente en un pozo de sufrimientos y de miserias.

Cuando un ser es creado para cierta tarea y, provisto de las posibilidades para realizarla, no la cumple, entonces se produce una inversión de valores; la dialéctica empieza a presentar otro carácter, carácter ya conocido por todos nosotros.

El portador de la imagen de Dios debe morir en el Otro y volver al estado original; en caso contrario se entrega a la decadencia y a la muerte. Por consiguiente, o perece para ganar la eternidad, o se dirige a la muerte que finaliza y aniquila.

Si usted no acepta su vocación divina, no se necesita ser profeta para predecir, con certeza, que escoge un camino de dificultades y penas, de miserias inútiles y sin fin. Agotado y encorvado por la vida, después de muchas experiencias amargas, después de tal vez muchos años, se verá obligado finalmente a seguir su vocación. Tenga en cuenta que no hay que descartar la posibilidad de que entonces esté tan dañado que de ese estado no pueda surgir nada nuevo y no le quede más remedio que seguir el camino de toda carne.

Con esto no hacemos un llamamiento a su instinto religioso, a sus temores, ya que el animal también teme a Dios a su manera. Nos dirigimos a su cerebro, a su comprensión moral y racional.

Usted tiene que ceñir sus riñones con la verdad de la Gnosis. Usted puede hacerlo, abriendo su corazón por el camino que le hemos descrito: el camino de la rosa de oro. Quien acepta este camino de la rosa, afianza en su sangre la verdad que es de Dios. Quien aplaza esta aceptación, descubre que el cambio exigido se vuelve cada vez más difícil.

Proceda ahora con prudencia para no argumentar ni balbucear fórmulas gnósticas, repitiendo las exigencias de la renovación sin llevarlas a cabo. Debe llegar a tomar parte activa en la obra del gran cambio. Por eso le colocamos en el suelo de la realidad y preguntamos: ¿Se puede explicar de manera científico‑natural el toque de la verdad gnóstica? Sí, se puede.

Nos dirigimos a su cabeza, con el fin de despertar su comprensión racional. Si su razón reacciona a este toque, su corazón responderá también a él. Por ello, hablamos siempre de una comprensión racional y moral; en otros términos, paralelamente a la aceptación racional se produce un toque interior. La noción racional altera el equilibrio de su alma; su estado de alma dialéctico deja de estar balanceado. Esta agitación abre su esternón a un toque de naturaleza absolutamente diferente, a saber, al toque del fluido electromagnético que emana de nosotros. Si usted tiene una apertura suficiente, nosotros le tocaremos en la rosa. Sólo los servidores de la Fraternidad de la Gnosis pueden tocar su corazón y abrir el átomo original. Por lo tanto, tenga la seguridad absoluta de que no se trata de una imposición mágica.

Suponga que llegásemos a conmoverle racional, y moralmente y que la rosa en su corazón es tocada. En ese mismo momento la verdad se hallará «más cerca de usted que sus pies y sus manos». Ella habrá penetrado en usted, usted está unido a la verdad tal como ella vive en la Escuela Espiritual. Esto es el comienzo. Los que le transmitimos estas palabras, somos sólo los empedradores que pavimentan el camino, con el fin de que otros puedan acercarse a los instrumentos de precisión escondidos en el suelo. Detrás de nosotros está la Fraternidad, la Jerarquía de Cristo, que debe llevar a cabo su trabajo en usted, sobre el suelo así preparado.

El trabajo de pioneros que hemos emprendido es indispensable, ya que entre el campo de radiación electromagnético de la Gnosis y el de la persona media que empieza a buscar hay una diferencia vibratoria enorme.

Lo que por nuestro esfuerzo puede llegar a liberarse, puede ser comprendido por usted, ya que puede acercarse a su tipo vibratorio. La verdad transplantada así en usted también puede ser ceñida con facilidad y unida a su sangre, por pequeña que pueda ser la base de trabajo en sus cinco fluidos del alma.

Así puede usted comprender lo que es la ofrenda de sangre de Cristo. Cuando la verdad le ha tocado y se une a su sangre, ya no es solamente un portador de imagen, sino que también ha recibido la herencia prometida. En el mismo instante es usted un hijo de Dios. La imagen comienza a hacerse realidad. Algo se revela en usted que le permite decir: «Abba, Padre», al igual que Pablo en su Epístola a los Romanos. Estas palabras significan que hay una nueva fuerza en usted que le une a la vida original; una fuerza a la que usted puede ahora servir, por hallarse en su ser.

Por esto, el segundo aspecto del camino óctuple es: «revestios de la coraza de la justicia». Ya que desde el momento en que un hombre es ennoblecido por el Padre de esta forma en su sangre, de él emana una nueva luz del alma, gracias a la cual puede servir, es más, debe servir. En el mismo instante, dicho hombre difunde en el mundo la Justicia de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 6

 

La coraza de la justicia

 

 

En el capítulo precedente hemos tratado con usted el significado de las palabras de Pablo en la Epístola a los Efesios, capítulo 6: «Ceñios vuestros riñones con la Verdad». Descubrimos que el campo de radiación magnético de la Gnosis realiza en el hombre un contacto doble.

En primer lugar hemos hablado de un toque racional del centro de la conciencia en el santuario de la cabeza. Hablamos de toque racional, porque la filosofía que le anunciamos y la explicación de nuestro objetivo forman una onda portadora de esta fuerza de radiación.

El segundo toque es el del esternón y el de la rosa del corazón colocada detrás de él, la cual es el segundo principio nuclear del microcosmos. Estos dos toques se enlazan por medio de lo que llamamos la conmoción moral, consecuencia de la reacción del alma al toque racional. Si no se produce este toque racional, el segundo toque no podrá tener lugar y la rosa permanecerá encerrada en su capullo. En este caso la Gnosis no puede llevar a cabo su objetivo primario en el hombre.

De aquí surge la tan importante pregunta: «¿Por qué se encamina un buscador hacia el Fraternidad?». En la mayoría de los casos podemos contar con que esto se produce por la presencia de un elemento interior de búsqueda, consecuencia de una experiencia más o menos rica en la naturaleza de la muerte, debido a la certeza más o menos positiva de que este mundo no puede traernos ninguna solución.

Cuando tal ser es confrontado con el toque racional, la conmoción del alma no puede faltar. A cada conmoción del alma le corresponde una actividad especial en el fuego de la serpiente, en el fluido nervioso, en el fluido hormonal y en la sangre. Por consiguiente, la conmoción del alma provoca una actividad que conduce a la inversión de todos los fluidos del alma. Esta inversión sensibiliza el esternón para el segundo toque, el cual abre la rosa, y con ello toda el alma se abre para el trabajo primario de la Gnosis.

Además de la carencia de conmoción del alma ante el toque racional, podemos considerar también la existencia de una conmoción negativa. Suponga, por ejemplo, que después de haber asistido a uno de los Servicios de Templo del Fraternidad se encuentre en absoluto desacuerdo con lo que ha sido dicho, sea por la razón que sea, y que esto le ha irritado y ha despertado en usted cierta oposición y que, como consecuencia, surge en usted una fuerte crítica.

Comprenderá que esto también es una conmoción del alma, pero no la pretendida por la Gnosis, sino que se explica totalmente por su estado de ser particular. Tal agitación de naturaleza negativa nunca podrá sensibilizar al esternón para el segundo toque, sino que, al contrario, lo cerrará aún más que antes. La Biblia lo llama «el endurecimiento de los corazones». Más vale que tales alumnos se distancien de la Rosacruz, en lugar de seguir asistiendo a los Servicios de Templo, ya que el proceso del alma en el cual se encuentran les volverá cada vez menos sensibles, y esto puede acarrear peligros para sí mismos y para los demás.

Se sobrentiende que, después de un tiempo bastante corto, los hombres confrontados con la Rosacruz pueden ser clasificados en tres grupos:

‑ los que reaccionan positivamente,

‑ los que pasan de largo ante el toque, y

‑ los pocos cuyo corazón se endurece.

 

Por lo tanto, cuando después del primer toque a través del centro de la conciencia, aparece la conmoción del alma, y cuando, por consiguiente, el esternón y la rosa se vuelven receptivos para el proceso ulterior, la verdad puede ser ceñida. Esto quiere decir que el primer toque magnético de la Gnosis puede ser unido a los órganos productores de la sangre, o sea, con el fluido de base del alma. La verdad se ha vuelto entonces una propiedad de la sangre y una certeza de la sangre. Este cambio fundamental del alma ya no podrá ser eliminado ni provocar el endurecimiento del estado del alma ante la luz de la Gnosis. El primer paso en el camino óctuple ha sido dado y el alumno puede revestir la coraza de la justicia, segundo aspecto de este camino óctuple.

 

Como usted ya sabe, el esternón es un campo magnético. El posee tres propiedades: un poder de radiación, un poder de atracción y un poder de percepción neutro. El esternón consta de tres huesos. Por la primera propiedad, cada persona irradia lo que es. Su estado de ser del momento se lee y se advierte en su corazón, e irradia al exterior. Sobre esta base, el hombre atrae a su sistema, con el segundo poder, fuerzas magnéticas que le nutren. Con el tercer poder, se demuestra qué cosas, influencias y fuerzas dejan a la persona indiferente e inaccesible.

Por consiguiente, cuando la tercera facultad demuestra claramente que la persona en cuestión es indiferente respecto al mundo de la dialéctica o a uno de sus aspectos, es completamente imposible que puedan ser atraídas al sistema fuerzas magnéticas de este mundo, por el segundo poder del esternón. Tales fuerzas no podrán en absoluto entrar en el sistema. El tercer poder del esternón es, por lo tanto y con razón, una coraza que determina a los otros dos poderes.

Comprendemos así que el endurecimiento del corazón, antes mencionado, está relacionado con el tercer poder del esternón. La dureza creciente de su corazón demostraría una indiferencia progresiva hacia la Gnosis, lo que conlleva una incapacidad para inhalar por el esternón la radiación de la Gnosis, como alimento magnético.

En este caso, sólo se dispondría de una facultad de percepción consciente, la del santuario de la cabeza. Esto significaría solamente una captación intelectual, y en esencia no comprendería nada. Usted vería, pero no penetraría; oiría, pero permanecería sordo, ya que el verdadero conocimiento, la auténtica comprensión, se libera exclusivamente por la conmoción moral, consecuencia del toque racional. Usted debe llegar a la comprensión a través de la experiencia que acompaña a la conmoción moral.

Así pues, es de importancia capital saber cómo se presenta la triple actividad del esternón y en especial la de la tercera facultad: la de «la coraza». Y ahora se trata de saber si usted constata respecto a sí mismo la necesaria incertidumbre, ya que por mucho que se haya familiarizado con la enseñanza de la Rosacruz, se encuentra todavía en pleno proceso de conmoción moral. A semejanza de Cristián Rosacruz, usted vive entre la esperanza y el temor, y en la mayoría de los casos sólo constata incapacidad y reacciones erróneas. La totalidad de este proceso de conmoción racional y moral, de esta intensa tempestad, se refleja en las actividades de su esternón.

A ninguna persona, quienquiera que sea, que se haya puesto por primera vez en contacto con la enseñanza Rosicruciana, le ha podido suceder que la paz haya descendido en su corazón. Mientras no se adquiera la certeza de la sangre y, por consiguiente, la verdad no pueda ser ceñida, el esternón atraerá o rechazará, sobre bases especulativas e inciertas, lo que en ese momento mejor corresponda con lo que le parezca más idóneo.

Usted está sometido a cambios de humor muy variables, en estrecha relación con el conflicto que interiormente está tratando resolver, el conflicto entre el estado natural y el estado espiritual. Igual que Cristián Rosacruz, en un momento dado, alababa a Dios y maldecía, a continuación, su propio destino y su propia situación, por no poseer certeza alguna, lo mismo ocurre con el juego de los relámpagos magnéticos que penetran en su corazón. De esta manera no se puede hablar verdaderamente de una coraza de la justicia.

Usted sabe muy bien lo que ocurre con las normas del derecho humano, también sometidas a la dialéctica. Las normas del derecho cambian como el día y la noche, el calor y el frío, el bien y el mal. Es un círculo que no tiene fin. Lo que uno estima justo, es vehementemente negado por otro.

Todos los hombres son arrastrados en la corriente de las cosas, en el juego de cambios, y la coraza, la tercera facultad del esternón, lo demuestra. Usted debe rectificar continuamente el estado neutro presente en usted. Como un personaje bíblico preguntó una vez: «¿Qué es la verdad?», puede preguntar también: «¿Qué es la justicia?»

Usted pregunta a otros, y usted se limita puesto que no podemos decirnos nada de la Justicia Divina, de la esencia de la Justicia, tal como ella está presente en la Gnosis, nos limitamos a algunos puntos básicos que posibiliten la tarea que debemos realizar durante nuestros Servicios, a los cuales los alumnos asisten libremente. Si nos pusiésemos a hablar sobre la verdadera Justicia Divina, nunca nos llegaríamos a entender y, por ello, nunca podríamos establecer la armonía entre nosotros.

La verdadera justicia divina sólo es accesible a través del proceso, después de una experiencia larga y particularmente dura. En cierta medida, es posible acercarse filosóficamente a la justicia divina. Se puede determinar, por ejemplo, la dirección en la que se debe buscar. Usted puede decir: «Esta justicia pide un comportamiento bien definido, exige una conducta absoluta». Del hombre que recorre el camino de la rosa se exige un comportamiento de vida puro. Por lo tanto, si la persona en cuestión tuviera el conocimiento interior de la justicia gnóstica, podría vivir este comportamiento, ya que este conocimiento interior le pondría en condiciones de forjar la coraza de la inviolabilidad.

Pero, ¿por dónde y cómo empezar? El hombre debe comenzar por descender de su pedestal, por apartarse de la ilusión de que sabe, de que ve claro y de que actúa bien. Debe tener un conocimiento profundo del juego de los contrarios en sí mismo y experimentar plenamente la angustia que de ello resulta, al igual que Cristián Rosacruz. Cuando de esta forma destrona las certezas de su yo y percibe que en su ser todo es incertidumbre, entonces ‑siempre y cuando el lamento de su sangre le empuje a ello‑ no le queda otra cosa que tener hambre y sed intensas de la justicia divina. En ese momento comienza a ceñir sus riñones con la verdad.

Admitamos que usted lo haya hecho. Sabe entonces que la Gnosis y el camino es la única solución para usted. Esta verdad de la salvación reside en su sangre. Pero ahora, al lado de esta verdad, aparece ahora la justicia. Si pregunta de qué manera ocurre, usted debe recorrer el camino más alegre hacia la Gnosis.

Esta justicia no puede ser expresada, y si fuese expresada, no podría ser entendida, y si se entendiera, no podría ser aplicada, a causa de mil y un obstáculos. Por esto, la aspiración es el comienzo. Usted tiene la verdad, pero la verdad todavía no es una realidad en usted. Practicar la justicia, y por tanto poseerla, transforma la verdad en realidad.

Comience por aspirar a este estado; búsquelo con toda su alma. Descubrirá una puerta mágica. El Sermón de la Montaña dice: «Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás os será dado por añadidura», todo lo que usted busca. A este respecto, piense también en la cuarta bienaventuranza: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados».

Sin duda usted comprende que, en este caso, no se trata de la justicia terrestre. Si es a ella a la que aspira, puede esperar sentado. La justicia terrestre es una imposibilidad científica. Sin embargo, de la aspiración a la que nos referimos, ‑la cual surge de la certeza de la sangre y de la aspiración al puro derecho divino, que permite que toda la vida continúe en el tono justo‑ se desarrolla una radiación del esternón y, a causa de ello, la respuesta entra por el polo magnético atrayente.

Tras el hambre, la saciedad. La respuesta se derrama en su sangre ya preparada, y toda su alma se llena de ella. Sólo entonces sabe algo interiormente de la justicia divina, y únicamente entonces puede dar su primer paso consecuente en el camino que conduce a la forja de su coraza. Ya que en la medida en que espontáneamente, es decir, con su comportamiento de vida, reaccione a todo lo que ha adquirido por su hambre de justicia, usted armoniza completamente la facultad neutra del esternón, la tercera facultad, a la totalidad del proceso. Usted permanece neutro ante todos los estados de ser de la naturaleza dialéctica. Usted se libera de ellos desde el interior. La naturaleza dialéctica ya no puede alcanzarle a través del santuario del corazón y su sistema magnético.

La facultad de radiación del esternón se orienta hacia la Gnosis, la facultad de inhalación recibe la bienaventuranza de la Gnosis, y la facultad de percepción neutra ha cerrado la puerta a la naturaleza ordinaria. El corazón ha sido purificado y la coraza de la justicia ha sido forjada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 7

 

Cosmología ‑ antropología ‑ evangelio

 

 

La lectura de lo que precede ha podido hacerle comprender que el triple estado de ser original de nuestro microcosmos ha desaparecido hace millones de años. En primer lugar había una entidad aural, impregnada de la indecible sabiduría y de la inmensa felicidad del Reino Inmutable. Este ego aural se expresaba en todo el sistema microcósmico por medio de un conjunto de principios magnéticos. Pero estas luces se apagaron, estos fuegos se oscurecieron, y una red aural de puntos magnéticos distintos formó desde entonces otro ego aural, que se adaptó completamente a la naturaleza de la muerte, y las experiencias así adquiridas dieron lugar a un instinto vital que penetró por el plexo sacro.

Existía además una segunda entidad que correspondía con lo que llamamos la rosa del corazón. Como usted sabe esta rosa no pertenece a la personalidad, sino que es el centro del microcosmos. Cuando el firmamento del ser aural original se apagó, también este centro fue conducido a un estado latente. Hablamos desde entonces de «capullo de rosa» que de nuevo debe abrir sus pétalos en la luz divina.

En el microcosmos original también había una tercera entidad: la personalidad original inmortal, que existía en el campo de manifestación del microcosmos. Esta personalidad original fue destruida al comienzo de la caída de los microcosmos, disgregada en átomos, y murió de manera innecesaria. La imponente grandeza de la actual creación y el inmenso amor que se encuentra en el fundamento de ella, se manifiestan en el hecho de que los microcosmos, totalmente vaciados, fueron puestos en condiciones de recuperar en este orden natural su gloria original.

Para alcanzar este objetivo se creó una personalidad mortal que sirviese como portadora de la imagen de la personalidad original. Este portador de imagen, por medio de las fuerzas latentes en la rosa, debía hacer que su microcosmos regresara al Reino Inmutable, ganando también para sí misma la eternidad a través de la Transfiguración.

Con estas últimas palabras hemos traído a su memoria al portador de la imagen del tercer ser‑alma perdido. Este portador de imagen, esculpido minuciosamente en la materia de este orden terrestre, puede actuar en el sistema microcósmico caído, identificarse con él, hacerle regresar a su gloria perdida y, reconstituyendo la personalidad original, participar eternamente, es decir, inmortalmente en esta gloria.

Es evidente que todo trabajo gnóstico se basa en esta posibilidad y comienza a partir de este punto. Todas las filosofías, todos los métodos de trabajo de la Fraternidad Gnóstica, tienen como punto de partida su presencia en la manifestación universal actual y su vocación a este respecto.

No obstante, usted como portador de la imagen de una realidad perdida, tal vez encuentra desde su aparición en este campo de vida infinidad de situaciones y desarrollos problemáticos, y un número tan considerable de influencias diversas que, en parte, le sujetan totalmente a su poder. Tan grande es la maldad visible e invisible en su campo de vida, y la lucha que debe mantener para seguir en cierta medida su vocación es tan fuerte, que se encuentra constantemente inmerso en un torbellino salvaje de fuerzas y contradicciones. Por ello, la necesidad de prepararse para encontrar una respuesta a varias cuestiones de importancia capital. Por ejemplo, saber cómo ha llegado a ser lo que es y cómo ha llegado el mal al mundo hasta convertirse en un impedimento tan poderoso.

Si conociese verdaderamente el origen y el desarrollo de la raza humana actual, desde el inicio de los tiempos hasta hoy, podríamos ver quizás los factores circunstanciales y obstaculizadores bajo una luz correcta y en sus justas relaciones. Sobre tal base podría asumir entonces la vocación que yace en el género humano y llevarla a cabo lo más prácticamente posible.

No basta con que diga: «En calidad de portador de la imagen de Dios, soy el producto final de un plan de emergencia, cuya meta es hacer posible de nuevo el desarrollo interrumpido de la entidad realmente divina». Esta es una definición correcta del estado actual, pero una base absolutamente insuficiente para «hacer algo con ella».

Suponga que le colocan en un medio absolutamente extraño, sin posibilidad de orientarse y con la orden de volver con su microcosmos a la Morada Paterna. Pues bien, este es el estado en que se encuentran la mayoría de los hombres.

Quizás existiría un medio para encontrar una solución, si cada mortal estuviese completamente solo. Pero usted se encuentra con millones de seres en idéntica situación. Entonces, la miseria comienza.

Con el principio original de la vocación escondido en lo más profundo de su ser y encontrándose en un medio completamente extraño, todos se ponen a buscar en todas las direcciones. Los que encuentran la buena dirección, desaparecen. Esto supone una dificultad más.

Los demás ‑los que quedan‑ gritan confusamente, cada uno indica una dirección diferente y desarrollan una intrincada ilusión, como una atmósfera de varios kilómetros de espesor.

Cuando llega un nuevo ser, con el principio original de la vocación en su ser, se le asalta con multiplicidad de ideas, orientadas en todas las direcciones. ¿Qué puede hacer el desdichado? Existen, gracias a Dios, numerosas señales indicadoras de buena fe, entregadas por la Gnosis; pero hay todavía más señales especulativas en las que no se puede confiar. En verdad, la imagen que Valentín Andreae describe en sus Bodas Alquímicas, la imagen de la masa hormigueante, peleándose en el fondo del pozo, es absolutamente correcta.

Por esta causa, si una filosofía de la salvación quiere ser completa y cumplir de verdad con su cometido, está obligada a basar y a afianzar su camino de salvación con una cosmología y una antropología. Una triple filosofía puede ofrecer un claro discernimiento a todos los hombres que, perdidos, avanzan tropezando a través de amargas experiencias.

Los tres elementos de esa filosofía pueden ser denominados: cosmología, antropología y evangelio.

Un buscador errante terminará por reconocer como verdaderos, numerosos hechos experimentados por él. Llegará a confiarse a las indicaciones que allí se encuentran y aceptará recorrer el quíntuple camino de salvación que ellas indican. A causa del estado de su naturaleza y de su ambiente natural, se encontrará en este camino ante mil y un problemas. Sólo entonces comprenderá el gran valor de los otros dos aspectos de la filosofía.

Cuando aún no se ha comenzado a recorrer el camino, la cosmología y la antropología sólo tienen un valor teórico, pero cuando se está en el camino, se reconocen y resuelven todos los problemas que le salen al paso consultándolas. Por consiguiente, primero viene el relato de la liberación, el evangelio, la filosofía de la salvación. Los otros dos aspectos filosóficos sostienen prácticamente la enseñanza de la liberación.

Encontrará el mismo método en todas las fraternidades transfigurísticas que el mundo ha conocido. Este mismo método lo verá en la vida de Jesús el Señor, quien comenzó por revelar a sus discípulos un evangelio de la salvación. A los que querían concretar su salvación, les dio el conocimiento de lo escondido y de todo lo que les era indispensable en la fase de desarrollo en la que se encontraban.

Considere, pues, las diferentes disertaciones sobre el misterio de la vida y de la muerte que hemos reunido para usted como un elemento necesario para su marcha hacia el nuevo campo de vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 8

 

Un nuevo campo magnético

 

 

Proseguimos nuestra exposición en el momento en que numerosos microcosmos vaciados fueron precipitados en el caos, el abismo del espacio. Y le recordamos que si un microcosmos quiere volver a irradiar y a manifestar vida, debe poseer tres núcleos: un núcleo en el ser aural, otro en el centro absoluto del microcosmos, y un tercero que gire alrededor del precedente en el interior del campo de manifestación del microcosmos, núcleo que da lugar al desarrollo del estado de la personalidad, de la manifestación de la totalidad microcósmica.

Un microcosmos, no obstante, no existe por sí mismo, no es autónomo, sino que pertenece al inmenso número de microcosmos que forman una unidad universal grandiosa. Por esta razón, cada actividad y cada manifestación de un microcosmos debe servir completamente a la unidad universal, y por lo tanto, tiene que ser centrífuga. Este ascenso servicial en la unidad universal, este no ser, es consecuentemente el fundamento del verdadero ser.

Tan pronto como las actividades de un microcosmos se vuelven centrípetas, tiene que surgir una catástrofe, el contacto con la unidad universal es interrumpido y el calor engendrado divide el átomo. La manifestación del microcosmos se malogra, el tercer núcleo es expulsado y se desintegra en fuerza‑materia. El microcosmos se vuelve entonces un átomo de un tipo completamente diferente y se encontrará con los de su especie en el caos.

Con este escueto resumen de lo expuesto en los capítulos precedentes, podemos decir que el microcosmos ha nacido de Dios, es decir, que nació una vez del Logos con un fin determinado y que, por lo tanto, es inmortal. El tercer ser‑núcleo original procede de este microcosmos nacido de Dios, y compartía la gloria del estado divino del microcosmos.

Podemos, para mayor facilidad, designar al microcosmos nacido de Dios con la noción de espíritu, es decir, el principio pneumático de donde procede la manifestación microcósmica. Podemos igualmente llamarlo alma‑espíritu.

Designamos a la rosa en el corazón como alma, centro microcósmico o alma nuclear.

Al tercer principio en el campo de manifestación del microcosmos, en el que el alma‑espíritu y el alma‑nuclear pueden unirse y manifestarse, podemos llamarlo cuerpo o alma personal.

Será evidente para usted que estas tres almas tienen que conducirse según una ley. Si la regularidad de esta ley es perturbada, la manifestación es destruida. El producto se pierde o se transforma y el sistema se encuentra dañado por la violencia de una división atómica. Pero si podemos hablar de división del átomo, también podemos hablar de reconstrucción del átomo. El camino de la salvación no tiene otro fin que el retorno de los microcosmos vaciados a su estado original.

Esto es algo extremadamente complicado. Un microcosmos no puede emprender nada, ya que, como acabamos de decirle, cada microcosmos forma parte de una unidad, de una universalidad. Por ello es imprescindible que muchos microcosmos caídos, muchos portadores de imagen, se reúnan. Una vez alcancen el número perfecto, podrán, desde abajo hacia arriba, formar un sistema, un cuerpo magnético, un nuevo cosmos magnético, que pueda servir de campo de desarrollo.

Por ello debe haber una unidad de grupo claramente consciente, positivamente querida, deseada de todo corazón y concretamente aplicada. Debe haber un grupo de personas, de portadores de imagen, que conozcan y comprendan bien el plan. Es una quimera, un intento desesperado y negativo, suponer que es posible recorrer el camino de forma aislada, como algunos suponen. Es de suma importancia comprender claramente el fundamento científico‑natural de estas cosas.

 

Hay un cierto número de portadores de imagen que poseen discernimiento. Todos desean emprender el camino. Todos ellos influyen en su microcosmos en concordancia. Se forma una colectividad de microcosmos. Todos están muy cargados con las taras de su pasado. Por lo tanto, hay que vencer una gran resistencia. En consecuencia, es necesario que exista también una comprensión real y un gran potencial de deseo de salvación. Y el número de los que quieren recorrer el camino debe ser suficiente, es decir «perfecto», para desarrollar la fuerza necesaria. Debe haber una concentración de fuerza espiritual, es decir, de fuerza aural microcósmica pura, para poder ser inflamado por el espíritu de Dios; como prueba de su agrupación, su llamada ha logrado la unión con el campo original del espíritu. Debe haber suficiente fuerza nuclear del puro perfume de la rosa, para poder perecer en Jesús el Señor y, por consiguiente, poder festejar las bodas alquímicas. Y a esto debe añadirse la fuerza procedente de la personalidad, lo que quiere decir que los portadores de imagen que forman parte de la nueva colectividad, deben estar suficientemente purificados y orientados para poder ejecutar el trabajo de libre construcción.

 

Cuando estas condiciones están presentes, indudablemente se desarrolla ‑no podría ser de otra forma‑ un campo magnético. Este campo magnético, esta esfera, es para este grupo una nueva tierra, en la que se manifiesta un nuevo campo material, y un nuevo cielo como campo nutritivo. En esta esfera magnética se produce un proceso de desarrollo completamente nuevo y diferente.

Por consiguiente, esta nueva tierra y este nuevo cielo descienden para el grupo y le acogen, y así todo lo antiguo desaparece. El que lo comprende y vive de ello, experimenta las palabras proféticas del Apocalipsis: «Vi un nuevo cielo y una nueva tierra, y el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido.»

El nuevo campo magnético ha acogido al grupo definitivamente. El poderoso fuego que contiene se inflamará y el calor dividirá la radiación fundamental. Así, todos los valores y fuerzas liberados de esta forma, harán que se manifieste el hombre nuevo, que un día fue el hombre original.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 9

 

La Madre del Mundo y los Elohim

 

 

Si usted quiere reflexionar sobre el enorme problema antropológico y cosmológico de saber cómo nos hemos vuelto portadores de la imagen de Dios, debe comenzar por distinguir claramente el espíritu y la manifestación de vida, aunque exista una relación entre ambos.

Hay que decir que la vida se ha desarrollado y se mantiene por el espíritu. No obstante, la vida nunca es una vida espiritual en sentido literal. Un ser‑alma no puede concebir lo que contiene y lo que es el espíritu. Ser espiritual es algo totalmente diferente y totalmente opuesto a la más alta forma de vida que el hombre puede concebir.

En la filosofía de la Rosacruz decimos que un microcosmos caído, después de haber realizado su peregrinación, vuelve al reino del espíritu por medio de la transfiguración. Si usted tomase al pie de la letra esta expresión, cometería un grave error. Con ello se quiere decir sencillamente que hay una manifestación de vida que concuerda armoniosamente con las normas más elevadas del espíritu.

Un reino del espíritu es un reino de vida que existe en armonía con el espíritu. Pero jamás hubo en el pasado, ni hay en el presente, ni habrá en el futuro, una filosofía y revelación de la salvación que pueda procurar al hombre algún conocimiento del espíritu. Se puede afirmar y saber que existe el espíritu. Se puede sentir su contacto. Se puede vivir de él de diversas maneras. Pero no se puede serlo. Por esto, la expresión de que un hombre pudiese poseer un espíritu, es necesario relegarla al reino de las imposibilidades.

Esta fábula apareció en el mundo porque el hombre posee, como portador de imagen, un poder racional, y él lo considera susceptible de extenderse ilimitadamente. El poder de la razón es indeciblemente grande y con este poder comprende esta exposición. Pero no caiga en el error de suponer que, haciendo esto, llegará con su intelecto a sondear las profundidades de Dios. Sólo el espíritu puede llevarle a comprender, con sus poderes, algo del gran misterio de la vida. Dicha comprensión es una empresa extremadamente difícil y, por ello, para llegar a este fin, escogemos el método más simple, un método que impide que su poder de imaginación se desvíe en cualquier dirección.

Piense en un espacio universal, inconmensurable, aparentemente ilimitado. Si por la noche mira las estrellas y piensa en esos cálculos astronómicos, en los que se habla de años luz, entonces podrá llegar a imaginar lo que es un espacio universal. Imagínese a continuación este espacio como un vacío, sin estrellas ni soles ni planetas. Entonces tendrá una representación del caos, el espacio vacío en descanso.

Dicho vacío, sin embargo, sólo es aparente, ya que no puede existir algo realmente vacío. Los rosacruces dicen: «No hay espacio vacío». En el espacio hay sustancia primordial, todo el espacio existe por la sustancia primordial. Cada manifestación universal procede de esta sustancia primordial.

Por consiguiente, esta sustancia primordial no es materia muerta, sino que contiene en potencia todas las fuerzas conocidas y otras que no conocemos. Ella contiene las semillas de todo lo que llamamos «vida». La sustancia primordial es la madre de todo, la mater o matriz del reino mineral, del reino vegetal, del reino animal y del reino humano. Concluimos, por lo tanto, diciendo que toda la vida se explica por ella. El hecho de honrar y venerar a esta Madre del Mundo, a esta Matriz Universal, es perfectamente explicable y científicamente aceptable.

No obstante, este culto y esta veneración no dejan de tener sus riesgos. Si la vida se manifiesta por la Madre Universal, por la materia primordial, y si vivimos y nos movemos por esta Madre, esto significa al mismo tiempo una limitación, un encarcelamiento y una determinada cualidad.

Por esto, basándose en el conocimiento de esta Madre Universal, pudo perpetrarse y mantenerse a través de los siglos una magia intensa. Piense en el tan conocido culto de María. Un gentío de varios millones de creyentes, reunidos de todas las maneras en una unidad de grupo dialéctica, liberando materia primordial, sobre todo en el cuerpo magnético de dicha unidad de grupo, con su veneración y glorificación a María, cuyo ritmo responde a leyes vibratorias determinadas. Resulta evidente que de esta forma se crea cierto estado de la personalidad, conforme a las intenciones de los guías de estos creyentes. Se utiliza aquí una ciencia cuyo conocimiento es ocultado a la masa. Comprenderá que aplicar conocimientos sobre quienes no los poseen, puede fácilmente volverse un abuso. La distancia entre el uso y el abuso es a veces mínima.

El camino de la Rosacruz no puede recorrerse sin invocar y liberar, de manera determinada, las fuerzas de la Madre Primordial. Lo que por un lado puede degenerar en un increíble y peligroso absurdo místico y en una magia lamentable, debe volverse, para los que emprenden con seriedad el camino de la Rosacruz, una ciencia exacta, elevada, sagrada y valiosa.

Cuando se penetra en las cuevas sagradas de los Pirineos franceses, en las que se refugiaron los últimos hermanos y hermanas cátaros, perseverando ‑ hasta límites extremos‑ en la práctica de sus ritos y sus servicios, y usted contempla en las paredes los signos de su profundo saber, se descubre al mismo tiempo en qué se centraban estos ritos. En estas piedras verá el símbolo del verdadero cristianismo gnóstico: la cruz coronada con una «M», el signo de la Madre del Mundo, la Matriz.

No se trataba en absoluto del culto popular a María y de sus resultados mágicos. Las fraternidades transfigurísticas de todos los tiempos han formado una unidad de grupo nueva, un cuerpo magnético propio, creado colectivamente y de manera netamente autónoma. Con sus ritos y sus servicios liberaban, de la sustancia primordial, las fuerzas necesarias para la realización de su camino de cruz. De esta forma eran concedidas a sus cuerpos nuevas propiedades, y otras desaparecían cuando, por la aplicación de las leyes de la santa liberación, obligaban a la sustancia primordial a que les sirviera como en una reacción en cadena.

La aplicación de estas leyes proporciona a los que se sirven de ellas un poder, una majestad y una magnificencia sin límite.

Ahora comprenderá mejor la alegoría evangélica según la cual Jesús nació de María. Este relato se refiere al hombre nuevo, a la nueva raza que debe surgir de la materia primordial. Una raza susceptible de conducir a los microcosmos caídos de vuelta al Reino Inmutable.

Imagínese de nuevo el espacio vacío, el caos en descanso que, como entidad y como matriz, posee indecibles poderes. Este caos está circundado y penetrado por todas partes por el campo del espíritu universal.

Entiéndalo como una simple descripción y no como una explicación, ya que no podemos explicárselo. Sólo podemos afirmar su presencia.

Fuera de la materia primordial, la Matriz, existe el impulso del espíritu. Gracias a su omnipresencia y a su poder de penetración, el espíritu está muy cerca de nosotros, sí, más cerca que los pies y las manos, sin embargo, en lo que nos concierne, permanece trascendente.

Por la actividad del espíritu, al comienzo fueron despertadas en el caos doce corrientes de la sustancia primordial. Podríamos hablar igualmente de doce fuerzas ígneas, de doce explosiones, de doce eones, de doce grandes poderes, de doce enormes reacciones en cadena, que aparecieron en el espacio vacío. Piense, a este respecto, en los antiguos relatos de la madre y sus doce hijos.

Estos doce eones eran claras actividades de la Matriz, corrientes de sustancia primordial, y fueron utilizados para despertar con su inconmensurable potencia vital al espacio en descanso.

Los doce eones no eran todos de la misma naturaleza. Aunque formaban una unidad y colaboraban entre sí, eran muy diferentes. Ellos despertaron en la Madre Universal y a partir de Ella doce fenómenos:

 

1º el fenómeno que podríamos llamar la conciencia;

2º el fenómeno de la voluntad;

3º el fenómeno de la colaboración;

4º el fenómeno del apego al entorno;

5º el fenómeno del apego a lo semejante;

6º el fenómeno de la conservación en general;

7º el fenómeno de la coordinación y de la conservación del conjunto;

8º el fenómeno de la multiplicación y de la muerte;

9º el fenómeno de la aspiración;

10º el fenómeno de la manifestación colectiva;

11º el fenómeno de la agrupación colectiva;

12º el fenómeno de la disposición colectiva a la ofrenda de sí mismo.

 

Por la colaboración de estas doce corrientes, el plan de emergencia preveía finalmente, un ser viviente que demostrase y exteriorizase armoniosamente estos doce fenómenos. El portador de imagen constituido de esta forma podía hacer volver a un microcosmos vaciado a la Morada Paterna perdida.

Resultará evidente para usted que cuando en un espacio vacío se encienden doce fuerzas naturales, que cada una de ellas responde a un principio vivificador determinado, queda todavía muchísimo por hacer antes de que la idea de base llegue, por colaboración, a un resultado concreto. Por ello, es indispensable imaginar al mismo tiempo, que con el despertar de los doce eones en la sustancia primordial, una jerarquía prodigiosa de seres altamente sublimes se introdujo en el espacio del caos, con el fin de servir a la manifestación universal emprendida.

En la Biblia estos seres son denominados Elohim. Esta jerarquía llenó el caos y reaccionaba a las doce corrientes de los eones. Por esta colaboración de los Elohim con las fuerzas de
los eones surgió lo que llamamos el universo dialéctico, esos enormes sistemas estelares y solares, la gran naturaleza de la muerte. Los Elohim no tenían la intención de crear un universo eterno, sino un universo finito, un universo que se expande y se contrae siempre al servicio del gran objetivo que usted ya conoce.

Los Elohim actuaron, pues, como espíritus planetarios, como animadores de los sistemas estelares. En colaboración con las fuerzas de los eones manifestaron en el caos sistemas esféricos y concentraciones de sustancia primordial. Lo que denominamos la Tierra es también la expresión de uno de los sublimes Elohim.

Y por esto, al leer la historia de la creación, en el libro del Génesis, según la visión mosaica, comprendemos lo dicho al final de cada fase de manifestación: «Y los Elohim vieron que estaba bien.»

Por consiguiente, tenemos que contar en nuestro estudio cosmológico y antropológico con el espíritu trascendente ‑la matriz de la naturaleza y sus doce eones‑ y con los Elohim. Conocemos también a los Elohim como el Espíritu Santo, es decir, el espíritu de la manifestación universal en la naturaleza de la muerte, que posibilita y que cura. Los Elohim crearon los campos de vida y los campos de desarrollo. Los Elohim mantuvieron y vivificaron hasta nuestros días todos estos innumerables campos. A partir de los eones naturales crearon, muy progresivamente, a todos los seres vivientes, hasta que al fin se despertó, en el transcurso de los tiempos, la criatura que coronó la obra: el portador de imagen, el Hombre.

Y los Elohim vieron que estaba bien. Y en todas las esferas de la manifestación universal resonó un himno:

 

Creced y multiplicaos, llenad toda la tierra. Pues la hora de la realización ha llegado. La hora en que los hombres pueden volver a ser semejantes a los dioses, cuando cumplan con su vocación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 10

 

La nueva conciencia

 

 

Como usted sabe, la humanidad vive en un estado de conciencia que se llama el estado de conciencia del yo. Este estado de conciencia del yo es su estado de vida. Por eso decimos: «Estado de conciencia es estado de vida.»

Es importante describir tanto la conciencia como la vida. Llamamos «conciencia» al principio vital, su naturaleza, su valor, su limitación; y llamamos «vida» a la forma de la vida, su naturaleza, su valor y su limitación. El principio vital determina la forma de la vida. Por ello: «Estado de conciencia es estado de vida.»

Tanto la conciencia de un ser como su forma se explican por radiaciones magnéticas y son el resultado de radiaciones magnéticas. Distinguimos:

1º una radiación fundamental;

2º una radiación sideral;

3º cuatro radiaciones etéricas.

 

Por estas radiaciones surgen diversos procesos vitales en el interior del campo de manifestación de un microcosmos o mónada.

Sabemos también que si hay un microcosmos, hay también un macrocosmos. Por lo tanto, tenemos que considerar todos los procesos vitales en relaciones siempre más amplias. Para no extendernos demasiado en este capítulo, nos limitaremos a los procesos vitales del microcosmos de la humanidad dialéctica.

Hubo un tiempo en el desarrollo de la humanidad dialéctica ‑el tiempo del comienzo‑ en el que sus microcosmos no llevaban ningún tipo de estado de vida. Sus campos de manifestación estaban absolutamente vacíos, en el sentido de que en ellos no se encontraba ninguna forma biológica. No obstante, había en estos campos de manifestación un proceso biológico. Todas las mónadas fueron unidas al macrocosmos mediante una radiación fundamental. Existían agrupadas magnéticamente en una esfera que podríamos llamar planeta o por lo menos cuerpo celeste. El proceso biológico tenía lugar en las mónadas, alrededor de ellas y sobre ellas, tenía como único fin establecer una armonía entre ellas y la naturaleza de las esferas planetarias en cuestión.

Al terminar este proceso, empezó un segundo proceso. Las mónadas o microcosmos fueron influidas por una fuerza ideo‑motriz. La gran idea, la destinación, principio básico del susodicho planeta, se grabó en las mónadas o microcosmos. Primero se trató solamente de acoplarlas a determinada esfera de vida; a continuación se efectuó la grabación de la idea, el plan de esta esfera de vida.

Estos dos aspectos forman los dos polos de la radiación fundamental. En la Enseñanza Universal los procesos de los que acabamos de hablar, fueron denominados el estado mineral y el estado vegetal de la humanidad.

Una fuerza de ideación engendra tensión, calor. Se puede imaginar que las mónadas, prisioneras de su esfera planetaria, experimentaron el efecto de este calor; proceso claramente biológico. De este calentamiento, en el interior del campo de desarrollo de las mónadas surgió una fuerza, un estado, comparable a un torbellino de fuerzas. Este estado correspondía a una segunda radiación cósmica, la radiación sideral.

En este tercer proceso, por la idea se liberó en las mónadas lo que denominamos el deseo. La idea poseía naturalmente vida en sí misma. El proceso de calentamiento engendrado por la idea dio nacimiento al deseo de esta vida. Todos sabemos que el deseo también engendra calor, un calor más intenso, más poderoso y más devorador que el calor de la idea. Este tercer proceso se designa en la Enseñanza Universal como el estado de desarrollo animal de la humanidad o Período de la Luna. Pero en ese momento no había todavía ninguna forma de vida tal como nosotros la entendemos en la actualidad.

El calor engendrado por el deseo de la vida hizo que la fuerza sideral que operaba en el planeta se dividiera en cuatro aspectos, en cuatro radiaciones etéricas. Lógicamente, la interacción entre las mónadas y su planeta tenía mucha importancia para ambos. Por ello decimos que las mónadas crean y mantienen su planeta.

Esta liberación de éteres marcó el principio de la manifestación en la forma: el Período de la Tierra empezó. Antes de esta época se podía decir que sólo se trataba de una manifestación de fuerza. La radiación fundamental trajo la atracción (la unión planetaria) al macrocosmos. A continuación trajo la idea. La radiación sideral engendró consecuentemente el deseo de realizar esta idea.

Gracias a las cuatro radiaciones etéricas, la idea pudo realizarse durante cuatro períodos de tiempo gigantescos. El éter más denso y lento fue el que operó primero. Vimos aparecer, gracias a este éter, formas pesadas y monstruosas de tipo material etérico. No se podía decir todavía que fuesen formas de vida. Más bien eran reacciones poderosas y toscas a la actividad del primer polo de la radiación fundamental. Este resultado no se obtenía por medio de una sola mónada, sino por muchas, en una especie de unidad de grupo.

Estos intentos provocaron a su vez efectos caloríficos más grandes y vibraciones más rápidas. Así, la fuerza etérica siguiente, la segunda, entró en actividad. Aparecieron nuevas formas etéricas, que trataron de reaccionar a la corriente de ideación de la radiación fundamental. A partir de ese momento se intentó esculpir la forma y realizarla en concordancia con la idea planetaria. Las formas tomaron un aspecto más humano, según la aceptación que damos hoy a esta idea.

Gracias al calor y a la elevación del nivel vibratorio obtenido con estos intentos, el tercer éter fue vivificado. Nadie puede describir el espantoso horror que nació como consecuencia, si examinamos este período basándonos en nuestra sensibilidad actual. Pero lo que sucedía era la continuación consecuente de un proceso de desarrollo biológico en una apariencia etérica.

Durante el período que tratamos de describirle, la vida en pleno desarrollo adquirió deseos. Estos deseos eran tan gigantescos, amplios y masivos, que deben ser considerados como ilimitados. Tan ilimitados, debido a que guardaban relación con el estado planetario y las corrientes presentes en él.

Las formas esculpidas del período precedente cobraron vida, en el estado de deseos ciegos. Estas formas se arrojaron unas a otras en un abrazo monstruoso; se devoraban y se mataban mutuamente; eran empujadas por instintos vitales ciegos.

Todo esto desencadenó el miedo. Un miedo tan horroroso y tan desmesurado, que el hombre lleva todavía sus huellas en las actividades inconscientes del plexo sacro. El miedo despertó sentimientos individuales. De esta manera nació la individualización. Así aparecía y desaparecía la vida en torbellinos salvajes; los opuestos se demostraron.

El calor se volvió tan intenso, que engendró la luz. La atrocidad fue materialmente visible y así se manifestó una densificación mayor de la forma.

Sobre esta base de horror, se liberó el cuarto éter, el éter reflector, y, como consecuencia, el ser animal humano pudo volverse un ser pensante, un individuo.

Después de un tiempo indeciblemente largo, después de numerosas etapas de desarrollo biológico, el hombre apareció al fin, capaz de asimilar la idea con el pensamiento; capaz de amar esta idea y con la voluntad impulsarla al acto. De esta manera nació en el campo de manifestación de las mónadas un estado de conciencia y un estado de vida.

En la forma viviente más refinada había un centro, en el que las seis radiaciones de las que hemos hablado formaban un foco. A este centro se le denominó: el alma. Sin embargo, usted comprenderá que este centro ya existía cuando comenzó el primer desarrollo biológico, ya que debe existir necesariamente un foco, un punto de partida, una base, antes de que el desarrollo inicial pueda comenzar.

Cuando el hombre hubo aparecido en sentido completo, y la mónada se pudo manifestar en él y a través de él, y el hombre se convirtió en un ser consciente racional y moral ¿se había alcanzado ya el punto final del desarrollo biológico?

El hombre había alcanzado una conciencia del yo, se había vuelto un portador de la imagen de una idea, una idea cósmica, con cuya ayuda podía actuar de manera auto‑realizadora. A partir de este momento, la creación humana en sentido terrestre era perfecta. Y la Pistis podía, con todo fundamento, decir: «Y Dios, los Elohim, vio que era bueno.»

Desde ese momento, teniendo como fundamento la conciencia del yo, el hombre hubiera debido elevarse hacia un bien superior, hacia un desarrollo que hubiera permitido a las mónadas festejar su retorno definitivo a su estado original.

Pero en esos tiempos remotos hubo una gran parte de la humanidad que no lo hizo. Es todavía la tragedia de la humanidad actual: se ha desligado de la idea original, de la fuerza de ideación original del orden de emergencia.

Usted no sabe lo que esto significa, pero comprenderá, no obstante, que cuando participa en un proceso de desarrollo que se realiza por etapas, y, en un momento dado, obtiene un poder, si emplea dicho poder para perturbar y para bloquear este proceso de desarrollo, resulta evidente que la idea le dará de lado y le abandonará. De este modo, nace la inarmonía en el macrocosmos, no sólo en lo que a usted respecta, sino también con respecto a la radiación cósmica. Y esto es lo que llamamos «la Caída». Nuestros antepasados, nuestros antiguos ancestros, que se habían vuelto «hombres» en el pleno sentido de la palabra, hombres tales que «los Elohim vieron que estaba bien», abusaron del poder que les daba su estado y perturbaron el proceso de devenir biológico del santo orden de emergencia. Esto tuvo como consecuencia la desnaturalización de sus descendientes, que yerran desde entonces aquí abajo provistos de una conciencia del yo y cargados con una pesada herencia kármica monádica.

Ellos tratan de cultivar esta conciencia del yo para elevarla a un estado superior. Pero esto es imposible, por el hecho de que el proceso de desarrollo inicial no preveía como coronamiento final de la obra la conciencia del yo, sino que ésta era sólo una fase del proceso. Por esto, quien se aferra a la conciencia del yo, descubrirá un día que ésta cambiará de rumbo y se dirigirá hacia el pasado.

Renunciar y abandonar la conciencia del yo no significa asumir cierta cultura, llegar a cierta línea de conducta, ser amable, modesto y tranquilo. No, esta renuncia representa un cambio absoluto:

en primer lugar, hay que llegar a captar de nuevo la pura radiación fundamental original;

y en segundo lugar, hay que elevarse a un estado de conciencia que sobrepasa con mucho a todos los demás estados conocidos de conciencia del yo: la conciencia‑alma.

La Escuela Espiritual de la Rosacruz se ha propuesto, como meta, conducirle a este estado de alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL HOMBRE NUEVO

 

 

 

Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo

 

 

Este libro atrae la atención hacia el nuevo período en el que la humanidad ha entrado. Gran parte de los que viven en este mundo tenebroso recibirán la posibilidad de reunirse en una nueva comunidad para poder recorrer el Camino de la Liberación.

El hombre nuevo que viene, la nueva raza, el pueblo de Dios, se manifestará de manera evidente para todos. El objetivo de este libro es servir a todos los que aman a la Rosacruz, ofreciéndoles algunas directrices e informaciones.

El contenido de El hombre nuevo ha sido extraído de muchas alocuciones y conferencias y ‑según la costumbre de las ediciones de la Rosacruz‑  ha conservado algo de la forma de alocución. Para la comodidad del lector, este libro contiene una indicación detallada de los capítulos y un glosario. Además, puede advertir que muchos capítulos empiezan por un corto resumen del anterior. Así, después de leer cierta parte del libro, el estudioso podrá volver a encontrar el hilo del estudio, incluso al cabo de algunos días, sin tener que volver a empezar desde el principio.

Que este primer tomo de la Serie Renova pueda abrirse camino a través de la floreciente Rosaleda.

 

Jan van Rijckenborgh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

 

Prólogo…

 

 

 

Primera parte

El conocimiento de sí mismo como condición del nuevo devenir humano

 

 

I. El hombre nuevo que viene…

La Una Sancta…

Al encuentro del Señor en los aires…

 

II. Cristo, fuente universal de luz y de fuerza…

En el mundo, pero no del mundo…

El verdadero sol espiritual…

El átomo‑chispa de espíritu…

Ultravioleta e infrarrojo…

Hora Est! …

 

III. La actividad séptuple del Sol divino…

Destrucción del yo por negación…

Los siete rayos del Sol divino…

El despertar del átomo‑chispa de espíritu…

La fase de la búsqueda…

La joya maravillosa…

La concepción mental del hombre inmortal…

 

IV. La esencia del encarcelamiento humano…

Las formas del pensamiento y sus efectos…

El instinto primario de la sangre…

El ser del deseo, el yo sanguíneo…

El sistema hígado‑bazo…

La concepción mental del hombre inmortal…

La expulsión del yo sanguíneo…

 

 

V. No existe ningún puente entre el hombre natural y el hombre espiritual…

Los tres egos naturales…

La apariencia de la cultura…

La inquietud…

La obra del Señor…

 

VI. Fuerza de gravedad y liberación…

La fe en nuestros corazones…

El deseo en tanto que poder electromagnético…

El microcosmos…

El camino hacia la puerta de los misterios: estar silenciosos ante Dios…

Los dos campos electromagnéticos…

Transfiguración…

El nuevo campo de vida…

 

VII. La locura de la cruz…

La camisa de fuerza de la naturaleza…

La oposición contra el transfigurismo…

En buena compañía…

El Reino Universal…

La septuplicidad cósmica…

La tierra dialéctica…

Las fuerzas naturales y los tipos primordiales…

 

VIII. Dios ‑ tipo primordial ‑ hombre…

El Reino de Dios está dentro de ustedes…

El tipo primordial del hombre…

El átomo‑chispa de espíritu y el tipo primordial…

Nuestra realidad de existencia actual…

El restablecimiento de la unidad rota: Dios ‑ tipo primordial ‑ hombre…

La Fraternidad Universal de Cristo como intermediaria…

El Consolador…

Lo que es la imagen de lo inmortal…

 

IX. La alquimia divina y nosotros…

La fórmula alquímica divina fundamental de nuestro planeta…

La sustancia primordial, la materia mágica universal…

El Gran Aliento…

El objetivo original…

El gas de hidrógeno…

El principio de alma nacida de la materia…

Nacidos dos veces…

El renacimiento de agua y espíritu…

La bomba de hidrógeno viva…

Hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, carbono…

Nuestro séptuple planeta materno…

Los cuatro alimentos santos…

 

X. Conócete a ti mismo…

Lucifer…

El alma‑yo es siempre un fenónemo de la naturaleza…

La carencia de finalidad del hombre‑yo y de su mundo…

Nuestra unidad fundamental con el campo luciferino…

La ilusión del ocultismo…

El infierno y el fuego infernal…

La jerarquía dialéctica…

La ilusión de las religiones naturales…

La marcha del destino en Lucifer…

La llamada de la Escuela Espiritual a la reflexión…

Salvación por evolución, una imposibilidad…

Dos principios del fuego de la serpiente…

Cristo y Lucifer…

La tarea de Pentecostés del alumno…

La resurrección de la Estrella de la Mañana…

El espíritu y la esposa…

 

XI. La rosa de la manifestación séptuple de Dios…

La Rosacruz…

La concretización y la realidad del gran objetivo…

Nuestro campo de existencia, un todo cerrado…

Los cuatro alimentos dialécticos…

Los cuatro alimentos santos…

El mar de las aguas vivas…

Los dos campos atmosféricos…

La llamada de Cristo al regreso…

La nueva construcción del Templo…

La colocación de la primera piedra…

El alumno‑constructor del Templo en el trabajo…

La entrada en el campo electromagnético original…

 

XII. La inevitabilidad del camino de cruz…

La rosa estilizada…

El camino de cruz…

La joya preciosa en el loto…

El objetivo único de la Escuela Espiritual…

La necesidad del acto auto‑liberador…

La percepción de la llamada…

Falso misticismo…

El peligro de la religión natural…

El recorrer el camino…

Creyentes, llamados y elegidos…

 

XIII. La subida hacia la libertad…

Dios conoce a todos sus hijos por su nombre…

El estado de pecado de la conciencia del yo…

El átomo luciferino y el átomo Crístico…

La necesidad primaria del renacimiento del alma…

Al otro lado del Jordán…

El bautismo en el Jordán…

Las tres fases de la elevación evangélica hacia la libertad…

El comienzo alcanzable…

 

XIV. El evangelio vivo de la libertad…

La línea divisoria…

El perecimiento del yo en Jesús el Señor…

Las peregrinaciones de Jesús…

El evangelio escrito en el corazón…

El camino de la cruz evangélica, un camino de alegría…

La última página del evangelio…

El Círculo Apostólico verdadero…

La oración de Bendición procedente del Tercer Templo…

La gracia omnipotente…

La abominable parodia sobre el evangelio de la libertad…

 

XV.  El conocimiento de la naturaleza de la muerte…

Las causas de la caída humana…

Encuéntrese en sí mismo…

La preparación para seguir a Cristo…

El microcosmos como pila atómica…

La ineluctabilidad de los reinos naturales subhumanos…

El horror de su nacimiento y existencia…

La tragedia de los esfuerzos de autoprotección del hombre dialéctico…

 

XVI. La ilusión de la dialéctica…

La tragedia general del mundo…

El conocimiento de sí mismo liberador…

El cansancio del alma buscadora…

Locura…

El intento de imitar el Reino en la dialéctica…

El encarcelamiento conscientemente mantenido de la humanidad…

Judas y el curso de su destino…

La señal triple de la traición…

El final fatal…

El gran peligro en el camino…

 

XVII. Las dos personas en el microcosmos…

El aspecto triple…

El final de Judas…

Los tres grandes impedimentos antes de encontrar el camino…

El ser aural, el yo superior…

El yo inferior…

Lucifer, el dios de fuego…

El firmamento como lípika…

El estado dependiente del ser aural…

El ser aural como dios natural…

La ilusión del ocultismo…

El sol espiritual latente…

La tentación en el desierto…

 

XVIII. El debe crecer y yo menguar…

El poder del ser superior…

La influencia del yo superior en el proceso del nacimiento terrestre…

Nuestra existencia actual es simplemente un proceso natural…

La ficción de la idea de subsistencia y reencarnación…

Nuestra existencia no divina por el encadenamiento del yo al ser superior…

Un nuevo cielo y una nueva tierra…

La completa liquidación de nuestro estado natural…

Jesucristo, el completamente Otro…

La senda de la humillación perfecta…

El regreso de la Luz…

 

 

 

Segunda parte

El séptuple camino del nuevo devenir humano

 

 

I. Fe, virtud, conocimiento…

Los peligros de los esfuerzos en el plano horizontal…

La llave para el camino: la fe…

La verdadera posesión de la fe…

La virtud…

El conocimiento…

Encender una nueva antorcha…

 

II. Dominio de sí mismo (I)…

El dominio de sí mismo…

El auto‑dominio de la dialéctica…

Las consecuencias de los impulsos naturales reprimidos…

El infierno de los campos limítrofes del más allá…

El surgimiento de los campos «superiores» de la esfera reflectora…

El estado de efesio…

La culpa colectiva de hombre a hombre…

La necesidad del camino de curación…

 

III. Dominio de sí mismo (II)…

Las doce fuerzas…

Las tres fases de nacimiento del hombre dialéctico…

La estrella de Belén…

La espada en el alma…

La lucha de las dos naturalezas…

El verdadero dominio de sí mismo…

 

IV. La perseverancia…

La perseverancia dialéctica…

La pureza del corazón…

Shock…

La necesidad de la perseverancia…

Pecado…

El lazo permanente…

 

V. La piedad (I)…

La piedad dialéctica…

El efecto del remedio supremo de curación…

El cambio corporal del alumno…

Los cuatro alimentos santos…

Los dos fuegos de la serpiente…

Píngala e Ida, Ananías y Safira…

El desarrollo del nuevo pilar de la conciencia…

El timo…

Un nuevo sistema nervioso…

La ciudad con las doce puertas de la liberación…

 

VI. La piedad (II)…

Hechos de los Apóstoles 5…

La comunidad consciente con las radiaciones de Cristo…

Una nueva conciencia…

El aniquilamiento de la nueva radiación magnética…

Los discípulos…

La exigencia de la muerte del yo…

 

VII. La piedad (III)…

Una nueva forma corporal…

El «suicidio» de los cátaros…

Dos núcleos de conciencia…

La tumba vacía…

El Círculo Apostólico…

 

 

VIII. El amor al prójimo…

Dios manifestado en la carne…

El amor de la dialéctica…

Humanitarismo…

Prisionero de la Gnosis…

En el mundo, pero ya no del mundo…

Pescadores de hombres…

El secreto del trabajo de la Escuela Espiritual…

I Corintios 13…

 

IX. El amor (I)…

Los tres Templos…

La pesca de hombres…

Las tres leyes santas del apostolado…

 

X. El amor (II)…

La vida nueva en devenir…

El hombre nuevo en devenir…

El deseo de salvación liberador…

La entrada en el nuevo reino…

La construcción del nuevo templo…

La nueva personalidad glorificada…

 

 

 

Tercera parte

Los dones y poderes del Hombre Nuevo

 

 

I. El renacimiento aural…

A quien hablamos…

La construcción del arca…

El lugar de trabajo del constructor…

El error de los movimientos pentecostales…

El amor que cubre los pecados…

La revolución microcósmica…

 

II. Consecuencias del renacimiento aural…

Consecuencias de la revolución microcósmica…

Perdónanos nuestras deudas…

El primer día de transformación: nuevos dones y poderes…

Lo que no es la curación…

 

III. El don de curación…

Tres funciones, cinco tareas, nueve poderes…

Los peligros del interés negativo…

Qué es curación…

La ayuda ilimitada para la salvación…

Busca primero el Reino de Dios…

Santificación, un camino de cruz de curación…

 

IV. Las tareas: cinco corrientes de curación…

La séptuple Fraternidad mundial…

El estado de las dos naturalezas…

El don de curación…

La manifestación de los hijos de Dios…

La ayuda curativa de las cinco tareas…

Las aguas del baño de Siloé…

El despertar de la Rosa…

Un nuevo eslabón en la cadena de oro…

 

V. Los poderes (I)…

Lo limitado del don de curación…

El poder de la transmisión de la fe…

El poder de la sabiduría y de la proyección de la imagen…

El poder del análisis inteligente y la transmisión de discernimiento y comprensión…

El poder de la nueva voluntad…

El don de curación…

 

VI. Los poderes (II)…

El tipo de la transformación…

El comienzo de la curación…

La inflamación…

La unión de primera mano…

El poder de diferenciar los espíritus…

 

VII. La muerte absorbida por la victoria…

El mensaje del final…

Ninguna liberación por evolución…

Las dos naturalezas…

El último toque de trompeta

El vacío de Shambhala…

Muerte, ¿dónde está tu aguijón? …

La noche pronto habrá pasado…

 

VIII. El nuevo campo de vida…

El vestido sin costura…

La Morada Sancti Spiritus para la nueva cosecha…

Juan y Jesús…

La colaboración en el edificio de Dios…

El derramamiento de sangre de la vieja naturaleza…

El derramamiento de sangre de la nueva naturaleza…

 

IX. El poder de profecía…

El verdadero servidor de la Palabra…

El verdadero profeta…

Los poderes de la profecía…

El objetivo y la tarea del profeta…

Construir sobre la piedra angular: Cristo…

 

X. El poder de lenguas…

La perturbación de los polos magnéticos del campo dialéctico…

La manifestación de los hijos de Dios…

Transfigurismo y este mundo…

La marcha de las cosas se retarda…

Lenguas…

De nuevo: el ser aural…

Lenguas de fuego…

La formación de las nuevas lenguas…

 

XI. El poder de interpretación de lenguas…

Nuevas lenguas de fuego…

La ilusión y los peligros de los movimientos pentecostales…

No preguntes a los muertos…

Sensitividad…

La obtención del don de lenguas…

El crecimiento de la nueva conciencia…

El don de la interpretación de lenguas…

 

 

 

Glosario

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMERA PARTE

 

 

 

 

 

 

El conocimiento de sí mismo

 

 

como condición del nuevo devenir humano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

El hombre nuevo que viene

 

 

Sin duda, muchos de nuestros lectores han tenido conocimiento, alguna vez, de las especulaciones ocultas o etnológicas sobre la aparición de una nueva raza humana en la Tierra y sobre el tipo y características de esa nueva raza. En el transcurso de los milenios aparecieron y desaparecieron nuevas razas de hombres, y las manifestaciones dialécticas futuras no serán sin duda una excepción a esta regla.

En nuestro planeta existen determinados lugares que pueden ser definidos como crisoles de pueblos en los que finalmente, tras muchas purificaciones, aparecen en el tiempo nuevas razas.

Cuando tienen lugar las revoluciones cósmicas y se sumergen continentes enteros, y otras muchas catástrofes ponen fin a la vida de innumerables personas, siempre ha habido hombres que han escapado a estas catástrofes, y también quienes son conducidos de antemano, intencionadamente, a lugares seguros. Pues bien, a partir de estos «últimos vestigios» de la humanidad dialéctica son cultivadas nuevas razas que, a la larga, proporcionan una nueva oportunidad de encarnarse a todos los que perecieron durante una revolución cósmica.

Usted conocerá sin duda, aunque sea de forma fragmentaria, el modo en que se efectúa la repoblación de un globo terrestre purificado. Las leyendas y mitos que hablan de ello son innumerables. Piensen, por ejemplo, en el relato de Noé que se libró del diluvio y encontró tierra firme en el monte Ararat y, junto con su familia, fue la base de una nueva población mundial. Este relato de Noé se encuentra, en una u otra forma, en el tesoro mítico de casi todos los pueblos.

Así gira la rueda del tiempo a través de los años, siglos y eones, y con razón dice el sabio del Eclesiastés: «Todo lo que es, ya fue en los siglos que nos preceden». Lo que también es válido con respecto al ir y venir de las razas humanas. En su esencia profunda no son razas «nuevas», en el sentido literal de la palabra, sino un regreso de antiguas razas o una mezcla de ellas. Son siempre las mismas cosas, hechos o gentes los que, en el transcurso de las rotaciones ininterrumpidas de la dialéctica, se ven confrontados con los acontecimientos del momento. Y cuando ahora le hablamos del Hombre Nuevo que viene, deberá comprender enseguida que no tenemos la intención de informarle sobre una futura raza humana dialéctica. Como dijimos, cada nueva raza que se ha manifestado dialécticamente ya ha existido en los siglos que nos preceden y, por lo tanto, es una ilusión total hablar a este respecto de «nueva». Incluso, si dicha manifestación racial fuese nueva, no tendría la menor importancia para los alumnos de la Escuela Espiritual moderna, ya que nosotros luchamos para liberarnos de la interminable marcha circular en el tiempo y aspiramos a volver a la vida original del Reino de Dios, que no es de este mundo.

Por ello, debe comprender nuestras explicaciones sobre el hombre nuevo que viene de manera distinta, ya que no nos referimos en absoluto a una ciencia oculta o etnológica. También en los escritos sagrados puros se habla de una nueva raza humana, pero en un sentido muy especial. Esta nueva raza es conocida con diversas denominaciones. A veces se habla de la venida del pueblo de Dios a la Tierra, de la Una Sancta, de una Fraternidad Santa, y de muchas otras maneras. Sin duda usted conoce estas cosas, pero debe entenderlas en su auténtico sentido para evitar todo posible error.

Hay una Fraternidad Santa, la Fraternidad Universal, la Fraternidad del Reino Original. Sin embargo, la mayoría de las veces en que la Lengua Sagrada emplea estas denominaciones no se refiere a esta Fraternidad. Se refiere explícitamente a la formación de una Fraternidad completamente nueva, de una nueva Una Sancta (*).

Si examinamos estos problemas en sus aspectos espacio‑temporales, para llegar a una mejor comprensión, vemos por un lado el mundo dialéctico y su humanidad, y por otro lado el Reino de Dios y sus moradores. Un abismo profundo separa estos dos mundos, infranqueable espacio‑temporalmente. Los hombres, las razas de carne y sangre de la naturaleza dialéctica ordinaria, no pueden atravesar este abismo.

Por ello, la vida ‑en este orden del mundo dialéctico‑ gira como una rueda alrededor de su eje, volviendo a empezar ininterrumpidamente sus incesantes rotaciones.

Sabemos que la Fraternidad del otro reino trata de liberar a la humanidad caída y prisionera, y que con este fin emprende un trabajo cuyos aspectos son estudiados y explicados sin cesar en la Escuela Espiritual. En este mundo, hay muchos que reaccionan con seriedad y entrega a las sugestiones de la Fraternidad Universal. No sabemos cuántos son, pero su existencia es cierta. No sabemos en qué países viven, ni a qué pueblos y razas pertenecen, pero podemos suponer, con una probabilidad rayana con la seguridad, que los hay en casi todos los países. Muchos muestran las propiedades y la orientación que encontramos en nuestra Escuela.

Todos estos hombres, entre esta multitudinaria diversidad de países y pueblos, en un momento dado de la historia del mundo, formarán una comunidad y confluirán en una raza muy exclusiva que no se caracterizará por las costumbres de un determinado país de la Tierra, sino que se elevará por encima de la corrupción de las rotaciones dialécticas y realizará el milagro de atravesar este abismo infranqueable que le separa de la Patria Perdida. Esta es la nueva comunidad futura de la que hablan los escritos sagrados.

Ahora que en nuestros días ha llegado el momento en que debe formarse una raza tal, nuestro deber es dirigir su atención sobre este hecho, considerar juntos el desarrollo de estas cosas y estudiar los diversos aspectos de este prodigioso desarrollo. En primer lugar, nuestra intención es acercarnos al aspecto místico y filosófico de la manifestación y del desarrollo, extraordinario y maravilloso, de un tipo de hombre no dialéctico completamente nuevo en este mundo. Veremos, a continuación, cómo es posible todo esto y, para acabar, le mostraremos qué resultados podemos esperar de todo ello.

 

En su primera Epístola a los Tesalonicenses, Pablo dice lo siguiente sobre la nueva raza de la liberación:

No queremos, hermanos, que ignoréis la suerte de los que ya murieron, para que no estéis tristes como están los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera Dios, por medio de Jesús, llevará con El a los que ya murieron. Por esto os lo decimos como palabra del Señor: nosotros, los que vivimos, los supervivientes hasta la parusía del Señor, no les llevaremos la delantera a los que ya murieron. Pues el Señor mismo, con voz de mando, a la voz de un Arcángel, al son de una trompeta de Dios, descenderá del Cielo y los muertos en Cristo resucitarán primero; después nosotros, los que vivimos, los supervivientes, seremos arrebatados juntamente con ellos entre las nubes, por el aire, al encuentro del Señor; y así estaremos siempre con el Señor.

 

Este lenguaje místico‑transfigurístico, del que desgraciadamente se ha abusado a lo largo de los siglos por la práctica religioso‑natural, y del que muchos se han aprovechado como si se tratase de su propiedad privada, contiene el esquema del desarrollo completo de la nueva Ekklesia.

Se pone de manifiesto, primero, que al igual que en la enseñanza transfigurística, Pablo no admite como lugares celestes los campos de vida de la esfera reflectora. Para los que realmente han entrado en unión con la Jerarquía Crística, la esfera reflectora y la esfera material de la dialéctica son sólo estancias de paso.

Todos los que son admitidos en el proceso del nuevo desarrollo, en el verdadero sentido transfigurístico, por elemental que sea la fase en que se encuentren, deberían abandonar toda forma de tristeza y todo sentimiento de soledad. Tal conducta, que puede ser considerada normal para el hombre natural ordinario, es una ilusión absoluta para los que han sido liberados en la Luz de Cristo.

Cada proceso tiene naturalmente un comienzo. Cuando haya llegado a percibir de qué manera interviene corporalmente el proceso de santificación a que nos referimos en el conjunto del microcosmos del hombre, y hasta qué punto será asentado este proceso, biológica y estructuralmente, en todas las fibras del ser, entonces comprenderá claramente que el comienzo del proceso ya significa la libertad. En la naturaleza ordinaria es normal la separación y la destrucción, pero en la Luz de la renovación esto es sumamente anormal. Quien lo sabe, comprende al mismo tiempo lo poco que importa de qué lado del velo de la muerte vive un hombre cuando ha adquirido la unión con la libertad absoluta. Quien deja la esfera de la materia sin esta unión, deberá volver a reencarnarse, pero quien la posee no tiene nada que temer. La rueda de la dialéctica ya no podrá hacerle volver y ninguna influencia de la esfera reflectora podrá volver a engañarle.

Aunque nunca hasta ahora hayamos hablado mucho de ello, es necesario que sepa que la Escuela Espiritual también está activa detrás del velo de la muerte y que también allí está ampliamente provista de dones de misericordia, con los que ayuda a sus alumnos. Si se tiene en cuenta las situaciones tan distintas en las que la Escuela obra en el más allá, muchas dificultades que conocemos aquí abajo desaparecen, lo que permite a los alumnos continuar el proceso empezado en la esfera material, con una tranquilidad imperturbable. Por consiguiente, esté seguro de que cuando nos separemos aquí abajo, nos volveremos a encontrar.

Conviene que no siga ignorando estas cosas para que no se aflija ante el fallecimiento de un amigo o de una amiga, como ocurre entre quienes no comprenden estas cosas. Al contrario, entre nosotros debe haber gran alegría cuando vemos a alumnos serios cruzar antes que nosotros el portal de la muerte. Son llamados «muertos según la naturaleza».

Un fallecido según la naturaleza no es un hombre que ha abandonado simplemente su cuerpo material, sino que se ha elevado ya por encima de todos los lazos e influencias naturales dialécticos. Cuando dicha persona deja la esfera material, es conducida a un lugar que por su naturaleza y vibración está fuera de la esfera reflectora. Este es el sentido de la expresión: «dormido en Jesús». Pero tenga en cuenta que un dormido no es todavía un resucitado! La resurrección sólo puede producirse al final del proceso en el que se encuentra el dormido.

Hay que advertir que este estado de «muerto según la naturaleza» también puede alcanzarse mientras se vive aún en la esfera material. Es el estado de la destrucción total del yo. La ventaja del «morir según la naturaleza» respecto al estado de destrucción del yo en la esfera material puede ser apreciado claramente. El dormido en Jesús ha perdido para siempre su cuerpo físico y su doble etérico, y puede continuar edificando tranquilamente sobre los principios de renovación adquiridos, mientras que el hombre con su yo destruido que continúa viviendo en la esfera material debe tener en cuenta, minuto a minuto, la presencia y las exigencias de un organismo material que pertenece a la naturaleza de la muerte. He aquí por qué es evidente que los dormidos adelantarán a los alumnos de la esfera material en el proceso de renovación, como lo explica Pablo, ya que podrán realizarlo a un ritmo más rápido.

 

Cuanto antecede tenía como objeto volverle consciente de que, en medio de la humanidad corriente de todos los países y pueblos de la Tierra, está liberándose un pueblo nuevo, un pueblo de Dios, una multitud que nadie puede contar. Este pueblo, que surge de la esfera material y se manifiesta en ella, no debe temer a la muerte, al contrario, la muerte es su victoria. Este pueblo está preparándose para un viaje muy especial, al que Pablo alude con las palabras «ir al encuentro del Señor en los aires».

Esta es una expresión universal utilizada para designar el proceso ulterior, que consiste en el cambio progresivo del nuevo «ser‑alma» en «ser‑espíritu»; es el viaje hacia el Reino Inmutable.

Sin duda, usted sabe que la humanidad, vista en su conjunto, está sometida a la rotación de la rueda. Esta rotación empieza con un nuevo día de manifestación dialéctico y termina con una revolución cósmica que se repite periódicamente. Al acercarse el final de un día cósmico, las situaciones y estados vibratorios se vuelven tales que nadie puede ser salvado y liberado hasta que comience un nuevo día de manifestación. Tan pronto como el último hombre que posea una posibilidad sea admitido en el proceso de liberación, la «última trompeta sonará», lo que significa que todos los liberados serán sustraídos del campo de vida dialéctico con sus dos esferas, y comenzarán su glorioso viaje de regreso.

La nueva Fraternidad, la nueva Una Sancta, se habrá formado entonces: «Va al encuentro del Señor en los aires». Forma el grupo de los redimidos de esta tierra. Sus miembros, cuando todavía estaban en el período de búsqueda activa, fueron primero inflamados por el espíritu de Dios, segundo, durmieron en Jesús, para ser aceptados, en tercer lugar, por el Espíritu Santo en el proceso del renacimiento, para devenir Hijos de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

Cristo, fuente universal de luz y de fuerza

 

 

¡Una nueva raza está naciendo en este mundo! ¡Un nuevo pueblo se levanta: el pueblo elegido, el pueblo del Señor, el pueblo de Dios!

Si presta atención a la literatura mundial, observará innumerables indicaciones sobre la llegada de esta multitud gloriosa que nadie puede contar. Sin embargo, por su estado dialéctico usted acoge inevitablemente, con todos sus sentidos, a la vez que esta profecía, la ilusión de que esta venida del pueblo de Dios se refiere a una reunificación de la antigua raza semita en las orillas del viejo mar del mundo. O se atrae su atención hacia el movimiento anglo‑israelita, que incita a creer que la raza anglosajona es el pueblo del Señor.

Cuando los antiguos poetas cantan: «Reunirá a su pueblo de entre todos los países del mundo», no crea que estos cantos se refieren a desarrollos ocultos etnológicos, sino que debe comprenderlo en un sentido completamente nuevo. Estas antiguas profecías hablan de la manifestación maravillosa y extraordinaria de un tipo de hombre completamente nuevo, no dialéctico, aunque esté en este mundo dialéctico. Hablan de un grupo de hombres que está en este mundo pero no es de este mundo, y no sólo desde un punto de vista místico, sino también estructural, biológico, corporal. La fase profética referente a estos acontecimientos ha concluido, y hemos entrado en el período de la realización a gran escala. Por esto la Escuela Espiritual ya no habla en un sentido anunciador, sino que ella debe explicarle a usted la marcha de estas cosas para que pueda tener en cuenta todos los factores correspondientes y los introduzca en su vida. Así hay que comprender la marcha hacia la tierra prometida, ya que la intención no es que cambie de lugar de residencia, sino que se prepare para poder participar en un nuevo grupo de hombres. Entenderá que a este respecto hay mucho que decir, reflexionar y estudiar.

Empecemos primero por un tema del que hemos hablado a menudo en nuestros círculos, a saber, que Cristo no es un hierofante de naturaleza majestuosa que vive en algún lugar fuera del mundo material, sino que ante todo es un ser impersonal e ilimitado, que se da a conocer como Luz, como Fuerza y como poderoso Campo de Radiación. Este Campo de Radiación Crístico ‑que ha aparecido en medio de nosotros y que no deja en descanso a este orden mundial sombrío‑ tiene, evidentemente, una poderosa influencia, o mejor dicho, toda una cadena de influencias.

El hombre moderno no encuentra extraño que radiaciones invisibles para el ojo puedan ejercer una gran influencia, ya que el hombre de este siglo conoce la aplicación de estas radiaciones en diversos campos. En el mundo de la medicina, en la tecnología bélica y en muchos laboratorios, se experimenta con radiaciones invisibles.

Hay radiaciones que actúan destruyendo y hay radiaciones que actúan atrayendo. El primer grupo es llamado ultravioleta, el segundo infrarrojo. Si tenemos en cuenta que el Campo de Radiación Crístico forma un todo que encierra un espectro completo y que, por lo tanto, puede ser considerado como un Sol, como un Cuerpo Solar invisible, se podrá entender sin ninguna dificultad que las radiaciones e influencias de ese campo son tanto de atracción como de destrucción. Para darle una idea de la actividad de estas diferentes influencias y fuerzas del Campo de Radiación Crístico, las cuales colaboran armoniosamente, formémonos la imagen siguiente.

La luz infrarroja o atrayente del Sol Divino entra en contacto con usted en un momento dado. Si el santuario de su corazón es de un tipo especial, descrito en nuestra filosofía como el perteneciente a una entidad que posee una chispa de espíritu (es decir, que un átomo‑chispa de espíritu se encuentra en el ventrículo derecho de su corazón), usted reaccionará a esta luz atrayente; se puede decir incluso que usted debe reaccionar. Su conciencia ordinaria no lo sabe; el «yo» se opondrá espontáneamente, dando lugar a todo tipo de exteriorizaciones caricaturescas, a pesar de lo cual será arrastrado, con la totalidad de su ser, como si se encontrase en una ola de reacciones. El conjunto del ser humano es introducido en toda una cadena de experiencias por el hecho de haber sido tocado por la onda de luz infrarroja del Sol divino. Millones de hombres de este mundo conocen, por experiencia personal, esta inquietud intensa y las inexplicables experiencias resultantes.

El hecho de que un hombre sea atraído literalmente por esta corriente de luz, nos hace comprender por qué la lengua mística habla de una «llamada». Este impulso infrarrojo, esta luz atrayente, es de hecho una llamada. Pero distinga bien el infrarrojo terrestre natural del infrarrojo del Sol divino. Cuando Dios le llama, El le toca con esta luz. Y puesto que la luz atrayente no puede ser separada de la luz destructora, la ultravioleta divina, es evidente que junto con la llamada aparece al mismo tiempo la destrucción, dicho de otro modo, toda esa serie de inquietudes y experiencias.

Si no aparece ninguna inquietud como consecuencia de esta llamada, si esta constante inquietud interior permanece ausente, podemos estar seguros de que no hemos sido tocados por la luz infrarroja divina. Se trataba claramente de una influencia puramente dialéctica en concordancia con el ser del yo habitual, que no puede conmover en absoluto al átomo‑chispa de espíritu.

Cuando el Sol del espíritu nos llama y nosotros vamos, debemos abandonar algo al mismo tiempo, puesto que el infrarrojo siempre va acompañado del ultravioleta. Este es el sentido de las palabras: «ve, vende lo que tienes y sígueme». A esto se refiere la francmasonería de la Piedra Angular. Quien quiere construir en la luz del Sol divino, tiene que contar con las dos actividades de esta luz: destruir y construir, perder y ganar.

Esta doble actividad de la luz divina tiene un significado enorme en su vida. Es tal su significado, que todas sus experiencias se pueden explicar por ella. Cada página del libro de su vida está escrita por estas influencias. Por ella se explican sus situaciones particulares como alumno, trabajador, hombre o mujer, sus relaciones con los demás y con la sociedad. Es evidente que los alumnos de la Escuela Espiritual se exponen a una actividad vigorosa de la doble luz divina. Al igual que un espejo cóncavo puede reflejar la luz del Sol terrestre y formar un foco, de igual manera nuestra Escuela es un foco para la luz divina.

Cuanto más finamente se pule el espejo, el foco se concentra más, el sistema de reverberación mejora, y en consecuencia el átomo‑chispa de espíritu en usted es alcanzado, atraído y llamado cada vez más fuerte y poderosamente. Al mismo tiempo ‑y éste es el segundo don de gracia de la Escuela Espiritual‑ se le explica lo que son este toque y esta llamada, se le descifra su naturaleza e intención. Por lo tanto, el alumno sabe lo que la luz infrarroja divina quiere de él, para qué le llama y de qué le vuelve capaz.

Volver capaz? Sin duda, y además directamente! Ya que la luz infrarroja divina va acompañada del potencial de radiación ultravioleta. Lo que significa que el alumno que quiere recorrer los caminos de Dios, descubre que todas las dificultades y barreras son eliminadas en su momento por la radiación ultravioleta. Este poder Crístico allana hasta tal punto su camino, que sus pies nunca tropezarán con una piedra.

La Biblia dice: «El que os ha llamado es fiel y os llevará al cumplimiento». Así pues, la llamada para que recorra el Camino significa al mismo tiempo la posibilidad de recorrerlo. Por esto puede decir con tanta seguridad el prólogo del Evangelio de Juan: «A todos los que Le han aceptado, les dio poder para volver a ser hijos de Dios».

Puede comprender ahora por qué los que tienen conocimiento de estas cosas pueden decir con tanta certeza que la fuerza de la llamada es, al mismo tiempo, la fuerza que allana el Camino.

Tomemos el caso de un alumno que, por su calidad de alumno y por su presencia en el Campo de Fuerza de la Escuela, es atraído y llamado con gran intensidad, pero que no está preparado para destruir lo que necesariamente debe ser destruido, ni quiere decir adiós a lo que debe ser abandonado inevitablemente. Este alumno, a pesar de todos los argumentos, se aferra con ambas manos a muchas ilusiones que han tomado para él la apariencia de realidad, en el transcurso de numerosas encarnaciones, en forma de pensamientos y sentimientos.

Qué sucede entonces? Cuando un alumno verdadero reacciona de modo armonioso al aspecto apelante, reaccionará también armoniosamente al aspecto destructor de la intervención Crística, y el Camino se allanará ante él. Pero si un alumno quiere reaccionar armoniosamente al aspecto apelante y no al aspecto destructor, lógicamente estas dos influencias operarán en su vida de manera inarmónica, y entonces aparecerá una serie ininterrumpida de penas inútiles, de preocupaciones sin fin, una sensación de ser desgarrado, de soledad y de tristeza, habituales en este nido de serpientes en que yacemos prisioneros. Estas calamidades no nos las impone la Gnosis, sino que nosotros mismos nos flagelamos con la vara del arriero dialéctico. Nadie, absolutamente nadie, puede ayudarnos en este estado. Nosotros mismos debemos romper «las varas del arriero».

Una alegría infinita aguarda a todos los que son llamados para formar parte del pueblo de Dios, y sin embargo, muchos se aferran todavía al dolor y a la miseria. Puede imaginar postura más necia?

No vaya a considerar estas advertencias como un sermón o una llamada, ¡pues se le llama desde hace mucho, mucho tiempo, y cómo! Nuestra llamada es sólo un eco muy débil de la realidad eterna. Nosotros le hablamos de estas cosas porque ¡la hora ha llegado! La fase de la profecía ha pasado. La fase de la preparación ha concluido. Hemos entrado en el período de la realización! Procedentes de todos los países y pueblos del mundo, la multitud de los que reaccionan son reunidos para una nueva actividad y un nuevo desarrollo. Los que quieren colaborar ‑y estas palabras se dirigen a los que pueden hacerlo‑ tienen que apresurarse, por razones apremiantes de naturaleza científico‑natural.

Le hemos dicho en pocas palabras que, aparte de la doble radiación del Campo Solar Crístico, había igualmente un doble poder de radiación procedente de esta naturaleza dialéctica. La luz infrarroja de esta naturaleza concuerda con el yo, y la luz ultravioleta de la naturaleza ataca y destruye todo lo que se opone al yo. Así se desenvuelve la dialéctica, el perpetuo subir, brillar y descender, el comer para ser comido. Este campo de radiación de la naturaleza tiene, por lo tanto, un desarrollo degenerativo, mientras que el Campo de Radiación Crístico suscita un desarrollo regenerador y expansivo. Ambos campos están sujetos a un cambio de vibración en sentido opuesto; en consecuencia, los dos campos se alejan cada vez más uno de otro.

Es evidente que llegará un momento en que una entidad que exista en uno de los campos ya no podrá pertenecer al otro. La diferencia entre los dos campos, que al comienzo era sobre todo cualitativa y básica, se vuelve estructuralmente tan grande, y las entidades existentes en ambos campos son tan distintas biológicamente que, a partir de un momento dado, un hombre que pertenezca al campo dialéctico ya no podrá reconciliarse ni unirse al Campo Crístico. Tan trágica situación aparece siempre al final de un período humano. Por lo tanto, debe tener siempre en cuenta que quien es llamado por el Campo Crístico, pero no quiere desprenderse del dialéctico, no podrá servir a dos amos; será separado del Campo Crístico, mejor dicho, se separará él mismo.

Ha llegado el momento en el que este proceso de ruptura está tomando forma en el mundo: la gran separación se está desarrollando. La palabra «Cristo» enmudecerá en la boca de quienes no pertenezcan al Campo Crístico. Serán desenmascarados y reconocidos por todos.

Los otros, los buscadores serios, tienen aún la elección en sus manos, si se despiden a tiempo y con decisión de su dualidad para confiarse con toda su voluntad al Campo de Radiación Crístico. Entonces se cantarán también para ellos los cantos de los antiguos.

Si estuvieseis tendidos entre dos filas de piedra, os volveríais, sin embargo, como alas de paloma, cubiertas con plata y con el plumaje de un oro resplandeciente y purificado.

Las fuerzas luminosas de Dios os protegerán en todos vuestros caminos, os llevarán en sus manos para que vuestros pies no tropiecen con piedra alguna.

 

Constructores libres de la Rosacruz, sean inteligentes; construyan sobre la piedra angular eterna, rechazada por los constructores de este mundo, y vivan el día del Señor que se aproxima.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

La actividad séptuple del Sol divino

 

 

Como acabamos de explicar, un espectro solar completo, un completo haz de rayos del Sol divino, toca constantemente a nuestro mundo y a su humanidad mortal. La humanidad posee, de hecho, el símbolo más magnífico de esta Gloria Divina en la imagen del Sol material, y los poetas, pensadores e iniciados así lo comprendieron en el transcurso de la historia del mundo. Basta con pensar en la majestuosa figura de Hiawatha, ese héroe de la epopeya de Longfellow, que podemos considerar como una personificación mítica de la vida superior, o aún mejor, del más noble de los pueblos. Longfellow cuenta como al alba, cuando el Sol surgía en el horizonte, Hiawatha se recogía en actitud de oración para entrar en unión consciente con lo eterno, que está y que actúa detrás de cada apariencia dialéctica.

Así es como debemos considerar también a la eterna Luz Solar Crística, no sólo para elevarnos a nosotros mismos en esta gloria de oro, sino también para poder enseñar a elevarse a quienes son receptivos a esta Luz, y así conducirles como un pueblo nuevo hacia las puertas de la Vida Liberadora.

La época que Longfellow vislumbró a lo lejos, el tiempo de la profecía, ha llegado. El tiempo ha llegado! La hora ha sonado! El pueblo del Señor es llamado de todos los confines de la Tierra. Lo importante ahora es, no sólo reaccionar a esta llamada, sino realizarla. Se trata de demostrar si entendemos todo lo que sirve para nuestra paz eterna.

Le hemos hablado de dos aspectos del espectro solar divino: el infrarrojo o aspecto apelante, y el ultravioleta o aspecto destructor. Aplicando la llave mística descubrimos que hay que considerar el aspecto destructor en un sentido completamente distinto al que le da el hombre dialéctico. El alumno principiante, que es consciente de ser llamado, ve la demolición como un combate, como una intensa lucha contra una naturaleza inferior, no divina. Pero el alumno no tiene nada que destruir. Es la Gnosis la que destruye. La onda de luz ultravioleta es la que elimina todas las barreras, a veces con la fuerza de un huracán. El alumno no tiene otro cometido que llegar a la negación, al rechazo de la camisa de fuerza dentro de la que se encuentra atado.

Conocen ustedes el relato de Jack London «La camisa de fuerza»? Un hombre, tendido en el suelo de su celda, yace cruelmente aprisionado en una camisa de fuerza. Está cubierto de insectos, y su miseria es casi total. Quien padece tal miseria producida en la carne, muere con tormentos infernales. Sin embargo, el héroe de este relato niega ese estado y guarda silencio. No se queja a los carceleros; se burla de ellos. Piensa en el espectáculo maravilloso del verano en los bosques, en el canto de los pájaros, e intenta sumergirse sensorialmente en el aroma de las flores y en el murmullo de las aguas del arroyuelo. Y qué ocurre? Su debilidad física le es benéfica; se produce una división de su personalidad. Prisionero de la implacable camisa, abandona su cuerpo, atraviesa las paredes y, cantando, va al campo donde el Sol acaricia al universo. Mientras los carceleros espían por la mirilla al prisionero tendido, pálido, desmayado, como perdido, en él hay libertad y, a pesar de las circunstancias, una alegría incomparable. Y con esta alegría entra de nuevo en su cuerpo, y la forma material, carcomida por los insectos, se llena de este canto jubiloso de libertad y canta su alegría. Sabe que es un preso y, sin embargo, está libre. Y en este estado le encuentran los carceleros asombrados y perplejos.

Posiblemente ahora entienda un poco lo que la Escuela quiere decir con negación. Negación no es exaltación, no es dejar a un lado la realidad dialéctica, sino desligarse interiormente de ella. Este desligarse es apresurarse hacia la maravillosa libertad. Es entonces esta negación un acto de voluntad, como muchos piensan? Es un cambio de régimen alimenticio o algo parecido? No, ya que entendido así sería cultivo de la personalidad.

Nadie llega a la negación, según la entiende la Escuela Espiritual, si no es consciente de ser llamado positivamente por el rayo de luz infrarrojo del Sol divino. Sólo llega a la negación quien lleva en él, en el corazón, el átomo‑chispa de espíritu. Quien posee esta señal de la Vida Original, es llamado, atraído y elevado; sólo tiene que avanzar. Aunque su negación es consecuente y positiva, no obstante es causada por la llamada.

Sentir la fuerza atrayente de la llamada y reaccionar positivamente a ella, por la negación consciente de todo lo que es de este mundo, es lo que Pablo llama «fe»: es lanzarse hacia un grandioso fin desconocido que ha aparecido con todo resplandor en el horizonte de la vida, es ir hacia una Fuerza de Luz que se nos acerca de lejos para envolvernos con su amor. Es un proceso que llena al candidato con la fuerza y la irresistible alegría de la esperanza, y le hace cantar en la camisa de fuerza de la corrupción.

Si entiende ahora este lenguaje, puede prepararse para ir con nosotros al encuentro de esta alba naciente, en las filas de la nueva humanidad en devenir. Por lo tanto, tiene mucho sentido estudiar de cerca el proceso que está relacionado con todas estas cosas, e investigar en profundidad todos sus aspectos. Hasta ahora hemos aplicado únicamente la llave mística, pasemos ahora a los detalles.

 

El Sol divino, del que acabamos de hablar, proyecta en este mundo perdido y caído siete tipos de rayos. Estos rayos forman un espectro completo: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo y violeta.

Nosotros unimos, de vez en cuando, a los alumnos de la Escuela con estos siete tipos de rayos del Sol divino, mediante el canto mantrámico.

 

Así avanzamos en el rojo de la unión por la sangre,

y vivimos del esplendor anaranjado del Prâna Divino.

Nuestro es el corazón de oro de la gloria solar de Cristo.

Estamos juntos en el verdeante país de la esperanza.

Ante nosotros se abren ampliamente los azules horizontes.

La nube del Señor nos precede en el índigo,

y pronto, levantados los velos ante la faz,

nos espera el manto violeta del sacerdote‑rey.

 

Este sol irradia en el mundo y despierta el átomo‑chispa de espíritu en el corazón de los hombres.

Qué sucede entonces? Hemos dado una respuesta a esta pregunta, diciendo que el hombre, así despertado, comienza a buscar. Esta respuesta no nos dice mucho. Conviene comprender lo que ocurre, psicológica y fisiológicamente, en el hombre que posee un átomo‑chispa de espíritu, cuando es tocado por esta fuerza de radiación especial y da muestras de reaccionar a ella.

Esto empieza con una actividad en el santuario del corazón. Por lo general, sucede que a causa de un determinado «shock» en la vida corriente, el átomo‑chispa de espíritu en el corazón comienza a vibrar fuertemente. Hasta ese momento, el átomo estaba tan latente y enquistado por el comportamiento de vida y la calidad de la sangre de este hombre, que no podía ser despertado por la luz del Sol divino. Sin embargo, cuando en la vida aparece una experiencia amarga, o una perturbación momentánea, y la sangre participa en ello completamente, entonces se abre una de las siete cavidades del corazón, y el hogar que se encuentra en él se enciende, proyectando una luz resplandeciente en el timo, órgano situado detrás del esternón. En muchos casos, un toque de luz no es suficiente, pero supongamos que el impulso de la luz haya sido eficaz. Pues bien, la hormona del timo transportará esta fuerza de luz a la circulación cefálica.

Si este trabajo se lleva a cabo, la fuerza de luz arrastrada por la sangre tocará todos los centros cerebrales, después de un tiempo más o menos largo, pero con toda seguridad. Y cuando llega al santuario de la cabeza, hace del hombre en cuestión un buscador desde el primer momento. Por la influencia de la fuerza de Luz en los centros cerebrales nacen pensamientos de un mismo tipo. Este hombre ha sido tocado por la luz apelante y el yo dialéctico se vuelve consciente de ello a través del átomo primordial, el timo, la sangre y los centros cerebrales. A partir de entonces, y de forma irresistible, se desarrolla toda una serie de pensamientos. A medida que los centros cerebrales son estimulados de esta manera a una nueva actividad, el átomo‑chispa de espíritu continúa actuando, puesto que, tanto en la sangre como en la conciencia, se ha abierto como una brecha.

 

Seguramente ha oído hablar de ese ejercicio que consiste en fijar la mirada en una bola de cristal. Es un método oculto para extender la visión etérica. Es un trabajo extremadamente peligroso, porque los que lo ejercen invocan, con sus visiones, gran número de fuerzas ligadas a la tierra, que esperan el final fatal de quienes usan la bola de cristal. Este funesto desenlace se produce como consecuencia de que, mediante este ejercicio de mirar fijamente a la esfera de cristal, se quema la luz protectora de la kundalini que rodea la pineal. Pueden compararlo con el fundirse los plomos en una red eléctrica. Cuando este «fusible» de la kundalini se funde, las fuerzas unidas a la tierra pueden actuar libremente sobre dicha persona durante cierto tiempo.

Todo método oculto, positivo o negativo, no es más que una imitación caricaturesca de la magia transfigurística. Fijar la mirada en la bola de cristal es una de ellas. Ya que el verdadero cristal, el cristal tallado finamente, la joya resplandeciente por la que la Verdad puede manifestarse, es el átomo‑chispa de espíritu en el corazón. Cuando, gracias a la actividad universal de la luz a la que aludimos, los pensamientos de un hombre se vuelven hacia una vida que no es una realidad dialéctica y que, no obstante, debe estar en algún lugar, hacia lo desconocido que necesariamente debe ser sondeado, entonces este hombre comienza como a fijar la mirada en el propio cristal en el corazón, de donde al principio sólo se elevan vagas visiones. Pero el hombre enajenado, que oye hablar de la joya resplandeciente, se coloca ante un pedazo de cristal, o arroja hierbas en un fuego, para alcanzar, por el vapor producido, un estado de exaltación.

El átomo‑chispa de espíritu es llamado también el altar del que debe elevarse una fragancia agradable a Dios y llenar todo el santuario de la cabeza, de forma que el hombre sacerdotal pueda comprender la palabra del Espíritu Santo. Así se encadenan los pensamientos del buscador. Y usted sabe que los pensamientos son creaciones. Imágenes‑pensamiento pueblan el campo de manifestación, y los pensamientos de un mismo tipo tienen la propiedad de agruparse. Estas imágenes‑pensamiento aportarán a su vida armonía o inarmonía, fuerza o debilidad, según sea su naturaleza. Y así podemos comprender perfectamente lo que sucede cuando un hombre inicia su búsqueda.

Cuando la hormona del timo pasa a la sangre de la circulación cefálica, la fuerza de luz, como es evidente, se oscurece, más o menos, a causa de la naturaleza de la sangre. Debido a su nacimiento, lleva usted la imagen sanguínea de la religión natural o del ocultismo natural, del humanitarismo natural o del materialismo. Por esto, las primeras imágenes‑pensamiento despertadas por la fuerza de luz son tan impuras y sin fuerza. Muy lentamente se produce un cambio. Así comprendemos que la búsqueda es un proceso que nadie puede eludir. Representa una serie larga, larguísima, de experiencias, ya que, perseguidos por nuestras imágenes‑pensamiento, pasamos a la experimentación. Usted se asocia a toda clase de movimientos en este mundo, porque tiene que verificar en la práctica la verdad y la exactitud de sus pensamientos. Por esto son tantos los que han recorrido muchos caminos, y se han tomado tantas molestias y han luchado tanto, antes de encontrar la Escuela Espiritual. Consuélese, todos han tenido que pasar por ello.

Las inyecciones de fuerza de luz del átomo‑chispa de espíritu, el fijar la mirada en su propio cristal interior, debe persistir hasta que se engendre una imagen‑pensamiento lo más pura posible. Aquí interviene la poderosa ayuda de la Escuela Espiritual. Día a día, hora tras hora, se emprenden esfuerzos para explicarle los caminos y las intenciones del Sol divino, y decírselo palabra por palabra, con el fin de que finalmente consiga llevar consigo, con la mayor pureza posible, la imagen mental del hombre inmortal. En usted, a su lado, en su campo de manifestación, tiene que nacer, tan claramente como sea posible, la imagen del Hombre Inmortal, antes de que pueda abandonar en su camino el estado de la búsqueda.

Pablo habla sobre la imagen del Hombre Celeste, que el candidato debe llevar dentro de sí. Se trata, al respecto, de un misterio maravilloso que no había podido revelarse hasta ahora en la Escuela. En la primera Epístola a los Corintios, capítulo 15, Pablo dice a sus alumnos que se preparan para el Camino:

Sin embargo, lo primero no fue lo espiritual, sino lo puramente humano; después lo espiritual. El primer hombre, hecho de la tierra, fue terreno; el segundo hombre es del cielo. Tal como fue el terreno, así son también los hombres terrenos; y tal como es el celestial, así serán los celestiales. Y así como hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevaremos también la imagen del celestial.

Pero os digo esto, hermanos: la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. Mirad, os voy a revelar un misterio: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al sonido de la última trompeta; porque ésta sonará, y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados. Pues lo corruptible tiene que ser revestido de incorruptibilidad; y lo mortal tiene que ser revestido de inmortalidad. Cuando lo corruptible sea revestido de incorruptibilidad, y lo mortal sea revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: La muerte ha sido absorbida por la victoria. Dónde está, oh muerte, tu victoria? Dónde, oh muerte, tu aguijón? 

 

Cuando el candidato ha llegado a formar la imagen de lo inmortal como una concepción mental nacida de la fuerza de luz, fuera del cuerpo, y cuando la ha reforzado y vivificado gracias a la radiación del Sol divino, después de una orientación llevada a cabo durante su larga búsqueda, entonces puede emprender una nueva etapa.

Esta nueva etapa, como dice Pablo, es un misterio de salvación, un medio de curación, un medio para volverse «sano».

La receta consiste en ver lo perecedero revestirse de lo imperecedero, lo mortal de lo inmortal. La creación mental a la que nos hemos referido desempeña un papel esencial y predominante.

Examinemos más de cerca este maravilloso acontecimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

La esencia del encarcelamiento del hombre

 

 

Como acabamos de decir, el candidato a la vida liberadora tiene que formar, en primer lugar, la imagen del hombre original, celeste e inmortal, durante el proceso de santificación que debe realizar. Debe edificar esta concepción mental, esta imagen‑pensamiento, en su campo de respiración, mediante un cambio fundamental en su vida.

Usted sabe probablemente que el campo de respiración alberga todas las imágenes‑pensamiento del hombre. Los pensamientos son cosas, son rayos de luz, impulsos luminosos del cerebro. Estos rayos de luz son combinaciones de materia muy fina, que pueden ser mensurados con instrumentos muy sensibles. Con ello se entenderá que los pensamientos son formas materiales, aunque de naturaleza y estructura mucho más sutiles que nuestro cuerpo material tosco. Estas formas de pensamiento permanecen en el campo de acción directo de su creador o cerca de él. Se agrupan según su especie y así se vuelven cada vez más poderosas. Cuando no vivificamos mentalmente a estos seres del pensamiento en nuestro campo de respiración, es decir, cuando están en descanso, revisten la apariencia de formaciones nebulosas que siguen cierto movimiento, como nubes en el aire.

Cuando observamos a un hombre, percibimos claramente el ascenso de estas nubes de pensamientos que surgen del lado derecho del cuerpo, a la altura del talle, y suben por encima de la cabeza para descender, a continuación, a lo largo del lado izquierdo del cuerpo, desapareciendo de nuevo a la altura del talle. Cuando miramos a una persona, esta circulación sigue el movimiento de las agujas de un reloj. Si observamos este proceso en nosotros el movimiento es inverso.

Estas nubes de pensamientos deben ser alimentadas porque son criaturas, seres vivos. Comprendemos, por lo tanto, que los pensamientos son entidades vivas de cierta naturaleza y clase, y para conservarse dependen de la fuerza de luz, de la materia de luz del cerebro que les creó. Por esto, estos seres ruegan, e incluso obligan si les es posible, a su creador a alimentarles y mantenerles con la misma fuerza cerebral que les creó. Le daremos una explicación detallada de la forma en que se ejerce esta coacción de los hijos de nuestros pensamientos.

Cuando un hombre cede a esta presión tan natural ‑y lo hace de hecho cada día, casi cada hora‑, vemos que de estas nubes mentales, que circulan en el campo de respiración, surgen formas nítidas de las cuales los ojos son, tal vez, la señal exterior más expresiva. A medida que la forma mental se alimenta, emana de los ojos una influencia cada vez más fuerte, paralizante e hipnotizadora. Por esta hipnosis procedente de nuestras criaturas mentales, se empuja a la persona en cuestión a realizar un acto o una serie de actos, volviéndose así esclavo de estos fantasmas. De esta forma, en el transcurso de los eones todos nosotros nos hemos vuelto esclavos de nuestra ilusión, de nuestros prejuicios y vicios, los cuales han tomado forma en nuestro campo de respiración por la actividad de nuestros pensamientos, y mantenidos y alimentados por nosotros han acabado por dominarnos totalmente. El comportamiento que lamentamos tan a menudo, al que nos oponemos completamente impotentes, y que envenena nuestra existencia, porque nos detestamos y nos arriesgamos a perder todo respeto de nosotros mismos, ese comportamiento resulta de la coacción procedente de ese círculo cerrado de nuestros hábitos de pensamiento y de nuestras concepciones mentales en el campo de la respiración.

La humanidad está muy enferma, mortalmente enferma, y es víctima de su instinto creador, ningún mortal escapa a ello. El hecho de que el hombre dialéctico abuse del llamado poder creador del cerebro y de las fatales consecuencias resultantes, de segundo en segundo, y de modo tan espantoso y caótico, con todas sus consecuencias fatales, le ha degradado a menudo a un estado sub‑animal. Cuando la Biblia condena fulminantemente el abuso del santo poder creador, hace referencia al abuso pernicioso del poder mental, el cual está sometido a una vida de deseos casi desbocada y con todas sus lamentables consecuencias. Muchos hombres, encerrados en el circuito de las costumbres, están tan negros y son tan malvados que no se les puede ni tocar.

A la luz juzgadora de la Fraternidad, reconocerá que ‑encerrados en las cadenas de los hábitos del pensamiento‑ pensamientos que quisiéramos rechazar por razones inescrutables, salen a la superficie para recorrer su marcha impía. Cuántas veces hemos dicho: Lo que no quiero hacer eso es lo que hago!

Cuál es la causa de esta funesta e involuntaria corriente de vida, de pensamientos inferiores, que escapa a nuestro control de forma tan terrible?

En general, podemos decir que la causa es la sangre. Llevamos en nuestra sangre esta ansia y esta predisposición para la vida impía. La dialéctica está fundamentalmente anclada en nuestra sangre. Si intenta frenar esos instintos de la sangre por un cultivo de la voluntad, entonces podrá canalizar esa corriente en algunos aspectos, pero ese impulso se hará valer en otros aspectos de forma aún más fuerte. Todo hombre dialéctico, sin excepción alguna y a veces secretamente, es en cierto aspecto más peligroso que un animal salvaje. El instinto de la sangre se abre siempre camino de un modo u otro, pues para el hombre animal es una cuestión vital.

Cómo llega a la sangre este impulso instintivo, este instinto ancestral? Si queremos contestar a esta angustiosa pregunta, debemos entrar en detalles. La Escuela de la Rosacruz se ha limitado hasta ahora a dar explicaciones filosóficas y místicas, pero puesto que el tiempo ha llegado, se ha vuelto necesaria una explicación más científica.

 

Quizás sepa usted que en nuestra enseñanza hablamos de una personalidad cuádruplo. Ahora queremos mostrarle esta personalidad cuádruple de una forma completamente distinta a como lo hemos hecho hasta ahora.

Nuestro cuerpo físico se manifiesta en un campo etérico concentrado y por él. Cuando este cuerpo etérico está activo y se manifiesta en nuestro cuerpo, hablamos de cuerpo vital, puesto que vivimos por los éteres. La parte del cuerpo etérico que sobresale del cuerpo material, conserva la forma del cuerpo material, pero esta forma se diluye rápidamente en lo que llamamos campo de manifestación o campo de respiración. El poder mental en el cerebro es una combinación de éteres muy sutil.

El cuerpo alberga también una conciencia. La encontramos en el sistema cerebro‑espinal, la columna del fuego de la serpiente, y sabemos que ese fuego de la conciencia está en unión estrecha con la sangre y el fluido nervioso. Pues bien, esta conciencia, con la sangre y el fluido nervioso, es dirigida por nuestro ser del deseo y se explica por él. Este ser del deseo también es el núcleo interior de nuestra existencia dialéctica material. Es el «yo», el yo sanguíneo, el alma terrestre. Tiene su lugar determinado en el cuerpo: el sistema hígado‑bazo; en él mora, no sólo en sentido figurado, sino literalmente. El hígado, el bazo, los riñones y las glándulas suprarrenales, así como el plexo solar ‑ese famoso centro cerebral de la pelvis‑ forman el campo del yo sanguíneo, del ser del deseo.

El hígado es el órgano supremo gracias al cual vive el hombre. Si usted observa este nombre, entonces sabe que en algunos pueblos los seres que originalmente dieron los nombres, conocían la tarea del hígado (1). La sangre, el fluido nervioso, el fuego de la serpiente, así pues, el hombre en su totalidad es controlado y mantenido en determinado estado de ser por el sistema hígado‑bazo y sus órganos afines. Por consiguiente, todas las fuerzas de luz y sus actividades hormonales ‑cuyo origen no están en esta naturaleza‑, son arrojadas de la sangre por ese sistema.

Acabamos de decir que el núcleo del ser del yo, vive en este sistema. Yace encerrado en el bazo. Cuando estamos despiertos se enrolla en sí mismo, por decirlo así, como una espiral. Sale durante el sueño: la espiral se desenrolla, una cinta nubosa surge del bazo y vemos cómo esa nube toma una forma determinada en el campo de la respiración, a saber, la forma del verdadero hombre dialéctico, de su ser del deseo, de su verdadero yo sanguíneo. Este «yo», por lo general, es muy distinto de su apariencia material. Preferimos dejar de lado su descripción!

Comprenderá que este ser del deseo, cuando se manifiesta en el campo de manifestación, difiere del ser del pensamiento del que le hemos hablado. Este ser, nuestro verdadero yo dialéctico, puede desplazarse, durante el sueño, bastante lejos del cuerpo material, pero ni mucho menos tan lejos como lo puede hacer el cuerpo mental. Sabiendo ahora que sus experiencias nocturnas tienen lugar en este ser del deseo y son registradas en él, y que este yo de las sombras es completamente de esta naturaleza, comprenderá fácilmente que le es imposible recoger impresiones liberadoras. El yo de la naturaleza no es susceptible de ser modificado para acceder a la vida superior. Este yo debe morir, ya que «la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios.»

También una fuerte emoción, provocada por una determinada causa, es suficiente para hacer salir del bazo al ser del yo, sin que lo sepamos, dispuesto a echarse sobre un posible agresor.

El bazo, además de ser la morada del ser del yo, es también la principal puerta de acceso de las fuerzas etéricas en el cuerpo. El ser del deseo se alimenta y vive de estas fuerzas y así controla todo el sistema corporal. Digamos para acabar que los fantasmas cuyo desarrollo y comportamiento hemos descrito, influyen también mucho en el bazo. He aquí como se desarrolla este proceso.

El ser del deseo incita al cerebro a utilizar su poder creador y su actividad mental, conforme a la naturaleza y las necesidades del ser sanguíneo, poblándose así todo el campo etérico, o campo de respiración del microcosmos, de seres mentales. Cada una de estas imágenes‑pensamiento forma un foco de fuerzas etéricas que se mantienen en el campo de manifestación y lo transmutan en concordancia con su naturaleza. El campo etérico es manipulado de una determinada manera por estos seres del pensamiento, y el resultado de este trabajo lo absorbe el ser del deseo, o yo, por el canal del bazo. Todas estas fuerzas circulan como a través de una esclusa: entran por el bazo y salen por el hígado. Constatamos, pues, que todos los procesos vitales sirven para alimentar al ser del deseo, al ser sanguíneo, al yo. Esta es la imagen siniestra de nuestra realidad!

Si abarca, con una ojeada, este conjunto a la vez miserable y peligroso y se vuelve consciente, hasta en cada fibra de su ser, de su encarcelamiento, y si a continuación hablamos de estas cosas en nuestros servicios de templo, estudiándolas con mucho detenimiento, demostrándolas hasta en los más pequeños matices, de forma que incluso un niño podría comprenderlo, podría verse tentado a considerar estas explicaciones como un juego cruel. Podría exclamar, a la manera del lector de Edgar Allan Poe que tiembla de angustia y dolor ante los relatos demasiado realistas de torturas y martirios: «Basta ya! Ya sé que vivo en una prisión, pero por qué tienen que determinar y definir con tanta precisión la naturaleza de esta prisión y sus límites?»

Nadie puede levantarse de la tumba de la naturaleza si no ha sentido, hasta en la médula, el frío del osario en el que vive. Nadie puede recorrer el camino de la liberación si no ha reconocido el aliento de la muerte por todas partes. Nadie contemplará el país de la aurora de la libertad eterna, si no está dispuesto a llevar la cruz de la verdad hasta en las horas más profundas de la noche.

Que quien no es suficientemente fuerte para soportarlo permanezca alejado de nuestro trabajo. «El Evangelio de Jesucristo es sólo para los fuertes» dice Pablo con razón; y este evangelio empieza con un desenmascaramiento. No obstante, si de verdad prueba usted con nosotros la hiel amarga del encarcelamiento y acepta beber el vinagre, puede revelársele el misterio de salvación de Pablo, la receta de la curación:

He aquí, yo os revelo un misterio de santificación, un secreto de curación: seremos cambiados. Es necesario que lo perecedero se revista de lo imperecedero y lo mortal de lo inmortal. Entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido absorbida por la victoria.

Desvelamos ahora este secreto. El verdadero alumno está capacitado para realizar, en medio de este mundo perecedero, en su microcosmos desgarrado y mortal, algo imperecedero e inmortal, es decir, la concepción mental del ser celeste inmortal. La forma en que se debe llevar a cabo esta concepción difiere absolutamente de la que da nacimiento a los fantasmas de pensamientos de los que le hemos hablado. Sólo quien posee todavía el átomo‑chispa de espíritu en el ventrículo derecho del corazón, puede realizar esta creación mental. Cuando este átomo‑chispa de espíritu puede ser alcanzado por la luz infrarroja de la Gnosis, nace una actividad muy especial en el timo, órgano de secreción interna que se encuentra detrás del esternón. El átomo‑chispa de espíritu en este estado, comienza a vibrar intensamente y toca al timo con sus impulsos de luz; esta glándula segrega entonces una hormona en la circulación cefálica.

El timo está activo durante la infancia, a continuación se atrofia y se vuelve latente. La vibración del átomo divino tocado por la luz gnóstica lo revitaliza. Cuando la sangre, cargada con esa hormona especial, llega a la cabeza y, por ello, toca al cerebro, debido a esta actividad de la sangre en los centros cerebrales, nacen los pensamientos más maravillosos, los que caracterizan al verdadero «buscador». Se puede decir que a partir de este momento y gracias a esta maravillosa elaboración, se concibe en primera instancia la imagen embrionaria del hombre inmortal fuera del ser del deseo y fuera del yo sanguíneo. Esta concepción mental es de una naturaleza, vibración y composición completamente distinta a la de los demás seres mentales de los que hemos hablado. En consecuencia no puede circular por la esclusa del hígado‑bazo. Esta imagen irradia en silencio en el campo de respiración del candidato como una luz especial, y se encuentra frente a frente con él. De vez en cuando sale del sistema microcósmico, va más allá del ser aural atraída por la luz infrarroja gnóstica, para volver fortificada.

No obstante, la hormona del timo que ha realizado todo este trabajo es arrastrada, como es natural, a través del cuerpo por medio de la circulación sanguínea, y la función del ser del deseo consiste en que esta sustancia enemiga sea eliminada de la sangre por los riñones. El hígado y los riñones expulsan y extraen de la sangre todas las sustancias extrañas a la naturaleza del yo. Si el átomo primordial continúa vibrando con todas las consecuencias que acabamos de describir, nos encontramos entonces en presencia de esta singular situación, familiar a tantos buscadores: la dualidad de la existencia, la sensación de vivir dos vidas. El hombre continúa construyendo, en tanto que buscador, en la concepción mental extranatural. Gracias a la ayuda de la Escuela Espiritual, a la disciplina interior y a la fuerza sostenedora del Campo de Fuerza, purifica cada vez más la imagen divina mental de otra ilusión y engaño. Vive, mientras tanto, la vida habitual del efesio; exteriormente nada, o muy poco, cambia en su existencia. Los años pasan y, a lo sumo, se deja acariciar, de vez en cuando, por la imagen mental de lo incorruptible que lleva con él.

 

Y ahora debemos advertirle algo. Este estado de sueño, en el que nos complacemos con nuestras imágenes mentales puede durar mucho tiempo, demasiado tiempo, incluso muchas encarnaciones. Esto es ocasionado por el ser del deseo que no se limita a purificar la sangre biológicamente por medio del sistema hígado‑bazo, sino que aparentemente colabora con su tendencia a buscar. El ser del deseo, el yo, está lleno de la astucia atlante, tiene tras de sí una cultura vieja de eones. Y de la misma forma que la cabeza y el corazón poseen un cerebro, también la pelvis posee una conciencia cerebral lunar en el plexo solar.

Guiado por esta inteligencia, el yo trata de rodear de ilusiones, especulaciones de todo género y falsedades, a su concepción mental de lo eterno, nacida del átomo‑chispa de espíritu. Prometeo es cargado así con cadenas y hecho prisionero literalmente. La imagen de lo imperecedero es enquistada en el campo de respiración, o unida a desarrollos oculto‑naturales o religioso‑naturales. Razón por la que la Escuela Espiritual vigila para que su trabajo permanezca dinámico y vivo, vela para que se guarde la pureza de su filosofía, ya que ésta es la mejor forma de ayudar a cada candidato. Hace referencia al ejemplo de sus predecesores en el tiempo que, en muchas ocasiones, vieron su trabajo suspendido prematuramente a causa de los impedimentos suscitados de la forma descrita.

 

Teniendo en cuenta lo que precede, escuche ahora, conozca el misterio de la santificación, el secreto de la curación. Si el candidato conserva pura y limpia su concepción mental de lo inmortal, por un alumnado serio y vivido, confiándose sin restricción a la dirección de la Escuela Espiritual, este nuevo ser embrionario nacido de Dios llegará a un crecimiento total y, finalmente, el candidato llevará en él la imagen del hombre celeste original perfectamente adulto, nacido del polo infrarrojo de la luz de la Gnosis.

Usted sabe que los fantasmas de pensamientos naturales y ordinarios pasan por la esclusa del hígado‑bazo. Pues bien, es necesario ahora que la concepción mental del hombre celeste, impulsada por el polo ultravioleta de la luz de la Gnosis, llegue a circular también a través de esta esclusa del hígado‑bazo, mediante una decisión clara de la voluntad (2) del candidato. Esto debe ser realizado tal vez con violencia interior, ya que el ser del deseo, el yo, se opondrá a su entrada.

Usted puede prever las consecuencias: esta nueva circulación de fuerzas etéricas absolutamente distintas, de éteres crísticos puros, ataca la fortaleza del yo; arroja del centro de la pelvis al yo, al ser del deseo, y un nuevo ser del deseo nace.

Quizás comprenda ahora el mito arcaico de Adán y Eva, que se remonta al origen de los tiempos dialécticos. Adán, es Manas, el pensador, la imagen mental de lo inmortal. Eva, es el nuevo yo, el nuevo ser del deseo, que debe salir del costado del cuerpo. Esta pareja, este hombre y mujer ‑el ser del deseo es presentado siempre, a causa de su polarización, como una mujer‑, este nuevo Adán y esta nueva Eva, deben nacer en nuestro sistema. Ellos dos, unidos en un mismo y santo trabajo, engendran al hombre nuevo transfigurado.

Este es el secreto de salvación al que alude Pablo. Y ésta es la receta: el núcleo orgánico dialéctico y perecedero, el sistema hígado‑bazo del hombre corporal, debe revestirse de incorruptibilidad; la incorruptibilidad debe entrar en él.

Entonces se cumplirán las palabras llenas de júbilo: La muerte ha sido absorbida por la victoria.

El que quiera recorrer este camino de cruz triunfará. La lanza clavada en el costado ‑en el bazo‑ demostrará finalmente que la muerte del hombre terrestre es total, y sólo el hombre celeste crecerá de eternidad en eternidad. De igual forma que nosotros hemos llevado la imagen del hombre terrestre, así también llevaremos la imagen del hombre celeste.

Advierta, no obstante, que primero viene lo que es del alma y luego lo espiritual. Con los dos pies colocados en la realidad, empezaremos nuestra «vía dolorosa» que conducirá a la mañana de la resurrección.

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(1) Nota del traductor: En holandés hígado es «lever» y vida es «leven». De ahí que hígado, en holandés, pueda ser traducido también por «dador de vida», «dispensador de vida».

 

(2) Esta decisión de la voluntad parte del nuevo Marte, del poder de la voluntad renovada en Dios. Vea al respecto «Dei Gloria Intacta», de Jan van Rijckenborgh, en su capítulo «La iniciación de Marte del primer círculo séptuple».

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

No existe ningún puente

entre el hombre natural y el hombre espiritual

 

 

Le hemos presentado en los capítulos precedentes la llegada de un tipo de hombre completamente nuevo. Aunque esta presentación no haya sido completa, nos parece necesario darle un resumen de la materia tratada y sacar algunas conclusiones, antes de continuar con nuestras explicaciones.

Quizás haya podido comprender que el hombre dialéctico dispone de una conciencia triple, de un triple «yo».

Por esto, cuando observamos los hechos de nuestros semejantes y nos vemos forzados a entrar en contacto con ellos ‑lo que se produce en cada instante‑, es indispensable determinar ante cual de los tres «yo» nos encontramos en ese momento.

Estos tres estados de conciencia en el hombre no son simples distinciones figurativas o filosóficas, sino que pueden ser demostradas orgánica y científicamente.

En primer lugar, hay una conciencia absolutamente central o yo, que reside en el santuario de la cabeza. Esta conciencia utiliza los centros del cerebro y es, a su vez, determinada por la constitución orgánica de estos centros. Todos nuestros poderes intelectuales, o su entrenamiento, se derivan de la actividad de este «yo». Esta conciencia puede percibir racionalmente los aspectos y valores de la vida tal como se presentan al yo, sacar conclusiones racionales y tomar decisiones racionales.

Esta conciencia del santuario de la cabeza dispone igualmente de un poder de voluntad. La vibración engendrada por este poder de voluntad empuja a la acción a la sangre, a los nervios y a los músculos. Por consiguiente, por la estructura de este centro de conciencia, podemos comprender perfectamente que muchos hombres sean regidos fundamentalmente por esta conciencia, y que ellos se encuentren dirigidos de forma casi absoluta por esta conciencia, a causa de la herencia o del entrenamiento. En este caso hablamos entonces, para designar a este tipo de hombre, de hombre intelectual. A una clase de este tipo de hombre con conciencia centralizada en la cabeza pertenece, entre otros, el hombre que conocemos como ocultista.

Encontramos el segundo estado de conciencia en el santuario del corazón. Esta conciencia actúa también, en principio, independientemente de las otras dos. Desde el punto de vista orgánico, esta conciencia tiene su sede en el corazón séptuple, pero es importante que se dé cuenta de que esta conciencia no tiene absolutamente nada en común con el átomo‑chispa de espíritu, situado en el ventrículo derecho del corazón.

Esta conciencia central del santuario del corazón toca todos los registros de la vida de los sentimientos del hombre. Usted debe comprender claramente que la vida sentimental es un instrumento de conciencia completo, que puede funcionar, por ejemplo, independientemente del santuario de la cabeza. De hecho, el hombre puede «pensar» con el corazón. No obstante, la palabra «pensar» despierta directamente una asociación de ideas con el poder racional. Por ello, tal vez sea mejor decir que la conciencia del corazón puede captar por completo la vida y sus diferentes aspectos, reflexionar sobre ellos y, a continuación, tomar una decisión.

Esta conciencia del santuario del corazón dispone igualmente de un poder de voluntad, que podemos denominar emoción, turbación, conmoción o sentimentalismo. También la vibración de este poder de voluntad lleva al hombre a la acción. Llamamos místicos a los hombres que viven esencialmente de esta conciencia central del corazón, así como a quienes se encuentran en la vida religioso‑natural.

El tercer estado de conciencia reside en el santuario de la pelvis, o más exactamente, en su parte alta. Orgánicamente está unido al sistema hígado‑plexo solar‑bazo, del que ya hemos hablado ampliamente. Esta conciencia central del vientre es la conciencia más fundamental de los tres egos naturales, ya que determina el carácter con el que venimos al mundo. Todas nuestras inclinaciones naturales, todo nuestro karma, están fijados en este ego. El yo de este sistema hígado‑bazo ejerce una influencia vigorosa y preponderante sobre los otros dos egos, y con este yo salimos mientras dormimos y hacemos experiencias en la esfera astral.

Los egos de la cabeza y del corazón pueden ser cultivados dialécticamente hasta ciertos límites naturales legales, pero el ego de la pelvis, en cambio, no puede ser sometido a ningún cultivo. Este ego es el auténtico hombre dialéctico, obligado a mostrarse desnudo y sin máscara. Pero, teniendo en cuenta que no se atreve a mostrarse tal como es, se esconde la mayoría de las veces detrás de la apariencia, cultivada o no, de los centros de la cabeza y del corazón. Sucede entonces que oímos un lenguaje suntuoso y sublime, desbordante de razón y de altruismo, pero detrás del cual se esconde siempre la bestia primitiva rugiendo, dispuesta a saltar.

La conciencia del vientre dispone también de un poder deductivo perfectamente organizado en las estructuras del plexo solar, y posee también una voluntad. Llamamos «instinto» a la voluntad de la conciencia del vientre, y sabemos que todo hombre empujado por este instinto llega también a la acción. El hombre que vive fundamental y completamente de este tercer ego, personifica el tipo de hombre prehistórico, el genuino hombre natural sin miramientos ni modales, el bruto materialista, el acaparador sin escrúpulos.

Si reflexionamos al respecto, se vuelve evidente que las experimentaciones dialécticas en el terreno de la civilización, la cultura, la religión y la magia, se explican por los numerosos intentos emprendidos para establecer el orden y el equilibrio en las propiedades y actividades de los tres egos naturales. Pero se dará cuenta, al mismo tiempo, que esta manera de actuar es precisamente la que engendra la duplicidad y la falsedad, y que así se producen en la vida del hombre tensiones espantosas y casi insoportables. Todas las enfermedades que afligen a la humanidad son causadas por esa falta de armonía y esas tensiones entre los tres egos, el de la cabeza, el del corazón y el del vientre.

Cuando los instintos ancestrales del hombre se desencadenan, éste cae en un modo de vida tan espantoso, que queda dominado totalmente por un demonio general. En cada período humano, los dirigentes de la humanidad tratan de conjurar este peligro fundamental, sometiendo a los egos de la cabeza y del corazón a toda clase de métodos de educación. Sin embargo, en cuanto el individualismo, la conservación del yo o las normas de existencia corren cualquier peligro ‑y ésta es una ley natural en la dialéctica‑, el tercer ego, en virtud de su ser, interviene. El mundo se vuelve así un infierno delirante, y el hombre, una bestia feroz de la selva.

Todos los intentos emprendidos por la cabeza y el corazón para paliar este estado, disfrazarlo y neutralizarlo con argumentos o reflexiones, no pueden negar la realidad. No hay ningún puente entre el hombre natural y el hombre espiritual.

El hombre natural tiene a su disposición tres agregados de conciencia, de los cuales dos deben servir de «válvulas de seguridad» para el tercero, la conciencia fundamental. Pero, viendo los resultados naturales de la vida, todo esto se muestra insuficiente: una formidable catástrofe se abre paso, o un dramático desmoronamiento. El desenlace es ineluctablemente la muerte y la rotación incesante de la rueda de la dialéctica.

Quien estudia de forma objetiva el organismo humano dialéctico, y sucumbe en lo desesperante de sus conclusiones, demuestra una actividad de su sistema verdaderamente extraordinaria, siempre y cuando esa desesperación se manifieste claramente.

El hombre es un ser de la naturaleza; todo su sistema vital se explica por ella, y el conjunto de su camino por la vida procede de su unidad con ella. El sufrimiento, el dolor y la tristeza del hombre natural no provienen de su angustia por haberse alejado de Dios, sino de las oposiciones que encuentra en su desarrollo natural. Igual que el conejo atacado por el armiño da un grito de angustia, el hombre clama su angustia cuando el curso natural de su existencia es impedido por enfermedades o dificultades de la vida social. Descubrirá que usted puede convencer a cualquier persona de que la dialéctica y sus leyes son una realidad, pero que en el fondo el hombre no encuentra demasiado grave todo ello. Lo encuentra muy natural y, a veces, hasta magnífico. Pues la dialéctica concuerda exactamente con su temperamento natural y real. Considera la lucha por la vida en la naturaleza como verdaderamente humano y varonil. Toda la vida social moderna, que rige en la actualidad el mundo, ha surgido de esta lucha y de esta ley.

Los hombres, en su estado actual de seres naturales, sufren simplemente la desesperación de que el mundo no funciona como desean; de la misma forma que experimentan la angustia de un desastre económico. Y no olvide tampoco que cuando estos hombres pronuncian sus lamentos acusando al mundo de malo, tal vez llenos de sentimientos religiosos, sólo lo encuentran malo porque no obtienen lo que desean. Por esto es necesario que usted profundice en sí mismo para ver si ha venido, o si viene, a la Escuela Espiritual porque está decepcionado de la naturaleza, o porque se siente realmente un desterrado en este mundo y la angustia carcome su alma por el estado de alejamiento de Dios.

Si este último caso fuera el suyo, entonces se puede hablar de una actividad muy especial en su sistema, ya que la inquietud en cuestión es imputable a la actividad del átomo‑chispa de espíritu. Cuando un hombre posee todavía este átomo, y puede ser conmovido aún por la Gnosis, entonces se cumplen las palabras: Queremos vivir según tu sabio y gran ejemplo, unidos como átomos que juntos forman el ego. Queremos aspirar a la conciencia de este ego, hasta que el átomo reconozca: sufro en el ego.

 

De lo que se trata, por lo tanto, es de este sufrimiento del átomo‑chispa de espíritu en el ser natural terrestre. Sólo este sufrimiento, sólo este dolor es liberador. El que conoce algo de este sufrimiento, sabe que estos latigazos son su curación; ya que este sufrimiento demuestra al verdadero alumno que la Gnosis le ha encontrado.

Quien sufre según la naturaleza, ruge como la bestia en la selva, pero quien padece el dolor del hombre tocado espiritualmente, es alguien lleno de alegría, ya que: «La gran luz es encendida entonces por la Fuerza Divina, el átomo espiritual será encendido entonces por el resplandor de la luz del Señor, y se elevará a través de la oscura materia, dejando la noche atrás.»

 

Quien sufre en el ego de esta manera, como consecuencia del despertar del átomo‑chispa de espíritu, emprende un proceso del que ya hemos hablado y que representa para los tres egos dialécticos, literal y corpóreamente, su hora fúnebre.

Como ahora sabemos, tan pronto como la imagen clara del hombre inmortal nace del átomo‑chispa de espíritu, esta concepción mental irrumpe en el sistema hígado‑bazo, para atacar así la posición clave del ser natural dialéctico.

El santuario del corazón es el primero en ser forzado por el átomo‑chispa de espíritu a nuevas actividades liberadoras. Por consiguiente, la conciencia central del corazón es la primera en ser apartada de su estado natural. Una nueva actividad mental encadena a continuación la conciencia central de la cabeza a la corriente de la renovación. En tercer lugar, la imagen mental del hombre inmortal debe penetrar finalmente en la esclusa del hígado‑bazo, para atacar al tercer ego: así es colocada el hacha en la raíz de la existencia dialéctica. Cuando el alumno ha comenzado con esta tercera actividad, se prepara concretamente para volverse digno y apropiado para el nuevo tipo de hombre en devenir. Se vuelve orgánicamente apto para encontrar a Cristo en las nubes del cielo. Las palabras que dicen: «La muerte ha sido absorbida por la victoria», se hacen realidad.

 

En caso de que usted no posea el átomo‑chispa de espíritu, o si todavía no ha sido inflamado por la Gnosis hasta volverse un fuego, sólo entenderá y tomará conciencia de nuestros argumentos y reflexiones de forma intelectual o mística, según las tendencias del primero o del segundo ego en usted. En el fondo, todo esto no le dirá ni le hará nada, ni le pondrá en movimiento. No obstante, si usted sufre con nosotros en el ego, según el átomo‑chispa de espíritu, y de esta forma la luz de la Gnosis se ha vuelto una lámpara a sus pies, cada disertación de la Escuela Espiritual despertará una fuerza muy especial en usted. Cada palabra hablará directamente a su átomo espiritual que yace anegado en la sangre de su corazón. Gracias a las propiedades maravillosas del espíritu, podrá experimentar cada palabra y reconocerla directamente como verdad. Estas palabras de verdad harán circular una fuerza desconocida en su sangre. Así, metódicamente, el trabajo del Señor, el trabajo de la Fraternidad Universal de Cristo, es afianzado en usted.

De esta forma debemos comprender las palabras de Pablo: «Así hermanos míos bien amados, sed firmes, inquebrantables, trabajando cada vez más en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo no será en vano.»

«La obra del Señor» no es uno u otro trabajo pastoral que la Escuela de la Rosacruz deba hacer para usted, sino el trabajo metódico que la Gnosis elabora en usted y por usted. Este trabajo emprendido por la Fraternidad en usted y para usted no es un trabajo en el que usted permanezca en la ignorancia, usted no es acogido en una liberación automática; no, el átomo‑chispa de espíritu que sufre en el ego debe cooperar inteligentemente en este trabajo.

Por esto, usted, alumno en el Camino, sea firme e inquebrantable!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

Fuerza de gravedad y liberación

 

 

Uno de los objetivos más importantes de la Escuela Espiritual moderna con respecto a lo que en los últimos tiempos se ha revelado sobre la nueva raza humana en devenir, es el de familiarizar con las normas, las bases y los aspectos de este nuevo devenir humano a todos los que pueden comprender este mensaje. Este propósito justifica la invitación que se le dirige para que se esfuerce por entrar en este nuevo devenir humano. En efecto, toda especulación, incertidumbre e idea vaga deben desaparecer en la medida de lo posible, y toda filosofía errónea debe ser mantenida a distancia.

Si usted posee algo del verdadero alumnado, entonces está en principio presente en usted el deseo fundamental de regresar al Reino Inmutable. En la actual fase de manifestación, la Fraternidad orienta este anhelo y pone «rumbo» al desarrollo de cada alumno que demuestra estar decidido interiormente a ello. Debe comprender bien lo que significa «poner rumbo» a la vida de alguien. No se trata aquí de una ayuda negativa, sino en primer lugar, de una aportación de comprensión y de conocimiento. No en vano la Biblia habla de «Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento».

Conocer, en el sentido de la Enseñanza Universal, es obtener discernimiento, sobre la base de un átomo‑chispa de espíritu activo, de un estado efectivo del camino y de la verdadera vida, así como de todos los factores cooperantes que están al servicio del candidato. Una vez adquirido este conocimiento, el propio alumno puede pasar a la actividad. Y es en ésta auto‑francmasonería liberadora en la que la Escuela Espiritual quisiera tanto hacerle participar.

La nueva raza humana no nacerá por un milagro, sino que cada entidad que forme parte de ella deberá integrarse en este grupo por actividades auto‑liberadoras. Usted debe iniciarse a sí mismo por «el sendero estrecho» de la auto‑francmasonería. El Señor de toda vida dice: «trabajad para vuestra salvación con temor y temblor», lo que quiere decir «trabaje para su liberación renunciando a su yo». Y si usted cree en ello el éxito coronará infaliblemente sus esfuerzos.

Creer, en el sentido de la Fraternidad, quiere decir: saber desde dentro. Este «saber interior» es la actividad del átomo‑chispa de espíritu. Por esto habla Pablo de «la fe en vuestros corazones». Con esto no quiere dar a entender algo sentimental; no es una creencia bíblica o clerical, sino la centelleante vibración del átomo‑chispa de espíritu en el ventrículo derecho del corazón. Esta es la fe que debe morar en su corazón. Usted es admitido en el atrio de la Escuela Espiritual para adquirir esta fe, para despertar esta vibración, y no vaya a creer que la Escuela Espiritual pueda o vaya a hacer algo por usted, antes de que «usted no mueva montañas» sobre la base de esta nueva y exclusiva vibración de fe.

Decíamos que, en primer lugar, usted es admitido en la Escuela Espiritual para despertar la vibración del átomo‑chispa de espíritu, o hablando místicamente, «para liberar la fe en su corazón». Muy a menudo esto no deja de ser una fórmula, una consigna, expresada por muchos, que podemos oír por todas partes, y que nos dice muy poco cuando es oído y dicho superficialmente. Podría ser que cuando le decimos: «Usted está en la Escuela Espiritual para liberar la fe en su corazón», al principio esto le dé una especie de tranquilidad burguesa, el sentimiento de haber llegado por fin a casa. Pero no lo olvide nunca: En esta Escuela usted no ha llegado a casa Pues la tarea de la Escuela es la de perturbarle, ya que debe poner rumbo a su vida.

Quien aquí se crea en casa, no posee todavía un átomo‑chispa de espíritu activo. Hay que llegar al punto en que este átomo sufra en el ego, según la cita del capítulo anterior. Quien experimenta este sufrimiento particular en su propio ser, siente el mismo sufrimiento con relación al mundo en el que vive, y nace en él un inmenso deseo de la Patria original perdida. Y en concordancia con este deseo, su vida obtiene un rumbo.

Cómo explica la ciencia natural el deseo, la aspiración? El deseo es una fuerza, una fuerza de atracción, una fuerza de gravedad, un poder magnético. Y, al igual que cualquier imán, tiene otro polo, un polo magnético que rechaza. Cuando nuestro deseo, uno de los polos magnéticos, se orienta hacia algo, el segundo polo magnético rechaza lo opuesto a ello. Esto es de una importancia capital! Reflexione bien sobre ello!

Usted sabe que nuestra personalidad es el centro de un sistema, al que llamamos microcosmos, minutum mundum, mundo en pequeño.

Dónde está, dónde vive este microcosmos? Aquí, en este mundo! Este mundo, en el cual vive, está organizado según el mismo principio que su pequeño mundo. Por esto hablamos de «cosmos», el mundo, y de «microcosmos», el pequeño mundo en el que usted está.

El cosmos en el que vivimos se desplaza en el espacio a una velocidad vertiginosa. Cómo es posible que no seamos proyectados al exterior? Gracias a la fuerza de atracción, a la actividad gravitatoria de esta Tierra. El poder magnético de nuestro cosmos nos mantiene en nuestro lugar. El campo electromagnético de este mundo mantiene agrupadas a todas las criaturas que están comprendidas en su espacio.

Advierta, sin embargo, que el funcionamiento y el poder cohesivo de este sistema depende de usted y de nosotros! Hemos nacido de la naturaleza, de los principios materiales de este orden y, en virtud de este nacimiento, nuestro campo electromagnético personal concuerda perfectamente con el de este mundo, formamos una unidad con este mundo. Cuando nuestros deseos y nuestras aspiraciones se dirigen al plano horizontal de la vida, cuando nos orientamos hacia esta naturaleza, hacia las cosas de este mundo, es evidente que así reforzamos nuestra unión magnética con la naturaleza terrestre, ya que el deseo es una actividad magnética atrayente. Si el deseo está orientado hacia la tierra, el segundo polo magnético rechaza obligatoriamente todo lo que no está orientado hacia la tierra, y mantiene así a distancia todas las influencias liberadoras.

Por lo tanto, constatamos que, en virtud de nuestra naturaleza dialéctica y de las actividades electromagnéticas de nuestro propio microcosmos, todos nosotros somos mantenidos prisioneros por el campo electromagnético de esta tierra, y de hecho somos nuestros propios carceleros.

Suponga ahora que, en este estado, experimentáramos dolor, sufrimiento, contrariedad, lo que es inevitable, a causa de las particularidades de la dialéctica. Este sufrimiento, este torbellino de miserias, es el sufrimiento del átomo‑chispa de espíritu? En absoluto!

En razón de la ley natural de este cosmos, prisioneros del campo electromagnético de nuestro mundo, somos objeto de la lucha, el odio y la pasión natural. Tal es la maldición de nuestro campo de existencia. Usted lo experimenta. Los mazazos del destino se abaten sobre usted. Qué hace entonces? Pide ayuda, auxilio, protección. Como consecuencia, de usted emana una actividad electromagnética espontánea. Es ésta aspiración el deseo de salvación, el grito magnético del átomo‑chispa de espíritu pidiendo auxilio? Es eso «la fe en su corazón»? En absoluto!

Es una actividad electromagnética de su naturaleza, de su triple ego natural, que no engendra ninguna desviación en el campo magnético de este mundo. Es un deseo terrestre, deseo de posesión terrestre, de seguridad terrestre, de protección terrestre. Cuando un deseo de esta índole le hace desarrollar actividades místicas, ocultas o pseudo‑transfigurísticas, sólo despierta, a causa de la naturaleza del campo magnético, reacciones en y de su campo de vida natural. De esta forma, no se desata nunca de la esfera reflectora, ni tampoco podrá conseguir liberación alguna.

Quizás sus experiencias personales le hagan reconocer estas cosas como verdaderas. Cuánto habrá penado ya por sinceridad natural! Habrá sufrido mil fatigas infructuosas. Quizás haya sido su sinceridad natural la que le ha acercado a la Escuela Espiritual. Pero usted encuentra la puerta cerrada, ya que la Escuela Espiritual no puede ayudarle «hasta que la fe no haya nacido en su corazón», hasta que el átomo‑chispa de espíritu no se haya despertado en su corazón.

Si usted lo comprende, no le queda más que obrar inteligentemente. Usted sabe ahora que cada actividad es una conmoción de su campo electromagnético, procedente de su constitución natural y que, por consiguiente, su resultado sólo tiene valor en esta naturaleza. Es evidente que usted debe, por lo tanto, calmar esta agitación magnética, esta persecución de sus deseos, y conducirlos a un descanso completo. Al principio, por el descubrimiento de que esta persecución no puede ofrecer ningún resultado, sino que, por el contrario, ocasiona una unión más estrecha con esta naturaleza. Pero la segunda fase de esta calma, de este reposo, debe representar una entrega a la Gnosis, una inclinación ante las puertas de los Misterios, como dicen los mitos.

En la Enseñanza Universal, esta tranquilidad, este estado de silencio, es recomendado a todo candidato. Los antiguos misterios dicen: «Mi alma está silenciosa ante Dios, de El me vendrá la Salvación», y los nuevos misterios dicen: «Procurad volveros silenciosos». Usted puede leerlo en la Epístola a los Tesalonicenses. Ahora debe comprender que gracias a esta calma verdadera, a este apaciguamiento de las tempestades

electromagnéticas naturales, nace una nueva posibilidad para el alumno: en este silencio, puede ser alcanzado por la fuerza de radiación del campo electromagnético de la Fraternidad Universal.

De hecho, existen dos campos electromagnéticos en nuestro cosmos terrestre, y ambos tienen su centro en el corazón de la Tierra: un campo magnético central de esta naturaleza, y un campo magnético central de la Fraternidad. Cuando un hombre, que dispone de un átomo‑chispa de espíritu en el corazón, cesa de reaccionar según sus instintos naturales y llega a la calma en el sentido indicado anteriormente, es tocado inevitablemente por el campo magnético fraternal. El átomo, en el ventrículo derecho del corazón, es despertado y se desarrolla una nueva vibración, un nuevo anhelo y, por él, un nuevo poder electromagnético. El alumno dispone entonces de un nuevo poder cuyo origen no está en esta naturaleza. La verdadera fe se despierta en su corazón y, tal como dice Pablo, está lleno de «esperanza inextinguible», de una formidable fuerza magnética, que le permite atraer gran número de fuerzas y valores al interior de su microcosmos, los cuales no provienen de esta naturaleza. Es inútil añadir que, por medio de esta actividad gravitatoria transformada, se almacenan en el sistema microcósmico nuevos materiales necesarios para la recreación de todo el sistema. Así descubrimos que la transfiguración es, de hecho, una cuestión de nuevas leyes electromagnéticas.

Cuando el alumno se encuentra al comienzo de esta nueva revelación, experimenta todo el apoyo del campo electromagnético fraternal, de manera necesaria y completamente impersonal, por lo tanto, sin la mediación de un supuesto iniciado de aspecto imponente. Ya que, de igual forma que el hombre según la naturaleza se adapta, en virtud de su ser, al campo electromagnético de esta naturaleza, también el alumno se adapta al nuevo campo de vida en el que acaba de nacer. Puede decirse entonces que el nuevo campo de vida le toma como prisionero, le admite, pero esta admisión representa el amparo en Dios, el cobijo en la Gnosis.

Imagínese que ahora, en calidad de alumnos de esta Escuela, penetráramos en ese nuevo campo magnético. Nuestros microcosmos demostrarían esos nuevos fenómenos magnéticos, y juntos desarrollaríamos tal poder magnético sobrenatural que, inevitablemente, llegaría a perturbar las actividades magnéticas de esta naturaleza. Nos volveríamos la causa de numerosas anomalías magnéticas! Amontonaríamos en nuestra atmósfera fuerzas que ocasionarían un caos en el metabolismo de la naturaleza.

Y en colaboración con el centro magnético fraternal existente en el corazón de la Tierra, romperíamos los muros de nuestra prisión natural, y aceleraríamos el regreso de este orden mundial a un nuevo comienzo, impulsando a los hombres renovados hacia una liberación, y conduciendo al resto hacia una nueva oportunidad.

Empieza usted, lector, a comprender algo de los fundamentos en los que la Escuela Espiritual basa su trabajo de liberación de la humanidad y de renovación de la vida? Nuestra intención es demostrarle que el camino de la transfiguración es un nuevo proceso científico‑natural, un proceso alquímico, unas bodas alquímicas con la Jerarquía de Cristo, empezadas, continuadas y coronadas por medio de la auto‑francmasonería. Emprenda, pues, con nosotros un profundo estudio del cosmos y del microcosmos y triunfemos sobre la muerte de la naturaleza en Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

La locura de la cruz

 

 

Le hemos explicado cómo toda la serie interminable y variada de deseos y actividades humanas están estrechamente unidas a procesos electromagnéticos en y del microcosmos. El campo electromagnético particular de cada hombre es uno con el de la Tierra, de modo que el centro de gravedad del hombre se encuentra, en más de un sentido, en este mundo. El hombre es regido por el magnetismo terrestre; toda su vida y sus aspiraciones, sus obras y sus deseos están marcados con el sello de esta dependencia: es de la tierra, terrestre.

Todas las aspiraciones religiosas, ocultas o humanitaristas encuentran su base y su objetivo en la actividad de esta ley natural. Provienen de la naturaleza, se desarrollan en ella y por ella, y regresan a ella.

Si examina este mundo y la abigarrada multiplicidad de sus actividades, usted acabará sacando la conclusión de que ninguna de estas actividades ‑por contradictorias que parezcan entre sí‑ es enemiga de la naturaleza ni se resiste a la opresión electromagnética fundamental. Como consecuencia, el transfigurista no está interesado por el sistema económico que regirá ahora o más tarde la vida de la humanidad, ni por el punto de vista que la humanidad adoptará en cualquier aspecto de la vida en esta naturaleza, ni tampoco por el color con el que el hombre coloreará su comportamiento religioso, oculto o humanitarista, ya que el transfigurista está exclusivamente orientado hacia su liberación total de este campo natural. Es imposible imaginar a alguien más radical que el transfigurista. El tipo radical natural se esfuerza por un cambio forzado en el terreno económico, social o político, por lo tanto, en el plano horizontal. El transfigurista, sin embargo, anhela distanciarse totalmente del plano horizontal, por medio de una poderosa intervención auto‑revolucionaria en su propio ser.

¡Los transfiguristas son escasos en este mundo! Quizás esta afirmación le extrañe, teniendo en cuenta el número constantemente en aumento de los alumnos de nuestra Escuela. Sin embargo, señalemos que la mayoría de nosotros no puede ser llamado aún transfigurista. Interesarse por el plan de desarrollo de la Escuela de la Rosacruz, orientarse por completo hacia todo lo que propone, no significa todavía vivir realmente este plan de trabajo. Usted se da cuenta de que son cosas distintas. Y esta diferencia existirá aún durante mucho tiempo, por el hecho de que pronto se luchará violentamente y sin piedad contra esta Escuela transfigurística y, teniendo en cuenta la naturaleza de esta lucha, muchos se retirarán quizás de la Escuela.

Se le dirá: «El transfigurismo es una forma clásica de locura que aparece de vez en cuando en la historia del mundo.» «El transfigurismo es un paroxismo de locura, es científicamente irrealizable.» «El transfigurista quiere emprender algo fundamentalmente imposible.» O bien se pretenderá: «Se puede esperar, como máximo, con buenas bases, que se alcance un alto ideal por una forma de cultura determinada.» Y le indicarán diversos bienes culturales que aparentemente testimonian a favor de esta afirmación.

Si entonces no está seguro de usted mismo, se apartará de esta Escuela, y cuando le pregunten: «Pero, no pertenecía usted también a ella?», responderá, rojo de vergüenza, con esta mentira: «Nunca, qué le hace suponer semejante cosa?» La negación de Pedro es un hecho que se repite entre los alumnos que están en el Atrio. Y no obstante, los transfiguristas señalados como locos, se encuentran en muy buena compañía!

Jesús está ante el Sanedrín, el Sínodo General de su tiempo. Lo declaran loco peligroso… Jesús se calla.

Pablo está ante Festus, el gobernador. Le ha dado explicaciones detalladas del transfigurismo. La inmediata reacción del romano es: «Tú divagas»… Y Pablo no puede hacer otra cosa que callarse.

Oiga a Agustín fulminar contra los Maniqueos. Oiga como los ridiculiza a diario… Pero los hermanos Maniqueos se callan. Cómo podrían hablar sin una mutua base de comprensión?

Y usted ha leído de qué se acusaba a los Cátaros: «un paroxismo de locura peligrosa», decían. Todo un pueblo fue casi completamente masacrado; pero los hermanos Cátaros… callaban.

El transfigurismo debe parecer necesariamente una locura a todos los que son de esta naturaleza. El mundo está saturado de inclinaciones religiosas, pero la religión fundamental de liberación es considerada locura. Este es, claramente, el rasgo característico de la dialéctica.

Piense aquí en las célebres palabras de Pablo en la primera Epístola a los Corintios:

Pues la palabra de la cruz es una locura para los que se pierden; pero para nosotros que seremos salvados, es un poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y desecharé el entendimiento de los entendidos. Dónde está el sabio? Dónde está el escriba? Dónde el disputador de este siglo? Acaso Dios no ha enloquecido la sabiduría del mundo? Puesto que el mundo, en su sabiduría, no ha conocido a Dios en su sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Pues la locura de Dios es más sabia que los hombres.

Podemos decir, por lo tanto, que ejercemos la herejía transfigurística en buena compañía!

Dicho herético es un insensato, un charlatán, que exalta la locura de la cruz. Y esta locura alcanza un sentido razonable, esta locura se vuelve una fuerza majestuosa, solamente para los que pueden comprender y están dispuestos a llevar la cruz de la transfiguración. Por ello, el transfigurista no malgasta palabras con quienes, en esta naturaleza, están llenos de ambiciones. El se callará sin una sola palabra de protesta, sin una palabra de compromiso o concesión.

Por esto poseemos una Escuela cerrada, y por esto se habla solamente a aquellos de quienes se puede admitir que comprenden, en cierta medida, la base racional de la locura gnóstica. El mundo demuestra más que abundantemente que su, en más de un aspecto, formidable sabiduría no puede hacerle encontrar a «Dios en la sabiduría de Dios». Por esto nos alejamos del mundo, con el fin de poder sumergirnos en otra realidad, libres de toda hipótesis filosófica dialéctica. Está presente en nuestra naturaleza esa otra realidad? Se puede descubrir alguna huella? Se puede probar concretamente la existencia de esto «otro», en caso de que la admitamos, con el fin de protegerse de una nueva ilusión? A estas preguntas respondemos con un rotundo «sí». Cristo es una realidad racional superior y no una figura histórica. Definimos esta realidad como campo de radiación de la Fraternidad, y le hemos dicho que el corazón de este campo de radiación se encuentra en el corazón de este mundo.

Cómo hay que comprenderlo? La filosofía de la Rosacruz moderna hace hincapié en que la verdadera tierra divina, el mundo que es también denominado «Reino Universal», no es un planeta que ha desaparecido en la nada detrás de los velos de un lejano pasado, sino que aún hoy existe en toda su plenitud. El planeta original es un conjunto de siete esferas, cuya rotación se interpenetra, y una de estas esferas puede ser designada como el aspecto dialéctico de esta septuplicidad. Por sus leyes naturales dialécticas, este aspecto dialéctico libera fuerzas al servicio de los otros seis aspectos, al servicio de la plenitud de la vida que encuentra, en esta septuplicidad, su única y divina expresión.

Es evidente que el eterno Corazón Paterno del Logos guía y propulsa cada uno de los aspectos de la totalidad planetaria divina, y que, por consiguiente, debe encontrarse también aquí el campo de radiación electromagnético fraternal, ya que este campo es el corazón fundamental de este planeta.

Lo que tenemos por costumbre llamar «nuestro mundo» es la séptima parte de la realidad cósmica divina, parte muy extraña, misteriosa y casi desconocida. Y nosotros, habitantes de este valle de lágrimas, pertenecemos a una ola de vida que originalmente estaba destinada a alcanzar la gloria en el campo de la septuplicidad divina, pero que se ha hundido en un campo de existencia en el que no es posible vida divina alguna. Somos unos desterrados, estructuralmente desnaturalizados y hemos caído en un estado de degeneración total.

Y ahora hay en nosotros un apremio fundamental por progresar, por elevarnos, despertado por la aspiración del desterrado en nosotros por poseer la sangre y el suelo de su nacimiento. Todo el mundo se precipita como un animal perseguido, y clama por conseguir cultura! Comprende usted qué es este impulso? Es un vestigio atávico, una actividad del pre‑pasado, transmitido de generación en generación. Este vestigio habla, llama, pero nadie conoce ya la realidad y nadie puede conocerla, puesto que ha perdido la capacidad de conocimiento necesaria para ello.

La humanidad dialéctica dispone de un poder cognoscitivo y de una sabiduría, pero esta capacidad y esta sabiduría no le permiten «encontrar a Dios en la sabiduría de Dios».

 

Pues bien, la caída del hombre, su degeneración, el grado espantoso de desnaturalización de nuestro campo de vida generan una constante violencia contra esta séptima parte de la plenitud cósmica. A pesar de todo esto, se puede y se debe decir que Dios ha penetrado hasta el corazón de este mundo, porque también este campo de vida está comprendido en el todo de la septuplicidad. De hecho este estado explica la presencia de un campo de radiación electromagnético de los Hierofantes de Cristo. No obstante, constatamos y experimentamos al mismo tiempo que la humanidad degenerada es prisionera del campo de radiación electromagnético de una naturaleza enemiga y no divina. Incluso se puede decir que forma una unidad existencial con él.

Por esto no nos preguntamos de dónde proviene la atracción magnética de la Fraternidad, sino más bien dónde se encuentra la causa de la contra‑naturaleza dialéctica, dónde se encuentra el núcleo de las fuerzas de esta degeneración natural generalizada.

Para encontrar respuesta a estas preguntas debemos entrar en la Escuela de los Misterios de la septuplicidad cósmica, para lo cual solicitamos su atención.

Lo que precede habrá podido hacerle comprender que nuestro campo de existencia sólo es una pequeña parte de una esfera que no debemos considerar como un cuerpo autónomo, sino que pertenece a un sistema de siete cuerpos que giran el uno en el otro, y cuyo conjunto forma la Tierra Divina real, el Reino Universal. Cada subdivisión de este sistema es completa en sí misma y posee el poder orgánico de protegerse completamente contra todo ataque dirigido hacia su ser y objetivo, lo que asegura, en toda circunstancia, el funcionamiento global de la septuplicidad cósmica.

Acabamos de decirle que el corazón crístico cósmico late en el núcleo de nuestra esfera terrestre. Evidentemente, ocurre lo mismo con las otras seis esferas del sistema. Por esto, podemos hablar del séptuple corazón del cosmos, del que el séptuple corazón humano debería ser un reflejo. El maravilloso poder orgánico, la inteligencia y el núcleo espiritual del mundo séptuple están encerrados en el interior de cada una de sus esferas, al igual que en el microcosmos humano todo está dentro del ser aural.

En general, no sabemos gran cosa de la esfera en la que vivimos. Nuestro campo de existencia actual se extiende sobre una parte muy pequeña y restringida de nuestra misteriosa Tierra. El más allá, llamado también esfera reflectora, pertenece por completo a nuestro campo de vida. En las dos esferas de este campo de existencia es donde se realiza la conocida rotación del nacimiento y de la muerte.

Debemos considerar nuestro campo de existencia como una prisión, como una celda, en el interior de este enorme sistema de la septuplicidad cósmica. Lo que llamamos la superficie de la Tierra es una capa relativamente delgada, y nuestros geólogos y técnicos sólo son capaces de penetrar muy parcialmente en el interior de esta capa. Todo lo que se encuentra por debajo de esta capa es desconocido para la masa. Se cree que el calor aumenta a medida que se penetra en el interior de la tierra, de modo que en un momento dado se debe llegar a una masa líquida incandescente y, finalmente, al fuego infernal de un núcleo gaseoso.

El transfigurista sabe, sin embargo, que las entrañas de la Tierra consisten en campos concéntricos de fuerza y de vida, en estrecha relación unos con otros, pudiéndose corregir y enderezar mutuamente a fin de asegurar las funciones del conjunto. Dirigimos especialmente su atención sobre dos de estos campos en las profundidades de la Tierra. En estos campos viven lo que podríamos llamar las «fuerzas naturales» y los «tipos primordiales».

Una fuerza natural es un poder, con cuya ayuda es llevado a cabo y mantenido un plan. El campo de las fuerzas naturales es un campo extremadamente magnético, o mejor dicho: es un campo donde aparecen, en un número infinito, tensiones, vibraciones y estados magnéticos diferentes, todos al servicio del metabolismo cósmico. Sin embargo, estas fuerzas naturales no son ciegas en cuanto a sus efectos en nuestro campo de vida, como a menudo se supone, sino que están unidas a los tipos primordiales, lo que quiere decir que cada fuerza natural está unida a un plan, a una razón superior que la guía y conforme a la cual se manifiesta. Los tipos primordiales son las vivientes y vibrantes imágenes‑pensamientos de la Gnosis.

Se les llama así porque la idea divina original ha tomado forma en ellos. Y estos principios primordiales vivos, estas vivientes imágenes‑pensamientos de Dios son las que invocan a las fuerzas naturales y las aplican. Cuando, por ejemplo, en este conjunto que forma el séptuple cuerpo terrestre, aparece algo que pudiera perturbar la armonía y el impecable funcionamiento del conjunto, el poder sensorial minuciosamente sintonizado de la Tierra lo notaría inmediatamente, y los tipos primordiales y las fuerzas naturales ‑que dan cuerpo a la idea y la voluntad de Dios‑ intervendrían de forma correctora sin demora.

Suponga ahora que su presencia en este campo de vida, su comportamiento, su estado de ser estructural, su lucha por la existencia, en fin, toda su conducta y la de sus semejantes, no concordase ‑como es el caso‑ con el plan fundamental de Dios, con el campo de fuerza de los tipos primordiales, entonces las fuerzas naturales, en concordancia con su propio ser, se volverían con violencia contra usted, y usted sentiría esas fuerzas como inarmonía. Usted sería zarandeado de un lado para otro en la dialéctica de las cosas, y se ocasionaría una explosión tras otra.

Por consiguiente, el transfigurismo, que quiere la reconciliación con la voluntad universal, no es una locura, sino más bien lo son los esfuerzos culturales dialécticos, pues tratan de eternizar el estado de ruptura con esa voluntad universal.

Usted está prisionero en este campo electromagnético de las fuerzas de la naturaleza que se rebelan contra usted, y en este campo se ha desarrollado también la maldad, el satanismo. Pero esta maldad no hay que imputarla a las fuerzas naturales, sino que es un fenómeno que acompaña a nuestra vida caótica y absurda. Su encarcelamiento durará hasta que usted encuentre el camino de regreso. A ello le llama el campo electromagnético fraternal. Para ello recibe el apoyo de esta fuerza de radiación de los Hierofantes de Cristo, y, un día, usted sentirá de nuevo las fuerzas naturales como fuerzas santas y benefactoras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

Dios ‑ tipo primordial ‑ hombre

 

 

En nuestras disertaciones sobre las fuerzas naturales y los tipos primordiales, hemos tenido que hacer alusión a los misterios de la septuplicidad cósmica. Hemos explicado que la verdadera Tierra está compuesta de un sistema de siete planetas que giran unos en otros, que nuestra ola de vida caída se manifiesta, como apretujada en una prisión, en una pequeña parte del planeta dialéctico de la septuplicidad cósmica, que este campo de existencia no fue creado para ser lo que ahora es y que, debido a esta existencia no divina, estamos fundamentalmente en conflicto con las tensiones magnéticas de las fuerzas naturales, que por ello experimentamos como inarmonía.

Las fuerzas naturales están unidas a lo que se llaman «tipos primordiales», que son los pensamientos vivos de Dios que encuentran su expresión en una de las esferas terrestres. Toda la septuplicidad cósmica es la expresión, la realización de una idea determinada, de un plan. Y como esta septuplicidad divina está tan infinitamente matizada y es tan variada en su manifestación, es obvio que la idea total existe también en la esfera terrestre de los tipos primordiales en un número igualmente infinito de «piedras de construcción» mentales. Con estas piedras de construcción fue erigida en su día la imperecedera obra de Dios, y aún es mantenida imperecedera mediante estos valores imperecederos. Todo lo que no está en equilibrio con la naturaleza divina, experimenta las fluctuaciones en una contra‑naturaleza, tal como lo experimenta a diario la humanidad adámica. Todo alumno bien informado de la Escuela Espiritual podrá comprobar por experiencia propia, como un axioma divino, que todo lo que se manifiesta en la septuplicidad cósmica al exterior de la contra‑naturaleza, tiene, debe tener, la idea universal de la Gnosis como fundamento. Por lo tanto, el hombre original también procede y es de la idea de Dios.

Una idea, en tanto que fuerza creadora, se mantiene unida a su manifestación. Esta es una ley original. Y así la idea de Dios se mantiene siempre activa en todas sus manifestaciones. Tan pronto como lo manifestado, la criatura, no se comporta en armonía con esa idea, aparece un conflicto, una ruptura, una amenazadora decadencia. Primeramente, vemos que la idea se vuelve latente en la criatura, cae en la inactividad. A continuación, a medida que la criatura en cuestión continúa siguiendo el impío camino de la contra‑naturaleza, y llega a una separación cada vez mayor, la idea inicial de Dios, que estaba todavía latente, se debilita progresivamente hasta llegar a desaparecer por completo del sistema de la criatura.

Por lo tanto, se puede comprobar científicamente una perdición absoluta, y al mismo tiempo se comprende por qué «todos los que saben» gritan de júbilo cuando la latente idea de Dios vuelve a vivir en una criatura y toma de nuevo la dirección de la vida. Sólo a un hombre así puede decírsele: «En verdad os digo, el Reino de Dios está en vosotros».

Debemos dar aquí una explicación. «El Reino de Dios», en el sentido en que lo entendemos aquí, es el átomo‑chispa de espíritu del que ya le hemos hablado. Quien posee este átomo‑chispa de espíritu, quien lo posee todavía, tiene en él el Reino de Dios, lo que quiere decir que la idea de Dios respecto al Reino Inmutable yace en uno u otro estado latente. Por ello, el único objetivo de la Fraternidad Universal es despertar de ese estado latente a este átomo original divino. Si un alumno triunfa en este proceso de salvación, se libera en él una poderosa fuerza original que le permite recorrer el camino que conduce al Reino Inmutable.

Quizás haya oído hablar tanto de este proceso de salvación que lo conozca teóricamente de memoria. Esto presenta el peligro de creer que el tema en cuestión se ha agotado para usted, y con ello pierde su fuerza, porque supone que domina suficientemente el tema. Pero si ha seguido atentamente lo que le hemos expuesto, debe entender que nuestra argumentación debe ser tomada solamente como una aproximación superficial, y debe cuidar de que su orientación interior no se duerma.

Decíamos que las ideas de Dios viven en la esfera terrestre de los tipos primordiales, y no sólo respecto a su creación, sino también a su criatura.

Una idea es una forma de pensamiento; ella demuestra una estructura de líneas de fuerza y, por consiguiente, es una realidad viva. Por lo tanto, se puede hablar con razón de «tipos primordiales» con respecto a las ideas de Dios. Según la imagen de los tipos primordiales, el gran objetivo se vuelve una realidad concreta por medio de la fuerza divina. En la esfera terrestre de los tipos primordiales no hay un tipo de hombre en tanto que especie, sino que cada hombre tiene su propio tipo primordial. Comprenda, sin embargo, que esto no se refiere al hombre dialéctico, sino exclusivamente al hombre original verdadero. El hombre original verdadero no pertenece a una especie ni a un pueblo ni a una raza; no, cada entidad de la magnífica multitud perteneciente a la septuplicidad cósmica es una realidad autónoma auto‑creadora. Está modelada según un tipo primordial exclusivamente unido a ella.

Pues bien, no hay que pensar nunca que el tipo primordial es el que impone fundamentalmente su dirección en la entidad, y que una vez que esta entidad se ha impregnado con esta idea, se puede echar a dormir. El tipo primordial es un ejemplo divino por el que debe trabajar el alma. Una imagen‑pensamiento es viviente y vibrante, pero nadie debe decir que la imagen‑pensamiento y el alma, la imagen‑pensamiento y la conciencia, se confunden entre sí. El tipo primordial del hombre verdadero es, pues, un ejemplo viviente y vibrante, un Plan de Dios viviente y vibrante respecto a sí mismo. Y este hombre es invitado a manifestarse en libertad siguiendo este ejemplo.

La experiencia ha debido enseñarle que cuando se llega a una determinada actividad impulsado por una imagen‑pensamiento, el plan de su actividad se desarrolla a medida que se va ejecutando. Lo mismo ocurre con los tipos primordiales. Están destinados a ser utilizados por el hombre verdadero. Cuando esto sucede en concordancia con su naturaleza y su ser, los tipos primordiales se despliegan también llenos de majestad y se desarrollan hasta formar seres magistrales que incitan a las fuerzas naturales a enormes esfuerzos.

Constatamos así que hay un tipo primordial y un hombre. El tipo primordial es una manifestación gnóstica y el hombre llega a manifestarse según la imagen de este tipo primordial. Vamos ahora a ver de qué forma surge la manifestación humana.

Cuando un tipo primordial es creado, es «pensado» por Dios, este tipo, decíamos, es viviente y vibrante. Es una combinación alquímica capaz de producir una concentración de fuerza y de materia en el lugar al que se dirige la imagen‑pensamiento. De esta concentración nace el microcosmos: el hombre. Hay pues una unidad inquebrantable entre Dios, el tipo primordial y el hombre. El hombre original es generado, en efecto, según la imagen de Dios, es decir, según el tipo primordial, en total semejanza con la imagen‑pensamiento de Dios.

El maravilloso principio que llamamos átomo‑chispa de espíritu era al principio el foco central del tipo primordial, alrededor del cual se formaba el microcosmos, por lo que podíamos hablar con razón de un átomo‑tipo primordial.

Cuando la luz del Sol es absorbida por un sistema, tiene que haber un órgano que lo haga posible. Así como el bazo absorbe la luz del sol material, de donde vive el tercer ego natural y por el que mantiene su posición dominante, así también el átomo maravilloso en el ventrículo derecho del corazón es el foco, el punto de contacto del tipo primordial.

 

Una vez dada esta explicación, puede usted llegar tal vez a una imagen más realista de su realidad existencial, admitiendo con ello que usted dispone, aún dispone, de un átomo‑chispa de espíritu, de un átomo‑tipo primordial.

Debe ver con claridad que igual que el tipo primordial se cultiva y se despliega majestuosamente a medida que el hombre recorre el camino de la gloria imperecedera, también cuando el hombre cayó en la manifestación adámica el tipo primordial hubo de caer en un estado completamente latente. Y éste es nuestro caso, hombres de este mundo! La trinidad Dios, tipo primordial, hombre, en lo que a nosotros concierne, se ha vuelto una realidad partida, pues no vivimos de la fuerza de radiación de nuestro tipo primordial sino, tal como lo expresa el prólogo del Evangelio de Juan, «de la voluntad del hombre, de la voluntad de la carne». Lo que significa que nuestro microcosmos es mantenido por el proceso dialéctico de nacimiento y muerte, por la rotación de la rueda en el interior de nuestra prisión. Como consecuencia de ella, la radiación de fuerza y de luz del tipo primordial se ha retirado, y el átomo‑tipo primordial se ha oscurecido en nuestro pecho. El fuego eterno en nosotros se ha apagado. Un gran abismo se ha abierto entre Dios y el hombre. El hombre, para manifestarse, se ha vuelto dependiente de un proceso de mantenimiento antinatural, que a pesar de ello ahora es muy natural e indispensable para nosotros, y como consecuencia de su degeneración fundamental se ve abandonado por la contra‑naturaleza al campo electromagnético de las fuerzas naturales que le son hostiles.

Qué debe suceder cuando la Fraternidad Universal quiere ayudar a este hombre caído, que antaño fue un hijo de Dios? Hay que intentar reconstruir la antigua trinidad: Dios, tipo primordial, hombre.

Esto no puede hacerse por la simple revivificación del tipo primordial. Si esto sucediera, una fuerza enorme emanaría del tipo primordial, el átomo‑tipo primordial sería despertado con tal violencia que su efecto causaría en segundos la muerte del hombre en cuestión.

La unidad partida tampoco puede ser restablecida por la revivificación forzada del átomo‑tipo primordial en el corazón. Semejante método provocaría el mismo efecto dramático.

No le queda, pues, a la Fraternidad otra alternativa que la de asumir temporalmente ella misma la función del tipo primordial y del átomo‑tipo primordial del hijo de Dios caído y desamparado. La Fraternidad se entrega literalmente al hombre caído como intermediaria, como mediadora. Baña al hombre, que ha llegado al punto muerto de su desesperación dialéctica, en un campo de fuerza. Este campo de fuerza es totalmente uno con nosotros e irradia una profunda compasión, un intenso amor, y quiere «secar las lágrimas de nuestros ojos». Cuando sobre nosotros ha descendido de esta forma cierta tranquilidad, el campo de fuerza entra en movimiento y nos trae una inquietud nueva y diferente. Hemos andado una milla con la Fraternidad y ella se acerca ahora otra milla a nosotros. Comprendemos que el proceso de desprendimiento ha empezado. Nuestro microcosmos debe ser arrancado del osario de la petrificación.

Por esto, el camino que la Escuela recorre con sus alumnos se caracteriza por tocarles e impulsarles continuamente, de círculo en círculo, con perspectivas y realidades siempre distintas. Y a medida que usted recorre el camino de la Escuela, suenan un día para usted las palabras: «Es mejor para vosotros que me vaya, pues os enviaré al Consolador; él os hablará en mi nombre.»

Quién es el Consolador, el Espíritu Santo? Y qué anuncia con su venida?

Anuncia el glorioso momento en el que el átomo‑tipo primordial empieza a trabajar en alguna medida de forma autónoma y, por lo tanto, también el momento en el que el tipo primordial viene a la vida en su esfera terrestre, después de la larga preparación por el Mediador, de forma que en principio y fundamentalmente Dios toca de nuevo a su hijo. Lo que Dios quiere es despertado por el Hijo y va a crecer ahora en el Espíritu Santo. Después de todo lo que precede, podrá verse que este crecimiento representa una transfiguración total, pues nada puede ser conservado del hombre dialéctico. Debe nacer un hombre absolutamente nuevo.

Ya hemos explicado lo que sucede en el alumno, cuando el átomo‑tipo primordial comienza a trabajar. El alumno, por medio de la nueva hormona del timo y la circulación cefálica, es llevado a una actividad del pensamiento completamente nueva. Por esta actividad, tras muchos errores, después de muchas malas pasadas del viejo Adán, el alumno esculpe la imagen del hombre inmortal.

Comprendemos quizás lo que es esta imagen. Es una proyección cada vez más pura del tipo primordial, como base del hombre nuevo que debe venir. Esta imagen del hombre inmortal se encuentra, por mediación del átomo‑tipo primordial, en relación directa con el tipo primordial mismo y, por él, también con la Gnosis. Este es el plan del Gran Arquitecto que, de esta forma se acerca y es llevado hasta el alumno. Estará claro que son liberadas grandes fuerzas para el candidato. El campo electromagnético, que durante tanto tiempo le resultó hostil, porque procedía de la contra‑naturaleza, se vuelve ahora para él una hermosa armonía. Este campo y el de la Fraternidad se confunden en una unidad perfecta. Dios y el hombre se han vuelto a encontrar y la criatura avanza de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia.

Usted comprenderá que esta glorificación no se refiere solamente al candidato, sino igualmente a la esfera terrestre de los tipos primordiales, ya que un tipo primordial fue liberado y vivificado de nuevo. Y en la medida en que esta esfera de la Tierra es glorificada, también las fuerzas naturales actúan con más fuerza. Sin embargo, y en concordancia con ello, se exacerban las oposiciones en la contra‑naturaleza y de esta forma, gracias a Dios, el día del gran fin se acercará más rápidamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IX

 

La alquimia divina y nosotros

 

 

Es posible que, para muchos, nuestras explicaciones introductorias sobre el hombre nuevo que viene contengan aún pocas indicaciones concretas, ya que las explicaciones sobre esferas terrestres, tipos primordiales, fuerzas naturales y actividades magnéticas no son cosas fáciles de concebir. Esperamos, por ello, que el contenido de este capítulo le acercará más que nunca, según sus sentimientos más profundos, a los valores y realidades que la Fraternidad quiere transmitir a su conciencia. El estado de ser de nuestra corriente de vida humana dialéctica será abordado ahora de otra manera, con la esperanza de que estas realidades le hablarán más que nunca hasta ahora, impulsándole a la reacción deseada.

En el fundamento de nuestro maravilloso planeta, del que no conocemos más que una ínfima parte y al que hemos llevado a un estado de inarmonía, hay una fórmula alquímica divina, que se encuentra en realización constante. Es una fórmula establecida por el espíritu divino, en vistas a una manifestación en, por y con la sustancia primordial.

La sustancia primordial llena el poderoso e infinito espacio intercósmico, el mar eterno de la divina plenitud de la vida. Es la materia mágica universal, con cuya ayuda es posible toda manifestación. Todos los elementos, materias y fuerzas imaginables e inimaginables, están presentes en estado inorgánico en esta materia mágica, y en este mar universal de las aguas vivientes se manifiesta lo que se designa a veces como el «Gran Aliento». El Espíritu incognoscible es el que mueve este flujo de las aguas, el que lo dirige y el que lo impulsa a manifestarse.

Cuando el Gran Aliento remueve las aguas de la sustancia primordial vemos formarse primero lo que se llama «el alma original», es decir, la fórmula, el plan alquímico de la manifestación. Por consiguiente, el alma es un principio de manifestación en la sustancia primordial. Sin embargo, esta definición no es suficiente para explicar la naturaleza del alma a nuestro entendimiento. Por esto añadimos que el principio del alma es un fuego que es encendido por el espíritu en la sustancia primordial, la materia mágica.

Todos nosotros sabemos que el alma es un «fuego», y por esto hablamos del fuego del alma, del fuego de la serpiente, del principio ígneo del alma. Cuando examinamos de cerca este principio de fuego del alma, descubrimos que en nuestro campo de existencia, este fluido ígneo del alma es un elixir muy sutil, es un gas de hecho muy conocido: el hidrógeno. El hidrógeno se presenta en un número infinito de variaciones que, no obstante, poseen los mismos principios fundamentales. Usted aprendió en el colegio que el hidrógeno está presente en todas las materias compuestas, que arde en el oxígeno, que produce el más alto grado de calor de todos los elementos conocidos y también que es sumamente explosivo.

Si usted piensa en esto, comprenderá la fase extremadamente crítica e hiper‑mágica negra en la que la humanidad ha caído; fase que también la humanidad atlante había alcanzado poco antes de su final. Como se sabe, los magos de la ciencia natural de nuestros días fabrican bombas de hidrógeno. La bomba de hidrógeno, o bomba‑H, encarna el principio de alma de la perdición, la explosión de la auto‑destrucción. El que se entrega a ello ataca, todavía más que con la bomba atómica, los fundamentos del espacio de la sustancia primordial, y puede desordenar todo el universo. Si alguien dudara aún de que la humanidad ha entrado en el período de los días del final, este hecho le confirmará indudablemente la realidad.

Le decíamos que el hidrógeno se presenta en infinitas variaciones, según el número de vibraciones en y por las que se manifiesta. Esto explica la diversidad casi incalculable de revelaciones y manifestaciones en el universo. Comprenderemos también a continuación que un principio de alma de fuego puede cambiar de tipo y, por consiguiente, también de vibración. En este caso, el resultado original de la vibración del alma hará sitio a un resultado totalmente diferente.

Cuando el alma original, la primogénita, se comporta en armonía total respecto al Gran Aliento, respecto a su creador divino, la manifestación exteriorizará lo que la Enseñanza Universal llama «Manas», es decir, el ser humano original, la manifestación humana original. Pero es más que evidente que nuestra alma ya no es un alma original. El fuego de nuestra alma es un principio de hidrógeno de la naturaleza terrestre. Si nuestra alma fuera original, es decir, en el verdadero sentido de la palabra, un pre‑principio ígneo, inflamada en la materia mágica por el Gran Aliento, entonces nuestra manifestación demostraría su divinidad. Nuestra alma es tal vez un pequeño fragmento del alma original, un principio de alma caído. Este principio de alma es una fórmula de hidrógeno que concuerda exclusivamente con esta naturaleza, y se explica completamente por ella.

Por esto somos llamados «nacidos de la materia» y nuestra manifestación es mortal. Si queremos ser elevados de este campo de existencia y ser hombres nuevos, hombres originales, es evidente que debemos destruir este principio de alma nacido de la materia y que un alma original debe nacer de nuevo del Gran Aliento.

Por esto Jesucristo atrae la atención hacia esta transfiguración, el renacimiento del alma, y los que renacen según el antiguo principio de fuego divino son llamados «nacidos dos veces». Quien no llega a celebrar este nacimiento, no verá el Reino de Dios. «Quien no renace de agua y de espíritu, no entrará en el Reino de Dios.»

Jesús, en su conversación con Nicodemo, se refiere aquí al núcleo de toda transfiguración. Cada alumno de la Escuela de la Rosacruz de Oro, cada candidato al camino del renacimiento, debe renacer primeramente según el fuego del alma. Sus radiaciones de alma deben irradiar y vibrar según la antigua fórmula divina del Gran Aliento. La concentración de sustancia primordial de su microcosmos debe ser intensamente conmovida por el espíritu. Esta tempestad del espíritu, este Pentecostés de fuego divino, debe suprimir el principio de hidrógeno terrestre, para que el antiguo campo de manifestación pueda irradiar de nuevo con su incomparable resplandor.

El que no quiera, no verá el Reino de Dios. El que no quiera morir según el yo, no debería acudir a nuestra Escuela.

Todo mortal según la naturaleza es una bomba de hidrógeno viva que, al estallar, se propaga como un infierno de terror, hasta que el conjunto, en tanto que colectividad, arde como un horno incandescente y lo consume todo. Pero examinemos el tema más lúcida y neutralmente aún, para llegar a percibir la verdad del testimonio de la Filosofía Universal como un hecho inquietante, a cuyo reconocimiento no podemos escapar.

Cuando el fuego del alma es encendido en la sustancia primordial, se produce una concentración de hidrógeno según una fórmula determinada. En cuanto este hidrógeno es liberado en la sustancia primordial, un segundo elemento sale simultáneamente de su estado latente: el oxígeno.

Sabemos que el hidrógeno arde en el oxígeno, se convierte en fuego. Consecuentemente, cuando la concentración de hidrógeno entra en contacto con el oxígeno, surge una combustión, de la misma manera que en nuestro cuerpo se produce un proceso de combustión por la respiración, a causa del encuentro del oxígeno de la atmósfera con la concentración de hidrógeno del alma.

Usted podría quizás decir: «Este proceso de combustión, no podría producir una explosión de hidrógeno y esto no podría llevar a grandes y tremendas desorganizaciones? Existen en la materia fronteras naturales que mantienen este proceso en el interior de ciertos límites, de cierto plan?»

En efecto, estos límites existen. Los límites naturales del proceso de combustión que resulta del encuentro de hidrógeno con el oxígeno, están formados por un tercer elemento, el nitrógeno.

Quizás en nuestra juventud hayamos aprendido que el nitrógeno es un gas que facilita las combinaciones, pero esta definición no es suficientemente exacta para explicar su actividad. El nitrógeno encierra dos fuerzas: una fuerza de retardación y una fuerza de perseverancia. Ambas fuerzas provienen de la fórmula que está en la base de la manifestación. La fuerza de perseverancia cuida de que el plan de manifestación se lleve a cabo sin interrupción; la fuerza de retardación cuida de que el desarrollo del plan no escape a la dirección, y por ello mismo de que el proceso de combustión no se convierta en un proceso explosivo.

Resumiendo: se desarrolla, por lo tanto, un proceso de combustión, un proceso ígneo, por el encuentro de dos elementos, el hidrógeno y el oxígeno, mientras que un tercer elemento, el nitrógeno, hace que el conjunto se desarrolle según el plan fijado. Todo este proceso da origen a una manifestación, en la cual se revela la causa primera, el plan mismo. Esta manifestación se realiza con ayuda de un cuarto elemento, que conocemos todos nosotros con el nombre de carbono. Por el carbono las cosas obtienen forma, se combinan. El carbono es una fuerza de cristalización. Es la base de todas las materias orgánicas, el elemento con cuya ayuda se pueden construir todas las formas imaginables e inimaginables.

 

Hay por tanto:

 

‑ primero: un elemento ígneo fundamental: el hidrógeno;

‑ segundo: un elemento de inflamación fundamental: el oxígeno;

‑ tercero: un elemento de manifestación fundamental, un elemento formativo: el carbono.

 

El plan, que yace en la base de estos tres elementos que colaboran entre sí, el tipo, la calidad, su origen divino o no divino, se evidencian por las dos fuerzas de un cuarto elemento, el elemento predominante: el nitrógeno. Los factores retardantes y perseverantes del elemento nitrógeno determinan finalmente el resultado.

Con estos cuatro elementos primarios se lleva a cabo la alquimia divina. Cada cosmos y cada microcosmos existe por estos cuatro elementos. Y puesto que cada alma original vivía del Gran Aliento, de un plan divino, usted deberá percibir ahora que cada tipo primordial de este plan, en tanto que fórmula viviente conservada por cada entidad, reside en la esfera terrestre de los tipos primordiales. Ya que nosotros pertenecemos a sistemas que viven del sistema planetario compuesto que llamamos septuplicidad cósmica.

Nuestro séptuple planeta madre conserva todos estos tesoros divinos en su seno, de donde debemos extraerlos de nuevo. Por ello, en los cuentos legendarios de los misterios más elevados y profundos, el candidato, al igual que Dante en su Divina Comedia, debe descender a las diferentes esferas terrestres para ser guiado por Beatriz, la Divina, hasta la luz universal. Todo lo que hemos expuesto le permitirá comprender que el corazón de la Tierra consiste en una concentración de gas de hidrógeno, cuya radiación se eleva de uno de los polos como el antiguo fuego original del espíritu, para extenderse a continuación en nuestra atmósfera; que por ello hay «un testimonio en las nubes del cielo», una viviente radiación de Cristo que puede ser inhalada en nuestra atmósfera por la respiración; y que, por consiguiente, el campo de radiación de la Fraternidad no es solamente un símbolo, sino una realidad viva y una antítesis absoluta de nuestro estado dialéctico colectivo.

Cada alumno puede saber ahora, por qué hemos entrado en el período de los últimos días, y por qué la exclamación «La hora ha llegado!» es tanto una advertencia como un grito de júbilo. Una simple reflexión y los hechos nos lo demostrarán. Las cuatro quintas partes de nuestra atmósfera vital dialéctica están compuestas de nitrógeno. Se encuentra este nitrógeno en su estado original, como elemento divino predominante? En absoluto! Es el elemento predominante dialéctico, liberado por un proceso de manifestación impío. Y este enorme poder dominante nos fuerza, nos empuja a la muerte y a la perdición. Este poder nos arrastra en una rotación perpetua, con una perseverancia y una dilación satánicas, como una película a cámara lenta. Dentro de este estado de sujeción comemos este nitrógeno de la dialéctica en forma de albúmina y de otros productos animales y vegetales. Hablamos de alimentación sana y de aire puro, pero vivimos y respiramos en este campo impío y, por ello mismo, comemos estos productos para, en definitiva, asfixiarnos con el nitrógeno en una agonía constante.

«Qué hay en un nombre?», preguntaba uno de los clásicos. Pues bien, sabemos lo que el nombre nitrógeno debe decirnos, y también sabemos la urgencia de llegar a vivir, a respirar, a comer en el campo original de los Hierofantes de Cristo, el campo de los cuatro alimentos santos. Todos somos llamados a esta alimentación milagrosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

X

 

Conócete a ti mismo

 

 

Hemos reflexionado sobre el hecho de que, en nuestro campo de existencia, se ha encendido y mantenido un fuego impío. Lo llevamos en nosotros como la llameante antorcha ígnea del alma. Este fuego en nosotros es alimentado continuamente por el impío fuego central, que arde en un determinado núcleo pérfido de nuestro campo de vida.

Este fuego central de la impiedad es designado desde los tiempos más remotos, en la Enseñanza Universal, como «Lucifer». Es un centro de gas de hidrógeno que no vibra conforme a un tipo primordial divino y, por consiguiente, no podrá nunca dar origen a una vida verdaderamente divina. Sólo ocasiona calamidad, muerte y destrucción.

El hidrógeno es sustancia del alma. Por esto, una concentración de hidrógeno en la materia mágica está siempre individualizada, está llena de conciencia, de conciencia natural propia. Esto explica por qué se dice que Lucifer es una potente entidad que se opone a Dios.

Pero, en el fondo, la conciencia de Lucifer es irreal, aparente, ya que Lucifer no es una entidad, sino un fenómeno natural, activo en este mundo de la impiedad, porque la idea que generó la concentración de hidrógeno no es divina, es decir, no está en conformidad con el Plan de Dios. Sólo hay conciencia, sólo se es una entidad, cuando el foco del alma está unido al espíritu absoluto. Cuando no existe tal unión con el espíritu sólo se es un foco, un fuego llameante irracional, una ilusión peligrosa.

Nuestros principios de fuego del alma encendidos en Lucifer son tan irreales como el propio fuego central impío. Es totalmente obvio que, cuando todos los principios de fuego impíos que arden en Lucifer reconozcan su irrealidad, su ilusión fundamental, y se resistan a seguir existiendo en el fuego de la impiedad, también el fuego central luciferino será apagado.

Quizás es difícil para usted comprender y admitir que, en realidad, usted no vive, sino que es un fenómeno natural. La suma de su existencia es la consecuencia de las tan diversas posibilidades existentes en la materia mágica. La antorcha de su alma arde por la unión de un número de espíritus de fuego naturales, que se llaman «salamandras». La colaboración o la combinación de un número de salamandras ‑los principios de serpiente ígneos del elemento hidrógeno, es decir, el elemento de fuego fundamental‑ da origen al fenómeno que usted conoce como conciencia, la sensación de «yo soy».

Usted, en tanto que alma dialéctica, no tiene finalidad fundamental. Su existencia es igual al girar de una rueda: vive para morir, y muere para vivir. Aquí todo sube y baja. Nada es duradero. Nada es esencial.

Debe aprender a admitir que usted y su mundo son el resultado de una actividad motora de fuego sin objetivo en sí mismo, de una reacción en cadena. Toda su existencia se basa en una fórmula alquímica impía: la antorcha de hidrógeno de su alma arde en el oxígeno; el proceso es guiado por los dos factores del elemento nitrógeno; el resultado se manifiesta en y por el carbono; y el conjunto emana de un núcleo ardiente: Lucifer.

Si usted no quiere ver o admitir con nosotros este estado dialéctico fundamental, si usted se rebela contra estas conclusiones, qué podrá hacer entonces? Entonces hará lo que hicieron innumerables personas antes que usted: seguir el camino de la magia natural, el camino del ocultismo natural. Adónde le conduce este camino? Al núcleo del campo luciferino! Vamos a demostrárselo.

Primero una pregunta: Es posible salir del campo de existencia dialéctico? Puede un hombre de esta naturaleza, un principio de alma ígneo encendido por un núcleo luciferino y ardiendo en él, salir de este campo de fuego?

No, no puede hacerlo, porque esto es algo que no está al alcance de sus poderes naturales. Sólo puede vivir en el campo de su nacimiento, en el campo de su base existencial natural. Sólo puede seguir siendo lo que es y estar donde está. Puede palpar los confines de su círculo de existencia. Y puede intentar penetrar hasta el núcleo de su campo de existencia. Esto es lo que hace el ocultista natural. El penetra hasta los fundamentos, hasta la clave básica de su existencia, y desea dominarla y controlarla. En este sentido, no quiere ser ni un servidor ni una víctima, sino un maestro.

El ocultista puede recorrer de hecho este camino, pero, qué hace tal persona en realidad?

Por su actividad y sus resultados refuerza el núcleo luciferino del campo de existencia impío. Aviva el fuego más intensamente que nunca, lo atiza cuando amenaza debilitarse. Con otras palabras, entra corporal y literalmente en el Infierno. Se identifica con el núcleo del fuego impío. De la misma forma que un órgano demuestra un nuevo carácter como consecuencia de un cambio en el número y en la estructura de sus células, el ocultista de la naturaleza luciferina se entrega a esta naturaleza y ya no puede liberarse de ella. Se ha convertido en una parte integrante de esta misma naturaleza:

Es el estado que describen los cuentos, mitos y leyendas de la lengua sagrada, cuando hablan del infierno y del fuego infernal. Sólo caen en el fuego luciferino infernal quienes se arrojan en él.

Quién se arroja a este fuego? Aquél que, por pasión de la existencia, se asocia consciente y elementalmente a él.

Quizás comprenda mejor ahora, en todo su dramatismo, la enorme maldición que pesa sobre este conjunto de fuerzas que conocemos como «la jerarquía dialéctica». Esta jerarquía es el conjunto de fuerzas de todos los que mantienen y deben mantener el núcleo luciferino de nuestro campo de existencia por necesidad de auto‑conservación. Pero observe este elemento dramático en su perspectiva correcta, ya que no se trata aquí de «vida real», sino de un fenómeno natural que se ha desprendido de la Gnosis.

Pero no condenemos con dureza la conducta del ocultista natural, ya que, en su pasión por la existencia, no hace más que refugiarse en el corazón de la fuente de esta existencia por caminos muy naturales. Y descubramos también que todo lo que en esta naturaleza es religioso y sostiene los grandes y conocidos sistemas religioso‑naturales, en realidad se basa en el núcleo del campo de hidrógeno luciferino. El hecho de ser místico, ocultista, materialista o un ser biológico primitivo, está determinado por el número de elementos de fuego o salamandras presentes en el fuego del alma. Todas estas formas aparentes están unidas entre sí como los eslabones de una cadena, y el estado de ser de cada uno de ellos es un estado mantenido en y por el fuego infernal. Alguno de ellos se ha asociado completamente al núcleo de este fuego, otros aún no. Aún no! Y a estos otros pertenece usted.

Todo esto no pretende atemorizarle, provocar en usted miedo al fuego infernal. En realidad, todo movimiento natural dialéctico vuelve a su punto de partida, es decir, al fuego luciferino, después de un largo recorrido. El ocultista natural lo hace de forma rápida y radical, los demás por un camino en espiral. Cuando ha llegado al núcleo y de este modo se ha vuelto esencialmente uno con él, nuevas chispas de existencia saltan del núcleo ígneo. Estas chispas serán absorbidas sólo después de un largo proceso de manifestación de eones por apariencias humanas dialécticas, y al final regresan a la fuente. El algo se vuelve de nuevo nada. La conciencia aparente, que existía desde hacía tanto tiempo por su atadura a la rueda, es suprimida de nuevo. De esta manera surge la conocida rotación de la rueda y el circuito luciferino.

 

Estando en un momento determinado de ese doble camino, como místico o como ocultista, como materialista o como quien quiera que sea, la Escuela Espiritual le habla ahora a usted y le dice: «Ahora tiene usted, en efecto, una conciencia, pero carece totalmente de vida, pues la vida sólo está en el espíritu y por el espíritu. Esta conciencia pasa por una serie de estados, hasta que se vierte en el núcleo de su campo de existencia y es suprimida. Esa absorción, esta asociación al núcleo luciferino de su campo de existencia se llama el infierno, la entrada en el fuego infernal». En pocas palabras: intentamos explicarle una serie de fenómenos naturales, en los cuales usted mismo toma parte, y le preguntamos: Debe esto continuar así? No quiere usted cambiar nada a este respecto?

Es posible que estas explicaciones y estas preguntas le hablen a usted de forma muy especial, y que sea usted conmovido por ellas, pues por estas preguntas y por la fuerza que hay detrás de ellas, se hace una llamada al átomo‑chispa de espíritu en su santuario del corazón. Quien posee un átomo‑chispa de espíritu no puede quedar insensible a esta llamada.

Este átomo, en efecto, es algo maravilloso. En el capítulo precedente nos hemos acercado a este misterio, hablándole del átomo de hidrógeno. Ya que el átomo de hidrógeno ígneo es el origen del proceso de la aparición de la personalidad. El átomo de hidrógeno, inflamado por el espíritu de Dios, dio nacimiento a la personalidad original. Esta personalidad original, sin embargo, ha desaparecido, y sólo ha subsistido el antiguo principio de hidrógeno, el cual yace latente, oculto en el santuario del corazón. Este antiguo principio de hidrógeno, este átomo‑chispa de espíritu, no colabora de ningún modo en el proceso de conservación de la realidad aparente dialéctica actual.

Es posible que, al respecto, se haya presentado una dificultad para su comprensión. Tal vez se imagina que este principio de vida antiguo ha seguido una línea degenerativa, una línea descendente. Lo lógico sería pensar que, en un momento dado, debería cambiar su dirección hacia una nueva subida, comenzando así un proceso de evolución. Debemos aclarar, no obstante, que tal suposición no se corresponde en absoluto con la realidad. De la misma forma que un motor se detiene por falta de carburante, así también cesa de funcionar el principio de vida original cuando se rompe el contacto con el espíritu sustentador. Todo lo que fue posible hasta entonces gracias al espíritu, desaparece irrevocablemente.

Y, naturalmente se presenta la pregunta: Hay entonces dos principios de vida, dos principios de hidrógeno, dos principios de fuego de la serpiente: uno original, que a falta de fuerzas que lo alimenten está ahora latente, y un segundo en plena actividad? Efectivamente, éste es el caso! Este hecho es uno de los fundamentos más sólidos de la filosofía transfigurística. Conviene, pues, profundizar en la cuestión, para dar a conocer toda la verdad.

En la Enseñanza Universal se ha hablado siempre sobre estos dos principios. Por ello sabemos que Cristo está frente a Lucifer. Cristo es el mandatario divino; Lucifer, el servidor revestido de gran poder. Lucifer, a causa de su gloria, es llamado la estrella de la mañana, el hijo de la aurora, el luminoso renegado, el poderoso rebelde, el portador de luz. Se dice de él que ostenta el más alto título fuera del cielo, pero en el cielo no puede llevarlo. Fuera del cielo él lo es todo. Las leyendas sagradas explican que Miguel, la energía celeste invencible, entra en lucha con él.

Qué debemos pensar de todo esto?

Cuando el Espíritu incognoscible irradia en la sustancia primordial, en la materia mágica, el fuego es encendido en ella y los elementos comienzan sus reacciones en cadena, aparece al mismo tiempo una actividad reflectora. Se podría hablar de un efecto de sombra. La obra del Señor en la materia mágica se refleja como una imagen en un espejo.

Quizás haya usted comprobado alguna vez que tal proyección posee fuerza, que de ella emana cierta actividad mágica. Esta actividad no carece de sentido; a pesar de que existencialmente no es nada, lleva algo a cabo. Aunque es una ilusión, ella forma un foco. Este foco actúa junto al propio ser al servicio del gran objetivo. Por ello, este foco está revestido realmente de «poder».

Pues bien, cuando el espíritu penetra en la sustancia primordial para empezar y ejecutar un plan divino ‑el conjunto de la actividad divina es designada con el nombre de «Cristo», el ungido, aquél que está unido al plan divino‑, se produce al mismo tiempo, en la materia mágica el reflejo directo de ese trabajo: Lucifer. Al lado del Sol divino, encendido en la sustancia primordial, se levanta la estrella de la mañana. Lucifer, la estrella de la mañana, es la proyección directa de una realidad elevada, pero solamente una proyección, no la realidad misma! Por esta razón, se dice en los mitos sagrados, que él ostenta el más alto título fuera del cielo, pero que en el cielo no lo puede llevar.

Así comprobamos que hay dos fuegos ardientes en cada manifestación en la materia mágica, uno concéntrico y otro excéntrico, un fuego divino y un fuego resultante de un proceso natural. Cuando en la sustancia primordial el proceso divino se detiene, el proceso natural no cesa también su actividad. Al contrario, una vez este doble proceso se pone en movimiento, si el proceso nuclear se estanca, su doble natural proseguirá su actividad sin interrupción, como una fuerza ciega, con todas sus consecuencias.

Cuando surge un pensamiento en su cerebro, la imagen de este pensamiento se proyecta al instante en su campo de manifestación, que el ojo mantiene completamente fijada en usted. Usted ha hecho salir una estrella en su microcosmos. Si usted abandona ese pensamiento, la imagen continúa irradiando y actuando.

Así puede imaginar que hubo un tiempo del que los santos poetas antiguos cantaban que las estrellas de la mañana entonaban cantos todas juntas, y todos los hijos de Dios estaban llenos de júbilo.

Y usted comprende también ahora que el antiguo profeta dijera: «Cómo has podido caer del cielo, oh estrella de la mañana!, hijo de la aurora? Has caído en un fuego ardiente!» Y comprende las palabras del autor del Apocalipsis cuando profetiza: A quien venza, yo le daré la estrella de la mañana.

Todos los que quieren ser verdaderos alumnos de la Escuela de la Rosacruz de Oro, tienen que cumplir una tarea pentecostal. Por una vida endurística, con humildad, modestia y ofrenda de sí mismos, tienen que consagrar al espíritu universal su átomo‑chispa de espíritu, su átomo de hidrógeno original, con esta única plegaria, nacida de un comportamiento de vida renovado: «Espíritu Santo, desciende sobre nosotros!»

Entonces Cristo, el ungido, el divino y original portador de antorcha, establecerá su morada en su corazón, lo que significa que el átomo original en usted entrará en unión con su tipo primordial. El empezará a trabajar, a irradiar, tal como lo hemos descrito ya anteriormente. Y, oh maravilla!, en el exterior de usted, en su campo de manifestación, la imagen del hombre inmortal se levantará ante usted. La estrella de la mañana, el antiguo Lucifer, el glorioso, saldrá de nuevo y, en unión con este foco, se llevará a cabo la obra de Dios, la obra de la transfiguración.

Cuando la imagen de lo inmortal aparece corporalmente en el firmamento de su microcosmos, las palabras del Apocalipsis, capítulo 22, se cumplen literalmente:

Yo, Jesús, envié a mi ángel para atestiguaros estas cosas ante las comunidades. Yo soy la raíz y el linaje de David, el lucero brillante de la mañana. Y el Espíritu y la esposa dicen: «Ven!» Y el que oiga, diga: «Ven!» Y el que tiene sed, venga. El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida. Que aquél que tenga oídos para oír, oiga. Y aquél que oyó dice: «Sí, vengo pronto. Amén». La bendición de nuestro Señor Jesucristo sea con todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XI

 

La rosa de la séptuple manifestación de Dios

 

 

Sin duda habrá visto usted en la literatura de la Escuela de la Rosacruz o en uno de sus templos, la imagen de una rosa estilizada. Esta rosa está formada por siete círculos que confluyen alrededor de un corazón común. Ella es el símbolo de la septuplicidad cósmica, del verdadero planeta terrestre divino, y cuando vemos esta rosa séptuple unida a la cruz, comprendemos con certeza su sentido.

El hombre que hace de esta rosacruz su objetivo es un transfigurista. Es el hombre que derrumba, con su camino de cruz, la prisión electromagnética de la naturaleza dialéctica, haciendo posible así su reintegración en la Patria Perdida, el Reino Inmutable.

Usted puede deducir que ni mucho menos todos los que se llaman rosacruces defienden la misma idea, y que ni mucho menos todos los que dicen seguir a la Rosacruz van por el mismo camino. Hay símbolos rosacruces místicos, ocultos, religiosos y transfigurísticos. Esta diversidad representa para el buscador un gran peligro, pues «no todo lo que reluce es oro». Por esto, quien debe buscar aún su camino, precisa mucha prudencia con respecto a los símbolos.

La rosa como símbolo de la septuplicidad cósmica, está grabada también en la primera piedra del Templo internacional de «Renova» en Lage Vuursche, Holanda. Esta piedra expresa aquello para lo que es llamada la Escuela Espiritual moderna. En esta piedra encontramos además, junto a la rosa como objetivo, la cruz, que es el camino en el cual y por el cual puede ser realizado ese objetivo, y además encontramos la indicación de los cuatro alimentos santos, las cuatro fuerzas originales elementales que constituyen el viático en este viaje hacia el objetivo de la rosa.

Puede preguntarse ahora: «Este símbolo de una realidad tan sublime, no parecerá una ilusión en su momento en muchos aspectos? Podemos imaginar que una idea maravillosa sostiene a los hombres en su tortuoso recorrido en el molino de las costumbres; que de igual forma que una chispa de alegría pueda dar un poco de valor al hombre, también la idea de un viaje a la Jerusalén original puede contribuir a mirar la dura realidad con una sonrisa en los ojos. Es bueno continuar hablando sobre una vida nueva, pues esto ayuda siempre un poco. Pero la realización… Ay!»

Posiblemente haya personas que, en ese estado de alma, se hayan unido a la Escuela Espiritual para deleitarse exclusivamente con la dulzura de una idea. Por ello, permítanos explicarle que el símbolo de la septuplicidad cósmica, el símbolo de la Rosacruz y el de los cuatro alimentos santos, son los caracteres de una realidad muy cercana, que hizo decir a uno de los grandes: «El Reino de Dios está en vosotros!»

Usted recordará que hemos hablado de qué manera la humanidad caída es mantenida prisionera en su campo de existencia, el campo electromagnético de las fuerzas naturales que se oponen al hombre. En la esfera terrestre de los tipos primordiales y en el de las fuerzas naturales se desarrolla continuamente una vigorosa resistencia contra toda vida no divina, y como esas esferas terrestres se corresponden estrechamente con nuestro campo de vida, todos los que están incluidos en la caída son mantenidos prisioneros electromagnéticamente, y son dotados de una atmósfera que se adapta perfectamente a su estado de ser por medio de actividades volcánicas y de otras actividades naturales. Quien estudia la manera en la que se auto‑protege la naturaleza divina, comprende la verdad de las palabras de Jacob Boehme de que Dios ha hecho de nuestro campo de existencia un todo cerrado, en el que toda la humanidad caída girará en un perpetuo crecer, florecer y morir, hasta que llegue el día de la auto‑liberación.

Cada entidad que se desarrolla en la septuplicidad cósmica está unida estrechamente a la fórmula fundamental de la vida de este planeta. Quien se opone, sea de la forma que sea, a esta ley fundamental de la vida, propaga una vibración que apela inmediatamente la resistencia de las fuerzas naturales fundamentales. Estas fuerzas lanzan automáticamente una corriente electromagnética que envuelve y ata a la entidad rebelde, de forma que esta entidad no puede emprender, ni violar nada en el exterior de ese círculo. Entra así en un «todo cerrado» para su propia protección. En este nuevo campo electromagnético se manifiestan cuatro fuerzas elementales, que sirven a la entidad de viático en su estado aislado: hidrógeno para su radiación, oxígeno para el proceso de combustión, nitrógeno para regular y mantener este proceso de combustión, y carbono para dar forma a la idea vital que rige en este campo. Pero estas cuatro fuerzas dialécticas ya no son, absolutamente en ningún sentido, de la misma naturaleza que los cuatro alimentos santos originales. Ellos se elevan cual torbellinos, entre otros, de los numerosos cráteres volcánicos, dirigidos por las fuerzas naturales. Los cuatro alimentos santos son vueltos aptos para nuestro uso. La estación de transformación se encuentra en la esfera terrestre de las fuerzas naturales, y la atmósfera formada así para nosotros, es retenida por el campo electromagnético.

Las fuerzas elementales puras originales están presentes igualmente en la tierra. El centro de estas fuerzas se encuentra en el corazón de la septuplicidad cósmica y corresponde aproximadamente con el centro de lo que llamamos Tierra. Estas fuerzas emanan de los siete polos norte para alimento de todas las criaturas divinas. Ellas son concentradas, en tanto que atmósfera original, por el campo electromagnético de los siete estratos de fuerzas naturales, tal como deben desarrollarse según su ser original. Los cuatro elementos originales y los cuatro elementos dialécticos tienen, en consecuencia, el mismo origen; son vibraciones y radiaciones de la sustancia primordial.

Tomemos el caso de que el campo electromagnético dialéctico incidental fuese suprimido. En ese mismo instante, la atmósfera dialéctica cesaría de existir y se volatilizaría en el espacio, y nosotros nos encontraríamos en el mar infinito de la atmósfera original. No nos podríamos mantener allí y pereceríamos asfixiados en ese mismo instante. Nos ahogaríamos en el mar de las aguas vivas.

Es conveniente pensar un momento en estas cosas, pues nuestra prisión no es sólo un centro penitenciario, sino al mismo tiempo un lugar de misericordia, donde se trata de ayudarnos para alcanzar de nuevo la filiación divina. De nuevo vemos la autenticidad de las palabras de Jacob Boehme de que Dios ha tomado este mundo por el corazón para hacer posible el regreso.

Quizás su conciencia puede admitir ahora que hay dos campos atmosféricos. No uno aquí y otro en otro lugar, sino al mismo tiempo presentes existencialmente, de la misma forma que hay dos campos electromagnéticos existencialmente presentes. Un campo tipifica el estado de la caída y la gracia, el estado de la paciencia y la ayuda; y el otro campo, la plenitud y la divinidad. Estos dos campos están presentes simultáneamente y en el mismo espacio, aquí y ahora. No se puede encontrar un lugar en el que no esté presente el mar de la plenitud vital divina. El Reino de Dios y su atmósfera vital están más cerca que las manos y los pies; sí, están en su interior. Y los grandes que testimonian de esta plenitud vital divina nos dicen: Ved, estoy con vosotros hasta la consumación de vuestro mundo. Está en medio de vosotros y vosotros no le conocéis. El Agua Viva está ahí y podéis beberla gratuitamente. Si queréis beberla, si queréis vivir y estar en esa otra atmósfera, entonces debéis abandonar vuestro propio mundo incidental, debéis dar fin a vuestro mundo presente. Id, abandonad todo lo que tenéis y seguidme.

Para poder abandonar la prisión de su propio mundo incidental, debe usted convertirse en Maestro de la Piedra, debe poner la primera piedra de un nuevo templo. Pero para poder ser Maestro, debe primeramente ser alumno, aprendiz de constructor de templo.

Elegido para ello por sus experiencias, usted ha adquirido el conocimiento de la naturaleza de su prisión dialéctica, y ha descubierto que este mundo es al mismo tiempo un lugar de misericordia, pues la Gnosis no desea su destrucción, sino que quiere ayudarle. Por esta razón existe una Fraternidad Universal que pone un puente sobre el abismo de las otras atmósferas vitales. Le aporta un poco de agua viva original, en diferentes estados adaptados a su estado de ser. Usted no puede saltar de una sola vez, y tampoco es necesario que lo haga. Hay hermanos y hermanas que le ayudarán a cada paso que desee dar, y que colocarán su pie sobre una piedra del puente que le conduce de su estado actual al otro. Por qué tener miedo o temor? Nadie le obligará a dar un paso que usted no pueda dar. Ningún hermano quiere forzarle. Permanezca en la piedra en la que usted está, y cuando tenga fuerzas para dar el paso siguiente, se le ayudará. Por esto se ha dicho: Venid a Mí, todos vosotros que estáis cargados y abatidos, y yo os daré reposo. Buscad y encontraréis. Llamad y se os abrirá.

Sólo hay una condición para el camino: Se espera de usted que sea un aprendiz de constructor de templo. Entonces, sin duda, se volverá un día Maestro de la Piedra.

Qué quiere decir ser aprendiz de constructor de templo? Esto significa que usted debe poner la primera piedra para la construcción de un nuevo templo y preparar esa primera piedra de la manera correcta.

Nos permite enseñarle de qué manera debe hacerlo? Pues bien, tome un bloque de piedra dura, es decir, póngase delante de la realidad dura como el basalto de su existencia dialéctica sin objetivo. Colóquese ahora delante de este bloque de realidad con el cincel afilado de su correcta orientación y de su decisión inquebrantable, y esculpa, con todas sus fuerzas, la rosa estilizada de la septuplicidad cósmica. Esa rosa estilizada es como la ventana de su prisión, por la que puede mirar hacia fuera. A través de esa rosa miró el Fausto de Goethe; por esta rosa contempló Dante el Paradiso. A través de esta rosa ve el aprendiz constructor de templo con una visión clara.

Por esta ventana el alumno prepara, cincela y esculpe la cruz. El se abre camino, su camino de liberación. En este signo vencerá, como Cristián Rosacruz.

Entonces pone su piedra ante la Gnosis y, mientras avanza en el camino endurístico de la auto‑liberación, acabando con su viejo mundo, llama con el filo de su arma a los cuatro alimentos santos:

 

Ignis ‑ el hidrógeno original.

Flamma ‑ el oxígeno de la realidad divina.

Materia ‑ la doble fuerza del cumplimiento.

Mater ‑ el carbono original modelador.

 

Ahora pone su piedra en la hornacina de la realización, el aposento alto de los maestros constructores. Y ahora, qué cree usted que pasará?

El día de Pentecostés estaban todos juntos en el mismo lugar. De pronto, llegó del cielo un ruido como de viento impetuoso, y llenó toda la casa en donde estaban sentados y se les aparecieron lenguas, semejantes a lenguas de fuego, separadas las unas de las otras, y se pusieron encima de cada uno de ellos.

La nueva atmósfera, el antiquísimo fuego del espíritu, toma al peregrino, desciende sobre él, puesto que tal como lo muestra un antiguo grabado, ha pasado ahora la cabeza y el cetro a través de la esfera ilusoria de la dialéctica, y contempla la realidad de la rosa estilizada; y no como un símbolo, sino como una posesión interior, una realidad que se ha abierto a él. Su sistema se vuelve un campo radiactivo de la Fraternidad. Entra en el campo electromagnético original. Por la colocación de la primera piedra, se enciende el fuego del espíritu, y el aprendiz constructor de templo se vuelve un Maestro de la Piedra.

Que la rosa de la séptuple manifestación de Dios pueda irradiar pronto de usted como un séptuple fuego llameante. Que la construcción de su templo, en este fuego luminoso, pueda comenzar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XII

 

La inevitabilidad del camino de cruz

 

 

Una vez más traemos a su conciencia la imagen de la rosa estilizada, como símbolo de la septuplicidad cósmica del verdadero planeta terrestre divino. No debe pensar al respecto en los siete planetas de nuestro sistema solar, ni en las diferentes esferas de nuestro campo de vida, sino que debe verlo exclusivamente como una alusión a la Tierra santa y divina, tal cual fue antaño y sigue siéndolo ahora. Se trata de un sistema que se puede describir como un conjunto de siete esferas que giran unas alrededor de las otras y que tienen un corazón común.

Se comprende por qué los antiguos eligieron una flor, una rosa pura, un lirio, o un loto, para dar una bella imagen de esta realidad eterna y divina. A veces vemos una flor, otras veces una corona de siete flores, siempre representando la misma idea: la séptuple Tierra divina, deviniendo y siendo eternamente, desde el abismo primigenio del universo.

Y tal como es la verdadera Tierra, así ha de ser también el Hombre verdadero. Esta es la causa por la cual la santa flor no solamente alude al macrocosmos, sino también al microcosmos. Para que el microcosmos caído recupere su estado original, debe vivir y combatir a través de dos procesos, debe recorrer dos caminos. Un camino de despedida, de destrucción, de muerte endurística total, representado por una viga horizontal; y un camino de elevación nueva, de nuevo devenir, de renacimiento, de transfiguración, representado por una viga vertical. La flor, la rosa, debe formar irrevocablemente una unidad con la cruz.

La viga vertical de la cruz tiene sumido su pie en la tenebrosa profundidad de la tierra, como prueba del hecho glorioso de que el camino de la transfiguración puede ser comenzado aquí, en las oscuras cavernas de la dialéctica.

La viga horizontal de la cruz, el camino de destrucción de la naturaleza, no posee ningún contacto directo con el fundamento natural de la dialéctica. Puesto que esta despedida es considerada como algo antinatural, es tachada de locura. Sin embargo, lo que es considerado como locura absoluta para la comprensión natural ordinaria, se vuelve sabiduría divina cuando usted recorre el camino de la endura.

Las manos son, principalmente, órganos directos de actuación. Cuando el candidato de los Misterios de Cristo recorre el camino de la endura, depone progresivamente su comportamiento dialéctico natural, y entonces sus manos son clavadas a la cruz. Sus pies tampoco pueden seguir ya su normal actuación cotidiana. Sus pies quieren recorrer el nuevo camino, el camino vertical de la elevación, de la resurrección; por lo tanto, también sus pies son clavados a la madera según la antigua naturaleza.

Y en el corazón de la cruz, que el candidato ha erigido en sí mismo, se abre una flor, la flor maravillosa, «la joya preciada en el loto», es decir el átomo‑chispa de espíritu, uno de los átomos más pequeños, inimaginablemente pequeño, en el que está presente todo su futuro desarrollo, al igual que en la semilla de la planta está presente el embrión de toda la planta, de forma inimaginablemente pequeña. Y el candidato expresa su júbilo: Oh preciada joya en el loto. Oh Rosa que se abre en la cruz. Eloi, Eloi, lama sabactani. Oh Elohim, cuánto me habéis exaltado. Y al final resuena la llamada liberadora: Consumatum est. Todo está consumado.

 

Tuvimos que decirle todo esto, para orientarle más que nunca hasta ahora hacia el único objetivo de la Escuela Espiritual. Por nosotros, puede usted hablar de rosa, de lirio, de loto o de lo que usted quiera, con el fin de apoyar su facultad de imaginación, siempre que usted se refiera a este único fin: el regreso a la Tierra divina, al Reino Inmutable, por el doble camino de la destrucción y la resurrección.

Ya anteriormente hemos intentado explicarle que nuestro campo de vida dialéctico no es una unidad en sí misma, sino simplemente una parte aislada de la septuplicidad cósmica. El hombre que quiere volver a su morada original debe recorrer los dos caminos que muestra la cruz, partiendo de este campo de aislamiento, de este establecimiento de cuarentena macrocósmico. Entonces se vuelve un liberado, un rescatado, y como prueba de ello la rosa florecerá.

 

Después de todo lo que hemos tratado, suponemos que ahora es evidente para usted que hay dos campos de vida: el campo de vida del encarcelamiento y el campo de vida del origen. Ambos campos de vida poseen un campo electromagnético y una atmósfera. Y sabemos que tanto las condiciones electromagnéticas como las atmosféricas están determinadas por la actividad de las fuerzas naturales, y que estas últimas lo están a su vez por la naturaleza de la vida que se expresa en el campo de vida en cuestión.

Todos nosotros experimentamos la atracción electromagnética del campo de aislamiento dialéctico en el que nos encontramos. Somos mantenidos prisioneros por la actividad gravitacional de este campo. Esta actividad constituye los muros de nuestra celda terrestre. En el interior de esta celda reina una atmósfera que, por ley natural, está en equilibrio con nuestro estado de ser, lo cual es al mismo tiempo un don de gracia, ya que si esta atmósfera apropiada para nosotros desapareciese, resultaría que careceríamos de capacidad orgánica para otra condición atmosférica y que, por consiguiente, no podríamos vivir en ella.

Si usted percibe todo esto, hagamos algunas preguntas importantes: Somos atraídos por ese otro campo electromagnético original? Respiramos, quizás parcialmente, en la atmósfera divina que pertenece a ese campo? Conocemos por experiencia la actividad gravitatoria de la Gnosis y de su Prâna original, de igual forma que conocemos la fuerza de gravedad de nuestro campo de aislamiento y respiramos su atmósfera en cada respiración?

A estas preguntas, la respuesta es categórica: No, en absoluto! Este no puede ser el caso! Es completamente imposible!

Esta respuesta quizás le haya sorprendido, pero la Fraternidad desea colocarle con la mayor rotundidad ante esta respuesta, para eliminar de usted cualquier posible mistificación.

Aparentemente, esta respuesta está en contradicción con los hechos, pues habrá podido advertir que todos los grandes enviados de la Gnosis nos han traído las fuerzas salvadoras del Reino Inmutable como remedio universal. Y usted podría mencionar muchas citas de la literatura mundial que contradicen nuestro punto de vista.

Le aconsejamos, sin embargo, que considere este problema con toda objetividad y haga limpieza general en el tumulto salvaje de sus opiniones. Muchos, innumerables hombres en nuestro campo de existencia, dicen ser de Cristo, caminar con Cristo, verle, poseerle. Ellos hablan diariamente sobre él, de hecho con mucho respeto, pero se abstienen de dar la prueba más directa y evidente de ello, a saber, la prueba de un total «cambio a nuestros ojos» tal como lo llama la Biblia. Pues no olvide que en cuanto un hombre ha obtenido el contacto con el campo electromagnético y con la atmósfera de la septuplicidad cósmica, un cambio inmediato de tipo fundamental y estructural se produce en él, y se volverá irrevocablemente incapaz de mantenerse en el campo de aislamiento.

Si la humanidad en general y los alumnos que se encuentran en el Atrio de la Rosacruz en particular fueran alcanzados, en un momento dado, por las actividades gravitatorias del Reino Inmutable, ellos no podrían ni responder ni reaccionar a ellas y, por ello, este toque sería catastrófico.

Acaso no somos objeto de una intervención gnóstica? Sin duda, pero usted no debe considerar esta intervención como una atracción, sino como una llamada.

La Fraternidad Universal, que trabaja a favor de la humanidad caída, no viene nunca hacia nosotros con el potencial electromagnético de la septuplicidad cósmica. En primer lugar, porque esta influencia sería peligrosa para el ser fundamental del estado dialéctico, y por ello no podría ser alcanzado el objetivo, puesto que los hombres en cuestión no poseen, en ningún aspecto, una capacidad orgánica para elevarse a un estado de ser diferente. En segundo lugar, porque una influencia magnética, dirigida a una persona fundamentalmente incapaz de responder a ella, significa siempre un factor coercitivo, predominante, que ocasionaría acciones en total desacuerdo con el estado interior.

La Fraternidad no le pide nada que usted no pueda realizar, ella no desea ejercer ninguna coacción para abrirle, no quiere forzarle. Por ello, simplemente «le llama». Le llama a la auto‑francmasonería y no puede ni quiere ayudarle más que en la medida en que usted pasa a la auto‑destrucción. Si usted recorre una milla con ella, ella le dará la luz y la fuerza para la milla siguiente. Advierta, sin embargo, que nadie puede ser eximido de sus propios actos, y esto en interés de su propia salvación.

El trabajo de llamada de la Fraternidad Universal consiste en difundir una maravillosa radiación en nuestro campo de existencia. Es una radiación ‑insistimos de nuevo en ello‑ exenta de todo elemento magnético y de todo factor de coacción. Mas esta fuerza de radiación no deja en paz a ninguna entidad átomo‑chispa de espíritu, pues el átomo‑chispa de espíritu tiene la misma polaridad que esta radiación. Por eso aparece, como consecuencia de esta actividad, una constante agitación, un sentirse llamado continuamente, un ser despertado.

Al igual que un aparato de radio que sintoniza cierta longitud de onda reproduce la emisión, el átomo‑chispa de espíritu, en virtud de su ser, sintoniza continuamente con estas vibraciones cósmicas fraternales y las reproduce en el propio sistema. Estas vibraciones están presentes por todas partes en la naturaleza de nuestro campo de aislamiento, ellas hablan en un lenguaje especial a todos los que son sensibles a ellas. Y en todos los tiempos ha habido hermanos y hermanas que se han dirigido hacia la humanidad para interpretar este lenguaje, para hacerlo comprensible, para explicar el sentido de la luz apelante y, al mismo tiempo, para hacer que la actividad de estos rayos cósmicos sea más fuerte.

Podrá usted imaginarse ahora que muchos millones de hombres, en este mundo, son «llamados» en el sentido absoluto de la palabra. La mayor parte de los alumnos de la Escuela Espiritual sienten conscientemente esta llamada. Ser llamado, saberse llamado, sentir esta llamada en todas las fibras de su ser aporta, de forma natural y entre otras cosas, una alegría intensa y una profunda certeza: la certeza de poseer un átomo‑chispa de espíritu. Pero esto conlleva al mismo tiempo un enorme peligro: el peligro de desarrollar un falso misticismo y de caer en la terrible ilusión que de ello se desprende.

Supongamos que usted se siente llamado. Sentir esta llamada, por regocijante que sea, en sí no es liberador. Esto demuestra simplemente un estado orgánico típico en su personalidad. Usted posee el átomo‑chispa de espíritu, el principio de hidrógeno en su santuario del corazón, y por ello debe reaccionar a los rayos cósmicos en cuestión. Hay innumerables hombres que se oponen a ellos, que durante encarnaciones reniegan de su estado interior y se aferran a la naturaleza dialéctica. Pero también son muchos los que reaccionan a lo que les toca, perdiéndose en el falso misticismo. Qué debemos comprender con ello?

Imagine que usted siente la llamada de Dios, y que usted habla, canta y poetiza sobre ello, y lo testimonia de una u otra forma, pero que, en todo lo demás, usted sigue siendo el hombre que siempre ha sido. Cuando usted dice continuamente: «El Señor me ha llamado», pero permanece sólidamente en el mismo sitio, esto es falso misticismo! Cuando un alumno habla con un flujo artificial de palabras sobre su vocación, o con una sonrisa beatífica sobre la Fraternidad, sobre lo que él siente en el corazón y sobre la comprensión que adquiere, pero mientras tanto no realiza ningún cambio en su comportamiento, esto es falso misticismo!

Y de la misma forma en que un gato que ronronea, saca de repente sus uñas para defenderse y las clava con toda maldad en la carne de su víctima, así se vuelve el que se abandona al falso misticismo, quien estalla y protesta con indignación cuando se le dice que ser llamado implica recorrer el camino. La Gnosis le pide todo su ser, la supresión de todo lazo con esta naturaleza. Como respuesta a su llamada, ella le pide la ofrenda de su yo y la prueba efectiva de ello. El falso misticismo consiste en el profundo error de creer que por la llamada ya se ha llegado. La llamada sólo es un comienzo orgánico, una predisposición orgánica a los rayos cósmicos en cuestión.

Quien es llamado y no quiere recorrer el camino, se vuelve inevitablemente víctima de numerosas corrientes negativas, que desempeñan el papel de mantener continuamente encadenados a la rueda a tales hombres. Todas las religiones naturales tienen esta característica y alimentan el instinto del yo. Por ello puede usted comprender la intención de Jesús, el Señor, cuando dijo: Muchos son los llamados, pero pocos elegidos.

Por consiguiente, sólo cuando un llamado recorre el camino, sobre la base de su estado fundamental, y la luz que le llama es una lámpara a sus pies, según hemos explicado, sólo entonces llega el momento de un primer toque del campo electromagnético de la septuplicidad cósmica. Solamente entonces aparece una señal, se es acogido, escogido, es decir, se inicia un nuevo proceso metabólico. En tal caso no se puede hablar entonces de coacción, ni de peligro, ni de nacimiento prematuro en la vida nueva, pues se cumple entonces lo que se dice en la parábola: Y el Padre fue a su encuentro, y le tomó en sus brazos. El hijo perdido es entonces encontrado. El recorrió los dos caminos de la Rosacruz, el camino de la destrucción y el de la resurrección. La joya preciada en el loto irradia con todo el esplendor de una nueva mañana. El candidato ha resucitado en la vida nueva. Todas las entidades portadoras de un átomo‑chispa de espíritu son llamadas para esta resurrección.

 

Para terminar, aún algunas palabras sobre el Apocalipsis, capítulo 17. En él se habla de la revolución cósmica, de las tribulaciones implícitas y de la victoria del Cordero. Y, en el versículo catorce, se dice que en la victoria participarán: los creyentes, los llamados y los elegidos.

Los creyentes son quienes son llamados, pero no son totalmente conscientes de ello, aunque a pesar de todo reaccionan espontáneamente, acercándose por un impulso interior a la Escuela Espiritual. Los llamados son quienes se vuelven conscientes de su estado de ser, y, despertados, toman la decisión de regresar. Los elegidos son quienes recorren el camino de la cruz y despiertan como renacidos en la nueva aurora.

Poco importa sobre cuál de los tres peldaños se encuentre usted en este momento; si sus móviles son puros, su aspiración concuerda con las condiciones y su reacción está en relación armoniosa con la gran ley, usted estará del lado de la libertad, en la división inevitable que se establecerá en este mundo.

 

Pedimos para usted esta libertad que sobrepasa toda comprensión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIII

 

La subida hacia la libertad

 

 

En el capítulo anterior hemos atraído su atención hacia la naturaleza del campo de radiación de la Fraternidad Universal, tal como se da a conocer en nuestro orden espacio‑temporal, dialéctico y oscuro. Hemos dicho que este campo de radiación en su conjunto no es activo electromagnéticamente, porque sería infructuoso y además muy peligroso, y capaz de provocar grandes catástrofes. Ya que ser atraído por un campo de vida al que no se puede responder ni fundamental ni estructuralmente, y en el cual un microcosmos mancillado no puede respirar, significa el final absoluto de toda existencia. Por ello, el campo de radiación de la Fraternidad Universal está caracterizado por un poder que nosotros describimos como «apelante». Su única intención es que todos los que sean sensibles a esta llamada intercósmica, adviertan y sientan su influencia. Esta unión elemental es requisito indispensable para todo el trabajo realizado por la Fraternidad Universal, y está asegurada por la presencia del átomo‑chispa de espíritu.

Este átomo‑chispa de espíritu, situado en la cima del santuario del corazón, concuerda totalmente, por su naturaleza y estructura, con este campo de radiación divino, pues su núcleo atómico contiene hidrógeno de igual naturaleza. Por esto, desde el principio hay una unión natural del microcosmos caído con el Logos. Gracias a ello, el microcosmos caído sigue siendo un hijo de Dios, y la expresión mística según la cual Dios conoce a sus hijos por su nombre, cobra así su profundo significado científico. Debemos entender aquí la palabra «conocer» en el sentido de «influir por una constante unión», o sea «reconocer».

La entidad átomo‑chispa de espíritu experimenta esta unión, al principio, por toda clase de experiencias inexplicables, misteriosas y dolorosas, vividas en este valle de lágrimas, experiencias de naturaleza material, corporal y moral. Ella es continuamente inquietada. Por su doble naturaleza, no puede encontrar reposo, por lo que siempre está buscando, rastreando y experimentando. Es un estado que puede durar muchas, muchísimas encarnaciones, y el hecho de que erremos aquí, en el campo de vida dialéctico en el estado en que nos encontramos, prueba que todos nosotros hemos pasado ya, visto espacio‑temporalmente, por un período de quizás millones de años.

La dificultad ante la que se encuentra la entidad átomo‑chispa de espíritu, durante este período tan tremendamente largo, reside en el misterio de sus dos naturalezas, en las complicaciones que se desarrollan por ello, y en la inmensa confusión que, por esta causa, aparece en ella.

Cuando hablamos juntos, cuando trabajamos juntos, cuando pensamos, queremos, sentimos y obramos, llevamos a cabo todas estas funciones por medio de la conciencia ordinaria del yo. Esta conciencia del yo, o conciencia dialéctica, no tiene nada que ver con el átomo‑chispa de espíritu. Sin embargo, no menosprecie esta conciencia del yo, acusándose y humillándose, pues de momento necesitamos este yo terrestre. Es un foco vital que su microcosmos actual necesita perentoriamente para poder existir. Si usted lo aniquilara en este momento, la nueva naturaleza en usted no estaría preparada todavía para tomar la dirección de su existencia microcósmica.

La conciencia dialéctica posee también un foco atómico que se encuentra en el santuario de la cabeza. De la misma forma que el fuego luciferino era originalmente la proyección del Fuego de Cristo en el campo de la creación, en el campo de la sustancia primordial, también así el átomo consciente en el santuario de la cabeza era originalmente el reflejo del átomo‑chispa de espíritu en el corazón. El átomo de la cabeza ardía en la luz del átomo del corazón.

Pero el átomo luciferino del santuario de la cabeza abandonó, hace ya eones, toda obediencia al átomo crístico, tomó en sus manos la dirección de todo el sistema, desorganizándolo estructuralmente desde todos los puntos de vista, y lo sometió a millares y millares de años de cultura. La imagen de nuestra realidad quizás surge ahora claramente ante nuestros ojos y usted comprenderá también por qué es necesaria la transfiguración.

El átomo crístico opera, por su ser, inquietando a la conciencia del yo, y le deja a usted inseguro. Sin embargo, la actividad refractante de la luz espiritual del átomo luciferino se ha perdido ‑poder con el que el alma, el yo, podría vivir y manifestarse de las obras de Dios‑ lo que origina que el sistema está mancillado irremediablemente según su estructura y su alma. He ahí por qué es necesaria una nueva alma, un nuevo principio luciferino, un nuevo factor refractante, pues todo el microcosmos sólo puede ser transfigurado, conforme a su ser original, cuando esto sea conseguido.

Usted comprenderá que se trata de un proceso. Tal renacimiento, un acontecimiento tan profundo, no se realiza en quince días. Pero lo que importa es que el proceso empiece, que se inicie el camino de la santificación, el camino de la curación, de la reconstrucción, del volverse de nuevo un ser original, en el sentido divino. La Escuela no cesa de exponer y explicar el cómo y el porqué de este proceso grandioso, no deja de hacer hincapié en la necesidad de ello, colocando todos los factores en la luz correcta e indicando las causas de su intranquilidad.

Por qué viene usted a esta Escuela? Por qué asiste a nuestros servicios de templo? Por qué acepta usted, como alumno, las exigencias de un trabajo como el nuestro? Porque usted posee un átomo‑chispa de espíritu!

Su inquietud milenaria, su búsqueda inconmensurablemente larga le ha conducido hasta aquí, y el átomo crístico en usted irradia ahora en una personalidad que no puede reaccionar de forma liberadora a esta llamada, y este fuego le acosa.

Al otro lado del Jordán ‑la corriente de su circulación cefálica‑ ve venir hacia usted las radiaciones del átomo crístico. Y también usted dice, como Juan: En verdad, él es más grande que yo. Yo no soy digno de desatar las correas de sus sandalias.

Se sume usted, como Juan, en la endura, para permitir al poder de la luz renovadora que emana del átomo crístico que cumpla sus peregrinaciones en su sistema caído, en su pequeño mundo tenebroso? Realiza usted este proceso para que, según explicado, pueda formarse la imagen del hombre inmortal y, una vez realizado el camino de cruz del átomo crístico, pueda resucitar inmortal en su ser? Comprende ahora que también el bautismo de Jesús en el Jordán es un acontecimiento que debe efectuarse corporalmente en usted?

El inquieto hombre‑yo, el eterno buscador de luz en las tinieblas, clama por el mundo con un grito de angustia: «Enderezad los caminos para el Señor, enderezad los caminos para nuestro Dios!» El busca la justicia, y se encuentra, como Juan, vestido de penitente en el desierto de este mundo.

Puede ocurrir que usted sea todavía víctima de la ilusión fundamental de creer que puede participar en la justicia divina, en la realidad divina, en tanto que ser de esta naturaleza. Pero puede ocurrir también ‑y esto se espera de los alumnos de la Rosacruz‑ que usted diga, como el profeta vestido con su túnica de pelo de camello: «Yo no, sino el Otro!» Usted conoce este Otro, le inquieta día y noche, de año en año, de vida en vida. Es el átomo crístico en usted que le llama. Y ahora, en su crisis vital, usted ve al Otro que viene a su encuentro. Las radiaciones del átomo crístico en su corazón arden en su sangre por mediación del timo; su sangre es llevada por su Jordán vital hacia el santuario de la cabeza y se extiende por todo su ser. Y ahora debe observar si sus reacciones son las mismas que las que tuvo tantas veces antes o si, por primera vez, reacciona de manera absolutamente nueva.

Su antigua reacción es la de percibir y sentir la inquietud y el azote de este ardor de la sangre, aceptarlo y asimilarlo lo mejor posible, y en lo demás permanecer el mismo de siempre. Usted puede entrenarse en ello. Pero por muy valiente y respetable que le consideren, su naturaleza no cambia. Con los labios apretados aguanta todo o se engaña a sí mismo o a otros con una sonrisa estudiada, diciendo, según la psicología satánica y barata de hoy en día: «Y así está muy bien».

Pero no está en absoluto bien; al contrario, es muy dramático. Su reacción será nueva y buena solamente cuando usted cese de descargarse y de renegar como antaño de la otra fuerza sanguínea que corre por su Jordán vital, y la acepte según los principios más profundos de su conciencia del yo, con una disposición perfecta, con una paz absoluta y con alegría interior. Entonces el mensajero del átomo crístico que se acerca en la sangre, es bautizado por su yo más interior. Entonces, su yo más interior de la naturaleza se unirá definitivamente al átomo crístico.

Este es el gran prodigio del bautismo en el Jordán, el comienzo del Evangelio. Es la fase final del primer proceso de santificación, el primer reflejo espontáneo del átomo crístico en el átomo luciferino de la cabeza. Es el momento en que Lucifer cae de lo alto de su fortaleza celeste. La nueva estrella de la mañana no ha salido aún, pero su clara luz se ha anunciado. La endura ha comenzado.

La Escuela intenta que este comienzo se vuelva en usted un hecho. Cuando este glorioso comienzo del proceso de santificación se ha manifestado, usted se vuelve un predispuesto a la libertad, un elegido.

Cuando, en el capítulo anterior, hablábamos de estas cosas, dirigimos su atención hacia el capítulo 17 del Apocalipsis, en el cual se indica el comienzo de la victoria del Cordero en tres estados. «Los creyentes, los llamados y los elegidos participan en esta victoria», dice el Apocalipsis. Lo que significa que tres grupos de entidades átomo‑chispa de espíritu pueden ser conducidos a la libertad en una revolución cósmica.

Para comprender esto, debemos comparar estas explicaciones con la esencia del Evangelio. Al principio del primer proceso evangélico de santificación nace Juan. Después se convierte en profeta y, al final, se vuelve un bautista. Seguidamente desaparece, y Jesús aparece. El Apocalipsis llama al primer estado el de los creyentes, al segundo el de los llamados, y al tercero el de los elegidos.

Si usted llega a la Escuela Espiritual por auténtica necesidad interior, con la convicción absoluta de que esta naturaleza debe ser abandonada para entrar, en tanto que microcosmos, en la otra naturaleza; si su convicción viene del ardor infinito de la experiencia, usted se encuentra en la primera fase. Ha nacido entonces como Juan, y los primeros caracteres del Evangelio se inscriben en usted. El átomo luciferino del ser del yo dará sus primeras señales endurísticas, y es lógico que a partir de ese instante, el microcosmos reciba un lugar muy distinto en el campo de fuerza de la Fraternidad Universal. La bendición de la fe, la promesa de la libertad, se vuelven parte de usted. Este es el nacimiento!

Sobre esta base, el candidato puede entrar en la segunda fase, la de la profecía, él testimonia por su vida: Yo debo menguar y el Otro debe crecer! Ya no es el humanitarista quien repite estas palabras centrado en un reino terrestre, sino que clama: «Enderezad los caminos para nuestro Dios!» El es quien clama en el desierto. Es un llamado, que subordina cada vez más el fuego luciferino, que él sabe indigno, al átomo crístico. De esta forma, el preludio de la libertad se vuelve realidad. Este hombre se vuelve inquebrantable. Dice: No que lo posea ya, pero corro hacia ello.» Y al día siguiente, Juan ve que Jesús viene del otro lado del Jordán. El candidato se vuelve un bautista, el aliado definitivo. Se vuelve un bautista en el templo de su más profundo fuero interno y, al igual que Simeón, puede decir: Ahora puedo irme en paz, Señor, pues mis ojos han visto tu beatitud.

De la misma forma que, en nuestros templos, subimos tres escalones para llegar al lugar de servicio, y ya con el primero nos unimos al lugar de servicio, también así se distinguen tres fases en la elevación evangélica hacia la libertad. El nacimiento en el estado de Juan nos aporta ya la unión con la libertad. Y liberar en su corazón esta fe liberadora no exige a nadie un esfuerzo sobrehumano, ya que «la preciada joya en el loto», el átomo crístico, ya está presente. Este átomo, situado en la cima del santuario del corazón, concuerda completamente, por su esencia y estructura, con el campo de radiación divino. Esta joya recibe día y noche el resplandor de la Gnosis, y nosotros no tenemos más que andar en esta Luz.

No tiene ningún sentido, y ello es una prueba de hiperexcitación nerviosa y de mala voluntad interior, si, estando usted al comienzo, continúa hablando del final del camino, final que para usted está completamente oculto aún entre la niebla.

Tome la gloria y la luz del comienzo accesible! Así llegará el día en que todo su microcosmos caminará en la luz, igual que la preciada joya en el loto está en la luz! Deje de hablar y de teorizar continuamente; como un verdadero constructor libre, tome sus herramientas y ponga su primera piedra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIV

 

El evangelio viviente de la libertad

 

 

Como ya hemos notado, existen en este mundo millones de entidades átomo‑chispa de espíritu. A través de esa muchedumbre de tocados por la luz cósmica hay una línea de demarcación.

Debajo de esta línea se encuentran los numerosos grupos de buscadores que, aunque poseen un átomo‑chispa de espíritu y, por ello, no encuentran la calma interior, todavía se aferran totalmente a los valores dialécticos, por ignorancia, insuficiente información, impostura intencionada u orientación hacia lo terrestre.

Por encima de esta línea de demarcación se encuentran las entidades átomo‑chispa de espíritu que por angustia del alma, por discernimiento y decisión personal, reaccionan a la luz apelante de la Fraternidad Universal. Estas entidades que están por encima de la línea de demarcación pueden dividirse en tres grupos, en tres estados de ser. La Biblia los designa como los creyentes, los llamados y los elegidos, y distingue sus estados como:

 

En primer lugar, el nacimiento de Juan: el primer contacto con la luz liberadora, el anticipo de la liberación.

 

En segundo lugar, Juan el profeta: la entrada al servicio de la libertad.

 

En tercer lugar, Juan el Bautista: la unificación elemental con la libertad.

 

Quien consiga liberar en su corazón la fe liberadora en los misterios universales, sube el primer peldaño de la liberación en Cristo, y se une así a los que se encuentran por encima de la línea de demarcación. Esta fe liberadora no tiene nada en común con la subordinación ante una autoridad intelectual, con el arrebato de emociones místicas o con el instinto de conservación del yo. No, este primer estadio elemental de la liberación debe demostrarse, microcósmica, anatómica y corporalmente. Por esto se dice que la verdad, la realidad, debe liberarle.

Uno se puede sugerir mucho a sí mismo, puede también rodear de ilusiones a otros durante mucho tiempo, pero sólo los hechos pueden servir al alumno y darle seguridad interior. Pues se trata de un nuevo estado anatómico, que se demuestra, en primer lugar, en los santuarios de la cabeza y del corazón y que, llevado luego por la sangre, se extiende por todo su estado de ser. Por la vibración acrecentada del átomo crístico se libera, a través del timo, una nueva fuerza sanguínea, una nueva hormona.

Esta nueva fuerza sanguínea circula primero por el «Jordán», o circulación sanguínea cefálica, llega al santuario de la cabeza y a sus centros, y realiza el nuevo estado de certeza de la fe, de modo que el átomo luciferino o átomo reflector en el santuario de la cabeza comienza a demostrar algún poder o alguna tendencia a proyectarse, y por lo tanto comienza a reaccionar positivamente a los impulsos del átomo crístico. Cuando este poder está presente, al instante Jesús es bautizado en el Jordán, lo que significa que la nueva fuerza sanguínea, la nueva hormona del átomo crístico puede manifestar su influencia en el conjunto del sistema que el yo dialéctico controla. Jesús emprende sus peregrinaciones en el pequeño mundo del alumno.

Estos procesos son posibles cuando, psicológica y físicamente, el yo dialéctico retrocede ante el yo crístico: el alumno perece en Jesús, el Señor; Juan es tomado prisionero y es decapitado. El triple proceso de liberación se apoya sobre esta base corpórea. Quien suba el primer peldaño de este camino, demostrará de forma inmediata y espontánea, en todos sus actos, con todo su comportamiento de vida, sin forzarse de ningún modo, de forma completamente evidente.

El Evangelio describe minuciosamente todo este camino. A pesar de las mutilaciones que por desgracia sufrieron las Sagradas Escrituras, la verdad irradia a través de todos los velos colocados intencionadamente. No obstante, usted sólo puede reconocer esta verdad cuando el Evangelio ha sido escrito en su corazón. Entonces no malgastará más palabras en fanfarronadas místicas u ocultas, a lo sumo le dedicará como mucho una sonrisa, ya que quien puede leer de la única manera posible la verdad, es un co‑partícipe en los misterios crísticos. Sus dos comportamientos están centrados en lo mismo y todo malentendido queda excluido; entonces reina la unidad, la libertad y el amor. Y quien no es así, y no obra así, en sentido intelectual o místico, y no lo testimonia por su comportamiento de vida, éste no ha encontrado aún a Jesús, el Señor, en el Jordán de su vida. Y este encuentro no puede forzarse.

Por consiguiente, sea silencioso, no desperdicie ninguna palabra, irradie amor y «sea sabio como las serpientes». La gran fraternidad de los hombres no necesita ser fundada, está constituida por los que se encuentran por encima de la línea de demarcación. Usted se volverá claramente consciente de ello cuando el Evangelio haya sido escrito en su corazón.

 

Cuando un alumno se acerca a la Escuela Espiritual por necesidad interior, con la convicción absoluta de que debe dejar esta naturaleza para entrar, en tanto que microcosmos, en la otra naturaleza, y este discernimiento lo ha obtenido sobre la base del interminable ardor de las experiencias, en tanto que buscador, debajo de la línea de demarcación, entonces él nace en tanto que Juan. Esta es la primera página del Evangelio.

Después de algún tiempo, el átomo crístico genera una nueva fuerza sanguínea con ayuda del timo. Jesús, el Señor, el Redentor, nace. Esta es la segunda página del Evangelio.

Juan crece y Jesús crece. La comprensión viva del camino endurístico madura en Juan y él da testimonio de ello. El espejo empañado del átomo reflector en el santuario de la cabeza es purificado cada vez más. El velo es retirado del rostro. Y Jesús, recién nacido, crece en fuerza y gracia. Esta es la tercera página del Evangelio.

En el momento oportuno, en que Juan ve aparecer a Jesús al otro lado del Jordán, la nueva fuerza sanguínea puede manifestarse de forma liberadora en el santuario de la cabeza. Juan bautiza a Jesús, y Juan se retira. El yo de la naturaleza se rinde al ser de naturaleza crística. La cuarta página del Evangelio es grabada en la sangre.

Juan cae prisionero, pero él no está emocionado místicamente, ni tampoco es un especulador intelectual. El es el espectador objetivo que se mantiene libre de toda ficción. Por esto, mientras la nueva fuerza sanguínea pasa por todas las fibras de su ser ‑lo que presupone que Jesús ha comenzado sus peregrinaciones y ha llamado a sus discípulos‑ Juan envía a Jesús un mensajero con la pregunta decisiva: «Eres tú el que debe venir, o debemos esperar a otro?»

Percibe usted que, colocando este problema ante el ser íntimo, se ejerce un control perpetuo sobre posibles ilusiones, o asaltos de la esfera reflectora? Así es como el alumno lee en su propio sistema la quinta página del Evangelio.

Y Jesús continúa llamando a sus doce discípulos. Y les da su primera enseñanza. Quiénes son estos doce discípulos? Son los doce pares de nervios cerebrales que, semejantes a las ramas de un árbol, descienden del santuario de la cabeza, y controlan y gobiernan todo el sistema. Cuando un nuevo estado de conciencia sea establecido, entonces la nueva conciencia, la nueva alma, deberá conocer, guiar y dirigir a todo el ser. Por eso es necesario que los doce pares de nervios cerebrales sean completamente controlados por la nueva fuerza sanguínea. Deben sintonizar totalmente con ella para que se vuelvan verdaderos servidores, discípulos del Señor.

Y así se van pasando las páginas del santo libro de la vida, después de haber roto los sellos. Todas estas páginas dan testimonio del camino de cruz, de la muerte del antiguo ser del yo en Jesús, el Señor. Toda esta historia se inscribe en las tablas del corazón. Y vemos claramente que este camino de cruz evangélico no es un intenso sufrimiento, no es el drama espantoso de cuerpos esqueléticos y rostros enflaquecidos, cargados de dolor, sino un camino alegre, un mensaje que graba de forma indecible su lenguaje sagrado en el ser del alumno. Es un camino que lleva a la resurrección.

Mientras la tienda terrestre es demolida progresivamente, se edifica una nueva casa, no por las manos del hombre, sino por Dios, procedente de los cielos, a saber: la imagen del hombre inmortal. Después que esta imagen se ha concebido, ha nacido, crece y llega a la madurez, se le dice al candidato: Es bueno para vosotros que yo me vaya; os enviaré al Consolador, al Espíritu Santo; él testimoniará de mí. Y Jesús se va: la nueva fuerza armoniosa, después de haber terminado su obra, cesa su trabajo.

Y ahora se escribe la última, la más formidable página del santo Evangelio, con sones de trompeta y en una violenta tempestad, pues el inmortal, el incorruptible, el nacido de nuevo, penetra en el ser preparado por Jesús y llena toda la casa. El fuego de Pentecostés se ha abierto camino. El verdadero Círculo Apostólico se ha formado.

Y he aquí que ahora se abre el Apocalipsis, el Libro de la Revelación. El Círculo Apostólico viaja por todo el mundo con su mensaje. Y escribe sus cartas a las siete comunidades de las entidades portadoras de átomo‑chispa de espíritu, y explica el proceso, y llama, y sostiene y salva. Y así, al final, hay una multitud que nadie puede contar, vestida con puros vestidos blancos, rescatada de la sangre de la tierra.

Y el mensaje evangélico de oro, grabado en los corazones, se termina con una plegaria dirigida a todos los que pertenecen a la gran Fraternidad de los hombres, pero que aún no han venido: La gracia de Jesús, el Señor, esté con todos vosotros.

Esto quiere decir: «Hermanos y hermanas que se encuentran al principio de la revelación de la salvación crística: que la fuerza sanguínea del átomo crístico pueda liberarse pronto en ustedes. Que el Evangelio pueda ser escrito en sus corazones desde el comienzo hasta el fin, hasta la última letra.»

Es la plegaria de bendición apostólica del Círculo Apostólico, de los habitantes del Tercer Templo. Y esta plegaria de bendición se distingue de todas las demás por su fuerza. Pues ella no es un piadoso deseo. No, este ruego tiene el poder de penetrar hasta el corazón casi petrificado y adormecido, mientras en él se encuentre aún presente una chispa de vida. Y quien es despertado por este grito del corazón de las últimas palabras evangélicas, debería comenzar a realizar las primeras palabras, pues sólo la verdad, la realidad, podrá liberarle.

Quizás sabe ahora lo que es leer y estudiar el Evangelio. Quizás comprenda ahora lo que quiere decir predicar el Evangelio. Quizás pueda ahora abrirse paso hasta una verdadera decisión, la decisión de dejar definitivamente atrás todo lo que el misticismo y el ocultismo naturales han mutilado en usted. Esto está en su cabeza y corazón como un enorme lastre. Usted debe purificar su Templo de todo esto. Esta es una página del Evangelio que no debe olvidar jamás. Tenga siempre en cuenta que el camino de la liberación es un camino de auto‑francmasonería.

Quizás crea usted que según la naturaleza se convertirá en objeto de una intervención hierofántica especial y personal, y que, en un momento dado, será dirigido por muchos maestros y adeptos. Pero sepa que esto no es en absoluto así!

Hay una radiación cósmica crística, fundamental y universal. Esta radiación era, ayer y hoy, hace millones de años y ahora, exactamente la misma. Nada ha cambiado en ella. Esta gracia universal es y permanece eternamente la misma. Es la misma radiación que inquieta a las entidades átomo‑chispa de espíritu que están por debajo de la línea de demarcación, y las acosa en su desesperación por el mundo, y la que conduce al alumno‑candidato al Reino Inmutable. Es la misma fuerza la que impulsa al pecador que busca el camino errante, y la que lleva al Círculo Apostólico a hacer los denominados milagros.

Toda la obra puede y debe cumplirse en esta radiación universal. El que pide más, el que exige más, el que implora la salvación apasionadamente, a ése se le dice: «Mi gracia te basta.» No olvide ante todo esta página del Evangelio. Pues si usted olvida esta ley primordial de la liberación, le ocurre como a muchos más que todavía no lo sabían o que lo habían olvidado. La esfera reflectora viene entonces a su encuentro. Ella viene con sus hordas de maestros y adeptos, y da a cada cual lo que pide. También entonces es escrito un lenguaje en su corazón, el lenguaje del sufrimiento. Es la gran mascarada, la atroz parodia del Evangelio de la Libertad. Y usted recibe como manifestación de la salvación, una «vía dolorosa», tal como la propone la jerarquía terrestre. Todo hombre puede hacerse apto para entrar en esta jerarquía con sus numerosas subdivisiones, para obtener la liberación de la rueda, a costa del prójimo, y para elevarse a las regiones más elevadas de la esfera reflectora, al núcleo del campo luciferino. Es un estado de ser que debe ser defendido continuamente. Los caminos que hay que seguir para elevarse a este Devachan corresponden exactamente a los caminos infinitamente dolorosos del cultivo o de la división de la personalidad.

Hubo en el pasado hombres que descubrieron y enseñaron que este Devachan era, en efecto, el punto culminante de la ilusión, y que el candidato, a fin de cuentas, debía rechazar este susodicho cielo eterno. La Escuela Espiritual le enseña, sin embargo, un camino sin parangón, un camino eficaz, un camino de alegría y de fidelidad, el camino universal. Es el camino por el cual uno se eleva directamente, por la auto‑francmasonería, por la muerte del yo, al campo de radiación extra‑cósmico universal.

Deje que esta gracia inquebrantable le sea suficiente. Siga el camino de los misterios crísticos universales, y propague esta buena nueva, escribiendo en su corazón el Evangelio liberador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XV

 

El conocimiento de la naturaleza de la muerte

 

 

Usted recordará que ya hemos hablado del origen de las materias sólidas, líquidas y gaseosas de la esfera química del mundo material, y hemos explicado que todas esas materias, gases y fluidos de nuestra esfera provienen de éteres que se encuentran en la esfera reflectora en estados determinados.

Estos estados etéricos fundamentales están determinados por el campo magnético de nuestro orden natural, mientras que la calidad de este campo magnético es el resultado de las fuerzas naturales de uno de los círculos terrestres, el cual reacciona de forma precisa al tipo y al comportamiento del hombre. Por lo tanto, hay que ver claramente que es el propio hombre quien ha degenerado este campo de vida desolado, y que él mismo mantiene los muros de su prisión, puesto que al exterior de la esfera material y de su esfera reflectora, los estados etéricos son completamente diferentes, si tenemos en cuenta que los éteres intercósmicos provienen directa y armoniosamente de la sustancia primordial original.

Sin embargo, es necesario tener siempre en cuenta la posibilidad de que usted aún no posea un claro discernimiento sobre estas cosas. Puede ocurrir que usted constate los fenómenos dialécticos y esté completamente de acuerdo con lo que dice la Escuela Espiritual a este respecto, pero que carezca del discernimiento sobre las causas de estos fenómenos dialécticos. La falta de este conocimiento representa un peligro, un factor de retraso funesto en su desarrollo como alumno. Si existiera realmente comprensión sobre las causas de nuestro campo de existencia dialéctico, muchos alumnos de la Escuela Espiritual reaccionarían espontáneamente de forma muy distinta.

Entre los alumnos reunidos en el Atrio se producen aún demasiadas reacciones en la línea horizontal. Esto se debe a la falta de un discernimiento claro. Con tales reacciones se lucha, a pesar de que toda lucha representa un despilfarro de energía, y se permanece inmóvil ante los actos absolutamente indispensables. Muchos hombres llenan así su jornada con frivolidades y están ocupados febrilmente con cosas superfluas, a pesar de que los males y las calamidades de la dialéctica, así como la nostalgia despertada por el átomo‑chispa de espíritu, les haya predispuesto a recorrer el camino.

En este estado sólo hay una salida: primero debe aprender a conocer las causas de la caída humana. Estamos persuadidos de que muchos hombres imaginan que tienen algo que decir a este respecto. Usted se acercará quizás con los brazos cargados de libros, o bien ni siquiera tenga necesidad de ello porque los armarios bien entrenados de su lóbulo derecho del cerebro están llenos de conocimientos disponibles.

Primero viene la Biblia y los demás libros sagrados. Luego oímos hablar de Adán y Eva, del Paraíso y de la pequeña serpiente; del «comerás el pan con el sudor de tu frente» y «darás a luz con dolor»; de la torre de Babel y de la confusión de las lenguas; y del diluvio y de la embriaguez de Noé. A esto se añade la interminable serie de comentarios místicos y ocultos: «Así está escrito» y «así hay que entenderlo». «Así comenzó y así continúa, y ahora aquí somos como somos.»

A todos nosotros nos duele el cuello de mirar hacia atrás en el pre‑pasado. Y cada uno saca su propia idea, pues el campo de la historia exterior está llena de especulaciones. Lo mismo ocurre con el campo de la memoria de la naturaleza, pues no hay dos hombres que al leer en la memoria de la naturaleza lean la misma cosa.

Como consecuencia de los malentendidos, aparecen nuevos libros y usted sigue a autoridades nuevas, hasta que éstas son, a su vez, denigradas, rechazadas y reemplazadas por otras.

 

Imagine que hemos examinado toda la literatura mundial referente a las causas de la caída, y que poseemos unos conocimientos formidables en la materia. Sabrá usted entonces? Serían unánimes los conocimientos adquiridos? No, en absoluto!

El autor de este libro puede hablar de su propia experiencia. Desde el instante en que un niño puede leer hasta el momento psicológico determinado, hemos leído bibliotecas enteras, para desesperación de todos los educadores. Hemos reaccionado a una insaciable hambre intelectual, pues nos ahogamos en las infructuosas esferas de miles de idiomas. Cuántos no habrán sucumbido en tal tormento, en un indecible impulso racional?

Sólo quienes se han sumergido en la violencia de esta tempestad, quienes han prestado oídos a este impulso, porque quieren ser «pescadores de hombres», son salvados de este mar académico por las redes de la Fraternidad Universal, y son colocados en las regiones de una realidad concreta: la realidad del ahora y del aquí.

Usted puede, sí, usted debe determinar las causas de nuestra caída, de la realidad del ahora y del aquí. Para encontrar estas causas no es necesario volver a antepasados desconocidos. Debe usted encontrarlas en sí mismo!

Muchos se debaten, llenos de angustia mortal, en el mar académico de su instinto de búsqueda intelectual y mística. La Fraternidad echa su red en este mar, una red que no está tejida con palabras, sino que es un método de auto‑conocimiento fundamental. Quien se conoce a sí mismo verdaderamente, posee una comprensión clara y, en consecuencia, abre todo su sistema a las fuerzas auxiliadoras. Estas fuerzas transfiguran el sistema. En este proceso de salvación usted se convierte en un hilo de la red y se vuelve, junto con los otros náufragos, pescador de hombres. Por esto se podía leer en el frontispicio de los antiguos templos de los misterios: Conócete a ti mismo. El que se conocía a sí mismo, podía pasar la puerta del templo, podía penetrar en el santuario y santificarse, es decir, hacerse «santo».

Quien está a punto de ahogarse en el mar académico, ha caído en este flujo de agua a causa de la aspiración infinita de su átomo‑chispa de espíritu, debido a los mil problemas de la existencia. Todos ellos están ocupados en pescar la piedra de los sabios en este mar. A ellos les dice Jesús, el Señor: Sed mis seguidores y yo os haré pescadores de hombres! Seguir a Cristo significa, primeramente, comprender claramente que el hombre es quien ha engendrado su campo de vida desolado, quien mantiene los muros de su prisión. Quien sube este primer peldaño, ve ante él, sin ninguna duda, el segundo peldaño.

 

Nuestro microcosmos es como una pila atómica. Esta pila es alimentada: de éter reflector, en parte en forma de hidrógeno; de éter luz, en parte en forma de oxígeno; de éter vital, en parte en forma de nitrógeno; y de éter químico, en parte en forma de carbono. Estos son los cuatro alimentos de la pila atómica humana. Para qué recibimos estos alimentos y para qué se producen combustiones en la pila atómica como consecuencia de ello? Para hacer posibles los procesos vitales. Los procesos vitales son procesos de producción: los cuatro éteres, en el estado en que los recibimos en nuestro sistema, son la causa de la producción de diferentes fuerzas y materias en nuestra pila vital.

Tomemos como ejemplo la respiración. La sustancia que inhalamos es totalmente diferente de la que exhalamos. Inhalamos, entre otras cosas, gas carbónico, y este gas carbónico es un óxido de carbono, un producto de combustión, una transformación de éter químico.

Usted conoce, sin duda, diferentes propiedades del gas carbónico. La atmósfera contiene naturalmente gas carbónico, puesto que se forma por la respiración de los hombres y de los animales, y por la combustión y descomposición de materias orgánicas. Si nada lo impidiera, nuestra atmósfera contendría cada vez más gas carbónico, lo cual sería funesto, pues un exceso de gas carbónico ocasionaría literalmente la asfixia de toda vida. Todo proceso de combustión sería imposible.

Para atajar esta amenaza interviene el reino vegetal. Las hojas de las plantas absorben gas carbónico y devuelven oxígeno. El reino vegetal impide, por lo tanto, que en un momento dado nos asfixiemos con un producto de nuestra propia pila atómica. Las investigaciones llevadas a cabo al respecto, han determinado hasta qué grado puede estar saturada la atmósfera de gas carbónico, sin producir la muerte de un hombre. Un hombre normal puede soportar un cinco por ciento de gas carbónico. Pero advierta que este gas está siempre presente en la atmósfera, aunque su porcentaje sea mucho más pequeño. Piense en su casa, en su habitación, en su jardín. Usted pasa en su casa gran parte de su vida. Usted respira y produce gas carbónico, el cual es absorbido ávidamente por todas las plantas de su casa, de su habitación y de su jardín.

Esto es una bendición para usted, y también para las plantas. Pues sin gas carbónico no habría plantas y, sin plantas, usted se ahogaría. El reino vegetal y el cuidado que exige, es una necesidad vital para todo hombre dialéctico. Cuanta más putrefacción y corrosión hay, más gas carbónico hay; cuanto más gas carbónico, más plantas; y cuantas más plantas, más posibilidad de vida para el hombre.

Las plantas, a su vez, devuelven oxígeno por el gas carbónico que reciben de usted. Sin embargo, no es un oxígeno completo, sino un subproducto. Se puede decir que se parece al éter luz, pero es más oscuro y de vibración más lenta. Este oxígeno vegetal incompleto se mezcla con el otro oxígeno en la atmósfera, el cual inhalamos de nuevo produciendo nuevamente gas carbónico.

Quizás contemplando ante sí esta cadena de vida, comprende que usted vive gracias al reino vegetal. Quizás descubra también que, bien considerado, todo esto es alarmante y muy crítico, por ser un proceso degenerativo. Pero antes de penetrar más en esto, una cosa más.

El gas carbónico es un producto del éter químico, pero también los otros tres éteres son transformados en nuestras pilas vitales. Y al igual que el óxido de carbono es mortal para nosotros, también lo son los otros subproductos en igual o mayor medida. El subproducto del carbono requiere la existencia del reino vegetal para nuestra conservación. Los subproductos del éter vital (nitrógeno), del éter luz (oxígeno) y del éter reflector (hidrógeno) necesitan para nuestra conservación además del reino vegetal, también del reino de los insectos y de los microbios, del reino animal y el reino elemental. Estos reinos, en efecto, asimilan todo lo que provocaría nuestra muerte directa, viven, existen literalmente, de nuestras radiaciones de muerte, y nos dan a cambio el producto de la disociación de estas radiaciones de muerte.

Es entonces extraño que estos reinos, que son y viven de las exhalaciones de muerte de nuestra existencia desligada de Dios y basada en un instinto de auto‑conservación, se acechen, se devoren, se coman, se mutilen y se mancillen mutuamente? Cómo es posible ver belleza en todo esto? Cómo es posible esperar algo de ello? Ve usted claramente el horror de esta ley natural inexorable? Quién puede vivir de verdad en este infierno, que ataca la salud?

Ve ahora con claridad que vive en un estado de caída? Que su ser humano actual aún hoy contribuye continuamente a la caída? Que la humanidad va a una velocidad vertiginosa hacia el insensato holocausto atómico? Puede demostrarse científicamente que nosotros tomamos parte y colaboramos cada segundo en una catástrofe cósmica; que mientras el hombre original recibió antaño de la Gnosis el Aliento de Vida, nosotros exhalamos continuamente un aliento de muerte en este orden de existencia. Un niño podría comprender que los reinos de la naturaleza, que son necesarios para protegernos de nuestro aliento de muerte, no bastan para realizar este trabajo.

El hombre utiliza cada vez más alimentación sintética; los campos son devastados, y roturados cada vez más; el peligro microbiano y el veneno de los insectos son combatidos cada vez más masivamente; las enfermedades son reprimidas, los cadáveres quemados, los animales reemplazados por máquinas. Sí, qué no hace el hombre, en su existencia auto‑conservadora? Combate peligros, y con ello crea otros. Es una obra irrealizable. Las fuerzas propagadoras de muerte, generadas por las pilas vitales humanas, que no pueden ser absorbidas completamente por los reinos protectores de la naturaleza, se multiplican y extienden cada vez más. El aliento de la muerte gana terreno de forma continua y el resultado no puede ser otro que una explosión atómica, que nosotros llamamos «revolución cósmica».

Sabe usted que todas las enfermedades que afligen a la humanidad son ocasionadas por uno de los reinos naturales subhumanos, reinos necesarios para la absorción de ciertos productos peligrosos de nuestras pilas vitales? Piense en el mosquito, cuya picadura venenosa causa tantas enfermedades. El insecto vive de los productos atómicos de nuestra pila vital. Nos busca y nos pica por reacción ciega, pues para mantenerse toda criatura se vuelve hacia su creador y mantenedor. Resultado? Los mosquitos son exterminados, lo cual es comprensible. Otros insectos que asumen este trabajo, son atacados igualmente en su existencia. Los microbios y diversos tipos de virus que, por las mismas razones, carcomen nuestro cuerpo, son combatidos. Lo hacemos, debemos hacerlo, porque no podemos hacer otra cosa! Pero cuando llegamos a exterminar estos agentes de infección, caemos presa del veneno principal que producimos nosotros mismos y que, hasta ahora, gracias a las funciones biológicas de estos reinos subhumanos, padecíamos únicamente en forma de enfermedades, en una reacción aminorada, es decir, muy debilitada.

Puede usted imaginar tragedia más intensa? Combatir las enfermedades, investigar en favor de la salud y, por ello mismo, inhalar a grandes sorbos nuestras propias miasmas de muerte.

Quien comprende esto claramente y lo vive, quien posee interiormente este conocimiento natural del estado humano, posee conocimiento de sí mismo. Tal hombre cierra sus libros y cesa sus esfuerzos encarnizados para mantener su cabeza por encima del agua en el mar dialéctico. En él sólo hay una decisión, sólo una aspiración: la decisión de poner fin a su estado atómico impío y la aspiración ardiente de su corazón a la salvación por el Aliento de la Vida.

 

¿Como un ciervo suspira por las corrientes de agua,

así suspira mi alma por Dios

Cuando irá y aparecerá ante la faz de Dios?

Mi alma está ardiente del Dios vivo.

 

 

XVI

 

La ilusión de la dialéctica

 

 

En el capítulo anterior hemos intentado hacerle partícipe de un nuevo conocimiento de la naturaleza, con el fin de conducirle al conocimiento de sí mismo, conocimiento que es la puerta de los misterios del hombre divino.

Hemos descubierto la realidad desnuda del ser de la dialéctica. Hemos visto que la pila vital del hombre dialéctico produce diversas fuerzas y radiaciones mortales, que causarían la pérdida directa de su existencia, imposibilitaría la continuidad de su existencia, si en nuestro orden mundial no hubieran algunos reinos naturales que vivieran de esas fuerzas y debieran su vida a ellas, absorbiendo así parte de las radiaciones mortales de la humanidad. El hecho mismo de la existencia del hombre dialéctico hace que estos reinos naturales subhumanos sean imprescindibles. Estos reinos deben su nacimiento, su aparición, a nuestras miasmas mortales, a nuestra realidad de manifestación. Con esto aparece hasta qué punto están en unión con nosotros y demuestran formas de las causas de nuestro destino, de nuestro karma. Por esto estos reinos, aun siendo los mantenedores de nuestras vidas, son al mismo tiempo nuestros sitiadores, nuestros enemigos. Y, conforme a la base primaria de su existencia, también están en lucha entre ellos.

El hombre dialéctico produce una enorme y multiforme fuerza impía. Aunque esta fuerza impía sea repelida temporalmente y en parte por los reinos en cuestión, no obstante alcanzará al hombre a su debido tiempo de diferentes maneras, en virtud de la ley de causalidad.

Y así, el verdadero buscador del camino de la liberación toma conciencia de cuán terrible es el orden mundial en el que vive, y hasta qué punto él mismo es culpable de la tragedia general del mundo, a causa de las funciones de su ser. El sabe, con toda certeza, que está con todo su microcosmos en un orden no divino, y que participa en él. Por esto, todo su corazón está sediento de Dios, de una realidad divina absoluta por la que se siente llamado. Así, el alumno se vuelve cada vez más consciente de su impía realidad dialéctica.

Quien todavía no posee esta conciencia del yo y del mundo, continuará buscando la realización de sus deseos en la línea horizontal. Continuará ambicionando las alegrías terrenas y perseguirá lo que se llama «los mejores dones de la tierra». Se alegrará de sus pretendidos bienes y se afligirá cuando desaparezcan como un espejismo. Esta persecución y esta desilusión se repetirán muchas veces, manteniendo muy ocupado al hombre durante muchos años, quizás durante muchas vidas, hasta que, por las experiencias dolorosas continuas, llegue a abrirse al fin en su conciencia la realidad del verdadero conocimiento de la naturaleza.

Entonces el buscador, el trabajador, no empieza a citar sino a vivir la verdad de las palabras del Eclesiastés: Todo es vanidad y tormento. Aquí todo es engaño, falaz ilusión, apariencia total. Y, además, todo es y aporta un sufrimiento sin medida, una tragedia sin nombre. Por ello, él abandona todos sus esfuerzos en la línea horizontal, tanto en el campo del pensamiento y del sentimiento, como en el de la voluntad y de la actividad, y dirige su mirada hacia las montañas de donde vendrá la ayuda.

Mientras usted busque la realización de su vida en esta naturaleza, mientras tenga aspiraciones burguesas, sociales, políticas o humanitarias, no ha llegado todavía a este punto. No se le puede obligar a que llegue a él, ni puede elevarse a él por decisión personal. Tiene que crecer hasta él, las experiencias deben madurarle. Debe saber por experiencia que, en todas sus actividades, su pila vital genera y propaga la muerte, que esta muerte es interceptada por lo que llamamos los «reinos vitales», pero que en realidad no tienen nada en común con la vida, y que transfieren sus productos de muerte en muchas formas; que por ello sus fuerzas de muerte vomitan y desencadenan la corrupción como una reacción en cadena, y que por ello su existencia es productora de sufrimiento, dolor y muerte en sentido pleno.

Cuando usted posee este conocimiento, esta comprensión, ya no quiere participar en este torbellino de tormentos, pues en primer lugar conoce la realidad profunda de la dialéctica, y en segundo lugar usted ya no es víctima de ninguna ilusión. Estos son los dos pilares sobre los cuales debe asentarse firmemente el alumnado, ya que permiten al hombre centrarse perfectamente en el único objetivo de la realidad divina. Sólo entonces puede buscar verdaderamente la puerta de los misterios divinos y llamar a ella. A él se le dice: «Buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá.» Sólo entonces puede pronunciar el verdadero grito por la liberación.

Nuestras peticiones de ayuda son, generalmente, consecuencia de necesidades incidentales, nacidas de nuestras concesiones a la ilusión, de nuestra falta de verdadero conocimiento de la naturaleza. Apenas se aleja de usted una necesidad, y ya se pone a producir con todo celo las causas de una nueva dificultad.

La llamada de ayuda que recibe siempre una respuesta por parte de la Fraternidad, siempre es el resultado de un estado del alma, en el cual, según las palabras de Buda, se tiene una clara noción de que aunque toda la tierra fuera tal como los poetas la han soñado, aunque el mal desapareciese, aunque todo sufrimiento fuera abolido, cada alegría intensificada y cada belleza exaltada, aunque todo aquí abajo fuera elevado al cenit de su plenitud, el alma se cansaría, no obstante, de todo ello, y se apartaría de ello libre de todo deseo. Pues esta tierra dialéctica es para ella una prisión, y a pesar de que con ella pueda adornarse, el alma suspira por la atmósfera libre e ilimitada, existente en el exterior de los muros que la encierran. El susodicho mundo celeste de la esfera reflectora tiene para ella tan poco atractivo como la esfera de la materia; se ha cansado también de ella. Estas alegrías celestes han perdido por completo todo su fuerza de atracción. Tampoco los goces de la razón y del sentimiento le dan ya la más mínima satisfacción, ya que también ellos van y vienen, llevados por su esencia perecedera y, al igual que las sensaciones de los sentidos, todo ello es limitado, pasajero, insatisfactorio. El alma esta cansada de todos estos cambios y, por este mismo cansancio, implora la liberación.

 

Muchos buscadores han conocido algo de este estado de ser, esta noción de inutilidad de todas las cosas, pero la mayoría de las veces no era más que un rayo de conciencia, después del cual las cosas exteriores hacían valer de nuevo todo su poder, y la ceguera de la ilusión, con sus alegrías fascinantes, mecía de nuevo al alma en un estado de satisfacción.

Comprenderá que, a menudo, la ilusión se presenta a nosotros como alegría, belleza y magnificencia. La ilusión de este mundo nos muestra muchas perspectivas que, en cierto sentido, son muy nobles y respetables. Estas perspectivas nos son sugeridas por las fuerzas que se esfuerzan hasta el límite por hacer de este mundo un «orden» aceptable para la Gnosis y que esté en armonía con ella. También estas sugestiones pueden ser consideradas en cierto sentido nobles y respetables. Así pueden pasar años y vidas repletos de esta noble obra. Puede llenar sus días con numerosos esfuerzos altruistas, puede estar cargado de ocupaciones muy humanitarias. Usted quiere mejorar y curar a la humanidad, y persigue una serie de ideales prácticos y goza en cada etapa.

El sello de todas estas aspiraciones altruistas, de todos estos esfuerzos, de todas estas luchas, se graba en toda su personalidad. Sus ojos hablan de la lejanía a la que mira fijamente, de toda la certeza futura en la que se ilusiona… Pero esta ilusión es locura, demencia!

Si observan bien, vemos esta demencia brillar como un fuego detrás del espejo de los ojos. Este fuego de la ilusión arde muy intensamente en este mundo. El arte, la ciencia y la religión natural dan testimonio de ello. Este fuego de la ilusión arde también en el ocultismo natural y en el humanitarismo.

Este abismo de llamas, este fuego ardiente, no es activado por una maldad consciente e intencionada. No, estas lenguas rojas suben hacia el cielo como un esfuerzo inmenso y continuo por volver aceptable este orden del mundo, y hacer que todas las fuerzas divinas colaboren en este plan.

La mayor fraternidad oculta natural de todos los tiempos trabaja, aunque sin éxito, en la ejecución de este plan. Ella ha recorrido todos los caminos para llegar a su objetivo y, a pesar de que su intención desde cierto punto de vista era noble y altruista, comenzó ejerciendo violencia, desde el lejano pasado, para llevar a cabo su objetivo cueste lo que cueste. Pero esta violencia requiere poder, y para hacer prevalecer este poder se necesita tener los medios para ello.

Descubre usted la tragedia de esta fraternidad, el resultado absoluto de la locura? Esta fraternidad se precipitó en un abismo sin fondo. Con el fin de eliminar todo lo que se rebeló contra ella, estableció su propio derecho, su jurisdicción y decretó sus leyes. Si se quiere ejecutar una sentencia, es preciso disponer de los medios. Y así nacieron los medios. Así aparecieron las prisiones y las cámaras de tortura, la muerte y el homicidio.

Hubo ‑y aún hay‑ un encarcelamiento casi completo de toda la humanidad. No sólo somos prisioneros de esta naturaleza debido a nuestro estado natural, sino también como consecuencia de la magia de la dicha fraternidad. En cada barrio de nuestras ciudades, en cada pueblo y en cada lugar de gran parte del mundo, hay edificios donde es ejercida la magia que vuelve este encarcelamiento permanente, de tal forma que millones de seres son ligados según el cuerpo y el alma, y otros millones son obstruidos en su libertad de movimiento. Por medio de métodos antiquísimos procedentes de la antigua Atlántida, preparados de éteres nocivos son irradiados hora tras hora en la atmósfera. Numerosas subcorrientes de magia negra son, por lo tanto, un fenómeno inseparable del noble fin inicial, nacido de la ilusión fundamental de la dialéctica. Y así como la fraternidad en cuestión tiene en sus garras la esfera material, también tiene en su poder la esfera reflectora. También allí rige con los de su misma especie por medio de la magia.

Después de esta explicación, quizás puede imaginar lo que significa el que un hombre sea excomulgado por estos ocultistas naturales. Dicho hombre es tocado, tanto aquí abajo como en la esfera reflectora, por una radiación dirigida a su persona y contraria a la vibración de su propia vida. Puede usted imaginarse lo que esto representa para una persona que no sabe nada de la vida liberadora. Cuando esta persona muere, es perseguida inmediatamente en el más allá por una fuerza violenta que le intranquiliza, lo que, en la mayoría de los casos, fuerza a una encarnación muy rápida, fijada para él desde el exterior. Le confrontamos con esta realidad, que no perdona a nadie, para hacerle ver adónde conduce la ilusión. Se comienza por ser Judas, el hombre noble, el gran idealista, que quiere ser pescador y salvador de hombres. Después Judas se convierte en discípulo llamado, y como tal recibe la dirección de unos bienes de valor excepcional. Pero cuando el camino de Cristo se aparta de esta naturaleza y la voz dice: «Mi Reino no es de este mundo», Judas, como no tiene conocimientos de la naturaleza, ni ha sondeado la ilusión, y por ello no puede ni quiere recorrer el camino, buscará primero una estrategia y un compromiso, y finalmente terminará con la traición y la muerte.

Pero esta maldad, nacida de la bondad de este mundo, esta ley dialéctica irresistible que convierte el bien en mal, no tiene poder sobre ningún hijo de la Gnosis. El resultado de todo esfuerzo de este mundo, de toda dialéctica organizada, se convertirá en un suicidio, como el final de Judas, en el mismo momento en que el rojo de la nueva mañana coloree el horizonte del oriente. Por esto, si usted quiere poner el pie en el camino, el vacío y la inutilidad de todos los fenómenos y propósitos dialécticos deben entonces volverse una toma de conciencia permanente de su alma. Usted deberá comprender que incluso el propósito más noble y altruista, empezado y continuado en la ilusión, tarde o temprano debe terminar irremediablemente en un crimen contra la luz universal.

Sin esta comprensión, y sin haber llegado a este estado preparatorio para la liberación, nadie penetrará en el camino ni pasará por la primera puerta de los Misterios. Pero si usted ha penetrado hasta ese estado de conciencia, se encuentra entonces ante la puerta del camino. Solamente entonces dejará el camino polvoriento de las rotaciones de la rueda, para escalar la montaña del templo, firmemente decidido a escapar de la esclavitud de la vida en la esfera de la materia y en la esfera reflectora, y conquistar la libertad de la cima de la montaña del cumplimiento.

Entrar en el camino no significa todavía haber llegado a la gran meta, sino iniciar un camino que lleva a esta meta. Un camino en el que debe ser abandonado todo lo que es de esta naturaleza ‑porque se halla introducido y adherido al microcosmos‑ y todo lo que en él se ha corrompido fundamentalmente, de suerte que, paso a paso, sean engendradas todas las condiciones para transfigurar a todo el ser en una nueva luz y en una nueva fuerza.

Hay alumnos que han dado el primer paso titubeante en este camino. Ellos pueden reconfortarse en la gracia de la aurora naciente. Nos sentimos en la obligación de advertirle seria e insistentemente, de que en el camino de la transmutación y de la transfiguración acechan grandes peligros, de los cuales uno de ellos merece especial atención. Si usted cayera víctima de este peligro, empezaría a dudar de la realidad del camino, después negaría el camino transfigurístico, y finalmente sería empujado a desarrollar actividades dirigidas precisamente contra la Escuela Espiritual; entonces intentaría destruir la Escuela Espiritual.

Esta triple señal de traición, nacida de la duda, la negación y la amenaza, es tan clásica que la encontrará por todas partes en la historia del mundo e incluso en la hora actual. Piense en el ejemplo de Agustín, el ex‑alumno de los Maniqueos, que más tarde fue uno de los fundadores de la fraternidad de la que les hemos hablado.

Todas las fraternidades dialécticas de aquí abajo y del más allá con sus hierofantes, sus adeptos y candidatos, deben su nacimiento y existencia a este gran peligro inicial del único camino verdadero. Todas las fraternidades de la dialéctica fueron fundadas por candidatos fracasados de la Escuela Transfigurística, y llenan sus filas con los que, por la misma razón, pasan por esta misma experiencia en nuestra época.

La duda, la negación y la amenaza no provienen del exterior de la Escuela Espiritual. No, proceden de su mismo Atrio! Primero viene la duda, un estadio aún negativo. Después se desarrolla una actividad que se acentúa cada vez más: la negación, la cual, declarada al principio en el corazón, es comunicada posteriormente a otros. Reconocida primero en secreto, se declara cada vez más abiertamente, en un impulso interior creciente. Después la negación toma cuerpo, se organiza, se convierte en plan.

Este plan es descubierto infaliblemente, igual que fueron reconocidas las primeras vagas señales. Cuando todos se aproximan a la mesa de la Escuela Espiritual para ser alimentados con el pan celeste, a los que llevan la señal de Judas se les tiende conscientemente el trozo de pan y se oyen las palabras mantrámicas: Lo que has de hacer, hazlo pronto. Entonces Judas sale en la noche de su propio yo, para pasar de la negación a la fase de la amenaza, la cual sólo puede tener un fin, un final fatal.

Cuál es entonces este peligro del que tantos han sido y seguirán siendo víctimas? Es el peligro de las dos personas, de las dos existencias en el microcosmos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVII

 

Las dos personas en el microcosmos

 

 

Un triple fantasma amenaza al alumno al comienzo del camino: el fantasma de las dos personas o de las dos existencias en el microcosmos. Todo alumno que desea recorrer el camino de la transfiguración, encontrará a este fantasma de una forma triple.

En primer lugar, este fantasma sembrará en particular la duda en el alumno, por ejemplo, en lo relativo a la naturaleza del renacimiento tal como lo anuncia y lo vuelve posible la Enseñanza Universal; una duda aportada de una manera muy natural. En segundo lugar, si la duda ha arraigado en el alumno, la negación se instalará en él. Y en tercer lugar, se desarrollará la amenaza. Llegará a amenazar a cada servidor de la Enseñanza Universal y a cada actividad de la Escuela Espiritual de buena fe; debe incluso amenazarles por miedo y rebeldía, por necesidad e instinto, ya que tal hombre quiere ahogar la voz interior del átomo‑chispa de espíritu.

La luz de la Gnosis, que brilla en todos los corazones, es muy molesta para este tipo de hombres. Se rebelará contra ella, tratará de extinguirla, pero, como usted puede comprender, esto es realmente imposible. Por esto le decíamos que esta triple actividad sólo puede tener un final: el suicidio, la muerte espiritual del alumno decepcionado y de sus seguidores, la exacerbación y aceleración de su decadencia dialéctica.

Lo trágico de este drama, que aparece en todos los momentos de la historia del mundo, es tan intenso, tan angustioso y, por desgracia, a menudo para muchos tan inevitable, que se ha juzgado necesario hablar de él a título de advertencia y de información. Las enseñanzas y explicaciones relativas a las dos existencias en el microcosmos han pertenecido siempre al aspecto más secreto del trabajo de la Fraternidad. Ellas siempre fueron transmitidas oralmente a los que las necesitaban para encontrar su camino. No obstante, en el «período de los últimos días», en el cual la humanidad ha entrado actualmente, mucho de lo que hasta ahora se había mantenido en secreto debe ser revelado por las razones siguientes:

Una revolución cósmica implica que las posibilidades de recorrer el camino sean infinitamente más grandes y numerosas que las de hasta ahora. Por lo tanto, el número de los candidatos aumentará y, con ello, el trabajo de la Escuela Espiritual será mucho más amplio. Si en el pasado sólo hubo unos pocos candidatos, pronto serán docenas los que deberán ser ayudados. Esta situación exige que con una nueva literatura y desde nuestros lugares de servicio en nuestros templos, sean transmitidas las advertencias indispensables para todos los que pueden comprenderlas. La forma en que serán expresadas, impedirá los abusos y las reacciones erróneas.

Los alumnos deben saber que tres obstáculos importantes impiden encontrar el verdadero camino:

‑ el primer obstáculo es el ser del yo y todas las ilusiones de la esfera material;

‑ el segundo obstáculo proviene de la esfera reflectora y de todas las fuerzas y entidades que allí operan;

‑ y el tercero, que ha sido explicado hasta ahora muy poco, proviene de nuestro propio microcosmos y en especial de su parte menos conocida, el ser aural. Este tercer obstáculo sólo se presentará con todo su poder cuando el alumno esté a punto de escapar de los dos primeros.

Ya le hemos hablado anteriormente del ser aural. Se trata de un campo organizado séptuplemente, en el cual están presentes todas las fuerzas y órganos del firmamento microcósmico. Este ser aural, independientemente de su forma esférica fácilmente imaginable, posee también la figura de una personalidad, pero de un tamaño mucho mayor que el de la personalidad terrestre que usted conoce, que usted es. No será difícil comprender que la personalidad aural es un ser luminoso, y puesto que dispone de los órganos de la lípika, se puede hablar en cierto sentido y con razón de un ser celeste, de una forma luminosa, centelleante y poderosa, de por lo menos dos metros de altura, y con un esplendor multidimensional.

Por ello se debe decir que cada microcosmos conoce dos personalidades, una terrestre y otra aural. No obstante, entienda bien que esta personalidad celeste aural, de estatura casi ciclópea y equipada de tremendos poderes, no debe ser confundida con la forma original que debe renacer en el microcosmos y que llegará a reintegrarse en el reino de los hombres originales, el Reino Inmutable. Por ello, insistimos de nuevo en que no sólo la forma terrestre del microcosmos debe ser renovada por la transfiguración, sino que también debe serlo esta forma celeste.

En la literatura ocultista natural, la personalidad aural es designada con frecuencia como «yo superior», el «hombre verdadero», el «Dios en nosotros», y se exhorta al alumno a realizar una perfecta integración con ese «yo superior». Los hombres provistos de gran sensitividad o que poseen propiedades mediúmnicas captan, de vez en cuando impresiones del yo superior, o son confrontados a veces con él. En los estados de exaltación místico‑religiosa, el yo inferior queda ensombrecido por el yo superior. El hombre ignorante considera tales ensombrecimientos como experiencias obtenidas por una gracia divina especial y, en realidad, no ve otra cosa que a su propio prototipo aural.

Therese Neumann, la célebre estigmatizada, la servidora de la virgen celeste, casi adorada como un milagro de la iglesia, no es víctima de una ilusión o de una posesión por parte de la esfera reflectora, sino que ha realizado un lazo oculto negativo con su propio ser aural. Este es su «virgen celeste»! Todas las experiencias de apariciones de Jesús y otras, obtenidas en el transcurso de exaltaciones místicas, tienen el mismo origen.

Por lo tanto, si usted examina sus propias experiencias a la luz de estas informaciones, llegará probablemente a la conclusión de haber sentido alguna vez el contacto de este ser aural, de haber visto o experimentado algo de él.

Usted preguntará quizás: De dónde saca el ser aural su resplandor y su magnificencia? Por qué es tan potente? Cuál es su naturaleza, su finalidad y su esencia? Es este ser bueno o malo?

Para dar una respuesta satisfactoria a estas preguntas debe prestar atención a todo lo que la Enseñanza Universal le ha explicado ya sobre al ser aural.

El ser aural es principalmente un firmamento de centros sensitivos, de centros de fuerza y de focos. Todos estos principios forman juntos una unidad, un fuego llameante, una conjunción de grandes fuerzas en las que arde un fuego determinado. Una de las exteriorizaciones de esa unidad llameante es la apariencia ígnea luminosa, en la que reconocemos la imagen gigantesca de una forma humana grotesca, mágica y tremendamente imponente.

 

Otra de las exteriorizaciones de este gran fuego es el pequeño mundo en desarrollo en el interior de este firmamento, el micro planeta, el hombre terrestre, el yo inferior. Usted ha nacido de este fuego aural llameante, y éste es el fuego que le mantiene. Su apariencia terrestre es, pues, el reflejo de la apariencia aural, la cual, a su vez, es nutrida y mantenida por las actividades de su existencia. Huelga decir que cuando usted contempla en estado de adoración exaltada su firmamento microcósmico, su propio cielo microcósmico, este mismo dios de fuego, del cual provenimos y por el que existimos, nos envía una respuesta. Es evidente que cuando usted quiere seguir con su yo, con su pequeño mundo no transfigurado, el camino de los misterios divinos, el dios de fuego aural se presenta en su camino. Esta dependencia recíproca tiene siempre como resultado el egocentrismo y la conservación del yo habitual, los cuales ocupan el lugar central del propio sistema de la lípika.

Hay, por lo tanto, un dios en usted: el ser de la lípika. Es el creador de su ser impío y mortal. Es su creador y usted su criatura. Este creador no puede estar separado nunca de su criatura y, a causa de su dependencia recíproca, la decadencia de la criatura significa la de su creador. En otras palabras: el ser ígneo de su propio firmamento, aunque posee una forma, es en más de un aspecto impersonal. Es malo si usted es malo, bueno si usted es bueno. Y perecerá si, por la endura, usted mismo perece. Por lo tanto, cuando alguien dice estar en el camino, mientras el ser de la lípika vive aún con toda su antigua fuerza, tal persona miente.

 

El ser ígneo del aura es el Lucifer de los misterios, nombre que aclara todo lo que antecede.

Como consecuencia de los procesos microcósmicos, provocados por el estado de caída, en la lípika arde en el oxígeno un principio de hidrógeno no divino, cuya frecuencia vibratoria es determinada por el nitrógeno; el nitrógeno es el factor retardador que permite al micro planeta manifestarse en el carbono terrestre inferior.

El micro planeta muere periódicamente, y un nuevo micro planeta nace en el interior del caos del pequeño campo de manifestación. Pero el ser ígneo perdura! Absorbe todos los resultados de la siempre cambiante existencia micro planetaria, y su forma y la estructura de sus órganos lo testimonian, y llevan las huellas de incontables años.

Estas huellas en el cielo microcósmico son continuamente cambiadas, ya que, por la acción del factor retardador, unos fuegos son apagados y otros encendidos. Los antiquísimos focos de los tiempos pre‑luciferinos duermen desde hace eones, porque no pueden arder en el fuego impío. Los resultados de esta situación se manifiestan repetidamente en el pequeño planeta.

De esta manera, como un relámpago rojo oscuro, todo el sistema atraviesa el espacio como perdido en el universo. El hombre, considerado como un pequeño planeta, es acompañado y guiado por su propio Lucifer, por su propio Satanás, por su propio dios natural. No obstante, debe entender que este dios natural en realidad es su subordinado, su servidor, su amigo más querido, la imitación de la aparición de Jesús, su virgen celeste. El le sirve en sus deseos. Usted recibe lo que le pide. Si llama al fuego, usted arderá! Lo que siembre, cosechará. Todo lo que usted ha sido y es, le es dado por su ser de la lípika, por su yo superior, por esta proyección desnaturalizada de su verdadero yo, por este dios natural en usted.

A pesar de que fue creado para que fuese la base de la existencia de su sistema vital, el ser de la lípika crea y mantiene este sistema. La mayoría de los hombres han convertido a este ser de la lípika en un dominador, un monstruo diabólico ígneo, un dios natural que ataca con sus crímenes hasta en la enésima generación. Los hombres tienen razones de sobra para temer a esta carga aural.

Así nació el miedo inconmensurable. De este miedo nacieron la religiosidad natural y el ocultismo natural. Ya que los hombres tienen abundantes razones para reconciliarse con su propio yo superior, con este dios de fuego, que carga con su karma y lo irradia.

Usted llora y se inclina ante su dios, e invoca en su corazón sueños sobre la búsqueda del camino. Usted irradia naturalmente cierta suavidad, cierta generosidad. En ese estado cultiva cierta bondad, y esto frena de forma automática la corriente de fuego que arde. La suavidad cultivada retrasa la afluencia de la impiedad: el dios natural le ha ayudado.

El ocultismo es siempre un método para crear cierto equilibrio entre el yo superior y el yo inferior, para controlar al yo superior impersonal por medio del yo inferior. En la necedad de la ilusión, se cree haber apartado todo peligro, y el pobre ciego dice: «Ahora tengo las riendas en mi mano y lo dirijo conscientemente». Sin embargo, cuando el yo inferior y el yo superior están unidos de esta forma, todo el ser está perdido irremediablemente en tanto que sistema microcósmico.

Esto podría asustarle, podría asustarle más que nunca hasta ahora. Pero, si ha entendido bien lo que tratamos de decirle, todo temor le abandonará! El ser aural no quiere matarle. Su actividad sólo causará su decadencia, si la atrae usted mismo al continuar una vida egocéntrica. Si usted se cuelga de una cuerda, es la cuerda la causa de su muerte, o es usted quien se suicida?

Y si un día las luces celestes en el sistema de su lípika se apagan, será posible realmente restablecer entonces el firmamento glorioso de antaño por medio de un cambio absoluto de su vida? De esto se trata, pues al igual que hay un átomo‑chispa de espíritu en el corazón, hay en el firmamento un principio‑chispa de espíritu original, como un sol latente muerto. Así pues, cuando un ser humano recorre el camino que enseña la Escuela de los misterios transfigurísticos continuamente, no se invoca al yo superior, no se llama al firmamento de la lípika, entonces ya no se estudia más este firmamento, amigos astrólogos, sino que se penetra a través de ese cielo que arde en la impiedad, y se eleva los ojos hacia las montañas de donde le vendrá la ayuda.

Y esta ayuda viene! Gracias al hecho de que una de las luces apagadas de la lípika es encendida por una nueva gloria, el átomo‑chispa de espíritu en el corazón puede ser tocado, por lo que tiene lugar el proceso que tantas veces hemos descrito. La radiación de la chispa espiritual pasa a la sangre, a través del timo, y por este Jordán de la vida, alcanza el núcleo del principio luciferino en el yo inferior, el núcleo de la conciencia en el santuario de la cabeza. Cuando estos dos principios se aceptan mutuamente, Jesús es bautizado en el Jordán. Juan, el yo purificado de la naturaleza, se retira, y Jesús empieza sus tres años de peregrinaciones.

Qué se quiere dar a entender con estas peregrinaciones? Es el toque progresivo de una fuerza santa a un micro planeta corrompido.

En la mitología de la Biblia se describe al principio a Jesús en el desierto. No es acaso nuestro yo terrestre un desierto donde todo lo real sólo encuentra sequía y desolación? Pues bien, las radiaciones de Jesús deben luchar a través de todo ese desierto durante «cuarenta días y cuarenta noches», imagen de la plenitud absoluta de esa lucha, del cáliz que hay que beber hasta la última gota.

Y quizás usted comprenderá ahora lo que va a ocurrir. La fuerza de la vida nueva toca nuestro micro planeta. La interacción entre el micro planeta y el fuego natural de la lípika es perturbada inmediatamente. El equilibrio entre el dios natural y el hombre dialéctico es destruido. A medida que este hombre dialéctico es impulsado hacia su muerte endurística, esto también causará, ineluctablemente, la muerte de la lípika natural en nosotros, el final de Lucifer, el final de Satanás, el dios natural en nosotros.

Por ello comprenderá usted lo que sucede a la entrada del camino que conduce del desierto a la vida verdadera. El ser de la lípika ataca al candidato con todo su poderío eónico. Preste atención a lo que va ocurrir:

Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu Universal. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, aspiraba a llegar al final. Entonces, Satanás se le acercó y le dijo: «Si quieres ser un hombre nuevo, ordena que estas piedras se conviertan en pan. Gracias a la nueva fuerza que te ha sido otorgada, puedes transformar esta naturaleza, cultivarla y hacer panes de estas piedras.»

El yo superior de la naturaleza trata de detener al candidato en su éxodo de este orden natural, incitándole a aceptar la naturaleza luciferina.

Pero Jesús respondió: «El hombre no vivirá de esta naturaleza, sino de la fuerza y de la esencia de la Palabra.» Jesús rechazó de forma resuelta al ser de la lípika, que no hace otra cosa que cumplir con su misión natural.

Satanás le condujo entonces a la ciudad santa, le hizo sentarse en las almenas del templo y le dijo: «Demuestra ahora que eres un hombre nuevo, arrójate de aquí como prueba de que has superado la ley de la gravedad, demuestra tu participación en el círculo apostólico.»

Pero la prueba de lo original no debe ni puede ser dada en lo terrestre. Si el candidato tuviera que demostrar su poder, esto no influiría en nada sobre el hombre terrestre. Este negaría su estado de ser y, con ese intento de persuasión, el candidato demostraría que aún no tiene confianza en el poder que le es concedido: Pondría en duda el poder de la Gnosis, como si fuera un simple control dialéctico, según el principio «safety first» (seguridad ante todo). Por esto, el candidato, ante esta prueba tentadora, respondió: «No tentarás al Señor, tu Dios.»

Satanás le transportó entonces a una alta montaña, y enseñándole todos los reinos y esplendores de la naturaleza dialéctica, le dijo: «Te daré todas estas cosas si, postrándote ante mí, me adoras.»

 

El ser de la lípika, que en ese momento sabe que toda su existencia está en juego, se coloca ante el alumno con toda su gloria, con todo su poder, y le ofrece todo lo más elevado que hay en la dialéctica. Y el candidato demuestra entonces lo absoluto de su resolución, de su despedida hasta de la más grandiosa de las ilusiones, y dice: «Retírate de mí, Satanás. Sólo serviré a la Gnosis.»

Resumiendo, el ser de la lípika, en la entrada del camino verdadero, dirige una llamada a los tres egos naturales del candidato: primero a su antigua egocentricidad, segundo a su antigua moralidad, y tercero a su antiguo idealismo.

Si se demuestra que la nueva radiación de la Gnosis es suficientemente fuerte, Satanás se apartará de él, es decir, todas las luces de la lípika luciferina serán apagadas, la forma del antiguo ser superior desaparecerá, y las antiguas luces del hombre original, apagadas desde hace tanto tiempo, se colorearán en el rojo matinal de la aurora y, como ángeles, consolarán y proveerán de nuevo al microcosmos en devenir. Por ello está escrito: Entonces el diablo se alejó de él, y los ángeles acudieron y le sirvieron.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVIII

 

El debe crecer y yo menguar

 

 

Hemos visto que hay dos existencias en el microcosmos: un yo inferior en la parte mortal del microcosmos, la conciencia terrestre normal, y una parte inmortal, el yo superior, la conciencia del ser aural. Ambos aspectos tienen su propia estructura de personalidad, pero dependen mutuamente y están unidas inseparablemente.

El yo superior, la personalidad aural es portadora del karma, el resultado de todas las manifestaciones del yo inferior, y cada uno debe comprender que por esto el yo superior, a la larga, se vuelve un factor tan determinante y dirigente en todo el sistema, que se puede hablar con derecho de dominación. Contiene casi todas las vías de acceso al microcosmos y, por ello, puede controlar completamente al yo inferior y transformar, según su propio estado de ser, todas las fuerzas y radiaciones que en él penetran. Por lo tanto, el yo superior es, esencialmente y en la plena acepción de la palabra, su dios natural. El ejerce sobre usted un poder absoluto.

Para hacerle comprender algo de este poder, tomemos por ejemplo los horóscopos de nuestros amigos astrólogos. La imagen del momento del nacimiento, que usted calcula y dibuja es totalmente controlada por el yo superior. Esta imagen del momento del nacimiento es, de hecho, la proyección directa del yo superior, representado por un diagrama. Y también comprenda claramente que al igual que su cuerpo con su doble etérico nació del cuerpo de su madre, el resto de su personalidad, es decir el triple ego, el poder del pensamiento y el cuerpo del deseo, han nacido del cuerpo de su yo superior.

Cuando la futura madre siente por primera vez que el niño que lleva en su seno vive, en ese momento, un ser aural vaciado ‑es decir, un ser que ha perdido su personalidad perecedera por la muerte‑ se ha unido a él, con el fin de reemplazar esta pérdida, e irradia una fuerza de hidrógeno en el canal del fuego de la serpiente, que de hecho es la primera forma visible del embrión. Este rayo de conciencia se une al embrión y, desde ese instante, la fórmula de conciencia, así como la calidad y vibración de los procesos de combustión etéricos, se ajustan minuciosamente al ser aural que acaba de adoptar al niño, de la misma forma que el niño se desarrolla físicamente en el seno maternal hasta el nacimiento. Después del nacimiento del niño material, éste se retira lenta y progresivamente del ser aural de la madre para entrar en el sistema aural del ser aural que ha adoptado la nueva forma material humana.

Es evidente que el ser aural adoptivo debe tener afinidades con el de la madre. En caso contrario, vemos aparecer la conocida anomalía pasajera que a veces manifiesta la futura madre.

A veces sucede que el niño que va a nacer no puede ser aceptado en su conjunto por un ser aural. Su estructura orgánica, por ejemplo, puede ser tan débil y mala, que ningún ser aural puede utilizar semejante producto para sus propios fines. Este es el caso de los niños nacidos muertos o imperfectos en algún aspecto, o también del niño que se ata fuertemente al ser aural de la madre. En este último caso, el recién nacido no sólo es el hijo de su madre, sino, al mismo tiempo y en cierto sentido, su hermano o su hermana. Puede ocurrir también que tal niño ‑no aceptado por un ser aural‑ sea admitido por el ser aural del padre.

En estas circunstancias, se establece una unión estrecha del niño con la madre o con el padre. La vitalidad de la madre y de su hijo ‑o del padre y de su hijo‑ decrece fuertemente, puesto que el ser aural debe trabajar por dos. Biológicamente esto es a veces posible, pero cuando el ser aural está muy cultivado, es decir, cuando consume mucho hidrógeno y oxígeno ‑en otras palabras, éter reflector y éter luminoso‑ el yo inferior, en concordancia, tiene necesidades culturales y las fuerzas etéricas necesarias son difíciles de obtener, con lo que el campo magnético se sobrecarga. Dicho estado doble, dicha unión de dos planetas en un mismo microcosmos, tiene lugar sobre todo cuando la procreación es deseada muy intensamente. Cuando uno de los dos desea recorrer más tarde el camino de la liberación, hay que esperar la muerte de uno de los dos «planetas» para que haya libertad de acción. Cuando llega la muerte de uno de los dos, el otro adquiere rápidamente un aspecto muy diferente. Su fisonomía cambia, sus costumbres se modifican y desaparecen ciertos comportamientos anormales.

Estas informaciones le son dadas para que vea claramente, que a causa de nuestra unión impía con el ser de la lípika, no puede tratarse de vida real en sentido divino original de la palabra. Todo lo que se realiza en nuestro interior, a nuestro alrededor y en nosotros sólo es un proceso biológico. Estamos sometidos y somos el producto de un proceso natural.

 

Veamos ahora, a la luz de esto, lo que llamamos «supervivencia» y «reencarnación».

Puede usted decir que ha conocido una existencia anterior?

Usted no lo puede decir! Cuando muere según su ser natural, todo el ser de su personalidad se volatiliza en el transcurso de cierto tiempo, y sólo vuelve al yo superior el principio de hidrógeno que le dio vida. De igual forma que el ser de un perro se volatiliza en algunos días, también su ser si prosigue siendo de esta naturaleza sigue el mismo destino después de un tiempo más largo. Se puede decir que el yo superior conoció una existencia anterior? No, pues él sólo tiene una existencia. Esta existencia comenzó en la aurora de la impiedad, y continúa desde entonces, aunque con numerosas modificaciones y metamorfosis hasta este momento. El yo superior es una fuerza ciega e impulsiva, la personificación de una estructura de fuerzas que ha escapado a toda dirección, que busca e intenta llegar a la realización de su fórmula de base, pero cuyo resultado es que el planeta en el interior del microcosmos, la manifestación humana, es destruida siempre.

Cuando también la Biblia dice: «polvo eres y en polvo te convertirás», es algo exacto. Y cuando, por ejemplo, la filosofía de Hegel desenmascara la ilusión de las habladurías metafísicas, también tiene razón y se encuentra al lado de la filosofía transfigurística. Por esto también nosotros hacemos pedazos sus ilusiones, ya que sólo después de haber desgarrado los velos de la ilusión, sólo después de haber hecho limpieza general, puede empezar a descubrir el sentido de la verdadera vida. Quiere pertenecer a la raza de la nueva humanidad que viene? Empiece por abandonar todas sus especulaciones en todos los terrenos de la vida.

Suponemos que usted niega la divinidad a la esfera material dialéctica y a la esfera reflectora dialéctica. Entonces debe proseguir con su negación, pero ahora respecto a la esfera material de su propio microcosmos, su yo terrestre, y respecto a la esfera reflectora de su microcosmos, su yo superior. Sólo entonces es usted consecuente, sólo entonces su comprensión y su conocimiento serán justificados de forma razonable y moral. Si rechaza este macrocosmos, porque es el universo de la muerte, debe usted rechazar igualmente este cosmos, puesto que es el campo de vida nacido del macrocosmos de la muerte. Y si rechaza ese cosmos, tiene que proseguir en su reflexión y rechazar igualmente su estado microcósmico actual. Sólo entonces será usted consecuente con sus deducciones filosóficas.

 

El representante de la totalidad de la naturaleza de la muerte en nuestro sistema es el yo superior, la personalidad aural. Es el «Satanás» del principio, palabra que significa «adversario», «enemigo».

Dese cuenta de que su yo superior no es su adversario con respecto a su naturaleza terrestre normal. Tal como acabamos de decir, es su padre‑madre, su mantenedor. En tanto que ser de esta naturaleza, usted tiene la misma sangre que el yo superior y vive de ella. Y a veces hasta quiere vivir de ella en calidad de alumno de la Escuela Espiritual. Hace horóscopos progresivos, busca sus aspectos y trata de orientarse en base a las sugestiones de su yo superior. Y si usted, por falta de sensitividad, ya no puede comprender la voz del yo superior, en su ayuda viene la ciencia astrológica y su metodología. Una magnífica ciencia para el yo superior cuando el yo inferior es imbuido en ella. Y si usted es sensitivo, la voz del yo superior puede resonar en usted, y posiblemente puede incluso ver algo de él. Entonces supone haber visto a Jesús o a la virgen, o a un maestro, o quizás, empleando el vocabulario de la Escuela Espiritual, nos figuramos que es el nuevo ser que existe en usted. No hay, efectivamente, numerosos sistemas religiosos y ocultos en los que se intenta llegar a una unión con el yo superior?

Ah no! En ese caso el yo superior no es todavía su adversario. Pues usted encuentra magnífico el conservar aunque sólo sea una partícula de ilusión. Usted no se atreve a ser encontrado desnudo! No es su imaginación, su asidero? Quién se atreve a rechazar este deslumbramiento auto‑ocasionado?

No obstante, para quien se atreva, el yo superior se vuelve un adversario, un Satanás. Y sólo cuando el yo superior se vuelve adversario, se puede decir: «Apártate de mí, Satanás!»

La mayoría de las veces la ilusión es consecuencia de la ignorancia. Muchos suponen que en el microcosmos debe nacer otra personalidad, que en el interior del cielo microcósmico debe aparecer otra tierra microcósmica. Esta suposición es completamente errónea!

El vidente de Patmos veía un nuevo cielo y una nueva tierra, pero el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido. Comprende usted estas palabras? Si se habla de una nueva tierra, tiene que haber primero un nuevo cielo! Esto representa la liquidación de la totalidad del microcosmos, en el sentido más perfecto y profundo, y la aparición de otro completamente diferente. Esto significa el fin de todo su sistema. Usted quiere transfigurar, usted quiere entrar en un nuevo estado de ser. Imposible! Usted debe desaparecer, dejar de existir. No se debe encontrar nada ni de usted ni de su yo superior: la tumba debe ser vaciada. Todo el antiguo cielo y la antigua tierra deben desaparecer.

Por primera vez en los tiempos modernos es pronunciada de nuevo la palabra «fin». Por primera vez se puede volver a explicar en la Escuela Espiritual y por ella, la palabra de los antiguos hermanos y hermanas, la palabra maniquea de fin total. La palabra de la verdad reside en la liquidación de todo su estado natural, su disolución hasta no quedar nada.

Un gran servidor de Cristo dijo en el siglo pasado que no creía en una supervivencia. Todos estaban estupefactos al oírle hablar así. Pero usted lo comprende ahora: Creía en la liquidación del antiguo cielo y de la antigua tierra! En esto creía y lo confesaba, así se manifestaba y de esta manera se despidió. Era de hecho la endura. No es sólo la liquidación del yo, en el sentido del yo inferior, sino también la aniquilación del yo superior.

Estos aspectos son difíciles de entender. La amplitud de este camino es inmensa. Permítanos colocarle, una vez más, con toda objetividad, ante lo siguiente.

Quizás se haya dicho usted ya: «Apártate de mí, Satanás! Quién dice esto? En la naturaleza ordinaria es Satanás quien dice eso contra sí mismo, en su lucha contra el mal y sus consecuencias. En esta lucha, por el hecho de la unión del bien con el mal, el adversario, el yo superior, encuentra la resistencia en sí mismo, y su exclamación prueba que está ocupado aún completamente en auto‑mantenerse.

Quizás diga usted con un fondo de desesperación: «Todo lo que se enseña del transfigurismo, no es el mayor de los disparates, teniendo en cuenta que no hay nada en mí, ni alrededor de mí, susceptible de ser transfigurado y que, según dicen ustedes, todo se resume en la liquidación total de mi realidad de existencia? Esta enseñanza sobre el átomo‑chispa de espíritu, no es un sueño, y no debemos rechazar la idea de un sol latente que existe en el ser aural como algo del reino de la fábula?»

Si estas preguntas surgieran del fuego de su desesperación, sería magnífico. Respondemos a su pregunta por otra: «Quién es el Jesús que debe nacer en usted? Y quién es el Cristo que debe volver de nuevo en las nubes de su cielo microcósmico? Es Jesús una transformación de su ser del yo, y Cristo una modificación de su yo superior?»

No, mil veces no! Jesucristo es el completamente otro, el nuevo microcosmos, el nuevo cielo‑tierra. «Qué tengo que ver yo con todo esto?», arderá contra nosotros su pregunta fogosa. Nuestra respuesta es: «Ha oído hablar usted de la ley santa, válida en todos los campos, que dice: `Allí donde la Luz ha brillado una vez, allí volverá a brillar de nuevo’?»

Antaño existía un microcosmos divino, pero una gran impiedad ocupó su lugar, una impiedad organizada en el transcurso de los eones, hasta volverse lo que somos nosotros y nuestro yo superior actualmente. No obstante, este sistema impío nunca ha podido deshacerse completamente de algunas señales distintivas del pasado. En el ser aural hay aún un sol divino latente y, en el ser terrestre, hay un principio atómico divino, situado en el corazón, cual latente secreto del origen.

Cuando todo el sistema consiente en humillarse, en liquidarse en su totalidad, atravesando, desgarrando, arrancando toda ilusión, la luz, la luz original, vuelve a ocupar su antiguo lugar. Un nuevo cielo y una nueva tierra serán creados. El sol latente en el ser aural será encendido y su espejo, su luna, el átomo‑chispa de espíritu, iniciará su órbita. Sobre esta base resucitará el hombre nuevo. Puede usted decir, estando en el nuevo desarrollo, desde el fondo de su ser y subrayarlo con un acto de vida perfecto: El, el otro, debe crecer, y yo debo menguar. Si usted puede decirlo con alegría, una alegría que sobrepase todo entendimiento, entonces la salvación de los misterios se levanta en usted, y la luz vendrá hacia usted desde el otro lado del Jordán.

Y la gran señal, de la que habla el Apocalipsis, en su capítulo doce, se eleva en usted. Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida con el Sol, con la Luna a sus pies, y con una corona de doce estrellas en su cabeza.

Y el proceso se prosigue durante mil doscientos sesenta días, imagen del proceso de realización. Y, al final, se puede decir: «Después vi un nuevo cielo y una nueva tierra, pues el primer cielo y la primera tierra habían desparecido, y el mar ya no estaba.»

Puede usted acompañarnos en este camino? Tal vez usted ya no sepa tan bien cómo transfigura un hombre, ya que ningún mortal terrestre transfigura, pero comprenderá, mucho mejor que antes, que el microcosmos impío debe ser liquidado y porqué. Y lo demostrará por el acto. En ese mismo instante, una gran paz descenderá en usted, la paz del final. Toda persecución, toda búsqueda, pertenecerá al pasado y usted confesará a cada respiración: «El debe crecer y yo menguar.» El, que es lo más ínfimo, debe volverse lo más grande, ya que allí donde la luz ha brillado una vez, volverá a brillar de nuevo si la impiedad desaparece.

 

Hemos llegado al final de nuestras consideraciones preliminares sobre el hombre nuevo que viene. Hemos examinado filosóficamente y desde todos los puntos de vista, la «nueva raza» de la que habla la lengua sagrada, y debemos pasar ahora al examen de los propios procesos de desarrollo, de las posibilidades y de las propiedades de este tipo de hombre exclusivo, que se manifiesta ya aquí y allí, y pronto aparecerá en una forma asombrosa.

Llamamos «Círculo Apostólico» y «Fraternidad Apostólica» al conjunto de los que participan en este nuevo proceso de desarrollo, y han dado el primer paso en el camino hacia la Morada del Padre. Por «Fraternidad Apostólica» aludimos al grupo de los renovados, que en todo el mundo están ocupados en liberarse, y por «Círculo Apostólico» a los que, de entre ellos, están despiertos en el campo de fuerza de la Escuela Espiritual moderna de la Rosacruz.

El Círculo Apostólico fue formado el viernes 15 de junio de 1951, y con ello se abrió el Tercer Templo, y el gran campo de trabajo de la Escuela Espiritual alcanzó con ello el objetivo que ella se había propuesto después de treinta y seis años de trabajo. Su misión, comenzada el 17 de diciembre de 1915, se cumplió el viernes 15 de Junio de 1951.

Por Primer Templo, hacemos alusión a la Escuela de la Rosacruz, que usted debe ver como el gran atrio, atrio en el que los buscadores son recibidos y pueden examinar el objetivo y el trabajo de la Escuela y experimentar la fuerza de su actividad.

Por Segundo Templo, designamos a la Escuela de la Conciencia Superior, donde son admitidos los alumnos que son preparados para el futuro estado de vida nueva.

El Tercer Templo es el lugar de trabajo del Círculo Apostólico, donde entran los que han obtenido participación en este nuevo estado de vida.

Y así nuestras explicaciones sobre el hombre nuevo que viene adquieren una significación altamente actual, por el hecho de que los resultados de la actividad de los tres templos, la realización del Hombre Nuevo, se demostrarán aquí. Que el lector pueda entender que un camino se ha abierto para un trabajo que, en un futuro próximo, se inscribirá en caracteres indelebles en la historia de la humanidad.

Llegará el día en que ya no se podrá encontrar en los lugares dialécticos a la Fraternidad de los tres templos. Se habrá elevado en las nubes del cielo, al encuentro del Señor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Segunda parte

 

 

 

 

 

 

El séptuple camino del nuevo devenir humano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

Fe ‑ virtud ‑ conocimiento

 

 

Quien quiere recorrer el camino de la renovación, debe conocer bien sus condiciones y cumplirlas para alcanzar su objetivo.

Este camino tiene siete condiciones.

Estas condiciones las encontrará enunciadas en la Biblia, al comienzo de la segunda Epístola de Pedro, donde se lee:

Poned todo vuestro esfuerzo en añadir

a la fe, la virtud,

a la virtud, el conocimiento,

al conocimiento, el dominio de sí mismo,

al dominio de sí mismo, la perseverancia,

a la perseverancia, la piedad,

a la piedad, el amor al prójimo,

y al amor al prójimo, el amor.

 

Si estas condiciones están en vosotros, no os dejarán sin fruto. Esforzaos en realizarlas, pues así os será otorgada amplia y generosa entrada en el Reino eterno e inmutable de nuestro Señor.

Muchos han leído estas palabras en el transcurso de los siglos y han estudiado este mensaje, sin llegar a ningún resultado positivo. Empezaron por preguntarse qué era «la virtud». Hablaron al respecto entre ellos, consultaron la literatura y estudiaron diversas normas de vida mística. Después de esta preparación, redactaron un código de reglas de conducta, en parte de naturaleza puramente biológica, en parte de carácter ético y moral. Promulgaron preceptos y determinaron lo que estaba permitido y lo que no lo estaba. Esbozaron teóricamente el tipo de «hombre virtuoso» y, cada uno por su lado, procuraron llegar a la realización práctica de esta imagen teórica.

Sobre la base de la virtud adquirida, se vieron colocados después ante la tarea de llegar al conocimiento. Pensaron: «Acumular conocimientos es comprensión intelectual, entrenamiento de las facultades cerebrales. La mejor y más rápida manera de realizar esto es siendo virtuoso y atento». Viviendo con una sobriedad extrema, ejercitando la virtud en la soledad, se dedicaron al estudio, a la adquisición intelectual más amplia posible. Se llegó muy lejos; se sabía todo lo que se puede saber y aprender en este mundo. Llegaron a ser eruditos.

Comprenderá que ejercitando así la virtud y el conocimiento, se obtenía al mismo tiempo un gran dominio de sí mismo. Si en algún lugar se oía una risa alegre, cuya vibración reconfortante puede ser contagiosa, la faz del candidato permanecía impasible, como una máscara; permanecía dueño de sí mismo, centrado en su misión de virtud, conocimiento y dominio de sí mismo.

Un rayo de sol penetraba en la celda de estudio, el trino de un pájaro llegaba por la ventana abierta. Quién no dirigiría su mirada, de vez en cuando, a la extensión del paisaje? Sin duda alguna, el candidato no lo hacía; no deseaba ser distraído. Con una disciplina de hierro, con una resistencia casi inconcebible, proseguía el proceso emprendido.

Sus facciones se endurecían, su rostro palidecía, no hacía distinción alguna entre el día y la noche, descuidaba los momentos de reposo para las distracciones y los cuidados personales. Vendría ahora la piedad? No, el candidato debía ser piadoso. Junto a todas las tensiones, se añadía algo más: debía ejercitarse la piedad.

Qué era, qué implicaba la piedad? Se preguntaban al respecto recíprocamente, reflexionaban juntos y llegaban a establecer un programa, un orden del día. Basándose en la virtud, el conocimiento, el dominio de sí mismo y la perseverancia, se debían recitar oraciones, murmurar letanías y meditar devotamente. Además de esto se debía rezar incesantemente, y así nacieron las series ininterrumpidas de servicios religiosos en las capillas de los conventos, donde, hincadas las rodillas durante horas enteras sobre las losas o en el frío de las noches de invierno, se ejercitaba la piedad.

Así, cada candidato a monje se convertía en un yogui cristiano, puesto que no había prácticamente diferencia alguna entre este género de penitencias y las que se ejercen bajo el tórrido sol de la India.

Los momentos de agotamiento eran inevitables. En esos momentos los pensamientos, sometidos a una fuerte presión, se escapaban a su control, lo que ocasionaba un profundo descontento de sí mismo y era motivo de auto‑mortificación. Se auto‑flagelaban y se privaban de las últimas comodidades que les quedaban, por consiguiente realizaban grandes ayunos, puesto que había que mantener la calidad adquirida. No debían decaer, pues aún quedaba una tarea por cumplir: el candidato debía practicar además el amor al prójimo. Y, qué podía ser el amor al prójimo sino manifestarse en una u otra forma de actividad humanitaria? Preparar y repartir alimentos, suministrar ropas y cuidar a los enfermos, ser amable con todos y andar por los caminos del Señor con una sonrisa beatífica en los labios.

También para esto había tiempo. Nadie comprendía cómo era posible llevar a cabo todo esto y, sin embargo, era un hecho. Lo cierto es que el candidato que había seguido este camino estaba más muerto que vivo, casi fuera de su cuerpo y en un estado sanguíneo totalmente mediúmnico.

Y ahora, debía venir la gloria de las glorias: por el amor al prójimo, el amor. Pero en este punto los candidatos perdían el suelo bajo sus pies. Comprendían que no se trataba de amor humano y suponían que debía ser una postración mística, un amor a Cristo. Amor a Jesús si el candidato era mujer; amor a María si era un monje, aunque también se daba el amor a ambos. Escúcheles hablar de su dulce Jesús y de la gloria majestuosa de la virgen celeste.

Y entonces, una noche sucedió: aparecieron los prototipos de su adoración en forma de fantasmas, se deslizaron por las ventanas de la capilla. Las figuras se desprendieron de las vidrieras pintadas y se acercaron a ellos con ademanes de bendición, pronunciando indecibles palabras.

Sin duda habrá leído alguna vez cómo han luchado estos devotos hasta el fin de sus vidas por el camino indicado por Pedro, el fundador de la iglesia. Millones de personas creen que estos peregrinos encontraron finalmente abierta la puerta del Reino del Señor. Qué ilusión! La verdad, la realidad es que estos yoguis cristianos habían forjado con su método una unión tan formidable con la esfera reflectora, que casi se puede hablar de una unión imperecedera. El resultado de sus esfuerzos fue una mediumnidad místico‑oculta: la ilusión de una beatitud dialéctica.

El método de beatitud que le ha sido descrito, también puede ser ejercitado de otras maneras. Se puede aspirar al mismo fin con variantes insignificantes y, en efecto, también se ha hecho. Pero, irrevocablemente, el resultado es siempre el mismo: un encadenamiento cada vez más intenso a la rueda. Diversas escuelas místicas han experimentado esto de muy diferentes maneras, y estamos seguros de que hay alumnos de la Escuela Espiritual de la Rosacruz moderna que también siguen este camino impío, porque no escuchan suficientemente las indicaciones, consejos y advertencias que se les transmite. También entre nosotros hay quienes se atan a cierta ética, sacian su hambre intelectual de filosofía y demuestran pleno dominio de sí mismos y perseverancia, practican la piedad en el sentido descrito y ejercen, de diversas formas, el amor al prójimo y la generosidad. Pero todo esto no les servirá de nada. Su libertad será pronto una ilusión; su unión, una rueda de molino al cuello; su beatitud, un ascenso al mundo de las sombras. Y todo esto porque no se han tomado verdaderamente la menor molestia por forjar la llave del séptuple camino.

 

Esta llave reside en la fe. Poned todo vuestro esfuerzo en añadir a la fe, la virtud. Usted debe poseer la fe. En nuestros tiempos modernos, la fe es una noción apagada y sin vida. Por fe se entiende la aceptación o confesión de cierta doctrina, y se es creyente ortodoxo si esta aceptación se entiende como una severa doctrina calvinista (1), o bien tolerante y muy liberal en caso contrario. Y así se es creyente en diferentes tonalidades o se es también no creyente. Pero la lengua sagrada de todos los tiempos nos muestra claramente que la fe no es la confesión o la aceptación de una doctrina o una iglesia, de una escuela o un dios, sino que se refiere a una posesión de la que hay que volverse esencialmente conscientes. Se nos da a entender también que dicha posesión debe ser percibida en el santuario del corazón, debe establecer «su morada» en el corazón o, con otras palabras, que el átomo original, el átomo‑chispa de Espíritu debe ser despertado. No se puede hablar de fe mientras este átomo no se haya despertado, pues hasta ese momento todo es palabrería dialéctica, imitación, religión natural. Por el contrario, observará que sobre la base de la verdadera fe, las siete condiciones de las que habla Pedro adquieren un sonido totalmente nuevo y diferente, y, al mismo tiempo, un sentido altamente científico.

Cuando el átomo original es impulsado a la acción y el candidato se confía en auto‑rendición, eso significa una nueva vivificación de la sangre. Algo penetra entonces en nuestro ser que refulge en cada una de las células de nuestra existencia. Y entonces se produce, desde el interior, una inclinación de la sangre a la virtud. Esto no significa estudiar normas morales de vida y aplicarlas estrictamente; usted no se pregunta: «Qué puedo hacer, qué debo hacer y qué soy capaz de hacer?», sino que su conciencia de la sangre se orientará espontáneamente hacia el camino, iluminado por la luz del átomo original como por un sol. Ser «virtuoso» en este sentido es orientarse hacia la luz, seguir interiormente las directrices de la luz. Si el alumno no puede liberar aún esta luz, es que todavía no posee la virtud (para el camino). Entonces aparecen malentendidos y graves faltas, y nadie puede preservarle de esto.

Pero quien siente en la sangre los beneficios del átomo original y se orienta de esta forma en el camino, llega también al conocimiento. Comprenderá probablemente lo que entendemos con ello.

Nuestros centros cerebrales tienen el poder de captar de forma racional y moral todo aquello hacia lo que se orientan los sentidos, y de transmitir una impresión de ello al cerebro. Mientras la conciencia del hombre sea totalmente de esta naturaleza dialéctica y se centre exclusivamente en ella, con lo que todos sus sentidos estarán en concordancia con ello, será absolutamente imposible reunir en el cerebro conocimientos de otro tipo a los de la esfera material y la esfera reflectora. Mientras el átomo original no vibre en su corazón y, por lo tanto, no haya sido inflamado por el espíritu de Dios, no haya llegado a la «fe», no vaya a creer que posee la Gnosis ‑el conocimiento que es de Dios‑ porque haya leído los libros de la Escuela de la Rosacruz o haya asistido a uno de sus servicios, o quizás por haber amontonado en su memoria las enseñanzas de la Escuela de la A a la Z.

Pero entonces, cuál es la utilidad de nuestra literatura? Nuestros libros tienen como finalidad guiarle en su búsqueda, ayudarle a llegar a la fe, conducirle a estos actos auto‑liberadores que inflaman el átomo original. Si estos actos no se llevaran a cabo, todo su conocimiento de nuestra filosofía sería conocimiento exterior, y todas sus tentativas sobre esta base serían ocultismo místico y, el resultado, un encadenamiento a la rueda. De esta manera, la bendición se transforma en maldición. Y cuando descubra la negatividad de sus esfuerzos, es evidente que no se imputará su fracaso a usted mismo, sino a la Escuela y a su filosofía. Descontento, retirará de su biblioteca los libros en cuestión, para llevarlos a la venta de libros de segunda mano; o enfadado, con sarcasmo y cólera, nos los devolverá acompañados de una carta de aguda crítica, tal como ya ha sucedido. Una tercera posibilidad es la de su deseo de falsear el contenido de nuestros libros para adaptarlos a su propio uso.

En su biblioteca tiene probablemente diferentes obras de la lengua sagrada de todos los tiempos. Puede estar seguro de que los principios que encierran han sido falseados en el pasado, porque ciertas personas que se creían autoridades en materia metafísica, juzgaron necesario introducir ciertas modificaciones ya que su contenido no se ajustaba a sus experiencias.

Si deposita en el suelo una hoja de papel limpia verá que
su gato o su perro, cuando entre del jardín con las patas sucias, no tardará en ponerse encima. La naturaleza ha ensuciado siempre lo puro e inmaculado. La pureza atrae siempre a la naturaleza, pero cuando ésta la toca, la mancilla. Y esto sucede siempre con la brutalidad y la ingenuidad de la ignorancia. Por ello no se les puede tomar a mal, aun cuando se sufra por ello. Ha comprobado ya el horrible abuso que se ha hecho en el mundo de la Biblia, irremediablemente mutilada?

Cuando el átomo‑chispa de Espíritu, por la auto‑rendición, comienza el trabajo sagrado en su corazón y usted se dirige hacia esta luz, sólo entonces puede hablarse de conocimiento en el sentido de la Lengua Sagrada.

Usted sabe que el átomo original libera una nueva hormona e influye así a la sangre. Como consecuencia de ello, una nueva antorcha se enciende en el santuario de la cabeza, la antorcha de la pineal. La luz de esta antorcha pone al candidato en contacto con la Gnosis universal, con Tao, con el conocimiento que es como una plenitud viva, como una realidad viva y vibrante.

Es el conocimiento que al mismo tiempo es Gnosis, Espíritu, Dios, Luz, el conocimiento universal y omnipresente, del que el Salmo 139 dice:

 

Señor, tú me sondeas y me conoces.

Tú conoces cuando me siento y me levanto.

Tú penetras de lejos mis pensamientos.

Tú has escudriñado mi andar y mi reposo,

y todos mis caminos te son conocidos.

Pues la palabra no está aún en mi lengua

y tú ya la conoces, oh Señor.

Tú me envuelves por detrás y por delante,

y pones tu mano sobre mí.

Este conocimiento es demasiado maravilloso para mí.

Está demasiado elevado para que pueda comprenderlo.

 

‑ ‑ ‑ ‑ ‑

 

(1) Nota del traductor: Puesto que el autor es holandés, se entiende que alude a la situación en Holanda, con predominio protestante y tendencia calvinista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

El dominio de sí mismo (I)

 

 

Poned todo vuestro esfuerzo en añadir

a la fe, la virtud,

a la virtud, el conocimiento,

al conocimiento, el dominio de sí mismo,

al dominio de sí mismo, la perseverancia,

a la perseverancia, la piedad,

a la piedad, el amor al prójimo,

y al amor al prójimo, el amor.

 

Estas son las condiciones del séptuple camino.

Quien quiere ascender por estos siete escalones, debe poseer primero la llave correspondiente. Esta consiste en la fe y hemos descubierto que la fe, en el sentido de la lengua sagrada, no es aceptar o confesar una doctrina o una iglesia, una escuela o un dios, sino que significa ser consciente de poseer el átomo original en el santuario del corazón y experimentarlo. Cuando este átomo original es impulsado a actuar y el candidato se entrega a él en auto‑rendición, esto representa, como decíamos, una vivificación de la sangre. Esta vivificación de la sangre forma el primer escalón del séptuple camino, llamado en la Epístola de Pedro la virtud.

Ser virtuoso es seguir espontáneamente las directrices de la Gnosis, sobre la base de una nueva posesión de la sangre. Quien no posee esta base en la sangre, no está preparado aún para la virtud, y con ello dará prueba de que en el mejor de los casos está ocupado aún en forjar la llave para el camino, es decir, la fe.

Quien posee la virtud llega también al conocimiento. La antorcha de la pineal en el santuario de la cabeza se enciende, y el candidato entra así en unión de primera mano con la luz universal de la Gnosis, con el gran libro de la vida, como dicen los rosacruces clásicos. Sube entonces el segundo escalón del camino. Como consecuencia de ello, el dominio de sí mismo, la predisposición para el tercer escalón, empieza a demostrarse.

Es necesario introducirle de forma más o menos detallada en la naturaleza de este tercer escalón, puesto que también en lo concerniente al dominio de sí mismo hay que disipar diversos malentendidos.

El hombre dialéctico, ya sea primitivo o cultivado, conoce diversas formas de dominio de sí mismo. El dominio de sí mismo es una táctica de vida que le hace comportarse según las formas de cultura establecidas, le hace refrenarse a sí mismo. Basándose en ese comportamiento de vida, se mantendrá callado a pesar de que se sienta impulsado a hablar; refrenará su cólera y se mostrará calmado incluso cuando le sacuda una tempestad interior; se impondrá una actitud diametralmente opuesta a sus pensamientos y, por ello, simulará amistad, cortesía, corrección, amabilidad y afecto, cuando un ataque mortal respondería mejor a su estado de ser. Cuántas veces no muestra usted un interés excesivo porque se siente obligado a ello por motivos profesionales o a causa de cierta situación.

Semejante comportamiento es tan falso, tan profundamente injusto, que por este solo hecho, en el mundo son mantenidas y estimuladas diversas formas del mal. Este comportamiento nos es inculcado y enseñado, y es un factor imprescindible en todos los métodos de vida. También está presente en el Atrio de la Rosacruz! Casi nadie está libre de él.

Este dominio de sí mismo es protección de sí mismo! Qué ocurriría si el hombre mostrase su propio ser tal como es? Se desencadenaría un caos, un baño de sangre, un horror infernal, que superaría las más osadas imaginaciones; surgiría un estado como sólo se encuentra en los campos limítrofes del más allá. Por consiguiente, el hombre no se domina solamente para guardar cierto barniz de civilización, sino también por temor a los impulsos instintivos de los demás. Así pues, está claro que se puede obligar a toda la humanidad a un rígido dominio de sí mismo, en todos los aspectos sociales, y establecer y mantener ciertas normas de civilización. Pero esta civilización está basada en la mentira, la ilusión y el miedo, y la humanidad vive como sobre un volcán.

Este volcán estalla periódicamente, porque la fachada del dominio de sí mismo presenta siempre puntos de extrema debilidad. Pues el dominio de sí mismo es socavado por el instinto del yo y por la auto‑conservación. Los intereses humanos entran en mutuo conflicto millones de veces. Y por ello se estima que el mejor método es servir y realizar los propios intereses tras la máscara del dominio de sí mismo, la amabilidad extrema y una cultura muy refinada, la palabrería religiosa y el abundante empleo de nombres santos. Tras esta máscara de auto‑dominio, un hombre acomete el auto‑dominio de otro. Pero de repente, semejante a la erupción de lava incandescente, las pasiones naturales desenfrenadas estallan, con todos los horribles aspectos que comportan. O, dicho de otra manera, los poderes y las fuerzas de los instintos naturales refrenados, amontonados en el «infierno» de los campos limítrofes, caen sobre el mundo y la humanidad.

Estas erupciones tienen lugar de vez en cuando. Se puede afirmar esto con absoluta certeza. Es una ley de nuestra naturaleza mortal que el auto‑dominio dialéctico aumenta a cada minuto las pasiones naturales refrenadas en los campos limítrofes. Al igual que con el calor del fuego aumenta la presión de la caldera de vapor, así se intensifica en el «infierno» la carga diabólica. Un niño podría predecir las consecuencias. Por eso, es tan científicamente irrefutable lo que dice la lengua sagrada de que la humanidad oirá siempre hablar de guerras y de rumores de guerra y, tal como la rueda gira, los sufrimientos de la humanidad vendrán y se irán. Civilización, auto‑dominio, amabilidad y comportamiento altruista son la causa de que las tensiones infernales aumenten. Esta es la terrible verdad con la que la humanidad dialéctica está confrontada. Este es el profundo abismo sin fondo ante el que nos encontramos en esta naturaleza.

Es ésta la conclusión de un insensato, o es un razonamiento demostrable? Júzguelo usted mismo!

Lo que en este mundo el hombre llama civilización, dominio de sí mismo, amabilidad, comportamiento humanitario, conducta religiosa, está en contradicción total con sus disposiciones naturales y con sus instintos. Según la naturaleza, todo hombre es una bestia, y cuando carece de freno, es decir, en estado puramente natural, se comporta como tal. No encuentra en ello complacencia, ya que sufre un dolor inmenso; no a causa de su comportamiento, sino en virtud de las raíces profundas de su alma. Cuando reprime sus disposiciones naturales, sus instintos naturales, su base de existencia fundamental, por medio de una cultura que está en contradicción con todo ello, el hombre crea a su alrededor y bajo sus pies un campo de tensión, un volcán. Y puesto que ese campo de tensión tiene sus límites, se producirá una explosión tan pronto como se altere el equilibrio entre la tensión y las válvulas de seguridad de dicho campo.

Ese campo de tensión y esas pasiones no son sólo puramente individuales, sino que todas las pasiones naturales que la humanidad reprime por su cultura, su ilusión, su vida en el engaño y su falsedad, crean un campo de tensión colectivo que se extiende por todo el mundo, que la aprisiona por todas partes, que la amenaza cada vez más y que debe descargarse irrevocablemente de vez en cuando. De este modo, la humanidad, debido a su ilusión y a su miedo por la existencia, ha creado las capas inferiores de la esfera reflectora. Estos son los campos limítrofes, los campos de las pasiones naturales reprimidas.

Al comienzo de un día de manifestación esos campos son vaciados. En ellos ya no hay fuerzas humanas reprimidas y forman simplemente un campo de tensión para los éteres naturales. Pero en cuanto el hombre empieza a vivir al margen de su realidad, reprime en él las fuerzas que se acumulan en los citados campos limítrofes. Entonces los puebla de fantasmas y demonios, y como éstos son una creación del hombre, se manifiestan a él; son su prole. Entonces, cuando la muerte rompe la fachada del dominio de sí mismo, este hombre se convierte en víctima de esos demonios. Con los restos de su personalidad debe permanecer en medio de esos fantasmas y se convierte en lo que se llama un espíritu ligado a la tierra.

El más allá es el país del límite para todos los hombres primitivos, y su religión es la ofrenda a los demonios y el temor a los demonios que son creados por toda la humanidad. Hace ya mucho, mucho tiempo que innumerables hombres comprendieron estos horrores e intentaron escapar a su dominio. Ellos lo probaron de la siguiente manera: sabían que las pasiones naturales reprimidas creaban estos demonios y, por ello, basándose en el temor y la angustia del alma fundamental de la humanidad, despertaron en ella aspiraciones y pensamientos elevados. Tejieron la red de un orden celeste a la medida dialéctica: un Devachan. Aportaron a los hombres numerosas enseñanzas nobles, bellas y amables. Establecieron normas de altruismo y de ofrenda de sí mismos y, por medio de métodos de eugenesia, unieron de muchas formas todas estas sugestiones a la sangre de la humanidad.

Así nació otra esfera reflectora, los pretendidos campos superiores de la esfera reflectora, y los poblaron con los dioses fantasmagóricos de su imaginación.

Estos campos de fuerza y campos etéricos, en otro tiempo en un estado de pureza natural, se convirtieron en sus campos de vida. Y los hombres, que estaban preparados así hasta en su sangre, después de la muerte iban primero a los campos limítrofes, pero si su sangre tenía más polaridad con otra espiral de fantasmas, pasaban finalmente allí con el resto de su personalidad, ya que lo semejante atrae a lo semejante. Y así, la esfera reflectora se convirtió en el complicado campo de fantasmas y muertos, de espectros y visiones, el campo de intensas ilusiones y de enormes instintos.

El hombre dialéctico es condenado y atormentado con todo esto a través de los eones. De la misma manera que los campos limítrofes están cargados de pasiones naturales, el resto de la esfera reflectora es el campo de tensión de la ilusión que, con su descarga periódica, produce numerosos desengaños y amargas caídas en la horrible realidad. Todo ello aumenta el sufrimiento de la humanidad. No se va al infierno, se está en él; y se le arrastra al frenesí de las rotaciones de la rueda.

Puede ser que el alumno de la Escuela Espiritual, para quien la vida es un esfuerzo hacia lo alto, sienta que esta conclusión es injusta. Puede ocurrir que, cuando examine su comportamiento, sus intereses y sus aspiraciones íntimas, ya no encuentre pasiones naturales, ni bestialidad reprimida, ni tosca actividad auto‑conservadora, ni cosa parecida. Pero tras un examen absolutamente impersonal deberá llegar a la conclusión incontestable de que, mientras él sea de esta naturaleza y la naturaleza divina no le haya liberado todavía, existe una interacción entre él y todo su campo natural y que, de una manera o de otra, contribuye al mantenimiento de este campo natural. Su microcosmos alberga tantas cosas del pasado, y lo que se llama subconsciente oculta tantas cosas de esta naturaleza, que cuando piensa en las palabras que Jesús dirigió un día a sus más íntimos discípulos, con respecto a su juicio sobre la pecadora arrepentida: Aquél de vosotros que esté libre de pecado que tire la primera piedra contra ella; es obligado a reconocer que mientras esté y sea de esta naturaleza, es co‑culpable y co‑laborador en su mantenimiento.

Muchos alumnos se apartan de la tosca vida inferior y un gran número de ellos ha penetrado hasta el límite de lo accesible en la dialéctica, mientras que otros le siguen con rapidez. Pero por ello no dejan de ser habitantes de la frontera, Efesios, y se encuentran aún, según su ser más interior, dentro de los límites de esta naturaleza, hasta que llegue el momento en que puedan pasar la frontera. Comprenda su inmensa responsabilidad hacia sus semejantes. No está usted individualmente ante este problema y no tiene que preguntarse: «Cómo solucionaré esto para mí?», sino que todo lo que reprime usted en su ser por civilización, cultura y otros, la suma de sus pasiones naturales rechazadas, se une al mal demoníaco de los campos limítrofes y amenaza, por consiguiente, a su prójimo, igual que los fantasmas de sus semejantes le amenazan a usted. Por ello, cada hombre debe estar profundamente convencido de su deuda recíproca.

Los hombres se mantienen atados recíprocamente con una fuerza diabólica, mientras mutuamente hablan de altruismo y de civilización. Su comportamiento puede ser puro y, según nuestra opinión, muy elevado, pero le decimos: mientras el hombre permanezca en esta naturaleza, este comportamiento es terriblemente venenoso, hasta tal punto que no se lo puede usted imaginar. Es exagerado decir, tal como dice la Biblia, que «somos hediondez para el olfato de Dios»? Se puede calificar de incorrecto cuando el Evangelio habla de los hombres como de sepulcros blanqueados, por fuera blancos, pero por dentro llenos de muerte y veneno? No tiene razón la Enseñanza Universal al definir al hombre dialéctico como la criatura más peligrosa que existe? Por esto, el dominio de sí mismo, tal como lo comprende el mundo, es igual a querer taponar con el dedo una brecha en un dique en medio de una tempestad.

Ve ahora claramente ante sí las causas del sufrimiento? Se da cuenta de que no se pueden resolver estos problemas de la humanidad con palabras amistosas, con apretones de manos y con sonrisas, jugando a ser alumnos de la Escuela Espiritual? Descubre que para liberar a los hombres de este océano de la vida, que se ha convertido en algo tan inmundo, tan corrompido, tan terriblemente peligroso que cada respiración es mortal, es preciso ponerse enérgicamente manos a la obra? Para este trabajo se requieren hombres y mujeres resueltos a ir por el camino del sangha, el camino de la santificación, la única senda de curación. No con exaltaciones místicas, sino a causa del sufrimiento de sus semejantes.

Sólo hay un medio para aliviar el sufrimiento de la humanidad: recorrer el camino de la santificación. Este camino modifica su naturaleza, la convierte en una nueva naturaleza, de forma que puede vivir y ser, según su naturaleza y su ser, sin violencia. Este camino le libera al instante, de manera completamente natural, de todos los demonios, fantasmas y espectros de la esfera reflectora. Usted ya no es para sus semejantes un veneno mortal, sino que alivia totalmente su sufrimiento y contribuye a limpiar y a purificar todos los estados de la esfera reflectora.

 

III

 

El dominio de sí mismo (II)

 

 

Hemos visto en la exposición anterior que el dominio de sí mismo, tal como el mundo lo ejerce y aplica, no puede ser jamás un escalón liberador en el séptuple camino. Al contrario, constituye una aportación a la represión de las pasiones naturales en el propio ser, de forma que el hombre desarrolla individual y colectivamente un campo de tensión que debe descargarse de vez en cuando. Así fomenta continuamente las causas del sufrimiento para sí mismo y para los demás, y crea la situación que ha descrito tan magistralmente Johann Valentin Andreae en Las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz. En el fondo del pozo, la masa humana que desea escapar al sufrimiento se pisotea, se golpea, se obstaculiza y se ahoga mutuamente, de tal forma que se puede hablar de milagro el que alguien triunfe en su intento por liberarse.

Sólo hay un medio para escapar al dolor de la humanidad y aliviar con ello el sufrimiento: Usted debe recorrer el camino del sangha, el camino de la santificación, de la curación universal. Ya hemos descrito algunas de las fases de este camino.

Debemos poseer primero la llave del camino, llave que la Biblia llama la fe. La fe consiste en poseer el átomo original en el santuario del corazón, sentirlo y reaccionar positivamente a él.

Quien puede tomar posesión de esta llave, sube el primer escalón del camino y llega a la virtud, lo que significa que obtiene una nueva base en la sangre, una estructura de la sangre diferente. El alumno tiene la virtud del camino, es decir, obtiene interiormente la aptitud para el camino.

Partiendo de esta base en la sangre, el alumno alcanza el segundo escalón y llega al conocimiento. La vibración del átomo original y la modificación ulterior de las funciones hormonales llevan a cabo un proceso maravilloso en el santuario de la cabeza. La antorcha de la pineal se enciende y, como consecuencia de ello, el alumno entra en unión de primera mano con la luz universal de la Gnosis.

Debemos comprender bien lo que todo esto significa.

 

Como usted sabe hay cuatro estados etéricos diferentes, que a su vez poseen, cada uno de ellos, tres vibraciones, se diferencian en tres aspectos, lo cual nos da cuatro veces tres, o sea, doce actividades etéricas diferentes. Debe saber además que todas las actividades etéricas en el mundo y en la humanidad nunca se presentan separadamente, sino en grupo.

Existe un grupo de cuatro éteres que opera exclusivamente con el santuario de la cabeza y a través de él, y que los denominamos éteres mentales.

Un segundo grupo de cuatro éteres, del mismo tipo que los primeros, pero de vibración y capacidad distintas, coopera exclusivamente con el santuario del corazón, y se los llama éteres eléctricos o astrales.

En tercer lugar conocemos un grupo de cuatro éteres que cooperan exclusivamente con el santuario de la pelvis, a los cuales llamamos éteres sanguíneos.

Por esto, es absolutamente incorrecto creer, tal como se presenta generalmente en la literatura oculta, que, por ejemplo, sólo los éteres reflectores producen una actividad del pensamiento. La actividad del pensamiento y las otras funciones del santuario de la cabeza se producen por la actividad de un grupo completo de cuatro éteres, de la misma manera que hay cuatro éteres que juntos constituyen la sangre y la sustentan.

En resumen, vemos cuatro éteres activos en nuestro reino dialéctico natural con doce aspectos, estados o vibraciones. Estas doce fuerzas o alimentos que provienen de los cuatro éteres, y que operan en tres grupos, se encuentran descritos en todas las filosofías universales. Todo el universo visible es creado por estas doce fuerzas y, a partir de ahí, apareció una serie infinita de derivaciones simbólicas en la lengua universal.

Tomados en su unidad, son Dios manifestándose en la naturaleza. Tomados en su triplicidad son la trinidad. Tomados en su cuadruplicidad son los cuatro alimentos santos o los cuatro Señores del Destino. Tomados en su colectividad se les puede llamar los doce patriarcas, los doce apóstoles, los doce dhyânis, las doce jerarquías, etc.

 

Imagínese ahora a un hombre que sea completamente de esta naturaleza. Es evidente que los tres santuarios deben funcionar y funcionarán en perfecto equilibrio entre sí, de forma que los procesos de asimilación etéricos y los efectos que de ellos emanan, mostrarán una coherencia absoluta.

Constatamos, en primer lugar, en este hombre una base de vida, cierto nivel en el que se desenvuelve su vida. Esta base de vida es la base de la sangre donde se manifiesta toda la acumulación kármica del ser aural. La suma total del subconsciente, del antiquísimo pasado dialéctico, que fue inscrito en los puntos magnéticos del ser aural durante las numerosas existencias, se hace valer en la sangre y a través de ella. En concordancia con ello, los éteres naturales absorbidos por el sistema del bazo, concuerdan con el tipo de ser de este hombre. De esta forma son asegurados los instintos primarios, las actividades motoras de la vida.

Por esta razón decimos que este yo‑sangre, que opera a partir del sistema hígado‑bazo y por él, es el ego natural dirigente y predominante. Si el hombre que hemos tomado como ejemplo es aún un niño, vemos que el yo‑sangre desempeña un papel dominante en los primeros años de su vida. Los otros dos egos naturales no se han despertado aún.

El segundo ego‑natural se despierta algunos años más tarde. El santuario del corazón entra en actividad y la vida afectiva del niño toma forma. Desde el punto de vista anatómico esto significa que el esternón comienza a funcionar. El esternón ‑palabra que significa «irradiante»‑ es un órgano maravilloso. Está conectado directamente al fuego de la serpiente por doce pares de canales de entrada y salida, y posee además dos puntos magnéticos: un órgano de atracción y un órgano de radiación. Este asombroso sistema desempeña también un papel importante en la actividad del átomo original, pero este aspecto lo dejamos, por el momento, fuera de nuestras consideraciones.

Cuando la vida afectiva del niño se convierte en un factor muy personal y visible, el esternón empieza a asimilar claramente los éteres por medio de su órgano de atracción. La vida de los deseos, la vida de los sentimientos y la vida de las emociones comienzan a hacerse valer y, como consecuencia de ello, el esternón emite un anhelo, una radiación que busca, que desea. Con su poder de atracción capta fuerzas que deben dar satisfacción al deseo. Estas fuerzas son éteres de radiación y vibración más sutil que la de los éteres sanguíneos. Dichos éteres astrales que colaboran con el santuario del corazón, aunque de vibración más fina, no son por ello de una categoría superior a la de los éteres sanguíneos. Son simplemente diferentes, a causa de un nuevo grupo de funciones que es necesario despertar en el niño en crecimiento. Es necesaria una respuesta a los deseos personales orientados individualmente. Cuando el ser aural emite un impulso poderosamente materialista, éste se graba primero en la sangre del niño. Cuando después el santuario del corazón se manifiesta por el crecimiento y por la vigorosa formación del esqueleto, el color, el tipo del deseo primario del corazón llevan claramente la señal del instinto de posesión. Con ello se demuestra la interdependencia absoluta entre los éteres sanguíneos y los éteres astrales.

El hombre en crecimiento, sin embargo, está aún incompleto. Carece de un factor. Las condiciones vitales han sido creadas, el deseo de vivir actúa. Ahora tienen que nacer todas las actividades del santuario de la cabeza.

Este nacimiento se lleva a cabo en una tercera fase del crecimiento. El hombre es equipado con un poder que le permite utilizar inteligentemente sus fuerzas vitales y alcanzar sus propósitos, en la medida de lo posible, y sin dependencia de terceras personas. El pensamiento, la voluntad, la memoria, la imaginación y similares facultades del santuario de la cabeza se manifiestan, y lo hacen con ayuda de una tercera categoría de los cuatro éteres, la de los éteres mentales. Son también los mismos éteres naturales, pero de vibración muy diferente.

El hombre ha llegado al término de su crecimiento. Ahora puede alimentarse, en el sentido total de la palabra, con los doce panes. Los doce eones de la naturaleza hablan en él y por él. El ser aural lo dirige de forma absoluta a través de estos doce apóstoles. Así, el hombre es ahora de esta naturaleza y es gobernado por este dios natural.

 

Volvamos ahora de nuevo al proceso del sangha, el camino de la curación.

Detrás del esternón brilla el átomo original y el alumno despierta esta estrella de Belén. Cuando el alumno fija su atención en este principio de fuego y se entrega a él en auto‑rendición, entonces un deseo nuevo nace en lo más recóndito de su ser, un deseo con aspectos muy singulares. Es éste un deseo que no ha nacido de la sangre, del yo sanguíneo, o de otra actividad de la naturaleza, sino que proviene de otra naturaleza, de una naturaleza pre‑humana.

En consonancia con este deseo tan extra‑natural, un vigoroso impulso parte del esternón. Esta plegaria, que no consiste en un murmullo de palabras, sino que proviene como de un suspiro de los huesos, tiene que recibir respuesta, no puede ser de otra forma. La estrella se detiene, silenciosa, por encima de Belén, la casa del pan de naturaleza divina, y el candidato recibe el alimento. Progresa en la virtud del camino.

Este desarrollo representa una intensa perturbación del proceso natural dodécuple. Representa una «guerra interior», la espada en la alma. El santuario del corazón asume dos funciones: la asimilación etérica astral de la naturaleza corriente y la de la naturaleza divina. Aparece entonces una perturbación en el corazón. El bastión de las doce fuerzas naturales, la fortaleza de la dodécuple dispensación del Antiguo Testamento es atacada en su centro, en su corazón. El rayo de fuego de la Gnosis penetra, por una parte, en la sangre y, por otra, ataca las funciones del santuario de la cabeza. Pues usted comprenderá que cuando su deseo, la radiación de su esternón, se modifica fundamentalmente, también debe hacerlo su poder del pensamiento. Puede imaginarse un deseo hacia el que no se oriente el pensamiento?

Por consiguiente, cuando impulsado por el átomo original, sigue usted también la voz del corazón, su santuario de la cabeza brilla como la aurora. El nuevo sol colorea las brumas matinales. La espada penetra por segunda vez en su alma: a la virtud sigue el conocimiento. Una segunda lucha se prepara, pues al lado de los éteres mentales de la naturaleza ordinaria, entran en el sistema los de la nueva naturaleza. Conoce usted esta lucha de las dos naturalezas?

Los alumnos que, por su estado de ser, están ennoblecidos a estos procesos, tienen dos formas de reflexionar provenientes del corazón, y dos formas de deliberar que emanan de la razón: la voz de la Gnosis y la voz de la naturaleza ordinaria. Por la fe, la virtud: la nueva inquietud del corazón. Por la virtud, el conocimiento: la nueva actividad de la pineal. Como consecuencia, una intensa lucha interior, una gracia y una inevitable dualidad natural.

Qué debe hacer ahora? Subir el tercer escalón! Por el conocimiento, el dominio de sí mismo. Existencialmente, una nueva fuerza ha venido a usted. Pues bien, siga a esta fuerza! Siga la huella que ella le indica! No se trata aquí de practicar el dominio de sí mismo natural, que aparece por la represión de las doce fuerzas de esta naturaleza, con todas sus maléficas consecuencias y sus efectos de sujeción a la naturaleza, sino que se trata de seguir de manera consecuente la voz de la luz, existencialmente encendida en usted por el espíritu de Dios.

Esto lo puede hacer sin ninguna dificultad. Le basta con apartarse de la voz y del impulso de la naturaleza en usted, y orientarse totalmente hacia el Otro, el nuevo en usted: esto es el dominio de sí mismo. Advertirá entonces que la antigua naturaleza enmudece cada vez más, muere progresivamente.

El dominio de sí mismo entendido según la santa ley séptuple, significa gobernarse a sí mismo, sobre la base de la verdadera virtud y del verdadero conocimiento; es seguir la nueva voz interior. Este auto‑dominio es el tercer escalón del camino.

Puede que surja ahora la pregunta: «Cómo puedo saber si mi auto‑dominio proviene del toque de la nueva naturaleza? No podría ser que fuese víctima por enésima vez de la auto‑represión habitual y de sus consecuencias explosivas?»

La respuesta aparece claramente en el cuarto escalón: Por el dominio de sí mismo, la perseverancia. Quien persevera hasta el final, quien puede perseverar hasta el fin, ése, según las palabras del Apocalipsis, será «bienaventurado».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

La perseverancia

 

 

Hemos hablado ampliamente de tres escalones del séptuple camino. En primer lugar, el alumno entrará en unión personal con la Gnosis en base a la entrega de sí mismo al átomo original situado en el santuario del corazón, adquiriendo así la aptitud, la fuerza correcta, que le permitirá recorrer el camino. Esto es lo que la Biblia llama: añadir a la fe, la virtud. Cuando esta fuerza de la Gnosis opera en el sistema del alumno, impulsa al santuario de la cabeza a renovarse. De igual forma que las radiaciones santificantes de la Gnosis son absorbidas primeramente por el esternón, estos toques vuelven posible también una unión de primera mano del santuario de la cabeza con el campo de radiación universal.

Cuando esta segunda unión está activa, el candidato puede avanzar «de la virtud al conocimiento», tal como lo llama la Biblia. Los dos santuarios, el del corazón y el de la cabeza, se han abierto literalmente a la actividad del Espíritu Santo. Una nueva luz irradia del santuario de la cabeza y, por ello, hay una lámpara a sus pies. El verdadero camino se vuelve visible interiormente y el candidato de este segundo escalón posee, al mismo tiempo, la fuerza interior para recorrer efectivamente el camino que se vuelve visible para él. Sin embargo, debe darse cuenta de que su realidad existencial es un producto de la naturaleza de la muerte, que se encuentra aún por completo en campo dialéctico enemigo. Si bien las radiaciones de la Gnosis penetran directamente en el esternón y en la pineal, también las radiaciones de la naturaleza ordinaria tocan aún su corazón y su cabeza, y hacen valer sus derechos e influencias.

Por esto el candidato se encuentra ante una gran dificultad: dos fuerzas penetran en el interior del alumno, dos voces resuenan, dos naturalezas le hablan, ambas en irreconciliable oposición. Consecuentemente, este hombre se encuentra ante la tarea de decidir, estando en un conflicto continuo, con mil y un aspectos, qué voz, qué influencia debe seguir. Es evidente que si desea de forma absoluta la vida nueva, el alumno reducirá inteligentemente las influencias de la naturaleza ordinaria al mínimo biológicamente necesario, de manera lógica y responsable, y determinará minuciosamente los límites entre ambas naturalezas y, al mismo tiempo, seguirá con todo su interés, con toda su atención, con alegría y entusiasmo, a la voz y fuerza interiores de la nueva naturaleza.

La Biblia llama, a este nuevo orden de vida, desde todos los puntos de vista comprensible y necesario, ir del conocimiento al dominio de sí mismo. Este es el tercer escalón del camino, al cual se debe encadenar, obviamente, el cuarto escalón: demostrar perseverancia en este auto‑dominio.

Antes de proseguir, vamos a apartar del camino algunos malentendidos, a fin de llegar a una comprensión correcta. Cada hombre dialéctico da muestras de perseverancia de vez en cuando. Siempre hay algún objetivo que el hombre persigue con perseverancia. La manifiesta especialmente en la búsqueda de objetivos materiales, o también cuando se relaciona con la gloria y el honor. Todas estas manifestaciones de perseverancia provienen de un egocentrismo duro como la piedra. Piense, por ejemplo, en cuestiones de prestigio en su vida, en las que usted, estando en conflicto con otros, decide perseverar en la actitud tomada. Esa perseverancia es obstinación, cabezonería.

Observe la palabra cabezonería, ser duro de cerviz. Esta expresión proviene de un saber original e indica cierto estado de la médula, la médula oblonga que se asienta en la nuca, en la cerviz. Los impulsos de la conciencia se transmiten a todo el sistema por medio de la médula. Ser duro de cerviz significa entonces, comportarse con ensañamiento contra todo una vez tomada una decisión, es obligar a la médula a imponer su influencia en una única dirección, con la crispación de todo el ser.

El término «perseverancia» es usado con dos significados diferentes. Uno es el usado para aludir al forzamiento de la médula que acabamos de describir; en tal caso es obstinación, terquedad. El otro se refiere a una condición del santuario del corazón, a una «plenitud del corazón». Insistimos en que solamente sobre la base de esta plenitud del corazón, puede ser realizado el cuarto escalón.

Cuando le hablamos de «perseverancia», en el sentido que lo entiende la Escuela Espiritual, nos referimos a una propiedad del candidato que empieza en el santuario del corazón, avanza hacia el santuario de la cabeza, y que de esta forma se demostrará en el corazón y en la cabeza. La Escuela Espiritual desea explicarle ahora de qué manera el alumno en el camino puede perseverar en su tarea comenzada en la Gnosis.

Abarquemos primero con el pensamiento todo el camino del que hemos hablado y recordemos lo que se ha dicho en el capítulo anterior.

 

Hay tres grupos de cuatro éteres:

los éteres sanguíneos que cooperan con el sistema hígado‑bazo y cuidan del funcionamiento puramente biológico de nuestra personalidad;

los éteres astrales que colaboran con el santuario del corazón, y cuidan de toda nuestra vida afectiva, de todo el registro de nuestros sentimientos y deseos;

finalmente los éteres mentales, que colaboran con el santuario de la cabeza y que, sobre la base de nuestra vida afectiva, nos capacitan para comprender, decidir la resolución y trabajar con la voluntad para, consecuentemente, pasar a la acción.

Así pues, en primer lugar, lo importante es el tipo y la calidad del instrumentario de nuestra afectividad. Por ello se dice que Dios ve el corazón. La pureza del corazón es determinante, pues según sea el tipo de su vida afectiva, así será también la actividad de la cabeza. Como consecuencia de la actividad efectuada por ello, usted se encuentra corporal y, por consiguiente, biológicamente en un estado sanguíneo determinado, por el que, a su vez, es influido el estado del corazón. Por eso se puede decir que la radiación del esternón que parte del corazón es la llave de toda la conducta.

Como usted sabe, el esternón es un órgano emisor y receptor. Cada radiación captada por este aparato receptor es proyectada inmediatamente a los centros de la cabeza y allí realiza su trabajo. Suponga que se encuentra por primera vez en el templo de la Rosacruz. Ha acudido allí porque, de una forma u otra, es un buscador. En otros términos: por esta búsqueda irradiante de su esternón, usted es más o menos sensible a la actividad emitida por la Escuela Espiritual. Es tocado inevitablemente en el corazón por una influencia que parte en ese momento de la Escuela Espiritual.

Esa influencia opera en cada persona de forma distinta, ya que el poder del esternón es diferente debido a su estado de sangre particular. Pero es indiscutible que todos, sin excepción alguna, experimentan una influencia. Inmediatamente después de la recepción de esa influencia por el esternón, es proyectada al santuario de la cabeza y actúa sobre su entendimiento. Y, por los mismos motivos, este entendimiento es igualmente individual. Suponga que en ese instante usted entiende de manera totalmente errónea el concepto proyectado y llega a una conclusión mental que no tiene ni pies ni cabeza. Ahora bien, eso no es óbice para que se haya producido una reacción por su parte. Una influencia llegará hasta su corazón y penetrará en el santuario de la cabeza. Puede compararlo con un «shock». En la terapéutica moderna, un hombre con la conciencia obnubilada puede ser sometido a un «shock» para llegar a esclarecer en cierta medida su conciencia. Así también, en la Escuela Espiritual, aunque de forma diferente, usted es sometido a un «shock».

Suponga ahora que lo recibido se adapta perfectamente a lo que buscaba y anhelaba. Entonces sucede, en resumen, exactamente lo mismo que pretende el séptuple camino. Por mediación del esternón, recibe en el corazón algo que le permite llegar a la virtud. Lo recibido es proyectado a la cabeza, y así llega a la comprensión o, dicho de otra manera, llega al conocimiento. Consecuentemente, en un instante, siente y comprende, por su sentimiento y su comprensión, tan perfectamente que se llena de entusiasmo y de dinamismo y, en ese instante, decide con dominio de sí mismo avanzar en el camino. Más de una vez ha salido de un servicio de templo con ese estado de ánimo, con un estado semejante. Esclarecido por el «shock» recibido en su conciencia y cargado de fuerza empieza la obra con la cabeza alta. En un abrir y cerrar de ojos ha vivido los tres primeros escalones del camino.

Las cosas van perfectamente durante algún tiempo, a veces solamente una hora, y entonces fracasa en el cuarto escalón porque no hay suficiente perseverancia. Y los tres primeros escalones, adquiridos en un abrir y cerrar de ojos, se desvanecen totalmente. Fue un espejismo, un sueño, una ilusión?

Apoyado por la Escuela Espiritual, le dice usted a otro: «Esta vez lo conseguiré! Esta vez lo realizaré!» Pero antes de llegar a casa ha vuelto a caer. El «shock» es seguido una vez más por un ensombrecimiento de la conciencia. Por el toque lleno de gracia de la Escuela Espiritual, una hora antes había tenido un sabor anticipado del camino, pero nada más que eso. Cuál es la causa?

La causa reside en el hecho de que no hay suficiente perseverancia. Su corazón no se ha entregado aún completamente a la Gnosis. Su deseo no es suficientemente puro y está demasiado marcado de intenciones dialécticas. Su corazón aún está sucio, es impuro. Basta una pequeñez, a veces una fracción de segundo, para romper el influjo de la luz universal. Mientras el corazón no posea esta «perseverancia», tampoco puede haber «persistencia» ni estabilidad en el cuarto escalón. Por lo tanto, su primer deseo y esfuerzo ha de ser: poseer suficiente pureza de corazón, para que esté presente en su sistema un mínimo de actividad de la luz gnóstica. Su estado de ser debe volverse tal que sea imposible que esta llama se apague. Es preciso por ello que su santuario del corazón según la antigua naturaleza sea demolido, ya que entonces la llama del fuego sagrado arderá permanentemente en el corazón, con las consecuencias liberadoras que esto implica. Usted no conseguirá nada con «shocks» repetidos, seguidos de las consiguientes caídas. Tiene que curarse!

Se le propone que se coloque a la luz del sol universal con el dispositivo luminoso del corazón, y que se una a la luz de este sol. Mientras esta unión no se haya establecido, se encuentra fuera de la luz. Ese estado es denominado en la Biblia «pecado». La palabra «pecado» no indica un estado de maldad, tal como pretende, sin ninguna razón, la teología natural, sino que alude simplemente a un estado puramente natural. Por ello dice el salmista:

Contra ti, sólo contra ti he pecado, y he hecho lo que estaba mal ante tus ojos. Pues en la injusticia he nacido, y en pecado (es decir, fuera de la luz universal) me concibió mi madre. Oh Eterno, crea en mí un corazón puro y renueva, en mi interior, mi espíritu firme y perseverante!

 

Qué comportamiento de vida es necesario para mantener encendida en usted la llama del fuego curador? Qué sacrificio debe aportar? Y el mismo poeta responde:

Los sacrificios agradables a Dios son el espíritu quebrantado, porque, oh Eterno, tú no desdeñas un corazón contrito y quebrantado.

 

Es preciso comprender que no se puede decidir encender de buenas a primeras la llama del fuego de la curación en el santuario del corazón y recorrer el camino. Por supuesto, usted puede tomar la decisión, pero no podrá persistir, porque no habrá perseverancia, y el resultado de sus esfuerzos será una caricatura, un sucedáneo, el barril de dinamita de las fuerzas naturales reprimidas.

No, la antorcha del fuego debe ser conquistada. Alcanzar el grado de pureza indispensable del santuario del corazón sólo es posible después de la completa derrota según la naturaleza. Usted debe suprimir su naturaleza auto‑conservadora. Quien no ha sido atacado primero por la ilusión del sufrimiento, no puede triunfar al respecto.

Cuando la última llama del deseo del yo terrestre se haya volatilizado y sólo quede una mirada dirigida a las montañas de donde vendrá la salvación, en esta purificación será aceptado el sacrificio del corazón.

Quien no quiera hacerlo, que permanezca alejado de la Escuela Espiritual. El evangelio de Jesucristo es sólo para los fuertes, según las palabras de Pablo. Sobre estos fuertes se construye el templo de la piedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

 

La piedad (I)

 

 

Hemos estudiado cuatro escalones del séptuple camino y pasamos al esclarecimiento del quinto escalón, presentándolo ante su conciencia desde diferentes puntos de vista: Añadid a la perseverancia, la piedad.

Empezamos por recordarle lo ya dicho: Poned todo vuestro esfuerzo en añadir a la fe, la virtud. La fuerza de luz de la Gnosis penetra en nuestra personalidad por el esternón gracias a la actividad del átomo original.

A la virtud, el conocimiento. La fuerza de luz se proyecta en el santuario de la cabeza por medio de la hormona del timo y de la sangre, con todas las consecuencias resultantes.

Al conocimiento, el dominio de sí mismo. El candidato reacciona a las sugestiones de la luz del interior, y se despide inteligentemente de la actividad de la naturaleza que se manifiesta también en su sistema.

Al dominio de sí mismo, la perseverancia. Por el dominio de sí mismo adquirido por quien avanza, el candidato vivirá de tal manera, que la Luz Crística, que fue encendida en el santuario del corazón con todas sus radicales consecuencias, ya no podrá apagarse más y arderá para siempre.

El candidato, guiado y sostenido por este candelabro ardiente, ascenderá el quinto escalón: A la perseverancia, la piedad.

Algo sucederá ahora, algo se transformará en la personalidad del candidato. No es solamente cuestión de un cambio en el comportamiento de vida y de una orientación espontánea hacia el camino debido a esta luz del interior, sino que se colocan los cimientos de una existencia diferente, totalmente nueva, de abajo a arriba, estructural y corporalmente.

Nos sentimos profundamente agradecidos y felices de que se nos haya permitido informarle a este respecto en alguna medida, pues ello nos demuestra de nuevo premonitoriamente que el Día de los Días se acerca. De nuevo se acerca Pentecostés, una Fiesta de Pentecostés santa, y las Siete Escuelas tienen que esforzarse para realizar nuevamente las palabras históricas y proféticas del capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles: Así pues, habían permanecido en Jerusalén servidores de Cristo, hombres piadosos, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo.

Esta multitud de hombres piadosos debe ser reunida también en nuestros días. Ella será la multitud que le señalamos una vez más como el hombre nuevo que viene. Y usted puede entrar ahora, en un futuro inmediato, hoy, mañana o pasado mañana, en el estado del nuevo devenir humano, en calidad de alumno de la Escuela Espiritual; pero únicamente sobre la base del quinto escalón, es decir, cuando el candelabro de la luz universal no puede ser retirado de su lugar en virtud de su realidad llameante. Este candelabro genera en nosotros la piedad.

A este respecto, libérese de toda la superficialidad presente en la masa religiosa y anclada en la sangre de innumerables por la torpe ignorancia de los dirigentes espirituales. Se dice: «La piedad es devoción; llevar una vida piadosa y por consiguiente devota, consiste en ser y vivir fieles a los mandamientos de la iglesia y demostrar efectivamente una conducta altamente moral». Nadie pondrá objeción alguna a esto, pero tal comportamiento no tiene nada que ver con la interpretación gnóstica original de la piedad. Sin embargo, a lo largo de los siglos, la humanidad nunca ha sido privada de la ciencia de la verdadera piedad. La ciencia de la piedad original ha sido transmitida tan perfecta y completamente a todos los pueblos y razas, que sorprende encontrar al respecto una ignorancia total, sobre todo en personas eminentes. Nuestra opinión es que la ciencia de la piedad es susceptible de ser comprendida especialmente por los hombres de este siglo.

Nosotros, que hemos oído hablar y hemos leído sobre los descubrimientos de nuestros fisiólogos, biólogos y médicos, conocemos el poder de lo infinitamente pequeño en un sistema como el de nuestro cuerpo. Sabemos lo que puede producir y llevar a cabo en nuestro cuerpo una hormona, una vitamina, una partícula infinitesimal de un medicamento. Sabemos cómo se puede influir y modificar el proceso de crecimiento del hombre con la hormona de la tiroides y de la pituitaria. Sabemos hasta qué punto estas hormonas funcionan en unión muy estrecha con nuestra fuerza creadora corporal, con nuestra moral ideal, y hasta qué punto influyen en nuestra vida de actos.

Recapaciten sobre esto. Cuando un hombre es tocado por un rayo de luz tan poderoso como el de la Gnosis, penetrándole como un relámpago y tocando físicamente su corazón, su cabeza y su sangre, piensa usted tal vez que ese medicamento de curación, ese remedio supremo, pudiera no tener otro resultado en nuestra vida, en nuestro cuerpo, que una religiosidad burguesa, una devoción reconocida oficialmente?

La fuerza del Espíritu Santo es santificante, reconstituyente, es decir, un remedio de curación no sólo en sentido abstracto, filosófico o místico, sino igualmente física, anatómica y biológicamente. Esto es lo sublime y maravilloso, y al mismo tiempo lo punzante y peligroso!

Si el trabajo de la Escuela Espiritual se limitara únicamente a una meditación sobre el Reino Inmutable, el cual ni poseemos ni vemos, y con el que no tenemos por naturaleza ningún vínculo; si nos perdiéramos en especulaciones filosóficas, afirmando como hombres naturales: «Esto es así!», cuál sería entonces la diferencia entre la Escuela Espiritual y una u otra institución religiosa natural? Si el alumno de la Escuela Espiritual, que quiere recorrer el camino, fuera o siguiera siendo igual a los que están fuera de la Escuela, se podría preguntar con toda razón: «Para qué sirven todos estos esfuerzos? A dónde conduce toda esta palabrería?»

Quien reflexiona seriamente sobre el camino y decide recorrerlo de verdad, cambia desde ese momento física, biológica, anatómicamente. Es preciso que comprenda la extrema lógica y la necesidad de esto. Estamos encerrados en el presente dentro de una casa adámica, con todas las consecuencias resultantes. Así pues, si el camino de salvación, el proceso de curación universal es una realidad y una verdad, debe empezarse aquí físicamente y crear sus fundamentos aquí en el presente.

Quien sólo escucha la palabra, quien sólo es un ser contemplativo, diletante, es un charlatán, alguien que sabiendo no actúa. En tal persona, palabras y actos no concuerdan entre sí. Esto es comprensible, pues en él sólo hay una orientación del estado natural al estado espiritual. Quien se queda en su estado natural, es a lo sumo un oyente, y sus hechos son y siguen siendo de la naturaleza, fuertemente egocéntricos y acordes con el mundo. Pero quien pasa del estado natural al estado espiritual, se transforma de inmediato y, tal como hemos dicho, no solamente en orientación moral, ética y religiosa, sino también corporalmente. Pues bien, este cambio corpóreo es la piedad! Y ésta se manifiesta en el quinto escalón del séptuple camino.

Por ello, estas palabras se dirigen a todos los que deciden subir por este séptuple camino y, en particular, a los hermanos y hermanas que se preparan para el quinto escalón. El hombre nuevo que viene se demostrará en un futuro próximo. El día de la nueva Fiesta de Pentecostés se acerca. Cuando, en el cuarto escalón, la llama de la nueva luz se convierte en una luz inextinguible, se puede hablar de una fuerza ígnea proveniente de la osamenta, que penetra en el santuario del corazón y prosigue hacia la cabeza.

Esta fuerza ígnea de la Gnosis se relaciona con un cuádruple valor etérico de un tipo totalmente diferente al de los éteres conocidos en la dialéctica. El candidato es unido a los cuatro alimentos santos.

El candidato que puede celebrar esta unión es, al mismo tiempo, un ser natural, un hombre de carne y de sangre, que se encuentra y vive en la naturaleza dialéctica. Por consiguiente, necesita también los cuatro éteres naturales. Si la corriente de éteres naturales ordinarios fuera interrumpida de repente por la unión con los cuatro alimentos santos, esto ocasionaría instantáneamente la muerte. Observe, por lo tanto, de qué forma este hombre vive dos vidas, aunque sólo sea temporalmente: una vida en decrecimiento y la otra en crecimiento constante.

Usted sabe que en el sistema del fuego de la serpiente hay una constante de hidrógeno como sede de la conciencia. Es la constante de hidrógeno de la naturaleza ordinaria. Comprenderá entonces que es imposible introducir, en la columna del fuego de la serpiente habitual, donde yace el fuego de la serpiente de la naturaleza, el éter de hidrógeno de los cuatro alimentos santos. Esto ocasionaría inevitablemente una fermentación, un envenenamiento, una explosión. Tal catástrofe se produce infaliblemente cuando un hombre intenta captar los valores y las fuerzas de la santa Gnosis con la ayuda de su conciencia dialéctica, de su yo dialéctico, y, por consiguiente, con su fuego de la serpiente dialéctico. En tal caso surge una luz intensa, una actividad febril que se mantiene durante poco tiempo, a lo sumo algunos años, y se interrumpe de pronto, brutal y dramáticamente, como la vida de un cometa. No se puede poner vino nuevo en odres viejos. Por esta razón, en el cuerpo del candidato ‑el cual debe vivir también, mientras sea necesario, según la naturaleza‑ es formado un segundo fuego de la serpiente.

La posibilidad para ello se presenta en el simpático. Por esta razón, la antigua sabiduría habla del nervio simpático como de la segunda, de la futura médula espinal. Este nervio simpático se compone de dos cordones de nervios situados a la izquierda y a la derecha de la columna vertebral. Parte de un punto situado encima del bulbo raquídeo, punto de unión de los dos cordones del simpático y de la esfera de influencia directa de la pineal.

Los dos cordones del simpático forman efectivamente dos campos singulares. El primer campo, situado a la derecha de la médula espinal, es creador. El segundo campo, situado a la izquierda, tiene la función de manifestar. El primer campo impulsa y tiene una función masculina; el segundo reacciona y tiene una función femenina. Por esto, los antiguos Arios llamaban píngala al campo masculino del simpático e ida al campo femenino. En los Hechos de los Apóstoles el campo masculino es llamado Ananías, y el campo femenino Safira o, según su significado literal, el campo de la gracia divina y el campo de la maravillosa belleza.

La fuerza de radiación del campo manifestador del simpático ‑el femenino‑ contiene todos los colores del espectro solar, como en todas las variedades del zafiro. En el hombre de la masa el color de esta radiación es rojo; en el candidato del quinto escalón es el magnífico violeta de la amatista.

En el transcurso de un lento proceso de transformación, los dos cordones del simpático se unen en el candidato del quinto escalón: el elemento creador y el elemento manifestador se unifican, el campo masculino y el femenino se vuelven de esta forma anatómicamente una unidad, para formar finalmente una trinidad, cuando el viejo fuego de la serpiente del sistema de la columna vertebral se extingue sin violencia alguna, de forma natural, por la senda de la endura, y el fuego de renovación ha penetrado en él.

 

En el candidato del quinto escalón vemos desarrollarse lo siguiente.

Cuando las radiaciones del fuego gnóstico penetran en el santuario del corazón, debido a la agitación del átomo original, la hormona del timo cuida, en primer lugar, de la proyección de estas radiaciones hacia el santuario de la cabeza. Esta hormona del timo es solamente una ayuda temporal, como sucede durante la infancia. Durante los años de la infancia, el timo es la despensa de fuerzas para el crecimiento autónomo futuro. Este granero fue aprovisionado por los padres del niño.

En el alumno sucede de hecho lo mismo, con la diferencia de que el granero es llenado con las vibraciones del átomo original, con el fin de hacer posible un nuevo crecimiento espiritual. Cuando la luz divina se enciende en el santuario de la cabeza, vemos a esta fuerza descender a lo largo del cordón derecho del gran simpático hasta el plexo sacro, situado en la parte inferior de la columna vertebral. El plexo sacro está casi totalmente aislado del fuego de la serpiente corriente. Vemos así la corriente de gracia de la Gnosis llenar todo el ser y descender a lo largo de la torre de los misterios hasta la cámara terrestre del plexo sacro.

Allí, píngala es confrontada con ida. Allí el campo que impulsa se une al campo que manifiesta y reacciona. Y ahora esta corriente tiene que pasar, a través del campo de reacción, es decir, del cordón izquierdo del simpático, y ascender hasta su punto de unión en el santuario de la cabeza. La travesía a través de la torre de los misterios se ha realizado y el nuevo proceso es puesto en marcha. La fuerza gnóstica que impulsa se precipita hacia abajo; el simpático que reacciona, envía hacia lo alto su respuesta, su ofrenda, su hijo de la gracia. Los antiguos poetas decían de esta corriente ascendente que era una corriente de alabanza y agradecimiento, una alegría jubilosa, una corriente de renovación. No es, pues, sorprendente que los sabios antiguos llamasen al gran simpático «la lira de Dios», el instrumento musical cuyas cuerdas hace vibrar la Gnosis.

Si usted puede representarse esta actividad, esta circulación de la manifestación gnóstica en el doble simpático, y si puede comprender por qué los sabios originales han denominado así al plexo sacro ‑plexo santificador‑, de donde se eleva la fuerza de ida, podrá concebir en cierta medida las consecuencias: el simpático, cargado de este modo de fuerza gnóstica crece hasta convertirse en un nuevo sistema nervioso; se produce literalmente una modificación del cuerpo. El nuevo éter de hidrógeno se manifiesta por este nuevo sistema nervioso, por este nuevo sistema de líneas de fuerza. Un nuevo grupo de hormonas, que reacciona exclusivamente al nuevo fluido nervioso, se libera en la sangre; un nuevo fluido sanguíneo etérico se hace valer y, oh maravilla, vemos alzarse una nueva personalidad en la antigua personalidad de la naturaleza y que, sin embargo, está fuera de ella: es la personalidad del hombre nuevo que viene. Quien ha empezado la construcción de este nuevo templo, quien ha colocado aunque sólo sea la primera piedra, es un ser lleno de gracia y de salvación, es un hermano o una hermana del quinto escalón.

Pero esté alerta y vigilante: «Que quien se haya levantado cuide de no caer!» Por esto es necesario explicarle detalladamente el sentido del relato dramático de Ananías y de Safira, narrado en los Hechos de los Apóstoles. El maravilloso campo del simpático permite construir la ciudad de las doce puertas de la liberación. Que su Cristianópolis pueda colocar pronto los fundamentos de sus doce puertas. Que la duodécima puerta, con su resplandor amatista, pueda brillar pronto de usted.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

La piedad (II)

 

 

Cuando el candidato llega a la piedad en el séptuple camino, algo se transforma en su cuerpo. Son colocadas las bases de una realidad existencial totalmente distinta y nueva, sin que este cambio dañe demasiado las funciones habituales de la personalidad dialéctica. El candidato vive dos vidas: una en constante disminución y otra en constante crecimiento. De hecho es formado un segundo fuego de la serpiente, utilizándose para ello el nervio simpático.

Como ya hemos explicado, el nervio simpático consiste en dos cordones situados a derecha e izquierda de la columna vertebral. Parten de un punto situado encima del bulbo raquídeo, que une a los dos cordones del simpático con el círculo de fuego de la pineal, y además está en unión con la cámara real detrás del hueso frontal.

Los dos canales de esta maravillosa segunda médula espinal forman dos campos particulares. Uno de ellos impulsa, tiene una función creadora, masculina; el otro reacciona, tiene una función productora, femenina. En la Enseñanza Universal se llama al campo masculino píngala y al femenino ida, y en los Hechos de los Apóstoles reciben el nombre de Ananías y Safira respectivamente, cuya traducción significa: «una gracia divina que se manifiesta con una incomparable belleza».

Hablamos, para terminar, del proceso por el que la nueva corriente magnética, captada exclusivamente a través del corazón, por consiguiente, mediante el átomo‑chispa de Espíritu, sube por la circulación sanguínea hacia el santuario de la cabeza con ayuda de la hormona del timo, para luego descender por el cordón derecho, uniéndose en el plexo sacro con el cordón izquierdo, que eleva de nuevo la corriente a su punto de partida en el santuario de la cabeza.

Este nuevo circuito magnético forma el segundo fuego de la serpiente. La nueva vida se manifestará progresivamente en todo el que posea esta conciencia y sea guiado por ella. Será evidente al mismo tiempo para usted que quien recibe participación en este nuevo proceso magnético contrae una responsabilidad grande y nueva, una exigencia de vida nueva y elevada. De esto queremos hablarle, y para ello nos servimos de la historia de Ananías y Safira, que puede leer en los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 5, versículos 1 a 11: Pero un hombre llamado Ananías, con su mujer Safira, vendió una heredad y sustrajo del precio una parte, sabiéndolo también su mujer, y llevando el resto lo puso a los pies de los Apóstoles. Y Pedro dijo: Ananías, por qué ha tentado Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, reteniendo parte del precio de la heredad? No sigue perteneciéndote si la conservas? Y si la hubieses vendido, no estaba su precio a tu disposición? Por qué has tramado en tu corazón esta trampa? No mentiste a los hombres, sino a Dios. Al oír estas palabras, cayó a tierra y expiró. Y quedaron atemorizados cuantos lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron y, sacándolo, lo sepultaron. Pasadas unas tres horas, sucedió que entró su mujer no sabiendo lo acaecido. Díjole Pedro: Dime, mujer, vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Entonces Pedro le dijo: Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los que sepultaron a tu marido y te sacarán a ti. Al momento cayó a sus pies y expiró. Entrando luego los jóvenes la hallaron muerta; y la sacaron y la sepultaron junto a su marido. Y vino gran temor sobre toda la asamblea.

 

Tras la lectura de esta historia de la primera comunidad cristiana, un hombre sensato exclamaría: «Los guías de aquellos tiempos no se andaban con rodeos!» Tomado al pie de la letra, objetivamente, tenemos ahí en efecto un doble crimen, hecho ante el que sin duda, en vista de las costumbres bárbaras de aquella época, las autoridades civiles no intervenían. Imagínese que venden por cien mil pesetas una parcela de tierra y dicen a su familia: «Hemos guardado para nosotros veinte mil pesetas para comprar esto y aquello y daremos las ochenta mil restantes a la Escuela de la Rosacruz.» Estará claro que al recibo de esta suma la comisión de finanzas de la Escuela no cometerá un doble asesinato, aunque supiera que usted no ha vaciado del todo su monedero.

 

Presentamos intencionadamente dicho relato de esta manera, para mostrarle lo absurdo de esta historia si la tomamos al pie de la letra, ya que hasta el más banal de los cuentos encierra más lógica. Se ha intentado explicar el relato sobre Ananías y Safira según la ley comunista de la comunidad de bienes, ley a la cual los miembros de la primera comunidad cristiana estarían sometidos bajo pena de muerte.

Pero quienes hablan así se apoyan con su conciencia totalmente en el Antiguo Testamento, olvidando que el verdadero cristianismo es absolutamente no‑violento, que la comunidad de bienes cristiana no se puede apoyar en una ley escrita y que, en tal comunidad, la pena de muerte es algo totalmente inconcebible. Por ello, toda esta historia, considerada según la naturaleza, es tan falsa, tan al margen de la verdad, que debemos acabar por excluirla del libro de los Hechos de los Apóstoles, o por atribuirle otro sentido muy distinto. Esto último hace la Escuela Espiritual de la Rosacruz moderna.

Decíamos que en esta historia se hace alusión al doble simpático que, en el candidato de la Escuela Espiritual, ennoblecido a ese estado, se vuelve un segundo fuego de la serpiente, una segunda conciencia. Cuando esta piedad se manifiesta en el alumno, es decir, cuando el nuevo circuito magnético comienza a hacerse valer, el alumno debe obedecer a una nueva ley divina interior. El entra, literal y corporalmente, en un nuevo mundo, en una nueva comunidad, que puede ser llamada con razón la primera comunidad cristiana, pues es la primera comunidad consciente de las radiaciones de Cristo, radiaciones de un tipo totalmente nuevo. Quien desea ser admitido en esa comunidad, tiene que comportarse según su orden. Este orden no es regido por leyes, estipulaciones y artículos; no oculta tras sí ningún patíbulo, revólver o prisión, ningún aparato policial o jurídico. No tiene a ningún apóstol sentado en un solio ni tampoco hay un grupo de jóvenes encargados de sacar a los hombres que mueren de espanto. No, éste es un orden que se regula a sí mismo.

Usted tiene necesidad de aire para llenar sus pulmones, aire para vivir. Esta es una espontánea exigencia de vida. En el orden natural en que usted vive, hay aire, hay aire para todos. Si entra en un vacío donde no lo hay, se asfixia. Por ello evita tal lugar. Si lo hace a pesar de todo, sabe de antemano cuál será la consecuencia. Pues bien!, lo mismo ocurre en lo concerniente a la primera comunidad cristiana. No existe ninguna segunda o tercera comunidad cristiana, o quizás hasta una cuarta. Hay una Ekklesia de la Gnosis, una comunidad de la vida universal. Una comunidad regida por un orden lógico, espiritual y científico‑natural, que resulta de la suma de líneas de fuerzas que en él se manifiestan. Quien quiera formar parte de esta comunidad, debe recorrer el camino que conduce a ella.

Le hemos indicado ya el camino. Es el que se abre por el átomo original en el corazón y que conduce a un nuevo circuito magnético en el doble simpático. Esta comunicación con el fuego de la Gnosis, a través del simpático, significa una nueva conciencia. Esta conciencia manifiesta una nueva voluntad, un nuevo deseo, un plan de actividades totalmente nuevo, una orientación de vida totalmente nueva, una obediencia absoluta encendida en la Gnosis, en resumen, un estado de vida totalmente nuevo, que concuerda con la nueva base científico‑natural de otra realidad del mundo.

Suponga ahora que algo de esto nuevo empieza a vivir en usted. La Escuela Espiritual intenta constantemente guiar y elevar a esta Cristianópolis a los alumnos en general, y a cada uno en particular. De vez en cuando, lanza una llama de elevada vibración magnética en el simpático de muchos de ellos. Pero pronto desaparece! Antes de que Safira pueda reaccionar, Ananías, la radiación que aporta el impulso, será sacado al exterior por los jóvenes, muerto.

Quiénes son estos jóvenes? Son los sepultureros más trágicos que se pueda imaginar. Son los círculos pléxicos que deben purificar el sistema nervioso de falsas influencias y que alejan igualmente a las fuerzas superiores que no pueden mantenerse, a causa de esas falsas influencias. De esta forma, Ananías y Safira no sólo han sido enterrados una vez en el alumno, sino que quizás ya centenares de veces!

Usted ya ha engañado, traicionado y vendido muchas veces, de esta forma, el gran trabajo sagrado de la Fraternidad y la serenidad de su campo, porque mientras la Fraternidad intercedía por usted y le enseñaba a sostenerse sobre sus propios pies, usted ha inyectado en el nuevo fuego de la serpiente el veneno del antiguo, el de la médula espinal central. El simpático no puede soportar tal inyección. Esta es la causa por la que la semilla de la renovación haya sido alejada totalmente de usted muchas veces.

Comprende el enorme peligro que representa para su sistema su egocentrismo duro como la piedra, su obstinación y su terquedad? Comprende que puede asesinar diariamente en usted una posibilidad de renacimiento?

Comprende lo que la Fraternidad soporta diariamente de usted, con una paciencia infinita, cuando hace descender con una increíble dulzura la gracia divina en las torres del simpático, a fin de erigir en usted una nueva belleza, y que, por un impulso del yo, usted aniquila este joven principio?

Comprende lo que ha de soportar por su causa, en su labor práctica, la Fraternidad ayudadora en la tierra, cuando usted daña este trabajo por su presunción y su ilusión? Cuánta clemencia es necesario disponer como fundamento, para darle una nueva oportunidad de volver a emprender el trabajo!

Usted no lo puede comprender, pues esto es amor que sobrepasa toda su comprensión. Pero ese amor es al mismo tiempo extremadamente peligroso! Pues quien después de haber sido objeto de una paciencia infinita no quiere escuchar y se obstina en su instinto del yo, no será castigado en virtud de tal o cual artículo de la ley, sino que será abandonado absolutamente a su propio instinto del yo. Después de haber sido protegido innumerables veces en el campo de la fuerza fraternal contra su propia necedad, es colocado delante de lo que él mismo ha desencadenado, hasta que su propio yo, aplastado y destrozado, haya aprendido a negarse completamente, haya aprendido a resistir al Satán de su ser aural y a consagrarse en obediencia perfecta al no‑ser. Comprende ahora por qué la destrucción del yo es la primera exigencia del camino?

Quien no puede enterrar al yo de la naturaleza, no puede adquirir el nuevo yo. Es preciso levantarse de la tumba de la naturaleza para una vida nueva. Quien dice servir a la Fraternidad, dejándose llevar al mismo tiempo por su naturaleza del yo, quien, por obstinación y presunción, modifica a su propio gusto la Enseñanza Universal, a expensas de la Escuela de los Misterios y de la responsabilidad de terceros, será colocado ante su propia responsabilidad, con todas las consecuencias que conlleva. Tal persona no ha perdido aún nada, pues lo que había nacido en su simpático, por una gracia intensa, no había llegado a ser una posesión, puesto que lo ha asesinado en el mismo momento de recibirlo.

Sin embargo, cuando finalmente haya aprendido a colocar el hacha en la raíz de su propio instinto del yo, con la clara conciencia de su estado de hijo pródigo, levantándose así de su aislamiento para aproximarse a la Fraternidad de la manera correcta, el Padre vendrá a su encuentro, le tomará en sus brazos y le dará más honores que al hijo que permaneció en casa. Pues quien se vence a sí mismo es más fuerte que quien toma una ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

La piedad (III)

 

 

Poned todo vuestro esfuerzo en añadir

a la fe, la virtud,

a la virtud, el conocimiento,

al conocimiento, el dominio de sí mismo,

al dominio de sí mismo, la perseverancia,

a la perseverancia, la piedad.

 

Hemos comentado hasta ahora, más o menos explícitamente, el séptuple camino y visto por último que la piedad se refiere a un nuevo y maravilloso circuito magnético de la Fuerza del Espíritu Santo en el nervio simpático, llamado en la Enseñanza Universal la segunda médula espinal o segundo fuego de la serpiente. Este segundo fuego de la serpiente es la base de todo el nuevo devenir humano. Sobre esta base se forma una nueva constitución corporal, una nueva personalidad, de cuyos aspectos y propiedades hablaremos detalladamente cuando el tiempo esté maduro para ello.

Se trata aquí de las enseñanzas que se refieren al Círculo Apostólico, al Tercer Templo. Quien puede entrar en este Tercer Templo sobre la base a su piedad, recibe la ayuda necesaria para poder aprender:

1 cómo alimentar el nuevo cuerpo,

2 cómo permitir el crecimiento del nuevo cuerpo,

3 cómo poder moverse en él,

4 cómo poder utilizarlo, y

5 cómo poder despedirse progresivamente del antiguo cuerpo de la naturaleza.

 

Quizás esta sobria información esclarezca para usted uno de los grandes problemas relacionado con los antiguos santos Cátaros, velado aún al gran público: su pretendido suicidio. Los relatos cuentan cómo, en el transcurso de la cruzada contra los Cátaros en la Edad Media, los prisioneros de Roma, al no ver ninguna otra salida y expuestos a las torturas más refinadas, dejaban voluntariamente su cuerpo con una sonrisa beatífica en sus rostros, sustrayéndose así, por medio del «suicidio», a la crueldad de sus verdugos. Encontraron sus cuerpos inanimados, sin señales exteriores de violencia y sin trazas de veneno, y en un estado de reposo absoluto. Qué debemos pensar de esto?

Usted sabe lo que es el suicidio. En el suicidio se atenta contra uno mismo, se fuerza la muerte del cuerpo, después el resto de la personalidad pasa a ciertos campos de la esfera reflectora, donde debe padecer un tiempo lleno de miserias y de sufrimientos, hasta el momento en que debiera haber tenido lugar la muerte natural. Luego sigue una reencarnación inmediata en la cual el hilo de la vida, roto de manera forzada, se prosigue en peores circunstancias.

Comprenderá claramente que ningún Cátaro cometió un acto semejante que, aparte de las demás consecuencias del suicidio, le habría hecho perder toda posibilidad existente de liberación de la rueda. No, los santos Cátaros poseían el nuevo cuerpo, la nueva personalidad. Ellos participaban en el Círculo Apostólico de su tiempo y desde entonces pertenecen a la Fraternidad Apostólica general. Por ello, de sus experiencias de antaño, podemos obtener una imagen clara y conforme a las leyes de los procesos transfigurísticos.

Debe comprender que el candidato construye en el simpático una personalidad nueva con el fuego de la serpiente gnóstica, dotada exclusivamente de materiales de construcción gnósticos, totalmente libre y desatada de esta naturaleza. Es una personalidad que, si bien ocupa el mismo espacio que la personalidad dialéctica, se desarrolla en un campo de vida magnético absolutamente diferente. En un momento dado, en el microcosmos del candidato se encuentran, además de la personalidad aural, todavía dos personalidades más: la de la antigua naturaleza y la de la nueva naturaleza. En consecuencia, también hay dos núcleos de conciencia, dos seres del yo.

No cometa nunca el error de pensar que su yo ordinario puede ser transferido al nuevo cuerpo, que usted mismo, en tanto que núcleo de conciencia dialéctica, puede tomar parte en la vida nueva. Su conciencia de hombre dialéctico pertenece a los fenómenos de esta naturaleza. Desaparecerá, dejará de existir un día, cuando recorra el camino. El Otro debe crecer, y usted menguar.

Cuando la Fraternidad le habla, se dirige a usted en tanto que totalidad microcósmica. Le habla a usted y al Otro que, aunque no lo posea todavía en la amplitud de una personalidad, está sin embargo potencialmente presente en usted, en su microcosmos, disimulado como una «semilla».

Podrá imaginarse que para los trabajadores de la Fraternidad servidora en nuestro campo de existencia, aunque posean ya el nuevo hombre, es de suma importancia conservar el mayor tiempo posible la antigua personalidad dialéctica, puesto que con esta personalidad pueden entrar en contacto con los hombres dialécticos y trabajar de una manera natural para pescar a los hombres del mar de la vida. En este sentido, dichos servidores conservarán su personalidad dialéctica hasta el límite más extremo de lo que es prácticamente alcanzable. Sólo cuando ha llegado su hora, dejan su antigua forma de la naturaleza sin llamar la atención en absoluto. Mueren, pero comprenderá que esta muerte es muy distinta a la del resto de los humanos. Esta muerte ya no es fruto del pecado, ya no es una división de la personalidad en la que los restos se disuelven en el más allá, sino que en esta muerte la tumba es encontrada totalmente vacía: allí están solamente las vestiduras de la antigua naturaleza. Por lo tanto, no se encuentra un cuerpo abandonado, pues ese cuerpo ya era desde hace años únicamente un camuflaje, un vestido, un velo de otra realidad.

En un muerto normal, el resto de la personalidad está aún presente después de la muerte del cuerpo. En el iniciado transfigurístico, este resto de la personalidad había desaparecido desde hacía tiempo, este resto había muerto en Jesús el Señor, según la expresión de los antiguos rosacruces. Lo que quedaba era sólo un camuflaje, la apariencia exterior de la antigua constitución física, empleado el mayor tiempo posible al servicio de los hombres. Cuando estas viejas vestimentas son abandonadas en determinado momento, se percibe que no queda nada de la antigua existencia, ni aquí abajo ni en el más allá.

Por esto se dice también que la tumba de Jesús el Señor fue encontrada absolutamente vacía. No se encontró allí nada más que unas sábanas enrolladas, que representan la vestimenta exterior de la antigua forma corpórea. Cuando María quiere ver al Señor, debe mirar «hacia atrás». Esta es una antigua expresión gnóstica para indicar la contemplación del espacio magnético original, pero nuevo para tal persona. Allí ve al que ella ha conocido siempre interiormente, al cual no puede acercarse aún, porque todavía vive en el antiguo estado de la naturaleza ordinaria. Por eso ella oye: No me toques! Se habla aquí de la misma ley que hizo perecer a Ananías y a Safira. No podemos acercarnos a lo «completamente diferente» con lo dialéctico, sin provocar una catástrofe.

Si ahora reflexiona sobre los antiguos Cátaros, a la luz de lo que acabamos de decir, usted comprenderá. Un grupo de prisioneros fue emparedado en una gruta. Un muro de un metro de espesor les separaba del mundo exterior. La intención era clara: morir de hambre lentamente. No tenían ninguna posibilidad de liberación. Piensa que esperarían allí la muerte durante días, quizás semanas, en medio de la oscuridad, entre bichos y suciedad? No. Ellos, que desde hacía tiempo habían realizado el sistema nervioso simpático cerebro‑espinal, sabían: ha llegado nuestra hora, nuestra tarea ya está consumada. Con una sacudida imprimida por la voluntad al nervio vago, se liberaban de sus vestiduras de camuflaje, yendo al encuentro de la libertad eterna y dejando atrás la tumba vacía. Otro grupo fue encadenado y precipitado desde la cima del Calvario de Foix al barranco. Piensa que iban a esperar el resultado de su caída, para morir después en medio de atroces dolores en el fondo del barranco, magullados, bañados en sangre por espantosas heridas y con los miembros rotos? No; antes de haber llegado abajo habían dejado ya su vestimenta de camuflaje y, con las alas extendidas, partían al encuentro de los esplendores de la vida nueva. Lo mismo ocurría con los que subían a las hogueras y con los que arrojaban a las mazmorras. Puesto que ya no pertenecían a este mundo y dado que la mano sacrílega de la violencia dialéctica se alzaba contra ellos, entraron en su patria. Esta es también la verdad sobre la muerte de Jesús, ésta es la verdad sobre el pretendido suicidio de los antiguos Cátaros.

Quienes no saben y no pueden ver, esconden desesperados el rostro entre sus manos y exclaman: «Qué cosa tan espantosa, qué sufrimiento tan inaudito!» Pero quienes saben, entonan un canto, un canto de alegría radiante, pues quienes, viviendo, mueren la muerte voluntaria en la endura, no pueden ser dañados por la segunda muerte, la muerte del cuerpo de camuflaje.

Si ha comprendido todo esto, lea para más información el Sermón de la Montaña. Se dice allí «a la Fraternidad Apostólica que posee el Otro»: Habéis oído que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo que no debéis resistir al malvado. Si alguien te abofetea en la mejilla derecha, preséntale también la otra, y si alguien quiere pleitear contra ti y arrebatarte la túnica, dale también tu manto.

Lo que pretendieron las hordas de Roma con su guerra contra los Cátaros fue el aniquilamiento del manto, la destrucción de la apariencia exterior de los santos Cátaros, pues partían de la mistificación de que bajo ese manto latía el corazón vivo de la Gnosis. Sin embargo, después de haber cumplido su tarea el mayor tiempo posible, yendo en ello hasta límites extremos, los Cátaros abandonaban a sus enemigos el manto dialéctico y, con una risa que resonaba en las montañas, se elevaban hasta las serenas alturas del silencio sagrado.

Dejaban este valle de lágrimas para elevarse en una nueva aurora. Desde mucho antes eran ya hermanos y hermanas de la aurora, ya que poseían el cuerpo necesario; no obstante, se habían quedado el mayor tiempo posible en los campos de la noche, para ayudar a los buscadores en su oscuridad. Pero, piensa que habrían luchado por ello?

Entraron en la Vida Nueva, pues sabían que siempre habrá ayudadores, hermanos y hermanas. La cadena de la Fraternidad servidora en la Tierra no se romperá nunca. Alguien quiere arrebatarles la túnica? Ellos le entregan gustosos el manto! Pero tampoco provocarán este desenlace, pues conocen su deber. Espontáneamente y de forma natural anhelarán la hora de la despedida. Y cuando esta despedida se haya consumado, un sucesor ocupará inmediatamente su lugar. Encuentra quizás erróneo este punto de vista? Escuche a Pablo en la segunda Epístola a los Corintios, capítulo 5, versículos 1 a 5: Pues sabemos que si nuestra morada terrestre, nuestra tienda, es destruida, tenemos en el cielo un edificio, una casa de Dios, una morada eterna no hecha por la mano del hombre. Por esto también gemimos en esta tienda, deseando revestir nuestra morada celestial. Porque, realmente, los que estamos en la tienda terrestre gemimos con angustia, ya que no quisiéramos ser encontrados desnudos, y que lo mortal fuera absorbido por la vida. Pues Dios nos ha preparado para esto y nos ha dado la piedad como material de construcción.

Así pues, nos dirigimos a todos los que se encuentran en el quinto escalón así como también a los que aspiran a este estado de constructor libre. Los santos valores de la nueva vida son colocados más cerca que nunca hasta ahora ante usted. Los valores del consolamentum, que en el quinto escalón se vuelven un hecho en tanto que piedad en el simpático, le son presentados palabra por palabra. Por esto también las palabras de la Epístola a los Efesios, capítulo 2, son dirigidas a usted: Así pues, ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de la Fraternidad Apostólica, siendo Jesucristo mismo la piedra angular. En él, todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo en el Señor. En él también vosotros sois piedras de construcción para morada de Dios en el espíritu.»

Sobre la base de un nuevo circuito magnético, se puede erigir una construcción imperecedera, libre de toda naturaleza dialéctica. Usted es llamado a esta tarea de constructor. Quien pueda acreditar que posee las herramientas necesarias, recibirá en el Círculo Apostólico la oportunidad de construir un nuevo templo, santo en el Señor, bien coordinado, una nueva morada. Quien entra en este cielo, está seguro, es invulnerable a toda violencia. Quien habita en este cielo, reirá por primera vez en su existencia microcósmica caída con una risa liberadora, exultante de alegría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

El amor al prójimo

 

 

En el sexto escalón del camino séptuple, el amor al prójimo sigue a la piedad, y examinaremos ahora lo que realmente sucede en este sexto escalón.

Hemos visto que la piedad se refiere a un nuevo y maravilloso circuito magnético de fuerza gnóstica santa en el nervio simpático, llamado en la Enseñanza Universal la segunda médula espinal o el segundo fuego de la serpiente. Si este proceso comienza y no es enturbiado por actividades egocéntricas de la naturaleza ordinaria, todo el ser del candidato será iluminado por una luz sobrenatural. Esta fuerza de luz no extrae sus elementos de ningún campo dialéctico, sino que es de una cualidad muy distinta, que no se puede explicar por esta naturaleza.

Esta nueva fuerza de luz asciende por el cordón izquierdo del simpático y, por sus cualidades, la Enseñanza Universal la describe como maravillosa, bella, suave y magnífica. Su manifestación es la prueba de que el fluido gnóstico que toca al alumno se ha vuelto de su propiedad personal. Mientras el fluido gnóstico desciende en el cordón derecho del simpático, todavía no se puede hablar de una propiedad personal. Esto sólo ocurrirá cuando el fluido llegue a atravesar el plexo sacro, sea transmutado en él, y remonte por el cordón izquierdo del simpático.

Esta corriente ascendente es de un tipo muy distinto al de la corriente descendente, cuya vibración es mucho más débil y su potencial menos dinámico. Lo que al principio se manifiesta en esta corriente ascendente es sólo un inicio, un primer y débil reflejo, una aurora naciente, un potencial que puede crecer hasta convertirse en una fuerza poderosa. La Biblia llama a lo que se manifiesta de esta forma el amor al prójimo. Es por lo tanto evidente que este amor debe pasar por un proceso de desarrollo.

El amor es considerado la fuerza más grande y poderosa de todo el universo. Se le identifica con Dios. Dios es Amor, dice la Biblia. Lo que se manifiesta en el nuevo circuito magnético es literalmente «Dios manifestado en la carne». La Gnosis misma irradia y opera en el sistema microcósmico caído, el amor hace todo nuevo.

Es superfluo decir que lo que llamamos amor en la dialéctica no tiene nada en común con esto ni puede serle comparado. El amor en nuestra naturaleza es una propiedad de nuestro potencial natural de bondad. Esta propiedad puede tener su belleza y ser capaz de muchas cosas, pero comparada con el nuevo poder del sexto escalón, es menos que nada. El amor en la naturaleza, en tanto que propiedad de la bondad, tiene, en primer lugar, sus límites; en segundo lugar, no es incondicional; en tercer lugar, excluye a otros y por esto es egocéntrico; en cuarto lugar, aparece siempre acompañado de diferentes sombras tales como la necedad, el interés personal, la indiferencia y el rencor. Como propiedad de esta naturaleza debe tener en cuenta la ley de los opuestos. Por esta razón, esta ley es responsable de las enormes penas que la humanidad caída padece, ya que si uno de los aspectos más bellos de la facultad humana de la bondad puede llegar a transformarse de tal forma en su contrario y proyectar sombras tan horribles, es evidente que es precisamente en él donde reside la mayor fuente de sufrimiento.

Estos aspectos son muy dramáticos. Los hombres lo han sabido siempre a lo largo de los siglos. Inolvidables figuras lo han testimoniado en toda la literatura mundial. Lo que el hombre puede poseer de más bello en la tierra, el único débil rayo de calor capaz de alcanzar a los hombres en el frío de este mundo, puede convertirse en la mayor perversidad, en lo más horrendo y satánico. Incluso en el súmmum de sus posibilidades, el amor no es absoluto y excluye a otros.

Con esto ponemos en evidencia el punto más débil de la dialéctica. No es sorprendente que quienes desean mantener la naturaleza hayan intentado, en todos los tiempos, camuflar este punto extremadamente vulnerable. Y en este día de manifestación en que el libro de la naturaleza está pasando una de sus páginas, es normal que ahora intenten parodiar el amor divino, manifestado en la carne, por medio del humanitarismo.

Quién podría alzarse contra la aplicación del humanitarismo? Quién podría dejar de respetar los actos y los esfuerzos humanitarios? Quién de entre nosotros no siente respeto ante los representantes humanitarios de la humanidad que consagran su vida al servicio de los demás? El humanitarismo práctico aplicado hasta en sus consecuencias extremas es, de hecho, la única cosa que se puede hacer por esta pobre humanidad, estando en el plano horizontal de la vida ordinaria. Pero, comprende, al mismo tiempo, la enorme ilusión y la persistente rotación de la rueda que surgen por ello?

Una enfermedad terrible agobia a la humanidad y la hace sufrir insoportables males. Miles y miles de hombres se esfuerzan por aliviarlos. Se recogen enormes capitales. Una ola irresistible de humanitarismo se pone en movimiento. Una gran bondad inflama a millones de seres. Sin embargo, la causa fundamental, el origen de todos las enfermedades ‑nuestra existencia dialéctica‑ permanece perfectamente intacta. Y lo que todavía es peor, a causa de la ley fundamental de la dialéctica, el estado colectivo de la humanidad y con ello los males del mundo, son estimulados y reforzados, en la misma medida en que el humanitarismo colectivo lucha por combatir el mal. Por consiguiente, el horrible estado enfermizo de la humanidad se agrava aún más. Bastarían diez años de un comportamiento total y fundamentalmente cambiado para que la calamidad fuera barrida como por el viento!

No por ello deja el humanitarismo de ser bondad. Libera elementos fraternales. Quien aspira a esta fraternidad, debe efectuar ese trabajo. Tal persona podrá comprobar que este tipo de fraternidad no libera en absoluto, sino que, por el contrario, mantiene la naturaleza y el dolor.

 

Tomando de nuevo el hilo de nuestra disertación, comprobamos que la fuerza de amor al prójimo que se demuestra en el alumno durante el sexto escalón del séptuple camino no puede ser explicada por esta naturaleza y, por tanto, no puede encontrarse potencialmente en la humanidad dialéctica. Lo que se manifiesta en el nuevo circuito magnético es «Dios manifestado en la carne». Esta fuerza de radiación procedente del simpático se propaga por el fluido nervioso y la sangre, y termina por tomar posesión de todos los órganos. Así surge un encarcelamiento maravilloso.

El candidato está literalmente prisionero de la Gnosis, situación que describe tan magníficamente el Salmo 139, que ya hemos interpretado con otro sentido anteriormente.

 

Señor, tú me sondeas y me conoces.

Tú conoces mi sentarme y mi levantarme.

Tú penetras de lejos mis pensamientos.

Tú has escudriñado mi andar y mi reposo,

Y todos mis caminos te son conocidos.

Pues la palabra no está aún en mi lengua

y tú ya la conoces, oh Señor.

Tú me envuelves por detrás y por delante,

y pones tu mano sobre mí.

Este conocimiento es demasiado maravilloso para mí.

Está demasiado elevado para que pueda comprenderlo.

 

Cuando esta fuerza de radiación inflama completamente al alumno, envolviéndole por todas partes, en ese mismo instante verá de forma totalmente distinta el mundo de las apariencias que le rodea. Se encuentra en esta naturaleza como un hombre totalmente diferente. Ya no permanece en el egocentrismo de la antigua naturaleza, ya no está unido a ella, y aún menos puede ser atormentado en lo sucesivo por las aflicciones inherentes a este campo de vida, sino que se convierte desde entonces, literal y corporalmente, en un extranjero en este mundo. Ya no pertenece más a él, aunque está en él.

Sus facultades de reacción funcionan de manera totalmente diferente; comprende a sus semejantes, que todavía forman una unidad con este campo de existencia, y toda su conducta mejor que nunca. Sabe que estos pobres seres, estos condenados, no pueden hacer otra cosa. Lo que causa irritación o descontento a otros, y les empuja a actuar, a él le deja absolutamente imperturbable. Lo mismo que usted comprende al animal y constata las cualidades y el comportamiento de su especie, y no se enoja cuando actúa conforme a su naturaleza, de la misma manera, el hermano o la hermana del sexto escalón distinguirá los diferentes tipos de hombre, teniéndolos en cuenta sin reacción emocional alguna.

Los hombres de esta naturaleza están ocupados de todas las formas imaginables, de día y de noche, con los problemas y acciones de los demás. Usted se rompe la cabeza pensando en los muchos problemas, preguntas y cosas incomprensibles que le rodean, provocados por los hombres, con los que se ve confrontado diariamente. No obstante, si usted es inflamado por la corriente de amor de la Gnosis, economiza gran cantidad de tiempo y de energía; pues de la misma manera que conoce al perrito del panadero, conoce también al panadero, cómo es y cómo va a actuar. Descubre con una sola mirada el tipo de persona que es, y usted no tiene por qué defenderse, ni por qué luchar. Únicamente tiene que tenerlo en cuenta. Usted diferencia un animal violento de uno manso; ni la furia de uno le enoja, ni la torpeza del otro le irrita. Lo tiene siempre en cuenta.

Así, en el sexto escalón usted tendrá en cuenta que hay hombres malos, necios o cultivados en un sentido determinado. Y, simultáneamente, emanará de usted una influencia de la Gnosis manifestada en usted. Esta es la fuerza del amor de Dios. Pero advierta que es una fuerza magnética que busca y que atrae a la vez. Por lo tanto, estará entre los hombres, provisto de este nuevo poder y, sin ninguna duda, entrará en contacto con quienes, entre los diversos tipos de hombre, posean un átomo‑chispa de Espíritu. Les reconocerá y ellos se sentirán atraídos también por la nueva corriente magnética. Usted será como un pescador entre los hombres, tomando en su red inevitablemente a todos los que pueden ser tomados en ella.

Esto es amor al prójimo: un nuevo poder existencial que irradia de verdad en la Gnosis. Detrás de él no se encuentra el yo, no es el resultado de una decisión: «Ahora tengo que amar a mi prójimo», o: «Voy a dedicarme ahora a servir al prójimo». Quien posee este poder, está existencialmente al servicio de los hombres; no puede obrar de otro modo, pues este poder está ahí rodeándole por detrás y por delante. Este es el secreto del Círculo Apostólico, éste es el secreto del trabajo de la Escuela Espiritual moderna.

Por qué acuden centenares de alumnos a nuestros Templos? Por qué quienes no pertenecen a la Escuela se asombran tanto de ver a los alumnos semana tras semana viajar para ir a los templos y mes tras mes a los Centros de Conferencias? Por qué dicen: «Esto es incomprensible, no puede ser»?

Porque lo que está oculto a los hombres de este mundo, es revelado a los hijos de Dios. Un hijo de Dios es un hombre en quien el átomo‑chispa de Espíritu arde detrás del esternón, un hombre que, perdido en la noche del mundo, tantea y busca. Este hijo es encontrado y después atraído hacia el campo de fuerza de la Fraternidad, en virtud de la fuerza gnóstica del amor al prójimo, que se muestra en un número cada vez mayor de hermanos y hermanas. Nada puede resistirse a este amor al prójimo, pues este amor es un fuego abrasador. Quien es tomado por él y llevado por esta corriente, se queda asombrado. Tal lazo ya casi no puede ser roto. He aquí el secreto de este trabajo. Por consiguiente, no es necesario ser profeta para poder decir con certeza que pronto y con rapidez creciente serán millares los que acudan a la Escuela Espiritual. Si usted se esfuerza por ascender por el séptuple camino, la corriente de amor al prójimo que se desencadenará, hará que aparezcan resultados que sobrepasen toda comprensión. La experiencia y el conocimiento de esto será para nosotros demasiado maravilloso, demasiado elevado.

Quizás pueda comprender mejor ahora el famoso capítulo 13 de la primera Epístola a los Corintios: Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como metal que resuena y címbalo que retiñe.

Pablo quiere decir que el hombre desprovisto de este nuevo poder existencial no tiene fuerza.

Y aunque tuviera el don de profecía y entendiera todos los misterios y toda ciencia (se refiere aquí a las más altas cimas del ocultismo natural) y aunque tuviera toda la fe, de manera que trasladase de una a otra parte montañas (y aquí a las alturas sagradas de la vida mística y religiosa natural), no teniendo el amor, nada soy.

Ya que sin este amor no se puede realizar un trabajo liberador de la humanidad.

Y aunque distribuyese todos mis bienes para dar de comer a los pobres y entregara mi cuerpo para ser quemado, si el amor me falta, todo ello no me sirve de nada.

Pablo llama la atención sobre las limitaciones de la vida humanitaria natural. Y continúa con la enumeración de todo lo que es y lo que realiza el verdadero amor al prójimo. Cómo libera al mundo y a la humanidad, cómo lo abarca todo, vibra en todo, lo purifica todo, cómo es eterno e indestructible porque es Dios. Y termina diciendo: Y así quedan tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

Un alumno que irradia la fe, ha tallado su átomo‑chispa de Espíritu hasta convertirlo en una maravillosa joya, que irradia, resplandece y aporta convencimiento. Un alumno repleto de esperanza tiene sobre su cabeza, como una corona, el círculo de fuego de la kundalini, y esta fuerza de radiación le da valor. Pero un alumno que irradia el amor, posee el nuevo poder del sexto escalón y esto da fuerza. Ha entrado en el Círculo Apostólico, tiene su sede en el Tercer Templo y se ha vuelto un pescador de hombres.

Y así permanecen tres cosas, la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

 

 

 

 

 

IX

 

El amor (I)

 

 

Hemos podido aclarar detalladamente para usted lo que es el amor al prójimo, que se manifiesta por un nuevo poder existencial, que irradia efectivamente de la Gnosis y que es preciso no confundir con el potencial de bondad del hombre dialéctico.

Este nuevo poder se desarrolla en el alumno del sexto escalón, quien, sin contrarrestar este proceso por la egocentricidad de la antigua naturaleza, ha hecho posible la realización corporal de un nuevo circuito magnético del fluido gnóstico en el simpático. La luz que irradia de este circuito de fuego magnético es el amor al prójimo del que habla la Enseñanza Universal. Esta es una fuerza divina, nacida en la carne, y confiere un apostolado, lo que quiere decir que el candidato que la posee puede ser un verdadero servidor de Dios, un servidor de la Gnosis. Cuando esta fuerza de amor toma cuerpo en el sistema de un alumno, éste es capaz de irradiar y de transmitir esta fuerza santa, llamada también Espíritu Santo, a quienes aspiran al Espíritu y lo buscan. Semejante hermano o hermana puede tocar y ayudar a los demás desde su interior, con la Gnosis que ha recibido. Así, el fluido magnético del otro reino puede establecerse en los corazones humanos que están abiertos a él.

En clara contraposición está el potencial de bondad de la naturaleza ordinaria, llamado también amor al prójimo. Este potencial de bondad, tal como la historia de la humanidad lo demuestra sobradamente, nunca es liberador. Sigue siendo de la naturaleza dialéctica y es un poder absolutamente diferente al amor al prójimo, al que se refiere la Enseñanza Universal. Este poder es el secreto del sexto escalón.

Por la perseverancia nace la piedad. Quizás comprenderá que esta piedad no crece ni se manifiesta automáticamente. Nuestras explicaciones precedentes han debido esclarecer este hecho. Tampoco puede ni debe tener lugar la aplicación de este nuevo poder, su empleo práctico, de buenas a primeras. Está ligado a unas leyes sagradas. Sólo cuando el candidato posee el poder de conocer y dominar estas leyes, podrá aplicarlo, con resultados verdaderamente positivos, al servicio de Dios.

Quizás puede captar ahora mejor la interrelación de los Tres Templos.

En el primer templo, el alumno es instruido y confrontado con la Enseñanza Universal.

En el segundo templo, es realizado un esfuerzo por establecer consciente y definitivamente en su sistema la luz y la fuerza de la nueva intercesión magnética.

En el tercer templo, el alumno que ha irrumpido de esta forma y por ello ha penetrado hasta el Círculo Apostólico, recibe la instrucción y la ayuda en las sagradas leyes del Apostolado para que, habiendo adquirido en el momento debido el nuevo dominio de sí mismo, pueda partir al servicio de la Fraternidad para pescar del mar de la vida a las almas buscadoras.

Nos parece oportuno darle una indicación clara de las tres leyes sagradas del apostolado, para que tenga una perspectiva clara del Trabajo realizado en los tres templos. No hay nada de misterioso en la base de este gran trabajo; sólo las disposiciones interiores constituyen la llave para entrar en él.

En este sentido llamamos su atención sobre el último capítulo del Evangelio de Juan. Allí leemos que un grupo de alumnos más o menos avanzados de la Escuela Espiritual se reúne en las riberas del lago de Tiberíades, es decir, el mar de la vida dialéctica. Estos alumnos están provistos de grandes posibilidades y no forman un grupo cualquiera. Comprenden la Enseñanza Universal con su conciencia cerebral y tienen un considerable conocimiento de todos los aspectos de esta enseñanza, ya que han recibido instrucción directa de Jesús el Señor, quien les ha revelado el camino de la vida. Han crecido en el trabajo de la Escuela Espiritual, se han impregnado de él, y ahora surge en ellos espontáneamente la necesidad de sostener y extender el trabajo que han visto y oído, por una actividad personal. Tienen, pues, junto a su conocimiento, una ambición indiscutible de ser pescadores de hombres.

Simón Pedro dice: Voy a pescar. Los otros responden: Vamos contigo. Salen y se embarcan; se organizan, se reúnen, hablan, deciden y después van. Pero no atrapan nada en sus redes! Esto nunca se advierte inmediatamente. Al principio la pesca parece satisfactoria, pero cuando llega la mañana, se pone en evidencia que las redes están totalmente vacías. Es una magnífica experiencia para el alumno dotado y ambicioso, constatar que, cuando se lanza a pescar basándose en su estado natural y guardando toda su egocentricidad, sólo puede acumular ilusiones. El resultado es entonces nulo. Quien no lo ha experimentado todavía, quien aún no es consciente de ello, quien no lo puede aceptar aún, tiene que afanarse todavía cierto tiempo en la noche de la ilusión, hasta que llegue el alba del desengaño.

Cuando llega el alba, viene hacia ellos Jesús el Señor y les dice: Tenéis algo para comer?

Imagínese ahora que usted se encuentra en el alba, ante el desengaño de semejante estado de ser y que usted no quiere aceptar esta desilusión. Se había imaginado una pesca tan grande, había dirigido el lanzamiento de las redes y durante la marcha había hablado tanto del resultado, que la mañana le aplasta. Y entonces viene la pregunta: Tenéis algo para comer?

Entonces puede responder francamente, desde el fondo de su corazón, a pesar de su muy evidente decepción: «Absolutamente nada!», o bien, disimulando su deficiencia fundamental y el descubrimiento aturdido de sí mismo, puede decir, con una sonrisa magistral y un gesto de superioridad, y arrugando la frente gravemente: «Entrad, hay abundancia!»

Usted arma mucho bullicio. Aquí un libro y allá un folleto. Sacia al hambriento con una lección o le da una invitación a una charla. Y así pasa la jornada y una nueva noche de ilusión cubre las olas del mar de la vida.

Pero lo que el hambriento pedía era algo de este nuevo poder magnético, centelleante y reconfortante, el agua viva del amor al prójimo, el poder magnético de Dios en la carne. Si usted no tiene nada que dar, nadie se lo tomará a mal, pues éste es el estado dialéctico fundamental. No puede ser de otra forma. Pero reconózcalo, no se esconda detrás de la ilusión, de su auto‑ceguera, detrás de la necia fatuidad del yo. Descúbrase a sí mismo!

Se trata aquí del más grande momento psicológico en el alma del alumno, en el cual a la pregunta: Tenéis algo para comer?, puede responder, sin desesperanza, orgullo ofendido o inocencia herida: Absolutamente nada, lleno de conocimiento de sí mismo y de alegría interior. Quien acepta este «nada» y lo reconoce, y siente además compasión ante los horribles sufrimientos y la búsqueda de la humanidad, oye la voz que dice: Tirad la red del lado derecho y pescaréis.

Resultado? Ciento cincuenta y tres peces! Quizás conozca el significado del número 153. Sumando sus cifras obtenemos nueve, el número de la humanidad. La red presenta un contacto totalmente impersonal con el público susceptible de encontrar la Escuela Espiritual.

Cómo se desarrolla este aparente milagro? El relato menciona que Pedro estaba desnudo. Había arrojado todo, hasta los límites extremos de sus posibilidades. Quien ha llegado a su nada y se comporta en consecuencia, puede permanecer en la luz universal de la nueva intercesión magnética. Cuando esta luz penetra en el corazón y llena la cabeza, puede manifestarse la llama del amor al prójimo, esta fuerza que salva a los hombres del mar de la vida. Esto es lo que significa el número 153. Quien nace en esta unión, puede comer del pan celeste y dar también de él a los demás.

Para precisarlo aún más, se desarrolla un coloquio entre Jesús y Pedro, en el que se alude a las tres leyes sagradas e inmutables del apostolado. Hablamos con mucha insistencia sobre estas leyes, no para colocarle ya ante ellas, sino para hacerle comprender claramente, que cada alumno debe crecer hasta el cumplimiento de esta ley cada cual a su ritmo. Y además le recordamos que quien dice: «Estoy de pie», debe tener cuidado de no caer!

El relato nos describe la primera ley sagrada como sigue: Después de que hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, me amas más que a éstos?» Pedro respondió: «Sí Señor, tú sabes que te amo». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos».

Supongamos que usted se encuentra en el círculo de todos los que usted ama, en medio de sus amigos y amigas más queridos, de aquellos por los que haría cualquier cosa, y que la Gnosis le pregunta: Me amas más que a ellos? Responderá entonces que la corriente de santidad que fluye por su corazón es más importante que todo lo demás? Que quiere aceptar todas las consecuencias concernientes? Que no lo dice con una oleada de exaltación y de emoción, sino que lo confiesa como un estado fundamental suyo? En caso afirmativo, ha satisfecho la condición de la primera ley sagrada, la primera ley sagrada del apostolado. Pero esto no implica que vaya a despedirse según el tiempo y el espacio de todos sus parientes y amigos, sino que sus relaciones con ellos se desarrollarán de una forma completamente distinta y nueva: en el mundo, pero ya no del mundo. Y las eventuales consecuencias que podrían surgir no constituyen un problema. Quien cumple esta primera ley sagrada ha entregado a la Gnosis su santuario del corazón. Solamente alguien así puede pescar en el mar de la vida.

Jesús le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, me amas?» Pedro respondió: «Sí Señor, tú sabes que te amo.» Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas».

El candidato es colocado aquí ante la segunda ley sagrada. No se trata ahora de las relaciones de afecto con los demás, que tal vez pudieran representar un impedimento para el gran trabajo de la Fraternidad, sino de un correcto estado de comprensión respecto el santo trabajo. De la misma manera que el corazón debe estar libre del yo, lo mismo debe ocurrir con el santuario de la cabeza. Debe haber una pureza absoluta de la voluntad y del conocimiento. La voluntad debe disolverse armoniosamente en la voluntad de la Gnosis. Es así como debe demostrarse el amor por la Gnosis. Quien se halla aún en la ceguera de la presunción, destruye de vez en cuando su unión de amor con la Gnosis, lo que ocasiona un terrible caos en el simpático.

Jesús preguntó por tercera vez: «Pedro, hijo de Juan, me amas?» Pedro se entristeció por esta pregunta tres veces repetida y dijo: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo.» Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. Cuando eras joven te ceñías tú mismo tu vestido e ibas a donde querías; pero ahora extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieres.» Y habiendo dicho esto, Jesús dijo: «Sígueme!»

Esta es la tercera ley sagrada del apostolado. Quien se ha consagrado a la Fraternidad con el corazón y la cabeza, basándose en el no‑yo, bajo ningún pretexto puede seguir en lo sucesivo los caminos de la naturaleza, sino exclusivamente aquellos por los que le conduce la Gnosis. Solamente entonces es un instrumento perfecto en manos de la Fraternidad, y el nuevo circuito magnético del simpático irradia el amor al prójimo como la luz del sol en la oscura naturaleza, y los antros más tenebrosos son encendidos con este ardor. Quien cumple esta tercera ley sagrada sabrá por experiencia que otro le ceñirá y le llevará por donde él no quiere ir.

El autor del evangelio hace notar, de manera aparentemente sombría y alarmante: «Jesús dijo esto para indicar con qué muerte Pedro iba a glorificar a Dios.»

Estaba Pedro realmente destinado a morir? Se le dice aquí al candidato: «Ahora que has cumplido esta Ley, recibirás lo que ella entraña: persecución y martirio, encarcelamiento y muerte miserable»?

Sería correcto colocar todo el drama de Cristo y todo el seguir a Cristo en esta esfera mística de sufrimiento y de dolor establecida por la religión natural? Todo lo contrario! La vida dialéctica está llena de dolor y aflicción, pero quien sigue las huellas de Cristo se elevará por encima de este sufrimiento perpetuo e irá allí donde la vida dialéctica jamás puede existir. No es verdad que, recorriendo el camino, todo candidato morirá la muerte de la naturaleza no‑divina, para glorificar a Dios en el nuevo campo de vida magnético?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

X

 

El amor (II)

 

 

Queremos hablarle ahora del último escalón del séptuple camino: Por el amor al prójimo, el amor. Pero antes, volvamos de nuevo atrás para abarcar con una mirada todo lo que se le ha transmitido en los capítulos anteriores. Hemos explicado detalladamente el camino que recorre la luz gnóstica, la fuerza del Reino Inmutable, el fluido magnético no dialéctico, en el alumno que se abre a ella.

La llave del camino es la fe, es decir, la unión del átomo‑chispa de Espíritu en el corazón con la pura luz divina. Cuando esta puerta se abre y la nueva fuerza puede entrar en el sistema del alumno y operar en él, éste obtiene la aptitud para el camino de renovación. Por esta razón el primer escalón del séptuple camino dice: Por la fe, la virtud. Si tiene la verdadera fe y, por consiguiente, la virtud, la aptitud, entonces hay también una disposición a abandonar la propia naturaleza egocéntrica, y a disminuir progresivamente según el yo natural, para no entorpecer la actividad de la nueva luz en el sistema.

Adquirida esta condición, el candidato puede ascender al segundo escalón y, por consiguiente, pasar de la virtud al conocimiento. Este segundo escalón es una liberación o apertura elemental del santuario de la cabeza al fuego de la renovación. De ello resulta que la aptitud adquirida se manifiesta en conocimiento; en este segundo escalón se obtiene un sabor anticipado de la omnisciencia de la manifestación universal. Cuando el alumno llega a ese punto, en él se desarrolla una lucha interior profunda, pues en él actúan dos naturalezas, dos fuerzas: la antigua y la nueva. Se trata de ir hasta el final del camino Juanista de: Es preciso que el otro crezca y yo disminuya.

El alumno debe demostrar que se toma en serio la endura. Por ello, en este sentido, debe mostrar en el tercer escalón el dominio de sí mismo. No de forma incidental, por un momento, como haciendo un esfuerzo extremo, sino fundamentalmente, demostrando así, en la cuarta etapa, una perseverancia total, una grande, intensa y estable fidelidad respecto al proceso de gracia que tiene lugar en él. Quien lo consigue, quien es hallado fiel, recibe en el quinto escalón la piedad.

Esto es el descenso del nuevo fluido gnóstico por la rama derecha del simpático, con objeto de establecer una base positiva para un segundo fuego de la serpiente.

Cuando no hay ninguna interrupción en este cambio fundamental del ser, el nuevo fuego del cordón derecho del simpático atraviesa el plexo sacro, remonta por el cordón izquierdo y regresa a su punto de partida, situado encima de la médula oblonga.

Cuando se ha explorado este camino en su totalidad, y el nuevo circuito del fuego magnético se manifiesta y circula realmente por los dos cordones del simpático, el nuevo fuego de la serpiente, la nueva conciencia, el nuevo yo, ha nacido y el candidato puede subir el sexto escalón: Por la piedad, el amor al prójimo.

La nueva conciencia irradia, se demuestra como se demostraba antes el antiguo yo. Una nueva actividad, una nueva actuación se exterioriza en el mundo. Y he aquí que esta nueva forma de actuar es marcadamente diferente a los esfuerzos y a las obras de bondad de la antigua naturaleza. La nueva actividad es espontánea, de una magia no forzada; es capaz de encontrar, de atraer magnéticamente, y de captar, como en una red tejida de nuevas líneas de fuerza magnéticas, todo lo que está perdido y se sabe perdido en la oscuridad del mar de la vida. Esta red es lo bastante resistente como para recoger en ella a toda la parte de la humanidad que es susceptible de ser recogida. No se desgarrará pese a la gran cantidad de peces.

Este es el secreto del trabajo de buena fe. Cuando se pesca con esta red del amor al prójimo, tejida en el sexto escalón, se puede vencer toda tempestad e invariablemente, día tras día, gloriosas redadas serán conducidas a las nuevas orillas.

Y así es como, trabajando y pescando, se llega al séptimo escalón: Por el amor al prójimo, el amor.

Prosigamos ahora el examen de lo que representa este séptimo escalón y lo que nos muestra. La segunda Epístola de Pedro, de la que tomamos el texto del séptuple camino, dice con respecto a este séptimo escalón: Así os será ofrecida plenamente la entrada al Reino eterno e inmutable de nuestro Señor.Así pues, lo esencial es formar parte corpóreamente de la vida nueva; entrar, ser acogido definitivamente en un estado de vida totalmente nuevo.

 

Le queremos hablar ahora de esta nueva vida futura, pues estas palabras nos conciernen a todos. Cuando, por una decisión seria y enérgica, forjamos la llave de la virtud, de la aptitud para el camino, participamos en el proceso que nos conducirá a la vida nueva. Sí, cuando usted ha establecido la unión con el nuevo campo magnético en el primer escalón, la violencia del perpetuo movimiento dialéctico ya no le puede dañar más. Entonces ha sido integrado en el campo de fuerza de la vida nueva. Qué más podría desear!

No se trata de querer aportarle simplemente, en nuestra agitada época, una enseñanza o unas consideraciones sobre lo que quizás pudiera suceder un día. Hablamos de fuerzas cósmicas nuevas de la mayor importancia, que usted debe aceptar. La salvación prometida antaño por los grandes puede demostrarse de nuevo en usted en estos días. Por esto debemos recapacitar de una forma muy actual en las palabras del bello canto antiguo:

Cómo debo recibirte?

Cómo he de encontrarte?

Tú, anhelo supremo del mundo.

Tú, bien preciado de todo mortal.

 

No basta con que nosotros demos testimonio y con que usted se limite a escuchar. Usted debe colaborar con la Escuela Espiritual en una construcción grandiosa que se nos permite realizar y que podemos realizar: el hombre nuevo que está llegando!

No están lejanos los días en los que las primeras pruebas de este nuevo tipo de hombre se manifestarán a la luz del día. Este será un hombre en quien se confirmarán absolutamente las palabras: En el mundo, pero no de este mundo. Llegará a ser una multitud que no se puede contar, que se elevará por encima de las disputas y del tumulto de la naturaleza dialéctica, para entrar en una tranquilidad inviolable: la tranquilidad y la serenidad de una nueva intercesión magnética, el reposo del pueblo de Dios. Cada uno de ellos podrá decir: «Este es mi lugar de reposo para siempre; aquí viviré, pues lo he deseado.»

Le hablamos de estas cosas para que también usted anhele esta tranquilidad y comprenda que este anhelo no tiene por qué ser pura fantasía, un bello sueño, sino que puede volverse una realidad, si quiere aplicar todas sus posibilidades y toma en sus manos el arado, motivado por una impulso revolucionario nuevo. Pues la hora ha llegado!

Qué anhelo se espera de usted? Cuál es, pues, este anhelo tan intensamente liberador? Es el deseo de salvación, es decir, el verdadero deseo de curación.

Quien desea la curación debe tener conciencia de que está enfermo, fundamentalmente dañado, y que vive en un mundo que no ofrece salida alguna y nos arrastra en una rotación interminable. Quien desea la curación debe estar dispuesto a hacer desaparecer la causa de todo sufrimiento, es decir: su ilusión, el engaño de sus sentidos, su instinto del yo, su pasión de existir, en suma: a sí mismo. Esto es anhelo de curación!

Quien siente este deseo, libre de la poderosa influencia de la ilusión, es conducido hacia la aurora del cumplimiento, hacia un día nuevo, hacia el descanso inatacable del hombre nuevo que viene. Avanzará por el séptuple camino, tal como le fue explícitamente descrito, el camino de los «nacidos dos veces», el camino de la transfiguración. Quien quiera perderse a sí mismo, encontrará este camino y, finalmente, en el séptimo escalón, encontrará abierta la entrada del nuevo reino.

Como hemos dicho, esta entrada es abierta por el desarrollo del nuevo circuito magnético en el simpático, por el nacimiento del segundo fuego de la serpiente, el nuevo yo. Este nuevo circuito magnético, este nuevo yo, edifica una nueva personalidad. Si se imagina el microcosmos como una esfera, entonces, en su corazón, el antiguo templo es destruido sistemáticamente y, al mismo tiempo, edificado uno nuevo. Vamos a intentar describirle cómo ocurre esto.

Usted sabe que el nervio simpático está constituido por dos cordones, situados uno a cada lado de la columna vertebral. Estos cordones están interrumpidos en muchos puntos por nudos nerviosos o ganglios. Estos ganglios son pequeñas condensaciones de un gris‑rojo, redondos y planos, compuestos de células de una estructura típica, que se encuentran entre los nervios o en las fibras nerviosas.

De la médula espinal brotan igualmente nervios. Se habla de una rama anterior y de una rama posterior. Los ganglios del simpático están en unión directa con la rama anterior de los nervios raquídeos correspondientes. Además, de estos ganglios del simpático brotan numerosos plexos o ramificaciones nerviosas que, extendiéndose a lo largo de las arterias, pasan por casi todos los órganos y controlan los movimientos del corazón y de todo el sistema vascular.

Con la imagen de este sistema ante sus ojos, podrá sacar algunas conclusiones, las cuales serán más exactas, si tiene algún conocimiento de la anatomía del cuerpo humano.

Cuando un alumno en el sexto escalón recibe la piedad y el nuevo circuito magnético se ha construido en el simpático, y este alumno persevera en la destrucción de su yo, el fluido nervioso de la antigua naturaleza continua asegurando un equilibrio biológico general del antiguo edificio del cuerpo, por medio de la rama posterior de los nervios raquídeos. El fluido nervioso de la antigua naturaleza, que antes se particularizaba por todo el cuerpo a lo largo de la rama anterior, es cerrado por los ganglios del simpático y un nuevo fluido nervioso, el del segundo fuego de la serpiente, asumirá la función de la antigua naturaleza.

Como consecuencia la sangre cambiará al igual que el fluido nervioso. La actividad de todos los santuarios y de todo el sistema de la secreción interna sufrirá modificaciones. Así se forma un sistema de líneas de fuerza totalmente nuevo, con la forma de la personalidad ordinaria en cuanto al aspecto exterior, pero irradiado e iluminado por corrientes de vida totalmente nuevas, que brotan del nuevo manantial de conciencia en el simpático.

Un nuevo Templo se erige, un triple Templo según la conciencia, el alma y el cuerpo. Un cuerpo físico que no tiene nada que ver con la tosca constitución de la naturaleza dialéctica, sino que es la forma sutil de una nueva naturaleza. Esta personalidad refinada no tiene la estructura de una entidad de la esfera reflectora, pues ésta vive en los restos de la antigua personalidad dialéctica destrozada, cuyo cuerpo físico está totalmente destruido. No, el hermano y la hermana del séptimo escalón muestra una personalidad glorificada, nueva y total, con una forma corpórea material. Para el hombre ordinario de la masa, esta constitución sólo será visible cuando se manifiesta en relación con la antigua naturaleza; pero en cuanto ya no sea necesario mantener la antigua constitución natural, la nueva constitución parte de su lugar de nacimiento hacia el reino bañado de sol de la eternidad.

En la tercera parte de este libro le describiremos detalladamente la naturaleza y las propiedades de esta nueva forma natural, así como la manera por la que se libera de los pañales de su nacimiento y cómo resucitará de la tumba.

La Biblia cuenta cómo el cuerpo crucificado de Jesús el Señor fue depositado en la tumba de José de Arimatea. José de Arimatea es el Hierofante de los nuevos misterios, y el sepulcro en la roca es igual que la cripta de Cristián Rosacruz, en la cual puede ser encontrado el nuevo cuerpo incorruptible.

Nuestros pensamientos y nuestro ruego es que todos los que recorren el camino puedan concluir su camino de cruz de oro y puedan renacer y resucitar en fuerza de la tumba de la victoria para una vida nueva y santificada: la vida santificada del hombre nuevo que viene.

 

Ahora sabe usted cómo se puede avanzar del amor al prójimo para integrarse en el amor. Es el amor que se llama Dios, espíritu y luz. Y usted podrá comprender ahora, tal como Pablo lo entiende: Si usted poseyera todo y no tuviera el amor, este nuevo estado de ser, no tendría y no sería nada. Este amor, que es Dios, este vuelo del águila del espíritu, es el objetivo final, la grande y maravillosa meta para todos aquellos que, en nuestra época, son llamados por la luz.

En un amor tal, no son las palabras lo que importa, o una tierna disposición, sino un acto liberador y redentor de la humanidad. Que este acto, para el cual es elegido hasta el más débil de nosotros, sea su inicio y su fin, su sentarse y su levantarse, hasta el día de su cumplimiento. Entre con nosotros en la alegría del nuevo saber. Festeje con nosotros la fiesta de los hechos del hombre nuevo que viene.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TERCERA PARTE

 

 

 

 

 

 

 

Los dones y poderes del Hombre Nuevo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

El renacimiento aural

 

 

Ha llegado el momento de presentarle al hombre nuevo que viene. En las dos partes precedentes de este libro hemos esbozado los diversos aspectos filosóficos e interiores de este nuevo devenir humano. Pero la época que irradia en el presente con el fulgor de una aurora luminosa, es el alba de un día que verá aparecer, actuar y existir al hombre nuevo. Y si usted no pertenece a quienes, atados a la tierra, caen seducidos por los engañosos velos de la dialéctica, reconocerá sin lugar a dudas el sello característico de este hombre nuevo, y podrá constatar su reaparición en la historia del mundo a partir del año 1952.

Lo que se ha manifestado en esta época Aria desde hace miles de años por mediación de fraternidades divinas, por medio del trabajo salvador de Ichnaton en Egipto, por el de los grandes trabajadores de la India, Lao Tse en China, Zaratustra en el reino de los Caldeos, Mani en Oriente Medio; lo que penetró por obra de Pitágoras y Platón en Grecia y, en Europa Occidental, por el trabajo de los Druidas y los Cátaros, todo ello resplandecerá de nuevo en nuestro mundo tenebroso.

Ha llegado el día del hombre nuevo. El alba de la nueva dispensación para el verdadero pueblo de Dios ha traspasado una vez más la coraza de la dialéctica. La cadena de los siete templos ha sido forjada de nuevo, sólida y duradera, y de nuevo se ha emprendido un trabajo invencible que con razón puede ser llamado: el alumnado completo. La obra de renovación ha comenzado y pueden ser emprendidos los caminos que conducen a esa renovación.

Recorrer un camino, en el sentido particular que nosotros le damos, significa o bien caminar con nosotros o bien despedirse de nosotros. Hay alumnos que desean seguirnos de corazón y por convicción interior. Mas otros son víctimas de la duda, y puede que haya otros que, sin darse cuenta, nos rechacen de manera absoluta y mantienen una actitud de crítica total. Nosotros nos hemos esforzado por servirles, pero nos han rechazado. Por esta razón, ha llegado el momento de la despedida, y les saludamos. La aurora de un nuevo día corona con su fulgor los caminos que hemos elegido. Abandonamos la noche y nos espera una nueva misión. Las palabras que serán pronunciadas ahora y en el futuro son válidas únicamente para quienes viajan con nosotros, y sólo en ellos podrán realizarse estas palabras.

 

Como usted recordará, la fuerza de renovación gnóstica que puede ser captada a través del átomo‑chispa de Espíritu, irradia por el cordón izquierdo ascendente del simpático, después de haber recorrido un largo camino, tal como hemos explicado detalladamente. El hecho de que esta plenitud de radiación se manifieste, es la prueba de que un nuevo circuito magnético se ha formado en el corazón del microcosmos, el cual coincide con el cuerpo de la naturaleza de la muerte. Este extraordinario nacimiento consiste en la circulación de fuerzas gnósticas puras en el cuerpo de la antigua naturaleza, o sea, el desarrollo de una nueva corriente nerviosa. Tal como decíamos, esto tiene como resultado una modificación de la sangre y del fluido nervioso. La actividad de los santuarios de la cabeza, del corazón y de la pelvis, así como la del sistema de secreción interna, se transformará. Al mismo tiempo, en la personalidad ordinaria, según su aspecto exterior, se formará lentamente un nuevo sistema de líneas de fuerza, pero irradiado e inflamado por corrientes vitales absolutamente nuevas, que emanan de la nueva fuente de conciencia en el simpático. Se edifica un triple templo, según la conciencia, el alma y el cuerpo. Un cuerpo material que ya no tiene la forma tosca de la naturaleza dialéctica, sino una forma refinada, de naturaleza completamente nueva. Una nueva personalidad glorificada, que comprende también una forma corpórea material. Con este nuevo vehículo, el candidato debe ir al encuentro del Señor en las nubes del cielo.

El viaje que hemos emprendido comprende, entre otras cosas, la construcción de este nuevo vehículo, el arca, la barca celeste, que necesitamos para poder alcanzar nuestro objetivo. Es evidente que ahora debemos explicar y estudiar con detalle las dimensiones que deberá tener nuestro vehículo, los materiales de los que estará constituido y los instrumentos que asegurarán el éxito de nuestra empresa. Cada uno de nuestros acompañantes comprenderá que lo primero que se debe hacer es preparar el lugar de trabajo, el lugar de trabajo donde deberán darse los martillazos, donde la escuadra y la cinta métrica serán empleadas sin impedimentos, donde la pendiente deberá ser allanada, a fin de que la barca celeste pueda, sin incidentes, hacerse a la mar de la nueva plenitud de la vida.

Dónde iba a estar este lugar de trabajo, sino en el centro exacto de su microcosmos, en su cuerpo, en su forma material? Sabemos que esta forma material no es divina, pues ha nacido de la naturaleza de la muerte. Por lo tanto, antes que nada, hace falta eliminar el núcleo, el principio fundamental de esta forma. Por ello hemos hablado tan detalladamente de las siete condiciones del camino, basándonos en algunos datos de la segunda Epístola de Pedro. Su lugar de trabajo no estará preparado hasta que usted haya cumplido estas siete condiciones, convirtiéndose entonces en un constructor.

Ante todo es necesario establecer un nuevo circuito magnético en el simpático. Esto no es en absoluto una proeza para una entidad chispa de Espíritu. Quien se consagra al camino, en total ofrenda de sí mismo, y acepta las consecuencias, prepara sin duda su lugar de trabajo para la nueva construcción. La prueba de este «estar preparado» la constituye la manifestación del nuevo fluido del simpático. Este fluido es la piedra a utilizar para la construcción. Es el remedio supremo, el verdadero elixir de la vida del que se habla en los mitos, el «ábrete sésamo» de los cuentos. Este fluido es la llama de la séptima condición cumplida, la luz del amor divino. Solamente con este amor puede ser emprendida y acabada la obra.

Debe usted comprender claramente que no tiene ningún sentido, además de ser erróneo, hablar sentimentalmente de este amor divino y dedicarle poesías. Quien hable de él, debe expresarse con actos, con hechos de construcción concretos. Esto es lo que se espera de usted. Lo que en la Enseñanza Universal es llamado amor, es la sustancia primordial de la llama divina, del alma del mundo. Cuando la luz de esta llama puede arder en el nuevo circuito magnético, el candidato, según las palabras de Pablo, podrá cubrir todas las cosas con este amor, y según las palabras de Pedro cubre multitud de pecados. Queremos explicarle el sentido de las palabras de Pablo y de Pedro.

En el célebre capítulo 13 de la primera Epístola a los Corintios, Pablo dice que quien respira en la sustancia primordial de la llama divina se encuentra en el camino que conduce a la liberación. Hablando a sus alumnos, les dice que si quien dirige su mirada hacia las entidades más cultivadas del campo de vida dialéctico, quien domina el arte de la retórica, y habla y escribe tan extraordinariamente bien, que pudiera decirse con toda razón que ha alcanzado el máximo realizable, y quien accede a las cumbres más elevadas en el terreno de la magia y de la intelectualidad, y domina la ciencia de la profecía, todas las verdades secretas de la curación y de las ciencias, es como un címbalo que resuena y absolutamente «nada» si no posee la sustancia primordial de la llama divina.

Pablo continúa enumerando las posibilidades que se manifiestan a todo candidato que participa en esta magnificencia. El dice: El amor cubre todas las cosas, no toma en cuenta el mal, y en el mismo sentido colocamos las palabras de Pedro: Porque el amor cubre multitud de pecados.

Si usted pidiera a los hombres en general que explicaran estas palabras, le indicarían que lo aparentemente exigido por Pablo y Pedro es una nueva conducta moral y ética. Oiríamos indudablemente efusiones místicas, y todos pensarían que se trata de las normas de amor más elevadas, tal como las conocemos en nuestro campo de naturaleza; de actos de abnegación y de clemencia, y del contacto con hombres excelentes en este aspecto.

Sabe usted, sin embargo, que los apóstoles antes citados no han pensado ni por un momento en esas elevadas expresiones de la vida sentimental humana dialéctica? Ellos conocían sin duda esas habituales expresiones de amor del género humano, bellas, nobles, útiles, y como bálsamo para un alma desgarrada, pero lo que se quiere dar a entender en la primera Epístola a los Corintios, capítulo 13, es otra cosa completamente distinta a lo que se supone. Para poder asimilar completamente el alumnado actual, debemos primero comprender el verdadero significado de estas cosas, tanto según la inteligencia como según su realización. Al mismo tiempo, entenderemos lo que Pablo quiere decir en los otros versículos de la Epístola a los Corintios, cuando habla del don de lenguas y del de profecía.

Probablemente usted sabe que este mundo está lleno de movimientos que se fundamentan en el don de lenguas, tales como las comunidades pentecostales y apostólicas, que dicen practicar estos dones. Es profundamente trágico que la búsqueda de decenas de miles de personas se haya estancado en este punto, bloqueadas en una vida espiritista, oculto‑negativa, mediúmnica. Y la causa de esta calamidad hay que imputarla a la ignorancia. Estos hombres se han vuelto víctimas de fraternidades de la esfera reflectora que, por razones obvias, se han convertido en imitadores de la vida santa.

Si usted no puede comprender de manera clara estas intenciones, sepa al menos que todos esos dones que Pablo cita, dones de la mayor actualidad en una Escuela Espiritual auténtica, constituyen la primera señal, la primera demostración de un nuevo devenir humano. Resulta obvio que cuando se imita de forma caricaturesca y puramente dialéctica y negativa, se arrastra con ello hacia un desierto a toda una corriente de buscadores sinceros. Esta grave traición del siglo pasado está llegando a su desenmascaramiento. Todo el mundo aprenderá a conocer la verdadera naturaleza de los dones y de las propiedades del hombre nuevo, y no sólo filosóficamente, sino también en la práctica y de tal manera, que el abismo infranqueable que separa la imitación de la realidad será claramente denunciado. El efecto de ello será que numerosas personas engañadas se orientarán hacia la Escuela Espiritual, para reencontrar en ella el camino perdido y continuar con nosotros de fuerza en fuerza y de magnificencia en magnificencia. De esta forma se demostrará que la Gnosis ha llegado verdaderamente.

Cuando un alumno ha cumplido las siete condiciones del camino, participa orgánicamente en la Gnosis, y por ello se vuelve activo el nuevo circuito magnético en el simpático; la nueva radiación que parte de él cubrirá, recubrirá todo su ser: su personalidad, el campo de la respiración, el ser aural y el campo magnético. Esta nube del Señor envolverá al candidato y a su microcosmos como un manto, con consecuencias casi increíbles. Se manifestará una gran diversidad de dones y de nuevas propiedades que se desarrollan del mismo y único espíritu santificante de la renovación. Todos los puntos magnéticos en el ser aural, que están centrados en la vida dialéctica y sus eones, se apagarán gradualmente en este manto del amor divino, y se encenderán nuevas luces. De esta forma, esta radiación de amor cubrirá, práctica y directamente, una multitud de pecados.

Este proceso del amor divino elimina, por lo tanto, el karma. No lo cubre, en sentido negativo, pues así el karma seguiría subsistiendo, sino que lo reemplaza de una manera absoluta. Nos encontramos de nuevo ante una traducción errónea. La palabra original «cubrir» puede ser también traducida por «reemplazar». Los primeros traductores de la Biblia no podían comprender que el amor pudiera «reemplazar» al pecado; por ello lo tradujeron por la palabra «cubrir», cuyo significado podían entender mejor. A la luz de lo que precede, esperamos que haya percibido ahora de manera clara el sentido divino de esta palabra: el sistema magnético del ser aural es atacado totalmente por la llama divina; el firmamento dialéctico se apaga y se forma un nuevo firmamento. Y bajo ese nuevo cielo se manifiesta, debe manifestarse, una nueva tierra microcósmica, una personalidad transfigurada. La primera señal que surge es la aparición de una gran cantidad de nuevos dones y posibilidades: la característica del hombre nuevo que viene.

Continuaremos hablándole en detalle de esto y le aconsejamos que estudie atentamente los capítulos 12, 13, 14 y 15 de la primera Epístola a los Corintios, pues serán la base de nuestras próximas exposiciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

Consecuencias del renacimiento aural

 

 

Hemos expuesto con detalle la manera en que la llama divina de la Gnosis apaga todos los puntos magnéticos del firmamento dialéctico en el ser aural del candidato, y cómo es formado progresivamente, en este amor llameante, un nuevo cielo, con el fin de que se liberen finalmente las posibilidades del nacimiento de una nueva tierra, es decir, de una personalidad glorificada.

Antes de continuar nuestra exposición sobre esta base, debe usted comprender claramente la situación. Gracias a la disposición inteligente del ser del yo dialéctico que se ofrece completamente, la Gnosis, con la ayuda del átomo original, ha penetrado en la personalidad y se ha instalado en los dos cordones del simpático, por lo que se forma un segundo fuego de la serpiente, un segundo ser del yo, una segunda conciencia. En ese momento, el candidato se vuelve totalmente consciente de su doble estado, de su doble naturaleza.

También entonces da muestra de esta doble conciencia, según el sentido profundo del prólogo del Evangelio de Juan. El candidato que ha llegado a este punto del camino de la renovación es como Juan. Se ha convertido en un hombre muy particular, un hombre que Dios ha tomado en su mano, pero que, con toda certeza, todavía no ha renacido en Dios. Por esto dice: Yo debo menguar y el otro en mí, la nueva naturaleza, debe crecer. Aquél que viene después de mí, era antes que yo.

Cuando el alumno ha llegado a ese estado de ser y vive efectivamente de este principio juanista aludido, se desarrolla una fuerza de radiación que, procedente del nuevo fuego de la serpiente, se extiende por todo el campo de manifestación, recubre todo el firmamento aural y apaga progresivamente los puntos magnéticos situados en él. Al mismo tiempo, otras luces, hasta entonces latentes, son activadas para que puedan reaccionar a una fuerza electromagnética de mayor intensidad. De esta forma se desarrolla, ni más ni menos, un renacimiento aural que, como veremos, es fundamental para toda transformación de la personalidad.

Gran cantidad de mitos narran este renacimiento aural. Toda la historia sagrada alude a este acontecimiento: recordemos, por ejemplo, el capítulo 24 del Evangelio de Mateo. Una revolución cósmica no comporta solamente un aspecto general, sino que debe ser comprendida también en un sentido muy particular. La revolución microcósmica mencionada es una condición
absolutamente imprescindible para cada microcosmos que desea proseguir su reconstrucción sin obstáculos.

Usted sabe cuán vinculada está la vida exterior con la vida interior. Cuando la vida interior de los pueblos es superficial, materialista, desgarrada y demoníaca, se manifiestan condiciones exteriores en total conformidad con este estado interior. En ese caso, todos los reinos de la naturaleza están también en concordancia con ellas, e incluso el firmamento cósmico ordinario manifestará una influencia semejante.

La antigua ciencia secreta lo ha enseñado siempre. La ciencia natural moderna puede demostrar y explicar este antiguo secreto. Se trata de condiciones electromagnéticas creadas colectivamente, a las que toda la creación debe obedecer como a su ciego destino. Si usted comprende esto, podrá concebir igualmente lo que puede llevar a cabo un número relativamente pequeño de hombres, diseminados por todo el mundo. Si por una nueva orientación de vida en la Gnosis provocamos, junto con otros, una revolución microcósmica y nos entregamos totalmente a ella, apelaremos también de forma inevitable e irresistible a fuerzas magnéticas cósmicas, eliminando las vigentes radiaciones degenerativas. Entonces, nuestro nuevo firmamento microcósmico provocará al mismo tiempo una transformación general, que afectará a toda la humanidad. Las consecuencias que este proceso conllevará para el hombre de la masa, es un problema que concierne únicamente a este último.

Por esta razón, en todos los tiempos resonaron advertencias por boca de profetas y videntes al aproximarse tales crisis de transformación. La llegada a una crisis de este tipo puede ser prevista, y también puede ser determinado el momento en el que aparecerán los efectos de esta crisis, sobre todo por sus aspectos científico‑naturales.

Y por ello, la Escuela Espiritual moderna, que se extiende séptuplemente sobre todo el mundo, puede hablar de estos aspectos de manera tan positiva. Y lo hacemos porque sabemos. Si usted recorre el camino, también sabrá!

 

Suponemos que ahora sabe usted claramente lo que significa el renacimiento aural. Si este renacimiento aural no se produce, su desarrollo no podrá sobrepasar cierta fase, y deberá volver, según la marcha de toda naturaleza dialéctica, a su punto de partida.

Los principios magnéticos de su ser aural forman juntos su plan de vida, el tema musical de su vida. Las líneas de fuerza magnética que irradian desde esos puntos sobre su personalidad, le tienen atrapado completamente. Usted no puede dar un solo paso hacia afuera. En su firmamento aural se expresan todos sus antepasados, todas las manifestaciones anteriores de su microcosmos, en resumen: todo su pasado, todo su karma.

Por ello, debe cortar radicalmente con su pasado. Todas las líneas de fuerza magnética, que actualmente fluyen de las fuentes en el ser aural, deben ser interrumpidas y apagadas. Este es el sentido profundo de las palabras perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. La llama divina que irradia en el segundo fuego de la serpiente, ejerce una actividad destructora, pero el candidato es quien debe liberar por sí mismo esta posibilidad.

Cuando otras luces se encienden en el firmamento aural y, por lo tanto, otras líneas de fuerza magnética se dirigen a la personalidad, ésta debe reaccionar a ellas. No puede ser de otro modo. La personalidad, por decirlo así, es empujada en otra dirección, aparece un nuevo campo de tensión electromagnético, comienza a sonar un nuevo canto vital. Cuando los rayos de la nueva aurora alcanzan a la personalidad, aparece un nuevo día, el primer día del gran proceso de su recreación. Y en la luz de este primer día, van a manifestarse una serie lógica de nuevos dones y poderes. Son los dones y poderes que se mencionan en la primera Epístola a los Corintios.

Nuestra intención es hablarle sobre estos dones y poderes, pero le hacemos notar que el orden correlativo en que van a ser tratados no coincide con el orden de su manifestación en el alumno que recorre el camino.

En primer lugar, queremos hablarle sobre el don de curación. Si hay algo que ha despertado y despierta todavía la imaginación del hombre es, sin duda, este don. Todo hombre está, por naturaleza, muy enfermo. La mayoría de los hombres son atacados por un gran número de enfermedades en el transcurso de su proceso vital, y en todo caso la muerte de cada persona es provocada finalmente por una enfermedad. Por lo tanto, todos tenemos el mayor interés por poseer una buena salud y por mantener un cuerpo médico lo más competente posible.

Se comprende igualmente que, como este cuerpo médico se demuestra insuficiente ‑lo cual es un hecho por tener ante sí una misión imposible‑, el interés de la humanidad se centra en toda una serie de curanderos y en prácticas de curación milagrosa de toda clase de incompetentes. Si nos tomáramos el tiempo y la molestia se podría reunir una gran colección de literatura, relativa a toda clase de métodos y recetas de todos los siglos. De vez en cuando se extrae del viejo arcón un método antiguo, se le sacude el polvo y algún astuto lo presenta como un nuevo descubrimiento en una época moderna. Es la rueda de siempre. Hay algo nuevo bajo el Sol? Todo ha existido ya en los siglos precedentes! Los Kabirim, por ejemplo, llevaron a los sacerdotes egipcios la medicina de las plantas. Y usted sabe qué gran éxito tiene en nuestros días los métodos de curación por medio de plantas.

La medicina ha tenido siempre un carácter religioso. Los sacerdotes han querido llamarse y ser siempre curadores. Tanto en la antigüedad como en nuestros días! Ellos leían acerca de los hechos de seres sublimes y santos que ayudaban y curaban a los enfermos de forma milagrosa. No curaba Jesús? Los apóstoles no curaban con una rapidez asombrosa? Sus pacientes se encontraban en tan buena forma inmediatamente después de la curación que, cargando su cama y todos sus menesteres sobre sus espaldas, abandonaban el hospital. Tales relatos actuaron hipnótica e inspiradoramente sobre toda la religiosidad posterior. Y cuando Pablo habla del «don de curación», ya no hay nada que les pueda frenar. Como un torrente que se precipita desde la montaña, los curanderos religiosos inundan el mundo hasta en la actualidad. Y cuando llaman la atención del público, siempre hay una muchedumbre que se apresura a prestar oído y la prensa religiosa ofrece su mayor consideración al acontecimiento.

Al analizar esta clase de curación religiosa, descubrimos tres aspectos: un aspecto espiritual, un aspecto moral y un aspecto corporal. Y estos tres aspectos son practicados especialmente después de grandes calamidades y guerras. Por ejemplo, en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial se puso en boga una clase de curación por la oración, que se ha seguido extendiendo cada vez más, movimiento que se va introduciendo igualmente en otros países. En esencia, esta curación por la oración no se diferencia mucho de la imposición de manos religiosa. La imposición de manos de la que habla la Biblia, es algo que naturalmente ha excitado siempre la imaginación de la humanidad. En nuestros años jóvenes hemos visto cómo trabajaban los curanderos con la oración y con la imposición de manos, y muchos obtenían mucho éxito.

La curación por la oración parte de la idea de que las enfermedades son la consecuencia de los pecados humanos, lo que de hecho es correcto. Pero se olvida que toda la existencia humana es pecadora. Se dice: «Puesto que es así, estas enfermedades pueden ser suprimidas o neutralizadas por la humillación, la oración y la reconciliación». Esto no es tan absurdo; sin embargo, cuando profundizamos lo que estos curanderos entienden por reconciliación, nos damos cuenta de que han oído efectivamente campanas, pero no saben dónde. Entonces sabemos que su método de reconciliación es colocado sobre el plano horizontal, que su humillación sólo concierne a los conflictos en la personalidad dialéctica, causados por la actividad de la ley gemela del bien y del mal, y que la oración tiene por objetivo desatar y aniquilar el torbellino de esos conflictos en la personalidad.

Queda por preguntar: Cómo es posible que los hombres puedan ser realmente curados por este tipo de curación por la oración? Nosotros le preguntamos: Cómo es posible que alguien que tenga dolor de cabeza pueda ser aliviado con una pastillita de analgésico?

Hay poca diferencia entre el método de acción de los productos farmacéuticos y el de la curación por la oración o por la imposición de manos. Por la acción del ácido acetilsalicílico en la sangre, se reprime en parte la actividad de una perturbación magnética en su sistema, y su dolor de cabeza desaparece; sin embargo, a menos que usted no encuentre otros medios, dietéticos o de otra clase, el dolor volverá a aparecer, puesto que la causa no ha sido realmente eliminada.

Piense, por ejemplo, en una pierna paralizada. La parálisis se produjo por el bloqueo de la parte del sistema nervioso que está en relación con la pierna. El fluido magnético ya no puede manifestarse en ella. Cuando el caso no ha ocurrido hace mucho tiempo y las fibras nerviosas no han degenerado, ni se han calcificado, se puede ayudar a esos enfermos por medio de dichas oraciones de curación. Se lleva al paciente a un estado de éxtasis religioso‑natural. En este estado es «reconciliado», es decir, unido a una vibración de la esfera reflectora, que sobrepasa el nivel vibratorio del paciente. El curandero es, en este caso, un médium, que está en relación con un grupo de la esfera reflectora; y de esta forma, por su intercesión, la pierna paralizada es electrizada, magnetizada. Si el paciente en cuestión puede mantenerse en este estado de exaltación religiosa, o sea de ensombrecimiento, la pierna paralizada será total o parcialmente curada y este hombre podrá caminar de nuevo. El precio que deberá pagar, sin embargo, es una unión constante con el más allá y con sus pretendidos curadores. Se ha convertido en víctima de fuerzas naturales de la dialéctica y, lo que es más dramático, este hombre alaba diariamente a Dios por la gracia milagrosa que le ha concedido. El camina, pero… a qué precio!

Quienes encuentran este método extraño, que piensen en el método de los psiquiatras modernos. Estos también exigen, y obtienen, para comenzar un lazo de simpatía entre el médico y el enfermo, o sea, una reconciliación. Cuando esta reconciliación, esta unión indeseable, se ha establecido, el médico puede dirigir a su paciente por donde a él le plazca.

Esperemos que ahora esté usted profundamente convencido de que el don de curación, del que habla Pablo en su primera Epístola a los Corintios, capítulo 12, de ninguna manera está en relación con esas formas de curación. Este don no tiene nada que ver con la curación por oración o por imposición de manos. No tiene nada que ver con ninguna influencia psicológica de un médico experimentado o de un charlatán. No tiene ninguna relación con las formas de curación religiosa y sus tres aspectos. Por esto, la Escuela Espiritual ha mantenido su campo libre de toda charlatanería y práctica oculta de curación, basada en las citadas leyes magnéticas, y lo seguirá haciendo en el futuro.

Qué es, entonces, el don de curación del que habla Pablo?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

El don de curación

 

 

En la primera Epístola a los Corintios, Pablo menciona cierto número de poderes que están a disposición del hombre nuevo, tales como: diversidad de dones de gracia, diversidad de funciones y diversidad de acciones, que son el resultado del toque del Espíritu Santo. Y en esta misma Epístola a los Corintios, en el capítulo 12, sigue precisando la esencia de estos poderes. El poder de sabiduría, de comprensión, de fe, de curación, de dominio de fuerzas, de profecía, de discernimiento de espíritus, de lenguas y, finalmente, de interpretación de lenguas.

Seguidamente, de conformidad con los procesos de desarrollo de estos nueve poderes en el candidato, y en relación con su estado de ser en estos procesos, se determina la función que él asume en el gran trabajo. Pablo cita tres funciones: primero la del apostolado, segundo la de profeta y tercero la de instructor. Entre estos tres grados de funciones se reparten varias tareas: el don de fuerzas, el don de curación, la capacidad de socorrer, la capacidad de gobernar y, en quinto lugar, el don de lenguas.

Existen, por lo tanto, según la interpretación de Pablo, nueve poderes, tres funciones y cinco tareas, pertenecientes todos al desarrollo, a la naturaleza del nuevo devenir humano.

Antes de comenzar nuestras explicaciones sobre estos temas, le prevenimos que todo esto sólo tiene sentido y carece de peligro cuando usted aspira interiormente a recorrer el camino y a colocarse a la altura de las exigencias de este camino según su estado de ser. El hecho de que todos estos aspectos sean revelados actualmente, puede, en cierto sentido, hacernos muy felices, puesto que ello prueba que nos encontramos en vísperas de acontecimientos grandiosos y magníficos; pero, por otra parte, esto carga sobre nuestras espaldas una gran responsabilidad.

Por ello repetimos con insistencia que usted sólo puede consagrar su interés a todas estas cosas sin consecuencias negativas, si su orientación es sostenida por la firme decisión de recorrer el camino según su estado de ser. Pues si se interesa por todas estas nuevas señales del nuevo devenir humano sin abarcar ni ambicionar ese nuevo desarrollo con toda su orientación interior, provocaría en usted la aparición de falsas señales en su ser. Si usted mostrara interés por estas señales, pero negara el camino que conduce a ellas, sólo conseguiría una imitación y, por consiguiente, recorrería un camino oculto, de naturaleza absolutamente negativa. La consecuencia inevitable sería un ensombrecimiento procedente de la esfera reflectora y todo ello terminaría en una intensa ilusión religioso‑natural, con toda la miseria que ello conlleva.

Debe usted comprender en primer lugar que los poderes, funciones y tareas que constituyen las señales y las pruebas del nuevo devenir humano, nunca y en ningún aspecto, pueden ser utilizados al servicio del orden natural dialéctico o de una humanidad que está al servicio de la dialéctica. Esta conclusión es evidente, ya que el desarrollo de estas características del nuevo devenir humano se apoya en una nueva radiación electromagnética. Si deseamos que estos nuevos poderes se desarrollen, deben ser guiados e impulsados por la fuerza de la naturaleza divina, por la fuerza de la Gnosis; en otras palabras, por las fuerzas de un campo de radiación electromagnético no dialéctico. Estas fuerzas proceden, por lo tanto, de una naturaleza distinta, y como no pueden ser utilizadas en esta naturaleza, es evidente que cuando estos poderes se manifiesten en el alumno, tampoco podrán ser utilizados en este mundo.

Cuando Jesús el Señor dice: Mi Reino no es de este mundo, se podría pensar que se trata de una negación sin más, y que si un hermano o una hermana de la Gnosis se esforzaran, podrían ser de utilidad, a pesar de todo, con un poder u otro, en el plano horizontal. Sin embargo, esto queda completamente excluido.

Las palabras: Mi Reino no es de este mundo, no significan solamente que no se quiere, sino un fundamental no poder. Por eso debemos decirle ya que el don de curación, tal como lo plantea la Escuela Espiritual, no puede ser puesto jamás al servicio de ninguna terapéutica dialéctica. Pero debemos añadir que este don, sin duda alguna, puede ser benéfico para su situación corporal, a condición de que su personalidad se encuentre en el camino. Si por su estado de ser en el camino usted se ha abierto a la nueva radiación electromagnética y participa en el nuevo campo de radiación electromagnético, estas fuerzas deberán tocar también a su personalidad e igualmente servirán para el bienestar de su cuerpo material.

Es posible que esta restricción le haya decepcionado. Sin embargo, si con el corazón abierto estudia y profundiza las características del nuevo devenir humano, se quedará mudo de agradecimiento y será colmado de una alegría interior. Se dará cuenta que aquí se confirma la frase de Cristo: Si dais un paso hacia mí, yo iré dos con vosotros. Todos estos poderes, funciones y tareas tienen la intención de servir, sostener, conducir y ayudar a cada alumno desde el primer paso hasta el último. Esta ayuda sumamente actual en la práctica de la Escuela Espiritual, es tan perfecta, tan dinámica, tan abundante, que nadie debería conservar el menor rastro de temor. Cualquier pesimismo respecto al posible éxito en el camino, es superfluo. Quien se quede detenido, es indudablemente egocéntrico y demuestra que todavía se encuentra adherido a su antigua vida, y se siente disgustado por no poder obtener la nueva vida conservando la vieja.

Quien desea la vida nueva, debe renunciar a la vieja. Toda tentación en el camino, sea cual sea su naturaleza, puede ser aniquilada por esta ayuda gloriosa de los hermanos y hermanas en el camino. Piense, por ejemplo, en las conocidas palabras del Salmo 91:

No ha de alcanzarte desventura,

ni plaga alguna rondará tu tienda,

pues a sus ángeles mandará a tu lado

para que te guarden en todos tus caminos.

Ellos te llevarán sobre sus palmas

para que tu pie no tropiece con piedra alguna.

 

A veces el camino de auto‑realización es presentado como una marcha ardua en la soledad. Esto es absolutamente erróneo, pues sólo es un aspecto de la cuestión. Trabajadores como Krishnamurti lo presentan de esa forma, porque han constatado que muchísimos hombres se aferran de forma negativa a autoridades, que en realidad lo son únicamente en el plano horizontal, no habiendo realizado ellas mismas la más elemental de las exigencias de la vida verdadera.

Estando plenamente en la auto‑realización, recorriendo el camino espontáneamente, sin tener en cuenta el resultado, sin preocuparse de las consecuencias ni de las dificultades, recibe la ayuda de todos los que están admitidos en el Círculo de la Gnosis, y de ellos y por ellos fluyen hacia usted estas fuerzas de los poderes, funciones y tareas.

Unas palabras extraídas del Sermón de la Montaña que usted conocerá dicen al respecto: Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. Quien recorriendo el camino demuestra que busca realmente el Reino de Dios, descubrirá que todo el haz de luz de la Gnosis, con todos sus rayos, le será entregado. Al principio, transformado por terceras personas, tal como lo explicaremos más adelante; después de forma directa y plena, en unión de primera mano. Y lo que recibe de esta forma, beneficiará a todo el sistema microcósmico y, por lo tanto, también al cuerpo material.

Considerado desde el punto de vista de esta naturaleza, su microcosmos está enfermo. Por esto debe seguir el camino de santificación. Santificación significa curar, sanar, curarse. Esta santificación, esta curación, en su aplicación, es lo que vamos a explicar seguidamente. Quien recorre el camino, recorre un camino de cruz, el camino de una curación absoluta y eterna. Y él recibe la fuerza para ir hacia la cruz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

Las tareas: cinco corrientes de curación

 

 

Es necesario que usted comprenda bien por qué vamos a hablar del don de curación. Hay una séptuple fraternidad mundial y un campo de radiación siete veces séptuple que se desarrolla alrededor de siete focos mundiales. Una nueva bóveda celeste ha sido extendida; se ha formado un nuevo campo electromagnético. Una nueva y grandiosa posibilidad se ha manifestado para la humanidad buscadora. Es la manifestación del Espíritu Santo, de la Gnosis Universal, como consecuencia de la cual se vuelve posible, como dice la Epístola a los Romanos, capítulo 8, la manifestación de los hijos de Dios. Es el cumplimiento de lo que se dice en la Confessio Fraternitatis: Una cosa, oh mortales, ha de ser afirmada por nosotros, que Dios decidió que quería otorgar al mundo, antes de su final, una corriente de verdad, de luz y de grandeza, como la que El ordenó que acompañara a Adán en el paraíso.

Este campo de tensión de verdad, luz y grandeza se extiende ahora sobre nuestros países; no obstante, desgraciadamente, ni muchísimo menos se produce una participación automática por parte de cada mortal en este campo. Esto es imposible, ya que el sistema microcósmico de la humanidad dialéctica responde a un campo de tensión magnético completamente distinto. Por esto es necesario que el hombre emprenda otro camino de vida, y tome las medidas necesarias, con el fin de abrir todo su sistema microcósmico para el toque del Campo del Espíritu Santo séptuple. Quien lo consigue, se vuelve un hombre muy excepcional, pues desde ese instante hablan en él dos naturalezas: la naturaleza ordinaria dialéctica, y algo de la nueva naturaleza que empieza a manifestarse en él. Los enormes efectos de este hecho serán percibidos con claridad.

Mientras todavía pertenezca completamente a la antigua naturaleza, un amplio vacío se abrirá entre usted y el campo de tensión del Espíritu Santo. Pero cuando algunos entran en el estado de las dos naturalezas, es como si fuera construido un puente. A través de estas pocas personas, que juntas forman este puente, el Espíritu Santo, aunque no sea todavía con una unión de primera mano, puede de manera muy especial entrar en contacto con todos.

Cuando los dones de gracia del Espíritu Santo fluyen en el interior de un hombre, por haber abierto su ser, su santuario del corazón, a la Gnosis, aparece en ese hombre cierta actividad de las nuevas fuerzas, una diversidad de actividades, como lo llama Pablo, en la primera Epístola a los Corintios, capítulo 12. Inmediatamente, este hombre se vuelve igualmente apto para una diversidad de funciones. Con las actividades de estas fuerzas que no se explican por esta naturaleza, dicho hombre puede servir. Por qué puede hacerlo? Porque todavía no pertenece del todo a esa nueva naturaleza, y está unido a ella sólo con una parte de su ser. Si uno de nosotros fuera totalmente de la nueva naturaleza, rápidamente perderíamos el contacto con él, porque los dos mundos, las dos naturalezas, no pueden mezclarse entre sí. No pueden colaborar; el Reino no es de esta naturaleza.

Quien es tocado en su ser por la fuerza del reino universal, se encuentra, aunque temporalmente, en el estado de las dos naturalezas. Por este estado tan especial de la persona en cuestión ‑la cual, por decirlo así, hace las veces de puente‑ podemos sentir algo de la santa serenidad de la vida original. Tal persona es con una parte de su ser de la nueva naturaleza y, con la otra, de esta naturaleza. Puede comunicarnos lo que siente interiormente y, con lo recibido, acercarse a nosotros en alguna medida. Aunque la luz que nos es ofrecida así no pueda ser comparada en lo más mínimo a la única realidad misma, no por ello deja de haber una luz que irradia en las tinieblas de nuestra existencia. Y con toda certeza usted podrá ser ayudado por esta única luz, que irradia de los corazones, las cabezas y las manos de hombres, a condición de que sea un verdadero buscador y desee liberarse del sufrimiento de la dialéctica. El don de curación se refiere, entre otras cosas, a esto.

Un alumno que ha entrado en contacto con la Gnosis, penetra en un estado de desarrollo que aporta el despliegue de ciertos poderes. Con ellos puede ayudar concretamente a las entidades que yerran todavía en las tinieblas, pero que aspiran a la luz. Una fuerza se vierte, en el hombre fundamentalmente enfermo, por medio de estos poderes; una fuerza de un valor salvador extraordinario, una ayuda que toca al microcosmos en todos sus aspectos, de forma que se puede hablar, con razón, de don de curación. Este don, sin embargo, tiene todavía otro aspecto.

Cuanto más numerosos sean los que poseen este don y los que practican las tres funciones, como apóstoles, profetas e instructores, tanto mayor será la fuerza gnóstica liberada y aplicada en el campo dialéctico. Piense, a este respecto, en una lente de cristal. Si en las tinieblas de nuestra existencia llegamos a pulir una lente todos juntos, y captamos y concentramos a través de ella las radiaciones de la Gnosis, podremos encender un fuego. Por lo tanto, hay una considerable diferencia en el hecho de que sólo sea un hombre el que esté en el desarrollo de los dones y de las tareas o, por ejemplo, un centenar. A esto aspira la Escuela Espiritual: formar un grupo de hombres que se encuentren verdaderamente en la renovación, y estén realmente penetrados por ella, de manera que, espontáneamente, sin ningún tipo de presunción ni jactancia, en virtud de su ser tocado por la Gnosis, puedan desplegar e irradiar una fuerza tan formidable que engendren increíbles resultados.

Esto es lo que Pablo, en su Epístola a los Romanos, llama la manifestación de los hijos de Dios, de la que dice que toda la creación espera con un ardiente deseo. Pues la criatura y la creación (el hombre dialéctico y su campo de vida) están subordinados a la muerte. La criatura está totalmente prisionera de las ataduras de esta naturaleza. Y ahora la creación espera la revelación de los hijos de Dios, con el fin de que desde aquí abajo, en la impía existencia de esta naturaleza, pueda ser inflamado el Espíritu Santo.

De tal grupo de servidores y servidoras del pueblo de Dios, irradia el Espíritu Santo transformado en cinco corrientes claramente perceptibles. Son las cinco tareas que ya hemos citado, las cinco tareas mencionadas en la primera Epístola a los Corintios, capítulo 12, como: El don de fuerzas, el don de curación, la capacidad de socorrer, la capacidad de guiar y el don de lenguas.

Un hombre liberado en la Gnosis emite, en primer lugar, fuerzas, ya que cuando el átomo‑chispa de Espíritu, la preciada joya situada en la cúspide del ventrículo derecho del corazón, es alcanzado por la radiación del sol gnóstico, refleja él a su vez esta radiación. A este proceso de refracción lo llama Pablo el don de fuerzas. En cuanto un hombre experimenta este toque de la Gnosis, desde ese mismo instante, las fuerzas irradian de él espontánea e independientemente de su voluntad. Emanan de él por sí solas. La fuerza reflejada por el átomo del corazón no es suya, sino de la actividad del sol divino. Este es el don de fuerzas: el proceso involuntario de refracción del átomo original.

Más tarde, cuando el proceso avanza en el alumno y alcanza el santuario de la cabeza, haciendo que la corona irradie detrás del hueso frontal ‑radiación de la que dan testimonio los ojos‑ y cuando posteriormente se manifiesta el nuevo circuito magnético, el segundo fuego de la serpiente, estas radiaciones de fuerzas se vuelven cada vez más fuertes, cada vez más poderosas.

Si en la Escuela Espiritual hay cierto número de tales hermanos y hermanas, cuando un grupo de buscadores sinceros acuda a la Escuela para asistir a un curso de introducción o más tarde visite algún Templo, ese grupo será tocado por las fuerzas que irradien de esos alumnos. Serán admitidos en las «aguas de Siloé» y reaccionarán a ellas. Si este grupo está compuesto de verdaderos buscadores, de hambrientos de Espíritu, ellos reconocerán la acción de esas fuerzas. Se podría decir que respiran por primera vez, y lo manifiestan diciendo, por ejemplo: «Qué bien se está aquí! Hay algo especial! Qué es ello?» Encuentran que la Escuela Espiritual es algo único, excepcional. Están como encantados. Es la primera experiencia de cada alumno de la Escuela, y muchos son los que no pueden dejar de expresarlo y manifestarlo. En esta experiencia, se encontraban bajo el don de fuerzas.

Y cuando los pacientes (esta designación es completamente exacta, pues todos los hombres, en tanto que microcosmos, están enfermos) continúan aspirando al Espíritu Santo, hasta tal punto que se les puede aplicar las tan bellas palabras del salmista: Como una corza suspira en pos de las corrientes de agua, así mi alma aspira a ti, oh Dios, entonces, este don de fuerzas se vuelve un don de curación. Y la fuerza que, transformada, irradia desde el átomo del corazón de algunos, alcanza igualmente el átomo del corazón, la rosa, en los buscadores.

Este toque de fuerzas, al principio poco concentrado, llega rápidamente, en la Escuela Espiritual, a una condensación, en la que la nube de fuerza de luz en que se encuentra el buscador se condensa primero en un foco, y a continuación forma un rayo. Este rayo, este fuego, se dirige a la rosa, al átomo del corazón, al centro exacto del microcosmos. Y si esta rosa en el santuario del corazón se muestra receptiva, si este capullo de rosa puede abrirse algo por esta fuerza de radiación, el don de curación empieza a trabajar. A partir del momento en que el capullo de rosa en usted se muestra receptivo a esta fuerza, ello prueba que usted asimila, que no se tumba al sol místicamente en este don de fuerzas ni permanece inmóvil en la inhalación, diciendo: «Oh, qué bien se está en el Templo de la Rosacruz!» Entonces, esta fuerza penetra en usted, la rosa se abre, se reconforta, y a partir de ese instante se desarrolla en usted un proceso, un proceso de reconstitución que, por el momento, es aún de «segunda mano», es decir, que está bajo la acción del don de fuerzas transformadas por otros. El don de curación le ha tocado: ha empezado en usted el proceso de santificación. Es un proceso preparatorio que, más tarde, será asumido por la Gnosis.

Es evidente que en esta situación se crea entre la Escuela y el alumno una unión muy especial. La fase del «Oh, qué bien se está!» ha pasado. Pues este proceso de reconstitución, este toque interior, provoca muchas veces sufrimiento. Es un fuego que a menudo le chamuscará. Pero gracias a este toque de curación, usted progresa en el camino y, como consecuencia de ello, puede ser emprendida la tercera tarea, el tercer trabajo en provecho del candidato.

A él o a ella se le ofrecerá la ayuda correcta, según su situación magnética particular. La capacidad de socorrer se muestra al candidato como una realidad. Aunque, hablando de forma general, cada camino se dirige al mismo objetivo, las experiencias de cada uno son muy particulares; sus situaciones, dificultades y conflictos son extremadamente individuales. En esto será usted ayudado. La Fraternidad recorre con usted el camino que se corresponde completamente a su propia situación. Por ello, las experiencias de los alumnos son, en muchos aspectos, esencialmente distintas. Usted será ayudado en sus condiciones electromagnéticas particulares. No es el firmamento microcósmico del ser aural diferente en cada uno? Las radiaciones del ser aural, de este firmamento magnético, no hacen sonar una melodía vital propia en cada uno? Pues bien, la Fraternidad lo tiene presente, y por esto usted recibe la ayuda que necesita en cada una de sus situaciones particulares.

Si esta ayuda es concedida, usted es «guiado» (la cuarta tarea). En ese momento no se puede hablar de libertad. Usted dice «quiero ser libre» porque lo ha oído desde el pasado más antiguo y porque resuena como un presagio de la verdadera vida liberada, pero en este punto de su camino no se puede hablar todavía de libertad. Pues, qué sabe usted del camino? Por qué lado debe tirar? Sabe lo que significan todas las experiencias en el camino? Usted no sabe nada de ello! Especula únicamente. Por esto, si desea seriamente recorrer el camino y da prueba de perseverancia en el proceso de desarrollo indicado, llega un momento en su vida en el que es guiado corporal y literalmente. Pues su ser del yo, su conciencia ordinaria según la naturaleza, no puede comprender este proceso, no puede sujetar el timón, debe desaparecer. Y cuando usted coloca su yo en un segundo plano, no puede aparecer de buenas a primeras una nueva conciencia que asuma la dirección de su sistema.

Por ello, la Fraternidad interviene con su capacidad de guiar y en el candidato resuena: «Ahora vamos a ayudarte; ve derecho hacia la meta, cruzando a través de todo, porque te lo has ganado, porque ahora puedes ser ayudado». La relación que se establece con la Fraternidad, puede leerse en el Salmo 139, en el que el alma guiada canta:

Señor! Tú me rodeas por detrás y por delante,

todos mis caminos te son conocidos.

Si subiere a los cielos, allí estarías tú;

y si debiere habitar las partes más bajas de la Tierra,

allí también tu mano me conduciría.

 

Estas palabras se refieren a la cuarta tarea, a la capacidad de guiar, que canta el Salmo 91:

Ordenará a sus ángeles que te guarden en todos tus caminos. En las palmas te llevarán, para que tu pie no tropiece con piedra alguna.

 

No se trata, ni muchísimo menos, de que al recorrer usted el camino, su ser del yo se vea confrontado con las situaciones más violentas y diabólicas. Si usted pone a su yo en segundo plano y confía todo su ser a la dirección de la Fraternidad, este cuarto sol se levantará en usted y será guiado a través de los valles más tenebrosos como si fuera por un camino llano.

Y cuando la cuarta tarea está cumplida, y el candidato ha llegado a cierto punto, experimenta, en quinto lugar, el don de lenguas. Le es transmitida la Enseñanza Universal. En la transformación del santuario de la cabeza comienza a hablarle el secreto universal y los velos caen de sus ojos. Llegado a este estado, el candidato, por primera vez en su vida, contempla cara a cara el camino por excelencia. El Espíritu Santo desciende sobre él, en un contacto de primera mano, y la rosa en el santuario del corazón, completamente florecida, se abre totalmente a la luz del sol de Dios.

Lo que el candidato, hasta ese momento, había leído u oído de la Enseñanza Universal, sólo era la imagen exterior de los misterios. Esa imagen, a pesar del magnífico servicio prestado, palidece ahora. El candidato entra, en ese mismo instante, en el círculo de los ayudadores, en la cadena de los hijos de Dios. Se ha vuelto un participante de la nueva raza.

V

 

Los poderes (I)

 

 

Hemos explicado cómo el buscador se hace alumno, y cómo, por medio de cinco tareas o corrientes, que se manifiestan en la Escuela Espiritual, se conduce el alumno hasta el despliegue de la rosa. Veamos ahora de qué manera se desarrollan los nuevos poderes cuando la rosa ha florecido, es decir, cómo se obtiene de hecho el don de curación y cómo podrá actuar, con la ayuda de este don, el hermano o la hermana admitido en el pueblo de Dios.

Queremos señalar una vez más que el término curación, en sentido gnóstico, significa la restauración del microcosmos caído hasta llegar a su estado original. Sólo se puede hablar realmente de curación, cuando el microcosmos puede regresar a su esplendor original. Curación significa, por lo tanto, santificación o reconstitución, y el don de curación es el poder que permite desencadenar este proceso en un hombre. Tal como dijimos, este don se basa en la fuerza transmutada del Espíritu Santo, en la fuerza de radiación de la Gnosis que, transformada, irradia del ser del curador y se manifiesta en cinco corrientes claramente perceptibles. Son las cinco corrientes magnéticas del nuevo campo de vida.

Por otra parte debemos insistir en que la fuerza liberada y utilizada en el don de curación es una fuerza recibida de la Gnosis, pero que no puede ser designada, sin más, como «Espíritu Santo». Es un fluido magnético transformado, por lo tanto, una fuerza gnóstica reflejada. Una fuerza debilitada necesariamente por el sistema de refracción y cambiada en cierto sentido. Este hecho implica, al mismo tiempo, que el don de curación no puede ser nunca absoluto, al menos mientras el microcosmos no se eleve a la perfección. Es decir, el don de curación sólo llega hasta cierto límite, en el cual el instructor se separa del alumno y lo confía a la Gnosis misma. El instructor siente y confiesa espontáneamente su debilidad, su limitación, y encuentra un apoyo en la colaboración con todos los hermanos y hermanas. Pues es evidente que cuando cierto número de trabajadores, que disponen del don de curación, se unen en una comunidad viva y vibrante, la fuerza limitada es multiplicada. Si un gran número de personas se elevasen en este nuevo poder, podrían encender una fuerza magnífica, una luz extraordinariamente potente, en estas tenebrosas regiones.

Los verdaderos trabajadores nunca buscan su fuerza en el aislamiento, sino que siempre aúnan sus fuerzas. No desean ningún papel predominante. Saben que todos los valores gnósticos que pueden reflejar, son conservados en el campo de fuerza y están al servicio de todos los que tengan necesidad de ellos.

Ahora bien, como usted sabe, la primera Epístola a los Corintios cita nueve poderes del hombre nuevo, entre los que se encuentra también el don de curación. Podría preguntarse si, tras la abertura de la rosa, estos nueve poderes toman forma simultáneamente en el alumno. Pues bien, este no es el caso. Dichos poderes se desarrollan y se manifiestan en una sucesión determinada, que queremos indicarle con cierto detalle.

El primer poder citado por Pablo es el poder de la fe o de la transmisión de la fe. Es el poder de reflejar y proyectar, en el átomo original de un buscador, la radiación de fe de la Gnosis recogida en el ser del instructor, y así llevar este átomo a cierta actividad. Cuando este poder puede ser aplicado, tal buscador recibe en el mismo instante cierta medida de fe. Al principio será una fe en el instructor en cuestión, una fe en sus palabras, y esta fe inicial posee naturalmente todos los elementos posibles para un desarrollo ulterior. El buscador que ha llegado a tener fe, no posee todavía el poder de la fe, es decir, aún no puede transmitir esta fe a otros.

La fe siempre está en relación con una determinada radiación del átomo original y, por ello, es algo completamente distinto a lo que el hombre religioso natural entiende por fe. Este cree por autoridad y, en la mayoría de los casos, es dirigido como un autómata. Sin embargo, la fe, tal como la entiende la Escuela Espiritual, es siempre una consecuencia de la actividad del átomo‑chispa de Espíritu. Como usted sabe, el átomo original tiene un poder atrayente y un poder radiante. La fe, este primer poder del alumno que llega a ser instructor, es un estado en el que el átomo original asimila directamente la Gnosis e, irradiándola, despierta una actividad en el átomo original del buscador.

Usted puede comparar esto con un rayo de luz. Imagínese que una poderosa luz irradia encima de un templo, pero cuya penetración se ve impedida por el techo, y que un instructor, hallándose sobre el podium, se encuentra en una situación más propicia para captar algo de esa luz y transmitirla a los que están reunidos en el templo, por consiguiente, para reflejarla sobre ellos. Más o menos así debe usted considerar la actividad del primer poder.

Tal como hemos dicho, el buscador ‑como consecuencia de esta actividad reflejada‑ tiene fe en el instructor, cree en lo que del instructor irradia hacia él, porque él lo siente. Lo que emana del instructor no es, pues, autoridad. El instructor no es una autoridad que se impone al alumno, no se coloca por encima de él; la fe en el instructor es parte de un proceso en el que son admitidos ambos, instructor y alumno. De igual modo que el instructor experimenta la acción de la luz, así la experimenta también el alumno y la siente en el santuario del corazón. Si esta actividad no tiene lugar, esto demuestra que el interesado no posee el átomo original o que todavía está demasiado cerrado, demasiado centrado en la línea horizontal de este plano de existencia, para que la mencionada actividad de la fe pueda tener éxito.

Aun cuando el buscador tenga fe en lo que irradia del instructor hacia él, y le sea explicado con palabras o de otra forma, este estado del alumno, sin embargo, no encuentra su base en la Gnosis misma. Todavía tiene necesidad, en primera instancia, de una especie de intermediario, de un sistema reflector.

Pero si el creyente recorre efectivamente el camino, la fuerza de su fe crecerá continuamente, hasta que por fin tendrá lugar una realización de primera mano. Es conducido a este estado por medio de cinco corrientes, de cinco tareas, que emanan de la Escuela Espiritual. Si el alumno, que inicialmente llegó a la fe, no recorre el camino, pierde rápidamente la unión establecida, o ésta se transforma en cierta tendencia a la animosidad, a la contrariedad, que incluso puede degenerar en oposición y hostilidad. Así, podemos establecer que la fe, en tanto que poder, es el primer don que está en relación con la actividad mágica y, por lo tanto, creadora del átomo original en el santuario del corazón.

El instructor en desarrollo, prosigue hasta el segundo poder, el poder de sabiduría. Este poder provoca una actividad del círculo de fuego de la kundalini (*), situado alrededor de la pineal (*), en el santuario de la cabeza. Como consecuencia de esta actividad, el hemisferio cerebral derecho del candidato es conducido a un estado nuevo. En la estructura, en las diversas circunvoluciones de la sustancia cerebral, se encuentran centenares de puntos magnéticos, unidos a los puntos magnéticos correspondientes en el ser aural. De esta forma, líneas de fuerza unen las situaciones magnéticas del ser aural con los dos hemisferios cerebrales.

El segundo poder ocasiona, especialmente por una nueva actividad de la pineal, la ruptura de la unión entre el hemisferio cerebral derecho, con sus puntos magnéticos, y los lazos concordantes en el ser aural. Los lazos con el firmamento aural son, por así decir, cortados y otras uniones aparecen en su lugar. Como consecuencia, la fuerza gnóstica que ha tocado el átomo original y que, por la actividad del timo y la circulación sanguínea, ha alcanzado el santuario de la cabeza, independizándose de muchas restricciones dialécticas en el candidato, adquirirá cierto grado de libertad. De esta manera se libera en él el segundo poder. Con la ayuda de este poder, el instructor podrá, cuando lo desee, captar más o menos intuitivamente una imagen de la realidad y proyectarla en la conciencia del alumno o alumna que tiene fe en él o en su enseñanza. Este segundo poder concede, por lo tanto, un poder plástico. Es algo de la futura conciencia jupiteriana, de la que ya habló Max Heindel, entre otros.

Si la unión de fe entre el instructor y el alumno no existe, o si es demasiado débil por el momento, la proyección de la imagen no tendrá éxito. El alumno no comprenderá nada, u obtendrá una representación totalmente incorrecta de la imagen proyectada. Esta es la razón por la que el trabajo, respecto a un alumno, puede estancarse en un momento dado. El alumno no vibra en su fe, la unión de fe está debilitada y cuando, por medio del segundo poder, debe proyectarse hacia el alumno una imagen determinada, no se consigue un resultado positivo. Si, por ejemplo, la proyección de la imagen tuviera por objeto hacer comprender muy claramente algo al alumno, porque hubiera llegado el momento para ello, y por consiguiente se quisiera colmarle de entusiasmo y alegría, el concernido, en ese momento, permanecerá totalmente indiferente. Nada de lo que le es transmitido le podrá poner en movimiento.

Sin embargo, en caso positivo, cuando el alumno reacciona inmediatamente, demuestra que la imagen recibida provoca al mismo tiempo una tempestad en él. Surgirán innumerables preguntas y problemas, con los que abrumará al instructor. Por ello, el instructor deberá disponer en dichos momentos de un tercer poder, que Pablo llama «el poder de comprensión». Es el poder con cuya ayuda puede analizar la imagen intuitiva y resolver los problemas planteados. Por este poder, el resultado del análisis podrá ser grabado en el alumno en tanto que noción.

El tercer poder tiene su base en los lóbulos frontales de la sustancia cerebral. Por la acción del círculo de fuego de la kundalini, es cambiado primero ‑como ya se ha dicho‑ el hemisferio cerebral derecho, de donde resulta el segundo poder. A continuación, los lóbulos frontales de la sustancia cerebral entran en este proceso de transformación y, como consecuencia, el tercer poder se demuestra. Con este tercer poder, que se eleva de la sede de la inteligencia, de la comprensión, situada detrás del hueso frontal, el instructor, como fácilmente se comprenderá, será para el alumno extraordinariamente provechoso, ya que ahora puede dar indicaciones concretas y marcar directrices, cuyas ventajas y necesidad serán vistas en todos sus aspectos como algo evidente. Cuando esta actividad alcanza su objetivo, el alumno tiene la sensación de que todas estas cosas son obvias. Dice entonces, con una convicción interior: «Sí, esto no puede ser de otra manera.» O: «Todavía no puedo comprenderlo perfectamente, pero sé que es verdad. Todo mi ser participa de esta certeza.» Este es el resultado del tercer poder.

El instructor dispone ahora de tres poderes: primero, el poder de encender la fe en un hombre predispuesto; segundo, el poder de proyección de imagen; tercero, el poder de transmitir a la conciencia del alumno el análisis inteligente de la imagen, en tanto que comprensión y noción.

Entonces, se desarrolla el cuarto poder que Pablo llama «el poder del dominio de las fuerzas». Este poder aporta la realización provisional de los procesos en el santuario de la cabeza. Proporciona al instructor una nueva voluntad. En este momento, el instructor se vuelve al mismo tiempo un sacerdote. Este cuarto poder nace de una constelación transformada en el hemisferio cerebral izquierdo, como consecuencia de la cual el instructor puede dominar y dirigir totalmente todas las fuerzas manifestadas hasta ahora en él por la Gnosis y, lo que es más importante, emplearlas para la salvación de los alumnos. De este modo, no se producirá en el trabajo ni rutina ni hábitos ni monotonía, sino que según la actual situación del mundo, de la humanidad o de la Escuela, se actuará con toda la fuerza requerida y con la palabra conveniente. El aportará movimiento, y despertará y mantendrá despiertos al grupo de alumnos.

Quizás haya notado que esta exposición muestra mucha similitud con un desarrollo oculto‑científico normal. De ello podrá deducir hasta qué punto la ciencia oculta intenta imitar este desarrollo, que tiene por objetivo la liberación de la humanidad de su estado de caída. La imitación consiste en que estos procesos se desarrollan por medio del yo. Esta imitación puede llevarse a cabo, evidentemente, pero entonces se obtiene una caricatura. El desarrollo que aquí tratamos con usted en nombre de la Escuela Espiritual, es un desarrollo que procede y nace de la fuerza de la Gnosis, de la fuerza del Espíritu Santo, del estado en que el hombre juanista dice: No yo, sino él, el Otro, debe crecer.

Cuando este dominio de las fuerzas está presente, puede manifestarse el quinto poder, como una síntesis de los cuatro precedentes. Este quinto poder es el don de curación. Sintetiza en el cerebelo todos los poderes precedentes, teniendo como punto central la médula oblonga, y en el mismo instante hace del instructor un mago, un sacerdote‑rey del pueblo de Dios. Sólo en ese momento, el instructor entra con todo derecho al servicio de la Fraternidad, al servicio de la Gnosis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

Los poderes (II)

 

 

Hemos dicho que el primer poder del hombre nuevo consiste en encender la fe en el hombre que está preparado para ello. En segundo lugar, se desarrolla el poder de proyección de imagen. En tercer lugar, el poder de grabar en la conciencia del alumno el análisis inteligente de la imagen. En cuarto lugar, el poder del dominio de las fuerzas, que tiene relación con la nueva voluntad. Y en quinto lugar, la síntesis de estos cuatro poderes: el don de curación. Solamente este quinto poder hace del instructor un verdadero mago en el sentido de la Gnosis. Veremos ahora por qué.

Le hemos descrito al instructor como un trabajador que está en unión directa con la Gnosis y que refleja la fuerza gnóstica en el sistema del buscador. El puede, en efecto, realizar una gran obra, gracias a este poder de refracción y proyección. El despierta la fe en el buscador y posee un poder plástico para proyectar algo de la gloria y de la majestad de la realidad. Tiene un poder intelectual que le permite analizar lo que transmite y, en cierta medida, dispone de un dominio de fuerzas, que le permite intervenir de manera correcta. Sin embargo, el instructor no puede aportar todavía ‑ejecutando este cuádruple trabajo‑ un verdadero cambio fundamental en el sistema, en el microcosmos del alumno.

El alumno de la Escuela de la Rosacruz está lleno de interés por las cosas nuevas, está muy entregado y sin duda colmado de un nuevo comportamiento; también es un hombre con una moralidad elevada y extremadamente respetable. Sin embargo, aún no se puede hablar de lo que podría denominarse «modificación del tipo», y sólo esto demostraría la existencia de otra conciencia. Cuando el hombre vive invariablemente según su tipo habitual y deja de ver a alguien durante, por ejemplo, diez años, al volver a encontrarle en su camino por la vida, podrían decirse mutuamente: «Ha envejecido y está encanecido, pero todavía es exactamente el mismo de siempre.» Viejos amigos que no se han visto durante años, pueden decirse esto, demostrando al mismo tiempo que no se ha producido ningún cambio interior.

Pero cuando en la Escuela Espiritual se produce un toque por la Gnosis, aparece de inmediato una modificación del tipo, y se podría exclamar, si se volvieran a encontrar: «Qué formidable cambio se ha producido en usted!» Este cambio tiene relación, sobre todo, con una transformación del carácter, puesto que el carácter es la síntesis de todo el sistema magnético del hombre. Mientras no haya tenido lugar ninguna modificación en el sistema magnético y en el carácter, en las propiedades fundamentales del carácter, no es posible que este hombre haya entrado realmente en el proceso de curación. Puede dar pruebas de un comportamiento puro, de un cambio ético, ser un hombre eminente, pero no puede hablarse, lo repetimos, de una transformación fundamental. A lo sumo se puede decir que el alumno, bajo la dirección del instructor, aprende a comprender y a experimentar de manera filosófica e hipotética el nuevo ser humano. Sin embargo, todavía no se puede hablar de un cambio biológico, estructural, de una experiencia biológica, estructural, de la vida nueva, y mucho menos de una curación. O el instructor no posee en esos momentos el don de curación o, poseyéndolo, no puede aplicar este don, porque el alumno concernido no está preparado o todavía no está abierto para ello.

Hemos visto que curación es sinónimo de santificación. Cuando un hombre es admitido en tal proceso, esto es percibido de inmediato por los cambios extremadamente notables que tienen lugar en el microcosmos. Y éstos, como ya dijimos, tienen relación con la modificación del carácter y, por consiguiente, con el sistema magnético fundamental. Para poder admitir a un alumno en la fuerza de curación, no basta que el instructor haga empleo de su poder transformador. Si esta posibilidad existiera, entonces se trataría de un nuevo método de curación por magnetismo. La transmisión de fuerzas, tal como es del agrado en ciertos círculos, podría tener lugar, por ejemplo, por la imposición de manos, por gestos de bendición, por pases sobre el cuerpo, o por la pronunciación de mantrams (*).

No, el que un alumno sea susceptible de entrar en el proceso de santificación, está determinado en primer lugar por el estado de ser del propio interesado. El debe efectivamente estar a la altura de ello. Debe demostrar una plena disposición y se debe poder esperar que, pase lo que pase, perseverará. El instructor que posee el quinto poder no hace, de hecho, nada por tal alumno. No hace ningún gesto, no pronuncia ninguna fórmula de oración. Vamos a intentar explicarle lo que ocurre realmente.

Imagínese que un alumno se ha ennoblecido para el proceso de curación, que ha obtenido participación en el proceso de santificación. Esto quiere decir que él será unido de primera mano, sin ningún intermediario, con la fuerza de la Gnosis. Bajo la dirección del instructor, él ha atravesado el proceso preliminar, que comienza con la entrada en la Escuela Espiritual, y ahora está ennoblecido para la curación, para una unión de primera mano con la Gnosis. Esto es lo que en la Biblia se llama el descenso del Espíritu Santo, lo que se busca tan diligentemente en las iglesias.

Para realizar esta unión, es necesario lo que se podría llamar «una inflamación». El «ser inflamado por el Espíritu de Dios», tal como lo denominaban los rosacruces antiguos, es realmente una inflamación, una combustión. Esta inflamación, esta toma de contacto, se realiza por el instructor que posee este quinto poder. Piensen, en un ejemplo sencillo, en una conducción eléctrica. Se ha colocado una conducción eléctrica, se ha tenido cuidado hasta de los más pequeños detalles, las bombillas están enroscadas, pero todavía falta la conexión con el cable principal. Cuando esto tiene lugar, la energía circula por la conducción y las luces se encienden.

En el caso del alumno de nuestro ejemplo, surge al respecto una dificultad fundamental, a saber, una muy molesta diferencia vibratoria, una diferencia de potencial. Todo el sistema microcósmico del alumno es de una vibración mucho más baja que la del campo de vida de la Gnosis, y una irrupción violenta de la Gnosis en el sistema del candidato provocaría una gran alteración, podría incluso llegar a ocasionar una combustión y diversas enfermedades inflamatorias.

Por esta razón, el instructor interviene como inflamador, en tanto que intermediario muy impersonal y muy temporal. El se coloca mentalmente entre la Gnosis y el alumno, invoca para el alumno las fuerzas de la Gnosis, debilitando por un momento la vibración para recibir, por así decir, en su lugar, el primer golpe y, a continuación, cuando el contacto está establecido, se retira inmediatamente. En este caso, el instructor no es más que un trabajador que establece, de manera precisa, la conexión entre el cable principal y la nueva conducción. Este trabajo sólo puede tener éxito cuando el alumno, en un momento psicológico, no se lo espera. Puede estar ocupado en su trabajo habitual, o, por ejemplo, lavando las tazas en la cocina. El instructor está, por lo tanto, ausente, de modo que toda exaltación o manifestación dialéctica, toda oportunidad para que el alumno se envanezca, está excluida absolutamente. Por consiguiente, queda demostrado que este proceso no tiene el más mínimo carácter personal.

Cuando esta inflamación ha tenido lugar, el interesado se ha convertido en un hermano o hermana del Círculo Apostólico. En la Escuela Espiritual, conocemos tres fases de instrucción, actividad y crecimiento: en primer lugar, la escuela de orientación y de introducción, llamada también el Atrio, la Escuela de la Rosacruz; en segundo lugar, la Escuela de la Conciencia Superior, en la que el proceso preparatorio es conducido más adelante; y en tercer lugar, el Círculo Apostólico, en el que el alumno entra en unión directa con la fuerza de la Gnosis misma. Ser llamado a este Círculo Apostólico implica, por consiguiente, al mismo tiempo, una transformación. Esta llamada y esta transformación tienen lugar de manera impersonal, fuera de la presencia del instructor, sin que haga falta un ritual, un servicio, un mántram, una imposición de manos, un gesto de bendición u otra cosa parecida.

Ahora usted puede preguntarse: Este don de curación no tiene nada que ver entonces con un restablecimiento corporal, en el caso de que, por ejemplo, el cuerpo estuviera sometido hasta tal punto a sufrimientos, que pudieran presentarse obstáculos espirituales, o que el trabajo pudiera retrasarse en uno u otro sentido?

A esta pregunta hay que contestar lo siguiente: Cuando el alumno está unido de primera mano con la Gnosis, todas las vicisitudes de su vida están en manos de la Fraternidad. El está entonces unido a los siete focos, a las siete escuelas, a las siete veces siete fuerzas. Y quien conoce la Enseñanza Universal, sabe que el número siete o, mejor dicho, la ley del siete, ocupa un lugar importante en la actividad de todas las vibraciones magnéticas de la Fraternidad Universal.

Hay una ley de realización séptuple. Si, por su entrada en el Círculo Apostólico, un alumno abre para sí mismo, de manera espontánea y evidente, esta ley, también recibirá, sin duda, en esta armonía divina, todas las fuerzas que necesita para realizar su tarea. Su configuración corporal será mantenida en equilibrio tanto tiempo como sea necesario, incluso si su salud fuese especialmente débil.

Tal vez comprenda ahora por qué llamamos mago al poseedor del quinto poder, mago por la gracia de Dios. El es el inflamador impersonal de la salvación divina, al servicio de la Fraternidad Universal. Y estará claro que si quiere efectuar este trabajo de la manera correcta, el instructor debe disponer todavía de un sexto poder, a saber, el poder de discernir los espíritus, tal como lo designa Pablo.

El mago servidor debe conocer las leyes del discernimiento, pues ellas determinan quién debe ser ayudado en ciertas fases. Simpatía o antipatía no entran en juego, esta ley no guía al instructor; aunque el candidato le fuera muy antipático: «Si el alumno está preparado, el maestro aparece». Por ello insistimos tanto en el carácter impersonal de este trabajo. Aunque usted fuese encontrado muy simpático, aunque el instructor estuviera unido con verdadera amistad a usted, si no estuviese preparado para cierta fase de ayuda, esta ayuda no le sería dada.

Hay leyes superiores que determinan, que regulan, quienes están ennoblecidos para una determinada fase. Comprenderá que no se puede dar información al exterior sobre la acción y los métodos de este poder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

La muerte absorbida por la victoria

 

 

Queremos atraer ahora su atención hacia la última parte de la primera Epístola a los Corintios, capítulo 15:

 

Pero os digo esto, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, ni lo perecedero puede heredar lo imperecedero. Mirad, os voy a revelar un misterio: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al sonido de la última trompeta; porque ésta sonará, y los muertos serán resucitados imperecederos, y nosotros seremos transformados.

Pues lo corruptible tiene que ser revestido de incorruptibilidad; y lo mortal tiene que ser revestido de inmortalidad. Cuando lo corruptible sea revestido de incorruptibilidad y lo mortal sea revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: La muerte ha sido absorbida por la victoria. Dónde está, oh muerte, tu victoria? Dónde, oh muerte, tu aguijón?

El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. Pero sean dadas gracias a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo.

Por ello, amados míos, permaneced firmes, inconmovibles, progresando constantemente en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

 

Seguramente habrá leído muchas veces este texto, habrá escuchado como lo citaban numerosas veces y quizás lo conozca de memoria. Sin embargo, atraemos una vez más especialmente su atención hacia él. Pues esta cita, si es examinada con atención por quien quiere comprenderla, aporta literalmente el mismo mensaje anunciado por la Escuela Espiritual moderna. La Escuela Espiritual habla con fuerza sobre las mismas cosas, porque se trata del mensaje del final, del mensaje clásico del final de toda dispensación dialéctica, cuando, en un momento dado, las radiaciones de la vida nueva descienden en el tiempo para acoger a todos los que pueden ser ayudados.

Mirad ‑dice Pablo‑, os voy a revelar un misterio. Estas palabras no se refieren a un misterio que sea necesario mantener escondido cueste lo que cueste, sino que se trata de hechos, de realidades, que son secretos y están velados para todos los que están sumidos en la naturaleza. Para ellos, el misterio sigue siendo un secreto absoluto, aunque se hiciese todo lo posible para explicárselo abiertamente. Ellos no podrían comprenderlo. No podrían resolver el enigma y, de nuevo, se verificarían las palabras: Lo que permanece escondido a los sabios y eruditos de este mundo, es revelado a los hijos de Dios.

El misterio es revelado a quienes pueden comprender que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, y que la corrupción no puede heredar la incorruptibilidad. Reflexione sobre esto y observe si puede comprenderlo. Son numerosos en este mundo ‑como, por ejemplo, la mayoría de los hombres orientados hacia la religión natural o hacia el ocultismo‑ quienes piensan que la relación entre el campo de vida dialéctico y la vida original es comparable a la relación existente entre abajo y arriba, y que, por medio de la iniciación, se puede evolucionar desde abajo, subiendo en espiral, hasta penetrar en lo alto, y que, por consiguiente, conservando esta naturaleza y su propio tipo de conciencia, se podría evolucionar o iniciarse en la vida original, partiendo de esta naturaleza. Ya que, para Pablo, «heredar» es entrar en la vida original. Y se razona así: «En el concepto de herencia está implícita la idea de que, en cierto momento, yo recibiré, en calidad de heredero, esto o aquello. Por lo tanto, estoy en camino hacia esta herencia; crezco, evoluciono hacia ella.»

Debe comprender, no obstante, con absoluta claridad, que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios. Que lo corruptible, lo dialéctico, la naturaleza de la muerte, no puede heredar la incorruptibilidad. La dialéctica no puede ni introducirse ni elevarse hasta lo original.

Si usted comprende esto claramente, si percibe la naturaleza de la dialéctica y su unión estructural con ella, si tiene conocimiento de un Reino Inmutable y comprende que todo lo que es de esta naturaleza debe ser totalmente abandonado, si usted confía íntimamente en semejante saber y aspira a la liberación, sabiendo que lo corruptible no puede heredar lo incorruptible, si además puede decir: «No llego a comprenderlo del todo, pero sé que el camino que muestra la Escuela Espiritual es correcto y verdadero, no quiero quedar fuera de él, quiero recorrerlo», si se sabe en tal estado de ser, entonces cae el velo del misterio y todo se vuelve claro para usted.

Usted sabe que cuando un interesado entra en contacto con la Escuela, cuando comienza a estudiar su literatura y asiste al curso de introducción, una de las primeras tareas de quienes imparten el curso es explicarle la esencia de los dos órdenes de naturaleza: la naturaleza de la muerte, de la que provenimos y en la que nos encontramos, y el Reino Inmutable, del cual no provenimos y donde no estamos. Si comprende la relación entre estas dos naturalezas y el grandioso abismo que las separa, entonces está ya maduro para comprender el secreto de salvación del que Pablo nos habla en el capítulo 15 de la primera Epístola a los Corintios. El dice que si usted ya no intenta salir de este mundo por evolución, si ya no intenta llegar a una solución en esta naturaleza, entonces será tomado por la fuerza de la Gnosis en un proceso de transformación. Y añade: En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al sonido de la última trompeta. Lo que significa que en un momento claramente perceptible, la última trompeta comenzará a sonar.

Una trompeta bien afinada posee, como quizás usted sepa, un sonido maravilloso y un poder de penetración extraordinario. Un buen trompetista puede conmover profundamente con el sonido de su trompeta. El sonido de la trompeta es empleado aquí como símbolo de una vibración muy singular, que obtendrá poder sobre el mundo y la humanidad: la vibración del nuevo campo magnético que, por medio de las siete escuelas, está expandido por todo el mundo. La vibración de esta trompeta es asumida por los apóstoles, los profetas y los instructores, por quienes se encuentran desempeñando las tres funciones. Y ella es derramada e interpetrada de numerosas maneras, por medio de los poderes que hemos explicado lo más ampliamente posible, sobre quienes pueden y quieren morir según el yo de la naturaleza. Si usted ya no espera nada de este mundo, no aceptando esto como un dogma, sino como un saber interior, y si está completamente orientado hacia el otro, entonces será tocado por la vibración del nuevo reino: entonces la trompeta resuena para usted. Esta fuerza penetra en el átomo original, penetra en usted y emprende un proceso en su sistema. Todos los que son llamados a esta tarea mundial, los que son admitidos en este proceso, son transformados, literal y corporalmente transformados.

«Cómo y con qué intención?», se preguntará. Usted acaba de escuchar las palabras de Pablo: lo corruptible, lo mortal, lo finito, lo que pertenece a esta naturaleza de la muerte, va a revestir la incorruptibilidad. Lo corruptible no puede heredar la incorruptibilidad, pero puede revestirse de ella, es decir, que es confrontado con ella, con consecuencias claramente comprensibles, pues todo lo que está corrompido en el microcosmos debe ser atacado y destruido, debe desaparecer totalmente.

Y dice Pablo, muchos de entre nosotros morirán todavía durante este proceso, se irán, perderán el cuerpo por la muerte ordinaria. Pero ellos irán, libres de toda naturaleza, hacia el vacío que nosotros conocemos como «el vacío de Shambhala». Serán libres. Quienes hayan entrado en este proceso serán salvaguardados de toda la esfera reflectora. Por ello, si la muerte incidental, la muerte corriente de la naturaleza le alcanzase en esta situación, es decir, mientras se halla en este proceso de cambio, qué importa? Los pretendidamente muertos que se encuentran en ese proceso, dice Pablo, serán resucitados, y los vivos aquí abajo serán transformados. Y en esta resurrección de arriba y esta transformación de abajo, los dos grupos irán al encuentro, por decirlo así, uno del otro. Y en un momento dado todos los velos caerán, serán apartados, y todos estarán en una misma libertad, en una misma fraternidad. Entonces se realizarán las palabras: La muerte ha sido absorbida por la victoria. Muerte, dónde está tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. Pero sean dadas gracias a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo.

Quien está en este proceso puede exultar: «La muerte, ahora, ya no me da miedo.» Si usted está entre los numerosos sonidos de la trompeta, si puede percibir algo de este concierto maravilloso, qué puede hacerle la muerte? En semejante estado de ser, tiene usted miedo a la muerte? No sería absurdo temerla todavía?

Y no pretendemos consolarnos mutuamente, como lo hace, en su ilusión, la masa religiosa natural, diciendo: «Pronto nos encontraremos en el cielo». No, nosotros nos decimos unos a otros: «Nos encontraremos en el nuevo campo de vida!» Fuera de la corruptibilidad, fuera de las pálidas brumas de la noche, nos elevaremos, renovados, hacia la luz de la mañana. Esta es nuestra certeza.

Por esto le hemos hablado de los poderes del hombre nuevo. Por esto hemos atraído su atención hacia estos poderes, porque usted debe saber que el tiempo ha llegado, que la trompeta está presta a sonar, y usted dirá: «Ya percibo sus sonidos» Y en su corazón vivirá esta certeza positiva, la certidumbre de saber. Por ello: Permaneced firmes, inconmovibles, progresando constantemente en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no será vano. La resurrección y la gran transformación han comenzado! Pronto serán desgarrados los velos y estaremos junto con todos los otros, con todos los liberados, en el nuevo campo de vida. Hermanos y hermanas, la noche va a terminar pronto!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

El nuevo campo de vida

 

 

Un nuevo firmamento se ha extendido! Con otras palabras, un nuevo campo electromagnético, un nuevo campo de vida, se ha formado. Este nuevo campo magnético no puede ser explicado por la naturaleza dialéctica. No está formado por ella y no mantiene con ella ningún contacto armonioso. Este nuevo campo de vida envuelve a toda la Tierra. En su extensión no presenta ni interrupción ni discontinuidad. Se puede decir que el mundo y la humanidad están encerrados dentro del nuevo campo de vida. La manifestación de este nuevo campo es designado en la Biblia como «el regreso de Cristo».

Usted podría compararlo con una capa atmosférica uniforme. Y de la misma manera que, durante los tiempos lluviosos, las pesadas nubes se descargan aquí y allá, así también las tensiones acumuladas en el nuevo campo se descargan en los siete focos. Estos corresponden a las siete escuelas. Por estas siete escuelas se desarrolla una radiación horizontal; una vibración procedente de las siete escuelas se extiende, en amplios círculos, por el campo de existencia dialéctico. Debemos comprender esta radiación, más o menos horizontal, como una llamada, una atracción, un despertar y un toque. Si consideramos la radiación del nuevo campo como una línea vertical, ésta formaría, con la actividad horizontal de las siete escuelas, como una cruz, y así descubrimos que una cruz es plantada en la tierra con una fuerza invencible.

No se debe considerar este nuevo campo magnético como un fenómeno repentino y milagroso. No es que no existiese hace cincuenta o cien años y que de pronto se haya manifestado en los últimos años. No se trata de eso. Las profecías de todos los tiempos han atraído siempre la atención hacia esta manifestación maravillosa. La anunciaban como el regreso de Cristo sobre las nubes del cielo, como la manifestación de los hijos de Dios; hablaban de un nuevo día de cosecha; de un nuevo firmamento que debe extenderse; de la retirada de la noche ante la nueva mañana, y de numerosas expresiones más. Puede encontrar esta idea, este anuncio, en todas partes, incluso en los amarillentos manuscritos de los antiguos.

Dese cuenta de que todos estos profetas no hablaban de una visión de sueño, ni por sugestiones de seres divinos, y menos aún con la ayuda de métodos ocultos, pues este tipo de profecías reposa sobre los dones proféticos del mundo dialéctico. Estos no son más que un sucedáneo, una imitación, que nunca están libres de elementos especulativos y, como prueba perfectamente el pasado, pueden provocar mucha miseria. No, los profetas de los que hablamos, aquellos que testimoniaron sobre la próxima manifestación del nuevo campo magnético, sabían lo que la humanidad dialéctica no podía saber. Veían lo que los ojos ordinarios humanos no podían ver. Estos profetas contemplaban una construcción colosal, una construcción en vías de edificación. Tenían conocimiento de un proceso de realización. Conocían la esencia y el objetivo de este proceso, de este desarrollo. Y podían testimoniar con absoluta certeza: «Esta construcción estará un día terminada. Sus resultados se revelarán y lo nuevo se cumplirá.» Por esta razón, en esta profecía no interviene ningún elemento especulativo.

Imagine que puede observar la construcción de una casa construida con una sustancia invisible para usted; que usted conozca el objetivo de esa casa y a quienes la ocuparán, mientras que nosotros, debido a nuestro estado de ser, ignoramos todas estas cosas. Imagine que viene a nosotros y nos habla sobre ello, mientras que nosotros, existencialmente, no podemos saber, ni ver, ni escuchar nada al respecto. Le tomaríamos entonces por un loco o un visionario. O bien, si tuviéramos respeto por usted, diríamos que es un profeta de formato dialéctico. Sin embargo, lo que nos habría anunciado no sería una profecía dialéctica llena de especulación, puesto que nos hablaría y nos daría testimonio de una realidad. Al igual que estas cosas, en razón de su realidad, son visibles para usted, para nosotros, en razón de nuestra realidad, ellas permanecen invisibles. Por nuestra realidad somos incapaces de ver lo que usted percibe.

Un profeta como el que acabamos de describir no especula sobre el futuro. Es un testigo de la realidad. A qué realidad nos referimos?

Nos referimos a que el nuevo campo magnético del que hablamos con tanta insistencia ha sido construido durante miles de años, en el transcurso de eones, y cuando se aproxima una época de cosecha, debe ser vivificado de nuevo y debe efectuar su trabajo para ser elevado ‑por decirlo así‑ al término de la cosecha. Cada Escuela Espiritual que aparece en el tiempo prepara, por medio de su trabajo, sus esfuerzos y su sacrificio, una parte de este campo magnético. De esta forma se vuelve cada vez más poderoso, más grandioso, más dinámico.

La primera Fraternidad de este día de manifestación ha tenido la tarea más difícil, pues debió efectuar realmente el trabajo de pioneros. Para asegurar el éxito de este trabajo, dicha Fraternidad fue constituida por un gran número de enviados que habían alcanzado ya el estado de liberación. Es el grupo denominado la Fraternidad de Shambhala. La segunda Fraternidad tuvo ya una tarea más fácil, pues ella pudo continuar construyendo sobre los cimientos que la primera Fraternidad había establecido, y además pudo contar con la ayuda de la primera Fraternidad de pioneros. Así se prosiguió el trabajo hasta la historia reciente, en la que vemos actuar las Fraternidades Egipcia, India y China, así como los Esenios, los Maniqueos y los otros gnósticos. Finalmente vemos a los Druidas, los Cátaros y los Rosacruces clásicos de hace algunos siglos, y los Rosacruces de los tiempos modernos. Cada uno de estos grupos aportó su contribución al gran trabajo. Cada uno tejió una parte del vestido sin costuras de Jesucristo. Cada grupo colaboró en el grandioso campo magnético.

Y si ahora puede ver algo de esa realidad y habla de ella, acaso será por ello un médium o un astrólogo? Le es esto sugerido por pretendidos iniciados? Es usted un profeta en sentido negativo? O bien da testimonio de su propia certeza científica? Si usted ve cómo es tejido el vestido sin costuras, si usted percibe cómo una nueva pureza magnética extiende gradualmente su resplandor sobre el mundo, y descubre que su poder dinámico va acrecentándose sin cesar, acaso es profetizar negativamente cuando dice: «Se aproxima el día en que los efectos se manifestarán y se harán valer»? Nadie conoce el día y la hora en que ocurrirá, dice la Biblia, pues hay factores que todavía deben surgir. Pero quien lo ve, quien lo contempla, posee esta certeza: El día glorioso se acerca! Si usted puede llegar a esta conclusión, entonces se coloca sobre el fundamento de una realidad científica.

Por lo tanto, no es ninguna especulación profética cuando la Confessio Fraternitatis, al comienzo del siglo diecisiete, decía: Una cosa, oh mortales, ha de ser afirmada por nosotros, que Dios decidió que sería otorgado al mundo, antes de su final, una corriente de verdad, de luz y de grandeza, como la que El ordenó que acompañara a Adán en el Paraíso. Y cuando Karl von Eckartshausen, al comienzo del siglo diecinueve, hablaba de diversas maneras «de la reconstrucción del edificio», se apoyaba en un saber interior muy profundo. El testimoniaba entonces sobre la revelación de los hijos de Dios, sobre la manifestación del Espíritu Santo. Veía el campo magnético en desarrollo y sabía que este campo le tocaba, que formaba parte de él.

Hablamos sobre estas cosas, para que cada uno pueda apropiarse de este saber. El campo de radiación del que hablaban los antiguos profetas nos rodea a todos como «un vestido sin costuras». Este campo de radiación se ha vuelto tan poderoso, el resplandor de la nueva era es tan intenso, que si usted abre su microcosmos a este contacto, percibirá inmediatamente su fuerza de radiación. Y en ese mismo instante penetrará usted en el ser de las dos naturalezas. En el mismo instante, es escrito para usted el comienzo del santo evangelio, sobre la relación entre Juan y Jesús: Enderezad los caminos del Señor. Yo no soy el hijo de Dios, sino el que viene detrás de mí. Yo, por mi existencia según la naturaleza de la muerte, no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias. El que viene detrás de mí es más grande que yo.

Si usted abre su ser, su microcosmos, a este maravilloso campo de vida, esta fuerza de radiación tocará el átomo de su corazón, inflamará todo su ser y le introducirá en un nuevo proceso, el proceso de la transmutación y de la transfiguración.

En ese mismo instante, dijimos, usted se encuentra en el ser de las dos naturalezas: una naturaleza que, como Juan el Bautista mengua, y otra naturaleza que crece, la naturaleza del hombre nuevo. Es evidente que cuando usted entra en este proceso de las dos naturalezas, surge inmediata y espontáneamente en usted, «una diversidad de actividades», como lo denomina Pablo en la primera Epístola a los Corintios, es decir, una nueva actividad de fuerzas, que permiten el desarrollo de nuevos poderes: nuevos poderes en el hombre dialéctico que mengua y nuevos poderes en y por el hombre que va a nacer.

Como consecuencia de ello, el candidato participa en el mismo instante en una nueva serie de funciones, una nueva serie de actividades. Pues cuando la nueva fuerza le toca e inicia en él un proceso, el efecto de ello se demostrará por sus actos. Estas nuevas actividades, esta nueva serie de funciones, hacen indestructible el vestido sin costuras. Ellas recogerán la nueva cosecha.

Imagine que un grupo de hombres sea tocado positivamente por el nuevo campo magnético, y que esas actividades se desarrollen en ellos y se demuestren por ellos. En el mismo momento, formarán como un gigantesco transformador para las nuevas fuerzas magnéticas. La fuerza de Cristo se manifestará por medio de ellos, irradiará ampliamente y rodeará la Tierra. Y de esta manera, por medio de ese grupo, muchos buscadores serán alcanzados y ayudados; esta fuerza reunirá una nueva cosecha, la cual será como elevada hasta el nuevo campo de vida.

Pablo habla de nueve actividades y poderes diferentes, entre los cuales seis ya le han sido explicados. Cada poder, cada actividad es, al mismo tiempo, una aportación al nuevo edificio de Dios, al nuevo campo magnético. Repetimos, para que no lo olvide nunca, que cuando la fuerza del nuevo campo magnético nos toca, las diversas actividades se manifiestan por nosotros. Estas actividades no se explican por una u otra fuerza dialéctica, no pueden ser aprendidas en una universidad, o por medio de la enseñanza, los libros o el estudio. No, cuando se manifiestan, proceden directamente del nuevo campo magnético intercósmico, omnipresente. Entonces es la Fraternidad de Cristo la que testimonia por nosotros.

Así, es evidente que a partir de que una de las nueve actividades se demuestra en nosotros, nos convertimos, en un sentido muy exclusivo, en colaboradores de Dios. Podemos colaborar en el nuevo edificio de Dios, en el nuevo campo magnético. Es lo que los Rosacruces clásicos denominan, en la Fama Fraternitatis, la construcción de la nueva morada Sancti Spiritus. Cuando Cristián Rosacruz ofreció, espontáneamente, a los sabios y eruditos de Europa todos sus dones, todo lo que poseía, y éstos le rechazaron deshonrosamente ‑pues, aunque reconocían su gran valor, descubrían al mismo tiempo que, si querían servir a la Fraternidad de Cristo, debían descender de sus elevados pedestales‑, Cristián Rosacruz se retiró y construyó con los suyos la morada Sancti Spiritus: emprendió un nuevo trabajo de francmasonería. Este trabajo es la participación en el derramamiento de la sangre de Cristo, en su muerte y en su resurrección.

El hombre que vive, trabaja y actúa utiliza fuerza, fuerza sanguínea. Diariamente, el hombre derrama así su sangre, para sí mismo, para su familia, o para terceros. Mientras este proceso se lleva a cabo completamente en esta naturaleza, tal derramamiento de sangre, tal muerte, nunca es liberadora. Pero cuando un hombre penetra en el ser de las dos naturalezas, y por lo tanto participa en el otro campo magnético, es decir, en la Fraternidad de Cristo, su actividad tendrá un resultado completamente distinto. Semejante trabajador, siempre que su trabajo proceda de la nueva naturaleza, derramará su sangre de una manera nueva. El derramamiento de sangre de la antigua naturaleza, mantiene la rotación de la rueda dialéctica; es una muerte perpetua. Pero el derramamiento de sangre de la nueva naturaleza aporta la liberación. Todo lo que usted hace procedente de la nueva naturaleza, por mínimo que sea todavía, tiene un efecto directamente liberador. Cinco minutos de trabajo al servicio de la Fraternidad Universal, en y por la Fuerza de la Fraternidad, tienen valor de oro y mucho más sentido que afanarse durante años en la dialéctica.

El derramamiento de sangre de la antigua naturaleza mantiene la rotación de la rueda, pero el derramamiento de sangre de la nueva naturaleza aporta la liberación. El derramamiento de sangre de la antigua naturaleza encadena a los demás a la rotación de la rueda y les mantiene prisioneros en la naturaleza de la muerte; pero el derramamiento de sangre en y por la nueva naturaleza, impulsa a los demás hacia la liberación, porque semejante trabajo, emprendido a partir de la nueva naturaleza, coopera siempre en la construcción del nuevo campo de vida, de la morada Sancti Spiritus. Y esta morada se volverá un día tan poderosa, la llamada que emana de ella será tan irresistible, que los demás casi estarán obligados a entrar en ella y, con ello, a salir de la naturaleza de la muerte. Por este motivo, el derramamiento de sangre procedente de la nueva naturaleza, de hecho, sólo tiene lugar una única vez en lo que concierne a un hombre, pues quien, tomado por esta fuerza, se entrega totalmente a ella, entrará en la liberación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IX

 

El poder de profecía

 

 

Lo que precede ha dado un significado completamente nuevo al concepto de «servidor» o «servidor de la palabra». O más exactamente, este concepto recupera su significado original. En este sentido, un servidor o una servidora no es alguien que ejerce alguna función mística, o realiza una tarea al servicio de una u otra escuela espiritual; menos aún, que se prepara para realizar, o haya realizado, intelectual, mística o profesionalmente algún trabajo práctico al servicio de la humanidad. No, un servidor, una servidora, en el sentido en el que hablamos, es únicamente quien, habiendo entrado en unión con el campo de radiación electromagnético de la Fraternidad de Cristo, es admitido gradualmente en el gran cambio microcósmico, experimenta una diversidad de actividades y, como consecuencia y espontáneamente, demuestra de manera evidente sus propiedades.

Sólo cuando hemos entrado en unión con el campo de radiación de la Fraternidad Universal y experimentamos su acción en nuestro sistema, podemos hablar de un servicio verdadero, en el sentido que le ha dado siempre la Biblia. Se desarrolla entonces una diversidad de funciones, por las que se extiende y se expresa una serie de propiedades, al servicio práctico del mundo y de la humanidad. Se han tergiversado tanto los conocidos capítulos 12, 13 y 14 de la primera Epístola a los Corintios que, como consecuencia de ello, se presenta a uno recibiendo el don de curación; a un segundo, el de enseñar; a un tercero, por ejemplo, siendo llamado apóstol; y a un cuarto, profeta. Las nueve propiedades enumeradas por Pablo son así esparcidas y separadas para que no puedan actuar eficazmente. La intención gnóstica, sin embargo, es la de que las nueve propiedades se demuestren sucesivamente en el candidato, en una serie completa, hasta que, en un momento dado, irradien de él en su totalidad. Es evidente que entonces importa poco lo que el hombre es social o económicamente en el plano dialéctico, ni que se sea Valentín Andreae, el teólogo, o Jacob Boehme, el zapatero.

El primer don de servicio hace referencia al poder de inflamar la fe en el hombre que es apto para ello. El átomo original del servidor asimila directamente la fuerza de luz de la Gnosis y despierta, por su radiación, una actividad en el átomo original del buscador. Más o menos como un espejo que refleja la luz del sol. Esta luz solar puede ser claramente perceptible hasta en los rincones más tenebrosos. Así actúa el primer poder: por su unión directa con la Gnosis, el servidor refleja la radiación gnóstica y puede inflamar una luz en el corazón del hombre, siempre que en este corazón esté presente un átomo original.

El segundo don de servicio concierne al poder de proyección de imagen. Un buscador puede experimentar la luz; la luz espiritual puede ser reflejada en la oscuridad de su alma. Pero, qué es esta luz y de dónde proviene? El segundo don vuelve al trabajador capaz de ayudar. Gracias al poder plástico que posee, se encuentra capacitado para ello. Con la ayuda de este poder, el instructor podrá tomar, llegado el caso, una imagen de la realidad y proyectarla en la conciencia del alumno que tiene fe. Esto conducirá al alumno a plantear numerosas preguntas: «Por qué esto es así y aquello de tal manera? Cómo debo actuar en tal caso, o en tal otro?» Si no existiera la unión de fe entre el instructor y el alumno, la proyección de imagen, el segundo poder, no alcanzaría su objetivo y el alumno sacaría toda clase de conclusiones falsas, especulativas.

Por esta razón, existe un tercer don de servicio, que consiste en transmitir a la conciencia del alumno el análisis intelectual de la imagen proyectada, lo que le permitirá captarla y comprenderla.

El cuarto don es el poder del dominio de las fuerzas. Esto tiene que ver con la voluntad. Hace de quien lo posee un mago, no por desarrollo oculto, sino por la gracia divina. Un poder oculto procede siempre de una fuerza de la naturaleza, mientras que en este caso se trata de un poder que es el resultado de un toque progresivo del Espíritu Santo.

De la síntesis de estos cuatro poderes se revela ahora en el alumno un quinto don, el don de curación. Solamente este don coloca al servidor en la antiquísima función de sacerdote‑rey. El hombre está enfermo, muy enfermo, y su curación es santificación. Por esta razón, curar es conducir al hombre de nuevo a su morada original. La tarea de este quinto poder abre la posibilidad a la Gnosis de penetrar en el sistema microcósmico del alumno. Hasta ese punto, la luz era proyectada en el alumno por el instructor. Pero a partir de ahora, el alumno debe entrar en unión por sí mismo con esta luz; y el instructor, el servidor del quinto poder desencadena, por inflamación, este proceso de unión de primera mano. Por esta llama, el interesado es unido directamente con la Gnosis.

Debemos considerar este quinto don de servicio en correspondencia con el sexto poder, el poder de discernir los espíritus. Hay leyes de discernimiento que el servidor mágico debe conocer y manejar. No puede permanecer al margen de ellas. Con su ayuda, actuará de forma que su servicio no se ejerza inútil o erróneamente. Sólo cuando el alumno está preparado, puede desarrollarse una nueva posibilidad. Si aún no lo está, entonces debe esperar, pues no puede forzar este proceso. En una Escuela Espiritual de buena fe, nunca se produce derroche de energía, ya que el sexto poder cuida de ello.

 

Dirijamos ahora nuestra atención hacia el poder de lenguas y el de profecía. Desde un punto de vista filosófico, hemos intentado hacerles ver que la profecía, en el sentido de la Enseñanza Universal, no tiene nada que ver con la especulación, la mediumnidad, los resultados de una ciencia oculta o la fantasía, pues el profeta habla o da testimonio de una realidad vista por él, la realidad del nuevo campo de vida. No todo vidente que puede hablar sobre ello de primera mano puede ser llamado profeta. Sólo es profeta quien, en la interacción de las dos naturalezas y poseyendo una unión directa con este nuevo campo de vida, ve los momentos actuales y, por amor hacia la Gnosis y la humanidad, da testimonio de ello y advierte: El tiempo ha llegado!, incitando a quienes le escuchan o siguen a una actividad auto liberadora. Este es un profeta. Juan Bautista fue un profeta de este tipo, tal como hemos dicho. En el himno de alabanza de Zacarías, se dice de él: Y tú serás llamado profeta del Altísimo, pues irás ante la faz del Señor para preparar sus caminos, para enderezar sus caminos.

Quizás dirá usted: «Puede ser que esto sea exacto. Pero, cómo distinguir la verdadera profecía de la falsa? Pues hay muchos profetas en este mundo. Dan testimonio de tantas esferas de influencia diferentes, con tal convicción, y se entregan hasta tal punto, que uno tiende a creerles. Es muy difícil sacar una conclusión correcta. Cómo saber, cuando un profeta se me manifieste, si debo aceptar o rechazar sus palabras? Cuáles son los criterios?»

Como respuesta, le diremos que usted puede reconocer siempre al verdadero profeta, en que su poder profético reposa sobre los seis otros poderes ya citados. En una Escuela Espiritual de buena fe, no se trata de que alguien sea solamente profeta y sólo pronuncie la llamada y dé testimonio del nuevo campo de vida. No, cuando un verdadero profeta eleva la voz, es llevado por la totalidad de fuerzas de los seis poderes precedentes. Pues, qué sentido, qué utilidad tendría la profecía, si aquellos que la escuchan, aquellos a quienes se dirige, no fueran capaces de recorrer el camino que el profeta indica?

Otra posible pregunta sería la utilidad práctica que podría tener el considerar el don de profecía en unión con los seis precedentes. Pues qué utilidad práctica puede aportar la profecía, cuando los seis dones precedentes contienen ya tan grandes posibilidades, han permitido establecer tantas uniones entre el futuro alumno, el alumno‑candidato y el alumno con la Fraternidad? Oír hablar de todos estos aspectos magníficos y de la magnificencia del nuevo campo de vida puede ser muy bello, pero hay en su interior un elemento de utilidad práctica efectiva? No es ya orientado el alumno, gracias a la actividad de los demás dones, hacia el nuevo campo de vida? No se está aproximando a él?

Si esta pregunta surgiese en usted, examine entonces el objetivo y la tarea de la profecía. El objetivo de la profecía es anunciar un nuevo capítulo en el devenir de las cosas, o un aspecto determinado de este devenir. Pero además ‑y atraemos con fuerza su atención hacia este punto‑ el poder de profecía es, en conexión con el quinto poder, igualmente inflamador, dinamizante, vivificador y mágico. Lo que ha sido proyectado y explicado por el poder plástico y por el poder explicativo, es puesto en movimiento por el séptimo poder, por el poder de profecía. Los profetas son así los que inflaman la corriente de la Gnosis en el tiempo. No testimonian simplemente: «He visto esto o aquello», sin ir más lejos, sino que mientras profetizan, efectúan al mismo tiempo la inflamación, la dinamización del proceso que anuncian.

Se podría comparar esto con el acto de encender una mecha ya preparada. La mecha está preparada, y ahora es necesaria una llama que la encienda para que la explosión tenga lugar. Otra imagen: una corriente de agua retenida por un obstáculo o por alguna barrera. El profeta anuncia: «El agua nueva está aquí y hay abundancia para todos», y entonces derrumba con un hacha la barrera y elimina el obstáculo, de manera que la corriente puede fluir.

El profeta no se limita a decir: «El tiempo ha llegado, ahora va a ocurrir», sino que, teniendo en cuenta las intenciones y las indicaciones de la Fraternidad, cuida también para que esto ocurra realmente. Los profetas son, por lo tanto, constructores, que no solamente pronuncian la Palabra, sino que también la realizan. La realizan por medio de una revolución, una revolución sin lucha ni violencia.

El «Hora Est» pronunciado en estos años se refiere a la preparación y dinamización de toda una nueva posibilidad en el transcurso de nuestro tiempo. Y su intención es hacer de usted, en la medida de lo posible, según las palabras de la Epístola a los Efesios, capítulo 2, morador de la casa de Dios, conciudadano del nuevo campo de vida. Debe considerar esta posibilidad como algo muy próximo a usted. Dicha posibilidad no concierne a un proceso que debe ser puesto en actividad por fuerzas divinas, por entidades celestes. No, las posibilidades nos son ofrecidas por fuerzas celestes, pero deben ser utilizadas por usted: usted debe realizarlas, debe emplear los materiales de construcción.

Usted debe prepararse a sí mismo para ello. Usted es llamado a ser habitante de la casa de la Gnosis. Usted será admitido como en una casa nueva y podrá vivir en ella si coopera en su construcción. De qué manera será usted uno con esta nueva casa, la Epístola a los Efesios, capítulo 2, lo expresa diciendo: será como una piedra viva, edificada sobre los cimientos de los apóstoles y profetas, con el propio Jesucristo como piedra angular.

Comprenda estas palabras! Un profeta al servicio de la Fraternidad Universal nunca empleará el poder profético ininteligentemente, por ejemplo por la emoción o el entusiasmo, ni tampoco actuará impulsado por un interés personal o por una disposición humanitaria. No, él sólo construirá, sólo puede y debe construir sobre la piedra angular del campo magnético de Cristo. En esta fuerza puede construir, pero únicamente en la medida en que esté legitimado para la aplicación del poder profético. Se trata de un poder formidable, del que apenas podemos percibir sus límites. Es de una naturaleza tan extensa y aporta con él una responsabilidad tan abrumadora, que es necesario explicarle ampliamente los problemas que conlleva.

X

 

El poder de lenguas

 

 

El capítulo 14 de la primera Epístola a los Corintios comienza con las palabras: Buscad el amor y aspirad a los dones del espíritu, y sobre todo al de profecía.

El don de profecía, tal como dijimos, es el más útil y necesario en cuanto al desarrollo de las cosas a venir, pues los profetas en el sentido gnóstico son constructores, realizadores que no solamente anuncian el «Hora Est», sino que al mismo tiempo, lo realizan. Este poder proviene directamente del ser de las dos naturalezas. Desde hace mucho tiempo, los trabajadores en cuestión forman parte de dos campos magnéticos diferentes. Por su nacimiento, participan en el campo magnético de la dialéctica, mientras que por el toque de la Gnosis, participan cada vez más en el campo electromagnético de la renovación, en el nuevo campo de vida. Por lo tanto, en su microcosmos confluyen dos sistemas magnéticos diferentes, dos influencias magnéticas diferentes.

Si usted considera que estos hombres están en posesión de los seis poderes ya mencionados, quizás podrá determinar en cierta medida lo que será el resultado de su intervención. Ellos no pueden, naturalmente, realizar en la antigua naturaleza la esencia de la nueva dispensación. Esto es imposible! Las líneas de fuerza magnéticas del nuevo campo de vida no pueden efectuar una actividad realmente constructora en el antiguo campo de vida, cuya estructura magnética es completamente distinta y está condenada a la «esterilidad». Pero al profeta le es posible perturbar los polos magnéticos del antiguo campo de vida. Quizás sepa usted, si ha estudiado un poco la ciencia natural, que los polos magnéticos de un campo de vida pueden ser perturbados por las influencias de otros campos magnéticos. En ellos aparece una perturbación continuada. Si un microcosmos, que alberga en sí mismo dos sistemas magnéticos, interviene en este mundo, perturbará inevitablemente sus polos magnéticos. Cuando esto ocurre, se manifiesta algo de los hijos de Dios. Esta perturbación magnética es la manifestación, la revelación de los hijos de Dios. Por su sola presencia, el profeta es capaz de detener de forma poderosa la marcha trágica de la dialéctica.

Si una entidad átomo primordial, prisionera de la ilusión, persigue aún con todas sus fuerzas las cosas de esta naturaleza, ya que todavía espera algo de ellas, con la entrada en escena del profeta, las verá desvanecerse en humo; ellas se deslizarán entre sus dedos, y será incitada fuertemente a volver a su morada original. Por ello sabemos con toda certeza, en la Escuela de la Rosacruz de Oro, que se aproxima el día en que una multitud cada vez mayor de buscadores entrará en el campo de fuerza de la Escuela. Cuánto mayor sea el número de trabajadores que, a lo largo de la escalera de desarrollo esbozada, penetren hasta el poder profético, más pronto llegará este día. Por este motivo, dice la Biblia, en lo que concierne al cumplimiento de la cosas: Nadie conoce el día ni la hora. Pues se trata en este caso de factores vivos, que todavía deben nacer, que deben aún realizarse. Y todo factor vivo actúa en el alumno; los hijos de Dios deben manifestarse.

Esta manifestación de su filiación divina potencial está en sus manos. Usted debe, por auto‑francmasonería, unirse a las filas de los hijos de Dios. Si está dolorosamente conmovido por el destino del mundo y la humanidad, si ve un gran número de personas que toman por ignorancia el camino de la decadencia, si descubre que muchos millones de seres humanos se clavan a la rueda del nacimiento y de la muerte por su conducta personal o social, y desea con todo su corazón ayudarles y salvarles de una caída segura en este día de manifestación, entonces recuerde que todos los medios que aplican la religión natural y el humanitarismo natural son negativos. Pues toda la creación dialéctica está condenada a la esterilidad.

Al mismo tiempo, reconocerá que un grupo, digamos de ciento cuarenta y cuatro profetas, que posea el poder del que hablamos, podría hacer en pocos días infinitamente más que todo lo que puede realizar la humanidad entera en un siglo. Al igual que el poseedor del primer poder, por el don de reflexión de su átomo original, puede encender la fe en otro, así mismo un grupo de profetas puede paralizar todo el curso de la vida dialéctica no divina, y esto sin ninguna lucha. Solamente por su presencia y concentrando su interés en los puntos vitales más débiles. Lo que no puede hacer el ocultismo más altruista, puede hacerlo la magia del transfigurismo. Todo desarrollo oculto, sea cual fuere, está comprendido siempre en el interior de una estructura de líneas de fuerza magnética de la dialéctica de este orden del mundo. Por esto, la magia oculta está siempre en armonía con la naturaleza de la muerte. La magia transfigurística, sin embargo, perturba inmediatamente la base magnética de vida de la dialéctica. Si usted comprende esto, comprenderá por qué las escuelas tranfigurísticas han sido siempre y lo son todavía, tan combatidas en este mundo, y por qué últimamente un predicador hablaba de los rosacruces como de «la secta menos digna de crédito».

Al igual que una pequeña luz puede apartar la oscuridad, así también un solo trabajador transfigurista puede paralizar la magia de la dialéctica. Por esta razón, en esta naturaleza, todo lo que es transfigurismo es odiado y temido y, naturalmente, también combatido. Por ello, nos colma de satisfacción oír que somos considerados «la secta más desacreditada». Si llegara a ocurrir que, en este mundo, el trabajo de los rosacruces fuera alabado y adulado, esto probaría que se habrían apartado completamente del único camino verdadero.

Hasta ahora nunca se había hablado abiertamente del formidable poder de la función del profeta. Sin embargo, ahora rompemos el sello del secreto, ya que el tiempo ha llegado, y decimos con energía a todos los que pueden comprender: Buscad el amor y aspirad a los dones del espíritu, y sobre todo al de profecía. Puesto que los siete focos de la Fraternidad Universal funcionan ahora en el mundo, todos los que poseen una posibilidad de liberación deben ser dirigidos y reunidos, procedentes de todos los confines de la tierra, en el camino de la santificación. Para ello será necesario que el campo de la naturaleza de la muerte sea perturbado magnéticamente. Los hombres están unidos a esta naturaleza por innumerables lazos; ante nuestros ojos vemos a hombres magníficos correr hacia su perdición. Por esto es necesario intervenir. Y sólo perturbando el campo magnético de esta naturaleza podrá ser frenada, paralizada, por decirlo así, la marcha de las cosas. Así, todas las entidades cautivas de la ilusión de esta naturaleza, serán llevadas a una libre elección. Y así se demostrará que la Escuela Espiritual es, al mismo tiempo, una escuela de profetas.

Ya hemos dicho que el poder de profecía carga, a quien lo posee, con una pesada responsabilidad. En efecto, si consideramos cómo se realiza este séptimo poder, comprenderá por qué esta responsabilidad puede ser aceptada con tranquilidad. Usted debe ver el don de profecía en relación con dos poderes todavía no mencionados: los dones de lenguas. Para hacerle comprender lo que pretenden estos dos poderes, atraeremos primeramente su atención hacia el hecho de que, en la Biblia, la palabra «lenguas» tiene dos acepciones. Primero, la designación del órgano que nos ayuda a hablar; vea, por ejemplo, en la Epístola de Santiago: La lengua es un mal que no se puede reprimir, llena de un veneno mortal. En segundo lugar, la expresión «lenguas de fuego». Aquí se trata de estas «lenguas de fuego», las ardientes lenguas del nuevo sistema magnético en el microcosmos. Son las nuevas lenguas de las que habla el Evangelio de Marcos, en su capítulo 16. Jesús el Señor, resucitado, apareció a sus discípulos y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda la creación. Quien crea y se deje bautizar, será salvado. Predicar el evangelio del nuevo campo de vida a toda la creación. Predicar no solamente con la palabra, sino sobre todo con el nuevo poder radiante y refractor de sí mismo que debe poseer todo servidor, para que esta nueva fuerza magnética pueda expandirse en este mundo. Quien cree en ella, quien se deje bautizar por ella, quien se asocie a ella, se salvará. Y quien se salve así, quien entre así en unión con el nuevo campo de vida, podrá realizar estas señales: En mi nombre ‑es decir, con la ayuda de esta nueva sustancia magnética‑ expulsarán a los demonios y hablarán nuevas lenguas.

Piense también en el descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Lenguas ardientes fueron visibles por encima de la cabeza de los discípulos, a consecuencia de lo cual comenzaron a hablar en lenguas. Esto tuvo como efecto inmediato el que cada uno se sentía hablado en su propia lengua. Esta es la pura característica de los dos poderes de lenguas.

Imagine ahora la personalidad del hombre: alrededor de ella se encuentra el campo de manifestación, envuelto a su vez por el séptuple ser aural. En este ser aural se encuentra un sistema magnético, un firmamento magnético. Cuando por la noche contempla un cielo claro, descubre en él innumerables estrellas; el cielo está sembrado de puntos luminosos. Pues bien! Si fuera usted capaz de contemplar interiormente su personalidad, su propio firmamento microcósmico, descubriría en él igualmente legiones de puntos magnéticos luminosos: su bóveda estrellada individual. Es evidente que por este firmamento magnético se forma, en el exterior del ser aural, un campo magnético. Por todos estos puntos magnéticos luminosos del ser aural son atraídas fuerzas que están en completa sintonía con el tipo del firmamento. Este es su aspecto exterior. Y en su aspecto interior, el firmamento magnético envía las numerosas fuerzas con las que está cargado hacia la personalidad, especialmente al santuario de la cabeza.

El sistema magnético de nuestro firmamento es completamente distinto en cada uno de nosotros, presenta un carácter individual. El séptuple ser aural, con todo el sistema de fuerzas del firmamento magnético, debe ser considerado, de hecho, como un ser designado también en la literatura como el «yo superior». Tal como se muestra en la literatura esotérica, numerosos hombres permanecen adorando a este yo superior, pues, según creen, este yo superior lo sabe todo, es nuestro dios, desempeña todo papel superior en la existencia. Y cuando el transfigurista habla del nuevo ser, del ser celeste que debe manifestarse de nuevo, muchos piensan, como hemos comprobado en numerosas ocasiones, que el yo superior es este ser celeste. Pero esto no es así en absoluto. El yo superior, el ser aural, no tiene nada en común con esta elevada realidad de ser. Muchas personas sensitivas experimentan toda clase de impresiones de su yo superior. Tienen conciencia de él y creen que quien les habla es el ser celeste. Cuando hemos hablado del nuevo ser, numerosos alumnos han venido hacia nosotros y nos han informado: «Sí, yo sé esto, yo he visto frecuentemente este nuevo ser y recorro mi camino guiado por mi yo superior.» Pobres diablos! Ese yo superior es lo que la Biblia denomina Satanás, lo que significa: adversario. Vamos a explicárselo.

Como hemos expuesto, el yo superior encierra un sistema de fuerzas magnéticas que se dan a conocer a la personalidad, proyectándose completamente en el santuario de la cabeza, de manera que todo el firmamento, todo el sistema de puntos magnéticos del ser aural, se encuentra de forma reducida y concentrada, en el santuario de la cabeza. El yo superior se refleja, por lo tanto, en el santuario de la cabeza, en el denominado yo inferior. El yo superior le gobierna, ya que por esta unión se desarrolla, por ejemplo, su conciencia, su pensamiento, su voluntad, su carácter, su tipo. Todo lo que está en usted: carácter, conciencia, predisposición, don, comprensión, actividad de la voluntad, lo posee en virtud de su yo superior. Desde el yo superior circulan líneas de fuerza magnéticas hacia los puntos magnéticos correspondientes en el santuario de la cabeza y, en concordancia con ello, usted piensa, actúa y vive. Con otras palabras: usted pende como un arlequín de los hilos del juego de marionetas del yo superior, y cuando el dueño del guiñol, el yo superior, tira de los hilos, es puesto en movimiento, según su personalidad, e impulsado a la acción.

Comprende ahora que, si quiere recorrer el camino, si quiere desprenderse de esta naturaleza de la muerte, a partir de ese momento entra en conflicto con su yo superior? El sistema magnético ya no concuerda más! Su carácter y su conciencia según la naturaleza provienen de la esencia del yo superior. Si usted se rebela contra esta naturaleza y quiere recorrer el camino de los Hierofantes de Cristo, a partir de ese momento entra usted en conflicto con su yo superior, y éste se convierte en su adversario, su opositor, su Satanás. Por esta razón, antes de proseguir su camino, Jesús el Señor debe vérselas con este Satanás, que viene a él como tentador en el desierto. Esperamos que reconocerá la lógica de esto: se trata de una ley natural exacta.

Vea ahora lo que sigue: las citadas líneas de fuerza se reúnen en el santuario de la cabeza. La suma de estas fuerzas magnéticas determina todo su estado de ser, su tipo, su carácter, toda la naturaleza de sus actividades. Usted no puede nada, no es nada sin ese yo superior.

Las líneas de fuerza que proceden del firmamento del ser aural, reunidas en los puntos magnéticos del santuario de la cabeza, son un continuo flujo de fuerzas vivas y vibrantes. Por ello también son luminosas. Por lo tanto, alrededor de la cabeza hay líneas de fuerza ardientes. Son las lenguas de fuego, las luces visibles alrededor de la cabeza de todo hombre. Y Jesús el Señor dice entonces a sus discípulos, y la Escuela Espiritual a sus alumnos: «Deben hablar nuevas lenguas», lo que significa: un nuevo sistema magnético debe desarrollarse e irradiar en usted.

Quizás se pregunte: «Cómo puede realizarse esto? Cómo puedo realizar semejante trabajo, mientras estoy regido, en lo que concierne a toda mi personalidad, mi conciencia, mi carácter, mi tipo, por el yo superior? Cómo puedo llegar a cambiar? Esto no es posible! Pues cuando yo quiero o decido alguna cosa, es siempre en virtud de una sugestión de mi yo superior. Soy completamente víctima de él, soy su prisionero, soy el esclavo de mi yo superior. Cómo puedo modificar esta situación?»

Usted puede hacerlo si, por un comportamiento totalmente transformado, el átomo‑chispa de espíritu, el átomo original situado en la cima del ventrículo derecho del corazón, es tocado por la luz. Entonces la Gnosis abre una brecha, por decirlo así, en medio de su microcosmos. Cuando este principio original divino, esta rosa del corazón, comienza a brillar, entonces usted ha clavado la rosa en la cruz. Usted se ha vuelto un rosacruz. A partir de ese momento, el hacha es puesta en la raíz del árbol. Y entonces, qué ocurre? Cuando esta rosa se abre a la luz de la Gnosis, en nosotros comienza a circular una fuerza que la naturaleza no puede explicar, que no se armoniza con el sistema magnético existente, que está en total inarmonía con todas las influencias que penetran en usted, procedentes de su ser aural, para dominarle y dirigirle.

De abajo a arriba, partiendo de la rosa del corazón, comienza un proceso de aniquilación de lo antiguo, un proceso de oposición efectiva. A partir del momento en que esta rosa comienza a brillar, el yo superior, su Satanás, su adversario, se esfuerza por neutralizar, por hacer desaparecer lo nuevo que comienza a manifestarse en el microcosmos. Un combate se libra en usted.

A lo que puede responder: «Sí, de esto puedo hablar. Mi vida es una lucha continua. He vivido la experiencia desde mi juventud.» Sin embargo, tal vez en este caso considera la lucha característica de la dialéctica. Vivimos en un orden en que la lucha es de rigor, pero no debe confundir esta lucha de la naturaleza con la lucha que la Gnosis enciende en usted. Cuando la rosa comienza a brillar, cuando la corriente gnóstica puede penetrar en su interior, en usted se desarrolla una lucha totalmente distinta y muy particular. Y de esa lucha se trata, pues ella perturba el sistema magnético existente y tiene como primer objetivo romper y transformar todo este sistema que, desde el firmamento, controla el santuario de la cabeza: un nuevo firmamento debe nacer.

Cuando aparece el nuevo firmamento magnético, cuando las nuevas fuerzas procedentes del ser aural comienzan a afluir al santuario de la cabeza, se manifiesta igualmente una nueva conciencia, un nuevo carácter, un nuevo tipo de hombre, una personalidad totalmente nueva. Todo esto es, entonces, una consecuencia lógica y explicable de la lucha desencadenada por el flujo de fuerzas gnósticas.

Cuando el nuevo sistema magnético se manifiesta alrededor del santuario de la cabeza, las nuevas líneas de fuerza ardientes, las nuevas lenguas, aparecen. Y, en el mismo instante, el alumno, en quien esta nueva columna de fuego se vuelve visible, comienza a hablar nuevas lenguas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XI

 

El poder de interpretación de lenguas

 

 

Como hemos explicado, todo hombre posee lenguas de fuego. Estas se ven principalmente alrededor del santuario de la cabeza y consisten en líneas de fuerza magnéticas, que establecen la unión entre el sistema magnético central del ser aural y el sistema magnético central de la personalidad.

El sistema magnético central del ser aural es llamado yo superior, y el sistema magnético central en el santuario de la cabeza es llamado yo inferior. El hombre existe y vive de las fuerzas que alcanzan así al yo inferior, al yo ordinario. Estas fuerzas explican su conciencia, su carácter, toda su naturaleza, y, por consiguiente, todos los hombres son dirigidos por el yo superior. Por estas lenguas de fuego, cada hombre habla un lenguaje propio y muy particular. El yo, el yo inferior, no es, pues, un ser autónomo, sino sólo un reflejo del yo superior. De vez en cuando, el reflejo muere y es reemplazado. Sólo el yo superior, el sistema magnético central del ser aural, permanece y se perpetúa más allá de la tumba y de la muerte. Simplemente un cambio de atmósfera es aportado periódicamente en el yo superior; todas las cosas se reúnen en su firmamento según los resultados del yo inferior.

Hemos explicado que, por un cambio fundamental de vida, la sujeción aural a la naturaleza puede ser rota y, como consecuencia de ello, nuevas lenguas pueden brillar del alumno. Estas nuevas lenguas de fuego deben hablar, deben dar testimonio a partir de él. Esto significa la liquidación de los dos sistemas magnéticos antiguos: el del ser aural y el del santuario de la cabeza. Deben aparecer dos centros magnéticos nuevos, a los cuales el alumno debe aprender a responder. Su vida debe ser tal, que ya no pueda hablarse de un yo superior y de un yo inferior, de un yo dirigido y dominado por un yo superior, sino que entre los dos se establece una armonía perfecta, una doble unidad.

 

El alumno debe poseer, por lo tanto, dos nuevos dones: en primer lugar, un nuevo doble sistema de lenguas, un nuevo doble sistema magnético; y en segundo lugar, el poder de actuar a partir de este nuevo sistema. Debe emplearlo prácticamente.

Se plantea entonces la pregunta sobre cómo adquirir estos dos dones. Es una cuestión que innumerables buscadores se han planteado a través de los siglos. Es también una pregunta que ha provocado en la humanidad oleadas de mediumnidad, oleadas de ensombrecimiento, procedentes de la esfera reflectora. Si alguna vez ha conocido algún supuesto movimiento de don de lenguas, sabrá lo que queremos decir. Una reunión de este tipo de hombres lleva la auténtica marca del ocultismo negativo. Los que acuden a ella son muy exaltados. Son siempre hombres que cometen el gran error de considerar su estado de ser dialéctico como una base suficiente para el contacto con el Espíritu Santo. Todos, sin excepción, son víctimas en esto de una exégesis bíblica literal.

Es incalculable el número de hombres conducidos así a falsos caminos por este género de exégesis bíblica, y apartados durante muchas encarnaciones del camino de la liberación. Sabe usted que por este motivo el protestantismo ha causado a las almas un mayor perjuicio que el catolicismo romano? Frecuentemente se cree lo contrario, pero esta opinión es inexacta. Para una humanidad que busca la liberación, el protestantismo es un peligro mucho mayor que cualquier otra tendencia religioso‑natural.

En una reunión como la que decimos, se reúnen quienes son víctimas de la exégesis bíblica literal. Y esto conduce inevitablemente a un experimento espiritista. Mediante los cantos que realizan juntos, los ritos y la música, la reunión es conducida a un estado de éxtasis, y el hecho de estar así reunidos en esta determinada orientación, da nacimiento a un círculo magnético. En un momento dado, los mediums comienzan a farfullar. Algunos se levantan, se contorsionan de todas las maneras posibles; un escalofrío recorre el fuego de la serpiente; los rostros se desfiguran horriblemente, espantosos a la vista. Y entonces, repentinamente, comienzan a hablar.

Lo que es dicho debe seguir, naturalmente, el mismo estilo. Por ello, todos se ponen a hablar en lenguas extranjeras. Lo que dicen se parece al latín, o por lo menos a una lengua antigua. De esta forma, se sigue el estilo de la puesta en escena así representado. El contenido de los discursos es el del cliché habitual de las sesiones espiritistas: una sucesión de habladurías de la esfera reflectora, entremezcladas con textos bíblicos y nombres sagrados del país del verano que suponen que es el cielo, etcétera. Con frecuencia, también hay algunos que cuando los mediums, los que hablan en lenguas, han terminado, están dispuestos a demostrar el don de interpretación de lenguas, y explican lo que ha sido dicho en esa lengua extranjera. Y esto funciona de la misma forma mediúmnica.

Usted comprende cuán lúgubre e inútil, desconsolador y caricaturesco, es todo esto. Si puede considerar un poco, según su verdadera naturaleza y significado, el don de lenguas, tal como lo hemos explicado, reconocerá cuán miserable es esta imitación, cuán activa está en su interior la deformación y las garras de las tinieblas. Si dijese las cosas más sublimes, incluso en antiguas lenguas muertas, pero no existiese en usted ni un sistema magnético nuevo, ni una realización‑Jesús, ni una entidad humana nueva, aunque presentara todo lo que dice como procedente del don de lenguas, o bien sería un engañado o bien un engañador. Y de cualquier modo estaría ensombrecido por la esfera reflectora.

Repitamos todavía una vez más, que un alumno de la Escuela Espiritual, ya desde el inicio de su camino, dice un adiós consciente y firme a toda influencia del más allá, con todas las consecuencias que ello comporta. Si hoy mismo usted perdiera por fallecimiento al ser más querido de su familia, a su más querido amigo o amiga, en tanto que alumno de la Rosacruz, debería separarse de él absolutamente, desde el primer momento. Ningún contacto sobre la línea horizontal debe subsistir entre usted y ese ser querido. Si no está dispuesto a hacerlo o no es capaz de hacerlo, continúa prestando atención al más allá y, por ello, cierra el paso a su alumnado; no puede mantenerse como alumno. Por esta razón, se dice tan claramente en la Biblia: No interroguéis a los muertos.

En este caso hablo por propia experiencia. Muchos saben como, hace algunos años, perdí a mi hermano que se encontraba a mi lado en la Gran Obra. A partir del momento en que la muerte nos separó, jamás hubo entre nosotros el menor contacto espiritista, aunque se hayan esforzado, desde muchos lados, en establecer un contacto de este género. No sabría decir cuántos mensajes he recibido, pretendidamente de mi hermano, por mediación de terceras personas. Todos, sin excepción, han ido a parar a la papelera sin que les haya prestado atención. Y a todos los que me traían tales mensajes les he dicho: «Si mi hermano tiene algo que decirme, conoce los medios de hacérmelo llegar de otra forma.»

Guarde en su corazón este consejo: No mantenga nunca, en ningún caso, ningún tipo de contacto con entidades de la esfera reflectora. Aunque fuera nuestro Señor quien apareciera cerca de usted, apártese de él y prosiga su camino. Si no lo hace, descubrirá pronto que ha abandonado el camino de la liberación. Pues quien permanece sensible a la esfera reflectora, bloquea una posible abertura para el nuevo campo de vida, la puerta de la vida.

En este aspecto, las personas sensitivas tienen una mayor predisposición que las demás para reconocer directamente la esfera reflectora, y para descubrir fácilmente sus sugestiones. No obstante, veremos que frecuentemente son sus víctimas. Es fácil adivinar cómo ocurre esto. Una persona sensitiva se imagina, demasiado rápidamente, ser elevada a un nuevo campo de vida. Y cuando se supone esto demasiado deprisa, uno se vuelve víctima de ello. Sin embargo, si cortamos resuelta y absolutamente todo contacto de este género, todas las influencias de la esfera reflectora desaparecerán rápidamente. Si renuncia totalmente a todo esto, aunque le ofrezcan lo más bello de este mundo, llega el momento en que deben dejarle tranquilo. Por este motivo, esté vigilante.

 

«La puerta de la vida» es la designación simbólica de la travesía, del pasaje, entre nuestro campo magnético dialéctico y el nuevo campo de vida. Dentro de no demasiado tiempo, por esta puerta, entrará una oleada de luz, que realizará la unificación entre los hermanos y las hermanas que todavía están en este campo y los que están en el nuevo campo de vida. Sin embargo, si interpretamos esto de forma espiritista y queremos efectuar mediúmnicamente tal contacto, nacen los mayores peligros.

 

Planteémonos ahora la pregunta: Cómo obtener los dos dones de lenguas? Y veamos que respuesta nos da la Enseñanza Universal.

El proceso comienza con el contacto del átomo‑chispa de espíritu, el capullo de la rosa en el santuario del corazón. A través de este átomo, la Gnosis irrumpe en el centro de la naturaleza de la muerte. Karl von Eckartshausen sabe que Jesucristo penetró en el corazón de este mundo. Y Jacob Boehme explica también cómo el espíritu del Señor, el Espíritu de Cristo, irrumpe en el corazón de la naturaleza de la muerte. Dios ha asido el corazón de esta naturaleza, dice. Pues bien, cuando su átomo‑chispa de espíritu, el capullo de la rosa en su corazón, se vuelve sensible al contacto de la Gnosis, su microcosmos es asido, en su propio corazón, por Jesús el Señor. De esta manera entra la Gnosis en el corazón del microcosmos.

Cuando se ha abierto este camino, se desarrolla el proceso ya explicado, a consecuencia del cual el contacto gnóstico penetra también en el santuario de la cabeza. El corazón y la cabeza son, pues, los primeros tocados por este contacto. Si el alumno coopera en este proceso y, lleno de fe y de devoción, se despliega en él, por esta actividad de fe se producirá en el citado doble sistema una intensa perturbación magnética. El resultado de ello será que todas las fuerzas que se oponen a la Gnosis serán como rechazadas a las zonas exteriores del microcosmos. Todo lo que se agitaba y bullía hasta entonces en la personalidad para encadenarla a la tierra, es rechazado y mantenido en las zonas exteriores del microcosmos. Todas estas fuerzas se agrupan en el firmamento aural, en el sistema magnético del ser aural, y de esta forma el yo superior se vuelve inmediatamente, y en más de un sentido, un verdadero adversario.

Podría comparar esta situación al efecto de una lámpara que se enciende en la oscuridad. La radiación de la luz tiene un campo de acción circular, fuera del cual reina de nuevo la oscuridad. Cuando la lámpara es encendida, la oscuridad es rechazada del interior de cierto espacio y se amontona alrededor de este círculo. Cuando Jesús el Señor, la Fraternidad, el campo de radiación magnético de los Hierofantes de Cristo, penetra en usted a través del átomo del corazón, las tinieblas son rechazadas hacia el exterior, se amontonan en el ser aural, en el yo superior. En ese momento, ese anillo de tinieblas se convierte, con razón, en su adversario. Se convierte en un Satán.

Cuando este proceso avanza, vemos que en los primeros años se produce una especie de equilibrio. El vacío de luz en la personalidad, en medio del microcosmos, y el borde de tinieblas, se mantienen en equilibrio recíproco. Mientras la lámpara continúe encendida, mientras haya en ella suficiente aceite, como lo expresa el Evangelio, la luz y el anillo de oscuridad permanecerán estacionarios. El yo inferior, la personalidad, es dirigido entonces por las nuevas fuerzas magnéticas que entran por las brechas abiertas, y una gran parte del campo de manifestación, con el ser aural, es gobernado por el yo superior. El alumno está literalmente cercado por su adversario, que le tiende, naturalmente, toda clase de ardides y trampas.

Sobre todo no vuelva romántica esta situación, pues no merece ni una lágrima ni un poema. Pues si hace de ello una novela, pensando en toda clase de espíritus atados a la tierra y en fuerzas maléficas, se equivoca. Usted debe percibir con plena lucidez que el yo superior, la central magnética aural, debe actuar tal como lo hace en virtud de su ser. El sistema magnético es uno con la naturaleza dialéctica. Cuando una parte del corazón del microcosmos es tomada por el nuevo campo magnético, aparece espontáneamente la oposición y la división. Todo esto no tiene nada de romántico.

El ser aural debe actuar conforme a lo que es. El mito de Satanás, el culto a Satanás y toda la creencia en los diablos, etcétera, todo esto es romanticismo inventado por la iglesia. El ser aural, el adversario, Satán, está presente, por su naturaleza, en cada hombre que quiere liberarse de la dialéctica. En este caso se convierte, por su estado natural, en su adversario. Por esta razón, la Biblia dice que Jesús el Señor encontró a Satanás en el desierto. Atravesando el desierto de la vida hacia el fin grandioso, encontró evidentemente a su adversario. La misma historia se cuenta de Buda. El Evangelio de Buda relata también muchas veces el encuentro del Buda con su adversario, su Satanás, que él llama Mara: la amargura.

Si el alumno se sabe mantener en el círculo de luz de la lámpara, en la fuerza de la Gnosis, y endereza los caminos del Señor, con todas las consecuencias que esto comporta, en un momento dado se desarrolla una nueva fase. El cinturón, la coraza con la que le rodea el adversario, es atravesada. Se producen en ella aberturas y, si la examinamos bien, vemos que diversos puntos magnéticos, que al principio enviaban a la personalidad una luz de radiación intensa, comienzan a apagarse.

Estas «estrellas» caen del firmamento, y se encienden luces nuevas: un nuevo firmamento comienza a formarse. Una nueva bóveda estrellada comienza a brillar, una nueva bóveda celeste es extendida. Aparece un nuevo cielo y… una nueva tierra, tal como lo expresa tan frecuentemente la Biblia. Pues cuando las nuevas radiaciones magnéticas pueden ser concretadas en el santuario de la cabeza, la personalidad debe cambiar, ya que ella está en concordancia con el sistema magnético; por lo tanto, si el sistema magnético cambia, también la personalidad debe transformarse. Esta transformación comienza en la conciencia. Esto es el transfigurismo. Es así como comienza la transfiguración. Se trata, pues, del devenir de un nuevo yo superior y de un nuevo yo inferior. Y, finalmente, el observador ve aparecer en el candidato un nuevo cielo y una nueva tierra, y puede ser dicho: Mira, todo lo antiguo ha desaparecido.

A partir del primer momento en que el antiguo sistema magnético es atravesado y en que, al mismo tiempo, el nuevo sistema magnético comienza a hacerse valer, el primer don de lenguas comienza también a manifestarse. Nuevas lenguas comienzan a brillar. Otras fuerzas magnéticas afluyen, las cuales ya no provienen del campo de la dialéctica, sino del nuevo campo de vida. Estas nuevas fuerzas buscan puntos de contacto en el santuario de la cabeza, el cual es ocupado, en un momento dado, por un sistema de puntos magnéticos totalmente nuevo. En concordancia con esto, la materia gris del cerebro se transforma poco a poco. Se forman otras circunvoluciones y, lentamente, pero con seguridad, algo de una nueva conciencia, de un nuevo yo, comienza a mostrarse. Al principio, este nuevo yo está aún en estado embrionario. No puede todavía actuar, sólo es un resplandor. Es la aurora que precede al día. Y mientras el candidato se encuentra en este estado del alba, del comienzo del día, el antiguo yo, que naturalmente es todavía una conciencia completa, debe colaborar. Es entonces cuando vemos aparecer esta dualidad, esta aparición simultánea de dos naturalezas.

No obstante, la antigua conciencia debe subordinarse completamente, como Juan a Jesús, al Otro en crecimiento, al Otro que viene. La antigua conciencia en el alumno debe subordinarse a la nueva conciencia que crece en él. Es un estado en el que el alumno ve la vida nueva, reacciona cada vez más fuertemente a ella, se orienta hacia ella cada vez más. En ese momento, el joven hermano o la joven hermana ha obtenido el don de lenguas. Nuevas lenguas comienzan a trabajar, a provocar ciertos resultados en el sistema, en la personalidad del microcosmos, que está sometida a la transfiguración. Es el don de lenguas que comienza a manifestarse.

Pero como el nuevo yo, todavía en estado embrionario, no ha alcanzado su pleno crecimiento, todavía no puede tomar la dirección completa de la nueva vida. No puede aún vivir en la plenitud de la vida nueva. El joven hermano o la joven hermana ya puede profetizar, actuar como profeta, pero tal persona no posee aún el apostolado total. Pero cuando la nueva conciencia está formada totalmente, cuando el nuevo yo, en tanto que conciencia, ha nacido, y el nuevo yo inferior es capaz de manifestarse como tal, entonces, en un momento dado, como en un relámpago, al son de la última trompeta, el don de interpretación de lenguas se abre paso, como un fuego. Entonces se abre camino el poder de emplear las nuevas fuerzas, la fuerza de aplicar las lenguas de fuego. El profeta, en ese momento, se convierte en apóstol de Jesucristo.

 

Vea en esto el esquema de la nónuple magia del transfigurismo. Al igual que todos los que tienen oídos para oír son llamados al ministerio de profeta, también son llamados al apostolado. Y un día podrán ir en este mundo con el encargo grabado en su corazón: Predicad el Evangelio de la Redención a toda la creación.

Pues todos los que son guiados por el espíritu de Dios, son hijos de Dios. Son liberados de la rueda del nacimiento y de la muerte.

 

 

Glosario

 

 

 

Amos del mundo: véase eones.

 

Arrepentimiento ‑ humildad: el arrepentimiento ‑en este contexto‑ es un estado de conciencia, en el que el alumno discierne y experimenta por un conocimiento de sí mismo creciente, cuán caído está, que no es nada ante los ojos de Dios, que no sabe nada, no puede ni posee nada que pueda tener algún valor ante Dios, y, por ello, recorre firmemente decidido el camino de la muerte del yo, como el único camino posible para la reconciliación. La humildad es la actitud interior cara al prójimo, que se desprende de ese estado de conciencia y de esa decisión, cara a sus semejantes, cuyo estado de aflicción y tinieblas es reconocido y comprendido como el suyo propio, del cual el alumno se sabe también culpable, viendo y experimentando que la liberación de sus semejantes está en relación inseparable con la suya propia.

 

Camino de sangha: camino de curación.

 

Campo de respiración: el campo de fuerza directo, dentro del que se vuelve posible la vida de la personalidad. Es el campo de unión entre el ser aural y la personalidad, y está por completo en concordancia con ella en lo que respecta a la actividad atrayente y repelente de las fuerzas y materias que posibilitan la vida y que mantienen a la personalidad.

 

Circulación sanguínea pulmonar: en sentido material, se comprende con ello la circulación de la corriente sanguínea que parte del ventrículo derecho del corazón por la arteria pulmonar hasta los pulmones (donde tiene lugar el intercambio de ácido carbónico por oxígeno) y de ahí hacia el ventrículo izquierdo del corazón por la arteria pulmonar. En sentido espiritual, se entiende bajo el concepto de «circulación sanguínea pulmonar» una línea de fuerzas de luz que surge de la rosa del corazón y llega como un rayo hasta el santuario de la cabeza a través del esternón. Esta «circulación sanguínea» espiritual, que une directamente el corazón con la cabeza, es designada también como «el Jordán», porque Jesús, al ser bautizado con esta corriente, se vuelve Cristo. Pues cuando el espíritu monádico de Cristo penetra, o mejor, se infiltra en la parte del cerebro de la pineal, encuentra allí, en esa corriente de luz del alma que une al corazón y la cabeza, al ser del alma que viene a su encuentro, sobre el cual se posa la «paloma», el Espíritu Santo.

 

Columna del fuego de la serpiente: columna vertebral.

 

Conciencia cerebral lunar: conciencia primitiva, que está localizada en el plexo solar, y que se apoya únicamente en algunos centros del santuario de la cabeza que son dirigidos por la Luna. Esta era la conciencia propia de la humanidad atlante, hasta la mitad del período de la Atlántida. Se caracteriza por una astucia primitiva, que también está activa en muchos hombres que viven actualmente.

 

Corazón de Cristo (cósmico): campo de radiación electromagnético de la Fraternidad Universal de Cristo, cuya ciencia nuclear se encuentra en el corazón del séptuple planeta terrestre.

 

Dialéctica: nuestro campo de vida actual, en el que todo se manifiesta por pares de opuestos. Día y noche, luz y oscuridad, alegría y dolor, juventud y vejez, bien y mal, vida y muerte están inseparablemente unidos entre sí; se suceden de forma inevitable uno al otro, engendrándose mutuamente. Por esta ley fundamental, todo se ve sometido a un cambio y demolición continuos, a un ascender, brillar y descender. Por ello, nuestro campo de existencia está dominado por la limitación, la pena, el dolor, el quebrantamiento, la enfermedad y la muerte.

 

División: cada criatura lleva en sí algo de la conciencia de su creador. De este modo, algo de la conciencia del hombre se transmite a sus hijos, y por ellos de nuevo a la siguiente generación, etc. Así, esta división de la conciencia y esta mezcla de la conciencia continúa sin interrupción por toda la progresión sistemática de la reproducción.

 

Esfera material ‑ esfera reflectora: ambos lados de existencia del orden natural dialéctico. La esfera material es el campo en que vivimos nosotros con nuestra forma material. La esfera reflectora es el campo en el que tiene lugar, entre otros, el proceso entre la muerte y la reencarnación y está constituida, además de las esferas infernales y del purgatorio (la esfera purificadora), de las esferas denominadas «cielo» y «vida eterna» en las religiones naturales y en el ocultismo. Estas esferas celestes y la existencia presente en ellas están sometidas, al igual que la vida en la esfera material, a un estado finito y limitado. Por lo tanto, la esfera reflectora es el lugar donde residen los muertos, lo cual no significa que la personalidad fallecida reciba allí una nueva vida, pues allí no hay continuación de la vida para la personalidad cuádruple. Únicamente el núcleo más profundo de la conciencia, el rayo espiritual o la chispa dialéctica se retira, temporalmente, en el ser aural y forma la base de conciencia para una personalidad nueva, que es construida por el ser aural en cooperación con las fuerzas que operan en la madre.

 

Efesios: el hombre buscador que, en su anhelo de una verdadera elevación y purificación de la vida, recorre el camino del bien en esta vida, descubre tarde o temprano que dicho camino tiene un punto culminante, un límite, que el hombre de este mundo no puede sobrepasar. El buscador que ha penetrado hasta este campo limítrofe, es denominado en la Biblia un efesio. Tal hombre se encuentra ante la elección de liberarse de las limitaciones de la dialéctica por un cambio fundamental de la vida, o permanecer encadenado a la rueda que gira, y sufrir el dolor de la decadencia inevitable por la ley actual.

 

Ekklesia (nueva): la Una Sancta, el nuevo pueblo de Dios como eslabón de la «Iglesia Invisible de Cristo».

 

Endura: el camino de la destrucción del yo.

 

Eones: grupos dominantes jerárquicos de la esfera espacio‑temporal. Es la formación de poder metafísica más elevada que la humanidad caída ha originado. Ellos abusan de todas las fuerzas de la naturaleza dialéctica y de la humanidad, impulsándola a actividades impías en provecho de sus oscuras intenciones. Estas entidades han logrado liberarse de la rueda de la dialéctica, a costa de horribles sufrimientos de la humanidad, una libertad que ellos, en su angustia por auto‑mantenerse, sólo pueden conservar en base a un crecimiento ilimitado del sufrimiento del mundo y a su mantenimiento. En su colectividad, son denominados jerarquía dialéctica o «los amos de este mundo».

 

Fraternidad (Universal): la jerarquía divina del Reino Inmutable, el Cuerpo Vivo del Señor. Es designada también con muchos otros nombres más, como la Escuela de los Misterios de los Hierofantes de Cristo, la Iglesia Invisible de Cristo, la Escuela Espiritual Hierofantal.

 

Fuego de la serpiente: fuego de la conciencia o del alma.

 

Gnosis: el Aliento de Dios, Dios, el Logos, la Fuente de todas las cosas, que se manifiesta como espíritu, amor, luz, fuerza y sabiduría universal.

 

Hemisferios cerebrales: visto microcósmicamente, el santuario de la cabeza consiste de dos hemisferios o semiesferas. La mitad derecha del cerebro es el foco más importante del poder del pensamiento; la parte izquierda del cerebro, el foco más importante de la voluntad.

 

Hierofantes de Cristo: véase Fraternidad (Universal).

 

Humildad: véase arrepentimiento.

 

Imagen (imagen mental del hombre inmortal): la actividad mental por la que dicha imagen surge en el campo de respiración, no es obra del poder del pensamiento corriente, sino de la conciencia jupiteriana, la conciencia del hombre verdadero. Esta actividad se desata y se fomenta en la medida en que el alumno endereza los caminos para su Señor interior con un discernimiento y comprensión crecientes, es decir, que recorre el camino de la destrucción del yo. Es la progresión continua en el camino de la transformación fundamental de la vida, el cumplimiento de la nueva exigencia vital interior que da vida a la imagen mental del hombre inmortal y la lleva a un crecimiento por la pureza.

 

Jerarquía dialéctica: véase eones.

 

Kundalini: un anillo que yace en la pineal, compuesto por múltiples puntitos minúsculos semejantes a guisantes. Cuando la nueva corriente electromagnética toca el santuario del corazón pasando por el timo y la sangre, esos puntos empiezan a irradiar una luz multicolor, el círculo de fuego de la kundalini. Dichos puntos tienen cada cual una tarea propia, un poder y una actividad propios. En la medida en que la pineal se abre por el influjo directo de la Gnosis, la fuerza de radiación y la actividad de la kundalini aumentan continuamente en intensidad y magnificencia.

 

Lípika: el ser aural o lípika representa la totalidad de las fuerzas, valores y lazos que son el resultado de la vida de las diversas apariciones de personalidades en el campo de manifestación. Todas estas fuerzas, valores y lazos forman juntos las luces, la constelación del firmamento microcósmico. Estas luces son focos magnéticos y determinan, según su tipo, las características del campo espiritual magnético, es decir, el tipo de fuerzas y materias que son extraídas de la atmósfera y acogidas en el sistema microcósmico, y por ello también en la personalidad. A un cambio del ser de la personalidad le debe preceder por ello un cambio esencial en el firmamento, y éste únicamente es posible por la ofrenda de sí mismo del ser del yo, el completo aniquilamiento del yo.

 

Lucifer: el fuego del alma impío, el gas de hidrógeno, no divino, que arde tanto en el yo inferior, en tanto que alma dialéctica en manifestación, como en el yo superior, el dios de fuego aural, el cual irradia este fuego impío como alma, en una nueva personalidad mortal.

 

Mántram: serie de palabras que, cantada y expresada a partir de un estado de conciencia determinado, desata grandes fuerzas. Los mantrams únicamente operan de forma liberadora cuando son utilizados al servicio de la Gran Obra por un hombre que está unido a la Gnosis. Cualquier otra utilización apela a fuerzas naturales, crea karma y fortifica con ello la sujeción a la rueda de la dialéctica.

 

Microcosmos: el hombre como minutum mundum (mundo pequeño), constituye un sistema vital esférico, en el que se puede distinguir de dentro hacia afuera: la personalidad, el campo de manifestación, el ser aural, el séptuple campo magnético espiritual. El hombre real es un microcosmos. Lo que se entiende por «hombre» en este mundo, es únicamente la personalidad mutilada de un microcosmos degenerado. Nuestra conciencia actual es una conciencia de la personalidad y, por ello, es consciente sólo del campo de existencia al que pertenece.

 

Negación: lo que Pablo llama «muerte diaria», significa sustraerse a todos los intereses que son de este mundo, incluido el propio ser del yo. Es negar continuamente, con el acto, todos los instintos naturales en la sangre. Tal actitud de vida tiene sentido sólo cuando es la consecuencia lógica del discernimiento despertado (el verdadero auto‑conocimiento), en lo que concierne al tipo y al estado verdadero de la humanidad actual en este orden natural. Por una «muerte diaria» consciente y convencida, liberamos el camino en nosotros por la doble actividad de la luz liberadora de la Gnosis, la cual destruye entonces lo que rechazamos interiormente y construye lo que posibilita la nueva manifestación del hombre. Así, morimos literalmente según el hombre antiguo en la fuerza destructora de Cristo. De este modo, todos los antiguos instintos naturales en nosotros son acallados, de forma que se puede manifestar la nueva naturaleza, el hombre nuevo.

 

Pineal: la glándula pineal. Junto con la kundalini ‑que solamente reacciona a la verdadera luz espiritual‑, la pineal forma, al estar inflamada en la Luz de la Gnosis por mediación del átomo‑chispa de espíritu, el timo y la hormona crística, la sede del Rayo Crístico, de la iluminación interior, la puerta abierta por la que se comunica al hombre la sabiduría de Dios.

 

Reinos naturales (subhumanos): el reino animal surgió de las fuerzas que parten de nosotros, desatadas por nuestra vida de deseos inferior. Por ejemplo, el pájaro cantor es un anhelo por una vivencia superior de la belleza. El reino vegetal, en los árboles, por ejemplo, expresa nuestro anhelo más profundo de liberación; en las flores, nuestro deseo de pureza y luz. El reino de los insectos y microbios, las malas actividades de los instintos y sentimientos del hombre: odio, envidia, cólera, etc. El reino mineral surgió por el sentimiento de soledad inconmensurable, que caracteriza la esencia interior del hombre en el aislamiento de este mundo. El reino elemental como consecuencia de una desenfrenada vida del pensamiento.

El resultado de la existencia en la auto‑conservación del hombre‑yo es que todos los reinos subhumanos están marcados por la misma señal: cada forma e impulso vital está centrado en la auto‑defensa y en la auto‑conservación, todo vive a costa de los demás.

 

Rueda de la dialéctica: el proceso repetitivo del nacimiento, la vida, la muerte y la reencarnación.

 

Simpático: parte del sistema nervioso que en el hombre dialéctico no está bajo el control de la voluntad, sino que funciona automáticamente; en especial los dos cordones nerviosos a la izquierda y a la derecha de la columna vertebral. Estos dos cordones se unen en la cima de la columna vertebral, en la pineal.

 

Sistema del fuego de la serpiente: el sistema columna vertebral‑cerebro, sede del alma o del fuego de la conciencia.

 

Una Sancta: véase (nueva) Ekklesia.

 

Vacío de Shambhala: campo al margen de la esfera material y de la esfera reflectora. Preparada por la Fraternidad de Shambhala (un determinado aspecto de la Fraternidad Universal) en favor de aquellos alumnos que han recorrido el camino de regreso con seriedad, entrega y perseverancia, pero que aún no podían entrar en el nuevo campo de vida. Cuando hay una base mínima de trabajo, tales alumnos se ven capacitados, por este campo de trabajo especial preparado para ellos, para continuar la obra comenzada, para consumar su liberación de la rueda y participar en la nueva vida, en circunstancias armoniosas, libres de las penas, impedimentos, peligros y aflicciones de la naturaleza dialéctica.

 

DESENMASCARAMIENTO

Por

JAN VAN RICKENBORGH

INDICE

Introducción

PRIMERA PARTE

LAS SOMBRAS DE LOS PROXIMOS ACONTECIMIENTOS

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

SEGUNDA PARTE

HARMAGEDON

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Glosario

INTRODUCCION

Impulsados por la tremenda gravedad de la época actual, y deseando auxiliar a la humanidad de la mejor manera posible, dirigimos al mundo esta serie de disertaciones con el objetivo de descorrer el velo que oculta la realidad a nuestros ojos en nuestra existencia llena de ilusiones. Este escrito constituye un serio aviso y un guía para prestar auxilio a todos los que, viendo las señales, reflexionan profundamente sobre su responsabilidad ante Dios y ante la humanidad inmersa en el sufrimiento.

La presente publicación hace referencia, en determinados fragmentos, a la Joven Fraternidad Gnóstica y al Nuevo Reino Gnóstico fundado por ella, inatacable Ciudadela de Luz y Vida que porta ayuda y consolación en este mundo de tinieblas y de muerte. Aunque en esta realidad hablamos y damos testimonio de esta Fraternidad y de este Reino, y aunque ambos nos capacitan para difundir a todos nuestro Mensaje de la Verdad Viva, no es nuestra intención explicar aquí lo que esta Fraternidad y este Reino significan. Para esto recomendamos a los interesados la lectura de los libros publicados ya por la Escuela Espiritual de la Rosacruz de Oro.

Los motivos que nos han llevado a publicar este libro se basan en la absoluta necesidad de propagar una advertencia urgente, en esta época dramática, respecto a los hechos inevitables que van a suceder, provocados por la manera de vivir ciega de nuestra humanidad, una seria advertencia respecto a los espectaculares acontecimientos que se realizarán en un futuro próximo y que representan un intenso peligro para la humanidad.

Que esta señal, dada todavía a tiempo, pueda salvar a muchos hombres de las fatales garras de la Gran Ilusión que va a venir, de forma que puedan emprender a tiempo el Único Camino de la Liberación.

PRIMERA PARTE

LAS SOMBRAS DE LOS PROXIMOS ACONTECIMIENTOS

CAPITULO I

Las características del orden dialéctico

Ahora que el Nuevo Reino Gnóstico en Europa se ha vuelto realidad, y que todos los alumnos serios de la Joven Fraternidad Gnóstica Moderna han sido conducidos hasta las fronteras de la Tierra Prometida; ahora que, después de tantos años de peregrinación preparatoria en el desierto, estamos despertando en todos nuestros hermanos y hermanas la conciencia adecuada para su entrada en el Nuevo Reino, se ha vuelto una urgente necesidad informarles sobre varios fenómenos de la época actual, pues si no estuviesen advertidos respecto a ellos y no poseyeran una visión nítida del transfondo de muchos acontecimientos venideros, sin duda alguna serían engañados y, a pesar de sus mejores intenciones, seguirían caminos que les llevarían directamente al abismo, por lo que estarían completamente perdidos para el Reino Gnóstico.

En el desarrollo de cada Fraternidad Gnóstica ha habido períodos de este tipo en los que, cuando el éxito estaba casi al alcance de la mano, en el momento mismo de alcanzar la meta, surgieron las mayores dificultades del exterior y aparecieron serios obstáculos y engaños que amenazaron con impedir la victoria. Poseemos relatos de todos estos acontecimientos en forma de leyendas y cuentos con significado velado, y existen también relatos de gran precisión con descripciones fieles y precisas del desarrollo de tales eventos.

Las situaciones que cada una de las sucesivas Fraternidades Gnósticas tuvieron que afrontar fueron siempre muy diferentes, totalmente de acuerdo con las radiaciones en constante cambio y con las tensiones de las influencias planetarias y zodiacales del año sideral que, como tal vez saben, dura aproximadamente 26.000 años.

Esto explica por qué las sucesivas Fraternidades Gnósticas, durante dichos períodos de desarrollo, tuvieron que sufrir persecuciones intensamente violentas y crueles por parte de fraternidades enemigas (como fue el caso de las fraternidades que existieron durante los últimos tres mil años, incluyendo también la Fraternidad de la Rosacruz Clásica), o persecuciones relacionadas con poderosos acontecimientos cósmicos y atmosféricos.

Así se puede afirmar que el principio en que se basan todas las experiencias gnósticas es invariablemente el mismo. Aunque la sucesión de los acontecimientos y las circunstancias sean diferentes en cada período, nada puede suceder que no haya ocurrido ya en los siglos pasados. Los incesantes ciclos de los años siderales hacen de esto una certeza absoluta.

Para poder comprender bien el fondo psicológico de los próximos acontecimientos, deben tener en cuenta que todas las criaturas que pertenecen a una naturaleza dialéctica, por el estado de ser que poseen desde su nacimiento, no sólo están inclinadas a la auto conservación, sino también a la autoprotección. Este hecho no sólo se fundamenta en el carácter del orden natural, sino que también es un deber natural, un impulso natural que hace absolutamente imposible proceder de otro modo.

Todo aquel que ama su estado del yo, todo aquel que está ligado a su estado del yo nacido de la naturaleza, considerará como enemiga o por lo menos peligrosa, debido a su posición egocéntrica, a cualquier persona que quiera disolver este estado natural o que intente librarse de él. Pues por el hecho de que todos hemos nacido de la naturaleza y somos parte integrante de este campo natural, es evidente que cuando nosotros personas con una orientación gnóstica queremos abandonar esta naturaleza y nos volvemos hacia el otro Reino, atacamos los fundamentos del “orden” al cual estamos atados por naturaleza, desorganizándolo y debilitándolo. Así pues, cuando apenas hemos entrado en el Camino Gnóstico, los eones de la naturaleza, con todos sus poderes y sus huestes, se vuelven inmediatamente nuestros enemigos declarados, enfrentándose si fuese necesario a todos los motivos sentimentales o costumbres civilizadas.

Por esto, los que se vuelven hacia la salvación escondida en la Luz de Cristo y sacan las consecuencias pertinentes, serán confrontados al instante con la hostilidad de este mundo. Esta hostilidad es una reacción natural, una autoprotección natural. Por este motivo, todo el que comienza decididamente a recorrer su Camino, encuentra una fuerte oposición y se ve envuelto en toda clase de obstáculos. Se vuelve inmediatamente un extranjero en la Tierra, al que no se le permite ni que la luz toque sus ojos encontrará oposición permanentemente, tal como se relata en la historia de los grandes Servidores del Mundo. Ellos sufrieron persecuciones y fueron combatidos debido a su estado de ser y a su misión. Sin embargo, sabiendo cuales eran las intenciones psicológicas y la posición forzosa de sus oponentes, no contestaban a su vez con oposición, sino que, llenos de amor por la humanidad, respondían con inmensa compasión y absoluta carencia de lucha. Su única arma si nos es permitido usar esta expresión era el hecho de que sus personas estaban enteramente orientadas hacia la corriente de la Gracia, hacia las directrices y líneas de fuerza electromagnéticas del otro Reino. Esto les proporcionaba una seguridad completa, evitando con la no reacción cualquier conflicto que de otro modo les habría atado.

Existe otro aspecto muy diferente en este tema. El orden natural dialéctico, como sistema, como campo cósmico en la Manifestación Universal, forma parte de un campo más vasto, de un cosmos mayor, del que lógicamente depende. Teniendo en cuenta que el campo dialéctico constituye un todo separado un todo “aislado”, como dice Jacob Boehme totalmente desligado de la Manifestación Universal debido a que en esencia es diametralmente opuesto al Gran Plan Divino que fundamenta el Todo, este campo dialéctico, por ser un cosmos aislado, como ya se ha dicho, será corregido periódicamente por el Campo Intercósmico y purificado de todas las injusticias perpetradas dentro de su esfera, las cuales amenazan, de forma repetida y constante, con imposibilitar la vida en el campo dialéctico.

El destino más trágico de los eones naturales, sus fuerzas y sus súbditos, es que por su propia naturaleza se revelan también contra el Logos, se oponen a El y a sus procesos de corrección, entrando en lucha contra El, por el hecho de que toda criatura nacida de la naturaleza tiende a conservarse y a protegerse a sí misma. Así pues, cuando de cualquier modo o por cualquier motivo es corregida en su comportamiento natural, se levantará en lucha contra el corregidor y ofrecerá resistencia a cualquier proceso que le afecte a ella y a su mundo.

El Logos nos llama por medio de la Fuerza de Luz que todo lo penetra, y si respondemos a esa llamada recorriendo el Camino, inmediatamente encontramos hostilidad y nos sentimos como extranjeros en la Tierra. Nuestro destino será entonces el de la Pistis Sophia.

Como ya hemos dicho, el Logos interviene periódicamente, durante las rotaciones siderales, en la marcha total de los acontecimientos dialécticos, con el fin de limpiar y purificar; esta actividad la efectúa sobre la base del Amor Eterno que sostiene al Todo y, en consecuencia, también a la dialéctica. Pero en ese mismo instante toda criatura se opondrá al Logos. Ella debe hacerlo debido a su estado natural, porque no puede actuar de otra manera debido a que está atada a la ley de la naturaleza. (Así hay que entender la vida bajo la ley)

Esta es la tragedia del Maligno, descrita a través de los siglos por tantos pensadores, poetas y videntes:

“Te saludo, ¡oh Luz!
que penetras en mis dominios.
Te saludo, a Ti que labras los caminos
que yo combato con fervoroso odio.
Yo sé que Tuya es la victoria, Señor,
y aún así me revelo contra Ti.
Este es mi destino:
Hasta que muera, hasta mi última hora,
te resisto a Ti, Señor.”

Sabemos ahora que estamos viviendo en una Era en que no sólo existe una Joven Fraternidad Gnóstica preparada para escapar de las garras de la naturaleza y que, por ello, desencadenará la lucha, de acuerdo con la ley de la naturaleza, sino que en esta Era la Tierra ha entrado también en un período de corrección mundial por parte del Logos, y que, como consecuencia, todos los eones de la naturaleza, sus fuerzas y sus vasallos, se unirán al combate contra el desarrollo cósmico de los acontecimientos. Esta es la razón por la que la esfera en la que vivimos actualmente está tan repleta de complicaciones, pues se está desarrollando una resistencia total contra la revolución cósmica y atmosférica, y también contra el movimiento gnóstico en expansión.

Los fundamentos de la naturaleza dialéctica se estremecen, al mismo tiempo que se evidencia una intensa oposición respecto al Logos en vías de manifestación. Y puesto que nosotros, en tanto que Grupo Gnóstico, también tomamos parte en estos grandes acontecimientos, es evidente que debemos reflexionar muy seriamente sobre todo lo que va a suceder, si queremos, en primer lugar, poder mantenernos firmes en medio de la tempestad, y así poder trabajar, en segundo lugar, en la Gran Obra Sagrada tal como debe ser.

Al hacer estas consideraciones, de ningún modo podemos suponer que esta lucha, esta resistencia, se plasmará bajo uno de los modos conocidos por nosotros, o que será semejante a las luchas armadas comunes entre los hombres. ¡No! Las armas usadas por los eones de la naturaleza, con sus fuerzas y sus súbditos, son siempre las armas de la imitación, de la falsificación y de los efectos teatrales.

Estas armas están siendo usadas con ingeniosa sagacidad y con el mayor conocimiento científico, aplicado de un modo perfectamente práctico. Además son de tal modo asombrosas, envolventes y eficaces, que cuando la humanidad sea confrontada con ellas, será un ataque totalmente por sorpresa, pues las multitudes se encontrarán enfrentadas a algo que parecerá como un perfecto milagro. Y este “milagro” será de tal envergadura, que el gentío no podrá sino creer y confiar totalmente en él, siguiendo así lo que le es revelado.

Por este motivo, en las Sagradas Escrituras hay advertencias sobre la aparición del anticristo, como por ejemplo en Mateo 24, donde se lee:

“Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas,
y harán grandes señales y prodigios
para inducir a error si fuese posible
aun a los mismos elegidos.
¡Mirad que os lo digo de antemano!”

Debemos investigar y comprender claramente la naturaleza de estas señales y milagros, pues el tiempo ha llegado en que se presentarán ante los hombres e intentarán imponerse a ellos.

CAPITULO II

El método del adversario: la imitación

Ya les hemos llamado la atención sobre el hecho de que todo cuanto se manifiesta en la naturaleza dialéctica, todo lo creado tanto la naturaleza orgánica como la inorgánica forma parte de una idea, de un plan, de un sistema de reacción en cadena y pertenece a un solo Cuerpo. Consecuentemente, existe una cohesión absoluta entre todas las criaturas y creaciones; todo tiene su propio lugar en el Universo, al cual se siente íntimamente ligado.

Considerándolo superficialmente, esta fusión de la criatura con la creación, en el Universo dialéctico, podría parecernos una manifestación de gran belleza: la criatura íntimamente unida a su naturaleza, envuelta en un manto adaptado perfectamente a esta naturaleza, y que se explica por esta misma naturaleza. No obstante, si examinamos e investigamos más cuidadosamente este hecho, comprobaremos que esta belleza es solamente aparente y que en realidad dicha unión es un cautiverio, pues el espíritu que anima el campo de la naturaleza y con el que se identifica el espíritu que vivifica toda creación y toda criatura dentro de este campo de naturaleza no es sino una desunión fundamental minuciosamente elaborada en un mundo de contradicciones.

En el Universo dialéctico todo impulsa a la individualización, por lo cual cada individuo, para conseguir sus objetivos, tiene que adaptarse a las leyes que gobiernan el tiempo y el espacio; leyes basadas en el aislamiento, sufrimiento, lucha por la vida y muerte. Estas leyes, expresión del espíritu vital de la naturaleza, conducen inevitablemente a una gran maldición y a un sufrimiento inexpresable. Leyes a las que se adapta la gran masa de individuos, con todas las teorías y prácticas de la auto conservación natural, mientras que sólo un pequeño porcentaje de la humanidad busca desesperadamente la integración, la unificación con Dios, busca orden, reposo, equilibrio, armonía en la gran casa de la naturaleza. Evidentemente ésta es una búsqueda infructuosa, puesto que es imposible alcanzar la integración en un campo de naturaleza inadecuado para ello. Por ello, todos los esfuerzos que se hagan en este sentido fracasarán invariablemente, puesto que con ellos no se consigue integración alguna, sino a lo más una coagulación, una postergación de los procesos vitales naturales.

La verdadera integración consiste en desaparecer existencialmente de todo este campo de naturaleza, mediante la unión con otro espíritu de vida y el desarrollo de otra existencia que se adapte a ese otro espíritu de vida. ¡Este es el objetivo de toda Gnosis!

La Gnosis acoge a todos aquellos que buscan la integración y que están preparados para ella impulsándoles al gran proceso del renacimiento gnóstico. Por lo tanto, nosotros, que deseamos recorrer ese camino, debemos empezar por despedirnos de principio de la gran casa de este mundo, para recorrer en la práctica todos los caminos de la transformación y de la renovación, los cuales consisten en menguar diariamente según la antigua naturaleza y en crecer diariamente según la nueva naturaleza, en completa concordancia con las leyes Juanistas y Cristocéntricas.

No obstante, hemos visto que el campo natural, el estado natural del que hemos nacido, no puede permitir la realización del proceso de renacimiento. Al contrario, se opondrá a él y tratará de retenernos, en función de las muchas razones de auto conservación, de las que hemos hablado tantas veces.

Por esta razón, cuando queramos abandonar este campo de naturaleza, esta misma naturaleza luchará contra nosotros, a través de sus criaturas y de sus creaciones, a partir del momento en que se haga evidente que ya no nos puede retener mediante sus fuerzas de radiación electromagnéticas.

No obstante, en el transcurso de la marcha de la naturaleza cósmica, hay también momentos y períodos en los que el gran proceso redentor del renacimiento puede realizarse más rápida y fácilmente. Estos son los períodos que suceden inmediatamente a aquellos en los que se ha efectuado una limpieza de la iniquidad del campo de la naturaleza dialéctica. Naturalmente, esta iniquidad volverá a brotar nuevamente y a concentrarse, puesto que este campo es el albergue de una humanidad caída.

El objetivo de esa purificación es siempre abrir de nuevo una puerta para la liberación de los microcosmos cautivos en este campo de naturaleza. Este es el motivo por el que, según ya hemos explicado, todos los eones de la naturaleza, sus fuerzas y sus siervos se oponen a esa purificación, puesto que ello acerca cada vez más el fin de todo el reino de la naturaleza caída.

“¡Pues bien, esa oposición se realiza por medio de una imitación!”

La imitación puede ser considerada como un inmenso fraude. Sin embargo, en esencia es una reacción muy lógica. Cuando vislumbramos teóricamente la naturaleza liberadora y unificante de la vida cristocéntrica, y al mismo tiempo sólo experimentamos tristeza y sufrimiento, ¿no resulta evidente que tratemos de imitar la vida cristocéntrica? Sería algo así como una nueva receta: “Si un remedio no da un resultado satisfactorio, bien, probemos otro que tal vez pueda salvar a este mundo de la muerte.” Toda la vida religiosa natural de nuestra época, no es otra cosa que imitación, fácilmente comprensible, pero extremadamente ingenua; una imitación de la “Imitatio Christi”.

Pero, por muy comprensible y disculpable que sea esto, no deja de ser por ello la mayor traición que se pueda cometer. Porque imitar es muy diferente a seguir, (y sólo siguiendo a Cristo se llega a la Vida Liberadora y Unificante!

La imitación que actualmente encontramos por todas partes (aunque por el momento sólo sea en el estado inicial de su manifestación) es, cuando mucho, apariencia bien intencionada; no una apariencia que ayudaría a alcanzar la realidad, sino una apariencia y esto es lo funesto hecha para imitar la realidad, ¡para hacer pasar la apariencia por realidad!

Para poder obtener cierto éxito en esto, se debe disponer de:

11 Información pormenorizada;

21 Medios;

31 Buena dosis de inteligencia;

41 Las correspondientes probabilidades de éxito, y

51 Una situación general que ofrezca oportunidad para la realización.

Tomando como base los cinco puntos arriba señalados, vamos a explicarles ahora toda la estructura de la escenografía de la gigantesca farsa, cuya representación está en vías de realización. Una farsa cuya representación se iniciará pronto con la intención de imitar deliberadamente la realidad por medio de la apariencia. Queremos comenzar por el quinto punto y demostrarles hasta qué punto la situación general del mundo y de la humanidad favorece la promoción de esta mascarada de simulacros.

Todos sabemos por experiencia propia cuán grande es el desorden de la situación actual del mundo; todos conocemos las amenazas a nuestro alrededor y la búsqueda general de posibles soluciones. Además de esto, percibimos el aumento de la tensión nerviosa de millones de individuos y también cómo las radiaciones de Acuario, que son la causa de todo esto, se vuelven de hora en hora más poderosas; radiaciones desmaterializantes que hacen necesaria la revolución cósmica. Se puede afirmar con toda certeza que jamas existieron condiciones más favorables que las actuales para el éxito de la imitación del “seguir al Cristo”.

Se puede admitir, por lo tanto, que el éxito está asegurado, mucho más cuando varios centenares de millones de seres humanos han sido preparados intensamente, por las corrientes de la religión natural, para acontecimientos materiales espectaculares y vulgares, de naturaleza religiosa. Casi toda la humanidad ha recibido una educación religiosa natural, y tiene fijas en su sangre las imágenes de las representaciones de la religión natural. De este modo, cuando de una manera hábil e inteligente se ponga en escena un espectáculo mundial en concordancia con esta serie de imágenes, se tendrá asegurado un grandioso éxito.

Se podría preguntar si existen los medios que permiten vivificar y conservar en acción una farsa teatral de tal magnitud. La respuesta es afirmativa. Los medios necesarios se poseen actualmente gracias a los descubrimientos y aplicaciones de la ciencia moderna, los cuales pueden ser combinados excelentemente con determinadas prácticas mágicas que vamos a describirles.

Otra pregunta que podría formularse es si hay también medios con los que se pudiera escenificar el espectáculo de la Gran Farsa de forma tan plausible para todos, que tal como lo expresa el capítulo 24 del Evangelio de Mateo hasta los elegidos puedan ser engañados.

Respondiendo a esta última pregunta debemos decir, que en las Sagradas Escrituras de todos los tiempos tomadas en sentido literal se podrían encontrar todas las indicaciones sobre la finalidad y la consecución de la Gran Farsa, y que sólo un puñado de seres humanos ha conseguido elevarse por encima de esta comprensión literal

Vamos ahora a esbozar los rasgos fundamentales de la Gran Imitación.

Se escenificará nada más y nada menos que el Gran Regreso del Señor, tal como se describe en varias profecías apocalípticas. Esta representación será escenificada por medio de poderosos fenómenos basados en la ciencia natural.

El mundo entero será afectado por ello y ningún rincón será olvidado.

Todos lo podrán ver con sus propios ojos y todos experimentarán: “El Señor viene en las nubes del cielo con todos sus santos ángeles.”

Se interferirá en los gobiernos de todos los países, y se instituirá un gobierno mundial.

En el mundo resonará el lema “Paz en la Tierra”.

Exceptuando algunos detalles menores, y a pesar de todo fundamentales, todo será tan perfectamente “real”, que no hay duda de que prácticamente toda la humanidad tomará la impostura por realidad y reaccionará en correspondencia.

Los pormenores de estas excepciones serán, por ejemplo, que el lobo no vivirá pacíficamente con la oveja; el escorpión y la víbora continuarán picando y mordiendo como antes, y que la cabra no se tumbará al lado del leopardo, a no ser que sean obligados a hacerlo por medio de anestésicos.

No obstante, toda la humanidad se reunirá en los lugares de culto para horas de oración y acción de gracias. Habrá multitudes en fiesta, pero, como en el pasado, la multitud vivirá de las ollas de carne de Egipto, llenas con los productos del matadero, viviendo mucho más tiempo del considerado normal, por la utilización de inventos y de sus aplicaciones.

Entretanto, la verdadera “Ekklesia en la Tierra”, que vislumbrará la farsa desde la primera hora y se negará a tomar parte en ella, será agredida y perseguida. Y la multitud se regocijará de su aparente caída.

Enunciemos ahora cómo será representada la Gran Farsa, quienes serán los actores de su ejecución, dónde habitan, cómo viven y quiénes son sus colaboradores.

Pero entretanto recorramos, con la mayor rapidez que nos sea posible, el luminoso Camino de la Gnosis, para que estemos cobijados en el Nuevo Reino Gnóstico cuando llegue el momento de la gran tempestad, y para que seamos una roca, en medio de la resaca, para muchos miles de personas que dentro de poco necesitarán de nuestro auxilio en su decepción.

CAPITULO III

Los dos caminos

Intentaremos describir ahora la Gran Farsa, tal como será representada dentro de poco tiempo. La Farsa de la imitación del Retorno de Cristo está compuesta por varias escenas.

Aparte de la escena religiosa, habrá también una escena que se desarrollará en el sector económico, otra en el político, otra en el social y otra en el científico, así como otros muchos aspectos y proyectos que parten todos del gran plan central. Por métodos completamente nuevos, dirigidos desde ese punto central hasta ahora desconocido, este amplio plan tendrá como finalidad la constitución de un estado teocrático que incluirá a todos los países, pueblos y razas en un estado de paz que excederá con mucho a las más audaces esperanzas de los comunistas, bellamistas, socialistas y de los demás idealistas. La idea directriz será el establecimiento de un cielo perfecto en la Tierra.

Plan en verdad muy seductor, ya que ¿quién no aprobaría la ejecución de tal proyecto? ¿Quién sería el que no desearía un poquito de cielo en la Tierra?

La dificultad para ejecutar tales planes es que, en un orden terrestre como el nuestro, cada movimiento práctico idealista tiene, además de partidarios y militantes, adversarios y enemigos. No hay un solo punto en el que pueda existir unanimidad. Precisamente el hecho de haber tantos que de modos diferentes desean establecer un reino de bienaventuranza y de paz, da origen a enormes luchas.

El individualismo exacerbado, la conciencia de un aislamiento absoluto, el empedernido egocentrismo de todos, ha hecho que hasta hoy las mejores intenciones acabasen en la mayor miseria.

Igual que nosotros comprendemos esto, lo comprendieron y lo comprenden muchos más, y también ellos han discutido repetidamente entre sí, buscando igual que nosotros una solución.

Pues bien, desde el punto de vista teórico hay dos soluciones posibles: una a la que llegarán todas las almas centradas en lo terrenal es la institución de un amplio gobierno mundial fascista y teocrático; otra a la que nosotros aspiramos es la de abandonar completamente este mundo por medio de la Transfiguración e integrarnos en Otro orden mundial.

De estas dos soluciones teóricas, solamente una de ellas demostrará ser realizable prácticamente; sólo un camino ofrecerá la solución verdadera, la liberación y la vida eterna.

Ahora bien, es evidente que la humanidad, por muy dividida que esté, deberá emprender uno de estos dos caminos, deberá dirigirse hacia una de estas dos soluciones teóricamente realizables. Cada ser humano tendrá que escoger entre los dos modos de existencia que dentro de poco serán los únicos que prevalecerán:

El fascismo teocrático o
la Transfiguración.

Ambos planes están ahora en vías de realización.

No vamos a tratar ahora sobre el Camino de la Transfiguración, el Camino de la Gnosis. Quien desee información sobre esto puede tener oportunidad de obtenerla, en cualquier momento, en la Escuela de la Rosacruz de Oro, a través de sus trabajadores y de su literatura.

La finalidad de la presente publicación es informarles de la manera más clara posible, sobre los aspectos, características y desarrollos concernientes a ese otro plan. En primer lugar, se trata de que ustedes puedan ser capaces de determinar claramente su propia actitud y punto de vista respecto a ese plan, pues es necesario que se formen una idea general sobre esto, con el fin de que todos podamos conservar nuestra objetividad. En segundo lugar, esta información es presentada, debido a los inminentes peligros que amenazan a los hijos de la Gnosis, con el crecimiento del fascismo teocrático. Las causas y la naturaleza de esta amenaza ya les fueron explicadas.

Se podría preguntar ahora: ¿Qué es lo que retrasa la ejecución del plan para la unificación del mundo? La respuesta es, como ya fue mencionado: la discordia general de la humanidad.

Entonces, ¿qué es lo que, aparte del egocentrismo, conserva en la humanidad tan fuertemente viva esta discordia? La respuesta es: la discordia entre los distintos grupos que existen en la esfera reflectora

Tal vez conozcan ya, por nuestra literatura, cómo se desarrollan y cómo se mantienen los diferentes grupos en la región del más allá de la muerte (la esfera reflectora) El orden dialéctico es una naturaleza de la muerte, compuesta de dos esferas principales: la esfera material, o sea, la región en la que existe el hombre nacido de la materia, y la esfera reflectora o la región de los muertos. En este orden de naturaleza, que se caracteriza por la incesante variabilidad de todas las cosas, todos los microcosmos son vivificados y vaciados continuamente en un proceso circular de surgir, brillar y decaer, lo que llamamos nacer, vivir y morir. Esto significa que ustedes reciben repetidamente una nueva personalidad, la cual se desvanece después de haber realizado su recorrido en la esfera material.

La esfera material es, por lo tanto, el campo de vida de la personalidad, y la esfera reflectora es el lugar donde se vacían los microcosmos.

Por estas rotaciones y experiencias a través de las dos esferas de esta naturaleza de la muerte, se registran en cada microcosmos una suma de experiencias, un recuerdo, una fuerza, un resultado total de cada manifestación de la personalidad, hasta que finalmente aparezca una personalidad en el microcosmos que, en virtud de la madurez de experiencias del microcosmos, sea capaz de tomar la resolución y tenga la fuerza necesaria para partir de esta naturaleza de la muerte hacia las regiones del otro orden cósmico. No una salida hacia la esfera reflectora como consecuencia de la muerte corpórea, ¡sino una victoria sobre la muerte y una negación de la esfera reflectora!

En el proceso de desarrollo del plan fundamental de la naturaleza de la muerte surgen incidentes e irregularidades. Toda esta creación, sabiéndose sujeta a la muerte en este orden de tiempo y espacio, intenta escapar a esta muerte, no por medio de la única manera posible, sino de mil modos diferentes e infructuosos, como todos nosotros conocemos.

Existe un tremendo miedo a la muerte, simplemente porque los seres humanos no conocen la Vida Verdadera. Como consecuencia, intentan conservar y prolongar la vida de todas las maneras posibles.

Si aceptamos la verdad, tendremos que reconocer que cada empeño de realización vital, procede de este inconmensurable terror a la muerte.

La Eternidad llama a lo mortal; lo mortal, sabiendo que está sujeto a lo que es temporal, se pone a luchar en contra de su naturaleza debido al miedo a la muerte. Esta lucha ha producido resultados muy antinaturales. Uno de ellos es la coagulación o demora de la volatilización de la personalidad en la esfera reflectora, de la disolución en el “más allá” del resto de la personalidad. Esto comporta una adhesión a la Tierra en diversos grados.

¿Cómo se produce esta coagulación o esta demora? ¿Cómo se mantiene? Simplemente, robando y utilizando incorrectamente la fuerza de luz, es decir, radiaciones etéricas y fuerzas etéricas.

Cada grupo idealista de la naturaleza dialéctica y espacio temporal, sea cual sea el motivo que le anime, sea de naturaleza religiosa, sea de cualquier otra tendencia, primitiva o cultivada, atrae fuerzas de luz, bien por la magia positiva, bien por la magia mística. Como se dijo, estas fuerzas son éteres atraídos por los grupos, independientemente de las necesidades personales, concentrándose alrededor de ellos como una esfera particular. Cada miembro del grupo se ata fundamentalmente a esta esfera y es alimentado por ella de un modo sobre personal, de tal manera que cuando un miembro del grupo muere y, consecuentemente, su microcosmos abandona el cuerpo material y está listo para continuar la volatilización de la personalidad, esta disolución puede ser retardada, o incluso detenida por completo, por el hecho de que numerosas fuerzas de luz, que emanan de la esfera del grupo en cuestión, alimentan los restos de la personalidad destinada a la descomposición. Esto puede llegar al extremo de impedir la disolución de la personalidad. De este modo, se crea una vida en la esfera reflectora muy antinatural.

Así pues, aquellos que por miedo a la vida se contentan con permanecer en ese estado, y que están en contacto después de la muerte con todos aquellos que quedaron atrás en la esfera material, harán todo lo posible por inspirar al grupo al que pertenecían, estimulándole e incitándole a continuar con el trabajo perseguido por el grupo, ya que mantener viva la esfera del grupo significa el mantenimiento de la existencia de los muertos vivos de la esfera reflectora.

De este modo, en el transcurso de los tiempos, los grupos de la esfera reflectora han ido desarrollándose, sin intención predeterminada, sobre la base de las aspiraciones terrestres, cuyas consecuencias se hicieron ver más tarde. Estas consecuencias no pudieron ser contenidas y, una vez aprisionados allí, la única cosa que podían hacer era resignarse. Por esto, es algo seguro que las dos esferas de existencia se mantienen recíprocamente como en una reacción en cadena.

Cuando se sabe todo esto, una investigación más profunda de la esfera reflectora nos revela lo extraordinariamente compleja que se ha vuelto la cultura de estas dos esferas, y cómo, por la lucha por la existencia, fue posible erigir y dividir la esfera reflectora, en tanto que campo general de vida, en lugares que satisfacen a cada grupo en particular.

Pero también descubrirán que muchas entidades portadoras de Chispa de Espíritu han sido bloqueadas en su proceso natural como consecuencia de este retraso, y que, sabiendo que su microcosmos está prisionero de este modo, cooperan precisamente por esta situación a que se multipliquen las entidades portadoras de chispa de vida, para así dar nacimiento a un rebaño de criaturas en la esfera material, que generen continuamente suficiente fuerza de luz para el grupo prisionero en la esfera reflectora.

Así se ha desarrollado un inextricable caos, una confusión de naturaleza muy complicada.

La causa de este caos, que ha existido desde las primeras épocas hasta la era actual, es el deseo, el error de intentar encontrar vida donde no puede ser encontrada.

Toda la naturaleza dialéctica, con sus dos esferas, se ha sobrecargado de vida impía, a pesar de las buenas intenciones; por esto nadie, de arriba a abajo, se siente seguro, aunque innumerables millones de personas se consideran a sí mismas muy buenas, muy filantrópicas, profundamente religiosas, y tan llenas de magia blanca.

¿Comprenden ahora por qué cada hermano o hermana de la Rosacruz Clásica tenía que prometer no emplear sus conocimientos para prolongar su vida, sea aquí abajo o en la esfera reflectora? Pues cualquier persona que lo intente, que se entregue a ello, será capturada irremisiblemente en esa tela de araña.

Si pueden comprender bien este esquema de la realidad, habrá quedado también claro que todo esto debe conducir inevitablemente a una crisis cósmica. Toda la vida dialéctica se siente amenazada, porque los innumerables efectos secundarios de esta vida, fundamentalmente no divina, ocasionan un oscurecimiento de todo el campo dialéctico. Como consecuencia, la fuerza de luz ya no basta para alimentar la vida antinatural en la esfera reflectora, surgiendo así peligros intercósmicos. Una información más completa al respecto la podrán encontrar en nuestra literatura.

Les aconsejamos que profundicen lo más posible su visión al respecto, para que puedan comprender claramente por qué la jerarquía dialéctica está ocupada en la creación de un fascismo teocrático mundial.

Así como en la narración clásica de Jesús, el discípulo Judas quería forzar a Jesús a asumir el mando de un movimiento nacional, para la institución de un gobierno teocrático en este mundo terrestre, también la jerarquía dialéctica persigue ahora el mismo objetivo.

Ella quiere provocar una gran afluencia de fuerza de luz intercósmica, haciéndolo posible por la aplicación de métodos científicos. Ella quiere utilizar esta fuerza para mantener el equilibrio necesario entre el consumo y el abastecimiento de fuerza de luz; resumiendo, y para expresarlo de una manera ortodoxa, para establecer un reino mesiánico terrestre.

Tal vez desearán saber lo que significa “jerarquía dialéctica”. Es la organización que comprende todas las fraternidades de la esfera reflectora, por lo menos la mayor parte y las más importantes de ellas, algo así como la Internacional de la esfera reflectora.

CAPITULO IV

La escasez de fuerza de luz

Pasemos ahora a analizar detalladamente la manera en que la jerarquía dialéctica se esfuerza por enfrentarse a la gran crisis cósmica en desarrollo.

Como sabemos, la jerarquía dialéctica se encuentra en un gran peligro, debido al hecho de que la actual producción de fuerza de luz, de naturaleza dialéctica, no abastece suficientemente las necesidades de la esfera reflectora.

Todas las entidades que viven en la esfera material, y que consecuentemente disponen de un cuerpo material, generan fuerza de luz terrestre, es decir, transforman los éteres que ellos mismos reciben de las regiones cósmicas que nos rodean.

Esta transformación de fuerza de luz intercósmica en fuerza de luz terrestre se realiza a través de la sangre, la secreción interna, el fluido nervioso, el fuego de la serpiente, y el fluido de la conciencia.

Esta fuerza de luz así transformada por los seres humanos, individualmente o en grupos, constituye el pan de vida de todos los que residen en la esfera reflectora de la manera descrita. Los habitantes de la esfera reflectora no pueden transmutar por sí mismos la fuerza de luz intercósmica para su propio uso, ya que les falta el organismo necesario de la personalidad. No poseen ya el órgano material indispensable, pues su vehículo más denso consiste solamente en una parte del cuerpo etérico. Consecuentemente, si quieren conservar los restos de su personalidad, tendrán que hacerlo absorbiendo la fuerza de luz que les es ofrecida voluntariamente, o que simplemente roban.

Todos los grandes grupos religiosos, idealistas u ocultistas de la esfera material, ofrecen voluntaria o involuntariamente a su contraparte, que reside en la esfera reflectora, prácticamente toda la fuerza de luz que generan por medio de sus actividades. De este modo, los que viven en el campo de vida material mantienen colectivamente un grupo parásito gigantesco en la esfera reflectora.

Observamos que en el siglo pasado, como consecuencia de toda clase de acontecimientos terribles que tan duramente azotaron a la humanidad, hubo un declive de las calidades religiosas e idealistas de las masas a la par de una fuerte disminución de las actividades con ellas relacionadas. La humanidad se ha vuelto en gran parte realista y completamente irreligiosa. La humanidad conserva aún su fe teórica, como una especie de decoro místico, pero esta fe ya no tiene influencia concreta sobre la vida de las masas, en el sentido de su finalidad original. Las tendencias religiosas e idealistas han sido desviadas hacia lo político, social y económico.

Las iglesias se están quedando cada vez más vacías, y las operaciones de fuerza de luz, que la esfera reflectora realiza en los que frecuentan las iglesias, ya no producen una cosecha tan abundante como antes. El idealismo se está extinguiendo, y el idealismo práctico se manifiesta por medio de contribuciones a diferentes organizaciones, las cuales están cada vez más dirigidas, por motivos políticos, por los gobiernos, a sabiendas de que la pobreza es una fuente generadora de revoluciones y corrientes revolucionarias. Esta es la razón por la que actualmente, la mayor parte de las obras humanitarias ya no está basada en la filantropía, sino que son ejecutadas por motivos estrictamente realistas y prácticos.

Todo esto ha ocasionado en la humanidad una inmensa modificación en los procesos de transmutación de la fuerza de luz, tanto en la actividad individual como en la de los grupos. Los actuales procesos de transmutación producen éter químico y éter vital en exceso, así como gran cantidad de éter reflector de muy lamentable calidad, pero muy, muy poco éter de luz.

El éter reflector o éter del pensamiento sólo es liberado en la medida en que el hombre lo necesita para sus proyectos de naturaleza material densa, mientras que el éter de luz, que antes era liberado abundantemente por las corrientes religiosas, humanitaristas e idealistas, así como por movimientos de masas, sólo es atraído para el mantenimiento directo del cuerpo. Los dos éteres inferiores o sea, el éter químico y el éter vital, que cuidan del lado formal de los seres y de las cosas, así como de su mantenimiento, son producidos en cantidad abundante.

En vista de tal situación, podemos afirmar con certeza que los habitantes de la esfera reflectora no pueden sacar provecho de los éteres inferiores, excepto aquellas entidades pertenecientes a los grados más bajos de atadura a la Tierra. ¡Pero estas entidades nunca tuvieron que quejarse por falta de alimento o por imposibilidad de obtenerlo!

Solamente el éter de luz y el éter reflector puro, los éteres superiores, son los que constituyen el pan por excelencia para los muertos que desean mantenerse en el más allá, ya que los restos de su cuerpo vital están compuestos, desde el momento de su muerte, únicamente de estos éteres.

Por lo tanto, está claro que cuando la humanidad de la esfera material no produce ya suficiente fuerza de luz, compuesta por los dos éteres superiores, la jerarquía dialéctica y sus siervos caen en un estado de gran angustia. Por esta necesidad imperiosa se ven obligados a esforzarse al máximo para restablecer la producción de fuerza de luz, indispensable para su mantenimiento en la esfera reflectora.

Precisamente para este fin debe ser representada la Gran Farsa, nacida de esta tremenda lucha por la existencia.

¿Qué quiere la jerarquía dialéctica? ¿Qué están obligados a hacer para seguir existiendo?

Conforme ya fue dicho, tiene que restablecer el equilibrio entre su necesidad de fuerza de luz y la producción de fuerza de luz de la humanidad que vive en la esfera material. Para esto, la jerarquía dialéctica necesita las fuentes de fuerza de luz de las regiones intercósmicas, y también las de la humanidad que está viviendo en la esfera material, la cual debe comenzar otra vez a atraer espontáneamente las fuerzas de luz de las fuentes intercósmicas y a transmutarlas para su asimilación, de modo que el producto final de estos procesos de transmutación pueda ser robado por la jerarquía.

En primer lugar, es obvio que será lanzada en gran escala una nueva campaña de propaganda. Podríamos expresarnos en estos términos: “El ministerio de propaganda” de la jerarquía dialéctica ha elaborado un programa en diversas fases que serán ejecutadas sucesivamente.

Actualmente, la jerarquía dialéctica no ha llegado todavía al punto de peligro de muerte inmediata, ya que si se encontrase en tal situación, ya no tendrían tiempo ni fuerzas para poner el programa en ejecución. No, también en esa jerarquía es válido el lema: “Gobernar es prever. Más vale prevenir que curar.” No obstante, para esa jerarquía las cosas han llegado ahora a un punto en que ha sido sobrepasada la señal de alarma. Por ello, la situación actual de la humanidad es más grave de lo que podríamos suponer, pues entre la necesidad perentoria de la jerarquía dialéctica en el momento actual de la historia mundial, y la absoluta agonía del final definitivo, hay un período que estará caracterizado por acontecimientos impresionantes y violentas convulsiones. Las fraternidades de la esfera reflectora tienen aún gran poder en la Tierra, y poseen sus sucursales en la esfera material, ocupadas por innumerables entidades que tienen todavía sus cuerpos materiales. Con esto queremos dar a entender que el “ministerio de propaganda” tiene poder y capacidad para ejecutar todas las fases del programa.

Es necesario tener presente siempre que la gran finalidad de todo el programa conviene repetirlo es forzar a la humanidad dialéctica a producir la fuerza de luz que la jerarquía dialéctica necesita; para eso, la humanidad tiene que liberar éter de luz y éter reflector.

Estos dos éteres serían liberados en gran cantidad si toda la humanidad en masa entrase en éxtasis religioso e idealista, y si todos los pensamientos y conceptos filosóficos fuesen concordados en la misma clave. Para esto, tanto el grupo de la humanidad científicamente cultivada y altamente intelectual, como la pequeña fracción de la humanidad con inclinación filosófica, deberán ser arrastrados también.

Por esto, se está intentando acaparar a todos los grupos de la humanidad bajo el mismo engaño de la Gran Farsa, con el fin de que no haya ni un solo grupo que pueda oponerse a él. Así pues, el programa y su ejecución tendrán la apariencia de algo muy razonable, y superará satisfactoriamente el análisis más riguroso. Tanto la clase alta como la baja, tanto los de izquierdas como los de derechas, en general todos creerán en la Gran Farsa.

Esto explica finalmente por qué habrá tanta animosidad contra el grupo de los unidos a la Gnosis, que como única excepción no sólo no creerá en la Gran Farsa, sino que además advertirá con énfasis contra ella, mostrando a la humanidad Otro Camino, en oposición a todos los fenómenos y hechos científicos naturales.

Por esto, es tan necesario que todos los que se encuentran unidos en la Gnosis estén totalmente preparados y seguros, antes de que la gran furia se desencadene contra ellos, pues no hay ni habrá peligro del que no puedan protegerse completa y eficazmente los servidores y confesores de la Gnosis debidamente preparados. Para alcanzarlo, debemos emplear todo nuestro tiempo correctamente en el presente vivo, para elevarnos al Cuerpo de la Transmutación, el Cuerpo del Consolador, del Paráclito, para construir una fortaleza inexpugnable para todos aquellos que deseen refugiarse junto con nosotros cuando lleguen los días de la gran desilusión.

La Gran Farsa ya ha comenzado con el punto número uno de su programa: propaganda de masas. La propaganda es un lenguaje que la humanidad conoce ya desde hace mucho tiempo, pero ahora en mayor escala, de acuerdo con la conocida fórmula norteamericana: reuniones de evangelización en estadios y edificios enormes, cuanto mayores mejor, con la fácil aplicación de la psicosis de masas, bajo la dirección de predicadores especialmente entrenados.

Supongamos que diez mil personas puedan ser congregadas para este fin. Bastará entonces un pequeño truco de magia para colocar bajo control psíquico por lo menos al 50 por 100 de los que allí se encuentran, atándoles y provocando éxtasis hasta la locura, que terminen en confesión pública. En este estado de perturbación mental, con acompañamiento de oraciones enardecidas, de sonido de mantrams, de cantos de himnos, firmando declaraciones y promesas solemnes y emocionales, la magia tomará posesión de estas personas, como consecuencia de lo cual la jerarquía dialéctica podrá decir con certeza: “Les tenemos en nuestras manos.” Y el punto número uno del programa habrá sido todo un éxito en cuanto a ellos concierne.

Estos hombres formarán el núcleo para la ejecución con éxito del segundo punto del programa; un núcleo que arrastrará a la otra mitad de la multitud reunida en el estadio que hasta entonces permanecía inconmovible.

No digan ahora: “¡No me atraparán!“ Sería mejor no decirlo, sino demostrarlo mediante una riqueza de actos gnósticos liberadores.

CAPITULO V

Los peligros para la Juventud

Enmarcado dentro del mismo tema expuesto hasta ahora bajo el título “Las sombras de los próximos acontecimientos”, es necesario que hablemos sobre el trabajo de la juventud en general, y en especial sobre la Cantera de la Juventud de la Escuela Espiritual Moderna. El trabajo de la juventud también entra en una fase extraordinaria, un período de naturaleza tan especial que todos sus trabajadores se encontrarán en situaciones extraordinariamente excepcionales.

Teniendo esto en cuenta, todos aquéllos cuyo deseo es servir a la Escuela en su labor, deberán ser muy cautelosos. En primer lugar, todo alumno de la Escuela que quiera ser un trabajador deberá observarse siempre a sí mismo, pues quien desee hacer algo para el prójimo debe poder ser capaz de hacerlo. Debe tener la capacidad de hacerlo. Por esto, el constructor debe ser ante todo un autofrancmasón que pueda dedicarse al servicio del prójimo con la debida práctica y completamente preparado.

Por ello, ahora es evidente que, todos nuestros colaboradores de la juventud, tendrán mucho que hacer en los próximos meses y años para realizar con éxito la obra que les incumbe. Esta es la razón por la que es tan necesaria la auto francmasonería, la verdadera autopreparación, la cual deberá ser el punto central en la vida de cada uno de ellos, si quieren elevar el Trabajo de la Juventud al nivel exigido y mantenerlo en él.

Hemos dirigido nuestra mirada hacia el futuro próximo, en el que se mostrarán las consecuencias del ya mencionado desarrollo en la atmósfera magnética, y por lo tanto en toda la esfera de vida de nuestra Tierra. Son las consecuencias del Nuevo Campo Gnóstico que se ha formado, y también las consecuencias del desarrollo causado por los que ejecutan la Gran Farsa. Estas dos esferas de influencia producirán un fuerte impacto sobre la juventud y, tal como ya se afirmó, de una manera muy especial.

Para comprender esto, debemos tener en cuenta el hecho de que en el niño se desarrolla un cuádruple nacimiento. Este desarrollo se producía antes en cuatro períodos de aproximadamente siete años cada uno, de modo que se puede afirmar que el joven no existía completamente en la dialéctica hasta después de su vigesimoctavo aniversario. Actualmente este período es mucho más corto, pero varía mucho de un individuo a otro.

Cuando tiene lugar el nacimiento material, los cuatro vehículos del ser humano apenas están formados, todavía no han nacido completamente. El cuerpo material es extremadamente frágil y pequeño, y se encuentra en el período inicial de su crecimiento. Así pues, desde el punto de vista orgánico, el ser humano está lejos de ser completo. Diversos órganos se encuentran todavía en estado totalmente latente o ni siquiera existen.

Además, el niño no posee todavía los otros tres vehículos que el hombre necesita además del cuerpo material, es decir, el cuerpo vital o cuerpo etérico, el cuerpo sideral y el cuerpo mental.

El cuerpo etérico y el cuerpo sideral de los padres, y especialmente el de la madre, ayudan al niño durante los primeros años de su vida; pero al mismo tiempo el cuerpo del niño que no posee suficiente control sobre su cuerpo absorbe directamente éteres y radiaciones siderales, tal como se encuentran en la atmósfera de la vida del niño.

Esta es la causa, o lo será en el futuro próximo, de las actuaciones muy extrañas del niño a las que nos referimos. Luego se puede decir, sin exagerar en absoluto, que a su debido tiempo los padres, así como los educadores y monitores de la juventud, tendrán que luchar por la salvación de los niños. Consecuentemente, en el futuro nuestro trabajo de la juventud necesitará desplegarse en un sentido completamente nuevo.

Actualmente el niño entra en contacto con el trabajado de la juventud de la Escuela a la edad de seis años. Pero dentro de poco esto puede ser demasiado tarde para poder ayudar todavía al niño. Esta es la razón por la que el trabajo de la juventud tendrá que ampliarse informando debidamente a los padres y a los futuros padres, pues pronto la esfera de vida de los padres será el único manto protector del niño en sus primeros años, porque la Gran Farsa procurará, a ser posible, apoderarse del niño ya en su estado pre natal.

Sin duda será muy útil dar alguna explicación más a este respecto.

Inmediatamente después del nacimiento material, se inicia un período durante el cual el cuerpo vital o etérico tendrá que formarse y nacer. Pues bien, este cuerpo etérico se formará más o menos de acuerdo con la imagen original, con el plan, con la matriz de la respectiva manifestación de vida y en conformidad con el karma del respectivo microcosmos, así como también más o menos de acuerdo con la fuerza vital y la orientación de vida de los padres. Pero en toda esta serie de factores y éste es precisamente el punto difícil hay todavía mucho de incierto e indeterminado.

Basta pensar en la fuerza vital y en la orientación de los padres. ¿Ha nacido el niño como consecuencia natural del matrimonio? O, ¿fue deseado el niño de modo consciente y serio, de acuerdo con las aspiraciones del alumnado, con la intención de no solamente dar la oportunidad al microcosmos de ser vivificado, sino también, y principalmente, con la intención de guiar con seguridad a ese microcosmos con su personalidad hasta el Nuevo Reino Gnóstico? ¿Se hizo todo lo posible, desde el primer momento en que se esperaba al niño hasta su nacimiento y desde el nacimiento hasta el estado de adulto, para darle la necesaria educación, orientación y ayuda?

Si los padres, junto con los monitores de la juventud, y así con la Escuela, comienzan su tarea, la prosiguen y la llevan a su consumación, entonces habrá una oportunidad de poder salvar al niño. (Nótese que si consideramos el trabajo de la juventud bajo este punto de vista, éste se volverá de vital importancia para toda la Escuela) ¡Será preciso luchar por cada niño! Si no lo hacemos, no habrá posibilidad de preservarle para la Gnosis. Pues todo depende, en primera línea y directamente, del tipo de éteres químicos, vitales y de luz que circulan a través del cuerpo del niño durante los primeros años de su existencia. El cuerpo y los fluidos naturales del alma se modelarán completamente por la influencia de estos éteres. La secreción interna, por ejemplo, dependerá de ellos, así como su futura actividad dentro de los límites del karma y de la herencia genética. Por esta razón, los ejecutores de la Gran Farsa podrán atrapar con facilidad a toda la juventud, por medio de grandes corrientes de radiaciones etéricas. Y todos sabemos que “de joven se tuerce el árbol”. Lo que se forma en la juventud, difícilmente puede ser destruido más tarde.

Podemos afirmar con seguridad que cuando sus cuerpos etéricos hayan sido modelados bajo la mano de los ejecutores de la Gran Farsa, muchos niños de cinco o seis años ya estarán absolutamente perdidos para la Salvación.

Durante el período siguiente se va formando el cuerpo sideral o cuerpo del deseo, el cual generalmente se completa entre los doce y los quince años de edad. En esta época se demostrará lo que fue dañado y destruido en la primera infancia. Esta destrucción es intensificada por las poderosas y constantes corrientes siderales mantenidas con este fin por el Gran Adversario, las cuales aprisionan completamente al yo del deseo en la materia, en la naturaleza de la muerte.

Estamos tocando este tema sin intención de describir ninguno de sus aspectos de forma completa. Sólo intentamos demostrar la gran importancia que tiene el Trabajo de la Juventud de la Escuela Espiritual Moderna, para que todos aquéllos a quienes afecte este trabajo, encuentren un estímulo para profundizar y extender este trabajo en la medida en que lo vaya exigiendo la extraordinaria gravedad del momento.

Cuando hablamos de “juventud perdida” no nos referimos a una juventud hundida profundamente en el pecado, en la miseria y en la inmoralidad, sino a una juventud perdida para la Gnosis. Comprendan bien lo que la Gnosis pretende:

Esta Escuela es la Escuela Espiritual Gnóstica que emana de la Fraternidad Crística de la Rosacruz de Oro, la cual abre literal y corporalmente la Tierra Prometida a todos los que realmente lo quieren.

Por eso, esta Escuela no tiene nada absolutamente nada en común con ninguna fraternidad de la esfera reflectora. Cualquier contacto de este tipo es absoluta y enérgicamente rechazado.

El propósito de la Gnosis es conducir a sus alumnos fuera de “la Casa de Servidumbre” de la dialéctica, en la exacta acepción del término, e introducirles en el Orden de Vida de Cristo. (Este es el objetivo de la Gnosis Crística!

Cuando hablamos del Gran Adversario, no nos referimos a los que se hallan en el tenebroso cenagal de la frontera entre la esfera material y la esfera reflectora, ni tampoco a los que hormiguean en las infectas cloacas de la vida, sino a la jerarquía de las fraternidades de la esfera reflectora, a los espíritus de luz del más allá, con todas sus intenciones religiosas y humanitaristas, llenos de amor y buenas intenciones, que no hablan de otra cosa que de Cristo, la mayoría de las veces con intenciones sinceras, y que por todos los medios desean sumergir a la humanidad en una ola de bondad.

En resumen, nos referimos a Judas, el discípulo del Señor, que se sentaba a la mesa con Él y Le traicionó al querer transformar la dialéctica, el mundo transitorio, en un Reino Divino.

Pues bien, un grupo movido por estas mismas intenciones será el que escenificará la Gran Farsa de la vuelta de Cristo, con vestiduras blancas y cantando himnos, en un escenario moderno y con todos los descubrimientos de la ciencia moderna natural.

Esta Gran Farsa abarcará a todo el mundo y se presentará a sí misma como un acontecimiento intercósmico. Los prolegómenos de esta Gran Farsa pueden verse con claridad actualmente; pueden ser oídos y experimentados muy claramente. Por esto, hablamos de una juventud perdida para la Gnosis.

Teniendo esto en cuenta, si los padres, los educadores, los monitores de la juventud y la Escuela colaboran de manera correcta con respecto a la juventud, los resultados serán exactamente contrarios a los que intentan obtener los ejecutores de la Gran Farsa.

CAPITULO VI

La “emisión del mensaje”

Les hemos explicado por qué la jerarquía de las fraternidades de la esfera reflectora necesita escenificar y realizar la Gran Farsa del retorno de Cristo. Hemos dicho cómo sufren por la creciente escasez de fuerza de luz humana, la cual constituye el principal factor de vida para todos los que desean continuar manifestándose y manteniéndose en la esfera reflectora. También hemos explicado que la Gran Farsa está siendo puesta en escena para remediar esta gran pérdida. El propósito de esa jerarquía consiste en subyugar a toda la humanidad por medio de una mistificación nueva y muy actual, que provoque un éxtasis profundamente religioso y emotivo, y asegure así una poderosa producción de fuerza de luz que permita cubrir de nuevo las necesidades de los seres de la esfera reflectora. ¡Esta es la finalidad!

Los promotores de la Gran Farsa saben muy bien que para tener éxito en ello es necesario, en primer lugar, eliminar todas las diferencias sectaristas y todas las incompatibilidades que existen entre las diferentes corrientes; que toda la casta de las autoridades, de los teólogos, sacerdotes y científicos importantes digan “amén” a todos los fenómenos presentados por la Gran Farsa, de forma inmediata y sin reservas, de modo que el mundo, las masas, no siga a las autoridades que tuviesen una actitud negativa. Desde el curandero de la tribu más oscura de la Tierra, hasta el más eminente profesor de la más famosa universidad, todos deberán estar de acuerdo sobre la naturaleza y la esencia de los fenómenos que se desplegarán sobre el mundo.

Comprenderán, por lo tanto, que si la jerarquía desea que esa Gran Farsa tenga éxito, tendrá que disponer de grandes fuerzas, grandes poderes y una increíble genialidad, con el fin de asegurar que todos se sometan sin más a la evidencia de los hechos, a excepción de los gnósticos de la Escuela Espiritual.

En beneficio de estos gnósticos y de todos los que demuestren ser sensibles al toque de la Gnosis, se da a tiempo este aviso al mundo.

Describiremos ahora algunas escenas de la Gran Farsa. No sabemos con precisión en qué orden serán presentadas todas las partes del programa, ni queremos afirmar que nuestra descripción sea completa. No obstante, nuestras informaciones serán suficientes para que las puedan reconocer inmediatamente cuando se inicie la Farsa.

Un día, en el futuro próximo, por la mañana, por la tarde o al anochecer, la gente estará oyendo sus programas favoritos en la radio: sermones, charlas, conciertos, etc.

En uno de los momentos más importantes del programa, cuando se pueda considerar que la atención es máxima, la emisión se debilitará, se hará inaudible… Todos los oyentes oirán una voz suave, una voz bella, profunda, llena de amor, anunciando que no ha habido interferencia alguna en la estación emisora y que la emisión radiofónica será restablecida en breves momentos, que sólo se trata de una corta interrupción, con el fin de darles una comunicación en nombre de Dios, destinada y dirigida a todos. Se anunciará entonces que el Gran Día del Señor ha llegado, el Día del Regreso de Cristo, y que todo el mundo es invitado a prepararse para ese día y esa hora.

En Europa Occidental este incidente en la radio tendrá lugar al mismo tiempo en todas las emisoras en funcionamiento en aquel momento. El incidente durará algunos minutos y el programa normal continuará de nuevo. Ni el sacerdote, ni la orquesta, ni el personal de la emisora sabrán en ese momento lo que ha ocurrido, pues de hecho no habrá habido ninguna interferencia.

Pero un poco más tarde todo el mundo telefoneará a todas partes para preguntar lo sucedido y para protestar de todas las maneras. Pues en muchos domicilios habrá habido alguien que se haya desmayado por el miedo. “¿Cómo se puede asustar así a la gente?”, dirán; y también: “¿Qué iglesia o secta es responsable de esto?” Otros dirán: “¡Esto no quedará así!”

Y antes de que el personal de la emisora salga de su perplejidad llegará una inundación de telegramas, de todas partes de Europa, diciendo que aunque todo ocurrió sin aparente interferencia, hubo realmente una interferencia de alguna clase y con el mismo mensaje para todos.

¿Se pueden ustedes imaginar qué dirán los periódicos al día siguiente? (Todos traerán descripciones del incidente, la reacción de varias personas; su terror y sorpresa, protestas de los médicos y además innumerables preguntas) Toda Europa estará agitada, todas las clases sociales, todos los medios, tanto de la derecha como de la izquierda. Las autoridades de los gobiernos y de la radio tomarán disposiciones para que se efectúe una investigación rigurosa. Se darán conferencias, desde varios puntos de vista, intentando explicar lo que podría haber detrás de estos acontecimientos. En resumen, se levantará un intenso interés general.

Algunos días después, el fenómeno se repetirá con un mensaje semejante, y esta vez con mayor éxito, ya que, como podrán suponer, todo el mundo estará pegado a la radio. Informaciones de todos los lugares del mundo confirmarán que sucedió nuevamente lo mismo y que fue escuchado el mismo mensaje.

¿Pueden imaginarse el impacto que tendrá la ejecución de esta sola fase del programa en toda la humanidad? Como consecuencia, la exportación de fuerza de luz hacia la esfera reflectora aumentará intensamente en todos los países. ¡Pero este punto del programa no es más que el comienzo!

Posiblemente se pregunten ahora: ¿Cómo pueden llevarse a cabo estas interrupciones en la radio y quiénes son los que realizan tal proeza?

Ustedes saben que los programas de radio son emitidos y recibidos por medio de electricidad, cuyas ondas de radiación tienen cierta longitud, según acuerdos mutuos. Pues bien, una maravillosa e ingeniosa aplicación de la electrónica permite absorber, sin detrimento, la energía enviada por la estación difusora de tal modo que ninguna energía o radiación de esa emisora llegue a los aparatos de radio, mientras que al mismo tiempo se puede imitar la emisora bloqueada con otro aparato.

Las entidades que ejecutan este trabajo pertenecen a ciertas órdenes o fraternidades con sede en ciertas regiones polares, como por ejemplo en Groenlandia. Son entidades de naturaleza femenina y masculina, de las que se hablará mucho en un futuro próximo, pues los miembros de estas órdenes serán utilizados de muchas maneras en la Gran Farsa, de la cual les informaremos lo más ampliamente posible. Estas personas son grandes conocedores de la sicología popular y saben mejor que nadie cómo manejar ciertos pueblos y razas.

El mecanismo que acabamos de mencionar, con el que se obtendrá el citado efecto radiofónico, puede ser considerado una combinación de técnica y magia. No hay duda de que su construcción es técnica, pero tan extremadamente sensible, que puede ser dirigida y utilizada por medio de los poderes de la voluntad y del pensamiento, entrenados y controlados. Podrán imaginarse, por tanto, que además del efecto radiofónico explicado, los Gobiernos y otras autoridades podrán ser influidas directamente por ese mecanismo. Cuanto más mentes y corazones sean capturados como consecuencia del efecto psicológico conseguido por la radio, después del primer acto de la Gran Farsa, mayor será el número de personas que caerán víctimas abúlicas de las mencionadas órdenes, mediante sus maquinaciones técnico mágicas.

La Humanidad recorre el camino de su autodestrucción, debido a su intelectualismo anormal y a su formación de costumbres racionales, lo que pone en peligro a la esfera reflectora a causa de la carencia de éter de luz. La jerarquía dialéctica va a obligar ahora a la humanidad a obedecerla por medios técnicos mágicos, es decir, por sus propios medios. El modo de influencia empleado hasta ahora por la esfera reflectora está perdiendo eficacia cada vez más rápidamente. Y por esto, será empleado otro medio para conseguir el mismo fin, un medio ultra moderno.

Concluimos esta exposición con esta advertencia enfática: apresúrense en el Camino de la Liberación Gnóstica que les es indicado. Aprovechen las oportunidades que les son ofrecidas para la Liberación.

¡Si los poderes de la Gran Farsa les atrapan sin que todavía hayan movilizado su resistencia y sin haberse vuelto suficientemente conscientes, sin duda alguna serán víctimas de ella!

CAPITULO VII

Fenómenos en el cielo

Después del extraño y sorprendente mensaje radiofónico sobre el “Día del Señor” que ha llegado, la Gran Farsa continuará produciendo fenómenos atmosféricos capaces de cautivar a las multitudes. Todos los que han sido familiarizados desde la infancia con interpretaciones exotéricas de las Sagradas Escrituras de la Biblia, y todos los que desde hace mucho tiempo las han olvidado, así como los que han abusado de estas Escrituras o las han profanado, o los que sólo se reían de ellas, todos correrán temblando y aterrorizados a los templos e iglesias que habían frecuentado en el pasado. ¡No habrá lugar suficiente para contener a tanta gente!

Serán organizadas impresionantes reuniones, a las que se les dará el nombre de “humillaciones”. Millones de personas enviarán súplicas a sus respectivas imágenes de dios para que sean salvadas, puesto que ha llegado el “Gran Día del Señor” y hasta ahora se mostró poca comprensión al respecto. De esta manera la producción de fuerza de luz será masiva y aumentará el poder de la jerarquía de la esfera reflectora.

¿Y qué sucederá después? Encima de todos los centros metropolitanos y residenciales, de todos los países y de todas las partes del mundo, sin la menor excepción, los fenómenos atmosféricos mencionados podrán ser vistos en determinados momentos y cada vez con más frecuencia, hasta que se vuelvan diarios. Se pensará que los cielos se han abierto. Habrá un gran silencio; el cielo se cubrirá de una fusión maravillosa de colores pastel. El tráfico se paralizará y todos mirarán hacia arriba.

Entonces se oirá una música poderosa, cantos celestiales se oirán y aparecerán rostros en las nubes. Cuerpos majestuosos, agrupados en torno de UNO, que será reconocido como Jesús el Señor. ¡Será una multitud que nadie podrá contar!

¿Imaginan ustedes una escena de estas sobre la ciudad de Londres? ¡Todos lo ven, todos lo oyen, nadie lo puede negar, nadie en todo el mundo!

Será fácil imaginarse cuáles serán las consecuencias de ello. Después de estas poderosas escenas de la Gran Farsa, la realización del resto del plan, es decir, la aparición real de la jerarquía dialéctica ya mencionada, será como un juego de niños. Se colocará al frente y tomará posesión de la dirección total en todos los países del mundo. Y no solamente en lo que respecta a la parte eclesiástica, sino también bajo el punto de vista político, con el fin de establecer una teocracia absoluta, una teocracia del pseudo Cristo, haciéndola pasar y concentrándola como realidad por medio de la Gran Farsa.

Técnica, mágica, científica y teológicamente, la mencionada fraternidad está a la altura de tal tarea, y después de la preparación mágica que acabamos de describir, la humanidad será como cera en las manos de esa fraternidad.

Les hablamos sobre estos acontecimientos y se los anunciamos para que todos ustedes puedan plantearse la acuciante pregunta: ¿Qué haré cuando la representación de la Gran Farsa surja sobre la Tierra y la humanidad?

Cuando de hecho, todos, sin excepción, sean engañados, ¿cuál será su actitud?

¿Permanecerán ustedes fieles a la nueva Joven Fraternidad Gnóstica, que como único testigo de la Verdad Absoluta negará el origen sugerido de todos estos fenómenos y que los anuncia al mundo anticipadamente?

Dentro de poco habrá dos reinos en el mundo:
el Reino de la Gnosis, y
el reino de los ejecutores de la Gran Farsa.

¿A cuál de estos reinos pertenecerán ustedes?

SEGUNDA PARTE

HARMAGEDON

CAPITULO I

La esfera reflectora

En la primera parte titulada “Las sombras de los próximos acontecimientos”, les describíamos la acción que está siendo preparada por la jerarquía de las fraternidades de la esfera reflectora, y que ya se está anunciando aquí y allá.

No obstante, en esa parte no se mencionó un punto muy importante, pues hemos querido esperar hasta el último momento para tratarlo. Este momento ha llegado, y seguir guardando silencio podría resultar fatal. Con el fin de obtener una imagen nítida del asunto que vamos a exponer, será necesario hacer antes una introducción más o menos amplia.

En primer lugar, queremos atraer su atención a la parte de nuestro campo de vida que denominamos esfera reflectora. Cuando el hombre muere, es su cuerpo material el que muere; pero la personalidad, además del cuerpo material, posee otros vehículos, como el cuerpo etérico, el cuerpo astral y finalmente una síntesis en forma de luz, un cuerpo que todavía no tiene forma y que se denomina poder del pensamiento.

Al morir el cuerpo material, también muere una pequeña parte del vehículo etérico. Todo vehículo etérico está compuesto por cuatro estados de densidad etérica. Los dos estados más densos mueren junto al cuerpo material, descomponiéndose inmediatamente con él. Las otras dos partes del vehículo etérico, así como el cuerpo astral y el poder del pensamiento, continúan existiendo por algún tiempo al otro lado del velo.

La pérdida del cuerpo físico ha ocasionado un daño muy grande a la personalidad, y las partes más sutiles de la personalidad también están condenadas a morir. Ellas se disuelven, a mayor o menor velocidad, en un espacio de tiempo que normalmente va de dos a treinta años. Finalmente sólo queda el microcosmos, que después de haber sido vaciado por completo de la personalidad busca otra vez una nueva vivificación.

Pues bien, después de la muerte del cuerpo material, todo este proceso se realiza en la esfera reflectora, en esos territorios más sutiles de nuestro planeta, a los cuales pertenecen los vehículos más sutiles de nuestra personalidad. Muchas personas piensan y de hecho vienen pensándolo, desde hace mucho tiempo, a través de todos los períodos de marcha de la humanidad que esta esfera reflectora, este lugar al otro lado del velo, es la gran meta de la existencia humana, el gran objetivo que Dios pone ante la humanidad. Además, mucha gente piensa que la vida en la esfera material tiene lugar una “sola vez”, que en el más allá está el cielo y el infierno, y que la vida en la Tierra, en la esfera material, es decisiva para la permanencia eterna en el más allá.

Por este motivo la mayoría de la humanidad siempre está preparándose, en su existencia material, para ir al país del más allá, con el fin de ganar la esfera celeste en lugar del infierno, y permanecer eternamente en aquella tierra de verano, llevando una vida gloriosa.

De esta manera, la humanidad religioso natural siempre ha estado orientada hacia la esfera reflectora. Ahora bien, muchas personas querían tener la certeza de la existencia del más allá, de esa futura vida eterna; deseaban comprobar su verdad, su realidad, o saber si se trataba de una simple mistificación. Pero estas personas no querían esperar a la muerte para entrar allí; querían un conocimiento exacto mientras todavía se encontraban en esta vida.

Por ello, intentaron conseguir esta certeza, y lo hicieron de la siguiente manera: trataron de permanecer totalmente conscientes durante el sueño de la noche. Querían transferir la conciencia diurna a su estado de sueño nocturno, con el propósito de poder observarlo todo con precisión, llegando así a conocer positivamente sobre la base de su propia conciencia.

Cuando alguien se duerme, la personalidad se divide. La parte sutil de la personalidad “sale”, como se dice comúnmente; de hecho, el fenómeno ocurre casi de la misma manera que durante el trance de la muerte. Sin embargo debemos observar que cuando la personalidad se divide al dormir, la conciencia humana también se divide.

Cuando la persona duerme, y el cuerpo físico reposa acostado en la cama, su doble etérico flota algunos decímetros por encima del cuerpo material, mientras que las demás partes sutiles de la personalidad pueden alejarse, si se desea, más o menos del cuerpo material. Como ya se ha dicho, cuando ha tenido lugar la división de la personalidad, la conciencia humana también se divide. Por esta razón, la conciencia humana durante el sueño difiere de la de su estado de vigilia, pues parte de la conciencia diurna permanece durante el sueño en el cuerpo material. Esta parte de la conciencia diurna se encuentra en un estado más o menos inconsciente y sin sueños.

Muchas personas suponían que durante el sueño era posible transferir la conciencia total a la parte sutil de la personalidad. Razonaban de la siguiente manera: “Si al dormir forzamos para que se desprenda lo que, cuando disponemos de la conciencia diurna, llamamos “conciencia total”, entonces el yo, al despertar, podrá traer consigo todo el resultado de las investigaciones en el más allá y grabarlas en el cerebro.

Con el fin de poder conseguir esto será necesario que todo el cuerpo material sea debidamente entrenado. Para llegar a este resultado, será necesario un entrenamiento del cerebro y una modificación de las células cerebrales. Todo el sistema nervioso central tendrá que ser sometido a una serie de reajustes, pues normalmente el cerebro transmite las escenas de la vida nocturna a las que llamamos sueños, pero sin que en general consigamos comprenderlas, puesto que, como todos saben, los ensueños son muy confusos, sin sentido y extremadamente velados.

Pues bien, este entrenamiento de todos los vehículos de la personalidad, cuyo fin es transferir la conciencia total a la personalidad sutil, es la base de la ciencia y las prácticas del ocultismo. Una persona que se someta a estas prácticas correrá el riesgo de una tremenda cristalización de la personalidad; una cristalización mucho más grande que la que se ocasiona en una vida humana normal. Como dijimos, intentará, en primer lugar, influir de distintas maneras en los procesos corporales orgánicos, para hacer que el cuerpo viva mucho más tiempo de lo que normalmente sería posible.

Por ello, un verdadero Rosacruz jamás podrá ser un ocultista, ya que en la Ley de Oro de la Fraternidad de la Rosacruz se dice, de una manera muy clara, que “ningún hermano de la Orden se esforzará por conseguir una vida más larga de la que Dios le haya designado”. Todos los hermanos de la Rosacruz aceptan esta Ley de Oro, sellándola con su propia sangre.

Literalmente, el ocultista ansía la prolongación del estado dialéctico de la vida. Ejercita toda su personalidad, tanto la parte sutil como la parte más densa, y toda su personalidad alcanza un factor de cristalización diferente, en oposición a la ley de la naturaleza dialéctica.

Fue de esta manera, brevemente descrita, como una parte del género humano creó para sí, de manera ilícita y contraria a la naturaleza, una vida en la esfera reflectora, en la región del más allá. Y es evidente que esta vida ilícita y antinatural también intenta mantenerse en la esfera reflectora. De la misma forma que las personas, en el lado material de nuestra naturaleza, intentan por todos los medios mantenerse aquí abajo, también los que habitan en la esfera reflectora tratan de poder conservarse en el otro lado del velo. Estas personas se imaginan vivas, creen haber alcanzado su objetivo, y se consideran ciudadanos del cielo, cuando en realidad son anomalías de la naturaleza dialéctica. Por este motivo son un peligro mortal para la parte de la humanidad que todavía está viviendo en el aquí abajo, pues para prolongar su vida en el más allá, y asegurarse su existencia, están obligadas a alimentarse constantemente con el éter de luz; ya que sólo de esta manera está asegurada su existencia.

Sin embargo, ellas ya no poseen éter de luz, o lo poseen solamente en pequeñas dosis. Y tampoco les es posible extraer ese éter de las corrientes etéricas existentes en la atmósfera intercósmica, ya que sus personalidades existen sólo parcialmente, y se hallan mutiladas. ¡Por esta razón tienen que recibir esas fuerzas etéricas de nosotros, los hombres que vivimos en la esfera material terrestre!

Esto lo consiguen por medio de toda clase de reuniones místicas, de las iglesias y de otras maneras. En “Las sombras de los próximos acontecimientos” se describía la necesidad y las consecuencias de todo esto.

Se puede comprender ahora lo que realmente es una fraternidad de la esfera reflectora. Es una colectividad de entidades que se mantienen ilícitamente dentro de esa esfera, y que son extremadamente perniciosas para el mundo y para el género humano, debido a la forma antinatural en que prolongan forzadamente su existencia y a las prácticas que se derivan de ello.

Comprenderán también qué es la jerarquía de estas fraternidades de la esfera reflectora. Es una agrupación de fraternidades de la esfera reflectora basada en la necesidad de auto conservación; pues aunque la mayoría de los diferentes grupos se encuentren en una actitud recíproca de hostilidad, cuando la necesidad les obliga, se unen y fundan una comunidad de intereses. Actualmente corren el riesgo de no poder continuar manteniendo la vida en la esfera reflectora, a consecuencia de la escasez, cada vez mayor, de éter de luz. Por esta razón están preparando la Gran Farsa; la Farsa del regreso de Cristo con el fin de empujar a la humanidad a que aumente la producción de éter de luz en beneficio de esas hordas de parásitos.

El regreso de Cristo es descrito en la Biblia, pero, desgraciadamente, no todas las personas lo interpretan de la misma manera. Algunos toman de un modo literal todo lo que dicen las Sagradas Escrituras, mientras que otros lo comprenden en sentido meramente simbólico. Realmente es muy pequeño el grupo de los que son capaces de comprender su verdadero sentido.

Este verdadero sentido de las Escrituras Sagradas de todos los tiempos posee diferentes aspectos. Tal vez conocen lo que significa la Senda de la Gnosis. Es el Camino de la Liberación real de la humanidad. Así pues, ese Camino no es ocultismo ni misticismo. No buscamos, ni deseamos tampoco, tener contacto con la vida que está al otro lado del velo.

En primer lugar, intentamos obtener el verdadero estado del Alma Viviente, intentamos llegar al nacimiento de un Alma Nueva. Cuando Ella nace, construimos un cuerpo del alma basado en el núcleo de esta Alma: una personalidad del alma a la que la Biblia se refiere bajo la denominación de “Soma Psychicon” o “Vestido de Oro de las Bodas”.

El Hombre Alma que sabe construir ese Vestido Nupcial, esa personalidad del Alma, entra en unión con la Vida Original, con la verdadera Humanidad, con la Divinidad del principio, con el verdadero Espíritu. Ese Hombre sigue, de eternidad en eternidad, un Camino que nada tiene que ver con el más allá, con la esfera reflectora, y que tampoco tendrá nada que ver con la esfera material del mundo de la dialéctica, ya que, en un momento dado, se desprenderá de toda la antigua personalidad, para seguir avanzando con el Vestido Nupcial de Oro, La personalidad del Alma.

No obstante, antes de que este Cuerpo del Alma llegue a realizarse por completo, el Hombre Alma en desarrollo encuentra al Gran Hombre Alma del que hablan las Sagradas Escrituras, el Príncipe del Alma, uno de los prototipos de la Humanidad Alma: el Cristo. Cuando el Hombre Alma despierta y contempla, corporalmente, por primera vez a la Humanidad Alma, entonces el Cristo ha regresado para él.

Vean todo esto claramente. La Gnosis siempre se da a conocer al género humano dialéctico, para mostrar al hombre caído el Camino que conduce a la Humanidad Alma. Ustedes han nacido para encontrar este Camino, para comprenderlo y para recorrerlo. Ese es el único objetivo de su vida. Sin ese Camino la existencia humana no tiene ningún sentido.

Esto nos muestra claramente que si la humanidad no desea recorrer ese Camino, sino que, por el contrario, desea establecer un reino terrenal, sea aquí abajo o en la región del más allá, algo deberá ocurrir con la humanidad.

El género humano nace, en este mundo dialéctico, con el fin de encontrar el Camino de regreso hacia la Humanidad Alma. Si no desea recorrer ese Camino, fracasa en su objetivo y es destruido. Y esta es la causa de la muerte. Pero, si el hombre encuentra el Camino que lleva al Mundo Alma, vence completamente sobre la muerte. Cuando el Alma ha nacido, la muerte ha sido vencida, pues el Hombre Alma existe de eternidad en eternidad. Aquel que conquista el Alma, vence la muerte y puede decir como Pablo: “¿Dónde está muerte tu aguijón, dónde está infierno tu victoria?”

Pero si el hombre no recorre el Camino que conduce a la Humanidad Alma, entonces, gracias a Dios, el cuerpo material se desintegra. Este es destruido por la muerte, para dar al microcosmos la posibilidad de acoger en su sistema a una nueva personalidad, que tenga la oportunidad de encontrar el Camino de regreso a la Casa del Padre. Si no encontramos el Camino que conduce a la Morada del Alma, de manera directa, entonces la muerte puede ser considerada como una bendición, una intervención para la salvación de la humanidad.

Cuando la humanidad obstinada intenta conservarse, prolongando la vida, y comprueba finalmente que esto es imposible, se aferra a la región del más allá, con lo que origina entonces enormes tensiones, causadas por la violación de las más elementales leyes de la naturaleza. En un momento determinado, estas tensiones harán explotar al mundo.

Repitámoslo: Cuando alguien trata de realizar un reino terrenal, en este lado o en el otro del velo, algo acontecerá a la humanidad. Entonces la humanidad se dirige rápidamente hacia su final. Entonces la vida será destruida, en ambas esferas de la existencia dialéctica, por la acción irresistible de las leyes fundamentales de la naturaleza.

Por un lado, el verdadero significado del regreso de Cristo es el encuentro del Príncipe del Alma en la Senda de la Humanidad Alma. Por otro lado, cuando en cierto período un gran grupo de personas avanza realmente por esta Senda, se desarrolla un período de calamidades para el resto del género humano. Surge entonces una crisis, una enorme explosión de las tensiones que las Sagradas Escrituras denomina el Juicio, el Juicio de Dios.

Apremiados por esta amenaza y por la falta de éter de luz, la jerarquía de la esfera reflectora está tratando de escenificar la “Gran Farsa”.

Pero, al mismo tiempo, no se puede negar el desastre, como consecuencia de la descarga de las tensiones antinaturales ya existentes y en constante crecimiento.

Vamos a intentar explicarles en

CAPITULO II

La llamada de la Gnosis

En el capítulo anterior hemos visto que, los que no encuentran ni recorren el verdadero Camino de la Liberación, van hacia una catástrofe, una crisis en la que se desarrollan varias explosiones ocasionadas por las descargas de las tensiones acumuladas.

Antes de que estas descargas se produzcan, existe todavía un cierto equilibrio, pues como dicen las Sagradas Escrituras: “El pueblo de Dios puede ser encontrado todavía en la Tierra.”

Por “Pueblo de Dios” entendemos el grupo de los que están preparándose para recorrer el Camino de la Gnosis. Este grupo atrae toda clase de fuerzas y radiaciones gnósticas que descienden a esta naturaleza, creando y manteniendo así cierto equilibrio, de forma que las descargas magnéticas contrarias no pueden tener lugar todavía.

Pero, tan pronto como este grupo orientado hacia la Gnosis comience a ser consciente del Camino, vea claramente los distintos aspectos de esta Senda y, además, tome conciencia de su propio estado y de sus posibilidades de poder abandonar esta Tierra de sangre y lágrimas, por medio del “Cuerpo Viviente”, que es una construcción gnóstica de fuerzas del Alma Viviente como el “Arca de Noé” o la “Barca Celeste” de los antiguos egipcios , se creará entonces una situación distinta. Se alterará el comportamiento de las radiaciones cósmicas y el grupo de los Hijos de Dios será aislado progresivamente del curso normal de la Tierra.

Seguirá entonces el camino hacia su nuevo campo de vida, el mundo de las Almas Vivientes que Cristo denominó “El Reino de los Cielos”, y será elevado de la Tierra dialéctica. Por consiguiente, las fuerzas de la naturaleza dialéctica ordinaria ya no serán retenidas más y volverán a seguir su curso natural. Todo esto es fácil de ilustrar mediante un sencillo ejemplo.

Imaginen que algunas personas quieren cometer una acción muy mala. A estas personas, inclinadas a realizar actos criminales, se les puede impedir que lleven a cabo tales actos, y pueden ser controladas mediante una severa línea de conducta. No obstante, las tensiones continuarán aumentando. Pues los pensamientos y deseos, que tienden hacia el mal, no están quietos y no pueden ser refrenados. En consecuencia, las tensiones continúan acumulándose. Y tan pronto como la autoridad disminuya el control y pase a atender otras tareas, las masas malignas quedarán entregadas a sus propios designios, y entonces ya se sabe lo que va a ocurrir: ¡las tensiones se descargarán!

En el Universo existen algunas leyes que mantienen cierta regulación y que se denominan “leyes de radiación”. Estas leyes de radiación regulan, en todo el Universo dialéctico, las condiciones de vida de todas las entidades y los grandes procesos de respiración de las estrellas, planetas y sistemas planetarios y zodiacales. Podríamos imaginárnoslo como un gigantesco mecanismo de relojería que señala el curso de las cosas en el orden espacio temporal, al que nada ni nadie puede escapar. Todos tienen que someterse a estas leyes de radiación que gobiernan todo el Universo. Por esto, es lógico que las posibilidades, gracias a las cuales se forma y alcanza su objetivo un grupo orientado hacia la Gnosis, estén determinadas también por estas leyes. Cuando un cuerpo gnóstico se somete, de modo preciso, a las indicaciones de las leyes de radiación, podrá recorrer su camino y alcanzar su meta sin impedimentos ni obstáculos.

Un grupo de personas de orientación gnóstica nunca aparece en un momento cualquiera de la historia del mundo. No, también los grupos gnósticos vienen y van de acuerdo con las leyes naturales y con las de radiación que lo regulan todo. Por ello, es posible que las personas que las estudian, que conocen sus acciones y han investigado sus cursos en el orden espacio temporal, pueden mostrar, como si pudiesen señalar con su dedo en el reloj intercósmico, todos los acontecimientos que irremediablemente tienen que ocurrir. Esta forma de actuar no es de ningún modo ni profecía ni adivinación, sino un saber basado en el conocimiento de la Ley Universal que lo gobierna todo. Es tener en cuenta, de modo realista y objetivo, el curso natural irremediable de los acontecimientos. No hay en estas predicciones voces susurrantes o misteriosas, ni controladores espiritistas, ni nada parecido; no es ninguna magia misteriosa, sino sólo el conocimiento de las leyes de radiación que gobiernan la manifestación universal.

Cuando los antiguos profetas hablaban de Dios, de su intervención o de los castigos futuros, se referían a las fuerzas de la naturaleza de las que ya hemos hablado, fuerzas que son irresistiblemente activas. Sabían que la acumulación de tensiones ocasionaría indudablemente una explosión en un momento determinado. Muchas veces es posible establecer anticipadamente el momento de la explosión.

Ahora se podrían preguntar: ¿Qué sentido tiene profetizar? Si el curso de los acontecimientos es inevitable en toda la manifestación universal, ¿qué necesidad hay de advertirnos anticipadamente? Para el hombre de la masa, para el hombre que actúa como animal de rebaño, esto no tiene en efecto sentido alguno, pero tiene verdadero valor para el buscador, de manera que cuando sea alcanzado por la Gnosis pueda encontrar el Camino de la Liberación.

Para el buscador es importante que le llegue una advertencia a su debido tiempo y lugar. Si estuviesen ustedes todavía en la fase de búsqueda y ansiasen ávidamente el Camino de la Liberación, sin discernirlo todavía claramente, y si les angustiasen toda clase de dudas, permaneciendo por ello indecisos, entonces para ustedes sería muy útil la siguiente advertencia: “¡Ocupen sus posiciones en el Camino y únanse al impulso del Logos!”

Se puede escapar al destino dialéctico recorriendo el Camino del verdadero destino de la humanidad. Por esta razón, es una prueba de amor a Dios y a la humanidad difundir la advertencia tan pronto como ella llega a nosotros y la comprendemos.

Todas las radiaciones y emanaciones de las leyes naturales, que intervienen en todo el Universo y en todos los mortales, describen órbitas, círculos y espirales en el Universo. Son radiaciones que afluyen y se alejan. No nos referimos a influencias astrológicas, ni tampoco a las radiaciones de los planetas, ni a los signos zodiacales que llegan hasta nosotros, sino a las Corrientes Intercósmicas, cuyo origen no está en el Universo dialéctico el séptimo plano cósmico , sino en los planos cósmicos superiores.

Inmensas corrientes y radiaciones cósmicas están activas continuamente en todo el Universo dialéctico, trazando estas corrientes y radiaciones, órbitas y cursos. Hablamos de radiaciones que afluyen y se alejan, radiaciones que abarcan ciertos períodos de tiempo para realizar su trabajo. Radiaciones que también regresan cada vez, ya sea en un plano superior o en uno inferior. En un plano superior, cuando el nivel de la humanidad ofrece la oportunidad. En un plano inferior, cuando la humanidad sigue un camino de degeneración. Así pues, se podría decir que todas estas radiaciones y corrientes intercósmicas instruyen e influyen a todos los seres vivos, sean hombres, animales, vegetales o minerales. Sin embargo, nuestra reacción a estas radiaciones intercósmicas es muy diversa, y es posible que un mismo rayo que da nacimiento a un grupo, para otro sea funesto y demoledor. Está claro, por lo tanto, que en un orden espacio temporal como el nuestro todas las cosas surgen y desaparecen, para reaparecer nuevamente.

Por este motivo, el análisis, según las leyes naturales del transcurso de los acontecimientos, durante un año determinado, es exactamente igual al ocurrido hace centenares o miles de años. Imaginen que, en este momento, entren en contacto con nosotros poderosas corrientes intercósmicas. ¡Si tiene en cuenta que las radiaciones intercósmicas describen órbitas, es evidente que estas mismas radiaciones ya han estado en contacto con la humanidad anteriormente! Supongamos también que hubiesen existido, por ejemplo, hace 10.000 años; en tal caso podríamos determinar y establecer, con absoluta certeza, los hechos que se están repitiendo en el presente, en base a las experiencias de aquella época anterior. Entonces una profecía relacionada con el género humano de hace miles de años, puede ser más o menos la misma que una profecía del presente, si la humanidad ha alcanzado el mismo punto de la órbita electromagnética en la que se encontraba en aquel tiempo, teniendo en cuenta, naturalmente, las diferencias sociales, técnicas y políticas.

Así se explica, y hacia esto dirigimos nuestra mirada, que la Pirámide de Gizeh, por ejemplo, relate una gran parte de la historia futura de la humanidad cuando nos describe el pasado. De este modo, la cronología de la Pirámide de Gizeh nos indica el destino de la humanidad durante una parte de un año sideral completo.

La cronología de la Pirámide comprende un período de 6.000 años, aproximadamente. Esta cronología habla del cumplimiento de dos destinos, a saber: el destino de la humanidad en sentido liberador y el destino de la humanidad en sentido decadente, pues las mismas radiaciones intercósmicas pueden dar lugar a diferentes reacciones, tanto positivas como negativas. Así pues, se trata del destino el hombre y la humanidad, del destino de los que se convierten o de los que se apartan. Si ustedes reaccionan positivamente a las radiaciones intercósmicas, éstas les llevarán a la Vida. En el caso contrario serán destruidos de una u otra manera. Así es y así será siempre con toda profecía verdadera. Todo análisis de la actividad de las radiaciones intercósmicas tienen siempre un doble sentido. Por este motivo, se puede leer en el Evangelio: “Cuando el Hijo del Hombre aparece, y surge la Luz, y los bienaventurados se elevan hacia El, entonces comienza el Juicio, la destrucción de la masa que no ha escogido.” Se hace alusión al destino de los que rehusaron definitivamente reaccionar de modo positivo a las radiaciones intercósmicas.

Cada estudio de las actividades de estas radiaciones da lugar siempre a dos interpretaciones. Después de haber leído la primera parte de este libro, sabrán que sucede lo mismo con respecto al análisis de los hechos futuros.

Cuando finalice el presente siglo, para mayor exactitud en el año 2001, termina la época descrita por la Gran Pirámide. Entonces ya no será algo que pertenece al pasado, un monumento que recuerda tiempos pasados, sino que la historia se repetirá de nuevo de abajo hacia arriba, por el hecho de que existen corrientes y radiaciones intercósmicas, cuya órbita abarca un período equivalente a 6.300 años.

Cada hombre, cada microcosmos, puede y debe imaginarse a sí mismo como centro de una radiación intercósmica, de una influencia intercósmica. Estas radiaciones intercósmicas se acercan a los grupos y también a los individuos. Para que puedan hacerse una idea de esto, piensen en la Luz del Sol, de la Luna y de los planetas. Si por la noche levantan la vista hacia el firmamento, experimentarán la sensación corpórea de que todas estas radiaciones convergen en ustedes. Nosotros somos el centro en el que convergen muchas radiaciones, tanto individual como colectivamente. Aunque haya quienes piensen que se pueden mantener al margen de estas radiaciones y se engañen a sí mismos, diciéndose: “las radiaciones no me tocan”, ellas penetran inevitablemente en todos nosotros, lo cual tiene sus repercusiones.

Por lo tanto, debemos extraer las consecuencias de ello. Debemos decirnos unos a otros lúcidamente: “Estudiemos las leyes de las radiaciones que están actuando en el momento presente, investiguemos su naturaleza y extraigamos las consecuencias, tanto para el individuo como para el grupo. Debemos aprender a comprender, ante todo, el modo por el que podríamos reaccionar positivamente a estas radiaciones.”

Esto es tan evidente que hasta un niño lo comprendería. Es la condición elemental de vida para todos nosotros, sin excepción.

Hagamos entonces un resumen de los hechos constatados hasta ahora. Nos encontramos en un orden dialéctico de emergencia, o sea, en nuestro campo de existencia actual, con el fin de aprender y comprender la Llamada de Dios y responder a ella de un modo positivo.

¿Qué es la llamada de Dios? No es este o aquel libro sagrado donde se habla de Dios y de lo que él desea de la humanidad. La llamada de Dios no es la voz que llega a ustedes por medio de la Escuela Espiritual o a través de esta o aquella comunidad religiosa. No, la Llamada de Dios es una plenitud de radiaciones, una intervención de la Luz. La Gnosis es una intervención de radiaciones. Pero aunque no les hubiésemos hablado de ello, esta intervención de radiaciones no dejaría de ser por ello un hecho para todos ustedes.

Nacemos aquí, en el presente orden de emergencia, para comprender la Llamada de Dios y responder a ella de manera positiva o, en otras palabras, con el fin de recorrer el Camino de la Liberación del alma. Si no lo hacemos, si seguimos el camino de los fenómenos dialécticos, seremos entonces aniquilados por la catástrofe final. En cada período de existencia recibimos la oportunidad para responder positivamente a la llamada de Dios. Si la rehusamos, seremos aniquilados; el microcosmos será vaciado. Toda la humanidad o una parte de ella será aniquilada, y todo el campo terrestre será reorganizado, para prepararlo adecuadamente con vistas a la nueva posibilidad de liberación.

Las leyes de las radiaciones actúan para nosotros y con todos nosotros, pero “no conocen el perdón”, para expresarnos de forma popular. Respecto a sus actividades no es posible ningún compromiso. Tenemos la elección de reaccionar positivamente o no. Si no reaccionamos positivamente, existe entonces el Amor de Dios, que está siempre dispuesto a conceder a nuestro microcosmos otra oportunidad, de modo que, en un momento dado, pueda surgir una nueva personalidad en el microcosmos capaz de reaccionar positivamente. Mientras tanto, la Llamada Divina continuará resonando en este orden de emergencia.

No obstante, debemos tener en cuenta diversas situaciones anormales en la naturaleza dialéctica, pues el orden de emergencia no permanece puro, tal como se pretendió al principio, sino que, en determinado momento, se llenó de impurezas. en la parte anterior del libro, tuvimos la oportunidad de hablar de una de esas horribles impurezas de carácter muy devastador, es decir la anormalidad de aquella parte de la humanidad que permanece en el más allá, intentando mantenerse a costa de los que viven en este otro lado y que, por auto conservación, tienden continuamente a aprovechar cualquier situación, incluso la más dramática, tal como ya se refirió anteriormente.

Volvamos ahora a considerar la situación de la catástrofe del final, de la aniquilación parcial de la vida social de nuestros días.

Hemos dicho que la cronología de la Gran Pirámide indica claramente el año 2001. La Joven Fraternidad Gnóstica tiene apenas unas decenas de años para dedicarse a su labor de cosecha, en toda su plenitud, antes de que la modificación completa de las nuevas condiciones sociales y geológicas de la Tierra exijan un largo período de espera para la nueva Gnosis.

CAPITULO III

Los períodos cósmicos

Hemos hecho referencia, en el capítulo anterior, a tres aspectos a los cuales no podemos escapar. Ante todo, debemos tener en cuenta que nos hallamos en este mundo dialéctico, en este orden de emergencia, para que encontremos el Camino de regreso a la Patria perdida.

Volver a encontrarla no depende del azar de los experimentos humanos. Por el contrario, el Logos emite radiaciones que nos llevan progresivamente por largos caminos de experiencias, y que finalmente nos ponen en contacto con muchas fuerzas y posibilidades.

Si reaccionamos positivamente, si nos entregamos incondicionalmente a esas fuerzas, se desarrolla un nuevo nacimiento en el microcosmos, una transfiguración. Entonces se desarrolla el Hombre Alma, el Hombre Eterno, el hombre que recorre el camino de regreso a la Patria.

Si reaccionamos negativamente, y no recorremos el Camino indicado, entonces dichas fuerzas de radiación, vaciarán el microcosmos, por medio de la muerte de la personalidad que no ha reaccionado. De este modo, el mundo de nuestra personalidad será destruido una y otra vez sin poderlo evitar.

Por eso, nuestro orden de emergencia es dialéctico, lo que quiere decir, que todo lo que existe está condenado a desaparecer, sin que podamos evitarlo. A veces desaparece mientras aún tenemos los ojos fijos en él. Todo aparece y desaparece, para volver a aparecer de nuevo. Este orden de emergencia, esta naturaleza dialéctica, jamás podrá volverse estático, a causa de su inconstancia fundamental. Las personalidades se suceden en el microcosmos en un mundo que cada vez presenta un nuevo aspecto, recibiendo el microcosmos en todas esas ocasiones nuevas posibilidades para encontrar la Patria perdida. Este proceso continúa de una manera ininterrumpida, vida tras vida, muerte tras muerte, hasta que, al final de un Día de Manifestación, una ley de radiaciones de naturaleza diferente barre de la faz de la Tierra toda especie de vida, y llega una larga Noche Cósmica, durante la cual la imagen de la Tierra es modificada completamente; a continuación comienza un nuevo Día de Manifestación en el que el proceso será iniciado en condiciones distintas, con la esperanza de que el resto de la humanidad pueda reaccionar de la justa manera en esta ocasión. Y los Enviados de la Gnosis descienden de nuevo para mostrar a la humanidad el único Camino de la Liberación.

Existen varias clases de noches cósmicas, y por consiguiente, varios tipos de días de manifestación. Se pueden diferenciar en días de manifestación pequeños y grandes: los pequeños están relacionados con la Tierra, mientras que los grandes provocan desarrollos y transformaciones en todo el Sistema Solar. El Sistema Zodiacal está sujeto a períodos semejantes de duración todavía mayor. Los que abarcan el sistema de la Vía Láctea son períodos todavía mayores de los ya mencionados.

Es posible que hayan oído o leído sobre los años siderales, o años siderales esotéricos, los cuales tienen una duración de 25.200 años. Cada uno de estos años siderales comprende doce períodos de 2.100 años cada uno, que a su vez se dividen en tres períodos de 700 años. Cada uno de estos intervalos de 700 años aporta importantes cambios en la vida de la humanidad. Cada período de 2.100 años termina siempre con un cambio de mayor significación y muchas veces en un torbellino de destrucción que comprende todos los aspectos de la vida social, de la humanidad y también de la Tierra o partes de ella. Los continentes pueden desaparecer y aparecer otros nuevos. De esta manera, periódicamente se originan cambios geológicos. Con respecto a esto, probablemente sepan que está elevándose un nuevo continente en el Océano Pacífico.

El comienzo de lo que denominamos Era Cristiana corresponde prácticamente con el inicio de uno de estos períodos de 2.100 años. Y como estamos viviendo en el año 1956, es evidente que ya hemos entrado en la fase final, en la que ya se vislumbran indicios de situaciones que anuncian la proximidad de tal destrucción.

Según la cronología de la Gran Pirámide, para ser más exacto, desde el 20 de Agosto de 1953, la humanidad entró en el período de destrucción de estos 2.100 años en que vivimos. Desde el 20 de Agosto de 1953 deberá demostrarse el ascenso a la liberación o la destrucción comenzará. Sabemos que este ascenso ha comenzado en la Joven Fraternidad Gnóstica y que el proceso de destrucción ya apareció en el mundo.

Otro punto que debemos tener en cuenta es que la cronología de la Gran Pirámide habla de radiaciones de recorridos circulares de 6.300 años aproximadamente, divididos en tres períodos de 2.100 años, como ya hemos dicho.

Después de tres de estos períodos, es decir, después de 6.300 años, el proceso de destrucción será más radical que tras un período intermedio de 2.100 años. Y puesto que nos acercamos al final de una de estas épocas de 6.300 años, ya no es necesario que indiquemos cuál será el destino que espera al mundo y a la humanidad.

Esta poderosa crisis de radiaciones, en la que nos encontramos ahora, tiene también una importancia muy especial para la Gnosis, pues nos concierne en un sentido particular si nuestra actitud frente a ese nuevo desarrollo fuese positiva. La victoria gnóstica de los años futuros será por consiguiente mayor y más gloriosa de lo que jamás haya sido en los últimos 6.000 años.

Finalmente, conviene recordar ahora lo que ya dijimos respecto a la anormalidad de nuestro orden de emergencia, con referencia a la parte de la humanidad que, ilegalmente, reside en el más allá y que va a escenificar la Gran Farsa. Las reacciones de estas entidades no fueron positivas ni negativas. Ellas escogieron por su propia voluntad y necedad su propio camino, construyendo para sí mismos un sucedáneo de cielo en el más allá, e iniciarán la Gran Farsa con la ilusión de que salvarán para su provecho lo que desean.

Supongan que hubiesen vivido durante todo un período de un año sideral de 25.200 años que no tuviesen 30, 40, 50 o 60 años, sino que hubiesen vivido los 25.200 años en la misma existencia. En ese caso, habrían vivido varios cambios de la humanidad, varios días y noches de manifestación mayores y menores. Habrían vivido y experimentado 36 cambios menores, 12 cambios medios de 2.100 años y 4 mayores de 6.300 años. Habrían adquirido una acumulación enorme de experiencias y conocimientos relativos a las acciones y consecuencias (tanto positivas como negativas) de las leyes de las radiaciones dominantes en el Universo, las fuerzas de radiación relacionadas con el mundo y la humanidad.

El curso de estas radiaciones y sus resultados no estaría escondido para ustedes. Conocerían muchas cosas sobre las fuerzas existentes en el Universo, y este conocimiento les capacitaría para analizar fácilmente la época siguiente de 2.100 años. Habiendo pasado por todas las espirales y giros del “tiempo”, impulsados por las fuerzas de radiación del Logos, en un tiempo inmensamente largo, sería muy fácil para ustedes determinar el momento en que comenzarían los nuevos períodos; sabrían anticipadamente lo que les esperaba, del mismo modo que hoy pueden predecir, por propia experiencia, lo que les sucederá mañana en lo que concierne, por ejemplo, a su posición social.

De esta misma manera, habiendo acumulado tanta experiencia, hubieran podido construir, por ejemplo, un monumento de la categoría de la Pirámide de Gizeh sin ninguna sombra de especulación, sin profecías negativas ni adivinaciones. Los constructores de la Gran Pirámide, a orillas del Nilo, eran hombres que poseían esa conciencia de eternidad, y ese monumento es un análisis, en piedra, de lo que debía acontecer en el período siguiente de 6.300 años. Fue grabada una cronología completa, empleando para ello varios tipos de piedra y de construcción, y estableciendo variantes en las alturas y largos de sus corredores y salas. La Gran Pirámide es, en efecto, una profecía de todo lo que tendría que ocurrir en el período siguiente de 6.300 años. Profecía completa con todos sus datos y sin especulación alguna, pues los constructores la erigieron, apoyándose en bases estrictamente científicas, y guiándose por millones de años de investigación.

Si hubiesen vivido tanto tiempo y reunido tantos conocimientos y experiencias en su ser, probablemente estarían capacitados, si no para construir un monumento, por lo menos para escribir una narración sobre lo que va a suceder en el próximo período. Estarían en condiciones de plasmar el análisis del tiempo, por ejemplo, en forma de un cuento romántico, entregándolo luego a la humanidad, o a una parte de ella. Naturalmente, sería una historia sublime. Sin ser real, habría ocurrido en los numerosos períodos anteriores, y sucederá en los muchos períodos futuros.

Los hechos narrados serían, por un lado, historias ficticias y, sin embargo, verdades perfectas. Ya que sería un análisis positivo de la ciencia de las radiaciones, cuyas consecuencias y resultados podrían ser verificados durante el transcurso de millones de años. Todos podrían aceptar ese análisis con una confianza justificada, ya que el futuro se encargaría de probar inevitablemente la veracidad de la historia. Esta ha sido siempre la manera en que aparecieron las Escrituras Sagradas.

De igual forma que poseemos la Pirámide de Gizeh como análisis, construido en piedra, de la ciencia universal de las radiaciones, también poseemos los mismos mensajes e informaciones en las Sagradas Escrituras.

En todas las épocas hubo leyendas sagradas, y en todas las razas y pueblos las habrá mientras exista la dialéctica. Estas historias son, en efecto, verdaderos análisis de las contingencias del pasado y del futuro, basadas en la ciencia de las radiaciones. Y estas historias serán siempre idénticas, cualesquiera que sean las razas, los pueblos y los períodos en que surjan.

La figura central de tales historias puede ser Jesucristo, Krishna, Buda o cualquier otro de entre los Grandes, pero, en realidad, se trata siempre del mismo análisis de la ciencia universal de las radiaciones. Cualquiera que sea la forma en que se revista la Verdad, siempre será puesta de manifiesto. Todas estas leyendas de todas las razas, pueblos y períodos serán siempre fundamentalmente idénticas, puesto que son dadas a la humanidad por Entidades liberadas, totalmente redimidas, encargadas de auxiliar a la parte de la humanidad que todavía no se liberó. Es natural que estas entidades conozcan la ciencia universal de las radiaciones. De esta fuente toman los elementos de enseñanza para quienes aún no están redimidos, cuando un nuevo período comienza, mostrándoles cómo es y debe ser, y cómo deben reaccionar, con el fin de que se liberen y se transformen también ellos en Hombres Alma.

Quien olvide las enseñanzas y los consejos proporcionados por los Grandes, podrá recurrir siempre a las narraciones, al análisis de las radiaciones contenido en ellas. Sin duda alguna se podrá comprender ahora el enorme valor que la Biblia tiene para nosotros. Para esto la hemos recibido. Y ustedes saben lo que dicen los Rosacruces de la Biblia: “Bendito el que la posee, más bendito el que la lee, todavía más bendito el que la comprende, pero el más bendito de todos es el que la comprende y obedece.” Estas palabras no necesitan ninguna explicación más.

Esto explica claramente porqué muchos pueblos y razas dicen de las Sagradas Escrituras: “Esta es la historia de nuestra raza, de nuestro pueblo, de nuestro desarrollo religioso y de nuestra iglesia”, lo que hasta cierto punto es verdad, pues sea cuál sea la parte que se tome de las Sagradas Escrituras, siempre contiene la historia de toda la humanidad con su resurgimiento y su caída.

Por otro lado, cuando se dice: “Esta es la historia de nuestra raza”, este concepto da lugar a muchos errores de gran trascendencia, si se toma el contenido de forma estrictamente nacionalista. El pueblo judío constituye un ejemplo de esta ilusión diciendo: “¡Nosotros somos el Pueblo de Dios!” Y no olvidemos tampoco las llamadas iglesias cristianas, cuyos miembros proclaman bajo la dirección de sus sacerdotes: “¡Nosotros somos los escogidos!” Pensemos también en los mahometanos con su fanatismo, en los hindúes, en los prosélitos de Confucio y en los seguidores de la religión de Shinto. Todo esto prueba que millones de personas ya no saben nada sobre las verdaderas intenciones de las Sagradas Escrituras, que les han sido entregadas.

Por esto, no les es posible recorrer ahora el Camino positivo, por muy sinceros que sean sus esfuerzos, a menos que exista una poderosa intervención y que cambien profundamente de orientación. Además, muchos análisis de la ciencia universal de las radiaciones, presentados en forma de narraciones, fueron deformados por los anormales habitantes de la esfera reflectora. Otro tanto sucedió en relación con el análisis de la Pirámide de Gizeh, la cual ha sido dañada también muy gravemente.

Estos seres anormales de la esfera reflectora han desviado a los grupos de buscadores, que se han formado en el transcurso de los siglos, de todas las maneras imaginables, utilizando sus análisis y enseñanzas en forma de narraciones, para su propio beneficio e interés. ¡Cuán profundamente se abusa de las Sagradas Escrituras en toda ocasión imaginable e inimaginable, o se aplica para promover y llevar a cabo pérfidas finalidades dialécticas!

CAPITULO IV

Los dioses de la raza

Volvamos ahora a las Escrituras Sagradas que a nosotros, como pueblo occidental, nos tocan más directamente: la Biblia. En este libro encontramos especialmente algunos análisis, en forma de narraciones, de la ciencia universal de las radiaciones, tal como ya hemos explicado en el capítulo anterior. Estos análisis se relacionan, por un lado, con el pasado y, por otro, con hechos del futuro.

Probablemente saben que el pueblo judío reivindica el Antiguo Testamento como la “Historia de nuestro pueblo, la historia de la generación y desarrollo de nuestra nación, desde Abraham hasta el momento presente, y por ello constituye nuestra historia nacional”. Además de eso, los judíos pretenden que el Antiguo Testamento les señala un futuro grande y glorioso, un futuro de importancia internacional para la nación judía. “Somos el pueblo de Dios. A su debido tiempo gobernaremos todo el mundo bajo la égida de nuestro Mesías.”

El pueblo judío, consciente o inconscientemente vive de su sueño imperialista: la gran teocracia del mundo bajo la dirección de Dios, es decir, del dios judío, el dios de la Alianza.

Pero no solamente los judíos piensan así. Los mahometanos, por ejemplo, también acarician la idea de la unidad. Creen dirigirse hacia una gran soberanía mundial, la teocracia mahometana bajo la dirección de Mahoma el Profeta. En los países occidentales existe, asimismo, este anhelo, por ejemplo, entre los católicos romanos, cuyas aspiraciones y objetivos son conocidos por todos.

No existe gran diferencia de opinión entre los judíos y la mayoría de la cristiandad. Esta última acepta la idea judía en gran parte y hasta hace propaganda de ella, aunque no obstante haya ciertas diferencias. Pues, dicen los cristianos: “No esperamos al Mesías porque éste ya vino. ¿Acaso no vino Cristo hace 2.000 años? Cristo volverá y restaurará el pueblo de la antigua Alianza la nación judía y entonces éste aceptará y confesará a nuestro Cristo. De este modo, Dios fundará su teocracia con nosotros y con los judíos, pues según el Nuevo Testamento los judíos y los cristianos se fundirán en un solo pueblo.”

Todos aquéllos que no aceptan esto, que no creen en esto, son paganos. Tanto los judíos, con su espera de la llegada del Mesías, como los cristianos, con su espera de la vuelta del Cristo, miran con ansiedad hacia la tierra de Canaán. Allí, en el margen oriental del Mediterráneo va a suceder algo tremendo.

Los judíos nos dicen: “El Israel del futuro ya comenzó su marcha.” Y los cristianos que esperan la vuelta de Cristo dicen: “Nada aconteció todavía, pues ha de venir aún. Después de la batalla de Harmagedón, Dios guiará a su Pueblo.”

Quizás conocen movimientos similares en varios países, ocupados en elaborar sus planes de propaganda, que dicen: “¡El fin del mundo ya ha llegado, preparaos!” Pensamos especialmente en los Testigos de Jehová, en los pomposos movimientos de evangelización aquí y allá, tales como el movimiento de Billy Graham. Quizás también hayan oído hablar del movimiento británico israelita.

Pues bien, todos estos grupos hablan actualmente, con menor o mayor éxito, de acontecimientos en el mundo que, en cierta forma, parecen relacionarse con lo que escriben los libros bíblicos. Si recuerdan todo lo que hemos dicho, no se sorprenderán mucho de todo esto. En forma de narraciones, la Biblia encierra análisis de las radiaciones, referentes al camino de la humanidad, en constante repetición. Esta es la razón por la que encontramos siempre indicaciones análogas en las Escrituras Sagradas de los pueblos, referentes a importantes acontecimientos en el desarrollo de la Tierra. Queremos ir un poco más lejos en este estudio, sobre todo porque también los investigadores de la Pirámide comparan sus descubrimientos y resultados cronológicos con las denominadas profecías bíblicas.

Veamos primero lo que podemos descubrir acerca del origen del pueblo judío. La Doctrina Universal dice que este pueblo pertenece a las antiguas raíces de la raza semita, una de las razas que sobrevivió a la Atlántida. Esta antigua raza semita se dividió en 12 tribus, y éstas fueron a su vez divididas en dos reinos. El Reino de Israel, que comprende 10 tribus de la antigua raza semita, y el Reino de Judá, consistente en dos tribus de aquella misma raza. Estos dos reinos sufrieron tremendas catástrofes en el transcurso de miles de años, como, por ejemplo, las deportaciones. Muchos de estos acontecimientos han sido narrados en el Antiguo Testamento.

En un momento dado de la historia, El Reino de Israel desapareció completamente. Su población fue deportada y nadie supo jamás el destino que tomó este pueblo. Antes de la desaparición total, sus gentes fueron deportadas con frecuencia, pero siempre regresaron a su patria. Sin embargo, en un momento dado desaparecieron todos sin dejar rastro.

Solamente las dos tribus del Reino de Judá regresaron a su antiguo país, pero éste fue conquistado por el Imperio Romano más o menos al comienzo de la presente era, y a partir de entonces los judíos, este antiguo pueblo del Reino de Judá, empezaron a dispersarse por todo el mundo. A los descendientes de este pueblo se les da hoy el nombre de Judíos. Los judíos conservan aún las características de la raza semita de antaño. No obstante, las 10 tribus de Israel que, como se ha dicho, desaparecieron, ¿pertenecían también a esta misma raza semita? ¿Fue su destino exactamente el mismo que el de los descendientes de la Casa de Judá, es decir, del pueblo a que pertenecen las dos tribus del reino de Judá?

Tras algunas investigaciones, parece probable que estas 10 tribus fueron deportadas hacia el norte del hemisferio occidental. Examinando la posición geográfica de los países mediterráneos, y teniendo en cuenta que el Reino de Israel estaba localizado en las regiones conocidas hoy bajo el nombre de Asia Menor, descubrirán que las 10 tribus perdidas tuvieron que ser deportadas, a través de Siria, hacia el Nordeste de Europa Occidental, donde se diseminaron. De ello se deduce que nosotros, así como otros muchos pueblos de Europa Occidental, descendemos de esas 10 tribus perdidas.

Varios países deben sus nombres a estas antiguas tribus, como, por ejemplo, Dinamarca (Dan mark), cuyo nombre tiene su origen en la tribu de Dan. Hay muchos ejemplos más, pero éste es suficiente para nuestro propósito. Es muy probable que los holandeses, flamencos, alemanes, noruegos, suecos, ingleses, etc., sean también descendientes de las 10 tribus perdidas de Israel. La actual Israel, por lo tanto, es simplemente la expresión de un impulso innato de la raza semita para volver a la tierra que fue su cuna. Vale la pena detenernos un poco sobre este punto.

Todo pueblo y toda raza lleva en sí un sentimiento nacionalista más o menos fuerte, una idea de supremacía de su propia raza. Una raza se eleva y se divide en varios pueblos; estos pueblos obtienen gloria, poder y expansión económica, hasta que llega un momento culminante en su desarrollo. Sobreviene después su decadencia y la línea de su desarrollo desciende. Cuando esta decadencia se hace sentir fuertemente en el pueblo, éste experimenta un profundo deseo de retornar a su antigua gloria, un deseo de restaurar esa gloria. Los poetas evocan, con sus himnos y cantos llenos de entusiasmo, la antigua grandeza de su pueblo. La literatura se enriquece con innumerables discursos que alaban gloriosamente la fortaleza, el poder y la belleza de su pasado. La educación sigue los mismos pasos; la historia nacional es grabada en la mente de los niños, como un fermento del glorioso pasado de su antiguo pueblo y raza. Tampoco la religión se queda atrás; cualquier acto conmemorativo sirve de pretexto para reunir al pueblo en sus iglesias, con el fin de meditar en común sobre la gloria de los tiempos pasados.

De este modo se crea el nacionalismo, que se sigue alimentando y manteniendo, y si es posible acrecentando. En un momento determinado, una gran parte del pueblo estará poseída por una fuerte idea nacionalista. El grito del retorno al pasado es como un canto de guerra y, en un momento dado, parece contaminar a millones de personas. Pone a las masas en movimiento. Existen pueblos que poseen un instinto racial muy acentuado, como los pueblos eslavos, germanos, anglosajones y otras muchas razas en el mundo.

Este instinto racial, que mantiene a los pueblos unidos en el sentimiento de la raza, se puede denominar también el dios de la raza.

¿Qué es un dios de la raza? Si todos nos centramos en una idea nacionalista, desarrollamos una poderosa imagen astral de esta idea. El mundo astral tiene posibilidades reflectoras muy específicas. De este modo, cuando orientamos continuamente nuestras mentes hacia la misma idea, veremos como al final creamos una imagen astral que se hará cada vez más nítida, y con la que estaremos cada vez más unidos por ser una creación nuestra. Este espíritu, esta idea, esta forma y esta imagen de la raza es alimentada continuamente. Al principio es una imagen con “los ojos muertos”, pero, en un determinado momento, toma vida y empieza a dominarnos, emanando fuerza de ella, y hasta es capaz de atrapar toda clase de fuerzas y de transmitirlas al pueblo. De esta forma se desarrolla el espíritu de raza, el dios de la raza.

Los judíos constituyen un claro ejemplo de esto, aunque hay también decenas de ejemplos similares. Este dios de la raza viene siendo alimentado por los judíos desde hace miles de años. Ha sido cultivado de todas las formas posibles, también por medio de la magia religiosa. De este modo, por muy esparcidos que los judíos se hallen en el mundo, las características e instintos de la raza judía permanecen intactos. Son alimentados y guiados por el dios de la raza desde el más allá, es decir, el campo astral de la naturaleza dialéctica. Cuando muere un judío es recibido y capturado en el más allá, a despecho del país en que haya vivido, y desde allí es reencarnado, en tanto que microcosmos, en otra familia judía.

Otro tanto ocurre con numerosas iglesias en el mundo. No hay duda alguna de que cuando muere un mahometano su microcosmos, después de ser vaciado, se encarnará en un nuevo pequeño mahometano nacido de padres mahometanos. Esta es la forma en que trabajan muchas fraternidades de la esfera reflectora.

Lo mismo sucede en nuestros países occidentales. Cuando un hombre no se libera completa y fundamentalmente, durante su vida física en la esfera material, de las jerarquías de las iglesias con sus ceremonias de magia, seguramente será capturado por ellas de nuevo. En la hora de la muerte verá una poderosa catedral de maravilloso colorido y arquitectura, con fascinantes escalinatas de mármol, concurrida de fieles que ascienden por ellas. Una majestuosa música de órgano sonará a través del pórtico abierto y el moribundo, maravillado ante tal espectáculo y profundamente conmovido, entrará en la catedral. Habrá caído entonces prisionero.

Con esto deseamos demostrarles lo tremendamente difícil que es escapar a este poderoso y cultivado dios de la raza o espíritu de grupo.

El nacionalismo está en estrecha relación con lo relatado. Ustedes saben que existe esta sólida tendencia nacionalista en casi todos los países del mundo, principalmente en aquellas razas y pueblos que han vivido durante centenares de años bajo el yugo extranjero. Es muy significativa la actitud de los Estados Unidos de América, que de hecho reclaman actualmente la dirección de todo el mundo; o la actitud de los países árabes y de los pueblos africanos en su marcha hacia la liberación, que intentan deshacerse del yugo extranjero. Lo mismo sucede con los pueblos asiáticos, chinos, indochinos e indonesios. En todos estos países y pueblos se están movilizando las masas, lo que origina conflictos tanto internos como externos, exceptuando por el momento América del Sur, donde los conflictos están siendo mantenidos en el ámbito interno, y todavía no existen conflictos externos, puesto que estos pueblos aún no han encontrado su equilibrio. Por otra parte, será desde América del Sur desde donde partirá el movimiento de la escenificación de la Gran Farsa. No está lejano el día en que lo puedan ver con sus propios ojos.

Se puede decir, con toda certeza, que el mundo y todos sus pueblos están más poseídos que nunca por la intoxicación nacionalista en despliegue.

En esta situación es evidente que los países europeos tendrán que pagar las consecuencias. El orgulloso imperio británico se está desmantelando. Las colonias francesas están completamente en revuelta. Holanda ya no tiene Indonesia. Alemania fue dividida en dos, etc. Igual que los judíos, estos pueblos suspiran cada vez más por el retorno a la antigua gloria. Debemos comprender, sin embargo, que, necesariamente, este retorno siempre debe hacerse en perjuicio de los intereses de otros pueblos y razas, los cuales a su vez también son arrastrados por su dios o espíritu de la raza hacia su objetivo. Por lo tanto es inevitable que estalle un conflicto. En realidad estamos ya completamente envueltos en él desde el 20 de agosto de 1953. La Tercera Guerra Mundial ya comenzó y se está desarrollando con una ferocidad cada vez mayor.

Así pues, ya estamos en una Tercera Guerra Mundial.

Es inevitable el hecho de que todas las naciones y razas entren en conflicto con otras naciones y razas para defender sus derechos, deberes y deseos nacionalistas, sean justos o injustos, histéricos, ilusorios o forzados. ¿Dónde está el comienzo y dónde el final?

Piensen en los judíos con sus ideas de supremacía y su religión. Piensen también en la ilusión europea de supremacía de la raza blanca. Se ostenta cada vez más alto el lema: “Europa, únete.” El nacionalismo europeo ya está surgiendo. En un tiempo muy breve Europa estará amenazada por un peligro mortal, puesto que desde hace siglos, desde el Este y desde el Sur, se ha cultivado un odio ciego. Un inmenso peligro amenaza a Occidente. La muerte de Occidente está muy cerca.

Miren a su alrededor. Perciban las señales y escuchen; pues si lo hacen, notarán que el mundo está en llamas.

Encontramos ese odio por doquier. Hasta ahora los grupos han actuado aisladamente. Todavía les falta organización y comunidad de intereses. Sin embargo, ya se han tomado algunas medidas, por ejemplo, en los países árabes, los cuales han organizado una sociedad de intereses semejantes bajo la dirección de Egipto. Tan pronto como esta organización esté bien constituida y organizada, estos países alimentarán el fuego del mundo.

Finalmente sólo hace falta el campo de batalla, un lugar donde la cólera y las tensiones concentradas puedan derramarse. Se podría preguntar: “¿Dónde está ese campo en que se realizará la gran batalla entre las razas y las naciones?” Las Sagradas Escrituras llaman a este campo de batalla HARMAGEDON.

No es necesario decir que no quedará nada del mundo después de haber lanzado el ataque con la ayuda de los medios de destrucción modernos.

Y ahora preguntamos: ¿Cuál es la causa de todo esto? Analicemos la pregunta a la luz de todo lo que hemos tratado hasta ahora. ¿Cuál es la causa?

¿Maldad? En absoluto. ¿Criminalidad? En absoluto.

¡Sólo ignorancia! ¡Sólo ilusión! ¡Sólo falta de educación verdaderamente humana! ¡No se trata de maldad!

En todo ser humano de este mundo, de un orden de emergencia, yace un impulso, el impulso primordial de alcanzar el objetivo de su existencia terrestre. Pero cuando ignoramos cuál es este objetivo y, a pesar de no haber sido informados en lo más mínimo con relación al mismo, somos perseguidos insistentemente por él, ¡entonces cometemos los actos más increíbles!

En esencia, el sentimiento nacionalista de tantas naciones y razas no es nada más que la llamada del impulso primordial de realización, existente en todo ser humano.

Pero, ¿qué es lo que deben realizar en este estado de emergencia? ¿Por qué están aquí en este mundo?

Ustedes son llamados para regresar a la Patria Original, para regresar como Hombres Alma al Reino Divino perdido.

Cuando desconocen esto, las tensiones se descargan de todas las maneras posibles. No es necesario para esto que seamos perversos ni tengamos intenciones criminales. En este mundo hay muy pocos verdaderos criminales, personas realmente malas, y de éstos debemos decir llenos de compasión que están enfermos, seriamente enfermos.

Si hablamos con cualquier hombre, de cualquier nación o raza, observaremos que todos ellos hablan de sus derechos, de su derecho a vivir como naciones libres. ¿Y quién podría negarles este derecho? ¿Por qué habría de vivir una nación esclavizada por otra? ¿Acaso no tienen todas las naciones el derecho a ser libres? ¿No es un anhelo perfectamente justo que cada uno pueda vivir según su propio estado? Estos hombres de distintas razas y pueblos están dando testimonio de su historia y presten atención también de su religión. Todo sacerdocio está al servicio del dios de su raza. Y aquí nos vemos ante una anormalidad, ya que un dios de la raza, un espíritu de raza, no es nada más que una concentración de fuerzas del más allá.

¡Nunca se dejen dominar por una intoxicación nacionalista! Sean objetivos en su evaluación de las cosas de este mundo, pues ustedes son los llamados Hijos de Dios. ¡Que nunca sean tentados a odiar a sus semejantes! ¡Amen a todos los seres humanos!

CAPITULO V

El mar Mediterráneo

El actual período de 6.300 años del desarrollo de los circuitos estelares en que vivimos, que está completando su ciclo y llegando a su final, comenzó con una majestuosa y espléndida cultura en los países de Asia Menor. Y ocurre que cada período de civilización termina allí donde comenzó.

Oímos hablar y leemos sobre los poderosos imperios y reinos existentes en las Eras pre cristianas del período que actualmente vivimos, tales como Egipto, Persia, Siria, Mesopotamia, etc. Y muchas narraciones nos hablan de la penetración de la antigua raza semita en estas regiones, y son muchas las cosas que se cuentan con respecto a sus pasadas victorias, guerras y confiscaciones de las propiedades de otros pueblos.

Hay historias que describen la caída de Jerusalén en la alborada de la presente era y la dispersión de los judíos por las legiones romanas, el nuevo imperio mundial que en aquella época fue fundado en el Mediterráneo. En aquella batalla de Jerusalén perdieron la vida más de un millón de judíos.

Hemos oído y leído sobre las grandes naciones musulmanas situadas al Sur del Mediterráneo. No tenemos intención de ser exactos al respecto, pero sí hacer ver de un modo general la inmensa y gloriosa civilización que se extendió en torno al antiguo mar Mediterráneo, formando un círculo, y frente a la cual nuestra cultura no es más que una sombra. Esta civilización iba de Egipto a Asia Menor, y de allí a los Balcanes, donde florecían los grandes imperios bizantinos, seguidos de las civilizaciones griegas y latinas; y más allá se encontraba el naciente imperio de España, y los países musulmanes del Sur con su gran civilización, y después Egipto, con lo que se cerró el círculo.

Todo cuanto surgió alrededor de este antiguo mar mundial fue irradiado en todas direcciones, por todo el mundo, durante nuestro período.

De allí vinieron los grandes fundadores de religiones, los Enviados de la Fraternidad Universal. Nos referimos, por ejemplo, a entidades como Jesús el Señor y Apolonio de Tyana. Ellos tuvieron su cuna en los países del Mediterráneo. En estas regiones la Gnosis celebró sus días sublimes. En el Norte de África, hasta los Atlas; al otro lado de África, en el Imperio Copto; por todo Asia Menor, los Balcanes y en el Sur de Europa, la Gnosis hizo ricas cosechas guiando hacia la Luz a innumerables Hijos de Dios. También en el Sur de Europa podemos encontrar todavía testimonios de piedra de los viejos Santuarios de la Gnosis, profanados.

Bajo cualquier punto de vista que observemos, estudiemos o examinemos este asunto, comprobaremos que el mar Mediterráneo, con los territorios que lo circundan, constituye el gran centro, el corazón del período actual. Allí comenzó y allí tiene que finalizar. ¡Y todo está regresando hacia allí!

El interés de todos, el interés de todo el mundo, está fuertemente centrado en los países situados en torno al Mediterráneo, sea cual fuese el motivo.

En el antiguo imperio romano se encuentra Roma, que sigue siendo el punto central de un imperio todavía más poderoso: el imperio de una religión natural.

España está realizando todo lo posible por desempeñar un papel en el concierto de las naciones.

Si volvemos la mirada hacia los países del Norte de África, veremos que el antiguo imperio musulmán está en gran actividad. Gran parte del territorio de los moros de la antigüedad ya recuperó el derecho de autodeterminación.

Tenemos además a Egipto, diariamente en la prensa mundial, que bajo la dirección de su presidente Nasser tomó posesión y control del Canal de Suez. La nación egipcia está en pleno auge.

Todos los países árabes están ahora despiertos y llameantes de energía. Persia también se mueve. Los judíos y los descendientes de los israelitas volvieron a fundar su estado. Los griegos están en gran agitación a causa de Chipre. Y en los pasados años, Turquía fundó una nueva nación por iniciativa de Mustafá Kemal Pachá, fallecido hace poco.

En resumen, no podemos dejar de notar que los países circundantes al Mediterráneo se hallan en un estado de gran agitación.

Y nosotros, la Escuela Espiritual Gnóstica Moderna, los actuales servidores de la Fraternidad Universal, también participamos en todo esto. Nosotros, miembros de la Joven Gnosis, también miramos hacia el Sur, hacia el Valle del Ariege, donde se encuentran los antiguos Santuarios, pues sabemos que la Luz, que guió el nacimiento de este período, estará con nosotros en la hora de su muerte.

Enfoquemos ahora la situación más claramente. Ahí está el Mediterráneo, circundado por varias naciones y razas, todas ellas en estado de espantosa inquietud. Alrededor de este centro vemos muchos partidos con mayores o menores intereses. Estos partidos y grupos, y en verdad se podría decir todo el mundo, se están alineando en torno al mar Mediterráneo, formando un extenso círculo compuesto por pueblos de Europa, Rusia y China y otras naciones asiáticas y africanas, y finalmente Norteamérica, que mantiene una gran flota naval en el Mediterráneo dispuesta a entrar en acción. Todos sin excepción están extremadamente interesados en lo que va a suceder en el Mediterráneo, sean cuales fuesen los motivos que suscitan sus intereses.

Pues bien, si pueden imaginarse esta situación comprenderán perfectamente lo que es “HARMAGEDON”: El inmenso campo de batalla en el cual todas las naciones del mundo se hallan reunidas en este momento. Adviertan el sentido literal de esta metáfora.

Todas las miradas del mundo se encuentran centradas en el Mediterráneo, donde se entablará la gran batalla de todos contra todos, y donde, como saben, la lucha ya ha comenzado.

Cada período debe terminar en el mismo sitio donde comenzó. Después de todo cuanto hemos dicho aquí, probablemente captarán mejor que nunca el sentido de los análisis de la ciencia de las radiaciones, realizado en forma de leyendas. Estos hechos se ajustan a tales rotaciones periódicas de 6.300 años.

¿Cuál fue el grandioso y magnífico objetivo de este tremendo desarrollo y civilización que floreció en las riberas de este mar, que era en aquella época el verdadero “Mar Mundial” y que en nuestros días se ha vuelto nuevamente el más importante del mundo?

¿Cuál fue la verdadera finalidad de aquella famosa civilización, en la que vivieron y trabajaron tantos Enviados Divinos?

Su finalidad fue mostrar a la humanidad la Tierra Prometida del Alma Viviente, y conducirla hasta Ella. Esto es de lo que se trata en la Sagradas Escrituras; se trata del Pueblo de Dios. Y todos los que poseen una Rosa del corazón son miembros de ese Pueblo. El Pueblo de Dios que deberá ser conducido fuera de la “casa de cautiverio” para ser llevado a la “Tierra Prometida”, el maravilloso Reino del Alma, que cada uno de los Hijos de Dios heredará y que será la inalienable propiedad de todos ellos.

Esto es lo que la Gnosis enseña, lo que la Gnosis pretende, lo que la Gnosis nos demuestra, lo que la Gnosis ha reservado para todos nosotros.

En el presente período de 6.300 años la Gnosis comenzó de nuevo a predicar, mostrar y afirmar esta verdad en el orden del tiempo. En la fase final de este período, ella toma parte una vez más en el importantísimo acontecimiento que acompaña el final: la batalla de Harmagedón. Por esta razón, la Joven Gnosis se ha apresurado a preparar el terreno alrededor del antiguo mar.

Pero los pueblos de la Tierra han arrastrado, al plano horizontal de la dialéctica, el magnífico objetivo del que testimonian las Sagradas Escrituras y toda la Enseñanza Universal, y ahora quieren emplearlo para apoyar el impulso interior al que no encuentran explicación, y que han llevado a un nivel inferior; este grandioso impulso que alza, a todo microcosmos que posee el núcleo original, hacia la única y majestuosa finalidad para la cual existimos.

En todos nosotros se manifiesta un intenso deseo de realización. Por consiguiente, cuando los microcosmos sienten este deseo, y a pesar de que no conocen cuál es su objetivo, se ven impulsados por él, se ven obligados a obedecer, y es evidente que al final sucederá lo inevitable, lo que de hecho sucede ya: el desarrollo del tercer incendio mundial.

Todos estamos reunidos en torno al corazón de este mundo actual, en tanto que grupo, individuos, partidos e interesados en defender algo. De igual modo que antaño los miembros de la humanidad que no pudieron ser salvados todavía, y que tuvieron que quedarse atrás en el mundo dialéctico, iniciaban un nuevo ciclo en las regiones y países del viejo mar mundial, ahora todos nosotros somos conducidos de nuevo, corporal y personalmente, al punto de partida.

Ya explicamos cómo, desde ese antiguo punto de partida, las 10 tribus perdidas se esparcieron por Europa Occidental. Nosotros somos sus descendientes y por eso tenemos que volver al punto de partida. El cómputo final de este período es presentado ahora, y por ello debemos hacernos la pregunta tan importante: “¿Qué va a suceder ahora?” Vamos a tratar de explicar detalladamente este tema.

No obstante, antes de hacerlo, queremos hacer notar que la pregunta y la respuesta en cuestión no deberá causarles ninguna inquietud. No tenemos la intención de inspirar miedo. Estamos examinando estos puntos como Rosacruces, como personas de orientación gnóstica, dirigiéndonos a todos aquéllos que buscan la Luz que jamás se extinguirá al acercarse esta hora de oscuridad. Si pertenecen ustedes a esta clase de personas, tomen una actitud objetiva con relación a todo esto, suceda lo que suceda. No tomen partido en la batalla que se aproxima. Somos ciudadanos de distintas naciones, probablemente todos sujetos a cierta emoción nacionalista. Sin embargo, insistimos, no tomen partido alguno en la batalla de Harmagedón.

Esto no quiere decir que no esté permitido amar a su país. Pero es muy diferente amar a su país, las regiones donde viven y trabajan, a estar alimentando el nacionalismo que hemos descrito. Por ello: ¡no tomen partido! No se dejen arrastrar, no perezcan en la intoxicación, sea cual fuere. Por el contrario, envuelvan a todos los hombres, a toda la humanidad, con su amor, permaneciendo conscientes de la inmensa tragedia de la marcha del destino en el cual nos encontramos.

Si esta llamada significa algo para ustedes, si hay en lo más íntimo de su ser una resonancia con respecto a esta llamada, entonces decídanse de inmediato, en esta hora de extraordinaria importancia para ustedes y para todos nosotros, a responder seriamente a la incesante Llamada Universal con el fin de cumplir la única finalidad de la vida, recorriendo con todo entusiasmo el Camino de la Liberación.

Si lo hacen, si ustedes intentan volverse unos hombres realmente gnósticos, entonces nada les sucederá. Pues les serán aplicadas las palabras del salmista: “Aunque caminase por el valle de la sombra de la muerte, no temería mal alguno porque Tú estás conmigo.”

Ningún cabello de su cabeza perecerá sin la voluntad de su Padre Celestial.

CAPITULO VI

El Juicio Final

En nuestros días, en este presente período del año sideral en el que la humanidad ha sido llevada de vuelta a su punto de partida, debemos preguntarnos qué es lo que va a suceder ahora.

¿Qué le va a suceder al hombre de la masa? ¿Cuáles serán las consecuencias para los responsables de la escenificación de la Gran Farsa? ¿Qué sucederá a los Hijos de Dios, a los seguidores de la Gnosis?

Leamos una parte de las Sagradas Escrituras en el Libro del Apocalipsis, capítulo 16, versículos 12 a 21, a título de introducción y para que podamos obtener una visión clara de la situación:

“El sexto ángel derramó su copa en el gran río Éufrates y se secó su agua, de suerte que quedó expedito el camino a los reyes del naciente Sol.

Y vi que de la boca del dragón y de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta salían tres espíritus inmundos, como ranas, que son los espíritus de los demonios, que hacen señales, que se dirigen hacia los reyes de la Tierra para juntarles a la batalla del día grande del Dios Todopoderoso.

He aquí que vengo como ladrón; bienaventurado el que vela y guarda sus vestidos para no andar desnudo y que se vean sus vergüenzas. Y les juntó en el sitio que en hebreo se llama Armagedón. El séptimo derramó su copa en el aire, y salió del templo una gran voz, que procedía del trono de Dios, diciendo: Hecho está. Y hubo relámpagos, y voces, y truenos, y un gran terremoto, cual no lo hubo desde que existen los hombres sobre la faz de la Tierra. La gran ciudad se hizo tres partes, y hundiéronse las ciudades de las naciones, y la gran Babilonia fue recordada delante de Dios, para darle el cáliz del vino del furor de su cólera. Huyeron todas las islas, y las montañas desaparecieron. Una granizada grande, como de un talento, cayó del cielo sobre los hombres, y blasfemaron los hombres contra Dios por la plaga de granizo, porque era grande en extremo su plaga.”

Los capítulos 15 a 18 del Apocalipsis describen el período y los acontecimientos del final.

Ya hemos examinado anteriormente cómo parte de la humanidad se ha reunido alrededor de los países del Mediterráneo, y que además la otra parte dirige todo su interés hacia todos los acontecimientos y todo lo que sucederá allí en el futuro. No debemos olvidar tampoco lo que se dijo: Donde comienza un período, allí también debe terminar.

Cada nuevo período de desarrollo pretende conducir de nuevo a la Vida Original a la humanidad todavía caída. Por este motivo, todo ser humano siente dentro de sí el impulso del cumplimiento. Y así, cuando la rotación de la espiral de las Fuerzas Divinas se termina, los resultados se evidenciarán como consecuencia de las leyes universales de las radiaciones. De este modo, la curva final de la espiral alcanza su resultado definitivo: El Juicio Final.

Todas las fuerzas de radiación del Universo impulsan a la manifestación universal dialéctica hacia el único fin, y en un determinado momento crítico deberá mostrarse el resultado. Este resultado final es el momento del dictamen o, según las Sagradas Escrituras, el Juicio Final. Así aparece una vez más un momento decisivo. Las Sagradas Escrituras describen frecuentemente esta encrucijada como una montaña, una altura, un punto culminante. Por ello podemos interpretar también la palabra Armagedón como una cumbre o un lugar de juicio, o una situación crítica en el transcurso del desarrollo, en el que tendrá que demostrarse la calidad final.

Vemos, de acuerdo con el Libro del Apocalipsis, las apariciones de tres espíritus diabólicos o inmundos que salen de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta. Estos tres espíritus son como ranas. Hacen prodigios que son vistos por los reyes de la Tierra, por todo el mundo, con el fin de reunirlos a todos para la batalla. Vemos entonces que estamos amenazados por la irrupción de una crisis. ¿Qué batalla? ¿Qué crisis? La batalla del “gran día del Dios Todopoderoso”. Esto es una fórmula mística para designar el día del final del período actual, de acuerdo con la ley.

Un espíritu inmundo es un espíritu que todavía no ha sido purificado; una entidad que no ha comprendido la finalidad de las radiaciones, que ignora las leyes de las radiaciones en sentido positivo, y que sólo sabe reaccionar de una manera negativa. Es una entidad que no abrió su corazón a la Gnosis. De este modo, naturalmente, los espíritus inmundos salen de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta. Lo cual, traducido según nuestra terminología, significa, por un lado, que están completamente orientados hacia la materia, hacia el mundo dialéctico, y, por lo tanto, son absolutamente terrenales, y, por otro lado, que profesan una religión falsa, la religión de la naturaleza, la religiosidad que se adapta sin reservas a la línea horizontal.

Pues bien, se hace referencia a los anormales de la esfera reflectora que aprisionan a la humanidad. Basta esto para probar que toda religión común en nuestros días está totalmente subyugada a los promotores de la Gran Farsa.

¿Quiénes son estos tres espíritus inmundos, grupos o tendencias?

Sería mejor si pasáramos este punto por alto, puesto que si profundizamos este tema tendríamos que penetrar en tales investigaciones, que nuestra visión perdería inmediatamente su objetividad. Ya no nos sería posible ver todas estas cosas y circunstancias de manera objetiva, y se nos podría acusar de cierta hostilidad.

Bastará con que citemos al profesor Arnold de Hartog: “Vean, esos tres espíritus inmundos son como ranas, tal como está descrito. Tienen boca grande, hacen mucho ruido y croan incesantemente.” Pero si queremos aún algunas indicaciones podemos decir que los tres espíritus inmundos, que todavía no han sido purificados en la Gnosis, son: primero, el Estado en general; segundo, la Iglesia en General; y tercero, el Mundo en sus aspectos generales. Esto es comprensible, puesto que el Estado sirve a las masas y las masas sirven a la dialéctica. Consecuentemente, el Estado y las masas se funden entre sí, puesto que el Estado representa a las masas. ¿No se dice que cada país tiene el gobierno que se merece?

Y esto no es una representación del futuro. Tal como dijimos, todo esto es absolutamente actual: las ranas están croando, hablan ostentosamente con respecto a todos los aspectos posibles de la vida. Y todo el mundo observa al mismo tiempo el Mediterráneo. Y así las naciones se han congregado en torno a Armagedón. Repetimos: ¡Las ranas están haciendo una algarabía terrible! La batalla de Armagedón está en plena ejecución y una tercera guerra mundial, de naturaleza extraordinaria, está en proceso de realización. Es muy probable que la humanidad pase por una serie de pequeños y grandes incidentes, tales como los ya sucedidos durante los pasados años, especialmente desde el año 1953. Y no hay duda de que se intentará, en la medida de lo posible, evitar una guerra nuclear.

Todas las naciones están siendo excitadas hacia una gran histeria. Psicológicamente se ha desarrollado un intenso calor, un calor que cada vez se vuelve más intenso; el ardor de una crisis, el incendio del final.

Lo primero que sucederá será una serie de catástrofes naturales. Tal vez recuerdan, por haberlo leído en nuestra literatura, que existe en torno a la Tierra, circundando la esfera de la vida, una esfera de calor llamada la esfera de calor más elevada. Esta esfera de calor corresponde al estrato de fuego existente bajo la superficie de la capa terrestre. Como consecuencia lógica de las tensiones acumuladas, en la esfera más alta de calor, se desarrollarán toda clase de explosiones, tales como terremotos, etc., lo cual comenzará a suceder ya en los próximos meses y años. Naturalmente todo el mundo será afectado por esto. Ninguna región de nuestro planeta estará protegida ante estas catástrofes, y el aspecto del globo terrestre cambiará.

Probablemente verán con nosotros la lógica del hecho de que muchas explosiones y catástrofes en la naturaleza, con todas sus consecuencias, afectarán principalmente a Europa. La batalla de Armagedón concierne a tres continentes: el Sur de Europa limítrofe con el Mediterráneo, África del Norte en su parte mediterránea y la parte occidental del continente asiático. Prevemos, pues, un tremendo cataclismo geológico en el punto o cerca del punto en que estos tres continentes convergen.

La batalla de Armagedón será un encuentro, un conflicto entre la humanidad, de un lado, y las fuerzas de la radiación universal, de otro. La humanidad está cansada de guerras, especialmente desde las últimas décadas, y se ha inventado tales modos de destrucción, que ella misma los teme. Todo el mundo tiembla pensando en una guerra nuclear, ya que sabe bien que el empleo de este tipo de armamento significaría la destrucción total de la Tierra.

Pero adviertan que la humanidad ha desorganizado la naturaleza de tal modo, y la crisis presente está cargada de una tensión tan grande, que la propia naturaleza está empezando a reaccionar de igual manera que se rebela el organismo ante un tratamiento equivocado. Es perfectamente comprensible que el momento de la crisis coincida con el final de este período, teniendo en cuenta que existe una unión indisoluble entre todas las respectivas leyes de la naturaleza.

Los acontecimientos finales son el resultado del conflicto entre las leyes de las radiaciones intercósmicas y la humanidad. Sólo el futuro podrá demostrar cuánto tiempo tomará todo esto. No obstante, nosotros sabemos que la revolución ya ha comenzado. ¡Armagedón es un hecho!

Comprenderemos ahora que esta situación es eminentemente propicia para que las entidades anormales de la esfera reflectora pongan en escena la Gran Farsa. En realidad, ellas están obligadas a escenificar esta Gran Farsa, debido a su tremendo instinto de auto conservación, puesto que la revolución cósmica también afecta a la esfera reflectora.

Hace poco hemos mencionado las tres ranas. La del Estado, la de la Iglesia y la del Mundo en general. Pues bien, todos los esfuerzos religiosos del mundo, todo el croar de la religión natural, llevará a los hombres de nuevo a las iglesias cuando las catástrofes irrumpan en gran escala; y la producción de éter de luz, en provecho de las entidades anormales de la esfera reflectora, aumentará considerablemente.

Pero en el combate entre la naturaleza y el hombre, las proporciones son muy desiguales; tan desiguales que todo el “croar” de las religiones naturales tendrá el resultado de un bumerán, pues el hombre que no reacciona positivamente a las leyes de las radiaciones del Logos, perecerá debido a su reacción negativa, y esto tanto en la esfera material como en la esfera reflectora. Por su gran terror ante la necesidad de auto mantenimiento, los habitantes de la esfera reflectora irrumpirán en la esfera material. Tomarán la dirección de la Iglesia, del Estado y del Mundo, y representarán el regreso de Cristo como una gran obra de teatro, conforme fue explicado en la parte anterior de este libro. Sin embargo, todo esto no servirá de nada. Este período tendrá que finalizar y todo microcosmos, que no haya encontrado la verdadera Luz, tendrá que aceptar las consecuencias.

Analicemos ahora qué actitud tendrán los Hijos de Dios respecto a los dos grupos de hombres antes mencionados. Los hombres de la masa y las entidades anormales de la esfera reflectora siguen el camino del Juicio Final. Pero, ¿qué sucederá con los Hijos de Dios?

Todos los hombres que están en la Gnosis, todos aquellos que buscan verdaderamente la Gnosis, tienen que ser hallados en el verdadero Camino. Todos aquellos que están buscando seriamente el Camino de la Vida, deben emprenderlo ahora. Esto quiere decir que todos nosotros, sin excepción alguna, nos encontramos confrontados ante la decisiva e inevitable elección: ¿Qué haremos en los próximos años?

Por esta razón se dice en el capítulo 16, versículo 15, del Apocalipsis: “He aquí que vengo como un ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus vestidos para no andar desnudo y que se vea su vergüenza.”

¿Quién puede decir de cuánto tiempo dispone todavía la Joven Fraternidad Gnóstica para realizar su trabajo de liberación y de salvación? Hasta el momento sólo sabemos que tendremos tiempo hasta el año 2001, en cuanto a la primera etapa de este trabajo de cosecha. Así pues, podemos contar con unos cuarenta años de cosecha. La cronología de la Gran Pirámide indica claramente el año 2001 como el final inevitable del presente período. Por esto, todos aquellos que todavía puedan comprender, todos los que todavía tengan oídos para oír, deben hacer el mejor uso posible del tiempo que queda, a pesar de todas las catástrofes, sin prestar oído al croar de las grandes bocas de las ranas.

Pues, ¿qué es lo importante? ¡Que no seamos encontrados desnudos!

Esto quiere decir, que por lo menos debemos poseer un Estado de Alma Renacido y, en el más corto espacio de tiempo, un Cuerpo del Alma. Entonces no estaremos desnudos. Desde el punto de vista científico, esta exigencia es perfectamente justa. Sólo cuando poseamos el Cuerpo del Alma nuestra desnudez dialéctica no será vista. Es preciso hacer callar al charlatanismo, al croar de las ranas y al fingimiento, en nuestro propio interés, pues la pregunta ante la que cada uno de nosotros se encuentra es:

¿Se unen ustedes a los que reaccionan negativamente, o a los que reaccionan positivamente?

Si ansían reaccionar positivamente a la Llamada de Dios, tienen que poseer un Cuerpo del Alma. Todas sus plásticas virtuosas sobre Dios y todo su profundo conocimiento de los Textos Sagrados no les ayudarán en nada, no tendrán la menor utilidad si al mismo tiempo no poseen un Cuerpo del Alma. Si permanecen impuros, por lo tanto desnudos, es decir, sin ese Cuerpo del Alma, entonces todo el croar religioso no les servirá de ayuda alguna.

Lo importante es la acción pura y liberadora. Hay que salvaguardar a nuestro microcosmos de la violencia de las fuerzas de radiación intercósmica. Y esto sólo se puede conseguir poseyendo el Estado del Alma Viva. Para el que posee un Alma, un Alma Inmortal, en el sentido Gnóstico de la palabra, la intervención natural de Armagedón no tiene un efecto punitivo, sino liberador, puesto que las fuerzas y el trabajo de las radiaciones elevarán a dicho hombre, por encima de la rotación de la naturaleza esclavizadora, hasta el Mundo de las Almas Vivientes.

Y de este modo vivimos de nuevo una repetición de los días de Noé. Como sabemos, Noé y los suyos estaban ocupados en la construcción del Arca, de acuerdo con las instrucciones de Dios, lo que significa que estaban construyendo una nueva Fraternidad Gnóstica, orientada completamente hacia el mundo verdadero del estado del Alma Viviente, el verdadero destino del hombre; y los demás preguntaban a Noé: “¿Qué es lo que estáis haciendo?”, y encogiéndose de hombros se reían de ellos. Pero cuando llegaron los días del final sucedió lo que inevitablemente tenía que suceder.

El Hombre Alma, el hombre que posee un Alma Viviente, o que está seriamente ocupado en realizar esta Alma Viviente, se vuelve sensible a otras fuerzas de radiación, con todas sus consecuencias; leyes de radiación y consecuencias que fueron extensamente explicadas en estos últimos años por la Escuela Espiritual Moderna de la Rosacruz de Oro, y presentadas a los alumnos con gran énfasis.

Esperamos de todo corazón que ustedes puedan comprender, en toda su profundidad, el significado excepcional del período en que hemos entrado, un período en el cual cada día puede ser decisivo para cada uno de nosotros.

Finalmente, podrán comprender ahora para qué y por qué la Joven Gnosis ha ocupado su lugar en los antiguos focos gnósticos, en los alrededores del Mediterráneo. En medio de este incendio de los pueblos, la Joven Gnosis ha sido llamada para recoger su cosecha.

Aunque la gran catástrofe se aproxima para toda la humanidad en general, para el hombre de la masa; un período glorioso, un período de cosecha se aproxima para la Gnosis. Y por esto, nuestra llamada resuena, la llamada de todas las Fraternidades Gnósticas que nos han precedido en el Camino de servicio:

“Prepárense todos ustedes, quienes a la caída de las sombras de la noche ansían verdaderamente allanar el camino para la humanidad que sufre.

Prepárense para extender la mano auxiliadora a sus semejantes en la miseria, recorriendo ustedes mismos esta senda.

Prepárense todos, a ser posible hoy mismo, lo más rápidamente que puedan, para unirse a aquellos que van a efectuar el trabajo de los «Perfectos», el clásico trabajo de los Hombres Alma renacidos: la cosecha en el mundo presente.”

Hace centenares de años, cuando la Fraternidad de los Cátaros, en indisoluble unidad con la Fraternidad de la Rosacruz de Oro y la Fraternidad del Santo Grial, ejecutaron este glorioso trabajo, hubo un gran número de “Perfectos” que se entregaron al trabajo de cosecha. Se dice que había unos 3.000 en Europa. Y ahora serán necesarios miles para poder cumplir el trabajo que se espera de nosotros. Nos dirigimos, así pues, a todos los que pueden leer las señales y comprender interiormente la llamada, y les invitamos a esta gloriosa obra de salvación.

¡Que los años venideros puedan encontrarles trabajando diligentemente en la Gran Viña del Señor!

¡Prepárense para este Trabajo Sagrado en el más breve espacio de tiempo!

GLOSARIO

DIALECTICA:

Es el orden de naturaleza en que vivimos actualmente, en el que todo se manifiesta en pares de opuestos. Nuestro campo de vida actual en el que todo está sometido a la ley fundamental del nacer, florecer y morir. Debido a esta ley, nuestro campo de existencia es un dominio de limitaciones, sufrimiento, angustia, destrucción, enfermedad y muerte.

EL OTRO REINO:

El Otro Reino no es la esfera reflectora, no es el campo de existencia de la muerte, sino el Reino de la Gnosis, el Reino de la Humanidad Alma, el Orden de Vida de Cristo, el Reino de los Cielos.

ENTIDADES CHISPA DE ESPIRITU:

Portadores del átomo chispa de Espíritu o Capullo de la Rosa. Loto Sagrado de los Misterios. Este átomo es el último vestigio de la Vida Divina Original. Es el centro matemático del microcosmos humano, localizado en la punta superior del ventrículo derecho del corazón. La posesión de este átomo chispa de Espíritu es indispensable para emprender y llevar a cabo el proceso de la Transfiguración. En la Enseñanza Universal quienes no poseen el átomo chispa de Espíritu son denominados “entidades poseedoras de un átomo vida”; esto significa que no tienen acceso a la Gnosis.

EONES NATURALES:

Monstruosa formación de fuerzas naturales anti divinas creadas en el transcurso de los tiempos como consecuencia de la vida desviada de Dios, o sea, por el pensamiento, la voluntad y el deseo de la humanidad caída. Los eones forman las fuerzas de auto conservación que el hombre mismo ha credo y que le obligan a continuar en ese camino impío, volviendo con ello cada vez más sólida su unión con la rueda dialéctica.

FRATERNIDAD UNIVERSAL:

La Jerarquía Divina del Reino Inmutable que constituye el Cuerpo Vivo del Señor. Algunas veces es designada con otros nombres, tales como: Escuela de los Hierofantes de Cristo, la Única e Invisible Escuela de Cristo o Escuela de los Hierofantes.

GNOSIS:

a) Es el Aliento de Dios o Logos, la Fuente de todas las cosas que se manifiesta como Espíritu, Amor, Luz, Fuerza y Sabiduría Universal.

b) La Fraternidad Universal en tanto que portadora y reveladora del Campo de Radiación Gnóstico, el Campo de Radiación Crístico.

INTEGRACION:

La unión fundamental y esencial con Dios a través del proceso de la Transfiguración. Entrada en el Reino de la Humanidad Alma.

LOGOS:

El Padre del Universo.

MICROCOSMOS:

Todo el sistema del hombre. El hombre verdadero es un microcosmos. Lo que en este mundo se entiende por hombre sólo es la personalidad muy dañada de un microcosmos degenerado. Nuestra conciencia actual es únicamente una conciencia de la personalidad y por ello consciente sólo del campo de existencia al que pertenece.

PISTIS SOPHIA:

Evangelio Gnóstico que data del siglo II d.C., impecablemente conservado, que proclama con toda minuciosidad y pureza el Único Camino de la Liberación de Cristo, el Camino de la Transmutación y de la Transfiguración. La expresión se usa también para designar un ser humano que intenta emprender el Camino de la Redención.

RADIACIONES DE ACUARIO:

En la evolución del año sideral, la Tierra ha entrado en el radio de acción del signo zodiacal de Acuario. Una de las consecuencias que de esto se desprende es la manifestación de una actividad rectificadora, cada vez más rápida con respecto a todo cuanto esté en inarmonía con el Gran Plan Cósmico Divino. Así, el período del Juicio Final ha comenzado, lo que significa que esta actividad radiante, rectificadora, se manifestará en el destino de la humanidad, para una resurrección o para una caída, todo depende de si su estado de conciencia y comportamiento de vida están o no en armonía con el Plan del Logos Universal.

ROSA DEL CORAZON:

Véase Entidades Chispa de Espíritu.

TRANSFIGURACION:

El proceso evangélico del renacimiento de Agua y Espíritu, el camino clásico y primordial de Retorno a la Patria Perdida, al Otro Reino, al Orden de Vida de Cristo.

DEI GLORIA INTACTA

Jan van Rijckenborgh

Índice

Prefacio

Prólogo

1 Orientación

2 El cambio fundamental

3 Las dos Iniciaciones fundamentales

4 La Iniciación de Mercurio del primer Círculo Séptuple

5 La Iniciación de Venus del primer Círculo Séptuple

6 La Iniciación de Marte del primer Círculo Séptuple

7 La Iniciación de Júpiter del primer Círculo Séptuple

8 La Iniciación de Saturno del primer Círculo Séptuple

9 El segundo Círculo Séptuple: Urano

10 El misterio del alma

11 El tercer Círculo Séptuple: Neptuno

12 Los aspectos esotéricos del hombre nuevo

13 La soledad del hombre nuevo

14 La auto francmasonería del hombre nuevo

15 La conciencia del hombre nuevo

16 La tarea y el trabajo de la Escuela Espiritual en la nueva era

Epílogo

Glosario

Prólogo

Dado que el único Dios, sabio y misericordioso, ha derramado tan ampliamente, en estos últimos tiempos, su bendición y su bondad sobre la humanidad, ayudándonos así a llegar a un conocimiento cada vez más perfecto de su Hijo Jesucristo, podemos dar testimonio con razón de los tiempos felices en los que no sólo nos es desvelada la mitad del mundo hasta ahora desconocida y oculta, sino que también por El nos ha sido revelado muchas obras y criaturas de la naturaleza, desconocidas hasta ahora. Además, El ha hecho aparecer hombres dotados de una gran sabiduría que, en nuestros tiempos corrompidos e imperfectos, renovarán y llevarán a la perfección una parte de todas las nobles artes masónicas. Esto permitirá que el hombre comprenda su nobleza y su valía, conciba la razón por la cual es llamado «microcosmos» y hasta dónde se extiende su conocimiento de la naturaleza.
El mundo ignorante no encontrará ciertamente en esto ningún motivo de alegría; por el contrario, se contentará con sonreír y burlarse. Además, el orgullo, la ambición y la presunción de muchos son tan grandes, que parecerá imposible hacerles reconciliarse. Si estuvieran unidos, podrían componer, con todo lo que Dios nos ha dado tan ampliamente en nuestros días, un librum naturae, es decir, un método perfecto al servicio de todas las artes libres. Pero su oposición es tal, que persisten en los viejos caminos y se niegan a abandonarlos.
Nuestro piadoso y muy iluminado Padre y Hermano Cristián Rosacruz ha trabajado mucho y largo tiempo, con el fin de llevar a cabo una reforma general y, en todas las épocas, fueron enviados numerosos hermanos a su servicio con la misma finalidad, a saber: fundar un orden mundial que no es de este mundo, un orden del cual Jesucristo da testimonio, diciendo: «En verdad, en verdad os digo, si un hombre no nace de nuevo, no puede ver el Reino de los Cielos.» Nicodemo le dice: «¿Cómo puede nacer un hombre cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?» Jesús le responde: «En verdad, en verdad te digo, si un hombre no nace de agua y de espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.»
Y el iniciado Pablo dice: «De esto nos queda mucho por decir y de difícil explicación, pues os habéis hecho torpes de oído. Porque debiendo ser maestros por el tiempo transcurrido, necesitáis de nuevo que os enseñen lo elemental de la palabra de Dios, y habéis llegado a ser tales, que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo el que se alimenta de leche es inexperto en la palabra de la justicia, porque todavía es niño. El alimento sólido es para quienes han alcanzado la madurez, para quienes, por el uso, tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Por lo tanto, dejando a un lado los rudimentos de la doctrina de Cristo, nos elevamos al estado de adulto. Pues el conocimiento de Dios es solamente para los fuertes.
Porque la palabra de Dios es viva y operante, y más tajante que una espada de dos filos; penetra hasta la división de alma y espíritu, de coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Nada creado está oculto a su presencia: todo está desnudo y al descubierto a los ojos de Aquél a quien hemos de rendir cuentas.
Así pues, también nosotros, rodeados de tan gran nube de testigos, despojémonos de todo lastre y del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia en la carrera que se abre ante nosotros, fijos los ojos en Jesús, guía y consumador de la fe, quien, ante la alegría que le era ofrecida, soportó pacientemente la cruz.
¿Habéis resistido ya hasta en la sangre en vuestra lucha contra el pecado? ¿Habéis olvidado la exhortación que como a hijos os es dirigida: «Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor, ni te desalientes cuando El te reprenda; pues el Señor castiga a quien ama y reprende a todo el que recibe por hijo. Soportad el castigo; Dios os trata como a hijos.»?
En un primer momento, la corrección no parece agradable, sino dolorosa; pero después da fruto apacible de justicia a los que se han ejercitado en ella. En consecuencia, levantad las manos caídas y enderezad las rodillas vacilantes. Enderezad las sendas para vuestros pies, para que el cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Buscad la paz con todos los hombres y la santificación sin la cual nadie verá al Señor. Tened cuidado de que nadie se vea privado de la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura crezca y os perturbe y por ella muchos sean contaminados.
Vosotros, adultos, habéis llegado a la montaña santa, y a la ciudad del Dios vivo, a la verdadera Jerusalén y a la Fraternidad de los Primogénitos, que están en el otro Reino; a Jesús, el mediador de la nueva alianza. Que quienes, por consiguiente, han recibido parte en el Reino Inmutable tengan gratitud y sirvan de todo corazón al Señor y a su Fraternidad.»

Esperamos y rogamos que tenga a bien reflexionar cuidadosamente sobre nuestro ofrecimiento y profundizar minuciosamente nuestro arte, sondear con ardor el presente y dar a conocer con celo nuestro punto de vista.
Y decimos, en toda verdad, que quien quiera ir con nosotros seriamente y de todo corazón, recibirá grandes ventajas. Pero quien sea falso de corazón o sólo ambicionase nuestros tesoros, nunca podrá dañarnos, pues él mismo será la causa de su declive y de su propia destrucción.

Y nuestra construcción, aunque vista de cerca por centenares de miles de hombres, permanecerá para siempre impasible e indestructible y oculta al mundo impío.

Lectorium Rosicrucianum

Prefacio

Si el lector atento comparase esta primera edición española con la primera edición holandesa de 1946, descubriría inmediatamente que gran parte de lo que había sido anunciado en dicha edición ya se ha realizado. La humanidad ha entrado en el tiempo de la cosecha, y el campo de la cosecha, el nuevo Reino Gnóstico, ha sido preparado. La Fraternidad Gnóstica mundial ha ocupado su lugar en la gran viña del Señor, pues una cosecha superabundante está madura en los campos.
Que los innumerables buscadores que por su estado interior tienen la posibilidad de pertenecer a la cosecha, puedan llegar a captar la llamada de la Gnosis, y puedan ver y comprender las señales del actual momento del mundo, reconociendo aún a tiempo el único camino de salida y entrando en el misterio de iniciación crístico de la santa Rosacruz.

DEI GLORIA INTACTA

¡La gloria de Dios es intangible!

I

Orientación

I

En el transcurso de toda la historia de la humanidad, dos sistemas de desarrollo esotérico han atraído la atención de todos aquellos que, por predisposición y aspiración interior, deseaban recorrer el camino de la liberación. Consultando la historia de la magia, podemos observar que en todas las civilizaciones solamente han sido aplicados dos sistemas de desarrollo mágico. De acuerdo con las fluctuaciones de las diferentes épocas culturales, los dos sistemas fueron ejercidos simultánea o alternativamente.
La Rosacruz, en su filosofía moderna, designa a uno de estos sistemas como división de la personalidad, al otro como cultivo de la personalidad. Ambos tienen la misma idea fundamental: «El hombre es imperfecto, semiconsciente y está preso de la ilusión. El perfeccionamiento, la conciencia total, la verdad absoluta, existen y le esperan. Sus hierofantes le llaman. Y aquí están los métodos de entrenamiento y de realización, caminos entre el presente y el futuro deseado por los hombres.»
Del seno de los siglos vemos surgir la división de la personalidad. El candidato debía aprender mediante métodos de alimentación, por el control de la respiración y el ascetismo, por la concentración y la contemplación y por el dominio de la fuerza de la palabra, a realizar una división de su cuádruple personalidad. Mediante esta división, o por el dominio de la ley de cohesión que mantiene concéntricos los cuatro vehículos de la personalidad, el alumno podía separar a voluntad el vehículo material y su doble etérico de los dos vehículos más sutiles, para viajar con éstos, plenamente consciente, por las denominadas regiones superiores. Podía restablecer la cohesión de los cuatro vehículos y así explorar el camino entre ilusión y realidad, progresando de fuerza en fuerza en la luz de posibilidades de vida completamente nuevas. Había perforado un pasaje, mediante entrenamiento esotérico, entre las oscuras profundidades del mundo y las radiantes posibilidades de una nueva era. Podía unirse a hermanas y hermanos del mismo rango. Era libre, era hijo de la aurora. Y juntamente con esta ciudadanía adquirida en dos mundos, se desarrollaban otros dones, tales como una elevada agudeza de los sentidos y una penetración cada vez más profunda, de primera mano e independiente, en el plan de las cosas.
¡Sí, para este candidato de las antiguas escuelas espirituales, Dios era verdaderamente misericordioso! ¡El era liberado! Y, unido a numerosos compañeros en esta alegría inexpresable, podía trabajar en un radio de acción ilimitado al servicio del Reino de la Luz, para la elevación de quienes se encontraban aún en las tinieblas.
Grandioso y magnífico es el trabajo llevado a cabo por todos estos antiguos iniciados y liberados. Las huellas luminosas de sus actos brillan como una llama en la memoria de la naturaleza. Miles de occidentales, que amenazaban hundirse bajo las ávidas garras del materialismo y de la incredulidad, fueron unidos a esta luz procedente de la antigua sabiduría de oriente. Cuando el nadir de la materialización elevó sus muros, quienes golpeaban en ellos para abrir un pasaje fueron orientados, por una falange de trabajadores iluminados, hacia el pasado y su deslumbrante esplendor. Cuando muchos se asfixiaban en la camisa de fuerza de la materia y de la religiosidad adaptada también a la materia, que no ofrecía salida alguna, vino la mano tendida y llena de amor de la Fraternidad de la Luz y condujo al hombre enfermo hacia el pasado.
¿Se encuentra, entonces, su liberación en el pasado? No, pero sí el consuelo y la redención, según la palabra de oro: «El que no quiere aprender del pasado, es castigado en el futuro.» Por ello, el pasado llama siempre, con actos de amor, al saber subconsciente, cuando por ignorancia e ilusión el hombre bloquea los caminos del futuro.
En el pasado también hubo esoteristas, como entre los antiguos egipcios y griegos, que escogieron una vía de desarrollo completamente distinta a la de quienes habían querido abrirse un camino de liberación por la división de la personalidad. Ellos consideraban que este mundo no podía ser rechazado, y que el mundo de la luz sólo podía ser alcanzado a través de él. Mantenían que el hombre y la naturaleza eran totalmente opuestos al país de la luz y lo eran , y por ello ambos debían ser cultivados y armonizados en su realidad aparente.
Ellos planteaban la magia del cultivo de la personalidad, la elevación del antropos, del hombre, desde abajo hacia arriba. Fueron elaborados sistemas de purificación de la raza y de la sangre según normas mágicas, y puesto que el hombre no podía mantenerse en un mundo y en un reino natural atrasados con respecto e él, los demás reinos debieron ser elevados simultáneamente a un plano superior. Por consiguiente, la agricultura, la horticultura, la ganadería y otras muchas cosas más, necesarias para el mantenimiento de la vida, fueron practicadas, en colonias más o menos grandes, por hombres que practicaban los misterios, de forma totalmente nueva y adaptada al hombre que avanzaba en el cultivo de la personalidad.
También así se obtuvieron resultados mágicos. Se adquirió cierta conciencia de los campos superiores y una grandiosa ampliación de los poderes sensoriales, aunque al mismo tiempo se llegó a una sujeción a la materia. Lo material compartió la gloria de la elevación; la resistencia de la materia fue vencida hasta cierto punto, no escapando a ella, sino sometiéndola y cultivándola.
Por consiguiente, si uno de estos métodos colocaba la iniciación fuera del cuerpo, el otro la colocaba dentro del cuerpo, incluyendo el vehículo material. Muchos occidentales fueron salvados también de esta manera de la muerte en vida, de una petrificación espiritual, del caos de un espantoso declive, conectándoles también con un rayo de la antigua sabiduría, para hacerles y conservarles aptos, por medio del pasado, para un posible nuevo futuro.

II

Este nuevo futuro ha llegado. Todos los que desean un desarrollo esotérico y se esfuerzan por conseguirlo, son colocados ahora ante el misterio de iniciación crístico de la santa Rosacruz para la nueva era. Los dos antiguos sistemas esotéricos han asido el vertiginoso declive de los occidentales, les han enlazado por un momento al pasado, con el fin de que no se cristalicen irremediablemente, con todas las consecuencias que conllevaría. Pero se debe reconocer claramente que los antiguos sistemas esotéricos, en tanto que sistemas de iniciación, en tanto que fuerzas liberadoras, estructuralmente son ineficaces para los occidentales.
Si además se midiese el éxito de los trabajadores que aportaron a Occidente la antigua sabiduría, por el número de liberados estructurales, nos llevaríamos una gran decepción. Fue únicamente la idea de los antiguos y la vida latente en esa idea lo que preservó a numerosos occidentales. Pero los antiguos sistemas, en tanto que escuelas de iniciación, fueron en Occidente un fracaso total, y no pudo ser de otra forma. Y no está lejano el día, si no ha llegado ya, en el que estos antiguos sistemas tampoco poseerán, para los orientales modernos, un aspecto liberador estructural. Nuestro mundo y la cuádruple personalidad humana están sometidos a un cambio continuo por la influencia de una formidable fuerza cósmica. La humanidad, en su estado vehicular actual, corre al encuentro de una enorme crisis. El hombre occidental ya entró, en principio, en este estado crítico al comienzo de este siglo, pero esta crisis ha alcanzado ya su fase aguda para Occidente.
Aunque en el remoto pasado fuera posible para el candidato esotérico liberarse en la forma que hemos esbozado, y festejar el glorioso regreso, aunque en la primera parte de este siglo fuese necesario orientar al buscador occidental hacia la idea de este pasado, ahora, la humanidad actual ha entrado en una situación mundial en la que las miradas se deben dirigir exclusivamente al futuro. Para los miles de buscadores ya no puede tratarse de la división de la personalidad, ni según la idea ni estructuralmente. Tal división conducirá en el futuro a estados extremadamente indeseables, tanto corporal como espiritualmente. Y para estos mismos miles de buscadores, tampoco puede tratarse en el futuro del cultivo de la personalidad. También este sistema debe ser rechazado por ser estructuralmente perjudicial. Los órganos de secreción interna, que desempeñan un papel tan importante en las cuestiones ocultas, ya no pueden reaccionar al camino de los antiguos, a consecuencia del cambio total de las condiciones corporales, atmosféricas y cósmicas. La puerta de la liberación concedida al pasado se ha cerrado irrevocablemente detrás de la humanidad.
Ante este «irrevocable», no sirve ninguna apelación a la antigua sabiduría; la religiosidad oficial ha perdido toda atracción y toda influencia, y las experiencias esotéricas del pasado, preconizadas en libros o lecciones, ya no pueden provocar sino una risa homérica, la risa de un hombre que quiere esconder su dolor.
Son numerosos quienes han previsto, en el transcurso de este siglo, la neutralización de las antiguas culturas esotérico espirituales, y en ciertos círculos han supuesto evitar los peligros y seguir actuando de manera salvadora y liberadora, combinando la antigua sabiduría en sentido oculto cristiano, realizando así una especie de síntesis.
Algunos de estos comprensibles experimentos fueron presentados incluso con el nombre de Rosacruz, posiblemente de buena fe; no obstante deben ser considerados como un error muy serio. Porque hay un misterio de iniciación crística de la santa Rosacruz absolutamente independiente y puro, que ha permanecido intacto para el siglo actual; misterio que en principio y estructuralmente es libre y debe permanecer ajeno a los caminos y sistemas antiguos.
En el futuro, los buscadores serios de la liberación deberán incorporarse a este misterio. Dicho sistema consciente es ofrecido de forma velada en el evangelio de Jesucristo. Es un sistema que se ha vuelto inevitable para todo buscador y que aún debe ser anunciado a toda la humanidad, lo cual, gracias a Dios, finalmente hará posible la revelación del verdadero cristianismo.

III

El método de iniciación de la nueva era consiste en la permuta de la personalidad, es el secreto del renacimiento evangélico. Ni división de la personalidad ni cultivo de la personalidad; no se trata ni de eludir ni de sublimar algo que por naturaleza está destinado a decaer, sino de la permuta de personalidad, es decir, construir una personalidad absolutamente nueva, en la fuerza de Cristo y de su Jerarquía, mientras el espíritu se manifiesta aún en la antigua personalidad.
En este nuevo sistema, el candidato parte del conocimiento de que su cuádruple personalidad actual no está comprendida en la naturaleza de Dios, que es inaceptable y pecadora. El candidato que actúa según este sistema, sabe que la conciencia de esta personalidad es la mayor mistificación e impedimento en su microcosmos, y comprende perfectamente las palabras de Pablo: «Dios no tiene aceptación de personas», trátese de la personalidad dividida o de la personalidad cultivada.
El alumno en el nuevo proceso de iniciación crístico comprende que «quien pierda su vida (la antigua personalidad), la pondrá a salvo (la nueva personalidad)». Debe comprender que se trata de un nacimiento absolutamente nuevo según la cuádruple personalidad. En toda la revelación de la salvación crística no se deja ninguna duda al respecto. Nicodemo (véase el Prólogo) no comprende nada, pero los candidatos de las nuevas escuelas de iniciación deberán estar claramente impregnados de este conocimiento, con el fin de que una luminosa nube de nuevos testigos de Dios pueda expandirse pronto sobre este mundo de tinieblas.
Quizá será difícil para muchos liberarse de lo que han dicho los antiguos, que suponían que la personalidad humana estaba sometida a un proceso de evolución, como en el pasado lo estuvo a un proceso de involución.
Esta opinión se apoya en un malentendido. Quien antaño involucionó no fue el aparato vehicular del plan original de Dios, sino una personalidad anormal que se hundió en el nadir de la materia, arrastrando en su caída al espíritu encadenado. La forma celeste, el cuádruple cuerpo original del espíritu, pereció con esa caída. Esta no fue una muerte por corrupción, pues la esencia de la forma celeste original era de una manufactura demasiado divina para ello. Por esto, la mejor manera de definir el estado actual de la forma celeste original es el de «dormido». Un «dormido» que puede ser despertado de nuevo, que puede resucitar, cuando el hombre sepa escapar a la ilusión de la personalidad temporal anormal y reconozca claramente su estado.
El ser espiritual más elevado debe utilizar actualmente la personalidad terrestre, lo cual, visto desde arriba, es un estado sumamente indeseable. Por otra parte, la conciencia biológica de la personalidad terrestre contrarresta en gran medida al espíritu central. El buscador esotérico debe reconocer que la división de la personalidad terrestre es una maniobra de distracción, una nueva ilusión llena de sufrimiento, y que el cultivo de la personalidad, cualquiera que sea su forma, aporta únicamente una exacerbación de las dificultades que la conciencia del yo ocasiona al hombre.
La tarea que el tercer sistema mágico propone al buscador, por medio del cristianismo, es nacer de nuevo, despertar la forma celeste dormida. Se trata, pues, del nacimiento de una nueva personalidad celeste, mientras el hombre se encuentra aún en la antigua. El despertar de esta nueva forma está sujeto a leyes muy diferentes de las de los antiguos sistemas esotéricos, y son estas nuevas leyes las que el candidato debe estudiar y aplicar.
El devenir del nuevo ser se realiza de arriba hacia abajo. Primero, el poder del pensamiento, después, el cuerpo astral y, seguidamente, el cuerpo etérico, como matriz del nuevo cuerpo material.
Para concebir al hombre celeste, es necesario ante todo un cambio fundamental, el abandono de principio del antiguo yo, la despedida de toda la antigua magia que ponía a ese antiguo yo en primer plano. Es evidente que no se debe descuidar la personalidad terrestre, ni tampoco la vida terrestre indispensable. Sin embargo, el hombre tiene que ordenar los diferentes acentos de su vida, de tal manera que resulte de ello un comportamiento que impulse el verdadero renacimiento.
Al estar atado a una apariencia biológica, el hombre paga el amargo tributo de encontrarse de esta manera en este mundo; pero, por su comportamiento racional, construye lo que no es de este mundo.
La Fraternidad de la Rosacruz de Oro lanza una llamada a todos los buscadores de la salvación serios, con el fin de invitarles a abrazar el principio fundamental de la nueva intercesión: ¡romper con lo antiguo, avanzar hacia lo nuevo!

IV

El estudiante debe comprender prácticamente que el tercer sistema de iniciación es absolutamente nuevo para la mayoría del público buscador y que todavía debe ser predicado. A medida que la propagación del misterio crístico se imponga en todo el mundo, significará el comienzo de una nueva Iglesia Mundial de la Fraternidad Mundial Universal ya formada, unida a la Escuela de los misterios crísticos. Los trabajadores son enviados a todas partes para establecer ese trabajo, pues aunque este tercer sistema de iniciación haya existido siempre, desde la revelación de Jesucristo, sólo un grupo muy restringido y pequeño de candidatos ha podido experimentar la alegría inexpresable de ser liberados por este sistema.
El verdadero santo misterio se mantuvo retraído y velado debido a que el hombre según su apariencia terrestre, aunque había llegado efectivamente al nadir de la materialidad, todavía no había encallado suficientemente, ni en bastante número, en la naturaleza terrestre. Estas condiciones, que se han realizado ahora, han ocasionado suficientes reacciones cósmicas, lo que ha dado origen a un período de crisis en el que los velos son apartados.
Con todo derecho podemos decir que Pablo es uno de los hierofantes de la verdadera comunidad cristiana. A veces es llamado el primer rosacruz de nuestra era, pues fue el primero en la historia exotérica en transmutar la cruz de la naturaleza en cruz de la victoria, en colocar las rosas en la cruz y en despertar la forma celeste. Es bueno recomendar a todos los que quieren recorrer el camino del renacimiento crístico y necesitan una primera orientación, que lean el magnífico capítulo quince de la primera Epístola a los Corintios, pues en él encontrarán el programa completo del nuevo renacimiento.
Si el candidato quiere empezar y proseguir con éxito este renacimiento, debe saber que son necesarias dos cosas: en primer lugar, el cambio fundamental y, en segundo lugar, la posesión personal de Jesucristo.
Lo primero significa: la despedida de principio de la naturaleza terrestre y una disposición fundamentalmente diferente hacia esta naturaleza y su siniestro juego de la voluntad, el deseo y la actuación en sentido autoconservador y especulativo. El candidato debe llegar a través del cambio fundamental, a un estado de soledad libremente escogido, a su Patmos, a un estado de espera neutro e inteligente de «su día del Señor.» El alumno, durante este período, no debe intentar forzar un resultado con algún deseo especulativo. Cada forcejeo perturbaría el desarrollo del proceso. Que el alumno recuerde la tan conocida frase: «Cuando el alumno está preparado, ¡el Maestro aparece!»
Cuídese además, de que en ningún caso esta neutralización de la personalidad terrestre sea emprendida experimentalmente, ya que esto conduciría inevitablemente a consecuencias altamente negativas y deplorables; un ensombrecimiento negativo, un espíritu control trataría de tomar posesión del candidato.
El candidato debe celebrar esta despedida de la naturaleza terrestre porque sienta la imperiosa necesidad de ello, es decir, porque la muerte mística respecto al mundo sea una necesidad interior para él. Una vez alcanzado este punto, el cambio fundamental puede ser aplicado con éxito y su resultado no se hará esperar. Entonces se produce la iluminación, la iluminación mística, el descenso del Rayo de Cristo y, desde ese mismo instante, el candidato vive de la posesión interior de Cristo.
Se oye a muchos hombres hablar del Cristo. Tienen respeto por El, Le aman. Para ellos es un maestro, la personificación de todo lo bueno, bello y verdadero, pero en ningún caso es una realidad viva. Les es imposible, a este tipo de personas, desprenderse de la autoridad, porque no poseen interiormente al Señor de toda Vida. La vibración de Cristo no habla desde la sangre de su alma. Y esta vibración debe tomar cuerpo en el ser del candidato, si quiere realizar el renacimiento.
¿Por qué nos preguntamos la posesión del Cristo interior es fundamental? Para su tranquilidad hay que decir que esta posesión conoce diferentes etapas, y que una etapa elemental es ya suficiente para hacer avanzar al candidato en el camino por él escogido.
La posesión del Cristo interior es indispensable, ya que el estado vehicular del hombre actual hace imposible que el alumno realice un trabajo tan gigantesco por medio de sus propias fuerzas. La estructura de las células, la actividad de las glándulas endocrinas, el organismo de la conciencia y los diversos fluidos del alma están tan degradados, limitados y encadenados, que al alumno le sería imposible despertar y vivificar suficientemente la forma celeste.
Lo que vuelve evidente, entonces, que el renacimiento místico debe preceder al renacimiento estructural. El milagro de este renacimiento místico es que puede realizarse en la personalidad terrestre, inferior, pecadora y destinada a perecer. Esta gracia maravillosa debemos agradecérsela a Aquél que «deja a un lado la magnificencia junto al Padre» para volverse uno de nosotros y sumergirse en la naturaleza terrestre. Así, por el estado humano de Cristo, el principio salvador y liberador de su ser pudo asociarse a la conciencia de la sangre pecadora del hombre. Únicamente sobre esta base puede comenzar el renacimiento estructural y el alumno podrá «morir cada día».
Este perecimiento según la naturaleza se relaciona con la transformación diaria por la que pasa la personalidad terrestre, con el fin de apoyar el proceso para despertar la personalidad celeste. La cuádruple manifestación terrestre está completamente subordinada a este gran objetivo, y en la medida en que nos acerquemos a este objetivo, el ser terrestre opondrá cada vez menos obstáculos en el camino.
Ese morir cotidiano significa la demolición progresiva de la conciencia biológica, la anulación de la autoafirmación y de todos los deseos inferiores y especulativos, así como la abolición de todas las funciones animales. Cuando las correspondientes leyes vitales son rigurosamente respetadas, queda garantizada una vida funcional saludable tanto tiempo como sea necesario. El alumno debe aplicar esta muerte diaria para llevar a cabo la resurrección del estado vehicular celeste. El candidato que lo comprende, podrá, igual que Pablo, responder fácilmente a la pregunta: «¿Cómo resucitarán los muertos?»
En todos los tiempos, muchos hombres han creído en la posibilidad de la resurrección del cuerpo natural en un estado glorificado. Pero el veredicto pronunciado sobre este cuerpo es irrevocable: se descompone y nunca más resucita.
Está claro que hay otro muerto que debe ser resucitado, un muerto que desde hace eones yace en el hombre, a saber: el vehículo celeste del verdadero hombre, el ciudadano del Reino de los Cielos. Y la resurrección de este muerto sólo puede tener lugar cuando muere la personalidad terrestre.
Por ello dice Pablo, en los versículos 42 y 43 de la primera Epístola a los Corintios, que el cuerpo divino es sembrado en la corruptibilidad, en la naturaleza terrestre, y resucita en la incorruptibilidad; es sembrado en vileza y resucita en gloria; es sembrado en debilidad, resucita en fuerza.
Este es el secreto de la resurrección: lo espiritual sólo puede ser liberado, rompiendo las cadenas de la naturaleza y el ser de la naturaleza. Por esto lo primero no es lo espiritual, sino lo natural (versículo 46). Tal es la dura realidad de la decadencia del hombre.
En el transcurso de los siglos precedentes el hombre ha intentado escapar de esta realidad inexorable mediante una resurrección de lo natural, o por una división de lo natural, abandonando lo tosco y negando así la realidad. También se ha intentado muchas veces volver aceptable la vida terrestre, recurriendo sin más a enseñanzas místicas y mágicas. Pero Pablo, en su versículo 50, pone fin a todas estas especulaciones con su axioma: «Por eso digo: que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, ni lo corruptible hereda lo incorruptible.» Por ello es necesario grabar, como a golpes de martillo, en la conciencia del hombre que busca la salvación, que el camino que conduce a la resurrección del hombre celeste se encuentra en la permuta de personalidades, y que el candidato, colocado ante su tarea, debe decir conscientemente respecto a la personalidad celeste: «El debe crecer y yo menguar.» Al mismo tiempo debe comprender claramente que el «crecer» depende absolutamente de un «menguar» progresivo, metódico, sobre una base científico gnóstica.

V

Con motivo de todo lo que precede, se puede plantear la pregunta: «¿Qué debemos entender por cristianismo?» Cristianismo es iluminación y reconciliación con la idea original y con el estado original del género humano, el Reino de los Cielos. Debemos situar la existencia de este Reino de Luz original con nosotros como sus ciudadanos, en tanto que microcosmos , antes del período de Saturno, a partir del cual los esoteristas de los siglos pasados comienzan sus enseñanzas. El período de Saturno marca el comienzo de la caída del hombre, y el cristianismo se propone redimir al hombre de esta caída, conduciéndole a los orígenes de su existencia.
Por consiguiente, es imposible comprender el cristianismo únicamente con el corazón. El apela igualmente a la razón suprema y quiere liberar en el hombre esta razón pura indispensable, con el fin de que se desencadene de las ilusiones del orden de emergencia terrestre.
Se debe considerar el cristianismo en un contexto mucho más amplio. No empieza en Belén, sino en el Nilo. Por esto encontramos en el Evangelio de Mateo, capítulo 2, versículo 15: «He llamado a mi Hijo de Egipto.» Pero esta alusión tampoco nos lleva a más de seis mil años atrás, mientras que la intervención universal del Cristo abarca un lapso de tiempo de millones de años.
Se puede distinguir en el período Ario, en el que la humanidad vive actualmente, ciclos de unos 6500 años cada uno. En cada uno de ellos se desarrolla un intento para conducir de nuevo a la humanidad caída a su estado original. Si seguimos una línea de fuerza cósmica, podemos ver que, en cada ciclo, el desarrollo de este intento, de esta intervención divina, comienza en Egipto. La humanidad está ocupada en atravesar el trigésimo tercer ciclo del período Ario. En conformidad con ello, unos 4000 años antes de Jesucristo comenzó el trigésimo tercer descenso divino de este período, el cual fue coronado, al comienzo de nuestra era, por la manifestación de Jesucristo. Por esta razón se dice que Jesús tenía treinta y tres años cuando murió.
La reacción humana natural a esta manifestación se desarrolló del año 1 al año 1939. Desde el año 1939 hasta alrededor de 1950 1955, la humanidad se hundió en un período de terrible confusión y decadencia. A partir de 1955 comenzaron los diferentes procesos de cosecha y de selección que durarán hasta el año 2658; no obstante, el período hasta el año 2001 será el de mayor importancia para la cosecha.
Como este libro no tiene la intención de tratar de forma detallada problemas cosmológicos, astronómicos y astrológicos, por ahora es suficiente con estas sobrias indicaciones. Tal vez volveremos a ello, más tarde, en otras obras que se presten mejor a este tema.
Lo importante es hacer que el alumno tome conciencia de que el cristianismo debe ser contemplado en sentido universal. Así como que la aurora del período Ario comenzó a resplandecer en Egipto, hace unos 200000 años, por la intervención del Cristo cósmico, del mismo modo en cada ciclo de 6500 años dentro de este largo período de tiempo, el Hijo redentor es llamado de nuevo de Egipto.
El lector comprenderá que, teniendo en cuenta estos formidables períodos de tiempo, la duración de 2000 años desde el coronamiento del reciente trabajo salvador del Cristo, representa en el fondo un abrir y cerrar de ojos, y descubrirá también que el hecho de limitarse a considerar sólo un fragmento de este descenso divino constituiría una enorme restricción.
Lo que hoy entendemos oficialmente por cristianismo es una forma de religión fragmentaria, totalmente incapaz de conducir a la comprensión y a la liberación, pero que aparentemente debe preceder a la verdadera religión. Por ello los 2000 últimos años de pretendido «cristianismo» no están perdidos del todo. Esta fragmentación tiene por finalidad grabar en la sangre, es decir, en el alma de millones de hombres, por medio de repeticiones interminables, un deseo determinado, cierta psique, algo individual.
Ahora bien, si el «renacimiento» no se realiza, este grabado, que al principio aporta cierta calidad, se vuelve rápidamente una ilusión. En esta ilusión, capaz de elevarse hasta el cielo, la incidencia de la realidad se vuelve aún más espantosa, de forma que, sobre todo después del horror de los últimos quince años(*), innumerables hombres se despiertan de su ceguera y se preguntan angustiados: «¿Cómo puede ser que una verdad, que yo siento interiormente como la verdad, no sea liberadora y redentora? ¿Dónde está el error?»
De esta forma, el hombre cuyo conocimiento fragmentario choca contra el duro granito de la realidad se vuelve maduro para una revolución espiritual. Esta revolución espiritual ha anunciado ya su aurora y la humanidad se encuentra actualmente con los dolores del alumbramiento de un tiempo absolutamente nuevo. Mediante el sufrimiento, la muerte y el caos, una parte de la humanidad es preparada para la cosecha venidera.
Es evidente que esta revolución espiritual comporta un gran número de aspectos que no entran en el marco de este libro. Nuestra misión es iluminar el misterio de iniciación crística de la santa Rosacruz para el nuevo siglo que ha llegado; invitar a los candidatos a entrar en las nuevas escuelas espirituales e invitarles a una auto revolución total, con el fin de que puedan ir al encuentro del cosechador, bien equipados, armoniosamente y con las lámparas encendidas.
En el período en el que hemos entrado, los cuerpos celestes deberán ser despertados, y los candidatos de los nuevos misterios deberán ser capaces de moverse en la luz de Dios con estos vehículos imperecederos. Todos los que pueden oír, son llamados para volverse de nuevo «Hijos de Dios».

VI

Es muy importante determinar lo más concretamente posible a qué tipo de personas se dirige este libro. El mensaje contenido en estas páginas está destinado al hombre esotérico en su sentido más amplio, es decir, al buscador de la luz, predestinado e interiormente inquieto. Se le puede reconocer como tal, si se siente turbado por «el impulso espiritual del recuerdo», que es un lazo primario subconsciente con un País de Luz perdido, el recuerdo de una filiación perdida. Ese estado provoca un interés irreprimible por el mundo de lo oculto, y despierta la búsqueda apasionada de un estado original perdido en la noche de los tiempos. Esta tendencia hierve en la sangre del candidato y debe ser explicada por su pasado; también los lazos de sangre con los antepasados desempeñan al respecto un papel muy importante, tal como lo ha testificado abundantemente la literatura esotérica mundial.
El impulso espiritual del recuerdo imprime en los vehículos de la personalidad cierto estado de ser mágico natural. El propio pasado y el de sus antepasados se expresan en la sangre y sellan al candidato con una marca indeleble.
Este impulso espiritual puede enlazar principalmente con el poder del pensamiento, determinando una atracción irresistible por las investigaciones esotérico científicas; también puede expresarse de manera elemental en el cuerpo astral, y entonces engendra un intenso deseo de una aplicación más bien práctica de la magia; o también puede hacerse sentir más especialmente en el cuerpo etérico, dando lugar entonces a la visión etérica, la clariaudiencia y una pronunciada intuición.
La sensibilidad mágico natural del cuerpo mental aparece más a menudo en el hombre, la del cuerpo etérico en la mujer y la sensibilidad del cuerpo astral se encuentra en ambos sexos, en diversas asociaciones esotéricas que intentan llegar a la realización por estos medios.
Afirmamos con énfasis que esta sensibilidad mágica es una reacción comprensible de la personalidad al impulso espiritual del recuerdo. La sensibilidad mágico natural, presente al nacer o despertada por ejercicios, no es en ningún caso la prueba de un progreso en el camino del perfeccionamiento espiritual. Al contrario, la sensibilidad mágico natural, innata o adquirida, puede ser un poderoso freno para el progreso espiritual. Ella puede reforzar la ilusión del yo del hombre y causar un temible peligro para el alumno.
El mundo está saturado de especulaciones esotéricas, de numerosas corrientes negativas del más allá y de hordas de espíritus ligados a la tierra que, conscientemente o en virtud de su naturaleza, intentan explotar al hombre con sus predisposiciones mágico naturales, haciendo de ellos sus víctimas. Si el alumno se deja atrapar por estos engaños y por sus aparentes éxitos, la conciencia de su yo será influida hasta la demencia y toda su personalidad escandalosamente explotada, sin que por ello progrese un milímetro en el camino de la vida.
Que nadie se deje seducir por los romanticismos y las especulaciones relativas a una sensibilidad mágico natural, aunque se presente como capaz de otorgar, a quien la posea, un alto grado de progreso. ¡Nada es menos cierto! La visión etérica o la posesión de una u otra «musculatura» mágico natural no otorga a nadie el «aprobado». Todos los pueblos primitivos poseen más o menos estas propiedades como residuo rudimentario del pasado.

Quienes son atormentados, arrastrados o explotados por su recuerdo de manera tan poco agradable, se parecen a los jóvenes, de quienes se dice que son «demasiado grandes para una servilleta y demasiado pequeños para un mantel». Ya no pueden vivir completamente en el campo de la ruda naturaleza terrestre, porque el impulso espiritual del recuerdo no les da tregua. Pero tampoco pueden penetrar en la vida nueva, porque les faltan las condiciones fundamentales requeridas. Su estado es, en gran medida, inestable, lo cual es una posición peligrosa que puede conducirles, si continúan reaccionando negativamente a sus instintos mágico naturales, a aberraciones y anomalías.
Lo liberador del «impulso espiritual del recuerdo» reside en el hecho de que el hombre que lo posee puede alcanzar, sobre esta base, la magia verdadera, el arte real y sacerdotal mencionado por todas las religiones.
El impulso espiritual del recuerdo es un impulso hacia la luz, para que, cuando el hombre haya llegado a esta luz, descubra que dicha luz nunca puede aceptarle sobre la base de su sensibilidad mágico natural. Entre el hombre esotérico, comprendido según la naturaleza, y la meta, hay un abismo ancho y profundo, porque «la carne y la sangre» no pueden heredar el nuevo reino. Por ello, quien busca a Dios debe reconocer la necesidad del cambio fundamental ya aludido, para que éste sea para él un puente hacia la vida nueva.
Cuando el peregrino haya atravesado este puente, el ser de la verdadera magia se le manifestará y los medios para ejercer el arte real y sacerdotal le serán transmitidos. Este arte divino se relaciona con la reconstrucción del poder original, que el hombre poseía antaño en su cuerpo celeste. Pero afirmamos de nuevo con gran firmeza: este arte real nunca puede ser el resultado directo de la sensibilidad mágico natural del hombre. La verdadera magia nunca explota esa sensibilidad natural, ya que ésta no es otra cosa que un pobre y caricaturesco resultado del recuerdo del pasado original de la humanidad. Esta sensibilidad es necesaria para inquietar al hombre y hacer de él un extranjero. Pero si quiere ser realmente liberadora, debe conducirle hasta el país fronterizo de la materia, del que sólo la mano tendida de la Escuela Espiritual puede liberarle.

(*) Nota a pie de página: Esto fue escrito en 1946, poco después del final de la Segunda Guerra Mundial.

VII

Aún le quedan a la humanidad alrededor de setecientos años para terminar el trigésimo tercer ciclo del período Ario. En estos setecientos años será construido un tipo de hombre totalmente nuevo. Un tipo que dejará gradualmente su corporeidad perecedera de la naturaleza terrestre, para morar en la personalidad celeste.
Este proceso de permuta de personalidades se producirá a la par que diferentes cambios de naturaleza geológica, magnética y atmosférica, fuera y dentro de nuestra madre Tierra. Las modificaciones de las condiciones atmosféricas y magnéticas que ya hoy se advierten débilmente serán particularmente funestas para la humanidad actual. La parte de la humanidad que no podrá adaptarse estructuralmente a estos cambios, y no estará en condiciones de construir la nueva personalidad, seguirá una línea de desarrollo degenerativa y finalmente sucumbirá.
La otra parte, la que está ocupada en renovarse, perderá progresivamente el contacto con la parte que se cristaliza y una separación definitiva pondrá fin a este estado de cosas. El nuevo tipo humano formará «la cosecha» del trigésimo tercer ciclo. El 20 de Agosto de 1953, fecha en la que termina la cronología exotérica de la Gran Pirámide, comenzó la cosecha y un nuevo desarrollo.
El campo de la cosecha, gracias al intenso trabajo de quienes comprendieron el mensaje de la santa Rosacruz para la nueva era, ha sido preparado desde abajo hacia arriba, y los pioneros han sido capacitados para cumplir la tarea que asumieron. Toda la formación y el esfuerzo de los llamados están centrados en hacer que la cosecha de este período de intervención divina sea lo más abundante posible.
Una nueva Fraternidad Mundial ha sido fundada, como base para el gran trabajo de cosecha y para las Escuelas Espirituales de la renovación, las cuales están ocupadas en expandir sus actividades por toda la tierra. Pues las almas maduras deben ser cosechadas y colocadas ante su tarea de renacimiento. Los cosechadores, por consiguiente, se preparan para actuar como promotores del nuevo tipo de hombre venidero.
Y el lamento clásico, que se escucha en cada época de cosecha, es válido también para la nuestra: «La cosecha es grande, pero pocos son los cosechadores.» Por esto, este libro quiere ser una modesta llamada, susceptible de despertar a su vocación a quienes están interiormente predestinados y aún no han acudido, para despertar en ellos su vocación y darles algunas indicaciones elementales para que vivifiquen en sus conciencias las cualidades, aspectos y condiciones a las que debe responder el nuevo tipo de hombre.
Esta llamada no debe, en ningún caso, degenerar en un saber teórico, en consideraciones filosóficas, sino que debe transmitir a los alumnos serios algunos valores prácticos, directamente aplicables, puesto que el nuevo tipo de hombre no nacerá de dogmas, sino exclusivamente de actos prácticos.
Por ello el lector recibe, en estas páginas, una nueva enseñanza gnóstica, cuya aplicación le ennoblece hasta hacer de él un trabajador y un cosechador verdadero, asegurándole al mismo tiempo su propia elevación en el camino espiritual.

VIII

Tal como hemos podido afirmar suficientemente, se trata de dar nacimiento a la personalidad celeste y de llevar a cabo un renacimiento estructural. Esa personalidad celeste no está desagregada, sino muerta viviente. Ella debe ser vivificada y, cuando lo esté, el espíritu central humano debe obtener el control sobre esa personalidad. Al mismo tiempo, la personalidad de la naturaleza humana debe ser disgregada, por lo que debe ser emprendido y afianzado un proceso de perecimiento según la naturaleza.
El alumno debe considerar estos dos procesos como un todo, puesto que el cuerpo celeste no puede desarrollarse sino a través de la naturaleza mortal. La personalidad terrestre o dialéctica es la base para el desarrollo de la nueva; los procesos de demolición y de construcción se engranan juntos. Todo esto es posible por el trabajo de salvación en Cristo, el cual tenemos que considerar en la relación muy amplia de la manifestación divina total del trigésimo tercer ciclo.
En los siete grandes impulsos religiosos de este ciclo, había que realizar un trabajo que demostrase una interrelación, pero al mismo tiempo orientado hacia una finalidad muy concreta, o sea, la construcción de cada uno de los siete escalones de una escalera que debía conducir, finalmente, a la manifestación de Dios en la carne: Jesucristo. La Jerarquía de Cristo habla, da testimonio y actúa en todas las religiones mundiales, pero sólo en el último eslabón de esta cadena festejamos la victoria en Jesús el Señor y es practicada una apertura entre la unidad divina y la apariencia no divina y temporal.
Como vimos anteriormente, la marcha del mundo es un camino descendente, una realidad que se aparta de la vida original, y así lo atestiguan todas las religiones y todas las mitologías del mundo. Cuando este proceso de decadencia en el período Ario hubo entrado en su última fase, se desarrolló una formidable actividad a partir de los mundos de la unidad divina. Diferentes impulsos divinos se manifestaron sucesivamente. En la crisis que se acercaba y se agudizaba de la existencia humana no divina, esos impulsos divinos se esforzaron por establecer un lazo sistemático entre la humanidad que caía y la luz de la unidad divina.
Fueron establecidos lazos de naturaleza eminentemente abstracta en tres impulsos sucesivos, con los tres aspectos del ego humano, es decir, con los tres focos del espíritu central en la personalidad terrestre y no divina del hombre. Por estos tres lazos de Dios con el ego, el hombre, una vez alcanzado el nadir, el punto más bajo de la miseria, era capacitado para asir la escalera y subir por ella. Fueron necesarios multitud de auxiliadores y millares de años para formar estos tres eslabones superiores de la escalera celeste.
El lazo siguiente, el siguiente peldaño de esta escalera de Dios, consistió en influir en el joven poder del pensamiento del hombre, para que tampoco esta parte de la personalidad humana constituyera un obstáculo para la liberación final. El quinto escalón fue establecido por el lazo de la luz con el cuerpo del deseo o cuerpo astral; y el sexto escalón consistió en la influencia ejercida sobre el cuerpo etérico del hombre.
Cuando este séxtuple y formidable trabajo de salvación preparatorio fue cumplido, por seis impulsos divinos netamente distintos trabajo en el que colaboraron millares de auxiliadores, ya que Dios se manifiesta siempre a través de su creación y sus criaturas , la gran obra divina de salvación fue consumada y coronada por la construcción del séptimo escalón de la escalera divina: la unión con el cuerpo material terrestre caricatura del ser original se efectuó en la séptima religión mundial por mediación de Jesús el Señor.
Esta es la salvación divina que viene al encuentro del hombre en el abismo de su existencia: la cruz de la unidad, que ha descendido hasta el estado mortal, por amor infinito hacia el mundo y la humanidad, uniendo su sangre a la del hombre.
Si el hombre quiere responder a la llamada de la luz, si quiere subir por la escalera de Dios, deberá hacerlo desde el eslabón más bajo, de abajo a arriba, uniéndose a la sangre de Cristo en el campo de vida material. Reflexione a este respecto muy profundamente en las palabras de Cristo: «Sin mí nada podéis. Nadie llega al Padre, sino por mí.»
Por consiguiente, a la luz del nuevo día, no tiene ningún sentido estudiar la séptuple manifestación religiosa de este período en su totalidad, sino que, dado que el período en que nos encontramos llega a su fin, se debe asumir y realizar las exigencias de esta totalidad.
El impulso divino cristiano tiene dos fases: una histórica y otra presente que se prosigue en el futuro inmediato. La fase histórica fue la de la unión de la sangre comprendida según la materia, una fase que coincidió exactamente con la crisis de la decadencia. Y ahora que esta decadencia muestra en nuestros días su atroz, sanguinario y desesperado desmoronamiento y que ha descendido el Hombre de Dios de la escalera de los siete escalones que se eleva hasta el cielo, el alumno debe asir ahora esta luz del mundo con el grito: «No te dejaré ir hasta que me hayas bendecido», y perseverar hasta que su «cadera» se disloque como le ocurrió a Jacob.
Este dislocamiento simbólico de la cadera atrae inmediatamente nuestra atención al pensamiento de Sagitario, lo que significa que toda la aspiración del hombre, todo su impulso vital, debe ser cambiado y armonizado con la salvación del mundo, con el fin de que la séptuple gracia de Dios pueda ser entregada a la humanidad. Todo lo antiguo desaparece en Cristo, todo se vuelve nuevo; y el alumno debe comenzar su tarea en el presente, confesando diariamente que escoge, como punto de partida racional y moral de su esfuerzo, las palabras de bronce grabadas en la lápida de Cristián Rosacruz: «Jesu mihi omnia», Jesús es todo para mí.
Aceptando el camino de cruz, la naturaleza de la muerte, la personalidad terrestre se vuelve una puerta para el espíritu, para la resurrección del cuerpo celeste.
El alumno no lleva la naturaleza de la muerte a una elevación, sino que la emplea al servicio del otro proceso. El éxito de este proceso depende del renacimiento místico o cambio fundamental, del cual ya hemos hablado, que debe preceder al renacimiento estructural. El renacimiento místico consiste en una unión consciente con la fuerza de Cristo, lo que es posible por la séptuple intervención divina aria, en la que el Logos encuentra al hombre corporalmente en la sangre.

IX

Todo esto es la base del prólogo del Apocalipsis:
«Revelación de Jesucristo, la que Dios le dio para que mostrara a sus siervos lo que ha de suceder en breve. Y él la manifestó a su siervo Juan, mediante el ángel que le envió. Juan fue testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo: de todo cuanto vio. Bienaventurado el que lee y los que escuchan las palabras de esta profecía y guardan lo escrito en ella, pues el tiempo está cerca.
Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz os sean dadas, de parte de Aquél que es, que era y que ha de venir, y de parte de los siete espíritus que están ante su trono, y de parte de Jesucristo, el testigo fidedigno, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libró de nuestros pecados con su sangre, y de nosotros hizo reyes y sacerdotes para su Dios y Padre, a él sean la gloria y la fuerza en toda la eternidad. Amén.
Ved que viene con las nubes de la nueva atmósfera y todos le verán, también los que le han traspasado, y todas las generaciones de la tierra harán lamentaciones por él; sí, amén.
Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin, dice el Señor, el que es, el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso.»

Es una empresa arriesgada en el espacio de un libro como éste, examinar fragmentos del Apocalipsis, pues son demasiadas las razones que empujan al hombre serio a abstenerse de semejantes explicaciones. Multitud de profanadores de la Biblia se han volcado a lo largo de los siglos sobre el Apocalipsis, lo que ha dado lugar a la aparición de cientos de análisis que han servido de tema a innumerables sermones, los cuales han provocado a su vez la animadversión de miles de personas y la risa burlona de millones más. Un sentimiento de gran impotencia debe inundar a todo aquél que lea estas maravillosas y poderosas visiones de Juan. Y, sin embargo, el hombre siempre ha sido atraído irresistiblemente hacia el último libro de la Biblia. A lo largo de los años hemos rehuido, en nuestras publicaciones, el Libro de las Revelaciones, pues queríamos evitar dar la apariencia de participar en esta legión de especuladores. Pero hoy cedemos al impulso de una necesidad más poderosa que nuestra resistencia, y vamos a hablar sobre este «final de oro» del Libro de Dios, ya que la hora está cerca.
Cada religión mundial tiene un escrito donde recoge sus misterios, un testamento espiritual para uso de los iniciados y de sus discípulos, y el testamento espiritual cristiano irradia con una gloria imperecedera en el Apocalipsis de Juan.
No confunda nunca los libros proféticos con la enseñanza de los misterios. Hay muchos libros proféticos en la Biblia y también los libros de los misterios contienen, sin duda alguna, elementos proféticos. No obstante hay una diferencia profunda entre revelaciones y profecías.
Las revelaciones son dadas a liberados, iluminados, que responden a condiciones determinadas y se encuentran en un determinado estado de espiritualización; las profecías son anunciadas a los que caminan en las tinieblas y cuya naturaleza es terrestre. Revelación significa conocimiento divino; profecía, inquietud divina. Revelación quiere decir gracia; profecía, juicio.
Gracia y juicio están a menudo entrelazados, pero el juicio no puede ser leído si no se está maduro para la gracia. El lector comprenderá, tal vez ahora, las razones por las cuales los especuladores espirituales se encuentran siempre con las manos vacías. Aunque se intenta conocer el sentido cósmico, astrológico y filosófico del Apocalipsis, no se puede, porque no se quiere aceptar el camino. Los sellos, las cartas, las trompetas y las visiones únicamente pueden empezar a vivir verdaderamente para el lector, cuando las vibraciones de la gracia iluminan su ser desde el interior.
El Apocalipsis es, por su propia naturaleza, un laberinto donde incontestablemente uno se puede extraviar. Pero al mismo tiempo, existe en él un hilo fino que puede guiarle, con toda seguridad, a través de salas y pasadizos.
Los teólogos de antaño disertaron muy seriamente sobre quién había escrito el Apocalipsis, Juan el Evangelista o Juan el Anciano. Para nosotros el autor es el sublime hierofante de los misterios crísticos, Jesucristo, hablando a través de cada alumno en el camino que ha recibido la gracia antes mencionada. El nombre de «Juan» significa también «Dios nos ha sido clemente.» La revelación de los misterios crísticos es, por lo tanto, para quien participa en la gracia de los grandes procesos de salvación venideros.
A tal alumno se le ordena, de manera muy apremiante, que preste atención a todo lo que se describe en el Evangelio mágico, porque «los tiempos están próximos». El alumno sólo puede obedecer a esta orden cuando, al leer u oír la profecía, la comprende perfectamente. Estas lecciones fueron escritas con la intención de llevarle a esta imperiosa comprensión. Sin embargo, sólo puede comprenderlas cuando quiere y puede ser un siervo y empieza a vivir en la comunidad de la sangre del corazón con Cristo.
Si alguien, después de la lectura de lo que precede, dudara aún del muy elevado y excepcional libro del Apocalipsis, en relación con otros libros de la Biblia, seguramente cambiará de opinión al tomar conciencia del encargo que aporta este libro.
El encargo, la misión, consiste en que Juan debe dirigirse «a las siete comunidades que están en Asia». El sentido corriente dado a estas siete comunidades no tiene nada de sublime. Se supone generalmente que se trata de siete comunidades eclesiásticas situadas en Asia Menor. Pero quienes están iniciados en el lenguaje de los Misterios Crísticos, saben muy bien de qué se trata.
Asia atrae inmediatamente la atención hacia el triple Logos y su orden, su mundo, en el que residen los verdaderos liberados, y al cual pertenece igualmente la personalidad celeste adormecida y vaciada. Este triple ser supremo, «que es, que era y que ha de venir», envía siete corrientes de fuerza dinámicas «que están ante su trono» a cada concentración de sustancia primordial en la que quiere manifestar su majestad, su amor y su fuerza.
En correspondencia con estas siete fuerzas hay igualmente siete estados de desarrollo espiritual, siete grupos y siete escalones de influencia espiritual, que se manifiestan en o con el nombre de Asia, la Divinidad triple.
En los círculos esotéricos se ha pensado y enseñado equivocadamente que hay siete escuelas de misterios distintas, con una coordinadora superior, una especie de internacional conocida con el nombre de Logia Blanca. Sin embargo, las siete escuelas son las siete expresiones de las siete fuerzas primordiales, el Espíritu Santo Séptuple, que obra a través de todos los tiempos en todas las esferas de nuestro cosmos.

En cada religión mundial se da a conocer estos siete espíritus primordiales y los hijos de los misterios deben ascender los siete peldaños, pasar por las siete pruebas, dominar las siete leyes y experimentar los siete dones de la gracia en una determinada fase del desarrollo.
Se puede leer ahora el prólogo del Libro del Apocalipsis con suficiente claridad. Hay en este mundo una revelación de Dios, un santo misterio, ofrecido en nuestra época en y por Jesucristo a todos los que se han vuelto libres y se han preparado para ello.
El santo misterio toca a un Juan tal, y éste, en virtud de su ser, no puede hacer otra cosa que dar testimonio de todo lo que se le revela. En todos aquellos que observan con amor el desarrollo de tal proceso en alguno de sus hermanos, surge un sentimiento de bienaventuranza, la bienaventuranza de la alegría, ya que uno de los liberados se acerca a la luz.
Pero el propio Juan se dirige en su lucha «a las siete comunidades que están en Asia», es decir, a los siete aspectos de su corporeidad celeste. Esta corporeidad, que duerme y no obstante es, que antaño era y que incontestablemente ha de venir, es despertada por una palabra poderosa, por un mántram divino. Es despertada por «los siete espíritus», por el Espíritu Santo Séptuple, que está junto a Dios y es de Dios, y por Jesucristo, el Hierofante del misterio crístico, que como «primogénito de entre los muertos» muestra a Juan, por medio de su vida, la manera en que el cuerpo celeste debe ser despertado a través de la naturaleza del cuerpo terrestre.
En esta santa presencia, Juan emprende su misión.

II

El cambio fundamental

I

El santuario del corazón del hombre no tiene una existencia independiente. No es, como se llegó a pensar, un órgano autónomo en el desarrollo espiritual del alumno, un órgano autónomo que actúa y realiza por sí mismo. El santuario del corazón es controlado totalmente por el santuario de la cabeza, o dicho de otro modo: la cabeza y el corazón están unidos y forman un único sistema. La separación aparente entre el corazón y la cabeza, y entre sus dos desarrollos resultantes, el místico y el oculto, es dialéctica, es decir, perteneciente a esta naturaleza terrestre y temporal.
El hombre nuevo de la era que se acerca debe aprender a considerar y asumir las actividades y los desarrollos de la cabeza y del corazón como una unidad indivisible. La separación que aparece en este mundo en las tendencias místicas e intelectuales se debe a la degeneración. La unidad del corazón y la cabeza es claramente perceptible desde el punto de vista anatómico y estructural. El corazón está controlado por la hipófisis, el bulbo raquídeo y muy directamente por los nervios cerebrales. Del pretendido trabajo específico del corazón no queda nada esencial, anatómica y estructuralmente hablando.
En el sistema cabeza corazón del alumno hay momentáneamente mucho que funciona automáticamente, pero este libro quiere mostrarle el camino para hacer de nuevo del corazón un músculo voluntario, propiedad del corazón de la que ya hablaron los antiguos y que será una cualidad del nuevo tipo humano.

II

En la cima del sistema cabeza corazón se encuentra el poder del pensamiento, el principio rector de toda la estructura corporal, de todo el instrumentario orgánico. El foco principal del poder del pensamiento se sitúa en el lóbulo derecho del cerebro. Atraemos igualmente la atención del estudiante hacia el poder de la voluntad, cuyo foco principal se encuentra en el lóbulo izquierdo del cerebro.
El corazón es la sede de la vida de los sentimientos y el esternón es su foco de radiación, mientras que el cerebelo y la hipófisis actúan, en todo el sistema cabeza corazón, como estación transformadora y como resistencia a las reacciones de todas las fuerzas y tensiones que se desarrollan en el sistema o que son ejercidas en él. La conocida reacción de la médula en las expresiones de la vida de los sentimientos humana ilustra con suficiente claridad la actividad de estos últimos órganos.
Todo este sistema es alimentado espiritualmente desde el exterior de dos maneras, por medio de la respiración. Además de oxígeno y gases nobles, necesarios para las funciones orgánicas normales, por la respiración entran en el sistema muchas vibraciones espirituales y etéricas. Una parte de estas vibraciones se mezcla con la sangre en el sistema pulmonar, introduciéndose así en la circulación sanguínea. La otra parte penetra por el etmoides, durante la respiración, en el santuario de la cabeza, e influye así directamente los diferentes centros del cerebro.
Juzgamos suficiente, para la finalidad que este libro se propone, esta sobria descripción de la naturaleza y de las funciones primarias del sistema cabeza corazón.

III

El alumno descubre, por consiguiente, en el sistema cabeza corazón, tres funciones primarias: pensar, querer y sentir. Estas funciones primarias pueden ser empleadas por el hombre de forma independiente: puede pensar sin querer o sentir; puede querer sin pensar o sentir; puede sentir sin pensar ni querer. El Creador Divino de todas las cosas ha dado a los hombres esta triple libertad del triángulo de fuego, el trigonum igneum, para que desarrolle de manera correcta los tres aspectos del fuego. Las tres funciones primarias del sistema cabeza corazón deben colaborar en perfecta equivalencia, sin que ninguno de los aspectos del triángulo predomine sobre los otros. Por esta razón, al comienzo había una total libertad funcional de cada uno de los tres aspectos con respecto a los otros dos.
En la vida natural terrestre, sin embargo, ya no se puede hablar de un triángulo de fuego que arda armoniosamente. En este mundo se manifiestan tres tipos de hombres: primero, el tipo racional, que se basa en el pensamiento, pero que no tiene nada que ver con la verdadera sabiduría; segundo, el tipo voluntarioso, pero que ya no está enlazado con la pura voluntad; y tercero, el tipo místico, que no obstante no tiene nada que ver con la verdadera mística. En una actividad del pensamiento, la voluntad y el sentimiento están siempre subordinados; en una actividad de la voluntad, el pensamiento y el sentimiento son reprimidos; en una actividad del sentimiento, el pensamiento y la voluntad son completamente dejados al margen como factores activos libres.

IV

Esta anarquía del triángulo ocasiona una tremenda degeneración que culmina finalmente en la supremacía de la vida de los sentimientos por el lazo primario con los deseos. El hombre en tanto que masa ¡y cuán pocos han escapado de ella! está completamente encadenado a la vida de los sentimientos, a la vida de los deseos, lo que puede ser fácilmente demostrado.
Un determinado sentimiento, deseo o anhelo se desarrolla en el corazón y ocasiona una radiación del esternón. Esta radiación es o ultravioleta, lo que significa repulsiva y destructora, o infrarroja, es decir, atrayente y desarrolladora. Cuando esta doble radiación emana del esternón, la nube aural del hombre, denominada con propiedad nube del deseo o cuerpo del deseo, es preparada de una forma determinada. Destruirá algo y atraerá algo.
Esta nube aural es al mismo tiempo el campo de respiración del hombre y, por lo tanto, se puede decir que un deseo persistente modifica su campo de respiración, y que este deseo determina la calidad de la sustancia vital astral que el hombre inhala. La sustancia vital astral penetra en la circulación sanguínea con el oxígeno inhalado por el sistema respiratorio, y en los centros del cerebro por el etmoides. La sangre baña todos los órganos y neuronas con la sustancia vital astral en cuestión, de forma que todo el organismo vital reacciona a ella y es llevado a un estado de ser determinado.
Nuestra conclusión es que la calidad del campo de respiración estará determinada por el deseo, proyectado en el campo de respiración como radiación del esternón. De lo que se deduce que las fuerzas y vibraciones astrales que intentan entrar en contacto con el hombre sólo pueden penetrar en su esfera aural si esta esfera corresponde con su naturaleza y esencia.
Para terminar, cierto deseo no sólo preparará el campo de respiración, la esfera aural, conforme a su tipo, sino que también, por la sangre, mantendrá toda la estructura corporal en cierto estado de ser, dominando así al pensamiento y a la voluntad y subordinándolos a él.
A la larga, el hombre termina por no querer y pensar otra cosa que lo que el deseo, la vida de los sentimientos, estipula. Por lo tanto, el alumno debe percibir claramente que se trata de un circuito degenerativo.
La razón pura ya no existe en el hombre desde tiempos inmemoriales. Su pensamiento se ha vuelto muy hipotético y especulativo y, conforme a ello, la vida de la voluntad ha descendido a un nivel muy bajo y también especulativo. En el estado original de pureza y de santidad de la vida humana, el poder del pensamiento era capaz, en determinados momentos de la vida, de captar la razón divina absoluta y de transmutarla en reacciones necesarias. La voluntad pura captaba esas sugerencias y las dinamizaba, y el sentimiento puro atraía al interior del sistema las fuerzas necesarias para la actividad, apartando lo que pudiera obstaculizarla. Es evidente que ello debía conducir a actuaciones liberadoras.
El pensamiento humano actual está, sin embargo, desconectado de la sabiduría divina. Por consiguiente, la voluntad y los deseos son en gran medida especulativos, con las terribles consecuencias que comporta. El hombre se hunde a sí mismo cada vez más profundamente en el abismo de la naturaleza terrestre. Los antiguos sabios nos relatan que el famoso pecado original está en estrecha relación con estas cosas. Cuando el hombre perdió la unión con la razón divina, que se establecía de primera mano e inmediatamente con el poder del pensamiento, se encontró entregado a la vida experimental. Ya no caminaba «de la mano de Dios», sino que iba a la aventura. Se puede decir que la caída fue el efecto del empleo experimental y especulativo de las tres funciones primarias del sistema cabeza corazón. El hombre se violentó a sí mismo y perdió la unión con el Logos.

V

Este estado actual de la degradación humana se vuelve aún más grave cuando se tiene en cuenta el estado de sangre con el que comienza el hombre su misión en la tierra. El niño trae consigo al mundo el lastre de su propio pasado microcósmico como una realidad sanguínea; además está atado por la sangre a sus padres, a sus antepasados y a su raza.
La esfera aural que envuelve al niño después del nacimiento, y que toma creciente posesión de él en el transcurso de los años, es ya, desde las primeras horas de vida, un médium para las fuerzas inferiores, y en parte inaccesible a la pura Luz de Dios al estar marcada con siglos de pecado. Con justicia los antiguos dogmáticos afirmaban del hombre, «que era concebido y nacía en pecado».
El alumno de la Escuela Espiritual nunca podrá darse suficiente cuenta de que él, como ser humano que despierta en el tiempo, vive a partir de ese instante en una prisión, en una gran ilusión, y que a medida que envejece, la camisa de fuerza se estrecha cada vez más y las mistificaciones se vuelven más graves.
Se puede afirmar como un axioma, que cada hombre que existe en la naturaleza terrestre, vive, desde su nacimiento, de sus tendencias y de la naturaleza específica de su sangre, y que él nutre y prepara día a día su esfera aural con estas tendencias y esta naturaleza de su sangre, aprisionando así su pensamiento y su voluntad cada vez más en este circuito degenerativo. ¡Ya no puede tratarse de un pensamiento libre! El pensamiento se explica por las inclinaciones subconscientes de la vida de los sentimientos, los deseos. Ya no hay contacto de primera mano entre el espíritu y el pensamiento. El espíritu verdadero ya no puede penetrar en la enturbiada esfera aural. ¡El hombre está encadenado! Y cargado de chirriantes cadenas busca, implora y lucha por la liberación.
Pero, ¿en qué dirección buscar? ¿A quién dirigir sus súplicas? ¿Qué método aplicar en la lucha vital? Miles de autoridades se disputan el «ayudarle»; autoridades en el campo religioso, filosófico y científico. Su más significativa característica es la evidente divergencia entre ellos.
La liberación sólo podrá ser obtenida por la obtención de un valor fundamental, absoluto e irresistible; un valor enlazado por Dios al pensamiento. La actividad de la voluntad podrá desplegarse entonces, centrarse positivamente, y la radiación de los sentimientos podrá purificar, por medio del esternón, la esfera aural y abrir la puerta para una unión constante con la luz. Pero, ¿dónde encontrar tal valor fundamental? ¿Y cómo inflamar en Dios al hombre encadenado? ¿Son todas las manifestaciones religiosas y sistemas filosóficos, preconizados en el mundo por tantas autoridades, especulaciones y pasatiempos tal como ya lo han descubierto tantos hombres? ¿Quién garantiza al encadenado que el camino que le invitan a seguir no volverá más precario aún su estado, más decepcionante su ilusión, más pesadas sus cadenas?
Hay hombres en este mundo que consideran que poseen el denominado «conocimiento de primera mano», y dicen: «¡Sígueme, porque yo sé!» Pero, llegado el momento, nadie puede responder a esta invitación, pues lo que el hombre conoce de primera mano, no puede ser asimilado por otro, a menos que este otro posea también este mismo conocimiento primario. Por consiguiente, las escuelas esotéricas cuya dirección dice: «¡Sígueme!», tampoco pueden ayudar al encadenado.
Lo que precede demuestra claramente que nada, en el campo filosófico, religioso o esotérico, puede aportar al hombre una satisfacción duradera, que nada ni nadie puede liberarle. Cuanto menos se entregue el hombre a especulaciones espirituales, tanto mejor será. Nadie puede ayudarle; ni tan siquiera Dios puede ya aportarle más fuerza. El sólo puede ayudarse a sí mismo por una auto revolución total, por un cambio fundamental. Cuando el encadenado toma conciencia de la miseria de su vida y llega al conocimiento de sí mismo, puede transformar su descenso de la montaña en un ascenso a la montaña. El método de auto revolución que recomendamos aquí, tiene la gran ventaja de no establecer ninguna norma religiosa o filosófica, no quiere explotarle ni tampoco ponerle en contacto con esos señores que dicen saberlo todo y a los que usted sólo tiene que seguir. Fieles a la verdad debemos afirmar, no obstante, que evidentemente debe existir cierta norma de vida religiosa o filosófica como base para el éxito del proceso de cambio fundamental. Esta norma de vida, sin embargo, no puede ser descrita, ya que es diferente para cada ser humano. Para iniciar este proceso de cambio, todos los encadenados deben tener únicamente una cosa en común: ser conscientes de la miseria de sus vidas y sentir el peso de sus cadenas.

VI

Todos los místicos y todos los hombres con aspiraciones esotéricas concuerdan en un punto de gran importancia: todos buscan su liberación espiritual y estructural. Los métodos pueden ser muy diferentes, incluso opuestos, pero la tendencia, el empuje, la búsqueda, son idénticos. Tanto si tomamos al calvinista riguroso como al ocultista extremo, la igualdad de sus aspiraciones aparece claramente. Desde el comienzo de los tiempos dialécticos, esta tendencia original está arraigada en la humanidad y por ello, cuando exploramos con nuestros ojos espirituales la historia mística o esotérica del mundo, vemos que ese instinto primario está en el centro de toda búsqueda espiritual.
Cualquier nombre que se dé a esta búsqueda espiritual y a la aspiración a una posible realización, ya sea resurrección, renacimiento, conversión, iluminación, liberación, o similares, su origen común es innegable. Esto demuestra algo fundamentalmente ineluctable, o sea, que ningún ser humano, por más atado que esté a esta naturaleza y por muy terrestre que sea, puede estar satisfecho con este mundo, con su amor y sus penas, su bien y su mal, sus orgías sanguinarias y sus luctuosas noches negras como el betún. Hay un indómito deseo de liberación, sea cual sea la forma en que se manifieste. Esto es lo que todos los encadenados tienen en común.
Siempre ha habido, a través de los siglos, quienes se han postrado de rodillas, impulsados por este deseo, y con las manos juntas han pronunciado sus oraciones mudras. Hubo puños que se levantaron en dinámica rebelión; esoteristas que cantaron sus monótonos mantrams, inclinados sobre sus incensarios. Enormes multitudes llenaron templos y catedrales, y en la soledad de las montañas y cavernas habitaron ermitaños. Todos estaban poseídos por un único anhelo. Tanto si toman al ocultista o al calvinista, al teósofo o al católico romano, al francmasón o al librepensador, todo este conjunto heterogéneo de personas tiene algo en común: todos ellos buscan la luz, buscan la liberación, buscan a Dios, buscan a Jesucristo, buscan sabiduría, fuerza y belleza, cualquiera que sea la forma como se quiera denominar. No todos buscan de la misma manera ni sus resultados son todos del mismo valor, pero la fuente de la que beben desde su ser más profundo es la misma para todos. La atención del alumno es especialmente atraída hacia este punto, puesto que aquí nos encontramos ante la puerta del cambio fundamental. Este libro quiere ser el intérprete del punzante deseo que llevan dentro de sí miles de hombres.
Muchos creerán haber encontrado ya, mas el autor no está tan convencido de ello, pues ha descubierto que la mayor parte de quienes dicen haber llegado, y están seguros de sí mismos, viven en una ilusión, de la que despertarán tarde o temprano con un hambre de vida más devoradora que nunca.
La dificultad consiste en que hay muchos hombres que suponen haber encontrado la orientación de sus vidas, y por ello navegan por el océano de la vida con la bandera en alto, para a menudo naufragar rápidamente.
Siempre ha ocurrido lo mismo a través de los siglos. Así le sucedió a Krishna cuando recorrió la tierra ofreciendo el amor divino a una generación desesperada. Fueron numerosos quienes, jubilosos, supusieron haber entrado en unión con el hijo adoptivo de Govinda, pero esto fue una ilusión, tal como lo demuestran los hechos. Piense también en la leyenda de Hércules que, a nuestro entender, tiene una base histórica. El es el hombre valeroso que lucha por la humanidad. Pero los gritos de quienes creían en él, se apagaron rápidamente en la realidad de las cosas.
¿Y dónde han quedado las superpobladas escuelas de Pitágoras? ¿Dónde han quedado aquellos que creían poder conquistar el mundo? ¡Perdidos en la ilusión del avance del tiempo! Pero, ¿acaso ocurre algo distinto en nuestro tiempo, entre quienes se dicen cristianos? ¿No se produce también entre ellos fanatismo y lucha? ¿No hay también entre ellos la intransigencia y la pasión ardiente de los dirigentes espirituales? ¿Ha habido alguna vez época más pagana que la nuestra, a pesar de tropezar continuamente con casas de oración y de que el estado eclesiástico actual cuenta con miles de miembros?
Cuando el hombre contempla la cruel realidad, debe reconocer que la humanidad aún no ha llegado muy lejos, en lo que respecta al deseo original de luz, aparentemente aplacado por numerosos narcóticos. Se aconseja ahora al alumno que se coloque ante el cambio fundamental sobre la base del deseo primordial, puesto que sólo este deseo es verdadero y esencial. Se le propone no centrar este deseo en tal o cual enseñanza, o en tal o cual pensamiento.
Pero tampoco debe apartarse de ello, pues debe tener siempre en cuenta la posibilidad de que la verdad se haya manifestado de una u otra manera en este mundo. Sin embargo, su interés no debe ser desplazado, y no se debe tomar una actitud en pro o en contra. Debe alcanzar una gran calma y neutralizar el deseo. No rechazándolo, sino no estando ni en pro ni en contra, en constante vigilancia y observándolo todo objetivamente.
Cuando el alumno puede vivir así durante algún tiempo, las tres funciones primarias del sistema cabeza corazón alcanzan cierta tranquilidad, el salvaje torbellino de la naturaleza es frenado, la esfera aural cesa de ser turbada y mancillada por nuevas especulaciones, y el crítico y dañado poder del pensamiento, que es infundido en todo hombre como una especie de sentido, recibe en esta calma la posibilidad de desatarse de los hábitos, de la sangre y de las formaciones intelectuales fijas. Empieza a recuperarse de la presión bajo la que ha tenido que actuar en todo momento. El alumno se encuentra en el umbral del cambio fundamental.

VII

Cuando el alumno llega a mantenerse durante un tiempo suficientemente largo en la neutralización de sus deseos, llegando así a rechazar toda especulación metafísica y filosófica, se desarrolla, aunque sólo sea dentro del marco de su prisión estructural, un restablecimiento de la libertad de su poder del pensamiento. El poder del pensamiento escapa así al caos de las inclinaciones, de la educación y de la sangre. Y al alumno sólo le queda emprender valientemente la lucha contra las inclinaciones y los instintos de su sangre que siempre quieren hacerle regresar a su vieja vida.
En esta fase deberá negar toda autoridad coercitiva y, sobre todo, aprender a no tener en cuenta a su propia personalidad en todas las cosas. Nada es más saludable, importante y completo en el camino espiritual que la ofrenda total del yo. Y, sin embargo, en general no hay nada que se tema más que precisamente renunciar al yo.
La conservación del yo está tan anclada en la sangre, en esta dura realidad vital terrestre, que el hombre quiere conservar su yo según la naturaleza, por consiguiente corruptible, también en el camino espiritual.
Si el lector de estas páginas tiene el mismo temor natural y quiere que su pequeño yo se caliente bajo la luz del sol espiritual, entonces deberá comprender que el verdadero yo, la verdadera personalidad, el hombre verdadero, nunca podrá manifestarse, aunque el hombre lo quiera. Se trata precisamente de encontrar el verdadero ser. El yo de la naturaleza debe renunciar a sí mismo en el proceso de cambio fundamental. Si el alumno lo consigue, algo de la verdadera libertad resplandecerá en el sistema del microcosmos. El alumno atraviesa la puerta del cambio fundamental.

VIII

Tan pronto como el alumno ha avanzado lo suficiente en el proceso descrito, vemos que en la esfera aural se produce un magnífico cambio. Al no estar ya alterada y mancillada constantemente por el juego siniestro de los deseos, durante algunos momentos esa esfera es como una superficie de agua, lisa como un espejo. La supresión de la radiación del esternón vigente hasta entonces, desarrolla una gran bendición, ya que por esa transformación de las condiciones aurales, algo de la luz cósmica de Cristo, que es omnipresente, puede penetrar en el poder del pensamiento que está en calma y observa libremente.
¿De qué manera se produce esto? El alumno, en vista de lo precedente, podrá comprender fácilmente este toque. Cuando las vibraciones de la luz tocan el campo de respiración, éstas llegan al circuito sanguíneo siguiendo el proceso descrito. Pero si la sangre es demasiado densa o demasiado impura como para servir de mediadora para ese toque santo lo que ocurre con frecuencia entonces las vibraciones son absorbidas por el etmoides e influirán los focos del pensamiento en el hemisferio cerebral derecho.
Si el alumno consigue liberar de la sangre el poder del pensamiento por el cambio fundamental, Cristo le tocará también libre de la sangre. El pensamiento, como puerta para el Espíritu que todo lo sabe, despierta, y la forma celeste obtiene la posibilidad de hablar al encadenado, quien, en la alegría de ese toque, ya no tiene en cuenta sus heridas. Todas las especulaciones sobre Cristo y todas las hipótesis metafísicas históricas se desmoronan. La luz misma ha hablado directamente al alumno que ha entrado por la puerta del cambio fundamental.
En la soledad de este «Patmos», el pensamiento recibe finalmente, después de mucho errar y vagar, una sugerencia de su verdadero Señor. El, Juan, encuentra al Hombre Celeste.
Cuando el alumno recorre este camino, cuando lleva a cabo este proceso de auto revolución, «por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo», entonces se escribe para él el primer capítulo del Apocalipsis.

III

Las dos iniciaciones fundamentales

I

«Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación y en el reino y en la paciente espera de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Fui arrebatado en espíritu, el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: «Soy el alfa y la omega, el primero y el último; lo que veas, escríbelo en un libro y envíalo a las siete comunidades que están en Asia, es decir, a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea.»
Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo. Y, después de haberme vuelto, vi siete candelabros de oro; y, en medio de los siete candelabros, a uno semejante al Hijo de Hombre, vestido de túnica talar y ceñido a la altura del pecho con un cinturón de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; y sus ojos, como llamas de fuego. Sus pies, semejantes a bronce brillante, como incandescente en el horno; y su voz era como estruendo de muchas aguas.
Tenía en su mano derecha siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su semblante era como el sol cuando brilla en su esplendor.
Cuando lo vi, caí como muerto a sus pies. Y puso su diestra sobre mí, diciéndome: «No temas. Yo soy el primero y el último, el que vive. Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte. Escribe, pues, lo que vieres, tanto lo presente como lo que ha de ser después de esto. En cuanto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete comunidades, y los siete candelabros son las siete comunidades.»

II

Lo que precede ha podido hacer comprender al lector que el hombre está prisionero en un circuito degenerativo. Su pensamiento y voluntad están bloqueados por los sentimientos, ya que las actividades de estos, irradiadas por el esternón, llevan a la esfera aural a un estado determinado, en total conformidad con el tipo y la calidad de dichas actividades.
Cuando es alcanzado este equilibrio, sólo pueden penetrar en la esfera aural, y ser admitidas y asimiladas por el sistema, las fuerzas e impresiones que están en concordancia con el estado de todo el sistema vital microcósmico.
Volvemos a insistir en el hecho de que esta esfera aural es, al mismo tiempo, el campo de respiración. Puesto que de este campo de respiración se nutre la sangre, podemos decir que la sangre es equivalente al campo de respiración, el campo de respiración equivalente a la esfera aural, la esfera aural equivalente a las actividades de los sentimientos, y las actividades de los sentimientos, de la voluntad y del pensamiento equivalentes a la sangre. De esta manera se cierra la cadena.
Este circuito degenerativo ha ocasionado desde el comienzo una modificación orgánica y un cambio total del ser, un declive que nunca ha dejado de producirse, que se demuestra diariamente en el mundo como una ruptura cada vez más funesta con el verdadero espíritu, y que es mantenida en estado en el hombre por una actividad automática y subconsciente del cuerpo.
Y así, lo que el Creador concibió para ser una rica bendición, se transforma en lo contrario. Pensemos, por ejemplo, en la actividad automática y subconsciente del hígado. Si el hombre debiera controlar el santuario del corazón y, por él, el ser sanguíneo, de segundo en segundo y de forma plenamente consciente, por medio del pensamiento, la voluntad y el sentimiento, se vería rápidamente extenuado y moriría de agotamiento.
Los períodos de trabajo consciente deben alternar, por consiguiente, con períodos de reposo. Sin embargo, es necesario que durante estos momentos de reposo continúen diversos procesos vitales. Por ejemplo, el equilibrio entre la esfera aural y el ser sanguíneo debe ser mantenido, durante el período de reposo, en el mismo estado en el que estaba en los últimos momentos de conciencia activa.
Este equilibrio es asegurado por el hígado durante los períodos negativos de reposo o de sueño. Por la actividad de este órgano, el ser sanguíneo queda sometido a la propia ley de la naturaleza microcósmica durante los momentos en que la conciencia no toma parte consciente en los procesos vitales.
El hígado constituye una gran puerta de acceso al ser sanguíneo para importantes corrientes aurales. Todo hombre que tiene en cuenta las normas de vida espirituales y morales, sabe que debe luchar contra las influencias espirituales inferiores. Esta lucha, a veces muy penosa y difícil, demuestra que la esfera aural es de tal calidad, que está abierta a estos peligrosos asaltos y que este tipo de sensibilidad crea situaciones altamente alarmantes. A menudo, el hombre debe combatir enérgicamente para no caer por debajo de su nivel normal.
En los momentos de reposo, en los que la conciencia se comporta negativamente en relación a la forma corpórea, las influencias y fuerzas inferiores continúan evidentemente asaltando el sistema humano. Penetran en el campo de respiración, son absorbidos en el circuito sanguíneo y la sangre es envenenada continuamente.
Si este proceso de envenenamiento prosiguiese inalterablemente, se produciría inmediatamente una espantosa degradación en el terreno espiritual y moral. Por la actividad purificadora del hígado y sus subestructuras, así como por la alimentación automática del ser sanguíneo a partir de la esfera aural, estas fuerzas envenenadas son eliminadas del sistema, a menos que el hombre auto responsable y consciente las retenga en el cuerpo y las enlace al ser sanguíneo por medio del pensamiento, la voluntad y el sentimiento. Por consiguiente, un comportamiento falso y necio frena la acción benefactora del funcionamiento del sistema del hígado, y la energía gastada inútilmente podrá vengarse, entre otras cosas, con la aparición de la tan temida diabetes.

III

El círculo degenerativo tratado en el segundo epígrafe, es un «círculo de cera»; puede ser franqueado y roto, puede ser transmutado en un círculo regenerativo. El alumno puede efectuar esta transmutación por el cambio fundamental. La influencia ejercida en la esfera aural por las actividades especulativas de los sentimientos, con todas sus consecuencias, ya no tendrá lugar y el candidato sólo deberá de tener en cuenta el estado efectivo de la esfera aural y del ser sanguíneo, mantenidos en equilibrio por el trabajo del hígado.

Es necesario estudiar minuciosamente la situación en que se encuentra el alumno después del cambio fundamental primario, en el gran proceso de permuta de las personalidades.
En el segundo capítulo se describe el método por el que el hombre que busca la liberación puede romper el circuito degenerativo y, gracias a la calma de la esfera aural, recibir como de muy lejos, una impresión de las fuerzas de luz divinas en el poder del pensamiento, libre de la sangre. Esta maravillosa experiencia es como un destello de luz en una cárcel, pero sólo un destello, nada más. Después de esta impresión, el alumno, aun habiendo recibido la llave de su liberación «de la mano del Señor», no deja de ser un prisionero, un encadenado.
Durante esta fase del desarrollo espiritual en el misterio de iniciación crístico de la santa Rosacruz pueden ser cometidas las faltas más graves y peligrosas, ya que puede subsistir la tendencia a dejar la cárcel por lo que ella es y, con la parte de la personalidad que recibe la impresión espiritual, abusar de la fuerza de luz que se manifiesta, llevando a cabo un sucedáneo de desarrollo espiritual, o sea, la división de la personalidad. Otro peligro no menos real es que el alumno, en el entusiasmo del primer toque de la luz, intente purificar su cárcel y volverla habitable y aceptable para la vida superior, por lo tanto, cultivo de la personalidad.
El misterio de iniciación de la santa Rosacruz desea hacer comprender con claridad a sus alumnos, que el primer toque del Hierofante, después del cambio fundamental elemental, tiene por finalidad poner en sus manos la llave hacia el hombre celeste: la vieja naturaleza y las estructuras naturales terrestres deben sucumbir en el fuego de un ardor del amor progresivo, con el fin de que el nuevo pájaro de fuego pueda resucitar.
Aunque por el cambio fundamental, la destrucción de principio del viejo Adán se ha vuelto un hecho y el «círculo de cera» ha sido suprimido, el proceso de permuta de las personalidades debe comenzar aún. Y es muy bueno para este fin partir de un punto de vista muy lúcido. Cualquier lisonja optimista significaría un enorme freno.

IV

La primera pregunta del alumno que, por el cambio fundamental y libre de la sangre, ha sido tocado por el Espíritu en el poder del pensamiento, debe ser: «¿Cómo llegaré a desligarme de mi herencia sanguínea y de sus oscuros instintos?». Ya que deberá comprender claramente, que aunque no desplace hacia el pasado los acentos de su desarrollo y esté lleno de aspiración como Pablo «por ser revestido de su morada celeste», aún tiene una absoluta necesidad de su antigua personalidad para poder construir la nueva. La oposición del «viejo Adán» debe ser vencida, si no quiere caer de nuevo en especulaciones. La impresión de luz del poder del pensamiento, hecha posible por la respiración del etmoides, y después el cambio fundamental, todavía no significa para él una comprensión completa de esta impresión de luz en su poder del pensamiento.
El poder del pensamiento, al igual que la voluntad y el sentimiento, y al igual que todos los demás aspectos de la forma corpórea, está fuertemente dañado, degenerado y atado a una secreción interna dialéctica. Por esto, el alumno, dentro del marco de las posibilidades, sin desplazar los acentos, debe romper la oposición de la antigua personalidad, con el fin de permitir el nacimiento de la nueva personalidad.
El hombre posee en su forma corpórea y en su alma, la sangre, la herencia de sus ancestros y de su propio pasado microcósmico de antaño. A esto se añade el resultado aural de esta vida hasta el momento del cambio fundamental. Estos son los componentes del muro de obstáculos elevado alrededor del hombre terrestre. Estos son los muros de su prisión.
El alumno se encuentra de esta manera ante la herencia de su sangre, cuyos aspectos sólo conoce en parte y de los que sólo es consciente en parte. No sabe lo que yace escondido en las cuevas tenebrosas de su subconsciente, por esto se pregunta: «¿Cómo llegaré a liberarme de la herencia de la sangre y de sus oscuros instintos?» Un punto importante consiste en que el alumno prisionero en su cárcel estuvo en condiciones de tomar la decisión de realizar el cambio fundamental y de perseverar en él. Había en su cuerpo del pensamiento, nacido de las experiencias y de los dolores de la vida, cierta libertad de acción, una posibilidad limitada, libre de la sangre. La libertad nacida del dolor, utilizada anteriormente para nuevas especulaciones en el campo del pensamiento, de la voluntad y del sentimiento, es empleada ahora para hacerse una idea de su cárcel por una observación tranquila, sin desperdicio de energía.
El resultado obtenido debe ser ahora consolidado; el cambio fundamental debe desarrollarse ahora hasta formar un estado de ser. En resumen, una base de trabajo totalmente nueva debe ser establecida y ampliada. Este ahondamiento y consolidación del cambio fundamental se efectúa por una lucha vital racional. Toda clase de tendencias se elevan del subconsciente; todo el pasado habla al hombre y le quiere empujar en numerosas direcciones. Una serie de visiones turban su ánimo. El hombre recibe una visión cada vez más profunda del pasado de su sangre. Se vuelve cada vez más consciente de sus propiedades oscuras e imperfectas. Las máscaras de las existencias perdidas en el tiempo le hacen muecas y los demonios del alma pecadora le soplan a la cara sus miasmas envenenados. Si es verdad que el cambio fundamental le abrió la puerta de la luz, no es menos verdad que esta base de renovación le conduce igualmente por una travesía del infierno.
Pero el joven hermano luchará aquí como un gran héroe. Llegará a resistir todos los asaltos sobre la base adquirida y vencerá con la certeza absoluta de que nadie verá la aurora antes de haber atravesado la noche de la prueba.
Los asaltos descritos no son más que las señales irrefutables de las horas de agonía de la naturaleza inferior, provocadas por el cambio fundamental. Y como vencedor en esta lucha, el candidato podrá emprender el paso siguiente en el proceso de la autofrancmasonería, sobre esta fortaleza que ha defendido y conquistado.

V

El alumno en el camino, preparado para el siguiente paso, después de su grandiosa victoria sobre el yo inferior, persevera en su «espera tranquila» sobre la línea horizontal. No es impaciente, y él ha llevado al silencio, o ha negado, todos los deseos del yo. No sigue a ninguna autoridad, no bebe de ninguna fuente intelectual, no busca en la línea horizontal, sino que es continuamente consciente de la impresión de luz que recibió, pero que aún no pudo comprender.
Por esto «alza sus ojos hacia lo alto», «hacia las montañas», según las palabras del Salmo 121: «Alzo mis ojos hacia las montañas, de donde vendrá mi ayuda.»
«Alzar los ojos hacia las montañas» no tiene nada de plegaria popular, ya que esa actividad exige una especulación sentimental. En el lenguaje de los misterios se quiere decir con ello que el candidato, sin ninguna especulación, sin esperar algo determinado, sin ninguna condición, eleva su pensamiento en lo abstracto.
En el vacío de una santa soledad, morando en la isla de Patmos, aislado del mundo de la naturaleza terrestre, habiendo llegado a este lugar después de haber atravesado «el mar académico» agitado, el alumno espera la revelación. No espera conocimiento, sino revelación, ya que sólo a través de la revelación puede nacer un conocimiento nuevo que sobrepase toda razón dialéctica.
¡Y la revelación llega! El alumno se encuentra en un momento psicológico, en «su día del Señor», cuando su tiempo se ha cumplido, ante la visión mental de su forma celeste, que progresivamente ha despertado sin forzar. Esta forma celeste, semejante al Hijo del Hombre, comienza ahora a tomar poder sobre él y a unirse a él. Ya no podrá equivocarse ni caer en nuevas especulaciones, ni aún menos se podrá abusar de él para un ensombrecimiento espiritual negativo, si «en la tribulación y la realeza y en la paciente espera de Jesús» es partícipe pleno y hermano de aquellos que aspiran al Cristo, y si él se ha acercado a su Patmos, por el cambio fundamental, «a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.»
Esto quiere decir que el alumno se ha acercado al misterio de iniciación crístico de la santa Rosacruz, a causa de las penas y el sufrimiento de la naturaleza, a causa del espantoso destino del hombre de la masa en estas regiones del horror, y que espera la salvación, la bondad, la verdad y la justicia de una nueva era que, libre de la historia y de toda autoridad, es buscada de respiración en respiración.
Esta es la señal de un alumno que espera un Cristo vivo, como portador de la llave del secreto de la vida, de la muerte y del infierno, sobre la base de un testimonio no extraído de ningún texto o escrito místico, sino nacido del cambio fundamental.

VI

En ese contacto mental visual con su forma celeste, el Espíritu Santo Séptuple le pide pasar a una creación totalmente nueva, que se refiere a la liberación del «capullo de la rosa» de la forma terrestre, y a la transferencia de los focos de conciencia de la forma terrestre a la forma celeste. Es un proceso de permuta, de muerte y de vida, de demolición y renovación, que debe ser entendido, una vez que se ha producido la primera unión entre la forma celeste y la forma terrestre, como un lento y progresivo perecimiento de la naturaleza terrestre y, en concordancia con ello, como un despertar de la naturaleza celeste.
Este perecimiento y nacimiento estructurales, denominados misterio de iniciación, tiene tres veces siete, o sea, veintiún aspectos. Hablamos de tres Círculos Séptuples. Cada círculo presenta siete aspectos, representa siete poderes y coloca al alumno en siete campos de trabajo. En cada círculo arde para el alumno un candelabro séptuple. Siete principios de fuego le son transmitidos, que se encuentran ante él como siete ángeles, que dan testimonio de las siete comunidades.
El concepto «comunidades» debe ser comprendido según la lengua de los misterios como un campo de trabajo elevado, destinado a entidades preparadas para él. Las influencias, fuerzas y posibilidades de este campo de trabajo superior son puestas a disposición de quienes tienen hambre de espíritu y se han vuelto aptos por el cambio fundamental y una aspiración correcta y perseverante.
Este principio del campo de trabajo superior, que como un ángel es plantado en el alumno por el Espíritu Santo, debe desarrollar ahora un proceso regenerador. Este proceso sólo puede comenzar y continuar con éxito cuando el alumno ve los candelabros, partiendo de una vida consciente y libre, cuando comprende a sus ángeles llameantes, y cuando, gracias a su enseñanza y sus fuerzas luminosas, incide en su propio ser inferior, que debe desaparecer, hasta en sus núcleos vitales, elevando así al ser celeste luminoso. Por esta razón, el alumno mismo debe escribir «cartas» a las siete comunidades.
Así se levanta, conscientemente, el nuevo sol en la vida del candidato. El Juan de la vieja naturaleza «cae como muerto a sus pies», lo que quiere decir: está preparado para recorrer el camino que le mostrará la luz. El sol ha aparecido y, en el mismo instante, la vida ha cambiado; el hombre celeste, semejante al Hijo del Hombre, ha penetrado en el interior de la esfera aural; el Cristo ha regresado y ha aparecido en las nubes aurales del alumno. El alumno Le ve, aunque aún no sea de El. La primera iniciación fundamental del primer Círculo Séptuple se ha vuelto un hecho.
Ahora están presentes en el alumno, que ha muerto de principio según la naturaleza, los siete candelabros de oro con su llameante testimonio. Le transmiten su misión de primera mano y directamente. El Espíritu Santo Séptuple se declara a la conciencia particular: el Espíritu que da testimonio del Cristo y que ahora realiza en y con el alumno el proceso de renovación: «Escribe las cosas que has visto»; ¡actúa, trabaja y construye!
La segunda iniciación fundamental del primer Círculo Séptuple ha llegado a una gloriosa realización. Ahora suena el despertar, el trabajo directo de francmasonería comienza.

Epílogo

Todos los lectores y estudiantes de esta obra que pudieran sentir interés por el método de desarrollo espiritual aquí descrito, deberían tomarse en serio la siguiente advertencia apremiante:
Sólo se puede aplicar con fruto el cambio fundamental por la comprensión profunda de saberse llamado a la realeza del cuerpo celeste. Semejante vocación sólo puede nacer por las penas y los sufrimientos, y sobre esa base el alumno «eleva los ojos hacia las montañas».
Si, no obstante, se quisiera romper el circuito degenerativo por un cálculo racional frío y experimental, o por una curiosidad ambiciosa, se produciría una unión con impresiones pseudo espirituales, pero de ningún modo con la fuerza redentora «de las montañas» y «del único Señor». Se desarrollaría un ensombrecimiento puramente negativo, que conduciría a estados absolutamente indeseables.

IV

La Iniciación de Mercurio del primer Círculo Séptuple

I

«Escribe al Ángel de la comunidad de Éfeso: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro:
Conozco tus obras, tu trabajo y tu paciencia, y que no puedes soportar a los malos; que has probado a aquellos que se dicen apóstoles, pero que no lo son, y que los hallaste mentirosos. Y que has soportado y sufrido por mi nombre sin desfallecer.
Pero tengo contra ti que has abandonado tu primer amor. Considera, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y practica las obras primeras, si no vendré a ti y removeré tu candelabro de su lugar, si no te arrepientes.
Pero tienes esto a tu favor, que odias las obras de los Nicolaítas, obras que yo también odio. Quien tenga oídos, oiga lo que el espíritu dice a las comunidades. Al que venza, le daré a comer del árbol de la vida, que se encuentra en medio del paraíso de Dios.»

II

Las dos iniciaciones fundamentales han aportado al hombre prisionero un poderoso estímulo para un posterior desarrollo espiritual. Prometeo no está todavía desencadenado, pero su liberación está próxima y, si él lo desea, la tiene en sus manos. El sol se ha abierto paso a través de todos los obstáculos de la esfera aural y del ser sanguíneo inferior, y el Cristo personal se encuentra ante el alumno tras la apariencia del hombre celeste. Aún no está en él, tampoco es de él, pero El ha aparecido en la atmósfera aural, en las nubes del cielo microcósmico, y el alumno se encuentra ahora ante la sentencia: el ser dialéctico, inferior, terrestre, debe ser destruido, para que el hombre celeste pueda vivir en el sistema microcósmico. La permuta de personalidades deberá ser total y perfecta.
Para llevar a cabo esta sentencia y coronarla con éxito, el alumno debe disponer de una vitalidad y de un poder que no pueden ser encontrados en la personalidad inferior. Ambos le son ofrecidos por el Espíritu Santo Séptuple, que, como siete candelabros de oro, acompaña al hombre celeste, que es uno con la personalidad celeste. De igual forma que el Cristo no puede hacer «su morada» en el ser dialéctico del hombre, tampoco el Espíritu Santo puede permanecer en el microcosmos. Por esto, el alumno recibe la misión de ejecutar los procesos de la sentencia en la fuerza que le es revelada en Cristo por el Espíritu Santo.
Por consiguiente: la primera iniciación fundamental, el primer candelabro del primer Círculo Séptuple, coloca al candidato ante el plan luminoso de Dios con él, el hombre.
La segunda iniciación fundamental, el segundo candelabro del primer Círculo Séptuple, le encarga y le capacita para emprender la ejecución de la gran sentencia, el proceso de regeneración, la permuta de personalidades, para que un día el proceso de desarrollo de la criatura pueda estar de nuevo en equilibrio con la intención y el ser del Creador.
Así equipado, el alumno se centra en la tercera iniciación del primer Círculo Séptuple, la Iniciación de Mercurio.

III

El nuevo sol, que viene a iluminar el campo de vida del alumno con su fuerza séptuple, se orienta en primer lugar hacia el aspecto superior de la forma corpórea, que hemos denominado poder del pensamiento. Por esta razón hablamos de Mercurio, el mensajero de los dioses, que según la sabiduría antigua, siempre estuvo unido al poder del pensamiento, tanto según la naturaleza como según el espíritu.
Así podemos dar testimonio de un antiguo Mercurio y de un nuevo Mercurio: del Mercurio de la naturaleza terrestre y del Mercurio en devenir del hombre celeste. Es evidente que en la medida en que el nuevo mensajero de los dioses se una al ser del alumno, el viejo debe ser destruido. El viejo debe declinar para que el nuevo pueda crecer y manifestarse.
El gobernador del pensamiento terrestre controla ciertos centros cerebrales, así como algunos otros órganos y sentidos muy importantes, tales como los nervios, todo el sistema respiratorio, la percepción sensorial, el fluido nervioso y el sistema cerebro espinal. Se comprenderá por ello perfectamente que la desaparición del viejo Mercurio abra ampliamente la puerta a la vida nueva, y que un nuevo Mercurio traiga consigo tal cambio, que sea imposible concebirlo en toda su amplitud.
En cuanto el nuevo mensajero de los dioses habla al alumno, se desarrolla de forma efectiva lo que muchos poetas y pensadores han testimoniado. Dos seres se dirigen uno hacia el otro, dos voces hablan en el campo de vida microcósmico del candidato. El candelabro ardiente de Mercurio se coloca ante el hombre terrestre, una luz le toca, le invita a una lucha, cuyo resultado está fijado de antemano: la vieja naturaleza y sus dirigentes no podrán heredar el nuevo reino, la nueva naturaleza.

IV

Recibir la iniciación de Mercurio es como subir una montaña. En el Antiguo Testamento esta iniciación es simbolizada como la subida al monte Nebó, que quiere decir Mercurio. Leemos en Deuteronomio, capítulo 34, versículo 1: «Y el Señor le mostró (a Moisés) todo el país, de Galaad hasta Dan», después de que Dios hubiera conducido a Moisés hasta la cima del monte Nebó.
Del desarrollo ulterior de la historia se deduce que era imposible que el viejo Moisés entrara en la tierra prometida. Dios le tomó consigo y fue a Josué a quien le fue dado penetrar en las regiones prometidas. Moisés fue quien llevó a cabo la salida del infierno de la tenebrosa vida terrestre; Josué el que llevó a cabo la entrada en el nuevo país; ambos procesos tuvieron lugar bajo la dirección divina.
El Nuevo Testamento comienza también con la misma idea, con la misma iniciación. También aquí encontramos dos figuras, una frente a otra: Juan Bautista y Jesús, Juan el precursor y Jesús el consumador.
El hombre terrestre que, en la fuerza del Cristo, avanza al encuentro de la luz hasta el límite de sus posibilidades, para a continuación entrar en declive, coloca su cabeza sobre el tajo con el fin de liberar al hombre celeste. Cuando el alumno ha subido al monte Nebó, ve «todo el país: de Galaad a Dan», él adquiere conocimiento del testimonio y de la ley de la vida nueva y comienza a destruir la vieja vida, progresiva y concretamente.
El nuevo Mercurio no es, por lo tanto, un portador de luz sin más, un candelabro que el alumno simplemente tiene que colocar en el interior de su sistema, sino que se trata de un dictamen, de la aplicación de una sentencia, de una lucha dramática. Una tierra prometida es alcanzada y se abre, y esto es gloria y salvación; pero hay que romper definitivamente con el antiguo país. La iniciación no es lo que han hecho de ella ciertos novelistas ocultistas, o sea, un liberarse como un vuelo de pájaro, sino una lucha amarga. El cáliz debe ser vaciado hasta la última gota antes de poder expresar el: «¡Todo se ha cumplido!»

V

La astrología exotérica enseña que Mercurio no tiene voz propia, sino que es simplemente el mensajero, en el sentido de cartero, sin más. El alumno, no obstante, debe llegar a concebir que el nuevo Mercurio aporta, al hombre que se ha ennoblecido para ello, la plenitud y la riqueza de la revelación divina, en el sentido más amplio de la palabra.
Cuando este mensajero comienza a hablar, dice: «Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro»; con otras palabras, la suprema sabiduría quiere manifestarse en toda su amplitud. Es el desvelamiento, el nacimiento del nuevo poder del pensamiento. Una parte de la forma celeste es generada y comienza a hacer irrupción en el hombre viejo. Y una de las más formidables consecuencias de este nuevo estado es la revelación del famoso conocimiento de primera mano, el acceso directo a la Enseñanza Universal. Esta iniciación no es conferida por un maestro o un Hermano Mayor, sino que se trata de un proceso de conquista «de abajo hacia arriba», una herencia que espera a cada alumno. Esto no quiere decir que no se requieran, en el transcurso de todos los altibajos de este proceso, la ayuda y la ocasional colaboración de seres sublimes, pero insistimos expresamente en que la condición fundamental de la iniciación es siempre la auto francmasonería.
El alumno debe comprender en este sentido las tan conocidas palabras del Sermón de la Montaña: «Buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá». La ayuda que en este proceso podría ser conferida por sublimes terceros, siempre será impersonal.
Tener acceso a la Enseñanza Universal quiere decir: estar de nuevo unido al ser absoluto de Dios, poseer el conocimiento absoluto que está en Dios y es de Dios, en concordancia con el estado de ser personal. El alumno que accede a esta Enseñanza Universal, podrá acercarse al plan divino para el mundo y la humanidad directamente y sin intermediarios; podrá leer en la memoria de la naturaleza, tanto en su pasado como en su futuro. Mercurio, el mensajero de la luz, el ángel que se encuentra ante Dios, le transmite esta sabiduría sublime y universal.
Quien posee tal conocimiento es, en toda la acepción del término, un iniciado solar, del que los antiguos dieron testimonio. Quien penetra de esta manera en la santa luz solar, la asimila y la utiliza, debe morir según la naturaleza, tal como nos fue narrado de Moisés y de Juan Bautista. En cuanto la tierra prometida aparece, el hombre terrestre está en su ocaso.
Así debe entender también los relatos transmitidos sobre Sócrates y el emperador Juliano. Se dice de ambos que desvelaron una parte de la sabiduría solar al público profano y por ello tuvieron que morir; por esta causa, el emperador continúa viviendo en la historia con el nombre de Juliano el Apóstata.
Nuestra opinión es que ni Sócrates ni Juliano murieron por dicha razón. Ellos murieron, simplemente, según la antigua naturaleza; sus antiguas moradas adámicas fueron demolidas, porque el hombre celeste había nacido y se colocaba al servicio de la luz, con todas las consecuencias implícitas. Si el alumno intentara conservar, aunque sólo fuera una pequeña parte, del viejo ser cuando el nuevo Mercurio aparece, el mensajero del Logos Solar se esfumaría para no regresar.

VI

Para asegurar ahora esta muerte del viejo hombre, que se ha vuelto necesaria porque la sabiduría solar quiere acercarse al alumno, el ángel del candelabro de Mercurio, según la lengua sagrada del Apocalipsis, escribe una carta a los habitantes de Éfeso, es decir, a los habitantes del país de la frontera.
Ser «habitante del país de la frontera» quiere decir, según la lengua de los misterios, que un hombre ha llegado al límite extremo del cultivo de la conciencia que es posible en la naturaleza terrestre. El alumno, después de un largo y profundo camino de sufrimiento, de sacrificio y de cambio fundamental, ha llegado al instante del toque divino. Por ello comienza así la carta: «Conozco tus obras, tu trabajo y tu paciencia y sé que has sufrido por mi nombre sin desfallecer. Pero tengo contra ti, que has abandonado tu primer amor.»
El hombre ha caído del orden divino y ha sido acogido con un «sorbo de olvido» en el campo de vida dialéctico, prisionero en los velos del no conocimiento, atado a la «cadena de tres». El Mercurio del Adán caído está atado a autoridades y a especulaciones, ha degenerado hasta ser el dios del comercio, de los comerciantes y los ladrones. El hombre abusa de la luz de la razón; el rayo del Mercurio de la naturaleza equipa al hombre para la lucha en la vida inferior. Las amargas consecuencias son claramente visibles en la historia del mundo. Esta fue la causa de la caída del gran imperio babilónico. «Nebó está derribado», como testimonia Isaías.
El alumno debe examinar, con la mano en el corazón, hasta qué punto ha profanado el don divino de la razón y de la retrospección de la luz, por vanidades y cuestiones terrestres; hasta qué punto ha derribado a Nebó. Debe deducir de su propia realidad hasta qué punto ha «caído», y esta realidad debe incitarle a practicar de nuevo «las primeras obras». «Si no removeré tu candelabro de su lugar.»
En el alumno hay una gran posibilidad de responder a esta exigencia, y es que él «odia las obras de los Nicolaítas.» Los Nicolaítas son los hombres y los grupos de hombres que, por su razón doblegada, se han desviado y que, con sus obras, con sus tentáculos materialistas y ateos, han apresado a toda la humanidad y la han sumergido en la desgracia. Son los hombres que abusan, para sus propios fines, de las religiones y de todos los demás valores humanos, ocasionando así un mar de miserias sociales, políticas y económicas. Según parece, en la antigüedad hubo también una secta de los Nicolaítas, quienes, bajo el manto del cristianismo, cometieron toda clase de horribles crímenes.
«Pero tienes esto a tu favor, que odias las obras de los Nicolaítas.» Estas palabras aluden a la característica del alumno apto y preparado. Ciertamente no es apto a devenir alumno de los misterios de iniciación crística quien acepta y concreta, como algo evidente, todas las instigaciones del Mercurio inferior en este mundo, con todas sus consecuencias, quien, tras la máscara de «superioridad», come del pesebre de la naturaleza y a quien toda la injusticia del mundo no le impide dormir.
Sólo quienes arden de indignación, quienes odian con un odio terrible todo lo maléfico e impío, dan prueba de una aptitud elemental. En este estadio, lo importante es «oír lo que el Espíritu dice a las comunidades», lo que significa: actuar y vivir sobre la base de esta aptitud elemental, puesto que se trata del nacimiento del nuevo Mercurio.
El alumno siente repulsión por la naturaleza degenerada, y ahora debe aceptar las consecuencias de la luz. Este es el problema que, en un momento dado, se plantea al candidato, un problema que cada llamado deberá resolver por sí mismo. Quien ve el verdadero camino, deposita lleno de alegría su antiguo yo sobre la pira. Todas las dificultades se resuelven cuando el candidato cumple la exigencia de la ley, y la maravillosa recompensa está asegurada. Comerá del árbol de la vida, que está en medio del Paraíso de Dios. El conocimiento absoluto y universal, que está en Dios y es de Dios, se vuelve suyo. El poder del pensamiento del hombre celeste ha nacido.

El alumno ha escalado el monte Nebó. La Iniciación de Mercurio del primer Círculo Séptuple se ha vuelto una realidad.

V

La Iniciación de Venus del primer Círculo Séptuple.

I

«Escribe también al ángel de la comunidad de Esmirna: Esto dice el primero y el último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida:
Conozco tus obras, tu aflicción y tu pobreza aunque eres rico y las calumnias de los que se dicen judíos y no lo son, sino sinagoga de Satanás.
No temas por lo que vas a padecer. Mira: el diablo va a arrojar en prisión a varios de entre vosotros para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida.
Quien tenga oídos, oiga lo que dice el espíritu a las comunidades. El que venza, no sufrirá daño de la segunda muerte.»

II

Cuando el nuevo cuerpo del pensamiento empieza a irradiar en la vida del alumno, todo cambia en su esfera de acción, ya que él empieza a dar testimonio de una nueva realidad, en la que vive, de la que forma parte: la realidad del orden de Dios. Todo su ser está centrado en el establecimiento de la justicia divina en el tiempo; se vuelve, en un doble sentido, el mensajero de la luz.
El estudiante debe comprender este proceder. El iniciado de Mercurio no se pone al servicio de su propio yo natural, ni tampoco tiene interés por el yo de otros. Y su compasión tampoco se dirige hacia el sufrimiento del yo en el mundo de la naturaleza inferior.
En el orden dialéctico están activos un Mercurio material y un Mercurio ético. La actividad del Mercurio material está clara, pues como ya hemos explicado en el capítulo anterior, ella está al servicio de la auto conservación.
Pero que nadie se confunda en lo concerniente al Mercurio ético. El se ocupa de limpiar y curar las heridas de la dialéctica. Es el humanitarista y, por consiguiente, no libera del mundo. Una organización como la Cruz Roja intenta suprimir los efectos de la guerra y efectúa en este sentido un magnífico trabajo, pero no ataca la raíz del mal, la causa de las guerras. La miseria de los tiempos presentes puede impulsar a alguien, por ejemplo, a concebir y a realizar obras a favor de la paz, a intentar equilibrar este orden de naturaleza fundamentalmente no divino. ¿Quién podría objetar algo al respecto? La actividad del Mercurio ético es la consecuencia del sufrimiento del yo en la naturaleza, a cuyo lado encontramos también una sensibilidad por ese sufrimiento del yo del mundo, resultante de cierto amor al prójimo. Esta actividad se deriva igualmente de la tendencia a protegerse a sí mismo y a los demás contra las consecuencias de ese sufrimiento.
Los sufrimientos de todos los tiempos no nacen solamente del desorden en el terreno político, social y económico, del desorden de la producción y de la caricatura de la religiosidad, sino que la miseria de todos los tiempos surge de las consecuencias de un orden de naturaleza fundamentalmente no divino en el que la humanidad ha caído, y ningún orden social nuevo aportará un cambio esencial a este sufrimiento, como tampoco lo conseguirá un sanatorio o un remedio contra el cáncer.
El nuevo Mercurio está en concordancia con un mundo que no es de este mundo, con un plano que no puede ser encuadrado dentro de la planificación de la dialéctica, con un mundo superior que, en este orden, es tachado de locura.
Por lo tanto, tampoco tiene ningún sentido odiar «las obras de los Nicolaítas» sin este nuevo Mercurio. Este odio estéril no trae ningún cambio fundamental en el campo de vida humano. El Mercurio ético es muy humanitario y lleno de carácter, pero a pesar de todas sus prácticas el hombre queda encadenado a la materia y a las leyes de este campo de vida. En el mejor de los casos, este hombre es un habitante de Éfeso, un habitante del país fronterizo que, después de mucha lucha, se ha elevado hasta los límites extremos de la bondad que es posible en esta naturaleza.
Es mucho más fácil, por otra parte, operar con el Mercurio ético que con el nuevo mensajero de los dioses, ya que la mayoría de la humanidad comprende muy fácilmente la actividad del primero y por consiguiente lo aprecia. Cuando un hombre se esfuerza por la construcción de un nuevo hospital y crea y prepara los más importantes proyectos para ello, es comprendido, apreciado y honrado, y con toda razón, puesto que estas instituciones son muy necesarias. Sin embargo, este lugar de misericordia, ¿es algo más que un parche en una herida de la civilización? Cuando todos los países y todas las ciudades tengan hospitales perfectamente equipados, ¿estarán salvados el mundo y la humanidad?

El nuevo Mercurio ve un nuevo cielo tierra. De esto va a dar testimonio y esto es lo que quiere establecer. Por lo tanto, se vuelve, evidentemente, un extranjero en el mundo. No es honrado, ni amado, ni comprendido. Hasta podemos decir que a menudo será perseguido y difamado cuando quiera imponer en este mundo las leyes del verdadero Reino, las cuales están en contradicción con todo aquello a lo que el hombre está acostumbrado. Por ello su acción provoca siempre una reacción del poder de la maldición que mantiene al mundo en sus cadenas. Su acción desencadena una serie de sufrimientos para sí mismo. No el sufrimiento del yo, sino el del ser impersonal; no el sufrimiento comprendido según la dialéctica, sino el sufrimiento ocasionado por la ofrenda de sangre en la cruz.
El sufrimiento del Mercurio ético reside en que su humanitarismo no puede salvar al mundo. Es el desengaño del error, la cruz de la naturaleza; él establece la prisión en la naturaleza.
Sin embargo, el sufrimiento del nuevo Mercurio nace por el intento emprendido, en perfecta ofrenda de sí mismo, para desatar al hombre de este mundo, impulsado por el «primer amor»: la cruz de Jesucristo.

III

En esta fase del desarrollo, el alumno de los misterios de iniciación crística debe tener en cuenta un hecho muy actual, indicado ya en el capítulo precedente, pero que debe ser esclarecido de nuevo a la luz de la realidad. La Iniciación de Mercurio coloca al alumno ante problemas muy especiales. Aunque el nuevo poder del pensamiento ha nacido y ejerce su poder en el interior de la esfera aural, de modo que el candidato tiene a su disposición un conocimiento de primera mano, el antiguo poder del pensamiento no ha sido liquidado todavía.
Se aconseja al alumno que emprenda lo más rápidamente posible este proceso de liquidación, con el fin de evitar que el candelabro de Mercurio pueda ser retirado de nuevo. Durante el proceso del cambio fundamental él ha objetivado el pensamiento dialéctico. «El alza los ojos hacia las montañas», y finalmente llega a subir el Monte Nebó.
Pero el pensamiento dialéctico, aunque en vías de liquidación, aún subsiste, y después del nacimiento del nuevo pensamiento se desarrolla una lucha, en la que el alumno a menudo llega a ser presa de las más grandes mistificaciones. La corriente de la nueva sabiduría desencadena problemas y reacciones. El nuevo toque le impulsa a dar testimonio y él lo hace; no lo puede evitar. Pero descubre que aún no es completo, que no puede empezar y cumplir su tarea como él realmente quisiera. Su equipamiento no está completo.
La causa se debe a que el iniciado del Sol aún no ha muerto según el viejo pensamiento. Sólo después de esa muerte, caerán las barreras más importantes y el candidato podrá abrir su ser a la cuarta iniciación del primer Círculo Séptuple: la Iniciación de Venus. Una ampliación de la conciencia que le llevará a una perfección mayor.
Para cumplir su tarea de cabeza, corazón y manos, el alumno debe disponer de una fuente interior de intenso amor hacia los hombres. Un amor hacia los hombres tan grande y tan perfecto, que el hombre de la naturaleza inferior no puede comprender ni corresponder. El trabajo debe ser llevado y cumplido con esta fuerza de amor. La posesión de esta fuerza renovadora que nunca abandona, es designada con la noción «Venus».

IV

En la filosofía oculta, Venus es siempre considerado como un gran misterio, y también el nuevo Venus está indiscutiblemente rodeado de un gran secreto. Vamos a intentar comprender este secreto de la cuarta iniciación de la séptuple cadena solar.
Venus es un símbolo femenino y, en astrología, es el regente de Tauro y Libra. Esto significa que Venus reina y vela sobre un tesoro formidable (Tauro), y los tesoros allí acumulados deben ser transmitidos, según el principio de justicia divina, de manera justa a la humanidad (Libra).
La Iniciación de Mercurio ha encendido el nuevo pensamiento; la Iniciación de Venus manifiesta el nuevo ser de los sentimientos, una sensibilidad basada en la razón superior. La Iniciación de Mercurio fue la causa introductoria de la renovación del santuario de la cabeza; la Iniciación de Venus cuidará de la renovación del santuario del corazón. Mercurio representa un aspecto masculino y Venus desarrolla el aspecto femenino; son respectivamente cabeza y corazón.
Cuando estas dos iniciaciones se han hecho realidad en la vida del alumno, vemos erigirse dos sólidos pilares ante el nuevo templo humano, al servicio de los dos santuarios de este templo, es decir el santo (Mercurio) y el santo de los santos (Venus), o la sabiduría divina que puede manifestarse como fuerza de amor.
En todas las antiguas religiones, el santo de los santos estaba consagrado a Venus. Era designado el adytum. En el adytum se encontraba un arca o sarcófago, como símbolo del seno de la naturaleza divina, el seno de la resurrección, la pura posibilidad de alumbramiento de una fuerza grande y maravillosa. En el correspondiente santuario del templo humano vemos el arca como el timo, que desempeña un formidable papel en la actividad de radiación del esternón.
En los santuarios de los templos exteriores, el arca tenía la forma de una barca, gracias a la cual se podía navegar en el agitado mar de la naturaleza inferior, con el fin de escapar a las catástrofes de un mundo pecador. Piense a este respecto en el arca de Noé, que expresa la misma idea. La sabiduría divina ha encontrado de nuevo al alumno (Mercurio) y la fuerza divina le vuelve ahora apto para aportar esta sabiduría a los hombres. ¡Esto es Venus!
En cuanto la luz es recibida en el monte Nebó y el alumno ha vaciado, según esta naturaleza, el santuario de la cabeza (el santo), Dios le encuentra corpóreamente en el santuario del corazón, (el santo de los santos). Del «arca» se eleva una nueva Venus, como una gran fuerza de amor, que acompaña al mensajero de los dioses en sus lejanos viajes a lo largo del campo de vida terrestre.
Se dice con razón que Venus representa también el amor terrestre, pero este amor no es comprendido. Es desnaturalizado, mancillado y deformado.
La fuerza de amor del nuevo Venus es una gran fuerza mágica. Cuando el nuevo Mercurio cumple su misión, el timo irradia una intensa fuerza mágica séptuple, como una joya resplandeciente, en tanto que núcleo central del santo de los santos, cuyo velo fue rasgado por el toque de la luz de la cuarta iniciación. Y quien es tocado por esta séptuple radiación, reacciona para una resurrección o para una caída. Ningún mortal escapa a ello. Es la fuerza divina, transmutada en el hombre nuevo, para ir luego hacia la humanidad en tanto que amor servicial.
Los antiguos siempre han conocido esta actividad de Venus, pero el culto a Venus ha degenerado en la vida inferior hasta convertirse en el culto al falo. Así como la mayor parte de la humanidad es mantenida prisionera por la fuerza del amor de la naturaleza inferior, por el culto idólatra a la Venus inferior, de igual modo el hombre accesible a ello despertará a la vida superior por la fuerza de amor de la nueva Venus. Este trabajo es difícil y penoso. No obstante, aunque para llegar a ello el alumno tenga que beber del cáliz amargo perteneciendo así a la comunidad de Esmirna aunque el poder de la negra maldición vuelva continuamente su trabajo casi imposible, los estancamientos sólo son aparentes.
El resultado de este trabajo no es un derrumbamiento en la nada, semejante al subir, brillar y descender de la dialéctica, ya que por la actividad del nuevo Venus, a la larga los lazos se vuelven permanentes y el trabajo puede ser continuado con más fuerza que nunca.
El alumno que vive y actúa a partir de estas dos iniciaciones posee una gran riqueza. Aunque realmente bebe el amargo cáliz del sufrimiento (Esmirna), su prueba no durará más de «diez días». Lo que quiere decir que el trabajo, comenzado con el verdadero espíritu y con la verdadera fuerza, es un proceso que siempre acaba con la victoria.
El verdadero trabajo al servicio de la luz no es nunca una fuente continua de sufrimiento y sinsabores, pero una vez comenzado ha de ser llevado hasta el final, ha de ser conducido a su plenitud. Ha comenzado a partir de la luz y volverá a la luz llevando consigo la cosecha. Este es el significado del número «diez».

V

En la tercera iniciación, el alumno debe luchar ante todo con el sufrimiento de las limitaciones (Éfeso). Durante los procesos de la cuarta iniciación bebe a grandes sorbos del amargo cáliz del sufrimiento (Esmirna), tal como quizás comprenda ahora, ya que todo el ser sensorial inferior y terrestre debe ser consumido, con el fin de que el puro amor de Dios pueda morar en el corazón humano. Por esto dice la voz de El, del que estaba muerto y ha vuelto de nuevo a la vida, es decir, el hombre celeste: «Conozco tus obras, tu aflicción y tu pobreza, aunque eres rico, inconmensurablemente rico. Conozco las calumnias de aquellos que quieren entrar en tu corazón y que te arrastran en el lodo. Dicen que son judíos, hijos del León, hijos de Cristo, pero no lo son, sino que son una sinagoga de Satanás. No temas estas cosas, pues esta reacción es comprensible. El hombre inferior, descubierto por el amor divino, se muestra como una bestia furiosa.»
Dos procesos se interpenetran: la reacción del mundo y las tinieblas ante el trabajo de la luz, y la consunción del ser dialéctico de los sentimientos en el alumno. Todo este proceso debe llegar a su plenitud. Durará diez días. «Sé fiel y te daré la corona de la vida». Pues quien come el pan de la vida, alcanzará la madurez y entrará en la gloria perfecta de la vida.
«El que venza no sufrirá daño de la segunda muerte.» Todos los hombres están dañados por la primera muerte del cuerpo celeste, pues la humanidad, al transgredir las leyes divinas, se hundió en el mundo inferior, debiendo abandonar su verdadero cuerpo celeste. Se sumió como en un sueño de muerte. Sin embargo, en esta etapa de su desarrollo, el alumno ha despertado al hombre celeste; éste se ha mostrado corpóreamente a su conciencia. Tal alumno no será dañado por la segunda muerte del hombre celeste. Muere la segunda muerte del hombre celeste quien, en el transcurso del período de cosecha de la trigésimo tercera dispensación crística, no es encontrado preparado para elevarse por encima de la naturaleza terrestre.
El alumno no podrá ser dañado por esta segunda muerte; los cambios cósmicos, atmosféricos y estructurales de los tiempos que vienen no podrán dañarle. Ha encontrado de nuevo al Cristo en su esfera aural; él entra en la vida nueva.

VI

Por lo tanto, dos nuevos valores empiezan a brillar en el campo de vida microcósmico: el nuevo Mercurio y la nueva Venus. El pensamiento y el sentimiento son vivificados según su naturaleza celeste. Y ahora, al alumno le queda por conseguir la renovación del centro de la voluntad, la Iniciación de Marte del primer Círculo Séptuple. Sólo después de esta quinta iniciación está perfectamente equipado para poder empezar y cumplir su grandiosa vocación.

VI

La Iniciación de Marte del primer Círculo Séptuple

I

«Escribe también al ángel de la comunidad de Pérgamo: Esto dice el que tiene la espada aguda y de doble filo:
Conozco tus obras y dónde moras: allí donde está el trono de Satanás. Mantienes firme mi nombre y no negaste mi fe, ni en los días de Antipas, mi fiel testigo, que fue muerto entre vosotros, ahí donde mora Satán. Pero tengo algo contra ti: que tienes ahí a los que mantienen la doctrina de Balaam, el que enseñó a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de lo inmolado a los ídolos y a fornicar.
Asimismo, tú también tienes a quienes mantienen de igual modo la doctrina de los nicolaítas. Así pues, conviértete. Si no, voy a ti enseguida, y lucharé contra ellos con la espada de mi boca.
Quien tenga oídos, oiga lo que dice el espíritu a las comunidades. Al que venza, le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y sobre esta piedrecita habrá escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe.»

II

La Iniciación de Mercurio y la Iniciación de Venus se han vuelto propiedad del hombre nuevo. Una luz de Dios y una fuerza de Dios le son entregadas de primera mano. La luz de Dios le permitió contemplar el nuevo cielo tierra; la fuerza de Dios le capacitó fundamentalmente para establecer, de una manera totalmente nueva, un lazo con quienes aún se encuentran en las tinieblas.
Estas dos iniciaciones abrieron en el alumno el nuevo templo interior: el santo (la cabeza) y el santo de los santos (el corazón), el nuevo poder del pensamiento y el nuevo ser de los sentimientos incorruptibles y eternos. El timo se volvió una joya deslumbrante que puede ser comparado al «arca» del santo de los santos, o a la tumba abierta de la Gran Pirámide, donde la fuerza divina encuentra a la fuerza humana, con el fin de que este don divino pueda ser transmutado en un poder humano manejable. Y en tanto que fuerza de amor mágica, que no es de este mundo, debe irradiar hacia el exterior «para el rescate de muchos».
Aunque este «rescate» está destinado a todos y en principio debe englobar a toda la humanidad, no obstante debe ser dirigido inteligentemente. Debe partir de un plan, debe estar unido a cierta estrategia. Detrás de ello debe haber un «hombre» consciente: «Dios debe volverse carne». Una nueva voluntad dinámica, fuerte y equilibrada debe dirigir los dones de Mercurio y de Venus. Por ello, después de la Iniciación de Venus, el nuevo compañero todavía no está plenamente preparado. Esta plenitud se manifestará tras la Iniciación de Marte; el nuevo Marte desarrolla el nuevo ser de la voluntad del compañero.
Para el alumno puede constituir un problema, la razón por la que la Iniciación de Venus debe preceder a la de Marte y por la que la renovación de la sensibilidad debe preceder a la de la voluntad. Para profundizar en este problema hay que prestar atención al hecho de que la voluntad es el poder más dinámico del hombre y puede escapar muy fácilmente a toda dirección. Si el alumno desencadenara y dinamizara una nueva voluntad antes de que la unión Dios hombre haya sido establecida en el santuario del corazón, él no podría trabajar con la fuerza divina ni con el nuevo ser de los sentimientos humanos. De nuevo actuaría experimentalmente y de forma forzada, con todas las consecuencias que ello comporta. Su sangre no sería vertida según el espíritu para una elevación, sino según la naturaleza para una caída.
El alumno debe considerar bien esto como un concepto de la mayor importancia que nunca debe perder de vista, ya que toda la caída está en estrecha relación con estas cosas. Marte es la fuerza dinámica de la voluntad creadora; Marte pronuncia el fiat creador; Marte desgarra el velo del santo de los santos. Cuando Dios mismo no mora aún en el adytum, cuando el trabajo aún no está terminado allí, ¿con qué podría trabajar la voluntad?
La voluntad libre se volvería una voluntad desenfrenada, y una voluntad sin frenos ocasiona limitación, cristalización y muerte, y, por consiguiente, caída. Y por la caída, una voluntad que no es libre. Una liberación de la voluntad, una nueva inflamación en Dios del poder de la voluntad, después de una errónea preparación, ocasionaría una terrible catástrofe. Por ello hay que reflexionar sobre tres aspectos: primero, qué es la voluntad; segundo, qué es el nuevo Marte; tercero, qué es el viejo Marte.

III

En general se confunde muy a menudo deseos o sentimientos con voluntad. Cuando un hombre tiene hambre dice: «Quiero comer». Pero por la sensación de hambre desea comer. En este caso, el factor voluntad está muy subordinado. Determinadas tendencias e inclinaciones en el ser sanguíneo humano empujan a cierta voluntad. Esa voluntad no es libre, no es una voluntad original. Como tal, ya no se puede querer; los deseos, las tendencias y el impulso de la sangre imponen su voluntad.
La voluntad era originalmente la fuerza de la epigénesis, la actividad que decidía libremente, la actividad autocreadora y consciente del espíritu humano. Es una fuerza extremadamente peligrosa, una fuerza real, Aries, y una fuerza secreta que puede ser una fuerza de muerte, Escorpio, pero que también puede conducir a grandiosos valores. La voluntad es el comienzo o el fin de todo, la fuerza de la eternidad que gobierna sobre la vida y la muerte.
Cuando la voluntad es de nuevo libre, justa y es conducida por «la mano de Dios», es decir, está en absoluta y completa concordancia con el plan divino para el mundo y la humanidad lo que puede ser alcanzado de primera mano por medio del nuevo pensamiento Marte debe haber sido precedido de Mercurio y de Venus. El templo, el adytum, con sus dos subdivisiones: el santo y el santo de los santos, debe estar erigido. El nuevo Marte, entonces, hará nuevamente del alumno un sumo sacerdote que obra en, con y por este templo como un consagrado que anima el templo.
El sumo sacerdote lee con el nuevo pensamiento en el plan de Dios, participa en el orden divino, vive como hombre celeste en el reino que no es de este mundo, es rey en el Salem de Dios, es Melquisedek. Dios mismo ha descendido, según el nuevo sentimiento, a la tumba abierta, al arca, y la fuerza de Dios le acompaña en su viaje a los países extranjeros al servicio de la luz. El nuevo Marte, el nacimiento de la voluntad elevada en Dios, vuelve al espíritu del hombre celeste realmente inmanente.
La energía dinámica del nuevo Marte es como el hierro de la sangre, que da calor y que eleva la sangre espiritual del alumno hasta una vibración totalmente nueva, capacitando de esta forma al sumo sacerdote para entrar en el propio templo interior, para hacer finalmente su morada en él y celebrar el servicio divino. Sólo tal hombre puede hablar realmente de estar al servicio de Dios.
El nuevo Marte es el hombre dios que desciende en la carne; es la voluntad libre que va a emplear, de la manera deseada por Dios, todas las fuerzas de sabiduría puestas a su disposición. No especula ni abusa de sus poderes; él es obediente a la manifestación universal. El sumo sacerdote tiene acceso a la sabiduría absoluta, pero esta sabiduría se manifiesta según una ley. En su base hay un sistema, un proceso racional de devenir inatacable. La intención del Logos es que este plan divino sea ejecutado por sus hijos. Cuando la ley de la sabiduría da a conocer su exigencia, en tanto que vocación, al sacerdote ennoblecido para ello, éste, en concordancia con ella, empleará y dinamizará su voluntad para llevar a cabo la misión encomendada.
Después de haber armonizado de esta forma su voluntad con la sabiduría divina, el llamado entra en el santo de los santos. El se reconforta en la tumba abierta, perece en la fuerza de amor divina. A continuación se levanta, corre el velo y sale para comenzar su trabajo. Así se convierte en un mago de Dios.

IV

Marte es también Caín, el poseedor. Caín se encuentra frente a Abel, la vanidad. Caín es así el hombre que ocasiona el derramamiento de sangre, el guerrero que triunfa sobre el orden natural por medio del orden del espíritu. La ofrenda de Caín es aceptada solamente si va acompañada del declive de Abel. Caín debe dirigirse a la humanidad como el fuego divino, que toca el agua y así da nacimiento a los dos elementos secundarios: aire y tierra. Lo que quiere decir, en este contexto: un nuevo cielo y una nueva tierra, que deben descender de Dios por cabezas de hombres, corazones de hombres y manos de hombres.
La vanidad debe ser destruida y transmutada por el poseedor del poder divino. No con el viejo martillo guerrero según la naturaleza , sino con un nuevo martillo, la fuerza de amor divina, Venus, y con una nueva palabra, la sabiduría divina, Mercurio. La nueva voluntad es, por consiguiente, el fuego, la fuerza creadora según el espíritu. Este fuego sólo puede ejecutar un trabajo verdaderamente liberador y creador, cuando somete la cabeza y el corazón a su nuevo estado.
Mercurio es el receptor, el contemplador, el iluminador. Venus es la emisora y la distribuidora. Marte es el sumo sacerdote, el hombre que como tal recibe la iluminación y ejecuta el trabajo mágico; es Caín que emplea su sangre contra la sangre de la vanidad.
La nueva voluntad es también el señor del sistema del fuego de la serpiente, a través del cual toda la personalidad, con todos sus órganos y estructuras, se coloca bajo la dirección del sumo sacerdote. El no tiene ningún lazo con la fuerza sexual, con la fuerza procreadora, indispensable para el mantenimiento de la especie. Las fuerzas sexuales y los deberes sexuales, son las necesarias consecuencias naturales de la caída del hombre y de su permanencia en este orden de naturaleza terrestre. Son consecuencias de la degeneración humana, condenadas a desaparecer a partir del momento en que la muerte es vencida. El nuevo Marte se desata de la fuerza sexual, la aísla y la deja morir su propia muerte sin forzar.
El sistema del fuego de la serpiente, que comienza detrás de la cavidad frontal, entre las dos cejas, y termina debajo del cóccix, en el plexo sacro, es designado también en el esoterismo como la vara de Moisés. Dado que este fuego de la frente irradia también hacia el exterior cuando el sumo sacerdote cumple su misión y envía al espacio un relámpago de luz, se habla también en el simbolismo sagrado del unicornio. Cuando el sumo sacerdote emite su fiat creador, vemos salir de su boca la llameante espada, lo que explica claramente el símbolo que encontramos en el prólogo del Apocalipsis.
De este modo podemos considerar la voluntad como la actividad más dinámica en la forma corpórea, como la vara de Moisés, con cuya ayuda el Hombre de Dios recorre los caminos de Dios. La voluntad es también la espada de doble filo de Pérgamo, Marte, dirigida para la muerte y la vida: la muerte de la naturaleza y la vida según el espíritu.

V

Cuando el alumno puede penetrar en su templo interior, como sumo sacerdote, elegido a esta dignidad por la Iniciación de Marte del primer Círculo Séptuple, aún está lejos de ser un elegido absoluto. Al contrario, ahora es cuando, con derecho y posibilidad de éxito, podrá emprender la lucha contra el viejo Marte, que todavía ejerce sobre él cierto poder.
Por esto se escribe la carta a Pérgamo, una carta escrita por el quinto candelabro que se encuentra ante Dios: «Conozco tus obras… tus esfuerzos… tus sufrimientos… pero toleras ahí a quienes siguen la doctrina de Balaam.»
Esta es la enseñanza del destructor Marte inferior. No el Marte sexual, sino el que de todas las maneras posibles fuerza su voluntad, poniéndola al servicio de la naturaleza terrestre; quienes operan con su voluntad al margen del plan de Dios y, por consiguiente, son altamente destructivos, tanto para sí mismos como para los demás. Son como el sumo sacerdote que abusa de su cargo. Quien es marcial de esta manera, quien lleva a cabo tal guerra, quien así maneja el martillo, verá que la guerra se vuelve contra él. Pues este Marte invoca todas las fuerzas de la oposición y de la contranaturaleza y… cae.
Concluyamos diciendo que la conversión de la voluntad debe ser considerada como uno de los aspectos más importantes del primer Círculo Séptuple. La conversión de la voluntad significa al mismo tiempo la liberación de las cadenas de la sexualidad. La sexualidad en sus formas de pasión sin freno es siempre un resultado de la voluntad sin control, que introduce experimentalmente el fuego de la vara de Moisés en el santuario de la pelvis.
Numerosos autores esotéricos enseñan que, por medio de ejercicios, la fuerza sexual puede ser dirigida «hacia lo alto» y «sublimada». Tales métodos son peligrosos, terrestres y vanos. Nosotros los rechazamos siempre. Cuando la voluntad incontrolada ha inflamado de fuego impío el plexo sacro, entonces no se puede santificar o sublimar esta impiedad. A lo sumo se la puede encerrar durante cierto tiempo hasta que, en un momento dado y de una manera u otra, se desencadena como un fuego devorador que explota hacia el exterior. Ningún mortal según la naturaleza escapa a estas explosiones. La conversión de la voluntad, después de la Iniciación de Mercurio y de la Iniciación de Venus, aporta inmediatamente la solución. Pues entonces es válido el «tal como es arriba es abajo» y no hay nada que deba ser sublimado. Se trata aquí de la conversión de la vida misma, el declive del viejo Adán y el nacimiento del hombre celeste.

VI

Así aparece el sumo sacerdote renovado en su templo, con nuevas piedras de construcción. Pensamiento, sentimiento y voluntad están preparados según la vida divina y una parte importante del hombre celeste puede unirse ya al viejo ser dialéctico, el cual, por ellos, debe ser disgregado estructuralmente. El proceso de la permuta de personalidades está ya tan avanzado, que el alumno puede empezar y continuar el gran trabajo de la ofrenda.
Ahora, Caín puede atacar al mundo de la bella apariencia y de la mentira. Ahora puede trabajar y, con sus instrumentos, construir una nueva ciudad, la ciudad de Enoch, la ciudadela de la iniciación.

VII

La Iniciación de Júpiter del primer Círculo Séptuple

I

«Escribe también al ángel de la comunidad de Tiatira: Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene ojos como llamas de fuego y pies semejantes al bronce brillante:
Conozco tus obras, tu amor, tu fe, tu servicio, tu constancia y tus obras últimas, más numerosas que las primeras. Pero tengo contra ti que toleras que la mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer de lo inmolado a los ídolos.
Le he dado tiempo para convertirse, pero no quiere convertirse de su fornicación. Mira: la voy a arrojar en el lecho del dolor. Y a los que adulteran con ella, los arrojaré en gran tribulación si no se convierten de las obras de ella. Y a los hijos de ella los mataré sin remisión, y todas las comunidades sabrán que yo soy quien escudriña los riñones y los corazones. Y os daré a cada uno según vuestras obras.
Y a todos los demás que están en Tiatira, que no aceptan esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, os digo: No os impondré otra carga, pero lo que tenéis, mantenedlo firme hasta que yo venga. Al que venza y al que guarde mis obras hasta el final, le daré potestad sobre las naciones. El las regirá con vara de hierro, y serán triturados como vaso de alfarero, como el poder que yo he recibido de mi Padre. Y le daré la estrella de la mañana.
Quien tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las comunidades.»

II

De lo que precede se puede percibir cómo han comenzado los procesos estructurales de renovación del santuario de la cabeza y del santuario del corazón; el sumo sacerdote ha entrado en su templo y el alumno, así preparado, avanza hacia la Iniciación de Júpiter.
Ahora va a realizar, en este mundo caído, su vocación recibida de Dios. Pasa de un trabajo preparatorio e interior a un trabajo exterior, cuyo resultado determinará a su vez la medida y la calidad del crecimiento interior. El alumno empieza a propagar, en esta naturaleza terrestre, en el campo de vida del orden dialéctico, el mensaje y el ser de la Fraternidad estática universal, la verdadera comunidad de vida del Reino de los Cielos, el orden divino. En este mundo es necesario establecer lo que «no es de este mundo» como una fortaleza temporal, o sea, un atrio de la Jerarquía, de la Escuela Espiritual. Esta es la misión del iniciado de Júpiter.

III

En primer lugar, debe estar claro que ya no puede haber arbitrariedad alguna en el alumno. No deberá perseguir ningún deseo o especulación. Ningún objetivo terrestre o inferior debe estar presente. La voluntad propia va a unirse libremente, en tanto que nuevo Marte, a la voluntad de Dios. Su actitud será entonces: «Señor, ¿qué quieres que haga?»
La nueva Venus hará posible que en el alumno irradie una clara vocación, que avance de la mano de los Hierofantes, mientras que el nuevo Mercurio velará para que el llamado comprenda su misión como una responsabilidad y una necesidad racional y moral.
El principio fundamental de la tarea que debe ser llevada a cabo ha sido el mismo para todos los alumnos a través de los siglos: dar testimonio de la Fraternidad de la Luz estática universal. Las sugerencias y las fuerzas del Reino de los Cielos deben promover cierta actividad en este mundo; la cruz de Cristo debe ser clavada en esta tierra y la ofrenda de la sangre debe ser aportada a su servicio, con el fin de despertar a la verdadera vida a los hombres que son sensibles a ella y ayudarles en el camino.
Este trabajo de salvación, si quiere ser bueno y fructífero, debe efectuarse siempre bajo la dirección y en unión de la Escuela Espiritual. Cuando esta unión no existe y, a pesar de todo, un trabajador persigue dichas ambiciones, se produce lo que la lengua sagrada denomina «el trabajo de la no casada». Semejante trabajo no está en concordancia con el santo de los santos, y es puramente experimental y arbitrario.
Este tipo de trabajador es designado en el Apocalipsis como Jezabel, la no casada. Dicha persona prostituye lo divino y lo mutila, comete un adulterio espiritual, es aún el viejo Caín arbitrario, el hombre caído todavía no enderezado. Por ello, el trabajador llamado no puede dar ningún paso ni a izquierda ni a derecha al realizar su mandato, y si ocurriese que la amplitud de su tarea le llevase a relacionarse con otros trabajadores, entonces, con el fin de preservarles del pecado de Jezabel, tiene el deber de unirles a su mandato, en obediencia a él, ya que este mandato no puede ser comprendido dentro del marco de los motivos terrestres del yo, pues es el encargo divino mismo el que se expresa a través de este mandato que debe ser ejecutado en un tiempo determinado y de una manera determinada.
A este respecto, leemos también en la Fama Fraternitatis R.C. de la antigua Fraternidad de la Rosacruz, que Cristián Rosacruz elegía a sus colaboradores, haciéndoles prometer serle fieles y esforzados, no divulgar los secretos y transcribir cuidadosamente sus indicaciones y su enseñanza.

IV

Cuando el alumno enviado se exterioriza en el campo de trabajo, se acerca a la masa terrestre con las enseñanzas y fuerzas del Reino y funda un esbozo de la Escuela Espiritual, o colabora en una escuela semejante. La suprema finalidad es, evidentemente, despertar a esta masa e impulsarla al renacimiento. Esta finalidad, no obstante, es tan elevada y la masa está tan sumergida en el yo y en la naturaleza caída, que la realización práctica del objetivo planteado no puede ser alcanzada en el primer intento.
Sin embargo, se obtiene un resultado inmediato. En cierto número de individuos, a causa de la lucha, las dificultades y las penas, y de los conflictos del yo solitario en la naturaleza terrestre, la coraza y la ilusión del arraigamiento terrestre se rompen lentamente y se despiertan aspiraciones más elevadas. El viejo Caín encalla su sacrificio según la naturaleza no es aceptado y va a la búsqueda de otras y más nobles posesiones. Estos hombres se acercan al atrio, ya fundado, de la Escuela Espiritual. Ellos son encontrados por la nueva luz. Al principio están llenos de un gran entusiasmo. Pero rápidamente se demuestra que la herencia de su sangre les detiene y que las exigencias de la Escuela son demasiado elevadas para ellos. Sus reacciones provocan demasiado a menudo el caos, la incomprensión, la oposición y grandes tensiones. El espíritu en el que fue emprendido el trabajo muy pronto se transforma, aparentemente, en una parodia que parece llevar al trabajador a la desesperación.
Sin embargo, el alumno debe considerar, bajo la luz justa, la causa de las diversas reacciones. No se trata aquí de fracaso, sino de una primera reacción, desde todo punto de vista comprensible e inevitable, al trabajo de Júpiter en este mundo.
El verdadero trabajador de Júpiter no conoce compromiso alguno. No se amolda a nada, ni se doblega a los deseos y estados de ser del público que se acerca. Por esto el primer encuentro debe forzosamente provocar un terrible caos. Un caos cuya amplitud es tanto más profunda, cuanto más dinámico es el primer encuentro.
La luz del Reino toca y despierta a algunos buscadores de la luz en este sombrío mundo y el resultado es, al principio, perfectamente semejante a la descripción de la situación que se nos muestra en Las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz: «Quiera Dios que yo pueda ser capaz de describir el gran tumulto que reinaba allí abajo; cada uno intentaba asirse a la cuerda y así se lo impedían unos a otros».
No obstante, tras este primer contacto los interesados no son del todo iguales a como eran antes. Ellos fueron alcanzados por la radiación de la luz, y la señal que esto imprime ya no puede ser borrada de su sangre. Tales hombres, al principio, posiblemente se forzarán a un regreso a la vieja vida, pero en lo más profundo de su ser su hambre es mucho más grande que antes. En este primer encuentro eran aún totalmente de la vida inferior, cuya fuerza de gravedad es aún muy fuerte; todavía eran incapaces de resistir a los impulsos dinámicos del yo. Sin embargo, ya no podrán deshacerse del toque realizado por el trabajador y la herida que la radiación ha causado en su ser inferior es incurable.

V

En la obra de Júpiter hay tres fases: primero, la fase caótica o del comienzo; segundo, el período del cambio fundamental; y tercero, el desarrollo del primer Círculo Séptuple. La misión del enviado de la Jerarquía es conducir, a las almas buscadoras introducidas en su campo de fuerza, por la primera fase a la segunda y, por su ejemplo personal y la constante predicación de la Enseñanza Universal, hacer que el rebaño a él confiado reúna suficiente fuerza para realizar el trabajo de autofrancmasonería necesario para penetrar en el primer Círculo Séptuple.
En cuanto se esbozan los primeros éxitos en el campo de fuerza del alumno enviado y los primeros hijos perdidos encuentran de nuevo la patria y pueden establecer con ella un lazo consciente, se desarrollan nuevas posibilidades para el alumno enviado. Los procesos de la Iniciación de Saturno, la séptima iniciación del primer Círculo Séptuple, empiezan a manifestarse.
En la ciencia oculta, Júpiter es llamado el dios del fuego, el dominador de los cuatro elementos. Es representado igualmente por un cisne, que alza el vuelo o que nada ante una multitud. El cisne es un símbolo muy conocido del Espíritu Santo. Vemos igualmente aparecer a Júpiter bajo la forma de un fuego devorador, que consume la materia inferior. Y en el cristianismo esotérico y gnóstico es Miguel, el ángel que se encuentra ante Dios, es el dirigente de las legiones celestes. Y, finalmente, Júpiter también es designado como símbolo de la omnipotencia. Todo ello es muy claro para quien ha estudiado estas cosas. El nuevo Júpiter que, como sumo sacerdote, sale del santo de los santos, está dotado de gran fuerza. Es, en el verdadero sentido de la palabra, un mago. El verdadero hombre Júpiter viene con sabiduría, fuerza y voluntad espiritual, nacidas de Dios. El nuevo Júpiter está formado por los elementos de esta trinidad:
la sabiduría del nuevo Mercurio, o ver a Dios;
la fuerza de la nueva Venus, o encontrar a Dios;
la voluntad espiritual del nuevo Marte, o dinamizar en sí mismo la voluntad de Dios.
El nuevo Júpiter irradia en su plenitud la voluntad de Dios en la sombría noche del campo de vida terrestre. Júpiter es, pues, la síntesis alquímica de Mercurio, Venus y Marte, el gran Hijo de los Dioses de la mitología.
La magia de Júpiter es también la causa de los fenómenos caóticos en la primera fase del trabajo de Júpiter. Sin embargo, este caos no es comparable a la decadencia terrestre corriente, que sigue al subir y al brillar de la que sólo queda la corrupción; este caos ha aportado constantemente una fuerza nueva, una fuerza que no es de este mundo, a la sangre de todos aquellos que están reunidos en el campo de trabajo. Nadie podrá escapar a esta magia de Júpiter y llegará el día en que la semilla sembrada, triunfante, crecerá y dará ricos frutos.
El nuevo Júpiter es el mago, el Caín militante, el poseedor. El va al país enemigo provisto de la fuerza celeste; es un Miguel, un representante de la Jerarquía crística, un discípulo que un día conseguirá grandes victorias. Jesús dijo a sus discípulos que estaban activos junto a El en su obra salvadora: «En verdad os digo, cosas mayores que éstas realizaréis vosotros.»

VI

Una apremiante advertencia es dirigida todavía a todos los que quieren emprender la tarea de Júpiter. Un peligro les acecha, el mismo peligro que hemos señalado en los capítulos precedentes. El nuevo Júpiter actúa en nombre del hombre celeste. El es el nuevo sumo sacerdote que comienza su obra desde el interior. Pero en el interior de su sistema vital todavía está presente el resto del viejo Adán, que se hace sentir de una manera muy dolorosa. En principio, la vieja naturaleza ha muerto, pero estructuralmente existe todavía la vieja herencia, que debe ser liquidada progresivamente.
Encontramos esta advertencia en la carta a Tiatira, que significa «el indomable», un nombre muy adecuado y certero para el hombre jupiteriano. «Conozco tus obras […] Pero tengo contra ti que toleras la mujer Jezabel.»
Como dijimos, Jezabel es la no casada. De ella procede un hijo que no ha nacido de la progresiva actuación del hombre nuevo, sino engendrado por el viejo Adán, que se fuerza por ser un Adán nuevo. Tal hombre se sugestiona con ser un llamado y vive en la ilusión. Es un sacerdote que no ha sido llamado a su función. El no ha sido bendecido por la Jerarquía, sobre la base del cambio fundamental y después de las precedentes iniciaciones del Círculo Séptuple. Tal hombre demuestra el típico y negativo Júpiter terrestre: arbitrario, experimental, ignorante, especulativo. Es apariencia sin esencia; jovial sin amor; real sin posesión; trabajador sin auténtico interés; terriblemente orgulloso, sin nada por lo que estarlo.
Todas estas cosas deben morir, y Dios y sus servidores deben examinar «corazones y riñones». En el corazón debe ser perceptible si Dios mismo habita en él. Y puesto que las suprarrenales son los órganos de la concentración de energía, con ello se dice que hay que examinar si la energía procede del hombre nuevo, que realiza su vocación al servicio de la luz.
Si el alumno tiene éxito, también respecto a esta tarea, neutralizando completamente la influencia del viejo Adán, entonces se eleva la resplandeciente estrella de la mañana, la última iniciación del primer Círculo Séptuple.

VIII

La Iniciación de Saturno del primer Círculo Séptuple

I

«Escribe también al ángel de la comunidad de Sardes: «He aquí lo que dice aquél que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas:
Conozco tus obras; se dice que vives, pero estás muerto. Sé vigilante y asegura el resto que está a punto de morir; pues no he encontrado tus obras perfectas ante Dios. Recuerda, pues, cómo has recibido y has escuchado, y guárdalo y conviértete. Si no estás alerta, vendré como ladrón y sin que sepas a qué hora acudiré a ti.
Pero tienes en Sardes unas pocas personas que no han manchado sus vestiduras, y andarán conmigo vestidos de blanco, pues son dignos.
El que venza, será así vestido con vestiduras blancas. No borraré jamás su nombre del libro de la vida, y proclamaré su nombre ante mi Padre y ante sus ángeles.»
El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las comunidades.»

II

De esta forma, el alumno continúa cumpliendo su grandiosa misión jupiteriana. Lo que ha recibido de quíntuple manera por el toque y la revivificación del hombre celeste, debe propagarlo y, a ser posible, fijarlo en el alma de los hombres, con el fin de llegar a ser, como todos los grandes, un «pescador de hombres». Todo lo que ha recibido debe demostrarse en la práctica de la ofrenda, y cuando pasa a esa práctica, se une voluntariamente a la naturaleza terrestre y ya no puede, ni debe, ni quiere volver atrás. Pues, así como el divino Creador de todas las cosas permanece unido a su creación y a su criatura y «no puede dejar que la obra de sus manos perezca», de igual modo el alumno se une voluntariamente y lleno de alegría a su tarea. Y este descenso en la materia, este sufrimiento y esta muerte es su ascensión. Desde ese momento le envuelve una seriedad elevada y santa, pues sabe y siente hasta en lo más profundo de su ser que, a pesar del carácter ínfimo y pobre de su persona, se ha vuelto un factor en los acontecimientos universales. Ha sido elegido para ser un eslabón imprescindible en el gran proceso de salvación puesto en marcha para la humanidad.
«Dios no deja que la obra de sus manos perezca.» ¿Por qué? Porque el Logos evoluciona y se demuestra por medio de su creación y su criatura. Cuando los libros sagrados dicen: «Dios es luz» y, por consiguiente, Dios se manifiesta por la luz, es evidente que todo lo que enturbia la luz y la oscurece debe ser transmutado. Es necesario proseguir el trabajo hasta que todo se transforme de nuevo en luz. Y por esto puede decir la Biblia: «Dios nos acompaña en su Hijo hasta el final de los tiempos.»
La criatura, el Hijo de Dios, debe mostrar la grandeza de Dios y volver inmaculada la luz oscurecida. Y así como el gran Hierofante de la jerarquía humana liberada, con todos sus servidores, «hasta ahora está gimiendo con dolores de parto», por el cumplimiento de la gran obra de salvación, del mismo modo el alumno, cual ínfimo eslabón en el trabajo de salvación de la humanidad, estará inflamado por la certeza de que el coronamiento del plan divino también depende de él.
El alumno no tiene solamente en sus manos su propio destino, ni ejerce solamente una influencia sobre el destino de los hombres que entran en su campo de fuerza, sino que también es corresponsable, en concordancia con su estado de ser, de toda la actividad de la Jerarquía de Cristo. El alumno de Júpiter establece un lazo, en Cristo, con todos los que entran en su campo de fuerza y toman la decisión de realizar en sí mismos el gran proceso de salvación. El les acompaña hasta el cumplimiento de su tarea.
Quien tome conocimiento de todo esto, sentirá profundamente la pesada carga que el alumno de Júpiter acepta, voluntariamente, sobre sus hombros. Sin embargo, él puede llevar esta carga, aunque a veces sea con inexpresables suspiros, porque se sabe fuerte y ennoblecido para esa tarea, debido a las cinco iniciaciones precedentes del primer Círculo Séptuple. Por ello, se advierte aquí a todo especulador sobre el pecado de Isabel, el adulterio espiritual, sobre el Júpiter negativo, que no es de Dios, sino que «juega» a ser Dios.

III

Cuando los progresos, en esta grandiosa misión, empiezan a sobrepasar un mínimo determinado, mostrando resultados positivos, la iniciación de Saturno se abre al alumno.
Por la manifestación, en la sexta iniciación, de lo que el alumno ha obtenido en las cinco primeras iniciaciones, se llega ahora a la coronación del primer Círculo Séptuple por la progresiva puesta en movimiento de un cambio total del conjunto de la entidad corporal. En este proceso, todo lo dialéctico es disuelto con precisión científica, y es establecido el núcleo de un nuevo cuerpo material inmortal, sobre este núcleo se puede proseguir la construcción. A medida que el alumno vence las dificultades inherentes a la tarea de Júpiter y que los conflictos entre la naturaleza y el espíritu contribuyen a la purificación y espiritualización, la puerta de Saturno se abre ante él.
Es de suma importancia que cada alumno de los misterios comprenda esta ley. La iniciación y la espiritualización no se llevan a cabo en nuestra casa o en nuestra oficina. No se puede constatar el menor crecimiento espiritual, considerado desde un punto de vista superior, cuando el alumno no quiere aceptar sin reservas y voluntariamente el sufrimiento, el esfuerzo y el sacrificio inherentes a la tarea jupiteriana, con un perfecto amor al prójimo, en total olvido de sí mismo y sin temor alguno. El alumno que elude esta ley, comete un adulterio espiritual. Tal vez entre como un invitado no deseado en la Escuela Espiritual, pero será un hacedor de lapis spitalauficus, un especulador espiritual, y lo mejor que le puede ocurrir en estas circunstancias, es ser devuelto, con las manos vacías, con un «sorbo de olvido».

IV

El milagro de la Iniciación de Saturno es extraordinariamente amplio, y queremos hacernos de él una idea más o menos vasta, con el fin de que estas perspectivas nos alienten y nos refuercen, a cada uno de nosotros, en nuestra futura misión.
Todos los estudiantes de esoterismo saben que Saturno es el dominador del cuerpo material, especialmente de sus partes duras, como por ejemplo el esqueleto. La actividad de las fuerzas del antiguo Saturno en el cuerpo material es responsable de todos los procesos de cristalización. Los astrólogos de todos los tiempos nos han descrito siempre a Saturno como la fuerza de los impedimentos, la decrepitud y la decadencia. Sin embargo, el nuevo Saturno forma un cuerpo material completamente nuevo, que no conoce la cristalización ni sus consecuencias. Manifiesta un proceso metabólico armonioso, en el que la muerte natural de las células del cuerpo es compensada por la renovación de las células y de los grupos de células materiales.
Las células y grupos de células del conjunto de la estructura material, reciben propiedades nuevas con el nuevo Saturno. El principio espiritual presente en cada célula, el núcleo de la célula, recibe del nuevo Marte un poder permanente, radiante, luminoso, magnético y nutritivo. Gracias a esta actividad, el antiguo cuerpo es demolido y reemplazado progresivamente por otro. Ese nuevo cuerpo resurgirá en tanto que cuerpo inmortal del hombre resucitado. El alumno debe comprender por qué el antiguo Saturno no puede cumplir este grandioso trabajo.
La tarea de Saturno consiste en sintetizar y manifestar en sus formas correctas los valores, fuerzas y resultados de la vida. La tarea de Saturno es expresar, en una unidad, la suma de lo que es cada uno según el espíritu, el alma y el cuerpo. Saturno muestra todo lo creado por el hombre, es el revelador. Por esto es representado como «el hombre con la guadaña», el hierofante de la muerte, pues todos los valores del hombre dialéctico y satánico, todos los resultados de su egocentricidad, todas las furias de su vida inferior, son revelados, en un momento psicológico, a la luz del día. Saturno es el Padre del Tiempo, Cronos, que establece el «hasta aquí y no más lejos».
Cuando el hombre, después del cambio fundamental y de la manifestación de su ser divino, comienza a vivir y a trabajar en conformidad total con la ley divina original, de forma que todo el ser puede responder a otros valores, fuerzas y resultados, que han sido anclados en el alma y purificados y puestos a prueba por el trabajo de Júpiter, entonces la suma de todo esto debe ser manifestado por Saturno. Este es el nuevo Saturno: nacido de la manifestación del hombre celeste.

V

El alumno descubrirá que no se trata de un cultivo de la personalidad, sino de una permuta de la personalidad. Por las dos iniciaciones fundamentales, la triple luz de la conciencia celeste superior es introducida en el sistema del hombre inferior. Seguidamente vemos cómo perece, en principio, el antiguo poder del pensamiento y nace uno nuevo: el poder del pensamiento de la forma celeste, que penetra en el santuario de la cabeza y coloca los cimientos de un nuevo templo. Este trabajo de salvación se opera por la Iniciación de Mercurio.
Por la cuarta iniciación, la de Venus, y por la quinta, la de Marte, el antiguo cuerpo del deseo, la esfera aural, muere según los principios del hombre antiguo, y el nuevo cuerpo del deseo, la nueva esfera aural, es llamada a la vida, como un firmamento microcósmico. El nuevo ser de los sentimientos (Venus) se manifiesta, y el verdadero sumo sacerdote puede penetrar, a través de las nuevas nubes aurales, en el nuevo templo, con el fin de percibir la voz de Dios en el santo de los santos.
Ahora, el sumo sacerdote que ha sido inflamado en Dios según la idea (Mercurio), que ha perecido en Jesús el Señor según la esencia del corazón (Venus), y que ha vencido por el Espíritu Santo según la nueva voluntad (Marte), debe salir al exterior a través del atrio del templo, para emprender y cumplir, en la vida profana, su tarea al servicio del mundo y de la humanidad.
La tarea de Júpiter o sexta iniciación, es la gran premisa para los posteriores desarrollos y realizaciones espirituales del hombre celeste. La nueva idea y el nuevo ser de los sentimientos, regidos por la nueva voluntad, deben irradiar sobre este mundo como una fuerza mágica, como la llamada de la voz de Dios. Así ira modificándose todo el sistema del hombre nacido de la naturaleza. Todos los dones y manifestaciones del hombre celeste son fundidos, como por una fórmula alquímica, en una maravilla. Lo que comenzó en la cima de la estructura corpórea, el poder del pensamiento, va ahora a demostrarse en la creación de una nueva estructura corpórea.
El primer Círculo Séptuple está cerrado. Saturno, el ministro de la muerte en la naturaleza, se vuelve el heraldo del hombre resucitado imperecedero.

VI

Toda muerte, cristalización y decadencia son las consecuencias del antiguo Mercurio, del antiguo Venus y del antiguo Marte y de su total anarquía.
El antiguo Mercurio actúa en concordancia con las capacidades del cerebro del hombre biológico, el hombre animal. El antiguo Venus ofrece sacrificios a todo tipo de ídolos y el antiguo Marte es la voluntad descontrolada, caótica y desenfrenada que se ha apartado de Dios. Por esta triple degeneración ha surgido la ruina completa del alma y, por lo tanto, de la sangre, lo que ha provocado la ruptura casi definitiva entre el espíritu y la materia.
El antiguo Marte polarizó en el alma humana el hierro de la voluntad especulativa; la antigua Venus polarizó en el alma humana el cobre del santuario del corazón profanado; el antiguo Mercurio polarizó en el alma humana el mercurio del intelecto biológico; y el antiguo Júpiter, Isabel, polarizó en el alma humana el estaño de la ilusión total. Así aparece, en el ser sanguíneo del hombre, el gluten del que habla Karl von Eckartshausen en su libro «La nube sobre el santuario». El gluten está compuesto de cuatro metales: hierro, cobre, mercurio y estaño. El antiguo Saturno añade aún el plomo gris del abandono de Dios, completando la composición del funesto gluten. La esencia de la muerte es unida de esta manera al alma como una fuerza, una fuerza que reacciona cruel y directamente cuando la voluntad desenfrenada, en su furor, enturbia y desorganiza los procesos ordinarios de la vida.
Sin embargo, cuando el alumno llega a desarrollar una voluntad estática que se deja conducir por la mano de Dios y que cumple la ley de Dios, por los doce pares de nervios cerebrales son enviadas veinticuatro corrientes nerviosas armoniosas, que controlan todo el sistema, lo que implica que el antiguo fuego de la serpiente reencuentra su antigua gloria y se vuelve el «cetro» sólido, gracias al cual el alumno podrá recorrer el camino de la vida. La renovación de la sangre que resulta de todo ello, hace desaparecer el gluten de la circulación sanguínea, y los metales sanguíneos del hombre inmortal se harán valer nuevamente.
Es así como las fuerzas espirituales de todas las iniciaciones anteriores guían al alumno hasta el nuevo Saturno, que le abre la puerta de la vida nueva, la puerta del verdadero Reino de Dios, el Reino de los Cielos, el campo de vida original de la humanidad. Únicamente el hombre inmortal, resucitado, penetrará en este grandioso reino de luz.
A medida que el proceso del nuevo Saturno progresa, las iniciaciones anteriores se elevan a una manifestación cada vez más grandiosa, en una mayor expansión de luz, teniendo en cuenta que la resistencia que el alumno debe vencer disminuye cada vez más debido a su crecimiento en fuerza y poder. El Espíritu Santo Séptuple ha transformado el microcosmos antiguo en uno nuevo, la cadena del primer Círculo Séptuple está cerrada. El hombre ha renacido según la naturaleza del orden divino original.

VII

La lengua sagrada de todos los tiempos muestra abundantemente que Saturno puede ser relacionado con el Espíritu Santo. Los antiguos judíos estaban fuertemente unidos a Saturno. El espíritu de Saturno era su estrella conductora. Una de sus misiones consistía en engendrar de su ser sanguíneo un vehículo material apropiado para el Redentor del mundo: Jesucristo.
«Jehová», el Dios de los judíos, significa, por otra parte, en una combinación determinada, «Saturno», y el «día del Señor» judío era el sábado, día dedicado a Saturno.
El mayor pecado de los judíos consistió en regresar una y otra vez a la materia densa y, por consiguiente, a la cristalización, el Saturno inferior.
Cuando el alumno en el primer Círculo Séptuple prosigue su tarea de manera correcta y el hijo de los dioses, el hombre celeste, nace en él, puede ser reconducido a la Tierra Prometida, al Canaán del Orden Divino. Es liberado de la esclavitud de la tinieblas, emprende su peregrinaje a través del desierto del mundo y finalmente le es permitido el echar una mirada, por la puerta de Saturno, en el orden divino de las cosas.

VIII

Sin duda, el alumno comprende ahora la seria advertencia de la carta a Sardes. Sardes significa: «lleno de peligros». Ahora bien, para el alumno persiste largo tiempo el gran peligro de considerar la materia aparente, en todos sus aspectos, como si fuese la materia esencial con la que debe ser construido el Reino de Dios.
Tosco o refinado, el hombre Saturno no liberado es un materialista. Por ello, el alumno debe ser prudente, pues quien dice que vive, no debe ser encontrado muerto. «Sé por ello vigilante y asegura el resto que está a punto de morir. Si no estás alerta, vendré sobre ti como un ladrón», pues los efectos de servir a la materia inferior siempre se manifiestan de repente. «Pero quienes no han manchado sus vehículos, que han sido reconstruidos de nuevo, andarán conmigo vestidos de blanco.»

IX

El segundo Círculo Séptuple: Urano

I

«Al ángel de la comunidad de Filadelfia escribe: «Esto es lo que dice el Santo y el verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir:
Conozco tus obras. Mira que he dejado ante ti una puerta abierta, que nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra y no has negado mi nombre. Mira: voy a traerte a algunos de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten. Los voy a obligar a que vengan y se postren a tus pies, y sepan que te amo. Porque has ejercido la paciencia según mi ejemplo, también yo te guardaré en la hora de la prueba que está por venir sobre todo el mundo para probar a los que habitan sobre la tierra. Vengo enseguida. Mantén lo que tienes, para que nadie te arrebate la corona.
Al que venza, lo haré columna en el templo de mi Dios, y ya nunca saldrá fuera de él. Sobre él escribiré el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende de los cielos, y mi nombre nuevo.»
El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las comunidades.»

II

El hombre celeste ha conquistado la estructura corporal, comprendida según la naturaleza terrestre. Desde su átomo del pensamiento hasta la célula material, el viejo Adán es atacado y su manifestación es progresivamente demolida. La puerta de Saturno está abierta: la estructura corporal del hombre celeste va a manifestarse en este mundo, aunque no sea de este mundo. El alumno, en conformidad con el primer Círculo Séptuple, sostiene las siete estrellas en la mano derecha. Y ahora, saliendo al exterior por la puerta de Saturno, ve el Séptuple Círculo de Urano brillar para él en Oriente. Esta es la verdadera «estrella de oriente» que el alumno de los Misterios Crísticos podrá ver surgir un día.
La ciudad de Filadelfia está situada al este de Sardes. De este modo, la posición geográfica subraya la significación profunda del Apocalipsis. Tan pronto como la «estrella de oriente» comienza a brillar para el alumno en el segundo Círculo Séptuple, todo cambia en su existencia. El vive y experimenta el triple Logos Planetario de una manera completamente nueva. Va a Belén, a la casa del pan, con el fin de tomar directamente y sin intermediarios el pan de la vida; penetra en la gruta del nacimiento, en el establo, para honrar y adorar al niño Jesús en un encuentro personal, con el oro del espíritu, el incienso del alma y la mirra de una corporeidad renovada, nacida del amargo cáliz, forjado según la forma del loto.
El alumno que entra en el Círculo de Urano es uno de los reyes. Por eso, en las Escuelas Espirituales se representa al Iniciado de Urano engalanado con una corona. El iniciado mantiene presente en su memoria la advertencia: «Vengo en seguida. Asegura con firmeza lo que tienes, para que nadie te arrebate la corona.»
Tal alumno es también los «tres reyes», ya que es un hombre triple; representa al triple Logos; es espíritu, alma y cuerpo. De este modo, los tres reyes viajan hacia la estrella que brilla en oriente. El espíritu y el alma son los primeros en llegar, se adelantan a la forma corporal que es más lenta. El tercer rey llega después, le es difícil seguir las huellas; tiene que buscar, encuentra peligros, crea peligros.
Encontrarse ante la «puerta de Saturno» no significa todavía la liberación completa para la estructura corporal. La nueva estructura ha nacido definitivamente, pero todavía debe liquidar completamente la antigua. Al alumno que ha recorrido el primer Círculo Séptuple le espera un nuevo nacimiento, y cuando puede entrar en el Círculo de Urano, ese nacimiento es un hecho. Es el nacimiento del nuevo ser alma celeste, que también posee siete aspectos. Este nuevo ser alma es personificado por el niño Jesús, acostado en un pesebre, indefenso y en pañales. El alumno debe emprender ahora un camino también séptuple para la consolidación de lo que acaba de nacer, y para hacer de ello una fuerza invencible. Por esta razón encontramos a la puerta de Saturno «al mago maldito» emboscado, esperando poder asesinar a la criatura recién nacida.
Sin embargo, si el alumno recorre la senda correcta y sabe distinguir el mal, encuentra el camino. A él se le aplican las palabras: «Esto es lo que dice el Santo que abrió tu puerta. Que abre y nadie puede cerrar, que cierra y nadie puede abrir. Yo abrí ante ti una puerta que nadie puede cerrar, porque tú, aún teniendo poca fuerza, guardaste mi palabra y no negaste mi nombre.»
Cuando el alumno recorre el camino tal como lo hemos descrito, y es encontrado fiel a él, está seguro y nadie puede arrebatarle la corona.
En el primer Círculo Séptuple, tuvieron que ser asentados ya los cimientos de la morada divina para el verdadero espíritu. El Sumo Sacerdote tuvo que edificar un templo. Y al candidato en el primer Círculo Séptuple, le fue concedido el privilegio divino de que Dios viniese a su encuentro en ese templo. Pero en el Séptuple Círculo del Alma de Urano, la luz de Dios nace corporalmente en él, haciéndose parte integrante de su ser. El iniciado de Urano puede decir: «Cristo en mí.»
Existe una antigua leyenda de la profetisa Ammia que vivía en Filadelfia. Ammia significa: pueblo de Dios. Habitar en Filadelfia, pertenecer al Círculo de Urano, quiere decir, literal y corporalmente: «integrarse con un sentido nuevo en el pueblo de Dios». Existen también narraciones sobre gigantes uranianos, titanes en fuerza, que disponían de grandes poderes. En la mitología y en la ciencia oculta, Urano es el padre de los dioses, el principio y el creador de un nuevo camino. Urano es también, tal como lo puede saber cualquier estudiante de esoterismo, un símbolo superior de Cristo. En este sentido, Cristo ya no es el cordero «que borra los pecados del mundo», ni tampoco el pescador de hombres, sino la grande y radiante fuerza de amor universal, la verdadera y auténtica vibración cósmica universal.
«Dios es Amor», y el Hijo Cristo nos lo ha revelado. Y puesto que ese amor universal va a tomar forma en el alumno después del primer Círculo Séptuple, él entra en el Círculo de Urano coronado como un rey y saluda, como rey, al niño recién nacido. Tal alumno no pierde su tiempo recordando el personaje histórico, en parte envuelto en las brumas de un lejano pasado, ni entra en controversias primitivas sobre «cómo habrá sucedido». El vive el Señor de toda Vida en el presente, en su propio microcosmos, como un séptuple príncipe del alma.
En el Círculo Séptuple de Urano se eleva un nuevo Cristo Solar, y el Consolador sigue a ese Sol con la manifestación de cinco nuevos estadios de crecimiento. El celeste pentagrama del alma se desarrolla como «eternidad en el tiempo».

III

Ahora puede preguntar el lector en qué consiste lo esencial de las iniciaciones de Urano. Consisten en estar lleno y revestido de la luminosa fuerza del amor universal y poseerla enteramente. Cuando decimos: «Dios es amor y quien permanece en ese amor, permanece en Dios», reconocemos que hay una fuerza universal de Dios de la que nacen todos los valores, todos los poderes y todas las estructuras, por la que se mantienen y dan testimonio de la majestad de Dios. El iniciado en quien ha nacido esa luz de amor, entra en la Jerarquía de la Luz y participa en el poder de Cristo y en la magia de Cristo.
Hasta ese momento, el alumno todavía no había conocido en su camino semejante fuerza, semejante poder de amor, pero ahora va a ser ennoblecido para un estado de ser que no se explica por la naturaleza terrestre. Este es el Círculo de Urano. La unión con el amor que sobrepasa toda comprensión se obtiene por la Iniciación de Venus. Pero poseer una fuente propia interior de ese amor, en armonía con el nuevo pensamiento que ha nacido, es privilegio del Iniciado de Urano.
En ocasiones, el alumno en el camino, que todavía no se ha ennoblecido para ese Círculo, puede ser asaltado por un profundo anhelo, un anhelo por obtener ese amor. Puede llegar a acusarse a sí mismo y decir: «Estoy sin amor, apenas tengo radiación de amor.» En efecto, reconoce cuán limitado es todo amor terrenal. Algunos exoteristas dicen que el amor humanitario, el denominado altruismo, es el amor de Urano. Nada es menos cierto. Se puede decir, a lo sumo, que no pasa de ser un reflejo débil y caricaturesco del mismo.
En la naturaleza terrestre conocemos tres tipos de hombres que tratan de reaccionar a la fuerza de Urano. Primeramente, quienes se apartan de todas las normas y todas las leyes que mantienen este orden mundial más o menos en equilibrio y, siguiendo las disposiciones de su propio ser, fuerzan nuevos caminos de manera irresponsable. En segundo lugar, el hombre que aplica todas las formas de altruismo terrenal, pero muy vigilante de que su yo no se quede atrás. Y en tercer lugar, existe en este mundo una tentativa de aplicación de amor al prójimo, de una manera mística y elevada, que alberga una gran dosis de abnegación, pero que es puramente experimental y que se desarrolla en una línea horizontal. Ese amor al prójimo se exterioriza en el hombre cuando observa los sufrimientos del mundo, lo que le lleva a esforzarse con piedad y compasión por realizar especulativamente, una variedad de proyectos, utopías e ideas, con la esperanza de eliminar de este mundo los sufrimientos de la humanidad.
Sin embargo, la fuerza, la esencia y los poderes del amor universal del Círculo Séptuple de Urano, pertenecen a otro orden totalmente diferente. Es la fuerza animadora y renovadora de la creación original, nunca excesiva, nunca experimental, y que no participa de la conciencia biológica del yo, pues tal conciencia ya desapareció en el hombre ennoblecido con la posesión de esa fuerza.
El Iniciado de Urano trabaja en este mundo al servicio de la Jerarquía de Cristo, pero nunca podrá evidenciarse a la conciencia dialéctica. A un trabajador le aclamarán y a otro le clasificarán como «malhechor», tal como lo experimentó Jesús ante el Sanedrín, o Esteban que fue lapidado.
El Iniciado de Urano, cuando está al servicio del Maestro, no puede dejar que las consideraciones humanas determinen su conducta, y podemos imaginarnos muy bien a dos hermanos de ese círculo, uno de los cuales escoge al servicio de la obra la carrera militar, mientras que el otro asume por principio una actitud pacifista.
La corriente de vida humana ha caído en un estado subanimal, y la salvación de esos hijos de Dios perdidos, que se nutren con la comida de los cerdos, exige muchas veces normas y conductas que la conciencia biológica del cerebro no es capaz de sondear.

IV

El hombre que ha entrado en el Círculo Séptuple del Alma de Urano se vuelve un habitante de Filadelfia. Este nombre significa: amor fraterno excepcional, excelente.
Tal iniciado podrá trabajar en el mundo de una manera nueva. No sólo está en posesión del conocimiento de los misterios (Mercurio); no sólo encuentra a Dios en la cámara real del corazón (Venus); no sólo ha apartado su voluntad de la naturaleza y la ha colocado en equilibrio (Marte); no sólo se ha convertido por la ofrenda de su ser en un trabajador al servicio de la luz (Júpiter); y, finalmente, no solamente muestra los elementos de una nueva forma corporal (Saturno), sino que es y se transforma, en sentido absolutamente nuevo, en un animador. El sabrá inflamar su campo de fuerza hasta devenir un fuego devorador, será un mago místico, una formidable octava superior de Venus.
El iniciado de Urano posee todos los valores místicos creadores de la eternidad que deben ser introducidos en el tiempo, para una resurrección, o para una caída. Las fuerzas animadoras que emanan de Urano no son solamente despertadoras y vivificadoras como las de Venus, sino también transformadoras. Trabajan como un fuego que consume, eléctrico, magnético.
A los participantes en ese círculo se les dice: «Mira: voy a darte algunos de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos la palabra «judíos» significa «hijos del León», es decir, auténticos cristianos y no lo son, sino que mienten.» Son los religiosos de las apariencias que, sea como fuere y fuera donde fuere, confunden y obstaculizan a la humanidad. Ante esto se coloca la perspectiva de que: «Yo haré que vengan y se postren a tus pies.» De esta manera, la vida espiritual es colocada en nuestros tiempos en nuevas manos, las de la Fraternidad Mundial nuevamente formada, que asegurará la dirección según el espíritu de una parte de la humanidad, la cosecha de este período. Este es un organismo espiritual nuevo en manos del círculo de Urano. Y puesto que este círculo trabaja en país extranjero, en tierra hostil, resuena la advertencia: «Mantén lo que tienes, para que nadie te quite la corona. Yo te guardaré en la hora de la prueba. Al que venza, lo haré columna en el templo de mi Dios.»
Estas palabras nos orientan directamente hacia el tercero y último Círculo Séptuple, el de Neptuno.
Para terminar decimos con énfasis que el amor fraternal por excelencia, propio del habitante de Filadelfia, no se dirige de ninguna manera a una persona particular. El amor de Urano es impersonal y envuelve a toda la humanidad. Es irradiado inteligentemente de acuerdo con un plan, para conducir a la humanidad hacia la renovación o para destruirla cuando ésta se desvía cada vez más de los caminos de Dios.

X

El misterio del alma

I

Es de extraordinaria importancia, para todos los que desean llegar a una idea correcta de los grandiosos desarrollos del Círculo Séptuple de Urano, penetrar en el misterio del alma, tal como lo considera la Orden de la Rosacruz. En primer lugar, el alumno debe comprender claramente cuál es la esencia y la vocación del alma, antes de que pueda saludar al alma del hombre celeste.
Las indicaciones de los libros sagrados exponen al alumno el triple concepto de espíritu, alma y cuerpo. Pero él debe comprender que esta triple designación sólo puede ser aplicada al hombre tal como debería ser. El estado actual del hombre dialéctico ya no permite que se hable de él como poseedor de un alma inmortal, ni de que tiene una verdadera unión con el espíritu. Pues precisamente para conseguir el restablecimiento del verdadero estado humano, los misterios redentores del cristianismo vivo son revelados a la humanidad. Solamente cuando la trinidad «espíritu, alma y cuerpo» ha sido restablecida de manera elemental, a lo largo del camino del cambio fundamental, puede comenzar a desarrollarse el trabajo del primer Círculo Séptuple. Que el lector atento mantenga esto presente mientras estudia lo que sigue.
Los citados tres aspectos del hombre fluyen uno en el otro, pero pueden ser distinguidos claramente. Cuando se considera la estructura corporal, como llave del ser humano, se descubre que, en el transcurso de los tiempos, esta estructura siempre fue concebida como una manifestación séptuple. En esta estructura distinguimos el cuerpo material denso que es mantenido por fuerzas etéricas, activadas por el dinamismo de la esfera aural, y dirigidas por el pensamiento, así como por un triple principio de conciencia, un triple foco del ego en la estructura corporal. Este triple foco, el pensamiento, las fuerzas aurales, las fuerzas vitales de los éteres y del cuerpo material, forman juntos la configuración corporal. El espíritu y el alma se distinguen claramente de esa séptuple estructura corporal.
Además hay un fluido vital, un gran principio de vida que reúne en un todo la séptuple estructura corporal, que controla el pensamiento, mantiene al ser aural dentro de unos límites determinados y también hace que las fuerzas vitales de la naturaleza que vienen al hombre en forma de éteres dentro de cierta escala vibratoria sean asimilables por la estructura corporal, lo que permite cierto grado de salud. Este principio vital es, por consiguiente, la sustancia que controla y mantiene en equilibrio la manifestación del hombre. Le anima y delimita en completa concordancia con las calidades y posibilidades del hombre en cuestión. Este principio de vida, que se hace conocer en todos sus aspectos como «luz», no es una nube de fuerza vibratoria sin más, sino que se demuestra como una luminosa «vida» propia, como un alma inteligente y consciente, como una estructura de alma.
Todas las sugerencias del espíritu, antes de que se manifiesten en la estructura corporal y pasen a la actividad, son transformadas por esa estructura de alma. Si este fluido de vida, que controla, equilibra y en ocasiones restringe, no estuviese presente, una simple influencia del espíritu destruiría y aniquilaría inmediatamente la forma corporal, debido al estado actual de la existencia humana. Toda protección se vendría abajo y la estructura corporal, se quemaría en muy poco tiempo, debido a los poderosos toques del Espíritu.
Por lo tanto, ese principio de vida, esa alma, debe ser considerado como una bendición, pero al mismo tiempo también como una punición, ya que el hombre sólo puede reaccionar a la llamada del espíritu, en la medida en que la calidad del principio de vida se lo permite. Cuando, debido a su estado de ser, el hombre no puede reaccionar desde su interior a la llamada del espíritu, se encuentra colocado ante la necesidad de tener que regenerar su ser y recorrer caminos que puedan liberar su alma y eliminar los obstáculos en el camino.
La estructura anímica, como mediadora entre el espíritu y la estructura corporal, es denominada «alma» en todos los escritos sagrados. Ella «anima» al cuerpo y, a su vez, es inflamada por el espíritu. El alma es la radiante «intérprete» del espíritu invisible.
Cuando se la considera según su aspecto material, se habla entonces de la sangre. Cuando se ve al alma en relación con las fuerzas etéricas, se habla de fluido nervioso. Cuando se la considera en su actividad con las fuerzas aurales, se habla de radiaciones de luz aurales. Si se la asocia al pensamiento, se habla de materia de pensamiento. Finalmente, cuando el alumno considera el encuentro del alma con los focos del espíritu, se trataría del fuego espiritual espinal.
Estas diferenciaciones del alma, del gran principio vital que penetra completamente la forma corporal, están englobadas en lo que vulgarmente se conoce como «sangre». Cuando el místico esoterista, que tiene conocimiento de estas cosas, habla de la «sangre», está pensando en el maravilloso principio de vida individual, en el mediador entre el espíritu y la manifestación; sobre este principio de vida Goethe dice las conocidas palabras: «La sangre es un fluido muy especial».
El alma, mediadora entre el espíritu y la personalidad, ata fuertemente a la mayor parte de los hombres de la naturaleza terrestre. La calidad de alma de la mayor parte de la humanidad actual es un terrible obstáculo para los impulsos espirituales, en lugar de ser su canalizadora. El alumno sólo podrá comprender las indicaciones y consejos de la Fraternidad plasmados en este libro, en la medida en que su calidad de alma se lo permita. La calidad de alma gobierna toda la personalidad. En cuanto un determinado concepto estuviese por encima de la facultad de comprensión de su alma, sería imposible que el alumno pudiera percibir su sentido. La individualización del alma, que tuvo por objeto ser una bendición, se ha transformado en una prisión para el hombre. Por ello los hombres son extraños unos a otros. De esto da testimonio el Evangelio de Juan cuando dice: «La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la comprenden».
Las almas de los hombres están degeneradas, corrompidas y mancilladas. Ellas deben ser salvadas, para que se puedan transformar en perfectas mediadoras del espíritu. La salvación de las almas no tiene nada que ver con un misticismo exaltado, acompañado de fanfarrias y aplausos. Es un poderoso proceso de naturaleza muy penetrante. Ese grandioso trabajo de salvación debe realizarse por medio de una fuerza salvadora y por una colaboración inteligente con esa fuerza. El alumno recibe esa fuerza de salvación de la Fraternidad de Cristo, y la colaboración inteligente surge cuando él ya no desnaturaliza su alma, sino que se esfuerza al máximo para mejorar sus poderes y cualidades de alma.
El alumno debe ejercer una nueva psicología aplicada no dialéctica. Si tiene éxito según la forma indicada en el proceso del primer Círculo Séptuple, entonces realizará también el alma celeste en el Círculo Séptuple de Urano.

II

Vamos a responder a dos preguntas que tal vez han surgido en el lector. La primera podría ser: «¿Es el alma mortal o inmortal?» La segunda podría formularse de la siguiente manera: «Si el renacimiento de la forma corporal depende del renacimiento de la estructura del alma, ¿no debería tener lugar primero el renacimiento del alma y después el de la estructura corporal?»
El alma, por vocación y origen, es inmortal, de la misma manera que la estructura corporal; pero en la fase actual, para la mayor parte de la humanidad el alma es casi totalmente mortal. Dado que la situación psicológica es diferente para cada hombre, esto sólo permite dar algunas indicaciones generales.
Para el esoterista, el problema de que el alma sea mortal o inmortal, no debería ser un tema de controversia, puesto que los dos puntos de vista contienen elementos de verdad. Tan pronto como, por medio del alma, el espíritu conduce a la estructura corporal a una acción determinada, el resultado de esa acción se comunica a su vez al alma. Toda acción incorrecta perjudica por lo tanto al alma, o sea, daña su calidad y limita su actividad. Cuando, por un acto incorrecto, es decir, contrario a su naturaleza original, el alma sufre daños, cuando según el lenguaje popular el alma «peca», o sea, cuando es penetrada por reflejos pecadores, este daño del alma debe ser neutralizado. La fuerza mancillada del alma debe ser expulsada: «El alma que peca debe morir».
Esta muerte del alma puede producirse de dos maneras: en sentido particular y muy individual durante la vida y, en sentido general, por la muerte. Durante la vida, por actividades correctas, conscientes, llenas de amor y purificadas de la estructura corporal, se puede expulsar, purificar y renovar las fuerzas y la sustancia del alma nocivas y mortales. Cuando se produce la muerte, una parte del alma pecadora se disuelve al mismo tiempo que el cuerpo; la otra parte continúa cumpliendo cierta función en esta esfera terrestre.
La muerte del alma durante la vida consiste en una lucha diaria, en un combate continuo, en una penitencia cotidiana. El alumno comprende que esta muerte del alma durante la vida tiene una importancia extraordinaria y representa un enorme beneficio. Así se muestra que el toque del hombre celeste, descrito en el cambio fundamental, implica un proceso de renacimiento, tanto para el alma como para la estructura corporal. Por el cambio fundamental, el alma se vuelve la mediadora para un impulso liberador que será transmitido a la estructura corporal. El acto liberador resultante purifica el alma y la capacita para ser animada a su vez por el alma superior de la forma celeste del Círculo Séptuple de Urano.
Si el candidato al misterio crístico de la santa Rosacruz consigue llegar, durante su vida, a la muerte del alma y a la obtención de un alma nueva, además del grande y maravilloso beneficio personal adquirido, ha creado una grandiosa y nueva posibilidad de ofrenda al servicio de toda la humanidad. El nuevo ser sanguíneo puede ser empleado, tal como fue descrito, para irradiar la luz reveladora del amor divino en este mundo de tinieblas, como rescate para muchos.

XI

El tercer Círculo Séptuple: Neptuno

I

«Y al ángel de la comunidad de Laodicea escribe: «Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios: Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!
Por eso, porque eres tibio, y no eres ni frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca. Porque dices: Soy rico, y me he enriquecido y de nada tengo necesidad, sin saber que eres desdichado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que compres de mí oro acrisolado por el fuego, para enriquecerte, y vestiduras blancas, para vestirte y que no quede descubierta la vergüenza de tu desnudez; y colirio, para ungir tus ojos para que vean.
Yo, a cuantos amo, reprendo y castigo. ¡Animo, pues, y conviértete! Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.
Al que venza le haré sentar conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono.»
El que tenga oídos, oiga lo que el espíritu dice a las comunidades.»

II

El Círculo Séptuple de Urano, tal como se expuso, guarda relación con el nacimiento y el desarrollo de la estructura celeste del alma, cuya característica fundamental es un radiante amor universal que todavía no podía manifestarse en el primer Círculo Séptuple.
El amor universal del Círculo Séptuple de Urano no es una propiedad, sino el principio de toda la estructura del alma. Es el ser del alma que impulsa y guía todo lo demás y que se manifiesta como luz. Este principio de la palabra de Dios en la estructura del alma del Iniciado de Urano, se vuelve una estrella radiante, la luminosa estrella de oriente que precede al alumno, inflama su alma y provoca un fuego intenso que llena toda su estructura corporal. En dicho estado, se desarrolla una nueva fuerza mágica: la magia del alma.
La característica de la magia de la estructura física es la realización de la idea; la esencia de la magia de la estructura del alma es la unión de amor con la idea; y el aspecto más elevado de la magia de la estructura espiritual es el alumbramiento de la idea. Se puede decir que la magia del alma es la argamasa con la que hay que construir. El alumno debe ser profundamente consciente de la necesidad absoluta de realizar una completa regeneración del alma. Por ello es conveniente comprender claramente los cinco desarrollos del Círculo Séptuple de Urano:
la Iniciación de Mercurio del Círculo Séptuple de Urano hace que el candidato «comprenda» la Enseñanza Universal de Dios como una vibración de amor;
la Iniciación de Venus le hace «experimentar» la Enseñanza Universal de Dios como una vibración de amor;
la Iniciación de Marte hace que el candidato «coloque en la vida» la Enseñanza Universal de Dios como una radiación de voluntad y amor;
la Iniciación de Júpiter le hace «exteriorizar» la Enseñanza Universal de Dios como fuerza de amor;
la Iniciación de Saturno le hace «incorporar» el Plan de Dios, la Enseñanza Universal, como prâna de amor en cada célula del alma y de la materia.
Este gran edificio, sostenido por esta quíntuple unión de amor universal, es indestructible y puede desafiar a cualquier tempestad de la naturaleza terrestre, demostrándose como eternidad que, al servicio de la luz, irrumpe en el tiempo.
De esta forma hemos conducido al lector a través del primer Círculo Séptuple de la estructura corporal renacida, y a través del segundo Círculo Séptuple, el de la estructura del alma.
Mientras el alumno trabaja en estos dos desarrollos, pronto descubre «un nuevo planeta»: Neptuno, el dios con el tridente, el dios que posee, gobierna y exterioriza plenamente los tres poderes, los tres aspectos purificados y sublimados del hombre.

III

El brillo del Círculo Séptuple de Neptuno es una gracia infinita y una riqueza que deja sin habla; por eso, cuando los primeros resplandores de la luz de ese nuevo Círculo Séptuple penetran en el ser del candidato, para él se abre, al mismo tiempo, un peligro terrible, un peligro que podría ser un impedimento para progresos posteriores. Es necesaria una exposición pormenorizada para que se pueda comprender la naturaleza de ese peligro.
El Círculo Séptuple de Neptuno tiene relación con la manifestación de la estructura espiritual. Es la aparición del poder creador universal, el fiat creador, la propia divinidad interior.
Decimos que la magia de la estructura espiritual se da a conocer como «el alumbramiento de la idea». En este Círculo se permite al alumno, el regreso al orden divino como «hijo del Padre», con todas las consecuencias inherentes. El candidato a los misterios ya no camina «de la mano de Dios», como en el primer Círculo Séptuple, ya no vive del poder esclarecedor de la luz de Dios, como en el segundo Círculo Séptuple, sino que él mismo da a luz la idea divina, pues en el Círculo Séptuple de Neptuno él está en Dios. Las palabras: «Tú estás llamado a la libertad», son más válidas que nunca para el Iniciado de Neptuno.
Usted comprenderá que se trata de un poder divino insondable, que puede escapar muy fácilmente a todo control y a toda ley. Pero el joven hermano, que recorrió el camino del renacimiento de abajo hacia arriba, jamás podrá ser víctima de ese peligro, ya que en el pasado aprendió que el mal uso de la libertad divina conduce de manera natural a una caída más profunda. Ha experimentado plenamente todas las consecuencias de semejante caída. Por ello, el peligro que acecha ahora al candidato es muy diferente, es el peligro al que se alude en la carta a Laodicea.
La estructura espiritual es la primera emanación manifestada del microcosmos. Como primera y más elevada portadora de imagen de la sublime chispa divina trascendente, es la más directamente tocada por esta chispa divina. La triple estructura del hombre se manifiesta en y por su creación; la propia chispa divina está al exterior de esa creación.
En el Círculo Séptuple de Neptuno, el joven hermano vivifica la estructura espiritual, por lo que está en unión consciente y directa con su chispa divina, su principio supremo otorgado por Dios. Por esta unión, de vez en cuando es elevado por encima de su campo de creación y de vida, y colocado en lo completamente abstracto, en un según la comprensión terrestre perfecto no ser. En concordancia con ello, la filosofía esotérica dice también que Neptuno en realidad no pertenece a nuestro sistema solar, sino que es una puerta «de salida al exterior» divina, de separación del cosmos solar.
Por esta razón, el nuevo iniciado que experimenta por primera vez esa perfecta libertad del no ser, tiene la tendencia a perderse en ello, a narcotizarse con ello. Se sumerge en esa riqueza ilimitada… pero su sueño dorado le aleja de su tarea, de su cosmos, de su trabajo creador. La esfera de influencia neptuniana ocasiona también a veces, en los hombres de la naturaleza, un deslizamiento hacia el ensoñamiento en lo abstracto, un incorrecto «estar libre de todo».
La idea debe descender como un rayo en la estructura del alma, e inflamarla para, de esta forma, conducir la estructura corporal a una construcción, a una francmasonería. En esta construcción directa, sostenida por el universo, el candidato debe estar desprendido del mundo inferior.
El incorrecto «estar libre de todo» es negar la edificación, apartarse del mundo y aislarse, ensoñarse en la idea y en la vida de su propio mundo de ideas. Este comprensible y natural peligro se desarrolla cuando el iniciado de Urano entra en contacto con el Círculo Séptuple de Neptuno; la correspondiente advertencia de la carta a Laodicea no deja nada que desear en cuanto a claridad.
Por ello, el joven iniciado de Neptuno tiene que llevar adelante su combate y, al respecto, nunca debe olvidar que Dios se revela siempre por su creación y su criatura, y así evoluciona. Dios sólo es Dios y manifiesta su divinidad cuando anima la idea y la realiza, venciendo la resistencia que surge en ello.

IV

Posiblemente es importante destacar que el hombre que aún está completamente prisionero de la naturaleza terrestre, que todavía no recorre el camino de la regeneración en sentido esotérico y que, a lo sumo, intenta dar salida, de manera humanitarista, a cierto anhelo de liberación, periódicamente es inquietado por las esferas anímica y espiritual de Urano y de Neptuno.
Estos hombres intentan reaccionar a ello. Unos quieren expresar de manera claramente terrestre la fuerza universal del amor, que no puede ser de este mundo; otros tienen la tendencia a encerrarse en la idea, que tampoco puede tomar forma en la naturaleza terrestre. Además, la idea no dispone de un espejo limpio para poder reflejarse sin alteraciones, lo que da origen a reacciones erróneas. Esas reacciones son, por su parte, responsables del ensombrecimiento negativo, de la mediumnidad y de la locura.
El iniciado de Urano que se ha ennoblecido a la esfera de Neptuno, lógicamente no puede ser víctima de este negativismo. La mediumnidad y la locura no pueden alcanzarle. Cuando se pierde en el no ser, entonces se desarrolla lo que la carta a Laodicea llama «frío y tibio».
Cuando en el Círculo Séptuple de Neptuno, la estructura espiritual ha sido inflamada por el espíritu que procede de Dios, se manifiesta un fuego dinámico, un alumbramiento de la idea. Este alumbramiento tiene un poder radiante que se manifiesta como un gran calor. Este calor se revela en la estructura del alma como luz del alma y en la estructura del cuerpo como actos ardientes. En la terminología de la Rosacruz se puede decir: según la idea abstracta, la rosa del corazón es incolora, resplandeciente, pura, blanca; según la idea realizadora, la rosa es roja naranja, como los actos ardientes que deben salvar a este mundo.
«Laodicea» alude al desvelamiento de todo lo escondido, a la posesión de todo lo escondido. También puede ser traducido como: «haber llegado a juzgarse a sí mismo» o «penetrar en el conocimiento del verdadero ser». En esta carta del Apocalipsis habla al alumno «el principio de la creación de Dios», nombre místico que designa al Hierofante de Neptuno.
«Conozco tus obras: sé que no eres ni frío ni caliente. Por eso, porque eres tibio porque se pierde en la idea abstracta estoy por vomitarte de mi boca. Porque dices: Soy rico, y me he enriquecido y de nada tengo necesidad, naturalmente que es rico por su sublime unión con la chispa divina pero eres desdichado y miserable, pobre, ciego y desnudo,» porque niega su elevada vocación, la meta de su creación: el hombre ha surgido para ser Dios, para ser como Dios, y ahora descansa antes de comenzar. «Te aconsejo que compres de mí oro acrisolado por el fuego, para enriquecerte,» el oro del espíritu sólo es metal noble cuando se forja en el fuego luminoso del alma, con el martillo del acto.
El Hierofante del Círculo Séptuple de Neptuno está ante la puerta y llama. Que el alumno iniciado oiga esa voz y abra la puerta. El Hierofante del misterio más elevado entrará en su casa y cenará con él. El Padre ha dado la bienvenida a su hijo perdido y le devuelve todos sus derechos.
El misterio de iniciación crístico de la Santa Rosacruz para la nueva era se ha vuelto un hecho. El iniciado de Neptuno sube al trono. El es Hermano de la Rosa Blanca y por una ofrenda de amor de ámbito mundial la colorea de rojo naranja.
El que tenga oídos, oiga lo que el espíritu dice a las comunidades.

V

Así, el joven Hermano de la Rosacruz sostiene las siete estrellas de los tres Círculos Séptuples en la mano derecha. La triple estructura celeste ha sido despertada y ha resucitado. En el primer Círculo Séptuple, el alumno es salvado según la naturaleza. En el segundo Círculo Séptuple, la idea luminosa se vuelve para él una posesión. En el tercer Círculo Séptuple regresa al Orden de Dios, a la Casa del Padre.
En tres veces cinco desarrollos, dirigido por la Jerarquía de Cristo y el Espíritu Santo Séptuple, la gran construcción es coronada. El camino de auto francmasonería es culminado a través de veintiuna iniciaciones «en el interior del círculo de doce». Así va a festejar la santa cena el Hermano del trigésimo tercer grado.

XII

Los aspectos esotéricos del hombre nuevo

Algunas consecuencias importantes (I)

Coincidiendo con el final del dominio del fascismo mundial y ante el inicio de un nuevo y prolongado caos de aspectos angustiosos, la Escuela Espiritual de los Hierofantes del Cristo, conocida como la Fraternidad de la Rosacruz, intensificó su actividad en todo el mundo, con el fin de situar a aquella parte de la humanidad que en los campos esotéricos parece estar madura para la cosecha, ante el misterio de iniciación crístico de la santa Rosacruz para la nueva era.
En las páginas precedentes fue presentado, a todos los que tienen «oídos para oír y ojos para ver», un esbozo de este misterio de iniciación, en un lenguaje suficientemente claro para quienes están ennoblecidos y pueden ser conducidos hacia el camino correcto. En los años venideros, ese misterio de iniciación será anunciado de palabra y por escrito, a todos los que se esfuerzan por encontrar la luz.
Ahora bien, existe el peligro de que quienes tienen un parentesco espiritual con nosotros y aceptan de buena voluntad y con alegría los principales aspectos del nuevo misterio de iniciación presentado, continúen tanteando mientras tanto en las tinieblas las numerosas y muy incisivas consecuencias de todo esto.
El lector conoce ahora los principales aspectos del nuevo camino propuesto: no se trata de división de la personalidad ni de cultivo de la personalidad tal como los practicaron los antiguos, sino de un cambio o permuta de personalidades, de un renacimiento estructural completo, del declive de la existencia humana según la naturaleza y la triple revivificación del hombre celeste. Esta es la importante y sublime misión del hombre que entra en el campo de vida gnóstico.
Y ahora nos encontramos, en concordancia con este camino, ante una serie de consecuencias. Esto es evidente. Pero, teniendo en cuenta la disposición espiritual y material del hombre biológico, es obvio que los alumnos pasan por alto ciertas consecuencias fundamentales. Por ello, el camino de la verdad debe ser liberado también en este estado preparatorio.
Cuando Cristián Rosacruz, en la víspera de pascua, es invitado a sus «bodas alquímicas», comprueba que la manera, la naturaleza y el objetivo de esa invitación es absolutamente diferente a lo que él había imaginado. Cuando, más tarde, entra en el templo de iniciación, lo encuentra repleto no solamente de especuladores espirituales, sino también de reyes, es decir, de magos y de formidables sabios. El se siente tan pequeño, tan indigno de aquel lugar, que se avergüenza.
Pero tras experimentar, como uno de los muy pocos, por no decir el único, la unión de las bodas espirituales, y cuando esos «reyes» muy poderosos ya han desaparecido, Cristián Rosacruz escribe la célebre frase: «La suma de todo saber es que no sabemos nada».
Del conjunto de las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz, se puede deducir cuán peligroso es mantenerse en cierto punto de vista y ser conservador. El alumno debe estar completamente convencido de que en cualquier momento puede ponerse de manifiesto que, respecto a algún punto, se ha equivocado en su camino y que, habiendo ya avanzado por ese camino, tiene el deber de retroceder y encontrar la dirección verdadera. Debe comprender que en todo momento un nuevo saber puede interferir sus antiguas convicciones. Toda auto confianza es un peligro, un obstáculo en el camino.
El hombre es sorprendentemente conservador. Lo que en algún momento el hombre alcanza espiritualmente, lo quiere conservar, y esto muchas veces es un completo error. El hombre que busca tiene, evidentemente, una posesión interior. El la ha conquistado, probablemente, tras largos años de angustiosas luchas; tal vez ha nacido de las noches de los tiempos. Cada paso al frente fue un sufrimiento. No hay que hacer ninguna objeción sobre la inmensa importancia de ese desarrollo. Las bellezas de todo cuanto el buscador cultiva y conserva son indiscutibles. Y sin embargo, todo esto puede ser un impedimento, puede oscurecer su visión, puede hacerle rechazar la luz cuando ésta aparece. ¿Quién tiene el valor, como Cristián Rosacruz, de seguir a la Virgo Lucífera, oponiéndose diametralmente a sus propias concepciones y a todo lo que esperaba? Quien, al respecto, se imagina de antemano ser un rey o una autoridad, está perdido. Quien, seguro de sí mismo, rechaza las consecuencias del nuevo camino, no puede recorrer este camino.
El problema está claramente representado. No se discute la nobleza espiritual de quienes estudian este libro, no nos burlamos de su estado de ser. Se trata aquí de un problema bastante claro. Este problema, de que «los caminos de Dios son diferentes a los nuestros» palabras de Isaías (55) no significa que el camino de la luz sea distinto al camino de las tinieblas, pues esto es lógico. Tales palabras indican que la preparación para el camino de la luz, que cada alumno explora interiormente desde abajo hacia arriba, no está naturalmente en concordancia con los caminos y con las exigencias del hombre divino original.
Cristián Rosacruz se había preparado durante muchos años, científica y estructuralmente, para recorrer los caminos del Señor. Sin duda, fue un elocuente ejemplo para todos sus alumnos y para los alumnos de sus alumnos. Nadie osaría pretender que tal preparación haya sido superflua, todo lo contrario. Pero el camino de Dios para el que en cierto momento fue escogido Cristián Rosacruz, provocó en él una gran sorpresa, incluso desconcierto, puesto que todo lo que le estaba aconteciendo no concordaba en ningún punto con su minuciosa preparación. ¡He aquí el problema! Con este problema comienza el libro de Las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz y también el Evangelio de Jesucristo. Este es también el problema que el alumno debe afrontar si quiere comprenderlo.
A partir del momento en que la Rosacruz despierta un interés en la vida de un hombre, éste emprende cierto cultivo de su vida, busca, con mayor o menor éxito, una base elemental, con el fin de hacer posible ese cultivo. El impulso espiritual del pre recuerdo le agita y, en unión con la Escuela Espiritual y la vida, desarrolla los poderes esotéricos dormidos en él, según lo que pueda recibir en un momento dado. El escoge también un comportamiento de vida que no esté en contradicción con la finalidad y la naturaleza del camino. Consecuentemente, sus vehículos terminan por demostrar algunos aspectos esotéricos. Sus órganos sensoriales, por ejemplo, se muestran más sensibles, el poder del pensamiento más flexible. En suma, todas las actividades de la vida adquieren una base más amplia y dan testimonio de ello.
En todos los alumnos serios, reunidos en el atrio de la Rosacruz, se vuelve evidente un cambio de vida y de ser, naturalmente en concordancia con su estado de ser. Esto es un buen presagio y los trabajadores del Círculo de Júpiter tienen constantemente motivos para sentirse muy alegres, al observar semejante transformación en un hermano de espíritu, del mismo modo que se entristecen al no ver en otros mayores posibilidades de desarrollo.
Todo el desarrollo de la preparación activada por el impulso espiritual del pre recuerdo y estimulada por la religión, la filosofía y la ciencia esotérica es, sin embargo, locura ante Dios. Esto quiere decir que la suma del desarrollo en cuestión, su naturaleza, en cierta forma no tiene ningún significado para el hombre celeste divino. Y de hecho, si alguien en un momento psicológico permanece aferrado a la cultura de la ilusión, se cerrará la puerta de su realización.
Hay, por lo tanto, una noble adquisición interior y una vida interior que, en un momento dado, deben ser abandonadas por completo. Es preciso querer perder esa vida para poder encontrar la vida verdadera. ¡Esta es la locura de la Rosacruz! Y es indispensable descubrir la causa de esa locura.
Dicha causa reside en el hecho de que la triple idea vital que ponen de manifiesto los hombres según la conciencia, el alma y el cuerpo, aunque esa idea vital esté por encima o por debajo de la línea de desarrollo normal no concuerda en modo alguno con el triple aspecto verdadero del hombre celeste divino.
En nuestra opinión debe aprender a considerarlo así: Al comienzo de las cosas, el hombre resplandecía glorioso como un perfecto hijo de Dios triple, pero ese hombre divino original ya no puede expresarse ni según el espíritu, ni según el alma, ni según el cuerpo, en el actual campo de vida en que ahora habita la humanidad. En consecuencia, el hombre ya no es ni siquiera una burda caricatura de la realidad. Los hombres son fenónemos vitales que tan sólo poseen algo de su estado humano original. Sería una exageración comparar la relación entre el hombre actual y el original con la relación que existe entre un aparato de radio mal sintonizado y el locutor que está en el estudio. El locutor no es el aparato de radio y el aparato de radio no es el locutor. Se oye simplemente la voz, la voz de un ser humano que llega hasta nosotros por medio de un ingenio electrónico. El hombre que genera aquella voz, no forma parte del aparato. Pero la construcción biológica, el ser humano, ya no está en condiciones de poder transmitir la voz del hijo original de Dios, ¡ni siquiera con señales acústicas! El hijo de Dios encadenado no puede controlar o influir de ningún modo sobre la construcción biológica actual, el ser humano. Se puede decir que el ser humano, al nacer, recibe a lo sumo una débil imagen de su ser celeste. Ciertos hombres traen consigo, como mucho, si así se pudiese decir, una impresión fotográfica de su ser verdadero, una imagen extremadamente tenue. ¡Eso es todo!
Estas conclusiones y sus inevitables consecuencias, no constituyen ninguna novedad. Platón y Pitágoras enseñaban lo mismo. Pablo, que era un iniciado, sostenía que existe una manifestación humana en la materia corruptible, y al mismo tiempo otra eterna, construida en la sustancia incorruptible. Y el gran iniciado Yago (*) es todavía más explícito con respecto a lo que intentamos hacer comprender al lector. Yago dice que la sabiduría de nuestro ser inferior es terrenal y demoníaca, y que existe otra sabiduría opuesta, la sabiduría celeste: «La sabiduría de los hombres es locura ante Dios.»
Se está demasiado inclinado a identificar el intelectualismo y sus demenciales resultados con la «sabiduría de los hombres», pero la lengua sagrada mide con la misma medida a toda sabiduría, incluida la sabiduría esotérica según la naturaleza y sus consecuencias. Y no puede ser de otro modo, ya que en la fase actual de existencia humana, el ser superior ya no tiene ninguna unión con el ser inferior, y este ser inferior, a lo sumo, lo único que trae consigo es una impresión fotográfica, una proyección, una débil imagen de ese ser superior. Por esto, toda sabiduría dialéctica, tanto la intelectual como la esotérica, es locura para el hombre divino. La Rosacruz moderna lanza una ofensiva, de manera totalmente consciente, contra los aspectos y resultados esotéricos del hombre terrenal.
Es erróneo decir que el yo, actualmente unido al ser humano inferior, encontrará en un momento dado a su ser verdadero para fundirse en él. No, el verdadero yo, la verdadera chispa divina se encuentra en el ser verdadero, y es esa verdadera chispa divina del ser celeste la que debe ser liberada del yo del hombre terrenal. Por lo tanto, lo que ocurre es que se invierten las cosas: el hombre terrenal quiere ser liberado, ¡pero él debe perecer! El otro, el hijo celeste de Dios, debe crecer; el hombre terrenal debe menguar.
Esto se realiza por el auto vaciamiento y la auto negación, por la auto destrucción y la auto renuncia del ser humano dialéctico, con la ayuda de la Jerarquía de Cristo que le da la fuerza para ello. Se realiza atacando científicamente todos sus asideros, todos sus caballos de batalla e ideas fijas, toda su ilusión. Se realiza reconociendo la incapacidad de todo supuesto poder superior del hombre terrenal y de todo el potencial mágico concernido, exclusivamente originario de su pasado natural. Se realiza como un emisario, un monje mendicante o un precursor, que allana los caminos para el verdadero hombre divino, que dice, como Juan Bautista: «El debe crecer y yo debo menguar.»
Este proceso no puede realizarse hasta que el viejo hombre no coloque su cabeza en el tajo. De esta oblación se libera el hombre celeste.
No soy «yo» quien recibe el hombre celeste ni el hombre celeste me recibe a «mí», sino que por mi desaparición «yo» libero el camino para el hijo de Dios. Esto, naturalmente, representa todo un proceso. A medida que un ser desaparece, el otro debe despertar. Por ello acechan grandes peligros al alumno en el camino. Corre el peligro de tomar los frutos del viejo Adán por los del nuevo Adán y así contentarse con ellos. Pues la vieja naturaleza es astuta y el hombre se aferra de buen grado a todo lo que tanto le gusta conservar.
Sea prudente, pues podría suceder que aquellos a quien evita como prostitutas y publicanos, le precedan en el camino de la liberación. ¡De qué manera los hombres son esclavos de la ley! ¡Creen saber lo que está permitido y lo que no está permitido! Se pueden enmendar la plana tan bien unos a otros, tienen su conocimiento de primera mano y su visión etérica, su brillante esto y su puro aquello…
Pero nosotros le decimos: todo esto no es nada, al menos es demasiado poco. No se consigue nada con las medidas espirituales de la dialéctica. El conocimiento, la visión y los poderes humanos, comprendidos según la naturaleza, se quedan cortos, tal como se pone en evidencia en los Evangelios. En los momentos psicológicos, cuando llega el momento, cuando se trata de todo o nada, los discípulos de Jesús no dan la talla. Ellos no comprenden, no ven, no oyen.
¿Cree usted que este fenónemo es atribuible al estado más primitivo de los discípulos? Podemos garantizarle que se trataba de entidades muy cultivadas. Pero el Evangelio quiere hacerle comprender que la sabiduría de los hombres y sus consecuencias se quedan cortas ante las exigencias y la realidad del hombre celeste.
Cuando Juan Bautista ya estaba en prisión y esperaba su ejecución, envía un mensaje a Jesús con la pregunta: «¿Eres tú quien ha de venir, o esperamos a otro?» ¡Comprenda esta pregunta! Ella no expresa duda o irresolución, sino que es hecha para que el alumno comprenda que la suma de toda su cultura espiritual según la naturaleza se queda corta en lo referente al otro.
Por su estado inferior, los hombres caminan entre enigmas, y nada puede cambiar esta situación, ni con un supuesto desarrollo esotérico. ¿Ocurrirá entonces como enseñan algunos místicos, que ese conjunto de sabiduría, todas las reformas vitales, la suma de todas sus experiencias y aspiraciones hacia la luz, son superfluas?
De ningún modo, ya que tan pronto como el impulso espiritual del pre recuerdo que es la débil proyección del ser celeste en el ser inferior haya sido inflamado y le impulse, nunca más tendrá reposo, ya no podrá resistirse a él ni un segundo. Entonces, sale en busca de sabiduría, fuerza y belleza. En tal caso, el fuego divino se abate sobre él y le hace estremecer, y él intenta responderle. Entonces surge cultura en su vida; los acentos animales en él son desplazados y se imagina ser el vigoroso protagonista que avanza resueltamente hacia el Olimpo.
Después se detiene y los obstáculos le bloquean y aparece un movimiento circular. El alumno se convierte en un habitante de la frontera, en un habitante de Éfeso. No puede franquear esa línea divisoria, que es como si fuese un muro. Y piensa: «Es un círculo de tiza», y salta, pero es rechazado. El sufrimiento le purifica y fortifica para el sacrificio y le permite ver su limitación estructural. Y puesto que es inflamado en Dios según la naturaleza, depone todo su ser del yo en el sepulcro del tiempo y se aniquila en Jesús el Señor, con el fin de permitir que el hombre verdadero resucite lleno de gloria.
Lo que recibió de Dios y construyó según la naturaleza, él lo depone en la tumba de la naturaleza, con el fin de que, creciendo en el Espíritu Santo, llegue al cambio de la personalidad.

NOTA A PIE DE PAGINA

(*) Conocido en español como Santiago (Sant Yago).

XIII

La soledad del hombre nuevo

Algunas consecuencias importantes (II)

Se hizo evidente en la primera consecuencia, que el misterio de iniciación de la Orden de la Rosacruz, tal como es presentado para usted en esta época, exigirá el sacrificio de la totalidad del hombre según su manifestación dialéctica.
Ningún estudiante de la lengua sagrada se alarmará ante esta condición, pues le resultará familiar al estar acostumbrado a meditar sobre los misterios cristianos. Y si, además, está orientado esotéricamente, la idea del «auto sacrificio» le parecerá completamente normal. ¿Quién, entre los que se esfuerzan por recorrer el camino, no comprendería que lo mejor que vive en él como amor, fuerza y aspiración a la luz, debe ser consagrado y ofrecido al mundo y a la humanidad?
La teoría, la belleza y el valor de tal comportamiento es algo innato en el hombre que se esfuerza. Para algunos, esta postura se ha vuelto una necesidad vital, no pueden vivir de otro modo. «Servir» es para ellos como su aliento, no podrían vivir fuera de tal atmósfera. La vida voluntariamente dedicada al servicio de la humanidad es pesada, a menudo demasiado pesada e ingrata; casi siempre va acompañada de mucho sufrimiento. Pero quienes se entregan a este trabajo, ¿querrían acaso otra cosa? ¡Ciertamente no! ¿No tiene, en el trasfondo de su ser, conciencia de que ese auto sacrificio será recompensado? Verdaderamente la recompensa no ocupa el primer plano, puesto que el amor a los hombres ocupa una posición demasiado central en su ser. Para ellos, la recompensa es algo evidente, tan evidente que de hecho no pierden tiempo pensando en ello.
«Produce más dicha dar que recibir», dice el Evangelio. Pero, sea como fuere, también ese recibir está asegurado, ¡es una ley! Es el salario que resulta de toda actividad en la vida. La antigua sabiduría, la lengua sagrada, da innumerables pruebas de esto.
Cuando alguien, poco importa dónde, se ofrece al servicio de los hombres en aras del amor a la humanidad, surge para tal persona un beneficio místico o esotérico, e incluso muchas veces material, completamente en concordancia con su estado de ser.
Pero, desde hace algún tiempo, hay alumnos serios que pasan por experiencias muy singulares. Tales experiencias no son en absoluto nuevas, sino que se vienen repitiendo durante los dos últimos milenios. Pero este fenómeno es actualmente más frecuente y consideramos que dentro de algún tiempo se podrá hablar de ello como de un hecho común. El referido fenómeno se caracteriza por una carencia de beneficio espiritual, que debería ser la consecuencia natural del sacrificio personal al servicio de los hombres. Mucho de lo que los alumnos, en el transcurso de los años, habían contado con que se convirtiese en ganancia espiritual, les es arrebatado en esa experiencia. Progresivamente, con rigor científico, estos hombres son empujados hasta el fondo del pozo de la soledad: ¡esta es la ganancia! En lugar de una iluminación espiritual, les sobreviene una nueva cadena, un nuevo peso: ¡esta es la ganancia! Estar tan solo, que se carece de palabras para expresarlo.
Hace unos años, se encontraron dos alumnos en la habitación de un hospital. Uno de ellos estaba gravemente enfermo, padecía cierta enfermedad del corazón, a consecuencia de sus esfuerzos en la senda del servicio. Conversaban acerca de la soledad, a la que estaban sometidos por su unión con la Fraternidad. Estaban considerando cuáles serían las intenciones de la Jerarquía, al conducir al alumno tan profundamente a la soledad, como recompensa de una tarea a cuya realización se había entregado por completo. Una soledad tan grande, que ningún lazo de amor, ni de la naturaleza, ni del espíritu, sería capaz de romper. Un aislamiento tan completo, que incluso la voz de un amigo sonaba como si fuese el chirrido de las ruedas de un carro.
En aquel momento de sus reflexiones no encontraban ninguna solución. El enfermo del corazón, con ojos que apenas veían, quedó de pronto con la mirada fija y grisácea. Dando un grito, cayó de su lecho y su amigo lo recibió, ya sin vida, en sus brazos. Había muerto con el corazón roto. ¡Recompensa a una vida ofrecida enteramente a Cristo! ¿Cuántos podrían soportar esta carga, aunque la luz recorriese este camino con ellos, a través de la soledad, del sufrimiento y de la muerte? Y, no obstante, ésta es la oblación total del hombre según su manifestación dialéctica.
Llega un momento, en el desarrollo de las cosas, en que el resultado de la bondad, la verdad y la justicia según la naturaleza ya no pueden ser aceptadas por los Hierofantes. La recompensa resultante del comportamiento del ser dialéctico, es tal vez suficiente y capaz para crear una especie de pequeño paraíso dialéctico al otro lado de esta contra naturaleza el reino de los muertos en el más allá , pero es desesperadamente insuficiente como base para alcanzar el orden divino de las cosas. Las antiguas escuelas espirituales, que podían ayudar a sus alumnos basándose en esa ganancia espiritual dialéctica, han concluido su trabajo antes de esta nueva era.
¿Qué busca entonces el hombre en la Rosacruz? ¿La seguridad en Cristo cuando entre en el más allá, en el valle de la muerte? Si esto es lo que busca, mejor sería que se dirigiese a alguna de las iglesias existentes, donde estaría en su debido lugar.
¿O tal vez quiere ser consciente en los planos superiores, en el campo de vida etérico, en el mundo de los deseos o en el mundo mental de este estrato de vida? Si sus intereses se inclinan hacia tales cosas, entonces no está en su sitio en la Rosacruz moderna.
El alumno de la Rosacruz de la nueva era quiere ser un cristiano, en el significado esencial de esa palabra. Quiere recorrer el camino de regreso al Orden Divino original de las cosas, quiere regresar a ese Reino de Luz perdido, quiere regresar al estado del hombre original.
Ciertamente, el lector habrá tomado muchas veces conocimiento de este objetivo. ¿Pero sabe también que la Orden de los Maniqueos fue masacrada por Agustín y sus seguidores, debido a las consecuencias de este objetivo? ¿Que la Orden de los Cátaros, por este mismo esfuerzo, fue exterminada entre los años 1208 y 1224 por el Papa Inocencio III y su ejército de 50.000 mercenarios? ¿Sabe además que en Holanda, en el siglo diecisiete, y por los mismos motivos, los Rosacruces fueron perseguidos, exiliados, encarcelados y asesinados, esta vez, para variar, por nuestros antepasados calvinistas?
¿Y no sería también muy útil pensar en los acontecimientos de 1940 a 1945? Porque durante esos años, los centros de la Rosacruz en Europa, y sobre todo en Holanda donde su posición era más fuerte, fueron expoliados, y sus trabajadores perseguidos y amenazados de muerte sin excepción por los nacional socialistas católico romanos…
Para dormirse en Cristo y ser dirigido a su debido tiempo hacia el pequeño mundo celeste del más allá, no hay necesidad del sacrificio total del hombre según su ser dialéctico. Un poco de moral y de religión son ampliamente suficientes.
Es muy fácil progresar según los métodos esotéricos del pasado. Un poco de cultura aquí, una pequeña modificación allá, naturalmente también moral y religión, y evidentemente ciencia, ciencia esotérica, y, finalmente, en el momento oportuno, preferentemente bajo la vigilancia de un grupo esotérico, se hace que el candidato evolucione en el más allá mediante cierto número de ejercicios.
El esoterista, comprendido según el pasado, podía disponer de un gran conocimiento mágico, de un gran potencial mágico para alcanzar cierto grado de iluminación. Sin embargo, para llegar a ello, no era necesaria la oblación íntegra del hombre según su manifestación dialéctica. El evolucionaba, como esoterista del pasado, hasta su presente estado de ser. Eventualmente, se puede acrecentar ese estado de ser con un poco de filosofía Rosacruz, o con cierto barniz crístico. Es posible que todo lo escrito en estas páginas despierte un recuerdo subconsciente, de modo que algunos sientan una afinidad con ello y piensen haber alcanzado «eso», Tao.
Pero sea usted quien sea, sea lo que sea y sea como sea, ¡la Rosacruz y sus exigencias son muy diferentes!

Hay un aspecto del mundo actual que presenta una gran analogía con el mundo de los antiguos griegos, a quienes Pablo habló en el Areópago. Existe en el mundo una gran religión, con múltiples subdivisiones, que cuenta con millones de sinceros creyentes. Esta religión está muy cultivada, pero siempre carece de un eslabón. Los antiguos griegos tenían la íntima convicción de esa carencia. Por este motivo habían erigido una estatua «al Dios desconocido». Pablo pudo tomar ese eslabón como punto de partida para llevar a cabo su misión.
Pero los hombres religiosos de nuestros días, y sobre todo los que hacen profesión de esoterismo, demolieron la estatua erigida al Dios desconocido, pues creen poseer el eslabón que falta. Ellos llaman al Dios desconocido, por ejemplo, «Dios manifestado en Jesucristo». Pero ese Dios les es tan desconocido como antaño a los antiguos griegos; su manifestación no es comprendida y Jesucristo es solamente un sonido. El actual estado de este orden mundial corrobora ampliamente todo esto.
¿Qué es, entonces, lo que quiere y propone la Rosacruz? La Rosacruz quiere y propone, en el presente, el Logos que todavía es desconocido para la humanidad dialéctica, un Dios por el que decenas de miles de hombres han vertido su sangre; y un proceso por el que han corrido ríos de sangre santa.
¿Qué proceso? Un proceso que se resume en la idea: Jesús y la resurrección. Es el proceso mediante el cual el verdadero hombre divino, tal como era originalmente, resucita de la tumba de la naturaleza al tercer día, al final del tercer Círculo Séptuple, como ciudadano de Cristianópolis, como ciudadano del orden divino, por la triple liquidación de todo el ser dialéctico. Es el proceso del que Pablo da testimonio en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 17, que a continuación les citamos según la traducción de la Rosacruz:
«Por lo tanto somos de linaje divino, pero no debemos suponer que esa divinidad pueda ser justificada por el más noble espíritu, el oro, o por la más pura alma, la plata, o por la corporeidad más perfecta, la piedra, comprendidos según esta naturaleza. Dios, considerando los efectos de esa ignorancia, anuncia ahora a todos los hombres que se conviertan (que inviertan su rumbo), pues en la marcha de las cosas está fijado el momento en que cada uno será juzgado, según su estado de ser, en relación con un prototipo representado en esta naturaleza por un hombre escogido para ello. Y El dará a todos la certidumbre, resucitando a ese hombre de la muerte por la transformación.»
Se ha especulado durante siglos sobre el sentido real de esa «transformación». Se la ha querido considerar como si fuese un visado para la eternidad, comprendido exclusivamente según la naturaleza. Pero podemos imaginarnos que en la eterna marcha de las cosas, se manifiestan acontecimientos mundiales a los que la humanidad tiene que adaptarse. Se puede comprender que esos acontecimientos mundiales plantean exigencias fundamentales que los hombres deben satisfacer según la conciencia, el alma y el cuerpo.
Pablo no hace alusión al momento en que la humanidad resucitará como por milagro, al cual se asistiría estupefacto, con ojos de no estar comprendiendo nada, sino que hace referencia a un acontecimiento mundial científicamente cierto, a un momento psicológico de la manifestación universal, en que la humanidad será resucitada.
¡Jesús y la resurrección! El hombre celeste que resucitó al tercer día, se regeneró en el transcurso de un triple proceso, por un declive de la naturaleza. Jesús y la resurrección, ¡mediante la cruz! El absoluto sacrificio de sangre según la naturaleza con el fin de liberar al hombre celeste. ¡Esta es la Rosacruz roja!
No un rompecabezas vital cualquiera en la cruz. No una carencia cualquiera clavada a la cruz. No la transmutación de una parte de su ser. Sino la crucifixión del espíritu más noble, del alma más pura, y de la corporeidad más sana, comprendidos según la naturaleza. ¡Esto es lo que propone la Rosacruz roja!
¡Qué locura! ¡Qué demencia más formidable! ¡El autor es un maniático! «Estás loco, Pablo» le dice el gobernador Festo «tu mucho saber te hace perder el juicio.»
«Es un blasfemo» declara el Sanedrín a Jesús. Y le abofetean el rostro.
«Mani es un impostor» acusa Agustín. «Matémosle», gritan los fanáticos. «¡A la hoguera con sus obras!»
«La ciudad de Albi es un foco de la más peligrosa y repulsiva herejía», declara el Papa Inocencio III. «Acabemos con él.»
«La Rosacruz y su francmasonería son una peste mundial», dice el Dr. Schwier, un jesuita del sur de Alemania que, en nombre de los nazis, persigue a la Rosacruz en Europa.
¡Jesús, la resurrección y la cruz! ¿Por qué es tan peligrosa? ¿Por qué Jesús y sus discípulos fueron declarados peligrosos malhechores?
¡Debido a las formidables consecuencias que se desprenden de esta triple misión! Si la apreciación puramente objetiva afirma sin rodeos, como Pilatos: «Nada encuentro de culpable en este hombre», la apreciación subjetiva, representada por el grupo de autoridades religiosas naturales que actúan en este mundo, se considera desenmascarada, atacada y amenazada en su existencia.
El cristianismo positivo pronuncia un juicio sobre este mundo, sobre el campo de vida del hombre, sobre el conjunto de su constelación espiritual y corporal. Si un hombre extrae las consecuencias que implica este juicio y así ataca las bases de la existencia del mundo, tal persona es considerada en algunos círculos como un peligro extraordinario.
El Estado, como idea, como institución, nunca emprendió acción alguna contra Cristo o sus discípulos por iniciativa propia, al menos que el autor sepa. El estado, a lo sumo, les consideró locos. Fue siempre la Iglesia la que atacó a los hijos de Dios. Y cuando la Iglesia no poseyó fuerza suficiente para pronunciar y ejecutar sus propias sentencias, incitó al Estado a hacerlo. El ejemplo clásico de Pilatos y el Sanedrín se ha repetido, innumerables veces, en el transcurso de la historia del mundo. Muchos, entre los cuales se encuentra el conocido escritor inglés Wells, consideran un hecho probado que la Iglesia romana pretendió utilizar los fenónemos del nacional socialismo y del fascismo para alcanzar su objetivo.
¡Jesús, la resurrección y la cruz! El alumno que acepta esta peligrosa tarea, construye para sí mismo, siguiendo el ejemplo de Cristián Rosacruz, una tumba templo; un sepulcro que puede ser dividido en tres partes. En este sepulcro deposita voluntariamente todo su ser según la naturaleza, con una firme y positiva decisión: «De este modelo reducido del universo (caído), he construido para mí, estando vivo, una tumba.» ¿Por qué?
Porque la forma celeste, el redentor, simbolizado por Jesús, es todo para él.
Porque, por ese declive, ya no existe una separación entre el espíritu caído y sus vehículos celestes.
Porque él suspira en este mundo bajo el yugo de la ley de la decadencia.
Porque él conoce la libertad perfecta que le hace percibir el Evangelio divino.
Porque la gloria del hombre divino, una vez reconquistada, será intocable.
Al respecto, leemos en la Fama Fraternitatis Rosae Crucis: «En el centro había un altar redondo, cubierto con una placa de bronce, sobre la que estaba grabado: De este compendio del universo, construí para mí, mientras estaba vivo, una tumba. Alrededor del primer círculo o anillo se encontraban escritas estas palabras: «Jesús mihi omnia». En su centro había cuatro figuras, cada una de ellas encerrada en un círculo, alrededor de los cuales estaba escrito: Nequaquam vacuum No hay espacio vacío. Legis jugum El yugo de la ley. Libertas Evangelii La libertad del Evangelio. Dei gloria intacta La gloria de Dios es intocable.»
Todo está claro y es evidente: El águila del espíritu surca el espacio y colma el universo; el buey de la contumacia empuja el arado a través de la dura corteza terrestre, en la lucha por la existencia inferior; el León de Judá ruge a la entrada del templo de la iniciación; y el hombre celeste se eleva como sobre alas y se dirige hacia la aurora.
¡Dei gloria intacta! ¡Jesús, la resurrección y la cruz! ¡El total sacrificio del hombre según su manifestación dialéctica!
Este triple proceso, esta demolición voluntaria del viejo templo, esta muerte consciente en la tumba de la materia y este renacimiento al tercer día, esta nueva construcción del Templo en tres días, es la misión que el alumno debe realizar en la soledad, en el gris aislamiento de la tumba de la naturaleza, en el Patmos del cambio fundamental.
«Trabajad para vuestra propia salvación con temor y temblor.»

XIV

La auto francmasonería del hombre nuevo

Algunas consecuencias importantes (III)

En este orden mundial dialéctico hay dos direcciones de vida, dos puntos de vista, dos orientaciones que se encuentran frente a frente. A un lado vemos las agrupaciones religioso ortodoxas, con sus opiniones de que: «El hombre no es nada y el mundo está en manos del mal; la bienaventuranza os llama en el país del más allá.» Al otro lado vemos al humanitarismo con su policroma mezcla de aspectos religiosos, ateos, esotéricos, políticos y sociales, con sus consideraciones de que: «El hombre es bueno y el mundo es bueno; no existen sino resistencias a las que hay que vencer, deformaciones a corregir.» Por una parte, el más férreo conservadurismo, por la otra, el elemento progresista.
«El mundo está en manos del mal», piensa y declara el hombre conservador. «Es triste, pero Dios precipitó al mundo en el mal, por ello ningún cambio fundamental puede ser llevado a cabo, pues este orden está destinado a la punición de nuestros pecados. Ordenar el desorden sería ir contra Dios. Ordenar el desorden nos reconciliaría con algo que no está incluido en el plan de Dios. Por eso, está bien como está.»
En consecuencia, si alguien está abandonado y olvidado en este mundo de lágrimas, y si otro tiene un sitio confortable y bien acondicionado en este mundo… ¡Dios lo quiso así! Si un tercero se arrastra en andrajos y en un profundo atraso social… ¡Dios lo quiso así! Si otro, sufriendo lo indecible se debate entre horribles sufrimientos físicos… punición de sus pecados… ¡Dios lo quiso así!
«No» declaran y testimonian los otros «el mundo es bueno y el hombre es bueno. ¡Dios lo quiso así! Y si El no lo quiso así, es que un demonio se apoderó de este mundo. Entonces no hay Dios. El egoísmo y la fuerza de la ignorancia, el desorden económico y social, la trasgresión de las leyes elementales de la vida, son las causas del desorden.»
«Afilad las guadañas y la hoz y… ¡adelante! Que la justicia social, la igualdad económica, el auxilio a todos, los pensamientos humanitarios, la belleza del arte y el consuelo que nos aporta el arte y una nueva apertura mística según el espíritu, el alma y el cuerpo, combatan la pobreza y la estupidez, el crimen y la prostitución, las guerras y todo lo que aflige al mundo y a la humanidad.»
¡Los grandes ideales de la humanidad de los últimos siglos animan a la juventud! Y los poetas cantan sus himnos y sus poemas dedicados a la luz que vendrá inevitablemente, y a la aurora que ya despunta: Venid, apresurémonos; el canto mágico continúa. La luz abre un camino a través de las tierras, los mares y la noche.
Las cabezas se yerguen; los fatigados y los oprimidos recuperan la confianza. Levantan sus banderas y se ponen en marcha, y millares se sobresaltan oyendo los pasos de esas legiones. Todavía hay belleza y heroísmo en el crepúsculo de la naturaleza terrestre. ¿Se da cuenta de cuán poderosas son las fuerzas dormidas que se despiertan y se hacen oír sobre este mundo, gracias a ese impulso hacia la bondad, la verdad y la justicia?
Así como a un lado la conciencia vive en la idea de que «todo está perdido», en el otro lado existe también ese deseo indestructible, dinámico, que como un volcán puede exteriorizarse en actos, levantando la cabeza por encima de la bruma gris, y gritar al mundo: «¡Venid con nosotros, camaradas, al encuentro del amanecer!»
Si comprende algo de esto, tendrá ya una idea de la grandeza del hombre que, aunque esté en el infierno, da pruebas y testimonio de su origen divino. Aunque esté perdido, en el fondo no deja de ser hijo divino. Lo es, y aunque esté en un estado de perdición, demuestra la gloria imperecedera de su filiación divina.
Cuando al inicio de la Reforma fue destruido el poder mundial de la vieja Iglesia, las dos grandes tendencias de vida estaban claramente visibles en el amanecer de los nuevos tiempos: la nueva Iglesia de Lutero y Calvino, y el humanismo personificado, por ejemplo, en el inmortal Erasmo. Y, ¡oh maravilla!, en esos primeros tiempos los polos de la actividad estaban claramente cambiados: la nueva Iglesia era revolucionaria, ella daba un duro golpe en la raíz del orden mundial que estaba en vigor y estaba en plena acción. Mientras que el humanismo estaba todavía totalmente en el campo del pensamiento.
En el período de guerras en el que entró a continuación la humanidad, los dos polos de actividad cambiaron de nuevo, y nuestra época nos muestra una Iglesia encallada en el pensamiento y un humanismo entregado a la acción. La Iglesia busca una nueva orientación, nuevas normas teológicas. Ella procura subordinar su comportamiento futuro a las nuevas maneras de ver. Quiere otra vez actos nuevos. El humanismo, a pesar de la abundancia de sus actos, no tiene éxito en crear un mundo bueno, y por ello se pregunta si en sus planteamientos teóricos hay algo erróneo.
Como resultado de la gran idea humanista, en los primeros años de la primera guerra mundial se desarrolló la grandiosa revolución rusa, que trataba de elevar por encima de la barbarie de la Edad Media a una masa de doscientos millones de personas. Desde entonces, el mundo entero se vio obligado a contar con aquel nuevo poder y con la idea que lo sustenta, desarrollándose en el mundo eslavo una evidente reorientación. Los dos polos de actividad cambian por enésima vez y, siguiendo cada uno su camino, se cruzan, para apartarse en seguida como cometas. En Rusia, la Iglesia se vuelve a restablecer como un poder evidente.
Durante los años de la segunda guerra mundial, las dos corrientes se encontraron de nuevo en Europa occidental, en los campos de concentración, en las mortíferas cámaras de gas y en las de tortura. Allí se acercaban y simpatizaban, cambiando miradas y apretones de manos, mientras que, espantados, miraban los restos de la tan afamada cultura mundial europea. ¿Qué otra cosa podría hacer el hombre sincero? En aquella confraternización no podía haber hipocresía alguna.
El hombre persuadido de que «el mundo está en manos del mal», sentía que esto no podía continuar así. En aquellos momentos él se sentía agarrado por la garganta por el mal!… estaba amenazado de ejecución, … su mujer era expoliada, … su hijo padecía hambre y era reducido a la esclavitud. El mal no tenía respeto ni por una sotana, ni por los títulos de nobleza, ni por la sangre azul. Todos fueron apresados. De esta forma, los hombres no se encontraron a gusto «en manos del mal».
El humanitarista salió también de su sueño. Algo estaba en contradicción con su idea de que «el hombre es bueno». Los humanitaristas, que en numerosos países tenían en sus manos la tarea de gobernar, cuando no disponían de un gran poder, no pudieron hacer nada para salvar al mundo y a la humanidad de aquellos horrores… también ellos sintieron los flagelos directa o indirectamente.
De este modo, se encontraron enfrentados el «mundo del mal» y el «mundo del bien». Nació una gran confraternización y se establecieron acuerdos. Los conservadores se orientaron hacia el humanitarismo, y los humanitaristas hacia la religión de los teólogos. ¡Todo iba a ser ideal! ¡Un compromiso entre dos puntos de vista, nuevas doctrinas!
Tal vez el lector intentó también la aventura… la lucha a su inicio parecía tan bella… contenía tanto romanticismo… una nueva epopeya heroica iba a ser escrita… nacería una nueva Iglesia.

Pero desde la sombría niebla que nos envuelve se oye una voz. Una voz del lejano pasado de la humanidad:
«Todo es vanidad. ¿Qué provecho saca el hombre del trabajo que realiza bajo el Sol? Una generación va y otra viene… y todo permanece como antes. Y el Sol nace y el Sol se pone. El viento va hacia el sur y luego vuelve hacia el norte, siempre en su circuito. Todos los ríos van al mar, pero el mar nunca rebosa. Todas las cosas son muy fatigosas. Nadie podrá decir que no se cansan sus ojos de ver ni sus oídos de oír.
Lo que fue, de nuevo será, y lo que se hizo, eso se volverá a hacer. Si de alguna cosa dicen: ¡Mira: esto sí que es nuevo!, es algo que ya existió en los siglos que nos precedieron. He examinado cuanto se hace bajo el Sol, y veo que todo es vanidad y esfuerzo inútil. Lo torcido no puede enderezarse, y lo deficiente no puede completarse.»
¿Es esta la voz de un pesimista, de alguien que odia al mundo y a la humanidad?
Esta voz representa un tercer punto de vista, un punto de vista hacia el cual, en esta época, son llamadas muchas personas: ¡es el punto de vista de la Rosacruz! Esta actitud frente a la vida nos enseña y la ciencia esotérica y la experiencia lo confirman que la humanidad, tanto a éste como al otro lado del velo de la muerte, se manifiesta en un campo de vida dialéctico.
Esta dialéctica ocasiona el cambio constante de los dos polos de vida, de forma que todas las cosas, todos los valores y todos los estados se convierten en su opuesto. El día conduce a la noche, la luz se transforma en oscuridad, el bien se convierte en mal, y viceversa. No hay valores inmutables en nuestro campo de vida. Si se sitúa en el polo del bien, no puede pensar «ahora estoy a salvo», porque ese polo se invierte.
El mundo no está en el mal, el mal no es inherente a este campo de vida dialéctico, sino que fue el hombre quien creó el mal, lo satánico en este campo de vida. Dicho campo de vida no puede ser designado como bueno ni como malo. No es ni lo uno ni lo otro. Es «maya», ilusión. El hombre es mantenido prisionero, en esta ilusión, por el mal, o como quiera que se le llame.
Por consiguiente: «Lo que fue, será de nuevo.»
Al servicio de esta voz, fraternidades tales como la de los Esenios, la de los Maniqueos, la de los Cátaros y la de los Rosacruces han querido destruir la gran ilusión y continúan haciéndolo.
Pero, «lo que fue, será de nuevo.»
¿No será también este esfuerzo una vanidad? El cambio perpetuo sin esperanza, ¿no será siempre el fin inevitable?
«Lo que fue, será de nuevo.» Considere estas palabras ahora como la expresión de un optimismo radiante, como una gran alegría que será un día la de todos los pueblos. Una vez existió… no se encontraba en el campo de vida dialéctico… un orden del mundo original… un orden de los hijos de Dios… y un día será de nuevo…
La humanidad no tiene necesidad de construir ese orden mundial, no es necesario fundar ese Reino: ¡ya existe! Esa mitad desconocida del mundo, de la que da testimonio la Fama Fraternitatis Rosae Crucis, nos ha sido revelada. En ella se encuentra la Fraternidad Universal. Allí reside la fuerza de amor que sobrepasa toda comprensión.
El hombre no accede a esa mitad desconocida del mundo cuando da su último suspiro, porque ella continúa siendo desconocida para quien sirve a la gran ilusión, esté o no en su cuerpo material. Esa mitad desconocida del mundo es omnipresente. Ella penetra nuestro campo de vida, de la misma forma que la cuarta dimensión es perpendicular a las tres dimensiones conocidas. Toda la humanidad conoció un día ese mundo desconocido. Por ello existe, en un gran número de personas, el recuerdo indestructible y la conciencia de ser de origen divino. Por eso hay combate, lucha y clamores por la libertad, y existen esos cánticos que dicen «el hombre es bueno», y también «la contundente realidad del mal».
Comprenderá por qué vienen mensajeros y profetizan: «¡Despertad hijos de la Luz, porque lo que fue, será de nuevo!» Y el camino, el camino de la vida misma, el camino de regreso, ha sido revelado.
El teólogo que ve este camino, siente vergüenza, ya que confundió a su rebaño con un oropel de crepúsculo de los dioses, y mutiló las sagradas escrituras de todos los tiempos. Y el humanitarista que ve este camino, siente vergüenza, pues su idealismo se desvanece ante la realidad del reino original. Y el teólogo convertido se siente agradecido, pues él buscó a su Señor y le ha encontrado. Y el humanitarista convertido siente un gozo interior, pues no ha interrumpido sus esfuerzos. El buscaba el gran amor, y lo ha encontrado.
Y el iniciado Pablo siente un gran regocijo ante las profundidades y las riquezas espirituales. Y vemos todas las filas de testigos de Dios, hablando del nuevo reino. Y el alumno que conoce esa alegría, también da su testimonio y lucha contra la gran ilusión.
¡La mitad desconocida del mundo! Podemos entrar en ella gracias al noble arte mágico, al arte real de la construcción. Este es el verdadero renacimiento evangélico, el proceso del cambio estructural de todos los aspectos del hombre dialéctico, como ya fue ampliamente expuesto en los capítulos precedentes: el camino de la auto francmasonería. Se trata ahora de obtener un claro discernimiento sobre cómo es preciso practicar el arte real.
En la mitad desconocida del mundo vive una humanidad en un estado vehicular muy diferente del que dispone la humanidad del campo de vida dialéctico. Es imposible pasar de un estado a otro, mediante un cultivo basado en el sistema vehicular terrestre común. Este es el principio fundamental del camino de la auto francmasonería: «La carne y la sangre cualquiera que sea el modo por el que sean cultivados no pueden heredar el Reino de Dios.» Es necesario un renacimiento orgánico absoluto. Durante muchos siglos, se supuso que esto era así, y en las religiones exotéricas de todos los tiempos se pueden encontrar fragmentos de esta enseñanza, sobre todo en el cristianismo exterior. La humanidad jamás supo lo que era necesario hacer al respecto, por faltarle el conocimiento interior y rechazar a los instructores.
Para la religión común, el renacimiento es una forma de conversión, la despedida de un estado pecador y la adopción de una norma de vida superior. Nadie pretende decir que un cambio de este tipo no sea necesario, pero en este caso no se trata de un cambio fundamental, sino de una cultura racional y moral de la manifestación dialéctica.
Tal conversión debe ser el primer paso que hay que realizar; es la primera reacción del hombre, que se encuentra prisionero en la naturaleza terrestre, ante la luz que brilla en las tinieblas. Se trata de una preparación para el renacimiento, de un proceso de preparación inteligente, en el cual todos los aspectos místicos, espirituales, físicos y mágicos deben tener su lugar.
Ciertos místicos de antaño aseguraron poder realizar ese primer cambio, y demostrar su despedida de la materia, renegando de toda idea de higiene, de tal manera, que nadie se les podía arrimar y vivían como parásitos a costa del trabajo y de las posesiones de los demás. Cada uno debe comprender que con tales prácticas no se puede asumir el renacimiento en el sentido del arte real.
Para los fieles de la religión cristiana, el renacimiento no es sino una renovación abstracta de las normas de conciencia. Cuando, por ejemplo, un individuo deja un estado de corrupción para vivir de acuerdo con los preceptos del cristianismo, según una determinada interpretación dogmática, entonces dicen que se ha vuelto una nueva criatura y, suponen, que ha nacido de nuevo. El hombre, estando considerado como muerto en su estado de corrupción, inicia su vida propiamente dicha por la renovación de su estado de ánimo.
La estrechez de tal comprensión la hace definitivamente errónea. Los gnósticos de todos los tiempos siempre combatieron con todas sus fuerzas esa deplorable mistificación, porque conocían el verdadero significado y la evidencia de las palabras del Cristo: «Nadie verá ni entrará en el Reino de los Cielos si no renace primero a partir del agua primordial y en el espíritu.»
Y la gran esoterista Helena Petrovna Blavatsky, hablando sobre estas cosas, atestiguó: «No es verdad que una persona fuertemente arraigada en el mal, pueda convertirse súbitamente, y hacerse igualmente fuerte, en el bien. Su estructura corporal está demasiado corrompida y se ha vuelto totalmente inadecuada. No se puede usar una barrica que haya contenido arenques salados para conservar en ella aceite de rosas. La madera está demasiado impregnada de salmuera.»
Las células de la estructura corporal son plenamente semejantes a un microcosmos. Ellas funcionan según determinadas leyes dialécticas. Están unidas a la naturaleza dialéctica terrestre y son incapaces de comprender un cambio de dirección ni absorber fuerzas que provengan de otro universo. Si fuesen forzadas a ello, el resultado sólo sería enfermedad, locura y muerte.
La conversión, en sentido gnóstico, es un proceso de preparación, y el alumno debe aprender a discernirlo. Por esto, la Escuela Espiritual coloca al alumno en el Atrio para realizar este proceso preparatorio, de naturaleza triple, según la conciencia, el alma y el cuerpo.
Existe, sin embargo, el gran peligro de que el alumno considere que ese triple proceso de cambio es el proceso de renacimiento. Si lo hace ¡y son muchos los que lo hacen! la ley de los cambios de este campo de vida le conducirá al proceso contrario.
Por lo tanto, el arte real implica, en primer lugar, un proceso de cambio triple, y cuando por ese mismo proceso el candidato llega al límite extremo de sus posibilidades, y persevera, la puerta de «la mitad desconocida del mundo» se abre ante él. Con un gesto de los sentidos, en una verdadera elevación interior, ve ante sí la forma del hombre celeste, la estructura vehicular del verdadero hijo del Hombre.
Y viéndole, el candidato se encuentra perfectamente en condiciones de decir, desde lo profundo de su ser y en verdad: «¡Jesús mihi omnia, este portador de salvación es todo para mí!» Entonces, el triple proceso de preparación es seguido de un triple proceso de perecimiento según la antigua naturaleza y, al mismo tiempo, de un triple proceso de renacimiento según la nueva naturaleza.
De este modo es desvelada la mitad desconocida del mundo por tres veces tres procesos, por tres días de manifestación. Este es el arte noble, ésta es la resurrección al tercer día. Esta es la auto francmasonería del hombre nuevo.
«Que quien tenga oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las comunidades.»

XV

La conciencia del hombre nuevo

Algunas consecuencias importantes (IV)

El alumno en el camino, que en cierto momento ha tomado la decisión de volver a encontrar el camino que conduce al reino de luz perdido, está obligado a estudiar diariamente las leyes y la naturaleza del campo de vida dialéctico, para preservarse de las innumerables ilusiones. Este estudio es vital para él, si desea obtener alguna visión de la conciencia del hombre nuevo. Entre otras cosas descubrirá entonces, completamente en concordancia con la característica del entorno en que vive, que cada cosa, cada objeto, cada aspecto, cada estado de la vida terrestre, es doble. Lo mismo ocurre con los poderes del hombre corriente. Todos los sentidos, todos los órganos, todas las actividades físicas y psíquicas tienen por completo una doble característica.
Por lo tanto, se puede decir, como axioma, que la conciencia del hombre terrestre es doble. La ciencia material desconocía antes esta duplicidad de la conciencia, que siempre fue enseñada por los esoteristas. Actualmente, además del reducido círculo del esoterismo, casi en todas partes se admite la dualidad de la conciencia del hombre. Todos los hechos y fenómenos que se basan en esta dualidad ya no son considerados como extraños, anormales o enigmáticos.
Cuando, por ejemplo, se estudian los cinco sentidos del hombre comprendidos en el marco de su personalidad dialéctica natural se debe tener en cuenta que cada uno de esos órganos es doble y, por consiguiente, tiene una doble función. Sin embargo, cualquiera que sea la función que actúe en un determinado momento, la personalidad dialéctica permanece semejante a sí misma.
El hombre, como masa, ve con sus ojos materiales de la misma forma. Todos ven, por ejemplo, un árbol. El comerciante en maderas o el talador pueden contemplarlo como un árbol del que salen tantas planchas de madera. Los ojos de un artista ven el árbol con toda su belleza; el burgués lo ve como un tronco con ramas y hojas. Y aunque la reacción ante la vista de un árbol difiere de un observador a otro, de acuerdo con la naturaleza de su sangre y de su ser, bajo ningún concepto existe ninguna divergencia de opinión ante el hecho de la impresión «árbol». Sería muy distinto si se viese al árbol con su doble etérico, en cuyo caso, se despliega el otro aspecto del poder visual dialéctico. En tal caso se ve el árbol en su actividad vital, de qué manera asimila los éteres planetarios y otras fuerzas, de qué modo las diversas fuerzas naturales semi conscientes trabajan con él, cómo está envuelto de luz y de una poderosa vibración. En resumen, es un proceso de vida múltiple.
Por ello expresamos nuestro mayor interés por un pintor como Vincent van Gogh, que se esforzó por pintar ese proceso de vida multiforme, y casi lo consiguió, ya que según nuestra opinión, se elevó por encima del pintor que, con una conciencia unilateral, pinta paisajes o interiores. Vincent van Gogh era un visionario que, en su época, fue tenido por un loco.
Observamos que muchos pintores más modernos se sienten atraídos a desenmascarar y reproducir la inmundicia de la radiación etérica que envuelve a ciertos hombres, como si fuese una coraza aural. Algunos pintores lo hacen como filósofos, expresando así las imágenes de sus pensamientos interiores. Otros pintan inspirados por sus sentimientos y aún otros lo ven así realmente con sus sentidos, pues son unos visionarios. Y todos se sienten empujados a colocar ante los ojos de los hombres que tienen una visión burguesa de la vida, y que por ello muestran una conciencia unilateral, la terrible corrupción del mundo y de la humanidad como si se tratase de un espejo acusador.
Aunque se pueda admirar una u otra de estas formas de arte, se juzgue una forma determinada como necesaria en una época, o se sepa apreciar el impulso divino que hace que un arte desenmascare y rasgue los velos, iluminando este mundo como un relámpago, todas estas manifestaciones artísticas, tanto las que proceden de la conciencia unilateral como las que proceden de la conciencia doble, permanecen encerradas en el campo de vida dialéctico.
En el arte se puede buscar consuelo, belleza, magia, religión o una vehemente acusación consideramos que el hombre tiene a veces necesidad de todo esto y que le puede ayudar , pero no es menos cierto que todo ello pertenece a la esfera dualista de la dialéctica. Una cosa es tan poco liberadora como la otra.
En nuestra opinión, Vincent van Gogh fue más interesante que otros artistas corrientes, debido a que su conciencia dualista, que llegó mucho antes a un punto muerto, chocó más rápidamente contra los muros de la vida infernal, mostrándose entonces como el loco que realmente era, puesto que se aferró a su miseria y no encontró un camino liberador.
Cuando se vive la profesión de artista como Van Gogh la vivió, sólo existen dos opciones: elevación o caída. Escapar a estas inquietudes artísticas o ser totalmente destruido. En Van Gogh prevaleció la última opción. Consumido por el último rayo de un fuego poderoso, agotado y completamente vacío, su fin fue un revólver y una bala en la cabeza. Pero esa vida, tras el sacrificio de todo su ser al servicio de todos, zozobrando en la desesperación total y la locura, tuvo a nuestro parecer, mucha más valía que la de todos esos artistas profesionales llenos de éxito, a veces tan distinguidos.

Hemos querido citar este ejemplo con algunos detalles, para dar al lector una vigorosa idea de lo que es la conciencia del viejo hombre, como un trasfondo sombrío de contradicciones, frente al desarrollo claro y luminoso del hombre nuevo.
Cuando el alumno de la Escuela Espiritual decide recorrer el camino y coloca su vida en concordancia con las exigencias de ese camino, constatamos en él, junto a todo lo demás, cierta cultura dialéctica. Y esta cultura es absolutamente doble. Cuando, conforme a las exigencias del camino, el alumno pone orden en su personalidad según la naturaleza, y se desarrolla el dualismo de su conciencia comprendida en el marco de la personalidad terrestre corriente, el otro lado de su naturaleza, o sea, las posibilidades físicas y psíquicas más ocultas, comienzan a manifestarse.
Muchos hombres poseen parcialmente esas posibilidades físicas o psíquicas más ocultas, o las han desarrollado sin haber tenido en cuenta las exigencias de la Escuela Espiritual, lo que demuestra hasta qué punto esas cosas están estrechamente ligadas a la vida dialéctica. Se puede desarrollar el lado escondido de la naturaleza terrestre, siguiendo una línea regenerativa, pero también puede llevarse a cabo por una línea degenerativa. Por ejemplo, se puede obtener cierta videncia etérica densa por el abuso del alcohol, por un régimen alimenticio carnívoro determinado, por el empleo de ciertas hierbas y también con ayuda de otros muchos métodos indeseables y negativos.
Como consecuencia de errores cometidos en existencias microcósmicas anteriores, como resultado de la calidad de su sangre y de su estructura corporal, muchos presentan mediumnidad innata. Todo esto nos permitirá comprender que el hecho de poseer una conciencia más o menos sensitiva, podría ser muy bien el resultado de haber seguido una línea degenerativa. No se trata en este caso de ningún progreso espiritual verdadero y, disponiendo de una buena porción de habilidad y audacia, se puede reforzar considerablemente ilusiones de todo tipo en los diferentes campos de vida esotéricos.
Pero, ¿qué ocurre con el hombre que se concentra en su desarrollo interior en la línea regeneradora? ¿Cuáles son sus experiencias en el camino, en el camino de la Rosacruz?
En primer lugar, el grado de sensibilidad del cuerpo material aumentará, manifestándose sobre todo en la percepción sensorial; en segundo lugar, se producirá un nítido cambio en el cuerpo etérico. Los dos éteres inferiores serán cuantitativamente subordinados a los dos éteres superiores y, cualitativamente, crecerán casi diariamente en claridad y sutileza, lo que le llevará a una manifestación de una u otra forma de la conocida visión etérica. En tercer lugar, observamos una clara modificación en el ser de la voluntad y de los sentimientos, y en cuarto lugar una purificación del órgano del pensamiento.
Puesto que su voluntad, sentimiento y pensamiento toman una orientación completamente distinta, y se dirigen hacia valores, fuerzas y estados que no son de este mundo, se manifiesta entonces una fortísima receptividad según el pensamiento, la voluntad y el sentimiento para las impresiones de tipo etérico, perfectamente en concordancia con el estado de ser de la persona en cuestión. Esas impresiones del pensamiento, voluntad y sentimiento despiertan al mismo tiempo, en el organismo que se ha vuelto extremadamente sensible, una conciencia plástica.
El alumno ve desde su interior lo que se da a conocer, o se quiere dar a conocer, en el estado más elevado de ese desarrollo, por la acción de un fuego espiritual espinal que, a través de algunos centros correspondientes de la columna vertebral, penetra en espiral en el santuario del corazón. Así obtiene la clarividencia espiritual, y controla este poder en mayor o menor medida.
En la práctica, la inmensa mayoría de los alumnos no alcanzan ese estado más elevado de poder dialéctico, y en la mayoría de los casos la línea de desarrollo es extremadamente caprichosa. Es cierto que todos los que entran en el camino, realizan cierto crecimiento en la dirección indicada, pero es un crecimiento que, sin excepción, termina por encallar en una frontera determinada, de acuerdo con el estado de ser del alumno.
De este modo son explotadas por el alumno las posibilidades extremas de la dualidad dialéctica. El potencial de desarrollo de la personalidad dialéctica es utilizado completamente y los obstáculos de la limitación se hacen sentir cada vez más.
En esa situación, que muchos alumnos han alcanzado con unas crecientes dificultades, estaba abierta antaño la posibilidad gracias a los métodos practicados en las antiguas escuelas espirituales de «salir» de sí mismo y emprender viajes psíquicos conscientes, participando en reuniones y servicios en templos espirituales, y así establecer contacto con la Fraternidad que existía en el más allá.
De esta manera, mediante esa «salida de emergencia», el alumno podía avanzar. Pero cada buscador sincero de la liberación percibe claramente cuán «parcial» es esa situación. Las limitaciones dialécticas naturales son de hecho eludidas, y no se puede hablar de una solución fundamental al problema del desarrollo humano.
En la época en que ahora ha entrado la humanidad, los alumnos son colocados de regreso continuamente, y de una manera cada vez más insistente y apremiante, en sus propias limitaciones dialécticas. Un alumno con las cualidades que acabamos de describir ve que su radio de acción se restringe cada vez más y que es clavado cada vez más a la realidad diabólica de la existencia terrestre. Ya no tiene ocasión de perderse en lo indefinido, ya no tiene ninguna oportunidad de practicar la antigua renuncia mística del mundo.
¿Por qué no? Porque la humanidad, tal como ha sido explicado repetidas veces en este libro, ha entrado en un cambio mundial, en una gran revolución del mundo y de la humanidad. El alumno es llamado ahora a salir de esta dialéctica mediante una revolución individual: la resurrección, o, tal como se la denomina en este libro, la permuta de su personalidad, en tres procesos, en tres círculos séptuples, en «tres días».

En este orden de naturaleza, hay numerosos fenómenos sociales, políticos y económicos, sobre los cuales los hombres dicen o piensan: «¡Esto es la revolución mundial!» Pero hay una revolución distinta en curso, que modificará el aspecto del globo terrestre, y que precisa desde ahora una transmutación total, estructural e individual del ser humano.
Y ahora los alumnos de la Escuela Espiritual deben escoger: permanecer dentro de los límites de su cultura intelectual dialéctica y en los moldes de la ciencia espiritual terrestre, o avanzar hacia un bien superior. Es indispensable advertir a quienes meditan sobre estas cosas, que si el buscador esotérico continúa atándose a su personalidad natural, por muy cultivada que ésta sea, creyendo ver en ella la posibilidad de elevarse hasta un bien superior, verá realizarse un estado psíquico que mostrará todos los signos de la demencia.
Los síntomas de locura aumentan cada vez más en este mundo, y más todavía, tal vez, entre aquellos cuyas disposiciones interiores se orientan hacia la luz y hacia la otra vida, pero que todavía no han entrado en el camino de la liberación.
Muchos tienen el intenso deseo de manifestarse y declararse en este mundo con el remedio supremo y absoluto, con un trabajo limpio, como obreros en la viña de Cristo. Pero no pueden hacerlo porque son anormales, tal como le ocurrió a Van Gogh, que era un desequilibrado y, en el curso de una búsqueda desvariada, luchó contra el fantasma de su innata naturaleza de artista, dejándose casi morir de hambre y quemándose con el violento sol meridional, martirizándose como los antiguos místicos. Pero el final fue el sufrimiento… y la agonía de la muerte… y la desesperación delirante… y la ruina de un deseo no saciado.
Y he aquí que el privilegio de los alumnos de la Escuela Espiritual es que, habiendo llegado a los límites de sus posibilidades de manifestación terrenal, ven claramente la salida ante ellos, con la clara idea de que: «la carne y la sangre o sea la naturaleza terrestre no pueden heredar el Reino de Dios.»

Cuando se observa a la humanidad en sus hechos y omisiones, se percibe hasta qué punto es anormal, sin que tenga la menor noción de su demencia. Si se observa a los hombres que han desarrollado el lado más escondido de su ser, a lo largo de la línea degenerativa, se descubre su peligrosa locura; ellos ni siquiera tienen idea de todo esto. Y si se observa a los hombres que se cultivan a lo largo de la línea regenerativa, se constata en ellos una creciente locura que, una vez alcanzado el punto muerto, desemboca en la anomalía, o en la degeneración, o es una puerta para el renacimiento estructural.
La Escuela Espiritual de la Rosacruz moderna reconoce tres estados de conciencia en el campo de vida dialéctico: el estado anormal natural, el estado anormal degenerativo y el estado anormal regenerativo. Cada uno de esos estados de conciencia posee su propia esfera, sus propias tensiones, peligros y resistencias. Todo el campo de vida dialéctico está dominado y caracterizado por esas tres manifestaciones de la conciencia. En resumen, la humanidad vive en un gran y espantoso manicomio y «No hay nadie que sea bueno, ni uno sólo.»
Estas palabras son de Jesucristo. En cierta ocasión alguien se acercó a El y le preguntó: «Buen Maestro, ¿qué debo hacer?» Y Jesús le corrigió: «¡Nadie es bueno, ni uno sólo!»
Esto es desagradable para quienes se atan a la doctrina de Dios hecho carne. Cuando una entidad desciende en el campo de la dialéctica y nace de una mujer según la naturaleza, hay anormalidad, ilusión. En esto también Jesús el Señor se asemeja a uno de nosotros.
Y desde el lejano pasado, un poeta surrealista de hace 3000 años denuncia:

Nadie es justo, ni uno solo.
Nadie es razonable.
Nadie busca a Dios.
Todos se apartan.
Juntos se volvieron inútiles.
No hay nadie que haga el bien.
¡Ni tan siquiera uno!
Su garganta es un túmulo abierto.
Su lengua vomita la impostura.
El veneno de la serpiente está en sus labios.
Su boca está llena de maldición y amargura.
Están prestos a derramar sangre.
Sus veredas son miseria y devastación.
No conocen el camino de la paz.

Y es así como los hombres, en salvaje remolino, se debaten en el campo de vida dialéctico. Uno aturde sus sentidos… otro se tira al agua… un tercero regresa a las ollas de carne de Egipto… el siguiente, con la glándula tiroides totalmente desorganizada, camina por la vida con la cabeza completamente perturbada, como un rey en andrajos… y el resto combate, lucha y se defiende contra los ataques de los demás.
Si observa cuidadosamente con el microscopio el comportamiento de los microorganismos, verá cómo se conservan devorándose mutuamente, para multiplicarse enseguida por división. Lo mismo ocurre con el hombre: ésa es su vida, ésa es su manifestación.
Independientemente de que los hombres sean anormales según la naturaleza, anormales degenerativos o anormales regenerativos, se devoran entre sí… no importa cómo… para dividirse enseguida de nuevo… no importa cómo…
La demencia humana es tan genial, que recubre el infierno terrestre con un barniz lustroso, lleno de romanticismo, de arte y, sobre todo, repleto de la gran mentira: ¡la religión exotérica! Y mientras tanto, el hombre hace su maldición más diabólica y el infierno más demoníaco, con su técnica y su ciencia.
Y a este antro de pecados desciende Jesucristo, y haciéndose uno de nosotros. Y los discípulos, con su estado anormal regenerativo, caen a sus pies y le preguntan: «Buen Maestro, ¿qué debemos hacer para heredar la vida?» Y es cuando ellos oyen la reprimenda: «¿Por qué me llamáis bueno? No hay nadie que sea bueno, ni uno solo.» Nadie es bueno, a excepción de la manifestación original del Logos… el Hombre Celeste.
«¿Qué debemos hacer?» le preguntan desesperados. «¡Id, vended todo lo que tenéis!» Que cada rico y cada uno de los que se enriquecieron en la ascensión regenerativa en el campo de vida dialéctico, abandone ahora voluntariamente toda cultura espiritual según la naturaleza. Que cada uno abandone ahora los frutos de su desarrollo regenerativo dialéctico, abandone ese género de riqueza y, desnudo y completamente vacío, como un mendigo, como un ser indigno, llame a la puerta de la vida nueva.
Y entonces se pueden hacer dos cosas: o apartarse entristecido, como el «joven rico», y apegarse de nuevo a la demencia del consuelo, de la belleza, del romanticismo, de la magia y de la religión según la naturaleza, o despedirse definitivamente de la ilusión, apartarse voluntariamente de todo aquello que se posee, y seguir al Hombre Celeste, a Jesús, por las puertas de la vida nueva.

Si el alumno consigue entrar por las puertas de la vida nueva, todo se vuelve absolutamente diferente. En ese estado, él no tiene necesidad de elevar queja alguna, acusando o atacando. Porque allí encontramos la alegría de la vida nueva y la paz que sobrepasa toda comprensión según la naturaleza.
Porque allí, Dios mismo habita en él y todas las cosas son nuevas. Y lo divino, lo celeste, enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá más muerte; allí no tendrá más disgustos, ni lamentaciones, ni luto, porque las primeras cosas habrán desaparecido.
El principio fundamental de esa eterna alegría es: vaciado según la naturaleza, como una virgen, y unido a su chispa divina, estar ante la puerta de la realización.
Este principio fundamental no es un descubrimiento de la Rosacruz moderna, sino que está al eterno abrigo en todos los tiempos. Si deseamos encontrar la verdad, debemos renunciar a las demencias de la vida dialéctica. El alumno debe tener el valor de demoler y construir como un verdadero francmasón. Cuando se apercibe de que un muro no fue construido debidamente a plomada, él dice: metamos la piqueta y comencemos de nuevo.
El nuevo camino, en el que irrumpió la Rosacruz moderna y que este libro describe, es un camino muy antiguo, que la demencia humana recubre con malas hierbas y parásitos.
El alumno, con los instrumentos que tiene a su disposición, debe encontrar de nuevo la puerta de la eternidad. Sólo entonces tendrá derecho a entonar su canto triunfal:

Venid, fieles combatientes,
tensad vuestros arcos,
elevaos a la nueva era,
resistid firmes en la adversidad.

Lo que este libro intenta transmitir, se encuentra innegablemente en la Enseñanza Universal. Entre las grandes figuras crísticas, vemos surgir desde las profundidades de los tiempos más remotos, al incomparable Hermes Trismegistos, quien, en su divino Poimandres, describe las nupcias del Hombre Celeste con la virgen del mundo, el cual se manifiesta abandonando la dialéctica y volviéndose hacia la luz. Más próximo en el tiempo a nosotros, en los primeros siglos de nuestra era, el autor del Apocalipsis, ¿no da testimonio de las nupcias del Cordero celeste con su Novia vuelta virgen? Es así como de nuevo se realizaron las palabras mágicas: «Volví a llamar a mi Hijo de Egipto.»
Desde el alba de la Era Aria, viene hacia nosotros el misterio de la salvación del hombre nuevo. Y este misterium magnum es divulgado en nuestra época en un ámbito mayor, ya que: ¡el tiempo ha llegado! Allí donde se celebran las nupcias del hombre celeste con su novia dialéctica fundamentalmente transformada, allí debe ser realizado un cambio total de la personalidad y un nuevo estado de conciencia debe manifestarse.
Vamos a aportar algunas explicaciones sobre ese nuevo estado de conciencia.

La propiedad elemental más destacada de la nueva conciencia es la omnipresencia, el experimentar y poseer todas las dimensiones en el cosmos, ser uno con la manifestación universal, estar en todas partes al mismo tiempo y, por lo tanto, «no ser».
Este es el testimonio de quienes experimentaron por primera vez la sensación de la nueva conciencia. Sentir la omnipresencia, poseer y formar parte de todas las dimensiones en el cosmos, fundirse con la manifestación universal, dar y crear una realidad tan diferente de aquélla a la que se está habituado en el campo de vida terrestre, que se está inclinado, en esa invasión del universo, en esta total integración en él, a negar todo foco de conciencia. El alumno ya no ve ni espacio, ni Logos, ni orden, ni razón, ni plan, ni criatura, ni apariencia. Solamente luz, en la que se pierde bienaventurado; solamente fuerza, con la que se une por completo. Una grande y omnipresente nada, a la cual está unido sin lazos.
Pero ésta es solamente la primera sensación, la primera sorpresa de la nueva conciencia. Es el preludio, la alegre entrada del hombre celeste en la nueva Jerusalén. Es la conmoción del Amor en el cual el candidato se sumerge como en un bienaventurado no ser.
Y entonces… entonces se abre el ojo de Shiva, el ojo de Dangma, el tercer ojo de la mitología. Entonces se abre la puerta celeste mencionada en el Apocalipsis. Este ojo de Shiva, decididamente no es la pineal que ha entrado en unión de fuego y luz con la hipófisis en actividad a partir de la corporeidad dialéctica, sino que es la unión del poder de pensamiento celeste con el poder del pensamiento dialéctico que se ha vuelto virgen. Este ojo de Shiva, esta puerta hacia el cielo, hacia la estática del orden divino, el Reino de los Cielos, del que habla Pablo, se vuelve cada vez más claro, se abre cada vez más ampliamente, a medida que el alumno consigue demoler su viejo templo con el fin de reconstruirlo en tres días. ¡Que quien pueda comprender, comprenda!
Y tan pronto como este ojo de Shiva, con una mirada clara y luminosa, contempla el nuevo mundo tras la resurrección al tercer día, que es como la ascensión a una montaña aquel que se ha vuelto omnipresente no se vuelve un bienaventurado embriagado de luz en un «no ser» místico, sino que él es, él se vuelve, con Aquél que guía los cielos y la tierra, un realizador, un coheredero, un co constructor del plan de Dios para el mundo y la humanidad. El es entonces un miembro vivo y consciente del Cuerpo de Cristo, de la Jerarquía, del Templo que no fue construido con la ayuda de un martillo.
La nueva conciencia capacita al alumno para participar en el extraordinario proceso de creación y purificación que, por mandato de Dios, fue comenzado y se continúa para todas las criaturas. Por esto leemos, en el Apocalipsis, que el alumno que consigue atravesar los tres Círculos Séptuples puede decir:
«Después de eso miré, y vi una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que había oído como de trompeta, me hablaba y decía: Sube y yo te haré ver las cosas que han de acaecer después de éstas.
Y Aquél que estaba sentado sobre el trono dijo: Mira, yo hago nuevas todas las cosas. Y El me dijo: Escribe, pues estas palabras son fieles y verdaderas.»
¡Escribe actúa habla construye!
Y aquél que da testimonio de estas cosas, y aquél que sabe, y aquél que ve el ojo de Shiva lucir en el horizonte de la nueva vida dice: «Sí, voy enseguida. Sí, ven, hombre celeste.»

XVI

La tarea y la obra de la

Escuela Espiritual en la nueva era

Cuando se estudia los diferentes campos de trabajo en este mundo, en los que se proyectan las ambiciones humanas, se descubre que el hombre procura realizar siempre sus objetivos con el mismo método. Los partidos políticos, las asociaciones humanitarias, las organizaciones eclesiásticas y las diversas asociaciones esotéricas plasman sus programas, los dan a conocer y se esfuerzan, con diversas actividades, en fortalecer su influencia sobre el público y en reclutar el mayor número posible de personas.
Se puede hablar, en este sentido, de un método de acción horizontal. Este método siempre tiene éxito, cuando se sabe esperar el momento psicológico para despertar los intereses, por medio de una literatura fácil de comprender y apoyándose en una organización coherente. Con una táctica científicamente apropiada, se puede insuflar un nuevo impulso de vida a la institución más enflaquecida, sin que se quede en ridículo.
Del mismo modo que en el comercio puede ser vendido un artículo de ínfima calidad, y continuar vendiéndose gracias a una propaganda psicológica apropiada, llena de promesas inexpresables, también es posible, si no se cometen necedades, despertar y mantener el interés en relación con cualquier deseo, idea y enseñanza, o con cualquier institución que proclame ocuparse de la salvación de la humanidad.
Así gira en círculo la humanidad en un océano de ideas, lanzada de derecha a izquierda para, finalmente, cuando está amenazada con ahogarse, agarrarse a los restos especulativos que mejor correspondan a su tipo. Ella no tiene la seguridad de poder llegar así a la orilla deseada. Todo es pura especulación. Poco importa que el clavo ardiendo al que usted está aferrado se le caiga de las manos, hay muchos otros que con gusto le serán ofrecidos y puestos al alcance de la mano.
El mar de la vida está repleto de todo tipo de embarcaciones. Todas tienen la pretensión de ser un barco de salvación y navegan en todas las direcciones en medio de una gran confusión. Hay centenares de ellas en las que su tripulación afirma «tener a bordo al Hijo del Padre y tener a la vista la orilla segura». Pero la cuestión de saber quién es el que tiene a bordo al Hijo del Padre no está todavía resuelta, y la orilla que todos ven de un modo tan seguro parece muy caprichosa, pues todos siguen caminos completamente divergentes. Tales situaciones requieren toda la atención de los alumnos buscadores, pues ellas oscilan de aquí para allá en el mar de la vida y son avivadas por los tripulantes.
Naturalmente el lector considerará al autor de este libro, como a uno de tales, y creerá que pretende ser el comandante del más poderoso barco de salvación, que tiene a bordo, en su cabina, al Hijo del Padre con mayor autenticidad que nadie, y que tiene a la vista la orilla más segura, según el ojo artificial esotérico patentado. Tal vez piensa que la Rosacruz está en la vanguardia de muchas otras instituciones, debido a la naturaleza excepcional del camino que proclama.
Muchos decidirán subir a nuestro barco, pero también habrá muchos que estén indecisos. Hallarán el curso de la embarcación un tanto extraño y se fijarán atentamente en las manos de los que les advierten desde otros barcos, así como en los garfios de abordaje de los grupos que muestran sus armas, lo que podría resultar peligroso, pues ya sucedió que muchos barcos repletos de pasajeros, fueron atacados y aniquilados por piratas espirituales.
También puede ocurrir que el objetivo no sea la orilla segura, sino más bien la fundación de una sociedad de navegación, que mantenga las naves navegando permanentemente, y de una asociación encargada de administrar los intereses de la tripulación. Algunos saben esto. Numerosos poetas, pensadores y escritores que desenmascararon la gran explotación espiritual y su ilusión, y no es necesario citarles ni añadir nada al respecto, pues la traición y la especulación siempre son colocadas al descubierto y puestas en evidencia.
El hombre buscador se da perfecta cuenta de ello, pero también está debatiéndose en el mar académico y supone que existen otras naves a las que podría acceder, en las que se le daría la bienvenida con una fuerza liberadora a bordo, y que le llevarían en línea recta a una playa segura. Con otras palabras, desea sustituir una ilusión por otra. Pasa de una especulación a otra.
¿Por qué arriesgar con la Rosacruz? Lo que la Rosacruz enseña y quiere, ¿no es en su mayoría una especulación a los ojos del buscador? ¿Puede el buscador controlar directamente la exactitud de lo que la Rosacruz afirma que es irrefutable? Aunque dijéramos: «La orilla segura es de esta manera», el lector común no tiene la facultad de poder controlar la exactitud de esta declaración. A esto se añade el hecho de que son muchos los que aún dudan seriamente de nuestra lealtad hacia la verdad y están totalmente en desacuerdo con nosotros.
La mayoría de los seres humanos, náufragos en el mar académico, no posee ningún poder crítico que les permita sondear la verdad. El hombre dispone por supuesto de una facultad crítica, pero está unida a la sangre y a la ilusión de las hipótesis. Una verdad puede ser tenida por auténtica, sin que por eso tenga un poder liberador.
Si alguien acepta una verdad sin reconocerla en su inicio como tal lo que generalmente se hace , llegan momentos en que no podrá, o no querrá someterse a las consecuencias de ello, y, por lo tanto, romperá la unión con esa verdad.
Reconocer una verdad significa poseerla interiormente. Suponga que nuestra interpretación sobre la orilla segura sea la correcta y que usted reconoce como exactas nuestras indicaciones al respecto. Esto significaría que conocemos, tanto usted como nosotros, la orilla segura, que conocemos el camino o que lo poseemos. Por lo tanto no nos será necesario atraerle hacia nosotros y nos reconoceremos como hermanos.
Pero es también muy probable que usted no tenga la menor certeza de que la verdad preconizada por este libro sea verdadera y pueda serle liberadora. Usted carece de la facultad de control y, por consiguiente, la posibilidad de reacción justa y espontánea. Por esto la verdad viva suspira diciendo: «Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento.» Por ello hay oídos que, aunque oyen, no pueden oír, y ojos que, aunque ven, están ciegos. Esto es una ley dialéctica. Por lo tanto, los lectores que son confrontados con el contenido de este libro, deben reaccionar de manera muy diferente a la habitual ante la lectura de un libro en general.
La Rosacruz no organiza ningún barco rápido hacia una u otra orilla, y el lector no debe buscar nada parecido. Debe tomar la decisión de jamás hacer uso del método horizontal. Este es un consejo que damos, un consejo que no queremos imponer a nadie con cualquier táctica de capataz. Los trabajadores de la Rosacruz son extraños a esos ejercicios de deporte metafísico de las iglesias, asociaciones y sociedades.
El contenido de este libro solamente tiene sentido, y si Dios lo quiere utilidad, para quienes están interiormente en estado de reconocer. Sobre la base de la igualdad, el autor quiere mostrar con toda sencillez a quienes están con él en la luz, algunas consecuencias de la nueva era, sin querer imponerse como autoridad.
Cuando la Escuela Espiritual de la Rosacruz anuncia que ha asumido una iniciativa mundial y ha formado una nueva Fraternidad Hermética activa, y que se da a conocer como Ekklesia Pistis Sophia, nadie puede pensar que quiera llegar a su objetivo por el método horizontal, pues con este método, la Rosacruz nunca alcanzaría tal objetivo. Los hombres que buscan la liberación no tienen ninguna necesidad de una nueva agencia de alquiler de naves esotéricas. Cualquier grupo de ese género, ciertamente no tiene nada que temer en cuanto a una posible competencia de la Rosacruz.
La idea de formar una fraternidad mundial dialéctica es tan vieja como Matusalén, e incluso más vieja aún, y la Rosacruz no tiene intención de persuadirles con esa idea. La empresa de intentar una reforma mundial la han asumido, sin éxito, miles de hombres en los años y siglos precedentes, y la Rosacruz no desea ilusionar a nadie con semejante empresa. Todo cuanto se quiera emprender en ese sentido no tiene perspectivas, y toda ilusión en ese campo reacciona engañosamente.
A lo largo de los siglos, la Fraternidad de la Rosacruz expuso lo estéril de ese punto de vista. Como ejemplo de ello sirva el texto «La reforma general del mundo entero», escrito satírico del italiano Trajano Boccalini, que fue imprimido junto a la primera edición de la Fama Fraternitatis R.C., en 1614, en lengua alemana. En él leemos que un gran número de sabios, autoridades competentes y personas eminentes, convocados por Apolo en el monte Parnaso, discutían, sin éxito, sobre la posibilidad de una reforma general del mundo. Lo que uno suponía posible, otro lo rechazaba. Finalmente, esos señores, consternados y amargamente desilusionados, no sabían qué hacer, a lo que su secretario, Mazzoni, tomó la palabra y dijo:

«Señores míos, les pido que sepan disculparme si digo que me parecen médicos irreflexivos, que pierden su tiempo en disputas y se atormentan con discusiones, sin ver antes al paciente y sin oír el relato de su dolencia.
Se nos ha encargado curar al siglo de la peligrosa debilidad con la que va tan abatido. Todos los aquí reunidos estuvimos ocupados en ello, y hemos exprimido nuestros cerebros para encontrar la causa de la dolencia y un remedio saludable, y ninguno de nosotros fue lo bastante razonable como para realizar una visita y examinar al paciente.
Por esto, señores, soy de la opinión de que debemos mandar llamar al propio siglo e interrogarle sobre sus molestias. Desnudémosle y examinemos aquí sus miembros lesionados. De esta manera el tratamiento se nos hará más factible, ya que por el momento no encontramos ninguna esperanza de éxito.»
Esta propuesta de Mazzoni agradó de tal modo a los presentes, que en aquel mismo instante dieron orden para que fuese llamado el siglo. Este fue llevado por las Cuatro Estaciones en un asiento, al interior del palacio de Delfos.
Era un hombre de edad, de buena presencia, y disponía de una constitución tan robusta, que aparentaba poder vivir todavía muchos centenares de años. Estaba solamente asmático y se quejaba siempre con voz cavernosa y tos ronca. Los señores se sorprendieron y le preguntaron qué era lo que le atormentaba tanto, puesto que su tez presentaba un estado de frescura y normalidad, índice de un calor natural suficiente y de un estómago en buen estado. Acordáronse entonces de que cien años atrás, él había tenido mal color, como si hubiese padecido ictericia. Pero, con todo, se expresaba con vivacidad y con fuerza. Pidieron al paciente que les contase todo lo referente a su molestia, puesto que le habían llamado para curarle.
A todas esas preguntas de los filósofos respondió: «Señores míos, poco tiempo después de mi nacimiento, empecé a sentir las dolencias que ahora me atormentan. Mi buen semblante que los señores ven, proviene de la pintura con la que los hombres me embadurnaron. Mi dolencia es como el flujo y reflujo del mar: el mar sube y baja según tiempos determinados, pero siempre contiene la misma cantidad de agua. Observo estos mismos cambios en mí. Cuando parezco bien de salud y exteriormente me presento convenientemente, y mi tez se muestra suave y agradable, la dolencia es interior, como lo es en el presente. Mientras que, cuando tengo mala fisonomía y un aspecto ruin, estoy bien de salud interiormente. Puesto que desean saber cuáles son las dolencias que me atormentan, retiren de mí la vestimenta con la que los hombres me disfrazan, para esconder un miserable cuerpo que parece muerto. Véanme desnudo, tal como la naturaleza me creó, y comprenderán que soy como un cadáver viviente.»
En esto, dichos señores se aproximaron a siglo e, inmediatamente, tras haberle desnudado, vieron que tenía todo el cuerpo recubierto de cuatro dedos de espesor de una sarna que le consumía. Los señores reformadores mandaron traer diez navajas para liberarle de la sarna, pero se dieron cuenta de que había penetrado tan profundamente, que llegarían al esqueleto sin poder encontrar ni un sólo pedazo de carne sana en todo el enorme cuerpo. Quedaron de tal manera horrorizados, que le volvieron a colocar apresuradamente el vestido y le despidieron.
Convencidos, tras el examen, de que no existía ninguna esperanza de cura para el siglo, resolvieron abandonar la tarea de promover el bienestar general que les había sido encomendada, y sólo se preocuparon de encontrar medios para conservar intacta su reputación y su consideración ante el mundo.
Para dar la apariencia de haber solucionado el caso, y convencer al mundo de que habían cumplido bien con su obligación y defendido los intereses generales, esos mismos señores dictaron a su secretario, Mazzoni, el texto de una reforma general, en el cual, con palabras pomposas, demostraban hasta qué punto estaban interesados por el bienestar de la humanidad.
Esta sátira expresa muy claramente nuestra intención. La Fraternidad de la Rosacruz no desea ningún plan de reforma para un mundo agonizante, no se hace ninguna ilusión al respecto.
Pero, se podrá preguntar, ¿cuál es entonces la misión y la obra de la Escuela Espiritual en la nueva era? ¿Se puede todavía hablar de una misión y de un trabajo en las actuales circunstancias?

En los años venideros, la Fraternidad de la Rosacruz manifestará por sí misma una verdad cierta. Ya pasó el tiempo en que la mayor parte de la energía de los trabajadores era empleada en exteriorizar la verdad de la manera intelectual dialéctica corriente. Toda la humanidad que se dice espiritual e intelectual está discutiendo entre sí sobre lo que es «verdad» y lo que es «mentira». Y si lo que afirmamos es exacto, es decir, que la mayor parte de la humanidad ya no está en condiciones de poder distinguir la verdad de la mentira, ¿qué interés podría haber en presentar de nuevo, con un esfuerzo suplementario, la verdad de la Rosacruz?
Por ello, la Escuela Espiritual no ha fundado una nueva organización de la verdad, ni ha establecido debates sobre la verdad, sino que pretende demostrar, por los resultados de su trabajo, la fuerza por la que existe y actúa. La Escuela Espiritual de la Rosacruz está ocupada en manifestar un estado real no sometido a ningún tipo de especulación: la realidad del hombre nuevo.
Este estado real no tendrá un carácter reformador en el sentido social o espiritual terrestre, pero, desde muchos puntos de vista, actuará en sentido esclarecedor y demoledor.
Cada cual podrá ver y comprender claramente la situación en que se encuentra el mundo y la humanidad actual en el orden de existencia y, ante la realidad del hombre nuevo, determinar la actitud que tomará en favor o en contra de la luz.
Por lo tanto, pensamos que, en un tiempo relativamente corto, cada hombre, tanto el de profundo saber espiritual como el muy superficial, estará en condiciones por su propio ser para juzgar, sacar conclusiones y determinar su actitud respecto a la realidad de la verdad y de la mentira claramente visibles. Esta decisión será tomada de forma independiente, y nadie podrá ser forzado por ninguna autoridad.
Un cambio espiritual se fructificará, no para dirigir al orden natural terrestre hacia alguna nueva línea política, social o económica; ni para ponerse en contra de una idea determinada, de un gobierno o de una iglesia; sino que, haciendo uso de las nuevas condiciones atmosféricas y magnéticas, producirá fenómenos que influirán en todos los reinos naturales, de tal forma que las concepciones, las relaciones y las ideas se transformarán completa y necesariamente.
Cualquier aclaración detallada sobre estos acontecimientos venideros, podría ser, para la mayor parte de nuestros lectores, un motivo de nuevas especulaciones, por lo que guardaremos silencio. Mas un hecho es cierto: las iglesias con su forma actual, con sus experiencias metafísicas, desaparecerán; el periodismo, tal como lo conocemos ahora, no tendrá nada con que alimentarse, y la ciencia, las letras y las artes se modificarán profundamente.
La humanidad despertará de un sueño y será colocada ante una elección. Algunos darán la espalda resueltamente a los tripulantes combatientes que, solos o en sociedad, con su supuesto Hijo del Padre a bordo, les quieren conducir a la orilla segura… que nunca alcanzan.
La Fraternidad Mundial no preguntará a los posibles interesados: «Si esto es de su agrado, ¿desea venir con nosotros?», sino que ella entrará en escena, se demostrará manifestando el ya referido estado de hecho.
Al comienzo de la citada fase final, fue dirigida a todo el campo esotérico la siguiente declaración: «Pueden unirse a nosotros, si lo desean y si se consideran aptos; pero ello no es indispensable, pues podemos prescindir de ustedes.» Que el lector considere este libro como una modesta parte de esa declaración.
La Fraternidad que va a llevar a cabo el trabajo en cuestión vive, está plenamente preparada para realizar su tarea, completa en cuanto al número y llena de fuerza. Un cambio espiritual absoluto se va a efectuar en el mundo. ¡Con usted o sin usted! Tal vez sin usted… pero, de todas formas, ¡para usted!
Que quienes participan en el Reino Inmutable sirvan, de todo corazón, al Señor y a su Fraternidad.
Esperamos y rogamos que muchos puedan reflexionar sobre nuestro ofrecimiento y que examinen abiertamente nuestro arte y exploren el presente con toda su dedicación y, si es posible, den a conocer con todas sus fuerzas nuestros puntos de vista.
La Gran Obra será realizada. ¡Dios no deja que la obra de sus manos perezca!

DEI GLORIA INTACTA

LA GLORIA DE DIOS ES INTOCABLE

Epílogo

Cruel, insensata y demente es la vida. Se podría decir que un dios monstruoso se está divirtiendo en un lúgubre juego con sus criaturas. El hombre, indefenso, es arrastrado a este infierno. El llegó a pensar que vivía, y que el camino que seguía le llevaba a un bien superior más amplio y más perfecto. Pero regresa para descubrir que es triturado sin sentido en los molinos del tiempo.
Las ilusiones son desvanecidas y, día tras día, se encuentra cara a cara con la muerte. Apenas nace, comienza ya a calcificarse, y el cáncer consume sus fuerzas vivas. Desde niño se encuentra a las puertas de un gran destino… ¿Pero de qué destino? ¿Quién lo sabe? Es un salto en profundas tinieblas de insondable distancia.
Y mientras tanto, los hombres se congregan para una bendición nupcial y dicen: «¡Sí!» ¿A qué dicen sí? A que ellos santificarán sus vidas. Y los mejores de ellos intentarán hacerlo, consiguiendo muy poco. Luchan como héroes y heroínas… pero ¿cuál es el resultado?
Hay quienes se ríen, otros se encogen de hombros en señal de desdén. Y existen también quienes no quieren juzgar una vida por su resultado, sino por el esfuerzo del hombre, por la lucha que mantiene contra lo que está establecido para él por la naturaleza. ¿Pero quién sería lo suficientemente psicólogo para apreciar el valor de una vida según la esencia de la lucha que en ella se expresa?
La lucha en la que se encuentran los hombres, es de un color muy particular para cada uno de ellos y tan variada como hombres existen. Hay un pasado sanguíneo viejo de eones, que el hombre arrastra en este valle de lágrimas, y también está su forma corpórea, cuyos aspectos más vitales, en su mayor parte, proceden de sus padres. En esta situación, debe llevar la tarea de su vida a buen término.
¿Ha meditado usted ya sobre esto? ¿Se ha dado cuenta de que tiene que realizar el plan divino con un instrumental que, en su mayor parte, no ha confeccionado usted?
Los hombres son llamados «entidades auto creadoras», pero no lo son. ¡Hace mucho tiempo que dejaron de serlo! Es evidente y lógico que su propio ser sanguíneo bloqueó su manifestación. Con todo, es necesario que el alumno se impregne profundamente con la idea de que él debe su forma corpórea a quienes denomina padres, ¡y eso es monstruoso y demencial, y fuertemente antinatural! Sin embargo, por ese proceso de procreación natural, él es creado en este mundo, y esto es una ley, la ley de emergencia de la dialéctica.
Cuando la madre está inclinada sobre el lecho de su hijo y le acaricia llena de ternura, es la madre animal, pero si consideramos al ser humano según el plan de Dios, ella es completamente anormal. Y cuando un hombre, lleno de tristeza, se inclina sobre la tumba y llora a sus muertos, es un acto lógico según la naturaleza, pero como ser humano, según el plan de Dios, es anormal.
¿Descubrió ya con nosotros qué ha ocurrido? ¿Ha descubierto la ilusión, la inmensa y profunda mistificación? Usted habita en un cuerpo que en el fondo, y según los designios de Dios, ¡no es el nuestro! Usted se encuentra prisionero detrás de unas rejas y la ilusión de la carne es más peligrosa y terrible de lo que usted se puede imaginar. Pues su prisión no está hecha solamente de carne y huesos, de una estructura celular y de un corazón que late, sino que también tiene una contrapartida etérica y un pozo de deseos, una facultad pensadora y, por consiguiente, una conciencia biológica.
Es, por lo tanto, una locura espantosa, a la que se bautiza, se casa, procrea y a la que sepultamos y vemos como se disgrega: «Tú eres polvo, y en polvo te convertirás.»
Y el hombre se encuentra detrás de todo esto. ¿Quién es el hombre? ¿El señor tal o la señora cual, inscritos en el registro civil de esta o aquella ciudad? ¡Esta es la ilusión!
Detrás de todo esto se encuentra el Hombre, el verdadero Hombre, el Hombre que es de Dios y que quiere regresar a El. El quiere manifestarse, pero no puede hacerlo. El carrusel biológico gira locamente, realizando su circuito con estrépito ensordecedor, y el hombre verdadero intenta escapar de él, y procura hacer señas, pero estos intentos son igualmente vanos.
Buscador, ¿ha encontrado ya, en el transcurso de una noche febril, desesperada, la faz incomparable de su propio ser humano superior? En una concentración de los sentidos, ¿sondeó usted alguna vez la sublimidad y la gloria de la vida verdadera, mientras el médico se ocupaba, tal vez, en mantener en funcionamiento su aparato biológico anquilosado?
¿Reflexionó ya cuán amiga es la muerte? ¡Pues la muerte es una oportunidad de vida!
Usted no comprende esto, y por ello cree oír unas palabras destinadas a alguien cansado de la vida, que aspira al fin, y que incluso aspira a facilitar un poco ese fin.
Pero le decimos: la muerte es una oportunidad de vida, una grande y pálida amiga, tal como la denomina la escritora sueca Selma Lagerlöf, una gran posibilidad para quienes pueden ver desde el interior a Jesús el Señor.
¿Cómo es posible que en la existencia de un hombre terrenal hable el impulso hacia la vida superior y verdadera, el impulso para devenir un ser humano absoluto? ¿Cómo llega un hombre a reaccionar a ese impulso, de un modo u otro, tal vez sin resultado dialéctico visible? Es el recuerdo, el pasado subconsciente el que le habla.
Pero, ¿por qué ese pasado subconsciente habla interiormente en unos y no en otros?
Ese recuerdo es provocado por un despertar parcial del verdadero hombre superior, por el despertar del núcleo espiritual central que hace valer sus derechos recibidos de Dios y clava una espada en el hombre biológico.
Y, por la influencia de ese despertar, hubo quienes han querido proveer la prisión terrestre de placeres, de comodidades esotéricas. Otros han tratado de preparar un lugar para el hombre celeste en la ilusoria forma biológica. Pero también existen quienes rehúsan terminantemente asociarse con este elemento de desmoralización, con esta decadencia espiritual… y esto es la Rosacruz… ¡éste es el misterio de la salvación!
Cuando el hombre aprende a reconocer que la influencia del hombre superior no puede ser desviada ni por el cultivo de la personalidad ni por la división de la personalidad, sólo le queda un camino, un método. El ser superior debe inflamar ese recuerdo hasta transformarle en un incendio, en una aflicción opresiva, en una soledad, en un inconmensurable deseo, en una acuciante nostalgia febril, como si se apretara la cara contra una almohada para sofocar los sollozos, en una manifestación de pensamientos de desprecio ante una vida perdida, en la que todo se volvió oscuro.
Pues bien, ése es el secreto de la salvación. Porque esa muerte de la naturaleza, ese desmoronamiento de la carne, es la liberación. Porque esa desesperación, ese oscuro y profundo abismo, regado de lágrimas, prepara el campo para el maravilloso crecimiento. En esta aflicción según la naturaleza, crece el hombre celeste en usted, el Cristo en usted. Nace de nuevo, no por la voluntad del hombre, ni por la voluntad de la carne, sino por la propia vida divina.
Ese hombre celeste no tiene nada en común con la manifestación dialéctica. Ni un cabello, ni una fibra, ni la menor célula participa en ese proceso.
A medida que el pre recuerdo importuna al hombre y no le deja en paz y le fuerza a recorrer el mundo profiriendo lamentos, tal como el judío errante de la leyenda, el hombre celeste crece, el cual vuelve a ser una entidad autocreadora. Pero los peregrinos lo ignoran y se miran mutuamente con ojos ardientes suplicando: «Oh Dios, muéstranos la salida», pues se sienten morir, se sienten sucumbir.
Y mientras tanto, el hombre celeste crece, ¡pero ellos no lo saben! ¡Y esto es la Rosacruz! Y el poeta del Cantar de los Cantares entona sus himnos: «Qué bella eres, oh amiga mía», pero el alumno no la ve todavía. Y Jesús el Señor testimonia: «El Reino de los Cielos está en vosotros», y El lo dice a quienes se encuentran en esta muerte según la naturaleza; pero los peregrinos no conocen todavía ese misterio de salvación.
¡Pero un día lo conocerán! En un momento psicológico, en su «día del Señor», se encontrarán, caídos y perseguidos según la naturaleza, en su isla árida y desierta, en su Patmos del aislamiento, y en ese momento, y solamente entonces, el hombre celeste se les manifestará en toda su gloria. El proceso del crecimiento de la renovación está ya tan adelantado que se puede festejar el fin, el misterio de la iniciación y de la redención de la nueva era. ¡Y éste es el misterio de la salvación!
En la existencia sombría de la humanidad, la muerte no es liberadora, sino un simple cambio de situación, un giro de la rueda. Pero morir mientras se vive puede volverse la puerta de la eternidad. La pérdida de la vestidura terrestre, inútil, no es más que un fenómeno de importancia secundaria, porque el hombre liberado asciende en su cuerpo celeste; la novia celeste está preparada y el hombre, libre de la rueda de los nacimientos, ya nunca más deberá reencarnarse, salvo que lo haga voluntariamente al servicio de la Gran Obra.
Para muchos alumnos que recorren el camino, tal como fue descrito en este libro, es posible que en el momento en que la muerte natural se les presente, no les haya sido posible todavía despertar en Patmos, con un renacimiento total del hombre celeste, pero lo que ellos conquistaron de ese «ser celeste», ya no les podrá ser arrebatado. Por un crecimiento posterior en el Vacío de Shambhala, dispondrán de la gran oportunidad de poder liberarse de la rueda, para entrar entonces, realmente, en la paz eterna del gran Reino.
Millares de hombres emparentados con nosotros por el espíritu, están bajo la influencia de las tensiones y agitaciones ocasionadas por los procesos que hemos intentado describir. Y ahora hemos atacado fundamentalmente su ilusión dialéctica y sus sueños erróneos. Tuvimos que apartarles todo aquello que les hubiera servido para apoyarse y aferrarse. Les hemos tocado en su corazón dialéctico y la lectura de algunos pasajes de este libro les deben de haber irritado mucho. Pero nuestra misión al servicio de la Rosacruz fue incitarles a esa muerte según la naturaleza.
¿Y no es todo eso maravilloso, desconocido amigo? Pues usted fue impulsado hacia su Patmos y hacia su victoria y a volverse un día la cosecha de la Rosacruz de Oro. El hacha ya está en las raíces del árbol de la ilusión, y con pasos resueltos, traspasamos las puertas de la eternidad. Si está con nosotros en este camino, entonces reconoce y aprecia la verdad de estas palabras y posee ya al hombre celeste en crecimiento.
Comprenderá por qué el antiguo poeta cantaba: «Aquél que habita en los cielos sonreirá.» Pero ese sonreír es la alegría del conocimiento y del sentimiento que no se explican con palabras. Es una sonrisa de felicidad, en la que las lágrimas acuden a los ojos y caen como perlas en la oscuridad de la noche, donde brillan como estrellas silenciosas. Nosotros deseamos esa sonrisa a todos.
Sintamos esa alegría, pues la magnificencia eterna nos llama al despertar, en el destello de una nueva aurora.

¡QUE LA PAZ ESTE CON USTED!

Glosario

Alma: En este libro se comprende como el intermediario entre espíritu y materia, es decir, como la luz y la sangre que unen el primer aspecto de la triple manifestación humana con el tercer aspecto. El alma de la triple manifestación dialéctica debe ser mortal por naturaleza. Por eso Cristo es llamado el Salvador del alma, ya que sin un alma intermediaria purificada es imposible una vida más elevada.

Campo de Respiración: El campo de respiración, o esfera aural, o cuerpo del deseo, es el campo de fuerza en el que se realiza la triple manifestación dialéctica. Este campo de fuerza es luminoso, vibrante, tiene una estructura de líneas de fuerza individual y también posee puntos centrales de fuerza que muestran un movimiento de gran dinamismo. Todas las fuerzas y materiales que penetran del exterior en el campo de respiración son, según el estado del campo de respiración, admitidas o expulsadas, dañadas en su efecto o dinamizadas, acogidas en el sistema interno o rechazadas. El campo de respiración forma parte del triple sistema dialéctico del hombre y es uno con él.

Conciencia biológica: Es el centro de la conciencia ordinaria natural del triple sistema dialéctico humano rodeada por el campo de respiración. Nunca se debe confundir con el aspecto espiritual más elevado del hombre.

Dialéctica: El campo de vida actual de la ola de vida humana. Este campo de vida es movido por los contrarios (día noche, luz oscuridad, bien mal, vida muerte, etc) y por eso es llamado dialéctico. En su estado original era concebido para contrarrestar la cristalización y el aferramiento a la forma en este campo de vida por medio de una disolución natural y armónica de la manifestación y forma. Con otras palabras: la permanencia en el estado de vida dialéctico era y es concebido como temporal, como un tránsito hacia el bien más elevado, es decir, como un orden de emergencia. Por eso, en el campo de vida dialéctico, se pueden distinguir dos procesos, uno regenerativo y otro degenerativo, y por eso, finalmente, una separación entre la masa que en un principio habita el campo de vida.
En el orden dialéctico, un hombre puede regenerarse, ascender hacia el bien más elevado, penetrar en un campo de vida más alto, o degenerar, hundirse en el pecado, penetrar en un campo de vida más bajo. En la Biblia se designan estas regiones respectivamente como «Reino de los Cielos» y «tinieblas más exteriores».

Esfera aural: Ver campo de respiración.

Espíritu central humano: El núcleo de conciencia original, el núcleo espiritual del hombre verdadero e inmortal. Con la caída del hombre y su expulsión del actual campo de existencia dialéctico, la personalidad celeste se vació y perdió el núcleo espiritual central y, por consiguiente, su posibilidad de manifestación. Desde entonces está atada a su personalidad terrenal y perecedera, a la que no puede controlar y debe contemplar impotente, con un sufrimiento interminable, cómo una conciencia biológica, la conciencia perecedera del yo, toma su lugar como soberana, en una impía auto realización.
La salvación en Cristo quiere acabar con ello por medio de la auto ofrenda voluntaria del hombre yo y por la fuerza de gracia del Cristo universal que despierta de nuevo a la vida a la personalidad original procurar al hombre verdadero, el hombre espíritu, tenga la posibilidad de manifestar el plan de Dios conforme a su llamada.

Fuego de la serpiente: La fuerza creadora de la conciencia biológica que circula por el sistema de la columna vertebral y por medio de este sistema, a través de los nervios, controla toda la manifestación dialéctica (ver iniciación de Marte en el primer círculo séptuple).

Gnosis: a) El aliento amor de Dios, la radiación plena que proviene del Logos, la fuente de todas las cosas, para que, en y por ella, el hombre caído pueda realizar el plan de salvación. Esta radiación de plenitud otorga al hombre, según su orientación hacia la Luz, toda la sabiduría, amor y fuerza que él necesita para ello.
b) La Fraternidad Universal, como portadora y manifestación de este campo de radiación crístico.

Librum Naturae: Designación mística de la Enseñanza Universal, el conocimiento absoluto, la sabiduría y la fuerza, necesarios para poder recorrer el camino que conduce hacia lo alto.

Mar académico: La existencia en el actual campo de vida humano de la dialéctica (Ver dialéctica) es llamada, debido al constante movimiento del interminable subir, brillar y descender a lo que aquí todo está sometido, por los antiguos Rosacruces, como el océano inconmensurable de experiencias, en el que toda la humanidad caída ha sido arrojada para que en él, so pena de un total hundimiento, comprenda la gran lección de este orden de emergencia, es decir, que la verdadera vida, la vida de paz, amor, sabiduría, libertad y felicidad, la vida elevada por encima del sufrimiento y la muerte, que el hombre continuamente quiere ver erigirse en este mundo dividido, no puede encontrarse en esta esfera de existencia del abismo (ni en éste, ni tampoco al otro lado del velo de la muerte), sino exclusivamente en el Reino que no es de este mundo, el reino del amor de Cristo, la morada original de la humanidad. Por eso, Cristo es el pescador de hombres, que salva a quienes disciernen esto y quieren sacar las consecuencias de este discernimiento, conduciéndoles por el camino de la transfiguración, por el camino, la verdad y la vida. Ver también el libro «Cristianópolis», de Johan Valentín Andreae, comentado por Jan van Rijckenborgh.

Microcosmos: En este libro y en conformidad con la sabiduría original, se designa así el gran campo de creación individual humano. No se entiende meramente como el campo de respiración con la triple manifestación dialéctica que en él está presente. En un microcosmos pueden existir al mismo tiempo varias creaciones, al igual que podemos percibir diversos sistemas interdependientes en el macrocosmos. Para podernos hacer una idea de esta múltiple manifestación en un campo de creación, pensamos en lo siguiente: Una manifestación múltiple puede surgir de la conciencia biológica y sus diversas representaciones religiosas científicas y enfermizas. Si la conciencia biológica mantiene una determinada representación el tiempo suficiente, y la alimenta con pensamientos, deseos, sentimientos, esta figuración cobrará finalmente forma y vida en el microcosmos. Comienza como un satélite, girando en torno de su creador, como un planeta en torno del sol. Así en el campo de creación del hombre pueden vivir y trabajar demonios; son suyos y están con él. Puede dejar vivir un dios, un Cristo, una María o un hierofante. Todo ha despertado a la vida por la imaginación del hombre, por su estado sanguíneo. El puede crear todo un panteón de antepasados, amigos y parientes fallecidos y así llegar a engaños espiritistas. Hay muchos hombres que de esta forma han poblado todo su microcosmos con una horda de demonios, dioses y otros seres; con otras palabras, una personalidad dialéctica manifestada hasta una interminable división. El hombre de la naturaleza es el centro de un planetario impío por las infecciones y engaños de la conciencia biológica. La elevación por encima de la dialéctica, tal y como se describe en este libro, significa al mismo tiempo la aniquilación del planetario impío. La purificación del microcosmos es la condición inseparable para el desarrollo del cuerpo celeste que es: un nuevo sistema de campo de respiración en el gran campo de creación; que no proviene de la conciencia biológica sino del espíritu central.

Portador de imagen: En el plan de emergencia de Dios para la humanidad caída, se establece que el hombre, a través de la escuela de las experiencias, conservará la posibilidad de realizar el plan original que el Logos ha determinado para la humanidad. La seguridad de ello yace encerrada en la rosa del corazón, el átomo chispa de espíritu o el átomo crístico situado en la cima de la cámara derecha del corazón. Este átomo original, un rudimentario vestigio de lo original, de la vida divina, también llamado «semilla de oro de Jesús» o «joya maravillosa en el loto», es el germen de un microcosmos totalmente nuevo, la semilla divina que es guardada en el hombre caído como una promesa de la gracia, hasta que llegue el momento en el que madurada por el sufrimiento de las experiencias, recuerde su origen y se llene de anhelo por la casa del Padre. Se ha creado, entonces, la posibilidad de que la luz de la esencia universal crística despierte al adormecido botón de rosa de su estado latente, por lo que se crea el fundamento para el proceso de regeneración del hombre: el proceso de devenir un hombre nuevo a imagen de dios. El hombre que porta el átomo chispa de espíritu en el corazón, es también por derecho un portador de imagen de Dios. Por eso, la gran lección que la existencia presente quiere enseñar al hombre es ésta: Que la vida perecedera no es una meta en sí misma, sino que ella se ofrece al hombre, como portador de imagen de Dios, como posibilidad de realizar su llamada: salvar y ofrecer la vida eterna al microcosmos hundido en la muerte y la oscuridad.

Rosa del corazón: Ver portador de imagen.

Vacío de Shambhala: Es una región situada fuera de la esfera material y fuera del más allá, que es preparada por la Fraternidad de la Rosacruz de Oro para ofrecer a los alumnos de la Escuela Espiritual una situación bajo condiciones armónicas libres de dificultades, obstáculos, peligros y molestias de la dialéctica en la que puedan continuar el trabajo comenzado y coronarlo con éxito.

CHRISTIANOPOLIS

EXPLICACIÓN DE SIETE CAPÍTULOS DEL LIBRO

REIPUBLICAE

CHRISTIANOPOLITANAE

DESCRIPTIO

de

JOHANN VALENTÍN ANDREAE

POR
JAN VAN RIJCKENBORGH

1982
ROZEKRUIS PERS-HAARLEM-PAÍSES BAJOS

INTRODUCCIÓN

En el año 1619 apareció en latín un escrito de Johann Valentín Andreae con el titulo de Reipublicae Christianopolitanae Descriptio (Descripción de la república de Cristianópolis).
Una parte de esta obra ha sido comentada por J. Van Rijckenborgh en los años que precedieron a la segunda guerra mundial, en diferentes servicios de Templo, para explicar, a los alumnos de la Rosacruz de este tiempo, su sentido profundo. Como todavía hoy, estas alocuciones has guardado toda su actualidad, hemos creído útil publicarlas en lengua francesa.
Además de los comentarios de J. Van Rijckenborgh, esta edición conlleva los extractos correspondientes de la obra de Andreae.
Hay que observar aquí que las alocuciones de J. Van Rijckenborgh estaban basadas en una traducción inglesa del texto latino de Andreae. Por esta razón la presente edición francesa esta fundada por una parte en la versión inglesa del texto de Andreae y en la versión holandesa de J. Van Rijckenborgh.
Pueda el lector orientar su vida de forma que pueda también un día entrar en su Cristianópolis, su ciudad del Cristo.

ROZEKRUIS PERS.

«Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de la maldad.
Porque sol y escudo es IEHOVA Dios; Gracia y Gloria dará IEHOVA. No quitara el bien a los que andan en integridad.»

ÍNDICE

0. Introducción.

1. La isla de Caphar Salama.

2. El origen de Cristianópolis.

3. El examen del neófito en cuanto a su modo de vida y su firme moral.

4. El examen de la personalidad del neófito.

5. El examen del grado de civilización del neófito.

6. Descripción de la ciudad de los magos.

7. La ciudad de los Misterios.(I)

8. La ciudad de los Misterios.(II)

9. Arquitectura mágica.

10.Algunas precisiones sobre la ciudad de los Misterios.

EL MOTIVO DEL VIAJE Y EL NAUFRAGIO
Como un extranjero, recorría yo este mundo, sufriendo los numerosos regímenes tiránicos, engañosos e hipócritas, no habiendo encontrado todavía al hombre que buscaba ardientemente, me pareció bien arriesgarme de nuevo en el Mar Académico, aunque este ya me había perjudicado frecuentemente. Fue así como me subí a bordo del buen navío «Fantasía», y con muchos otros viajeros dejamos el puerto, exponiendo mi vida y mi persona a los mil peligros que acompañan al deseo de conocimiento. Al principio las condiciones de nuestro viaje fueron favorables. Pero tempestades de envidia y de calumnia no tardaron en levantarse, y agitaron contra nosotros al Mar Etíope y nos quitaron toda esperanza de una travesía calma. El capitán y la tripulación se expusieron al máximo hasta el final. Por instinto de conservación, no nos dábamos todavía por perdidos y el navío afrontaba los arrecifes. Sin embargo el poder de las aguas aumento. Entonces, cuando finalmente habíamos perdido toda esperanza y nos preparábamos para la muerte, más por constatación de lo inevitable que por grandeza de Alma, el navío zozobro y volcó.
Algunos fueron engullidos por el mar, otros fueron dispersados a lo lejos, mientras que otros que sabían nadar o que habían encontrado una tabla, eran arrastrados hacia diversas islas esparcidas en el océano. Los supervivientes fueron pocos.
Sin embargo, solo yo fui rescatado al fin, sin compañeros, sobre lo que parecía ser una minúscula mota de tierra.

LA LLEGADA A LA ISLA CAPHAR SALAMA

Todo me gustó aquí, salvo yo mismo. La isla, tan pequeña como parecía, tenía de todo en abundancia y no había un trozo de tierra que no fuera explotado o empleado de alguna manera para el bien común. La isla estaba situada(como constate más tarde)en el Hemisferio Sur, a diez grados del Polo Sur, a veinte grados del Ecuador y cerca de doce grados bajo el signo de Tauro. No querría entrar en más detalles sin importancia.
La isla es de forma triangular, con un perímetro de cerca de treinta millas. Es rica en tierras labradas y praderas, irrigada por ríos y arroyos, adornada con bosques y viñedos por donde pululan animales. Se podría creer que el cielo y la tierra se habían juntado aquí en eterna paz.
Cuando a los rayos del sol matinal secaba mi camisa, única ropa que me quedó, un isleño, que pertenecía a los vigilantes, se acerco de repente. Compasivo se informo de mi desgracia, y como se apiadaba sinceramente de mi, me rogó que le tuviese confianza y que le acompañara a la ciudad, donde me procurarían lo más necesario de acuerdo con las buenas disposiciones habituales con respecto a extranjeros y exiliados. Añadió:¡Si que podéis consideraros afortunado de haber sido lanzado sobre este suelo después de un naufragio tan terrible!.
A lo que me contenté con responder:»¡Doy gracias a Dios! ¡Que Dios sea alabado!»

I
LA ISLA CAPHAR SALAMA

Los alumnos de la Rosacruz saben que existe una acción recíproca, radical y a menudo dramática, entre las diversas olas de vida que pueblan el universo. Lo mismo que algunos pequeños cuerpos celestes pueden ser atraídos fuera de su órbita por formaciones estelares más densas, oleadas de vida más antiguas y más evolucionadas pueden echar a corrientes de vida más jóvenes fuera de su vía de evolución y perturbar hasta tal punto su desarrollo conforme a las leyes naturales, que deben tomarse medidas radicales por los sublimes rectores de toda vida para impedir la destrucción de las chispas divinas que les han sido confiadas.
Esta enseñanza puede ser verificada de diversas maneras y demostrarse científicamente. Aunque no querríamos ocuparnos en enumerar y citar tales argumentos, querríamos por lo menos daros un ejemplo.
Llamamos vuestra atención sobre la oleada de vida de los animales, que nos sigue y que todavía no esta tan desarrollada, que es influenciada en numerosos aspectos por la humanidad. Frecuentemente hacemos un uso maléfico de nuestro poder. Innumerables especies animales se encuentran totalmente desorganizadas a causa de nuestra mala influencia; el salvajismo y los peligros del reino animal que nos amenazan han sido ocasionados por la misma oleada de humanización. Nuestra malignidad, nuestra ruindad y nuestra imperfección, nuestra corrompida realidad, se reflejan en el reino animal y nuestra emanación envenenada entraña un crecimiento desordenado que se revela en el reino animal por la oleada de los insectos perjudiciales. Los microbios y las bacterias que amenazan nuestra vida, que en realidad están encargados de la transformación de las materias orgánicas en materias minerales, se vuelven ahora contra el reino humano, con un espantoso resultado para nosotros, guiados por el espíritu de rebelión del reino animal.
De forma análoga existe una influencia de la oleada vital de los Ángeles sobre la oleada de vida humana. En un momento muy angustioso de nuestro peregrinaje, que esta completamente perdido en las brumas del pasado, un golpe muy fuerte nos alcanzó, desencadenado por la ola de vida angélica, y se desarrollo para nosotros un destino lleno de consecuencias.
Una sucesión de mitos y leyendas certifican este terrible acontecimiento. Con relación a esto podemos leer en particular los vestigios mutilados de la doctrina Maniquea. Sobre todo es la Biblia la que ilumina de manera velada, pero concretamente para los que tienen el conocimiento interior, los acontecimientos que entrañaron una modificación total de los métodos del plan de evolución divino, el cual es la base de la ola de vida humana.
Unos grupos del reino de los ángeles, llamados «Espíritus de la Luna» y «Espíritus de Marte», tuvieron y todavía tienen por misión ayudar a la ola de vida humana a desarrollarse. Las fuerzas lunares construyen la forma, mientras que las fuerzas marcianas despliegan en esta forma la energía dinámica, la fuerza del deseo, con el objetivo de que la conciencia nazca de las interacciones de la forma y del deseo.
Las fuentes mencionadas nos citan que una parte de los Espíritus de Marte ejecuto su tarea con demasiada pasión, contrariamente al orden divino, y así se desencadenó el mal; mientras que era contenido y neutralizado por la sabia providencia, el hombre en su infancia cayo bajo la influencia del mal, por falta de madurez y de fuerzas suficientemente desarrolladas.
El mal, la oscuridad, siempre debe existir, en tanto que posibilidad negativa con el fin de que este asegurada la libre facultad de evolución del Bien, de la Luz, de la posibilidad positiva. Esta ley de la naturaleza es intangible y esta introducida en un orden universal teocrático con una advertencia divina.
Este orden universal teocrático es comparado en el relato del Génesis a un jardín en el que se encuentran numerosos árboles frutales y numerosas fuerzas. El hombre-niño es instruido en todos los valores así como de todos los peligros gracias a la ayuda divina y a la Luz divina. El hombre-niño puede servirse de los diferentes frutos, de ciertas fuerzas y valores; por el contrario se le dijo:»El día en que comiereis, deberéis morir».
El mal existe pero al principio esta encerrado, aunque puede ser desatado por el hombre. Hay muchas malignidades que conocéis o teméis sin tener el deseo de realizarlas. Lo positivo que habéis realizado, en parte conscientemente, os protege de hecho de estas experiencias, mientras que el bien del que tenéis alguna noción, os coloca en condiciones de reconocer las consecuencias del mal sin haber realizado la experiencia concreta.
No es cierto, como muchos hombres pretenden, que no pueda acercarse a lo positivo más que después de haber experimentado en su propia carne, el resultado de lo negativo. Una experiencia de la conciencia según el corazón y la razón es para algunos enteramente suficiente, mientras que otros deben antes enredarse en montañas de inmundicias para obtener la misma experiencia de conciencia. Por ejemplo, sois perfectamente libres de hacer un mal uso del alcohol; y sin embargo no tenéis necesidad de volveros alcohólicos para saber que el alcohol es perjudicial.
Solamente queremos deciros que en principio es posible tener al mal en jaque sin hacer del hombre un autómata viviente y que se puede adquirir conciencia sin amargas experiencias previas. El Amor divino es tan absoluto que podemos desarrollar nuestras facultades latentes en esta claridad.
En la más remota antigüedad, caímos victimas de los experimentos de los espíritus luciferianos disidentes. Ellos impulsaron una línea de evolución que dio a lo negativo la posibilidad de colocar bajo su influencia a la joven humanidad. Como consecuencia la forma degenero y por tanto debieron introducirse la muerte y la reencarnación que la sigue, en calidad de medidas de urgencia, con el fin de preservar la posibilidad de evolución de la ola de vida humana. Las consecuencias de esta caída fueron horribles y desde entonces hemos debido recoger sin excepción los frutos amargos. Y ahora vivimos en una contra-naturaleza de los valores perturbados
Y sin embargo desde esta caída vemos manifestarse a los Hierofantes del Cristo y se anuncia la venida de Éste, en la fuerza del cual podremos un día aplastar la cabeza de la antigua serpiente del mal. Desde ahora hasta ese momento, esperemos que la serpiente no nos habrá destruido completamente los talones.
Numerosos fueron los que se preguntaron el significado de la palabra «talones» en el capitulo tres del Génesis; en efecto, este texto no es difícil de comprender; cuando nuestros talones son heridos, ya no podemos correr. En otros términos las energías negativas que aparecen en actividad, intentaran lo imposible, en virtud de su ser para impedir nuestro desarrollo evolutivo e incluso para destruirlo.
Es en este combate de titanes donde nos encontramos hoy. Las fuerzas negras hacen todo lo posible para herir los talones de los hombres y desgraciadamente han llegado a muchos de ellos. Sin embargo, vemos por otra parte manifestarse a los Hierofantes de Cristo con un glorioso plan de salvación.
Debido a que el hombre ha desencadenado el mismo el mal (aunque con la instigación de otras entidades) el mismo debe reencadenarlo, conforme al plan de Dios. Él podrá ejecutar esto fácilmente, pues será igualmente incitado a su salvación, por terceras personas y en su fuerza. En efecto, es nada menos que el Cristo quien nos vuelve aptos «para convertirnos en Hijos de Dios».
En resumen, el Plan de salvación de los Hierofantes del Cristo, de la Fraternidad de la Luz, tiene como meta formar un campo de fuerzas en el amor del Cristo a partir de un numero suficiente de hombres que exploten positivamente sus poderes; por ello el mal será reducido y encadenado y seguidamente se constituirá un nuevo método de educación para los millones de seres que están gravemente heridos y que, con los pies destrozados, se han hundido en el camino de la humanidad.
Esta doble tarea nos es expuesta en particular en el maravilloso libro del Apocalipsis. Leemos allí que la bestia será arrojada al abismo y que comenzara el milenio a lo largo del cual la humanidad se preparara para el combata definitivo contra el mal y deberá entonces neutralizarlo para siempre. El que al principio no tenga éxito temporalmente más que con la ayuda de la Fraternidad de la Luz deberá luego confirmarse en la acción por la humanidad entera con el fin de que pueda empezar a desarrollarse una nueva espiral, llamada «La Nueva Jerusalén».
Os parecerá lógico que los alumnos de la Escuela de los Misterios de la Rosacruz, al lado de todos sus preparativos en el desarrollo espiritual, adquieran también una comprensión y deben estar perfectamente orientados al asunto del milenio, el cual es designado por los Rosacruces clásicos con el termino de «Cristianópolis» y por la Escuela Espiritual actual como «Teocracia».
En una visita a la Biblioteca del Museo Británico de Londres, de renombre mundial, descubrimos el libro, casi desconocido, de «Cristianópolis» de Johann Valentín Andreae, el autor de la Fama Fraternitatis R.C. Hemos podido traer a los Países Bajos una traducción inglesa de este documento de la Fraternidad Rosicruciana del año 1619, que quizás se encontraba en esta biblioteca desde hacia varios siglos, sin que nadie se hubiera interesado jamás en él.
Hemos sentido interiormente que debíamos sacar a la luz del día el contenido de este libro y darlo a conocer a todos los alumnos con unas explicaciones, con el objetivo de que puedan armonizar mejor su trabajo y por tanto servir así mejor a la Gran Obra.
No queremos entretenernos en encontrar una respuesta a la pregunta de porque fuimos precisamente nosotros llamados a esta tarea mientras que ciertamente muchos hombres mejor cualificados habrían podido, con mayor éxito, emprender una misión como esta.
Queremos ante todo seguir con nuestra aspiración y religaros a Cristianópolis, el estado del futuro, la ciudad cuyas murallas se dibujan vagamente en el horizonte de nuestra era.
Pero debéis considerar que Cristianópolis posee dos aspectos:
Uno tridimensional, en el sentido de un nuevo estado a realizar, la teocracia, relacionado por lo tanto con la materia bruta y otro cuatridimensional, en el sentido de la Iniciación dada por la comunidad de la vida que se conoce con el nombre de «Fraternidad de la Luz», haciendo del neófito de la Rosacruz, un ciudadano de los dos mundos.
Bajo su aspecto tridimensional, Cristianópolis es la comunidad de la vida del mañana que debe ser realizada en Bondad, Verdad y Justicia por los corazones, las cabezas y las manos de los hombres. En el sentido cuatridimensional puede ser vivida interiormente por todos los que la desean verdaderamente.
Acercándonos a la obra de Andreae, deberemos siempre tener en cuenta estos dos aspectos. Pues la realización del segundo es la consolación divina, la Fuerza del Espíritu Santo que quiere llenar al alumno cuando este busque realizar el primer aspecto en amargo sufrimiento y rudo combate.
Por esta razón Cristianópolis, construcción de la Fraternidad de la Rosacruz, va más allá de la idea de Bellamy y de los esfuerzos de los Bellamistas. *
La Fraternidad de la Rosacruz ha fundado su estado en las líneas de fuerza cósmicas de la cristiandad mientras que los Bellamistas intentaban erigir este estado en el campo de vida terrestre, sin renovación interior.
Cada uno comprenderá sin embargo, que los constructores de una ciudad como Cristianópolis deben ser hombres que están dispuestos a comprometerse sobre la vía de la renovación interior.
Introduzcámonos, pues, en camino hacia Caphar Salama, donde esta fundada la nueva ciudad. En la primera parte del relato de Cristianópolis, se nos describe a un hombre que se ha liberado totalmente de los valores de vida degenerados e inutilizados y que busca en la oscuridad una solución, una luz.
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Con la certeza de la Fe interior se embarca en un navío que enarbola el signo de Cáncer sobre su pabellón, para atravesar el Mar Académico. Mencionemos también que el nombre del navío es «Fantasía». El Mar Académico es una extensión de agua agitada y peligrosa y el viajero sabe perfectamente que arriesga su vida a causa de numerosas circunstancias contrarias que provienen de la estupidez. Aunque las condiciones en las que empieza la travesía son muy favorables, una violenta tempestad no tarda en levantarse. Todas las energías se ponen a contribuir, pero el navío es golpeado con tal violencia que zozobra. Los pasajeros intentan salvarse pero muchos se ahogan; otros son arrastrados lejos los unos de los otros y Johann Valentín Andreae sin ningún compañero, después de haber luchado, con la energía de la desesperación, contra las olas, es finalmente llevado a una isla desconocida y maravillosa.
Esta isla parece muy pequeña pero esta provista de todo en abundancia. No había ni un trozo de tierra que no estuviera cultivado o explotado de alguna forma para el bien general.
El nombre de la isla es Caphar Salama. Se encuentra en el hemisferio sur, a diez grados del polo sur, veinte grados del ecuador y cerca de doce grados bajo el signo de Tauro. Forma un triángulo y un perímetro de treinta millas. Andreae tiene la impresión de encontrar un mundo completo en miniatura, que evoluciona en paz eterna.
Vestido únicamente con su camisa, única ropa que le queda, Andreae pisa la playa sagrada de Caphar Salama y allí es recibido por uno de los guardianes de la isla que le ruega que le acompañe a la ciudad donde se le proveerá de lo más necesario.
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Verdaderamente no os será muy difícil percibir el sentido, ligeramente velado, de este comienzo. Cuando nuestra naturaleza inferior es desmantelada y cuando nos iluminamos con un ardiente deseo de salvar al mundo y a la humanidad, para elevarlos a una nueva realidad de vida, no nos queda más que un solo método de trabajo, una única posibilidad de trabajo, la Cruz, el derramamiento de sangre del Alma por el mundo y la humanidad, en ofrenda de si mismo y en abnegación, conforme al ejemplo de Jesús-Cristo Nuestro Señor.
Por esta razón el neófito sube a bordo de un navío con el pabellón del signo de Cáncer. Este es el signo del nadir, el pie de la cruz erigido en nuestra vida. Únicamente por este signo se puede alcanzar la victoria. («In hoc signo vinces»).
Cuando la conciencia del alumno esta estrechamente unida a la magia de la cruz, se le aparece también un saber interior que le toca. Un estado de unión con una energía universal con la cual realiza una parte en su conciencia, pero la mayor parte se pierde en la nada, lo mismo que el mar se transforma en cielo al final del horizonte.
Lo que él observa son olas que van y vienen aparentemente sin razón. Ondas que le exhortan a confiarse a ellas por el camino del reconocimiento del plan divino, para el mundo y la humanidad, según el corazón y la razón.
Así navega el esquife llevando el signo de Cáncer sobre su mástil, por el Mar Académico del saber interior. Deslumbrados sus sentidos, el alumno navega por el océano agitado de las posibilidades desconocidas, con el fin de aprender el misterio abstracto en su valor concreto y llevarlo hasta la colina del calvario.
Ahora bien, esta ascensión por el ser abstracto no se refiere a la poesía ni a un amable juego de la imaginación, sino a un acto heroico, un intenso combate psíquico. Y así, agotado y abatido, no viendo ninguna salida, llega a la isla de Caphar Salama.
«Caphar» deriva de un termino que significa» macho cabrio» o «cordero» y «Salama» implica sabiduría. «Caphar Salama» quiere decir estar introducido en la eterna sabiduría del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo; ser liberado de los últimos vestigios de auto-afirmación.
Con el fin de precisar más claramente la significación de la isla, se nos expone su posición mágica:
-A diez grados del Polo Sur. Diez es la cifra cabalística de la mano de Dios; el Polo Sur es la mitad del cielo, la puerta del Señor donde la cabeza se inclina con el grito de «todo esta cumplido»
-Veinte grados del Ecuador. Veinte es el valor cabalístico del despertar fuera de la muerte, que se ha vuelto posible por el franqueamiento del ecuador, de la línea de demarcación entre lo negativo y lo positivo, entre el descenso y la subida, entre la oscuridad y el meridiano.
-Doce grados bajo el signo de Tauro. Doce es la cifra cabalística de la visión profética que surge de una sala llena de tesoros, el capital espiritual simbolizado por Tauro.
La forma de la isla es triangular, símbolo franc-masónico místico del triángulo de fuego de la Bondad, de la Verdad y de la Justicia.
El perímetro de la isla mide treinta millas, alusión a la Fraternidad de la Luz, al Séptuple campo de fuerza de los Iniciados.
Sobre la base de este saber mágico, de esta fuerza divina, de esta fuente eterna, Johann Valentín Andreae construye su plan de estado, su Cristianópolis. Y esto debe llenarnos de gozo al conocer, por la voz del guardián del santuario, lo que se nos transmite:
<>, y nosotros no podemos más que balbucear:
<>.

I

EL ORIGEN DE CHRISTIANOPOLIS

Mientras nos aproximábamos a la ciudad, fui particularmente sorprendido por su aspecto y su belleza. En ninguna parte del mundo había visto cosa tan bella o que se le pudiera comparar. Volviéndome hacia mi guía, le pregunte: ¿Que fortuna maravillosa ha establecido aquí su morada?.
El respondió:»Bien, aquí esta quien en este mundo es habitualmente muy desgraciado. Pues mientras el mundo perseguía a los buenos y los expulsaba de su comunidad y de su religión, estos últimos reunieron alrededor de ellos a sus mejores amigos; y después de haber atravesado el Mar y explorado diversos lugares, eligieron finalmente esta isla con el fin de establecerse aquí con sus partidarios.
Entonces se construyo la ciudad que denominamos «Cristianópolis» y que debe ser un refugio o, si lo preferís, un bastión de la verdad y de la honestidad. Probaréis muy pronto la generosidad de nuestra república con respecto a todos los que se encuentran en desgracia. Si deseáis atravesar la ciudad, deberéis hacerlo, sin embargo, con mirada imparcial, lengua controlada y un justo comportamiento. Únicamente entonces esto no os será negado. La ciudad se os abrirá completamente».
A lo que replique:»¡Oh bendita hora en que después de haber tenido que ver tantas monstruosidades con temor y temblor, gozo del privilegio de percibir algo verdaderamente amable y bello. No ahorraré ni baño, ni navaja ni brocha para ser admitido, lavado, afeitado y purificado, en el puro dominio de la Bondad, de la Verdad y de la Justicia. Pues todos saben desde hace tiempo cuan funestas han sido mis faltas y mis errores. ¡Ojalá pueda ver algún día lo que es mejor, más verdadero y más duradero que lo que el mundo ha producido hasta hoy a pesar de sus bellas promesas.!»

II

EL ORIGEN DE CHRISTIANOPOLIS

En el capitulo anterior sobre el nuevo estado de Cristianópolis que surge de la realidad de la Escuela occidental de los Misterios, hemos visto como Johann Valentín Andreae llega a Caphar Salama.
Hemos comprendido como esta maravillosa isla es la descripción esotérica de la sabiduría y del amor omnipresente de Dios que nos irradia por el Cristo: se ha vuelto un foco espiritual en este mundo para las cabezas, los corazones y las manos de los hombres.
La enseñanza universal engendrada por Dios se acerca a nosotros exclusivamente por los Hierofantes del Cristo, de la misma forma que el Espíritu del Cristo se nos acerca y solo ha podido venir a nosotros por el Maestro Jesús, salido de la Fraternidad de los Esenios (Lo que Johann Valentín Andreae hace resonar con jubilo en la Fama Fraternitatis R.C.:»¡Jesús es todo para mi!»). Esta enseñanza universal que irradia a los hombres por la gracia de Dios como un templo blanco sagrado es así convertido en la propiedad de todos y nada puede impedir al neófito alcanzar la bella playa de Caphar Salama, en el momento que emprende su viaje en el estado exigido: enteramente en concordancia con el orden espiritual de Jesús-Cristo que atraviesa nuestro orden de la naturaleza como una espada.
Así, tan agotado y desamparado como puede estar, el neófito, penetra en el campo de fuerza de la Escuela de los Misterios; y allí es acogido por el Guardián del Santuario que le ruega que vaya con él a la ciudad. En el camino, Andreae es informado de la fundación de Cristianópolis y aprende como, después de ser admitido en el campo de fuerza, puede explorar la ciudad en todas sus particularidades, una vez llegado a este hogar espiritual.
Cuando el alumno se acerca a la ciudad, es sorprendido profundamente por la imponente belleza que irradia de este lugar y volviéndose hacia su guía, exclama:¿Que fortuna maravillosa ha establecido aquí su morada?.El recibe una respuesta que parece sorprendente:
«Aquí esta quien en este mundo es habitualmente muy desgraciado. Pues mientras el mundo perseguía a los buenos y los expulsaba de su comunidad y de su religión, estos últimos reunieron alrededor de ellos a sus mejores amigos. Y después de haber atravesado y explorado diversos lugares, eligieron finalmente esta isla con el fin de establecerse allí con sus partidarios.»
Debemos ver claramente aquí, lo que generalmente es poco comprendido, el hecho de que una Escuela de los Misterios nazca de la desgracia y de la negación, que lo que visto desde el exterior es una dicha que corta el aliento proviene de lo que parece ser aquí una inmensa desgracia.
Si en este mundo tenéis una verdadera necesidad de verdad, de bondad y de equidad, no en cuanto a experiencia interior negativa sino como palabra verdadera que se viene a realizar en vuestro comportamiento, se desarrolla una triple energía que no se puede disolver y que llega directamente para el bien de la humanidad.
Tan pronto como os atrevéis a llevar en este mundo el triple fuego de la bondad, de la verdad y de la justicia, y cuando lo irradiáis como un candelabro de siete brazos, como una fuerza mágica, se levantan en vuestra vida sufrimiento y pena, se desarrollan las mayores resistencias y persecuciones, en una palabra, las más violentas reacciones. Un gran dolor se abate en vuestra existencia, un destino que se vuelve perceptible de todas las maneras posibles, una profunda angustia que recorre todos vuestros nervios y consume vuestro corazón hasta que no pueda más.¡Comprendamos bien!.Este gran dolor no concierne a los desengaños en vuestros negocios o a los malentendidos en el seno de vuestra familia, las luchas con vuestro medio o vuestro paro forzoso. Se trata de sufrimientos espirituales, morales y materiales que sobrevienen cuando os servís de la espada crística para restablecer en su poder la verdad mutilada.
Y sin embargo, es de esta desgracia de la que proviene la mayor dicha, de este trabajo emana la tierra rectificada. Entonces la energía dinamizada del Bien, de esta sangre del alma expandida, no puede disolverse, no se vierte en vano. Ella se reúne en una onda roja como las rosas, que se eleva cada vez más alto y que termina por barrer la impiedad con una irresistible potencia. Este proceso nos es claramente expuesto en el conjunto de la magia occidental. Esto nos demuestra que todo sacrificio se vuelve una realidad.
La Escuela de los Misterios no participa de la ingenuidad mística de los teólogos y no predica así:»Vendrá un día en que terminaran vuestros sufrimientos; debéis también recibir un día lo merecido en los cielos; allí estará vuestra parte.»
No; no debéis considerar esta grandiosa dicha, que os puede corresponder en el reparto gracias a Caphar Salama, como una letra de cambio lanzada a la eternidad, sino como una energía positiva directa que podéis experimentar inmediatamente, con la que podéis estar unidos, en el medio del mundo de la muerte, como una experiencia instantánea. Los magos blancos no son los «guardianes de Sión», como les llamaron un día, con sarcasmo, los teólogos.
Cristian Rosacruz después de su viaje simbólico, llega a España y ofrece todos sus tesoros de bondad, de verdad y de justicia. Muchas veces intenta alcanzar sus compasivos objetivos; pero cuando se apartan continuamente de él, no vuelve su mirada hacia los cielos, allí donde al fin será comprendido, sino que funda en medio del país enemigo, la Orden de la Rosacruz Roja, en tanto que ciudadela inexpugnable. Y es desde allí desde donde emprende su combate.
Vosotros habéis oído hablar de Sansón con las siete trenzas de oro, de Sansón con las siete llamas doradas que flamean como un triángulo de fuego. Lleva este fuego en medio de los Filisteos, en pleno país enemigo, para extender su amor en la impiedad. Es allí desde donde es hecho prisionero y despojado de su energía luminosa. Se le impide llevar a buen fin su trabajo. Se le revientan los ojos. Se le obliga a seguir el camino de miseria de la sangre y de la tierra. Pero entonces se levanta del cenagal del sufrimiento con una renovada energía, sacude las columnas del templo de la impiedad y aniquila a sus adversarios.
Por esta razón, cuando el mundo «persigue a los buenos»,los persigue como a bestias y los tortura en los sangrientos calabozos, todo verdadero valor es tomado del campo de fuerza de los Hierofantes del Cristo.
Es por lo que el tiempo en el que vivimos es muy importante y muy significativo desde el punto de vista espiritual. La cólera del negro adversario empuja hacia el campo de fuerza central de Cristianópolis las energías inflamadas en Cristo. Andreae habla aquí de un bastión, de una ciudadela. Es un campo de fuerza, una morada para todos los que se encuentran angustiados.
No os engañéis con el error de considerar a Caphar Salama como un asilo para los sin refugio, como un lugar donde los restos de nuestro ardiente deseo se juntan en sombras inmateriales. Ved este lugar como un campo de fuerza, inexpugnable y radiante como un sol.
Los que han atravesado el mar, como Johann Valentín Andreae, lo constatan bastante pronto. Tenemos el deber de deciros que cada uno puede estar en condiciones de ser cogido en este campo de fuerza y de buscar esta ciudad. Que cada uno puede ser puesto en situación de emprender investigaciones verdaderamente espirituales en Cristianópolis.
Cada uno será admitido en los muros blancos de este ordenamiento mágico bajo la observación de una triple condición:
1-Venir con un ojo imparcial;
2-Con una lengua dominada;
3-con un justo comportamiento.
Imaginad que estamos en condiciones de enseñaros lo más sagrado, lo más bello y lo más precioso que hay, y que entonces os digamos:
«Podéis entrar con un ojo imparcial, una lengua dominada y el justo comportamiento».Vosotros responderíais entonces:
«¡Esta claro, ni que decir tiene!.Tengo una buena educación; he aprendido a controlar mis miradas y estoy en condiciones de mostrar un rostro sonriente, aunque este lleno de cólera interiormente. He aprendido a sujetar mi lengua. Mi padre, que era comerciante, me ha enseñado todo esto. Puedo adaptar perfectamente mi comportamiento a todas las situaciones. Tengo cuidado, puedo apartarme y mi madre me enseñaba, cuando solo tenía tres años, las reglas de cortesía. Vuestra triple condición es pues, para mi, extraordinariamente sencilla. Puedo observarla fácilmente. No debéis poner las cosas tan fáciles a la gente; pedid un elevado derecho de entrada. No vendrá entonces Pedro o Pablo y tendréis un publico muy culto, cuyos ojos, lengua y comportamiento, habrán sido desde el seno materno, muy pulidos.»
Comprenderéis bien que esto no tiene ningún sentido. Es la ciénaga de la falsedad, en que se ha convertido en nuestro mundo el coronamiento de la cultura.¡Con esta impostura no podéis penetrar en el santuario!.En la Escuela Espiritual no se puede mentir y los valores culturales que habéis adquirido no cuentan en Cristianópolis. Por ello Johann Valentín Andreae es lanzado a las orillas de Caphar Salama con una camisa por todo vestido.
Un ojo imparcial, una lengua dominada y un justo comportamiento:
esta triple condición es muy difícil de cumplir.
¿Poseéis un ojo imparcial? No podéis tenerlo mientras todavía queréis afirmaros.¿Quien se aproxima a la santidad divina totalmente libre y sin prejuicio?, ¿la mayoría de los hombres no vienen para encontrar la confirmación de sus ideas y de sus concepciones?, ¿y no os ponéis muy enojados cuando vuestra experiencia no esta de acuerdo con vuestra interpretación?, ¿no importunáis diariamente a los trabajadores en las viñas de Dios con vuestro egocentrismo?
Un ojo imparcial no puede nacer más que de la calidad del Alma. Si no tenéis ninguna calidad de Alma, ninguna fuerza de carácter nacida en el Cristo, vuestro ojo esta oscurecido y no puede ser imparcial. El hombre que no esta purificado por la fuerza del alma, esta dominado por los impulsos y las pasiones. Por ello es posible que encontráis ojos llenos de pasión infernal. Igualmente os podéis estremecer con la fría insensibilidad que os llega de los ojos de un hombre. Puede que unos ojos estén apagados o coloreados por instintos perversos o que muestren el duro brillo de la alienación intelectual. Todos estos ojos no pueden ser imparciales.
Nuestros ojos se modificaran cuando venga, de una posesión interior, el verdadero amor por los hombres. Vuestros ojos cambiaran cuando con este amor vayáis hacia estos ojos sucios y apagados para curar su ceguera y conducirlos en la radiación solar de Dios.
Entonces sentiréis también la necesidad de poseer una lengua dominada. La lengua, en unión con el sistema de la laringe, es el órgano que permite emitir sonidos articulados y tener un lenguaje humano. Pero considerar que también la lengua es un instrumento mágico con la ayuda del cual podéis hacer comprender vuestras intenciones a todos los que han sido tocados y prendidos por vuestros ojos.
Si poseéis la mirada mágica del amor, también podéis utilizar el instrumento mágico de la palabra y es cierto que los Guardianes del Santuario conducirán hacia vosotros a los hombres que serán alcanzados por vuestro ojo imparcial y vuestra lengua dominada.
Si pronunciáis la palabra de Dios, quizás en términos bien elegidos y con una brillante dicción pero con una lengua no purificada, vuestro lenguaje permanece entonces sin efecto. Cometéis entonces una gran traición. Vosotros no emitís entonces la palabra liberadora, sino la que alaba vuestro orgullo. Prostituís lo sagrado para desarrollar y conservar vuestra impiedad.
Así pues, es posible que dos hombres pronunciando las mismas palabras, una lengua testimonie del camino de la liberación y la otra de un profundo abismo. Los vanidosos utilizan el Santo Nombre de Dios en este mundo para alcanzar(observad bien la expresión)lo que tienen a la vista.
El hombre que posee el ojo imparcial y la lengua dominada podrá desarrollar también el comportamiento adecuado .El ojo busca lo que esta perdido para restablecerlo; igualmente busca la fuerza y la sabiduría para llevar a buen fin este trabajo de liberación. La lengua testimoniara, por una fuerza surgida del interior, lo que sirve a la paz eterna. El justo comportamiento surge de este deseo interior de los ojos y la lengua, absolutamente espontáneo y no forzado, para poder servir cada vez más dinámicamente a la luz.
Aquí no se trata de rechazo, de represión de los instintos y de las pasiones de la naturaleza egoísta, ni de la camisa de fuerza de la cultura y de la educación, sino de una orientación espontánea en si misma, en completa abnegación, hacia el objeto del deseo del corazón y del alma.
Un ojo imparcial, una lengua dominada, un justo comportamiento: cuando el neófito haya satisfecho esta triple condición, podrá entrar en Cristianópolis y cuando tenga el privilegio de contemplar, con todos sus detalles la fuente de los misterios, no podrá serle retirado. Por esta razón os decimos que si seguís este camino podréis un día ver ante vosotros, con una seguridad irrecusable , los contornos de esta ciudad santa y podréis decir con Johann Valentín Andreae:
<>
Así, los que escuchan esta llamada van a bañarse en el agua viva del Cristo para purificarse con el más duro acero de las energías dinámicas y limpiar completamente su vestido con las fuerzas de la ley evangélica, para luego ser recibidos por el Guardián de Cristianópolis con un alegre saludo de bienvenida.

EL PRIMER EXAMEN DEL EXTRANJERO,

EN CUANTO A SU MODO DE VIDA

Y SU FIRME MORAL

Mientras que alcanzábamos la puerta oriental, mi compañero de ruta me presento a la centinela de guardia diurna, quien me saludo cortésmente y me pregunto lo que deseaba.
<> le dije <>.
La centinela sonrió y amablemente me dio el consejo (ya que esta isla no admitía a nadie que no le conviniera) de vigilar en no formar parte de aquellos a los que los habitantes no soportaban cerca de ellos y que habían devuelto al lugar de donde procedían, es decir, los mendigos, los charlatanes, los histriones, los ociosos, los que lo tocan todo, los que se preocupan por lo insólito, los fanáticos desprovistos de la verdadera piedad, los envenenadores que arruinan la ciencia alquímica, los impostores que se presentan falsamente como hermanos de la Rosacruz y otros que mancillan la ciencia y la verdadera cultura. De todos ellos esta ciudad no ha cesado nunca de desconfiar.
Después de haberme limpiado de toda sospecha por el testimonio de mi profundo saber y haberme empeñado con muchas declaraciones en consagrar todas mis energías al servicio de la Verdad y de la Justicia, la centinela declaró:<>
Con estas palabras me cogió de la mano y me condujo a la morada de uno de los guardianes, que no se encontraba muy lejos y me reconfortó con deliciosos manjares y bebidas.

III

EL EXAMEN DEL NEÓFITO EN CUANTO A SU

MODO DE VIDA Y SU FIRME MORAL

Si el alumno quiere penetrar en la ciudad de los Misterios, Cristianópolis, no puede aproximarse a ella más que por la puerta oriental. Antes de ser acogido con los brazos abiertos y con alegría, debe someterse a un triple examen. Si el resultado de este control no es satisfactorio, inevitablemente es rechazado.
Debéis daros cuenta que una gran reserva es observada en relación a cada candidato sin excepción, aunque todos sean tratados , en la Escuela de los Misterios correcta y cortésmente.
A lo largo de los siglos, los Hierofantes de la Escuela de los Misterios se han vuelto prudentes a causa de los peligros, ultrajes, sufrimientos y penas. No aceptan nada que signifique un riesgo .El gran sacrificio de si mismo al servicio del Cristo, ofrecido por los Hermanos de la Rosacruz, su acto de amor y su esfuerzo impersonal no se revelan al azar, según el método de la ciega diosa Fortuna. Al contrario, el mínimo rayo de Luz es empleado de forma muy inteligente y eficaz .No penséis que en la Escuela de los Misterios se deja uno engañar por un rostro místico con o sin lágrimas, por unas manos juntas o por unos votos pronunciados con pasión y piadosas palabras. En la Escuela de los Misterios primeramente uno se mantiene como ante un peñasco, como ante un muro de acero templado, sin tranquilizarse por unos textos bíblicos. No podréis atravesar este muro más que cuando poseáis la vara de Moisés. Únicamente entonces podréis resquebrajar la roca para hacer brotar el Agua Viva. Quizás os creáis completamente aceptables, pero en la practica a veces ocurre de otra manera. Mucha pena y sufrimiento, mucha energía malgastada y también muchas pruebas podrían ser evitadas si cada uno tomara conciencia de las leyes de la Escuela de los Misterios. Deseamos hablaros ahora de estas leyes. Pero permitirnos primero rendiros cuenta de un método de trabajo de la Rosacruz. La Escuela de los Misterios envía a todas partes del mundo trabajadores que lanzan su llamada en medio de la naturaleza de la muerte y despliegan su actividad. Esta no es una tarea fácil pues estos enviados tienen numerosos competidores, que trabajan como ellos pero con una intención completamente diferente.
Ciertamente se podría distinguir a los verdaderos trabajadores de los falsos. ¿Pero quien posee un discernimiento suficiente? ¿Quien quiere tomarse el tiempo de ello?. En general se esta demasiado inclinado a escuchar a los que indican un camino conforme a los valores primarios de nuestro tiempo. Por esta razón el trabajo de los pioneros de la Rosacruz es una actividad en la que es más fácil construir teorías que concretizarlas, pues este trabajo cuesta mucha pena y tristeza.
Sin embargo el fin esta muy claro. Cuando estos trabajadores consiguen despertar algún interés, reunir a algunos interesados, su tarea no ha terminado, sino que no ha hecho más que comenzar. Estos interesados no son todos, en efecto, de la misma calidad, ni están animados por los mismos móviles.
El trabajador debe ahora intentar conducir a sus neófitos hasta la puerta oriental. En el camino, les enseña la triple condición evocada en el capitulo precedente, es decir la necesidad de poseer un ojo imparcial, una lengua dominada y dar prueba de un justo comportamiento. Cuando el instructor da a conocer esta triple condición, un <> resuena. ¡Pero vosotros mentís!. Mentís conscientemente o por entusiasmo, pues no poseéis el ojo imparcial. De vuestro ojo emana la calidad de vuestro ser del deseo. Y no habéis dominado vuestra lengua, ya que ella testimonia de vuestra testarudez y de vuestra autoafirmación y por esta razón no tenéis tampoco el justo comportamiento.
Si dejamos provisionalmente fuera de lugar la mentira consciente, podéis saber que un estado exaltado no puede llevaros lejos en la vida y no os hará avanzar un milímetro en la Escuela de los Misterios. Debéis haber comprendido que la purificación material, moral y psíquica de vuestra personalidad es un proceso que requiere algo más que un esfuerzo de quince días y que el resultado de ello depende de vuestra forma de empezar el proceso.
Si, con la esperanza de un éxito, queréis poseer un ojo imparcial, una lengua dominada y el justo comportamiento, debéis partir de una firme moral apropiada. Queremos tratar de explicaros lo que esto quiere decir en la enseñanza de la Rosacruz.
La entrada por la puerta oriental requiere un nuevo nacimiento. Como sabemos, cada nacimiento proviene de un desarrollo precedente. El proceso empieza cuando Johann Valentín Andreae se embarca a bordo del navío enarbolando como bandera el signo de Cáncer, el símbolo del pie de la cruz. No es posible alcanzar la puerta oriental, el ascendente del nacimiento, más que cuando la cruz es aceptada con todas sus exigencias. Y la calidad de aceptación de vuestra cruz, la medida del saber interior, de lo que Jesús-Cristo significa en vuestra vida, determina si seréis recibidos con alegría por el Guardián del Umbral o si seréis devueltos. Seria inútil querer forzar la permanencia entre los Hermanos de la Rosacruz, si formáis parte de los que no sabrían sufrir al lado de ellos. El resultado de esta tentativa seria completamente nula.
Innumerables son los que intentan pasar la puerta oriental sin llevar, grabado en su sangre, el signo de Cáncer. Johann Valentín Andreae los designa como:
<>
Leyendo esta enumeración, estaréis tentados rápidamente a decir:
<>. Nosotros las conocemos también y vamos a describiros sus características.
Primero tenemos a los mendigos; son los que, cubiertos de harapos morales y espirituales, apestan la atmósfera con su suciedad, presentándose en la puerta oriental. Son los que aún no han emprendido nunca el menor esfuerzo para regenerarse moral o espiritualmente y que piden ahora que se les ayude. No hablamos aquí de los pobres de nuestra sociedad, a los que ha excluido nuestra civilización. Sino que nos referimos a los que pisotean la ley de su estado de ser humano y que, sin el menor amor al prójimo, reclaman ahora la ayuda en beneficio de la conservación de su degeneración. Son los vampiros, que en la pobreza de su alma, se alimentan del fluido psíquico de los demás. Y cuando han vaciado a sus victimas que, por piedad y espíritu de sacrificio se han dejado explotar, muestran durante algún tiempo, un destello debido al bien robado, una apariencia de alegría, de equilibrio y de certeza de fe cristiana.
Pero cuando este bien robado se ha evaporado y cuando el hambre fuerte los corroe de nuevo, vuelven al ataque:»Me siento tan vacío, tan deprimido. ¿Puedo ir ha hablaros un poco y colocar mis ventosas sobre vuestro corazón espiritual?. ¡Se que podéis ayudarme!.»
¿Conocéis a estos mendigos que, según una ley natural se vuelven cada vez más hambrientos, cada vez más peligrosos ?, ¿Conocéis a estos vampiros?; la Escuela de los Misterios los devuelve por la puerta oriental. Con un radiante amor, pero incomprendido, serán siempre rechazados, con el fin de que participen de las inevitables exigencias de la vida verdadera, pero así, en la fuerza crística, sembrar la semilla de oro en su propio ser, en rescate de innumerables.
Los Hermanos de la Rosacruz están enteramente dispuestos a todo ofrecimiento de si mismos; pero no son tontos. Sus dones a estos parásitos no los convierten en hombres. El mendigo permanecerá mendigo hasta que perezca con un gran grito en su tumba de harapos. Esa es la ley del cristianismo.
Tenemos ahora a los charlatanes; como sabéis son pseudosanadores. Según Johann Valentín Andreae, se designa aquí a los que, por métodos de pseudocuración, quieren ayudar a nuestro pobre mundo enfermo. Son los que quieren recorrer todo camino, embarcarse a bordo de cualquier navío, salvo en los que ondea la bandera bajo el signo de Cáncer. Son los que en la suficiencia de su religiosidad y de sus métodos personales, estiman que la cruz es una locura. Son los que quieren tender puentes por encima de la decadencia, sin querer atacar a la degeneración misma; que quieren curar sin el único remedio, el remedio absoluto, sin la panacea que sabe curar el dolor más profundo de la humanidad. Tales charlatanes pueden ser muy humanos, muy compasivos hacia su prójimo, muy celosos en toda practica humanitaria; pero jamás un hombre de este tipo podrá ser un mago. Un mago purifica al hombre con los elementos fuego y agua, antagonistas en este mundo: el fuego del Espíritu Santo y el Agua Viva del Cristo. Por esta razón el charlatán es devuelto por la puerta oriental.
Seguidamente tenemos a los faroleros, a los histriones, que avanzan con gran alboroto. Si al menos fueran como los mendigos que sienten el hambre de su «vacío» corroer las células de su ser. Si al menos fueran como los charlatanes que, a pesar de todo, tienen una actividad. Pero no son ni mendigos, ni charlatanes, no son nada. No son más que comediantes, patanes desesperados. Si al menos fueran traidores, combatientes de la horda negra, podrían manifestar al menos alguna positividad.
Se trata aquí de aquellos de los que el visionario de Patmos dice : <> (Apoc.3:16) Son los hombres que han logrado arrastrar a otros en el gran proceso de producción y trabajo de este mundo y ahora parasitan este trabajo. Son las mujeres que, a la ultima moda, con todos sus bombones y pequeños regalos, sus calumnias, sus preciosos muebles, juegan al bridge, tienen un esposo rico, llevan una vida de prostitución en el matrimonio y al mismo tiempo quieren dedicarse al esoterismo. Se trata de haceros ver claramente lo que significa toda esta comedia y por que tales personas no pueden entrar por la puerta oriental.
Pero están también los toca-todo, los que tanto se ocupan en inútiles extravagancias, en cosas y valores que no son ni esenciales ni verdaderamente importantes. Perturbando muchos procesos de desarrollo con sus manías y que por falta de conocimiento en lo que concierne a lo único necesario, emplean toda su energía en lo que les parece capital. Son los que se ocupan de todo salvo de ellos mismos. Aquellos en los que la energía aumenta cuando descubren que otros fracasan, y esto en cualquier campo. La paja en el ojo del otro no es bajo ningún concepto comparable con la viga en el suyo.
Y los que se empujan delante de la puerta oriental forman un cortejo casi interminable. Están allí los exaltados desprovistos del sentido de la verdadera devoción. Seguramente conocéis a estas personas que, con los ojos brillantes alaban la filosofía de la Rosacruz; que hablan de las enseñanzas sublimes sin el menor rastro de la verdadera piedad ni de la verdadera devoción. Conocéis a los que hacen de los hombres el objeto de su exaltación. Conocéis a estas personas que rompen con su voz cacareante el silencio más sagrado y desgarran las serenas esferas con sus exaltaciones lloriqueantes. ¡Cuantos hombres y mujeres son mutilados por la exaltación!
la verdadera piedad se adorna con silencio, con modestia. La verdadera devoción se conoce ella misma, mientras que la exaltación es una forma de sexualidad, de codicia amorosa insatisfecha. ¡Debemos saber que la devoción es un amor vivido que se basta a si mismo!.
Observando este gentío desolador que describe Andreae, sabemos que también se encuentran ahí envenenadores que arruinan la verdadera alquimia, la cual consiste en volver libres y conscientes todos los poderes latentes.
Aún existen otros impostores que se presentan falsamente como Hermanos de la Rosacruz. Sabemos también que hay una muchedumbre innumerable que mancilla la ciencia y la verdadera cultura con sus practicas pérfidas.
Y tan seguros de esto como de que somos conscientes de vivir, sabemos que ninguno de estos hombres podrá tener la experiencia de un nuevo nacimiento en la Escuela de los Misterios, en la ciudad santa de Cristianópolis, cuyo carácter es tan diferente.
Solo los que se liberan de esta negatividad por un nuevo comportamiento y una firme moral pueden elevarse de la gruta del nacimiento, de la puerta oriental: regenerados, pero como un niño todavía imperfecto, muy débil todavía; pero sin embargo como un nuevo ser espiritual en quien todas las potencialidades de crecimiento están presentes.
Cuando el alumno se prepara así, es recibido con alegría por el Guardián del Santuario, que le dice:¡Ya no hay ninguna razón para que no disfrutéis de nuestro bien!.
Hablando así, y tomando de la mano al neófito, le conduce hacia la casa de uno de los guardianes y le sacia de manjares y de bebidas que hacen descender a su corazón una eterna y dichosa paz.

III

EL SEGUNDO EXAMEN DEL EXTRANJERO,

EN CUANTO A SU PERSONALIDAD

Ahora que estaba cubierto con unos vestidos nada extraordinarios, sino sencillos y cómodos, me entregó a unos compañeros que me llevaron al segundo examinador. Este hombre parecía nacido para hacer confesar a cualquiera sus pensamientos más íntimos y escondidos. Respondió muy amablemente a mis saludos y me hizo amistosamente algunas preguntas, observando siempre minuciosamente mi actitud y la expresión de mi rostro. Más sonriente que grave, se informo, como de pasada, de mi país natal, de mi edad y de mi forma de vida.
Intercambiamos algunas cortesías y me dijo:»Sin ninguna duda, amigo mío, habéis llegado aquí conducido por Dios, con el fin de aprender si siempre es necesario hacer el mal y vivir según las costumbres de los bárbaros. Os demostraremos desde hoy que no es de ningún modo necesario, de la misma manera que un día se lo demostraremos a todos los hombres. Y lo haremos con mayor alegría en cuanto que poseéis un corazón abierto a esto y que vuestra naturaleza y vuestro destino se prestan a ello. Si, en efecto, estáis guiado por Dios, de manera que estáis libre de las codicias de la carne, no dudamos que sois ya de los nuestros y de que lo seréis para siempre».
Hablando de todo ello así, me parecía estudiar tan profundamente la calma de mi ser, la expresión de mi rostro, la exactitud de mis palabras, la tranquilidad de mi mirada, toda mi actitud, que me parecía capaz de sondear mis pensamientos más secretos. Pero lo hacía de una manera tan afable y con tanta consideración que no podía esconderle nada y tenía el presentimiento de poder confiarle todo.
Después de haber puesto así mi alma al desnudo, me dijo al fin algunas palabras de ciencia y termino con estas palabras:»Amigo mío, querréis perdonarme la forma tan poco sabia en que he conversado con usted. No os desalentéis, pues en nuestra comunidad, encontraréis personas altamente instruidas en la ciencia y en la cultura».
Al mismo tiempo ordeno a un subordinado que me acompañara ante un tercer examinador. Me dio la mano como despedida, insistiendo en que confiara, pero yo pensaba para mis adentros:» ¡Que el cielo me sostenga! Si llaman a esto una conversación poco sabia ¿Que es lo que me espera?».

IV

EL EXAMEN DE LA PERSONALIDAD DEL
NEÓFITO

Se ha expuesto muchas veces a los alumnos de la Rosacruz que la Escuela de los Misterios se encontraba en el centro de un campo de fuerza, que es tanto mayor como fuerte es la Escuela de los Misterios. El radio de acción de la Rosacruz crece, pues, en la medida en que trabajadores más aptos, más numerosos, pueden ser admitidos en el corazón de los misterios.
El hombre que atormentado por la vida de este mundo no encuentra ya satisfacción en él y para quien la religiosidad exotérica, la ciencia o el arte no presentan mayores atractivos; que ya no encuentra consuelo para las crueles pruebas de su encarcelamiento terrestre; el hombre que alcanza un estado en que una aspiración casi desesperada, una nostalgia intensa de la vida verdadera le consumen, en que se da con toda la energía que existe en él a la búsqueda, este hombre entra en contacto con el campo de fuerza de la Escuela de los Misterios.
Este hombre se vuelve entonces consciente, aunque no sea más que oníricamente, de un nuevo medio de vida. Un pequeño rayo de luz atraviesa la negra noche de su existencia y reencuentra a su corazón, uniéndose a su ser y lanzándole hacia una meta todavía desconocida. A partir de este momento su vida se vuelve sorprendente y su camino parece extraño. Es arrastrado a través de las olas agitadas del océano de la vida por la Luz que le ha tocado.
¡Es muy posible que el candidato se ahogue en él!. Pero si navega con el signo de Cáncer sobre su bandera, es decir si, colocado al pie de la cruz, se une a la sangre del corazón de Cristo, si se presta a seguir su mandamiento:»¡Ve, vende todo lo que tienes y sígueme!», es seguro que llegara a Caphar Salama; es decir que penetrara hasta el circulo exterior del núcleo de la Escuela de los Misterios.
Entonces será recibido por el Guardián del Santuario y empezara un múltiple examen de sus aptitudes. En efecto, dado el objetivo de los misterios, no pueden ser admitidos más que los que son completamente dignos de ello. En camino hacia la puerta oriental de Cristianópolis (una puerta oriental es un ascendente ya que la entrada en la ciudad santa debe verse como un nacimiento en la luminosa claridad de una nueva realidad divina) el Hierofante la explica que nadie puede entrar si no posee un ojo imparcial, una lengua dominada y un justo comportamiento. Lo que esto significa ya lo hemos podido ver en el capitulo anterior.
Llegado a la puerta oriental, el candidato es recibido por el guardián de esta puerta, que le interroga sobre su modo de vida y su firme moral, antes de dejarle entrar. También hemos hablado y visto que se trataba de una prueba muy seria, que todo neófito debe sostener sin descanso. Johann Valentín Andreae desarrollo aquí la misma idea que en sus Bodas Alquímicas. Cuando Cristian Rosacruz recibe la invitación a las bodas, invitación que había esperado durante mucho tiempo, descubre que no se trata aquí de una alegre marcha triunfal, sino que es llamado a un juicio.
Habiendo satisfecho el primer examen, al neófito se le permite atravesar la puerta. Es conducido a una casa donde se le ofrecen manjares y bebidas. Una vez apaciguada un poco su hambre de vida, se le proporcionan nuevos vestidos, que no son nada vistosos sino cómodos y le van perfectamente, en total armonía con las facultades desarrolladas en si mismo.
Sin duda comprendéis este mensaje velado: vuestros vehículos forman el vestido del espíritu. En general este vestido es muy imperfecto, incluso antiestético, y en todo caso muy dañado por vuestras transgresiones de las leyes de vida. Pero cuando la puerta oriental del centro de fuerza se abre, os son administrados otros vestidos. Esta ropa no os aprieta como lo haría una camisa de fuerza, sino que os permite una gran libertad. Y prestad atención, no son vistosos y no han sido concebidos por un esoterista estético.
Habiendo llegado ahí, el candidato es conducido entonces ante otro examinador y el segundo examen comienza. Andreae dice de él:
<>
Todo esto es muy simple, ¿no os parece?. Algo como ¿puedo ver vuestro pasaporte? Sin embargo estas preguntas no son tan anodinas como parece.
<> Imaginad por un instante que se os hace esta pregunta en el umbral de Cristianópolis… Comprenderéis entonces que se os pide que expongáis lo que ha motivado vuestro viaje hacia el centro de fuerza de la Escuela de los Misterios. Y se podría responder por ejemplo así:»He respondido a un anuncio y he descubierto, continuando mi búsqueda, que las doctrinas de sabiduría occidental eran de un nivel excepcional».
Pero muy pocos podrán presentar su país natal como poseedor de un intenso deseo pasional de luz, como un ardiente ruego por poseer la fuerza para ayudar a otras almas humanas a las que abate una profunda angustia.
<> ¿Cuanto tiempo habéis vivido en lo que es del Padre?¿Cuanto tiempo os habéis sintonizado con el testimonio, en este mundo, del Reino de Dios?, ¡Pues atención! Vuestra vida verdadera de hijo del pueblo de Dios solo comienza cuando comprendéis vuestra vocación interior y la vivís en este mundo. ¿Cuanto tiempo concedéis a lo que es eterno?¿Tenéis ya algunos años de existencia en este sentido?¿Que haríais en Cristianópolis si no tuvierais la edad en lo que concierne a este orden nuevo?.
<> ¿Según la antigua forma y según la forma nueva?, ¿Comprendéis que esta pregunta tiene un sentido muy profundo?¿Que vuestra respuesta es muy importante y que el examinador observa por consiguiente minuciosamente vuestra actitud y la expresión de vuestro rostro mientras que le respondéis a ello?. Por esta razón el Hierofante dice al neófito:
«Sin ninguna duda, amigo mío, habéis llegado aquí conducido por Dios, con el fin de aprender si siempre es necesario hacer el mal y vivir según las costumbres de los bárbaros. Os demostraremos desde hoy que no es de ningún modo necesario, de la misma manera que un día se lo demostraremos a todos los hombres. Y lo haremos con mayor alegría, en cuanto que poseéis un corazón abierto a esto y que vuestra naturaleza y vuestro destino se prestan a ello. Si en efecto estáis guiado por Dios, de manera que estáis libre de las codicias de la carne, no dudamos que sois ya de los nuestros y de que lo seréis para siempre».
Muchos de los que se acercan a la Rosacruz con una verdadera apertura del corazón están inquietos; pues conocen y sienten en su vida la aflicción. Saben que, según la significación mágica, su «edad» es todavía ínfima, mientras que son ya muy viejos según este mundo. En cuanto llamados del Señor, están todavía balbuceando palabras sin orden, acostados en su cuna, mientras que, según los criterios de los bárbaros, son muy refinados y elocuentes.
¿Conocéis esta angustia y la gran tristeza que resulta de ello?¿No estáis obligados a servir cada día a dos maestros: a Dios y al negro demonio?. El verdadero alumno de la Rosacruz sabe que el hace cotidianamente el mal, que vive según las costumbres de los bárbaros, en la camisola gris de la costumbre. Cuando sufrís los horrores de este mundo, ¿No es cada día atravesada vuestra alma por una espada, sabiendo bien que sois corresponsables de ello? ¿No grita vuestra alma por la liberación? ¿No existe en vosotros, en esta negra noche, una búsqueda desesperada? ¿No existe entonces un sueño, un bálsamo que os ayuda y os consuela, cuando el Hierofante os dice:
«Amigo, nosotros os demostraremos–oíd bien–nosotros os demostraremos, que no es necesario hacer el mal y vivir según las costumbres de los bárbaros, como lo demostraremos más tarde a todos los hombres en un orden teocrático».
Sin ninguna duda estáis, según vuestro nuevo nacimiento, todavía en el oscuro establo de la natividad, envueltos en pañales. Aunque estáis todavía en vuestra primera edad, aunque en esta primera juventud no tenéis todavía ningún control sobre vosotros mismos, estáis sin embargo, según los caminos de Dios, llegando, en vuestra vejez, a un nuevo nacimiento.
Los Hierofantes de los misterios que afuera, en los campos, velan por la noche a su rebaño, vienen a vosotros y os dicen:
«Se os saluda, recién nacido, no dudamos que usted es ya de los nuestros y que lo seréis para siempre».
Diciendo esto, observan minuciosamente la calma de vuestro ser, la expresión de vuestro rostro, la tranquilidad de vuestra mirada y la precisión de vuestras palabras, si, toda vuestra actitud, penetrando hasta en vuestros pensamientos más secretos.
Se trata de descubrir lo que habéis traído del viejo Adam, de vuestro antiguo desgarramiento, de las costumbres de los bárbaros, en el momento de vuestro nuevo nacimiento. En efecto, es necesario que el alumno despierte a este nuevo nacimiento por una renovación total de la sangre. Vuestra sangre es la base de vuestra conciencia. Todo lo que hacéis en vuestra vida se realiza por la sangre. Y cuando entráis en un nuevo estado, este debe ser producido por una purificación y una renovación de la sangre.
Vuestra sangre posee siete fuerzas y siete características que representan las cualidades de los siete vehículos del hombre y testimonian de ellas. Vuestro tipo sanguíneo es por lo tanto un fiel reflejo de todo vuestro ser y nadie puede entrar en la Escuela de los Misterios si no ha demostrado su calidad por el mismo. El equilibrio de vuestro ser, la expresión de vuestro rostro, la tranquilidad de vuestra mirada, la precisión de vuestras palabras, si, toda vuestra actitud debe celebrar, por una nueva certeza de la sangre, una resurrección, un nuevo nacimiento en lo viejo.
¿Como se puede despertar tal renovación séptuple de la sangre, fuera de los usos y costumbres de los bárbaros y del mal de vuestra antigua vida?.
No existe más que un solo medio, una única posibilidad:la fuerza del Cristo que derrama su fuerza sanguínea, su campo de fuerza séptuple en vuestra debilidad, con el fin de que hagáis todo lo nuevo por Él, en Él y con Él. Pues Dios ha amado tanto al mundo que ha enviado a su Hijo único en medio de los bárbaros, para que cualquiera que crea en Él ya no perezca, sino que tenga una verdadera vida nueva.
Y cuando hubo tomado la copa después de la cena, dijo:
«Esta copa es la nueva alianza en mi sangre que es derramada por vosotros. Bebed todos de ella».

Ponme como un sello en tu corazón,
como un sello en tu brazo,
pues el amor es fuerte como la muerte,
sus ardores son ardores de fuego,
una llama del Eterno.

Los océanos no pueden apagar el amor,
ni los ríos sumergirlo.
Vuelve, vuelve, Sulamitha,
para que te observemos.

Y Jesús dijo:»Consummatum est». Y bajando la cabeza, entregó el espíritu.
EL TERCER EXAMEN DEL NEÓFITO : EL

CONTROL DE SU GRADO DE CIVILIZACIÓN

Cuando esta vez llegué a su casa, fui recibido con tanta amabilidad como en mi ultima visita. Debo decir de una vez por todas que aquí no existe ni arrogancia ni orgullo. Y sin embargo, cuando oí hablar a este hombre, me sentí más avergonzado que nunca. Tenía, como Sócrates, la sensación de no saber nada; pero en un sentido muy diferente. ¡Cuanto lamentaba haber hablado de literatura!. El me pregunto en un tono de lo más agradable, en que medida había aprendido a controlarme y a ponerme al servicio de mi prójimo, a resistir al mundo, a estar en armonía con la muerte y a seguir al Espíritu; que progresos había hecho en la observación de los cielos y de la tierra, en el estudio exacto de la naturaleza, en los instrumentos del arte, en la historia y el origen de las lenguas, en la armonía del mundo entero. Todavía me pregunto cuales eran mis relaciones con la comunidad religiosa, con las santas escrituras, con el Reino de los Cielos, con la Escuela del Espíritu, con la Fraternidad del Cristo, con la Comunidad de Dios. Con azoramiento, noté cuan poco de lo que se ofrece al hombre con tanta generosidad y abundancia formaba verdaderamente parte de mi. Lo único que podía hacer en semejante situación era confesar sinceramente y respondí:<>
Entonces el exclamó, casi gritando:<>
Me hizo acompañar por tres hombres:Béeram, Eram y Néariam, cuya firmeza demostraba dignidad y que me conducirían por todas partes y todo me enseñarían.

V

EL EXAMEN DEL GRADO DE CIVILIZACIÓN

DEL NEÓFITO

Antes de que se trate de acceder a Cristianópolis, al nuevo estado de la Escuela de los Misterios manifestándose en todas las dimensiones del cosmos, el neófito es sometido a un triple examen. Hemos hablado ya de dos aspectos de este examen y nos queda el estudio de su grado de civilización.
Primeramente permitidnos deciros sin rodeos que en una Escuela de los Misterios este grado de evolución se evalúa según unos criterios diferentes a los de este mundo. En las relaciones sociales actuales se considera que alguien es muy civilizado cuando goza del bienestar material. De este modo si habéis amontonado bastante dinero, podéis rodearos de todo lo que la técnica y el arte producen, de todo lo que el dinero permite adquirir.
Pensad por ejemplo en un pastelero. Hemos conocido uno que empezó amasando pan viejo, como lo hace un campesino para sus cerdos. Secaba este viejo pan, lo molía y lo mezclaba con azúcar. Esta mezcla le permitió fabricar sus primeros pasteles y adquirir un rápido desarrollo. Este primer estado de civilización fue seguido por un segundo, ¿como ocurrió?.
Cuando los negocios de nuestro pastelero marcharon según su interés, llevo a su familia a otro medio; del pequeño apartamento sin carácter en alguna parte del barrio, paso a la casa con jardín. La decoración interior fue renovada y una empleada llego. El señor y la señora se interesaron en aspectos a los cuales antes no prestaban atención, las relaciones sociales imponiendo sus propias leyes.
En este” magnifico» ambiente los hijos del pastelero crecieron y recibieron una buena educación. Frecuentaban escuelas elementales muy costosas, después colegios y los más inteligentes fueron a la universidad. De este modo gracias a la pastelería nació, en la segunda generación, la cultura intelectual. Pero esta segunda generación culta no se quedo en el artesanado. Bien preparada y provista de una billetera bien repleta, partió a la aventura para dispensar la civilización. Antiguamente esto era muy posible en la India y en otros territorios muy alejados.
La primera civilización crea la civilización, la segunda la extiende. La fabricación de pasteles o de otros productos permite acceder a un primer estadio de civilización; el intelecto a un segundo. El primero surge de un trabajo encarnizado, es de orden material; el segundo, el intelectual, es denominado «cultura del espíritu».
Pero aunque más útil y más sano, ha creado un gran caos. Este ultimo se manifiesta en la tercera generación, la de los nietos del pastelero. Todavía más intelectuales, más civilizados, su sed de cultura no conoce limites.
Entonces aquí aparece la dificultad: Hay demasiados dispensadores de la civilización, pero prácticamente más de los dominios incultos… Los innumerables «pasteleros» de todos los países han creado una generación tan numerosa como los granos de arena del mar. No hay más escuelas para aumentar su grado de civilización. Por esta razón vemos aparecer en nuestro mundo temibles fenómenos atávicos de una época muy anterior a la de nuestro pastelero. Este atavismo, lo designamos con un eufemismo:»búsqueda del espacio vital»; pero lo sabéis muy bien, se trata desde siempre de la misma cosa.
¡Esta es la cultura de masas! Y si os quitáis la máscara, descubriréis que vosotros mismos sois o que vuestros antepasados eran o son todavía, pasteleros. Algunos de entre vosotros o vuestros ancestros han logrado confeccionar el pastel, otros están todavía en ello. A esto lo llamamos «la lucha por la existencia».
No olvidamos que en estas tres generaciones de civilizadores, son innumerables los que se han modelado con la religión. Rezando, con los ojos mirando al cielo, perfeccionan su cultura y su civilización. Pero observad bien, cuando hablamos aquí de religión, nos referimos a algo muy diferente de la religión de los pasteleros.
Veamos de que se trata. En la primera generación, los trabajadores enérgicos practicaban un poco la religión y esto, en general, desde el nacimiento. Pero en esta generación se tiene demasiado poco tiempo para la religión, se esta demasiado ocupado en revisar pasteles. Pero desde que pasan a la casa individual con jardín, todo cambia. Entonces explotan sus necesidades religiosas por medio de sus hijos. ¡Ciertamente por lo menos un hijo del pastelero consagrara su vida al sacerdocio!. Todos nuestros teólogos son hijos de pasteleros bajo el sesgo de la civilización del pastelero. Y los teólogos de la tercera generación, con todos sus colegas intelectuales, se encuentran bien en la estrechez.
Empiezan a darse cuenta que algo no marcha en la religiosidad. Se lanzan entonces a discusiones interminables, y se desarrolla una tendencia para volver a la situación de los abuelos. No queriendo reconocer que no saben nada, que están hundidos hasta el cuello en la ciénaga de su cultura de viejo pan, prefieren hablar de «teología dialéctica», ¡parece más culto!.
Sin embargo no se trata aquí de la filosofía dialéctica de Hegel. Si no sabrían que todo esto deberá terminar mal para todos los pasteleros de la primera, segunda y tercera generación. Esta es la historia de nuestra civilización, de toda la civilización del oeste de Europa.
En esta parte del mundo se habla a menudo de un «rearmamento moral y espiritual». Esta idea de rearmamento espiritual proviene de la miseria y de la realidad de nuestra civilización. Por esta razón os decimos que si no queremos que este rearmamento espiritual resulte vano y vacío, debemos liberarnos totalmente de las ilusiones de esta civilización de apariencias.
Esto no sucederá sin pena. Pues, lo mismo que los habitantes de las poblaciones y de los cuchitriles de las afueras se introducen, privados de sol, como sombras, a través de la vida; lo mismo que las glándulas de secreción interna funcionan mal debido a malas condiciones de crecimiento y a taras hereditarias, acarreando numerosas imperfecciones físicas, morales y psíquicas; lo mismo, nuestra aparente civilización ha perjudicado seriamente el poder de asimilación espiritual, moral y física de todos, incluidos aquellos que tienen buena voluntad y a los más honestos. Esos que predominan en esta sociedad, los que se consideran la flor de la sociedad, son, según criterios divinos, débiles en el sentido espiritual.

Cuando el neófito llega ante el tercer Hierofante de los Misterios, es recibido con tanta amabilidad como para el segundo examen. No hay ni arrogancia ni orgullo en una Escuela de los Misterios. Pero cuando oye hablar al Hierofante se siente más avergonzado que nunca. Como Sócrates, pero en un sentido diferente, no sabe nada. Un profundo sentido de ignorancia invade al candidato que lamenta haberse autorizado a pensar que ha sabido algo. En esta fase de toma de conciencia de su vacuidad, se le hace una serie de preguntas. Según el testimonio de Johann Valentín Andreae, el Hierofante pregunta:
1-en que medida el neófito ha aprendido a dominarse y a ponerse al servicio de su prójimo.
2-a resistir al mundo, a estar en armonía con la muerte y a seguir al Espíritu.
3-que progresos ha hecho en la observación de los cielos y de la tierra, en el examen preciso de la naturaleza, en los instrumentos del arte, en la historia y el origen de las lenguas, en la armonía con el mundo entero.
4-cuales son sus relaciones con la comunidad religiosa, con las santas escrituras, con el Reino de los cielos, con la Escuela del Espíritu, con la Fraternidad del Cristo, con la Comunidad de Dios.
¡Sin duda esperáis ahora a que os introduzcamos en esta revelación inconmensurable, en esta profundidad insondable de conocimiento y de amor que sostiene este cuádruple esquema!.
Nosotros no lo haremos ya que no tenemos posibilidades de hacerlo.
Se trata aquí de una breve presentación del conjunto de la enseñanza esotérica de la Rosacruz. Esta sabiduría es un océano de saber en el que se puede sumergir, en el que se puede navegar con un encantamiento de los sentidos, por el cual se pueden alcanzar ciertos objetivos, realizar ciertos designios. ¿Pero quien podría abrazar enteramente la majestuosa grandeza de este océano?
Y cuando el Hierofante de los Misterios nos habla de estos cuatro pilares de la casa de nuestro Dios, nos damos cuenta, con dolorosa estupefacción que poco poseemos de estas grandiosas cosas que pueden ser ofrecidas tan abundantemente y tan generosamente al hombre. ¿Quien podrá entonces satisfacer las exigencias de este examen? Lo único que puede hacer el neófito en tales circunstancias es confesar sinceramente respondiendo:
«Todas estas cosas me son perfectamente desconocidas, y nunca he sido instruido en ellas, pero puedo aseguraros que siempre he estado muy preocupado a este respecto y que, deseoso de conocerlas, he osado aproximarme a ellas.»
¿Sois capaces de tal confesión?. O bien seria en vuestro caso una modestia simulada, mentirosa, con el fin de poder, con una probada habilidad en la civilización intelectual, entrar a pesar de todo en Cristianópolis?
¡Es necesario ser noble para tan bella confesión!
¿Quien de vosotros civilizadores civilizados siente hasta el fondo de su ser, que no sabe nada de la gloriosa revelación del plan divino para el mundo y la humanidad?.
Para llegar a lo más profundo de vosotros mismos, con esta confesión, es preciso haber experimentado que el conocimiento que es el resultado de las tres generaciones de pequeños-burgueses es una rueda de molino en vuestro cuello, un peligro espantoso y una azorada mentira.
Muchos no quieren reconocer que no han recibido ninguna instrucción en lo que concierne a los misterios divinos de la salvación. Numerosos son los que no pueden reconocerlo pues su ser esta cegado e intoxicado por la falsa civilización. Ellos llegan ante la puerta de la Rosacruz con sus abalorios intelectuales y civilizados. No son únicamente incorrectos sino terriblemente groseros y de una extremada insolencia. No buscan la liberación, no están consumidos de amor por su prójimo, sino que buscan ante todo más espacio vital para su testarudez y su autoconservación, con el fin de poder comer todavía más residuos de nuestra civilización. ¡Y quizás haya algo que extraer de Cristianópolis!.
Si con nosotros tomáis conciencia de esta consternante miseria, de esta tumba repleta de osamentas y de gusanos nacerá en vosotros esta lucha interior, esta intensa aspiración por alcanzar «otra cosa» y por conocerla. No es un conocimiento en sentido intelectual, sino un grito del corazón «Oh Dios dame la Luz pues me ahogo en este fuego de infierno»
¿Conocéis esta tensión interior y este sediento deseo?
¡Esto no es muy bueno para vuestra salud!. Y en vuestra angustia puede ocurrir que os sepáis rodeado de ayuda, que oigáis a una voz decir: «¡Que Dios te guarde extranjero!»
Esto os carga de energía y os anima a poneros a la tarea, para testimoniar de vuestro estado de extranjero en el nombre de Cristo, para extender la llamada de Bondad, Verdad y Justicia en medio de los lobos y para elevaros a través de la vida verdadera al campo de fuerza de los misterios.
Entonces, llegado ante la puerta, ante el tercer Hierofante y su impresionante examen cuádruple, bajáis la cabeza humildemente, lleno de vergüenza y llevado por la fuerza de la sinceridad y conocimiento de si mismo, debéis testimoniar:
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Vosotros querréis volveros porque sentís vuestra impotencia; pero al mismo tiempo sois sobrecogidos por un grito de jubilo. El Hierofante exclama:
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¡No usted, sino Dios en usted!. Completamente liberado de la ilusión, ¡Teniendo hambre del pan de la vida!. Sois consciente de vuestra ignorancia, y esto con la mayor modestia. Esta es la ultima llave de la puerta de Cristianópolis. Allí donde querríais perderos a vosotros mismos, y sentís la derrota. Allí la victoria hace sonar las trompetas:»En verdad, ahora puede contemplar nuestra ciudad con todos sus detalles. Y verdaderamente podéis saciaros con la fuerza y con la esencia de la Escuela de los Misterios con el fin de que pueda, en esta fuerza, romper lo impío»
El Hierofante os hace acompañar por tres hombres:Béeram, Eram y Néariam, que deben guiaros por todas partes y enseñaros todo.
Béeram, Eram y Néariam, ¡Oh don de Dios, Oh inconmensurable amor, Oh consuelo de la soledad!.
Béeram, radiación divina en usted, que os llena del sumun de la bienaventuranza:la esperanza consciente de la unión eterna con los Hijos de Dios se restablece en el Cristo.
Eram, receptividad ilimitada a las claridades luminosas y al saber universal de Cristianópolis.
Néariam, inflamado con una potente fuerza con el fin de transmitir y confirmar en un mundo doblegado bajo la falta lo que fue recibido y, como participante de un rearmamento espiritual, grabarlo en él.
Es así como se os nombra Caballero del Templo Blanco.
¡Que Dios te proteja extranjero!.

DESCRIPCIÓN DE LA CIUDAD

¡Empezaré por describiros el aspecto de la ciudad y me esforzaré en no equivocarme en nada!. Su forma es la de un cuadrado cuyos lados alcanzan setecientos pies, bien fortificada por cuatro torres y una muralla. La ciudad esta orientada, por consiguiente, hacia los cuatro puntos cardinales de la tierra. Otras ocho torres muy sólidas, repartidas por la ciudad, aumentan su poder; aún se encuentran allí dieciséis torres de menor importancia, pero que no hay que olvidar. En medio se halla una fortaleza casi inexpugnable.
Los edificios están repartidos en dos hileras, o bien, si se añade la sede del gobierno y los almacenes, en cuatro. No existe más que una sola calle publica y una única plaza del mercado, pero son de gran importancia. A partir de la calle más interior, cuya anchura es de veinte pies, y yendo hacia el centro, la hilera de casas, de jardines, la universidad y la plaza tienen sucesivamente veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta y cuarenta y cinco pies de anchura, por lo tanto aumentando cinco cada vez, hasta el templo circular en el centro, que tiene un diámetro de cien pies. Saliendo de la calle más interior hacia el exterior, los espacios intermedios, los almacenes y las hileras de casas tienen cada vez veinte pies. La muralla mide veinticinco pies.
Todos los edificios se levantan sobre tres pisos. Unas escaleras comunes conducen a ellos. Están construidos con ladrillo y separados unos de otros por un muro incombustible de manera que un incendio no pueda provocar graves daños. Sacadas de pozos naturales o impulsadas por canalizaciones se encuentran allí abundantes fuentes y agua corriente. El aspecto exterior es apacible, sin extravagancias, limpio y sin decrepitud. Se ha puesto cuidado en asegurar aire fresco y ventilación por todas partes. Alrededor de cuatrocientos ciudadanos viven allí juntos en paz y en piedad. Hablaremos de cada uno en particular.
Los fosos que rodean la ciudad tienen una anchura de cincuenta pies y están llenos de peces de forma que en tiempo de paz puede tener también su utilidad. En los campos se encuentran animales salvajes, no por placer sino con fines utilitarios. La ciudad entera se halla dividida en tres partes: una destinada al suministro de la alimentación, otra a la enseñanza y al ejercicio y la ultima a las ceremonias. El resto de la isla se dedica a la agricultura y a la industria.
He indicado todo esto sobre un plano. Ahora debemos emprender un paseo a través de la ciudad.

A………….TEMPLUM CUM PRYTANEO……….TEMPLO Y PRYTANEO

B C D E……COLLEGIUM……………………….COLEGIO

F G H I …HORTUS PHYSICUS…………………. JARDÍN BOTÁNICO

K L M N …HORTULI CIVICUM…………………..JARDINES PUBLICOS

O P Q R …INTERIOR SERIES AEDIUM CIVICARUM.
FILAS INTERIORES DE RESIDENCIAS RESERVADAS A LOS CIUDADANOS

S T V……PUBLICA PLATEA…………………… VÍAS PUBLICAS

X Y Z O….EXTERIOR SERIES AEDIUM………..FILAS EXTERIORES DE RESIDENCIAS
1 2 3 4….HORTULI………………………………PEQUEÑOS JARDINES

5 6 7 8….OFFICINAE ET PROMPTUARIA……….TALLERES Y GRANEROS

9 10 11 12 QUATUOR PORTAE…………………..CUATRO PUERTAS

13 14 15 16 QUATUOR PROPUGNACULA……….CUATRO MURALLAS

17 18 19 20 POMERIA…………………………….BARRIOS*

0 0………LOCA FONTIUM………………………MANANTIALES

*REGIONES FRONTERIZAS SAGRADAS, AL INTERIOR Y AL EXTERIOR DE LA MURALLA, QUE NO DEBEN SER NI CULTIVADAS NI TRABAJADAS.

VI

DESCRIPCIÓN DE LA CIUDAD DE LOS MAGOS

Cuando el neófito emerge del océano de la purificación ígnea de las tentaciones y de las pruebas, y cuando los Guardianes del Santuario de los Misterios le permiten entrar en la ciudad de los magos de la isla de Caphar Salama, es llevado a un estado sublime y como traspasado por una poderosa fuerza.
Un éter puro llena sus pulmones, sus pies pisan una tierra nueva y encima de su cabeza se despliega un nuevo cielo. Pues la primera tierra donde el cumplía su peregrinaje con dolores y lágrimas, y el primer cielo hacia el cual levantaba las manos en ardiente aspiración, han pasado.
Y el que esta sentado en el Trono dice:»Hermano mío, he aquí que hago todas las cosas nuevas». Y el que esta sentado en el Trono dice aún:»Escribe, mis palabras son fieles y verdaderas».
<>
Cuando el vidente de Patmos, nos describe la ciudad santa tal como desciende del cielo, en su Apocalipsis, dice:
«Aquel que me hablaba tenía como medida una caña de oro, para medir su ciudad, sus puertas y su muralla. La ciudad tenía la forma de un cuadrado, y su longitud era igual a su anchura».
Podemos deducir de esto que la escuela de los misterios como la Jerusalén Celeste, es decir la manifestación del ordenamiento divino en la corriente de vida humana, reviste en el mundo actual de los fenómenos la forma de un cuadrado.
La astrología materialista nos enseña a temer mucho al cuadrado. Un tema que conlleve numerosas cuadraturas se considera como una situación maléfica. Si os molestáis en recorrer la literatura dedicada al respecto, descubriréis que los peligros de los cuadrados están allí abundantemente explicados. Esta manera de ver nos alegra, ya que demuestra claramente cuanto se separan el compendio de nuestra vida, la santa Biblia y las enseñanzas de los Rosacruces clásicos, del materialismo ocultista que se nos presenta a menudo como ciencia astrológica, a veces provista de un barniz religioso.
Es para nosotros un honor el deciros que la enseñanza de la Rosacruz no esta ligada en ningún caso a esta forma moderna de paganismo. La Astrosofía de la Rosacruz se funda sobre bases muy distintas.
Querríamos definir el cuadrado (que simboliza un ángulo de noventa grados) como el aspecto de la humanidad en la cual irradia la misión completa del hombre, irradiando en armonía con el plan de Dios.
El reino divino que debe ser construido por las manos, cabezas y corazones de los hombres no es de este mundo y, no pudiendo de ninguna manera adaptarse a las conductas de vuestra cultura degenerada, se opone diametralmente a vuestra naturaleza inferior. Por esta razón las radiaciones del cuadrado, que día y noche os golpean, suscitan tensiones insoportables en la materia; en vuestra materia.
Entonces se apela a la ciencia astrológica, con el fin de poder medir, en el tiempo, el efecto rompiente de estas radiaciones; no para satisfacer sus exigencias, ni para responder a su llamada, sino para escapar de ellas, para someterlas a la vieja y dañina serpiente que se revuelca siempre y cada vez más en el fango de este mundo.
¿Comprendéis que en esto consiste la magia negra, y que estudiar la «rota», como lo mencionan los Rosacruces, debe ser una cosa muy distinta? ¿Descubrís ahora que la escuela de los misterios, reflejo de la Jerusalén celeste que reviste en esta materia la forma de un cuadrado, debe ser también para cada hombre una piedra de tropiezo? ¿Comprendéis ahora que si queréis explotar estas radiaciones, las experiencias se vuelven vuestra herencia?.
Jesús-Cristo, nuestro Señor revelador de Dios entre nosotros, se ha convertido en un obstáculo y se dice al respecto:»En el transcurso de esta noche se irritaron contra él». E incluso muchos tropiezan en la escuela de los misterios porque no queremos traicionar la ciudad santa, porque no queremos prostituir sus valores en medio de este paganismo civilizado.
El materialista se inclina temerosamente bajo las radiaciones del cuadrado y sus miembros se retuercen de dolor corporal, moral y espiritual. En su búsqueda hacia la liberación se vuelve todavía más sensible a los tormentos divinos y sus contorsiones prueban cuanto reniega de su vocación de Hijo de Dios.
La historia se repite. Así como Caldea y Egipto vieron a la ciencia oficial volverse hacia la astrología materialista y perecer en vapores de sangre, de la misma manera se entra lentamente en nuestros días en el mismo camino. Cada vez más individuos con formación científica aplican la astrología a sus actividades. Aquí y allá, se considera esto como un progreso. Medical y científicamente, pronto se contrarrestaran las radiaciones del cuadrado con píldoras, polvos, gotas, plantas e inyecciones. Las ganancias de la industria farmacéutica crecerán y los símbolos zodiacales adornaran las etiquetas doradas de las dosis, frascos y tubos de veneno. Y en los anuncios se podrá leer: «Formula numero tanto, fabricada según un antiguo método de Paracelso».
Cuando crezca la decadencia, cuando los hombres caigan por cientos de miles bajo los golpes de la realidad divina y cuando sus acusaciones caigan en falso, en el momento de su ultima inyección, en la angustia de su alma y en peligro de muerte exclamaran (como el escritor holandés Multatuli): «¡Dios mío, no existe Dios!». Entonces librepensadores y ateos blasfemarán de la existencia divina y honraran a los medicastros criminales. De este modo en la URRS, donde la vivisección florece, se huye de la religión y es seguro que allí la astrología materialista tendrá muchos éxitos y será reconocida como una ciencia natural. ¡Oh que furor, que desesperante miseria!.
He aquí la ciudad de Dios en medio de nosotros. Sus mensajeros llaman a las cámaras de nuestro corazón y sin embargo nosotros nos suicidamos con nuestros alimentos. El Hijo del hombre esta en medio de nosotros y nos tiende la mano, pero nosotros nos irritamos contra él, hundidos como estamos en la noche de las profundidades de la tierra.
Retomemos entonces nuestra pregunta: ¿Porqué la ciudad de Dios, que se ilumina ante nosotros manifestándose como un cuadrado, es como un fuego devorador?.
Para comprenderlo debemos volver a la aritmología sagrada. El cuadrado representa la totalidad y la manifestación de la luz, que nace de corazones, manos y cabezas de hombres, en verdad, bondad y justicia. El cuadrado es el símbolo de la más alta realización humana en la gracia divina. Es por lo que, aunque viváis de una forma animal, no se puede separar de vosotros. Os persigue como una sombra, os consume como una llama y provoca un efecto cancerigeno en vuestros tejidos. El cuadrado simboliza el hecho de que la luz y la oscuridad están totalmente separadas. En Cristianópolis no hay ni sombra ni perturbación. Allí reinan la comprensión total y el orden absoluto.
El cuadrado mágico se representa como una fuente de la que brotan brillantes rayos luminosos, como una ciudad imperial. Inmortalidad y positividad la caracterizan. Por esta razón esta luminosa claridad, que irradia en la luz divina en una mezcla infinita de colores, es descrita en el Apocalipsis como una ciudad con las puertas de perlas: «Sus muros eran de jaspe y la ciudad era de oro puro, tan clara como el cristal».
Si, aunque la pena nos consume lentamente, no obstante se experimenta una gran alegría al ver a la Escuela de los Misterios manifestarse en la caducidad humana como un reflejo de la ciudad de Dios y en el medio de esta degradación.
En este mundo todo se adquiere con el dinero; para satisfacer las pasiones inferiores del sexo, no se retrocede ni ante el asesinato. Por entrenamiento intelectual, se consigue una cátedra de enseñanza. Por la violencia física se vence toda oposición. Pero las puertas de Cristianópolis permanecerán herméticamente cerradas hasta que comprendáis que cada ser humano esta inflamado por el Espíritu de Dios y que queráis morir en el Cristo para llevar, renacido por el Espíritu Santo, todos vuestros poderes latentes a la puerta oriental. Por ello esta escrito: «Que los lados de la ciudad midan setecientos pies».
No puede existir victoria sin renacimiento en el Espíritu Santo, sin triunfo del Espíritu sobre la materia. Por ello todo neófito es conducido a un triple examen antes de ser admitido en la Escuela de los Misterios. Es tocado por los tres rayos del cuadrado. En esta purificación, perece o bien resucita del fuego, tal como el Fénix de los misterios egipcios.
Se conoce en la Escuela de los Misterios que todo hombre es tocado tres veces por los rayos del mismo cuadrado. En todas las circunstancias y todas las situaciones de la vida sois probados tres veces, con el fin de realizar en vuestro ser una separación entre la luz y la oscuridad. Después de la tercera prueba el resultado debe demostrarse por una ascensión o una caída. Es por lo que el Cristo dice: «En verdad en verdad os digo, Yo he venido para la caída o para la resurrección de muchos».
Así, en el cuadrado de setecientos pies de lado, los valores cabalísticos de la luz se unen a los del triunfo sobre la materia. El septenario sagrado esta representado por dos columnas, las de los antiguos misterios, Boaz y Jakin, las dos columnas de los templos masónicos representadas en nuestra Escuela por las dos luces bajo la Rosacruz.
Este noble símbolo nos explica que nadie puede poner el pie en el camino de la realización sin el conocimiento de la ley de la dualidad cósmica, sin una armonía entre las polaridades positiva y negativa en todos los dominios de la materia y el espíritu.
Estas dos columnas en la casa de Dios nos muestran que nada en este mundo puede realizarse sin una cooperación santificada y absoluta entre el hombre y la mujer. Nos explican porque todas las faltas cometidas contra esta ley del Santo Espíritu no pueden ser perdonadas. Pues sin haber cumplido la exigencia de la ley, es imposible escalar estas dos columnas hasta la perfección y la manifestación de la luz en la que no existen ni sombra ni perturbación.
«Y Dios creo al hombre a su propia imagen, lo creo a la imagen de Dios; los creo a ambos, hombre y mujer. Cuando Dios creo al hombre, lo hizo a la semejanza de Dios, los creo hombre y mujer; los bendijo y los llamo con el nombre de hombre, cuando ellos fueron creados.»
Dios erigió dos columnas en su creación terrestre, dos chispas de fuego, polarizadas de manera inversa la una en función de la otra en todos los dominios de la materia y del espíritu, con el fin de que uniéndose una a la otra por la realización divina, sean dignas del nombre de hombre. Y he aquí que las dos columnas surgen como dos torres, uniéndose en la Rosacruz. La puerta oriental se abre, la voz de aquel que todos conocemos dice: «Dichosos los que lavan sus vestidos para tener derecho al árbol de la vida, y a entrar por las puertas de la ciudad. Yo soy el Alfa y el Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin, la Estrella brillante de la mañana.»
Esta estrella brillante de la mañana se eleva en nuestros días por encima del horizonte de la vida degenerada. Cuando la luz de esta fuerza divina expulsa las brumas, vemos el ordenamiento teocrático descender en este mundo, como un cuadrado mágico, que envía sus rayos hacia todos los lados como relámpagos.
Las tensiones se vuelven insoportables y los nervios se consumen en esta pesada atmósfera. El numero de suicidios crece y, por sus orgías, los demonios descargan sobre nosotros las miasmas de sus pecados. Y nosotros, con un grito estridente, pedimos aire y luz.
¡No obstante la luz esta allí! ¡Vedla pues! ¡La luz esta allí!
¡Ella se esfuerza en empujar a la oscuridad a hundirse sobre ella misma!. Es la tempestad de Dios, que levanta, como un huracán, el polvo sofocante. Despertaros de vuestras psicosis y reconoced la llamada que resuena a través del mundo, que se dirige a vuestro nivel humano más elevado.
«Cuando Dios creo al hombre lo creo a la imagen de Dios, creo al hombre y a la mujer; los bendijo y los llamo con el nombre de hombre, cuando ellos fueron creados.»
Y Aquel que es el primero y el ultimo, la estrella brillante de la mañana, viene por su cuadrado mágico a despertaros a vuestra tarea querida por Dios. Podréis ejecutarla por la fuerza séptuple del Espíritu Santo que quiere inflamaros.
No sabéis que esta escrito en la Biblia: «Era la hora sexta, y las tinieblas cubrieron la tierra entera hasta la hora novena. El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgo por en medio». En esta oscuridad el Hijo del Hombre entrego su espíritu prisionero de la tierra. Crucificado, muerto y enterrado, descendió a los infiernos, Pero al tercer día resucito de entre los muertos. Allí donde la luz de esta fuerza divina expulsa las brumas, vemos la tumba abierta.
Por esta razón amigos de la Rosacruz, sed hombres nuevos. Romped todos los lazos con el pasado que os mantienen siempre fuera de la realidad.

«Pues Tu, oh Señor, has salvado mi Alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas y mis pies del
obstáculo.
Yo caminaré ante la faz del Señor,
en el país de los vivos.

Yo cumpliré las promesas del Señor
en presencia de todo su pueblo,
en los atrios de la casa del Señor.
En medio de ti, oh Jerusalén, ¡Aleluya!»

VII

LA CIUDAD DE LOS MISTERIOS-I

Habiendo penetrado en la Ciudad de los Misterios, hemos descubierto porque esta ciudadela de Bondad, Verdad y Justicia esta edificada en forma de cuadrado y porque sus lados miden setecientos pies. Es la antítesis de la realidad de vida deformada y debe pues, por esencia, ser una piedra de tropiezo, un fuego divino que derrama sobre vosotros sus rayos, su fuerza ardiente; rayos de los que no podéis escapar, que os toman para una resurrección o para una caída, ya que provienen de la fuerza del Espíritu Santo, que solo puede reconstituir o romper. La ciudad de los misterios no tiene nada de cuento, ni de leyenda, ni de oscuro secreto, ni de excitante idilio oculto, sino que es una dura, muy dura realidad que, como un relámpago, penetra este mundo para la salvación de la humanidad. Tomados por este evangelio de fuego, entramos por primera vez en el cristofol y nos damos cuenta de que la ciudad esta bien fortificada por cuatro torres y una muralla; que ella esta por consiguiente orientada hacia los cuatro puntos cardinales de la tierra. Que otras ocho torres muy sólidas, repartidas por la ciudad, aumentan su poder. Que aun hay dieciséis torres de menor importancia, pero que no hay que olvidar. Que en su centro se encuentra una fortaleza casi inexpugnable.
Esta segunda descripción del aspecto mágico de la ciudad nos provee de más amplios detalles sobre el dinamismo y el radio de acción de la escuela de los misterios. Así podemos percibir mejor las líneas de fuerza según las cuales la orden de la Rosacruz actúa en este mundo, para establecer en el las bases teóricas de una nueva comunidad.
Tenemos primeramente cuatro torres unidas entre si por una potente muralla y orientadas hacia los cuatro puntos cardinales de la tierra. Estas cuatro torres poseen cada una dos caras vueltas hacia el exterior que demuestran así su relación con las otras ocho torres, muy sólidas, repartidas por la ciudad; mientras que las dos caras vueltas hacia el interior de las cuatro torres, en unión con la actividad de las otras ocho torres, hacen surgir las dieciséis torres más pequeñas, que no deben ser olvidadas pues indican la potencia de la fortaleza inexpugnable de en medio. Esforcémonos en comprender las indicaciones aparentemente tan veladas de este discurso iniciático. Sabéis que el gran reino de la naturaleza esta dirigido por cuatro elementos de base: el agua, el fuego, el aire y la tierra.

El universo procede de la profundidad del agua,
para ser consumido por el fuego;
de la unión del agua y del fuego,
vemos surgir la atmósfera;
y cuando de esta ofrenda se elevan las nubes,
vemos aparecer la tierra,
por encima de todo elogio,
y sin embargo tan atormentada y perjudicada.

«La tierra era informe y vacía; había tinieblas en la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía por encima de las aguas. Dios dijo: ¡Que sea la luz! Y la luz fue. Dios vio que la luz era buena, y Dios separo la luz de las tinieblas. Dios llamo a la luz día y llamo a las tinieblas noche. De este modo hubo una tarde, y hubo una mañana; ese fue el primer día.
Dios dijo: ¡Que halla una extensión entre las aguas, y que separe las aguas de las aguas!. Y Dios hizo la extensión, y separo las aguas que están debajo de la extensión de las aguas que están encima de la extensión. Y así se hizo. Dios llamo a la extensión cielo. Así hubo una tarde y hubo una mañana: este fue el segundo día.
Dios dijo: Que las aguas que están debajo del cielo se reúnan en un único lugar y que aparezca lo seco. Y esto fue así. Dios llamo tierra a lo seco y mares al conjunto de las aguas. Dios vio que esto era bueno. Después dijo Dios: Que la tierra produzca verde, hierba portadora de semilla, árboles frutales que den fruto según su especie, y que tengan en ellos su semilla sobre la tierra. Y esto fue así. La tierra produjo lo verde, la hierba portadora de semilla, según su especie, y árboles que dan fruto y que tienen en ellos su semilla según su especie. Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde, y hubo una mañana: este fue el tercer día. Dios dijo: Hagamos hombres según nuestra imagen, a nuestra semejanza, y que dominen todos los reinos de la naturaleza. Y Dios creo al hombre a su imagen, según la imagen de Dios; el lo creo hombre y mujer. Dios los bendijo y dijo: Sed fecundos, engendrad como un espíritu de fuego y llenad la tierra y someterla. Y Dios miro todo lo que había creado y vio que todo ello era bueno».

Entonces vinieron los hombres que, de este encantamiento, de este radiante esplendor, hicieron una dolorosa miseria; de la alegría celeste, una agobiante tristeza, y del agradable Jardín del Edén un valle de sangre y de lágrimas. Entonces vinieron los hombres que, con manos y garras, se destrozaron vivos. Entonces vinieron los hombres que se pasaron por el filo de la espada. Entonces vinieron los hombres que se desgarraron. Entonces vinieron los hombres que practicaron el asesinato a gran escala, con la ayuda de la negra religión, cuyas cloacas exhalan por todas partes la ilusión, un vapor pestilente que invadió toda la tierra, con ayuda del arte que encarcela todo en sus sortilegios, y con la ayuda de la ciencia al servicio de la destrucción general.
Entonces vinieron los hombres cuyos sacerdotes bendicen a los homicidas, cuyos artistas esculpieron las tumbas y las adornaron con estatuas de mármol blanco, cuyos intelectuales dementes fueron condecorados.
Y lo mismo que en China las desgracias de la guerra volvieron áridos y desiertos territorios de miles de kilómetros cuadrados en otro tiempo fértiles y poblados, así toda la tierra llegara a ser desierta y árida.
Entonces vinieron los hombres que se traicionaron y se vendieron. Entonces vinieron los hombres cuya mugre física, moral y espiritual despide un insostenible hedor.
Y de la tierra asciende un clamor que desgarra los cielos, el clamor de la angustia y del intenso dolor de los hombres, provocado por los hombres.
Y nos reconocemos a nosotros mismos, reencontramos nuestra realidad rota. Nos vemos como el Hijo de Dios del que fue dicho un día: «Y Dios vio lo que había hecho y vio que estaba muy bien».
Si comprendéis que todo en el origen estaba muy bien, descubrís que, según vuestro ser más profundo, estáis dotados de fuerzas inconmensurables. Descubrís que es preciso despedirse de todas las ilusiones, de todos los lazos demoníacos de este mundo de impureza; que es necesario volverse extranjero en esta naturaleza pecadora en todas las expresiones degeneradas de su arte, de su ciencia y de su religión; que es preciso renacer para reencontrar a Dios nuestro creador, para conocer el plan divino para el mundo y la humanidad. Si esta nueva y pura comprensión os pertenece, la aspiración a realizar este renacimiento se despertara ciertamente en vosotros.
Y nosotros os decimos que no existe más que un único camino, una sola posibilidad, que se encuentra en la fuerza de Jesús-Cristo, nuestro Señor. Únicamente por El os volveréis aptos para reencontrar el estado de Hijo de Dios, es decir os uniréis a ese grupo de hombres del cual es dicho: «Y Dios vio que eso estaba muy bien».
Quizás ya habéis emprendido tentativas para llegar a la regeneración por la Fuerza del Cristo. Hay muchos que manejan esta terminología crística, pero se equivocan ellos mismos y equivocan a otros. Si queréis encontrar la fuerza crística, debéis sacudir el polvo impuro de vuestros pies y aceptar todas las consecuencias correspondientes. Esto parece algo difícilmente aceptable. Se prefiere dejar a otros que se ocupen de ello. ¿No se encuentra todo ello con el dinero?. ¿Con un poco de sacrificio material, moral y espiritual, no se puede obtener todo ello? Debemos humanizar nuestro comportamiento. ¿Qué más debemos hacer?.
¡Despedirse de este mundo de impureza! ¡Volverse extranjero en esta realidad degenerada!
Esto no significa retirarse, ¡Esto seria demasiado fácil!. Esto significa como lo expresa Pablo: «Estar en este mundo pero no ser de este mundo». Ser como una prueba llameante, sin duda irritando mucho en el mundo pero siendo el verdadero amigo de todos.
Johann Valentín Andreae sacudió la materia impura de sus pies en el curso de su viaje hacia Caphar Salama, hacia el cordero divino que borra los pecados del mundo. Por ello se volvió objeto de irritación y se le calumnió. Por ello se le difama todavía en nuestros días, y se hace de todo para impedir el progreso de su trabajo. Todo neófito que se esfuerza en seguir sus huellas vive las mismas experiencias y desencadena violentas protestas.
Y vosotros ¿Porqué protestáis? Porque estáis todavía atados a las ilusiones, encadenados al mundo de las impurezas del que no queréis desataros todavía. Según las palabras de la Biblia, tenéis ojos y no veis, orejas y no oís. Aunque tenéis ojos, no queréis ver y aunque tenéis orejas, no queréis oír. Según el espíritu, estáis enfermos. Y cuando el neófito que se ha desatado de la realidad rota os lo advierte, entonces os indignáis mucho.
Pero nosotros os decimos que vuestras protestas no hacen más que acelerar y agravar vuestros conflictos. Si no queréis elevaros, debéis descender. Que comprendáis los desgastes casi irreparables que, de esta manera, os ocasionáis en vuestra vida, es nuestro deseo más querido y el objeto de nuestro ruego ardiente. Si poseéis un poco de discernimiento, comprenderéis más deprisa quien es vuestro amigo y quien vuestro enemigo.
¿Habéis oído hablar de una iglesia militante, colocada en orden de batalla en este mundo?. Vosotros sois llamados a ello con el fin de pertenecer un día a la iglesia triunfante de la Logia de lo Alto.
Si respondéis a esta llamada de la manera indicada, veréis entonces la ciudad fortificada por una muralla y cuatro torres colocadas hacia los cuatro puntos cardinales de la tierra. Esto significa que la Escuela de los Misterios cumple su trabajo regenerador en total correspondencia con los cuatro elementos fundamentales del reino natural: el agua, el aire, el fuego y la tierra. A partir de estas cuatro altas torres, la Escuela de los Misterios debe, como los cuatro Señores del Destino, recrear la tierra salvaje y vacía, en bondad, verdad y justicia.
Jesús dice: «En verdad, en verdad os digo, si no renacéis de agua y de espíritu, no entraréis en el Reino de los Cielos. «Dios dijo: Que sea la luz, y la luz fue». Al servicio de aquel que esta elevado por encima de todos los tiempos, los hermanos de la ciudad de los misterios irradian en este mundo la luz crística que toma forma en ellos. Por esta razón pueden separar la luz de la oscuridad.
Nadie enciende una vela para colocarla debajo de un celemín sino que la coloca encima, de forma que pueda cumplir su tarea, como dice el Sermón de la Montaña. Impulsados por esta ley, los Hermanos de la Luz irradian su luz, llamando a la luz «día» y alas tinieblas «noche». «Hubo una tarde y hubo una mañana: este fue el primer día».
Y Dios dijo: «Que halla una extensión entre las aguas y que separe las aguas de las aguas». Sostenida por este orden, la Luz desciende como un relámpago para rasgar y separar las aguas de este mar rojo de sangre. La Luz celeste de la Verdad se convierte en el Fuego del Acto. Así la ardiente Chispa Divina, Espíritu de su Espíritu, se sumerge voluntariamente en el agua, para que surja de su unión con el agua (como en una epopeya canceriana de engendramiento y alumbramiento eternos) un nuevo firmamento. Y ello fue así, y Dios llamo al firmamento «cielo». «Y hubo una noche y hubo una mañana, este fue el segundo día».
La Escuela de los Misterios actúa de esta manera a partir de sus cuatro torres blancas, según el ordenamiento divino. De este modo irradia su luz blanca. De este modo ella os golpea con su Espíritu de Fuego, para separar lo que se vuelve hacia lo alto y lo que es de las tinieblas. Es así que en esta violenta lucha, despierta en vosotros un nuevo firmamento según las leyes del elemento aire. Un nuevo cielo empieza a manifestarse en vuestro microcosmos. ¿Ya se ha levantado el segundo día en vuestra vida? Entonces podéis ir hacia el tercer día.
Y Dios dijo: «Que las aguas que están debajo del cielo se reúnan en un solo lugar y que aparezca lo seco. Y fue así. Y Dios llamo tierra a lo seco. Y vio que esto era bueno. «La Escuela de los Misterios se esfuerza, a partir de su influencia sobre vosotros, por medio de vuestro firmamento microcósmico, de vuestra nube del Alma, de vuestra realidad de vida, en crear la nueva tierra, en formar una nueva personalidad, pura.
Y Dios dijo: «Que la tierra se adorne de hierba, de flores , de plantas y de frutos. Y así fue». En tanto que hombre nuevo tenéis que manifestar una vía hacia nuevas obras, creando un nuevo ordenamiento en el caos de vuestra impureza. De este modo hubo una noche y una mañana; este fue el tercer día.
En esta fase las cuatro torres se unen, unidas por una poderosa muralla, en un luminoso pilar de fuerza. Y Dios dijo: «Que halla luminarias en la extensión del cielo, para separar el día de la noche». En las nubes del alma del neófito comienzan a dibujarse las líneas de fuerza. Una luz superior, una conciencia superior se desarrolla, que puede reconocer cara a cara. Lo que antes era oscura razón, se vuelve clara comprensión. Y Dios vio que eso estaba bien: «Y hubo una tarde y hubo una mañana: este fue el cuarto día.»
La alegría radiante de la nueva creación estalla en el quinto día. La ola de vida animal, conforme a su misión, es de nuevo confiada a la custodia de la nueva humanidad que, en el sexto día, se despierta con un grito de alegría del nuevo cielo y de la nueva tierra.
«Hagamos hombres a nuestra imagen y semejanza; que ellos gobiernen el reino animal.» Y Dios creo al hombre a su imagen, según la imagen de Dios; El lo creo hombre y mujer.
Esta enseñanza divina es tan profunda, tan vasta, que incluso ahora no podemos llegar a una visión un poco satisfactoria. Estamos expuestos a la luz de las cuatro torres de la Escuela de los Misterios. Nos conducen en la Fuerza Crística, hacia una recreación absoluta para que seamos de nuevo unidos al plan divino, que nos convirtamos por fin en Hijos de Dios.
«Y Dios vio todo lo que había hecho, y eso era muy bueno. Así hubo una noche y hubo una mañana: este fue el sexto día.»
Os proponemos como una visión de un sueño, esta antigua y sin embargo siempre nueva historia de la creación, como un bálsamo de Galaad, como un bálsamo de ayuda y consolación. ¡Pero sabed que este sueño debe volverse realidad!.
Sabed que las cuatro torres del ordenamiento de la naturaleza están sostenidas por otras ocho poderosas torres que simbolizan la fuerza de la justicia, el empujón de los acontecimientos cósmicos, al cual nadie puede oponerse.
Hay todavía dieciséis torres de menor importancia que no deben ser olvidadas, pues de la destrucción y de la aniquilación de la impureza surgen el trabajo cumplido y la victoria, que se vuelven posibles por la Fuerza del León, por la fortaleza inexpugnable de en medio.
«Así fueron creados la tierra y los cielos. Y Dios descanso el séptimo día.»

Trabajad tanto tiempo como sea de día.
Romped con el mundo de las impurezas.
Antaño erais tinieblas,
pero ahora sois luz en el Señor.
Marchad como Hijos de la Luz.
Pues el fruto del Espíritu esta solamente
en la Bondad, la Verdad y la Justicia.

VIII

LA CIUDAD DE LOS MISTERIOS II

Cuando damos un nuevo paso en la ciudad de los misterios, leemos:
«Los edificios están repartidos en dos hileras, o bien, si se añade la sede del gobierno y los almacenes, en cuatro hileras. No existe más que una sola calle publica y una sola plaza del mercado, pero son de gran importancia. A partir de la calle más interior, cuya anchura es de veinte pies, y yendo hacia el centro, la hilera de casas, los jardines, la universidad y la plaza tienen sucesivamente veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta y cuarenta y cinco pies de anchura, por lo tanto cinco más cada vez, hasta el templo circular en el centro, que tiene un diámetro de cien pies. Saliendo de la calle más interior hacia el exterior, los espacios intermedios, los almacenes y las hileras de casas tienen cada vez veinte pies. La muralla mide veinticinco pies.»
Cuando se nos permite contemplar la ciudad santa de los Rosacruces como en un encantamiento de los sentidos, asimilarla, mirada tras mirada, en nuestra conciencia, nos dirigimos de nuevo hacia la alta montaña del saber interior.
Juntas las manos y dobladas las rodillas, vemos aparecer las formas sagradas de Cristianópolis, en el campo de observación del firmamento microcósmico, formadas en nosotros por el milagro divino de la creación.
Es posible que en vuestro campo de observación, esta esfera celeste este aún muy ensombrecida, lo que dificulta vuestros esfuerzos por comprender las señales y maravillas del plan universal divino para el mundo y la humanidad. Pero un día, estad seguros de ello, se extenderá como un campo azulado y transparente en el que todo se iluminara en el resplandeciente amor de Jesús-Cristo, nuestro Señor.
Aquí se elevan las veintiocho torres que ya hemos podido contemplar atentamente en nuestra ultima visita a la ciudad de los misterios. Y en el tañido argentino de las campanas que cantan las alabanzas del Señor, vemos a los privilegiados ciudadanos y ciudadanas caminar por esta única calle publica que posee Cristianópolis.
Una pequeña ciudad muy sencilla ¿no es así?. Una sola calle rodeada de casas. ¡Mortalmente aburrida! Pues a parte de algunas ínfimas diferencias, estas hileras de casas son todas semejantes. No hay almacenes, ni tiendas de artículos seleccionados y esplendorosos escaparates. Todo lo que los ciudadanos necesitan debe ser buscado en la única plaza del mercado de la ciudad.
La única calle de veinte pies de ancho describe un cuadrado que se asemeja a una pequeña plaza donde los ancianos se reúnen. ¡Imaginad que allí debiéramos terminar nuestros días! y aún más, ¡detrás una muralla de veinticinco pies!. ¡Pronto nos faltaría allí el aire y reclamaríamos espacio!.
Y sin embargo la palabra clásica: «Desgracia a quien toma el vestido de la Thora por la Thora misma», resuena desde hace mucho tiempo. Dios conoce nuestro corazón. Conoce nuestra inclinación, nuestra realidad y no se ata a la apariencia. Por El somos impulsados «a ver desde el interior» y a romper todas las ilusiones.
Aprender de nosotros que no se puede poner vino nuevo en odres viejos, que ninguna verdad absoluta se puede manifestar claramente en una realidad rota, en un orden de naturaleza degradado, en un mundo de hombres pecadores.
Si la verdad se quiere aproximar a vosotros, abrirse camino hasta vosotros, debe revestir forma humana, aproximarse a vosotros en las vibraciones de la tercera dimensión que tanto habéis deteriorado. Ella está, por consiguiente, siempre velada. La verdad viene a morar entre nosotros por mediación del Cristo, que asume la condición humana hasta la muerte, sí, hasta la muerte en la cruz, introduciendo la fuerza de la verdad en nuestra decadencia.
El Dios de verdad os aparece como una serie de palabras sobre las cuales se argumenta sin cesar, pues al ser de la tierra, se percibe la letra y no la fuerza.
El Dios de verdad os aparece como un hombre ciertamente bueno, como un instructor, un profeta: como un hombre excepcional, un instructor de envergadura mundial, como el Cristo de los teósofos, cuya palabra se confronta a la de otros, pues aún se es de la tierra.
El Dios de verdad aparece como el hijo de un pueblo aborrecido, como un judío que se le condena y persigue por toda la tierra.
El Dios de verdad se os presenta unas veces como un fastidio mortal que se repite, otras veces como la ocasión de reforzar vuestras blasfemias.
El Dios de verdad aparece también en la Escuela de la Rosacruz, donde, la boca llena de palabras desprovistas de fuerza, se parlotea del Cristo no queriendo descubrir que en el orden de este mundo caído nuestra razón oscurecida se coloca entre El y nosotros, El que esta por encima de todos los tiempos.
La Verdad no nos deja; nos persigue como una sombra, de segundo en segundo, de día y de noche, hasta que imploremos gracia. La verdad se nos presenta en forma de palabras pero no puede ser descubierta en las palabras. Se presenta bajo forma humana y usted dice: «Es un loco». Empezáis a comprender la verdad cuando algo del nuevo hombre crece en vosotros. Entonces percibís a través de velos e ilusiones. Entonces veis, escucháis y comprendéis de otra manera.
Cuando el neófito mira en el campo de observación de su esfera celeste microcósmica, ya no ve las cosas bajo una perspectiva tridimensional, amenizadas con algunos colores y luces, sino que las contempla desde el interior. La ciudad de los misterios es para él una formula matemática, un principio de clave mágica. Y la forma bajo la cual esta formula le es transmitida le explica un poco su intención.
La forma de Cristianópolis indica una nueva comunidad, un nuevo orden humano que, dirigido por los hombres, debe ser creado en la gracia divina. Cuando el Cristo aparece en el hombre Jesús, sabemos que debe tomar forma en los hombres por la realización de su ley, en bondad, verdad y justicia. Es por lo que emprendemos la tarea que se nos encomienda de otra manera que con la ayuda del método intelectual, que promete inútilmente el oro y el moro.
Solo hay una calle en la ciudad crística que sabemos mide veinte pies de ancho. Este dato enseña al estudiante esotérico que los habitantes se han desligado de la ilusión y han restablecido el contacto con el plan universal divino. Los antiguos cabalistas hablaban del veinteavo camino de la sabiduría original, sobre el cual las sombras del materialismo ya no podían tener influencia.
Debéis considerar que el Cristo ha venido para reuniros con esta sabiduría original, para conciliaros con Dios. En la base del universo entero se encuentra un poderoso plan de desarrollo, donde cada cabeza, cada corazón, cada ola de vida tiene su tarea que cumplir. Por esto el Logos irradia hacia vosotros una parte de este plan de futuro, para que sea reconocido y que podáis realizarlo. ¡Tal es la tarea fundamental que el hombre debe cumplir! ¡Es a esto a lo que es llamado!. Pero habiéndose desviado de su misión, se ha elegido una realización de vida que ha hecho de nuestro mundo un matadero y un estercolero nauseabundo.
Se trata por tanto en primer lugar de uniros a esta sabiduría original, a este plan divino, de reconciliaros con él para que a continuación, según vuestra propia misión, podáis realizarlo según el ordenamiento divino. Johann Valentín Andreae, os precisa como podéis llegar a esta calle única de la ciudad crística y progresar hasta el corazón del santuario.
Para que podáis penetrar hasta allí, debéis franquear la muralla de veinticinco pies, los almacenes, la hilera exterior de las habitaciones y los espacios intermedios de veinte pies de ancho cada uno. Por lo tanto debéis recorrer, hasta la hilera más interior de las casas, una distancia de 125 pies, dividida en seis etapas.
Podéis vencer la muralla de veinticinco pies en la fuerza del Espíritu Santo, es decir, en la fuerza que da forma a la idea divina. Por muy limitada, oscurecida y dañada que esté esta idea divina por la mancha del pecado, cuando el hombre se esfuerza de verdad, con la entrega de todos sus poderes limitados, en dar forma a la idea divina, libera en él la fuerza escondida del Espíritu Santo, por la cual se incorpora al Cristo. El valor de vuestra aspiración en este sentido, la medida del desapego a las ilusiones y a las tendencias anticrísticas determinan la rapidez con la cual veis desaparecer la muralla de la ciudad de los misterios.
Cuando en la Escuela de la Rosacruz fulminamos contra el humanitarismo en todos sus aspectos, incriminamos así las tentativas desesperadas de miles de seres que demuestran poseer amor y están totalmente dispuestos a la ofrenda, que se entregan a la acción con todo su ser, lo que hace crecer de hora en hora sus cualidades de alma. Pero sin embargo obtienen resultados desalentadores, totalmente inútiles, porque no conocen al Cristo, realmente, sin velos. El Cristo que únicamente puede ponerles en estado de volverlos Hijos de Dios. Es por lo que el numero de los que consiguen franquear la muralla de veinticinco pies es desesperadamente escaso mientras que los instrumentos disponibles son muy abundantes.
El muro atraviesa, cinco estadios de desarrollo, cinco postes de control que esperan al neófito. Cuando el mismo ha llevado la cruz hasta el otro lado de la muralla, graba luego, por el fuego, en su ser, el pentagrama, la estrella que luce detrás de la Rosacruz. La obra del Espíritu Santo se perpetua en cinco maravillas mágicas que se manifiestan en los cinco primeros grados de la Escuela de los Misterios, donde la verdadera franc-masonería, el Arte Real de la arquitectura, debe manifestarse y ejercer según su primer aspecto.
No confundáis jamás la posesión de las cualidades del alma, de las cualidades del carácter, con este cuerpo del alma engendrado del fuego y por el fuego. Las primeras son el resultado de la lucha ante la muralla; este ultimo nace de la ascensión a la montaña de llamas, del fuego de la purificación detrás de las murallas de Cristianópolis.
Los que han escalado esta montaña de la purificación han escalado los seis grados. Se han elevado como Cristian Rosacruz, con la ayuda de la sexta cuerda fuera del pozo del deterioro. Caminan por la única calle de la ciudad de los misterios, claramente unidos al plan divino «A la sombra de tus alas, ¡oh Jehovah!».
Pero caminar en la luz, como El esta en la luz, no es el cumplimiento del plan divino. Cuando los masones y sus compañeros han avanzado en el Arte Real de la construcción hasta el punto que la comunidad teocrática empieza a manifestarse claramente, cuando la humanidad es de nuevo religada al plan divino y que la bestia es atada en el abismo, ellos deben continuar y cumplir la tarea que los nuevos cimientos inquebrantables han vuelto posible, cimientos que se renuevan siempre en ellos mismos.
¿No hay una plaza del mercado donde los que pueden avanzar por la única calle reciben todo lo que es necesario para el mantenimiento de su estado espiritual engendrado por el fuego?.
Por esto el camino se abre ahora hasta el centro del santuario. Y de nuevo se presentan cinco estadios de trabajo, cinco grados de desarrollo, respectivamente de veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, y cuarenta y cinco pies de ancho, por tanto aumentando siempre cinco pies, hasta el templo circular del medio que tiene el diámetro de cien pies.
Por la fuerza mágica del pentagrama obtenido, el hermano coloca primero el pie en el veinticincoavo camino, no como un hombre llamado, sino como un apóstol llamado. El comienza su trabajo con el Agua Viva Crística que, en sus manos, adquiere un poder diferente.
Luego pone el pie en el treintavo camino, donde une el agua y el fuego. En el treinta y cincoavo camino, crea un nuevo campo de trabajo. En el cuarentavo camino, enciende una luz nueva, mientras que en el cuarenta y cincoavo camino irradia un dinamismo prodigioso. Que quien tenga oídos para oír, comprenda esto.
Este es el trabajo de los Señores de la Compasión, de los Hermanos Mayores de la Rosacruz, jerarquía humana de los Hermanos del Templo de la Luz, que por su quíntuple ofrenda al interior de Cristianópolis, os permiten trazar, con la fuerza del Cristo, el Pentagrama inferior.
Por tanto el pentagrama posee dos aspectos. Sin el superior, el aspecto inferior no puede ser realizado. Debéis sentiros mudos de reconocimiento hacia el Cristo y sus santos servidores que ofrecen este sacrificio de amor por vosotros.
Helos aquí marchando por el cuarenta y cincoavo camino ante las puertas del templo circular del medio. Allí se abren las puertas eternas y, como un huracán, se derraman los cantos, la música de Cristianópolis:
«Vosotros que estáis sedientos, venid a las fuentes
y vosotros que no tenéis dinero,
venid, comprad y comed,
sí, venid, comprad sin dinero,
coged gratuitamente el vino y la leche.
¿Porqué dais vuestro dinero
por lo que no alimenta
y vuestro trabajo para lo que no puede saciar?.

Consolad, consolad a mi pueblo.
Una voz grita: preparad, en el desierto,
el camino del Señor.

Allanad, en los lugares áridos,
un camino para nuestro Dios.
Tu, anunciador de la buena nueva.

Escala la alta montaña,
¡Oh Tu Jerusalén!
Eleva la voz con potencia,
¡he aquí tu Dios!.»

IX

ARQUITECTURA MÁGICA

Los millones de habitantes de nuestro país * son, en su conjunto, muy individualistas: cada uno tiene, bajo múltiples aspectos, conciencia de su existencia y forma un estado dentro del estado. Cada uno, en un dominio particular y bien delimitado, tiene conciencia de representar una autoridad a la cual no es bueno oponerse. El deseo de mantenerse coloca a muchos de nosotros en un nervioso estado de alerta, siempre tensos y dispuestos a golpearse.
El espectador objetivo se sorprenderá sobre todo por el hecho de que la masa con la que se cruza en las calles esta continuamente en un estado de desconfianza. Se mira de arriba abajo para ver como uno reacciona ante la autoridad de otro. Una mirada demasiado escrutadora, y vosotros escucharéis al otro preguntar: «¿Qué quiere usted de mi?». Si esto no se dice, por lo menos se piensa.
Estamos seguros que usted es muy consciente de este estado de cosas, pues usted es muy individualista. No puede soportar que alguien camine detrás de usted; las vibraciones de uno molestan al otro.
——————————

*Los Países Bajos; Las conferencias reproducidas aquí estaban destinadas a un auditorio holandés. Aceptando las diferencias nacionales, sin embargo se puede observar que las propiedades descritas se presentan en cada pueblo.
El otro viola vuestro reino y, asustado, aceleráis el paso o, según vuestro temperamento, dejáis a vuestro perseguidor que os adelante, y le pagáis con la misma moneda. Salvaguardar vuestra autoridad, vuestra individualidad, vuestro reino, esa es vuestra vida, vuestro sufrimiento, vuestro pesar. Los limites que habéis establecido son muy transparentes; por ello os sentís molestos cuando otro os echa el ojo y os ponéis nerviosos, reaccionando según vuestra naturaleza. Si os sentís atravesados un día, levantáis la cabeza desdeñosamente o tomáis una actitud agresiva.
Todos los hombres cultivan así cuidadosamente su terreno individual. El termino «espacio vital» lo tienen en el corazón, lo que provoca graves crisis. Queréis ante todo espacio vital. De este modo se crea un gran caos en el mundo tridimensional. No deseáis lo mismo, sino que deseáis más. Y cuando habéis obtenido más, la angustia y la inseguridad os oprimen. Continuáis gritando o pensando: «¿Qué queréis de mi?». Pues, alrededor de vosotros, reflejados en el otro, veis las mismas tendencias, las mismas pasiones que las que engendra vuestro instinto natural. Civilizado o tosco, grosero o refinado, educado o insolente, cada uno se bate según sus tendencias por más espacio vital, agarrado como está por esta fiebre del individualismo, la cual es diabólica.
Este lamentable estado no solo se expresa en el terreno material, sino que repercute en efectos psíquicos, creando así un esquema cultural determinado, con colores propios, que posee una cierta belleza, una cierta distinción, un refinamiento, gracias al cual se tiene la impresión de que el desierto está sembrado de oasis.
Si ello no es así, veréis rápidamente hacia que callejón sin salida dirigís vuestra vida. Drogándose así, el hombre intenta olvidar por un instante sus angustias y sus combates, a los cuales sin embargo se agarra, que cultiva y llama «progreso».
Una de las manifestaciones culturales típicas de los Países Bajos es su arquitectura. Ahí también se manifiesta la individualidad. Los holandeses son más cuidadosos en lo que concierne a su hábitat, mientras que en el plano de las construcciones imponentes, los países occidentales son todos, sin duda, tal para cual. Nuestros arquitectos son artistas. Saben dar a los barrios residenciales un atractivo particular y no esta lejos el tiempo en que ya no habrán más holandeses viviendo en los barrios bajos.
Un rasgo de carácter típico del pueblo holandés es el cuidado que se dedica a la casa. Representa un importante elemento de su vida, y esto desde hace siglos. Es por lo que la arquitectura holandesa se conoce sobre todo por sus residencias y no solamente por sus iglesias, palacios y otros monumentos de los que se puede ver bellos ejemplos por todo el país. Cuando el carácter muy individualista de un pueblo puede manifestarse sin trabas, aparece una arquitectura nacional.
Cuando se viola este carácter, sus expresiones culturales se esfuman. A nuestro juicio, el estilo de construcción lamentable del siglo pasado es el fruto de la dominación francesa en tiempos de Napoleón, que ha dañado el carácter propio del pueblo holandés, el cual únicamente puede reponerse lentamente. Y el nuevo arte arquitectónico actual demuestra que las bases particulares de su desarrollo natural han sido reencontradas y que ciertos obstáculos han sido suprimidos.
Os enseñamos una ley esotérica fundamental: toda expresión artística por la que se distingue un pueblo está limitada por las características étnicas de las que proviene; ella triunfa y perece con ellas. El deseo de poseer su propia casa, de embellecerla, decorarla, arreglarla y adaptarla a ciertos cánones de belleza establecidos, consecuencia del alma popular muy individualizada del holandés, es al mismo tiempo su juicio, pues esto hace nacer arquitectos que poseen exageradamente este rasgo de carácter. Incluso, en razón de sus problemas específicos, este territorio ha dado nacimiento a excelentes especialistas en hidráulica, a verdaderos castores humanos que han vuelto la vida posible en un territorio literalmente invadido por el agua.
Por ello solamente queremos decir que todo artista, todo hombre que sobresale en una disciplina material es el producto del carácter popular, es una prueba de él. El arte, la ciencia y la religión de la «inteligencia» muestran el reflejo exacto de la maldad, de la agresividad, de la degeneración o de la excelencia de un pueblo dado, de su grado de cultura. Ellos reflejan el carácter de él.
Esta misma ley nos explica, por ejemplo, porque Alemania ha dado tantos filósofos y tantos compositores. Toda la filosofía materialista y especulativa de la escuela alemana proviene de la tendencia de esta nación a querer ser más sabia que cualquier otra. Toda verdadera música nace de una conciencia religiosa; y el alma popular alemana es religiosa sin lugar a dudas. Cuando la religión se inmiscuye en la emoción y el materialismo, la simpleza y el egoísmo, aparece sin embargo una música bastarda, una oleada de sonidos sin contenido que solo puede ensordecer.
Muy religioso también, el pueblo holandés habría debido producir muchas obras en el terreno musical; pero en razón de su individualismo muy pronunciado, no ha dado nada en esta forma de expresión. Su naturaleza religiosa se ha manifestado en múltiples confesiones, de manera que ha nacido una gran disonancia en el campo intermedio que nos aporta las vibraciones de la esfera de los sonidos.
Lo mismo puede decirse del pensamiento holandés. Grandes valores y raros tesoros permanecen a veces escondidos en razón de un comportamiento poco inteligente y defectuoso. Volvamos ahora al concepto de «arquitectura mágica», dejándonos guiar por las indicaciones que da Johann Valentín Andreae en Cristianópolis. Leemos:
«Todos los edificios se levantan sobre tres pisos. Unas escaleras comunes conducen a ellos. Están construidos en ladrillo y separados unos de otros por un muro incombustible, de manera que un incendio no puede provocar graves daños».
Seria deseable -a la luz de nuestra exposición precedente- comprender que es un error suponer que los bienes culturales que transmiten el arte, la ciencia y la religión son intrínsecamente y de manera absoluta bellos, verdaderos e imperecederos. Esta suposición es una mistificación. Nuestro mundo ha zozobrado en una gran disonancia. La humanidad que vive de forma totalmente errónea adopta líneas de conducta aberrantes.
Por ello la «inteligencia» debe manifestar claramente todas las características de una nación. Toda tristeza, todo odio, toda mentira, toda calumnia, toda intensa maldad, así como todo deseo de liberación, toda aspiración a la salvación que emanan de ella, impregnan a los grupos dirigentes y dominantes.
Por esto afirmamos -incluso si por ello nos tratáis de locos- que un avión, por ejemplo, no puede de ninguna manera alcanzar la ultima perfección, como muchos lo imaginan y lo piensan; sino que esta maquina no es más que una sombra, una materialización deformada, el resultado de un deseo de liberación cristalizado, que deja por tanto detrás de él un rastro de sufrimiento y de sangre como debe ser el caso para toda nuestra técnica, dada su naturaleza.
La arquitectura, en su intrínseca belleza, no es nada más que una ilusión, una intensa tristeza, una nostalgia de algo diferente, que es inasequible.
¿Conocéis la leyenda del emperador y el arquitecto?. Un emperador ve en sueños una ciudad maravillosamente bella. Encuentra un arquitecto, artista en la sangre, le comenta su sueño y su deseo de construir tal ciudad. El arquitecto empieza el trabajo. Bajo su autoridad se elevan las construcciones más poderosas y espléndidas. Sin cesar, recomienza su obra, y ciudades de basalto, de mármol, de cristal, de piedras de colores adornadas con puentes y terrazas, surgen …Pero esto supone cada vez una gran decepción.
Y la ciudad celeste se le aparece de nuevo al emperador en una exaltación de los sentidos. Una ultima vez, incita al arquitecto a superarse. Entonces se levanta una torre impregnada de disposiciones celestes por los colores y la ejecución, pero siempre según los informes tridimensionales caídos.
Pero el juicio llega y el fuego celeste desciende. La ilusión estalla en pedazos y la sangre del arquitecto tiñe las ruinas con un reflejo rojo. Y en una ultima imagen, vemos al emperador, suplicante, arrodillado y con las manos levantadas hacia la ciudad celeste que se le aparece en una tercera visión.
Comprenderlo, el reino de Dios no es de este mundo. Belleza, Verdad, Bondad y Justicia no pueden ser establecidas en esta decadencia. Y allí donde os parece haberlas encontrado, descubrís una ilusión a la que os agarráis y que se vuelve un obstáculo en el camino, un monstruo luciferino.
Solo existe una solución: echaros de rodillas, según la exigencia de vuestro origen imperial y sacerdotal, implorando: «¡Oh Dios, libérame de esta ilusión, de esta pasión de la materia. Hazme comprender la belleza del Plan de Tú creación original que Tú quieres, con la ayuda de Tus santos servidores, unir de nuevo a nosotros por la Gracia del Cristo!».
Si así podéis arrodillaros, veréis ante vosotros el camino de Cristianópolis. Y seréis llamados hacia las moradas de los misterios, donde descubriréis la majestuosa arquitectura mágica.
Cojámonos de la mano y subamos la escalera comunitaria. ¡No hay escaleras privadas para individualistas!. Sino una escalera comunitaria que resplandece. Si no queréis seguir con nosotros, deberéis quedaros detrás.
Los escalones no son anchos según los criterios terrestres. La arquitectura actual es, a vuestros ojos materiales, infinitamente más bella que las casas de tres pisos de Cristianópolis. Estas están hechas de ladrillos puestos en su sitio uno a uno por los masones y vueltos, en el fuego de la renovación, duros como el acero.
El primer piso se ha vuelto así una clara toma de conciencia de vuestro origen, de vuestra ascendencia imperial, sacerdotal, y de vuestro actual estado caído en las marejadas del pecado.
Entonces se levanta el segundo piso, por una subida hacia la vida nueva. Según la naturaleza tenéis una nueva personalidad que no es de este mundo, pero si está en este mundo. Según el espíritu estáis unidos al Plan de Dios por la aceptación de la cruz.
Y como una corona de la victoria toma forma el tercer piso y oís la voz de vuestro camino de cruz: «Yo os lo digo, hoy estaréis conmigo en el paraíso». El está en nosotros y nosotros en El.
Si tomáis la firme decisión de levantar con los otros esta construcción, numerosas y difíciles serán las consecuencias. Pero vuestra construcción será como un peñasco: inquebrantable, una roca, Petra, sobre la cual la teocracia se podrá fundar con seguridad.
Aquí hablamos en particular para los que son jóvenes y que tienen todavía toda la vida por delante. Y les repetimos, en el caso en que aún no hallan comprendido: Romped los lazos con los que se os ha encadenado desde vuestro nacimiento. Rechazar entrar en los hábitos de este orden caído. Considerad vuestra vocación de Hijo de Dios. Sin duda entonces no seréis colmados de riquezas y llevaréis una vida pobre y dura ante los ojos de los habitantes de la ciudad de basalto, pero seréis muy ricos, fabulosamente ricos, en tanto que habitantes de la ciudad del Cristo.
Se piden trabajadores que tengan el coraje de desgarrar las ilusiones a través de las miserias, dolores y tristezas, en medio del país de los bárbaros; constructores que se pongan en camino hacia el puerto salvador.
«¡Oh Dios, libérame de esta ilusión y de esta pasión de la materia. Hazme comprender la belleza del plan de Tu creación original que Tu quieres, con la ayuda de Tus santos servidores, unir de nuevo a nosotros por la Gracia del Cristo!».

X

ALGUNAS PRECISIONES SOBRE LA CIUDAD
DE LOS MISTERIOS

Cuando en la Escuela de los Misterios de la Rosacruz, el neófito toma contacto por primera vez con el núcleo del campo de fuerza, con Cristianópolis, y le es permitido estudiar con detalle el ordenamiento de esta ciudad, no solo se colma de alegría y de reconocimiento, sino también de gran sorpresa, ya que descubre que la Escuela de los Misterios no es una comunidad de estudio sino más bien una comunidad de trabajo.
Si primeramente ha pensado ser admitido en una universidad de un genero particular, en una escuela superior de sabiduría divina con para que, nuevamente investido con este saber, libere en él fuerzas todavía escondidas, ofreciéndose al trabajo en el gran viñedo de posibilidades nuevas, entonces toda esta serie de suposiciones erróneas se ven severamente invalidadas por la realidad. De nuevo diversas ilusiones se revelan vanas y se descartan con un gesto desengañado. No tiene ninguna tristeza por abandonar lo que en él es error, pero ha de haber podido conservar mucho tiempo, con las mejores intenciones, si, incluso con una oración en sus labios, un señuelo. Los amigos de la Rosacruz conocen esta aflicción.
Cuando hace varios años comenzamos a implantar el núcleo de una verdadera vida espiritual nueva y nos arriesgamos vacilando en el camino, nuestra aspiración era inmensa, pero nuestra experiencia, la base sanguínea sobre la cual empezábamos, todavía era muy pobre. Es la razón por la que hemos debido orientarnos, en este mundo de apariencias, y tomar la literatura filosófica y científica con la que, en nuestro inmenso deseo, nos hemos llenado como con un vino burbujeante, chispeante de renovación. Hemos tomado innumerables obras que debían, como lo creíamos, transmitirnos los misterios occidentales. Y no oíamos las risas, las burlas sádicas de Lucifer: ¡He hay todavía gente que busca establecer el núcleo de una nueva fraternidad, mientras que el material de trabajo ya esta podrido hasta su fibra por las ilusiones de este orden de naturaleza!. ¿No es una pena perdida de antemano? ¿no es para morirse de risa?.
Pero si la aspiración es bastante fuerte y si ella irradia el amor a los hombres, la luz aparece en esta oscuridad y la risa luciferina debe pararse. Desde el comienzo de estos años, hemos colocado al Cristo en medio de nuestro trabajo y nos hemos puesto como base, bajo la Rosacruz, el resumen de nuestra vida para todos, la Santa Biblia.
Si hubiéramos considerado a este libro sagrado como un adorno, si hubiéramos dejado sellados los siete sellos, los servidores de la ilusión habrían tenido paz. Pero desde el principio, guiados por nuestra aspiración suplicante, hemos colocado en medio de un grupo de interesados regularmente creciente, toda una nueva teología esotérica, una Biblia cuyos siete sellos habían sido abiertos.
Esta magia se ha convertido en nuestra salvación. Esta luz nos ha guiado, a través de angustias, dolores y penas, hacia el puerto salvador de los misterios. Esta fuerza hecho cambiar la risa luciferina en grito de furor. Habíamos avanzado un buen paso sobre nuestros adversarios del campo de la oscura maldición. Mientras que ellos pensaban que, por falta de discernimiento, nos serviríamos, tanto en nuestra vida como en nuestro trabajo, de una literatura puesta bajo su control, empezamos interiormente por el verdadero esoterismo de la Biblia, especialmente el esoterismo y la magia escondida en el Evangelio de Juan y en el Pentateuco.
Pues sabedlo, una teología de laicos elaborada sobre un fondo esotérico, es funesta para los que quieren mantener el orden de naturaleza luciferiana. Toda teología oficial, científica, está, desde la traición histórica de Agustín, entregada a la mistificación, atada de pies y manos. Ella no ofrece, por consiguiente, ningún peligro para el poder del Maligno. La teología actual, tan buena y pura en sus intenciones como pueda ser, no puede romper los lazos; y quien no puede romper no puede construir.
Los que, al principio de nuestro trabajo, nos escuchaban sin conocernos, que nos clasificaban a lo mejor como gente de la clase media sin envergadura, pensaban que sacábamos nuestras enseñanzas de fuentes desconocidas o inéditas para ellos, fuentes con autoridad en el terreno oculto-científico. Y cuando nos hacíamos conocer como servidores de la Rosacruz, se percibía detrás de nuestras sencillas palabras la enseñanza de valores mágicos reconocidos y nuestra influencia era infinitamente más grande que lo que expresaba nuestra actitud y nuestra personalidad.
Desesperados esfuerzos fueron emprendidos con el fin de poner termino a esta situación. Influencias que venían tanto del interior como del exterior intentaron destruir el trabajo, pero todo en vano. Pues lo que nace del Espíritu Santo no puede ser destruido. De esta forma fue fundado el germen de un nuevo campo de fuerza que todos conocéis como el Lectorium Rosicrucianum. Esta Escuela es para muchos una gran aflicción, pues ella combate vuestras ilusiones e imposturas con una fuerza cada vez más grande. Este combate empezó con inteligencia, muy prudentemente, pero fue llevado a un frente cada vez más amplio. Tan pronto entusiastas, como profundamente disgustados, muchos no saben ya si son amigos o enemigos de la Escuela Espiritual. Desconcertados nos miran y se preguntan: ¿Hablan según un verdadero saber o son unos insensatos?.
Buscáis un punto de apoyo y nosotros os lo retiramos. Cuando alguien quiere trabajar en este mundo, cuando esencialmente, fundamentalmente, ya no es de este mundo, debe obedecer hasta la muerte y acompañar a los ilusionados para poder, en un momento psicológico, romper sus quimeras. Cuando alguien os pide ir a algún lugar con él, vais dos. Por lo tanto el Lectorium Rosicrucianum os ha acompañado a muchos lugares y espera añadir muchos otros con el fin de liberaros de todos vuestros errores.
Hacemos caer de vuestras manos la literatura nacida del orden natural tridimensional y lo haremos cada vez más bruscamente, después de un principio prudente, pues vivimos en una era de revelación y nada puede ya separarnos de la claridad que está en Jesucristo.
Los amigos atentos sabrán que a lo largo de los años, los trabajadores de la Rosacruz han hablado siempre el mismo lenguaje, conservando siempre su punto de apoyo, es decir la gloria de la cruz. Sin embargo esta gloria es desconocida por la mayor parte de los hombres e incluso no es deseada por ellos. Proviene de una verdad que no puede ser aprendida intelectualmente, según el orden de esta naturaleza. Por ello esta verdad se aproxima a vosotros con siete sellos, siete velos, iluminada por el amor del Logos, caída por el sacrificio del Cristo en esta oscura tierra de ilusión como una semilla de trigo para estallar en una séptuple luz, en una séptuple alegría, en el renacimiento según el Espíritu Santo.
Esta verdad, este camino directo hacia la Logia de Arriba no está nada escondido. Está Omnipresente. No está reservada a las Escuelas de los Misterios, y no se encuentra tampoco en las cajas fuertes de un iniciado. Está cerca de vosotros y en vosotros; ella os está destinada sin ninguna reticencia. La verdad no está en los mundos superiores, sino que está aquí. Habita en medio de este infierno, donde las armas brillan a la luz del sol y donde los fantasmas están rabiosos. Ella habita en medio de nuestra decadencia, y por esto se dice que el Cristo es nuestro espíritu planetario. Pues Dios ha amado tanto al mundo que le ha enviado a su Hijo Único, la sangre de Su corazón, para que todos los que le descubran ya no perezcan sino que alcancen la vida eterna.
Se considera habitualmente que el Cristo desciende en nuestra tierra el veintiuno de septiembre para llegar el veinticinco de diciembre al nadir. Pero nosotros os decimos que este Príncipe Celeste os acompaña en cada respiración, en cada latido del corazón, desde el comienzo hasta el cumplimiento del mundo. Es Él el que protege vuestra salida y vuestra entrada. Por ello es nuestro espíritu planetario. Vosotros no podéis separaros de El: Es el juicio del Amor.
Este juicio se encuentra en la locura de la cruz. Locura según los criterios de nuestro orden de naturaleza que la juzga imposible de reconocer y de realizar. Es vuestro conflicto. Es el trabajo. Aviva vuestra animosidad, aunque sepáis que deberíais ser nuestros amigos.
En este juicio del amor que no confirma nuestro orden de naturaleza sino que lo agrede, se encuentra la puerta de la escuela de los misterios. Esto significa lucha, prueba, intenso combate; pero también purificación según los cuatro elementos de vuestra corporeidad.
Comprenderlo bien, las pruebas del fuego, de la tierra, del aire y del agua en el camino de la iniciación y el hecho de pasar al guardián del umbral, conciernen a la esfera aérea de vuestro cuerpo mental, a la esfera ígnea de vuestro ser del deseo, a la esfera acuosa de vuestro vehículo etérico y a la esfera terrestre de vuestra materialidad. Estos cuatro elementos de vuestra personalidad, nacidos y recibidos en el pecado, este cuádruple soberano, este Herodes, asesina continuamente al elemento luz en vosotros, con el fin de que os despertéis en los vapores sulfurosos de Lucifer.
Esta cuadruplicidad de la antigua naturaleza debe por tanto perecer, para renacer en otra naturaleza, en un estado vehicular cuádruple iluminado. La cruz de la muerte se vuelve cruz de la victoria en la gracia crística: vosotros entráis en Cristianópolis y descubrís que la escuela de los misterios no es una comunidad de estudio sino una comunidad de trabajo.
Mientras que no hayáis tenido experiencias bajo las amenazas de muerte de Herodes, el soberano cuádruple, mientras que no hayáis querido llevar la cruz de Belén al Gólgota, no podréis entrar en la Iglesia triunfante.
En Cristianópolis viven, según las palabras de Johann Valentín Andreae, cuatrocientos ciudadanos, en la paz y en la piedad. Las zanjas que rodean la ciudad están llenas de peces de manera que incluso en tiempos de paz, tienen su utilidad. En los campos, libres y por otra parte no utilizados, se encuentran animales salvajes, no para el placer, sino con fines utilitarios. La ciudad entera está dividida en tres partes: una está destinada al suministro de alimentación, otra a la enseñanza y al ejercicio y la ultima a las ceremonias. El resto de la isla sirve a la agricultura y a la industria. He aquí, en lenguaje velado, el programa de trabajo de la Iglesia triunfante. La nueva comunidad de trabajo nacida de las manos, de las cabezas y de los corazones de los hombres, en el campo de fuerza del nuevo orden de naturaleza.
Cristianópolis cuenta con cuatrocientos habitantes, indicación cabalística de un estado completo mágico. Un sol nuevo se eleva en el horizonte, luz nueva que proviene de la fuerza crística nacida en los hombres, foco nuevo en la naturaleza de la muerte, en este mundo, pero no de este mundo.
Es una ciudadela en medio del país enemigo, inatacable e inexpugnable, pues descansa en una fuerza de la cual vive, fuerza que ha vencido la muerte de la materia. Por ello se dice que la ciudad está rodeada de zanjas llenas de peces para que sus habitantes puedan vivir de esta plenitud tanto en tiempo de guerra como en tiempo de paz. Comprender el símbolo del pez según su significado evangélico, la plenitud que está en Jesús-Cristo nuestro Señor, la plenitud del circulo que rodea la ciudad de los misterios.
En los campos libres, unos lugares están dispuestos para los animales salvajes. ¡Oh mudo estupor! ¿Qué tiene que hacer un jardín zoológico en Cristianópolis? ¿Se divierten los ciudadanos delante de las jaulas pestilentes de los monos y son seducidos por las deformidades y la suciedad de la fauna de la selva virgen? ¿Les interesa la espalda monstruosa de un hipopótamo revolcado hasta las orejas en el fango? ¿Quizá se trate de intereses y consideraciones económicas desconocidas? ¿O, nunca se sabe, de una cierta curiosidad de los habitantes de estas regiones, que querrían buscar ciertos secretos? ¿No es muy rentable extraer de nuestras ballenas un aceite que, según nuestros médicos, cura a los niños raquíticos? ¿Qué milagro escondido puede por tanto residir en los hipopótamos o en los indecentes monos?
Os desengañaréis: La escuela de los misterios se vuelve por otras razones hacia los animales salvajes que buscan para devorar, pues esta naturaleza salvaje proviene de los elementos que degeneraron por intermedio de Lucifer y que por ello son malsanos. Un elemento representa una fuerza, y cuando este elemento se aproxima a otro elemento, con una polarización positiva o negativa, nace la vida. La ola de vida animal es victima de este acoplamiento y se revela en oposición a su misión divina, como malsana, malvada, como una vergonzosa deformidad, como una peste de naturaleza salvaje reproducida en millones de ejemplares.
Sabéis que la humanidad está muy estrechamente ligada a la ola de vida animal. Hasta aquí la humanidad no lo ha comprendido más que de una manera lucrativa. Ella ha aprendido a explotar a la ola animal, y la ha exterminado cuando molestaba a sus objetivos.
Pero la escuela de los misterios comprende la unión entre estas dos olas de vida de una manera muy diferente. Empujada por una intensa compasión, se vuelve hacia la fauna, con el fin de acudir en ayuda de las chispas divinas que se manifiestan en estas deformidades y horrores, para combatir en ellas el mal de los elementos. Este trabajo no se puede cumplir más que a partir de la forma de la misma revelación, no desde arriba, sino desde abajo. Por ejemplo, la desaparición de los monstruos de los tiempos remotos se atribuye únicamente al trabajo de una escuela de los misterios. Las entidades que antiguamente se expresaban así ya no pueden, habiéndose ligado la maldad de los elementos en este dominio.
El taller general de los Hierofantes Crísticos esta dividido en tres partes:
-una para procurar la alimentación.
-una para la enseñanza y el ejercicio.
-y una para las ceremonias. Es decir:
-Una parte trabaja en la extracción y en la transformación de las fuerzas divinas cósmicas que deben servir de materia a la Gran Obra;
-una parte enseña y estudia el correcto empleo de estas preciosas riquezas,
-y una parte trabaja en la observación del gran campo de trabajo en sus diversos dominios para que la panacea, preparada y probada, pueda ser empleada de la justa manera para la curación del mundo y de la humanidad.
Por esto el resto de la isla, el resto del campo de fuerza de la escuela de los misterios sirve, hasta en sus menores parcelas, a la agricultura y a la industria. Los arados trazan allí los surcos, las guadañas de los cosechadores brillan al sol y resuenan los golpes de martillo: todo un nuevo mundo se construye; el orden de la naturaleza divina.
Disturbios y tensiones del Este o del Oeste no suscitan allí interés; allí no se participa ni del fascismo ni del comunismo. Sino que, en este mundo pero no de este mundo, se lleva una lucha muy particular, con gran coraje y perseverancia, por el mundo y la humanidad.
Que aquel que quiera venir, venga rápidamente. Llamad y se os abrirá.

CHRISTIANOPOLIS

Quizás lo primero que convendría aclarar es el hecho de que la Enseñanza universal siempre ha sido la misma desde la caída de la humanidad original. Hay un hilo que une los diferentes trabajos de los Enviados a través de los tiempos. Es la misma Enseñanza la de Lao tse en el Tao te King, la de Krishna, la de Buda, la transmitida al interior de la escuela samurái en Japón, la religión de los indios Sioux y otros, la enseñanza de los Maniqueos, la enseñanza de los Cataros pirenaicos, la enseñanza de los Rosacruces medievales, la enseñanza de la comunidad del Grial al interior de los templarios, la enseñanza de la verdadera Kábala hebrea, la enseñanza de los alquimistas, la enseñanza de Apolonio de Tiana, la enseñanza de Hermes, de Moisés, de los Esenios y muchos otros que me dejo en el tintero  y realizando un punto supremo en el trabajo de la Fraternidad Universal el realizado por Jesús el Cristo. En los últimos 150 años por la proximidad del final de ciclo al que ya nos hemos aproximado, la actividad de la Fraternidad se incremento de una forma desconocida hasta entonces. Primero por el increíble trabajo realizado por Helena P. Blavatsky y su doctrina secreta en la que se desvelo por primera vez en occidente la Cosmogénesis y la Antropogénesis.  Ese trabajo continuó después tanto por el trabajo divulgativo de la Dra. Bessant, el trabajo de Max Heindel, de Rudolf Steiner, de Águila Blanca  y en particular por el impresionante trabajo realizado por Alice Bailey transmitido por uno de los Grandes de este planeta, conocido en este caso con el sobrenombre del Tibetano,  También en la india surgió otro de los grandes llamado Say Baba con un trabajo concreto para esa raza, y en Europa dos enviados de alto grado que diseñaron un método y una enseñanza perfectamente adaptada al momento y a la raza actual llamados Jan Van Rijckenborgh y la señora Catharose de Petri. Todos estos trabajadores crearon a su alrededor escuelas que se fueron poblando de gente y como en todas las religiones que se formaron en el pasado a la sombra de los Grandes, (que dicho de paso casi siempre son los mismos Hermanos, encarnación tras encarnación) fueron adueñándose de la enseñanza, adaptándola a sus intereses y convirtiendo un trabajo de liberación en una enseñanza terrestre, humana y casi sin ningún valor a pesar de la validez de las enseñanzas de todas ellas. Y aquí nos encontramos ahora.

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